ecos pompeyanos recepcin e influjo de pompeya y herculano en espaa y amrica latina universidad externado de colombia ecos pompeyanos recepcin e influjo de pompeya y herculano en espaa y amrica latina l a u r a b u i t r a g o r i c a r d o d e l m o l i n o g a r c  a  n g e la pa r r a l  p e z ( e d i t o r e s ) ISBN 978-628-7620-56-8 © 23, laura buitrago, ricardo del molino garcía y ángela parra lópez (editores) © 23,     Calle  n.º - este, Bogotá Teléfono (+) 601 3  publicaciones@uexternado.edu.co www.uexternado.edu.co Primera edición: julio de 23 Imagen de cubierta: El Templo de Isis en Pompeya. Grabado realizado por Francesco Piranesi, coloreado a mano por Louis Jean Desprez, 1788. The Cleveland Museum of Art Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones Corrección de estilo: Patricia Miranda Composición: Marco Robayo Impresión y encuadernación: Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S. - Xpress Kimpres Tiraje: de  a . ejemplares Impreso en Colombia Printed in Colombia Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de los autores. Ecos pompeyanos : recepción e influjo de Pompeya y Herculano en España y América Latina / Mirella Romero Recio [y otros] ; Laura Buitrago, Ricardo Del Molino García y Ángela Parra López (editores). -- Bogotá : Universidad Externado de Colombia, 2023. 319 páginas ; 24 cm. ISBN: 9786287620568 (impreso) 1. Patrimonio cultural -- Italia 2. Restos arqueológicos -- Innovaciones tecnológicas – Pompeya 3. Patrimonio cultural -- México 4. Pompeya (Ciudad antigua) -- Historia – Investigaciones 5. Investigaciones -- Descripciones y viajes 6. Italia -- Vida intelectual – Investigaciones 7. España -- Descubrimiento y ex- ploraciones – Italia 8. Pompeya (Ciudad antigua) -- Vida social y costumbres -- Investigaciones I. Buitrago, Laura, editora II. Del Molino García, Ricardo, editor III. Parra López, Ángela, editora IV. Universidad Externado de Colombia V. Título 913.377 SCDD 21 Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. MRJ mayo de 2023 Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano: Aurelia Castillo de González, “Araceli” y Carmen de Burgos Colombine f e d e r i c a p e z z o l i *  i n t r o d u c c i  n Muchísimos viajeros europeos y americanos visitaron los yacimientos de Pompeya y Herculano en el siglo XIX y durante las tres primeras décadas del siglo XX, y las mujeres representaron una parte importante de este grupo. Sin embargo, solo un número muy reducido de ellas dejó rastro escrito de su paso por las antiguas ciudades sepultadas por la erupción del Vesubio. Objetivo de este capítulo es recuperar y analizar el testimonio de tres viajeras, la cubana Aurelia Castillo (1842-1920) y dos españolas, la así llamada Araceli, de la que poco se conoce, y Carmen de Burgos Colombine (1867-1932). Escritoras y periodistas, ellas fueron a las excavaciones de las dos ciu- dades campanas y publicaron en periódicos y revistas las crónicas de sus impresiones sobre los antiguos restos, para revelar su asombro y maravilla ante las ruinas, pero también porque otras (y otros) pudiesen conocer estos lugares tan significativos para la historia humana y seguir su ejemplo. e l c o n t e x t o h i s t  r i c o : m u j e r e s p e r i o d i s ta s , e s c r i t o r a s y v i a j e r a s e n t r e 1 8 5 0 y 1 9 3 0 Estas tres autoras se insertan en el fenómeno histórico, social y político que, sobre todo a partir de la mitad del siglo XIX, en España y Latinoamérica ve la reivindicación por parte de las mujeres de sus derechos a la educación, a la presencia en la esfera pública a través del trabajo, a la visibilidad en las artes y la literatura, y por último, al voto y el divorcio. * Doctora en Ciencias Históricas de la Antigüedad por la Università degli Studi di Genova. Profesora Ayudante Doctora en la Universidad Complutense de Madrid. Correo electrónico: fpezzoli@ucm.es. Orcid ID: https://orcid.org/0000-0003-1714-162X. Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigacion PGC2018-093509-B-I00, Ministerio de Ciencia e Innovacion/ AEI/FEDER/UE.  Cfr. Mirella Romero Recio, Ecos de un descubrimiento. Viajeros españoles en Pompeya (1748-1936), Madrid: Ediciones Polifemo, 2012. Sobre otro cubano, Eusebio Guiteras Font, que visitó las dos ciudades en mayo de 1844, cfr. Federica Pezzoli, “Pompeya y Herculano en el Diario de viaje del cubano Eusebio Guiteras Font (1823-1893)”, en Mirella Romero Recio, Jesús Salas Álvarez y Laura Buitrago (eds.), Pompeya y Herculano entre dos mundos. La recepción de un mito en España y América, Roma: L’Erma di Bretschneider, 2023, pp. 15-31.  Sobre la masiva presencia de las mujeres en la literatura y la prensa a partir de la década de 1840 y sus vínculos de colaboración mutua, cfr. Susan Kirkpatrick, “La ‘hermandad lírica’ de la década de 1840”, en Marina Mayoral (ed.), Escritoras románticas españolas, Madrid: Fundación Banco  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Frente al modelo del “ángel del hogar” que propone los ideales de- cimonónicos de la domesticidad debido a las diferencias estructurales de las mujeres, algunas intelectuales como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, para citar solo unas de las más destacadas, reivindican la igualdad entre hombres y mujeres, y el derecho de estas últimas a acceder a la escolarización, único medio que puede permitir su ingreso en las profesiones y la posibilidad de la independencia económica. Entre los ámbitos laborales que aparecen accesibles a las mujeres de clase media que tengan estudios se encuentran el de la educación primaria, consi- derado una forma de ejercicio del cuidado fuera de casa; el de la medicina, donde las mujeres raras veces son médicos, sino más a menudo enfermeras, comadronas y matronas; y el trabajo en la Administración pública y los servicios, en función de telegrafistas, empleadas de correos y vendedoras en tiendas. Otro ámbito que, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, registra un crecimiento de la presencia femenina es el de la escritura: las mujeres colaboran con periódicos y revistas femeninas (como “Araceli”), o Exterior, 1990, pp. 25-41; Carolina Pecharromán de la Cruz, “Mujeres pioneras del periodismo en España”, en Ana Luna San Eugenio y Carlos Pulpillo Leiva (eds.), Prensa, poder y opinión pública, Alcalá de Henares: Cedrus Histórica, 2019, pp. 365-388. Centrada en la situación en Madrid entre 1876 y 1926, véase Ana Vargas Martínez, “Amistad, escritura y política. Relaciones entre mujeres”, en Asunción Bernárdez Rodal (ed.), Escritoras y periodistas en Madrid (1876-1926), Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 2007, pp. 85-112.  Avellaneda y Pardo Bazán intentarán, sin éxito, entrar en la Real Academia Española: la primera en 1853 y la segunda en 1912. Sus candidaturas serán rechazadas por ser mujeres. Cfr. Luis Marcelino Gómez, La mujer en defensa de la mujer: Voces femeninas en del Romanticismo cubano (poesía y cuento), Tesis doctoral, Florida International University, Miami, 2001, p. 34; y Ricardo Virtanen, “Abril de 1912: fin del sueño de Emilia Pardo Bazán por conquistar una plaza en la Real Academia española de la Lengua”, La Tribuna, n.º 11, 2016, pp. 32-38.  Uno de los aspectos denunciados en escritos de autoras españolas de mediados del siglo XIX es que el ejercicio de la prostitución parece la única salida laboral para mujeres que no tengan un padre o un marido que pueda cuidar económicamente de ellas. Cfr. Pecharromán de la Cruz, op. cit., p. 369. En relación con la escolarización femenina en España, en 1887, el 81,2 % de las mujeres es analfabeta, en 1900 el porcentaje baja al 71,5 %. Cfr. Geraldine M. Scanlon, La polémica feminista en la España contemporánea (1868-1974), Madrid: Siglo XXI, 1976, p. 50.  Cfr. Teresa Ortiz, “Profesiones sanitarias”, en Guadalupe Gómez-Ferrer, Gabriela Cano, Dora Barrancos y Asunción Lavrin (eds.), Historia de las mujeres en España y América Latina, vol. III, Del siglo XIX a los umbrales del XX, Madrid: Cátedra, 2006, pp. 523-543.  Cfr. María Luisa Rico, “La mujer y las Escuelas de Artes y Oficios en la España de la Restau- ración”, en Laura Branciforte (ed.), Acción social e identidades políticas de las mujeres en el primer tercio del siglo XX, Madrid: Cuadernos Koré, 2012, pp. 83-109.  Palomo Vázquez cita más de 100 revistas femeninas en España entre 1813 y 1899. María del Pilar Palomo Vázquez, “Las revistas femeninas españolas del s. XIX. Reivindicación, literatura y moda”, Federica Pezzoli periódicos dirigidos a un público general (como Aurelia Castillo de González y Carmen de Burgos, esta última logrando entrar en 1907 en la Asociación de Prensa de Madrid), y escriben y publican novelas, cuentos, poemas, traducciones, libros de viajes, etc.. Un ejemplo de mujer escritora, periodista, animadora cultural y editora que se puede mencionar brevemente aquí —debido a las relaciones que ten- drá con Aurelia Castillo y con otras tantas mujeres empeñadas en el ámbito literario— es la andaluza Patrocinio de Biedma y La Moneda (1845-1927). De familia aristocrática y colaboradora desde muy joven en revistas y perió- dicos, en 1877, tras enviudar, se muda a Cádiz. Aquí, al poder disponer de su patrimonio en cuanto viuda, en mayo de 1887 funda la revista Cádiz, de cuya impresión se encarga la empresa editorial Tipografía La Mercantil de José Rodríguez y Rodríguez, su futuro segundo marido. En sus páginas aparecen contribuciones de personalidades políticas e intelectuales de pri- mer plano, y muchas escritoras pueden dar a conocer sus textos o adelantos de ellos, que luego publican en volumen. La revista, sin tener un carácter marcadamente político, pretende romper con el aislamiento cultural de la provincia. Por eso, su fundadora y directora impulsa también la creación de la Federación Científico Literaria, de la cual es nombrada presidenta vita- licia en junio de 1878: se trata de una especie de sociedad editorial que de Andalucía se extiende a Extremadura, Cataluña, Cuba y Puerto Rico, y cuyo objetivo es impulsar la publicación de las obras escritas por sus socios. En los años entre 1878 y 1880, antes de su segunda boda con José Rodríguez, Arbor, vol. 190, n.º 767, 2014, p. 131. Menéndez Menéndez y Figueras Maz señalan cómo, en la década de 1880, aparezcan 18 nuevas publicaciones. María Isabel Menéndez Menéndez y Mònica Figueras Maz, “La evolución de la prensa femenina en España: de La Pensadora Gaditana a los blogs”, Comunicació, Revista de Recerca i d’Anàlisi, vol. 30, n.º 1, 2013, p. 38.  Pecharromán de la Cruz, op. cit., p. 384.  Palomo Vázquez (op. cit., p. 131) menciona a 47 mujeres que, entre 1833 y finales del siglo, fun- daron, fueron propietarias o dirigieron periódicos o revistas.  Juan Pedro Martín Villareal, “La edición femenina decimonónica. Patrocinio de Biedma: entre el asociacionismo y las redes de colaboración editorial”, Lectora. Revista de dones i textualitat, n.º 25, 2019, pp. 105-117; y María del Carmen Simón Palmer, Escritoras españolas del siglo XIX: Manual bio-bibliográfico, Madrid: Castalia, 1991, pp. 86-93.  Cfr. Pilar Vega Rodríguez, “Periodismo y empresa periodística: el Cádiz de Patrocinio de Biedma”, Arbor, vol. 190, n.º 767, 2014, pp. 143-151.  Como señala Martín Villareal (op. cit., p. 110, n. 11), en los cuatro años de vida de la revista las colaboradoras activas fueron 34.  Después de su segunda boda, en la cual los novios fueron apadrinados por Alfonso XII, de  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Patrocinio de Biedma ejerce cierta influencia como editora en la elección de los textos impresos por la Tipografía La Mercantil, como muestra la publicación de sus mismas obras o la de Fábulas. Poemitas morales (1879) de Aurelia Castillo. En conformidad con la situación antes presentada, que ve a las mujeres reivindicar su presencia en el ámbito público y desafiar los valores de una feminidad más conservadora, unas de ellas (por ejemplo, Carolina Coronado, Emilia Serrano, Rosario de Acuña y Villanueva, Emilia Pardo Bazán, Eva Canel, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Dolores Ximeno y Cruz, Aurelia Castillo de González etc.), también en España y Latinoamérica, empiezan a viajar, muchas veces solas, y a poner por escrito sus experiencias en diarios, cartas y crónicas de viajes. Como señala Jenkins Wood, el fenómeno de las mujeres viajeras (y escritoras), cuyas primeras manifestaciones se encuentran en Gran Bretaña y el norte de Europa, está relacionado con el desarrollo del ferrocarril y la navegación a vapor, que abaratan los costes y hacen más seguros los desplazamientos, aunque para las mujeres corrientes la expe- riencia del viaje no represente todavía algo común. Unas de estas viajeras son solteras, viudas o separadas, elemento que les permite mayor libertad a la hora de orientar su comportamiento, y pertenecen a las clases alta y media. Otras viajan para conocer el mundo y al mismo tiempo ofrecer sus crónicas a revistas y periódicos, consiguiendo de esta forma independencia económica. Otras más esperan, a través de sus textos, ampliar el horizonte de sus lectores sobre el mundo y el papel de las mujeres en él. Su género, condición social, nivel de educación, visión de la realidad, valores y adhe- sión o no a la reivindicación de los derechos de las mujeres influencian el tono y la perspectiva de sus escritos y su relación con el otro con el cual se Biedma cerró la experiencia de la revista Cádiz, limitándose a ejercer cierta influencia editorial en la empresa de su esposo. Cfr. Ibid., p. 112.  Jennifer Jenkins Wood, Spanish Women Travellers at Home and Abroad, 1850-1920. From Tierra del Fuego to the Land of the Midnight Sun, Lewisburg: Bucknell University Press, p. 3.  Las tres autoras objeto de este capítulo pertenecen a este último grupo y viajan en algunas cir- cunstancias solas, en otras acompañadas. El hecho de tener que escribir para un público —los lectores y lectoras de las publicaciones a las que venden sus crónicas— influencia también su manera de relatar sus experiencias.  Cfr. Ana María Freire López, “Los libros de viajes de Emilia Pardo Bazán: El hallazgo del género de la crónica periodística”, en Salvador García Castañeda (ed.), Literatura de viajes: el viejo mundo y el nuevo, Madrid: Castalia, 1999, pp. 204-205. Federica Pezzoli van encontrando, también cuando esta otredad sea, como en el caso aquí analizado, la Antigüedad. En todo caso, las mujeres que cuentan sus viajes cumplen un acto de transgresión y ruptura, puesto que abandonan la margi- nalidad en la que han sido relegadas y se ponen en el centro de la narración y la historia, dando voz a su propia subjetividad. Además, la selección que su memoria hace a la hora de redactar los textos, incluyendo unos elementos y descartando otros, contribuye a crear la imagen ficcionada que ellas quie- ren ofrecer de sí mismas a sus lectores, su identidad como protagonistas, narradoras y autoras. la “ va r o n i l ” a u r e l i a c a s t i l l o d e g o n z  l e z Aurelia Castillo de González, de la cual Dulce María Borrero subraya “la independencia de espíritu, el vigor de la inteligencia y la suprema bondad”, es un claro ejemplo del movimiento que en Cuba, a partir del siglo XIX, hace que las mujeres se conviertan progresivamente de consumidoras de litera- tura a productoras de obras literarias, en forma de poemas, piezas teatrales y novelas, a través de las cuales intentan impulsar nuevas ideas y denunciar su condición de discriminación y sumisión. El fenómeno es una de las con- secuencias del desarrollo del capitalismo en la isla gracias a la producción de azúcar a larga escala, que, en la segunda mitad del siglo XIX, convierte La Habana en el segundo puerto de América, detrás solo de Nueva York. Con la prosperidad económica llegan los viajeros extranjeros y toman impulso la modernización y la vida cultural, caracterizada esta última por la producción de novelas y la fundación masiva de revistas y periódicos. En esta nueva  Cfr. Jenkins Wood, op. cit., pp. 31-33. La autora menciona los importantes estudios de Gillian Rose, Sara Mills, Shirley Foster y Mary Frawley acerca de género y literatura de viaje.  Aileen Schmidt, “Travels and Identities in the Chronicles of Three Nineteenth-Century Ca- ribbean Woman”, en Lizabeth Paravisini-Gebert e Ivette Romero-Cesareo (eds.), Women at Sea. Travel Writing and the Margins of Caribbean Discourse, Nueva York: Palgrave, 2001, pp. 203-204.  Ibid., p. 210.  La cita, que hacía parte del discurso leído en la Academia Nacional de Artes y Letras en mayo de 1921 por Dulce María Borrero, se encuentra en Mercedes Valdés Estrella, Aurelia Castillo: ética y feminismo, La Habana: Centro Félix Varela, 2008, p. 118.  Louis A. Pérez Jr., Intimations to modernity. Civil culture in nineteenth century Cuba, Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2017, cap. 1. “Desde hace algún tiempo, hemos adquirido una costumbre esencialmente británica: la lectura de los periódicos. Si salís a la calle, al brillar el sol, veréis sentados en las puertas de los establecimientos a acaudalados comerciantes, con el traje del trabajo, leyendo ansiosamente, ora en voz alta, ora en voz baja, los diarios matinales. Si  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano atmósfera cultural, las mujeres reivindican con fuerza su espacio, como muestra el célebre caso de la ya citada Gertrudis Gómez de Avellaneda. Siguiendo las huellas de su famosa predecesora, a la que dedica en 1886 un estudio biográfico y de cuyas obras es editora, Aurelia Castillo destaca como una de las principales intelectuales cubanas, partidaria de la lucha por la independencia de la isla, adversaria de la esclavitud y el racismo, y firme defensora de los derechos de las mujeres y de su papel en la vida cultural. Olvidada durante mucho tiempo fuera y dentro de Cuba, Castillo nace el 27 de enero de 1842 en Puerto Príncipe (actual Camagüey), en una familia sin muchos recursos y desde los nueve años su formación es autodidacta. Empieza a dedicarse a la escritura, especialmente en prosa, desde su juventud y el 6 de mayo de 1874 se casa con el oficial del ejército español Francisco González del Hoyo, amante de las letras y de fe republicana, que la impulsa a leer y a seguir escribiendo. Castillo experimenta dos exilios, el primero en 1875, junto con su marido: la pareja es expulsada durante la Guerra Grande (1868-1878) por protestar él contra la ejecución del patriota cubano Antonio Luaces. Transcurren tres años en España (1875-1878), durante los cuales Castillo colabora activamente con revistas y periódicos (Crónica Meridional, El Eco de Asturias y Cádiz), escribiendo, entre otros, tres artículos sobre la condición de las mujeres en general y las mujeres cubanas en particular en la revista Cádiz. De regreso a Cuba, participa en las tertulias literarias detenéis el paso, al cruzar delante de una casa de familia, veréis también, tras las rendijas de las persianas, al jefe del hogar, arrellanado cómodamente en ancha butaca, recorriendo las líneas del periódico que sostienen sus manos. Tanto el comerciante como el padre de familia, no pueden dedicarse con verdadero gusto a sus ocupaciones diarias, si no han leído previamente los periódicos. La lectura de los diarios es una de sus primeras necesidades. Solo se alimentan intelectualmente de periódicos”. Julián de Casal, Páginas de vida poesía y prosa, compilación, prólogo, cronología y bibliografía por Ángel Augier, Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho, 2007, p. 265.  Gómez, op. cit., pp. 15-56. Según García Ronda, en el siglo XIX se cuentan en Cuba más de un centenar de mujeres poetas. Denia García Ronda, “Poesía femenina cubana del siglo XIX”, en Luisa Campuzano (ed.), Mujeres latinoamericanas: Historia y cultura. Siglos XVI al XIX, vol. II, La Habana: Casa de las Américas, Universidad Autónoma Metropolitana de Iztapalapa, 1997, p. 288.  Con la biografía de Tula Castillo gana, el 15 de noviembre de 1886, el premio en los Juegos Florales organizados por la Colla de San Mus, sociedad de naturales de Cataluña residentes en Cuba.  Schmidt (op. cit., p. 218) subraya cierto racismo, fruto de la educación eurocéntrica de la burguesía criolla, en la descripción que Castillo proporciona de los indígenas de México.  Se trata de “La mujer que piensa y la mujer que siente” (Cádiz. Revista de Artes, Letras, Ciencias, 10 de noviembre de 1877), “La mujer cubana” (Cádiz, 20 de mayo de 1878) e “Influencia de la moda en la mujer” (Cádiz, 20 de septiembre de 1878). Federica Pezzoli organizadas por José María de Céspedes en su casa y escribe para muchas revistas. En 1879 publica en Cádiz su colección de cuentos en versos titulada Fábulas, con prólogo de De Biedma, en la cual se ocupa de la educación de los niños y niñas cubanos, mostrando “interés por su perfeccionamiento moral é intelectual, como importantísimo factor de felicidad”, y trata también temas políticos. Con el fin de ampliar sus conocimientos regresa otra vez a España en 1887 y en 1889[], en compañía de su esposo, y emprende un viaje que los lleva a visitar la Exposición Universal de París, Italia y Suiza. Envía las crónicas de estos viajes, en forma de cartas, al periódico habanero El País y luego, en 1891, las publica en volumen con el título de Un paseo por Europa (La Habana: La Propaganda Literaria), en cuya lectura, según el poeta cubano Julián del Casal (1863-1893), “el lector siente latir [...] el espíritu varonil de la autora, templado para la acción y rebelde al ensueño, que se enamora de todo lo grande, de todo lo verdadero”. Tras regresar a Cuba en 1890, visitar México y la Exposición Universal de Chicago en 1893[] y enviudar dos años después, en 1896 es expulsada por segunda vez de la isla por Valeriano Weyler y viaja nuevamente a España (1896-1898), donde reside en Canarias y Barcelona. De vuelta a su país en 1898, como observa Mirta Yáñez: trae […] una amplia experiencia ganada en sus avatares de periodista, de viajera y de incansable curiosa intelectual. […] Por otro lado ya tenía un bien ganado pres- tigio y también cierta fama de carácter “viril”. Tal vez el mote viniera bien ganado por su permanente actitud rebelde ante los preceptos patriarcales machistas. Su  Gómez, op. cit., p. 200.  Esta segunda estancia de la pareja en Europa dura tres años, como indica la misma Castillo en “De regreso”, sección final de Un paseo por Europa. Aurelia Castillo de González, Un paseo por Europa, La Habana: La Propaganda Literaria, 1891, p. 211.  Sobre las posibilidades literarias del género de la carta, que permite mezclar narración, descrip- ción, reflexiones personales y comentarios políticos, cfr. Jenkins Wood, op. cit., p. 325.  Este periódico, como indica Vigne-Pacheco, era el órgano oficial del partido autonomista cubano. Ana Vigne-Pacheco, “Julián del Casal, un cronista habanero fin de siècle”, Caravelle, n.º 90, 2008, pp. 52-53.  Julián de Casal, Bustos y rimas. La Habana: Imprenta La Moderna, 1893, p. 58.  Las crónicas de estos viajes, siempre en forma de cartas publicadas en el periódico El País, conforman luego el volumen Un paseo por América. Cartas de Méjico y de Chicago, La Habana: Imprenta La Constancia, 1895.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano feminismo es claro y rotundo. Reflexionó mucho sobre el tema de la mujer y llenó un vacío al escribir sobre otras poetisas de la época. Proclamada la República en 1902, colabora activamente con el nuevo ré- gimen y en 1910, cuando se funda la Academia de las Artes y las Letras, es una de las cinco mujeres miembros (junto con Nieves Xenes y Dulce María Borrero). Sin embargo, en una nota aclaratoria a la segunda edición (1910) de su Fábulas denuncia que: “Las escritoras de nuestro país vivimos en lamentable aislamiento literario. No tenemos a quien consultar, no cam- biamos impresiones con nadie. Tememos molestar a los hombres literatos y científicos, parecerles, en fin, impertinentes”. En 1914, Castillo reúne todos sus escritos en cinco volúmenes (Escritos de Aurelia Castillo de González, La Habana: Imprenta El Siglo XX), al que añade un sexto en 1918[], incluyendo también traducciones del italiano (La figlia di Jorio de Gabriele d’Annunzio y poemas de Giosuè Carducci y Ada Negri), del francés y del inglés, y textos de Francisco González. Muere en 1920. Volviendo a la relación de esta poeta y escritora con Pompeya y Herculano, ella, acompañada por su marido, llega a Nápoles en barco a vapor en diciem- bre de 1889, tras pasar unos meses en París y hacer breves etapas en Marsella y Génova. Después de una visita a la ciudad y sus monumentos, que provocan juicios dispares en la viajera cubana, el 21 de diciembre la pareja sube al Vesubio, comparado por su “sublime grandeza” y la “emoción especial” que  Mirta Yáñez, “El discurso femenino finisecular en Cuba: Aurelia del Castillo y otras voces en torno al 98”, en Mirta Yáñez (ed.), Cubanas a capítulo: Selección de ensayos sobre mujeres cubanas y literatura, Santiago de Cuba: Editorial Oriente, 2000, pp. 28-29.  Texto citado en Gómez, op. cit., p. 202.  Valdés Estrella, op. cit., pp. 15-16. Sin embargo, Schmidt indica como fecha 1913. Schmidt, op. cit., p. 207.  La presencia de Francisco González, nunca mencionado directamente, se deduce del uso constante, en las cartas que conforman los volúmenes Un paseo por Europa y Un paseo por Méjico y América, de la primera persona del plural. Este elemento, como observa Schmidt, muestra la voluntad de la autora de conformarse con el papel de esposa, que la sociedad del tiempo considera fundamental para las mujeres. Schmidt, op. cit., p. 216.  Cfr. Castillo de González, Un paseo por Europa, op. cit., carta VI, 25 de diciembre de 1889, pp. 81-84. La poeta no aprecia ni el Aquarium ni la catedral, dando cierta muestra de ironía, en italiano, hacia el milagro de la licuefacción de la sangre de san Genaro, pero sí valora el Palacio Real, cuyas estancias compara con las del Louvre y del que destaca una terraza del primer piso, llena de plantas y con vista al mar, donde “me sentí rejuvenecida, con fuertes deseos de correr, de cantar y triscar como en los felices días de la infancia”. Federica Pezzoli genera con las cataratas del Niágara y la Tour Eiffel: Castillo, como buena mujer moderna, no solo describe el maravilloso paisaje del golfo de Nápoles contemplado desde el volcán, sino que informa también sus lectores sobre los medios de transporte disponibles, los tiempos de desplazamiento y los servicios presentes (funicular y un buen restaurante, símbolos del progreso), y destaca la masiva presencia de turistas americanos del sur, que ya gozan de una condición económica que les permite rivalizar con los ingleses. Las siguientes etapas son Pompeya y Herculano, a las que Castillo consagra no solo gran parte de la carta VII, fechada en Nápoles, el 31 de diciembre de 1889, sino también —quizás el elemento más insólito— un poema en tres partes, titulado Pompeya, escrito el 3 de enero de 1890[], que se publica en febrero y marzo del mismo año en la Revista Cubana. Este último está dedicado a Giuseppe Fiorelli, que Castillo tuvo ocasión de conocer en Roma y que, en la dedicatoria, alaba por su investigación y por las técnicas de conservación utilizadas en el yacimiento de Pompeya, signo evidente del progreso científico en el campo de la arqueología. Al comienzo de la carta Castillo escribe: Lo que de ellas referiré entretendrá solamente á aquellas personas que no han tenido oportunidad de leer algo de los centenares de volúmenes que se han escrito acerca de la suerte, única acaso en el mundo, y positivamente única en la historia, de esas ciudades, desventuradas en su fin, gloriosísimas en la posteridad. Haciendo profesión de modestia hacia sus lectores cultos, que ya podrían conocer el tema, pero al mismo tiempo mostrándose como una mujer dota- da de una buena formación, al tanto de lo que se publicaba e interesada en entretener e instruir al mismo tiempo.  Ibid., carta VI, 26 de diciembre de 1889, pp. 84-88.  Cfr. Evelyn Sierra Castro, El mundo latino en la obra de Aurelia Castillo, tesis de grado, Facultad de Letras y Artes, La Habana: Universidad de La Habana, 2018, pp. 40-66.  Ibid., carta VII, 31 de diciembre de 1889, pp. 89-93, y poema Pompeya, pp. 183-201. Señalo la existencia de un artículo de Campuzano, en el que la autora se ocupa también del poema de Castillo. Luisa Campuzano, “Pompeya en paredes y páginas cubanas del siglo XIX”, Cuadernos de Italianística Cubana, vol. XV, n.º 21, 2014, pp. 93-101.  Ibid., carta X, 22 de marzo de 1890, pp. 117-119.  Ibid., carta VII, 31 de diciembre de 1889, p. 89.  Sobre algunos de los recursos literarios frecuentes en la literatura de viaje escrita por mujeres y los estudios críticos sobre ellos, cfr. Jenkins Wood, op. cit., pp. 33-38.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Proporciona luego una breve descripción general del yacimiento, con sus edificios públicos y privados, y sus restos de frescos colorados y pavimentos de mosaico blanco y negro, que ofrecen al visitante la impresión de estar ante una ciudad que un tiempo fue espléndida y rica en arte. Subraya, como muchos otros viajeros, las características de sus calles, donde se detiene, de forma curiosa, en las piedras, generalmente de forma ovalada, más altas y grandes que permitían cruzarlas en caso de lluvia, y en las huellas de las ruedas de los carros. Informa al lector de cómo muchas de las obras artís- ticas encontradas en Pompeya y Herculano han sido trasladadas al Museo Pompeyano y al Museo Nacional de Nápoles, cuya visita se hace por lo tanto necesaria si se quiere conocer en profundidad la civilización de la que estas dos antiguas ciudades son expresiones. Tras un breve paréntesis sobre Herculano, donde Castillo y su marido pueden ver únicamente el teatro, todavía subterráneo, engañados por el guía que les dice que hasta la fecha solo se ha descubierto eso, la autora presenta algunas piezas del Museo de Nápoles, mostrando estar al tanto de la actividad de artistas griegos en las dos ciudades. Se detiene especialmente en la estatua de bronce del Mercu- rio en reposo, “joya de Herculano y del Museo”, descrita a través de las palabras de la Guía del Museo, y menciona también a los dos discóbolos y un busto de Platón. Castillo, quien se ocupa tanto en su poesía como en su prosa de temas “viriles”, informa a su lector sobre el pasado y el futuro de las excavaciones. Las de Herculano: No continuarán […]. Sobre ella han echado raíces los hombres. Los derechos de la humanidad son superiores á los del arte. [...] ¿Cuánto tiempo se necesitaría para conocerla toda, habiéndose de trabajar únicamente á cincel, porque el pico, hiriendo en la durísima lava, podría arrancar con ella fragmentos de los inapre- ciables monumentos? Más benigna, ó menos cruel la suerte con Pompeya, sus tesoros salen á la luz con esfuerzos relativamente ligeros. Estaba rellena de piedra pómez y de cenizas volcánicas, que fácilmente ceden á las fuertes herramientas [...]. Con todo, se trabaja en ella hace 142 años, y aún no se ha descubierto más que una tercera parte aproximadamente de la ciudad.  Castillo de González, Un paseo por Europa, op. cit., p. 91.  García Ronda, op. cit., p. 288.  Castillo de González, Un paseo por Europa, op. cit., pp. 91-92 passim. Federica Pezzoli Además, cual muestra de la laboriosidad de los italianos, la viajera ala- ba la perfecta organización y el orden del Museo Nacional napolitano y el trabajo llevado a cabo para poder leer los papiros carbonizados encontrados en Herculano. La falta, en esta carta, de una descripción pormenorizada de los restos de los dos yacimientos se debe a que Castillo, como considera importante explicar en una nota del 10 de enero de 1890, había redactado al mismo tiempo el texto en prosa y el poema sobre las antiguas ciudades y no quería repetir dos veces la misma información. Sin duda, la poesía, con su mayor apertura hacia la fantasía, le permite ofrecer a sus lectores, que no podían viajar o que todavía no habían viajado a Italia, cuadros más vívidos del pasado de Pompeya, su muerte y su resurrección gracias a los avances de la ciencia. Además, para las personas “no letradas” y conforme al anhelo didáctico de la autora, siempre preocupada por el desarrollo cultural y educativo de Cuba, se añadía un aparato de notas que les daba la posibili- dad de entender los usos antiguos mencionados y, una vez más, demuestra la erudición de Castillo, que conoce las fuentes antiguas y las costumbres griegas y romanas, aunque tal vez, como ella misma reconoce, se equivoque. Según el ya citado Julián del Casal, en Pompeya aparecen: “vida, mo- vimiento, energía, sobriedad, colorido, relieve y armonía. Tiene el encanto supremo de lo exótico, de lo lejano, de lo desconocido, de lo pasado, de lo que no se ha visto, de lo que no se espera ver”. En la primera sección de las tres que conforman el poema se describe la vida bulliciosa de Pompeya antes de la explosión del Vesubio: Bulle la ciudad hermosa: cada cual en su faena, en su gozo ó en su pena; éste corre, aquel reposa.  Ibid., carta VII, p. 94.  Como cuando, después de su encuentro con Giuseppe Fiorelli y las observaciones o correcciones de este último sobre el contenido del poema, en la edición en volumen de sus cartas elimina parte de una nota y afirma: “Resulta de esto y de algunos otros detalles, que mi cuadro del anfiteatro pompeyano peca de fantástico, y ruego que se me perdone esta falta. […]. Por lo demás, toda la obra debe de resentirse por falta de erudición”. Cfr. Ibid., notas al poema Pompeya, p. 204.  Casal, Bustos y rimas, op. cit., p. 59.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Esta descripción incluye breves escenas cotidianas: los sacrificios a los dioses, las termas, la comida en el triclinio, el teatro donde se representa la Medea de Eurípides, un funeral, dos amantes, el burdel, los comicios en el foro, un ritual báquico, los juegos de los gladiadores. La segunda parte se centra en el día de la erupción, dando voz al pánico de los habitantes que intentan huir llevándose parte de sus posesiones, al afecto filial y al amor “á los hombres y á la ciencia” que caracteriza a Plinio el Viejo, cuyo nombre no se menciona en los versos, pero sí en las notas. Este último, haciéndose guiar por su conciencia, que le ordena prestar auxilio a sus conocidos, y por su afán de conocimiento, el cual le impulsa a estudiar el fenómeno excep- cional, pierde su vida. Sobre la ciudad, un espeso manto de piedra pómez y cenizas lo cubre todo. La última sección está finalmente dedicada al excitante redescubrimiento de los yacimientos: Pompeya está olvidada. En paz dormita. Sobre ella indiferente, la campesina gente afanada en sus tráficos transita. Un día... el azar, trabajos de cualquiera; un subterráneo, un pozo, cualquier cosa, saca a la luz una estatua prodigiosa, después una columna, una Quimera. Cunde el asombro en Nápoles, la hermosa. [...] Vengan los sabios; los artistas vengan. Grande interés a todos les incita. Castillo presenta vívidamente a sus lectores algunos de los restos más asombrosos (la marmita llena de agua, los panes carbonizados), los informa sobre el uso de la carta de Plinio para la identificación de la ciudad y sobre los calcos de yeso que se hacen con los cuerpos humanos y animales gracias a los avances de la ciencia. Dedica algunos versos a los gladiadores muertos porque estaban bloqueados por el cepo, signo del mal que se esconde en el hombre, y al perro muerto porque estaba atado a la cadena.  Castillo de González, Un paseo por Europa, op. cit., Pompeya, parte II, p. 194. Federica Pezzoli En otra ocasión, en su Paseo por Europa, Castillo menciona Pompeya y Herculano, y revela algo más de sí misma, de su interés hacia la exactitud de la información que proporciona en sus cartas-crónicas y sus fuentes. A la hora de salir de Roma para ir a Florencia, siempre en compañía de su marido, la viajera cuenta, pidiendo disculpa al lector por hablarle de circunstancias tan personales, que relata en gran parte usando la primera persona del singular, su encuentro con el senador Giuseppe Fiorelli. Al poder final- mente, después de muchos intentos fracasados, quedar con el mayor experto en antigüedades pompeyanas, a quien la poeta y escritora había dedicado su poema Pompeya, ya publicado, sin pedirle autorización, ella se siente alentada a preguntarle su opinión sobre la ausencia de lava en Herculano, afirmación contenida en el volumen Le drame du Vésuve de Beulé y que le fue comunicada por su sobrino, el doctor Aróstegui. Ante la matización del arqueólogo, que Castillo comunica a sus lectores en esta carta, fechada tres meses después del relato de la visita a los yacimientos, ella revela: Como había hecho mi composición sin más libros á la mano para consultas de época tan remota que las guías que se procuran los viajeros, estaba temerosa de haber ocurrido en anacronismos y otras inexactitudes, inquietándome sobre todo el haber puesto la palabra acero en boca de pompeyanos, y envié mi manuscrito al Sr. Fiorelli rogándole me indicase cuanto no estuviese conforme á la verdad, lo que él hizo en seguida con la mayor condescendencia. Publico estos pormenores para prevenir y satisfacer la justa censura que merece el poemita á ese respecto en varios puntos. l a m i s t e r i o s a “ a r a c e l i ” Si las impresiones de Aurelia Castillo sobre Pompeya y Herculano se dirigen al público cubano en general, entreteniéndolo e instruyéndolo al mismo tiempo, y ofreciendo la mirada de una mujer culta, viajera y amante del progreso, específicamente dedicados a las mujeres, señoras y señoritas, son los dos artículos de la española “Araceli” relacionados con Pompeya, que cuentan su viaje a la ciudad sepultada por el Vesubio. Estos se publican en la  El encuentro con Fiorelli, tan deseado por la escritora, se realiza de forma casual. Cfr. Ibid., carta X, 22 de marzo de 1890, p. 118.  Ibid., p. 119.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano revista femenina La Moda Elegante Ilustrada, en los números del 14 y 30 de marzo de 1904. Como indica Romero, no se conservan muchos datos sobre la identidad de esta periodista y traductora (quizás identificable con Araceli Aijón), quien colaboró asiduamente con la revista a principios del siglo XX. Analizando sus dos textos sobre Pompeya, se puede observar que, sobre todo en el primero, “Araceli”, al par de Castillo, siente la necesidad de unir una parte de ficción y una de realidad, debido al tipo de lector al cual se está dirigiendo: “No temas, lectora amable, que fatigue tu atención con macizas parrafadas de historia retrospectiva ó con divagaciones áridas de erudición tan respetable como enojosa”. Por eso, en el artículo del 14 de marzo, la autora, abandonando la pri- mera persona de la introducción, se transforma en narrador omnisciente y propone en primer lugar un viaje en el tiempo, hacia el 24 de agosto del 79 d. C., cuando Pompeya era todavía una ciudad provincial llena de vida, que resulta sin dudas más ameno para su público femenino no especialista. Esta sección, aunque “Araceli” declare de forma explicita su fuente solo más adelante en el texto, resulta muy poco original, puesto que sigue casi palabra por palabra el relato del salto en el tiempo del joven Octavien en la novela Arria Marcela (1852) de Théophile Gautier. Más original y contada en forma impersonal, la narración del redescubrimiento del yacimiento en 1748, “fruto del golpe conquistador de la civilización moderna”, la mención del papel fundamental que juega Giuseppe Fiorelli desde 1860 y la referencia a algu- nos autores y novelistas extranjeros (Dumas, Bulwer-Litton y Gautier) que han escrito sobre la antigua ciudad romana rediviva. Todos estos elementos hablan de la cultura de la periodista, que se ha documentado con precisión  La revista, fundada en Cádiz en 1842 con el título La Moda, pasa a denominarse La Moda Elegante Ilustrada en 1864. Desde 1868, su redacción y director se trasladan a Madrid, donde se seguirá publicando hasta 1927 con gran éxito de ventas. Sus lectoras eran las mujeres de la alta burgue- sía, a las cuales se ofrecían las últimas novedades de la moda francesa y figurines, pero también novelas por entrega, textos en versos, pasatiempos y relatos de viaje. Todas estas informaciones pueden encontrarse en http://hemerotecadigital.bne.es/details.vm?q=id:0004782809&lang=en [consultado el 19 de marzo de 2021].  Romero Recio, Ecos de un descubrimiento, op. cit., p. 223, n. 529.  Araceli, “La ciudad muerta”, La Moda Elegante Ilustrada, 14 de marzo de 1904. Recuperado de: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0004805909&search=&lang=en [consultado el 19 de marzo de 2021].  Ibid. Federica Pezzoli a la hora de visitar Pompeya y escribir sus textos. Araceli vuelve luego por un momento a la primera persona para comunicar a sus lectoras que: Al visitar á Pompeya, yo he sentido como sintió Gautier; mas si le he igualado en el sentimiento, no osaré igualarle en lo prodigioso de la expresión. En sus frases, algunas de las cuales transcribo, se han inspirado las desaliñadas notas que he apuntado y he de apuntar. Esta declaración de modestia, motivada probablemente por el hecho de que dos tercios de su correspondencia del 14 de marzo son citas, más o menos puntuales, de la novela del autor francés, precede la descripción general del yacimiento, realizada por medio de dos fragmentos de Arria Marcela. De lo general se pasa a lo particular cuando “Araceli” propone a su “amiga lectora” de seguirla en un breve recorrido por la villa de Arrio Diomedes y sus ambientes de la pluma, una vez más, de Gautier. La presentación de esa rica casa, donde se descubrió el calco del seno femenino que inspiró al escritor francés, cierra la primera parte del relato. La segunda correspondencia tiene un tono distinto y gira en torno a los particulares más concretos y prácticos que la periodista ha podido conocer en su visita al yacimiento. Como nota Romero, el texto muestra “la percepción de esta viajera más próxima a la del turista moderno que a la del viajero del XVIII y XIX”. Medios de transporte, horarios del recinto y tiempo necesario para la visita, servicios incluidos en el precio del billete, número anual de visitantes y grado de progreso alcanzados por los pompe- yanos a través de los restos conservados en el Antiquarium son los temas que “Araceli” considera necesario que sus lectoras conozcan. También denotan probablemente la posibilidad que ellas, debido a su situación económica aventajada, puedan efectivamente planear un viaje al yacimiento y servirse por eso de la información aquí proporcionada. En cuanto a las pinturas:  Ibid.  Araceli, “La ciudad muerta”, La Moda Elegante Ilustrada, 30 de marzo de 1904. Recuperado de: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0004805941&search=&lang=en [consultado el 19 de marzo de 2021].  Romero Recio, Ecos de un descubrimiento, op. cit., p. 225.  A la observación de Romero Recio (ibid., p. 225), que sugiere la posible fuente de una afirmación de “Araceli” en el Diario de viaje a Oriente de Vicente Moreno de la Tejera, añado también Arria Marcela de Gautier en lo que atañe al asombro provocado por la afirmación “¡Pompeya estación de ferrocarril!”.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Hay que declarar que por la belleza del dibujo y por la brillantez del color, los artistas que trazaron los frescos de Pompeya tenían poco que aprender y mucho que enseñar a los que hoy se consagran a la pintura decorativa. Del Antiquarium llama la atención de los visitantes “la colección de cuerpos humanos, descubiertos bajo las cenizas”, en cuyos gestos y miradas es posible contemplar la angustia y la desesperación que precedió su fin. Las ruinas, revela “Araceli”, generan una especie de ensoñación en el turista que se haya documentado a través de la lectura, pero: Cuando nos sentimos trasladados en la fecha en que Pompeya existió, cuando llegamos a creernos seres de hace dieciocho siglos, la realidad —por boca de un guía que amablemente se despide [...]— vuelve por sus fueros, y nos muestra brutalmente el contraste del hoy con el ayer. Cierra el texto el elenco de las obras de arte y objetos que se pueden ver en el Museo Nacional de Nápoles, completamiento necesario de la visita a las excavaciones, y una cola, obligada en una buena cristiana, sobre la esclavitud antigua y la necesidad que Pompeya, entregada a los placeres, fuese purificada a través del fuego para hacerse luego inmortal. l a v i a j e r a c a r m e n d e b u r g o s Más afín a Aurelia Castillo por su amplia actividad como periodista, escritora y traductora, y su acción militante en favor de los derechos de las mujeres es Carmen de Burgos cuyo “afán educador, […] deseo de influir en la  Araceli, “La ciudad muerta”, 30 de marzo de 1904, op. cit. En este segundo texto, la autora se expresa en ciertos momentos con la primera persona, en otros, en cambio, desaparece.  Ibid.  Sobre la biografía de Carmen de Burgos, cuya vida y producción escrita han sido objeto de nu- merosos estudios recientes, cfr., por ejemplo, Paloma Castañeda, Carmen de Burgos “Colombine”, Madrid: Dirección General de la Mujer, 1994; Federico Utrera, Memorias de Colombine, la primera periodista, Majadahonda: Hijos de Muley Rubio, 1998; Rita Catrina Imboden, Carmen de Burgos “Colombine” y la novela corta, Berna: Peter Lang, 2001; Blanca Bravo Cela, Carmen de Burgos (Colombine). Contra el silencio, Madrid: Espasa Calpe, 2003; Concepción Núñez Rey, Carmen de Burgos Colombine en la edad de la plata de la literatura española, Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2005; y Concepción Núñez Rey, Carmen de Burgos, Colombine. Periodista universal, 2 vols. Sevilla: Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, 2018. Un punto acerca de la producción bibliográfica relacionada con las diferentes facetas de la actividad pública de Federica Pezzoli sociedad […] intentando […] cuestionar hábitos mentales, despertar las conciencias”  es, según su biógrafa Núñez Rey, el elemento más relevante de su personalidad. Nacida en Almería y de formación autodidacta, llega a Madrid en 1901, tras conseguir una cátedra en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara, y empieza a colaborar con diversas publicaciones, obteniendo, en 1903, además de su pseudónimo Colombine, una columna diaria en el Diario Universal, titulada “Lecturas para la mujer”. A partir de 1905, cuando, ya famosa por su encuesta sobre la ley de divorcio, consigue tener una columna fija también en el Heraldo de Madrid, de Burgos empieza a viajar mucho, llegando hasta el Cabo Norte, y relata sus impresiones en artículos y libros de viajes. En su primer recorrido por Europa, que comienza el 5 de octubre de 1905 y dura un año entero, acompañada por su hija María visita Francia e Italia. En este último país, entre sus metas están, además de Roma y Nápoles con su Museo Nacional, los yacimientos de Pompeya y Herculano, que la autora volverá a ver más veces a lo largo de su vida. El primer encuentro con las ciudades sepulta- das y sus restos es narrado en tres cartas (parte II, cartas XII, XIII y XIV), es- critas en primera persona, incluidas en el volumen Por Europa (Impresiones): Colombine se encuentra en Laura Branciforte, “Experiencias plurales del feminismo español en el primer tercio del siglo pasado”, Revista de Historiografía, n.º 22, 2015, pp. 250-252.  Concepción Núñez Rey, “Carmen de Burgos, viajera por Europa”, en Carmen de Burgos, Mis viajes por Europa, Madrid: Cyan Proyectos Editoriales, 2012, p. 16.  Concepción Núñez Rey, “Espacios y viajes en la vida y en la obra de Carmen de Burgos Colom- bine”, Arbor, n.º 186, 2010, pp. 6-7.  Por Europa (1907), Cartas sin destinatarios (1912), Impresiones de la Argentina (1914) y Peregri- naciones (1916), reeditado el año siguiente con el título Mis viajes por Europa (1917). Después de este último volumen, De Burgos no vuelve a publicar libros de viajes, dejando que sus impresiones aparezcan en artículos periodísticos y como marco de novelas. Cfr. Jenkins Wood, op. cit., pp. 317-327.  Como indica Núñez Rey, este viaje se hizo gracias a una beca concedida a De Burgos como profesora numeraria de las normales de maestras, para conocer los sistemas educativos de otros países europeos. Núñez Rey, “Carmen de Burgos, viajera por Europa”, op. cit., p. 21. El resultado de la investigación fue publicado en la Gaceta de Madrid, el 6 de febrero de 1910, p. 295. Cfr. Mirella Romero Recio, “La Antigüedad vista por dos escritores anticlericales: Carmen de Burgos y Vicente Blasco Ibáñez”, Veleia, n.º 36, 2019, p. 89, n. 14.  En enero de 1910, la autora y Ramón Gómez de la Serna, con quien había empezado una relación en 1909, fueron a Nápoles (y probablemente también a Pompeya y Herculano). Cfr. Núñez Rey, Carmen de Burgos Colombine en la edad de la plata…, op. cit., pp. 266-267. En 1926, la pareja vivió durante unos meses en la ciudad campana, alojándose en la Riviera de Chiaia 128. Cfr. Núñez Rey, “Carmen de Burgos, viajera por Europa”, op. cit., p. 24.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Francia, Italia (Maucci: Barcelona, 1906), dedicado a su amigo José Ferrándiz y cuya edición cuenta con ilustraciones, fotografías y grabados. La visión de la Antigüedad y del mundo en general que aparece en estos primeros testimonios, conforme con el momento vital de la autora y su em- peño público, está marcada por un fuerte compromiso ideológico a favor de la libertad en todas sus formas y por “la espontaneidad, la frescura, la sinceridad”, que la impulsan a expresar abiertamente sus ideas más auda- ces, sin ninguna censura. El lenguaje, debido a su intento racionalizador de las experiencias que vive y de los paisajes que observa, y de divulgación del conocimiento de Europa en España, es preciso, exacto y riguroso. Tras visitar Pozzuoli, Posillipo y Cumas junto con el periodista napolitano Giuseppe Gramegna y su familia, y rememorar a los antiguos poetas Ho- mero, Virgilio y Horacio y su descripción del más allá, aspecto que denota sus lecturas clásicas y su interés hacia el mundo antiguo, Colombine, que en Nápoles reside con su hija en la pensión de familia de la señorita Corsani, ubicada en vía Caracciolo, decide ir al Museo Nacional. De Burgos, en primera persona, cuenta a su lector que ha tenido la suerte de hacer la visita en compañía de Luigi Conforti, secretario del Museo, quien, experto clasicista, la ha guiado a través de sus piezas. Ade- más declara, reivindicando su visión subjetiva del mundo exterior, que se detendrá solo en las cosas que han atraído su atención: entre las estatuas en bronce provenientes de Herculano, la autora se fija en el Mercurio en reposo y los discóbolos, de los cuales habló también Aurelia Castillo, y cita luego los papiros carbonizados y la máquina inventada por Piaggi para leerlos, reservando para los hallazgos de Pompeya una carta a parte. Pero el aspecto  Núñez Rey señala que, en otoño de 1906, de vuelta a Madrid tras el recorrido por Europa, De Burgos funda una tertulia literaria en su casa y promueve su primera campaña a favor del voto femenino, que termina, inesperadamente, en un fracaso. Núñez Rey, “Espacios y viajes en la vida y en la obra de Carmen de Burgos…”, op. cit., p. 9.  Núñez Rey, “Carmen de Burgos, viajera por Europa”, op. cit., p. 21.  Núñez Rey, Carmen de Burgos Colombine en la edad de la plata..., op. cit., p. 156.  Carmen de Burgos, Por Europa (Impresiones): Francia, Italia, Barcelona: Maucci, 1906, carta IX (El mundo antiguo), pp. 225-234. La autora declara su gran admiración también por el poeta Giacomo Leopardi, cuya tumba en Nápoles visita y sobre quien escribirá un ensayo, publicado en dos volúmenes en 1911.  Ibid., carta X (La vida en Nápoles), p. 235.  Ibid., carta XII (El Museo secreto), fechada el 22 de marzo de 1906, pp. 259-260.  Ibid., pp. 262-263. Federica Pezzoli al que Colombine atribuye más importancia es su acceso al Gabinete Secreto, cerrado a mujeres, niños y sacerdotes por orden del papa Pio IX debido a su contenido, y que: “Despertó mi curiosidad y he logrado que se abra su puerta para mí […]. Prefiero ver las figuras así, libres, como son, sin las hojas de parra que se han colocado en nuestros museos, y que despiertan la malicia y la curiosidad”. La autora polemiza abiertamente contra la mojigatería católica y española, y contra la tentación de juzgar el mundo antiguo con los parámetros de la sociedad de principios del siglo XX, puesto que su arte es expresión de unos pueblos “jóvenes, alegres, despreocupados y libres”. Pueblos que, despoján- dose con dificultad de “2000 años de superstición, de aniquilamiento […] en esta atmosfera suya que se respira en Pompeya y las ciudades antiguas, en los momentos de soledad y de evocación […] comprendo”. Y luego describe, sin banalizar, algunas de las estatuas y los objetos con- tenidos en esta parte secreta del Museo. A la visita de las ruinas de Pompeya están dedicadas dos cartas enteras. En la primera, fechada en Nápoles, 28 de marzo de 1906, la autora, antes de empezar a dar sus impresiones sobre los lugares del yacimiento que han estimulado su fantasía y reflexión, vuel- ve a declarar su admiración por el mundo antiguo al mismo tiempo que su anticlericalismo: Hay momentos en que tengo la crueldad de alegrarme de la destrucción de Pom- peya. De haber continuado su vida vulgar, sufriría como todas las ciudades de la antigua Europa, los efectos de las hordas cristianas que arruinaron su brillante civilización. El Vesubio vino á cubrirla con su manto de cenizas para guardarla como un libro abierto al estudio de la posteridad. ¡Y qué libro! Cada día ofrece una nueva página, una nueva belleza. Merece la pena señalar que el adjetivo “cristianas” usado aquí por De Bur- gos no aparece en la correspondencia, titulada “‘Toilettes’ pompeyanas”, que Colombine envía al Heraldo de Madrid para su columna “Femeninas”  Ibid., p. 265.  Ibid. Cfr. también Romero Recio, Ecos de un descubrimiento, op. cit., pp. 132-133; y Romero Recio, “La Antigüedad vista por dos escritores anticlericales, op. cit., p. 90.  Burgos, Por Europa (Impresiones): Francia, Italia, op. cit., carta XIII y XIV (Pompeya y Las costumbres pompeyanas).  Ibid., carta XIII (Pompeya), p. 269.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano y que se publica el 23 de marzo de 1906, reproduciendo muy de cerca el fragmento arriba citado. Al tanto del desarrollo de las excavaciones, que todavía no han devuelto a la luz ni la mitad de la antigua ciudad, la autora proporciona una visión fragmentada del lugar, que ha tenido la ocasión de visitar “cien veces” y cuya cantidad de templos le aparece signo del carácter insaciable de todas las religiones. Se detiene en el bello cadáver de adolescente encontrado en la Villa de Diomedes y su agonía, detectable en la posición de su cuerpo, y menciona el espejo que los arqueólogos desenterraron a su lado y que ella, como relata en su correspondencia del Heraldo, tuvo ocasión de tener entre sus manos en el Museo Nacional de Nápoles, buscando en él, vanamente, la imagen del antiguo sufrimiento. Describe, finalmente, los ambientes y las decoraciones de las últimas casas descubiertas, la de los Vettios (1895) y la de los Amores Dorados, esta última todavía cerrada al turista, pero que abre sus puertas para la atrevida Colombine y su hija. Hablando del gine- ceo de la Domus Vettiorum, constata que se trata de la habitación: “donde las mujeres, cultivadoras del arte de agradar se entregaban á sus recreos y á las conversaciones tan vacías de sentido como las que se sostienen hoy en los salones [...] hemos cambiado poco en dos mil años”. Toda esa belleza la lleva a concluir, en un atisbo de nostalgia por el pasado clásico: “¡Cuán vulgar y prosaica es nuestra vida! Aquí sabían unir belleza y sentido práctico. Como no hay fábricas que hagan todos los objetos semejan- tes, se busca de continuo la originalidad, rivalizan en crear formas bellas”. La segunda carta, fechada dos días después de la anterior, se centra didácticamente en la reconstrucción de la vida cotidiana de los pompeyanos,  Ibid., pp. 270-274. Como Aurelia Castillo, De Burgos también menciona las piedras que permiten cruzar las calles en los días de lluvia.  Romero Recio subraya la polémica de De Burgos con las feministas acerca del tema del sacerdocio femenino, mencionado en la carta XIII. Romero Recio, “La Antigüedad vista por dos escritores anticlericales”, op. cit., p. 92.  Es llamativo que este cuerpo, que desató las fantasías eróticas de los viajeros varones, en las referencias que a él aparecen en las tres autoras analizadas en este capítulo genere en cambio una suerte de empatía femenina.  Carmen de Burgos, “‘Toilettes’ pompeyanas”, El Heraldo de Madrid, 23 de marzo de 1906.  Burgos, Por Europa (Impresiones): Francia, Italia, op. cit., carta XIII (Pompeya), pp. 274-280.  Ibid., p. 276.  Ibid., p. 280 y nota 1.  Ibid., carta XIV (Las costumbres pompeyanas), pp. 281-290. Federica Pezzoli comparándola frecuentemente con la actual. La primera parte, dedicada al espacio del tocador y sus productos, usados tanto por las damas como por las actrices de teatro, aparece con pocos cambios en la correspondencia para el Heraldo antes mencionada. Sigue la ceremonia de boda, en la que: Se lleva á la esposa en brazos al Tablinium y allí el marido le pregunta: —¿Quién eres tú? — á lo que ella responde sólo: —Donde tú seas amo, seré dueña yo también. — Yo creo que debiera responderle: —Soy la mujer que viene á ser dueña de ti. Y luego el banquete, médicos y farmacias, la religión en la que: […] no valían más que nosotros; los luperci ó sacerdotes de Pan vivían encerrados en las cuevas y fomentaban la superstición de las mujeres con filtros y ritos extraños; las ceremonias fúnebres eran grotescas siempre, y se conmemoraban con banquetes en los que no se comía apio, sal, ni miel, evocando después el nombre del difunto como lo hacen nuestros espiritistas. Colombine menciona también los espacios públicos: las termas, los teatros, el lupanar que hace recular a algunas turistas púdicas y el foro con su maravilloso paisaje. Al dejar las ruinas, que la escritora visita por última vez durante este primer viaje y que compara con las de Herculano, mucho más modestas por la dureza de la lava que dificulta las excavaciones, su atención se fija en el esplendido templo de la diosa egipcia Isis, donde: De pronto, entre las sombras del anochecer una figura blanca se mueve sobre el pedestal que sostuvo a Isis. ¿Resucita acaso la diosa? […]. Es mi hija que nos ha oído hablar de bailes, y danza un tango español arqueando los brazos sobre su ca- becita de rizos negros y girando como una bayadera sobre el templete de la diosa. […] Hay algo de religioso y severo en los movimientos ya dulces y lánguidos, ya vertiginosos y agitados de la niña. […] este baile parecía una oración elevada á la pobre diosa desaparecida.  Ibid., pp. 281-283.  Ibid., p. 283.  Ibid., pp. 284-285.  También una parte de esta sección dedicada a las prostitutas entra en la correspondencia del Heraldo de Madrid.  Burgos, Por Europa (Impresiones): Francia, Italia, op. cit., pp. 289-290.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Las impresiones dejadas en la memoria de De Burgos por los antiguos restos volverán en varias obras de ficción de la autora, pero principalmente en la novela corta El perseguidor, género destinado a la clase media en el que Colombine se especializó desde 1907, colaborando asiduamente en el proyecto editorial El Cuento Semanal de Eduardo Zamacois. El texto, publicado en 1917, tiene un corte autobiográfico y está protagonizado por una joven viuda sin hijos, Matilde, la cual, disponiendo de una buena situación económica, decide primero mudarse a Madrid y luego viajar sola por Europa, abando- nando, como hizo la escritora, el ámbito de la domesticidad y buscando, en su propia independencia y libertad, a la manera de las viajeras inglesas, su plenitud. Después de dejar atrás Venecia, donde el misterioso fantasma mas- culino que da el título a la novela aparece por primera vez en Nochebuena, empezando a limitar sus movimientos y cuestionando su desafío a los límites de la condición de mujer, Matilde llega a Nápoles y visita repetidas veces las ruinas de Pompeya, experimentando la misma familiaridad con sus difuntos pobladores de la que Colombine daba muestra en algunos fragmentos de las cartas de Por Europa ya analizadas. Una tarde, cuando acude sola a las excavaciones “para sentir la emoción casi mística que le causaba en la vía de las Tumbas la hora del crepúsculo”, poseída por una especie de ensoñación que le hace esperar que los habitan- tes de la ciudad sepultada vuelvan de repente a la vida, observa otra vez la silueta del hombre de pueblo que la espantó en Venecia. En su huida: “El suelo le era ingrato. […] Aquellas losas que guardaban impresas las huellas ancestrales de otras generaciones, le lastimaban los pies, como si caminara sobre planchas de hierro”. La novela, que verá Matilde intentar continuar sus viajes a pesar de la amenaza de su fantasmal acosador, se acabará con la derrota de la protagonista  Carmen de Burgos, “El perseguidor”, La Novela Corta, n.º 59, 17 de febrero de 1917. Cfr. también Romero Recio, Ecos de un descubrimiento, op. cit., pp. 135-137; y Elena Lindholm, “Putting the brake on Matilde. The woman traveller in Carmen de Burgos’ El perseguidor”, en Anja Louis y Michelle M. Sharp (eds.), Multiple Modernities. Carmen de Burgos, Author and Activist, Nueva York: Routledge, 2017, pp. 109-126.  Cfr. Núñez Rey, “Espacios y viajes en la vida y en la obra de Carmen de Burgos Colombine”, op. cit., p. 10.  Burgos, “El perseguidor”, op. cit., p. 16.  Ibid. Federica Pezzoli en Londres y su decisión de volver a Madrid para casarse con uno de sus pretendientes y dejar de viajar sola. c o n c l u s i o n e s Los tres casos examinados a lo largo de este capítulo permiten avanzar algunas conclusiones. En primer lugar, testimonian que entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, unas mujeres al uno y al otro lado del Atlántico viajan (a veces solas), visitan los ya famosos yacimientos de Pom- peya y Herculano, y cumplen un acto de afirmación de su propia identidad a través de la escritura de su experiencia, que muestra a veces perspectivas distintas, pero el mismo deseo de conocer el mundo y ampliar el horizonte de sus lectoras y lectores. En segundo lugar, las tres protagonistas de este ensayo unen su vivencia como viajeras con su actividad profesional como periodistas, que les permite afirmar también su independencia económica y su lugar en el mundo de la prensa. Además, tanto Aurelia Castillo como Carmen de Burgos no dejan que sus correspondencias desaparezcan con el paso del tiempo, sino que, subrayando una vez más la conciencia de su importancia como escritoras, las revisan y las publican en volumen, consi- derando que su mirada personal sobre lugares muchas veces bien conocidos pueda añadir algo que interese a su público. Por último, en la presentación que las tres hacen del yacimiento de Pom- peya se mezclan la realidad del dato concreto, proporcionado con exactitud y gracias a un trabajo previo de documentación, las experiencias y opiniones personales, evidentes sobre todo en Colombine, y la fantasía, que las induce a llevar a sus lectores de la mano para que observen la bulliciosa vida de la ciudad campana antes de la erupción del Vesubio. r e f e r e n c i a s b i b l i o g r  f i c a f u e n t e s p r i m a r i a s Araceli. “La ciudad muerta”. La Moda Elegante Ilustrada, 14 de marzo de 1904. Dis- ponible en: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0004805909&search= &lang=en [citado el 19 de marzo de 2021].  Sobre este final inesperado y sus interpretaciones, cfr. Lindholm, op. cit., pp. 120-122.  Miradas femeninas sobre Pompeya y Herculano Araceli. “La ciudad muerta”, La Moda Elegante Ilustrada, 30 de marzo de 1904. Dis- ponible en: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0004805941&search= &lang=en [citado el 19 de marzo de 2021]. Burgos, Carmen de. Mis viajes por Europa. Madrid: Cyan Proyectos Editoriales, 2012. Burgos, Carmen de. “El perseguidor”. La Novela Corta, n.º 59, 17 de febrero de 1917. Burgos, Carmen de. “‘Toilettes’ pompeyanas”. El Heraldo de Madrid, 23 de marzo de 1906. Burgos, Carmen de. Por Europa (Impresiones): Francia, Italia. Barcelona: Maucci, 1906. Castillo de González, Aurelia. Un paseo por América. Cartas de Méjico y de Chicago. La Habana: Imprenta La Constancia, 1895. Castillo de González, Aurelia. Un paseo por Europa. 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