ESTUDIO DEMOGRÁFICO DE LA ANDALUCÍA CRISTIANA, 1400-1535. Carlos Flores Varela Para Susana -5- INTRODUCCIÓN “La demografía, observó una vez Göran Ohlin, tiene los mismos ingredientes de todos los cuentos de mayor éxito: sexo y muerte. Si a esto se añaden la fascinación del hombre por los números y su antiguo amor al pasado, la demografía histórica debería ser en verdad absorbente. Sea como fuere, la razón por la que no es de las materias predilectas de los estudiantes de investigación debe ser presentada lisa y llanamente: resulta muy difícil hacer correctamente demografía histórica, porque implica el concurso de una amplia variedad de disciplinas. Lejos de estar en los bordes del conocimiento, se mantiene en el centro” (HOLLINGSWORTH, 1983, 9). Estas palabras del ilustre historiador británico, que abren su clásica obra, son, sin duda, también las mejores para iniciar este trabajo. Si es cierto lo que en ellas se declara para prácticamente cualquier época y lugar de la Historia, lo es más para la Historia Medieval castellana, y más concretamente para la andaluza, como podrá comprobarse a lo largo de las páginas que siguen. Pese a estar “en el centro” de la historia, el conocimiento del número de las personas que habitan un territorio y de su evolución no ha sido precisamente una prioridad para nuestros medievalistas, mucho menos las causas de esa evolución. Y sin embargo, en mi opinión, estudiar la situación económica, la estructura social o los mecanismos mentales de una colectividad sin saber realmente, aunque sea con cierto grado de aproximación, de cuántas personas estamos hablando, es arriesgarse a confundir la parte con el todo, es decir, aplicar a toda la población las características que, quizá, sólo comparte un pequeño grupo. En efecto, ha sido relativamente frecuente extender a todo el conjunto social características que, en realidad, sólo podían predicarse de algunos grupos sociales -nobles, judíos, mudéjares- o de algunas localidades. En el mejor de los casos, cuando se han evitado las extrapolaciones excesivas, el resultado se parece bastante a lo que André Burguiére ha denominado “demografía de jardincillo“ o “demografía de miga en miga” (BURGUIÉRE, 1985, 85 y 96). Para intentar evitar este peligro, en este trabajo he procurado evitar todo lo posible las extrapolaciones sociales. En la primera parte, sencillamente no se han recogido las cifras referidas sólo a una parte de la población. En la segunda parte, la propia naturaleza de las fuentes utilizadas, los protocolos notariales, excluye en gran medida este problema, aunque no de forma definitiva. Naturalmente, esto no significa que no se haya hecho uso de las informaciones, más o menos elaboradas, referentes a tal o cual colectivo dentro de la sociedad andaluza -en algunos momentos, estas aportaciones han resultado de gran utilidad-, ni que, sobre todo en la segunda parte, se haya tratado a todo el conjunto poblacional como una unidad, sin distinciones en su interior. Pero he procurado en todo momento no perder de vista la población en su conjunto. En cuanto al peligro del localismo, se ha tratado de evitar adoptando un marco espacio-temporal relativamente amplio, en concreto la Andalucía cristiana desde principios del siglo XV hasta, aproximadamente, 1535. En la elección del Valle del Guadalquivir, lato sensu, influyeron, desde luego, mis preferencias personales, pero también la constatación de la relativa abundancia de fuentes que podrían resultar útiles, como padrones o protocolos -6- notariales, así como la variedad y calidad de los estudios realizados hasta la fecha, si no en el campo de la demografía, donde también es justo reconocer que existen algunos trabajos muy notables, sí en el de la historia social. Respecto a a las fechas, la más moderna corresponde al final de la confección en Andalucía del famoso Censo General que se realizó durante la década de 1530 en toda Castilla, y que es el primer documento que puede equipararse a las fuentes utilizadas por los historiadores de la población castellana en época moderna. La fecha más antigua significa, simplemente, la de la falta de datos: aunque existen algunas informaciones anteriores a 1400, su fiabilidad y sobre todo su continuidad disminuyen hasta casi desaparecer. Ni siquiera los repartimientos del siglo XIII, amén de resultar demasiado alejados en el tiempo, son suficientemente seguros como para compararse con los padrones del siglo XV. La primera parte de este trabajo, pues, se dedica a la recopilación de los datos sobre volumen de las poblaciones en este espacio y tiempo, y a su presentación conjunta y coherente. No ha sido necesario, en general, acudir a documentación inédita. La mayor parte de los padrones, listas o documentos con alguna información en este sentido han sido ya utilizados. En todo caso, la búsqueda de nuevos documentos hubiera implicado una investigación exhaustiva por todo tipo de archivos no sólo andaluces, sino nacionales e incluso extranjeros. Obviamente, esta labor necesitaría del concurso de un grupo de trabajo numeroso y bien estructurado, y además no podrían garantizarse sus resultados.Otra alternativa hubiera sido la exploración sistemática de los fondos documentales de un espacio o un tiempo notablemente más reducidos para intentar encontrar nuevas fuentes. Tampoco aquí estaríamos seguros del éxito en la búsqueda, y además se perdería la perspectiva regional que pretendemos mantener. Por tanto, descartadas estas posibilidades, nos hemos limitado a recoger todos los datos ofrecidos por los diversos autores, de mayor o menos fiabilidad, exponiéndolos de forma ordenada. No obstante, como se verá, los resultados son tremendamente sugerentes. Sin embargo, no basta con fijar las cifras y contemplar sus evoluciones, sino que es preciso llegar al conocimiento de los factores que inciden en ellas. Este es el segundo objetivo de este trabajo, que se refleja en su segunda parte. Pero este segundo objetivo no podía extenderse al mismo espacio ni durante el mismo tiempo. En efecto, las fuentes utilizadas para conocer las cifras de población, sin más, no proporcionan casi ninguna información sobre natalidad, nupcialidad, mortalidad o migraciones, es decir, sobre los factores que las hacen aumentar o disminuir. Para ello, a falta de las fuentes características de estos estudios en época posterior, ha sido necesario recurrir a los protocolos notariales. Pero, como es sabido, estos documentos no se generalizan hasta bien entrado el siglo XVI, y sólo son utilizables en las ciudades cabeza de reino a partir de los años de 1440. Por esta razón, en la segunda parte de este trabajo el espacio se ha reducido hasta sólo las ciudades de Sevilla, Córdoba y Jaén, y el tiempo abarcará desde 1440 hasta 1530. Además, hay que añadir que no se tratarán específicamente los aspectos relacionados con las migraciones, sino sólo con los mecanismos internos de la evolución, es decir, la natalidad, la nupcialidad y la mortalidad. Aunque las referencias a movimientos migratorios serán constantes, su adecuado estudio requeriría, en realidad, una investigación independiente. Con estos condicionantes, resulta lógico que, en conjunto, estas páginas contengan más preguntas que respuestas. La conexión de la demografía con multitud de aspectos sociales, económicos, mentales, etc. implica que a lo largo de los párrafos que siguen, por cada uno de -7- los puntos sobre los que los nuevos datos pueden arrojar alguna luz, se abran nuevos interrogantes sobre otros. Aunque las conclusiones finales tratarán de dibujar un conjunto razonable de hipótesis generales sobre la evolución demográfica andaluza y sus factores condicionantes, a lo largo de todo el texto se deslizan múltiples preguntas nuevas sobre asuntos de lo más variado, preguntas que han de quedar sin respuesta y que espero que puedan ayudar al planteamiento de futuras investigaciones, quizá muy alejadas de la demografía histórica. En mi opinión, este juego dialéctico entre preguntas y respuestas es el que hace avanzar nuestro conocimiento en todos los campos, y también en el de la Historia. Sólo resta ahora hacer público mi agradecimiento a algunas de las personas que han contribuido a que esta obra haya llegado a término. No sería justo, ni posiblemente adecuado, citar a todos los que, de una u otra forma han colaborado aquí, pero no quisiera dejar sin mención, en primer lugar, a las responsables de los archivos que conservan la mayor parte de la documentación inédita que se ha utilizado: Isabel Simó, directora del Archivo Histórico Provincial de Sevilla; Esperanza Miranda, directora del Archivo Histórico Provincial de Córdoba; Mª Dolores Torres, directora del Archivo Histórico Provincial de Jaén, y Aránzazu Lafuente, directora de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional. En segundo lugar, a mi esposa, Susana López, no sólo por evidentes razones personales, sino también por las largas horas de archivo ayudándome a entresacar los datos necesarios de los protocolos notariales. Y finalmente, por supuesto, a mi directora de tesis, la Dra. Cristina Segura, que siempre ha sabido ir más allá de sus obligaciones académicas para convertirse en un auténtico punto de apoyo y aliento. -8- -9- LISTA DE ABREVIATURAS A.C ................................................................ A. Ch .............................................................. A.D ................................................................. AGS ................................................................ AHN ............................................................... AHPCO .......................................................... AHPJ .............................................................. AHPSE ........................................................... AMS ............................................................... carp ................................................................. cuad ................................................................ doc .................................................................. f ...................................................................... leg ................................................................... mr ................................................................... n ..................................................................... nº .................................................................... of .................................................................... p ..................................................................... Pap. May. ....................................................... pg .................................................................... Prot ................................................................. r ...................................................................... s.d. .................................................................. s.m. ................................................................. s/f .................................................................... secc .................................................................. v ....................................................................... Archivo de la Catedral Archivo de la Chancillería (Granada) Archivo Ducal Archivo General de Simancas Archivo Histórico Nacional Archivo Histórico Provincial de Córdoba Archivo Histórico Provincial de Jaén Archivo Histórico Provincial de Sevilla Archivo Municipal de Sevilla Carpeta Cuaderno Documento Folio Legajo Maravedí Nota Número Oficio Pieza Papeles del Mayordomazgo Página Protocolos Recto Sin día Sin mes Sin foliar Sección Vuelto -10- -11- PRIMERA PARTE EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LA ANDALUCÍA CRISTIANA, 1400-1530 - 13 - I. LOS ESTUDIOS SOBRE LA POBLACIÓN MEDIEVAL EN ANDALUCÍA OCCIDENTAL Antes de afrontar un estudio sobre cualquier aspecto de la historia parece lógico empezar con una reflexión historiográfica, lo que se ha dado en llamar un “estado de la cuestión”. En este caso no vamos a ser menos. Cabe hacer, sin embargo, una aclaración previa destinada a resaltar la necesaria especialización de este “estado de la cuestión”. Conviene destacar esta circunstancia porque la mayor parte de las obras a las que se va a aludir, y de las que se hará uso a lo largo de este trabajo, no están dedicadas específicamente a la demografía medieval bajoandaluza, pero serán citadas y utilizadas desde el punto de vista exclusivo de nuestros objetivos. Muchas de ellas son excelentes muestras del quehacer investigador, e incluso algunas podrían calificarse de obras maestras en su género. No obstante, puede ser que, siendo la evolución de la población un aspecto secundario para los autores, su aportación a nuestros objetivos sea muy escasa. Este será el punto de vista fundamental que animará esta reflexión previa. 1.- La aportación de los trabajos novecentistas El interés general por la demografía histórica es muy reciente, como se puede comprobar al repasar las bibliografías de los manuales más conocidos sobre el tema (HOLLINGSWORTH, 1983, 335-363; WRIGLEY, 1985, 237-243), a pesar de que el Primer ensayo sobre la población de Thomas R. Malthus (1981), considerado el punto de arranque de las preocupaciones por la población, vio la luz por primera vez en 1798. Sólo después de la II Guerra Mundial, con el creciente interés por la historia social y económica, se despierta también la curiosidad por conocer no sólo la evolución global de la población en tal o cual zona, sino también, y sobre todo, los mecanismos que condicionan esa evolución (GOUBERT, 1973, 16). En España, y a pesar de una brillante tradición novecentista de demógrafos (PÉREZ MOREDA, REHER, 1988, 14-15), los estudios sobre la historia de la población no llegan a tocar la época medieval. En general, se puede decir que ya desde el principio se aprecia con toda claridad una especie de incomprensión mutua entre la demografía histórica y la Edad Media. Por una parte, los demógrafos parecen no atreverse a explorar unas fuentes casi siempre poco fiables en sí mismas y que suelen exigir algo más que meros conocimientos estadísticos para llegar a comprenderlas del todo. Por otra parte, los medievalistas, fuertemente ligados a su tradición diplomatista, suelen desconocer las más elementales técnicas para el tratamiento de los datos, escudándose en la precariedad y escasez de las fuentes. Esta situación, que se reveló con toda claridad a mediados de la década de los ochenta de nuestro siglo, continúa hoy y es, podríamos decir, el leiv motiv de la historia de la relación entre estas dos disciplinas. Por lo tanto, no cabe esperar que los investigadores del siglo pasado mostrasen especial interés por la historia de la población como parte de su trabajo. Además, en el caso de la historia medieval andaluza, la gran mayoría de escritos tienen un marcado carácter localista, y, - 14 - para lo que aquí nos interesa, suelen limitarse a hacer un relato de los avatares históricos de la villa o ciudad, con fortuna variable. Un primer grupo de obras responde a esta tipología. Algunas, las más antiguas, pueden destacarse por su amenidad (LÓPEZ DE AYALA, 1782; GONZÁLEZ DE LEÓN, 1839), pero la mayor parte suelen ser reutilizaciones de las crónicas generales con algunos añadidos de la tradición local (CASTRO, 1858; MONTERO, 1860; CANCELA Y RUIZ, 1883; MORENO DE GUERRA, 1913). De ellas, sólo puede entresacarse algún que otro dato suelto, normalmente de utilidad muy relativa. Destacan, en este sentido, los datos sobre número de niños en la Casa de Cuna sevillana que aporta la crónica redactada por Justino Matute (1886). Dentro de este grupo merecen alguna atención, por su peculiaridad, dos trabajos con una clara y expresa intencionalidad política (MANCHEÑO OLIVARES, 1893; GAMAZA ROMERO, 1902), destinados respectivamente a denigrar y a ensalzar la actuación de los duques de Arcos en la villa cabeza de sus dominios. Aunque el trabajo de Mancheño es científicamente mucho mejor, ambos son testimonio de una forma de hacer historia que hoy, en nuestra “objetiva” época, tendemos a considerar superada, pero que demuestra una gran implicación personal de los autores con su obra, lo que da a ésta una vitalidad que, en muchas ocasiones, se echa en falta en los historiadores modernos. En cualquier caso, estos dos libros tienen el valor añadido de aportar documentos hoy perdidos o de difícil consulta, circunstancia que también se da en algunas otras obras. Así, por ejemplo, Cózar Martínez (1884) utiliza una documentación que, al parecer, fue entregada a su abuelo, que era escribano de Baeza. También el padre Flores (1834) incorpora documentos hoy perdidos, añadiendo además a su obra una cierta crítica de las tradiciones locales más descabelladas, aunque el resultado final es algo farragoso. Como veremos más adelante, es precisamente este conocimiento de fuentes de difícil acceso, generalmente en manos privadas o semiperdidas en pequeños archivos, una de las aportaciones más útiles de los investigadores locales no sólo a la historia medieval de la población andaluza, sino, en general, a la investigación histórica. Al hilo de una incipiente crítica documental encontramos, ya a finales del siglo XIX y principios del XX, algunas obras que pueden considerase como los primeros trabajos realmente científicos que aportan datos fiables sobre población, como el pequeño artículo de Francisco Collantes de Terán Caamaño sobre Los Molares (1886), que se vería continuado y ampliado, años más tarde, por su hijo (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1953). Especial importancia para nuestro tema tiene el trabajo de Nicolás Tenorio (1907) sobre los primeros alardes de milicias conocidos en Sevilla, puesto que es el primer análisis de un tipo de documentación destinado a dar mucho juego años después. También, por último, aportan datos sobre población algunos estudios de carácter institucional o jurisdiccional (TENORIO CERERO, 1901; MORENO DE GUERRA, 1913), y algunos trabajos de una incipiente historia social (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1923; LÓPEZ MARTÍNEZ, 1935). También merece citarse, aunque sólo sea por su excelente colección documental y su innegable calidad literaria, la famosa obra de Antonio Ballesteros Sevilla en el siglo XIII (BALLESTEROS BERETTA, 1978), publicada en 1913. En resumen, el estudio de la población no es precisamente uno de los objetivos principales de los historiadores que han tratado la historia medieval andaluza durante el pasado siglo. Sólo - 15 - a principios de éste la obra de N. Tenorio arroja alguna luz al respecto, desplazando las cifras más o menos fabulosas que venían dando los historiadores locales. En este sentido, además del trabajo sobre los alardes sevillanos, debe señalarse que en la citada obra sobre la organización del concejo hispalense se encuentran las primeras reflexiones modernas sobre el repartimiento de Sevilla. Será precisamente el descubrimiento y estudio de los repartimientos el motivo que despierte el interés por la historia demográfica medieval de Andalucía. 2.- El estudio de los repartimientos como base de la investigación demográfica medieval andaluza1 Ciertamente, no puede decirse que los textos de los repartimientos andaluces del siglo XIII fuesen “descubiertos” en este momento. El de Cádiz-Puerto de Santa María fue publicado por primera vez por José de Castro en 1841 (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1982, 211), y el de Sevilla era conocido desde el siglo XVII. Sin embargo, nunca habían sido objeto de estudios detallados. El mérito de haber sido el primero en tener conciencia de la importancia de estos escritos debe otorgarse, sin duda, a Hipólito Sancho de Sopranis, historiador de la esfera local, pero que fue de los primeros que, en el campo que tratamos, supo ceñirse a los documentos y extraer de ellos algunos datos realmente útiles. Así, en su Historia del Puerto de Santa María (1943) realiza el primer estudio serio sobre el texto del conocido Repartimiento gaditano- portuense, al que había precedido otro trabajo sobre la carta de población de esta villa (1941). Debe decirse que, además de esto, el trabajo del benemérito historiador tiene el valor añadido de empezar a señalar las dificultades del análisis de estos documentos, especialmente en este caso, en el que lo que se conserva no es un “Libro de Repartimiento” como tal, sino varios fragmentos de diferentes copias de ese supuesto Libro original; esta circunstancia se dará también en los otros repartimientos andaluces del siglo XIII en mayor o menor medida y obligará, en algunos casos, a una revisión posterior. Sin embargo, puede considerarse esta obra como el inicio de los estudios científicos sobre la población andaluza en la Edad Media. Debe señalarse cómo Sancho de Sopranis no profundizó en el tema hasta años más tarde (SANCHO DE SOPRANIS, 1955), después de conocer los estudios iluminadores de J. González, de los que trataremos más adelante. 1 Un estado de la cuestión más general sobre el tema puede verse en GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1994, 97-120, publicado originalmente en el Coloquio de la V Asamblea General de la Sociedad Española de estudios Medievales, Zaragoza, 1991, 233-248 El primer acercamiento al repartimiento de Jerez se debe también a la pluma de este ilustre historiador, (SANCHO DE SOPRANIS, 1964) aunque, como en el caso anterior, también se haría necesaria una revisión y estudio más profundo algunas décadas más tarde. Además de - 16 - trabajar sobre estos dos repartimientos, Hipólito Sancho en muchos de sus escritos aportará datos interesantes para la demografía de la zona gaditano-xericense (1944, 1951, 1959), resaltando especialmente la primera edición del padrón de Cádiz de 1465 (1945), documento de una importancia excepcional para nuestros objetivos. Pero la auténtica revolución en este campo fue la publicación en 1951 del Repartimiento de Sevilla, reeditado recientemente con una útil introducción de M. González Jiménez (GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1998). El Libro del Repartimiento de Sevilla no es tal libro, sino una colección de documentos en los que se va repartiendo Sevilla y su alfoz; no se conoce el “libro” original y lo más antiguo conocido son dos versiones algo posteriores, que son las que J. González analiza en esta obra. Además de la edición propiamente dicha de los textos, el estudio del repartimiento es sumamente detallado, tocando todos los aspectos que puedan ser relevantes, con una profusión de datos realmente abrumadora no sólo sobre la repoblación de Sevilla, sino sobre toda la del Valle del Guadalquivir, de forma que se convierte en el punto de arranque obligado de todos los estudios sobre este tema, fijando además una serie de conceptos básicos, como los de “donadío” y “heredamiento”, entre otros. Esta obra obligó a rectificar muchos de los conceptos hasta entonces vigentes sobre el particular (CARANDE TOVAR, 1990, 34, n. 10), y la prueba de su validez es que sus teorías, como la conexión evolutiva entre las primeras “pressuras” del valle del Duero y los repartimientos andaluces, expuestas rápidamente en forma sintética (GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951) se siguen repitiendo hoy prácticamente sin variación. En conexión con este trabajo, a pesar de los años transcurridos entre aquél y éstos, puede situarse su monumental estudio del reinado de Fernando III (GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1980), con sus correspondientes tomos de impecable colección diplomática (1983, 1986), donde de nuevo se analiza magistralmente el proceso bélico y jurídico de la repoblación de la Baja Andalucía. Hipólito Sancho y Julio González despertaron el interés de sus contemporáneos por los repartimientos, y pronto vería la luz el texto correspondiente a Carmona (HERNÁNDEZ DÍAZ, SANCHO CORBACHO, COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1941), y los primeros documentos referentes al de Córdoba (MUÑOZ VÁZQUEZ, 1954), aunque en ambos casos se trataba poco más que de una simple edición de textos a la espera de futuras investigaciones. En relación con el repartimiento de Córdoba, cabe reseñar el artículo de Ortí Belmonte (1954), referido más al Fuero que al Repartimiento en sí, pero en todo caso conectado con el proceso repoblador andaluz. Junto con el interés por los repartimientos, se despertó también el interés por el análisis desde el punto de vista demográfico de algunos textos, especialmente padrones, que hasta entonces no habían llamado la atención de los investigadores. El ejemplo más significativo es el trabajo de Antonio Domínguez Ortiz (1941) que, aunque centrado en la Edad Moderna hispalense, arranca desde el alarde de 1405, ya utilizado por N. Tenorio, si bien sus apreciaciones numéricas resultan hoy bastante exageradas. En la misma linea se sitúa un artículo de J. González (1975) sobre el padrón sevillano de 1384, que viene a mostrar curiosamente cómo en treinta y cinco años, y a pesar de la importancia universalmente - 17 - reconocida que ya se daba al estudio de la población, las técnicas de análisis de los datos permanecían todavía prácticamente en pañales para los medievalistas. En efecto, resulta interesante comprobar cómo el interés por los repartimientos no despertó inmediatamente un interés paralelo por el estudio de la población. Estamos en la época de los grandes estudios jurídico-institucionalistas, y la mayor parte de los autores se encuentran inmersos en discusiones de este tipo, sobre la existencia del feudalismo hispánico o sobre la propia esencia histórica del país. El proceso repoblador andaluz se contempla básicamente desde una perspectiva formalista, lo que, si bien no ayudó mucho al conocimiento de los asuntos que nos preocupan en este trabajo, sí que contribuyó a dejar claros sus mecanismos y sus orígenes en las repoblaciones anteriores (MOXÓ, 1979). Por otra parte, esta situación fomentó también la edición de fuentes, especialmente cronísticas, pero también documentales, de las que nos ocuparemos más adelante. En este contexto, pocas son las obras que en esta época pueden resultar interesantes para nosotros. Por lo general, se trata de pequeños trabajos en los que aparecen algunos datos dispersos de cierto interés (CORCHADO SORIANO, 1968; MESA FERNÁNDEZ, 1957; PÉREZ EMBID, 1969; PÉREZ PRENDES, 1960; SANCHO DE SOPRANIS, 1951; SERRA RAFOLS, 1968). El mismo aprovechamiento se puede obtener de algunos trabajos de índole localista o comarcal (BARBADILLO DELGADO, 1945; MONTÁÑEZ LAMA, 1956; MORALES TALERO, 1965; MUÑOZ VÁZQUEZ, 1963; OCAÑA TORREJÓN, 1962; POLAINO ORTEGA 1967; ROMERO, 1956; VALVERDE PERALES, 1969), de entre los que se puede destacar la obra de J.F. Rivera Recio (1948), aunque esté muy centrada en la historia política de los arzobispos toledanos, señores del Adelantamiento de Cazorla. Sin embargo, entrada ya la década de 1960, empiezan a aparecer algunos estudios que hacen mayor hincapié en lo que se llamará “historia social”, que incluía la historia de la población. Parece que el primer impulso viene dado por autores extranjeros cuyas obras empiezan a circular por nuestro país (MOLS, 1954-1956; RUSSELL, 1958); algunos de ellos, además, se deciden por Andalucía como objeto de sus estudios, aunque todavía no dedicados específicamente a la demografía (DRAIN, PONSOT, 1966; PIKE, 1966). Al hilo de estos trabajos, algunos de los más informados historiadores españoles iniciaron el camino para estudiar verdaderamente la demografía medieval hispana. Así, debe destacarse en primer lugar el clásico artículo de Felipe Ruiz Martín (1967), que constituye uno de los primeros trabajos sobre la población española de principios del siglo XVI, y uno de los estudios más sólidos que se han escrito sobre el particular. También merece una mención especial el estudio comarcal de Juan Ignacio Gutiérrez Nieto (1969), especialmente por la claridad en la exposición de los datos, y por su utilización de las “visitas” de las encomiendas de las Ordenes Militares, una fuente hasta entonces inexplorada. 3.- La demografía en el marco de la historia social2 2 Para una visión más completa de la historiografía medievalista andaluza desde los años setenta, debe consultarse la síntesis - 18 - En realidad, a finales de la década de los sesenta ya estaban apareciendo los primeros trabajos de una serie de historiadores decididamente preocupados por la historia social y económica, y por el análisis contextuado de los documentos; este interés incluía también, aunque quizá no de forma preferencial, el estudio de la demografía andaluza bajomedieval. Sea como fuere, muy pronto empezó a explotarse el potencial de algunos documentos, sobre todo los padrones fiscales y militares conservados en los archivos municipales. En este sentido, cabe destacar el grupo de estudios procedentes de la Universidad de Sevilla, apoyados en los riquísimos fondos de su Archivo Municipal. Ya Ramón Carande (1990, 36, nn. 16 y 17), cuyo trabajo Sevilla, fortaleza y mercado vio la luz por primera vez en 1925, aunque fue retocado en 1975, había llamado la atención sobre esta documentación, más allá de los privilegios más notables. Uno de los primeros en utilizar documentación seriada para el estudio poblacional fue Miguel Ángel Ladero (1969 b), quien utilizó los servicios de Cortes para aproximarse a la evolución real del conjunto poblacional andaluz en el siglo XV. Se puede decir que este trabajo abrió el camino de la utilización de las fuentes fiscales primero, y militares después, para el estudio de la demografía. Sin embargo, junto con este tipo de estudios, se publicaban contemporáneamente obras sobre los niveles de producción agrícola (LADERO QUESADA, 1969 b) y sobre otras cuestiones de historia social y económica. Desde nuestro punto de vista, esta irrupción de estudios socioeconómicos, al socaire de la historiografía francesa, fue la que permitió conocer la evolución de la población en su auténtico contexto, superando los planteamientos anecdóticos o institucionales de épocas anteriores. de Emilio Cabrera (1995), presentada al II Congreso de Historia de Andalucía, que se celebró en 1991, con una bibliografía básica. Uno de los mejores frutos que daría el estudio de esta documentación sería despertar seriamente el interés por la historia local. La obra que se puede considerar casi un modelo en este sentido es la tesis doctoral de Antonio Collantes de Terán (1984), publicada por primera vez en 1977, en la que se demuestra el enorme potencial de este tipo de documentos, analizando no sólo la historia demográfica de Sevilla en el siglo XV desde casi todos los prismas posibles, sino utilizando además, y sobre todo, los padrones municipales para estudiar a fondo la estructura real de la sociedad y la economía sevillana de la época. Esta obra se convirtió en paradigma del estudio social “completo” a escala local, pero en cuanto a lo demográfico, basta con recordar que el propio autor convirtió rápidamente su modelo de análisis en extrapolable (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1978 b). También cabe señalar que este último trabajo es, junto con unas tímidas alusiones en un breve artículo de Refael Sánchez Saus (1981), el único conocido dedicado expresamente a las fuentes para el estudio de la demografía medieval bajoandaluza, y que su clasificación de las mismas será repetida hasta la saciedad en numerosos trabajos posteriores. - 19 - Hemos indicado que el ejemplo de Sevilla no está aislado. Desde la Universidad hispalense, una nueva generación de medievalistas estaba aplicando sobre el terreno, en casos concretos, esta forma de trabajar. El resultado fueron tesis doctorales como la Manuel González sobre Carmona (1973 a), o Memorias de Licenciatura como la de Alfonso Franco sobre Alcalá de Guadaira (1974) o la de Mercedes Borrero sobre Fregenal de la Sierra, publicada en varias entregas (1977, 1978 a, 1980 b). Estas obras de cierto volumen se alternaban con algunos trabajos más breves (CABRERA MUÑOZ, 1977 b; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 a; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1975; LADERO QUESADA, 1978 b; PELÁEZ, QUINTANILLA RASO, 1977). Es de justicia destacar la labor realizada por el profesor Miguel Ángel Ladero Quesada en la Universidad de Sevilla, donde, además de una interesante producción propia (1974-1975; 1976; 1977; 1979, con M. González), fue el auténtico renovador de los estudios medievales, dirigiendo directamente la mayor parte de los trabajos señalados y dando un impulso a los estudios medievales sobre el Reino de Sevilla, cuyos frutos, aun indirectos, todavía siguen surgiendo; de hecho, una simple ojeada a los títulos que acabamos de citar demuestra que el nivel de los estudios sobre Sevilla y su reino en esta época, con relación a los referidos a Córdoba y Jaén, es más que notable. Sin embargo, en raras ocasiones los planteamientos demográficos aparecían como motivo principal de un trabajo sobre la historia medieval andaluza en los años setenta y, cuando no aparece documentación seriada -es decir, padrones-, las conclusiones sobre la población resultan decepcionantes (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977; MOLINIE- BERTRAND, 1977). Naturalmente, la historiografía local, un tanto apartada del ambiente universitario, seguía produciendo libros y artículos cuyo interés principal estriba, para nuestros objetivos, en algunos datos dispersos (ARJONA CASTRO, 1973; ARJONA CASTRO, ESTRADA CARRILLO, 1977; CRUZADO GONZÁLEZ, 1975; LOSADA CAMPOS, 1971; MERCADO EGEA, 1973; MORILLO CRESPO, 1974; MUÑOZ COBO, 1979; PADILLA GONZÁLEZ, 1978; VÁZQUEZ SOTO, 1970). Merece citarse el libro de Enrique Toral (1975), porque cita e incluso transcribe numerosos testamentos del Archivo Municipal de Úbeda, y elabora una considerable cantidad de árboles genealógicos de la oligarquía ubetense del siglo XV, con lo que se convierte en una buena fuente para el estudio demográfico-familiar de la ciudad. Volviendo al ámbito universitario, el estudio de los repartimientos se configura definitivamente como una vía de profundización en el conocimiento de la demografía bajomedieval andaluza. Así, se publican, bien avanzada la década, nuevos repartimientos desconocidos hasta entonces. Por un lado, el de Écija, incompleto, (SANZ FUENTES, 1976 b), y por otro, lo que viene considerándose la fuente más cercana al perdido Libro del Repartimiento de Córdoba, el Libro del Diezmo de los Donadíos de la Catedral (NIETO CUMPLIDO, 1976-1977). Mención especial merece el estudio del Repartimiento de Vejer (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, LADERO QUESADA, 1977). En primer lugar, el propio repartimiento estudiado, de fecha tardía, permite comprobar cómo los mecanismos repobladores empezaban a dejar de ser eficaces apenas una generación después de su puesta en práctica por primera vez. Pero lo más interesante para nosotros ahora es que este trabajo -en realidad, dos trabajos independientes pero unidos- es el primero que sitúa plenamente el repartimiento en su contexto, al estilo del Repartimiento de Sevilla de J. González, y que - 20 - además extrae de los documentos todos, o casi todos, los datos disponibles, analizándolos hasta donde resulta factible hacerlo; esto incluye, por supuesto, datos demográficos y, también, datos sobre estructuras familiares. Precisamente el estudio de estos repartimientos de última hora fue el principio de un planteamiento más extenso del fenómeno repoblador en Andalucía occidental. El origen de esta nueva tendencia es la obra de M. González Jiménez La repoblación de la zona de Sevilla en el siglo XIV, publicada por primera vez en 1975 (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993). En efecto, a partir de aquí se empezó a hablar de “fracaso” de los grandes proyectos repobladores del siglo XIII. Sin embargo, también aparecían nuevos intentos repobladores, mucho menos ambiciosos, y de resultados aún no bien conocidos. El asunto alcanzaría tintes de auténtico debate político algunos años más adelante. De momento, se empezaban a estudiar algunos casos de despoblados. El tema ya había sido tratado con anterioridad, pero ahora se empiezan a estudiar con seriedad casos concretos (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1973; HERRERA GARCÍA, 1978) e incluso aparecen algunos estudios comarcales sobre este particular (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b; CABRERA MUÑOZ, 1977 b). Mientras tanto, los datos demográficos se iban desgranando a partir de múltiples estudios socioeconómicos, tanto de carácter local, de los que hemos hablado, como comarcales o regionales. Dentro de estos últimos destacan las tesis doctorales de José Rodríguez Molina (1978) y de Emilio Cabrera Muñoz (1977 a). Estas obras suponen el primer intento serio de incorporar las tierras de alto y medio Guadalquivir a estas corrientes investigadoras; no obstante, la situación de los archivos de la zona en ese momento no permitía llegar a resultados similares a los sevillanos, aunque se hacen esfuerzos por indagar en otras fuentes y lanzar algunas hipótesis interesantes. Naturalmente, no vamos a citar aquí todo el resto de trabajos que, de una forma u otra, pueden tener alguna relación con la demografía, porque llegaríamos a mencionar prácticamente toda la producción académica del momento. Sólo nos fijaremos en algunos de los autores y obras más relevantes de esta década, algunos de los cuales se han citado ya más arriba: Antonio Collantes de Terán Sánchez (1974; 1976 a; 1976 b; 1976 c), Julio Valdeón Baruque (1974), María Asunción Villaplana (1974), Florentino Pérez Embid (1975), John Edwards (1977), Manuel González Jiménez (1974 b; 1976 b; 1977), Ruth Pike (1978), Emma Solano Ruiz (1978), y Daniel Rodríguez Blanco (1976-1977). De todo este grupo, hay dos títulos que parecen de especial relevancia para nuestros propósitos. En primer lugar, la obra conjunta de A. Collantes de Terán, A. M. Bernal y A. García Baquero (1978), que demuestra cómo los datos demográficos de la Edad Media pueden engarzarse perfectamente con los de épocas posteriores. En segundo lugar, el espléndido artículo de Antonio Domínguez Ortiz (1977), que descubre un censo de población, general para toda España, aunque sólo estén publicados los datos referentes al reino de Sevilla. Este documento resulta ser de excepcional importancia, hasta el punto de que puede considerarse el punto final de la demografía histórica medieval; de hecho, sus datos relativos a Córdoba fueron también sistematizados por E. Cabrera Muñoz (1978 a). Por último, hay que llamar la atención sobre un hecho significativo para nuestro objetivo. En esta época, aparecen algunos trabajos dedicados a las minorías étnicas que tienen en común, por una parte, el uso profundo de los riquísimos protocolos notariales sevillanos, y por - 21 - otra que aportan datos muy concretos sobre sexo, edad y otras circunstancias demográficas. Se trata de los estudios de Ruth Pike (1971) y Klaus Wagner (1971) sobre moriscos y mudéjares, y, algunos años después, del de Alfonso Franco Silva (1979 a) sobre los esclavos. Esta linea de trabajo se continuará en años posteriores, demostrando que algunas fuentes medievales, aunque sean muy concretas en el tiempo y el espacio, permiten un estudio bastante exacto de algunas variables demográficas que, en principio, puede pensarse que serían imposibles de constatar sin la ayuda de las clásicas fuentes de información de la demografía histórica, singularmente los registros parroquiales. 4.- Los años ochenta: recapitulación, debate y nuevas tendencias Sin embargo, al inicio de la década de los ochenta podría creerse que ya estaba todo dicho sobre la evolución de la población en Andalucía occidental durante la Baja Edad Media. La publicación de la Historia de Andalucía entre 1980 y 1981 supuso, en este sentido, un auténtico punto y aparte. Los apartados dedicados a la demografía, bastante amplios, en cada una de las divisiones cronológicas establecidas se encomendaron a tres de los mejores especialistas del momento, concretamente a M. González, A. Collantes de Terán y J. Rodríguez Molina. Por cierto, que el capítulo redactado por este último autor supone grandes novedades respecto a su propia tesis doctoral, citada más arriba, sobre todo por la incorporación de datos sobre natalidad, mortalidad y otras variables demográficas, lo que demuestra que la documentación cordobesa y giennense puede dar todavía bastante más de sí. En cualquier caso, las cifras relativas al número de vecinos ofrecidas allí se han venido repitiendo una y otra vez, y se han aceptado como algo conocido, algo así como el medio geográfico o las cronologías de los reinados, a modo de introducción al estudio de otros temas. Así, se podía señalar con aparente seguridad el número de habitantes de una ciudad o de una comarca aun aceptando que se desconoce cualquier otro dato demográfico, como el número de habitantes por vecino; estos otros “detalles” podían ignorarse o simplemente obviarse alegando falta de información en los documentos. Este hecho se puede comprobar revisando las síntesis que se han ofrecido durante los años ochenta sobre la evolución de la población andaluza bajomedieval (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1982; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1982 b; LADERO QUESADA, 1984 b; LADERO QUESADA, 1987; BORRERO FERNÁNDEZ, 1989; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1994, 233-282). A estas síntesis deben añadirse algunos nuevos datos: las cifras de la población de Jerez de la Frontera (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b), la magnífica serie de Lora del Río (BORRERO FERNÁNDEZ, PARDO, 1982), una aproximación orientativa a la evolución demográfica de Córdoba (ESCOBAR CAMACHO, 1984 a; ESCOBAR CAMACHO, 1989) y, en general, datos de carácter local (ALIJO HIDALGO, 1982; ALIJO HIDALGO, 1983 b; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987; HERRERA GARCÍA, 1980 b; NIETO CUMPLIDO, 1986 b; PEINADO SANTAELLA, 1980). Sólo historiadores procedentes de otros ambientes académicos, fuera de los departamentos de Historia Medieval bajoandaluces, han ensayado nuevas vías de interpretación de los datos y nuevas fuentes. Así, Miguel Rodríguez Llopis (1986), desde la Universidad de Murcia, explota la peculiaridad de los territorios santiaguistas más orientales de Jaén para adentrarse en el campo de la política demográfica. Ciertamente este aspecto ha sido tratado puntualmente también por Manuel González Jiménez (1988 c) precisamente en el otro extremo de - 22 - Andalucía, la frontera portuguesa, con documentación procedente del Arquivo Naçional Torre do Tombo. También desde la Universidad de Granada se aportó alguna idea original sobre las causas de las variaciones demográficas (MALPICA CUELLO, 1984). Una nueva ruptura del marco espacio-temporal en que nos movemos vino de la mano de los historiadores modernistas, (HERRERA GARCÍA, 1980 a; FORTEA PÉREZ, 1981; GARCÍA JIMÉNEZ, 1987; MONTAÑO REQUENA, 1987), e incluso de geógrafos (LÓPEZ ONTIVEROS, 1981), que integran las series demográficas medievales en la “larga duración”, donde los fenómenos demográficos pueden apreciarse con mayor claridad. Incluso desde la Historia del Arte se aportaron datos de utilidad para la demografía (CARRASCO TERRIZA, 1981; JIMÉNEZ, 1981). Pero quizá el ejemplo más conocido de intervención foránea en la demografía medieval andaluza sea el de Pierre Ponsot, un destacado demógrafo francés que, junto con Michel Drain ya había dado a conocer las siempre interesantes cifras poblacionales que recogió Hernando Colón (PONSOT, DRAIN, 1966), y que ahora, en un breve artículo (PONSOT, 1980) aprovechó la serie de padrones del Archivo Municipal de Sevilla para, realizando algunos cálculos, establecer una comarcalización del crecimiento demográfico sevillano en el siglo XV que sería aceptada inmediatamente por los medievalistas andaluces. Pero casi lo más interesante para nosotros son las aportaciones que se hacían a partir de los protocolos notariales sevillanos. En este caso se trata del Departamento de Historia de América de la Universidad de Sevilla, que impulsa los trabajos de Blanca Morell Peguero (1981; 1986) sobre la Sevilla de la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI, quien llega a conclusiones cuantitativas sobre composición de la familia, incluyendo criados y esclavos, edad de los matrimonios y otras circunstancias demográficas, y marca la pauta para trabajos similares en otros archivos de protocolos. Mientras tanto, el estudio de la repoblación -o, mejor dicho, de las repoblaciones- seguía siendo una de las prioridades de los medievalistas andaluces. De hecho, este tema permitió un cierto contacto entre los departamentos universitarios y el mundo real. Durante los primeros años ochenta el entusiasmo autonómico provocó una búsqueda desesperada de raíces históricas propias de cada Comunidad Autónoma recién creada. En Andalucía estas raíces se creyeron encontrar en un supuesto “paraíso” arábigo-andaluz destrozado por las huestes invasoras del norte “feudal” (ZOIDO NARANJO, 1981); esta idea, por más discutible que nos parezca, no es un producto aislado del momento, sino que vino sostenida, desde el punto de vista académico, por algún que otro prestigioso historiador extranjero (RUIZ, 1979) y por toda una escuela de medievalistas valencianos, mallorquines y catalanes. En cualquier caso, es una teoría que caló profundamente, más o menos matizada, en un amplio sector de la sociedad andaluza (CUENCA TORIBIO, 1982), e incluso hoy sigue estando muy presente. La reacción por parte de los historiadores no se hizo esperar, aunque probablemente no fue capaz de llegar hasta la población con la suficiente fuerza. Aparte de algunos trabajos del profesor González Jiménez dedicados expresamente a rebatir el mito del arabismo (1980; 1988 b) -algunos de los cuales serían recopilados años después (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1994)-, consistió en toda una serie de estudios sobre los mecanismos concretos de repoblación en cada lugar. Por una parte, se profundizó en las repoblaciones del siglo XIV, que se llegaron a considerar como las auténticamente claves en la configuración del paisaje andaluz durante varios siglos (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1982 a; CABRERA MUÑOZ, 1988; GARCÍA - 23 - FERNÁNDEZ, 1988 b); incluso, de forma ocasional, se ha planteado el análisis de las repoblaciones del siglo XVI, destinadas a cubrir los vacíos dejados por los que emigraron a Granada (FERNÁNDEZ HERVÁS, 1989). Por otra parte, siguieron apareciendo y estudiándose “Libros de Repartimiento” más o menos completos: Jerez de la Frontera (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, GONZÁLEZ GÓMEZ, 1980), Carmona (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1981 c), Antequera (ALIJO HIDALGO, 1983 a), Écija (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 c) y Medina Sidonia (ANASAGASTI, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1987), y se realizaron las primeras síntesis al respecto (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1983; SEGURA GRAÍÑO, 1983). En este sentido, cabe destacar los intentos de estudiosos cordobeses por conocer los máximos datos posibles del repartimiento de esta ciudad, cuyo Libro está perdido. Estos intentos se remontan a las décadas anteriores (MUÑOZ VÁZQUEZ, 1954; MUÑOZ VÁZQUEZ, 1961; NIETO CUMPLIDO, 1976-1977), pero ahora cobran un fuerte impulso con las investigaciones de José Manuel Escobar Camacho (1983; 1984 b; 1985 a; 1985 b; 1988 b). Mientras tanto, los estudios de índole socioeconómica general se orientaban hacia una concreción en localidades o comarcas determinadas. Los más interesantes proceden del ámbito académico (BORRERO FERNÁNDEZ, 1980 a; FRANCO SILVA, 1988; GARCÍA FERNÁNDEZ, 1986; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 b; HERRERA GARCÍA, 1980 b; HERRERA GARCÍA, 1983; ARANDA DONCEL, 1982; EDWARDS, 1982; RODRÍGUEZ MOLINA, 1982; ARGENTE DEL CASTILLO, RODRÍGUEZ MOLINA, 1987). Destaca en este grupo el artículo de J. Izquierdo Labrado (1986), que utiliza por primera y casi única vez una fuente excepcional, el Indice de Boyd-Bowman -del que se tratará en el apartado dedicado a las fuentes- desde el punto de vista de la incidencia de la emigración americana en Palos. También debe citarse el pequeño artículo de M. González (1988 a), por su inusual sentido de la generalización, a pesar de tratar de una población concreta. Por su parte, la historiografía localista suele aportar algunos datos dispersos (ESCOBAR CAMACHO, 1987; FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 1984 a; FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 1984 b; FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 1985; GONZÁLEZ CARBALLO, 1987; GONZÁLEZ MORENO, 1983; IZQUIERDO LABRADO, 1985; MOYANO LLAMAS, 1983; NIETO CUMPLIDO, 1982; NIETO CUMPLIDO, 1986 a; PAREJO DELGADO, 1988; PÉREZ-EMBID WAMBA, 1986; PÉREZ REVIRIEGO, 1987; PINEDA NOVO, 1980; RUIZ POVEDANO, 1980; SÁNCHEZ MARTÍNEZ, 1982). En todos estos escritos aparece algún dato útil, directa o indirectamente, pero destaca la obra de Antonio Moreno Ollero sobre Sanlúcar de Barrameda (1983), en la que maneja con sorprendente soltura todo tipo de fuentes y, además, parece estar familiarizado con los conceptos y técnicas demográficos más elementales. En cuanto a los estudios comarcales, generalmente permiten observar las cifras de población en un área más extensa, relacionándolas con las circunstancias históricas y/o geográficas, y facilitando la comparación con otras zonas. El ejemplo más característico es la tesis doctoral de Mercedes Borrero Fernández (1983), todo un ejemplo de orden y corrección en el tratamiento y exposición de los datos, y no sólo los demográficos. En la misma línea, con lógicas variaciones, aparecen otros estudios de diferentes motivos y extensión (ALIJO HIDALGO, 1983 b, GARCÍA GUZMÁN, 1985; BORRERO FERNÁNDEZ, 1986; PÉREZ- EMBID WAMBA, 1988; MONTES ROMERO-CAMACHO, 1988). Todos estos trabajos -se entiende, exceptuados los de erudición localista-, formalmente muy correctos, dejan entrever, sin embargo, una muy escasa implicación personal de los historiadores. De su lectura se - 24 - desprende una sensación de distanciamiento, como si el investigador analizase los hechos lo más fríamente posible, sin comprometerse y, por supuesto, sin dejar entrever ningún tipo de ideología personal. Sólo la obra de Tomás Quesada Quesada (1989), desde la Universidad de Granada, trasluce levemente un mayor “apasionamiento”, aunque se deslice hacia una cierta nostalgia arabizante. Esta forma de trabajar, en cuanto a la demografía se refiere, se combina con la falta de una utilización más profunda de las técnicas de análisis de datos, que por esta época eran ya de uso normal en otras especialidades de la Historia. Generalmente los trabajos se limitan a exponer los datos tal como aparecen en los documentos, con la adición, en algunos casos, de pequeños cálculos. Desde luego, son trabajos no dedicados expresamente al estudio de la población y que, además, suelen aducir explícita o tácitamente las consabidas dificultades que presentan las series cuantitativas medievales para su tratamiento estadístico. Sin embargo, casi cada uno de los trabajos publicados en esta década, sobre todo en su segunda mitad3, sobre aspectos económicos y sociales contienen alguna referencia, directa o indirecta a la población. Especialmente útiles son las aportaciones al conocimiento de determinados grupos sociales. Así, los extranjeros, y especialmente los italianos, que llamaron la atención de los historiadores desde tiempo atrás, son analizados ahora desde un punto de vista socioeconómico que ha conducido a tratar de cuantificarlos dentro del total de la población andaluza, sobre todo de Sevilla y la zona gaditano-xericiense (HEERS, 1982; PISTARINO, 1985; VALDEÓN BARUQUE, 1980). Naturalmente, los mudéjares y los judíos también han seguido llamando la atención, y se han adelantado cuantificaciones, sobre todo, para el caso de los judíos, a raíz de las persecuciones de 1391 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1981; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1988 b; MONTES ROMERO-CAMACHO, 1984 a; MONTES ROMERO-CAMACHO, 1987; MONTES ROMERO-CAMACHO, 1988; PAREJO DELGADO, 1984). Especial importancia tiene para nosotros la escasez de estudios sobre las mujeres, habida cuenta que ellas son los elementos clave en la evolución demográfica; sólo Cristina Segura Graíño (1982 b; 1986 a; 1986 b) ha hecho hincapié en la importancia de su labor en la repoblación de Andalucía. También los grupos menos favorecidos de la sociedad andaluza medieval fueron objeto de estudio. Para nuestros objetivos, este interés se traduce en dos tipos de datos. Por una parte, en cuanto al número y características de los propios “pobres”, teniendo en cuenta que generalmente este sector social no aparece en los padrones ni en las demás fuentes que pueden utilizarse, incluyendo los protocolos notariales (PEINADO SANTAELLA, 1984; RODRÍGUEZ MOLINA, 1984 b; SOLANO RUIZ, 1984). Por otra parte, siguiendo una veneranda tradición historiográfica (COLLANTES DE TERÁN CAAMAÑO, 1980), el estudio de los hospitales puede aportar interesantes datos sobre mortalidad o, al menos, sobre incidencia de mortalidades extraordinarias (CLAVIJO HERNÁNDEZ, 1984; ESCOBAR CAMACHO, 1982 b; FERNÁNDEZ CARRIÓN, VALVERDE, 1986; GARCÍA DEL MORAL, 1984). 3 En este sentido hay que destacar la labor realizada por los Coloquios de Historia Medieval Andaluza, que empezaron a celebrarse a partir del I Congreso de Historia de Andalucía, celebrado en 1978, y que hasta la fecha han llegado a la sexta edición. - 25 - Dentro de esta tendencia al estudio sectorializado de la población, los grupos privilegiados lo son también en cuanto a la dedicación que les han prestado los investigadores. El número y composición del clero andaluz bajomedieval ha sido objeto de estudio en repetidas ocasiones, tanto el clero secular (PEREZ-EMBID WAMBA, 1982) como, sobre todo, el regular (ESCRIBANO GARCÍA, 1982; DE LA TORRE LENDÍNEZ, 1982; SÁNCHEZ HERRERO, 1984; GIL, 1989; TOLEDANO GALERA, 1989). Por otra parte, la documentación de origen eclesiástico ofrece algunas posibilidades demográficas muy interesante: libros de bautismo, registros de diezmo, registros de pitanzas, etc. (SÁNCHEZ HERRERO, 1982; DEVIS MÁRQUEZ, 1984). Todas estas cuestiones se encuentran compendiadas, ampliadas e interpretadas en los trabajos de J. Rodríguez Molina sobre el obispado de Baeza-Jaén (1986), y de Iluminado Sanz Sancho sobre el obispado de Córdoba (1989). El otro grupo privilegiado, la nobleza, también ha sido objeto de numerosos estudios, muchos de ellos de utilidad para nuestros propósitos. En general, se trata de análisis de la formación y evolución económica de sus señoríos (PADILLA GONZÁLEZ, 1981; CABRERA MUÑOZ, 1982; PADILLA GONZÁLEZ, 1982; LADERO QUESADA, 1983 a; LADERO QUESADA, 1983 b; LADERO QUESADA, 1984 a; NAVARRO SAINZ, 1988; SÁNCHEZ SAUS, 1988), aunque tampoco faltan las reflexiones de tipo sociopolítico en las que puede encontrarse alguna alusión a la importancia relativa de la población aristocrática respecto del total (LADERO QUESADA, 1982 a; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1985) o incluso temas de política repobladora señorial (LADERO QUESADA, 1989). Mucho más interés para nosotros tienen los estudios centrados en la nobleza como grupo social en sí mismo, en los que se lanzan hipótesis sobre estructura familiar y natalidad (QUINTANILLA RASO, 1982). En esta linea destaca la tesis doctoral de Rafael Sánchez Saus, de la que, junto con los árboles genealógicos, sólo se ha publicado un resumen parcial de los datos jerezanos (1986) y la parte correspondiente a Sevilla (1989), que reconstruye pacientemente las genealogías de los linajes oligárquicos sevillanos, incluyendo importantes consideraciones sobre los comportamientos demográficos, sociales y mentales de este grupo social. En estrecha conexión tanto con la Iglesia como con la nobleza, las órdenes militares recibieron importantes lotes en los repartimientos, e intervinieron activamente en el proceso repoblador, de forma que en los estudios sobre este particular aparecen datos de interés sobre población, especialmente en relación con la distribución de los pobladores dentro de la jurisdicción de las órdenes (SEGURA GRAÍÑO, 1981; ESCOBAR CAMACHO, 1988 a; ESCOBAR CAMACHO, 1988 b). Pero también estas instituciones generaron documentación que puede aportar datos demográficos para los siglos posteriores, aunque sea de forma indirecta (PEINADO SANTAELLA, 1982; PEINADO SANTAELLA, 1987). Más allá del estudio de grupos sociales, algunas otras lineas de investigación ensayadas por estos años han producido obras de interés para la demografía. El estudio de las crisis más o menos cíclicas que sufrió la economía medieval andaluza ha permitido hacer suposiciones sobre el impacto real que estas carestías tuvieron en la población (YUN CASALILLA, 1983; VICENTE GÓMEZ, 1984; MORALES MUÑIZ, 1988). En conexión con esto, se han estudiado también las catástrofes naturales que solían acompañar a estas crisis, aunque en este caso los datos recogidos son de poca importancia (PALOMO, 1984; ARJONA CASTRO, - 26 - 1985). Por último, otro tema de interés será la Frontera, o mejor, las fronteras, debido a los esfuerzos que los poderes políticos realizaron para mantener pobladas las zonas limítrofes con Granada (PORRAS ARBOLEDA, 1984; QUINTANILLA RASO, 1984; AGUADO GONZÁLEZ, 1987; BORRERO FERNÁNDEZ, 1988; GARCÍA FERNÁNDEZ, 1988 a; GARCÍA FITZ, 1988) o con Portugal, esta última zona mucho menos estudiada (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1986). Pero la Frontera también es un espacio de intercambios demográficos, normalmente forzosos, y este aspecto, el de las cautividades, ha sido poco trabajado (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1984 b); en cualquier caso, un resumen de todo lo relacionado con la Frontera puede encontrarse en el buen artículo de M. González Jiménez (1988 c). En resumen, la década de los ochenta supone una nueva inflexión en el estudio demográfico. Establecidas ya como definitivas las cifras más globales -al menos, eso parece-, y casi superado el debate sobre la formación de la Andalucía moderna a partir de la repoblación, el análisis de la población en sí dejó de tener interés para los estudiosos. A partir de aquí, a mediados de la década, surgen nuevas vías de investigación, ninguna dedicada expresamente a la demografía. Pero de la mayor parte de los trabajos se pueden entresacar datos demográficos directos o indirectos. Además, aparecen algunos estudios que empiezan a utilizar fuentes nuevas para tratar de adentrarse en cuestiones demográficas más concretas, como fecundidad, mortalidad, nupcialidad, etc., bien sea a través de los protocolos notariales, bien sea a través del estudio de las familias de los estamentos privilegiados. Los años noventa no serán más que la continuación de estas tendencias. 5.- Los últimos trabajos Realmente, no puede decirse que, en la década de los noventa hayan aparecido grandes novedades en cuanto a los temas y las metodologías de investigación. En general, se ha preferido profundizar en los aspectos apuntados durante los últimos años de la década anterior. Lo que sí se constata es el cierre casi definitivo del estudio de los repartimientos (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1990 b), salvo la aparición de algún documento nuevo que, hasta el momento, ha venido a confirmar tesis ya conocidas (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1995; MARTÍN GUTIÉRREZ, 1999). Sin embargo, curiosamente, desde los tiempos del análisis institucional del fenómeno no se ha llegado a comparar entre sí los resultados obtenidos por los diferentes procesos repobladores en otras zonas, o incluso con los posteriores del Reino de Granada; como mucho, se pueden yuxtaponer estudios completamente independientes para que el lector pueda, por su cuenta, establecer algunas conclusiones, por ejemplo, del caso murciano (TORRES FONTES, 1990), el más cercano a los ejemplos andaluces. No obstante, han aparecido algunos trabajos sobre demografía que merecen resaltarse. Por una parte, el descubrimiento de nuevos padrones ha permitido ensayar nuevas formas de análisis estático más profundas (FLORES VARELA, 1991; VILLEGAS DÍAZ, 1991; FLORES VARELA, 1992). Hay que reseñar que el Archivo Municipal de Sevilla, nuevamente revisado, está ofreciendo una serie de nuevos padrones que, si bien no modifican demasiado el panorama demográfico ya conocido, sí que permiten afrontar análisis más rigurosos, aunque hasta la fecha sólo han visto a la luz algunos centrados en la Sierra Norte de Huelva (PÉREZ- EMBID WAMBA, 1996; BORRERO FERNÁNDEZ, 1998; PÉREZ-EMBID WAMBA, 1998). De nuevo hay que destacar el trabajo de la profesora Borrero, que sabe superar el - 27 - ámbito local para adentrarse en un estudio comarcal de gran riqueza. Por otra parte, aunque se trate de una obra aislada, no podemos dejar de reseñar un notable intento de inclusión de la estructura del poblamiento medieval en la larga duración (SUÁREZ JAPÓN, 1991); el intento, una vez más procede de fuera de los departamentos universitarios de Historia Medieval, concretamente del de Geografía de la Universidad de Cádiz. También se han tratado, de forma puntual, algunos otros aspectos relacionados directamente con la evolución de la población. Así, a través de los testamentos se ha realizado una aproximación a la mortalidad en Úbeda (PAREJO DELGADO, 1991 b); también para el Reino de Jaén se ha investigado el impacto de la emigración americana (VALLADARES REGUERO, RUIZ GARCÍA, 1994), y se han incluído tímidamente los años anteriores a 1530 en algún estudio localista de la demografía moderna (MEDINA CASADO, 1994); por último, en Córdoba se ha ensayado una aproximación jurídico-sociológica a las mujeres viudas y vueltas a casar (ROJAS VARGAS, 1997). El estudio de algunos grupos sociales ha continuado siendo una de la lineas de trabajo que también aporta nuevos datos a la demografía, como ocurre con los extranjeros (BELLO LEÓN, 1993; BELLO LEÓN, 1995) o con los judíos (MONTES ROMERO-CAMACHO, 1993; PAREJO DELGADO, 1993). Los grupos privilegiados, de nuevo, producen más información, especialmente las oligarquías (PORRAS ARBOLEDA, 1990; QUINTANILLA RASO, ASENJO SEDANO, 1991). Hay que destacar aquí el excelente trabajo de Margarita Cabrera Sánchez (1998), no sólo por el espacio adecuado que otorga a las cuestiones demográficas, sino también por el aprovechamiento exhaustivo de los protocolos notariales. Por otro lado, la explotación de los riquísimos fondos documentales eclesiásticos sigue dando frutos interesantes para nuestros objetivos (BORRERO FERNÁNDEZ, 1991 c; MIURA ANDRADES, 1991; SANZ SANCHO, 1991; GARCÍA LEÓN, 1993). En relación con estos grupos hay que reseñar algunos trabajos dedicados a conocer la situación económica de algunos señoríos seculares (VIÑA BRITO, 1990; VIÑA BRITO, 1991; LADERO QUESADA, 1992 b; GARCÍA FERNÁNDEZ, 1993 a) y eclesiásticos (FRANCO SILVA, 1993). También el patrimonio de las órdenes militares siguió estudiándose y ofreciendo nuevos datos demográficos (RODRÍGUEZ BRITO y otros, 1990). Por último, se continuó insistiendo en el trabajo sobre los hospitales como forma de conocer algo de la suerte de las capas sociales más desfavorecidas (OSTOS SALCEDO, 1990; MARTÍN MARCOS, 1991). Sin duda alguna, los estudios de carácter económico seguían estando en la base de las nuevas aportaciones a la demografía, aunque en muchos casos ya no implicasen también a lo “social”. Especial importancia tienen en este sentido las aproximaciones a la agricultura y la ganadería, por sus conexiones directas con la evolución demográfica (ALIJO HIDALGO, 1991; ARGENTE DEL CASTILLO OCAÑA, 1991 b; CORONAS VIDA, 1994; BORRERO FERNÁNDEZ, 1995; CARMONA RUIZ, 1998); sobre todo, el estudio de los repartos y usurpaciones de comunales puede conllevar interesantes puntos de vista para la historia de la población (CARMONA RUIZ, 1995). También el estudio de la alimentación, relacionado con las investigaciones realizadas sobre todo en Cataluña, puede aportar algunas ideas útiles (RODRÍGUEZ MOLINA, 1993). Las crisis, y también sus consecuencias en forma de disturbios, siguen siendo objeto de trabajos en los que, si bien los datos demográficos que se aportan suelen ser de escasa importancia, resultan interesantes porque los colocan en su coyuntura concreta y, además nos recuerdan que no pocas veces los padrones, listas, etc., se - 28 - confeccionaron en un contexto de crisis más o menos generalizada (BORRERO FERNÁNDEZ, 1991 b; CABRERA MUÑOZ, MOROS, 1991; CABRERA MUÑOZ, 1995). Más novedoso resulta el análisis de los mecanismos fiscales y su influencia socioeconómica, de los que su mayor aportación a la demografía es la crítica de padrones y censos y el estudio de las formas de su confección (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1991; MARTÍNEZ RUIZ, 1991; ROMERO ROMERO, 1991), aunque también se aportaron nuevos datos sobre número de pobladores (IGLESIAS RODRÍGUEZ, 1991). También ha resultado interesante la continuación de los estudios fronterizos, no sólo en cuanto a la influencia de los contactos interfronterizos (RODRÍGUEZ MOLINA, 1992), sino sobre todo los dedicados a conocer la configuración social del espacio de frontera (GARCÍA FITZ, 1990; CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993; GARCÍA FERNÁNDEZ, 1993 b; SEGURA GRAÍÑO, 1997). 6.- Ediciones de fuentes No es fácil discernir cuáles son las fuentes documentales más adecuadas para conocer la evolución y estructura de la población medieval andaluza. Los datos, directos o indirectos, pueden aparecer casi en cualquier sitio. Por eso, ha sido necesario leer atentamente todo tipo de recopilación de fuentes, colección documental, catálogo o inventario de archivo, amén de las crónicas generales y locales, y de otras fuentes literarias. En muchos casos, el resultado ha sido muy pobre, pero casi nunca ha dejado de aparecer algún dato o indicio que puede permitir matizar algún aspecto relativo al objeto de nuestro estudio. Dividiremos el repaso a las ediciones de fuentes en tres apartados, según el tipo de fuente publicada y la importancia que la edición de fuentes tiene dentro de cada obra: ediciones de crónicas; colecciones documentales, y trabajos que incluyen ediciones de documentos. Las crónicas generales, en principio, no aportan demasiados datos. Se ha utilizado aquí la edición de las Crónicas de los Reyes de Castilla realizada por la Biblioteca de Autores Españoles, en su reimpresión de 1953, excepto para las crónicas de Fernando de Pulgar y Pedro de Mexía, para las que se han preferido las ediciones de Juan de Mata Carriazo de 1943 y 1945 (PULGAR, 1943 a; PULGAR, 1943 b). Por su propia intencionalidad, estas crónicas ignoran casi todo lo que tiene que ver con la población en general, interesándose sólo por la alta política, las hazañas bélicas y las aventuras de los personajes de la corte. Las únicas cifras que aparecen, las de los muertos en las batallas, están muy exageradas y, si se utilizan, se debe proceder con algo más que mucha precaución; la batalla de las Navas de Tolosa ha sido objeto de un estudio sintomático en este aspecto (ALVIRA CABRER, 1995). Sin embargo, esta misma intencionalidad le da un valor especial a algunos pasajes, sobre todo algunas anécdotas que pueden resultar significativas. Así, es bien conocido el pasaje de la Crónica de Fernando IV en el que un viejo musulmán, expulsado de Gibraltar por este rey, se lamenta ante él de haber sido expulsado sucesivamente de Sevilla, Jerez y Tarifa, y que “...pues veo que en ningún lugar destos non puedo fincar, yo iré allende la mar, e me porné en lugar do viva en salvo e acabe mis días.” (CRÓNICA, 1953 c, 163). - 29 - Igualmente interesante, aunque menos difundida, es la narración que hace la Crónica de Sancho IV de cómo, ante un ataque benimerín contra Sevilla, el rey consiguió que toda la ciudad se paralizase y permaneciese silenciosa hasta el punto de que “...commo no vieron [los atacantes] ý ome ninguno, non pudieron tomar ý lengua ninguna, e dijeron a Aben Yuzay que creían que la villa era yerma e que se fueron dende todos los moradores.” (CRÓNICA, 1953 b, 71) Al margen de la verosimilitud que a nuestros ojos pueda tener esta anécdota, resulta evidente que el autor de la Crónica creía posible que una ciudad como Sevilla -que, significativamente, es calificada como “villa”- pudiese quedar completamente silenciosa, lo que indica con claridad que el número de habitantes en este momento debía ser realmente escaso. Estos dos ejemplos pueden ilustrar el grado de utilidad de las crónicas generales para nuestros propósitos. Hay que indicar, no obstante, que a partir de los Reyes Católicos las crónicas suelen ser algo más pródigas en detalles interesantes (BERNÁLDEZ, 1953). Sin embargo, cuando el objetivo de los cronistas se hace más concreto, circunscribiéndose a una zona determinada, el interés puede aumentar para nosotros; no obstante, este tipo de crónicas locales, más o menos contemporáneas de los hechos que describen, sólo han aparecido referidas a Sevilla (DISCURSO, 1881; CARRIAZO ARROQUIA, 1947; CARRIAZO ARROQUIA, 1953) y, además, resultan hasta cierto punto decepcionantes en cuanto a su utilidad para el estudio de la población. Algún dato suelto puede aparecer también en alguna crónica de casa nobiliaria (RUTE, 1965-1967). En este sentido, resulta una excepción la crónica dedicada al condestable Miguel Lucas de Iranzo, con abundantes comentarios interesantes, precisiones sobre la fecundidad de la familia del protagonista y, sobre todo, una detallada descripción de los alardes jiennenses de 1493 (SORIANO DEL CASTILLO, 1993). Lo mismo podría decirse de libros de viajes, como el de Jerónimo Münzer (1991). Una derivación directa de esta cronística son las historias locales. La mayor parte de la historiografía local ha sido ya analizada en los apartados anteriores. Sin embargo, algunas obras, por su concepción o simplemente por su antigüedad, creemos que se acercan más a las crónicas clásicas que a las historias locales. También aquí el caso sevillano destaca por la cantidad y calidad de las obras que, además de ensalzar a la ciudad, incorporan una intención crítica y, diríamos, científica (PERAZA, 1979; MORGADO, 1981; CARO, 1982). En todas estas obras se pueden encontrar interesantes comentarios e incluso algunas cifras que, con todas las precauciones, pueden tomarse en consideración, al menos como referencia. Merecen destacarse los Anales eclesiásticos y seculares de la ciudad de Sevilla, de Diego Ortiz de Zúñiga (1988), una obra realmente excepcional por su fiabilidad y la profusión de datos útiles. En relación con estas obras pueden situarse algunos trabajos novecentistas, de carácter geográfico, pero que aportan datos históricos de cierta relevancia (LÓPEZ, 1989). Muy útil resulta aquí la gran obra de Luis Ramírez y Las Casas-Deza (1986), que aporta datos realmente valiosos sobre libros sacramentales de las parroquias rurales de la provincia de Córdoba, aunque cabe suponer que desde la fecha de su redacción hasta hoy gran parte de esos archivos se hayan malogrado. - 30 - Consideraremos aquí “colecciones documentales” los trabajos en los cuales la regesta o transcripción de documentos sea su objetivo fundamental. No se incluyen los inventarios de los archivos, puesto que en ellos, como es sabido, no se alude a los documentos de forma individualizada, sino sólo a las series documentales. Podemos comenzar con las auténticas colecciones documentales, es decir, la recopilación de documentos referidos a un mismo tema, independientemente del archivo en que estén depositados. Los primeros documentos en ser transcritos de este modo son, naturalmente, los privilegios y documentos considerados “trascendentales”, especialmente desde el punto de vista localista. Se trata, en muchos casos, de ediciones lujosas, pensadas más para el regalo que para la investigación, pero ello no merma el interés de los propios documentos (PRIVILEGIOS, 1971; PRIVILEGIOS, 1975). Sin embargo, la edición de los privilegios poblacionales de algunas zonas concretas sí que tiene interés científico, como es el caso de Tarifa (VIDAL BELTRÁN, 1957); en cualquier caso, este trabajo es una auténtica excepción, por cuanto hasta mediados de la década de los setenta no empiezan a aparecer las primeras colecciones documentales. Es el reino de Jaén el que recibe primero la atención de los investigadores (HIGUERAS MALDONADO, 1974; HIGUERAS MALDONADO, 1974- 1975; HIGUERAS MALDONADO, 1975; CARRIAZO ARROQUIA, 1975), atención que se ha venido continuando hasta la actualidad (MUÑOZ COBO, 1987; JUAN LOVERA, 1988; GARCÍA GUZMÁN, 1991); destacan aquí los trabajos de los historiadores y cronistas locales, muy activos en Jaén, aunque desgraciadamente no siempre aciertan a editar más que privilegios y documentos “importantes”, en la línea a que se aludía anteriormente. Para Córdoba, la cantidad de colecciones documentales que nos pueden servir es casi nula y el panorama sería desolador si no fuese por la presencia del monumental Corpus Medievale Cordubense, obra el archivero catedralicio Manuel Nieto Cumplido (1979; 1982), en el que se recogen no sólo todo tipo de documentos referentes a Córdoba, sino los datados o conservados en la ciudad, además de las descripciones de multitud de piezas artísticas o arqueológicas, hasta el punto de resultar casi excesivo el volumen de información cuyo único vínculo es la referencia a Córdoba de una u otra forma. Desgraciadamente, sólo han visto la luz los dos primeros volúmenes de esta obra, hasta el año 1277, de forma que su utilidad principal es la de servir de apoyo a las investigaciones sobre el repartimiento y repoblación cordobeses, incluyendo, naturalmente, los documentos más trascendentes al respecto, como el Libro de los Diezmos de los Donadíos o la lista de limitaciones eclesiásticas de 1260. El reino de Sevilla, por su parte, no cuenta más que con dos pequeñas colecciones documentales de carácter local, una referida a la población aljarafeña de Gines (HERRERA GARCÍA, 1990 a), y otra, menos interesante, referida a la encomienda de Estepa (LASARTE CORDERO, 1977). Dentro de este grupo de obras, hay dos que destacan por su propia magnitud y, sobre todo, por su afán tanto de exhaustividad como de coherencia interna. Se trata, en primer lugar, de los dos volúmenes de ediciones documentales de la magna biografía de Julio González (1983; 1986) sobre Fernando III, y, en segundo lugar, del Diplomatario andaluz de Alfonso X realizado por Manuel González Jiménez (1991). El conjunto de ambas colecciones permite tener al alcance de los investigadores prácticamente toda la documentación referente a la conquista y primera repoblación de la Baja Andalucía. En los dos casos, además, los respectivos estudios introductorios -ya se hizo referencia expresa al de J. González, que es el - 31 - primer tomo de la obra- presentan una calidad y claridad indudables. Sin embargo, el esfuerzo que exigen este tipo de colecciones sólo puede justificarse, a mi entender, para situaciones históricas excepcionales, como en estos casos, y casi nunca para épocas posteriores al siglo XIV, donde el gran volumen documental los convertirían en inviables. Un ejemplo de cómo estos inconvenientes pueden frustrar un trabajo quizá excesivamente ambicioso es el intento de Vicenta Cortés (1975) de recopilar las fuentes documentales para la historia de Huelva. Desde nuestro punto de vista, resultan mucho más útiles para la investigación los trabajos dedicados a regestar o editar documentos con un criterio principalmente topográfico -es decir, según la localización física de los documentos-, sin excluir que, subsidiariamente, pueda emplearse un criterio temático. De hecho, esta forma de dar a conocer documentos concretos ha venido siendo más utilizada y el número y calidad de las publicaciones es mayor. De todas formas, como siempre, aquí sólo se hará referencia a las obras en que aparezcan documentos que puedan ser interesantes para el estudio de la población en las coordenadas espacio- temporales que nos afectan. Resulta sorprendente comprobar que en las regestas de documentos referidos a Andalucía en los diversos archivos nacionales no aparecen documentos de interés demográfico. Sin embargo, en algunos archivos extranjeros se ha encontrado información útil (VÁZQUEZ JANEIRO, 1992). Llama la atención el caso del Museo Británico, donde se encuentran nada menos que tres copias diferentes del Repartimiento de Sevilla, además de otros documentos sumamente interesantes (AGUILAR PIÑAL, 1965). Los archivos más trabajados, no obstante han sido los municipales. Destaca aquí el Archivo Municipal de Sevilla, cuyas excepcionales cualidades ya han sido resaltadas. En la segunda mitad del siglo pasado, a raíz de la reorganización total del archivo emprendida por José Velázquez, se publicaron los catálogos de los documentos de todas las secciones en que entonces se estructuró la institución, aunque a nosotros sólo nos interese la sección I, llamada “de Privilegios” (ARCHIVO, 1861; VELÁZQUEZ SÁNCHEZ, 1992); la publicación de catálogos de este archivo útiles para nuestros propósitos no se reanuda hasta un siglo después (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1968; COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 a; COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1980), aunque en todos los casos no se trata de catálogos completos de las series o secciones afectadas, sino sólo de los documentos medievales, e incluso, en el caso de los llamados Papeles de Mayordomazgo, sólo hasta 1431. El Archivo Municipal de Carmona ha sido objeto también de catalogación de sus fondos medievales, especialmente gracias a Manuel González Jiménez (1976 a; 1981 b), aunque, en parte, la riqueza de este archivo ya fue puesta de relieve anteriormente en una colección de documentos seleccionados (HERNÁNDEZ DÍAZ, SANCHO CORBACHO, COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1941). Intentos similares, aunque con resultados menos espectaculares, se han realizado para el Archivo Municipal de Écija (SANZ FUENTES, 1976 a) y, en época ya lejana, para los documentos más llamativos del Archivo Municipal de Arcos de la Frontera (DELGADO ORELLANA, 1965). Los archivos municipales cordobeses -en general, casi todos los archivos cordobeses- sufren una escasez casi absoluta de catálogos. La misma situación se vivía en el reino de Jaén, con algún pequeño catálogo de privilegios - 32 - (MARTÍNEZ RAMOS, 1957), hasta hace algunos años, en que el profesor José Rodríguez Molina (1983; 1985; 1990; 1994) ha iniciado una labor de catalogación que, hasta la fecha, se ha visto plasmada en publicaciones para los archivos municipales de Baeza, Jaén y Úbeda. En localidades más pequeñas, sólo recientemente se han editado los pergaminos de Archivo Municipal de Gibraleón (TORRES TORONJO, 1997) y, aunque en rigor no se trata de documentación municipal, hay que destacar la colección documental del Hospital de San Sebastián de Palma del Río, publicada por Pilar Ostos Salcedo (1990). En cuanto a los archivos eclesiásticos, deben reseñarse en primer lugar los catedralicios de Córdoba y Jaén, que forman la base de las colecciones documentales preparadas por Higueras Maldonado y Nieto Cumplido, señaladas anteriormente, a las que cabría añadir algún pequeño trabajo más (NIETO CUMPLIDO, 1974-1975). También se puede encontrar algún documento interesante en el Archivo Catedralicio de Cádiz (ANTÓN SOLÉ, RAVINA MARTÍN, 1975). Pero desde hace algunos años están apareciendo catálogos referidos a diversos monasterios (HERNÁNDEZ-DÍAZ TAPIA, 1976; RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984; RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1986; BORRERO FERNÁNDEZ, 1991 a) en los cuales aparecen documentos sumamente interesantes; especial importancia tiene para nosotros la colección diplomática de Santa Clara de Moguer, conservada en el Archivo Diocesano de Huelva (VILLAPLANA, 1975), abundante en testamentos y en otros datos demográficos. Por otra parte, los archivos de otras instituciones eclesiásticas también deparan algunas sorpresas agradables, sobre todo a la hora de intentar acercarnos a la demografía eclesiástica (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1974 c). Por último, cabe tratar brevemente de los archivos privados. Como es bien sabido, el acceso a estos archivos no siempre es tan fluido como sería deseable. Esto se plasma en la falta de instrumentos de descripción publicados, incluyendo, por supuesto, los catálogos. En este sentido, el Archivo Ducal de Medinaceli constituye una honrosa excepción, y desde antiguo ha destacado por las facilidades que otorga a la investigación. Se han venido publicando catálogos de este archivo con criterios un tanto erráticos, pero aun así, útiles, oscilando entre las secciones del archivo (GONZÁLEZ MORENO, 1969; GONZÁLEZ MORENO, 1976) y determinados ámbitos geográficos (MORELL PEGUERO, 1972; PARDO RODRÍGUEZ, 1980, GONZÁLEZ MORENO, 1989). A caballo entre los catálogos de documentos y la publicación de documentos individuales se sitúan algunas ediciones de manuscritos que a su vez contienen las transcripciones de otros documentos: cartularios, tumbos, becerros, etc. Los más interesantes para nosotros son los tumbos redactados en época de los Reyes Católicos, especialmente el de Sevilla, publicado en cinco tomos por Juan de Mata Carriazo y Ramón Carande (1968-1971) y continuada recientemente (FERNÁNDEZ GÓMEZ, OSTOS SALCEDO, PARDO RODRÍGUEZ, 1997); también se ha transcrito el de Écija, aunque no ha llegado a publicarse (SANZ FUENTES, 1970). Algunos documentos interesantes aparecen en el Libro de los Privilegios concedidos a los genoveses establecidos en Sevilla, del cual se han realizado dos ediciones (GONZÁLEZ GALLEGO, 1974; LIBRO, 1992). Recientemente, por último, se ha editado el Libro de los Privilegios de Sevilla (FERNÁNDEZ GÓMEZ, OSTOS SALCEDO, PARDO RODRÍGUEZ, 1993). Por desgracia, esta especie de “fiebre” por la publicación de estos documentos no alcanza más allá de la ciudad de Sevilla, y tampoco parece continuarse después del mítico año 1992 y sus secuelas inmediatas. Parece, no obstante, que sí puede tener mayor continuidad la - 33 - regesta de los documentos contenidos en otros documentos, como actas capitulares (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 d; SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993), o incluso las obras de algunos cronistas clásicos, como Argote de Molina (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1990 a). Precisamente la edición de las actas capitulares de los concejos, al menos de los más importantes, es una labor muy útil, aunque ciertamente penosa, que hasta la fecha sólo se ha acometido para las actas más antiguas de Morón de la Frontera (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, GARCÍA FERNÁNDEZ, 1992). Por lo que se refiere a los documentos individuales, nos han interesando, por una parte, algunos trabajos sobre el proceso repoblador, concretamente en El Puerto de Santa María, que ha recibido una atención especial en este sentido (SANCHO DE SOPRANIS, 1941; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1981 a; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1982). Por otra parte, resulta interesante comprobar cómo los historiadores andaluces han ignorado casi por completo todo lo que se refiere a los fueros otorgados a las diferentes poblaciones, bien sea porque todos ellos derivan directamente de los fueros toledano y conquense, bien sea por la sospecha generalizada de que la mayor parte de ellos no llegaron a aplicarse nunca en la práctica; el único caso editado, con sus correspondientes estudios introductorios, es el del Úbeda (PESET, GUTIÉRREZ CUADRADO, TRENCH, 1979), labor que ha correspondido a profesores de la Universidad de Valencia. En relación con el proceso repoblador, debe señalarse también la edición del ya citado Libro de los Diezmos de los Donadíos de la Catedral de Córdoba, que cuenta con dos ediciones (MUÑOZ VÁZQUEZ, 1954; NIETO CUMPLIDO, 1976-1977). En cuanto a la repoblación interior, más tardía, además de las colecciones documentales que aparecen en las obras dedicadas a este asunto y de las que ya se ha hecho mención, cabe reseñar ahora las ediciones de algunos documentos de indudable interés (GARCÍA FERNÁNDEZ, 1987; SÁNCHEZ LOZANO, 1991). Las ordenanzas municipales sí han recibido un buen trato en cuanto a su publicación, y es una de las líneas de trabajo que viene siendo cultivada con asiduidad por los estudiosos del medievo andaluz. Sin embargo, en no pocas ocasiones el contenido de estas ordenanzas ofrece muy escaso interés para el estudio de la demografía. Generalmente, lo único que se obtiene es algún dato indirecto (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1972; QUINTANILLA RASO, 1975; RECOPILACIÓN, 1975; GONZÁLEZ GÓMEZ, 1976; TROYANO BIEDMA, 1977; ALIJO HIDALGO, 1979; GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982; ARGENTE DEL CASTILLO, RODRÍGUEZ MOLINA, 1983; QUINTANILLA RASO, 1986; PORRAS ARBOLEDA, 1993). Sólo excepcionalmente han aparecido algunos documentos de tipo ordenancístico que nos ilustran sobre el modo de confeccionarse los padrones de población, fuente principal para el estudio cuantitativo de la población medieval andaluza (GALÁN PARRA, 1986; GALÁN PARRA, 1990; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1992 a). Nos queda para el final un pequeño grupo de trabajos de difícil clasificación, como los dedicados al estudio de los castillos, incluyendo interesantes colecciones documentales (FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 1965-1967). Una mención especial merece, desde luego, el colosal trabajo de Peter Boyd-Bowman (1968; 1985), una auténtica prosopografía de la emigración a América que, además, recoge los datos vitales de muchos de los individuos reseñados, incluyendo su procedencia e incluso sus cambios de vecindad, de forma que se convierte en una base documental magnífica para iniciar estudios sobre la población, a pesar - 34 - de los defectos detectados en la fuente utilizada, los Catálogos de Pasajeros a Indias. Por último, han sido publicados algunos documentos que, lateralmente, contienen datos de alguna utilidad (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1974 a; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1974 d; PARDO RODRÍGUEZ, 1988; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1992 b), e incluso alguno con evidente interés demográfico (WAGNER, 1971). 7.- La historia de la familia bajomedieval andaluza El campo de la historia de la familia, cada vez más desarrollado4, está teniendo una incidencia muy importante en el tema que nos ocupa. Sin embargo, si nos ceñimos a la historiografía que tiene por objeto el estudio de Andalucía en los últimos siglos de la Edad Media, la historia de la familia resulta casi inexistente. Apenas podríamos encontrar un pequeño grupo de trabajos dedicados específicamente al estudio de las familias en la Andalucía bajomedieval, y aun así en la mayor parte de ellos las cuestiones demográficas o de composición familiar ocupan un lugar secundario. No obstante, algunos de los estudios relativos a este asunto que provienen de otros campos, especialmente la Historia Moderna, influyen de forma clara en el ámbito de este trabajo. Por lo tanto, el repaso que vamos a realizar ahora se basa fundamentalmente en obras ajenas a nuestro campo, bien por razones geográficas o cronológicas: la mayor parte son estudios extranjeros y/o centrados en la Edad Moderna, pero cuyas conclusiones creemos que son de vital importancia, especialmente porque ofrecen un ámbito muy interesante en el que enmarcar los aspectos demográficos que estamos estudiando aquí. Sería, por otro lado, pretencioso por nuestra parte anunciar una exhaustividad casi imposible en la nómina de obras citadas. Solamente intentaremos en los párrafos siguientes señalar los escritos que, a nuestro entender, han influido más en la imagen que actualmente tenemos de las familias del Valle del Guadalquivir en los últimos tiempos medievales. Se suele indicar que el estudio moderno de la estructura familiar se inicia con la invención del llamado “método de reconstrucción de familias”. El primer estudio realizado con este método tuvo por objeto una pequeña aldea normanda en el siglo XVII (GAUTIER, HENRY, 1958), y su difusión se alcanzó con la publicación del correspondiente manual (FLEURY, HENRY, 1965). Sin embargo, este método exige la presencia de los tres registros vitales fundamentales -nacimiento o bautismo, matrimonio y muerte o entierro- de forma simultánea y suficientemente seriada, lo que prácticamente impide su utilización antes del siglo XVII o, en algunos casos, mediados del siglo XVI. De esta forma, la demografía medieval quedo privada, durante los años sesenta y setenta, del principal instrumento en el conocimiento de la población anterior al registro civil moderno. Sin embargo, las conclusiones que los historiadores de la población de la época moderna fueron obteniendo a partir de sus estudios, combinando las recontrucciones familiares con otros métodos de trabajo, pronto empezaron a perfilar unas lineas generales de evolución de la estructura familiar en las que los siglos bajomedievales empezaban a tener un papel, 4 Un estado de la cuestión en MUÑOZ LÓPEZ, 1995 - 35 - generalmente más supuesto que comprobado. Así, la primera síntesis sobre la evolución de la estructura familiar en Europa, realizada por J. Hajnal (1965) en un trabajo fundamental, concibe la Baja Edad Media como un período de transición entre formas familiares más primitivas y el “modelo europeo” moderno. Merece la pena detenernos brevemente en los planteamientos de Hajnal, que han influido de forma muy notable en el estudio de la familia durante muchos años. Para él, “The distinctive marks of the «European pattern» are a high age of marriage and a high proportion of people who never marry at all. The «European» pattern pervaded the whole Europe except for the eastern and south-eastern portions” (HAJNAL, 1965, 101). En cuanto a la Edad Media, Hajnal utiliza las listas del Poll Tax Return inglés de 1377, según las ofrece Russell, para concluir que estos siglos están fuera del “modelo europeo”, puesto que la proporción de personas célibes resulta casi insignificante. Sin embargo, comparando estos datos con los de los paises del Este de Europa en el XIX, vemos que los ingleses de 1377 se acercan más al modelo, por lo que puede considerarse un momento de transición (HAJNAL, 1965, 118-119). El “modelo europeo” de familia propuesto por Hajnal fue matizado posteriormente por la llamada “escuela de Cambridge”, que, a la luz de nuevas investigaciones -entre las que debe destacarse el estudio del excepcional catastro florentino de 1427 (HERLIHY, KLAPISCH- ZUBER, 1978)- ha propuesto hasta cuatro modelos distintos en Europa; la Península Ibérica estaría encuadrada en el llamado “modelo mediterráneo”, caracterizado por los siguientes aspectos: - El grupo se forma frecuentemente por unión de otros grupos preexistentes o por la entrada de un nuevo cabeza de grupo que asume el control; sólo en ocasiones se forma por matrimonio del cabeza de familia o de otro miembro importante. - La edad del matrimonio es alta para los hombres y baja para las mujeres, lo que produce una diferencia de edad al primer matrimonio bastante importante; la proporción de personas casadas es alta. La proporción de mujeres más viejas que sus maridos es baja, y la de viudas que se vuelvan a casar es muy baja. - La proporción de parentela residente es alta, y también la de hogares multigeneracionales. La proporción de hogares encabezados por mujeres solteras es baja, como también la de personas solas. Es alta la proporción de hogares de familia múltiple y de familia compleja (combinación de múltiple y extendidas), así como de fraternidades y de familias agregadas, mientras que la proporción de familias troncales es escasa. - Es muy común la adición al hogar de parientes como trabajadores. La media de adultos por hogar es muy alta, como también la de personas en edad de trabajar (15-65 años), pero es muy baja la de hogares con tres personas o menos. El cabeza del hogar nunca es descrito como trabajador o jornalero y nunca aparecen otros hogares como colaboradores en las tareas (LASLETT, 1983, 526-527). - 36 - El avance de los estudios locales permitía apuntar características regionales más precisas que desembocaban en nuevos y más restringidos “modelos” familiares. Para la Península Ibérica será Robert Rowland el que, por lo que aquí nos interesa, definirá un “modelo” de familia meridional que, para los siglos XVI y XVII parece caracterizarse por un cierto retraso de la edad del matrimonio respecto a otras zonas peninsulares -20-22 años para las mujeres y 25-27 años para los hombres--, y por una tendencia a la neolocalidad (ROWLAND, 1987, 256-257; ROWLAND, 1988, 121). En realidad, casi podríamos decir que el sistema de “modelos” más o menos restringidos ha entrado en crisis hace ya algunos años, puesto que cada nueva investigación aporta nuevos matices que ponen en cuestión una o varias de las características del modelo precedente. Por supuesto, es posible encontrar características comunes en ámbitos espaciales o cronológicos relativamente amplios, pero la complejidad de aspectos relacionados con la familia que es necesario tener en cuenta hace casi imposible que se puedan establecer “modelos” similares a los que acabamos de describir. En efecto, ya se pudo observar que, al describir el “modelo mediterráneo” se ponían en juego no sólo aspectos demográficos, esencialmente los relacionados con la nupcialidad, sino también cuestiones económicas y sociales. En este sentido, las investigaciones españolas han seguido el mismo camino y, al menos desde 1987, una vez establecidos los elementos puramente demográficos, se han centrado en las variables de carácter social, económico o incluso mental, recogiendo aportaciones antropológicas muy útiles (GOODY, 1986; CASEY, 1990; CASEY, 1991). No vamos a detenernos ahora en la evolución de estos estudios, la mayor parte de los cuales quedan fuera de nuestra área de interés directo, pero sí conviene dejar bien sentado que todos ellos presuponen la existencia de datos relativamente seguros sobre aspectos puramente demográficos, y que sin éstos no es posible adentrarse en el análisis de otros componentes que afecten a la familia con un mínimo de coherencia: “Las relaciones de parentesco, la constitución de alianzas a través del matrimonio y la unión entre diversos grupos familiares, los sistemas de herencia, la endogamia, el estudio social de la consanguineidad [...] son algunos de los factores que condicionan y a la vez se ven condicionados por las tasas de masculinidad según las edades, las tasas de natalidad, mortalidad y nupcialidad, el celibato definitivo, la edad del matrimonio en primeras nupcias, la diferencia de edades entre esposos, así como por la estructura de edades y distribución de la población según el sexo y el estado civil y, por supuesto, la evolución de todos esos factores, teniendo en cuenta, además, la edad y profesión del cabeza de familia” (CHACÓN JIMÉNEZ, 1990, 19). Mientras tanto, el medievalismo español y, por supuesto, el andaluz, han ignorado estas cuestiones. Existe una corriente de investigación, muy extendida, que ha tomado como base de sus trabajos a los linajes nobiliarios, pero en ellos los aspectos demográficos prácticamente no aparecen, o lo hacen de forma muy lateral; en este sentido, muchos de los trabajos reseñados en el apartado anterior podrían incluirse dentro de esta corriente, con la excepción ya mencionada de la obra de Margarita Cabrera Sánchez (1998). Sólo en algunas ocasiones encontramos, a lo sumo, sucintas biografías de los integrantes de los linajes estudiados (LADERO QUESADA, 1977; CABRERA MUÑOZ, 1977 a; QUINTANILLA RASO, 1979 - 37 - a) que podrían servir de base a algunos estudios muy parciales sobre aspectos demográficos y familiares de este grupo social. En realidad, la elaboración de genealogías completas y fiables es una de las vías de acercamiento al conocimiento de la familia bajomedieval castellana que había señalado Francisco Chacón Jiménez (1987, 340). Por supuesto, esto va más allá de un simple listado de titulares de señoríos en el que apenas se ofrezca su fecha de muerte y el nombre de su esposa. El ejemplo más patente de hasta dónde se puede llegar por esta vía es el estudio de Rafael Sánchez Saus (1989), que reconstruye pacientemente los árboles genealógicos de las familias de la oligarquía sevillana y, lo que es más importante, obtiene de ellos una serie de conclusiones demográficas y que, en general, suponen una brillante, por excepcional, aportación a la historia de las familias bajomedievales andaluzas. Sin embargo, su ejemplo no ha tenido continuación. Fuera del ámbito andaluz, la tendencia ha sido el análisis de familias o de linajes individualizados, lo que impide obtener datos demográficos mínimamente fiables (TORRES FONTES, 1992). Hay que destacar que, más recientemente, se han intentado aproximaciones similares a familias no nobiliarias, fundamentalmente dedicadas a los negocios o a las profesiones liberales (CASTELLANO GUTIÉRREZ, 1994; MARTÍNEZ CARRILLO, 1992; FERNÁNDEZ TRABAL, 1995), pero, además de los inconveniente que acabamos de señalar, en estos casos las genealogías son mucho menos seguras. Sólo en el ámbito catalán parece que esta vía está produciendo un cierto número de trabajos que forman el material susceptible de ser sintetizado, como se aprecia en la bibliografía aportada por Jordi Gunzberg Moll (1997) en su trabajo sobre una de estas familias; sin embargo, esta labor de síntesis todavía no ha sido llevada a cabo. En resumen, parece que, salvo trabajos excepcionales, la reconstrucción de genealogías nos vuelve a llevar hasta las familias nobles; sin embargo, los resultados de los trabajos sobre este grupo social, no por influyente menos restringido demográficamente tampoco presentan unos resultados demasiado espectaculares. Muchas veces, en realidad, la investigación y búsqueda de genealogías parece relacionarse más con una cierta corriente -no sólo historiográfica, sino más bien socio-política y cultural- revitalizadora de la nobleza como grupo social si no predominante, sí influyente. Por otro lado, estudiar un grupo muy pequeño, pero bien identificado, como ahora los nobles y hace algún tiempo los judíos o los mudéjares, produce, sin duda, resultados muy llamativos para el lector y altamente gratificantes para el investigador. Pero extrapolar las conclusiones demográficas o de cualquier otro tipo obtenidas con el análisis de estos grupos, muy interesantes pero muy minoritarios, al conjunto de la sociedad, aun con la salvedad de que sus datos son los únicos disponibles, puede llevar a confusiones con mucha facilidad en lectores poco avisados. En todo caso, los efectos de este posible error tenderán a ser menos graves si lo que se estudia es un grupo social más amplio. Eso es lo que intentaremos a lo largo de este trabajo. - 39 - II. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA 1.- Los datos y su tratamiento Aunque la demografía, como hemos comprobado, no es uno de los aspectos que más resalta en las investigaciones sobre la Edad Media andaluza, sin embargo puede decirse que casi todos los datos cuantitativos han sido ya recogidos. Quizá una revisión más profunda de los archivos municipales pueda sacar a la luz algún que otro nuevo padrón, o pudieran descubrirse recuentos locales o algunos datos dispersos en pleitos o en documentos posteriores que recojan documentación medieval perdida. Estos datos matizarían algunos aspectos concretos de lo que hoy sabemos, pero probablemente no se registrarán variaciones demasiado importantes en nuestra visión de la evolución demográfica andaluza bajomedieval. En cualquier caso, contamos con abundantes datos concretos sobre población, que han ido apareciendo en las diferentes investigaciones. Todos los datos que he podido recopilar aparecen en el apéndice 1, indicando la fuente de la que proceden. Este anexo merece unos breves comentarios. Hay veces en que el mismo dato aparece en varias fuentes; en estos casos se ha procurado elegir la fuente que ofrecía mayor fiabilidad, aunque no ha sido posible evitar la arbitrariedad en algunas ocasiones. Por otra parte, es necesario destacar algunas discrepancias entre fuentes de toda solvencia, como el caso de la población de La Rambla hacia 1530, que se eleva según los casos a 1.381 vecinos (ESCOBAR CAMACHO, 1987, 64) o hasta 1.410 vecinos (FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81). En el caso sevillano, resaltan las discrepancias que los autores muestran respecto a las cifras adelantadas por Pierre Ponsot. Así, por no salir del ámbito aljarafeño, Aznalcázar en 1493 tenía, según Ponsot (1980, 153), 326 vecinos, mientras que Mercedes Borrero los estima en 372 (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 155); los mismos autores establecen la población de Gerena en 1435 en 50 y 99 vecinos respectivamente (PONSOT, 1980, 153; BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188). En la localidad de Alanís, Ponsot declara 217 vecinos en 1433, mientras que González Jiménez nos revela que existían 226; la diferencia parece estar en que el demógrafo francés ignoró a los exentos (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 a, 139; PONSOT, 1980, 153); obviamente, este último autor debió ignorar también el trabajo del anterior, aparecido siete años antes. En la misma localidad, Ponsot vuelve a ser corregido en sus datos por Mercedes Borrero, quien cuenta 483 vecinos en 1486, mientras que aquel afirma que existían 454 vecinos en 1484 (PONSOT, 1980, 153; BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71). Pero las diferencias más graves del autor francés se aprecian al comparar sus datos con los ofrecidos por Antonio Domínguez Ortíz en la evaluación del censo de 1534. Así, y, por citar un caso, el primero cifra la población de Gerena en 264 pecheros, mientras que el segundo lo hace en 194 (PONSOT, 1980, 153; DOMÍNGUEZ ORTÍZ, 1977, 352). Estas diferencias, sin embargo, pueden explicarse porque Ponsot utilizó los padrones conservados en el Archivo Municipal de Sevilla, mientras que Domínguez Ortíz utilizó la versión “definitiva”, que se conserva en el Archivo General de Simancas; ambas fuentes sin duda discrepan en sus resultados, aunque, desde luego, la segunda se elaboró gracias a los datos de la primera. El propio Ponsot ya sugirió la necesidad de realizar un cotejo de estas fuentes (PONSOT, 1980, 147, n. 6), y, en el caso de la ciudad de Sevilla, sabemos que el padrón de 1533 sólo contabilizó a los pecheros (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 29), pero no sabemos si el caso es igual para las demás poblaciones. Pero no es sólo el autor francés el que discrepa de los demás. Mucho más - 40 - recientemente, los datos ofrecidos por Mercedes Borrero Fernández (1998, 70-71) para las sierras de Aracena y Constantina se diferencian, a veces sustancialmente, de los ofrecidos por otros autores, como Collantes de Terán, Ponsot o Pérez-Embid, como se aprecia en el apéndice 1. No es necesario recordar que, en todos los casos, salvo el ya citado del censo de 1534, los autores afirman haber consultado las mismas fuentes, es decir, los padrones conservados en la sección XVI del Archivo Municipal de Sevilla. Por eso, hay que seguir recomendando extrema prudencia a la hora de utilizar los datos aportados por los autores, por mucha y probada cualificación que merezcan. Por otra parte, los datos relacionados en el apéndice 1, tomados de forma individual, tienen una validez muy relativa. Algunos están basados en censos o padrones más o menos fiables, otros en cifras aportadas de forma tangencial en pleitos o documentación no estadística, y otros, en fin, son simples estimaciones. Sin embargo, tomadas en su conjunto aumentan bastante su fiabilidad. No es necesario acudir a los consejos de los estadísticos (FLOUD, 1983, 207-214) para comprender que datos que por sí mismos quizá no los utilizaríamos para una investigación de demografía histórica, aumentan notablemente su valor si, al observarlos dentro de una serie, “cuadran” relativamente bien en ella. Un ejemplo de esta filosofía de trabajo son las estimaciones poblacionales realizadas por Hernando Colón o sus informantes hacia 1517, sintetizadas por Pierre Ponsot y Michel Drain (1966, 92-96); al introducirlas en las respectivas series poblacionales se ha podido comprobar que en algunos casos se correspondían bastante bien con la evolución de cada serie, pero en otros casos las discrepancias eran demasiado grandes y se ha optado por ignorar la cifra. Ciertamente, este sistema comparativo sólo funciona cuando podemos contar con una serie de cifras relativamente fiable; en el caso de poblaciones de cuya demografía no podemos decir casi nada es necesario criticar severamente la cifra propuesta por sí misma y, generalmente, se ha decidido descartarla. Aun así, como veremos rápidamente, los resultados globales son coherentes entre sí, lo que nos indica que los datos en sí mismos no deben estar excesivamente lejos de la realidad y, por otro lado, que los errores se distribuyen de forma aleatoria. No vamos a entrar aquí en la exposición de las diferentes fuentes documentales que han utilizado los investigadores para establecer las cifras que hemos utilizado. Nos limitaremos a remitir a cada uno de los trabajos. En los pocos casos en que se hace referencia directamente a una fuente documental, generalmente se trata de datos que aparecen de forma tangencial en documentos de aplicación del derecho. Todos ellos han sido ya publicados, con la excepción de los datos de Beas de Segura del siglo XVI, extraídos del Archivo de la Real Chancillería de Granada (A.Ch. Granada, 303-366-2). Conviene, eso sí, hacer algunas precisiones sobre los cálculos y formas de elaboración de los datos. En principio, se ha trabajado siempre sobre el concepto de “vecino”, sin entrar en consideraciones sobre los habitantes totales. Existen varias razones que han impulsado a ello. La más importante es que la mayor parte de las fuentes, tanto primarias como secundarias, utilizan este concepto, desde su dimensión fiscal, militar o simplemente estimativa. Por otra parte, uno de los objetivos principales de este trabajo es tratar de mostrar las variaciones que la unidad familiar presenta en las diferentes coordenadas espacio-temporales que podemos definir, y sería, pues, absurdo pretender utilizar un coeficiente de conversión a priori. Además, esta práctica ha venido siendo utilizada de forma muy generalizada por los investigadores. Es necesario precisar, también, que se ha procurado homogeneizar al máximo las cifras en cuanto a la presencia en ellas de todos los grupos sociales, o solamente los - 41 - obligados a aparecer en los diferentes recuentos. Parece claro, en este sentido, que en los recuentos generales aparecen los pecheros y, casi siempre, de una u otra forma, los hidalgos, los francos y los pobres; sin embargo, la presencia de clérigos y de las minorías étnico- religiosas es muy rara. Volveremos más adelante sobre ello. El segundo aspecto a tener en cuenta es que se ha puesto el acento no tanto en averiguar las cifras concretas de población de las diferentes localidades, sino más bien tratar de acercarnos a su evolución demográfica, es decir, sus índices de crecimiento. Naturalmente, para ello es necesario que existan al menos dos cifras de población aceptables separadas por un tiempo relativamente largo. Se ha considerado que un lapso de diez años, aproximadamente, es el mínimo necesario para poder medir el crecimiento de una población determinada. Por eso se han agrupado los datos en torno a los años terminados en cero, de forma que, por ejemplo, bajo el epígrafe “1440” se agrupan los datos de 1435-1445 aproximadamente; por lo general, cuando han aparecido varias cifras dentro de la misma década, se ha optado por la ofrecida por el autor más fiable, o bien la más cercana al año de referencia, es decir, el terminado en cero, aunque se han comprobado siempre la no existencia de variaciones demasiado grandes. La fórmula de la tasa de crecimiento porcentual anual es suficientemente conocida, aunque quizá convenga recordarla ahora: r = {antilog [(log Xb - log Xa) / n] - 1}100 donde r es la tasa de crecimiento porcentual anual, Xa y Xb son, respectivamente, las cifras del primer y segundo año a considerar, y n es el número de años entre uno y otro. Esta fórmula se ha aplicado a cada localidad en que ha sido posible, y después se han obtenido las medias correspondientes para hallar las tasas regionales o comarcales. Es importante caer en la cuenta de que algunas diferencias de cifras pueden deberse a un cálculo incorrecto de la tasa de crecimiento. En efecto, puede pensarse que esta tasa podría establecerse simplemente restando la cifra final de la cifra inicial, y dividiendo el resultado por el número de años; sin embargo, de esta forma surgen dos inconvenientes principales. En primer lugar, las comparaciones entre poblaciones de magnitudes poblacionales muy distintas se hace imposible, puesto que no es lo mismo un crecimiento de 100 vecinos en cincuenta años para un pueblo de 50 vecinos que para una ciudad de 5.000. Hay que tener siempre en cuenta que la tasa de crecimiento no refleja directamente el número de vecinos que un lugar gana o pierde, sino el “esfuerzo demográfico” que este lugar realiza en proporción a su volumen de población. En segundo lugar, nos vemos muy mediatizados por la posibilidad de que los datos de una localidad y de otra sean de naturaleza diferente: que varíe el concepto de vecindad, que en una localidad acostumbren a contabilizarse los hidalgos y en otra no, etc. La fórmula arriba expuesta permite obviar estos inconvenientes, favoreciendo la comparación entre los datos (FLOUD, 1983, 114). 2.- Primeras apreciaciones globales - 42 - Se ha venido considerando desde hace bastantes años que en esta época se produce un crecimiento demográfico generalizado, continuado y sobre todo muy temprano, (IRADIEL, MORETA, SARASA, 1989, 473; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1992 b, 246; LADERO QUESADA, 1992, 220-221) que contrasta con el estancamiento relativo observado en Europa (LADERO QUESADA, 1969, 493; HELLEINER, 1967, 20). Sin embargo, algunos datos han hecho matizar esta impresión, especialmente en el periodo central del siglo XV, de forma que desde aproximadamente 1480 hasta 1530 el crecimiento parece atenuarse (BORRERO FERNÁNDEZ, 1989, 173). En cualquier caso, casi siempre estas conclusiones derivan de apreciaciones indirectas, extrapolando los datos de las zonas mejor conocidas, sobre todo de la tierra de Sevilla, a áreas más amplias e incluso a toda Andalucía, apoyándose en datos indirectos más o menos claros (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 87-88). El único autor que se ha atrevido a sugerir cifras globales de crecimiento, aun con todas las precauciones, es Antonio Collantes de Terán, que ha calculado un crecimiento global del periodo 1480-1530 del 50 % (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1982, 29). Esto significa aproximadamente una tasa anual de 1, algo superior a la que resulta de nuestros cálculos5, como se puede ver en el siguiente cuadro: 1400-1450 1450-1490 1490-1530 REINO CÓRDOBA 0,54 REINO JAÉN -2,37 0,32 1,07 REINO SEVILLA 0,19 0,71 1,07 MEDIA -1,09 0,51 0,89 Cuadro 1: Tasa de crecimiento por reinos Por su parte, Ladero Quesada, siguiendo a Ponsot, señala una tasa de crecimiento para el Reino de Sevilla de 0,80 en 1433-1495 y de 0,54 en 1495-1530, muy diferente a la obtenida por nosotros. Sin embargo, como hemos visto más arriba, los datos del demógrafo francés no siempre resisten una crítica minuciosa, por lo que en este caso parece preferible continuar aceptando los datos de Antonio Collantes de Terán. Según él, y teniendo en cuenta que la población del censo de 1534 asciende a 142.775 pecheros, redondeados en 150.000 vecinos, la población andaluza de 1480-1490 debería rondar los 95.000-100.000 vecinos (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1982, 29-30), lo que coincide con nuestros cálculos. 5 Los criterios para establecer el grado de crecimiento de una población son necesariamente arbitrarios. Siguiendo a Ponsot (1980, 146), consideraremos que una tasa inferior a 0,4 es prácticamente un estancamiento, mientras que una tasa superior a 2 indica un fuerte crecimiento; la misma lógica se puede aplicar a los crecimientos negativos 1400 1450 1490 1530 REINO CÓRDOBA 10.604 19.324 26.882 33.355 REINO JAÉN 63.683 19.212 21.820 33.414 REINO SEVILLA 34.069 37.431 49.674 76.006 TOTAL 108.357 75.967 98.376 142.775 Cuadro 2: Evolución demográfica de Andalucía (hipótesis previa) El gráfico 1 es la plasmación gráfica de estos datos. Estos datos, no obstante, deben matizarse cuidadosamente. La forma de calcular ha consistido simplemente en despejar Xa de la fórmula de la tasa de crecimiento expresada más arriba. En concreto, la fórmula resultante es la siguiente: 0 10.000 20.000 30.000 40.000 50.000 60.000 70.000 80.000 1400 1450 1490 1530 ve ci no s REINO CÓRDOBA REINO JAÉN REINO SEVILLA Xa = antilog [ log Xb - ( { log [ (r / 100) + 1 ] } n ) ] donde, recordemos, Xa es la cifra inicial de vecinos, Xb es la cifra final, r es la tasa de crecimiento de cada periodo, y n el número de años. - 43 - En todos los casos se ha partido, como cifra final, de la del periodo anterior. Es decir, que para calcular la cifra de población estimada de 1450 se ha utilizado la cifra de 1490 con la tasa de crecimiento del periodo 1450-1490, aplicando la fórmula anterior. Este sistema presenta el inconveniente de no permitir calcular las cifras del Reino de Córdoba para 1400 y 1450, al no poder obtener tasas de crecimiento globales para este periodo. Pero existe otra forma de calcular las cifras de población, que consiste en utilizar siempre como cifra final la de 1530, que proviene de una fuente, en general, mucho más fiable, como es un censo general, aun asumiendo todos los posibles errores, las ocultaciones, etc. (DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 338-339), realizando el mismo cálculo, pero con las tasas de los períodos 1400-1530 y 1450- 1530, que sí existen para Córdoba. Las cifras obtenidas con un método u otro son diferentes, porque se basan en las tasas de crecimiento de poblaciones diferentes, pero este sistema permite obtener cifras relativamente fiables para el Reino de Córdoba. Así pues, todas las cifras cordobesas se han calculado siguiendo este segundo sistema, distinto al de los otros dos reinos andaluces6 Además de esta peculiaridad, la comparación entre una serie y otra resulta bastante interesante. Utilizando este segundo sistema, las cifras de vecinos obtenidas son las siguientes: 1400 1450 REINO JAÉN 8.165 22.500 REINO SEVILLA 36.781 45.114 Cuadro 3: Vecindario de los reinos de Sevilla y Jaén (hipótesis 2) La diferencia más llamativa es la que corresponde al Reino de Jaén a principios del siglo. No entraremos ahora en el análisis detallado de esta cuestión, que se tratará más adelante, pero sí podemos, de momento, indicar que, en principio, estas cifras resultan mucho más fiables que las que se señalaban en el Gráfico 1 y el cuadro 2. 0 10.000 20.000 30.000 40.000 50.000 60.000 70.000 80.000 1400 1450 1490 1530 ve ci no s SERIE 2 SERIE 1 Menos espectaculares son las diferencias correspondientes a Sevilla. En efecto, según nuestras primeras cifras, que llamaremos “Serie 1”, el crecimiento de Córdoba y Jaén se mantuvo más o menos estable durante todo el periodo, pero en Sevilla la mejora de las tasas de crecimiento se produjo ya a partir de mediados de siglo. Sin embargo, las cifras que acabamos de obtener, que llamaremos “Serie 2”, indican que a partri de 1490 se experimentó una fuerte subida en las tasas de crecimiento, si bien estas tasas ya venían elevándose progresivamente durante todo el periodo; el gráfico 2 puede ayudar a apreciar mejor estas 6 Obviamente, las cifras de 1530 y 1490 son idénticas utilizando uno u otro sistema - 44 - - 45 - diferencias. La serie 1 y sus implicaciones, es decir, la relativamente escasa influencia en la evolución demográfica, al menos en los recuentos vecinales, de los acontecimientos del final del siglo XV, ya había sido defendida en términos bastante tajantes por Pierre Ponsot (1980, 149), pero existe algún indicio que nos impulsa a utilizar la serie 2. Se trata de un interesante documento fiscal, el pedido de 1455, estudiado por Javier Aguado, y que establece las proporciones demográfico-fiscales entre los tres reinos, o mejor, las tres circunscripciones eclesiásticas, incluyendo el obispado de Cádiz en el arzobispado de Sevilla (AGUADO GONZÁLEZ, 1986, 480). La comparación entre las proporciones fiscales de esta fuente y las proporciones demográficas obtenidas por nuestros cálculos son las siguientes: Sevilla (%) Córdoba (%) Jaén (%) Pedido 1455 56,13 21,93 21,93 Serie 1 (1450) 49,27 25,43 25,44 Serie 2 (1450) 51,89 22,23 25,88 Cuadro 4: Comparación porcentual de los vecindarios de cada reino con el “pedido” de 1455 Naturalmente, el pedido de 1455 puede relacionarse con la cantidad de población de cada reino, pero no es un documento demográfico. De hecho, parece que el pedido de 1455 sobrevalora el Reino de Sevilla y subvalora sistemáticamente el de Jaén, mientras que Córdoba parece situarse en una posición más equilibrada. En cualquier caso, la serie 2 se presenta algo más ajustada a las apreciaciones fiscales que la serie 1, especialmente en el Reino de Córdoba. Desde luego, no se trata más que de un indicio, pero, a falta de otro punto de comparación parece preferible utilizar la serie 2 antes que la serie 1. Por otro lado, en la segunda parte de este trabajo se confirmará que, en realidad, es en el último cuarto del siglo XV, y hasta bien entrado el XVI, cuando los mecanismos demográficos internos experimentan los cambios más sustanciales. Así pues, y con la excepción ya indicada de la cifra de Jaén para el año 1400, podemos establecer, a modo de hipótesis de trabajo, unos márgenes razonablemente aceptables de vecindario andaluz durante el siglo XV y el primer tercio del XVI. Para los reinos de Córdoba y Jaén parece que las cifras son bastante coincidentes. En ambos casos, parece que el crecimiento es bastante regular, aunque muy por debajo de las tasas sevillanas. En este caso, el crecimiento se hace progresivamente más rápido. Esa aceleración del crecimiento demográfico se dispara definitivamente a partir de 1490, coincidiendo con importantes acontecimientos históricos. Aun así, no debe olvidarse que, antes de esos años, la idea generalizada sobre el aumento demográfico a que se ha aludido al principio de este apartado debe revisarse al menos en parte. Esta es la razón de que, como afirma Miguel Ángel Ladero, a finales del siglo XV “Andalucía era un país despoblado” (LADERO QUESADA, 1989, 442). En efecto, la tasa de crecimiento global para todo el periodo sugiere un crecimiento, pero no demasiado fuerte, equivalente a multiplicar por 2,4 la población de la Andalucía Bética en 130 años. Quizá esta - 46 - tasa haya que suponerla incluso algo elevada, puesto que la correspondiente a Jaén, que resulta ser casi el doble de las tasas de Sevilla y Córdoba -las cuales, por otra parte, resultan casi coincidentes- debemos tomarla con mucha precaución. De forma estimativa, quizá podríamos considerar aceptable una tasa global de 0,8-0,9, de modo que la población del Valle del Guadalquivir aproximadamente se duplicaría desde 1400 hasta 1530; en todo caso, nada parecido a una “explosión demográfica”. Pero, una vez establecidas estas hipótesis de trabajo, es necesario pasar a un examen más detenido de los datos y los resultados en cada Reino y cada zona. 3.- Evolución por reinos 3.1.- El Reino de Sevilla El antiguo reino de Sevilla abarcaba, a grandes rasgos, las actuales provincias de Sevilla, Huelva y Cádiz. El principal añadido consistía en la plaza de Antequera, hoy adentrada en la provincia de Málaga, y que desde su conquista en 1410 fue incluida en la jurisdicción hispalense, junto con algunas pequeñas poblaciones cercanas. También debe señalarse el enclave de Fregenal, hoy en la provincia de Badajoz, que incluía no sólo el actual Fregenal de la Sierra, sino también las poblaciones de El Bodonal y La Marotera. En contrapartida, la mayor parte de las sierras orientales de la actual provincia de Cádiz permanecieron en poder musulmán hasta bien entrado el siglo; no obstante, se han ido incorporando los datos de estas poblaciones serranas a medida que se iban conquistando. Para su estudio, se ha dividido tan extenso reino en tres zonas diferentes: la jurisdicción directa de Sevilla -la “tierra”-, el área controlada por el concejo de Jerez más los señoríos litorales de la actual provincia de Cádiz -zona que hemos denominado “Cádiz”-, y por fin el Campo de Andévalo y los señoríos litorales onubenses, zona que hemos denominado “Huelva”. Sin embargo, la “tierra” de Sevilla ha sido a su vez tradicionalmente dividida en cinco zonas: la Sierra de Aracena o de Aroche, la Sierra de Constantina, el Aljarafe, la Ribera y la Campiña. Aquí se ha respetado esta división clásica de la “tierra” sevillana, con la licencia de unir el Aljarafe y la Ribera en una única zona, tal como se ha venido haciendo en los estudios comarcales de Mercedes Borrero, la principal investigadora del pasado medieval de esta zona, que llamaremos “Aljarafe” por abreviar. En cuanto a la zona “Huelva”, su unidad interna tanto geográfica como histórica -se compone de llanuras bajas y marismas, señorializadas prácticamente en su totalidad en el siglo XV- parece evidente. Algo más compleja es la zona “Cádiz”. En efecto, las tierras interiores de esta zona están claramente dominadas por el concejo de Jerez, pero en el litoral encontramos un rosario de señoríos muy similar al onubense. Se ha optado por primar el criterio geográfico antes que el histórico- jurisdiccional, porque en otro caso hubiera sido necesario aislar la ciudad de Cádiz, un punto de realengo, por otra parte muy relacionado con Jerez, en medio de un litoral señorializado, y se hubieran vinculado poblaciones como El Puerto de Santa María o Medina Sidonia a otras tan lejanas como Ayamonte o Gibraleón, ignorando la cercanía e indudable influencia jerezana. Se ha separado, no obstante, la zona fronteriza, que hemos denominado “Sierra Subbética”, atendiendo tanto a su especial geografía como a sus características históricas. - 47 - Como tendremos ocasión de comprobar, la Frontera muestra un comportamiento demográfico muy especial respecto a las demás zonas. No obstante, es necesario ser siempre consciente de que la linea divisoria entre “Cádiz” y la Frontera es muy difusa, y, de hecho, se ha destacado el carácter fronterizo -y no sólo en la Edad Media- de toda la población de la actual provincia de Cádiz (SUÁREZ JAPÓN, 1991, 27). Por último, no se ha incluido en ninguna zona la ciudad de Sevilla, igualmente por su peculiar comportamiento demográfico y sus características específicas. Las tasas de crecimiento de cada una de estas zonas se encuentran aquí resumidas: 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 ALJARAFE 1,09 -0,72 0,71 0,35 0,90 0,83 CAMPIÑA 0,46 1,14 1,67 1,17 0,43 1,46 S. SUBBÉTICA -1,41 -1,24 1,32 1,77 0,62 0,09 S. ARACENA 0,78 -0,24 0,31 0,38 1,76 1,24 CÁDIZ 0,03 0,64 0,05 0,30 -0,26 0,26 S. CONSTANTINA 1,35 1,61 0,95 0,51 1,15 0,90 HUELVA 3,54 0,49 0,60 0,00 0,52 TOTAL 0,30 0,68 0,75 0,70 0,65 0,72 Cuadro 5: Tasas de crecimiento en el Reino de Sevilla Estos datos merecen algunos comentarios. Si tomamos las tasas para todo el periodo, observamos que el crecimiento no es tan espectacular como podría esperarse, apenas 0,7 % anual. Las únicas zonas que sobrepasan el 1 % de crecimiento anual son la Sierra de Aracena -junto con la de Constantina, que se acerca a esta tasa de crecimiento- y la Campiña; tampoco se registran crecimientos negativos, sino sólo estancamientos en Cádiz y la Sierra Subbética, es decir, la Frontera. Al analizar los resultados por subdivisiones temporales podemos obtener algunos matices. Así, durante el siglo XV, hasta la conquista de Granada, el crecimiento es mucho más lento, rozando el estancamiento. En Huelva la población se estanca, según los datos de que disponemos, y en la zona gaditana se aprecia incluso una leve disminución de la población. Por otra parte, las sierras sevillanas presentan un notable crecimiento. Aunque tendremos ocasión de estudiar más despacio las circunstancias en cada zona, ya se puede adelantar que en esta evolución demográfica, aparentemente contradictoria, se está reflejando la influencia de elementos extra-demográficos, como las señorializaciones, la guerra de frontera y los mecanismos repobladores puestos en marcha por las diferentes instancias de poder. Tras la eliminación de las amenazas fronterizas, el crecimiento ya es casi unánime en todas las zonas, especialmente al oriente del Reino; sin embargo, llaman la atención las tasas más débiles de Cádiz, que podrían relacionarse con la señorialización de la zona, aunque las tasas de Huelva, igualmente señorializada, son algo más elevadas. El periodo central del siglo XV destaca por la divergencia entre las diferentes zonas. Las sierras Subbética y de Aracena muestran unos fuertes crecimientos negativos, tanto como lo muestra positivo la Sierra de Constantina; el Aljarafe presenta una suave tasa negativa, pero la vecina Campiña aumenta su población a un ritmo de casi 1,2 % anual. En cuanto a la tasa de Huelva, como veremos enseguida, se basa en una única población, Valverde del Camino, y está reflejando los resultados de la repoblación de esta villa; sin embargo, se ha decidido mantenerla porque esta repoblación no es más que una de las muchas que los señores de la zona estaban impulsando (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977, 285), aunque sólo dispongamos de datos concretos sobre ésta. Aun así, desde luego, la tasa real de crecimiento de la zona onubense debe ser menor, aunque tampoco demasiado. En cualquier caso, lo que sí parece entreverse tras estas cifras son importantes trasvases de población. E incluso podríamos atrevernos a sugerir algunos de ellos: desde la Frontera, castigada por los ataques musulmanes que aprovechan el revuelto reinado de Enrique IV, hacia la Campiña o la Sierra de Constantina; desde la superpoblada -teniendo en cuenta sus recursos económicos- Sierra de Aracena también hacia la de Constantina y, sobre todo, a Huelva, donde los señores están desarrollando una eficaz política repobladora que incluso parece atraer a pobladores del Aljarafe. Pero todo esto no son más que hipótesis, y se hace necesario una observación más detallada de los datos que nos permita movernos en terreno más seguro. -1,50 -1,00 -0,50 0,00 0,50 1,00 1,50 2,00 2,50 3,00 3,50 4,00 1400-1450 1450-1490 1490-1530 ta sa s Aljarafe Campiña Sevilla S. Subbética S. Aracena Cádiz S. Constantina Huelva 3.1.1.- ALJARAFE Y RIBERA Esta zona cuenta con un excelente estudio comarcal (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983) y, en general, es una de las zonas más investigadas por los medievalistas, debido a la relativa abundancia de datos, no sólo demográficos, sino económicos y sociales. - 48 - - 49 - Si observamos las tasas de crecimiento de las localidades aljarafeñas, recogidas en el apéndice 2, algunas cifras llamarán nuestra atención. Para todo el período 1400-1530, el crecimiento de la zona se puede considerar moderado, algo superior al crecimiento medio del Reino. Esta tasa no está especialmente influida por el crecimiento de alguna localidad concreta, sino que, en general, todas las poblaciones muestran un crecimiento similar, es decir, suave pero claro. Las tasas negativas, escasas, no son de mucha entidad. Cabe mencionar a Tejada, antigua cabeza de distrito en época musulmana y que en el siglo XVI se había casi despoblado. Su caso ha sido objeto de la atención de los investigadores en diversas ocasiones. Ahora sólo conviene intentar fijar la cronología de su despoblamiento. Sabemos que hacia 1405 tenía unos 20 vecinos (FLORES VARELA, 1992, 66) y que en 1435 todavía tenía necesidad de un escribano público (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, docs. 35 y 41). Pero en 1455 el concejo se queja de despoblación, y en 1472 sus tierras están siendo invadidas casi impunemente por los vecinos de los lugares comarcanos (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, docs. 924 y 1662). En 1501 ya estaba prácticamente despoblada (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 153). Sin embargo, esta despoblación no parece ser, en realidad, más que un trasvase de los vecinos hacia Escacena y Paterna, lo que Mercedes Borrero ha llamado “un proceso de transformación del hábitat, provocado en última instancia por el cambio de estructuras económicas” y también por la insalubridad del asentamiento (BORRERO FERNÁNDEZ, 1986, 185); en este sentido es significativa la investigación que en 1501 emprende el concejo de Sevilla sobre los vecinos de Tejada que estaban empadronados en Escacena y Paterna (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977, doc. 952). Sin embargo, el crecimiento de Escacena sólo resulta realmente llamativo durante la primera mitad del siglo XV, cuando en apenas 30 años ha conseguido triplicar sobradamente su población. Un crecimiento tan espectacular no puede atribuirse exclusivamente a la inmigración de los vecinos de Tejada, especialmente cuando hemos observado que el despoblamiento de esta última localidad no empieza aparentemente hasta mediados de siglo, sino más bien a otro tipo de factores, desconocidos en el estado actual de nuestros conocimientos. Otro ejemplo significativo es Benacazón. Su crecimiento se mantiene muy fuerte desde principios del siglo XV hasta 1510, pasando de 8 vecinos en 1406 a 64 en 1511, es decir, una tasa de crecimiento de casi 2,1 % anual durante más de un siglo. La tasa aumenta durante el periodo 1510-1534 hasta el 2,46 % anual. Aquí de nuevo se puede entrever un trasvase poblacional, en este caso de pobladores de Gelo, que en 1476 tributan en los repartimientos para la Santa Hermandad de forma independiente, pero que ya en 1477 tributan junto con los de Benacazón (HERRERA GARCÍA, 1980 a, 348); podemos suponer que se trata del fin de una población que desde principios de siglo había ido perdiendo importancia y pobladores en favor de otras poblaciones cercanas (MONTES ROMERO-CAMACHO, 1989, 361). Naturalmente, cabe suponer que esta impresión de fuerte crecimiento demográfico en Benacazón puede ocultar crisis más o menos fuertes, pero siempre coyunturales. Quizá el vecino que emigró desde Benacazón a Sevilla en 1409 (AMS, Pap. May., 1411, nº132-173) nos proporcione una pista al respecto, aunque el dato está demasiado aislado para poder lanzar ninguna hipótesis al respecto. - 50 - A partir de algunos indicios como éste, se ha podido aventurar un cierto estancamiento demográfico durante la primera mitad del siglo XV (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187- 188). Sin embargo, la propia Mercedes Borrero ha rectificado esta impresión, llevando el descenso del ritmo ascensional -que, en todo caso, no se detiene- hasta los años de 1480-1530 (BORRERO FERNÁNDEZ, 1989, 176). Pero nuestros datos indican que la primera mitad del siglo XV no sólo no es una época de estancamiento demográfico en el Aljarafe-Ribera, sino que parece ser una de las épocas de mayor dinamismo demográfico en esta zona. La tasa de crecimiento llega al 1 % anual, confirmada además por la tasa de todo el siglo XV, que se eleva al 0,87 % anual. Naturalmente, existen poblaciones que se mantienen estancadas o levemente en descenso, e incluso encontramos alguna despoblación clara. La mitación de Bollullos es el caso más patente, con un descenso de casi 2,5 % anual. Además, este descenso demográfico parece continuarse durante todo el periodo estudiado, aunque mucho más atenuado. Los datos aportados por Antonio Herrera García (1980 b, 160) permiten establecer algunas conjeturas sobre la razón de este comportamiento demográfico tan distinto de las poblaciones de su entorno. Se ha señalado la concentración de la población en la cabeza de la mitación (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 181), que pasa de tener poco más del 28 % de la población total en 1438, a más del 40 % en 1483; pero precisamente esa concentración sólo se puede constatar en las fechas en las que se registra un leve aumento demográfico en el conjunto de la mitación. No obstante, resulta significativo que el porcentaje de pobres aumenta del 40,6 % en 1438 al 55,8 % en 1483. De esta forma, la concentración demográfica, que parece tener un efecto beneficioso, se combina con un empobrecimiento de la población, que será probablemente el responsable de su emigración, seguramente hacia lugares comarcanos o hacia Sevilla (vid. SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, doc. 1082). Conocemos otros ejemplos de dificultades demográficas, no fácilmente cuantificables. La emigración a lugares cercanos, buscando mejores condiciones económicas, supuso un serio descenso demográfico en Manzanilla hacia 1410 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 53). También se conocen casos de emigración debida a las presiones excesivas de las autoridades, como el de Albaida del Aljarafe hacia 1440 (HERRERA GARCÍA, 1992, 51); esta misma población sufrió otro bache demográfico hacia 1530, esta vez, al parecer, debido a epidemias y carestías (HERRERA GARCÍA, 1992, 87). Otro tipo de presión extraeconómica afectó a Burguillos a principios del siglo XV; en este caso se trataba de los daños producidos por el aposentamiento allí de las tropas del infante don Fernando, que se preparaban para el asedio de Antequera (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 350, 394). Todavía en 1437 el concejo de Burguillos se quejaba de despoblación por motivos fiscales (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, doc. 1079). Incluso existen algunos casos de despoblación de aldeas en favor de núcleos cercanos. Mercedes Borrero ha analizado algunos de estos despoblados, como Gatos, Benafique, Chillas, Purchena, etc. (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 175-183). Pero los casos de crecimiento son, desde luego, mucho más frecuentes. El más llamativo, además del ya citado de Escacena, es el de Castilleja de Talara, que pasa de 10 vecinos en 1410 a 45 en 1441. La razón de este crecimiento está, sin duda, en su señorialización y, sobre todo, en el hecho de estar dividida entre dos señores que compiten entre sí por obtener el mayor número posible de pobladores (HERRERA GARCÍA, 1978, 70- 72). Parece probable que, una vez unificado todo el señorío en manos de una sola familia, la del oligarca sevillano Fernando Ortiz, el aumento demográfico se detenga. Incluso resulta significativo que durante el siglo XVI la población descienda de forma espectacular, descenso que venía desde tiempo atrás, ya que los 45 vecinos de 1445 se habían convertido en 1517, según Hernando Colón, en aproximadamente 30 vecinos. Muy distinta es la situación vivida en la segunda mitad del siglo XV, tomada en su conjunto. Aparece aquí una tasa de crecimiento de -0,86 % anual, con muchas poblaciones que registran un fuerte descenso demográfico: Burguillos, Pilas y, sobre todo, La Rinconada y Castilleja de la Cuesta. Este último caso parece casi simétrico del de Castilleja de Talara, que acabamos de analizar, puesto que el fuerte descenso de 1450-1490 se ve casi compensado por el aumento del periodo inmediatamente posterior, llegando al final a un crecimiento continuado. Parece que el crecimiento de Castilleja de la Cuesta en el siglo XVI se debió a un fuerte esfuerzo repoblador de la Orden de Santiago, dueña de la mitad de la villa, que en 1495 había otorgado franquezas a todos sus vasallos, y en 1513 de nuevo impulsó la repoblación (LADERO QUESADA, 1975, 336-337). En este sentido, es destacable que en este período esta zona ostente el primer puesto dentro de las que enviaban emigrantes a Sevilla (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 144). Desgraciadamente, faltan estudios locales sobre otras localidades que nos acerquen a las posibles causas de esta despoblación. Quizá algunas de estas despoblaciones tengan en su base la transformación de las bases económicas desde la ganadería a la agricultura, cuya presión sobre aquella durante el siglo XV fue especialmente fuerte en esta zona sevillana (CARMONA RUIZ, 1998, 222). No obstante, hay que tener en cuenta que, según los cálculos de M. Borrero (1983, 189-191) los años centrales del siglo XV fueron de fuerte aumento demográfico, quebrado a partir de los años de 1483-86 por razones poco claras, probablemente por una combinación de las levas derivadas de la guerra de Granada, inundaciones y epidemias. 0 100 200 300 400 500 600 700 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Aznalcázar Huévar Manzanilla Paterna La Rinconada Sanlúcar Mayor Desde 1490 los datos indican una recuperación demográfica, aunque mucho menos evidente que a principios del siglo XV. Conocemos algunos casos de despoblación, como el que afectó a Setefilla en beneficio de Lora del Río (GONZÁLEZ CARBALLO, 1987, 114). Además, se ha señalado la incidencia de la fuerte crisis de 1507, continuada en algunos lugares en 1520-21 (BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 191-193). De nuevo aquí carecemos de - 51 - - 52 - estudios locales, pero llama la atención el hecho de que existan varias poblaciones con crecimientos realmente espectaculares -ya hemos indicado los casos de Benacazón y Castilleja de la Cuesta, pero también destacan El Garrobo, la mitación de Cazalla de Almanzor o Villanueva del Ariscal- y, sin embargo, no se registren descensos de calibre similar, con la excepción ya comentada de Castilleja de Talara. Resulta significativo que la propia Burguillos obtuviera en 1493 permiso para “ahumentar el logar” construyendo nuevas casas a costa de sus propios ejidos (CARMONA RUIZ, 1995, 70-71). Naturalmente, estas diferencias están muy relacionadas con el momento preciso de recogida de los datos, dentro del contexto de crisis coyunturales al que hemos aludido. Pero, tomadas en su conjunto, estas cifras señalan claramente la pujanza demográfica de la zona, que, sin ser nunca exagerada, permite superar cómodamente las crisis más o menos puntuales que se presentaron y que, lógicamente, producen bastante más documentación que una situación “normal”. En resumen, observando los datos de toda la zona, parece que el proceso más frecuente no es la inmigración desde otras zonas o incluso de otros lugares de Castilla, sino más bien continuos trasvases poblacionales de corto radio. El gráfico 4, referido sólo a algunas de las poblaciones de las que tenemos más información, refuerza esta afirmación, puesto que refleja cómo, aun dentro de la tónica general de crecimiento, éste es muy diferente para poblaciones que parten de situaciones demográficas similares: exceptuando Sanlúcar la Mayor, el resto de las poblaciones son todas de menos de 150 vecinos hacia 1400, y sin embargo en 1534 la diferencia de vecindario entre Aznalcázar y La Rinconada es de más de 300 vecinos; es decir, si presumimos un crecimiento vegetativo similar en toda la zona, algunas poblaciones absorben más número de inmigrantes que otras, independientemente de la procedencia de los mismos. Estas migraciones selectivas producen importantes efectos a escala local, pero, como se observa en las tasas globales, no tanto en el ámbito comarcal. Entonces, ¿a qué se debe el crecimiento general que se constata? Parece lógico pensar que en él intervinieran inmigrantes procedentes de otras zonas, pero no parece prudente cargar sobre ellos la responsabilidad de ese crecimiento. Más bien habría que atribuir un mayor peso al factor vegetativo. Desgraciadamente, al menos hasta los años finales del siglo XV, resulta mucho más difícil acercarse al crecimiento vegetativo que el migratorio, debido a la práctica inexistencia de fuentes. Como sabemos, la población eclesiástica no solía estar comprendida en los padrones utilizados para la fijación de las cifras, los que nos obliga a citar su existencia de forma separada. Este es el caso del único convento del que tenemos noticia en esta zona, el de San Sebastián en San Juan de Aznalfarache, fundado el año 1400 con frailes de la Orden Tercera sobre terrenos que les fueron cedidos en compensación por el monasterio de Santa María de las Cuevas (MIURA ANDRADES, 1998, 223). 3.1.2.- CAMPIÑA Lo primero que llama la atención al observar en conjunto las tasas de crecimiento de las poblaciones campiñesas sevillanas es la regularidad del crecimiento. En efecto, la tasa global se muestra en permanente crecimiento, sin demasiadas diferencias entre las tasas de unas poblaciones y otras. Existen casos de crecimiento fuerte o muy fuerte, pero todos ellos - 53 - corresponden a poblaciones de nueva fundación o de repoblación al amparo de la cada vez mayor seguridad de la Frontera. Antonio Collantes de Terán ha estudiado a fondo el fenómeno, que se repite en otras zonas del Reino de Sevilla, y parece que los nuevos pobladores procedían de poblaciones cercanas; así, Campillos se fundó con ocho vecinos de Osuna, y en la población de Villamartín el principal aporte humano procedía de El Arahal (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 291, 295) y, en general, del señorío de los duques de Osuna y Arcos (AMS, secc. I, carp. 23, nº 129). El caso más claro es Villafranca de la Marisma, nacida como competencia de Los Palacios y cuya población se nutría en buena parte de ésta (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 300), pese a los intentos de coacción por parte del duque de Arcos (AMS, secc. I, carp. 24, nº 149). Pero, curiosamente, no se registran grandes descensos demográficos en las poblaciones de procedencia de estos nuevos pobladores. Más bien, al contrario, tanto Osuna como El Arahal, como otras poblaciones, parecen experimentar un fuerte crecimiento en los primeros años del siglo XVI. Incluso el estancamiento demográfico de Los Palacios puede achacarse fácilmente a epidemias que, al parecer, azotaron esta población en los primeros años del siglo (CRUZADO GONZÁLEZ, 1975, 21). Resulta interesante escuchar aquí a Andrés Bernáldez, testigo personal de la situación, que relata los efectos de la carestía de 1506: “...Despoblábanse muchos lugares: andaban los padres e madres con los hijos a cuestas e por las manos, muertos de hambre, por los caminos e de lugar en lugar, demandando por Dios, y muchas personas murieron de hambre, y eran tantos los que pedían por Dios que acaecía llegar hasta una puerta veinte o treinta personas, de donde quedaron infinitos hombres en pobreza, vendido cuanto tenían para comer...” (BERNÁLDEZ, 1953, 728) De igual forma, la pequeña localidad de Gandul vio descender su población durante el siglo XVI, absorbida por la cercana Alcalá de Guadaira, donde llegan a empadronarse oficialmente sus vecinos (FRANCO SILVA, 1989, 10), pero en este periodo la propia Alcalá se vio afectada por un cierto descenso demográfico. Parece claro, pues, que en la Campiña sevillana el crecimiento estuvo muy fuertemente marcado por la inmigración de medio o largo radio, que empieza a dejarse sentir desde mediados del siglo XV: todavía en 1464 los freires de Calatrava insisten en que Osuna no está precisamente en su óptimo demográfico (CABRERA MUÑOZ, 1995, 59). A diferencia del Aljarafe-Ribera, los inmigrantes no proceden en última instancia de poblaciones cercanas, sino que vienen de otras zonas, incluso de otras jurisdicciones (cf. SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, doc. 1090); es decir, no se trata de una reubicación de la población, sino de una auténtica inmigración. Esta situación ya ha sido señalada para el señorío de Osuna (VIÑA BRITO, 1991, 198). Naturalmente, los primeros en establecerse en las nuevas poblaciones son los habitantes más cercanos, pero su hueco en las localidades de origen se llena con creces con nuevos inmigrantes, pese a las quejas de los concejos “emisores”, sobre todo cuando esta migración implica cambio jurisdiccional, como la población de Mairena del Alcor a costa del concejo de Alcalá de Guadaira (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977, doc. 598). El resultado, en conjunto, es un fuerte crecimiento demográfico en toda la zona, como se puede apreciar en el gráfico 5. Sin embargo, Mercedes Borrero (1995, 122-123) manifiesta sus dudas sobre esta inmigración, inclinándose más por una reubicación de la población. No nos parecen definitivos los argumentos expuestos por esta autora, y quizá sea interesante detenernos algo en su análisis, apoyado en las cifras aportadas por Ana Viña (1991, 192-193) y por algunas cartas de vecindad reflejadas en las Actas Municipales de Morón y de Osuna. En primer lugar, en relación con esas cartas de avecindamiento, no podemos tomarlas como una fuente cuya información sea fácilmente extrapolable. Como hemos visto, las Actas Municipales de Sevilla reflejan un inusitado número de cartas de vecindad en 1411-1412, sin que eso signifique que el flujo migratorio de la ciudad se detenga justo en 1413: simplemente, por alguna razón, las Actas Municipales no lo reflejan. Creo que el hecho de que esas cartas, en el caso de Morón, se concentren en 1505-1506 indica precisamente una situación similar, y por eso debe tratarse esa información con mayor cautela. La Dra. Borrero hace referencia también al progresivo endurecimiento de las condiciones de avecindamiento en Osuna, que considera inhibirían la llegada de pobladores; en realidad creemos que son un reflejo de una situación demográfica más que boyante, lo que se confirma con las cifras. La cita de casas despobladas en las Actas Municipales pueden deberse a alguna situación coyuntural y, en todo caso, la información aparece un tanto aislada. 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Alcalá Guadaira Cabezas S. Juan Lebrija Morón Por otro lado, las cifras que nosotros manejamos, coincidentes con las de la Dra. Viña pero completadas con otras fuentes, reflejan un inequívoco aumento demográfico en toda la zona. Como hemos visto en el caso del Aljarafe, cuando se produce una auténtica reubicación poblacional el ritmo general de crecimiento es mucho más discreto y, en general, se tiende al estancamiento, pero no a un aumento tan decidido como en esta zona encontramos. Creemos que el posible error puede originarse en una concepción no demasiado amplia de los movimientos demográficos. En efecto, los huecos dejados en las localidades emisoras de pobladores “fronterizos” probablemente sean ocupados por vecinos de localidades situadas más al interior, o incluso de las grandes ciudades del Valle del Guadalquivir; a su vez, quizá estas localidades se nutran de inmigrantes de más lejana procedencia. Naturalmente, es posible que exista travase de población entre Morón, Osuna, Bornos y otras localidades cercanas a la frontera, pero, insistimos, eso no parece afectar demográficamente a las localidades emisoras, - 54 - - 55 - de forma que los pobladores deben venir de más lejos. Puede que, efectivamente, procedan de Carmona, Utrera o del Aljarafe -en este caso, ¿sería lícito hablar de migración de corto radio?- pero, en todo caso, su hueco es ocupado con creces por nuevos pobladores, demasiados como para pensar exclusivamente en el crecimiento vegetativo. Desde luego, no parece lógico pensar en grandes oleadas de pobladores provinientes de lejanos parajes dispuestos a repoblar las villas fronterizas, y menos cuando la repoblación de Granada ofrecía mejores posibilidades. Pero sí es plausible, y está comprobada, la imagen de inmigrantes gallegos o burgaleses establecidos en Sevilla o Córdoba. De hecho, los datos que tenemos sobre la repoblación granadina apuntan precisamente a que serán los andaluces, y en buena parte los habitantes de la “ex-frontera”, los protagonistas de esta nueva empresa repobladora. De esta forma, la presencia en Osuna o Morón de antiguos vecinos de Carmona o Utrera no obsta para que, tomada la región en su conjunto, resulte, a mi entender, indiscutible un auténtico y notable aumento demográfico, y no sólo una reubicación de la población. En todo caso, de momento no es posible establecer el papel que el crecimiento vegetativo ha jugado en esta evolución. Sólo se han estudiado los datos de los libros de bautismo de Carmona, que permiten entrever el efecto de la crisis de 1507, que en casi todas las parroquias en que se conservan datos viene a romper una tendencia de fuerte natalidad que, en algunos casos, se inicia en 1482 (MONTAÑO REQUENA, 1987, 104-108). En este sentido, resulta de especial interés la observación que el cura de Los Palacios hace respecto a que la epidemia de ese año afectó especialmente a las embarazadas, pero pareció respetar a los niños lactantes (BERNÁLDEZ, 1953, 729). En todo caso, sería deseable continuar este tipo de investigaciones en otras localidades donde se conserven libros parroquiales de finales del XV o principio del XVI, como Écija (SANZ FUENTES, 1993, 498). Algunos autores han señalado la influencia de una posible mejora en la productividad agrícola, que traería como consecuencia el surgimiento de un grupo de personas no dedicadas a la agricultura, que serían los protagonistas de este fenómeno repoblador (MACKAY, 1982, 121). Pero, en todo caso, a la vista del gráfico, llama la atención la muy clara influencia de la conquista de Granada, que posiblemente estuviese en la raiz de la ampliación de las zonas cultivadas (CARMONA RUIZ, 1998, 221). En efecto, las líneas correspondientes a Alcalá de Guadaira y Lebrija parecen indicar un crecimiento continuado desde la primera mitad del siglo XV, pero en realidad no tenemos datos de estas poblaciones desde 1430 hasta 1480 aproximadamente, como se aprecia repasando el apéndice 1. Mucho más significativo es el caso de Morón, donde se nota con claridad que los esfuerzos repobladores de la Orden de Alcántara durante la primera mitad del XV sólo sirvieron para mantener la población estable (vid. GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 d, 37, 41-42); pero después de alejado el peligro fronterizo, la población crece de forma espectacular, incluso usurpando para uso particular los terrenos concejiles (PÉREZ GALLEGO, 1992, 104). El caso de Cabezas de San Juan, aunque situado en otra escala demográfica, refleja el mismo cambio de tendencia en la misma fecha (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609), pese a los efectos de las crisis: unos terrenos propiedad del monasterio de San Clemente de Sevilla muestran un serio descenso en sus rentas desde 1521 hasta 1524 (BORRERO FERNÁNDEZ, 1991 a, 151). Otros casos, como el de Estepa (PEINADO SANTAELLA, 1980, 113), reafirman el papel determinante que la desaparición de la Frontera tuvo en la recuperación demográfica de la zona. Hay que tener en cuenta que no sólo afectaba a la demografía el peligro directo de los musulmanes. En efecto, las incursiones granadinas no producían una mortalidad relevante por sí mismas. Como ejemplo, puede señalarse que, según las Actas Capitulares de Morón, en esta villa hubo sólo tres muertes producidas directamente por los musulmanes en 1402-1403 (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, GARCÍA FERNÁNDEZ, 1992, 3-4, 7). Aunque, desde luego, los efectos económicos sobre las cosechas y los bienes eran mayores, tampoco debe despreciarse una cierta “psicosis de miedo” que parece entreverse, por ejemplo, en la petición de los vecinos de El Arahal para no tener que desplazarse hasta Morón a solucionar sus pleitos civiles (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 d, 39-40); así mismo, hay que contar con los efectos colaterales derivados de mantener fuertes guarniciones militares y estar obligados a frecuentes levas, como se aprecia en las quejas de Utrera en 1408 (AMS, Pap. May., 1407, nº 182). Durante algunos años, precisamente aquellos de los que disponemos de menos información, las banderías nobiliarias vinieron a sumarse a la situación de inseguridad, puesto que, como señala con indignación Diego de Valera “de allí adelante [desde la expulsión de Sevilla del marqués de Cádiz en 1471] se hizo tan cruel guerra entre el duque [de Medina Sidonia] y el marqués como entre moros y christianos” (VALERA, 1953, 64); el grueso de los enfrentamientos durante 1471-1473 se desarrolló precisamente en la Campiña y en la zona gaditana “de donde esta Andalucía recibió mucha pena y más por los tiempos que vinieron estériles e faltos de pan y vino” (BERNÁLDEZ, 1953, 573). Otro aspecto interesante es la concentración de la población en localidades más o menos grandes. Para ilustrar esta idea podemos indicar que, con los datos que tenemos, el tamaño medio de las poblaciones campiñesas durante los años 1400-1490 era de 564 vecinos, cifra que se eleva a 707 en 1490-1530; en estos mismos períodos, el tamaño medio de las poblaciones del Aljarafe-Ribera era de 150 y 159 vecinos respectivamente. También podemos observar cómo en 1534 sólo cinco localidades, el 25 % del total, acumulaban el 67 % de la población. Se trata, en concreto, de Carmona, Écija, Marchena, Osuna y Utrera. El gráfico 6 puede ayudar a entender esta situación, la cual, en todo caso, obliga a rastrear la presencia de habitantes que escapan, generalmente, a las fuentes, y completar así nuestra visión de la demografía campiñesa. 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 4500 1 3 5 7 9 11 13 15 17 19 21 23 25 27 29 31 33 35 37 39 ve ci no s Aljarafe Campiña Ya hemos indicado cómo hidalgos y francos suelen aparecer, de una u otra forma, en los padrones y recuentos, aunque no sea más que para confirmar su exención de repartos y tributos. Sin embargo, los musulmanes, judíos y clérigos no constan en estas fuentes y hay que - 56 - - 57 - buscarlos en otros documentos. Las minorías étnico-religiosas, sin embargo, no parecen haber jugado un importante papel en la demografía de estas localidades. La aljama mudéjar de Écija se componía de 15-20 vecinos entre 1495 y 1501 (LADERO QUESADA, 1972-173, 489). En cuanto a los judíos, prácticamente no han dejado rastros después de los sucesos de 1391. Sólo hemos podido localizar indicios seguros de la presencia en Carmona de judíos expulsados de Málaga, que fueron alojados en “colgadizos” que el concejo construyó en el Alcázar (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1981 b, doc. 493); no obstante, parece que estos judíos sólo estuvieron en Carmona de forma provisional. Conocemos también algún dato sobre los conversos, que nos permite hacernos una idea de la importancia que la comunidad judía de Carmona pudo tener a finales del siglo XIV. En 1481 numerosos conversos huyen de Carmona por el temor a que se extiendan “las grandes quemas de muchos conversos de la çibdad de Sevilla”; esto se combinó con una epidemia y produjo un fuerte descenso demográfico (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1981 b, doc. 225). Más numerosos son los datos referidos a los eclesiásticos. En primer lugar, los clérigos seculares. El Libro Blanco de la Catedral de Sevilla ha permitido establecer el número de sacerdotes encargados de las parroquias en cada una de las poblaciones en 1411. Así, en Alcalá de Guadaira había trece, más cuatro sacristanes (FRANCO SILVA, 1974, 88-89); en Carmona había veintiuno -aquí, el número máximo había sido fijado en veintiséis- (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 83-84; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1974 c, 367), y en Écija diez (FRANCO SILVA, 1993, 103). Además, existía un buen número de clérigos menores y beneficiados, de los que generalmente se ignora su número exacto. Sin embargo, en Carmona y en Écija existieron “universidades” organizadas de beneficiados y, gracias a ello, podemos saber que en 1447 la Universidad de Beneficiados de Carmona tiene 75 excusados, contando ellos y sus paniaguados, y pretende conseguir del rey de se eleve el número de excusados hasta 100; este año, además, hay un duro pleito para obligar a estos clérigos y sus beneficiados a pagar las 30 monedas del servicio de 1445 (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1974 c, 377-378). En cuanto a Écija, consta que en 1418 había 10 beneficiados, en 1428 aparecen 12 y en 1437 hay 9 (FRANCO SILVA, 1993, 103). Si en Écija se mantiene la misma proporción que en Carmona entre clérigos beneficiados y total de “eclesiásticos” seculares, podríamos suponer que hacia mediados de siglo existiría una población eclesiástica de unas 29 personas, es decir, casi el 2 % del total del vecindario7. Un cálculo similar podemos establecer para Alcalá de Guadaira a principios del siglo XV: 17 beneficiados significarían 49 vecinos “eclesiásticos”, el 12 % del vecindario. Para Carmona los cálculos son más arriesgados, puesto que la primera cifra de vecindario está fechada en 1465; sin embargo, suponiendo que en ese momento existan todavía 75 beneficiados en total, el porcentaje sería del 4,7 %. Estos porcentajes sugieren que la proporción de clérigos y asimilados es mayor en las poblaciones más pequeñas, aunque sería necesario obtener más datos para otras poblaciones de cierta importancia, como Morón, Osuna o Estepa. 7 Desde luego, hay que tener en cuenta que las cifras de los vecindarios deberían multiplicarse por el correspondiente coeficiente para hallar los habitantes, que sería la magnitud con la que podría compararse el número de eclesiásticos. Pero hay que tener en cuenta que, por una parte, las cifras de eclesiásticos aquí obtenidas son siempre un mínimo, puesto que existían numerosos clérigos extravagantes que escapaban a los cómputos, sobre todo en las poblaciones más grandes. Por otro lado, era corriente que los sacerdotes tuviesen bajo su protección a algunas personas -madres, hermanas, criadas, etc-, e igualmente en el grupo de clérigos se cuentan también sacristanes y clérigos menores que podían perfectamente tener a su cargo una familia - 58 - En cuanto a los clérigos regulares, se han censado un total de 31 conventos en la Campiña. De ellos, dos se fundaron en el siglo XIII, tres en la primera mitad del XV, nueve en 1450-1490, y los 17 restantes después de la conquista de Granada (vid.SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435). Los dos más antiguos, en Alcalá de Guadaira y Écija, se fundaron tras la conquista de estas poblaciones, pero lo más llamativo es que más de la mitad surgen tras la desaparición del peligro musulmán. Un casi significativo es Osuna, la población que en 1530 mantiene un mayor número de conventos, hasta nueve, todos ellos fundados después de 1520. Sin embargo, esta lista quizá deba ser revisada, puesto que sólo registra un convento en Alcalá de Guadaira -el mismo que indica Miura Andrades (1998, 226)-, cuando sabemos que en realidad existían cinco. De ellos, conocemos el número de monjas en tres casos: ocho en Santa Clara, nueve en Santo Domingo, y seis en Santa Catalina, en 1511-1520 (FRANCO SILVA, 1974, 88-90). Un caso similar es el de Écija, que llega a tener diez conventos en 1520, de los que sabemos la población de uno de ellos, el de Santo Domingo, que cuenta con un máximo de 27 frailes en 1500 (MIURA ANDRADES, 1991, 282; MIURA ANDRADES, 1998, 156, 172-174, 187, 226, 229, 250, 252-253, 255); a ellos hay que añadir el monasterio de San Jerónimo del Valle, fundado en 1485 con seis monjes procedentes de San Isidoro de Campo de Sevilla (GARCÍA LEÓN, 1993, 423). Por lo que respecta a Carmona, el monasterio jerónimo de Santa María de Gracia se fundó en 1427 con seis monjes, y el número parece que se mantuvo constante (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1984 a, 88), al menos hasta su paso a la orden cisterciense en 1477. Además de este monasterio, existían en Carmona los de Santa Clara, fundado en 1465 -que tenía permiso para seis excusados (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1981 b, docs. 1005 y 1015)-; el de San Sebastián, en 1467; el de la Madre de Dios, en 1515, el de la Concepción -cuyo nombre oficial era “Santa Isabel de los Ángeles”-, en 1510 (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 85-86), y el de Santa Ana, en 1504 (MIURA ANDRADES, 1998, 174). El elenco de conventos campiñeses se completaría con los tres existentes en Utrera, los tres de Marchena y los dos de Lebrija (MIURA ANDRADES, 1998, 173, 187-188, 226, 228, 254). En resumen, parece que el número de integrantes de las comunidades religiosas en esta zona no era muy grande, entre seis y nueve miembros, aunque pueden existir grandes conventos con hasta 30 miembros. El caso mejor documentado es Alcalá de Guadaira, donde conocemos la población de tres de los cinco conventos; a ellos hay que añadir el de San Francisco, probablemente con un número de frailes similar al de Santo Domingo de Écija, o quizá algo menos, unos veinte frailes. Si suponemos que el convento que falta tendría un número de integrantes similar a los demás -es decir, unas siete monjas-, obtenemos un total de unos 50 religiosos y religiosas regulares, el 5 % de la población, a los que hay que añadir el personal a su servicio. A esta población habría que añadir los grupos de beatas y emparedadas: sabemos que había unas 30 en Écija en 1483, 11 en Lebrija en 1485 y al menos cinco en Utrera a principios del siglo XVI (MIURA ANDRADES, 1991 a, 145). Pese a lo extendido del fenómeno, no parece que la trascendencia demográfica directa de estos colectivos sea muy grande, aunque volveremos a tratar de ellos más adelante, al influir en los niveles de celibato femenino, de gran influencia indirecta en determinados aspectos demográficos. En resumen, podemos concluir que la población eclesiástica total podía alcanzar aproximadamente el 5-7 % del vecindario en la mayor parte de las localidades, pero si existía un gran convento, generalmente de dominicos o franciscanos, ese porcentaje puede llegar al 10-15 % del vecindario. Todos estos datos, naturalmente, referidos al siglo XVI, que es el momento de máxima presencia de religiosos regulares. - 59 - Todavía habría que añadir los excusados concedidos a hospitales, pero el único caso que hemos encontrado son los 20 excusados con que cuenta desde 1494 el hospital de la Misericordia, de Carmona (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1981 b, doc. 839). 3.1.3.- SIERRA DE ARACENA Lo primero que llama la atención al observar las tasas de crecimiento de esta zona es su inequívoca tendencia al aumento fuerte. Las tasas de todo el período 1400-1530 son muy elevadas para casi todas las poblaciones, grandes y pequeñas. La excepción es La Marotera, una pequeña población cercana a Fregenal. Esta población es también la responsable de que la tasa global de 1450-1490 sea negativa, puesto que en esta época experimenta un fuerte descenso demográfico. Sin embargo, parece que esta despoblación no es más que un desplazamiento a Fregenal, población a la que debía estar subordinada durante al siglo XV, a pesar de que aparece en las fuentes de forma independiente (FLORES VARELA, 1992, 67). De hecho, tomando otras referencias cronológicas, se ha calculado que desde 1430 a 1480 la población global de la Sierra de Aracena casi llegó a triplicarse (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1982, 27); algunos indicadores sugieren, además, que el crecimiento demográfico estuvo acompañado de un crecimiento económico importante (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1998, 101). Quizá haya que moderar este crecimiento si tomamos un ámbito cronológico más amplio, como es 1400-1490, pero aún así no hay que olvidar algunas tasas realmente espectaculares. Por ejemplo, Hinojales crece casi un 3,5 % anual, mientras que Real de la Jara, El Cerro, Aroche y El Bodonal crecen entre 2,2 % y 2,6 % anualmente. Este crecimiento se ve sostenido en gran medida por un movimiento repoblador que, aunque no alcanza las proporciones del suscitado en el Campo de Andévalo, también es digno de reseñar: a principios de siglo se repueblan La Nava y El Cerro, que estaban despoblados en 1387 (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1976 c, 19), y se funda Hinojales (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 45). Por otro lado, el continuo nacimiento de pequeñas aldeas y poblamiento disperso, especialmente importante en estos años, también refuerza la impresión de dinamismo demográfico de esta zona de la tierra sevillana (PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 54). No obstante, sin duda todas estas poblaciones debieron pasar momentos difíciles. El período 1405-1410 debió ser especialmente complicado. En efecto, en varias poblaciones de la zona se detecta en 1405-1406 un fuerte movimiento migratorio, especialmente en las localidades más pequeñas, que llega a afectar al 28 % de la población en algunos casos, con la excepcionalidad del 72 % de emigrados en Encinasola (FLORES VARELA, 1992, 76; BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 60); en 1407 el concejo de Zalamea se queja de las usurpaciones de tierras derivadas de la despoblación sufrida “a causa de las pasadas mortandades” (AMS, Pap. May., 1407, nº 93), y al año siguiente, el concejo de Sevilla confirma las franquezas repobladoras otorgadas a Real de la Jara y Almadén para que puedan defender la Vía de la Plata (AMS, Pap. May., 1407, nº 157-158). Todavía en 1423 hubo franquezas para El Cerro, para que defienda la frontera con Portugal (AMS, Pap. May., 1423, nº 23). Se puede observar cómo la preocupación defensiva es casi la única razón por la que el concejo de Sevilla se decide a dar franquicias a localidades de esta zona en peligro de despoblación, puesto que no parece haber un interés repoblador como existe en otras zonas (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 289). Al parecer, la inseguridad era uno de - 60 - los frenos demográficos más importantes, como parece deducirse de la documentación enviada a Sevilla con motivo de las luchas internas en Fregenal en 1437 o hacia 1454 por las actividades de malhechores entre Castillo de las Guardas y Aroche (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, docs. 100 y 543; CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993, 111), o también por la corrupción de los representantes de la justicia en Aroche hacia 1459 (CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993, 93). Pero estas dificultades debieron ser sólo coyunturales. De hecho, de un total de 42 inmigrantes aceptados por el concejo de Sevilla como vecinos en 1411, sólo uno procede de esta Sierra, concretamente de Aracena (AMS, Pap. May., 1411, nº 132-173), lo que indica que las dificultades económicas en este momento no debían ser muy grandes. En todo caso, los datos numéricos de que disponemos para la primera mitad del siglo XV muestran un crecimiento suave, aunque salpicado de bruscos movimientos de población, provocados por las situaciones a las que acabamos de aludir. Hay que señalar aquí que la profesora Borrero Fernández (1998, 60-61), sobre fuentes muy similares a las nuestras, llega a la conclusión de que la población debió permanecer estancada en esta primera mitad del siglo XV, debido a la persistencia de los factores de inestabilidad que acabamos de señalar, los cuales propiciarían, en todo caso, la redistribución casi contínua de la población, así como una fuertes corriente emigratoria. En mi opinión, sin embargo, crecimiento demográfico y emigración no son incompatibles. En primer lugar, no tenemos datos sobre posibles inmigraciones que pudieran compensar las salidas de pobladores, y en segundo lugar hay que tener en cuenta el posible crecimiento vegetativo, que en poblaciones de frágil equilibrio ecológico, como en este caso, puede llegar a producir una emigración relativamente importante. De hecho, creo, e insistiré en ello más adelante, que en el crecimiento vegetativo de las zonas rurales andaluzas durante la primera mitad y los años centrales del siglo XV está en la base del crecimiento urbanos de los años subsiguientes, alimentado en gran medida de la migración campo-ciudad. Retomando ahora el hilo argumental, en la segunda mitad de siglo, a pesar de que los datos numéricos parecen indicar lo contrario, probablemente se produzca un fuerte crecimiento demográfico, quizá ayudado por una cierta pacificación tanto externa -guerras con Portugal, que no se reanudaron hasta los primeros años de los Reyes Católicos- como interna, aunque en la comarca, desde luego, se reflejaron las luchas nobiliarias del reinado de Enrique IV (CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993, 97-100). No obstante, el caso del Puente de Viar, población que un grupo de inmigrantes, probablemente extremeños, intentó fundar cerca de Castilblanco en 1471, y por segunda vez en 1477, sin que llegase a prosperar ante la presión de los concejos vecinos, nos advierte de que quizá las condiciones no eran ya tan favorables para el crecimiento demográfico (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1973, 119-123).. Igualmente, se ha apuntado la posibilidad de que los padrones de la primera mitad del siglo XV estuviesen infravalorados, quizá por falta de población flotante registrada en los años siguientes, por la existencia de exentos de facto -ya que no de iure- o por el hecho de que en algunos padrones aparecen los pobres y en otros no (PÉREZ-EMBID WAMBA, 1998, 128; BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 49). Sea como fuere, parece que este crecimiento se detiene o se ralentiza después de la conquista de Granada; tomando de nuevo las poblaciones de Hinojales, Real de la Jara, El Cerro, Aroche y El Bodonal, observamos cómo la tasa de crecimiento en 1490-1530 baja en todos los casos entre dos y dos puntos y medio respecto de la tasa de 1400-1490. Incluso Aroche y El Bodonal presentan una leve tendencia a la disminución. Una situación similar se ha señalado para Fregenal (BORRERO FERNÁNDEZ, 1978, 125). Sin embargo, el movimiento de fundación o afianzamiento de nuevas localidades parece que aumenta en el siglo XVI, y ya en 1495 la aldea de Higuera de Aracena se independiza de esta última población (MORALES MARTÍNEZ, 1976, 131), la cual ve aumentar el poblamiento disperso en su término, como ocurre también en Almonaster, según M. González Jiménez (1988, 22); idéntica situación se ha constatado para Zalamea, donde tres de sus cuatro aldeas que aparecen en el siglo XVI se habían fundado en los primeros años del mismo (DOMÍNGUEZ CORNEJO, DOMÍNGUEZ PÉREZ DE LEÓN, 1994, 168-175). En relación con este movimiento se registran durante el reinado de los Reyes Católicos la construcción o reedificación de nuevas iglesias en Almonaster, Campofrío, Cumbres Mayores o Hinojales (MORALES MARTÍNEZ, 1976, 121-132), aunque este fenómeno también puede conectarse con la estabilización política y la mejoría económica. Por otro lado, el poblamiento disperso de Aracena tampoco puede interpretarse de forma unívoca, puesto que, mientras algunas antiguas aldeas prosperan, como acabamos de señalar, y se continúan detectando nuevos pequeños asentamientos rurales, llamados “montes”, otras antiguas poblaciones desaparecen (PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 52-54). 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 14 00 14 20 14 40 14 60 14 80 15 00 15 20 ve ci no s Aracena Cumbres Mayores Fregenal Sta. Olalla Todo esto parece confirmar la superpoblación relativa que vivía la zona a finales del siglo XV (CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993, 135), que se refleja en el gráfico 7, y que produjo una corriente migratoria que ha sido apuntada en algunas ocasiones (PONSOT, 1980, 147; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1988, 222; BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 61-62). Se han comprobado, en efecto, migraciones hacia las áreas fronterizas de Portugal (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1986, 196) y se han resaltado los efectos de las levas de hombres para acudir a la guerra de Granada. Así, por ejemplo, entre 1483 y 1489 casi 1.350 hombres de Fregenal acudieron a las operaciones militares granadinas (PÉREZ REVIRIEGO, 1987, 4); se ha - 61 - - 62 - comprobado que en 1486 fueron llamados a filas casi el 45 % de los hombres de esta villa (BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 116). También se han señalado en esta época los efectos demográficos de los conflictos fronterizos con Portugal, como el que parece ser aludido por el concejo de Aroche como una de las causas de despoblación de su villa en 1477 (PÉREZ EMBID, 1975, 105; BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 116), despoblación que afectó a varias localidades (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 49). Por último, los concejos suelen quejarse de la presión fiscal como causa de despoblamiento, como ocurrió en Cumbres de San Bartolomé en la década de 1480 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 48), y también en 1493-1499, época en que se llega a afirmar la pérdida de doscientas vecindades (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 a, doc. 761-d). En todo caso, los efectos migratorios sólo han podido cuantificarse en algunas poblaciones: en Aracena a finales del siglo XV se detectan 61 emigrantes, y en Cumbres de San Bartolomé en 1486 aparecen 40 vecinos que van a vivir a Jimena (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 53, 55), lo que supone, respectivamente, en 7,5 % y el 19,3 % del vecindario total. Ante estos datos, resulta muy difícil aventurar hipótesis, ni siquiera de trabajo. Parece que existe un fuerte aumento demográfico, pero por debajo del mismo se detectan importantes desplazamientos de población motivados a veces por los desórdenes y disturbios, y otras veces por la presión fiscal. Todo ello, desde luego, indica la fragilidad del equilibrio ecológico en esta zona serrana, de economía básicamente ganadera y silvopastoril (RODRÍGUEZ MOLINA, 1984, 46; PÉREZ-EMBID WAMBA, 1988, 233). Como hemos visto, se ha venido señalando que las corrientes migratorias detectadas en los años finales del siglo XV y principios del XVI fueron la solución a la ruptura de ese equilibrio. Sin embargo, no se ha insistido suficientemente en que, a la vez que la Sierra de Aracena “emite” emigrantes, registra una de las tasas de crecimiento más elevadas de toda Andalucía. ¿De dónde proceden estos pobladores? ¿De un crecimiento vegetativo notable, como sugiere Javier Pérez-Embid Wamba (1998, 129), o de unas corrientes de inmigrantes masivas que sólo están de paso por la zona? Sólo conocemos la relativamente elevada natalidad que parece registrarse en una de las parroquias de Fregenal en 1530-1540 (CASO AMADOR, 1986, 132), pero no es posible extraer conclusiones de un dato tan aislado y tardío. Conviene no olvidar que las tasas de crecimiento no reflejan tanto el aumento del número de vecinos en términos netos, sino más bien el nivel de “esfuerzo” demográfico que realizan las poblaciones. Por lo tanto, es compatible una elevada tasa de crecimiento con un número relativamente modesto de vecinos, de forma que quizá un crecimiento vegetativo importante aunque no desmesurado, combinado con unas poblaciones no muy grandes puede ser responsable de las elevadas tasas de crecimiento. Por otra parte, no han aparecido datos que nos permitan suponer una inmigración tan fuerte como para mantener este crecimiento. Se trata, sin duda, de un tema abierto a la investigación. En cuanto a la población no registrada en las fuentes, puesto que el concejo sevillano hizo todo lo posible por reducir los francos al mínimo (BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 49), sólo cabe señalar, los tres conventos que existían en Cumbres Mayores, Escacena y Fregenal (MIURA ANDRADES, 1998, 186-187, 190, 286), así como la presencia de catorce “coronados” o excusados por el obispo de Badajoz en Fregenal, los cuales fueron objeto de frecuentes disputas entre éste y el concejo de Sevilla (BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 b, 506). 3.1.4.- SIERRA DE CONSTANTINA 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Alanís Cazalla Constantina Puebla Infantes - 63 - En la zona oriental de la Sierra sevillana el crecimiento demográfico es todavía más evidente. Prácticamente no aparecen tasas negativas y sí, en cambio, algunas tasas positivas realmente espectaculares. El caso más llamativo es, sin duda, La Puebla de los Infantes, que registra una tasa de crecimiento de casi 4,5 % anual en las primeras décadas del siglo XVI. Este crecimiento demográfico parece estar en la base de los conflictos que se produjeron durante el último cuarto del siglo XV para hacerse con el control de tierras en esta población, hecho comprobado en el caso del donadío de Castril (RODRÍGUEZ SORROCHE, 1987, 83). Esta situación parece vivirse también durante las primeras décadas del siglo, a pesar de las reiteradas quejas del concejo, como las de 1419, motivadas por una excesiva presión fiscal, o las enviadas a Sevilla en 1408 para paliar los efectos del alojamiento de las tropas del infante don Fernando (AMS, Pap. May., 1407, nº 156; 1419, nº 73 y 76). Esta última reclamación consiguió que el concejo hispalense eximiera de pechos a los habitantes de La Puebla durante dos años, y significativamente el mismo año concede franquezas por tres años a los vecinos de Villanueva del Camino, por el mismo motivo (AMS, Pap. May., 1407, nº 180). El hecho de que efectivamente Sevilla concediera las franquezas invita a pensar que, si los concejos afectados exageraban al aludir a su despoblamiento, no debieron en todo caso exagerar demasiado. Pero hay otros indicios que apoyan la teoría de una crisis demográfica en los primeros años del siglo XV. En efecto, sabemos que en mayo de 1411 dos vecinos de Constantina emigran a Sevilla, y en febrero otro de Alanís hizo lo propio (AMS, Pap. May., 1410, nº 170, 172 y 174). Este dato, por sí mismo, no tendría demasiada importancia si no supiésemos que de los 42 inmigrantes aceptados por Sevilla en 1411, hubo 5 de Constantina, 2 de Guadalcanal, 8 de Alanís, 7 de Cazalla (AMS, Pap. May., 1411, nº 132-173), es decir, que si los datos recogidos por el concejo sevillano son correctos, en este año casi el 60 % de los inmigrantes que llegan a la gran capital andaluza procedían de esta zona serrana.Estos datos coinciden con los aportados por Antonio Collantes de Terán (1984, 144), que utiliza además los padrones de la ciudad. Por otra parte, en 1406 se ha comprobado que el 37,5 % del vecindario de San Nicolás del Puerto emigró a pueblos comarcanos y a Sevilla, lo que, sumado a los muertos que registra el padrón de cuantías del año siguiente significa que en un año habían desaparecido 19 de los 32 vecinos de la villa (FLORES VARELA, 1992, 76); aun suponiendo que estos datos no se refieran a un año sino a varios -los transcurridos desde el anterior padrón de cuantías, del que no tenemos noticias-, la sangría demográfica es bastante notable. - 64 - Parece lógico pensar que se trata de una situación excepcional, desde luego, pero lo más sorprendente es que, a la vista de los datos de los apéndices 1 y 2, y del gráfico 8, esta crisis no se refleja en los datos numéricos, lo que indica una muy rápida recuperación, que ya ha sido señalada por Pierre Ponsot (1980, 146), aun extendiendo esta idea a toda la sierra. Parece que Sevilla inició una política de atracción de pobladores que cristaliza tanto en las exenciones generales a que hemos aludido como en el hecho de que el porcentaje de exentos en la sierra en estos años es bastante importante (FLORES VARELA, 1992, 77). Recientemente, Mercedes Borrero ha atribuido el crecimiento demográfico de la zona a la inmigración, sobre todo procedente de lugares de señorío, como los de la vecina Orden de Santiago (BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 59). Sin embargo, algunos de los datos que hemos recogido sugieren que quizá la migración no fue un fenómeno tan importante ni duradero como pudiera parecer. Así, en Constantina, en 1433 apenas el 8,5 de la población es inmigrante, y de ellos sólo dos vecinos proceden de la propia Sierra de Constantina, a los que cabría añadir uno más procedente de la Sierra de Aracena, concretamente de Fregenal; es cierto, no obstante, que casi la mitad de los inmigrantes proceden de fuera del Reino de Sevilla, y abundan los no andaluces (PAREJO DELGADO, 1991, 50). Esto sugiere que quizá estas migraciones tuvieron un efecto puramente coyuntural. Resulta ilustrativa, aunque el incidente se sitúa en 1472, la desobediencia del concejo de El Pedroso respecto de las veinte franquezas que Sevilla había concedido a otros tantos vecinos, alegando que era injusto que unos vecinos tuviesen franquezas y otros no (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, doc. 2.160). Así pues, de alguna forma, el importante crecimiento demográfico que se constata en estas poblaciones debe atribuirse a sus propias circunstancias. En este sentido, el crecimiento demográfico debió ser también considerable, aunque es probable que ambos tipos de crecimiento demográfico se combinasen para obtener los niveles de crecimiento que estamos constatando. En todo caso, este crecimiento se mantiene durante todo el siglo. Ya en 1435 el concejo de Constantina estaba pensando repoblar una zona despoblada en el camino a Fuente del Maestre (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, doc. 39). Parece, además, que el aumento demográfico coincide con una elevación de los niveles de renta, al menos en Constantina en los primeros años del siglo XVI (PAREJO DELGADO, 1991, 52); también en Guadalcanal por las mismas fechas parece que existían pocos problemas de pobreza, al menos según se deduce del escaso número de camas en el hospital para pobres que mantenía allí la Orden de Santiago, que no llegan apenas al 2 % del vecindario (PEINADO SANTAELLA, 1984, 396). Probablemente este hecho pueda relacionarse con un aumento de la importancia del aporte migratorio: en 1484, en Constantina los inmigrantes suponen más del 15 % del vecindario, y de ellos el 12 % procede de la propia Sierra de Constantina y el 30 % de fuera del Reino de Sevilla (PAREJO DELGADO, 1991, 50). De igual forma, en 1470 el concejo de Villanueva del Camino solicita permiso a Sevilla para que algunos inmigrantes puedan levantar casas para su morada (SANZ FUENTES, SIMÓ RODRÍGUEZ, 1993, doc. 809). Pero resulta llamativo que sea precisamente en los años finales del siglo XV y primeros del XVI cuando encontremos mayores indicios de la presencia de inmigrantes en esta zona y, a la vez, las tasas de crecimiento se reduzcan levemente, pero claramente.Quizá también aquí se esté llegando a una superpoblación relativa, que de todas formas no encaja bien con la situación económica relativamente buena que parece entreverse en algunos documentos. Se hacen necesarias investigaciones más profundas. - 65 - En cuanto al clero, llama la atención la buena dotación de beneficios de que gozan las parroquias de la zona en 1411: seis beneficios en Constantina, cuatro en Cazalla, tres en Alanís y dos en cada una de las demás poblaciones (SÁNCHEZ HERRERO, 1982, 280-281), excepto Guadalcanal, que era jurisdicción de la Orden de Santiago. Cazalla y Constantina aumentan su nómina de eclesiásticos con la presencia de sendos conventos (MIURA ANDRADES, 1998, 152, 145, 225); como se ve, la predilección de las órdenes monásticas por las localidades de cierto nivel demográfico es evidente en todas las zonas. 3.1.5.- HUELVA El problema de la escasez de fuentes es, sin duda, el principal escollo al que ha de enfrentarse el investigador de la demografía medieval de la zona que hemos denominado “Huelva”. Los datos más antiguos corresponden al año 1444, concretamente a Moguer, y ésta es la única cifra disponible para la primera mitad del siglo XV. Precisamente Moguer es también la única localidad en la que se puede observar su evolución demográfica con cierto detalle. El gráfico 9 nos muestra, en efecto, las fuertes oscilaciones de la población, especialmente en los años finales del XV y primeros del XVI. Unas oscilaciones similares se pueden observar en la vecina Palos y, desde luego, son perfectamente posibles en Huelva, aunque la falta de datos sólo permite acercarnos a la evolución general de la población. Pero, detrás de estas oscilaciones, se puede apreciar fácilmente una clara evolución positiva de la población, en especial al observar las escasas tasas de crecimiento con que podemos contar para el siglo XV. Además, algunos datos indirectos también permiten intuir la pujanza demográfica de la zona. Ya en 1406 el monasterio de Santa Clara de Moguer concede unos solares a un vecino de Moguer para hacer casas (VILAPLANA, 1975, 269-272), y el mismo año hace lo mismo con un matrimonio de vecinos de Moguer pero naturales de Gibraleón (VILAPLANA, 1975, 272-274). A finales del XIV o principios del XV se amplía la iglesia de Villalba, que se completará con las portadas ya a finales del XV o principios del XVI (CARRASCO TERRIZA, 1981, 285). En 1515 se funda la parroquia de la Concepción, la segunda en Huelva, por el crecimiento de su arrabal (GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 29). 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 14 00 14 20 14 40 14 60 14 80 15 00 15 20 ve ci no s Huelva Moguer Palos Valverde Camino Esta impresión se refuerza si tenemos en cuenta la existencia durante todo este siglo de un movimiento repoblador de importantes proporciones, consecuencia del afán de los señores de la zona por conseguir mayor número de vasallos y de rentas. No obstante, es necesario tener en cuenta que si bien el resultado de estos movimientos fue un crecimiento claro y homogéneo, éste tampoco es fuerte, a la vista de las tasas manejadas para el período 1490- 1530, sino más bien suave. Resulta sorprendente que la única tasa llamativa sea Moguer, una población antigua y cuyos vecinos veremos emigrar con cierta regularidad a otros lugares, si bien se ha señalado que la estructura económica de la villa, centrada en la agricultura, le permitiría afrontar mejor los cambios producidos en la zona tras el descubrimiento de América (IZQUIERDO LABRADO, 1988, 355) . En todo caso, el movimiento ha sido estudiado a fondo por Antonio Collantes de Terán y Miguel Ángel Ladero, y merece la pena dedicarle cierta atención, aunque ahora sólo vamos a reunir sus datos más trascendentales. A principios del XV debió poblarse Villarrasa, que ya existía como concejo en 1411, aunque parece que hubo serias dificultades de población al menos hasta las nuevas franquezas concedidas por el conde de Niebla Juan de Guzmán en 1457 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 303-304). Mejor suerte tuvo Cartaya, que en 1412 era una dehesa despoblada sobre la que en 1417-1420 el conde de Plasencia construye una torre e inicia el poblamiento de una villa, con franquezas a los nuevos pobladores por veinte años, y que en 1458 se convirtieron en perpetuas (LADERO QUESADA, 1977, 70; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 304-305); un proceso similar, al menos en su origen, está en la fundación de Sanlúcar del Guadiana (LADERO QUESADA, 1977, 70). En 1423 se concede carta de poblamiento para Fuentecubierta, en término de Niebla, pero debió despoblarse a principios del XVI (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 305-306); en 1490 ya su término fue amojonado como dehesa (LADERO QUESADA, 1992 b, 76). En 1445 se otorga una especie de carta puebla para La Puebla de Guzmán, con franqueza por veinte años, aunque parece que al menos desde 1427 había allí vecinos (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 306-307); según Ladero Quesada (1992 b, 76) esta población se nutrió del cercano castillo de Peña Alhaje, que desapareció por ello. - 66 - - 67 - Durante la segunda mitad del siglo XV el movimiento continuó con la misma intensidad. En 1458 se funda San Miguel de Arca de Buey, en término de Gibraleón, con las mismas condiciones que Cartaya (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 307), y junto con él aparecen otros núcleos menores por las mismas fechas (LADERO QUESADA, 1977, 80). En 1468 se da carta de población a San Juan del Puerto, aunque se alude a una población preexistente; en 1473 el duque de Medina Sidonia ordena que se proteja a los inmigrantes que vienen de otras jurisdicciones de las coacciones de los lugares de origen, y en 1493 se indica que la población iba creciendo, aunque parece que lentamente (LADERO QUESADA, 1992 b, 97). En 1450 Valverde del Camino tenía sólo 8-10 vecinos, pero los repartos de baldíos llevados a cabo por el duque de Medina Sidonia en 1479 hicieron que a finales del año siguiente ya contara con 60 vecinos (LADERO QUESADA, 1992 b, 78). En 1481 el duque concede una nueva dehesa a Villanueva de las Cruces, para fomentar su población (LADERO QUESADA, 1992 b, 78). Todavía en el siglo XVI se producen algunas fundaciones, como la de Aljaraque, que parece producirse entre 1504 y 1509 (LADERO QUESADA, 1992, b, 98), o la de El Almendro, producida a raíz del traslado en 1519 del lugar de Osma al sitio llamado “Agua del Almendro”, por razones de salubridad y también por su cercanía al camino de La Puebla de Guzmán a Castillejo, acompañando esta medida de grandes exenciones e incluso permitiendo la inmigración de seis vecinos de lugares cercanos del mismo señorío (LADERO QUESADA, 1992 b, 78-79). Junto con estas nuevas poblaciones, hay que tener en cuenta una política de atracción demográfica en poblaciones antiguas. El caso más notable es Huelva, que en 1471 recibe varias franquezas para fomentar la población, aludiendo expresamente a la eficacia pobladora de franquezas anteriores (LADERO QUESADA, 1992 b, 96); según Agustín de Mora Negro (1974, 67-72) este documento es de 1472, aunque no indica archivo ni signatura. En 1493 se le confirman estas franquezas, añadiendo la posibilidad de que acudieran vecinos del propio señorío del duque de Medina Sidonia (GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 205). De esta forma, Huelva aumenta bastante su población entre 1460 y 1533 (GARCÍA- ARRECIADO BATANERO, 1992, 209). ¿De dónde procedían estos repobladores? La cuestión dista todavía mucho de ser resuelta, aunque parece claro que la lucha entre los distintos señoríos por atraer pobladores fue uno de los factores que más influyeron en los movimientos demográficos en esta zona. Uno de los casos más citados es el de Niebla, una población que aparentemente tiende siempre a perder vecinos pero que logra sobrevivir gracias a la política de los condes de Niebla, luego duques de Medina Sidonia. Ya en 1421 Alvar Pérez de Guzmán, señor de las tres cuartas partes de Almonte, se queja ante el rey de que el conde de Niebla estaba atrayendo a esta villa vecinos de Almonte con la promesa de que, aunque se avecindaran en Niebla, podrían seguir viviendo en su lugar de origen, de forma que esquivarían los impuestos almonteños (LADERO QUESADA, 1992 b, 82). Pero los indicios de las dificultades del concejo neblinense y sus señores para retener a la población se hacen más evidentes a partir del último tercio del siglo XV. En 1469 Niebla se queja al duque de Medina Sidonia de que existían vecinos “ausentes” que, sin embargo, continuaban ejerciendo cargos públicos y tenían licencia para usar las dehesas concejiles; quizá fueran hombres del propio duque que así los mantenía en una especie de clientela (LADERO QUESADA, 1992 b, 68). El mismo año obtiene licencia para repartir baldíos, y en 1476 pide al duque exención de ciertas obligaciones militares, todo ello para fomentar la población; pero ya en 1493 otro documento indica que “a Nuestro Señor graçias, los dichos sus pueblos [del duque de Medina Sidonia] son más - 68 - creçidos en vezinos que solían” (LADERO QUESADA, 1992 b, 69-71). Este último dato parece apuntar a un crecimiento de las poblaciones del Campo de Andévalo a costa de la propia Niebla, aspecto que ha sido confirmado por Rafael Sánchez Saus y que este autor sitúa en el origen de la “ruralización” y el escaso desarrollo económico de la zona (SÁNCHEZ SAUS, 1998, 52). No obstante, en el descenso poblacional de este concejo intervinieron también otros factores, como el terrible saqueo que sufrió en 1508 y que, en palabras de Rodrigo Caro (1982, 212v) fue la causa de que “nunca más pudo alçar cabeça, antes muchos de sus veçinos que en ella vivían se fueron a vivir a otros lugares, que se engrandeçieron con su daño, como fue Valverde del Camino, que se llamaba Facanías, San Juan del Puerto y otros”. De esta forma, los intentos repobladores estaban destinados a fracasar una y otra vez: de los 533 vecinos de Niebla en 1503, 248 eran inmigrantes recientes, probablemente esclavos, y otros 52 eran “moriscos”, es decir, musulmanes traídos allí y bautizados por el duque Enrique de Guzmán (LADERO QUESADA, 1991, 230-232; LADERO QUESADA, 1992 b, 119), pero parece que la crisis de 1521 golpeó duramente la villa, llegando incluso a provocar la antropofagia (PÉREZ MOREDA, 1980, 79, n. 42), y en 1534 la población había vuelto a bajar a 403 vecinos (DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 354). Por otra parte, este ejemplo ilustra también las fuertes oscilaciones demográficas que sufren algunas de las localidades de esta zona, que pueden cifrarse en Moguer y Palos, pero que también se comprueban en el caso de Niebla. En todo caso, la decadencia de la población neblinense parece clara. Otro ejemplo varias veces estudiado es Palos, aunque en este caso las circunstancias son bien distintas. Se trata de una población marinera, que se vio muy afectada por la instalación de astilleros y puertos en otros lugares. Las ordenanzas de 1484 tratan de frenar la emigración hacia los astilleros del Puerto de Santa María encargando a los palermos la construcción de ocho nuevas carabelas (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1976, 260). Un memorial de 1508 indica claramente que los marineros emigran a los puertos pesqueros de Huelva, Moguer y San Juan del Puerto, y además señala la fuerte incidencia de la emigración a América (IZQUIERDO LABRADO, 1985, 196). En realidad, según los datos de Boyd Bowman, hasta mediados del XVI emigraron a América 226 hombres, de los que sabemos a ciencia cierta que tres volvieron y 29 se establecieron definitivamente allí (IZQUIERDO LABRADO, 1986, 295). Así pues, parece que, en general, la inmigración de corto radio fue uno de los elementos determinantes en el crecimiento de las localidades onubenses durante el período estudiado (GALÁN PARRA, 1988). Así, por ejemplo, además de las quejas que acabamos del estudiar del concejo de Palos en 1508, en marzo de 1515 es recibido en Huelva un vecino de Moguer (GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 257), y en un amojonamiento entre Moguer y Palos en 1481 aparece un “Antón Rodrigues, carretero, onbre antiguo, que fue vesino de Moguer e agora es vesino del Puerto de Sant Iohan” (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977, 269). A estos emigrantes hay que añadir los que provienen de la larga distancia -se cita algún caso procedente de la cornisa cantábrica en Huelva en 1503 (GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 210)- y de la media distancia, como Sevilla y, sobre todo, Portugal. La procedencia portuguesa se constata también en Ayamonte, que a partir de 1499 ve aumentar bastante su población debido probablemente a la inmigración de portugueses (LADERO QUESADA, 1992 b, 91), y también en Lepe, que en 1498 tiene 632 vecinos y 102 moradores “venedizos de Portugal” (LADERO QUESADA, 1983 b, 97). Aun así, no debemos olvidar que las tasas de crecimiento globales sólo indican un crecimiento débil, aunque compartido casi por todas las poblaciones. - 69 - En cuanto a población eclesiástica, sorprende la abundancia de clero en esta zona. La lista de beneficios en 1411 señala uno en Villarrasa (La Torrecilla), La Palma, Bonares, Lucena, Calañas, Valverde del Camino, San Benito del Álamo, Sanlúcar de Guadiana y, desde su fundación, San Miguel de Arca de Buey; dos en Bollullos y Almonte; tres en La Palma, Villalba, Trigueros, Beas y Moguer con Palos; cinco en Huelva, seis en Gibraleón y nada menos que diez en Niebla, número que en 1491 se había elevado hasta quince (SÁNCHEZ HERRERO, 1982, 280; LADERO QUESADA, 1992 b, 24). Aun asumiendo el arcaísmo de ciertas estructuras eclesiásticas, estas cifras no tienen mucho que ver con la realidad demográfica, y quizá detrás de ellas haya que ver el interés repoblador de los señores, especialmente en el caso de Niebla. Algo similar podría sospecharse de la relativa abundancia de conventos y monasterios. El más antiguo de la zona es el de El Carmen, de Gibraleón, fundado hacia 1332 (MIURA ANDRADES, 1998, 151). Coetáneo es el de Santa Clara de Moguer, fundado en 1337 con permiso para 50 monjas, aunque en 1591 había 55; por su parte, el convento de Ntra. Sra. de la Esperanza, de franciscanos, en la misma localidad, contaba en 1591 con 30 frailes (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977, 219; MIURA ANDRADES, 1998, 151-152). A principios del siglo XV se fundan los monasterios de San Juan de Miriñina, cerca de Niebla -filial del de San Sebastián de San Juan de Aznalfarache, y creado, como éste, sobre terrenos cedidos por el arzobispo de Sevilla a los frailes terceros en compensación por el monasterio de Santa María de las Cuevas-, y San Francisco del Monte, de Villaverde del Río; poco después empezamos a tener datos del famoso convento de La Rábida, en Palos de la Frontera (MIURA ANDRADES, 1998, 223-226). Posteriormente aparecerán dos conventos en Lepe, uno en Huelva, y uno más en Ayamonte (SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435; GARCÍA- ARRECIADO BATANERO, 1992, 30; MIURA ANDRADES, 1998, 156, 172, 187). Por otra parte, en el testamento de Pedro Portocarrero, de 1519, se funda un hospital en Moguer, y se manda que haya en él dos capellanes (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977, 291); en el mismo documento se funda una capellanía con cuatro capellanes (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977, 294). Así pues, existe una clara sobreabundancia de eclesiásticos, seculares y regulares, en esta zona, en relación directa con su fuerte señorialización. Por lo que respecta a las minorías étnico-religiosas, sólo cabe señalar que parece que existía en 1462-1486 un grupo de judíos en Moguer relativamente importante, a juzgar por las cifras de sus contribuciones del servicio y medio servicio y para la guerra de Granada (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977, 171). Por último, es interesante constatar la existencia de poblamiento disperso en las zonas costeras. Concretamente, en 1506 existían casas en la playa de Mazagón, término de Palos, donde iban los moguereños a vender su vino, y allí vivían pescadores y armadores al menos desde 1432 (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977, 109 y 188). 3.1.6.- CÁDIZ No son más numerosos los datos cuantitativos de la zona que identificamos como “Cádiz”. Sólo algunas localidades, como la propia Cádiz o El Puerto de Santa María, ofrecen series numéricas reseñables. Ni siquiera Jerez presenta datos utilizables anteriores a 1450. No obstante, la observación de estos escasos datos, algunos de los cuales se reflejan en el gráfico 10, junto con las tasas que se han podido calcular y que aparecen en el apéndice 2, sugieren que la zona permaneció durante toda la época estudiada demográficamente estancada. El único crecimiento reseñable lo registra Jerez durante la segunda mitad del XV, pero incluso en este caso la tendencia se invierte en los primeros años del siglo XVI. Esta impresión la confirman algunos datos indirectos, como el hecho de que a partir de 1515 la Cartuja de Jerez empieza a recibir donaciones y legados de solares, mientras que anteriormente recibía casas edificadas (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1978, 180-181). Sólo Cádiz parece remontar demográficamente durante el XVI, apoyada probablemente por algunas exenciones de pechos que se le otorgan en 1494-1495 (SÁNCHEZ HERRERO, 1983, 26). También merecen destacarse los crecimientos de Chipiona y Chiclana en el siglo XVI, aunque en ambos casos debe tenerse en cuenta que se trata de poblaciones recientemente repobladas por sus señores (GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1994, 245); no obstante, de alguna forma estos crecimientos pueden verse compensados por el decrecimiento de Paterna de Rivera, otro lugar de repoblación señorial. De esta forma, parece que los esfuerzos de los señores, aunque fuesen “el estímulo principal” (LADERO QUESADA, 1982 a, 553) para aumentar la población de la zona, tuvieron un resultado desigual, como veremos enseguida. Lo que sí es cierto, y ha sido acertadamente señalado (LADERO QUESADA, 1982 a, 553), es que el hecho fronterizo influye en estas poblaciones mucho más en que las otras zonas que hemos venido analizando. Ya hemos señalado más arriba cómo la frontera, de una u otra forma, ha venido siendo un determinante en la población de esta zona durante toda su historia (SUÁREZ JAPÓN, 1991, 27), y también cómo la linea divisoria entre el área gaditano-xericiense y el área claramente fronteriza es muy difusa e inevitablemente arbitraria. De esta forma, muchas poblaciones de esta zona, en realidad mantienen una población artificial, sostenida gracias al apoyo en dinero y levas de Sevilla o Jerez. Por ejemplo, ya en 1394 Sevilla concede a Arcos una subvención para mejorar su defensa porque estaba muy mal 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Cádiz Jerez Puerto Sta. María Sanlúcar Barram. - 70 - - 71 - poblada y los muros semiderruidos (AMS, Pap. May., 1401, nº 58). La ciudad recibiría una nueva exención de alcabalas en 1396 (DELGADO ORELLANA, 1967, 748). En 1433 Arcos vuelve a recibir exenciones militares para evitar la acumulación de tareas en los vecinos, que podrían verse obligados a emigrar (GAMAZA ROMERO, 1902, 137-140). Aun así, cuando tras la muerte del marqués de Cádiz en 1492 su viuda, Beatriz Pacheco, inicia la repoblación de la Sierra de Villaluenga, no le resulta muy difícil atraer pobladores procedentes de Arcos (MANCHEÑO OLIVARES, 1893, 233). Algunas señales apuntan a un mayor éxito de los señores laicos en la tarea de repoblar las poblaciones más occidentales. Las tasas de crecimiento de Chiclana y Chipiona apoyan esta idea, pero no debemos olvidar la estabilización demográfica de otros lugares de señorío de población más antigua, como Arcos, Bornos, El Puerto de Santa María o Rota. La impresión que producen estos datos es de mantenimiento de poblaciones que han alcanzado su nivel máximo, atendiendo a sus condiciones geográficas y económicas. El caso de Medina Sidonia, que fue objeto de al menos dos repartimientos durante el siglo XIV y que en 1440 parece haber alcanzado su nivel óptimo de población, según A. Anasagasti y L. Rodríguez Liáñez (1987, 71-72), puede ser un buen ejemplo de esta evolución. En realidad, los casos conocidos en los que parece que los señores laicos no fueron capaces de asentar una población estable son los de Paterna de Rivera y Gibraltar, ambas localidades muy amenazadas por la Frontera y, en el caso gibraltareño, además, por las luchas entre los Guzmán y los Ponce de León. Un ejemplo: en 1466 el duque de Medina Sidonia asedia Gibraltar, señorío entonces del conde de Arcos, en el marco de la guerra entre el príncipe Alfonso y Enrique IV; los defensores de Gibraltar abandonan la ciudad y se refugian todos en el alcázar debido a su escaso número (MONTERO, 1860, 200). Por otra parte, sabemos que en 1469 el duque de Medina Sidonia había hecho repartimiento de tierras en Gibraltar para atraer pobladores, pero la mayoría de ellos no llegaron a asentarse en la ciudad, por lo que en 1502, una vez vuelta al realengo, Fernando de Zafra propone a los Reyes Católicos que se haga un nuevo reparto (TORREMOCHA SILVA, HUMANES JIMÉNEZ, 1989, 456-460), al que acudirán 150 caballeros y 350 peones (ALIJO HIDALGO, 1988, 481). El mantenimiento de plazas fronterizas o semi-fronterizas a costa de otras ciudades debió producir en éstas efectos demográficos negativos. Una ciudad como Sevilla probablemente no acusó demasiado el esfuerzo, pero el caso de Jerez es diferente. En 1433 la ciudad se queja de despoblación debida a las levas para defender Jimena (RALLÓN, 1892, 105). Nueva queja, por similares razones y en parecidos términos, en 1460, referidos ahora a la obligación de mantener Estepona (RALLÓN, 1892, 269). Además, el concejo debió atender a su propia defensa, como lo atestiguan las medidas tomadas en 1473 (RALLÓN, 1892, 594). Probablemente la inseguridad en Jerez es la responsable de que, a pesar del ritmo positivo de su población global, los arrabales de Santiago y San Miguel vieron descender claramente su población en el período 1477-1492 (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 39-41), pese a lo cual ambas iglesias se amplían en este período y, como veremos después, también se aumento el número de clérigos destinados a ellas (SANCHO DE SOPRANIS, 1964, 355-357). De hecho, parece que el desplazamiento de la población a los arrabales se comprueba en varias localidades de la zona. En Sanlúcar de Barrameda este movimiento empieza durante la segunda mitad del XV (BARBADILLO DELGADO, 1945, 226). Las primeras noticias de arrabales en Cádiz son de 1466-1480 (SÁNCHEZ HERRERO, 1983, 32). Pero, no obstante esta escasez de datos poblacionales concretos, en esta zona se pueden recoger algunos datos sobre natalidad, mortalidad catastrófica e incluso composición familiar. En efecto, se han recopilado los datos de los libros de bautismo de dos parroquias jerezanas y de la parroquia de Sanlúcar de Barrameda. Los datos se han reunido en el gráfico 11. De él se pueden extraer algunas conclusiones. En primer lugar, se observa cómo, al menos en Jerez, la natalidad está estabilizada desde los últimos años del siglo XV hasta aproximadamente 1525, iniciando luego un ascenso que probablemente se continúe durante todo el siglo XVI. Este aumento de la natalidad a partir el primer tercio del XVI se confirma en Sanlúcar, donde, ignorando los bautizos de esclavos, en 1514-1522 se bautizaron 577 niños, y durante el período 1537-1545 se bautizaron 1259 niños (MORENO OLLERO, 1983, 164). Por otra parte, las crisis coyunturales aparecen claramente reflejadas en los gráficos. Así, parece localizarse una hacia 1495, aunque sólo contamos con los datos de la parroquia jerezana de San Dionisio. Más claro es el reflejo de la crisis de 1506-1507, ampliamente estudiada en toda Andalucía; aquí podemos recordar que en 1507 el cabildo de Jerez debió celebrar sus reuniones extramuros debido a la epidemia (RALLÓN, 1894, 196). La crisis demográfica mejor reflejada, sin embargo, es la de 1520-1521, que aparece también nítidamente en el gráfico sanluqueño. De hecho, los cronistas oficiales destacan que era un crisis “qual nunca avía sido en esta tierra [el arzobispado de Sevilla], ni en memoria de hombres” (MEXÍA, 1945, 242) . Más interesante, por lo que tiene de testimonio directo, es el testimonio que Esteban Rallón, el cronista jerezano, dice haber visto en “unos manuscritos antiguos” escritos por Fernando de Villavicencio; este personaje afirma por su parte haber sido testigo ocular de los efectos de esta crisis en 1521: morían tanto hombres como animales, “las personas de veinte en veinte se caían muertas por las calles”, muchas casas quedaron abandonadas y en la calle del Arenal llegó a crecer la hierba de tal modo que sólo quedaban en ella “algunas veredas por donde andaba la poca gente que había quedado” (RALLÓN, 1894, 298); la misma fuente indica que ese año la gente llegó a comer perros y “animales inmundos” 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 14 91 14 94 14 97 15 00 15 03 15 06 15 09 15 12 15 15 15 18 15 21 15 24 15 27 15 30 ve ci no s S anlúcar S . Dionis io S . M ateo - 72 - 0 2 4 6 8 10 12 14 15 12 15 14 15 16 15 18 15 20 15 22 15 24 15 26 15 28 15 30 15 32 15 34 ve ci no s 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Inmigrantes Bautizados (RALLÓN, 1894, 322), e incluso se han detectado casos de antropofagia que indican la extrema dureza de este año (PÉREZ MOREDA, 1980, 79). Las cifras con que contamos, si bien referidas a Sanlúcar, apoyan hasta cierto punto estas apreciaciones: según los libros de bautismo de la parroquia de Nuestra Señora de la O, en los días 1-11 de junio de 1519 murieron 40 personas a causa de la epidemia; en los días siguientes el ritmo aumentó hasta 6-7 personas al día (MORENO OLLERO, 1983, 164). Hemos comprobado cómo los datos sobre natalidad en Sanlúcar coinciden con bastante justeza con los de Jerez, de forma que quizá podamos extrapolarlos a buena parte del resto de poblaciones. De esta forma, podemos avanzar algo más en el conocimiento de los mecanismos que regulan la evolución demográfica en esta zona. En efecto, se conservan en el Archivo Municipal de Sanlúcar de Barrameda un cuadernillo donde se apuntaban los nuevos vecinos que iban llegando a la localidad (MORENO OLLERO, 1983, 123). A partir de estos datos, uniéndolos a los de natalidad, se ha elaborado el gráfico 12. Sin duda, la principal conclusión que se puede observar en el mismo es la coincidencia absoluta entre el movimiento de la natalidad, si aceptamos que el número de bautizados es un exponente de ella, y la inmigración. Evidentemente, cuando se produce una crisis demográfica, ésta parece ser total, afectando tanto al movimiento vegetativo como al migratorio, si bien habría que contar con datos concretos sobre mortalidad y emigración, de los que no disponemos. Una segunda conclusión derivada de la observación de los gráficos 11 y 12 es la coyunturalidad de las crisis. Al observar, por ejemplo, que la natalidad de las dos parroquias observadas de Jerez se sitúa por debajo de los diez bautizos en 1507 y 1520, o que el flujo migratorio se interrumpe completamente en Sanlúcar en 1519 no podemos menos que comprender la impresión que tales crisis produjeron en los observadores contemporáneos. Pero las cifras indican claramente que estas situaciones fueron superadas con rapidez, al menos en el terreno del dinamismo poblacional. - 73 - - 74 - Otro aspecto a considerar es la procedencia de los inmigrantes. Esta cuestión se ha investigado en Sanlúcar en 1512-1542 (MORENO OLLERO, 1983, 125), Jerez en 1437-1485 (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982, 45), y Cádiz en 1465-1485 (SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 89). En todos los casos la mayor parte de los inmigrantes proceden de la propia zona gaditana o de Sevilla y su área de influencia. Esta procedencia resulta especialmente clara en Jerez, donde sólo aparece un inmigrante procedente del exterior, concretamente un navarro. En Sanlúcar el elenco de procedencias es bastante más amplio, con presencia de algunos castellanos, portugueses, franceses e incluso un indiano; pero en esta localidad lo más llamativo es la nutrida colonia inglesa, compuesta de no menos de trece pobladores, el 16,5 % del total de los inmigrantes identificados. Sin embargo, la presencia de forasteros en Cádiz es, desde luego, superior a la que pudieran registrar otras localidades. En 1465 el 34 % de los inmigrantes procede de la propia Andalucía, pero este porcentaje baja al 13 % veinte años después. Aquí destaca fuertemente la colonia genovesa, que pasa de 11 miembros en 1465 a 50 en 1485; pero además esta colonia se integra de forma clara en la sociedad indígena, especialmente en sus capas más altas, constituyéndose en consulado, con sus propias cofradías y capillas en la Catedral; una actitud similar podría observarse en El Puerto de Santa María, y desde luego contrasta con la que se ha estudiado para otras zonas, como Sevilla, donde parece que el establecimiento de genoveses era meramente transitorio (HEERS, 1982, 429; SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 157). En la misma Cádiz existía un importante grupo de flamencos y otro de pilotos vizcaínos (SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 147 y 150). De todas formas, salvo el caso de los genoveses y, también, el de los vizcaínos, es difícil establecer el grado de implantación de estos grupos en las sociedades locales. Parece que la tendencia general era establecer colonias meramente comerciales, sin una inserción social plena, y cuyos componentes acudían sin sus familias y sin intención de avecindarse en la localidad receptora; sin embargo, faltan estudios prosopográficos que puedan confirmar esto y, sobre todo, establecer los diferentes grados de asimilación que cada localidad tuvo respecto de estos grupos de comerciantes que vivían en ellas. En lo referente a la composición familiar, contamos con un documento excepcional: el padrón de Cádiz de 1465. Se trata de un recuento “de los vesinos moradores desa cibdad e quantas personas pequeñas e grandes están, cada uno en su casa” destinado a la distribución del pan necesario para el abastecimiento de Cádiz. El documento está inserto en el libro de actas capitulares de Jerez de 1467, y fue publicado por Hipólito Sancho de Sopranis (1945, doc. 4). Hay que señalar que recientemente se ha sospechado de la veracidad de su información, ante el descubrimiento de una petición de pan de Cádiz a Jerez en 1468, firmada por una serie de vecinos gaditanos, de los cuales menos de la mitad aparecen en el padrón de 1465 (LOMAS SALMONTE, SÁNCHEZ SAUS, 1991, 251). Sin embargo, es posible que el concepto de “vecino” difiera en uno y otro documento, y que en la petición de 1468 se incluyan también los “moradores”, quizá miembros de la importante colonia de comerciantes, para influir más en el ánimo de los capitulares jerezanos. En todo caso, en el padrón cada vecino es citado por su nombre, indicándose el número de personas que conviven con él, pero sin especificar su relación con el propio vecino. Se relacionan un total de 237 vecinos y 1.214 habitantes, con una media de 5,12 habitantes/vecino, incluyendo 47 mujeres cabeza de familia (SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 81-82). El gráfico 13 indica la distribución de frecuencias del número de componentes de la unidad familiar, diferenciando si éste es hombre o mujer. Se observa cómo la mayor frecuencia está entre dos y siete componentes por unidad familiar. Sin embargo, si discriminamos por sexo del cabeza de familia observamos cómo las mujeres se concentran en los grupos de dos, tres y siete individuos; de hecho, en estas tres categorías se 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 habitantes por vecino nº d e ve ci no s Mujeres Hombres acumulan 34 de las 47 mujeres cabeza de familia. Por su parte, la distribución de las unidades familiares encabezadas por hombres es mucho más progresiva, concentrándose en los 4-5 miembros. Quizá la presencia relativamente abundante de mujeres al frente de hogares de siete miembros pueda explicarse si consideramos que estas mujeres forman parte de la oligarquía ciudadana, y que a la muerte de sus maridos conservan los suficientes bienes como para mantenerse por sí mismas, sin necesidad de volverse a casar. Probablemente, pues, en estos hogares se incluyan, además de los hijos, algunos parientes y, sobre todo, criados. Por otro lado, si aceptamos esta hipótesis, podríamos pensar que a partir de siete habitantes por hogar se encuentra una presencia significativa de criados en las unidades familiares; esto se correspondería bastante bien con el brusco descenso que encontramos en la frecuencia de seis habitantes por hogar, que marcaría así el límite entre los estamentos más altos de la sociedad, que mantienen criados, y los más bajos, donde la presencia de servidores viviendo en la propia casa es más esporádica. En la segunda parte de este trabajo, sobre todo en los capítulos VI y VIII, podremos comprobar la existencia de ese límite social también en las demás ciudades de Andalucía. Desgraciadamente, en el caso de Cádiz el padrón no nos permite confirmar estas suposiciones. Sin embargo, otro dato, procedente de Jerez y contemporáneo del padrón, quizá nos pueda ayudar a avanzar algo más en este aspecto. Se trata de un acuerdo del concejo jerezano en agosto de 1467 por el que se obliga a los caballeros que tengan criados pendencieros a que abandonen la ciudad (RALLÓN, 1892, 472-473). Estos caballeros y también sus criados son citados por sus nombres. Se listan nueve señores y un total de 37 criados, es decir, algo más de cuatro criados por señor; el mínimo son dos criados, y el máximo lo ostenta Pedro Núñez de Villavicencio, con siete criados a caballo, dos a pie, dos “en su casa”, un tahonero y un esmeril para limpiar las armas. Parece que la expresión “en su casa” hace referencia a criados de servicio doméstico, pero ello no significa que el resto vivieran de forma independiente: sólo indica el tipo de trabajo que les estaba encomendado. En todo caso, la cifra media de cuatro criados en casa de los oligarcas locales de la zona puede ser plausible. Si la aplicamos a la distribución de habitantes por hogar en Cádiz, asumiendo las - 75 - - 76 - hipótesis que acabamos de exponer, encontramos que en la gran mayoría de las familias gaditanas de hacia 1465 convivirían, junto con el matrimonio, sólo uno o dos hijos. Naturalmente, esta afirmación no puede tomarse como una señal de baja natalidad, puesto que el padrón no contaba los hijos muertos o emancipados, y probablemente tampoco los que todavía no habían alcanzado la adolescencia. Pero en todo caso puede considerarse como un indicio, que habrá que comparar con las cifras que obtendremos para las ciudades del interior de Andalucía a partir de una fuente más segura como son los testamentos. La población se completa con el grupo de los eclesiásticos. Según el Libro Blanco de la catedral de Sevilla, que, naturalmente, sólo se ocupa del territorio de su propia diócesis, en 1411 existían 32 beneficios dotados en Jerez, cinco en Sanlúcar, cuatro en El Puerto de Santa María, tres en Arcos, dos en Rota y uno en Trebujena (SÁNCHEZ HERRERO, 1982, 279). Por su parte, la diócesis de Cádiz, mucho más reducida -ver SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 231-236- incluía beneficios en Medina Sidonia, Vejer, Tarifa, Gibraltar y Alcalá de los Gazules (SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 240). Además, el cabildo catedral -que constituía todo el clero de la ciudad de Cádiz- fue variando su composición: en 1430 incluía diez canónigos, que ya son doce en 1435; en 1464 se fija su número en dieciséis, aunque parece que en 1502 ha aumentado espectacularmente, hasta 35 clérigos (SÁNCHEZ HERRERO, 1986, 260-261). Este aumento del clero secular gaditano coincide con el registrado en Jerez, al menos en la parroquia extramuros de San Miguel, que tiene dos beneficios en 1411, tres en 1454 y cinco en 1491 (SÁNCHEZ HERRERO, 1982, 279, n. 14). Respecto al clero regular, se registra un número importante de conventos en la zona, sobre todo en relación con una población no demasiado abundante, de forma similar a la situación que hemos observado en Huelva. El siguiente cuadro refleja el ritmo de fundaciones y su distribución, a partir de los datos sistematizados por José Sánchez Herrero (1982, 420- 435) y José María Miura Andrades (1998, 284-288): Hasta 1400 1400-1450 1450-1490 1490-1530 TOTAL Arcos 1 1 Jerez 3 2 4 8 Sanlúcar 28 1 2 5 Puerto Santa María 3 3 Algeciras 2 2 Cádiz 2 2 Bornos 1 1 Chipiona 19 1 8 Uno de ellos, sin fecha exacta de fundación; sólo se indica que se fundó “a mediados del siglo XV” 9 El monasterio de Regla se fundó en 1399 - 77 - Gibraltar 1 1 Medina Sidonia 1 1 TOTAL 6 3 4 12 25 Cuadro 6: Fundaciones monásticas en Cádiz Obviamente, el número de fundaciones se disparó a partir de la desaparición del peligro musulmán. Por otra parte, la relación directa entre señorialización y fundaciones monásticas es clara, tanto aquí como en Huelva. De todas formas, esta lista puede no estar completa del todo. En efecto, sabemos que en Vejer en 1478 el patrono del convento de la Concepción se lo quita a los franciscanos para dárselo a los agustinos, quienes debían mantener allí 12 frailes; la razón es el abandono del convento por los franciscanos, que se habían trasladado a otro convento extramuros (MORILLO CRESPO, 1974, 418-419). Contamos con algunos datos más sobre el nivel de población en los conventos de la zona. En 1526 el beaterio de San Cristóbal, en Medina Sidonia, se transforma en convento, con 80 monjas, sin contar las criadas (MARTÍNEZ DELGADO, 1991, 206). En Sanlúcar, el monasterio de Santa Mª de Barrameda tenía 7 monjes en 1491, y en 1509 tenía 12 (MORENO OLLERO, 1983, 158). Por su parte, el de clarisas de Regina tenía 44 monjas en 1519, y el de Santo Domingo tenía 7 frailes en 1530 (MORENO OLLERO, 1983, 160). En todo caso, aquí como en otras zonas puede observarse que el número de vocaciones femeninas supera con mucho al de las masculinas, especialmente en los conventos fundados en el siglo XVI. 3.1.7.-SIERRA SUBBÉTICA La zona más estrictamente fronteriza, que hemos denominado “Sierra Subbética”, se caracteriza fundamentalmente por su inestabilidad demográfica, producto tanto de las escasas posibilidades económicas que permite su accidentada geografía, como también de su exposición continua a los ataques y contraataques de cristianos y musulmanes. Un ejemplo, que podría hacerse extensible a otras poblaciones, es Zahara, asolada por los musulmanes en febrero de 1410 y repoblada casi inmediatamente (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 315); de nuevo sería arrasada por los musulmanes en 1482, matando o cautivando a todos los cristianos y dejando la villa desierta hasta que, en la campaña del año siguiente, se volvió a reconquistar y a repoblar (PULGAR, 1943 b, 4 y 95). Aunque estos elementos inducen a pensar en núcleos muy pequeños y empobrecidos (SUÁREZ JAPÓN, 1991, 131), sin embargo, en algunas ocasiones las propias circunstancias provocan aumentos espectaculares de población, aunque generalmente no es posible medirlos con precisión. Así, durante los primeros años del siglo XV la afluencia de campesinos que buscan refugiarse en las murallas de Teba llegó a provocar problemas de abastecimiento (GUILLÉN ROBLES, 1874, 287-288). No obstante, lo cierto es que circunstancias como esta debieron ser muy excepcionales. Realmente, la única forma de mantener un mínimo de población en estas localidades era a base de amplias franquezas y exenciones. A principios de 1407 los responsables el mantenimiento de la Frontera se quejaban a la reina regente “diciendo que la gente se les quería venir, porque les eran debidos tres meses de sueldo e no les pagaban ni había de qué” (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 278). El ejemplo de Antequera puede ser suficientemente expresivo, y si en 1411 Juan II se resistía a otorgarle privilegio de homicianos, confiando probablemente en que no sería necesaria una medida tan extrema -y tan peligrosa en una - 78 - ciudad de su tamaño-, en 1448 se ve obligado a concederla (REQUENA, 1962, 71-76 y 101). Pero ni siquiera con tan amplia gama de privilegios y con la relativa seguridad de las murallas ciudadanas se consiguió más que mantener un mínimo demográfico, siempre cerca de caer en la despoblación, como reflejan claramente las tasas de crecimiento y el gráfico 14. La situación de Antequera es, pues, muy similar a la de las demás poblaciones de la zona. Por ejemplo, Olvera es conquistada en 1327, siendo entregada inmediatamente en señorío. Pero todos los esfuerzos por repoblarla fueron baldíos, y al menos hasta 1482 sólo se mantuvo allí una guarnición militar, compuesta de 120 hombres, de los que, por cierto, 80 estaban solteros y 40 casados (AGUADO GONZÁLEZ, 1987, 29-30), lo que ya nos indica su escaso potencial repoblador. Tampoco en Zahara el proceso repoblador pudo avanzar durante las tres cuartas partes del siglo XV, a pesar de que el concejo de Sevilla parece estar dispuesto a aceptar e incluso a subvencionar a los musulmanes que acudiesen a poblar la villa, como hizo con las dos mujeres y dos hombres “que se vinieron desde su tierra por su voluntad a la villa de Zahara para hacerse cristianos” en 1409 (AMS, Pap. May., 1408, nº 50). Incluso resultaba difícil evitar las deserciones: en 1411 se establece que, hasta tanto se poblase la villa, en Zahara debía permanecer una guarnición de 70 hombres, relevándose cada dos meses (AMS, Pap. May., 1410, nº 186), pero parece que algunos de estos soldados no llegaron a ir a Zahara, por lo que se ordenó el embargo de sus bienes (AMS, Pap. May., 1411, nº 20). La situación de Teba a mediados del siglo XV es suficientemente gráfica: la villa tenía ochenta casas -recordemos que su guarnición teórica era de 300 soldados-, de las que sólo estaban habitadas realmente 35, puesto que el resto había huido ante la falta de protección frente a los musulmanes; para colmo, quince de las casas supervivientes estaban ocupadas por viudas (QUINTANILLA RASO, 1979, 100). Por fin, en Jimena, conquistada en 1431, apenas hubo ocasión para asentar más que una pequeña guarnición antes de volver a ser ocupada por los granadinos veinte años después (SÁNCHEZ SAUS, 1982, 27). Todas estas dificultades crearon, además, una auténtica “psicosis de despoblación” en la frontera, en expresión de M.C. Quintanilla Raso, produciéndose reacciones fuertes e incluso violentas cuando existían migraciones; así, cuando dos vecinos de Priego quieren emigrar a Antequera en 1453, tanto el señor de Aguilar como el propio concejo de Priego tratan por todos los medios de impedirlo, alegando que Priego está mucho más cerca de la frontera (QUINTANILLA RASO, 1984, 509). Los relatos cronísticos de las conquistas, tanto cristianos como musulmanes, han permitido espigar algún dato comparativo entre el volumen de las poblaciones musulmanas y el de las cristianas. Por ejemplo, sabemos que Jimena debía tener unos 500 vecinos en el momento de su conquista (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 494), que fueron sustituidos, como hemos visto, por una pequeña guarnición de la que no tenemos datos precisos, pero que desde luego debía estar bastante lejos de esa cifra. En Antequera, en el momento de la conquista salieron de la ciudad 895 hombres, 770 mujeres y 863 niños musulmanes (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 331), pero sólo se llegó a repoblar con 630 cristianos (ALIJO HIDALGO, 1983 a, 20 y 67), es decir, un descenso del 30 % en el vecindario. Otro caso conocido es el de Zahara, de la que parece que salieron en 1407 453 vecinos musulmanes (GUILLÉN ROBLES, 1874, 289); su guarnición se establece en 300 soldados, pero en el momento de sufrir su primera despoblación, algunos meses después, sólo existían en la villa 110 hombres, 61 mujeres y 122 niños, que fueron muertos o cautivados (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 315); en 1410, según Esteban Rallón, se había llegado a 174 vecinos (VILAPLANA, 1974, 427-501; RALLÓN, 1891-1894, 34), pero ésta cifra, sin embargo, supone un descenso del 42 % respecto del vecindario musulmán. En resumen, en los años de existencia de la frontera, las villas de la zona parecen perder entre un 30 % y un 40 % de su población, e incluso más, al ser conquistadas, aunque de todas formas, siempre parece lógico pensar que una población asentada debe presentar un mayor nivel demográfico que una población nueva y sometida a continuos ataques. Por cierto, que estas cifras dan pie para algunos pequeños cálculos sobre estructura familiar. En Antequera, suponiendo que el número de mujeres equivale al de familias, resultan aproximadamente 1,1 hijos por familia. Aun asumiendo que muchos de los catalogados como “hombres” serían jóvenes que aún convivirían con sus padres -suposición que podría contrarrestarse teniendo en cuenta la extensión que tuviera la poligamia en la ciudad, lo cual hoy por hoy es completamente desconocido-, y contando con un buen número de bajas de estos jóvenes durante el asedio de la ciudad, es necesario reconocer que se trata de un muy bajo índice de reproducción. Desde luego, las especiales circunstancias de la ciudad debieron influir bastante en estos datos. De hecho, al narrar la conquista de Alhama en 1482, situada más alejada de la frontera, Fernando del Pulgar, probablemente testigo presencial de los hechos, señala cuatro mil mujeres y niños para mil hombres en la ciudad (PULGAR, 1943 b, 10), lo que significa unos tres hijos por familia. El mismo cálculo, pero aplicado al bando 0 500 1000 1500 2000 2500 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Alcalá Gazules Antequera Zahara Sierra - 79 - - 80 - cristiano, puede realizarse para Zahara, donde resultan dos hijos por mujer, más los hombres contados de forma independiente y que en realidad fuesen jóvenes no emancipados. En todo caso, estos datos resultan bastante significativos. La desaparición del peligro militar tras la caída de Málaga en 1487 provocó el despegue demográfico de la zona. De nuevo la ciudad de Antequera es la que mejor refleja este proceso, como se observa simplemente en el gráfico 14. Según los repartos de tierras de 1494, en este momento hay 221 vecinos naturales -57 caballeros, 153 peones, 11 menores- más 150 vecinos nuevos -39 caballeros, 111 peones-; dos años después se habían marchado 9 peones, pero habían llegado 30 más (ALIJO HIDALGO, 1978, 12). En este último reparto se indica también el tiempo que llevan los nuevos vecinos en Antequera y, por tanto, el año de su llegada a la ciudad: Fechas Vecinos inmigrantes 1476 o antes 9 vecinos 1477-1481 7 vecinos 1482-1486 24 vecinos 1487 17 vecinos 1488 30 vecinos 1489 11 vecinos 1490 13 vecinos. Cuadro 7: Nuevos vecinos en Antequera Esto significa que casi todos los inmigrantes llegaron después de la conquista de Málaga en 1487 (ALIJO HIDALGO, 1983, 93). La mayoría de ellos procede de Córdoba y Sevilla, como los soldados que formaban la guarnición en 1424 (ALIJO HIDALGO, 1983, 94). En cuanto a los inmigrantes del siglo XVI parece que se establecieron en los arrabales, que aumentan notablemente de tamaño: en 1500 el concejo otorga un antiguo ejido para construir casas para inmigrantes; en 1502 se decide construir una plaza nueva, ampliada en 1508; en 1512 y 1513 se dan licencias para un total de seis tiendas de comestibles para los moradores; en 1518 se aprueba la construcción de otras dos plazas en lugares adecuados. Paralelamente se intenta que la población preexistente no se traslade a los arrabales, prohibiendo a los regidores, por ejemplo, residir allí. (PAREJO BARRANCO, 1987, 81-82). Coyunturalmente se han registrado emigraciones colectivas, como la protagonizada por 23 vecinos que a finales de 1496 deciden abandonar la ciudad por no pagar una derrama (PÉREZ GALLEGO, 1992, 42). Sin embargo, tanto las cifras como los testimonios indirectos señalan indiscutiblemente el crecimiento espectacular de Antequera. Este caso, además de ser el mejor conocido, es el más llamativo. Pero en el resto de la zona el movimiento repoblador se refuerza también de forma clara. En 1485 el marqués de Cádiz, señor de Olvera, manifiesta que “tiene en voluntad de poblar e asimismo quiere faser edificar en los dichos logares iglesias notables” (AHN, Nobleza, Osuna, caja 93, nº 20 y caja 61, nº 9), concediendo franquezas para ello (AGUADO GONZÁLEZ, 1987, 31). En 1490, en - 81 - un acuerdo entre este señor y el obispo de Málaga ya se alude a “las labransas e vesindad dellas [Olvera y Ortejícar]” y a que se deben al impulso dado por el señor (AGUADO GONZÁLEZ, 1987, 33). Tras la muerte del marqués en 1492 su viuda, Beatriz Pacheco, inicia la repoblación de la Sierra de Villaluenga, que le había sido otorgada en señorío (MANCHEÑO OLIVARES, 1893, 233); el repartimiento de tierras se efectuó en 1501, con un total de 317 pobladores procedentes de Arcos, Villamartín, Espera y Bornos, con algunos de Marchena (MANCHEÑO OLIVARES, 1893, 236). Todavía en Olvera se efectuaron nuevos repartos de tierras en 1504 (AGUADO GONZÁLEZ, 1987, 34). Tampoco aquí, naturalmente, faltaron las dificultades -en 1490 el marqués de Cádiz concede al alcaide de Zahara la alcaldía de Arcos como compensación por la prohibición que le había hecho de traer más ganado a Zahara, de forma que muchos potenciales pobladores no acudían a la repoblación de esta villa (MANCHEÑO OLIVARES, 1893, 237-238)-, pero, sin duda, se consiguió aumentar la población de la zona. No obstante, es necesario tener siempre en cuenta que el caso de Antequera es excepcional dentro de la zona, y que el crecimiento en el resto del área es mucho más moderado, como muestran las tasas del apéndice 2. Probablemente la mayor parte de los inmigrantes sólo se establezcan aquí de forma temporal, a la espera de acudir a las tierras malagueñas o granadinas, mucho más fértiles. Sólo queda repasar el volumen de población eclesiástica que, como en el resto del Reino de Sevilla, hasta principios del siglo XVI se corresponde aproximadamente con la evolución demográfica. Durante casi todo el siglo XV los únicos clérigos seculares estaban en Antequera. Según el Libro Blanco de la Catedral de Sevilla, en 1411 había seis eclesiásticos en la ciudad (SÁNCHEZ HERRERO, 1982, 279). Este número iba a aumentar poco a poco, y a finales de siglo habían llegado a ser 18. Pero al separarse la iglesia antequerana de la diócesis de Sevilla en 1487, se produce un fuerte aumento del número de clérigos, y en 1503, año de erección de la Colegial, había ya 41 eclesiásticos (PAREJO BARRANCO, 1987, 232). Paralelamente, en 1500-1527 se establecieron en Antequera siete conventos, atraídos por el aumento demográfico (PAREJO BARRANCO, 1987, 235). En cuanto al resto de las villas, sólo cabe señalar un convento fundado en 1506 en Alcalá de los Gazules (MIURA ANDRADES, 1998, 155). 3.2.- Reino de Córdoba El antiguo Reino de Córdoba se corresponde aproximadamente con la actual provincia. Sólo cabe señalar que la localidad de Peñaflor, actualmente cordobesa, pertenecía a Sevilla, y que Chillón, hoy en la provincia de Ciudad Real, era de Córdoba. La división espacial de este reino es mucho más sencilla que la de Sevilla, fundamentalmente debido a sus dimensiones más reducidas. Básicamente, podemos distinguir tres zonas: la Sierra de los Pedroches al norte, la Campiña, y la Sierra Subbética o Frontera al sur. Para simplificar, consideraremos en la Campiña los pueblos que Antonio López Ontiveros (1970, 9) incluye en esta zona, mientras que el resto quedarían encuadrados en cada una de las zonas serranas. Se trata de una comarcalización de carácter geográfico más que histórico, en la que algunas localidades de carácter fronterizo, como Baena o Luque, aparecen en la Campiña. Sin embargo, como en otros lugares de esta obra, hemos optado por esta solución aunque tendremos en cuenta los datos de estas dos localidades en relación con la Frontera. Por otra parte, la Sierra de los Pedroches incluye, además de esta Sierra propiamente dicha, la comarca llamada “Penillanura”, que en su mayor parte se encontraba despoblada, y aún hoy presenta una densidad de población sensiblemente más baja que las comarcas cercanas. - 82 - La falta de datos demográficos, que es grave en los tres reinos estudiados, es todavía mayor en Córdoba, que resulta ser el reino con menor número de referencias concretas. Más arriba hemos aludido a esta circunstancia, que nos ha obligado a realizar cálculos diferentes en este Reino para tratar de aproximarnos a las cifras de población globales anteriores a 1450. Sin embargo, los resultados son perfectamente coherentes. La tasa de crecimiento global para todo el período estudiado resulta ser bastante similar a la de Sevilla, aunque la comparación con las cifras de población sugiere que, en realidad, esta tasa debiera ser algo inferior en Córdoba. Esta impresión se refuerza al comparar las tasas de crecimiento en las etapas en que esta comparación puede hacerse directamente. Por otra parte, observando el cuadro de las tasas globales que aparece en el apartado 1 de este capítulo, parece que las diferencias en las tasas de crecimiento entre Córdoba y Sevilla fueron aminorándose poco a poco, de forma que para el período 1400-1490 el crecimiento sevillano fue superior en casi un 0,7 % anual, mientras que para el período 1490-1530 la diferencia se ha reducido a un 0,2 % anual. 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 CAMPIÑA 0,93 -0,36 -0,33 -0,73 FRONTERA 3,14 1,53 0,15 1,16 S. PEDROCHES -2,47 0,89 2,23 REINO CÓRDOBA 0,53 0,68 -0,09 0,89 Cuadro 8: Tasas de crecimiento en el Reino de Córdoba Sin embargo, el propio gráfico 1 muestra una población con un crecimiento sostenido uniforme, sin grandes variaciones en sus tasas. La aparente contradicción entre estos datos y las apreciaciones que acabamos de hacer se debe a la escasez de datos. En efecto, como se muestra en el apéndice 1, los únicos datos para el período 1400-1490 corresponden a las localidades de Baena y Doña Mencía, ambas situadas al sur del Reino, bastante próximas entre sí y ambas señorializadas -por cierto, en manos de la misma familia, la de los condes de Cabra-, aunque sus magnitudes demográficas no sean comparables. Esto quiere decir que ignoramos casi todo lo referente a la evolución demográfica del centro y norte del Reino durante la primera mitad del siglo XV. Sólo en la Sierra de los Pedroches podemos intuir un crecimiento moderado, al observar las tasas globales del período 1400-1530 -aunque también en este caso sólo contamos con datos de una población, Alcaracejos- y compararlas con otras etapas con las que podemos contar. En el período 1450-1530 el número de poblaciones que presentan datos es ya algo superior, especialmente en las dos sierras, de forma que se pueden establecer algunas comparaciones. Así, tanto la Sierra de los Pedroches como la Frontera presenta unas tasas moderadamente elevadas, mientras que la Campiña parece estancarse. De nuevo hay que extremar las precauciones, ya que las tasas campiñesas provienen sólo de los datos de Baena y de Castro del Río, y quizá haya que suponer la tasa real de esta zona algo más elevada de lo que aparece en los cálculos. Así pues, parece que esta es una época de crecimiento generalizado, aunque suave, especialmente en las zonas montañosas del Reino. De alguna forma, los datos de 1490-1530 pueden matizar estas afirmaciones, sobre todo teniendo en cuenta que ahora el espectro de poblaciones con las que contamos es mucho mayor, especialmente en la Campiña. En esta zona, el crecimiento es claro pero moderado; sin embargo, cabe destacar que las diferencias entre unas poblaciones y otras puede ser bastante significativa. La población campiñesa con una tasa de crecimiento mayor es Almodóvar, que llega a poco menos del 4 % anual, un auténtico boom poblacional, mientras que, en el extremo contrario, El Carpio registra un descenso anual de casi 1,7 %. Esto significa que, aunque en líneas generales el aumento demográfico sea la tónica en esta zona durante el período 1490- 1530, existen factores de incidencia local nada despreciables. En cuanto a las sierras, llama la atención el descenso demográfico de Los Pedroches, tendencia que se aprecia de forma clara no sólo en la tasa conjunta de la zona, sino también en cada una de sus poblaciones. La situación de esta zona de Sierra Morena es todavía más llamativa si la comparamos con el fuerte crecimiento que hemos comprobado en esta época para las zonas serranas de Sevilla, especialmente en la Sierra de Constantina, que es la más cercana geográficamente a Los Pedroches. Sin embargo, en esta ocasión creemos que los datos están enmascarando la realidad de un crecimiento demográfico. Analizaremos estos extremos más adelante. Un pequeño detalle, pero significativo, antes de emprender el estudio por zonas. Según Ladero Quesada (1978 c, 379) el óptimo de población que podría soportar la producción cerealera de Córdoba a finales del siglo XV sería de unos 150.000 personas; pues bien, nuestros datos señalan una población para todo el Reino hacia 1490 de 27.000 vecinos, lo que puede suponer, aceptando a priori los coeficientes de conversión de vecinos en habitantes más frecuentes, unos 110.000 - 120.000 habitantes. Esto significa que, teóricamente, el Reino de Córdoba resultaría en esta época excedentario en cuanto a su producción cerealística, si bien, como señala el propio Ladero, hay que tener en cuenta la distribución, comercialización y reparto de los alimentos. 3.2.1.- CAMPIÑA 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Baena Castro Luque Santaella Villafranca Resulta muy difícil acercarse a la evolución de la población de la Campiña cordobesa durante el siglo XV. No se trata sólo de la falta de datos cuantitativos, sino incluso de noticias - 83 - - 84 - indirectas que pudieran orientarnos en este sentido, sobre todo en lo referente a la primera mitad del siglo. El único dato concreto lo proporciona la ciudad de Baena, que muestra una clara tendencia al descenso, como se aprecia en el gráfico 15. No tenemos otros datos que confirmen esta tendencia, pero sabemos, por ejemplo, que la parroquia de Belmonte quiso añadir un beneficio a su dotación durante todo el siglo, pero que no lo conseguiría hasta el XVI (SANZ SANCHO, 1989, 301). Sin embargo, lo cierto es que la mayor parte de los muy escasos datos indirectos que tenemos, casi todos relativos a la construcción de iglesias, señalan más bien un crecimiento demográfico, aunque quizá no demasiado fuerte. Así, ya en 1386 empieza a poblarse la explanada entre la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas y el castillo de Fernán Núñez, dando lugar a la población de este nombre (CRESPÍN CUESTA, 1994, 79). En 1404 se labra la primitiva parroquia de Montilla, S. Sebastián, que sustituye a la anterior, Vera Cruz (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 335). En Almenara, cerca de Peñaflor, sabemos que en 1405 existían algunas casas e incluso una iglesia en buen uso (FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 1984 a, 132-135), y en este caso parece que la evolución demográfica positiva se continuó, puesto que en 1427 el concejo de Córdoba reclama su derecho a nombrar en el “lugar” dos jurados (FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, 1984 a, 137-138). Todavía en 1420 los vecinos de Castro del Río erigieron la ermita de la Madre de Dios para comodidad de los que vivían en el arrabal (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 260). No tenemos más datos de la primera mitad del siglo XV. A partir de 1450, se continúa y se agudiza el descenso poblacional de Baena, pero, en cambio, contamos con otro dato cuantitativo, el de Castro del Río, que revela un lento crecimiento. Algunos indicios indirectos, también fundamentalmente relacionados con la estructura parroquial, permiten reforzar algo esta idea del lento crecimiento demográfico. Por ejemplo, en Montilla la parroquia de S. Sebastián, que habíamos visto erigirse a principios de siglo, sería sustituida en 1460 por la de Santiago (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 335). Hacia 1476, fecha en que se construye una cripta para los señores de la villa, debió ampliarse la iglesia de El Carpio (MUÑOZ VÁZQUEZ, 1963, 127). En 1483 la antigua parroquia de Montoro, Sta. María de la Mota, es sustituida por la nueva de S. Bartolomé (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 352). De todas formas, es necesario tomar estos indicios con prudencia, porque no siempre la construcción o reforma de parroquias indica un crecimiento demográfico, y además en otros lugares la situación no era tan brillante: en 1454 la aldea de Montalbán estaba llena de solares y casas derruidas, y en 1505 todavía seguía en esa situación (QUINTANILLA RASO, 1979, 222), aunque más tarde será repoblada. No obstante, resulta más fiable la insistencia de los vecinos de Villafranca, que desde 1463 piden a la Orden de Calatrava que les construya un nuevo horno; en 1492 se insiste en ello, indicando que el existente no daba ya abasto por el crecimiento demográfico, y en 1495 se vuelve a insistir, hasta que parece que por fin se construyó en 1496 (QUINTANILLA RASO, 1979 b, 292). No obstante, el propio ritmo de estas peticiones está señalando la época posterior a 1490 como la más favorable al crecimiento demográfico, aun suponiendo que los vecinos de Villafranca hubieran realizado peticiones similares en otros momentos de las que no tenemos noticias. Un ejemplo similar, que ilustra el posible cambio del ritmo ascensional de la población de la Campiña cordobesa, es el de Monturque, cuya repoblación se intenta por primera vez en 1455, pero en 1495 todavía el lugar no es más que una dehesa por la que pleitean los concejos de Santaella y Córdoba; sólo cuando la Chancillería de Granada, tras varias apelaciones, entregó el paraje a Santaella se pudo iniciar una auténtica repoblación, que no cobró un auténtico impulso hasta 1517 debido a la acción del II marqués de Priego, que - 85 - fomentó la inmigración de 24 familias desde Montilla y otras más de Lucena y otras villas (RAMÍREZ DE LAS CASAS-DEZA, 1986, 361; ALIJO HIDALGO, 1983 b, 250). Sin embargo, en este caso probablemente no sólo influye una evolución positiva general de la población, sino también el cambio de jurisdicción. En todo caso, los testimonios de aumento demográfico en esta etapa son ya más abundantes. Así, en Montoro se reconstruye la parroquia principal en 1487 y paralelamente se construye una nueva en los arrabales, mientras se emprende la roturación de zonas de sierra para plantar vides y olivos (CRIADO HOYOS, 1983, 109-110). Las ordenanzas de 1541 de Villafranca, cuyo aumento demográfico, como hemos visto, se había iniciado algunos años antes, muestran un auténtico interés por recuperar solares para levantar casas, llegando incluso a poder expropiar huertas o sembrados intramuros o en los arrabales para el efecto (MARTÍN BUENADICHA, 1987, 245-246). De igual forma, sabemos que a partir de 1528 se repartieron solares para casas extramuros en el Carpio (MUÑOZ VÁZQUEZ, 1963, 90). En 1537 y 1539 se hace repartimiento de tierras en Cañete ante la necesidad de las mismas que tenían los vecinos (GONZÁLEZ MORENO, 1983, 65-67; A.D. Medinaceli, Medinaceli, leg. 225, nº 15). Sin embargo, estos indicios deben contrastarse con los que apuntan a la existencia de importantes movimientos migratorios, especialmente desde las villas más meridionales hacia la cercana Frontera. Por ejemplo, sabemos que en 1511 cinco vecinos de La Rambla emigraron a Montalbán, que estaba siendo poblada por entonces, atraídos por las franquezas otorgadas a los pobladores (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 325). La presión fiscal estuvo, al parecer, en la base de la emigración de 23 vecinos de Castro del Río, algunos de los cuales se fueron a Aguilar (QUINTANILLA RASO, 1979 a, 224). De igual forma, hacia 1490-1491 algunos vecinos de Baena y Luque emigraron a los señoríos vecinos fronterizos, como Priego y Carcabuey (QUINTANILLA RASO, 1979 a, 223). También se dejó sentir la atracción de la repoblación de Granada, y así sabemos que un total de 15 familias de Luque emigraron a Loja, Montefrío, Vélez Málaga, Ronda y Antequera (ARJONA CASTRO, ESTRADA CARRILLO, 1977, 84). El caso de Luque resulta interesante porque abundan los testimonios que hablan de su despoblación en los primeros años del siglo XVI, debida a la emigración. Acabamos de señalar cómo tanto la repoblación de Granada como las franquicias ofrecidas por los señoríos fronterizos impulsaron a algunos vecinos a abandonar la villa. Sin embargo, otros indicios, quizá más consistentes, inducen a pensar lo contrario. El más importante es la evolución que reflejan las cifras de población: un crecimiento lento, nada espectacular, pero, desde luego, alejado de la despoblación. Este aumento demográfico sólo parece iniciarse tras la conquista de Granada, como indica la fundación de la primera parroquia -pronto tendría una segunda- en tiempos de Alejandro VI (1492-1503), aunque probablemente se inició un ligero movimiento repoblador en 1466, fecha de su paso del realengo al señorío del conde de Cabra (GARCÍA JIMÉNEZ, 1987, 184). El propio informe anejo al censo de 1530 indica que hacía 25 años que la villa estaba perdiendo población, “aunque en poca cosa, a causa que ay lugares francos en la comarca a donde se van a bibir”; sin embargo, en el propio censo, se observan algunos indicios de inmigración en Luque: aparece una “gallega”, dos vizcaínos, un francés y un inmigrante de Baena, de forma que quizá esta información deba tomarse con cierta precaución (ARANDA DONCEL, 1984, 39; AGS, Consejo y Juntas de Hacienda, leg. 14, nº 87). En todo caso, sí parece que, avanzando más en el siglo, la evolución demográfica de Luque tuviese un mayor signo negativo, como parece indicar el mal estado de una de sus dos parroquias (ARJONA CASTRO, ESTRADA CARRILLO, 1977, 89). - 86 - Sorprendentemente, los testimonios indirectos sobre la evolución demográfica de las localidades más cercanas al Guadalquivir son prácticamente nulos. Sin embargo, a tenor de las tasas obtenidas en estas localidades, aquí se concentran los mayores crecimientos relativos de la zona: Palma del Río y La Rambla superan el 2,5 % anual, mientras que Villa del Río y Guadalcázar rebasan ampliamente el 3 % y Almodóvar casi llega a un espectacular 4 % anual. Ciertamente aquí también aparecen las únicas tasas negativas de la zona, que rondan el 1,5 % anual. Sin embargo, la impresión global resulta bastante clara a favor de un crecimiento mucho más intenso en la zona cercana al río Guadalquivir que en la zona cercana a la Sierra Subbética. No obstante, en toda la zona se aprecian claramente unos movimientos migratorios bastante importantes, que en el área ribereña llegan a producir desequilibrios en la evolución demográfica, mientras que más hacia el Sur parece que los efectos de las migraciones internas quedan amortiguados por la emigración hacia la Frontera y hacia el Reino de Granada. En todo caso, en 1530 la máxima densidad en la Campiña se registra en los pueblos más cercanos al Guadalquivir (FORTEA PÉREZ, 1981, 86). La población eclesiástica de la zona estaba, al parecer, más mediatizada por la presencia de señoríos que por las necesidades demográficas reales. No obstante, respecto al clero secular sólo contamos con una lista de curatos (CABRERA MUÑOZ, 1978 c, 397-412), de la que no podemos averiguar cuántos de estos cargos estaban realmente cubiertos. En cuanto al clero regular, J. Sánchez Herrero señala sólo una fundación anterior a la conquista de Granada, concretamente en el año 1400 en Palma del Río; además se levantarían otras dos en 1499 y 1518, junto con sendos conventos en Baena y Bujalance, y otros tres más en Montilla (SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435). Sin embargo, esta lista debería ampliarse, puesto que sabemos que en la propia Palma del Río se levantó un convento de dominicas en 1478, aunque ciertamente sobre otro anterior, masculino, suprimido en 1420 (SANZ SANCHO, 1989, 901) y que probablemente sea el mismo fundado en 1400. Por otra parte, en 1528 se funda uno más en Montilla -no recogido en la lista de Sánchez Herrero-, del cual sabemos que tenía nueve monjas en el momento de su fundación (RAMÍREZ Y LAS CASAS- DEZA, 1986, 338). No tenemos muchos datos sobre judíos en la zona. Tanto éstos como los mudéjares son nombrados entre los vasallos que recibe Diego Fernández de Córdoba junto con el señorío de Baena en 1394 (ORTÍ BELMONTE, 1954, 28). Además, la judería de La Rambla es mencionada entre las afectadas por el pogrom de 1473 (ESCOBAR CAMACHO, 1987, 65). Sin embargo, destaca entre las minorías étnico-religiosas la morería de Palma del Río, que es sobradamente conocida por los estudiosos. Aquí diremos solamente que se fundó, por iniciativa de los señores de la villa, en tiempos de Pedro I con moros traídos de Gumiel (Burgos), y se convirtió en la morería más importante de Andalucía (LADERO QUESADA, 1978 a, 272), y que en 1498 esta morería tenía 126 vecinos, que pasaron a 118 en 1499, 119 en 1500 y 121 en 1501 (LADERO QUESADA, 1972-1973, 489). Esto significa, si aceptamos la cifra de 900 vecinos proporcionada por Hernando Colón, aproximadamente el 13 % de la población total de la villa; sin duda, una proporción exagerada. 3.2.2.- FRONTERA Al igual que ocurría en la Frontera sevillana, la delimitación entre esta zona y la vecina Campiña es, en muchos casos, difusa. Como hicimos entonces, hemos preferido utilizar para delimitar una y otra un criterio más geográfico que histórico, lo que explica que poblaciones como Luque o Baena se hayan incluido en la Campiña, mientras que, por ejemplo, Doña Mencía se considera población fronteriza. No obstante, se han tenido en cuenta todos estos aspectos a la hora de elaborar hipótesis de evolución demográfica. A primera vista, esta evolución puede describirse fácilmente: estancamiento hasta aproximadamente 1490, e importante aumento demográfico después. En este sentido, nada demasiado diferente de lo que hemos observado en la zona sevillana o de lo que analizaremos en Jaén. Incluso existe una localidad, en este caso Lucena, que experimenta un brusco y espectacular aumento demográfico justo a partir de la desaparición del peligro musulmán, aunque aquí parece que este aumento es más coyuntural que otra cosa. 0 500 1000 1500 2000 2500 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Cabra Carcabuey Doña Mencía Lucena Priego En efecto, Lucena sufrió serias dificultades para ser poblada durante casi todo el siglo XV. A principios de siglo se le otorgó la exención de alcabalas para intentar frenar la despoblación (MITRE FERNÁNDEZ, 1973, 29), aunque parece que con un éxito relativo. Todavía en 1475 los Reyes Católicos piden al Papa indulgencias para los que acudan a reparar las murallas de Lucena, habida cuenta de la pobreza de sus vecinos debida a las incursiones musulmanas (GONZÁLEZ MORENO, 1992, 36). En 1494-1498, coincidiendo con el aumento demográfico que señalan nuestros datos, empieza a construirse una nueva iglesia (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 308). Desde luego, una tasa de crecimiento de casi 5,5 % anual sólo puede deberse a una afluencia masiva de inmigrantes, motivada por la desparición del peligro fronterizo, pero desgraciadamente no tenemos ningún dato que nos permita intuir su procedencia o la cronología de su llegada. Naturalmente, también aquí es la motivación política la causa de mantener en muchas de estas localidades una población “artificial”, que incluso desaparece para volver a levantarse gracias al esfuerzo de los poderes públicos. El caso de Cañete ha quedado reflejado en las crónicas y puede ilustrar suficientemente este tipo de procesos: “[Durante la campaña de 1482, los pobladores de Cañete han ido a realizar una incursión en territorio musulmán], e como los moros sopieron que los que - 87 - - 88 - guardaban aquella villa eran idos, e quedavan pocos en ella para la defender, conbatiéronla e entráronla por fuerça, e llevaron cativos todas las mugeres e viejos e niños que en ella hallaron, e quemaron la villa. E como esto supo el adelantado que la tenía en cargo, vino a la villa con gente de su casa, e propuso no salir della fasta reparar los muros e torres que avían destruýdo los moros; e puso en ella moradores de nuevo que la defendiesen, porque estava en lugar dispuesto para hazer guerra a los moros e guardar la tierra de christianos” (PULGAR, 1943 b, 38). Por otra parte, la primera mitad del siglo conoce algunos intentos repobladores que, como mucho, sólo llegan a mantener a duras penas la población inicial. La propia Cañete fue poblada en 1409 (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 311) y una situación similar describe Ortiz de Zúñiga en Priego, arrasada por los musulmanes en 1409 y reconstruida luego con mucho esfuerzo (ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 a, 321). Pero el caso más conocido es Doña Mencía, que era una heredad desierta cuando en 1415 su propietario, el mariscal Diego Fernández de Córdoba, obtiene permiso para fundar una nueva población. Los primeros edificios se levantaron en 1416, en 1419 ya existía una iglesia y en 1420 se obtuvieron exenciones de alcabalas para 20 repobladores. En 1421 se funda un convento de dominicas, puesto que no había un cura que atendiese la iglesia y los vecinos no querían ir hasta Baena a misa por temor a ser atacados por los musulmanes (MONTÁÑEZ LAMA, 1956, 232-233), lo que habla bien a las claras de las dificultades para mantener la población estable en este lugar. Probablemente estas dificultades se repitieran en Rute, que fue entregada en 1434 a Ramiro Sánchez de Barrionuevo con condición de poblarla, para lo que atrajo a vecinos de Iznájar y Segovia (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 403), no sabemos con qué grado de éxito. De todas formas, en algunas localidades su importancia estratégica determinó la existencia de una población “artificial” de carácter militar, mantenida allí contra viento y marea. Así ocurrió con los aproximadamente 350 vecinos de Priego, aunque en este caso sabemos que en 1426 se constituyó una cofradía de caballeros, que incluía también a los de Carcabuey, y que, sin duda, pudo ayudar a mantener allí a este grupo socio-militar como base para la estabilidad demográfica (QUINTANILLA RASO, 1984, 509, n. 2). En estas condiciones, y teniendo en cuenta el alto grado de señorialización en la zona, los diferentes señores procuraban a toda costa mantener el mayor número de vasallos posible, recurriendo sin rubor a la coacción para impedir la emigración. Ya hemos hecho alusión al conocido caso de los dos vecinos de Priego que en 1453 pretenden emigrar a Antequera, razón por la que son condenados a cien dias de trabajos forzados por su concejo de origen; a pesar de todo se marchan, y entonces Priego incia un proceso contra Antequera por haberlos aceptado, alegando estar más cerca de la frontera que la población sevillana (QUINTANILLA RASO, 1979, 223). Tras la conquista de Granada, el aumento demográfico permitió suavizar el trato dado a los emigrantes. De hecho, en el padrón de Loja de 1491 aparecen nueve matrimonios procedentes de la propia Priego, de los que al menos dos llegaron en 1487 (PELÁEZ DEL ROSAL, QUINTANILLA RASO, 1977, 127). De igual forma, en 1491 el conde de Cabra escribe al señor de Luque para que no se impongan cargas excesivas a los vecinos de esta villa que quisieran emigrar a Priego y Carcabuey (PELÁEZ DEL ROSAL, QUINTANILLA RASO, 1977, 151). Un informe sobre la abadía de Rute procedente del archivo ducal de Baena revela que en 1498 el lugar estaba despoblado -lo que indica el fracaso de su primer intento repoblador-, pero que al año siguiente ya se inicia la roturación del término, auspiciada por el III conde de Cabra; en 1508, a expensas del propio señor de la villa, se empieza a construir la iglesia parroquial (AHN, Nobleza, Baena, 208/35). Por otra parte, parece que el movimiento ascendente de la población empezó algunos años antes, como parece indicar la construcción de la iglesia parroquial de Espejo en 1483 (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 273). Además, en la propia Priego se constata un desplazamiento de la población hacia los arrabales, de forma que es necesario construir allí una nueva parroquia, terminada en 1541 (RAMÍREZ Y LASCASAS-DEZA, 1986, 380). No obstante, en algunos casos parece que persistieron las dificultades, como en Benamejí, donde las primeras casas aparecen en 1512, con muy pocos pobladores, y todavía en 1534 su población era poco más que un simple proyecto (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 187-188). Además del convento al que hemos hecho alusión en Doña Mencía, sólo conocemos la fundación de otro convento en Priego, ya en 1515 (SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435), sin que podamos avanzar más en el estudio de la población eclesiástica de la zona. No obstante, parece que la fundación de parroquias había seguido muy de cerca al proceso conquistador, de forma que en la época que estudiamos la red parroquial estaba ya claramente establecida (SANZ SANCHO, 1994, 14), aunque no podemos decir con seguridad si estaba igualmente dotada. Por último, de nuevo aparece en esta zona una aljama mudéjar bastante numerosa y vinculada al señorío. Se trata de la morería de Priego, cuyo origen está en las 30 familias traídas desde Montefrío en 1485, amparadas por Alfonso de Aguilar. Sorprendentemente, presentan una evolución demográfica positiva bastante notable: 42 familias en 1498, 59 en 1499, 59 en 1500, y 67 en 1501. Al final, todos acabarán convirtiéndose (LADERO QUESADA, 1972-1973, 489; PELÁEZ DEL ROSAL, QUINTANILLA RASO, 1977, 133- 134). 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 1800 2000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Adamuz Alcaracejos Bélmez Fuenteovejuna Pedroche 3.2.3.- SIERRA DE LOS PEDROCHES - 89 - Como señalamos más arriba, bajo la denominación de ”Sierra de los Pedroches” englobamos no solamente esta sierra, sino en general toda la zona norte del Reino, incluyendo la Sierra Morena cordobesa y también la comarca llamada “Penillanura”, intermedia entre la - 90 - Sierra y la Campiña, y cuya población era ciertamente escasa durante todo el período estudiado. La evolución demográfica de las poblaciones de la zona, reflejada en el gráfico 17, parece indicar, en general, un ritmo de crecimiento lento hasta llegar a 1520, momento en que parece producirse un brusco y fuerte descenso demográfico. Esta idea se trasluce también de las tasas de crecimiento del apéndice 2. Sin embargo, debemos ser muy cautos a la hora de analizar estos datos. En primer lugar, su propia escasez e irregularidad reduce bastante su fiabilidad global. Pero, sobre todo, hay que tener en cuenta que, como se observa en el apéndice 1, casi todos los datos de referencia anteriores a 1530 proceden de Hernando Colón, con las implicaciones que esto conlleva. Sin embargo, aun asumiendo un generoso margen de error en esta fuente, diferencias de seiscientos o setecientos vecinos son demasiado amplias para achacarlas exclusivamente a este motivo. Además, en el caso de Adamuz, la población más pequeña de las tres en que tenemos datos a través de esta fuente -es sabido que cuanto más pequeña es una población menor es también el margen de error de apreciaciones como las de Hernando Colón o sus informantes- el descenso demográfico es, desde luego, mucho menor, pero no por ello deja de existir. Así pues, parece que es posible afirmar este descenso demográfico en la zona de Pedroches durante los años finales del siglo XV y primeros del XVI, aunque bastante atenuado respecto a lo que indican las tasas y el gráfico. En todo caso, este comportamiento contrasta con la tónica general de crecimiento a partir de 1490 que venimos observando en todas las zonas. No obstante, creemos que los datos enmascaran una realidad contraria, es decir, de crecimiento demográfico durante estos años. Durante todo el siglo XV se registran importantes fundaciones de parroquias en toda la zona, a pesar de la escasez de iniciativas repobladoras por parte de los señores, como ha señalado Inmaculado Sanz Sancho. En efecto, parecen deberse a la iniciativa señorial, por motivos políticos, las fundaciones de Torrefranca y Villanueva del Duque, pero los nacimientos de Villanueva de Córdoba, Alcaracejos, Palacios de Guadalmez, Navagrande -cerca de Espiel- y La Lancha pueden atribuirse al crecimiento demográfico (SANZ SANCHO, 1989, 300). Además, parece que estas nuevas poblaciones, y algunas más que van surgiendo, se nutren fundamentalmente de vecinos de las villas preexistentes, que de esta forma ven mermada su población. Durante la primera mitad del siglo XV ya aparecen los primeros precedentes de este movimiento. Así, en 1414 un grupo de vecinos de Torre Milanos funda La Añora alrededor de una noria; sin embargo, parece que su evolución demográfica fue muy lenta y probablemente con altibajos, puesto que no obtendrá privilegio de villazgo hasta 1553 (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 39). No obstante, hacia mediados de siglo parece que la población seguía estando concentrada en las localidades más importantes. En 1447 se efectúa el deslinde del señorío del conde de Belalcázar, que abarca una buena parte de la zona que estudiamos; en él se registran dos poblaciones importantes -Hinojosa y la propia Gahete, luego llamada Belalcázar-, y sólo tres aldeas, una de ellas casi despoblada (CABRERA MUÑOZ, 1974, 28). Además, sabemos de la existencia de otras aldeas que se habían ido despoblando a lo largo de la primera mitad del siglo XV o quizá desde antes, como Torrecatalina o Coslada, ambas en el mismo término de Belalcázar (CABRERA MUÑOZ, 1977,b, 29-30). Por ello, parece que durante la primera mitad del siglo, e incluso algunos años más tarde, la población no debió crecer mucho; más bien, la impresión es de estancamiento. - 91 - Sin embargo, en los años finales del siglo aparecerán de forma casi masiva nuevas poblaciones, casi todas a costa de otras villas preexistentes. Los principales lugares emisores de población parecen ser Torre Milanos y Pedroche, junto con Fuenteovejuna. Hay que tener en cuenta que en ninguna de las fundaciones a que se alude aquí se produce cambio de jurisdicción, aunque hay que indicar que Torre Milanos y Fuenteovejuna están sujetas a doble jurisdicción, señorial y realenga, mientras que Pedroche es villa de realengo. Así,Torre del Campo se independiza de Pedroche en 1484 (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 125), Bélmez se independiza de Fuenteovejuna en 1485 (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 53), y Alcaracejos se independiza de Torre Milanos en 1488 (RAMÍREZ Y LAS CASAS- DEZA, 1986, 31). La población de Villanueva de Córdoba se realiza por la misma época a base de vaqueros emigrados de Pedroche (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 142), y Villar Alto se funda a finales del XV o principios del XVI con vecinos procedentes de Torre Milanos (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 132). También tenemos constancia de poblamiento disperso en el término de Fuenteovejuna en época de Enrique IV, coincidiendo, al parecer, con un aumento demográfico (CABRERA MUÑOZ, MORÓS GUERRERO, 1991, 43 y 103). Aunque estos hechos son anteriores a la recogida de los datos de Hernando Colón, especialmente si tenemos en cuenta que los privilegios de villazgo se limitan a ratificar la existencia de una población de hecho que probablemente venía siendo realidad desde algún tiempo atrás, no deja de ser interesante recordar que precisamente Pedroche y Fuenteovejuna son las dos poblaciones que parecen experimentar un mayor descenso demográfico en nuestros datos. Por otra parte, ya habíamos tenido ocasión de observar este movimiento de creación aparentemente espontánea de nuevas aldeas a base de presuntos excedentes demográficos de la villa “madre” al estudiar la Sierra de Aracena, donde precisamente la población que le da nombre incluye a finales del siglo XV y principios del XVI a una serie de aldeas que irán independizándose en los años sucesivos. Naturalmente, existen influencia extrademográficas en muchos movimientos de población en esta zona, como en todas las demás. Ya hemos hecho alusión a las fundaciones de Torrefranca y Villanueva del Duque. Sin embargo, los casos de intervención señorial directa en el poblamiento, aunque desde luego cumplieron el objetivo de mantener una población determinada en un lugar concreto, debieron realizarse casi siempre a costa de despoblar otros lugares. Así, la misma Villanueva del Duque se forma por el traslado masivo de los vecinos de El Allozo, que ya no volvió a poblarse (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 145). También tenemos constancia de cómo a principios del siglo XVI Gonzalo Mesía Carrillo, señor de Santa Eufemia, forzó la despoblación de las aldeas dependientes de este concejo para apropiarse de sus dehesas, dentro de un movimiento general bien conocido en la zona de usurpación de comunales; el resultado fue la despoblación permanente del término, puesto que en 1514 su sucesor, Rodrigo Mesía, intentó la repoblación de una de estas aldeas, llamada Valverde, que había llegado a tener doscientos vecinos y una iglesia, pero apenas quince años después seguía siendo un despoblado (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 120). Por último, se puede traer ahora a colación el hecho de que en 1460 Gahete tiene la mitad de población que Hinojosa, pero en 1530 tienen respectivamente 674 y 726 vecinos; este cambio en la proporción entre las dos poblaciones se debió fundamentalmente al cambio de residencia de los condes de Belalcázar de una a la otra (CABRERA MUÑOZ, 1977 a, 156 y 337). Estos hechos evidencian el escaso interés de los señores de la zona en la repoblación de sus tierras, debido probablemente al aprovechamiento ganadero del que obtenían sus rentas. - 92 - Pero este mismo razonamiento nos lleva a pensar que las nuevas poblaciones que surgen a partir de los años ochenta del siglo XV son fruto del crecimiento vegetativo. En efecto, no parece que la zona tuviese demasiados atractivos para hipotéticos inmigrantes, sobre todo teniendo en cuenta la indiferencia o quizá la hostilidad de los señores locales, como sugiere la actuación del señor de Santa Eufemia. Por otra parte, el hecho de que las nuevas poblaciones se mantuviesen en la misma jurisdicción que la villa “madre”, como hemos indicado, evidencia también, en general, la falta de factores de presión que pudieran forzar a la emigración. A pesar de todo, en 1530 esta zona es, con mucha diferencia, la menos poblada de todo el Reino de Córdoba, con una densidad que apenas llegaba a un tercio de la de la Campiña o la Frontera. Además, dentro de la propia zona, casi el 90 % de la población se concentra al norte de una linea imaginaria que pasaría entre Villanueva de Córdoba y Fuenteovejuna; las densidades más altas se alcanzan en la zona central y septentrional, mientras que Fuenteovejuna concentra dos tercios de la población de la Penillanura (FORTEA PÉREZ, 1981, 85). En cuanto a la composición social dela población, parece que el componente de privilegiados era bastante alto. Así se desprende del hecho de que en las Cortes de Toledo de 1480 el conde de Belalcázar pidiera una disminución en las lanzas que le tocaban porque en los padrones se habían contabilizado hidalgos y clérigos; efectuadas las correcciones, las 12 lanzas originales se redujeron a 9, lo que parece indicar que el grupo de privilegiados supondría el 25 % del total, algo quizá excesivo (CABRERA MUÑOZ, 1977 a, 336), pero en todo caso significativo. En todo caso, y pese a nuestra ignorancia sobre el número de clérigos seculares en la zona, sabemos que en Belalcázar existía desde 1476 un convento franciscano, que debió reconstruirse en 1488-1490 para convertirse en uno de clarisas (RAMÍREZ Y LAS CASAS-DEZA, 1986, 43). Por otra parte, a principios del XVI se funda un convento en Pedroche, más otro en 1524, y en 1532 se funda otro en Fuenteovejuna (SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435), de forma que la población eclesiástica regular resultaba ser bastante importante en relación con los niveles demográficos, como suele ser corriente en zonas fuertemente señorializadas. Tenemos algunas noticias de mudéjares y judíos. Así, en Hinojosa se alude a la existencia de judíos hacia 1420 (CABRERA MUÑOZ, 1977 a, 343), y en la donación completa de Fuenteovejuna y Bélmez al conde de Belalcázar en 1450 se alude también a judíos y moros (AHN, Nobleza, Osuna, carp. 172, doc. 1). Sabemos también que tras la revuelta de 1473, llamada “de la Cruz del Rastro”, un grupo de judíos y conversos emigró desde Córdoba a la aldea de La Posadilla, cerca de Fuenteovejuna (CABRERA MUÑOZ, MORÓS GUERRERO, 1991, 177). Por último, después de las revueltas anti-conversos de 1488 se documentan 17 conversos en Belalcázar y otros 3 en Hinojosa (CABRERA MUÑOZ, 1977 a, 341), de forma que parece que los condes de Belalcázar fueron los que otorgaron una cierta protección a los judíos huidos del realengo, y en especial desde Córdoba. 3.3.- El Reino de Jaén La definición geográfica del Reino de Jaén no resulta tan sencilla como la de Córdoba. En efecto, esta expresión no tiene el fundamento histórico que tienen las denominaciones “Reino de Sevilla” o “Reino de Córdoba”, herederos de alguna manera de divisiones políticas - 93 - musulmanas. Sin embargo, parece que “Reino de Jaén” es una expresión acuñada en época de la conquista por la cancillería de Fernando III para referirse simplemente a las tierras del alto Guadalquivir (ESLAVA GALÁN, 1982, 83). En general, se suele entender que el Santo Reino lo componen las tierras que van desde Sierra Morena hasta la frontera con el dominio nazarí, y desde el límite con el Reino de Córdoba hasta la Sierra de Segura. Pero estos límites no son tan claros como parecen. En primer lugar, la frontera con Granada es esencialmente móvil. Algunos autores han pretendido excluir toda la frontera, es decir, la Sierra Subbética, del ámbito territorial del propio Reino (ESLAVA GALÁN, 1982, 85), pero parece más lógico ir incluyendo las poblaciones fronterizas al Reino conforme se van conquistando, de la misma forma que actuaba la propia administración castellana. Esto no evita que tengamos que usar de las mismas precauciones que, a este respecto, se indicaron al tratar de la frontera gaditana. En cuanto al límite nororiental, formalmente lo constituía la Sierra de Segura, que estaba enteramente sometida a la Orden de Santiago, la cual mantenía en la zona cuatro encomiendas unidas sin solución de continuidad: las de Segura de la Sierra, Yeste, Taibilla y Socovos. Sólo la primera de ellas corresponde a territorios englobados hoy en la provincia de Jaén (RODRÍGUEZ LLOPIS, 1986, 5), pero de nuevo hemos primado el criterio geográfico sobre el histórico o administrativo, máxime teniendo en cuenta que hemos optado por la misma solución en las fronteras con Granada. Así delimitado, el Reino de Jaén se divide en cuatro zonas: el Valle -subdividido en la Campiña o zona más occidental y baja, y la Loma, más oriental y alta-, Sierra Morena, la Sierra Subbética, y la zona montañosa oriental, compuesta por el Adelantamiento de Cazorla y la encomienda de Segura (RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 21-22); esta última zona la denominaremos, por extensión, “Cazorla”, mientras que incluiremos todo el Valle en la denominación de “Loma”. Hay que indicar que Sierra Morena estaba conformada por un espacio abrupto prácticamente deshabitado, y sólo aprovechado por algunos rebaños de cabras y vacas (ARGENTE DEL CASTILLO OCAÑA, 1991 a, 27), y que, por tanto, no haremos mención a ella. Como se recordará, la demografía general del Santo Reino presentaba a priori una evolución sorprendente, con un punto de partida a principios de siglo muy alto que baja de forma espectacular hasta 1450, momento en que se incorpora a una evolución moderadamente favorable, similar a la que hemos observado en Córdoba. El gráfico 1 mostraba con bastante claridad esta situación, y ya entonces se indica el defecto fundamental de los datos utilizados para llegar a esas conclusiones. En efecto, la cifra de población para 1400 se había calculado entonces a partir de la de 1450 y utilizando la única tasa de crecimiento disponible para el período 1400-1450, es decir, la de la ciudad de Baeza. Cuando analicemos en detalle la evolución demográfica de la Loma se ofrecerán más detalles al respecto, pero de momento puede afirmarse que esa tasa no es en absoluto extensible a todo el Reino durante toda la primera mitad del siglo XV, y que más bien parece responder a una situación coyuntural. De hecho, el resultado obtenido era evidentemente irreal, y ya entonces se advertía que habría que corregirlo de forma drástica. La corrección ha consistido, simplemente, en aplicar el mismo cálculo que utilizamos para acercarnos a la población del Reino de Córdoba en 1450 y 1400, es decir, partir de las cifras del censo de 1530 y aplicarle las tasas de crecimiento para 1400-1530. En este caso, además, el nuevo cálculo partía con mayores garantías de fiabilidad, puesto que las cifras para principios de siglo provienen fundamentalmente de un padrón militar de Baeza y su término -ocho poblaciones en total-, realizado en 1407, de forma que se utilizarían dos fuentes relativamente fiables. El resultado de este segundo cálculo, que aquí también hemos llamado “Serie 2”, comparado con el anterior o “Serie 1” aparece en el cuadro 9 y el Gráfico 18, en donde también hemos incluido los datos y la representación correspondientes al Reino de Córdoba. 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 70000 1400 1450 1490 1530 ve ci no s S E RIE 2 S E RIE 1 CÓRDOB A 1400 1450 1490 1530 SERIE 1 63.683 19.212 21.820 33.414 SERIE 2 8.165 22.500 21.820 33.414 CÓRDOBA 10.604 19.324 26.882 33.355 Cuadro 9: Evolución del vecindario de Córdoba y dos hipótesis del vecindario de Jaén Las nuevas cifras para 1400 resultan, desde luego, bastante más plausibles que las anteriores. Además, los ocho mil vecinos de 1400 se aproximan bastante a los más de once mil que adelantó en su momento Rodríguez Molina (1978, 135), utilizando una metodología muy distinta a la nuestra; esta aproximación puede convertirse en práctica coincidencia si tenemos en cuenta que nuestra cifra inicial procede de un padrón militar, con lo que habría que pensar en aumentarla para aproximarnos al número real de vecinos del Reino a principios de siglos, que probablemente ronde los diez mil. Por otra parte, la cifra de 1450 resulta también muy similar utilizando uno u otro cálculo. Una segunda constatación es la fortaleza de la evolución demográfica giennense. El Reino parte de unos diez mil vecinos a principios de siglo, para situarse en más de treinta y tres mil hacia 1530, es decir, un crecimiento medio anual de casi 1,8 %, cercano a la explosión demográfica. Sin embargo, las tasas de crecimiento obtenidas a partir de los datos individualizados de las poblaciones indican un crecimiento bastante más moderado, como se muestra en el cuadro correspondiente. Esta situación es bastante similar a la que se puede observar en Córdoba y sugiere la posibilidad de que la tasa de crecimiento anual en ambos reinos deba rebajarse quizá hasta el 1,4 -1,5 % anual. 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 - 94 - FRONTERA 0,32 1,99 0,65 LOMA -2,37 0,20 -0,24 0,33 0,89 CAZORLA 1,01 1,07 1,29 REINO JAÉN -2,37 0,32 1,07 0,49 0,33 1,09 Cuadro 10: Tasas de crecimiento del Reino de Jaén En cuanto a la evolución, el gráfico 18 muestra dos períodos de fuerte crecimiento, durante la primera mitad del siglo XV y después de la conquista de Granada, separados por una segunda mitad del siglo XV caracterizada por el estancamiento demográfico. Pero el estudio de las tasas parece señalar más bien un aumento progresivo del ritmo de crecimiento. Podría pensarse que la realidad quizá estuviese cercana a un aumento demográfico relativamente fuerte durante la primera mitad del siglo, pero no tanto como aparece en el gráfico; durante la segunda mitad del siglo XV el crecimiento sería menor, pero la tasa global del período 1450-1530 sugiere un leve crecimiento, que se convertiría en un fuerte aumento demográfico durante el primer tercio del siglo XVI. Sin embargo, observando con detalle las tasas se observa cómo la parte central del Reino, la Loma/Campiña, presenta una situación cercana al estancamiento demográfico, a pesar de ser la zona en principio más propicia para los asentamientos humanos. De todas formas, no conviene olvidar que son perfectamente compatibles tasas de crecimiento estancadas o incluso negativas con una población grande, y viceversa. 3.3.1.- LA LOMA Y LA CAMPIÑA Aunque los escasos datos de que disponemos no permiten más que movernos en el terreno de las hipótesis, sí parece claro que el crecimiento demográfico de esta zona giennense es bastante moderado. Las tasas para todo el período apenas llegan a un crecimiento global del 0,9 % anual, y hay que tener en cuenta que se trata únicamente de las tasas de Baeza y su tierra, obtenidas a partir del padrón militar de 1407 y del censo de 1533, de forma que probablemente el crecimiento real, añadiendo al padrón de 1407 un porcentaje de exentos, sería algo menor. El gráfico 19, que representa la evolución de las poblaciones de la zona de 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Baeza Baños Linares Santisteban Torre Campo - 95 - - 96 - las que tenemos más datos, confirma esta idea. Sólo las poblaciones del entorno de Baeza, que son la base del cálculo de la tasa global que se acaba de señalar, parecen experimentar cierto crecimiento. Pero lo más indicativo de estos datos es que la etapa 1490-1530 no registra una tasa de crecimiento superior a las demás etapas. En general, toda esta zona parece situarse durante todo el período estudiado en un estancamiento demográfico, con variaciones locales o coyunturales, pero en todo caso muy distinto panorama del que se podía descubrir en otras áreas de la región. Para la primera mitad del siglo XV el único dato numérico con que contamos es el de Baeza, claramente negativo. Quizá el descenso real no fuese tan acusado, pero desde luego se puede decir que la población no creció durante estos años. Así parece confirmarlo la tasa global del período 1400-1490, pero también algunas de las escasas informaciones indirectas de que disponemos. En efecto, durante estos años se constatan algunos intentos de nuevas poblaciones, generalmente infructuosos. A principios de siglo Arjona promueve la repoblación de Villanueva de Andújar y de Marmolejo -el primero un despoblado, y el segundo un lugar donde sólo había una torre-, pero en ambos casos no consiguieron parroquia hasta 1470-1480 (CORONAS VIDA, 1994, 148). Todavía en 1457 se documenta en las ordenanzas de Baeza un intento baldío por repoblar Los Palacios (ARGENTE DEL CASTILLO OCAÑA, RODRÍGUEZ MOLINA, 1987, 327); esta localidad no conseguirá poblarse efectivamente hasta entrado el siglo XVI. Los únicos indicios de crecimiento se registran en Linares, que en 1401 solicita una ampliación de la dehesa boyal para favorecer la población y porque se la ha quedado pequeña la que tiene, concedida en 1384, y en 1447 vuelve a pedir una nueva ampliación debido al aumento demográfico (SÁNCHEZ MARTÍNEZ, 1982, 40 y 43), pero su caso parece ser excepcional. Encontramos también algunas señales de movimientos migratorios, generalmente producto de la presión fiscal. Ya en 1428 los vecinos de Jabalquinto se quejan a su señor de la fuerte fiscalidad, que produce despoblación, y el señor accede a conceder franquicias (QUINTANILLA RASO, 1976, 480). En 1444 el maestre de Calatrava regula las tasas que cobran los oficiales concejiles de Arjona, porque se excedían en ellas y esto provocaba algunas emigraciones; al año siguiente el príncipe Enrique ordena que se respeten estas normas porque se estaban ignorando y se seguían produciendo emigraciones (MORALES TALERO, 1965, 287-290). Por fin en 1447 Enrique IV ordena a Jaén que no observe con los vecinos de Úbeda las franquezas que tiene para admitir nuevos pobladores porque la emigración es motivo de despoblación en Úbeda (TORAL PEÑARANDA, 1975, 36). Desde luego, estos movimientos no son diferentes de los que se dan en otras zonas de Andalucía, pero sí parece oportuno señalar que el volúmen de información es sensiblemente inferior al que encontrábamos para Córdoba o Sevilla. Aparte de los datos que acabamos de reseñar, apenas hemos podido encontrar documentos en que se haga referencia explícita a despoblaciones o a movimientos de población. Casi podría decirse que no existían estos movimientos porque tampoco había mucha población que pudiera moverse. Algún autor ha señalado la tendencia de los pobladores durante todo el siglo XV a concentrarse en las ciudades (RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 157-158), y ello vendría a agravar esta situación. - 97 - En efecto, hemos calculado aproximadamente una población de 10.000 vecinos para todo el Reino a principios del siglo XV. Sabemos que por entonces la ciudad de Baeza contaba con unos 1.800 vecinos, el 18 % del total; no tenemos datos concretos sobre Úbeda y Jaén, las otras dos ciudades importantes del Reino, pero los datos de la segunda mitad del siglo XV apuntan a que ambas localidades doblaban en número al vecindario de Baeza, lo que, manteniendo las mismas proporciones, supondrían unos 3.500 vecinos en cada una hacia 1400. Es decir, que entre las tres ciudades principales acapararían casi toda la población del Reino, algo difícil de aceptar. Sin embargo, si suponemos que el nivel demográfico de Jaén y de Úbeda fuese similar al de Baeza, las tres poblaciones supondrían un total de unos 3.500 vecinos, dos tercios del total del vecindario. En todo caso, desde luego, la “urbanización” demográfica es evidente y podría situarse entre el 67 % y el 90 % del vecindario total del Reino. Lógicamente, la concentración es mucho mayor si atendemos sólo a la población de la Loma y la Campiña. Esta concentración parece mantenerse durante la segunda mitad del siglo XV. Aunque analizaremos en otro capítulo la evolución demográfica de la ciudad de Jaén, parece que Baeza aumenta su población a costa de la inmigración, mientras que Úbeda parece evolucionar justo al revés. No obstante, es preciso señalar que los datos para esta última ciudad son confusos. En efecto, Parejo Delgado (1988, 77) da la cifra de 3.860 vecinos para Úbeda en 1447, obtenida a partir de un documento judicial, y la misma cifra la repite Toral Peñaranda (1975, XX), pero indicando que se trata de una cifra de 1598 extrapolada a “los años finales del siglo XV” porque “el número de habitantes de la ciudad no sufrió grandes cambios en esos años, como se deduce del examen de los instrumentos conservados en el Archivo de Protocolos” (TORAL PEÑARANDA, 1975, 184); paralelamente, la propia profesora Parejo señala unos 2.600 vecinos como cifra para 1535, que es la que nosotros hemos utilizado (PAREJO DELGADO, 1988, 79). No obstante, independientemente del valor que se pueda atribuir a estas cifras concretas, la recesión, o al menos el estancamiento demográfico ubetense resulta bastante claro, y parece confirmarlo el hecho de que, a pesar de la autorización para convertir ciertos terrenos de los ejidos municipales en 500 solares para casas obtenida en 1477, la misma autorización debió repetirse en el año 1500 para fomentar el aumento demográfico (TORAL PEÑARANDA, 1975, 184). Si a ello unimos los efectos de las guerras civiles -se ha señalado la elevada mortalidad del asalto a la ciudad realizado por el maestre de Calatrava en 1463 (MERCADO EGEA, 1973, 130)-, situación que podría ampliarse también a Jaén y Baeza, habremos completado un panorama no muy alentador desde el punto de vista de la población. En cuanto a Baeza, existe un dato significativo: en 1449 una plaga de langosta asola los campos cercanos, y los vecinos deciden levantar una ermita extramuros, pero no será hasta 1467 que surja allí la ermita de San Marcos, germen de una futura parroquia (CÓZAR MARTÍNEZ, 1884, 489). Las dificultades para la erección de esta parroquia extramuros parecen tener mucho que ver con el escaso aumento demográfico de la ciudad. También merece la pena destacar un nuevo intento fracasado de Baeza por poblar un paraje de la Sierra Morena; en este caso, se trata de Castro Ferrol, cerca del puerto del Muradal, que se intentó poblar con 50 vecinos en 1467, por razones estratégicas (RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 149). Algunos otros testimonios pueden ayudarnos a completar esta visión. Tenemos constancia de fuertes carestías en 1471 y 1474 (RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 143), y en - 98 - 1490 los miembros de una cofradía de Porcuna declaran que no han recibido ningún ingreso desde 1488 debido a “la pestilençia que ovo el año siguiente de ochenta y ocho, que murió mucha gente” (AHN, Órdenes Militares, Calatrava, leg. 6102, nº 5, f. 65 r). En 1476 Torre del Tiédar o Torre del Obispo todavía tiene autonomía jurídica (RODRÍGUEZ MOLINA, 1987, 600), pero a principios del XVI ya ha sido absorbido por Canalejas/El Mármol (RODRÍGUEZ MOLINA, 1987, 598), lo que evidencia su decadencia demográfica. Los escasos datos positivos tampoco parecen confirmarse. Así, a partir de la señorialización de Santisteban en 1473 aparecen dos aldeas dependientes, Castellar y Las Navas de San Juan, y la primera de ellas en 1501 ya necesita construir un nuevo horno (QUINTANILLA RASO, 1976, 457); sin embargo, los datos numéricos señalan un claro descenso demográfico en ambas localidades durante el período 1490-1530, de forma que, si realmente consiguieron aumentar su población hasta 1501, después, en algún momento, debió iniciarse una recesión bastante acusada. Otro ejemplo es Arjona, donde en 1488 se reparten solares para casas extramuros de la villa y también se construye un molino harinero (MORALES TALERO, 1965, 104-105), pero en 1492 el concejo quedó dispensado de reparar sus murallas debido a que los vecinos la habían abandonado huyendo de las guerras y las epidemias (SOLANO RUIZ, 1978, 315); quizá ésta fuese la situación de algunos de los 21 vecinos de esta villa que acudieron en 1491 a la población de Loja (MORALES TALERO, 1965, 104). Sólo la aparición de una nueva parroquia extramuros de Baeza, dedicada a San Pablo y erigida “a finales del siglo XV” (CÓZAR MARTÍNEZ, 1884, 507) aporta un signo positivo, que, por otra parte, puede entenderse fácilmente como una señal de concentración de la población, más que de crecimiento. Durante los primeros años del siglo XVI no parece mejorar la situación. Un nuevo intento de población en Los Palacios vuelve a fracasar (PAREJO DELGADO, 1988, 76), y quizá se pueda relacionar con intentos para fomentar la población la construcción de un nuevo palacio en Garcíez por el señor del lugar, aunque finalmente hacia 1545 el pueblo tuvo que abandonar su localización por otra más saludable (CORONAS VIDA, 1994, 149). Parece que la crisis general de 1507 afectó muy seriamente a esta zona, que ya venía resintiéndose desde 1503. Se ha comprobado que la fanega de trigo, que normalmente costaba 45 mrs., cuesta en 1504 300 mrs., y enseguida llega a los 600 mrs. (RODRÍGUEZ MOLINA, 1984 b, 144). En el mismo sentido, en Martos las cuentas municipales de 1507-1508 presentan un fuerte déficit debido a la esterilidad y fuerte mortalidad de los años pasados; en 1501-1509 la parroquia de Martos dejó de percibir las rentas de una de sus hazas debido a la escasez (SOLANO RUIZ, 1984, 355-356). En Higuera de Martos las visitas señalan los años 1502 y 1505 como estériles (SOLANO RUIZ, 1984, 357). En este contexto, resulta interesante la observación de los visitadores de la encomienda de Lopera en 1507-1508, que señalan que “fuymos informados que muchos veçinos desta villa se han absentado della por no tener de qué pagar el repartimiento de las alcabalas que por el conçejo les fue repartido” (AHN, Órdenes Militares, leg. 6104, f. 9r; MEDINA CASADO, 1994, 639). Sólo después de esta fuerte crisis se detectan algunas señales positivas, procedentes todas de Baeza y su entorno. En efecto, la parroquia de San Andrés se construye en 1500-1520 debido al fuerte aumento demográfico al norte de la ciudad, mientras que la del Salvador se construye en 1523-1535 para el arrabal de Las Peñuelas (CÓZAR MARTÍNEZ, 1884, 506- 507). Paralelamente se inicia una actividad repobladora que produce, al parecer, hasta seis nuevas aldeas dependientes de Baeza, según un documento de 1507 (PAREJO DELGADO, 1988, 76). Por fin, el movimiento que, auspiciado por las ciudades de la Loma, tendrá por objeto la repoblación de la Sierra Subbética no se inicia realmente hasta finales de la década de los 30 de este siglo, y su exponente más conocido es la fundación de Valdepeñas, que data de 1539 (RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 151). Resulta interesante comprobar cómo este inicio de recuperación demográfica coincide con una fuerte elevación de la natalidad, a juzgar por los datos de los libros de bautismo de algunas parroquias de Úbeda y Baeza, especialmente en sus arrabales y a partir de 1513, recopilados por Parejo Delgado (1988, 67); desgraciadamente, la autora no aporta las cifras concretas, pero los gráficos que elabora resultan suficientemente explícitos. 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 1 2 3 4 N úm e ro d e hijo s Ba e za Ú b e d a La misma autora nos proporciona datos sobre la composición familiar, de gran utilidad para nosotros. En efecto, el gráfico 20 muestra cómo el predominio de las familias con un sólo hijo parece muy claro. Sin embargo, parece que estos mismos resultados hay que utilizarlos con precaución, porque, tomados literalmente, llevarían a suponer que en ninguna de las dos ciudades existe ninguna familia con más de cuatro hijos. Parece que el error deriva de la propia naturaleza de la fuente empleada, donde no se hacen constar los hijos anteriores que tuviera la familia del bautizado. En todo caso, la preponderancia de familias con uno o dos hijos viene a corroborar, con todas las precauciones, la hipótesis esbozada más arriba de una concentración de la población en estas ciudades, que crecerían fundamentalmente gracias a la inmigración, y no a su propio crecimiento demográfico. El número de clérigos seculares de esta zona es relativamente bien conocido gracias, sobre todo, a los trabajos de José Rodríguez Molina. En la tierra de Baeza en 1407, los datos son los siguientes: en Baeza había 51 clérigos ; tres en Linares, dos en Vilches, Begíjar y Rus, y uno en Baños, Ibros y Lupión (RODRÍGUEZ MOLINA y otros, 1985, 158); tengamos en cuenta que se trata, en Baeza, del 3,1 % de la población. Se han elaborado también las cifras para 1511, que prácticamente son iguales a las de 1407, excepto para Baeza, donde aparecen 39 beneficios parroquiales, a los que habría que añadir los 18 cargos de la Colegiata, es decir, un total de 57 clérigos, el 2,3 % de la población. (RODRÍGUEZ MOLINA, 1986, 24-25 y 90- 91). Para Úbeda los datos son menos explícitos. Sabemos que desde 1371 su colegiata contaba con cuatro dignidades y ocho canónigos, es decir, 12 clérigos (RODRÍGUEZ MOLINA, 1986, 87); a ellos podrían añadirse los 29 beneficios con que contaban las parroquias de la ciudad en 1311 (RODRÍGUEZ MOLINA, 1986, 22), para dar un total de 31 clérigos. Si - 99 - - 100 - suponemos que la cifra se mantuvo más o menos inalterada durante todo el período estudiado, hacia 1510 el porcentaje de clérigos seculares en Úbeda sería de aproximadamente 1,5 % del vecindario. Algún dato más podemos obtener a partir de los 11 clérigos seculares que se registran en Andújar en estos mismos años (RODRÍGUEZ MOLINA, 1986, 24), que suponen apenas el 0,5 % del vecindario estimado para principios del siglo XVI. En cuanto al clero regular, su cuantificación resulta bastante más compleja. Según Sánchez Herrero (1984, 420-435), al iniciarse el siglo XV existían cinco conventos en Baeza y cuatro en Úbeda, más uno en Andújar. Durante el siglo XV se fundarían tres en Andújar, tres en Úbeda, uno en Baeza y uno en Santisteban, a los que Toledano Galera añade uno más en Baeza y otro en Andújar. Para el siglo XVI, entre ambos autores contabilizan dos fundaciones en Úbeda, otros dos en Baeza, uno en Andújar y otro en Linares (SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435; TOLEDANO GALERA, 1989, 40-42). Conocemos algunos datos del número de integrantes de algunas de estas comunidades. Así, el convento fundado en Santisteban en 1406 tenía 20 religiosos (TOLEDANO GALERA, 1989, 42), el de Santo Domingo de Baeza tenía ocho frailes (CÓZAR MARTÍNEZ, 1884, 493) y en 1493 las 70 monjas del convento de Santa Clara, también de Baeza, se trasladan al antiguo convento de San Antonio, abandonado por los franciscanos (CÓZAR MARTÍNEZ, 1884, 516). Resulta muy arriesgado tratar de sacar alguna conclusión general de estos datos tan aislados, aunque parece que los conventos femeninos tenían una población superior, en general, a los masculinos, que por otra parte eran menos abundantes. También existe algún indicio de aumento del número de religiosos, como es la ampliación que a mediados del siglo XV se realizó en el convento de San Francisco de Baeza (CÓZAR MARTÍNEZ, 1884, 491). 3.3.2.- LAS SIERRAS DE CAZORLA Y SEGURA Estas dos sierras han sido generalmente tratadas por separado por los historiadores. La razón parece estar más en su dependencia jurídica que en una auténtica diferenciación social, económica o de otra índole. En efecto, como es sobradamente conocido, la Sierra de Segura estaba prácticamente por completo en manos de la Orden de Santiago, que estableció allí una encomienda, mientras que el Adelantamiento de Cazorla dependía del arzobispo de Toledo. Este hecho no sólo supuso una muy distinta ubicación de sus archivos hasta hoy, con las lógicas consecuencias para la investigación, sino que también ha tenido su influencia en el campo de la historia de la población, como veremos más adelante. Sin embargo, no parece que haya razones para pensar que hayan tenido un comportamiento demográfico claramente diferenciado desde principios del siglo XV hasta el primer tercio del XVI. Los datos del apéndice 4 pueden apoyar fácilmente esta afirmación. Tenemos muy escasos datos anteriores a los años de 1480. Las escasas tasas que hemos podido calcular corresponden a poblaciones del Adelantamiento, e indican un crecimiento suave y, al parecer, sostenido, aunque, naturalmente, no podemos saber la incidencia de coyunturas específicas tanto de descenso demográfico como de fuerte aumento. No obstante, las investigaciones realizadas en el marco de la Sierra de Segura, sobre todo el espléndido trabajo de Miguel Rodríguez Llopis, señalan claramente cómo este crecimiento significó, en realidad, una concentración de la población, al menos hasta los años finales del siglo XV. Durante todo el siglo XIV y principios del XV se constata una fuerte despoblación en esta zona, debido a la progresiva expulsión de las antiguas comunidades mudéjares, sin que el poblamiento castellano fuese capaz de restablecer el nivel demográfico (RODRÍGUEZ LLOPIS, 1986, 12-13). Sin embargo, esto permitió a la Orden de Santiago apropiarse de extensos espacios vacíos que, algunos años después, le proporcionarían importantes ingresos. Así, “a la recuperación demográfica de las villas en el siglo XV no le siguió una recuperación de aldeas y alquerías abandonadas, sino, únicamente, la recuperación agrícola de la tierra: los intereses económicos de la clase feudal se encargaron de bloquear cualquier intento del campesinado por constituir nuevas comunidades agrícolas” (RODRÍGUEZ LLOPIS, 1986, 15). Sólo la zona norte de la encomienda de Segura presenta algunos intentos de recuperación demográfica a finales del XIV, pero “en el resto de las sierras de Segura, el poblamiento aldeano era, a principios del siglo XV, inexistente”: así, Hornos continuaba despoblado en 1468, y en 1479 sólo contaba con unos pocos vecinos (RODRÍGUEZ LLOPIS, 1986, 17). A pesar de esto, desde mediados de siglo la Orden de Santiago se entregó a una política de repoblación en las villas más importantes, que se convertirían en centros de percepción de rentas y de control militar del territorio (RODRÍGUEZ LLOPIS, 1986, 18); esta política, en el norte de la sierra dió lugar a finales de siglo y principios del XVI a un débil poblamiento disperso (RODRÍGUEZ LLOPIS, 1986, 23). 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Beas de Segura Cazorla Segura Siles Se trata, como vemos, de una muy atractiva interpretación del crecimiento demográfico, en conexión con otros factores socio-económicos y políticos, aunque no sabemos en qué medida podría aplicarse la misma teoría al Adelantamiento. En todo caso no parece que el peligro fronterizo sea un factor de influencia destacable en la evolución demográfica. Sólo en Quesada, situada en el extremo suroeste de la zona, algunos documentos aluden a este peligro: en 1395 Enrique III, “como quier que los dichos moros lievan algund christiano a su tierra e lo matan”, permite al alcaide de Quesada hacer cabalgadas por su cuenta y “que podades matar un moro por cada christiano que vos mataren” (CARRIAZO ARROQUIA, 1975, 75-76). En 1406 el mismo rey, para evitar la despoblación de Quesada, ordena al concejo de Úbeda que responda por sí mismo de las cabalgadas en tierra de moros, puesto que éstos, en venganza por las entradas de los ubetenses, prefieren atacar Quesada (CARRIAZO ARROQUIA, 1975, 85). Este documento nos pone en contacto con un complejo - 101 - - 102 - sistema de venganzas y contravenganzas que, al parecer, contaba con “reglas” bastante bien establecidas. Todavía más explícito es el episodio que el concejo de Quesada expone al rey, sobre una incursión de granadinos en la aldea de Huesa, en diciembre de 1401, haciendo dos cautivos en prenda de tres cautivos moros que estaban en Cazorla; posteriormente, el concejo de Cazorla liberó a estos tres cautivos, pero a su vez unos almogávares de Baeza atraparon a otros dos musulmanes “uno negro e otro blanco” y los vendieron en Orihuela y Valencia, razón por la que éstos se negaban a devolver a los cautivos cristianos; el rey ordena al Alcalde de Frontera que consiga el dinero para rescatar a estos musulmanes para que sus compañeros devuelvan a los cristianos (CARRIAZO ARROQUIA, 1975, 82-83). En todo caso, estas incursiones producían unos efectos demográficos directos muy pequeños, como observaremos al tratar de la zona fronteriza. Otro indicio en este sentido sería la concesión de villazgo a Siles en 1397 y la erección de una nueva cerca (ESLAVA GALÁN, 1989, 19). Por el contrario, al menos en el Adelantamiento los documentos insisten más en la presión fiscal y las epidemias como causas de las migraciones y despoblaciones. Así, en 1396 se funda Villanueva del Arzobispo, a partir de una aldea llamada La Moraleja, segregada de Iznatoraf (RIVERA RECIO, 1948, 33), pero ya en 1399 una fuerte epidemia motiva que se les conceda una ampliación del plazo que tenían para cercar la villa, cosa que todavía no habían hecho (RIVERA RECIO, 1948, 55). En 1398 Iznatoraf se queja al arzobispo de que las exacciones injustas de los adelantados estaban provocando despoblación en la villa (RIVERA RECIO, 1948, 53), y en 1422 se detecta una nueva epidemia que provoca que se ordenen rehacer los padrones de Iznatoraf y Villanueva, que habían quedado inútiles (RIVERA RECIO, 1948, 61). Por fin, hacia 1430 los concejos de Cazorla, La Iruela, Iznatoraf y Villanueva se quejan de su despoblación y de la emigración de algunos vecinos a “los lugares francos” (RIVERA RECIO, 1948, 63). La fundación de Villacarrillo, a partir de Torre de Mingo Priego, otra aldea de Iznatoraf, es un dato tardío, puesto que se realizó en fecha indeterminada en tiempos del arzobispo Alonso de Acuña, entre 1446 y 1482 (RIVERA RECIO, 1948, 33). Así pues, las dificultades poblacionales a principios de siglo eran evidentes en ambas sierras, y también en ambos casos se atisban tras ellas los efectos de una política fiscal y económica muy determinada. Sin embargo, los escasos datos numéricos apuntan de forma evidente hacia una evolución demográfica positiva, que en general se mueve alrededor del 1 % anual, y que se mantiene con escasas alteraciones durante todo el período estudiado. Un indicio en este sentido puede ser la concesión de villazgo a Quesada en 1411 o 1412, y el permiso que se le concede en 1450 para ampliar su término porque el que tiene “diz que es muy pequeño para mantenimiento de sus ganados” (CARRIAZO ARROQUIA, 1972, 92 y 96). Más claro es el documento de 1478 en el que el arzobispo de Toledo ordena que los beneficiados de la parroquia de Quesada residan efectivamente en la población, ya que el lugar es “tanto populoso” (CARRIAZO ARROQUIA, 1975, 126-127). Lo más llamativo es que, igual que los testimonios anteriores a 1490 apenan hacen referencia a los ataques musulmanes, tampoco tras la conquista de Granada se registra un aumento demográfico perceptible y, como acabamos de ver, incluso se cita una demografía fuerte, al menos en Quesada, antes del inicio de la guerra de Granada. En general, tal como muestran el apéndice 4 y el gráfico 21, la evolución demográfica siguió evolucionando de la misma forma. De hecho, los años de máximo crecimiento demográfico se han situado para la Sierra de Segura en 1520-1535, en relación con el auge de la ganadería trashumante (GUTIÉRREZ NIETO, 64). En este sentido, cabe señalar que hacia 1530-1540 se repueblan Carchel y Carchelejo, y hacia 1525 siete vecinos de Siles fundan Santiago de la Espada (CORONAS VIDA, 1994, 149). También en el - 103 - Adelantamiento existe algún dato positivo, aunque aislado. Se trata de la ejecutoria de un pleito de lindes entre Cazorla y La Iruela, iniciado en 1520, motivado por el crecimiento demográfico de ambas villas (POLAINO ORTEGA, 1967, 31). Probablemente la fundación de un convento en la villa de Cazorla en algún momento del siglo XV (TOLEDANO GALERA, 1989, 42) pueda interpretarse también como un signo positivo, aunque la falta de mayores precisiones nos hace ser bastante cautos. Por último, conocemos los datos del censo de los años 30 del siglo XVI, aunque sólo para el Adelantamiento (MOLINIE-BERTRAND, 1977, 10 y 18). El siguiente cuadro resume las cifras de este vecindario, indicando además los porcentajes de cada grupo social respecto al total de su población: Pecheros Viudas Menores agrup. Pobres Exentos Total Cazorla 1193 (81 %) 150 (10,2 %) 50 (3,4 %) 77 (5,2 %) 1 1471 La Iruela 517 (76 %) 83 (12,2 %) 43 (6,3 %) 36 (5,3 %) 1 680 Iznatoraf 381 (76,8 %) 66 (13,3 %) 41 (8,3 %) 8 (1,6 %) 496 Villanueva Arzob. 582 (75,6 %) 100 (13 %) 61 (7,9 %) 27 (3,5 %) 770 Villacarrillo 526 (78,2 %) 73 (10,8 %) 42 (6,2 %) 31 (4,6 %) 1 673 Sorihuela 69 (72,6 %) 9 (9,5 %) 16 (16,8 %) 1 (1 %) 95 Cuadro 11: Distribución social del vecindario en el Adelantamiento de Cazorla en 1530 Se puede decir, pues, que los pecheros representaban un 75-80 % del total del vecindario. Si descontamos Sorihuela, cuyas cifras se ven muy afectadas por su escaso tamaño, sólo cabe señalar la llamativa escasez de menores agrupados en Cazorla, y de pobres en Iznatoraf. Esta última cifra quizá podría relacionarse con la que proporciona Sorihuela, de forma que el porcentaje de pobres disminuiría notablemente en las poblaciones más pequeñas. Esta idea parece encajar bastante bién con la hipótesis de una concentración de la población en las localidades más grandes, formándose amplios grupos de inmigrantes que, probablemente, no superasen los niveles legales de pobreza establecidos. De esta forma, aunque la hipótesis ha sido formulada para la Sierra de Segura, podría entreverse un movimiento similar en el Adelantamiento. Por lo demás, este tipo de movimientos migratorios no son en absoluto extraños a la dinámica demográfica andaluza del momento, como hemos visto en repetidas ocasiones. 3.3.3.- LA SIERRA SUBBÉTICA Como en otras ocasiones al tratar de la Frontera, procuraremos aquí ceñirnos a la zona más directamente expuesta a las vicisitudes derivadas de la vecina presencia de los musulmanes. Se trata apenas de un pequeño grupo de poblaciones, que incluso algún autor ha propuesto no incluir en el Reino de Jaén precisamente por su cercanía a Granada (ESLAVA GALÁN, 1982, 85). Como veremos enseguida, la evolución de las poblaciones de esta zona es bastante peculiar y muestra incluso más afinidades con las “fronteras” de Sevilla y Córdoba que con el área giennense. 0 100 200 300 400 500 600 700 800 900 1000 14 00 14 10 14 20 14 30 14 40 14 50 14 60 14 70 14 80 14 90 15 00 15 10 15 20 15 30 ve ci no s Alcalá la Real Bédmar Huelma Torres Albánchez Durante toda la primera mitad del siglo XV, prácticamente la única población estable en la zona eran las guarniciones militares. Así Huelma, conquistada en 1438, mantuvo sólo una guarnición militar hasta finales del siglo XV (QUESADA QUESADA, 1989 a, 14). Pero incluso aunque no existiese un enfrentamiento “oficial” entre Castilla y Granada (RODRÍGUEZ MOLINA, 1992, 91), la situación de violencia, tanto si la llamamos “guerra” como si no, era la principal causa de despoblación, arrastrada desde la segunda mitad del siglo XIII (QUESADA QUESADA, 1989 b, 251). Los documentos referentes a Quesada a que hemos aludido más arriba podrían perfectamente ilustrar esta situación. La Crónica de Juan II registra un total de seis ataques de uno y otro bando entre 1407 y 1438 en la frontera giennense; aparte de los “más de dos mil e quinientos moros” que murieron en el ataque a Alcaudete de febrero de 1408, las cifras oscilan entre “algunos christianos” y unos quince granadinos de muertos en la toma de Huelma en abril de 1438, y los 300 caballeros y 1.000 peones muertos y cautivados en su mayor parte en una cabalgada imprudente en 1431 (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 306, 493, 547). Naturalmente, el cronista sólo recoge los enfrentamientos más importantes, o bien los liderados directamente por el rey o los regentes, pero aun así las cifras no son demasiado espectaculares. Además, existía toda una continua sangría de pequeñas escaramuzas que no se registran en las crónicas, pero son altamente significativas del estado de la seguridad en la zona. En este sentido, y aunque se refiera a años posteriores, puede servir aquí el cálculo realizado para el período 1482-1486, en el que los cristianos realizaron un total de 21 cabalgadas en la Sierra Magina, la gran mayoría efectuadas por adalides o por simples peones (QUESADA QUESADA, 1989 b, 285), con el objetivo principal de hacer cautivos: en 15 de estas cabalgadas se cautivaron 31 moros, y el máximo fueron seis cautivos en las cabalgadas de 1483 (QUESADA QUESADA, 1989 b, 286). Pero, por otro lado, estas pequeñas incursiones eran contínuas y debían producir un “goteo” de bajas demográficas que podría ser perceptible. De todas formas, lo que sí es evidente es que estos episodios reflejan una situación de violencia continuada que, desde luego, no animaba a instalarse en la zona sino, más bien, a emigrar hacia lugares más tranquilos, como se expresa en la concesión de villazgo a Albánchez en 1419 para evitar que sus vecinos tuviesen que desplazarse continuamente a Bédmar, con el consiguiente peligro (MESA FERNÁNDEZ, 1957, 89). Sólo las pagas procedentes del rey o de los concejos de realengo obligaban a los pobladores a mantenerse aquí: en 1413 Alfonso Fernández de Aguilar se queja de que no recibe las pagas necesarias - 104 - - 105 - para mantener los castillos fronterizos, incluyendo especialmente Alcalá la Real, de forma que se despueblan “que, señor, estas dichas villas e castillos fronteros e los que biven en ellos no an otro bien salvo la vuestra limosna e merçed” (JUAN LOVERA, 1988, 88-90). Esta despoblación en ocasiones favorecía el paso de la localidad de uno a otro bando: en 1458 desde Jaén se emprende la reconquista de Huéscar, que había sido conquistada por primera vez por Rodrigo Manrique pero que había vuelto a dominio granadino “porque en tiempos del rey don Juan, a causa de algunos no buenos servidores suyos, se dexaron de dar las provisiones que convenían para aquella villa, de tal manera que quedó tan despoblada de los christianos que los moros la pudieron tomar” (VALERA, 1953, 17). Sin embargo, algunos indicios apuntan hacia una situación demográfica algo menos precaria. En 1399 el concejo de Priego se queja de que algunos vecinos de Alcalá la Real siembran en término de Priego, pero no pagan aquí los impuestos correspondientes (JUAN LOVERA, 1988, 85-86), lo que quizá señala una cierta necesidad de tierras, al menos tierras más protegidas. Un caso mejor conocido es Bédmar, que fue asolada en 1407 (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 290) y que necesitó de repartimiento para repoblarse, como se refleja en un documento de 1480 en el que el maestre de Santiago ordena al comendador de Bédmar que no confisque las heredades de los emigrantes bajo pretexto de que se deben repartir entre los nuevos pobladores, porque esto se usó “cuando la villa quedó destruida de los moros e porque se poblase había lugar de les dar las tales haciendas, pero ahora que, Nuestro Señor loado, tiene asaz vecinos” no se entiende esta actitud (TROYANO VIEDMA, 1994, 124-126). Aquí se pueden entrever los esfuerzos políticos por mantener población estable que, sin embargo, sólo a duras penas se mantiene en la zona. En todo caso, la situación se mantuvo, al parecer, inalterada hasta la conquista final de Granada. Por un lado, persisten las claras señales de una población muy escasa, fuertemente militarizada y en constante amenaza de despoblación. Así, en 1486 Cambil, recién conquistada, recibe una serie de exenciones junto con otras poblaciones fronterizas, como Alcalá la Real, Alcaudete o Jimena (QUESADA QUESADA, 1989 b, 257), pero a pesar de ello las dificultades son evidentes: su población teórica era de 80 vecinos, pero en realidad sólo tenía unos 30, de forma que Jaén se queja de que, sin embargo, el alcaide recibe las pagas de la población teórica; el alcaide responde que si no da más del doble de la paga normal, los vecinos emigrarían (QUESADA QUESADA, 1989 b, 258). Pero, por otro lado, algunos indicios apuntan tímidamente hacia un mayor dinamismo demográfico, como las roturaciones más o menos continuadas (ARGENTE DEL CASTILLO OCAÑA, 1991 a, 49) e incluso la posible presencia de inmigrantes gitanos en Alcaudete hacia 1470 (RIVAS MORALES, 1991, 125). Sea como fuere, desde luego la conquista de Granada supuso el levantamiento de los frenos demográficos que hasta entonces habían actuado sobre la evolución demográfica de la Frontera giennense. El documento referido a Bédmar que hemos citado más arriba nos muestra cómo los contemporáneos tuvieron clara conciencia de que los tiempos habían cambiado en los últimos decenios del siglo XV, y los datos de que disponemos parecen confirmar esta apreciación. En la propia Bédmar a finales del XV debe construirse un nuevo horno, y, en todo caso, el poblamiento abandona la “villa vieja” en favor del nuevo emplazamiento ya desde 1455 (LADERO QUESADA, 1975, 344-345). En 1490 se construye un horno nuevo en Torres de Albánchez, y en 1495 los visitadores “dictaron normas con vistas a un «ordenado» crecimiento de la villa” (SOLANO RUIZ, 1978, 315). Las visitas de los años - 106 - finales del XV insisten frecuentemente en la necesidad de construir nuevos molinos y hornos, y en la ampliación de iglesias en esta población (SOLANO RUIZ, 1978, 281). Las cifras que hemos podido recoger, aunque escasas, reflejan perfectamente este movimiento. Un ejemplo ilustrativo es Cambil, que acabamos de ver en estado de semiabandono, pero que ya en 1494, según la opinión -sin duda interesada- del concejo de Jaén, tenía casas y medios de vida suficientes para sus vecinos, por lo que la capital pide que se anulen sus exenciones; en 1509 se construye un molino nuevo, y en 1523 Jaén pide que se suprima el sueldo del alcaide debido al fuerte crecimiento demográfico (QUESADA QUESADA, 1989 b, 312). El caso de Cambil es uno de los que reflejan la política de repoblación impulsada por el concejo de Jaén en toda esta zona tras la caída del emirato nazarí, a la que hemos aludido más arriba. Podemos indicar ahora que esta política básicamente se define por la “marcha atrás” que el concejo matriz dió respecto a la población de localidades fundadas por su propia iniciativa. Aparte de Cambil, la primera repoblación giennese fue la de Los Villares, iniciada en 1489 y que había sido repartido por primera vez en 1494; sin embargo, ya en este momento al estar muy cercana a la propia Jaén, sus vecinos seguían vivendo de hecho en la capital. En 1508 el concejo de Jaén pone en marcha una nueva campaña de repoblación en esta zona, que incluía varios lugares y una población teórica total de 800 vecinos, pero el proyecto fracasó, igual que el de Los Villares por la oposición de los propios regidores giennenses, y no se reanudaría hasta 1539 (QUESADA QUESADA, 1989 b, 313-314). Pero la repoblación más conocida de toda esta zona es, sin duda, la de Huelma, señorío del duque de Alburquerque, que ha sido magníficamente estudiada por Tomás Quesada. La llegada de vecinos a Huelma se inicia hacia 1485, cuando se conquista Cambil y con ello se da cierta seguridad a la zona (QUESADA QUESADA, 1989 b, 292). En 1495 el duque de Alburquerque dicta normas para regular y fomentar esta llegada de pobladores (QUESADA QUESADA, 1989 a, 15). En 1509 se inicia su Libro de Población, en el que se iban registrando todos los nuevos pobladores. El ritmo de repoblación resultante se refleja en el gráfico 23 (QUESADA QUESADA, 1989 b, 303-305). El gráfico muestra un brusco aumento del flujo a partir de 1501, en relación con la revuelta mudéjar de Granada, que desvió hacia aquí a muchos pobladores; sólo la fuerte crisis de 1507 supone una interrupción de la llegada de nuevos vecinos. En todo caso, después de 1509 parece que ya no se producen llegadas tan masivas (QUESADA QUESADA, 1989 a, 18-19; QUESADA QUESADA, 1989 b, 306-307). Respecto a la procedencia de estos repobladores, se ha calculado que unos dos tercios de los pobladores llegados a partir de 1509 proceden de las zonas cercanas del propio Reino de Jaén o de Granada (QUESADA QUESADA, 1989 b, 309-310), lo que indica una migración de corto radio, similar a otras que se estaban produciendo en otras zonas de Andalucía. 0 5 10 15 20 25 1495 1497 1499 1501 1503 1505 1507 1509 In m ig ra nt es La repoblación de Huelma, junto con la iniciada por Jaén, e incluso los recelos de éste concejo por sus propias repoblaciones son señales inequívocas de un aumento demográfico muy fuerte, y podría reforzarse con los testimonios documentales: un documento de 1493 indica que “agora la dicha villa [de Quesada], a Dios graçias, non tenya la misma neçesidad e estaba bien poblada”; y otro de 1504, referido también a Quesada, señala claramente “que la dicha villa diz que es de mucha poblaçión” (CARRIAZO ARROQUIA, 1975, 142-148 y 170). En cuanto a la población eclesiástica, en 1511 Alcaudete tenía teóricamente un prior y cuatro servicios y Huelma un prior y un servicio (RODRÍGUEZ MOLINA, 1986, 24-25). Aunque hemos visto que algunos años atrás los sacerdotes parecían tener tendencia a evitar esta zona, es probable que, una vez alcanzada cierta seguridad, sí que acudirían a sus parroquias. El clero regular, en el siglo XVI, estaba representado por cuatro conventos. Los más antiguos, uno femenino y otro masculino, se fundaron en Alcaudete en el 1500, y los otros dos lo fueron en 1506 y 1528, ambos en Alcalá la Real. Sabemos, además, que el convento femenino de Alcaudete tenía capacidad para cuarenta monjas (SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435; TOLEDANO GALERA, 1989, 42).Se ha señalado que estas fundaciones, especialmente las de Alcaudete, responden más a los intereses de los señores de la villa que a la evolución demográfica (TOLEDANO GALERA, 1989, 43), aunque ésta probablemente sea bastante favorable. Desde luego, si alguna vez llegaron a contarse cuarenta monjas en el convento citado, a las que habría que añadir los frailes del convento masculino, la proporción de clero regular en una población de unos mil vecinos es relativamente alta, sobre todo en comparación con el entorno. Las noticias de minorías étnico-religiosas en la zona son muy escasas, y sólo cabe señalar un pequeño grupo de moriscos renegados en Alcalá la Real, que fueron rápidamente asimilados por la población cristiana (PORRAS ARBOLEDA, 1997 b, 68) 4.- Resumen por zonas Todo lo expuesto en los párrafos anteriores permite concluir que, al menos en lo referente a la demografía, existían tres grandes áreas claramente diferenciadas dentro del ámbito andaluz, además de la división por reinos. En efecto, se ha hecho referencia en varias - 107 - ocasiones a las concomitancias entre los fenómenos poblacionales de zonas geográficamente similares en dos reinos o en los tres. Por eso, a modo de resumen, puede resultar interesante observar, siquiera someramente, la evolución de estas zonas de forma conjunta. 4.1.- Sierra Morena Hay que insistir, en primer lugar, que en la Sierra Morena correspondiente a Jaén no se ha recogido datos, ya que se trataba de un espacio prácticamente despoblado. Por tanto, nos centraremos en las sierras de Los Pedroches, Constantina y Aracena. En general, las tres zonas muestran una evolución bastante similar: crecimiento importante hasta 1490, y más moderado durante el siglo XVI. El gráfico 24 presenta la evolución de las localidades que mejor ilustran esta tendencia general. Por otro lado, las tasas de crecimiento refuerzan esta impresión. 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 1800 2000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Fregenal Cazalla Fuenteovejuna 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 PEDROCHES -2,47 0,89 2,23 S. ARACENA 0,78 -0,24 0,31 0,38 1,76 1,24 S. CONSTANTINA 1,35 1,61 0,95 0,51 1,15 0,90 SIERRA MORENA 1,07 0,69 -0,40 0,59 1,46 1,46 Cuadro 12: Tasas de crecimiento en Sierra Morena Sin embargo, en los tres casos se han podido detectar, por debajo de las cifras, una realidad completamente distinta. Hay que tener en cuenta que, en general, los poderes políticos afectados, tanto el concejo de Sevilla como las familias nobles dominantes en la Sierra de los Pedroches, no muestran ninguna predisposición a iniciar movimientos repobladores organizados, e incluso en algún caso se refleja cierta hostilidad al respecto. Esta actitud parece deberse al aprovechamiento fundamentalmente ganadero y forestal de estos parajes, que necesita de pocos nucleos de población y de amplios espacios desocupados. Una actitud similar hemos podido observar también en la Sierra de Segura, aunque los resultados - 108 - - 109 - demográficos aquí fueron distintos, y la lejanía geográfica ha aconsejado no incluir esta zona dentro de la Sierra Morena. Pero estas circunstancias no impidieron que, coincidiendo con la aparente inflexión negativa de la evolución demográfica se inicie un amplio movimiento de fundación de nuevas poblaciones que se desgajan de las anteriores. Además, se ha constatado la existencia de grupos de emigrantes a larga distancia. Aunque ninguna de estas dos corrientes migratorias se ha estudiado a fondo, sí parece que ambas se deben a la ruptura del equilibrio ecológico en Sierra Morena. En efecto, durante todo el siglo XV la población va creciendo apenas sin impulso externo, por efecto de su propio crecimiento vegetativo. Parece que este crecimiento en el marco de las características económicas de la zona fue creando una superpoblación relativa que, tras la desaparición del peligro fronterizo al otro lado de Andalucía, se solventó mediante migraciones. Esta teoría ya había sido apuntada por Pierre Ponsot, pero restringida sólo a la tierra de Sevilla, y apuntando como destino de estos emigrantes las zonas de Campiña y, en general, el valle. Sin embargo, como veremos, parece más probable que el destino final de estas migraciones fuese la Frontera y el Reino de Granada. Los estudiosos de la repoblación granadina han podido constatar que la mayor parte de los repobladores procedían, en general, del Valle del Guadalquivir, pero no se ha estudiado la incidencia que este movimiento de población tuvo en las localidades y áreas de origen. Tampoco se ha estudiado la posible emigración a tierras americanas. En todo caso, parece que la ruptura del equilibrio entre población y recursos, producida no por influencias externas, sino por el propio crecimiento vegetativo, es el principal acontecimiento en la historia demográfica de Sierra Morena durante los años estudiados. Esta ruptura produjo un amplio movimiento migratorio tanto de corto radio, con fundación de nuevas aldeas, como de larga distancia, hacia la Frontera y hacia Granada. 4.2.- El Valle El Valle del Guadalquivir propiamente dicho es, sin duda, la zona central de Andalucía en este período. Aquí se concentra la mayor parte de la población, de los recusos económicos y, desde luego, todos los centros políticos de cierta importancia, incluyendo las ciudades. Sin embargo, las tasas reflejan una situación de lento crecimiento, muy cercano al estancamiento, durante todo el período. Algunas de estas tasas deben matizarse. Así, la tasa levemente negativa de la primera mitad del siglo XV está muy influida, en realidad, por la evolución de Baeza, que se convierte en la única localidad mensurable de toda la Loma/Campiña giennense; posiblemente la tasa real deba ser positiva, pero, a juzgar por los datos, tampoco en exceso. De igual manera, la tasa claramente positiva de 1450-1490 está marcada por la de Huelva, que refleja todo el proceso de repoblación que los señores de la zona iniciaron en este momento, y que no tiene correspondencia con movimientos similares en el resto del Valle. Así pues, parece que estamos ante un crecimiento uniforme, pero muy lento, quizá algo acelerado a partir de las últimas décadas del siglo XV. 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 14 00 14 20 14 40 14 60 14 80 15 00 15 20 ve ci no s Sanlúcar Mayor Alcalá Guadaira Castro Río Baeza Moguer Puerto Sta. María La conquista de Granada no parece haber afectado en exceso a esta zona, con algunas excepciones comarcales. Así, como hemos visto, la Campiña sevillana experimenta un aumento demográfico bastante importante, recogiendo inmigrantes de media y larga distancia, y comportándose, pues, de forma similar a como lo harán los territorios más claramente fronterizos. Hay que tener en cuenta que esta zona estuvo muy expuesta a los ataques musulmanes al menos hasta la conquista de Málaga. De igual forma, las localidades de la Campiña cordobesa más cercanas a la Frontera muestran también un cierto trasiego de población, recibiendo inmigrantes de procedencia incierta, y emitiendo emigrantes con dirección a Granada y a la propia Frontera. Pero, aparte de estos dos casos, no parece registrarse un aumento espectacular de las poblaciones más grandes de Andalucía a partir de la conquista de Granada. Más bien parece que el flujo de inmigrantes, combinado con una evolución vegetativa sobre la que no se ha estudiado nada, mantuvo un crecimiento uniforme, pero no disparado. Por otra parte, debe recordarse que las capitales de los reinos no han sido incluídas en los cálculos, pero, en todo caso, si bien todas las grandes poblaciones del Valle son, sin duda, centros receptores de inmigrantes, también pueden actuar como emisores de pobladores hacia la Frontera, Granada o, especialmente en el Reino de Sevilla, hacia América vía Sevilla. De esta forma, la constatación de un crecimiento mucho más moderado de lo que en muchas ocasiones se ha supuesto hace necesario comprobar la influencia real que los movimientos migratorios han tenido en la evolución demográfica de la zona, excluyendo las grandes ciudades y, singularmente, Sevilla. 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 ALJARAFE 1,09 -0,72 0,71 0,35 0,90 0,83 CAMPIÑA (SE) 1,46 1,14 1,67 1,17 0,43 1,46 CÁDIZ 0,03 0,64 0,05 0,30 -0,26 0,26 - 110 - - 111 - HUELVA 3,54 0,49 0,60 0,00 0,52 CAMPIÑA (CO) 0,93 -0,36 -0,33 -0,73 LOMA -2,37 0,20 -0,26 0,33 -0,89 VALLE -0,20 1,15 0,67 0,30 0,18 0,54 Cuadro 13: Tasas de crecimiento en el Valle del Guadalquivir 4.3.- La Frontera El espacio fronterizo ha sido definido en el curso de estas páginas de una forma muy estricta. De hecho, en ocasiones se ha preferido la expresión “Sierra Subbética”, que resulta bastante más restringida. En efecto, la Frontera ha sido definida en numerosas ocasiones como algo más amplio en muchos sentidos que el espacio directamente en contacto con el Reino de Granada. Sin embargo, el análisis demográfico ha mostrado desde el principio que, en general, el comportamiento demográfico de las poblaciones situadas, por así decirlo, en primera línea podía diferenciarse con bastante claridad de el de las poblaciones situadas apenas unos kilómetros más al interior. La razón de ello estriba, a mi entender, en la eficacia con que estas localidades ejercían su misión de guarda de las poblaciones más interiores. La superioridad militar castellana respecto a los granadinos en la época estudiada resulta bastante clara y se refleja en la escasa profundidad de los ataques musulmanes, si hacemos excepción de la Campiña sevillana. Puede resultar ilustrativo un pasaje de la Crónica de Juan II en que se describe, en tono escandalizado, un momento de debilidad fronteriza: “Porque el rey de Granada sabía las grandes divisiones e males que en el reyno de Castilla había, e las grandes necesidades en que el reyno estaba, esforzábase mucho e [...] mandaba muchas veces entrar caballeros en el reyno de Castilla a hacer cabalgadas; y entraba tanto sin hallar ninguna resistencia, que a las veces llegaban hasta Vaena (sic), e a las veces hasta los arrabales de Jaén, e otras veces hasta Utrera...” (PÉREZ DE GUZMÁN, 1953, 668). Parece claro que, para el cronista, la posibilidad de que los ataques granadinos llegasen hasta Baena, Utrera o Jaén era claro síntoma de que algo grave estaba fallando en el sistema defensivo, por lo que podemos fácilmente suponer que no era esta la situación “normal”, en la que sólo las poblaciones de primera linea se veían directa y cotidianamente sujetas al peligro de un ataque desde el otro lado de la Frontera. Por otro lado, el mayor tamaño de las localidades de retaguardia suponía, en sí mismo, una mayor garantía frente a estos ataques. Así, por ejemplo, en una cabalgada por la zona de Estepa en 1462 el rey de Granada “robó mucho ganado e mató e cautivó muchas ánimas de los que andaban por el campo” (ENRÍQUEZ DEL CASTILLO, 1953, 116), lo que parece indicar una relativa seguridad para los que vivían intramuros de Estepa. Desde luego, no podemos pensar que las poblaciones del interior andaluz vivieran con plena seguridad, pero sí que no se veían sometidas al toma y daca de las escaramuzas fronterizas con la regularidad de las poblaciones de las que tratamos ahora. Lo que sí resulta claro es que la evolución demográfica de estas poblaciones las indivualiza respecto del resto. Durante casi todo el siglo XV mantienen una población muy escasa, compuesta fundamentalmente por soldados o soldados-campesinos, que se mantienen allí exclusivamente por las pagas o las exenciones y privilegios inherentes a su condición fronteriza. Sin embargo, también es cierto que, por lo general, los poderes públicos o semipúblicos responsables de su mantenimiento conseguían mantener siquiera un mínimo de población que garantizase, en la medida de lo posible, la seguridad de las poblaciones más interiores. De hecho, en muchas ocasiones nuestra única fuente para conocer la demografía de esta época en esta zona son recuentos militares o documentos derivados de las pagas militares. 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 FRONTERA (SE) -1,41 -1,24 1,32 1,77 0,62 0,09 FRONTERA (CO) 3,14 1,53 0,15 1,16 FRONTERA (J) 0,32 1,99 0,65 FRONTERA -1,41 -0,46 2,15 1,32 0,39 0,62 Cuadro 14: Tasas de crecimiento en la Frontera Sin embargo, alrededor de la conquista de Granada, en fechas variables según las zonas y las localidades, se produce una auténtica reactivación de la población fronteriza. Por lo general, según el ritmo de las conquistas castellanas, ya a partir de 1485 empiezan a aparecer las primeras corrientes de inmigrantes. De todas formas, parece que estas migraciones son, de alguna forma, secundarias respecto a las que estaba promoviendo por las mimas fechas el proceso repoblador del Reino de Granada, bien mediante el desvío de algunos de su destino original, bien aprovechando el reflujo de los que, por una u otra razón, abandonaron la repoblación granadina. El caso de Huelma es significativo, pero también lo es el hecho de que varias poblaciones, especialmente en Jaén y Córdoba, no empiecen a registrar un aumento espectacular en sus poblaciones hasta los primeros años del siglo XVI. 0 500 1000 1500 2000 2500 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s A ntequera P riego A lcalá la Real - 112 - - 115 - III. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN URBANA 1.- Fijación de las cifras Aun antes de iniciar un análisis en profundidad de las cifras demográficas de la Andalucía bajomedieval, la historiografía ha considerado siempre que se impone reconocer su elevado grado de urbanización, al menos en comparación con el resto de Castilla (MACKAY, 1982, 107). Se puede calcular que el 47,5 % de la población vive en las 32 localidades de más de 1.000 vecinos, que podrían calificarse de “ciudades” desde el punto de vista demográfico, aunque quizá no tanto desde el punto de vista de sus funciones (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1990, 227). Así pues, se hace necesario definir bien qué vamos a entender por “ciudad”, al menos en el ámbito de este trabajo. Hace algunos años, Ladero Quesada (1984 b, 166) estableció una jerarquía urbana andaluza para finales del siglo XV en la que Sevilla y Córdoba destacaban, por su volumen poblacional, como “grandes ciudades”, seguidas por Jaén, Úbeda, Baeza, Écija y Jerez, calificadas de “ciudades importantes”. Como se puede comprobar a la vista de las cifras del apéndice 1, estas ciudades son las que, en la época del censo de 1530-1534, contaban con un vecindario superior a 2.500 vecinos. Las mismas cifras muestran claramente cómo estas ciudades son, al menos durante el tiempo en que tenemos datos, también las más pobladas durante el siglo XV. Junto con ellas debe destacarse Antequera, que pasaba de los 2.400 vecinos. Sin embargo, la historia demográfica y política de Antequera hace que parezca más conveniente no incluirla en el grupo de las “ciudades” con el que trabajaremos aquí. Una vez establecido el ámbito concreto en que nos vamos a mover, conviene fijar las cifras de su evolución demográfica. La ciudad que más datos ofrece es, en principio, Sevilla. Esta ciudad, además, ha venido siendo considerada como el modelo de la evolución demográfica urbana del sur de la Corona de Castilla, caracterizada principalmente por su crecimiento precoz. Como veremos, sólo los datos hispalenses han podido mantener en pie la especie de un temprano y, además, espectacular crecimiento de la población urbana del mediodía ibérico. Pero vayamos por partes. Estas son las cifras que hemos podido recolectar sobre la evolución demográfica sevillana: FECHA 1384 1405 1426-1451 1440 1483-1489 1486 1519 1533 1534 1534 VECINOS 2.613 5.268 4.893 4.893 6.896 7.141 15.000 9.161 9.082 9.017 FUENTE COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 156 FLORES VARELA, 1992, 109 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 163 PONSOT, 1980, 154 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 163 PONSOT, 1980, 154 IGUAL LUIS, NAVARRO ESPINACH, 1997, 264 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 163 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 PONSOT, 1980, 153 Aunque pueda parecer que se trata de una serie de cifras bastante amplia, en realidad no lo es tanto. En primer lugar, las tres últimas cifras se refieren, obviamente, al mismo momento, es decir, a la confección del famoso censo de 1528-1536, que en el Reino de Sevilla se elaboró en 1534. Las variaciones en las cifras aportadas por los - 116 - distintos autores no son demasiado importantes10, del orden del 1 % del vecindario, y además son fácilmente explicables, al menos en parte. Así, Domínguez Ortiz ha utilizado el padrón en su redacción final, tal como fue elaborado por la Contaduría Mayor de Cuentas y hoy se conserva en el Archivo General de Simancas. Por su parte, Ponsot y Collantes de Terán han utilizado los padrones previos realizados por el concejo. Por tanto, la diversidad de fuentes utilizada explica las diferencias de Domínguez Ortiz con los otros dos autores. Sin embargo, las diferencias entre éstos son de más difícil explicación, puesto que ambos afirman haber utilizado el mismo documento, en concreto la carpeta 125 de la Sección 1ª del Archivo Municipal de Sevilla; es posible que el demógrafo francés se limitase a transcribir la suma final de vecinos que aparece en el propio documento, ya que su propósito era el estudio de una zona más amplia, mientras que el historiador sevillano haya sumado los datos de cada collación, como parece sugerir él mismo (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 37). Debe señalarse que, al parecer, el número de exentos que aparece tanto en los padrones sevillanos como en los simanquinos parece estar muy rebajado respecto a la realidad, ya que sólo aparecen 79; Collantes de Terán (1984, 36) ha recurrido a los documentos de la devolución de la “blanca de la carne” para tratar de completar esta laguna, de forma que parece que su cifra puede ser la que mayores garantías ofrezca, más incluso que las que finalmente constaron en el padrón general, pese a que éstas son utilizadas por los historiadores de la población con bastante confianza (MARTÍN GALÁN, 1981, 238). No obstante, nosotros preferiremos utilizar aquí la de Domínguez Ortiz por coherencia con la misma fuente en otras ciudades. Por su parte, el dato de 1519 procede de la apreciación superficial de un anónimo mercader milanés de viaje por España, y resulta obviamente exagerada, aunque los autores que la recogen parecen darle cierta verosimilitud (IGUAL LUIS, NAVARRO ESPINACH, 1997, 265). En todo caso, nosotros optaremos por no utilizarla. 10 También ha utilizado este censo Ruth Pike (1987, 21), pero su interpretación ha sido sólidamente rebatida por Collantes de Terán (1984, 37) Mayores dificultades presentan las cifras de Ponsot y de Collantes de Terán para la década de 1480. Aunque ninguno de los dos investigadores cita expresamente la documentación en que se basa, parece que ambos han utilizado los padrones de cuantías conservados en la Sección 1ª del Archivo Municipal de Sevilla. Sin embargo, el primero, que no explica cómo ha llegado a la cifra que ofrece -la cual desde luego no aparece en ninguno de los documentos que dice utilizar-, parece no obstante que ha extrapolado los datos de algunas collaciones en 1486 para reconstruir la población de la ciudad en ese año, mientras que el segundo ha trasladado los datos de varios padrones parroquiales realizados en un espacio de seis años. Resulta evidente que la cifra propuesta por Collantes de Terán es más fiable, pero no deja de sorprender que Ponsot no haya tenido en cuenta el resto de los padrones parroquiales o que, al menos, no haya realizado su extrapolación en algún otro año donde existiesen más padrones de relativa fiabilidad, como 1484 o 1489 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 28). En - 117 - todo caso, nosotros utilizaremos la cifra de Collantes de Terán aunque, para simplificar los cálculos, la situaremos en el año 1486, que es el intermedio entre las fechas de los padrones que este autor utiliza. Veamos ahora las cifras del segundo cuarto del siglo XV. En primer lugar, el arco cronológico que abarca Collantes de Terán resulta demasiado amplio, pero, una vez más, Pierre Ponsot nos sorprende y, aparentemente, se limita a situar la cifra proporcionada por Collantes de Terán en el año intermedio de dicho arco cronológico, puesto que en 1440 no existe en el Archivo Municipal de Sevilla ningún padrón ni general ni parcial de la población de la ciudad. Si realmente el investigador francés ha realizado esta operación, ello no sería criticable, a nuestro entender, pero sí lo sería el hecho de silenciarlo, lo que puede llevar a confusiones. En general, estas irregularidades vienen a sumarse a las que habíamos detectado para las cifras de localidades más pequeñas de la tierra sevillana, lo que hace que debamos utilizar con prudencia los datos ofrecidos por Ponsot, lo que, por supuesto, no resta ningún interés a su interpretación global de la evolución de la población en la zona durante el siglo XV. Nosotros, por nuestra parte, realizaremos esta misma operación aunque, eso sí, explicitándola con claridad. Los datos de 1405 y 1384 presentan otro tipo de problemas. No se trata de decidir entre diversos autores, sino de aclarar la validez de las fuentes en que se basan. La cifra de 1405 proviene de un alarde general realizado en marzo de ese año, conocido desde hace mucho tiempo (TENORIO CERERO, 1907, 34) y que también se conserva en el Archivo Municipal de Sevilla. Collantes de Terán (1984, 17-18, 31-35) había realizado ya la crítica de esta fuente y no la descarta como fuente utilizable, aunque finalmente opta por no incluirla en su análisis de la evolución demográfica, fundamentalmente porque “la falta de puntos de referencia próximos y el desconocimiento de la estructura por edades de la población sevillana no nos permite establecer un coeficiente de reducción” que permita compararlo con los padrones de cuantías. Creemos que, dejando aparte la sorprendente alusión a la “estructura por edades” de la población -que podría aplicarse prácticamente a cualquiera de las fuentes demográficas medievales-, el descubrimiento de un padrón militar en toda regla en 1406 y la comprobación de su coherencia respecto al alarde y a otras fuentes complementarias permite que utilicemos este alarde como una fuente demográfica perfectamente relacionable con las demás (FLORES VARELA, 1992, 39). Hemos preferido utilizar este alarde en lugar del citado padrón de 1406 porque aquel presenta unas cifras superiores a las de éste y, como siempre que tratamos con fuentes militares, cabe suponer que existiera un cierto porcentaje de población no militarizada que no apareciese en los padrones, de forma que parece más oportuno utilizar la fuente que presenta una cifra mayor; además, el análisis detallado de ambos documentos permite concluir que probablemente las razones de esta diferenciación sean de índole más administrativa que demográfica (FLORES VARELA, 1992, 42-43). El último dato a analizar es el de 1384. De nuevo Collantes de Terán (1984, 35- 36) había sospechado que estuviese incompleto por la falta casi absoluta de pobres, lo que provoca una cifra excesivamente baja, a pesar de la influencia que pudo tener la llamada “tercera mortandad” de 1383. Por otra parte, si aceptamos las cifras de 1405, la de 1384 se revela como claramente subvalorada, porque de lo contrario deberíamos - 118 - admitir que la población de la ciudad se duplicó en veinte años, lo que no parece fácilmente demostrable (FLORES VARELA, 1992, 64). Sin embargo, Collantes de Terán (1984, 157) decidió utilizarlo en su análisis demográfico, lo que ha venido produciendo confusiones de cierto calibre que observaremos con detalle más adelante. Por nuestra parte, preferimos dejar este dato en suspenso y no utilizarlo. En el extenso territorio denominado Reino de Sevilla se desarrollaron otros dos centros de carácter secundario cuyo estudio puede sernos de utilidad. El primero de ellos es Jerez. Estos son los datos: FECHA VECINOS FUENTE 1455 1485 1517 1534 2.500 3.500 4.000 3.751 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 36 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 36 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 Las diferencias de calidad con los datos sevillanos resulta evidente. Sólo el dato de 1534, procedente del famoso Censo General ya comentado, es suficientemente preciso, aunque cabe señalar que, como habíamos visto en Sevilla, los datos de los padrones municipales realizados para este censo son algo diferentes, y se sitúan en concreto en 3.675 vecinos pecheros (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 46). El resto son estimaciones a las que podemos dar mayor o menor validez, pero nunca tanta como la que merecen padrones, alardes o censos. Los 4.000 vecinos de 1517 proceden de una de las estimaciones realizadas por Hernando Colón en su Itinerario11. Tradicionalmente se ha venido considerando que las cifras aportadas por esta obra no eran demasiado fiables, especialmente a partir de un cierto volumen de población, ya que generalmente se obtuvieron mediante una medición “a ojo”. Hemos tenido ocasión de discutir estos aspectos en capítulos anteriores. Sin embargo, se puede observar que aquí esta apreciación colombina no parece ser demasiado disonante respecto de las demás cifras. Hay que tener en cuenta que las demás fuentes sólo afectan a la población pechera, de forma que están todas algo subvaloradas. Las otras dos cifras proceden de las actas capitulares jerezanas. La de 1485 es una apreciación del concejo ante un requerimiento de los Reyes Católicos para contribuir a la Guerra de Granada. Antonio González Gómez (1982 b, 36) afirma que, aunque pudiera pensarse en una subvaloración interesada del concejo para evitar cumplir con los requerimientos de los monarcas, sin embargo tanto las circunstancias históricas de la ciudad en ese momento como la coherencia de las cifras con las de 1534 permiten utilizarla, aunque de forma prudente. Por nuestra parte, sólo cabe añadir que la apreciación de Hernando Colón viene a corroborar la validez, siquiera aproximada, de esta cifra. 11 La misma fuente proporciona además las cifras de 6.000 y 7.000 vecinos, que resultan evidentemente desproporcionadas. - 119 - Por último, la cifra de 1455 no es proporcionada directamente por las Actas Capitulares, pero sí de forma indirecta: se trata de pagar las costas de determinado pleito, pero el concejo reconoce que no tiene propios con los que pagar los 5.000 maravedíes que costó la solución del asunto, de forma que hay que recurrir a su repartimiento entre todos los vecinos -al parecer, sin exenciones- a razón de dos maravedíes por vecino (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 36). Aunque, en principio, esta cifra así obtenida sea más fiable que la anterior, no deja de resultar sospechoso un número tan redondo. Cabe la posibilidad de que, con este repartimiento el concejo jerezano pagase algo más que el pleito en cuestión, con lo que habría que aumentar el vecindario. Desconocemos si se conservan las cuentas municipales de esta época, pero, si fuese así, en ellas podría estar la solución al problema. Podemos intentar obtener algunos datos más respecto a la población de Jerez. Antonio González ha analizado un total de seis padrones de la moneda forera en 1477, 1492 y 1511, relativos sólo a tres collaciones de las ocho que integraban la ciudad (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 37-41). Una de las tres collaciones, el arrabal de San Miguel, aparece en los tres años, pero sólo la zona alta del mismo, si bien podemos pensar que el resto del barrio no estuviese demasiado poblado, porque parece estar rodeado de amplias zonas deshabitadas (GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 37). La collación de Santiago ofrece los padrones de 1477 y de 1492 y, por fin, la de San Marcos sólo presenta el padrón de 1477. Puesto que no sabemos en qué medida la población jerezana se concentraba en una u otra collación, podemos aplicar la media de las tres collaciones de 1477 a todas las collaciones de la ciudad, con lo que nos resultaría un vecindario de unos 2.200 vecinos; el mismo ejercicio en 1492 da como resultado 2.000 vecinos. Naturalmente, estas cifras resultan demasiado bajas respecto a las que ya conocemos, que además cabe sospechar que estén subvaloradas. Por tanto, sólo sirven para comprobar que, desde luego, las collaciones implicadas no debían ser las más pobladas de la ciudad. En todo caso, las cifras concretas de las collaciones de Santiago y San Miguel parecen indicar un descenso demográfico que no encaja demasiado bien con los datos que hemos apuntado más arriba; sin embargo, ya en el capítulo anterior se ha señalado que algunos datos indirectos, reforzados ahora por estos datos, hacen pensar que tal reducción demográfica no debió producirse al menos en la totalidad de la ciudad. Posiblemente el hecho de que González Gómez (1982 b, 37) haya contado como vecinos independientes a todos los criados, vivieran o no con sus señores, pueda tener algo que ver con esta aparente contradicción, introduciendo en los cálculos aspectos derivados de la organización del trabajo o de la estructura de las familias amplias o múltiples. En efecto, entre 1477 y 1492 la collación de Santiago presenta una tasa de crecimiento de -0,07 y la de San Miguel de -2,28; estas tasas se convierten respectivamente en -0,44 y -1,49 si ignoramos a los criados, suavizando el descenso demográfico. En resumen, durante los años 80 del siglo parece más bien que nos encontramos ante una población cambiante, pero probablemente no en descenso. El otro núcleo secundario que escolta a Sevilla es Écija. Veamos sus datos: FECHA VECINOS FUENTE 1449 1500 1517 1.500 3.000 5.000 GONZÁLEZ JIMÉNEZ , 1993 a, 59 NAVARRO DOMÍNGUEZ, 1993, 216 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 - 120 - 1534 4.342 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 Aquí sólo la cifra de 1534 puede considerarse relativamente segura. Cabe señalar, no obstante, que Navarro Domínguez (1993, 216) aporta la cifra de 3.342 vecinos en “el padrón de 1527”, pero creemos que se trata simplemente de una mala lectura del Censo de 1534, aunque fechándolo en el momento de su inicio en toda Castilla. Los demás datos proceden todos de apreciaciones subjetivas. Ya conocemos las de H. Colón, y en este sentido sólo cabe repetir lo indicado para Jerez. La de 1500 es bastante menos fiable, puesto que proviene de un mercader que visitó Écija en 1567 y que indica esa cantidad de vecinos para principios de su siglo sin que sepamos en qué fuente se basó. Por último, la cifra de 1449 sólo se mantiene por el prestigio del profesor González Jiménez, que, ante el exiguo vecindario que se desprende de un padrón de la moneda forera de ese año, piensa que debe duplicarse, para que, al menos, la población astigitana fuese similar a la de Carmona por las mismas fechas. El resultado es una evolución demográfica prácticamente supuesta, cuya coherencia con la evolución de su entorno y de las demás ciudades andaluzas es meramente artificial: todos los observadores lanzan sus datos por comparación, pero ninguno parece haber visto padrones, censos o alguna otra fuente utilizable. En el Reino de Córdoba sólo la capital parece merecer el calificativo de “ciudad”. Sin embargo, la sequía de datos concretos es aquí muy llamativa: FECHA VECINOS FUENTE 1 5 0 9 1 5 1 7 1 5 1 9 1 5 3 0 5 . 5 0 0 1 1 . 0 0 0 8 . 0 0 0 6 . 2 8 3 FORTEA PÉREZ, 1981, 108 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 IGUAL LUIS, NAVARRO ESPINACH, 1997, 270 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 La cifra de 1530 proviene del mismo Censo que en Sevilla fue realizado en 1534, y merece la misma confianza. También conocemos la procedencia de la cifra de 1517, aunque resulta evidente que, en este caso, debe ser descartada, especialmente si observamos que la de 1519, obtenida probablemente también “a ojo”, es notablemente inferior, aunque también resulta demasiado elevada como para que podamos utilizarla de modo fiable. No obstante, hay que señalar que parece existir conciencia de despoblamiento en la ciudad desde 1520 (FORTEA PÉREZ, 1981, 111), lo que nos permite suponer para los años cercanos a esa fecha una población mayor que en 1530. Además, el propio Hernando Colón ofrece otras - 121 - dos apreciaciones de la población cordobesa, en 12.000 y 13.000 vecinos12 que, siendo tan descartables como la primera y como la ofrecida por el anónimo mercader milanés, pueden reforzar la idea de un descenso demográfico en Córdoba durante la década de 1520. 12 El artículo de Michel Drain y Pierre Ponsot señala 31.000 vecinos, pero debe tratarse de una errata, y así lo interpreta M. Nieto Cumplido (1984, 198) En cuanto a la cifra de 1509, se trata de una extrapolación de los datos de unos repartimientos municipales en seis de las catorce parroquias de la ciudad, en los que aparecen un total de 2.509 vecinos. Aunque José Ignacio Fortea sugiere la cifra aproximada de 5.500 vecinos, hay que reseñar que la extrapolación arroja un resultado real de 5.854 vecinos. Quizá las razones de esta reducción tengan que ver con las dificultades demográficas que el mismo autor señala para los primeros años del siglo XVI (FORTEA PÉREZ, 1981, 106-111), o con el peso demográfico relativo de las collaciones de las que se conservan padrones del repartimiento, pero, en todo caso, estas razones no aparecen explicitadas. Podemos pensar, además, que existiría algún tipo de ocultación de datos y un cierto nivel de exención que hace que sea más aconsejable revisar la cifra al alza. En consecuencia, utilizaremos la cifra revisada en lugar de la que proporciona el profesor cordobés. Pasemos al Reino de Jaén, donde, más que una ciudad principal, encontramos un auténtico triunvirato de ciudades de tamaño medio, relativamente cercanas entre sí, y que ejercen entre las tres la auténtica capitalidad. Ya se ha señalado cómo Jaén, Úbeda y Baeza parecen acaparar la mayor parte de la población del reino, entre el 67 % y el 90 %. Pero conviene empezar por la capital administrativa, cuyos datos demográficos son los siguientes: FECHAS VECINOS FUENTE 1484 4.418 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 137 1500 4.040 RODRÍGUEZ MOLINA, 1993, 44-45 1505 3.817 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 1517 5.500 LADERO QUESADA, 1969, 491 1535 4.235 RIVAS MORALES, 1991, 185 Los datos de 1535 y 1517, procedentes del Censo general y de las apreciaciones de Hernando Colón, no necesitan mayores comentarios, aunque más adelante, al analizar la evolución demográfica de la ciudad, se comprobará que en este último caso el dato parece estar sobrevalorado. La cifra de 1505 procede de un padrón conservado en el Archivo Municipal de Jaén. La del año 1500 es fruto de una elaboración algo más compleja. En efecto, el profesor Rodríguez Molina avanza en el trabajo citado las cifras de habitantes de tres collaciones de la ciudad, utilizando un coeficiente 4, a partir de unos padrones conservados entre las actas municipales giennenses; nosotros hemos extrapolado el resultado a las once collaciones de la ciudad suponiendo que el peso demográfico de las tres collaciones implicadas fuese el mismo que el que aparece en el padrón de 1505. Por último, la cifra de 1484 requiere alguna crítica. El autor citado ha utilizado un padrón de peones conservado entre los protocolos notariales de la ciudad, a los que ha añadido los 1.200 - 122 - caballeros que, según la Crónica del condestable Lucas de Iranzo, existían por entonces en la ciudad. Sin embargo, durante nuestra búsqueda de testamentos entre los protocolos notariales giennenses hemos topado con el mencionado padrón (AHPJ, leg. 2, f. 19 v) -en realidad, un resumen del mismo- y el resultado difiere bastante del ofrecido por el profesor Rodríguez Molina: 2.417 peones, incluyendo siempre las poblaciones de Torredelcampo, Mengíbar, Cazalilla y Fuente el Rey, es decir, 3.617 vecinos contando además a los caballeros. Creemos que se trata de un simple error de transcripción, por lo que, de momento, preferiremos utilizar nuestra cifra; además, le restaremos el número de peones de los pueblos citados, al igual que hemos hecho con la cifra de 1505, de forma que el número final de vecinos de Jaén en 1484 quedaría en 3.325, lo que, por otro lado, cambiaría bastante el sentido de la evolución demográfica de la ciudad. Pero existen algunos datos que nos permiten calibrar la validez de este padrón de peones. Se trata de una serie de padrones de parroquias cuyos datos han sido aportados por Pedro Porras Arboleda (1982, 306-309; 1987 b, 263), que encontró los de las parroquias de Santiago en 1491 y San Juan en 1485 en el archivo de la Chancillería de Granada, y por Enrique Toral Peñaranda (1987, 45-47), que aporta cifras de sendos padrones de las parroquias de San Pedro y La Magdalena en 1485, pero sin indicar la fuente. Así pues, tenemos cuatro padrones prácticamente contemporáneos del que se conserva entre los protocolos notariales, más uno algo posterior. Aunque en los padrones de 1485 y 1491 se aporta el vecindario total, incluyendo pobres, caballeros y exentos, es posible comparar los datos sólo de los peones, excluyendo los pobres, con los del padrón de 1484: Parroquia Padrón 1484 Padrón 1485 Diferencia San Juan 260 343 31,92 % La Magdalena 324 493 52,16 % San Pedro 144 205 42,36 % Santiago 136 162 19,12 % Cuadro 15: Evolución del vecindario de algunas parroquias de Jaén Estos datos afirman claramente que el padrón de 1484 está subvalorado en un porcentaje que, dejando aparte el dato de Santiago, más lejano en el tiempo, oscila entre un tercio y la mitad del vecindario real de vecinos pecheros. Téngase en cuenta, además, que hemos excluido de los datos de 1485 no sólo los exentos y caballeros, sino también menores y mujeres. A pesar de todo, parece que la cifra de 1484 debe ser revisada al alza. Pero aún podemos avanzar algo más. En efecto, estos padrones nos informan con precisión del número de hidalgos y de caballeros en cada collación. Recuérdese que hemos dado por buena la cifra de 1.200 caballeros que aporta la Crónica del condestable Lucas de Iranzo. Antes de seguir es necesario aclarar que la Crónica en cuestión aporta un número algo menor, 1.160 caballeros, para el año 1463 (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 212), aunque también señala que al año siguiente se consiguió reunir a 1.200 caballeros para participar en una incursión contra Granada (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 363), si bien esta última cifra puede perfectamente estar redondeada. En todo caso, los 1.160 caballeros supondrían el 56,47 % respecto al total de peones que habíamos calculado más - 123 - arriba. Resulta evidente que se trata de un porcentaje anormalmente alto, en consonancia con la remilitarización de la ciudad emprendida por Miguel Lucas. Pero quizá los padrones de 1485 nos puedan ayudar a situar el número de caballeros en su justa medida. En efecto, en las tres collaciones afectadas el porcentaje es prácticamente idéntico, entre el 16,62 % y el 17,07 %; para la collación de Santiago, el porcentaje baja al 8,64 %. Podemos asumir, como hipótesis de trabajo, que el vecindario que hemos adelantado más arriba debe ser aumentado en un 40 %, lo que daría una cifra de 4.655 pecheros; si los caballeros suponen aproximadamente el 17 % de los pecheros, habría que añadir a 791 caballeros, lo que supone un vecindario total de 5.446 vecinos, excluyendo pobres y clérigos. Observemos que, si suponemos que el peso demográfico de estas tres collaciones en 1485 es similar el que presentan en 1505, es decir, un 31,39 %, el vecindario total de Jaén en 1485 se elevaría a 5.304 vecinos. Por tanto, podemos concluir que en 1485 ésta ciudad contaba con unos 5.400 vecinos aproximadamente. Ésta será, definitivamente, la cifra que utilizaremos en adelante. Pasemos, pues, a la ciudad de Baeza. Los datos que hemos podido recopilar son los siguientes: FECHA VECINOS FUENTE 1407 1.774 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 1414 1.500 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 142 1535 2.709 PAREJO DELGADO, 1988, 78 Sin duda, la parquedad en las cifras es ahora desoladora. No obstante, cabe señalar que la primera y la última de las cifras son relativamente fiables. La de 1535 proviene del tantas veces aludido Censo general. La de 1407 corresponde a un padrón de militarizables, similar a los que hemos encontrado en Sevilla para esas mismas fechas, y, a priori, merecen la misma fiabilidad, aunque en este caso no ha podido ser contrastada con alardes u otras fuentes complementarias. En cuanto al dato de 1414, procede de una apreciación de Gonzalo Argote de Molina en su Nobleza de Andalucía, recogida por J. Rodríguez Molina y aceptada por su coherencia con las otras cifras conocidas. Sólo cabe añadir que, según M.J. Parejo Delgado (1988, 78), el Itinerario de H. Colón aporta la cifra de 5.000 vecinos, que resulta evidentemente desproporcionada y por tanto, debe ser ignorada. Veamos, por último, lo que realmente sabemos sobre la población de Úbeda: FECHAS VECINOS FUENTE 1447 3.860 PAREJO DELGADO, 1988, 77 1530 3.847 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 El dato de 1530 procede, una vez más, del Censo general. Hay que señalar que M.J. Parejo Delgado (1988, 79) utiliza exclusivamente la cifra de pecheros, que asciende a 2.605, pero hemos preferido utilizar la cifra total no sólo por coherencia con los datos procedentes de esta misma fuente que hemos venido utilizando, sino también porque la cifra de 1447, procedente de un documento judicial conservado en el archivo de la Chancillería de Granada, parece abarcar a la totalidad del vecindario. El resultado es la lista de cifras más escueta de todas y sobre la que, además, no cabe hacer mayores comentarios. 2.- Análisis evolutivo Una vez que hemos fijado las cifras de la evolución demográfica urbana en Andalucía, parece oportuno trasladarlas al gráfico 26 y observar el resultado. - 124 - En primer lugar, merece la pena observar la linea media que hemos trazado. Se ha elaborado una proyección de las cifras para las épocas de carencia de datos directos y obteniendo la media del vecindario de las ciudades andaluzas en cada momento. Naturalmente, esto supone que la linea es más valiosa cuanto más avanzamos en el tiempo puesto que contamos con más ciudades con las que jugar, aunque, por supuesto, sólo tiene efectos indicativos. Sin embargo, ya parece mostrar una evolución demográfica bastante parecida a la que conocemos para el resto de Europa, es decir, estancamiento hasta mediados de siglo, aproximadamente, incluso con leve tendencia a la baja, para aumentar después, aunque con pequeños intervalos de crisis más o menos graves (NICHOLAS, 1997, 70). Hay que señalar que la recesión que se presenta en los años finales del período estudiado, es decir, hacia 1520-1530, se verá contestada en los años siguientes por un nuevo y, en general, importante aumento demográfico. Pero lo que nos interesa destacar aquí es que los datos no permiten de ninguna forma sostener la idea de un boom demográfico en las ciudades de Andalucía antes de mediados del XV, lo que obliga a matizar las afirmaciones de crecimiento demográfico que son ya casi un lugar común en los manuales (IRADIEL, MORETA, SARASA, 1989, 472). 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 SEVILLA -0,21 0,58 0,66 0,46 0,42 JEREZ 1,13 -0,38 0,51 ÉCIJA 1,24 1,32 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 8000 9000 10000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s S evilla Jerez Jaén Córdoba B aez a Ubeda É c ija M E DIA - 125 - 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 CÓRDOBA 0,34 JAÉN 0,15 -0,47 BAEZA -2,37 0,33 0,33 ÚBEDA 0,00 MEDIA -1,29 1,13 0,38 0,71 0,00 0,38 Cuadro 16: Tasas de crecimiento de las ciudades andaluzas Por su parte, el cuadro 15 apunta no sólo al estancamiento en la primera mitad del siglo XV, sino incluso a un descenso acusado de la población, descenso que se compensaría en 1450-1490; el único dato para 1440-1490 parece corroborar esta idea. Sin embargo, no parece prudente, por el momento, aceptar una recuperación tan espectacular, ya que el único dato de 1450-1490 proviene de Jerez, ni quizá tampoco una caída tan brusca en la primera mitad del siglo XV, aunque aquí los datos de Sevilla y Baeza, apoyados por los de Úbeda, ya ofrecen mayores garantías. En todo caso, podemos aceptar un descenso leve de población en la primera mitad del siglo, y una recuperación no demasiado espectacular en la segunda mitad, aproximadamente hasta la conquista de Granada. El gráfico 28, por su parte, nos permite comparar la evolución de las ciudades andaluzas en relación con la del campo circundante. El gráfico ha sido elaborado mediante la reconstrucción hipotética del vecindario total andaluz realizada en el capítulo anterior. De ese vecindario se han restado las cifras de las ciudades, proyectándolas de la misma forma que en el gráfico anterior. Esto supone que los datos del “campo” hasta los años 80 del siglo están bastante sobrevalorados, porque en ellos se incluye la hipotética población de las ciudades para las que no tenemos datos, es decir, todas excepto Sevilla y Baeza; además, por la misma razón habría que incluir esta hipotética población en las ciudades, con lo que el descenso sería bastante más acusado. Por otra parte, la segunda ciudad más importante de la zona, Córdoba, sólo presenta datos desde principios del XVI. Todo ello significa que la linea 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s 0 20000 40000 60000 80000 100000 120000 140000 CIUDADES CAMPO - 126 - del “campo” debería todavía tender más hacia la verticalidad o, dicho en otras palabras, el crecimiento demográfico rural es mucho más acusado que el urbano durante todo el período estudiado, pero sobre todo en la primera mitad del siglo XV. Podemos comparar ahora las tasas de crecimiento medias de las ciudades, tal como las acabamos de obtener, con las del campo. Estas últimas tasas se han calculado exactamente igual que en el capítulo precedente, pero ignorando desde el principio los datos de las ciudades. Este es el resultado: 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 REINO SEVILLA 0,29 0,45 0,79 0,76 0,65 0,75 REINO CÓRDOBA 0,54 0,68 -0,09 0,89 REINO JAÉN 0,32 1,07 0,86 1,13 MEDIA CAMPO 0,29 0,38 0,80 0,77 0,28 0,92 CIUDADES -1,29 1,13 0,38 0,71 0,00 0,38 Cuadro 17: Comparación de las tasas de crecimiento urbanas y rústicas Como se puede observar, en todos los tramos cronológicos el crecimiento urbano resulta ser netamente inferior al rural, excepto en 1450-1490, si bien en este tramo sólo contamos con el dato de Jerez. Aún podemos precisar más en este sentido, comparando las tasas de crecimiento de las ciudades con las del Valle, es decir, la zona donde se sitúan, sin contar con las sierras al norte y al sur. El siguiente cuadro permite esta comparación: 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 VALLE 0,53 1,09 0,69 0,39 0,15 0,55 CIUDADES -1,29 1,13 0,38 0,71 0,00 0,38 Cuadro 18: Comparación de las tasas de crecimiento urbanas con el Valle del Guadalquivir Se aprecia que el resultado es muy similar, si bien parece confirmarse un mayor crecimiento de la población urbana respecto a su entorno inmediato en la segunda mitad del siglo XV, como indica la tasa para 1450-1530. Evidentemente, esto significa que las ciudades parten de un nivel relativamente bajo de población hacia mediados de siglo, para recuperarse con más rapidez en los años posteriores y moderar su ritmo ascensional -las tasas sugieren un estancamiento, aunque los datos apuntan hacia un crecimiento moderado- durante el primer tercio del siglo XVI. Además, la evolución demográfica del Valle, tal como reflejan estas tasas, podría ajustarse también al mismo esquema, aunque de una forma menos brusca; podemos adelantar ahora que el paralelismo entre la evolución de las poblaciones urbanas y las de su entorno rural es muy grande, como veremos enseguida. Así pues, pese a los defectos que presentan las fuentes, parece plausible establecer dos hechos importantes en la evolución demográfica urbana de Andalucía. En primer lugar, el auténtico despegue demográfico de la primera mitad del siglo XV, que precede en medio siglo al del resto de Europa, se produce en los campos, pero no en las ciudades, donde incluso podría pensarse en un cierto descenso, en la linea del resto de las ciudades europeas. En segundo lugar, durante todo el período estudiado las poblaciones de las ciudades y de su entorno rural evolucionan de forma similar, aunque parece que el campo crece a mayor ritmo que las ciudades. Debemos, pues, adentrarnos un poco más en estos dos problemas. 2.1.- La evolución demográfica de la primera mitad del siglo XV En Baeza, las cifras con que contamos están bastante aisladas y sólo podemos aventurar que, si bien es posible que Argote de Molina, en su apreciación del vecindario de 1414, pecase de modestia, no lo es menos que el padrón militar de 1407 probablemente adolezca también de algún grado de subvaloración; el resultado de esas hipotéticas correcciones sería una línea evolutiva todavía más tendida. - 127 - Así pues, sólo los datos de Sevilla se prestan a un análisis más profundo. Hemos comprobado que, si en lugar del padrón de 1384 utilizamos el alarde de 1405, la población de la principal ciudad de la zona aparece estancada. Antonio Collantes de Terán, teniendo en cuenta el amplio arco cronológico que ocupan los padrones que utiliza, había podido afianzar su idea del crecimiento demográfico sevillano durante la primera mitad del siglo mediante la observación de determinadas parroquias (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 179). Merece la pena, pues, que nos detengamos en volver a realizar el análisis de estas parroquias pero sustituyendo los datos de 1384 por los que conocemos de 1405 y ciñéndonos a la primera mitad del siglo XV. El resultado se plasma en el gráfico 29. Sólo la parroquia de El Salvador, que ciertamente es una de las más importantes de la ciudad tanto demográfica como económica y socialmente, presenta una evolución positiva. Algunas parroquias, sobre todo pequeñas, parecen estar estancadas, y debe destacarse la pérdida evidente de vecindario de las collaciones de San Lorenzo y San Vicente, las dos que más población agrupan, en términos absolutos. En otras parroquias la situación es similar, aunque los padrones no permiten una observación tan detallada. No obstante, por ejemplo, el propio Collantes de Terán afirma que el arrabal de Triana no empezó a poblarse con cierta densidad 0 50 100 150 200 250 300 350 400 450 14 05 14 10 14 15 14 20 14 25 14 30 14 35 14 40 14 45 14 50 14 55 ve ci no s Salvador S. Vicente S. Lorenzo S. Juan S. Miguel S. Andrés Sta. Marina Sta. Lucía - 128 - hasta pasado el ecuador del siglo (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 96), pese a la ampliación de la capilla mayor de su iglesia, pero que no se sustituyó por una nueva hasta finales de siglo (MARTÍNEZ VALERO, 1991, 19). En Córdoba los escasos testimonios indirectos parecen reforzar la idea del estancamiento demográfico. Así, José Manuel Escobar Camacho (1982 a, 138) ha utilizado la evolución de los precios de los mesones como un indicador demográfico siquiera aproximado, aun salvando la inflación, y ha apreciado oscilaciones durante la primera mitad del XV, que podrían traducirse en una población estancada, para iniciar una fuerte subida hasta 1480. Existen asímismo algunos testimonios de intentos de repoblación en los primeros años de esta centuria: las huertas de los monasterios de San Pablo y San Francisco, desde 1405 y 1409 respectivamente (ESCOBAR CAMACHO, 1984 a, 36); el Alcázar Viejo, mediante repartimiento entre ballesteros en 1399 (NIETO CUMPLIDO, LUCA DE TENA ALVEAR, 1980, 244). Pero estas iniciativas no prosperaron hasta la segunda mitad del siglo; el dato es casi seguro para el Alcázar Viejo, puesto que en 1449 Juan II tuvo que otorgar nuevos privilegios para fomentar esta repoblación, incluyendo diversas exenciones fiscales (NIETO CUMPLIDO, LUCA DE TENA ALVEAR, 1980, 248), y probablemente en una situación similar se vieron las huertas de los monasterios. Desgraciadamente, no hemos podido recoger datos sólidos para el resto de ciudades andaluzas. Quizá esta misma sequía documental pueda ser interpretada como un síntoma de cierta postración de la vida urbana. Por ejemplo, sabemos que durante los últimos años del siglo XIV, Jaén vivió una etapa demográficamente muy débil, necesitando incluso de lo que se ha denominado “segunda repoblación”, y constantemente acosada por los ataques granadinos, que casi vuelven a conquistarla en 1407 (PORRAS ARBOLEDA, 1997 a, 203- 204). En todo caso, parece que las ciudades andaluzas se encuadran en una tendencia general al estancamiento e incluso a una leve recesión en que parecen inscribirse las ciudades europeas de las que se tienen datos fehacientes. No existen esos datos para ciudades de la Corona de Castilla, y en Aragón sólo hemos podido constatar una situación similar, con tendencia al descenso, en dos ciudades medianas como Sagunto (HINOJOSA MONTALVO, 1995, 278-279) y Gerona (ALBERCH, CASTELLS, 1985, 18-20), y también, aunque con menor precisión, en una gran ciudad como Barcelona (IGLESIES FORT, 1959, 260). También en Navarra parece que el aumento demográfico comprobado para 1427-1553 debe circunscribirse, en realidad, al siglo XVI (MIKELARENA PEÑA, 1991, 115). Resulta interesante comprobar que en Francia, donde los estudios demográficos urbanos son relativamente abundantes y serios, se manejan las mismas fechas para iniciar el despegue demográfico (HIGOUNET-NADAL, 1988, 385). En Toscana, por último, sabemos que el primer tercio de siglo supuso una fuerte caída de la población en Prato, mientras que la propia Florencia, muy afectada por una peste en 1400, no iniciará su recuperación, al menos, hasta después de elaborar su famoso catastro de 1427 (HERLIHY, KLAPISCH- ZUBER, 1978, 169 y 177). 2.2.- La población ciudadana y la población rural Una vez afirmada la homogeneidad básica entre la evolución demográfica de las ciudades andaluzas y la del resto de Europa, puede resultar interesante estudiar la evolución comparada de estas ciudades con respecto al campo circundante. Empecemos por el Reino de Sevilla. El gráfico 30 muestra la identidad básica, salvada la diferencia de escala, entre la evolución demográfica del Reino y de su capital. Este gráfico ha sido elaborado a partir de las cifras globales que se ofrecieron en el capítulo anterior, restando en cada momento las cifras reales o proyectadas de las tres ciudades. Naturalmente, durante toda la primera mitad del siglo XV no contamos con las cifras de Jerez y Écija, por lo que los datos del Reino están sobrevalorados. No obstante, a la vista de su evolución posterior, podría pensarse que el vecindario conjunto de ambas ciudades supondría en ese momento aproximadamente un tercio del sevillano, con lo que quizá la cifra del Reino -siempre entendido aquí sólo en su parte rural- se elevaría hasta unos 34.500 vecinos, y así su evolución sería una continuación de la que presenta la linea gráfica de la segunda mitad del siglo. También la linea evolutiva de Écija resulta ser aproximadamente paralela a la del Reino, aunque invirtiendo la tendencia en 1520-1530; de todas formas, ya se indicó que las cifras astigitanas debían ser manejadas con suma prudencia. Sin embargo, parece que Jerez se aparta un tanto de este paralelismo. Parece, pues, que resultaría interesante descender algo más en nuestro análisis. Para ello, compararemos la evolución de estas tres ciudades con la de las zonas en que se insertan, siguiendo el mismo sistema que acabamos de utilizar. Para Jerez, la comparación se realiza con la zona llamada “Cádiz”, para Écija con la Campiña y para Sevilla tanto con la Campiña como con el Aljarafe. Se hace necesario explicar cómo se han obtenido las cifras que han servido de base a este análisis y a los gráficos resultantes. En primer lugar, se ha calculado la cifra de 1534 a partir, fundamentalmente, de los datos aportados por Domínguez Ortiz, a los que se han añadido algunas localidades más. Todas esas cifras aparecen en el apéndice 1. A partir de aquí se ha calculado el vecindario de cada zona en 1490, 1450 y 1400, utilizando las tasas de crecimiento que se discutieron en el capítulo II, y se han interpolado las cifras intermedias. En estos cálculos, desde el principio se han ignorado los datos de Sevilla capital, por su calidad de gran ciudad, pero no así los de las otras dos ciudades; es decir, en las tasas de crecimiento de la Campiña se incluyen los datos conocidos de Écija, y lo mismo respecto de Jerez y “Cádiz”. Por lo tanto, en cada 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 8000 9000 10000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 Sevilla Écija Jerez REINO - 129 - momento se han descontado de la cifra de la Campiña y de Cádiz las cifras, reales o proyectadas, de Écija y Jerez, respectivamente. Veamos el resultado en el gráfico 3113: Se puede observar que la evolución demográfica de Jerez y de Écija es bastante paralela a la de sus respectivas zonas circundantes. Por su parte, ahora es Sevilla la que difiere, hasta cierto punto, de la zona rural que le rodea. En efecto, parece claro que aproximadamente durante el siglo XVI, quizá desde antes, el crecimiento es patente tanto en la ciudad como en el campo, sobre todo en la Campiña. Es importante tener en cuenta que el nivel de concentración de la población en la Campiña es mucho mayor que en el Aljarafe -ver gráfico 6-, lo que implica que, en este momento, no sólo se está produciendo un aumento considerable de la población, sino también que ésta tiende a concentrarse en las localidades más grandes. De esta forma, el crecimiento de la capital se inscribe perfectamente dentro de un proceso global de crecimiento y concentración de la población. El cuadro 19 apoya esta idea. 0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Sevilla Écija Jerez ALJARAFE CAMPIÑA CÁDIZ 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 SEVILLA -0,21 0,58 0,66 0,46 0,42 ÉCIJA 1,24 1,32 CAMPIÑA 0,46 1,14 1,68 1,13 0,43 1,46 JEREZ 1,13 -0,38 0,51 CÁDIZ 0,03 0,40 0,09 0,23 -0,26 0,26 13 Debe recordarse siempre que, en estos gráficos, la “quiebra” que se puede observar en la linea evolutiva del Campo se debe a la introducción de datos de ciudades; desde el momento en que disponemos de datos sobre las ciudades, su población de esas ciudades, hasta entonces inserta dentro del “campo”, pasa a ser considerada de forma independiente. - 130 - - 131 - Cuadro 19: Tasas de crecimiento de las ciudades y de su entorno rural En efecto, se observa que las tasas de la segunda mitad del siglo XV en las ciudades de tamaño medio superan las del campo circundante, aunque el paralelismo entre los dos ámbitos se sigue manteniendo. En el caso de Jerez, tanto las tasas de 1450-1490 como las de 1450-1530 son altamente significativas; para Écija sólo contamos con las tasas de 1450- 1530, pero en los dos casos podemos suponer un ritmo de crecimiento notablemente superior al del campo. Para Sevilla no contamos con datos para 1450-1490, pero las tasas de 1450- 1530 y 1400-1490 permiten suponer también un considerable ritmo de crecimiento durante la segunda mitad del siglo XV. Se ha llegado a centrar este crecimiento en Sevilla en la década de los 80, pese a que durante esta misma década se registran epidemias en 1483, 1485 y 1488-1489, a las que hay que añadir la expulsión de los judíos y la huida de los conversos tras el establecimiento de la Inquisición en 1483 (BERNÁLDEZ, 1953, 601; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 164). Sin embargo, puede ser simplemente la carencia de fuentes en años anteriores lo que haya obligado a los investigadores a centrarse en esa década. En todo caso, este posible fenómeno de concentración de la población podría explicar, también, el crecimiento de la Campiña, donde abundan las poblaciones de gran tamaño. Pero el Aljarafe presenta una evolución contraria. Ya se han discutido las razones de esta tendencia, y, como se recordará, aludíamos a la emigración hacia Sevilla como una de esas razones (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 144). Desde luego, la observación de las lineas evolutivas de la población parecen apoyar la idea de una migración importante desde los pueblos del Aljarafe y la Ribera hasta la capital, migración que además podría estar en la base del despegue demográfico sevillano a partir de mediados de siglo. Además, ni Jerez ni Écija muestran unas divergencias tan evidentes entre su linea evolutiva y la de su entorno rural, sino, al contrario, un fuerte paralelismo. De esta forma, podríamos pensar en una atracción de pobladores por parte de las ciudades desde mediados del siglo XV; esta atracción no debilitó el fuerte crecimiento demográfico de los campos en el caso de ciudades medianas, pero sí llegaría a invertir la tendencia demográfica del Aljarafe, cuyos pobladores emigrarían de forma casi masiva a Sevilla. A lo largo de este trabajo se perfilará mejor esta idea, pero de momento podemos aportar algunos datos indirectos que la refuerzan. Sólo para los primeros años del siglo se han recogido algunas cartas de vecindad en número suficiente como para que merezca la pena detenerse en ellas: entre 1390 y 1412 los Papeles del Mayordomazgo del concejo sevillano registran un total de 53 nuevas vecindades en Sevilla, de las que 25 corresponden a emigrantes de la Sierra de Constantina y 17 del Aljarafe y la Ribera; sin embargo, debe tenerse en cuenta que todos los emigrantes de la Sierra de Constantina se concentran en 1411, lo que sugiere la existencia de circunstancias coyunturales, mientras que los del Aljarafe se distribuyen a lo largo de todos los años (las cartas de vecindad, en COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 307, 314, 350-351y 390-394). Estos indicios, muy fragmentarios, apuntan a la existencia de una corriente migratoria más o menos constante desde el Aljarafe y la Ribera hacia Sevilla, que ya existía en la primera mitad del siglo, y que bien pudo mantenerse durante la segunda. Pero no podemos afirmar que esta corriente, que en la primera mitad del siglo no parece ser muy fuerte, sea la responsable del crecimiento negativo del Aljarafe. Además, hay que contar no sólo con la migración a Sevilla, sino - 132 - también hacia la Campiña y hacia la Frontera, que presentan muy elevados índices de crecimiento. La situación, por tanto, dista todavía mucho de estar aclarada. En lineas generales, parece que todas las ciudades del Reino de Sevilla evolucionan de forma paralela a su entorno rural. Por tanto, se podría afirmar que los factores que condicionan la evolución demográfica en las ciudades son los mismos que lo hacen en el campo, incluso aunque se trate de una “gran ciudad” como Sevilla. Así, aunque el nivel de urbanización de Andalucía sea muy importante, no podemos olvidar la profunda interrelación ciudad-campo propia de todo el urbanismo medieval y moderno. La incógnita la presenta el período 1450-1490, cuando da la impresión de existir una fuerte migración desde el Aljarafe y la Ribera hacia Sevilla, que produce despoblación en las zonas de origen y aumento demográfico en la ciudad. Debe notarse que, además del Aljarafe, la Sierra de Aracena, que no aparece en el gráfico 31, muestra una evolución negativa en 1450-1490; sin embargo, en este caso la evolución continúa durante el XVI, aunque más moderada, y da la impresión de que a mediados del siglo XV se había alcanzado una superpoblación en el frágil equilibrio ecológico de la Sierra, de forma que sí que puede pensarse en la emigración como salida a esta situación. No obstante, como se vió en su momento, parece que los escasos datos disponibles apuntan más a una emigración hacia la Frontera y luego hacia Granada que hacia la capital, como lo confirma la evolución de la Campiña. Por último, la primera mitad del siglo podría considerarse una época de preparación. En efecto, los campos parecen experimentar un crecimiento incluso excesivo, mientras que Sevilla, la única ciudad de la que tenemos datos, permanece estancada. Es posible que exista una relación entre esta situación y el crecimiento urbano de los años posteriores. Pero, en otras ciudades, la explicación más frecuente al estancamiento demográfico durante esos años es el recurso a la mortalidad catastrófica, o al menos a las crisis alimentarias que conllevan despoblación. Trataremos de esta particular en el capítulo dedicado a la mortalidad. Sin embargo, parece interesante observar ahora algunos de los efectos de la crisis de 1413-1414 en la alcaicería de Sevilla. Un documento de 1415 nos informa que durante cuatro meses de 1413 la Alcaicería quedó despoblada debido a la mortandad y a la presencia de salteadores nocturnos (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 436). En octubre de 1413 el arrendador de la guarda de la Alcaicería pide una demora en el pago de las rentas porque debido a la sequía y escasez de pan, a la que se alude en numerosos documentos de ese año, mucha gente había emigrado de la Alcaicería a otros lugares (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 435). En diciembre de ese año el concejo se ve obligado a despedir a ocho alguaciles para poder subir el sueldo a los otros doce restantes, porque la ciudad no podía subir el sueldo a todos, como habían pedido, por la carestía causada por “los temporales que hubo en esta ciudad” (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 457). Aun así, en enero de 1414 se ordena que se dé una ayuda extra a algunos oficiales concejiles que no podían mantenerse debido a la carestía del pan motivada por los temporales (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 459). En un pleito de agosto de 1414 se alude a la carestía de los meses de enero y febrero de ese año (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 461). Otro documento de octubre de 1414 nos informa que a principios del marzo muchos cambiadores habían huido de la ciudad a causa de la mortandad (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 468). En agosto de 1414 se ordena pagar - 133 - cierta cantidad al camarlengo del cardenal de San Estacio por haber conseguido para Sevilla una bula de indulgencia plenaria para los muertos en la ciudad y su tierra desde marzo como consecuencia de la pestilencia (COLLANTES DE TERÁN DELORME, 1972, 478). Esta lectura rápida de algunos documentos del Archivo Municipal de Sevilla nos sirve para comprobar que, aunque estamos ante una crisis no demasiado grave, que no produce mortalidad directa, sí que provoca, al menos, emigración. Pero no debía ser frecuente la muerte por hambre, como lo atestigua el hecho de que durante la epidemia de 1447 el Hospital de San Cosme y San Damián no parece alterar ni los gastos en medicación ni el número de enfermos (FERNÁNDEZ CARRIÓN, VALDERDE, 1986, 42). Además de estas epidemias, hasta 1460 en Sevilla se vivieron nuevas crisis, más o menos graves, en 1399- 1400, 1440 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 139), 1442, que se extendió a Córdoba (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 33) y 1458, en la que, según los Anales de Garci Sánchez, murieron en la ciudad 13.000 personas (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 43). También se han citado pestes más leves en 1402 y 1410 (MATUTE GAVIRIA, 1886, 36 y 39). Observemos que durante el período 1414-1440 no se ha registrado ninguna crisis de mortalidad, y que la mayor parte de los padrones parroquiales que han servido de base para nuestros cálculos se elaboraron en esta época; si a ello unimos que las fuentes de principios de siglo pueden estar influidas por las crisis de esos años, aunque fuesen leves, tenemos nuevas razones para reforzar la idea de un estancamiento demográfico en Sevilla en la primera mitad del siglo XV. Aunque es cierto que la crisis de 1440-1442 se aprecia en algunas de las parroquias del gráfico 29, no se puede dejar de observar que, en todo caso, esta crisis agrava una situación que viene de años atrás. Se pueden obtener referencias similares en Córdoba. Según los Anales de Garci Sánchez, en 1400 hubo una fuerte mortandad, desde finales de marzo a finales de julio, “... y en los meses de mayo y junio llegó a morir cada día mill y quinientos hombres en el cuerpo de la ciudad, que se habla que fueron todos los que murieron en Córdova aquel año, sin su término, setenta mill personas, y más” (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 25); se ha sugerido que esta cifra, evidentemente exagerada, puede ser un error de transcripción por siete mil (RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ DE SALAMANCA, 1973, 47). También se registra una fuerte pestilencia en 1443, procedente de Sevilla (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 33). No se han llegado a recoger datos para Jaén ni para las demás ciudades en la primera mitad del siglo XV. Sin embargo, lo expuesto puede ser suficiente para observar que, salvo casos excepcionales, los efectos de estas epidemias no son apreciables desde el punto de vista demográfico a corto plazo. Además, se suele admitir que, tras una crisis de esta índole, la recuperación tiende a ser bastante rápida; incluso se ha calculado que, tras un periodo de veinte años, el crecimiento de una población atacada por una fuerte crisis de mortalidad puede multiplicarse, aunque con frecuencia una nueva crisis volvía a restablecer el equilibrio ecológico. Es lo que se ha denominado “ley de Sundt” (WRIGLEY, 1985, 71). Por otro lado, resulta evidente que este tipo de acontecimientos llaman poderosamente la atención de los cronistas, aunque, al menos en estos años, no se reflejan tanto en los documentos. Por eso quizá se tienda a magnificar su importancia en la evolución demográfica. A falta de mejores datos, el investigador echa mano de lo que tiene, es decir, de las descripciones o, más frecuentemente, simples citas de años malos. Pero no parece que sea posible responsabilizar únicamente a estas carestías, la mayor parte leves, del estancamiento demográfico urbano14. 14 Por supuesto, con mayor razón puede aplicarse esta idea a otro tipo de catástrofes, como las - 134 - En todo caso, para Córdoba este tipo de datos indirectos son lo único que tenemos hasta bien entrado el siglo XVI. Algunos otros, como el precio del arrendamiento de los mesones, apuntan a una recuperación demográfica desde mediados del siglo XV, similar a la que hemos comprobado en Sevilla (ESCOBAR CAMACHO, 1982 a, 138). Sin embargo, tampoco la evolución de la Campiña cordobesa puede ayudarnos, puesto que, como hemos visto, hasta 1470 los únicos datos concretos proceden de Baena, una población casi fronteriza y, en todo caso, aislada. Debe esperarse que una exploración más profunda del Archivo Municipal cordobés aporte algunos datos más. Mientras tanto, sólo contamos con la tasa de crecimiento de la ciudad en 1500-1530, de 0,34, que no resulta nada espectacular, y menos al compararlo con la fuerte tasa de 0,95 que presenta la Campiña circundante. Parece que, de nuevo, el crecimiento urbano queda muy por debajo del rural, como acabamos de comprobar en Sevilla. Sin embargo, el hecho es que en 1530 Córdoba es la segunda ciudad más poblada de Andalucía, a bastante distancia de las siguientes. No parece plausible que la población cordobesa se hubiese mantenido estancada desde principios del siglo XV a principios del siglo XVI, porque ello significaría que hacia 1400 el volumen poblacional de Córdoba y de Sevilla sería prácticamente igual; más bien cabe pensar en un cierto aumento demográfico, quizá paralelo al sevillano, es decir, centrado en la segunda mitad del siglo XV, como parecen sugerir algunos datos indirectos. Pero, hoy por hoy, todo esto no son más que hipótesis que esperan ser confirmadas o desmentidas. Quizá el estudio de los datos procedentes de los testamentos, que realizaremos en la segunda parte de este trabajo, pueda aportar alguna luz al respecto. frecuentes inundaciones. A título ilustrativo, uno de los notarios de Córdoba (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 17, ff. 28r-v) da noticia de una fuerte inundación, producida por una lluvia incesante desde el nueve de diciembre de 1480 al 17 de enero de 1481, que produjo la anegación de la ciudad "por ençima de las dos gradas de San Nicolás de la Axarquía", señalando incluso que vió a un hombre "nadar desnudo, en cueros, sin ropa", pero no indica muertos, aunque sí fuertes daños materiales. En el caso del Reino de Jaén, el estudio de la población urbana requiere utilizar otros métodos. En efecto, como hemos comprobado, la población giennense es fundamentalmente urbana, y las ciudades de Baeza, Úbeda y Jaén acaparan la mayor parte del volumen demográfico del Reino. Por esta razón, al analizar la población de la Loma, se estudió también la de Baeza y Úbeda. El gráfico 32 muestra claramente esta situación, en la que cada una de las ciudades de Jaén y Úbeda acumula más vecinos que la totalidad de los pueblos de la Loma. Este gráfico necesita también de algunas aclaraciones. La evolución demográfica de la Loma se ha realizado a partir de las tasas de crecimiento tomando siempre como referencia el dato de 1530, por las razones que se discutieron en el capítulo anterior; es decir, se han utilizado las tasas de 1450-1530 y 1400-1530 en lugar de las correspondientes a 1450-1490 y 1400-1450. Pero, además, no se ha podido obtener una tasa para 1450-1530 porque en este período los únicos datos disponibles eran los de Úbeda y Jaén. En resumen, para entender la linea evolutiva de la Loma hay que saber que se ha construido a partir de un dato fiable, el de 1530, al que se le han aplicado las tasas correspondientes para deducir el de 1400 y 1490, y se han interpolado el resto de las cifras necesarias. En todo caso, el resultado viene siendo similar al que se ha observado en los demás reinos, es decir, una evolución demográfica paralela entre las ciudades y el campo que les rodea. Aquí, esta situación se puede apreciar con más claridad en el caso de Baeza, debido a que tanto en esta ciudad como en la Loma contamos con cifras sólo al principio y al final del período estudiado; debe señalarse que para la Loma contamos además con una cifra para 1490, pero que apenas varía el sentido de su evolución demográfica. 0 1000 2000 3000 4000 5000 6000 1400 1420 1440 1460 1480 1500 1520 ve ci no s Jaén Baeza Ubeda LOMA Esto ya nos pone sobre la pista de que, al contrario que parece suceder en Córdoba y Sevilla, la evolución demográfica general y también la urbana del reino de Jaén en el siglo XVI tiende al estancamiento. Al realizar la fijación de las cifras de la capital del Reino se aludió a este asunto, y si quizá entonces se pudo pensar que la elaboración de los datos resultaba algo artificiosa, se nos permitirá ahora añadir un dato más, apenas sin elaborar: Parroquia Vecinos 1485 Vecinos 1505 Tasa La Magdalena 697 536 -1,30 San Pedro 295 205 - 1,80 San Juan 673 457 - 1,92 Santiago 589 (1491) 277 - 5,25 Cuadro 20: Vecindario y tasas de crecimiento de algunas parroquias de Jaén En este cuadro, los datos de 1505 están tomados de José Rodríguez Molina (1978, 136), los de La Magdalena y San Pedro de 1485, de Enrique Toral Peñaranda (1987, 45 y 47) y los de San Juan en 1485 y Santiago en 1491, de Pedro A. Porras Arboleda (1987 b, 271); las tasas son de elaboración propia. - 135 - - 136 - Creemos que la evolución negativa de la ciudad de Jaén durante los últimos años del siglo XV y primeros del XVI es patente, incluso ignorando la tasa de la collación de Santiago. Pero es precisamente esta collación la que permite intuir que quizá el descenso demográfico se iniciase a principios del siglo XVI y no antes. Hay algunos datos que apuntan a la influencia de una fuerte crisis desde 1503 que culminaría en la famosa de 1507 (RODRÍGUEZ MOLINA, 1980, 131). Sin embargo, desde 1480 se detectan pestes en Jaén: en 1485 un vecino de la ciudad huye de la peste a Villanueva, y al año siguiente las noticias de epidemia son bien claras (PORRAS ARBOLEDA, 1987 b, 272). En todo caso, podemos apuntar ahora las mismas reflexiones que hemos realizado en el caso sevillano sobre la influencia de las epidemias y hambrunas en la evolución demográfica. Aquí, aunque la crisis demográfica y económica parece evidente, quizá haya que pensar que la población giennense de los años anteriores se haya mantenido en niveles anormalmente altos, por encima de los que permitirían las condiciones económicas, debido a motivaciones políticas. En efecto, es bien conocida la reactivación económica y demográfica que supuso para la ciudad el gobierno del condestable Miguel Lucas de Iranzo. Hasta su llegada, parece que la proximidad a la Frontera debió mantener a la ciudad en un permanente estado de postración demográfica, continuando la situación de la primera mitad del siglo XV. Ya en 1456 Enrique IV da privilegios a Jaén, a ruegos del condestable Lucas, para “acreçentar la nobleza, onor e poblaçión de la dicha çibdad” (RODRÍGUEZ MOLINA, 1985, 12-15). Pero, pese a ello, todavía en 1461, al volver el condestable a la ciudad después de una epidemia, la encuentra “muy disipada e destroída de grandes muertes e cautiverios e robos que los moros de cada día en los tiempos pasados le avían fecho” (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 119). La Crónica afirma que sus reformas en el gobierno y las obras en la ciudad atrajeron a la población de forma que en tres o cuatro años llegaron unos 600-700 vecinos (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 225). En 1464 las milicias urbanas acuden a Alcalá la Real para participar en una incursión a Granada, con 1.200 caballeros, 1.000 ballesteros y 3.000 peones (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 363); teniendo en cuenta que para 1484 hemos calculado un vecindario total de unos 5.400 vecinos, parece que a esta expedición acudieron todos los efectivos de la ciudad. A partir de aquí, si aceptamos la información migratoria de la misma crónica, la población de Jaén hacia 1460 podría estar cercana a los 4.800 vecinos, aunque, desde luego, estas cifras sólo tengan carácter indicativo. En todo caso parece claro que el origen del aumento demográfico no está en una mejora de las condiciones económicas que pudiera haber atraído a nuevos pobladores, sino en una reestructuración social impuesta manu militari. El nuevo sistema, que posiblemente atrajo sobre todo a caballeros, quizá empezó a dejar de ser efectivo tras la muerte del condestable y los cambios políticos subsiguientes. Para entender esta idea, es útil recordar que, según la Crónica, existían 1.200 caballeros de un total de 5.200 movilizables en 1465, es decir, que los primeros suponen aproximadamente el 25 % del total; pues bien, veinte años después, los padrones de que disponemos muestran unos porcentajes de caballeros e hidalgos que oscilan entre el 9,9 % de San Juan y el 12 % de La Magdalena, pasando por el 11,9 % de S. Pedro. Además, el padrón de la collación de Santiago de 1491 presenta un porcentaje de apenas el 2,4 % del total. Teniendo en cuenta que, además, estos padrones demuestran un descenso demográfico en la ciudad con respecto a los años del condestable, y que en ellos se registran todas las categorías sociales, incluyendo los pobres -de forma que no cabe atribuirlo a un simple desplazamiento social por efecto de una elevación de cuantías o algún mecanismo similar-, puede pensarse con cierto fundamento que el sistema ideado por Miguel Lucas empezó a - 137 - resquebrajarse con su muerte, y quizá antes: aunque en 1465, en una reunión del concejo, el alguacil mayor Gonzalo Mejía, alude a “la grande poblaçión que, a Dios graçias, al presente avía en ella [la ciudad], e de cada día se multiplicava y acreçentava” (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 400), todavía en 1473 el rey le concede mercado franco “porque de aquí adelante esa çibdad se pueble y ennoblezca más” (RODRÍGUEZ MOLINA, 1985, 39-41). Las guerras granadinas abrieron a las caballeros giennenses nuevas posibilidades de emigración, y la crisis de 1503-1507 hizo el resto para colocar a la ciudad de Jaén en unos niveles demográficos realmente bajos. Por último, el descenso que se advierte en 1520-1530 puede deberse perfectamente a una sobrevaloración en la cifra de Hernando Colón. Pero, si la ignoramos, parece que la ciudad desde 1510 inicia una lenta recuperación. Esta situación, además, concuerda con la que se ha descrito a la vista de los padrones conservados -pero, desgraciadamente, no publicados, ni siquiera en sus datos más generales- entre las Actas Municipales de Jaén; a partir de 1535 se inicia un despegue demográfico más importante (RODRÍGUEZ MOLINA, 1980, 126), que podríamos comparar con el que hemos observado en Sevilla, pero medio siglo después. Por último, sólo queda comprobar que, como ocurría en el resto de Andalucía, el crecimiento de las ciudades del Santo Reino presenta un ritmo menor que el de la Loma. 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 JAÉN 0,15 -0,47 BAEZA -2,37 0,33 0,33 ÚBEDA 0,00 LOMA 0,22 0,97 Cuadro 21: Tasas de crecimiento de las ciudades del Reino de Jaén y de la Loma El cuadro 21 nos muestra que, aunque la precariedad de datos es grande, en los períodos en que se puede realizar la comparación, es decir, en 1490-1530 y en 1400-1530, el crecimiento rural es mucho más acusado que el urbano, igual que hemos visto en los demás reinos. Además, estas tasas parecen señalar, aunque siempre de forma un tanto imprecisa, un período de estancamiento demográfico más amplio que el de Sevilla, llegando casi hasta 1490, para iniciar después un lento despegue. - 139 - SEGUNDA PARTE LOS FACTORES INTERNOS DE LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA URBANA - 140 - - 141 - IV. FUENTES Y METODOLOGÍA Hasta ahora podríamos decir que hemos contemplado la evolución de las poblaciones urbanas andaluzas en el siglo XV y primer tercio del XVI desde fuera. Mientras se esbozaba la linea evolutiva, apenas hemos tenido ocasión de sugerir algunos factores externos que puedan explicarla, desde las epidemias a las migraciones. Pero hemos soslayado los elementos que podríamos calificar de “internos”, que incluyen tanto los factores demográficos clásicos - mortalidad, natalidad, nupcialidad- como la estructura familiar. Estos factores han venido siendo olvidados en casi todos los trabajos al respecto, ante la falta de fuentes directas como registros parroquiales o civiles continuados. Sin embargo, esta falta de fuentes inmediatas nos obliga a utilizar otras menos ortodoxas, extrayendo de ellas toda la información directa o implícita que nos pueda ser útil. Los resultados que nos proporcionarán seguramente no serán tan precisos, pero siempre supondrán un pequeño paso adelante en el conocimiento de la sociedad andaluza bajomedieval. Eso es lo que vamos a intentar en la segunda parte de este trabajo. 1.- Las fuentes Antes de pasar a analizar las fuentes que hemos utilizado, conviene repasar brevemente algunos aspectos referentes a los tipos documentales existentes que, a priori, podrían parecer útiles, pero que no van a ser utilizados aquí. En primer lugar, existen en las parroquias sevillanas algunos registros de bautismo que se inician dentro del arco cronológico de nuestro trabajo; así, en la parroquia de Santa Ana (Triana) el primer libro de bautismos se inicia en 1502, en el Sagrario de la Catedral en 1515, en El Salvador en 1511 y en San Vicente en 1517, e incluso la parroquia de San Ildefonso conserva escrituras bautismales desde 1429 (!) (MORALES PADRÓN, 1982, 1, 147, 233 y 381), si bien en este último caso probablemente se trate de escrituras sueltas. No obstante, animados por estas informaciones, realizamos una pequeña cata en uno de los archivos parroquiales citados, en concreto el de la parroquia de El Salvador. La documentación se encontraba en buen estado de conservación, pero precisamente por eso los datos que ofrecían eran tan prolijos que su recogida y explotación -téngase en cuenta que hubiera sido necesario recoger todas las inscripciones bautismales, con todos los extremos útiles- hubiera obligado a restringir los límites del presente trabajo a una o dos parroquias sevillanas, lo que se encuentra fuera de nuestros objetivos iniciales. Por otro lado, se trataría de información relacionada fundamentalmente con la natalidad, pero de escaso valor para el estudio de otros componentes demográficos. Además, no sería posible comparar los datos con los de otras parroquias de otras ciudades andaluzas, para las que carecemos de información sobre el estado de sus registros sacramentales. En resumen, hubo que eliminar este pequeño grupo de registros parroquiales como fuente para este trabajo. Explotados ya los padrones y listas de todo tipo -los cuales, por otra parte, tampoco son de mucha utilidad para el análisis de los factores de la evolución demográfica-, con los resultados que hemos expuesto en los capítulos precedentes, y descartadas otras fuentes marginales, como las epigráficas o arqueológicas, era inevitable dirigirse a las escrituras notariales. Se da la circunstancia de que los protocolos notariales medievales de las tres ciudades cabeza de reino son, además, los mejor conservados de toda Andalucía. Lor protocolos de Sevilla se inician en 1441, los de Córdoba en 1440 y los de Jaén en 1446, y actualmente se conservan en los respectivos Archivos Históricos Provinciales. - 142 - En efecto, en las demás ciudades de la zona estudiada o bien no se conservan protocolos notariales anteriores a 1500, o bien los que existen están demasiado fragmentados para poder utilizarlos en este trabajo. Así, ni en el AHPSE ni en el propio Archivo Municipal se conservan protocolos notariales de Écija dentro el ámbito cronológico de este trabajo. En Baeza existe un Archivo de Protocolos que conserva escrituras desde 1512 (HEREDIA HERRERA, 1997, 535), fecha que, aunque dentro de nuestros límites, resulta demasiado tardía para poder establecer comparaciones con las demás ciudades estudiadas. En cuanto a Úbeda, que también tiene su propio Archivo de Protocolos, existen escrituras desde 1459 (HEREDIA HERRERA, 1997, 539), pero de forma demasiado fragmentada como para intentar obtener de ellas datos de caracter seriado15. Un caso similar es el de Jerez, donde los registros más antiguos datan de 1480, pero sólo desde 1509 se conservan de forma seriada (ROJAS VACA, 1995, 294 y 310); además, este archivo está en proceso de reorganización (HEREDIA HERRERA, 1997, 271). Por último, debe citarse el Archivo Municipal de Carmona, donde, al parecer, existen escrituras notariales desde el siglo XIV -lo que sería realmente excepcional dentro del ámbito castellano-, pero aún en proceso de organización (HEREDIA HERRERA, 1997, 172). No vamos a entrar ahora en explicaciones generales sobre los protocolos notariales, los notarios y la documentación notarial, puesto que son elementos sobradamente conocidos (ver, por ejemplo, MARTÍNEZ GIJÓN, 1964; BONO, UNGUETI-BONO, 1986; OSTOS SALCEDO, 1995; PARDO RODRÍGUEZ, 1995). Sólamente cabe señalar que se entiende por protocolo el conjunto de las matrices de las escrituras de actos jurídicos que se realizan ante un notario en cada año. Sin embargo, esta definición no puede aplicarse de forma estricta a los protocolos que sirven de base a este trabajo. En efecto, los protocolos del siglo XV están formados por extractos de las escrituras, sin escribir el texto íntegro; igualmente, en cada volumen pueden coexistir escrituras de varios notarios, a veces sin relación aparente entre sí. Será una pragmática, dictada el siete de junio de 1503, la que regule la formación de los protocolos notariales hasta el siglo XIX (MARTÍNEZ GIJÓN, 1964, 274-275). En ella se establece, entre otras cosas, que cada notario debe llevar su propio protocolo -aunque, como veremos enseguida, parece que era frecuente que dos notarios compartieran notaría y protocolo- y, sobre todo, que las matrices de las escrituras deben redactarse in extenso. Ello supuso, desde nuestro punto de vista, que el tamaño y número de los protocolos se multiplicara, así como la dificultad de su manejo; a cambio, entre todas las fórmulas jurídicas poco a poco se iban incorporando nuevas informaciones, algunas muy útiles para nosotros, como la edad o los años de matrimonio de los interesados. 15 Esta información me fue amablemente proporcionada por Juan Vera, archivero del AHPJ De entre todos los tipos documentales que pueden encontrarse en los protocolos notariales, es necesario discernir los que pueden resultar interesantes para nuestros propósitos. En esta labor han resultado de suma utilidad los esquemas de recogida de datos que Blanca Morell Peguero elaboró para su investigación sobre las posibilidades etnográficas del antiguo Archivo de Protocolos de Sevilla. Estos esquemas se basaban precisamente en el formulismo de los documentos, que permitió “comprobar que determinadas cartas arrojaban siempre igual tipo de información -localizada, por lo común, en las mismas partes de su estructura-” (MORELL PEGUERO, 1981, 33). Por tanto, de entre los muchos y variados tipos documentales que se incluyen en los protocolos, podemos citar algunos que ofrecen una información demográfica - 143 - parcial. Así, las cartas de donaciones “pro seguro de vejez” atestiguan implícitamente una edad avanzada por parte del otorgante (MORELL PEGUERO, 1981, 49). Los contratos de servicios doméstico suelen llevar aparejada la residencia en casa del amo, y en ocasiones se especifica la edad del contratado (MORELL PEGUERO, 1981, 63); a todos los efectos, éste entra a formar parte de la unidad familiar; algo similar ocurre con los contratos de aprendizaje (MORELL PEGUERO, 1981, 64). Más utilidad pueden tener las “cartas de tutoría”, donde se suele expresar la edad de los pupilos, si bien de forma vaga, señalando muchas veces simplemente que se trata de “menores” o de “menores de X años”(MORELL PEGUERO, 1981, 94). Todavía mayor interés podrían tener las escrituras relacionadas con el complejo proceso matrimonial, como son las cartas de dote y arras; sin embargo, en ellas se atiende fundamentalmente a los elementos económicos del matrimonio, y la intitulación se limita a señalar las filiaciones y vecindad de los novios (MORELL PEGUERO, 1981, 88-90). Por otro lado, generalmente estos mismos detalles sobre el estado civil y vecindad de los actuantes aparecen en la intitulación de casi todos los tipos documentales (MORELL PEGUERO, 1981, 29); en el caso de mujeres y menores, se suele indicar respectivamente, además, el nombre del marido o del padre, señalando expresamente si está difunto. Debe reseñarse, por último, que las cartas de compra-venta de esclavos dejan constancia con gran precisión de datos como la edad o el número de hijos, lo que ha permitido obtener una visión relativamente amplia de las características demográficas de este grupo social (FRANCO SILVA, 1979 a, 163-167; 172). A través de este somero repaso a los tipos documentales que pudieran haber aportado algunos datos a nuestra investigación se ha podido comprobar que cada uno de ellos, por sí mismo, no permite, presumiblemente, llegar a conclusiones útiles. Quizá el cruce de datos entre todos ellos permitiría acercarnos a una prosopografía de algunos vecinos de las ciudades andaluzas bajomedievales, o incluso de algunas familias, en la linea que señalaba hace algunos años el profesor Chacón Jiménez (1987, 347) para intentar superar las barreras casi infranqueables que parecen suponer las fuentes de la época para el análisis demográfico. Sin embargo, no es probable que los resultados justifiquen el trabajo. Sería necesario, en efecto, registrar todos los datos útiles de todos los tipos documentales a los que se ha hecho alusión en todos los protocolos notariales conservados, lo que supondría prácticamente fichar más de la mitad de los documentos conservados. Esta titánica labor, a la que deben añadirse algunas dificultades conexas -nombres duplicados o alterados, documentos incompletos, etc.-, acompañada del correspondiente tratamiento informatizado, permitiría disponer de un elenco de vecinos que hayan acudido al notario en alguna ocasión en su vida; sería, pues, una prosopografía parcial. Por otro lado, el estado de conservación de algunos protocolos sugiere de forma clara que no se han conservado todas las escrituras, ni tampoco todos los protocolos que se realizaron, lo que limita aún más el grupo de vecinos de los que se obtendría algún dato. Así, en realidad, la utilidad de esta labor sólo se manifestaría en la medida en que algunos vecinos se presentan ante el escribano más de una vez en su vida. En efecto, las posibilidades de trabajar a partir de una biografía de la que sólo sabemos la fecha de matrimonio o de muerte son, en principio, escasas; sería necesario conseguir, al menos, dos datos vitales del interesado, y aunque en algunos casos pudiera hacerse, no es probable que pudiéramos obtener estas informaciones para un número suficientemente amplio de personas. 2.- Los protocolos notariales de Sevilla, Córdoba y Jaén - 144 - Sin embargo, algunos de estos problemas pueden ser paliados utilizando exclusivamente los testamentos. Pero antes, parece oportuno realizar algunas consideraciones sobre los protocolos notariales y las características de la muestra testamentaria que vamos a utilizar. En la ciudad de Sevilla se han revisado 43 protocolos completos, obteniendo de ellos, 365 testamentos, a los que hay que añadir otros cinco que no proceden de los protocolos notariales, sino que se conservan en su documento original en la Sección Nobleza del AHN, en Toledo, dentro de los fondos del ducado de Fernán Núñez. En todos ellos se presentan 413 unidades familiares. Como en las otras dos ciudades, hemos revisado todos los protocolos existentes del siglo XV, pero sólo un año de cada decenio en el siglo XVI, procurándose elegir los años más cercanos a la fecha de inicio del decenio. Ha resultado que estos volúmenes suelen presentar un estado de conservación bastante malo, achacable fundamentalmente a humedades e insectos. En parte debido a esto, muchos de los protocolos presentaban saltos temporales dentro del mismo año, reduciendo las posibilidades de encontrar testamentos útiles. El resumen de testamentos consultados por decenios es el siguiente: Decenios Número de testamentos Años representados 1440-49 19 1441, 1448 1450-59 29 1450, 1458 1460-69 22 1462, 1466, 1469 1470-79 17 1472-1473, 1475, 1478-1479 1480-89 33 1480, 1483, 1489 1490-99 43 1492-1499 1500-09 66 1500-1501, 1504-1505 1510-19 48 1510-1511 1520-29 60 1520-1522, 1524 1530-35 32 1530-1531 Cuadro 22: Resumen, por decenios, de testamentos utilizados en Sevilla Desde 1360 en Sevilla había 18 notarios, y el número se mantiene inalterable hasta bien entrado en XVI, pese a un intento de crear una nueva notaría en Triana en 1480 (PARDO RODRÍGUEZ, 1995, 259). No obstante, no existen protocolos correspondientes a nuestro ámbito cronológico más que en 11 oficios; en concreto, son los oficios 2, 8, 13 y 14 los que no contienen escrituras anteriores a 1530. Estas notarías se ubicaban en distintos puntos de la ciudad, aunque no existía, al menos en teoría, ninguna división espacial de su ámbito de actuación. Esta situación se mantuvo inalterada durante todo nuestro espacio cronológico, a pesar de algún intento fugaz de agrupamiento físico, como el que tuvo lugar en 1492 (PARDO RODRÍGUEZ, 1995, 279). Obviamente, esto significa que cada notario puede registrar las escrituras de cualquier persona, incluso aunque no fuese vecino de Sevilla. Por ejemplo, el 2 de julio de 1504, ante los notarios Diego Chico y Juan Pérez, del oficio 7, redacta su testamento - 145 - Miguel Díaz, vecino de la Isla Española (AHPSE, Prot., 4886, 356v-359r); igualmente el 18 de agosto de 1511, ante el notario Juan de Campos, del oficio 12, redacta su testamento Juan Pablo Matredón, vecino de la localidad de Turatón (?), en el Reino de Nápoles (AHPSE, Prot, 2192, s/f). Para nosotros esta circunstancia es importante por cuanto nos permite establecer la aleatoriedad geográfica de la muestra testamentaria, al margen de la ubicación física de las notarías, si bien cabe suponer, lógicamente, que una buena parte de la clientela de cada notario la compondrían los vecinos de su propio barrio. Tampoco existe una especialización temática de las notarías. Todas y cada una de ellas atendían todo tipo de asuntos, y de la lectura de los protocolos conservados no se desprende, en general, preferencias demasiado marcadas por unos u otros asuntos jurídicos. Debe señalarse que, al contrario que en las otras dos ciudades, los notarios sevillanos se dedicaban exclusivamente a los negocios privados, y no a las escribanías de los juzgados o del concejo (PARDO RODRÍGUEZ, 1995, 260). Sin embargo, han aparecido entre los protocolos del siglo XV algunos especializados, en forma de cuadernillos separados del resto del protocolo. Estos protocolos especiales se refieren a cartas de poder y, sobre todo y precisamente, a testamentos, lo que ha facilitado enormemente el trabajo. Los dos ejemplos más claros son el cuaderno 3 del protocolo 17.412, y el cuaderno 1 del protocolo 17.413, ambos correspondientes al notario Pedro Díaz de Valderas, en los años 1458 y 1462 respectivamente. Esta coincidencia hace suponer que la confección de protocolos especializados puede ser una práctica coyuntural, aparentemente vinculada a un notario concreto y quizá relacionada con alguna mortandad especial. En efecto, existen testimonios de epidemia en 1458 (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 43; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 139), pero no hay constancia de una situación similar en 1462: la siguiente epidemia de la que tenemos noticia es de 1467 (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 60). En todo caso, esta situación no se da en el siglo XVI, pero entonces sí se detecta, en general, una tendencia a concentrar los testamentos en algunos meses, de forma que en cuatro o cinco meses puede no registrarse ningún testamento, mientras que en los dos meses siguientes aparecen muchos, sin que podamos suponer ninguna razón especial para ello. Así, el protocolo 2.157, correspondiente al año 1500 y al notario Francisco Segura, del oficio 4, sólo contiene testamentos en los meses de febrero y marzo; por su parte, el protocolo 3.219, correspondiente al mismo año pero al notario Gonzalo Bernal de la Becerra, del oficio 5, incluye testamentos sólo en los meses de abril a agosto. Debe reseñarse que ambos protocolos contienen escrituras del año completo, por lo que debe descartarse la posibilidad de que sean uno continuación del otro, tanto más cuanto que pertenecen no sólo a notarios sino a oficios distintos. Tampoco parece que esta inusitada concentración de testamentos pueda relacionarse con alguna mortalidad extraordinaria, de la que no tenemos noticia. En Córdoba se han revisado 19 protocolos. Pese a que el número de protocolos es menor, podríamos decir que se han mostrado más productivos. En efecto, el resultado de la búsqueda han sido 377 testamentos, a los que habría que añadir 16 testamentos que se conservan en el fondo del ducado de Fernán Núñez, otros dos testamentos procedentes de los documentos del ducado de Osuna y uno más del condado de Guadalcázar, todos en la Sección Nobleza del AHN: en total, 396 testamentos, que suponen 457 unidades familiares. Como en Sevilla, se han revisado todos los protocolos existentes del siglo XV, y se ha realizado un muestreo en los del siglo XVI, revisando los de los años más tempranos del decenio. - 146 - No obstante, si observamos la distribución de los testamentos por decenios se puede apreciar cómo, en realidad, sólo hay testamentos a partir de 1460, si exceptuamos dos muestras aisladas de 1443 y 1459. Decenios Número de testamentos Años representados 1440-49 1 1443 1450-59 1 1459 1460-69 54 1460-1462, 1464-1465, 1468 1470-79 49 1470-1471, 1475, 1477-1479 1480-89 44 1480-1482, 1484, 1486-1489 1490-99 70 1490-1492, 1494, 1497-1499 1500-09 51 1500-1501 1510-19 38 1510-1513, 1515-1517, 1519 1520-29 45 1520-1524, 1529 1530-35 45 1530-1532 Cuadro 23: Resumen, por decenios, de testamentos utilizados en Córdoba Es posible que este hecho pueda explicarse en parte por la destrucción de las escrituras públicas cordobesas a que se alude en el testamento de Miguel Ruiz Aragonés, mercader, vecino de Alcalá la Real, fechado el 25 de mayo de 1500, en el que menciona la carta de dote que otorgó en la misma ciudad de Córdoba a su primera mujer, Isabel González, la cual se perdió “en el dicho robo [en que] fueron robadas a muchas personas sus bienes, e fueron robadas las notas e escripturas a los escribanos públicos de Córdova, e ronpidas e quemadas”; desgraciadamente, el lugar en que se indicaba la fecha de tales acontecimientos está deteriorado e ilegible (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 36, cuad. 11, 1r-3v). De todas formas, a modo de conjetura, podríamos estar ante una referencia a las revueltas contra los conversos que tuvieron lugar en 1473. Como es sabido, y recordaremos más adelante, en Jaén una revuelta similar afectó especialmente a las notarías, ocupadas en gran parte por conversos. A pesar de no contar con datos concluyentes sobre el particular en Córdoba, no podemos descartar un paralelismo entre los acontecimientos giennenses y los que parece tuvieron lugar aquí. Existieron en Córdoba 28 notarías hasta 1492, fecha en que los Reyes Católicos ordenan crear otras dos; aunque en 1503 parece que se intenta volver a suprimirlas (OSTOS SALCEDO, 1995, 178-179). Desde luego, sorprende que el número de notarías en Córdoba casi duplique al de Sevilla, pero la explicación está en que la mayor parte de ellos, en realidad, actuaban como escribanos judiciales, y sabemos que sólo siete u ocho notarios se dedicaban en exclusiva a la atención al público (OSTOS SALCEDO, 1995, 179). En la práctica, sólo en cuatro oficios hemos encontrado testamentos dentro de nuestro ámbito cronológico; se trata de los oficios 1, 14, 18 y 24. La primera característica que destaca en los protocolos cordobeses es su gran desorden interno, al menos hasta 1510; es reseñable que hasta ese momento sólo se conservan escrituras en - 147 - seis oficios (OSTOS SALCEDO, 1995, 203), de forma que podría establecerse alguna relación entre el aumento del número de notarías que efectivamente funcionaban y un mayor orden en los protocolos. En todo caso, el desorden anterior a 1510 llega a destruir todo intento de encontrar una serie coherente de escrituras. Por ejemplo, el legajo 1 del oficio 18 está formado por escrituras sueltas de varios notarios, agrupadas en cuadernillos anuales que abarcan todo el último cuarto del siglo XV. Muchas escrituras están incompletas e incluso mezcladas, y no pocas presentan serios problemas de conservación, de forma que sólo se puede identificar el notario por la firma, cuando es legible. Otro ejemplo interesante es el legajo 25 del oficio 14. Está formado por restos de protocolos de varios notarios, aunque las escrituras es estructuran en cuadernillos y no están sueltas. En realidad, da la sensación de que se trata de un equipo de notarios, puesto que todas las escrituras están fechadas en 1490 y son formalmente muy parecidas, independientemente del notario; además, parece que éstos tienden a especializarse en determinado tipo de escrituras o en determinadas materias. En algún caso hemos encontrado incluso foliación duplicada que puede dificultar la localización del testamento: el primer testamento del sillero Vasco López, otorgado el 17 de abril de 1460, aparece en los folios 79r-80r de su protocolo (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1), pero, puesto que los folios 60-80 están duplicados, es necesario tener en cuenta que se trata de la segunda numeración. El protocolo anterior a 1504 se registra en papel tamaño cuarto, mientras que después se utiliza en “papel entero”, como establece la pragmática de 1503. Para el caso de los testamentos, se observa que existía una triple redacción: primero, una “nota”; después una copia extensa que podía hacerse en el mismo libro unas páginas más adelante o bien en un libro aparte; finalmente, se realizaba el documento original que se entregaba a los interesados (OSTOS SALCEDO, 1995, 203). Se pueden aportar numerosos ejemplos de esta triple redacción, aunque, lógicamente, en el protocolo sólo aparecen la “nota” y la escritura matriz. Así, el testamento de Juan Portugués, “platanero” (sic), formalizado el día 5 de mayo de 1500 ante el notario Pedro Gómez, del oficio 18, está “anotado” en los folios 202v-204r del legajo 8 de dicho oficio, y la versión íntegra aparece en los folios 214v-216r del mismo legajo. Otro caso es el de la beata Isabel de Mesa, que testa el 4 de septiembre de 1468 ante Gonzalo González, del oficio 14, y cuya “nota” aparece en los folios 181r-v del legajo 3, cuaderno 2, de dicho oficio, mientras que la matriz, redactada in extenso, está en los folios 203r-204v del mismo volúmen. Por último, merece la pena citar el testamento de Fernando de Bailén, vecino de ésta localidad y posadero de profesión, que testa el 15 de agosto de 1471 ante el mismo Gonzalo González, declarando estar “enfermo del cuerpo en el mesón de Pedro Chero, que es çerca de la Corredera, en la collaçión de Sant Pedro” y dejando por heredero a su hermano, además de citar a su madre pero, curiosamente, no a su padre; la “nota” está en el legajo 7 del oficio 14, cuaderno 4, folio 23v, y la copia matriz en los folios 24r- 25r de la misma pieza documental. En el caso de las “notas”, cada asiento empieza por la data tópica y crónica (OSTOS SALCEDO, 1995, 205), mientras que los testamentos completos suelen iniciarse con “sepan quantos esta carta de testamento vieren”. No es necesario insistir en que la búsqueda resulta mucho más fácil en el caso de las primeras, aunque en algunos casos, como el legajo 5 del oficio 14, aparece una anotación junto al encabezamiento del documento indicando el tipo documental de que se trata, simplificando el trabajo. A partir de 1510 desaparecen las “notas”, y en las redacciones extensas de los testamentos coexisten los que empiezan por "Sepan quantos" y los que empiezan por una larga invocación divina; parece que estos últimos son más propios de veinticuatros y personas de cierta importancia. Puede resultar interesante, finalmente, para analizar el proceso de redacción de los testamentos, observar cómo en la mayor parte de los - 148 - protocolos a partir de 1469, en las “notas” cada manda está señalada con un calderón, pero en no pocas ocasiones en el lugar del texto sólo queda el hueco en el que posteriormente se incluirían las mandas más corrientes. De forma análoga, en muchos testamentos completos, tras la intitulación, la identificación del testamentario y la disposición, se deja un hueco para la sucesión de invocaciones, y después sigue el testamento con las mandas propiamente dichas. Los protocolos de Jaén son los menos abundantes. Se han revisado 12 protocolos, de los que se han entresacado 234 testamentos que suponen un total de 268 unidades familiares. Naturalmente, las diferencias de magnitud con Sevilla y Córdoba pueden explicarse fácilmente por las que se aprecian en el volumen demográfico de cada una de las ciudades. La muestra de protocolos se ha obtenido por el mismo sistema que en las otras dos ciudades. La distribución de los testamentos por decenios es la siguiente: Decenios Número de testamentos Años representados 1460-69 11 1460 1470-79 1 1479 1480-89 10 1480, 1483 1490-99 36 1491-1494, 1496-1499 1500-09 51 1503-1504 1510-19 40 1511 1520-29 45 1520, 1522 1530-35 40 1530-1532 Cuadro 24: Resumen, por decenios, de testamentos utilizados en Jaén Alfonso XI fijó el número de escribanos de Jaén en doce, y así continuaron hasta 1543, aunque parece que en algún momento durante el gobierno del condestable Iranzo debieron ser trece, volviendo luego a su cifra original (ARCO MOYA, 1994, 826). A lo largo del siglo XV las escribanías de Jaén se habían ido vinculando a los conversos, y por ello en las revueltas de 1473 nueve escribanos se vieron despojados de sus oficios; tras las averiguaciones de los Reyes Católicos, sólo se devolvió la escribanía a tres de ellos. Además, la Inquisición procesó a varios escribanos acusados de judaizantes desde su establecimiento en 1483 (ARCO MOYA, 1994, 839). Es posible que esta agitación entre los notarios giennenses esté relacionada con la falta casi absoluta de escrituras que encontramos en la década de 1470, de modo similar a la situación que hemos observado en Córdoba. En todo caso, en los testamentos que hemos utilizado sólo aparecen nueve notarios. Se da la circunstancia de que en el AHPJ no se distinguen los protocolos por oficios, limitándose a numerar los legajos de forma correlativa. Los propios protocolos tampoco resultaron de gran utilidad a la hora de identificar los oficios, sobre todo los del siglo XV, por su constante mezcla de notarios dentro de cada legajo. Dada la importancia que para algunos de nuestros cálculos posteriores va a tener el número de oficios sobre los que se ha trabajado, parece oportuno intentar establecer al menos un número aproximado de oficios implicados. En efecto, aunque acabamos de ver cómo la ciudad de Jaén contaba en esta época con doce escribanías, sólo - 149 - hemos recogido datos de nueve notarios. Sin embargo, asumiendo el principio lógico de que cada legajo pertenece a un único oficio, tendríamos que reducir más la cifra de oficios implicados, puesto que en el legajo 1 aparecen sucesivamente cuatro notarios, si bien cada uno de los demás legajos está ocupado exclusivamente por un sólo notario. En el siguiente cuadro hemos sistematizado los nombres, fechas y legajos de cada escribano, adscribiéndolo a su oficio, que hemos identificado por una letra: Oficio Escribano Fecha Legajo A Alfonso García de Peralta 1460 1 A Alvar Rodríguez 1479 1 A Miguel Ruiz de Mérida 1480 1 A Martín González Palomino 1483, 1493, 1503 1, 2 B Fernando Gómez de Molina 1491-1498, 1504, 1511 9, 10, 13 C García Rodríguez de Jaén 1511, 1522 5, 7 D Francisco Salido 1520 32 E Diego González de Molina 1522, 1530 3, 21 F Pedro de Ojeda 1530-1532 84-85 Cuadro 25: Hipótesis de distribución de oficios notariales en Jaén Así pues, en el oficio A encontramos a cuatro notarios que parecen actuar sucesivamente, mientras que cada uno de los demás oficios presenta un sólo notario. En resumen, esto significa que, en realidad, sólo hemos obtenido testamentos de seis de las doce notarías de Jaén. Diplomáticamente, los testamentos giennenses presentan algunas peculiaridades dignas de reseñar. Durante el siglo XV, no existen “notas” o extractos al estilo que aparecían en Córdoba o Sevilla. Lo que encontramos son matrices de documentos a los que se ha suprimido la intitulación, de modo que empiezan directamente por la fórmula “como yo, Fulano, veçino que soy en Jahén...”; el resto del testamento se copia prácticamente íntegro, a renglón seguido, eliminando también algunas fórmulas finales. Por su parte, la intitulación de los testamentos en el siglo XVI no es en absoluto uniforme. Así, en todo el legajo 3 y en las primeras escrituras del legajo 10, el encabezamiento de los testamentos no se diferencia en nada de cualquier otro documento, y para identificarlos hay que buscar el dispositivo del documento. En el resto de los legajos del siglo XVI los testamentos se inician con la fórmula “sepan quantos esta carta de testamento vieren”, e incluso en el legajo 5 aparece anotado al margen el tipo documental. Todos los legajos son de tamaño folio y, en lineas generales, puede decirse que en ellos no se aprecian los efectos de la pragmática de 1503 con la misma nitidez que en las otras dos ciudades. En total se han utilizado 1.001 testamentos, en los que constan los datos de 1.138 unidades familiares; todos los testamentos aparecen reseñados en el apéndice 3. El gráfico 33 permite comprobar que son los años de 1490 a 1510 los que presentan un mayor número de testamentos. Este hecho se relaciona directamente con un claro aumento del número global de protocolos conservados, los cuales, además, presentan una mejor conservación. La coincidencia de estos aspectos en las tres ciudades no puede considerarse casual, sino que más bien parece tener que ver con una mejor organización del notariado a raiz de disposiciones emanadas de la autoridad regia. En efecto, en el decenio inmediatamente posterior a la reiterada pragmática de 1503 se registra el mayor número de testamentos recogidos en Sevilla y Jaén. En Córdoba, este aumento se aprecia desde el decenio anterior, pero hemos citado más arriba que fue ya en 1492 cuando en esta ciudad se dictaron las primeras disposiciones para la reorganización de las notarías. No obstante, en este caso los datos podrían esconder algún tipo de deformación debido a la mezcla entre actividad judicial y actividad notarial que se da en sus escribanos; no debe olvidarse el hecho de que los protocolos cordobeses del siglo XV son los que presentan una mayor confusión interna. 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 decenios te st am en to s Jaén Córdoba Sevilla 3.- Los testamentos y su información Sea como fuere, la información que presentan estos documentos suele ser relativamente uniforme. Su observación detenida nos ha llevado a la conclusión de que se trata de los documentos que contienen una mayor variedad de información demográfica. Aunque en las páginas siguientes se efectuará un análisis más intenso, se pueden adelantar ahora algunos aspectos de gran interés para nosotros que constan en la mayor parte de los testamentos. Además de la filiación -señalando si los padres están vivos o no-, vecindad y estado civil, se reseñan los anteriores matrimonios del testador y, sobre todo, se nombran a todos los hijos vivos, indicando si están casados o no: en 1494 -desgraciadamente, no constan el mes ni el día, por deterioro del documento-, un vecino de Córdoba, menciona en su testamento los hijos de su primer matrimonio, con Leonor Rodríguez, resultando dos hijos casados, uno fraile y otro más muerto soltero, además de una hija casada y otra muerta soltera, indicando que los hijos muertos fallecieron “syn hedat de faser testamento” (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, 728r-729v). Si algún hijo casado ha muerto dejando a su vez nietos, se mencionan éstos pormenorizadamente, aunque - 150 - - 151 - no se suelen mencionar los nietos si su padre sigue vivo: en julio de 1480 hace testamento Isabel Fernández, vecina de Jaén, viuda de Fernando García de Cuenca, y cita a un hijo soltero más otro que murió, dejándole seis nietos y una nieta; además, vivía con dos criadas (AHPJ, leg. 1, 171r- 172v). Se hace declaración, asímismo, de otros parientes o criados que convivan con el testador, así como de los esclavos, cuando existen, aunque a veces de forma difusa, sobre todo cuando existen muchos: el 24 de agosto de 1462 hace testamento Aldonza de Cuadros, soltera, vecina de Sevilla, que vive con dos criados, dos criadas y una esclava (AHPSE, Prot., 17.413, cuad. 1, 27v- 28v). En muchas ocasiones, además, se narran circunstancias especiales que pueden resultar muy ilustrativas. En los capítulos siguientes se aportarán más ejemplos al respecto, pero creemos que los que han sido aportados aquí bastan, por el momento, para justificar el uso exclusivo de los testamentos en este trabajo. Aún así, puede ser interesante recordar alguno de los trabajos en que se puede apreciar las potencialidades de los testamentos en el campo de la demografía histórica. Por ejemplo, Pierre Dubuis ha utilizado una muestra de 791 testamentos de La Valais, en la actual Suiza, de los siglos XIV al XVI, para obtener muy interesantes datos sobre fertilidad y natalidad; el propio autor se ha preocupado de comprobar la fiabilidad de sus conclusiones mediante algunos métodos de análisis interno (DUBUIS, 1991, 233-236). Un segundo ejemplo es el artículo de Onofre Vaquer Bennasar, sobre testamentos de Felanix, en Mallorca, del tercio final del siglo XVI; lo interesante para nosotros es que los datos sobre natalidad obtenidos de la muestra testamentaria coinciden, con leves variaciones, con los que previamente se han obtenido mediante el método de reconstrucción de familias (VAQUER BENNASAR, 1983, 74-75), lo que confirma la validez de la fuente para la investigación demográfica. La estructura formal de los testamentos no presenta diferencias demasiado grandes en las tres ciudades analizadas. Durante el siglo XV predominan las escrituras extractadas, y sólo en Córdoba encontramos, en algunas ocasiones, la correspondiente redacción in extenso. Estos extractos permiten una rápida identificación del testamento dentro del conjunto de escrituras, así como de las mandas dentro del testamento. Las escrituras completas son, sin duda, más engorrosas para nuestro trabajo. Para identificarlas dentro del protocolo es necesario leer al menos la intitulación, que en las tres ciudades es “In Dei nomine [también aparece traducido: En el nombre de Dios], amen. Sepan quantos esta carta de testamento vieren...”; durante algunos años, al menos en Córdoba y Jaén, se detecta una cierta confusión hasta que se fija una intitulación uniforme. Un ejemplo de esta indefinición es el testamento de Pedro de Soria, natural y vecino de Soria, pero testador en Jaén, que empieza por la data tópica y crónica, y además está redactado en tercera persona, como una carta de testimonio (AHPJ, leg. 32, 732r-733r, de 3 de noviembre de 1520), aunque quizá el caso más claro es el testamento de Juan Hurtado de Mendoza, veinticuatro de Jaén, fechado el 16 de diciembre de 1503 (AHPJ, leg. 10, 2r-7r), que comienza con “Conosçida cosa sea a todos los que la presente vieren como yo...”. Es destacable que, en las tres ciudades, la invocación inicial también suele aparecer en los extractos o notas del siglo XV. En todo caso, conforme va avanzando el siglo XVI empiezan a aparecer invocaciones más amplias, algunas verdaderamente farragosas. Después se mencionan los datos imprescindibles para identificar al testador, que incluyen nombre y vecindad; si es necesario, se indica también la profesión. Si el testador es menor se mencionan a sus padres, y si es mujer, a su marido, incluso aunque hubiese fallecido. No hay que insistir en la importancia de estos datos para nuestro trabajo. Asímismo, han aparecido algunos testamentos realizados por poderes debido a imposibilidad física o incluso realizados post - 152 - mortem. Este último es el caso, por ejemplo, de Diego de Clavijo, jurado cordobés, cuyo testamento es dictado el 8 de abril de 1522 por su apoderado Antonio Ruiz el Romo, tras la muerte del testador (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 173r-174r); en la misma situación están Alonso Sánchez del Berrueco, vecino de Jaén, cuyo apoderamiento lo tiene Juan González de Alcaudete, prior de la iglesia de Santiago (AHPJ, leg. 1, 111r-112r, de 16 de agosto de 1480), y también el sevillano García Fernández, que había muerto once días atrás y en cuyo lugar hace testamento el clérigo Juan Ramos (AHPSE, Prot., 3970, s/f, de 28 de febrero de 1511). En este sentido, resulta interesante la narración que el notario sevillano Gonzalo Bernal de la Becerra hace del apoderamiento que Catalina Díaz otorga en favor de su marido, el jurado Fernán Sánchez de Sevilla: “Pregunté a la dicha Beatris (sic) Díaz sy quería faser su testamento, e mostró por señas que hiso con las manos que no podía. E yo el dicho escribano público le pregunté sy quería dar poder a alguna persona para que por ella y en su nonbre faga e ordene su testamento, e señaló con sus proprias manos al dicho jurado, su marido” (AHPSE, Prot., 3219, cuad. 33, 332v-333r, de 11 de agosto de 1500) Seguidamente suele encontrarse la declaración de estado de salud, y una motivación más o menos larga. Hay que tener en cuenta que en algunas ocasiones, ciertamente escasas, se hace testamento no por temor de la muerte, sino para entrar en religión. Hemos encontrados dos casos de este tipo. Uno, el de Agustín de Santa María, novicio en el convento de San Agustín de Córdoba, que hace testamento el 16 de mayo de 1500 para poder recibir las órdenes mayores (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 36, cuad. 8, 58r-v); otro, el de Felipa Villena, vecina de Córdoba, que testa para entrar en un convento el 17 de agosto de 1524 (AHN, Nobleza, Osuna, 326/26) Se pasa después a enumerar las mandas, empezando por las espirituales: lugar de enterramiento, detalles sobre las ceremonias funerarias, número de misas y extremos referentes a ellas, etc. En esta parte del testamento pueden aparecer algunos datos de cierto interés. Así, se pueden encargar misas por el alma de algún conviviente fallecido, o bien, al indicar al lugar de enterramiento a veces se especifica que sea junto a la tumba de los padres, o de algún hijo, o del marido, aunque en este caso la viudez ya venía indicada en la propia intitulación. Así, el ya citado Vasco López, sillero, vecino de Córdoba, manda en su segundo testamento que le entierren con sus hijos muertos, aunque no indica cuántos son (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 1, 128r-129r); no obstante, en este caso ha aparecido un testamento realizado cinco años antes, que hemos citado más arriba, en el que se mencionan tres hijas, mientras que en éste sólo se mencionan dos. Otros ejemplos son el testamento de Alvar Sánchez de Écija, aljabibe, marido de Leonor Sánchez, vecino de Sevilla que cita “las sepolturas donde están enterrados sus fijos” (AHPSE, Prot., 17412, cuad. 1, 7v-8r, de 17 de septiembre de 1450), y el de la giennense Isabel Rodríguez, mujer de Alonso Blanco, de 25 de diciembre de 1496 (AHPJ, leg. 9, 199r-v). El siguiente paso suelen ser las mandas dedicadas a limosnas: a cofradías, determinados hospitales, culto de algunas imágenes de especial devoción, órdenes mendicantes, conventos o monasterios, etc., todas ellas cuestiones que escapan a nuestro ámbito de interés. La siguiente sección de los testamentos suele dedicarse a las deudas que pudieran existir, que se señalan con bastante precisión16. Normalmente, los comercientes o mercaderes, y también 16 Un ejemplo curioso de esta precisión es el codicilo que el 28 de agosto de 1450 otorgó Francisco - 153 - algunos miembros de la aristocracia, suelen detallar todos los negocios en que son deudores o acreedores con mayor minuciosidad, si bien en algunos casos se limitan a remitir a sus documentos particulares, generalmente dejados al cargo de algún criado o socio de confianza. Pero la parte más útil para nosotros es el reparto de lo que quede después de las mandas espirituales y de saldar las deudas. Aquí, lo normal es enumerar a todos los hijos vivos, tanto del último matrimonio como del anterior o anteriores, en su caso. A veces se enumeran también los hijos muertos, especialmente si murieron siendo relativamente mayores o en época reciente. Acabamos de citar varios ejemplos en que se citan los hijos muertos sólo de una forma muy general, pero en otros casos se indican sus nombres. Así, la sevillana Catalina Sánchez Maldonado, mujer de Juan Martínez Maldonado, cita en su testamento, otorgado el 13 de noviembre de 1496, a su única hija, que está muerta (AHPSE, Prot., 3215, cuad. 25, 33v-35v); el vecino de Córdoba que hemos citado más arriba, cuyo nombre resulta ilegible por el deterioro del documento, tuvo cuatro hijos y dos hijas de su primer matrimonio, con Leonor Rodríguez, y en su testamento, de 1494 -igualmente, el mal estado del documento impide precisar el día y el mes- cita a uno de los hijos y una de las hijas, muertos “syn hedad de faser testamento” (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, 728r-729v), y, por último, puede citarse a Catalina Sánchez de Martos, vecina de Jaén, viuda de Alonso Sánchez de San Bartolomé, que menciona a sus tres hijas muertas, de un total de seis, además de dos hijos (AHPJ, leg. 13, 173r-v). Manuel de Alando, soltero pero con dos hijos naturales, que cita a un deudor suyo “por quanto él [el testador] tenía un perro de los que acostunbran estar atados a las puertas, que valía fasta çiento maravedís, el qual creen que llevó el dicho Juan Naranguelo, por lo qual él le mandó los dichos maravedís” (AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 4v-5v) Por supuesto, se citan también los hijos muertos si éstos, a su vez, dejaron nietos que tuviesen derecho a su parte de herencia. Es importante reseñar que sólo en contadas ocasiones se cita a los nietos si sus padres viven. Un caso es el testamento de Antonia Ruiz, mujer de Luis Jiménez Manos Albas, fechado el 19 de abril de 1465, donde se citan dos nietas, hijas de sus dos hijos casados, los cuales todavía viven (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 1, 61r-62v). También Antonio Rodríguez, trapero de Jaén, cita a sus nietos, aunque de forma general (AHPJ, leg. 10, 54r-v, de 7 de febrero de 1504). Un ejemplo más raro es el de Mencía Álvarez, mujer de Fernando Álvarez del Carpio, que tiene dos hijos, un nieto y una nieta, y deja a ésta última por única heredera, ignorando los derechos de los hijos (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 8, 169r-170v, de 22 de abril de 1500). Tampoco es muy frecuente citar a los abuelos, pero se pueden encontrar algunos ejemplos: Elvira Gómez, mujer de Alfonso Ramos, menciona a su abuela porque la convierte en su única heredera (AHPJ, leg. 3, 251r-252r, de 8 de julio de 1522), pero una cordobesa, llamada Catalina, de la que no se mencionan los apellidos, y que testa el 16 de diciembre de 1471, alude en su testamento a su abuela, aún viva (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 7, cuad. 9, 20r-21v). No debemos olvidar que el testamento se concibe como una forma de dejar resueltos determinados asuntos, como el reparto de la herencia, pero con escasos matices “sentimentales”, aunque algo de esto pueda apreciarse indirectamente -incluso, a veces, de forma explícita- a través de algunas mandas. Volveremos sobre el tema más adelante. - 154 - Así pues, normalmente, los herederos son los hijos, el cónyuge o los padres; si ninguno de estos parientes vive, puede heredar otro pariente más lejano, como una prima (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, cuad. 7, 25r-v, testamento de María Martín, de 29 de enero de 1475). En último caso la herencia puede ir a algún hospital. Así, el 16 de enero de 1511 Luisa Fernández, viuda de Pedro Moreno, deja sus bienes al “Ospital de las Çinco Plagas” de Sevilla (AHPSE, Prot., 3970, s/f), aunque lo normal es que en estos casos el testador declare estar internado en el hospital en cuestión: Pedro de Ledesma, trabajador, vecino de La Mata, “lugar del conde de Ledesma”, deja por heredero el 10 de octubre de 1510 al “Ospital e pobres de Sancta Luçía desta dicha çibdad de Córdova, donde yo agora estoy enfermo” (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 7, cuad. 9, 20r-21v), y el 4 de septiembre de 1530 Alfonso García, hortelano, deja por heredero al Hospital del Cardenal, de Sevilla, donde está internado (AHPSE, Prot., 3991, s/f). También ha aparecido un caso en que la herencia pasa íntegra a una parroquia: Isabel de Morales, soltera y huérfana, deja sus bienes el 1 de mayo de 1500 a la fábrica de la iglesia de San Nicolás de Ajarquía de Córdoba (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 8, 142r-193v); en este caso, parece que se trata de una beata, aunque no se indica nada en el testamento. Tras los hijos y parientes llega el turno a criados y esclavos. En algunos casos, los criados ya han sido citados en el capítulo dedicado al finiquito de deudas. En contra de lo que pudiera suponerse, no parece que se citen exclusivamente a los criados que vayan a ser objeto de alguna manda. Por el contrario, no es raro encontrar citas de criados que están ausentes, que ya no sirven con el testador o incluso que han fallecido. Así, el jurado sevillano Vicente Ortiz cita a cinco criados, uno de los cuales “está cautibo en Casares, logar que es del Reyno de Granada” (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1651/15, de 24 de octubre de 1458), y el también sevillano Francisco Rodríguez, sacristán, cita a un criado que está en Roma (AHPSE, Prot, 17413, cuad. 1, 23v-26r, de 23 de agosto de 1462). En cuanto a criados muertos, sólo traeremos aquí el caso del clérigo cordobés Bartolomé Rodríguez Carrascoso, que cita en su testamento de 1 de septiembre de 1513 a un criado ya fallecido (AHPCO, Prot., of. 24, leg. 4, 125r-131r), y el caso de Bartolomé de Aranda, vecino de Jaén, que menciona nada menos que a tres criadas y dos criados, todos muertos, en su testamento de 6 de noviembre de 1511 (AHPJ, leg. 32, 742r-744r). Antiguos criados aparecen, por ejemplo, en el testamento de Beatriz Gómez, que cita a dos criadas que tuvo y ya no están con ella (AHPSE, Prot., 17413, cuad. 1, 23v-26r, de 23 de agosto de 1462), o en el de Juan Ruiz de Moya, que cita cuatro criados en la misma situación (AHPCO, of. 1, leg. 4, 1v-4r, de 25 de marzo de 1522), aunque quizá resulte más expresiva la mención que hace el noble cordobés Fernando Pérez de Ayala en su testamento, de 10 de enero de 1501, en que cita a “Juan, mi criado, que aora es sastre, que fue mi moço de espuelas” (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 468/6-1). No obstante, junto con estas citas “especiales”, que quizá revelen un aprecio por los sirvientes mayor del que cabría esperar en un principio, tampoco faltan las citas genéricas de criados y criadas, sobre todo entre miembros de la aristocracia, como la cordobesa Catalina Fernández Malrasca (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 6, 49r-52r, de 15 de febrero de 1530) o el veinticuatro sevillano Guillén de las Casas, en su testamento de 21 de septiembre de 1530 (AHPSE, Prot., 3991, s/f). Sin embargo, salvo los casos de menciones genéricas, parece que casi todos los criados convivientes son nombrados en los testamentos. Hay que tener en cuenta, como veremos, que la mayor parte de los testadores tenían un número limitado de criados, a los que mantenían largos años, incluso toda la vida, a su lado, considerándoles casi como miembros de la familia. Así, por ejemplo, la cordobesa Isabel Sánchez cita a una criada que “la había tomado de la puerta de la yglesia y criado hasta la hedad que tiene, a la que manda que todavía se quede con su hija hasta - 155 - que case (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, cuad. 8, 3r-4v, de 12 de noviembre de 1461). Un caso muy significativo es el del criado sevillano Alfonso de Orozco, que tiene dos criadas, pero deja a una sin manda testamentaria “[...] por que le tiene bien satisfecha en la aver criado por amor de Dios e tomarla segund la tomaron él e la dicha su muger de la puerta de la yglesia de Sant Esydro, donde fue echada, e la fisyeron bautizar, e la dieron a un ama que la crió, e gastaron açaz de maravedís en la [ilegible] criar fasta oy” (AHPSE, Prot., 17412, cuad. 3, 8v-11r, de 8 de mayo de 1458) De hecho, en ocasiones aparecen confusiones entre familiares y criados, como el caso del cordobés Lázaro Sánchez declara tener un criado y una criada, hermanos entre sí, además de otro criado, que resulta ser su sobrino (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 6, cuad. 6, 24r-27r, de 23 de noviembre de 1470). Aún más significativo es el caso de Pedro de Martos, vecino de Jaén, que manda que “Teresa Fernández, mi sobrina, no salga nin se vaya de mi casa hasta que yo sea pasado desta presente vida y me sirva en mi vejez y enfermedad” (AHPJ, leg., 32, 682r-683v, de 8 de octubre de 1520). También se detecta alguna confusión entre criado y esclavo: Catalina Sánchez Maldonado, en su testamento de 13 de noviembre de 1496, menciona a una criada “de color lora” -recuérdese que el atributo del color es característico de las descripciones de esclavos- y a una única esclava que aparece como “mi otra esclava” (AHPSE, Prot., 3215, cuad. 25, 33v-35v); otro caso interesante es el de Juana Martel, que declara tener una criada negra que queda al cargo de una esclava, de la que no indica color, hasta que llegue a la edad adulta (AHPSE, Prot., 22354, 1074r-1076v, de 16 de abril de 1521). En todo caso, parece que estas confusiones pueden originarse en el hecho de que los esclavos, al ser ahorrados, pasaban generalmente a ser criados de sus antiguos dueños. Así lo expresa claramente el testamento de la sevillana Catalina Sánchez Maldonado, de 13 de noviembre de 1496, donde cita expresamente a dos criadas que habían sido esclavas (AHPSE, Prot., 3216, cuad. 2, 33v-35v). Respecto a los esclavos propiamente dichos, sí que generalmente se citan, puesto que, como es sabido, existía la costumbre de liberarlos al morir el testador o, en todo caso, algún tiempo después. Así, el veinticuatro giennense Juán Hurtado de Mendoza, cuyo testamento ya se ha utilizado más arriba, libera a su esclava y dispone que su esclavo sea también ahorrado en cuanto cumpla seis años (AHPJ, leg. 10, 2r-7r); por su parte, Fernando Alfonso de Jaén, vecino de Córdoba, libera a su esclava mora en su testamento de 13 de junio de 1460 (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, 91r-94r), mientras que en el testamento de Catalina Fernández, vecina de Sevilla y viuda del alcalde de Corte Juan de la Fuente, de 17 de febrero de 1524, se libera a la única esclava citada (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1446/7). Mezclados con criados y esclavos aparecen en ocasiones algunos parientes que viven con el testador. Ya se han citado algunos casos en los que resulta difícil distinguir realmente entre familiar y criado. Sin embargo, en otras ocasiones la distinción es nítida. Por ejemplo, la sevillana Leonor Martínez menciona en su testamento de 14 de septiembre de 1530 a “Juana, mi sobrina, que está en mi casa” (AHPSE, Prot., 38, 140r, intercalado), y el violero cordobés Nicolás Rodríguez declara que mantiene en su casa a tres sobrinos, de los que es curador (AHPCO, Prot., of. 24, leg. 4, 180r-183r, de 21 de septiembre de 1513). Finalmente, cabe recordar que pueden aparecer menciones a personas que conviven bajo el mismo techo que el testador, pero sin que necesariamente tengan que considerarse familiares suyos. El caso no es infrecuente. Así, Isabel Sánchez, vecina de Córdoba, menciona a “Diego Rodríguez, astero, que - 156 - mora en mi casa” y lo nombra albacea (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 25, cuad. 4, 16v-17v, de 12 de mayo de 1490), y también Diego Gallego, de Sevilla, deja como única heredera a “Ynés Fernández, que mora en mi casa” (AHPSE, Prot., 6, 364r-365r, de 24 de abril de 1510), que quizá podría ser su amante. Una vez cumplidos todos estos extremos, y tras una serie de formulismos, el testamento suele finalizar con la data tópica y crónica y la mención de los testigos, así como una fe de erratas y, por último, la firma del notario y, en su caso, de los testigos o incluso del testador. De toda esta parte, naturalmente, interesa recoger la data y el nombre del notario, aunque no siempre aparece en el cuerpo del texto y hay que extraerlo de la firma, o incluso del contexto. Por lo que respecta a la data tópica, sólo cabe reseñar que siempre es aquella en donde radica la notaría. Sólo hemos encontrado un único caso en que el notario se ha desplazado desde su ciudad hasta la localidad donde estaba el testador. Como puede suponerse, se trata del testamento de un personaje de la oligarquía local, en concreto doña María de Leiva, mujer de Pedro Fernández de Aguayo, que el día 15 de enero de 1510 hace venir hasta Castro del Río al notario cordobés Pedro Fernández de Estrada (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 42, cuad. 5, 3v-4v). 4.- La recogida de datos Resulta obvio que el procesamiento de tal cantidad de información para cada uno de los cerca de mil testamentos utilizados, que suponen casi 1200 unidades familiares identificadas, exigía la ayuda de la informática. Se ha diseñado, pues, una base de datos sobre la que plasmar la información necesaria ya desde los mismos archivos donde se conserva la documentación17. En esta base de datos, la estructura de los registros o fichas de recogida de datos es la siguiente: 1.- Datos de identificación del documento: 1.1.- CIUDAD de referencia. Coincide con la data tópica, excepto el caso de Castro del Río que hemos mencionado. 1.2.- SIGNATURA completa. 1.3.- FECHA. 17 Debo agradecer a la Asociación Cultural Al-Mudayna la cesión de parte de su equipamiento informático para esta tarea. 1.4.- NOTARIO. Ya se ha indicado que no siempre aparece mencionado expresamente. En estos casos se procura obtener el nombre de la firma. Cuando ésta es ininteligible, es necesario acudir al contexto. Generalmente, en los protocolos del siglo XVI se indica con claridad el notario a que corresponde en el lomo o en las cubiertas del volumen o del cuaderno. Sin embargo, en el siglo XV, y sobre todo en aquellos volúmenes donde la mezcla de notarios es mayor, algunas veces es difícil deducir el notario. Debe señalarse, asímismo, - 157 - que en los testamentos originales que hemos consultado en la Sección Nobleza del AHN no aparece nunca el notario responsable. 2.- Datos de identificación del testador 2.1.- NOMBRE, empezando por el apellido, e incluyendo los tratamientos honoríficos. 2.2.- SEXO. A veces, aunque el estado del documento haya imposibilitado la lectura del nombre, es posible identificar el sexo por la mención al cónyuge o por alguna otra circunstancia. 2.3.- LUGAR DE VECINDAD. En el caso de mujeres o menores es frecuente que no se indique la vecindad propia sino la del marido o padres, si bien, en buena lógica, ésta debe ser también la del testador. Se han señalado también los casos en que el testador es morador y no vecino. 2.4.- LUGAR DE NACIMIENTO. Se indica muy pocas veces. 2.5.- PROFESIÓN. De igual forma, para las mujeres se ha optado por incluir la profesión del marido, cuando consta. Naturalmente, datos como la venticuatría, nobleza o caballería del testador o su cónyuge tienen cabida en este campo. 2.6.- NOMBRE DEL CÓNYUGE, en formato de apellidos y nombre. Se han marcado convenientemente los casos de cónyuge fallecido y segundos o terceros matrimonios. Las uniones ilegítimas no se han considerado como matrimonio, aunque se han señalado en el campo NOTAS. 3.- Datos de composición familiar 3.1.- HIJOS. Número total, incluyendo casados y solteros, muertos y vivos. 3.2.- HIJAS, en las mismas circunstancias que los hijos varones. 3.3.- HIJOS CASADOS, incluyendo tanto aquellos de los que se indica expresamente esta circunstancia, como aquellos de los que puede deducirse por las mandas testamentarias. También se han incluido aquí a los hijos religiosos, por cuanto se trata de hijos que han abandonado el domicilio paterno; naturalmente estos casos se han señalado en el campo NOTAS. 3.4.- HIJAS CASADAS, en las mismas circunstancias que los varones. 3.5.- HIJOS MUERTOS presumiblemente solteros. Se han ignorado aquí las referencias generales o vagas, a las que se ha hecho mención más arriba, y que han constado en el campo NOTAS. 3.6.- HIJAS MUERTAS, como queda señalado. 3.7.- HIJOS CASADOS MUERTOS, que generalmente se indican por la presencia de nietos que heredan su parte. - 158 - 3.8.- HIJAS CASADAS MUERTAS. Naturalmente, todos los hijos mencionados en los campos del 3.3 al 3.8 se incluyen en el cómputo total de hijos e hijas de los campos 3.1 y 3.2. Por ello, para conocer el número de hijos/as solteros/as presumiblemente convivientes con sus padres, habría que restar de este número total las cifras de hijos e hijas el correspondiente a hijos e hijas casados/as, muertos/as y casados/as muertos/as. 4.- Otros componentes de la unidad familiar 4.1.- CRIADOS. Se ignoran las alusiones vagas o genéricas, que sin embargo constan en las NOTAS. Ya se ha indicado cómo en ocasiones es difícil distinguir los criados de los esclavos o incluso de otros parientes. 4.2.- CRIADAS, en idénticas circunstancias. 4.3.- ESCLAVOS, liberados o no. 4.4.- ESCLAVAS. 4.5.- PARIENTES. Debido a la escasa presencia de parientes que aparezcan señalados como tales, no se ha hecho aquí distinción por sexos, especificando esta circunstancia, así como el grado de parentesco y los detalles pertinentes, en las NOTAS. 5.- Otras circunstancias 5.1.- NOTAS. Ya se ha indicado cómo en este campo se recogen cualesquier otras circunstancias reseñables. Así, se consignan aquí las menciones a padres fallecidos, a embarazos en curso, a desplazamientos, edades y años de matrimonio -en los escasos testamentos en donde se hace mención de ello-, color de los esclavos y todo tipo de datos útiles o interesantes. -159- V. DEL SEXO Y EL MATRIMONIO La nupcialidad es el primer factor demográfico que vamos a intentar analizar en las páginas que siguen. Junto con ella, procuraremos acercarnos a algunos elementos relacionados que nos permitan entender algo mejor la estructura y evolución de la población urbana andaluza desde 1440 hasta 1530. 1.- El sexo La proporción entre los sexos es uno de los elementos determinantes que, en relación con la nupcialidad, merecen ser observados con detenimiento. Para ello nos hemos fijado en dos grupos de personas que aparecen en los testamentos: los propios testadores y sus hijos. Hemos desechado utilizar otros intervinientes en los testamentos, singularmente los criados y los esclavos, porque en estas dos poblaciones la presencia mayor o menor de uno u otro sexo depende principalmente de factores sociales o económicos, como comprobaremos en el capítulo VIII; así, la acusada masculinidad de los esclavos ha sido atribuida a la utilización prioritaria de su fuerza física por parte de los amos (FRANCO SILVA, 1979 a, 172). De igual manera no es difícil imaginar que las criadas abunden más que los criados debido a su utilización, en el medio urbano en que nos hemos centrado, en tareas domésticas. Naturalmente, como veremos, factores extra-demográficos pueden influir también en la proporción de los sexos entre los grupos escogidos, pero pensamos que esta influencia no será tan grande como para distorsionar demasiado el valor demográfico de los datos que vamos a ofrecer. Como es sabido, esta proporción suele medirse mediante la tasa de masculinidad o sex ratio, que indica el número de hombres por cada cien mujeres dentro de la población analizada. Cuando es posible, los demógrafos prefieren estudiar esta tasa en relación con una cohorte o grupo de personas nacidas dentro de un periodo determinado de tiempo, generalmente un año, de forma que se pueda estudiar la evolución de la tasa de masculinidad en esa cohorte en cada edad, y construir además la correspondiente pirámide de población (TAPINOS, 1988, 57-60). Obviamente, esta operación, básica para cualquier análisis demográfico moderno, no puede efectuarse en nuestro caso, ni siquiera de forma aproximada, puesto que carecemos de datos sobre la edad de los testadores o de sus hijos. No obstante, podemos suponer, en buena lógica, que la edad del grupo de los testadores en conjunto será claramente superior a la de los hijos. Así, a falta de auténticas cohortes, contaríamos con un grupo de personas relativamente jóvenes, en términos globales, y por otro de personas cercanas a la vejez, aunque por el momento no asignaremos edades concretas a cada uno de ellos. De esta forma podemos intentar ahora acercanos a la proporción entre los sexos en los dos grupos enunciados. Estas son las tasas de masculinidad por decenios en cada ciudad: TESTADORES HIJOS Sevilla Córdoba Jaén TOTAL Sevilla Córdoba Jaén TOTAL 1440-49 171,43 185,71 150 100 140 -160- TESTADORES HIJOS Sevilla Córdoba Jaén TOTAL Sevilla Córdoba Jaén TOTAL 1450-59 93,33 100 119,23 400 129,63 1460-69 100 74,19 83,33 81,25 79,31 128,139 114,29 113,08 1470-79 70 75 0 71,79 85,71 121,28 66,67 110,94 1480-89 126,67 109,52 150 120 195 118,18 180 144,93 1490-99 43,33 79,48 140 77,38 67,74 121,62 117,86 109,94 1500-09 106,25 121,74 155 124 87,50 92,86 137,50 104,33 1510-19 77,78 171,43 37,93 80 176,67 118,75 89,58 121,82 1520-29 106,89 150 114,28 120,59 100 141,18 135,42 119,25 1530-35 100 125 100 108,93 142,42 71,74 83,33 95,65 TOTAL 92,71 105,15 101,72 99,6 110,50 114,46 116,42 113,60 Cuadro 26: Tasas de masculinidad Si observamos, en primer lugar, los datos del grupo de los testadores para todo el período, apreciamos una clara feminización de la población. En efecto, sabemos que entre las poblaciones humanas la tasa de masculinidad al nacimiento se muestra muy estable, independientemente de situaciones históricas, en torno a 105, y muy raramente inferior a 101 ni superior a 107; conforme tomamos la muestra en edades superiores la uniformidad se va perdiendo, pero, en conjunto, cada vez se aprecia una mayor proporción de mujeres (TAPINOS, 1988, 57). A la vista del cuadro antecedente parece claro, pues, que no estamos ante situaciones excepcionales. De hecho, en otras poblaciones en que se han efectuado cálculos similares también se ha apreciado una fuerte feminización del grupo de los testadores: así, en Madrid, de una muestra de testamentos fechados entre 1442 y 1552, el 48 % de los testadores son hombres y el 52 % mujeres (GÓMEZ NIETO, 1991, 43), lo que supone una tasa de 92,31, muy similar a la que hemos obtenido para Sevilla. En Úbeda, en un período entre 1459 y 1510, el 43,9 % de los testadores son hombres y el 55,9 % son mujeres (PAREJO DELGADO, 1991 b, 320), es decir, una tasa de masculinidad del 78,58, anormalmente baja y que la autora citada explica por el interés que tendrían las mujeres en disponer de su dote. Así pues, al margen de situaciones excepcionales, nuestros datos vienen a confirmar empíricamente las intuiciones de algunos autores, que habían sospechado desde antiguo esta fuerte presencia femenina en las ciudades bajomedievales, y especialmente en Sevilla (CARANDE THOVAR, 1990, 55). Cabe señalar, no obstante, que en Salamanca estudios similares para 1476-1535 ha dado como resultado un 70 % de testamentos otorgados por hombres, lo que se ha relacionado con su mayor disponibilidad económica para pagar un notario y con la idea de que las mujeres no disponían de bienes suficientes para que mereciese la pena realizar un testamento (LÓPEZ BENITO, 1991, 239); sin embargo, estas explicaciones no parecen muy convincentes puesto que si los testadores proceden generalmente de grupos sociales con un mínimo de capacidad económica -que son los que, en efecto, tienen necesidad de hacer testamento- los honorarios de un notario no debían ser obstáculo para la puesta por escrito de las últimas voluntades, y respecto de la abundancia de bienes a testar, la simple -161- presencia de la dote, como ha indicado Parejo Delgado en la cita antecedente, ya justificaría la realización de un testamento. Observando la tasa de masculinidad entre los hijos citados en los testamentos podremos percibir nuevos matices. Cabe recordar que, en principio, en los testamentos se citan todos los hijos vivos, hombres y mujeres, casados o solteros. Las únicas ausencias serían los hijos muertos no citados, si bien, como hemos visto y comprobaremos en el capítulo VII, con cierta frecuencia se citan al menos algunos de esos hijos, particularmente los que han dejado descendencia. Inmediatamente salta a la vista que la población de los hijos citados en los testamentos, por oposición al grupo de los testadores, muestra una fuerte masculinización muy marcada y constante en las tres ciudades. No se trata tampoco de una situación excepcional, aunque pudiera parecerlo, puesto que este predominio masculino entre los hijos citados en los testamentos se da también en otras zonas de Europa. Así, en Toscana el índice de masculinidad en los hijos que sobrevivían hasta el testamento del padre es de 110-116, llegando a 158 entre los ricos florentinos; en Quercy es del 113, y en Sicilia de 120, lo que, según Henry Bresc (1988, 429) hace sospechar alguna forma de infanticidio femenino. Esta proposición del historiador francés podría parecer exagerada, y quizá tenderíamos a pensar más bien en alguna otra explicación, como la mortalidad puerperal, la migración selectiva –por ejemplo, con destino al servicio doméstico, aunque ciertamente esto no tiene porqué suponer una discriminación en el testamento– o incluso un olvido sistemático en las fuentes. Sin embargo, los datos procedentes de algunos registros parroquiales españoles e italianos arrojan, invariablemente, una muy elevada proporción de hombres. En una de las parroquias de Talavera de la Reina, la tasa de masculinidad en 1520-1535 es de 115,57, pero dentro del mimo período las diferencias son notables: 56,2 en 1520-1524, 57,2 en 1525-1529; y 233,3 en 1530-1534 (GONZÁLEZ MUÑOZ, 1974, 108). En Cáceres, en la parroquia de S. Mateo la proporción de niños al nacimiento en 1514-1599 es de 54,99% –es decir, una tasa de 122,17– siendo más baja en los años posteriores a 1545 (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1977, 103). Para las ciudades italianas los datos arrojan resultados similares: 110,4 en Milán en 1470-1490 (ALBINI, 1986, 25); en Prato, además, la tasa aumenta de forma notable desde el 97,9 de 1370 al 106,6 de 1420 y 107,3 de 1470 (KLAPISCH, 1977, 259). Si nos desplazamos al ámbito rural, la desproporción parece ser mucho mayor: las dos poblaciones toledanas de Añover de Tajo y Ugena, en 1500-1529, presentan una tasa que oscila entre 132,3 y 136,4 (SÁNCHEZ GONZÁLEZ, 1993, 66). Descartada la idea de algún tipo de “anormalidad” biológica que hiciese que se engendrasen muchos más hijos que hijas, debemos concluir que la mortalidad entre los neonatos es fuertemente discriminatoria en favor de los varones. Volveremos sobre esta asunto en el capítulo dedicado a la mortalidad. Por otra parte, si aceptamos que las tasas de masculinidad al nacimiento en las tres ciudades andaluzas que venimos estudiando serían similares a las que conocemos de Talavera de la Reina y Cáceres, podríamos suponer que el proceso, hasta cierto punto, natural, de feminización de la población no empieza a producirse hasta el momento del relevo generacional. Por tanto, los factores que desencadenan el aumento de la mortalidad masculina estrían relacionados con la vida fuera del techo paterno. De nuevo debemos remitirnos al análisis de la mortalidad para poder ofrecer una información más matizada. 40 60 80 100 120 140 160 180 200 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Hijos Observemos ahora la evolución diacrónica de la proporción entre los sexos. El gráfico 34 nos permite comprobar el paralelismo entre los datos de los testadores y los de sus hijos hasta el cambio de siglo. Esto significa que la influencia de elementos que tradicionalmente han venido considerándose desequilibradores en la tasa de masculinidad entre adultos, como las guerras o las migraciones, debe ser matizada. Si nuestros datos son correctos, esta influencia, caso de existir, debe considerarse constante en el tiempo; de otra forma, el paralelismo entre ambas generaciones quedaría roto. Así, si suponemos una muy fuerte migración masculina, por ejemplo con vistas a la repoblación de una zona, o una elevada mortalidad a consecuencia de enfrentamientos bélicos, estos elementos afectarían al grupo de hombres adultos, es decir, los testadores y sus hijos casados, pero no a los hijos menores; aunque aún no hemos establecido la importancia relativa de unos y otros, es obvio que una situación como la apuntada provocaría un brusco descenso de la masculinidad entre los testadores, pero mucho menos entre sus hijos, buena parte de los cuales no participaría en esta hipotética guerra o migración masiva. Naturalmente, una inmigración masiva hacia las ciudades, por ejemplo, provocaría el efecto contrario. En todo caso, se aprecia de forma clara un descenso de las tasas, especialmente entre los testadores. En efecto, la tasa del período 1440-69 para este grupo es de 95,71, mientras que en período 1470-99 baja hasta 86,5; para los hijos, más que descenso podría hablarse de estabilización: de 118,79 a 118,37. Al llegar al siglo XVI ese paralelismo se pierde. Los datos del grupo de los testadores se ven sometidos a fuertes altibajos que evidencian precisamente la influencia de factores diferenciadores. Podría observarse esto en las tasas del decenio 1500-09, más elevadas para los testadores que para los hijos. Probablemente el análisis de la situación en cada ciudad pueda aportarnos mayores precisiones. Pero por debajo de estas constataciones se percibe una tendencia a la convergencia entre las tasas de los dos grupos de población estudiados aquí, de forma que, aparentemente, a partir de 1500 los testadores tienden a elevar la tasa de masculinidad, mientras que los hijos acentúan su descenso, para finalmente ambos grupos casi coincidir a partir de 1520. El resultado es que la masculinidad de los testadores empieza a subir ya desde 1470-79, mientras que la de los hijos mantiene un descenso constante y suave durante todo el período estudiado. Aún el análisis detallado de estos datos en cada una de las ciudades puede aportarnos algunos detalles más. Veamos primero el gráfico correspondiente a Sevilla. Lo primero que -162- llama la atención es que las lineas se han vuelto mucho más quebradas, reflejando los altibajos de las tasas en cada decenio. Esta mayor variabilidad de los datos puede relacionarse directamente con el tamaño de la muestra sobre la que se ha trabajado, y veremos cómo ocurre lo mismo en las otras dos ciudades. Sin embargo, creemos que bajo estas lineas, irregulares en apariencia, se esconden algunas tendencias o aspectos más coherentes que pueden resultar de gran ayuda para nuestros propósitos. Así, nos encontramos con que la evolución de los dos grupos de población que venimos tomando como muestra se desarrolla de forma aproximadamente paralela, pese a que existen cruces entre ambas. Ya se ha señalado cómo es probable que esto tenga que ver con una influencia relativamente poco importante, en términos generales, de los factores causantes de bruscos desequilibrios sexuales en la población adulta, singularmente las migraciones. No obstante, merece la pena señalar dos momentos en los cuales se producen abruptas variaciones de la tasa, quizá en relación con algún factor extraordinario. El primero es el decenio 1480-89, en que el aumento se produce en los dos grupos de población utilizados, seguido de un igualmente brusco descenso. En este caso, una hipotética migración masiva desde los pueblos cercanos no justificaría la subida de las tasas de los hijos, salvo que aceptáramos algún tipo de migración selectiva, quizá producto de una crisis epidémica que tendría su centro en los años de 1481. Algunos indicios que analizaremos más adelante, parecen apuntar en esta dirección. En todo caso, el fuerte descenso del decenio siguiente parece estar señalando una situación “pendular”, provocada por una coyuntura concreta, y que se saldaría con una vuelta a la “normalidad” en el cambio de siglo. 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 200 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Hijos El segundo momento de cambio brusco es el decenio 1510-19, en que mientras que el grupo de los hijos experimenta una subida muy marcada en su tasa de masculinidad, los testadores la rebajan sensiblemente. De nuevo las crisis epidémicas, en este caso la centrada en 1507, podría estar en la base de la explicación a estos movimientos, mediante una mortalidad selectiva que atacara con más fuerza a las hijas que a los hijos de los testadores. Tendremos ocasión de comprobar cómo las epidemias que se cebaron en la ciudad en estos años supusieron cambios muy profundos en su población, de los que esta anormalidad respecto a las tasas de masculinidad no es más que una muestra. -163- Pero, al margen de situaciones coyunturales, el gráfico 35 indica de forma clara que las tasas de masculinidad en los dos grupos descienden constantemente y de forma paralela desde unas cotas bastante elevadas al principio del período estudiado hasta el decenio 1490-99, para, a partir de ahí, ascender también de forma continuada durante todo el siglo XVI. En realidad, da la impresión de que las lineas que hemos trazado forman parte de un movimiento ondulante que quizá sería más visible si el espacio temporal analizado fuese más amplio. Este hecho, desde luego, debe ponerse en relación con los cambios que experimenta la demografía sevillana a partir del descubrimiento de América y la conquista de Granada, y a los que se ha hecho alusión a lo largo de los capítulos anteriores de este trabajo. Así, hemos visto cómo el crecimiento demográfico de la ciudad se aviva notablemente desde esta fecha, y también que durante el período 1450-1490 parece existir una fuerte corriente migratoria desde el Aljarafe y la Ribera hacia la capital. Hemos apuntado algún otro indicio en favor de la existencia de esa migración, y todavía podremos encontrar más. En todo caso, ahora podemos también marcar este momento como el punto de inflexión entre un período de descenso continuado de la proporción de hombres, hacia una cierta normalización que no se alcanzará hasta la década de 1530. 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Hijos En el caso de Córdoba el gráfico 36 nos permite apreciar una evolución diferente. Antes de nada, es necesario explicar porqué tenemos datos para los hijos desde 1440 y, sin embargo, los de los testadores se inician en 1460. La razón es que tanto en 1440-49 como en 1450-59 sólo tenemos un testador por decenio, y es hombre, de forma que la tasa, matemáticamente hablando, se elevaría hacia el infinito. Por lo que hace a los hijos, la tasa de 1440-49 es real, puesto que el único testador cita a tres hijas y tres hijos, pero la de 1450-59 es una interpolación; en efecto, el único testador de este decenio tiene cuatro hijos y una hija, con lo que la tasa se elevaría hasta el 400, algo evidentemente irreal y que hemos preferido sustituir por una interpolación. En todo caso, y aunque ignorásemos los datos de estos años, podríamos apreciar, en primer lugar, una desincronización en la evolución de ambos grupos, es decir, que tanto los testadores como sus hijos realizan los mismos cambios y en idéntico sentido, pero los hijos siempre un decenio por detrás de los testadores. Así, el grupo de los testadores inicia un descenso en 1480 paralelo al que realizarán los hijos en 1490; si la tasa de aquellos empieza a repuntar desde 1490 y continua ascendiendo hasta 1510, para luego descender de nuevo, los -164- -165- hijos harán lo propio a partir de 1500 para descender desde 1520. Otro aspecto destacable es la falta de oscilaciones coyunturales bruscas como las que hemos podido apreciar en Sevilla y veremos también en Jaén; no podemos atribuir esta circunstancia al tamaño de la muestra, bastante similar en las tres ciudades. De momento, pues, no estamos en condiciones de comprobar si ambas circunstancias pueden deberse a algo más que una serie de coincidencias. Sin embargo, quizá lo más destacable sea la inversión de las tasas entre ambos grupos a partir de 1490; en efecto, si hasta entonces las tasas de los hijos aparecen sensiblemente superiores a las de los testadores, a partir de ese momento la situación se invierte por completo, a pesar de que, en general, las tasas de los hijos se mantienen por encima del 100, salvo un pequeño bache en 1500-09 y un fuerte descenso en 1530-35. El resultado es una especie de aspa o evolución inversa que se puede apreciar mucho mejor en el cuadro 27. Tasa de los testadores Tasa de los hijos 1440-69 80,65 130,88 1470-99 85,23 120,61 1500-35 138,67 101,79 Cuadro 27: Tasas de masculinidad en Córdoba por treintenas Se puede observar que cada uno de los dos grupos ha venido evolucionando de forma convergente durante toda la segunda mitad del siglo XV, pero a partir del cambio de siglo cada uno de ellos ha intensificado su propia tendencia y así, si las diferencias entre 1440-69 y 1470-99 son de cinco y diez puntos en los testadores y sus hijos respectivamente, estas mismas diferencias entre 1470-99 y 1500-35 se convierten en 53 y 20 puntos respectivamente. Estos cálculos revelan, por otro lado, que el principal responsable de esta inversión es el aumento de la masculinidad entre los testadores, mucho más que el descenso en sus hijos. Por eso, además, nos encontramos con que, en términos generales, el siglo XVI se presenta mucho más masculinizado que el XV. La media de ambas tasas para el período 1440-1499 es de 104,34, mientras que para el primer tercio del XVI es de 120,23. De esta forma se comprueba la existencia de un aumento brusco y espectacular de la proporción de hombres en Córdoba desde el cambio de siglo, en relación con una situación anterior más o menos “normal”. De nuevo estamos ante importantes cambios demográficos a partir de 1490, similares a los que hemos conocido para Sevilla. Hay que recordar, en este sentido, que en el capítulo II se apuntó la posibilidad de que existiera un muy fuerte crecimiento demográfico en esta época en las poblaciones de la Campiña más cercanas el Guadalquivir –y, por tanto, cercanas también a la capital– y también de la presencia de amplios movimientos migratorios que no parecen derivarse hacia la Frontera. Es muy posible que buena parte de este movimiento migratorio tuviese como destino la ciudad de Córdoba; esta teoría permitiría explicar el repentino aumento de la tasa de masculinidad, asumiendo en este caso que la mayor parte de los inmigrantes serían hombres jóvenes. Pero estos datos, además, refuerzan la idea, expresada en el capítulo III, de una cierta evolución paralela de la población cordobesa respecto de la sevillana, aunque una primera visión apresurada de los gráficos no parezca indicarlo. Por una parte, en Sevilla habíamos discutido, y aceptado, una corriente migratoria no muy espectacular pero sí constante desde las poblaciones cercanas del Aljarafe y la Ribera hacia la capital, y adelantábamos que estas migraciones parecían estar en la base del cambio de ritmo en la evolución demográfica de la ciudad. De alguna forma, parece que estos comportamientos podrían descubrirse ahora también para Córdoba, aunque quizá el tipo de inmigrante sea diferente, como parece señalar el diferente comportamiento de la tasa de masculinidad en los hijos. En todo caso, cabe recordar que en Córdoba también se encuentra un fuerte aumento de esta tasa entre los hijos, pero retrasada un decenio. En Jaén la situación es bien distinta, como se aprecia en el gráfico 37. La primera observación destacable es el acusado paralelismo entre las dos lineas, que siguen siempre la misma tendencia a subir o bajar, aunque con diferentes intensidades, lo que hace que se crucen en algunos momentos. No obstante, algunos movimientos bruscos de estas evoluciones merecen ser tenidos en cuenta. Así, las tasas anormalmente bajas de 1470-79 se deben a defectos en las fuentes, puesto que en este decenio sólo ha aparecido un testamento, realizado por una mujer, lo que explica la tasa cero de los testadores, y donde aparecen dos hijos y tres hijas. Sin embargo, los datos para el decenio siguiente, con ser también bastante espectaculares, no pueden rechazarse con tanta facilidad, puesto que aquí la muestra es de 10 testamentos, con un total de 14 hijos citados. 0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Hijos En realidad, el decenio 1480-89 parece marcar el punto de partida para un descenso continuado de las tasas de masculinidad en ambos grupos, de forma relativamente suave en el caso de los hijos y con más altibajos en los testadores, probablemente por influencia de las migraciones. Este exceso de población masculina en los años ochenta del siglo XV coincide con la superpoblación que habíamos constatado en la ciudad, tal como quedó explicado en el capítulo III, y que habíamos relacionado con la remilitarización derivada del gobierno del condestable Lucas de Iranzo. En una palabra, una población inflada de forma artificial y además militarizada, lo cual concuerda bastante bien con la masculinización que acabamos de constatar. La vuelta progresiva de la población giennense a los niveles anteriores a 1480 se aviene, de igual forma, con el descenso de las tasas de masculinidad hasta cifras similares a las de 1460-69, que son las únicas que podemos utilizar. Así, la masculinización general que se observa en el gráfico entre 1480 y 1509 respondería más a una coyuntura determinada, o mejor a la desaparición de esa coyuntura, en este caso de tipo político, que a un movimiento -166- -167- demográfico de largo alcance. Por debajo de esta coyuntura sólo puede intuirse una tendencia al estancamiento también en la relación entre los sexos. Por otro lado, en esta ciudad no parece que el cambio de siglo haya supuesto una modificación sustancial en la evolución de las tasas de masculinidad. En este sentido, el comportamiento de Jaén difiere bastante del que presentan las otras dos capitales andaluzas, pero encaja bien con su evolución demográfica, que, como se recordará, estaba caracterizada por el estancamiento o incluso una leve tendencia al descenso. Sin embargo, nos llama la atención el bache de 1510-19, particularmente el de los testadores. Por una parte, coincide con la brusca elevación de la tasa del grupo de los hijos en Sevilla, y también con la culminación de un progresivo aumento en las tasas de los testadores en Córdoba. Además, resulta ser simultáneo del tímido inicio de recuperación demográfica que nos había parecido entrever para esta ciudad desde 1510, tal como se expuso en el capítulo III. Aunque es difícil establecer una relación directa entre los movimientos de las tres ciudades en este decenio, quizá podríamos sospechar la existencia de algún tipo de circunstancia generalizada en toda Andalucía que afectase a la población urbana entre 1510 y 1520, quizá en relación con la gran crisis de 1507. En todo caso, sí parece claro, en Jaén, que podríamos estar ante las consecuencias de una emigración masiva, quizá a Granada, que, paradójicamente sería el preludio de una época de mayor dinamismo demográfico. 2.- Solteros contra casados 2.1.- Las tasas de nupcialidad Entraremos ahora, sin más preámbulos, en el estudio de las tasas de nupcialidad de la población urbana andaluza, entendiendo por tal el porcentaje de población que ha casado en alguna ocasión, independientemente de que el cónyuge esté vivo o muerto, o de cuántos matrimonios haya tenido. Más adelante entraremos en consideraciones sobre los segundos y sucesivos matrimonios, la viudez o los tipos de soltería. No incluimos aquí las uniones ilegítimas, a las que también dedicaremos un apartado específico. Por el momento, sólo vamos a fijarnos en el grupo de los testadores, puesto que la comparación con el de los hijos, que realizaremos más adelante, nos llevará a otras consideraciones diferentes de la tasa de nupcialidad en sentido estricto. Además, de esta forma podremos conocer la incidencia del matrimonio en los grupos de edad más avanzada, que son los que, mayoritariamente, realizan su testamento. Incluso, aunque dedicaremos un capítulo a la mortalidad, podemos por ahora suponer que, en términos generales, el testamento revela la situación vital de las personas en los momentos inmediatos a su muerte, lo que aquí significa que refleja la nupcialidad total de una población. En efecto, los mismos cálculos aplicados a los hijos se verían deformados por su edad en mayor medida que lo puedan ser los de los testadores. Veamos, pues, cuáles son los resultados de los cálculos efectuados. Los cuadros siguientes muestran las tasas de nupcialidad en cada decenio para cada una de las tres ciudades y también para su conjunto, separando los datos de los hombres de los de las mujeres. SEVILLA CÓRDOBA -168- SEVILLA CÓRDOBA Hombres Mujeres TOTAL Hombres Mujeres TOTAL 1440-49 75 71,43 73,68 100 100 1450-59 78,57 80 79,31 100 100 1460-69 100 81,82 90,91 100 90,32 94,44 1470-79 71,43 80 74,42 80,95 78,57 79,59 1480-89 89,47 60 76,47 86,96 90,48 88,64 1490-99 69,23 76,67 74,42 80,65 87,18 84,29 1500-09 79,41 81,25 80,30 78,57 82,61 80,39 1510-19 80,95 88,89 85,42 79,17 85,71 81,58 1520-29 90,32 93,10 91,67 85,19 72,22 80 1530-35 75 93,75 84,38 68 80 73,33 TOTAL 82,02 82,29 82,16 82,36 84,02 83,17 JAÉN TOTAL Hombres Mujeres TOTAL Hombres Mujeres TOTAL 1440-49 76,92 71,73 75 1450-59 80 80 80 1460-69 60 50 54,55 94,87 83,33 88,51 1470-79 0 100 100 78,57 79,49 79,10 1480-89 33,33 100 60 81,25 80 80,68 1490-99 95,24 86,67 91,67 83,08 83,33 83,22 1500-09 80,65 100 88,24 79,57 86,67 82,74 1510-19 63,64 86,21 80 76,79 87,14 82,54 1520-29 62,50 100 80 80,49 89,71 84,67 1530-35 80 90 85 72,13 87,50 79,49 TOTAL 73,72 90,52 82,05 80,20 84,86 82,53 Cuadro 28: Tasas de nupcialidad Para empezar, fijémonos en las cifras globales. Lo primero que llama la atención es su uniformidad, de forma que se puede decir con un cierto grado de seguridad que en las ciudades andaluzas de la segunda mitad del siglo XV y primer tercio del XVI sólo el 17-18 % de las personas que hacen testamento han permanecido solteras durante toda su vida. Naturalmente, habría que conocer si este porcentaje se mantiene igual en la población que no -169- hace testamento, presumiblemente por motivos económicos. Además, tendríamos que añadir el número de los religiosos y religiosas y de los eclesiásticos, la mayor parte de los cuales testa ante los notarios apostólicos, aunque algunos lo hacen ante los notarios del número. Sea como fuere, en las tres ciudades la tasa permanece muy estable. Por otro lado, se observa también con bastante claridad una diferencia en el comportamiento de los sexos, de forma que se podría decir que las mujeres se casan un 5 % más que los hombres, en términos generales. Cabe recordar, en este sentido, que una tasa de nupcialidad elevada, especialmente femenina, es una de las características que los expertos han definido mejor respecto a la demografía castellana en general, y meridional en particular, durante el siglo XVI (PÉREZ MOREDA, 1986 a, 68; RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1996, 56), en contraste con el “modelo europeo” de familia (HAJNAL, 1965, 101; CHAUNU, 1982, 104; GOODY, 1986, 283) En algunas otras ciudades castellanas se han recogido datos que permiten realizar cálculos similares. Así, en Úbeda, entre 1459 y 1510, (PAREJO DELGADO, 1991 b, 321), el 91,9 % de los testadores declara estar casado o viudo. En Murcia, entre 1355 y 1511 (BEJARANO RUBIO, 1990, 32), el porcentaje de casados y viudos baja al 81,4 %, similar al que hemos encontrado en las ciudades andaluzas. Por último, en Madrid, entre 1442 y 1552 (GÓMEZ NIETO, 1991, 46), el porcentaje se eleva hasta el 88 %. Aunque la serie es muy pequeña, sí parece que podría establecerse una cierta relación inversa entre el tamaño de la población y la tasa de nupcialidad. Fuera de la Corona de Castilla el ejemplo más útil es el de Toscana en 1427 (HERLIHY, KLAPISCH-ZUBER, 1978, 405), donde se aprecia claramente esta relación inversa entre el tamaño de la población y la tasa de nupcialidad, que pasa del 65,20 % en Florencia al 72,45 % en las ciudades secundarias, y al 74,33 % en los pequeños pueblos; en estos datos hay que tener en cuenta que se han incluido todos los habitantes mayores de doce años, de forma que, para que su comparación con los porcentajes que nosotros hemos extraído de los testamentos, habría que considerarlos revisables al alza. Pero también podría observarse, a la vez, que cuanto más pequeña es la población más acusada es la diferencia en el comportamiento de los sexos respecto a la nupcialidad, pasando de una tasa prácticamente igual en Sevilla a una diferencia superior a quince puntos en Jaén. Aunque las cifras de nuestras tres ciudades aparecen claras, esta relación no se presenta tan clara en otras ciudades: en Úbeda las tasas son de 97,6 % para las mujeres y 84,9 % para los hombres (PAREJO DELGADO, 1991 b, 321); en Madrid las tasas son del 84,6 % para las mujeres y 68,7 % para los hombres (GÓMEZ NIETO, 1991, 46). Las tasas que aparecen en Murcia, de 93,7 % de mujeres casadas frente a sólo el 56,8 % de hombres, son, sin duda, excepcionales (BEJARANO RUBIO, 1990, 32). En todo caso, sí procede observar que en las dos ciudades más grandes, Sevilla y Córdoba, las diferencias en el comportamiento respecto al matrimonio son sensiblemente menores que en ciudades más pequeñas; desgraciadamente, no contamos con datos sobre localidades menores, pero sí creemos que está clara esta relación inversa de que venimos hablando, en términos generales, aunque no sea estrictamente lineal. 70 75 80 85 90 95 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres La evolución temporal de la nupcialidad, en el conjunto de ambos sexos, muestra una tendencia a la estabilización, aunque podría observarse quizá una etapa de alza, hasta 1460-69, y un inicio de período de baja a partir de 1520-29, si bien sólo un estudio cronológicamente más amplio podría confirmarnos estas posibilidades. En todo caso, lo más reseñable es el repentino aumento que experimenta la tasa general en el decenio 1460-69, para descender en el siguiente y volver a aumentar hasta 1490-99, sobre todo porque este movimiento lo experimentan las tasas de ambos sexos, aunque con intensidades bien distintas, y, sobre todo, con significados bien distintos a la luz de la evolución posterior. En efecto, hasta la década de 1490 parece que el sentido del desarrollo de ambas tasas es similar, aunque no la intensidad del mismo. Así, desde 1440 a 1469 se aprecia una evolución positiva, más marcada para los hombres que para las mujeres; en el decenio siguiente el descenso aparece también bastante claro, igualmente más señalado en los hombres que en las mujeres. A partir de aquí, ambos sexos al unísono inician un moderado aumento hasta la última década del siglo. Desde este momento, la tasa femenina continúa el mismo ritmo de aumento, moderado pero continuo, mientras que la masculina se quiebra en un no menos acusado descenso. De este análisis puede concluirse que, a partir de los años críticos de finales del siglo XV, ambos sexos se comportan de manera simétrica en cuanto a la nupcialidad, de forma que la aparente estabilidad de la tasa general en realidad esconde una profunda y significativa divergencia en el comportamiento matrimonial de hombres y de mujeres. Podemos recordar ahora cómo hemos observado que la tasa de masculinidad global de los testadores empieza a subir ligeramente a partir del decenio de 1470-79, de forma que podría verse aquí una relación directa entre ambos fenómenos: un aumento del número de varones aumenta las posibilidades de las mujeres de encontrar un marido a lo largo de su vida. Aunque algunas de estas relaciones tendremos ocasión de comprobarlas más adelante, ahora nos interesa llamar la atención sobre la quiebra en la evolución de la nupcialidad masculina que se produce en 1490-99. Puede que los movimientos migratorios que habíamos creído detectar desde los campos circundantes hacia las ciudades, especialmente Sevilla y Córdoba, sean la causa de que, a partir de ese momento, precisamente, la oferta de hombres empiece a superar a la demanda femenina, y actúe una especie de ley de rendimientos decrecientes aplicada al caso. El continuo ascenso de la nupcialidad femenina y también de la masculinidad de la población parecen apoyar esta idea. Pero, de acuerdo con el esquema de -170- exposición que venimos siguiendo, trataremos de obtener mayores detalles de la observación individualizada de cada una de las tres ciudades que estamos analizando. Veamos primero el caso de Sevilla. Se puede apreciar una tendencia al alza, en términos generales, aunque su linea evolutiva global nos muestra dos períodos de tasas altas, centrados en los decenios 1460-60 y 1520-29, separados por una depresión situada alrededor del decenio 1480-89. Cabe recordar ahora que precisamente en 1480-89 habíamos detectado un fuerte aumento de la masculinidad tanto entre los testadores como entre sus hijos. Sin duda este descenso de la nupcialidad debe relacionarse con la masculinidad exagerada que hemos detectado. 60 65 70 75 80 85 90 95 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres Al observar la evolución separada por sexos se puede apreciar cómo en el siglo XV ambas tasas casi nunca coinciden. La razón fundamental es el brusco aumento de la nupcialidad masculina en 1460-69 y, sobre todo, las igualmente bruscas variaciones de ambos sexos en 1480-89, en sentido positivo de nuevo para los hombres, y en sentido negativo para las mujeres. Pero será otra vez en el último decenio del siglo cuando se produzcan cambios duraderos y realmente significativos. A partir de 1480-89 la nupcialidad femenina aumenta de forma muy clara, sobre todo en 1490-99, y ya no descenderá más. Por su parte, los hombres experimentan un acusado descenso en 1490-99, para a partir de ahí seguir un camino ascendente paralelo al de las mujeres. Sin embargo, para entonces ya la nupcialidad femenina se sitúa por encima de la masculina, al contrario de lo que parecía ser habitual en el siglo XV, y así se mantendrá hasta el final del período estudiado. Así pues, el comportamiento diferencial respecto a la nupcialidad coincide, de nuevo, con los años clave en el desarrollo demográfico sevillano. Las cifras totales para Córdoba son bastante similares a las sevillanas, apenas levemente más bajas. Sin embargo, esta coincidencia esconde una evolución bien distinta y que se presenta meridianamente clara: descenso continuado durante todo el período estudiado. De alguna forma, parecería que se trata de una linea inversa a la sevillana, aunque sin las ondulaciones que presentaba ésta. No deja de resultar significativo que el cruce entre las lineas de ambas ciudades se produzca precisamente también en los años del cambio de siglo, es decir, en el momento que venimos señalando como punto de “cambio de marcha” para su demografía. -171- Pero, al margen de estas coincidencias, observando la evolución por sexos se aprecian varios aspectos que merecen ser analizados. Por una parte, no aparecen las diferencias entre el comportamiento de los sexos tan acusadas como en Sevilla. Se podría decir que ambas lineas evolucionan entrelazándose y, si en el período 1440-1470 parece que los hombres muestran una tasa superior, desde 1480 y hasta 1519 la mayor tasa corresponde a las mujeres, para terminar ambos sexos alternándose. Sin embargo, la escasa diferencia entre las cifras respectivas hace que sea demasiado aventurado establecer estos períodos como etapas reales en la evolución de la nupcialidad. 60 65 70 75 80 85 90 95 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres No obstante, dentro de esta evolución tan uniforme, puede resultar significativo el bache que se produce entre 1470 y 1489. En efecto, el decenio 1470-79 marca una agudización fuerte del descenso de la tasa de nupcialidad en los dos sexos, pero todavía más profundo en los hombres, cuya situación de partida era ciertamente muy alta, con un 100 % de casados. Inmediatamente, el decenio 1480-89 presenta una notable subida de las tasas, casi la única en todo el período estudiado, y ahora más acusada en las mujeres, que, de hecho, quedan por encima de los hombres. No podemos menos que recordar que una situación similar se da en Sevilla, aunque allí con un retraso de una década, de una forma más acentuada y, sobre todo, con diferencias mucho mayores en el comportamiento de ambos sexos, que a partir de entonces modifican claramente su comportamiento respecto al matrimonio, mientras que en Córdoba ambos continúan aproximadamente la misma linea evolutiva. De todas formas, no deja de resultar sorprendente el sentido de la nupcialidad cordobesa, no sólo por las escasas diferencias entre los sexos, sino por su constante descenso, características ambas que resultan muy diferentes de las de las otras dos ciudades. Pero lo más llamativo es que esta situación no parece casar demasiado bien con las observaciones que hasta el momento hemos realizado sobre la población cordobesa. Recordemos que, al parecer, Córdoba experimenta un aumento de población moderado durante el siglo XV, pero que podría entreverse un fuerte aumento del ritmo de crecimiento demográfico a partir del cambio al siglo XVI, quizá motivado por una inmigración masculina desde los pueblos comarcanos, que provocó un brusco aumento de la masculinidad. Sin embargo, este aumento de la masculinidad, en buena lógica, con los datos de que disponemos hasta ahora, debería haber -172- producido un descenso de la nupcialidad masculina, pero un aumento de la femenina, lo que no se ha producido. Además, los años finales del siglo XV no parecen suponer ningún hito en la nupcialidad de ninguno de los dos sexos. Así, la hipotética inmigración masculina que habría lanzado el supuesto crecimiento demográfico cordobés no parece afectar en absoluto a la nupcialidad. Debemos esperar a contar con más datos para tratar de aclarar estos extremos, pero ya podemos adelantar que quizá haya que empezar a poner en entredicho el mismo auge demográfico cordobés. La tasa global de Jaén ofrece menos posibilidades de comentarios. Sus bruscas oscilaciones hasta el decenio 1490-99 se deben al pequeño tamaño de la muestra y hacen imposible cualquier tipo de análisis; precisamente debe seguir teniéndose en cuenta que la tasa masculina de 1470-79 en el gráfico 41 es una interpolación puesto que la tasa real, del 0 %, resulta evidentemente demasiado influida por esta escasez de testamentos sobre los que realizar cálculos. Para los años posteriores, la sensación es de estancamiento; en este sentido, la nupcialidad muestra una coherencia total con las conclusiones que hasta el momento hemos obtenido respecto de la población giennense, que apuntan a una demografía estancada, casi aletargada, y al margen de las otras dos ciudades andaluzas. Más interesante es el estudio de las tasas diferenciadas por sexos, en cuanto que este caso parece ser distinto a las otras dos ciudades. Aquí la distancia entre ambos sexos es muy importante, y se mantiene durante todo el período estudiado, al menos durante los años en que tenemos datos, excepto el decenio 1490-99, en que una brusca subida de la nupcialidad masculina, junto con un leve descenso de la femenina, hace que se inviertan los términos, aunque de forma coyuntural. En todo caso, los parámetros femeninos se presentan muy altos respecto de las demás ciudades, siempre por encima del 90 % –recuérdese que sólo los datos a partir de 1480-89 son realmente fiables, debido al tamaño de las muestras–, y los masculinos, por su parte, muy bajos, con una tasa global de apenas el 73 %. Estas cifras recuerdan más a otras ciudades castellanas de las que hemos ofrecido datos que a Córdoba o Sevilla, aunque no podemos saber, por el momento si esta diferencia está más relacionada con razones geográficas o con el tamaño de la población, o con otras circunstancias que se nos escapan. 30 40 50 60 70 80 90 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres -173- -174- Sin embargo, a pesar de todo, algunas coincidencias resultan llamativas. Así, se detecta un brusco descenso en 1480-89, como en Sevilla, aunque aquí más acusado, y como también constatábamos en Córdoba un decenio después. También ahora aparece un desfase entre el comportamiento de los sexos ante esta depresión, siendo mucho más acusado el de los hombres, y también adelantado a las mujeres; recordemos que en Sevilla ocurría exactamente al contrario, mientras que Córdoba no presentaba diferencias cronológicas ni casi de intensidad. En todo caso, no parece que en Jaén, esta depresión de los veinte años finales del siglo XV marque, como en las otras dos ciudades, el principio de un cambio en el comportamiento diferencial de ambos sexos respecto al matrimonio. En efecto, el gráfico 41 sugiere que este cambio no se produjo, pero el escaso número de testamentos sobre el que se basan las cifras de estos años –que, recordemos, son todos los conservados en los protocolos giennenses–, y la inexistencia, por el momento, de otros datos complementarios, hacen que no podamos afirmar más esta sugerencia. No obstante, sí parece que a partir de ese momento las diferencias de comportamiento de hombres y mujeres se hacen bastante más acusadas. En resumen, las cifras y lineas evolutivas de la nupcialidad general no presentan unas posibilidades demasiado amplias de interpretación por su tendencia a la estabilidad, salvo en Córdoba, donde parece que concurren circunstancias especiales. Pero, a la vez, es evidente que al diferenciar la nupcialidad por sexos sí que surgen situaciones necesitadas de análisis y que se prestan a la interrelación con otras circunstancias demográficas que hemos venido describiendo. De hecho, los años finales del siglo XV, que han venido mostrándose como decisivos en otros aspectos, en el asunto que nos ocupa ahora se presentan como el momento del cambio desde una mayor nupcialidad masculina a una mayor nupcialidad femenina, con las trascendentes consecuencias que de ello pueden derivarse. 2.2.- Grupos sociales y profesiones Hemos aludido en repetidas ocasiones a la posibilidad de encontrar un comportamiento demográfico diferenciado atendiendo a la extracción social del testador. Ahora vamos a intentar un primer acercamiento a esas diferencias. Para ello previamente es necesario establecer los grupos sociales que vamos a utilizar y los mecanismos que nos han permitido llegar hasta su definición y cuantificación. La mayor parte de los testamentos no hacen referencia directa a la extracción social del testador, salvo en los casos de algunos miembros de familias nobiliarias. Podría intentarse utilizar las cantidades que, según el propio testamento, constituyen la herencia dejada por el interesado, pero ello hubiera supuesto una complicación adicional que hubiese obstaculizado el trabajo, quizá incluso apartándonos de nuestros objetivos principales. Sin embargo, sí que aparece explicitada en bastantes ocasiones la profesión del testador o de su cónyuge. Como hemos visto, en la ficha de recogida de datos que hemos diseñado hay un espacio destinado a anotar la profesión, espacio que también hemos aprovechado para indicar la extracción social noble, cuando procede, o alguna característica ocupacional semejante, singularmente en beatas y religiosos. El cuadro 29 refleja el número de testamentos en los que se ha recogido esta característica, y su porcentaje respecto al total de testamentos en cada época. Cabe indicar que, para evitar en lo posible las muestras demasiado reducidas, se han utilizado intervalos de treinta años en lugar de los decenios que hemos venido usando hasta ahora. -175- SEVILLA CÓRDOBA JAÉN TOTAL Nº test. Porcent. Nº test. Porcent. Nº test. Porcent. Nº test. Porcent 1440-69 38 54,29 24 42,86 2 18,18 64 46,71 1470-99 45 48,39 65 39,88 7 14,89 117 38,61 1500-35 117 56,80 86 48,04 29 16,48 232 41,35 TOTAL 200 54,79 175 43,97 38 16,24 413 41,34 Cuadro 29: Proporción de testadores caracterizados socioprofesionalmente Este cuadro nos indica, ante todo, que la proporción de testadores caracterizados socioprofesionalmente es más que significativa, e incluso en Sevilla llega a ser mayoritaria. Sólo en Jaén esta proporción resulta muy baja, en torno al 16 % de total de testadores, lo que nos obligará a ser especialmente cautelosos en esta ciudad; además, mientras que en Sevilla y Córdoba el número de testadores “profesionales” –así los llamaremos en adelante, para simplificar, aunque esta indicación incluye también otras características sociales– es suficiente para nuestros análisis, en Jaén, sobre todo en el siglo XV, no podremos utilizar los datos más que como referencia muy débil, puesto que una muestra de dos o siete testamentos en una treintena de años es, desde luego, demasiado escasa. En cuanto a las épocas, la treintena 1470- 1499 es la que presenta los porcentajes más reducidos, aunque las diferencias aparecen más marcadas en Sevilla y Córdoba, y mucho menos en Jaén, donde podría decirse que casi hay una estabilidad diacrónica en la proporción de testadores que declaran su situación social o profesional. Pero no basta con señalar al grupo de los profesionales, sino que es necesario distinguir entre los diferentes sectores de actividad. No vamos ahora a ocuparnos del análisis pormenorizado de las ocupaciones concretas, que aparecen reseñadas en la lista de testadores del apéndice 3, pero no me resisto a destacar algunos casos que llaman particularmente la atención. Así, en primer lugar, algunas actividades nos han resultado desconocidas: se trata de las correspondientes a dos sevillanos, Gonzalo Rodríguez que, en su testamento de 11 de julio de 1498 dice ser “barnerol” (AHPSE, Prot., 3217, p. 1, 108r-v), y de Marina Núñez, que declara ser viuda de Pedro Fernández “espada de dos manos” (AHPSE, Prot., 2236, 2140r- 2142r, de 25 de julio de 1521). Estos dos casos no han sido incluidos en nuestros cálculos sobre los profesionales, aunque se ha dejado constancia de sus actividades. Otros casos que hubieran podido ser dudosos son los de los testadores que declaran más de una actividad. Sin embargo, todos ellos desarrollan sus trabajos dentro del mismo sector de producción. Así, Juan Ruiz de Cañete, que hace testamento en Córdoba el 20 de noviembre de 1489, dice ser albéitar y herrador (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 7, cuad. 9, 18r-19r); Juan Martínez de Uceda, también cordobés, declara ser cuchillero y sayalero (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 7, cuad. 4, 28r-29r, de 20 de agosto de 1471); Antón Rodríguez, vecino de Sevilla, resulta ser terrateniente y ganadero (AHPSE, Prot., 3210, p. 1, 47r-v, de 18 de septiembre de 1441). Para terminar, no podemos dejar pasar sin mencionar el testamento de Isabel Rodríguez, esposa del cuchillero Gonzalo García, a quien se le apareció la Virgen en el paraje de la Fuente Santa, dando origen al culto de la futura patrona de Córdoba (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 17, cuad. 3, 34v-35r; 25 de enero de 1481), no sólo por esta circunstancia, sino también porque los cronistas locales declaran que la profesión del marido de esta señora es cardador de lanas, y no -176- cuchillero; por lo demás, como es sabido, la aparición tuvo lugar el 8 de septiembre de 1442 (GONZÁLEZ FRANCÉS, 1994, 9). Nuevas dificultades se presentan en los casos de matrimonios múltiples de mujeres. Como hemos indicado, siendo generalmente los hombres los que identifican su propia ocupación –sólo raramente las mujeres declaran una profesión propia–, hemos incluido a sus mujeres en su mismo campo de actividad, lo que, en el caso de dobles o triples matrimonios, puede presentar problemas de adscripción de la testadora a su correspondiente sector de actividad. Sin embargo, lo normal es que los sucesivos cónyuges pertenezcan al mismo sector, o bien que sólo se ofrezca la ocupación de uno de ellos; cuando no ha sido así, hemos optado por utilizar en nuestros cálculos sólo la ocupación del primer cónyuge, ignorando la del siguiente o siguientes. De entre estos casos, destaca el de Leonor Ruiz, que hace su testamento en Córdoba el 4 de enero de 1520 y ha estado casada sucesivamente con Lope Ruiz y Alonso de Córdoba, ambos “capataces de obra primera” (AHPCO, Prot, of. 1, leg. 3, 8r-v); este testamento me ha parecido digno de mención no sólo ser un caso de endogamia profesional, o por lo inusual de la ocupación referida, sino también porque parece estar muy relacionado con el otro único caso de “capataz de obra primera” que hemos encontrado, que está también en Córdoba, en un testamento de otra mujer –María Fernández, casada con Martín Fernández de Mérida–, realizado dos días antes y que, naturalmente, se localiza en el mismo protocolo (AHPCO, Prot, of. 1, leg. 3, 7r-v). Por otro lado, esta profesión es uno de los ejemplos de gran especialización que se detectan dentro de nuestros testamentos, pero existen otros interesantes. Así, Juan Ramírez, que es “zapatero de obra” (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 6, 181r-183r, de 6 de mayo de 1530); Ruy Sánchez, tejedor de vientos (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 1, 28v- 29v, de 22 de enero de 1465); Jerónimo Sánchez, labrador de viñas (AHPSE, Prot., 3219, p. 33, 87r-v, de 13 de febrero de 1500); Lorenzo Fernández, que dice ser “escribano de libros” – probablemente para distinguirse de los escribanos públicos– (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 42r- 43v, de 5 de abril de 1522); Francisco Fernández que pone buen cuidado en especificar que es bachiller “en gramática”(AHPSE, Prot., 17412, p. 3, 15r-17r, de 23 de mayo de 1458), a diferencia de otros bachilleres que aparecen en nuestra muestra y que no destacan su especialidad; y, por último, no deja de ser curioso que Pedro del Olivar, que hace su testamento en Jaén el 8 de mayo de 1520, diga que es “maestro de bestir moços” (AHPJ, leg. 32, 383v-384r). Todas las profesiones que aparecen en los testamentos han sido agrupadas en los tres sectores tradicionales de actividad, siguiendo las sugerencias de Antonio Collantes de Terán (1984, 307 y ss.), y aparecen en el cuadro 30. Hay que tener en cuenta que los testadores que aparecen caracterizados explícita o implícitamente como nobles y también como religiosos de cualquier tipo –desde beatas y emparedadas a canónigos– se han incluido en el sector terciario. SEVILLA CÓRDOBA JAÉN TOTAL 1 2 3 1 2 3 1 2 3 1 2 3 1440-69 5 15 18 1 16 7 2 6 33 25 -177- 1470-99 6 22 17 6 36 24 1 2 4 13 60 45 1500-35 12 51 54 10 27 47 6 11 12 28 89 115 TOTAL 23 88 89 17 79 80 7 15 16 47 182 185 Cuadro 30: Número de testadores con indicación de su grupo socioprofesional Como se puede observar, la característica más destacada es la relativa escasez de testadores del sector primario: labradores, hortelanos, pescadores, pastores y trabajadores, principalmente. Esta baja proporción coincide con las conclusiones procedentes de algunos estudios socio-laborales realizados hasta la fecha sobre estas ciudades, pero también se ha hecho hincapié en la posibilidad de que buena parte de las personas que no utilizan su oficio como forma de identificación –por ejemplo, en los padrones– sean pequeños propietarios o trabajadores del sector primario (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 355-357). En todo caso, de entre los que manifiestan su oficio, el número de agricultores, ganaderos o pescadores es escaso. SEVILLA CÓRDOBA JAÉN TOTAL 1 2 3 1 2 3 1 2 3 1 2 3 1440-69 13,2 39,5 47,4 4,2 66,7 29,2 100,0 9,4 51,6 39,1 1470-99 13,3 48,9 37,8 9,2 55,4 35,4 14,3 28,6 57,1 11,1 51,3 37,6 1500-35 10,3 43,6 46,2 11,9 32,1 56,0 20,7 37,9 41,4 12,1 38,4 49,6 TOTAL 11,5 44,0 44,5 9,7 45,1 45,1 18,4 39,5 42,1 11,4 44,1 44,5 Cuadro 31: Porcentaje de cada sector de producción en el total de los testadores profesionales El cuadro 31 permite comprobar más claramente lo que acabamos de ver, es decir, el predominio de los sectores secundario y terciario, que en total suponen el 90 % de los testadores profesionales. Este porcentaje se mantiene bastante estable en todas las ciudades y épocas, y sólo sube hasta el 95 % en Córdoba durante 1440-1469, bajando hasta el 80 % en Jaén en el siglo XVI, aunque también en la proporción global de esta ciudad el peso del sector primario es muy importante, como se confirma por el análisis de los ya citados padrones parroquiales de Santiago en 1491 y San Juan en 1485 (PORRAS ARBOLEDA, 1982, 306- 309). Así pues, podemos decir que los testadores que señalan su profesión pertenecen mayoritariamente a los sectores secundario y terciario en todas las circunstancias. Aunque no nos corresponde sacar aquí conclusiones sociológicas de estos datos, sí parece oportuno tener presente que, en principio, cabe suponer un mayor nivel de vida para el sector terciario que para los demás, habida cuenta que en él militan mercaderes, abogados, funcionarios municipales y, sobre todo, los miembros de la oligarquía de cada ciudad, incluidos algunos nobles. Si a esto añadimos que en este grupo se incluyen todos los religiosos, podremos suponer, sin necesidad de caer en simplificaciones excesivas, que nos encontramos ante los privilegiados de cada ciudad. Se pueden traer a colación algunos ejemplos referidos a nobles: el 23 de junio de 1519 hace su testamento Alfonso Sotomayor, conde de Belalcázar, vecino de Córdoba (AHN, Nobleza, Osuna, 326/24) y el 30 de agosto de -178- 1488 lo hace el señor de Fernán Núñez, Diego Fernández de los Ríos, veinticuatro de Córdoba (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1545/4-11); en Jaén el 16 de diciembre de 1503 hace testamento Juan Hurtado de Mendoza, veinticuatro de la ciudad (AHPJ, leg. 10, 2r-7r), y el 18 de octubre de 1520 testa en Sevilla Francisco Fernández Marmolejo, que había casado en primeras nupcias con Leonor Ponce de León, y en segundas con Luisa Fajardo Manuel – aunque en el testamento se le llama Luisa León– (AHPSE, Prot., 9127, 536r-543v; ver también SÁNCHEZ SAUS, 89, 266). Por lo que hace a altos funcionarios municipales, podemos citar al alcalde mayor de Córdoba, Francisco Rodríguez Melgarejo, que hace testamento el 22 de abril de 1522 (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 221r-229r), el alcaide del castillo de Jaén, Juan Cobo, que testa el 27 de junio del mismo año (AHPJ, leg. 3, 238r-239r) o a Marina García, viuda del pregonero mayor de Sevilla, Juan de la Roca, que hace testamento el 28 de octubre de 1499, y cuya hija está casada con el pregonero mayor en activo en ese momento (AHPSE, Prot., 3218, p. 3, 12v adjunto). De todas formas, conviene ser prudentes en este sentido, porque en algún caso la pertenencia al sector terciario podría no garantizar una situación socioeconómica demasiado favorable, como demuestra el caso de una mujer, de nombre ilegible, viuda del escribano público sevillano Pedro García, que, pese a ello y a tener una criada, declara ser pobre (AHPSE, Prot., 3212, p. 8, 42r-v, de 18 de mayo de 1483). Además de estos casos puntuales, hay que recordar que dentro del sector terciario se incluyen algunas profesiones que no siempre implican un buen nivel de vida, como los criados y todo tipo de religiosos. Veamos ahora, a través del cuadro 32, las tasas de nupcialidad de este grupo poblacional que acabamos de describir. PROFESIONALES RESTO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 85,37 83,33 84,37 88 80 82,86 1470-99 89,39 82,35 86,32 72,46 81,82 78,21 1500-35 77,86 87,37 81,03 76,97 87,86 82,87 TOTAL 82,19 85,29 83,05 76,83 84,76 81,42 Cuadro 32: Tasas de nupcialidad según el grupo socioprofesional (I) Y el siguiente cuadro será la base para el análisis por grupos de actividad dentro de los profesionales, indicando las tasas de nupcialidad en cada uno, y también según el sexo. PRIMARIO SECUNDARIO TERCIARIO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 75 100 83,33 86,96 90,91 88,23 85,71 72,73 80 1470-99 100 100 100 94,12 92,31 93,33 80 65 73,33 -179- 1500-35 73,91 100 78,57 94 100 96,63 67,16 75,51 70,69 TOTAL 78,79 100 85,11 92,52 96,05 93,99 69,79 72,50 71,02 Cuadro 33: Tasas de nupcialidad según el grupo socioprofesional (II) Antes de pasar a analizar estas cifras, debe tenerse en cuenta que el sector terciario presenta siempre una nupcialidad más baja debido a que en él se incluyen todos los religiosos y religiosas. Sin embargo, puesto que más adelante se estudiará con detalle los tipos de soltería, hemos preferido, por el momento, dejarlos incluidos aquí, sin distinciones. Una primera conclusión que puede extraerse de estos cuadros es que, si bien en términos generales la nupcialidad de los profesionales sólo parece ser levemente superior a la del resto, sin embargo su evolución no resulta paralela. En efecto, partiendo de un segundo tercio del siglo XV con cierta superioridad de los profesionales, durante la treintena siguiente se produce la auténtica distancia entre ambos grupos, con una nupcialidad más baja en los no profesionales, mientras que los profesionales elevan su tendencia al matrimonio hasta niveles bastante altos, para bajar luego, quedando en el siglo XVI incluso por debajo de los no profesionales, que han conseguido elevar su nupcialidad hasta los mismos niveles de 1440- 1469. En una palabra, que ambos grupos se comportan casi de forma simétrica. Esto supone, además, que en el siglo XVI la nupcialidad de los profesionales queda por debajo del resto, mientras que en el XV la situación era inversa, aunque con matices en las diferencias entre ambos grupos. Pero las cifras según los sexos nos permiten observar que el factor fundamental en el cambio de evolución entre los profesionales y el resto es la nupcialidad masculina, pero no la femenina, que sigue trayectorias muy similares. Las mujeres, pues, parten de unas tasas algo inferiores a las de los varones en 1440-1469, tasa que mantendrán durante todo el resto de siglo, para después elevarse en el siglo XVI. Sin embargo, los hombres son los que se comportan de forma simétrica, elevando los profesionales su nupcialidad en el último tercio del siglo XV, para rebajarla espectacularmente en el siguiente, mientras que los no profesionales experimentan el aumento de la soltería a finales del siglo XV, aumentando luego levemente los casamientos. Al analizar las cifras según los sectores de actividad, llama la atención, en primer lugar, que absolutamente todas las mujeres que pertenecen al sector primario están casadas, si bien debe tenerse en cuenta que toda la muestra la componen un total de catorce testamentos, cifra que no ofrece demasiadas seguridades. Lo mismo cabe decir de los hombres, aunque aquí la muestra se eleva a 33 testamentos, si bien sólo diez de ellos se ubican en el siglo XV. Esta circunstancia obliga a centrar nuestro análisis en los dos sectores de producción restantes. En ellos puede observarse un comportamiento casi simétrico. Por un lado, el sector secundario, que alcanza tasas de nupcialidad realmente sorprendentes, cercanas a la nupcialidad plena, y que evoluciona constantemente de forma positiva, y por otro el sector terciario, que ve descender su tasa en cada treintena. Dentro de cada sector, puede observarse que las mujeres responden relativamente bien a los resultados totales, es decir, aumentando la tasa, pero no demasiado, desde 1440 hasta 1535, y dentro de esta linea general, con un salto más importante en el cambio de siglo. No obstante, debe señalarse que la nupcialidad de las mujeres del sector terciario experimenta un brusco descenso en el último tercio del siglo XV para recuperarse después. Este comportamiento parece ser característico de este grupo de actividad, puesto que -180- no aparece en los demás grupos reseñados. En cuanto a los hombres, lo más llamativo es el constante descenso de la nupcialidad en el sector terciario, sobre todo en el cambio de siglo; el notable aumento que, en la misma época, se aprecia en la tasa del sector secundario no bastará para equilibrar las cifras de todo el conjunto de los profesionales en 1500-1535. En resumen, y a pesar de que las agrupaciones de años por treintenas no permiten muchas matizaciones diacrónicas, parece que puede decirse que las variaciones que experimenta la nupcialidad entre los profesionales y el resto de la población se deben al comportamiento masculino, y no al femenino, que sigue una linea ascendente, con algunos altibajos, pero sin oscilaciones muy bruscas, si exceptuamos el “bajón” del último tercio del siglo XV en las mujeres del sector terciario. Otro rasgo destacable del análisis efectuado es la muy elevada nupcialidad del sector secundario, tanto hombres como mujeres, que destaca respecto a la evolución descendente de los hombres del sector terciario. Trataremos ahora de aplicar el mismo análisis a cada una de las ciudades, para intentar matizarlo más. Los cuadros siguientes exponen los datos referentes a Sevilla, y revelan, en primer lugar, que aquí la tasa de nupcialidad de los profesionales es superior a la del resto de los testadores durante el siglo XV, para equilibrarse en el primer tercio del XVI. Ambos grupos, además, presentan una tasa muy baja en los años finales del siglo XV, antes del aumento final de los matrimonios en el XVI. Cabe destacar que este descenso desde 1440-1469 a 1470-1499 resulta más marcado entre los profesionales, que descienden casi diez puntos en la tasa, que en el resto, mientras que estos últimos aumentan la tasa en quince puntos en el paso del siglo XV al XVI, justo el doble que el aumento de los profesionales. Esto significa que, aunque ambos grupos de población reaccionan en la misma dirección, sus diferencias son importantes en cuanto a la intensidad de esas reacciones. PROFESIONALES RESTO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 84 92,31 86,84 81,82 70 74,19 1470-99 82,61 72,73 77,78 63,64 76,73 70,45 1500-35 80,88 89,80 84,61 82,35 86,79 85,06 TOTAL 81,90 83,72 83,50 78,57 79,24 79,01 Cuadro 34: Tasas de nupcialidad en Sevilla según el grupo socioprofesional (I) PRIMARIO SECUNDARIO TERCIARIO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 66,66 100 80,00 88,89 83,33 86,67 84,61 100 88,89 1470-99 100 100 100 85,71 75 81,82 71,43 60 64,70 1500-35 81,82 100 83,33 88,89 100 94,12 73,33 79,17 75,93 TOTAL 81,25 100 86,96 88 92,10 89,77 76 76,92 76,40 -181- Cuadro 35: Tasas de nupcialidad en Sevilla según el grupo socioprofesional (II) Los datos por sexos revelan algunas situaciones interesantes, incluso sorprendentes. En efecto, mientras que las mujeres profesionales y los hombres del resto evolucionan de forma similar, con el ya conocido “bache” en 1470-1499, los hombres profesionales ven descender paulatinamente su tasa de nupcialidad, y las mujeres no profesionales la ven aumentar no al mismo ritmo –este aumento es mucho más marcado que el descenso a que hacíamos referencia– pero sí con la misma constancia. Recordemos que la nupcialidad sevillana crecía de forma muy evidente a partir de 1480-89, especialmente en las mujeres. Pues bien, estos datos sugieren que aquí este aumento se da en todos los grupos sociales, salvo los hombres profesionales, y que precisamente ese comportamiento diferencial parece estar en la base de la mayor nupcialidad femenina en el siglo XVI, por encima de la masculina, que habíamos detectado. Esto le da mayor importancia al análisis por sectores de producción que intentaremos a continuación para el grupo de los profesionales. En realidad, en este análisis, como hemos hecho en el estudio conjunto de las tres ciudades, y haremos también al llegar el turno de Córdoba y Jaén, no nos detendremos en el sector primario debido al escaso número de testamentos que presenta. En concreto, la muestra consta de un total de 23 testamentos, de los que doce se enmarcan en el siglo XVI, de forma que es demasiado arriesgado sacar conclusiones de ellos. Por lo que respecta a los otros dos sectores, en las cifras totales se puede apreciar con facilidad el brusco descenso de las tasas en 1470-1499, que llega a ser espectacular en el sector terciario. Este descenso reviste más trascendencia porque en este sector la llegada del siglo XVI supone una cierta recuperación, pero sin llegar a aproximarse a los valores de 1440-1469, mientras que el sector secundario, cuya depresión es mucho menos marcada, parece recuperar sin demasiadas dificultades los niveles del primer tercio del siglo XV. Así, fuesen las que fuesen las causas que motivaron este descenso de la nupcialidad en el final del siglo XV, afectó mucho menos a los artesanos y menestrales que a los mercaderes, funcionarios o nobles. De todas formas, en la evolución del sector terciario tendrá un cierto grado de importancia la existencia de matrimonios ilegítimos –en algunos casos, uniones aparentemente estables, que, de considerarse dentro de los matrimonios, elevarían considerablemente las tasas–, que trataremos más adelante, y también la presencia de personas que no son vecinos: de los ocho solteros pertenecientes al sector terciario en el siglo XVI uno, llamado Juan Pablo Matredón, es vecino de una localidad napolitana y está en Sevilla como criado del duque de Calabria (AHPSE, Prot., 2192, s/f, de 18 de agosto de 1511), y otros dos son mercaderes genoveses estantes, pero no vecinos de Sevilla; en concreto son Martín Cataneo (AHPSE, Prot. 9101, 589r-591r, de 19 de septiembre de 1501) –éste, aunque no está casado, convive o ha convivido con una mujer, como veremos más adelante– y Antonio Pinelo (AHPSE, Prot, 3991, s/f, de 11 de octubre de 1530), con lo que la tasa real, si tomásemos sólo vecinos de Sevilla, debería elevarse algo. Es sabido, además, que la colonia de mercaderes genoveses era relativamente abundante, aunque en muy pocos casos llegaban a avecindarse en la ciudad (BELLO LEÓN, 1995, 65). Todo esto significa que las diferencias entre este sector, que encuadra, básicamente, a los socialmente privilegiados, y la población que no tiene profesión declarada, resultan ser muy pequeñas. El sector secundario es el que muestra una tendencia al matrimonio mucho más acusada que el resto de la población. -182- Puede ser interesante comparar estos datos con los que Rafael Sánchez Saus (1989, 87) aporta referidos a la oligarquía sevillana. Según este autor, durante el siglo XV el 79,1 % de los miembros de estas familias se casan al menos una vez, lo que supone un retroceso considerable respecto al casi 87 % que lo hacían en el siglo XIV, si bien aquí la muestra-base del cálculo es mucho más reducida. Esto puede explicarse, siempre siguiendo al mismo autor, por la necesidad de limitar el crecimiento demográfico del grupo, que no podía mantener el nivel de vida de un número tan elevado de aristócratas; además, se alude a la mejor calidad de las fuentes utilizadas, que ya reflejan no sólo los personajes más importantes de cada linaje, sino también los segundones y los que no dejaron hijos que continuasen la estirpe (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 88-89). Nuestros datos señalan que, durante el período 1440-1499 la nupcialidad de los integrantes del sector terciario asciende al 77,14 %, mientras que la del resto, incluyendo los testadores que pertenecen a los sectores primario y secundario, llega al 77,24 %, es decir, prácticamente idénticas. La nupcialidad de los nobles se encuadra, pues, perfectamente dentro de las cifras generales de la ciudad y no parece que se puedan entrever de estos datos comportamientos demográficos diferenciales. Desgraciadamente, Sánchez Saus no aporta una cronología de sus datos similar a la nuestra, lo que impide saber si sus cifras esconden una periodización que diferencie con nitidez este supuesto comportamiento diferencial. Sin embargo, aún podemos profundizar algo más en el análisis y la comparación entre la nupcialidad nobiliaria y la del resto de la población, mediante el estudio del comportamiento por sexos. En este aspecto, el autor citado ha calculado una tasa de nupcialidad entre la oligarquía sevillana en el siglo XV de 76,57 % para los hombres y 82,64 % para las mujeres, y señala también que durante el siglo XIV no se pudo constatar un comportamiento diferenciado entre hombres y mujeres (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 87-88). Por nuestra parte, las tasas de los integrantes del sector terciario para 1440-1499 son de 80 % para los hombres y 73,33 % para las mujeres, y en el resto de la población resultan ser muy similares: 80 % para los hombres y 75,34 % para las mujeres. Es decir, la nupcialidad de los nobles, de acuerdo con los datos de sánchez Saus, teniendo en cuenta el sexo, resulta casi justamente inversa a la del resto de la población. Así pues, y aunque desconocemos los datos precisos para el primer tercio del siglo XV, que podrían variar en algo estas cifras, parece que, aunque la nupcialidad de los nobles, tomada en su conjunto, no se distingue del resto, sí que en el seno de este grupo social se pueden observar, en apariencia, comportamientos diferenciales, con una mayor tendencia al matrimonio femenino y la soltería masculina. Sánchez Saus (1989, 89-90) explica las diferencias entre los datos del siglo XV y los de la centuria anterior aludiendo al “cosmopolitismo” de la vida hispalense, que introdujo en los segundones de los linajes “un cierto individualismo de carácter aventurero”, a la vez que la mentalidad grupal consideraba el matrimonio como el estado ideal de las mujeres, y no tanto el de los hombres. Sin embargo, es necesario aquí hacer intervenir a la masculinidad de las muestras utilizadas. Cabe señalar, antes de continuar, que la masculinidad de los grupos profesionales es, dentro de nuestra población de testadores, mucho más acusada que en el resto por razones derivadas del carácter de las fuentes utilizadas, ya que es más normal que los hombres incorporen su profesión como elemento identificador que las mujeres, que se señalaban por su filiación o relación conyugal con un hombre. Por eso compararemos la masculinidad de los nobles con la del total de los testadores que nosotros hemos localizado. En efecto, y aunque el profesor sevillano no ha señalado esta circunstancia, podemos comprobar que la muestra de nobles presenta una masculinidad de 137,6, mientras que la muestra de testadores –siempre para el período 1440-1499– apenas alcanza una masculinidad de 79,54. Esto significa que, -183- salvo que pudieran demostrarse prácticas de infanticidio femenino entre la nobleza sevillana, las fuentes utilizadas por Sánchez Saus –genealogías, historias de familias, etc.– tienden a no reseñar a las mujeres. El propio autor aclara que, con respecto al siglo anterior, las fuentes referidas al siglo XV son mucho más abundantes y precisas (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 89), pero no observa que esa precisión parece dirigirse fundamentalmente a los hombres, no a las mujeres. Cabe suponer que sólo se reseñaron las mujeres solteras, religiosas o laicas, que tuvieron cierta trascendencia para la historia del linaje, pero que si se hubiese hecho mención también de las mujeres que pasaron oscuramente su vida, sin engendrar hijos ni aportar lustre a la familia, las tasas se acercarían más a las del resto de la población. En cuanto al aumento de la soltería masculina, más adelante volveremos sobre este aspecto. Por el momento, y a falta de más datos, no parece que pueda demostrarse de forma concluyente que la nobleza sevillana se comportase en el siglo XV de forma diferente al resto de la sociedad, al menos en cuanto a la nupcialidad. PROFESIONALES RESTO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 92,86 70 80,00 100 100 100 1470-99 95,24 91,67 93,94 70,27 82,76 77,89 1500-35 77,36 75,76 76,74 80 79,07 79,57 TOTAL 86,24 80,60 84,09 78,57 84,17 81,65 Cuadro 36: Tasas de nupcialidad en Cordoba según el grupo socioprofesional (I) En Córdoba los datos presentados en el cuadro 36 dibujan una situación bien distinta. Respecto a las cifras totales, no se aprecia el “bache” que aparecía en Sevilla en 1470-1499. Al contrario, los profesionales en esa treintena experimentan un considerable aumento en su nupcialidad, mientras que el resto muestra un muy fuerte descenso respecto al período anterior, pero sin que exista una recuperación en el siglo XVI. Las tasas por sexos muestran que el aumento de la nupcialidad en los profesionales se debe fundamentalmente al comportamiento de las mujeres, cuya tasa en 1440-1469 queda muy por debajo de la masculina, como por lo demás sucede en las tres treintenas, aunque a partir de 1470 las diferencias son mucho menores. En cuanto al resto de los testadores, la evolución de hombres y mujeres es paralela, aunque el descenso de la tasa en 1470-1499 es mucho más marcado en los varones. En términos generales, puede decirse que, dentro del descenso generalizado de la nupcialidad que habíamos constatado, parece que los profesionales mantienen sus elevadas tasas hasta el cambio de siglo, mientras que el resto muestra una mayor tendencia a la soltería, tanto femenina como masculina, ya a partir de 1470. Por otro lado, también llama la atención que entre los profesionales la nupcialidad masculina esté mucho más marcada que la femenina, sobre todo en el siglo XV, mientras que el resto de los testadores actúa de forma distinta. PRIMARIO SECUNDARIO TERCIARIO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total -184- 1440-69 100 100 91,67 100 93,75 100 50 57,14 1470-99 100 100 100 100 100 100 88,23 71,43 83,33 1500-35 79,43 100 80,00 100 100 100 62,96 63,64 63,26 TOTAL 81,82 100 88,23 98,11 100 98,73 73,33 62,86 68,75 Cuadro 37: Tasas de nupcialidad en Córdoba según el grupo socioprofesional (II) En el cuadro 37, que distingue los diferentes grupos de producción, sin duda lo más llamativo es la nupcialidad muy elevada del sector secundario. De hecho, se registran 79 testamentos de este grupo y sólo uno de estos testadores está soltero; aun en este caso se trata de Antonio García, un hojero que convive con Teresa Díaz, de la que tiene un hijo (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 2, 255v-256r; 14 de noviembre de 1468). Cabe recordar que también en Sevilla el sector secundario presentaba tasas de nupcialidad muy elevadas, cercanas al 90 %, aunque no tan apabullantes como aquí. En estas circunstancias, y teniendo en cuenta el escaso número de testadores del sector primario –sólo 17 testadores, diez de ellos correspondientes al primer tercio del siglo XVI–, es el sector terciario el responsable de las variaciones de las tasas de nupcialidad de todos los profesionales. Así, podemos comprobar que la escasa nupcialidad que se detectaba entre las mujeres profesionales en 1440-1469, en realidad debería elevarse, puesto que deriva fundamentalmente de los datos del sector terciario, que presenta seis mujeres en este período, tres de las cuales están solteras, mientras que el sector secundario presenta cuatro mujeres, todas ellas casadas. Mayor trascendencia puede tener el hecho de que los hombres de este sector tiendan a casarse más que las mujeres durante el siglo XV, para igualarse en el siguiente, aunque el dato de 1440-1469 deba ponerse en cuarentena debido a que en esta treintena sólo aparece un testador, naturalmente casado. También aquí contamos con algunos datos suplementarios sobre la población noble que pueden ser de utilidad. En efecto, se ha calculado una tasa de nupcialidad en este grupo de 82,6 % (CABRERA SÁNCHEZ, 1998, 319). Resulta sorprendente que estas cifras, calculadas tanto sobre datos del siglo XV como del XVI, encajen perfectamente con las cifras del total de la población, pero desentonen con el 67,44 % de casados en el sector terciario. Parecería que los comportamientos matrimoniales de la nobleza cordobesa se asemejasen más a los de los menestrales y artesanos que a los del resto de grupos sociales privilegiados de la ciudad. De todas formas, a lo largo de las páginas siguientes podremos comprobar que existen otros indicios que apuntan hacia una profunda diferencia entre la oligarquía cordobesa, reducida en número, y el resto de la población, incluyendo el resto del sector terciario. Resulta interesante aclarar este hecho, porque de datos similares a los que acabamos de apuntar (QUINTANILLA RASO, 1982, 250) pudo Rafael Sánchez Saus deducir un comportamiento demográfico de la oligarquía sevillana distinto de sus colegas cordobeses, así como de los jerezanos o extremeños. En efecto, la tasa de nupcialidad que había calculado para los oligarcas sevillanos del siglo XV, recordemos, era del 79,1 %, claramente inferior a la cordobesa, y más respecto de las aristocracias extremeña y jerezana, teniendo en cuenta que para aquella se ha señalado una proporción de un soltero por cada trece o catorce casados –es decir, una tasa que rondaría el 92,5 %–, y que para ésta última el propio autor calculó una tasa de nupcialidad del 87,9 % (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 109, n. 1; SÁNCHEZ SAUS, 1986, 42- 43). A partir de aquí, Sánchez Saus trata de explicar los datos aludiendo a que -185- “El superior nivel de vida de la nobleza sevillana provocaba la soltería de muchos que [...] no podían aspirar a mantener una familia y casa sin mengua de su calidad social y con el estilo que parecía propio de su origen aristocrático. En otras zonas vecinas, más apegadas a un régimen de vida militar y rural mucho más sencillo, estas mismas personas no hubiesen tenido dificultad para adaptar su más modesto tren de vida a las condiciones propias de sus aristocracias locales. Al mismo tiempo, los rasgos urbanos y cosmopolitas que marcan a la alta sociedad hispalense bien pudieron generar un cierto individualismo premoderno que quizá se oculte también en el aumento de la soltería sevillana...” (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 89) En el fondo, estas consideraciones sobre el prestigio y la “necesidad” de mantener un determinado nivel de vida, no son más que otra forma de ver las razones económicas que están detrás de algunos comportamientos demográficos, en este caso los relacionados con el matrimonio. Si esta relación es cierta, al menos en Córdoba no parece que afectase de forma demasiado diferente a unos u otros grupos sociales; si hubiese que señalar un grupo social diferenciado en este sentido, no serían, desde luego, los nobles, sino más bien los artesanos, en los que no parece hacer mella ninguna circunstancia para relajar su fuerte tendencia al matrimonio. En todo caso, la profunda relación entre la situación económica y social y los comportamientos demográficos parece que deberían ampliarse, por un lado, a todos los grupos sociales adinerados, y por otro, a los nobles cordobeses y, en general, a los privilegiados de esa ciudad y, si cabe, con más fuerza que en Sevilla18. PROFESIONALES RESTO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 50 50 66,66 50 55,55 1470-99 83,33 0 71,43 80,95 94,74 87,5 1500-35 68,42 100 79,31 73,13 92,5 83,67 TOTAL 70,37 90,91 76,32 74,72 90,48 83,16 Cuadro 38: Tasas de nupcialidad en Jaén según el grupo socioprofesional (I) PRIMARIO SECUNDARIO TERCIARIO Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-69 50 50 18 No podemos dejar de constatar el fuerte contraste de estas tasas con las que se desprenden del estudio de la familia gerundense de los Bell Lloc, analizada por Fernández Trabal (1995, 308-328): durante el siglo XV se recogen los datos de 19 miembros de esta familia, de los cuales diez están casados y nueve permanecen solteros. Serían necesarios más estudios familiares para saber si se trata de una situación excepcional, si es consecuencia del grado de precisión de las fuentes o si un nivel tan alto de soltería era general entre las pequeñas oligarquías catalanas. -186- 1470-99 100 100 100 100 66,68 0 50,00 1500-35 50 100 66,67 100 100 100 63,64 100 66,67 TOTAL 60 100 71,43 87,50 100 93,33 64,29 50 62,50 Cuadro 39: Tasas de nupcialidad en Jaén según el grupo socioprofesional (II) Las cifras de Jaén, reflejadas en los cuadros 38 y 39, no permiten demasiados análisis. Durante el siglo XV, sólo el dato de los no profesionales de 1470-1499 es fiable, puesto que está basado en una muestra de 40 testamentos. En el caso de los profesionales, en esa treintena sólo aparecen siete testamentos, mientras que en 1440-1469 contamos con dos. Únicamente podemos intuir la existencia de una acusada diferencia entre sexos, con tasas muy altas entre las mujeres en todos los grupos, y, de nuevo, la mayor nupcialidad que se aprecia en el sector secundario. La fuerte presencia de hombres solteros coincide, como vimos más arriba, con un descenso de la masculinidad de la población testadora, lo que significa que, en una población en que no abundan los hombres, sin embargo hay muchos de ellos que no llegan a casarse, mientras que casi todas las mujeres consiguen marido. La explicación a esta situación no puede venir de hipotéticas inmigraciones de varones, que hemos visto que son improbables y que, en todo caso, aumentarían la masculinidad, y deben localizarse, bien en la escasez de la muestra, bien en factores extrademográficos. 2.3.- Solteros laicos y solteros eclesiásticos El grupo de los solteros y solteras no es, en modo alguno, un grupo uniforme, y la principal división que se puede hacer en él es la que distingue los solteros laicos de los eclesiásticos. Esta división va más allá de lo puramente sociológico, puesto que la presencia de eclesiásticos o religiosos garantiza una soltería definitiva, mientras que un colectivo relativamente importante de solteros y solteras laicos nos puede poner sobre la pista de la existencia de factores de distorsión demográfica de cierta importancia. Para tratar de acercarnos a este aspecto, quizá sea más oportuno iniciar nuestro análisis por cada una de las ciudades, para después intentar obtener algunas ideas generales. Los datos más completos respecto al número de clérigos seculares que vivían en las ciudades que estamos estudiando son los de Sevilla. Desde 1319 se fijó el número de beneficiados en 5119, excluyendo la Colegiata de El Salvador y la Catedral (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 154). En 1411, según el Libro Blanco de la Catedral, la Catedral tenía 80 beneficios sin contar los canónigos, la Colegiata de El Salvador tenía diez beneficios, y el resto de las parroquias de la ciudad habían aumentado sus beneficios hasta 60 o 62, número que debió permanecer ya inalterado, así como los 52 canónigos de la Catedral (LADERO QUESADA, 1980, 168; SÁNCHEZ HERRERO, 1982, 277; COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 200). Sin embargo, estos más de doscientos clérigos seculares no agotan la nómina de los que existían en la ciudad. En efecto, existía un número indeterminado de eclesiásticos que, sin estar adscritos a ningún beneficio concreto, sin embargo su fuero les 19Téngase en cuenta que los beneficiados no estaban obligados a residir en su parroquia, sino sólo a cumplir en ella determinados ritos litúrgicos (SÁNCHEZ HERRERO, 1998, 157). Sin embargo, nos parece muy improbable que estos beneficiados residiesen fuera de las ciudades donde estaban adscritos, por lo que se les sigue considerando vecinos, o al menos habitantes, de ellas -187- eximía de ser incluidos en la mayor parte de los padrones y, por lo tanto, de los cálculos de población que hemos efectuado. No obstante, gracias al documento de devolución del impuesto denominado “blanca de la carne” a todos los eclesiásticos, en 1515-1516 podemos saber que el total efectivo de clérigos seculares en Sevilla en ese momento era de 114 en la Catedral20 y otros 269 en el resto de las parroquias, de los cuales sólo de 62 consta su vinculación a alguna parroquia como beneficiados, curas, capellanes o sacristanes (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 200), es decir, un total de 383 clérigos. Por otro lado, resulta muy útil comprobar el elevado porcentaje de eclesiásticos que escapan a toda posible cuantificación. Sólo un documento excepcional, como el que ha usado Antonio Collantes de Terán, permite conocer su número real, pero, como veremos, no es frecuente encontrar este tipo de apoyos documentales. Junto con el clero secular es necesario contar con el clero regular. Al iniciarse el siglo XV había catorce conventos y monasterios en Sevilla, nueve masculinos y cinco femeninos. En el siglo XV se fundan cinco masculinos y seis femeninos, y en el primer tercio del XVI se fundan dos masculinos y cinco femeninos (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 201; SÁNCHEZ HERRERO, 1984, 420-435). Es decir, que al final del primer tercio del siglo XVI existían 16 conventos y monasterios masculinos y otros tantos femeninos, si bien Peraza afirma que se trataba de veinte conventos masculinos y catorce femeninos (PERAZA, 1979, 54). Sea como fuere, contamos con datos sobre la población de algunos de ellos, que intentaremos esquematizar, empezando por los conventos masculinos: 20 Esta cifra es muy similar a la que se calcula para Toledo, la otra gran catedral castellana, que, a fines del siglo XV, contaba con 110 clérigos, excluyendo capellanes, clérigos menores y servidores (LOP OTÍN, 1996, 792) - Monasterio de La Cartuja de las Cuevas. Aunque se fundó sólo con cuatro monjes, venidos de El Paular (ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 a, 263), sabemos que en él profesaron un total de 232 monjes y donados durante todo el siglo XV (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 202). Serra Pickman (1941, 20) cree que el monasterio nunca llegó a tener más de treinta monjes y un número más reducido de legos, y, de hecho, hacia 1530 puede obtenerse, a partir de sus firmas en diversos documentos, un número mínimo de 24 monjes (GIL, 1989, 88), si bien Münzer (1991, 159) afirma que hacia 1495 contaba 40 frailes y 30 legos. - Monasterio de Santiago de la Espada. Su bula de fundación, de 1409, indica que deben existir un prior y cinco presbíteros, lo que todavía era cierto en 1494. Sin embargo, desde entonces hasta 1515 el número de frailes osciló entre seis y once, además de entre tres y siete servidores (PEINADO SANTAELLA, 1976-1977, 193-194; RODRÍGUEZ BLANCO, 1979, 310-311). - Convento de La Victoria. Según Justino Matute, en 1510 llegan a Sevilla diez frailes de San Francisco de Paula y fundan un monasterio sobre el antiguo hospital de San Sebastián, extramuros de Triana (MATUTE GAVIRIA, 1977, 84), pero Ortiz de Zúñiga (1988 b, 285) afirma que este convento se estableció en 1511 y no fue en Triana, sino en San -188- Miguel, desde donde después se trasladaron a Triana. Miura Andrades (1998, 230) retrasa la fundación hasta 1516. - Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Tenia once monjes en 1509 (GIL, 1989, 88). - Convento de la Merced. Contaba con diez frailes en 1501 y 16 en 1505 (GIL, 1989, 88), que subieron a unos 40 hacia 1535 (PERAZA, 1979, 53). - Convento de San Pablo. Tenía 24 frailes en 1501 y 16 en 1505 (GIL, 1989, 88), cifra que parece bastante plausible si comprobamos que entre 1489 y 1506 constan un mínimo de 30 traslados de frailes en 1493 y un máximo de 47 traslados en 1506 (MIURA ANDRADES, 1991 b, 282). Más adelante, en 1522 vivían en el monasterio 60 personas entre frailes y sirvientes (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 203), y en 1535 contaba con 80 frailes (PERAZA, 1979, 53), aunque esta última cifra quizá se refiera más al número total de habitantes del convento que específicamente a los frailes. - Convento de Santo Domingo de Portaceli. Fundado hacia 1450 (MIURA ANDRADES, 1998, 227), tenía 25 frailes en 1498 (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 204), y tenemos constancia de un número de traslados de frailes que oscila entre diez en 1489 y 1493, y quince en 1495, 1502 y 1506 (MIURA ANDRADES, 1991 b, 282) - Convento de San Francisco, con una centena de frailes hacia 1535 (PERAZA, 1979, 53). - Convento del Carmen: unos 40 frailes hacia 1535 (PERAZA, 1979, 53). - Convento de Santo Tomás: Fundado en 1516 (MIURA ANDRADES, 1998, 229), contaba con 25 frailes en 1535 (PERAZA, 1979, 54). A estas cifras podrían añadirse los veinte colegiales del Colegio de Santa María de Jesús (PERAZA, 1979, 53). En resumen, contamos con datos, más o menos fiables, de diez de los dieciséis conventos sevillanos masculinos. Aunque algunas de estas cifras, singularmente las de Luis de Peraza, deban ser rebajadas, parece que, durante los primeros años del siglo XVI, estos conventos podían albergar entre diez y treinta personas, con la excepción de los dos más grandes, el de San Pablo y el de San Francisco, que se acercarían a los 80 habitantes, lo que supone una población total, aproximadamente, de unos 400 hombres, número similar al de eclesiásticos seculares. Por lo que respecta a los conventos femeninos, las informaciones son mucho más escasas. El monasterio de San Clemente tenía 90 monjas en 1509, unas 120-130 hacia 1520 y 130 en 1531 (BORRERO FERNÁNDEZ, 1991 c, 134-135). En 1524 el convento del Socorro tenía 8 monjas, aunque en su fundación, dos años antes, se dispone que existan veinte (MORGADO, 1981, 155r; ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 b, 329). En 1446 sabemos que el convento de las Dueñas tenía 50 monjas (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 203). El convento de Santa María la Real se funda en los primeros años del siglo XV con diez monjas, de las que nueve procedían de Toledo, y en 1446 cuenta con 30 monjas más las “religiosas”(COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 203; ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 a, 348). De la misma época es la fundación del convento del Valle, que contaba con 30 monjas -189- en 1446, pero en 1507 fue suprimido, pasando sus integrantes a otros conventos de la ciudad (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 203; ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 b, 275; MIURA ANDRADES, 1998, 249-250 ). Por último, el monasterio de Santa Paula se funda en 1473 con catorce monjas (CRUCES BLANCO y otros, 1995, 163), y el de Regina Angelorum, en 1521 con trece (MORGADO, 1981, 134v). En una palabra, hay datos de siete conventos, que a principios del siglo XVI contarían con unas 15-30 monjas, salvo el convento de San Clemente, con sus 90 profesas, lo que supone una cifra bastante similar a la de sus equivalentes masculinos, alrededor de 430 monjas. A esta cifra cabría añadir un número difuso de beatas y emparedadas, todavía mal estudiadas; no obstante, existiría al menos un emparedamiento por parroquia, habitado por un pequeño grupo de mujeres (MIURA ANDRADES, 1991 a, 144; MIURA ANDRADES, 1998, 247-248). ¿Qué peso específico podría tener este grupo social en la población sevillana? Hemos calculado, aun de forma meramente aproximada, unos 830 religiosos y unas 430 religiosas. Puesto que las mujeres, en general, no llegarían a obtener la vecindad por sí mismas, podemos suponer que, si estos eclesiásticos hubiesen elegido el camino del matrimonio, el vecindario de la ciudad hacia principios del siglo XVI habría aumentado alrededor del 10 %, proporción similar a la que había sugerido Antonio Collantes de Terán (1984, 206). Por lo que se refiere a las mujeres, aplicando la tasa de masculinidad que hemos obtenido para principios del siglo XVI, la proporción de célibes religiosas respecto al total rondaría el 5 %. Se hace necesario ahora contrastar estas cifras con los testamentos que estamos utilizando, como aparece en el cuadro 40, que muestra el número de testadores que resultan estar incluidos en esta categoría, así como su porcentaje dentro del total de los solteros y del total de los testadores. Hombres Mujeres Total Nº % solt. % total Nº % solt. % total Nº % solt. % total 1440-69 2 33,33 5,40 2 15,38 2,86 1470-99 2 28,57 5,13 3 23,08 5,45 5 25 5,32 1500-35 2 12,5 1,96 2 18,18 1,92 4 14,81 1,94 TOTAL 6 20,69 3,37 5 16,13 2,60 11 18,33 2,97 Cuadro 40: Testadores religiosos en Sevilla La consecuencia principal derivada de este cuadro es la imposibilidad de utilizar a nuestros testadores como muestra significativa para el estudio del celibato eclesiástico en Sevilla. En efecto, durante el primer tercio del siglo XVI los testadores religiosos oscilan entre el 3,4 % de los hombres y el 2,6 % de las mujeres, mientras que acabamos de apuntar hacia una población real de alrededor del 10 % de los hombres y el 5 % de las mujeres. A estos datos cabe añadir los que Sánchez Saus (1989, 87-88) ha calculado para el segmento social noble, aunque sus cálculos se refieren a todo el siglo XV. Aquí el peso específico de los eclesiásticos es mucho mayor, casi el 23,5 % del total de hombres y el 17,35 % de las mujeres, lo que, sin duda, salvo errores de bulto en nuestras apreciaciones, significa que la oligarquía sevillana mantiene una tendencia a entrar en religión mucho más acusada que el resto de la -190- población. En todo caso, también parece claro que una buena parte de los religiosos y eclesiásticos escapa a nuestra muestra. Sin embargo, todavía podemos intentar aproximarnos más a esta cuestión a través de los hijos de los testadores. Como hemos señalado repetidamente, en los testamentos se hace mención de todos los hijos vivos, independientemente de su estado, incluyendo, por supuesto, los que han entrado en religión. Puesto que, en buena lógica, se incluyen también los hijos pequeños, lo más útil del cuadro siguiente no son tanto las cifras en sí cuanto su evolución y las comparaciones que, en términos relativos, podamos establecer a través de ellas. Por esta razón, en él se incluye tanto la proporción de hijos religiosos como la de solteros laicos –que, naturalmente, es la mayor– y la de casados: Hombres Mujeres Total Relig. Solteros Casados Relig. Solteras Casadas Relig. Solteros Casados 1440-69 5,40 75,16 19,44 77,61 22,39 2,86 76,28 20,86 1470-99 5,13 87,93 6,94 5,45 77,63 16,92 5,32 83 11,68 1500-35 1,96 81,24 16,80 1,92 66,34 31,74 1,94 74,19 23,87 TOTAL 3,37 81,13 15,50 2,60 70,05 27,35 2,97 75,90 21,13 Cuadro 41: Distribución de los hijos solteros laicos, religiosos y casados en Sevilla A la vista de este cuadro cabría una primera observación: en términos generales, la soltería laica parece ir pareja a la eclesiástica. Se puede comprobar, en efecto, que ambos tipos de soltería aumentan notablemente durante el último tercio del siglo XV, para descender también súbitamente en el XVI. Pero, analizando los datos por sexos se aprecia con claridad que ese ascenso tiene significados bien distintos para hombres que para mujeres. Para los primeros, los años finales el siglo XV suponen un mayor peso de los laicos, mientras que los religiosos mantienen su proporción aproximadamente igual a la que tenía en 1440-1469; las mujeres, por su parte, conocen en esos años un fuerte aumento de la soltería religiosa, mientras que la laica se mantiene en los mismos niveles que el período anterior. Al llegar el siglo XVI, en ambos sexos puede apreciarse el fuerte descenso que experimentan los eclesiásticos, y también los solteros laicos, en beneficio de los matrimonios, especialmente en el caso de las mujeres. Naturalmente, en estas cifras puede influir tanto la priorización de uno u otro tipo de soltería, como la edad del matrimonio. No obstante, Sánchez Saus ha señalado que, dentro de los grupos nobiliarios, el siglo XV conoce un “espectacular despegue de la soltería laica”, que supone el 57,7 % de los solteros varones y el 57,15 % de las mujeres solteras –se entiende adultos–, debido, en parte, a la imposibilidad de encontrar cónyuges adecuados ante el “desmedido crecimiento vegetativo” del grupo social, que no venía acompañado del correspondiente crecimiento económico para generar nuevas ramas familiares; una situación similar se ha detectado en Jerez (SÁNCHEZ SAUS, 1986, 43; SÁNCHEZ SAUS, 1989, 88). En todo caso, las mismas razones servirían para explicar un posible retraso en la edad del matrimonio. -191- Sea como fuere, parece que la situación se invierte de forma espectacular en el siglo XVI, y que parece asistirse a una auténtica “fiebre matrimonial” entre los testadores sevillanos, como habíamos mostrado ya más arriba. Sin embargo, los datos sobre las fundaciones monásticas que hemos recogido sugieren, a la vez, un aumento considerable del número y de la población conventual en la ciudad durante el siglo XVI. Aunque este tema espera todavía un estudio en profundidad, podríamos señalar, por un lado, que si bien es cierto que existen nuevas fundaciones, no lo es menos que desaparecen otras, cuyos integrantes pasan a engrosar la población de los establecimientos supervivientes; por otro lado, tampoco debe ser desdeñable el aporte migratorio, con frailes y religiosas venidos de localidades más o menos cercanas: el convento de la Victoria se fundó con diez frailes venidos de Écija, y el de Santa María de Jesús procedía del convento cordobés de Santa Isabel de los Ángeles (MORGADO, 1981, 142r y149r). Ya se ha aludido a la movilidad entre la población eclesiástica regular, que parece ser bastante mayor de lo que se ha venido suponiendo, y también aparecen con cierta frecuencia referencias a frailes y monjas que acuden a Sevilla a fundar nuevos cenobios o a reforzar los existentes. En ese sentido, si habíamos apuntado la posibilidad de una fuerte corriente inmigratoria en los años finales del siglo XV, quizá podríamos intuir la existencia de una corriente similar, mutatis mutandis, en el siglo XVI referida a frailes y monjas. En Córdoba también podemos establecer, siquiera de forma aproximada, el número de clérigos seculares. Desde 1265 el cabildo catedral de Córdoba se compuso de ocho dignidades, veinte canónigos mansionarios, diez racioneros, veinte medio racioneros o compañeros y un número indeterminado de canónigos extravagantes; además, existían un buen número de oficios eclesiásticos: doce capellanes de coro, ocho mozos de coro, un sochantre, y un número incierto de otro tipo de capellanes, oficiales menores, servidores personales, administradores, etc. (SANZ SANCHO, 1989, 579-602), lo que significa aproximadamente unas 80-100 clérigos vinculados a la Catedral, es decir un número apenas levemente inferior al de Sevilla o Toledo. Además, existía en la ciudad una colegiata, la de San Hipólito, que contaba desde su fundación en 1347 con un prior, nueve canónigos y un servidor (VÁZQUEZ LESMES, 1978, 157). Sin embargo, no tenemos datos fiables sobre el número de eclesiásticos que estarían relacionados con las catorce parroquias, además de la Catedral, en que se dividía la ciudad. Sin datos tampoco sobre la población urbana, no es posible siquiera establecer una comparación con lo que conocemos de Sevilla, relacionando el volumen demográfico con el número de sacerdotes parroquiales. En todo caso, a modo de posibilidad, podría apuntarse que, si hemos comprobado que el clero catedralicio en Sevilla suponía aproximadamente un tercio del total del clero secular, quizá un número máximo para el clero secular cordobés rondaría las 270 personas. Los datos referentes al clero regular no son mucho más abundantes. En 1440 existían en Córdoba diez conventos masculinos y sólo tres femeninos, pero durante el período que venimos estudiando, se fundaron tres masculinos y ocho femeninos (ver NIETO CUMPLIDO, 1984, 223-225). El convento más importante parece ser el de San Pablo, pero el único dato que hemos podido recoger es el de los traslados efectuados en 1489-1506, que oscilan entre 24 en 1495 y 34 en 1500 y 1506; por su parte, en Santo Domingo de Escalaceli los traslados van de cuatro en 1493 a once en 1495 y 1506 (MIURA ANDRADES, 1991 b, 282). Sabemos también que San Francisco de la Arruzafa fue fundado en 1414 con seis frailes, que en 1447 se convirtieron en diez (ESCRIBANO CASTILLA, 1982, 341), y que en 1509 había subido al menos hasta catorce frailes, que son los que se citan en una escritura de traspaso de juro -192- (RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1984, 22). Respecto a conventos femeninos, no contamos con demasiados ejemplos: el convento de Santa Isabel de los Ángeles, de clarisas, se funda en 1483 para nueve monjas, y en 1489 obtiene permiso para ampliarlo a doce, y en 1494 se amplia de nuevo a cuarenta (ESCRIBANO CASTILLA, 1982, 345). Además, en 1464 se detectan siete beaterios, más un número indeterminado de emparedadas y beatas individuales (MIURA ANDRADES, 1991 a, 144). Estas referencias resultan, en todo caso, demasiado escasas para poder aventurar sobre ellas ninguna hipótesis sobre el volumen real de población eclesiástica en Córdoba. No obstante, intentaremos realizar los mismos cálculos que hemos efectuado para Sevilla, empezando por la proporción de testadores eclesiásticos en relación con los testadores solteros y con el total de testadores: Hombres Mujeres Total Nº % solt. % total Nº % solt. % total Nº % solt. % total 1440-69 2 66,67 6,45 2 66,67 3,57 1470-99 1 7,69 1,32 1 8,33 1,14 2 8 1,22 1500-35 7 30,43 6,67 4 26,67 5,33 11 28,95 6,11 TOTAL 8 22,22 3,88 7 23,33 3,61 15 22,73 5 Cuadro 42: Testadores religiosos en Córdoba Si bien cabe hacer aquí las mismas precisiones que habíamos señalado sobre los límites de las consecuencias que puedan derivarse de estas cifras, en este caso hay que tener en cuenta que la muestra es algo más abundante, sobre todo en el siglo XVI, lo que permite dar a estos números algo más de fiabilidad. Por otro lado, la comparación con los datos sevillanos puede aportar algún matiz de interés. En primer lugar, parece que, en términos generales, existe aquí una presencia religiosa levemente mayor. Esta idea podría confirmarse con los datos obtenidos de algunos linajes nobiliarios cordobeses. En efecto, Concepción Quintanilla ha registrado un total de 217 varones y 125 mujeres de estas familias, entre los cuales hay nueve solteros laicos, cuatro solteras laicas, 17 eclesiásticos y doce religiosas (QUINTANILLA RASO, 1982, 250), es decir, casi un 8 % de eclesiásticos varones y más de 9,5 % de mujeres religiosas, mientras que las proporciones de soltería laica se sitúan en poco más de 4 % para los hombres y algo superior al 3 % en las mujeres. Resulta interesante observar que estos porcentajes de eclesiásticos respecto a la población noble son muy inferiores a los que se producían en Sevilla, pero que, sin embargo, la proporción de religiosos respecto de los solteros laicos es aquí levemente superior a la sevillana: 42,3 % de los solteros varones sevillanos y 65,4 % de sus equivalente cordobeses; para las mujeres, las cifras respectivas son 42,85 % y 75 %. Sin embargo, es difícil discernir aquí si estas diferencias se deben realmente a comportamientos distintos en las oligarquías de las dos ciudades, o si habría que achacarlas en buena parte a la distinta calidad de las fuentes utilizadas en uno u -193- otro caso. Sea como fuere, en las dos ciudades se aprecia con bastante claridad una tendencia a abrazar el estado eclesiástico mucho más acusada en los segmentos sociales nobles que en el resto. Volviendo a los datos de los testadores, la diferencia más importante respecto de las cifras sevillanas se observa en la evolución diacrónica. Si allí se apreciaba un fuerte descenso de la presencia de eclesiásticos en el siglo XVI por comparación con el último tercio del XV, aquí el fenómeno es justamente inverso, aunque se observa con mayor claridad. Además, la presencia de un número algo más consistente de testamentos en 1440-1469 permite entrever el último tercio del siglo XV como un “bache” en la presencia de eclesiásticos entre los testadores, de igual manera que, en Sevilla, esta época sugería más bien una elevación de la proporción de testadores religiosos. Cabe señalar que, en las dos ciudades, la evolución del porcentaje de eclesiásticos presenta el mismo dibujo respecto del total de testadores y respecto de los testadores solteros. Veamos ahora el resultado del cálculo sobre los hijos de los testadores. Hombres Mujeres Total Relig. Solteros Casados Relig. Solteras Casadas Relig. Solteros Casados 1440-69 1,12 87,64 11,24 73,53 27,94 0,64 82,17 18,47 1470-99 1,51 80,40 14,07 67,88 32,12 0,27 74,72 25 1500-35 92,98 7,02 1,19 77,98 22,02 0,59 85,54 14,45 TOTAL 0,87 86,06 13,07 0,5 72,57 27,18 0,7 79,77 19,65 Cuadro 43: Distribución de los hijos solteros laicos, religiosos y casados en Córdoba El primer detalle significativo es que en Córdoba la proporción de hijos eclesiásticos es netamente inferior a la sevillana; si allí encontrábamos porcentajes que rondaban el 3 % del total de hijos, aquí ni siquiera se llega al 1 %. Puede que esto se deba simplemente a una menor presencia eclesiástica en el total de la población pero, al observar los datos relativos a la oligarquía cordobesa que hemos recogido más arriba, comprobamos que este menor peso de los eclesiásticos en el conjunto de la población no parece ser un hecho real. Por otro lado, aunque de nuevo la parquedad de la muestra nos obliga a ser especialmente cautos, parece que puede conformarse la existencia de un descenso claro del número de solteros eclesiásticos durante el último tercio del siglo XV, igual que el observado en los testadores, y en contraste con lo que ocurría en Sevilla. No contamos con datos concretos para establecer el clero regular que pudiera habitar Jaén en la época de nuestro estudio. Sin embargo, las cifras que se han propuesto en relación con el clero secular resultan ser bastante fiables, y así sabemos que en 1511, existían en la catedral ocho dignidades, 21 canónigos y 24 racioneros, y que las otras once parroquias contaban siempre con un prior, más un total de 17 servicios y 15 prestamerías, además de las diez ermitas que existían en la ciudad (RODRÍGUEZ MOLINA, 1986, 24-26). Si, como vimos en el capítulo III, en este momento Jaén contaba con unos 4.000 vecinos, esto significa -194- que a principios el siglo XV el clero secular giennense suponía apenas en 2,4 % del total del vecindario, es decir, la mitad que el peso específico del clero secular sevillano. Hombres Mujeres Total Nº % solt. % total Nº % solt. % total Nº % solt. % total 1440-69 1470-99 1 50 5 1 14,29 2,13 1500-35 4 16,67 4,65 4 13,79 2,27 TOTAL 4 12,9 3,39 1 10 0,86 5 12,19 2,14 Cuadro 44: Testadores religiosos en Jaén Como viene siendo norma al tratar de esta ciudad, la escasez de testamentos utilizables es extrema. Aquí debemos contentarnos con cuatro hombres eclesiásticos, que testan todos en el siglo XVI, y con una mujer. Es interesante hacer constar que uno de estos eclesiásticos, llamado Jorge de Herrera, inserta en su testamento un traslado de la licencia episcopal para hacer testamento ante notario civil (AHPJ, leg. 13, 89r-90v, de 18 de noviembre de 1511), lo que confirmaría nuestras sospechas de que la mayor parte de los eclesiásticos que realmente existían no hacía testamento ante los escribanos públicos. En todo caso, a pesar de la parquedad de los datos, parece que la proporción de eclesiásticos en el conjunto de los testadores se aproxima más a la que se constataba en Sevilla que a la cordobesa. Así, podría pensarse que el muy corto número de eclesiásticos cordobeses de los que hemos encontrado testamentos obedece a algún tipo de circunstancia propia de esa ciudad, pero que su caso no es extrapolable al resto de las ciudades andaluzas. Es posible también que esta circunstancia esté relacionada con el comportamiento anómalo de la nupcialidad que hemos detectado, de forma que, durante el período que estamos estudiando, existiría un nivel muy alto, y progresivamente mayor, de solteros laicos, especialmente en los últimos años del siglo XV, puesto que hemos visto que en el siglo XVI se recupera la proporción de eclesiásticos, aun dentro de unos niveles muy bajos. Esta situación no se da en Sevilla ni, a juzgar por los datos disponibles, tampoco en Jaén. Desgraciadamente, los cálculos de eclesiásticos en el grupo de hijos de testadores no son de mucha ayuda en este caso, puesto que sólo aparece uno, en concreto uno de los tres hijos varones de Elvira Fernández del Río, viuda de Bartolomé Fernández, que hace testamento el 22 de julio de 1460 (AHPJ, leg. 1, 14v-15v). En todo caso, las cifras giennenses, poco útiles por sí mismas, nos han servido para comprobar la peculiaridad del caso cordobés. 3.- La edad del matrimonio Este aspecto es considerado por los historiadores de la demografía como uno de los elementos clave en cualquier estudio sobre la evolución de la población. Ya en la famosa propuesta de “modelo europeo”de Hajnal se incluye la elevada edad del matrimonio, sin más especificaciones, como uno de los componentes esenciales de ese modelo de estructura familiar (HAJNAL, 1965, 101); por otro lado, este mismo autor sitúa la transición entre un - 195 - modelo anterior y el “europeo” hacia el siglo XIV, apoyado en los datos del Poll Tax inglés de 1377 (HAJNAL, 1965, 119). Aunque Hajnal no lo indica expresamente, parece que se puede deducir que este hipotético modelo “medieval” incluiría una edad de matrimonio relativamente temprana, que ya estaría elevándose en el siglo XIV. Sin embargo, en la segunda mitad de los años setenta, las nuevas investigaciones centradas en la Toscana empezaron a aportar nuevos datos. Así, se determinó que en Pisa la edad de matrimonio de las mujeres en 1371 –es decir, prácticamente la misma fecha que el Poll Tax– era de 16,3 años, elevándose en 1427 a 17,6 y en 1470 a 21,1 años (KLAPISCH, 1977, 268). En Florencia, en 1427, las mujeres casaban por primera vez los 18 años (HERLIHY, KLAPISCH-ZUBER, 1978, 396). Estos datos, junto con otros procedentes del ámbito castellano, –presumiblemente los que Ángel Rodríguez Sánchez (1977, 195) había obtenido para Cáceres en 1552-1570– hicieron que Pierre Chaunu retrasase el inicio del cambio hacia lo que él denomina “el sistema del mundo lleno” hasta el siglo XVI, en una transición que no se completaría hasta el siglo XVIII (CHAUNU, 1982, 111). Sin embargo, Peter Laslett (1983, 526-527), abogó, sobre la misma base, no por un retraso en el sur de Europa del tránsito al “modelo europeo”, sino por la existencia de un “modelo mediterráneo” de familia, diferenciado del europeo septentrional, en el que la precocidad del matrimonio femenino, junto con la diferencia de edad entre los esposos, sería una característica básica. Robert Rowland ha insistido en el matrimonio precoz como uno de los elementos más característicos de la estructura familiar en la zona meridional de Europa, incluyendo la Península Ibérica, antes del siglo XVI (ROWLAND 1987, 256-257; ROWLAND, 1988, 87), y en la misma línea se expresa Vicente Pérez Moreda (1986 a, 67). Las investigaciones locales o regionales han venido confirmando estos datos, e insistiendo sobre todo en la diferencia de edad entre los esposos. En Dijon la edad media de acceso al matrimonio en 1500-1550 se sitúa en 24,5 años para los hombres y 21,9 años para las mujeres; y se puede establecer que en 1450-1550 la edad de matrimonio masculina permanece estable en 24-25 años, mientras que la de las mujeres pasa de 20-21 años a 21-22 años (ROSSIAUD, 1986, 26-27). En Verona, las mujeres casan a los 22 y los hombres a los 28, pero en otros sitios la diferencia es mayor: en Sicilia las mujeres casan con 12-14 años y hasta los 18, y en Reims lo hacen a los 15-16 (BRESC, 1988, 419-420). En general, parece que en Europa las mujeres casan hacia los 18 años, con tendencia a llegar a 19-20 años entre los campesinos y el proletariado urbano, mientras que los ricos tienden a bajarla hasta los quince años (KLAPISCH-ZUBER, 1990, 309). Desgraciadamente, no existen estudios similares para el ámbito español hasta bien entrado en siglo XVI. Los datos cacereños, a los que hemos aludido más arriba, se vieron confirmados en trabajos más amplios, sobre la misma ciudad, que situaron la edad media de acceso al matrimonio en 24 años para los hombres y 20 para las mujeres, aunque se constata que entre los hidalgos era respectivamente de 22 y 20 años, y entre los pecheros de 25 y 21 años (HERNÁNDEZ BERMEJO, 1990, 198). En Cuenca, en fecha algo posterior, hacia 1560- 1600, la edad de matrimonio de las mujeres es de 21,6 años (VALERO LOBO, 1984, 43). En general, en los siglos XVI y XVII la edad media de matrimonio era de 29 años en los hombres y 27 en las mujeres, aunque en el litoral mediterráneo bajaba a 24 y 22 años respectivamente (ALVAR EZQUERRA, 1996, 13). De esta forma, parece que el sur peninsular presenta un comportamiento respecto a la nupcialidad diferente del norte, y se considera el matrimonio temprano, junto con la escasez del celibato, como una de las características fundamentales de sus familias en la temprana Edad Moderna (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1996, 56). Además, parece que el acceso de las mujeres españolas al primer casamiento era sensiblemente más - 196 - precoz que el de sus contemporáneas europeas, al menos cuatro o cinco años antes (PÉREZ MOREDA, 1986 b, 5; CASEY, 1991, 186). Un detalle interesante al respecto es que, donde ha sido posible comprobarlo, parece que las clases sociales más adineradas tienen tendencia a una mayor precocidad en el matrimonio. Los estudios de otras zonas de Europa apuntan en esa dirección, pudiéndose afirmar que el primer matrimonio de las niñas nobles europeas se celebrara hacia los quince años (KLAPISCH-ZUBER, 1990, 309) y, para España, contamos con las apreciaciones de Marie-Claude Gerbet (1994, 206), que señala que entre la alta nobleza extremeña, los contratos matrimoniales se celebraban tan pronto lo permitían las normas legales –12 años para las niñas y 14 para los niños–, aunque las oligarquías locales parecen tender a retrasar algo más el casamiento. De todas formas, hay que distinguir claramente entre los compromisos matrimoniales, que podían celebrarse en plena niñez, y el auténtico matrimonio, algo más tardío; en este sentido James Casey ha señalado el ejemplo del compromiso que concertaron en 1399 el conde de Niebla y el “señor”(sic) de Santiago, acordando el matrimonio de sus hijos, de cinco y cuatro años, aunque la ceremonia formal no se realizó hasta 1405 (CASEY, 1990, 136), es decir, con diez y once años, lo que, lejos de contradecir, reafirma la idea de un matrimonio extremadamente temprano entre los más encumbrados de la sociedad. No obstante, se podría señalar también cómo, un siglo después, Fernando el Católico intentó anular el matrimonio que, con trece años y por motivos políticos, había contraído el duque de Medina Sidonia, afirmando que “era muchacho e no de edad para muger” (BERNÁLDEZ, 1953, 736). Independientemente del peso que en estos dos casos concretos tuviese el juego político del momento, parece evidente que, en este tipo de matrimonio entre aristócratas la precocidad está relacionada con los intereses de las dos familias. Nuestras fuentes no permiten aportar expresamente datos nuevos sobre esta cuestión. La única alusión directa a la edad de uno de los testadores de la muestra que venimos utilizando es la que hace el cordobés García de Hoces, soltero, que declara ser mayor de quince años (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 122r-123r) el 2 de marzo de 1530, lo que, por otro lado, no supone demasiada información. Hemos podido obtener también la edad mínima del matrimonio de una de las hijas del primer matrimonio del mercader sevillano Francisco Fernández (AHPSE, Prot., 1521 bis, cuad. 12, s/f). Este testamento está redactado el 10 de abril de 1520, cuando el testador llevaba trece o catorce años casado en segundas nupcias, y la hija en cuestión, fruto del primer matrimonio, había casado hacia 1515-1516; es decir, que, suponiendo que el segundo matrimonio se hubiese celebrado inmediatamente después de la muerte de la primera mujer, y que esta hija fuese la última, nacida muy cerca de la muerte de su madre, habría casado con una edad mínima de diez o doce años. Sea como fuere, no parece que se puedan siquiera lanzar hipótesis sobre una base tan débil. Utilizando los protocolos notariales sevillanos de la primera mitad del siglo XVI, Blanca Morell ha aportado algunos datos más concretos. En efecto, en las cartas de servicio se especifica la edad de las criadas en el momento de entrar en servicio, y el número de años que servirán hasta ser casada; sin embargo, esta autora ha localizado apenas 19 cartas de esta naturaleza, que arrojan una edad media de matrimonio de 18,95 años, en un rango que va desde los 13 a los 25 años (MORELL PEGUERO, 1986, 154 y 157). Estos cálculos coinciden con las apreciaciones, más generales, que se han realizado para las criadas de los artesanos cordobeses (CÓRDOBA DE LA LLAVE, 1988, 241). Como se puede comprobar, la práctica - 197 - de casar a las mujeres apenas han alcanzado la pubertad parece más propia de las clases altas que de las populares, pero esto no significa que todavía entre las criadas los matrimonios se celebren bastante pronto, rondando los 19 años. A pesar de todas las deficiencias de las fuentes, sin embargo, existe una forma de acercarse, siquiera de forma relativa, al momento de la celebración del matrimonio, a través de los hijos casados. En efecto, el porcentaje de hijos casados revela la proporción de matrimonios que se celebran antes de la muerte de alguno de los padres. Aunque todavía no contamos con datos sobre la mortalidad, de la que trataremos en el capítulo VII, vamos a asumir, como hipótesis previa de trabajo, una mortalidad estable a lo largo de todo el período estudiado. No obstante, hay que tener siempre en cuenta que esta condición previa deberá modificarse, y con ella los resultados a que lleguemos aquí, de acuerdo con las conclusiones del estudio sobre la mortalidad. Por otro lado, es necesario distinguir si se trata de la muerte del primero de los progenitores o del segundo, puesto que ello nos proporcionará datos en momentos cronológicamente distintos. Así, llamaremos “edad 1” al momento de la muerte del primero de los padres, y “edad 2” al momento de la muerte del segundo. Esto significa, lógicamente, que la “edad 2” es posterior a la “edad 1”. No obstante, deben hacerse aquí dos advertencias. La primera es que, en el caso de matrimonios múltiples, se han ignorado los datos de los matrimonios anteriores, que no son utilizables para los cálculos sobre la “edad 1”, puesto que no podemos saber si los hijos casados lo fueron antes o después de la muerte del primero de sus progenitores; aunque podrían utilizarse sus datos para la “edad 2”, hemos preferido, para evitar posibles distorsiones en los cálculos, no utilizarlos en absoluto. La segunda advertencia es que los términos “edad 1” y “edad 2” sólo de forma aproximada son cronológicamente consecutivos, ya que los datos en ambos casos están tomados de personas distintas. Es decir, que si el hijo casado de un testador cuyo cónyuge esté vivo –y que, por lo tanto, se incluiría dentro de la “edad 1”– puede contar en el momento del testamento con, por ejemplo, 25 años, puede suceder también que el hijo soltero de un testador viudo –que entraría, pues, en la “edad 2”– contase con 20 años; de todas formas, cabe pensar que, considerando los hijos de los testadores de forma conjunta, la edad 2 es posterior a la edad 1. Partiendo de estos condicionantes, se ha elaborado el cuadro correspondiente, referido al total de las tres ciudades. En él se indican la proporción de hijos casados en la edad 1 y en la edad 2, en uno y otro sexo; además, se incluye la proporción de testadores casados en cada decenio. Hombres Mujeres Total Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. 1440-49 11,76 11,76 76,92 0 0 71,73 7,69 7,69 38,9 1450-59 9,09 9,09 80 4 12 80 6,90 10,35 51,43 1460-69 5,50 11,93 94,87 9,38 27,08 83,33 7,32 19,02 80,23 1470-79 14,04 15,79 78,57 8,77 31,58 79,49 11,40 23,68 105,26 1480-89 2,25 14,61 81,25 10 23,33 80 5,37 18,12 73,68 - 198 - 1490-99 4,94 14,20 83,08 12,41 24,83 83,33 8,47 19,22 84,07 1500-09 1,51 6,53 79,57 8,19 18,71 86,67 4,59 12,16 51,69 1510-19 5,74 13,93 76,79 8,26 25,69 87,14 6,93 19,48 80,03 1520-29 5,92 13,02 80,49 21,64 37,31 89,71 12,87 23,76 114,52 1530-35 3,30 6,59 72,13 7,22 19,59 87,50 5,32 13,30 55,32 TOTAL 4,96 11,55 80,20 10,85 25,03 84,86 7,69 17,79 77,87 Cuadro 45: Tasas de nupcialidad en diferentes edades La observación de la fila de los totales permite apreciar claramente una fuerte diferencia entre los sexos, de forma que, simplificando, se puede afirmar que, tanto en la edad 1 como en la edad 2, la nupcialidad femenina duplica a la masculina. En el momento de hacer testamento, la nupcialidad femenina también supera a la masculina, pero las diferencias son mucho menores. Esto significa que, en términos generales, se puede confirmar que la edad del matrimonio es netamente inferior en las mujeres que en los hombres, de forma que, en el momento de morir el último de sus padres, más de la cuarta parte de las mujeres urbanas andaluzas están casadas, mientras que apenas la mitad de ese porcentaje de hombres está en la misma situación. Si tomamos como referencia la muerte del primero de los progenitores, las proporciones se mantienen prácticamente iguales. De hecho, al comprobar que la proporción de matrimonios masculinos en la edad 2 casi coincide con la de los matrimonios femeninos en la edad 1, parece que puede establecerse que la diferencia entre la muerte de ambos padres equivale, aproximadamente, a la diferencia entre la edad del matrimonio masculino y la del femenino. Sin embargo, aún no es posible traducir todas estas correspondencias relativas a edades cronológicas. Por otro lado, no deja de resultar significativo que la gran mayoría de matrimonios se celebren después de la muerte de ambos padres. Sea por una esperanza de vida muy reducida, sea por una tendencia al matrimonio tardío o por una combinación de ambos factores, parece que puede constatarse, a la luz de estos datos, que una buena parte de la población urbana andaluza estaría compuesta por solteros jóvenes sin padres. A pesar de ello, estos jóvenes están destinados sobre todo al matrimonio, como lo demuestran los pequeños porcentajes de célibes perpetuos y, sobre todo, las tasas de nupcialidad de los testadores. Independientemente de la velocidad con que estos huérfanos contraigan matrimonio, y al margen de otras consideraciones, parece evidente que este grupo de personas, hombres y mujeres, no puede integrarse sin más en el modelo tradicional de familia nuclear. ¿Quedan los hermanos huérfanos viviendo en la casa familiar, en una especie de fraternidad bajo la autoridad del hermano mayor? ¿O se integran, en grupo o por separado, en las casas de otros parientes, quizá de los posibles hermanos casados? Y, si esto es así ¿cómo se produce esta integración? Se ha señalado que esta presencia de jóvenes huérfanos obligaría a reforzar los lazos de linaje para evitar la dispersión del patrimonio familiar (BRESC, 1988, 438). Pero existen muy pocos casos de parientes conviviendo con la familia de los testadores, al menos identificados como tales, aunque la abundante presencia de criados hace sospechar que muchos de ellos sean en realidad parientes integrados de esta forma en la unidad familiar. Cabe también la posibilidad de que se formasen fraternidades de jóvenes no parientes, posibilidad que se ha apuntado para los últimos años de la Edad Media europea (FOSSIER, 1996, 180) y, de hecho, la alta proporción de familias múltiples, complejas y agregadas, así como de fraternidades, se ha considerado como una característica del “modelo mediterráneo” de familia (LASLETT, 1983, 526-527); además, se ha señalado que estas orfandades podrían haber contribuido al reforzamiento de los sistemas de linaje como única forma de garantizar el mantenimiento del patrimonio familiar (BRESC, 1988, 438). Al tratar de la natalidad tendremos ocasión de aportar nuevos elementos a este problema, pero ya es posible adelantar que no hemos encontrado en nuestros testamentos ningún indicio de la existencia de este tipo de agrupaciones familiares. Fijémonos ahora en la evolución temporal que se refleja en estos datos. El gráfico 42 permite observarla mejor. Lo más evidente es que desde 1460 al menos las mujeres se casan mucho antes que los hombres. En los dos decenios anteriores las diferencias son mucho menores, e incluso llegan a invertirse. Aunque en ambos casos hay que tener en cuenta la escasez relativa de la muestra, no parece que este factor sea determinante, puesto que contamos, respectivamente, con 26 y 58 hijos de ambos sexos en cada decenio. Por otro lado, la falta de datos anteriores impide que sepamos si se trata de una situación coyuntural, pero, si pudieran confirmarse estos extremos, encontraríamos que la mayor precocidad de las mujeres en el matrimonio no se remontaría más allá del último tercio del siglo XV. En todo caso, resulta sorprendente que la tendencia general de estas lineas, haciendo abstracción de sus bruscos ascensos y depresiones, sea de estabilización e incluso de descenso, lo que se confirma al observar las medias agrupadas por siglos, es decir, en los períodos 1460- 1499 –puesto que, como acabamos de ver, los datos anteriores a 1460 pueden resultar distorsionadores– y 1500-1535. Hijos edad 1 Hijos edad 2 Testadores Hijas edad 1 Hijas edad 2 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hijos (edad 1) Hijos (edad 2) Hijas (edad 1) Hijas (edad 2) Testadoras 1460-1499 5,76 13,91 84,44 10,61 26,26 81,99 - 199 - - 200 - 1500-1535 4,54 9,98 77,74 11,55 25,24 87,77 Cuadro 46: Tasas de nupcialidad en diferentes edades agrupadas por siglos A la vista de estas cifras parece que pueden aportarse mayores precisiones a lo que hemos observado más arriba respecto de la nupcialidad. En efecto, se detecta en los hombres un aumento del celibato definitivo, como habíamos comprobado, pero ahora podemos comprobar que, además, se registra un retraso en la edad del matrimonio, puesto que si en 1460-1499 el 83,53 % de los matrimonios se celebran después de la edad 2, en el siglo XVI esta proporción se eleva hasta el 87,16 %. En cuanto a las mujeres, la mayor tendencia a abrazar el matrimonio se combina, sorprendentemente, con una edad de acceso a éste también más tardía: en 1460-1499 el 67,97 % de los matrimonios se celebran después de la edad 2, y en 1500-1535 esta proporción se eleva hasta el 71,24 % de los matrimonios. Además, se puede comprobar que en ambos sexos las diferencias entre los dos períodos son similares, alrededor del 3,5 % de aumento en los matrimonios celebrados después de morir el último de los progenitores. Al margen de la posible incidencia sobre estas cifras de las variaciones de la mortalidad, que estudiaremos en su capítulo correspondiente, es evidente que estas diferencias observadas tienen apreciables consecuencias en nuestro conocimiento de todo el complejo de relaciones sociales que rodean al matrimonio. Aunque no vamos a profundizar aquí en estos aspectos, parece oportuno recordar que el retraso en el acceso al matrimonio ha sido considerado uno de los elementos más importantes de la demografía de la Edad Moderna, como expresa Pierre Chaunu: “el retraso de la edad del matrimonio fue la respuesta de un mundo arrinconado por la necesidad de un espacio por el momento repleto y por las barreras infrangibles de una elección [la del cónyuge, permitida por este retraso] que ponía en tela de juicio el ser y la moral” (CHAUNU, 1982, 113). Si bien quizá no todos los argumentos del investigador francés pueden ser aplicables aquí, parece evidente que el aumento de matrimonios tras la muerte de los padres cuestiona la influencia de la familia, al menos de los padres, en la elección de cónyuges. Tradicionalmente se ha venido considerando el matrimonio como una acción en la que la libertad de elección de los contrayentes era un factor de escasa consideración frente a las alianzas o aspiraciones sociales y/o económicas de sus familias, personificadas en sus padres. Sin embargo, estos datos indican con claridad que la mayor parte de los matrimonios se celebran sin que exista la presión directa de los padres. De hecho, los fueros que rigen la vida en estas ciudades, derivados todos del fuero de Toledo, permiten en buena medida una cierta autonomía a las mujeres –y, por supuesto, también a los hombres– a la hora de contraer matrimonio, e incluso se especifica que ninguna mujer pueda ser obligada a contraer matrimonio en contra de su voluntad (SEGURA GRAÍÑO, 1986 b, 16). Pero no sólo en Andalucía esta visión tradicional debe ser matizada. Sabemos que se han detectado situaciones similares en otras ciudades europeas, como Florencia, donde un buen número de mujeres deciden, en contra de los deseos de sus padres, entrar en religión en lugar de casarse (TREXLER, 1972, 1342). Pero, en todo caso, cabría plantearse la influencia de los demás parientes, sobre todo respecto de las mujeres, antes de extraer demasiadas conclusiones de estos datos. De hecho, se ha sugerido que una de las razones que llevaban a los matrimonios ya establecidos a acoger a huérfanas era, además de preservar su virtud, la posibilidad de aumentar el prestigio y la economía familiar mediante su casamiento (MORELL PEGUERO, 1986, 120-121). - 201 - También es posible que, de alguna forma, los acuerdos matrimoniales quedasen fijados antes de la muerte de los padres, e incluso en su propio testamento, de modo que sólo una determinación muy fuerte por parte de los hijos permitiese una elección de cónyuge contraria a su voluntad. Algunas anotaciones en los testamentos pueden ayudarnos a saber si esta posibilidad resultaba predominante. Así, el mercader genovés Martín Cataneo, morador en Sevilla, manifiesta que convive con Isabel de Figueroa, la cual está embarazada y “sy [...] pariere hija, manda que sea criada fasta hedat de syete años, e después sea puesta monja con las monjas ençerrada en un monesterio que a sus albaçeas pareçiere” (AHPSE, Prot., 9101, 589r-591r, en 19 de septiembre de 1501). Igualmente, Ana Fernández, viuda de Alonso Rainiel y casada en segundas nupcias con Andrés Martínez, todos vecinos de Córdoba, cita a dos hijas del primer matrimonio, y manda taxativamente que una de ellas se meta monja cuando la propia Ana Fernández muriese (AHPCO, Prot, of. 1, leg. 4, 141r-142v, de 28 de febrero de 1522). Sin embargo, resulta curioso que, en los ejemplos anteriores a 1500, los términos del testamento permitan una cierta libertad a las hijas, y, por ejemplo, Inés Martínez, viuda de Diego de Castroverde, dice tener un hijo que “le disen que es fuera deste reyno, en la çibdad de Marsella, e non sabe si es bivo [...] e por quanto el dicho Juan su fijo ovo dexado aquí a Aldonça, su fija [e] de Leonor Rodríguez, que le sean dados tres mill maravedís para su ayuda de casamiento desde que sea de hedad para los resçebir, o para otra vida onesta que ella eliga de bivir” (AHPSE, Prot., 17413, p. 1, 11r-12v, de 22 de julio de 1462). En la misma dirección apunta el testamento de Diego Jiménez, casado con Constanza García, de cuya hija se dice que “agora ella bive con maestre Pedro, sastre; por ende, sy el dicho maestre Pedro se casare con ella, o ella se casare con otro, que sus herederos e albaçeas den dos mill maravedís para ayuda del dicho su casamiento” (AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 6r-7v, de 13 de septiembre de 1450). No obstante, y aunque estos ejemplos no tienen valor estadístico, parecen indicar, por una parte, que la presión se ejerce sobre las hijas, pero no tanto sobre los hijos, de los cuales el único ejemplo de disposición sobre el estado que debería tomar es el de Miguel Díaz, natural de Barbastro y vecino de la Isla Española, que dispone que su hijo de ocho años “aprenda letras e sea clérigo, si a Dios plugyese” (AHPSE, Prot., 4886, p. 1, 356v-359r, de 2 de julio de 1504). Por otro lado, las disposiciones más tajantes se orientan siempre hacia la toma de hábitos o la tonsura, pero no hacia el matrimonio, y, en ningún caso, hacia el matrimonio con alguien en concreto; por lo que sabemos de la presencia de personas de Iglesia en las sociedades urbanas andaluzas, no parece que estos mandatos paternos fuesen demasiado frecuentes. Por último, la propia inexistencia de más ejemplos que los citados hace dudar de que se tratase de una práctica muy extendida. El hecho de que, como se ha señalado más arriba, las concertaciones de matrimonios a edades muy tempranas fuese moneda corriente entre la alta nobleza no significaría, de confirmarse estas hipótesis, más que un signo de diferenciación socio-demográfica que, por otro lado, tiene sentido en un marco de intereses económicos y políticos de alto nivel, pero quizá no tanto en relación al común de los habitantes de las ciudades andaluzas21. Por otro lado, los cuadros que hemos elaborado muestran que las diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a la nupcialidad se producen al iniciarse el siglo XVI, y no 21 Naturalmente, en las menciones a criadas –no a criados– es muy frecuente que se estipule su matrimonio, pero no lo es que se concrete quién será el futuro marido. Lo mismo cabe decir sobre los posibles resultados si se utilizase otro tipo de documentos, como las cartas de servicio. En todo caso, lo que se trata aquí no es el celibato femenino, sino la libertad que pudiesen tener las mujeres en la elección de su marido. - 202 - antes. Esta idea ya había sido expuesta al tratar de la nupcialidad de los testadores, pero las cifras obtenidas indican, además, que la influencia en aquellos cálculos de consideraciones ajenas a la propia dinámica interna de la población, especialmente las migraciones, no hacen sino reforzar esta misma dinámica. Cabe recordar la coincidencia que se pudo observar en una población relativamente pequeña como Sanlúcar de Barrameda entre la evolución vegetativa de la población y el aporte migratorio. Parece que situaciones similares quizá no fuesen extrañas en el panorama urbano de Andalucía a finales del siglo XV y principios del XVI. Sin embargo, en este esquema el fuerte y claro aumento de la nupcialidad femenina en el siglo XVI no encaja bien con el retraso en la edad del matrimonio femenino que aparece en el mismo período. No es posible achacar a hipotéticas inmigraciones de mujeres casadas este efecto, puesto que ello mismo hubiera hecho crecer la nupcialidad de los hombres, cuando la realidad es justo la contraria. No obstante, puede apuntarse la posibilidad de una emigración de mujeres solteras, probablemente con destino a la repoblación de Granada o a Indias, que coincidiría precisamente con la muerte del último progenitor, circunstancia que quizá dejase a estas mujeres sin otras posibilidades de supervivencia. Sería necesario conocer datos más concretos sobre la participación de las mujeres en la repoblación granadina y sobre su paso a América, si bien podremos conocer algún detalle más al analizar cada una de las ciudades afectadas por este trabajo. Las migraciones, junto con la mortalidad, pueden estar también detrás de la explicación a las bruscas variaciones de la nupcialidad. Resulta llamativo que, como se aprecia en el gráfico 42, estas variaciones en las lineas de las edades 1 y 2 nunca coincidan con las de la nupcialidad de los testadores. En efecto, se aprecia que en 1440-69 la nupcialidad de los testadores hombres se dispara, mientras que la de los hijos experimenta un descenso en la edad 1, y una cierta estabilización en la edad 2. En estos mismos años, sin embargo, las tres lineas de las mujeres aumentan de forma clara, lo que significa que podría establecerse una relación directa entre el adelanto de la edad del matrimonio femenino y el aumento de la nupcialidad de las mujeres en los decenios centrales del siglo XV, como, por otra parte, parece lógico. Pero la situación de los hombres resulta sorprendente, puesto que, a pesar de experimentar un claro retraso en la edad de matrimonio, la nupcialidad final resulta bastante elevada. Sólo una emigración de hombres solteros, quizá en relación con los acontecimientos políticos del momento, explicaría este brusco aumento de la nupcialidad adulta – consideraremos así a la nupcialidad de los testadores, en contraposición a la nupcialidad de las edades 1 y 2, que pueden identificarse grosso modo con la nupcialidad “juvenil”–, que no se corresponde con un adelanto de la edad del matrimonio masculino. Sea como fuere, interesa destacar ahora que esto significa que es en este momento cuando empieza a producirse marcadamente el fenómeno de la diferencia de edad entre los cónyuges, diferencia que se mantendrá durante todo el período estudiado y que es una de las características fundamentales de la familia moderna (LASLETT, 1983, 526-527). El cuadro siguiente, que refleja las diferencias entre las tasas de nupcialidad de los sexos a la edad 2, confirma esta hipótesis. Hombres Mujeres Diferencia 1440-69 11,32 22,31 10,99 1470-99 14,61 25,95 11,34 - 203 - Hombres Mujeres Diferencia 1500-35 9,98 25,24 15,26 Cuadro 47: Diferencias entre las tasas de nupcialidad de los sexos a la edad 2 Un segundo momento que merece observarse con detenimiento es el período 1490- 1509. Ya hemos insistido en que es en esos años cuando, a la luz de los datos, parecen producirse cambios fundamentales para la evolución de la población andaluza, en particular la población urbana. En el caso de la nupcialidad, en estos momentos se inicia la disociación entre la nupcialidad adulta masculina y la femenina. Pues bien, nuestros datos indican que esa disociación no se produce en la nupcialidad joven. En realidad, la nupcialidad femenina joven y la adulta evolucionan de forma opuesta, y mientras la segunda va en aumento continuo desde 1470, la primera, desde la misma fecha, experimenta un descenso también continuo. Cabe la posibilidad de que influya aquí la mortalidad de los testadores –una muerte más temprana puede explicar la menor presencia de hijos e hijas casados, puesto que el descenso de la nupcialidad juvenil afecta por igual a uno y otro sexo–, pero la evolución general de la población no invita a suponer un aumento de la mortalidad demasiado continuado por esos años. Quizá el análisis de las ciudades por separado podrá aportar algunas indicaciones más al respecto. En todo caso, sí que parece que se puede atribuir el brusco retraso de la nupcialidad que se aprecia en 1500-09 a la crisis de los primeros años del siglo XVI, especialmente 1507; el hecho de que no se aprecien cambios importantes en la nupcialidad adulta puede justificarse por la rapidez con que, una vez pasada una crisis importante, se recupera la nupcialidad. Llama, por último, la atención la abrupta subida de la nupcialidad juvenil femenina en 1520-29, tanto en la edad 1 como en la edad 2, tanto más cuanto que le sigue un fuerte descenso en 1530-35, aunque en este caso se trata de un descenso generalizado de la nupcialidad de ambos sexos a todas las edades. Pero probablemente sea más clarificador estudiar estas circunstancias, así como matizar lo que llevamos expuesto sobre la evolución general de la edad del matrimonio y la nupcialidad, observando las ciudades objeto de nuestro estudio por separado. Empezaremos, como es habitual, por Sevilla. El cuadro de datos es el siguiente: Hombres Mujeres Total Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. 1440-49 12,50 12,50 75 0 0 71,43 8 8 73,68 1450-59 3,45 3,45 78,57 4,17 12,50 80 3,77 7,55 79,31 1460-69 15 35 100 16 28 81,82 15,55 31,11 90,91 1470-79 20 20 71,43 9,09 27,27 80 12,50 25 74,42 1480-89 0 5,88 89,47 11,76 17,65 60 3,92 9,80 76,47 1490-99 0 11,76 69,23 3,33 13,33 76,67 2,13 12,77 74,42 1500-09 0 4,71 79,41 4,17 15,28 81,25 1,91 9,55 80,30 - 204 - 1510-19 6,67 24,44 80,95 16,67 33,33 88,89 10,67 27,27 85,42 1520-29 4,62 20 90,32 20,97 46,77 93,10 12,60 33,07 91,67 1530-35 4,88 9,76 75 6,67 20 93,75 5,63 14,08 84,38 TOTAL 4,20 13,16 82,02 10,32 24,52 82,29 7,05 18,44 82,16 Cuadro 48: Tasas de nupcialidad en Sevilla en diferentes edades La fila de los totales refleja una situación general similar a la media que hemos calculado para todas las ciudades, aunque podría detectarse un leve aumento de la diferencia entre hombres y mujeres en la edad 1, si bien esa posible diferencia se enjuga por una mayor proporción de hombres casados en la edad 2 respecto del conjunto de las tres ciudades. Las diferencias respecto a la media, sin embargo, son muy pequeñas, y permiten que podamos aplicar al caso sevillano las mismas consideraciones que hemos hecho más arriba respecto a todo el conjunto urbano que venimos estudiando. El gráfico 43 permite observar los datos de forma más ilustrativa. Aparece aquí con claridad una evolución en vaivén, que parece tender, a largo plazo, a la estabilidad. Se aprecian dos períodos de fuerte aumento de la nupcialidad juvenil, en las dos edades, hacia 1460-69 y hacia 1520-29, lo que significa en estas etapas un adelanto considerable en la edad del matrimonio; entre ambos momentos se inscribe un período de retraso en el acceso al casamiento, en torno a los años finales del siglo XV, situación que se presenta también en ambos extremos del período estudiado, hacia mediados del siglo XV y hacia 1535. Resulta destacable el hecho de que, en contraste con la situación global, no sólo la evolución de ambos sexos es aproximadamente paralela ya desde 1440, sino que también coincide con la nupcialidad adulta. Particularmente interesante, en este sentido, es el hecho de que el fuerte aumento de la nupcialidad masculina de 1460-69 coincida con un retraso en la edad del matrimonio de los hijos tan fuerte que incluso la proporción de hijos casados en la edad 2 supera a la de hijas, situación verdaderamente excepcional. Cabe destacar, asimismo, el repentino aumento de la nupcialidad masculina adulta hacia 1480-89, que en este caso no se ve confirmado por la nupcialidad juvenil, lo que sugiere una emigración de jóvenes solteros, probablemente con destino a la guerra de Granada. Por último, quizá sea algo más que una casualidad el hecho de que la mayor tendencia de las mujeres al matrimonio se inicia en los adultos veinte años después que en los jóvenes, es decir, en algo menos de una generación. En cuanto a las diferencias de edad entre los cónyuges, el cuadro que refleja las diferencias entre las tasas de nupcialidad de ambos sexos en la edad 2 indica con claridad que el proceso de distanciamiento entre las edades se inicia ya, al menos, desde mediados del siglo XV, y se prolonga de forma constante hasta el final de nuestro marco cronológico. Hombres Mujeres Diferencia 1440-69 15,38 17,24 1,86 1470-99 8,93 17,24 - 205 - 8,31 1500-35 13,56 28,87 15,31 Cuadro 49: Diferencia entre los sexos en las tasas de nupcialidad en Sevilla Lo que no es posible es averiguar si este proceso se ha iniciado en 1440 o si se trata de una continuación de movimientos anteriores. En todo caso, parece claro que en Sevilla la diferencia de edad entre los cónyuges viene creciendo desde bastantes años antes que en el resto de las ciudades, como se aprecia al comparar este cuadro con el del total de los conjuntos urbanos andaluces, y también, como veremos, con los de Córdoba y Jaén. Profundizando todavía algo más en nuestro análisis, podemos intentar conocer las tasas de nupcialidad según los grupos socioprofesionales que hemos utilizado más arriba. Como se hizo entonces, también aquí emplearemos treintenas en lugar de decenios, con el fin de contar con muestras más representativas. Asimismo, y a la vista de su escaso número, hemos prescindido de diferenciar el sector primario, incluyendo sus efectivos en el grupo de los no calificados, que hemos denominado “resto”. Veamos, pues, los resultados. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 1440-69 0 0 20 26,67 10,34 20,69 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 Hijos (edad 1) Hijos (edad 2 Hijas (edad 1) Hijas (edad 2) Testadores Testadoras - 206 - 1470-99 4,35 8,7 0 16,67 4,76 9,52 1500-35 8,47 10,17 1,41 12,68 1,87 15,89 TOTAL 5,77 7,69 4,08 15,31 4,08 17,01 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 1440-69 12,50 16,67 13,33 20 0 14,29 1470-99 12,50 12,50 10 20 2,50 15 1500-35 15,09 24,53 3,85 25 14,94 34,48 TOTAL 14,20 21,18 6,49 23,38 9,46 26,35 Cuadro 50: Tasas de nupcialidad en Sevilla según la edad, el sexo y la situación socioprofesional En estos cuadros, se aprecia que la evolución de la nupcialidad femenina es bastante similar en los tres grupos estudiados, al menos en la edad 2. Sin embargo, en la edad 1, la población sin grupo profesional presenta unas tasas muy bajas, es decir, una edad de matrimonio tardía, en contraste con los dos grupos profesionales, y será ya en el siglo XVI cuando la edad del matrimonio de la población femenina del “resto” se equipare al grupo secundario, mientras que el terciario experimenta un sorprendente y brusco descenso. En términos generales, parece que las mujeres de todos los grupos definidos tienden a rebajar la edad de acceso al matrimonio en el siglo XVI, y las diferencias entre grupos son relativamente poco importantes. Pero en el caso de los hombres las situaciones son bastante diferentes. Así, el grupo sin caracterización profesional mantiene esa especie de vaivén que, como hemos visto, caracteriza la nupcialidad sevillana, mientras que las tasas de los sectores secundario y terciario parecen tender a la convergencia, de forma que, partiendo de situaciones muy diferentes –tasas muy altas en el terciario y muy bajas en el secundario–, acaban encontrándose en tasas que rondan el 5 % en la edad 1 y el 11 % en la edad 2; sólo en esta segunda edad cabe apreciar una tasa algo mayor en el resto de la población. Esta especie de homogeneización social de los comportamientos demográficos no se apreciaba en las mujeres, y sugiere, quizá, la influencia de factores externos. Pese a este último detalle, el conjunto del análisis efectuado parece apuntar, como ya hemos indicado, a que la influencia que sobre la población sevillana tuviesen las migraciones sólo vino a reforzar la de la propia evolución demográfica interna. Así, si, como vimos en el capítulo III, los años de 1470-1500 son años de migración a Sevilla desde los campos cercanos, en esos mismos años se produce la transición a un modelo de matrimonio caracterizado por la diferencia de edad entre los cónyuges –factor que ya venía observándose, al menos, desde 1440– y por la precocidad del matrimonio femenino, características que perdurarán durante la edad moderna, pero que, aparentemente, no se encuentran en la ciudad antes de esos años. Pasemos ahora a Córdoba. El siguiente cuadro nos muestra los porcentajes de casados respecto a los hijos o a los testadores en los momentos que hemos elegido. Hombres Mujeres Total Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. 1440-49 0 0 100 0 0 100 1450-59 50 50 100 0 0 40 40 100 1460-69 4,11 8,22 100 8,47 25,42 90,32 6,06 15,91 94,44 1470-79 14 16 80,95 9,30 30,23 78,57 11,83 22,58 79,59 1480-89 2,17 15,22 86,96 10 25 90,48 5,81 31,39 88,64 1490-99 3,70 16,05 80,65 13,85 35,38 87,18 8,22 24,66 84,29 1500-09 8,82 11,76 78,57 14,29 19,05 82,61 11,84 15,79 80,39 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 50 55 60 65 70 75 80 85 90 95 100 Hijos (edad 1) Hijos (edad 2) Hijas (edad 1) Hijas (edad 2) Testadores Testadoras 1510-19 5,56 5,56 79,17 8,57 31,43 85,71 7,04 18,31 81,58 1520-29 4,44 4,44 85,19 13,33 13,33 72,22 8 8 80 1530-35 0 0 68 5,26 7,89 80 3,33 5 73,33 17,58 TOTAL 5,87 11,22 82,36 10,48 24,65 84,02 8,05 83,17 Cuadro 51: Tasas de nupcialidad en Córdoba en diferentes edades Las cifras totales de este cuadro revelan que, tomando ambos sexos y todo el período estudiado en su conjunto, los datos cordobeses son semejantes a los sevillanos, e indican que aproximadamente dos tercios de los matrimonios se celebran después de la muerte del último - 207 - - 208 - de los padres, es decir, un matrimonio ligeramente más tardío que en Sevilla, aunque las diferencias no son significativas. Los totales diferenciados por sexos, tanto en la edad 1 como en la edad 2, parecen indicar que en Córdoba los matrimonios masculinos son algo más tardíos que en Sevilla, lo que explica la pequeña diferencia en las tasas conjuntas, mientras que en el caso de las mujeres las cifras son prácticamente idénticas. Las diferencias entre ambas ciudades se aprecian, pues, en su evolución, pero no en su resultado global en todo el período estudiado. El gráfico 44 permite comprobarlo con facilidad, aunque antes de analizar el gráfico propiamente dicho, es necesario hacer constar que los datos anteriores a 1460 no se han dibujado, puesto que, debido a la escasez de testamentos cordobeses en estos años, no deben ser tenidos en cuenta y su trazado puede dificultar la comprensión del gráfico. En efecto, en 1440-49 sólo se conserva el testamento de Sancho González del Cañaveral, otorgado el 11 de marzo de 1443, en el que, de su segundo matrimonio, con Constanza Martínez, tiene sólo un hijo soltero (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, 18r-21v). En el decenio 1450-59, de igual manera, encontramos únicamente el testamento de Alfonso Montemayor, fechado el 11 de mayo de 1459, en el que dice tener cuatro hijos, dos de ellos casados, y una hija soltera (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 87/1 y 87/2). Recordemos que, a partir de los escasos datos de evolución demográfica de Córdoba y los pueblos campiñeses, y apoyándonos en la evolución de la masculinidad, habíamos aventurado la posibilidad de un movimiento migratorio campo-ciudad, similar al que parece detectarse en Sevilla, en el período 1470-1490 e incluso en años anteriores; sin embargo, las cifras de la nupcialidad adulta no parecían encajar del todo en este esquema, sobre todo las masculinas. Ahora, la evolución de la nupcialidad juvenil, más que aclarar la situación, en realidad sugiere nuevos interrogantes. En primer lugar, llama la atención la falta de paralelismo entre la edad 1 y la edad 2, tanto en hombres como en mujeres. Así, en el caso de éstas, la evolución de la edad 2 corre pareja a la de la nupcialidad adulta, aunque con la presencia de fuertes oscilaciones. Sin embargo, la nupcialidad femenina a la edad 1 permanece estable durante casi todo el período, para sufrir un descenso brusco sólo al final del mismo. La estabilidad relativa parece ser predominante también en la edad 1 de los hombres, si hacemos abstracción del dato de 1470-79, que debe considerarse anormal al comprobarse que supera a la nupcialidad femenina en esa década; por lo demás, aquí se inicia el descenso desde 1500, si bien mucho más suave que en el caso de las mujeres. También cabe hablar de estabilidad en la linea de la edad 2 masculina, aunque sólo hasta 1490, puesto que a partir de ese decenio se inicia un descenso continuado, paralelo al de la nupcialidad adulta, y que, sorprendentemente, hace que lleguen a coincidir las lineas de ambas edades. En todo caso, parece que, en el caso de los hombres, cuanto más temprana es la edad en que se tome la muestra, más tardío es el inicio del descenso en su nupcialidad. Para las mujeres, parece que la evolución adulta y la de la edad 2 corren paralelas, pero en la edad 1 volvemos a encontrar una gran estabilidad. Hombres Mujeres Diferencia 1440-69 10,26 25 14,74 1470-99 15,82 31,08 15,26 1500-35 5,84 17,93 12,09 - 209 - Cuadro 52: Diferencias en la nupcialidad de ambos sexos en Córdoba en la edad 2 El cuadro antecedente indica que no sólo las tasas de nupcialidad cordobesas resultan atípicas, sino que también se registra un descenso claro en este factor que, además, durante el siglo XV mantiene unos niveles muy altos, duplicando los sevillanos en el último tercio y multiplicándolos por siete en 1440-69. A pesar de las limitaciones que tiene esta forma de aproximación a las diferencias de edades entre los cónyuges, no puede menos que sorprender una evolución tan divergente, tanto en este factor como en todos los que venimos analizando referidos a la nupcialidad, respecto al comportamiento de Sevilla y Jaén. Veamos, no obstante, si el estudio de las cifras por grupos socioprofesionales puede aportar alguna luz nueva. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 1440-69 3,33 6,66 25 25 5 10 1470-99 13,51 18,92 10,53 23,68 1,96 11,76 1500-35 0 0 0 0 9,21 10,53 TOTAL 7,06 10,59 6,82 12,50 5,05 11,01 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 1440-69 13,64 18,18 0 0 6,06 33,33 1470-99 17,65 41,18 6,67 30 10,71 27,38 1500-35 25 29,63 4,76 7,14 14,86 20,27 TOTAL 13,25 31,32 5,19 15,58 11,52 25,65 Cuadro 53: Tasas de nupcialidad en Córdoba según la edad, el sexo y la situación socioprofesional Sin duda, lo más sorprendente de este cuadro es la inexistencia absoluta de ningún hijo varón casado entre los sectores profesionales en el siglo XVI; no cabe achacar este hecho al tamaño de la muestra, que es de 18 hijos en el sector secundario y 42 en el terciario. El dato es más llamativo por cuanto durante la última treintena del siglo XV la nupcialidad masculina en ambos sectores y en las dos edades se mantenía relativamente alta. Además, el resto de la población no experimenta este fenómeno, e incluso en la edad 1 se constata un fuerte aumento, si bien es cierto que partiendo de una tasa anormalmente baja a finales del siglo XV. Por último, hay que recordar que el sector secundario presentaba una nupcialidad adulta muy alta, cercana al 100 %, aunque las cifras del terciario eran mucho más moderadas. Así pues, parece que los grupos profesionales, en particular los artesanos, retrasan de forma muy considerable - 210 - la edad de matrimonio de sus hijos varones en el siglo XVI, haciéndose así responsables del descenso de la nupcialidad juvenil masculina, mientras que en el resto de la población la tendencia es a la estabilidad en la edad 2 y al aumento en la edad 1. Por lo que respecta a las mujeres, en términos generales parece que los sectores profesionales tienden a aumentar sus tasas, o sea, adelantar la edad de matrimonio, durante el siglo XV, para descender después, mientras que el resto se caracteriza por la convergencia entre la edad 1 y la edad 2, lo que podría traducirse también por un adelanto efectivo de la edad del matrimonio, aunque iniciado algunos años antes. Así pues, mientras que en los hombres parece que podría detectarse un cierto comportamiento diferencial de los artesanos y mercaderes respecto a la nupcialidad juvenil, parece que esta diferencia no existe de forma clara entre las mujeres. El inesperado comportamiento de lapoblaciòn cordobesa sólo podrá ser explicado en las páginas finales de este trabajo. De momento, con los datos que llevamos analizados, la situación es sorprendente. En principio, y basándonos en los escasos datos que tenemos sobre su evolución demográfica, cabría esperar unos datos similares a los sevillanos, y en todo caso no demasiado divergentes de los datos globales; además, las cifras totales, referidas al conjunto del período estudiado, son coherentes con las sevillanas. Sin embargo, su evolución se presenta totalmente atípica y, por el momento, desafía cualquier interpretación. Sólo podemos aventurar, a falta de nuevos datos que quizá puedan aportar ulteriores análisis que, de alguna manera, parece que la influencia de los fenómenos migratorios sobre la población cordobesa debió ser muy profunda. Podría pensarse que una incorporación progresivamente mayor de solteros durante el último tercio del siglo XV sería la causante del descenso de la nupcialidad adulta, como ya avanzamos, y no se contradice con la estabilidad de la nupcialidad juvenil; ya en el siglo XVI, el aparente retraso en la edad del matrimonio masculino que señalan los datos también puede combinarse tanto con la inmigración de solteros como con la emigración de casados, puesto que sabemos que, a partir de una fuerte crisis en 1521, que perduró hasta 1524, parece que se constata una cierta despoblación en la ciudad provocada por la atracción que ejercían las ventajas fiscales de los señoríos del sur del Reino (FORTEA PÉREZ, 1981, 110-112). De esta forma, sobre todo en el siglo XVI, Córdoba se convertiría en un centro redistribuidor de población, con amplias corrientes migratorias de entrada y de salida que dificultan la observación de sus características demográficas internas. Veamos, por último, la situación en Jaén, tal como la refleja el siguiente cuadro. Hombres Mujeres Total Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. Edad 1 Edad 2 Test. 1440-49 1450-59 1460-69 0 0 60 0 33,33 50 0 14,28 54,55 1470-79 0 0 0 0 66,67 100 0 40 100 1480-89 11,11 44,44 33,33 0 33,33 100 8,33 41,67 60 1490-99 7,81 12,50 95,24 16 18 86,67 11,40 14,91 91,67 1500-09 0 6,25 80,65 8,77 22,81 100 3,65 13,14 88,24 1510-19 4,88 9,76 63,64 2,27 15,91 86,21 3,53 12,94 80 1520-29 8,47 11,86 62,50 28,57 40,48 100 16,83 23,76 80 1530-35 3,57 7,14 75 10,34 34,48 90 7,02 21,05 82,50 TOTAL 4,68 10,03 73,72 12,08 26,25 90,52 7,98 17,25 82,05 Cuadro 54: Tasas de nupcialidad en Jaén en diferentes edades Las cifras totales de ambos sexos son prácticamente idénticas a las de las otras dos ciudades. Comparándolas, sólo podría atisbarse un leve retraso en la edad del matrimonio en Sevilla, reflejado en una tasa ligeramente inferior en la edad 1 y apenas unas décimas superior en la edad 2 respecto de Córdoba y Sevilla. Pero los totales por sexos ya presentan divergencias más importantes. Así, resulta evidente no sólo una mayor nupcialidad femenina adulta, sino también en ambas edades juveniles. Haciendo abstracción de la incidencia de la mortalidad, en ambas edades puede apreciarse una diferencia entre la tasa de nupcialidad de la capital del Santo Reino y las demás de alrededor de dos puntos, lo que significa que la edad de acceso al matrimonio de las mujeres en Jaén es inferior a la de las otras dos ciudades. Justo lo contrario acontece con los hombres. Aquí, las tasas de nupcialidad en todas las edades son claramente inferiores, de forma que al morir el último de los progenitores, apenas uno de cada diez jóvenes giennenses se ha casado. Esto sugiere una edad de acceso al matrimonio de los hombres más tardía, lo que significa también una diferencia de edad entre los cónyuges más acusada aquí que en Córdoba o Sevilla. El cuadro siguiente, paralelo a los que hemos elaborado en las demás ciudades y en el conjunto de la población urbana, confirma esta idea. Hombres Mujeres Diferencia 1440-59 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hijos (edad 1) Hijos (edad 2) Testadores Hijas (edad 1) Hijas (edad 2) Testadoras 1470-99 15,58 21,43 5,85 1500-35 8,65 27,33 18,68 Cuadro 55: Diferencias en la nupcialidad de ambos sexos en Jaén en la edad 2 - 211 - - 212 - Además de mostrar una mayor diferencia de edad entre los cónyuges, este cuadro también sugiere que el “salto” en este aspecto se produce al iniciarse el siglo XVI, y además con bastante brusquedad, de manera que contrasta con lo que ocurría en Sevilla y, por supuesto, en Córdoba. El gráfico 45 nos ayuda a apreciar otros detalles de interés. Llama la atención, en primer lugar, la situación de la nupcialidad masculina en 1480-89, más alta entre los hijos de los testadores que entre los propios testadores. Esto sólo puede significar que, en este momento, existe una excesiva presencia de hombres adultos solteros en la ciudad, lo que viene a confirmar las hipótesis que habíamos señalado en el capítulo III acerca de la relación entre la remilitarización llevada a cabo por Miguel Lucas y una cierta sobrepoblación de la ciudad. Como se recordará, se apuntó también que, tras la muerte del condestable, una buena parte de esa población “artificial” emigraría, aprovechando las oportunidades de la guerra de Granada, emigración que aquí se traduce por una subida espectacular de la nupcialidad adulta. Por otro lado, de forma paralela a este ascenso se produce un descenso igualmente importante de la nupcialidad juvenil, que sin embargo no es más que la vuelta a la “normalidad” después de que los datos de 1480-89 reflejasen una situación extraordinaria, no sólo porque la nupcialidad juvenil superase a la adulta, sino porque la de los hombres de edad 2 superaba a la de las mujeres de la misma edad, algo que no se produce en ningún otro momento. De hecho, en estas fechas la nupcialidad de las mujeres en la edad 2 parece estar inmersa en pleno proceso descendente. Aun con todas las precauciones derivadas del muy escaso número de testamentos que aparecen en estos años, da la sensación de que el período desde 1470 hasta el final de siglo está marcado por el retraso en la edad de matrimonio de las mujeres giennenses, puesto que el descenso en la nupcialidad juvenil se combina con una estabilización en niveles muy altos de la nupcialidad adulta. Parece que una situación similar puede darse también entre los hombres, aunque la influencia de los factores que hemos citado dificulta su percepción. De hecho, hemos comprobado que, en estos años, las diferencias entre las respectivas tasas, y por tanto las diferencias de edad, son muy pequeñas. Pero, una vez entrados en el siglo XVI, existe un claro adelantamiento de la edad de matrimonio femenina, como lo muestran la evolución tanto de la edad 1 como de la edad 2, mientras que la masculina se mantiene en los mismos niveles que los años anteriores, lo que explica el aumento de la diferencia de edad que se ha apreciado. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 1440-69 0 0 0 0 1470-99 16,67 16,67 0 0 6,35 15,87 1500-35 0 5,55 20 20 3,31 8,29 TOTAL 6,45 9,68 18,18 18,18 3,86 9,65 - 213 - MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 Edad 1 Edad 2 1440-69 0 0 0 40 1470-99 60 60 10 18 1500-35 18,75 25 0 11,11 12,24 28,57 TOTAL 26,09 30,43 0 11,11 11,11 26,57 Cuadro 56: Tasas de nupcialidad en Jaén según la edad, el sexo y la situación socioprofesional Por último, el cuadro 56 parece señalar que el sector secundario, tanto en los hombres como en las mujeres, retrasa la edad del matrimonio con el cambio de siglo, al contrario que el resto de la población, aunque los escasos datos del sector terciario impiden que puedan ser utilizados en este sentido. Esta misma falta de elementos de juicio, sobre todo en el siglo XV, impide que podamos obtener mayores conclusiones respecto a la nupcialidad de la población giennense. 4.- La duración del matrimonio El análisis de esta variable deberá ser necesariamente muy breve, a pesar de la importancia que tendrá a la hora de estudiar la fecundidad. Sin embargo en este aspecto las fuentes son extremadamente parcas, y además los testamentos que contienen información al respecto aparecen muy concentrados en el espacio y el tiempo. En efecto, sólo en trece testamentos hay indicación del tiempo de duración del matrimonio, y de ellos sólo dos son cordobeses y ninguno procede de Jaén. Diez de estos testamentos se fechan después de 1520, y el resto en 1489, 1498 y 1510. La lista de estos testamentos, incluyendo los años de duración del matrimonio, es la siguiente: FECHA NOMBRE CÓNYUGE AÑOS SIGNATURA 1489, 7, 21 Fernando Rodríguez Beatriz Fernández (2ª) 6 AHPSE, Prot., 17416, p. 4, 34r-35r 1498, 7, 2 Pedro Sánchez María Ruiz, (2ª) 14 AHPCO, Prot., of, 18, leg. 1, 962r-964r 1510, 3, 16 Francisco Muñoz Marina Díaz 9 AHPSE, Prot., 3229, 126r-128r 1520, 4, 10 Francisco Fernández Marina Fernández (2ª) 13-14 AHPSE, Prot., 1521 bis, cuad. 12, s/f 1520, 11, 5 Tomás Maller Beatriz Fernández (2ª) 6 AHPSE, Prot., 26, 1142r- 1143v 1521, 1, 10 Catalina de Vergara Diego de Valdas 31 AHPSE, Prot., 2235, s/f 1521, 5, 28 Antonio Martínez de Celares Luisa de Sosa (2ª) 9 AHPSE, Prot., 21, cuad. 25, s/f - 214 - 1530, 4, 7 Rodrigo Alonso Constanza Fernández (2ª) 20 AHPCO, Prot., of, 14, leg. 52, 174r-175r 1530, 9, 15 Diego Díaz de Valor Leonor de Palma 28 AHPSE, Prot., 3991, s/f 1530, 9, 23 Pedro Riquelme Iseo de Bretaña 21 AHPSE, Prot., 3991, s/f 1530, 10, 4 Beatriz Ruiz Alvar Ruiz 32 AHPSE, Prot., 3991, s/f 1530, 11, 21 Alfonso Fernández Beatriz de Palma (1ª) 18 AHPSE, Prot., 3991, s/f 1530, 11, 21 Alfonso Fernández Juana Fernández (2ª) 1 AHPSE, Prot., 3991, s/f 1531, 2, 17 Fernando Rodríguez Ana Sánchez (3ª) 9 AHPSE, Prot., 2262, 341r-343r Hay que hacer algunos comentarios a esta lista. En primer lugar, debe reseñarse que la duración del matrimonio de Alfonso Fernández con Beatriz de Palma, su primera mujer, no aparece expresamente indicada en el documento, sino que se ha deducido del hecho de que el matrimonio con su segunda mujer, Juana Fernández, se celebró el año anterior al testamento, e igualmente el matrimonio con su primera mujer tuvo lugar veinte años atrás, de forma que los dieciocho años que hemos obtenido son una aproximación del tiempo máximo de matrimonio, suponiendo que el testador hubiese casado por segunda vez muy poco después de enviudar. Una segunda cuestión previa al estudio de los datos en sí es el hecho de que algunos escribanos parecen más inclinados que el resto a dejar constancia de este dato, sobre todo a partir de 1520. Así, de los nueve testamentos sevillanos posteriores a 1520 donde consta este detalle –uno de ellos, recordemos, con los datos de dos matrimonios sucesivos– uno, el de Francisco Fernández, fue protocolizado en el oficio 3, por el notario Antón Ruiz de Porras, y otros dos en el oficio 1, aunque por mano de dos notarios: el de Tomás Maller, por Juan de la Cuadra, y el de Antonio Martín de Celares, por Alfonso de la Barrera. El resto se reparten entre el notario Manuel Segura, del oficio 4, con tres testamentos, y el notario Juan Muñoz, del oficio 6, con cuatro testamentos. Además, al observar las signaturas se comprueba que todos los testamentos de este último notario que interesan aquí proceden del mismo protocolo. Esto lleva a pensar en la posibilidad de que la reseña de los años de matrimonio, o del año aproximado de la boda, sea una especie de costumbre de estos notarios, circunscrita además a momentos muy concretos, y que sólo ocasionalmente puede aparecer en el resto de protocolos. Por otro lado, la falta de datos en Córdoba o Jaén impide añadir nada al respecto en estas ciudades. Sea como fuere, la media de duración de estos catorce matrimonios es de 15,5 años. El matrimonio más largo fue el de Beatriz Ruiz y Alvar Ruiz, que dura 32 años, y el más corto el segundo de Alfonso Fernández, con Juana Fernández, de apenas un año de duración. No obstante, su distribución indica que la mayor parte, seis matrimonios, duraron menos de diez años, tres llegaron a menos de veinte años, otros tres a menos de treinta y, finalmente, en dos casos el matrimonio ha durado más de treinta años. Quizá más significativo sea el hecho de que en los dos únicos matrimonios que superan los treinta años las testadoras sean mujeres, y que no aparece ninguna otra mujer en la lista que hemos confeccionado. De esta forma, si eliminamos estos dos casos, la media de duración de los matrimonios se rebaja hasta 12,83 - 215 - años. No obstante, debe tenerse en cuenta que una buena parte de estos matrimonios son segundas nupcias, lo que, lógicamente, disminuye su duración. De hecho, la duración media de los seis casos en que se trata de primeras nupcias es de 23,17 años; entre ellos, por cierto, se encuentran las dos mujeres.Además, contamos con un caso de terceras nupcias que han durado nueve años. Así, parece que, con todas las limitaciones causadas por la parquedad de la muestra, la vida marital de los hombres sevillanos de principios del siglo XVI se prolongaba hasta cerca de los 24 años, contados a partir de la fecha de su primer casamiento, aunque los matrimonios podían durar unos 12-15 años aproximadamente. Ello ya nos indica, como veremos más adelante, que las segundas nupcias podían ser relativamente normales, pero que ya no debía de haber tiempo para terceros o sucesivos casamientos, al menos en el caso de los hombres. Nuestras fuentes no permiten mayores averiguaciones. Sólo es posible obtener más datos de algunas recostrucciones genealógicas, fundamentalmente las que aportan Sánchez Saus (1989) y Quintanilla Raso (1979 a). Sin embargo, las menciones a las fechas de matrimonio de los notables sevillanos y cordobeses son también escasas, y en muchas ocasiones no tenemos constancia precisa del momento en que se rompe el matrimonio. Así, por ejemplo, Pedro de Guzmán “el Bayo” casa en 1457 con Isabel Ponce de León, y hace testamento en Córdoba en 1479 (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 229), pero no sabemos si en el momento de testar ya había muerto su esposa; un caso similar es el de Alfonso Fernández de Córdoba y Herrera, que casó en 1475 con Catalina Pacheco y murió en 1501 en una escarmuza con los moriscos (QUINTANILLA RASO, 1979 a, 126 y 144). No obstante, han podido espigarse algunos ejemplos que pueden ser útiles. Así, sabemos que Luis Ponce de León, hijo del primer conde de Arcos, casó hacia 1440 con Teresa de Guzmán, señora de Villagarcía, la cual muere en 1469, aunque su marido la sobrevive (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 359). El matrimonio entre Pedro Enríquez, hijo del Almirante de Castilla, y Beatriz de Ribera, heredera del Adelantamiento de Andalucía, se produjo en 1460, y Beatriz murió en 1469 (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 373); en 1474 Pedro Enríquez casó con la hermana de su primera mujer, Catalina de Ribera, y murió en 1492, aunque Catalina le sobrevivió hasta 1509 (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 374). Pedro Fernández de Córdoba, I marqués de Priego, casaría en 1494 con Elvira Enríquez, la cual moriría en 1512 sin hijos varones, mientras que el marqués morirá en 1517 (QUINTANILLA RASO, 1979 a, 154 y 157). La media de duración de estos matrimonios es de 18,5 años, oscilando entre los nueve del primero de Pedro Enríquez y los 29 de Luis Ponce de León y Teresa de Guzmán. Aun cuando, desde luego, estos casos no permiten ninguna seguridad, sí parece que podría observarse una duración mayor de los matrimonios entre los nobles, algo que, por otra parte, parece vinculado a una mayor esperanza de vida relacionada, probablemente, con mejores condiciones económicas. Podrían compararse estos pocos datos con los que se infieren del estudio de la familia gerundense de los Bell-Lloc, de los cuales sólo son utilizables para nuestros fines dos de sus miembros. Bernat II casa en 1470 y muere junto con su mujer en una epidemia en 1489; en la misma epidemia mueren dos de sus hijos (FERNÁNDEZ TRABAL, 1995, 317). Bernat III, nacido en 1471, casa en 1495 con una mujer de doce años que muere hacia 1515; Bernat III casará de nuevo en 1526, dejando otro hijo y dos hijas antes de morir en 1533 (FERNÁNDEZ TRABAL, 1995, 320-323). Como se observa, la media de duración de estos tres matrimonios es de 15,33 años, con límites en siete y 29 años. Así pues, resultados muy semejantes a los que venimos barajando para las ciudades andaluzas. Por ello, el hecho de que las cifras que se han calculado para Venecia en la segunda mitad del siglo XIV –16 años de matrimonio para los - 216 - nobles y 12 para el resto (ROSSIAUD, 1990, 159)– también coincidan hace suponer que quizá se trate de algo más que una mera casualidad. Aunque algún autor se ha permitido ya generalizar al respecto (MARTÍNEZ GIL, 1996, 19-20), sería necesario contar con más datos de ciudades europeas y españolas para poder establecer si, en efecto, las duraciones medias de los matrimonios en Europa meridional en los siglos XV y XVI se presentan muy similares. 5.- Matrimonios múltiples Hasta ahora, dentro del grupo de las personas casadas que aparecen en nuestra muestra testamentaria, no hemos distinguido entre la primera y las sucesivas nupcias. Tan sólo se ha separado de manera específica a los casados y casadas en primeras nupcias cuando se ha utilizado la población de hijos de testadores, los cuales, en general, cuando aparecen casados, lo serían en primeras nupcias. De hecho, sólo hemos podido encontrar un caso de hijo de testador casado en segundas nupcias, en concreto la única hija del aceitero sevillano Juan Rodríguez, viudo de Inés de Úbeda, que tiene además dos hijos varones solteros, uno de ellos fraile (AHPSE, Prot., 2236, 1545r-1547r; 31 de mayo de 1521). Por lo tanto, la muestra deberá restringirse exclusivamente al grupo de los testadores, excluyendo a sus hijos. Además, hay que advertir que, a pesar del título de este epígrafe, en realidad no ha aparecido ningún caso de cuartas nupcias, y los casos de terceras son muy raros. En el siguiente cuadro se da cuenta de ellos. FECHA TESTADOR CÓNYUGE SIGNATURA 1448, 9, 20 Teresa Rodríguez Alfonso Rodríguez AHPSE, Prot., 3210, p. 2, 22v 1462, 8,9 Juan Sánchez Antonia Rodríguez AHPSE, Prot., 17413, p. 1, 16r-18r 1471, 7, 15 Alonso González de Hornachuelos Antonia Jiménez AHPCO, Prot., of. 14, leg. 7, cuad. 5, 56v-57v 1492, 8, 7 Juan Gutiérrez del Maestro Teresa Ramírez AHPJ, leg. 9, 39v-41r 1501, 10, 19 Juan de Santillán María Díaz AHPSE, Prot., 9101, 619r- 620r 1511, 6, 24 Juana Díaz de Lupión Antonio Rodríguez AHPJ, leg. 13, 338r-339v 1520, 7, 9 Diego Fernández de Fuente del Rey Catalina Rodríguez AHPJ, leg. 32, 501v-503v 1531, 2, 17 Fernando Rodríguez Ana Sánchez AHPSE, Prot., 2262, 341r- 343r 1531, 7, 2 Sebastián Rodríguez de la Cordera Leonor Rodríguez AHPCO, Prot., of. 14, leg. 53, 368r-370v La lista de terceras nupcias, pues, no sólo es exigua, sino que además los casos están distribuidos de forma aleatoria entre las tres ciudades y a lo largo de todo el período de nuestro estudio. Cabe señalar que en uno de los casos, en concreto el testamento del cordobés Alonso González de Hornachuelos, no se dice expresamente que la mujer citada, Antonia Jiménez, sea la tercera esposa, sino que se emplea una fórmula un tanto ambigua al citar a los - 217 - hijos: tras citar a una esposa sin hijos, que por su disposición en el testamento parece ser la primera, cita a “Pedro, mi fijo legítimo e de Ysabel Alonso, mi legítima muger, e Catalina, otrosy mi fija legítima e de Antonia Ximénez, asymismo mi legítima mujer”. A pesar de este ejemplo, lo normal es que en todos los casos se especifique con cuidado el orden de casamientos. Sea como fuere, en esta pequeña lista sólo destaca el hecho de que las terceras nupcias son un fenómeno predominantemente masculino, en el que entran pocas mujeres, apenas dos casos, el 20 % del total. Pero, además, los casos de estas mujeres son los únicos en que consta que el cónyuge ha muerto, es decir, que se trata de dos triples viudas; para los hombres, sus terceras mujeres están todas vivas. Este detalle, a pesar de su casi nula representatividad estadística, ya nos pone sobre la pista de las diferencias que pueden existir entre los sexos en lo referente a los matrimonios múltiples. Centrémonos, pues, en los segundos matrimonios. El cuadro 57 muestra la tasa de segundas nupcias sobre el total de testadores casados que han aparecido en nuestras fuentes. SEVILLA CÓRDOBA Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-49 0 40 14,29 1450-59 18,18 0 8,70 1460-69 27,27 11,11 20 4,35 14,29 9,80 1470-79 20 12,50 15,38 29,41 4,55 15,38 1480-89 5,88 0 3,85 10 5,26 7,69 1490-99 11,11 0 3,13 16 5,88 10,17 1500-09 11,11 0 5,66 45,45 15,79 31,71 1510-19 11,76 16,67 14,63 10,53 0 6,45 1520-29 35,71 7,41 21,82 17,39 30,77 22,22 1530-35 33,33 0 14,81 41,18 31,25 36,36 TOTAL 18,49 6,33 12,17 21,43 12,27 16,92 JAÉN TOTAL Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-49 10 40 20 1450-59 16,67 0 8,33 1460-69 0 0 0 10,81 12,50 11,69 1470-79 0 0 0 27,27 6,45 15,09 1480-89 0 0 0 7,69 3,13 5,63 - 218 - 1490-99 20 23,08 21,21 16,67 7,14 11,29 1500-09 28 15 22,22 27,03 9,23 18,71 1510-19 0 12 9,38 9,30 11,48 10,58 1520-29 13,33 14,29 13,89 24,24 14,75 19,69 1530-35 6,67 27,78 18,18 27,27 20,41 23,66 TOTAL 16,09 16,19 16,15 19,20 11,03 14,99 Cuadro 57: Porcentaje de segundos matrimonios sobre el total de matrimonios Las cifras totales que se plasman en este cuadro merecen algunos comentarios. En primer lugar, se confirma la mayor tendencia de los hombres a las segundas nupcias, algo que ya parecía claro al repasar la lista de las terceras nupcias. En términos generales, parece que uno de cada cinco hombres casados vuelven a hacerlo, mientras que entre las mujeres la proporción es aproximadamente la mitad. En este sentido, en la España de los siglos XVI y XVII las diferencias serán todavía mayores, tanto en cuanto al nivel de segundos matrimonios como en cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres: 50 % de los hombres casados y 15- 20 % de las mujeres (ALVAR EZQUERRA, 1996, 15). Puede recordarse que, al tratar de la nupcialidad en general el fenómeno era justo el contrario. Por otro lado, se aprecia también que las mayores diferencias entre los sexos se dan en Sevilla, mientras que en Jaén prácticamente no existen tales diferencias, en referencia siempre a los datos totales, quedando Córdoba en una situación intermedia. Probablemente sería demasiado precipitado suponer alguna relación entre el tamaño de la ciudad y las diferencias sexuales en el comportamiento respecto a los segundos matrimonios, pero ya habíamos señalado la posibilidad de esa relación respecto de la nupcialidad general, aunque allí se trataba de unas diferencias mayores cuanto menor era el tamaño de la localidad. En todo caso, habrá que esperar al análisis pormenorizado de cada una de las tres ciudades. Por último, puede hacerse mención de la forma en que la tasa global de segundas nupcias va aumentando en una especie de evolución cíclica en forma de dientes de sierra, cuyos momentos álgidos son 1440-49, 1470-70, 1500-09 y 1530-35; después de cada uno de estos decenios se produce una brusca caída que marca el inicio de una nueva ascensión, de forma que se repiten períodos de treinta años de forma muy precisa. Para poder matizar mejor esta apreciación, es necesario observar la evolución diferenciada por sexos. 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres El gráfico 46 revela con claridad que la evolución de los varones es la responsable directa los vaivenes de este peculiar comportamiento de la tasa global, mientras que las mujeres parecen estar más implicadas en el aumento progresivo de la misma. Se trata, de nuevo, de un comportamiento marcadamente diferenciado, como ocurría con la nupcialidad general. Sin embargo, es difícil averiguar las razones concretas que motivan estos bruscos aumentos o descensos en las segundas nupcias masculinas. Se ha señalado, para los siglos posteriores, que tras alguna epidemia o crisis fuerte suele producirse un aumento de este tipo de casamientos, como consecuencia de la mortalidad anterior (ALVAR EZQUERRA, 1996, 15), pero no parece que en este caso puedan encontrarse con facilidad períodos de mortalidad tan bruscos y distribuidos de esta forma a lo largo del período. De todos modos, por debajo de estas brusquedades, parece que, en general, la evolución de las segundas nupcias masculinas tiende a la estabilidad, lo que contrasta con la tendencia a la baja que presentaba la nupcialidad masculina general. El contraste se hace más marcado cuando comprobamos que las mujeres, por su parte, sí que presentan una coincidencia, grosso modo, entre la evolución de la nupcialidad general y la nupcialidad reincidente, con un ascenso continuado que se inicia en el último cuarto del siglo XV, precedido de oscilaciones más o menos fuertes. En este ascenso, suave pero continuado, puede influir el leve aumento de la tasa de masculinidad que se detecta a partir de 1470, al igual que se ha sugerido para la nupcialidad femenina en general. Pasemos a estudiar este aspecto en cada una de las tres grandes ciudades de Andalucía. Como viene siendo costumbre, empezaremos por Sevilla. El cuadro 57 indica, sobre todo, la profunda diferencia que existe entre hombres y mujeres sevillanos a la hora de acometer un nuevo matrimonio, una diferencia mucho mayor que la que pueda existir en cualquiera de las otras dos ciudades y que ya había sido apreciada, aunque no medida, por Blanca Morell Peguero (1981, 140). Fruto de ella, o más bien de la bajísima proporción de viudas que vuelven a casar, es la proporción total de segundas nupcias, la más baja de las tres ciudades, claramente diferenciada de Córdoba y Jaén. No cabe aducir aquí diferencias en el tratamiento legal de las viudas que pudiesen empujarlas en las ciudades del curso alto del Guadalquivir a contraer nuevo matrimonio, porque, como es sabido el fuero de Sevilla es el mismo que se aplica a Córdoba y a Jaén, derivados todos del fuero de Toledo, y en los tres casos la autonomía de las viudas respecto a la administración del patrimonio del marido es bastante amplia (SEGURA GRAÍÑO, 1986 b, 15). De hecho, en todo nuestro elenco de testamentos, - 219 - - 220 - sólo hemos encontrado dos casos en los que aparezcan órdenes taxativas de los testadores sobre el estado futuro de sus mujeres, y en ambos casos se trata de forasteros no andaluces. Uno de ellos, al que ya hemos aludido, es el mercader genovés Martín Cataneo, morador en Sevilla, que no sólo deja señalado el porvenir de su hija que ni siquiera ha nacido, sino que también dispone que la madre de dicha hija, Isabel de Figueroa, con la que “ha más de çinco años, poco más o menos, que avíe conosçimiento” y “de la qual no ovo su verginidad, e por tener[la] en posyçión de buena e onesta, e por tener en ella fijos” le da cierto dinero con condición que se case, y si no lo hace, dispone que se le de una suma mucho mayor para que se meta “en un buen monesterio de monjas” (AHPSE, Prot., 9101, 589r-591r; 19 de septiembre de 1501). El otro caso es el de un vecino de Oviedo, de apellido Ortega, casado con una mujer de nombre ilegible, que hace testamento en Córdoba el 18 de agosto de 1482, disponiendo claramente que su mujer no se vuelva a casar y viva siempre con sus hijos (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, cuad. 14, 13r-14v). Estos ejemplos sugieren que las posibilidades de las viudas de volverse a casar, tanto legales como fácticas, parecen ser mucho mayores en las ciudades andaluzas que en buena parte del resto de España. Además, los ejemplos de Murcia y Madrid, ambas regidas también por el fuero de Toledo, y donde las segundas nupcias son más frecuentes entre las mujeres que entre los hombres, aunque no con las distancias que encontramos en la capital hispalense (BEJARANO RUBIO, 1990, 33; GÓMEZ NIETO, 1991, 46), parece confirmar que, de alguna forma, esta fuerte desproporción debe estar motivada por algún factor propio de Sevilla y que no afecta, al menos en la misma medida, a otras ciudades. Se pueden añadir al respecto los resultados de algunos cálculos realizados sobre los distintos grupos socioprofesionales que hemos delimitado. Haciendo de nuevo la advertencia de que el sector primario ha sido incluido dentro del grupo del “resto”, es decir, de los no caracterizados explícitamente por las fuentes, parece que se puede apreciar con claridad que es el sector terciario el que acude a las segundas nupcias con mayor apetencia. En efecto, el 15,7 % de sus matrimonios son de esta categoría, en contraste con una proporción del 9,9 % para el sector secundario; el resto se sitúa en una posición intermedia, con el 12,2 % de sus matrimonios. Desgraciadamente, la escasez de las cifras que sirven de base a estos cálculos – 37 casamientos en segundas nupcias, de los que ocho corresponden al sector secundario y once al terciario– impide que se pueda subdividir aún más, entre hombres y mujeres o por períodos cronológicos. Sin embargo, merece la pena señalar que la cifra del sector terciario queda bastante alejada de la que se ha calculado para la oligarquía sevillana en el siglo XV, que llega al 9,89 % (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 88), prácticamente idéntica a la que hemos calculado para el sector secundario, si bien esto parece ser una casualidad, puesto que no hay otros indicios que relacionen demográficamente a los nobles de esta ciudad con los artesanos. En realidad, parece que, como ha ocurrido con otras variables, el comportamiento del grupo oligárquico respecto de la nupcialidad se integra perfectamente dentro del conjunto de la sociedad sevillana, sin grandes diferencias, y que más bien es el sector terciario el que presenta en este caso un comportamiento distinto en relación a las segundas nupcias. La evolución de las tasas generales muestra una coincidencia con lo que viene siendo el esquema de la nupcialidad sevillana: dos períodos de tasas altas, centrados en este caso en 1460-69 y 1520-29, y en medio de ellos una amplia depresión que abarca los últimos años del siglo XV y los primeros del XVI. El gráfico 47 muestra que no existen grandes diferencias en la evolución de esta nupcialidad entre los sexos hasta el siglo XVI, a excepción de la sorprendente tasa de 1440- 49. Este último dato, con ser quizá el más llamativo, no debe tomarse demasiado en consideración, puesto que puede ser resultado de una muestra muy escasa: de un total de cinco testadoras casadas en ese decenio, dos lo son por segunda vez, además de otra más casada en terceras nupcias, como hemos visto. En todo caso, este dato no se corresponde con ninguna otra de las variables que hasta la fecha llevamos estudiadas, lo que aconseja todavía más la prudencia a la hora de utilizarlo. Pero lo más significativo de este gráfico es la forma en que parece seguir la evolución de la nupcialidad general en el tránsito del siglo XV al XVI. Si en aquél momento veíamos cómo, a partir de 1480-89 se iniciaba un cambio importante, que llevó a las mujeres a unas tasas más elevadas que las de los hombres, aun dentro de un ascenso general, en este caso podría entreverse el inicio de una situación similar, aunque retrasada hasta 1500-1509. Parecería que la evolución de los segundos matrimonios hubiese querido seguir los pasos de la nupcialidad general, aunque casi una generación después, pero que en 1510-19 algún factor nuevo hubiese restringido de manera abrupta y eficaz esa tendencia de las viudas a volver a casarse incluso en mayor medida que los viudos. Porque lo realmente interesante no es que después de 1520 los viudos volviesen a casar en mayor medida que las viudas, puesto que ello ya venía ocurriendo durante toda la segunda mitad del siglo XV al menos, sino que en ese momento se rompe el paralelismo entre ambos comportamientos, lo que evidencia la presencia de algún factor diferenciador que, a juzgar por los resultados, debió ser muy potente. Se ha hablado, para las familias nobles, de una cierta presión social (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 90), que quizá pudiera ser aplicable también a otros sectores sociales. Pero, sobre todo, y fuera del ámbito andaluz, se ha hecho hincapié en las diferentes formas de presión económica que podían existir para disuadir a las viudas de volver a casarse. Por ejemplo, en Cataluña este segundo matrimonio suponía para la mujer la pérdida de la tutela de sus hijos, el usufructo de los bienes del marido muerto y los demás derechos, al pasar de una comunidad familiar patrilineal a otra (FORNS DE RIBERA, 1997, 54). Otro caso bien estudiado es el florentino, donde se comprueba que la familia del primer marido utilizaba a los hijos como elemento de coacción para impedir un nuevo matrimonio que les obligara a restituir la dote (KLAPISCH- ZUBER, 1983, 1102). A pesar de las diferencias jurídicas entre estos ejemplos y Sevilla, parece que puede sospecharse que a partir de 1520 pudiera empezar a actuar algún tipo de mecanismo de características similares que hiciese que, desde ese momento, las viudas 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres - 221 - - 222 - sevillanas optasen casi unánimemente por permanecer en este estado, mientras que los hombres actúan justo al contrario. La concreción de este tipo de circunstancias, que parecen ser específicamente sevillanas, al menos dentro de la mitad sur de la Corona de Castilla, y que no parecen entrar en funcionamiento hasta bien entrado el siglo XVI, es una tarea que queda abierta a nuevas investigaciones. Ya hemos hecho mención a que, dentro del ámbito urbano andaluz, Córdoba parece situarse en una posición intermedia en relación con las segundas nupcias. En efecto, su tasa global de segundos matrimonios es netamente superior a la sevillana, alineándose con la que presentará Jaén, pero, sin embargo, muestra un desequilibrio entre los sexos bastante fuerte, no tan acentuado como en Sevilla, aunque sí contrastado respecto de la igualdad de Jaén. Por último, la evolución conjunta muestra dos momentos de proporciones muy elevadas de segundos matrimonios, en 1500-09 y en 1530-35, es decir, en momentos totalmente distintos a los puntos álgidos de los segundos matrimonios en Sevilla. Parece, pues, que existirían claras diferencias entre ambas ciudades no sólo en los resultados totales, sino también en la evolución, incluso la diferenciada por sexos. El gráfico 48 puede ayudar a entender mejor el alcance real de estas diferencias. Quizá lo que más llame la atención sean las bruscas oscilaciones de la evolución masculina, que resulta ser la responsable de la evolución oscilante de las tasas generales cordobesas y, en gran medida, también del conjunto de las tres ciudades. Así, podrían distinguirse hasta tres ciclos de rápido ascenso seguido de un brusco descenso, el primero desde 1460-69 hasta 1480-89, el segundo desde ese decenio hasta 1510-19, y el último parece tener su culminación en 1530-35, sin que sepamos si realmente en los años siguientes llegó el descenso esperado. En todo caso, debe resaltarse que el primer ciclo resulta ser exclusivamente masculino, sin que las mujeres varíen lo más mínimo su propia linea evolutiva, bastante estable, pero en los otros dos parecería que las mujeres siguen la evolución de los hombres, primero tímidamente, pero en el ascenso iniciado a partir de 1510-19 ya de forma mucho más decidida, e incluso la tasa femenina en 1520-29 supera a la masculina. Este último dato podría hacer pensar, a primera vista, en una situación similar a la descrita para Sevilla en el decenio anterior, pero mientras allí en el decenio siguiente la proporción de mujeres casadas por segunda vez sufrió un serio descenso, aquí se estabiliza, lo que sugiere que quizá durante los años posteriores pudiese continuarse ese paralelismo. Estos datos parecen indicar, pues, que sean cuales sean los factores que en Sevilla motivaron la repentina diferenciación del comportamiento de hombres y mujeres respecto a los segundos matrimonios no parece que actuasen en Córdoba, al menos en el período estudiado. Un segundo aspecto a considerar en este gráfico cordobés es la absoluta independencia de los segundos casamientos respecto de la nupcialidad general. Ante el descenso generalizado en ambos sexos de la nupcialidad general, la reincidente parece tender, por debajo de sus fuertes oscilaciones, a la estabilidad e incluso a un cierto aumento, sobre todo en el siglo XVI, que es precisamente cuando la caída de la nupcialidad general es más patente. Casi podría decirse que, dentro del período de nuestro estudio, en Córdoba cada vez casa menos gente, pero los que lo hacen repiten. Esta última idea puede sugerir la conveniencia de intentar profundizar algo más en nuestro estudio tratando de identificar, como hemos hecho en Sevilla, si estos “adeptos” a los segundos casamientos proceden de alguno de los grupos socioprofesionales que hemos señalado. El primer problema para realizar esto es que, de los 56 casos de segundas nupcias que hemos localizado, apenas 16 tienen identificada su profesión dentro de los sectores secundario y terciario, a los que habría que añadir otros tres que pertenecen al sector primario. De esta forma, tampoco aquí parece posible llegar a conclusiones diacrónicas. No obstante, se pueden realizar algunos cálculos y el resultado es bastante claro: los profesionales, y sobre todo el sector terciario, muestran una mucho menor predisposición hacia las segundas nupcias que el resto. Hay que tener en cuenta que la caracterización socioprofesional de cada pareja se suele hacer atendiendo a la profesión del marido, tanto si está vivo como si ha muerto, aunque, habida cuenta del paralelismo entre la evolución de unos y de otras, parece que las mismas conclusiones podría aplicarse a las mujeres. En todo caso, 40 de los 56 casos de segundas nupcias proceden del grupo que hemos llamado “resto”, once casos del sector secundario y apenas cinco del terciario. Además, se comprueba que casi el 16,5 % de los matrimonios del “resto” son en segundas nupcias, bajando esa proporción al 14,1 % en el sector secundario y a 9,1 % en el terciario. Incluso, si aceptamos la prosopografía que Quintanilla Raso hace del linaje de los Fernández de Córdoba en sus diversas ramas, entre la alta nobleza las tasas de segundos deben ser todavía menores, puesto que registra un total de 64 matrimonios masculinos y sólo dos casos de reincidencia, una proporción de poco más del 3 %, en todo caso muy por debajo de las cifras que habíamos manejado para los nobles sevillanos. 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres Pero, volviendo a nuestros datos, en comparación con los de Sevilla, se observa una clara inversión entre las proporciones de segundos matrimonios dentro de los dos grupos de profesionales, de forma que vienen casi a “intercambiárselas”. Sin embargo, al revisar la nupcialidad general de estos grupos, observamos cómo los segundos matrimonios no hacen más que seguir en esto a aquella. Esto significa que la divergencia que hemos observado entre la evolución de la nupcialidad general y la reincidente debe atribuirse básicamente al comportamiento de la población no caracterizada socioprofesionalmente. Además, si reunimos ambos grupos socioprofesionales, la tasa de segundos casamientos resultante es inferior a la sevillana, en concreto 10,06 % de los matrimonios, frente al 12,58 % que resulta en Sevilla; lógicamente, la tasa en el resto de la población es notablemente superior en Córdoba: 16,46 % frente al 12,20 % de Sevilla, lo que nos lleva a la conclusión de que los sectores sociales más - 223 - acomodados de la ciudad, en especial el sector terciario, se muestra bastante más refractario a las segundas nupcias que el resto de sus convecinos. Las cifras que acabamos de indicar referidas al linaje más poderoso de la zona también apuntan en la misma dirección. En Jaén, esta tendencia a un aumento de los segundos matrimonios conforme avanzamos Guadalquivir arriba se ve confirmada por una tasa general casi igual a la cordobesa, con el añadido de que ahora ya no aparecen diferencias entre hombres y mujeres, al menos si tomamos todo el período estudiado en su conjunto. No obstante, el gráfico 49 nos muestra una situación de base muy diferente de las otras dos ciudades. En efecto, en Jaén, en general, son las mujeres las que muestran una mayor propensión a volver a casarse, y esta tendencia va en aumento, mientras que los hombres, a pesar de una brusca subida en 1500-09, aparentemente coyuntural, evolucionan de forma inversa. Esto resulta sorprendente si recordamos que la masculinidad giennense mostraba una tendencia a bajar durante el siglo XVI, es decir, que proporcionalmente había más mujeres disponibles cuanto más nos adentramos en ese siglo, a pesar de lo cual, como vemos, son precisamente las mujeres las que recurren a las segundas nupcias. Llama la atención especialmente que, en el decenio 1510-19, cuyos datos están muy afectados por la fuerte crisis que vivió la ciudad hacia 1507-1508, la masculinidad cayó hasta cerca de 60 hombres por cada 100 mujeres, y sin embargo ni uno sólo de nuestros testadores llegó a casarse por segunda vez. Ya tuvimos ocasión de observar este fenómeno también en la nupcialidad general y ahora, no podemos más que confirmarlo y apelar a la escasez de las fuentes o a factores extrademográficos. En todo caso, sí que hay coincidencia entre las tres ciudades en la suavidad relativa que muestra la linea evolutiva femenina, en contraste con una linea masculina sometida a continuas subidas y bajas muy bruscas, quizá producidas por condicionantes extrademográficos. Puede que buena parte de la responsabilidad de estos altibajos haya que atribuirla a un flujo de inmigraciones y emigraciones todavía no bien conocido pero que, como estamos comprobando, parece que deja sentir sus efectos en todas las ciudades andaluzas del tránsito entre la Edad Media y la Moderna. Algunas sugerencias se han hecho ya en este sentido, circunscritas a la ciudad de Córdoba, pero podría pensarse en la existencia de fenómenos similares, de intensidad variable, en todas las ciudades. 0 5 10 15 20 25 30 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres - 224 - - 225 - Para terminar, a pesar de que la muestra de segundos matrimonios en Jaén es muy escasa, como viene siendo habitual en todos los aspectos que venimos estudiando en esta ciudad, hemos podido comprobar que, de un total de 31 segundos matrimonios, sólo tres de ellos proceden de testadores integrados en el sector terciario, y ninguno del sector secundario. No obstante, estos tres segundos matrimonios del sector terciario suponen una cuarta parte del total de matrimonios de este grupo, aunque resulta demasiado arriesgado sacar conclusiones de una muestra tan exigua. Sea como fuere, parece que aquí, como en Córdoba, los sectores más acomodados evitan los segundos matrimonios. 6.- Viudos y viudas Para comprender mejor el significado de lo que acabamos de exponer respecto de las segundas nupcias, es necesario completar esos datos con los referidos a la proporción de viudos y viudas en el conjunto de la población que ha casado en el momento de hacer testamento. A esto vamos a dedicar el presente apartado. Como puede suponerse, tampoco aquí tendremos ocasión de aludir a los hijos de los testadores para obtener datos de ellos. Sólo han aparecido dos casos de hijos de testadores que a su vez estén viudos y, curiosamente, en ambos casos el testador es también viudo. Se trata de la única hija del curtidor sevillano Diego del Torno, viudo de Elvira Ruiz (AHPSE, Prot., 3970, s/f; 4 de febrero de 1511), y una de las cuatro hijas de Gonzalo Ruiz, vecino de Córdoba viudo de María Alfonso, que testó el 21 de febrero de 1468 (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 2, 259r-260v). Así pues, la tasa de viudez, es decir, la proporción de viudos y viudas en relación con el total de casados, en el ámbito de nuestro estudio son las que refleja el cuadro siguiente: SEVILLA CÓRDOBA Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-49 0 20 7,14 0 0 1450-59 9,09 33,33 21,74 0 0 1460-69 9,09 55,56 30 8,70 46,43 29,41 1470-79 0 37,50 23,08 12,50 45,45 31,58 1480-89 5,88 22,22 11,54 20 52,63 35,90 1490-99 0 52,17 37,50 4,76 62,50 39,62 1500-09 22,22 65,38 43,40 4,55 36,84 19,51 1510-19 41,18 50 46,34 15,79 41,67 25,81 1520-29 14,29 48,15 30,91 8,70 38,46 19,44 1530-35 25 60 44,44 5,88 31,25 18,18 - 226 - TOTAL 15,75 49,37 33,22 9,82 46,58 28,09 JAÉN TOTAL Hombres Mujeres Total Hombres Mujeres Total 1440-49 0 20 6,67 1450-59 8,33 33,33 20,83 1460-69 0 33,33 16,67 8,11 47,50 28,57 1470-79 100 100 9,52 45,16 30,77 1480-89 0 75 50 12,82 43,75 26,76 1490-99 15,79 53,85 31,25 8,16 57,35 36,75 1500-09 8 50 26,67 12,16 52,31 30,94 1510-19 0 52 40,63 23,26 49,18 38,46 1520-29 0 42,86 25 9,09 44,26 25,98 1530-35 0 33,33 18,18 9,09 40,82 25,81 TOTAL 5,81 46,67 28,27 11,14 47,64 30,04 Cuadro 58: Proporción de viudos en el total de testadores casados Las cifras totales de las tres ciudades ya indican algunos extremos interesantes. Como cabía esperar, la tasa de viudez por sexos resulta casi inversa a la de segundas nupcias, reflejando de igual manera las fuertes diferencias en este aspecto. Así, la viudez afecta, en términos generales a casi la mitad de las mujeres que hacen testamento y declaran haber estado casadas alguna vez, mientras que en ese caso no llega a estar el 12 % de los hombres. Un segundo aspecto, también plenamente coherente con las segundas nupcias, es que el dato de Sevilla destaca ligeramente sobre las otras dos ciudades. En este caso, se trata de una tasa de viudedad en Sevilla que alcanza casi a un tercio de los testadores que están o han estado casados, mientras que en Córdoba y Jaén apenas supera el 28 %. Resulta lógico que, si en Sevilla se detectaba una mucho menor tendencia a los segundos matrimonios, la tasa de viudedad sea mayor. Sin embargo, las cifras totales separadas por sexos ofrecen más dificultades de interpretación. Así, resulta claro que, los principales responsables de estas diferencias entre las ciudades son los hombres, cuya tasa de viudedad desciende rápida y paulatinamente conforme ascendemos por el valle del Guadalquivir. Aunque también la tasa femenina es mayor en Sevilla que en Córdoba y Jaén, en este caso la diferencia es mucho más reducida y no se aprecia que exista entre Córdoba y Jaén. En general, esto confirma la idea de que en Sevilla la práctica de los segundos matrimonios está mucho menos extendida que en las otras dos ciudades, sobre todo entre los hombres, aunque siempre manteniendo las grandes diferencias entre hombres y mujeres. Cabe destacar el caso de Jaén, donde el nivel de segundos matrimonios es prácticamente igual para hombres y para mujeres, mientras que la viudedad está mucho más extendida entre éstas que entre aquellos, lo que significa que en esta ciudad debe existir un buen número de hombres definitivamente célibes. Veamos ahora la evolución de esta tasa en el total de la población urbana andaluza casada. El gráfico 50 nos presenta, en primer lugar, una evolución muy suave en ambas lineas, siempre la de las mujeres muy por encima de la de los hombres. Aquella parece trazar una amplia curva cuyo punto culminante se situa en 1490-99, iniciando después un tranquilo descenso; por su parte, la tasa de los hombres también parece aumentar muy levemente hasta 1480-89, para luego verse sometida a algunas oscilaciones, la más importante de las cuales es un ascenso repentino en 1510-19, con descenso igualmente marcado en el decenio siguiente. En el caso de las mujeres, esta evolución encaja bien con la de las segundas nupcias, también relativamente suave y con cierta tendencia a subir en el siglo XVI. Sin embargo, las fuertes oscilaciones de las segundas nupcias en los hombres no se ven reflejadas aquí. Sólo se aprecia una coincidencia del episodio ascendente de la viudedad masculina de 1510-19 con una de las depresiones de las segundas nupcias; esto puede significar una mortalidad femenina muy acusada en esos años. Recordemos que toda la muestra de ese decenio corresponde a los años 1510 y 1511, lo que inmediatamente apunta a las posibles consecuencias de la crisis de 1507- 1508. No obstante, será el estudio detallado de la mortalidad el que podrá ofrecernos las claves de este comportamiento. Además, es necesario comprobar si se trata de una circunstancia comun en las tres ciudades o una particularidad de alguna de ellas. También, en este sentido, conviene tener presente que habíamos atribuido las oscilaciones de los segundos matrimonios a la evolución específica de Córdoba, y hay que determinar si en este caso se dan parecidas circunstancias. 0,00 10,00 20,00 30,00 40,00 50,00 60,00 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres - 227 - Pero, para analizar a cada una de las ciudades, seguiremos el orden que viene siendo habitual en este trabajo, y empezaremos por Sevilla. La evolución de sus tasas de viudedad por decenios se refleja en el gráfico 51. A primera vista, la evolución de la viudedad tiene poco que ver con las demás variables de la nupcialidad que llevamos analizadas. Para las mujeres, se aprecia la existencia de dos momentos álgidos, en 1460-69 y en 1500-09, separados por una recesión, en 1480-89, mucho más breve que la que se observaba en la nupcialidad general, aunque centrada en las mismas fechas. Ciertamente, después de la segunda de estas “cumbres” de la viudedad femenina, las tasas se mantienen en niveles bastante altos durante todo el primer tercio del siglo XVI, de forma que la tasa conjunta para 1440-1499 es de 40,91 %, y para 1500-1535 se eleva hasta el 55,43 %. No obstante, se vuelve a confirmar la presencia de una fuerte caída de la nupcialidad en todas sus modalidades en Sevilla en los años finales del siglo XV. Es decir, que en estos momentos no sólo hay menos mujeres que se casan, sino que, dentro de las que lo hacen, son muy escasas las que lo hacen por segunda vez y también, sorprendentemente, escasean las viudas, lo que significa que, dentro de una nupcialidad femenina coyunturalmente muy baja, la gran mayoría de los matrimonios son de primera vez y en el momento de morir la esposa el marido seguía vivo. Recordemos que a partir precisamente de 1490 se inicia el ascenso de la tasa de segundos matrimonios masculinos, aunque su despegue definitivo todavía se retrasará veinte años más. En este sentido, también resulta interesante recordar que a partir de estos momentos la masculinidad de la población sevillana inicia su aumento. Toda esta situación refuerza la idea de la existencia de una fuerte corriente inmigratoria alrededor de los años de 1480 desde los pueblos cercanos hasta Sevilla, que explicaría tanto la mayor presencia de solteros y solteras como la escasez de segundos matrimonios y de viudas y viudos, puesto que, como es sabido, los vecinos de la tierra sevillana que casasen con una vecina de la capital se convertían automáticamente en vecinos de la capital, si bien este privilegio estuvo derogado desde 1487 hasta 1507 (MORELL PEGUERO, 1986, 160), coincidiendo probablemente con el máximo flujo de inmigrantes a la ciudad. También parece bastante probable que este flujo migratorio no fuese únicamente de hombres jóvenes, sino también de mujeres. La evolución de las tasas de segundas nupcias y de viudedad masculinas sugiere, sin embargo, que la llegada masiva de estas mujeres debió producirse algunos años más tarde que la de los hombres, hacia 1510, seguramente después de la fuerte crisis de 1507. En efecto, se aprecia con claridad que la proporción de viudos 0,00 10,00 20,00 30,00 40,00 50,00 60,00 70,00 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres - 228 - aumenta desde 1490, junto con la de viudas, quizá debido a un aumento generalizado de la mortalidad, pero, en todo caso, este aumento se quiebra precisamente en 1510, coincidiendo con el despegue de las segundas nupcias. Esto parece señalar que, a partir de ese momento existían más mujeres disponibles para casarse. De hecho, también se ha comprobado que en este momento se produce una mayor diferencia de edades a la hora de acceder al primer matrimonio, con un leve retraso en la de los hombres y un adelanto muy fuerte en la de las mujeres. En general, da la impresión de que podrían haber existido dos oleadas de inmigrantes, una en la década de 1480 y otra después de 1507; la primera, responsable del cambio de ritmo en el aumento demográfico de la ciudad, fue en parte enjugada por la emigración con destino a Granada y a América, si bien los desajustes entre una y otra corriente hicieron que Sevilla se llenase, durante casi toda una generación, de jóvenes solteros. Una serie de crisis, coronadas por la de 1507, jalonan el cambio de siglo y sólo una vez pasado este período, que se traduce en una época de baja nupcialidad, parece que encontramos un nuevo empuje inmigratorio que, esta vez, no tuvo como destino final la reexpedición de sus efectivos a otras tierras, sino el asentamiento en la ciudad, de forma que se producen una serie de cambios de gran calado en las estructuras de la nupcialidad: el aumento de la nupcialidad general y, sobre todo, el comportamiento diferenciado de ambos sexos, que sitúan a Sevilla, desde este punto de vista, dentro de un marco completamente coherente con lo que sabemos de las ciudades europeas de la época. 0,00 10,00 20,00 30,00 40,00 50,00 60,00 70,00 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres Veamos ahora lo que sucede en la segunda gran ciudad de la zona, Córdoba. En el gráfico 52 se puede apreciar una clara tendencia negativa en la proporción de viudas, a pesar del ciclo ascendente que aparece en 1470-1499, contrarrestado en el decenio siguiente; por su parte, los viudos parecen evolucionar en una suave curva que, al encontrarse en su momento álgido, cae bruscamente entre 1480-89 y 1490-99, para no recuperarse hasta 1510-19, ya cuando la tendencia es de nuevo al descenso. En todo caso, el primer tercio del siglo XVI, cuando se registra un aumento de los segundos matrimonios, es una etapa de descenso en la proporción de viudos y viudas, lo que confirma nuestra observación de que, dentro del menguante grupo de los cordobeses que se casan, la tendencia es a continuar casado incluso después de la muerte del cónyuge. - 229 - - 230 - La combinación de estos hechos con el retraso en la edad del matrimonio, con el aumento de la masculinidad de los testadores cordobeses y con el aumento también claro de la proporción de soltería religiosa, nos pone sobre la pista de una ciudad abundante en jóvenes solteros, sobre todo varones, que nunca llegarán a casarse. Parece plausible que esta situación sea resultado de una relativa sobrepoblación, quizá efecto de un exceso de inmigrantes, contra la que se reacciona con el descenso generalizado de la nupcialidad. Algunos indicadores, como la edad de matrimonio, la masculinidad y la proporción de segundas nupcias femeninas apuntan a los primeros años del siglo XVI como el momento en que este fenómeno pudo mostrarse en toda su intensidad, posiblemente, como ocurría en Sevilla, una vez que se hubo pacificado Granada y superado la crisis de 1507. Para el siglo XV, las interpretaciones son más difíciles, ante la falta de datos sobre la evolución general de la población cordobesa. Sin embargo, habíamos constatado que el descenso de la nupcialidad se venía produciendo ya desde 1460, si bien en aquellos momentos se encontraba en niveles muy altos. También se comprobó que la edad de matrimonio masculina permanecía aproximadamente estable, como la masculinidad, la viudez masculina y los segundos matrimonios femeninos; otras variables, como la viudez femenina, la edad de matrimonio femenina y los segundos matrimonios masculinos se veían sometidos a fuertes oscilaciones, pero, en conjunto, mantenía también una cierta estabilidad. Así, a la espera de nuevos datos, podríamos aventurar que la población cordobesa evoluciona al compás de la constante reducción y retraso de la nupcialidad, y por tanto de la natalidad, probablemente como compensación frente a otros factores positivos, probablemente la inmigración desde el campo. En Jaén, como viene siendo habitual, las posibilidades de análisis son menores, debido a la escasez de datos anteriores a 1480. El gráfico 53 nos muestra, además, que la incidencia de la viudez en los hombres es prácticamente nula, salvo algunos casos en los años del cambio de siglo. Por su parte, las mujeres, a partir de 1470 –anteriormente sólo se registra un caso de viuda por decenio, pero el número de testadores casados es demasiado pequeño para que la proporción resultante pueda ser utilizada, al menos sin muchas precauciones– presentan una evolución que recuerda bastante a la de las viudas de Córdoba, es decir, en un suave descenso, que contrasta con la abrupta subida de las segundas nupcias femeninas a partir de 1510-19. Debe tenerse en cuenta que, al parecer, la ciudad de Jaén inició su recuperación demográfica a partir de 1510 –de nuevo, después de la crisis de 1507–, momento que también coincide con el adelanto de la edad de matrimonio femenino y el aumento de la nupcialidad general masculina; en definitiva, una cierta recuperación de la nupcialidad. 0,00 10,00 20,00 30,00 40,00 50,00 60,00 70,00 80,00 90,00 100,00 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hombres Mujeres Por otra parte, en los últimos años del siglo XV, la tendencia general de todos los indicadores de nupcialidad es al descenso, lo que encaja bien con el estancamiento demográfico de la ciudad en los años posteriores al gobierno del condestable Lucas de Iranzo, que probablemente trajo como consecuencia una población artificialmente hinchada. Así, en Jaén no parece que puedan detectarse movimientos inmigratorios importantes durante el último cuarto del siglo XV, como ocurre en Sevilla o Córdoba, ni tampoco señales de una activación demográfica “interna”, a través de un aumento de la nupcialidad, hasta 1510. De esta forma, parece que la fuerte crisis de 1507, que afectó grandemente a la ciudad, no supone más que la culminación de una época de recesión de la que no empezará a salir hasta 1510. 7.- Uniones no matrimoniales La existencia, dentro de las sociedades urbanas bajomedievales, de uniones no matrimoniales, formalmente ilegítimas, es bien conocida, aunque ciertamente poco estudiada. En realidad, los investigadores que se han preocupado en alguna medida de la sexualidad extramatrimonial en Castilla han fijado su atención en comportamientos más flagrantes, como adulterios o casos de bigamia; así, el caso de Murcia (RUBIO GARCÍA, 1991, 14-22). En todo caso, tanto las parejas convivientes no casadas, como el resto de comportamientos sexualmente heterodoxos estaban legalmente condenados en Castilla desde el siglo XIII (CASEY, 1990, 166), pero, según Agustín Redondo, la bonanza económica de finales del XV y principios del XVI favoreció un deseo generalizado de libertad y una cierta relajación de los valores morales, sociales y religiosos, en particular los vínculos familiares, lo que obligó a varios concilios, en particular los de Toledo de 1480, Córdoba en 1520 y Sigüenza en 1533, a condenar con especial dureza el divorcio y la bigamia (REDONDO, 1985, 35-36). Además, a partir de datos de la segunda mitad del siglo XVI, se ha podido comprobar que la mayor parte de los bígamos castellanos proceden de medios urbanos o semi-urbanos (REDONDO, 1985, 42). Para el siglo XV, los datos son mucho menos claros, y las fuentes deben utilizarse con más cuidado, pero parece que las épocas de ausencias maritales, como cautiverios, guerras o, más adelante, emigraciones a América, son más propensas a los adulterios (CÓRDOBA DE LA LLAVE, 1986, 585 y 594). Sea como fuere, el hecho es que nuestros testamentos no suelen dejar lugar a dudas sobre la legitimidad de los matrimonios que se reseñan. Sin embargo, en algunos casos - 231 - - 232 - aparecen este tipo de parejas, aunque ciertamente en muy escasa cantidad. La lista total de casos en que esta relación extramatrimonial estable aparece clara o implícita son los siguientes: Fecha Testador Signatura 1468, 11, 14 Antonio García AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 2, 255v-256r 1473, 3, 3 Juan Osma AHPSE, Prot., 3211, p. 431v-32v 1490, 5, 12 Isabel Sánchez AHPCO, Prot., of. 14, leg. 25, cuad. 4, 16v-17v 1497, 1, 16 Leonor Rodríguez AHPSE, Prot., 3215, p. 26, 1r-v 1498, 5, 9 Catalina Fernández AHPSE, Prot., 3217, p. 1, 54v 1501, 9, 9 Martín Cataneo AHPSE, Prot., 9101, 589r-591r 1510, 4, 23 Diego Gallego AHPSE, Prot., 6, 364r-365r 1511, 9, 1 Doña Leonor de Adamuz AHPSE, Prot., 2192, s/f 1511, 9, 1 Bernardo de Grimaldo AHPSE, Prot., 2192, s/f 1520, 10, 30 Ana de Segura AHPSE, Prot., 1521 bis, s/f 1522, 4, 15 Pedro Fernández de Cazorla AHPJ, leg. 7, 73r-74r Como se puede apreciar, es una lista bastante limitada, apenas once casos sobre un total de mil testamentos utilizados, lo que significa, en un cálculo simplificador, que sólo el 1,1 % de la población urbana andaluza mantenía este tipo de relación y, además, estaba dispuesta a reconocerlo. Pero, en realidad, esta lista debe ser criticada, puesto que no siempre la relación aparece claramente establecida, estable y suficientemente duradera. En algunos casos, se especifica la convivencia, pero no la naturaleza de la misma, de forma que nos queda la duda de si el o la conviviente es realmente la pareja del o la testador o testadora, o si se trata de algún pariente o criado. De hecho, ya en 1396 los eclesiásticos de la ciudad se quejaron a Enrique III de que los encargados de cobrar las multas que debían imponerse a las barraganas, intentaban cobrarlas por cualquier mujer que tuviesen los clérigos en sus casas “sin vicioso riesgo” (ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 a, 251). Pero en nuestros testamentos, los ejemplos son todos de laicos. Así, el cordonero sevillano Juan Osma, que cita a una hija que no es suya, sino de una tal Catalina Ruiz, “muger que el dya de oy está en su conpañía”; no obstante, este testador deja como heredera de sus bienes a su madre de él. Quizá más claro sea el ejemplo de Diego Gallego, que cita a “Ynés Fernández, que mora en mi casa” y a la que deja por única heredera. Una situación similar es la de Isabel Sánchez, viuda del joyero Lázaro Sánchez, que cita a “Diego Rodríguez, astero, que mora en su casa” y que es nombrado albacea junto con “Antón González, sus amigos e veçinos”. Otro tipo de dudas pueden presentarse cuando no aparece clara la convivencia, de forma que podríamos estar ante casos de relaciones esporádicas y no estables. Por ejemplo, Leonor Rodríguez declara tener como único hijo a “Uberto, su hijo e hijo de Micer Anbrosio, que Dios aya”, sin que sepamos si su unión con este Ambrosio fue estable –pudo ser incluso matrimonial– u ocasional. Tampoco aparece clara la convivencia de Martín Cataneo y Leonor de Figueroa, a los que ya conocemos. Sin embargo, en algunos casos, aunque no exista convivencia, sí parece que la relación debió ser - 233 - bastante estable, puesto que fruto de ella fueron dos o más hijos. Es el caso de Bernardo de Grimaldo, que, pese a estar casado con Violante de Grimaldo, tuvo dos hijos varones con Leonor de Adamuz; en el testamento de ella se especifica que ambos son menores de veinticinco años, y que uno de ellos es canónigo de la catedral de Sevilla, mientras que en el testamento de él se indica que su relación data de hace veinte años, sugiriendo que todavía continúa22. Parecidas circunstancias son las de Ana de Segura, que cita a Juan López como padre de sus dos hijos, pero no dice explícitamente que sea su marido. Por último, el único caso de este tipo de relaciones que ha aparecido en Jaén, el de Pedro Fernández de Cazorla, tampoco asegura la existencia de una pareja estable, puesto que cita a “mis fijos [dos varones], que los ove en Catalina Garçía, muger soltera”. Por otro lado, esta lista debe completarse con dos ejemplos en que aparece la relación extramatrimonial no en el testador sino en sus hijos. El primero, al que ya hemos aludido más arriba, es la hija de Diego Jiménez, vareador de galeras en Sevilla, la que “agora ella bive con Maestre Pedro, sastre; por ende, sy el dicho Maestre Pedro se casare con ella o ella se casare con otro, que sus herederos e albaçeas den dos mill maravedís para ayuda del dicho su casamiento” (AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 6r-7v; 13 de septiembre de 1450). El segundo es una de las hijas de Marina López, mujer de Juan López Cansino, fruto de cuya relación extramatrimonial es un hijo, nieto de la testadora (AHPSE, Prot., 3211, p. 3, 9r; 21 de abril de 1472). 22 Aunque, como es evidente, se trata de una única relación, sin embargo hemos preferido contabilizar a todos los efectos ambos testamentos por separado, no sólo para simplificar su análisis, sino también porque en el de Bernardo de Grimaldo se alude fundamentalmente a su mujer y a los hijos de su matrimonio legítimo, lo que no ocurre con Leonor de Adamuz, que está soltera. Pese a todo, algunas conclusiones pueden extraerse de esta relación de posibles o reales parejas no matrimoniales. La primera es su focalización en Sevilla. Sólo dos casos se registran en Córdoba, y en uno de ellos, el ya citado de Isabel Sánchez, no está clara la naturaleza de la relación; igualmente, también ofrece dudas, como hemos visto, el único caso registrado en Jaén. Una segunda conclusión es la concentración de los casos en algunos momentos determinados. Así, de los once casos, siete se sitúan en los decenios 1490-99 y 1510-19. Sin embargo, en términos proporcionales, puede confirmarse que en el siglo XVI la presencia de este tipo de relaciones es muy superior a la que existía en el siglo XV. En efecto, tomando sólo los datos de Sevilla, la proporción de parejas no matrimoniales respecto al total de testamentos es de 1,84 % en el período 1440-1499, teniendo en cuenta que dos de los tres casos están fechados en la década de 1490; en el siglo XVI la proporción se duplica, llegando al 2,91 %. Respecto a Córdoba, los dos únicos casos se registran en el siglo XV, pero el único ejemplo giennense data de 1522, y es cronológicamente el último de nuestra serie. Por último, resulta interesante considerar la posibilidad de una elevada participación en esta lista de personas forasteras o de origen foráneo. Además de Martín Cataneo, cuya vecindad genovesa aparece explicitada con claridad, aunque mantiene también la categoría de morador en Sevilla, es bastante probable el origen italiano de Bernardo de Grimaldo y de Micer Ambrosio, el padre del hijo de Leonor Rodríguez. Menos claro, aunque también cabe la posibilidad de una - 234 - procedencia exterior más o menos lejana, son los casos de Pedro Fernández de Cazorla e incluso de Juan Osma. De confirmarse todas estas procedencias podría ponerse este dato en relación con la comprobación que hizo Agustín Redondo (1985, 41) de que la mayor parte de los bígamos en Castilla en la segunda mitad del siglo XVI eran hombres y emigrantes, así como con la tesis que Henry Bresc (1986, 197), para la Sicilia del siglo XV, de la práctica frecuente del concubinato sobre todo por los inmigrantes. En todo caso, y aunque los datos son muy escasos, sí parece que los forasteros, y desde luego los mercaderes italianos, muestran clara tendencia a la convivencia con mujeres sevillanas, pero no tanto al matrimonio con ellas. De hecho, sabemos que en mayo de 1515 se da una provisión para que tributen muchos genoveses y otros extranjeros que tienen casa poblada, con manceba, en Sevilla y se eximen de tributos alegando ser estantes (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 a, 131). -237- VI. DE LOS HIJOS Y LA FAMILIA Averiguar el número de personas, especialmente hijos, que conviven en una misma casa junto con el matrimonio ha sido una de las preocupaciones que tradicionalmente han ocupado a los investigadores de la demografía medieval. La cuestión del famoso “coeficiente”, ese número mágico que permitía convertir en habitantes los “vecinos” o “fuegos” de los escasos padrones disponibles, se planteó desde muy pronto, aunque también enseguida empezó a extenderse la apreciación de que las variaciones espaciales y cronológicas de tal cifra eran demasiado amplias como para poder establecer coeficientes válidos para zonas amplias o períodos prolongados (HEERS, 1978, 19). Paralelamente, los historiadores de la población moderna ampliaban más el ámbito de investigación, considerando el número de habitantes por hogar como uno más de los múltiples factores que influyen en la estructura de las familias, variable a su vez en el espacio y el tiempo. El estudio de algunos de esos factores dentro del marco espacio-temporal de este trabajo será el motivo principal del presente capítulo. Sin embargo, sorprendentemente, se constata que, pese al conocimiento de la variabilidad de este coeficiente, los autores han tendido, en muchos casos, a elegir y aplicar uno, digamos “a ojo”, sin tomar demasiadas precauciones ni hacer mayores averiguaciones, utilizando luego las cifras de habitantes así obtenidas para ulteriores cálculos y comparaciones. Ya los viajeros del siglo XVI utilizaban este sistema, y encontramos a un anónimo mercader milanés de viaje por España que aplica un coeficiente “quali a 7 anime per focho, che cossì possono mettere” para Córdoba y Sevilla (IGUAL LUIS, NAVARRO ESPINACH, 1997, 265 y 270). Pero si en aquel momento estas observaciones tenían la validez de lo inmediato, no es justificable el mismo método en autores actuales. Citaremos sólo dos ejemplos. En primer lugar, Enrique Cantera afirma que, en la Castilla bajomedieval las mujeres cristianas tenían tres hijos de media –no especifica si se trata de partos o de hijos supervivientes–, mientras que las judías tenían cuatro porque en su caso a la aspiración de perpetuación del linaje –por lo que hemos de suponer que el autor se refiere sólo a los grupos sociales privilegiados– se une la necesidad de perpetuación del grupo en condiciones adversas (CANTERA MONTENEGRO, 1989, 41). Más reciente, y más sorprendente al tratarse de una obra dedicada expresamente al estudio de la población, es el ejemplo de Carlos Vera, en un trabajo por lo demás muy válido, pero en el que al calcular la población de Madrid y toda su tierra, multiplica el número de vecinos que le aportan las fuentes por cinco “porque por otros datos de la misma época parece que las familias numerosas abundaban en Madrid” (VERA YAGÜE, 1999, 56), citando en nota algunos documentos de las actas municipales madrileñas para apoyar su idea. Razonamientos similares pueden encontrarse sin demasiada dificultad en otras obras, y, según nuestro entender, vienen a poner de manifiesto la necesidad de desarrollar algunas formas más racionales de obtener el coeficiente en cuestión, para evitar este tipo de frivolidades. Antes de continuar, es necesario hacer dos advertencias metodológicas. En primer lugar, no se tratará aquí de criados ni esclavos, a los que se dedicará un capítulo específico. En segundo lugar, en todos los cálculos de este capítulo se han ignorado los posibles matrimonios anteriores del testador, aun cuando generalmente se citan tanto los hijos supervivientes de esos casamientos como el nombre del cónyuge fallecido. Sin embargo, no es posible saber si, en el momento de romperse ese matrimonio por muerte de uno de los cónyuges, sobrevivía el -238- mismo número de hijos que se cita en el testamento. Por tanto, se utilizarán únicamente los datos del matrimonio último del testador. 1.- El número de los hijos 1.1.- Los hijos supervivientes Nuestras fuentes no permiten saber, ni siquiera con una precisión relativa, el número de hijos que ha tenido una mujer a lo largo de su vida. Como hemos venido indicando, en los testamentos sólo se mencionan de forma sistemática los hijos vivos o bien los muertos que hayan tenido descendencia y que, por lo tanto, estén afectados por el reparto de la herencia. Por ello, para intentar un primer acercamiento a esta cuestión, es necesario limitarse, de momento, al número de hijos que sobreviven en el momento de hacer testamento. No obstante, esta cifra, que denominaremos “tasa de supervivencia”, ofrece la ventaja de ponernos en contacto con el nivel de reproducción del grupo demográfico por vía natural, sin aportes migratorios y una vez salvada la mortalidad infantil y juvenil; en este sentido, podemos suscribir las palabras de uno de los máximos conocedores de la evolución demográfica europea: “resulta evidente que el éxito reproductivo de una población –es decir, su crecimiento– depende del número de hijos tenidos por las mujeres que han sobrevivido hasta la edad reproductiva” (LIVI-BACCI, 1990, 26). El siguiente cuadro, pues, indica el número medio de hijos por testador en las tres ciudades que estamos estudiando, teniendo en cuenta que sólo se han contabilizado los testadores casados o viudos, ignorándose por tanto los solteros: SEVILLA CÓRDOBA JAÉN TOTAL 1440-49 1,78 1 1,73 1450-59 2,26 3 2,30 1460-69 2,20 2,65 4,67 2,69 1470-79 1,34 2,20 5 2,06 1480-80 2,05 2,05 1,66 2,03 1490-99 1,38 2,35 3,22 2,34 1500-09 2,82 1,76 2,94 2,54 1510-19 1,62 2,07 2,35 1,97 1520-29 2,17 2,05 2,59 2,25 1530-35 2,59 1,73 1,67 1,96 TOTAL 2,12 2,14 2,64 2,25 Cuadro 59: Tasas de supervivencia En términos generales, se puede observar que la supervivencia de los hijos de las parejas casadas urbanas andaluzas se sitúa prácticamente en el límite de la reproducción biológica de la población. Desde luego, esta situación es común a muchas ciudades europeas (STOUFF, 1976, 68; BRESC, 1988, 429; KLAPISCH-ZUBER, 1988, 491 y 506; KLAPISCH-ZUBER, 1990, 314; DUBUIS, 1991, 231), así como a lo observado en Castilla en los siglos XVI y XVII (ALVAR EZQUERRA, 1996, 12), y significa, fundamentalmente, que la evolución positiva de la población de estas ciudades se debe, más que a cualquier otro factor, a la inmigración (FLINN, 1980, 39; HIGOUNET-NADAL, 1980, 202; ROSSIAUD, 1990, 157; CIPOLLA, 1992, 177). En nuestro caso, además, podemos comprobar cómo son precisamente las dos ciudades más grandes y con mayor dinamismo demográfico – comprobado en Sevilla, supuesto en Córdoba– las que presentan unas tasas más bajas, es decir, que son ciudades biológicamente estancadas. Por contraste, Jaén, cuya población no crece al menos hasta bien entrado en siglo XVI, muestra una tasa de reproducción bastante aceptable, de forma que incluso podría pensarse en movimientos emigratorios desde la ciudad hacia, probablemente, Granada. Recuérdese que en capítulos anteriores ya hemos aludido a la posibilidad de estas emigraciones, en relación con la hipotética sobrepoblación de la ciudad hasta los años de 1470 y 1480. Por último, no podemos olvidar que estos datos encajan bastante bien con la hipótesis que habíamos adelantado en el capítulo II en relación con el número de hijos por vecino en Cádiz hacia 1465, que habíamos situado en alrededor de dos. 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 4 4,5 5 1440-49 1460-69 1480-80 1500-09 1520-29 hi jo s / t es ta do r SEVILLA CÓRDOBA JAÉN A la vista del gráfico 54, y a pesar de que los datos cordobeses hasta 1460, así como las cifras de Jaén hasta 1490, están basadas en muestras muy escasas, se puede comprobar que, en efecto, el coeficiente giennense es siempre superior a los de las otras dos ciudades, excepto en 1480-89 y en el último período, en que baja bruscamente hasta situarse por debajo del nivel de Sevilla y casi igualado al de Córdoba. No obstante, la proporción de hijos por testador en Jaén sufre un descenso continuado desde 1490 al menos, de forma que el descenso de 1530-35 podría no ser más que la aceleración de un proceso ya iniciado mucho antes. En todo caso, es el mismo proceso que se da en Córdoba, donde todos los datos disponibles apuntan a un descenso suave aunque mantenido del índice de supervivencia. Aun así, y -239- -240- salvando descensos coyunturales, en ambas ciudades el índice se sitúa siempre por encima del dos hasta 1530, es decir, que permite mantener, siquiera a duras penas, el relevo generacional. En el caso de Jaén, esto podría significar una influencia escasa de las inmigraciones en su evolución demográfica. Pero en Córdoba es precisamente en la última etapa del período de nuestro estudio cuando, según las cifras más seguras, podemos comprobar un crecimiento relativamente importante de su vecindario, lo que, a la vista de estos datos, sólo podría ser posible gracias a un considerable aporte inmigratorio. De todas formas, hay que recordar que, aun de forma poco precisa, algunos testimonios dejaban traslucir una cierta sensación de despoblamiento en Córdoba en el período entre 1520 y 1535. El caso sevillano es, en buena medida, inverso. En efecto, hasta 1490-99 las tasas de reproducción se mantienen aproximadamente estables, aun con ciertos altibajos. Sin embargo, a partir de este momento inician un aumento progresivo, si bien tampoco continuado –brusca subida en 1500-09 y descenso compensatorio en 1510-19– hasta conseguir la tasa más elevada de las tres ciudades precisamente en 1530-35, cuando Córdoba y Jaén alcanzan su punto más bajo. En este sentido, la evolución de estas tasas sí que se presenta paralela a la de la población sevillana que, como se recordará, experimenta un cambio de marcha en su evolución positiva precisamente a partir del decenio 1490-99. En este punto parece oportuno profundizar algo más en el análisis de los datos subdividiendo las poblaciones por estratos socio-profesionales y también por sexos, con la ayuda del cuadro 60, que, como en el capítulo anterior, ofrece los datos por treintenas y no por decenios. SEVILLA CÓRDOBA JAÉN TOTAL Sec. Ter. Resto Sec. Ter. Resto Sec. Ter. Resto Sec. Ter. Resto 1440-69 3,83 1,76 1,63 3,20 2,75 2,32 3 5 3,46 1,95 2,21 1470-99 1,66 1,83 1,49 1,88 3,1 2,17 7,5 0,5 2,94 2,01 2,5 2,17 1500-35 2,08 2,84 2,17 1,65 2,66 1,71 2,35 1,7 2,47 2,05 2,64 2,16 TOTAL 2,27 2,42 1,89 2,08 2,79 1,98 3,5 1,5 2,63 2,29 2,48 2,17 Cuadro 60: Tasa de supervivencia según el grupo socioprofesional La simple visión de las cifras totales ya ofrece algunas pistas interesantes. En el conjunto de las tres ciudades, resulta evidente que la mejor posición socioeconómica está en relación directa con la mayor tasa de reproducción. Es difícil, desde luego, saber si esto se debe a una mayor natalidad o a una menor mortalidad infantil y juvenil, o bien, más probablemente, a un combinación de ambos factores. En cualquier caso, la capacidad de reproducción biológica de los componentes del sector terciario, es decir, el grupo más acomodado de la sociedad urbana andaluza, llega a ser, en términos generales, un 12,5 % mayor que la de la gran masa poblacional no caracterizada socioprofesionalmente. Por otro lado, aunque la tasa global del sector secundario es superior a la del “resto” de la población, en la evolución cronológica se aprecia cómo sólo en el período central del siglo XV el sector secundario presenta una tasa realmente alta –incluso anormalmente alta–, mientras que a partir de 1470 la tasa baja hasta niveles inferiores al común de la población, manteniéndose así -241- durante el primer tercio del siglo XVI. Esto separa con mayor nitidez el comportamiento del grupo terciario de los demás grupos de población. Por otro lado, se puede observar con claridad también cómo en Sevilla y en Córdoba se sigue aproximadamente el mismo esquema, con un sector terciario claramente diferenciado de todos los demás, incluso del sector secundario, aunque en algunos momentos éste pueda presentar tasas muy altas, especialmente en los años centrales del siglo XV. Hay que señalar que esta elevada capacidad de reproducción de los grupos privilegiados ya había sido constatada –aunque no comparada con otros grupos– en Córdoba y Sevilla, haciendo además hincapié en una media de hijos por mujer algo más elevada en la primera de estas ciudades (QUINTANILLA RASO, 1982, 252-253; SÁNCHEZ SAUS, 1989, 103; CABRERA SÁNCHEZ, 1998, 345). Pero, sin embargo, el comportamiento de Jaén es bien distinto. En primer lugar, en esta ciudad se producen cifras excesivamente altas, causadas, por supuesto, por la escasez de la muestra. En efecto, la media de más de siete hijos por testador del sector secundario giennense, en realidad esconde sólo dos testamentos: el del sastre Antonio Fernández, casado con Catalina García, con dos hijos y dos hijas supervivientes, más un nieto de otro hijo fallecido (AHPJ, leg. 9, 152 r-v; de 3 de agosto de 1496), y el tejedor Bartolomé de Rojas, casado con Catalina García, de la que tiene nueve hijos y dos hijas supervivientes, además de dos nietos, fruto de una hija más, ya fallecida (AHPJ, leg. 9, 111 r-v, de 6 de marzo de 1493); este último es el testamento donde aparece una prole más numerosa de todo nuestro elenco. Sin embargo, pese a esta escasez de la muestra, sí que parece que podría sospecharse una tasa de reproducción muy elevada en la sociedad giennense del siglo XV, a la vista, por ejemplo, de que la tasa del “resto” de 1440-69 está basada en cinco testamentos: uno con un sólo hijo, dos con cinco hijos y otros dos con siete (todos ellos en AHPJ, leg. 1, 7v-10v, 14v- 15v y 19v-20v); no obstante, debe tenerse en cuenta que todos los testamentos están fechados en los meses de junio y julio de 1460, de forma que resulta todavía más arriesgado generalizar a partir de ellos. A pesar de todo, aun tomando sólo los datos más fiables, parece que la situación en Jaén casi se invierte respecto de las otras dos ciudades, de forma que el sector terciario presenta unas medias anormalmente bajas, mientras que tanto el sector secundario como el “resto” superan con mucho las respectivas cifras cordobesas y sevillanas. Parece evidente que la aparente mejor situación de las tasas de reproducción de Jaén deriva, en principio, de unos mejores resultados en cuanto a la reproducción biológica de los grupos medios y bajos de su sociedad, mientras que el segmento más alto, socioeconómicamente hablando, tiene, en apariencia, serias dificultades para su mantenimiento sin recurrir a las migraciones. Cabe recordar que precisamente en Jaén es donde se encontraba una proporción menor de testadores que declarasen su situación socioprofesional, y dentro de ellos, es aquí donde el porcentaje correspondiente al sector terciario es más reducido, en comparación con las ciudades del curso inferior del Guadalquivir. De esta forma, y aunque sean necesarios más elementos para poder emitir un juicio más fundado, parece que las oligarquías de Jaén, o al menos sus grupos sociales más acomodados, no son capaces de mantener una situación socioeconómica tan favorable a la reproducción biológica como sus compañeros de Córdoba o Sevilla. Además, cabe pensar en una relación entre las hipotéticas emigraciones que hemos señalado para esta ciudad y el mayor dinamismo biológico-reproductor de los grupos sociales no acomodados. De esta forma, la capital del Santo Reino presentaría un comportamiento demográfico similar al de los núcleos rurales andaluces, que parecen ser fundamentalmente emisores de población, en este caso probablemente con destino al Reino de Granada. -242- Por último, aún parece procedente diseccionar los resultados atendiendo al sexo de los testadores, como aparecen en el cuadro 61. SEVILLA CÓRDOBA JAÉN TOTAL Hombres Mujeres Hombre s Mujeres Hombre s Mujeres Hombre s Mujeres 1440-49 2 1,4 1 1,9 1,4 1450-59 2,73 1,84 3 2,75 1,84 1460-69 2,54 1,78 3 2,39 5 4,34 3,03 2,4 1470-79 2 1 2,29 2,13 5 2,24 1,94 1480-80 2,46 1,34 2,45 1,64 1,50 1,25 2,43 1,57 1490-99 1,45 1,35 2 2,62 3,38 3,23 2,35 2,32 1500-09 3,18 2,46 1,83 1,68 2,96 2,9 2,7 2,37 1510-19 2,26 1,21 1,9 2,25 4,14 1,84 2,41 1,66 1520-29 2,58 1,75 2,69 0,92 2 3 2,49 1,99 1530-35 3,42 1,93 2 1,44 1,8 1,55 2,32 1,63 TOTAL 2,60 1,67 2,26 2,03 2,8 2,49 2,49 2 Cuadro 61: Tasas de supervivencia según el sexo del testador La principal consecuencia que se desprende de este cuadro es que en todas las ciudades y en casi todos los decenios los testamentos de los hombres citan más hijos vivos que los de las mujeres. Téngase en cuenta que sólo se ha contabilizado el último matrimonio de cada testador, por lo que esta diferencia no puede explicarse atendiendo a la mayor frecuencia de las segundas nupcias entre los varones. Incluso cabría pensar que, siendo mayor el número de viudas que el de viudos, es posible que en algunos casos el testamento de los varones se redactase antes del nacimiento de algún otro descendiente, lo que aumentaría la diferencia entre los hijos supervivientes según el sexo. De hecho, no son infrecuentes los casos de testadores varones que afirman que su mujer está embarazada. Por ejemplo, el escudero sevillano Pedro Fernández, casado con Isabel Fernández, deja por heredero a “el fijo o fija que de la dicha mi muger nasciere e saliera a la luz, la qual veo que está embarazada e saliendo a la luz” (AHPSE, Prot., 6, 1086r-1088r; 9 de diciembre de 1510); un caso idéntico es el del albañil cordobés Antón García, casado con Leonor García (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 6, cuad. 5, 42r-v, de 1 de abril de 1470), y todavía el giennense Antonio Sánchez de Cazorla indica esta circunstancia a pesar de tener ya dos hijas con su mujer, Catalina Rodríguez (AHPJ, leg. 9, 251r-v, de 20 de mayo de 1498). En total, se registran 24 casos de testadores varones que hacen referencia al embarazo de su esposa, frente a sólo cinco mujeres que dicen estar ellas mismas embarazadas; de entre éstas llama la atención el caso de Catalina de Valderrama, madre de dos hijos y tres hijas y viuda del alcaide sevillano Gonzalo de Idicho (AHPSE, Prot., 2157, 162v-163v; 26 de febrero de 1500). -243- La constatación de una diferencia entre hombres y mujeres respecto al número de hijos, a su distribución y a los demás aspectos que se abordarán en este capítulo debe siempre tener en cuenta que, como vimos en el capítulo anterior, algo más de la mitad de las mujeres que hacen testamento no son cabezas de familia, sino que su marido vive todavía. Este hecho introduce nuevas dificultades de interpretación de los datos, puesto que, a pesar de ello, se constatará la existencia real de esta diferenciación según el género, como iremos comprobando a lo largo de este capítulo. Por otro lado, los cálculos realizados, aunque no se reflejan en este cuadro, indican a su vez que la presencia de hijos es más frecuente que la de hijas en todas las ciudades y épocas, independientemente del sexo del testador. Descartando la posibilidad de una tendencia de los testadores o de los notarios a olvidarse de las hijas, parece que todas estas cifras apuntan más hacia reflexiones relacionadas con la mortalidad que con la natalidad. Por lo tanto, aquí nos limitaremos a dejar constancia de este hecho, dejando para el capítulo siguiente los análisis más detallados y también los intentos de posibles explicaciones. 1.2.- Distribución del número de hijos supervivientes Un simple número, por muy significativo que sea, no es más que una media que puede esconder tras de sí una amplia variedad de casos. Por eso parece conveniente estudiar aquí la frecuencia del número de hijos supervivientes, incluyendo la observación de las parejas estériles. El cuadro 62 refleja esta distribución, en porcentajes, en el total de las tres ciudades andaluzas que estamos analizando. 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 26,67 33,33 6,67 20 6,67 0 6,67 1450-59 20,83 29,17 8,33 16,67 0 16,67 8,33 1460-69 19,44 16,67 12,50 19,44 9,72 9,72 11,99 1470-79 32,08 16,98 13,21 9,43 16,98 5,66 5,66 1480-80 27,54 17,39 21,74 14,49 5,80 7,25 5,80 1490-99 23,53 16,91 22,06 16,18 9,56 3,68 8,87 1500-09 22,30 20,86 13,67 10.07 7,19 15,11 10,79 1510-19 22,68 25,77 22,68 11,34 4,12 8,25 5,15 1520-29 30,71 14,96 17,32 13,39 3,94 7,87 11,82 1530-35 31,25 22,92 11,46 12,50 6,25 9,38 6,37 TOTAL 25,72 19,69 16,67 13,53 7,13 8,70 8,62 Cuadro 62: Distribución de la población casada según el número de hijos Antes de ofrecer más cifras, parece oportuno destacar la elevada proporción de parejas estériles a efectos reproductivos, más de una cuarta parte del total de matrimonios registrados, si bien las apreciaciones que se han realizado para el total de Europa, incluyendo las zonas -244- rurales y urbanas, sólo resulta ser levemente inferior, alrededor del 20 % de los matrimonios (NASSIET, 1995, 621). Hay que tener siempre en cuenta que esta “esterilidad” puede implicar tanto la inexistencia de ningún hijo como la muerte previa de los que hubiesen tenido. En todo caso, estos porcentajes pueden subir hasta casi un tercio en algunos momentos, como 1530-35 y 1470-79, y sólo en 1450-59 y 1510-19 el número de parejas con un hijo superviviente –que es la descendencia más común– supera a aquellos. Los testadores sin hijos, pues, destacan bastante respecto de los que citan a un sólo hijo, pero seguidamente tanto éstos como los testadores con dos y tres hijos parecen encontrarse en unas proporciones más cercanas, entre el 13,5 % y el 19,5 %, aunque su número desciende en cada caso respecto del segmento anterior. Una distribución bastante parecida puede encontrarse en Murcia, según una investigación realizada sobre fuentes similares a las nuestras (BEJARANO RUBIO, 1990, 34): 26,09 % de testadores sin hijos, 46,38 % con 1-3 hijos –en nuestro caso la proporción se eleva hasta 49,89 %– y 27,54 % de testadores con cuatro o más hijos, frente al 24,45 % de nuestras ciudades andaluzas. Lo más significativo, sin embargo, es el muy escaso porcentaje de los testadores con cuatro hijos, el más bajo de toda la serie, que apenas sobrepasa la mitad del correspondiente a los tres hijos y que incluso es inferior a las magnitudes de los testadores con cinco o más hijos. Un caso extremo es el de 1450-59, cuando ninguno de los testadores declara tener cuatro hijos, y sin embargo los testadores de tres y de cinco hijos representan en cada caso el 16,7 % del total; por otro lado, sólo en 1470-79 los testadores con cuatro hijos superan el 10 % del total, y podemos decir que nos encontramos ante una situación anómala, ya que el número de testadores con cuatro hijos supera a casi todos los demás segmentos, excepto el de los testadores sin hijos, y se equipara al grupo de testadores con un hijo, circunstancia realmente atípica. Es interesante recordar aquí que, al observar la distribución del número de habitantes por hogar en Cádiz en 1465, habíamos encontrado un “bache” bastante similar –allí situado en el grupo de los seis habitantes por hogar debido a la inclusión de otros convivientes ajenos a la familia nuclear–, y que habíamos relacionado esa especie de cesura o separación entre las familias comunes y las familias que podríamos llamar “numerosas” con mejores condiciones sociales y, sobre todo, económicas. Aunque más adelante matizaremos los datos gaditanos a la luz de los que ofrecen nuestros testamentos, parece que tal separación existe en el conjunto de las ciudades andaluzas y a lo largo de todo el período estudiado. Precisamente la evolución temporal de la distribución del número de hijos, es decir, la plasmación de los datos del cuadro antecedente, es lo que refleja el gráfico 55. Aunque no resulta fácil interpretar estos datos de forma unívoca, parece que podrían distinguirse tres períodos. En primer lugar, hasta 1469 se aprecia un descenso progresivo en la importancia numérica de las familias con menos de cuatro hijos, especialmente la de hijo único, a pesar del aumento de la proporción de testadores con dos hijos. En 1460-69 esta tendencia alcanza su máxima expresión, pero en el decenio siguiente se inicia una nueva etapa, con una mayor tendencia a las familias pequeñas y medianas. Este segundo período, que llega hasta 1500-09, culmina en 1480-89, decenio en que las familias con menos de cuatro hijos superan el 80 % del total, situación que no se daba desde cuarenta años atrás. Sin embargo, puede observarse que estos años del último cuarto del siglo XV se diferencian de los de mediada la centuria en que si entonces el peso principal de la demografía lo llevaban las familias con un hijo, que, junto con las estériles, llegaban hasta el 60 % del total, ahora cobran mucha más importancia las familias con dos y tres hijos supervivientes: ambos segmentos suponen más de los dos -245- tercios del total en 1480-89 y 1490-99, y en este último decenio, los testadores con dos hijos casi igualan el número de los testadores sin hijos. Tanto si esta nueva situación se debe a un descenso de la mortalidad como a un aumento de la natalidad, parece claro que debe relacionarse con un posible aumento del nivel de vida de la población en general, aumento que, a juzgar por estos datos, se consolidó en los primeros años del siglo XVI. Es importante destacar que, asumiendo que las familias “numerosas” corresponden, en gran medida, con los segmentos más acomodados de la población, como hemos mostrado más arriba, este cambio en la composición de las familias de los testadores podría relacionarse con mejoras en las condiciones de vida de un parte significativa de la población, y no sólo de los privilegiados. Un elemento más de análisis de estos datos lo proporciona la distinción según el sexo del testador. HOMBRES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 30,00 30,00 0,00 20,00 10,00 0,00 10,00 1450-59 16,67 25,00 0,00 25,00 0,00 25,00 8,33 1460-69 12,50 6,25 15,63 25,00 15,63 12,50 12,50 1470-79 33,33 19,05 4,76 4,76 23,81 9,52 4,76 1480-89 24,32 13,51 21,62 16,22 2,70 10,81 10,81 1490-99 27,78 22,22 9,26 14,81 9,26 7,41 9,26 1500-09 27,03 14,86 9,46 10,81 9,46 12,16 16,22 1510-19 16,67 21,43 28,57 14,29 4,76 7,14 7,14 1520-29 30,30 9,09 19,70 12,12 6,06 9,09 13,64 1530-35 25,00 27,27 9,09 9,09 6,82 15,91 6,82 TOTAL 25,00 17,09 14,03 13,78 8,42 10,71 10,97 MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 20,00 40,00 20,00 20,00 0,00 0,00 0,00 1450-59 25,00 33,33 16,67 8,33 0,00 8,33 8,33 1460-69 25,00 25,00 10,00 15,00 5,00 7,50 12,50 1470-79 31,25 15,63 18,75 12,50 12,50 3,13 6,25 1480-89 31,25 21,88 21,88 12,50 9,38 3,13 0,00 1490-99 20,73 13,41 30,49 17,07 9,76 1,22 7,32 1500-09 16,92 27,69 18,46 9,23 4,62 18,46 4,62 1510-19 27,27 29,09 18,18 9,09 3,64 9,09 3,64 1520-29 31,15 21,31 14,75 14,75 1,64 6,56 9,84 1530-35 36,54 19,23 13,46 15,38 5,77 3,85 5,77 6,42 TOTAL 26,38 22,02 19,04 13,30 5,96 6,88 Cuadro 63: Distribución del número de hijos según el sexo del testador A pesar de que la proporción global de testadores sin hijos es bastante similar en ambos sexos, y de que también en ambos sexos se aprecia la cesura en los cuatro hijos que separa las familias numerosas del resto, sin embargo la simple observación de las cifras ya revela un comportamiento diferente. El gráfico 56 puede ayudar a entender estas diferencias. A la vista de este gráfico resulta evidente que las familias numerosas corresponden básicamente a los testadores varones, mientras que las mujeres tienden de forma clara a presentar uno o dos hijos supervivientes. Hay que volver a recordar que los datos están referidos a los últimos matrimonios de los testadores, sin incluir hijos de uniones anteriores, y que en el grupo de las testadoras se incluyen tanto viudas como aquellas cuyo marido continúa vivo. Pero, pese a todo, y si añadimos el hecho de que los hombres parecen contraer segundas nupcias con mucha más facilidad que las mujeres, y que su vida reproductiva total prácticamente duplicaba la de éstas, aun teniendo en cuenta que la mortalidad de los hijos de matrimonios anteriores también debe ser algo mayor, si bien no demasiado, como veremos, este gráfico señala una muy clara diferenciación de género en cuanto al número de hijos. Desde luego, la mortalidad se vislumbra como la principal causa de esta diferencia, pero tampoco conviene olvidar que, como ha señalado Sánchez Saus refiriéndose a la aristocracia sevillana, “lo que debía resultar primordial para un observador de la época [es] que determinado caballero tenía determinado número de hijos con los que aseguraba la pervivencia familiar” (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 103), es decir, que de alguna forma lo realmente importante debía ser la perpetuación de la familia por vía paterna, la familia “del padre” y no tanto la “de la madre”. Volveremos sobre ello al tratar de los hijos de viudos y de matrimonios anteriores, pero podemos ya adelantar que creemos que esta idea podría aplicarse perfectamente a los grupos sociales inferiores de la sociedad urbana andaluza, y que también 0% 20% 40% 60% 80% 100% 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 >5 5 4 3 2 1 0 -246- puede conectarse directamente con las diferencias entre los sexos respecto del número de hijos. La evolución cronológica de esta diferencia puede calcularse, para clarificar los datos, obteniendo en cada decenio y en cada segmento de hijos la tasa de masculinidad correspondiente, es decir, el número de testadores varones por cada 100 mujeres. El siguiente cuadro revela los resultados de esta operación. 0 5 10 15 20 25 30 0 1 2 3 4 5 >5 hijos % Hombres Mujeres Total 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 300 150 0 200 ∞ ∞ ∞ 1450-59 66,67 75 0 300 300 100 ∞ 1460-69 40 20 125 133,30 250 133,33 80 1470-79 70 80 16,67 25 125 200 50 1480-89 90 71,43 114,30 150 33,33 400 ∞ 1490-99 88,24 109,09 20 57,14 62,50 400 83,33 1500-09 181,80 61,11 58,33 133,30 233,33 75 400 1510-19 46,67 56,25 120 120 100 60 150 1520-29 105,30 46,15 144,40 88,89 400 150 150 1530-35 57,89 120 57,14 50 100 350 100 153,57 TOTAL 85,22 69,79 66,27 93,10 126,92 140 Cuadro 64: Tasa de masculinidad de los hijos de los testadores, según su número -247- Obviamente, las casillas con tasa cero indican que, en ese segmento y decenio, no hay ningún testador varón, independientemente del número de testadoras mujeres; a la inversa, las marcadas con el signo ∞ indican que no hay ninguna mujer testadora, con lo que la tasa tiende a infinito. Para la mejor comprensión de estas cifras se ha elaborado el gráfico 57, en el que, con el fin de simplificar, se han agrupado los segmentos en los siguientes: testadores casados sin hijos, con uno o dos hijos, con tres hijos –recordemos que en este segmento se localizaba el equilibrio entre los sexos– y con cuatro o más hijos. Además, hay que hacer notar que, para evitar distorsiones gráficas, la escala de este gráfico, y de los sucesivos similares, es semilogarítmica. La observación de este gráfico nos coloca inmediatamente ante la certidumbre de que el género del testador es el elemento más importante en el análisis de la capacidad para sacar adelante una prole. Resulta evidente que, a lo largo de todo el período y sin excepciones, en el conjunto de las tres ciudades andaluzas las familias con uno o dos hijos supervivientes son mayoritariamente familias “de mujeres”, con algunos momentos de equilibrio. Casi podría decirse lo mismo respecto de los testadores sin hijos, si hacemos abstracción del primer decenio, en el que siempre influye demasiado la escasez de la muestra, compuesta casi por completo por testadores sevillanos, y del decenio 1500-09. Por el contrario, las familias con más de tres hijos supervivientes son característicamente masculinas, aunque aquí encontremos importantes oscilaciones diacrónicas. Entre estas dos tendencias, la linea evolutiva del segmento de tres hijos muestra cierta tendencia a la feminización, a pesar de la preponderancia de varones en los años centrales del siglo XV. 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 0 1-2 3 >3 No obstante, por debajo de estas lineas, podríamos tratar de intuir algunas tendencias más generales. Parece, así, que desde los años centrales del siglo XV hasta el decenio 1470-79 se asiste a una feminización de todos los segmentos, especialmente el de tres hijos y el de ninguno. Desde ahí, una suave ascensión de la masculinidad, atravesada por fuertes oscilaciones, entre los que destaca la brusca elevación del decenio 1480-89. Sin embargo, a partir de 1510-19, no es posible observar tendencias generales, y mientras que los segmentos de 1-2 hijos y de más de tres se masculinizan, los otros dos segmentos tienden a concentrarse en las testadoras. -248- - 249 - Pero se hace necesario comprobar el modo en que la evolución de cada una de las ciudades matiza estas ideas globales. Empecemos, como de costumbre, por Sevilla. 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 28,57 28,57 7,14 21,43 7,14 0 7,14 1450-59 21,74 30,43 8,70 13,04 0 17,4 8,7 1460-69 20,00 20,00 15,00 20,00 15 10 0 1470-79 33,33 25,00 25,00 8,33 8,33 0 0 1480-89 20,83 20,83 25,00 16,67 4,17 8,33 4,17 1490-99 43,75 21,88 15,63 9,38 6,25 0 3,13 1500-09 18,87 22,64 15,09 5,66 5,66 17 15,1 1510-19 27,78 33,33 22,22 5,56 2,78 2,78 5,56 1520-29 25,45 20,00 20,00 14,55 5,45 7,27 7,27 1530-35 30,77 15,38 7,69 7,69 3,85 15,4 19,2 TOTAL 26,35 23,99 16,55 11,1 5,41 8,45 8,11 Cuadro 65: Distribución del número de hijos por testador en Sevilla Como cabía esperar, no se aprecian diferencias sustanciales entre estas cifras y las del conjunto de las tres ciudades, manteniéndose las dos características más importantes: separación marcada entre las familias numerosas, de más de cuatro hijos, y el resto, con escasa proporción de testadores con cuatro hijos, y preponderancia de los testadores sin hijos sobre los demás. Puede señalarse, no obstante, que aquí la importancia de los testadores con un sólo hijo es mayor, acercándose a la proporción de testadores sin hijos y, en algunos decenios, igualándose e incluso superando a ésta, todo ello a costa de los dos hijos, que parecen tener aquí menor importancia. Merece la pena, por otro lado, comparar estas cifras con algunas otras que se han obtenido al respecto. Por una parte, Blanca Morell (1986, 121-122), basándose en testamentos de la primera mitad del siglo XVI, obtuvo la siguiente distribución de hijos por testador: Hijo s 0 1 2 3 4 5 > 5 Porc . 24,4 6 21,7 4 13,0 4 14,1 3 6,5 5 5,9 5 14,1 3 Cuadro 66: Distribución del número de hijos por testador en Sevilla, según B. Morell En relación con nuestros datos, se observa aquí una sobreestimación de las familias numerosas, especialmente las de más de cinco hijos, en detrimento, fundamentalmente, de las familias con dos o tres hijos, y, sobre todo, ha desaparecido la cesura en el grupo de testadores con cuatro hijos, aunque es evidente un descenso brusco entre éstos y los de tres hijos. Creemos que estas diferencias se deben más que nada a la distinta cronología de la muestra - 250 - utilizada, e insistiremos sobre ello enseguida. Más interesante puede resultar la comparación con los datos que ofrece Sánchez Saus (1989, 102) referidos a la aristocracia sevillana durante todo el siglo XV, y que se ofrecen a continuación, convenientemente adaptados para poder utilizarlos aquí. Hijo s 0 1 2 3 4 5 > 5 Porc . 7,8 2 21,4 3 16,6 7 11,5 6 10,8 8 10,5 4 15,6 5 Cuadro 67: Distribución del número de hijos por testador en la aristocracia sevillana, según R. Sánchez Saus Hay que tener en cuenta que este autor ha contabilizado todos los hijos que ha podido localizar en cada matrimonio, y no sólo los supervivientes, lo que explica la escasez de matrimonios sin hijos y también la importancia de las familias de más de tres hijos. No obstante, también resulta llamativa la coincidencia con nuestros datos en los segmentos de uno a tres hijos. Esto nos lleva a intentar separar, dentro de nuestra muestra testamentaria, los grupos socioprofesionales segundo y tercero, aunque ahora lo haremos en todo el período cronológico estudiado, sin distinguir etapas, para evitar las muestras demasiado pequeñas. La distribución resultante del número de hijos es la siguiente: 0 1 2 3 4 5 > 5 Secundar io 24,3 6 20,5 1 17,9 5 8,97 8,9 7 12,8 2 6,41 Terciario 26,0 9 24,6 4 10,1 4 10,1 4 7,2 5 7,25 14,4 9 Resto 27,4 0 24,6 6 19,1 8 13,0 1 2,7 4 6,85 6,16 Cuadro 68: Distribución del número de hijos en Sevilla según el grupo socioprofesional Antes de entrar en el análisis de este cuadro, parece oportuno señalar cómo, en el sector terciario, la proporción de familias con más de cinco hijos coincide con los datos de la aristocracia, pero sin embargo se detecta una diferencia muy importante en el segmento de las familias sin hijos. La explicación podría estar en la naturaleza de las fuentes utilizadas, ya que en las nuestras sólo se contabilizan los hijos vivos en el momento del testamento, mientras que Sánchez Saus ha recogido a todos los hijos de los que hay noticia, independientemente del momento de su muerte. En todo caso, esta diferencia ya apunta hacia muy elevados niveles de mortalidad infantil y juvenil, como cabía esperar, por otro lado. Las cifras antecedentes se pueden observar mejor en el gráfico 58, donde aparece a primera vista el sector terciario claramente polarizado entre, por un lado, familias con uno o ningún hijo, y familias muy numerosas, con más de cinco hijos supervivientes; sin embargo, la predominancia de las familias con menos de dos hijos es también característica de los otros dos grupos socioprofesionales, mientras que citar a muchos hijos supervivientes parece ser una peculiaridad sólo del sector terciario. No obstante, puede señalarse la elevada proporción de testadores con cinco hijos en el sector secundario, destacando sobre los otros dos. Pero este sector, sin embargo, se comporta de forma más coherente, con niveles relativamente bajos de testadores con uno o ningún hijo, y altos de testadores con cuatro hijos. Resulta difícil interpretar esta heterogeneidad de los resultados en el sector terciario, salvo que se recurra a diferencias en las costumbres respecto al testamento –quizá los miembros más acomodados de la sociedad testaban más jóvenes que el resto– o bien a diferencias internas dentro de este grupo entre un sector aristocrático y más o menos rico y otro cuyas profesiones se encuadran en el sector terciario, pero cuya situación económica no sería tan favorable. En todo caso, esta circunstancia deberá tenerse siempre en cuenta. 0 5 10 15 20 25 30 0 1 2 3 4 5 >5 hijos % Terciario Secundario Resto Pero, además de estas consideraciones, interesa ahora destacar cómo este gráfico confirma que la cesura o diferenciación entre familias numerosas y no numerosas está relacionada realmente con situaciones socioeconómicas diferentes. En efecto, el grupo sin definición socioprofesional no parece ser capaz, en general, de mantener familias por encima de los tres hijos, y la elevación observada en los datos generales en las familias de cinco y más hijos deriva de los grupos más acomodados de la sociedad. Las diferencias socioprofesionales no son las únicas a las que hay que atender, sino que conviene detenerse en un análisis teniendo en cuenta el género de los testadores. Hay que insistir en que dentro de las testadoras se incluyen tanto las viudas, y por tanto cabezas de familia, al menos legalmente, como las mujeres con su marido vivo, y que, en teoría, deberían presentar características similares a las del grupo de los varones. Pero los cuadros siguientes ofrecen los porcentajes de testadores y testadoras en cada segmento de número de hijos, tanto en cada uno de los decenios que estamos estudiando como en el total. HOMBRES - 251 - - 252 - 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 33,33 22,22 0,00 22,22 11,1 0 11,1 1450-59 18,18 27,27 0,00 18,18 0 27,3 9,09 1460-69 18,18 9,09 18,18 27,27 9,09 18,2 0 1470-79 0,00 50,00 25,00 0,00 25 0 0 1480-89 20,00 13,33 20,00 20,00 6,67 13,3 6,67 1490-99 22,22 44,44 11,11 11,11 11,1 0 0 1500-09 22,22 11,11 14,81 7,41 7,41 11,1 25,9 1510-19 18,75 25,00 31,25 12,50 0 6,25 6,25 1520-29 25,00 10,71 21,43 14,29 10,7 7,14 10,7 1530-35 16,67 25,00 8,33 8,33 0 16,7 25 TOTAL 21,13 19,01 16,2 14,1 7,04 10,6 12 MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 20,00 40,00 20,00 20,00 0 0 0 1450-59 25,00 33,33 16,67 8,33 0 8,33 8,33 1460-69 22,22 33,33 11,11 11,11 22,2 0 0 1470-79 50,00 12,50 25,00 12,50 0 0 0 1480-89 22,22 33,33 33,33 11,11 0 0 0 1490-99 52,17 13,04 17,39 8,70 4,35 0 4,35 1500-09 15,38 34,62 15,38 3,85 3,85 23,1 3,85 1510-19 35,00 40,00 15,00 0,00 5 0 5 1520-29 25,93 29,63 18,52 14,81 0 7,41 3,7 1530-35 40,00 20,00 6,67 6,67 6,67 6,67 13,3 TOTAL 31,17 28,57 16,88 8,44 3,9 6,49 4,55 Cuadro 69: Distribución del número de hijos por testador en Sevilla según el sexo Aun antes de trasladar estos datos a un gráfico resulta evidente que las diferencias entre sexos aparecen aquí más marcadas que en el conjunto de las tres ciudades. Tanto en lo referente a testadores sin hijos como con un sólo hijo, las diferencias a favor de las mujeres son apreciables con claridad. Pero el detalle más significativo, quizás, es que el punto de equilibrio, que en el conjunto global se situaba en los cuatro hijos, coincidiendo con la separación entre las familias numerosas y el resto, aquí aparece en los dos hijos, que en ambos sexos suponen aproximadamente el 16 % del total. El gráfico 59 nos permitirá comprobarlo con mayor facilidad. Es evidente que las mujeres testadoras declaran tener uno o ningún hijo superviviente con mucha mayor frecuencia que los hombres, los cuales presentan una distribución del número de hijos mucho más uniforme. Creemos que la situación que refleja este gráfico está en la clave de buena parte de los comportamientos demográficos de la población sevillana. En efecto, si de alguna forma se hubiese conseguido elevar la capacidad reproductora –en términos familiares, naturalmente– de las mujeres hasta los niveles masculinos, parece bastante probable que los problemas del crecimiento vegetativo de la población sevillana, que se solventaron a golpe de inmigraciones, hubiesen podido obviarse en gran medida. Pero no es el momento de plantear futuribles, sino de analizar las situaciones reales, y en este sentido resulta palmario que, por alguna razón que todavía se nos escapa, los hombres conseguían sacar adelante una familia de más de dos hijos con relativa facilidad, mientras que para las mujeres resultaba mucho más difícil, y estas dificultades retardaron el crecimiento vegetativo de la población, permitiendo absorber la llegada de inmigrantes de forma más o menos abundante. Todo ello a pesar de la ya reiterada presencia de mujeres que testan sin ser cabezas de familia. De esta forma, en la base de las características más importantes de la evolución de la población sevillana está una discriminación sexual muy evidente, sean cuales fueran sus causas. 0 5 10 15 20 25 30 35 0 1 2 3 4 5 >5 % HOMBRES MUJERES TOTAL Pero aún podemos avanzar algo más en nuestro análisis, combinando las distinciones socioprofesionales con la diferenciación por sexos. Así, el siguiente cuadro indica la distribución porcentual del número de hijos en cada uno de los sectores socioprofesionales y de los sexos de los testadores. - 253 - HOMBRES 0 1 2 3 4 5 >5 Secund. 13,64 22,73 20,45 11,36 11,36 13,64 6,82 Terciar. 25,64 20,51 10,26 15,38 2,56 20,51 20,51 10,34 Resto 24,14 13,79 17,24 15,52 6,90 12,07 - 254 - MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 Secund. 38,23 17,65 14,70 5,88 5,88 11,76 5,88 Terciar. 26,67 30 10 3,33 13,33 10 6,67 3,41 Resto 29,54 31,82 20,45 11,36 0 3,41 Cuadro 70: Distribución del número de hijos por testador en Sevilla según el sexo y el grupo socioprofesional Junto con estas cifras, se ha elaborado la tasa de masculinidad de cada grupo socioprofesional para cada segmento de hijos. Aunque no vamos a explicitar las tasas en un cuadro, sí que las reflejaremos en el gráfico 59 10 100 1000 0 1 2 3 4 5 > 5 h i jo s ta sa S ec und ario Te rc ia rio R es to Como cabía esperar, el grupo no caracterizado socioprofesionalmente –el “resto”– es el que mejor define la situación del total de la población, con preponderancia femenina en los testamentos con tres hijos o menos, y masculina en el resto, teniendo en cuenta que en el gráfico no se ha representado el valor correspondiente a los cuatro hijos en este grupo socioprofesional, porque tiende a infinito: aparecen cuatro testadores varones por ninguna mujer. Pero, sin duda, lo más llamativo es la fuerte masculinidad del sector terciario en dos segmentos concretos, el de los tres y el de los más de cinco hijos, junto con la no menos acusada feminidad del segmento de cuatro hijos. Este sector refleja, así, un comportamiento demográfico singular respecto del resto de la sociedad, donde no se aprecian estos fuertes movimientos. En efecto, acabamos de hacer notar que el “resto” parte de unas tasas muy bajas, es decir, de una feminización de los segmentos de menos de tres hijos, para masculinizarse progresivamente conforme las descendencias supervivientes van siendo más numerosas. Por su parte, el sector secundario presenta un máximo de masculinización en los tres y cuatro hijos, descendiendo también suavemente la tasa conforme nos acercamos a las familias numerosas o a los testadores sin hijos. Sin embargo, el comportamiento del sector terciario no se adapta fácilmente a explicaciones o interpretaciones unívocas. Respecto al segmento de más de cinco hijos, habíamos comprobado que estaba claramente masculinizado, y ahora observamos que ello se debe, más que a cualquier otra causa, al comportamiento del sector terciario; en efecto, de los 19 testadores varones que, en el total sevillano, citan más de cinco hijos –frente a sólo siete mujeres–, ocho de ellos pertenecen a este sector de la población. Por otro lado, el segmento de tres hijos resulta todavía más sorprendente, y es difícil encontrar explicación a su exagerada masculinidad. Pero, a su vez, este extraño comportamiento parece ser el principal responsable de que el “punto de equilibrio” entre los sexos en materia de hijos supervivientes se desplace en esta ciudad desde los tres hasta los dos hijos, es decir, que las cifras indiquen la menor capacidad de las mujeres sevillanas para hacer sobrevivir a más hijos, en relación con el conjunto urbano de Andalucía. En otras palabras, esto significa que este desplazamiento del “punto de equilibrio” intersexual no se debe tanto a la masculinización de las familias numerosas, que, como acabamos de comprobar sólo se comprueba en testadores con más de cinco hijos, sino a una concentración real de las mujeres casadas sevillanas en las descendencias de dos o menos hijos. Vayamos ya al estudio de la evolución cronológica de la distribución de los hijos en Sevilla, de acuerdo con el gráfico 61. Se aprecia aquí con claridad cómo a partir de 1470 el peso de la evolución demográfica sevillana lo toman las familias con tres hijos o menos, que no bajarán ya del 80 % del total salvo en dos ocasiones. En efecto, en el primer decenio del siglo XVI y también en 1530-35 observamos un fuerte aumento de las familias numerosas, especialmente las de más de cinco hijos; en el último período cronológico llama la atención, además, que este aumento de las familias numerosas se sustenta no en el descenso de las parejas estériles, como sucede en 1500-09 y también había sucedido en los años desde 1450 a 1469, sino a costa de las familias con uno y, sobre todo, dos hijos, mientras que la proporción de estériles parece estabilizada. Parece probable que en estos decenios se situasen buena parte de los testamentos utilizados por Blanca Morell para obtener los resultados que hemos visto más arriba, con un elevado porcentaje de testadores con más de cuatro hijos. 0% 20% 40% 60% 80% 100% 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % >5 5 4 3 2 1 0 - 255 - 1 10 100 1000 10000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 0 1-2 3 >3 Por otro lado, la proporción de testadores casados sin hijos, que tiende a situarse alrededor del 20 % durante los primeros años del período estudiado, hasta 1469, y también en el siglo XVI, muestra unos fuertes altibajos durante el último tercio del siglo XV. En esta época, en efecto, encontramos que en la década de 1470 y en la de 1490 se producen bruscos y fuertes aumentos de esta proporción, que se sitúa incluso por encima del 40 % del total. Parece evidente que en ambos períodos esta situación puede relacionarse con acontecimientos extrademográficos, fundamentalmente los disturbios del reinado de Enrique IV y el final de la guerra de Granada, períodos en los que, no tanto la mortalidad en sí, sino los desplazamientos de la población, pudieran influir en el aumento de los testadores sin hijos, sobre todo si tenemos en cuenta que los porcentajes de uno, dos y tres hijos sufren variaciones mucho menores, exceptuando la brusca subida de la proporción de testadores con tres hijos de la década de 1480. Hemos comprobado que no es posible establecer la cronología de las diferencias por razón del grupo socioprofesional de los testadores con un mínimo de fiabilidad, por lo que pasaremos ahora, sin más comentarios, a la observación de la evolución de las diferencias atendiendo al sexo de los testadores. Como hicimos al tratar del conjunto de las tres ciudades, reflejaremos en el gráfico 62 la evolución de la tasa de masculinidad en cada segmento de hijos y en cada decenio, a partir de las cifras ya ofrecidas en el cuadro 69. Sin embargo, hay que hacer dos precisiones al diseño de este gráfico. La primera se refiere a los valores inferiores, en concreto los marcados por los segmentos de cero y tres hijos en 1470-79; en realidad, los valores correctos de estos segmentos en esta fecha no equivalen a uno, sino a cero, es decir, que en este decenio, en estos segmentos no existe ningún testador hombre. Igualmente, en el caso del segmento de tres hijos en 1510-19, su valor real tiende a infinito, puesto que no hay ninguna mujer entre los testadores que en ese decenio tienen tres hijos, y el valor dibujado es meramente indicativo. - 256 - - 257 - El primer detalle interesante de este gráfico es que, evidentemente, el segmento de 1-2 hijos evoluciona de manera completamente distinta al resto, sin grandes oscilaciones y manteniéndose siempre por debajo de la linea del equilibrio entre sexos marcada por la tasa 100, es decir, con predominancia siempre de mujeres. Mientras tanto, todos los demás segmentos muestran una evolución caracterizada por los fuertes altibajos y, sobre todo, por un sorprendente paralelismo, especialmente en los años centrales del período estudiado, desde 1470 hasta 1510: bruscas subidas de la masculinidad en 1480-89 y 1500-09, y no menos bruscas feminizaciones en 1470-79 y 1490-99. No podemos menos que relacionar estos movimientos con las oscilaciones que acabamos de comprobar en la distribución global del número de hijos, de forma que precisamente en estos decenios fuertemente feminizados se localizan las más elevadas proporciones de testadores sin hijos. Resulta obvio que, si alguna conclusión clara se puede sacar de estos cálculos es la muy estrecha relación entre género del testador y número de hijos supervivientes, lo que, desde luego, esconde a su vez unas profundas diferencias en los niveles de vida que permiten mantener un mayor o menor número de hijos hasta el momento de la propia muerte. Incluso podríamos decir, a la vista de estos datos, que, al menos en Sevilla, la distinción sexual resulta, desde el punto de vista práctico, más clara y contundente que las divisiones sociales. Pasemos a analizar la situación en Córdoba, empezando por los datos del cuadro 71. 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 0 100 0 0 0 0 0 1450-59 0 0 0 100 0 0 0 1460-69 21,74 15,22 13,04 19,57 8,70 6,52 15,22 1470-79 32,50 15,00 10,00 10,00 20,00 5,00 7,50 1480-89 30,77 15,38 23,08 10,26 5,13 7,69 7,69 1490-99 25,42 16,95 16,95 16,95 10,17 1,69 11,86 1500-09 34,15 24,39 9,76 12,20 7,32 7,32 4,88 1510-19 19,35 22,58 25,81 12,90 6,45 12,90 0,00 1520-29 36,11 11,11 16,67 13,89 2,78 11,11 8,33 1530-35 27,27 27,27 15,15 15,15 6,06 9,09 0,00 TOTAL 28,13 18,35 15,90 14,37 8,56 7,03 7,65 Cuadro 71: Distribución del número de hijos por testador en Córdoba Obviamente, aunque se ofrecerán los datos desde 1440 en los cuadros, todos los análisis posteriores, así como los gráficos, deberán iniciarse en 1460, puesto que en los años anteriores sólo contamos con un testamento por decenio, lo que invalida cualquier conclusión que podamos establecer para esa etapa. Pero, concentrándonos en los años para los que contamos con datos válidos, puede observarse sin necesidad de gráficos que, en sus cifras totales, los testadores cordobeses se agrupan en tres bloques: a) los testadores sin hijos, que se acercan al 30 % del total de testadores casados, y en algunos momentos superan la proporción - 258 - de un tercio; b) los testadores con 1-3 hijos, que oscilan aproximadamente entre el 15 % y el 19 % del total, y c) los testadores con más de tres hijos, con porcentajes cercanos al 7-8 %. Destaca, pues, un grupo muy numeroso de testadores sin hijos, mayor que el sevillano y, como veremos, que el giennense. También, al otro lado de la escala, cabe reseñar la escasez de familias con más de cinco hijos, cuya proporción apenas es la mitad que la sevillana. Aunque todo esto sugiere una tasa de reproducción relativamente baja, sin embargo el número medio de hijos por testador, que habíamos calculado en el parágrafo anterior, resulta situarse en 2,14, muy similar al sevillano. Sin duda, la razón se encuentra en los segmentos de tres y cuatro hijos, netamente superiores a los registrados en Sevilla. En especial llama la atención la desaparición de la “cesura de los cuatro hijos”, ya que este segmento aquí se alinea con las familias numerosas, si bien se mantiene un importante “escalón” en relación con el segmento de tres hijos. En todo caso, puede decirse que en Córdoba las diferencias entre familias “numerosas” y no numerosas, aunque persisten, sin embargo parecen estar algo atenuadas. Veremos enseguida cómo hay otros elementos que apuntan a una menor polarización de las tasas de reproducción. Empecemos, como viene siendo habitual, por realizar una división según los sectores socioprofesionales, la cual arroja los siguientes resultados: 0 1 2 3 4 5 > 5 Secundar io 24,6 7 20,7 8 18,1 8 14,2 9 9,0 9 7,79 5,19 Terciario 18,1 8 16,3 6 12,7 3 21,8 2 9,0 9 10,9 1 10,9 1 Resto 32,1 4 19,3 9 15,8 2 12,2 4 8,1 6 5,61 6,63 Cuadro 72: Distribución del número de hijos en Córdoba según el grupo socioprofesional Se puede comprobar de forma inmediata, y más patente en el gráfico 63, el comportamiento claramente diferenciado del sector terciario respecto de los demás, sobre todo por la escasez de testadores sin hijos –apenas diez sobre un total de 55–, de forma que este segmento se ve incluso superado por el número de los testadores con tres hijos, algo inaudito en el conjunto de análisis que estamos efectuando. Igualmente se aprecia en este sector un muy elevado porcentaje de familias numerosas: los testadores con más de tres hijos suponen cerca de un tercio del total. En conjunto, se tiene la impresión de que en, en este aspecto, el sector terciario cordobés no presenta las diferencias internas de comportamiento demográfico que hemos podido detectar en Sevilla, y parece un grupo más homogéneo, con un índice de reproducción muy superior al resto. 0 5 10 15 20 25 30 35 0 1 2 3 4 5 > 5 hijos % Secundario Terciario Resto El comportamiento marcadamente distinto del sector terciario puede, pues, resumirse así: elevada proporción de testadores con tres hijos, y escasez de testadores sin hijos, datos que coinciden plenamente con los obtenidos por Margarita Cabrera al estudiar sólo a los nobles (CABRERA SÁNCHEZ, 1998, 344-345). Resulta evidente la distancia en este aspecto que separa al sector terciario, en su conjunto, del resto de la población. En efecto, tanto la población no caracterizada desde el punto de vista de su ocupación –recordemos que en este grupo se incluyen también los pertenecientes al sector primario de producción– como la integrada en el sector secundario presentan una distribución muy uniforme, con un máximo en el segmento sin hijos y descendiendo paulatinamente. Sólo podría apuntarse a un pequeño e inesperado repunte en el segmento final del “resto” –probablemente achacable a algunos testadores que, incluidos en este grupo, sin embargo deberían pertenecer al terciario, como se verá en el capítulo VII–, y quizá a la elevada proporción de testadores sin hijos en este mismo grupo sin caracterizar. Pero, frente a ellos, el sector terciario presenta una distribución muy distinta, casi cercana a la equivalencia entre todos los sectores, salvo los reiterados valores excepcionales en el segmento de los tres hijos. Parece claro que, aquí como en las demás ciudades, el sector terciario consigue niveles de reproducción mucho mejores que los demás grupos sociales, lo que evidencia unas mejores condiciones de vida. Por otro lado, debe insistirse en que este sector, que representa apenas el 17 % de la población, no consigue alejar al conjunto de la población cordobesa de un comportamiento, en materia de reproducción biológica, mucho más uniforme que en Sevilla. Observemos ahora los resultados de las distinciones referentes al género de los testadores, de acuerdo con las cifras de los cuadros siguientes. HOMBRES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 0 100 0 0 0 0 0 1450-59 0 0 0 100 0 0 0 1460-69 11,11 5,56 16,67 22,22 22,22 5,56 16,67 - 259 - - 260 - 1470-79 41,18 11,76 0,00 5,88 23,53 11,76 5,88 1480-89 30,00 10,00 25,00 10,00 0,00 10,00 15,00 1490-99 40,00 16,00 8,00 16,00 4,00 4,00 12,00 1500-09 36,36 27,27 0,00 9,09 13,64 9,09 4,55 1510-19 21,05 21,05 26,32 15,79 10,53 5,26 0,00 1520-29 26,09 8,70 17,39 13,04 4,35 17,39 13,04 1530-35 17,65 35,29 17,65 5,88 5,88 17,65 0,00 TOTAL 28,22 17,18 13,50 12,88 9,82 9,82 8,59 MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 0 0 0 0 0 0 0 1450-59 0 0 0 0 0 0 0 1460-69 28,57 21,43 10,71 17,86 0,00 7,14 14,29 1470-79 26,09 17,39 17,39 13,04 17,39 0,00 8,70 1480-89 31,58 21,05 21,05 10,53 10,53 5,26 0,00 1490-99 14,71 17,65 23,53 17,65 14,71 0,00 11,76 1500-09 31,58 21,05 21,05 15,79 0,00 5,26 5,26 1510-19 16,67 25,00 25,00 8,33 0,00 25,00 0,00 1520-29 53,85 15,38 15,38 15,38 0,00 0,00 0,00 1530-35 37,50 18,75 12,50 25,00 6,25 0,00 0,00 TOTAL 28,05 19,51 18,29 15,85 7,32 4,27 6,71 Cuadro 73: Distribución del número de hijos en Córdoba según el sexo 0 5 10 15 20 25 30 0 1 2 3 4 5 >5 hijos % Hombres Mujeres Total - 261 - A la vista del gráfico 64, es indiscutible que también aquí existe una diferencia en el comportamiento respecto a la reproducción según el sexo, aunque, naturalmente, procede hacer las mismas consideraciones que en Sevilla respecto a la presencia conjunta de viudas y casadas en el grupo de testadoras; no obstante, igual que ocurría en Sevilla, los hombres parecen mantener familias relativamente numerosas con más facilidad que las mujeres. Sin embargo, hay algunos detalles que merece la pena destacar y que diferencian a ambas ciudades también en este aspecto de su demografía. En primer lugar, encontramos en Córdoba una muy elevada proporción de varones sin hijos, prácticamente igualada con la de las mujeres, y en ambos casos cercana al 30 % del total de testadores casados. Por otro lado, se aprecia que el cruce entre la predominancia femenina y la masculina se encuentra entre los tres y los cuatro hijos, mientras que en Sevilla estaba en los dos hijos, lo que implica una mayor capacidad de las mujeres cordobesas para sacar adelante un número mayor de hijos. En general, pues, se aprecia que en Córdoba las diferencias intersexuales respecto a las tasas de reproducción están menos marcadas que en Sevilla. Quizá podamos relacionar estas diferencias con un posible comportamiento diferenciado de las viudas y las casadas dentro del grupo de las testadoras; de momento, pues, nos remitiremos al apartado específico dedicado a los hijos de viudos y viudas. Lo que sí podemos hacer ahora es combinar las diferencias socioprofesionales y las sexuales. Los siguientes cuadros indican la distribución del número de hijos por sectores socioprofesionales, separando los hombres y las mujeres. HOMBRES 0 1 2 3 4 5 >5 Secund. 27,66 19,15 19,15 10,64 8,51 10,64 4,25 Terciar. 18,75 12,50 9,37 18,75 15,62 12,50 12,50 Resto 31,39 20,93 11,63 11,63 8,14 8,14 8,14 MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 Secund. 20 23,33 16,67 20 10 3,33 6,67 Terciar. 17,39 21,74 17,39 26,09 0 8,70 8,70 Resto 32,73 18,18 19,09 12,73 8,18 3,64 5,45 Cuadro 74: Distribución del número de hijos en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional Antes de analizar estos datos, puede ser útil observar, en el gráfico 65, el resultado del cálculo de las correspondientes tasas de masculinidad, como hemos venido haciendo a lo largo de este parágrafo. Vuelve a ponerse aquí de manifiesto que, en este aspecto, la demografía cordobesa presenta unas diferencias sociales y sexuales mucho menos acusadas que en Sevilla. En efecto, teniendo en cuenta que las muestras pequeñas, como en este caso, tienden a producir tasas exageradas, sólo parece que en algunos segmentos se produzcan desequilibrios demasiado grandes. Así, los cuatro hijos en el sector terciario, que no se han dibujado porque, al registrarse un total de cinco testadores varones y ninguna mujer, la tasa tiende al infinito. Más moderadamente, también ocurre algo similar en los cinco hijos del sector secundario, donde el resultado de comparar los cinco testadores varones con la única mujer es también muy elevado. De todas formas, hay que llamar la atención sobre la masculinidad del segmento sin hijos para los sectores secundario y terciario, en contraste con el resto de la población. Desde luego, las razones de este atípico comportamiento no pueden atisbarse ahora, porque apuntan hacia el estudio de la mortalidad, aunque parece posible que, al comparar estos datos con la también extraña nupcialidad cordobesa podamos encontrar algún detalle significativo al respecto. 10 100 1000 0 1 2 3 4 5 >5 hijos ta sa Secund. Terciar. Resto - 262 - Llega el momento, pues, de observar la evolución cronológica de estas variables. El gráfico 66 muestra la evolución de la distribución porcentual del número de hijos por testador. Una primera conclusión que puede extraerse de este gráfico es que, a partir de la década de 1480, se instala en Córdoba una acusada predominancia de las familias con uno o dos hijos, en detrimento sobre todo de las familias numerosas. Se puede comprobar, en efecto, que durante todo el primer tercio del siglo XVI las familias de más de cinco hijos ven reducida su representatividad dentro de la población, llegando incluso a desaparecer por completo durante dos decenios. Una situación similar ocurre en el caso de las familias con cuatro hijos. Por otro lado, los testadores sin hijos no experimentan un aumento visible en su presencia dentro de la población cordobesa casada, sino que parecen estabilizarse alrededor del 30 %, aunque en 1510-19 caen por debajo del 20 %. En términos generales, pues, parece que desde el último cuarto del siglo XV los cordobeses cada vez se muestran menos capaces de sostener familias con más de dos hijos, es decir, por encima del límite de la supervivencia. Recordemos que el número medio de hijos por testador desciende suave pero continuadamente justo en este período, al contrario de lo que ocurría en Sevilla. Ahora hemos comprobado, además, que este descenso del número medio de hijos por testador no se debe a un aumento de los matrimonios estériles, sino a la disminución drástica de las familias numerosas. De nuevo, al comparar esta evolución con la sevillana, la simetría se hace evidente. Veamos qué análisis diacrónico cabe realizar de la distribución del número de hijos según el sexo del testador. A partir de las cifras del cuadro 73, se han obtenido las pertinentes tasas de masculinidad que, una vez convenientemente dibujadas, arrojan el resultado que se observa en el gráfico 67. - 263 - De nuevo, este gráfico nos confirma que, en términos generales, en la población cordobesa no se observan las brusquedades que se apreciaban en Sevilla. Aquí, sólo los segmentos de más de tres hijos muestra unas variaciones más abruptas, reflejando quizá una mayor dependencia de la situación coyuntural. Por otro lado, el segmento de los testadores con 1-3 hijos, que es el que habíamos señalado como el principal sostenedor de la evolución demográfica cordobesa, muestra una masculinización progresiva a lo largo de todo el período, con un máximo en 1510-19. Finalmente, la linea evolutiva de los testadores sin hijos parece describir una parábola que, a partir de una feminización fuerte en 1460-69, iría aumentando la 0% 20% 40% 60% 80% 100% 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 >5 5 4 3 2 1 0 proporción de varones hasta 1490-99, para volver a aumentar la de mujeres a partir de 1510- 19. Debe destacarse también, en todo caso, que las familias con menos de cuatro hijos parten siempre de una muy acentuada feminización al menos hasta 1480, en que se acercan al equilibrio. Sólo resta ya estudiar los datos que nos ofrece la ciudad de Jaén, empezando por el cuadro en que se refleja la evolución de la distribución del número de hijos. 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 0 1-3 >3 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 1450-59 1460-69 0,00 16,67 0,00 16,67 0,00 33,33 33,33 1470-79 0,00 0,00 0,00 0,00 0,00 100 0,00 1480-89 33,33 16,67 0,00 33,33 16,67 0,00 0,00 1490-99 6,67 13,33 33,33 20,00 11,11 8,89 6,67 1500-09 15,56 15,56 15,56 13,33 8,89 20,00 11,10 1510-19 20,00 20,00 20,00 16,67 3,33 10,00 10,00 1520-29 33,33 11,11 13,89 11,11 2,78 5,56 22,20 1530-35 36,11 19,44 11,11 13,89 8,33 8,33 2,78 10,70 TOTAL 20,98 15,61 18,05 15,61 7,32 11,71 Cuadro 75: Distribución del número de hijos en Jaén Sin duda, la distribución del número de hijos para el total del período estudiado que encontramos en Jaén aparece mucho más equilibrada que en las otras dos ciudades. Así, la - 264 - - 265 - proporción de testadores sin hijos es la más baja de todas, mientras que la de testadores con cinco y más de cinco hijos es la más elevada. Además, vuelve a aparecer la “cesura de los cuatro hijos”, ahora de nuevo claramente marcada, separando las familias numerosas del resto. Como ya sabemos, en términos de número medio de hijos por testador, esto significa que Jaén presenta el mejor índice de reproducción de las tres ciudades, lo que, según se mostró más arriba, y teniendo en cuenta que el volumen de la población se mantuvo estancado durante todos estos años, en términos generales, podría situar a esta ciudad en una posición peculiar respecto de las migraciones, no como centro receptor o al menos distribuidor de población, sino como emisor. Creemos que las cifras precedentes refuerzan esta teoría, pero los análisis que realizaremos enseguida lo mostrarán más claramente. Distingamos, pues, los tres grupos socioprofesionales que venimos utilizando, y cuya distribución de hijos se refleja en el cuadro siguiente. 0 1 2 3 4 5 > 5 Secundar io 28,5 7 28,5 7 7,14 7,1 4 7,14 21,4 3 Terciario 50 16,6 7 8,33 8,33 8,33 8,33 Resto 23,0 3 15,7 6 11,5 1 16,3 6 8,4 8 13,3 3 10,9 1 Cuadro 76: Distribución del número de hijos en Jaén según el grupo socioprofesional Evidentemente, las muestras de los grupos secundario y terciario son muy pequeñas – en concreto, catorce testadores para el grupo secundario y doce en el terciario–, lo que produce porcentajes difíciles de analizar. De todas formas, pueden señalarse algunos detalles de interés. Así, la falta absoluta de testadores sin hijos en el sector secundario, que contrasta fuertemente con la abundancia en los demás sectores, especialmente el terciario, en el que seis de sus doce testadores casados no citan a ningún hijo. También en el sector secundario destaca la relativa abundancia de familias numerosas, más del 21 %, aunque esta proporción, reducida a sus cifras reales, resulta ser menos espectacular: tres testadores sobre un total de catorce. De todas formas, parece evidente que el sector terciario vuelve a destacarse por una actitud demográfica distinta el resto, aunque aquí en un sentido opuesto al que podíamos observar en Córdoba o Sevilla. En efecto, y con todas las reservas necesarias debido a la escasez de testamentos, parece que los grupos más acomodados de Jaén tienden con claridad a tener pocos o ningún hijo, mientras que en los demás grupos sociales, sobre todo el sector secundario, la presencia de familias numerosas es más frecuente, especialmente en relación con lo que venía siendo la tónica habitual en las demás ciudades. Otra vez, pues, un comportamiento demográfico peculiar que distingue a Jaén de el conjunto urbano andaluz. Veamos ahora si la distinción sexual puede ofrecernos algún detalle más de utilidad, a la luz de las cifras del siguiente cuadro y, de nuevo, teniendo en cuenta la composición del grupo de mujeres testadoras. - 266 - HOMBRES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 1450-59 1460-69 0 0 0 33,33 0 33,33 33,30 1470-79 1480-89 0 50 0 50 0 0 0 1490-99 15 20 10 15 15 15 10 1500-09 24 8 12 16 8 16 16 1510-19 0 14,29 28,57 14,29 0 14,29 28,60 1520-29 46,67 6,67 20 6,67 0 0 20 1530-35 40 20 0 13,33 13,33 13,33 0 TOTAL 25,29 13,79 11,49 14,94 8,05 12,64 13,80 MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 1440-49 1450-59 1460-69 0 33,33 0 0 0 33,33 33,30 1470-79 0 0 0 0 0 100 0 1480-89 50 0 0 25 25 0 0 1490-99 0 8 52 24 8 4 4 1500-09 5 25 20 10 10 25 5 1510-19 26,09 21,74 17,39 17,39 4,35 8,70 4,35 1520-29 23,81 14,29 9,52 14,29 4,76 9,52 23,80 1530-35 33,33 19,05 19,05 14,29 4,76 4,76 4,76 TOTAL 17,80 16,95 22,88 16,10 6,78 11,02 8,47 Cuadro 77: Distribución del número de hijos en Jaén según el sexo 0 5 10 15 20 25 30 0 1 2 3 4 5 >5 hijos % Hombres Mujeres Total Se puede ver fácilmente en el gráfico 68 que la distribución del número de hijos supervivientes en Jaén difiere de forma clara de la que habíamos encontrado en Córdoba o Sevilla. Hay, desde luego, algunos puntos en común que conviene no olvidar. Así, se comparte con Córdoba la distribución de los testadores en tres grupos –sin hijos, uno a tres hijos y cuatro o más hijos–, y con Sevilla la “cesura” de los cuatro hijos, a la que ya hemos hecho alusión. También se comparte la predominancia femenina en los segmentos con menos hijos y la masculina en los de más hijos, pudiéndose establecer aquí el “equilibrio intersexual” entre los tres y los cuatro hijos, es decir, similar al sevillano. Sin embargo, el comportamiento del segmento de testadores sin hijos marca una singularidad patente en Jaén. En efecto, aquí los hombres superan claramente a las mujeres, circunstancia, desde luego, extraordinaria y que no podemos menos que relacionar de alguna manera, por un lado, con la especial evolución que la población giennense muestra y que la diferencia con nitidez de las otras dos ciudades andaluzas, y por otro, desde luego, con las tasas que hemos obtenido al dividir los testadores por grupos sociales. Trataremos de aclarar, al menos, esta segunda relación combinando los datos aquí obtenidos con las divisiones socioprofesionales de la ciudad. Desgraciadamente, la parquedad de la muestra, sobre todo para los años anteriores a 1490, dificulta mucho nuestra tarea. Así, al intentar combinar los datos separados por grupos socioprofesionales y por sexos, los porcentajes se presentan bastante distorsionadores, y quizá, en este caso, sea más clarificador mostrar, simplemente, el número de testadores de uno y otro sexo, sin porcentajes. No obstante, en el caso del “resto”, se ofrecen también los correspondientes porcentajes, puesto que aquí la muestra ya es más significativa. HOMBRES 0 1 2 3 4 5 >5 Secundario 2 1 1 1 2 Terciario 2 2 1 1 1 1 Resto 20 10 7 11 6 9 9 12,50 Resto (%) 27,78 13,89 9,72 15,28 8,33 12,50 - 267 - MUJERES 0 1 2 3 4 5 >5 Secundario 4 2 1 Terciario 4 Resto 18 16 12 17 8 13 9 Resto (%) 19,35 17,20 12,90 18,28 8,60 13,98 9,68 Cuadro 78: Distribución del número de hijos en Jaén según el sexo y el grupo socioprofesional Evidentemente, el comportamiento del “resto” es el que resulta, a la vista de estos datos, sorprendente, puesto que, a pesar del corto número de testamentos, los sectores secundario y terciario “acumulan” a sus mujeres en los segmentos con menor número de hijos, salvo la inexistencia de testadores sin hijos en el sector secundario. Pero, en el conjunto de la población no caracterizado socioprofesionalmente, se observa que los hombres sólo superan a las mujeres en el segmento de más de cinco hijos –algo que coincide con lo que ocurría en Córdoba o Sevilla– y en el segmento sin hijos. Por tanto, la llamativa circunstancia de una mayor preponderancia masculina en el segmento sin hijos no puede atribuirse a comportamientos de alguno de los grupos socioprofesionales que hemos caracterizado, sino más bien al conjunto de la población giennense. En este punto conviene recordar que, si bien la composición del grupo de mujeres testadoras incluye tanto a viudas como a casadas, no cabe pensar en una influencia de esta circunstancia en las diferencias de Jaén con Córdoba y Sevilla, puesto que, en términos globales, la proporción de viudas giennenses respecto del total de mujeres casadas testadoras es muy similar a la que existía en las otras dos ciudades, es decir, algo menos de la mitad. 0% 20% 40% 60% 80% 100% 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 >5 5 4 3 2 1 0 El estudio de la evolución cronológica de estas variables, aunque, como de costumbre en esta ciudad, debe someterse a bastantes reservas, particularmente en los años anteriores a - 268 - - 269 - 1490, podremos iniciarlo observando la distribución del número de hijos en el conjunto social urbano a través del gráfico 69. Aparece en él con toda claridad una evolución en la que el segmento sin hijos pasa progresivamente de menos del siete por ciento de la muestra en 1490- 99 a superar el 36 % en 1530-35. Paralelamente, el segmento con más de cinco hijos experimenta también un aumento progresivo hasta 1520-29: en una palabra, durante el período 1490-1535, aumenta la importancia de las familias extremas, es decir, con muchos hijos o con ninguno. Como vimos más arriba, esto significó una reducción progresiva de la media de hijos por testador casado, a pesar de lo cual la cifra global se mantenía por encima del nivel de supervivencia y de las tasas de las demás ciudades andaluzas, a excepción del último período, en el que la casi total desaparición de las familias de más de cinco hijos colocó la tasa de reproducción de Jaén por debajo de las demás. Pero, al margen de esta circunstancia, debemos concluir que el aumento de la población casada sin hijos fue la causa determinante del descenso de la tasa neta de reproducción desde 1490. Por otro lado, hemos comprobado que este grupo de población se compone de varones en mayor medida que de mujeres, de forma que parece conveniente comprobar si esto fue así durante todo el período en que podemos obtener datos fiables. Para ello recurriremos a las tasas de masculinidad. No obstante, y debido a las distorsiones que produce el escaso número de testamentos con que contamos en algunos casos, antes de trazar el gráfico correspondiente, ha parecido conveniente anotar en un cuadro el número de testadores de cada sexo en cada grupo de segmentos –sin hijos, de uno a tres hijos, más de tres hijos–, para poder comprender mejor el significado real de las tasas de masculinidad que luego se dibujarán. HOMBRES MUJERES 0 1-3 >3 0 1-3 >3 1440-49 1450-59 1460-69 0 1 2 0 1 2 1470-79 0 0 0 0 0 1 1480-89 0 2 0 2 1 1 1490-99 3 11 8 0 21 4 1500-09 6 9 10 1 11 8 1510-19 0 4 3 6 13 4 1520-29 7 5 3 5 8 8 1530-35 6 5 4 7 11 3 Cuadro 79: Número absoluto de testamentos según el sexo y número de hijos del testador en Jaén Como en ocasiones anteriores, y para facilitar el trazado del gráfico, cuando la tasa tiende a infinito, es decir, cuando no aparece ninguna mujer testadora en el grupo de segmentos, atribuimos a este caso una tasa arbitraria de 1000. Esto ocurre, como puede verse, en el decenio 1490-99 para los testadores sin hijos. A la inversa, en el decenio 1510-19 la tasa de este mismo segmento baja a cero, es decir, no hay ningún hombre entre estos testadores. Estos dos casos especiales nos dan pie para llamar la atención sobre las grandes oscilaciones que sufre precisamente el segmento de los testadores sin hijos, que hemos identificado como el más influyente en la evolución de la tasa neta de reproducción giennense. Debe destacarse que, en todo el período estudiado, este segmento se presenta claramente masculinizado, si bien en los últimos decenios muestra cierta tendencia al equilibrio. Sólo el decenio 1510-19 rompe esta situación con la desaparición de testadores masculinos, frente a seis mujeres que declaran no tener hijos. Sin embargo, esta situación no debe sorprendernos demasiado, puesto que en el capítulo anterior habíamos comprobado que en ese decenio se producía una fuerte feminización de la población testadora, que poníamos en relación con una hipotética emigración de hombres hacia Granada, coincidiendo también con la recuperación de la crisis de 1507. Pese a ello, no deja de resulta llamativo el que la repentina falta de hombres en la ciudad afecte mucho más al grupo de los casados sin hijos que a cualquier otro segmento social. Deberemos esperar a la combinación de estas cifras con las que conocemos respecto de la nupcialidad y, más adelante, con la de la mortalidad para obtener nuevas indicaciones que nos ayuden a entender los motivos de este comportamiento, que, en todo caso, debe entenderse como coyuntural. 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 0 1-3 >3 2.- Fecundidad y reproducción A lo largo de todo este capítulo ha debido quedar claro que nuestras fuentes no permiten acercarnos a la natalidad ni tampoco a la fecundidad. Sin embargo, antes de seguir adelante, parece conveniente dedicar algunas páginas a este aspecto, aunque sea a través de apreciaciones indirectas y de la recopilación de lo que sobre el tema se ha escrito ya. -270- -271- Es sobradamente conocido que la única fuente válida hasta el momento para el estudio de la natalidad en la época preestadística son los registros parroquiales de bautismo, que en Castilla empiezan a generalizarse a partir del primer tercio del siglo XVI, si bien los más antiguos datan de 1495 (GARCÍA SÁNCHEZ, 1985, 64). Suele objetarse que estos registros, sobre todo los correspondientes a los primeros decenios del siglo XVI, pecan por defecto, dejando de reseñar muchos bautismos realizados in articulo mortis o cuyos sujetos murieron poco después (ALBINI, 1986, 26; SÁNCHEZ GONZÁLEZ, 1993, 59). En Andalucía, son muy escasos los archivos parroquiales donde se conserven registros que puedan incluirse en nuestro ámbito de estudio. Recordemos que en el capítulo IV hicimos mención de los que habíamos encontrado en Sevilla y de las dificultades para su uso en este marco. Quizá por esto son también muy pocos los estudios que los exploten desde el punto de vista demográfico. Sólo en los casos de Sanlúcar de Barrameda y de Jerez de la Frontera se han publicado algunas cifras, que ya han sido comentadas en el capítulo II. Hay que añadir ahora los trabajos de María Josefa Parejo sobre las parroquias de Úbeda y Baeza en el período 1494-1520, que reflejan una tendencia al estancamiento, por encima de crisis puntuales (PAREJO DELGADO, 1988, 68-69); desgraciadamente, esta autora sólo publica los gráficos, pero no las cifras en que se basa. En todo caso, parece que el estancamiento de la natalidad en estas dos localidades encajaría bien con la evolución demográfica que vamos atisbando en Jaén. Por otro lado, el profesor Álvarez Santaló y su equipo realizaron también una incursión en los registros bautismales de la parroquia sevillana de El Salvador, orientada hacia años posteriores, pero que permitió detectar un descenso de la natalidad desde 1511 a 1530 (ÁLVAREZ SANTALÓ y otros, 1983, 12); tampoco en este trabajo se publican las cifras, sino sólo los gráficos. No obstante, y a pesar de que la información está basada en datos demasiado parciales, no podemos dejar de reseñar la aparente contradicción entre este descenso de los bautizos y el aumento tanto de la nupcialidad –aunque esta variable desciende en 1530-35– como de la reproducción que hemos constatado en la ciudad hispalense. Además de los posibles defectos de la fuente, y también de las circunstancias coyunturales que pudieron afectar a la población de esta parroquia, cabe pensar en una mejora de las condiciones de vida, que haría factible la supervivencia de un número mayor de hijos, junto con el aporte migratorio, como algunos elementos que permiten superar esa contradicción. Por último, los estudios en poblaciones cercanas a Sevilla apuntan hacia una natalidad muy elevada durante el primer tercio del siglo XVI (ALFONSO RINCÓN, 1986, 196), lo que reforzaría aún más la hipótesis de la emigración hacia la capital como una de las bases de su desarrollo demográfico. Sea como fuere, no parece que estos escasos datos puedan ayudarnos a saber cuántos hijos tenía una mujer urbana andaluza a lo largo de su vida. Podemos explotar, sin embargo, algunas posibilidades adicionales de acercarnos a la solución de esta pregunta. Una de ellas es el estudio de las genealogías, aunque, como es evidente, quede reducido a un pequeño segmento de la sociedad. En Sevilla, el ya recurrente trabajo de Rafael Sánchez Saus (1989, 103) señala una media de 3,21 hijos por mujer casada, aclarando que es una cifra baja en comparación con las familias nobles de Extremadura, que oscilan entre cuatro y cinco hijos, y las cordobesas, con unos cuatro hijos. Efectivamente, Concepción Quintanilla (1982, 153) había aportado esta cifra, que debe aumentarse para la nobleza más encumbrada (CABRERA SÁNCHEZ, 1998, 344). Fuera del ámbito andaluz, se pueden aportar algunos datos más extraídos de trabajos similares. Así, la segunda generación conocida de la familia murciana de los Riquelme, de la que hay datos en 1443-1480, tiene entre tres y cinco hijos varones, y la -272- generación siguiente, en 1479-1492, tiene entre uno y tres hijos varones; el árbol genealógico del que se han obtenido estos datos (MARTÍNEZ CARRILLO, 1992, 24) no señala ninguna mujer, lo que demuestra que este tipo de fuentes fuentes tienen tendencia a su ocultación, de forma que las cifras reales deben ser bastante superiores. También en Murcia, la familia Dávalos presenta unas medias todavía más bajas: apenas dos hijos por matrimonio a partir de mediados del siglo XV (TORRES FONTES, 1992, 55). Por último, podemos citar el caso de la familia gerundense Bell⋅Lloc, cuyas cifras de natalidad, hasta donde se ha podido averiguar, no son mucho mejores: 3,2 hijos por matrimonio entre mediados del siglo XV y 1533 (FERNÁNDEZ TRABAL, 1995, 311-323). Resulta sorprendente observar que estas cifras está muy lejos de las que se han apuntado para otras zonas europeas. En 1461 una ciudadana de Arras habría tenido doce hijos de trece años de matrimonio, y el ejemplo no es raro: “una florentina de buena familia que se hubiese casado a los diecisiete años y que no hubiese perdido al marido antes de la edad de la menopausia, podía esperar traer al mundo una media de diez hijos antes de cumplir treinta y siete años”, si bien la frecuencia de muertes prematuras de uno de los cónyuges hace que la cifra global baje hasta una media de siete hijos por unión (KLAPISCH-ZUBER, 1990, 310- 311). Podríamos pensar que buena parte de la responsabilidad en estas distancias entre los datos castellanos y los europeos debe achacarse a las diferencias en la calidad y cantidad de las fuentes utilizadas. Pero el ejemplo del estudio que Ángel Rodríguez Sánchez (1977, 225) realizó, sobre fuentes parroquiales de la ciudad de Cáceres, perfectamente fiables y bastante completas, revelan que la media de partos entre las familias hidalgas sólo llega a 4,21 por mujer, bajando incluso a 3,77 si añadimos la mortalidad perinatal, para todo el siglo XVI. Parece, así, que la natalidad en el ámbito castellano en el tránsito del siglo XV al XVI resulta ser excepcionalmente baja, al menos en las zonas urbanas. Parece oportuno, pues, profundizar algo más en este aspecto. Partiremos de los cálculos generales realizados por uno de los más grandes especialistas en demografía histórica, Massimo Livi-Bacci, para enmarcar, teóricamente, las posibilidades de reproducción humanas: el intervalo medio teórico entre partos puede situarse entre 1,5 y 3,5 años, pero en la mayor parte de las poblaciones históricas se sitúa en realidad entre los dos y los tres años; por otro lado, la edad de matrimonio en cuanto acceso a la reproducción es muy variable, situándose entre los 15 y los 25 años, aunque en Europa frecuentemente se ha superado este límite; el fin del período fértil, medido con la edad del nacimiento del último hijo, se sitúa de forma muy estable entre 38 y 41 años. De esta forma, se puede decir que el período reproductivo humano en poblaciones sin control de natalidad oscila entre 15 y 25 años. Simplificando, esto significa que los límites teóricos de fecundidad se establecerían en 4,3 y 16,7 nacimientos, pero en poblaciones históricas estables oscila entre 5 y 8 partos (LIVI- BACCI, 1990, 19-20). Ahora podemos sustituir algunos de estos parámetros por los que ya conocemos para nuestro ámbito de estudio. Hemos aceptado una edad de acceso al matrimonio de las mujeres cercana a los 19 años, aunque en las clases altas podría ser menor, lo que significa que, salvo muerte prematura, el período fértil es de unos veinte años. Esto reduce los límites teóricos, aceptando los intervalos entre hijos aportados por Livi-Bacci, a 5,7 y 13,3 hijos por unión. Se ha calculado que el período intergenésico medio en la Castilla del siglo XVI, que podríamos utilizar aquí, está en unos 24 meses (ALVAR EZQUERRA, 1996, 12), lo que significa una capacidad biológica de alrededor de diez hijos por mujer. Las diferencias con los datos que resultan de las investigaciones señaladas son evidentes, incluso si utilizamos un período intergenésico mayor, como los 34 meses que se han calculado para -273- Cáceres a principios del siglo XVI (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1977, 220), que da como resultado algo más de siete nacimientos por mujer. ¿Cuál podría ser, pues, la causa de estas diferencias? Antes de nada, hay que llamar la atención sobre el escaso número de investigaciones “de campo” realizadas al respecto, que nos obligan a ser extremadamente cautos. Pero ello también nos obliga a intentar obtener algún dato de nuestros testamentos, si bien sólo unos pocos nos permiten deducir ciertos detalles, aun de forma muy difusa. Aunque no se encuentra en nuestro elenco testamentario, podemos empezar citando el caso del médico cordobés Juan Díaz de Torreblanca, que hizo su primer testamento en 1498, y en él declara tener dos hijos y seis hijas, y que su mujer está embarazada de dos o tres meses; en su segundo testamento, de 1503, ya cita al nuevo hijo (CABRERA SÁNCHEZ, 1996, 103), lo que implica que éste tenía cuatro años en la fecha probable de su muerte. Ya dentro de la muestra que estamos utilizando, el veinticuatro de Córdoba Diego Gutiérrez de los Ríos, casado con Elvira Aguayo, hace testamento el 30 de agosto de 1488, y declara en él tener tres hijos, todos sometidos a tutela aunque el mayor ya no es considerado menor –podemos suponer que ha superado los catorce años– pero alude también a otro testamento que realizó cuatro años antes con motivo de acudir a la campaña de Alhama; en éste aparecen los mismos tres hijos, todos menores, además de citar el embarazo de su mujer, cuyo fruto, si llegó a nacer, no se menciona en el testamento de 1488 (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 87/10 y 18). En este interesante documento encontramos, pues, un matrimonio que en 1484 debía llevar al menos once años casados, lo que supone una media de 3,7 años por hijo, lo que coincide con la carencia de hijos en los últimos cuatro años, ya que no se menciona a ninguno muerto recientemente. Hay que destacar que, si aceptamos un intervalo entre hijos de 34 meses, este matrimonio nos presenta al total de sus hijos posible, e incluso si el intervalo fuese menor, de dos años, podríamos suponer que en este tiempo han muerto dos hijos, es decir, el que llevaba dentro Elvira Aguayo en 1484 y que se malogró antes de 1488, y otro más. Otro caso es el de Diego Enríquez, hidalgo oriundo de Jerez de los Caballeros, viudo de Juana Vargas, de la que ha tenido siete hijos, todos tutelados por el conde de Feria, es decir, menores de veinticinco años, lo que supone un intervalo máximo de 3,6 años por hijo, algo superior al caso anterior (AHPSE, Prot., 2157, 62v-63r, fechado el 16 de marzo de 1500). Pero los intervalos más cortos los encontramos entre un grupo de testamentos sevillanos, todos fechados entre septiembre y noviembre de 1530, ante el mismo notario, Juan Muñoz, y reunidos en el mismo protocolo, que actualmente ostenta el número 3991 del AHPSE. Se trata de los testamentos de Diego Díaz de Valor, casado con Leonor de Palma hace 28 años y con diez hijos; Pedro Riquelme, mercader, casado con Iseo de Bretaña 21 años atrás y con siete hijos; Beatriz Ruiz, casada con el curtidor Alvar Ruiz, sin hijos pese a llevar 32 años de matrimonio, y, por último, el mercader de aceites Alfonso Fernández, que casó en primeras nupcias con Beatriz de Palma hace 20 años, de las que le sobreviven dos hijas, la mayor de ellas con diez años de edad, y en segundas nupcias, hace un año, con Juana Fernández, de la que tiene una hija de dos meses. Junto con estos casos, hay que mencionar a Fernando Rodríguez, carpintero de ribera, casado en terceras nupcias con Ana Sánchez, de la que tiene cinco hijos en nueve años de matrimonio (AHPSE, Prot., 2262, 341r-343r, de 17 de febrero de 1531). La media de todos estos matrimonios es de 4,4 años entre un hijo y otro, pero si eliminamos el matrimonio estéril tras más de treinta años de casados, baja hasta poco más de 37 meses. No parece tampoco que hubiesen muerto hijos en épocas recientes, porque no se alude a ninguno. Se han encontrado casos de intervalos genésicos más breves en Córdoba (CABRERA SÁNCHEZ, 1998, 346), pero, a pesar de ellos y a salvo de lo que averigüemos en el capítulo siguiente sobre la mortalidad, parece que, en todo caso, la natalidad debió ser bastante baja entre la población urbana andaluza en esta época. -274- Pero aún podemos intentar descomponer algo más los factores que influyen en esta baja natalidad. En primer lugar, es evidente la amplia presencia de testadores sin hijos. Si bien en muchos de estos testamentos es posible que se trate de un efecto de la mortalidad, en otros parece claro que su influencia es menor. Así, el 15 de enero de 1481 Juana López, viuda del vainero cordobés Juan López, declara taxativamente que deja su herencia a su sobrina “por quanto parió ni tuvo fijo ni fija”; aunque la frase podría interpretarse de diversas formas, parece claro que falta el adverbio negativo delante de “parió”, lo que implicaría que no llegó a tener ningún hijo en todo su matrimonio. No sabemos si esta mujer estuvo casada mucho o poco tiempo, pero, desde luego, sí el suficiente para que muriese su marido (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 17, cuad. 3, 21r-v). Por otro lado, junto al caso ya citado de Beatriz Ruiz, sin hijos a pesar de su casi un tercio de siglo casada, existen otros en los que sabemos la duración del estéril matrimonio: Antón Martín de Celares, jurado de Sevilla, y su segunda esposa Luisa de Sosa, con nueve años de casados (AHPSE, Prot., 21, cuad. 25, s.f., de 28 de mayo de 1521); Pedro Sánchez, cordobés, casado en segundas nupcias hace catorce años con María Ruiz (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, 962r-964r, de 2 de julio de 1498); el mercader sevillano Francisco Fernández, también casado por segunda vez, con Marina Fernández, con 13-14 años de matrimonio (AHPSE, Prot., 1521 bis, cuad. 12, s.f., de 10 de abril de 1520); finalmente, Tomás Maller, también casado en segundas nupcias con Beatriz Fernández, de la que no tiene hijos pese a sus diez años casados (AHPSE, Prot., 26, 1142r-1143v, de 5 de noviembre de 1520). En todos estos casos, la duración del matrimonio es suficientemente larga como para que resulte lógico pensar que, de haber tenido un número “normal” de partos, al menos cinco, hubiese sobrevivido algún hijo. Pero aún se añade un nuevo indicio, ya que, en su estudio sobre la nobleza sevillana, basado en fuentes si no exhaustivas, sí mucho más completas en cuanto a la reseña de los hijos nacidos, el profesor Sánchez Saus se sorprende de la alta proporción de matrimonios sin hijos en el siglo XV, un 7,82 %, duplicando los datos de la centuria anterior, a lo que el propio autor confiesa no haber encontrado motivo claro (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 101-102). Por último, traeremos aquí el caso del condestable Miguel Lucas, que, casado en 1459, no consigue tener su primer hijo –en este caso una hija– hasta 1465 “porque la dicha señora condesa avía parido e movido [abortado] tres o quatro vezes y luego moría lo que nasçia y ella llegaba a punto de muerte” (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 505); aun así, tampoco mejoró la suerte del condestable, porque esta hija morirá en 1470 de epilepsia y, finalmente, su único hijo superviviente, nacido en 1468, morirá sin descendencia (SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 761, 840 y 1036). Este caso nos pone sobre la pista de la influencia de los abortos previos al primer hijo nacido vivo, de los que, salvo en ejemplos excepcionales como éste, no tendremos ningún rastro documental. Sea como fuere, parece, no obstante, que podría apuntarse hacia una mayor distancia entre el matrimonio y el primer hijo nacido vivo que entre éste y los demás, como ya se ha demostrado en otras ciudades europeas (KLAPISCH-ZUBER, 1990, 310). Pero, sobre todo, estos testimonios relativizan la importancia de la mortalidad infantil, e incluso de las mujeres en edad fértil, como la única causa determinante en el número de hijos por matrimonio. En efecto, desde hace algunos años se vienen sucediendo, en el espacio europeo, las alusiones a la influencia y difusión de los métodos anticonceptivos (KLAPISCH-ZUBER, 1990, 312; ROSSIAUD, 1990, 159; HARRIS, ROSS, 1991, 99-100). Junto a esto, se ha señalado también el uso generalizado de nodrizas, que aumenta los intervalos entre hijos de los grupos menos favorecidos, que son los que proporcionan las nodrizas, a la vez que, teóricamente, permiten -275- disminuir los de los grupos mejor situados (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1977, 220; HEERS, 1978, 78; KLAPISCH-ZUBER, 1990, 313). Pero ninguno de estos dos factores ha sido estudiado en Andalucía, por lo que aquí nos vamos a limitar ahora a señalarlos, sin entrar a profundizar en ellos. Por último, sí que se ha hecho más hincapié en la relación entre natalidad y situación social. Por ejemplo, en la región de Pistoia, se ha demostrado que el número de hijos de los campesinos aumenta regularmente de acuerdo con el valor del sus bienes raíces (HEERS, 1978, 73), y en el sur de Francia parece que los ricos tendían a un coeficiente familiar más alto y a una cierta agrupación de fuegos de forma patriarcal, mientras que los pobres tendían a núcleos independientes y más pequeños (KLAPISCH-ZUBER, 1988, 492). Nuestros datos, como vimos en el primer parágrafo de este capítulo, confirman esta situación, aunque sigue sin aclararse si en ella tiene más peso una mayor natalidad o una menor mortalidad, o ambos factores por igual; en este sentido, es interesante recordar que en Cáceres, a principios del siglo XVI, las diferencias de natalidad, medida por bautizos, entre las parroquias pecheras y las hidalgas es inapreciable, pero que empiezan a dejar de serlo cuando tenemos en cuenta la mortalidad perinatal (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1977, 225). 3.- Alnados e hijos de viudos El estudio de los alnados o hijastros que puedan compartir techo con la familia nos permitirá acercarnos un poco más a la composición de cada unidad familiar en las ciudades andaluzas de la época. Hay que aclarar que entenderemos aquí por alnado o hijastro a los hijos que, en el caso de matrimonios múltiples, todavía conviven con la nueva familia. No se trata, pues, de estudiar los posibles hijos habidos en los matrimonios anteriores, sino sólo los que el cónyuge nuevamente casado ha traído consigo al nuevo matrimonio y, en el momento de su testamento todavía vive soltero bajo su mismo techo. Junto con ellos, se tratará también de los hijos de viudos o viudas que todavía convivan con ellos. Sin embargo, respecto a este grupo de población hay que recordar que fue la base de buena parte de nuestros cálculos relacionados con la edad de matrimonio, conformando lo que dimos en llamar “edad 2”. Sin embargo, ahora trataremos a este colectivo de manera más específica, junto con los alnados, de forma que podamos obtener de ellos algunas conclusiones de cierto interés. Hechas estas advertencias, el siguiente cuadro muestra el número medio de hijos por testador en estos grupos, diferenciando tanto el sexo del testador como el de los hijos. Naturalmente, al calcular el número medio de hijos en estas condiciones, es evidente que no se trata de los hijos por total de testadores, sino sólo por testadores nuevamente casados o viudos. ALNADOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 1 0 0,67 0,67 0,50 0,33 1450-59 0 0 0 0 0 0 1460-69 1 0,50 0,80 0,40 0,80 0,5 1470-79 0,29 0,43 0,67 0,50 0,56 0,44 -276- 1480-89 0,67 0,33 2 0 1 0,25 1490-99 0,70 0,50 0,20 0,60 0,53 0,53 1500-09 0,95 0,71 1 0,33 0,96 0,63 1510-19 0,75 0 0,33 0,67 0,46 0,46 1520-29 0,59 0,47 0,55 0,22 0,58 0,38 1530-35 0,86 0,36 0,30 0,60 0,62 0,46 TOTAL 0,73 0,47 0,58 0,48 0,66 0,47 HIJOS DE VIUDOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 0,00 0,00 0,50 0,00 0,50 0,00 1450-59 1,00 4,00 0,75 0,50 0,80 1,20 1460-69 1,00 1,75 0,84 0,21 0,87 0,48 1470-79 1,00 0,00 0,86 0,71 0,87 0,67 1480-89 1,00 1,00 1,00 0,40 1,00 0,55 1490-99 0,67 0,67 1,13 0,64 1,10 0,64 1500-09 2,20 1,90 1,03 0,68 1,30 0,95 1510-19 1,67 0,67 1,24 0,56 1,35 0,59 1520-29 1,67 0,50 0,81 0,30 0,97 0,33 1530-35 2,00 0,50 0,65 0,70 0,88 0,67 TOTAL 1,58 1,12 0,96 0,53 1,07 0,64 Cuadro 80: Alnados e hijos de viudos Observemos pausadamente este cuadro. Es evidente que en ambos colectivos es más frecuente la presencia de hijos que de hijas, lo que se corresponde perfectamente con la mayor precocidad de las mujeres a la hora de casarse que habíamos comprobado en el capítulo anterior. Ahora se puede añadir que en el grupo de los testadores varones esta preferencia por los hijos de su mismo sexo es bastante estable, y la tasa de masculinidad, calculada a partir de estas medias –es decir, el número de hijos varones por cada cien hijas mujeres– asciende a 155 en los alnados y a 141 en los hijos de viudos . Sin embargo, en las mujeres, aun manteniéndose también este predominio masculino, las variaciones son más grandes, con tasas de 120,8 en los alnados y de 181,1 en los hijos de viudas. Este último dato es el más llamativo, y podría sugerirse la posibilidad de que esta tendencia de los hijos de las viudas a mantenerse junto a su madre en mayor medida que las hijas puede relacionarse no sólo con la aludida mayor precocidad femenina en el acceso al matrimonio, sino quizá también con una fuerte tendencia al patriarcado en el seno de las familias, en el sentido de que estos hijos que conviven con sus madres viudas, al menos a partir de cierta edad, en muchos casos podrían estar asumiendo de facto el papel de cabezas de familia, a despecho de que los fueros y ordenanzas parezcan otorgar a las viudas el gobierno de su casa y sus negocios (SEGURA GRAÍÑO, 1986 b, 18). El hecho de que la presencia de hijos varones sea mucho menor una vez que las mujeres están nuevamente casadas podría apoyar esta hipótesis. Un segundo hecho importante es la mucho más frecuente presencia de hijos entre los testadores varones que entre las mujeres. En efecto, la media total de hijastros por testador varón nuevamente casado asciende a 1,2, mientras que para las mujeres en las mismas circunstancias llega a 1,06, lo que significa que aquellos mantienen, como media, un 13,2 % más de hijos que éstas. Este hecho se explica porque, según el Fuero Juzgo, al volverse a casar la viuda pierde la tutela de sus hijos, que pasan a la familia del difunto, aunque parece que era relativamente común, al menos en Córdoba, que las hijas continuasen junto a sus madres y sus padrastros como criadas (ROJAS VARGAS, 1997, 585). Más llamativa, sin embargo, es la preeminencia de los varones en el caso de testadores viudos, donde, la media de hijos por testadora mujer es de 1,49, y por testador varón es de 2,7, un 81,2 % más. Naturalmente, en términos absolutos se registran muchos más hijos de viudas que de viudos –en concreto, 298 hijos de viudas y 116 de viudos–, pero ello es debido a la mayor abundancia de viudas. Sin embargo, estas mujeres solas apenas son capaces de mantener con ellas a la mitad de hijos que los varones solos; este desequilibrio parece suavizarse en gran medida en las mujeres que han vuelto a casarse. Parece oportuno recordar aquí que una situación similar habíamos encontrado al estudiar la descendencia de todos los testadores, incluyendo en el mismo grupo a las viudas y las testadoras que mantienen vivo a su marido. Evidentemente, estamos de nuevo ante el reflejo de la asunción social profunda del patriarcado como forma de organización familiar. De alguna forma, los hijos de ambos sexos tienden a agruparse en torno al padre e incluso al padrastro más que en torno a la madre. Situaciones similares se han detectado en otras zonas europeas, como Cataluña o la Toscana, y en ambos casos esta mayor presencia de hijos tutelados por el padre y no por la madre se ha relacionado, en última instancia y al igual que hemos señalado para Córdoba, con la asunción social del modelo patrilineal de familia, concretado en las prácticas jurídicas referidas sobre todo a la dote y a la tutela de los hijos (KLAPISCH-ZUBER, 1983, 1102; FORNS DE RIBERA, 1997, 54). 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 4 4,5 5 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 hi jo s/ te st ad or Alnados H Alnados M Viudos H Viudos M -277- -278- A la hora de analizar la evolución cronológica de ambos grupos de población, parece oportuno, pues, diferenciar entre los dos géneros dentro de cada grupo, como aparece en el gráfico 71. Sin duda, lo más llamativo de este gráfico son las puntas en el número de hijos por testador viudo en 1450-59 y 1500-09. Sin embargo, resulta evidente que se trata de datos que reflejan circunstancias coyunturales, sin aparente trascendencia en la evolución conjunta de esta variable. Tendremos ocasión de comprobar esto más adelante, al analizar cada ciudad por separado. En cuanto al resto de variables, parece difícil obtener una conclusión clara simplemente a la vista del gráfico. Por eso, quizá pueda obtenerse alguna idea nueva si utilizamos las categorías socioprofesionales que ya conocemos. Para simplificar, no nos fijaremos aquí en el sexo de los hijos, sino en el de los testadores; los datos correspondientes, agrupados por treintenas, se muestran en el siguiente cuadro: ALNADOS SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Testadores Testadoras Testadores Testadoras Testadores Testadoras 1440-69 1 1 0,33 1 1,67 1,33 1470-99 1,20 2 1 2 0,92 1 1500-35 2,10 1 0,91 1,50 1,20 0,93 TOTAL 1,70 1,17 0,81 1,50 1,16 1 HIJOS DE VIUDOS SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Testadores Testadoras Testadores Testadoras Testadores Testadoras 1440-69 4,67 1 1 1 1 0,74 1470-99 1 0,80 1 1,25 1,25 1,88 1500-35 1,50 0,85 3,67 1,76 3 1,61 TOTAL 2,07 0,85 3,18 1,55 2,5 1,59 Cuadro 81: Alnados e hijos de viudos según el grupo socioprofesional De acuerdo con los resultados totales, tanto el sector secundario como el “resto” se comportan aproximadamente de forma similar, con un mayor número de hijos en los testadores varones, tanto viudos como vueltos a casar. Sin embargo, el sector terciario presenta una situación peculiar. En el caso de los testadores nuevamente casados, se invierte la relación habitual entre sexos, con un predominio muy claro de las testadoras, predominio que, además, está patente en todas las treintenas. Por el contrario, en el grupo de los viudos, el número medio de hijos que mantienen los varones supera al de las mujeres en mucha mayor medida que en los demás grupos socioprofesionales. Parecería que en los estratos sociales más acomodados, la relación entre el número de hijos y la presencia de un padre, aunque sea padrastro, resulta más clara, lo que patentiza todavía más la fuerte coacción que los -279- condicionantes socioeconómicos y culturales ejercen sobre las familias cuando uno de los cónyuges muere. Pasemos ahora a analizar la situación en cada una de las ciudades. El cuadro siguiente expone los datos necesarios para Sevilla. ALNADOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 0 0 0,67 0,67 0,67 0,67 1450-59 0 0 0 0 0 0 1460-69 0 0,33 1 0 0,25 0,25 1470-79 0 1 2 0 1 0,5 1480-89 1 0 0 0 1 0 1490-99 3 0 0 0 3 0 1500-09 1,50 2 0 0 1,5 2 1510-19 0,50 0 0,75 0,50 0,67 0,33 1520-29 0,70 0,60 0,50 0 0,67 0,5 1530-35 0,40 0,20 0 0 0,4 0,2 TOTAL 0,69 0,59 0,82 0,36 0,73 0,53 HIJOS DE VIUDOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 0 0 0,50 0 0,50 0 1450-59 1 4 0,75 0,50 0,80 1,20 1460-69 0,50 1,50 0 0,60 0,14 0,86 1470-79 0 0 0,33 0 0,33 0 1480-89 1 1 0,50 0 0,67 0,33 1490-99 0 0 0,50 0,92 0,50 0,92 1500-09 2,14 1,71 0,71 0,82 1,13 1,08 1510-19 1,86 0,86 0,92 0,25 1,26 0,47 1520-29 1,75 0 0,31 0,08 0,65 0,06 1530-35 2,67 0,67 0 0 1 0,58 -280- TOTAL 1,84 1,12 0,54 0,49 0,86 0,64 Cuadro 82: Alnados e hijos de viudos en Sevilla En primer lugar, hay que hacer referencia a la mayor o menor presencia de hijos varones según el grupo de población y el sexo. Esta variable puede expresarse, a través de la tasa de masculinidad, en un cuadro. Alnados Hijos de viudos Testadores 116,95 164,29 Testadoras 277,78 110,20 Total 137,74 134,37 Cuadro 83: Tasa de masculinidad de alnados e hijos de viudos en Sevilla Sorprendentemente, la situación sevillana es, en gran medida, opuesta a la situación global que hemos descrito más arriba. Se mantiene, desde luego, la presencia mayoritaria de hijos varones en ambos grupos de población, pero destaca la baja masculinidad entre los hijos de viudas, sobre todo al corresponderse con una muy fuerte presencia de varones entre los alnados de mujeres. La relación es inversa, pero mucho menos marcada, si observamos a los testadores varones, es decir, la presencia de hijos varones es mayor entre los testadores viudos que entre los vueltos a casar. No es fácil encontrar una explicación a estos datos, e incluso las dificultades son todavía mayores a la vista de los datos sobre el número medio de hijos de uno u otro sexo. En el caso de los testadores nuevamente casados, estas cifras son de 1,28 hijos para los varones y 1,18 para las mujeres; en el grupo de los viudos, obtenemos una media de 3,70 hijos para los varones y 1,03 hijos para las mujeres. Al igual que en el conjunto urbano andaluz, en Sevilla también existe una clara tendencia de los hijos a mantenerse junto al padre, y no junto a la madre; sin embargo, en el colectivo de los hijos que se quedan con la viuda, la presencia de hijas es muy superior a la que se apreciaba en el conjunto urbano, aunque las diferencias en la edad de acceso al matrimonio hacen que en ningún caso el número medio de hijas que convivan con viudas supere al de los hijos. Podría pensarse, quizá, en la existencia de algún tipo de factor psico-social que impulse a las hijas a mantenerse junto a sus madres viudas, pero esto no explica las razones por las que, cuando aparecen mujeres nuevamente casadas, el predominio de los hijos varones es abrumador. La evolución cronológica de los hijastros e hijos de viudos en Sevilla es muy similar a la que habíamos observado en el conjunto de las tres ciudades. El gráfico 72 permite comprobar que aquí también encontramos los mismos “picos” en la evolución de los hijos de viudos. El primero de ellos, correspondiente a 1450-59, debe achacarse a la parquedad de la muestra, compuesta por cuatro mujeres testadoras, que en conjunto mantienen con ellas un total de cuatro hijos, y un único testador viudo, un alfaqueque llamado Diego Ruiz, que dice tener un hijo y cuatro hijas (AHPSE, Prot., 6676, p. 4, 6r-v, de 30 de enero de 1458). Parece que se trata de un testador relativamente joven, puesto que ninguno de sus hijos está casado, y es, por tanto, probable que en poco tiempo pasase a formar parte del grupo de los nuevamente casados, a tenor de los que hemos averiguado en el capítulo anterior. En todo caso, si hubiéramos podido obtener una muestra más amplia probablemente los datos en este decenio hubiesen resultado más matizados. Pero lo más interesante de este gráfico es el aumento del número medio de hijos en todos los testadores varones, tanto viudos como nuevamente casados, entre 1490 y 1509. Efectivamente, hasta entonces cada una de las variables parece evolucionar por su cuenta, sin detectarse movimientos claros ni coincidencias útiles. Pero en ese momento las lineas correspondientes a los testadores varones experimentan unas subidas espectaculares, que debe relacionarse con la caída de las lineas de las mujeres, visible con claridad en el caso de las viudas desde 1500, y sólo apreciable, debido a la falta de testamentos, en las nuevamente casadas en el decenio siguiente. Hay que reseñar que, mientras que la media de alnados de varones sufre un brusco descenso en los años posteriores, en el caso de los hijos de viudos el descenso es mucho menor e incluso en el último decenio se detecta una clara recuperación. Estos movimientos, a nuestro entender, deben ponerse en relación con la tesis que expusimos más arriba: el cambio del siglo XV al XVI, con todas sus transformaciones, supuso, desde el punto de vista demográfico, el inicio de una serie de comportamientos demográficos diferenciales entre hombres y mujeres, situación que se aprecia mejor en Sevilla debido quizá a su mayor desarrollo económico y potencial poblacional, pero que de alguna forma afectaron a todo el conjunto urbano andaluz. 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 4 4,5 5 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 hi jo s/ te st ad or Alnados H Alnados M Viudos H Viudos M -281- -282- En cuanto a los grupos socioprofesionales, los datos respecto a los hijastros y a los hijos de viudos se resumen en el siguiente cuadro. ALNADOS SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Testadores Testadoras Testadores Testadoras Testadores Testadoras 1440-69 0 1 0,33 1 0 1,50 1470-99 3 0 1 0 1 2 1500-35 2,17 2 1,17 0 1,22 0,80 TOTAL 2 1,50 0,90 1 1,09 1,12 HIJOS DE VIUDOS SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Testadores Testadoras Testadores Testadoras Testadores Testadoras 1440-69 4 0 1 1 0 0,78 1470-99 0 0,20 0 0,75 2 1,87 1500-35 1,40 0,70 4 2,22 3,20 0,87 TOTAL 2,14 0,53 3,57 1,67 3,09 1,02 Cuadro 84: Alnados e hijos de viudos en Sevilla según el grupo socioprofesional A la vista de estos datos, parece claro que el grupo socioprofesional en que más marcada está la diferencia de género en cuanto al número medio de hijos por testador es el secundario. De hecho, en el caso de los testadores nuevamente casados, es el único grupo socioprofesional donde esa diferencia se aprecia con claridad, quedando los demás en una posición de equilibrio entre sexos. Por su parte, los testadores viudos varones del sector secundario presentan un número medio de hijos superior en más de cuatro veces a las mujeres del mismo grupo, mientras que en los sectores terciario y “resto” este predominio es “sólo” del triple. La segunda conclusión de importancia que puede desprenderse de estos cuadros es que el predominio masculino en cuanto al número de hijos, tanto para los nuevamente casados como para los viudos, se materializa claramente sólo en el siglo XVI, pero no antes. La posible excepción de los nuevamente casados del sector secundario, que en 1470-99 presentan una media de tres hijos por testador varón contra ninguno de las mujeres, sólo puede aceptarse con muchas precauciones, puesto que estas medias proceden de una muestra de sólo un testamento, el del herrero Lope Vázquez, que tiene tres hijos y ninguna hija (AHPSE, Prot, 3217, p. 1, 110v-111r, de 14 de julio de 1498). Especialmente interesante para nosotros resultan estos datos en relación con los hijos de viudas, en los que habíamos observado una proporción comparativamente excesiva de hijas: sean cuales fueran las razones de este comportamiento, al llegar el cambio de siglo el número de hijos de viudas aumenta, y el de hijas de viudas desciende notablemente. -283- Podemos ahora pasar a estudiar el caso cordobés. ALNADOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 1 0 0 0 0,33 0,00 1450-59 0 0 0 0 0 0 1460-69 2 1 0,75 0,50 1,17 0,67 1470-79 0,33 0,33 1 1 0,43 0,43 1480-89 0,50 0,50 2 0 1,00 0,33 1490-99 0,75 0,50 0,50 1 0,67 0,67 1500-09 1,10 0,40 0,67 0,67 1,00 0,46 1510-19 1 0 0 0 1,00 0,00 1520-29 0,25 0,50 0,50 0,50 0,38 0,50 1530-35 1,25 0,50 0,20 0 0,85 0,31 TOTAL 0,90 0,44 0,60 0,55 0,77 0,43 HIJOS DE VIUDOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 1450-59 1460-69 1,5 2 1 0,08 1,07 0,33 1470-79 1 0 0,9 0,9 0,91 0,82 1480-89 1 1 1 0,6 1,00 0,71 1490-99 1 0 1,3 0,35 1,29 0,33 1500-09 1 4 0,86 0,14 0,88 0,63 1510-19 1 0 0 0 1,00 0,00 1520-29 1,5 1,5 1,8 0,2 1,71 0,57 1530-35 0 0 0,6 0,8 0,50 0,67 TOTAL 1,07 1,07 1,09 0,41 1,08 0,52 Cuadro 85: Alnados e hijos de viudos en Córdoba -284- Al igual que hicimos en Sevilla, observaremos primero la masculinidad de los hijos en ambos grupos, a través de la correspondiente tasa: Alnados Hijos de viudos Testadores 204,54 100 Testadoras 109,09 265,85 Total 179,07 207,69 Cuadro 86: Tasa de masculinidad de los alnados e hijos de viudos en Córdoba De nuevo, como en el caso sevillano, encontramos aquí que la masculinidad de los hijos se relaciona claramente con el sexo del testador. Pero ahora estas relaciones son prácticamente inversas a las que encontrábamos en la ciudad hispalense. Si allí nos sorprendíamos de la baja masculinidad de los hijos de viudas, aquí encontramos todo lo contrario, es decir, una relación directa entre el sexo del testador y el de sus hijos en el grupo de los alnados, y una relación inversa en el grupo de los hijos de viudos. Cabría aplicar aquí algunas de las explicaciones que en este aspecto hemos aventurado al tratar del conjunto de las tres ciudades andaluzas, fundamentalmente en relación con la masculinidad de los hijos de testadoras, tanto viudas como nuevamente casadas. Sin embargo, más difícil de explicar es la situación que presentan los hombres, totalmente inversa respecto a la de Sevilla, y es necesario el aporte de más datos. El número medio de hijos, independientemente de su sexo, puede ofrecernos algunos de esos datos adicionales. Para los testadores nuevamente casados, el número medio de hijos es de 1,34 en el caso de los testadores varones y de 1,15 en el de las mujeres; para los testadores viudos, las cifras respectivas son de 2,14 hijos en los varones y 1,50 en las mujeres. Podemos observar, también, que el bajo número medio de hijos por viuda se debe a una atípica falta de hijas, pero no de hijos, en comparación con las medias de los hijastros. Así pues, parece que la elevada masculinidad del segmento de hijos de viudas se relaciona propiamente no con un exagerado número de hijos varones, sino con falta de hijas. Resulta oportuno ahora recordar que, al tratar de la edad de acceso al matrimonio, pudimos observar cómo, mientras que en los varones las tasas de nupcialidad en la “edad 1” –equivalente a la muerte del primero de los padres– y en la “edad 2” –que se corresponde con la muerte del progenitor viudo, es decir, con el grupo de población que estamos analizando– se mantienen bastante parejas, en las mujeres existe una fuerte diferencia, que implica una elevada nupcialidad entre uno y otro momento. Ahora, al añadir estos nuevos datos a aquella constatación, podemos concluir que la nupcialidad de las hijas se dispara tras la muerte del padre, pero no tras la muerte de la madre. Ciertamente, esta hipótesis encaja bien con los datos de las mujeres, pero no tanto con los de los hombres, especialmente con la elevada masculinidad de los alnados de testadores varones. Veamos si la evolución cronológica aclara algo esta situación. Como en ocasiones anteriores, en el gráfico 73 hemos preferido no dibujar los datos de algunas variables anteriores a 1460, puesto que en el decenio 1450-59 no hemos registrado ningún testamento de estos dos grupos de testadores, y en 1440-49 sólo son utilizables tres testamentos de varones casados por segunda vez, de los que sólo uno lleva consigo un hijo, también varón. 0,00 0,50 1,00 1,50 2,00 2,50 3,00 3,50 4,00 4,50 5,00 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Alnados H Alnados M Viudos H Viudos M La primera observación que cabe hacer a este gráfico es que las mujeres muestran una evolución muy similar en ambos grupos, con una situación de partida relativamente elevada hacia 1470-1480, para descender después de forma continuada hasta 1510-19, iniciando después un nuevo ascenso, que parece quedar pronto truncado. Por su parte, en los hombres es más difícil apreciar el paralelismo entre la evolución de los alnados y la de los hijos de viudos, sobre todo debido a la presencia de bruscos altibajos en este último grupo a partir de 1480-89. Interesa especialmente destacar, por un lado, que esta diferencia entre el comportamiento de ambos sexos se había detectado también en Sevilla, donde las mujeres también evolucionaban con mayor suavidad que los hombres, evidenciando así la mayor influencia en éstos de las coyunturas. Por otro lado, las elevaciones bruscas en el número medio de hijos de viudos coinciden, en ambas ciudades, en 1480-89 y en 1500-09; y, sobre todo, hay que destacar que en las dos ciudades, a partir de estas oscilaciones y del cambio de siglo se puede señalar un mayor número de hijos para los testadores varones que para las mujeres, algo que resulta más claro en el grupo de los viudos; sólo puntualmente esta situación puede equilibrarse. ALNADOS -285- -286- SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Testadores Testadoras Testadores Testadoras Testadores Testadoras 1440-69 2 0 2,5 1,25 1470-99 0,75 2 1 2 1 1,5 1500-35 2 0,67 0,75 0 1,44 0,87 TOTAL 1,44 1 0,80 1 1,40 1,07 HIJOS DE VIUDOS SECUNDARIO TERCIARIO RESTO Testadores Testadoras Testadores Testadoras Testadores Testadoras 1440-69 6 1 1 0,44 1470-99 1 1,40 1 1,75 0 1,71 1500-35 1,67 2 3 1,50 0,50 1,36 TOTAL 2 1,40 2,33 1,70 0,50 1,41 Cuadro 87: Alnados e hijos de viudos en Córdoba según el grupo socioprofesional Casi en su totalidad, el cuadro de datos cordobés es semejante al sevillano. En particular, cabe destacar que también aquí el sector terciario se comporta de forma distinta al resto, con equilibrio entre los sexos en el grupo de los alnados, y mayor número de hijos de viudos que de viudas. Pero, sin duda, lo más sorprendente son los datos del “resto” en el grupo de los hijos de viudos, donde la media de hijos de las viudas es mucho mayor que la de viudos. Quizá la explicación estribe en la muestra, que se compone de 54 testamentos de viudas por apenas cuatro de viudos. Así, podemos hacer abstracción de este indicador, y comprobar que, en los demás casos, se repiten en Córdoba los comportamientos que habíamos encontrado en Sevilla, también en cuanto a los grupos socioprofesionales. Pasemos, pues, a Jaén, cuyos datos generales se reflejan en los siguientes cuadros. ALNADOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 1450-59 1460-69 1470-79 1480-89 -287- 1490-99 0,20 0,60 0 0,33 0,13 0,50 1500-09 0,43 0,43 1,33 0 0,70 0,30 1510-19 0 0 0 0,80 0 0,80 1520-29 0,67 0 0,67 0 0,67 0 1530-35 0 0 0,40 1,20 0,33 1 TOTAL 0,38 0,38 0,42 0,58 0,40 0,49 HIJOS DE VIUDOS Testadores Hombres Mujeres Total Hijos Hijas Hijos Hijas Hijos Hijas 1440-49 1450-59 1460-69 0 0 3 0 3 0 1470-79 0 0 2 1 2 1 1480-89 0 0 1,33 0 1,33 0 1490-99 0,50 1 1,71 1 1,44 1 1500-09 3 1,50 1,70 0,8 1,92 0,92 1510-19 0 0 1,54 0,85 1,54 0,85 1520-29 0 0 1 0,67 1 0,67 1530-35 0 0 1 0,83 1 0,83 TOTAL 1,75 1,25 1,46 0,76 1,48 0,80 Cuadro 88: Alnados e hijos de viudos en Jaén Ante estas cifras, es necesario no olvidar que en Jaén la lista de segundos matrimonios es particularmente exigua, apenas 31 casos, lo que supone un serio baldón para cualquier conclusión que se obtenga en base a ellas. A pesar de ello, es evidente que, en el grupo de los alnados, existe un equilibrio entre los sexos de los hijos, lo que no ocurre entre los hijos de viudos. La comparación de las masculinidades nos ofrece la posibilidad de precisar más. Alnados Hijos de viudos Testadores 100 140 Testadoras 72,41 192,1 Total 81,63 185 Cuadro 89: Tasa de masculinidad de alnados e hijos de viudos en Jaén Si en las otras dos ciudades, la masculinidad de los hijos parecía relacionarse, directa o inversamente, con el sexo del testador, en Jaén la relación parece estar en la situación conyugal del mismo. En efecto, mientras el progenitor permanece viudo, la presencia de hijos varones es mayoritaria en ambos sexos, especialmente entre las mujeres, pero cuando el testador ha vuelto a casar, parecería que los hijos varones abandonan rápidamente el hogar familiar. Sin embargo, es necesario tomar estos datos con muchas precauciones, debido no sólo a que la muestra es relativamente escasa, sino también a las variaciones cronológicas, como veremos enseguida. Pero antes, es necesario señalar que, al contrario que ocurría en Córdoba o Sevilla, en Jaén las mujeres nuevamente casadas presentan una media de hijos bajo su techo superior a los varones. En concreto, los varones casados por segunda vez mantienen, como media, 0,76 hijos, y las mujeres un hijo. Entre los viudos, estas cifras son más parecidas, en cuanto a su proporción, a las de las demás ciudades: en los viudos, la media de hijos llega a 3 y en las viudas a 2,22. No obstante, hay que reseñar que el número medio de hijos por testadora viuda es netamente superior al de las demás ciudades. La combinación de estos datos con los referidos a la masculinidad de los hijos nos indica claramente lo que ya intuíamos al observar sólo la masculinidad, es decir, que mientras se mantiene la viudedad, tanto de hombres como de mujeres, el número de hijos que continúan viviendo con el progenitor es considerable, pero que al casarse de nuevo desaparecen en gran medida los hijos varones, y no tanto las hijas. Como sabemos, en Jaén se puede apreciar una diferencia en la edad de acceso al matrimonio más acusada que en las demás ciudades, de forma que las mujeres tienden a casarse muy pronto y los hombres muy tarde. Estos datos confirman aquellos cálculos, de forma que parecería que la muerte del primero de los progenitores marca una edad límite para el matrimonio de las hijas, en términos globales, mientras que el matrimonio de los hijos todavía puede producirse durante los años de viudez. 0,00 0,50 1,00 1,50 2,00 2,50 3,00 3,50 4,00 4,50 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Alnados H Alnados M Viudos H Viudos M El gráfico 74 nos permite apreciar cómo las cifras globales que hemos obtenido deben ser situadas, en realidad, en relación con una cronología mucho más restringida que en otras ocasiones. En particular, los datos de los hijos de viudos proceden exclusivamente de los años entre 1490 y 1509; en el resto de decenios no han aparecido viudos. No obstante, no podemos menos que observar que, pese a ello, parece que se apunta un “pico” en la evolución de esta variable muy similar a los que existían en Córdoba y Sevilla. De esta forma, la abrupta subida -288- -289- en el número medio de hijos por testador viudo varón que se produce justo en el paso del siglo XV al XVI se repite en todas las ciudades, para seguidamente caer con idéntica rapidez. Aquí, aunque no se aprecia la caída, en realidad la falta de testadores viudos ya es un síntoma suficientemente significativo. Pero no hay que olvidar que, si bien en las demás ciudades, este “pico” coyuntural tendrá importancia en cuanto preludio de una etapa de mayor número de hijos para los viudos varones, en Jaén no hay datos que permitan sostener la misma hipótesis. Por último, los datos referidos a los grupos socioprofesionales no resulta procedente reflejarlos en un cuadro, debido a la escasez de testadores giennenses viudos o nuevamente casados que declaren su pertenencia a los sectores secundario o terciario. Así, en el grupo de los casados por segunda vez, sólo dos testadores, un hombre y una mujer, manifiestan pertenecer al sector terciario; tampoco entre los viudos la situación es mejor: una mujer en el sector secundario, y un hombre y dos mujeres en el terciario. 4.- Otros convivientes Junto con alnados e hijos de viudos, la familia puede eventualmente completarse con otros parientes que, junto con los cónyuges y sus hijos, puedan formar parte de ella. En las zonas de Europa donde este tipo de datos ha podido analizarse con cierta fiabilidad, se ha podido localizar un porcentaje de familias con “pariente añadido” que oscila entre el 10 % y el 15 %. Por ejemplo, en Palermo en 1480 sabemos que el 9,4 % de las familias que incluyen los dos cónyuges, y el 16,4 % de las familias monoparentales incluyen además algún pariente (BRESC, 1988, 415). En Pisa, en 1427 el 10 % de los hogares responden al concepto de “familia amplia”, a lo que hay que añadir un 11,6 % más de familias múltiples; en 1470 estos porcentajes se habían convertido, respectivamente, en el 12,8 % y el 10,4 % (KLAPISCH, 1977, 268). En Florencia, en 1427, se ha calculado que el 11,3 % de las familias incluyen más de dos generaciones (HERLIHY, KLAPISCH-ZUBER, 1978, 480). Sin embargo, en los escasos datos que hemos podido recopilar al respecto en España, parece que existe una mayor resistencia a esta presencia de otros parientes en el seno de la familia. En Cáceres, así, se ha llegado a la conclusión de que las familias extensas son características, en todo caso, de las clases altas, pero que en el resto de la población, aunque coyunturalmente pudiera convivir algún otro pariente con la familia nuclear, esta situación era muy infrecuente (HERNÁNDEZ BERMEJO, 1990, 200). Nuestros datos también parecen apuntar a un predominio absoluto de la familia nuclear, con ausencia de otros parientes, aunque con el añadido de criados y esclavos, a los que dedicaremos un capítulo específico. Ya Blanca Morell había constatado en Sevilla esta escasez de parientes convivientes más o menos lejanos, y, como señala acertadamente, “el número de individuos que moraba en una casa dependía fundamentalmente de la mayor o menor descendencia habida por el matrimonio y de los recursos económicos disponibles, en tanto que les permitieran sostener mayor cantidad de criados y esclavos “ (MORELL PEGUERO, 1981, 125-126 y 130); estos parientes, tal como se ha comprobado en Sevilla y en Córdoba, suelen ser el padre o, más generalmente, la madre de alguno de los cónyuges, recogidos por razones humanitarias o, en el caso de las mujeres, para salvaguardar su honradez pública (MORELL PEGUERO, 1981, 129; MORELL PEGUERO, 1986, 120-121; ROJAS VARGAS, 1997, 590). Por su parte, Ruth Pike había insistido en que la presencia de otros parientes podría ser más propio de familias más acomodadas (PIKE, 1978, 15). -290- En efecto, de entre todos los testamentos que hemos registrado, los únicos en que costa algún pariente conviviente son los que aparecen en la siguiente lista: CIUDAD NOMBRE FECHA SIGNATURA Sevilla Juan Rodríguez 1441, 07, 14 AHPSE, Prot., 3210, p. 1, 10r-v Sevilla Catalina Fernández 1458, 05, 21 AHPSE, Prot., 17412, p. 3, 13v-14v Sevilla Francisco Fernández 1458, 05, 23 AHPSE, Prot., 17412, p. 3, 15r-17v Sevilla Teresa Rodríguez 1483, 10, 26 AHPSE, Prot., 3212, p. 9, 22v-23r Sevilla Doña Juana Ponce de León 1501, 06, 24 AHPSE, Prot., 9101, 357r-358v Sevilla Miguel Sánchez de Ortega 1510, 03, 17 AHPSE, Prot., 6, 119v-121v Sevilla Leonor Martínez 1530, 09, 14 AHPSE, Prot., 38, 140r -interc.- Sevilla Inés Guillén 1531, 02, 26 AHPSE, Prot., 2262, 416r-417v Córdoba Isabel Sánchez 1490, 05, 12 AHPCO, Prot. Of. 14, leg. 25, cuad. 4, 16v-17v Córdoba Doña María del Castillo 1513, 01, 23 AHPCO, Prot. Of. 14, leg. 43, cuad. 3, 12r-16r Córdoba Nicolás Rodríguez 1513, 09, 21 AHPCO, Prot. Of. 24, leg. 4, 180r-183r Jaén Pedro de Martos 1520, 10, 08 AHPJ, leg. 32, 682r-683v Antes de continuar, es necesario hacer algunas observaciones a esta lista. En primer lugar, el primer testador, Juan Rodríguez, pescador y soltero, en realidad no se trata de que algún pariente viva con él, sino que es él el que vive “en Sevilla, en la collaçión de Sant Veceynte, en casa de Juana Sánchez, su prima, muger de Juan Alfonso, pescador, que Dios perdone”. Por otro lado, en algunos casos, los parientes no son tales, sino personas de las que no se da indicación de parentesco. Así, Isabel Sánchez, viuda de Lázaro Sánchez, joyero cordobés, cita a “Diego Rodríguez, astero, que mora en su casa” y que es nombrado albacea junto con “Antón González, sus amigos e vecinos”; otro caso es el de Inés Guillén, soltera, que cita a “Beatriz Martínez, que está dentro de mi casa”, sin más explicaciones. Existen, en total, cinco casos en los que no se especifica parentesco. Sin embargo, es más frecuente que se explicite el grado de parentesco, resultando de ello cuatro sobrinos, una hermana, una prima y una cuñada, esta última con sus tres hijos. Resulta, a este respecto, interesante el único ejemplo giennense, Pedro de Martos, casado con Catalina Álvarez, sin hijos ni criados, pero que mantiene en su casa a “Teresa Fernández, mi sobrina, [que] no salga nin se vaya de mi casa hasta que yo sea pasado desta presente vida, y esté y me sirva en mi vejez y enfermedad”. Habida cuenta de las circunstancias del testador, creemos que este texto es revelador de la naturaleza de las relaciones entre parientes, que muchas veces se aproximan más a las de amo- criado. Hechas estas aclaraciones, lo primero que cabe observar es el predominio de sevillanos, ocho sobre un total de doce. Además, es en Sevilla donde estos testadores -291- representan un porcentaje mayor respecto al total de los testadores; 2,2 %, mientras que en Córdoba y Jaén este porcentaje baja hasta 0,8 % y 0,4 % respectivamente. Por otro lado, en términos globales, se detecta también una mayor presencia femenina, también en una proporción de ocho sobre doce. Finalmente, las fechas parecen indicar el predominio de la treintena correspondiente al siglo XVI, con siete testamentos en total, mientras que la treintena final del siglo XV presenta sólo dos, y la treintena 1440-69 incluye tres testamentos; este reparto, en todo caso, impide que se puedan distinguir etapas cronológicas en cualquier análisis de esta lista. De todos estos testadores, sólo cuatro constan como solteros, todos sevillanos: Inés Guillén, Francisco Fernández, Catalina Fernández y Juan Rodríguez. A estos hay que añadir la viudez de dos testadoras cordobesas y otros dos sevillanos: Isabel Sánchez, doña María del Castillo, doña Juana Ponce de León y Miguel Sánchez de Ortega, este último conviviendo con la hermana de su difunta mujer y sus tres hijos. Respecto de los grupos socioprofesionales, se registran, además del pescador Juan Rodríguez y la viuda del joyero Lázaro Sánchez, a los que ya hemos aludido, dos casos de nobles –doña María del Castillo y doña Juana Ponce de León, es decir, dos viudas, que lo son respectivamente del veinticuatro de Córdoba Miguel de Orozco y del caballero sevillano Juan Ramírez de Guzmán–, un violero y un bachiller en gramática. También merece la pena aludir a este último caso, puesto que su “pariente” no parece ser tal, sino que es citada como “Catalina, muger onesta [que vive] de las puertas adentro de las casas de la morada del dicho Françisco Fernández”; ante la posibilidad de que se trate de un amancebamiento, hemos optado por incluir a esta Catalina en el grupo de los “parientes”. La única conclusión fiable que podemos obtener de esta nómina es la escasa presencia de parientes u otros convivientes junto con la familia nuclear, muy por debajo de las proporciones obtenidas en otros lugares de Europa, incluso a pesar de las diferencias que puede introducir la diferente naturaleza de las fuentes empleadas. Sin embargo, hay que observar que esta situación coexiste con el hecho, comprobado en el capítulo anterior, de que la mayor parte de los habitantes de las ciudades andaluzas permanecen solteros cuando han perdido a sus dos progenitores. A la vista de lo que acabamos de exponer, parece evidente que, sea cual sea el destino inmediato de estos huérfanos, en un plazo muy corto entran en matrimonio o se independizan de alguna manera. Así, la posible existencia de “fraternidades” no parece superar el plazo de pocos años, hasta que sus integrantes se casan o se establecen por su cuenta. Otro tanto puede decirse de la integración de los huérfanos en otras familias más o menos cercanas, al menos identificados como tales. Aunque esta posibilidad parece estar más extendida, tampoco parece que la situación de convivencia dure mucho tiempo. Da la sensación de que la situación de orfandad dispara la tendencia al matrimonio, aunque no es posible obtener datos que permitan confirmar esta idea. En todo caso, no podemos olvidar que la neolocalidad se ha venido considerando como una de las características fundamentales de las familias de la Península Ibérica, especialmente de su zona meridional (ROWLAND, 1988, 121). 5.- Hijos ilegítimos Junto con los hijos legítimos, aparecen en nuestros testamentos hijos procedentes de uniones no matrimoniales. La cuestión no es su existencia, sino su importancia desde el punto de vista demográfico. Sabemos, a modo de comparación, que en la España de los siglos XVI y -292- XVII la natalidad ilegítima llegaba a porcentajes que oscilan, según los autores, entre 5 y 10 % del total de nacimientos (ALVAR EZQUERRA, 1996, 12; RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1996, 48), aunque, lógicamente, las diferencias entre localidades pueden llegar a ser muy grandes. Así, en Madrid, en la misma época la proporción subía hasta el 13-15 %, mientras que en Galicia bajaba al 7 % y en Medina del Campo llegaba al 5 %, descendiendo todavía más en otras zonas de Castilla (ALVAR EZQUERRA, 1996, 12). En el espacio urbano andaluz no se han podido establecer porcentajes similares, ni tampoco en otras zonas de España. Sin embargo, naturalmente, sí que se documenta la existencia de una natalidad ilegítima relativamente abundante. Testimonio de ello es la existencia de Casas de Cuna, como la que en Sevilla acogía regularmente a unos 150 niños, de los que se prohijaban unos 60 al año (MATUTE GAVIRIA, 1886, 45). Los ilegítimos han llamado la atención, en especial, en el ámbito de las grandes casas nobiliarias, de forma que ha podido afirmarse que, desde 1470, las dos grandes casas dominantes en la escena sociopolítica sevillana estaban regidas por bastardos (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 104). Además, parece que Andalucía era una de las regiones donde el nivel de ilegitimidad en los hijos era mayor, junto con Castilla y León y el País Vasco (CÓRDOBA DE LA LLAVE, 1986, 612) y, en particular, el Reino de Sevilla llega a destacar en este aspecto, si bien se ha apuntado a su gran extensión –y población, podríamos añadir nosotros– como uno de los factores que influyen en esta preeminencia (AZNAR GIL, 1993, 30). Veamos, pues, qué aportaciones pueden desprenderse del estudio de nuestros testamentos. En primer lugar, fijaremos nuestra atención en los hijos de parejas no matrimoniales más o menos estables, las cuales hemos estudiado en el capítulo anterior. Como se recordará, además de su concentración en Sevilla y en algunos años concretos, y de la abundancia relativa de extranjeros, habíamos destacado la escasa importancia de estas parejas en el seno de la sociedad en que se inscriben, con apenas un 1,1 % del total de matrimonio en el conjunto de las tres ciudades, proporción que no llega al 1,5 % si tomamos como referencia sólo la ciudad de Sevilla. En la siguiente lista se especifican los hijos habidos en estas relaciones. Fecha Signatura Testador Hijos Hijas 1468, 11, 14 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 2, 255v- 256r Antonio García 1 1473, 3, 3 AHPSE, Prot., 3211, p. 431v-32v Juan Osma 1 1490, 5, 12 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 25, cuad. 4, 16v-17v Isabel Sánchez 1497, 1, 16 AHPSE, Prot., 3215, p. 26, 1r-v Leonor Rodríguez 1 1498, 5, 9 AHPSE, Prot., 3217, p. 1, 54v Catalina Fernández 1 1501, 9, 9 AHPSE, Prot., 9101, 589r-591r Martín Cataneo 1510, 4, 23 AHPSE, Prot., 6, 364r-365r Diego Gallego 1511, 9, 1 AHPSE, Prot., 2192, s.f. Doña Leonor de Adamuz 2 1511, 9, 1 AHPSE, Prot., 2192, s.f. Bernardo de Grimaldo 2 -293- 1520, 10, 30 AHPSE, Prot., 1521 bis, s.f. Ana de Segura 1 1 1522, 4, 15 AHPJ, leg. 7, 73r-74r Pedro Fernández de Cazorla 2 No vamos, obviamente, a repetir aquí todas las advertencias que realizamos en el capítulo anterior sobre la naturaleza de las relaciones extramatrimoniales de estos testadores, pero sí conviene llamar la atención sobre alguno de estos casos. En primer lugar, hay que señalar que en todas las relaciones que se reconocen indudablemente como tales hay hijos. Recordemos que, en los casos de Isabel Sánchez y de Diego Gallego, los convivientes respectivos no parecen mantener relaciones sentimentales con los testadores; por su parte, la pareja de Martín Cataneo, Isabel de Figueroa, con la que se relaciona desde hace cinco años, está embarazada. Hay que observar, asimismo, que la hija que aparece adscrita a Juan Osma no es, en realidad, suya, sino sólo de su conviviente, llamada Catalina Ruiz. En todo caso, esta presencia casi absoluta de hijos induce a pensar que quizá los testadores prefiriesen mencionar sus posibles relaciones extramatrimoniales sólo cuando hay presencia de hijos, de forma que la proporción real de estas relaciones sea muy superior a la que se deduce del análisis de estos documentos. Por otro lado, de ser cierta esta hipótesis, cabría también suponer la práctica relativamente extendida, dentro de estas parejas, de métodos anticonceptivos, abortos e incluso infanticidios. Quizá la muy baja media de hijos por testador, apenas 1,33, tenga que ver con estas prácticas. Veamos ahora los casos en que, además de su cónyuge y/o hijos legítimos, el testador o testadora cita uno o varios hijos naturales. Hijos legítimos Hijos ilegítimos Signatura Fecha Testador H. M. H. M. AHPSE, Prot, 3210, p. 1, 33v 1441, 7, 22 Gonzalo Fernández de Córdoba 3 1 AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 6r- 7v 1450, 9, 13 Diego Jiménez 2 1 1 AHPSE, Prot., 3219, p. 33, 129r-131r 1500, 2, 20 Diego Cuitiño 1 1 3 AHPSE, Prot., 2236, 1403v- 1405v 1521, 5, 17 Juan de Ribera 1 1 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 1, 28v-29v 1465, 1, 22 Ruy Sánchez 2 1 AHPJ, leg. 13, 353r-359v 1511, 8, 14 Francisco de Aranda 1 1 1 En todos estos casos, los hijos reciben el apelativo de “naturales”, para distinguirlos de los legítimos. La excepción es Francisco de Aranda que, menos aséptico aunque más brusco, dice tener “dos fijos bastardos, el uno macho y el otro hembra, niños, los quales tienen nesçesidad para su alimentaçión y proveymiento, y es conviniente cosa que de sus bienes sean proveýdos, alimentados y mantenidos”. Como sabemos, generalmente los hijos ilegítimos reciben algunas mandas testamentarias, pero nunca se cuentan entre los herederos. También -294- hay bastante coincidencia en la pertenencia social de los testadores a los grupos secundario y terciario. Así, Gonzalo Fernández de Córdoba y Diego Cuitiño dejan clara su extracción noble, Diego Jiménez es vareador de galeras, Ruy Sánchez es tejedor de vientos y el ya citado Francisco de Aranda es notario; sólo Diego Jiménez no especifica su ocupación. Un nuevo elemento a considerar es el hecho de que Gonzalo Fernández de Córdoba, el más antiguo de la serie, es también el único que no tiene hijos legítimos. Añadamos, igualmente, la preponderancia de los testadores sevillanos sobre el resto, semejante a la que hemos visto que existía entre los hijos de relaciones extramatrimoniales más o menos estables. Pero, sin duda, el hecho más importante que puede desprenderse de este listado es que no aparece ninguna mujer en él. Obviamente, se trata de una circunstancia que afecta más a la historia de las mentalidades o a la historia social que a la demografía: la sociedad del momento puede tolerar determinados niveles de bastardía por parte masculina, pero no por parte femenina, al menos dentro del matrimonio. Incluso, aunque en la mayor parte de estos testamentos la sensación que se desprende de su lectura es que estos hijos viven con sus madres –a las que, por cierto, nunca se cita directamente–, en algún caso la mujer legítima ha aceptado encargarse del hijo bastardo de su marido. En concreto, Juana Fernández del Vando, que hace su testamento en Jaén el 16 de agosto de 1511, deja por sus herederos a “Luys Hordóñez e Françisco Hordóñez, nietos naturales del dicho jurado Diego Hordóñez, mi marido, de que los yo tengo por mis nietos, como fijos de Gregorio Hordóñez, fijo del dicho jurado, que lo tenía por ni fijo profijado adotyvo” (AHPJ, leg. 5, 241r-242r). Sea como fuere, uniendo estos datos con los procedentes del cuadro anterior, hallamos que la media de hijos bastardos, sean fruto de una relación esporádica o más estable, es de 1,44, prácticamente la que marcan los datos de Sevilla –en concreto, 1,45 hijos por testador–, bajando hasta 0,67 en Córdoba y subiendo a los 2 hijos por testador en Jaén. Como es lógico, la escasez de la muestra impide obtener ninguna conclusión válida de estos datos. Pero esta misma escasez es ya un síntoma. En efecto, este conjunto de 23 hijos ilegítimos supone apenas el 1,18 % del total de hijos, teniendo en cuenta siempre que, en el caso de matrimonios múltiples, sólo se contabilizan los hijos del último de ellos. Este porcentaje es mayor en Sevilla, el 2,42 % del total, pero en Jaén baja hasta 0,74 % y en Córdoba llega a ser prácticamente inapreciable: 0,27 % del total de la descendencia superviviente. Aun teniendo en cuenta un margen generoso de ocultación, sólo en Sevilla parece que el fenómeno de la bastardía puede llegar a tener cierta relevancia social. Si a esto añadimos que los testadores sin cualificación socioprofesional expresa apenas se asoman a estas listas, y que casi no aparecen mujeres, tendríamos que afirmar, en una rápida conclusión casi periodística, que los hijos extramatrimoniales son un fenómeno constreñido a los varones sevillanos mercaderes, artesanos o aristócratas. Sin embargo, esta conclusión debe ser matizada. Para ello, vamos a apoyarnos en el último grupo de hijos no matrimoniales que resta por analizar: los hijos de padres y madres solteros y solteras. Hijos Signatura Fecha Testador H. M. AHPSE, Prot., 3211, p. 4, 29v 1473, 3, 1 Catalina Resola 1 AHPSE, Prot., 1496 bis, 52v 1489, 4, 29 Ana de Sosa 2 -295- AHPSE, Prot., 2157, 155v-156r 1500, 2, 23 Martín de Berrio 1 AHPSE, Prot., 9101, 297r-v 1501, 6, 14 María Fernández 1 AHPSE, Prot., 9101, 592v 1501, 9, 20 Juana Ramírez de Coria 3 AHPSE, Prot., 2192, s.f. 1511, 8, 18 Juan Pablo Matredón 1 1 AHPSE, Prot., 26, 840r-842v 1520, 8, 29 Catalina Díaz 3 2 AHPCO, Prot., of. 18, leg. 8, 363r-v 1500, 7, 19 Juana García la Sevilla 1 AHPJ, leg. 1, 14r-v 1460, 7, 15 Juan de Valladolid 2 AHPJ, leg. 1, 96r-v 1480, 1, 14 Alfonso Rodríguez 2 AHPJ, leg. 1, 235r-236r 1483, 4, 9 Juan López de Valencia 1 AHPJ, leg. 10, 138r-v 1504, 3, 13 Pascual López Holgado 2 AHPJ, leg. 10, 191r-v 1504, 3, 30 Miguel Díaz Duque 1 AHPJ, leg. 13, 382v-383r 1511, 9, 5 Antonio Rodríguez de Torrecampo 2 AHPJ, leg. 32, 595r-v 1520, 8, 21 Gonzalo de Salazar 2 Sin duda, esta relación resulta ser muy distinta de las que hemos estudiado hasta ahora. En primer lugar, junto con sevillanos, aparece una notable proporción de testadores giennenses, si bien sólo encontramos una vecina de Córdoba que, por cierto, a juzgar por su nombre, parece tener orígenes sevillanos. En segundo lugar, la presencia de mujeres es ya más importante, aunque es necesario distinguir un comportamiento bien diferenciado entre las ciudades. Hemos visto que el único caso cordobés es una mujer, quizá procedente de Sevilla, donde, efectivamente, la mayor parte de los testadores de esta lista son mujeres, y aún con más predominancia si tenemos en cuenta que Juan Pablo Matredón, al que ya conocemos, es un napolitano, criado del duque de Calabria, que sólo circunstancialmente hace testamento en Sevilla. Pero en Jaén todos los testadores son hombres y, sorprendentemente, sólo declaran tener hijas. Además, siendo la media de hijos por testador en todo este grupo de 1,87, en Jaén esta cifra baja a 1,5, netamente inferior a la sevillana, que se eleva hasta 2,14, por encima incluso de la media de hijos legítimos. Por último, señalaremos que este conjunto de 23 hijos supone, en términos globales, un 1,18 % respecto de los hijos de matrimonios, legítimos o no, es decir, un 0,86 % de los hijos varones y un 2,12 % respecto de las hijas. No obstante, estas proporciones, como cabe suponer, varían mucho en relación con cada ciudad: 2,24 % y 2,29 % en Sevilla, y un 5 % respecto de las hijas en Jaén. ¿Que podemos concluir a partir de estos datos? Primeramente, hay que tener siempre presente que no estamos ante el total de la natalidad ilegítima en el medio urbano andaluz, ni tan siquiera de las tasas de supervivencia ilegítima, sino ante la proporción de testadores que han tenido hijos fuera del matrimonio y están dispuestos a reconocerlo. De esta forma, las cifras apuntadas se explican tanto por factores demográficos como sociales, morales y psicológicos, a la vez que apuntan hacia problemas relacionados con estos ámbitos. Observamos, por un lado, que la presencia de hijos habidos fuera del matrimonio sólo resulta numéricamente relevante en Sevilla y, en menor medida, en Jaén, mientras que en Córdoba estos casos son casi anecdóticos. Podemos recordar que precisamente en Córdoba las tasas de -296- nupcialidad resultaban extremadamente altas, lo que explica esta situación. En Jaén, sin embargo, aunque también es casi inexistente la bastardía, no ocurre así con los hijos de solteros. La presencia de muchos hombres solteros con hijos puede relacionarse con la elevada masculinidad y con los relativamente bajos niveles de nupcialidad masculina de la ciudad, extremos a los que hemos aludido en el capítulo anterior. Sin embargo, también sabemos que la nupcialidad femenina es casi plena en esta ciudad, de forma que, salvo que las madres de estos hijos fuesen vecinas de otras localidades, cabría pensar en la posibilidad de que se trate de los frutos de adulterios femeninos; naturalmente, ello explicaría el hecho de que nunca se mencione el nombre de las madres. De esta forma, gracias a las peculiaridades de la estructura demográfica giennense, podemos encontrar la confirmación empírica de lo que el sentido común sugiere, es decir, que en el conjunto de las ciudades andaluzas la presión ambiental sólo permite a los testadores varones casados reconocer a sus hijos extramatrimoniales, pero no así a las mujeres Pero, sobre todo, puede constatarse una gran diferencia en el comportamiento respecto a los hijos ilegítimos entre Sevilla y las otras dos ciudades, en lógica correspondencia con lo que se había observado para las uniones no matrimoniales. Sólo en la capital hispalense aparecen mujeres dispuestas a reconocer haber tenido hijos fuera del matrimonio, tanto si están conviviendo con un hombre como si no, aunque, por supuesto, todas ellas están solteras. Recordemos que el adulterio femenino es un delito fuertemente castigado, pero no tanto el adulterio masculino (SEGURA GRAÍÑO, 1986 b, 16). De igual manera, muy pocos hombres casados en Córdoba o Jaén estaban dispuestos a reconocer hijos habidos fuera de su matrimonio, mientras que en Sevilla esto se da con más frecuencia. En general, estos datos parecen sugerir una cierta tolerancia respecto a las constricciones sociales a la sexualidad fuera del matrimonio en Sevilla, posiblemente vinculada al mayor tamaño de la ciudad, al trasiego comercial y a la presencia de extranjeros. Conviene no olvidar que sólo en Sevilla hemos encontrados colonias estables y relativamente numerosas de foráneos, especialmente italianos, mientras que apenas se detectan algunos comerciantes europeos en Córdoba, y en Jaén no hay rastro de ellos. - 297 - VII.- DE LA MUERTE Para una adecuada exposición en este capítulo, es necesario detenernos previamente en el estudio de los datos de que podamos disponer referentes a la mortalidad catastrófica o extraordinaria, para después intentar acercarnos a los niveles de mortalidad “normales”. 1.- Mortalidad extraordinaria Como parece lógico, las informaciones referentes a la mortalidad catastrófica son más abundantes que las relativas a la mortalidad en años normales, ya que una brusca y elevada subida de la proporción de muertos en una población atrae la atención de los historiadores no sólo por su carácter de hecho relevante, sino también –quizá sobre todo– porque deja un mayor rastro documental. Se ha definido la mortalidad extraordinaria como aquella que eleva la tasa entre un 50 % y un 100 % como mínimo sobre la tasa normal (FLINN, 1980, 83; PÉREZ MOREDA, 1980, 106; HOLLINGSWORTH, 1983, 202). No obstante, estas consideraciones suponen, por un lado, conocer las tasas “ordinarias”, y por otro conocer los niveles reales de población, y, como sabemos, ambos presupuestos no suelen darse en el estado actual de nuestros conocimientos sobre la Europa tardomedieval. Aun así, Livi-Bacci ha llegado a explicar la recuperación demográfica en el conjunto de Europa a partir de mediados del siglo XV como “más el efecto del enlentecimiento de las crisis epidémicas que la consecuencia de una caída de la mortalidad en años normales, consecuencia hipotética de la mejora alimentaria”23, desvinculando, hasta cierto punto, el nivel de vida de la incidencia de la mortalidad, puesto que “es plausible sostener que por encima de determinados niveles de malnutrición las defensas orgánicas individuales no se debilitan”, si bien, el nivel de vida influiría en la demografía estimulando o frenando el matrimonio (LIVI-BACCI, 1988, 39, 64, 188-189). 23 Un ejemplo de este mecanismo puede ser el comportamiento de Londres, cuya recuperación demográfica a partir del último cuarto del siglo XV se ha relacionado directamente con una menor frecuencia de episodios epidémicos, después de la fortísima peste de 1479-1480, que mató al 20 % de la población inglesa y que culminaba una larga serie: seis epidemias en 1442-1459, y un durísimo episodio en 1471, que mató al 20 % de la población de East Anglia y al 10-15 % del total de la población inglesa (GOTTFRIED, 1986, 132-133 y 156). De hecho, parece claro que el efecto demográfico de las carestías más o menos catastróficas, incluso acompañadas de epidemias, está muy influido por la conjunción de toda una serie de factores, especialmente la repetición durante varios años sucesivos. Las crisis de subsistencias sólo tenían efectos realmente negativos sobre el conjunto de la población si se daban varios años consecutivos de malas cosechas (FLINN, 1980, 78), y “una primera mala cosecha apenas si tendría consecuencias de orden demográfico: a lo sumo, una ligera disminución de la nupcialidad que, en los peores casos, podía alcanzar a los nacimientos. En conjunto una modificación muy débil. La reiteración, empero, de las malas cosechas tenía ya más funestos resultados: retroceso en los nacimientos y aumento de la mortalidad, a través de los cuales se tendía al equilibrio entre hombres y subsistencias” (NADAL, 1992, 11). Así, se - 298 - han conservado noticias de epidemias con escasa influencia en la población, como la que pasó por Murcia en 1450-1451 (TORRES FONTES, 1983, 110), o por Sevilla en 1447, pero sin que alterase ni los gastos en medicación ni el número de enfermos del Hospital de San Cosme y San Damián (FERNÁNDEZ CARRIÓN, VALVERDE, 1986, 42). Sin embargo, algunas de estas crisis sí tuvieron una especial virulencia y, por tanto, aparecen con más detalles en crónicas y documentos, de forma que podemos, con cierta precisión, catalogar las que afectaron acada una de las tres ciudades andaluzas. Empezaremos por Sevilla. - 1440-1442: epidemia citada por Collantes de Terán Sánchez (1984, 139). En 1441 Leonor Pérez, mujer del escribano Juan Sánchez, declara en su testamento estar enferma “de los baídos” (AHPSE, Prot, 3210, p. 1, 28v-29v), en posible referencia a esta epidemia. En todo caso, Carriazo Arroquia (1953, 33) afirma que en 1442 se extenderá a Córdoba - 1458: epidemia citada por Collantes de Terán Sánchez (1984, 139) y por Carriazo Arroquia (1953, 43); según éste último autor, en ella murieron 13.000 personas. - 1467: epidemia citada por Carriazo Arroquia (1953, 60). Según Marchena Hidalgo (1971, 199), se trata de una “crisis de subsistencia” típica, caracterizada por una fuerte carestía que desembocará en un período difícil en 1472-1473. - 1471: en octubre un notario señala cómo la “tonada” de trigo pasó de valer 25 reales a valer 190 “en causa de la mala granasón [y] de las guerras que ay entre [...] el duque don Enrique de Guzmán de la una parte e el marqués don Rodrigo de la otra” (BONO, UNGUETI-BONO, 1986, 172). - 1481: epidemia citada por Collantes de Terán Sánchez (1984, 139), a partir de las noticias del cura de Los Palacios, que afirma que murieron en Sevilla 15.000 personas, más otras 8.000 que huyeron a Los Palacios, Mairena y Marchena “y con todo eso por más de ocho años duró, que poco o mucho acudía, ora en una parte ora en otra de esta Andalucía” (BERNÁLDEZ, 1953, 601). Además, este mismo cronista señala certeramente que en esta epidemia, “que casi fue general en España, no murieron sino muy pocos clérigos e muy pocos viejos, e por maravilla uno, ni moría persona que tubiese de antes lesiones o otra cualquier enfermedad de que estuviese fatigado, ni morían sino muy pocos de los coléricos amarillos, verdes en cóleras, así hombres como mujeres, e de los gordos colorados e muy sanos fallecían los más” (BERNÁLDEZ, 1953, 729). - 1484-1485: epidemia citada por Collantes de Terán Sánchez (1984, 139). - 1486: El 20 de mayo el notario Luis García de Celada escribe que “en este día salí de Sevilla yo e mi casa fuyendo de la pestilençia a Palomares”; el 7 de agosto reseña la muerte de una sobrina, y el 20 de agosto la de un compañero notario y de su propia mujer (BONO, UNGUETI-BONO, 1986, 182-183). - 1488: epidemia citada por Collantes de Terán Sánchez (1984, 139), siguiendo a Matute Gaviria (1886, 48). - 1492: en junio un notario apunta las cifras semanales de muertos “según se falló por las copias de las collaçiones”: el día 6 se anotaron 48 muertos, el día 23 45 muertos, y el día 30 20 muertos (BONO, UNGUETI-BONO, 1986, 196). El 21 de julio de este año el mismo notario anota que “en este día fue publicado por las copias de cada una collaçión de Sevilla que ovo fallesçidos en ella çient personas de landres, por lo que todas las gentes fueron mucho alegres porque según las otras semanas deste verano ha - 299 - sydo milagro, el qual es a ruego de Sant Juan Bautista” (BONO, UNGUETI-BONO, 1986, 194). - 1494: epidemia citada por Collantes de Terán Sánchez (1984, 139). - 1497: a partir de una fuerte epidemia de bubas, probablemente continuación de la de 1494, el Hospital de San Cosme y San Damián empieza a conocerse como “Hospital de las Bubas”, dedicándose a usos sanitarios y no caritativos (MARTÍN MARCOS, 1991, 52). Un caso idéntico es el hospital del Salvador, que también se especializa en el mal de las bubas. Además, al año siguiente el concejo decide que los enfermos de bubas se traten también en los hospitales de S. Lázaro y S. Antón, ante la falta de sitio en el del Salvador (CLAVIJO HERNÁNDEZ, 1984, 370). En noviembre de este año hace testamento Juan Guanzanozo, vecino de Fuerteventura, que estaba de paso en Sevilla para ir a Indias y que declara estar afectado por esta epidemia de bubas (AHPSE, Prot., 1497, p. 1, 548v-549v). - 1506-1507: según González de León (1839, 167), en su época existía una lápida en la calle Alhóndiga que indicaba que “en el año de mil quinientos y seis hubo tanta esterilidad en Sevilla que llegó a valer la hanega de trigo a tres ducados”. En 1507 el convento del Valle, que entonces era de monjas, se deshizo y sus componentes se repartieron entre el de Sta. María la Real y S. Clemente, debido a que estaba junto a la muralla, por la que pasaban frecuentemente “perturbadores”, y también debido a una enfermedad “de que murieron las más dellas [de las monjas]” (MORGADO, 1981, 150v). Un testigo presencial asegura que durante esta epidemia sólo en la parroquia de La Magdalena se enterraron más de 1.500 personas en una semana (MORALES PADRÓN, 1983, 62). Según Andrés Bernáldez (1953, 729), esta epidemia se inició en enero y empezó a remitir en mayo; para el 20 de mayo ya no quedaban en Sevilla y su comarca restos de ella, y “fue todo lo contrario de aquello [la epidemia de 1481], que en los más viejos y dolientes y de flaca complexión, y en los coléricos y debilitados fizo muy mucha más impresión, y murieron más que no de los otros”. - 1521-1522: una carestía hizo que multitud de mendigos llenasen Sevilla, muriendo de hambre más de 500 personas, según la licencia que el Consejo Real otorgó a los cabildos para repartir trigo y remediar la situación; además, ambos cabildos procuraron recoger los muertos para evitar las epidemias (ORTIZ DE ZÚÑIGA, 1988 b, 330). Sin embargo, se ha conservado una relación de pobres muertos enterrados extramuros por haber sido encontrados en la calle o en algunos hospitales entre finales de febrero y primeros de junio de 1522, sumando un total de 2.194 personas, contado los niños (COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1984, 142). - 1524: Francisco de Borja Palomo (1984, 69) cita literalmente un libro que afirma haber encontrado en la Biblioteca Colombina, obra de un tal Francisco Franco, médico, llamado “Libro en que se tracta de la influencia pestilencial y preservación della”, impreso en Sevilla en 1569, en el que se hace referencia a una epidemia este año, señalando que, “yo he oído decir a un antiguo que cuando vió ya la ciudad en mejor disposición se hallaba por las listas de los curas de las iglesias que cada día morían ochocientos”. Resulta evidente, a la vista de esta relación de epidemias, que las dos grandes crisis enmarcan una etapa en que las epidemias y períodos de carestía se suceden con mucha más frecuencia que en el resto del período estudiado. En efecto, mientras que en el período 1440- 1480 sólo se detectan cuatro episodios de crisis, a razón de uno cada diez años, y en los veintisiete años entre 1508 y 1535 la media es de una crisis cada trece años y medio –aun - 300 - teniendo en cuenta que los dos casos registrados se concentran a mediados de la década de 1520–, en los veintisiete años que median entre 1481 y 1508 hemos registrado ocho episodios de crisis demográfica aguda, es decir, un episodio cada tres años, incluyendo entre ellos los más virulentos. Se trata, pues, de un estado de crisis continuada, lo que, como acabamos de ver, debería afectar sensiblemente a la población. Se puede decir, en todo caso, que la generación de sevillanos contemporáneos, y en gran medida protagonistas, de los viajes de Colón o de la guerra de Granada está marcada por las epidemias y las carestías. Sin embargo, como sabemos, es precisamente en este momento cuando el vecindario de la ciudad cambia su ritmo de crecimiento, experimenta un “acelerón” que la convertirá en una de las ciudades más pobladas de la Península al llegar a 1535. La observación de lo ocurrido en otras zonas de la Península, como Cataluña, donde la concatenación de epidemias acabó haciendo descender, o al menos estancarse a la población (CAMPS CLEMENTE, CAMPS SURROCA, 1998, 48), hace más difícil la explicación que conjugue todas estas circunstancias. Pero quizá pueda aportar alguna luz el repaso de las variables demográficas que hemos analizado en los capítulos antecedentes a la luz de esta lista de crisis. Especialmente útil será tener en cuanta todo lo dicho en torno al matrimonio y a la proporción entre los sexos, puesto que, como hemos señalado, las épocas de epidemias y/o carestías no sólo influyen en la mortalidad, sino también en la nupcialidad. En primer lugar, al observar esta lista de epidemias en relación con los datos referidos a la tasa de masculinidad, según aparecen en el gráfico 35, se observa que los dos períodos de crisis más profunda, que tienen su centro en 1481 y 1507, coinciden con las dos únicas elevaciones bruscas de la masculinidad de los hijos de los testadores. El paralelismo parece bastante claro en 1481, puesto que se observa un “pico” en el gráfico en el decenio 1480-89, si bien el aumento de la masculinidad de los hijos es paralelo al de la masculinidad de los testadores; en este caso, como ya avanzamos en su momento, el comportamiento de los testadores puede achacarse a efectos de las migraciones. Sin embargo, el de los hijos no puede explicarse tan fácilmente. Por lo que se refiere a la crisis de 1507, el “pico” aparece en el decenio 1510-19, pero hay que tener en cuenta que los testamentos del decenio anterior corresponden a los años 1500-1505, mientras que el decenio “1510-19” representa, en realidad, los años 1510 y 1511; de esta forma, la irregular masculinidad de este momento es reflejo de los comportamientos demográficos de los años anteriores, en plena crisis. En todo caso, se trata de una brusca elevación de la masculinidad de los hijos de los testadores, concordante, pues, con la de 1481. Al analizar esta variable en el capítulo V, no encontramos ninguna explicación para estas situaciones. En realidad, la única forma de encontrar una causa a estos datos es aceptando algún grado de diferencia de género en cuanto a la mortalidad. Como veremos en los siguientes parágrafos, esta diferencia existe, y se relaciona con los efectos del parto. Sin embargo, las muertes relacionadas con los partos no explican por sí mismas estas explosiones agudas de mortalidad. Por eso, además, no podemos descartar alguna forma de infanticidio selectivo, al que hemos aludido en varias ocasiones. Naturalmente, no se trata de “matar” a las niñas –al menos no tenemos datos suficientemente concluyentes al respecto–, sino simplemente de primar a los varones en el reparto de alimentos, o de colocar a las niñas en situaciones de riesgo, como el cuidado de los enfermos, el acarreo de agua –uno de los medios clásicos de transmisión de epidemias–, etc. En épocas relativamente normalizadas, esta situación no se reflejaría en los datos demográficos, pero en crisis muy severas es posible que estuviesen en la base de la mayor mortalidad femenina, que se acaba reflejando en una masculinidad bruscamente elevada. - 301 - Por otro lado, hemos comprobado que durante esos años la edad de acceso al matrimonio es relativamente tardía, y la nupcialidad en general relativamente baja, lo que no encaja del todo con el escenario de una población diezmada, donde las posibilidades –y la necesidad– de matrimonio son mayores. La única explicación posible es la llegada a Sevilla en estos años de una importante cantidad de inmigrantes, circunstancia en la que también hemos insistido a lo largo de este trabajo, aventurando incluso algunas de sus características principales. No vamos a repetirlas ahora, sino que nos limitamos a aportar nuevos indicios que refuerzan esta teoría, señalando además que esta “oleada” migratoria, procedente de los campos del Reino de Sevilla, vendría a rellenar los huecos dejados por las epidemias. Incluso puede pensarse que este masivo aporte poblacional, presumiblemente hacinado en malas condiciones, sería un excelente caldo de cultivo para nuevas enfermedades, sobre todo cada vez que se presentasen problemas para el abastecimiento. Recordemos, además, que en el capítulo VI habíamos aludido a la probabilidad de que la mortalidad en el período posterior a 1480 –que, como estamos viendo, es fundamentalmente epidémica en cuanto a su influencia en la evolución demográfica– fuese especialmente intensa entre los niños, como parece deducirse de las fuertes oscilaciones de la tasa de reproducción; esta importancia de la mortalidad extraordinaria infantil y juvenil se convierte, así, en un reflejo de las malas condiciones de vida de la masa inmigrante. Junto con las epidemias y el hambre, hemos de hacer alguna breve referencia a la guerra, la tercera causa clásica de mortalidad extraordinaria, incluyendo también otras formas de violencia. Sin embargo, las fuentes son extremadamente parcas a la hora de cuantificar muertos. Sólo hemos podido obtener la noticia de que en las refriegas de 1520 entre el duque de Arcos y el de Medina Sidonia murieron seis o siete personas, más unos 40 heridos (DISCURSO, 1881, 73). Sorprendentemente, los largos años de guerra civil que marcaron el final del reinado de Enrique IV y el principio del de los Reyes Católicos han dejado, como es lógico, una buena serie de narraciones de batallas, asedios y campañas guerreras, pero ninguna cifra de muertos, siquiera deformada. Como máximo, alusiones a migraciones forzosas, pero rápidamente resueltas en la vuelta de los huidos, como ocurrió tras la visita a la ciudad de Isabel la Católica en 1477 (PULGAR, 1943 a, 316). De todas formas, la noticia a la que acabamos de aludir, sobre el resultado real de una de las banderías más famosas de la época, hace que sospechemos que, en realidad, el efecto de estas batallas sobre la población debió ser más algún tipo de migraciones temporales, o bien un efecto indirecto, perjudicando la economía de la zona, pero no parece que la mortalidad directa fuese importante desde el punto de vista demográfico. Paradójicamente, las cifras de muertos por la violencia institucional contra las minorías religiosas son muy superiores a las que se ofrecen sobre cualquier otro tipo de violencia. Testimonios notariales afirman que en mayo de 1483, coincidiendo con el establecimiento de la Inquisición, “quemaron quarenta e siete erejes entre omes y mugeres, e reconçiliaron veynte e tres e los sentençiaron para las cárçeles perpetuas”, siendo además confiscados todos sus bienes (BONO, UNGUETI-BONO, 1986, 121; BORRERO FERNÁNDEZ, 1991 a, 94). A ellos hay que añadir, al menos, las 35 personas quemadas en octubre de 1489 y las otras nueve relajadas en abril de 1498, junto con numerosos reconciliados (BONO, UNGUETI-BONO, 1986, 153 y 188). Según una lápida que estaba en el castillo de la Inquisición de Triana, desde 1481 a 1524 hubo en Sevilla mil ejecuciones por herejía (MONTERO DE ESPINOSA, 1978, 44), sin contar con los efectos de la migración de los judíos, relatados incluso por las crónicas más favorables a las acciones reales (PULGAR, 1943, a, 440). - 302 - En Córdoba las noticias de epidemias y hambrunas son mucho más escasas. En 1443 llega hasta aquí la epidemia que afectó Sevilla (CARRIAZO ARROQUIA, 1953, 33), y se detecta otra en 1458-1459 (RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ DE SALAMANCA, 1973, 47). También se han recogido referencias a las epidemias de 1481 –el cura de Los Palacios afirma que se produjeron 15.000 muertes, cifra idéntica a la que ofrece para Sevilla- y 1507 (BERNÁLDEZ, 1953, 601; RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIÉRREZ DE SALAMANCA, 1973, 47)–. Por último, conocemos nuevos brotes epidémicos en 1518 y 1520 (YUN CASALILLA, 1983, 422). Como vemos, la cronología es similar a la sevillana, pero la gran diferencia estriba en la inexistencia de noticias sobre crisis entre 1480 y 1510, salvo las dos grandes que ya conocemos. Puede que esta escasez de datos se deba a una menor calidad o cantidad de las fuentes. Pero debemos recordar que en esta ciudad no hemos encontrado las oscilaciones bruscas en la nupcialidad que habían aparecido en Sevilla, y que hemos relacionado con las mortalidades catastróficas, y que los movimientos de la nupcialidad cordobesa se han podido explicar en base a las migraciones y a otros factores. Quizá simplemente haya que pensar que la demografía cordobesa, observada en su media duración, se vió relativamente poco afectada por las grandes crisis de mortalidad, que sin embargo existieron. De hecho, en toda nuestra muestra de testamentos no ha aparecido ninguno que declare expresamente estar enfermo de enfermedades infecciosas. Sólo en dos casos se alude al hecho de estar enfermo, sin especificar más: Pedro de Ledesma, vecino de La Mata, que deja una manda al “ospital e pobres de Sancta Luçia desta dicha çibdad de Córdova, donde yo agora estoy enfermo” (AHPCO, Prot. Of. 14, Leg. 42, Cuad. 8, 1r-2v, en 10 de octubre de 1510) y Fernando de Bailén, vecino de Bailén, que declara estar “enfermo del cuerpo en el mesón de Pedro Chero, que es çerca de la Corredera, en la collaçion de Sant Pedro" (AHPCO, Prot. Of. 14, Leg. 7, Cuad. 4, 23v, de 15 de agosto de 1471). En ninguno de estos casos parece que se trate de ninguna epidemia. Como se recordará, la evolución de la nupcialidad en esta ciudad es radicalmente distinta a la de Sevilla o Jaén, descendiendo continuamente, con algunos matices, al menos desde la década de 1470. Este descenso en las tasas de nupcialidad, incluyendo también el retroceso de la edad de acceso al matrimonio en ambos sexos, no se conjuga bien con el presunto crecimiento de la población cordobesa a lo largo de esta época, especialmente si existen indicios que apuntan a una inmigración más o menos constante desde el campo cercano, lo que debería aumentar las probabilidades de encontrar cónyuge en la ciudad. Pero, a falta de mortalidad catastrófica, el control de la nupcialidad se perfila como la única posibilidad de regulación demográfica. En efecto, en los años centrales del siglo XV, la proporción de casados cordobeses era excepcionalmente alta, rozando la plena nupcialidad, quizá como reflejo de una fase anterior en que los inmigrantes llegaban a una ciudad subpoblada; a partir del último tercio o último cuarto del siglo XV empezaría a actuar el retroceso de la nupcialidad, señalando quizá el momento en que la población urbana habría llegado a su punto de saturación. Esta idea se refuerza al observar que la proporción de matrimonios sin hijos es muy alta, y que a lo largo de los últimos años del siglo se reduce también el número de familias numerosas. Por último, en este contexto se explican dos hechos que ya conocemos. Por un lado, como hemos comprobado, las viudas cordobesas conseguían sacar adelante un mayor número de hijos que las sevillanas, lo que refleja un mejor nivel de vida en un grupo social muy afectado por la pobreza. Por otro, sabemos que en 1480 se apartaron los mudéjares de Córdoba a una calle del Alcázar Viejo, donde murieron por falta de higiene 30 de los 35 moros casados (EDWARDS, 1978, 178), lo que indica claramente que en - 303 - sus viviendas anteriores, no diferenciadas de las del resto de la población, los mudéjares podían habitar en aceptables condiciones de salubridad. Respecto a las muertes violentas, sólo encontramos referencias claras a ellas en el período de guerra civil. Así, en 1469 los enfrentamientos entre el mariscal Diego de Córdoba y Alfonso de Aguilar producen un número de muertes indeterminado, pero no muy alto (VALERA, 1953, 55). Ya hemos aludido al levantamiento contra los conversos de abril de 1473, producido a pesar de que Alfonso de Aguilar tenía controlada la ciudad, y que se saldará con muchas muertes por ambas partes (VALERA, 1953, 78). Por fin, cuando Isabel la Católica vaya a Córdoba en 1479 a hacer justicia de las banderías, encontrará que “las muertes y robos habían sido tantos que si hubieran de castigar quedara la ciudad despoblada” (RALLÓN, 1894, 40). La exageración del autor tiene el único valor de revelar la distancia que, en su visión de la historia cordobesa, separa la época a que hace referencia con las posteriores, en términos de tranquilidad pública. Hay que señalar, por último, que encontramos una referencia a la mortalidad producida por la guerra de Granada, aunque sobre un testador no cordobés, en el testamento de Martín de Beosín, vecino de Vergara, que, estando en el Hospital de Jesucristo, manda “que todos e qualesqier maravedís que me deven [tachado: o de qualesquier debdas] del sueldo que yo gané en esta guerra de la toma de Baça este presente año que los [tachado: recabden e sean] aya María de Beosyn, mi señora madre, veçina de la dicha villa de Vergara" (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 25, cuad. 10, 11v-12r, de 31 de enero de 1490). Las noticias de epidemias en Jaén difieren de las que ya conocemos. En efecto, aunque aparecen noticias de la de 1507, combinada con una fuerte carestía desde años atrás (RODRÍGUEZ MOLINA, 1980, 131; PORRAS ARBOLEDA, 1987 b, 272), sin embargo no hay noticias de ninguna hacia 1481, pese a que habíamos encontrado fuertes oscilaciones en algunos elementos demográficos que hacían sospechar en algún tipo de epidemia, hambruna o combinación de ambas en este momento. En cambio, parece que en 1458 se produjo una fuerte peste, que obligó al condestable Miguel Lucas, que estaba en Jaén en compañía de Enrique IV, a trasladarse a Mengíbar, si bien la epidemia mató al hermano del conde de Haro; al año siguiente el condestable va a Bailén, donde es recibido por su futura mujer y por su futura suegra, que habían ido allí por la pestilencia que seguía asolando Jaén (RODRÍGUEZ MOLINA, 1984 b, 144; SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 33 y 54). También parece de cierta importancia la peste de 1485-1486, de la que hay noticia incluso en un padrón de la parroquia de San Juan, que alude a un vecino huido a Villanueva para huir de la enfermedad (PORRAS ARBOLEDA, 1987 b, 272). Por lo demás, tenemos noticias de otras epidemias más leves en 1467, 1469-1470 –ésta combinada con una plaga de langosta–, 1520-1521, 1524 y 1529 (RALLÓN, 1892, 394; RODRÍGUEZ MOLINA, 1980, 131; SORIANO DEL CASTILLO, 1993, 707, 838 y 893). Finalmente, respecto a las muertes violentas, sólo cabe hacer alusión a la extensión a Jaén de la revuelta anticonversa de Córdoba de abril de 1473, en la que es asesinado el propio condestable Lucas de Iranzo, junto con otros muchos (VALERA, 1953, 79). En estas circunstancias, a las que hay que unir que los datos demográficos giennenses no aparecen hasta la década de 1460, y no son fiables hasta al menos veinte años después, es difícil establecer alguna relación entre las carestías y epidemias y la evolución de los factores demográficos que llevamos analizados. Desde luego, no es posible saber si la crisis de 1458- 1459 tuvo consecuencias demográficas de importancia, y sólo podemos fijarnos en la de - 304 - 1507. A este respecto, cabe recordar que habíamos encontrado una serie de elementos aparentemente contradictorios en los datos giennenses de 1510-19, a saber: brusco descenso de la tasa de masculinidad, tanto en los testadores como en sus hijos, si bien en éstos algo más suave; bajada sorprendente en la proporción de hombres casados por segunda vez; desaparición de los varones casados sin hijos, que tanto en los años anteriores como en los posteriores parecen ser uno de los elementos más influyentes en la estructura poblacional de la ciudad. La combinación de estos datos no se explica por el efecto de una sobremortalidad repentina, sino que parecen apuntar más bien a una emigración, presumiblemente dirigida a la repoblación del reino de Granada, compuesta de hombres solteros o casados sin hijos, como hemos sugerido ya en el capítulo anterior. Observando los datos y gráficos que hemos elaborado, da la sensación de que la crisis de 1507 representa para esta ciudad el final de un período de subpoblación y estancamiento demográfico. En este contexto, la combinación de una serie de malas cosechas, epidemias y otras dificultades a partir de la muerte de Miguel Lucas y la desintegración de la estructura social “artificial” que impuso en sus años de gobierno, parece que acabó por provocar un masivo éxodo de giennenses, sobre todo varones jóvenes, que debió dejar la ciudad en crítica situación. Sin embargo, una vez que se ha tocado fondo, y las enfermedades parecieron permitirlo –quizá en parte como efecto de la misma escasa densidad poblacional– los propios mecanismos de recuperación que ya conocemos empezarían a actuar para mejorar la situación. El fin de las operaciones de represión de los últimos musulmanes en Granada convirtió la ciudad en un lugar seguro y esto, junto con algunas disposiciones concejiles, favoreció un aporte migratorio que, a la postre, resultaría fundamental para que se invirtiese la tendencia de los indicadores demográficos. 2.- La mortalidad no catastrófica: presupuestos El hecho de que la mortalidad extraordinaria o catastrófica juegue un importante papel en la evolución demográfica de las ciudades andaluzas bajomedievales no nos exime en absoluto de intentar aproximarnos a los niveles de mortalidad en años “normales”, entendiendo por tales aquellos en que no se detecta epidemia, hambruna o circunstancia especial que afectase visiblemente a la población. La mortalidad en tiempos “normales”, es decir, en años sin carestía, guerra o acontecimiento similar, es muy difícil de averiguar antes de la generalización de los registros parroquiales de enterramiento, a principios del siglo XVII. Apenas aparecen, circunstancialmente, algunas informaciones sueltas, como la que indica que en 1472 en la parroquia de Sta. María del Pí de Barcelona la media de entierros era de 12 mensuales, aunque en otros años podía subir a 15-16 entierros mensuales (CLARAMUNT, 1986-1987, 207). Pese a todo, a partir de datos similares y de otros posteriores, algunos autores han aventurado cifras generales, como una tasa de mortalidad para toda Europa a principios del siglo XVI que rondaría el 3 %, con una esperanza de vida que no superaría los 40 años (RUSSELL, 1987, 62; MARTÍNEZ GIL, 1996, 19-20), datos que coinciden grosso modo con los que se han calculado para Castilla en los siglos XVI y XVII, con el añadido de que en tiempos de crisis podía aumentar hasta el 10 % e incluso cerca del 40 % (ALVAR EZQUERRA, 1996, 16). Sin embargo, otros estudios han aportado cifras más elevadas: en la Francia medieval –el autor no aporta mayores precisiones– parece que la esperanza de vida al nacer se situaba en 25 años, algo más para los ricos –excepto los hombres nobles, sometidos a la sobremortalidad guerrera– y algo menos para los pobres y campesinos; en épocas de crisis la esperanza de vida podía bajar a 22-23 años (BIRABEN, 1988, 440). - 305 - Más difícil todavía es cifrar la mortalidad infantil. Sin embargo, en este aspecto el interés de los investigadores ha sido mayor y se han conseguido algunos datos más. Así, en el Limousin, el 30 % de los nacidos muere antes de un año, y el 54 % antes de los 20, mientras que en Arras la mortalidad infantil se cifra en el 15 %, aunque parece que la coyuntura era muy buena (KLAPISCH-ZUBER, 1988, 506). Llama la atención el caso de Milán, donde el descubrimiento de unas fuentes excepcionalmente minuciosas –incluso llegan a registrar las muertes de neonatos–, referidas al período 1470-1490, ha permitido obtener cifras muy detalladas: en años normales el total de niños muertos antes de cumplir un año llegaba a suponer el 20 % del total de mortalidad, siendo algo superior en los hombres –20,7 % de la mortalidad masculina total– que en las mujeres –19,1 % de la mortalidad femenina total–; la mortalidad del grupo de niños de 1-4 años representa el 15,5 % del total –16,5 % para los hombres y 14,9 % para las mujeres–; los niños muertos a los cuatro años representan por sí mismos el 35 % de la mortalidad total, y por fin, las muertes de niños de 5-14 años representan el 10,2 % del total (ALBINI, 1986, 26). Datos similares, aunque menos minuciosos, se han obtenido para Cáceres a principios del siglo XVI, donde la mortalidad infantil se cifra en 21,87 %, con muy leves variaciones en razón del grupo social (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1977, 226). Se trata de porcentajes coincidentes con los que, en general, se pueden observar en Castilla durante la época de los Austrias (RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, 1996, 49). Finalmente, debe reseñarse que entre la aristocracia de Jerez de la Frontera, en el siglo XV, la mortalidad infantil registrada se sitúa en el 5,55 % de los nacidos varones y el 4,54 % de las mujeres, y en Sevilla del 4,31 % y 2,81 % respectivamente (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 101). Sin embargo, se han obtenido otros datos muy divergentes, como los de la localidad de Montarchet-en-Forez, entre 1420 y 1517, donde el 66,25 % de los nacidos moría en el primer año (BRESC, 1988, 430). En todo caso, utilizando algunos de estos datos junto con otros procedentes de los siglos posteriores, Massimo Livi-Bacci ha podido establecer que antes del siglo XIX la mortalidad infantil estaba relativamente desvinculada de las condiciones de alimentación. En efecto, entre las causas que afectan a la mortalidad infantil, es lógico pensar en la salud de la madre o de la nodriza; sin embargo, parece que, salvo casos de desnutrición grave, existen mecanismos biológicos que permiten mantener determinados niveles nutritivos en la leche materna aunque la alimentación de la madre o nodriza no sea la adecuada, y así, la mayor o menor permanencia del amamantamiento permite al niño obtener una fuente nutritiva e inmunológica muy segura durante más o menos tiempo, de forma que la edad del destete se convierte en una variable importante para la supervivencia del niño (LIVI-BACCI, 1988, 120-123). Junto con la mortalidad infantil “natural”, desde hace algunos años se viene aludiendo al infanticidio, más o menos intencionado, como factor de regulación demográfica. Henry Bresc (1988, 429) sospechó la existencia de una tendencia a matar, quizá muchas veces de forma inconsciente, a las hijas, apoyándose en la elevada masculinidad de los hijos que aparecen en algunas series testamentarias europeas. En el parágrafo anterior, así como en el capítulo dedicado a la nupcialidad, ya se aportaron algunos datos más, referidos a las ciudades andaluzas, que apuntaban en la misma dirección. No obstante, han sido los antropólogos (HARRIS, ROSS, 1991, 101-102) los que, desde su perspectiva, han insistido más en la presencia de estas prácticas. Así, se han descritos prácticas de infanticidio directo, como la de asfixiar a los hijos echándoseles encima por las noches, de forma que resultaba muy difícil probar la intencionalidad de este acto que, en todo caso, no se castigaba muy severamente. Un sistema indirecto era el uso de nodrizas, que tendían a matar o dejar morir a sus propios hijos - 306 - para ganarse un sueldo alimentando a otros; por otra parte, estos niños muestran una mortalidad más acusada que los criados por sus madres, a pesar de lo cual la costumbre se mantuvo durante varios siglos. El mismo efecto tenía el abandono en las inclusas. Por lo que a nosotros concierne, ya observamos que, en determinados momentos, se producía una brusca subida de la masculinidad tanto de los testadores como, sobre todo, de sus hijos, lo que podría interpretarse como consecuencia, si no de un infanticidio directo, sí quizá de un mayor interés por conservar vivos a los niños por encima de las niñas. Las mismas consideraciones de Livi- Bacci que acabamos de resumir apoyan esta interpretación de las variaciones de la masculinidad, y todavía se refuerzan más al observar algunos de los elementos que acabamos de analizar en las mortalidades catastróficas. No obstante, hay que señalar que la propias cifras aportadas por los registros parroquiales conservados más fiables, como los de Milán o Cáceres, apuntan precisamente hacia una mayor mortalidad de los niños sobre las niñas. Se trata, sin duda, de un tema aún abierto a la investigación. 3.- Cuatro aproximaciones a la intensidad de la muerte Sea como fuere, vamos a intentar obtener alguna información sobre la mortalidad a partir de nuestra muestra testamentaria. Evidentemente, no se trata de una tarea fácil, ni los resultados pueden garantizarse. En efecto, hasta el momento hemos realizado los cálculos sobre la población testadora y hemos extrapolado los resultados al total de la población urbana. Así, por ejemplo, las proporciones de testadores casados o con dos hijos han sido aplicadas sin más al total de la población, y se han conseguido resultados inteligibles. Sin embargo, este mismo mecanismo aplicado a la mortalidad no supondría más que una obviedad: “toda la población urbana andaluza acaba muriéndose”. Esto nos obliga a utilizar en mayor medida nuestra imaginación para poder encontrar mecanismos de investigación que nos permitan conocer algo más sobre la mortalidad de los habitantes de las ciudades andaluzas entre los siglos XV y XVI. Como sabemos, ni los testadores ni los notarios parecen estar muy inclinados a especificar demasiadas circunstancias relativas a la propia defunción. Salvando las alusiones circunstanciales a enfermedades o al lugar del óbito, de las que se ha hecho mención más arriba, no encontramos apenas referencias a otros elementos, y en particular a la edad del testador, dato que sería de suma importancia para nuestros propósitos. Sin embargo, ninguno de los más de un millar de testadores cuyos datos se han recogido en este trabajo indica con claridad su edad. Sólo en un caso conocemos este dato. Se trata del conde de Belalcázar Alonso de Sotomayor, que hizo testamento el 23 de junio de 1519; en el ejemplar que hemos consultado, custodiado en la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional, aparece una nota posterior que indica que nació en 1483, de forma que hizo testamento con 36 años (AHN, Nobleza, Osuna, 326/34). Hemos encontrado otros dos casos más difusos. El sacristán sevillano Francisco Rodríguez, que testa el 23 de agosto de 1462, dice que se ve “puesto en vejez, ca he pasado la hedad de sesenta e seys” (AHPSE, Prot., 17413, p. 1, 23v-26r), y el cordobés García de Hoces, soltero, cita a su padre muerto, pero declara ser mayor de 15 años (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 122r-123r; testamento de 2 de marzo de 1530). No obstante, hay datos indirectos que pueden ayudarnos en esta tarea. Algunos de estos indicios ya hemos tenido ocasión de analizarlos. Así, la simple presencia de hijos casados implica una cierta edad. Recordemos que, al menos en Sevilla a principios del siglo XVI, parecía que una edad cercana a los 20 años sería adecuada para el acceso al matrimonio - 307 - de las mujeres; si estas mujeres cuentan a su vez con hijas casadas en el momento de hacer testamento, podemos suponer a la testadora una edad mínima de alrededor de los 40 años. Para los hombres, sabiendo que su acceso al matrimonio es posterior, podríamos arriesgarnos a aventurar una edad aproximada de 45-50 años a la hora de testar, contando siempre con la presencia de hijos casados. Volveremos más adelante en este capítulo sobre este punto. Un segundo indicio es, desde luego, la proporción de viudos y de segundas nupcias, que también, en general, puede relacionarse con la edad de los testadores. De todas formas, en este segundo caso la relación está menos clara, puesto que, aunque es obvio que a mayor presencia de cónyuges muertos mayor nivel de mortalidad, no es posible relacionar con evidencia la muerte del cónyuge con la edad del testador. Aun así, algunos indicios sí creemos que pueden ser utilizados para llegar a un conocimiento de la intensidad de la muerte en las ciudades andaluzas en el período que estamos considerando. Estos indicios serán utilizados en cuatro sistemas de acercamiento a la mortalidad urbana andaluza, y posteriormente combinaremos los resultados obtenidos con cada uno. Hay que observar que ninguno de los cuatro sistemas ofrece, por sí mismo, las suficientes garantías de veracidad, pero es posible que de la conjunción de todos tres podamos extraer alguna conclusión sobre la evolución de la mortalidad de las ciudades andaluzas desde mediados del siglo XV al primer tercio del XVI, y exponerla al final de este capítulo. 3.1.- Tasa “directa” de mortalidad Como es sabido, la tasa de mortalidad se calcula dividiendo el total de defunciones en un año por la población media en dicho año (TAPINOS, 1988, 155). En esta primera aproximación vamos a intentar aplicar esta fórmula lo más directamente posible. Sin embargo, en nuestro caso, tropezamos con algunas dificultades que es necesario exponer previamente. En primer lugar, no es posible saber con precisión la población de nuestras ciudades en un año determinado, aunque sí hemos podido obtener algunas cifras aproximadas de vecindario, que analizamos en el capítulo III de este trabajo. Para poder aceptar esas cantidades como base de nuestro estudio, hay que tener en cuenta al menos dos condicionantes de importancia. En primer lugar, se trata de vecinos, no de habitantes. Sin embargo, esta objeción puede ser relativamente superada debido a las propias características de las fuentes; en efecto, los testadores, en general, serán también vecinos o cónyuges de vecinos. Bastaría con considerar, junto con el vecindario, una cantidad similar, o reducida de acuerdo con las tasas de nupcialidad que hemos establecido, correspondiente a los cónyuges, para obtener una población que pudiese servir para nuestros cálculos. El segundo condicionante es más difícil de sortear. Es necesario, en efecto, extrapolar las cifras conocidas en un momento determinado al menos a todo el decenio en que se encuentran insertas. Por ejemplo, si pretendemos obtener una cifra de población para Córdoba en 1510-19, tendremos que utilizar un dato relativo al año 1509, producto, además, en este caso, de un recuento parcial de vecinos de la ciudad, tal como hemos fijado en el capítulo III. Esta operación no necesariamente debe distorsionar demasiado nuestros cálculos, y, de hecho, la misma coherencia que, en general, presentaban las cifras al observarlas en conjunto aboga por la posibilidad de utilizarlas ahora. Pero si al estudiar la evolución demográfica general de estas ciudades fue legítimo interpolar los datos necesarios en los decenios en que no disponíamos de datos concretos, ahora esta misma interpolación supone una operación demasiado arriesgada. Hay que recordar, no obstante, que las interpolaciones sólo han sido importantes en el caso sevillano, donde apenas disponíamos - 308 - de una cifra intermedia, la de 1490-99, entre las correspondientes a 1440-49 y 1530-35; para Córdoba no fue necesario interpolar ningún número, si bien sus datos no comienzan hasta 1510-19, y para Jaén sólo hubo que suponer la cifra de vecinos de 1490-99. Todos los detalles sobre estos datos se ofrecieron ya en el capítulo III, y a él debemos remitirnos ahora. Pero, en todo caso, esto significa que sólo podremos calcular la mortalidad para aquellos decenios en que dispongamos de una cifra de población procedente directamente de alguna fuente, más o menos elaborada, pero nunca de una interpolación. Ya tenemos establecido uno de los términos que componen la tasa de mortalidad. Ahora debemos afrontar el cálculo, por supuesto aproximado, del número de defunciones de vecinos en un año determinado, o mejor la media de todo un decenio. Para ello debemos volver la mirada hacia las consideraciones sobre los notarios, los oficios de notaría y los protocolos que hemos realizado en el capítulo IV. Como se expuso allí, en cada ciudad existía un número fijo de notarías –dieciocho en Sevilla, doce en Jaén y veinticuatro en Córdoba, aunque en esta última ciudad sólo siete u ocho daban servicio al común de la población, dedicándose el resto a los eclesiásticos–, y que sólo hemos conservado protocolos de algunas de ellas, en concreto de once en Sevilla, cuatro en Córdoba y seis en Jaén. En teoría, podemos pensar que, si averiguásemos el número total de testamentos que una misma notaría ha suscrito en un año, podríamos acercarnos al total de testamentos suscritos por toda la población; los cálculos serían más fiables si contásemos con los testamentos de varios oficios en el mismo año. Las objeciones a este tipo de cálculos son, sin embargo, evidentes. En primer lugar, no se puede afirmar que toda la población haga testamento a la hora de morir, ni siquiera la mayor parte, en términos numéricos. No obstante, durante todo este trabajo venimos asumiendo este margen de error, y no parecen encontrarse razones para dejar de asumirlo ahora; además, compararemos los testamentos con cifras de población procedentes de fuentes también incompletas en algún grado, y los grupos sociales que presumiblemente no hacen testamentos, en especial los pobres, tampoco suelen aparecer en las fuentes demográficas. Una segunda dificultad es que no sabemos si la diferencia entre el número teórico de notarías y el número real de las que hemos encontrado protocolos se debe meramente a causas fortuitas o a que no todas las notarías teóricas funcionaron realmente. No es este el lugar de realizar este tipo de averiguaciones, de forma que hemos optado por suponer que todas las notarías teóricas estaban en funcionamiento, si bien en algunos momentos hemos realizado el cálculo por partida doble. La dificultad más difícil de resolver es, sin embargo, otra. En efecto, no podemos confirmar si todos los testamentos que se han conservado corresponden con el número total de testamentos que efectivamente se formalizaron ante determinado notario. Como sabemos, los protocolos notariales no se regulan hasta 1503, y es precisamente durante el siglo XV cuando hemos encontrado más irregularidades, como cuadernillos separados dedicados a testamentos, volúmenes formados por restos de protocolos de varios notarios y oficios, escrituras sueltas o incompletas, y sobre todo amplias lagunas en la serie de protocolos de cada notaría. De esta forma, si nos limitásemos a contar los testamentos formalizados en cada notaría obtendríamos una cifra probablemente distorsionada. Intentaremos evitar esto utilizando sólo aquellos protocolos que parezcan contener completa la serie de las escrituras de un año y un notario, o al menos una notaría. El criterio a seguir será la presencia en un mismo volumen de, al menos, tres testamentos realizados en la misma notaría y año. - 309 - Desgraciadamente, este sistema no nos permite hacer distinciones en función del género o de la categoría socioprofesional de la población, puesto que tanto las tasas de masculinidad como las proporciones de uno u otro grupo socioprofesional que hemos calculado en los capítulos anteriores están basadas en los mismos testamentos y, obviamente, no obtendríamos ningún resultado apreciable. Las únicas diferencias se producirían como consecuencia de la utilización exclusiva de testamentos incluidos en series suficientemente amplias, es decir, de una cuestión metodológica, pero de ningún modo reflejarían situaciones reales. Recapitulemos. Vamos a trabajar sólo sobre los decenios en los que contemos con alguna cifra de población directa y fiable, sin utilizar interpolaciones de población. El recuento de testamentos se hará sólo sobre aquellos protocolos que presenten al menos tres testamentos en una misma notaría y año, estableciendo después proporcionalmente un número teórico de testamentos realizados en ese año. La tasa de mortalidad de la ciudad, en porcentaje, será el resultado de dividir la cifra de testamentos entre la de población y multiplicar por cien. Como sabemos, en Sevilla sólo disponemos de cifras de población útiles para los decenios de 1440-49, 1490-99 y 1530-35, tal como han sido fijadas en el capítulo III. A ellas restaremos los correspondientes porcentajes de población adulta soltera y viuda24, y multiplicaremos el resto por dos –en principio, dos son los adultos que conviven en la misma unidad familiar, puesto que, aunque existan criados y esclavos, sabemos que en las fuentes demográficas se suelen contabilizar junto con el resto de la familia y veremos que no es normal que hagan testamento por sí mismos, actuando así como auténticos menores de edad– para obtener lo que llamaremos “población adulta”. Decenio Vecindario Tasa de soltería Tasa de viudedad Pob. adulta 1440-49 4.893 26,32 % 7,14 % 8.241 1490-99 7.141 25,58 % 37,50 % 10.441 1530-35 9.082 15,62 % 44,44 % 13.340 Cuadro 90: Cálculo de la población adulta en Sevilla Intentaremos ahora obtener el número de testamentos anual que pudieron registrarse en Sevilla en estos tres decenios. En el decenio 1440-49 hemos encontrado un total de 19 testamentos, 14 de ellos fechados en 1441 y los otros cinco en 1448; todos están redactados en el oficio 5, ante el notario Gonzalo Bernal, y se encuentran agrupados los de 1441 en la pieza 1, y los de 1448 en la pieza 2, de la signatura AHPSE, Prot., 3210. Se trata, pues, de series coherentes en el sentido que le damos aquí. La media de testamentos por año es de 9,5, lo que significa que, suponiendo que funcionasen los 18 oficios teóricos obtendríamos un total de 171 testamentos anuales en toda la ciudad, es decir, una tasa de mortalidad adulta de 2,07 % 24 Recuérdese que la tasa de viudedad que hemos calculado en el capítulo V se refiere al porcentaje sobre los testadores casados, y no sobre el total de testadores. - 310 - anual. Si consideramos funcionando sólo las once notarías de las que tenemos constancia efectiva, la tasa se reduciría hasta el 1,27 % anual. En 1490-99 se han registrado 42 testamentos, de los que 35 se inscriben en series coherentes, todos pertenecientes al oficio 5 y realizados ante el notario Gonzalo Bernal de la Becerra, probablemente hijo del anterior. Obviando otros detalles, señalaremos que su distribución es la siguiente: dos testamentos en 1492, cuatro en 1493, siete en 1495, catorce en 1498, y tres en 1499, obteniéndose una media de siete testamentos anuales, es decir, un total de 126 testamentos anuales en toda la ciudad, lo que significa una tasa de mortalidad de 1,21 %. La tasa que obtendríamos al contar sólo con las notarías de las que tenemos noticia cierta bajaría hasta el 0,74 %. Respecto a la etapa 1530-35, se contabilizan un total de 27 testamentos útiles, procedentes de tres notarías diferentes: siete de la notaría de Alfonso de la Becerra –oficio 1– en 1530; doce de la notaría de Juan Muñoz –oficio 6–, en el mismo año, y ocho de la notaría de Manuel Segura –oficio 4–, en 1531. No olvidemos que al llegar el siglo XVI la búsqueda de testamentos se había realizado seleccionando sólo los protocolos correspondientes a los dos o tres primeros años del decenio. En todo caso, la media es de nueve testamentos anuales por notario, lo que supone 162 para toda la ciudad y una tasa de mortalidad de 1,21 % anual, o bien 0,74 % si contamos sólo con dieciocho notarías; se trata, pues, de tasas prácticamente idénticas a las del último decenio del siglo XV. Antes de analizar estos datos, conviene que fijemos los correspondientes a Córdoba y Jaén. En la primera de estas ciudades sólo contamos con datos útiles de vecindario para los decenios 1510-19 y 1530-35. Los cálculos de la población adulta son los siguientes: Decenio Vecindario Tasa de soltería Tasa de viudedad Pob. adulta 1510-19 5.854 18,42 % 25,81 % 9.397 1530-35 6.283 26,67 % 18,18 % 10.053 Cuadro 91: Cálculo de la población adulta en Córdoba Dejaremos de realizar, por ahora, la comparación entre estas cifras y las sevillanas, y nos centraremos en el cálculo de la mortalidad. En 1510-19 encontramos un total de 26 testamentos en series coherentes, distribuidos de la siguiente forma: siete en 1510 –varios notarios del oficio 14–, seis en 1511 –notario García de Lara, del oficio 14–, ocho en 1513 – notarios Juan Rodríguez de Trujillo y Diego de Jaén, del oficio 24–, y cinco de 1516, realizados ante el mismo Juan Rodríguez de Trujillo, del oficio 24. La media es de 6,5 testamentos por notario y año, lo que implica 52 testamentos en toda la ciudad, es decir, una tasa de 0,55 %. Por fin, en el último período se contabilizan 45 testamentos; de ellos 33 se datan en 1530 –19 correspondientes a Alonso de Toledo, del oficio 1, y 14 a Gonzalo Fernández, del oficio 14– y los otros 12 en 1531, registrados por el mismo notario Gonzalo Fernández. La media de testamentos por notario resulta de 15, lo que significa 120 testamentos anuales y una tasa 1,19 %. Veamos, por fin, los datos de Jaén. - 311 - Decenio Vecindario Tasa de soltería Tasa de viudedad Pob. adulta 1480-89 5.400 40 % 33,33 % 7.560 1500-09 4.040 11,76 % 26,67 % 6.654 1510-19 3.817 20 % 40,63 % 5.630 1520-29 5.500 20 % 25 % 8.800 1530-35 4.253 17,50 % 18,18 % 7.124 Cuadro 92: Cálculo de la población adulta en Jaén - Decenio 1480-89: cinco testamentos en 1480 y otros cinco en 1483, todos ante el notario Miguel Ruiz de Mérida. Obviamente, la media es de cinco testamentos anuales por notario, lo que supone 60 testamentos en toda la ciudad, y una mortalidad de 0,79 %. - Decenio 1500-09: Encontramos dos series bien distintas. En 1503, el notario Martín González Palomino presenta tres testamentos, pero al año siguiente el notario Fernando Gómez de Molina suscribe nada menos que 47 testamentos. Esto supone una media de 25 testamentos anuales, o bien 300 testamentos anuales en toda la ciudad, y una tasa de mortalidad de 4,51 %. - Decenio 1510-19: De nuevo el notario Fernando Gómez de Molina acapara 34 de los 39 testamentos de este decenio, correspondiendo los otros cinco a García Rodríguez de Jaén, todos en el año 1511. Así pues, una media de 19,5 testamentos anuales por notario, es decir, 234 en toda la ciudad, y una mortalidad de 4,16 %. - Decenio 1520-29: En 1520 encontramos la serie de 29 testamentos correspondiente al notario Francisco Salido. En 1522 hay dos series, una de nueve testamentos del notario Diego González de Molina, y otra de siete escrituras del notario García Rodríguez de Jaén. Una media, pues, de quince testamentos por notario y año, 180 en toda la ciudad, lo que supone una tasa de 2,04 %. - Decenio 1530-35: Aparecen dos series en 1530, correspondientes a Diego González de Medina, con 20 testamentos, y a Pedro de Ojeda, con cinco. De este último notario son también las series de 1531 y 1532, compuestas respectivamente por siete y nueve testamentos. La media de testamentos por notario y año es de 10,25, lo que implica un elenco de 123 testamentos anuales en toda la ciudad, es decir, una tasa de mortalidad de 1,73 %. Reunimos en el siguiente cuadro las tasas de mortalidad de las tres ciudades. Decenio Sevilla Córdoba Jaén 1440-49 2, 07 1480-89 0,79 1490-99 1,20 - 312 - Decenio Sevilla Córdoba Jaén 1500-09 4,51 1510-10 0,55 4,16 1520-29 2,04 1530-35 1,21 1,19 1,73 MEDIA 1,49 0,87 2,65 Cuadro 93: Tasas de mortalidad Para hacernos una idea de lo que significan estos datos, y asumiendo todas las diferencias, podemos pensar que, en 1975, la tasa de mortalidad de Etiopía era de 2,49 % y la de Noruega de 0,98 % (TAPINOS, 1988, 159). Sin embargo, ya hemos indicado que en la España de los Austrias se han adelantado valores normales cercanos al 3 %, e incluso en períodos posteriores en toda Europa se admiten tasas cercanas al 3,5-4 % anual (TAPINOS, 1988, 269). Esto significa que es probable que estas tasas de mortalidad estén por debajo de las reales. Sin embargo, si no podemos utilizarlas, al menos en principio, por su valor intrínseco, sí podemos tenerlas en cuenta como elemento de comparación entre las tres ciudades y como indicador evolutivo. Por eso parece conveniente trasladar estas cifras a un gráfico. En realidad, no se pueden hacer demasiados comentarios a este gráfico. Apenas cabe señalar la evidencia de un brusco descenso de la mortalidad en Jaén a partir de 1510-19, como hemos señalado más arriba, para situarse en niveles de mortalidad algo superiores a los de las otras dos ciudades. Por su parte, Córdoba aumenta con claridad su mortalidad durante el primer tercio del siglo XVI, si bien la falta de datos anteriores impide extraer de ello mayores conclusiones. Por último, el caso sevillano parece ser el más estable, sobre todo a partir de 1490-99, aunque aquí la falta de referencias concretas sobre la población puede influir notablemente en esta apreciación. Sea como fuere, estos son los resultados que se pueden obtener con el primer sistema de trabajo que hemos ensayado. Pasemos ahora a examinar el segundo sistema. 3.2.- Mortalidad de hijos citados El segundo sistema se basa en las alusiones a hijos muertos que hacen los propios testadores. Sabemos que los hijos muertos sólo se citan en caso de que hayan dejado a su vez hijos que tengan derechos en el reparto de la herencia. Podemos pensar que en muchos casos también se citarán, de alguna forma, los hijos muertos recientemente. Desde luego, no existe seguridad alguna de que la suma de ambos supuestos nos ofrezca una cifra aproximada del número de hijos muertos antes del testador, pero sí que es razonable pensar que la mayor o menor presencia de estas citas pueda estar relacionada con niveles de mortalidad mayores o menores. Naturalmente, no puede despreciarse la influencia de otros factores, sobre todo la edad del testador, junto con el hecho de que el recuerdo para hijos muertos que no intervienen en el reparto de la herencia depende exclusivamente de factores psicológicos o personales, casi imposibles de incluir en un análisis cuantitativo. Algunos ejemplos pueden ilustrar mejor estas dificultades. Así, ya hemos citado el caso de Diego Gutiérrez de los Ríos, señor de Fernán Núñez, que hace un primer testamento en 1484 con motivo de acudir al cerco de Alhama, en el que indica que su mujer, Elvira de Aguayo, está embarazada; cuatro años después hace un segundo testamento en el que no se alude en absoluto al fruto de ese embarazo. Puede que se tratase de un aborto, pero también es posible que el testador simplemente haya obviado aludir a un hijo muerto muy pequeño (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 87/10 y 18). Otro caso interesante es el de Vasco López, vecino de Córdoba, que tiene un hijo y dos hijas en el momento de hacer testamento el 10 de agosto de 1465, y cita a un número indeterminado de hijos muertos; sin embargo, había hecho un testamento anterior el 14 de abril de 1460 en el que las hijas son tres, y no cita a ningún hijo (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 1, 128-129r; el primer testamento en AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, 79r-80r25). No obstante, son más frecuentes los testadores que, simplemente, citan un número indeterminado de hijos muertos. El elenco de éstos se muestra en la siguiente lista. 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 4 4,5 5 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Sevilla Córdoba Jaén - 313 - 25 En este legajo, los folios 60-80 están duplicados; este testamento aparece en la segunda foliación. - 314 - FECHA TESTADOR SIGNATURA 29-5-1458 Román Pérez AHPSE, Prot., 17412, p. 3, 23r-25v 25-12-1496 Isabel Rodríguez AHPJ, leg. 9, 199r-v 15-1-1511 Bartolomé García de Cambil AHPJ, leg. 13, 115r-v 12-4-1511 Marina Ruiz de la Higuera AHPJ, leg. 5, 106r-107r 12-7-1512 Bernal García AHPSE, Prot., 9101, 430v-431r 13-2-1530 Catalina García AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 78r-79v 23-4-1530 Antonio Rodríguez de Cabra AHPCO, Prot., of. 14, leg. 53, 184v-185v Pero lo más normal es que se especifiquen los hijos muertos de los que se hace referencia. Haciendo abstracción de los posibles matrimonios anteriores, se ha registrado un total de 93 testadores que aluden a un número concreto de hijos muertos. De ellos, 31 no tienen nietos a los que repartir la herencia, lo que nos permite suponer que se trata de hijos muertos recientemente; sin embargo, sólo en uno de estos casos se indica expresamente que son hijos muertos “syn hedad de fazer testamento” (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, 728r-729v; 1494, s.m., s.d.). En todo caso, no es posible considerar el conjunto de estas muertes como “mortalidad juvenil”, por lo que nos limitaremos a considerarlo “mortalidad” sin más. De esta forma, podemos aproximarnos a la mortalidad, siquiera de forma relativa, comparando proporcionalmente los hijos citados muertos con los hijos citados vivos. Este sistema, naturalmente, no nos proporcionará tasas de mortalidad, como en el sistema descrito en el parágrafo anterior, sino una simple cifra indicativa que llamaremos “mortalidad de hijos citados”. En cambio, ahora es posible analizar los datos según el sexo, tanto del testador como de los hijos, y también establecer resultados para el total de las tres ciudades, así como analizar los grupos socioprofesionales, al menos de forma general. Empezaremos por reseñar en el cuadro 94 todos los datos, es decir, los porcentajes de hijos muertos citados en relación con los hijos supervivientes citados. SEVILLA CÓRDOBA Decenio Hijos Hijas Total Hijos Hijas Total 1440-49 0 0 0 0 0 0 1450-59 3,45 0 1,89 0 0 0 1460-69 5 0 2,22 2,74 0 1,51 1470-79 0 0 0 6,12 2,33 4,35 1480-89 2,94 5,88 3,92 6,52 7,50 6,98 - 315 - SEVILLA CÓRDOBA Decenio Hijos Hijas Total Hijos Hijas Total 1490-99 0 10 2,13 4,94 4,61 4,79 1500-09 3,53 5,55 4,46 3,03 4,76 4 1510-19 8,89 4 7,14 5,55 9,37 7,35 1520-29 7,69 4,84 6,29 0 3,33 1,33 1530-35 0 3,33 1,41 9,09 5,13 6,56 TOTAL 5,04 4,26 4,68 4,87 4,27 4,59 JAÉN TOTAL Decenio Hijos Hijas Total Hijos Hijas Total 1440-49 0 0 0 1450-59 9,09 0 5,17 1460-69 2,75 0 1,46 1470-79 5,36 1,75 3,54 1480-89 11,11 0 8,33 5,62 6,67 6,04 1490-99 7,81 6 7,02 5,55 6,21 5,86 1500-09 0 8,77 3,65 0,8 6,43 4,06 1510-19 4,88 20,45 12,94 6,56 12,87 9,42 1520-29 6,78 9,52 7,92 5,32 5,97 5,61 1530-35 3,57 3,45 3,51 3,3 4,08 3,7 TOTAL 4,35 9,17 6,49 4,49 5,58 4,99 Cuadro 94: Mortalidad de hijos citados En la observación de estas cifras, la principal deducción que cabe realizar es la distancia que separa los datos de Jaén de los de las otras dos ciudades. Por una parte, el porcentaje medio de hijos muertos respecto al total citado es sensiblemente superior, casi en dos puntos, al de Córdoba y Sevilla. No olvidemos que la tasa “directa” de mortalidad también señalaba a Jaén como muy superior a estas dos ciudades en este aspecto. Pero, sobre todo, los datos medios de ambos sexos son muy divergentes, de forma que si en las otras ciudades los hijos muestran una mortalidad levemente superior a la de las hijas, en Jaén la situación no sólo es inversa, sino que la mortalidad femenina duplica sobradamente a la masculina. Así, el dato global de una mortalidad femenina superior a la masculina, según este sistema de cálculo, es fruto, en gran medida, de este comportamiento de la población giennense. Naturalmente, este comportamiento desigual de las ciudades debe tenerse en cuenta en todo el análisis que se pueda hacer de los datos globales del conjunto. No obstante, no pueden dejar de hacerse algunas consideraciones a la vista de la evolución que presenta el gráfico 76. Por una parte, resulta evidente la progresiva elevación de los niveles de mortalidad. Ciertamente, en los primeros años la escasez de testamentos probablemente influya en unas tasas excesivamente altas, pero al menos desde 1460 el sentido de la evolución de esta variable está muy clara. Sólo a partir del decenio 1510-19, o lo que es lo mismo, de la crisis de 1507, la tendencia se invierte. Se aprecia con toda claridad que este momento, por encima de su coyunturalidad, representa la culminación de un aumento continuado de la mortalidad durante todo el período de nuestro estudio. Parecería también que el mismo alto grado de mortalidad en ese momento habría contribuido a restablecer el equilibrio entre población y recursos, con la consecuencia de un no menos acusado descenso en los años posteriores. No obstante, no debemos olvidar que, pese a ello, en esos años la tasa se mantiene, aproximadamente, en los mismos niveles de finales del siglo XV, entre el 4 % y el 5 % del total de hijos, todavía por encima de los niveles de mortalidad generalmente admitidos para Castilla en el siglo XVI. 0 2 4 6 8 10 12 14 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 po rc en ta je Hijos Hijas Total Pero, sin duda, lo más trascendente que surge de estos datos es el comportamiento diferenciado de los sexos. Por un lado, los hombres, que tienden a la estabilidad, incluso levemente descendente, y cuya evolución está marcada por repentinas subidas y bajadas. Así, en 1450-1469 se produce una fuerte oscilación, que probablemente esté bastante influida por los relativamente escasos testamentos de que disponemos de esos años. Mayor interés puede tener el descenso de la mortalidad masculina en 1500-09. Como hemos visto, esta circunstancia coincide con otras relativas a los varones a las que hemos hecho referencia en capítulos anteriores: retraso de la edad de acceso al matrimonio, elevado número medio de hijos vivos, especialmente en los testadores viudos, y máxima masculinidad entre los testadores sin hijos. Sin embargo, la evolución de las mujeres es totalmente distinta, con una clara y progresiva elevación de sus tasas de mortalidad desde 1460-69 hasta 1510-19. De esta forma, si al inicio de este período la presencia de mujeres entre las citas de hijos muertos, siempre tomando a las tres ciudades en su conjunto, es menor que la de hombres, a partir de 1470 y hasta 1490 se mantienen similares para despegarse en las dos décadas siguientes y finalmente volver a reunirse a partir de 1520, aunque ya con valores superiores para las - 316 - - 317 - mujeres. No podemos dejar de señalar el paralelismo de esta evolución con otros factores que hemos estudiado, y que se han revelado como, quizá, los más importantes en la evolución demográfica de las ciudades andaluzas de finales del siglo XV y principios del XVI: progresivo descenso de la masculinidad en los hijos, pero no en los testadores; aumento palmario de la nupcialidad femenina, incluyendo las segundas nupcias, y descenso de la masculina; diferencias de género en la edad de acceso al matrimonio, sobre todo a partir de 1490. A estos factores progresivos habría que sumar otros en los que la evolución no es demasiado significativa, pero en los que las diferencias según el sexo se mantienen durante todo el período estudiado: mayor presencia de hijos que de hijas en los testamentos; mayor número de hijos de ambos sexos en los testadores varones que en las mujeres; mucha mayor presencia de viudas que de viudos. Pero quizá sea más útil dejar las conclusiones para más adelante. De momento, podemos completar esta visión de la mortalidad atendiendo a las categorías socioprofesionales. En el cuadro 95 se reflejan los porcentajes de hijos muertos citados en relación con el total de hijos vivos en cada grupo socioprofesional, aunque se han agrupado por treintenas, para tratar de paliar en lo posible la escasez de la muestra. Secundario Terciario Resto 1440-69 0,99 7,14 1,44 1470-99 6,72 6,59 4,83 1500-35 5,88 3,98 5,83 TOTAL 4,91 5,36 5 Cuadro 95: Mortalidad de hijos citados por grupos socioprofesionales Este cuadro muestra una clara diferencia en el comportamiento del sector terciario respecto a los demás. Por un lado, la mortalidad, en todo el período estudiado, es algo superior en este sector que en los demás, aunque las diferencias no son demasiado abultadas. Pero, por otro lado, la evolución es marcadamente distinta, con un proceso descendente especialmente acusado al llegar al siglo XVI, mientras que el sector secundario, y sobre todo el resto, ven ascender su mortalidad en cada treintena, con un salto más destacable al llegar al último tercio del siglo XV respecto de los años anteriores, si bien entonces el sector secundario experimenta un leve descenso. Una primera lectura de estos datos sugiere que, si la mortalidad realmente descendió durante el siglo XVI, lo hizo fundamentalmente en los sectores más acomodados de la sociedad. No podemos olvidar que los datos de 1500-1535 reflejan tanto los efectos de la gran crisis de 1507 como la reducción de la mortalidad posterior. El resultado, en todo caso, es un desequilibrio en la mortalidad desfavorable a los grupos sociales no caracterizados, o bien incluidos en el sector primario de producción. Pero podemos incluso aventurarnos a combinar la distinción por género con la socioprofesional. Para ello, el cuadro 96 refleja las tasas de masculinidad de los hijos muertos citados en cada sector profesional, es decir, el número de hijos muertos citados por cada 100 hijas muertas citadas. Secundario Terciario Resto 1440-69 ∞ ∞ ∞ 1470-99 166,67 200 88,89 1550-35 37,50 50 77,27 TOTAL 81,82 125 87,10 Cuadro 96: Masculinidad de los hijos muertos citados por sectores socioprofesionales Es evidente que, en términos generales, el proceso de disminución de la mortalidad que hemos registrado, y que sabemos que se debe fundamentalmente a la situación creada tras la crisis de 1507, corre parejo a una feminización progresiva de las citas de hijos muertos en los testamentos. Esta feminización resulta espectacular en los sectores secundario y terciario en el siglo XVI, de forma que, aun con todas las precauciones derivadas tanto de la escasez de la muestra como de la forma de calcular la mortalidad, parece que podría afirmarse que existe una clara relación entre grupo social, género y mortalidad, de modo que son los varones de los grupos más acomodados los más beneficiados por estos datos, bien sea por un mayor descenso de su mortalidad tras la crisis de 1507, o bien –y esta es la hipótesis que, a la vista del gráfico 76, parece más plausible– por una menor influencia en ellos de los episodios de mortalidad extraordinaria. No hay que olvidar que habíamos constatado unas fuertes diferencias entre las tres ciudades analizadas, lo que hipoteca en buena medida nuestras conclusiones. Por eso, conviene ahora adentrarnos en el análisis de los diferentes conjuntos urbanos, empezando por Sevilla. El gráfico 77 refleja claramente el sentido de la mortalidad en Sevilla, siempre ascendente hasta 1510, aunque existan momentos de coyuntura descendente, en concreto los decenios de 1470 y 1490. Significativamente, los dos “picos” en esta evolución se registran en los decenios de 1480 y 1510, es decir, los correspondientes a las dos grandes crisis de mortalidad que hemos señalado más arriba. Y la evolución ascendente encaja a la perfección con el panorama de crisis continuada que habíamos dibujado. Finalmente, 1507 señala el punto más álgido de un proceso de aumento progresivo de la mortalidad en Sevilla, a la vez que el principio de un rápido descenso, sobre todo a partir de 1520, que dejaría las tasas por 0 2 4 6 8 10 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hijos Hijas Total - 318 - - 319 - debajo de las registradas en 1480-89. De esta manera, la mortalidad, medida con este sistema, se ajusta a la esencial influencia de las epidemias y hambrunas que habíamos sugerido. Sin embargo, el comportamiento de los sexos es sorprendente, en particular el femenino. Mientras que la mortalidad masculina sigue el ritmo general, o, lo que es lo mismo, el ritmo de las crisis, la femenina parece ignorar estos episodios dramáticos, de forma que su punto más alto se sitúa en 1490-99, para después descender continuamente, sin que se aprecien variaciones a raíz de la crisis de 1507. No parece aceptable la idea de que, por alguna circunstancia, las mujeres hayan quedado preservadas de episodios de morbilidad tan acusados, tanto más cuanto que los indicios apuntan a una mayor exposición de las mujeres a las enfermedades y las hambrunas. Añadamos a esto algunos de los datos que ya conocemos. Sabemos que la tasa de masculinidad entre los hijos de los testadores conoce dos elevaciones bruscas precisamente en 1480-89 y en 1510-19, lo que apunta precisamente en la dirección de un mayor efecto sobre las mujeres de estos episodios de mortalidad extraordinaria. Por otro lado, sabemos también que desde 1480 la nupcialidad femenina conoce un rápido e ininterrumpido crecimiento en Sevilla, al igual que la proporción de viudas, pero en 1490-99 la edad femenina de acceso al matrimonio conoce su momento de mayor retraso, aunque se irá adelantando rápidamente en los años sucesivos. Parecería que la mortalidad femenina en Sevilla está inversamente relacionada con la nupcialidad, es decir, que a mayor nupcialidad menor mortalidad. Sin embargo, resulta más plausible pensar que, ya que la mortalidad relacionada con el parto es la principal causa de muerte entre las mujeres durante todo el Antiguo Régimen (TAPINOS, 1988, 266-1267), una mayor proporción de mujeres casadas debería suponer una mayor tasa de mortalidad femenina. De hecho, una observación más detallada de los casos en que nos estamos basando para el cálculo de la tasa de mortalidad sugiere que, en realidad, sí existe esta relación directa entre nupcialidad y mortalidad femenina. En efecto, en el período que va desde 1480 hasta 1535 se registran en los testamentos sevillanos un total de 13 citas de hijas muertas, de las que sólo una aparece citada como soltera. Se trata de una de las hijas de Catalina Sánchez Maldonado, esposa de Juan Martínez Maldonado, que tiene además otra hija casada, y que hace testamento el 13 de noviembre de 1496; por cierto, que hará un codicilo apenas dos meses después en el que el marido ya habrá muerto (AHPSE, Prot., 3215, cuad. 25, 33v-35v; el codicilo en AHPSE, Prot., 3216, cuad. 26, 4v). Por su parte, se citan igualmente 13 hijos varones muertos, de los que cuatro aparecen solteros. Esto significa que sólo en contadas ocasiones aparecen hijas muertas no casadas, mientras que los hijos varones en idénticas circunstancias se citan hasta cuatro veces más, aun asumiendo todas las precauciones derivadas de la escasez de la muestra. Aunque las causas de esta ausencia de las hijas solteras entre la descendencia difunta no pueden derivarse directamente del estudio de los testamentos, parece lógico que se pueda señalar hacia la mortalidad derivada del parto como uno de los factores que más condicionan estos datos. Veamos si el análisis por grupos sociales puede aportar algún elemento más al estudio de la mortalidad sevillana. Secundario Terciario Resto 1440-69 0 3,45 2,08 - 320 - Secundario Terciario Resto 1470-99 3,23 0 6,67 1500-35 5,55 3,25 5,21 TOTAL 3,78 2,87 5 Cuadro 97: Mortalidad de hijos citados en Sevilla por grupos socioprofesionales La única conclusión evidente que puede hacerse a la vista de este cuadro es la notable diferencia que, en términos generales, existe entre la mortalidad de los sectores secundario y terciario y el resto, diferencia que encaja con la que se había observado al estudiar las tasas de supervivencia en el capítulo VI. Sólo podría entreverse, quizá, una cierta tendencia a la nivelación social, en este aspecto, en el siglo XVI, aunque demasiado difusa como para poder establecerla con relativa seguridad. Veamos, por fin, lo que sucede al observar la masculinidad de los hijos muertos citados en cada grupo socioprofesional. Secundario Terciario Resto 1440-69 ∞ ∞ 1470-99 ∞ 0 1500-35 50 100 233,33 TOTAL 75 150 114,29 Cuadro 98: Masculinidad de los hijos muertos citados en Sevilla por sectores socioprofesionales En este cuadro, sorprende la alta proporción de hijas muertas citadas en el grupo secundario, que resulta ser el doble de la del grupo terciario. Sin embargo, a la luz de lo que sabemos respecto de la influencia de los datos de la nupcialidad femenina sobre los de la mortalidad, esta circunstancia debe relacionarse fundamentalmente con la elevada nupcialidad de las mujeres sevillanas del sector secundario, que en el siglo XVI llega a ser del 100 %. No obstante, la parquedad de la muestra en que se basan estos cálculos desaconseja extraer ninguna conclusión de ellos: la tasa de masculinidad de los hijos citados del sector secundario se basa en un total de siete hijos citados, y la del terciario en cinco. Cualquier pequeña variación –la aparición de algún testamento más, o la cita de algún hijo más– hubiera supuesto un cambio brusco en estos datos. 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hijos Hijas Total Las tasas globales de la mortalidad en Córdoba son bastante similares a las sevillanas, tanto en el conjunto de la población como en cada uno de los sexos. En su evolución, tal como se refleja en el gráfico 78, existen también algunas similitudes, pero el conjunto es bien distinto al sevillano. En efecto, aquí aparecen también marcadas con claridad las dos grandes crisis de 1480 y 1507. Recordemos que en Córdoba se han registrado testimonios respecto de estos dos episodios, paralelos a los de Sevilla, pero que entre ambos no se han encontrado rastros de otras coyunturas de mortalidad extraordinaria. El gráfico 78 confirma que no es probable que existieran crisis sucesivas entre ambos momentos, habida cuenta del evidente descenso que se observa entre los decenios correspondientes. El resultado final es que, en lugar de una mortalidad en aumento continuo, encontramos una mortalidad relativamente estabilizada, aunque en ella destaquen las dos coyunturas desfavorables. Hay que resaltar, no obstante, que tras 1510-19 se produce, como en la ciudad hispalense, un fuerte descenso, aunque aquí el decenio final indica otra nueva coyuntura de alta mortalidad, tan fuerte como las de 1480-89 y 1510-19. Hay que recordar que al intentar acercarnos a la mortalidad atendiendo al número de testamentos y a la población de la ciudad, habíamos encontrado igualmente una clara subida en este período, y que a lo largo de los capítulos anteriores hemos hecho alusión en repetidas ocasiones a algunos indicios que señalan una grave crisis demográfica en la ciudad en estos últimos años del período estudiado, de forma que los datos aportados ahora no hacen más que confirmar la existencia de esta coyuntura de dificultad demográfica en Córdoba al final del primer tercio del siglo XVI. Pero la diferencia más llamativa entre este gráfico y el correspondiente a Sevilla es el comportamiento del sexo femenino. Ahora, ambos sexos evolucionan aproximadamente de forma paralela, sin distanciarse demasiado entre ellos, si bien se puede apreciar que, en los momentos de crisis, la mortalidad femenina sube con más fuerza que la masculina, algo que explica el aumento del número de testadores viudos varones en estos momentos, como se reflejaba en el gráfico 52. Hay que hacer la salvedad de la crisis de 1530-35, donde la mortalidad masculina supera claramente a la femenina, aunque aquí en el decenio anterior las tasas de los varones resultan excesivamente bajas, lo que puede suponer un cierto efecto de “rebote” en las tasas de la etapa siguiente. En todo caso, esta crisis de los años treinta del siglo XVI, además de registrarse sólo en Córdoba, parece tener características bastante atípicas. Pero, volviendo al análisis de los dos sexos, aún puede apreciarse, por debajo del paralelismo, una diferencia sustancial. En efecto, durante el período 1470-99 –el primero del que podemos disponer de suficientes datos–, la diferencia media entre las tasas de mortalidad de ambos sexos es de 1,05 puntos, favorable a los varones; en los primeros años del siglo XVI, haciendo - 321 - - 322 - abstracción de los datos de 1530-35, esta diferencia es de 2,96 puntos a favor de las mujeres. Esto significa, obviamente, que a partir del cambio de siglo no sólo la mortalidad femenina empieza a superar a la masculina, sino que desde entonces las diferencias empiezan a ser considerables, en términos globales, en perjuicio de las mujeres. Veamos lo que podemos obtener de la observación de las tasas de mortalidad según el grupo socioprofesional, y de su masculinidad, a partir de los cuadros 99 y 100. Secundario Terciario Resto 1440-69 1,92 15,38 1,51 1470-99 7,04 8,82 3,35 1530-35 4,44 4,76 4,67 TOTAL 4,76 7,27 3,54 Cuadro 99: Mortalidad de hijos citados en Córdoba según el grupo socioprofesional Secundario Terciario Resto 1440-69 ∞ ∞ ∞ 1470-99 150 200 100 1500-35 0 33,33 133,33 TOTAL 100 140 133,33 Cuadro 100: Masculinidad de los hijos muertos citados en Córdoba según el grupo socioprofesional Sin duda, lo más destacado de estos cuadros es la constatación de las profundas diferencias entre las tasas de los sectores más acomodados y las del resto de la población durante todo el siglo XV. Estas diferencias coinciden, además, con un predominio de los hijos varones entre los citados. Sin embargo, en la última treintena estudiada, las diferencias entre sectores prácticamente quedan enjugadas, mientras que aumenta sustancialmente la proporción de hijas citadas en los sectores secundario y terciario. Podría pensarse que, al igual que ocurría con la mortalidad femenina sevillana, pudieran existir factores extrademográficos que influyesen en estos datos, sobre todo teniendo en cuenta que se trata del sector social más acomodado de la ciudad, dentro del que se integra, al parecer, como ya hemos señalado, una aristocracia no por reducida menos distanciada del común de la población en cuanto a su nivel socioeconómico, factores que se reflejarían en la proporción de hijos muertos citados casados, sobre todo de hijas. Sin embargo, en el total de hijas muertas citadas de los sectores secundario y terciario, que suman nueve, existen cinco solteras y cuatro casadas; en la población no calificada socioprofesionalmente se registran dos solteras y cuatro casadas. En cuanto a los varones, en los sectores secundario y terciario se citan cinco solteros y seis casados, mientras que en el resto de la población las cifras son respectivamente cinco y tres. Por lo tanto, no existen aquí diferencias significativas que pudieran hacernos pensar en la influencia de estos factores extrademográficos. Más bien, la sensación es que esta evolución de la mortalidad es producto de una mejora de las condiciones de vida a partir de los últimos años del siglo XV. Esta mejora, con ser generalizada, aprovecharía con mucha más claridad a los varones de los grupos sociales más acomodados. Esto encaja con lo que hasta el momento venimos predicando de la evolución demográfica cordobesa, esto es, una población que parte de una densidad muy baja a mediados del siglo XV y que recibe un flujo más o menos continuo de inmigrantes; ante la falta de epidemias continuadas, a partir del segundo tercio del siglo empieza a actuar la nupcialidad como regulador de la población, sobre todo tras el cambio de siglo, en que parece que la ciudad ha alcanzado el máximo de su capacidad demográfica. Quizá la crisis de 1507 significó, en este contexto, más un alivio momentáneo a la presión demográfica que una auténtica regulación a medio plazo, y por esta razón hacia 1530 se detecta una nueva crisis de mortalidad. 0 5 10 15 20 25 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Hijos Hijas Total Los datos totales en Jaén, son sin duda, los más llamativos de las tres ciudades, no sólo porque, en conjunto, es, de lejos, la ciudad que mayor tasa de mortalidad presenta, sino sobre todo porque las distancias entre los dos sexos son espectaculares, de forma que la mortalidad de las mujeres supera en más del doble a la de los varones. Pero antes de extraer conclusiones de ello, veamos de qué forma evoluciona esta diferencia a lo largo del período estudiado. Observemos primero la evolución del conjunto de la población. Resulta evidente que la crisis de 1507 es el acontecimiento fundamental que condiciona esta evolución y, de hecho, la tasa de 1510-19 es la única que supone un ascenso respecto del decenio anterior. De esta forma, a la luz de estos datos, el episodio de 1507 parece ser el único momento de ruptura en una situación general de mortalidad suavemente descendente. Recordemos que, aunque algunos indicios apuntaban a episodios de mortalidad extraordinaria hacia 1484, en realidad sólo el de 1507 aparece claramente reflejado en las fuentes indirectas. Hay que señalar que, también al acercarnos a la mortalidad a través del número de testamentos y la cifra probable de población habíamos encontrado un fuerte aumento en los dos primeros decenios del siglo XVI, destacando sobre el resto del período. No obstante, conviene observar que las tasas del resto de los decenios son sensiblemente más altas que las de Córdoba y Sevilla y, como consecuencia, la tasa general supera en casi dos puntos a las de estas dos ciudades. Es decir, que tanto la crisis de 1507 - 323 - - 324 - como la evolución descendente de la mortalidad ordinaria se enmarcan en un contexto de mortalidad muy elevada respecto de las otras dos ciudades andaluzas. Esta situación parece encajar bien con el panorama general de población estancada que venimos dibujando para la capital giennense durante todo este período. Incluso el descenso de la mortalidad durante los últimos años del siglo XV podría estar causado por el proceso de desmembramiento de la estructura social y poblacional de la ciudad creada en los años de gobierno del condestable Iranzo, como hemos señalado repetidamente páginas atrás. Esta última idea podría verse reforzada por la muy diferente evolución que presenta la mortalidad de ambos sexos. En efecto, en los últimos años del siglo XV es la mortalidad masculina la que, partiendo de niveles bastante altos, inicia un camino descendente hasta el cambio de siglo; en 1500-09 no se registra ninguna mención de hijo varón muerto, y en los años siguientes la tasa se mantiene en niveles mucho más moderados. En cuanto a las mujeres, su evolución es casi simétrica, con una fuerte y continuada subida desde 1480 hasta 1510, para después bajar con la misma rapidez y situarse, ya desde 1520, en niveles similares a los de los varones. No deja de resultar significativo que la reducción de las diferencias de género en este aspecto coincida con los años en los que se detecta una cierta recuperación demográfica de la ciudad. En todo caso, es evidente que la crisis de 1507 tuvo en Jaén un efecto muy diferente en uno y otro sexo, escaso en los hombres y altamente letal entre las mujeres, casi de forma inversa a lo que habíamos descubierto en Sevilla. En cuanto a los años anteriores, si para los hombres la marcha de la mortalidad puede estar condicionada por los elementos extrademográficos que hemos señalado, no es posible establecer tales relaciones para las mujeres. Por último, no hay que olvidar que durante todo el período la mortalidad femenina es muy superior a la masculina, y muy superior también a las tasas de las mujeres cordobesas y sevillanas Por lo que hace a la relación de los datos femeninos sobre mortalidad con los datos sobre nupcialidad, a primera vista tampoco se puede establecer una relación inmediata, puesto que durante casi todo el período estudiado la nupcialidad de las mujeres giennenses se mantiene bastante estable y, además, muy alta, cercana al 100 %. Sin embargo, la observación más detallada de los datos nos lleva a conclusiones similares a las que hemos establecido para Sevilla. Así, se citan un total de 13 hijos varones muertos, seis solteros y siete casados, mientras que de las 22 hijas citadas hay siete solteras y quince casadas, es decir, que las probabilidades de que una hija muerta sea citada en el testamento de sus padres son más del doble para las casadas que para las solteras, o bien, la mortalidad de las hijas casadas duplica a la de las solteras. A la vista de estos datos, parece, pues, que la mortalidad derivada del parto se convierte en la principal causa de decesos entre la población femenina giennense, incluso por encima de las grandes crisis, al igual que ocurría en Sevilla. Más aún, podríamos pensar que el miedo a las consecuencias del parto podría estar detrás de muchos de los testamentos de las mujeres andaluzas, lo que explicaría la relativamente escasa presencia de hijos en los testamentos femeninos, incluso en los de las mujeres casadas. Pero volvamos ahora a la ciudad de Jaén, y veamos si el estudio por grupos socioprofesionales puede aportar más datos. - 325 - Secundario Terciario Resto 1440-69 1470-99 10 0 5,07 1530-35 8,82 5,26 6,73 TOTAL 9,26 5 6,24 Cuadro 101: Mortalidad de hijos citados en Jaén por sectores socioprofesionales Evidentemente, aunque las tasas son muy elevadas en todos los grupos, es el sector secundario el que presenta una mortalidad más exacerbada. No obstante, tanto en este grupo como en el terciario, hay siempre que tener en cuenta la escasez del número de testamentos en que se basan los datos, y quizá como reflejo de esto, las cifras del resto de la población, cuya muestra es más abundante, son más equilibradas. En todo caso, merece la pena calcular la masculinidad de los hijos citados en cada sector socioprofesional. Secundario Terciario Resto 1440-69 1470-99 100 250 1530-35 50 ∞ 37,5 TOTAL 66,67 ∞ 61,11 Cuadro 102: Masculinidad de los hijos muertos citados en Jaén por sectores socioprofesionales El dato del sector terciario no debe ser tenido en cuenta, porque aquí existe sólo una cita de un hijo muerto, y se trata de una mujer casada. En concreto, era la hija del trapero Antonio Rodríguez y de su segunda mujer María Alonso, ya fallecida, con la que tuvo además otra hija y tres hijos, todos solteros, a los que habría que añadir otra hija más casada, fruto de su primer matrimonio; cita a un número indeterminado de nietas (AHPJ, leg. 10, 54r-v; testamento de 7 de febrero de 1504). En cuanto a los demás, destaca el aumento de la proporción de mujeres en el siglo XVI. Quizá las cifras brutas nos ayuden a apreciar en sus justos términos este aumento de la mortalidad femenina: en el siglo XV se citan en total seis hijos muertos y tres hijas muertas, y en el siguiente se citan siete varones y 19 mujeres. De estas 19 citas, nueve proceden del año 1511 –y de ellas seis estaban casadas–, es decir, son fruto de la crisis de 1507, y en ese mismo año sólo se cita un varón. Todo esto significa que en Jaén, aunque la mortalidad femenina supera siempre a la masculina, esto se aprecia especialmente con motivo de la crisis de 1507. Ya al hablar de la mortalidad extraordinaria se apuntaban indicios que nos llevan a creer en la existencia de una mayor exposición de las mujeres a la mortalidad en momentos de dificultad. 3.3.- Las citas de los nietos El tercer sistema de aproximación a la mortalidad urbana andaluza es el que utiliza las citas de los nietos. En este caso, aunque la relación entre la existencia de nietos y la edad del testador –o, lo que es lo mismo, la intensidad de la mortalidad– es evidente, hay que tener en - 326 - cuenta que, como sabemos, estas citas se producen frecuentemente porque el padre o madre de los nietos ha muerto y, por tanto, ellos son los destinatarios de la parte de herencia correspondiente. Por eso, además de que esta circunstancia condiciona fuertemente la muestra sobre la que se puede trabajar, debe observarse que, a la vez que la presencia de nietos significa un retraso en la edad del testador, implica también la presencia de una muerte relativamente temprana, la del hijo al que debía corresponder la parte de la herencia, y se convierte, así, en un dato ambivalente. Con estos condicionantes, empezaremos el análisis. Como en cálculos anteriores, hemos tenido en cuenta sólo los testadores casados, para evitar interferencias demasiado directas con la tasa de nupcialidad, y también, en los casos de múltiples matrimonios, sólo hemos tenido en cuenta el último de ellos. En total, se han registrado 96 testamentos en los que se citen nietos, y sobre ellos se ha elaborado el cuadro 103, que indica la media de nietos citados por testador casado, sobre el total del conjunto de las tres ciudades. Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 0,08 0,08 0,08 1460-69 0,14 0,15 0,15 1470-79 0,09 0,22 0,17 1480-89 0,16 0,75 0,43 1490-99 0,18 0,27 0,23 1500-09 0,11 0,41 0,25 1510-19 0,29 0,37 0,33 1520-29 0,18 0,29 0,23 1530-35 0,09 0,14 0,12 TOTAL 0,15 0,30 0,23 Cuadro 103: Nietos por testador casado Lo primero que llama la atención de estas cifras y del gráfico que las refleja es la profunda diferencia entre los sexos, algo que, por otra parte, viene siendo la tónica en la mayor parte de los cálculos de este trabajo. En el conjunto del período estudiado, las mujeres citan el doble número de nietos que los hombres, algo menos de un nieto cada tres testadoras casadas o viudas. Esta situación, con mayor o menor intensidad, se mantiene en todo momento, registrándose las mayores diferencias en 1480-89, a causa de una fuerte y brusca subida del número de nietos por testadora, y en 1500-09, por la combinación entre una nueva subida de los nietos de las testadoras, aunque más suave que la anterior, y una bajada en los nietos de los testadores. Sin embargo, resulta muy difícil interpretar estos datos por sí mismos, y sólo cobran sentido en relación con la mortalidad que hemos llamado “de hijos citados”. En efecto, al comparar ambos gráficos, se puede comprobar la influencia que la mortalidad ejerce sobre el número de nietos. Así, en los hombres este último dato corre aproximadamente parejo con la mortalidad de hijos citados, sobre todo en el siglo XVI, con la bajada en 1500-09 y la fuerte subida en el decenio siguiente; de igual forma, se detecta una subida en 1480, aunque más débil. Todo ello coincide con lo que se observaba en la mortalidad, especialmente en cuanto al sentido aunque existan divergencias en la intensidad. Por su parte, en las mujeres el comportamiento también se ajusta, en general, a lo que hemos descrito para la mortalidad, con una linea ascendente hasta 1490, para descender a partir de ahí y acercarse a los niveles masculinos desde 1520 en adelante. La diferencia más significativa se produce en 1480-89, cuando el número de nietos sufre una tremenda subida, seguida de un no menos espectacular bajón; recordemos que, en el gráfico de mortalidad, la subida de 1480-89, probable reflejo de la crisis de esos años, era mucho menos pronunciada y, sobre todo, los niveles de mortalidad se mantenían para continuar después su ritmo ascendente. Sin embargo, como veremos enseguida, el dato de este decenio se reproduce en todas y cada una de las ciudades. 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ni et os /te st ad or Testadores Testadoras Total Pero antes de analizar las ciudades de forma individualizada, puede resultar de alguna utilidad observar el comportamiento de los diferentes grupos socioprofesionales, tal como se refleja en los siguientes cuadros. Secundario Terciario Resto 1440-69 0,10 0,15 0,11 1470-99 0,45 0,23 0,23 1530-35 0,28 0,19 0,24 TOTAL 0,31 0,20 0,22 Cuadro 104: Media de nietos por testador según los grupos socioprofesionales Secundario Terciario Resto 1440-69 200 ∞ 36 - 327 - - 328 - Secundario Terciario Resto 1470-99 80 0 37,93 1530-35 133,33 80 30,55 TOTAL 116,67 87,50 30,95 Cuadro 105: Masculinidad de los testadores que citan nietos según los grupos socioprofesionales Estos cuadros, no obstante, deben verse con prevención, debido al escaso número de testadores que reflejan. Pese a ello, podemos observar la evidencia de una fuerte mayoría de testadoras con nietos entre el grupo no cualificado, mientras que en los más acomodados la proporción es mucho más equilibrada. Este hecho, unido al menor número de testadores varones que citan nietos, puede sugerir, de nuevo, la existencia de una doble diferenciación, social y de género, en este aspecto de la demografía urbana andaluza. Veamos de qué forma esta situación global se manifiesta en cada una de las ciudades. Empezaremos, como de costumbre, por Sevilla, donde se han recogido 40 testamentos en los que se citen nietos. Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 0 0,08 0,04 1460-69 0,18 0,11 0,15 1470-79 0 0,37 0,25 1480-89 0,07 0,44 0,21 1490-99 0 0,30 0,22 1500-09 0,22 0,46 0,34 1510-19 0,31 0,12 0,20 1520-29 0,18 0,33 0,25 1530-35 0,25 0,20 0,22 TOTAL 0,15 0,27 0,22 Cuadro 106: Nietos por testador casado en Sevilla Coincidiendo con lo que acabamos de indicar, la presencia de nietos en los testamentos de los sevillanos parece relacionarse directamente más con la evolución de la mortalidad de sus padres que con una posible prolongación de la edad de los testadores. Se reproduce aquí la línea ascendente hasta los primeros años del siglo XVI, para descender después. Sin embargo, hay que resaltar que el cambio de tendencia se produce ahora en el decenio 1500-09, y no en el inmediatamente posterior, por lo que no cabría interpretar ahora influencias directas de la crisis de 1507. De igual manera, no parece que la crisis de los años de 1480 tuviese efectos perceptibles en las citas de nietos, que no obstante aumentan también en el decenio anterior. Así, resulta que la principal característica de la mortalidad sevillana, su sujeción al ritmo de las crisis más o menos catastróficas, no se aprecia en las citas de nietos. Igualmente interesante es el comportamiento de los sexos, casi simétrico por completo, con una fuerte subida en las mujeres a partir de 1470-79, para descender al entrar en el siglo XVI, mientras que los hombres se mantienen en niveles muy bajos durante todo el siglo XV, para subir en la centuria siguiente, terminando en los mismos niveles que las mujeres. La evolución masculina, en este caso, sí coincide con la mortalidad de hijos citados, pero en la femenina se aprecia un cierto desfase. Esto podría llevarnos a apreciar una posible influencia de la edad de las testadoras, de forma que, en los años de 1460 y 1470, que es cuando aumentan las citas de nietos pero no la mortalidad de los hijos, quizá podríamos situar una mortalidad más suave entre las mujeres sevillanas. Parecería, así, que la cadena de crisis iniciada en 1480 habría truncado las posibilidades de mejores condiciones de vida, desde el punto de vista demográfico, para las mujeres sevillanas. Durante el largo período de crisis continuada, las citas de nietos se vincularían con la mortalidad, y, tras esa cadena de episodios de mortalidad extraordinaria, bien entrado en siglo XVI, ya otros factores, singularmente una nueva actitud respecto de la nupcialidad, condicionarían la demografía de las mujeres sevillanas durante muchos años. Un reflejo de esta nueva situación creemos que se aprecia en el bache en las citas de nietos que se produce en el decenio 1510-19, producto del episodio de 1507: en el cálculo de la mortalidad por hijos citados no apreciamos ningún efecto de esta coyuntura, pero, sin embargo, aquí el bache es evidente, lo que podría explicarse por un aumento de la mortalidad puerperal, que, como sabemos, es la principal causa de mortalidad femenina, de forma que las mujeres, al morir como consecuencia de un parto, o al menos al hacer testamento ante esta perspectiva, dejan, en general, de tener nietos. 0 0,05 0,1 0,15 0,2 0,25 0,3 0,35 0,4 0,45 0,5 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ni et os /te st ad or Testadores Testadoras Total A pesar del riesgo de calcular estos datos sobre muestras tan pequeñas, podemos observar el comportamiento de los diversos grupos socioprofesionales sevillanos en relación a las citas de nietos, a través de los siguientes cuadros. Secundario Terciario Resto 1440-69 0 0,12 0,07 - 329 - - 330 - Secundario Terciario Resto 1470-99 0,22 0,08 0,27 1530-35 0,31 0,19 0,28 TOTAL 0,24 0,16 0,24 Cuadro 107: Media de nietos por testador en Sevilla según los grupos socioprofesionales Secundario Terciario Resto 1440-69 ∞ 0 1470-99 0 0 20 1530-35 100 150 30 TOTAL 83,33 166,67 23,53 Cuadro 108: Masculinidad de los testadores que citan nietos en Sevilla, según los grupos socioprofesionales Sólo podemos añadir, a la vista de estos datos, que se confirma la relación entre las citas de nietos y la mortalidad, tanto por la mayor media de nietos citados entre la población no caracterizada socioprofesionalmente –aunque aquí el sector secundario muestra unas cifras muy similares– como por la elevada feminización de los testadores que los citan en este grupo de población, en relación con los datos más equilibrados, o incluso tendentes a la masculinización, en los sectores secundario y terciario. En Córdoba se han contabilizado 30 testadores que citen nietos, de forma que la media de nietos por testador es la que se ofrece a continuación: Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 1 1 1460-69 0,14 0,19 0,16 1470-79 0,12 0,13 0,12 1480-89 0,25 0,68 0,46 1490-99 0,16 0,26 0,22 1500-09 0,09 0,32 0,19 1510-19 0,26 0,17 0,23 1520-29 0,09 0,15 0,11 1530-35 0,06 0 0,03 TOTAL 0,15 0,24 0,20 Cuadro 109: Nietos por testador casado en Córdoba A primera vista puede comprobarse que las cifras cordobesas globales coinciden en gran medida con las sevillanas, aunque aquí las diferencias según el sexo del testador están algo atemperadas. También al observar la evolución se aprecia que estas diferencias se deben al comportamiento durante los últimos veinte años del siglo XV, la etapa clave en la evolución demográfica urbana andaluza. Sin embargo, aunque no sean en realidad tan acusadas como parecería a primera vista, las distancias entre las lineas evolutivas de ambas ciudades no son menos evidentes. En efecto, la media de nietos por testador en el conjunto de ambos sexos desciende continuamente durante todo el período, con la única excepción del dato de 1480. Esta evolución, muy diferente a la que había obtenido por el sistema de los hijos citados, recuerda con fuerza la de la nupcialidad. No debemos olvidar que, si bien la nupcialidad de los testadores ha sido obviada en estos cálculos, no lo ha sido la de los hijos de los testadores, que también, como comprobamos en el capítulo V, presentan esta linea descendente. Por lo tanto, parece claro que es la nupcialidad la causa principal de esta evolución en cuanto al número de nietos. 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ni et os /te st ad or Testadores Testadoras Total En cuanto al “pico” de 1480-89, puede ser efecto de la crisis de esos años, que, como vimos, sí afectó a Córdoba; su influencia se puede observar incluso por encima de la de la nupcialidad. Podría objetarse que la crisis de 1507, tan fuerte como la de 1480, no presenta, sin embargo, efectos visibles en estos datos. Pero no debemos olvidar que, a tenor de lo que hemos indicado en los parágrafos anteriores, parece que en Córdoba el auténtico regulador ecológico de la ciudad no es la mortalidad catastrófica, como ocurre en Sevilla, sino una nupcialidad cada vez menor, llegando en el siglo XVI a niveles ínfimos. De esta forma, en 1507 es probable que la mortalidad de los cordobeses fuese tan elevada como sugieren los testimonios, pero la mayor parte de los hijos de testadores mueren sin casar, en la linea de los años anteriores y posteriores, y su nupcialidad es ya tan baja que impide apreciar en estos datos los efectos de la crisis. Esta situación no se da treinta años antes, cuando todavía la nupcialidad se mantiene en niveles relativamente altos; en este momento, la huella de la crisis en el número de nietos citados sí aparece clara. Esta impresión se refuerza al observar el comportamiento de ambos sexos. A partir de 1480, al igual que en Sevilla, las citas de nietos son mucho más frecuentes en las mujeres, para descender luego de forma continua, sin que se aprecien efectos de la crisis de 1507. Sin embargo, entre los hombres, con una media de nietos citados más estable, sí que se puede observar un leve aumento de esta cifra, similar al de - 331 - - 332 - 1480-89, y atribuible a la crisis. De nuevo, aquí son aplicables igualmente las consideraciones que hicimos para la capital hispalense respecto a la influencia de la mortalidad relacionada con el parto. Veamos lo que pueden aportar los datos relativos a los diferentes grupos socioprofesionales. Secundario Terciario Resto 1440-69 0,19 0,25 0,17 1470-99 0,49 0,35 0,15 1530-35 0,23 0,19 0,09 TOTAL 0,34 0,25 0,13 Cuadro 110: Nietos por testador en Córdoba según el grupo socioprofesional Secundario Terciario Resto 1440-69 200 ∞ 33,33 1470-99 50 0 300 1530-35 ∞ 50 33,33 TOTAL 140 50 71,43 Cuadro 111: Masculinidad de los testadores con nietos en Córdoba según el grupo socioprofesional Estos datos confirman que el comportamiento diferenciado del sector secundario respecto a los demás, que aquí se expresa no sólo en un relativamente elevado número de nietos por testador casado, sino sobre todo en la elevada masculinidad de estos testadores, es una de las características más importantes de la población cordobesa en este período. Pero es necesario llamar la atención ahora sobre el cuadro 100, en el que se puede observar con claridad que en el período 1470-1499 el número medio de nietos por testador aumenta considerablemente en los sectores más acomodados, sobre todo en el secundario, mientras que en el resto se mantiene levemente descendente. La coincidencia en el tiempo de este comportamiento con la diferenciación sexual que hemos establecido más arriba permite reforzar la idea del parto como principal factor de mortalidad femenina, puesto que, como sabemos, la nupcialidad femenina en los sectores terciario y, sobre todo, secundario, es muy alta durante todo el siglo XV. Por último, los datos relativos a Jaén, donde se han recogido 26 testamentos con citas de nietos, se expresan en el siguiente cuadro. Testadores Testadoras Total 1440-49 - 333 - Testadores Testadoras Total 1450-59 1460-69 0 0 0 1470-79 1 1 1480-89 0 1,75 1,17 1490-99 0,30 0,08 0,27 1500-09 0 0,45 0,20 1510-19 0,29 0,71 0,61 1520-29 0,33 0,29 0,30 1530-35 0 0,22 0,12 TOTAL 0,15 0,45 0,31 Cuadro 112: Nietos por testador casado en Jaén No hay que apresurarse a sacar conclusiones de estos cuadros, puesto que de los 26 testadores que citan nietos, 19 corresponden al siglo XVI. No obstante, aún así podemos rastrear aquí el efecto sobre el número de nietos de las crisis de mortalidad, e incluso observar una tendencia general al descenso del número de nietos citados. Sin embargo, lo más llamativo es, sin duda, la gran diferencia entre los sexos: el número medio de nietos por mujer testadora casada triplica al de los testadores varones, que en todo caso resulta siempre muy bajo en comparación con las otras dos ciudades. Se trata de una circunstancia que ya aparecía al estudiar la mortalidad por el sistema de las citas de hijos muertos, y ahora se pueden aplicar aquí prácticamente las mismas consideraciones. Secundario Terciario 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1,6 1,8 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ni et os /te st ad or Testadores Testadoras Total Resto 1440-69 0 0 1470-99 2 0 0,36 1530-35 0,27 0,20 0,31 - 334 - Secundario Terciario Resto TOTAL 0,50 0,17 0,31 Cuadro 113: Nietos por testador en Jaén según el grupo socioprofesional Secundario Terciario Resto 1440-69 1470-99 ∞ 66,67 1530-35 0 ∞ 13,33 TOTAL 200 ∞ 22,22 Cuadro 114: Masculinidad de los testadores con nietos en Jaén según el grupo socioprofesional Los cuadros anteriores no resultan tampoco demasiado reveladores. La razón de ello estriba, fundamentalmente, no sólo en la escasez de la muestra, apenas la mitad que la sevillana, sino también en su distribución: de los 26 testadores que citan nietos, 22 corresponden al sector sin cualificación, y de ellos 17 se concentran en el siglo XVI. Naturalmente, esto hace que la única cifra relativamente fiable sea la correspondiente a esa época y grupo social, de forma que no es posible deducir ninguna otra consideración. 3.4.- Las citas de los padres muertos El cuarto y último sistema que vamos a utilizar para acercarnos a la mortalidad urbana andaluza en este período está basado en las citas de los padres muertos. Como indicamos en el capítulo IV, es muy corriente en los testamentos andaluces de esta época citar a los padres, fundamentalmente como forma de identificación. Estas citas se producen también aunque uno o ambos padres hayan muerto. La utilidad de esta costumbre para nuestros propósitos resulta evidente. Sin embargo, también deben quedar claros los inconvenientes de utilizar estas citas de los padres muertos. En primer lugar, al igual que ocurría con las citas de nietos, los datos que obtengamos son ambivalentes, y pueden reflejar tanto un aumento en la mortalidad de los padres citados como un alargamiento de la vida de los hijos que citan. En todo caso, lo que sí indica es, de alguna forma, la velocidad de sustitución de las generaciones, más rápida cuanto mayor sea la proporción de testadores que citen a sus padres muertos. Por otro lado, hay que tener en cuenta que estos datos estarán menos influidos por los episodios de mortalidad catastrófica, puesto que no sabemos cuándo murieron los padres que son citados. Pero existe un tercer inconveniente que no encontrábamos en los demás sistemas de acercamiento a la mortalidad que hemos ensayado. Se trata de que sólo en Córdoba y Jaén parece que los testadores citen siempre a sus padres, tanto vivos como muertos, mientras que en Sevilla, por razones que ignoramos, parece que la costumbre se impondrá sólo parcial y tardíamente, como comprobaremos con la simple visión de los cuadros. Este hecho, además, nos pone en guardia sobre la influencia que las costumbres del momento o del lugar pudieran tener sobre las citas de los difuntos. Se trata, en todo caso, de una muy notable influencia sobre los resultados totales, hasta el punto que, para acercarnos a ellos con mayor fiabilidad, hemos optado por no - 335 - utilizar los datos de Sevilla en los cómputos totales de los cuadros 115 y 166 ni en el gráfico 84, aunque sí se realizará un cuadro específico para la capital hispalense. De todas formas, los datos que utilizaremos aquí sí que pueden considerarse como unas cifras mínimas seguras relativas a la velocidad de sustitución generacional en las ciudades andaluzas bajomedievales. Así, teniendo en cuenta estos condicionantes, el cuadro 115 indica el porcentaje de testadores que citan a sus padres muertos, en el conjunto de Córdoba y Jaén, distinguiendo si alude al fallecimiento de uno o de los dos progenitores. 1 padre muerto 2 padres muertos Total 1440-49 1450-59 1460-69 29,69 6,25 35,94 1470-79 26 6 32 1480-89 25,93 11,11 37,04 1490-99 19,81 46,23 66,04 1500-09 21,57 56,86 78,43 1510-19 22,08 72,73 94,80 1520-29 18,89 61,11 80 1530-35 12,94 75,29 88,23 TOTAL 21,34 46,97 68,31 Cuadro 115: Porcentaje de citas de padres muertos en Córdoba y Jaén Lo primero que cabe destacar es la baja proporción de testadores que citan a sus padres muertos. Según estos datos, casi un tercio de los habitantes adultos de las ciudades andaluzas en esta época muere antes que ninguno de sus dos progenitores, y casi el 55 % no llega a enterrar a sus dos padres. Teniendo en cuenta que, evidentemente, habría que añadir la mortalidad infantil –entendiendo por tal la de las personas que mueren antes de tener edad de hacer testamento–, la proporción de hijos muertos antes que sus padres puede elevarse a niveles altísimos. Ya al tratar del número de hijos por testador tuvimos ocasión de hacer algunas alusiones al respecto, que deben matizarse ahora. Entonces hicimos referencia a la posibilidad de unos intervalos entre partos más largos de lo que se venía suponiendo, de forma que no sólo la muerte de los hijos influiría en el escaso número de éstos que sobreviven a sus padres. Ahora llega el momento de contrarrestar esas conclusiones afirmando la importancia de la mortalidad que podemos llamar “juvenil”, de forma que al menos habría que añadir un tercio al número de los hijos supervivientes para obtener el de los que superaron a la edad de testar, de forma que obtendríamos unos tres hijos por testador que llegan a superar la adolescencia. Recordemos que habíamos aventurado una capacidad reproductora de alrededor de diez hijos por mujer; asumiendo una fecundidad relativamente baja, y adoptando las cifras que en algunas localidades europeas se han calculado para la mortalidad infantil, podríamos - 336 - pensar en un mínimo de alrededor de seis o siete partos por mujer durante toda su vida reproductiva, lo mismo que resultaba al realizar los cálculos oportunos en el capítulo VI. Pero, volviendo a la mortalidad, estas cifras hacen evidente que estamos ante una sociedad donde se muere muy joven. Esto explica, por otro lado, la elevada proporción de hijos que quedan solteros a la muerte de sus padres, aspecto que se ha resaltado en el capítulo VI. En efecto, si aceptamos una edad de acceso al matrimonio de unos 20 años para las mujeres, y éstas tendrán de media al menos siete hijos, con un intervalo intergenésico de entre 24 y 36 meses, el resultado es una muerte hacia los 35-41 años –cifra que coincide con la que habíamos calculado más arriba, al presentar los diversos sistemas de acercamiento a la mortalidad–, es decir, bastante anterior a la menopausia, y presumiblemente muy cercana al último de los partos, cuando no provocada por éste. De nuevo, encontramos la mortalidad relacionada con los partos como una de las causas principales de muerte entre las mujeres. Hay que reconocer, no obstante, que las cifras que acabamos de ofrecer no distinguen entre el padre y la madre a la hora de aludir a la muerte de uno de los dos. La razón es que no parece que esta distinción, que, naturalmente, sí se hace en el testamento, sea significativa desde el punto de vista demográfico, puesto que, en la gran mayoría de los casos en que se cita sólo un progenitor muerto, éste es el padre: de un total de 145 testadores en esta situación, sólo 28 citan a la madre. Parece, pues, que esta preferencia puede estar influida por factores culturales, aunque, al analizar las diferentes ciudades observaremos importantes diferencias de comportamiento entre ellas que condicionan esta circunstancia. Sin embargo, tenemos ya algunas pistas sólidas que permiten sostener que las mujeres andaluzas urbanas mueren sensiblemente antes que los varones. Así se ha comprobado en las diferentes aproximaciones a la mortalidad que hemos efectuado en este capítulo, pero también cabe recordar que, apoyándonos en los análisis sobre la viudez y las segundas nupcias, habíamos apuntado que la duración de la vida matrimonial total en los hombres es superior a la de las mujeres; además, parece claro que el acceso al matrimonio en éstos es también más tardío, con lo que, obviamente, su edad de muerte también es superior, quizá rondando los 50 años, cifra similar a la aventurada para Úbeda (PAREJO DELGADO, 1991 b, 321). Se ha calculado, además, que entre las familias nobles sevillanas esta edad es la de entrada en vejez, aunque su esperanza de vida, eliminada la mortalidad infantil, podría superar los 55 años (SÁNCHEZ SAUS, 1989, 71-72). Probablemente en las capas inferiores de la sociedad la esperanza de vida fuese menor: recordemos al sacristán sevillano que, en 1462, se considera “puesto en vejez” por haber superado los 66 años (AHPSE, Prot., 17413, p. 1, 23v-26r). 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % 1 padre muerto 2 padres muertos Total El gráfico 84 refleja la evolución del porcentaje de testadores que citan a sus padres muertos. Sin duda, el primer aspecto que destaca es el ascenso continuo de la proporción total. A este respecto, quizá resulte algo precipitado extraer de ella la conclusión de una mortalidad en permanente y rápido descenso a lo largo de todo el período estudiado, puesto que los otros sistemas de acercamiento a la mortalidad que hemos utilizado no apoyan esta idea. Quizá la respuesta a este comportamiento esté en parte relacionada con la segunda de las circunstancias destacables, a saber, la profunda diferencia en la evolución de la cita de un sólo padre y de los dos. En el primer caso, la estabilidad parece ser la nota predominante, incluso con tendencia a la baja, pero es la cita de ambos padres la que marca la pauta ascendente global. Hay que tener en cuenta que, contrariamente a lo que cabría esperar, abundan mucho más las citas de los dos padres muertos que las de uno sólo, pero también puede observarse que este hecho se da sólo a partir del decenio 1490-99, a raíz de un espectacular ascenso de la proporción de testadores que citan a sus dos progenitores difuntos. Precisamente el hecho de que este ascenso no se corresponda con las citas de uno sólo los padres muertos nos previene contra las interpretaciones simplistas, puesto que, en buena lógica, si estos datos significan un aumento de la esperanza de vida de los testadores, que cada vez consiguen morir después que sus padres en mayor medida, deberían reflejarse en ambos indicadores. Resulta procedente volver a traer aquí el dato que hemos expuesto más arriba relativo a cuál de los dos progenitores se cita con más frecuencia cuando sólo se cita uno de ellos. Recordemos que muy mayoritariamente se trata del padre, por encima de la madre. Entonces, podríamos sospechar que, detrás de esta divergencia de los datos se esconde una diferencia de comportamiento en relación con el sexo, o, dicho de otra forma, un aumento de la mortalidad femenina, pero no de la masculina, algo a lo que hemos aludido en varias ocasiones a lo largo de este trabajo; podemos también recurrir, de nuevo, a la relación que estamos entreviendo entre nupcialidad y mortalidad femenina, a través de los partos, puesto que la nupcialidad femenina también asciende claramente. De esta forma, puede que no sea casual que este cambio se produzca precisamente en los últimos años del siglo XV, los “años del cambio” en la demografía urbana andaluza, según todos los indicios. Sin embargo, ya hemos sugerido que uno de los principales condicionantes de estas cifras es la falta de datos en Sevilla, y las diferencias en el comportamiento entre las tres ciudades, por lo que debemos esperar a observar estos comportamientos - 337 - - 338 - No obstante, aún puede que encontremos alguna pista más en el análisis por grupos socioprofesionales, a partir de los cálculos que se reflejan en el cuadro 116. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 padre 2 padres 1 padre 2 padres 1 padre 2 padres 1440-69 38,89 0 42,86 0 21,43 9,52 1470-99 26,32 15,79 14,29 10,71 17,19 25,52 1500-35 23,68 57,89 28,81 40,68 15,89 71,32 TOTAL 27,66 29,79 25 28,12 16,87 48,17 Cuadro 116: Porcentaje de citas de padres muertos en Córdoba y Jaén, por grupos socioprofesionales En efecto, puede apreciarse aquí con facilidad las diferencias de comportamiento entre los sectores secundario y terciario, por una parte, y el resto de la población por otro. Mientras que los primeros grupos presentan unos porcentajes totales de testadores que citan al menos uno de sus padres muertos cercanos al 55 %, en el resto de la población esa proporción se eleva hasta más del 65 %. Pero, atendiendo sólo a los testadores que citan a sus dos padres muertos, las diferencias se duplican, puesto que menos del 30 % de los grupos más acomodados sobrevive a sus dos padres, y casi el 50 % del resto se encuentra en la misma situación. Puede que en esta sorprendente situación influya la costumbre o la necesidad entre las personas con mayor disponibilidad económica de hacer testamento antes de la hora de la muerte, pero, en todo caso, su interpretación no parece sencilla. Por eso, parece oportuno iniciar el estudio de cada una de las ciudades. Como hemos indicado, en Sevilla las citas de padres muertos son realmente escasas, y por eso no se han tenido en cuanto en los cálculos generales. De los 405 testadores registrados en esta ciudad, sólo 18 incorporan esta cita, y además casi todos hacen testamento en el siglo XVI, como se observa en el cuadro 117. No obstante, estos son los resultados de los cálculos efectuados. 1 padre 2 padres Total 1440-49 0 0 0 1450-59 0 0 0 1460-69 0 0 0 1470-79 0 0 0 1480-89 0 0 0 1490-99 0 2,33 2,33 1500-09 10,61 1,51 12,12 - 339 - 1 padre 2 padres Total 1510-19 4,17 8,33 12,5 1520-29 3,33 1,67 5 1530-35 0 0 0 TOTAL 2,71 1,97 3,95 Cuadro 117: Proporción de citas de padres muertos en Sevilla Resulta evidente que estos datos deben estar condicionados por factores extrademográficos, que a nosotros se nos escapan. No obstante, quizá uno de ellos sea la obligatoriedad de copiar el testamento completo en el protocolo, que, como sabemos, no existe más que a partir de 1503. Antes de esa fecha hemos encontrado un total de cinco testamentos en que se cite a los padres muertos; de ellos, cuatro están fechados en 1501, y se cita siempre sólo a uno de los padres. El único caso situado todavía en el siglo XV, que además es el único que cita a ambos padres, corresponde a un vecino de Fuerteventura, llamado Juan Guanzanozo, al que ya conocemos, que está en Sevilla de paso para Indias y declara estar enfermo de bubas (AHPSE, Prot., 1497, p. 1, 548v-549v; 22 de noviembre de 1497); por cierto, que declara además que sus padres son naturales de Gran Canaria, probablemente guanches. Parece, pues, que si bien antes de la pragmática de 1503 ya aparecen algunas citas de padres muertos, desde luego antes de 1500 no era nada habitual esta evocación en los testadores sevillanos. Sea como fuere, tampoco pasado el cambio de siglo abundan estas citas: 17 sobre un total de 206 testamentos, es decir, apenas el 8,25 %, y además teniendo en cuenta su concentración clarísima en los primeros veinte años del siglo. Asimismo, se puede comprobar que en esta ciudad la proporción de testadores que citan un sólo progenitor muerto supera a la de los que citan a los dos, al contrario que sucederá en Córdoba y Jaén. No obstante, ante estas cifras parece que los máximos niveles de mortalidad en Sevilla se situarían a principios del siglo XVI, hasta pasar la crisis de 1507, lo que coincide con lo que hasta ahora hemos podido averiguar. En todo caso, no podemos obtener más conclusiones de estas cifras. Veamos, por tanto, los datos correspondientes a Córdoba. 1 padre 2 padres Total 1440-49 1450-59 1460-69 32,07 3,77 35,85 1470-79 26,53 6,12 32,65 1480-89 29,54 6,82 36,36 1490-99 27,14 31,43 58,57 1500-09 21,57 37,25 58,82 1510-19 31,58 60,53 92,10 1520-29 26,67 46,67 73,33 - 340 - 1 padre 2 padres Total 1530-35 17,78 68,89 86,67 TOTAL 28,97 31,23 60,20 Cuadro 118: Porcentajes de citas de padres muertos en Córdoba La principal particularidad del cuadro 118 es que las cifras correspondientes a un padre muerto y a los dos son prácticamente iguales, alrededor del 30 % en cada caso. Pero debemos retener también el hecho de que un 40 % del total de testadores muere, o al menos hace testamento, antes que ninguno de sus padres, y casi el 60 % muere antes del fallecimiento de los dos progenitores. Recordemos que habíamos observado algunos indicios de la falta de episodios de mortalidad catastrófica en Córdoba entre 1484 y 1507, lo que permitiría una esperanza de vida superior a la sevillana. Estos datos refuerzan aquella idea. Sin embargo, su evolución cronológica nos aportará nuevas pistas al respecto. 0 20 40 60 80 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % 1 padre 2 padres Total El gráfico 85, evidentemente, resulta muy similar al gráfico 84, que reflejaba los datos globales, y, por lo tanto, cabría extraer de él impresiones parecidas. Además, la preponderancia de las citas al padre y no a la madre en los testadores que citan un sólo progenitor muerto es todavía más importante: de los 105 testadores en esa circunstancia, 95 citan al padre y sólo 10 a la madre. Repitiendo lo que más arriba se ha dicho, esto permite suponer que las diferencias entre los datos relativos a uno o ambos padres muertos se deben, fundamentalmente, a la mortalidad de las madres de los testadores. Cabe recordar, asimismo, que, como hemos comprobado, la característica principal de la nupcialidad cordobesa en general, y de la femenina en particular, es su continuo descenso y el retraso de la edad de acceso al matrimonio, lo que encaja perfectamente con el aumento de testadores que sobreviven a sus dos padres, asumiendo siempre una relación entre mortalidad femenina y nupcialidad basada en la influencia determinante de la mortalidad perinatal. Esto nos obliga a aceptar una elevación real de la esperanza de vida de los testadores cordobeses. Esta teoría parte de la apreciación de que Córdoba pudo librarse, en gran medida, del encadenamiento de crisis demográficas sucesivas que existió en Sevilla desde 1480 hasta 1507 y que actuaron como la principal forma de regulación demográfica durante la etapa clave de su evolución poblacional, mientras que en Córdoba esta regulación parece que se realizó a - 341 - través del retraso y descenso de la nupcialidad tanto femenina como masculina. Los datos sobre la mortalidad que acabamos de recoger refuerzan esta idea, mostrando, a nuestro entender, entre los cordobeses una disminución real de la mortalidad a partir de 1490 –aunque las tendencias ya estaban apuntadas en los decenios anteriores– que, por un lado permitió sobrevivir más tiempo a muchas mujeres, y por otro obligó a continuar disminuyendo sus matrimonios, y también el número de sus hijos, para mantener el equilibrio ecológico de la ciudad frente al probable aporte inmigratorio procedente de los campos vecinos. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 padre 2 padres 1 padre 2 padres 1 padre 2 padres 1440-69 43,75 0 42,86 0 21,21 6,06 1470-99 27,78 11,11 16,67 8,33 20,53 14,57 1500-35 22,22 55,55 29,79 36,17 21,90 59,05 TOTAL 29,11 24,05 26,25 23,75 21,11 29,76 Cuadro 119: Porcentaje de citas de padres muertos en Córdoba, por grupos socioprofesionales El cuadro 119 confirma que esta disminución de la mortalidad, reflejada en el aumento de las citas a ambos padres muertos, se produce en todos los grupos sociales al iniciarse el siglo XVI. Sin embargo, puede observarse también que el cambio de ritmo en esta disminución de la mortalidad es mucho menos acusado en el sector terciario que en los otros dos, de forma que en aquel la distancia entre el porcentaje de 1470-99 y el de 1530-35 es de menos de 28 puntos, mientras que en los otros dos esta distancia supera los 44 puntos; paralelamente, los mismos datos suponen que tanto el sector terciario como el “resto” triplican el porcentaje de testadores que citan a sus dos padres muertos, pero el sector secundario multiplica por cuatro su porcentaje. Todo esto significa que es el sector secundario el que “cambia” el ritmo de la evolución de sus porcentajes de forma más drástica en el paso entre el siglo XV y el XVI. Por último, podemos analizar los datos que nos ofrece la ciudad de Jaén, empezando por el cuadro 120 1 padre 2 padres Total 1440-49 1450-59 1460-69 18,18 18,18 36,36 1470-79 0 0 0 1480-89 10 30 40 1490-99 5,55 75 80,55 1500-09 21,57 76,47 98,04 - 342 - 1 padre 2 padres Total 1510-19 12,82 84,61 97,44 1520-29 11,11 75,55 86,67 1530-35 7,50 82,5 90 TOTAL 12,45 73,39 85,84 Cuadro 110: Porcentaje de citas de padres muertos en Jaén Como puede verse, el porcentaje total de citas de padres muertos es todavía mayor aquí que en Córdoba: menos del 15 % de los giennenses muere antes que ninguno de sus dos padres, y casi tres cuartas partes de la población consigue sobrevivirlos. Esto nos sitúa ante una velocidad de sustitución de las generaciones más rápida, lo que puede implicar una mayor esperanza de vida de los testadores o bien una muerte muy temprana para sus padres. En todo caso, interesa ahora destacar que, si en Córdoba la proporción total de testadores que citan a uno de los padres muertos es muy similar a la de los que citan a los dos, aquí éstos últimos superan claramente a aquellos, llegando a triplicar su proporción. Sin embargo, no es posible relacionar directamente las citas de los dos progenitores con la mortalidad femenina, ni las de uno sólo con la masculina. En efecto, se han registrado treinta testadores que citan a uno sólo de sus progenitores, de los que 16 citan al padre y 14 a la madre. De esta forma, en Jaén estos datos no son utilizables para establecer diferencias de género en cuanto a la mortalidad, y nos veremos obligados a aceptarlos, en conjunto, como expresión de la mortalidad global. El gráfico 86, en apariencia, responde en gran medida al mismo modelo que habíamos observado en Córdoba en cuanto que se registra una fuerte subida de las citas de ambos progenitores a partir de 1490-99. Sin embargo, acabamos de comprobar que este comportamiento no puede interpretarse, como allí, como reflejo de una diferencia de género en cuanto a la mortalidad, sino como plasmación de la mortalidad global. Pero esto complica el análisis, por cuanto no parece lógico que aumenten de forma tan brusca y evidente las citas de ambos progenitores y no las de uno solo. La respuesta, no obstante, está en la observación más detallada de las fuentes. Como hemos reiterado a lo largo de este trabajo, en Jaén sólo a partir de 1490-99 pueden encontrarse muestras testamentarias suficientemente fiables como 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % 1 padre 2 padres Total - 343 - para que podamos utilizarlas sin especiales precauciones, y en este caso la influencia de la escasez de la muestra resulta palmaria: de un total de 200 testadores que citan a uno o ambos padres muertos, sólo ocho se sitúan antes de 1490. Así pues, si hacemos abstracción de los datos anteriores a ese decenio, el gráfico resultante nos indica una mortalidad muy estabilizada, y una muy amplia proporción de giennenses que sobreviven a sus dos padres. Esta situación se aviene bastante bien con el panorama que venimos dibujando de la demografía de esta ciudad a partir de los últimos años del siglo XV, caracterizada por la estabilidad en el escenario de una población escasa, con poca influencia migratoria, al menos hasta después de 1510. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 padre 2 padres 1 padre 2 padres 1 padre 2 padres 1440-69 0 0 22,22 22,22 1470-99 0 100 0 25 4,88 65,85 1500-35 27,27 63,64 25 58,33 11,76 79,74 TOTAL 20 60 18,75 50 10,84 74,38 Cuadro 121: Porcentaje de citas de padres muertos en Jaén, por grupos socioprofesionales El cuadro 121 revela las diferencias socioprofesionales en cuanto a la mortalidad. Ateniéndonos sólo a los datos del siglo XVI, que, como acabamos de ver, son los únicos realmente utilizables, lo más destacado es la comprobación de que, en los grupos más acomodados, la proporción de testadores que citan un sólo progenitor muerto es muy superior a la del resto de la población. Además, la diferencia entre esta cifra y la de los testadores que citan a sus dos padres muertos es claramente mayor entre el “resto” que en los dos grupos más acomodados. Este hecho sólo puede interpretarse como resultado de una mayor mortalidad entre las capas más bajas de la población, puesto que en los grupos secundario y terciario la proporción de testadores que citan sólo uno de sus progenitores es superior, lo que implica una mayor esperanza de vida para estos padres que en el resto de la población. 4.- Recapitulación Hemos utilizado, pues, cuatro sistemas distintos para acercanos al nivel de mortalidad de las ciudades andaluzas, tanto individualmente como en su conjunto. Sin embargo, las mismas diferencias entre los sistemas han hecho que, en cada caso, las interpretaciones hayan debido efectuarse de forma muy distinta, lo que puede suponer una cierta falta de claridad. Por otro lado, hemos insistido en que cada una de estas interpretaciones no es suficientemente válida por sí misma, y que sólo podremos elevar a definitivas las conclusiones que se deriven del estudio conjunto de los cuatro sistemas. No obstante, no podemos caer en la simplificación de considerar todos estos sistemas igualmente válidos. La crítica que hemos realizado al tratar de cada uno de ellos nos hace mención de las precauciones que debemos tomar a la hora de - 344 - estudiar los datos que nos ofrecen, y quizá ahora sea oportuno resumir estas limitaciones de forma conjunta. Los dos últimos sistemas, es decir, el de las citas de nietos y las citas de padres muertos adolecen del defecto de la ambivalencia. En efecto, la mayor o menor presencia de unos y otros en los testamentos puede significar tanto subida como bajada de los niveles de mortalidad, lo que obliga a interpretarlos en relación con otros factores o con otros sistemas de acercamiento a la mortalidad y, por tanto, de forma heterogénea. El último de estos sistemas, además, presenta la falta de datos útiles en Sevilla, lo que significa una importante hipoteca para los resultados globales y, además, introduce un nuevo factor de distorsión como es el cultural, ya que si en Sevilla no se citan a los padres muertos, presumiblemente por razones extrademográficas, nada nos impide pensar que en Córdoba y Jaén los datos estén también aminorados por razones extrademográficas, si bien los elevados porcentajes de padres muertos citados en estas ciudades hacen poco probable en ellas la existencia de esta distorsión. En cuanto a las citas de nietos, además de estar determinadas, en conjunto, por la mortalidad de sus padres, incluyen también un cierto componente personal, imposible de medir, en cuanto a citas de nietos cuyos padres no han muerto. Pero ambos sistemas presentan en su haber la gran ventaja de ser cifras mínimas indiscutibles. Si en un testamento se cita un nieto o a los padres muertos, es porque ambas circunstancias son reales; puede que existan más padres muertos o nietos que los citados, pero nunca menos. El primero de los sistemas utilizados, el de la “tasa directa” de mortalidad, es, con diferencia, el de elaboración más compleja. Por un lado, ha exigido el cálculo de la población adulta teórica de las ciudades, y sólo en los decenios en que se contaba con una fuente directa de la que extraer el vecindario. Por otro, se ha debido calcular el número de testamentos redactados como media en esos decenios. Naturalmente, esto supone asumir, uno tras otro, los márgenes de error no sólo de las fuentes básicas, sino también de nuestros cálculos relativos a la nupcialidad y la viudedad que sirvieron para corregir las cifras de los vecindarios. Pero, sobre todo, supone asumir que toda la población, o al menos la que consta en las fuentes directas, hace testamento al morir, y que los que se han conservado corresponden, proporcionalmente, al total de testamentos realmente otorgados en cada ciudad y año utilizados. Finalmente, realizar una extrapolación de los datos de un año a todo el decenio supone ignorar las posibles variables coyunturales que, como hemos podido comprobar, pueden ser de cierta importancia. No obstante, se trata del único sistema que nos acerca a una tasa de mortalidad real. Por último, el sistema de las citas de hijos muertos creemos que es el más fiable. Obviamente, se trata de un sistema muy vinculado con el de las citas de nietos, puesto que las citas de los hijos muertos sólo deben hacerse cuando esto tiene alguna influencia en el reparto de la herencia. Sin embargo, hemos podido comprobar que también es relativamente frecuente que se citen hijos muertos que no llegaron a casarse, presumiblemente por motivos sentimentales, de forma que parece probable que escapen a estas citas, en general, sólo los hijos muertos mucho tiempo atrás o bien muertos muy jóvenes. Sería, pues, una cifra “mínima pero menos” y que, en todo caso, respondería bastante bien a las variaciones reales de la mortalidad. A pesar de estas precauciones, parece que puede resultar interesante comparar gráficamente los cuatro sistemas, para tratar de extraer alguna conclusión global. Para ello, realizaremos un gráfico para cada ciudad a partir de la reducción de los datos de todos los sistemas a un índice comparable, en el que el valor 100 corresponda al valor medio de todos los decenios en cada sistema. Además, se elaborará la media aritmética de los cuatro índices para obtener una línea de referencia global. Empezaremos por la ciudad de Sevilla. Lo primero que cabe resaltar en el gráfico 87 es la existencia de una elevada crisis de mortalidad en los primeros dos decenios del siglo XVI. Esta crisis se aprecia con más singularidad en las citas de hijos y de padres muertos, aunque también se observa, más suavizada, en las de los nietos. Por su parte, esta crisis no se refleja en la tasa directa de mortalidad, pero esto se explica porque no existen datos entre los decenios 1490-99 y 1530- 35; sin embargo, los valores de la tasa directa concuerdan con el resto cuando es posible la comparación. Hay que reseñar que no se aprecian efectos especiales de las demás crisis descritas por las fuentes indirectas, singularmente la de 1480, salvo en las citas de hijos muertos. No obstante, hay que tener en cuenta que las citas de los padres sólo se inician a partir de 1490, y sólo resultan de cierta utilidad, aun muy limitada, para testimoniar la importancia de la crisis de 1507. Respecto de las citas de nietos, parecen estar influidas en relación inversa por las crisis, de forma que, si en situación “normal” un mayor número de nietos implica un mayor número de hijos muertos, en estos momentos, la mortalidad de los testadores es tan fuerte que influye disminuyendo el número de nietos. 0 50 100 150 200 250 300 350 400 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ín di ce Directa Hijos Nietos Padres Media A pesar de todo ello, creemos que la linea media que se ofrece es suficientemente expresiva del resultado global a que se puede llegar observando la mortalidad sevillana a través de estos cuatro sistemas. Parece, así, que se caracteriza por un continuo y suave ascenso, más acusado a partir del decenio de 1480, debido a la acción de una cadena de episodios críticos, que culminará en 1507. Recordemos que será precisamente a partir de 1480 que se detecten movimientos inmigratorios importantes desde el campo, y que se inicie el “despegue” del vecindario de la ciudad. De esta forma, la mortalidad extraordinaria vendría a actuar como regulador entre población y recursos, y, de hecho, la crisis de 1507 ha sido descrita como una típica crisis de subsistencias motivada por el exceso de población en Sevilla (VICENTE GÓMEZ, 1984, 130-135). Esta famosa crisis supuso, pues, la culminación de un - 345 - continuo ascenso de la mortalidad, pero tras ella ésta cayó con bastante rapidez, situándose al final del período estudiado a los mismos niveles que antes de 1480, lo que favorecería el crecimiento demográfico de la ciudad. En Córdoba hemos venido apuntando indicios que señalaban en la dirección de una escasa influencia de las crisis coyunturales en la marcha de la mortalidad, que habría cedido su función reguladora en favor de una nupcialidad en permanente descenso, tal como se había estudiado en el capítulo V. En realidad, es cierto que las citas de hijos muertos señalaban dos períodos de crisis en 1480-89 y 1510-19, coincidentes con los dos episodios de mortalidad extraordinaria más importantes y que ya conocemos. Ahora, la linea media que hemos trazado también marca claramente la existencia de mortalidades extraordinarias en estos momentos. 0 50 100 150 200 250 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ín di ce Directa Hijos Nietos Padres Media Sin embargo, también es cierto que la influencia de estos episodios en la evolución general de la mortalidad cordobesa no tiene el mismo sentido que en Sevilla. Si allí se puede considerar que los episodios de epidemia, hambruna, etc. son los grandes protagonistas de la evolución de la mortalidad, al enmarcar un crecimiento continuado de ésta y convertirse en los principales reguladores de la población, en la ciudad cordobesa, a pesar de detectarse su existencia, no influyen en una mortalidad que tiende con claridad hacia la estabilidad. Esta situación permite reafirmarnos en la teoría de que el principal regulador ecológico en Córdoba en el tránsito del siglo XV al XVI es la nupcialidad. En Jaén, antes de analizar el gráfico correspondiente, hay que advertir que el dato de la tasa directa correspondiente a 1490-99 es una interpolación; aunque hemos procurado evitar en lo posible las interpolaciones en esta tasa, sin embargo en este caso parece conveniente hacer una excepción para la mejor comprensión global del gráfico. El primer dato a tener en cuenta, aunque no se aprecie en el gráfico 89, es que en todos los indicadores los cifras resultaron ser sensiblemente superiores a las de las otras dos ciudades, revelando así una mortalidad ordinaria más elevada, en consonancia con la idea que venimos obteniendo de una ciudad poco poblada y demográficamente estancada, al menos - 346 - hasta después de la crisis de 1507. Por lo demás, a tenor del gráfico, las concomitancias de la linea media de referencia que hemos trazado con la correspondiente a Córdoba son evidentes, en cuanto que se refleja una estabilidad general, sólo interrumpida por la crisis de 1507. Incluso en los datos anteriores a 1490 parece que se atisba tímidamente el reflejo de alguna subida de la mortalidad más o menos acusada hacia los decenios de 1470 o 1480, si bien en este caso ya sabemos que la escasez de testamentos no nos permite elaborar conclusiones mínimamente fiables. Pero hay que señalar que en la evolución de la mortalidad en Jaén se observa con claridad su disminución a partir de 1510 y hasta 1535. Ya hemos señalado que, según algunos indicios documentales, en esta época se iniciaría una recuperación demográfica de la ciudad, y en general de toda la Campiña giennense, reflejada, por ejemplo, en las repoblaciones fomentadas por el propio concejo. El dato de la mortalidad que acabamos de reseñar apunta en la dirección de una recuperación de la población de Jaén no fundamentada en la inmigración, sino en la mejora de las condiciones de vida y la consiguiente disminución de la mortalidad. Una vez repasada la evolución probable de la mortalidad en las tres ciudades objeto de nuestro estudio, podemos observar el conjunto urbano en su totalidad, a través del gráfico 90. No obstante, hay que tener en cuenta que en este caso no se puede obtener la tasa “general” de mortalidad, puesto que en cada una de las ciudades esta tasa ha sido calculada en decenios distintos, y, según hemos establecido, no parece prudente utilizar extrapolaciones de esta tasa para obtener resultados globales. Así pues, en el gráfico 90 se dibujan sólo los indicadores de los otros tres sistemas, que también serán los únicos que se utilicen para obtener la linea media de referencia. Además, hay que recordar que las cifras de las citas de padres muertos sólo se refieren a Córdoba y Jaén, puesto que los datos sevillanos, como hemos visto, resultan excesivamente distorsionadores. 0 50 100 150 200 250 300 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ín di ce Directa Hijos Nietos Padres Media - 347 - 0 50 100 150 200 250 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ín di ce Hijos Nietos Padres Media Asumiendo estos condicionantes, la primera conclusión que se puede obtener a la vista de este gráfico es el aumento suave pero continuado de la mortalidad al menos desde el decenio 1470-79 hasta el decenio 1510-19, con una pequeña estabilización en los años finales del siglo XV, para descender con más rapidez al final de nuestro período de estudio, cuando, al parecer, la mortalidad se sitúa aproximadamente en el mismo nivel que antes de 1480. Todo indica que estos años señalan los límites de un ciclo demográfico, al menos en este aspecto que tratamos ahora. El segundo aspecto destacable es, sin duda, la presencia de dos “picos” en 1480-89 y 1510-19, que reflejan a su vez las dos grandes crisis de mortalidad de las que tenemos noticia a través de las fuentes cronísticas y documentales. Es evidente la influencia que ambos acontecimientos tuvieron sobre la “cantidad de muerte”, si se permite la expresión, que soportaba la población urbana andaluza en el período estudiado. Observando sólo el gráfico 90 parecería que la crisis de los años 80 del siglo XV habría supuesto el punto de partida del ascenso de la mortalidad al que acabamos de hacer referencia. Pero sabemos que esto sólo ocurre claramente en Sevilla. En las otras dos ciudades se detectan ambas crisis, pero no existe una mortalidad al alza entre ellas, de forma que se convierten en episodios relativamente aislados dentro de una mortalidad estabilizada; en el caso sevillano, por el contrario, la mortalidad extraordinaria se revela como el principal condicionante de la mortalidad general. En cuanto a las diferencias de género referidas a este aspecto, los diferentes sistemas empleados no siempre nos han permitido obtener datos fiables. Sin embargo, ha quedado suficientemente claro que el parto y sus consecuencias son la principal causa de muerte entre las mujeres, provocando importantes diferencias entre ambos sexos. Así, en general la mortalidad femenina es más alta que la masculina, lo que puede traducirse en una menor esperanza de vida, algo que ya habíamos intuido en capítulos anteriores, si bien en Córdoba y Jaén parecen detectarse indicios de mejora en este punto a partir de 1480 o 1490, mientras que en Sevilla parecía que el aumento de las condiciones de vida que podía intuirse hasta 1470 se truncó con la llegada de las grandes epidemias, y una vez entrado el siglo XVI, ya el aumento de la nupcialidad, con su tributo de mortalidad puerperal, impidió aumentar la esperanza de vida de las mujeres. Pero, sobre todo, la evolución de los indicadores de ambos sexos no es coincidente, de forma que las crisis parecen tener un efecto muy atenuado en las mujeres, debido a la omnipresencia de los efectos del parto –que, por otro lado, deben lógicamente aumentar su - 348 - - 349 - incidencia en momentos de mortalidad extraordinaria–, mientras que en los hombres se aprecian con toda claridad. La relación entre mortalidad y fecundidad, medida a través de la nupcialidad, resulta especialmente visible en Córdoba, donde la nupcialidad se convierte, según todos los indicios, en el principal regulador ecológico. Por último, en lo referente a los grupos socioeconómicos, la única conclusión sólida es la fuerte diferencia entre los sectores secundario y terciario y el resto de la población. Según todas las apariencias, en esos grupos se encuentran los índices de mortalidad más reducidos, especialmente en los varones. Especialmente interesante resulta el comportamiento del artesanado cordobés, que parece reducir sus tasas en el siglo XVI de forma realmente notable, pese a mantener una nupcialidad muy elevada, revelándose como el grupo demográficamente más activo de su ciudad. - 1 - 8.- CRIADOS Y ESCLAVOS Propiamente, los criados y esclavos no forman parte de la familia, pero parece claro que la servidumbre citada en los testamentos convivía con los testadores de forma más o menos estable, incluso con sus propias familias, formando lo que se ha denominado “familia múltiple”. Junto con ello, algunas veces aparecen conviviendo con el núcleo familiar de los padres e hijos otros parientes. Incluso se ha apuntado que la relativa abundancia de estas formas de familia múltiple o compleja sería característico del “modelo mediterráneo” de familia, junto con la consideración de trabajador de los parientes añadidos (LASLETT, 1983, 526-527). Sea o no cierto, la verdad es que el examen de la estructura familiar urbana andaluza quedaría fatalmente incompleto si no atendiésemos a estas circunstancias. Sin embargo, hay que tener siempre en cuenta que la mayor o menor presencia de criados y esclavos depende, fundamentalmente, de los recursos económicos. Tendremos ocasión de comprobarlo a la vista de datos concretos, pero, desde luego, es éste un factor que podemos considerar extrademográfico. Por supuesto, hemos visto que la situación económica, social o sexual de los testadores tiene importantes consecuencias en el análisis demográfico, pero ahora el determinismo social y, sobre todo, económico, es casi absoluto. Por ello, en el presente capítulo nos encontraremos, en mayor medida que en los demás, con elementos que son susceptibles de análisis más allá de la demografía y, por tanto, de los objetivos de este trabajo; estos elementos serán apuntados, pero entendemos que no corresponde hacer aquí una exploración profunda de sus posibilidades. Dicho de otra forma, trataremos de acercarnos a la presencia de criados, esclavos y parientes dentro de las familias de los testadores fundamentalmente desde el punto de vista cuantitativo, sin entrar demasiado en apreciaciones de carácter social. No obstante, no dejaremos de señalar los detalles que puedan resultar de interés más allá del ámbito estrictamente demográfico. Desde el punto de vista metodológico, hay que advertir que en este capítulo, al igual que hemos hecho en otros, sólo utilizaremos el último de los matrimonios citados en el testamento, en el caso de testadores que hayan casado varias veces, para evitar extrapolar de forma arriesgada situaciones pasadas a los momentos que se estén analizando. 1.- El conjunto de las ciudades andaluzas 1.1.- Los criados Antes de analizar las correspondientes cifras, parece oportuno realizar algunas observaciones preliminares sobre la presencia de criados en los testamentos andaluces de esta época. Parece lógico pensar que en los testamentos se citen los criados que en ese momento convivan con el testador. De hecho, cuando se citan criados que ya no viven bajo el mismo techo, circunstancia no rara, se indica expresamente. A veces, la razón de estas citas es la persistencia de algún tipo de vinculación entre el antiguo amo y el antiguo criado, aunque la relación formal se haya extinguido: el noble cordobés Fernando Pérez de Ayala, que cuenta con un criado de cada sexo, además de un esclavo, cita también a “Juan, mi criado, que aora es sastre, que fue mi mozo de espadas” (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 468/6-1, de 10 de enero de 1501); obsérvese que pese a que el citado mantiene incluso otra profesión, don Fernando sigue - 2 - considerándolo “mi criado”, probablemente porque se haya criado en casa del aristócrata desde niño, lo que nos pone en contacto, naturalmente, con clientelas y bandos más o menos establecidos. Pero el mantenimiento de estas relaciones no necesita, en realidad, de una indicación tan expresa, y se prueba simplemente por la simple cita en el testamento. Así, Ana Ramírez, que hace testamento en Sevilla el 10 de octubre de 1521, cita a “Leonor, que fue mi criada, natural de Gerena, que agora la tiene una su tía que bive a la puerta de Carmona”. En otras ocasiones, el nexo formal se mantiene, pero el criado se encuentra lejos, como es el caso de uno de los cinco criados del jurado sevillano Vicente Ortiz, que “está cautibo en Casares, lugar que es del Reino de Granada” (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1651/15, de 24 de octubre de 1458), y también de “mi criado Loys Clemente, que está en Roma”, según el testamento del sacristán sevillano Francisco Rodríguez (AHPSE, Prot., 17413, p. 1, 23v-26r, de 23 de agosto de 1462). Otras veces no se dan más noticias que la simple existencia pretérita de criados, y así Juan Ruiz de Moya, procurador cordobés, dice con un matiz nostálgico que tuvo cuatro criados, a los que cita por su nombre, pero que ya no conserva ninguno (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 1v-4r, de 25 de marzo de 1522). Por último, se encuentran algunas menciones a criados muertos, pero sólo en un caso hemos encontrado indicación expresa de que han muerto en casa del testador, lo que explicaría la cita: María del Castillo, viuda del veinticuatro cordobés Miguel de Orozco, no tiene hijos, pero sí tres criadas, a las que añade otra criada y otros dos criados que murieron en su casa (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 43, cuad. 3, 12r-16r, de 23 de enero de 1513). El mantenimiento de los contactos entre los antiguos criados y sus amos revela que, en muchos casos, los largos años de servicio habían producido un vínculo más allá de la mera prestación de servicio, y que a veces, por debajo de clientelas y banderías, se revela bastante personal: Pedro Guzmán, veinticuatro de Sevilla -aunque vecino de Córdoba-, declara tener cuatro criados y dos esclavos, pero cita especialmente a “Catalina González, dueña de la dicha mi señora madre, que está bieja e pobre tollida, en cama siete años a en la dicha mi casa” (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1545,/4-11, de 14 de agosto de 1479). Pero el mejor exponente de ello son los casos en que se convierte a alguno de los criados en el heredero principal, naturalmente cuando no hay hijos. En realidad, las criadas que sirvieron respectivamente a Leonor Rodríguez (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 6, cuad. 4, 7r-8r, de 14 de agosto de 1470) y a un hombre apellidado Alfón de la Banda -cuyo nombre propio resulta ilegible- (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, cuad. 13, 3r-4r, de 18 de enero de 1481), ambos vecinos de Córdoba, parecen ser sus únicas compañías en el momento de testar. Bien distinto es el caso del único criado varón de Marina Gómez, viuda de Diego de Narváez, que queda por heredero principal “para ayuda a su gasto que fiziere al tiempo que se ordenare de mysa”, pese a que comparte crianza con seis mujeres (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 36, cuad. 4, 52v-55v, de 11 de febrero de 1500). Finalmente, no debemos olvidar que en algunas de las parejas no matrimoniales que habíamos detectado, y que se estudiaron en el capítulo V, podría pensarse que se trataba más bien de una relación de crianza y no de pareja; nos remitimos, pues, a lo ya señalado en aquel momento. Pero los casos más llamativos de favorecimiento a un criado aparecen cuando literalmente se reparten la herencia con los parientes. Si resulta explicable, hasta cierto punto, que Catalina Sánchez Maldonado, testadora en Sevilla el 13 de noviembre de 1496, reparta su casa en la calle de Catalanes entre su sobrina y sus dos criadas, antiguas esclavas liberadas por el propio testamento (AHPSE, Prot., 3216, p. 2, 33v-35v), más sorprendente es el testamento del molinero cordobés Juan García, sin hijos, que manda que el remanente de sus bienes “lo hereden e partan igualmente la dicha Catalina Garçía, su muger, et Ysabel, su criada, en emienda y pago e por pago de todo el tiempo que la dicha Ysabel, su criada, le ha servido” (AHPCO, Prot., of. 18, - 3 - leg. 1, cuad. 21, 10r-11v, de 5 de octubre de 1491); desde luego, no es normal que se considere de igual forma a la criada y a la mujer a la hora de repartir la herencia. El testador se justifica “por pago de todo el tiempo que... le ha servido”, lo que sugiere que tampoco debía ser corriente la existencia de un salario más o menos fijo y, mucho menos, puntualmente pagado. En realidad, sabemos que era frecuente la entrega del hijo o, sobre todo, la hija por parte de los padres a cambio del sustento y, por lo general, de una dote para su casamiento. En las cartas de servicio se llega a especificar la edad de la criada y el número de años que servirá a sus amos hasta ser casada (MORELL PEGUERO, 1986, 154; CÓRDOBA DE LA LLAVE, 1988, 240-241). Aunque estas cartas no son muy frecuentes, sin embargo podemos pensar que la práctica que reflejan estaría bastante más extendida. Es conocida la costumbre, entre la nobleza de toda Europa, y también la castellana, de enviar a los hijos a casa de parientes o amigos, a modo de criados -salvando las distancias-, aunque parece que, al menos en Italia, en el siglo XV ya no era considerado adecuado (ARIÉS, 1987, 482-485; DYER, 1991, 73-75; GERBET, 1994, 207). En todo caso, no faltan las alusiones a esta práctica entre los testadores andaluces. Así, Pedro Sánchez, vecino de Córdoba que hace testamento el 2 de julio de 1498, declara que recibió a su única criada cuando casó con su segunda esposa, y que lo hizo por tiempo de veinte años, de los que han pasado catorce (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 1, 962r-964r), lo que obliga a sus albaceas a mantener a la criada por otros seis años más. Un ejemplo similar es el de Beatriz Pérez, esposa del sillero sevillano Pedro Ramírez, que declara que “ella e el dicho su marido ha tres meses poco mas que tienen en su casa e poder a María, moça de hedad de fasta nueve años, por ende ruega al dicho Pedro Ramírez que le case en paga del serviçio que los ha fecho” (AHPSE, Prot., 17413, p. 1, 22v-23v, de 12 de agosto de 1462). Una situación equivalente se vive con los varones que son tomados como criados a modo de aprendices: el 13 de mayo de 1511, el toquero sevillano Fernando de Sevilla hace testamento, y cita a “Luys, mi criado, que he criado conmigo para le mostrar mi ofiçio” (AHPSE, Prot., 3970, s.f.). Finalmente, algunas veces se alude a la condición de expósito del criado. María Nieto, mujer del “maestro de roce” sevillano Pedro Muñoz, sin hijos ni otra servidumbre, cita a “María, mi criada, de hedad de quatro años, que yo he criado e tomé de la puerta de la yglesia” (AHPSE, Prot., 21, cuad. 56, s.f., de 28 de octubre de 1521). De igual forma, Isabel Sánchez, viuda de Diego Fernández, declara en su testamento, fechado el 12 de noviembre de 1461, que a su criada “la había tomado de la puerta de la yglesia y criado hasta la hedad que tiene”, ordenando que permanezca junto a su hija hasta que se case (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, cuad. 8, 3r-4v). Más expresivo, y revelador de que no siempre el trato hacia los criados era tan humanitario, es el testamento de Alfonso de Orozco, también él criado de profesión, casado con Inés Sánchez y sin hijos, pero con dos criadas; a una de ellas no deja herencia “por que le tiene bien satisfecha en la aver criado por amor de Dios, e tomarla segund la tomaron él e la dicha su muger de la puerta de la yglesia de Sant Esydro, donde fue echada, e la fisyeron bautizar e la dieron a un ama que la crió e gastaron aças de maravedís en la [ilegible] e criar fasta oy” (AHPSE, Prot., 17412, p. 3, 8v-11r, de 8 de mayo de 1458). Más interesante para nuestros propósitos concretos es la presencia de grupos familiares de criados dentro de la misma casa que el testador. Se conforman así auténticas familias múltiples, de las que hemos localizado nueve casos, sistematizados en la siguiente lista. Testador Fecha Tipo de familia Signatura Dos hermanos, uno de cada AHPCO, Prot., of. 14, leg. 6, - 4 - Testador Fecha Tipo de familia Signatura Lázaro Sánchez 23-XI-1470 sexo cuad. 6, 24r-27r Catalina de Saavedra 3-I-1490 Un matrimonio y dos hijos, uno de cada sexo AHPCO, Prot., of. 14, leg. 25, cuad. 10, 3r-5r Fernando de Portillo 25-V-1491 Criada y dos hijos AHPCO, Prot., of. 14, leg. 26, cuad. 9, 39v-40r Catalina de Valderrama 26-II-1500 Dos hermanos varones AHPSE, Prot., 2157, 162v-163v Juan Bernal 25-V-1500 Criada con un hijo AHPSE, Prot., 3219, cuad. 33, 299v-300v Pedro García 17-X-1520 Criado viudo con dos hijos AHPSE, Prot., 9127, 527r-530v Catalina Fernández 17-II-1524 Criada con un hijo AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1446/7 Felipa Villena 17-VIII-1524 Un matrimonio y dos hijas AHN, Nobleza, Osuna, 326/36 Arnao Ramírez de Segarra 26-II-1530 Criada con una hija AHPSE, Prot., 37, 497r-499v Esta lista se presta a algunos comentarios. En primer lugar, la mayor parte de los casos se registran en el siglo XVI y todos, salvo uno, después de 1490. Además, antes del cambio de siglo sólo aparecen ejemplos en Córdoba, y después todos los ejemplos, salvo el de Felipa Villena, son sevillanos. No se han recogido familias de criados en Jaén. Por otro lado, la presencia de uno u otro sexo en estas familias de criados es también digna de comentario. Aparecen en total trece varones y once mujeres, pero seis de ellas encabezan su familia, bien solas, bien en matrimonio, frente a los tres varones en la misma situación; además, un único varón aparece encabezando solo su familia, mientras que constan cuatro mujeres al frente en solitario de su familia. Pero, además, podemos obtener más información sobre la familia de los criados a partir de los testadores que declaran ser criado de profesión. En concreto, se trata de los siete que aparecen en la siguiente lista Nombre Fecha Observaciones Signatura Beatriz Gómez 27-VIII-1450 Viuda de criado. Una hija soltera. Cita a dos criadas que tuvo y ya no están con ella. AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 3v-4v Alfonso de Orozco 8-V-1458 Casado, sin hijos. Dos criadas, una de ellas sin parte en la herencia por los gastos de criarla AHPSE, Prot., 17412, p. 3, 8v-11r María 19-IV-1465 Soltera AHPCO, Prot., of. 14, leg. 3, cuad. 1, 67r Leonor de Toledo 20-VII-1489 Soltera AHPSE, Prot., 17416, p. 4, 33v-34r - 5 - Nombre Fecha Observaciones Signatura Leonor García 19-VII-1501 Soltera, pero con una hija AHPSE, Prot., 9101, 466r Isabel Ruiz 6-VI-1511 Soltera AHPSE, Prot., 7, s/f Isabel de Obejo 14-III-1530 Soltera AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 150v-151v A esta lista habría que añadir dos casos “irregulares”. Por un lado, Juan Pablo Matredón, a quien ya conocemos, napolitano, criado del duque de Calabria, con varios hijos ilegítimos que encomienda a su señor, y que sólo está circunstancialmente en Sevilla (AHPSE, Prot., 2192, s/f, de 18 de agosto de 1511). Por otro, Alfonso García, vecino de Sevilla, que dice ser hortelano de profesión, aunque también declara ser criado de otro hortelano que vive en la Huerta del Rey; además, dice ser hijo de dos vecinos de Priego de Córdoba y estar enfermo en el Hospital del Cardenal, al que deja por único heredero (AHPSE, Prot., 3991, s/f, de 4 de septiembre de 1530). En todo caso, estamos ante los criados que, como resulta evidente, no conviven con sus amos, e indefectiblemente son calificados de “vecinos de” en los testamentos. Se trata, como puede comprobarse, sobre todo de mujeres solas, generalmente solteras, con alguna viuda. Curiosamente, el único varón, que es también el único que mantiene a su vez criadas, ya ha sido citado más arriba por su trato aparentemente un tanto cruel hacia una de ellas. Estos datos, unidos a los que hemos recogido respecto de las familias que mantienen criados convivientes, confirman la predominancia femenina en este colectivo, y, a juzgar por la abundancia de solteras, también su relativa juventud. En los testamentos se recoge también la presencia de esclavos ahorrados, que se convierten en criados, y también de criados que a su vez son hijos de criados de la misma casa. Pero de estas circunstancias trataremos más adelante, y ahora nos centraremos en el análisis cuantitativo de este grupo. La presencia de criados en los testamentos que componen nuestra muestra es bastante frecuente. Se ha registrado un total de 422 criados -179 varones y 243 mujeres-, que se reparten entre 113 testadores y 112 testadoras. El cuadro 128 nos indica la media de criados por testador en cada decenio, distinguiendo el sexo del testador. Testadores Testadoras Total 1440-49 0,31 0,14 0,25 1450-59 1,33 0,14 0,73 1460-69 0,18 0,79 0,52 1470-79 0,41 0,21 0,29 1480-89 0,61 0,35 0,49 1490-99 0,31 0,41 0,36 1500-09 0,48 0,32 0,41 - 6 - Testadores Testadoras Total 1510-19 0,32 0,44 0,38 1520-29 0,52 0,39 0,47 1530-35 0,28 0,54 0,40 TOTAL 0,42 0,41 0,42 Cuadro 112: Criados por testador Si aceptáramos sin más estos datos, tendríamos que concluir que más del 40 % de la población testadora tenía algún criado, sin que se aprecien diferencias por razón del sexo del testador. Pero debemos advertir que, como comprobaremos, estas cifras medias son engañosas, y en realidad la posesión de criados no estaba tan extendida, aunque sí podemos aceptar las escasas diferencias de género entre los testadores en el reparto de criados. Además, hay que recordar que la población no testadora es, presumiblemente, la más empobrecida, y por tanto en principio no dispondría de criado, con lo que las cifras medias reales deben ser inferiores. Sin embargo, también hay que tener en cuenta los casos de personajes más o menos aristocráticos que sólo aluden a un número indeterminado de criados, sin especificar. En concreto, conocemos los cuatro casos que aparecen en la siguiente lista: Testador Localidad Fecha Signatura Martín Cataneo Sevilla 19-I-1501 AHPSE, Prot., 9101, 589r-591r Egas Benegas de León Córdoba 31-VIII-1523 AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1446/10 Catalina Fernández Malrasca Córdoba 15-II-1530 AHPCO, Prot., of. 1, leg. 6, 49r-52r Guillén de las Casas Sevilla 21-IX-1530 AHPSE, Prot., 3991, s.f. Obviamente, se trata en todos los casos de personajes pertenecientes a los grupos más encumbrados de la sociedad. Tanto Egas Benegas como Catalina Fernández, casada con Alonso de Arias, son miembros de ilustres familias cordobesas, mientras que el mercader genovés Martín Cataneo, a cuyo testamento hemos aludido ya en varias ocasiones, es una de las personas más influyentes en la Sevilla de su tiempo; por último, Guillén de las Casas es, según declaración propia, veinticuatro de la ciudad. Sin duda, esta adscripción social elevada es la característica común de los testadores que citan genéricamente a “mis criados”, lo que hace suponer que serían muchos. Hay que señalar, asímismo, que las citas son siempre de criados, salvo Martín Cataneo, que cita a “todos los esclavos e esclavas que toviere al tiempo de su fallesçimiento”, sin mencionar criado alguno, ni de forma genérica ni individualizada. Por otra parte, la cita indeterminada de criados se combina con la mención explícita a uno o varios esclavos, a los que, curiosamente, se les quiere distinguir de los criados. Así, Egas Benegas cita a dos esclavos y una esclava, Guillén de las Casas a un esclavo y Martín Cataneo a un esclavo negro con su hijo; en todos los casos, no hay cita individualizada de ningún criado. Sólo Catalina Fernández deja de hacer mención expresa de ningún criado ni esclavo. Quizá estos esclavos señalados de forma especial formasen el servicio más directo y personal del testador, que los quiere distinguir por motivos sentimentales y, generalmente, otorgarles una parte especial en su herencia. Sea como fuere, si contásemos con el número, presumiblemente alto, de criados correspondientes a estos testadores, los datos del cuadro 112 serían distintos y no sabemos hasta qué punto compensarían la ausencia de la población más desfavorecida. En todo caso, de los testadores que declaran un número concreto de criados, el máximo es de diez. El ejemplo más numeroso es Francisca de Ribera, viuda del noble sevillano Juan Fernández Marmolejo, que no tiene hijos pero sí tres criados, siete criadas, cuatro esclavos y cuatro esclavas, 18 personas de servidumbre en total (AHPSE, Prot., 40, 590 bis, de 28 de agosto de 1531), siendo el testador que dispone de mayor servicio de todos los que hemos recogido. También diez criados tiene el caballero cordobés Fernando de los Ríos, que además de sus cuatro criados y seis criadas, declara un esclavo (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 87/5, de 26 de julio de 1480). El tercer y último testador con diez criados es la cordobesa Leonor Sánchez, viuda de Pedro López, sin hijos ni esclavos, pero con cinco criados de cada sexo (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, cuad. 5, 13v-15v, de 25 de mayo de 1461). Pero volvamos a los datos del cuadro 112, para observar la evolución cronológica del número medio de criados. 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 cr ia do s/ te st ad or Testadores Testadoras Total Sin duda, la estabilidad es la característica principal del número de criados por testador que hemos encontrado en nuestras fuentes, especialmente a partir de 1470. Aunque en los primeros años las oscilaciones son mayores, probablemente por efecto del menor número de testamentos, no parece que ningún acontecimiento haya influido de manera especial en las posibilidades de los andaluces de contar con criados. Tampoco podemos distinguir una tendencia al aumento o la disminución, salvo una leve propensión al aumento entre las testadoras. Por lo demás, tanto testadores como testadoras se mueven en cifras similares, entrelazándose sus líneas. No obstante, por debajo de estos datos subyacen algunos indicios de que la presencia de criados no era tan generalizada ni tan estable. En primer lugar, trataremos de observar la tendencia de los testadores andaluces a contar con criados de su mismo sexo. Para ello, estableceremos la masculinidad del colectivo de criados citados, teniendo en cuenta el sexo del testador. Los datos resultantes se reflejan en el cuadro 113 y el gráfico 87. Testadores Testadoras Total 1440-1449 300 0 150 - 7 - - 8 - Testadores Testadoras Total 1450-1459 81,82 100 83,33 1460-1469 250 58,33 73,08 1470-1479 266,67 14,29 90 1480-1489 75 40 61,54 1490-1499 122,22 36 58,82 1550-1509 221,43 26,32 109,09 1510-1519 157,14 36,36 65,52 1520-1529 126,32 12,5 62,79 1530-1535 240 50 88 TOTAL 144,83 35,95 75,42 Cuadro 113: Masculinidad de los criados Como en ocasiones anteriores, al trazar este tipo de gráficos se ha utilizado una escala semilogarítmica, para evitar las distorsiones que produciría la plasmación directa de los datos. También, puesto que en este tipo de escalas no es posible representar el valor 0 -es decir, la falta absoluta de criados varones-, éste se ha sustituido, cuando ha sido necesario, por el valor 1, y de esta forma el efecto visual sobre las lineas es prácticamente inapreciable. Pero, una vez asumidas estas precauciones, el gráfico 87 permite comprobar con claridad, en primer lugar, una cierta feminización constante del colectivo de criados. La tasa de masculinidad media para todo el período indica un total de poco más de 75 criados por cada 100 criadas y, salvo en el decenio 1440-49, muy influido por la escasez de testamentos, y en 1500-09, el número de mujeres criadas siempre es superior al de varones. Como hemos visto, existe una elevación muy suave pero constante del número medio de criados por testadora. En segundo lugar, resulta evidente la tendencia a mantener criados de su propio sexo, especialmente en las mujeres, donde, como término medio durante todo el período, el número de criados representa apenas un tercio del de criadas. También aquí puede observarse un constante y suave aumento de la feminización de la servidumbre de las mujeres. En esta circunstancia pueden influir tanto factores sicológicos como 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Testadoras Total - 9 - sociales o económicos, puesto que podemos presumir -y más adelante encontraremos indicios que lo confirman- que las criadas son más baratas que los criados. Incluso en los propios testamentos se indica con claridad que las criadas trabajaban por la comida y a cambio de una dote. Sea como fuere, parece que, mientras que en los testadores varones la presencia de criados parece estabilizarse tanto en la cantidad global como en el proporción de criados del mismo sexo, en las mujeres se detecta un aumento tanto de la cantidad como de la proporción de mujeres. Tanto o más significativa que la división por sexos puede serlo la división por grupos socioprofesionales. El cuadro 114 indica el número medio de criados por testador en cada uno de ellos, por treintenas, distinguiendo además el sexo del testador. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 0,36 0,27 0,33 1,21 0,36 0,84 0,20 0,72 0,52 1470-99 0,35 0,20 0,29 0,96 1,10 1,02 0,28 0,25 0,26 1500-35 0,40 0,31 0,36 0,89 1,20 1,03 0,25 0,21 0,23 TOTAL 0,38 0,27 0,33 0,95 1,06 1 0,25 0,30 0,28 Cuadro 114: Criados por testador, según el sexo y el grupo socioprofesional Lo primero que resalta de estas cifras es, como cabía esperar, la gran diferencia entre el sector terciario y los demás sectores de población, de forma que si en el grupo más acomodado se registran aproximadamente un criado por cada testador, en los demás apenas llegan a un criado cada tres o cuatro testadores. No es necesario extenderse en comentarios sobre este aspecto, pero sí hay que llamar la atención sobre la mayor presencia de criados entre las testadoras que entre los testadores, tanto en el sector terciario como en el no caracterizado. En este último grupo, sin embargo, la cifra total está muy influida por la correspondiente a 1440-69, que, a su vez, depende en gran medida de la presencia de los diez criados de la cordobesa Leonor Sánchez, que hemos citado más arriba; sin embargo, si ignoramos este testamento, la media de la treintena 1440-69 es de 0,52 criados por testador sin calificar socioprofesionalmente, que, no obstante, continúa siendo la más alta de todo el período estudiado. Pero, con todo, lo más sorprendente es el espectacular aumento en el número de criados de las mujeres del sector terciario a partir de 1470, que además contrasta con el descenso no menos acusado de las mujeres del “resto” en la misma época. Testadores Testadoras Total Sec. Ter. Resto Sec. Ter. Resto Sec. Ter. Resto 1440-69 100 142,86 100 50 100 54,54 83,33 133,33 60 1470-99 200 136,36 61,54 0 31,25 42,86 88,89 74,07 50 1500-35 185,71 160,87 186,67 33,33 22,45 46,15 100 66,67 78,43 TOTAL 166,67 151,22 125,81 25 26,87 47,83 93,55 74,07 72 - 10 - Cuadro 115: Masculinidad de los criados, según el sexo y el grupo profesional de los testadores El cuadro 115 nos presenta nuevos datos. Desde luego, se aprecia con mayor claridad si cabe la radical feminización de los criados de las testadoras, acompañada de la masculinización de los criados de los testadores, todo ello exacerbado a partir del último cuarto del siglo XV. El resultado final es una cierta feminización global de todo el colectivo de los criados, pero creemos que es mucho más trascendente el hecho de que, por debajo de ello, lo que exista es una cada vez más radical separación entre los sexos, más acusada en el sector terciario y entre las mujeres, que llamaremos “polarización sexual”. Ello da lugar incluso a la aparición de algunas unidades familiares compuestas exclusivamente por mujeres. Así, encontramos cinco casos de mujeres que tienen más de tres criadas y ningún criado, y se trata siempre de testadoras posteriores a 1490 y pertenecientes al sector terciario, excepto un caso, aunque bien podría incluirse en él. Se trata, en efecto, de Elvira del Río, esposa del cordonero sevillano Diego de Baeza, que tiene cuatro criadas y una esclava; además, deja unas mandas a varias mujeres para su casamiento o para ser monjas, lo que indica una situación económica más que desahogada; sin embargo, en la misma casa conviven además cinco hijos y una hija, de forma que, en total, hay seis hombres y siete mujeres (AHPSE, Prot, 38, 702r, intercalado)1. Más claros son los siguientes ejemplos: María del Castillo, viuda del veinticuatro cordobés Miguel de Orozco, sin hijos, pero con la compañía de tres criadas y una sobrina (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 43, cuad. 3, 12r-16r, de 23 de enero de 1513); Violante de Pineda, viuda del comendador Gonzalo Castillo, declara una hija casada, cuatro criadas y una esclava (AHPSE, Prot., 2236, 2143v-2145v, de 25 de julio de 1521); y Juana de Orozco, viuda de Pedro Tahur, veinticuatro de Córdoba, que tiene tres hijas -dos de ellas casadas- y cuatro criadas (AHPCO, prot., of. 14, leg. 25, cuad. 9, 12v-15r, de 24 de abril de 1490). En cuanto a los varones, también hemos encontrado tres casos en los que el testador declara más de tres criados de su mismo sexo y ninguna criada, pero, además de tratarse siempre de vecinos de Sevilla -lo que permite pensar en circunstancias locales que influyesen en ello-, en todas las familias existe una cierta presencia femenina: el jurado Vicente Ortiz convive con su mujer, Ana de Santillán, y una hija -no tiene hijos-, haciendo testamento el 24 de octubre de 1458 (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1651/15); el caballero Diego Enríquez, aunque viudo, tiene tres hijos y cuatro hijas, todos menores, que encomienda a la tutela del conde de Feria (AHPSE, Prot., 2157, 63r-64v, de 16 de marzo de 1500); y, por fin, Diego Cuitiño, incluye en su casa, además de su mujer Francisca de Guzmán, a tres hijas ilegítimas, de las que no cita a la madre, conviviendo con sus hijos legítimos, un varón y una mujer (AHPSE, prot., 3219, cuad. 33, 129r- 131r, de 20 de febrero de 1500). De esta forma, parece que la tendencia a evitar la presencia del sexo opuesto en la propia casa, bajo determinadas circunstancias -singularmente la viudez-, es propia de mujeres acomodadas del siglo XVI. Pero aún podemos profundizar más en el análisis. De la misma forma que al estudiar los hijos supervivientes, también aquí cabe observar la distribución del número de criados. El siguiente cuadro expresa este dato, en porcentajes y por treintenas. 1 Además, en este testamento existen dos detalles significativos. Por un lado, al dejar estas mandas para la dote de mujeres, añade que “si alguna de las sobredichas hiçier algun desconçierto de su persona o no tomase ninguno de los estados susodichos” será desheredada. En segundo lugar, señala que “si al tienpo de su fallesçimiento fuere tienpo de neçesidad, como lo es agora, que no se le hagan onras ningunas, sino que lo que en ella se avía de gastar se dé en limosna a pobres vergonçantes”; el testamento es de 1 de diciembre de 1530 - 11 - 0 1 2-3 >3 1440-1469 72,79 16,91 6,62 3,67 1470-1499 77,08 15,61 5,32 1,99 1500-1535 78,93 11,25 7,32 2,49 TOTAL 77,53 13,34 6,61 2,50 Cuadro 116: Distribución del número de criados De nuevo, por debajo de las cifras medias, aparece la marcada división interna de la sociedad urbana medieval. En efecto, aunque la media de criados por testador parecía bastante estable, y además no había grandes diferencias entre los sexos, el estudio de su distribución revela que, en realidad, todos los criados sirven a menos de una cuarta parte de la población, y que apenas el 9 % puede permitirse más de un criado. Ciertamente, no podemos sorprendernos de esta situación, pero tampoco podemos dejar de comprobar cómo esta concentración de los criados en pocas manos aumenta progresivamente dentro del período de nuestro estudio, de forma que si en 1440-69 la proporción de personas con algún criado era del 27,2 %, en el primer tercio del siglo XVI ese porcentajes ha bajado hasta el 21,1 %. Es significativo que también baje la proporción de personas con un sólo criado, mientras que suba la de personas con dos y tres criados, aunque no la de testadores con más de tres criados. Creemos que estos datos reflejan una creciente “polarización socioeconómica” de la población, aumentando algo el número de personas relativamente acomodadas y bastante el de las personas que no pueden pagar un criado, quedando el grupo intermedio cada vez más mermado. HOMBRES MUJERES 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-1469 74,24 18,18 3,03 4,53 71,43 15,71 10 2,86 1470-1499 75,36 17,39 5,07 2,16 78,53 14,11 5,52 1,84 1500-1535 78,77 10,96 7,53 2,74 79,10 11,57 7,09 2,25 TOTAL 77,22 13,71 6,25 2,83 77,84 12,97 6,99 2,20 Cuadro 117: Distribución de criados, según el sexo de los testadores El cuadro 117 muestra que, igual que ocurría con los cálculos de números medios, la distribución del número de criados entre la población, y su evolución temporal, parece ser bastante similar entre los hombres y entre las mujeres, aunque los testadores con dos o más criados resultan algo más abundantes entre los hombres. También entre los varones la caída del grupo de testadores con un sólo criado es más acusada que entre las mujeres. Pero, como habíamos comprobado, las diferencias entre los sexos no se establecían tanto en el número medio de criados por testador sino en el sexo de los mismos, es decir, en la tasa de masculinidad de los criados. El siguiente cuadro muestra esta tasa en cada uno de los segmentos de distribución. - 12 - HOMBRES MUJERES 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 140 33,33 150 22,22 60 100 1470-1499 84,61 166,67 111,11 27,78 42,86 26,67 1500-1535 146,15 104,17 281,82 24 50 16,67 TOTAL 119,35 109,09 242,31 25 50 31,91 Cuadro 118: Masculinidad de los criados, según su distribución La tendencia a que los criados sean del mismo sexo que el testador, especialmente entre las mujeres, aparece evidente en el cuadro 118. Pero introduce además una nueva información: esta tendencia es más acusada en el grupo con más criados a su alrededor. En efecto, el hecho de que ocurra así en el grupo con un solo criado parece lógico, si bien entre los hombres con un sólo criado, en el último tercio del siglo XV, existe un mayor número de criadas que de criados. Pero sería entre los testadores con más de tres criados donde tendrían mejor cabida criados del sexo opuesto, y sin embargo ocurre lo contrario. Incluso, en el siglo XVI, esta polarización sexual de los criados es netamente más acusada en los grupos más numerosos que entre los testadores con un solo criado, tanto en los testadores varones como en las mujeres. Observamos ahora la distribución porcentual del número de criados según el grupo socioprofesional, como refleja el cuadro 119. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-69 75,76 21,21 0 3,03 64 16 12 8 74,03 15,58 7,79 2,60 1470-99 76,27 18,64 5,08 0 65,22 13,04 8,70 13,04 79,90 15,46 4,64 0 1500-35 79,77 10,11 7,86 2,25 60,68 14,53 17,09 7,69 84,94 10,23 3,98 0,85 TOTAL 77,35 14,92 5,52 1,66 62,23 14,36 14,36 9,04 82,02 12,52 4,65 0,80 Cuadro 119: Distribución de criados según el grupo socioprofesional Nuevamente los datos apuntan hacia la polarización creciente de la sociedad urbana andaluza en esta época, en especial en el paso del siglo XV al XVI. En efecto, el sector terciario, además de ser siempre y con diferencia el que más probabilidades tiene de contar con algún criado entre sus testadores, aumenta su diferencia respecto al resto de la población a lo largo de los años, aun teniendo en cuenta que la división por sectores profesionales no siempre es sintomática de riqueza, sobre todo porque parece existir un grupo acomodado dentro del sector secundario, sobre el que volveremos más adelante, que consigue mantener a dos o más criados y que se comporta de forma muy similar al sector terciario. En todo caso, si consideramos, en buena lógica, el mantenimiento de criados como un signo de riqueza, parece claro que en el cambio de siglo se producen movimientos económicos y sociales que harán más ricos a los que ya lo eran, y enviarán a una relativa pobreza a capas cada vez mayores de la población. No nos resistiremos a calificar esta estructura social de típicamente capitalista. Además, estos cambios - 13 - coinciden en el tiempo con otros de carácter más estrictamente demográfico, que hemos venido señalando. Creemos que no se trata, ni mucho menos, de una coincidencia, pero quizá resulte más oportuno posponer la elaboración de conclusiones generales para el final de este trabajo. De momento, todavía podremos apurar un poco más nuestro análisis, observando la tendencia de cada grupo a mantener criados de su propio sexo. Pero, en esta ocasión no utilizaremos directamente la tasa de masculinidad, sino que ofreceremos en el cuadro 120 las cifras totales de criados y criadas, separadas por una barra, para evitar unas cifras demasiado distorsionadas por la escasez de la muestra. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 4/0 0/4 1/3 0/2 10/2 2/2 1/1 1470-1499 4/4 4/0 3/0 2/2 10/9 4/9 4/4 1500-1535 4/1 5/5 4/15 5/5 9/12 23/6 10/7 11/7 4/4 TOTAL 12/5 9/5 4/19 9/8 11/16 43/17 16/18 16/12 4/4 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 1/2 2/2 1/7 4/8 7/7 1470-1499 0/3 0/2 0/3 2/3 3/10 5/12 4/9 1500-1535 2/2 1/3 0/4 0/7 7/22 4/20 4/15 7/5 1/6 TOTAL 3/7 1/5 0/4 0/10 11/27 7/30 10/34 15/22 7/13 Cuadro 120: Distribución del número de criados/criadas, según el sexo y el grupo profesional del testador. La conclusión más clara que se puede obtener de los datos de este cuadro es que la tendencia a mantener criados del mismo sexo es muy marcada en las mujeres del sector terciario, también clara, aunque en menor medida, entre los hombres del mismo grupo socioprofesional, y existente pero mucho más difusa en el resto de la población. También se aprecia una mayor insistencia en esta composición del grupo de criados en el siglo XVI, en todo los grupos, pero especialmente en los ya citados, es decir, en los más ricos, sobre todo en las mujeres. Llama la atención, así, que en las mujeres del sector terciario con un sólo criado, que se elevan a diez casos, no exista un sólo criado varón. Quizá esta situación nos revele algo sobre la funcionalidad de los criados dentro del grupo familiar, de forma que cuando se dispone de uno o dos criados, éstos se dedicarían a las tareas domésticas, por lo que se observa una cierta preferencia por las mujeres, que además resultarían más baratas de mantener, pero a partir del tercer criado probablemente ejerzan una función de compañía o de indicación de estatus socioeconómico, lo - 14 - que explicaría la preferencia por individuos del propio sexo. Los hechos de que esta tendencia se exacerbe en el siglo XVI, cuando se inicia la época más próspera de la economía andaluza, y de que, como veremos más adelante, sea un fenómeno propio de Sevilla y, en menor medida, de Córdoba, pero no tanto de Jaén, apoyan esta idea. Además, podemos suponer que conclusiones similares podrán obtenerse del estudio de la posesión de esclavos, que iniciamos enseguida. En resumen, las ciudades andaluzas en este época parecen conocer un proceso de doble polarización. Por un lado, polarización económica, clásica del capitalismo incipiente de estos años, que separa cada vez más a una minoría adinerada de una mayoría empobrecida, en términos relativos. Esto se refleja, naturalmente, en la tenencia de criados. Por otro lado, polarización sexual, tendente a emplear criados del mismo sexo que el testador, formando grupos sexualmente uniformados, si bien los ejemplos de uniformidad total son escasos. Ambas polarizaciones se pueden apreciar ya plenamente establecidas en el primer tercio del siglo XVI, habiéndose conformado, según todos los indicios, en los veinte o treinta años anteriores, es decir, en coincidencia con otros fenómenos demográficos que hemos expuesto en los capítulos anteriores de este trabajo. 1.2.- Los esclavos Igual que al tratar de los criados, hay que advertir que no pretendemos aquí realizar un estudio más o menos completo del colectivo de esclavos, sino sólo observarlos en cuanto parte del grupo familiar de los testadores, puesto que la esclavitud en Andalucía ha sido estudiada con cierto detenimiento en Sevilla y Córdoba, respectivamente por Alfonso Franco Silva (1979 a; 1979 b) y por Mateo Páez García (1994), a cuyas obras y bibliografía nos remitimos. Por eso, sin más preámbulos, intentaremos obtener de nuestros testamentos las informaciones que creemos de interés. Como es lógico, la presencia de esclavos en el colectivo de los testadores que estamos utilizando es mucho menor que la de criados. Sólo hemos registrado 70 casos de testadores que citen a esclavos en su testamento, apenas el 7 % del total, registrando un total de 124 esclavos, 44 varones y 80 mujeres. Al contrario que ocurría con los criados, generalmente no se citan esclavos muertos o que ya no sean propiedad del testador. Sólo hemos encontrado dos casos de citas de esclavos muertos. El primero es la esclava de la cordobesa María Fernández, que tiene dos años y es hija de otra esclava fallecida (AHPCO, Prot., of., 14, leg. 53, 297r-298r, de 6 de junio de 1531). El otro caso presenta un matiz menos amistoso, ya que el latonero sevillano Pedro Gris declara que tuvo un esclavo “que por ladrón... le cortamos las orejas”, y en el momento de testar, el 23 de abril de 1521, ya no tiene ni criados ni esclavos (AHPSE, Prot., 2235, 1171r-1172r). Tampoco es frecuente que se citen antiguos esclavos liberados convertidos en criados. Un caso, que hemos mencionado más arriba, es el de las dos criadas de Catalina Sánchez Maldonado, viuda del albañil sevillano Juan Martínez Maldonado, que son antiguas esclavas ahorradas, y conforman la única compañía de la testadora, por lo que ésta les da su casa en calle de Catalanes para que la compartan con su sobrina y heredera (AHPSE, Prot., 3216, p. 2, 33v- 35v, de 13 de noviembre de 1496). Igualmente una de las cinco criadas de María Gutiérrez de Aguilera era una antigua esclava, liberada cinco años atrás (AHPSE, Prot., 6, 828v-831r, de 2 de septiembre de 1510). Existen algunos ejemplos más en los que el ahorramiento del esclavo se produce por el mismo testamento. Por ejemplo, la única esclava de Catalina Fernández, viuda del - 15 - alcalde de corte sevillano Juan de Fuente, de la que además se especifica que “agora está en mi casa” (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1446/7, de 17 de febrero de 1524). El veinticuatro giennese Juan Hurtado de Mendoza, que declara un esclavo de cada sexo, dispone la liberación de la mujer y que el varón lo sea en cuanto cumpla seis años (AHPJ, leg. 10, 2r-7r, de 16 de diciembre de 1503). Resulta interesante el caso de tres ahorramientos que aparecen en sendos testamentos cordobeses en el intervalo de apenas un mes y medio: el 15 de junio de 1460 Gonzalo Fernández libera a su esclava, el 7 de julio hace lo propio Gil Fernández, espartero, y el 24 de julio les imita Juan Alfonso el Bravo, herrero (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, 91r-94r, 111v-113v, 122v-123v); en todos los casos, además, se trata de una mujer mora, lo que sugiere que quizá se trate de algo más que una coincidencia. En efecto, existen otros casos en los que el carácter de botín de guerra del esclavo aparece más evidente, y esta circunstancia bien podría explicar el caso de los tres ahorramientos que acabamos de citar. Por ejemplo, el esclavo varón del jurado sevillano Alfonso de Vergara, que cuenta además con otras tres esclavas, se indica que procede de Alhama y, según el propio testador, “le torné christiano” (AHPSE, Prot., 3970, s/f, de 30 de abril de 1511). Probablemente la misma procedencia tenga uno de los esclavos de doña Juana Ponce de León, que tiene 60 años y se llama Alfonso de Alhama (AHPSE, Prot., 9101, 357r-358v, de 24 de junio de 1501). También existen ejemplos de esclavos que ya nacieron en casa de los amos. Así, Diego Rodríguez, vareador de galeras sevillano, dice que tiene mucho cariño a una de sus tres esclavas “por quanto nasçió en su casa, e la crió” (AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 6r-7v, de 13 de septiembre de 1450). Igualmente, Leonor Rodríguez, en su testamento de 5 de mayo de 1520, declara tener “un esclavito de color loro, que ha nombre Gaspar, de hedad de ocho años poco más o menos, que nasçió en mi [casa], hijo de Barbola, mi esclava”(AHPSE, Prot., 1521 bis, cuad. 14, s/f). También la cordobesa María Fernández cita una esclava de dos años, hija de otra esclava de la misma testadora, que ya ha muerto (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 53, 297r-298r, de 6 de junio de 1531). Pero, al margen de la forma de entrar en esclavitud o de su posible liberación, hay que hacer constar que en algunos casos aparecen dudas sobre si el personaje citado es un esclavo o un criado. Así, por ejemplo, Catalina Sánchez Maldonado declara tener, por un lado, una criada “de color lora”, y por otro una esclava que es citada como “otra esclava”, en evidente confusión respecto a la situación de cada una (AHPSE, Prot., 3215, cuad. 25, 33v-35v, de 13 de noviembre de 1496).Un caso similar es el de Juana Martel, que declara tener una esclava negra que, hasta que llegue a la edad adulta, queda al cargo de su criada, también negra (AHPSE, Prot., 2235, 1074r-1076v, de 16 de abril de 1521). Aunque parece que estas dudas sólo se plantean en contadas ocasiones, no hay que descartar confusiones reales. Otro aspecto significativo, y de mayor interés para nosotros, son los grupos familiares de esclavos conviviendo juntos en la misma casa que el testador. La siguiente lista los sistematiza: Testador Fecha Tipo de familia Signatura María Fernández 26-VIII- 1500 Esclava con un hijo AHPSE, Prot., 3219, cuad. 33, 341v-343r Luis de Cárdenas 28-IX-1500 Esclava con una hija AHPCO, Prot., of. 14, leg. 36, cuad. 1, 43r-46v - 16 - Testador Fecha Tipo de familia Signatura Juana Ponce de León 24-VI-1501 Esclava de 35 años con dos hijos y una hija. Además, esclava de 50 años con un hijo AHPSE, Prot., 9101, 357r-358v Martín Cataneo 19-IX-1501 Esclavo negro con su hijo AHPSE, Prot., 9101, 589r-591r Juan de Tres Puentes 1-VIII-1504 Esclava con un hijo AHPSE, Prot., 4886, cuad. 1, 418r-419v Juan García de Villalón 15-I-1516 Esclava con un hijo AHPCO, Prot., of. 24, leg. 5, 11r-14v Leonor Rodríguez 5-V-1520 Esclava con un hijo AHPSE, Prot., 1521 bis, cuad. 14, s/f Elvira de Toro 14-IV-1522 Esclava con un hijo AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 185v-189r Antonio Rodríguez 17-IV-1522 Esclava con una hija AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 200v-202r Antonio Pinelo 11-X-1530 Esclava con dos hijas AHPSE, Prot., 3991, s/f Es significativo, en el caso de las esclavas de Luis de Cárdenas, que el testador disponga que la hija de la esclava se meta en un convento. Pero lo que nos interesa destacar ahora es cómo el colectivo de esclavos que se citan en los testamentos presenta, al igual que los criados, una fuerte feminización. El total de esclavos citados es de 10 varones y 15 mujeres, pero de las once familias de esclavos que aparecen, sólo una está encabezada por un varón, y en ningún caso aparece una pareja o matrimonio. Evidentemente, la mayor parte de los esclavos varones son hijos pequeños de las esclavas, que conviven con ellas, lo que hace más palpable la fuerte feminización de este colectivo. Hay que reseñar también, en relación con las familias de esclavos, que no hemos encontrado ningún testador del que se diga con claridad que es un esclavo liberado, aunque podemos razonablemente pensar que ése es el caso de Juan de Ribera, “de color negro”, casado con María González, de la que tiene un hijo más otro “natural” que convive con ellos, aunque no recibe herencia. (AHPSE, Prot., 2236, 1403v-1405-v, de 17 de mayo de 1521); es el único testador del que se deja constancia de su raza. Por otro lado, estas familias de esclavos sólo aparecen en el siglo XVI. La observación del número medio de criados por testador nos permitirá encontrar una razón a este comportamiento. Testadores Testadoras Total 1440-49 0 0 0 1450-59 0,27 0 0,13 1460-69 0,03 0,02 0,02 1470-79 0,07 0 0,03 - 17 - Testadores Testadoras Total 1480-89 0,06 0,07 0,07 1490-99 0,03 0,01 0,02 1500-09 0,15 0,17 0,16 1510-19 0,32 0,06 0,18 1520-29 0,24 0,22 0,23 1530-35 0,13 0,27 0,20 TOTAL 0,14 0,12 0,10 Cuadro 121: Esclavos por testador El cuadro 121 y el gráfico 88, en efecto, nos señalan con toda claridad cómo la presencia de esclavos en las ciudades andaluzas sólo empieza a ser relativamente abundante a partir del año 1500, o lo que es lo mismo, a partir de la conquista de Granada y el descubrimiento de América. Podría sorprendernos la elevada proporción de esclavos por testador en los años de 1450, pero el hecho de que no tenga continuidad en otros decenios, y además de que sólo sea una cifra referida a testadores varones ya invita a sospechar algún tipo de distorsión en los cálculos. En realidad, sólo dos testadores, ambos varones y sevillanos, declaran tener esclavos en este decenio: Diego Ruiz, alfaqueque, que tiene un esclavo (AHPSE, Prot., 6676, p. 4, 6r-v, de 30 de enero de 1458), y Diego Jiménez, vareador de galeras, al que hemos citado por declarar su especial cariño a una de sus tres esclavas, puesto que la crió en su casa; a las tres esclavas hay que añadir cuatro criadas (AHPSE, Prot., 17412, p. 1, 6r-7v, de 13 de septiembre de 1450), de forma que se convierte en un caso infrecuente, y en gran parte responsable de la elevación de la tasa global de esclavos por testador. Así pues, parece claro que, en contraste con la estabilidad de la media de criados por testador, los esclavos sólo aparecen con cierta asiduidad en el siglo XVI, pero no antes. 0 0,05 0,1 0,15 0,2 0,25 0,3 0,35 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 es cl av os /te st ad or Testadores Testadoras Total Por otro lado, mientras el número de esclavos se mantiene en niveles muy bajos, no se aprecian importantes diferencias entre los testadores varones o mujeres, excepto el caso del decenio 1450-59 que acabamos de comentar. Pero a partir del año 1500, coincidiendo con la - 18 - elevación de la importancia de la presencia de esclavos, se empieza a distinguir un comportamiento diferenciado, en el que las mujeres aumentan continuamente el número medio de esclavos, con un “bache” importante en el decenio de 1510, quizá relacionado con la crisis de los años inmediatamente anteriores, del que, en todo caso, se recuperan enseguida, y los hombres mantienen un fuerte ascenso precisamente hasta este decenio, para descender luego con igual rapidez. Al igual que hicimos con el colectivo de criados, vamos a intentar analizar con más detalle la estructura demográfica y distribución social de los esclavos. Sin embargo, más que nunca hay que tener ahora en cuenta su escaso número, y sobre todo su desigual distribución temporal. Esto podría inducirnos a analizarlos por treintenas, pero precisamente la importancia que puede tener su análisis en el siglo XVI hace que sea más aconsejable continuar observando por el momento los decenios de forma separada, asumiendo en todo caso que los datos anteriores a 1500 están tomados de unas muestras muy escasas y, por tanto, deberán estar bastante distorsionados. Esto se observa especialmente en el caso de las tasas de masculinidad, reflejada en el cuadro siguiente. Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 33,33 33,33 1460-69 0 0 0 1470-79 100 100 1480-89 50 50 50 1490-99 100 0 50 1500-09 55,56 85,71 68,75 1510-19 157,14 0 100 1520-29 66,67 25 45,83 1530-35 33,33 36,36 35,29 TOTAL 71,43 36,84 55 Cuadro 122: Masculinidad de los esclavos Estos datos señalan que, en términos generales, aparece casi el doble número de esclavas que de esclavos, en concreto 44 varones por 80 mujeres. Además, en ningún momento el número total de esclavos supera al de esclavas, y sólo en 1510-19 se igualan. Antes de observar con más detalle este decenio, conviene dejar establecido que, dentro de la feminización generalizada, ésta es notablemente menor para los testadores varones, como ocurría con los criados. Pero lo más llamativo es el comportamiento en el decenio de 1510: un total de once esclavos, todos varones y propiedad también de varones, mientras que el mismo número de esclavas mujeres se distribuyen en siete para los testadores varones y cuatro para las testadoras. Aún hay más: estas únicas cuatro esclavas pertenecen todas a una única señora, Leonor de Adamuz, soltera -por cierto, sin criados- pero con tres hijos habidos en Bernardo de Grimaldo, que, por su parte, acumula cinco de los - 19 - once esclavos varones de este decenio, más una de las esclavas, aunque tampoco tenga criados; en resumen, esta pareja, que hace testamento de forma simultánea, el 1 de septiembre de 1511, ante el notario Juan de Campos (AHPSE, Prot., 2192, s/f), concentra más de la mitad de todos los esclavos citados en su decenio. Sin ellos, la tasa de masculinidad de los esclavos de testadores varones quedaría equilibrada en 100, mientras que las testadoras no presentarían ningún esclavo, en situación similar a otros decenios. Por supuesto, la presencia de esclavos es mucho más abundante entre los testadores del sector terciario que en los demás, como refleja el cuadro 123. Hay que advertir que tanto en éste como en los sucesivos cuadros, debido a la concentración cronológica de los esclavos, sólo hemos distinguido entre los testamentos realizados en el siglo XV y los correspondientes al siglo XVI. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 0,07 0 0,04 0,12 0,10 0,11 0,02 0,01 0,01 XVI 0,10 0,15 0,12 0,33 0,50 0,40 0,19 0,09 0,14 TOTAL 0,08 0,08 0,08 0,25 0,35 0,29 0,12 0,05 0,08 Cuadro 123: Esclavos por testador según el sexo y el grupo socioprofesional Efectivamente, la media de esclavos por testador del sector terciario es tres veces y media superior a la de los otros grupos, en términos globales, proporción que se eleva hasta siete veces en el caso de la comparación con las mujeres del “resto” de población. Además, resulta llamativo que, cuanto más elevado es el grupo socioprofesional, es mayor la presencia de esclavos en casa de las mujeres testadoras. Recordemos que, al tratar de los criados, habíamos advertido, aunque algo difuso, un movimiento similar, que ahora aparece meridianamente claro. El estudio de la masculinidad de los esclavos en cada sector socioprofesional puede indicarnos si, además de tender las mujeres acomodadas a acumular esclavos, como acumulaban criados, son también de su mismo sexo. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 33,33 33,33 66,67 50 60 100 0 33,33 XVI 66,67 20 37,50 57,14 56,25 56,67 94,12 23,08 63,33 TOTA L 50 20 36,36 58,82 55,55 57,14 94,44 20 60,61 Cuadro 124: Masculinidad de los esclavos, según el sexo y el grupo socioprofesional El cuadro 124 nos da una respuesta claramente negativa. En realidad, es el “resto” de la población el grupo que presenta una mayor polarización sexual, dentro de una situación general de marcada feminización. Sin embargo, en el sector terciario, tanto los testadores varones como - 20 - las testadoras mantienen aproximadamente el doble número de esclavas que de esclavos. Resulta obvio que este comportamiento, opuesto al que observamos entre los criados, debe responder a la distinta finalidad que, dentro del grupo doméstico, correspondía a unos y otros sirvientes. Quizá pudiera comprobarse que parte de los criados, sobre todo en los grupos más acomodados y muy especialmente en las mujeres, estuviesen destinados al servicio personal, mientras que a los esclavos se les reservasen los trabajos más duros. Sin embargo, resulta más difícil explicar el comportamiento del “resto”, con una polarización sexual muy evidente, siempre dentro de la feminización general del colectivo esclavo. Quizá parte de la explicación pueda estar en que existen algunos testadores adscritos al “resto” porque no consta claramente su profesión ni su grupo social, pero que mantienen un cierto número de esclavos, y pueden ser realmente parte de los grupos privilegiados. Así, el elenco de testadores que dicen tener más de dos esclavos, que se reduce a doce, incluye dos “caballeros”, dos jurados, un mercader y seis personas sin profesión o grupo social identificado, además de nuestro ya conocido Diego Jiménez, vareador de galeras y, por tanto, adscrito al sector secundario, pero del que sospechamos unas posibilidades económicas más cercanas a los grupos privilegiados que a los simples artesanos. Pues bien, la simple cita de esas seis personas sin adscripción socioprofesional puede dejar entrever que también ellas podrían incluirse sin problemas en los grupos sociales más elevados: los sevillanos Bernardo de Grimaldo y Leonor de Adamuz, que hemos citado ya, Juan Gómez de Sosa (AHPSE, prot., 21, cuad. 31, s/f, de 25 de junio de 1521) y Lázaro Bernal (AHPSE, prot., 2236, 2118v-2120v, de 24 de julio de 1521), y los cordobeses Gonzalo Fernández de Córdoba (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 141r-143r, de 23 de marzo de 1530) y Egas Benegas de León (AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1446/10-1, de 31 de agosto de 1523). Estos seis testadores acumulan un total de diez esclavos -todos pertenecientes a varones- y doce esclavas -ocho pertenecientes a varones y cuatro a Leonor de Adamuz, la única mujer de este selecto grupo-, lo que significa más del 52 % de los esclavos del “resto” en el siglo XVI y más del 41 % de las esclavas. Si ignorásemos estos testadores, la maculinidad de los esclavos del “resto” en el siglo XVI quedaría en 75 para los testadores varones y 33,33 para las mujeres, valores más cercanos a los del sector secundario.Aún así, es evidente que el grupo secundario y el “resto” siguen manteniendo un notable nivel de polarización sexual en sus esclavos. Merece la pena destacar también que, en general, una cierta abundancia de esclavos parece conllevar la escasez de criados. Observando de nuevo el grupo de los testadores que tienen más de dos esclavos, se observa que la media es de 7,42 esclavos por testador, pero sólo de 1,66 criados. Por ejemplo, el ya conocido Bernardo de Grimaldo declara seis esclavos y ningún criado, y el no menos citado Martín Cataneo, aunque no consta en esta lista porque sólo declara un esclavo y su hijo, cita sin embargo un número indeterminado, y presumiblemente alto, de esclavos y esclavas, pero ningún criado. Siete de estos doce testadores no citan ningún criado, si bien Egas Benegas de León menciona un número indeterminado de ellos, y sólo en dos casos consta un número de criados superior al de esclavos: Francisca de Ribera, viuda del caballero sevillano Juan Fernández Marmolejo, declara tener ocho esclavos y diez criados (AHPSE, Prot., 40, 590 bis, de 28 de agosto de 1531), y el vareador de galeras Diego Jiménez cita a tres esclavos y cuatro criados. Podría pensarse que en estos casos la presencia de esclavos sustituiría a los criados, tanto más cuanto que aparecen a veces asociados a comentarios relativamente afectuosos que así lo sugieren, como se ha indicado más arriba. Veremos enseguida que otros indicios apoyan esta idea. - 21 - Igual que con los criados, vamos ahora a estudiar la distribución del número de esclavos entre los testadores, aunque ahora, como es lógico, los segmentos de distribución serán distintos, tal como refleja el cuadro 125. HOMBRES MUJERES 0 1 >1 0 1 >1 XV 95,59 3,43 0,98 98,28 1,29 0,43 XVI 89,38 5,14 5,48 90.67 6,72 2,61 TOTAL 91,93 4,43 3,62 94,21 4,19 1,60 Cuadro 125: Distribución de testadores según el número de esclavos Obtener de este cuadro la conclusión de que, por debajo de las cifras medias, la posesión de esclavos era una circunstancia fuertemente restringida en el seno de la sociedad urbana andaluza, mucho más que la de criados, no resultaría una aportación demasiado valiosa. Más útil puede ser la cuantificación de la población que puede tener al menos un esclavo: en términos generales, aproximadamente el 8 % de los hombres y casi el 6 % de las mujeres, porcentajes que bajan respectivamente al 3,6 % y al 1,6 % a la hora de cuantificar los poseedores de dos o más esclavos. Veamos ahora la masculinidad de los propios esclavos, indicando, en lugar de la tasa, el número real de esclavos y esclavas en cada segmento de distribución. HOMBRES MUJERES 1 >1 1 >1 XV 3/4 1/4 0/3 1/1 XVI 8/7 18/27 1/17 12/17 TOTAL 11/11 19/31 1/20 13/18 Cuadro 126: Distribución del número de esclavos/esclavas según el sexo del testador Dentro de una feminización constante del grupo de esclavos, que ya habíamos detectado, y aunque también se constata una menor feminización, incluso equilibrio sexual, en el colectivo de testadores varones con un sólo esclavo, llama la atención el comportamiento de las testadoras con un sólo esclavo. En efecto, sólo en un caso la testadora no tiene esclavas pero sí un esclavo: se trata de María Díaz, casada en segundas nupcias con “Maestro Rodríguez de Figueroa”, y sin hijos ni otros criados (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 4r-6v, de 26 de marzo de 1522). En los otros veinte casos de testadoras con un sólo esclavo, se trata siempre de una esclava. Podría esgrimirse razones de imagen social, pero la mitad de esas veinte testadoras están casadas y su marido vive todavía, lo que en principio les haría más fácil mantener tanto una esclava como un esclavo. Veamos, pues, si la observación de la distribución de los esclavos según el grupo social aporta algún elemento más al análisis. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO - 22 - 0 1 >1 0 1 >1 0 1 >1 XV 97,83 1,09 1,09 91,55 5,63 2,82 98,52 1,48 XVI 89,89 7,86 2,25 81,20 12,82 5,98 92,61 3,12 3,98 TOTAL 93,92 4,42 1,66 85,11 10,11 4,79 95,34 2,41 2,25 Cuadro 127: Distribución de los esclavos según el grupo socioprofesional Aunque la relativa escasez de esclavos citados hace que las diferencias entre los grupos socioprofesionales sean aquí menos acusadas que en el caso de los criados, y señalando también que la concentración de los esclavos es mucho más fuerte en el seno de cada grupo -sólo el 15 % del sector terciario y menos del 5 % del “resto” puede tener un esclavo-, el paralelismo con la situación descrita para los criados es evidente, puesto que las diferencias entre el sector terciario y los demás, sobre todo el “resto”, aumentan en el siglo XVI, a pesar de la presencia del pequeño grupo de testadores presumiblemente acomodados que se han adscrito a este último grupo socioprofesional, tal como ha quedado expuesto más arriba. Sin embargo, en esta comparación hay que resaltar que la presencia de esclavos aumenta después de 1500 en todos los sectores, mientras que en los criados sólo el sector terciario aumentaba la proporción de testadores que tenían al menos uno, disminuyendo en el sector secundario y en el “resto”. Quizá podamos detectar detrás de este comportamiento en estos dos sectores un cierto grado de sustitución de criados por esclavos, posiblemente más baratos de mantener, mientras que el grupo más acomodado aumentaría su servidumbre tanto de criados como de esclavos. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 1/0 0/3 1/2 1/1 1/1 XVI 2/1 0/2 4/3 4/11 2/3 14/14 TOTAL 3/1 0/5 5/5 5/12 3/4 14/14 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 0/1 1/1 0/2 XVI 0/4 1/1 0/8 9/8 1/5 2/8 TOTAL 0/4 1/1 0/9 10/9 1/7 2/8 Cuadro 128: Distribución de esclavos/esclavas según el sexo y el grupo profesional El cuadro 128 no permite sacar demasiadas conclusiones, puesto que casi en ningún momento las cifras absolutas de esclavos suben de diez u once, lo que significa que la simple presencia de un esclavo más o menos implicaría variaciones muy importantes en los datos. No obstante, podemos destacar que la muy marcada tendencia, casi exclusividad, de las mujeres a - 23 - tener esclavas es general a todos los sectores, y sólo en el “resto” parecería más atenuada, probablemente como efecto de su número más reducido. También cabe señalar el sorprendente comportamiento de los hombres del “resto”, en el grupo de los testadores con más de un esclavo, que pasan de no existir en el siglo XV a poseer 14 esclavos de cada sexo tras el año 1500. Pero aquí al explicación está en el grupo de testadores acomodados adscritos a este grupo que hemos observado más arriba; sin ellos, las cifras de los hombres del “resto” con más de un esclavo en el siglo XVI serían de 4 esclavos y 6 esclavas. Naturalmente, si añadimos estas cifras al sector terciario, en éste encontraríamos en el mismo grupo un total de 15 esclavos y 16 esclavas. 2.- Criados y esclavos en Sevilla Una vez estudiado con detalle el comportamiento del conjunto urbano andaluz en relación con la presencia de criados y esclavos en sus familias, procede hacer lo propio respecto de cada una de las tres ciudades capitales de los tres reinos. Pero antes de empezar, hay que adelantar desde ahora que, como se ha podido entrever en las páginas anteriores, la inmensa mayoría de los criados y la práctica totalidad de los esclavos proceden de Córdoba y, sobre todo, de Sevilla, lo que supondrá una innegable hipoteca en el desarrollo de los cálculos que siguen. En todo caso, se trata de un hecho que, por sí mismo, es ya significativo. Veamos, pues, el resultado de aplicar los cálculos a cada una de las ciudades andaluzas, empezando por Sevilla. 2.1.- Los criados Hemos registrado un total de 180 criados en Sevilla –84 varones y 96 mujeres–, repartidos entre 46 testadores y 47 testadoras. Esto significa el 43 % del total de criados –47 % de los varones y 39,5 % de las mujeres–, que sirven al 41 % del total de los testadores que mantienen algún criado, sin que se aprecien diferencias importantes de porcentaje entre testadores y testadoras. El primer dato a tener en cuenta, pues, es que en Sevilla parece existir una cierta concentración de criados varones en relación con el conjunto de las tres ciudades. Pero observemos primero la evolución cronológica del número medio de criados por testador en esta ciudad. Testadores Testadoras Total 1440-49 0,33 0,14 0,26 1450-59 1,43 0,13 0,76 1460-69 0,18 1 0,59 1470-79 0,17 0,10 0,12 1480-89 0,29 0,20 0,25 1490-99 0,54 0,30 0,37 1500-09 0,65 0,34 0,50 1510-19 0,33 0,44 0,40 1520-29 0,71 0,59 0,65 1530-35 0,31 1,06 0,69 - 24 - Testadores Testadoras Total TOTAL 0,54 0,44 0,49 Cuadro 139: Criados por testador en Sevilla La vista de las medias globales nos sugiere ya, por un lado, que los testadores sevillanos son más proclives a tener criados que el conjunto de testadores andaluces y, por otro lado, que esta situación se da con más fuerza entre los testadores varones que entre las mujeres. Pero antes de pasar adelante, observemos la evolución cronológica a través del gráfico 94. Como se puede ver, hasta 1470 existe un período de altibajos, producidos por la relativa falta de testamentos, pese a lo que parece entreverse tanto una tendencia a la baja en el número medio de criados por testador como una cierta superioridad en ello de los testadores varones. Esta última característica se mantendrá hasta 1510, pero ahora en un marco general de aumento constante del número de criados tanto entre los testadores como entre las testadoras. Pero en 1510 se rompe el paralelismo entre los sexos y, quizá como efecto de la crisis de 1507, los testadores varones experimentan una fuerte caída, que se repetirá en 1530, en coincidencia con una nueva crisis, mientras que las mujeres continúan su ritmo ascendente, incrementado de forma espectacular en el último decenio. En todo caso, desde 1470 parece incontestable el aumento del número medio de criados por testador; recordemos, además, que desde 1500 se registran en Sevilla algunos casos de familias enteras de criados convivendo con sus amos. Podemos ahora comprobar hasta qué punto en esta evolución influye el sexo del criado, a través de su masculinidad, tal como aparece en el cuadro 140. Testadores 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1,6 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 cr ia do s/ te st ad or Testadores Testadoras Total Testadoras Total 1440-49 300 0 150 1450-59 81,82 100 83,33 1460-69 100 22,22 30 1470-79 0 0 0 - 25 - Testadores Testadoras Total 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Testadoras Total 1480-89 150 50 100 1490-99 133,33 28,57 60 1500-09 633,33 22,22 175 1510-19 ∞ 100 216,67 1520-29 214,29 13,33 77,27 1530-35 66,67 41,67 46,67 TOTAL 196,87 88,42 33,33 Cuadro 140: Masculinidad de los criados en Sevilla Se mantiene, sin duda, una feminización del colectivo de los criados en Sevilla, como en el conjunto urbano andaluz, si bien ya no es tan acusada. Pero lo más destacable es la exacerbación de la polarización sexual de los criados, es decir, la tendencia a adoptar criados del mismo sexo que el testador. En efecto, las cifras globales vienen a significar que entre los testadores varones hay casi dos criados por cada criada, mientras que en las testadoras hay tres criadas por cada criado. Hay que señalar, además, que la masculinidad de los criados de testadores varones es notablemente superior a la del conjunto urbano, mientras que en las mujeres la polarización sexual es sólo algo superior a la del total de las tres ciudades andaluzas. El resultado de plasmar estos datos en un gráfico de escala semilogarítmica se observa en el gráfico 95. Aunque el efecto óptico de este tipo de gráficos hace que sea más difícil apreciarlo, en realidad la linea de la masculinidad total presenta un paralelismo claro con la del número de criados por testador: descenso hasta 1470 –donde se registra una masculinidad cero, es decir, ningún criado varón–, para subir luego hasta 1510 y luego descender con más suavidad. Esto implica, en términos generales, que el aumento o descenso del número de criados viene en gran parte condicionado por la mayor o menor presencia de criados varones. De hecho, las mayores oscilaciones se encuentran en la línea de la masculinidad de los criados de testadores, mientras que las mujeres, a pesar de momentos extremos como la masculinidad cero en 1470 – que, de todas formas, no es significativa porque en ese decenio al servicio de una testadora - 26 - aparece una única criada–, presenta una menor presencia de fuertes sacudidas, con una leve tendencia al descenso, es decir, a la feminización. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 0,67 0,40 0,57 1,31 0,40 1,05 0,20 0,43 0,27 1470-99 0,43 0,25 0,36 0,62 0,40 0,50 0,15 0,19 0,18 1500-35 0,33 0,44 0,38 0,97 1,36 1,14 0,40 0,21 0,30 TOTAL 0,42 0,39 0,41 1 1 1 0,31 0,25 0,28 Cuadro 141: Criados por testador en Sevilla, según el sexo y el grupo socioprofesional Al atender al grupo social, junto con el sexo del testador, como factor diferencial, lo más destacado es la falta de diferencias inesperadas, ni entre los sectores sociales – lógicamente, hay una mayor presencia de criados en el sector terciario que en los demás– ni entre los sexos. Cabe reseñar, no obstante, la fuerte subida que en el siglo XVI experimenta el número de criados de las mujeres del sector terciario. Existe también una notable subida en los testadores varones, e incluso en los testadores varones del “resto”, pero siempre menos acusada. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 50 100 60 264,29 29,03 102,22 50 25 30 1470-99 200 ∞ 100 150 33,33 80 0 40 28,57 1500-35 800 37,5 122,22 480 30,77 103,23 157,14 57,14 107,14 TOTAL 200 36,36 100 264,29 29,03 102,22 109,09 40 64,52 Cuadro 142: Masculinidad de los criados en Sevilla, según el sexo y el grupo socioprofesional Sin embargo, el cuadro 142 nos muestra que esta subida, en el caso de las mujeres del sector terciario, no se corresponde con ningún cambio en las tasas de masculinidad de los criados, si bien hay que hacer notar que este grupo ya presentaba una feminización muy alta durante todo el período estudiado, de forma que resultaría difícil aumentar la proporción de criadas donde apenas existe un criado por cada tres criadas. Donde sí se aprecian importantes cambios al llegar el siglo XVI es en los criados de testadores varones. En todos los grupos observamos una fuerte masculinización, que llega a niveles realmente altos en los grupos secundario y terciario, donde ya en el último tercio del siglo anterior existía una masculinización de los criados bastante marcada, pero que llama más la atención en el “resto”, cuya población de criados aparece claramente feminizada durante todo el siglo XV. El - 27 - resultado es que la polarización sexual de los criados en el siglo XVI está fuertemente marcada en Sevilla, incluso entre la población no caracterizada socioprofesionalmente. Además, tomados en su conjunto, los grupos secundario y terciario presentan un colectivo de criados equilibrado sexualmente, pero es el “resto” el que mantiene la feminización, y el responsable de la que se observaba en los datos generales. La distribución de los criados en Sevilla probablemente nos ofrecerá nuevos datos, como ocurrió con todo el conjunto urbano. 0 1 2-3 >3 1440-1469 70 18,57 5,71 5,71 1470-1499 78,02 15,38 6,59 0 1500-1535 74,76 14,08 6,31 4,85 TOTAL 74,66 15,26 6,27 3,81 Cuadro 143: Distribución de los testadores en Sevilla según el número de criados Parece que la presencia de criados en Sevilla es algo más usual que en las demás ciudades, aunque no cambian demasiado las cifras respecto a las totales. Es significativo, sobre todo, la mayor proporción de testadores con más de tres criados, lo que es un indicador más que refleja la presencia de un grupo social adinerado más numeroso en Sevilla que en las otras dos ciudades que estudiamos. En este sentido, hay que resaltar que durante el último tercio del siglo XV no aparece ni un sólo testador, hombre o mujer, con más de dos criados. También hay que observar que, en términos globales, la división interna de la población parece levemente menos acusada, si bien la evolución hacia unas diferencias cada vez mayores también resulta bastante clara, como se observa de la simple comparación de los datos de 1440-69 con los del siglo XVI, en los que la proporción de testadores sin criado ha aumentado en casi un 5 %, aumento prácticamente equivalente al descenso de la proporción de testadores con un sólo criado. HOMBRES MUJERES 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-1469 64,86 24,32 2,70 8,11 75,76 12,12 9,09 3,03 1470-1499 72,22 19,44 8,33 0 81,82 12,73 5,45 0 1500-1535 77,45 10,78 5,88 5,88 72,12 17,31 6,73 3,85 TOTAL 73,71 15,43 5,71 5,14 75,52 15,10 6,77 2,60 Cuadro 144: Distribución de los testadores en Sevilla, según el sexo y el número de criados Habíamos comprobado cómo en el siglo XVI la linea ascendente de los testadores varones se quiebra, sometida a fuertes altibajos, mientras que la de las mujeres asciende incluso muy por encima del ritmo de los años precedentes. El cuadro 144 nos revela que esta - 28 - situación se debe, básicamente, al comportamiento de los testadores que mantienen uno o ningún criado, es decir, a los menos pudientes. Es cierto que ambos sexos ven aumentar considerablemente la proporción de testadores que declaran contar con tres o más criados, si bien la situación en 1470-99 era de falta absoluta de testadores en esa situación. Pero las mujeres ven aumentar de forma continua, y en especial al llegar el siglo XVI, el número de las que consiguen tener al menos un criado, mientras que los testadores varones experimentan un movimiento inverso. En otras palabras, la presencia de criados se generaliza entre las mujeres, pero entre los hombres cada vez se hace más propia de los más ricos. HOMBRES MUJERES 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 4/5 0/2 9/6 1/3 0/6 2/2 1470-1499 3/4 4/2 1/6 2/4 1500-1535 9/2 9/5 25/6 6/12 6/10 3/20 TOTAL 16/11 13/9 34/12 8/21 8/20 5/22 Cuadro 145: Número de criados/criadas en Sevilla según su distribución y el sexo del testador La principal conclusión que puede extraerse a la vista del cuadro 145 es que, aun existiendo una clara polarización sexual de los criados, ésta es mucho más fuerte siempre en el grupo de testadores con más de tres criados, lo que confirma nuestra percepción sobre la diferente función de los criados en unos u otros grupos de distribución. En efecto, parece claro que, cuando se mantiene uno o dos criados, se hace necesario contar con ambos sexos, probablemente para realizar faenas domésticas o laborales, pero por encima de ese número empieza a cobrar importancia una mera función de compañía, servicio personal o simple ostentación, perfilándose así comportamientos propios de años posteriores. Volveremos a retomar esta interpretación más adelante, al estudiar otros cuadros tanto de criados como de esclavos. Veamos ahora la distribución de los testadores sevillanos según el número de criados y atendiendo al grupo socioprofesional. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-69 64,29 28,57 0 7,14 55,55 22,22 11,11 11,11 78,95 13,16 5,26 2,63 1470-99 72,73 18,18 9,09 0 66,67 16,17 16,17 0 84 14 2 0 1500-35 78,85 8,23 2,35 2,35 60 16,36 12,73 12,73 81,44 12,37 4,12 2,06 TOTAL 75 17,04 4,54 3,41 60,44 17,58 13,19 8,79 81,62 12,97 3,78 1,62 Cuadro 146: Distribución de testadores en Sevilla según el grupo socioprofesional y el número de criados - 29 - Resulta interesante observar que tanto en el “resto” como, sobre todo, en el sector secundario, existe una tendencia a aumentar la población sin criados, mientras que disminuye la proporción de testadores con un sólo criado. Además, en el sector secundario, también se detecta una disminución en el grupo de 2-3 criados al llegar el siglo XVI, lo que no ocurre en el “resto”. Esto quiere decir, por un lado, que existen en ambos grupos socioprofesionales sectores relativamente acomodados, que mantienen más de tres criados, y que tienden a estabilizarse en el “resto” y a disminuir en el secundario. Por otro lado, es evidente que, si consideramos la posesión de criados como signo de riqueza, asistimos al resultado de una concentración de ésta en manos tanto de estos grupos acomodados dentro de los sectores secundario y no caracterizado, como de todo el sector terciario, fenómeno apreciable con toda claridad en el paso del siglo XV al siglo XVI, coincidiendo con los años que venimos considerando clave en la evolución demográfica de las ciudades de Andalucía occidental. Finalmente, no podemos dejar pasar el hecho de que en el último tercio del siglo XV parece producirse una fuerte crisis, con falta de testadores de más de dos criados en ninguno de los sectores, y aumento generalizado de los testadores sin criados. Recordemos que en estos años habíamos establecido en Sevilla una combinación de inmigración masiva y crisis continuada de mortalidad, cuyo reflejo socioeconómico pueden ser estos datos sobre el mantenimiento de criados. Veamos, por último, el grado de polarización sexual de los criados en cada grupo socioprofesional, a través del cuadro 147. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 2/0 0/4 1/3 0/2 9/2 1/2 1470-1499 2/2 2/0 1/0 2/2 0/2 1500-1535 4/0 4/1 2/2 5/2 17/1 3/0 4/3 4/4 TOTAL 8/2 2/0 4/5 4/5 7/6 26/3 4/4 4/3 4/4 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 1/1 0/2 0/2 0/4 2/2 1470-1499 0/2 0/2 1/1 1/4 1/1 1500-1535 2/1 1/3 0/4 0/5 5/5 3/16 4/5 0/2 TOTAL 3/2 1/5 0/4 0/7 6/8 3/16 5/11 1/7 2/2 Cuadro 147: Número de los criados/criadas de Sevilla de acuerdo con la distribución de los testadores según el número de criados, el sexo y el grupo socioprofesional - 30 - Pocos comentarios pueden hacerse a este cuadro, aparte de los ya realizados el tratar del conjunto urbano andaluz. Sólo cabe señalar que la polarización aparece algo menos marcada, en particular en las mujeres, y que en los hombres se mantiene en niveles muy altos sólo en el sector terciario en el siglo XVI. En general, es en esta última treintena donde aparece con más claridad esta tendencia a mantener criados del mismo sexo que el testador. En resumen, si consideramos la posesión de criados como signo de riqueza, encontramos que su distribución en Sevilla aparece algo menos concentrada que en todo el conjunto urbano. Cuando analicemos los datos de Córdoba se podrán observar mejor las diferencias en este sentido. Esta cierta amplitud de la tenencia de criados parece deberse a la presencia de grupos relativamente acomodados dentro del sector secundario y del “resto”, sobre todo al llegar el siglo XVI. Respecto a las diferencias de género, sólo cabe señalar la omnipresencia de la polarización sexual tanto en varones como en mujeres. No obstante, destaca el hecho de que es más acusada en los grupos de más de tres criados, lo que implica connotaciones relativas a la función de los criados dentro de los grupo familiares relativamente amplios, vinculado a tareas sociales y de ostentación, más que a la producción o tareas domésticas. 2.2.- Los esclavos En los testamentos sevillanos hemos localizado un total de 79 esclavos, casi el 63 % del total de esclavos de las ciudades andaluzas. De ellos, 28 hombres y 51 mujeres, lo que significa respectivamente el 63,6 % de los esclavos y el 63,7 % de las esclavas. Pertenecen a un total de 38 testadores, de los que 20 son varones y 18 mujeres; es decir, el 10,27 % de la población mantiene algún esclavo, distribuidos en el 11,43 % de los hombres y el 9,37 % de las mujeres. Parece evidente, desde luego, que se trata sólo de una muestra del total de esclavos que debió existir en Sevilla en esta época. Incluso se ha afirmado que el total de esclavos que aparece en los protocolos notariales sólo representa un pequeña parte del número real que debió existir en Sevilla en esta época. Según los datos recogidos por Franco Silva (1979 a, 133-136), en 1453-1470 sólo aparecen cinco esclavos en los protocolos, pero hay indicios que señalan a un número mucho mayor, como la protesta contra los “negros” formulada en 1461 por el procurador mayor de la ciudad, o la remesa de 102 esclavos que ese mismo año recibe el jurado Diego de Villalón. Lo mismo ocurre en el período 1471-1480, donde aparecen 43 esclavos en los registros notariales, pero sabemos que en 1473 el veinticuatro Diego de Ribera afirma que los barcos que vienen de Berbería se encuentran cargados de esclavos, y en 1475 se nombra un “mayoral de los negros”. En la década siguiente el número de esclavos aumenta bastante, sobre todo después de la conquista de Málaga, y en los padrones aparecen 322 en total, aunque los protocolos sólo registran 33 esclavos. En 1491- 1500 continúa aumentando el número de esclavos, y también el de los registrados en los protocolos, señalándose además algunos hitos importantes, como el desembarco de más de 200 esclavos en 1496. Sin embargo, esta disparidad entre el número real de esclavos existente en la ciudad y el que aparece en los protocolos notariales sólo interesa parcialmente a nuestros propósitos, que se centran en el estudio de su presencia dentro de la unidad familiar. Por tanto, los datos aportados por el autor citado pueden servir como punto de referencia, pero no deben desviarnos esencialmente de la metodología que venimos siguiendo. No obstante, aún debemos tener en cuenta las cifras del número total de esclavos ofrecidas por el mismo investigador, que nos serán rápidamente de utilidad. Para favorecer las comparaciones, hemos reducido todos sus datos a decenios, y, además, no será necesario reproducir las cifras totales, irrelevantes para nuestro propósitos, sino sólo el gráfico que hemos elaborado a partir de ellas, que ostenta el número 96. De este gráfico se desprenden dos conclusiones que nos pueden resultar útiles. En primer lugar, el despegue en el número de esclavos se realiza a partir de 1490; en este sentido resulta ilustrativo que en el testamento de Per Afán de Ribera, de 1455, sólo se citen siete esclavos, pero que en el de su descendiente Catalina de Ribera, fechado en 1505, aparecen nada menos que 74 (LADERO QUESADA, 1984 a, 488). En segundo lugar, siempre la cifra de esclavos varones supera a la de las mujeres, en especial en 1510-19, salvo en el decenio 1520-29; no obstante, hay que advertir que las cifras de este decenio sólo son orientativas, puesto que Franco Silva sólo llega en sus datos hasta 1525, de forma que a la suma de esclavos de 1520-25 se ha añadido una cantidad igual para completar, siquiera virtualmente, el decenio. Dejaremos ahora estos datos, y veamos qué información podemos obtener del estudio de la media de esclavos por testador, según nuestras propias fuentes Testadores Testadoras Total 1440-49 0 0 0 1450-59 0,29 0 0,14 1460-69 0 0,09 0,04 1470-79 0 0 0 1480-89 0 0 0 0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 es cl av os Hombres Mujeres Total - 31 - - 32 - Testadores Testadoras Total 1490-99 0,15 0,03 0,07 1500-09 0,15 0,41 0,27 1510-19 0,52 0,15 0,31 1520-29 0,42 0,34 0,38 1530-35 0,31 0,62 0,47 TOTAL 0,21 0,23 0,20 Cuadro 148: Esclavos por testador en Sevilla Desde luego, la cifra media de esclavos por testador es muy superior, casi el doble, que la del conjunto urbano. De todas formas, ya hemos comprobado enunciando simplemente las cifras generales que en Sevilla se concentran aproximadamente dos tercios del total de esclavos de las ciudades andaluzas. En total, pues, la media de servidumbre por testador en Sevilla es de 0,70, algo superior a los 0,62 que calculó Blanca Morell Peguero (1986, 122). Por lo demás, parece que la distribución según el sexo del testador es bastante equilibrada, como ocurría con los criados. Veamos, pues, en el gráfico 97 la evolución cronológica de la media de esclavos por testador, y si ese equilibrio se mantiene en el tiempo. La linea evolutiva global es aquí muy similar a la de los criados: hasta 1470 existen altibajos motivados por la escasez de testamentos y, en este caso, también de esclavos, aunque se puede apreciar una cierta tendencia a la baja; desde 1480, clara tendencia a subir, más acusada que la que aparecía para los criados, y continuada hasta el final del período. Las lineas de ambos sexos aparecen también entrelazadas, de forma que no existe una superioridad clara de una sobre otra. Sin embargo, resulta un tanto chocante que siempre que aumenta el número de esclavos por testador varón disminuya con intensidad similar el de las mujeres, y viceversa. Tendremos que esperar a obtener más datos para intentar ofrecer alguna solución a este problema. Testadores Testadoras Total 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 es cl av os /te st ad or Testadores Testadoras Total - 33 - Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 33,33 33,33 1460-69 0 0 1470-79 1480-89 1490-99 100 0 50 1500-09 66,67 85,71 80 1510-19 175 0 87,5 1520-29 62,50 11,11 35,29 1530-35 25 66,67 50 TOTAL 73,91 39,29 54,90 Cuadro 149: Masculinidad de los esclavos en Sevilla En el cuadro correspondiente a la masculinidad de los esclavos de Sevilla, como no podía ser de otra forma, de nuevo encontramos una marcada preponderancia de las esclavas sobre los esclavos, independientemente del sexo del amo. Ciertamente, parece que la feminización es menos acusada entre los testadores varones, pero sólo en 1510-19 se supera la línea del equilibrio. Sin embargo, recordemos que parecen existir en Sevilla un mayor número de esclavos que de esclavas, y que incluso esta preponderancia masculina no sólo tiene que ver con la conveniencia para los amos de contar con mayor fuerza física, sino que también parece observarse un mayor número de nacimientos de esclavos varones sobre las mujeres (FRANCO SILVA, 1979 a, 172), quizá por efecto de algún tipo de infanticidio selectivo. No podemos atribuir a una mayor mortalidad masculina la discordancia entre nuestros datos y los de Franco Silva, porque, lógicamente, cuando un esclavo muere puede sustituirse por otro, especialmente si está siendo utilizado como fuerza de trabajo físico. El mismo argumento puede aplicarse a la posibilidad de que los esclavos varones fuesen liberados o abandonados cuando ya no es capaz de desarrollar el suficiente esfuerzo físico. Así pues, el destino de estos esclavos varones queda abierto a la investigación. Pero, centrándonos en nuestros datos, lo más llamativo, sin necesidad de trazar ningún gráfico, es la correspondencia entre polarización sexual en cada uno de los géneros y el aumento o disminución del número medio de esclavos por testador. En efecto, el siglo XVI se iniciaba con un fuerte aumento del número de esclavos entre las testadoras, que coincide con la feminización más baja de toda la serie, para descender de nuevo en 1510-19, momento en que encontramos cuatro esclavas y ningún esclavo entre las testadoras y luego subir el número medio de esclavos hasta el final del período tanto como disminuye la importancia relativa de las esclavas. Para los testadores varones, el paralelismo entre la tasa de masculinidad y el número medio de esclavos por testador es perfecto, como ocurría también en el caso de los criados. En resumen, que el aumento o disminución de los esclavos, e incluso de los criados varones, está en relación directa con la polarización sexual. Parte de una posible explicación puede estar en las fluctuaciones del mercado esclavista, que encarecería o disminuiría en - 34 - términos relativos el precio de los varones o de las mujeres, combinado con una indiscutible tendencia a mantener esclavos, y en general servidumbre, del mismo sexo; de esta forma, cuando el precio de las esclavas subiese, las mujeres no optarían por comprar esclavos varones, sino que simplemente dejarían de comprar esclavos, y el mismo mecanismo podría aplicarse a los hombres. Parece bastante probable que el estudio de los datos por sectores socioprofesionales pueda aportar más información. Veamos, pues, el número medio de esclavos por testador según el sexo y el grupo socioprofesional, utilizando el mismo cuadro que diseñamos para el conjunto de las ciudades andaluzas. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 0,17 0 0,11 0,05 0 0,03 0,04 0,03 0,03 XVI 0,07 0,24 0,15 0,47 0,84 0,64 0,40 0,19 0,29 TOTAL 0,12 0,16 0,14 0,29 0,52 0,40 0,26 0,11 0,17 Cuadro 150: Esclavos por testador en Sevilla, según su sexo y el grupo socioprofesional El primer dato que sorprende en este cuadro es la baja proporción de esclavos del sector secundario, en particular de los varones. Téngase en cuenta, además, que la no menos llamativa cifra del siglo XV se debe, básicamente, a la presencia del varias veces citado Diego Jiménez, vareador de galeras, que posee tres de los cuatro esclavos que se han registrado en ese intervalo para este grupo socioprofesional; sin él, la cifra de esclavos por testador bajaría hasta 0,04 en los testadores varones y 0,03 en el total, similar a la de los demás grupos. Por lo demás, en el siglo XV la proporción de esclavos por testador es muy similar en todos los grupos, lo que parece lógico a la vista de su escasez. No menos llamativa es la proporción que presentan los testadores varones del “resto” en el siglo XVI, apenas levemente inferior a la del sector terciario, y sin paralelo con la de las mujeres, pero también aquí hay que observar que, de los 18 esclavos correspondientes a este grupo, seis pertenecen al también conocido Bernardo de Grimaldo; si añadiésemos además los tres esclavos con que cuentan Juan Gómez de Sosa y Juan Bernal, también citados en el parágrafo dedicado al estudio conjunto de todas las ciudades precisamente por su comportamiento más cercano al sector terciario que al “resto”, encontraríamos apenas seis esclavos para un total de 42 testadores varones, es decir, una media de 0,14 esclavos por testador, valor mucho más acorde con lo que cabe esperar de este grupo. En todo caso, la tenencia de esclavos en el sector terciario acaba siendo, como es lógico, muy superior al resto, merced fundamentalmente a la elevada cifra de las mujeres, coincidente con el dato de los criados. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 1/3 1/3 0/1 0/1 1/0 0/2 1/2 XVI 1/1 1/5 2/7 5/9 9/12 14/21 9/9 1/9 10/18 - 35 - TOTAL 2/4 1/5 3/10 5/10 9/12 14/23 10/9 1/11 11/20 Cuadro 151: Número de esclavos/esclavas de Sevilla, según el sexo y el grupo socioprofesional Sin embargo, si en el caso de los criados habíamos observado que su mayor presencia en los testamentos de las mujeres se correspondía con una fuerte tendencia a la polarización sexual, no puede decirse lo mismo en el caso de los esclavos. Como se refleja en el cuadro 151, la masculinidad de los esclavos de las mujeres del sector terciario es relativamente fuerte, aun dentro de un contexto general de feminización. La tasa de masculinidad de las mujeres del sector terciario es de 75 esclavos por cada 100 esclavas, mientras que, por ejemplo, la de las mujeres del “resto” es de apenas 9,1 esclavos por cada 100 esclavas. En cuanto al sector secundario, la falta de un número suficiente de esclavos impide que podamos llegar a ninguna conclusión al respecto, más allá de esa misma constatación. No obstante, puede observarse que, haciendo excepción del pequeño grupo de testadores del “resto” que parecen comportarse con patrones propios de capas sociales más acomodadas, la posesión de esclavos es un fenómeno bastante restringido a los testadores mejor situados en la escala social y económica del momento. La observación de los porcentajes de distribución de los testadores según el número de esclavos permitirá comprobarlo con más claridad. HOMBRES MUJERES 0 1 >1 0 1 >1 XV 94,52 4,11 1,37 97,73 2,27 0 XVI 84,31 8,82 6,86 84,61 9,61 5,77 TOTAL 88,57 6,86 4,57 90,62 6,25 3,12 Cuadro 152: Distribución porcentual de testadores en Sevilla según el número de esclavos La distribución en razón del sexo nos permite comprobar que las diferencias en este sentido no son demasiado grandes, si bien se reducen muy notablemente en el siglo XVI, hasta casi desaparecer, gracias fundamentalmente al aumento general del número de esclavos. De todas formas, la escasez de los mismos en el XV hace que prácticamente los datos del siglo XVI sean los únicos totalmente fiables. Veamos ahora cómo se descomponen estas cifras en el número de esclavos y de esclavas. HOMBRES MUJERES 1 >1 1 >1 XV 2/1 0/3 0/2 XVI 5/4 10/15 0/10 11/16 TOTAL 7/5 10/18 0/12 11/16 Cuadro 153: Distribución del número de esclavos/esclavas en Sevilla según el sexo del testador - 36 - En honor a la verdad, sólo puede afirmarse la existencia de una auténtica polarización sexual en las mujeres con un sólo esclavo, que siempre es de su mismo sexo. En los demás casos, o bien la muestra es demasiado escasa, o bien encontramos predominio femenino en los grupos de dos o más esclavos, independientemente del sexo del testador; incluso la tasa de masculinidad es menor entre los testadores varones que entre las mujeres. Es cierto que, en el grupo de testadores varones con un sólo esclavo, hay un cierto predominio de los esclavos también varones, pero la diferencia con las esclavas es demasiado pequeña como para que pueda hablarse en este caso de otra cosa que no sea un equilibrio. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 >1 0 1 >1 0 1 >1 XV 94,44 2,78 2,78 97,22 2,78 0 96,59 3,41 0 XVI 86,54 11,54 1,92 78,18 12,73 9,09 86,60 6,19 7,22 TOTAL 89,77 7,95 2,27 85,71 8,79 5,49 91,35 4,86 3,78 Cuadro 154: Distribución de los testadores en Sevilla según el número de esclavos y el grupo socioprofesional Como en casi todos los cálculos referentes a los esclavos, la auténtica medida de la diferenciación se da en el siglo XVI, puesto que en la etapa anterior el número de esclavos es demasiado escaso; de hecho, en el siglo XV, las diferencias entre los grupos socioprofesionales son poco importantes, lo que, además condiciona las cifras totales. En todo caso, es evidente que la llegada más o menos masiva de esclavos a Sevilla introdujo este elemento en una parte nada despreciable del conjunto de las familias de todos los grupos sociales, oscilando entre el 14 % de las familias no caracterizadas socioprofesionalmente – proporción que se rebajaría hasta algo más del 10 % si no contásemos aquí el pequeño grupo de testadores probablemente acomodados que hemos encontrado y al que hemos hecho referencia– y casi el 22 % de las familias del sector terciario, proporción que podría aumentar hasta aproximadamente el 25 % si incluyésemos en este grupo los testadores a los que acabamos de aludir. Lo que sí parece ser privativo de los grupos más acomodados es la tenencia de más de un esclavo. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 1/0 0/3 0/1 1/0 XVI 1/1 3/0 2/9 1/3 9/6 TOTAL 2/1 0/3 3/1 2/9 2/3 9/6 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO - 37 - 1 >1 1 >1 1 >1 XV 0/2 XVI 0/4 1/1 0/4 9/8 0/2 1/5 TOTAL 0/4 1/1 0/4 9/8 0/4 1/5 Cuadro 155: Distribución de esclavos/esclavas en Sevilla según el sexo y el grupo profesional del testador Obviamente, una de las primeras observaciones que cabe hacer al cuadro 155 es que, en el siglo XV, los pocos esclavos que se veían por Sevilla eran propiedad casi exclusiva de varones, y cuando alguna mujer accedía a ellos, siempre sería una esclava. De todas formas, parece que no debía resultar corriente disponer de más de un esclavo, puesto que sólo hemos encontrado un caso, el varias veces citado vareador de galeras Diego Jiménez, dueño de las tres esclavas que aparecen en la casilla de los hombres del sector secundario. En cuanto al siglo XVI, llama la atención el elevado número de esclavos varones entre las mujeres del sector terciario que cuentan con más de uno, sobre todo por su contraste con las que sólo tienen un esclavo, que siempre es mujer, algo, por lo demás, común en todas las mujeres con un sólo esclavo, independientemente del grupo socioprofesional al que pertenezcan. Todo el conjunto de cuadros numerados desde el 148 al 155 permiten comprobar que la relación entre la polarización sexual y el número medio de esclavos por testador debe referirse, fundamentalmente, a los testadores con un sólo esclavo, y de forma más o menos similar en todos los grupos socioprofesionales. Esto significa que, sobre todo a partir del siglo XVI, podríamos hablar de una cierta difusión por grupos “medios” de la sociedad sevillana de la posesión de esclavos, con una fuerte polarización sexual, que son los responsables de la evolución de su número en términos globales. La presencia de esclavos en los círculos más acomodados, donde la polarización es menor, es mucho menos influyente a la hora de cuantificar la presencia esclava dentro de las familias sevillanas de este período histórico. 2.3.- La servidumbre en Sevilla Hemos señalado que en esta ciudad se concentran dos tercios del total de esclavos. Esto significa que tanto en Córdoba como en Jaén el colectivo esclavo es mucho más escaso, como tendremos ocasión de comprobar. Pero en Sevilla existe un grupo de esclavos relativamente importante, de forma que parece necesario realizar un análisis conjunto de criados y esclavos, encuadrados bajo el apelativo de “servidumbre”, para apreciar cabalmente la presencia de estos elementos en las familias de la ciudad. Se han localizado en total 259 servidores en Sevilla, 112 varones y 142 mujeres. Esta servidumbre corresponde a 60 testadores y 53 testadoras, de los que sólo 6 varones y 12 mujeres mantienen tanto criados como esclavos, lo que parece apuntar en el sentido de una duplicidad de funciones entre ambos grupos en el seno de las familias, de forma que cuando se tienen criados no existe la necesidad de tener esclavos, y viceversa. Más adelante tendremos ocasión de volver sobre estas circunstancias. De momento, podemos obtener el número medio de servidores por testador simplemente sumando los correspondientes números de criados y de esclavos. Testadores Testadoras Total 1440-49 0,33 0,14 0,26 1450-59 1,72 0,13 0,90 1460-69 0,18 1,09 0,63 1470-79 0,17 0,10 0,12 1480-89 0,29 0,20 0,25 1490-99 0,69 0,33 0,44 1500-09 0,80 0,75 0,77 1510-19 0,85 0,59 0,71 1520-29 1,13 0,93 1,03 1530-35 0,62 1,68 1,16 TOTAL 0,70 0,77 0,64 Cuadro 156: Servidores por testador en Sevilla Como es lógico, en estas cifras se observan con más claridad algunos de los fenómenos que ya aparecían en el estudio de criados y esclavos por separado, y que coincidían en ambos grupos, como, por ejemplo, la mayor presencia de servidores entre los varones que entre las mujeres, si bien las diferencias no son demasiado grandes. Por otro lado, la cifra media es bastante elevada, aunque habrá que esperar a los datos sobre distribución para comprobar hasta qué punto se refleja en ella una cierta generalización de la servidumbre en los testadores sevillanos, o una concentración en un grupo reducido. 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1,2 1,4 1,6 1,8 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 se rv id ./t es ta do r Testadores Testadoras Total El gráfico 98 nos muestra una evolución que coincide tanto con la de los criados como con los esclavos, caracterizada por una primera fase, un tanto sorprendente y desde luego coyuntural, de fuerte presencia de servidores hacia los años centrales del siglo XV, para - 38 - - 39 - descender en 1470-79 casi hasta la desaparición; después se inicia una firme progresión, únicamente interrumpida en 1510-19, probablemente por efecto de la crisis de los años inmediatamente anteriores, pero de la que se recupera enseguida. Además, en todo el período, con la sola excepción de 1460-69 y del último decenio, los testadores varones presentan un mayor número de servidores que las testadoras, e incluso se aprecia cómo el efecto de la crisis de 1507 sólo tiene lugar en éstas y no en aquellos. Sin embargo, este hecho contrasta con la situación del último decenio, donde el número de servidores por testador varón cae con claridad mientras se dispara el de las testadoras. No podemos dejar de relacionar esta evolución con algunos de los extremos que ya conocemos sobre la población sevillana, en particular con el aumento progresivo de la mortalidad desde 1480 y con los indicios de fuerte inmigración también desde la misma década. Recordemos que habíamos apuntado a la posibilidad de que esta gran afluencia de nuevos pobladores a la ciudad, presumiblemente en malas condiciones de vida, estuviese en la base de las sucesivas epidemias que azotaron la capital hispalense desde 1482 hasta 1507. Quizá este aumento del número medio de servidores por testador esté apuntando en la misma dirección, puesto que el servicio doméstico resulta una de las salidas laborales más inmediatas para los inmigrantes. Sería necesario estudiar la procedencia de los criados para confirmar esta hipótesis, que podría reforzarse por el hecho de que los esclavos, desde luego inmigrantes, solían ahorrarse a la muerte del amo. En todo caso, es conveniente aclarar que no pretendemos afirmar que todos los inmigrantes que acuden a Sevilla acaben dedicados al servicio más o menos doméstico, pero sí que existe una clara relación entre ambos fenómenos, que además afecta a otras variables demográficas, fundamentalmente la mortalidad. Testadores Testadoras Total 1440-49 300 0 150 1450-59 71,43 100 73,33 1460-69 100 20 27,27 1470-79 0 0 0 1480-89 150 50 100 1490-99 125 25 58,33 1500-09 350 50 131,82 1510-19 350 60 142,83 1520-29 133,33 12,50 58,97 1530-35 42,86 50 48 TOTAL 145,45 35,16 76,71 Cuadro 157: Masculinidad de los servidores en Sevilla El cuadro 157 nos muestra, en primer lugar, una población servidora moderadamente feminizada, casi 77 servidores por cada 100 servidoras, pero sobre todo fuertemente polarizada desde el punto de vista sexual: los servidores varones apenas representan un tercio - 40 - de la servidumbre de las testadoras, mientras que superan en más del 45 % a las mujeres en la servidumbre de los testadores varones. Como se observa en el gráfico 99, la polarización sexual se mantiene durante la mayor parte del período estudiado, sobre todo en la etapa ascensional desde 1480 en adelante; destaca, en este sentido, que la caída en el número medio de servidores de testadores varones coincida con una feminización bastante clara, mientras que entre las mujeres el fenómeno es inverso. Ya señalamos al tratar por separado de los criados y de los esclavos que, en el caso de los testadores varones, la relación directa entre masculinidad y número medio de servidores por testador está clara: a mayor número medio de servidores, mayor proporción de varones entre ellos. En cuanto a las mujeres, hay que observar que en ningún momento la servidumbre de las testadoras se masculiniza en términos reales, es decir, nunca supera la tasa 100 de masculinidad, mientras que la servidumbre de los varones sí se feminiza en algunos momentos, como el ya señalado de 1530-35, o el decenio 1450-59. Hay que destacar, asímismo, la coincidencia del momento de menor número de servidores, en el decenio 1470- 79, con la inexistencia de servidores varones, aunque ciertamente la presencia de mujeres se reduce a dos criadas, que sirven respectivamente a Marina Alfonso, esposa de un labrador de nombre Martín y apellido ilegible (AHPSE, Prot., 3211, p. 4, 8r, de 15 de febrero de 1473) y a Cristóbal Pérez, de profesión colchero y casado con Leonor González (AHPSE, Prot., 3211, p. 5, 5v-6r, de 31 de marzo de 1475). Desde luego, parece claro que en todo momento la tendencia en cuanto a la composición sexual de los servidores es a la feminización, y sólo en el primer decenio, muy influido por la escasez de la muestra, y en el período 1500-1529 se supera la tasa 100; el hecho de que sólo servidoras “resistan” el fuerte descenso del decenio 1470-79 confirma esta idea. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 1,11 0,40 0,86 1,31 0,40 1,05 0,20 0,48 0,37 1470-99 0,43 0,25 0,36 0,75 0,40 0,55 0,23 0,22 0,22 1500-35 0,41 0,68 0,54 1,50 2,20 1,78 0,80 0,40 0,59 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Testadoras Total - 41 - TOTAL 0,54 0,55 0,54 1,29 1,52 1,40 0,57 0,36 0,44 Cuadro 158: Servidores por testador en Sevilla según el sexo y el grupo socioprofesional Junto con las diferencias de género, las diferencias sociales se aprecian claramente en el cuadro 158, donde el sector terciario, sin duda, destaca muy por encima de los demás. Incluso en este cuadro se ven reducidas las distorsiones que se producían en algunos momentos por la presencia de algunos testadores con un número extraordinario de servidores, sobre todo esclavos: el vareador de galeras Diego Jiménez o el mercader Bernardo de Grimaldo son algunos ejemplos que ya fueron citados en el apartado correspondiente. En todo caso, el análisis del total de la servidumbre no deja lugar a dudas sobre el predominio económico del sector terciario. Dentro de éste, llama la atención el comportamiento de las mujeres, porque no está influido por estas situaciones particulares –por ejemplo, la elevada cifra del “resto” en el siglo XVI se debe fundamentalmente a los esclavos de Bernaldo de Grimaldo– y revela una especie de “fiebre” a partir de 1500 por mantener a su lado algún criado o criada. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 42,86 100 50 142,86 0 111,11 50 22,22 27,27 1470-99 200 0 100 100 33,33 66,67 50 33,33 37,50 1500-35 450 30,77 86,67 207,14 44,74 88,46 125 31,25 73,53 TOTAL 145,45 31,25 77,78 175 41,86 89,55 110 29,03 60,78 Cuadro 159: Masculinidad de los servidores en Sevilla según el sexo y el grupo profesional del testador El cuadro 159 revela algunos aspectos interesantes. Por un lado, la feminización de la servidumbre es un fenómeno generalizado a todos los grupos sociales, oscilando entre el casi equilibrio del sector terciario y la feminización clara, aunque moderada, del “resto”. Se observa, también, que esa feminización existe, en mayor o menor medida, en todos los grupos y durante todos los períodos cronológicos que hemos tomado como referencia; como máximo, encontramos situaciones de equilibrio –sector secundario en 1470-99– o muy leve masculinización –sector terciario en la primera treintena–. Si aceptamos la relación directa entre inmigración y servicio, debemos asumir una inmigración sexualmente selectiva, donde primen las mujeres sobre los varones. Probablemente la demanda de mujeres servidoras, para el servicio doméstico, sea más fuerte que la de varones, posiblemente destinados al apoyo en en los oficios de los testadores, como se testimonia en algunos de los documentos, a los que ya hemos aludido. De nuevo se hace necesario un estudio en profundidad, que obviamente no podemos hacer aquí, de los inmigrantes a Sevilla en esta época. El segundo aspecto destacable de este cuadro es la clara polarización sexual que se aprecia en todos los sectores en forma de profunda distancia entre la masculinidad de los servidores de los varones y la de los sirvientes de las mujeres. Esta distancia es máxima en el sector terciario –más de 133 puntos– y menor en el “resto”, que no llega a 115 puntos. Como vemos, se corresponde una mayor feminización general con una menor polarización sexual, es - 42 - decir, que las servidoras corresponden tanto a testadores varones como mujeres, mientras que los servidores tienden con mayor fuerza a ponerse al servicio de testadores de su mismo sexo. Sin embargo, si en los sectores secundario y terciario puede hablarse de polarización sexual con toda propiedad, puesto que los servidores de los varones están masculinizados y los de las mujeres feminizados, en ambos casos con claridad, en el “resto” los servidores de varones en realidad se acercan más al equilibrio sexual que a la polarización. Todo esto nos afirma en la idea que, de alguna forma, resulta más fácil, o quizá más barato, conseguir criadas o esclavas que criados o esclavos. Por último, se observa que la polarización sexual se produce sólo a partir de 1470 en los sectores más acomodados y en el siglo XVI en el “resto”. Si retomamos lo apuntado más arriba sobre la relación entre la mayor presencia de sirvientes, las migraciones y la mortalidad en Sevilla, podríamos añadir ahora que esta servidumbre es mayoritariamente femenina, lo que encaja pefectamente con las diferencias de género respecto de la mortalidad que hemos estudiado en el capítulo anterior. Pasemos ahora a examiner la distribución de los testadores según el número de servidores. 0 1 2-3 >3 1440-1469 68,57 20 5,71 5,71 1470-1499 75,82 16,48 7,69 0 1500-1535 66,50 15,53 10,19 7,77 TOTAL 69,21 16,62 8,72 5,45 Cuadro 160: Distribución porcentual de los testadores en Sevilla según el número de servidores Al principio de este apartado ya aludimos a la relativamente escasa presencia de testadores que mantuviesen a la vez criados y esclavos, apenas 18 sobre un total de 113. Ahora obtenemos la confirmación de que, en apariencia, no se produce un acaparamiento de criados y esclavos, sino que la llegada de los esclavos supone que la proporción de sevillanos que disponen de algún servidor se amplie hasta más del 30 %, y casi un 15 % para los que tienen al menos dos servidores. Llama la atención que, en la evolución cronológica, el último tercio del siglo XV, es decir, el período de máxima afluencia migratoria y también de aumento del número de servidores por testador, parece ser una época de fuerte recesión en cuanto a su posesión. La aparente contradicción se resuelve porque en este período, en especial en los decenios de 1470 y 1480, se encuentra un número sensiblemente menor de testamentos. En todo caso, hay que recordar que en los dos decenios citados la media de servidores por testador es, con diferencia, la más baja de todas. Quizá nos encontremos ante algún tipo de coyuntura económica desfavorable cuyos efectos sobre la demografía no se apreciarán hasta la crisis de 1481. Por último, cabe señalar que se aprecia una cierta tendencia a la polarización social, a través de la disminución del grupo de testadores con un sólo servidor, aunque las diferencias son escasas, y además esta tendencia se ve interferida por el “bache” de la treintena de 1470-99, que impide apreciarla con claridad. HOMBRES MUJERES - 43 - 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-1469 62,16 27,03 2,70 8,11 75,76 12,12 9,09 3,03 1470-1499 66,67 25 8,33 0 81,82 10,91 7,27 0 1500-1535 66,67 14,71 8,82 9,80 66,35 16,35 11,54 5,77 TOTAL 65,71 19,43 7,43 7,43 72,40 14,06 9,90 3,65 Cuadro 161: Distribución porcentual de los testadores en Sevilla según el sexo y el número de servidores El cuadro 161 nos permite apreciar que el “bache” de 1470-99, aunque existe en ambos sexos, es más claro en las mujeres, que en ese período llegan a superar el 80 % de testadoras sin ningún servidor. Pero estos mismo datos hacen más llamativos los del siglo XVI, cuando la proporción de mujeres con algún servidor ha aumentado hasta prácticamente el mismo nivel que los varones, y además con una distribución bastante amplia, de forma que el 30 % de las testadoras tienen entre uno y tres servidores, y sólo casi el 6 % superan esta cifra. Mientras tanto, entre los varones, si bien la proporción de testadores sin servidor es idéntica, la polarización social es más evidente, apreciable sobre todo en el casi 10 % de testadores con más de tres servidores. Además, en el caso de los varones puede observarse el desplazamiento de los porcentajes desde la treintena de 1470 a la del siglo XVI, de forma que los algo más de diez puntos que pierde el segmento de testadores con un sólo sirviente son casi los mismos que gana el segmento de más de tres servidores. De esta forma, se confirma lo ya indicado al tratar de los criados: que entre los varones la presencia de servidores se circunscribe mucho a un grupo de testadores que podemos considerar “ricos”, mientras que entre las mujeres la distribución es más amplia por otros segmentos sociales. HOMBRES MUJERES 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 100 0 100 33,33 0 66,67 1470-1499 80 200 20 33,33 1500-1535 275 118,18 200 54,54 40 32,43 TOTAL 142,86 113,33 165,38 42,10 31,25 35 Cuadro 162: Masculinidad de los servidores según su distribución en Sevilla El cuadro 162 nos situa frente a la polarización sexual claramente establecida. Sin embargo, hay que hacer notar que el fenómeno sólo se percibe con nitidez en el siglo XVI, y que en los años anteriores más bién parece existir una cierta feminización general del colectivo de servidores, aunque con variaciones coyunturales. Cabe señalar, igualmente, que en términos generales es el segmento de testadores varones con más de tres servidores, es decir, el que acabamos de describir como “ricos”, el que presenta una polarización masculina más marcada, pero en el de las mujeres esto sólo se observa en el siglo XVI, que es también cuando el número de servidores de mujeres aumenta más. - 44 - SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-69 57,14 35,71 0 7,14 55,55 22,22 11,11 11,11 78,95 13,16 5,26 2,63 1470-99 72,73 18,18 9,09 0 61,11 22,22 16,67 0 82 14 4 0 1500-35 73,08 17,31 5,77 3,85 49,09 20 12,73 18,18 73,20 11,34 11,34 4,12 TOTAL 70,45 20,45 5,68 3,41 52,75 20,88 13,19 13,19 76,76 12,43 8,11 2,70 Cuadro 163: Distribución de los testadores en Sevilla según el grupo socioprofesional y el número de servidores Lo más interesante del cuadro 163 es su comparación con el cuadro 146, referido sólo al grupo de los criados. La principal conclusión que se obtiene es que la polarización social, tan clara allí, aparece bastante suavizada aquí. Sólo en el sector secundario se observa un descenso notable del segmento de testadores con un sólo sirviente, aunque hay que tener muy en cuenta que la cifra de 1440-69 está basada sólo en cinco testadores. De esta forma, la llegada de los esclavos a partir de 1480, afectando parcialmente a las cifras de 1470-99, significará un aumento de las posibilidades de los sevillanos de tener algún sirviente, algo que resulta especialmente apreciable en el sector terciario, donde esta circunstancia incide aproximadamente sobre la mitad de la población. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 3/0 0/7 1/3 0/2 9/2 1/2 1470-1499 2/2 2/0 1/1 2/2 1/2 1500-1535 4/1 5/1 4/2 5/2 20/10 3/1 8/9 9/6 TOTAL 9/3 2/0 5/8 4/5 7/6 26/3 5/5 8/9 9/6 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 1/1 0/4 0/2 0/2 0/4 2/3 1470-1499 0/2 0/2 1/1 1/3 2/2 1500-1535 2/2 2/6 1/10 0/5 5/5 12/28 4/3 1/9 0/4 TOTAL 3/3 2/8 1/14 0/7 6/8 12/28 5/8 3/15 2/7 Cuadro 164: Número de los servidores/servidoras de Sevilla de acuerdo con la distribución de los testadores según el número de servidores, el sexo y el grupo socioprofesional - 45 - Como puede observarse, el número de servidores y servidoras en la distribución que presenta el cuadro 164 casi nunca es lo suficientemente amplio como para que pueda intentarse un análisis sólido. Sólo podemos señalar la fuerte polarización sexual de todas las mujeres del grupo terciario con un sólo servidor, que contrasta tanto con las mujeres de otros grupos como con los varones de su mismo grupo. De igual forma, los servidores de los varones del sector terciario aparecen fuertemente masculinizados, sobre todo en la treintena 1440-69. En resumen, la correlación directa entre aumento de la inmigración, de la mortalidad y de la tenencia de servidores se perfila como una de las características más claras de la población sevillana en este período. La llegada de esclavos de forma abundante en el siglo XVI perfiló mejor este fenómeno, pero, además, contribuyó a la generalización de la posesión de algún servidor, quizá abaratando esta posibilidad. Sin embargo, esta ampliación del número de sevillanos con posibilidades de tener algún servidor fue especialmente evidente en los sectores más acomodados, en particular entre las mujeres, lo que nos obliga a apuntar a un aumento del poder adquisitivo que, si parece afectó a todos los sectores sociales, fue especialmente intenso en los que ya eran más adinerados. De alguna forma, parece que estos fenómenos pueden corresponderse bien con la acumulación dineraria característica de la formación del capitalismo en una ciudad que se estaba convirtiendo en uno de los más importantes centros comerciales del mundo conocido. 3.- Córdoba y Jaén Ya hemos adelantado que la mayor parte de los criados y, sobre todo, de los esclavos, se encuentran en Sevilla y, en menor medida, en Córdoba. Por eso, en las páginas que siguen estudiaremos sucesivamente a los criados de Córdoba, los esclavos de la misma ciudad, y a todo el conjunto de los criados y los escasos esclavos de Jaén. 3.1.- Los criados de Córdoba En Córdoba hemos registrado un total de 194 criados –75 varones y 119 mujeres–, sirviendo a 47 testadores y 48 testadoras. En relación con el conjunto urbano andaluz, estas cifras significan que en Córdoba viven el 45,97 % del total de criados –41,90 % de los varones y 48,97 de las mujeres–, y que en esta ciudad se sitúan aproximadamente el 42 % de los testadores que tienen algún criado. Así pues, el número de testadores con al menos un criado es prácticamente el mismo que en Sevilla. Pero las diferencias sí son más significativas en cuanto al propio grupo de los criados, notándose aquí un predominio femenino bastante marcado, incluso en mayor medida que el predominio masculino que se observaba en Sevilla. Veamos ahora, para empezar, el número medio de criados por testador. Testadores Testadoras Total 1440-49 0 0 1450-59 0 0 1460-69 0,23 0,87 0,60 1470-79 0,48 0,25 0,35 - 46 - Testadores Testadoras Total 1480-89 0,87 0,38 0,64 1490-99 0,32 0,56 0,46 1500-09 0,57 0,43 0,51 1510-19 0,33 0,79 0,50 1520-29 0,59 0,33 0,49 1530-35 0,28 0,55 0,40 0,49 TOTAL 0,45 0,53 Cuadro 165: Criados por testador en Córdoba La cifra media de criados por testador es, pues, la misma que en Sevilla: un criado por cada dos testadores aproximadamente. Tampoco se aprecian aquí diferencias demasiado marcadas entre los sexos, incluso algo menores que en la capital hispalense pero, sobre todo, son de signo contrario, es decir, que en Córdoba parece que son las testadoras las que tienen un mayor número de criados. Si además, como hemos adelantado, también parece que en Córdoba predominan las criadas sobre los criados, podría pensarse que la polarización sexual, que empieza a revelarse como el fenómeno más interesante de los que estamos observando en este capítulo, aparece más clara. Esperaremos a comprobar si los cálculos sucesivos confirman esta idea, pero, por ahora, observaremos la evolución cronológica de la media de criados por testador en el siguiente gráfico. Las cifras totales presentan fuertes altibajos antes de 1490, y a partir de ahí una estabilidad bastante clara, con cierta tendencia a la baja desde 1500, contrariamente a lo que se observaba en Sevilla. Pero lo más destacado es, sin duda, que ambos sexos se mueven entre permanentes y bruscas oscilaciones, siempre en sentido contrario que el sexo opuesto. No tenemos más datos que nos permitan intuir las razones de este comportamiento, pero, en todo caso, estos vaivenes dificultan enormemente las posiblidades de interpretación. Por eso, creemos que puede ser útil trazar las lineas de las medias móviles –sobre dos intervalos– de ambos sexos, como aparecen en el gráfico 101. 0 0,2 0,4 0,6 0,8 1 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 cr ia do s/ te st ad or Testadores Testadoras Total Este gráfico permite comprobar que, por debajo de las variaciones, permanece la tendencia a actuar de modo distinto de acuerdo con el sexo del testador. Hasta 1480 el número de criados por testador varón va en aumento, mientras que desciende el de las mujeres; a partir de ahí y hasta final del siglo XV, cada uno de los sexos invierte su tendencia, para que, durante el siglo XVI los varones mantengan sus cifras alrededor de 0,45 criados por testador, y las mujeres continúen su tendencia al alza hasta 1510, descendiendo después y finalmente, encontrándose ambos sexos en la etapa final. En resumen, que los datos, pese a sus dificultades de interpretación, parecen sugerir, por un lado, que existe un fuerte componente de género en la posesión de criados, y por otro que durante el último cuarto del siglo XV son los varones los que mantienen mayor número de criados, mientras que lo serán las mujeres en el siglo XVI. Veamos qué otras informaciones podemos obtener de nuevos cálculos. 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 0,9 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 cr ia do s/ te st ad or Testadores Testadoras Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 1460-69 400 80 100 1470-79 400 16,67 112,5 1480-89 66,67 33,33 55,55 1490-99 100 46,67 60 1500-09 100 11,11 52,94 1510-19 33,33 0 11,76 1520-29 60 20 46,67 1530-35 250 83,33 125 63,02 TOTAL 100 39,77 Cuadro 166: Masculinidad de los criados en Córdoba - 47 - La clara mayoría de criadas sobre los criados se refleja en el precedente cuadro, en el que, además, se observa que la diferencia respecto a los datos sevillanos estriba fundamentalmente en la mayor feminización de los criados de testadores varones, cuya tasa de masculinidad casi se ve reducida a la mitad, en el justo punto de equilibrio entre los sexos. Veamos reflejados estos datos en el gráfico 102. Sorprendentemente, las lineas que reflejan la masculinidad de los criados de testadores y de testadoras se presentan casi paralelas, señalando una feminización progresiva hasta 1510, salvo un breve repunte hacia 1490, para masculinizarse de nuevo en los años finales de nuestro período de estudio. No parece existir, pues, relación entre el número de criados por testador y el sexo de los mismos. Parecería, más bien, que la elección del sexo de los criados dependiera de factores extrínsecos, a los que es posible que el estudio relacionado con el grupo socioprofesional pueda ayudar a acercarnos. Secundario Terciario Resto 10 100 1000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa Testadores Testadoras Total H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 0,18 0,17 0,18 0 0,33 0,29 0,25 1,33 0,90 1470-99 0,33 0,18 0,26 1,31 2 1,54 0,32 0,29 0,30 1500-35 0,47 0,14 0,38 0,96 1 0,98 0,21 0,34 0,27 TOTAL 0,35 0,17 0,28 1,07 1,11 1,09 0,25 0,45 0,36 Cuadro 167: Criados por testador en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional El cuadro 167 nos revela que las diferencias sociales, tomando como medida la posesión de criados, son aquí mucho más evidentes que en Sevilla. Mientras que en el sector terciario, a partir de 1470 en ambos sexos la media supera o se acerca mucho a la cifra de un criado por testador, llegando a dos entre las mujeres en 1470-99, en los demás grupos nunca se llega a 0,5 criados por testador. La única salvedad son las mujeres del “resto” en 1440-69. Se trata de una cifra sorprendente. Es cierto, como podría sospecharse, que existe una desviación como consecuencia de la presencia de alguna o algunas testadoras con un número exagerado de criados. En efecto, Leonor Sánchez, viuda de Pedro López y sin hijos ni esclavos, declara - 48 - - 49 - en su testamento de 25 de mayo de 1461 tener cinco criados y cinco criadas (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, cuad. 5, 13v-15v), de forma que acapara diez de los 27 criados que presentan las mujeres de este sector en el período mencionado. Pero también es cierto que, sin ella, la cifra media se queda en 0,56 criados por testador, lo que sigue siendo la cifra más alta tanto del “resto” como también del sector secundario para todo el período que estudiamos. Debemos, pues, ahondar más en el análisis, siguiendo el método que nos hemos fijado, para ver si obtenemos nuevos datos de la observación de la masculinidad de los criados. De nuevo, en este caso, hemos preferido utilizar el sistema de ofrecer directamente el número de criados y de criadas en cada grupo socioprofesional y época, para apreciar mejor la realidad de los datos. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total 1440-69 2/0 0/1 2/1 2/0 2/0 2/1 10/14 12/15 1470-99 4/2 0/3 4/5 12/9 4/12 16/21 5/8 6/12 11/20 1500-35 4/5 0/1 4/6 10/16 1/20 11/36 7/5 6/10 13/15 TOTAL 10/7 0/5 10/12 22/25 7/32 29/57 14/14 22/36 36/50 Cuadro 168: Criados/criadas en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional En este cuadro sí que hace su aparición con claridad la polarización sexual, que hasta el momento sólo habíamos entrevisto al estudiar la masculinidad. Sin embargo, reviste un carácter peculiar, puesto que se encuentra sólo entre las mujeres, pero no entre los testadores varones. De hecho, llama la atención, y volveremos más adelante sobre ello, que en las mujeres del sector secundario no aparezca un sólo criado varón, si bien es cierto que las criadas son también muy escasas. Por otro lado, este cuadro permite apreciar con gran claridad la influencia que, sobre la cifra media de criados por testadora del “resto” en 1440-69, tiene la testadora que hemos citado, con sus diez criados de ambos sexos. La interpretación conjunta de todos estos cuadros es difícil, porque cada uno de ellos plantea un problema nuevo, sin llegar a aportar nada que permita acercarnos a la solución de alguno de los precedentes. Sólo parece entreverse un comportamiento claro en las mujeres. En efecto, la linea de la masculinidad de los criados, o mejor dicho, de su feminidad, corre aproximadamente paralela con la de criados por testadora que hemos obtenido por el sistema de medias móviles, con su ascenso desde 1490 hasta 1510 y su descenso posterior; este hecho encaja bien con la tendencia a la polarización sexual que hemos observado entre las testadoras en todos los grupos socioprofesionales, en particular el secundario. 0 1 2-3 >3 1440-1469 70,91 18,18 9,09 1,82 1470-1499 76,07 15,34 4,91 3,68 1500-1535 77,65 9,50 10,61 2,23 - 50 - TOTAL 76,07 13,10 8,06 2,77 Cuadro 169: Distribución de los testadores de Córdoba según el número de criados Nos adentraremos ahora en el estudio de la distribución de los testadores según el número de criados. El cuadro 169 indica con toda claridad una polarización social, y también económica, claramente más acentuada que en Sevilla. Este hecho se aprecia no tanto en las cifras totales, sino en la evolución, en la que la proporción de testadores sin criado aumenta constantemente, mientras que disminuye la de testadores con un sólo criado, aumentando, con matices, los porcentajes de testadores con varios criados. En otras palabras, y creemos que sin riesgo de caer en excesivas simplificaciones, cada vez hay más “pobres” y más “ricos”, en términos relativos, pero los grupos intermedios se debilitan con toda claridad; de hecho, en el siglo XVI la proporción de personas con dos o más criados es netamente superior a la de personas con un sólo criado. Hay que señalar también que este proceso se produce a lo largo del último cuarto del siglo XV, de nuevo coincidiendo con la etapa fundamental de la evolución demográfica cordobesa. Los cuadros subsiguientes no harán más que aportar algunos detalles a esta interpretación de los datos. HOMBRES MUJERES 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-1469 83,33 12,50 4,17 0 61,29 22,58 12,90 3,23 1470-1499 74,67 17,33 4 3 77,27 13,64 5,68 3,41 1500-1535 76,92 10,58 10,58 1,92 78,67 8 10,67 2,67 TOTAL 76,85 13,30 7,39 2,46 75,26 12,89 8,76 3,09 Cuadro 170: Distribución de los testadores de Córdoba según el sexo y el número de criados Las cifras totales del cuadro 170 parecen indicar que prácticamente no existen diferencias de género en relación a la distribución de los testadores de acuerdo con el número de criados, pero la evolución de ambos sexos no es en absoluto paralela. En efecto, en los varones no parece que se evolucione hacia la polarización económica a que hemos aludido más arriba. Más bien parecería que al llegar la treintena 1470-99 se produce un aumento de las posibilidades de tener un criado, aumentando la proporción de testadores en esta situación y disminuyendo la de los que no tienen ninguno; en la treintena siguiente los testadores con un sólo criado disminuyen, pero es para engrosar la proporción de los que tienen dos o tres, mientras que los testadores sin criado se mantienen en niveles similares. Todo esto puede estar indicando un mejoramiento de las posibilidades económicas, medidas por la presencia de criados. Sin embargo, entre las mujeres la polarización económica es evidente, con un aumento progresivo de la proporción de testadoras sin criado y también con más de uno, mientras que disminuye ostensiblemente la proporción de testadoras con un sólo criado. HOMBRES MUJERES 1 2-3 >3 1 2-3 >3 - 51 - 1440-1469 3/0 1/1 1/6 6/4 5/5 1470-1499 5/8 6/2 10/9 3/9 4/8 3/10 1500-1535 4/7 11/14 6/5 0/6 5/15 2/10 TOTAL 12/15 18/17 16/14 4/21 15/27 10/25 Cuadro 171: Número de criados/criadas según el sexo del testador y su distribución en Córdoba El cuadro 171 aporta un nuevo dato: la polarización sexual, que sólo es apreciable en las mujeres, es mayor todavía en el caso de mujeres con un sólo criado. Hemos visto que este fenómeno no es privativo de Córdoba, y podría explicarse por factores sociales y psicológicos. Igualmente, también aquí se comprueba que la polarización sexual entre los criados de mujeres aumenta con el tiempo. Por su parte, no se aprecia ninguan tendencia clara entre los criados de varones, y no parece que la progresiva generalización de la tenencia de criados a que acabamos de aludir signifique una decantación por uno u otro sexo. No obstante, este mismo hecho ya puede ser significativo, puesto que si, como parece deducirse de los cálculos que llevamos efectuados, la feminización de los criados es la norma, la tendencia al equilibrio sexual entre los criados de los varones cordobeses no deja de constituir un fenómeno a tener en cuenta. Pero veamos ahora la distribución de los testadores según el número de criados y su grupo socioprofesional. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 0 1 2-3 >3 1440-69 82,35 17,65 0 0 85,71 0 14,29 0 60 23,33 13,33 3,33 1470-99 77,14 20 2,86 0 62,50 8,33 4,17 25 78,64 15,53 5,82 0 1500-35 76,92 7,69 15,38 0 60,42 14,58 18,75 6,25 85,71 7,62 5,71 0,95 TOTAL 78,20 15,38 6,41 0 63,29 11,39 13,92 11,39 79,41 13,02 6,72 0,84 Cuadro 172: Distribución de los testadores de Córdoba según el número de criados y el grupo socioprofesional En este cuadro volvemos a encontrar una nueva confirmación de la extrema polarización económica de la sociedad cordobesa. Abundando en lo señalado más arriba, aparece con meridiana claridad el grupo que podemos calificar de “ricos”, aproximadamente coincidente con el sector terciario, en el que más de un tercio de sus componentes mantiene algún criado y más de una cuarta parte al menos dos, y el resto de la población, donde apenas dos testadores tienen más de tres criados. Se trata, además, de dos mujeres, ambas citadas ya por otras circunstancias: Leonor Sánchez, viuda de Pedro López, sin hijos ni esclavos pero con cinco criados de cada sexo (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, cuad. 5, 13v-15v, de 25 de mayo de 1461), y Marina Gómez, también viuda, citando además a sus padres muertos, sin hijos ni esclavos, con seis criadas y un criado al que deja por heredero “para ayuda a su gasto que fiziere al tienpo que se ordenare de mysa” (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 36, cuad. 4, 52v-55v, de 11 de febrero de 1500). Son, desde luego, dos casos excepcionales. Además, podemos comprobar, de nuevo, que la polarización económica se produce, fundamentalmente, en el - 52 - paso del siglo XV al XVI. Hay que destacar, en este sentido, el comportamiento del sector secundario, donde parece formarse un grupo relativamente acomodado, a partir de la situación hacia 1470 en que ningún testador tenía más de un criado, a la treintena siguiente, donde aumenta la proporción de los que tienen uno y aparece un pequeño grupo con dos o tres criados, para finalizar en el siglo XVI con un grupo relativamente numeroso de testadores con dos o tres criados, disminuyendo drásticamente el intervalo de un sólo criado. Es un proceso muy similar al que hemos descrito para el conjunto de los testadores varones. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 2/0 1/0 1/1 1470-1499 2/2 2/0 2/0 10/9 1/6 4/2 1500-1535 0/1 4/4 2/3 2/8 6/5 2/3 5/2 TOTAL 4/3 6/4 4/3 2/8 16/14 4/9 10/5 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1 2-3 >3 1440-1469 0/1 2/0 1/5 4/4 5/5 1470-1499 0/3 1/2 3/10 3/6 3/6 1500-1535 0/1 0/2 0/14 1/4 0/3 5/1 1/6 TOTAL 0/5 0/2 3/16 4/14 4/14 12/11 6/11 Cuadro 173 Número de criados/criadas en Córdoba según su distribución, el sexo y el grupo socioprofesional de los testadores El caso de las mujeres del sector secundario es sorprendente: no sólo su polarización sexual es absoluta, sino que también mantienen el número más bajo de criados de todos los grupos establecidos y, por añadidura, ninguna testadora tiene más de un criado. Además, puede observarse que, en general, el sector secundario es el que menos número de criados mantiene, incluso por debajo del “resto” tanto en los varones como, sobre todo, en las mujeres. Desde luego, en este grupo a la situación de inferioridad respecto de los grupos privilegiados hay que sumar además un tratamiento claramente discriminatorio hacia las mujeres, tratamiento que no se observa en los demás grupos socioprofesionales. Por último, no podemos dejar de señalar que sólo dos testadoras del sector terciario mantienen una única criada; en otras palabras, las testadoras acomodadas tienen al menos dos criados, pero no uno, lo que revela la profundidad de las diferencias socioeconómicas en este grupo de población Es difícil obtener algunas conclusiones a modo de resumen de todos estos datos sobre los criados cordobeses. Sólo se aprecia con claridad la existencia de una fuerte diferenciación socioeconómica, más acusada que en Sevilla, en la que quizá el artesanado de la ciudad se - 53 - encuentre en situación más desfavorecida que el “resto”. Recordemos que en capítulos anteriores habíamos hecho alusión a la posible existencia de un grupo aristocrático pequeño pero muy poderoso, que puede estar detrás de algunos comportamientos del sector terciario. En todo caso, estas diferencias socioeconómicas se exacerban durante el último tercio del siglo XV, para aparecer completamente conformadas en la siguiente centuria. Por lo demás, han desaparecido los sectores “ricos”dentro de los grupos secundario y “resto”, tal como los identificamos en Sevilla. No obstante, conviene no perder de vista el hecho de que, dentro del sector terciario, casi dos tercios de la población no pueden mantener un criado; un ejemplo de esto es la situación de las mujeres del sector terciario, con muy pocos casos de testadoras con un sólo criado. Por lo que hace a los análisis de género, resulta claro que sólo entre las mujeres encontramos la polarización sexual que en Sevilla aparecía en ambos sexos. Esta polarización parece también estar detrás de las evoluciones del número de criados por testadora, de forma que éste aumenta o disminuye paralelamente a aquella. Hay que señalar que la polarización es absoluta entre las mujeres del sector terciario, pero poco significativa por el escaso número de criados de este sector. 3.2.- Los esclavos de Córdoba Las cifras de esclavos en Córdoba son, desde luego, mucho más pequeñas que en Sevilla. En total, hemos registrado 38 esclavos, 15 varones y 23 mujeres, que suponen respectivamente el 30,64 % del total de esclavos encontrados en las tres ciudades, el 34,09 % de los esclavos varones y el 28,75 % de las esclavas. Estos datos rectifican levemente los obtenidos por Páez García (1994, 205), que apunta a un menor desequilibrio sexual entre los esclavos. En todo caso, los que hemos registrado pertenecen a un total de 27 testadores, el 6,8 % del total de testadores cordobeses, distribuidos en 16 varones –el 7,88 % del total– y 11 mujeres, que suponen el 5,67 % del total de testadoras. Las cifras que acabamos de señalar significan, además, que la influencia de este colectivo en el conjunto de la servidumbre cordobesa es muy escasa, en absoluto comparable a la que se encontraba en Sevilla. De esta forma, no parece procedente realizar un análisis conjunto de criados y esclavos, puesto que sus conclusiones serían muy similares a las que obtendremos del estudio sólo de los criados. Por otro lado, los cálculos con cifras tan pequeñas corren siempre el riesgo de hacernos perder la auténtica dimensión del fenómeno, sobre todo al compararlo con Sevilla, donde el número de esclavos es aproximadamente el doble. Téngase en cuenta que es en Córdoba donde hemos recogido mayor número de testamentos, en términos absolutos. A pesar de todo, merece la pena mantener la misma metodología que hemos utilizado para Sevilla y para el conjunto urbano, y obtener las cifras medias de esclavos por testador en cada decenio. Testadores Testadoras Total 1440-49 0 0 0 1450-59 0 0 0 1460-69 0,04 0 0,02 1470-79 0,09 0 0,04 - 54 - Testadores Testadoras Total 1480-89 0,13 0,14 0,14 1490-99 0 0 0 1500-09 0,11 0 0,06 1510-19 0,29 0 0,18 1520-29 0,22 0,28 0,24 1530-35 0,12 0,25 0,18 0,10 TOTAL 0,12 0,07 Cuadro 174: Esclavos por testador en Córdoba Estas cifras indican que, además de ser aquí los esclavos mucho más escasos que en Sevilla, existe una profunda diferenciación sexual, que allí no se encontraba. De todas formas, este dato no se aprecia tanto en el número medio de esclavos por testador, puesto que hay que recordar que, en términos absolutos, se trata de 16 esclavos en posesión de varones y 11 para las mujeres, con lo que las diferencias se atenúan. Pero sí aparece más claro en su distribución cronológica, en la que los varones obtienen esclavos antes que las mujeres, como se puede apreciar en el gráfico 103. Pero este gráfico nos aporta algunos datos más de interés. Por un lado, se observa con claridad la existencia de dos ciclos de subida y bajada del número de esclavos por testador, centrados respectivamente en 1480-89 y en 1520-29. Ambos se caracterizan por una suave subida desde su inicio hasta el año central, para después bajar con mucha rapidez, sobre todo en el caso del primer ciclo, en el que, después del decenio cumbre se baja hasta la inexistencia total de esclavos en 1490-99. Pero, para situar las cosas en su justo término, hay que señalar que, en todo este primer ciclo, encontramos sólo nueve esclavos –seis mujeres y tres varones–, que son propiedad de siete testadores, de los que seis pertenecen a la familia de los señores de Fernán Núñez, es decir, a los grupos sociales más privilegiados.Todos sus testamentos, además, se otorgaron entre 1479 y 1489, y se encuentran reunidos en la caja 87 del grupo de fondos “Fernán Núñez” de la Sección Nobleza del AHN, excepto el más antiguo, que se conserva en la caja 1.545 del mismo grupo de fondos. En cuanto al séptimo testador, se trata 0 0,05 0,1 0,15 0,2 0,25 0,3 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 es cl av os /te st ad or Testadores Testadoras Total - 55 - de Fernando Alfonso de Jaén, que testó el 15 de junio de 1460 (AHPCO, Prot., of. 14, leg. 1, 91r-94r). Esta concentración social y cronológica de los esclavos anteriores a 1490 sugiere que se trata de una situación coyuntural, quizá relacionada con las campañas de conquista de Granada. Sin embargo, sólo Fernando Alfonso, que, como acabamos de ver, se sitúa al margen del resto, declara expresamente que su única esclava es mora. En todo caso, parece claro que, antes de iniciarse el siglo XVI, la presencia de esclavos en Córdoba es todavía más rara que en Sevilla, vinculada a situaciones momentáneas que no llegan a afectar a un sector importante de la población. Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 1460-69 0/1 0/1 1470-79 1/1 1/1 1480-89 1/2 1/2 2/4 1490-99 1500-09 2/1 2/1 1510-19 4/3 4/3 1520-29 3/3 2/3 5/6 1530-35 1/2 0/5 1/7 TOTAL 12/13 3/10 15/23 Cuadro 175: Número de esclavos/esclavas en Córdoba Es obvio que, con cantidades tan pequeñas, elaborar las tasas de masculinidad supondría una distorsión demasiado grave, de modo que resulta preferible ofrecer las cifras absolutas de esclavos y esclavas. Aun así, resulta evidente que no podemos hablar de polarización sexual, al menos en el conjunto de la población, salvo en las mujeres en 1530-35. Observemos que, si ignoramos los números de esta última etapa, en total encontraríamos tres esclavos y cinco esclavas en poder de testadoras, lo que no permite suponer la existencia de polarización sexual. Esto nos obligará a detenernos en estas cinco esclavas y sus propietarias, aunque, por razones de orden, habrá que posponer un poco esta tarea. Ahora conviene observar la posesión de esclavos de acuerdo con la categoría socioprofesional del testador. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 0 0 0 0,23 0,21 0,23 0,02 0 0,01 XVI 0,16 0 0,11 0,18 0,19 0,19 0,19 0,13 0,16 TOTAL 0,06 0 0,04 0,20 0,20 0,20 0,11 0,05 0,08 - 56 - Cuadro 176: Esclavos por testador en Córdoba, según el sexo y el grupo socioprofesional El cuadro 176 confirma lo que ya habíamos comprobado al estudiar los criados: la falta tan grande de servidumbre en el sector secundario, y más todavía entre las mujeres, lo que, en principio, indicaría una falta paralela de potencial económico, incluso inferior al “resto”. Este grupo de testadores no encuadrados en ningún grupo, o encuadrados en el primario, sin embargo, muestra una sorprendente evolución, adquiriendo una considerable cantidad de esclavos al llegar el siglo XVI, de forma que se sitúa en niveles similares a los del sector terciario. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 2/2 1/2 3/4 0/1 0/1 XVI 1/2 1/2 2/3 0/4 2/7 7/4 2/4 9/8 TOTAL 1/2 1/2 4/5 1/6 5/11 7/5 2/4 9/9 Cuadro 177: Número de esclavos/esclavas en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional El cuadro 177, además de confirmar este sorprendente “salto” del “resto”, lo hace más importante por cuanto la elevada cifra media del sector terciario en el siglo XV no se debía a una abundante presencia de esclavos, sino a la relativa escasez de testadores. De hecho, ya hemos mencionado los únicos siete esclavos que aparecen en este época, vinculados, según todos los indicios, a alguna conyuntura concreta. Esto permitiría creer en una evolución muy similar del sector terciario y del “resto” en cuanto al número de esclavos, tanto más cuanto que el número absoluto de esclavos del “resto” es netamente superior al del sector terciario. Ante estas circunstancias, parece claro que el estudio de la distribución de los esclavos ofrecerá nuevos datos de interés. HOMBRES MUJERES 0 1 >1 0 1 >1 XV 94,95 4,04 1,01 98,32 0,84 0,84 XVI 89,42 4,81 5,77 88 10,67 1,33 TOTAL 92,12 4,43 3,45 94,33 4,64 1,03 Cuadro 178: Distribución de testadores en Córdoba según el número de esclavos El primer aspecto a destacar de esta distribución es que confirma que la posesión de esclavos en Córdoba es un lujo todavía mayor que en Sevilla, de forma que menos del 8 % de los varones y algo más de 5,5 % de las mujeres pueden permitírselo, y apenas el 3,5 % de los varones y el 1 % de las mujeres cordobesas llegan a tener más de un esclavo. Se puede apreciar, pues, que existe también un fuerte desequilibrio sexual en este aspecto. Sin embargo, en el siglo XVI este desequilibrio disminuye, y la proporción de mujeres que tienen algún esclavo sube hasta el 12 %, mientras que la de los varones se queda en el 10,6 %. Más - 57 - significativo todavía es el hecho de que el aumento de la posesión de esclavos en los varones se dé en el grupo de más de un esclavo, mientras que en las mujeres, donde el aumento general es mayor, se da en el grupo de testadoras con un sólo esclavo. HOMBRES MUJERES 1 >1 1 >1 XV 1/3 1/1 0/1 1/1 XVI 3/2 7/7 1/7 1/1 TOTAL 4/5 8/8 1/8 2/2 Cuadro 179: Número de esclavos/esclavas en Cordoba según su distribución Este cuadro confirma con mayor claridad que el aumento en el número de criados se produce en ambos sexos, pero se distribuye de forma distinta en cada uno de ellos. No sólo los varones acumulan sus esclavos en grupos y las mujeres de forma individualizada, sino que en éstas se aprecia una tendencia a la polarización sexual en el siglo XVI, lo que no ocurre entre los hombres. De nuevo aparece aquí la presencia de siete esclavas, que ahora vemos que pertenecen a siete testadoras distintas, y que marcan la diferencia entre ambos sexos. Aquí se incluyen las cinco esclavas pertenecientes a mujeres en 1530-35 a las que hemos aludido más arriba. Conviene, pues, que conozcamos ya a estas testadoras: Nombre Fecha Signatura Leonor Yáñez Godoy 7-III-1520 AHPCO, Prot., of. 1, leg. 3, 36v-38v Lucía Martínez la Mellada 7-I-1520 AHPCO, Prot., of. 1, leg. 3, 253v-256v Isabel Fernández de Valderrama 18-I-1530 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 23r-24v Doña María de Torres 19-IV-1530 AHPCO, Prot., of. 1, leg. 6, 153v-155v Doña Teresa Muñoz de Godoy 9-VI-1530 AHPCO, Prot., of. 1, leg. 6, 237v-240r María Fernández 6-VI-1531 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 53, 297r-298r Francisca Carrillo 21-VIII-1532 AHN, Nobleza, Guadalcázar, 3139/16 Entre todas ellas, nos consta la pertenencia a los grupos privilegiados de la ciudad de Doña Teresa Muñoz, esposa del jurado Antonio Ruiz Bañuelos; de Francisca Carrillo, de la familia de los señores de Guadalcázar, y también de Leonor Yáñez, viuda del caballero Esteve de Valenzuela. El uso del tratamiento, algo infrecuente en nuestros testamentos, nos permite también suponer esta pertenencia a los estratos más altos de la sociedad para Doña María de Torres. Además, hay que resaltar el caso de Lucía Martínez, uno de los escasos ejemplos en que la profesión registrada es la suya y no del marido –dice ser partera–, adscrita también al sector terciario. Así pues, es necesario acudir ya a la observación de los datos según el grupo socioprofesional. - 58 - SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 >1 0 1 >1 0 1 >1 XV 100 0 0 83,87 9,68 6,45 99,25 0,75 0 XVI 92,31 3,85 3,85 83,33 14,58 2,08 90,48 4,76 4,76 TOTAL 97,44 1,32 1,32 83,54 12,66 3,80 95,38 2,52 2,10 Cuadro 180: Distribución de los testadores en Córdoba según el número de esclavos y el grupo socioprofesional Volvemos a encontrar la confirmación del raquitismo económico, al menos según este indicativo, en que se encuentra sumido el sector secundario, donde apenas encontramos un testador con un esclavo y otro con dos. En concreto, se trata del hojero –fabricante de hojas para armas blancas– Fernando Méndez (AHPCO, Prot., of. 18, leg. 8, 390r-392r, de 13 de julio de 1500), que tiene un esclavo y una criada, y del candelero Antonio Rodríguez (AHPCO, Prot., of. 1, leg. 4, 200v-202r, de 17 de abril de 1522), que cuenta con dos esclavas pero no tiene criados. Pero, sobre todo, destacan las relativamente elevadas cifras del “resto” en el siglo XVI. Veamos su distribución en cuanto a los sexos, y los números concretos, para acercarnos un poco más a estos datos. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 1/1 1/1 0/1 XVI 1/0 0/2 1/2 1/1 1/0 6/4 TOTAL 1/0 0/2 2/3 2/2 1/1 6/4 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 0/1 1/1 XVI 0/4 1/3 1/1 TOTAL 0/5 1/1 1/3 1/1 Cuadro 181: Número de esclavos/esclavas en Córdoba según su distribución y el grupo socioprofesional Como cabía esperar, el muy escaso número de esclavos hace innecesario todo comentario. Sólo procede observar que las mujeres del sector terciario presentan un elevado grado de polarización sexual, cuya importancia se atenúa por su escasez numérica, y también el “salto” de los hombres del “resto” en el siglo XVI, que pasan de no tener ningún esclavo a - 59 - presentar la cifra más alta, en términos absolutos, de todos los grupos y períodos. Por eso merece la pena realizar una lista de los testadores de este grupo que mantiene más de un esclavo: Nombre Fecha Signatura Esclavos/esclavas Juan Alfonso Bravo 17-IX-1512 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 43, cuad. 1, 51v-54v 2/0 Gonzalo Fernández de Córdoba 23-III-1530 AHPCO, Prot., of. 14, leg. 52, 141r-143r 1/2 Juan García de Villalón 15-I-1516 AHPCO, Prot., of. 24, leg. 5, 11r- 14v 1/1 Egas Benegas de León 31-VIII- 1523 AHN, Nobleza, Fernán Núñez, 1446/10-1 2/1 Sin duda, esta lista confirma que la parte sustancial de estos esclavos del “resto”, en realidad son propiedad de la aristocracia cordobesa. En efecto, seis de los diez esclavos pertenecen a Gonzalo Fernández de Córdoba y Egas Benegas de León, ambos conocidos personajes de gran influencia en la época. Sin ellos, este sector del “resto” contaría con tres esclavos y una esclava, mientras que el sector terciario contaría con siete esclavos y cinco esclavas. Así pues, parece que los esclavos en Córdoba son un auténtico lujo, casi una curiosidad exótica, sólo al alcance de muy pocos, y aun así sólo dos de los representantes de la nobleza más encumbrada –pese a estar incluidos en el “resto” de la población– llegan a poder poseer tres esclavos. En estas circunstancias, no parece razonable obtener mayores conclusiones al respecto. 3.3.- Criados y esclavos en Jaén En Jaén hemos registrado un total de 48 criados –19 varones y 29 mujeres–, al servicio de 36 testadores, 20 varones y 16 mujeres. La distancia respecto de las otras ciudades andaluzas es evidente, de forma que estos criados suponen apenas el 11,37 % del total de criados en las ciudades andaluzas: 10,61 % de los varones y 11,93 % de las mujeres. En cuanto a los testadores, los que tienen criados representan el 17,70 % del total de testadores andaluces que tienen criados, y el 14,29 % de las testadoras, en conjunto el 16 % del total. Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 1460-69 0 0 0 1470-79 0 0 0 1480-89 0,50 0,75 0,60 - 60 - Testadores Testadoras Total 1490-99 0,14 0,20 0,17 1500-09 0,23 0,15 0,20 1510-19 0,27 0,25 0,27 1520-29 0,21 0,19 0,20 1530-35 0,25 0,10 0,17 0,21 TOTAL 0,22 0,19 Cuadro 182: Criados por testador en Jaén La diferencia con la cifra media de criados por testador en Córdoba o Sevilla es evidente, prácticamente reducida a la mitad. Sin embargo, no se aprecian grandes diferencias entre los sexos, de forma que tanto testadores como testadoras mantienen, en conjunto, el mismo número de criados por término medio. Esta situación ya la pudimos observar en Córdoba, aunque allí existía una leve superioridad de las testadoras, que aquí se invierte, y en ambos casos contrasta con la clara preponderancia masculina en Sevilla. El gráfico 104 confirma, además, que las escasas diferencias de género en este punto se mantienen a lo largo de todo el período para el que contamos con datos. Hay que tener en cuenta que las cifras de 1480-89, momento en que aparece un mayor número de criados por testador y donde también se aprecia mayor diferencia entre los sexos, proceden de una muestra de seis testadores y cuatro testadoras, y por tanto tienen un valor muy relativo. De hecho, ignorando este decenio, las diferencias entre testadores y testadoras se reducen al mínimo –en ningún caso llegan a 0,08 puntos de diferencia, excepto en el último decenio, que sube a 0,15 puntos–, lo que no obsta para que sea interesante observar la preponderancia masculina en todo momento, excepto en 1490-99. Por otro lado, haciendo también abstracción de la cifra de 1480-89, la estabilidad parece ser la característica principal de las cifras de criados por testador, que oscilan entre 0,15 y 0,25, aproximadamente. Aún así, se aprecia la existencia de una suave parábola, cuyo cénit se sitúa en 1510-19. No podemos dejar de pensar en una posible relación entre este hecho y el inicio de una cierta mejora en las condiciones de vida de la ciudad que parecíamos haber entrevisto en capítulos anteriores. Los cálculos que siguen podrán, quizá, ofrecer nuevos datos sobre este tema. 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 0,8 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 cr ia do s/ te st ad or Testadores Testadoras Total - 61 - Las cifras referidas a la masculinidad de los criados deberán ofrecerse, en este caso, en expresión directa del número de criados y de criadas en cada decenio y para cada género de testador, debido a su escaso número. Testadores Testadoras Total 1440-49 1450-59 1460-69 1470-79 1480-89 1/2 1/2 2/4 1490-99 2/1 0/3 2/4 1500-09 4/3 2/1 6/4 1510-19 2/1 2/5 4/6 1520-29 3/2 0/4 3/6 1530-35 2/3 0/2 2/5 TOTAL 14/12 5/17 19/29 Cuadro 183: Número de criados/criadas en Jaén Efectivamente, la escasez del número de criados no sólo hace desaconsejable la elaboración de las tasas de masculinidad, sino que dificulta mucho el análisis cronológico de esta variable. Sólo podemos comprobar que, al igual que ocurría en Córdoba, los criados de testadores varones parecen estar aproximadamente equilibrados en cuanto a su sexo, pero en las mujeres se observa una clara polarización; recordemos que en Sevilla la polarización sexual se daba por igual en testadores y en testadoras. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 0 0 0 1 0,25 0,24 0,20 0,22 XVI 0,50 0 0,18 0,50 1,25 0,71 0,18 0,14 0,16 TOTAL 0,25 0 0,13 0,38 1,20 0,61 0,20 0,15 0,17 Cuadro 184: Criados por testador en Jaén según el sexo y el grupo socioprofesional Si trasladamos ahora el análisis de las diferencias de género a las diferencias sociales, el cuadro 184 muestra la distancia que, como siempre, existe entre el sector terciario y el resto de la población. Hay que destacar que esta distancia es particularmente notable en las mujeres, cuya cifra media de criados es inferior a la de los varones en el sector secundario y en el - 62 - “resto”, mientras que en el terciario resulta netamente superior: Debe señalarse igualmente que la cifra media de criados por testador varón en los grupos privilegiados resulta muy inferior a la de las otras dos ciudades, pero no así la de las mujeres. Por otro lado, destaca la falta absoluta de criados entre las mujeres del sector secundario, si bien es cierto que la correspondiente cifra de varones en realidad se debe a un único testador, llamado Antonio Pérez, cantarero de profesión, que mantiene un criado de cada sexo, junto con su mujer y siete hijos varones solteros, además de una hija casada (AHPJ, leg. 10, 204r-205v, de 8 de abril de 1504). Se trata, pues, de una situación muy similar a la que encontrábamos en el sector secundario cordobés. El estudio combinado de las diferencias según el sexo y según el grupo social nos permitirá comprener mejor estas circunstancias. Secundario Terciario Resto H. M. Total H. M. Total H. M. Total XV 0 0 0 0/1 0/1 3/3 1/4 4/7 XVI 1/1 0 1/1 3/2 2/3 5/5 7/6 2/9 9/15 TOTAL 1/1 0 1/1 3/2 2/4 5/6 10/9 3/13 13/22 Cuadro 185: Número de criados/criadas en Jaén según el sexo y el grupo socioprofesional La principal conclusión que se puede obtener del cuadro 185 es que la única posibilidad de polarización sexual se da en las mujeres del “resto”, pero no en el sector terciario. Sin embargo, al tratarse de cifras muy pequeñas, la extracción de conclusiones al respecto resulta demasiado arriesgada. Veamos, pues, si el estudio de la distribución de los criados entre los testadores nos ofrece algunos datos más. 0 1 >1 XV 82,76 13,79 3,45 XVI 85,14 9,71 5,14 TOTAL 84,55 10,73 4,72 Cuadro 186: Distribución porcentual de los testadores en Jaén según el número de criados Como cabía esperar, en Jaén no sólo hay menos criados por testador, como cifra media, sino que además están más concentrados en unas pocas manos. Apenas el 15 % de la población puede mantener algún criado, y sólo una testadora, Juana Fernández del Vando, esposa del jurado Diego Ordóñez, declara tener tres criados, dos mujeres y un varón (AHPJ, leg. 5, 241r-242r, de 16 de agosto de 1511). Además, y aun teniendo siempre en cuenta la escasez de las cifras reales de criados, parecería que en el siglo XVI esa concentración de los escasos criados en unas pocas manos es todavía mayor, con una mayor proporción de testadores sin criados y un descenso de los que sólo tienen uno. HOMBRES MUJERES - 63 - 0 1 >1 0 1 >1 XV 84,37 12,50 3,12 80,77 15,38 5,55 XVI 82,56 11,63 5,81 87,64 7,86 4,49 TOTAL 83,05 11,86 5,08 86,09 9,56 4,35 Cuadro 187: Distribución de los testadores en Jaén según su sexo y el número de criados Si la concentración de los criados en pocas manos parece estar bastante clara, también lo está el hecho de que la concentración es todavía mayor entre las mujeres. Aunque pueda parecer anecdótico, no podemos olvidar que el único testador con más de dos criados es una mujer. Las cifras que reflejan la evolución de este parámetro, pese a todas las precauciones necesarias, dan a entender que entre las mujeres el proceso se ve acentuado al llegar el siglo XVI, pero no entre los hombres, puesto que aquí la proporción de testadores sin criado desciende, manteniéndose casi inalterada la de testadores con un sólo criado; sin embargo, entre las mujeres, el traspaso de testadores desde el segmento con un criado al segmento sin criados es evidente. HOMBRES MUJERES 1 >1 1 >1 XV 3/1 0/2 1/3 0/2 XVI 6/4 5/5 0/7 4/5 TOTAL 9/5 5/7 1/10 4/7 Cuadro 188: Número de criados/criadas según el sexo del testador y su distribución en Jaén De forma paralela, y de acuerdo con el cuadro 188, entre las mujeres con un sólo criado aumenta la polarización sexual, que también existe entre los varones, aunque mucho más mitigada. Sin embargo, en los segmentos de más de un criado, tanto en hombres como en mujeres, parece que la tendencia es al equilibrio entre los sexos. SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 0 1 >1 0 1 >1 0 1 >1 XV 100 0 0 75 25 0 82 14 4 XVI 90,91 0 9,09 64,29 7,14 28,57 86,67 10,67 2,67 TOTAL 93,33 0 6,67 66,67 11,11 22,22 85,50 11,50 3 Cuadro 189: Distribución porcentual de los testadores en Jaén según el grupo socioprofesional y el número de criados El detalle más interesante que puede extraerse del cuadro 189 es la progresión de la polarización social tanto entre el sector terciario como en el “resto”; téngase siempre en cuenta que en el sector secundario sólo un testador, al que ya hemos hecho referencia más - 64 - arriba, tiene algún criado. En efecto, en los dos grupos sociales indicados, la proporción de testadores con un sólo testador disminuye, sobre todo en el sector terciario. Pero si en éste aumentan con claridad los testadores con más de un criado y disminuyen los que no tienen ninguno, lo que evidencia una mejora del poder económico del grupo, en el “resto” ocurre justo lo contrario. De esta forma, estos datos pueden indicar que sólo a partir del cambio de siglo empieza a existir en Jaén una auténtica “aristocracia” urbana, al menos en términos económicos, si bien muy pequeña numéricamente. HOMBRES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 0/1 3/1 0/2 XVI 1/1 1/0 2/2 5/4 2/2 TOTAL 1/1 1/1 2/2 8/5 2/4 MUJERES SECUNDARIO TERCIARIO RESTO 1 >1 1 >1 1 >1 XV 1/2 0/2 XVI 1/1 1/2 0/7 2/2 TOTAL 1/1 1/2 1/9 2/4 Cuadro 190: Número de criados/criadas en Jaén según su distribución y el grupo socioprofesional En efecto, el cuadro 190 nos devuelve la realidad de una sociedad donde la presencia de riquezas es muy escasa. Ya hemos señalado que sólo una testadora mantiene más de dos criados, pero conviene añadir ahora que el número de los que tienen dos criados apenas llega a once, de los que sólo dos se sitúan en el siglo XV; por cierto, que sólo hay un testador que mantenga dos criados varones, y es de nuevo una mujer: María Ramírez, mujer de Esteban Ramírez de Enbuenhora (AHPJ, leg. 10, 364v-366v, de 5 de julio de 1504). De esta forma, y a modo de resumen de lo que llevamos dicho sobre la posesión de criados en Jaén, se trata de una circunstancia mucho más escasa que en las otras dos ciudades andaluzas, hasta el punto de que la posesión de más de un criado resulta ciertamente rara. Dentro del grupo de los testadores con criados, hay que señalar la práctica inexistencia del sector secundario, y la importancia relativa de las mujeres del “resto”, no sólo numéricamente sino porque sólo en ellas se puede apreciar de alguna forma la polarización sexual que hemos encontrado en las otras ciudades. Desde luego, si escasos son los criados en la capital del Santo Reino, la presencia de esclavos no pasa de una mera anécdota: sólo tres testadores declaran tenerlos. Por eso parece - 65 - más oportuno obviar los análisis y limitarnos a comentar la lista de los testadores que mantienen esclavos, que es la que sigue: Nombre Fecha Signatura Juan Hurtado de Mendoza 16-XII-1503 AHPJ, leg. 10, 2r-7r Andrés de Arjona 22-V-1504 AHPJ, leg. 10, 262r-263r Fernando López Colmenero 5-V-1522 AHPJ, leg. 7, 90r-91v Debido precisamente al carácter extraordinario de la posesión de esclavos en Jaén resulta más destacado el hecho de que los dos primeros testadores tengan cada uno dos esclavos: uno de cada sexo Juan Hurtado y dos mujeres Andrés de Arjona. Además, el primero de ellos cuenta con dos criados, también uno de cada sexo, y el segundo con otro criado varón. De esta forma, la servidumbre de Juan Hurtado pasa a estar formada por cuatro personas, la más abundante de la ciudad, como corresponde a su función de veinticuatro y uno de los escasos nobles vecinos de ella, mientras que la de Andrés de Arjona, cuya profesión no se menciona, se iguala con la de la citada más arriba Juana Fernández del Vando, esposa del jurado Diego Ordóñez; por último, hay que reseñar que Fernando López resulta ser clérigo. Así, creemos que se ha perfilado la situación social de los mayores detentadores de servidumbre en Jaén. Sólo procede indicar que en el testamento de Juan Hurtado se especifica que la esclava será ahorrada en cuanto él muera, y que al esclavo le espera la misma suerte cuando cumpla seis años. IX. CONCLUSIONES A la hora de elaborar unas conclusiones que sirvan de corolario a este trabajo, creemos que puede resultar interesante extraer dos tipos de consecuencias de los datos que hemos obtenido. Por un lado, reuniremos todas las variables que se han analizado, para intentar obtener un cuadro coherente relativo a la evolución de los componentes demográficos urbanos andaluces en la época que tratamos. Por otro, aplicaremos los resultados a la evolución poblacional que hemos establecido en la primera parte de este trabajo, observando finalmente los resultados. 1.- Análisis conjunto de los factores demográficos internos. El establecimiento de relaciones entre los diversos factores que determinan internamente la evolución demográfica de la población urbana andaluza en esta época será, pues, el objetivo de este parágrafo. Antes de comenzar, hay que dejar claro que la relación más evidente se ha establecido entre la nupcialidad y la reproducción. Esta relación será la base de nuestro análisis, que se completará con los aportes del estudio de las demás variables demográficas. Empezaremos, como ha sido costumbre en los capítulos anteriores, por el estudio del conjunto urbano andaluz entendido como un todo. Los datos sobre nupcialidad y reproducción fueron ofrecidos en los cuadros 28 y 59 y los gráficos 38 y 54. El resultado de su combinación se refleja el gráfico 105. La coincidencia en la evolución de estos dos factores demográficos es casi total. De hecho, el coeficiente de correlación lineal entre la nupcialidad y la reproducción neta es de 0,86, realmente alto27. Parece que puede afirmarse, así, que en el ámbito urbano andaluz los 1 1,2 1,4 1,6 1,8 2 2,2 2,4 2,6 2,8 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 hi jo s/ te st ad or 75 77 79 81 83 85 87 89 ta sa d e nu pc ia lid ad Reprod. Nupc . -417- 27 Como se sabe, el coeficiente de correlación lineal, representado por la letra R, es un número entre –1 y 1 que expresa el grado de relación lineal entre dos series de datos, de forma que un coeficiente negativo -418- momentos en que aumenta la tendencia al matrimonio, también parece resultar más fácil sacar adelante un mayor número de hijos. Pero será la luz que ofrezcan el resto de las variables la que nos permita saber si esta coincidencia implica realmente la existencia de coyunturas favorables o desfavorables al desarrollo demográfico, teniendo siempre en cuenta que aquí sólo se analizan los factores de evolución interna de la población, y no los externos, como pueden ser las migraciones. En primer lugar, hay que destacar que los primeros años de la etapa que estamos estudiando, desde 1440 hasta 1469, parecen ser la salida de una profunda crisis demográfica. Tanto en la reproducción como en la nupcialidad las cifras de 1440-49 son las más bajas de todas, iniciándose un fuerte ascenso hasta 1460-69. Pero, además, encontramos que la mortalidad de 1460, tal como se refleja en el gráfico 90, es la más baja de todo el período, y que, aunque los datos de años anteriores están menos perfilados, parece que esta mortalidad ha venido descendiendo al menos durante los dos decenios anteriores. De igual forma, encontramos que la edad del matrimonio está adelantándose rápidamente, como aparece en el cuadro 45, proceso que continuará todavía hasta el decenio 1470-79. Por último, la tenencia de criados señala un fuerte aumento en 1450-59, para descender en el decenio siguiente. Aun teniendo en cuenta que en estos años los únicos datos relativamente fiables son los procedentes de Sevilla, parece claro que hasta el decenio 1460-69 la evolución de las constantes demográficas internas parece bastante favorable al aumento demográfico. Conviene recordar ahora que en la primera parte de este trabajo se mostró cómo sólo a partir de la mitad del siglo XV se aprecian signos claros de recuperación demográfica de las ciudades andaluzas, y no antes. Desde 1470 hasta 1489, la nupcialidad y la reproducción vuelven a caer hasta niveles relativamente bajos, lo que se corresponde con una fuerte subida de la mortalidad que, si bien no llega a alcanzar sus niveles más altos, sí que presenta uno de los significativos “picos” que revelan la presencia de una profunda crisis, que efectivamente aparece reflejada en los testimonios indirectos, sobre todo en Sevilla y Córdoba. Sin embargo, tanto la mortalidad como la edad de acceso al matrimonio sugieren más bien una continuidad desde los decenios de 1460 o 1470 hasta el final del siglo XV. En efecto, durante todo el último tercio del siglo la mortalidad va en aumento, adentrándose incluso en el siglo XVI, hasta culminar en la gran crisis de 1507, mientras que la edad de acceso al matrimonio se va retrasando hasta el cambio de siglo, en especial la de las mujeres, que es la que influye decisivamente en la reproducción. implica una relación inversa y un coeficiente positivo una relación directa, tanto mayor cuanto más nos acercamos a la unidad; lógicamente, el cero indica que no existe relación alguna. Téngase en cuenta que este coeficiente sólo se refiere a una relación lineal, y no a otro tipo de relación entre dos series de datos (ver FLOUD, 1983, 151-184). Así pues, por un lado encontramos que, tras un acusado descenso en 1470-79, tanto la nupcialidad como la reproducción aumentan firmemente hasta el final del siglo, en particular la primera de estas variables, y por otro lado aumenta también la mortalidad mientras se retrasa la edad de acceso al matrimonio. Además, debe recordarse que es precisamente en esos años donde habíamos sospechado que se producía una mayor afluencia de inmigrantes procedentes del campo hacia las ciudades andaluzas. La explicación a estos datos, aparentemente contradictorios, no es sencilla, y depende en gran medida de las circunstancias de cada ciudad, pero sí parece que, en términos globales, el aumento demográfico de las ciudades andaluzas a finales del siglo XV debe atribuirse fundamentalmente a la inmigración y no al crecimiento vegetativo. El primer tercio del siglo XVI, por fin, se caracteriza por un descenso de la reproducción desde el cambio de siglo y de la mortalidad desde 1507, mientras que la nupcialidad sólo desciende a partir de 1520-29; por su parte, la edad de acceso al matrimonio tiende a adelantarse, aunque en el último período, 1530-35, experimenta un brusco retraso. De hecho, en los años cercanos a 1530, especialmente en Córdoba, hemos encontrado bastantes indicios que hacen pensar en una nueva crisis, menos fuerte que la de 1507, pero también significativa, pese a que aún no llega a reflejarse en la mortalidad. Así pues, en esta última etapa parece que las variables internas de la evolución demográfica mejoran de forma sustancial, aunque los testimonios señalan que no se interrumpe el flujo migratorio. Quizá los datos de 1530 se expliquen así por una nueva crisis de sobrepoblación. Pero a lo largo de este trabajo hemos comprobado que, por debajo de la evolución demográfica global, laten importantes diferencias relativas, por una parte, al sexo, y por otra a la situación socioeconómica de los pobladores. Observemos, pues, cómo evolucionan los diferentes factores demográficos de acuerdo con el componente de género de la población. Lo más importante que se refleja en el gráfico 106 es el cambio radical que los comportamientos demográficos de la población experimentan a partir de la última década del siglo XV, cambio que está directamente relacionado con la diferenciación sexual. Hasta 1490- 99, tanto los hombres como las mujeres habían evolucionado aproximadamente de forma paralela, siguiendo las grandes etapas que hemos descrito más arriba. Sin embargo, la llegada del siglo XVI significará la diferenciación entre las mujeres, cuya tasa de nupcialidad aumenta de forma espectacular y cuya tasa de reproducción se estanca, aunque con cierta tendencia al descenso, y los varones, cuya nupcialidad disminuye y su capacidad para mantener vivos a los 70,00 75,00 80,00 85,00 90,00 95,00 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ta sa 1,4 1,6 1,8 2 2,2 2,4 2,6 2,8 3 3,2 Nupc. H Nupc. M Reprod. H Reprod. M -419- -420- hijos aumenta levemente. Desde luego, estas evoluciones ya se observaban en los años anteriores, al menos desde 1480, pero no será hasta el cambio de siglo en que se manifieste con claridad el comportamiento diferenciado de la nupcialidad femenina respecto de las demás variables. Tal como quedó establecido en el capítulo VII, la mortalidad femenina se relaciona íntimamente con la nupcialidad a través del parto y sus consecuencias, hasta el punto de enmascarar los efectos de las grandes crisis, cosa que no ocurre con los varones. Por ello, la combinación del progresivo aumento de la nupcialidad femenina, con un rápido adelanto de su edad de acceso al matrimonio a partir del cambio de siglo motivó no sólo un aumento de su mortalidad sino también, en consecuencia, una menor capacidad de engendrar hijos y, por tanto, de mantenerlos vivos hasta el momento del testamento. En los varones, sin embargo, los factores que inciden en la mortalidad son externos y no se relacionan con la nupcialidad, de forma que la muerte de sus mujeres se compensa con segundos matrimonios, fenómeno característicamente masculino –que, además, explica la elevada nupcialidad femenina–, lo que permitió mantener la tasa de reproducción a pesar del descenso de la nupcialidad y del retraso en la edad de acceso al matrimonio. Sin embargo, si bien lo que antecede puede explicar el mecanismo, no explica porqué éste se pone en marcha precisamente hacia finales del siglo XV. Creo que los profundos cambios sociales y mentales de esta época no son ajenos a esta activación. La base de esta transformación demográfica está, en efecto, en el cambio de la actitud ante la nupcialidad de la sociedad urbana andaluza, puesto que, como sabemos, el matrimonio es, de todos los factores que inciden en la evolución demográfica, el más vulnerable a las vicisitudes sociales y mentales. Además, debemos contar con lo que hemos denominado “polarización sexual” en cuanto a la tenencia de criados y esclavos, es decir, la tendencia a mantener servidores del mismo sexo que el testador, sobre todo en las mujeres. Todo ello parece apuntar a una intención colectiva consciente de reducir a las mujeres laicas al ámbito doméstico matrimonial y maternal, acompañada en todo caso de otras mujeres, destinada a la reproducción incluso aunque muera por causa de los partos; las mujeres que mueren por esta causa son rápidamente reemplazadas por otras, lo que a su vez aumenta la tasa de nupcialidad femenina, mientras que, por otro lado, se favorece la soltería masculina que alimentará, en parte, la colonización de América y la repoblación de Granada. Trataremos ahora de analizar el comportamiento de estos factores separando la población testadora por grupos socioprofesionales. Sin embargo, debido a la recurrente debilidad de la muestra para los sectores secundario y terciario, la comparación deberá reducirse a los tres conjuntos de treinta años que hemos utilizado ya en otras ocasiones. El cuadro de datos que resulta es el siguiente: NUPCIALIDAD (% de casados) SUPERVIVENCIA (hijos / testador casado) Secund. Terc. Resto Secund. Terc. Resto 1440-69 80,55 68,96 75,58 3,46 1,95 2,21 1470-99 84,61 69,39 73,71 2,01 2,50 2,17 1500-35 83,49 63,85 70,36 2,05 2,64 2,16 Cuadro 191: Tasas de nupcialidad y reproducción según los grupos socioprofesionales Sorprendentemente, la coincidencia que se observaba en la evolución de estos dos factores demográficos desaparece casi por completo en los grupos secundario y terciario. A pesar de que la evolución cronológica no puede apreciarse con detalle, resulta evidente que el comportamiento de estos grupos socioprofesionales difiere mucho del resto de la población. Puesto que hemos admitido que estas divisiones socioprofesionales reflejan, en general, una situación económica distinta, y más favorable, sobre todo en el caso del grupo terciario, podemos suponer que los factores que influyen en la evolución demográfica de la mayor parte de la población, superado un cierto umbral económico, que podríamos encontrar representado en el sector secundario, parecen perder parte de su influencia en favor de otros que todavía no conseguimos entrever. El carácter de grupo intermedio del sector secundario puede confirmarse porque comparte con el terciario la menor incidencia de la mortalidad, pero sin embargo muestra unas escasas posibilidades para disponer de criados o esclavos. Las conclusiones globales deben ser matizadas por el comportamiento de cada ciudad, especialmente cuando, como en este caso, este comportamiento muestra unas peculiaridades tanto o más interesantes que el estudio de conjunto. Empezaremos, como hemos venido haciendo, por Sevilla, observando la evolución combinada de la nupcialidad y la reproducción, tal como se refleja en el gráfico 107. Evidentemente, se trata de una situación bien distinta de la que reflejan los datos del conjunto urbano andaluz. Aquí, aunque en el período anterior a 1480 parece existir cierto paralelismo entre ambas variables, a partir de ese decenio los contrastes son evidentes. Resumiendo, podemos decir que, mientras que la nupcialidad se caracteriza fundamentalmente por su marcha ascendente y la falta de oscilaciones, la reproducción aparece marcada por los fuertes vaivenes, con “picos” en 1480-89, 1500-09 y 1530-35, y espectaculares descensos en 1490-99 y 1510-19. En todo caso, no es factible establecer una relación directa entre la nupcialidad y la capacidad reproductiva de la sociedad sevillana, al menos a partir de 1480. 70 75 80 85 90 95 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % d e ca sa do s 1,3 1,5 1,7 1,9 2,1 2,3 2,5 2,7 2,9 hi jo s / t es ta do r Nupc. Reprod. En realidad, hemos comprobado, sobre todo en el capítulo VII, que la mortalidad “extraordinaria” es el principal factor que interviene en la evolución poblacional de Sevilla, al margen de la migración. Esta variable, tal como aparece en el gráfico 90, experimenta un aumento constante hasta llegar al decenio 1510-19, es decir, hasta los efectos de la crisis de -421- 1507, para descender luego con rapidez; en esta evolución destacan, sobre todo, los dos fuertes ascensos que experimenta en el decenio 1480-89 –provocado por la crisis de 1481– y el recién citado decenio 1510-19. La coincidencia de esta etapa de fuerte mortalidad extraordinaria, a razón de una epidemia cada dos o tres años, con el período de cambio de ritmo en el crecimiento demográfico de la ciudad nos conduce a reflexiones paralelas a las que hemos realizado para el conjunto urbano andaluz. La llegada masiva de inmigrantes, constatada aunque no estudiada, posiblemente hacinados en malas condiciones, favoreció la llegada de epidemias, que regularían el aumento de la población producido por la migración; incluso podría pensarse que el aumento de la nupcialidad a partir del siglo XVI se unió a estas circunstancias para hacer de la crisis de 1507 la más terrible, como apuntan no sólo los datos que hemos recogido aquí, sino también los testimonios de los contemporáneos. Porque, en efecto, aproximadamente durante el último tercio del siglo XV, la baja nupcialidad y el retraso en la edad del matrimonio pueden considerarse mecanismos reguladores de la población, como la mortalidad catastrófica. Pero, en este contexto, el aumento de la nupcialidad a partir del cambio de siglo necesita otras explicaciones, relacionadas, a nuestro entender, con el dispar comportamiento de los sexos. Ciertamente, el gráfico 108 muestra cómo, en realidad, el gran cambio que se produce en la última década del siglo XV relativo a la nupcialidad no es tanto su aumento, sino que éste es mucho mayor en las mujeres que en los hombres, en los que prácticamente se estabiliza. Sin embargo, la tasa de reproducción de los varones aumenta en mayor medida que la de las mujeres. Aun teniendo en cuenta que la tasa de reproducción o supervivencia se calcula sólo sobre testadores casados o viudos, no deja de resultar significativo que precisamente cuando las mujeres se casan en mayor medida, su capacidad para sacar adelante a sus hijos sea menor, y que en los varones la situación sea inversa. En ello, desde luego, influye la mortalidad. Como hemos indicado más arriba, la capacidad letal de los partos en esta época es tal que los efectos de las grandes crisis apenas se notan en los datos de las mujeres, lo que evidentemente influye en la tasa de reproducción, no sólo porque escasean, en términos relativos, las mujeres que aguanten varios partos, sino también porque muchas harían 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % d e ca sa do s 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 hi jo s / t es ta do r Nupc. H Nupc. M Reprod. H Reprod. M -422- -423- testamento en el trance de su primer alumbramiento. Además, hay que añadir la escasa capacidad de las viudas para mantener a su lado a sus hijos, probablemente por motivos económicos, en contraste con los varones vueltos a casar. Pero es que, además, las dos grandes crisis coinciden con fuertes elevaciones de la masculinidad de los hijos de testadores, lo que sugiere la presencia de una mayor mortalidad en las hijas que en los hijos. Aunque la mortalidad femenina en general también sea superior a la masculina, en las adultas puede achacarse a los efectos de los partos, pero en las hijas aún solteras no. Además, los relativamente bajos niveles de nupcialidad y la relativamente tardía edad de acceso al matrimonio antes del año 1500 podrían neutralizar la acción mortal del parto. La única explicación posible a estas fuertes subidas de la masculinidad en época de crisis, que permite además conjugar esta situación con la aceleración que experimenta el crecimiento demográfico de la ciudad, es, en un contexto de fuerte mortalidad y morbilidad, una tendencia de las familias sevillanas a primar a los hijos varones en los repartos de comidas y de cuidados, exponiendo a las hijas en trabajos como el cuidado de enfermos o el acarreo de agua, lo que redundaría en una mayor mortalidad femenina sin necesidad de recurrir explícitamente a abortos o infanticidios, de los que no tenemos datos seguros Podemos pasar ahora a ver los resultados distinguiendo por grupos socio- profesionales, según el siguiente cuadro. NUPCIALIDAD (% de casados) REPRODUCCIÓN (hijos / testador casado) Secund. Terc. Resto Secund. Terc. Resto 1440-69 80,55 68,96 75,58 3,46 1,95 2,21 1470-99 84,61 69,39 73,71 2,01 2,50 2,17 1500-35 83,49 63,85 70,36 2,05 2,64 2,16 Cuadro 192: Tasas de nupcialidad y reproducción en Sevilla según el grupo socioprofesional La forma de efectuar el análisis, mediante treintenas en lugar de decenios, nos impide observar los efectos de las crisis sobre cada uno de los grupos socioprofesionales. Sin embargo, llama la atención que sólo el sector secundario tienda al aumento de la nupcialidad, mientras que tanto el terciario como el resto muestran un claro descenso. Paralelamente, el sector terciario aumenta su tasa de reproducción, lo que permite el mantenimiento de los efectivos demográficos de los grupos privilegiados hispalenses a pesar de su cada vez mayor tendencia a la soltería, pero el “resto” se muestra estabilizado o con leve tendencia al descenso en este aspecto. Por su parte, como indicamos más arriba, parece claro que el sector secundario se muestra como un auténtico “colchón” entre el común de la población y los grupos más favorecidos, adoptando comportamientos de unos u otros, o a veces mostrando datos contradictorios. Por último, hay que señalar que el análisis de la tenencia de criados y esclavos revela que la llegada de estos últimos, de nuevo a partir de principios del siglo XVI, parece relacionarse con un cierto aumento del nivel de vida general, si bien los más beneficiados fueron los grupos ya acomodados. Pasaremos ahora a examinar los datos correspondientes a Córdoba, empezando por la comparación entre las tasas de nupcialidad y las de reproducción. El gráfico 109 resulta lo bastante expresivo por sí mismo. Ambas tasas evolucionan de forma prácticamente paralela, y, al margen de los datos del primer decenio, que no pueden tenerse en cuenta debido a que tanto en éste como en el siguiente decenio sólo contamos con un testador, únicamente se aprecia una divergencia en 1480-89 y 1490-99, cuando aparentemente la nupcialidad se recupera con rapidez de una caída excesiva de sus tasas; de todas formas, se trata de una situación muy puntual. De hecho, el coeficiente de correlación entre las dos series, a partir de 1450-59, llega al 0,89. Pero, además, en ambos casos aparece claro un proceso de descenso continuo, que llega a niveles realmente bajos en 1530-35: un 75 % de casados y apenas 1,7 hijos por pareja casada. No podemos hablar aquí de crisis más o menos coyunturales, porque el proceso es constante desde 1450. Por otro lado, el análisis de la mortalidad nos ha mostrado que, pese a que se registra un fuerte impacto de las dos grandes crisis demográficas, no existe, como en Sevilla, una situación de sobremortalidad permanente durante el último cuarto del siglo XV y principios del XVI. Todo esto nos sitúa, como hemos señalado en páginas anteriores, ante una regulación de la población basada no en la mortalidad cíclica, sino en el control de la nupcialidad, y con él de la natalidad. La muy elevada nupcialidad de los años centrales del siglo XV indica con claridad que la Córdoba de esos años es una ciudad que todavía está lejos de su límite ecológico, que todavía puede acoger a muchos más habitantes de los que tiene. Pero hemos observado que, igual que en Sevilla, a partir de los decenios de 1460 y 1470 se detectan importantes movimientos migratorios desde la Campiña hacia la capital. La relativa abundancia de espacio físico, social y económico que parece tener la ciudad en estos momentos impidió, o al menos suavizó, los ataques epidémicos, que sólo afectan a la población en sus momentos de máxima virulencia. Con una mortalidad estabilizada y una inmigración probablemente constante –una fuerte ola inmigratoria quizá hubiera provocado un brusco aumento de la mortalidad, aunque es posible que esto ocurriese en los períodos de crisis–, la ciudad se iba llenando, y el control progresivo pero firme de la nupcialidad se reveló como el mecanismo perfecto para la regulación entre población y recursos. Finalmente, los niveles a los que caen la nupcialidad y la reproducción en el siglo XVI indican que estamos probablemente cerca del punto de saturación, a lo que quizá responda la crisis que parece entreverse a través de algunas fuentes hacia 1520 o 1530. 70 75 80 85 90 95 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % d e ca sa do s 1 1,2 1,4 1,6 1,8 2 2,2 2,4 2,6 2,8 3 hi jo s/ te st ad or Nucial. Reprod. -424- El gráfico 110 señala que, a pesar de que la correspondencia entre nupcialidad y reproducción es más estrecha en los hombres que en las mujeres, las diferencias no llegan a ser excesivamente importantes. Otro tanto puede decirse de la mortalidad, si observamos sobre todo el gráfico 88, y de la edad de acceso al matrimonio, según el gráfico 44. La falta de episodios de mortalidad catastrófica hace que todas estas variables evolucionen paralelamente y sin grandes diferencias entre los sexos. En este sentido, la demografía cordobesa evoluciona según patrones muy diferentes a la sevillana. 60 65 70 75 80 85 90 95 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % d e ca sa do s 0,75 1,25 1,75 2,25 2,75 3,25 hi jo s / t es ta do r Nupc. H Nupc. M Reprod. H Reprod. M Llega el momento de afrontar el análisis según las categorías socioprofesionales, de acuerdo con el cuadro 193. NUPCIALIDAD (% de casados) REPRODUCCIÓN (hijos / testador casado) Secund. Terc. Resto Secund. Terc. Resto 1440-69 93,75 57,14 100 3,20 2,75 2,32 1470-99 100 83,33 79,61 1,88 3,1 2,17 1500-35 100 63,26 80 1,65 2,66 1,71 Cuadro 193: Tasas de nupcialidad y reproducción en Córdoba según el grupo socioprofesional Llama la atención la situación del sector secundario, puesto que el hecho de que todos los integrantes de este sector estén casados durante todo el período estudiado no es obstáculo para un descenso más que notable de la reproducción, que en el primer tercio del siglo XVI apenas llega a la mitad de los valores que tenía a mediados de la anterior centuria. Si a ello unimos las conclusiones que hemos obtenido del estudio de la tenencia de criados, en la que el -425- sector secundario queda incluso por debajo del “resto” de la población, a mucha distancia del sector terciario, podríamos pensar que el artesanado cordobés arrastra una profunda crisis estructural. Parecería que la extensión del matrimonio en este sector, absolutamente inusual, pudiese estar destinada a compensar el escaso número de hijos supervivientes, para permitir la reproducción del grupo, al modo de las políticas extensivas de producción. Sin embargo, parece posible que los huecos que dejase esta deficiente autorreproducción pudieran ser llenados con inmigrantes. Muy distinta es la situación del sector terciario, donde no se detectan movimientos descendentes de importancia respecto de la nupcialidad o la reproducción, e incluso se experimenta una notable subida en ambas tasas en el período final del siglo XV. La profunda falla entre los grupos más acomodados y el resto de la población, cuya existencia hemos constatado a través del estudio de la tenencia de criados, se ve así confirmada por el análisis demográfico. -426- El gráfico 111 representa el resultado de la comparación entre la nupcialidad y la tasa de reproducción en Jaén. De nuevo, la coordinación entre las dos variables es muy evidente: fuerte crisis en 1480-89, recuperación en el decenio siguiente para iniciar un descenso más suave hasta el final del período. Sin embargo, por debajo de este paralelismo también aparece de forma clara una divergencia progresiva entre ambas tasas. Observando con detalle el gráfico, se puede apreciar que ese distanciamiento se debe, fundamentalmente, a que, en los momentos de crisis, la reproducción sufre caídas más fuertes que la nupcialidad. Esto significa que en estos momentos, sus efectos son más notables sobre la capacidad de sacar adelante a los hijos que sobre la tendencia al matrimonio, y además en el primer caso se trata de efectos acumulativos, que hacen descender progresivamente las tasas de reproducción. Mientras tanto, la nupcialidad, aunque afectada también por estos momentos de crisis, sin embargo parece recuperarse mejor y, en general, se mantiene siempre en niveles muy altos. Recordemos también que la edad de acceso al matrimonio de las mujeres es aquí más temprana que en las otras ciudades, lo que, presumiblemente, permite una mayor natalidad, que se refleja en las altas tasas de supervivencia que encontramos en casi todo el período estudiado. Si a esto unimos una mortalidad ascendente hasta 1507, como se refleja en el gráfico 89, cabe sugerir la hipótesis de una degradación real de las condiciones de vida en la ciudad, que afecta a la 0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % d e ca sa do s 0 0,5 1 1,5 2 2,5 3 3,5 4 4,5 5 hi jo s / t es ta do r Nupc. Reprod. 0 20 40 60 80 100 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 % d e ca sa do s 0 1 2 3 4 5 hi jo s/ te st ad or Nupc. H Nupc. M Reprod. H Reprod. M reproducción; la población reacciona fomentando la nupcialidad, de manera similar a lo que habíamos visto en la mayor parte de la población cordobesa. Sin embargo, si allí una corriente inmigratoria, cuya existencia parece bastante probable, pudo compensar hasta cierto punto la bajada de la capacidad reproductiva de la población, aquí no parece que se produzcan inmigraciones masivas hasta bien entrado el siglo XVI, aunque ciertamente las tasas de reproducción no lo hacen necesario, en principio, para mantener la población estancada, como efectivamente ocurrió. La imagen de población estancada se refuerza por la escasez de criados, incluso en el sector terciario, así como porque las tasas de reproducción de este sector, en principio el mejor preparado para permitir la supervivencia de un número elevado de hijos, no son mejores que las del resto de la población. Sólo a partir de 1510 parece percibirse una mejora de las condiciones de vida que permitió un cierto aumento de la población que, a su vez, se reflejó en la caída de las tasas de reproducción, manteniéndose las de nupcialidad. Veamos ahora, a través del gráfico 112, la aportación de cada uno de los sexos a esta evolución. Antes de analizar este gráfico, hay que advertir que las cifras correspondientes a los varones de 1470-79 no son reales, sino una interpolación, puesto que, como ya hemos puesto de manifiesto, en este decenio en Jaén sólo encontramos el testamento de una mujer. El principal hecho que se desprende del gráfico es que la nupcialidad femenina se mantiene siempre en niveles muy altos, cercanos al 100 %, sin que, al parecer, se vea afectada por los factores que influyen en las demás variables. Esto vendría a reforzar las hipótesis que acabamos de formular, puesto que, en situaciones de precario equilibrio ecológico, la nupcialidad que hay que mantener a toda costa lo más alta posible es la de las mujeres, lo que se confirma por la elevada tasa de segundos matrimonios que presentaban éstas y, además, explica la escasez de mujeres sin hijos, que hemos comentado en el capítulo VII. Sin embargo, a nuestro entender, a partir de algunos de los cálculos efectuados en los capítulos anteriores, parece que podría afirmarse que esta situación de postración poblacional sólo fue realmente apreciable a partir de los años de 1470 o 1480: en los años anteriores, creemos que la población se mantuvo de forma “artificial” por encima de los niveles que -427- -428- hubieran debido esperarse, debido probablemente a la política llevada a cabo por Miguel Lucas de Iranzo, muerto en 1473. En los capítulos III y V se señalaron algunos indicios al respecto, como la constatación del número anormalmente alto de caballeros –es decir, de elementos militares– que las fuentes señalan para los últimos años de gobierno de Iranzo, número que se rebaja rápidamente tras su muerte, y la combinación entonces de una fuerte bajada de la nupcialidad masculina con un rápido adelanto en la edad del matrimonio de los varones, lo que sólo puede explicarse por una migración de adultos. En efecto, probablemente la combinación de la desintegración de la estructura social “artificial” que impuso el condestable con una serie de malas cosechas, epidemias y otras dificultades a partir de estos años acabaría por provocar un masivo éxodo de giennenses, sobre todo varones jóvenes, que dejaría la ciudad en crítica situación durante casi una generación. El final de este período parece marcado por la crisis de 1507, reflejada en los datos correspondientes a 1510-19. Cabe recordar que esta crisis es la única de la que tenemos noticia cierta en Jaén. También conviene no olvidar que en este decenio habíamos detectado un comportamiento extraño que se resumía, sobre todo, en la falta de testadores varones sin hijos, lo que producía una exagerada feminización global de la población, junto con la inexistencia de varones casados por segunda vez. Una hipotética emigración masculina, presumiblemente hacia Granada, huyendo de las consecuencias de la crisis de 1507 se perfilaba como la principal causa de este comportamiento, si bien hay que contar también con la divergencia de datos respecto de la reproducción, que apunta, como ocurría en Sevilla, a que, en época de fuerte crisis, las posibilidades de sobrevivir de los hijos de varones son mayores que las de los hijos de mujeres. En todo caso, una vez que se ha tocado fondo, y las enfermedades parecieron permitirlo –quizá en parte como efecto de la misma escasa densidad poblacional– los propios mecanismos de recuperación que ya conocemos empezarían a actuar para mejorar la situación. El fin de las operaciones de represión de los últimos musulmanes en Granada convirtió la ciudad en un lugar seguro y esto, junto con algunas disposiciones concejiles, favoreció un aporte migratorio que, a la postre, resultaría fundamental para que se invirtiese la tendencia de los indicadores demográficos. Sin embargo, como comprobaremos enseguida, todavía al final de nuestro período de estudio la población giennense no había acabado de salir de su postración. 2.- Hipótesis final sobre la evolución demográfica urbana de Andalucía Llega, pues, el momento de aplicar los resultados del análisis de las variables que hemos venido efectuando en la segunda parte de este trabajo a los datos que hemos obtenido en su primera parte. Como se recordará, en el capítulo VII, con objeto de estudiar la mortalidad “directa”, se obtuvo la “población adulta” de la ciudad, mediante la aplicación de los correspondientes cálculos a las cifras vecinales, recopiladas y comentadas en el capítulo III. El resultado se plasmó en los cuadros 90 a 92. Sobre estos datos, además, se puede ahora hacer incidir el número de hijos por testador casado para obtener lo que llamaremos “población familiar”. Por último, añadiendo la media de servidores por testador se obtiene una cifra que creemos se puede aproximar bastante a la “población total” de cada ciudad. No obstante, siempre hay que tener en cuenta no sólo los márgenes de error en el cálculo de cada uno de los parámetros, sino también que ni en los vecindarios ni en los testamentos que hemos utilizado se registra toda la población de la ciudad, y, como ha quedado señalado, probablemente importantes sectores demográficos queden fuera de ellos. No obstante, creemos que, mediante este esquema de trabajo, la observación de estos cuatro tipos de -429- población, distinguiendo además por sexos y por calificación socioprofesional, nos llevará a conclusiones de interés para la evolución demográfica y social de cada una de las ciudades. Evidentemente, estos cálculos no pueden aplicarse al conjunto de las tres ciudades, por lo que habrá de reducirse a cada una de ellas por separado. Empezaremos, como de costumbre, por Sevilla Decenio Vecindario Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1440-49 4.893 8.241 14.658 15.930 1490-99 7.141 10.463 17.797 20.939 1530-35 9.082 13.340 33.188 43.723 Cuadro 194: Población de Sevilla Como queda indicado, la “población adulta” se obtuvo ya en el cuadro 90 del capítulo VII, al que nos remitimos ahora. Para calcular la población familiar, se ha deducido del vecindario la proporción de solteros, indicada en el propio cuadro 90, y se ha multiplicado el resto por el número de hijos supervivientes por testador casado –lo que incluye también a los viudos– según el cuadro 59; la cifra resultante se ha añadido a la población adulta. Por fin, aplicando los datos del cuadro 156 al vecindario se obtiene el número de sirvientes, que añadido a la población familiar equivale a la población total de la ciudad. Lo primero que salta a la vista es que estas cifras de población total, aunque en ellas falten los sectores excluidos tanto de los padrones como de los testamentos, son sensiblemente inferiores a las que se venían utilizando: Ladero Quesada (1980, 62) estima que hacia 1490 los siete mil vecinos de la ciudad supondrían 40.000 habitantes; Morales Padrón (1983, 65) sitúa la población total de la ciudad hacia 1534 en unos 55.000 o 60.00 habitantes, si bien estas cifras ya rebajan otras más o menos fabulosas, como los 105.000 habitantes que le atribuye a la ciudad un anónimo mercader milanés en 1519 (IGUAL LUIS, NAVARRO ESPINACH, 1997, 265). Sin embargo, creo que la diferencia entre las apreciaciones de estos autores, emitidas hace ya algunos años –y que a su vez resumen los datos proporcionados por trabajos anteriores–, y las obtenidas aquí procede fundamentalmente del coeficiente de conversión utilizado, que en aquellos casos se trataba no sólo de un coeficiente sobrevalorado, sino sobre todo uniforme para toda época y circunstancia. Pero más interesante que una discusión sobre las cifras absolutas es, a mi entender, el análisis de la evolución de la población. Para ello, en el cuadro 182, por un lado se señala la tasa de crecimiento o “esfuerzo demográfico” de cada tipo de población, y por otro se reducen las cifras a un índice relativo, partiendo de que los datos de 1440-49 se correspondan con el índice 100. Tasa de crecimiento Índice (1440-49 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 100 1490-99 0,83 0,52 0,42 0,59 145,94 126,70 121,26 131,30 -430- 1530-35 0,50 0,51 1,31 1,55 185,61 161,87 226,41 274,47 Cuadro 195: Tasas e índices de crecimiento de la población sevillana La observación de este cuadro nos lleva a algunas conclusiones interesantes. En primer lugar, es evidente que el cambio de ritmo en la evolución general de la población que se había adelantado en la primera parte de este trabajo no sólo se confirma, sino que se acentúa al aplicar los coeficientes que hemos obtenido: si la población total aumenta algo más de un 30 % durante la segunda mitad del siglo XV, en el primer tercio del siglo XVI supera ampliamente la duplicación. Las tasas e índices de crecimiento de la población total, siempre las más elevadas, son suficientemente explícitas en este sentido. Sin embargo, cabe destacar que durante la segunda mitad del siglo XV el crecimiento más destacado es el del vecindario, que modera su ritmo notablemente en los años siguientes para ser sustituido en cuanto al dinamismo demográfico por la población total y la familiar. Esto confirma, a mi entender, la profunda variación en la estructura demográfica interna que se produce en Sevilla en los últimos años del siglo XV y principios del XVI. En efecto, el aumento del vecindario por encima de la población familiar señala a la inmigración como el factor fundamental en la evolución de la población. Ya hemos señalado repetidamente que a partir de los años de 1470 hay serios indicios de elevados aportes de inmigrantes a la ciudad. Sin embargo, la crisis continuada de mortalidad, que hemos identificado como el principal factor demográfico interno en estos años, reduce en gran medida la reproducción vegetativa de esta población. A partir del cambio de siglo parece que el peso de la evolución demográfica, ahora espectacular, lo soporta la población familiar, junto con la total, lo que supone que, sobre todo después del gran paroxismo de mortalidad de 1507, se produjo probablemente una sensible mejora de las condiciones de vida generales que permitió sobrevivir a un mayor número de hijos y ostentar más criados en las unidades familiares. No creo que se redujese el flujo inmigratorio tanto como sugieren los datos del vecindario, pero hay que recordar que en estos momentos el concejo hispalense inició una política restrictiva respecto a la concesión de vecindades a los inmigrantes; esto explicaría que, pese a reducirse la tasa e índice del vecindario, se mantuviese la de la población total: los nuevos inmigrantes deberán contentarse, como mucho, con convertirse en criados de los vecinos, pero su acceso a la vecindad quedaría ya muy mediatizado, lo que se refleja en las diferencias entre las tasas e índices de la población familiar y los de la total. Realizaremos ahora un análisis diferenciado por géneros. HOMBRES Decenio Adultos Adultos casados Pob. familiar Pob. total 1440-49 3.090 2.318 10.044 11.063 1490-99 2.159 1.495 5.820 7.310 1530-35 4.541 3.406 18.743 21.558 MUJERES Decenio Adultas Adultas casadas Pob. familiar Pob. total -431- 1440-49 1.803 1.288 4.636 4.888 1490-99 4.982 3.708 11.761 13.405 1530-35 4.541 4.257 14.460 22.089 Cuadro 196: Población de Sevilla, según el sexo Antes de estudiar con detalle este cuadro, hay que tener en cuenta algunas consideraciones sobre su elaboración. Las columnas que señalan la población adulta y adulta casada en cada sexo no requieren demasiadas explicaciones: la primera de ellas se elabora aplicando al vecindario la tasa de masculinidad correspondiente, y la segunda, a partir de la población adulta de cada sexo con las tasas de nupcialidad correspondientes. La “población familiar” alude a las personas que, independientemente de su sexo, se vinculan con el testador o testadora; se trata, pues, de observar cuántos hijos sobreviven a sus padres antes de casarse ellos mismos, y no tanto su género, puesto que sobre este aspecto ya se han efectuado los correspondientes comentarios en el capítulo VI. Por eso, el cálculo se ha efectuado sobre la base del número medio de hijos por testador en cada sexo. Además, hay que tener en cuenta que no se han contabilizado los hijos que viven fuera del hogar paterno, porque ya integran otra unidad familiar. Lo mismo puede predicarse del cómputo de la “población total”, esta vez a partir del número de criados por testador o testadora28. 28 Hay que observar también que la suma de las poblaciones de cada sexo no es exactamente igual a la del conjunto de la población; se ha considerado admisible un margen de error máximo del 5 %, aunque con frecuencia es incluso inferior al 1 %. El mismo margen se ha contemplado en los sucesivos cálculos en todas las ciudades. No obstante, una vez elaboradas las cifras, se aprecia que por sí mismas no ofrecen demasiadas ocasiones al comentario. Tan sólo podemos destacar que, si a mediados del siglo XV parece que la población vinculada a los varones es más abundante, hacia la década de los noventa la situación se invierte, con un descenso de los varones en todas las cifras, para acabar aproximadamente equilibrados, con leve predominio masculino. Pero la mejor forma de analizar estos datos es a través de sus correspondientes tasas e índices de crecimiento, tal como se ofrecen en el cuadro 197. HOMBRES Tasa de crecimiento Índice (1440-49 = 100) Vecinos P. famil. P. total Vecinos P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 1490-99 -0,78 -1,18 -0,90 69,86 57,95 66,07 1530-35 1,56 2,47 2,28 146,94 186,62 194,86 -432- MUJERES Tasa de crecimiento Índice (1440-49 = 100) Vecinas P. famil. P. total Vecinas P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 1490-99 2,23 2,04 2,22 276,38 253,72 274,25 1530-35 -0,19 0,43 1,05 251,90 311,95 451,92 Cuadro 197: Tasas e índices de crecimiento de la población sevillana según su sexo Como no podía ser de otra forma, este cuadro revela las grandes diferencias que presenta la evolución demográfica interna de uno y otro sexo en Sevilla. Durante la segunda mitad del siglo XV el crecimiento está impulsado por las mujeres, que casi triplican su población total, mientras que para los varones se observa un claro descenso, entre el 30 % y el 40 % respecto de la población de mediados de siglo. Sin embargo, puede observarse que el crecimiento femenino está determinado sobre todo por el del vecindario, puesto que las tasas de este grupo de población y las de la población familiar y total son prácticamente idénticas, lo que significa que este crecimiento se debe a la fuerte inmigración y no a la capacidad de mantener hijos o servidumbre en sus familias. En los varones la situación es similar hasta cierto punto, puesto que las diferencias entre las tasas no son excesivas; no obstante, se aprecia un decrecimiento especialmente marcado en la población familiar, probablemente por efecto de las crisis de mortalidad, sólo parcialmente compensado con la presencia de criados. En todo caso, durante el primer tercio del siglo XVI el peso del dinamismo demográfico, que ahora es mucho mayor, lo llevarán los varones; las mujeres, por su parte, muestran un crecimiento más moderado. Pero destaca, además, que la causa principal del crecimiento ahora está en la población familiar, es decir, en la capacidad de los varones de mantener a un mayor número de hijos a su lado. Ya señalamos más arriba que, si durante los primeros años del siglo XVI, sobre todo tras la crisis de 1507, parece que las condiciones generales de vida en Sevilla mejoraron, los más beneficiados fueron los varones, por encima de las mujeres, lo que se confirma por estos datos. SECUNDARIO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1440-49 515 771 1.544 1.801 1490-99 1.360 2.210 3.053 3.733 1530-35 2.637 4.187 12.388 14.146 TERCIARIO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1440-49 1.545 2.832 4.892 5.407 -433- TERCIARIO 1490-99 1.360 1.700 2.720 3.740 1530-35 2.051 2.930 8.497 15.236 RESTO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1440-49 2.833 4.377 7.468 7.983 1490-99 4.421 6.460 12.071 13.601 1530-35 4.394 6.152 13.182 15.233 Cuadro 198: Población sevillana según su grupo socioprofesional El cuado 198, relativo a los grupos socioprofesionales de la población sevillana, sugiere por sí mismo algunos comentarios. Se observa, así, que el “resto” de la población experimenta un salto cuantitativo importante durante la segunda mitad del siglo XV, mientras que los otros dos grupos lo hacen una vez pasado el cambio de siglo, lo que confirma que las mejoras en el nivel de vida sevillano en esta época no se repartieron por igual tampoco desde este ángulo. Pero ahora interesa llamar la atención sobre las cifras totales, especialmente las reseñadas en 1530-35, puesto que los tres grupos presentan cantidades muy similares, algo que no había ocurrido hasta ese momento. Es cierto que el sector terciario sólo alcanza las cifras de los otros dos grupos gracias a la abundancia de criados en sus grupos familiares, pero ello no obsta para que podamos contemplar, a través de estas cifras, a una ciudad donde los grupos privilegiados y el sector servicios cobran en el siglo XVI una importancia realmente inusitada, adquiriendo así características realmente “modernas” que la diferencian netamente de las demás ciudades de su entorno. Pero, volviendo al análisis demográfico, veamos ahora las correspondientes tasas e índices. SECUNDARIO Tasa de crecimiento Índice (1440-49 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 100 1490-99 2,13 2,32 1,49 1,60 264,10 286,64 197,81 207,30 1530-35 1,39 1,34 2,96 2,81 512 543,06 802,60 785,60 TERCIARIO Tasa de crecimiento Índice (1440-49 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 100 -434- 1490-99 -0,28 -1,10 -1,27 -0,80 88,03 60,03 55,61 69,18 1530-35 0,86 1,14 2,40 2,97 132,80 103,46 173,69 281,80 RESTO Tasa de crecimiento Índice (1440-49 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 100 1490-99 0,97 0,85 1,05 1,17 156,10 147,59 161,65 170,40 1530-35 -0,01 -0,10 0,18 0,24 155,10 140,55 176,52 190,80 Cuadro 199: Tasas e índices de crecimiento de la población sevillana según su grupo socioprofesional Lo más llamativo de este cuadro, sin duda, es el comportamiento del sector secundario, que casi multiplica por ocho su población. Sin embargo, hay que tener en cuenta que sus valores en 1440-49 son anormalmente bajos, debido probablemente a defectos en las fuentes, ya que en esta época sólo hemos encontrado dos testadores que declaren su pertenencia a este sector socioprofesional. No obstante, aunque las cifras deban rebajarse en buena medida, sí parece que su evolución combina rasgos de los otros dos grupos, confirmando la situación intermedia entre ellos que ostenta, tal como hemos indicado más arriba. Así, al igual que el “resto”, su crecimiento desde 1440 a 1490 se basa en la inmigración, aunque se diferencia en que las tasas de la población familiar y la población total son sensiblemente más bajas que las del vecindario y la población adulta, lo que se debe a una bajísima media de hijos por testador casado, si bien todos ellos lo están o han estado. Por otro lado, el gran salto cuantitativo de su población total se efectúa, como el sector terciario, en el siglo XVI, y se vincula de forma absoluta a la capacidad para mantener hijos y criados, mientras que en esta época el “resto” se estanca en su crecimiento. No deja de resultar significativo el paralelismo entre este comportamiento de los sectores socioprofesionales con el que hemos encontrado en el análisis de género. Se aprecia, así, que durante la segunda mitad del siglo XV, el ritmo del crecimiento de la ciudad está marcado por las mujeres y por la población no incluida en ningún sector de producción o incluida en el sector primario; en esta época, este crecimiento se vincula a la inmigración desde los campos vecinos, y resulta relativamente lento debido, sobre todo, a la acción de la mortalidad, tanto la epidémica como, en el caso de las mujeres, la relacionada con el parto y el puerperio. Sin embargo, alrededor del cambio de siglo las condiciones de vida en la ciudad hispalense parecen mejorar drásticamente, lo que provoca un rápido crecimiento de la población. Pero lo más destacado es que estas mejoras afectaron en mucha mayor medida a los varones que a las mujeres, y al sector terciario –cuyos efectivos también aumentan hasta niveles inusuales– que al resto de la población. De esta forma, el espectacular crecimiento demográfico de Sevilla en los inicios del siglo XVI se asienta sobre un fuerte desequilibio tanto social como sexual, lo que no se encuentra ni en la época inmediatamente anterior ni tampoco en ninguna ciudad de su entorno. -435- Veamos, pues, los datos correspondientes a Córdoba, comenzando por las hipótesis de cifras de población. Decenio Vecindario Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1510-19 5.854 9.397 19.283 23.263 1530-35 6.283 10.053 18.024 21.668 Cuadro 200: Población de Córdoba Resulta obvio que, contradiciendo las apariencias de su vecindario, estamos ante una ciudad con su población estancada. El suave aumento del vecindario y la población adulta se convierte en descenso para la población familiar y total. Pero hay que observar que en 1510- 19, las cifras podrían compararse perfectamente con las sevillanas, extrapolándolas a partir de las de 1490-99; el gráfico 113 permitirá observar mejor este hecho. Sin embargo, si allí precisamente el primer tercio del siglo XVI es el momento de un fuerte ascenso poblacional, aquí, como queda señalado, existe una tendencia al descenso no muy marcada, pero cierta. La consecuencia es que hacia 1530 la población cordobesa es la mitad que la sevillana Tasa de crecimiento Índice (1510-19 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1510-19 100 100 100 100 1530-35 0,34 0,32 -0,32 -0,34 107,33 106,98 93,47 93,14 Cuadro 201: Tasas e índices de crecimiento de la población cordobesa Desgraciadamente, la falta de referencias de vecindario anteriores nos impide saber si esta situación es coyuntural o si se debe retrotraer a los años anteriores. En todo caso, la constatación de que el descenso demográfico real se debe al descenso de la población familiar, que compensa y supera el aumento de vecindario y de población adulta, encaja perfectamente con los principales factores internos que hemos analizado en la evolución de la población cordobesa, a saber, descenso de la nupcialidad y de la reproducción hasta niveles muy bajos, como reguladores ecológicos que compensen la inmigración. Creo que estos datos son concluyentes en este sentido. HOMBRES Decenio Adultos Adultos casados Pob. familiar Pob. total 1510-19 3.697 2.921 11.707 13.999 1530-35 3.491 2.374 10.472 11.868 MUJERES Decenio Adultas Adultas casadas Pob. familiar Pob. total -436- 1510-19 2.157 1.855 7.412 9.116 1530-35 2.792 2.234 7.545 9.779 Cuadro 202: Población de Córdoba según su sexo HOMBRES Tasa de crecimiento Índice (1510-19 = 100) Vecinos P. famil. P. total Vecinos P. famil. P. total 1510-19 100 100 100 1530-35 -0,27 -0,53 -0,78 94,41 89,45 84,78 MUJERES Tasa de crecimiento Índice (1510-19 = 100) Vecinos P. famil. P. total Vecinos P. famil. P. total 1510-19 100 100 100 1530-35 1,24 0,08 0,34 129,48 101,80 107,28 Cuadro 203: Tasas e índices de crecimiento de la población cordobesa según su sexo Los cuadros 202 y 203 nos revelan que el crecimiento del vecindario se debe al mayor aporte de mujeres, mientras que los varones permanecen estancados. Sin embargo, las bajísimas tasas de nupcialidad y reproducción impiden que esta mayor presencia de vecinas se traduzca al final en aumento demográfico. Cabe recordar que en la mayor parte de los indicadores demográficos que hemos analizado, las diferencias de género en Córdoba eran relativamente escasas, lo que da mayor misterio a este comportamiento de los varones. No obstante, conviene también recordar que precisamente en 1510-19 se detectaba el momento de mayor masculinidad entre los testadores cordobeses, y que posteriormente bajaba hasta situarse en niveles más equilibrados, lo que podría contribuir a explicar estos datos. En el capítulo V se daba cuenta de esta evolución, y se apuntaba a una inmigración masculina, que elevó la proporción de varones solteros en la ciudad; ahora podríamos añadir, quizá, una hipotética sobremortalidad femenina producida por la crisis de 1507 que, aunque no determinó como en Sevilla la evolución demográfica, sí que se refleja en nuestras fuentes. Los datos de 1530-35 supondrían, en este contexto, una cierta vuelta a la normalidad. SECUNDARIO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1510-19 1.078 1.848 3.234 3.542 1530-35 698 1.256 1.954 2.373 TERCIARIO -437- TERCIARIO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1510-19 1.849 2.772 5.237 8.011 1530-35 1.117 1.396 2.792 3.630 RESTO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1510-19 2.927 4.776 9.860 10.784 1530-35 4.468 7.400 13.387 15.761 Cuadro 204: Población de Córdoba según el grupo socioprofesional Desde luego, las cifras de la estructura socioprofesional cordobesa en 1530-35 se acercan más a lo que cabe esperar de una ciudad tardomedieval que lo que observábamos en Sevilla, es decir, que aquí el sector primario y el grupo de población sin sector definido superan claramente a los otros dos sectores. Sin embargo, también hay que hacer notar que, en 1510-19 esta situación no está tan definida, puesto que el conjunto de los sectores secundario y terciario prácticamente equivale al “resto” en todas las poblaciones; podría tratarse, sin embargo, de una situación coyuntural probablemente relacionada con la crisis de 1507, que hubiera afectado más a los grupos menos favorecidos de la sociedad, como parece lógico. SECUNDARIO Tasa de crecimiento Índice (1510-19 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1510-19 100 100 100 100 1530-35 -2,05 -1,82 -2,37 -1,89 64,75 67,96 60,42 67 TERCIARIO Tasa de crecimiento Índice (1510-19 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1440-49 100 100 100 100 1530-35 -2,37 -3,21 -2,95 -3,70 60,41 50,36 53,31 45,32 RESTO Tasa de crecimiento Índice (1510-19 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total -438- 1510-19 100 100 100 100 1530-35 2,03 2,11 1,47 1,82 152,65 154,94 135,77 146,15 Cuadro 205: Tasas e índices de crecimiento de la población cordobesa según su grupo socioprofesional Los datos del cuadro 205 resultan altamente significativos. En efecto, los sectores teóricamente privilegiados experimentan un claro descenso en todas las poblaciones estudiadas, pero el “resto” aumenta con no menos claridad. Sin embargo, este aumento no logra enjugar el descenso de los demás grupos, con el resultado global que ya conocemos. Desde luego, la conclusión más inmediata que se puede obtener es que la ciudad de Córdoba se aleja cada vez más de Sevilla, y si allí predominaban las actividades de artesanía y servicios, aquí destacan progresivamente actividades indeterminadas o vinculadas con el sector primario. La falta de datos anteriores, y la posibilidad de que las cifras de 1510-19 estén mediatizadas por la crisis de 1507, dificultan la emisión de una hipótesis más sólida, pero no obstante parece que podría afirmarse que Córdoba no sólo disminuye su población, sino que además se aleja progresivamente del patrón más “moderno” que marca la ciudad vecina. Ambas cosas pueden englobarse en el paisaje de una ciudad estancada social y demográficamente. Veamos, por último, los datos correspondientes a Jaén. Decenio Vecindario Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1480-89 5.400 7.560 12.938 16.178 1500-09 4.040 6.654 17.135 17.943 1510-19 3.817 5.630 12.806 13.837 1520-29 5.500 8.800 20.196 21.296 1530-35 4.253 7.124 12.185 12.908 Cuadro 206: Población de Jaén Desde luego, estamos ante la ciudad más débilmente poblada, que durante todo el período en el que podemos disponer de datos se mantiene alrededor de los 15.000 habitantes. Pero es que, además, podemos aplicar a Jaén casi los mismos comentarios que los referidos a Córdoba, es decir, una población que coyunturalmente puede ver aumentada o reducida su población en una proporción considerable, pero que, en una visión a medio plazo, puede considerarse estancada. Las tasas e índices de crecimiento confirman esta idea, que hemos venido repitiendo a lo largo de todo el trabajo. Tasa de crecimiento Índice (1480-89 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1480-89 100 100 100 100 -439- 1500-09 -1,92 -0,85 1,89 0,69 74,81 88,02 132,43 110,91 1510-19 -1,13 -3,29 -5,66 -5,06 70,69 74,47 98,98 85,52 1520-29 3,09 3,79 3,87 3,66 101,85 116,40 156,09 131,63 1530-35 -1,42 -1,17 -2,77 -2,74 78,76 94,23 94,18 79,79 Cuadro 207: Tasas e índices de crecimiento de la población de Jaén Estos datos, en efecto, nos situan ante una población sometida a fuertes vaivenes, pero finalmente tendente a la estabilidad. Pero, sobre todo, permiten observar las diferencias entre las distintas poblaciones que hemos tomado como modelo. Así, el vecindario y la población adulta experimentan un descenso continuado, salvo en 1520-29, mientras que la población familiar y la total ven aumentados sus efectivos en 1500-09. Desde luego, a la vista de los datos del vecindario, no parece que exista una corriente inmigratoria a Jaén durante todo este período, salvo quizá en la década de 1520, lo que supone una importante diferencia respecto de las otras dos ciudades. Sobre esta base, parece que la crisis de 1507 afectó considerablemente a los efectivos humanos de la ciudad, como se aprecia sobre todo en las tasas de crecimiento de 1510-19; quizá los datos del último decenio puedan también explicarse por una nueva crisis, paralela a la cordobesa. Por eso, aunque algunos indicios apuntan a un fortalecimiento demográfico, desde luego en esta época la impresión es que la población giennense está sometiéndose a un severo reajuste, sin inmigrantes que compensen las pérdidas producidas por las crisis coyunturales. HOMBRES Decenio Adultos Adultos casados Pob. familiar Pob. total 1480-89 3.240 1.080 7.020 8.640 1500-09 2.456 1.981 10.140 10.705 1510-19 1.050 668 4.483 4.767 1520-29 2.933 1.833 8.433 9.049 1530-35 2.197 1.701 6.482 7.013 MUJERES Decenio Adultas Adultas casadas Pob. familiar Pob. total 1480-89 2.160 2.160 5.400 7.020 1500-09 1.584 1.584 6.971 7.209 1510-19 2.767 2.386 8.302 8.994 1520-29 2.567 2.567 11.734 12.221 1530-35 2.127 1.914 5.323 5.535 Cuadro 208: Población de Jaén según el sexo -440- Incluso antes de traducir estas cifras a tasas e índices, y sin necesidad de gráficos, se puede comprobar que la evolución de la población total de ambos sexos es muy distinta. Mientras que los varones siguen aproximadamente el ritmo de altibajos de la población total, en las mujeres se aprecia un crecimiento continuado hasta 1520, para descender bruscamente en la última etapa. HOMBRES Tasa de crecimiento Índice (1480-89 = 100) Vecinos P. famil. P. total Vecinos P. famil. P. total 1480-89 100 100 100 1500-09 -1,83 2,48 1,44 75,79 144,45 123,90 1510-19 -15,63 -15,06 -14,94 32,40 63,87 55,17 1520-29 8,94 5,41 5,49 90,53 120,14 104,74 1530-35 -1,77 -1,45 -1,41 65,63 92,34 81,17 MUJERES Tasa de crecimiento Índice (1480-89 = 100) Vecinos P. famil. P. total Vecinos P. famil. P. total 1480-89 100 100 100 1500-09 -2,05 1,72 0,18 73,35 129,09 102,69 1510-19 11,80 3,56 4,53 128,12 153,75 128,12 1520-29 -0,63 2,92 2,59 118,83 217,29 174,09 1530-35 -1,04 -4,30 -4,30 98,45 98,57 78,85 Cuadro 209: Tasas e índices de crecimiento de la población de Jaén según su sexo Un primer detalle que hay que observar en estos datos es que, en ambos sexos, el índice de la población total, y también las tasas salvo algunas excepciones, es inferior a las de la población familiar. En el capítulo VIII quedó claro que la presencia de criados en Jaén es muy escasa, y los esclavos casi inexistentes, lo que explica esta situación, que ahora vemos reflejada aquí, poniendo de manifiesto la pobreza generalizada de esta población. Pero lo más llamativo es, sin duda, el comportamiento en los decenios de 1510 y 1520, sobre todo en las mujeres. En efecto, se puede comprobar que en 1510-19 el crecimiento del vecindario femenino resulta espectacular, muy por encima del de las poblaciones familiar y total; por su parte, los varones experimentan un no menos marcado descenso en todas sus poblaciones, aunque sin demasiadas diferencias entre ellas. En el decenio siguiente, son los varones los que aumentan todas sus poblaciones, y las mujeres, estancado su vecindario, aumentan sin embargo sus poblaciones familiar y total. En conjunto, parece que estos dos decenios suponen un aumento demográfico esperanzador para la ciudad, que se verá -441- truncadoen la última etapa de este estudio. En su conjunto, creemos que asistimos a un proceso de reorganización demográfica, en el que no siempre los dos sexos actúan en coordinación, pero cuyo resultado todavía no será visible en 1530-35, y habrá que esperar a años posteriores. SECUNDARIO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1480-89 0 0 0 0 1500-09 238 476 1.587 1.746 1510-19 196 392 588 588 1520-29 489 856 2.201 2.201 1530-35 213 426 746 746 TERCIARIO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1480-89 540 540 1.620 1.620 1500-09 158 237 711 1.027 1510-19 509 763 1.272 1.951 1520-29 367 612 1.346 1.468 1530-35 319 426 426 426 RESTO Decenio Vecinos Pob. adulta Pob. familiar Pob. total 1480-89 4.860 6.480 10.800 14.040 1500-09 3.644 5.940 14.258 15.050 1510-19 3.034 3.824 11.164 11.360 1520-29 4.644 7.332 15.642 16.742 1530-35 3.721 6.272 10.843 11.587 Cuadro 210: Población de Jaén según su grupo socioprofesional El cuadro 210 nos sitúa con toda crudeza ante la realidad socioeconómica giennense, en la que los grupos más activos representan una minúscula minoría, alrededor del 10 %, frente a una gran masa de población dedicada al sector primario o, con preferencia, sin especificar su dedicación. Desde luego, el panorama es muy distinto al sevillano e incluso al cordobés. SECUNDARIO -442- Tasa de crecimiento Índice (1480-89 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1480-89 1500-09 100 100 100 100 1510-19 -3,81 -3,81 -18,01 -19,56 82,35 82,35 37,50 33,68 1520-29 7,92 6,72 11,63 11,63 205,46 179,83 138,69 126,06 1530-35 -4,51 -3,80 -5,83 -5,83 89,50 89,50 47,01 42,73 TERCIARIO Tasa de crecimiento Índice (1480-89 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1480-89 100 100 100 100 1500-09 -7,87 -5,34 -5,34 -2,99 29,26 43,89 43,89 63,40 1510-19 26,36 26,34 12,34 13,69 322,15 321,94 178,90 189,97 1520-29 -2,69 -1,82 0,47 -1,57 232,28 258,23 189,31 142,94 1530-35 -0,78 -1,99 -6,19 -6,64 201,90 179,75 59,92 41,48 RESTO Tasa de crecimiento Índice (1480-89 = 100) Vecind. P. adulta P. famil. P. total Vecind. P. adulta P. famil. P. total 1480-89 100 100 100 100 1500-09 -1,90 -0,58 1,87 0,46 74,98 91,67 132,02 107,19 1510-19 -3,60 -8,43 -4,77 -5,47 83,26 64,38 78,30 75,48 1520-29 3,61 5,57 2,85 2,18 127,44 123,43 109,71 111,24 1530-35 -1,22 -0,86 -2,02 -2,02 102,11 105,59 76,05 76,99 Cuadro 211: Tasas e índices de crecimiento de la población de Jaén según su grupo socioprofesional El cuadro 211 refleja, en primer lugar, que el descenso demográfico de 1530-35 afectó casi por igual a todos los sectores sociales, en los que, además, se aprecia que la depresión es mucho mayor en las poblaciones familiar y total que en los vecindarios o población adulta, lo que implica un deterioro real de las condiciones de vida. Sorprendentemente, el “resto” es el grupo que menos acusa los efectos de esta crisis, lo que habla bien a las claras de la debilidad de los grupos teóricamente más poderosos de la sociedad giennense. En realidad, como hemos tenido ocasión de comprobar en las páginas precedentes, más que de ”grupos privilegiados”, en Jaén es más correcto hablar de algunos vecinos que entran en esta categoría, frente a la casi totalidad de la población que se encuentra en una situación mucho más deprimida. Aun así, este sector terciario vive su momento de mayor aumento justo en 1510-19, cuando los otros dos grupos se sumergen en una depresión probablemente relacionada con la crisis de 1507, si bien es cierto que en los decenios inmediatamente anterior y posterior los movimientos son justo a la inversa. De nuevo, al igual que ocurría al analizar la población según su género, la impresión general es la de una sociedad en reajuste. Aun faltando datos de vecindario anteriores a 1480, creeo que puede afirmarse que la sociedad de Jaén, observada desde la demografía, se encuentra en los años finales del siglo XV y primeros del XVI en un proceso de cambio interno, en el que sus distintos grupos sociales –identificados aquí por su género o por su ocupación– se mueven a destiempo, sin que parezca existir todavía un hilo conductor que dé sentido a todos estos movimientos. En mi opinión, se trata de un período de transición. Como hemos tenido ocasión de explicar en los capítulos anteriores, el gobierno de Miguel Lucas de Iranzo creó en Jaén, acosada por los ataques musulmanes y por las discordias políticas, una sociedad fuertemente militarizada y sostenida de forma artificial, al estilo de las poblaciones de frontera. Tras la muerte del condestable, la pacificación interna y externa de la zona hizo innecesaria esta situación especial, sin la que la población se desestructuró tan profundamente que todavía al final de nuestro estudio no parece haberse adaptado a los nuevos tiempos, convertida ahora en una ciudad sin grupos dirigentes fuertes, y cuya población aumenta o disminuye al ritmo de la colonización granadina o de las epidemias más o menos fuertes. El gráfico 113 puede servir como síntesis y colofón de este trabajo. En él observamos que, habiendo corregido las cifras vecinales con los cálculos que han ocupado la segunda parte de este trabajo, parece probable que hacia 1490 las tres capitales administrativas de Andalucía llegasen con un peso demográfico similar, entre diez y veinte mil habitantes. Sin embargo, sólo Sevilla, convertida en auténtica “puerta de América” primero de hecho y luego de derecho, y por ello en centro comercial y económico de primera magnitud, supo aprovechar estas ventajas para, nutriéndose de una inmigración constante, aumentar su población de forma notable, aun a costa de profundas desigualdades socioeconómicas y sexuales. De esta forma, la ciudad hispalense puede simbolizar el éxito del nuevo sistema patriarcal y capitalista. Sin embargo, Córdoba, cuyo flujo inmigratorio probablemente fuese también 0 5.000 10.000 15.000 20.000 25.000 30.000 35.000 40.000 45.000 1440-49 1460-69 1480-89 1500-09 1520-29 ha bi ta nt es Sevilla Córdoba Jaén -443- -444- considerable, desde el principio se vió excluida de los beneficios directos, de la nueva situación. Su cuerpo social se limitó a acentuar los controles demográficos que había venido utilizando al menos desde medio siglo atrás, basado en el estricto control de la nupcialidad. El resultado fue una ciudad estancada. Por último, Jaén se ve sacudida por altibajos y desajustes internos que reflejan que, tras la descomposición del sistema social ideado por Miguel Lucas de Iranzo, no había sabido todavía encontrar la estabilidad necesaria para afrontar un crecimiento de población. - 445 - APÉNDICES - 446 - - 447 - APÉNDICE 1: CIFRAS DE POBLACIÓN 1.1 Reino de Sevilla LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE ALJARAFE ALBAIDA 1302 28 A.C. SEVILLA, LEG. 3, IX (4-42-58) ALBAIDA 1440 120 HERRERA GARCÍA, 1992, 51 ALBAIDA 1514 208 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 ALBAIDA 1534 169 HERRERA GARCÍA, 1992, 86 ALCALÁ JUANA DORTA 1516 44 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 160 ALCALÁ JUANA DORTA 1534 42 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 ALCALÁ RÍO 1250 122 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLVI ALCALÁ RÍO 1290 40 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 91 ALCALÁ RÍO 1406 115 FLORES VARELA, 1992, 111 ALCALÁ RÍO 1438 98 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 ALCALÁ RÍO 1512 266 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 194 ALCALÁ RÍO 1514 300 PONSOT, 1980, 153 ALCALÁ RÍO 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ALCALÁ RÍO 1534 341 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 ALCALÁ RÍO 1534 383 PONSOT, 1980, 153 ALGABA 1534 384 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ALJUBÉN (BOLLULLOS) 1438 5 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 ALJUBÉN (BOLLULLOS) 1483 6 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 ALMOJÓN (BOLLULLOS) 1438 2 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 ALMONESTER (BOLLULLOS) 1483 5 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 ARREZAGA (BOLLULLOS) 1438 2 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 ARREZAGA (BOLLULLOS) 1483 4 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 AZNALCÁZAR 1406 127 FLORES VARELA, 1992, 111 AZNALCÁZAR 1435 153 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187 AZNALCÁZAR 1436 176 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÁZAR 1438 200 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1975, 56 n. 16 AZNALCÁZAR 1483 381 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 AZNALCÁZAR 1486 351 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÁZAR 1488 372 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 AZNALCÁZAR 1493 372 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 155 AZNALCÁZAR 1493 326 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÁZAR 1512 376 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 AZNALCÁZAR 1517 400 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 - 448 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE AZNALCÁZAR 1519 377 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÁZAR 1534 438 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 AZNALCÓLLAR 1406 25 FLORES VARELA, 1992, 111 AZNALCÓLLAR 1433 36 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÓLLAR 1486 75 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 AZNALCÓLLAR 1486 80 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÓLLAR 1493 86 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 154 AZNALCÓLLAR 1493 88 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÓLLAR 1511 93 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 AZNALCÓLLAR 1514 106 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 AZNALCÓLLAR 1519 95 PONSOT, 1980, 153 AZNALCÓLLAR 1534 126 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 AZNALCÓLLAR 1534 138 PONSOT, 1980, 153 BENACAZÓN 1332-1335 36 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 197 BENACAZÓN 1406 8 FLORES VARELA, 1992, 111 BENACAZÓN 1511 64 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 194 BENACAZÓN 1514 92 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 BENACAZÓN 1534 112 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 BENAFIQUE 1260 34 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 102 BENAFIQUE 1407 7 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 51 BENAZUZA (SANLÚCAR MAYOR) 1502 1 HERRERA GARCÍA, 1983, 309 BOLLULLOS CONDADO 1517 150 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 BRENES 1514 169 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 BRENES 1517 150 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 BRENES 1534 184 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 BURGUILLOS 1406 21 FLORES VARELA, 1992, 111 BURGUILLOS 1438 33 PONSOT, 1980, 153 BURGUILLOS 1483 126 PONSOT, 1980, 153 BURGUILLOS 1485 120 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 BURGUILLOS 1489 99 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 BURGUILLOS 1493 112 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 154 BURGUILLOS 1495 116 PONSOT, 1980, 153 BURGUILLOS 1519 90 PONSOT, 1980, 153 BURGUILLOS 1534 138 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 CAMAS 1253 100 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLV CAMAS 1438 27 PONSOT, 1980, 153 CAMAS 1487 25 PONSOT, 1980, 153 CAMAS 1493 22 PONSOT, 1980, 153 CAMAS 1519 21 PONSOT, 1980, 153 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 - 449 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CANTILLANA 1517 400 CANTILLANA 1534 306 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CARRIÓN 1517 40 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CARRIÓN 1534 36 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CASTILLEJA CAMPO 1406 43 FLORES VARELA, 1992, 111 CASTILLEJA CAMPO 1410 54 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 CASTILLEJA CAMPO 1483 105 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 CASTILLEJA CAMPO 1484 119 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 CASTILLEJA CAMPO 1512 178 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 CASTILLEJA CAMPO 1515 187 PONSOT, 1980, 153 CASTILLEJA CAMPO 1517 200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CASTILLEJA CAMPO 1533 166 PONSOT, 1980, 153 CASTILLEJA CAMPO 1534 174 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 CASTILLEJA CUESTA 1367 0 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 72 CASTILLEJA CUESTA 1370 0 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 72 CASTILLEJA CUESTA 1438 16 PONSOT, 1980, 153 CASTILLEJA CUESTA 1484 13 PONSOT, 1980, 153 CASTILLEJA CUESTA 1493 8 PONSOT, 1980, 153 CASTILLEJA CUESTA 1498 120 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 162 CASTILLEJA CUESTA 1502 32 LADERO QUESADA, 1975, 336 CASTILLEJA CUESTA 1511 60 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 162 CASTILLEJA CUESTA 1517 20 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CASTILLEJA CUESTA 1534 49 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 162 CASTILLEJA CUESTA 1534 28 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 CASTILLEJA TALHARA 1369 30 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 68 CASTILLEJA TALHARA 1370 50 B.N. MS. 841, F. 180v CASTILLEJA TALHARA 1410 10 HERRERA GARCÍA, 1978, 70 CASTILLEJA TALHARA 1441 45 HERRERA GARCÍA, 1978, 77 CASTILLEJA TALHARA 1517 30 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CASTILLEJA TALHARA 1534 13 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 CORIA 1253 500 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 170 CORIA 1265 150 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, 326-327 CORIA 1406 51 FLORES VARELA, 1992, 111 CORIA 1407 124 PONSOT, 1980, 153 CORIA 1431 48 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187 CORIA 1435 57 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 153 CORIA 1483 184 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 153 CORIA 1483 187 PONSOT, 1980, 153 CORIA 1485 271 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 PONSOT, 1980, 153 - 450 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CORIA 1512 166 CORIA 1534 188 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 CHILLAS 1370 7 A.C. SEVILLA, 39-3-16/17 CHILLAS 1406 11 FLORES VARELA, 1992, 111 CHUCENA 1384 20 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 159 CHUCENA 1534 43 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 349 ESCACENA 1406 79 FLORES VARELA, 1992, 111 ESCACENA 1433 242 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187 ESCACENA 1436 231 PONSOT, 1980, 153 ESCACENA 1437 286 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 ESCACENA 1439 284 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 ESCACENA 1486 273 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 ESCACENA 1493 328 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 ESCACENA 1493 335 PONSOT, 1980, 153 ESCACENA 1512 424 PONSOT, 1980, 153 ESCACENA 1517 350 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ESCACENA 1534 344 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 ESCACENA 1534 307 PONSOT, 1980, 153 GARROBO, EL 1515 50 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 297 GARROBO, EL 1517 63 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 297 GARROBO, EL 1518 70 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 297 GARROBO, EL 1534 114 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 GATOS 1253 20 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 65 GELO 1446 17 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 161 GELO 1490 17 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 161 GELO 1517 14 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 GELO 1534 15 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 350 GELVES 1514 74 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 GERENA 1406 60 FLORES VARELA, 1992, 111 GERENA 1435 99 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 GERENA 1435 50 PONSOT, 1980, 154 GERENA 1493 212 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 154 GERENA 1493 204 PONSOT, 1980, 154 GERENA 1512 149 PONSOT, 1980, 153 GERENA 1534 194 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 GERENA 1534 264 PONSOT, 1980, 153 GINES 1385 20 HERRERA GARCÍA, 1990 b, 169 GINES 1534 98 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 GUILLENA 1281 60 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, 509 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 154 - 451 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE GUILLENA 1404 50 GUILLENA 1406 17 FLORES VARELA, 1992, 111 GUILLENA 1493 126 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 154 GUILLENA 1514 209 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 GUILLENA 1534 229 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 HELICHE 1534 24 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 HINOJOS 1260 75 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 102 HINOJOS 1406 86 FLORES VARELA, 1992, 111 HINOJOS 1431 143 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187 HINOJOS 1435 160 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 155 HINOJOS 1486 211 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 HINOJOS 1488 270 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 155 HINOJOS 1493 275 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 HINOJOS 1493 263 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 47 HINOJOS 1493 259 PONSOT, 1980, 154 HINOJOS 1512 229 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 HINOJOS 1534 248 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 HUÉVAR 1253 76 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 169 HUÉVAR 1260 72 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 102 HUÉVAR 1406 60 FLORES VARELA, 1992, 111 HUÉVAR 1410 83 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 HUÉVAR 1426 122 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 HUÉVAR 1434 144 PONSOT, 1980, 154 HUÉVAR 1435 110 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 156 HUÉVAR 1483 240 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 156 HUÉVAR 1493 204 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 HUÉVAR 1512 178 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 HUÉVAR 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 HUÉVAR 1534 264 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 194 HUÉVAR 1534 194 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 HUÉVAR 1534 262 PONSOT, 1980, 153 LORA RÍO 1480 630 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 85 LORA RÍO 1491 690 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1496 736 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1510 615 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1512 630 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1514 693 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1515 698 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1517 700 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 BORRERO, PARDO, 1982, 50 - 452 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE LORA RÍO 1524 543 LORA RÍO 1526 582 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1528 617 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1530 618 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1533 611 BORRERO, PARDO, 1982, 50 LORA RÍO 1534 633 BORRERO, PARDO, 1982, 50 MANZANILLA 1260 36 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 102 MANZANILLA 1406 111 FLORES VARELA, 1992, 111 MANZANILLA 1407 76 PONSOT, 1980, 154 MANZANILLA 1410 124 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 MANZANILLA 1430 142 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 MANZANILLA 1437 141 PONSOT, 1980, 154 MANZANILLA 1484 194 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 MANZANILLA 1486 199 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 MANZANILLA 1493 215 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 MANZANILLA 1493 215 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 MANZANILLA 1493 211 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 47 MANZANILLA 1512 299 PONSOT, 1980, 153 MANZANILLA 1517 200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 MANZANILLA 1534 284 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 MANZANILLA 1534 262 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN BOLLULLOS 1406 74 FLORES VARELA, 1992, 111 MITACIÓN BOLLULLOS 1438 33 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN BOLLULLOS 1483 53 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN BOLLULLOS 1511 46 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 MITACIÓN BOLLULLOS 1534 49 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 194 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1406 21 FLORES VARELA, 1992, 111 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1407 25 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1426 24 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1483 48 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1485 52 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1517 40 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 MITACIÓN CAZALLA ALMANZOR 1534 71 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1435 53 PONSOT, 1980, 154 MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1484 120 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 156 MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1485 104 PONSOT, 1980, 154 MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1486 90 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1512 99 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 - 453 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE MITACIÓN MAIRENA Y PALOMARES 1534 144 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1431 8 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1438 9 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1483 19 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1489 19 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1495 19 PONSOT, 1980, 153 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1511 19 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 MITACIÓN SANTO DOMINGO 1534 45 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 MURES 1498 90 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 MURES 1501 80 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 MURES 1502 92 LADERO QUESADA, 1975, 339 OLIVARES 1514 112 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 OLIVARES 1534 92 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 PALMARRAYA (BOLLULLOS) 1438 3 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 PALMARRAYA (BOLLULLOS) 1483 3 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 PATERNA 1406 126 FLORES VARELA, 1992, 111 PATERNA 1407 120 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 PATERNA 1435 117 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 PATERNA 1447 163 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 PATERNA 1483 306 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 PATERNA 1485 286 PONSOT, 1980, 154 PATERNA 1493 307 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 PATERNA 1493 300 PONSOT, 1980, 154 PATERNA 1514 285 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 PATERNA 1517 400 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PATERNA 1534 385 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 PATERNA 1534 375 PONSOT, 1980, 153 PILAS 1406 28 FLORES VARELA, 1992, 111 PILAS 1407 23 PONSOT, 1980, 154 PILAS 1483 78 PONSOT, 1980, 154 PILAS 1488 67 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 155 PILAS 1512 49 PONSOT, 1980, 153 PILAS 1534 98 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 PUEBLA RÍO 1260 200 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 102 PUEBLA RÍO 1272 200 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 378 PUEBLA RÍO 1272 200 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, 418-420 PUEBLA RÍO 1406 20 FLORES VARELA, 1992, 111 PUEBLA RÍO 1407 31 PONSOT, 1980, 154 PUEBLA RÍO 1435 33 PONSOT, 1980, 154 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 - 454 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE PUEBLA RÍO 1486 95 PUEBLA RÍO 1487 101 PONSOT, 1980, 154 PUEBLA RÍO 1488 107 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 153 PUEBLA RÍO 1512 107 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 PUEBLA RÍO 1534 133 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 QUEMA 1465 24 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 160 QUEMA 1534 8 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 350 QUINTOS 1534 20 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 350 REJUJENA (BOLLULLOS) 1438 2 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 RINCONADA, LA 1406 39 FLORES VARELA, 1992, 111 RINCONADA, LA 1426 39 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 RINCONADA, LA 1431 39 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187 RINCONADA, LA 1435 47 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 187 RINCONADA, LA 1483 140 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 188 RINCONADA, LA 1484 125 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 RINCONADA, LA 1486 127 PONSOT, 1980, 154 RINCONADA, LA 1489 107 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 RINCONADA, LA 1512 91 PONSOT, 1980, 153 RINCONADA, LA 1517 170 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 RINCONADA, LA 1534 127 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 ROBAINA 1534 5 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 SALTERAS 1406 67 FLORES VARELA, 1992, 111 SALTERAS 1426 48 PONSOT, 1980, 154 SALTERAS 1433 77 PONSOT, 1980, 154 SALTERAS 1483 184 PONSOT, 1980, 154 SALTERAS 1512 199 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 SALTERAS 1512 209 PONSOT, 1980, 153 SALTERAS 1534 269 PONSOT, 1980, 153 SAN JUAN AZNALFARACHE 1253 83 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLV SAN JUAN AZNALFARACHE 1485 64 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 156 SAN JUAN AZNALFARACHE 1485 17 PINEDA NOVO, 1980, 104-106 SAN JUAN AZNALFARACHE 1489 73 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 SAN JUAN AZNALFARACHE 1493 73 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 SAN JUAN AZNALFARACHE 1512 69 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 192 SAN JUAN AZNALFARACHE 1514 56 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 SAN JUAN AZNALFARACHE 1519 75 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 SAN JUAN AZNALFARACHE 1534 113 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 SANLÚCAR MAYOR 1253 230 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 390 SANLÚCAR MAYOR 1253 245 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 169 MORGADO, 1981, 38v-39r - 455 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SANLÚCAR MAYOR 1253 255 SANLÚCAR MAYOR 1260 295 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 102 SANLÚCAR MAYOR 1406 200 FLORES VARELA, 1992, 111 SANLÚCAR MAYOR 1410 343 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 SANLÚCAR MAYOR 1426 369 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 SANLÚCAR MAYOR 1426 420 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1975, 56 n. 16 SANLÚCAR MAYOR 1438 410 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 156 SANLÚCAR MAYOR 1438 398 PONSOT, 1980, 154 SANLÚCAR MAYOR 1485 496 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 156 SANLÚCAR MAYOR 1486 495 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 437 SANLÚCAR MAYOR 1488 509 PONSOT, 1980, 154 SANLÚCAR MAYOR 1489 498 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 SANLÚCAR MAYOR 1514 608 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 SANLÚCAR MAYOR 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 SANLÚCAR MAYOR 1534 628 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 SANLÚCAR MAYOR 1534 551 PONSOT, 1980, 153 SANTIPONCE 1534 83 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 TEJADA 1253 73 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 51 TEJADA 1253 100 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 390 TEJADA 1253 145 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLV TEJADA 1253 122 MORGADO, 1981, 39v TEJADA 1405 24 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 152 TEJADA 1450 20 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 301 TEJADA 1502 5 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 301 TOCINA 1514 148 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 TOCINA 1517 100 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 TOCINA 1534 148 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 TOMARES 1438 68 PONSOT, 1980, 154 TOMARES 1487 77 PONSOT, 1980, 154 TOMARES 1493 41 PONSOT, 1980, 154 TOMARES 1512 52 PONSOT, 1980, 153 TORREARCAS (BOLLULLOS) 1438 3 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 TORREARCAS (BOLLULLOS) 1483 10 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 TORREBLANCA (BOLLULLOS) 1438 5 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 TORREBLANCA (BOLLULLOS) 1483 3 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 TORREQUEMADA (BOLLULLOS) 1438 1 HERRERA GARCÍA, 1980 b, 160 UMBRETE 1313 12 A.C. SEVILLA, 40-5-32 UMBRETE 1534 94 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 VALENCINA 1406 15 FLORES VARELA, 1992, 111 PONSOT, 1980, 154 - 456 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE VALENCINA 1407 27 VALENCINA 1485 50 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 190 VALENCINA 1486 48 BORRERO FERNÁNDEZ, 1980 a, 16 VALENCINA 1493 55 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 195 VALENCINA 1534 102 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 VILLAFRANCA MARISMA 1380 10 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 69 VILLAFRANCA MARISMA 1487 19 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 78 VILLAFRANCA MARISMA 1502 29 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 300 VILLAFRANCA MARISMA 1507 15 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 300 VILLAFRANCA MARISMA 1514 20 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 300 VILLAFRANCA MARISMA 1534 82 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 349 VILLANUEVA ARISCAL 1495 48 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 VILLANUEVA ARISCAL 1498 71 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 VILLANUEVA ARISCAL 1500 130 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 85 VILLANUEVA ARISCAL 1501 130 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 VILLANUEVA ARISCAL 1502 143 LADERO QUESADA, 1975, 336 VILLANUEVA ARISCAL 1508 90 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 VILLANUEVA ARISCAL 1511 90 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 VILLANUEVA ARISCAL 1514 90 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 VILLANUEVA ARISCAL 1534 179 BORRERO FERNÁNDEZ, 1983, 161 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CÁDIZ ARCOS 1264 50 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 76 ARCOS 1264 29 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 176 ARCOS 1282 50 GAMAZA ROMERO, 1902, 40 ARCOS 1492 3000 CASTRO, 1858, 365 ARCOS 1514 768 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 ARCOS 1517 1000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ARCOS 1534 868 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 BARBATE 1534 5 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 - 457 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE BENAOCAZ 1492 100 CASTRO, 1858, 365 BORNOS 1514 179 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 342 BORNOS 1534 199 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 342 CÁDIZ 1263 300 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 83 CÁDIZ 1265 420 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1983, 12 CÁDIZ 1275 155 SÁNCHEZ HERRERO, 1983, 25 CÁDIZ 1409 338 LASTRA TERRY, 1980, 50 CÁDIZ 1431 316 LASTRA TERRY, 1980, 50 CÁDIZ 1460 270 PONSOT, 1980, 153 CÁDIZ 1465 238 SANCHO SOPRANIS, 1945, IV-X CÁDIZ 1485 277 SÁNCHEZ HERRERO, 1983, 26 CÁDIZ 1530 671 BERNAL, COLLANTES, G.BAQUERO, 1978, 23 CÁDIZ 1534 671 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CÁDIZ 1534 665 SÁNCHEZ HERRERO, 1983, 26 CÁDIZ, PUERTO SANTA MARÍA 1275 414 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, LXXXVI CONIL 1510 150 LADERO QUESADA, 1969, 489 CONIL 1534 166 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CHICLANA 1510 200 LADERO QUESADA, 1969, 489 CHICLANA 1534 273 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CHIPIONA 1492 100 CASTRO, 1858, 365 CHIPIONA 1517 200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CHIPIONA 1534 192 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ESPERA 1517 100 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ESPERA 1534 101 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 GIBRALTAR 1310 300 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1988 c, 214 GIBRALTAR 1469 626 LÓPEZ AYALA, 1782, 202-203 GIBRALTAR 1469 756 MONTERO, 1860, 203-204 GIBRALTAR 1502 500 ALIJO HIDALGO, 1988, 481 GRAZALEMA 1492 300 CASTRO, 1858, 365 JEREZ 1266 1828 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, GONZÁLEZ GÓMEZ, 980, 1 JEREZ 1455 2500 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 36 JEREZ 1485 3500 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1982 b, 36 JEREZ 1517 4000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 JEREZ 1534 3751 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 JEREZ (TIERRA) 1409 8800 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1976 c, 18 JEREZ (TIERRA) 1431 10200 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1976 c, 18 JIMENA 1534 605 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 MEDINA SIDONIA 1344 200 GARCÍA FERNÁNDEZ, 1993 a, 156 MEDINA SIDONIA 1346 310 ANASAGASTI, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1987, 34 - 458 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE MEDINA SIDONIA 1367 150 ANASAGASTI, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1987, 56 MEDINA SIDONIA 1379 91 ANASAGASTI, RODRÍGUEZ LIÁÑEZ, 1987, 61 MEDINA SIDONIA 1517 1000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 MEDINA SIDONIA 1534 876 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 PATERNA RIVERA 1503 80 RAMOS ROMERO, 1983 b, 83 PATERNA RIVERA 1517 60 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PUERTO REAL 1485 200 VIÑA BRITO, 1991, 194 PUERTO SANTA MARÍA 1264 588 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1982 c, 214 PUERTO SANTA MARÍA 1270 590 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1982 c, 214 PUERTO SANTA MARÍA 1275 264 SÁNCHEZ HERRERO, 1983, 25 PUERTO SANTA MARÍA 1281 450 SEGURA GRAÍÑO, 1983, 114 PUERTO SANTA MARÍA 1409 1476 IGLESIAS RODRÍGUEZ, 1991, 215 PUERTO SANTA MARÍA 1431 1600 IGLESIAS RODRÍGUEZ, 1991, 215 PUERTO SANTA MARÍA 1480 1936 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1982, 28 PUERTO SANTA MARÍA 1528 1586 IGLESIAS RODRÍGUEZ, 1991, 215 PUERTO SANTA MARÍA 1534 1536 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ROTA 1492 600 CASTRO, 1858, 365 ROTA 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ROTA 1534 447 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 SANLÚCAR BARRAMEDA 1476 712 PONSOT, 1980, 154 SANLÚCAR BARRAMEDA 1493 800 PONSOT, 1980, 154 SANLÚCAR BARRAMEDA 1517 1300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 SANLÚCAR BARRAMEDA 1534 1016 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 TARIFA 1394 500 AGS, PATR. REAL, LEG. 11/208 TARIFA 1402 480 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1988 c, 214 TARIFA 1534 613 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 350 TREBUJENA 1534 88 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 UBRIQUE 1492 400 CASTRO, 1858, 365 VEJER 1288 176 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 176 VEJER 1293 268 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 181 VEJER 1534 927 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 VILLALUENGA 1492 100 CASTRO, 1858, 365 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CAMPIÑA ALCALÁ GUADAIRA 1250 41 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 a, 151-153 ALCALÁ GUADAIRA 1253 156 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLVI - 459 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE ALCALÁ GUADAIRA 1280 150 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 378 ALCALÁ GUADAIRA 1406 392 FLORES VARELA, 1992, 111 ALCALÁ GUADAIRA 1423 360 PONSOT, 1980, 153 ALCALÁ GUADAIRA 1430 370 PONSOT, 1980, 153 ALCALÁ GUADAIRA 1433 511 FRANCO SILVA, 1974, 65 ALCALÁ GUADAIRA 1484 742 FRANCO SILVA, 1974, 65 ALCALÁ GUADAIRA 1488 827 PONSOT, 1980, 153 ALCALÁ GUADAIRA 1493 764 FRANCO SILVA, 1974, 65 ALCALÁ GUADAIRA 1493 936 PONSOT, 1980, 153 ALCALÁ GUADAIRA 1495 624 FRANCO SILVA, 1974, 65 ALCALÁ GUADAIRA 1514 954 PONSOT, 1980, 153 ALCALÁ GUADAIRA 1519 927 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1976 c, 18 ALCALÁ GUADAIRA 1520 922 FLORES, 1834, Cuaderno 4, 22 ALCALÁ GUADAIRA 1534 689 PONSOT, 1980, 153 ALCOLEA 1517 8 DRAIN, PONSOT, 1966, 90 ALCOLEA 1534 148 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ARAHAL 1495 328 PÉREZ GALLEGO, 1992 b, 114 ARAHAL 1534 680 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 ARAHAL 1535 680 VIÑA BRITO, 1991, 196 CABEZAS SAN JUAN 1405 33 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1405 42 FLORES VARELA, 1992, 111 CABEZAS SAN JUAN 1426 39 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1459 11 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1472 7 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1472 6 GARCÍA FERNÁNDEZ, 1988 b, 154 CABEZAS SAN JUAN 1483 25 PONSOT, 1980, 153 CABEZAS SAN JUAN 1486 25 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1488 25 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1493 23 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1512 43 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1517 40 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CABEZAS SAN JUAN 1519 55 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CABEZAS SAN JUAN 1519 49 PONSOT, 1980, 153 CABEZAS SAN JUAN 1533 64 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1987, 609 CAMPANA, LA 1494 8 A.M. CARMONA, ACTAS CAPITUL., 1494, X CAMPANA, LA 1506 34 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 25 CAMPANA, LA 1512 16 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 25 CAMPANA, LA 1513 19 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 25 CAMPANA, LA 1528 28 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 25 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 25 - 460 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CAMPANA, LA 1533 29 CAMPILLOS 1492 8 VIÑA BRITO, 1991, 194 CAMPILLOS 1501 19 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 291 CAMPILLOS 1516 60 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 291 CAMPILLOS 1536 150 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 291 CARMONA 1515-1520 1881 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 46 CARMONA 1253 198 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 67 CARMONA 1253 106 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLVIII CARMONA 1253 214 HERNÁNDEZ, SANCHO, COLLANTES, 1941, 9- 3 1 CARMONA 1265 244 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1991, XLVIII CARMONA 1465 1608 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1984 a, 49-53 CARMONA 1496 1320 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 49 CARMONA 1511 1588 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 45 CARMONA 1516 2450 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 49 CARMONA 1517 2000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CARMONA 1528 1771 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 46 CARMONA 1533 1753 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 46 CARMONA 1534 1868 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CORONIL, EL 1381 15 A.D. MEDINACELI, ALCALÁ, LEG. 65/4 CORONIL, EL 1394 10 GARCÍA FERNÁNDEZ, 1988 b, 151 CORONIL, EL 1514 137 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 CORONIL, EL 1534 167 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 COTE 1378 20 A.M. MORÓN, LEG. 1148/5 DOS HERMANAS 1514 94 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 DOS HERMANAS 1534 94 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 ÉCIJA 1265 154 SANZ FUENTES, 1976 b, 541 ÉCIJA 1449 1500 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 a, 59 ÉCIJA 1500 3000 NAVARRO DOMÍNGUEZ, 1993, 216 ÉCIJA 1517 5000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ÉCIJA 1534 4342 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ESTEPA 1495 420 PEINADO SANTAELLA, 1980, 111 ESTEPA 1498 484 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 ESTEPA 1498 400 PEINADO SANTAELLA, 1980, 111 ESTEPA 1501 350 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 ESTEPA 1502 584 LADERO QUESADA, 1975, 341 ESTEPA 1508 420 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 ESTEPA 1509 420 PEINADO SANTAELLA, 1980, 111 ESTEPA 1511 450 PEINADO SANTAELLA, 1980, 111 ESTEPA 1514 750 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 - 461 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE ESTEPA 1517 600 LADERO QUESADA, 1975, 341 ESTEPA 1534 909 PEINADO SANTAELLA, 1980, 111 FUENTES 1517 100 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 FUENTES 1533 130 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 b, 49 FUENTES 1534 127 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 GANDUL 1514 96 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 GANDUL 1534 86 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 GANDUL 1537 70 FRANCO SILVA, 1988, 11 GELVES 1534 84 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 GÓMEZ CARDEÑA (TORRES ALOCAZ) 1371 20 A.D. MEDINACELI, PRIV. ROD., 47 GUADAJOZ 1517 60 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 LEBRIJA 1256 17 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 73 LEBRIJA 1405 331 FLORES VARELA, 1992, 111 LEBRIJA 1430 451 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 LEBRIJA 1432 425 PONSOT, 1980, 154 LEBRIJA 1480 760 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 LEBRIJA 1485 693 PONSOT, 1980, 154 LEBRIJA 1512 816 PONSOT, 1980, 153 LEBRIJA 1534 813 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 MAIRENA ALCOR 1534 250 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 MARCHENA 1517 2000 LADERO QUESADA, 1969, 491 MARCHENA 1534 1628 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 MOLARES, LOS 1534 94 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 MORÓN 1405 300 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 b, 403 MORÓN 1448 288 PÉREZ GALLEGO, 1992 b, 193-196 MORÓN 1478 380 PÉREZ GALLEGO, 1992 b, 113 MORÓN 1495 510 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1987 b, 402 MORÓN 1495 291 PÉREZ GALLEGO, 1992 b, 112 MORÓN 1534 936 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 MORÓN 1535 936 VIÑA BRITO, 1991, 196 ORTEJÍCAR 1534 31 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 350 OSUNA 1464 519 CABRERA, MOROS, 1991, 100 OSUNA 1502 519 MORENO DE GUERRA, 1913, 415 OSUNA 1517 1200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 OSUNA 1534 1292 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 OSUNA 1535 1294 VIÑA BRITO, 1991, 196 PALACIOS, LOS 1371 50 AHN, NOBLEZA, OSUNA, CARP. 6/7 PALACIOS, LOS 1373 50 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1993 b, 74 PALACIOS, LOS 1517 60 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 - 462 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE PALACIOS, LOS 1534 59 PARADAS 1470 70 LADERO QUESADA, 1969, 489 PARADAS 1495 80 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 309 PARADAS 1534 165 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 PUEBLA CAZALLA 1464 0 CABRERA, MOROS, 1991, 100 PUEBLA CAZALLA 1535 252 VIÑA BRITO, 1991, 197 TORRES ALOCAZ 1410 8 GARCÍA FITZ, 1990, 69 UTRERA 1405 515 FLORES VARELA, 1992, 111 UTRERA 1433 689 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1976 c, 18 UTRERA 1434 713 PONSOT, 1980, 154 UTRERA 1488 1481 PONSOT, 1980, 154 UTRERA 1493 1508 PONSOT, 1980, 154 UTRERA 1495 1508 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1976 c, 18 UTRERA 1517 2000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 UTRERA 1534 2045 PONSOT, 1980, 153 VILLAMARTÍN 1423 4 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 291 VILLAMARTÍN 1503 191 VIÑA BRITO, 1991, 194 VILLAMARTÍN 1534 437 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 349 VISO ALCOR 1534 126 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE HUELVA ALJARAQUE 1534 69 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ALMENDRO, EL 1503 21 GALÁN PARRA, 1988, 66 ALMENDRO, EL 1534 30 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ALMONTE 1503 316 GALÁN PARRA, 1988, 66 ALMONTE 1534 418 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ALOSNO 1503 36 GALÁN PARRA, 1988, 66 ALOSNO 1534 44 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 AYAMONTE 1498 370 LADERO QUESADA, 1983 b, 97 AYAMONTE 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 AYAMONTE 1534 1035 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 BEAS 1503 425 GALÁN PARRA, 1988, 66 BEAS 1529 574 A.CH. GRANADA, 303-366-2 BEAS 1532 525 A.CH. GRANADA, 303-366-2 BEAS 1527, 06 533 A.CH. GRANADA, 303-366-2 - 463 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE BEAS 1534 569 A.CH. GRANADA, 303-366-2 BEAS 1534 360 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 BEAS 1527, 12 545 A.CH. GRANADA, 303-366-2 BOLLULLOS CONDADO 1503 175 GALÁN PARRA, 1988, 66 BOLLULLOS CONDADO 1534 151 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 BONARES 1503 67 GALÁN PARRA, 1988, 66 BONARES 1534 104 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CABEZAS RUBIAS 1534 54 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CALAÑAS 1503 146 GALÁN PARRA, 1988, 66 CALAÑAS 1534 245 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CARTAYA 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CARTAYA 1534 516 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 CASTILLEJOS 1534 50 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 GIBRALEÓN 1517 2000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 GIBRALEÓN 1533 654 GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 209 GIBRALEÓN 1534 654 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 GRANADO, EL 1534 33 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 HORNILLO, EL 1534 22 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 HUELVA 1460 700 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 85 HUELVA 1503 857 PONSOT, 1980, 153 HUELVA 1517 2000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 HUELVA 1533 936 GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 209 HUELVA 1534 936 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 LEPE 1498 734 LADERO QUESADA, 1983 b, 97 LEPE 1517 2000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 LEPE 1534 748 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 LUCENA PUERTO 1503 137 GALÁN PARRA, 1988, 66 LUCENA PUERTO 1534 106 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 MOGUER 1444 600 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977 165 MOGUER 1457 495 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977 165 MOGUER 1478 1000 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977 165 MOGUER 1480 600 LADERO QUESADA, 1992 b, 118 MOGUER 1502 351 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1977 166 MOGUER 1514 956 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 MOGUER 1534 956 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 MOGUER 1534 956 PONSOT, 1980, 153 NIEBLA 1503 533 LADERO QUESADA, 1976 b, 86 NIEBLA 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 NIEBLA 1533 403 GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 209 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 - 464 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE NIEBLA 1534 403 PAIMOGO 1503 51 GALÁN PARRA, 1988, 66 PAIMOGO 1534 74 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 PALMA CONDADO 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PALMA CONDADO 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PALOS 1295 20 LADERO QUESADA, 1992 b, 36 PALOS 1385 50 IZQUIERDO LABRADO, 1985, 109 PALOS 1478 600 GONZÁLEZ GÓMEZ, 1976, 250 PALOS 1508 400 IZQUIERDO LABRADO, 1985, 109 PALOS 1514 700 IZQUIERDO LABRADO, 1985, 111 PALOS 1517 1000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PALOS 1533 404 GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 209 PALOS 1534 404 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 PUEBLA GUZMÁN 1503 241 GALÁN PARRA, 1988, 66 PUEBLA GUZMÁN 1534 298 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 REDONDELA, LA 1498 264 LADERO QUESADA, 1983 b, 97 REDONDELA, LA 1517 200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 REDONDELA, LA 1534 249 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 RINCÓN SAN ANTONIO 1534 23 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ROCIANA 1503 132 GALÁN PARRA, 1988, 66 ROCIANA 1534 116 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 SAN JUAN PUERTO 1503 237 GALÁN PARRA, 1988, 66 SAN JUAN PUERTO 1533 324 GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 209 SAN JUAN PUERTO 1534 324 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 SAN MIGUEL ARCA BUEY 1534 53 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 SANLÚCAR GUADIANA 1534 171 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 TRIGUEROS 1503 790 GALÁN PARRA, 1988, 66 TRIGUEROS 1533 659 GARCÍA-ARRECIADO BATANERO, 1992, 209 TRIGUEROS 1534 559 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 VALVERDE CAMINO 1450 10 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 303 VALVERDE CAMINO 1480 60 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1977 b, 303 VALVERDE CAMINO 1500 500 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 85 VALVERDE CAMINO 1503 96 GALÁN PARRA, 1988, 66 VALVERDE CAMINO 1534 47 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 VILLALBA 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 VILLALBA 1534 397 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 VILLANUEVA CRUCES 1503 34 GALÁN PARRA, 1988, 66 VILLANUEVA CRUCES 1534 41 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 VILLARRASA 1503 207 GALÁN PARRA, 1988, 66 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 - 465 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE VILLARRASA 1517 300 VILLARRASA 1534 280 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 VILLAVERDE 1514 96 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 VILLAVERDE 1534 116 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SIERRA DE ARACENA ALMADÉN 1406 21 FLORES VARELA, 1992, 111 ALMADÉN 1407 33 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ALMADÉN 1407 35 PONSOT, 1980, 153 ALMADÉN 1485 188 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALMADÉN 1486 158 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALMADÉN 1487 166 PONSOT, 1980, 153 ALMADÉN 1489 147 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALMADÉN 1493 133 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALMADÉN 1496 198 PONSOT, 1980, 153 ALMADÉN 1512 201 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALMADÉN 1517 180 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ALMADÉN 1517 200 LADERO QUESADA, 1969, 491 ALMADÉN 1519 193 PONSOT, 1980, 153 ALMADÉN 1528 173 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALMADÉN 1534 212 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 ALMADÉN 1534 192 PONSOT, 1980, 153 ALMONASTER 1534 393 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ARACENA 1406 351 FLORES VARELA, 1992, 111 ARACENA 1407 320 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ARACENA 1407 232 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ARACENA 1407 234 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 ARACENA 1407 237 PONSOT, 1980, 153 ARACENA 1426 509 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ARACENA 1426 198 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1430 265 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 ARACENA 1435 248 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 - 466 - LOCALIDAD FECHA VEC. UENTE F ARACENA 1438 270 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1439 438 PONSOT, 1980, 153 ARACENA 1442 268 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1480 780 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 ARACENA 1485 984 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ARACENA 1485 1016 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1486 865 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1486 822 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 ARACENA 1486 370 PONSOT, 1980, 153 ARACENA 1489 719 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ARACENA 1489 725 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1512 1184 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ARACENA 1512 1222 PÉREZ-EMBID WAMBA, 1996, 45 ARACENA 1519 734 PONSOT, 1980, 153 ARACENA 1534 1548 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 AROCHE 1406 132 FLORES VARELA, 1992, 111 AROCHE 1407 81 PONSOT, 1980, 153 AROCHE 1433 232 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 AROCHE 1435 153 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 AROCHE 1435 154 PONSOT, 1980, 153 AROCHE 1442 253 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 AROCHE 1454 50 CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993, 111 AROCHE 1455 400 GARCÍA FITZ, 1987, 76 AROCHE 1459 10 CASQUETE DE PRADO SAGRERA, 1993, 93 AROCHE 1486 428 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 AROCHE 1486 502 PONSOT, 1980, 153 AROCHE 1489 501 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 AROCHE 1493 546 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 AROCHE 1493 596 PONSOT, 1980, 153 AROCHE 1512 457 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 AROCHE 1514 693 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 AROCHE 1519 469 PONSOT, 1980, 153 AROCHE 1534 493 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 AROCHE 1534 435 PONSOT, 1980, 153 BODONAL 1405 52 FLORES VARELA, 1992, 111 BODONAL, EL 1405 52 FLORES VARELA, 1992, 111 BODONAL, EL 1407 81 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 BODONAL, EL 1435 76 PONSOT, 1980, 153 BODONAL, EL 1486 373 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 PONSOT, 1980, 153 - 467 - LOCALIDAD FECHA VEC. UENTE F BODONAL, EL 1486 359 BODONAL, EL 1495 293 PONSOT, 1980, 153 BODONAL, EL 1514 454 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 BODONAL, EL 1534 314 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 BODONAL, EL 1534 295 PONSOT, 1980, 153 CALA 1406 88 FLORES VARELA, 1992, 111 CALA 1407 132 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CALA 1407 81 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CALA 1407 114 PONSOT, 1980, 153 CALA 1433 113 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CALA 1433 109 PONSOT, 1980, 153 CALA 1480 225 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 CALA 1485 249 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CALA 1487 230 PONSOT, 1980, 153 CALA 1489 235 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CALA 1493 226 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CALA 1493 226 PONSOT, 1980, 153 CALA 1512 131 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CALA 1512 115 PONSOT, 1980, 153 CALA 1514 229 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 CALA 1517 400 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CALA 1528 167 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CALA 1534 169 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 CALA 1534 143 PONSOT, 1980, 153 CASTILBLANCO 1406 25 FLORES VARELA, 1992, 111 CASTILBLANCO 1489 168 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CASTILBLANCO 1493 202 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CASTILBLANCO 1512 229 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CASTILBLANCO 1517 200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CASTILBLANCO 1528 279 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CASTILBLANCO 1534 288 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 CASTILLO GUARDAS 1406 15 FLORES VARELA, 1992, 111 CASTILLO GUARDAS 1407 33 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CASTILLO GUARDAS 1407 35 PONSOT, 1980, 153 CASTILLO GUARDAS 1488 168 PONSOT, 1980, 153 CASTILLO GUARDAS 1489 174 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CASTILLO GUARDAS 1493 196 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CASTILLO GUARDAS 1493 195 PONSOT, 1980, 153 CASTILLO GUARDAS 1534 243 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 352 FLORES VARELA, 1992, 111 - 468 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CERRO, EL 1406 10 CERRO, EL 1407 15 PONSOT, 1980, 153 CERRO, EL 1493 142 PONSOT, 1980, 153 CERRO, EL 1514 213 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 CERRO, EL 1534 163 PONSOT, 1980, 153 CORTEGANA 1406 47 FLORES VARELA, 1992, 111 CORTEGANA 1407 82 PONSOT, 1980, 153 CORTEGANA 1426 57 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CORTEGANA 1485 305 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CORTEGANA 1487 282 PONSOT, 1980, 153 CORTEGANA 1489 282 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CORTEGANA 1493 422 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CORTEGANA 1493 424 PONSOT, 1980, 153 CORTEGANA 1512 355 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CORTEGANA 1512 404 PONSOT, 1980, 153 CORTEGANA 1534 415 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 CORTEGANA 1534 395 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES ENMEDIO 1431 5 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES ENMEDIO 1438 11 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES ENMEDIO 1486 14 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES ENMEDIO 1493 16 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1406 74 FLORES VARELA, 1992, 111 CUMBRES MAYORES 1407 232 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1407 230 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1407 203 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES MAYORES 1426 204 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 CUMBRES MAYORES 1433 201 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1433 205 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES MAYORES 1442 231 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1442 236 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1975, 56 n. 16 CUMBRES MAYORES 1485 404 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1486 302 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1486 295 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 CUMBRES MAYORES 1493 446 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES MAYORES 1512 427 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES MAYORES 1512 473 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES MAYORES 1514 595 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 CUMBRES MAYORES 1534 395 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 CUMBRES MAYORES 1534 364 PONSOT, 1980, 153 FLORES VARELA, 1992, 111 - 469 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1406 30 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1407 43 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1407 56 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1426 56 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1431 31 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1431 61 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1438 139 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1485 294 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1486 208 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1486 207 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1976 c, 46 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1486 253 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1512 332 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1512 333 PONSOT, 1980, 153 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1534 365 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 CUMBRES SAN BARTOLOMÉ 1534 342 PONSOT, 1980, 153 ENCINASOLA 1405 74 FLORES VARELA, 1992, 111 ENCINASOLA 1407 47 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ENCINASOLA 1407 34 PONSOT, 1980, 153 ENCINASOLA 1426 47 PONSOT, 1980, 153 ENCINASOLA 1438 97 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ENCINASOLA 1485 237 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ENCINASOLA 1486 205 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ENCINASOLA 1486 218 PONSOT, 1980, 153 ENCINASOLA 1493 188 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ENCINASOLA 1496 194 PONSOT, 1980, 153 ENCINASOLA 1534 397 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 ENCINASOLA 1534 363 PONSOT, 1980, 153 FREGENAL 1406 374 FLORES VARELA, 1992, 111 FREGENAL 1407 600 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1407 490 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 FREGENAL 1407 562 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 FREGENAL 1407 572 PONSOT, 1980, 153 FREGENAL 1426 698 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1426 509 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 FREGENAL 1438 992 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1442 714 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1484 1319 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1485 1242 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 FREGENAL 1486 1238 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 - 470 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE FREGENAL 1486 1235 FREGENAL 1486 1165 PONSOT, 1980, 153 FREGENAL 1488 1285 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1489 1296 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 FREGENAL 1493 1293 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1493 1258 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 FREGENAL 1493 1231 PONSOT, 1980, 153 FREGENAL 1528 1100 BORRERO FERNÁNDEZ, 1978 a, 118 FREGENAL 1534 1259 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 GALAROZA 1435 8 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 GALAROZA 1493 56 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HIGUERA 1406 26 FLORES VARELA, 1992, 111 HIGUERA 1407 54 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 HIGUERA 1407 75 PONSOT, 1980, 154 HIGUERA 1435 58 PONSOT, 1980, 154 HIGUERA 1486 374 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HIGUERA 1487 366 PONSOT, 1980, 154 HIGUERA 1489 348 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HIGUERA 1493 417 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HIGUERA 1493 424 PONSOT, 1980, 154 HIGUERA 1512 470 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HIGUERA 1512 438 PONSOT, 1980, 153 HIGUERA 1528 574 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HIGUERA 1534 558 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 HIGUERA 1534 499 PONSOT, 1980, 153 HIGUERA ARACENA 1435 8 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 HIGUERA ARACENA 1514 126 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 HIGUERA ARACENA 1534 86 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 HINOJALES 1435 8 PONSOT, 1980, 154 HINOJALES 1485 80 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HINOJALES 1486 66 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HINOJALES 1487 76 PONSOT, 1980, 154 HINOJALES 1489 87 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HINOJALES 1493 91 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HINOJALES 1493 58 PONSOT, 1980, 154 HINOJALES 1512 136 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HINOJALES 1512 122 PONSOT, 1980, 153 HINOJALES 1528 113 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 HINOJALES 1534 109 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 FLORES VARELA, 1992, 111 - 471 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE MAROTERA 1405 26 MAROTERA 1407 16 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 MAROTERA 1485 25 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 94 MAROTERA 1486 17 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 MAROTERA 1493 18 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 MAROTERA 1495 15 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 94 MAROTERA 1534 6 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 NAVA, LA 1485 41 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 NAVA, LA 1486 47 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 NAVA, LA 1487 46 PONSOT, 1980, 154 NAVA, LA 1489 49 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 NAVA, LA 1493 50 PONSOT, 1980, 154 NAVA, LA 1512 45 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 NAVA, LA 1512 47 PONSOT, 1980, 153 NAVA, LA 1534 56 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 NAVA, LA 1534 48 PONSOT, 1980, 153 REAL DE LA JARA 1406 24 FLORES VARELA, 1992, 111 REAL DE LA JARA 1485 146 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 REAL DE LA JARA 1487 140 PONSOT, 1980, 154 REAL DE LA JARA 1489 151 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 REAL DE LA JARA 1495 160 PONSOT, 1980, 154 REAL DE LA JARA 1512 163 PONSOT, 1980, 153 REAL DE LA JARA 1534 163 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 REAL DE LA JARA 1534 151 PONSOT, 1980, 153 SANTA OLALLA 1406 181 FLORES VARELA, 1992, 111 SANTA OLALLA 1407 233 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 SANTA OLALLA 1433 238 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 SANTA OLALLA 1434 240 PONSOT, 1980, 154 SANTA OLALLA 1488 286 PONSOT, 1980, 154 SANTA OLALLA 1489 285 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 SANTA OLALLA 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 SANTA OLALLA 1534 253 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 SANTA OLALLA 1534 226 PONSOT, 1980, 153 ZALAMEA 1517 300 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ZALAMEA 1534 484 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 353 ZUFRE 1406 151 FLORES VARELA, 1992, 111 ZUFRE 1407 71 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ZUFRE 1407 131 PONSOT, 1980, 154 ZUFRE 1435 83 PONSOT, 1980, 154 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 - 472 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE ZUFRE 1485 339 ZUFRE 1486 176 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ZUFRE 1489 250 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ZUFRE 1489 251 PONSOT, 1980, 154 ZUFRE 1512 201 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ZUFRE 1512 169 PONSOT, 1980, 153 ZUFRE 1534 231 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 ZUFRE 1534 213 PONSOT, 1980, 153 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SIERRA DE CONSTANTINA ALANÍS 1406 219 FLORES VARELA, 1992, 111 ALANÍS 1433 227 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ALANÍS 1433 226 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1973 a, 139 ALANÍS 1433 217 PONSOT, 1980, 153 ALANÍS 1435 276 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 ALANÍS 1486 483 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALANÍS 1488 454 PONSOT, 1980, 153 ALANÍS 1493 544 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 ALANÍS 1514 508 PONSOT, 1980, 153 ALANÍS 1517 500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ALANÍS 1534 494 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 ALANÍS 1534 457 PONSOT, 1980, 153 CAZALLA SIERRA 1406 323 FLORES VARELA, 1992, 111 CAZALLA SIERRA 1430 407 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 CAZALLA SIERRA 1431 362 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1431 418 PONSOT, 1980, 153 CAZALLA SIERRA 1433 383 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1442 432 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1480 703 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 CAZALLA SIERRA 1482 717 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1486 677 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1489 738 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1489 731 PONSOT, 1980, 153 CAZALLA SIERRA 1512 810 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CAZALLA SIERRA 1512 716 PONSOT, 1980, 153 - 473 - LOCALIDAD FECHA VEC. UENTE F CAZALLA SIERRA 1517 1000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CAZALLA SIERRA 1534 984 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 CAZALLA SIERRA 1534 943 PONSOT, 1980, 153 CONSTANTINA 1406 177 FLORES VARELA, 1992, 111 CONSTANTINA 1430 289 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 CONSTANTINA 1433 295 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 CONSTANTINA 1433 293 PAREJO DELGADO, 1991 a, 50 CONSTANTINA 1480 504 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 84 CONSTANTINA 1482 650 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CONSTANTINA 1484 537 PAREJO DELGADO, 1991 a, 50 CONSTANTINA 1485 514 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CONSTANTINA 1486 531 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CONSTANTINA 1486 519 PONSOT, 1980, 153 CONSTANTINA 1509 980 PAREJO DELGADO, 1991 a, 127 CONSTANTINA 1512 608 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 CONSTANTINA 1512 663 PONSOT, 1980, 153 CONSTANTINA 1528 580 PAREJO DELGADO, 1991 a, 127 CONSTANTINA 1534 620 PONSOT, 1980, 153 CONSTANTINA 1539 663 PAREJO DELGADO, 1991 a, 127 GUADALCANAL 1498 1000 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 GUADALCANAL 1508 928 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 GUADALCANAL 1511 1000 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 GUADALCANAL 1514 1000 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 GUADALCANAL 1517 1500 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PEDROSO, EL 1406 83 FLORES VARELA, 1992, 111 PEDROSO, EL 1435 132 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 PEDROSO, EL 1435 110 PONSOT, 1980, 154 PEDROSO, EL 1512 343 PONSOT, 1980, 153 PEDROSO, EL 1517 100 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PEDROSO, EL 1534 313 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 PEDROSO, EL 1534 290 PONSOT, 1980, 153 PUEBLA INFANTE 1406 64 FLORES VARELA, 1992, 111 PUEBLA INFANTE 1426 84 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 PUEBLA INFANTE 1427 84 PONSOT, 1980, 154 PUEBLA INFANTE 1431 86 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 PUEBLA INFANTE 1434 99 PONSOT, 1980, 154 PUEBLA INFANTE 1438 108 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 PUEBLA INFANTE 1442 149 PONSOT, 1980, 154 PUEBLA INFANTE 1442 147 RODRÍGUEZ SORROCHE, 1987, 83 PUEBLA INFANTE 1512 107 PONSOT, 1980, 153 - 474 - LOCALIDAD FECHA VEC. UENTE F PUEBLA INFANTE 1534 281 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 PUEBLA INFANTE 1534 265 PONSOT, 1980, 153 SAN NICOLAS PUERTO 1406 27 FLORES VARELA, 1992, 111 SAN NICOLAS PUERTO 1407 16 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 SAN NICOLAS PUERTO 1407 11 PONSOT, 1980, 154 SAN NICOLAS PUERTO 1483 37 PONSOT, 1980, 154 SAN NICOLAS PUERTO 1485 40 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 SAN NICOLAS PUERTO 1489 48 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 71 SAN NICOLAS PUERTO 1493 47 PONSOT, 1980, 154 SAN NICOLAS PUERTO 1534 54 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 SAN NICOLAS PUERTO 1534 46 PONSOT, 1980, 153 VILLANUEVA CAMINO 1406 73 FLORES VARELA, 1992, 111 VILLANUEVA CAMINO 1442 94 BORRERO FERNÁNDEZ, 1998, 70 VILLANUEVA CAMINO 1514 168 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 345 VILLANUEVA CAMINO 1534 168 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 351 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SIERRA SUBBETICA (FRONTERA) ALCALÁ GAZULES 1310 150 RAMOS ROMERO, 1983 a, 193 ALCALÁ GAZULES 1402 184 VILLAPLANA, 1974, 427-501 ALCALÁ GAZULES 1407 184 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1988 c, 215 ALCALÁ GAZULES 1409 270 VILLAPLANA, 1974, 427-501 ALCALÁ GAZULES 1514 476 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 ALCALÁ GAZULES 1534 576 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 ANTEQUERA 1410 630 ALIJO HIDALGO, 1983 a, 67 ANTEQUERA 1414 530 PAREJO BARRANCO, 1987, 67 ANTEQUERA 1453 620 QUINTANILLA RASO, 1984, 514 ANTEQUERA 1464 528 ALIJO HIDALGO, 1983 a, 92 ANTEQUERA 1480 220 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 85 ANTEQUERA 1494 371 ALIJO HIDALGO, 1978, 12 ANTEQUERA 1496 549 PÉREZ GALLEGO, 1992 a, 37 ANTEQUERA 1533 2457 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 91 ANTEQUERA 1534 2437 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 AZNALMARA (ANTEQUERA) 1410 36 ALIJO HIDALGO, 1983 a, 21 BEAS 1526 555 A.CH. GRANADA, 303-366-2 CAMPILLO 1534 107 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 CAÑETE REAL 1514 177 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 344 CAÑETE REAL 1534 207 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 - 475 - LOCALIDAD FECHA VEC. UENTE F COCHE (ANTEQUERA) 1410 36 ALIJO HIDALGO, 1983 a, 21 OLVERA 1482 120 AGUADO GONZÁLEZ, 1987, 30 OLVERA 1517 250 DRAIN, PONSOT, 1966, 90 OLVERA 1534 350 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 OLVERA 1535 350 VIÑA BRITO, 1991, 196 PATERNA RIBERA 1534 75 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 PRUNA 1534 38 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 350 TEBA 1249 3 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 159 TEBA 1402 300 VILLAPLANA, 1974, 427-501 TEBA 1403 300 QUINTANILLA RASO, 1984, 514 TEBA 1407 300 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1988 c, 215 TEBA 1409 300 VILLAPLANA, 1974, 427-501 TEBA 1410 300 VILLAPLANA, 1974, 427-501 TEBA 1534 271 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 TORRE ALHÁQUIME 1410 160 VILLAPLANA, 1974, 427-501 TORRE ALHÁQUIME 1534 40 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 XEBAR (ANTEQUERA) 1410 36 ALIJO HIDALGO, 1983 a, 21 ZAHARA 1407 300 VILLAPLANA, 1974, 427-501 ZAHARA 1410 174 RALLÓN, 1891-1894, 34 ZAHARA 1492 800 CASTRO, 1858, 365 ZAHARA 1534 298 DOMÍNGUEZ ORTIZ, 1977, 355 - 474 - 1.2 Reino de Córdoba LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CAMPIÑA ABENTOXÍ (CÓRDOBA) 1249 5 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 158 AGUILAR 1382 60 A.D. MEDINACELI, PRIEGO, 30/23 AGUILAR 1530 1136 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 ALBENDÍN 1385 150 RAMÍREZ CASAS-DEZA, 1986, I, 183 ALCOCER (CARPIO) 1249 5 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 162 ALGORFIELLA (CÓRDOBA) 1249 4 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 158 ALMODÓVAR RÍO 1517 100 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ALMODÓVAR RÍO 1530 163 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 ALMODÓVAR RÍO 1530 160 GARCÍA JIMÉNEZ, 1987, 35 ARCHIA (CÓRDOBA) 1249 7 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 159 BAENA 1394 4000 VALVERDE PERALES, 1969, 101 BAENA 1481 3000 FORTEA PÉREZ, 1981, 115 BAENA 1530 1428 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 BELMONTE 1530 34 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 BENAMEJÍ 1512 10 RAMÍREZ CASAS-DEZA, 1986, I, 187 BUJALANCE 1530 1478 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 CAÑETE 1530 924 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 CARPIO, EL 1517 250 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 CARPIO, EL 1530 201 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 CASTRO RÍO 1332 250 CRÓNICA, 1953 d, 242 CASTRO RÍO 1469 500 FORTEA PÉREZ, 1981, 115 CASTRO RÍO 1517 1000 LADERO QUESADA, 1969, 491 CASTRO RÍO 1530 838 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 CORTIJO MAYOR ARIAS (CÓRDOBA) 1249 3 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 161 ESPEJO 1530 338 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 FERNÁN NÚÑEZ 1530 287 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 GUADALCÁZAR 1517 60 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 GUADALCÁZAR 1530 91 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 GUARROMÁN 1249 14 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 157 HORNACHUELOS 1530 266 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 LUQUE 1495 300 FORTEA PÉREZ, 1981, 115 LUQUE 1530 402 ARANDA DONCEL, 1984, 39 LUQUE 1530 409 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 MENADO (CÓRDOBA) 1249 3 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 160 MONTALBÁN 1530 110 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 - 475 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE MONTEMAYOR 1530 289 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 MONTILLA 1530 1208 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 MONTORO 1530 735 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 MONTURQUE 1530 163 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 MORENTE 1530 146 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 PALMA RÍO 1517 900 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PALMA RÍO 1530 1251 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 PEDRO ABAD 1530 147 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 PEÑAFLOR 1517 200 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 PEÑAFLOR 1530 164 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 POSADAS 1517 400 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 POSADAS 1530 330 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 PUENTE GENIL 1530 407 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 RAMBLA, LA 1512 1000 ESCOBAR CAMACHO, 1987, 64 RAMBLA, LA 1517 1000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 RAMBLA, LA 1530 1381 ESCOBAR CAMACHO, 1987, 64 RAMBLA, LA 1530 1410 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 SANTA CRUZ 1530 30 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 SANTAELLA 1495 400 ALIJO HIDALGO, 1983 b, 250 SANTAELLA 1530 450 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 SANTAELLA 1530 450 NIETO CUMPLIDO, 1986 b, 53 TORRE JUAN ARIAS (CÓRDOBA) 1249 2 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 161 TORRE TERESA DÍAZ (EL CARPIO) 1249 2 NIETO CUMPLIDO, 1976-1977, 162 VALENZUELA 1530 47 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 VILLA RÍO 1305 40 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 160 VILLA RÍO 1517 60 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 VILLA RÍO 1530 89 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 VILLAFRANCA CÓRDOBA 1358 50 QUINTANILLA RASO, 1979 b, 282 VILLAFRANCA CÓRDOBA 1500 285 QUINTANILLA RASO, 1979 b, 300 VILLAFRANCA CÓRDOBA 1501 225 QUINTANILLA RASO, 1979 b, 300 VILLAFRANCA CÓRDOBA 1514 310 QUINTANILLA RASO, 1979 b, 300 VILLAFRANCA CÓRDOBA 1530 374 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SIERRA DE LOS PEDROCHES ADAMUZ 1517 400 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 ADAMUZ 1530 358 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 - 476 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE ALCARACEJOS (SANTA EUFEMIA) 1412 14 MAZO ROMERO, 1978, 107 ALCARACEJOS (SANTA EUFEMIA) 1530 188 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 ALLOZO y VILLANUEVA DUQUE 1530 124 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 BELALCÁZAR 1530 674 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 BÉLMEZ 1464 123 CABRERA MUÑOZ, 1977 a, 335 BÉLMEZ 1530 285 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 CHILLÓN 1525 785 VILLEGAS DÍAZ, 1991, 198 CHILLÓN 1530 745 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 FUENTE LA LANCHA 1530 110 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 FUENTEOVEJUNA 1462 985 FORTEA PÉREZ, 1981, 115 FUENTEOVEJUNA 1464 985 CABRERA MUÑOZ, 1977 a, 335 FUENTEOVEJUNA 1517 2000 DRAIN, PONSOT, 1966, 89 FUENTEOVEJUNA 1530 1377 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 GUIJO, EL 1530 110 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 HINOJOSA 1530 726 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 OBEJO 1530 64 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 PEDROCHE 1517 1900 DRAIN, PONSOT, 1966, 90 PEDROCHE 1530 1158 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 POZOBLANCO 1530 394 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 SANTA EUFEMIA 1530 316 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 TORRECAMPO 1530 500 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 TORREFRANCA 1530 123 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 TORREMILANOS 1530 763 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 TRASIERRA 1530 89 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 VILLANUEVA CÓRDOBA 1533 280 CABRERA MUÑOZ, 1978 a, 297 VILLANUEVA REY 1530 151 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 VILLAR ALTO (SANTA EUFEMIA) 1424 5 MAZO ROMERO, 1978, 108 VISO, EL 1530 181 FORTEA PÉREZ, 1981, 79-81 SIERRA SUBBETICA (FRONTERA) ALCAUDETE 1535 1108 RIVAS MORALES, 1991, 185 CARCABUEY 1461 50 QUINTANILLA RASO, 1984, 514 PRIEGO 1341 74 PELÁEZ DEL ROSAL, QUINTANILLA RASO, 977 1 PRIEGO 1426 354 PELÁEZ DEL ROSAL, QUINTANILLA RASO, 977 1 PRIEGO 1471 354 QUINTANILLA RASO, 1984, 514 - 477 - - 478 - 1.3 Reino de Jaén LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CAZORLA BAYONA 1507 80 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BAYONA 1525 35 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BAYONA 1533 44 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BAYONA 1535 30 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BEAS SEGURA 1495 586 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 BEAS SEGURA 1498 629 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 BEAS SEGURA 1507 480 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BEAS SEGURA 1525 400 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BEAS SEGURA 1535 550 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BENATAE 1480 70 COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ, 1980, 864 BENATAE 1498 100 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 BENATAE 1507 120 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BENATAE 1525 120 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BENATAE 1533 123 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 BENATAE 1535 150 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 CANENA 1495 70 LADERO QUESADA, 1975, 345 CANENA 1498 84 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 CANENA 1507 57 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 CANENA 1525 60 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 CANENA 1535 60 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 CAZORLA 1502 1000 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 256 CAZORLA 1517 400 LADERO QUESADA, 1969, 491 CAZORLA 1528 1193 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 184 CAZORLA 1530 1471 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 CHICLANA SEGURA 1498 190 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 CHICLANA SEGURA 1500 240 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 CHICLANA SEGURA 1507 194 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 CHICLANA SEGURA 1507 194 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 CHICLANA SEGURA 1525 250 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 CHICLANA SEGURA 1535 357 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 GÉNAVE 1494 95 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 GÉNAVE 1507 130 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 GÉNAVE 1525 130 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 GÉNAVE 1533 238 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 GÉNAVE 1535 182 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 - 479 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE HORNOS 1478 1 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 HORNOS 1494 60 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 HORNOS 1498 62 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 HORNOS 1498 72 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 HORNOS 1533 226 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 HORNOS 1535 216 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 IRUELA, LA 1528 517 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 184 IRUELA, LA 1530 680 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 IZNATORAF 1396 108 A.C. TOLEDO, OBRA Y FÁBRICA, MS. 915, F. IZNATORAF 1528 381 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 184 IZNATORAF 1530 496 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 ORCERA 1498 114 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 ORCERA 1507 180 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 ORCERA 1525 140 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 ORCERA 1533 300 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 ORCERA 1535 320 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 PUERTA SEGURA 1494 25 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 PUERTA SEGURA 1498 30 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 PUERTA SEGURA 1507 30 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 PUERTA SEGURA 1525 40 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 PUERTA SEGURA 1533 67 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 PUERTA SEGURA 1535 50 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 QUESADA 1233 1400 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1951 b, I, 67 QUESADA 1383 100 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 142 QUESADA 1525 600 CARRIAZO ARROQUIA, 1975, DOC. 91 QUESADA 1535 735 PAREJO DELGADO, 1988, 79 SEGURA 1494 150 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 SEGURA 1498 140 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 SEGURA 1507 210 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SEGURA 1517 1000 LADERO QUESADA, 1969, 491 SEGURA 1525 340 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SEGURA 1533 350 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SEGURA 1535 350 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SILES 1494 262 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 SILES 1498 195 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 SILES 1507 270 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 SILES 1525 280 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SILES 1533 374 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SILES 1535 350 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 SORIHUELA 1528 69 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 184 - 480 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SORIHUELA 1530 95 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 VAYORAS (SEGURA) 1494 25 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 VILLACARRILLO 1528 526 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 184 VILLACARRILLO 1530 673 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 VILLANUEVA ARZOBISPO 1396 92 A.C. TOLEDO, OBRA Y FÁBRICA, MS. 915, F. VILLANUEVA ARZOBISPO 1528 582 GARCÍA GUZMÁN, 1985, 184 VILLANUEVA ARZOBISPO 1530 770 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 VILLARRODRIGO 1494 310 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 VILLARRODRIGO 1498 249 LADERO QUESADA, 1975, 375-377 VILLARRODRIGO 1507 260 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 VILLARRODRIGO 1525 322 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 VILLARRODRIGO 1533 339 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 VILLARRODRIGO 1535 316 GUTIÉRREZ NIETO, 1969, 63 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE LOMA ALDEYUELA (ANDÚJAR) 1367 10 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 142 ANDÚJAR 1517 2000 LADERO QUESADA, 1969, 491 ARJONA 1247 273 MORALES TALERO, 1965, 208-228 ARJONA 1494 800 MORALES TALERO, 1965, 300 ARJONA 1517 1100 LADERO QUESADA, 1969, 492 ARJONILLA 1494 400 MORALES TALERO, 1965, 300 ARJONILLA 1553 574 A.M. ARJONA, PLEITO DE ARJONILLA, LIB. 1 BAEZA 1269 33 GONZÁLEZ JIMÉNEZ, 1980, 154 BAEZA 1368 990 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 142 BAEZA 1407 1774 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 BAEZA 1414 1500 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 142 BAEZA 1520 112 CÓZAR MARTINEZ, 1884, 433-438 BAEZA 1535 2709 PAREJO DELGADO, 1988, 78 BAEZA (ARCIPRESTAZGO) 1505 5017 PAREJO DELGADO, 1988, 78 BAILÉN 1517 500 LADERO QUESADA, 1969, 492 BAÑOS 1407 101 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 BAÑOS 1517 250 LADERO QUESADA, 1969, 492 BAÑOS 1535 252 PAREJO DELGADO, 1988, 78 BEGÍJAR 1407 24 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 BEGÍJAR 1535 295 PAREJO DELGADO, 1988, 78 CASTELLAR SANTISTEBAN 1495 486 QUINTANILLA RASO, 1976, 451 PAREJO DELGADO, 1988, 79 - 481 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE CASTELLAR SANTISTEBAN 1535 300 CAZALILLA 1505 82 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 FUENTE REY 1505 30 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 HIGUERA ANDÚJAR 1517 100 LADERO QUESADA, 1969, 492 IBROS REY 1407 47 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 IBROS REY 1535 161 PAREJO DELGADO, 1988, 78 JABALQUINTO 1517 30 LADERO QUESADA, 1969, 491 JAÉN 1484 4418 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 137 JAÉN 1500 4128 RODRÍGUEZ MOLINA, 1993, 44-45 JAÉN 1505 3817 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 JAÉN 1517 5500 LADERO QUESADA, 1969, 491 JAÉN 1535 4235 RIVAS MORALES, 1991, 185 LINARES 1407 257 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 LINARES 1517 600 LADERO QUESADA, 1969, 491 LINARES 1535 624 PAREJO DELGADO, 1988, 78 LUPIÓN 1407 27 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 LUPIÓN 1535 50 PAREJO DELGADO, 1988, 78 MARMOL 1528 36 RODRÍGUEZ MOLINA, 1987, 599 MARMOLEJO 1517 130 LADERO QUESADA, 1969, 491 MARTOS 1535 1200 RIVAS MORALES, 1991, 185 MENGÍBAR 1505 300 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 MENGÍBAR 1517 550 LADERO QUESADA, 1969, 492 NAVAS SAN JUAN 1495 260 QUINTANILLA RASO, 1976, 451 NAVAS SAN JUAN 1535 95 PAREJO DELGADO, 1988, 79 OLVERA 1235 60 GONZÁLEZ GONZÁLEZ, 1980, I, 430-431 PORCUNA 1517 1200 LADERO QUESADA, 1969, 492 RUS 1407 77 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 RUS 1535 180 PAREJO DELGADO, 1988, 78 SABIOTE 1517 400 LADERO QUESADA, 1969, 491 SANTA OLALLA 1535 13 PAREJO DELGADO, 1988, 79 SANTISTEBAN 1495 512 QUINTANILLA RASO, 1976, 451 SANTISTEBAN 1512 350 QUINTANILLA RASO, 1976, 451 SANTISTEBAN 1517 350 LADERO QUESADA, 1969, 492 SANTISTEBAN 1530 319 MERCADO EGEA, 1973, 135 SANTISTEBAN 1535 357 PAREJO DELGADO, 1988, 79 TÍSCAR 1335 50 PESET, GUTIÉRREZ, TRENCHS, 1979, 170 TORRE CAMPO 1505 426 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 TORRE CAMPO 1517 400 LADERO QUESADA, 1969, 491 TORRE GARCI FERNÁNDEZ 1535 12 PAREJO DELGADO, 1988, 79 TORRE GIL OLID 1230 33 PAREJO DELGADO, 1988, 77 - 482 - LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE TORRE GIL OLID 1517 10 LADERO QUESADA, 1969, 491 TORRE SAN JUAN 1535 5 PAREJO DELGADO, 1988, 79 TORREPEROGIL 1517 200 LADERO QUESADA, 1969, 491 TORREPEROGIL 1535 341 PAREJO DELGADO, 1988, 79 ÚBEDA 1447 3860 PAREJO DELGADO, 1988, 77 ÚBEDA 1530 3847 MOLINIE-BERTRAND, 1977, 18 ÚBEDA 1535 2605 PAREJO DELGADO, 1988, 79 ÚBEDA (ARCIPRESTAZGO) 1505 3652 PAREJO DELGADO, 1988, 78 VILCHES 1407 47 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 134 VILCHES 1535 243 PAREJO DELGADO, 1988, 78 VILLARGORDO 1505 20 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 LOCALIDAD FECHA VEC. FUENTE SIERRA SUBBÉTICA (FRONTERA) ALCALÁ REAL 1483 500 QUINTANILLA RASO, 1984, 514 ALCALÁ REAL 1535 1000 RIVAS MORALES, 1991, 185 BÉDMAR 1480 200 TROYANO VIEDMA, 1994, 124-126 CAMBIL 1486 30 QUESADA QUESADA, 1989, 258 CAMBIL 1505 40 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 HUELMA 1465 160 QUESADA QUESADA (ed.), 1989, 14 HUELMA 1509 145 QUESADA QUESADA, 1989, 303 JIMENA 1364 25 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 142 LOCUBÍN 1450 30 QUINTANILLA RASO, 1984, 514 PEGALAJAR 1505 80 RODRÍGUEZ MOLINA, 1978, 136 TORRES ALBÁNCHEZ 1507 148 PEINADO SANTAELLA, 1984, 396 - 483 - APÉNDICE 2: TASAS DE CRECIMIENTO 2.1.- Reino de Sevilla 2.1.1.- Aljarafe y Ribera 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Albaida -1,03 0,36 Alcalá J. Dorta -0,26 Alcalá Río -0,5 1,14 0,85 Aznalcázar 1,43 -0,24 0,4 0,27 1,24 0,97 Aznalcóllar 1,36 0,94 1,43 1,27 Benacazón 2,46 2,08 Brenes 0,43 Burguillos 1,42 -1,17 0,51 0,18 1,94 1,48 Camas -0,18 -0,37 -0,31 Cantillana -1,56 Carrión Ajos -0,62 Castilleja Campo -0,1 1 0,92 0,95 Castilleja Cuesta -5,25 4,52 2,69 -1,25 1,17 Castilleja Talara 4,97 -4,8 0,21 Coria 0,38 0,57 0,01 1,7 1,02 Escacena 3,95 0,06 1,67 1,16 El Garrobo 4,43 Gelo Cabildo 0 -0,28 -0,14 Gerena 1,74 -0,12 1,42 0,92 Guillena 1,47 1,04 1,18 Hinojos 1,77 -0,18 1,32 0,83 Huévar 2,99 -1,61 0,63 0,19 1,09 0,91 Lora 0,83 -0,2 0,01 Manzanilla 0,48 0,94 0,73 0,77 0,64 0,65 Mit. Bollullos -2,49 0,28 -0,18 -0,43 -0,32 Mit. Cazalla -0,21 2,53 0,89 0,86 0,82 Mit. Mairena 0,98 0,37 1,04 1,01 Mit. Sto. Domingo 1,7 0 1,93 1,71 1,71 1,69 Olivares -0,98 Paterna 0,77 1,39 0,55 0,99 1,1 0,92 Pilas -2,99 0,83 0,47 1,33 1,15 Puebla Río 0,22 0,47 1,54 1,15 Quema -1,58 La Rinconada 0 -4,38 0,38 -0,19 1,22 0,93 Salteras 0,52 1,15 0,75 1,32 1,09 San Juan Aznalf. 1,66 0,98 1,17 Sanlúcar Mayor 0,53 0,1 0,52 0,48 0,47 0,49 Tejada -0,4 -2,63 -1,6 - 484 - 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Tocina 0 Tomares 2,57 -0,92 0,53 Valencina 1,2 1,27 0,83 1,05 Vnva. Ariscal 3,43 2.1.2.- Cádiz 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Arcos 0,61 Bornos 0,53 Cádiz -0,31 0,10 1,24 -0,26 0,55 Conil 0,42 Chiclana 1,30 Chipiona 1,57 Espera 0,06 Gibraltar -1,25 Jerez 1,13 -0,38 0,51 Medina Sidonia -0,78 Paterna de Rivera -2,03 Puerto Sta. María 0,37 -0,68 0,03 Rota -0,70 Sanlúcar Barram. 0,69 0,71 0,70 Tarifa 0,19 2.1.3.- Campiña 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Alcalá Guadaira -0,21 1,21 -0,44 -0,15 0,91 0,44 El Arahal 1,89 Cabezas S. Juan -0,35 2,87 2,11 2,41 -0,62 0,33 La Campana 3,36 Campillos 6,89 Carmona 0,92 0,22 El Coronil 0,99 Dos Hermanas 0,00 Ecija 1,38 1,37 Estepa 2,00 Fuentes 1,42 Gandul -0,55 Lebrija 1,25 -0,02 0,12 1,11 0,70 - 485 - 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Marchena -1,20 Morón -0,09 0,02 2,96 1,38 -0,03 0,89 Osuna 2,89 1,31 Los Palacios -0,10 Paradas 0,54 1,87 1,35 Utrera 1,04 0,70 1,28 1,07 Villafranca Marisma 3,16 Villamartín 2,71 4,32 2.1.4.- Huelva 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 El Almendro 1,16 Almonte 0,96 El Alosno 0,65 Ayamonte 2,90 Beas -0,62 Bollulos Condado -0,47 Bonares 1,43 Calañas 1,68 Cartaya 3,24 Huelva 0,29 0,40 Lepe 0,05 Lucena del Puerto -0,85 Moguer 0,92 3,18 0,86 0,00 0,52 Niebla -0,93 Paimogo 1,14 Palos 0,04 -0,72 Puebla de Guzmán 0,67 La Redondela -0,16 Rociana -0,42 S. Juan Puerto 1,03 Trigueros -1,12 Valverde Camino 6,15 -2,35 1,86 Villalba -1,35 Villanueva Cruces 0,63 Villarrasa 0,98 Villaverde 0,95 2.1.5.- Sierra de Aracena - 486 - 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Almadén 0,78 1,88 1,48 Aracena 0,99 -0,9 1,72 1,28 0,99 1,25 Aroche 3,38 0,66 -0,04 0,26 2,25 1,43 Bodonal 1,27 -0,36 2,46 1,40 Cala -0,6 034 -0,8 0,67 0,19 Castilblanco 1,2 2,32 1,94 Castillo Guardas 0,73 2,07 1,57 El Cerro 0,34 2,65 1,90 Cortegana -1,9 0,95 1,45 1,29 Cumbres Enmedio 1,89 Cumbres Mayores -0,01 1,24 -0,30 -0,05 0,76 0,42 Cumbres S. Bart. 3,86 1,18 2,02 1,70 Encinasola 0,82 1,57 1,16 1,31 Fregenal 0,69 0,47 -0,07 0,03 0,98 0,64 Galaroza 3,41 Higuera 0,26 1,16 2,19 1,86 Higuera Aracena -1,89 2,43 Hinojales 0,55 4,2 2,67 Marotera -3,23 -2,78 -0,41 -1,13 Nava 0,33 Real de la Jara 0,16 2,30 1,51 Sta. Olalla 0,08 -0,26 0,25 0,06 Zalamea 2,85 Zufre 0,56 -0,18 1,55 0,93 2.1.6.- Sierra de Constantina 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Alanís 0,8 0,01 0,89 0,58 Cazalla 0,81 0,54 0,64 0,62 1 0,87 Constantina 1,77 0,58 0,46 0,51 1,38 1,04 Guadalcanal 2,16 El Pedroso 1,67 0,91 -0,42 0,16 1,04 Puebla Infantes 2,34 4,49 1,16 S. Nicolás Puerto 4,43 0,29 0,74 1,33 0,95 Villanueva Camino 0,70 0,00 0,65 2.1.7.- Sierra Subbética (Frontera) 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1450-1530 1400-1490 1400-1530 Alcalá Gazules 0,96 0,87 - 487 - Antequera -0,04 -1,24 4,82 1,70 -0,63 1,10 Cañete la Real 0,79 Olvera 2,00 2,08 Teba -2,77 1,52 -0,08 Torre Alháquime -1,11 Zahara Sierra -2,32 1,88 0,43 - 488 - 2.2.- Reino de Córdoba 2.2.1.- Campiña 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1400-1490 1450-1530 1400-1530 Almodóvar 3,83 Baena -0,33 -1,50 -0,73 Carpio -1,66 Castro -1,35 0,77 Córdoba 0,34 Guadalcázar 3,26 Luque 0,89 Palma del Río 2,57 Peñaflor -1,51 Posadas -1,47 Rambla 2,51 Santaella 0,34 Villa del Río 3,08 Villafranca 0,94 2.2.2.- Sierra de los Pedroches 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1400-1490 1450-1530 1400-1530 Adamuz -0,85 Alcaracejos 2,23 Bélmez 1,28 Fuenteovejuna -2,83 0,49 Pedroche -3,74 2.2.3.- Sierra Subbética (Frontera) 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1400-1490 1450-1530 1400-1530 Cabra 0,91 Carcabuey 1,54 Doña Mencía 0,3 Lucena 5,39 Priego 0,89 0 2,14 1,16 - 489 - 2.3.- Reino de Jaén 2.3.1.- Loma 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1400-1490 1450-1530 1400-1530 Arjona 1,39 Baeza -2,37 0,33 0,33 Baños 0,04 0,72 Bejígar 1,98 Castellar -1,20 Ibros del Rey 0,97 Jaén 0,15 -0,47 Linares 0,70 Lupión 0,48 Mengíbar 5,18 Navas S. Juan -2,49 Rus 0,67 Santisteban -0,90 Torre Campo -0,52 Torreperogil Ubeda 0,00 Vilches 1,29 2.3.2.- Cazorla 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1400-1490 1450-1530 1400-1530 Bayona -2,27 Beas de Segura -0,16 Benatae 0,59 1,07 Canena -0,40 Cazorla 1,39 Chiclana Segura 2,20 Génave 1,60 Hornos 3,17 Iznatoraf 0,96 Orcera 2,83 Puerta de Segura 1,70 Quesada 2,05 Segura 2,09 Siles 0,71 Villanueva Arzobispo 1,62 Villarrodrigo -1,34 - 490 - 2.3.3.- Sierra Subbética (Frontera) 1400-1450 1450-1490 1490-1530 1400-1490 1450-1530 1400-1530 Albánchez 0,91 Alcalá la Real 1,22 Bédmar 0,64 1,14 0,96 Cambil 1,53 Campillo Arenas 3,60 Huelma -0,22 Locubín 0,00 Torres Albánchez 2,79 - 491 - APÉNDICE 3: RELACIÓN DE TESTADORES Nota: En esta relación se han registrado de forma independiente cada uno de los matrimonios de los testadores, cuando han existido más de uno. En estos casos, una cifra tras el nombre del cónyuge indica el número de matrimonio. Además, una cruz (+) indica que el cónyuge en cuestión está muerto 3.1.- SEVILLA SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHN, NOBLEZA, FERNAN ÚÑEZ, 1446/7 N 1524, 02, 17 FERNÁNDEZ, CATALINA ALCALDE DE ORTE C FUENTE, JUAN DE + AHN, NOBLEZA, FERNAN ÚÑEZ, 1545/4-8 N 1520, 10, 18 FERNÁNDEZ, ISABEL DÍAZ DE TOLEDO, ERNANDO F AHN, NOBLEZA, FERNAN ÚÑEZ, 1545/4-9 N 1522, 03, 22 DÍAZ DE TOLEDO, ERNANDO F FERNÁNDEZ, ISABEL + AHN, NOBLEZA, FERNAN ÚÑEZ, 1545/5-3 N 1469, 06, 20 ORTIZ, CATALINA CONTADOR AYOR M MESÍA, JUAN AHN, NOBLEZA, FERNAN ÚÑEZ, 1651/15 N 1458, 10, 24 ORTIZ, VICENTE JURADO SANTILLÁN, ANA AHPSE, PROT., 00006, 1086r- 088r 1 1510, 12, 09 FERNÁNDEZ, PEDRO ESCUDERO FERNÁNDEZ, ISABEL MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 1093v- 095r 1 1510, 11, 21 RUIZ, MENCIA RUIZ, JUAN MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 111v- 12v 1 1510, 03, 15 BENDIETA, JUAN DE MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 119v- 21v 1 1510, 03, 17 SÁNCHEZ DE ORTEGA, IGUEL M MARTÍNEZ, FLORENTINA + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 125v- 26v 1 1510, 03, 18 RUIZ, JUANA MUÑOZ, ALFONSO + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 134r- 35v 1 1510, 02, 10 SUÁREZ, JUANA SOLADOR JIMÉNEZ, DIEGO + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 346r- 1510, 04, 12 FERNÁNDEZ, ANA GARCÍA, JUAN (1) + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) - 492 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 347v AHPSE, PROT., 00006, 346r- 47v 3 1510, 04, 12 FERNÁNDEZ, ANA CARPINTERO SÁNCHEZ, ALONSO (2) MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 348v- 50r 3 1510, 04, 18 MORALES, FRANCISCO DE FERNÁNDEZ DE OCAÑA + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 364r-365r 1510, 04, 23 GALLEGO, DIEGO SASTRE MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 502r- 03v 5 1510, 06, 04 VALLADOLID, PEDRO DE MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 562r-v 1510, 06, 21 ARIAS DÁVILA, ALONSO MENÉNDEZ, ELVIRA (1) + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 562r-v 1510, 06, 21 ARIAS DÁVILA, ALONSO HURTADO, CATALINA (2) + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 828v- 31r 8 1510, 09, 02 GUTIÉRREZ DE AGUILERA, ARÍA M BACHILLER DAZA, JERÓNIMO + MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00006, 887v- 88v 8 1510, 09, 29 MONTAÑA, CATALINA DE VALENCIA, MAESTRE JUAN E + D MATEO DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00007 , S.F. 1511, 03, 11 JIMÉNEZ, BEATRIZ ALABARDERO JIMÉNEZ, ÁLVARO (1) + (OF. 5) AHPSE, PROT., 00007 , S.F. 1511, 03, 11 JIMÉNEZ, BEATRIZ TAÑEDOR CLAVIJO, ANDRÉS DE (2) (OF. 5) AHPSE, PROT., 00007 , S.F. 1511, 06, 06 RUIZ, ISABEL CRIADA (OF. 5) AHPSE, PROT., 00007 , S.F. 1511, 06, 11 MARTÍNEZ, GONZALO MEDINA, CONSTANZA DE (OF. 5) AHPSE, PROT., 00021, 68r-70r 1521, 01, 22 VALMASEDA, JUAN DE FERNÁNDEZ, CATALINA (1) + ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, 68r-70r 1521, 01, 22 VALMASEDA, JUAN DE DÍAZ, MARÍA (2) ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, CUAD. 3, S.F. 3 1521, 07, 05 DÍAZ, ISABEL GARCÍA TORREBLANCA, NTONIO A ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, CUAD. 6, S.F. 1 1521, 04, 14 FERNÁNDEZ, LEONÍS SASTRE NÚÑEZ, FRANCISCA ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, CUAD 6, S.F. 1 1521, 04, 16 TREYDE, ISABEL DE SUERO, RUY + ALFONSO DE LA BARRERA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00021, CUAD 1521, 05, 28 MARTÍNEZ DE CELARES, JURADO VEJER, ANA DE (1) + ALFONSO DE LA BARRERA (OF. - 493 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 25, S.F. ANTONIO 1) AHPSE, PROT., 00021, CUAD 5, S.F. 2 1521, 05, 28 MARTÍNEZ DE CELARES, NTONIO A JURADO SOSA, LUISA DE (2) ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, CUAD. 1, S.F. 3 1521, 06, 25 GÓMEZ DE SOSA, JUAN FERNÁNDEZ, BEATRIZ (1) + ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, CUAD. 1, S.F. 3 1521, 06, 25 GÓMEZ DE SOSA, JUAN TORRE, INÉS DE LA (2) ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00021, CUAD. 6, S.F. 5 1521, 10, 28 NIETO, MARÍA MAESTRO DE OCE R MUÑOZ, PEDRO ALFONSO DE LA BARRERA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00026, 105v- 06r 1 1520, 01, 19 RODRÍGUEZ, LEONOR LENCERO GONZÁLEZ, PEDRO JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 1142r- 143v 1 1520, 11, 05 MALLER, TOMAS DÍAZ DE VERA, JUANA (1) + JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 1142r- 143v 1 1520, 11, 05 MALLER, TOMAS FERNÁNDEZ, BEATRIZ (2) JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 1199v- 200v 1 1520, 11, 19 SANLUCAR, GONZALO DE TEJEDOR DE ERCIOPELO T SANLÚCAR, MARINA DE JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 195v- 98r 1 1520, 02, 15 OCHOA, PEDRO MESA, MARÍA DE JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 359r- 61v 3 1520, 04, 16 SÁNCHEZ, ALONSO ZAPATERO SÁNCHEZ, BEATRIZ JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 574r- 75v 5 1520, 06, 22 LÓPEZ, CATALINA CABALLERIZO DEL . INFANTADO D ÉCIJA, FERNANDO DE + JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00026, 840r- 42v 8 1520, 08, 29 DÍAZ, CATALINA JUAN DE LA CUADRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00037, 282v- 84v 2 1530, 02, 03 VÁZQUEZ, ISABEL VÁZQUEZ, LOPE + ALONSO DE LA BECERRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00037, 287r 1530, 02, 04 VARRENDE, FRANCISCO DE SASTRE ALONSO DE LA BECERRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00037, 497r- 99v 4 1530, 02, 26 RAMÍREZ DE SEGARRA, RNAO A ALCAZAR, BEATRIZ DEL ALONSO DE LA BECERRA (OF. 1) - 494 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 00037, 766r- 67v 7 1530, 03, 26 GAITAN, CATALINA VARGAS, MARTÍN DE + ALONSO DE LA BECERRA (OF. 1) AHPSE, PROT., 00038, 140r - ntercalad i 1530, 09, 14 MARTÍNEZ, LEONOR MARTÍNEZ DE CABRERA, IEGO D ALFONSO DE LA BECERRA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00038, 702r - ntercalad i 1530, 12, 01 RIO, ELVIRA DEL CORDONERO BAEZA, DIEGO DE ALFONSO DE LA BECERRA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00038, 765r- 66v 7 1530, 12, 13 MARTÍNEZ, CATALINA ALCALÁ, PEDRO DE + ALFONSO DE LA BECERRA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 00040 , 590 bis 1531, 08, 28 RIBERA, FRANCISCA DE CABALLERO FERNÁNDEZ MARMOLEJO, UAN + J ALFONSO DE LA BECERRA (OF. ) 1 AHPSE, PROT., 01496 bis, 13r-v 1489, 04, 01 DÍAZ, LEONOR PLATERO TOLEDO, RODRIGO DE ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 13v 1489, 04, 01 RAMÍREZ, MARINA PÉREZ, CRISTÓBAL ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 22r- 3r 2 1489, 04, 06 SÁNCHEZ DE CABRERA, LFONSO A CALAFATE SÁNCHEZ, INÉS ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 26r- 8r 2 1489, 04, 10 GARCÍA, PEDRO SASTRE LÓPEZ, INÉS ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 33r- 4r 3 1489, 04, 15 TOLEDO, RODRIGO DE ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 48r-v 1489, 04, 25 GARCÍA DE LA SAL, PEDRO ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 52v 1489, 04, 29 SOSA, ANA DE ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 62r 1489, 05, 08 ÁVILA, ALFONSO DE CANTERO MARTÍNEZ, ÚRSULA ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 68r- 9r 6 1489, 05, 13 FERNÁNDEZ DE MORALES, ONZALO G GARCÍA, MARÍA ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 74r-v 1489, 05, 24 MARTÍNEZ, ISABEL TOLEDO, RODRIGO DE ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 75v- 6r 7 1489, 05, 25 LÓPEZ DE MORALES, JUAN PERAILE RODRÍGUEZ, MARÍA ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 79r-v 1489, 05, 28 JEREZ, JUAN DE RODRÍGUEZ DE MESA (1) + ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 79r-v 1489, 05, 28 JEREZ, JUAN DE JIMÉNEZ, CATALINA (2) ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 85v- 1489, 06, 02 TORRES, LUIS DE TRAPERO RODRÍGUEZ, FLORENTINA ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) - 495 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 86v AHPSE, PROT., 01496 bis, 90r 1489, 06, 04 GARCÍA, LEONOR ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01496 bis, 90v 1489, 06, 04 CARMONA, LUIS DE SEDERO RODRÍGUEZ, INÉS ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01497, P. 1, 45v- 6r 4 1497, 03, 15 ALONSO, RODRIGO NOTARIO POSTOLICO A GARCÍA DE MONTEMAYOR, EONOR L JUAN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01497, P. 1, 48v-549v 5 1497, 11, 22 GUANZANOZO, JUAN JUAN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01497, P. 2, 38v- 9v 3 1499, 05, 30 PONCE DE LEÓN, BEATRIZ MARTEL, GONZALO JUAN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, cuad. 2, s/ 1 1520, 04, 10 FERNÁNDEZ, FRANCISCO MERCADER MORÁN, LEONOR (1) + ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, cuad. 2, s/ 1 1520, 04, 10 FERNÁNDEZ, FRANCISCO MERCADER FERNÁNDEZ, MARINA (2) ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, cuad. 3, s/ 1 1520, 04, 28 JIMÉNEZ, LEONOR GRANADA, COSME DE ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, cuad. 4, s/ 1 1520, 04, 30 DÍAZ, INÉS ÁLVAREZ, GONZALO ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, cuad. 4, s/ 1 1520, 05, 05 RODRÍGUEZ, LEONOR FUENTES, ALFONSO DE (1) + ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, cuad. 4, s/ 1 1520, 05, 05 RODRÍGUEZ, LEONOR RODERO NÚÑEZ, DIEGO (2) + ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, s/f 1520, 05, 16 HERRERA, JUAN DE PESCADERO GONZÁLEZ, ELVIRA ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, s/f 1520, 10, 22 FERNÁNDEZ, ALFONSO ALBAÑIL LÓPEZ, LEONOR + ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 01521 bis, s/f 1520, 10, 30 SEGURA, ANA DE PLATERO LÓPEZ, JUAN ANTÓN RUIZ DE PORRAS (OF. 3) AHPSE, PROT., 02154, 254v- 55v 2 1479, 03, 03 GÓMEZ, LEONOR LENCERO RODRÍGUEZ, ALONSO PEDRO ALVAREZ (OF. 4) AHPSE, PROT., 02154, 771v- 72v 7 1494, 08, 25 PADILLA, JUAN CLERIGO PEDRO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 108v- 09v 1 1500, 03, 04 PUMAREDA, MAESTRE EDRO DE P BOTICARIO DE LA EINA R RODRÍGUEZ, CATALINA (1) + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) - 496 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 02157, 108v- 09v 1 1500, 03, 04 PUMAREDA, MAESTRE EDRO DE P BOTICARIO DE LA EINA R AGUILAR, CATALINA DE (2) FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 117v- 19r 1 1500, 03, 06 MARTÍNEZ DE ALOCAZ, NTÓN A JIMÉNEZ, CATALINA + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 155v- 56r 1 1500, 02, 23 BERRIS, MARTÍN DE FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 162v- 63v 1 1500, 02, 26 VALDERRAMA, CATALINA E D ALCAIDE IDICHO, GONZALO DE + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 40r 1500, 03, 21 RIO, LUISA DEL ALFONSO, RODRIGO + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 50r-51v 1500, 03, 24 BENÍTEZ, FRANCISCO CURTIDOR RODRÍGUEZ, JUANA (1) + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 50r-51v 1500, 03, 24 BENÍTEZ, FRANCISCO CURTIDOR GARCÍA, ISABEL (2) + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 57r-v 1500, 03, 14 MARTÍNEZ DE LA ARRILLA, ANTONIO P RODRÍGUEZ, LEONOR + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 61r 1500, 03, 15 RODRÍGUEZ, MARINA RODRÍGUEZ HURTADO, IEGO D FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 62v-63r 1500, 03, 16 FERNÁNDEZ DE CASTRO, SABEL I FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 62v-63r 1500, 03, 16 ENRÍQUEZ, DIEGO NOBLE VARGAS, JUANA + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 63r-64v 1500, 03, 16 ENRÍQUEZ, DIEGO CABALLERO VARGAS, MARTÍNA DE + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 81v-82r 1500, 05, 12 SÁNCHEZ, ANTÓN CARPINTERO GARCÍA, BEATRIZ FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02157, 98r-99r 1500, 02, 29 RODRÍGUEZ, CATALINA OSUNA, JUAN DE + FRANCISCO SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02187, 499r- 01v 5 1510, 02, 09 ESTÚÑIGA, BEATRIZ DE BACHILLER VERGARA, FRANCISCO DE MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02187, 536r- 38v 5 1510, 02, 13 GARCÍA DE VILLAVERDE, RANCISCO F RODRÍGUEZ, CATALINA MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02187, 617r-619r 1510, 02, 19 MARTÍNEZ, GONZALO TAHONERO GONZÁLEZ, MARINA + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02187, 624v- 627r 1510, 02, 22 FERNÁNDEZ, JUANA ESPARTERO CARO, DIEGO + MANUEL SEGURA (OF. 4) - 497 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 02192, S.F. 1511, 08, 18 MATREDÓN, JUAN PABLO CRIADO DEL DUQUE DE ALABRIA C CELADA, JUANA DE (IL.) JUAN DE CAMPOS (OF. 12) AHPSE, PROT., 02192, S.F. 1511, 08, 22 RODRÍGUEZ, ALFONSO HORTELANO RUIZ, JUANA + JUAN DE CAMPOS (OF. 12) AHPSE, PROT., 02192, S.F. 1511, 09, 01 GRIMALDO, BERNARDO DE GRIMALDO, VIOLANTE DE JUAN DE CAMPOS (OF. 12) AHPSE, PROT., 02192, S.F. 1511, 09, 01 ADAMUZ, DOÑA LEONOR E D GRIMALDO, BERNARDO DE IL.) ( JUAN DE CAMPOS (OF. 12) AHPSE, PROT., 02192, S.F. 1511, 09, 05 RIVERA, BLANCA DE JUAN DE CAMPOS (OF. 12) AHPSE, PROT., 02192, S.F. 1511, 09, 12 FERNÁNDEZ, TERESA MERCADER TARIFA, JUAN DE JUAN DE CAMPOS (OF. 12) AHPSE, PROT., 02235, 1074r- 076v 1 1521, 04, 16 MARTEL, JUANA DÍAZ DE ANTEQUERA, EDRO + P MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 1078r- 079v 1 1521, 04, 16 PELÁEZ, FRANCISCO PERGAMINERO RUIZ, ANA MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 1080r- 081v 1 1521, 04, 16 DELGADO PORTUGAL, EDRO P CARPINTERO LOZANA, MARÍA MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 1171r- 172r 1 1521, 04, 23 GRIS, PEDRO LATONERO ESCOBAR, CATALINA DE MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 1199r- 203v 1 1521, 04, 24 VERGARA, GARCÍA DE JURADO FERNÁNDEZ, MARÍA + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 422r- 23v 4 1521, 01, 30 ANGELES, FRANCISCA DE OS L BEATA MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 644v- 45v 6 1521, 02, 21 JIMÉNEZ, JUANA JIMÉNEZ, CRISTÓBAL MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 655v- 60v 6 1521, 02, 25 AVELLANEDA, LUISA DE BERNAL, JUAN MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 926r- 33v 9 1521, 04, 06 GUSINA, INÉS DE FERNÁNDEZ DE RIBERA, IEGO + D MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 959r- 60v 9 1521, 04, 10 GONZÁLEZ, CRISTOBAL PESCADOR ALONSO, BEATRIZ (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, 959r- 1521, 04, 10 GONZÁLEZ, CRISTOBAL PESCADOR BERNAL, ANA (2) MANUEL SEGURA (OF. 4) - 498 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 960v AHPSE, PROT., 02235, 961r- 64v 9 1521, 04, 10 HERRERA, ISABEL DE CASTELLANOS, FRANCISCO E D MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02235, S.F. 1521, 01, 10 VERGARA, CATALINA DE TEJEDOR DE ERCIOPELO T VALDAS, DIEGO DE MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 1321r- 323v 1 1521, 05, 08 PÉREZ EL ANGEL, RANCISCO F LÓPEZ, CATALINA (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 1321r- 323v 1 1521, 05, 08 PÉREZ EL ANGEL, RANCISCO F SÁNCHEZ, ANA (2) MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 1369v- 371v 1 1521, 05, 14 MORALES, JUAN DE SEDERO FUENTES, FRANCISCA DE MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 1403v- 405v 1 1521, 05, 17 RIBERA, JUAN DE GONZÁLEZ, MARÍA MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 1545r- 547r 1 1521, 05, 31 RODRÍGUEZ, JUAN ACEITERO ÚBEDA, INÉS DE + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2096r- 097v 2 1521, 07, 21 MARTÍN, ANA MUÑOZ, GARCÍA (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2096r- 097v 2 1521, 07, 21 MARTÍN, ANA RODRÍGUEZ, DIEGO (2) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2109r- 111r 2 1521, 07, 23 MUÑOZ, BEATRIZ SÁNCHEZ DEL SALTO, RISTÓBAL + C MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2118v- 120v 2 1521, 07, 24 BERNAL, LÁZARO GUILLÉN, BEATRIZ (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2118v- 120v 2 1521, 07, 24 BERNAL, LÁZARO DÍAZ DE MOYA, LEONOR 2) ( MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2140r- 142r 2 1521, 07, 25 NÚÑEZ, MARINA ESPADA DE DOS ANOS (?) M FERNÁNDEZ, PEDRO + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2143v- 145v 2 1521, 07, 25 PINEDA, VIOLANTE DE COMENDADOR CASTILLO, GONZALO + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2493r- 2496r 1521, 08, 20 DÍAZ DE MORALES, ISABEL HERRERA, DOCTOR BARTOLOMÉ DE + MANUEL SEGURA (OF. 4) - 499 - IGNATURA ECHA OMBRE ROFESIÓN ÓNYUGE OTARIO S F N P C N AHPSE, PROT., 02236, 2505r- 506v 2 1521, 08, 23 GARCÍA DE HERRERA, UAN J TRABAJADOR ALFONSO LA MOGUERA, NÉS I MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02236, 2526v- 529v 2 1521, 08, 26 FERNÁNDEZ, CATALINA OSORIO, JUAN + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02237, 2790r- 791v 2 1521, 12, 13 SÁNCHEZ, ANDRES CANDELERO FERNÁNDEZ, MARÍA (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02237, 2790r- 791v 2 1521, 12, 13 SÁNCHEZ, ANDRES CANDELERO CARMONA, ISABEL DE (2) MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02237, 3346v- 349v 3 1521, 11, 02 ARIAS DE SAAVEDRA, ERNANDO F CABALLERO MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 217v- 20v 2 1531, 01, 27 MARTOS, ANTONIO PESCADOR SÁNCHEZ, MARINA (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 217v- 20v 2 1531, 01, 27 MARTOS, ANTONIO PESCADOR FERNÁNDEZ, INÉS (2) MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 21r-22v 1531, 01, 10 FERNÁNDEZ, GARCÍA TONELERO RODRÍGUEZ, CATALINA + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 341r-343r 1531, 02, 17 RODRÍGUEZ, FERNANDO CARPINTERO DE IBERA R SÁNCHEZ, CATALINA (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 341r-343r 1531, 02, 17 RODRÍGUEZ, FERNANDO CARPINTERO DE IBERA R SAAVEDRA, JUANA DE (2) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 341r-343r 1531, 02, 17 RODRÍGUEZ, FERNANDO CARPINTERO DE IBERA R SÁNCHEZ, ANA (3) MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 347r-349r 1531, 02, 18 SÁNCHEZ DE LA BARCA, LONSO A LABRADOR MARTÍN, BEATRIZ (1) + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 347r-349r 1531, 02, 18 SÁNCHEZ DE LA BARCA, LONSO A LABRADOR RODRÍGUEZ, VICTORIA (2) MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 373v- 74v 3 1531, 02, 16 MARTÍNEZ, ANA ARANDA, JUAN DE MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 374v- 75v 3 1531, 02, 16 LEÓN, CONSTANZA DE MAESTRO RGANISTA O LEÓN, CRISTÓBAL DE MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 416r- 1531, 02, 26 GUILLEN, INÉS MANUEL SEGURA (OF. 4) - 500 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 417v AHPSE, PROT., 02262, 461r- 62v 4 1531, 03, 10 DÍAZ, ÁLVARO CARPINTERO DE IBERA R ROMERA, BERNARDA MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 485r- 87v 4 1531, 03, 14 FERNÁNDEZ, ISABEL SASTRE ALONSO, DIEGO MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 02262, 492r- 94v 4 1531, 03, 14 RODRÍGUEZ, FRANCISCA MAESTRE ... VIEJO, DIEGO + MANUEL SEGURA (OF. 4) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 10r- v 1441, 07, 14 RODRÍGUEZ, JUAN PESCADOR GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 15r 1441, 07, 18 MARTÍNEZ DE LEBRIJA USCAVIDAS, JUAN B PAJARERO GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 21v- 2v 2 1441, 07, 20 RUIZ, ISABEL GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 23v 1441, 07, 20 GONZÁLEZ DE CÓRDOBA, ARCÍA G GONZÁLEZ, CATALINA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 24r- 5r 2 1441, 07, 20 SÁNCHEZ CORRE, LFONSO A ACEMILERO GONZÁLEZ, JUANA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 28v- 9v 2 1441, 07, 22 PÉREZ, LEONOR ESCRIBANO SÁNCHEZ, JUAN GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 33v 1441, 07, 22 GONZÁLEZ DE CÓRDOBA, ONZALO G GONZÁLEZ, CATALINA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 39r 1441, 09, 15 DÍAZ GALLEGO, ALFONSO ASERRADOR GONZÁLEZ, ALDONZA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 42r 1441, 09, 15 ALFONSO, CATALINA MARTÍNEZ, JUAN + GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 47r- v 1441, 09, 18 RODRÍGUEZ, ANTÓN TERRATENIENTE Y ANADERO G RODRÍGUEZ, JUANA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 55r 1441, 09, 21 FERNÁNDEZ, MAYOR CARRETERO PÉREZ, FERNANDO + (1) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 55r 1441, 09, 21 FERNÁNDEZ, MAYOR TRABAJADOR GONZÁLEZ, ALFONSO (2) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 65r 1441, 09, 24 GONZÁLEZ GALLEGO, LVARO Á MERCADER GONZÁLEZ, MARINA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 68r 1441, 09, 25 GARCÍA, ALFONSO TRABAJADOR GONZÁLEZ, ISABEL GONZALO BERNAL (OF. 5) - 501 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 03210, P. 1, 68v- 9r 6 1441, 09, 25 BONEZ, JUAN GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 16v 1448, 09, 18 LÓPEZ DEL PUÑAL, MARÍA GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 1v 1448, 09, 13 MARTÍNEZ DE PALOS, JUAN RECUERO MORENA, LEONOR GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 22v 1448, 09, 20 RODRÍGUEZ, TERESA PLATERO GARCÍA, DIEGO + (1) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 22v 1448, 09, 20 RODRÍGUEZ, TERESA FERNÁNDEZ, VICENTE + (2) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 22v 1448, 09, 20 RODRÍGUEZ, TERESA BARBERO RODRÍGUEZ, ALFONSO + (3) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 23r- v 1448, 09, 21 GIL, JUANA TORRE, FRANCISCO GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03210, P. 2, 24v 1448, 09, 22 MORENO, ALFONSO MARTÍN, BEATRIZ GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, 3, 9r 1472, 04, 21 LÓPEZ, MARINA LÓPEZ CANSINO, JUAN GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03211, 4, 22r 1473, 02, 25 GONZÁLEZ DE ALLADOLID, JUAN V ALCAIDE DE LA UERTA TRIANA P GONZÁLEZ, LEONOR GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03211, 4, 2r-v 1473, 02, 12 MARTÍNEZ, ISABEL MONTEMAYOR, PEDRO DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03211, 4, 8r 1473, 02, 15 ALFONSO, MARINA LABRADOR [...], MARTÍN GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03211, 6, 2v 1478, 05, 05 MALCAÍDA, BARTOLOMÉ E D DORADOR GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03211, P. 3, 4v- r 5 1472, 04, 19 CORREA, GONZALO ALGUACIL CORREA, INÉS + (1) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 3, 4v- r 5 1472, 04, 19 CORREA, GONZALO ALGUACIL RODRÍGUEZ, LEONOR (2) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 3, 6v 1472, 04, 20 NÚÑEZ, BRACYS GONZÁLEZ DE FRÓMISTA, EDRO + (1) P GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 3, 6v 1472, 04, 20 NÚÑEZ, BRACYS CARRANZA, PEDRO (2) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 3, 9r 1472, 04, 21 LÓPEZ, MARTÍNA LÓPEZ CANSINO, JUAN + GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 4, 29v 1473, 03, 01 RESOLA, CATALINA BONETERA GONZALO BERNAL (OF. 5) - 502 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 03211, P. 4, 31v- 2v 3 1473, 03, 03 OSMA, JUAN CORDONERO RUIZ, CATALINA (IL.) GONZALO BERNAL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 5, 16r- 7r 1 1475, 03, 31 GONZÁLEZ, LEONOR COLCHERO BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 5, 27v- 8r 2 1475, 04, 08 MARTÍN MONJE, ALFONSO GONZÁLEZ, INÉS BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 5, 29r- 0v 3 1475, 04, 11 MÉNDEZ DE HERMOSILLA, UANA J GONZÁLEZ MALDONADO, NDRÉS + A BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 5, 42v- 3r 4 1475, 04, 20 RUIZ, MARÍA ALBAÑIL FERNÁNDEZ, GARCÍA + BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03211, P. 5, 5v- r 6 1475, 03, 31 PÉREZ, CRISTOBAL COLCHERO GONZÁLEZ, LEONOR BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03212, P. 12, 14r 1489, 11, 07 GARCÍA, LOPE PESCADOR GARCÍA, MARTINA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03212, P. 12, 6v-17r 1 1489, 11, 08 FERNÁNDEZ DE PRONÍA, EDRO P MARINERO RUIZ, GUIOMAR GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03212, P. 8, 42r- v 1483, 05, 18 ... ESCRIBANO UBLICO P GARCÍA, PEDRO + BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03212, P. 9, 22v- 3r 2 1483, 10, 26 RODRÍGUEZ, TERESA BAENA EL MOZO, JUAN BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03212, P. 9, 8v- r 9 1483, 10, 18 ESCOBAR, INÉS MONJA BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03212, P. 9, 9v 1483, 10, 18 MARTÍNEZ, ANA SEPÚLVEDA, JUAN BERNAL FERNÁNDEZ (OF. 5) AHPSE, PROT., 03213, 13, 13v- 4r 1 1492, 08, 21 FERNÁNDEZ, CATALINA TRIANA, RODRIGO DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03213, 13, 17v 1492, 08, 21 [...], ISABEL FRÓMISTA, FERNANDO DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03213, 14, 23r 1492, 08, 28 VALOR, INÉS DE GONZALO BERNAL DE LA BECERRA (OF. 5) AHPSE, PROT., 03213, 14, 2v-5r 1492, 11, 04 GONZÁLEZ, BARTOLOMÉ CLERIGO GONZALO BERNAL DE LA - 503 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO BECERRA (OF. 5) AHPSE, PROT., 03213, 14, 40r-v 1492, 09, 29 DÍAZ, CATALINA LABRADOR GONZÁLEZ, RODRIGO GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03213, 15, 10r- 1r 1 1492, 10, 22 RODRÍGUEZ, CATALINA GARCÍA DEL ALGARVE, UAN + J GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03213, 15, 3r-4r 1492, 10, 18 FERNÁNDEZ DE GUETXO, UANA J SÁNCHEZ, GONZALO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03214, 16, 30v- 1r 3 1493, 03, 29 GIL, LOPE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03214, 16, 47v- 8r 4 1493, 07, 13 RODRÍGUEZ, ISABEL SÁNCHEZ CERÓN, JUAN + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03214, 19, 19r-v 1493, 11, 20 MARTÍNEZ, ANTÓNIA GONZÁLEZ, JUAN GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03214, 19, 20v- 2r 2 1493, 11, 21 GONZÁLEZ, MARÍA TINAJERA FERNÁNDEZ, ANDRÉS + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 20, 20v 1495, 10, 21 ALFONSO, CATALINA MARTÍNEZ, ALFONSO GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 20, 22r 1495, 10, 21 RODRÍGUEZ, JUAN TINAJERO LÓPEZ, ELVIRA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 20, 34v 1495, 10, 27 BENÍTEZ, BEATRIZ ALBORNOZ, CRISTÓBAL DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 22, 24r 1495, 11, 18 MÉNTRIDA, INÉS DE SÁNCHEZ, ALFONSO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 22, 5v-6v 1495, 06, 13 OSUNA, JUAN DE CORDONERO RODRÍGUEZ, CATALINA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 23, 45v- 6r 4 1495, 11, 16 RODRÍGUEZ, LEONOR GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 23, 48v 1495, 11, 17 SÁNCHEZ, CATALINA ESCRIBANO MARTÍNEZ, PEDRO GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 25, 33v- 35v 1496, 11, 13 SÁNCHEZ MALDONADO, CATALINA MARTÍNEZ MALDONADO, JUAN GONZALO BERNAL DE LA BECERRA (OF. 5) - 504 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 03215, 26, 1r-v 1497, 01, 16 RODRÍGUEZ, LEONOR SANTISTEBAN, LUIS DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03215, 26, 1r-v 1497, 01, 16 RODRÍGUEZ, LEONOR MICER AMBROSIO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03216, P. 2, 33v- 5v 3 1496, 11, 13 SÁNCHEZ MALDONADO, ATALINA C ALBAÑIL MARTÍNEZ MALDONADO, UAN + J GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03216, P. 3, 11v- 0r 2 1497, 02, 19 CANO, MARTÍN CORDONERO MARTÍNEZ, BEATRIZ GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 08r-v 1 1498, 07, 11 RODRÍGUEZ, GONZALO BARNEROL (?) PERAZA, INÉS GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 10v-111r 1 1498, 07, 14 VÁZQUEZ, LOPE HERRERO SÁNCHEZ, JUANA + (1) GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 10v-111r 1 1498, 07, 14 VÁZQUEZ, LOPE HERRERO CUENCA, LEONOR DE (2) GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 20r-v 1 1498, 07, 19 BARRASA, LEONOR DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 22r-123v 1 1498, 07, 25 MARTÍNEZ, BEATRIZ CORREDERA TOLEDO, JUAN DE + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 52v-153r 1 1498, 08, 04 BECERRA, ISABEL DE LA EMPAREDADA BARBA, RUY + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 68r-v 1 1498, 09, 10 FERNÁNDEZ, JUANA ALBAÑIL LÓPEZ, FERNANDO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 169r 1498, 09, 28 RUIZ DE PORRAS, MARTÍN FERNÁNDEZ DE FONSECA, UANA J GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 42r 1498, 05, 03 LÓPEZ, CATALINA MARINERO MONTERO, GONZALO GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 51r 1498, 05, 07 DÍAZ, JUANA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 54v 1498, 05, 09 FERNÁNDEZ, CATALINA . OCHOA (IL.) GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B - 505 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 03217, P. 1, 60r 1498, 05, 31 FERNÁNDEZ, ISABEL MONJA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 2, 14r 1498, 10, 11 FERNÁNDEZ DE BECERRA, EDRO P ESPADERO SÁNCHEZ, ISABEL GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03217, P. 2, 21r- v 1498, 10, 16 PÉREZ DE CÓRDOBA, JUAN MOLINA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03218, P. 1, 10v- 1r 1 1499, 01, 01 RAMÍREZ, MARINA MARINERO DÍAZ, JUAN + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03218, P. 3, 12v, d. a 1499, 10, 28 GARCÍA, MARINA PREGONERO AYOR M ROCA, JUAN DE LA + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03218, P. 3, 7r 1499, 10, 22 GENTIL, MARÍA NIEBLA, GONZALO DE + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 129r- 31r 1 1500, 02, 20 CUITIÑO, DIEGO NOBLE GUZMÁN, FRANCISCA DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 139r- v 1500, 02, 24 SÁNCHEZ, JUANA REPARO, MICER LORENZO E + D GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 140v 1500, 02, 25 RAMÍREZ, ISABEL SÁNCHEZ, ÁLVAREZ, GIL + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 143v- 44r 1 1500, 02, 27 RODRÍGUEZ, CATALINA CORDONERO OSUNA, JUAN DE + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 169v- 70r 1 1500, 03, 11 ALFONSO DE LEDESMA, ARTÍN M LABRADOR SÁNCHEZ, MARÍA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 210v- 11r 2 1500, 04, 01 CARREÑO, BARTOLOMÉ CUELLAR, MARINA DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 234v- 35r 2 1500, 04, 14 ALONSO, ELVIRA FERNÁNDEZ, DIEGO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 237r- v 1500, 04, 17 DÍAZ, MARINA LÓPEZ, DIEGO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 251r- v 1500, 04, 29 FERNÁNDEZ, JUANA ESPARTERO CARO, DIEGO GONZALO BERNAL DE LA BECERRA (OF. 5) AHPSE, PROT., 03219, 33, 259r- 1500, 05, 02 RODRÍGUEZ, LEONOR BEATA TERCERA GONZALO BERNAL DE LA - 506 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO v BECERRA (OF. 5) AHPSE, PROT., 03219, 33, 288r- v 1500, 05, 11 FERNÁNDEZ, ANTÓNIA PERAILE MORENO, JUAN GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 289r 1500, 05, 11 DÍAZ DE TOVAR, INÉS TORRES, DIEGO GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 299v- 00v 3 1500, 05, 25 BERNAL, JUAN NOTARIO ABREU, LEONOR DE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 314v 1500, 07, 04 SÁNCHEZ, PEDRO COMITRE GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 332v- 33r 3 1500, 08, 11 DÍAZ, CATALINA JURADO RODRÍGUEZ DE SEVILLA, ERNÁN F GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 341v- 43r 3 1500, 08, 26 FERNÁNDEZ, MARÍA MARMOLEJO, DIEGO + GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 351r- 52r 3 1500, 08, 28 LONJA, ALONSO DE LA CORREDOR DE ONJA L JIMÉNEZ, ISABEL GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03219, 33, 87r-v 1500, 02, 13 SÁNCHEZ, JERÓNIMO LABRADOR DE IÑAS V SÁNCHEZ, MARINA GONZALO BERNAL DE LA ECERRA (OF. 5) B AHPSE, PROT., 03229, 126r-128r 1510, 03, 16 MUÑOZ, FRANCISCO DÍAZ, MARINA FRANCISCO DE ESQUIVEL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03229, 372r-374r 1510, 06, 23 RODRÍGUEZ, JUAN PESCADOR MARTÍNEZ, ISABEL FRANCISCO DE ESQUIVEL (OF. 5) AHPSE, PROT., 03968, s/f 1510, s.m., LÓPEZ, MARÍA MESONERO LÓPEZ CORREAS, JUAN JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03968, s/f 1510, s.m., [...], ALDONZA TINTOR FERNÁNDEZ, PEDRO JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03969, S.F. 1511, 01, 08 RODRÍGUEZ, MARÍA PINOS, PEDRO DE + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03969, S.F. 1511, 01, 16 FERNÁNDEZ, LUISA MORENO, PEDRO + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03969, S.F. 1511, 01, 22 LÓPEZ, ISABEL ALBAÑIL TIZÓN, FRANCISCO JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03969, S.F. 1511, 01, 27 PÉREZ, INÉS MERCADER MADRID, PASCUAL JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 02, 04 TORNO, DIEGO DE CURTIDOR RUIZ, ELVIRA + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 02, 28 FERNÁNDEZ, GARCÍA JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 03, 01 NÚÑEZ DE BASURTO, Í ACEDO, DIEGO DE (1) + JUAN MUÑOZ (OF. 6) - 507 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO MARÍA AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 03, 01 NÚÑEZ DE BASURTO, ARÍA M RUIZ DE PORRES, JUAN (2) JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 04, 09 SÁNCHEZ, MARÍA FERNÁNDEZ GODO, PEDRO + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 04, 24 RUIZ, ÍÑIGO LÓPEZ, CATALINA + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 04, 30 VERGARA, ALFONSO DE JURADO RIVERA, ANA DE JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 06, 20 RUIZ BARRERA, BENITA GARCÍA, ANTONIO (1) + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 06, 20 RUIZ BARRERA, BENITA OLIVARES, FRANCISCO DE 2) ( JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 05, 02 CASTILLA, MARÍA DE ALBAÑIL MAESTRE ENRIQUE + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 05, 13 SEVILLA, FERNANDO DE TOQUERO GONZÁLEZ, LEONOR JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 05, 16 MOLINA, ALFONSO DE COCINERO DEL CONDE DE YAMONTE A RUIZ DE VALLADOLID, MARÍA (1) + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 05, 16 MOLINA, ALFONSO DE COCINERO DEL CONDE DE YAMONTE A GÓMEZ, ANA (2) JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 05, 19 RUIZ, LEONOR HERRADOR MARTÍNEZ, ANTONIO + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03970, S.F. 1511, 05, 19 VÁZQUEZ, INÉS ZAPATERO VILLALPANDO, BALTASAR E D JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 09, 04 GARCÍA, ALFONSO HORTELANO JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 09, 15 DÍAZ DE VALOR, DIEGO PALMA, LEONOR DE JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 09, 20 BAENA, JUANA DE CORDONERO GARCÍA, JUAN + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 09, 21 CASAS, GUILLEN DE VEINTICUATRO PONCE DE LEÓN, INÉS + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 09, 23 RIQUELME, PEDRO MERCADER BRETAÑA, ISEO DE JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 09, 24 TELLEZ, FRANCISCO MENDEZ, FLORENTINA + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 10, 04 RUIZ, BEATRIZ CURTIDOR RUIZ, ALVAR JUAN MUÑOZ (OF. 6) - 508 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 10, 11 PINELO, ANTONIO MERCADER JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 10, 23 JIMÉNEZ, ISABEL LABRADOR MARTÍN DEL POZO, LFONSO + A JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 11, 18 GUTIÉRREZ, LEONOR GUTIÉRREZ, PEDRO + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 11, 21 FERNÁNDEZ, ALFONSO MERCADER DE CEITES A PALMA, BEATRIZ DE (1) + JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 11, 21 FERNÁNDEZ, ALFONSO MERCADER DE CEITES A FERNÁNDEZ, JUANA (2) JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 03991, s/f 1530, 11, 26 LEÓN, ALFONSO DE MERCADER DE ESCADO P JUAN MUÑOZ (OF. 6) AHPSE, PROT., 04885, 1, 41v 1480, 08, 03 MARQUESES ORTOCARRERO, JUAN P ABOGADO ALONSO DE MENDOZA, AYOR M PEDRO GONZÁLEZ (OF. 7) AHPSE, PROT., 04886, 1, .102v-103r F 1504, 04, 16 GÓMEZ, BEATRIZ GUERRA, MARTÍN + DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 04886, 1, .356v-359r F 1504, 07, 02 DÍAZ, MIGUEL DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 04886, 1, .360v-361v F 1504, 07, 02 LUZÓN, JUAN DE ESCAMILLA, ISABEL DE DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 04886, 1, F.3v- v 4 1504, 01, 19 ALEMÁN, GONZALO SÁNCHEZ, ANA + DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 04886, 1, F.418r- 19v 4 1504, 08, 01 TRES PUENTES, JUAN DE DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 04886, 2, 71v- 3r 7 1505, 01, 29 SÁNCHEZ CHAMIZO, ONSTANZA C VEINTICUATRO ESQUIVEL, PEDRO DE + DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 04886, 2, F.31r- 2r 3 1505, 01, 10 SÁNCHEZ, ISABEL TORRES, BERNABÉ DE + DIEGO CHICO, JUAN PÉREZ (OF. ) 7 AHPSE, PROT., 05852, s/f 1530, 07, 25 RIBERA, JUAN DE CALAFATE RAMÍREZ, ISABEL (OF. 10) AHPSE, PROT., 05852, s/f 1530, 03, 17 RODRÍGUEZ, PABLA DÍAZ, FERNANDO + (OF. 10) AHPSE, PROT., 06676, P. 4, 6r-v 1458, 01, 30 RUIZ, DIEGO ALFAQUEQUE SÁNCHEZ, TERESA + GONZÁLEZ, BARTOLOMÉ (OF. 11) - 509 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 06676, P. 6, 12r 1466, 02, 19 GONZÁLEZ DE SEGURA, LFONSO A ESCRIBANO REAL GONZÁLEZ, MAYOR + GONZÁLEZ, BARTOLOMÉ (OF. 1) 1 AHPSE, PROT., 06676, P. 6, 18v- 9r 1 1466, 02, 20 GONZÁLEZ DE NERJA, ANUEL M ESCRIBANO REAL GONZÁLEZ, BEATRIZ + (1) GONZÁLEZ, BARTOLOMÉ (OF. 1) 1 AHPSE, PROT., 06676, P. 6, 18v- 9r 1 1466, 02, 20 GONZÁLEZ DE NERJA, ANUEL M ESCRIBANO REAL GONZÁLEZ, BEATRIZ (2) GONZÁLEZ, BARTOLOMÉ (OF. 1) 1 AHPSE, PROT., 09101, 107r-v 1501, 01, 26 FERNÁNDEZ, MARÍA NOTARIO FERNÁNDEZ GANSO, LFONSO A DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 148v 1501, 02, 11 SEVILLA, ALONSO DE ESPECIERO DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 190v- 91r 1 1501, 05, 27 RAMÍREZ, JUAN CLERIGO DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 277v 1501, 06, 07 GÓMEZ, JUANA VIOLERO MARTÍN GÓMEZ, ALFONSO DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 297r-v 1501, 06, 14 FERNÁNDEZ, MARÍA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 321r-v 1501, 06, 18 FERNÁNDEZ DE OVIEDO, ONZALO G VARGAS, BEATRIZ DE DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 321v- 22v 3 1501, 06, 19 LÓPEZ, MARINA ALBEITAR FERNÁNDEZ, MARTÍN + DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 357r- 58v 3 1501, 06, 24 PONCE DE LEÓN, DOÑA UANA J CABALLERO RAMÍREZ DE GUZMÁN, UAN + J DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 363r-v 1501, 06, 25 ORTIZ DE MONTOYA, UANA J CALDERÓN, JUAN + DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 365r-366r 1501, 06, 26 GARCÍA DE UADALCANAL, ALFONSO G MESONERO GONZÁLEZ, JUANA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 370v- 71r 3 1501, 06, 28 HACERÓN, JUAN TABERNERO FERNÁNDEZ, BEATRIZ DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 395v- 96r 3 1501, 07, 04 GARCÍA, LEONOR FRUTERO GARCÍA DE BERNÁLDEZ, LFONSO + A DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F - 510 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 09101, 39r-v 1501, 01, 07 SÁNCHEZ, LOPE FERNÁNDEZ, MARINA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 422r 1501, 07, 08 FERNÁNDEZ, CONSTANZA CESBON, MANUEL DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 430v- 31r 4 1501, 07, 12 GARCÍA, BERNAL HARO, LEONOR DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 464v- 465r 1501, 07, 17 RAMÍREZ DE CASTROVERDE, RISTOBAL C BARBERO BERNAL, ISABEL DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL FERNÁNDEZ (OF. 15) AHPSE, PROT., 09101, 466r 1501, 07, 19 GARCÍA, LEONOR CRIADA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 468r-v 1501, 07, 19 GRAJALES, FRANCISCO DE COMENDADOR DE ANTIAGO S CRUZ, MARINA DE LA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 484r-v 1501, 07, 22 SUÁREZ FARFÁN, JUANA CORREDOR DE ONJA L QUESADA, ALFONSO DE DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 488r-v 1501, 07, 23 VILLALOBOS, MARÍA PROSTITUTA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 529r 1501, 10, 04 VÉLEZ, BEATRIZ TINTOR RAMÍREZ, JUAN + DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 589r-591r 1501, 09, 19 CATANEO, MARTÍN MERCADER DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 592v 1501, 09, 20 RAMÍREZ DE CORIA, JUANA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 600v- 01r 6 1501, 10, 15 NÚÑEZ, ALFONSO SEDERO NÚÑEZ, BEATRIZ DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 60v-61r 1501, 01, 14 AGUILAR, ALONSO DE GUARNICIONERO LÓPEZ, ... + DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 619r-620r 1501, 10, 19 SANTILLÁN, JUAN DE ODRERO SÁNCHEZ, ELVIRA (1) + DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 619r-620r 1501, 10, 19 SANTILLÁN, JUAN DE ODRERO FERNÁNDEZ, TERESA (2) + DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F - 511 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 09101, 619r-620r 1501, 10, 19 SANTILLÁN, JUAN DE ODRERO DÍAZ, MARÍA (3) DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 641v- 43v 6 1501, 10, 28 RAMÍREZ DE MAYORGA, RISTOBAL C ZAPATERO RAMÍREZ, JUANA DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09101, 692r-v 1501, 11, 09 RAMÍREZ, FRANCISCO CURTIDOR BURGOS, INÉS DE DIEGO FERNÁNDEZ, PASCUAL ERNÁNDEZ (OF. 15) F AHPSE, PROT., 09127, 142r- 43v 1 1520, 04, 27 RODRÍGUEZ, JUAN CINTERO ÚBEDA, INÉS DE BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 380r- 83v 3 1520, 09, 09 LARRIANTEGUI, ANDRES E D ASTERO BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 482r- 83v 4 1520, 10, 10 SUÁREZ, PEDRO CLERIGO BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 484v- 90v 4 1520, 10, 10 RAMÍREZ, ANA CABALLERO RODRÍGUEZ, GONZALO + BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 509v- 11r 5 1520, 10, 15 FRIAS, ALFONSO DE CARPINTERO ÁLVAREZ DE RIBAS, EONOR L BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 527r- 30v 5 1520, 10, 17 GARCÍA, PEDRO CORDONERO MARTÍNEZ, CATALINA BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 536r- 43v 5 1520, 10, 18 FERNÁNDEZ MARMOLEJO, RANCISCO F NOBLE PONCE DE LEÓN, LEONOR 1) + ( BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 536r- 43v 5 1520, 10, 18 FERNÁNDEZ MARMOLEJO, RANCISCO F NOBLE LEÓN, LUISA (2) BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 616r- 18v 6 1520, 09, 13 GARCÍA, ISABEL FRUTERO RODRÍGUEZ, ALFONSO BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 09127, 903r- 05v 9 1520, 11, 14 FERNÁNDEZ DE PEDROSA, NTONIO A AMBIA MARMOLEJO, UCIA L BERNAL GONZÁLEZ DE ALLECILLO (OF. 15) V AHPSE, PROT., 13452, 72r-74r 1521, 01, 28 GARCÍA, ANA FRUTERO SÁNCHEZ, JUAN MEXIA, JUAN AHPSE, PROT., 17412, P. 1, 1r-v 1450, 08, 19 MANUEL DE ALANDO, RANCISCO F PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 1, 2r-v 1450, 08, 23 RODRÍGUEZ, CATALINA TRABAJADOR GONZÁLEZ DE CARRION, PEDRO PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. 4) - 512 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 17412, P. 1, 3v- v 4 1450, 08, 27 GÓMEZ, BEATRIZ CRIADO SUÁREZ, MARTÍN + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 1, 6r- v 7 1450, 09, 13 JIMÉNEZ, DIEGO VAREADOR DE ALERAS G GARCÍA, CONSTANZA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 1, 7v- r 8 1450, 09, 17 SÁNCHEZ DE ÉCIJA, ALVAR ALJABIBE SÁNCHEZ, LEONOR PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 11r- 2r 1 1458, 05, 10 GARCÍA, ANTÓNIA MARTÍNEZ, FELIPE PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 12v 1458, 05, 19 ALFONSO DE REGLA, IEGO D FERNÁNDEZ, INÉS PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 13r- v 1458, 05, 20 DÍAZ, CATALINA MARTÍNEZ, GIL PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 13v- 4v 1 1458, 05, 21 FERNÁNDEZ, CATALINA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 15r- 7v 1 1458, 05, 23 FERNÁNDEZ, FRANCISCO BACHILLER EN RAMATICA G PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 17v- 8r 1 1458, 05, 24 PONCE, LEONOR MARTÍNEZ DE ULLOA, EDRO + P PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 18v 1458, 05, 24 RUIZ, ISABEL SÁNCHEZ, BARTOLOMÉ PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 19r 1458, 05, 24 DÍAZ, CATALINA ALFONSO DE ORBANEJA, UAN + J PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 19v- 0r 2 1458, 05, 25 GONZÁLEZ, MARINA AGUJETERA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 1r- v 3 1458, 04, 26 LÓPEZ DE ALMONTE, RUY MARTÍNEZ, JUANA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 20r- 3r 2 1458, 05, 25 LÓPEZ, JUAN GARCÍA, ANA (1)+ PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 20r- 3r 2 1458, 05, 25 LÓPEZ, JUAN LÓPEZ, INÉS (2) PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 - 513 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 23r- 5v 2 1458, 05, 29 PÉREZ, ROMAN CARBONERO FERNÁNDEZ, SANCHA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 25v- 6v 2 1458, 05, 29 [...], MAESTRE DIEGO LÓPEZ, MARÍA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 27r- 8r 2 1458, 05, 30 GONZÁLEZ DE BURGOS, ARCÍA G JUBETEROS GONZÁLEZ, CONSTANZA 1) + ( PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 27r- 8r 2 1458, 05, 30 GONZÁLEZ DE BURGOS, ARCÍA G JUBETERO LÓPEZ, JUANA (2) PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 28r- 9r 2 1458, 05, 30 SÁNCHEZ, ANTÓNIA ZAPATERO GONZÁLEZ, JUAN PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 29r- v 1458, 05, 30 LÓPEZ, JUANA JUBETERO GONZÁLEZ, GARCÍA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 29v- 0r 3 1458, 06, 01 RODRÍGUEZ, CATALINA BARBERO RODRÍGUEZ, ALFONSO PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 3v- r 4 1458, 04, 28 LÓPEZ, LOPE BARBERO PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 4v- r 5 1458, 04, 30 BELTRAN, JUANA PÉREZ FARFÁN, ALFONSO + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 5r-v 1458, 05, 01 FERNÁNDEZ, ELVIRA CUCHILLERO RODRÍGUEZ, ALVAR PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 8r 1458, 05, 05 DÍAZ, BERENGUELA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17412, P. 3, 8v- 1r 1 1458, 05, 08 OROZCO, ALFONSO DE CRIADO SÁNCHEZ, INÉS PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 11r- 2r 1 1462, 07, 22 MARTÍNEZ, INÉS CASTROVERDE, DIEGO DE + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 12v- 3r 1 1462, 07, 22 LÓPEZ, INÉS PESCADERO ROMÁN, ANTÓN + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 13r- v 1462, 07, 27 FERNÁNDEZ, INÉS PONCE, NUÑO DE + (1) PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. 4) AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 13r- 1462, 07, 27 FERNÁNDEZ, INÉS MARTÍNEZ DE MAYA, PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. - 514 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO v ALFONSO (2) 4) AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 14r 1462, 07, 31 MARTÍN, CATALINA FERNÁNDEZ, ALFONSO + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 14v- 5r 1 1462, 08, 01 GONZÁLEZ, LEONOR MÉNDEZ, DIEGO + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 15v- 6r 1 1462, 08, 07 RODRÍGUEZ, ... MONEDERO RODRÍGUEZ, JUANA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 16r- 8r 1 1462, 08, 09 SÁNCHEZ, JUAN PINTOR ALONSO, LEONOR + (1) PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 16r- 8r 1 1462, 08, 09 SÁNCHEZ, JUAN PINTOR GONZÁLEZ, LEONOR (2) PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 16r- 8r 1 1462, 08, 09 SÁNCHEZ, JUAN PINTOR RODRÍGUEZ, ANTONIA (3) PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 18r- 9v 1 1462, 08, 10 PINEDA, JUAN DE FERNÁNDEZ, BEATRIZ PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 19v- 1r 2 1462, 08, 10 CASAVERDE, BARTOLOMÉ E D VARGAS, ALDONZA DE PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 22v- 3v 2 1462, 08, 12 PÉREZ, BEATRIZ SILLERO RAMÍREZ, PEDRO PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 23v- 6r 2 1462, 08, 23 RODRÍGUEZ, FRANCISCO SACRISTAN MARTÍNEZ, LEONOR PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 26v- 7r 2 1462, 08, 24 SÁNCHEZ, DIEGO TEJERO RODRÍGUEZ, CATALINA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 27v- 8v 2 1462, 08, 24 CUADROS, ALDONZA DE PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 29v- 1r 3 1462, 08, 26 SÁNCHEZ, ANTONIO TUNDIDOR MARTÍN, ANTONIA + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 34v 1462, 10, 17 PÉREZ, JUAN SÁNCHEZ, JUANA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. 4) AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 3v- 1462, 06, 23 GARCÍA, CATALINA ÁLVAREZ, DIEGO PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. - 515 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 4r 4) AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 4v- r 6 1462, 06, 24 GONZÁLEZ, LEONOR ORTIZ, FERNANDO + PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 6v- v 8 1462, 06, 26 DÍAZ, RUY BATIHOJA DÍAZ, MARTÍNA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17413, P. 1, 9v- 0v 1 1462, 07, 07 SÁNCHEZ, CATALINA PEDRO DÍAZ DE VALDERAS (OF. ) 4 AHPSE, PROT., 17415, 9, 7r 1479, 11, 13 MARQUESES ORTOCARRERO, JUAN P ABOGADO ALONSO DE MENDOZA, AYOR M LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 29r- v 1489, 07, 12 GONZÁLEZ, JUANA "ONESTA" LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 29v- 0r 3 1489, 07, 12 GONZÁLEZ, LEONOR GONZÁLEZ, ALFONSO LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 30v 1489, 07, 13 DÍAZ, ISABEL LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 31r- v 1489, 07, 15 MARTÍNEZ, JUAN LÓPEZ DE LA CRUZADA, ATALINA C LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 32r- v 1489, 07, 16 GONZÁLEZ, INÉS CELADA, JUAN DE LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 32v- 3r 3 1489, 07, 19 RODRÍGUEZ, MARÍA ALBAÑIL FERNÁNDEZ, PEDRO + LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 33v- 4r 3 1489, 07, 20 TOLEDO, LEONOR DE CRIADA LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 34r- 5r 3 1489, 07, 21 RODRÍGUEZ, FERNANDO BARBERO FERNÁNDEZ, BEATRIZ LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 4, 35v- 6r 3 1489, 07, 23 SÁNCHEZ ORTIZ, ALFONSO SÁNCHEZ, ANTONIA + LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) AHPSE, PROT., 17416, P. 5, 28r- v 1489, 07, 24 SÁNCHEZ, ÁLVARO SOLADOR GONZÁLEZ, GUIOMAR LUIS GARCÍA DE CELADA (OF. 9) - 516 - 3.2.- CÓRDOBA SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/1 y 2 N 1459, 05, 11 MONTEMAYOR, ALFONSO NOBLE LEÓN, ELVIRA AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/10 y 18 N 1488, 08, 30 GUTIÉRREZ DE LOS RÍOS, DIEGO VEINTICUATRO DE ÓRDOBA C AGUAYO, ELVIRA AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/11,12, 17 N 1486, 08, 20 TORDELOBOS, INÉS VEINTICUATRO DE ÓRDOBA C ANGULO, PEDRO + AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/13 N 1487, 11, 28 RÍOS, BEATRIZ NOBLE AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/14, 16 N 1488, sm, sd SOTOMAYOR, MARÍA NOBLE YÁÑEZ DE GODOY, ONZALO + G AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/15 N 1489, 10, 12 BERRIO, JUAN VEINTICUATRO DE ÓRDOBA C BENEGAS, MAYOR + AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/3 y 4 N 1468, 06, 16 MONTEMAYOR, INÉS NOBLE RÍOS, ALFONSO+ AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/5 N 1480, 07, 26 RÍOS, FERNANDO NOBLE MÉNDEZ, URRACA AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 87/6 y 7 N 1481, 05, 01 BOCANEGRA, MARÍA NOBLE CARRILLO BENEGAS, JUAN AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 468/6-1 N 1501, 01, 10 PÉREZ DE AYALA, FERNANDO NOBLE AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 468/8-1 N 1515, 06, 03 BENEGAS, URRACA NOBLE GUTIÉRREZ DE LOS RÍOS, ERNANDO F AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 1446/10-1 N 1523, 08, 31 BENEGAS DE LEÓN, EGAS GUZMÁN, ELVIRA AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 1446/10-3 N 1529, 01, 13 BENEGAS, EGAS NOBLE QUESADA, BEATRIZ + AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 1446/8 N 1522, 04, 21 FERNÁNDEZ DE MONTEMAYOR, NÉS I ESCUDERO, FERNANDO + - 517 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 1545/4-11 N 1479, 08, 14 GUZMÁN, PEDRO VEINTICUATRO DE EVILLA S PONCE DE LEÓN, ISABEL AHN, NOBLEZA, FERNÁN ÚÑEZ, 1545/4-12 N 1470, 12, 28 HINESTROSA, LEONOR GUZMÁN, JUAN + AHN, NOBLEZA, UADALCÁZAR, 3139/16 G 1532, 08, 21 CARRILLO, FRANCISCA NOBLE AHN, NOBLEZA, OSUNA, 326/34 1519, 06, 23 SOTOMAYOR, ALONSO NOBLE PORTUGAL, FELIPA AHN, NOBLEZA, OSUNA, 326/36 1524, 08, 17 VILLENA, FELIPA NOBLE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 7r- v 1520, 01, 02 FERNÁNDEZ, MARÍA CAPATAZ DE OBRA RIMER P FERNÁNDEZ DE MÉRIDA, ARTÍN + M TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 8r- v 1520, 01, 04 RUIZ, LEONOR CAPATAZ DE OBRA RIMER P RUIZ, LOPE (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 8r- v 1520, 01, 04 RUIZ, LEONOR CAPATAZ DE OBRA RIMER P CÓRDOBA, ALONSO DE (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 6v-38v 3 1520, 03, 07 YÁÑEZ GODOY, LEONOR CABALLERO VALENZUELA, ESTEVE DE + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 28v-131r 1 1520, 06, 27 MIXANGUE, GONZALO DE SÁNCHEZ, MARÍA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 40v-142r 1 1520, 07, 10 RAMÍREZ, MIGUEL CLÉRIGO TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 43r-144v 1 1520, 07, 12 VALENZUELA, MARINA DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 66r- 168v 1 1520, 08, 11 RAMÍREZ, BARTOLOMÉ FALDRIQUERO RAMÍREZ, CATALINA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 71v-174v 1 1520, 08, 19 MARJARÓN, MARÍA HEREDIA, DIEGO DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 80r-181v 1 1520, 09, 05 CÁRDENAS, JUAN DE FERNÁNDEZ DE CÁRDENAS, NÉS I TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 82r-186r 1 1520, 09, 09 RUIZ, ALONSO GUTIÉRREZ, MARÍA TOLEDO, ALONSO DE - 518 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 95r-197r 1 1520, 09, 27 JIMÉNEZ, PEDRO MERCADER RUIZ, MARÍA (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 95r-197r 1 1520, 09, 27 JIMÉNEZ, PEDRO MERCADER ÁLVAREZ, MENCÍA (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 53v-256r 2 1520, 01, 07 MARTÍNEZ LA MELLADA, LUCÍA PARTERA SÁNCHEZ, MARTÍN TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 65r-266v 2 1520, 01, 23 CASAS, CATALINA DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 84v-286r 2 1520, 02, 14 GÓMEZ, LEONOR TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 13r-315r 3 1520, 03, 28 GARCÍA ÁLVAREZ, ALONSO FERNÁNDEZ, MARÍA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 19v-321v 3 1520, 04, 03 HERNÁNDEZ DE HERMOSILLA, LONSO A HERMOSILLA, CATALINA DE 1) + ( TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 19v-321v 3 1520, 04, 03 HERNÁNDEZ DE HERMOSILLA, LONSO A FERNÁNDEZ, MARÍA (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 3, 21v-323r 3 1521, 04, 04 MARTÍNEZ DE MONTOYA, RANCISCO F TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 1v- r 4 1522, 03, 25 RUIZ DE MOYA, JUAN PROCURADOR ... TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 4r- v 6 1522, 03, 26 DÍAZ, MARÍA FERNÁNDEZ, ALONSO (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 4r- v 6 1522, 03, 26 DÍAZ, MARÍA RODRÍGUEZ FIGUERA, AESTRO (2) M TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 8r- 1r 1 1522, 03, 31 RUIZ, JUAN SILLERO GARCÍA, LEONOR TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 3v-17r 1 1522, 04, 03 ARAGONÉS, GONZALO MERCADER FERNÁNDEZ, JUANA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 8r-30v 2 1522, 04, 04 CABRERA, FRANCISCO DE VEINTICUATRO CAICEDO, ALDONZA DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 1522, 04, 05 FERNÁNDEZ, LORENZO ESCRIBANO DE FERNÁNDEZ, CATALINA TOLEDO, ALONSO DE - 519 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 42r-43v LIBROS AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 5v-48v 4 1522, 04, 06 RUIZ DE PEDROCHE, JUAN CLÉRIGO TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 9r-60r 5 1522, 05, 08 GONZÁLEZ, MARÍA LEÑADOR RAMÍREZ, JUAN + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 41r-142v 1 1522, 02, 28 FERNÁNDEZ, ANA RAINEL, ALONSO (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 41r-142v 1 1522, 02, 28 FERNÁNDEZ, ANA MARTÍNEZ, ANDRÉS (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 58r-159v 1 1522, 03, 11 TORQUEMADA, LEONOR DE ALFONSO, JUAN TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 60r-161r 1 1522, 03, 11 TORQUEMADA, MARÍA DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 69r-v 1 1522, 04, 07 SÁNCHEZ, LEONOR TEJEDOR RODRÍGUEZ DE BARBA, LONSO A TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 73r-174r 1 1522, 04, 08 CLAVIJO, DIEGO DE JURADO CUADRA, ELVIRA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 84r-185v 1 1522, 04, 13 MARTÍNEZ, JUAN NOTARIO PÉREZ, CATALINA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 85v-189r 1 1522, 04, 14 TORO, DOÑA ELVIRA DE CUADRO, DIEGO DEL (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 85v-189r 1 1522, 04, 14 TORO, DOÑA ELVIRA DE MORALES, LOPE DE (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 89v-192r 1 1522, 04, 15 MÉNDEZ DE SOTOMAYOR, LUIS MESÍA, DOÑA MARÍA DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 94v-197v 1 1522, 04, 15 CARRILLO, ALONSO ARANDA, ELVIRA DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 99v-200r 1 1522, 04, 15 VEREDA, LEONOR DE LA NOTARIO APOSTÓLICO CUADROS, PEDRO DE + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 200v-202r 1522, 04, 17 RODRÍGUEZ, ANTONIO CANDELERO RODRÍGUEZ, ISABEL + TOLEDO, ALONSO DE - 520 - IGNATURA ECHA OMBRE ROFESIÓN ÓNYUGE OTARIO S F N P C N AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 11v-214v 2 1522, 04, 20 FERNÁNDEZ, DOMINGO FERNÁNDEZ, MARÍA (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 11v-214v 2 1522, 04, 20 FERNÁNDEZ, DOMINGO FERNÁNDEZ DE BERLANGA, UANA (2) J TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 14v-217r 2 1522, 04, 23 ARANDA, FRANCISCO DE PUENTE, CATALINA DE LA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 17r-219v 2 1522, 04, 23 FERNÁNDEZ DE TOLEDO, PEDRO FERNÁNDEZ, GUIOMAR (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 17r-219v 2 1522, 04, 23 FERNÁNDEZ DE TOLEDO, PEDRO FERNÁNDEZ, BEATRIZ (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 4, 21r-229r 2 1522, 04, 22 RODRÍGUEZ MELGAREJO, RANCISCO F ALCALDE MAYOR JIMÉNEZ, FRANCISCA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 9r-52r 4 1530, 02, 15 FERNÁNDEZ MALRASCA, ATALINA C ARIAS, ALONSO DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 7r-58r 5 1530, 02, 22 ROJAS, BARTOLOMÉ DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 10r-112r 1 1530, 04, 01 CARRILLO, LUIS ALBAÑIL RUIZ, JUANA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 29r-130r 1 1530, 04, 27 DÍAZ, MARÍA FERNÁNDEZ, ALONSO (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 29r-130r 1 1530, 04, 27 DÍAZ, MARÍA RODRÍGUEZ FIGUERA, ARTÍN (2) M TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 53v-155v 1 1530, 04, 19 TORRES, DOÑA MARÍA DE ANGULO, MARTÍN DE + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 76r-180v 1 1530, 05, 06 MÉNDEZ DE SOTOMAYOR, ODRIGO R TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 81r-183r 1 1530, 05, 06 RAMÍREZ, JUAN ZAPATERO DE OBRA RUIZ, JUANA (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 81r-183r 1 1530, 05, 06 RAMÍREZ, JUAN ZAPATERO DE OBRA FERNÁNDEZ, BEATRIZ (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 1530, 01, 16 PORTILLO, GONZALO MERCADER TOLEDO, ALONSO DE - 521 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 19r-21r3r AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 14r-v 2 1530, 05, 22 GUTIÉRREZ, ELVIRA GARCÍA SEVILLANO, RANCISCO F TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 37v-240r 2 1530, 06, 09 MUÑOZ DE GODOY, DOÑA ERESA T JURADO RUIZ BAÑUELOS, ANTONIO TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 41r-243r 2 1530, 06, 14 RAMÍREZ RONCO, JUAN HORTELANO RUIZ, ANDREA TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 43r-244v 2 1530, 06, 15 GÓMEZ, BENITA ARIAS, ALONSO + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 55r-256r 2 1530, 06, 09 RAMÍREZ CLAVIJO, ANTONIO TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 88r-294r 2 1530, 07, 18 CARRILLO DE CÁRDENAS, JUAN INFANTAS, DOÑA CATALINA E LAS D TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 95r-296v 2 1530, 07, 18 VARGAS, FRANCISCA DE GARCÍA, ALONSO + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 30r-332r 3 1530, 08, 20 CIEZA, LOPE DE TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 79v-381r 3 1530, 09, 15 LÓPEZ, ANDRÉS LÓPEZ, JUANA (1) + TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 79v-381r 3 1530, 09, 15 LÓPEZ, ANDRÉS ESCRIBANO, CATALINA (2) TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 85r-386r 3 1530, 09, 16 FERNÁNDEZ DE VALDELOMAR, ARÍA M TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 1, LEG. 6, 97r-399r 3 1530, 10, 01 FERNÁNDEZ DE MONTEMAYOR, IEGO D TOLEDO, ALONSO DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 8r-21v 1 1443, 03, 11 GONZÁLEZ DEL CAÑAVERAL, ANCHO S GONZÁLEZ, LEONOR (1) + AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 8r-21v 1 1443, 03, 11 GONZÁLEZ DEL CAÑAVERAL, ANCHO S MARTÍNEZ, CONSTANZA (2) AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 28r-31v 1461, 05, 08 MARTÍNEZ, CONSTANZA GONZÁLEZ DE CAÑAVERAL (2) + - 522 - IGNATURA ECHA OMBRE ROFESIÓN ÓNYUGE OTARIO S F N P C N AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 8r-31v 2 1461, 05, 08 MARTÍNEZ, CONSTANZA GONZÁLEZ DE HIGALES, EDRO (1)+ P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 0r-61v 6 1460, 02, 16 MARTÍNEZ, ELVIRA FERNÁNDEZ, ALFONSO, ARPINTERO C GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 8r-89r 8 1460, 06, 16 GONZÁLEZ, ELVIRA SÁNCHEZ, JUAN + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 1r-94r 9 1460, 06, 15 ALFONSO DE JAÉN, FERNANDO GONZÁLEZ, LEONOR GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 11v-113v 1 1460, 07, 07 FERNÁNDEZ, GIL ESPARTERO ALFONSO, TERESA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, 22v-123v 1 1460, 07, 24 ALFONSO EL BRAVO, JUAN HERRERO SÁNCHEZ, JUANA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 5, 13v-15v C 1461, 05, 25 SÁNCHEZ, LEONOR LÓPEZ, PEDRO + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 7, 4v-5v C 1461, 09, 10 SANTOS, ALFONSO GUTIÉRREZ, ISABEL RUIZ DE MOLINA, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 7, 6r-9r C 1461, 09, 12 SÁNCHEZ DE LOS ESCRIBANOS, ÁZARO L RUIZ, JUANA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 8, 3r-4v C 1461, 11, 12 SÁNCHEZ, ISABEL FERNÁNDEZ, DIEGO + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 9, 5v-6r C 1462, 12, 28 RODRÍGUEZ, CATALINA GARCÍA, ESTEBAN (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 9, 5v-6r C 1462, 12, 28 RODRÍGUEZ, CATALINA RUIZ DE ÁGUILA, ALFONSO 2) ( GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 10, 4r-5v C 1464, 05, 29 DÍAZ, MENCÍA SASTRE ENRIQUE, ALEMAN GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, CUAD. 10, 12r-13v 1464, 06, 04 SUÁREZ DE BAREA, BEATRIZ GONZÁLEZ DE ROA, PEDRO (1) + GONZÁLEZ, GONZALO; RUIZ DE MOLINA, GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, CUAD. 10, 12r-13v 1464, 06, 04 SUÁREZ DE BAREA, BEATRIZ ÁLAMO, JUAN DEL (2) + GONZÁLEZ, GONZALO; RUIZ DE - 523 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO MOLINA, GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 10 ,14r-15r C 1464, 06, 05 NÚÑEZ, ISABEL NÚÑEZ DE ANDÚJAR, ÓMEZ G GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 1, UAD. 10, 29r-30r C 1464, 06, 26 RODRÍGUEZ, TERESA CARPINTERO FERNÁNDEZ DE ONFERRADA, GONZALO + P GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 28v-29v C 1465, 01, 22 SÁNCHEZ, RUY TEJEDOR DE VIENTOS SÁNCHEZ, LEONOR GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 34v-35v C 1465, 01, 27 CABRERA, MENCÍA CÓRDOBA, JUAN DE GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 44r-45v C 1465, 02, 22 RODRÍGUEZ, CATALINA MARTÍNEZ, PEDRO (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 44r-45v C 1465, 02, 22 RODRÍGUEZ, CATALINA CALDERERO RUIZ EL MAYOR, JUAN (2) GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 61r-62v C 1465, 04, 19 RUIZ, ANTONIA JIMÉNEZ MANOS ALBAS, UIS L GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 67r C 1465, 04, 19 MARÍA CRIADA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 1, 128r-129r C 1465, 08, 10 LÓPEZ, VASCO SILLERO GÓMEZ, MARÍA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 48v-50r C 1468, 02, 11 SÁNCHEZ, CATALINA TORO, JUAN DE GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 63r-64v C 1468, 03, 13 MARTÍNEZ, JUAN CARPINTERO MARTÍNEZ, CATALINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 97v-98r C 1468, 07, 21 GÓMEZ DE SALAMANCA, ISABEL ALONSO, FERNANDO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 100r-v C 1468, 07, 23 RODRÍGUEZ, MARÍA RODRÍGUEZ, PEDRO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 101r-v C 1468, 07, 25 SÁNCHEZ DE CABRA, PEDRO SÁNCHEZ, ELVIRA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, CUAD. 2, 106r-v 1468, 07, 30 RODRÍGUEZ, ISABEL CARRETERO RODRÍGUEZ, JUAN GONZÁLEZ, GONZALO - 524 - IGNATURA ECHA OMBRE ROFESIÓN ÓNYUGE OTARIO S F N P C N AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 112r-v C 1468, 08, 03 RUIZ, GARCÍA CARPINTERO FERNÁNDEZ, BEATRIZ GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 119v C 1468, 08, 13 ALFONSO, BEATRIZ RELIGIOSA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 125r C 1468, 08, 19 ORTIZ, MARÍA ESCUDERO DE ONZALO CARRILLO G CÓRDOBA, PEDRO DE GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 127v-128r C 1468, 08, 20 GARCÍA, ANTONIA HERRERO GARCÍA DE LUQUE, JUAN + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 149r-150r C 1468, 06, 20 RODRÍGUEZ, ISABEL RODRÍGUEZ, ALFONSO + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 152r-153r C 1468, 06, 26 ÁLVAREZ, INÉS CARNICERO ALFONSO, MARTÍN + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 157r-v C 1468, 06, 29 RAMÍREZ CANO, MARTÍN GÓMEZ, JUANA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 172v-173v C 1468, 08, 27 LÓPEZ, JUANA CARPINTERO SÁNCHEZ, ANTONIO + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 181r-v C 1468, 09, 04 MESA, ISABEL DE BEATA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 187v-188v C 1468, 09, 07 SÁNCHEZ DE TORO, ANTONIO FERNÁNDEZ, LEONOR GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 197v-198v C 1468, 09, 04 RODRÍGUEZ, ELVIRA DÍAZ DE BAENA, ALFONSO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 214v-215r C 1468, 10, 03 RODRÍGUEZ, ALDONZA CANTERO GARCÍA, ALFONSO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 218r-v C 1468, 10, 10 RUIZ, BARTOLOMÉ RUIZ, ELVIRA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 219r-v C 1468, 10, 10 GUTIÉRREZ, MARÍA ESTAVEDO, GONZALO DE + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 222r-v C 1468, 10, 14 RUIZ EL MAYOR, JUAN CALDERERO RUIZ, MARÍA + GONZÁLEZ, GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, 1468, 10, 16 ALFONSO, RODRIGO CALERO RODRÍGUEZ, ELVIRA GONZÁLEZ, - 525 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 2, 224v-225r GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 237v-238r C 1468, 10, 27 SÁNCHEZ DEL CARPIO, ANTONIO SÁNCHEZ, CATALINA (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 237v-238r C 1468, 10, 27 SÁNCHEZ DEL CARPIO, ANTONIO LÓPEZ, LEONOR (2) GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 251r-v C 1468, 11, 09 GARCÍA, ALFONSO MADERERO LÓPEZ, CATALINA + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 255v-256r C 1468, 11, 14 GARCÍA, ANTONIO HOJERO GARCÍA, MARÍA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 255v-256r C 1468, 11, 14 GARCÍA, ANTONIO HOJERO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 259r-260v C 1468, 02, 21 RUIZ, GONZALO ALFONSO, MARÍA + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 267r-v C 1468, 11, 27 RUIZ DE LA RUBIA, FERNANDO RODRÍGUEZ, CATALINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 270v-271v C 1468, 11, 29 RODRÍGUEZ, ISABEL RODRÍGUEZ, ALFONSO + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 280r-281r C 1468, 12, 04 BLANCO, JUAN PASTOR GARCÍA, MARÍA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, 285r-v C 1468, 12, 07 RUIZ, JUAN ESPARTERO RODRÍGUEZ, VIOLANTE GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 3, UAD. 2, S/F C 1468, 12, 11 DÍAZ, LEONOR DÍAZ DE ESTEPA, PEDRO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, 2r-13v 1 1470, 01, 19 LISÓN, FRANCISCA DE CASTRO, JUAN DE GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, 7v-39v 3 1470, 02, 23 LÓPEZ DE BAENA, DIEGO TRAPERO RODRÍGUEZ, ELVIRA GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 4, 7r-8r C 1470, 08, 14 RODRÍGUEZ, LEONOR GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, CUAD. 5, 26v-27r 1470, 03, 18 LÓPEZ, LUCÍA LÓPEZ BLANCO, JUAN + GONZÁLEZ, GÓMEZ - 526 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 5, 29v-30r C 1470, 03, 22 GONZÁLEZ, BEATRIZ SÁNCHEZ, JUAN + GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 5, 34r-35r C 1470, 03, 26 RUIZ, JUANA MARTÍNEZ, BARTOLOMÉ + GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 5, 35v-36r C 1470, 03, 27 MARTÍNEZ, ANTONIA CORREERO MARTÍNEZ, ESTEBAN GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 5, 36r-v C 1470, 03, 27 LÓPEZ, CATALINA TRABAJADOR JIMÉNEZ, ALONSO + GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 5, 3v-4v C 1470, 01, 19 RUIZ, MARÍA CORREERO RUIZ, ANTÓN + GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 5, 42r-v C 1470, 04, 01 GARCÍA, ANTÓN ALBAÑIL GARCÍA, LEONOR GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 6, UAD. 6, 24r-27r C 1470, 11, 23 SÁNCHEZ, LÁZARO RAMÍREZ, JUANA GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 2, 5v-7r C 1471, 02, 11 MARTÍNEZ, LUIS BARBERO RODRÍGUEZ, CATALINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 2, 7v-9v C 1471, SM, D S GARCÍA, ALFONSO TEJEDOR LÓPEZ, ISABEL GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 2, 14r-15r C 1471, 02, 16 ... SÁNCHEZ, ALFONSO + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 2, 16v-18r C 1471, 02, 19 GONZÁLEZ, CATALINA CALDERERO GONZÁLEZ DE ZAMORA, LFONSO A GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 7v-8r C 1471, 07, 31 GONZÁLEZ, GONZÁLEZ HERRERO GONZÁLEZ, NUÑO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 10r-v C 1471, 08, 03 ALONSO, MARÍA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 10v-11r C 1471, 08, 05 RODRÍGUEZ, BENITA BEATA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 17v C 1471, 08, 11 ALONSO, CATALINA CERRAJERO FERNÁNDEZ, PEDRO GONZÁLEZ, GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, 1471, 08, 15 BAILÉN, FERNANDO DE POSADERO GONZÁLEZ, - 527 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 4, 23v GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 25v-26r C 1471, 08, 16 RUIZ LA DEL "ONBI", MARÍA ALFONSO DE "MESTANÇA", UAN J GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 26r-v C 1471, 08, 18 SAN PEDRO, JUAN DE GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 28r-29r C 1471, 08, 20 MARTÍNEZ DE UCEDA, JUAN CUCHILLERO Y AYALERO S RODRÍGUEZ, CATALINA (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 28r-29r C 1471, 08, 20 MARTÍNEZ DE UCEDA, JUAN CUCHILLERO Y AYALERO, S GÓMEZ, LEONOR (2) GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 29v-30r C 1471, 08, 21 RODRÍGUEZ, MARÍA VAREA, RODRIGO DE + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 31v C 1471, 08, 22 GONZÁLEZ, FERNANDO ODRERO ALONSO, MARINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 4, 33r-v C 1471, 08, 23 GARCÍA, ANA GARCÍA, ANTÓN + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 25v-26r C 1471, 08, 29 RODRÍGUEZ, ALFONSO ARMERO SÁNCHEZ, LEONOR (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 25v-26r C 1471, 08, 29 RODRÍGUEZ, ALFONSO ARMERO GONZÁLEZ, ELVIRA (2) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 36r-v C 1471, 09, 07 FERNÁNDEZ, BEATRIZ LÓPEZ DE ESCOBAR, JUAN GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 43v-44r C 1471, 09, 16 CUBERO, ANTON GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 52v-53r C 1471, 09, 26 ÁLVARO, JUAN DE GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 56v-57v C 1471, 07, 15 GONZÁLEZ DE HORNACHUELOS, LONSO A GUTIÉRREZ, INÉS (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 56v-57v C 1471, 07, 15 GONZÁLEZ DE HORNACHUELOS, LONSO A ALONSO, ISABEL (2) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, CUAD. 5, 56v-57v 1471, 07, 15 GONZÁLEZ DE HORNACHUELOS, ALONSO JIMÉNEZ, ANTONIA (3) GONZÁLEZ, GONZALO - 528 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 5, 59r-v C 1471, 10, 02 RUIZ, MARINA CARPINTERO GARCÍA, BARTOLOMÉ GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 5v-6r C 1471, 11, 20 FERNÁNDEZ DE CUARTOS, JUAN ALBÉITAR Y ERRADOR H SÁNCHEZ, JUANA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 7r-v C 1471, 08, 11 ALFONSO, CATALINA CERRAJERO FERNÁNDEZ, PEDRO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 8v-9v C 1471, 11, 26 ALONSO, JUAN SAZONERO RUIZ, MARÍA (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 8v-9v C 1471, 11, 26 ALONSO, JUAN SAZONERO RODRÍGUEZ, ISABEL (2) GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 18r-19r C 1471, 11, 20 RUIZ DE CAÑETE, JUAN ALBÉITAR Y ERRADOR H SÁNCHEZ, JUANA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 20r-21v C 1471, 12, 16 CATALINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 9, 25v-26r C 1471, 12, 21 RODRÍGUEZ, JUAN BALLESTERO RODRÍGUEZ, CATALINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 10, 12r-14r C 1471, 09, 03 GARCÍA, CATALINA CALDERERO GARCÍA, JUAN + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 7, UAD. 10, 23r-25v C 1471, 09, 06 GÓMEZ, BEATRIZ GONZÁLEZ DEL AÑAVERAL, PEDRO C GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 2, 15v-17r C 1481, 09, 12 RAMÍREZ, INÉS SANTIAGO, JUAN DE GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 3r-4v C 1481, 01, 02 SÁNCHEZ, LUIS FERNÁNDEZ, BEATRIZ GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 7r C 1481, 01, 07 RODRÍGUEZ DE PRIEGO, NTONIO A CUCHILLERO RODRÍGUEZ, CONSTANZA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 8r-v C 1481, 01, 07 JIMÉNEZ, CATALINA NARANJERO RUIZ, ALFONSO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 21r-v C 1481, 01, 15 LÓPEZ, JUANA VAINERO LÓPEZ, JUAN + GONZÁLEZ, GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, 1481, 01, 21 ALFONSO, LEONOR CUCHILLERO SÁNCHEZ BARAJAS, PEDRO GONZÁLEZ, - 529 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 3, 29v-30r GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 34v-35r C 1481, 01, 25 RODRÍGUEZ, ISABEL CUCHILLERO GARCÍA, GONZALO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 42r-43r C 1481, 01, 29 LÓPEZ, JUAN CANTERO VAZQUEZ, MENCÍA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 54v-55v C 1481, 02, 19 RUIZ, BENITO VAINERO RODRÍGUEZ, ANA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 57v-59r C 1481, 02, 06 RODRÍGUEZ, MARÍA VAINERO GARCÍA AMOR, JUAN + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 3, 63r-64r C 1481, 02, 09 DÍAZ, CATALINA CUCHILLERO RODRÍGUEZ, ANTONIO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 4, 23r-25r C 1481, 02, 24 GARCÍA, ELVIRA ALFONSO GARCÍA, RUY + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 4, 26r-27r C 1481, 02, 27 MARTÍNEZ, LEÓNA LABRADOR MARTÍNEZ, BARTOLOMÉ + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 5, 2r-4v C 1481, 06, 17 FERNÁNDEZ, PEDRO ALCALDE DE LOS ILLARES V RUIZ, MARINA RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 6, 4v-6r C 1481, 07, 14 FERNÁNDEZ DE HERRERA, EDRO P ESCRIBANO PUBLICO FERNÁNDEZ DE PALMA, ENCÍA M GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 6, 7r-8r C 1481, 07, 15 MARTÍNEZ, INÉS GONZÁLEZ, RUY + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 6, 8v C 1481, 07, SD GUTIÉRREZ, ALFONSO TRABAJADOR GUTIÉRREZ, MARÍA (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 6, 8v C 1481, 07, SD GUTIÉRREZ, ALFONSO TRABAJADOR RUIZ, ISABEL (2) GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 7, 6r-7r C 1481, 04, 04 CARRIÓN, FERNANDO DE RAMÍREZ DE ARANDA, ATALINA C GONZÁLEZ, GÓMEZ AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 8, 14r C 1481, 01, 07 TORQUEMADA, PEDRO DE GONZÁLEZ, GÓMEZ; UIZ, JUAN R AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, CUAD. 10, 2r-v 1490, 01, 02 VALDES, DIEGO DE DÍAZ, TERESA RUIZ, JUAN - 530 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 10, 3r-5r C 1490, 01, 03 SAAVEDRA, CATALINA DE VEINTICUATRO ANGULO, JUAN DE + RUIZ, JUAN AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 10, 7v-8v C 1481, 02, 25 ... RODRÍGUEZ, CATALINA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 10, 11v-12r C 1490, 01, 31 VEOSÍN, MARTÍN DE RUIZ, JUAN AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 10, 13v-14r C 1481, 02, 27 GARCÍA, CATALINA CORREDOR MARTÍNEZ, ALFONSO (1) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 17, UAD. 10, 13v-14r C 1481, 02, 27 GARCÍA, CATALINA RUIZ ZAPATA, MIGUEL (2) + GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4 , 2v-3r C 1490, 05, 03 FERNÁNDEZ, MARINA FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 4v-5r C 1490, 05, 04 FERNÁNDEZ DE ARGENTRANÓN, ONSTANZA C ROELAS, JUAN DE LAS FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 10r-11r C 1490, 05, 09 FERNÁNDEZ, LEONOR RABE, JUAN DE FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 13v-14v C 1490, 05, 10 FERNÁNDEZ, ISABEL MEDERA, JUAN DE + FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 15r C 1490, 05, 11 FERNÁNDEZ, BEATRIZ FERNÁNDEZ, JUAN FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 16v-17v C 1490, 05, 12 SÁNCHEZ, ISABEL JOYERA SÁNCHEZ, LÁZARO + FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 18v-19v C 1490, 05, 12 ALCAUDETE, DIEGO DE SASTRE RODRÍGUEZ, USENDA FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 37v C 1490, 06, 08 RODRÍGUEZ, CATALINA JIMÉNEZ, JUAN + FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 40v-41r C 1490, 06, 16 MARTÍNEZ, INÉS MARTÍNEZ, ALFONSO FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 4, 41v-43v C 1490, 06, 14 RODRÍGUEZ, AGUA GARCÍA DE ALFARO, JUAN + FERNÁNDEZ EL RICO, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, 1490, 04, 24 RODRÍGUEZ, MARINA CANTERO MARTÍNEZ DE GONZÁLEZ, PEDRO - 531 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 6, 1r-2r VALDELOMAR, DIEGO(1) + AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 6, 1r-2r C 1490, 04, 24 RODRÍGUEZ, MARINA SÁNCHEZ, PEDRO (2) + GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 6, 4v-5v C 1491, 02, 17 GONZÁLEZ, BEATRIZ RUIZ, DIEGO + RUIZ DE ORBANEJA, ERNANDO F AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 6, 12r-v C 1491, 02, 19 RODRÍGUEZ, LEONOR SÁNCHEZ CARRASCO, JUAN GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 1r-2v C 1490, 02, 12 ALFONSO, DIEGO CARNICERO RODRÍGUEZ, CATALINA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 3r-v C 1490, 02, 13 RODRÍGUEZ SALADO, DIEGO RODRÍGUEZ, CATALINA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 7v C 1490, 03, 14 RUIZ DE VILLAFRANQUILLA, ARTOLOMÉ B MARTÍNEZ, CATALINA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 9r C 1490, 04, 03 DÍAZ, CATALINA RODRÍGUEZ, JUAN + RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 12v-15r C 1490, 04, 24 OROZCO, JUANA DE VEINTICUATRO TAHUR, PEDRO + RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9 , 16r-v C 1490, 04, 28 RODRÍGUEZ, GUIOMAR RODRÍGUEZ, PEDRO RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 17r C 1490, 04, 29 ... ALFONSO, ISABEL RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 18v-19v C 1490, 05, 11 SÁNCHEZ DE FONSECA, DIEGO RODRÍGUEZ, JUANA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 26r-v C 1490, 05, 28 RODRÍGUEZ, JUANA RODRÍGUEZ DE IEDRAHITA, JUAN P RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 33v-34r C 1490, 06, 28 GUTIÉRREZ, PEDRO RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 43r-45v C 1490, 08, 28 RODRÍGUEZ, JUANA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, CUAD. 9, 48r-49v 1490, 09, 18 GÓNGORA, MARÍA DE LUNA, ALFONSO DE + RUIZ MADERUELO, JUAN - 532 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 51r-v C 1490, 07, 30 LÓPEZ, ANTON LÓPEZ, CATALINA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 52v-53r C 1490, 08, 09 RUIZ TRANQUILLOS, ALFONSO RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 54v-55r C 1490, 08, SD DOCUA, PEDRO SAN JUAN, MARÍA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 56r-57r C 1490, 09, 25 RODRÍGUEZ, JUAN FRUTERO GUTIÉRREZ, JUANA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 63v-64v C 1490, 10, SD RUIZ, TERESA ALBAÑIL SÁNCHEZ, MIGUEL RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 93v-94r C 1491, 04, 22 GARCÍA, INÉS GARCÍA CERÓN, JUAN RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 106v-108r C 1492, 04, 14 SÁNCHEZ, PEDRO BONETERO MARTÍNEZ, CATALINA RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 108v-109r C 1492, 04, 14 SÁNCHEZ, ISABEL SÁNCHEZ, ANDRÉS + RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 115v-116v C 1492, 04, 30 GONZÁLEZ, JUANA CORDONES, CRISTÓBAL RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 120v-121r C 1492, 05, 09 SÁNCHEZ, MARINA ALEMÁN, JUAN + RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 9, 121v-122r C 1492, 05, 11 LÓPEZ, CATALINA LÓPEZ, ALFONSO + RUIZ MADERUELO, UAN J AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 25, UAD. 10, 16r-18r C 1490, 02, 11 SANTIAGO, PEDRO DE RUIZ, JUAN AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 1, 26r-27v C 1491, 02, 06 MARTÍNEZ, CATALINA RUIZ DE BLANCAS, NTONIO + A FERNÁNDEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 1, 33r-34r C 1491, 02, 11 MÉNDEZ, GONZALO PERNIA, GUILLERMA DE FERNÁNDEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 1, S/F C 1491, 01, 29 GARCÍA, BARTOLOMÉ CALDERERO GARCÍA, LEONOR (1) + FERNÁNDEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, 1491, 01, 29 GARCÍA, BARTOLOMÉ CALDERERO PÉREZ, CATALINA (2) FERNÁNDEZ, PEDRO - 533 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 1, S/F AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 2, S/F C 1491, 09, 28 CABRERA, TERESA GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 3, 12r-14r C 1491, 03, 15 SÁNCHEZ, JUAN CLÉRIGO RUIZ DE ORBANEJA, ERNANDO F AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 7, 24v-27r C 1491, 10, 02 CÓRDOBA, GONZALO DE PLATERO FERNÁNDEZ, LEONOR GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 8, 13v-15r C 1491, 04, 19 TAHUR, BRIANDA GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 8, 25r-v C 1491, 04, 30 GARCÍA, MARÍA GARCÍA, ANTONIO (1) + GONZÁLEZ, PEDRO; ÓMEZ, ALFONSO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 8, 25r-v C 1491, 04, 30 GARCÍA, MARÍA GARCÍA, ALFONSO (2) GONZÁLEZ, PEDRO; ÓMEZ, ALFONSO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 8, 25v-29v C 1491, 05, 01 LÓPEZ SANGRE, ALFONSO GONZÁLEZ, PEDRO; UIZ, CRISTOBAL R AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, CUAD. 8, 31r-v 1491, 05, 03 FERNÁNDEZ, JUANA CARPINTERO LERA, JUAN DE GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, CUAD. 9, 1r-v 1491, 05, 05 JIMÉNEZ, JUAN GUTIÉRREZ, JUANA GONZÁLEZ, PEDRO; RUIZ DE ORBANEJA, ERNANDO F AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 9, 39v-40r C 1491, 05, 25 PORTILLO, FERNANDO DE ... GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 10, 12r-14v C 1491, 06, 05 CABRERA, FRANCISCA GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 12, 14r-15r C 1491, 08, 07 RODRÍGUEZ, LEONOR RODRÍGUEZ DE ALAMANCA, PEDRO + S GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 26, UAD. 12, 29v-30v C 1491, 08, 12 RUIZ DE MORALES, BEATRIZ FERNÁNDEZ GALLEGO, EDRO P RUIZ, CRISTOBAL; ÓMEZ, PEDRO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 1, 39r-41r C 1500, 09, 24 TAMAYO, DIEGO DE TEJEDOR VÁZQUEZ, CATALINA FERNÁNDEZ DE RBANEJA, LUIS O - 534 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 1, 43r-46v C 1500, 09, 28 CÁRDENAS, LUIS DE JURADO FERNÁNDEZ, ISABEL FERNÁNDEZ DE RBANEJA, LUIS O AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 1, 58r-60r C 1500, 11, 11 MARTÍNEZ, TERESA TRABAJADOR FERNÁNDEZ, MARTÍN FERNÁNDEZ DE RBANEJA, LUIS O AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 2, 1v-3r C 1500, 07, 04 RUIZ, MARÍA LÓPEZ DE SANTAELLA, IEGO + D FERNÁNDEZ DE STRADA, PEDRO E AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 2, 20v-22r C 1500, 08, 04 SÁNCHEZ DE LA PALMA, ISABEL RELIGIOSA FERNÁNDEZ DE STRADA, PEDRO E AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 3, 5v-7v C 1500, 06, 26 RUIZ, CATALINA LÓPEZ, JUAN (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPEO L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 3, 5v-7v C 1500, 06, 26 RUIZ, CATALINA RUIZ MANCHADO, ALFONSO 2) ( RUIZ DE ORBANEJA, OPEO L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 3, 20r-21r C 1500, 07, 08 GARCÍA, MARÍA GARCÍA, FERNANDO (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPEO L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 3, 20r-21r C 1500, 07, 08 GARCÍA, MARÍA ALFONSO, RODRIGO (2) RUIZ DE ORBANEJA, OPEO L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 4, 50r-52r C 1500, 02, 08 SÁNCHEZ DE JAÉN, JUAN ZAPATERO MARTÍNEZ, LEONOR (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 4, 50r-52r C 1500, 02, 08 SÁNCHEZ DE JAÉN, JUAN ZAPATERO SÁNCHEZ, LUISA (2) RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 4, 52v-55v C 1500, 02, 11 GÓMEZ, MARINA NARVÁEZ, DIEGO DE + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 4, 56r-59r C 1500, 02, 12 RODRÍGUEZ, LUISA RODRÍGUEZ DEL BARRO, UAN + J RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 4, 61v-63v C 1500, 02, 15 SÁNCHEZ DE BÉJAR, MARTÍN ALFONSO, MARÍA (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 4, 61v-63v C 1500, 02, 15 SÁNCHEZ DE BÉJAR, MARTÍN LÓPEZ, LEONOR (2) RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 5, 3r-v C 1500, 09, 19 RODRÍGUEZ LA CASTELLANA, ERESA T ROSA, PEDRO DE LA NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, 1500, 06, 08 GÓMEZ TAMAJÓN, ALFONSO GONZÁLEZ, ISABEL RUIZ DE ORBANEJA, - 535 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 6, 23r-26r LOPE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 6, 30r-31v C 1500, 06, 10 RODRÍGUEZ, ALVARO RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 7, 13v-14v C 1500, 03, 27 RUIZ, CRISTOBAL LIMADOR RODRÍGUEZ, LEONOR RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 8, 3r-5r C 1500, 04, 27 ALFONSO, MARÍA GARCÍA, JUAN RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 8, 18r-20r C 1500, 04, 30 FERNÁNDEZ, ELVIRA LÓPEZ DE CASTRO, LFONSO A RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 8, 22r-23v C 1500, 05, 01 RUIZ, ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ, MARINA RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 8, 57r-v C 1500, 05, 15 FERNÁNDEZ, CATALINA BERMUDEZ, CRISTOBAL (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 8, 57r-v C 1500, 05, 15 FERNÁNDEZ, CATALINA FERNÁNDEZ DE MATUTE, EDRO (2) + P RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 8, 58r-v C 1500, 05, 16 SANTA MARÍA, AGUSTIN DE NOVICIO DE SAN GUSTÍN A RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 9, 17r-19r C 1500, 12, 22 SÁNCHEZ, BARTOLOMÉ CLÉRIGO NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 9, 21r-25r C 1500, 12, 26 RUIZ DE BAÑUELO, ALFONSO RODRÍGUEZ, MARÍA (1) + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 9, 21r-25r C 1500, 12, 26 RUIZ DE BAÑUELO, ALFONSO FERNÁNDEZ, MARINA (2) NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 5r-v C 1500, 08, 06 GARCÍA, JUANA GARCÍA, RUY + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 11v-12v C 1500, 08, 09 SÁNCHEZ, URSULA SÁNCHEZ, PEDRO RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 14v-16r C 1500, 08, 10 SÁNCHEZ, JUAN CARNICERO MARTÍNEZ, ELVIRA (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, CUAD. 10, 14v-16r 1500, 08, 10 SÁNCHEZ, JUAN CARNICERO LÓPEZ, MENCÍA (2) RUIZ DE ORBANEJA, LOPE - 536 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 23v-25r C 1500, 08, 15 SÁNCHEZ, ALFONSO HORTELANO RODRÍGUEZ, JUANA (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 23v-25r C 1500, 08, 15 SÁNCHEZ, ALFONSO HORTELANO GÓMEZ, ELVIRA (2) RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 32v-35v C 1500, 08, 18 RUIZ CIEGO, JUAN RUIZ, CATALINA (1) + RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 32v-35v C 1500, 08, 18 RUIZ CIEGO, JUAN GONZÁLEZ, MARÍA (2) RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 42v-44r C 1500, 08, 22 BENITO, LUIS DE RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 10, 44v-46r C 1500, 08, 23 ZAMORA, ALFONSO DE SASTRE SALAS, MARÍA DE RUIZ DE ORBANEJA, OPE L AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 11, 1r-3v C 1500, 05, 24 RUIZ ARAGÓNEZ, MIGUEL MERCADER GONZÁLEZ, ISABEL (1) + FERNÁNDEZ ABAD, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 36, UAD. 11, 1r-3v C 1500, 05, 24 RUIZ ARAGÓNEZ, MIGUEL MERCADER DÍAZ, CONSTANZA (2) FERNÁNDEZ ABAD, EDRO P AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 11, 41r-v C 1511, 07, 07 RODRÍGUEZ, MARÍA CARNICERO MARTÍNEZ, ALONSO + LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 12, 3v-7v C 1511, 07, 19 SAN MILLÁN, ANA RELIGIOSA LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 12, 22r-23r C 1511, 07, 28 FERNÁNDEZ, INÉS CARPINTERO SÁNCHEZ, LOPE LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 12, 29v-31r C 1511, 08, 07 LÓPEZ, ANTONIA GARCÍA, PEDRO + LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 13, 9v-10v C 1511, 07, 15 SÁNCHEZ, ALONSO CHAPINERO ÁLVAREZ, MARÍA LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 13, 33v-35r C 1511, 02, 10 GUTIÉRREZ, MARÍA NOTARIO PÉREZ DE JEREZ, FERNANDO LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 5, 16r-21v C 1510, 05, 14 SAN CLEMENTE, FRANCISCO DE RUIZ TRISTÁN, MARÍA GAMARRA, FERNANDO DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, 1510, 06, 02 CAICEDO, ALDONZA DE VEINTICUATRO CABRERA, FRANCISCO GAMARRA, - 537 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 5, 25v-28r FERNANDO DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 5, 3v-4v C 1510, 01, 15 LEIVA, DOÑA MARÍA DE FERNÁNDEZ DE AGUAYO, EDRO P FERNÁNDEZ DE STRADA, PEDRO E AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 6, 46r-48v C 1510, 09, 20 RODRÍGUEZ DE MOLINA, JUAN HERRADOR RAMÍREZ, ISABEL + LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 8, 1r-2v C 1510, 10, 10 LEDESMA, PEDRO DE TRABAJADOR LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 8, 4r-5v C 1510, 10, 20 TANES, JERÓNIMO TRABAJADOR LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 8, 8v-10v C 1510, 11, 06 MARTÍN, JUAN ODRERO LÓPEZ, JUANA (1) + JAÉN, FERNANDO DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 8, 8v-10v C 1510, 11, 06 MARTÍN, JUAN ODRERO FERNÁNDEZ, LUISA (2) JAÉN, FERNANDO DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 42, UAD. 9, 21v-22v C 1511, 10, 30 LLERENA, CATALINA DE TRAPERO ALONSO, RODRIGO LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 43, UAD. 1, 48r-51r C 1512, 09, 17 PÉREZ DE SAAVEDRA, ÁLVARO ARGOTE, MARÍA DE LARA, GARCÍA DE; RTIZ, MARTÍN O AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 43, CUAD. 1, 51v-54v 1512, 09, 17 ALFONSO BRAVO, JUAN ALFONSO, MARÍA LARA, GARCÍA DE; SÁNCHEZ DE TRUJILLO, ERNANDO F AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 43, UAD. 3, 12r-16r C 1513, 01, 23 CASTILLO, DOÑA MARÍA DEL VEINTICUATRO OROZCO, MIGUEL DE + LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 43, UAD. 4, 35r-36r C 1513, 11, 08 LÓPEZ DEL VILLAR, ALFONSO ALONSO, MARÍA + LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 43, UAD. 15, 1r-2r C 1515, 01, 22 VILLAR, MARTÍN FERNÁNDEZ DE STRADA, PEDRO E AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 43, CUAD. 15, 2r-5r 1515, 01, 22 RUIZ, LÁZARO RUIZ, MARÍA FERNÁNDEZ DE ESTRADA, PEDRO; LARA, GARCÍA DE AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 1530, 01, 10 RABE, ELVIRA DE PÉREZ GUAJERADO, JUAN FERNÁNDEZ, - 538 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 11r-12v GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 3r-24v 2 1530, 01, 18 FERNÁNDEZ DE VALDERRAMA, SABEL I NOTARIO RIAZA, FERNANDO DE (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 3r-24v 2 1530, 01, 18 FERNÁNDEZ DE VALDERRAMA, SABEL I LÓPEZ DE LARA, ALONSO (2) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 4v-46r 4 1530, 01, 26 FERNÁNDEZ DE PEDRAZA, EDRO P FERNÁNDEZ, ISABEL (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 4v-46r 4 1530, 01, 26 FERNÁNDEZ DE PEDRAZA, EDRO P FERNÁNDEZ, MARÍA (2) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 9v-51r 4 1530, 01, 29 FERNÁNDEZ, CATALINA ZAPATERO LÓPEZ, ANTONIO (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 9v-51r 4 1530, 01, 29 FERNÁNDEZ, CATALINA TRABAJADOR FERNÁNDEZ, ANTONIO (2) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 2r-v 7 1530, 02, 10 RINCON DEL ORO, ALONSO RAMÍREZ, ANA FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 6r-v 7 1530, 02, 13 RUIZ, ANTONIO PERAILE JIMÉNEZ, CATALINA FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 8r-79v 7 1530, 02, 13 GARCÍA, CATALINA TEJEDOR RUIZ, MIGUEL (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 8r-79v 7 1530, 02, 13 GARCÍA, CATALINA PERAILE SÁNCHEZ, BARTOLOMÉ (2) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 22r-123r 1 1530, 03, 02 HOCES, GARCÍA DE FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 41r-143r 1 1530, 03, 23 FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, ONZALO G PORRAS, ISABEL DE FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 50v-151v 1 1530, 03, 14 OBEJO, ISABEL DE CRIADA FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 70r-171r 1 1530, 04, 05 RODRÍGUEZ, ISABEL MERCADER EN IERRO VIEJO H FERNÁNDEZ BARBERO, IEGO D FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 172r-173v 1530, 04, 07 ORIHUELA, JUAN DE ROPERO FERNÁNDEZ, CATALINA + FERNÁNDEZ, GONZALO - 539 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 74r-175r 1 1530, 04, 07 ALONSO, RODRIGO RODRÍGUEZ, CATALINA (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 74r-175r 1 1530, 04, 07 ALONSO, RODRIGO FERNÁNDEZ, CONSTANZA 2) ( FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 52, 82r-183v 1 1522, 05, SD FERNÁNDEZ DE SOTOMAYOR, IEGO D CLÉRIGO DE SAN IPÓLITO H FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 54r-156r 1 1531, 04, 06 REGUERA, JUAN DE FERNÁNDEZ, LEONOR (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 54r-156r 1 1531, 04, 06 REGUERA, JUAN DE BENAVIDES, CATALINA DE 2) ( FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 84v-185v 1 1531, 04, 23 RODRÍGUEZ DE CABRA, NTONIO A GARCÍA, BRIGIDA FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 25v-227v 2 1531, 03, 09 TORRES, DIEGO DE ÁLVAREZ, MARÍA FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 56r-257v 2 1531, 05, 15 FERNÁNDEZ DEL POZO, RANCISCO F FERNÁNDEZ, CATALINA FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 69v-271r 2 1531, 05, 31 RODRÍGUEZ, ALONSO MARTÍNEZ, INÉS (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 69v-271r 2 1531, 05, 31 RODRÍGUEZ, ALONSO MARTÍNEZ, JUANA (2) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 97r-298r 2 1531, 06, 06 FERNÁNDEZ, MARÍA FRÍAS, JUAN DE (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 97r-298r 2 1531, 06, 06 FERNÁNDEZ, MARÍA LÓPEZ, ANDRÉS (2) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 03r-306v 3 1531, 07, 14 FERNÁNDEZ DE CASTRO, EONOR L FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 13r-315r 3 1531, 07, 21 RODRÍGUEZ, LEONOR NOTARIO RODRÍGUEZ DE UADALUPE, JUAN + G FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 61r-364r 3 1531, 07, 22 GARCÍA, ANDRÉS CLÉRIGO CANÓNIGO FERNÁNDEZ, GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 1531, 06, 08 SÁNCHEZ, MARINA RENGEL, DIEGO FERNÁNDEZ, - 540 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 367v-368v GONZALO AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 68r-370v 3 1531, 07, 02 RODRÍGUEZ DE LA CORDERA, EBASTIAN S RODRÍGUEZ, LEONOR (1) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 68r-370v 3 1531, 07, 02 RODRÍGUEZ DE LA CORDERA, EBASTIAN S ... (2) + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 68r-370v 3 1531, 07, 02 RODRÍGUEZ DE LA CORDERA, EBASTIAN S RODRÍGUEZ, LEONOR (3) FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 14, LEG. 53, 70v-373r 3 1531, 06, 30 ESTRADA, CATALINA DE NOTARIO LARA, GARCÍA DE + FERNÁNDEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 21r-722v 7 1494, 08, 19 RODRÍGUEZ, MARTÍN CALERO RODRÍGUEZ, JUANA + RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 28r-729v 7 1494, SM, D S ... RODRÍGUEZ, LEONOR (1) + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 28r-729v 7 1494, SM, D S ... GARCÍA, JUANA (2) NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 05r-906r 9 1497, SM, 28 ... DE CAÑETE GONZÁLEZ, LEONOR RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 49r-v 9 1498, 06, 16 GONZÁLEZ, JUAN GUTIÉRREZ, BEATRIZ FERNÁNDEZ, ... AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 62r-964r 9 1498, 07, 02 SÁNCHEZ, PEDRO MARTÍNEZ, JUANA (1) + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 62r-964r 9 1498, 07, 02 SÁNCHEZ, PEDRO RUIZ, MARÍA (2) NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 76r-977v 9 1488, 05, 15 FERNÁNDEZ DE MEDINA, INÉS PLATERO DAZA, JUAN RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 78r-980v 9 1498, 07, 03 GARCÍA DE NAVARRETE, PEDRO MELONERO LÓPEZ, MARÍA NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 001r-1003v 1 1499, 03, 27 SÁNCHEZ, TERESA ? MARTÍNEZ, LORENZO + RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 1003v-1006v 1499, 03, 31 FERNÁNDEZ, TERESA RUIZ DE CÁRDENAS, JUAN + RUIZ, LOPE - 541 - SIGNATURA C FECHA N NOMBRE PROFESIÓN ÓNYUGE OTARIO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 019r-v 1 1499, SM, D S FERNÁNDEZ, LEONOR RUIZ DE BUDIA, FRANCISCO + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 028r-1029r 1 1499, 02, 07 RUIZ, TERESA RUIZ, ALFONSO + RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 040v-1042r 1 1499, 09, 25 NÚÑEZ, ALVAR GARCÍA, ISABEL RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 054r-v 1 1500, 03, 30 RUIZ DEL PUERTO, ALONSO ... NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 7, 25r-v C 1475, 01, 29 MARTÍN, MARÍA GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 7, 3v-4r C 1475, 09, 13 RORIGUEZ, MAYOR RODRÍGUEZ ÁLVAREZ, ONZALO G NO INDICA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 9, 4r-v C 1477, 05, 31 RUIZ, LOPE PERAILE RUIZ, MARÍA NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 10, 2r C 1478, 04, 04 RUIZ, JUANA OVEJO, ANTON DE (1) + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 10, 2r C 1478, 04, 04 RUIZ, JUANA RUIZ, ANTON (2) NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 10, 2r-v C 1478, 04, 04 FERNÁNDEZ DE VILLALAR, ARINA M SEVILLANO, JUAN, ORDONERO C NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 10, 11r-15v C 1478, 05, 20 GONZÁLEZ DE BLANCAS, RUY GONZÁLEZ, INÉS (1) + RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 10, 11r-15v C 1478, 05, 20 GONZÁLEZ DE BLANCAS, RUY RUIZ, CATALINA (2) RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 11, 4r C 1479, 07, 20 RODRÍGUEZ SERVAN, JUAN FERNÁNDEZ, MARINA NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 12, 20v-21v C 1480, SM, 31 JUANEZ, ALFONSO DE CORREDOR LÓPEZ, ELVIRA NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 13, 3r-4r C 1481, 01, 18 ALFON DE LA BANDA, ... NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, 1481, 08, 20 FERNÁNDEZ DE BAENA, PEDRO FERNÁNDEZ, ALDONZA RUIZ, LOPE - 542 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO CUAD. 13, 9r-10v AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 13, 17r-v C 1481, 12, 01 CASTRO, LEONOR DE PÉREZ VELLÓN, LUPERCIO GONZÁLEZ, ONZALO G AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 14, 13r-14v C 1482, 08, 18 ORTEGA, ... ... RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 14, 15r-v C 1482, 09, 18 RUIZ, MARÍA RUIZ, PEDRO + RUIZ, JUAN AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 14, 22r-v C 1482, 01, 19 RUIZ DE PASTRANA, ISABEL RUIZ, JUAN AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 16, S/F C 1484, 01, 08 RODRÍGUEZ, JUAN SILLERO ... + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 16, S/F C 1484, 08, 24 RUIZ DE SANTISTEBAN, PEDRO SÁNCHEZ, LEONOR + RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 17, S/F C 1487, SM, D S VILLAMERCHAN, AGUA CÓRDOBA, GONZALO DE ? FERNÁNDEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 18, S/F C 1486, 02, 17 RUIZ DE URDA, JUAN NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 19, S/F C 1488, 03, 17 RUIZ, FERNANDO CERRAJERO RUIZ, LEONOR + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 19, S/F C 1488, 06, 12 GONZÁLEZ, RUY TRAPERO GÓMEZ, INÉS RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 19, S/F C 1488, SM, D S ... ... + NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 20, S/F C 1489, 11, 12 RUIZ, JUAN RUIZ, CATALINA (1) + RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 20, S/F C 1489, 11, 12 RUIZ, JUAN LÓPEZ, MARÍA (2) RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 21, 10r-11v C 1491, 10, 05 GARCÍA, JUAN MOLINERO GARCÍA, CATALINA RUIZ, LOPE AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, CUAD. 21, S/F 1490, 11, 08 GARCÍA, BEATRIZ GARCÍA DEL ROSAL, MARTÍN + NO CONSTA - 543 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 21, S/F C 1499, 09, 14 DÍAZ, LEONOR GUIJERO CABEZA, JUAN NO CONSTA AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 23, S/F C 1491, 08, 31 RODRÍGUEZ, GONZALO CORREDOR RUIZ, ISABEL (1) + GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 1, UAD. 23, S/F C 1491, 08, 31 RODRÍGUEZ, GONZALO CORREDOR RODRÍGUEZ, VIOLANTE (2) GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, v-5r 3 1500, 01, 23 RODRÍGUEZ, ELVIRA GARCÍA DE NAGUILLO, LUIS + GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, r-7r 6 1500, 01, 06 FERNÁNDEZ, BEATRIZ HOSPITALERA EN ANTA TRINIDAD S GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 5r-26r 2 1500, 01, 30 DÍAZ, RUY TINTORERO DÍAZ, LEONOR (1) + GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 5r-26r 2 1500, 01, 30 DÍAZ, RUY TINTORERO DÍAZ, MENCÍA (2) GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 3v-34r 3 1500, 01, 06 SÁNCHEZ, MARÍA ARMERO SÁNCHEZ, LUIS GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 3r-v 9 1500, 03, 19 FERNÁNDEZ, ISABEL CAÑETE, JUAN DE GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 20v-121v 1 1500, 03, 30 GÓMEZ, JUAN LUIS MERCADER FERNÁNDEZ, LEONOR GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 69r-170v 1 1500, 04, 22 ÁLVAREZ, MENCÍA ÁLVAREZ DE CARPIO, ERNANDO F GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 74v-177r 1 1500, 04, 25 ÁLVAREZ, RODRIGO BARBERO FERNÁNDEZ, INÉS (1) + GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 74v-177r 1 1500, 04, 25 ÁLVAREZ, RODRIGO BARBERO FERNÁNDEZ, MARÍA (2) GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 92r-193v 1 1500, 05, 01 MORALES, ISABEL DE GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 02v-204r 2 1500, 05, 05 PORTUGUÉS, JUAN PLATANERO GÓMEZ, INÉS (1) + GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 1500, 05, 05 PORTUGUÉS, JUAN PLATANERO SÁNCHEZ, CATALINA (2) GÓMEZ, PEDRO - 544 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 202v-204r AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 19v-221v 2 1500, 05, 08 GARCÍA, ELVIRA RUIZ DE MONTILLA, JUAN GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 22r-223r 2 1500, 05, 09 ARIAS, JUAN GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 25r-226r 2 1500, 05, 11 ALONSO, MARTÍN FERNÁNDEZ, TERESA GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 33r-234v 2 1500, 05, 09 MEDINA, DIEGO DE TENDERO RUIZ, BEATRIZ GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 82r-283r 2 1500, 06, 03 LÓPEZ, JUANA LÓPEZ, MIGUEL + GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 63r-v 3 1500, 07, 19 GARCÍA LA SEVILLA, JUANA GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 64v-365r 3 1500, 07, 20 FERNÁNDEZ, ISABEL MERCADER BARRIONUEVO, SANCHO DE GONZÁLEZ, PEDRO; ESA, LUIS DE M AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 90r-392r 3 1500, 07, 13 MÉNDEZ, FERNANDO HOJERO ÁLVAREZ, LEONOR GONZÁLEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 18, LEG. 8, 99v-401r 3 1500, 07, 15 VALENZUELA EL VIEJO, PEDRO E D JURADO CABRERA, MARÍA + GÓMEZ, PEDRO AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, r-8r 7 1513, 08, 06 SÁNCHEZ, MARÍA SÁNCHEZ DE MOLINA, ARTÍN M JAÉN, DIEGO DE AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 6v-18r 1 1513, 12, 12 PÉREZ, DIEGO PASTOR ALFONSO, MARÍA (1) + RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 6v-18r 1 1513, 12, 12 PÉREZ, DIEGO PASTOR SUSANA (2) RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 15r-v 1 1513, 08, 05 RUIZ, MARÍA MELERO SÁNCHEZ, LUIS + RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 16r-118v 1 1513, 08, 07 DÍAZ, ALFONSO DÍAZ, CATALINA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 125r-131r 1513, 09, 01 RODRÍGUEZ CARRASCOSO, BARTOLOMÉ CLÉRIGO RODRÍGUEZ DE TRUJILLO, JUAN - 545 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 38v-141r 1 1513, 09, 10 DÍAZ DE PEDROSA, PEDRO DÍAZ DE ROJAS, MARÍA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 42r-147r 1 1513, 09, 20 ORTIZ DE VALDELOMAR, ATALINA C RELIGIOSA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 4, 80r-183r 1 1513, 09, 21 RODRÍGUEZ, NICOLAS VIOLERO RODRÍGUEZ, CATALINA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 1r-14v 1 1516, 01, 15 GARCÍA DE VILLALON, JUAN RODRÍGUEZ, MARÍA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 4r-96v 9 1516, 06, 20 ALONSO, FERNANDO FERNÁNDEZ, JUANA + RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 8r-102r 9 1516, 04, 28 VALENZUELA, PEDRO DE ROSAS, JUANA DE RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 48r-v 1 1516, 02, 14 LÓPEZ LOZANO, PEDRO ALONSO, MARÍA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 89r-v 1 1516, 02, 14 GARCÍA, LUISA FRUTERO RAMOS, JUAN RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 97r-198v 1 1516, 02, 15 XERQUÍA, JUAN CARNICERO DÍAZ, ISABEL RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 11v-212v 2 1517, 05, 30 FERNÁNDEZ, PEDRO ESPARTERO FERNÁNDEZ, JACOBINA RODRÍGUEZ DE RUJILLO, JUAN T AHPCO, PROT. OF. 24, LEG. 5, 301r-302r 1516, 02, 24 FERNÁNDEZ, LUIS NOTARIO RODRÍGUEZ DE TRUJILLO, JUAN - 546 - 3.3.- JAÉN SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 1, 5r-v 1460, 06, 15 DÍAZ, MARÍA GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 7v-8v 1460, 06, 26 RUIZ, MENCÍA ALCALÁ, JUAN DE GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 8v-10r 1460, 06, 27 GARCÍA DE ALCARAZ, PEDRO RUIZ, CATALINA GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 10r-v 1460, 06, 29 SÁNCHEZ DE BENAMARÍN, LFONSO A GONZÁLEZ, ALDONZA GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 10v-11v 1460, 06, 30 DÍAZ GASCÓN, CONSTANZA GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 13r-v 1460, 07, 22 FERNÁNDEZ DE ALCAUDETE, NTONIO A SASTRE RODRÍGUEZ, TERESA GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 13v-14r 1460, 07, 10 NAVAFRÍA, MARTÍN DE GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 14r-v 1460, 07, 15 VALLADOLID, JUAN DE CARDADOR GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 14v-15v 1460, 07, 22 FERNÁNDEZ DEL RÍO, ELVIRA FERNÁNDEZ, BARTOLOMÉ + GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 18r-18v 1460, 07, 26 LÓPEZ DE POZONEGRO, ATALINA C GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 19v-20r 1460, 07, 24 LÓPEZ, MARÍA GARCÍA, ALONSO GARCÍA DE PERALTA, ALFONSO AHPJ, LEG. 1, 48r-50r 1479, 02, 11 LÓPEZ, INÉS LÓPEZ DE MOLINA, ERNANDO + F RODRÍGUEZ, ALVAR AHPJ, LEG. 1, 96r-v 1480, 01, 14 RODRÍGUEZ, ALFONSO BARBERO RUIZ DE MÉRIDA, MIGUEL AHPJ, LEG. 1, 109r-110v 1480, 01, 31 RUIZ, MARÍA GARRIDO, JUAN + RUIZ DE MÉRIDA, MIGUEL AHPJ, LEG. 1, 111r-112r 1480, 08, 16 SÁNCHEZ DEL BERRUECO, ALONSO RUIZ DE MÉRIDA, MIGUEL AHPJ, LEG. 1, 113r-114v 1480, 08, 25 FERNÁNDEZ, CATALINA SÁNCHEZ ZAMARRÓN, MARTÍN + RUIZ DE MÉRIDA, MIGUEL - 547 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 1, 171r- 172v 1480, 07, SD RODRÍGUEZ, ISABEL GARCÍA DE CUENCA, FERNANDO + RUIZ DE MÉRIDA, MIGUEL AHPJ, LEG. 1, 235r-236r 1483, 04, 09 LÓPEZ DE VALENCIA, JUAN ... GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 244r-245r 1483, 06, 16 SÁNCHEZ, ELVIRA MARTÍNEZ, LOPE GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 249v 1483, 06, 23 MARTÍNEZ DE CASTRO, ESTEBAN GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 250r-v 1483, 06, 23 SEVILLA, JUAN DE GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 310v-312r 1483, 05, 01 CONTRERAS, FERNANDO DE GONZÁLEZ DE RAMOS, INÉS GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 410r-411r 1493, 03, 20 ZAMORA, JUAN DE SÁNCHEZ, ELVIRA (1) + GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 410r-411r 1493, 03, 20 ZAMORA, JUAN DE MARTÍNEZ, CATALINA (2) GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 411v-412r 1493, 03, 21 ARJONA, PEDRO DE PALENCIA, MARINA DE GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 416v-417r 1493, 03, 24 DÍAZ, CATALINA CÁRDENAS, JUAN DE + GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 418v-419r 1493, 03, 24 LÓPEZ, PEDRO COLMENER O GUTIÉRREZ, MARÍA (1) + GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 418v-419r 1493, 03, 24 LÓPEZ, PEDRO COLMENER O SÁNCHEZ, CATALINA (2) + GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 443v-444v 1493, 11, 17 ÁLVAREZ, CONSTANZA CAZORLA, JUAN DE (1) + GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 443v-444v 1493, 11, 17 ÁLVAREZ, CONSTANZA RUIZ DE QUERO, JUAN (2) GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 452v-453v 1493, 11, 21 GUTIÉRREZ, ESTEFANÍA MARTÍNEZ DONAIRE, ALONSO GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 1, 484v-485v 1499, 11, 17 LOPERA, ANTONIO DE FERNÁNDEZ, MARÍA GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 2, 113v-114v 1497, 12, 05 RAMÍREZ DE LA PEÑA, FERNANDO RUIZ, MARÍA NO CONSTA AHPJ, LEG. 2, 287r-288r 1503, 09, 10 ... GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN - 548 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 2, 293v-295r 1503, 09, 02 DÍAZ DE RELVENTE, RUI GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 2, 296v-299r 1503, 09, 10 DÍAZ, JUANA MARTÍNEZ DE VENJARRÓN, BARTOLOMÉ GONZÁLEZ PALOMINO, MARTÍN AHPJ, LEG. 3, 226r-v 1522, 06, 10 LÓPEZ, JUANA RUIZ CEDRO, DIEGO GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 233r-234r 1522, 06, 22 RODRÍGUEZ, TERESA MOLINERO GARCÍA, PEDRO GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 238r-239r 1522, 06, 27 COBO, JUAN ALCAIDE SALTO, CATALINA DEL GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 247r-248r 1522, 07, 04 RUIZ, JUANA DENZANO, MATEO + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 251r-252r 1522, 07, 08 GÓMEZ, ELVIRA RAMOS, ALONSO GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 261v-262v 1522, 07, 14 LÓPEZ, ÁGUEDA LÓPEZ DE LAS HIGUERAS, JUAN + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 263r-264v 1522, 07, 15 LÓPEZ DE DUEÑAS, MIGUEL SÁNCHEZ, MARINA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 266v-268r 1522, 07, 15 MONTORO, FERNANDO DE FERNÁNDEZ DE AZARA, CATALINA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 270v-272r 1522, 07, 16 ALONSO, MARINA ALONSO, PEDRO (1) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 3, 270v-272r 1522, 07, 16 ALONSO, MARINA DÍAZ DE MOLINA, JUAN (2) GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 5, 106r-107r 1511, 04, 12 RUIZ DE LA HIGUERA, MARINA FERNÁNDEZ BERMELLÓN, DIEGO RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 5, 128r-129r 1511, 04, 30 LÓPEZ DE HEREDIA, JUANA LÓPEZ DE HEREDIA, MARTÍN + RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 5, 241r-242r 1511, 08, 16 FERNÁNDEZ DEL VANDO, JUANA JURADO ORDÓÑEZ, DIEGO RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 5, 250v-252r 1511, 08, 26 ALFARO, FRANCISCO DE CLÉRIGO RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 5, 273r-v 1511, 09, 21 NÚÑEZ, ISABEL RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 7, 34v-35v 1522, 02, 06 RAMÍREZ DE LAS HIGUERAS, JUAN SASTRE GUTIÉRREZ, ELVIRA RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 7, 73r-74r 1522, 04, 15 FERNÁNDEZ DE CAZORLA, PEDRO RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA - 549 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 7, 76r-77r 1522, 04, 22 LÓPEZ DE NAVARRETE, MARÍA SÁNCHEZ GARRIDO, BARTOLOMÉ RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 7, 78v-79v 1522, 04, 29 PORTUGUÉS, JUAN PASTOR "DE LA DELGADA" RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 7, 83r-84r 1522, 05, 01 TIEMBLO, JUAN DEL PASTOR RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 7, 88r-90r 1522, 05, 06 SÁNCHEZ, MARINA FERNÁNDEZ DE ARJONILLA, PEDRO + RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 7, 90r-91v 1522, 05, 06 LÓPEZ COLMENERO, FERNANDO CLÉRIGO RODRÍGUEZ DE JAÉN, GARCÍA AHPJ, LEG. 9, 2r-v 1491, 11, 27 SÁNCHEZ DE MEDINA, BARTOLOMÉ RODRÍGUEZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 12v-13r 1491, 11, 09 GONZÁLEZ, CATALINA RELIGIOSA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 29r-30r 1491, 11, 24 FERNÁNDEZ DE COLMENAR, ALONSO GUILLÉN, JUANA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 32v 1492, 08, 04 JAÉN, JUAN DE TRAPERO CIDONES, LAURA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 33r-v 1492, 08, 05 GARCÍA, JUANA FERNÁNDEZ, PEDRO (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 33r-v 1492, 08, 05 GARCÍA, JUANA DÍAZ DE CÓRDOBA, FRANCISCO (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 39v-40v 1492, 08, 07 GUTIÉRREZ DEL MAESTRO, JUAN GARCÍA, MARÍA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 39v-41r 1492, 08, 07 GUTIÉRREZ DEL MAESTRO, JUAN SUÁREZ, ISABEL (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 39v-41r 1492, 08, 07 GUTIÉRREZ DEL MAESTRO, JUAN RAMÍREZ, TERESA (3) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 72v-74r 1493, 01, 05 SÁNCHEZ DE VALENZUELA, PEDRO GARCÍA, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 111r-v 1493, 03, 06 ROJAS, BARTOLOMÉ DE TEJEDOR GARCÍA, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 550 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 9, 127v-128r 1494, 12, 23 LÓPEZ, MARÍA SÁNCHEZ DE CASTRO, PEDRO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 129v 1496, 07, 24 RUIZ DE JARANDILLA, CONSTANZA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 137r-138r 1496, 07, 29 SÁNCHEZ IZQUIERDO, FERNANDO SÁNCHEZ, MARÍA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 137r-138v 1496, 07, 29 SÁNCHEZ IZQUIERDO, FERNANDO RODRÍGUEZ, CONSTANZA (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 152r-v 1496, 08, 03 FERNÁNDEZ, ANTONIO SASTRE GARCÍA, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 169r-170r 1496, 09, 17 LÓPEZ DE BRIVIESCA, PEDRO LÓPEZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 178r-v 1496, 09, 19 MARTÍNEZ, LUCIA SÁNCHEZ CUMPLIDO, MARTÍN GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 186v-187v 1496, 09, 21 MOLINA, ALONSO DE SÁNCHEZ, ISABEL + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 199r-v 1496, 12, 25 RODRÍGUEZ, ISABEL BLANCO, ALONSO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 212r-213r 1496, 12, 30 RUIZ, CONSTANZA RUIZ DE BUJALANCE, BERNARDO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 213r-v 1496, 12, 30 DÍAZ, MARÍA FERNÁNDEZ, ALONSO (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 213r-v 1496, 12, 30 DÍAZ, MARÍA RUIZ DE PASTRANA, PEDRO (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 249r-250r 1498, 05, 20 SÁNCHEZ, FERNANDO PANADERO SÁNCHEZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 251r-v 1498, 05, 20 SÁNCHEZ DE CAZORLA, ANTONIO RODRÍGUEZ, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 254r-255r 1498, 05, 25 FERNÁNDEZ DE LOS LIBROS, GONZALO GONZÁLEZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 255v-257r 1498, 05, 25 GUTIÉRREZ DE OBRAS, DOMINGO GUTIÉRREZ, LEONOR GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 267r-v 1498, 06, 01 SÁNCHEZ DE MINGORRUBIO, MARCOS RODRÍGUEZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 551 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 9, 350r-v 1498, 11, 29 GARCÍA, ISABEL FERNÁNDEZ, PEDRO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 382r-v 1499, 11, 04 RAMÍREZ, CATALINA RODRÍGUEZ DE CALZADILLA, ANTONIO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 394v-395r 1499, 11, 09 LÓPEZ, CONSTANZA LÓPEZ BRAZUELO, JUAN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 415v-416v 1499, 11, 25 SÁNCHEZ DE BÉDMAR, JUAN GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 9, 421r-v 1499, 11, 28 SÁNCHEZ, ELVIRA MARTÍNEZ SEVILLANO, MARTÍN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 2r-7r 1503, 12, 16 HURTADO DE MENDOZA, JUAN VEINTICUAT RO DOÑA ISABEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 22r-v 1504, 05, 11 RUIZ DE BAEZA, ALONSO RUIZ, ISABEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 23r-24r 1504, 05, 13 FERNÁNDEZ DE LA FUENTE REY, BLAS GONZÁLEZ, MARÍA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 23r-24r 1504, 05, 13 FERNÁNDEZ DE LA FUENTE REY, BLAS GONZÁLEZ, MARÍA (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 24r-v 1504, 01, 11 CEREZO, FRANCISCO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 24v-26r 1504, 01, 14 LÓPEZ DE LAS PENITENCIAS, ANTONIO FERNÁNDEZ, JUANA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 24v-26r 1504, 01, 14 LÓPEZ DE LAS PENITENCIAS, ANTONIO ALONSO, CATALINA (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 31v-32v 1504, 01, 19 SÁNCHEZ, PEDRO CACHARRER O SÁNCHEZ, ALDONZA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 44r-45r 1504, 01, 05 RODRÍGUEZ, CATALINA CONIL, JUAN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 54r-v 1504, 02, 07 RODRÍGUEZ, ANTONIO TRAPERO SÁNCHEZ, MARÍA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 54r-v 1504, 02, 07 RODRÍGUEZ, ANTONIO TRAPERO ALONSO, MARÍA (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 59v-60v 1504, 02, 15 FERNÁNDEZ, FRANCISCA ALONSO, PEDRO (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 59v-60v 1504, 02, 15 FERNÁNDEZ, FRANCISCA JAÉN, RODRIGO DE (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 552 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 10, 70r-71r 1504, 02, 20 JAÉN, FRANCISCO DE BOGAS, MARÍA DE GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 77v-78r 1504, 02, 15 FERNÁNDEZ DE MOLINA, ANDRÉS NÚÑEZ, MARÍA DE GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 131v- 133r 1504, 04 04 HUELMA, JUAN DE DÍAZ, ANA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 131v- 133r 1504, 04 04 HUELMA, JUAN DE LÓPEZ DEL CASTILLO, JUANA (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 138r-v 1504, 03, 13 LÓPEZ HOLGADO, PASCUAL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 146r-147r 1504, 03, 16 LÓPEZ, ÁGUEDA LÓPEZ DE LAS HIGUERAS, JUAN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 184r-185r 1504, 02, 26 RODRÍGUEZ, ANA RODRÍGUEZ DE LA FUENTE REY, AL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 191r-v 1504, 03, 30 DÍAZ DUQUE, MIGUEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 199v- 200v 1504, 04, 03 ALONSO, CATALINA CUEVA, ANTONIO DE LA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 204r- 205v 1504, 04, 08 PÉREZ, ANTONIO CANTARERO FERNÁNDEZ, ELVIRA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 211r-212r 1504, 04, 17 GUTIÉRREZ, ANA GUTIÉRREZ DE CÓRDOBA, JUAN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 212r.213r 1504, 04, 17 RAMÍREZ, ISABEL SÁNCHEZ SORIANO, FERNANDO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 235v- 237v 1504, 04, 30 FERNÁNDEZ, CATALINA FERNÁNDEZ, JUAN (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 235v- 237v 1504, 04, 30 FERNÁNDEZ, CATALINA TORRES, ALONSO DE (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 248r-249r 1504, 05, 11 GARCÍA, JUAN GARCÍA DE AYLLON, JUAN GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 258v- 260r 1504, 05, 21 SÁNCHEZ DE LINARES, PEDRO PÉREZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 553 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 10, 262r-263r 1504, 05, 22 ARJONA, ANDRÉS DE SÁNCHEZ, TERESA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 263v- 265r 1504, 05, 22 ARJONA, ANDRÉS DE SÁNCHEZ, TERESA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 268r-269r 1504, 05, 23 SÁNCHEZ DE PORTILLO, MARTÍN FERNÁNDEZ, ISABEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 291r-292r 1504, 06, 12 FERNÁNDEZ, ISABEL DÍAZ DE LA RELIMPIA, FRANCISCO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 319v- 321r 1504, 06, 19 FERNÁNDEZ COBO, DIEGO GÓMEZ, ISABEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 327v- 328v 1504, 06, 24 LÓPEZ, LUCIA FERNÁNDEZ DE AGUILAR, MARTÍN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 335r- 336v 1504, 06, 25 CASTRO, PEDRO DE FERNÁNDEZ DE TORO, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 343r- 344v 1504, 06, 26 GARCÍA DE ROJAS, GONZALO ÁLVAREZ, INÉS GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 346v- 347v 1504, 06, 29 GUTIÉRREZ, ELVIRA ORCERA, JUAN DE (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 346v- 347v 1504, 06, 29 GUTIÉRREZ, ELVIRA MORALES, JUAN DE (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 363v- 364v 1504, 07, 05 FERNÁNDEZ, MARINA MARTÍNEZ DE CAZORLA, FERNANDO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 364v- 366v 1504, 07, 05 RAMÍREZ, MARÍA RAMÍREZ DE ENBUENHORA, ESTEBAN GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 366v- 368r 1504, 07, 06 FERNÁNDEZ DE BARRIONUEVO, MARÍA ARIAS DE SAAVEDRA, DIEGO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 368r-369r 1504, 07, 10 LÓPEZ, ISABEL MORENO, JUAN + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 390r-v 1504, 07, 14 HIGUERA, FERNANDO DE LA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 554 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 10, 391v- 392v 1504, 07, 15 FERNÁNDEZ DE ORTEGA, ANA DÍAZ DE LA CUEVA, FERNANDO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 407r-408r 1504, 07, 21 LÓPEZ DE ORTEGA, JUAN HORTELANO LÓPEZ, LUCIA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 407r-408r 1504, 07, 21 LÓPEZ DE ORTEGA, JUAN HORTELANO LÓPEZ, ISABEL (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 416r-417r 1504, 07, 25 ALONSO DE ESTERUELAS, GARCÍA LÓPEZ, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 417v- 418v 1504, 07, 25 MARTÍNEZ DE TORO, DIEGO RODRÍGUEZ, CATALINA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 417v- 418v 1504, 07, 25 MARTÍNEZ DE TORO, DIEGO ALARCOS, MARINA DE (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 418v- 419v 1504, 07, 25 VALENCIA, MARTÍN DE FERNÁNDEZ, PRETOLINA (SIC) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 424r-v 1504, 07, 29 SÁNCHEZ DE ALMAGRO, CATALINA ALMAGRO, ALONSO DE + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 440r-441r 1504, 08, 04 LÓPEZ, LUCIA CERRAJERO BEAS, JUAN DE GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 463r-464r 1504, 08, 26 RAMÍREZ MORENO, ALONSO GARCÍA, ELENA + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 465r- 466v 1504, 08, 27 FERNÁNDEZ DE BAEZA, ANTONIO RAMÍREZ, PASCUALA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 466v- 468r 1504, 08, 30 PARRAGAS, ANTONIO DE DÍAZ, MAGDALENA (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 466v- 468r 1504, 08, 30 PARRAGAS, ANTONIO DE LÓPEZ, MARINA (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 10, 469r-470r 1504, 08, 30 LÓPEZ DE PALACIOS, PEDRO GUTIÉRREZ, ISABEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 45r-v 1511, 02, 10 RUIZ, FRANCISCA GARCÍA DE SAN ESTEBAN, ALONSO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 81v-82v 1511, 01, 06 PÉREZ BERZOSA, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 89r-90v 1511, 01, 18 HERRERA, JORGE DE CLÉRIGO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 90v-91v 1511, 01, 22 MARTÍNEZ, JUANA MEDINA, PEDRO DE + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 555 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 13, 112r-v 1511, 01, 13 RUIZ, FERNANDO ALONSO, ISABEL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 115r-v 1511, 01, 15 GARCÍA DE CAMBIL, BARTOLOMÉ LÓPEZ, ELVIRA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 120r- 121v 1511, 01, 22 GUTIÉRREZ, ISABEL BIEDMA, JUAN DE + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 132r-v 1511, 03, 11 ZAFRA, INÉS DE MARTÍNEZ DE MARTOS, PEDRO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 150r 1511, 04, 29 CALVENTE, MIGUEL DE GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 173r-v 1511, 04, 10 SÁNCHEZ DE MARTOS, CATALINA SÁNCHEZ DE SAN BARTOLOMÉ, ALONSO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 208r-v 1511, 05, 02 SÁNCHEZ, MARINA SÁNCHEZ DE MOLINA, MARTÍN GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 236r-v 1511, 06, 06 TORRES, LEONOR DE BAEZA, JUAN DE + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 246r-v 1511, 06, 02 FERNÁNDEZ, MARÍA PERAILE FERNÁNDEZ, MARTÍN GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 294r-v 1511, 06, 15 LÓPEZ, MARÍA RUIZ DE BAEZA, DOMINGO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 330r-331r 1511, 06, 06 RODRÍGUEZ, LEONOR DÍAZ ROMÁN, PEDRO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 333r-v 1511, 06, 08 RODRÍGUEZ, JUANA DÍAZ, PEDRO (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 333r-v 1511, 06, 08 RODRÍGUEZ, JUANA CALVETE, FERNANDO DE (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 338r- 339v 1511, 06, 24 DÍAZ DE LUPIÓN, JUANA SOTO, JUAN DE (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 338r- 339v 1511, 06, 24 DÍAZ DE LUPIÓN, JUANA LUQUE, JUAN DE (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 338r- 339v 1511, 06, 24 DÍAZ DE LUPIÓN, JUANA RODRÍGUEZ, ANTONIO (3) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 347r-349r 1511, 08, 01 RAMÍREZ, LEONOR SÁNCHEZ PIZARRO, JUAN (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 556 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 13, 347r-349r 1511, 08, 01 RAMÍREZ, LEONOR JURADO SALTO, JUAN DEL (2) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 353r- 359v 1511, 08, 14 ARANDA, FRANCISCO DE NOTARIO CASTILLO, LUISA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 363r-v 1511, 08, 19 CUEVA, ALONSO DE LA SÁNCHEZ, ANA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 372v- 374r 1511, 08, 27 ARANDA, ISABEL DE SÁNCHEZ DE BUENAVENTURA, JUAN (1) + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 372v- 374r 1511, 08, 27 ARANDA, ISABEL DE FERNÁNDEZ DE BARRIONUEVO, ALONSO (2) GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 375v- 376v 1511, 08, 31 GARCÍA, JUANA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 382v- 383r 1511, 09, 05 RODRÍGUEZ DE TORRECAMPO, ANTONIO ... GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 415r-416r 1511, 09, 12 SÁNCHEZ, ELVIRA LÓPEZ DE ALTOMIROS, NICOLÁS + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 435v- 436v 1511, 09, 17 ORDÓÑEZ, CRISTÓBAL GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 444r-v 1511, 10, 13 GUTIÉRREZ, JUANA GUTIÉRREZ DE LA HOYA, ALONSO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 455r-v 1511, 10, 20 LÓPEZ, TERESA SEVILLANO, GONZALO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 511r- 512v 1511, 12, 14 DÍAZ, JUANA LÓPEZ DE MADRIGAL, DIEGO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 517r-v 1511, 11, 18 FERNÁNDEZ, TORIBIO FRUTERO RODRÍGUEZ, CATALINA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 531v- 533r 1511, 12, 27 FERNÁNDEZ, LEONOR MARTÍNEZ DE MONASTERIO, ALONSO + GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 563r-v 1511, 11, 05 VÍLCHEZ, ISABEL DE GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 573r- 574v 1511, 12, 08 SÁNCHEZ DE LA CHICA, ANTONIO SÁNCHEZ, ELENA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 13, 591r-v 1511, 12, 21 LÓPEZ, JUAN COLMENER SÁNCHEZ, MARÍA GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO - 557 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO O AHPJ, LEG. 13, 598v- 599v 1511, 12, 30 SÁNCHEZ, JUANA TEJEDOR SÁNCHEZ DE ÁGREDA, DIEGO GÓMEZ DE MOLINA, FERNANDO AHPJ, LEG. 21, 29r-30r 1530, 01, 17 GARCÍA DE ARAQUE, LOPE RAMÍREZ, TERESA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 211r- 212v 1530, 03, 24 MOYA, DIEGO DE GUTIÉRREZ, ELVIRA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 265r- 266v 1530, 04, 24 ALCÁZAR, BERNALDINA DE MARTÍNEZ VERA, DIEGO (1) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 265r- 266v 1530, 04, 24 ALCÁZAR, BERNALDINA DE NÚÑEZ DE MESA, ALONSO (2) GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 297r- 298v 1530, 05, 11 FERNÁNDEZ DE ANGULO, BEATRIZ SERRANO, DOMINGO (1) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 297r- 298v 1530, 05, 11 FERNÁNDEZ DE ANGULO, BEATRIZ SÁNCHEZ DE SANTISTEBAN, GONZALO (2) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 298v- 299v 1530, 05, 12 FERNÁNDEZ, LUCIA SÁNCHEZ DE ARJONA, ALONSO GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 390r-v 1530, 06, 18 QUESADA, MARTÍN DE HERNÁNDEZ, MARÍA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 408v- 410r 1530, 06, 25 MARTÍNEZ DE PIEDRAHITA, GARCÍA RUIZ, ANA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 462v- 463v 1530, 07, 18 MARTÍNEZ, BARTOLA NOTARIO MARTÍNEZ DE CARRIÓN, PEDRO GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 490r- 491v 1530, 07, 29 SÁNCHEZ, MARÍA MAESTRO RUIZ DE PORTALES, BENITO (1) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 490r- 491v 1530, 07, 29 SÁNCHEZ, MARÍA MAESTRO RUIZ, ALONSO (2) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 523r-524r 1530, 07, 28 HERNÁNDEZ, JUANA HERNÁNDEZ DE PORTALES, PEDRO GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO - 558 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 21, 533r- 534v 1530, 08, 12 SALIDO, JUAN RUIZ, ELVIRA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 597v- 599v 1530, 08, 29 FERNÁNDEZ DE ALCAUDETE, GARCÍA RAMÍREZ, LEONOR (1) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 597v- 599v 1530, 08, 29 FERNÁNDEZ DE ALCAUDETE, GARCÍA DÍAZ, MARÍA (2) GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 642r-643r 1530, 09, 05 SÁNCHEZ, MARÍA MUELA, ALEJO DE LA (1) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 642r-643r 1530, 09, 05 SÁNCHEZ, MARÍA RUIZ ROMERO, MIGUEL (2) + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 657r- 658v 1530, 09, 10 RAMÍREZ, CATALINA SÁNCHEZ DE FUENTE DEL REY, ESTEBAN GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 680r- 681v 1530, 09, 12 GUTIÉRREZ, CATALINA SÁNCHEZ DE MUELA, ANTONIO + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 702r-703r 1530, 10, 11 ALMAGRO, MARÍA DE GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 722r-725r 1530, 09, 27 RUIZ DE ENBUENHORA, ESTEBAN DÍAZ, MARÍA GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 814v- 815r 1530, 12, 10 SÁNCHEZ MORENO, BARTOLOMÉ FERNÁNDEZ, LEONOR GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 856r-858r 1530, 11, 19 DÍAZ, CATALINA CARDONA, RODRIGO DE GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 21, 894r- 895v 1530, 11, 20 CONTRERAS, LEONOR DE GARCÍA DE PORQUERA, FERNANDO + GONZÁLEZ DE MOLINA, DIEGO AHPJ, LEG. 32, 204v- 206r 1520, 03, 16 RUIZ, JUAN CALERO SÁNCHEZ, CATALINA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 288r- 289v 1520, 04, 06 ZAMARRÓN, PEDRO SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 291v- 292v 1520, 04, 06 GARCÍA, ELVIRA MARTÍNEZ MALDONADO, GARCÍA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 355r-356r 1520, 04, 28 HERNÁNDEZ, MAGDALENA ZAPATERO SEGURA, PEDRO DE SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 376r- 377 1520, 05, 06 MARRINES, FRANCISCO RODRÍGUEZ, ISABEL SALIDO, FRANCISCO - 559 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO 377v AHPJ, LEG. 32, 381r-383r 1520, 05, 08 SÁNCHEZ SERRANO, FRANCISCO MUÑOZ, MENCÍA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 383v- 384r 1520, 05, 08 OLIVAR, PEDRO DEL "MAESTRO DE BESTIR MOÇOS” GARCÍA, CATALINA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 412v- 414v 1520, 06, 10 DÍAZ DE LENDÍNEZ, ELENA SÁNCHEZ DE LA CHARCA, ANTONIO SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 493r- 494v 1520, 07, 04 LUQUE, PEDRO DE SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 501v- 503v 1520, 07, 09 FERNÁNDEZ DE FUENTE DEL REY, DIEGO FERNÁNDEZ, CATALINA (1) + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 501v- 503v 1520, 07, 09 FERNÁNDEZ DE FUENTE DEL REY, DIEGO RUIZ, CATALINA (2) + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 501v- 503v 1520, 07, 09 FERNÁNDEZ DE FUENTE DEL REY, DIEGO RODRÍGUEZ, CATALINA (3) SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 521r-522r 1520, 07, 17 SÁNCHEZ, CATALINA SÁNCHEZ PACEDOR, MIGUEL SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 529v- 532v 1520, 07, 20 GARCÍA DE CÓRDOBA, BARTOLOMÉ GARCÍA, JUANA (1) + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 529v- 532v 1520, 07, 20 GARCÍA DE CÓRDOBA, BARTOLOMÉ RAMÍREZ, ELVIRA (2) + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 555v- 557r 1520, 08, 01 SÁNCHEZ MUÑOZ, FERNANDO FERNÁNDEZ, CATALINA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 562r-563r 1520, 08, 04 LÓPEZ, JUAN COLMENER O SÁNCHEZ, MARÍA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 595r-v 1520, 08, 21 SALAZAR, GONZALO DE SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 597r- 598v 1520, 08, 25 VALENCIA EL MOZO, FRANCISCO DE SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 650r-652r 1520, 09, 22 SÁNCHEZ, MARÍA MARTÍNEZ DE ANDÚJAR, ALONSO SALIDO, FRANCISCO - 560 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO ALONSO + AHPJ, LEG. 32, 676v- 677v 1520, 10, 06 ALONSO, MARINA TELLO, JUAN + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 682r- 683v 1520, 10, 08 MARTOS, PEDRO DE ÁLVAREZ, CATALINA SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 696r- 697v 1520, 10, 20 VILCHES, FRANCISCO DE ZAYAS, CATALINA DE SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 702r-v 1520, 10, 20 FERNÁNDEZ, MARÍA SALIDO, JUAN + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 717r- 718v 1520, 10, 25 LÓPEZ, MARÍA SÁNCHEZ DE ARANDA, DIEGO + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 732r-733r 1520, 11, 03 SORIA, PEDRO DE SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 742r-744r 1520, 11, 06 ARANDA, BARTOLOMÉ DE SALTO, MARÍA DEL (1) + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 742r-744r 1520, 11, 06 ARANDA, BARTOLOMÉ DE FERNÁNDEZ, MARÍA (2) SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 754v- 756r 1520, 11, 11 FERNÁNDEZ, CATALINA RODRÍGUEZ DE FUENTE DEL REY, JUAN (1) + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 754v- 756r 1520, 11, 11 FERNÁNDEZ, CATALINA GARCÍA DE LA PARRA, JUAN (2) SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 775r- 776v 1520, 11, 13 SÁNCHEZ QUESADA, MARÍA SÁNCHEZ DE QUESADA, ANTONIO SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 813r- 814v 1520, 11, 21 LÓPEZ, MARÍA CANTARERO MARTÍNEZ, BENITO + SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 891v- 893v 1520, 12, 15 MADRID, JUAN DE FERNÁNDEZ DE FUENTE DEL REY, ISABEL SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 32, 914v- 916v 1520, 12, 23 FERNÁNDEZ, ISABEL SERRANO, FRANCISCO SALIDO, FRANCISCO AHPJ, LEG. 84, 235r-v 1530, 05, 11 RAMÍREZ, LUCIA VILLAR, PEDRO OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 84, 242r- 244v 1530, 05, 22 BADILLO, JUAN DE CLÉRIGO OJEDA, PEDRO DE - 561 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 84, 257r- 258v 1530, 05, 11 ALONSO DE SARMIENTO, MARÍA ARMERO VILLARTA, CRISTÓBAL DE OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 84, 282r- 283v 1530, 09, 01 QUESADA, FRANCISCO DE MADRID, ELENA DE OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 84, 293r-294r 1530, 09, 01 RUIZ LOBATO, JUAN RUIZ, CATALINA OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 44v-46r 1531, 02, 18 MEJÍA, LUISA OLMO, JUAN DEL OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 50r-51v 1531, 02, 28 RAMÍREZ, CATALINA PÉREZ, RODRIGO OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 51v-52v 1531, 02, 24 GARCÍA, MARCOS LÓPEZ, MARÍA OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 76v-77r 1531, 04, 20 VILCHES, LUISA DE SEGOVIA, JUAN DE (1) + OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 76v-77r 1531, 04, 20 VILCHES, LUISA DE OÑATE, JUAN DE (2) OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 163r- 164v 1531, 11, 23 MALPICA, JUAN DE OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 184r-186r 1532, 01, 07 OÑATE, JUAN DE VILCHES, LUISA DE OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 219r-v 1532, 04, 28 GARCÍA, JUANA SASTRE DÍAZ, DIEGO OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 284r-v 1532, 06, 15 FERNÁNDEZ, FLORENTINA FERNÁNDEZ DE JÓDAR, LUIS OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 291v- 292v 1532, 07, 31 FERNÁNDEZ DE CUENTA, DIEGO FERNÁNDEZ, MARINA OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 293v- 294r 1532, 08, 07 HOYA, JUAN DE LA OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 297v- 298v 1531, 08, 09 NICOLÁS, ALONSO OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 314r-v 1532, 09, 12 AVILÉS, FLORENCIA DE OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 328r- 329v 1532, 11, 26 MORGANÁN, DIEGO DE OJEDA, PEDRO DE AHPJ, LEG. 85, 369v- 370v 1532, 12, 13 LÓPEZ MUÑOZ, RUY MIURA, CATALINA DE OJEDA, PEDRO DE - 562 - SIGNATURA FECHA NOMBRE PROFESIÓN CÓNYUGE NOTARIO AHPJ, LEG. 85, 373v- 374v 1532, 12, 26 FERNÁNDEZ DE MORALES, ALONSO GARCÍA, JUANA OJEDA, PEDRO DE -561- BIBLIOGRAFÍA ABELLÁN PÉREZ, Juan, 1988, “Jerez de la Frontera en las últimas talas del adelantado Diego Gómez de Ribera (1434)”, Anuario de Estudios Medievales, 18, 487-494 AGUADO GONZÁLEZ, Francisco Javier, 1987, “Repoblación de las fortalezas fronterizas con el Reino de Granada: Archidona, Olvera y Ortejicar (1460-1550)”, Homenaje al profesor Juan Torres Fontes, I, Murcia: Universidad de Murcia / Academia Alfonso X el Sabio, 25-39 AGUILAR PIÑAL, Francisco, 1965, Catálogo de documentos sevillanos que se conservan en el Museo Británico, Sevilla: Ayuntamiento de Sevilla ALBERCH FUGUERAS, Ramón; CASTELLS CALZADA, Narcís, 1985, La població de Girona (segles XIV-XX), Gerona: Institut d’Estudis Girondins ALBINI, Guiliana, 1986, “I bambini nella società lombarda del Quatroccento: una realtà ignorata o protetta?”, en La famiglia e la vita quotidiana in europa dal ‘400 al ‘600. 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Córdoba y dos hipótesis del vecindario de Jaén ............................................................................................................ 10.- Tasas de crecimiento en el Reino de Jaén .............................................. 11.- Distribución social del vecindario en el Adelantamiento de Cazorla en 1530 ........................................................................................................... 12.- Tasas de crecimiento en Sierra Morena ................................................. 13.- Tasas de crecimiento en el Valle del Guadalquivir ............................... 14.- Tasas de crecimiento en la Frontera ...................................................... 15.- Evolución del vecindario de algunas parroquias en Jaén ...................... 16.- Tasas de crecimiento de las ciudades andaluzas ................................... 17.- Comparación de las tasas de crecimiento urbanas y rústicas ................ 18.- Comparación de las tasas de crecimiento urbanas con el Valle del Guadalquivir ............................................................................................. 19.- Tasas de crecimiento de las ciudades y de su entorno rural .................. 20.- Vecindario y tasas de crecimiento de algunas parroquias de Jaén ........ 21.- Tasas de crecimiento de las ciudades del Reino de Jaén y de la Loma . 22.- Resumen, por decenios, de testamentos utilizados en Sevilla ............... 23.- Resumen, por decenios, de testamentos utilizados en Córdoba ............ 24.- Resumen, por decenios, de testamentos utilizados en Jaén .................. 25.- Hipótesis de distribución de oficios notariales en Jaén ......................... 26.- Tasas de masculinidad ........................................................................... 27.- Tasas de masculinidad en Córdoba por treintenas ................................ 28.- Tasas de nupcialidad .............................................................................. 29.- Proporción de testadores caracterizados socioprofesionalmente .......... 30.- Número de testadores con indicación de su grupo socioprofesional .... 31.- Porcentaje de cada sector de producción en el total de los testadores profesionales ............................................................................................. 32.- Tasas de nupcialidad según el grupo socioprofesional (I) ..................... 33.- Tasas de nupcialidad según el grupo socioprofesional (II) ................... 34.- Tasas de nupcialidad en Sevilla según el grupo socioprofesional (I) .... 35.- Tasas de nupcialidad en Sevilla según el grupo socioprofesional (II) .. 36.- Tasas de nupcialidad en Cordoba según el grupo socioprofesional (I) . 37.- Tasas de nupcialidad en Córdoba según el grupo socioprofesional (II) 38.- Tasas de nupcialidad en Jaén según el grupo socioprofesional (I) ........ 39.- Tasas de nupcialidad en Jaén según el grupo socioprofesional (II) ...... 40.- Testadores religiosos en Sevilla ............................................................ pg. 42 pg. 43 pg. 44 pg. 45 pg. 47 pg. 77 pg. 80 pg. 82 pg. 95 pg. 95 pg. 104 pg. 109 pg. 112 pg. 113 pg. 122 pg. 125 pg. 126 pg. 126 pg. 131 pg. 136 pg. 137 pg. 144 pg. 146 pg. 148 pg. 149 pg. 160 pg. 165 pg. 168 pg. 175 pg. 177 pg. 177 pg. 178 pg. 179 pg. 180 pg. 181 pg. 183 pg. 184 pg. 186 pg. 186 pg. 190 -618- 41.- Distribución de los hijos solteros laicos, religiosos y casados en Sevilla ....................................................................................................... 42.- Testadores religiosos en Córdoba .......................................................... 43- Distribución de los hijos solteros laicos, religiosos y casados en Córdoba ..................................................................................................... 44.- Testadores religiosos en Jaén ................................................................ 45.- Tasas de nupcialidad en diferentes edades ............................................ 46.- Tasas de nupcialidad en diferentes edades agrupadas por siglos .......... 47.- Diferencias entre las tasas de nupcialidad de los sexos a la edad 2 ...... 48.- Tasas de nupcialidad en Sevilla en diferentes edades ........................... 49.- Diferencia entre los sexos en las tasas de nupcialidad en Sevilla ......... 50.- Tasas de nupcialidad en Sevilla según la edad, el sexo y la situación socioprofesional ........................................................................................ 51.- Tasas de nupcialidad en Córdoba en diferentes edades ........................ 52.- Diferencias en la nupcialidad de ambos sexos en Córdoba en la edad 2 53.- Tasas de nupcialidad en Córdoba según la edad, el sexo y la situación socioprofesional ........................................................................................ 54.- Tasas de nupcialidad en Jaén en diferentes edades ............................... 55.- Diferencias en la nupcialidad de ambos sexos en Jaén en la edad 2 ..... 56.- Tasas de nupcialidad en Jaén según la edad, el sexo y la situación socioprofesional ........................................................................................ 57.- Porcentaje de segundos matrimonios sobre el total de matrimonios .... 58.- Proporción de viudos en el total de testadores casados ......................... 59.- Tasas de supervivencia .......................................................................... 60.- Tasa de supervivencia según el grupo socioprofesional ........................ 61.- Tasas de supervivencia según el sexo del testador ................................ 62.- Distribución de la población casada según el número de hijos ............. 63.- Distribución del número de hijos según el sexo del testador ................ 64.- Tasa de masculinidad de los hijos de los testadores, según su número 65.- Distribución del número de hijos por testador en Sevilla ..................... 66.- Distribución del número de hijos por testador en Sevilla, según B. Morell ....................................................................................................... 67.- Distribución del número de hijos por testador en la aristocracia sevillana, según R. Sánchez Saus ............................................................. 68.- Distribución del número de hijos en Sevilla según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 69.- Distribución del número de hijos por testador en Sevilla según el sexo 70.- Distribución del número de hijos por testador en Sevilla según el sexo y el grupo socioprofesional ....................................................................... 71.- Distribución del número de hijos por testador en Córdoba ................... 72.- Distribución del número de hijos en Córdoba según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 73.- Distribución del número de hijos en Córdoba según el sexo ................ 74.- Distribución del número de hijos en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 75.- Distribución del número de hijos en Jaén ............................................. 76.- Distribución del número de hijos en Jaén según el grupo pg. 190 pg. 192 pg. 193 pg. 194 pg. 199 pg. 201 pg. 204 pg. 205 pg. 206 pg. 207 pg. 208 pg. 210 pg. 211 pg. 212 pg. 213 pg. 214 pg. 219 pg. 227 pg. 238 pg. 240 pg. 242 pg. 243 pg. 246 pg. 247 pg. 249 pg. 249 pg. 250 pg. 250 pg. 252 pg. 254 pg. 257 pg. 258 pg. 260 pg. 261 pg. 264 -619- socioprofesional ........................................................................................ 77.- Distribución del número de hijos en Jaén según el sexo ....................... 78.- Distribución del número de hijos en Jaén según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 79.- Número absoluto de testamentos según el sexo y número de hijos del testador en Jaén ......................................................................................... 80.- Alnados e hijos de viudos ...................................................................... 81.- Alnados e hijos de viudos según el grupo socioprofesional .................. 82.- Alnados e hijos de viudos en Sevilla ..................................................... 83.- Tasa de masculinidad de alnados e hijos de viudos en Sevilla ............. 84.- Alnados e hijos de viudos en Sevilla según el grupo socioprofesional 85.- Alnados e hijos de viudos en Córdoba .................................................. 86.- Tasa de masculinidad de los alnados e hijos de viudos en Córdoba ..... 87.- Alnados e hijos de viudos en Córdoba según el grupo socioprofesional 88.- Alnados e hijos de viudos en Jaén ......................................................... 89.- Tasa de masculinidad de alnados e hijos de viudos en Jaén ................. 90.- Cálculo de la población adulta en Sevilla ............................................. 91.- Cálculo de la población adulta en Córdoba ........................................... 92.- Cálculo de la población adulta en Jaén ................................................. 93.- Tasas de mortalidad ............................................................................... 94.- Mortalidad de hijos citados ................................................................... 95.- Mortalidad de hijos citados por grupos socioprofesionales .................. 96.- Masculinidad de los hijos muertos citados por sectores socioprofesionales .................................................................................... 97.- Mortalidad de hijos citados en Sevilla por grupos socioprofesionales . 98.- Masculinidad de los hijos muertos citados en Sevilla por sectores socioprofesionales .................................................................................... 99.- Mortalidad de hijos citados en Córdoba según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 100.- Masculinidad de los hijos muertos citados en Córdoba según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 101.- Mortalidad de hijos citados en Jaén por sectores socioprofesionales .. 102.- Masculinidad de los hijos muertos citados en Jaén por sectores socioprofesionales .................................................................................... 103.- Nietos por testador casado .................................................................... 104.- Media de nietos por testador según los grupos socioprofesionales ...... 105.- Masculinidad de los testadores que citan nietos según los grupos socioprofesionales .................................................................................... 106.- Nietos por testador casado en Sevilla ................................................... 107.- Media de nietos por testador en Sevilla según los grupos socioprofesionales .................................................................................... 108.- Masculinidad de los testadores que citan nietos en Sevilla, según los grupos socioprofesionales ......................................................................... 109.- Nietos por testador casado en Córdoba ................................................ 110.- Nietos por testador en Córdoba según el grupo socioprofesional ........ 111.- Masculinidad de los testadores con nietos en Córdoba según el grupo socioprofesional ........................................................................................ pg. 265 pg. 266 pg. 268 pg. 269 pg. 276 pg. 278 pg. 280 pg. 280 pg. 282 pg. 283 pg. 284 pg. 286 pg. 287 pg. 287 pg. 309 pg. 310 pg. 311 pg. 312 pg. 315 pg. 317 pg. 318 pg. 320 pg. 320 pg. 322 pg. 322 pg. 325 pg. 325 pg. 326 pg. 327 pg. 328 pg. 328 pg. 330 pg. 330 pg. 331 pg. 332 pg. 332 -620- 112.- Nietos por testador casado en Jaén ....................................................... 113.- Nietos por testador en Jaén según el grupo socioprofesional ............... 114.- Masculinidad de los testadores con nietos en Jaén según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 115.- Porcentaje de citas de padres muertos en Córdoba y Jaén ................... 116.- Porcentaje de citas de padres muertos en Córdoba y Jaén, por grupos socioprofesionales .................................................................................... 117.- Proporción de citas de padres muertos en Sevilla ................................ 118.- Proporción de citas de padres muertos en Córdoba ............................. 119.- Porcentaje de citas de padres muertos en Córdoba, por grupos socioprofesionales .................................................................................... 120.- Porcentaje de citas de padres muertos en Jaén ..................................... 121.- Porcentaje de citas de padres muertos en Jaén, por grupos socioprofesionales .................................................................................... 122.- Criados por testador .............................................................................. 123.- Masculinidad de los criados ................................................................. 124.- Criados por testador, según el sexo y el grupo socioprofesional ......... 125.- Masculinidad de los criados, según el sexo y el grupo profesional de los testadores ............................................................................................. 126.- Distribución del número de criados ...................................................... 127.- Distribución de criados, según el sexo de los testadores ...................... 128.- Masculinidad de los criados, según su distribución ............................. 129.- Distribución de criados según el grupo socioprofesional ..................... 130.- Distribución del número de criados/criadas, según el sexo y el grupo profesional del testador ............................................................................. 131.- Esclavos por testador ............................................................................ 132.- Masculinidad de los esclavos ............................................................... 133.- Esclavos por testador según el sexo y el grupo socioprofesional ......... 134.- Masculinidad de los esclavos, según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 135.- Distribución de testadores según el número de esclavos ..................... 136.- Distribución del número de esclavos/esclavas según el sexo del testador ...................................................................................................... 137.- Distribución de los esclavos según el grupo socioprofesional ............. 138.- Distribución de esclavos/esclavas según el sexo y el grupo profesional 139.- Criados por testador en Sevilla ............................................................. 140.- Masculinidad de los criados en Sevilla ................................................ 141.- Criados por testador en Sevilla, según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 142.- Masculinidad de los criados en Sevilla, según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 143.- Distribución de los testadores en Sevilla según el número de criados . 144.- Distribución de los testadores en Sevilla, según el sexo y el número de criados ....................................................................................................... 145.- Número de criados/criadas en Sevilla según su distribución y el sexo del testador ................................................................................................ pg. 333 pg. 334 pg. 334 pg. 335 pg. 338 pg. 339 pg. 340 pg. 341 pg. 342 pg. 343 pg. 356 pg. 358 pg. 359 pg. 360 pg. 361 pg. 361 pg. 362 pg. 362 pg. 363 pg. 367 pg. 368 pg. 369 pg. 370 pg. 371 pg. 371 pg. 372 pg. 373 pg. 374 pg. 375 pg. 376 pg. 377 pg. 377 pg. 378 pg. 378 -621- 146.- Distribución de testadores en Sevilla según el grupo socioprofesional y el número de criados .............................................................................. 147.- Número de los criados/criadas de Sevilla de acuerdo con la distribución de los testadores según el número de criados, el sexo y el grupo socioprofesional ............................................................................. 148.- Esclavos por testador en Sevilla ........................................................... 149.- Masculinidad de los esclavos en Sevilla .............................................. 150.- Esclavos por testador en Sevilla, según su sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 151.- Número de esclavos/esclavas de Sevilla, según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 152.- Distribución porcentual de testadores en Sevilla según el número de esclavos ..................................................................................................... 153.- Distribución del número de esclavos/esclavas en Sevilla según el sexo del testador ................................................................................................ 154.- Distribución de los testadores en Sevilla según el número de esclavos y el grupo socioprofesional ....................................................................... 155.- Distribución de esclavos/esclavas en Sevilla según el sexo y el grupo profesional del testador ............................................................................. 156.- Servidores por testador en Sevilla ........................................................ 157.- Masculinidad de los servidores en Sevilla ............................................ 158.- Servidores por testador en Sevilla según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 159.- Masculinidad de los servidores en Sevilla según el sexo y el grupo profesional del testador ............................................................................. 160.- Distribución porcentual de los testadores en Sevilla según el número de servidores ............................................................................................. 161.- Distribución porcentual de los testadores en Sevilla según el sexo y el número de servidores ................................................................................ 162.- Masculinidad de los servidores según su distribución en Sevilla ........ 163.- Distribución de los testadores en Sevilla según el grupo socioprofesional y el número de servidores ............................................. 164.- Número de los servidores/servidoras de Sevilla de acuerdo con la distribución de los testadores según el número de servidores, el sexo y el grupo socioprofesional ............................................................................. 165.- Criados por testador en Córdoba .......................................................... 166.- Masculinidad de los criados en Córdoba .............................................. 167.- Criados por testador en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 168.- Criados/criadas en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional 169.- Distribución de los testadores de Córdoba según el número de criados 170.- Distribución de los testadores de Córdoba según el sexo y el número de criados .................................................................................................. 171.- Número de criados/criadas según el sexo del testador y su distribución en Córdoba ................................................................................................ 172.- Distribución de los testadores de Córdoba según el número de criados y el grupo socioprofesional ....................................................................... 173.- Número de criados/criadas en Córdoba según su distribución, el sexo pg. 379 pg. 380 pg. 382 pg. 383 pg. 384 pg. 385 pg. 385 pg. 386 pg. 386 pg. 387 pg. 388 pg. 390 pg. 391 pg. 392 pg. 393 pg. 393 pg. 394 pg. 394 pg. 395 pg. 396 pg. 398 pg. 399 pg. 399 pg. 400 pg. 401 pg. 401 pg. 402 pg. 403 -622- y el grupo socioprofesional de los testadores ........................................... 174.- Esclavos por testador en Córdoba ........................................................ 175.- Número de esclavos/esclavas en Córdoba ............................................ 176.- Esclavos por testador en Córdoba, según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 177.- Número de esclavos/esclavas en Córdoba según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 178.- Distribución de testadores en Córdoba según el número de esclavos .. 179.- Número de esclavos/esclavas en Cordoba según su distribución ......... 180.- Distribución de los testadores en Córdoba según el número de esclavos y el grupo socioprofesional ........................................................ 181.- Número de esclavos/esclavas en Córdoba según su distribución y el grupo socioprofesional ............................................................................. 182.- Criados por testador en Jaén ................................................................. 183.- Número de criados/criadas en Jaén ...................................................... 184.- Criados por testador en Jaén según el sexo y el grupo socioprofesional 185.- Número de criados/criadas en Jaén según el sexo y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 186.- Distribución porcentual de los testadores en Jaén según el número de criados ....................................................................................................... 187.- Distribución de los testadores en Jaén según su sexo y el número de criados ....................................................................................................... 188.- Número de criados/criadas según el sexo del testador y su distribución en Jaén ...................................................................................................... 189.- Distribución porcentual de los testadores en Jaén según el grupo socioprofesional y el número de criados .................................................. 190.- Número de criados/criadas en Jaén según su distribución y el grupo socioprofesional ........................................................................................ 191.- Tasas de nupcialidad y reproducción según los grupos socioprofesionales .................................................................................... 192.- Tasas de nupcialidad y reproducción en Sevilla según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 193.- Tasas de nupcialidad y reproducción en Córdoba según el grupo socioprofesional ........................................................................................ 194.- Población de Sevilla ............................................................................. 195.- Tasas e índices de crecimiento de la población sevillana .................... 196.- Población de Sevilla, según el sexo ...................................................... 197.- Tasas e índices de crecimiento de la población sevillana según su sexo ........................................................................................................... 198.- Población sevillana según su grupo socioprofesional .......................... 199.- Tasas e índices de crecimiento de la población sevillana según su grupo socioprofesional ............................................................................. 200.- Población de Córdoba ........................................................................... 201.- Tasas e índices de crecimiento de la población cordobesa .................. 202.- Población de Córdoba según su sexo ................................................... 203.- Tasas e índices de crecimiento de la población cordobesa según su sexo ........................................................................................................... 204.- Población de Córdoba según el grupo socioprofesional ....................... pg. 404 pg. 406 pg. 406 pg. 407 pg. 407 pg. 407 pg. 408 pg. 409 pg. 410 pg. 412 pg. 412 pg. 413 pg. 413 pg. 413 pg. 414 pg. 414 pg. 415 pg. 421 pg. 423 pg. 426 pg. 429 pg. 430 pg. 431 pg. 432 pg. 433 pg. 434 pg. 435 pg. 435 pg. 436 pg. 436 pg. 437 -623- 205.- Tasas e índices de crecimiento de la población cordobesa según su grupo socioprofesional ............................................................................. 206.- Población de Jaén ................................................................................. 207.- Tasas e índices de crecimiento de la población de Jaén ...................... 208.- Población de Jaén según el sexo ........................................................... 209.- Tasas e índices de crecimiento de la población de Jaén según su sexo 210.- Población de Jaén según su grupo socioprofesional ............................. 211.- Tasas e índices de crecimiento de la población de Jaén según su grupo socioprofesional ........................................................................................ pg. 438 pg. 438 pg. 439 pg. 440 pg. 440 pg. 441 pg. 442 -625- ÍNDICE DE GRÁFICOS 1.- Evolución demográfica de Andalucía (hipótesis previa) ........................ 2.- Dos hipótesis de evolución de la población sevillana ............................. 3.- Tasas de crecimiento en el reino de Sevilla ............................................. 4.- Evolución de algunas poblaciones del Aljarafe y la Ribera .................... 5.- Evolución de algunas poblaciones de la Campiña ................................... 6.- Índices rango-tamaño del Aljarafe-Ribera y de laCampiña sevillana en 1534 .......................................................................................................... 7.- Evolución de algunas poblaciones de la Sierra de Aracena .................... 8.- Evolución de algunas poblaciones de la Sierra de Constantina ............... 9.- Evolución de algunas poblaciones de Huelva .......................................... 10.- Evolución de algunas poblaciones de Cádiz .......................................... 11.- Evolución de los bautizos en Jerez (parroquias de san Dionisio y San Mateo) y Sanlúcar de Barrameda ............................................................. 12.- Evolución de los bautizos y la inmigración en Sanlúcar de Barrameda. 13.- Distribución del número de habitantes por vecinos según el padrón de Cádiz de 1465 ........................................................................................... 14.- Evolución de algunas poblaciones de la Sierra Subbética sevillana ...... 15.- Evolución de algunas poblaciones de la Campiña cordobesa ................ 16.- Evolución de algunas poblaciones de la Frontera cordobesa ................. 17.- Evolución de algunas poblaciones de la Sierra de los Pedroches .......... 18.- Evolución demográfica del Reino de Jaén (dos hipótesis) y del Reino de Córdoba ................................................................................................ 19.- Evolución de algunas poblaciones de la Loma y la Campiña giennense 20.- Número de hijos por familia en Baeza y Úbeda ..................................... 21.- Evolución de algunas poblaciones de las Sierras de Cazorla y Segura .. 22.- Evolución de algunas poblaciones de la Frontera giennese ................... 23.- Evolución de la repoblación de Huelma ............................................... 24.- Evolución de algunas poblaciones de Sierra Morena ............................ 25.- Evolución de algunas poblaciones del Valle del Guadalquivir ............. 26.- Evolución de algunas poblaciones de la Frontera ................................. 27.- Evolución demográfica de alguans ciudades andaluzas ........................ 28.- Evolución comparada de la población urbana y la rural ....................... 29.- Evolución de algunas parroquias de Sevilla .......................................... 30.- Evolución comparada de las ciudades y del resto del Reino de Sevilla 31.- Evolución de las ciudades del Reino de Sevilla y su entorno rural ....... 32.- Evolución de la población urbana de Jaén y de su área circundante ..... 33.- Número total de testamentos recogidos ................................................. 34.- Evolución de la tasa de masculinidad .................................................... 35.- Evolución de la tasa de masculinidad en Sevilla ................................... 36.- Evolución de la tasa de masculinidad en Córdoba ................................ 37.- Evolución de la tasa de masculinidad en Jaén ....................................... 38.- Evolución global de las tasas de nupcialidad ........................................ 39.- Evolución de la nupcialidad en Sevilla ................................................. 40.- Evolución de la nupcialidad en Córdoba ............................................... pg. 43 pg. 44 pg. 48 pg. 51 pg. 54 pg. 56 pg. 61 pg. 64 pg. 66 pg. 70 pg. 72 pg. 74 pg. 75 pg. 78 pg. 84 pg. 88 pg. 90 pg. 92 pg. 96 pg. 100 pg. 102 pg. 105 pg. 108 pg. 109 pg. 111 pg. 113 pg. 124 pg. 125 pg. 127 pg. 129 pg. 130 pg. 135 pg. 150 pg. 162 pg. 163 pg. 164 pg. 166 pg. 170 pg. 171 pg. 172 pg. 173 -626- 41.- Evolución de la nupcialidad en Jaén ..................................................... 42.- Evolución de la nupcialidad en diferentes edades ................................. 43.- Evolución de la nupcialidad en diferentes edades en Sevilla ................ 44.- Evolución de la nupcialidad en Córdoba en diferentes edades ............. 45.- Evolución de la nupcialidad en Jaén en diferentes edades .................... 46.- Evolución de los segundos matrimonios ............................................... 47.- Evolución de los segundos matrimonios en Sevilla .............................. 48.- Evolución de los segundos matrimonios en Córdoba ............................ 49.- Evolución de los segundos matrimonios en Jaén .................................. 50.- Evolución de la tasa de viudedad .......................................................... 51.- Evolución de la viudedad en Sevilla ...................................................... 52.- Evolución de la viudedad en Córdoba ................................................... 53.- Evolución de la viudedad en Jaén ......................................................... 54.- Evolución de la tasa neta de reproducción ............................................ 55.- Evolución de la distribución del número de hijos ................................. 56.- Distribución pocentual del número de hijos por testador ...................... 57.- Evolución de la tasa de masculinidad de los hijos según su número .... 58.- Distribución del número de hijos en Sevilla por sectores socioprofesionales .................................................................................... 59.- Distribución del número de hijos por sexo del testador en Sevilla ....... 60.- Masculinidad de cada grupo social por segmentos de hijos en Sevilla . 61.- Evolución de la distribución de los hijos en Sevilla .............................. 62.- Evolución de la masculinidad de los testadores según el número de hijos en Sevilla ........................................................................................... 63.- Distribución del número de hijos en Córdoba por sectores socioprofesionales .................................................................................... 64.- Distribución del número de hijos en Córdoba según el sexo del testador ...................................................................................................... 65.- Masculinidad de cada grupo social por número de hijos en Córdoba ... 66.- Evolución de la distribución de los hijos en Córdoba ........................... 67.- Evolución de la masculinidad de los testadores en Córdoba según el número de hijos ........................................................................................ 68.- Distribución del número de hijos en Jaén ............................................. 69.- Evolución de la distribución del número de hijos en Jaén .................... 70.- Evolución de la masculinidad de los testadores por número de hijos en Jaén ........................................................................................................... 71.- Evolución de los alnados e hijos de viudos ........................................... 72.- Evolución del número de alnados e hijos de viudos en Sevilla ............. 73.- Evolución del número de alnados e hijos de viudos en Córdoba ......... 74.- Evolución de los alnados e hijos de viudos en Jaén .............................. 75.- Evolución de la mortalidad .................................................................... 76.- Evolución de la mortalidad de hijos citados ......................................... 77.- Evolución de la mortalidad de hijos citados en Sevilla ......................... 78.- Evolución de la mortalidad de hijos citados en Córdoba ...................... 79.- Evolución de la mortalidad de hijos citados en Jaén ............................. 80.- Nietos por testador casado ..................................................................... 81.- Nietos por testador casado en Sevilla .................................................... 82.- Nietos por testador casado en Córdoba ................................................. pg. 200 pg. 206 pg. 209 pg. 213 pg. 220 pg. 222 pg. 224 pg. 225 pg. 228 pg. 229 pg. 231 pg. 232 pg. 239 pg. 244 pg. 246 pg. 248 pg. 251 pg. 253 pg. 254 pg. 255 pg. 257 pg. 259 pg. 260 pg. 262 pg. 263 pg. 264 pg. 267 pg. 268 pg. 270 pg. 278 pg. 281 pg. 285 pg. 288 pg. 312 pg. 316 pg. 318 pg. 321 pg. 323 pg. 327 pg. 329 pg. 331 pg. 333 -627- 83.- Nietos por testador casado en Jaén ........................................................ 84.- Citas de padres muertos en Córdoba y Jaén ........................................... 85.- Evolución de las citas de padres muertos en Córdoba .......................... 86.- Evolución de las citas de padres muertos en Jaén ................................. 87.- Evolución de la mortalidad en Sevilla según los diversos sistemas ...... 88.- Evolución de la mortalidad en Córdoba según los diversos sistemas ... 89.- Evolución de la mortalidad en Jaén según los diversos sistemas .......... 90.- Evolución de la mortalidad, según los diversos sistemas empleados ... 91.- Criados por testador ............................................................................... 92.- Masculinidad de los criados .................................................................. 93.- Esclavos por testador ............................................................................. 94.- Evolución del número de criados por testador en Sevilla ..................... 95.- Masculinidad de los criados en Sevilla ................................................. 96.- Número total de esclavos en Sevilla ...................................................... 97.- Esclavos por testador en Sevilla ............................................................ 98.- Servidores por testador en Sevilla ......................................................... 99.- Masculinidad de los servidores en Sevilla ............................................. 100.- Evolución del número de criados por testador en Córdoba .................. 101.- Criados por testador en Córdoba (medias móviles) ............................. 102.- Masculinidad de los criados en Córdoba .............................................. 103.- Esclavos por testador en Córdoba ........................................................ 104.- Criados por testador en Jaén ................................................................. 105.- Evolución comparada de la nupcialidad y la reproducción .................. 106.- Evolución comparada de la nupcialidad y la reproducción por sexos . 107.- Evolución comparada de la nupcialidad y la reproducción en Sevilla . 108.- Evolución de la nupcialidad y la reproducción en Sevilla según el sexo ........................................................................................................... 109.- Nupcialidad y reproducción en Córdoba .............................................. 110.- Evolución de la nupcialidad y la reproducción en Córdoba según el sexo ........................................................................................................... 111.- Evolución de la nupcialidad y la reproducción en Jaén ....................... 112.- Evolución de la nupcialidad y la reproducción en Jaén según el sexo . 113.- La población urbana de Andalucía, 1440-1535 .................................... pg. 337 pg. 340 pg. 342 pg. 345 pg. 346 pg. 347 pg. 348 pg. 357 pg. 358 pg. 367 pg. 374 pg. 376 pg. 381 pg. 382 pg. 389 pg. 390 pg. 397 pg. 397 pg. 398 pg. 405 pg. 411 pg. 417 pg. 419 pg. 421 pg. 422 pg. 424 pg. 425 pg. 426 pg. 428 pg. 443 -629- ÍNDICE GENERAL INTRODUCCIÓN ........................................................................................ pg. 5 PRIMERA PARTE: EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LA ANDALUCÍA CRISTIANA ..................................................................... pg. 11 I. LOS ESTUDIOS SOBRE LA POBLACIÓN MEDIEVAL EN ANDALUCÍA OCCIDENTAL .............................................................. pg. 13 1.- La aportación de los trabajos novecentistas ..................................... 2.- El estudio de los repartimientos como base de la investigación demográfica medieval andaluza .............................................................. 3.- La demografía en el marco de la historia social ................................ 4.- Los años ochenta: recapitulación, debate y nuevas tendencias ......... 5.- Los últimos trabajos ........................................................................... 6.- Ediciones de fuentes ........................................................................... 7.- La historia de la familia bajomedieval andaluza .............................. pg. 13 pg. 15 pg. 18 pg. 21 pg. 26 pg. 28 pg. 34 II. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA .......................................................... pg. 39 1.- Los datos y su tratamiento................................................................... 2.- Primeras apreciaciones globales ....................................................... 3.- Evolución por reinos ........................................................................... pg. 39 pg. 42 pg. 46 3.1.- El Reino de Sevilla ................................................................... pg. 46 3.1.1.- ALJARAFE Y RIBERA ........................................................ 3.1.2.- CAMPIÑA ......................................................................... 3.1.3.- SIERRA DE ARACENA ....................................................... 3.1.4.- SIERRA DE CONSTANTINA ............................................... 3.1.5.- HUELVA .......................................................................... 3.1.6.- CÁDIZ .............................................................................. 3.1.7.-SIERRA SUBBÉTICA .......................................................... pg. 49 pg. 53 pg. 59 pg. 63 pg. 65 pg. 70 pg. 78 3.2.- El reino de Córdoba ................................................................. pg. 82 3.2.1.- CAMPIÑA ......................................................................... 3.2.2.- FRONTERA ....................................................................... 3.2.3.- SIERRA DE LOS PEDROCHES.............................................. pg. 84 pg. 87 pg. 90 3.3.- El Reino de Jaén ....................................................................... pg. 93 3.3.1.- LA LOMA Y LA CAMPIÑA ................................................. 3.3.2.- LAS SIERRAS DE CAZORLA Y SEGURA ............................. 3.3.3.- LA SIERRA SUBBÉTICA .................................................... pg. 96 pg. 101 -630- pg. 104 4.- Resumen por zonas ............................................................................. pg. 109 4.1.- Sierra Morena .......................................................................... 4.2.- El Valle ...................................................................................... 4.3.- La Frontera .............................................................................. pg. 109 pg. 110 pg. 112 III. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN URBANA ................................ pg. 115 1.- Fijación de las cifras .......................................................................... 2.- Análisis evolutivo ............................................................................... pg. 115 pg. 123 2.1.- La evolución demográfica de la primera mitad del siglo XV 2.2.- La población ciudadana y la población rural ........................ pg. 127 pg. 129 SEGUNDA PARTE: LOS FACTORES INTERNOS DE LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA URBANA ....................................... pg. 139 IV. FUENTES Y METODOLOGÍA .......................................................... pg. 141 1.- Las fuentes .......................................................................................... 2.- Los protocolos notariales de Sevilla, Córdoba y Jaén ...................... 3.- Los testamentos y su información ...................................................... 4.- La recogida de datos .......................................................................... pg. 141 pg. 144 pg. 150 pg. 156 V. DEL SEXO Y EL MATRIMONIO ........................................................ pg. 159 1.- El sexo ................................................................................................ 2.- Solteros contra casados ..................................................................... pg. 159 pg. 167 2.1.- Las tasas de nupcialidad .......................................................... 2.2.- Grupos sociales y profesiones ................................................. 2.3.- Solteros laicos y solteros eclesiásticos .................................... pg. 167 pg. 174 pg. 186 3.- La edad del matrimonio ..................................................................... 4.- La duración del matrimonio ............................................................... 5.- Matrimonios múltiples ........................................................................ 6.- Viudos y viudas ................................................................................... 7.- Uniones no matrimoniales .................................................................. pg. 196 pg. 215 pg. 217 pg. 226 pg. 232 VI. DE LOS HIJOS Y LA FAMILIA ......................................................... pg. 237 1.- El número de los hijos ........................................................................ pg. 238 1.1.- Los hijos supervivientes ........................................................... pg. 238 -631- 1.2.- Distribución del número de hijos supervivientes .................. pg. 243 2.- Fecundidad y reproducción ............................................................... 3.- Alnados e hijos de viudos ................................................................... 4.- Otros convivientes .............................................................................. 5.- Hijos ilegítimos .................................................................................. pg. 270 pg. 275 pg. 289 pg. 291 VII. DE LA MUERTE .................................................................................. pg. 297 1.- Mortalidad extraordinaria ................................................................. 2.- La mortalidad no catastrófica: presupuestos .................................... 3.- Cuatro aproximaciones a la intensidad de la muerte ........................ pg. 297 pg. 304 pg. 306 3.1.- Tasa “directa” de mortalidad ................................................. 3.2.- Mortalidad de hijos citados ..................................................... 3.3.- Las citas de los nietos ............................................................... 3.4.- Las citas de los padres muertos ............................................... pg. 307 pg. 313 pg. 326 pg. 334 4.- Recapitulación .................................................................................... pg. 343 VIII. CRIADOS Y ESCLAVOS ................................................................. pg. 351 1.- El conjunto de las ciudades andaluzas .............................................. pg. 351 1.1.- Los criados ................................................................................ 1.2.- Los esclavos .............................................................................. pg. 351 pg. 364 2.- Criados y esclavos en Sevilla ............................................................. pg. 373 2.1.- Los criados ................................................................................ 2.2.- Los esclavos .............................................................................. 2.3.- La servidumbre en Sevilla ....................................................... pg. 373 pg. 380 pg. 387 3.- Córdoba y Jaén .................................................................................. pg. 396 3.1.- Los criados de Córdoba ........................................................... 3.2.- Los esclavos de Córdoba .......................................................... 3.3.- Criados y esclavos en Jaén ...................................................... pg. 396 pg. 404 pg. 410 IX. CONCLUSIONES ................................................................................. pg. 417 1.- Análisis conjunto de los factores demográficos internos ................... 2.- Hipótesis final sobre la evolución demográfica urbana de Andalucía pg. 417 pg. 429 APÉNDICES ................................................................................................. -632- pg. 445 APÉNDICE 1: CIFRAS DE POBLACIÓN ............................................... pg. 447 1.1.- Reino de Sevilla ............................................................................... pg. 447 Aljarafe ............................................................................................... Cádiz .................................................................................................. Campiña ............................................................................................. Huelva ................................................................................................ Sierra de Aracena ............................................................................... Sierra de Constantina ......................................................................... Sierra Subbética (Frontera) ................................................................ pg. 447 pg. 456 pg. 458 pg. 461 pg. 464 pg. 470 pg. 472 1.2.- Reino de Córdoba ............................................................................ pg. 474 Campiña ............................................................................................. Sierra de Los Pedroches ..................................................................... Sierra Subética (Frontera) .................................................................. pg. 474 pg. 475 pg. 476 1.3.- Reino de Jaén .................................................................................. pg. 477 Cazorla ............................................................................................... Loma .................................................................................................. Sierra Subbética (Frontera) ................................................................ pg. 477 pg. 479 pg. 481 APÉNDICE 2: TASAS DE CRECIMIENTO ............................................ pg. 483 2.1.- Reino de Sevilla ............................................................................... pg. 483 2.1.1.- Aljarafe y Ribera .................................................................. 2.1.2.- Cádiz ...................................................................................... 2.1.3.- Campiña ................................................................................. 2.1.4.- Huelva .................................................................................... 2.1.5.- Sierra de Aracena ................................................................. 2.1.6.- Sierra de Constantina ........................................................... 2.1.7.- Sierra Subbética (Frontera) ................................................. pg. 483 pg. 484 pg. 484 pg. 485 pg. 485 pg. 486 pg. 486 2.2.- Reino de Córdoba ............................................................................ pg. 487 2.2.1.- Campiña ................................................................................. 2.2.2.- Sierra de los Pedroches ......................................................... 2.2.3.- Sierra Subbética (Frontera) ................................................. pg. 487 pg. 487 pg. 487 2.3.- Reino de Jaén .................................................................................. pg. 488 2.3.1.- Loma ....................................................................................... pg. 488 -633- 2.3.2.- Cazorla ................................................................................... 2.3.3.- Sierra Subbética (Frontera) ................................................. pg. 488 pg. 489 APÉNDICE 3: RELACIÓN DE TESTADORES ...................................... pg. 491 3.1.- Sevilla .............................................................................................. 3.2.- Córdoba ........................................................................................... 3.3.- Jaén ................................................................................................. pg. 491 pg. 516 pg. 547 ÍNDICE DE CUADROS .............................................................................. pg. 561 ÍNDICE DE GRÁFICOS ............................................................................. pg. 569 INTRODUCCIÓN PRIMERA PARTE. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA DE LA ANDALUCÍA CRISTIANA, 1400-1530 I. LOS ESTUDIOS SOBRE LA POBLACIÓN MEDIEVAL EN ANDALUCÍA OCCIDENTAL 1.- La aportación de los trabajos novecentistas 2.- El estudio de los repartimientos como base de la investigación demográfica medieval andaluza 3.- La demografía en el marco de la historia social 4.- Los años ochenta: recapitulación, debate y nuevas tendencias 5.- Los últimos trabajos 6.- Ediciones de fuentes 7.- La historia de la familia bajomedieval andaluza II. EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA 1.- Los datos y su tratamiento 2.- Primeras apreciaciones globales 3.- Evolución por reinos 3.1.- El Reino de Sevilla 3.1.1.- ALJARAFE Y RIBERA 3.1.2.- CAMPIÑA 3.1.3.- SIERRA DE ARACENA 3.1.4.- SIERRA DE CONSTANTINA 3.1.5.- HUELVA 3.1.6.- CÁDIZ 3.1.7.-SIERRA SUBBÉTICA 3.2.- Reino de Córdoba 3.2.1.- CAMPIÑA 3.2.2.- FRONTERA 3.2.3.- SIERRA DE LOS PEDROCHES 3.3.- El Reino de Jaén 3.3.1.- LA LOMA Y LA CAMPIÑA 3.3.2.- LAS SIERRAS DE CAZORLA Y SEGURA 3.3.3.- LA SIERRA SUBBÉTICA 4.- Resumen por zonas 4.1.- Sierra Morena 4.2.- El Valle 4.3.- La Frontera III. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN URBANA 1.- Fijación de las cifras 2.- Análisis evolutivo 2.1.- La evolución demográfica de la primera mitad del siglo XV 2.2.- La población ciudadana y la población rural SEGUNDA PARTE. LOS FACTORES INTERNOS DE LA EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA URBANA IV. FUENTES Y METODOLOGÍA 1.- Las fuentes 2.- Los protocolos notariales de Sevilla, Córdoba y Jaén 3.- Los testamentos y su información 4.- La recogida de datos V. DEL SEXO Y EL MATRIMONIO 1.- El sexo 2.- Solteros contra casados 2.1.- Las tasas de nupcialidad 2.2.- Grupos sociales y profesiones 2.3.- Solteros laicos y solteros eclesiásticos 3.- La edad del matrimonio 4.- La duración del matrimonio 5.- Matrimonios múltiples 6.- Viudos y viudas 7.- Uniones no matrimoniales VI. DE LOS HIJOS Y LA FAMILIA 1.- El número de los hijos 1.1.- Los hijos supervivientes 1.2.- Distribución del número de hijos supervivientes 2.- Fecundidad y reproducción 3.- Alnados e hijos de viudos 4.- Otros convivientes 5.- Hijos ilegítimos VII.- DE LA MUERTE 1.- Mortalidad extraordinaria 2.- La mortalidad no catastrófica: presupuestos 3.- Cuatro aproximaciones a la intensidad de la muerte 3.1.- Tasa “directa” de mortalidad 3.2.- Mortalidad de hijos citados 3.3.- Las citas de los nietos 3.4.- Las citas de los padres muertos 4.- Recapitulación VIII.- CRIADOS Y ESCLAVOS 1.- El conjunto de las ciudades andaluzas 1.1.- Los criados 1.2.- Los esclavos 2.- Criados y esclavos en Sevilla 2.1.- Los criados 2.2.- Los esclavos 2.3.- La servidumbre en Sevilla 3.- Córdoba y Jaén 3.1.- Los criados de Córdoba 3.2.- Los esclavos de Córdoba 3.3.- Criados y esclavos en Jaén CONCLUSIONES 1.- Análisis conjunto de los factores demográficos internos. 2.- Hipótesis final sobre la evolución demográfica urbana de Andalucía APÉNDICES APÉNDICE 1: CIFRAS DE POBLACIÓN 1.1 Reino de Sevilla ALJARAFE CÁDIZ CAMPIÑA HUELVA SIERRA DE ARACENA SIERRA DE CONSTANTINA SIERRA SUBBETICA (FRONTERA) 1.2 Reino de Córdoba CAMPIÑA SIERRA DE LOS PEDROCHES SIERRA SUBBETICA (FRONTERA) 1.3 Reino de Jaén CAZORLA LOMA SIERRA SUBBÉTICA (FRONTERA) APÉNDICE 2: TASAS DE CRECIMIENTO 2.1.- Reino de Sevilla 2.1.1.- Aljarafe y Ribera 2.1.2.- Cádiz 2.1.3.- Campiña 2.1.4.- Huelva 2.1.5.- Sierra de Aracena 2.1.6.- Sierra de Constantina 2.1.7.- Sierra Subbética (Frontera) 2.2.- Reino de Córdoba 2.2.1.- Campiña 2.2.2.- Sierra de los Pedroches 2.2.3.- Sierra Subbética (Frontera) 2.3.- Reino de Jaén 2.3.1.- Loma 2.3.2.- Cazorla 2.3.3.- Sierra Subbética (Frontera) APÉNDICE 3: RELACIÓN DE TESTADORES 3.1.- SEVILLA 3.2.- CÓRDOBA 3.3.- JAÉN BIBLIOGRAFÍA ÍNDICE DE CUADROS ÍNDICE DE GRÁFICOS ÍNDICE GENERAL