UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE FILOLOGÍA TESIS DOCTORAL Aspectos gramaticales del vocativo en español MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Laura González López Directora Cristina Sánchez López Madrid © Laura González López, 2019 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE FILOLOGÍA Departamento de Lengua Española y Teoría de la Literatura TESIS DOCTORAL Aspectos gramaticales del vocativo en español MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Laura González López DIRECTORA Cristina Sánchez López Madrid, 2019 © Laura González López, 2019 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE FILOLOGÍA Departamento de Lengua Española y Teoría de la Literatura TESIS DOCTORAL Aspectos gramaticales del vocativo en español Tesis doctoral presentada para optar al grado de Doctor con Mención Internacional PRESENTADA POR: Laura González López DIRECTORA Cristina Sánchez López Madrid, 2019 © Laura González López, 2019 Laura González López Aspectos gramaticales del vocativo en español TESIS DOCTORAL Directora: Dra. Cristina Sánchez López Departamento de Lengua Española y Teoría de la Literatura Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid AGRADECIMIENTOS «Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar» Machado da comienzo a uno de sus poemas más conocidos con el sustantivo caminante, una expresión vocativa tan frecuente como desconocida entre los hablantes. A mi entender, con estos versos nos habla del camino como un viaje por la vida que hemos de recorrer. En mi caso, el trayecto acaba de comenzar: he llegado a lugares desconocidos y he encontrado a personas extraordinarias. A lo largo de estos casi cuatro años –cinco, si contamos con el máster–, mi guía, Cristina Sánchez, me ha regalado su sabiduría, su paciencia y su cariño. Siempre generosa con su tiempo, ha sabido encauzarme en el sendero. Me ha enseñado a investigar, a valorar la gramática en todas sus vertientes y, sobre todo, ha despertado en mí el interés por seguir aprendiendo cada vez un poco más. Gracias a sus orientaciones he podido conocer a otros expertos que me han ayudado a descubrir nuevos itinerarios. Entre ellos, me gustaría hacer mención especial a José María Lahoz, cuya ayuda con el programa Praat fue fundamental, y a Georg A. Kaiser y Svenja Schmid, con los que he descubierto que existen rutas en el extranjero. «Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar» Aunque el pasado no se puede cambiar, como bien señala Machado, creo que es necesario echar la vista atrás y agradecer a todas aquellas personas que han influido y siguen influyendo en cada uno de mis pasos. Entre ellos se encuentran mis profesores de la universidad, Ignacio Bosque, María Jesús Fernández Leborans y Luis García. En sus clases he disfrutado como nunca de la gramática y he aprendido cuánto nos puede aportar. Pero este camino no lo hubiera podido recorrer si no hubiera contado con unos excepcionales compañeros de viaje: mis padres, Maite y José Manuel. Su apoyo incondicional en cada uno de mis pasos, su fe ciega en todas mis elecciones, cuanto menos sorprendentes –yo era la experta en sudokus y en números de mi familia–, y su confianza infinita en mis posibilidades me han permitido adentrarme en este nuevo mundo, desconocido para todos. Por eso no puedo dejar de agradecer también a mi hermana, Celia, y a mi cuñado, David, su apoyo constante en todos los momentos de debilidad de este trayecto. Ellos han sido mi soporte durante estos años. Me han regalado recetas de vida y senderos por explorar. Todos ellos son la base de mi pequeña (pero) gran familia, siempre en la retaguardia, pendientes de celebrar mis éxitos y, sobre todo, de amortiguar mis tropiezos. Me han enseñado a valorar que lo importante no es llegar a la meta de la senda ya marcada, sino mantener viva la ilusión de crear un camino propio a diario y disfrutar de cada paso. También agradezco a familiares y amigos como Santi, Diego, Antonio, Laura y Raquel el haber estado tan presentes en la elaboración de mi tesis, el haber comprendido y compartido mi dedicación a la misma e, incluso, el haber presenciado y escuchado atentamente algunas de mis conferencias. Finalmente, me gustaría dar las gracias a todos los que participasteis en mis entrevistas: no hubiera podido hacer el estudio sin vosotros. Como dice el actor Roberto Benigni, «empezar un nuevo camino asusta pero tras cada paso que damos nos damos cuenta de cuán peligroso era quedarnos ahí parados» En Madrid, Canet d‘en Berenguer, Coto de San Isidro y Constanza (octubre de 2015- abril de 2019). i ÍNDICE DE CONTENIDOS ÍNDICE DE CUADROS, TABLAS y FIGURAS ....................................................... vi ABREVIATURAS…………………………………………...……………………..…vii RESUMEN ..................................................................................................................... ix ABSTRACT ................................................................................................................... xi CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................ 1 1.1. ¿Por qué estudiar los vocativos? ........................................................................ 1 1.2. ¿Por qué una perspectiva sintáctica?................................................................. 3 1.3. Objetivos ............................................................................................................... 4 1.4. Función pragmática: el vocativo en los actos de habla .................................... 4 1.5. Modelo teórico: modelo cartográfico ................................................................. 9 1.6. Organización ...................................................................................................... 14 CAPÍTULO 2. DEFINICIÓN y DELIMITACIÓN DE LOS VOCATIVOS .......... 17 2.1. ¿Qué es un vocativo? ......................................................................................... 18 2.1.1. Propiedades semántico-pragmáticas ........................................................... 19 2.1.2. Propiedades morfo-sintácticas ..................................................................... 29 2.1.3. Rasgos fónicos .............................................................................................. 37 2.1.4. Tipos de vocativos: clasificación y recapitulación....................................... 40 2.1.4.1. Criterio semántico-pragmático………….…………………………40 2.1.4.2. Criterio morfo-sintáctico…………..……………………………….41 2.1.5. Recapitulación .............................................................................................. 44 2.2. ¿Cómo se reconocen los vocativos? .................................................................. 45 2.2.1. Rasgos sintácticos: la ausencia de determinantes ....................................... 46 2.2.2. Las partículas ............................................................................................... 49 2.2.3. Rasgos morfológicos: el caso ....................................................................... 53 2.2.4. Rasgos semántico-pragmáticos: la función .................................................. 59 2.2.5. Rasgos fónicos: la entonación ...................................................................... 60 2.2.6. Recapitulación .............................................................................................. 62 2.3. Vocativo y Sujeto: diferencias y pruebas para su identificación .................. 63 2.3.1. Diferencias gramaticales .............................................................................. 65 2.3.1.1. Diferencias sintáctico-semánticas….………………………………..66 ii 2.3.1.2. Diferencias pragmáticas…………………………………………….71 2.3.1.3. Diferencias fónicas…………………………………………………74 2.3.1.4. Recapitulación……………………………….……………………..75 2.3.2. Aplicación de las pruebas a los ejemplos ..................................................... 76 2.3.3. Recapitulación .............................................................................................. 78 2.4. Delimitación prosódica entre sujeto y vocativo: estudio experimental ........ 79 2.4.1. La entonación: teoría métrica autosegmental y teoría de la estructura prosódica ................................................................................................................ 79 2.4.1.1. La teoría métrica-autosegmental y su aplicación al español…….….81 2.4.1.2. Teoría de la estructura prosódica: unidades prosódicas………….…85 2.4.1.3. Recapitulación……………………………………………………...89 2.4.2. Estudio prosódico ......................................................................................... 90 2.4.2.1. Objetivos …………………………………………………………..91 2.4.2.2. Metodología empleada…..………………………………………….91 2.4.2.3. Cuestionario…………………………………………..…………….93 2.4.2.4. Análisis de los resultados……………………………..…………….95 2.4.2.4.1. Pregunta 1…………………………………………...……….96 2.4.2.4.2. Pregunta 2………………………………………………........99 2.4.2.4.3. Pregunta 3……………………………………………..........106 2.4.2.4.4. Pregunta 4……………………………………………..........109 2.4.2.5. Recapitulación………………………………………………….....114 2.5. Conclusiones ..................................................................................................... 115 CAPÍTULO 3. LA ESTRUCTURA INTERNA DE LOS VOCATIVOS .............. 119 3.1. Núcleo ............................................................................................................... 120 3.1.1. Pronombres personales .............................................................................. 121 3.1.2. Nombres propios y nombres comunes ........................................................ 125 3.1.2.1. Nombres propios……………….…………………………………127 3.1.2.2. Nombres comunes………………..……………………………….133 3.1.3. Adjetivos .................................................................................................... .142 3.1.3.1. Insultos……………………………………………………….……146 3.1.4. Rasgos ......................................................................................................... 149 3.1.4.1. Propiedades deícticas de segunda persona……………………...…….150 3.1.4.2. Propiedades inter-personales………………………………………....156 iii 3.1.5. Recapitulación ............................................................................................ 159 3.2. Modificadores y complementos de los núcleos vocativos ............................. 160 3.2.1. Complementos ............................................................................................ 160 3.2.1.1. Complementos restrictivos………………………….....................160 3.2.1.2. Complementos no restrictivos……………………………………169 3.2.2. Modificadores ............................................................................................. 170 3.2.2.1. Posesivos……………………..……………………………………178 3.2.2.1.1. Variación lingüística…………………………………...192 3.2.3. Recapitulación ............................................................................................ 194 3.3. Los vocativos y su proyección funcional ........................................................ 195 3.3.1. ¿Sintagma u oración? ................................................................................. 196 3.3.2. ¿Qué tipo de sintagma proyectan? ............................................................. 198 3.3.3. ¿Por qué los vocativos no pueden llevar determinación en unos casos pero sí en otros? ........................................................................................................... 208 3.3.4. Recapitulación ............................................................................................ 222 3.4. Análisis .............................................................................................................. 223 3.4.1. Análisis previos .......................................................................................... 224 3.4.1.1. Hill (2007, 2013a, 2013b)………………………………………..224 3.4.1.2. Stavrou (2009, 2014)…….………...…………………………….234 3.4.1.3. Espinal (2013) ………….………..…….………………………..238 3.4.2. Propuesta de análisis ................................................................................. 244 3.4.2.1. Sintagma Vocativo (SVoc)………….…………………………...246 3.4.2.2. Análisis de ‗vocativos sin determinación‘ o ‗de tipo ………..….248 3.4.2.2.1. Pronombres de segunda persona……………………………248 3.4.2.2.2. Nombres propios…………………………………………....256 3.4.2.2.3. Nombres comunes………………………………………….261 3.4.2.2.4. Adjetivos sustantivados…………………………………….265 3.4.2.2.5. Recapitulación……………………………………………...269 3.4.2.3. Análisis de los ‗vocativos con determinación‘ o ‗de tipo 2‘….....270 3.4.2.3.1. Construcciones con artículos definidos…………………….271 3.4.2.3.2. Construcciones con demostrativos…………………………276 3.4.2.3.3. Construcciones con posesivos…………………………..….281 3.4.2.3.4. Recapitulación……………………………………………...287 iv 3.4.2.4. Complementos………………………………………………………..288 3.4.2.5. Recapitulación………………………………………………………..294 3.5. Conclusiones ..................................................................................................... 295 CAPÍTULO 4. LOS VOCATIVOS y LA ORACIÓN ............................................. 299 4.1. Posiciones del vocativo .................................................................................... 300 4.1.1. Posición inicial ........................................................................................... 300 4.1.2. Posición media ........................................................................................... 304 4.1.3. Posición final .............................................................................................. 308 4.1.4. Recapitulación ............................................................................................ 311 4.2. Los vocativos con respecto a la oración ......................................................... 312 4.2.1. Vocativos como aposiciones ....................................................................... 313 4.2.2. Vocativos como integrantes de la periferia izquierda ................................ 316 4.2.2.1. [Esp, SFinitud]…………………………………………………….318 4.2.2.2. [Esp, SFoco]……………………………………………………….320 4.2.2.3. [Esp, STópico]…………………………………………………….321 4.2.2.4. [Esp, SFuerza]……………………………………………………..327 4.2.3. Recapitulación ............................................................................................ 334 4.3. Análisis .............................................................................................................. 335 4.3.1. Vocativos iniciales o apelativos (calls) ...................................................... 336 4.3.2. Vocativos medios y finales o fáticos (addressees) ...................................... 343 4.3.3. Recapitulación ............................................................................................ 351 4.4. Vocativos e imperativos .................................................................................. 351 4.4.1. Semántica de los imperativos ..................................................................... 352 4.4.2. Propuesta de Zanuttini, Mauck, Portner y Pak .......................................... 357 4.4.3. Recapitulación ............................................................................................ 361 4.5. Correferencialidad........................................................................................... 362 4.6. Vocativos múltiples .......................................................................................... 366 4.6.1. Vocativos con destinatarios múltiples ........................................................ 367 4.6.2. Vocativos de insistencia ............................................................................. 371 4.6.3. Vocativos múltiples de un conjunto ............................................................ 373 4.6.4. Recapitulación ............................................................................................ 376 4.7. Los vocativos y otros elementos extraoracionales ........................................ 377 4.7.1. Vocativos y parentéticos ............................................................................. 378 4.7.1.1. Adverbios periféricos……………………………………………..380 v 4.7.2. Vocativos y partículas ................................................................................ 391 4.7.3. Vocativos y tópicos ..................................................................................... 413 4.7.4. Recapitulación ............................................................................................ 418 4.8. Conclusiones ..................................................................................................... 419 CAPÍTULO 5. CONCLUSIONS ............................................................................... 423 BIBLIOGRAFÍA ........................................................................................................ 429  FUENTES DE EJEMPLOS DE CREA ............................................................ 472  FUENTES DE EJEMPLOS DE CORPES XXI ................................................ 472 ANEXO: MODELO DE PREGUNTAS DEL CUESTIONARIO ......................... 477 vi ÍNDICE DE CUADROS, TABLAS y FIGURAS Cuadros Cuadro 1. Inventario de los acentos tonales monotales y bitonales del castellano y sus representaciones esquemáticas…………………..……………83 Cuadro 2. Inventario de los tonos de frontera del castellano y sus representaciones esquemáticas………………………………..84 Cuadro 3. Resumen de las diferencias de los vocativos según su posición……………….312 Cuadro 4. Resumen de las principales propuestas del análisis de la semántica de los imperativos………………………………..354 Cuadro 5. Resumen de las características principales de los tipos de oraciones yusivas…………………………………….358 Tablas Tabla 1. Partículas vocativas………..........52 Tabla 2. Lenguas con caso morfológico………………………………..55 Tabla 3. Principales funciones de las partículas…………………………………..60 Tabla 4. Muestra del uso de ‗posesivos + sustantivos‘ en construcciones vocativas (CREA)………………………………...….183 Tabla 5. Muestra del uso de ‗posesivos + sustantivos‘ en construcciones vocativas (CORPES)…………………………….…..184 Figuras Figura 1. Curva melódica de los vocativos según Estebas Vilaplana y Prieto (2010: 42)………………………………………...96 Figura 2. Curva melódica de los vocativos de insistencia según Estebas Vilaplana y Prieto (2010: 42)…………………………..…….97 Figura 3. Curva melódica de los vocativos según nuestros datos……………………...98 Figura 4. Patrón melódico del sujeto en enunciados declarativos……………….100 Figura 5. Patrón melódico del sujeto en enunciados directivos…………………101 Figura 6. Rafa, cierra la venta por fa (entrevista 29, mujer)………..…………………….102 Figura 7. Santi (entrevista 27, mujer)………………………..…………102 Figura 8. Rafael (entrevista 27, mujer)…………………………………..103 Figura 9. Álvaro (entrevista 27, mujer)…………………………………..103 Figura 10. Álvaro, cierra la ventana (entrevista 9, hombre)………………………….….104 Figura 11. El chico de la última fila (entrevista 13, mujer)………………………………107 Figura 12. Los que piensan que están en un bar (entrevista 4, mujer)……………………107 Figura 13. Los pianistas que vayan practicando escalas (entrevista 19, hombre)…………………………………110 Figura 14. Los violinistas que vayan afinando sus instrumentos (entrevista 19, hombre)…………………………………111 Figura 15. Los violinistas, que vayan practicando escalas (entrevista 4, mujer)……………………………………112 Figura 16. Los pianistas, que vayan afinando sus instrumentos (entrevista 4, mujer).……………………………………112 Figura 17. Pianistas, practiquen escalas (entrevista 3, mujer)……….…………….113 Figura 18. Violinistas, vayan afinando sus instrumentos (entrevista 3, mujer)…………………………………….113 vii ABREVIATURAS Aº /Adjº – Núcleo Adjetivo. ACUS – Acusativo. Addr – Addressee. CD – Complemento Directo. CI – Complemento Indirecto. CLLD – Clitic Left Dislocation (‗Dislocaciones de clíticos a la izquierda‘). CReg – Complemento de Régimen Preposicional o Complemento Regido. Dº –Núcleo Determinante. DAT – Dativo. Def – Definitud. DX / Dx – Rasgo deíctico. Esp – Especificador. Fin – Finitud. FL – Forma Lógica. Flex – Flexión. Fr. – francés. Gall. – gallego. H– High pitch/tone (‗tono alto‘). HT– Hanging Topic (‗tópico colgante‘). Imp – Imperativo. Ingl. – inglés. i-p – rasgo inter-personal. It. – italiano. L – Low pitch/tone (‗tono bajo‘). M – Medium pitch (‗tono medio‘). Mod – Modificador. N – Nombre. Nº – Núcleo Nominal. Numº – Núcleo Número. NOM – Nominativo. Pª – Núcleo Personal. Partº – Núcleo Partícula. Pl. – Plural. PPEE – Plurales Escuetos. Prep – Preposición. Ref. – Referencialidad. saº/SAº– núcleo speech act (‗núcleo acto de habla‘). SAdj – Sintagma Adjetivo. SAddr – Sintagma Addressee (‗sintagma interperlado‘). SAdv – Sintagma Adverbial. SAP – Speech Act Phrase (‗sintagma acto de habla‘). SApel – Sintagma Apelativo. Apelº – Núcleo apelativo. SComp/SC–Sintagma Complementante. SConc – Sintgama Concordancia. SCu – Sintagma Cuantificador. SD/SDet – Sintagma Determinante. SDem – Sintagma Demostrativo. SFático – Sintagma Fático. SFin –Sintagma Finitud. SFlex –Sintagma Flexión. viii SFoco –Sintagma Foco. SFuerza –Sintagma Fuerza. Sing. – Singular. SInt –Sintagma Interrogativo. SN – Sintagma Nominal. SNum – Sintagma Número. SP – Sintagma Preposicional. SPart – Sintagma Partícula SPos – Sintagma Posesivo. ST –Sintagma Tiempo. STop –Sintagma Tópico. SUB – Subjuntivo. Suj – Sujeto. SV – Sintagma Verbal. SVoc – Sintagma Vocativo. TP – Término de Preposición. Voc – Vocativo. Vocº – Núcleo Vocativo. VOC – Caso Vocativo. ix RESUMEN Los vocativos son estructuras gramaticales de uso generalizado en la lengua hablada. De acuerdo con Zwicky (1974), los hablantes los emplean para llamar la atención del interlocutor o para mantener o enfatizar el contacto con él. Sin embargo, su estudio no ha despertado el interés de los investigadores españoles, por lo que su gramática ha permanecido ‗olvidada‘ todo este tiempo. El objetivo de esta investigación es llenar este vacío en español tal como ya han hecho numerosos autores en otras lenguas (e.g. Moro, 2003 en italiano; Hill, 2013a, 2013b en rumano; Stavrou, 2014 en griego; Espinal, 2013 en catalán; et al.). Para ello, se ha decidido optar por un enfoque sintáctico-semántico, si bien la pragmática, la morfología, la variación dialectal y lingüística así como la prosodia también estarán muy presentes en esta investigación. La tesis se ha organizado en torno a cinco capítulos. El primero aborda los principales objetivos de esta investigación y el marco teórico adoptado para nuestro análisis sintáctico. El segundo ofrece una definición para los vocativos y discute las principales cuestiones relacionadas con este concepto. Además, presenta aquellas características que permiten diferenciarlos de otros elementos como los sujetos. En este sentido, al final del capítulo 2 se realiza un estudio prosódico en el que se analiza el contorno entonativo que presentan los vocativos (capítulo 2). Mi propuesta es que estos elementos poseen un tono de frontera bajo, no medio como propone la bibliografía a este respecto, y que el pico se alcanza en la sílaba tónica. Estos rasgos, unidos a su estatuto como frases entonativas independientes, son suficientes para diferenciar los vocativos de otros elementos oracionales como los sujetos, pero también de otros extraoracionales como los tópicos. El capítulo 3 se centra en dos aspectos relacionados con la estructura interna de los vocativos: de un lado, en el tipo de sintagma que proyectan; por otro lado, en los rasgos que permiten su interpretación como tales. Con respecto a la primera cuestión, mi propuesta es que las construcciones vocativas –sean de la naturaleza que sean– proyectan siempre SSDD. Esta afirmación implica una revisión de la hipótesis de Longobardi (1994) y sus seguidores, quienes defienden que el estatuto de SD está reservado únicamente para las estructuras argumentales. En relación a los rasgos que poseen las expresiones vocativas, defiendo que sean principalmente dos, siguiendo a x Hill (2007, 2013a, 2013b): propiedades deícticas de segunda persona y características inter-personales. Tales rasgos no pueden estar en Dº, como señala Bersntein (2008), por lo que propongo la existencia de una nueva proyección funcional a la que la bibliografía ha denominado Sintagma Vocativo (SVoc) (Moro, 2003; Hill, 2013a, 2013b; Stavrou, 2014; Espinal, 2013; et al.). La posición que ocupa el SVoc en relación a la oración ha sido estudiada en el capítulo 4. Tras el análisis de las distintas posiciones en las que puede aparecer, se ha mostrado que el SVoc se sitúa en la periferia izquierda de Rizzi (1997). A esta misma conclusión han llegado otros muchos autores como Moro (2003), Stavrou (2009), 2014), Espinal (2013) o Slocum (2010, 2016). La novedad de mi propuesta reside en que defiendo que los vocativos ocupan dos posiciones distintas dependiendo de su función semántico-pragmática. Si adquieren una interpretación apelativa (vocativos iniciales), se situarán por encima de SFuerza, pero si obtienen un valor fático (vocativos medios y finales), aparecerán entre el STop más alto y el SFoco, tal como propone Slocum (2010, 2016). En consecuencia, se demuestra que la distinción semántico- pragmática propuesta por Zwicky (1974) entre calls o llamadas y addresses o fáticos tiene repercusión en la sintaxis. Por otro lado, el capítulo 4 examina las similitudes de los vocativos con otros elementos extraoracionales: los tópicos, las partículas y los parentéticos, entre los que se ha puesto especial atención en los adverbios oracionales. Mi propuesta, no obstante, es que los vocativos se diferencian de todos ellos en varios aspectos: por su naturaleza obligatoriamente referencial y determinativa, por su entonación propia o por su estatus como funciones no como categorías gramaticales, entre otras cosas. En consecuencia, se ha defendido que vocativos y elementos extraoracionales ocupan diferentes posiciones en la proyección. Finalmente, en el quinto capítulo se recogen las principales conclusiones obtenidas a lo largo de esta tesis y se muestran las posibles líneas de investigación para futuros investigadores. xi ABSTRACT Vocatives are grammatical structures very frequently found in spoken language. According to Zwicky (1974), speakers use them to call the attention of the addressee or to maintain or emphasise contact with them. However, not many Spanish researchers have shown interest in this topic in the past. As a consequence, the grammar of the vocative has been overlooked for many years. The main goal of this thesis is to fill this gap for the Spanish language by examining its vocatives, just as several authors have already done for other languages: Moro (2003) for Italian, Hill (2013a, 2013b) for Romanian, Stavrou (2014) for Greek, and Espinal (2013) for Catalan, for instance. This study focuses on a syntax-semantic approach, but pragmatics, morphological and prosodic aspects are also included, as are dialectal and language variation. This thesis contains five chapters. Chapter one includes the key objectives and the theoretical model used for the syntactic analysis. Chapter two defines vocatives and discusses the problems relating to this concept. Furthermore, it presents the characteristics which distinguish them from other sentential elements, specifically subjects. At the end of chapter 2, prosodic research is presented which analyses the intonational contour of vocatives. The new characteristic of my proposal is that I argue that vocatives have a low boundary tone, instead of a medium one as proposed in the literature. This charactersitic, together with the assumption that its peak is reached in the tonic syllable, supports a differentiation between vocatives and other sentential elements such as subjects, but also between vocatives and extrasentential elements such as topics. Chapter 3 focuses on the internal structure of vocatives: on the type of phrase that vocatives project and on the charactersitics that allow their interpretation as such. I argue that vocatives always project DPs independently of their nature. This statement requires a revision of the hypothesis of Longobardi (1994) and his followers, since they consider that the DP is reserved for arguments. Regarding the head properties of vocatives, I propose that there are two charactersitics, as Hill demonstrates (2007, 2013a, 2013b). First, the deictic properties of second person, and second, inter-personal charactersitics, to use the words of Hill. Nevertheless, I assert that these charactersitics xii cannot be in Dº and that there is a new phrase projection, called Vocative Phrase (VocP) in the literature (Moro, 2003; Hill, 2013a, 2013b; Stavrou, 2014; Espinal, 2013; et al.). The position of VocP is examined in chapter 4. After analysing vocative behaviour with respect to its position in the sentence, I have demonstrated that the VocP is located in the left periphery, as defined by Rizzi (1997). Moro (2003), Stavrou (2009, 2014), Espinal (2013) and Slocum (2010, 2016) share a similar point of view. The new charactersitic of my proposal is to assume that vocatives occupy two positions depending on their semantic-pragmatic functions. First, if they have an appellative interpretation (initial vocative), they are placed above ForceP. Second, when they are addressees (middle or final vocatives), they appear between the Focus Phrase and the highest Topic Phrase, as Slocum (2010, 2016) assumes. Consequently, it is shown that the semantic-pragmatic distinction proposed by Zwicky (1974) between calls and addresses has an impact on the syntax. In addition to this, it is demonstrated in chapter 4 that vocatives are a class of extra-sentential elements. As a result, several researchers relate them to topics, particles or parentheticals. However, I have observed that vocatives present specific properties that allow us to distinguish them from these extra-sentential elements. Some of them are their obligatory referential and determinative nature, their status as functions not grammatical categories, and their special intonation, among others. Therefore, I have proposed that vocatives occupy different positions in the projection to particles, adverbs and topics. Finally, chapter 5 contains a summary of the main conclusions of this thesis and possible questions for further research. 1 CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN Este capítulo introductorio trata de justificar el tema de investigación (§1.1.) así como el enfoque sintáctico-semántico que se da a este trabajo (§1.2.), a pesar de su indudable naturaleza pragmática (§1.4.). Una vez establecido el ámbito de estudio, se fijarán los objetivos (§1.3.) y se explicará brevemente el modelo teórico del que partimos (§1.5.). Por último, se mostrará la estructura en torno a la cual se articula esta tesis (§1.6.). 1.1. ¿Por qué estudiar los vocativos? Los usamos a diario y en todas las lenguas. Es muy habitual escuchar construcciones del tipo: Maite, ¿cómo estás?; ¡Buenos días, papá! ; Me comunican, doctora, que la paciente ya está en planta. Maite, papá y doctora son expresiones nominales que sirven para llamar la atención de nuestro interlocutor o para mantener el contacto con él (Zwicky, 1974: 787); es decir, son construcciones vocativas que resultan fundamentales en la lengua oral para poder entablar una conversación con cualquier persona. Curiosamente, muy pocos hablantes conocen el término que los designa. Estas estructuras no son nuevas, sino que tienen una larga tradición histórica. Un caso paradigmático y muy conocido de vocativo es la expresión latina que empleaban los gladiadores como saludo antes de comenzar a luchar en el anfiteatro: Ave, Caesar, morituri te salutant (trad. lit. ‗Salve/Hola, César, los que van a morir te saludan‘: Suetonio, La vida de los doce césares). El uso de vocativos se registra a lo largo de todos los tiempos y en todos los géneros literarios. Así, se encuentran ejemplos en obras teatrales (1) y novelas (2) que reproducen la lengua oral, pero también en géneros más intimistas como la poesía (3): (1) DON DIEGO. –Aquí no se trata de ningún desliz, señora Doña Irene; se trata de una inclinación honesta, de la cual hasta ahora no habíamos tenido antecedente alguno (Moratín, 1806, El sí de las niñas, escena XI). (2) Señor –respondió Sancho–, que el retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para 2 mañana, y no aventurarse todo en un día (Cervantes, 1605-1615, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha). (3) Navega, velero mío, que ni enemigo navío, ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor (Espronceda, 1846: «La canción del pirata», Poesías.). Construcciones tan habituales como los vocativos han tenido, sin embargo, poca o ninguna presencia en los manuales, donde apenas se mencionan, así como entre los especialistas, que pocas veces los toman en consideración. Por eso no sorprende que, en una lengua tan rica en estudios como el español, el vocativo haya pasado prácticamente desapercibido en los trabajos de gramática generativa. Solo se encuentran tres investigaciones aisladas: la tesis doctoral de Abella (1963), quien analiza sus funciones en el discurso y su relación con los imperativos e interjecciones; la de Bañón (1993), quien hace un estudio de corte descriptivo y se centra en sus aspectos pragmáticos (funciones, ámbito de uso, cambios de significado dependiendo de la posición que ocupe, etc.); y la de Alonso Cortés (1999a), quien le dedica un pequeño apartado en la Gramática Descriptiva de la Lengua Española que, además, recopila en un libro (1999b). Este hecho contrasta con los estudios de otras lenguas. Estas pasaron de no dar importancia al vocativo, de manera similar a como ocurre en español, a mostrar un creciente interés, como demuestra la proliferación de algunos trabajos en los últimos años. Así, lenguas como el italiano (Moro, 2003; Donati, 2013), el francés (Floricic, 2011), el rumano (Hill, 2007, 2013a, 2013b), el flamenco (Haegeman, 2014), el inglés (Leech, 1999; Slocum, 2010, 2016), el portugués (Carvalho, 2000, 2010, 2013), el griego (Tsoulas y Alexiadou, 2005; Stavrou, 2014), el turco (Akkuş, 2016) o incluso el catalán (Espinal, 2013) y el vasco (Haddican, 2015) están empezando a centrarse en su estudio. Esta investigación trata de llenar ese vacío en nuestra lengua e intenta otorgar al vocativo la importancia que merece. En el apartado siguiente, se justifica la necesidad de abordar el enfoque de este estudio desde una perspectiva sintáctica a pesar de sus marcados rasgos pragmáticos. 3 1.2. ¿Por qué una perspectiva sintáctica? Es indudable que los vocativos poseen una naturaleza pragmática, tal como se indicará en epígrafes siguientes (§1.4.). Prueba de ello es que se vinculan con un participante primordial en la conversación (el interlocutor) y muestran el tipo de relación existente entre hablante y oyente (i.e. cercanía, distancia, etc.: Brandimonte, 2010: 249-50). Además, se emplean para llamar la atención de este último o como un medio de control entre ambos (Zwicky, 1974: 787; Alonso Cortés, 1999b: 133; Portolés, 2004; Cabrillana Leal, 2009: 121: vid §2.1.). Sin embargo, son muchas las propiedades que poseen los vocativos que no se pueden explicar desde un enfoque pragmático. Algunas de ellas tienen que ver con su estructura interna y, por consiguiente, con su sintaxis (vid §3). Por ejemplo, sería conveniente determinar por qué los vocativos admiten determinantes en algunas lenguas y en ciertos contextos (e.g. Los alumnos de segundo curso, acompáñenme), mientras que en otras situaciones su uso se rechaza sistemáticamente (e.g. No llores, bonita/ *No llores, la bonita). A este respecto, sería necesario esclarecer el tipo de sintagma que conforman estas construcciones, sobre todo si se tiene en cuenta la hipótesis de Longobardi (1994): únicamente los elementos argumentales pueden ser Sintagmas Determinantes (en adelante, SD). Asimismo, sería preciso establecer las clases de palabras que pueden actuar como núcleo vocativo o los rasgos que este último posee en tales casos. Otras cuestiones que únicamente la sintaxis puede aclarar se relacionan con la posición de los vocativos con respecto a la oración, es decir, con su estructura externa (vid §4). A este respecto, sería necesario investigar por qué estas estructuras pueden experimentar ‗cambios‘ de posición (a saber, inicial, media, final), qué lugar ocupan en la proyección, por qué su referencia unas veces coincide con la de un elemento argumental (e.g. Santii, ¿tei pasa algo?) y otras no (e.g. Santii, ¿me*i/j pasa algo?), o cómo se justifica la existencia de construcciones con destinatarios múltiples (e.g. María, Sofía y Ana, os necesito al cien por cien), entre otras muchas cosas. Como consecuencia de todo ello, queda demostrada la necesidad de abordar este estudio desde una perspectiva sintáctica. En el siguiente apartado se ponen de manifiesto los objetivos marcados para esta investigación. 4 1.3. Objetivos El propósito principal de esta tesis es explicar el comportamiento que presentan los vocativos dentro de la estructura sintáctica de la que forman parte. Para ello, se han marcado los siguientes objetivos secundarios. En primer lugar, se pretende determinar las propiedades sintáctico-semánticas pero también morfológicas y pragmáticas de los vocativos con respecto a la oración y al sintagma en el que se insertan. En segundo lugar, se aspira a proponer un análisis sintáctico que dé cuenta tanto de la estructura interna de estas construcciones (i.e. la proyección en la que se generan) como de su estructura externa (i.e. su relación con la oración). En tercer lugar, se persigue mostrar el comportamiento de estas expresiones en sus distintas variedades dialectales (español en España vs. español en Hispanoaméria) y en diferentes lenguas (e.g. francés, rumano, catalán, inglés). En cuarto lugar, se buscan las similitudes y diferencias que presentan los vocativos con respecto a ciertos elementos extraoracionales (i.e. los adverbios oracionales, los tópicos y las partículas), y se explica su relación con los imperativos así como su correferencialidad con otras estructuras de la oración. Finalmente, se pretende examinar los rasgos entonativos de estas expresiones, de manera que sea posible diferenciarlos de otros elementos como son los tópicos o los sujetos, con los que a menudo se confunden. Una vez establecidos los objetivos de esta investigación, en el siguiente apartado se analizan las propiedades pragmáticas más relevantes que presentan los vocativos. Estas se asocian principalmente con su posibilidad de aparecer en cualquier acto de habla. 1.4. Función pragmática: el vocativo en los actos de habla Como se ha señalado en apartados precedentes, la relación entre la pragmática y las construcciones vocativas es innegable. Muestra de ello es la vinculación de estas 5 últimas con uno de los participantes de la conversación: el destinatario 1 . Tal como defiende Portolés (2004), el vocativo se vuelve fundamental como medio de control de contacto en una interacción: Para que la comunicación se produzca, no sólo es preciso que el hablante la realice de un modo ostensivo, también es necesario que el oyente 2 atienda a lo que se le dice. En este cometido los hablantes utilizan distintos medios en lo que Antonio Briz (1998) denomina control del contacto. Quienes tienen la palabra, por ejemplo, emplean las autointerrupciones (…) para llamar la atención del interlocutor, pues este comportamiento atrae su mirada (Goodwin, 1981: 130). Otros medios más evidentes son los vocativos (Portolés, 2004: 50). Por consiguiente, la presencia del vocativo es primordial tanto para mantener el contacto con el interlocutor (e.g. ¿Cómo sigue tu hermano, Álvaro?) como para llamar su atención en una conversación (e.g. Álvaro, ¿cómo sigue tu hermano?) (Zwicky, 1974: 787). Lo más llamativo de estas construcciones vocativas es que se pueden encontrar en cualquier acto de habla. La teoría de los actos de habla fue ideada por Searle (1969) tomando como modelo la propuesta del filósofo del lenguaje Austin (1962). Este último entiende que cualquier enunciado sirve para emitir un acto: «[L]os enunciados 3 sólo reflejan hechos en algunos casos, pero (…) en todas las ocasiones realizan actos» (Portolés, 2004: 169). Según Austin, cuando un hablante emite un acto, está llevando a cabo tres a la vez: locutivo (acto de decir algo: significado), ilocutivo 4 (acto al decir algo: fuerza) y perlocutivo (acto por decir algo: efectos sobre el destinatario –efecto pretendido y efecto real–) (Escandell, 2012: 630). Esta distinción tuvo una gran repercusión entre los 1 Escandell (1999) define este término como aquel que «designa a la persona (o personas) a la(s) que el emisor dirige su enunciado y con la(s) que normalmente suele intercambiar su papel en la comunicación de tipo dialogante» (Escandell, 1999: 26). 2 En este punto es importante traer a colación la propuesta de Goffman (1981: 124 y ss.) sobre los oyentes, entre los que diferencia a los participantes ratificados (destinatarios directos o alocutores y destinatarios indirectos) y espectadores circunstanciales (oyentes casuales y oyentes furtivos). Aunque esta investigación no es de corte pragmático, hay tener en cuenta esta clasificación para entender trabajos posteriores. 3 Austin (1969) diferencia enunciado («[u]n enunciado se hace, y el hacerlo es un evento histórico»: Austin, 1970: 120-121) de oración («puede decirse que son elípticas, o aliterativas o agramaticales»: Austin, 1970: 120-121). Es decir, en palabras de Escandell: «(…) una oración es un tipo de estructura gramatical, abstracta, no realizada. Un enunciado, en cambio, es la realización concreta de una oración emitida por un hablante concreto en unas circunstancias determinadas» (Escandell, 1999: 48). 4 Searle (1969) propone la existencia de cuatro condiciones de adecuación de los actos ilocutivos, a saber: condición de contenido proposicional, condiciones preparatorias, condición de sinceridad y condiciones esenciales. 6 estudiosos de esta nueva disciplina y hoy en día su análisis es fundamental en cualquier trabajo de Pragmática moderna 5 . Poco después, Searle (1969) retoma la propuesta de Austin y presenta una clasificación de los actos de habla que dice lo siguiente: «[H]ablar una lengua consiste en realizar actos de habla, actos tales como hacer afirmaciones (…), dar órdenes, plantear preguntas, hacer promesas, etc., y más abstractamente, actos tales como referir y predicar» (Searle, 1969: 25-26). Por consiguiente, los tipos de actos de habla serían –en palabras del propio Searle– aseverativos («hacer afirmaciones»), directivos («dar órdenes»), compromisivos («hacer promesas»), expresivos (expresar un estado psicológico) y declarativos («referir y predicar»). Estos actos pueden ser directos si su fuerza ilocutiva se corresponde con el tipo de oración, o indirectos si no lo hace por diversos factores (información contextual, situacional o social) (Escandell, 2012: 631). En esta tesis se pondrá especial atención en los actos directivos. Los actos de habla directivos han sido tradicionalmente vinculados con los imperativos y estos, a su vez, con los vocativos. Esta relación se debe al carácter apelativo de ambos: los actos directivos son empleados por el hablante para que el destinatario realice una acción (vid §4.4.), mientras que los vocativos son expresiones de las que se sirve el locutor para llamar la atención del interlocutor, entre otras cosas, tal como se ha señalado previamente. En esta misma línea se sitúa Portolés, quien además señala que los actos directivos no son ni verdaderos ni falsos sino que han de ser obedecidos: El propósito ilocutivo de los actos de habla directivos es que el oyente actúe de manera que su conducta concuerde con el contenido proposicional del acto de habla. (...) no pueden ser verdaderos ni falsos, pero pueden ser obedecidos o no, cumplidos o no, concedidos o denegados, etc. (Portolés, 2004: 179). Cabría preguntarse entonces qué condiciones imponen los actos directivos. A este respecto, Searle dice lo siguiente: «Una orden es obedecida cuando la persona a la que se le ordena algo hace lo que se le ordena y porque se le ordena. Las órdenes tienen una 5 No obstante, años antes autores como Bülher (1934) o Jakobson (1960) habían llegado a conclusiones similares desde la gramática funcional. El primero formula una distinción de las funciones del lenguaje, entre las que diferencia la expresiva, la apelativa y la representativa. Por su parte, el segundo, fundador de la teoría de las funciones del lenguaje, añade a las funciones anteriores la fática o de contacto, la poética y la metalingüística. Esta última clasificación se tendrá muy en cuenta en la presente investigación (vid §2.1. y §4.3.). 7 dirección de adecuación del-mundo-a-la-pa-labra porque parte del propósito de la orden es cambiar el mundo para que case con las palabras» (Searle, 1995: 220). Por consiguiente, los actos directivos necesitan contar con alguien (i.e. el emisor) que emita una orden y con alguien (i.e. el destinatario) a quien se le dirija. La necesidad de que haya un oyente al que dirigir un enunciado (una orden en este caso) es un elemento común a todos los actos de habla. Estos demandan la presencia de un interlocutor para poder preguntarle alguna cuestión (e.g. Niña, ¿cuándo dices que se casa tu hermana?), solicitarle alguna ayuda (e,g, ¿Me ayudas, David?), darle algún consejo (e.g. Ten cuidado con tus compañeras, Maite, que son muy envidiosas), etc. Este hecho justifica que el vocativo sea compatible con cualquier acto de habla. A una conclusión similar llega Alonso Cortés: el vocativo (…) pued[e] acompañar a cualquier acto de habla, porque los actos de habla exigen por lo general un oyente. El hablante puede dirigirse al oyente empleando el vocativo (…) para: saludar (PEDRO: ¡Hola, Marcelo! / MARCELO: Bien, ¿y tú, Pedro? [M. de Unamuno, Teatro. Obras completas, V, 325]); dirigirse a una audiencia u oyente colectivo (Señores académicos: no quisiera vuestra atención más tiempo [C. J. Cela, La colmena, 138]); (…) preguntar (Eh, niño, ¿adónde vas tú? [Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama, 138]); hacer una petición (Un paquete de fortuna, señora [J. L. Alonso de Santos, La estanquera de Vallecas, 57]); implorar (Esposo mío, si estás enojado, desenójate [Ramón Mª del Valle-Inclán, Martes de carnaval, 92]); expresar un estado mental (¡Ay, Arturito, estoy muy triste! [C. Arniches, Obras completas, I, 344]); escribir una carta (Querido Juan: he llegado bien); excusarse (Disculpe, doña Resu [M. Delibes, Las ratas, 138]); agradecer (Gracias, Antonio); despedirse (Adiós, Luis); advertir (¡Rosina, la pesa! [C. Arniches, Obras completas, I, 799]) (Alonso Cortés, 1999a: §62.8.1.). Finalmente, el empleo de los vocativos en los actos de habla indica el tipo de relación que el hablante mantiene con el oyente (cercanía, familiaridad, distancia, etc.) y la imagen que este último se crea de él. A este respecto se han desarrollado dos teorías: la de los pronombres de poder y solidaridad de Brown y Gilman (1960), y la de cortesía lingüística de Brown y Levinson (1987). La teoría de los pronombres de poder y solidaridad de Brown y Gilman (1960) establece que las relaciones humanas se pueden clasificar en torno a dos ejes: uno asimétrico (poder: usted-tú) y otro simétrico (solidaridad: tú-tú). El empleo de un 8 pronombre u otro para referir al destinatario pone de manifiesto el tipo de vínculo existente entre los dos participantes: respeto/lejanía, familiaridad/cercanía, etc. Así, la relación se juzgará como lejana si se hace uso de una forma equivalente a ‗usted‘ (e.g. Señor (= ‗usted‘), ¿me ayuda?) y como cercana si se utiliza una estructura equivalente a ‗tú‘ (e.g. Chico (= ‗tú‘), ¿me ayudas?). Con respecto a la cortesía lingüística, Brown y Levinson (1987) proponen una teoría que completa la hipótesis de las máximas de Grice (1975) y que está inspirada en los conceptos propuestos por Goffman (1959, 1961, 1967, 1971, 1981) en sus múltiples trabajos sociológicos. Defienden que todos los seres humanos poseen una imagen o face que se corresponde con la imagen pública y personal que posee cada persona; esta, además, debe ser cuidada y protegida. En este aspecto, Escandell (1999) dice lo siguiente: «Cada individuo tiene y reclama para sí una cierta imagen pública (un cierto prestigio) que quiere conservar. Está ligada a la cortesía» (Escandell, 1999: 148). Esta imagen puede ser positiva (positive face: valor social positivo de un individuo –valorar, apreciar–) o negativa (negative face: libertad y autonomía personal –no dar órdenes, ofrecer opciones–), conceptos cercanos a los términos face y territorio de Goffman, respectivamente (Portolés, 2004; Escandell, 1999, 2012). La mayoría de los actos de habla suponen una amenaza para una o para ambas imágenes, por lo que se suelen denominar como face threatening acts (lit. ‗actos amenazadores de las imágenes‘) (Portolés, 2004: 105). Por ejemplo, ordenar algo a alguien amenaza su libertad y, por consiguiente, su imagen negativa, mientras que minusvalorarlo hace lo propio con la imagen positiva. En este sentido, existen varias estrategias que tratan de preservar las imágenes, las cuales han sido agrupadas en cuatro grupos en función de si tratan de salvaguardar la imagen positiva o la negativa del hablante o del oyente (Portolés, 2004: 105). Los vocativos podrían considerarse un ejemplo de cuidado de tales imágenes. En el caso de la positiva, podría hacerse uso de las fórmulas afectivas para que el interlocutor se sintiera apreciado (e.g. {Mi niña, Cielo}, ¿haces la cena?), mientras que, en el de la negativa, se podría salvaguardar gracias al empleo de nombres de jerarquías o títulos, que permiten mantener la distancia y la autonomía personal (e.g. {Señor don José Manuel/Caballero}, entre por aquí) 6 . 6 Alonso Cortés (1999a: §62.8.1.) señala alguna estrategia más como sería el caso de la utilización del nombre propio para mostrar «convencionalidad en el trato»: (i) Mita, Cleto, ese caballero es el dueño. 9 Como consecuencia de todo lo anterior, la relación entre Pragmática y construcciones vocativas queda sobradamente demostrada, por lo que no es posible obviarla a pesar de que nos hayamos decantado por una perspectiva sintáctica. Son muchos los autores que intentan reconciliar ambas disciplinas, ya que consideran que deben trabajar juntas para explicar diversos fenómenos. Por ejemplo, Ariel (2008) propone diferenciar Pragmática y Sintaxis para luego unirlas de nuevo y alcanzar, así, un estudio más completo de los fenómenos gramaticales: We concluded (…) by proposing that future research look into the possibility that the very same grammar/pragmatics interface representations functional in the ephemera discourse time are also the input for the diachronic transfer of the pragmatic into the grammatical (Ariel, 2008: 308). Uno de los primeros proyectos que trata de aunar ambas disciplinas es el modelo cartográfico. En el epígrafe siguiente se muestra en qué consiste y cuáles son las ventajas que ofrece su aplicación. 1.5. Modelo teórico: modelo cartográfico En esta tesis se adopta una visión cartográfica de la sintaxis en la que las posiciones sintácticas se corresponden con determinados contenidos semánticos y pragmáticos, ya que el objetivo es diseñar un análisis para los vocativos en el que estos rasgos se representen de manera precisa. Además, este enfoque ofrece muchas más ventajas descriptivas que el análisis clásico de Principios y Parámetros (PP) ya que, entre otras cosas, permite dar cuenta de las distintas propiedades que poseen diferentes elementos (e.g. las palabras qu-) en función de la posición en la que aparezcan (Fuerza, Foco, etc.) (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009). El proyecto cartográfico alcanza su momento culmen con los trabajos de Rizzi (1997, 2004a, 2004b, 2013a, 2013b), Cinque (1999, 2002), Cinque y Rizzi (2008, 2009, 2010), y Belletti (2004), entre otros. Se trata de un modelo que incorpora primitivos semánticos (Tópico, Foco, etc.) «a la estructura sintáctica como núcleos que proyectan su propio sintagma» (Brucart y Gallego, 2012: 21) y determina de «manera precisa la jerarquía o el orden en que se combinan [dichos] rasgos» (Romeu Fernández, 2014: 5). (C. Arniches, Obras completas, I, 28 apud Alonso Cortés –1999a: §62.8.1.–). 10 Por ello, sus investigadores lo definen como un «intento de dibujar mapas tan precisos y detallados como sea posible de las configuraciones sintácticas» (Cinque y Rizzi, 2008: 42; mi traducción), de ahí su nombre (carta + grafía: ‗arte de trazar mapas geográficos‘: DLE 7 , 2014: 453). Uno de los primeros trabajos a este respecto es el de Pollock (1989). Este autor señala que, para dar cuenta de las distintas posiciones que pueden ocupar los adverbios (pre y posverbal) en lenguas como el francés (e.g. Jean embrasse souvent Marie/ *Jean souvent embrasse Marie: Pollock, 1989: 367) y el inglés (e.g. John often kisses Mary/ *John kisses often Mary: Pollock, 1989: 367), es necesario postular la descomposición de la categoría Flex(ión) (Inflection en inglés) en una serie de categorías funcionales (Concordancia, Tiempo, Aspecto, etc.). Para ello, toma como modelo las propuestas de Kayne (1984) y Larson (1988), que hablan de la posibilidad de que haya varias capas del Sintagma Verbal (en adelante, SV). Tan solo ocho años más tarde, Rizzi (1997), que ya había ido marcando algunas bases de su teoría en trabajos previos (Rizzi, 1988, y Cinque, 1990), extiende la idea de descomposición al Sintagma Complementante (en adelante, SC o SComp) y formula su propuesta sobre la periferia izquierda. Basándose en las diferentes propiedades que posee el subordinante italiano che, establece la existencia de distintos niveles funcionales, jerárquicamente ordenados, dependiendo del tipo de información que se pretenda expresar (Rizzi, 1997). Si se establece el tipo de oración (i.e. su fuerza ilocutiva), entonces se colocará en la posición más alta (Sintagma Fuerza: SFuerza). Si se refiere al contenido proposicional (Sintagma Flexión: SFlex), ocupará la estructura más baja (Sintagma Finitud: SFinitud). Por último, si opcionalmente hace alusión a la estructura informativa, se situará en posiciones intermedias: Sintagma Tópico (STop), que puede ser recursivo (*: Hablando de la fiesta, al final a María no la vimos), y Sintagma Foc (SFoco: interrogativos y elementos focalizados: A MI HERMANA han detenido (y no a mi prima) ¿Te lo puedes creer?) (Rizzi, 1997). En (4) se recoge esta primera propuesta: (4) [SFuerza Fuerzaº [STop* Topº* [SFoc Focº [STop* Topº* [SFin Finº SFlex]]]]] (Rizzi, 1997: 297). 7 DLE: Diccionario de la Lengua Española 11 Numerosos trabajos posteriores (Kayne 1998, 1999; Cinque 1999; Benincà 2001; entre otros) llevan a Rizzi a modificar su propuesta inicial hasta en dos ocasiones. En la primera (Rizzi, 2001), añade una proyección interrogativa (Sintagma Interrogativo: SInt) entre SFuerza y SFoco, en la que se incluirían elementos de las interrogativas indirectas (se o perché en italiano y sus equivalentes si o por qué en español, tal como señalan autores como Rigau 1984 o Suñer 1991). De esta manera, se explicaría por qué los interrogativos son compatibles con un foco tanto en oraciones interrogativas directas como en indirectas, o por qué no desencadenan el movimiento de Flex(ión) a C, obligatorio en las preguntas directas (Rizzi, 2001: 295): (5) Fuerza (Top*) Int (Top*) Foco (Top*) Fin IP (Rizzi, 2001: 289). Ya en la segunda modificación (Rizzi 2004a), Rizzi, inspirado en el trabajo de Cinque (1999), habla de la posibilidad de que los adverbios aparezcan en tres posiciones distintas en función de los rasgos que posean. Se moverán a la posición de [Esp, SFoco] si están focalizados y, por tanto, si aportan información nueva; a [Esp, STop] si están topicalizados y han sido mencionados previamente; o a una proyección nueva: [Esp, Modificador] (Rizzi, 2004a: 241-242) 8 . En (6) se recoge esta segunda modificación: (6) Fuerzaº > Topº* > Intº> Topº* > Focº >Modº*> Topº* > Finº > SFlex (Rizzi 2004: 242). Partiendo de la idea de uniformidad de las lenguas de Chomsky (2001: Principio de Uniformidad), el proyecto cartográfico trata de ser un modelo universal (Cinque y Rizzi, 2008). Como tal, se pregunta si es necesario que estas proyecciones funcionales sean comunes a todas las lenguas y si se encuentran siempre presentes en todas ellas (Cinque y Rizzi, 2008). Para dar respuesta a estas dos preguntas, surgen dos posturas entre los estudiosos: una débil, laxa o permisiva, que afirma que el número de proyecciones funcionales y la presencia de las mismas depende de cada lengua (Starke 2004), y una fuerte o rígida, que defiende que siempre están en todas las lenguas a pesar de que no se encuentren muestras de ello (Cinque 1999). En esta tesis apostaremos por la primera de ellas, ya que solventa gran parte de los problemas a los que haremos alusión en párrafos siguientes. 8 En este último caso, Rizzi emplea el término modificador para referir a aquel ‗elemento‘ que integra todos los rasgos adverbiales prominentes en el sentido de Cinque (1999) (Rizzi, 2004a: 243; vid §4.7.1.1.) 12 Son muchos los autores influidos por este proyecto cartográfico que lo aplican a sus investigaciones o se inspiran en él para proponer la descomposición de diferentes sintagmas. Algunos de ellos son: Cinque (1999, 2006) en su estudio sobre la posición de adjetivos y adverbios, Beghelli y Stowell (1994) en su investigación sobre los cuantificadores, Benincà (2001, 2006) y Benincà y Poletto (2004) en sus proyectos sobre la posición del Tópico y Foco en la periferia izquierda (Hanging Topic y Left Dislocation), Kayne (1998, 1999) en sus trabajos sobre el SC, Koopman (2000) y Asbury, Dotlačil, Gehrke, Nouwen (2008) en su propuesta sobre las construcciones preposicionales (PP), Ramchand (2008) en sus estudios sobre el SV, Demonte y Fernández Soriano (2009, 2013) en sus proyectos sobre los tipos de que, o Villa-García (2011, 2015, 2019) en sus investigaciones sobre la recomplementación, entre otros muchos 9 . No obstante, otros tantos han criticado este modelo por varias razones. La más repetida es la que tiene que ver con el número indeterminado de proyecciones que podrían existir si se parte de la idea formulada por Pollock de «un rasgo, un núcleo». Así, se ha cifrado en 40 el número proyecciones funcionales (Cinque 1999) y ampliado a 400 en trabajos posteriores (Cinque y Rizzi, 2008: SConcordancia, STrayectoria, SVoz, etc.), lo cual va en contra de todo principio de economía. Este problema se resuelve si se da como buena la postura de Starke (2004): no todas las proyecciones funcionales se encuentran siempre en todas las lenguas tal como se ha explicado previamente, lo que llevaría a que se rebajara su número 10 . Otra crítica bastante común al modelo cartográfico está relacionada con el orden de las proyecciones y, por tanto, con si existe o no una jerarquía en las mismas 11 . Una posible solución a este problema es la que plantean los propios Cinque y Rizzi (2008: 52-53) basándose en los datos recogidos por Kiss (1995a) 12 . Su propuesta consiste en afirmar que los cambios de orden son resultado de operaciones de movimiento. Para demostrarlo, Cinque y Rizzi (2008: 53) parten de las observaciones de Kiss (1995a, 1995b) para el húngaro que corroboran que, en algunas lenguas, existe un orden fijo en 9 Sobre otros autores que han estudiado la perifiera izquierda en español, véase Villa-García (2015) y las referencias allí citadas. 10 Sobre esta última cuestión, véase Rizzi (1996) o Bobaljik y Thraínsson (1998), entre otros. 11 Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con los papeles temáticos: Actor > Paciente/Beneficiario > Tema > Ubicación/Fuente/Destinatario (Jackendoff, 1990), o Agente > Experimentante > Meta/ Fuente/ Ubicación > Tema (Grimshaw, 1990), entre otras opciones ofrecidas por la bibliografía. 12 En su libro, se recogen artículos en los que se estudian lenguas como el catalán (Vallduví, 1995), el somalí (Svolacchia, Mereu y Puglielli, 1995), el húngaro (Kiss, 1995b), el griego (Tsimpli, 1995) o el finés (Vilkuna, 1995), entre otras. 13 relación a ciertas proyecciones funcionales (en este caso, Foco> Tópico). La razón, señalan, se debe a que el Foco demanda con frecuencia el movimiento del verbo flexionado a C, desplazamiento que no se da en el caso del Tópico. Por consiguiente, el orden Foco-Tópico quedará bloqueado por la imposibilidad de movimiento del verbo a través del Tópico: In a language requiring inversion with Focus, the order Focus Topic would then be blocked by the impossibility of moving the inflected verb past the Topic head, ultimately a case of the Head Movement Constraint (Travis 1984). The validity of a syntactic account of this sort is supported by the fact that the order Focus Topic seems indeed to be possible in a language like Italian, which does not require verb movement with focus. This strongly supports the view that in this case there is no general scope property enforcing a particular order (Cinque y Rizzi, 2008: 53). En consecuencia, Gallego (2011: 44) señala que existe «consenso en suponer que la jerarquía [de estos constituyentes] (…) es universal, siendo las variantes detectadas producto de procesos morfológicos o de movimiento». En esta idea de universalidad coinciden con el Programa Minimista (Chomsky, 1995), con el que Cinque y Rizzi (2008) afirman tener muchos puntos en común: interés por las propiedades de la estructura argumental y por dependencias referenciales, estudio del principio de economía y localidad, etc. (Cinque y Rizzi, 2008: 49 y ss.). En este sentido, afirman, el proyecto cartográfico no se distancia tanto del modelo minimista como pudiera parecer en un principio aunque, lógicamente, adoptan posiciones discordantes en ciertos aspectos (principalmente, en el número de proyecciones). Otras ventajas del modelo cartográfico tienen que ver con ser uno de los primeros proyectos que incluye elementos discursivos entre sus constituyentes (tópico, foco y fuerza), posibilidad que no había sido tomada en cuenta hasta el momento en los estudios gramaticales, tal como afirma Escandell (2012: 642). Esta inclusión, además de enriquecer al proyecto, da respuesta a la necesidad de poner de nuevo juntas a la Sintaxis y a la Pragmática, tal como defendía Ariel (2008) (vid §1.4.). En un trabajo en el que el vocativo es el centro de la investigación se hace necesario contar con un modelo en el que ambas se incluyan para poder mostrar tanto sus propiedades sintáctico-semánticas como las pragmáticas. Como consecuencia de todo ello y a pesar de las objeciones que este proyecto plantea, esta tesis adoptará un enfoque cartográfico. De esta manera, será posible 14 formular un análisis preciso y exhaustivo que refleje las propiedades sintáctico- pragmáticas de nuestro objeto de estudio: los vocativos (vid §5 y §6). El siguiente apartado explica, por último, cómo se ha organizado esta investigación. 1.6. Organización Este trabajo se articula en torno a cinco capítulos: la presente introducción, la definición y las características principales de los vocativos, la estructura interna de los mismos, su posición con respecto a la oración y la redacción de una serie de conclusiones. En los párrafos siguientes se explica el contenido de cada capítulo. En el capítulo 2 se establece de qué manera ha definido la bibliografía el término vocativo a partir de sus propiedades semánticas, sintácticas, morfológicas, pragmáticas y fónicas (§2.1.). Se estudian, además, algunas de las clasificaciones más relevantes que han dado los lingüistas a este respecto (§2.1.4.) y se exploran los criterios más determinantes que emplean los expertos para reconocer estas construcciones (§2.2.). Finalmente, se examinan las pruebas que ofrece la gramática para poder distinguirlos de otros elementos argumentales como los sujetos (§2.3.). En este punto, se presenta un estudio prosódico de las propiedades entonativas de los vocativos que ha sido realizado a un total de 30 informantes del habla madrileña (§2.4.). Se pretende con ello arrojar luz a ciertos casos que ofrecen confusión y cuyo tratamiento en la bibliografía especializada es polémico. En el capítulo 3 se estudia la estructura interna de los vocativos. Para ello, se muestra qué elementos pueden funcionar como vocativos (§3.1.) y cuáles son los rasgos de su núcleo (§3.1.4.). Establecidas sus propiedades principales, se examinan los tipos de complementos (§3.2.1.) y modificadores (§3.2.2.) que pueden acompañar a estas construcciones vocativas. A este respecto, se explora el comportamiento de los posesivos cuando encabezan expresiones vocativas tanto en las distintas variedades del español (§3.2.2.1.) como en otras lenguas (§3.2.2.1.1.). En otro orden de cosas, se trata de dar respuesta a cuestiones tan controvertidas entre los expertos como son el tipo de sintagma en el que los vocativos se insertan (§3.3.1.y §3.3.2.) o por qué aceptan en unos casos la determinación y en otros no (§3.3.3.). Por último, se presenta un análisis sintáctico de estas expresiones (§3.4.2.) basado en propuestas previas (§3.4.1.). 15 En el capítulo 4 se explica la relación entre el vocativo y la oración. Para ello, se examina su capacidad de preceder a la oración, de seguirla o de insertarse dentro de ella, y el cambio de significado que todo ello conlleva (§4.1.). Esta triposicionalidad nos lleva a preguntarnos si los vocativos funcionan como aposiciones y, por tanto, si se encuentran dentro de la oración (§4.2.1.), o si se sitúan fuera de ella (§4.2.2.). Tras ofrecer argumentos empíricos a favor de que esta última opción es la correcta, se estudia la posición de la periferia izquierda que ocupan estas construcciones (§4.2.2.1.- §4.2.2.4.). Con los datos obtenidos de estas secciones, se propone un análisis para los vocativos iniciales o apelativos (§4.3.1.) y otro para los medios/finales o fáticos (§4.3.2.). El apartado termina tratando cuatro cuestiones polémicas: la relación entre los vocativos y los imperativos (§4.4.), los casos de correferencialidad entre los vocativos y otros elementos argumentales (§4.5.), las construcciones con vocativos múltiples (§4.6.) y la relación de los vocativos con otros elementos extraoracionales (§4.7.). Entre estos últimos se examinará el caso particular de los adverbios periféricos (§4.7.1.1.), las partículas (§4.7.2.) y los tópicos (§4.7.3.). Finalmente, en el capítulo 5 se recopilan las conclusiones alcanzadas a lo largo de este trabajo y se ofrecen futuras líneas de investigación. 16 17 CAPÍTULO 2. DEFINICIÓN y DELIMITACIÓN DE LOS VOCATIVOS El objetivo del presente capítulo es ofrecer un primer acercamiento al lector sobre algunas de las cuestiones que han de resolverse cuando se aborda el estudio de los vocativos. Para ello el capítulo se divide en un total de cuatro apartados. El primer apartado analiza qué se entiende por vocativo (§2.1.). Para ello, se examina el contenido de una serie de definiciones que tienen en cuenta sus propiedades semántico-pragmáticas (§2.1.1.), morfo-sintácticas (§2.1.2.) y fónicas (§2.1.3.). Además, se muestran las clasificaciones que han tenido mayor repercusión entre los expertos (§2.1.4.). Una vez que el concepto quede bien definido, se estudian aquellas pruebas gramaticales que permiten reconocer a los vocativos como tales (§2.2.). Nos preguntamos si en español se identifica gracias a la ausencia de determinación (§2.2.1.) y/o a la presencia de las llamadas partículas vocativas (§2.2.2.), si existen evidencias suficientes para hablar de caso vocativo (§2.2.3.) o cuáles son los rasgos semántico- pragmáticos (§2.2.4.) y entonativos (§2.2.5.) que los diferencian de otros elementos oracionales. En el tercer apartado se estudian los rasgos gramaticales que permiten diferenciar dos funciones, vocativos y sujetos, cuyos límites a menudo se confunden (§2.3.). Para ello, se recogen las pruebas gramaticales más repetidas entre los expertos. Estas son fundamentalmente de tres tipos: de corte sintáctico-semántico (§2.3.1.1.), semántico-pragmático (§2.3.1.2.) y fónico (§2.3.1.3.), siendo este último el más determinante. El apartado finaliza con la aplicación de estas pruebas a los casos que ofrecen confusión entre los expertos (§2.3.2.). Las conclusiones obtenidas del tercer apartado nos llevan a realizar en el cuarto un estudio prosódico de las propiedades entonativas de los vocativos (§2.4.). Gracias a ellas será posible no solo diferenciar los vocativos de los sujetos sino también de otros elementos extraoracionales como los tópicos. Con ello en mente, en el apartado se abordan cuestiones relativas a qué se entiende por entonación y en qué consisten las teorías métrica autosegmental y de la estructura prosódica (§2.4.1.). Además, se muestra el estudio prosódico en sí mismo (§2.4.2.), teniendo en cuenta los objetivos marcados (§2.4.2.1.), la metodología empleada (§2.4.2.2.), el cuestionario realizado a los 18 informantes (§2.4.2.3.) y el análisis de los resultados obtenidos de las entrevistas (§2.4.2.4.). Finalmente, en el quinto apartado se recogen a modo de conclusión las propiedades más sobresalientes de los vocativos en cuanto a su definición, su identificación y su diferenciación de otros elementos oracionales como los sujetos (§2.5.). 2.1. ¿Qué es un vocativo? La palabra vocativo proviene del término latino vocatīvus y este, a su vez, del verbo vocare, que significa literalmente ‗invocar, llamar, nombrar a una persona o cosa personificada‘ (Brandimonte, 2010: 251). En la bibliografía especializada han surgido muchas propuestas para definirlo. La mayoría de ellas se centran en tres ámbitos: sus propiedades semántico-pragmáticas (i.e. significado, funciones primordiales, relación hablante-oyente), sus características morfo-sintácticas (i.e. clase de palabras y sintagmas que lo conforman) y sus rasgos fónicos (i.e. contorno entonativo). Por ejemplo, la Real Academia ofrece una definición basada en los dos primeros (i.e, significado, funciones, enunciados en los que aparece y clases de palabras) pero sin tener en cuenta el tercero: [C]onstituyen EXPRESIONES VOCATIVAS los nombres, los pronombres y los grupos nominales que se usan para llamar a las personas o animales (¡Eh, tú!; ¡Papá!, ¿me oís?; Lucera, ven acá) para iniciar un intercambio verbal o para dirigir a alguien un saludo (¡Hola, Clara!), una pregunta (¿Está cansado, don Marcelo?), una petición o una orden (Márchate, niña), una advertencia (Manuel, ten cuidado), una disculpa (Lo siento, caballero), etc. (RAE/ASALE, 2009: §32.2g). Otros trabajos, sin embargo, optan por destacar en sus definiciones uno de sus rasgos. La mayoría de ellos se decanta por darle prioridad a sus aspectos semántico- pragmáticos (Moro, 2003; Corr, 2016: 30), tales como su marcada función apelativa (Abella, 1963: 16; Bodelot, 2007: 125; Lambrecht, 1996: 267) o su capacidad para identificar, activar o predicar una propiedad del interpelado o addressee (Schaden 2005: 6). También se encuentran definiciones que focalizan otros de estos rasgos como son las propiedades que denotan (Leech, 1999: 107; Portner, 2004) o el tipo de relación 19 que establecen con el hablante (cortesía, familiaridad, etc.: Zwicky, 1974: 796; Stavrou, 2014: 299-300; Hill, 2013a: 134). Por su parte, algunos investigadores prefieren enfocar sus definiciones en otras de sus propiedades. Los que se centran en las morfo-sintácticas (Brandimonte, 2010: 251) muestran las clases de palabras que los constituyen, el sintagma en el que se insertan (D‘hulst et al., 2007) o sus rasgos personales y deícticos (Alonso Cortés, 1999b: 133). Finalmente, unos pocos (Predelli, 2008: 97; D‘Alessandro y Oostendorp, 2016; Gunlogson, 2001) ponen de relieve sus propiedades fónicas, fundamentalmente sus propiedades entonacionales (curva entonativa) o el truncamiento que admiten algunas estructuras en estos contextos (vid. §2.2.5.: Floricic 2000; Moro, 2003). Esta investigación pretende aunar todos estos rasgos en una misma definición. Así, entenderá por vocativo aquel elemento de naturaleza nominal (e.g. {Paz/Niña/Tú}, ayúdame) –aunque también puede ser adjetiva (e.g. Guapo, ¿qué quieres?) – no integrado en la estructura sintáctica ni en la curva entonativa de la oración que lo contiene, de la que se separa mediante comas. Sirve para llamar la atención del interlocutor (función apelativa) o para mantener o enfatizar el contacto entre hablante y oyente (función fática) 13 (Zwicky, 1974; vid §2.1.1.). Por todo ello, se hace necesario un estudio del vocativo en el que se abarquen estos tres ámbitos: su naturaleza semántico- pragmática, sus propiedades morfo-sintácticas y sus rasgos fónicos. En las secciones siguientes se analizan más en profundidad estas características, empezando por los aspectos más comunes en los estudios gramaticales (semántico- pragmáticos), pasando por los frecuentes (morfo-sintácticos), para acabar con los menos habituales (fónicos). 2.1.1. Propiedades semántico-pragmáticas Lo primero que cabría preguntarse es qué significado tienen los vocativos. Estos se caracterizan por ser expresiones que refieren a un destinatario (e.g. Diego, ven) o a un conjunto de destinatarios (e.g. Niños, venid) (Portner, 2004: 4), cuya función principal es llamar o captar la atención del interlocutor (Bañón 1993: 23; Brandimonte, 2010: 13 La denominación de apelativo y fático está inspirada en la propuesta de Jakobson (1960) sobre las funciones del lenguaje (vid §1.4. y §4.3.). 20 249-250; Carmona Yanes, 2013: 19). Sin embargo, su significado y sus propiedades pragmáticas pueden variar dependiendo de la posición que ocupen con respecto a la oración. Uno de los primeros investigadores en darse cuenta de ello es Zwicky (1974: 787). Este autor, inspirado en Schegloff (1968), propone diferenciar las funciones que desempeñan los vocativos cuando encabezan la oración (e.g. Hey lady, you dropped your piano 14 : trad. lit. Zwicky, 1974: 787) de las que cumplen los que se sitúan en una posición media (e.g. I’m afraid, sir, that my coyote is nibling on your leg 15 : Zwicky, 1974: 787) o final (e.g. I’m afraid that my coyote is nibling on your leg, sir 16 ). Los primeros, «diseñado[s] para llamar o captar la atención del oyente» (Zwicky, 1974: 787), reciben el nombre de calls o llamadas (función apelativa). Por su parte, los segundos, que «mantiene[n] o enfatiza[n] el contacto entre el hablante y el oyente» (trad. lit. Zwicky, 1974: 787), son denominados addressees o fáticos (función fática o de contacto). En el transcurso del análisis de estas construcciones, Zwicky (1974) observa que en inglés todos los vocativos fáticos (i.e. addressees) pueden emplearse como llamadas (i.e. calls), pero que solo algunos vocativos pueden funcionar como llamadas. Para justificar esta afirmación, propone el siguiente contraste: (7) a. Cabby, take me to Carnegie Hall! Taxista (informal)VOC, lleva me a Carnegie Hall ‗¡Taxista, llévame a Carnegie Hall!‘ b. *I don‘t think, cabby, that the Lincoln Tunnel is the best Yo no creo, taxista (informal)VOC, que el Lincoln túnel es el mejor way to go to Brooklyn. camino para ir a Brooklyn. ‗No creo, taxista (informal), que el túnel de Lincoln sea el mejor camino para ir a Brooklyn‘. (Zwicky, 1974: 790). Tal como se observa en (7), cabby puede aparecer en posición inicial, llamando la atención del oyente (i.e. como call o llamada); sin embargo, cuando se encuentra en 14 Mi traducción: ‗Eh/(H)ey señora, ha dejado su piano‘. 15 Mi traducción: ‗Me temo, señor, que mi coyote le está mordiendo la pierna‘. 16 Mi traducción: ‗Me temo que mi coyote le está mordiendo la pierna, señor‘. 21 una posición parentética tratando de mantener el contacto con el interlocutor (i.e. como addressee o fático), la oración se vuelve agramatical. Esta anomalía implica que existen restricciones semánticas –al menos en inglés– en el empleo de los vocativos. En el capítulo 3 (§3.1. y ss.) se ahondará más en esta cuestión y se verá si existen también en español. Siguiendo la línea de Zwicky, se encuentran autores como Alonso Cortés (1999a, 1999b), Portner (2004) 17 , Brandimonte (2010), Slocum (2010) o Leech (1999), entre otros muchos. Este último defiende que el vocativo, además de las dos funciones propuestas por Zwicky, puede desempeñar una más: identificar al destinatario. De esta manera, serían tres las funciones semántico-pragmáticas de los vocativos: (1) atraer o llamar la atención del oyente (A–Mum! / B–What, darling? 18 : Leech, 1999: 107), (2) identificar al destinatario (Hey Ben, do you remember a hole puncher coming in I ordered? 19 : Leech, 1999: 107) y (3) mantener y/o reforzar la relación entre hablante y oyente (Oh yeah dude totally 20 : Leech: 1999: 107). En los vocativos iniciales, primarán las funciones (1) y (2), mientras que los medios y finales integran, además de la función (2), la (3) (Leech, 1999: 116) 21 . En esta misma línea se posicionan Bañón (1993), Boyero Rodríguez (2002), Cuenca (2004) o incluso la Academia en su Esbozo (1973), entre otros. Esta última propone que la función primordial en el caso de las construcciones vocativas iniciales es 17 Portner (2004: 5) defiende que los vocativos poseen un contenido expresivo en el sentido que propone Potts (2003). Tomando como punto de partida la distinción de Zwicky (1974), ofrece un estudio sobre la semántica/pragmática de los vocativos basado en la hipótesis performativa, en el que (i) se correspondería con el significado de los vocativos empleados como calls o llamadas y (ii), con el de los addressees o fáticos (Portner, 2004: 8): (i) a. John, your dinner is ready! (Calls) ‗¡John, tu cena está lista!‘. b. «I hereby request John‘s attention». ‗Por la presente solicito la atención de John‘. (ii) «I hereby inform you, John, that this sentence‘s (Addressees) at-issue meaning is of special relevance to your interests». ‗Por la presente le informo, John, que el que el significado de la oración en cuestión es de especial relevancia para sus intereses‘. (Portner, 2004: 8). 18 Mi traducción: ‗A–¡Mamá! / B–¿Qué, cariño?‘ 19 Mi traducción: ‗Eh/(h)ey, Ben, ¿te acuerdas del perforador que pedí?‘ 20 Mi traducción.: ‗¡Oh sí, tío, totalmente!‘ 21 Tomando como punto de partida el trabajo de Leech (1999), autores como Jørgensen y Aarli (2011) analizan la variación dialectal en el uso y funciones de los vocativos. Se centran, concretamente, en dos variedades del español (el español de Chile y el de Madrid) y proponen un estudio del habla de los jóvenes enfocado en cuál es la función primordial de los vocativos en cada una de estas variedades. Las conclusiones a las que llegan muestran la preponderancia de la función apelativa en los vocativos de Madrid y la fática en los de Chile. Estas afirmaciones estarían directamente relacionadas con la posición predominante que ocupan: en el caso del español de Chile se observa un dominio de la posición final, mientras que se encuentra una distribución más equilibrada en el español de Madrid, pudiendo aparecer en posición inicial (la más frecuente), media o final (Jørgensen y Aarli, 2011: 161). 22 la apelativa y que adquiere un carácter enfático 22 , que algunos denominan focalizador (Bañón –1993: 27–, Carmona Yanes –2013: 23–), en posiciones media y final, de la misma manera que posteriormente García Dini (1998) propondrá en su estudio. Por su parte, Schaden (2005), que también comparte la idea de Leech (1999) sobre la posibilidad de que los vocativos ayuden a identificar al destinatario, elabora una teoría semántica propia que denomina como hipótesis IPA (Schaden, 2005: 182). Esta hipótesis, que parte de las de Portner (2004) y Zwicky (1974), consiste en defender que los vocativos tienen tres funciones básicas: (1) identificar al interpelado o addressee, (2) predicar una propiedad de él y (3) activarlo, de ahí las siglas IPA (Identificar, Predicar y Activar: Schaden, 2005: 181-182). En los siguientes ejemplos se ilustra esta clasificación: (8) a. George, could you pass me the salt, please? JorgeVOC podrías tú pasar me la sal por favor ‗Jorge, ¿me podrías pasar la sal, por favor?‘ b. Dear friends, let us go inside! Queridos amigosVOC vaIMP nos ir dentro ‗Queridos amigos, ¡vamos dentro!‘ c. Red Riding Hood (…) said, «Grandma, I have brought you Roja Monta Capucha dijo Abuela/AbuVOC yo he traído teDAT (…) some sodium-free snacks (...)» algunos sodio-libre tentempiés/apertivos ‗Caperucita Roja dijo: «Abuelita, te he traído un tentempié sin sodio»‘ (Schaden, 2005: 181-182). En (8a) el hablante identifica a la persona a la que se dirige el hablante (George, en este caso) de entre «un grupo posiblemente mayor de destinatarios potenciales» (Schaden, 2005: 181). Es decir, si suponemos un grupo amigos conformado por {George, Pedro, Ana, Luis, Gema}, uno de los cuales toma la palabra y se dirige a George, identificándolo entre los demás como el destinatario del enunciado pásame la sal. Por su parte, lo que hace el locutor en (8b) no es identificar dentro del grupo amigos a los del subgrupo queridos –pueden ser queridos o no–, sino «predica[r] globalmente alguna propiedad sobre un conjunto de destinatarios ya constituidos» (Schaden, 2005: 22 A una conclusión similar llega María Moliner en su diccionario: «Vocativo: Puede estar al principio o al fin de la frase, o intercalado en ella; al principio, sirve meramente para llamar la atención; al final o en medio, es generalmente enfático o patético» (Moliner, 2007: 3235). 23 181; mi traducción). Si recuperamos el ejemplo anterior, puede que algunos miembros que estén en la mesa del restaurante sean queridos (por ejemplo, Pedro y Ana) y otros no (Luis y Gema), pero eso no significa que el hablante cuando emplea el vocativo queridos amigos se dirija solo a dos de ellos: predica una propiedad del conjunto, no solo de un subgrupo. Finalmente, en (8c), se activan las funciones del vocativo, de manera semejante a como proponen Beaver y Clark (2008) en su función de Foco (Schaden, 2005: 181-182). Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta ahora, se puede deducir que, cuando el hablante apela al interlocutor a través de una expresión vocativa, se está produciendo una especie de ―bautismo lingüístico‖. Es decir, en el momento en el que el interlocutor emite una expresión vocativa para llamar la atención del oyente o para mantener su atención, el hablante está bautizando al destinatario con ese nombre (Predelli, 2008). Pero para que el destinatario pueda sentirse identificado, en términos de Schaden, o simplemente apelado es imprescindible que se cumplan una serie de requisitos, los cuales podrían ser considerados como condiciones básicas de buena formación de los vocativos o, como denomina Predelli, condiciones de satisfacción (Predelli, 2008: 98). Es decir, al igual que los actos de habla tienen que cumplir una serie de condiciones (preparatorias, de sinceridad, etc.: Searle 1969, 1995) para que puedan ser interpretados como tales (vid §1.4.), los vocativos también deberían contar con otras para poder hacerlo. En ese caso, una primera condición sería que el hablante utilizara rasgos para designar al oyente que se correspondieran con propiedades intrínsecas y diferenciadoras de este, de manera que pudiera sentirse interpelado cuando el hablante se dirigiera a él. Para ilustrar esta afirmación, tómense los siguientes ejemplos: (9) a. (El hablante a su padre): Papá/ #Mamá, ¿puedes ayudarme? b. (El hablante a Manuel): Manuel / #Álvaro, ¿puedes ayudarme? c. (El hablante al escritor): Escritor/ #Profesor, ¿puede ayudarme? Si el hablante emite un enunciado como (9a), la persona que responderá será aquella que cumpla con las propiedades de ser un varón, tener un hijo y que ese hijo sea el hablante. Sin embargo, si el locutor a quien quiere llamar es a su madre, ella en ningún caso entenderá que está siendo interpelada ni acudirá al requerimiento de su hijo, puesto que en el sustantivo papá hay propiedades (ser varón) que hacen imposible que 24 el individuo mamá se pueda sentir identificado. Algo semejante ocurriría si en otro contexto el hablante hubiera empleado el nombre propio Álvaro para referirse a alguien cuyo nombre es Manuel (9b), o profesor para hacer lo propio con alguien que es escritor (9c), entre otras muchas cosas 23 . Por tanto, una primera condición para la buena formación de los vocativos comportaría la necesidad de que el hablante utilizara un rasgo propio y diferenciador del interlocutor para designarlo, de manera que este se pudiera sentir identificado. Sin embargo, el bautismo lingüístico no solo toma en consideración el acuerdo entre el nombre vocativo y las propiedades de lo nombrado (condición 1), sino la relación o el vínculo que existe con el hablante. Si se recupera (9a), se observa que el único individuo que puede emitir un enunciado de este tipo será aquel que mantenga una relación de parentesco con el oyente; es decir, un hijo que se dirija a su padre. Algo semejante ocurriría si en vez de papá se empleara una construcción del tipo Alba, querida nieta, ¿puedes ayudarme? Para que este enunciado pueda llevarse a cabo es preciso que el hablante sea la abuela del oyente pero la secuencia se vuelve inaceptable si el la persona que lo emite no mantiene tal vínculo con el interlocutor. En cambio, cualquier individuo puede decir algo semejante a La nieta de Marianita ha venido hoy. Ello implica que en el entorno de una secuencia que no funciona como vocativo no existe ningún requisito para que se cumpla esta relación, pero en el entorno del vocativo sí lo hay. En consecuencia, se podría señalar que la segunda condición para la buena formación de los vocativos es que el hablante debe mantener el tipo de relación que indica el nombre vocativo con el interpelado. No obstante, esta condición en ocasiones se incumple. Este es el caso de nombres lexicalizados como hija mía que han perdido, en la mayoría de los casos, su sentido relacional para emplearse simplemente como una forma apelativa o cariñosa (vid 3.2.2.1.). Algo semejante ocurre en parejas que se llaman papá y mamá aunque no mantengan ese parentesco. Por lo tanto, los vocativos están sujetos unas veces al cumplimiento de esta condición (abuela) pero no en otras (hija mía). Una tercera condición para la buena formación de los vocativos es que han de ser referenciales, es decir, deben tener la capacidad de referir a un individuo o a un 23 Todas estas formas apelativas se podrían emplear si se hace en sentido irónico, si se encuentran en una situación de familiaridad y se trata de una broma entre ellos, etc. 25 conjunto de individuos del mundo real o, al menos, de uno de los mundos posibles. De esta manera, el referente de ejemplos como los de (9) es un hombre del mundo real que se llama Manuel, que es padre de un hijo y cuya profesión es la de ser escritor. Si los vocativos no fueran referenciales, no se produciría la comunicación, ya que la expresión vocativa no podría identificar al destinatario con ningún individuo del mundo real o de los mundos posibles y, por lo tanto, nadie recibiría el mensaje del hablante o simplemente nadie se daría por interpelado. En este punto, cabría preguntarse si las condiciones de buena formación de un oyente que pertenece al mundo real y las condiciones de uno que forma parte de un mundo posible (i.e. un oyente virtual) coinciden o, si por el contrario, cambian. Esta cuestión y otras similares serán exploradas en el capítulo 3 (vid §3.1.4.1.). Finalmente, la cuarta condición para la buena formación de los vocativos es que estos sean específicos (Hill, 2013a, 2013b). De acuerdo con Leonetti (1999b), la especificidad puede ser entendida en tres sentidos distintos: lógico, discursivo y pragmático (Leonetti, 1999b: §12.3.2.1) 24 . El criterio pragmático, el más común e intuitivo, es el que será empleado en esta investigación. Según este criterio, un SN es específico cuando es «empleado por el hablante para referirse a una entidad determinada en la que está pensando. (…) [L]o decisivo para una caracterización de la especificidad (…) [es] la intención del hablante de comunicar y hacer manifiesto que pretende referirse a una entidad determinada» (Leonetti, 1999b: §12.3.2.1.). Por lo tanto, cuando el hablante dice miserables o niños como en (10a) y (10b) respectivamente, lo está haciendo con la intención de referirse a un conjunto determinado de individuos (los destinatarios) que reciben, en este caso, una orden. Si la interpretación no fuera específica, entonces cualquier persona que cumpliera la condición de ser miserable o de ser joven atendería a la llamada del hablante. En consecuencia, los vocativos referirán a entidades específicas a pesar de tener apariencia de entidades inespecíficas, propiedad, por otra parte, común a otras lenguas (11) y bastante frecuente en la gramática del español (e.g. Busco a una secretaria) 25 : 24 De acuerdo con el criterio lógico, un SN es específico cuando «su interpretación es independiente de la presencia de cuantificadores u operadores intensionales en la oración, y por consiguiente permite inferir la existencia de un referente individualizado» (Leonetti, 1999b: §12.3.2.1.). Según el criterio discursivo, la lectura específica de un SN se obtiene con independencia de la «presencia de operadores y relaciones de ámbito. Identifica la interpretación específica con la partitiva, es decir, con la cuantificación sobre un conjunto de elementos ya delimitado contextualmente, ya conocido» (Leonetti, 1999b: §12.3.2.1.). 25 (11a) ha sido adaptado de Hill (2013a: 136) y (11b) de Espinal (2013: 4). 26 (10) a. ¡Miserables, no corráis! Español b. Niños, venid a recoger la mesa. (11) a. Good folks, come here! Inglés Buena genteVOC, venid aquí ‗¡Buena gente, venid aquí!‘ b. ¡Eh, desgraciats! Marxeu de casa meva Catalán EhPART , desgraciadosVOC Salid de casa mía ‗¡Eh, desgraciados! Salid de mi casa‘ La siguiente pregunta que se plantea es si la presencia/ausencia de las construcciones vocativas afecta o no al contenido de verdad de la oración, es decir, a su significado. Según señalan varios autores (Mauck y Zanuttini, 2004; Portner, 2004: 1; Shaer y Frey, 2004: 496; Predelli, 2008: 98, entre otros), los vocativos no influyen en ninguna medida en su valor de verdad, ya que las oraciones se encuentran «completas sintácticamente y semánticamente sin ellos» (Shaer y Frey, 2004: 496; mi traducción). Ello se debe al carácter no argumental de estas estructuras y, por consiguiente, a su posibilidad de ser omitidos dentro de la oración. Así, en la secuencia Rafa, hace mucho frío el vocativo Rafa no intervendrá de manera alguna en el valor de verdad de la oración: no tiene ninguna transcendencia que sea Rafa la persona a la que se dirige el hablante en vez de Álvaro; lo importante es que lo que se está afirmando se ajuste o no a la realidad. Por tanto, la oración será verdadera si se dan las condiciones en el mundo real para que lo sea (bajas temperaturas, viento, frío) y falsa si no se cumplen (altas temperaturas, calor, sol). No obstante, el vocativo sí influye en la interpretación que recibe la oración: en ausencia de una construcción vocativa, el contexto indica si el enunciado ha de entenderse como una orden, una sugerencia o, por ejemplo, una advertencia, mientras que la presencia del vocativo limita el tipo de interpretación que se le da. Así, que el enunciado hace mucho frío se dirija a Rafa o a Álvaro puede determinar que se interprete como una sugerencia para ponerse el abrigo, o como una petición para que cierre la ventana en el caso de que uno de los dos se encuentre cerca de ella, entre otras 27 muchas posibilidades. En consecuencia, si bien el vocativo no interfiere en las condiciones de verdad de la oración sí restringe sus posibilidades de interpretación. Por último, cabría hablar de aquellos rasgos pragmáticos más destacados de los vocativos que se asocian con la clase de vínculo que existe entre hablante y oyente (vid §1.4.). Tal como señalan Hill y Haegeman (Hill, 2013a, 2013b; Haegeman y Hill, 2013; Haegeman, 2014), los vocativos se caracterizan por establecer el tipo de relación entre el hablante y el oyente (familiaridad, cercanía, respeto, relación social 26 , etc.), rasgo que denominan inter-personal (en adelante, i-p) seguramente influidas por la propuesta de la función fática de Laver (1975) 27 . Este sería el caso del empleo, por ejemplo, de los adjetivos y diminutivos nominalizados de (12), tal como propone Carvalho para el portugués (2013: 55): (12) a. Traz- me um copo de água, preguiçoso! Trae-me un vaso de agua perezosoVOC ‗¡Tráeme un vaso de agua, perezoso!‘ b. Traz- me um copo de água, amorzinho! Trae-me un vaso de agua amorcitoVOC ‗¡Tráeme un poco de agua, amorcito!‘ (Carvalho, 2013: 55). En (12) se deduce que el hablante y el oyente, que se encuentran en una situación cotidiana y familiar, mantienen un vínculo afectivo. Se identifica que el vínculo es tal gracias al uso de los adjetivos preguiçoso y el diminutivo amorzinho como vocativos. Si en su lugar hubieran aparecido adjetivos como tonto, imbécil, la clase de relación que se establecería entre ellos mostraría desprecio, enfado, etc. 28 Esto último pone de manifiesto que el empleo de una construcción vocativa u otra es un aspecto fundamental para determinar el tipo de relación que existe entre los participantes de un acto comunicativo (rasgo i-p). 26 McCawley (1998: 750). 27 Este autor afirma que se trata de una función fundamental que ayuda tanto a la formación como al afianzamiento de la relación interpersonal entre ambos participantes (Laver, 1975: 232). 28 Se deja de lado la interpretación de imbécil no como un insulto sino como un nombre cariñoso o afectivo empleado frecuentemente entre los adolescentes (e.g. Tráeme un poco de agua, {imbécil/tonto/cariño}). En este último caso, la relación entre ambos seguiría siendo la misma que en los ejemplos de (12). 28 Las propiedades i-p traen consigo, además, una serie de operaciones sintácticas. De acuerdo con Hill (2013b), las más destacadas son las siguientes: efectos de concordancia entre las partículas vocativas y los nombres vocativos ((13)), y opción de asignación de caso ((14)) (Hill, 2013b: 53). En (13) y (14) se presentan algunos casos a este respecto: (13) a. Bre mamaie, te rog eu să mergi la doctor. Rumano PartVOC abuela-VOC, te ruego yo part.SUBJ vayas al doctor ‗Abuela, por favor ve al médico‘ b. Vre jaja, ti kanis eki? Griego PartVOC. abuelaVOC qué haces aquí ‗Abuela, ¿qué estás haciendo aquí?‘ (Hill, 2013b: 53). (14) a. (măi) Radule . . . = informal Rumano PartVOC Radu-el-VOC ‗Radu‘ b. Radu, . . . = formal RaduVOC ‗Radu‘ (Hill, 2013b: 55). Como se observa en (13), el empleo de la partícula rumana bre implica respeto mientras que su equivalente en griego vre denota «cortesía informal» (Hill, 2013b: 53- 54). Algo semejante ocurre en (14), donde la presencia de la partícula măi junto con la terminación de caso vocativo –e conlleva una interpretación informal (14a), justamente al contrario de lo que sucede si no se marca el caso vocativo (14b) (Hill, 2013b: 55). Esta interpretación (in)formal también se obtiene de la presencia/ausencia del artículo definido –le: será informal si está presente (14a) y formal si no lo está (14b) (Hill, 29 2013b: 55). Con todo ello se pone de manifiesto que el rasgo pragmático i-p produce operaciones sintácticas. En resumen, a lo largo de esta sección se han puesto de manifiesto algunas de las más relevantes características semántico-pragmáticas de los vocativos. Se ha mostrado que el cambio de posición de estas estructuras conlleva cambios en su significado y, por lo tanto, en la función que desempeñan. Algunas de estas funciones son: apelativa (call: Zwicky, 1974); fática o de contacto (addressee: Zwicky, 1974), enfática (RAE, 1973; García Dini, 1998; Moliner, 2007) o focalizadora (Bañón, 1993; Carmona Yanes, 2013); identificativa (Leech, 1999; Schaden, 2005) y predicativa (Schaden, 2005), siendo las dos primeras las más repetidas en los estudios gramaticales. Se ha visto también que puede haber diferencias dialectales en cuanto a la función predominante o más frecuente del vocativo (cfr. el estudio de Jørgensen y Aarli (2011) sobre el español de Chile). Por otro lado, se ha señalado que los vocativos poseen un rasgo i-p que conlleva operaciones sintácticas y que su presencia/ausencia no influye de manera alguna en el valor de verdad de la oración aunque sí en su interpretación. Finalmente, se ha argumentado que estas construcciones deben cumplir con una serie condiciones básicas para su buena formación: propiedades intrínsecas del oyente, cumplimiento del tipo de relación entre hablante y oyente, capacidad de referencialidad y especificidad. Una vez mostrados los rasgos semántico-pragmáticos más sobresalientes de los vocativos, en el siguiente apartado se analizan sus características morfo-sintácticas. 2.1.2. Propiedades morfo-sintácticas Los vocativos no solo presentan propiedades pragmáticas y semánticas, sino también características morfo-sintácticas muy marcadas. En los párrafos siguientes se explican las más relevantes. En primer lugar, los vocativos se caracterizan por poseer rasgos de segunda persona, ya sea del singular (11a) o del plural (11b), lo que los convierte en elementos deícticos. La razón se debe a que se asocian con uno de los participantes del discurso, el destinatario o addressee, que adquiere propiedades intrínsecamente deícticas, tal como 30 señalan Alonso Cortés (1999a, 1999b), Mauck y Zanuttini (2004), Hill (2013b) o Espinal (2013), entre otros muchos. Ello explica su tradicional vinculación con las oraciones imperativas, las cuales demandan la presencia de un destinatario al que dirigir una orden (vid §1.4.): (15) a. Diego, dime lo que pasa (Diego = ‗tú‘ 2ª pª singular). b. Pepe y María, salid de aquí (Pepe y María = ‗vosotros‘ 2ª pª plural). Este rasgo deíctico de segunda persona, ya sea del singular o del plural, se relaciona con algunas de sus propiedades semánticas más notorias, como son su referencialidad y su especificidad, incluidas entre las condiciones necesarias para la buena formación de los vocativos (vid §2.1.1.). En esta línea, Hill (2013b) señala lo siguiente: the addressee has an inherent second person feature (Fink 1972; Variel 1981) and inherent reference, the latter coming either from lexical or deictic information. This means that the addressee (and the vocative construction that lexicalizes it) has intrinsic specificity. Thus, second person pronouns are prime candidates for Vocative Phrases, since they can receive their reference deictically (Hill, 2013b: 58). Su capacidad referencial contrasta, en lenguas como el español, con su imposibilidad de combinación con estructuras encabezadas por determinantes. En (16) se muestran algunos ejemplos a este respecto: (16) a. Amigo, no tengas miedo. b. *{El/Un/Este/Ese/Aquel/Algún…} amigo, no tengas miedo. Estos datos chocan con la generalización que impide que una expresión sea referencial si no está dentro de un SD como defienden diversos autores (Longobardi, 1994, 2001; Bosque, 1996a; Leonetti, 1999a, 2016; et al.) 29 . No obstante, la imposibilidad de combinación con determinantes es uno de los rasgos que permiten distinguir los vocativos de otros elementos argumentales como los sujetos preverbales, cuyas diferencias se explorarán en §2.3 30 . Estos últimos deben encontrarse dentro de un SD para poder ser referenciales, restricción que algunos autores asocian con su 29 El tipo de proyección en la que se insertan los vocativos así como las razones que les impiden llevar determinación se estudiarán en §3.3.2. y §3.3.3., respectivamente. 30 Los sujetos posverbales (e.g. Faltan ambulancias) se comportan de manera diferente, tal como demuestra Bosque (1999) en su libro y se estudiará en §3.3.2. 31 capacidad para ser argumentos: «A ‗nominal expression‘ is an argument only if it is introduced by a category D» 31 (Longobardi, 1994: 620). De esta manera, ejemplos como (17a) no son posibles en lenguas como el español si el determinante está presente, mientras que en (17b) ocurre justamente lo contrario: su ausencia produce la agramaticalidad de la frase. (17) a. *(El) doctor le dio un consejo a la paciente. b. (*El) doctor, ¿me puede dar un consejo? Esta anomalía ha sido tomada por diversos autores como una prueba empírica para determinar si un elemento es un determinante, en cuyo caso será incompatible con las estructuras vocativas, o un adjetivo, en cuyo caso sí se podrá combinar con ellas. Por ejemplo, en los trabajos de Eguren y Sánchez López (2003, 2007) se estudia la naturaleza de cierto y otro mediante la aplicación de esta propiedad. Los resultados que obtienen son los siguientes: (18) a. Niña linda, ven aquí. b. *{La/Una/Esta/Esa/Aquella} niña, ven aquí. (19) a.*Cierta niña, ven aquí. b. *Otra niña, ven. Como se muestra en (18), los vocativos son compatibles con adjetivos (18a) pero no con determinantes (18b), por lo que si cierto y otro fueran adjetivos, podrían aparecer en estas construcciones. Sin embargo, su combinación no es posible tal como muestran los ejemplos de (19), lo que lleva a Eguren y Sánchez López a concluir que cierto y otro son, en estos casos, verdaderos determinantes, no adjetivos. No obstante, la imposiblidad de combinación de los vocativos con determinantes no se da en todas las lenguas por igual. Si bien el húngaro, el búlgaro, el griego o el italiano, como señala Stavrou (2014: 330 y ss.), así como el catalán (Institut d‘Estudis Catalans, 2016; Solà, Lloret, Mascaró y Pérez Saldanya, 2002) y el gallego (Álvarez, Regueira y Montegudo, 1986) no admiten por lo general la presencia de determinantes, 31 Esta generalización es matizada en páginas siguientes por el propio Longobardi, quien defiende que los SSDD pueden ser argumentos, pero no así los SSNN (Longobardi 1994: 628). Esta afirmación ha sido criticada en trabajos posteriores por autores como D‘hulst, Coene y Tasmowski (2007) como se mostrará en el capítulo tres. 32 otras lenguas como el rumano (20a), el francés (20b) o el alemán (20c), y dialectos como el toscano (20d) sí lo hacen en contextos concretos, generalmente cuando es un artículo definido (vid §3.1.2.2. y ss.) 32 : (20) a. Alo, domnul/domnu 33 ! Rumano Hola, señorVOC-el ‗¡Hola, señor!‘ b. Les copains, venez ici! Francés Los compañerosVOC, venid aquí ‗¡Compañeros, venid aquí!‘ c. Küss‘ die Hand die Damen, guten Abend die Herren, Alemán Besen la mano las señorasVOC buenas noches los señoresVOC grüß‘ Euch die Madln, servas die Buam! salud vosotras las chicasVOC hola los chicosVOC ‗Les beso la mano, señoras; buenas noches, señores; un saludo, chicas; hola, chicos‘ d. Quei ragazzi, venite qui! Toscano Aquellos chicosVOC, venid aquí ‗Chicos, venid aquí‘ Esta restricción también desaparece en español en ciertos contextos (e.g. El chico de la última fila, fuera de clase: vid §3.3.3.) y en algunas de sus variedades, sobre todo cuando el que encabeza la construcción es un posesivo (vid. §3.2.2.1.) 34 . Ello hace replantearse a autores como Moro (2003) que la ausencia de determinantes sea 32 Los ejemplos de (20) han sido tomados de Croitor y Hill (2013: 809: (20a)), de D‘hulst, Coene, y Tasmowski (2007: 203: (20b)), Schaden (2005: 180: (20c)) y Longobardi (1994: 626: (20d)). 33 De acuerdo con Croitor y Hill (2013: 809), en el registro coloquial ciertos nombres masculinos tienden a omitir la consonante final cuando se combinan con el artículo definido: domnul > domnu. 34 A esta misma conclusión llega María Moliner en su diccionario: «Vocativo: (…) Antiguamente llevaba a veces artículo: ‗Dígasme tú el caballero‘. En el lenguaje literario o en exclamaciones, el adjetivo posesivo precede a veces al vocativo: ‗No me mueve, mi Dios, para quererte…‘ ‗Ay, mi niña!‘» (Moliner, 2007: 3235). 33 verdaderamente una propiedad decisiva para identificar los vocativos en todas las lenguas y en todas las situaciones (vid. §2.2.1.). (21) recoge algunos de ejemplos de construcciones vocativas con posesivos que han sido obtenidos del corpus CREA y cuyo análisis será explicado en el capítulo 3 (§3.4.2.3.3.): (21) a. Así seguí, mi hija, hasta que me casé (Colombia, CREA, ORAL). b. Mi amor, ponte derecha, y no suenes más la patineta (Venezuela, CREA, ORAL). c. Deben de ser del paraíso, mi jefe (Guatemala, CREA, 1994). Otra característica sintáctica –aunque también semántica– que se ha dejado entrever en párrafos anteriores y en la que los investigadores (Bañón, 1993; Alonso Cortés, 1999a y 1999b; Moro, 2003; Espinal, 2013; Hill, 2013a, 2013b; Corr, 2016; entre otros) parecen estar de acuerdo es la que tiene que ver con el carácter no argumental de estas construcciones. Es decir, no forman parte de ninguna red temática por lo que no pueden ser argumentos de ningún predicado. Esta propiedad no argumental justifica que su presencia no sea necesaria y que, por consiguiente, su omisión no produzca cambios en el valor de verdad de la oración, tal como se señaló en el apartado precedente. De esta manera, las oraciones de (21) seguirán siendo gramaticales y sus condiciones de verdad se mantendrán independientemente de que el vocativo presente (21) o ausente (22): (22) a. Así seguí hasta que me casé. b. Ponte derecha y no suenes más la patineta. c. Deben de ser del paraíso. Por otro lado, los vocativos poseen la capacidad de ser correferenciales con un elemento argumental, como el sujeto (23a) el Complemento Directo (en adelante, CD/OD: (23b)) o el Complemento Indirecto (en adelante, CI/OI: (23c)) 35 . Esta propiedad es común a otros elementos extraoracionales como los tópicos (24) 36 : (23) a. Siempre Øi has tenido un gran afán de superación, Joséi, y por eso Øi has llegado tan lejos. 35 Sobre la correferencialidad entre vocativos y elementos argumentales véase §4.5. 36 La relación existente entre vocativos y tópicos así como sus diferencias se estudiarán en §4.7.3. 34 b. Quiero que sepa, profesorai, que lai admiro mucho. c. Doctorai, me gustaría hacerlei una consulta. (24) a. Hablando de Joséi, Øi tiene un gran afán de superación y por eso Øi ha llegado tan lejos. b. En lo relativo a [la profesora]i, quiero que sepa que lai admiro mucho. c. [A la doctora]i iba a hacerlei una consulta (y no a la enfermera). Si bien la correferencialidad es posible (23), no siempre es necesaria tal como observa Moro (2003) en su estudio sobre los vocativos en italiano 37 . En (25) se ofrecen algunos ejemplos a este respecto, en los que se pone de manifiesto que la correferencia no es obligatoria: (25) a. David, Celia dice que no encuentra las llaves de su casa. b. Hace tiempo, mamá, que no confío en mí misma. c. No sé a qué viene todo esto, Álvaro. Teniendo en cuenta el contraste entre los ejemplos de (23) y (25), Moro (2003) propone una clasificación de los vocativos basada en su capacidad de ser o no correferenciales con un elemento de la red temática del predicado. Para ello, propone diferenciar los vocativos intradeícticos (23) de los vocativos extradeícticos (25). Los primeros serán aquellos que se caractericen por referirse «a una entidad (…) [de] la red temática del predicado por medio de un pronombre» (Moro, 2003: 252; mi traducción), mientras que los segundos se identificarán porque esa entidad referida no pertenece a la red temática del predicado (Moro, 2003: 252). Esta cuestión y otras similares serán retomadas en §4.5. Otra propiedad debatida de los vocativos es si tienen o no caso morfológico. Muchos autores destacan (Abella, 1963; Cabrillana Leal, 2009; Stavrou, 2014; Haddican, 2015), aunque no sin discusión, que los vocativos se caracterizan por poseerlo. Si bien hay unanimidad al considerar que en lenguas como el latín este caso existía, no la hay así en afirmar si hoy en día este persiste incluso en aquellas que tienen un sistema de casos, seguramente por sus semejanzas con el Nominativo que ya se 37 La correferencia sí es obligatoria cuando los vocativos aparecen en contextos imperativos, tal como se mostrará en §4.4. 35 daban en latín (Cabrillana Leal, 2009). De esta manera, lenguas como el griego (Stavrou, 2014) o el rumano en ciertos contextos (Cojocaru, 2003: 38 y ss.) tienen caso Vocativo, pero otras como el español, el francés o el bantú (lenguas africanas: Hill, 2013b), no. En apartados siguientes (vid. §2.2.1.) se estudiará más en profundidad esta cuestión y se verá si el caso es un rasgo suficiente para identificar y diferenciar los vocativos de los demás elementos de la oración. Su capacidad de aparecer en cualquier tipo de oración es otra característica propia de los vocativos, ya que cualquier acto de habla puede tener un destinatario al que dirigirle el mensaje (Alonso Cortés, 1999a: §62.8.1.: vid §1.4.). Así, se encuentran casos de construcciones vocativas en contextos declarativos (26a), interrogativos (26b), imperativos (26c) o exclamativos (26d), siendo los interrogativos y los imperativos los más comunes según afirman diversos autores (Hallyday, 1994; Alonso Cortés, 1999a, 1999b; Busse, 2006) 38 : (26) a. Paz, lleva nevando toda la mañana. b. Santi, ¿me podrías hacer un favor? c. Ayúdame con esto, pesado. d. ¡Cuánto me alegro, hija! Te lo mereces. Si bien (26) muestra la compatibilidad de los vocativos con cualquier tipo de oración, su posición con respecto a ella está un tanto restringida. De esta manera, los vocativos no pueden situarse ni en el interior de una oración subordinada (27a), ni como Término de Preposición (en adelante, TP: (27b)), ni entre auxiliar y auxiliado en perífrasis verbales (27c), tal como apunta Alonso Cortés (1999a: §62.8.5.3, 1999b) (vid §4.1.- §4.3.) 39 : (27) a. *Creo que, Pepe, iré a Barcelona. b. *Me acuerdo de, María, ti. c. *No puedo, chico, verte. 38 La razón podría estar en que las estructuras imperativas e interrogativas ponen el foco en el oyente o bien para que haga algo (imperativas), o bien para que dé alguna información (interrogativas) (Sánchez López, 2018). 39 Los ejemplos han sido tomados de Alonso Cortés (1999a: § 62.8.5.3) salvo (27b). 36 Este mismo autor señala otros lugares donde el vocativo sí se puede encontrar, a saber: entre sujeto y predicado (28a), entre la oración principal y la subordinada (28b) o entre el verbo y su preposición regida (28c) (vid §4.1.- §4.3.). En (28) se recogen algunos ejemplos a este respecto 40 : (28) a. Me da gusto, Menchu, verte tan entera [M. Delibes, Cinco horas con Mario, 26]. b. Tú lo sabes, Mario, que al señorito le sirvo yo [M. Delibes, Cinco horas con Mario, 100]. c. Atiende, Pedro, a lo que te dicen / Convéncete, Luis, de que es una tontería ir. Pero (26) y (28) muestran algo más sobre la posición que ocupa el vocativo y es que puede aparecer en tres lugares distintos: inicial (29a), medio (29b) o final (29c) (vid §4.1.). Esta movilidad posicional es la que relaciona las construcciones vocativas con los adverbios oracionales (30), pudiendo ambos, incluso, coaparecer en una misma oración, tal como se muestra en los ejemplos de (31) 41 : (29) a. Álvaro, me encantaría que vinieras. b. Me encantaría, Álvaro, que vinieras. c. Me encantaría que vinieras, Álvaro. (30) a. Francamente, me encantaría que vinieras. b. Me encantaría, francamente, que vinieras. c. Me encantaría que vinieras, francamente. (31) a. Francamente, Álvaro, me encantaría que vinieras. b. Álvaro, francamente, me encantaría que vinieras. c. Álvaro, me encantaría, francamente, que vinieras. En resumen, a lo largo de esta sección se han señalado algunas de las características más relevantes morfológicas y sintácticas de los vocativos, como son sus 40 Ejemplos obtenidos de Alonso Cortés (1999a: § 62.8.5.3). 41 En §4.7.1.1. se estudiará la relación entre adverbios oracionales y vocativos. 37 rasgos de segunda persona, su posibilidad de omisión, su movilidad posicional o su relación con elementos (extra)oracionales (i.e. sujetos preverbales, adverbios periféricos y tópicos), entre otras. En la siguiente sección se analizan sus rasgos fónicos más significativos. 2.1.3. Rasgos fónicos En esta sección se examinan las propiedades fónicas de los vocativos más relevantes, cuyo estudio ha pasado desapercibido en manuales de fonología como la Nueva Gramática (2011). Lo primero que llama la atención a los investigadores (Zwicky, 1974: 187; Alonso Cortés, 1999: §62.8.5.1.; Zeevat, 2003: 6; Moro, 2003: 256-257; Sánchez Avedaño, 2004; Schaden, 2005; Predelli, 2008: 97; Zavala Tovar, 2014) es la entonación de estas estructuras: los vocativos se presentan como unidades entonativas independientes con respecto al resto de la oración (Zavala Tovar, 2014: 6) 42 . Dicho rasgo ha llevado a varios autores a afirmar que los vocativos poseen un contorno entonativo distintivo (Downing, 1969: 574). Esta ruptura entonativa, tomada por muchos (por ejemplo, D‘Alessandro y Oostendorp, 2016) como una «marca» que permite identificar los vocativos como tales (vid §2.2.5.), se refleja en la escritura a través de la colocación de pausas –más concretamente, de comas– que lo separan del resto de la oración. Autores como Gutiérrez-Rexach y Silva Villar (1994) defienden que las diferencias entonativas son las que explican que puedan aparecer plurales escuetos (en adelante, PPEE) en, por ejemplo, construcciones con sujetos posverbales sin determinación (e.g. Se vendieron pisos por todo Madrid). Este hecho se puede asociar también con la presencia de PPEE en estructuras vocativas, tal como afirma Bosque (1999): «[E]stos autores apuntan en la dirección correcta al señalar que los PPEE están legitimados con frecuencia por las marcas acentuales y las pausas entonativas, como sucede claramente en el caso de los vocativos» (Bosque, 1999: 89). 42 A esta misma conclusión llegan en sus investigaciones Prieto y Cabré (2007-2012) o Prieto y Roseano (2009-2013). Estos autores incorporan el estudio del contorno entonativo de los vocativos en el Atlas interactivo de la entonación del catalán y en el Atlas interactivo de la entonación del español, dos de los proyectos de mayor envergadura y con mayor repercusión de las lenguas catalana y española, respectivamente. No obstante, sus cuestionarios se centran únicamente en el análisis de los vocativos en aquellos contextos donde tienen un valor de llamada, por lo que se hace necesario abordar su estudio en otras situaciones, tal como se hará en §2.4. 38 Otro factor que, según algunas investigaciones, influye en la entonación es el cambio de posición que experimentan las construcciones vocativas: (32) a. [Niños], ¿me podéis decir lo que os pasa? b. ¿Me podéis decir, [niños], lo que os pasa? c. ¿Me podéis decir lo que te pasa, [niños]? De acuerdo con Alonso Cortés (1999a), la diferencia entonativa de los vocativos en oraciones interrogativas es la siguiente: cuando se encuentra en posición inicial (32a), su entonación «se eleva por encima de la línea media»; cuando aparece en posición intermedia (32b), adquiere una entonación «en la línea media»; mientras que cuando su posición es la final (32c), posee una entonación «más baja que la de la pregunta» (Alonso Cortés, 1999a: §62.8.5.1.) 43 . Por consiguiente, la entonación del vocativo estaría supeditada a la posición que ocupa dentro de la oración. En este punto, Corr (2016), señala que, además de esta distribución oracional, existen otros factores que influyen de igual manera en su contorno entonativo como son las variaciones interlingüísticas y los factores sociopragmáticos (Corr, 2016: 31). Asimismo, Corr (2016) ofrece un paralelismo entre los vocativos y otros elementos extraoracionales. Defiende que los vocativos iniciales (32a) están separados entonativamente del resto de la oración, por lo que deben permanecer solos en su propia frase fonológica, mientras que los medios (32b) adquieren una ruptura prosódica característica de los elementos parentéticos (Corr, 2016: 35 y ss.). Por su parte, los finales (32c), más integrados en el contorno entonativo de la oración, pueden o no tener una pausa mínima, tal como señala Stavrou (2014) (Corr, 2016: 35 y ss.). Si lo que proponen Corr y Stavrou es cierto, entonces los vocativos iniciales podrían relacionarse con los tópicos y los medios y finales, con las estructuras parentéticas, asociaciones que se estudiarán en el capítulo 4 (vid §4.1., §4.7.1. y §4.7.3.). Este cambio de entonación también permite identificar la función semántico- pragmática que desempeñan las construcciones vocativas, tal como defienden Gussenhoven (1985), Cruttenden (1997), Edeso (2005), Astruc-Aguilera y Nolan (2007) o Carmona Yanes (2013), entre otros. De esta manera, (32a) cumple una función apelativa y se asocia con los calls (Zwicky, 1974), mientras que (32b) y (32c) desempeñan una función fática o de contacto y se relacionan con los addressees, siguiendo la clasificación propuesta por Zwicky (1974). 43 Nuestra propuesta sobre el contorno entonativo de los vocativos será explorada en §2.4. 39 Por otro lado, es importante señalar que esta ruptura entonativa acerca las construcciones vocativas a las interjecciones y partículas, por lo que algunos investigadores (Moro, 2003; Hill, 2013b; o Haegeman, 2014) proponen estudiarlos juntos 44 . Por ejemplo, McCready (2006: 211 y ss.) pone de relieve que partículas tan comunes en inglés como man (‗tío‘ o ‗güey‘ en algunas variedades del español de América) pueden aparecer en distintas posiciones en la oración (e.g. Man, I know that / I know that, man: McCready –2006: 211–). Este cambio de posición conlleva una entonación y un análisis diferentes: «I conclude that there are two distinct positions for the particle. When it has comma intonation, it appears in Spec of CP; when it has integrated intonation, it appears in Spec of IP» (McCready, 2006: 220). El comportamiento de man es similar al de las partículas yo y zo en japonés, o merde y putain en francés (McCready, 2006: 222), y es semejante al que experimentan los vocativos. Finalmente, cabría destacar que es la entonación la que permite diferenciar los vocativos de ciertos elementos oracionales, como son los sujetos. Por tratarse de una prueba empírica de gran relevancia, al final de este capítulo (vid §2.4.) se ofrecerá un breve estudio en el que, a través de una serie de entrevistas, se examinarán los rasgos prosódicos de los vocativos frente a los de los sujetos. Una vez que estos queden bien fijados, se podrá determinar si ciertas construcciones que producen confusión (e.g. Niños: David(,) recoge el fregadero; Celia(,) pon la mesa 45 ) contienen vocativos, sujetos o ambos. Por tanto, en esta sección ha quedado demostrado el papel fundamental que desempeñan los rasgos fónicos en las construcciones vocativas: no solo son determinantes para identificarlas como tales, sino que también ayudan a reconocer las funciones semántico-pragmáticas que desempeñan o la posición que ocupan con respecto a la oración. Además, la ruptura entonativa que experimentan es una propiedad que comparten con otros elementos extraoracionales (e.g. las interjecciones y partículas, los tópicos y los elementos parentéticos) y se vuelve fundamental para diferenciarlos de otros elementos oracionales como el sujeto. 44 Esta relación se estudiará en §4.7.2. 45 Construcciones semejantes han sido estudiadas por Mauck, Pak, Portner y Zanuttini (2004); Zanuttini (2008), y Zanuttini, Pak, y Portner (2012) para lenguas como el inglés: Kids, Gabriel comb your hair; Dani put on your shoes! (Zanuttini, 2008: 197). En ellas, estos autores defienden que los nombres propios Gabriel y Dani se comportan como sujetos, mientras que el nombre escueto kids lo hace como vocativo. En el apartado §2.3. así como en el §2.4. se examinarán más en profundidad estas estructuras. 40 Una vez que los rasgos fónicos han sido explicados, en el siguiente epígrafe se recopilan y amplían algunas clasificaciones de los vocativos que han sido esbozadas en apartados previos y se presentan otras nuevas. 2.1.4. Tipos de vocativos: clasificación y recapitulación A lo largo de las secciones previas, se han puesto de manifiesto las distintas propiedades semánticas, pragmáticas, morfológicas, sintácticas y fónicas que poseen los vocativos con respecto a la oración y otros elementos (extra)oracionales. En ellas, se han mostrado algunas de las clasificaciones que han tenido mayor repercusión entre los investigadores. El objetivo de esta sección es recapitularlas y ampliarlas, por lo que se ha decidido organizar su presentación en torno a dos criterios: uno semántico- pragmático y otro morfo-sintáctico. A continuación se examina el primero de ellos. 2.1.4.1. Criterio semántico-pragmático Desde el punto de vista semántico-pragmático, los vocativos pueden clasificarse teniendo en cuenta la función que desempeñan y el significado que poseen. Como se señaló en §2.1.1., Zwicky (1974) propone hablar de calls (llaman la atención del hablante) y addressees (mantienen o enfatizan la relación entre el hablante y el oyente), entendiendo que en los primeros prima la función apelativa y en los segundos, la fática. Esta clasificación ha sido desarrollada por numerosos autores, entre los que destacan Leech (1999), quien añade a estas dos funciones la identificativa, y Schaden (2005), quien propone la hipótesis IPA (tres funciones: identificativa, predicativa o de activación) tal como se explicó en §2.1.1. Por su parte, Bañón (1993: 22 y ss.), al igual que posteriormente harán autores como Alonso Cortés (1999a, 1999b) (vid §2.1.2.), plantea una clasificación en la que se prioriza la función que los vocativos desempeñan. Habla, así, de siete tipos de vocativos: salutatorios y honorativos (e.g. ¡Hola, Santi!); de llamada o apelativos puros 41 (relacionados con los calls de Zwicky: María, ven); exclamativos (e.g. ¡Teresa! 46 ), que aconseja no confundir con las exclamaciones (e.g. ¡Ay, Dios mío!); de mandato (de un superior a un inferior: Maite López, venga conmigo); de ruego (e.g. Manuel, ¿me podrías ayudar?); de delimitación del turno conversacional (utilizado para ceder el turno en una conversación: Doctor Jiménez, debe (…) empezar la exposición 47 ) y axiológicos (expresan la valoración que el hablante hace del interlocutor: Pesado, ven aquí). Esta clasificación no ha tenido muchos seguidores, seguramente porque da lugar a equívocos: podría darse una situación en que los vocativos pudieran ser de dos tipos al mismo tiempo. Por ejemplo, en Pesado, ven aquí podría entenderse que el hablante está evaluando al interlocutor como pesado, por lo que se incluiría entre los vocativos axiológicos; pero también le está dando una orden, lo que haría que se interpretara como de mandato. En consecuencia, si bien esta clasificación es rica en la variedad de tipos que propone, la confusión a la que puede dar lugar hará que no se tenga en cuenta en esta investigación. En la siguiente sección se recogen las clasificaciones presentadas entre los expertos que parten de un criterio morfo-sintáctico. 2.1.4.2. Criterio morfo-sintáctico Desde el punto de vista morfo-sintáctico, existen distintas propuestas para la clasificación de los vocativos basadas en diferentes criterios, algunas de ellas ya presentadas en apartados precedentes. En los párrafos siguientes se explican las más relevantes. Bañón (1993) ofrece otra clasificación –esta con más trascendencia que la anterior– centrada en el número de palabras que integran las expresiones vocativas. De esta manera, habría vocativos unimembres cuando se construyen con un solo elemento (e.g. Pesadita, vete a la cama; ¿Me ayudas, mamá?), bimembres cuando lo hacen con 46 Expresan la «reacción del hablante ante algo hecho o dicho por el interlocutor» y poseen «rasgos de apelación deíctico-personal (…) [: exigen la] presencia del interlocutor que, además, se convierte en referente del discurso» (Bañón, 1993: 23 y ss.). 47 Ejemplo tomado de Bañón (1993: 25). 42 dos (e.g. Cara guapa, a desayunar; Señorita Celia, reciba mi más sincera enhorabuena) y plurimembres cuando son más de dos (e.g. Niño del demonio, vete de aquí; Niña de mis amores, ¿qué demonios haces?). Esta clasificación resulta muy útil para estudiar la estructura interna de los vocativos y de los elementos que los componen (vid §3.2.), por lo que será tenida en cuenta en esta investigación. Una segunda propuesta estudiada en §2.1.2. es la que apunta Moro (2003) en su trabajo: diferencia los vocativos que son correferenciales con un elemento argumental del predicado (i.e. intradeícticos: Tei lo dije, Joséi) de los que no lo son (i.e. extradeícticos: Lo sabía, David). Sobre estos últimos, Hill (2013b), inspirada en Svennung (1958), defiende una clasificación que incluye la de Moro y en la que parte de una primera distinción entre dos elementos: la exclamación y el destinatario o addressee. En lo relativo a la exclamación (33a), el hablante expresa sus sentimientos pero no identifica al destinatario (no importa si este último está presente o no), por lo que suele aparecer en monólogos pero también es posible que se encuentre en diálogos (Hill, 2013b: 5). En relación al destinatario o addressee (33b), se trata de la persona reconocida por el hablante como interlocutor y a la que este se dirige, por lo que necesariamente aparece en un diálogo (Hill, 2013b: 5). En (33) se muestran ejemplos que ponen de relieve esta diferencia: (33) a. ¡Oh Dios mío, no puedo creerlo! b. {Dios mío/Querido Dios}, escucha mi plegaria. (Hill, 2013b: 5; mi traducción). En un análisis más profundo, Hill (2013b: 5-6) sostiene que el addressee o destinatario puede ser de dos tipos según el contexto social en el que se encuentre. En el primero, el hablante se dirige al destinatario directamente, generalmente con una segunda persona (destinatario directo: construcciones vocativas (34a)). En el segundo, el locutor se dirige indirectamente a él, haciendo uso de una tercera persona (destinatario indirecto: construcciones no vocativas (34b)): (34) a. John, ¿podrías por favor venir aquí? b. ¿Le gustaría al caballero otro vaso? (Hill, 2013b: 6; mi traducción). 43 Finalmente, cabría añadir que los destinatarios directos pueden ser de dos tipos teniendo en cuenta la distinción de Moro (2003): intradeícticos (35a) o extradeícticos (35b), cuyos ejemplos se recogen de nuevo en (35): (35) a. Tei lo dije, Joséi b. Lo sabía, David. Esta clasificación ofrece muchas ventajas descriptivas. Por un lado, diferencia claramente las exclamaciones de los vocativos y propone un análisis distinto para cada uno de ellos, lo cual resulta bastante coherente. Por otro lado, tiene en cuenta, además de los destinatarios directos o vocativos, a los destinatarios indirectos, olvidados en propuestas anteriores. Finalmente, tiene la capacidad de incluir la tan extendida distinción de Moro (2003), utilizada en multitud de trabajos. Todo ello hace de esta clasificación un interesante punto de partida para analizar los vocativos, hecho que hará que se tenga presente en el transcurso de este trabajo. Por último, cabría explicar la clasificación de Espinal (2013) en torno a las propiedades morfo-sintácticas de los vocativos. Esta autora (Espinal, 2013: 4 y ss.) diferencia dos tipos de expresiones vocativas: los falsos vocativos o fake vocatives y los verdaderos vocativos o true vocatives. Los primeros (36a) son pronombres de segunda persona, nombres propios, nombres escuetos y adjetivos que se caracterizan por poseer rasgos deícticos de segunda persona, cotejados gracias al movimiento que realizan desde su posición de núcleos (nombre Nº, adjetivo Aº, determinante Dº) a la de núcleo vocativo (en adelante, Vocº) (Espinal, 2013: 4 y ss.). Por su parte, los falsos o fake vocatives (36b) son SSDD y Sintagmas Cuantificadores (en adelante, SCu), que poseen una interpretación cuantificacional o predicativa (Espinal, 2013: 5 y ss.). Al no ser núcleos, no pueden aparecer en Vocº, por lo que se comportan como complementos de un núcleo vocativo omitido (Espinal, 2013: 5 y ss.) (vid §3.4.1.3.). En (36) se presentan algunos ejemplos que muestran las diferencias señaladas: (36) a. {Tú/ Rafa/ Chico/ Guapo}, haz caso a tu madre Verdadero vocativo b. ¡Todos vosotros, venid! 48 Falso vocativo Esta clasificación, innovadora y con gran repercusión en el mundo de la investigación, resulta de gran utilidad para resolver cuestiones que todavía hoy no 48 Traducción literal del ejemplo en catalán de Espinal (2013: 7) Tots vosaltres, veniu! 44 tienen una respuesta clara entre los expertos. Nos referimos, por ejemplo, a polémicas ya presentadas en este capítulo tales como por qué en lenguas como el francés o el alemán los vocativos pueden ir encabezados por determinantes: serían falsos vocativos. Por ello, se estudiará con mayor profundidad en el capítulo 3 (vid §3.4.1.3.). En conclusión, a lo largo de esta sección se han recapitulado las propuestas más relevantes defendidas por diversos autores en las que se intentan captar las distintas propiedades de los vocativos. Estas clasificaciones se han articulado en torno a dos criterios: el semántico-pragmático y el morfo-sintáctico. Si bien algunas ya habían sido explicadas en secciones precedentes, se han mostrado otras nuevas que tendrán gran relevancia en esta investigación. En el siguiente epígrafe se hace una recapitulación de las conclusiones obtenidas en este primer apartado (§2.1.). 2.1.5. Recapitulación A través del análisis de las distintas definiciones ofrecidas para el término vocativo, se ha puesto de manifiesto la necesidad de estudiar estas construcciones teniendo en cuenta sus propiedades semántico-pragmáticas, morfo-sintácticas y fónicas. Las semántico-pragmáticas, las más estudiadas, revelan las funciones más importantes que desempeñan los vocativos (apelativa, fática, enfática o focalizadora, predicativa, etc.), los cambios de significado que experimentan, los rasgos pragmáticos que poseen (i-p) o las condiciones básicas que se deben tener en cuenta para su buena formación. Además, ponen de manifiesto su imposibilidad de influir en las condiciones de verdad de la oración y sus valores, a pesar de su contribución a la interpretación del enunciado, entre otras muchas cosas. Por su parte, las morfo-sintácticas determinan algunas de las propiedades más notorias de los vocativos como son sus rasgos deícticos de segunda persona o su capacidad referencial a pesar de rechazar determinantes (salvo en ciertos contextos: El chico de la última fila, mi niña), restricción que los distingue de los sujetos preverbales. Asimismo, estas propiedades ponen de relieve su movilidad posicional, lo que los asocia a los adverbios periféricos, o, por ejemplo, su naturaleza no argumental, la cual se refleja a través de su capacidad de ser omitidos. 45 Las menos investigadas, las fónicas, muestran la importancia que tiene la entonación en estas estructuras a la hora reconocer una construcción como vocativa. Además, permite identificar la función semántico-pragmática de los vocativos, marcar la posición en la que se encuentran, diferenciarlos de elementos argumentales (e.g. los sujetos) o relacionarlos con otros no-argumentales (e.g. partículas e interjecciones, tópicos, adverbios oracionales), entre otras cosas. Finalmente, en este apartado también se han presentado y recapitulado de secciones anteriores las clasificaciones ofrecidas para los vocativos, señalando sus virtudes pero también sus problemas. Estas clasificaciones se han articulado en torno a dos criterios: uno semántico-pragmático y otro morfo-sintáctico. La siguiente sección tiene como objetivo ofrecer las características, rasgos o propiedades que permiten reconocer las construcciones vocativas como tales. Para ello, se estudia el complejo asunto de si existe o no caso en lenguas como el español o, por ejemplo, si las partículas ayudan a identificar estas estructuras aunque no sean obligatorias. 2.2. ¿Cómo se reconocen los vocativos? Esta es una pregunta que se han hecho múltiples investigadores pero cuya respuesta es compleja. La identificación de los vocativos como tales resulta de la suma de varios factores (presencia de partículas, entonación, etc.) que influyen en mayor o menor medida en función de cada lengua. Por ello, el objetivo del presente apartado es examinar estos rasgos y ver de qué manera influyen en el reconocimiento de los vocativos en español. Con este objetivo en mente, el apartado se divide en seis secciones. En ellas, se analizan los principales rasgos que, a nuestro juicio, permiten el reconocimiento de los vocativos con respecto a otros elementos (extra)oracionales. Estos son: factores sintácticos (ausencia de determinación: §2.2.1.), la presencia de las llamadas partículas vocativas (§2.2.2.), rasgos morfológicos (existencia o no de caso: §2.2.3.), propiedades semántico-pragmáticas (§2.2.4.) y características fónicas (§2.2.5.). En §2.2.6. se recapitulan las principales conclusiones extraídas de las secciones precedentes. 46 A continuación se examina uno de los factores más mencionados entre los investigadores para la identificación de los vocativos: la ausencia de determinantes. 2.2.1. Rasgos sintácticos: la ausencia de determinantes Este es el factor por excelencia en los estudios gramaticales para reconocer los vocativos y diferenciarlos de los demás elementos oracionales, como por ejemplo el sujeto (vid §2.1.2.). Según numerosos investigadores (Bosque, 1996a, 1999; Leonetti, 1999a, 2016; Giorgi y Longobardi, 1991; Longobardi, 1994, 2001), los sustantivos deben insertarse dentro de un SD para poder ser referenciales (37a), restricción que algunos autores asocian con su capacidad para ser argumentos (Longobardi, 1994, entre otros: vid §2.1.2.). Sin embargo, esta restricción no alcanza a los vocativos (37b), que en español y en otras muchas lenguas rechazan la presencia de determinantes, lo que contrasta con su carácter referencial. A este respecto, tómese el siguiente contraste: (37) a. *(El) profesor mandó terminar *(la) ficha a *(los) alumnos. b. (*Los) chicos, terminadla para mañana. Si bien en (37a) profesor, ficha y alumnos deben aparecer encabezados por un determinante –un artículo definido en este caso– e insertarse dentro de un SD para poder ser referenciales y, en consecuencia, argumentos (sujeto, CD y CI, respectivamente) 49 , en (37b) ocurre justamente lo contrario: los vocativos rechazan su presencia. Esta afirmación llevaría a pensar que chicos no puede ser referencial. Sin embargo, como se señaló en §2.1.1., una de las condiciones para la buena formación de los vocativos es que estos sean referenciales, ya que hacen alusión a una entidad –o un conjunto de ellas– del mundo real –o de un mundo posible– que se corresponde con el addressee o destinatario del mensaje. En este caso, chicos refiere a un conjunto específico de personas de corta edad que reciben una orden emitida por su profesor. En consecuencia, 49 Es cierto que hay casos en los que el determinante no es necesario en construcciones argumentales como en ¿Hay pan en casa? Sin embargo, estas estructuras, entendidas como genéricas, estarían en la línea de los sujetos posverbales del tipo Llegaron voluntarios de todo el país, todas ellas analizadas en Bosque (1996a) (vid §3.3.). 47 un primer rasgo que permite identificar los vocativos y diferenciarlos de los demás elementos oracionales es su imposibilidad de combinación con determinantes 50 . Otra prueba más a este respecto la dan los nombres propios en algunas lenguas: cuando aparecen como sujetos, se construyen necesariamente con un artículo expletivo pero lo pierden cuando se insertan en construcciones vocativas (vid §3.1.2.1.). Esto es justamente lo que ocurre en lenguas como el italiano, el alemán, el húngaro o el portugués (Szabolcsi, 1994; Moro, 2003 y D‘hulst, Coene y Tasmowski, 2007) 51 : (38) a. Il Gianni è partito. Italiano El Juan ha ido/partido ‗Juan se ha ido‘ b. (*Il) Gianni, la Maria è partita. (*El) JuanVOC, la María ha ido/partido ‗Juan, María se ha ido‘ (39) a. Der Peter kommt. Alemán El Pedro viene ‗Pedro viene‘ b. (*Der) Peter, kommt! (*El) PedroVOC, ven ‗¡Pedro, ven!‘ (40) a. Jön a Péter. Húngaro Viene El Pedro. ‗Pedro está viniendo‘ b. (*A) Péter, gyere! (*El) PedroVOC., ven. 50 La razón por la que los vocativos rechazan la presencia de determinantes será estudiada en §3.3.3. 51 Los ejemplos han sido obtenidos de Moro (2003: 254: (38b)), Szabolcsi (1994: 32: (39) y (40)) y Carvalho (2013: 51: (41)). 48 ‗¡Pedro, ven!‘ (41) a. A Sofia traz-me um copo de água. Portugués La Sofía trae-me un vaso de agua. ‗Sofía me trae un vaso de agua‘ b. (*A) Sofia, traz-me um copo de água. (*La) SofíaVOC, tráe-me un vaso de agua. ‗Sofía, tráeme un vaso de agua‘ Por consiguiente, no es de extrañar que los estudiosos señalen esta propiedad como determinante para identificar los vocativos, máxime si en trabajos de lenguas ibero-romances como el de Corr (2016: 31) se señala como la estrategia más común 52 . No obstante, algunos investigadores (Longobardi, 1994; Szabolcsi, 1994; Schaden, 2005; D‘hulst, Coene y Tasmowski, 2007; Moro, 2003; Croitor y Hill, 2013; Hill, 2013b; entre otros) ponen en entredicho esta afirmación al encontrar los siguientes ejemplos en diferentes lenguas y dialectos 53 : (42) a. Alo, domnul! Rumano Hola, señor-VOC-el ‗¡Hola, señor!‘ b. *(Les) garçons, Jean est arrivé 54 Francés Los niñosVOC, Juan es llegado ‗Niños, Juan ha llegado‘ 52 Corr (2016) defiende que en estos casos los determinantes han dejado de identificar el rasgo de [± definitud] para pasar a marcar relaciones de enunciado: «[A]rticles, whose absence constitutes the formal means by which vocatives are identified in the majority situation, are repurposed from what is normally regarded as their ‗core‘ function (viz. identifying [±DEFINITENESS]) and are used instead to mark utterance relation» (Corr, 2016: 33). En el capítulo 3 se retomará esta cuestión (vid §3.3. y §3.4.2.3.). 53 Los ejemplos de (42) han sido obtenidos de Croitor y Hill (2013: 809), Moro (2003: 256), Schaden (2005: 180) y Longobardi (1994: 626), respectivamente. 54 Como señala Moro (2003: 256), resulta llamativo que en francés estas construcciones no admitan el artículo cuando se construyen en singular (e.g. (*Le) garçon, Jean est arrivé) pero sean agramaticales si no aparece en plural (*(Les) garçons, Jean est arrivé) (ejemplos tomados de Moro, 2003: 256). Esta particularidad se estudiará en §3.1.2.2. y ss. 49 c. Küss‘ die Hand die Damen, guten Abend die Herren, Alemán Besen la mano las señorasVOC, buenas noches los señoresVOC, grüß‘ Euch die Madln, servas die Buam! salud vosotras las chicasVOC, hola los chicosVOC ‗Les beso la mano, señoras; buenas noches, señores; un saludo, chicas; hola, chicos‘ d. Quei ragazzi, venite qui! Toscano Aquellos chicosVOC, venid aquí ‗Chicos, venid aquí‘ Estos ejemplos ponen de manifiesto que, en ciertos contextos, algunas lenguas y dialectos permiten la combinación de los vocativos con determinantes como los artículos definidos y demostrativos, cuyas particularidades serán examinadas en §3.1.2.2., §3.3. y §3.4.2.3. 55 Por consiguiente, sería necesaria una reformulación de la generalización que dice que los vocativos rechazan la presencia de determinantes, tal como se hará en §3.3.3. y §3.4.2.3. En consecuencia y a pesar de que la restricción se extiende a la mayoría de casos, la ausencia de determinación se considerará un rasgo significativo pero no determinante a hora de reconocer las construcciones como vocativas. En la siguiente sección se examina qué se entiende por partículas vocativas y si su presencia resulta o no concluyente para identificar los vocativos. 2.2.2. Las partículas Una segunda prueba que ha cobrado gran importancia en los estudios recientes es la identificación de los vocativos a través de las partículas que los acompañan, de ahí que muchos autores no hayan dudado en denominarlas como partículas vocativas (Hill, 2007, 2013a, 2013b; Haegeman, 2014; Stavrou, 2014; entre otros). Es decir, estas 55 Esta restricción también se documenta en español: El chico de la última fila, salga al estrado; Esos de ahí, dejen de hablar (vid §3.3.). 50 partículas funcionarían como una especie de «marcadores vocativos» que indican que lo que las sigue se debe interpretar como vocativo. Este hecho ya ocurría en lenguas como el latín, en el que la ausencia de artículos hacía necesario que el vocativo, en muchas declinaciones coincidente con el nominativo, fuese acompañado de una partícula (o) que actuara como modificador (Corr, 2016: 32): (43) O fortunate adulescens! OPART afortunado-VOC joven-VOC ‗¡Oh, afortunado joven!‘ (Vox, 2008: 331). Este fenómeno no es residual ni único de las lenguas romances, sino que se trata de un hecho bastante común entre las lenguas, sea cual sea su origen. Así, no es extraño encontrar partículas vocativas en lenguas romances tales como măi o hai (44a) en rumano (Haegeman, 2014; Hill, 2013a, 2013b), ó (44b) en portugués (Carvalho, 2000, 2010, 2013), eh (44c) en catalán (Hill, 2013a; Espinal, 2013), o (44d) en italiano (Longobardi, 1994, Moro, 2003) y previsiblemente eh/(h)ey en español (44e). Pero también en otras lenguas que no lo son, como oj/ej en croata (44f), послушай en ruso (44g), o/ax (44h) en griego (Stavrou, 2014) o, por ejemplo 嘿hèi,哎ài,诶èien chino (44i) 56 . En (44) aparecen algunos ejemplos a este respecto, cuyas propiedades principales serán estudiadas §4.7.2. 57 : (44) a. Măi băiete, fii atent! Rumano PartVOC chicoVOC sé atento ‗¡Chico, ten cuidado!‘ b. Ó Rosa! Porque é que fizeste isso? Portugués PartVOC RosaVOC por qué es que hiciste eso ‗¡Rosa! ¿Por qué hiciste eso?‘ 56 Quiero agradecer a Yitong Liu, Alexandra Duttenhofer y Katarina Fertalj su ayuda en la elaboración de estos ejemplos. Por supuesto, todos los fallos son responsabilidad mía. 57 Los ejemplos de (44) han sido tomados de Hill (2013b: 73: (44a) y (44h)), Carvalho (2013: 53: (44b)), Espinal (2013: 4: (44c)) y Longobardi (1994: 626: (44d)). 51 c. ¡Eh, desgraciats! Catalán PartVOC desgradiadosVOC ‗¡Eh, desgraciados!‘ d. O Gianni, vieni qui! Italiano PartVOC JuanVOC ven aquí! ‗¡Juan, ven aquí!‘ e. {Ey/Eh} guapo, ¿se puede saber qué haces? Español f. {Oj/Ej} Ivane, gdje si? Croata PartVOC IvaneVOC dónde estás ‗Ivane, ¿dónde estás?‘ g. Послушай, Мария, тебе действительно нравится Хуан? Ruso PartVOC MaríaVOC tú realmente gusta Juan ‗Oye, María, ¿te gusta realmente Juan?‘ h. Vre pedja, prosexete! Griego PartVOC niñosVOC cuidado ‗¡Niños, tened cuidado!‘ i. 哎, 孩子,你过来 Chino Ai, hai zi, ni guo lai PartVOC niñoVOC tú pasar venir ‗Niño, ¿vienes?‘ A partir de ejemplos como los de (44), Hill (2007, 2013b) sintetiza en un cuadro los resultados obtenidos por parte de distintos autores sobre la presencia, opcionalidad e interpretación de las partículas vocativas en una serie de lenguas. Entre ellas, destacan algunas que no han sido mencionadas hasta ahora, como son las africanas (baoulé –grupo étnico de Costa de Marfil–, setswana –lengua sudafricana– y umbundu 52 –Angola–) o las hindúes (Telégu y Toda –lengua de una comunidad de pastores del sur de La India–). En la tabla 1 se recogen estas partículas: Tabla 1. Partículas vocativas (Hill, 2013b: 45) En consecuencia, la presencia de partículas en construcciones vocativas se convierte en una prueba de gran valor por tratarse de un fenómeno que se puede encontrar en un número bastante elevado de lenguas. No obstante, si bien resulta de gran utilidad para algunas lenguas (e.g. el rumano o el griego), no lo es tanto para otras en las que la partícula es de carácter optativo y su empleo no es tan frecuente como pudiera parecer en un principio. Por ejemplo, en lenguas como el español –al menos, en el peninsular– lo más habitual es que el vocativo aparezca sin ninguna partícula: Teresa, ven es mucho más frecuente que Eh Teresa, ven. Algo similar ocurre en otras lenguas como el italiano, el chino, el ruso o el catalán 58 , entre otras muchas. Otro problema añadido estaría en el hecho de que la partícula española eh suele acompañar a vocativos iniciales (e.g. ¡Eh Jose! Dime qué quieres), pero su presencia en 58 A esta misma conclusión llega Espinal (2013) cuando analiza la adaptación de Hill (2007) de la teoría de los speech acts: «When considering Catalan this structure must be simplified, since no item like hai seems to exist in this language» (Espinal, 2013: 15). 53 vocativos medios (e.g. ?? Dime, ¡eh Jose!, qué quieres) y finales (e.g. ?? Dime qué quieres, ¡eh Jose! 59 ) resulta cuanto menos extraña (vid §4.7.2.) 60 . Por todo ello, esta prueba, determinante para unas lenguas, no es concluyente para identificar los vocativos en otras, sobre todo en aquellas como el español en las que la partícula se puede omitir. De esta forma, se concluye que la presencia de las partículas vocativas es un factor relevante pero no decisivo a la hora de reconocer las estructuras como vocativas. En la siguiente sección se estudia otro de los rasgos señalados en numerosos estudios gramaticales –no exento de controversia– para la identificación de los vocativos: la existencia o no de caso vocativo. 2.2.3. Rasgos morfológicos: el caso Este factor es el que ofrece mayor división de opiniones entre los estudiosos, ya que unos defienden que se puede hablar de caso vocativo (Abella, 1963; Stavrou, 2014; Haddican, 2015) y otros que no hay suficientes evidencias para hacerlo (Ernout y Thomas, 1953; D‘Alessandro y Oostendorp, 2016). Para poder dar respuesta a esta cuestión, lo primero que habría que preguntarse es qué se entiende por caso. El caso «designa la relación semántica o sintáctica que establece un elemento nominal de la oración (o elemento asimilado) con un regente, así como las formas de marcar tal relación (mediante orden de palabras, inflexión, etc.)» (Riaño Rufilanchas, 2006: 43). Por consiguiente, se pueden observar tres aspectos fundamentales en esta definición: el semántico (significado), el morfológico (inflexión) y el sintáctico (orden y posición). En el asunto que nos concierne, habría que esclarecer qué elemento rige al 59 Esta construcción mejoraría si ¡eh José! se incluyera dentro de una estructura interrogativa confirmatoria similar a ¿vale, José? (vid. §4.7.2.): Dime qué quieres, ¿eh, José? Llamativamente, ¿eh? solo acompaña a peticiones, ruegos y preguntas, pero no a mandatos: (i) a. Juega un ratito, ¿eh, hija? Ruego b. Nos vamos de fiesta, ¿eh, chicos? Sugerencia c. *Vámonos de fiesta, ¿eh, chicos? Mandato 60 Seguramente la razón de este hecho se deba a que en español partículas vocativas como eh, (h)ey solo pueden ser empleadas como calls o llamadas, excluyéndose su uso como addressees o fáticas. Según señala Stavrou (2014: 314), algo parecido ocurre con partículas griegas como e. Esta puede adquirir la función de call o llamada pero rechaza su uso como addressee o fática. Todo ello supondría una nueva prueba a favor de la propuesta de Zwicky (1974) y sus seguidores: los vocativos iniciales poseen propiedades distintas a los medios y a los finales. Sobre este asunto véase §4.1.– §4.3. y §4.7.2. 54 vocativo y preguntarse si puede o no tener una marca formal o flexiva que permita identificarlo como tal. La primera de las cuestiones que hace alusión a quién lo rige parece tener una respuesta clara entre los investigadores (Moro, 2003; Schaden, 2005; D‘Alessandro y Oostendorp, 2016; entre otros). El vocativo si por algo se caracteriza es por ser un elemento adjunto o no argumental: no forma parte de la red temática de ningún predicado. Prueba de ello es que se puede omitir sin influir de manera alguna en el valor de verdad de la oración (vid §2.1.1.). Por consiguiente, si se recupera la definición de Riaño Rufilanchas (2006), se podría afirmar que no hay ningún elemento en la oración que rija al vocativo y, por tanto, ninguno que establezca una relación semántica con él 61 . Si esto es cierto, entonces los vocativos no serían elementos oracionales sino periféricos (i.e. se generarían directamente en la periferia izquierda: Moro, 2003: vid §4.2. – §4.3.) como demuestra el hecho de que existan vocativos extradeícticos (Moro, 2003: 253 y ss.), es decir, vocativos no correferenciales con ningún argumento del predicado (vid §2.1.4.2.). En relación a si los vocativos poseen o no una marca formal o flexiva, existen multitud de opiniones. En primer lugar, habría que diferenciar las lenguas que mantienen un sistema de casos de las que no. A este respecto, Wiltschko (2014) hace un estudio sobre las lenguas que se construyen con caso morfológico y las que no lo hacen, especificando en las primeras el número de casos que distinguen. Sus resultados se muestran en la tabla 2: 61 En este punto, algunos autores (Hill, 2007, 2013a, 2013b; Haegeman y Hill, 2013) dejan entrever que es la partícula la que selecciona al vocativo. El problema estaría en aquellas lenguas que no poseen partícula o en las que esta no es obligatoria sino opcional, como ocurre en español o en catalán, de acuerdo con Espinal (vid §2.2.2.). En estos casos sería necesario explicar por qué aparece el vocativo pero no la partícula. 55 Tabla 2. Lenguas con caso morfológico (Wiltschko, 2014: 181): En la tabla 2 se observa que, de entre las 261 lenguas estudiadas, casi la mitad (100) no poseen caso, mientras que las 161 restantes sí. Entre estas últimas, estarían, por ejemplo, el griego, el croata, el alemán o el ruso. Si bien las dos primeras mantienen el caso vocativo 62 , las otras dos lo han perdido. El problema es que, tanto en las lenguas que distinguen como en las que no, el caso vocativo tiene muchas veces una desinencia muy similar a la del nominativo. Quizás, esta es la razón por la que el caso vocativo ha desaparecido del sistema en lenguas como el alemán o el ruso, ya que sus funciones las habría asumido el nominativo (Ernout y Thomas, 1953), entendido por muchos como caso cero (Frutos, 1981-1983). Este sincretismo ya ocurría en lenguas como el latín, que poseía la misma terminación tanto para el nominativo como para el vocativo en la gran mayoría de sus declinaciones (primera, tercera, cuarta y quinta o mixta); también había algunos nombres propios que no diferenciaban estos dos casos 63 . Sin embargo, este sincretismo no es, para algunos autores, razón suficiente para no incluir el vocativo en el sistema de casos. Esto es justamente lo que afirma Floricic (2011): sostiene que, si se excluyera del sistema el vocativo, también habría que hacerlo con el nominativo: Le syncrétisme morphologique nominatif-vocatif et le caractère extensif du nominatif au regard du vocatif (…) ne suffit pas en soi à exclure le vocatif de la catégorie des cas, car il faudrait autrement exclure de cette dernière bien d‘autres cas que le vocatif. 62 De acuerdo con Hill (2013b), estas lenguas tienen el caso vocativo por causas históricas: el latín y el griego antiguo, seguramente como residuo del proto-indoeuropeo, marcaban el vocativo con el sufijo –e en singular en la segunda declinación (Hill, 2013b: 4). Este rasgo, según la mencionada autora, se ha mantenido en descendientes de la familia proto-indoeuropea. De esta manera, no es de extrañar que aparezca en lenguas balcánicas como el búlgaro o el griego (Hill, 2013b: 4). 63 Un ejemplo de ello sería el nombre propio latino Deus (‗Dios‘), el cual no poseía ninguna diferencia flexiva entre nominativo y vocativo (Abella, 1963: 23). 56 Rappelons que le nominatif peut également être la forme que prend le nom lorsqu‘il est extraposé. En finnois, c‘est également sous la forme du nominatif que peut apparaître un nom en fonction d‘objet d‘un verbe à l‘impératif, et le nominatif est la forme que peut prendre un nom indéfini en fonction d‘objet en mordve (…) (Floricic, 2011: 104). En el supuesto caso en el que el sincretismo no fuera razón suficiente para excluir al vocativo del sistema de casos, habría que analizar qué propiedades posee el caso vocativo que permitan diferenciarlo de los demás casos en las lenguas en las que se mantiene. A este respecto, Abella (1963) señala que los vocativos se caracterizan, curiosamente, por carecer de distinción morfológica alguna con respecto a los demás casos (Abella, 1963: 14). Justamente, en latín «el vocativo no tiene desinencia propia, pues aún en los casos que en apariencia podríamos encontrarla –temas en o/e– sigue siendo un tema puro» (Abella, 1963: 29). En ellos se entiende que «la presencia de una marca especial de entonación 64 ha hecho innecesaria una diferenciación morfológica (…) » (Cabrillana Leal, 2009: 122). En la línea misma se sitúan Ernout y Thomas (1953) o Humbert (1954), quienes defienden que el vocativo ha «perdido autonomía» y se corresponde con el tema puro. Por ejemplo, en lenguas como el griego el nominativo de los sustantivos masculinos tiene como desinencia –oς (e.g. τύπος, íς), mientras que el vocativo toma –o si son palabras de menos de dos sílabas (e.g. τύπο: ‗chico, tipo‘) y –si poseen más de dos (e.g. í: ‗caminante‘). Si se trata de nombres femeninos –o, al menos, se declinan como tales (e.g. o επιβάτης: ‗pasajero‘)– sus desinencias son –/– tanto para el vocativo como para el nominativo (ó‘chica, mujer joven‘θάλασσα‗mar‘). Datos como estos pondrían de manifiesto que el vocativo es el tema puro sobre el que se forman los demás casos. Todas estas afirmaciones hacen difícil poder considerar la existencia de un caso vocativo, máxime si se tiene en cuenta que no fue introducido en el sistema hasta el s. I a.C. con el gramático alejandrino Dionisio Tracio (Abella, 1963: 26-28). Esta tardía inclusión ha llevado a muchos autores a lo largo de la historia o bien a eliminarlo del sistema (Hjemslev, Riemann), o bien a asociarlo a otros elementos del discurso (Pottier) (Abella, 1963: 26-28). Por consiguiente, no parecen existir evidencias suficientes para 64 De nuevo, se señala la importancia de la entonación, tal como se estudiará en §2.2.5. 57 hablar de caso vocativo tanto en las lenguas que lo ‗mantienen‘ –no cuenta con rasgos propios– como en aquellas en las que ha sido sustituido por el nominativo. Para aquellas lenguas que no poseen caso como, por ejemplo, las romances (español, italiano o francés) cuyo único vestigio de la existencia de casos son los pronombres personales y los posesivos 65 , la gramática generativa (Chomsky, 1981; Verganud, 1982) ha propuesto la noción de caso abstracto 66 . Este concepto establece que todo elemento nominal que posee contenido fonético ha de tener caso (Eguren y Fernández Soriano, 2004: 132). Ello implica que el caso no tiene por qué hacerse siempre visible mediante una marca morfológica, sino que habrá lenguas que la tengan y otras que no (lo recibirán por la posición que ocupen), pero en todas ellas los SSNN han de recibir caso. A esta misma conclusión llega Verganud de acuerdo con López (2015): Verganud sugirió que los sintagmas nominales en todas las lenguas llevan una marca sintáctica de caso. Esta marca puede tener un exponente morfológico explícito (como en latín, japonés, tagalo, euskera y muchas lenguas amerindias y australianas) o puede no tenerlo (como en chino, vietnamita o las lenguas subsaharianas) (López, 2015: 152). Sin embargo, en todas estas lenguas seguiría siendo necesaria la presencia de un regente que preceda al vocativo para cumplir con la propiedad de adyacencia (Stowell, 1981) entre el rector asignador de caso y el sintagma que lo recibe: «(…) un constituyente X precede inmediatamente a otro constituyente Y si X precede a Y, y no hay un constituyente Z tal que X preceda a Z, y Z preceda a Y» (Bosque y Gutiérrez- Rexach, 2009: 157). El problema está, como se ha señalado en párrafos anteriores, en que no existe ningún regente que preceda a los vocativos debido a su naturaleza no- 65 Curiosamente y tal como señala Humbert (1954) para otras lenguas, en español los pronombres personales, junto con los posesivos, excluyen el caso vocativo del sistema aunque el uso pronominal sea la forma vocativa por excelencia (e.g. Tú, ¿qué haces?): (i) -Caso nominativo o recto: yo, tú. -Caso acusativo: me, te, la(s), lo(s), nos, os, se. -Caso dativo: me, te, le, nos, os, se. -Caso oblicuo o preposicional: mí, ti, sí, conmigo, contigo, consigo. -Pronombres sin marca específica de caso: nosotros/-as, vosotros/-as, usted, ustedes, vos, él, ella, ello, ellos, ellas. (RAE/ASALE, 2009: §16.3a). 66 De acuerdo con López (2015: 149), la Teoría del Caso nació de una carta que Jean-Roger Verganud envió a Noam Chomsky y Howard Lasnik para proponer algunas modificaciones de la propuesta Filtros y control que estos últimos habían presentado en un trabajo conjunto en 1977 (Chomsky y Lasnik, 1977). Sin saberlo, Verganud ayudó a la elaboración de una de las teorías con más trascendencia en la gramática generativa (López, 2015: 149). 58 argumental y periférica 67 . Por tanto, quedaría demostrado que hablar de vocativo como caso, ya sea morfológico o abstracto, no sería factible. Finalmente, es importante indicar que, aunque hubiera razones suficientes que permitieran hablar de la existencia de caso vocativo, este no siempre se interpreta con un valor vocativo propiamente dicho (es decir, con un valor apelativo o fático). A una conclusión similar llega Hill (2013b), quien señala que estas construcciones pueden adquirir otra función: la de exclamación (Hill, 2013b: 4-5). En los siguientes ejemplos latinos se observan claramente las dos funciones: (45) a. O Deus meus, ut quid me fecisti istud? Exclamación PartVOC Dios-NOM mío-NOM, por qué me hiciste eso ‗Oh Dios mío, ¿por qué me hiciste eso?‘ b. O Deus meus, adiuva me! Vocativo PartVOC Dios-NOM mío-NOM, ayuda me ‗¡Oh Dios mío, ayúdame!‘. En (45a) el hablante expresa una emoción que seguramente se identifique con la frustración o con la pena, pero no apela o llama a Dios (seguramente, el locutor habla consigo mismo). Por su parte, en (45b) sí lo hace: se dirige a Dios y le pide que le preste ayuda en su cometido. En consecuencia, (45a) se corresponde con una exclamación y (45b) con un vocativo. Sin embargo, este cambio de función no se refleja en el caso morfológico empleado: en ambos ejemplos se hace uso del vocativo que, además, coincide con el nominativo (vid nota 63). Por consiguiente, el caso vocativo –en el supuesto de que realmente exista– no puede ser considerado como un factor suficiente para identificar construcciones como vocativas. 68 Las razones que se han expuesto para ello se pueden sintetizar de la siguiente manera. En primer lugar, no está claro si el caso vocativo tiene una desinencia 67 A una conclusión similar llega López (2015) tras el análisis de un elemento dislocado como Juan en Buf, Juan, ni me hables, hace tiempo que el pobre hombre no sabe nada de Carla (López, 2015: 161). De acuerdo con este autor, «[l]os SSNN dislocados llevan a concluir que el filtro de Caso se aplica sólo a SSNN que están integrados en la oración propiamente dicha o, dicho de otro modo, que el recibir Caso es un requisito para que un SN se integre como constituyente de una oración» (López, 2015: 162). 68 A esta misma conclusión llega Schaden (2005) en su estudio: «While the details are not quite the same for Sanskrit and Romanian, a similar point could be made in these two languages: the form alone does not always suffice to identify a vocative. We need therefore additional criteria in order to characterize vocatives» (Schaden, 2005: 177). 59 propia o si más bien se corresponde con el tema puro. Por otro lado, esta terminación coincide en muchas declinaciones con la del nominativo, lo que explica que este último lo haya acabado sustituyendo en un gran número de lenguas. Finalmente, no siempre existe correspondencia entre caso vocativo y función vocativa: puede haber situaciones en las que la estructura se asocia con una función puramente exclamativa (45a). En consecuencia, parece quedar demostrado que no es viable hablar de la existencia de caso vocativo incluso en las lenguas que tienen caso morfológico. Por ello, a partir de este momento cuando se emplee el término vocativo se hará para referir a la función, no al caso. En la siguiente sección se muestra la relevancia del factor semántico-pragmático para poder identificar ciertas construcciones como vocativas. 2.2.4. Rasgos semántico-pragmáticos: la función Muchos autores han señalado que la función semántico-pragmática que desempeñan los vocativos es otra propiedad que permite reconocerlos como tales. De acuerdo con lo señalado en §2.1.1., los vocativos pueden realizar dos funciones básicas 69 : la apelativa, consistente en llamar la atención del interlocutor (cfr. (46a)), y la de contacto, que tiene como objetivo mantener o enfatizar el contacto entre hablante y oyente (cfr. (46b)). Según Zwicky (1974), estas funciones se identifican con las llamadas o calls y con la interpretación fática o de addressee, respectivamente. A continuación se ofrecen algunos ejemplos al respecto: (46) a. Celia, quiero que mires esto. b. Quiero, Celia, que mires esto/ Quiero que mires esto, Celia. En algunas lenguas, las funciones ejemplificadas en (46) vienen marcadas por la partícula que los acompaña. De esta manera, se pondría de manifiesto la importancia de las partículas en esas lenguas, como ya se indicó en §2.2.2., y su relación con las funciones que desempeñan. Esto es justamente lo que afirma Stavrou (2014), quien ofrece una tabla en la que muestra las distintas funciones de las partículas vocativas griegas (calls o apelativas vs. addressees o fáticas), a las que añade dos nuevas 69 Para conocer las demás funciones que puede desempeñar véase §2.1.1. 60 (exclamaciones y directivas), dando por buena la clasificación de Hill (2013b: vid. §2.1.4.). En la siguiente tabla se ofrecen sus resultados: Tabla 3. Principales funciones de las partículas (Stavrou, 2014: 314) Como se observa en la tabla 3, el griego, al igual que le ocurría al inglés (Zwicky, 1974), posee una serie de restricciones de los elementos que pueden aparecer como apelativos o como fáticos. Tales restricciones vienen determinadas por el empleo de las partículas. Por ejemplo, e solo puede actuar como apelativo pero no puede adquirir una interpretación fática. De ello se implica que las funciones que desempeñan las construcciones vocativas permiten reconocerlas como tales, aunque no son condición suficiente para identificarlas: se hace necesario acudir a la ausencia de determinantes o a la entonación, entre otras cosas. En el siguiente epígrafe se muestra justamente la supremacía de esta última frente a los demás factores. 2.2.5. Rasgos fónicos: la entonación Finalmente, algunos autores han señalado como factor determinante para reconocer los vocativos las propiedades entonativas que presentan con respecto a otros elementos oracionales. De acuerdo con los estudios a este respecto, los vocativos poseen un patrón melódico que los convierte en frases entonativas independientes, tal como se mostró en §2.1.3. y se estudiará en §2.4. Estos rasgos, reflejados en la escritura a través de la adición de una coma, parecen ser comunes a todas las lenguas, al menos a las presentadas en apartados anteriores. Así, por ejemplo, en inglés, en alemán y en las lenguas romances, pero también en croata, en ruso o en chino, la coma debe estar siempre presente para marcar que la construcción se identifica como vocativa (vid §2.2.2.). Por supuesto, ello no 61 significa que su entonación sea siempre la misma en todas las lenguas pero sí implica que existe una ruptura entonativa –aunque sea mínima como señala Stavrou (2014: 303) para el griego– que es necesario reflejar en la escritura mediante comas. Un hecho que muestra la importancia de los rasgos fónicos para identificar los vocativos es que determinadas lenguas y variedades admiten formas truncadas (en adelante, FT) de los nombres propios pero solo cuando desempeñan funciones vocativas (47b). Este hecho es justamente el que señalan Floricic (2000) y Moro (2003) para explicar qué ocurre en algunas variedades del sur de Italia donde se emplean como vocativos Antò en vez de Antonio, Lucì por Lucia o Robbè en lugar de Roberto (47a). El uso de las FT se extiende también a los verbos: podrán truncarse (47c) pero solo si aparecen en modo imperativo, siendo agramaticales en los modos restantes (47d) 70 (Floricic, 2000). A continuación se muestran algunos ejemplos a este respecto obtenidos de Moro (2003: 256): (47) a. Lucì/Lucia, vieni qua! Italiano Luci/LucíaVOC ven aquí ‗¡Luci/Lucía, ven aquí!‘ b. Lucia/*Lucì viene qua! Luci/Lucíaviene aquí ‗¡Lucía/Luci viene aquí!‘ c. Tie‘/Tieni; Gua‘/Guarda; To‘/Togli Imperativa FT/ Mantén; FT/Mira; FT/Coge ‗Mantenlo‘; ‗Mira‘; ‗Coge esto‘ d. Lucia guarda/*gua‘ il panorama. Enunciativa Lucía mira / FT el panorama ‗Lucía mira el panorama‘ 70 Las restricciones sobre las formas truncadas del italiano no se extienden al español. Como señala Zavala Tovar (2014), «las formas truncadas en español son insensibles al modo verbal y puede[n] aparecer en posiciones diferentes a la del vocativo. Esto contrasta con la generalización de las formas truncadas en italiano, las cuales sí son sensibles al modo verbal (imperativo) y a la posición del vocativo» (Zavala Tovar, 2014: 8). 62 D‘Alessandro y Oostendorp (2016) señalan que construcciones semejantes a las de (47) se encuentran también en variedades del italiano central y del norte, o en lenguas como el alemán, el indonesio, el catalán alguerés, el yapese o la lengua de Alaska Central, el Yup‘ik Eskimo (D‘Alessandro y Oostendorp, 2016: 63-64) 71 . Algunos ejemplos de ello se recogen en (48), donde la forma plena se indica entre paréntesis: (48) a. baj (ba.jaad), maŋ (ma.ŋɛɛ.fɛɛl) Yapese b. Aŋif (Aŋivɣan), MaXʷ (Maɣʷluq) Yup’ik c. pap (papa), ibu buʔ (‗madre‘) Indonesio d. (o) Fà! (Fabio), (o) Juà! (Juàn) Catalán alguerés (D‘Alessandro y Oostendorp, 2016: 63 y ss.). Por tanto, la entonación se convierte en una prueba determinante que permite identificar los vocativos en cualquier posición. No obstante, reconocer estas construcciones solo por su contorno entonativo, su posición externa a la oración y la presencia de comas es un factor fundamental pero no decisivo, ya que en algunos contextos se pueden asemejar a otros elementos extraoracionales como, por ejemplo, las construcciones parentéticas (vid §4.7.1.). Por ello, también resultarán fundamentales los otros factores señalados en secciones anteriores: la ausencia de determinantes, la presencia de partículas y las funciones que desempeñan. 2.2.6. Recapitulación En este apartado se ha explicado de qué manera se puede identificar un vocativo en una oración o enunciado. Para ello, se ha partido de una serie de factores que, a juicio de numerosos investigadores, son determinantes para reconocer las construcciones como vocativas. Se ha mostrado que los más influyentes son: la ausencia de determinación, la presencia de partículas, la función que desempeñan y, sobre todo, el contorno entonativo que poseen. Este último ha sido señalado como el más determinante de todos, aunque se ha puesto de manifiesto que en su identificación 71 Curiosamente, este truncamiento no se da cuando el SD que modifica al vocativo se hace explícito: Tu, surellə də Marijə (*surellaə də Mari’), vi’ qqua! (mi traducción: ‗Tú, hermana de María, ven aquí‘) (D‘Alessandro y Oostendorp, 2016: 64). 63 también influyen los demás. Se concluye, así, que el reconocimiento de los vocativos resulta de la suma de varios factores como señalan Potsdam (1996, 2003), Jensen (2003) o Moro (2003). Estos influirán en mayor o en menor medida dependiendo de cada lengua. En este punto es importante señalar que se ha descartado el criterio morfológico (caso vocativo), ya que se ha demostrado no hay razones suficientes para poder hablar de su existencia. Teniendo en cuenta todos estos rasgos, la siguiente cuestión que se aborda en esta investigación es qué herramientas gramaticales de las explicadas hasta ahora sirven para diferenciar los vocativos de los sujetos, sobre todo en los contextos en los que ofrecen dudas. En el siguiente apartado se trata de dar respuesta a esta pregunta. 2.3. Vocativo y Sujeto: diferencias y pruebas para su identificación En el apartado precedente se ponía de manifiesto la necesidad de tener en cuenta una serie de propiedades gramaticales (sintácticas, semántico-pragmáticas y fónicas) para poder identificar los vocativos en las oraciones y enunciados. Esos mismos factores, junto con algunos nuevos, serán los que permitan distinguir los vocativos de otros elementos como los sujetos preverbales, que en muchas ocasiones –sobre todo en las oraciones imperativas– se tienden a confundir. Este apartado trata justamente de ofrecer una serie de pruebas gramaticales que ayuden a diferenciarlos en los contextos en los que coaparecen. Algunos de estos contextos son los que se encuentran en (49): (49) a. Rafaeli/*j, tu madre*i/j dice que está cansada de esperarte. b. Celiai/*j, ¿de dónde sacó el abuelo*i/j el regalo para María? c. Davidi, pase usted 72 . Los ejemplos de (49) muestran que la coaparición entre sujeto (subrayado) y vocativo (en cursiva) es posible, sobre todo cuando el vocativo es extradeíctico (49a)-(49b), es decir, en los contextos en los que no es correferente con ningún argumento del predicado (vid §2.1.2. y §2.1.4.). Sin embargo, si es intradeíctico –esto es, si argumento y vocativo son correferenciales–, se encuentran más problemas para 72 Adaptado de RAE/ASALE (2009: §42.4b). Sobre la presencia de usted en estos casos, véase Fernández Ramírez (1986). 64 diferenciarlos, sobre todo si el sujeto aparece expreso o la oración es imperativa (49c), siendo este último caso el más conflictivo. A este respecto, Zanuttini (2008: 193-194) propone los siguientes ejemplos 73 : (50) a. Niños, Gabriel péinate (el pelo); Dani ponte los zapatos. b. Chicos, Juan levanta la mano; María mueve el dedo. Según diversos investigadores (Rupp, 1999; Jensen, 2003; Mauck, Pak, Portner y Zanuttini, 2004; Zanuttini, 2008), los ejemplos de (50) son, en realidad, casos de coaparición de sujeto y vocativo, entendiendo que niños y chicos son los vocativos, y Gabriel, Dani, Juan y María, los sujetos. De acuerdo con los autores señalados, estos nombres propios se convertirían en vocativos si, en vez de coordinarse, aparecieran en frases independientes, tal como se observa en (51) 74 : (51) a. *Niños, Gabriel péinate el pelo. b. Niños, Gabriel, péinate el pelo. (52) a. *Chicos, Dani ponte los zapatos. b. Chicos, Dani, ponte los zapatos. En otras ocasiones, lo complicado es saber si el sintagma en cuestión debe interpretarse como sujeto o como vocativo, ya que a veces tiene la apariencia del primero pero parece comportarse como el segundo. En (53) se ilustran algunos de estos casos conflictivos 75 : (53) a. El de la última fila, suba al estrado/ El de la última fila suba al estrado. b. Esos niños de ahí, ¿quieren atender o prefieren salir de clase? 73 Los ejemplos originales de Zanuttini (2008: 193-194) son: (i) Kids, Gabriel comb your hair; Dani put on your shoes! (ii) Guys, John raise your hand; Mary wiggle your finger! Como se puede observar en (50), en la traducción se ha omitido el posesivo y su lugar lo ha ocupado el artículo definido. La razón es simple: en español suena más forzada la oración con posesivo ya que, al tratarse de dos partes del cuerpo que se interpretan como inalienables, se deduce que estas pertenecen necesariamente al hablante y no a otra persona. Por tanto, añadir el posesivo en español convertiría la oración en redundante, al contrario de lo que ocurre en inglés. Su presencia se podría justificar si lo que se pretende es dar un significado contrastivo a la oración: Niños, Gabriel péinate TU pelo (no el de Maite); Dani ponte TUS zapatos (no los de Juan). 74 Ejemplos obtenidos de Zanuttini (2008: 193-194). 75 Un ejemplo semejante es el que proponen Mauck y Zanuttini (2004: 2): The girls from the second grade go with Ms. First, the boys go with Mrs. Kay! (Mi traducción: ‗Las chicas de Segundo Grado vayan con Ms. First, los chicos vayan con Mrs. Kay!‘). 65 Teniendo en cuenta todos estos ejemplos, las preguntas que surgen son las siguientes: ¿qué rago(s) permite(n) a los nombres propios de (51) y (52) poder interpretarse como vocativos y a los de (50), como sujetos? ; ¿son realmente casos de coaparición los de (50)? ; ¿son vocativos o sujetos los SSDD de (53)? Para poder responder a todas estas cuestiones, el presente apartado se divide en tres secciones. En la primera, se establece cuáles son las propiedades que permiten distinguir los vocativos de los sujetos, para lo que se da cuenta de la naturaleza argumental/no argumental de cada uno de ellos o de la posición que ocupan con respecto a la oración (§2.3.1.1.). También se esclarece si pueden ir o no acompañados de determinantes (§2.3.1.1.), su (in)capacidad de ligamiento de anáforas, si pueden ir o no precedidos por partículas (§2.3.1.2.) y cuáles son sus propiedades entonativas (§2.3.1.3.). De acuerdo con todos estos rasgos, en la segunda sección se determina si los ejemplos de (50)-(53) deben ser interpretados como vocativos o como sujetos. Finalmente, en la tercera sección se recogen las principales conclusiones obtenidas en el transcurso de este apartado y se pone de relieve la necesidad de llevar a cabo un estudio prosódico que demuestre si los resultados mostrados son o no los adecuados. 2.3.1. Diferencias gramaticales Muchos han sido los autores que en distintas lenguas han investigado las diferencias gramaticales entre vocativos y sujetos, sobre todo cuando aparecen en oraciones imperativas. Algunos de los que han tenido mayor repercusión son los siguientes: Downing (1969); Davies (1986); Zwicky (1974); Schmerling (1975, 1982); Zhang (1990); Potsdam (1996, 2003); Rupp (1999, 2003); Jensen (2003); Moro (2003); Mauck, Pak, Portner y Zanuttini (2004); Mauck y Zanuttini (2004); Zanuttini (2008) o Iatridou (2008), entre otros muchos. Todos ellos parecen estar de acuerdo en señalar que las diferencias entre vocativos y sujetos pueden ser de distinta naturaleza: presencia/ausencia de determinantes, ligado de anáforas, entonación, etc. En la presente sección estos rasgos, junto con otros ya señalados a lo largo del capítulo, se reúnen en torno a tres grupos: los sintáctico-semánticos (§2.3.1.1.), los semántico-pragmáticos (§2.3.1.2.) y los fónicos (§2.3.1.3.). 66 2.3.1.1. Diferencias sintáctico-semánticas En este epígrafe se examinan cuatro de las principales propiedades sintáctico- semánticas que han propuesto los investigadores para distinguir los vocativos de los sujetos. Estas son: su capacidad de ser argumentos, su (in)compatibilidad con los determinantes, su referencia (in)específica y su posición con respecto a la oración. En los párrafos siguientes se explica cada una de ellas. Tal como se ha mostrado a lo largo de este trabajo, la capacidad de ser o no argumentos es lo primero que llama la atención de los investigadores (Zwicky, 1974: 787; Garrido, 1999: §60.2.1.5.; Moro, 2013: 234-235) a la hora de distinguir los vocativos de los sujetos. Como se indicó en el §2.1.2. y §2.2.1., los sujetos son argumentos del predicado: son seleccionados semánticamente por el mismo (i.e. pertenecen a su red temática) de manera que su presencia se vuelve fundamental para completar el significado del predicado verbal. Por su parte, los vocativos se caracterizan justamente por lo contrario: no son seleccionados ni por el predicado verbal ni por ningún otro, por lo que su ausencia no repercute ni en la (a)gramaticalidad de la oración ni en que el predicado esté o no saturado. En consecuencia, se puede establecer una primera diferencia entre los sujetos y los vocativos: los primeros son necesariamente argumentos del verbo, mientras que los segundos no lo pueden ser en ningún caso. Esta propiedad de ser o no argumentos ha sido asociada por investigadores como Longobardi (1994, 2001: vid §2.1.2.) con su capacidad de insertarse dentro de un SD, ya que, de acuerdo con este autor, los SSDD son argumentos (y en algunos casos, predicados: vid §3.3.2. y ss.) y los SSNN, predicados 76 . Si bien en esta sección no es relevante establecer qué tipo de sintagma conforma el vocativo, sí lo es su incompatibilidad con los determinantes, lo que supondría una segunda diferencia entre vocativos y sujetos (Garrido, 1999: §60.2.1.5.). Así, tal como se explicó en §2.1.1, y §2.2.1., los sujetos preverbales han de insertarse dentro de un SD para poder ser referenciales, mientras que los vocativos son referenciales en sí mismos, por lo que no necesitan ir acompañados de determinantes en la gran mayoría de lenguas: 76 Aunque su naturaleza como SSNN o SSDD se estudiará más adelante (vid §3.3.2.), en este punto es importante señalar la propuesta de D‘hulst, Coene y Tasmowski (2007). Estos autores defienden que los vocativos son en realidad SSDD. Algunas de las pruebas que dan para apoyar esta afirmación son las siguientes: no todos los predicados son necesariamente SSNN (e.g. Jean est le chef du village: ‗Jean es el {jefe/líder} del pueblo‘) y en ciertas lenguas los vocativos pueden ir encabezados por artículos expletivos (e.g. Nadino! rumano: ‗Nadine-el voc.‘ > ‗El Nadine‘) (D‘hulst, Coene y Tasmoswki, 2007: 203-204). 67 (54) a. *(El) niño ha llegado. Español b. (*El) niño, Juan ha llegado. (55) a. *(Le) garçon est arrivé. Francés b. (*Le) garçon, Jean est arrivé 77 (56) a. *(Il) ragazzo è arrivato. Italiano b. (*Il) ragazzo, Giovanni è arrivato. No obstante, en algunas lenguas y dialectos sí es posible la combinación de ciertos determinantes con nombres vocativos en contextos concretos, tal como se mostró en §2.1.2. y §2.2.1. y se estudiará en §3.3. 78 : (57) a. Alo, domnu’! Rumano Hola, señor-VOC-el ‗¡Hola, señor!‘ b. Les copains, venez ici! Francés Los compañerosVOC, venid aquí ‗¡Compañeros, venid aquí!‘ c. Küss‘ die Hand die Damen, guten Abend die Herren, Alemán Besen la mano las señorasVOC, buenas noches los señoresVOC, grüß‘ Euch die Madln, servas die Buam! salud vosotras las chicasVOC, hola los chicosVOC ‗Les beso la mano, señoras; buenas noches, señores; un saludo, chicas; hola, chicos‘ 77 Ejemplo tomado de Moro (2003: 256). 78 Los ejemplos de (57) han sido tomados de Croitor y Hill (2013: 809: (57a)), de D‘hulst, Coene, y Tasmowski (2007: 203: (57b)), Schaden (2005: 180: (57c)) y Longobardi (1994: 626: (57d)). 68 d. Quei ragazzi, venite qui! Toscano Aquellos chicosvoc, venid aquí ‗Chicos, venid aquí‘ Por tanto, la compatibilidad o no con determinantes se considerará como un rasgo significativo pero no suficiente para distinguir los vocativos de los sujetos 79 . Una tercera diferencia entre vocativos y sujetos es la que se relaciona con la capacidad de unos y otros para ser (in)específicos. En el caso de los vocativos, la entidad a la que refieren debe ser específica (vid §2.1.1.) a pesar de que sean construcciones en apariencia inespecíficas, mientras que en los sujetos esta última propiedad puede darse o no. A este respecto, tómense los siguientes contrastes 80 : (58) a. Doctor, faltan las ambulancias que hemos solicitado. Vocativo b. (*Un) doctor, faltan ambulancias. (59) a. Somebody help grandma! Sujeto Alguien ayude abuela ‗¡Que alguien ayuda a la abuela 81 !‘ b. *Somebody, the dog bit grandma! Vocativo AlguienVOC el perro mordió abuela ‗*Alguien, ¡el perro mordió a la abuela!‘ (60) a. Nobody touch the computer! Sujeto Nadie toca el ordenador ‗¡Que nadie toque el ordenador!‘ 79 En el §3.3.3. y §3.4.2.3. se estudiarán las propiedades que poseen los determinantes en estos casos. 80 Los ejemplos de (59) y (60) han sido tomados de Slocum (2010: 2). 81 Tanto en este ejemplo como en el de (60b), los pronombres indefinidos alguien y nadie se interpretan en español como sujetos de una oración imperativa cuando el verbo principal aparece en modo subjuntivo y se añade el complementante que. Si este último elemento no apareciera, previsiblemente el sintagma se interpretaría como vocativo, siempre y cuando se refiera a una entidad definida: Maite, venga aquí ahora mismo vs. Que Maite venga aquí ahora mismo. Estructuras semejantes serán estudiadas en el siguiente apartado (vid §2.4.2.4.4.). 69 b. *Nobody, John broke the computer Vocativo NadieVOC John rompió el ordenador ‗*Nadie, John rompió el ordenador‘ En (58) se observa que el sujeto puede referirse o bien a una entidad específica (las ambulancias que hemos solicitado y no otras: (58a)), o puede emplearse en sentido genérico (‗se necesitan vehículos que sirvan para trasladar a personas heridas‘, es decir, ambulancias: (58b)). No obstante, en el caso de los vocativos el referente debe ser necesariamente específico, ya que un hablante cuando realiza un acto de habla lo hace dirigiéndose a un addressee o destinatario concreto, no a cualquiera. Si esto último no ocurriera, el mensaje no llegaría a ningún destinatario y, por consiguiente, la comunicación no tendría lugar 82 . Todo ello explica que en (58b) no sea posible decir un doctor, ya que en ese caso cualquier persona que tuviera conocimientos de medicina podría darse por aludida. Por su parte, la agramaticalidad de los ejemplos de (59b) y (60b) se justifica por el hecho de que no es posible que el referente al que hace alusión la expresión vocativa no sea ninguna persona o cualquiera que cumpla con esas condiciones (referencia inespecífica): debe ser una entidad concreta, es decir, específica 83 . Sin embargo, el sujeto sí tiene la capacidad de referirse a cualquier persona o, en su defecto, a nadie, por lo que (59a) y (60a) son construcciones gramaticales. En consecuencia, se podría extraer otra diferencia entre vocativos y sujetos: los primeros refieren a entidades necesariamente específicas, mientras que los sujetos no tienen por qué. Finalmente, un cuarto rasgo distintivo entre sujetos y vocativos es el que tiene que ver con la posición que ocupan con respecto a la oración, tal como sostienen varios autores (Alonso Cortés, 1999a, 1999b; Jensen, 2003; RAE/ASALE, 2009; Bouzouita, 2009; Slocum, 2010). De acuerdo con lo que se indicó en §2.1.1. y §2.1.2., los vocativos se sitúan fuera de la oración (vid §4.2. y §4.3.) como muestra el hecho de que aparezcan entre comas (reflejo en la escritura de su ruptura entonativa: vid §2.2.5. y 82 A este respecto, Lambrecht (1996) señala lo siguiente: «One cannot call someone without knowing who calls, and one cannot know that one is being called without knowing who one is oneself» (Lambrecht, 1996 276). 83 Esta explicación sirve también para los casos en los que el vocativo refiere a un persona irreal: esta existe en la mente del hablante, lo que la convierte en un addressee o interpelado legítimo para la comunicación (vid §3.1.4.1.): (i) La cólera canta, oh musa, del Pelida Aquiles. (Homero, Ilíada). 70 §2.4.2.), rasgo que los acerca a los elementos periféricos (vid §4.7.). Su movilidad con respecto a la oración permite que aparezcan en tres posiciones distintas: inicial (61a), media (61b) o final (61c). (61) a. David, cuéntame cómo ha ido tu viaje a México. b. Cuéntame, David, cómo ha ido tu viaje a México. c. Cuéntame cómo ha ido tu viaje a México, David. Por su parte, los sujetos, que forman parte de la oración, son argumentos del predicado. De esta manera, su presencia se vuelve fundamental para que el predicado esté saturado y solo se omitirán si pueden ser recuperables mediante, por ejemplo, el contexto previo. Con respecto a la posición que ocupan, esta es más rígida que la de los vocativos, sobre todo en ciertas lenguas como el inglés o el portugués. Aparecen en posición necesariamente preverbal en inglés (62) y portugués (63), y en posición preverbal o posverbal en español en algunos casos (64) 84 : (62) a. Nobody help me with the dishes. Inglés Nadie ayuda me con los platos ‗Nadie me ayuda con los platos‘ b. *Help me nobody with the dishes. Ayuda me nadie con los platos ‗No me ayuda nadie con los platos‘ c. *Help me with the dishes nobody. Ayuda me con los platos nadie ‗No me ayuda nadie con los platos‘ (63) a. Você acha que está tudo a correr bem? Portugués Tú piensas que está todo a correr bien ‗¿Tú piensas que está todo yendo bien/sin problemas? 84 Los ejemplos de (62) son de Slocum (2010: 2), mientras que los de (63), de Carvalho (2013: 51) 71 b. Acha que está tudo a correr bem (*você)? Piensas que está todo a correr bien tú ‗¿Piensas que está todo yendo bien/sin problemas? (64) a. La casa se vendió a muy buen precio. Español b. Se vendió la casa a muy buen precio. En resumen, a lo largo de esta sección se han analizado cuatro de las características sintáctico-semánticas que permiten distinguir los vocativos de los sujetos. Estas son: su (in)capacidad de ser argumentos, su (in)compatibilidad con los determinantes –aunque esta propiedad se ha descartado para aquellas lenguas en las que los vocativos pueden coaparecer con ellos–, su posibilidad de referencia (in)específica y su posición con respecto a la oración. En la siguiente sección se examinan otras de las diferencias entre estos dos elementos que tienen que ver con su capacidad de establecer el ligado de anáforas y con su compatibilidad con partículas. 2.3.1.2. Diferencias semántico-pragmáticas Tal como se ha puesto de manifiesto a lo largo de este capítulo (vid §2.2.2.), los vocativos pueden aparecer acompañados de partículas vocativas (65a), mientras que los sujetos no (65b), lo que supondría una primera diferencia entre ambos 85 : (65) a. Eh/Ey Diego, ven un momento a casa. Vocativo b. *Eh/Ey Diego viene un momento a casa. Sujeto Otra prueba que se ha planteado en la bibliografía para distinguir los vocativos de los sujetos –empleada, sobre todo, en la bibliografía anglosajona (Zhang, 1990; 85 En inglés, algunos autores como Schmerling (1975) o Mastop (2011) emplean una prueba similar para diferenciar ambas funciones. Esta prueba consiste en la capacidad de combinación de there: será compatible con aquellas construcciones que se interpreten como vocativas (i) pero incompatible con aquellas que lo hagan como sujetos (ii). (i) You there, you sit still. Tú allí tú quédate/siéntate quieto ‗Oye tú, {quédate quieto/no te muevas}‘ (ii) You both (*there) pay attention. Vosotros ambos allí prestad atención ‗Vosotros dos prestad atención‘. 72 Platzack y Rosengren, 1998; Mauck, Pak, Portner y Zanuttini, 2004) – es la que tiene que ver con la capacidad de ligamiento de anáforas de estos elementos. De acuerdo con múltiples autores (Beukema y Coopmans, 1989; Jensen, 2003; Potsdam, 2003; Mauck, Pak, Portner y Zanuttini, 2004; Zanuttini, 2008; Slocum, 2010; Mastop, 2011), los vocativos no tienen la capacidad de ligar anáforas de tercera persona, mientras que los sujetos sí, al menos en inglés: (66) a. [KidsVoc]i, [JaneSuj]j hang up [her coat]*i/j, [MichaelSuj]k, NiñosVOC Jane cuelga susing. fem. abrigo, Michael put away [his lunch box]*i/k and [RebeccaSuj] pick up guarda susing. masc. bolsa del almuerzo y Rebecca recoge the toys. los juguetes. ‗Niños, Jane cuelga tu abrigo, Michael guarda tu bolsa del almuerzo, y Rebecca recoge los juguetes‘. b. [KidsVoc]i, [JaneSuj]j hang up [your coat]*i/j, [MichaelSuj]k put away NiñosVOC Jane cuelga tu abrigo, Michael guarda [your lunch box]*i/k, and [RebeccaSuj] pick up the toys! tu bolsa del almuerzo y Rebecca recoge los juguetes. ‗Niños, Jane cuelga tu abrigo, Michael guarda tu bolsa del almuerzo, y Rebecca recoge los juguetes‘. (Mauck, Pak, Portner y Zanuttini, 2004: 2). Es decir, en inglés se entiende que Jane, Michael y Rebecca son los sujetos porque seleccionan a un individuo dentro del conjunto de destinatarios o addressees (kids, en este caso) y ligan anáforas o bien de tercera (66a), o bien de segunda persona (66b) (Mauck, Pak, Portner y Zanuttini, 2004). Por su parte, nombres como kids son vocativos puesto que denotan conjuntos de destinatarios (en este caso, Jane, Michael y Rebecca) pero solo pueden ligar pronombres de segunda persona, nunca de tercera 73 (66a), según los mencionados autores. Esta última propiedad supondría una nueva diferencia entre ambos, tal como sostienen Mauck, Pak, Portner y Zanuttini (2004): Though these subjects certainly are third person noun phrases, they cannot be used to refer to someone who is not the addressee; they pick out individuals, or groups of individuals, from a set of addressees. The fact that they bind third person anaphors in these examples shows that they are not vocatives (since vocatives can only bind second person) (…) (Mauck, Pak, Portner y Zanuttini, 2004: 2). No obstante, cuando se traslada esta prueba al español, los resultados encontrados difieren en gran medida de los del inglés. Si bien es verdad que los sujetos pueden ligar pronombres de tercera persona (67a), parece que, cuando el ligado se produce con un pronombre de segunda, la oración se convierte en imperativa y el destinatario de la orden se interpreta necesariamente como vocativo (67c), no como sujeto (67b), seguramente como reflejo del cambio de entonación que experimenta: (67) a. [Antonio Suj]i recoge a sui /tu*i/j hermano Declarativa b. * [Antonio Suj]i recoge a suj /tui hermano Imperativa (sujeto) c. [Antonio Voc]i, recoge a su*i/j/tui/*j hermano Imperativa (vocativo) En consecuencia, estructuras semejantes a las (66b) se interpretarían como vocativos y no como sujetos, al menos en español. Para los ejemplos de (66a) se podría argüir algo parecido, ya que en español no parece haber un equivalente a her/his en estas construcciones (68a). Prueba de ello es que se traducen sistemáticamente mediante un pronombre de segunda persona (tu) o mediante un artículo definido (el), con preferencia de este último, lo que da a entender que los posesivos en inglés tienen matices distintos a los del español (68b): (68) a. Niños: [Jane]i , cuelga [su*i/j /tu i/*j]abrigo, [Michael]k , guarda [su*k/l/tu k/*l]bolsa del almuerzo, y Rebecca, recoge los juguetes. b. Niños: Jane, cuelga {el/tu} abrigo, Michael, guarda {la/tu} bolsa del almuerzo, y Rebecca, recoge los juguetes. La razón se debe a que, en español, se sobrentiende por el contexto que el objeto (el abrigo o la bolsa del almuerzo en los ejemplos) pertenece al hablante (posesión alienable). Esta interpretación se da sin necesidad de que aparezca el posesivo para 74 indicarlo, tal como se ponía de manifiesto en la nota 73 86 . En consecuencia, la adición del posesivo convertiría la oración en redundante: (69) a. Niños, Jane, cuelga el abrigo (el abrigo = ‗tu abrigo‘) b. Michael, guarda la bolsa del almuerzo (la bolsa = ‗tu bolsa‘) La presencia del posesivo en estos contextos solo se podría justificar en caso de que se quisiera obtener una interpretación enfática y/o contrastiva: (69‘) a. Niños, Jane, cuelga TU abrigo (no el de Michel). b. Michael, guarda TU bolsa del almuerzo (no la de Jane). Por tanto, la prueba de ligado de anáforas resulta significativa para el inglés pero no tanto para el español, debido, fundamentalmente, a la distinta naturaleza que adquieren los posesivos en una y otra lengua. En consecuencia, no se tendrá en cuenta en esta invitación. En la siguiente sección se examinan brevemente las diferencias entonativas entre vocativos y sujetos. 2.3.1.3. Diferencias fónicas Finalmente, muchos autores (Zwicky, 1974; Jensen, 2003; Potsdam, 2003; RAE/ASALE, 2009; Carvalho, 2013) ponen de relieve otra diferencia importante entre los vocativos y los sujetos: su entonación. Si bien los primeros constituyen frases entonativas por sí mismos, los segundos no: su entonación depende de la frase entonativa en la que se integren (vid §2.4.1.2. y §2.4.2.4.). Esto mismo es lo que señala Carvalho (2013) en su estudio sobre los vocativos en portugués: «[V]ocative comes as a separate prosodic unit, which is not the case for the subject, included in the prosodic unit of the clause» (Carvalho, 2013: 50-51). A este respecto, tómese el siguiente contraste: 86 Esta capacidad no es única del español sino que la comparte con otras romances como el francés, de acuerdo con Verganud y Zubizarreta (1992: 596). Ello explica que en oraciones como Les enfants ont levé la main (‗Los niños levantaron la mano‘: Verganud y Zubizarreta, 1992: 596) no sea necesaria la presencia del posesivo para que se obtenga una interpretación de posesión inalienable. 75 (70) a. [Eva], [quédate ahí]. b. [Eva quédate ahí] (y verás lo que pasa). (RAE/ASALE, 2009: §42.4b). En (70) se observa que el único rasgo que permite distinguir la función de Eva en (70a) con respecto a la de (70b) es su entonación. Si actúa como una unidad entonativa independiente, se interpretará como vocativo (70a), pero si no lo hace y su contorno entonativo depende de la frase entonativa en la que se inserta, entonces se analizará como sujeto (70b) 87 . Con ello, se pone de relieve la importancia de la prosodia no solo para identificar construcciones como vocativas sino también para diferenciarlas de otros elementos oracionales como los sujetos. Para determinar el patrón melódico de los vocativos, en el apartado §2.4. se realizará un estudio prosódico de sus propiedades entonativas con el objeto de poder compararlas con las de los sujetos. Se pretende con ello arrojar luz a aquellos casos que ofrecen confusión –principalmente a aquellos que contienen formas imperativas– y cuyo tratamiento en la bibliografía especializada es polémico. 2.3.1.4. Recapitulación En el transcurso de este apartado se han examinado siete de los rasgos gramaticales ofrecidos por los investigadores para distinguir los vocativos de los sujetos. Estas propiedades han sido agrupadas en torno a tres criterios: semántico- sintáctico, semántico-pragmático y fónico. Entre los rasgos semántico-sintácticos, se han analizado aquellos que muestran sus diferencias en cuanto a su (in)capacidad de ser argumentos, a su (in)compatibilidad con los determinantes, a su posibilidad de ser (in)específicos y a la posición que ocupan con respecto a la oración. En segundo lugar, se han expuesto algunas de sus propiedades semántico- pragmáticas más relevantes, como son su (in)compatibilidad con las partículas 87 A esta misma conclusión llega Garrido (1999): «Como sujeto explícito del imperativo, el pronombre aparece (…) sin interrupción melódica; como pronombre correferente con el sujeto, el pronombre (…) está separado melódicamente del imperativo, en una posición externa que, además de la inicial, puede ser final o media, de inciso» siguiente (Garrido, 1999: §60.2.1.5.). 76 vocativas o su capacidad de ligar anáforas. No obstante, esta última se ha descartado por las diferencias en el significado que aportan los posesivos en español frente a los matices que ofrecen los posesivos en inglés. Finalmente, entre las características fónicas se ha señalado la entonación como rasgo determinante para diferenciar los vocativos de los sujetos, de la misma manera que lo es para reconocer los vocativos como tales (§2.2.5.) o para caracterizarlos (§2.1.3.). Teniendo en cuenta estas diferencias gramaticales, en la siguiente sección se intenta dar respuesta a los casos considerados como polémicos en la bibliografía y que han sido presentados al comienzo de este apartado. 2.3.2. Aplicación de las pruebas a los ejemplos Una vez que se han examinado y explicado las propiedades gramaticales que permiten diferenciar los vocativos de los sujetos, es el momento de aplicarlas a los casos que ofrecían polémica entre los investigadores. Estos eran: (71) a. Niños, Gabriel péinate (el pelo); Dani ponte los zapatos. b. Chicos, Juan levanta la mano; María mueve el dedo. (72) a. El de la última fila, suba al estrado/ El de la última fila suba al estrado. b. Esos niños de ahí, ¿quieren atender o prefieren salir de clase? Empecemos con los de (71). Construcciones como estas han sido consideradas en la bibliografía (Mauck et al., 2004) como casos de coaparición de sujetos y vocativos, fundamentalmente como resultado de la aplicación de la prueba del ligamiento de anáforas (vid §2.3.1.2.). Sin embargo, en español estas estructuras parecen comportarse de manera diferente por varias razones. En primer lugar, porque el ligamiento de anáforas funciona de forma distinta en español que en inglés (vid §2.3.1.2.): cuando aparece un posesivo de segunda persona ligado al destinatario de una orden, este último se interpreta necesariamente como vocativo, al menos en español (71‘): (71‘) a. Niñosj: Gabriel i, péinate [(tu)/el]i pelo; Dani k, ponte [tus/los]k zapatos. 77 b. Chicosj: Juani, levanta [tu/la]i mano; María k, mueve [tu/el]k dedo. En segundo lugar, debido a sus rasgos semántico-sintácticos: poseen un significado específico y son incompatibles con determinantes indefinidos (71‘‘); tampoco admiten determinantes definidos como el artículo y los demostrativos (71‘‘‘). Estas propiedades serían suficientes para considerarlos vocativos y no sujetos: (71‘‘) a. (*Algunos) niños, (*algún) Gabriel, péinate (el pelo); (*algún) Dani, ponte los zapatos. b. (*Algunos) chicos, (*algún) Juan, levanta la mano; (*alguna) María, mueve el dedo. (71‘‘‘) a. (*Los) niños, (*ese) Gabriel, péinate (el pelo); (*este) Dani, ponte los zapatos. b. (*Los) chicos: (*aquel) Juan, levanta la mano; (*esta) María, mueve el dedo. Finalmente, su interpretación como vocativos también se obtiene de su capacidad de combinación con partículas (71‘‘‘‘): (71‘‘‘‘) a. ¡{Eh/(h)ey} niños! ¡Eh/ey Gabriel, péinate (el pelo)! ¡{Eh/(h)ey} Dani, ponte los zapatos! b. ¡{Eh/(h)ey}, chicos! ¡{Eh/(h)ey} Juan, levanta la mano! ¡{Eh/(h)ey} María, mueve el dedo! En consecuencia, las pruebas gramaticales indican que estructuras como las de (71) deben interpretarse como vocativos, no como sujetos, al menos en español. La prueba definitiva la daría determinar el patrón melódico de los vocativos, de manera que se pudiera comprobar si las estructuras de (71) se ajustan a este patrón o si por el contrario no lo hacen, en cuyo caso funcionarían como sujetos. Por su parte, el análisis de los SSDD que aparecen en (72) es un poco más complejo. En un principio, su compatibilidad con partículas (72‘), el hecho de que se refieran a una entidad específica (72‘‘) y, en consecuencia, no admitan la presencia de determinantes indefinidos (72‘‘‘) indicaría que deben interpretarse como vocativos, no como sujetos: 78 (72‘) a. ¡{(H)ey, Eh}, el de la última fila! Suba al estrado. b. ¡{(H)ey, Eh}, esos niños de ahí! ¿Quieren atender o prefieren salir de clase? (72‘‘) a. ?? Alguien, suba al estrado. b. ?? Alguno de esos, ¿quieren atender o prefieren salir de clase? (72‘‘‘) a. *Otro chico de la última fila, suba al estrado. b. *Muchos niños de ahí, ¿quieren atender o prefieren salir de clase? A pesar de las pruebas presentadas en (72‘)-(72‘‘‘), el hecho de que estas estructuras estén encabezadas por determinantes sembraría dudas sobre si realmente son vocativos o si, en realidad, son sujetos. Sin embargo, este rasgo no debería ser un obstáculo para interpretarlos como vocativos ya que, tal como se ha visto a lo largo de este capítulo, lenguas como el francés o el rumano admiten, en determinados contextos, construcciones vocativas semejantes. La cuestión que habría que determinar entonces es si en los ejemplos de (72) el patrón melódico se corresponde o no con el de los vocativos (vid §2.4.2.4.), y en el caso de hacerlo, por qué los vocativos admiten determinantes en unos casos y en otros no (vid §3.3.3.). Por lo tanto, esta sección pone de manifiesto la necesidad de realizar un estudio prosódico en el que se analice el contorno entonativo de los vocativos, de manera que las dudas relacionadas con la función que desempeñan construcciones como las de (71) y (72) puedan ser disipadas. 2.3.3. Recapitulación En el transcurso de este apartado se han presentado casos cuyo tratamiento en la bibliografía especializada es polémico: no hay acuerdo en si son vocativos o sujetos. Para poder dar respuesta a esta cuestión, se han presentado una serie de pruebas gramaticales que han sido agrupadas en torno a tres criterios: sintáctico-semántico, semántico-pragmático y fónico. Una vez que estas pruebas han sido examinadas, se han aplicado a los ejemplos conflictivos. El análisis de sus propiedades sintáctico-semánticas y pragmáticas ha 79 puesto de manifiesto que estas estructuras deben ser interpretadas como vocativos, no como sujetos. Sin embargo, también se ha señalado que la respuesta definitiva a esta cuestión la dan sus rasgos fónicos. En consecuencia, se ha mostrado la necesidad de llevar a cabo un estudio prosódico en el que se dé cuenta de las propiedades entonativas de unos y otros, de manera que se pueda dilucidar con qué función se corresponden las estructuras que ofrecen confusión. Esto es justamente lo que se hará en el siguiente apartado. 2.4. Delimitación prosódica entre sujeto y vocativo: estudio experimental Los rasgos prosódicos de los vocativos resultan de vital importancia no solo para poder identificarlos como tales sino para poder distinguirlos de otros elementos (extra)oracionales como los sujetos y los tópicos con los que a menudo se confunden. Por ello, el objetivo del presente apartado es analizar las propiedades entonativas de los vocativos, de manera que se pueda dar respuesta tanto a los casos que ofrecían dudas entre los investigadores como a otros que se mostrarán relevantes para la investigación. Para poder llevar a cabo dicho cometido, el apartado se divide en tres secciones. En la primera (§2.4.1.), se expone brevemente qué se entiende por entonación y en qué consisten las teorías métrica autosegmental y de la estructura prosódica –fundamentales para este estudio–, así como algunas nociones básicas necesarias para su realización. En la segunda (§2.4.2.), se muestra el estudio prosódico en sí mismo, teniendo en cuenta los objetivos marcados (§2.4.2.1.), la metodología empleada (§2.4.2.2.), el cuestionario realizado a los informantes (§2.4.2.3.) y el análisis de los resultados obtenidos de las entrevistas (§2.4.2.4.). Finalmente, el apartado termina con la presentación de una serie de conclusiones (§2.4.3.). 2.4.1. La entonación: teoría métrica autosegmental y teoría de la estructura prosódica Una oración como María, ¿puedes salir? no conlleva problemas de análisis desde el punto de vista sintáctico. Está constituida por un nombre propio, María, con función vocativa seguido de una perífrasis modal de posibilidad, puedes salir. Esta última se inserta dentro de una interrogativa total que cuenta con una serie de 80 complementos argumentales omitidos: pro (2ª persona del singular) y un complemento argumental de movimiento. No obstante, desde el punto de vista pragmático esta oración presenta distintos análisis. Por ejemplo, si la persona que la enuncia es un profesor y María es su alumna, entonces será entendida como una orden oculta en forma de petición o ruego, procedimiento bastante común en nuestra lengua. Así, el hablante al emitir María, ¿puedes salir a la pizarra? lo que realmente está queriendo decir es María, sal a la pizarra. Esta entonación será distinta si la persona encargada de llevar a cabo este acto de habla es la madre de María, en cuyo caso puede tener un matiz de enfado, seguramente porque María ha hecho algo que a su madre no le ha gustado. Si, finalmente, es una amiga de María la que lo enuncia porque se acaba de enterar de que su madre le ha quitado el castigo, podría entenderse como un enunciado con tono de sorpresa: María, ¡¿de verdad puedes salir?! Por tanto, lo que parecía una simple oración interrogativa total desde el punto de vista sintáctico adquiere gran complejidad desde el punto de vista pragmático. Su interpretación como ruego, amonestación o sorpresa dependerá de una serie de rasgos prosódicos (timbre, tono, duración e intensidad); es decir, de su entonación. La entonación se define, a grandes rasgos, como «el componente de la fonología en que el tono (o frecuencia fundamental [: f0]) funciona para comunicar significado lingüístico a nivel de la oración» (Face, 2016: 557). Su estudio ha experimentado un gran avance a lo largo de los últimos tiempos gracias, sobre todo, al desarrollo de las nuevas tecnologías (Nespor y Vogel, 1994; Estebas Vilaplana y Prieto, 2010; Face, 2016; entre otros). En el caso del español –lengua entonativa–, el primer investigador en realizar estudios de este tipo fue Navarro Tomás, cuyas obras con mayor repercusión posterior (Quilis, 1975, 1993; Canellada y Kuhlmann Madsen, 1987; entre otros) son el Manual de pronunciación española (1918) y, sobre todo, su Manual de entonación española (1944). Estos trabajos, según señalan Estebas-Vilaplana y Prieto (2010), tienen una clara influencia de la escuela británica, lo que explica que los enunciados sean descritos en términos de tonemas, cadencia, anticadencia y suspensión. Hoy en día los estudios han avanzado rápidamente debido, según Face (2016: 559), a dos razones fundamentales. La primera tiene que ver con la ya mencionada evolución y mejora de las nuevas tecnologías en los últimos tiempos, sobre todo a la 81 hora de crear programas gratuitos como Praat 88 , los cuales permiten formar investigadores individualmente. La segunda razón de este avance se debe a la creación, aplicación y desarrollo de una nueva teoría de la entonación: la teoría métrica- autosegmental (AM). En los epígrafes siguientes se explica brevemente en qué consiste dicha teoría (§2.4.1.1.) y cómo se adecua al caso concreto del español (§2.4.1.2.). 2.4.1.1. La teoría métrica-autosegmental y su aplicación al español La teoría métrica-autosegmental (Autosegmental Metric: AM), denominada así por Ladd (1996), es un modelo de análisis fundamentalmente fonológico de la entonación que comenzó con el trabajo de Pierrehumbert (1980) sobre el inglés americano. Sus bases se desarrollaron en trabajos posteriores (Beckman y Pierrehumbert, 1986; Pierrehumbert y Beckman, 1988; entre otros), tal como afirman Face (2016: 559) o Hualde (2003: 155), y su aplicación al español estuvo a cargo de Sosa (1999). Recibe el nombre de métrica porque en ella se defiende que «los tonos se asocian con unidades que se consideran fuertes dentro de la fonología métrica» (Face, 2016: 559) y autosegmental porque «incluye tonos que son independientes de otras unidades fonológicas (e.g. los segmentos, las sílabas), pero se asocian con ellas» (Face, 2016: 559). Su objetivo es, según Hualde (2003), «identifica[r] (…) los elementos contrastivos del sistema entonativo cuya combinación produce los contornos melódicos que encontramos en los enunciados posibles de la lengua» (Hualde, 2003: 155). Se trata, por tanto, de uno de los modelos más importantes y con mayor repercusión en los estudios fonológicos. En el caso del español, esta teoría se ha adaptado a través del sistema de transcripción prosódico ToBI (Tones and Break Indices) como demuestra el hecho de las unidades con las que trabaja. De acuerdo con Estebas Vilaplana y Prieto (2008), la teoría AM trabaja con dos unidades fonológicas, a saber: los acentos tonales 89 88 Praat es un programa informático gratuito creado por los investigadores Paul Boersma y David Weenink (Universidad de Ámsterdam) en el año 2010. Su objetivo es que pueda ser utilizado por los especialistas para analizar un sinfín de rasgos acústicos, entre ellos la entonación. Hoy en día, es una de las herramientas más útiles a este respecto y la más común entre los expertos. En este estudio se usará este programa. 89 Estos se definen como «movimientos ascendentes o descendentes del tono fundamental (Fo)» (RAE/ASALE, 2011: §1.5i) vinculados a las sílabas con acento sobre la sílaba tónica –acento léxico– (Estebas Vilaplana y Prieto, 2008). 82 (representados mediante el símbolo*) y los tonos de frontera (%: relacionados con los límites prosódicos). Ambas son incluidas en el nivel tonal de ToBI (el sistema distingue cuatro niveles: ortográfico, tonal, de separación prosódica y misceláneo: Estebas Vilaplana y Prieto, 2008). El sistema ToBI es justamente el empleado en una de las investigaciones actuales más representativas sobre la entonación de la lengua española tanto de España como de América: el Atlas interactivo de la entonación del español, coordinado por Prieto y Roseano (2009-2013). Algunos de los trabajos que sientan las bases de este gran proyecto y de su aplicación al español (Spanish ToBI: Sp_ToBI) son: Sosa (1999, 2003), Beckman, Díaz-Campos, McGory y Morgan (2002), Face y Prieto (2007), Estebas Vilaplana y Prieto (2008, 2010), Prieto y Roseano (2010) o Face (2011), entre otros muchos. Sus características principales se recogen en los párrafos siguientes. En primer lugar, es importante señalar que el sistema ToBI en español (Sp_ToBI) ha sufrido cambios y actualizaciones. La más conocida, que será la utilizada en nuestro estudio, es la versión revisada por Face y Prieto (2007), y por Estebas Vilaplana y Prieto (2008) del modelo desarrollado por Beckman, Díaz-Campos, McGory y Morgan (2002) 90 . Su objetivo es explicar los movimientos tonales que experimenta el español en todas sus variedades, cuyo resultado se recoge en la gran obra de Prieto y Roseano (2010). Como se ha señalado previamente, el nivel tonal propuesto en Sp_ToBI incluye las dos unidades fonológicas de la teoría AM: los acentos tonales y los tonos de frontera 91 . Según los mencionados autores, los acentos tonales pueden ser de siete tipos en función de si son monotonales (un tono: L*, H*) o bitonales (dos tonos: L+H*, L+¡H*, L+>H*, L*+H, H+L*). Sus definiciones y diferencias se muestran en (73): 90 Para conocer las diferencias entre un sistema y otro, véase Estebas Vilaplana y Prieto (2010: 18 y ss.). 91 En este punto, es importante señalar que nuestra investigación tendrá en cuenta tres tipos de acento: el acento prenuclear (acento anterior al nuclear en una frase entonativa, I), el acento nuclear (acento tonal de I) y el tono de frontera (acento final de I). 83 (73) Cuadro 1. Inventario de los acentos tonales monotales y bitonales del castellano y sus representaciones esquemáticas (Estebas Vilaplana y Prieto, 2010: 19). Un esquema semejante al de (73) es el que se propone en Sp_ToBI para mostrar el comportamiento de los tonos de frontera (%). Según este proyecto, habría un total de siete, tres monotonales (L%, M%, H%) y cuatro bitonales (HH%, LH%, HL%, LM%). La novedad de esta actualización (Face y Prieto, 2007; Estebas Vilaplana y Prieto, 2008) reside en la introducción, no exenta de polémica –no parece existir en todas las lenguas–, del acento medio M%. Sus propiedades junto con las de los otros seis tonos aparecen recogidas en (74): 84 (74) Cuadro 2. Inventario de los tonos de frontera del castellano y sus representaciones esquemáticas (Estebas Vilaplana y Prieto, 2010: 20-21). Este modelo ofrece numerosas ventajas descriptivas y favorece un análisis exhaustivo de la entonación. Debido a ello, ha sido aplicado por numerosos investigadores en sus estudio de las propiedades fonológicas de las oraciones declarativas (de tipo neutro o de tipo no neutro), interrogativas (absoluta, parcial o reiterativa), imperativas, exclamativas e, incluso, de los vocativos (Prieto y Roseano, 2010). Sin embargo, en el caso de estos últimos los ejemplos analizados se centran únicamente en aquellos contextos en los que tienen un valor de llamada. Prueba de ello es la única pregunta encontrada a este respecto en su cuestionario: 85 (75) Pregunta 71. Entras en la casa de una amiga tuya, Marina, pero al entrar no la ves. Llámala. (Prieto y Roseano: 2010, 361). En (75) se observa que el análisis que proponen Prieto y Roseano para el estudio de los rasgos prosódicos de los vocativos se circunscribe a contextos de llamada específicos (i.e. oraciones exclamativas: ¡Marina!). Si bien esta es una función común de los vocativos, no es la única ni necesariamente la más frecuente como se mostró en el apartado anterior. Por consiguiente, se hace fundamental tener en cuenta otras posibles situaciones antes de establecer cuál es el patrón entonativo de los vocativos. En nuestra investigación prosódica se procurará aportar nuevos datos que se espera que sean de utilidad para esta área de la Gramática. En conclusión, en esta sección se ha explicado en qué consiste la teoría AM y cómo se aplica al caso del español, concretamente a través del desarrollo del Sp_ToBI y del atlas de Prieto y Roseano (2009-2013). Sin embargo, antes de presentar en qué ha consistido nuestro estudio prosódico es fundamental mostrar cuáles son las unidades prosódicas con las que se trabaja en esta investigación. Para ello, la siguiente sección trata de explicar en qué consiste la teoría de la estructura prosódica y qué unidades la componen. 2.4.1.2. Teoría de la estructura prosódica: unidades prosódicas Siguiendo la línea iniciada por Navarro Tomás, a finales del siglo XX surgen numerosas propuestas en este ámbito cuyo estudio se centra en la prosodia y la fonología, pero también en su relación con otras disciplinas gramaticales. Entre ellas, destaca la teoría de la estructura prosódica desarrollada por investigadores tan importantes como Selkirk (1978, 1986a, 1986b, 1989, 1993, 1996), Selkirk y Tateishi (1988), Nespor y Vogel (1983, 1986, 1994) o Selkirk y Shen (1990), entre otros. Esta teoría defiende que las oraciones de cualquier lengua se constituyen en torno a una estructura jerarquizada denominada estructura prosódica (Selkirk, 1996: 189). Dicha jerarquía estaría compuesta por seis unidades, tal como defiende Selkirk (1978, 1986a, 1986b, 1989, 1993, 1996). Estas son: enunciado o utterance (U), frase 86 entonativa o intonational phrase (I), frase fonólogica o phonological phrase (), palabra prosódica o prosodic word (ω), pie o foot (Σ) y sílaba o syllabe (σ) (Selkirk, 1996: 190). Otros investigadores como Nespor y Vogel (1994), afirman, sin embargo, que no son seis los elementos de la jerarquía sino siete, ya que consideran el grupo clítico (C) como unidad prosódica (Nespor y Vogel, 1994: 23-24). No obstante, en esta investigación no se tendrá en cuenta esta última unidad, ya que su presencia o ausencia no repercute en nuestro objeto de estudio: los vocativos. De esta manera, se optará por seguir la jerarquía propuesta por Selkirk (1978, 1986a, 1986b, 1989, 1993, 1996) y sus seguidores. En los párrafos siguientes se ofrece una definición de cada una de estas unidades y se muestra su relación con otras disciplinas gramaticales. En primer lugar, el enunciado o utterance (en adelante, U) es considerado como la unidad mayor en la jerarquía de la estructura prosódica: está constituido por una o varias frases entonativas (en adelante, I), categoría que lo sigue en la jerarquía (Nespor y Vogel, 1994: 255). Normalmente, abarca toda la «secuencia dominada por el nudo más alto de un árbol sintáctico» aunque no siempre se corresponden (Nespor y Vogel, 1994: 255). En (76) se recoge un ejemplo de esta unidad prosódica: (76) [[Se casó con el vecino de arriba]I , [el que es amigo de Amparo]I]U En (76) se observa que la oración Se casó con el vecino de arriba, el que es amigo de Amparo constituye en sí misma un enunciado. Este, a su vez, está conformado por dos frases entonativas: se casó con el vecino de arriba y la oración de relativo explicativa el que es amigo de Amparo. Esta división se asocia generalmente con propiedades sintácticas ya que, normalmente, los límites de los enunciados coinciden con los límites de la oración, tal como se ha señalado en el párrafo precedente. En este sentido, se advierte una primera vinculación entre Fonología y Sintaxis. La siguiente unidad en la jerarquía es la frase entonativa o intonational phrase (I) que incluye una o varias frases fonológicas (en adelante, ). Se define como aquella unidad que «agrupa una o más a partir de información sintáctica», ya que «los finales de las frases [entonativas] coinciden con las posiciones en que se pueden introducir pausas en una oración» (Nespor y Vogel, 1994: 217-218). Así, en el ejemplo de (77), el enunciado U estaría constituido por una frase entonativa I, conformada, a su vez, por dos frases fonológicas: el sujeto, la chica de abajo, y el predicado, tiene goteras: 87 (77) [ [ [ La chica de abajo][tiene goteras]]I ]U En este punto es importante destacar que hay estructuras que pueden constituir por sí mismas frases entonativas, tal como se puso de manifiesto en (76). Este es el caso de las oraciones de relativo explicativas ((76) y (78a)), los elementos parentéticos (78b), o, por ejemplo, la construcción que es objeto de estudio en esta tesis: los vocativos (78c) (Selkirk, 1978, 1986a; Downing, 1970; Nespor y Vogel, 1994). Por consiguiente, los límites de esta unidad vuelven a relacionarse con los de los segmentos sintácticos. En (78) se observan algunos ejemplos a este respecto: (78) a. Tu tío, [el que vive en Logroño]I , ha decidido volver a casa. b. Invertir en educación, [creo yo]I , es invertir en el futuro. c. [Antonio]I , creo que debes buscar trabajo. Las frases entonativas se han asociado también con otras disciplinas gramaticales como la Semántica, tal como hacen notar Nespor y Vogel: «[E]xisten (…) factores semánticos relacionados con propiedades de prominencia y actuación, tales como la velocidad de habla y el estilo, [que] pueden afectar al número de contornos de entonación de un enunciado» (Nespor y Vogel, 1994: 217). De acuerdo con los mencionados autores, este sería el caso de la prominencia contrastiva, la cual puede conllevar cambios en la segmentación de las frases entonativas de ciertos enunciados. Esto último es justamente lo que ocurre con algunos pronombres átonos (e.g. los de tercera persona ella, él) que «se pueden hacer semánticamente prominentes en ciertas estructuras y recibir acento» (Nespor y Vogel, 1994: 227). Así, una frase entonativa como [Paul llamó a Paula antes de que ella le llamara a él]I sufre un proceso de reestructuración, dando como resultado tres frases entonativas: [Paul llamó a Paula]I [antes de que ella]I [le llamara (a él)]I (ejemplos de Nespor y Vogel, 1994: 228). En tercer lugar, se encontraría la frase fonólogica o phonological phrase (), conformada por una o varias palabras prosódicas (ω). Por ejemplo, el enunciado U Mi amiga de Ceuta tiene problemas de difícil solución contaría con una frase entonativa I (Mi amiga de Ceuta tiene problemas de difícil solución), compuesta por tres frases fonológicas (: mi amiga de Ceuta, tiene problemas y de difícil solución) constituidas, a su vez, por varias palabras prosódicas (ω: amiga, Ceuta, tiene, etc.). Por tanto, la segmentación del enunciado U quedaría de la siguiente manera: 88 (79) [ [ [Mi amigaω de Ceutaω][tieneω problemasω] [de difícilω soluciónω]]I ]U La unidad menor en la jerarquía es justamente la que aparece representada en (79) mediante la letra griega ω: la palabra prosódica o prosodic word. Esta unidad, situada por encima del pie (Σ),«representa la interacción de los componentes fonológico y morfológico de la gramática» (Nespor y Vogel, 1994: 131), ya que se corresponde con la unidad mayor de la Morfología: la palabra. Por tanto, se observa de nuevo una correlación entre dos disciplinas gramaticales: la Fonología y la Morfología. (80) 92 a. Constitución morfológica b. Constitución fonológica Palabra Palabra prosódica (ω) raíz sufijo raíz sufijo Sin embargo, cuando las palabras son compuestas la segmentación de la palabra morfológica no coincide con la de la palabra prosódica, tal como se muestra en (81): (Nespor y Vogel, 1994: 140). En este punto, es importante señalar qué se entiende por pie o foot (Σ). Según la Hipótesis de la Estratificación Rigurosa, «todos los pies de una secuencia deben agruparse en palabras [prosódicas], y ninguna otra categoría tiene la posibilidad de agruparse de esta manera. Por tanto, todo pie está incluido de forma exhaustiva en ω» (Nespor y Vogel, 1994: 131). En este sentido, el pie lo conforman una o varias sílabas, cuya estructura «se puede caracterizar por consistir en una secuencia que consta de una sílaba relativamente fuerte y un número sin determinar de sílabas relativamente débiles dominadas por un solo nudo» (Nespor y Vogel, 1994: 103). Teniendo esto último en cuenta, algunos autores (Hayes, 1980, 1995; Nespor y Vogel, 1986; entre otros) defienden que la estructura del pie es principalmente binaria (82a), mientras que otros 92 Esquema tomado de Nespor y Vogel (1994: 140) pero con algunas modificaciones. 89 (Selkirk, 1980; Prince, 1980; e investigadores recientes como Martínez-Paricio, 2016) afirman que es ternaria (82a). En (82) se representan ambas posibilidades: Finalmente, las sílabas o syllabe (σ) son unidades que «no se agrupan directamente en palabras, sino que se agrupan primero en constituyentes de tamaño intermedio, los pies (…)» (Nespor y Vogel, 1994: 102). Se definen como «unidad[es] estructural[es] que actúa[n] como principio organizador de la lengua. Se compone[n] de un conjunto de segmentos sucesivos agrupados en torno al segmento de máxima sonoridad o máxima abertura oral» (RAE/ASALE, 2011: §1.5a). Por tanto, de nuevo se establece una relación entre dos disciplinas gramaticales: la Fonología y la Morfología. 2.4.1.3. Recapitulación En las secciones precedentes se ha mostrado en qué consiste la teoría de la estructura prosódica y cuáles son las unidades que la componen. Siguiendo la propuesta de Selkirk (1978, 1986), se ha señalado que son principalmente seis: enunciado (U), frase entonativa (I), frase fonológica (), palabra prosódica (ω), pie (Σ) y sílaba (σ). Se ha puesto de manifiesto, además, la vinculación de estas unidades con otras disciplinas gramaticales, como son la Morfología, la Semántica y la Sintaxis, destacando la presencia de esta última. Con respecto a la Sintaxis, son numerosos autores los que advierten su estrecha relación con la Fonología así como sus diferencias; entre ellos sobresalen los influyentes trabajos de Selkirk (1986a, 1986b, 1996). Esta investigadora considera que la estructura prosódica es la base de la estructura sintáctica, ya que sostiene que la estructura prosódica codifica información sintáctica (Selkirk, 1986b: 373). En el caso 90 que nos ocupa, la fonología prosódica resultará de vital importancia para explicar los casos de ambigüedad cuando las pruebas sintácticas no sean suficientes. Además, servirá como prueba empírica para determinar si una estructura debe ser interpretada como vocativo o como sujeto. A este respecto, Nespor y Vogel señalan lo siguiente: [L]a estructura prosódica (…) puede emplearse en determinadas ocasiones como útil de diagnóstico para la resolución de problemas de análisis sintáctico. Es decir, si se ha establecido que una regla fonológica se aplica en el interior de un constituyente prosódico en particular, cuando existe la posibilidad de apelar a más de un análisis sintáctico en una construcción determinada, la aplicación o la no aplicación de esa regla fonológica entre dos palabras puede ser determinante a la hora de inclinarse a favor de un análisis u otro (Nespor y Vogel, 1994: 14). Esta práctica es bastante habitual en otros casos gramaticales, como por ejemplo la división en sílabas, la identificación de elementos parentéticos, de elementos focalizados, etc., muchos de estos casos analizados y explicados a lo largo de las secciones precedentes. Por lo tanto, haremos nuestras las palabras de Nespor y Vogel y aplicaremos estas reglas prosódicas a nuestros casos. En el siguiente apartado se explica en qué ha consistido el estudio prosódico: objetivos, metodología, cuestionario y resultados. 2.4.2. Estudio prosódico Este apartado analiza el estudio prosódico realizado. Para ello, se presentan los objetivos marcados para su confección (§2.4.2.1.) así como la metodología empleada (§2.4.2.2.). Una vez que ambos hayan quedado establecidos, se expone en qué ha consistido el cuestionario (§2.4.2.3.) y se examinan los resultados obtenidos (§2.4.2.4.). Finalmente, se hace una breve recapitulación de las conclusiones obtenidas de las diferentes secciones (§2.4.2.5.). 91 2.4.2.1. Objetivos El objetivo principal de este estudio es determinar los rasgos prosódicos y entonativos de los vocativos y compararlos con los de los sujetos. Una vez que estos queden fijados, se pretende determinar si los casos dudosos señalados en el apartado anterior se deben interpretar como vocativos o como sujetos. Asimismo, este estudio pretende servir como una prueba que pueda ser aplicada a otros casos conflictivos que se mostrarán relevantes para la investigación. Finalmente, se aspira a demostrar que la dirección que está tomando esta investigación es la correcta y que, por lo tanto, el resto de pruebas gramaticales presentadas al final del apartado precedente (e.g. (in)compatibilidad con interjecciones, (in)capacidad para ser argumentos o significado (in)específico) son complementarias a las prosódicas. En la siguiente sección, se muestra la metodología con la que se ha trabajado en las entrevistas. 2.4.2.2. Metodología empleada Siguiendo los criterios propuestos en el Atlas interactivo de la entonación del español (Prieto y Roseano, 2009-2013), se ha llevado a cabo un total de 30 entrevistas dirigidas. En ellas, se ha intentado que los informantes tuvieran libertad a la hora de contestar a las preguntas. Sin embargo, en los casos en los que sus respuestas no se ajustaran a lo esperado (no empleo de vocativos o de determinantes, orden inverso, etc.), se les ha pedido que buscasen formas alternativas para sus contestaciones. De entre los 30 encuestados, se ha procurado que ambos sexos estuvieran representados casi por igual (17 mujeres y 13 hombres), ya que se suele señalar que, lingüísticamente hablando, las mujeres son más conservadoras y los hombres, más innovadores. Además, se ha intentado que el rango de edad fuera bastante amplio para que los resultados obtenidos fueran más representativos. En consecuencia, se ha trabajado con informantes de diferentes edades: desde sujetos jóvenes (entre 20 y 30 años) hasta otros de mediana edad (entre 40 y 60 años). 92 Por otro lado, se ha buscado que todos estos informantes fueran personas nacidas y criadas en Madrid, es decir, hablantes madrileños. La razón de ello se debe a que era necesario acotar el campo de estudio para poder analizar en profundidad un área. Tal como señalan las investigaciones de corte prosódico, el contorno entonativo cambia completamente dependiendo del lugar de donde proceda y resida el hablante. Por ejemplo, en el ya mencionado Atlas interactivo de la entonación del español se presenta la entonación de distintas construcciones, entre las que podríamos destacar las oraciones declarativas. Estas se representan en dos mapas distintos: uno del español europeo y otro del español americano. En ambos se observan diferencias muy claras no solo entre los distintos países sino también en el interior de los mismos. Tal heterogeneidad explica la necesidad de circunscribirse a una zona concreta. Además, el objetivo de esta tesis no era establecer las diferencias prosódicas de los vocativos en todos los dialectos y variedades español, sino estudiar sus propiedades gramaticales de manera que fuera posible distinguirlos de otras funciones sintácticas como las de sujeto y, en algunos casos, de las de tópico. Con todo, se espera que este estudio sea de utilidad para todos aquellos investigadores que se centren en su análisis, del que todavía queda mucho por hacer. Finalmente, es importante explicar otras dos variables: el grado de instrucción de los informantes y su lugar de residencia. En lo relativo a la primera, los entrevistados poseen un grado medio o alto de instrucción, ya que la mayoría de ellos tienen estudios superiores o universitarios. Esto último implica que forman parte de un grupo culto, el cual suele ser más reticente al cambio. Con respecto al lugar de residencia de los informantes, también se ha procurado que pertenecieran a zonas o barrios distintos, ya que si por algo se caracteriza el habla de Madrid es por su heterogeneidad, seguramente debida al origen de los progenitores, no siempre de la capital. Por ello, los informantes provienen desde el barrio de Salamanca y Pozuelo hasta La Guindalera, pasando por La Elipa, Vallecas y Moratalaz. Teniendo en cuenta todas estas variables, en la siguiente sección se explica en qué ha consistido el cuestionario y cómo han sido planteadas las preguntas. 93 2.4.2.3. Cuestionario Tomando como modelo los trabajos de Prieto (2001), Prieto y Cabré (2007- 2012) y Prieto y Roseano (2009-2013), se ha elaborado un cuestionario con un total de cuatro preguntas en las que se parte de un método inductivo: se pide al entrevistado que recree una serie de escenarios de la vida diaria siguiendo unas pautas dadas. Se trata, por tanto, de entrevistas dirigidas en las que se pretende que el sujeto reproduzca situaciones concretas pero cuyas respuestas pueden ser muy variadas. A este respecto, Prieto y Roseano (2009-2013) señalan que «[e]l método ideal es que el investigador explique de forma muy clara el contexto discursivo al informante, implicándose en la situación y haciéndola entender a los entrevistados», lo cual «garantiza que se tenga siempre el mismo contexto y sea comparable entre entrevistas y dialectos». Solo en los casos en los que el entrevistado no respondiera lo esperado, se le pedirá que reformule su contestación, tal como recomiendan hacer Prieto y Roseano (2009-2013). Muestras del tipo de preguntas que aparecen en su cuestionario son las que se recogen en (83): (83) a. Pregunta 33: Antes de ir a trabajar tu hermano dijo que no se sentía muy bien. Al volver, lo encuentras en la cama temblando de frío. Ves que no se encuentra bien, pero se lo preguntas sabiendo cuál va a ser la respuesta. (Cercano a la negación, eh o verdad en posición final). b. Pregunta 36: Tus nietos hacen mucho ruido y no te dejan oír las noticias (en la televisión/radio). Les pides que se callen (Ruego‐orden). (Prieto y Roseano, 2010: 357). Tal como se observa en (83), con este procedimiento es posible recrear todo tipo de enunciados; además, las respuestas obtenidas reflejan de forma espontánea escenarios de la vida diaria (Prieto y Roseano, 2009-2013). Así, se le puede pedir al informante que reproduzca desde mandatos o sugerencias hasta peticiones o enunciaciones, lo que hace de este método un instrumento muy eficaz para analizar cualquier situación comunicativa. Por consiguiente, el modelo se convierte en una herramienta «muy útil porque permite obtener un amplio abanico de contornos entonativos que es difícil que aparezcan con los otros métodos» (Prieto y Roseano, 2009-2013). 94 Por tanto, la aplicación de este sistema permitirá mostrar y examinar con más detalle las diferencias prosódicas existentes entre vocativos y sujetos. En los siguientes párrafos se explica en qué han consistido estas preguntas y qué se ha pretendido analizar en cada una de ellas (las preguntas tal cual han sido formuladas se recogen en el anexo). La primera pregunta tiene como objetivo establecer el patrón melódico de los vocativos insertos en enunciados complejos, ya que el único contexto en que se han estudiado los vocativos hasta ahora es aquel en que aparecen aislados y tienen un valor de llamada (e.g. ¡Marina! : vid §2.4.1.1.). Para ello, es importante que la construcción vocativa reproducida no esté formada por una sola palabra prosódica como es lo habitual sino que sea compleja: así se podrán analizar con mayor claridad los movimientos tonales que se produzcan y será posible determinar cuál su patrón melódico. Con este propósito en mente, se ha elegido un contexto en el que el entrevistado deberá reproducir una situación de enfado. En ella es bastante común emplear el nombre completo de la persona que recibe la reprimenda del hablante, ya que está generalmente compuesto por más de una palabra prosódica (en este caso, el nombre y dos apellidos). La segunda pregunta se centra en una de las construcciones calificadas como dudosas en el apartado anterior (§2.3.): las estructuras coordinadas que contienen varios destinatarios de enunciados directivos (Teresa, Diego, Antonio) incluidos dentro de un grupo más amplio (niños, chicos). Según defienden Mauck, Pak, Portner y Zanuttini (2004) y sus seguidores, son vocativos cuando se utilizan como enunciados aislados (e.g. Teresa, haz la maleta) y pasan a interpretarse como sujetos cuando se coordinan varios enunciados directivos (e.g. Teresa haz la maleta, Diego encárgate de poner la mesa y Antonio recoge tu habitación). Sin embargo, las pruebas gramaticales (a saber, sintácticas, semánticas y pragmáticas) muestran que ambos casos deben entenderse como vocativos y no como sujetos. Para saber cuál de las dos opciones es la correcta, se ha pedido a los informantes que reproduzcan dos clases de situaciones: la primera, con destinatarios múltiples (vid §4.6.3.) y la segunda, con un único destinatario. De esta manera se podrá determinar si funcionan como unidades independientes en ambas situaciones (vocativos), o si por el contrario no lo hacen (sujetos). Si esta última opción fuera la correcta, sería necesario extender la propuesta de Mauck, Pak, Portner y Zanuttini (2004) al español. En caso de no serlo, las propiedades entonativas de los vocativos supondrían una nueva prueba a 95 favor de que estas construcciones han de interpretarse como vocativos y no como sujetos. La tercera pregunta intenta dar respuesta a otra de las cuestiones controvertidas analizada en el apartado precedente (§2.3.): si los SSDD se pueden interpretar como vocativos en determinados contextos o si, por el contrario, se comportan como sujetos. A este respecto, se han buscado construcciones específicas que pudieran obtener esta lectura (el chico de la última fila, esos de ahí, los de ahí), ya que se trata de formas poco comunes en español, al menos en el europeo. Finalmente, la cuarta pregunta pretende esclarecer si ciertos SSDD funcionan como vocativos o como otras estructuras extraoracionales con las que a menudo se confunden: los tópicos 93 . Se analizan aquellos contextos en los que el verbo, con sentido imperativo, aparece en subjuntivo precedido por el complementante que. Con este propósito en mente, se pide al entrevistado que recree una situación en la que es esperable que emplee esta construcción; el tipo de pregunta recuerda a la número dos: varios destinatarios ((los) violinistas y (los) pianistas) que reciben distintos mandatos (afinar instrumentos y practicar escalas, respectivamente). Por lo tanto, se puede observar que en las entrevistas se tratan fundamentalmente cuatro cuestiones: el contorno entonativo de los vocativos (pregunta 1), las construcciones con varios destinatarios 94 o con uno solo (pregunta 2), estructuras encabezadas por SSDD (pregunta 3) y oraciones introducidas por el complementante que con el verbo en subjuntivo (pregunta 4). En los epígrafes siguientes se muestran cuáles han sido los resultados obtenidos de cada una de las preguntas. 2.4.2.4. Análisis de los resultados En este apartado se exponen los resultados de las 30 entrevistas realizadas a un total de 17 mujeres y 13 hombres. Para ello, esta sección se divide en cinco partes, organizadas de la siguiente manera: las cuatro primeras recogen y analizan los datos obtenidos de cada una de las preguntas, mientras que la quinta y última parte recopila 93 Sobre las diferencias entre vocativos y tópicos, véase §4.7.3. 94 En el capítulo 4 estas construcciones serán denominadas como vocativos múltiples de un conjunto (vid §4.6.3.). 96 las conclusiones de las secciones anteriores. A continuación se muestran los datos de la primera de ellas. 2.4.2.4.1. Pregunta 1 La primera pregunta tenía como objetivo determinar las propiedades entonativas de los vocativos, puesto que los estudios realizados a este respecto se habían centrado en un solo contexto: cuando aparecen aislados y tienen un valor de llamada (¡Marina!; vid §2.4.1.1.). Los resultados de dichos estudios han sido principalmente recogidos en la obra de Prieto y Roseano (2010). En ella, autores como Estebas Vilaplana y Prieto (2010) llegan a la conclusión de que el contorno entonativo de los vocativos en castellano se caracteriza por tener un acento nuclear ascendente, cuyo pico se sitúa al final de la sílaba (L+H*), y un tono de frontera fundamentalmente medio, M%, no exento de polémica (Estebas Vilaplana y Prieto, 2010: 41 y ss.). En (84) se representa su propuesta: (84) Figura 1. Curva melódica de los vocativos según Estebas Vilaplana y Prieto (2010: 42). Una variante de este patrón melódico es el que se produce en aquellas situaciones en las que se quiere llamar la atención del interlocutor de manera 97 insistente 95 . Esto es justamente lo que ocurre, por ejemplo, en un contexto en el que un hijo llama varias veces a sus padres pero ellos no contestan: ¡Mamá! ¡Mamá! ; ¡Papá! ¡Papá! En estos casos, según los mencionados autores, el patrón melódico que se encuentra tiene un mismo acento nuclear (L+H*) pero su tono de frontera se interpreta como circunflejo, HL%. Esta variante se representa en (85), en la que el hablante llama insistentemente a su perro, Boby: (85) Figura 2. Curva melódica de los vocativos de insistencia según Estebas Vilaplana y Prieto (2010: 42). Esta misma función de insistencia es la que notan otros autores para el español de Argentina (Gabriel et al., 2010: 308), de Cantabria (López Bobo y Cuevas, 2010: 71), de México (De la Mota, Butragueño y Prieto, 2010: 341) de Puerto Rico (Armstrong, 2010: 182) o de Venezuela (Astruc, Mora, Rew, 2010: 219). Por su parte, en Canarias este mismo contorno entonativo aparece en el caso de los vocativos que tienen un matiz de expectativa (Cabrera Abreu y Vizcaíno Ortega, 2010: 113). Sin embargo, los datos de nuestro estudio contrastan ligeramente con los presentados por estos autores. Los cambios observados se encuentran, principalmente, en el tono de frontera, tal como se observa en (86): 95 A este grupo la bibliografía los llama vocativos de insistencia. Su análisis será estudiado en §4.6.2. 98 (86) Figura 3. Curva melódica de los vocativos según nuestros datos. En (86) se muestra que los vocativos, unidades entonativas independientes (se sitúan entre pausas representadas mediante un guion bajo: _ ), poseen el siguiente patrón melódico. Su acento nuclear experimenta una subida paulatina del tono cuyo pico es alcanzado en el fonema vocálico medio /í/ (María); se interpretaría, en consecuencia, como L+H* al igual que defienden Prieto y Roseano (2010). Sin embargo, el acento de frontera presenta un tono bajo con un descenso paulatino de la curva, es decir, una declinación, L%, afirmación que contrastaría con la propuesta de los mencionados autores. Si todo ello es cierto, el patrón entonativo de los vocativos quedaría configurado de la siguiente manera: acento nuclear ascendente, L+H*, seguido de un tono de frontera descendente, L%, no medio, M%. En la misma línea, De la Mota, Martín Butragueño y Prieto (2010: 341) en su análisis sobre el mexicano y López Bobo y Cuevas Alonso (2010: 79) en su trabajo sobre el cántabro muestran algunas situaciones en las que el patrón de los vocativos es justamente el que se acaba de señalar. Estas son: amonestaciones, en el caso del mexicano, y estructuras más amplias, en el del cántabro. Como consecuencia de todo ello, es necesaria una modificación del patrón melódico propuesto en Prieto y Roseano (2010) para los vocativos –al menos en el habla madrileña–, lo que supone una novedad en los estudios a este respecto. 99 En la siguiente sección se compara este patrón con el de los sujetos, de manera que se pueda vislumbrar si los distintos destinatarios de diferentes enunciados directivos deben ser interpretados como vocativos o como sujetos. 2.4.2.4.2. Pregunta 2 Una vez que las propiedades entonativas de los vocativos han quedado establecidas, el objetivo de esta segunda pregunta es determinar qué ocurre en construcciones que ofrecen confusión entre vocativos y sujetos, y cuyo tratamiento en la bibliografía especializada es polémico. Nos referimos a estructuras coordinadas conformadas por varios posibles destinatarios (Santi, Rafael y Álvaro, en este caso) de enunciados directivos (recoge los libros, coloca las mochilas y pon bien las mesas, respectivamente). Según algunos autores (Mauck et al. (2004) y sus seguidores), en dichas estructuras los destinatarios actúan como sujetos, no como vocativos, justo al contrario de lo que ocurre si aparecen en construcciones imperativas independientes (Rafael, cierra la ventana). Sin embargo, las pruebas gramaticales presentadas en el apartado anterior indican que en ambos casos estamos ante construcciones vocativas, no ante sujetos. Para mostrar cuál de las dos opciones es la correcta, lo primero que cabría determinar es cuál es el contorno entonativo de los sujetos para poder compararlo con el de los vocativos. De acuerdo con los estudios de Prieto y Roseano (2010), cuando los sujetos se insertan en el interior de un enunciado declarativo poseen el siguiente patrón melódico: 100 (87) Figura 4. Patrón melódico del sujeto en enunciados declarativos. Tal como se observa en (87), la curva melódica del enunciado declarativo Rafael cierra la ventana, que constituye en sí mismo una frase entonativa compuesta por dos frases fonológicas (Rafael y cierra la ventana), tiene el siguiente patrón melódico: un acento prenuclear ascendente con el pico desplazado (L+>H*) y un acento nuclear principalmente bajo (L*) seguido de un tono de frontera descendente (L%). El sujeto de este enunciado declarativo se correspondería con el acento prenuclear, por lo que su contorno entonativo sería L+>H*, tal como afirman Prieto y Roseano (2010). Si en vez de un enunciado declarativo, los sujetos se insertasen en el interior de un enunciado imperativo, como en los ejemplos que estamos estudiando, la curva entonativa sería la siguiente: 101 (88) Figura 5. Patrón melódico del sujeto en enunciados directivos. (88) representa el patrón melódico de los enunciados directivos, el cual está compuesto por un acento prenuclear ascendente con el pico desplazado (L+>H*), seguido de un acento nuclear ascendente con el pico en la sílaba tónica (L+H*); su tono de frontera es medio (M%) (Prieto y Roseano, 2010). El contorno entonativo de los sujetos, de nuevo, se correspondería con el acento prenuclear, L+>H*, por lo que tanto en enunciados directivos como en enunciados declarativos la curva melódica de los sujetos sería la misma. Por el contrario, si los destinatarios de enunciados directivos fueran vocativos, la curva melódica mostraría un acento nuclear ascendente, L+H*, con un tono de frontera descendente o bajo sostenido, L%, tal como se puso de manifiesto en la sección previa. En (89) se muestra un ejemplo a este respecto: 102 (89) Figura 6. Rafa, cierra la venta por fa (entrevista 29, mujer). Por tanto, si los destinatarios de las estructuras estudiadas en esta sección presentan un patrón entonativo con el pico desplazado (L+>H*), sin pausa ( _ ) y forman parte de la frase entonativa del enunciado directivo, se deben interpretar como sujetos. Si, por el contrario, constituyen frases entonativas independientes y su patrón entonativo es L+H* L%, se han de analizar como vocativos. Con estos dos patrones en mente, los resultados recogidos en las entrevistas son los que aparecen resumidos en (90): (90) a. Figura 7. Santi (entrevista 27, mujer). 103 b. Figura 8. Rafael (entrevista 27, mujer). c. Figura 9: Álvaro (entrevista 27, mujer). En (90) se observa que los destinatarios de las órdenes conforman frases entonativas independientes: entre ellos y las frases entonativas de los enunciados directivos media una pausa ( _ ), lo que los acerca a su interpretación como vocativos, no como sujetos. Además, su curva melódica muestra un acento nuclear ascendente en la sílaba acentuada con el pico al final, L+H*, seguido un tono de frontera descendente 104 o bajo sostenido, L% 96 . Esto último supone una prueba definitiva de que se trata de estructuras vocativas y no de sujetos. Si este análisis es correcto, las conclusiones de Mauck et al. (2004) y sus seguidores deberían ser revisadas, ya que estas estructuras parecen comportarse como vocativos y no como sujetos. Por consiguiente, no habría diferencia, en lo que a la entonación se refiere, entre estas estructuras y aquellas que poseían un único destinatario de un enunciado directivo: (91) Figura 10. Álvaro, cierra la ventana (entrevista 9, hombre). Respuestas como las de (91) han sido recogidas en la segunda parte de la pregunta, en la que se pedía a los entrevistados que mandaran a uno de los tres alumnos que cerrara la ventana 97 (vid §3.2.3.). En ellas, se observa que el patrón melódico de Álvaro en (91) es el mismo que el de (90): L+H* L%. Por tanto, ejemplos como los de (90) y (91) no hacen sino reforzar la hipótesis de que se trata de estructuras que deben interpretarse como vocativos y no como sujetos, al menos en el habla madrileña. Finalmente, es importante hacer algunas consideraciones de las respuestas desde el punto de vista sintáctico. En primer lugar, llama la atención la presencia de ciertas estructuras que acompañan a los vocativos y que actúan como modificadores de los 96 En este punto, es importante señalar que en el caso de Santi y, sobre todo, en el de Rafael el acento de frontera se realiza como un tono bajo sostenido, ya que su acento nuclear se sitúa casi al final de la frase entonativa, contrariamente a lo que ocurre con Álvaro, que se localiza al principio. 97 Entre las respuestas a esta segunda pregunta, el 36,6% de los encuestados (11 casos) emplea Rafael o Rafa en sus contestaciones; el 30% (9 casos), Santi y el 26,6 % restante (8 casos), Álvaro. 105 mismos. Estas aparentemente «restringe[n] –a la manera de un adjetivo– la extensión del sustantivo o grupo nominal al que modifica (…)» (RAE/ASALE, 2009: §12.13a); es decir, parecen comportarse como si fueran aposiciones especificativas. La verdadera naturaleza de estas construcciones será estudiada en el siguiente capítulo (vid §3.2.): (92) Y tú Rafael, haz lo que te falta (entrevista 4, mujer). Por otro lado, se observan algunas respuestas que podrían ser entendidas como casos de coaparición entre vocativos y sujetos: (93) a. Álvaro, tú coloca las mochilas (entrevista 4, mujer). b. Rafael, tú, por favor, coloca las mochilas (entrevista 18, mujer). c. Santi, tú recoge coloca las mochilas; Rafael, tú te vas a dedicar a recoger los libros y Álvaro, tienes que colocar bien las mesas (entrevista 6, mujer). No obstante, lo que en realidad parece ocurrir en estos ejemplos es que el pronombre personal tú adquiere la función de tópico contrastivo, no de sujeto, ya que «introduce un elemento del que se predica alguna información que contrasta con la que se atribuye a otro, generalmente también expreso (…)» (RAE/ASALE, 2009: §40.3u). Estas construcciones, propias de las estructuras coordinadas distributivas, son justamente las que aparecen recogidas en (93‘): (93‘) a. Álvaro, tú (y no Santi) coloca las mochilas (entrevista 4, mujer) b. Rafael, tú (y no Álvaro), por favor, coloca las mochilas (entrevista 18, mujer). c. Santi, tú (y no Rafael) recoge coloca las mochilas; Rafael, tú (y no Álvaro) te vas a dedicar a recoger los libros y Álvaro, tienes que colocar bien las mesas (entrevista 6, mujer). Por último, entre las respuestas dadas se presenta la posibilidad de que aparezcan vocativos múltiples (94) junto a nombres escuetos (e.g. niños, chicos: (95)). Estos últimos tienen la particularidad de designar al grupo de individuos (niños, chicos) del que forman parte los destinatarios (en este caso, Santi, Rafael y Álvaro), tal como se explicará en §4.6.3. Algunos ejemplos a este respecto se muestran en (94) y (95): 106 (94) Santi, Rafael y Álvaro, ‗porfa‘ acercaos un segundito (entrevista 28, mujer). (95) a. A ver niños: Álvaro, tú encárgate de recoger las mochilas; Santi, coloca bien esas mesas; y tú Rafael, recoge los libros (entrevista 4, mujer). b. A ver chicos, por favor, venid aquí (entrevista 29, mujer). En resumen, la pregunta 2 tenía como objetivo examinar el comportamiento de una serie de estructuras coordinadas constituidas por diferentes destinatarios de enunciados directivos. La polémica residía en si los destinatarios de dichas órdenes cumplían la función de vocativos o de sujetos. Tras el análisis de 30 entrevistas, se ha llegado a la conclusión de que, al menos en el habla madrileña, estas construcciones deben ser interpretadas como expresiones vocativas. Ello supondría una necesaria revisión de la propuesta de Mauck et al. (2004) y sus seguidores para estas construcciones. Una vez que esta cuestión ha quedado zanjada, es el momento de analizar qué ocurre con otras estructuras que también han sido objeto de discusión: los SDD que designan a destinatarios de mandatos. 2.4.2.4.3. Pregunta 3 En esta tercera pregunta se examinan otras construcciones cuyo análisis también ha sido objeto de gran controversia entre los expertos. Nos referimos a frases determinantes complejas que, en ciertos contextos, pueden o no ser interpretadas como vocativos. Si, en efecto, pudiesen ser consideradas como tales, sería necesario reformular o, al menos, explicar qué ocurre con la generalización bastante extendida entre los investigadores (Longobardi, 1994; Bosque, 1996a; entre otros) que afirma que los vocativos no pueden llevar determinación. Para poder dilucidar qué rasgos prosódicos tienen estas estructuras, se ha pedido a los entrevistados que respondan a dos cuestiones en las que estos SSDD puedan ser identificados como vocativos. Los resultados obtenidos son los que aparecen en (96) y (97): 107 (96) Figura 11. El chico de la última fila (entrevista 13, mujer). (97) Figura 12. Los que piensan que están en un bar (entrevista 4, mujer). Tal como muestran (96) y (97), el patrón entonativo de estas estructuras muestra un acento nuclear que experimenta una subida paulatina del tono, cuyo pico se alcanza en la sílaba tónica, L+H*, seguido de un tono de frontera descendente o bajo sostenido, L%. Estos rasgos prosódicos unidos a la pausa ( _ ), que permite que se analicen como unidades entonativas independientes, hacen de estas estructuras expresiones vocativas. Por tanto, la generalización que impedía que los vocativos estuvieran encabezados por determinantes debe ser precisada, tal como se hará en el capítulo siguiente (vid §3.3.). Desde el punto de vista sintáctico, llama la atención el elevado número de hablantes que responde utilizando vocativos plurimembres o, como los denomina la 108 bibliografía, complejos (vid §2.1.4.). Por vocativos complejos se entienden, por ejemplo, expresiones constituidas por una o varias oraciones subordinadas de relativo (98) o por una sucesión SSDD (99) que «agregan alguna precisión o algún comentario para aclarar la referencia de (…) otro grupo nominal» (RAE/ASALE, 2009: §12.15a); es decir, como algo cercano a las aposiciones explicativas. Se recogen a continuación algunos ejemplos, cuyas propiedades serán analizadas en §3.2.: (98) a. A ver los chicos que están ahí como si estuvieran en un bar, o atendéis u os vais (entrevista 24, hombre). b. A ver los que están detrás que parece que están en el bar, ¿podéis atender u os vais fuera? (entrevista 10, mujer). c. A ver, los demás que estáis hablando, esto no es un bar y no vengáis aquí a molestar (entrevista 6, mujer). (99) a. El niño ese de la última fila, el morenito ese alto y, en fin, que está todo el día hablando, por favor vete de clase (entrevista 1, hombre). b. A ver el chico, el de la última fila, el que no para de molestar, fuera de clase (entrevista 24, hombre). Asimismo, destaca el uso de demostrativos en el interior de construcciones vocativas (100), lo cual iría de nuevo en contra de la generalización que impedía a los determinantes encabezar expresiones vocativas, tal como se explicará en §3.2. y §3.3.: (100) Esos que se piensan que están en un bar, ¿quieren atender o queréis salir de clase? (entrevista 8, hombre). Finalmente, también es destacable el hecho de que varias de estas respuestas incluyan un pronombre deíctico de segunda persona, tú, y lo conviertan en el antecedente de los SSDD el de la última fila, esos de ahí, etc. Estos últimos actuarían como algo cercano a las aposiciones, de manera semejante a (99), tal como se mostrará en §3.2.: (101) a. A ver tú, el de la última fila, sal de clase (entrevista 26, hombre). b. Tú, el de la última fila, vete porque estás distrayendo a tus compañeros (entrevista 7, mujer). 109 c. Tú, el chico, el que está en la última fila, sal de clase (entrevista 10, mujer). En la próxima sección se analiza la función que desempeñan (vocativos o tópicos) aquellos SSDD que aparecen en secuencias encabezadas por el complementante que y el verbo en subjuntivo. 2.4.2.4.4. Pregunta 4 La cuarta pregunta examina construcciones con sentido imperativo pero con verbo en subjuntivo introducido por el complementante que. El objetivo es esclarecer si los SSDD que reciben la orden del hablante actúan como vocativos o, si en realidad, se interpretan como tópicos. Para ello, lo primero que habría que hacer sería determinar el contorno entonativo de unos y de otros en enunciados imperativos. En estos casos, los tópicos no constituirían una frase entonativa, por sí mismos sino que se incluirían dentro de la del enunciado imperativo; tendrían, por consiguiente, un acento prenuclear ascendente con el pico desplazado, L+>H* ((102a) y (103a)). Por su parte, los vocativos sí conformarían frases entonativas independientes con un acento nuclear ascendente, L+H*, seguido de un tono de frontera bajo sostenido o descendente, L% ((102b) y (103b)). De esta manera, el análisis de uno y otro quedaría conformado de la siguiente forma: (102) a. [ [ [Los pianistas] [que vayan practicando escalas]]I ]U (L+ >H*) L+H* M% b. [ [Los pianistas]I, [[que vayan][practicando][escalas]]I ]U L+ H* L% (L+>H*) L+H* M% (103) a. [ [ [Los violinistas][que vayan afinando sus instrumentos]]I ]U (L+ >H*) L+H* M% b. [ [ Los violinistas]I, [[que vayan][afinando][sus instrumentos]]I ]U L+ H* L% (L+>H*) L+H* M% 110 En (102) y (103) se pone de manifiesto que la única diferencia entonativa entre vocativos y tópicos es, además de la pausa, el tipo de acento que portan: si el pico se alcanza en la propia sílaba tónica (104a), se interpretarán como vocativos; pero si este se encuentra desplazado (104b), se analizarán como tópicos: (104) a. Vocativo b. Tópico Si la pausa que hacen los entrevistados no es tan clara como ocurría en las preguntas anteriores, solo quedará esta sutil diferencia para distinguir unas funciones de otras. Esto es justamente lo que ocurre con las respuestas obtenidas en la cuarta pregunta, cuyos resultados aparecen representados en (105) y (106): (105) Figura 13. Los pianistas que vayan practicando escalas (entrevista 19, hombre). vio li nis tas pia nis tas vio li nis tas pia nis tas 111 (106) Figura 14. Los violinistas que vayan afinando sus instrumentos (entrevista 19, hombre). (105) y (106) presentan el patrón melódico mayoritario recogido entre los entrevistados. En él, se observa que el pico se encuentra desplazado, ya que no se alcanza en la sílaba tónica, –nis–, sino en la siguiente, –tas. Si este análisis es correcto, demostraría que los destinatarios de estas construcciones deben ser interpretados como tópicos, no como vocativos. De esta manera, se explica que estas construcciones admitan una forma vocativa que preceda a la topicalizada: (107) a. Ayudante VOC, los violinistas TÓPICO que vayan practicando escalas y los pianistas TÓPICO que vayan afinando sus instrumentos (entrevista 20, hombre). b. Joven VOC, los violinistas TÓPICO que vayan practicando escalas y los pianistas TÓPICO que vayan afinando sus instrumentos (entrevista 2, mujer). No obstante, se han registrado algunas respuestas en las que se observa el patrón contrario: el pico se alcanza en la sílaba tónica, –nis–. Ello implica que en determinadas situaciones estas estructuras también se pueden interpretar como vocativos (108)-(109) como muestra el hecho de que no admitan la presencia de otra construcción susceptible de interpretarse como vocativa (110): 112 (108) Figura 15. Los violinistas, que vayan practicando escalas (entrevista 4, mujer). (109) Figura 16. Los pianistas, que vayan afinando sus instrumentos (entrevista 4, mujer). (110) a. * Ayudante VOC, los violinistas VOC , que vayan practicando escalas y los pianistas VOC , que vayan afinando sus instrumentos. b. * Joven VOC, los violinistas VOC , que vayan practicando escalas y los pianistas VOC , que vayan afinando sus instrumentos. Curiosamente, esta doble posibilidad no se registra cuando el complementante que desaparece, el verbo se mantiene en subjuntivo y en vez de SSDD aparecen nombres escuetos como destinatarios de la orden. En estos casos, el pico se alcanza siempre en la sílaba tónica (–nis– en ambos ejemplos) no en la siguiente. Ello implica 113 que estamos ante estructuras vocativas, afirmación que se ve reforzada por el hecho de que los nombres desnudos no puedan ser interpretados como tópicos: (111) Figura 17. Pianistas, practiquen escalas (entrevista 3, mujer). (112) Figura 18. Violinistas, vayan afinando sus instrumentos (entrevista 3, mujer). En resumen, en esta sección se ha tratado de esclarecer qué función desempeñan los destinatarios de un enunciado directivo introducido por el complementante que y el verbo en subjuntivo. Tras examinar los resultados obtenidos a lo largo de 30 entrevistas, 114 se ha concluido lo siguiente. Los SSDD serán tópicos si se insertan dentro de un enunciado imperativo encabezado por el complementante que y con verbo en subjuntivo; prueba de ello es que en estos casos es posible la adición de una forma vocativa (e.g. Ayudante, los pianistas que vayan practicando escalas). No obstante, también se han documentado respuestas en las que la interpretación vocativa es admisible como demuestra el hecho de que no admita una forma vocativa ‗extra‘ (e.g. *Ayudante, los pianistas, que vayan practicando escalas). Finalmente, si el complementante que no aparece y el destinatario lo designa un nombre escueto, solo existe una posibilidad: que sea identificado como vocativo. 2.4.2.5. Recapitulación En este apartado se han examinado las respuestas dadas por los informantes a lo largo de 30 entrevistas, 17 de ellas obtenidas de mujeres y las 13 restantes, de hombres. Tras el análisis de sus contestaciones a las cuatro preguntas formuladas, las conclusiones que se pueden extraer son las siguientes. En primer lugar, se puede afirmar que la posición más frecuente de los vocativos en el habla madrileña es la inicial. Prueba de ello es que casi ninguno de los informantes ha optado por emplear vocativos en posición final, lo que implica que la función más frecuente es la apelativa; no obstante, esta función no aparece necesariamente en contextos exclamativos, únicas estructuras analizadas en el trabajo de Prieto y Roseano (e.g. ¡Marina!). Estos datos estarían en la línea de los propuestos por Jørgensen y Aarli (2011) en su estudio sobre el habla de los jóvenes de Madrid frente a los de Chile, país en el que la posición final se considera la más común y, por lo tanto, su función predominante es la fática o de contacto. En segundo lugar, se ha demostrado que el patrón entonativo de los vocativos posee un acento nuclear que alcanza su pico en la sílaba tónica, L+H*, y cuyo acento de frontera es descendente o bajo sostenido, L%. Esta afirmación contrasta con la recogida en Prieto y Roseano (2010), trabajo en el que se defiende que el tono de frontera es medio, M%, no bajo, L%. Por consiguiente, sería necesaria una modificación del patrón melódico de los vocativos en estos trabajos, lo que supondría una novedad en los estudios a este respecto. 115 En tercer lugar, se ha señalado que las construcciones con varios destinatarios de diferentes órdenes se deben analizar como vocativos –al menos en el habla madrileña–, tal como se defendía en el apartado precedente con la aplicación de una serie de pruebas gramaticales (vid §2.3.). Esta afirmación iría en contra de la propuesta de Mauck, Pak, Portner y Zanuttini (2004) y sus seguidores para el inglés, quienes sostenían que eran sujetos y no contemplaban la posibilidad de que pudieran ser vocativos. En cuarto lugar, se ha mostrado que se encuentran casos en la gramática del español en los que los vocativos pueden ir introducidos por un determinante, concretamente por artículos definidos (el/los, la(s)) o por demostrativos (ese/esos, esa(s)). De esta manera, se haría necesario explicar desde la Sintaxis por qué los determinantes pueden aparecer en estos casos, sobre todo si se tiene en cuenta la generalización que establece que los vocativos no pueden ir introducidos por determinantes. Finalmente, se ha comprobado que los SSDD que aparecen en secuencias encabezadas por el complementante que y el verbo en subjuntivo podrán ser interpretados como tópicos o como vocativos dependiendo del contexto. Por el contrario, si en vez de ser SSDD son nombres escuetos y dicho complementante se omite, entonces desempeñarán necesariamente funciones vocativas. 2.5. Conclusiones A lo largo de este capítulo, se han mostrado algunas de las propiedades más significativas de los vocativos que serán objeto de detallado escrutinio en capítulos siguientes. En primer lugar, a través de la definición de estas construcciones se ha puesto de manifiesto la necesidad de estudiarlas teniendo en cuenta sus rasgos semántico- pragmáticos (§2.1.1.), morfo-sintácticos (§2.1.2.) y fónicos (§2.1.3.). En el transcurso del análisis, se han ido apuntando algunas de las clasificaciones que han tenido mayor repercusión entre los investigadores, recapituladas y ampliadas en una sección independiente (§2.1.4.). 116 Las conclusiones obtenidas en el primer apartado conducen a preguntarse cuáles son las características que permiten que una construcción se interprete como vocativa (§2.2.). Para responder a esta cuestión, se ha partido de su análisis en estudios previos de autores como Moro (2003), Hill (2013b), Schaden (2005) o Stavrou (2014), entre otros muchos. En ellos se debate la posibilidad de su combinación con artículos (§2.2.1.), su vinculación con las llamadas partículas vocativas (§2.2.2.), si existen evidencias suficientes para hablar de caso vocativo (§2.2.3.), las funciones semántico- pragmáticas que desempeñan (§2.2.4.) o su contorno entonativo (§2.2.5.). Con el análisis de estos rasgos, se ha ido poniendo de manifiesto la necesidad de combinar todos ellos para poder determinar si una construcción es vocativa o no. Los resultados de esta sección han hecho necesario examinar en mayor profundidad las diferencias entre vocativos y sujetos (§2.3.), sobre todo en ciertos contextos como los imperativos en los que se hace complicado esclarecer qué función desempeñan. Para ello, se han presentado una serie de propiedades gramaticales que permiten distinguir las dos funciones (§2.3.1.). Estas han sido agrupadas en torno a tres criterios, a saber: sintáctico-semántico (§2.3.1.1.), semántico-pragmático (§2.3.1.2.) y fónico (§2.3.1.3.). Tras su aplicación a los casos dudosos (§2.3.2.), se ha concluido que se trata de construcciones vocativas (§2.3.3.). Sin embargo, también se ha puesto de manifiesto que, para poder demostrar que esta afirmación es correcta, es necesario acudir a sus propiedades entonativas, las cuales se conciben como la prueba definitiva para establecer si una construcción se interpreta como vocativo o como sujeto. Con este objetivo en mente, en el cuarto apartado (§2.4.) se ha presentado un estudio prosódico de las propiedades entonativas de los vocativos. Tras la contextualización de nuestro estudio a través de la explicación de teoría de la estructura prosódica, la teoría AM y las unidades con las que se ha trabajado (§2.4.1.), se han presentado los objetivos marcados (§2.4.2.1.), la metodología empleada (§2.4.2.2.) y el cuestionario aplicado a un total de 30 informantes, 17 mujeres y 13 hombres (§2.4.2.3.). Las conclusiones obtenidas de este cuestionario (§2.4.2.4.) han puesto de manifiesto cuál es el patrón melódico de los vocativos (L+H*, L%), gracias al cual se ha podido dilucidar si las construcciones que ofrecían dudas entre los expertos desempeñan funciones vocativas, de sujeto o de tópico. Con ello, ha quedado demostrado que las pruebas presentadas en el apartado anterior iban en la dirección adecuada. 117 Una vez que las propiedades entonativas de los vocativos han quedado establecidas y han sido disipadas las dudas acerca de la delimitación y distinción entre los vocativos y otras funciones sintácticas, el siguiente capítulo estudiará la estructura interna de los vocativos. 118 119 CAPÍTULO 3. LA ESTRUCTURA INTERNA DE LOS VOCATIVOS El estudio de la estructura interna de las expresiones vocativas ha generado gran división entre los expertos. No hay acuerdo a la hora de determinar el tipo de proyección funcional que conforman o, por ejemplo, las razones que les impiden llevar determinación en unos casos pero no en otros. El objetivo de este capítulo es tratar de dar respuesta a estas cuestiones y otras similares, de manera que se pueda elaborar un análisis que dé cuenta de las peculiaridades que los vocativos presentan. Mi propuesta es la siguiente: las construcciones vocativas se insertan en el interior de un SD, independientemente de que sean pronombres, nombres propios, comunes o adjetivos; ello explica su naturaleza referencial y específica. Este SD actúa como complemento de una nueva proyección funcional a la que denominaremos Sintagma Vocativo, tal como sostienen las principales investigaciones a este respecto (i.e. Hill, Stavrou y Espinal). En la línea de Hill, se defiende que el núcleo vocativo posee rasgos de segunda persona e interpersonales (i-p), responsables de que las expresiones obtengan una interpretación vocativa. Con ello en mente, el capítulo se divide en cinco apartados. En el primero se examinan las principales características de las clases de palabras que pueden funcionar como núcleos de las expresiones vocativas (§3.1.), a saber: pronombres de segunda persona (§3.1.1.), nombres propios (§3.1.2.1.), nombres comunes (§3.1.2.2.) y adjetivos (§3.1.3.), entre los que se estudia el caso particular de los insultos (§3.1.3.1.). El análisis de cada una de estas categorías gramaticales nos lleva a establecer los rasgos y propiedades que poseen los vocativos (§3.1.4.), los cuales servirán de base para nuestra propuesta. En el segundo apartado se muestran los tipos de complementos (§3.2.1.) y modificadores (§3.2.2.) que pueden acompañar a los núcleos de las expresiones vocativas. Entre ellos, se pone especial atención en las construcciones encabezadas por posesivos de las distintas variedades del español de España y de América (§3.2.2.1.), así como su presencia en otras lenguas (§3.2.2.1.1.). En el tercer apartado se discute el tipo de proyección funcional que conforman estas categorías gramaticales cuando desempeñan funciones vocativas (§3.3.). Para ello, se procura dar respuesta a cuestiones tan controvertidas como si constituyen oraciones o 120 sintagmas (§3.3.1.), de qué naturaleza es el sintagma que proyectan (§3.3.2.) o por qué los vocativos, en líneas generales, no admiten determinación (§3.3.3.). En el cuarto apartado se ofrece un análisis sintáctico de la estructura interna de las construcciones vocativas que trata de dar cuenta de todas las propiedades hasta ahora señaladas. Para ello, se parte de una revisión de las principales propuestas formuladas por los investigadores a este respecto (§3.4.1.), a saber: Hill (2007, 2013a, 2013b: vid §3.4.1.1.), Stavrou (2009, 2014: vid §3.4.1.2.) y Espinal (2013: vid §3.4.1.3.). Dichas propuestas servirán de base para nuestro análisis, que es explicado en §3.4.2. En esta sección se tratan, además, cuestiones relacionadas con el tipo de proyección funcional a la que se asocia el SD en el que se genera el vocativo, así como los rasgos que posee su núcleo (§3.4.2.1.). En este apartado también se abordan cuestiones relativas al lugar que ocupan en la proyección las categorías gramaticales con función vocativa y la manera en la que obtienen los rasgos personales e i-p del núcleo Vocº (§3.4.2.2.). Asimismo, se estudia el comportamiento de las expresiones encabezadas por determinantes (a saber: artículos, posesivos y demostrativos: §3.4.2.3.) y el la posición en la que se encuentran sus complementos y modificadores (§3.4.2.4.). El capítulo finaliza en el quinto apartado (§3.5.), donde se presentan las conclusiones más sobresalientes obtenidas en las secciones precedentes. 3.1. Núcleo El objetivo de este apartado es examinar los elementos que pueden actuar como núcleo de las estructuras vocativas y determinar las propiedades gramaticales que poseen en tales casos. De acuerdo con los estudios a este respecto (RAE/ASALE, 2009: §42.13s; Garrido, 1999: §60.2.1.5.; Alonso Cortés, 1999: § 62.8.5.2.), las clases de palabras que pueden aparecer desempeñando esta función son: los pronombres de segunda persona tú y sus variantes (113a), los nombres propios (113b), los nombres comunes (113c) y los adjetivos (113d). En (113) se recogen algunos ejemplos a este respecto: (113) a. Tú, no te muevas. 121 b. No entiendo a qué viene esto, Antonio. c. Hijo, vete a tu habitación y no salgas hasta que te lo diga. d. Bonita, deja eso. En las secciones siguientes (§3.1.1.-§3.1.3.) se estudian las características sintácticas, semánticas y pragmáticas que presentan cada una de estas categorías en contextos vocativos, así como los rasgos que adquieren en tales casos (§3.1.4.). La primera categoría en la que nos detendremos es la considerada por muchos estudiosos como la construcción vocativa prototípica: los pronombres de segunda persona. 3.1.1. Pronombres personales Los pronombres personales, denominados así porque poseen rasgos gramaticales de persona (RAE/ASALE: §16.1a), son las expresiones vocativas por excelencia 98 . Sus características personales permiten asociarlos con uno de los participantes del discurso: el destinatario (i.e. el individuo a quien se habla 99 ). Esta vinculación explica que los únicos pronombres que puedan aparecer desempeñando tal función sean los que poseen rasgos de segunda persona, ya sea del singular (tú o las formas vos, usted –variante de cortesía en tercera persona 100 –) o del plural (vosotros, ustedes), si bien todos ellos equivalen en última instancia a tú 101 . La elección del hablante de uno u otro pronombre dependerá, además de su idiolecto, del tipo de relación que mantenga con el oyente; es decir, de sus rasgos inter-personales (en adelante, i-p: vid §2.1.1.). Para ilustrar esta afirmación, tómese el siguiente contraste: (114) a. Tú, ¿qué estás haciendo aquí? 98 Por ello, los principales estudios sobre los pronombres de segunda persona (Tesinère, 1959; Fernández Ramírez, 1987; Benveniste, 1996; Fernández Soriano, 1999; Eguren, 1999, 2016; et al.) sostienen que estas categorías forman parte de la deixis personal, tal como se mostrará en §3.1.4.1. 99 Tradicionalmente se dice que los participantes del discurso son tres: el que habla (hablante: 1ª persona), a quien se habla (destinatario: 2ª persona) y aquel o aquello de lo que se habla (3ª persona) (RAE/ASALE, 2009: §16.1b). 100 Para un estudio de los distintos valores de usted, véase Fernández Soriano (1999: §19.3.5.) y las referencias allí citadas. Sobre el origen y evolución de esta construcción, véase Lapesa (1970). 101 Por ejemplo, vosotros es la forma plural del pronombre tú puesto que se forma como resultado de la unión de ‗tú + tú‘ (Fernández Soriano, 1999: §19.1.). En este sentido, son muchos los que señalan que, en realidad, el único pronombre personal con valor deíctico que puede desempeñar funciones vocativas es tú: en último término, todas las construcciones que aparecen en estos contextos equivalen a él (Fernández Soriano, 1999: §19.1.). 122 b. Usted, ¿qué está haciendo aquí? Tal como se muestra en (114), la razón que lleva al hablante a decantarse por el empleo de uno u otro pronombre se debe al tipo de vínculo que mantiene con su interlocutor. Este se interpretará como cercano o familiar si opta por la forma tú (114a), mientras que se juzgará como lejano o de distancia –seguramente por cuestiones de cortesía o respeto– si hace uso de usted (114b). En consecuencia, la elección de una u otra forma estará determinada por los rasgos i-p de estas construcciones, tal como se mostrará en §3.1.4.2. No obstante, la referencia de estos pronombres puede cambiar en la comunicación: dependerá de «quién sea el emisor y el destinatario en cada acto de habla» (Eguren, 2016: 861). Por consiguiente, el individuo al que refieren los pronombres de (114) variará en función de si la persona que emite el enunciado es una madre que se dirige a su hijo o si, por ejemplo, se trata de un profesor que pretende llamar la atención de uno de sus alumnos. Por otro lado, es importante señalar que la capacidad de estos pronombres de referirse a uno de los participantes del discurso los priva de su contenido propiamente léxico y los transforma en categorías intrínsecamente deícticas (RAE/ASALE: §16.1a). Estos rasgos deícticos, fundamentales en las construcciones vocativas (vid §2.1.2. y §3.3.), se asocian con sus propiedades personales (concretamente de segunda persona: vid §3.1.4.1.) pero también con su carácter definido (designan a una entidad determinada o individuo fijo: el interlocutor 102 ), lo que los acerca a los determinantes definidos y a los nombres propios 103 (RAE/ASALE: §16.1a: vid §3.3.2. y §3.3.3.). Las propiedades deícticas, sin embargo, no son exclusivas de los pronombres de segunda persona: también se encuentran en los pronombres de primera y, en ciertos contextos, en los de tercera (RAE/ASALE: §16.1a y ss.). Se diferencian de ellos en que los de primera hacen alusión a otro participante del discurso: el hablante. Este se vincula necesariamente con rasgos de primera persona, lo que impediría a estos pronombres aparecer en construcciones vocativas (115a) 104 . Por su parte, los de tercera (115b) se 102 Fernández Leborans, 1999: §2.3.2.; Fernández Soriano, 1999: §19.1. 103 Por ello, muchos no dudan en considerar estos pronombres como ‗nombres personales‘ (Bello, 1847; Tesinère, 1959; Moreno Cabrera, 1991; et al.). Así se explica, por ejemplo, que no puedan aparecer con complementos: *Tú de Cáceres, ayúdame. Esta cuestión y otras similares serán retomadas en §3.2.1. 104 Obsérvese que, en el caso en que el hablante quisiera dirigirse a sí mismo, el procedimiento empleado no podría ser una primera persona (e.g. *Yo, ¿qué estás haciendo?; *¿Qué estás haciendo, yo?), sino una 123 asocian con aquel o aquello de lo que se habla (RAE/ASALE, 2009: §16.1b); es decir, con la no-persona (Fernández Soriano, 1999: §19.1.: vid §3.3.3.) 105 . Así se explica que no posean naturaleza únicamente deíctica: su referencia se liga al discurso y se obtiene como resultado de una interpretación correferencial o de variable ligada (Eguren, 2016: 861) 106 . Como consecuencia de todo lo anterior, la presencia de pronombres de primera y tercera persona en construcciones vocativas da lugar a secuencias anómalas: (115) a. *Yo, ¿qué estás haciendo ahí? b. *{Él/Ella}, ¿qué estás haciendo ahí? Por razones semejantes el pronombre nosotros no puede interpretarse como vocativo. De acuerdo con Fernández Soriano (1999), nosotros es resultado de la unión de ‗yo + tú‘ o de ‗yo + {él/-la, ellos/-as}‘ (Fernández Soriano, 1999: §19.1.). En el primer caso, el motivo de que oraciones como *Nosotros, haced la compra sean agramaticales se explica de manera similar a como ocurría en (115a): a pesar de que contiene un tú, destinatario del enunciado, también incluye un yo, emisor del acto de habla. En consecuencia, no tendría sentido que el hablante diera una orden y, a la vez, se incluyera entre los destinatarios potenciales de la misma, seguramente porque no es posible que el hablante sea al mismo tiempo locutor e interlocutor, salvo que se ‗desdoble‘ en dos personas gramaticales diferentes (vid nota 104). En la segunda acepción de nosotros (‗yo + {él/-la, ellos/-as}‘: Fernández Soriano, 1999: §19.1.), son dos las razones que impiden que desempeñen funciones vocativas. De un lado, su vinculación con la primera persona, yo, lo deslegitimaría como construcción vocativa: se asociaría con el hablante, no con el oyente como en (115a). Por otro lado, su relación con una tercera persona obligaría a que su referencia quedara ligada al discurso previo y, en consecuencia, con aquel o aquello de lo que se construcción con rasgos de segunda. De esta manera, el hablante se ‗desdoblaría‘ en dos personas gramaticales distintas: el que habla (yo), y a quien se habla (tú: vocativo): (i) Laura, ¿qué es lo que estás haciendo? Solo existe una excepción a este respecto: la que se encuentra en construcciones del tipo ¡Ay, yo, qué desgraciado soy!; ¡Ay, yo triste! (ejemplos tomados de Alonso Cortés, 1999: §62.8.3.). No obstante, estas estructuras no esconden, en realidad, expresiones vocativas sino exclamaciones, tal como se mostrará en §4.7.2. 105 De esta manera se explica que, de acuerdo con Roca (1996), la lectura genérica o impersonal se obtenga mediante el uso de una tercera persona o bien gracias al uso de singulares arbitrarios de segunda persona (Roca, 1996: 134). El comportamiento de estos últimos ha sido estudiado principalmente por Hernanz (1990). 106 A este respecto, se suele señalar que los pronombres de primera y segunda persona son deícticos puros mientras que los de tercera serían deícticos impuros, ya que no poseen una naturaleza exclusivamente deíctica (Eguren, 1999: §14.2.2.3.). 124 habla, no a quien se habla, al igual que en (115b). De esta manera, se justificaría por qué nosotros no es admisible como pronombre vocativo en ninguna de sus acepciones. En cuanto a su distribución con respecto a la oración, resulta llamativo que estos pronombres solo puedan aparecer al comienzo de la oración (116a) y den lugar a secuencias anómalas cuando se sitúan en una posición intermedia (116b) o final (116c). Esta restricción no se extiende a los casos en los que los pronombres no cumplen funciones vocativas (116‘) 107 : (116) a. Tú, dime qué quieres. b. ? Dime, tú, qué quieres. c. *Dime qué quieres, tú. (116‘) a. Tú dime qué quieres. b. Dime tú qué quieres. c. Dime qué quieres tú (no lo que quieren tus padres). Contrastes como los de (116) suponen una nueva prueba a favor de la hipótesis de Zwicky (1974), quien defiende que los vocativos con función fática pueden emplearse como apelativos pero solo algunos vocativos pueden actuar como apelativos 107 A esta misma conclusión llegan Schegloff (1968), Zwicky (1974), Mauck y Zanuttini (2004) o Schaden (2005). Estos autores defienden que en lenguas como el inglés el pronombre de segunda persona no puede desempeñar funciones fáticas: (i) a. Hey you, give me that boat hook! Eh/Hey túVOC da me ese bote gancho ‗¡Eh tú, dame esa ancla!‘ b. *What I think, you, is that we ought to take the money and run. Que yo pienso túVOC es que nosotros deber coger el dinero y correr. ‗*Lo que yo pienso, tú, es que nosotros debemos coger el dinero y correr‘ (Zwicky, 1974: 791). De acuerdo con los mencionados autores, esta restricción se extiende a los casos en los que el hablante se dirige al oyente pero no sabe su nombre, por lo que hace uso de una fórmula del tipo whatsyourname (i.e. ‗cómo-se-llame‘: (i)). Esta anomalía no se da en lenguas como el español (ii): (i) a. Hey whatsyourname, give me that boat hook! Inglés Eh/Hey cómo-te-llamesVOC da me ese barco gancho ‗¡Eh, cómo-te-llames, dame esa ancla!‘ b. *What I think, whatsyourname, is that we ought to take the money Que yo pienso cómo-te-llames es que nosotros debemos coger el dinero and run. y correr. ‗Lo que yo pienso, cómo-te-llames, es que nosotros debemos coger el dinero y correr‘ (Zwicky, 1974: 791). (ii) a. ¡Eh, cómo-te-llames, déjate de tonterías! Español b. Me da igual tu opinión, cómo-te-llames. 125 (vid §2.1.1.). Esta y otras cuestiones serán retomadas en el próximo capítulo (vid §4.1. y §4.3.). En resumen, a lo largo de esta sección se han examinado las propiedades que tienen el pronombre personal tú y sus variantes cuando desempeñan funciones vocativas. Entre estas características se han señalado principalmente sus rasgos deícticos y personales –concretamente de segunda persona–, pero también sus propiedades i-p, que serán analizadas en secciones siguientes (vid §3.1.4.2.). La ausencia de tales propiedades en los pronombres yo, él o nosotros les impiden ser utilizados como vocativos. Por otro lado, se ha observado que la distribución de estas categorías con respecto a la oración se encuentra limitada, ya que solo pueden tener valor apelativo pero nunca fático –al menos en español y en lenguas como el inglés–. Esto último implica que los vocativos con función apelativa poseen más restricciones que los fáticos, con lo que se demuestra que la distinción de Zwicky (1974) sí tiene repercusión en nuestra lengua. Las siguientes categorías en las que nos detendremos son los nombres –tanto propios como comunes–. 3.1.2. Nombres propios y nombres comunes Lo primero que cabría preguntarse es si existe algún tipo de restricción semántica relativa a los nombres que pueden aparecer en expresiones vocativas. Autores como Zwicky (1974), Alonso Cortes (1999a: § 62.8.5.2) y Leech (1999) señalan que tales restricciones existen, al menos en español (Alonso Cortés) y en inglés (Zwicky y Leech). De acuerdo con estas investigaciones, se podría decir que las clases de sustantivos que pueden emplearse en español como vocativos son las siguientes 108 : 108 Una clasificación semejante es la que propone Buse (2006) para los ejemplos de las expresiones vocativas que encuentra en las obras de Shakespeare. Estas estructuras se organizan dependiendo del número de ejemplos que encuentra de cada clase. De mayor a menor frecuencia, las construcciones que pueden desempeñar funciones vocativas son: epítetos (sirrah, you, fellow, friend: 844 casos), nombres de persona (Marcus, Caesar: 654 casos), nombres convencionales (sir, my lord, madam: 467 casos), nombres de áreas especializadas (Friar, Nurse, God/god: 443 casos), de fenómenos naturales (fire, sweet: 358 casos), términos de parentesco (uncle, daughter, father: 171 casos), nombres genéricos (boy, man, women: 112 casos) y nombres de emoción y pensamiento (love: 62 casos) (Busse, 2006: 226). Estos datos 126 (a) Nombres propios e hipocorísticos (Pepe, Lola, Asun): Pepe, dime qué te pasa. (b) Patronímicos (Sánchez, Martínez, López): Sánchez, cuénteme la verdad. (c) Nombres de relación o parentesco (papá, mamá, tío(-a), abuelo(-a), amigo(-a)): ¿Qué te pasa hoy, abuelo? (d) Nombres que denotan edad (niño, joven, chaval, viejo): Joven, acérquese. (e) Apodos (tirillas): ¿Querías algo, tirillas? (f) Nombres que denotan trato íntimo (colega, vida, corazón, cielo): Recoge la mesa, cielo. (g) Títulos o nombres de jerarquía (señorita, señora, profesor, doctor, jefe, alteza, alteza, majestad, capitán, sargento): Como desee, alteza. (h) Nombres de profesión (chófer, portero, taxista, camarero, guardia): Creo, taxista, que se equivoca 109 . (i) Nombres de animales y de cosas personificadas: Dime, perrito, ¿quién es tu verdadero dueño? (Rey, Sebastián); Dime, sombra, ¿qué pensabas de este país nuestro y de sus gentes? (Santander, Corrido) 110 . La variedad de nombres que pueden ser utilizados como vocativos pone de relieve que, si bien los pronombres personales son las categorías que representan por antonomasia las propiedades de los vocativos, los sustantivos son una de las piezas léxicas más empleadas por los hablantes para denotar tal función. Los motivos por los que esto se produce pueden deberse a distintos factores. De un lado, a que los nombres comunes ofrecen un abanico más amplio que los pronombres en cuanto a sus capacidades descriptivas, lo que permitiría al hablante elegir la propiedad o cualidad que más se ‗ajuste‘ al oyente. Por otro lado, los nombres propios y comunes con función vocativa ofrecen una mayor libertad posicional: pueden aparecer en posición inicial constatan dos cosas: (1) que en el inglés de los siglos XVI y XVII el uso de sustantivos con valor vocativo era muy frecuente, y (2) que los tipos de nombres empleados como tales prácticamente no ha sufrido cambios desde entonces, al menos en español e inglés. 109 La gramaticalidad que produce el empleo de taxista como vocativo en español contrasta con su uso agramatical en inglés. En esta lengua su forma equivalente, cabby, no puede desempeñar funciones fáticas: *I don’t think, cabby, that the Lincoln Tunnel is the best way to go to Brooklyn (‗No creo, taxista (informal), que el túnel de Lincoln sea el mejor camino para llegar a Brooklyn‘: Zwicky, 1974: 790) (vid §2.1.1.). 110 Ejemplos obtenidos de RAE/ASALE (2009: § 42.13s). 127 (e.g. {Álvaro/Chico}, ven aquí), media (e.g. Creo, {María/niña}, que te equivocas) o final (e.g. Recoge la mesa, {Rafa/cielo}), mientras que los pronombres se sitúan únicamente en posición inicial (e.g. Tú, fuera de aquí (*tú): vid §3.1.1.). Sin embargo, la elección de un nombre, común o propio, en lugar de un pronombre con valor vocativo también podría deberse a razones de tipo pragmático. De acuerdo con la escala de cortesía, se es más cortés cuanta mayor distancia se marca entre el hablante y el oyente. En este sentido, referirse al destinatario mediante un pronombre como tú que lo designa directamente podría dañar su face o imagen negativa (vid §1.4.). Si esto es cierto, lo que hace el hablante cuando emplea una frase nominal con valor vocativo es ‗encubrir‘ una segunda persona, de manera que pueda preservarse su imagen positiva. Un caso semejante es el que se encuentra, por ejemplo, en el plural de modestia nosotros en construcciones como Nosotros pensamos que la hipótesis es correcta. Esta forma esconde una primera persona (Yo pienso que la hipótesis es correcta) que se oculta en un plural, nosotros, para evitar que la responsabilidad de la propuesta o aseveración recaiga únicamente sobre el locutor. Por lo tanto, sería lógico pensar que el empleo de un nombre, común o propio, con función vocativa podría ser una manera de evitar referirse al oyente de forma directa y de preservar la imagen positiva del hablante y evitar la negativa del oyente. La siguiente cuestión que cabría plantear es qué propiedades sintáctico- semánticas y pragmáticas presentan los nombres propios, de un lado, y los nombres comunes, por otro, cuando desempeñan funciones vocativas. En las próximas secciones se trata de dar respuesta a estos interrogantes. 3.1.2.1. Nombres propios Los nombres propios se definen como la «categoría que distingue o identifica una cosa entre los demás elementos de su misma clase» (Bosque, 1999: §1.1.). Así, es posible diferenciar a un individuo, Álvaro, dentro del grupo del que forma parte, niños, sin que para ello sea necesario dar cuenta de sus rasgos o propiedades constitutivos (RAE/ASALE, 2009: §12.1d). En este sentido, el nombre propio ha sido considerado 128 por la tradición lógica moderna como la categoría que se emplea para denotar individuos, no clases (Bosque, 1999: §1.1.). La capacidad identificadora de los nombres propios ha sido asociada por autores como Longobardi (2001: 589) con sus propiedades intrínsecamente referenciales, lo que convierte a los nombres propios en unos buenos candidatos para poder ser interpretados como vocativos. Prueba de ello es que no necesitan de ningún determinante –o actualizador en términos de Lapesa (1996) – para poder referir a un individuo 111 o para desempeñar por sí mismos cualquier función sintáctica (extra)oracional (117a-f) (Bosque, 1999: §1.1.), característica que los diferencia de los nombres comunes (vid §3.1.2.2.) 112 : (117) a. David es una buena persona Sujeto b. Esperé a David durante toda la mañana OD (TP 113 ) c. Envié un regalo a David por su cumpleaños OI (TP) d. Pensaron en David para el trabajo CReg 114 (TP) e. Fui al concierto con David Adjunto (TP) f. (Hablando de) David, es un chico muy majo Tópico (TP) Solo existe una excepción a este respecto: los casos en los que los nombres propios van precedidos por un determinante –generalmente un artículo definido– 115 . Esto ocurre en lenguas como el griego (118a), el catalán (118b), el alemán (118c), el 111 La capacidad de los nombres propios de referir por sí mismos a un individuo sin necesidad de que esté presente un cuantificador u operador intensional hace que se interpreten como entidades específicas (criterio lógico: Leonetti, 1999b: §12.3.2.1.). Esta lectura también se obtiene desde un punto de vista pragmático: la intención del hablante de referir a una entidad determinada es la que la convierte en específica (criterio pragmático: Leonetti, 1999b: §12.3.2.1.) (vid §2.1.1.). 112 Si admitieran determinantes o, por ejemplo, se flexionaran en plural, se reinterpretarían como nombres comunes: Eres un donjuán, En tu clase abundan las celias. 113 Término de Preposición. 114 Complemento de Régimen Preposicional o Complemento Regido. 115 La presencia de determinantes junto a nombres propios se puede deber a tres razones, según señalan Bosque y Gutiérrez-Rexach (2009): (1) Que el determinante haga referencia a un conjunto implícito (un Picasso); (2) Que adquiera un valor expletivo (sin significado: El Juan o La María) o (3) Que el artículo forme parte del nombre propio (El antiguo Perú) (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 262-263). Los casos de (118) se explican por el segundo motivo, tal como mostraremos en los párrafos siguientes. 129 italiano (118d), el húngaro (118e) o, por ejemplo, el portugués (118f), tal como se muestra en (118) (vid §2.2.1.) 116 : (118) a. O Kostas irthe. Griego El Kostas-NOM vino ‗Kosta vino‘. b. El Joan ha arribat tard. Catalán El Joan ha llegado tarde ‗Joan ha llegado tarde‘ c. (Der) Hans ist gekommen Alemán (El) Hans ha llegado ‗Hans ha llegado‘ d. Il Gianni è partito. Italiano El Juan ha ido. ‗Juan se ha ido‘ e. Jön a Péter. Húngaro Viene El Pedro. ‗Pedro está viniendo‘ f. A Sofia traz-me um copo de água. Portugués La Sofía trae-me un vaso de agua. ‗Sofía me trae un vaso de agua‘ Estos artículos han sido denominados en la gramática como expletivos (Verganud y Zubizarreta, 1990, 1992; Longobardi, 1991) 117 . Este término, ya aplicado a 116 Los ejemplos de (118) han sido extraídos de: Stavrou (2014: 329-337: (118a), (118c)), Roca (2015: 206: (118b)), Szabolcsi (1994: 32: (118e)) y Carvalho (2013: 51: (118f)). 117 En lenguas como el catalán, además de artículos definidos, pueden aparecer otros determinantes con valor expletivo: (i) a. en Pere, el Pere DetExpl Pedro, DetExpl Pedro ‗El Pedro‘ b. na Maria, la Maria DetExpl María DetExpl María 130 los sujetos expletivos de lenguas como el inglés (It rains) o el francés (Il pleut), se emplea ahora para designar a aquellos artículos que han perdido su contenido denotativo (Verganud y Zubizarreta, 1992: 609). Es decir, se trata de artículos que han sido despojados de su información semántica (Lois, 1996: 223), de manera que ya no pueden convertir al nombre en una entidad referencial, propiedad que, por otra parte, poseen los nombres propios por sí mismos. En consecuencia, la presencia de los artículos expletivos en estos contextos no se debe a factores sintáctico-semánticos sino a razones pragmáticas o contextuales, tal como señalan Bosque y Gutiérrez-Rexach (2009: 262). Por ejemplo, en lenguas como el español estos artículos suelen emplearse con valor despectivo –y a veces, cariñoso–, mientras que en otras como el italiano o el catalán se utilizan con carácter familiar o afectivo, aunque no por ello coloquial (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 262). Lo llamativo de las construcciones de ‗Detexpletivo + nombre propio‘ es que, cuando desempeñan funciones vocativas, rechazan la presencia del expletivo en la mayoría de las lenguas (119) 118 . Este sería el caso del español (119g), con lo que se pondría de relieve que existe algo en la naturaleza de estas construcciones que impide que se combinen con determinantes (vid §3.3.3.) 119 : ‗La María‘ (Roca, 2015: 187). 118 No obstante, otras como el rumano necesitan de su presencia para que la secuencia sea gramatical, lo cual implicaría que el artículo posee propiedades diferentes en unas y otras lenguas: (i) Nadino! NadineVOC -el ‗El Nadine‘ (D‘hulst, Coene y Tasmoswki, 2007: 203-204). De acuerdo con Hill (2013b: 66 y ss.), en rumano los nombres se emplean por defecto sin artículo (iia); sin embargo, cuando desempeñan funciones vocativas, ocurre lo contrario: su presencia se vuelve necesaria (iib). (ii) a. {Ionel/*Ionelul} a venit. Ionel Ionel-el ha venido ‗Ionel ha venido‘ b. Ionelule,. . . . Ionel-el VOC, …. // ‗El Ionel‘ (Hill, 2013b: 66). Estos datos indicarían que el artículo expletivo funciona de manera distinta cuando acompaña a un nombre no-vocativo que cuando lo hace a uno que sí lo es. En estos últimos casos existirán dos opciones: o bien la inserción del determinante o bien la supresión del mismo, siendo esta última la opción mayoritaria en las lenguas (Hill, 2013b: 66). 119 Ejemplos tomados de: Stavrou (2014: 329-337: (119a) y (119c)), Espinal (2013: 3: (119b)), Szabolcsi (1994: 32: (119e)), Moro (2003: 254: (119d)) y Carvalho (2013: 51: (119f)). 131 (119) a. (*O) Kosta, ela! Griego El KostaVOC ven. ‗¡Kosta, ven aquí!‘. b. Ei, (*el) Joan! Catalán EhPART, el JuanVOC. ‗¡Eh, Juan!‘ c. (*Der) Hans, komm her. Alemán El HansVOC ven aquí. ‗Hans, ven aquí‘. d. (*Il) Gianni, la Maria è partita. Italiano El GianniVOC, la María ha ido. ‗Gianni, María se ha ido‘ e. (*A) Péter, gyere! Húngaro (*El) PedroVOC, ven. ‗¡Pedro, ven!‘ f. (*A) Sofia, traz-me um copo de água. Portugués (*La) SofíaVOC, tráe-me un vaso de agua. ‗Sofía, tráeme un vaso de agua‘ g. (*La) Maite, eres una gran profesora. Español Por otro lado, cuando los nombres propios aparecen en construcciones vocativas, dejan de interpretarse como terceras personas (120) para adquirir rasgos de deícticos de segunda persona, como demuestra el hecho de que sean equivalentes a pronombres como tú y sus variantes (121). En consecuencia, tendríamos construcciones que a todos 132 los efectos se comportan como segundas personas (poseen propiedades deícticas y se vinculan con el destinatario) pero con apariencia de terceras personas 120 : (120) a. Celia llegó pronto. (Celia = ‘ella’) b. Sánchez y López se retrasaron. (Sánchez y López = ‘ellos’) c. Laurita salió tarde. (Laurita = ‘ella’) (121) a. Celia, llega pronto a casa que (Celia = ‘tú’) te estamos esperando. b. Sánchez y López, no os retraséis. (Sánchez y López = ‘vosotros’) c. Laurita, no salgas tarde. (Laurita = ‘tú’) Además, en estos contextos los nombres propios obtienen rasgos inter- personales que muestran el tipo de relación entre el hablante y el oyente. Por ejemplo, si el hablante se dirige al interlocutor mediante su nombre de pila (121a), indicará que existe una relación cercana, que se tornará en afecto si emplea un diminutivo (121c). Si, por el contrario, el hablante quiere mostrar distancia con el oyente, se referirá a él utilizando un patronímico (121b). Por lo tanto, el tipo de relación existente entre el hablante y el oyente (i.e. sus propiedades i-p) repercutirá en la elección por parte del hablante de la forma con la que designa al destinatario. En conclusión, a lo largo de este epígrafe se ha observado que los nombres propios que aparecen en construcciones vocativas presentan propiedades ‗especiales‘ con respecto a las que tienen cuando desempeñan otras funciones. De un lado, no admiten determinantes expletivos, al menos en lenguas romances como el español, el portugués, el italiano o el catalán, y en otras como el griego, el húngaro o el alemán. Por otro lado, adquieren rasgos deícticos, se vinculan necesariamente con una segunda persona y poseen características i-p que afectan a la clase de nombre empleado para designar al destinatario. La siguiente sección estudia el comportamiento de los nombres comunes en estos mismos contextos. 120 La cuestión relativa a cómo obtienen los rasgos de segunda persona a pesar de tener apariencia de tercera se estudiará en §3.3.3. y §3.4.2.2.2. 133 3.1.2.2. Nombres comunes Los nombres comunes, también llamados apelativos, son «la categoría gramatical que expresa la pertenencia de las cosas a alguna clase» (Bosque, 1999: §1.1.). Por ejemplo, el sustantivo que designa el conjunto de calles y edificios que poseen un elevado número de población y un espacio geográfico determinado constituye la clase ciudad. En este sentido, los nombres comunes se caracterizan por referir a un conjunto o clase de individuos (Bosque, 1999: §1.1.) y no a los individuos en sí como hacían los nombres propios (vid §3.1.2.1.). Es decir, los nombres comunes establecen qué son las personas o cosas (ciudad, mujer, río) y los nombres propios, cómo se llaman individualmente (Alepo, María, Tajo) (RAE/ASALE, 2009: §12.1d). Los nombres comunes, a diferencia de los propios, pueden tener estructura argumental y, en consecuencia, emplearse como predicados, ya que tienen la capacidad de «denota[r] funciones que pueden ser saturadas» (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 262). De esta manera, nombres como envío se construyen con una serie de complementos que, en este caso, heredan del verbo del que derivan (enviar en el ejemplo): (122) El envío [de la maleta]Tema [a Pepe]Beneficiario [por parte de Juan]Agente se retrasó unas semanas. Puesto que los nombres comunes no poseen propiedades referenciales, no pueden funcionar como argumentos de un predicado a menos de que se inserten dentro de un SD 121 (Longobardi, 1994, 2001). Esta propiedad los diferencia de nuevo de los nombres propios: (123) a. *(La) doctora no sabe qué hacer Sujeto b. *Ayudé a *(la) doctora porque parecía desesperada OD(TP) c. *Vendí un pañuelo precioso a *(la) doctora OI (TP) d. *Hablé de *(la) doctora en mi conferencia CReg (TP) 121 A este respecto, Gutiérrez Rodríguez (2008) señala lo siguiente: «La proyección nominal es una unidad intensional hasta que un determinante la cierra, convirtiéndola en extensional. Es decir, tanto determinantes (in)definidos como cuantificadores son capaces de cerrar la posición abierta con que cuenta el N (…), de modo que permiten a la proyección nominal actuar como argumento» (Gutiérrez Rodríguez, 2008: 298). 134 (124) a. Celia no sabe qué hacer Sujeto b. Esperé a Celia durante toda la mañana OD (TP) c. Llevé el abrigo a Celia OI (TP) d. Cuidé de Celia mientras estaba enferma CReg (TP) Llamativamente, esta necesidad de determinación desaparece cuando los nombres comunes funcionan como vocativos. Es decir, se produce el fenómeno inverso al de (123): las estructuras se convierten en agramaticales si aparecen encabezadas por determinantes (125), pero no por ello pierden las propiedades referenciales que aportaban los determinantes ni dejan de referir a entidades específicas (vid §2.1.1.) 122 . Además, cuando desempeñan estas funciones, los sustantivos adquieren rasgos deícticos de segunda persona –a pesar de tener apariencia de terceras personas–, como demuestra el hecho de que, en último término, equivalgan a los pronombres de segunda persona tú y sus variantes (125‘): (125) a. (*Las) niñas, ¿sabéis lo que vais a hacer? N 123 . de edad b. (*La) doctora, espéreme aquí. N. de profesión c. (*La) señora, tráigame el abrigo. N. de jerarquía d. (*La) mamá, cuida de Delia. N. de parentesco (125‘) a. {Niñas/Vosotras}, ¿sabéis lo que vais a hacer? b. {Doctora/Usted}, espéreme aquí. c. {Señora/Usted}, tráigame el abrigo. d. {Mamá/Tú}, cuida de Celia. La ausencia de determinación no es un hecho aislado del español: se da de manera generalizada en un gran número de lenguas, tal como se muestra en los siguientes ejemplos 124 . 122 En este sentido, se acercan a los nombres propios, tal como veremos en §3.3.2. y ss. 123 N = Nombre. 124 Ejemplos obtenidos de Schaden (2005: 179: (126)), Stavrou (2014: 331-333: (127) y (128)) y adaptados de D‘hulst, Coene y Tasmowski (2007: 203: (129)). 135 (126) a. Der Wikinger hat mein Schiff zu Schrott gefahren. Alemán El vikingo tiene mi barco para escombros conducido ‗El vikingo ha destrozado mi barco‘ b. Hey (*der) Wikinger, runter von meinem Schiff! Hey (el) vikingoVOC abajo de mi barco ‗¡Vikingo, baja de mi barco!‘ (127) a. Afti i fitites/sinadelfi érjontai edo Griego Estos los estudiantes/colegas vienen aquí ‗Los estudiantes/colegas vienen aquí‘ b. *Afti (i) fitites/sinadelfi, elate edo! Estos los estudiantes/colegasVOC venid aquí ‗¡Estudiantes/Colegas, venid aquí!‘ (128) a. Il mio amico viene qui Italiano El mi amigo viene aquí ‗Mi amigo viene aquí‘ b. (*Il) amico mio, vieni qui! El amigoVOC míoVOC ven aquí ‗¡Amigo mío, ven aquí!‘ (129) a. *(Le) copain viens ici Francés El compañero viene aquí ‗El compañero viene aquí‘ b. (*Le) copain, viens ici El compañero/amigoVOC , ven aquí ‗Amigo/Compañero, ven aquí‘ 136 (130) a. *(The) President is very grateful. Inglés El presidente está muy agradecido ‗El presidente está muy agradecido‘ b. (*The) President, I am very grateful El presidente, yo estoy muy agradecido ‗Presidente, le estoy muy agradecido‘ En este sentido, lo esperable sería que los vocativos rechazaran en todos los contextos la presencia de determinantes. Sin embargo, se encuentran una serie de situaciones en las que los nombres admiten cierta clase de determinación –principalmente, artículos definidos (vid §3.3.3.)–. Nos referimos a los casos que veíamos en §2.1.2. y §2.2.1. y que se recogen de nuevo en (131) 125 : (131) a. El chico de la última fila, salga al estrado. Español b. Alo, domnul! Rumano Hola, señor-voc-el ‗¡Hola, señor!‘ c.*(Les) copains, venez ici Francés Los compañerosVOC, venid aquí ‗Compañeros, venid aquí‘ d. The first one in line, I‘ll give you Inglés El primero uno en línea, yo-marcafuturo daré teDAT my orders mis órdenes ‗El primero de la fila, te voy a dar mis pedidos‘ 125 Los ejemplos de (131) han sido tomados de: Croitor y Hill (2013: 809: (131b)), de D‘hulst, Coene, y Tasmowski (2007: 203: (131c)), Hill (2013b: 68: (131d)), Schaden (2005: 180: (131e)) y Longobardi (1994: 626: (131f)). 137 e. Küss‘ die Hand die Damen, guten Abend die Herren, Alemán Besen la mano las señorasVOC buenas noches los señoresVOC grüß‘ Euch die Madln, servas die Buam! salud vosotras las chicasVOC hola los chicosVOC ‗Les beso la mano, señoras; buenas noches, señores; un saludo, chicas; hola, chicos‘ f. Quei ragazzi, venite qui! Toscano Aquellos chicosvoc, venid aquí ‗Chicos, venid aquí‘ Las cuestiones que surgen a raíz de ejemplos como los de (131) son básicamente dos: (1) cómo se justifica la presencia del determinante en estas construcciones y (2) qué rasgos aporta. En el caso del español, su empleo parece estar restringido a los contextos en los que adquiere un valor discriminativo. Para ilustrar esta afirmación, tómese de nuevo (131a). Imagínese una situación en la que un profesor entra en una clase compuesta por 25 niños y una niña. Si el maestro le pidiera a esta última que saliera al estrado, no tendría sentido que empleara la construcción con artículo: solo habría un destinatario potencial, chica, que cumpliría con las condiciones de ser mujer, por lo que no sería necesario diferenciarla de otros interlocutores potenciales. En consecuencia, una forma como la de (132a) o, incluso, como la de (132b) no tendría sentido en este contexto, con lo que dejaría al profesor la única opción de llamar la atención de la alumna mediante una construcción semejante a la de (132c), en la que se dirige a ella directamente: (132) a. ? La chica de la última fila, salga al estrado. b. *Chica de la última fila, salga al estrado 126 . c. {María/Señorita}, salga al estrado 127 126 Esta construcción resulta anómala porque el nombre común con función vocativa no admite ningún tipo de complemento o modificador a menos de que se inserte dentro de una estructura con lectura contrastiva o discriminativa (vid §3.2.). 127 Nótese que el empleo del sustantivo chica también resultaría extraño en este contexto: ? Chica, salga al estrado. La razón de esta anomalía podría deberse no tanto al hecho de que las propiedades del sustantivo 138 Por el contrario, si el profesor quisiera que uno de los 25 niños saliera a la pizarra, necesitaría caracterizarlo de alguna forma para poder distinguirlo de los 24 restantes con los que comparte una serie de propiedades (e.g. ser joven, varón y formar parte de la misma clase). El mecanismo lingüístico del que se sirve el profesor es el empleo del artículo determinado, el, con el que destaca una cualidad del interlocutor que permite diferenciarlo de los demás (en este caso, estar sentado en la última fila). Por tanto, la presencia de los determinantes en construcciones vocativas solo estará legitimada en aquellos contextos en los que pueda dotar a la expresión de una lectura contrastiva. Se explica, así, que su uso esté restringido a los casos en los que desempeña funciones apelativas 128 : (133) a. El chico de la última fila, salga al estrado. b. ? Salga, el chico de la última fila, al estrado. c. *Salga al estrado, el chico de la última fila. Si esta hipótesis es cierta, el artículo funcionaría en estos casos como lo hace cuando acompaña a los nombres propios. En ellos, su «referencia se limit[a] a un aspecto, perspectiva, cualidad o momento del ser designado» (Lapesa, 1996: 121): (134) a. El Juan del 3ºB (no el del 3ºA) es un pesado. b. El chico del 3ºB (no el del 3ºA), venga aquí ahora mismo. En (134a) se observa que el artículo determinado el restringe, en cierta manera, la referencia del nombre propio Juan, pues especifica una cualidad del mismo (vivir en el 3ºB). Esta propiedad lo diferencia de otros posibles individuos con los que comparte una serie de propiedades (e.g. tener el mismo nombre o vivir en el mismo edificio). Una explicación similar se podría aplicar a (134b): el uso del artículo definido permite resaltar una cualidad del interlocutor (habitar en el piso 3ºB) que lo distingue de otros chica impidan que pueda aparecer como núcleo vocativo (Chica, tienes que hablar más alto), sino más bien a los rasgos i-p que implica: se emplea en una situación de confianza, generalmente entre personas jóvenes (Diccionario de la Lengua Española: DLE). En este sentido, se produciría un ‗choque‘ entre las propiedades i-p del sustantivo chica y las de la desinencia verbal del predicado salir (salga), que se combina con expresiones que denotan ‗lejanía‘ (e.g. usted o señorita). Obsérvese, además, que chica ha perdido su significado inicial de ‗mujer joven‘ para emplearse simplemente como una ‗fórmula vocativa‘; es decir, se ha gramaticalizado: Chica, qué pesada estás; No sé, chica. Estas y otras construcciones semejantes serán presentadas en la próxima sección (vid §3.1.3.). 128 Parece que esta restricción no alcanza al tipo de nombre empleado. Así se encuentran en estas construcciones la misma clase de sustantivos que en las secciones anteriores se ha señalado que pueden funcionar como núcleos vocativos (vid §3.1.2.): El {chico/joven/señor/doctor/padre} de la tercera fila (y no el de la primera), levántese. 139 destinatarios posibles con los que tiene en común una serie de características (e.g. ser jóvenes, varones y residir en el mismo bloque de pisos). Por lo tanto, la presencia del artículo en las construcciones vocativas se legitima de manera semejante a como lo hace cuando aparece con los nombres propios (vid §3.3.3.) Una solución análoga se podría dar a los casos de lenguas como el alemán (135a) y el inglés (135b), en los que se emplea el artículo definido, pero también a dialectos como el toscano (135c) que hacen uso del demostrativo 129 : (135) a. Küss‘ die Hand die Damen, guten Abend die Herren, Alemán Besen la mano las señorasVOC buenas noches los señoresVOC grüß‘ Euch die Madln, servas die Buam! salud vosotras las chicasVOC hola los chicosVOC ‗Les beso la mano, señoras; buenas noches, señores; un saludo, chicas; hola, chicos‘ b. The first one in line, Inglés El primer uno en filaVOC (no el último) I‘ll give you my orders yo-daré teDAT mis órdenes ‗El primero de la fila, te voy a dar mis pedidos‘ c. Quei ragazzi, venite qui! Toscano Aquellos chicosvoc(no estos chicos), venid aquí ‗Chicos, venid aquí‘ Mención aparte merece el empleo del artículo definido en lenguas como el francés, donde se encuentran contrastes del tipo: (*Le) copain, viens ici (129b) vs *(Les) copains, venez ici (131c). De acuerdo con autores como D‘hulst et al. (2007), Cabredo- Hofherr (2009) o Stavrou (2014), la presencia/ausencia del artículo en estos ejemplos se 129 Ejemplos tomados de Schaden (2005: 180: (135a)), Hill (2013b: 68: (135b)) y Longobardi (1994: 626: (135c)). 140 debe a razones de tipo pragmático: su presencia no vincula al destinatario o destinatarios –en este caso, los compañeros o amigos– con el hablante, mientras que su ausencia sí lo hace (D‘hulst et al, 2007: 203 y ss.). Dicho de otra manera, si se retoma el ejemplo de (129b), se observa que la expresión vocativa copain (‗compañero‘) se asocia con la persona con la que el hablante comparte una amistad. En este sentido, copain se podría entender como una variante de la forma con posesivo mon copain (‗mi amigo/compañero‘) 130 . Por el contrario, en (131c) se obtiene la lectura opuesta: los compañeros o copains no lo son en ningún caso del hablante (D‘hulst et al, 2007: 208). En consecuencia, la presencia/ausencia del artículo en lenguas como el francés está determinada por el tipo de relación que hay entre hablante y oyente, es decir, por sus propiedades i-p. Esto último corroboraría que los rasgos pragmáticos de estas construcciones conllevan operaciones sintácticas (vid §2.1.1.). En este punto se podría añadir que la flexión de número también es sensible en francés a las propiedades i-p. Se utilizará el singular y el nombre aparecerá sin determinación si se quiere vincular el interlocutor con el locutor, pero se hará uso del plural y del artículo si lo que se quiere mostrar es que el destinatario al que refiere la expresión vocativa no se asocia con el hablante. No obstante, esta relación no es sistemática: se encuentran casos en los que el empleo del artículo se extiende al singular (e.g. Le garçon, Jean est arrivé 131 : lit. ‗El chico, Juan ha llegado‘; Moro, 2003: 256) o en los que la expresión vocativa aparece en plural y sin artículo (e.g. Amis, dit-il, partons tout de suit: lit. ‗Amigos, dijo, salgamos ahora mismo‘; D‘hulst et al: 2007: 208), tal como ponen de manifiesto Moro (2003: 256), Schaden (2005: 179), D‘hulst (2007: 208) o Stavrou (2014: 331), entre otros. Por consiguiente, la flexión de número no está necesariamente vinculada en las construcciones vocativas con el tipo de relación que exista entre hablante y oyente, esto es, con sus rasgos i-p. Una explicación similar sobre la presencia/ausencia del artículo en francés se utiliza para justificar su presencia/ausencia en rumano, tal como ponen de manifiesto 130 A esta misma conclusión llega Stavrou (2014): «In this sense, (60b) is interpreted in parallel with the same sequence of words further containing the possessive pronoun in front of the vocative noun (mesamis…)» (Stavrou, 2014: 331). Las expresiones con posesivos serán estudiadas en §3.2.2.1.1. 131 Moro (2003: 256) señala que algunos hablantes aceptan este uso. 141 autores como Hill (2013a, 2013b), Croitor y Hill (2013) o Corr (2016). De acuerdo con estos trabajos, en rumano existen tres formas distintas de indicar que los sustantivos desempeñan una función vocativa: (1) Mediante el uso de un artículo definido enclítico: băiatu (lit. ‗chicoVOC-el‘). (2) Mediante el empleo de un sustantivo sin ninguna marca: (măi) băiat: ‗partVOC. chicoVOC‘ (3) Mediante la posibilidad de añadir la terminación de caso vocativo a la raíz (băiete: lit. ‗chico-voc‘) o mediante la combinación de caso vocativo y artículo definido ((măi)băiatule: lit. ‗partVOC.chico-el-voc) (Hill, 2013b: 81; mi traducción). La alternancia entre las tres formas no es libre sino que está pragmáticamente determinada (Hill, 2013b: 82). Esto es justamente lo que ocurre con las construcciones vocativas con y sin artículo. La ausencia de artículo definido o marca de caso en sustantivos como mama (‗mamá‘) vincula al destinatario necesariamente con el hablante, mientras que la variante con artículo ofrece la lectura contraria: la ‗madre es de alguien más‘ (Hill, 2013b: 82). Por consiguiente, el rumano vuelve a poner de manifiesto que las propiedades i-p de los vocativos conllevan operaciones sintácticas. En resumen, los nombres vocativos adquieren una serie de propiedades que permiten distinguirlos de los sustantivos que desempeñan funciones argumentales como ocurría con los nombres propios (vid §3.1.2.1.). Se ha observado que los nombres comunes se vinculan con rasgos de segunda persona y no admiten determinación, si bien mantienen sus propiedades referenciales y específicas. No obstante, se han encontrado algunas excepciones a este respecto en distintas lenguas y dialectos; en ellas se localizan ejemplos de estructuras vocativas encabezadas por determinantes. Estas se explican, en unos casos, como resultado de los rasgos i-p que poseen y que conllevan operaciones de tipo sintáctico (e.g. la presencia/ausencia de determinación en lenguas como el francés y el rumano). En otras lenguas (español, alemán, inglés) y dialectos (toscano), el empleo del determinante se justifica por el valor discriminativo que aporta a la construcción: resalta alguna cualidad o aspecto del interlocutor y permite diferenciarlo de otros destinatarios potenciales. En consecuencia, queda demostrado que la utilización de los determinantes en expresiones vocativas no es libre sino que está restringida atendiendo a tres factores: el contexto (discriminativo o 142 contrastivo), la posición que ocupan (inicial) y la función que desempeñan (solo apelativa). El siguiente apartado se ocupa de examinar las propiedades que poseen los adjetivos cuando desempeñan funciones vocativas. 3.1.3. Adjetivos Los adjetivos, definidos como la «clase de palabras que modifica al sustantivo o se predica de él aportando muy variados significados» (RAE/ASALE, 2009: §13.1a), poseen ‗propiedades especiales‘ cuando actúan como vocativos. En primer lugar y al igual que los sustantivos, presentan ciertas restricciones de tipo semántico. De esta manera, adjetivos calificativos como pequeño pueden ser núcleos de estas construcciones, mientras que expresiones elativas como estupendo quedan excluidas de ellas: (136) a. Pequeño, ¿qué estás haciendo aquí? b. *Estupendo, ¿qué estás haciendo aquí? La pregunta que surge entonces es qué rasgos tienen adjetivos como pequeño (136a) frente a estupendo (136b) que permiten que funcionen como vocativos. Parece que estos rasgos están relacionados con su significado: denotan características o propiedades que se asocian con clases de personas 132 . En este sentido, pequeño pasa de predicarse de un sustantivo del que expresa una cualidad (niños pequeños: ‗niños de corta edad‘) a que esta cualidad sea considerada como distinguidora de un conjunto o clase de individuos (los pequeños); por el contrario, estupendo no tiene esa posibilidad: (137) a. Los pequeños son muy traviesos. b. *Los estupendos son perseverantes. 132 No debe olvidarse que estas construcciones se relacionan con un individuo, el destinatario, que forma parte del acto comunicativo. De esta manera, se justifica que deban vincularse con propiedades personales. 143 Este cambio de significado conlleva un cambio en la categoría de la palabra: un adjetivo que se convierte en un sustantivo 133 . Prueba de ello es que estas construcciones no admiten grado (e.g. *Muy pequeño, ayúdame) pero sí pueden aparecer con determinantes (e.g. El americano (no el francés), venga aquí por favor) o modificados por adjetivos y Sintagmas Preposicionales (en adelante, SSPP: El joven alto del fondo, salga al estrado) en contextos contrastivos. Esta recategorización no es única del español sino que se da de manera generalizada en otras lenguas 134 : (138) a. Deșteapto! Rumano ListoVOC ‗¡Listo!‘ b. Traz- me um copo de água, preguiçoso! Portugués Trae- me un vaso de agua, perezosoVOC ‗¡Tráeme un vaso de agua, perezoso!‘ Si bien no está claro por qué unos adjetivos son más proclives a recategorizarse en sustantivos (un preso: Bosque, 1999: § 1.7.3.2.) que otros (*un salvaje: Bosque, 1999: § 1.7.3.2.), lo que sí se sabe es que los que lo hacen suelen ser palabras que «caracterizan a los seres humanos por el hecho de pertenecer a grupos reconocibles por alguna propiedad diferenciadora que la comunidad perciba como relevante» (Bosque, 1999: § 1.7.3.2.). En este sentido, los adjetivos que desempeñan funciones vocativas serán aquellos que «design[e]n propiedades de los individuos lo suficientemente relevantes como para caracterizar grupos humanos reconocibles más fácilmente» (Bosque, 1999: § 1.7.3.2.). Teniendo todo ello en cuenta, las clases más comunes de adjetivos sustantivados que actúan como vocativos son, de acuerdo con la clasificación recogida por Bosque (1999: § 1.7.3.2.), las siguientes. Como se ve en los ejemplos que se adjuntan, todos ellos pueden ser utilizados como vocativos 135 : 133 A esta misma conclusión llega Hill (2013b): «Adjectives occur as vocatives by themselves, when they are nominalized» (Hill, 2013b: 42). 134 Ejemplos tomados de Croitor y Hill (2013: 809) y Carvalho (2013: 55), respectivamente. 135 Obsérvese que algunas de estas clases de adjetivos sustantivados (chico, viejo, español) ya han sido consideradas previamente como nombres comunes (vid §3.1.2.). Esto implica que el procedimiento de recategorización de tales adjetivos en sustantivos está bastante extendido. 144 (1) Adjetivos que designan defectos físicos (ciego, sordo): ¿Me escuchas, sordo? (2) Adjetivos con rasgos propios del carácter o comportamiento de las personas (valiente, pesado, desgraciado, cobarde): Cobarde, recibirás tu castigo. (3) Adjetivos que designan actividades u ocupaciones (escritor): Escritor, acérquese, por favor. (4) Adjetivos que designan características geográficas, étnicas, políticas y religiosas: Español, ¿a qué esperas para irte? (5) Adjetivos que denotan edad (joven, viejo, pequeño): Joven, es el momento de que decida de qué lado está. (6) Adjetivos vinculados con la vecindad o la proximidad (vecino): Vecino, no esperaba encontrarte aquí. (7) Adjetivos que designan características físicas (guapo, negro, blanco, moreno): Y lo que te rondaré, morena. Estos adjetivos sustantivados se caracterizan por tener apariencia de terceras personas cuando, en realidad, se interpretan como segundas, tal como ocurría con los sustantivos (vid §3.1.2.). Prueba de ello es que equivalen, sin excepción, al pronombre tú y sus variantes: (139) a. ¡Déjame en paz, desgraciado! (desgraciado = ‗tú‘) b. ¿Me escuchas, sorda? (sorda = ‗tú‘) c. Escritores, acérquense por favor (Escritores = ‗vosotros‘) Por otro lado, al igual que los sustantivos con función vocativa, los adjetivos sustantivados no admiten determinación –salvo que se inserten dentro de construcciones contrastivas: vid §3.1.2.2.–, aunque no por ello la expresión deja de ser referencial y específica. Esta particularidad los acerca a los nombres propios, tal como veremos en §3.2. y §3.3.: (139‘) a. ¡Déjame en paz, (*el) desgraciado! b. ¿Me escuchas, (*la) sorda? c. (*Los) escritores, acérquense por favor. 145 En cuanto a su distribución en la oración, los ejemplos mostrados en esta sección ponen de manifiesto que pueden aparecer en posición inicial (140a), media (140b) o final (140c), propiedad que los acerca a los nombres comunes y que comparten con los nombres propios, pero no con los pronombres: (140) a. Joven, sígame. b. No esperaba, vecino, encontrarte aquí. c. Y lo que te rondaré, morena. Finalmente, es importante señalar que algunos de estos adjetivos sustantivados en ciertos contextos han acabado perdiendo su significado originario para emplearse únicamente como formas vocativas, las cuales experimentan flexión de género y número: (141) a. Guapo, ¿cómo estás? b. Ya era hora de que llegarais, guapas. c. No sé, chica. d. Chico, ¿qué quieres que te diga? Obsérvese que en (141) estos adjetivos han dejado de designar a ‗personas agraciadas físicamente‘ o a ‗personas de corta edad‘ para utilizarse simplemente con valor afectivo (141a) o con tono de reproche (141b-d). En esta línea se sitúa la Academia, la cual señala en su diccionario que, cuando se usa guapo/-a con sentido vocativo en una expresión coloquial, se encuentra «vacío de significado, [y se emplea] como expresión de cariño, a veces con retintín o con tono de irritación: Cállate un poquito, guapo» (DLE 136 ). Casos semejantes de gramaticalización en otras lenguas son mate (Hey, mate, what’s up?: ‗Hey, amigo, ¿qué pasa?‘), cuyas particularidades en australiano han sido estudiadas por Rendle-Short (2009), o man (Man, what are you doing here?: ‗Tío, ¿qué estás haciendo aquí?‘), analizado recientemente por McCready (2006). Por su parte, en portugués se encuentran construcciones totalmente gramaticalizadas y reanalizadas 136 Definición obtenida del Diccionario de la Lengua Española (DLE) en línea. 146 como marcadores o partículas vocativas. De acuerdo con Carvalho (2013), este es el caso de la construcción portuguesa pá, proveniente de rapaz (‗chico, tío‘) 137 : (142) Onde é que vocês vão, pá? Dónde es que vosotros vais, viejos ‗¿Adónde vais, viejos 138 ?‘ (Carvalho, 2013: 54). En resumen, a lo largo de esta sección se han estudiado las propiedades que poseen los adjetivos cuando aparecen en construcciones vocativas. Tras el análisis del tipo de adjetivos que pueden desempeñar tal función, se ha mostrado que estas piezas léxicas sufren un proceso de recategorización. Así, pasan de designar ‗cualidades de un individuo‘ a que estas propiedades sean consideradas lo suficientemente relevantes por una comunidad como para que conformen un grupo o clase independiente (e.g. personas jóvenes > los jóvenes) (Bosque, 1999: § 1.7.3.2.). Por otro lado, se ha observado que estos adjetivos sustantivados presentan rasgos de segunda persona y, además, no admiten determinación a menos de que se inserten en construcciones contrastivas. Esto último contrasta con el hecho de que se interpreten como expresiones referenciales, propiedad que los acerca a los nombres propios y que comparten con los comunes. Finalmente, y al igual que los sustantivos, tienen libertad posicional, por lo que pueden ser interpretados como llamadas o calls pero también pueden adquirir un valor fático o addressees. Un grupo especial de adjetivos recategorizados en sustantivos es el de los nombres de cualidad o insultos. En la siguiente sección se explican brevemente algunas de sus características principales. 3.1.3.1. Insultos A este grupo pertenece una serie de palabras (e.g. idiota, cabrón o imbécil) que han sido denominadas por la bibliografía (Ruwet –1972– y Milner –1978–) como 137 En español se encuentran formas similares como opá, omá, payo, tío, colega, etc. 138 En este caso, el adjetivo sustantivado viejos conforma la clase los viejos equivalente a la clase padres en el habla coloquial. 147 nombres de cualidad o insultos. Estudiados principalmente por investigadores francófonos (Cislaru, 2012; Ducard; 2012; Mellet y Sitri, 2012) 139 , se definen como «nominalizaciones que atribuyen a la persona interpelada (…) un valor referencial que lo convierte en un caso de un individuo ejemplar de la clase especie de» (Ducard, 2012: 29; mi traducción). De esta manera se explica que aparezcan en construcciones del tipo {especie/pedazo} de N (143) o en expresiones aisladas (¡N!: (144)), tal como ponen de relieve Bosque (1996a: 64) o Milner (1978: 182) entre otros 140 : (143) a. ¡{Especie/Pedazo} de imbécil! b. ¡{Especie/Pedazo} de idiota! (144) a. ¡Idiota! b. ¡Imbécil! Cuando desempeñan funciones vocativas, actúan como los adjetivos sustantivados o los propios nombres: adquieren rasgos de segunda persona (145a), no admiten modificadores (145b), salvo que se inserten en construcciones contrastivas (145c), y obtienen propiedades referenciales a pesar de no poder ir acompañados por determinantes (Milner, 1978: 180). Esto último los acerca a los nombres propios, cuestión que exploraremos en secciones siguientes (vid §3.2., §3.3. y §3.4.2.2.4.). Además, presentan libertad posicional, por lo que pueden desempeñar funciones tanto apelativas (146a) como fáticas (146b-c): (145) a. Idiota, ¿qué estás mirando? (idiota = ‗tú‘) b. *El idiota de doctor, ¿qué haces? c. El idiota ese, ¿quieres dejarme en paz? (146) a. Canalla, dime qué es lo que pretendes. b. Dime, canalla, qué es lo que pretendes. c. Dime qué es lo que pretendes, canalla. 139 En español, son muchos los autores que se han detenido en su análisis, ya sea en momentos históricos concretos como el Siglo de Oro (Alonso Hernández, 1977; Usunáriz, 2016, 2017; Ricós Vidal, 2013; Tabernero, 2010, 2016; Herrero Ruiz de Loizaga, 2013), mediante diccionarios (Martín Martín, 1974; Carbonell Basset, 1992; Celdrán Gomariz, 2008; Luque et al., 2000) o, por ejemplo, en obras independientes (Beinhauer, 1963, 1973; Criado de Val, 1985; Palomino, 1988; Arango, 1990; Esteban, 2003). 140 Se combinan, además, con so (so imbécil, so idiota), tal como se mostrará en §3.2.2. 148 No obstante, Milner (1978: 180) señala que, en algunas ocasiones, estos insultos con ‗función vocativa‘ admiten modificadores (concretamente, determinantes y complementos) y mantienen su interpretación como terceras personas, tal como se muestra en los ejemplos de (147): (147) a. Canaille de médecin! (Canaille = ‗il‘ –esp.‗él‘–) Canalla de médico ‗¡Canalla de médico!‘ b. Cette canaille de médecin! (Canaille = ‗elle‘ –esp. ‗ella‘–) Esta canalla de médico ‗¡Esta canalla de médico!‘ c. La canaille! (Canaille = ‗elle‘ –esp. ‗ella‘–) La canalla ‗¡Canalla!‘ d. Cette canaille! (Canaille = ‗elle‘ –esp.‗ella‘–) Esta canalla ‗¡Canalla!‘ (Milner, 1978: 180-181). Sin embargo, las construcciones de (147) son falsos contraejemplos ya que, en realidad, estos nombres de cualidad no se interpretan como vocativos sino como exclamaciones. Por ejemplo, imagínese una situación en la que un paciente ha tenido problemas con su traumatólogo porque ha pospuesto su operación de cadera por ‗razones personales‘. El paciente, enfadado, muestra su indignación emitiendo un acto de habla del tipo ¡Canalla de médico! Con él no busca llamar la atención del médico mediante una propiedad con la que este se pueda sentir identificado (¡Canalla de médico, ven aquí!), sino expresar un sentimiento, una emoción (¡Menudo canalla de médico (que) es! Estoy indignado). En consecuencia, la presencia o ausencia del médico no es relevante en estos casos, cuestión necesaria en los contextos en los que las 149 construcciones son vocativas 141 . De ser esto último cierto, se justifica que construcciones como las de (147) puedan ser equivalentes a terceras personas porque, en verdad, no están desempeñando funciones vocativas: son exclamaciones (vid §2.1.4.2.). Una explicación similar podría aplicarse a estructuras como ¡Ah, el botarate! Así hablaba en nuestra ausencia (Nieva, Teatro completo, vol. 2, p. 1199 apud Alonso Cortés, 1999b: 60), consideradas por algunos autores como vocativos (e.g. Alonso Cortés, 1999b: 60). En ellas, al igual que en las de (147), el SD el botarate no se interpreta como un vocativo sino como una exclamación. Una prueba a favor de ello es la partícula que lo acompaña, ah. Esta se emplea en tales casos para ‗denotar pena, admiración, sorpresa o sentimientos similares‘ (DLE), pero no con valor apelativo como sí hacen eh o (h)ey. Otros casos semejantes serán presentados en el próximo capítulo (vid §4.7.2.). En conclusión, a lo largo de esta sección se ha analizado el comportamiento de los insultos o nombres de cualidad cuando aparecen como núcleos de construcciones vocativas. Estas expresiones, al igual que los adjetivos, son resultado de un proceso de recategorización, por el cual dejan de interpretarse como adjetivos para constituir la clase o grupo de los nombres de cualidad. En estos contextos, adquieren rasgos deícticos de segunda persona y propiedades referenciales, como demuestra el hecho de que no admitan determinación salvo si esta tiene valor discriminativo. Finalmente, se ha mostrado que, cuando son equivalentes a terceras personas, dejan de funcionar como vocativos para hacerlo como exclamaciones. Una vez que han sido estudiadas las propiedades de los insultos, en la siguiente sección se exploran los rasgos deícticos e i-p que poseen los vocativos. 3.1.4. Rasgos En el transcurso de las secciones precedentes, se ha observado que los vocativos cuentan con dos rasgos distintivos: propiedades deícticas, concretamente de segunda 141 Solo existe una excepción a este respecto: cuando el oyente es virtual. Las propiedades de estas construcciones serán exploradas en §3.1.4.1. 150 persona, y características pragmáticas o inter-personales (i-p). Las siguientes secciones examinan cada uno de ellos. 3.1.4.1. Deícticos de segunda persona A lo largo de las secciones previas se ha señalado que los vocativos poseen rasgos deícticos de segunda persona. Prueba de ello es que, en último término, todas las expresiones vocativas –sean de la naturaleza que sean– equivalen a los pronombres tú y sus variantes (Hill, 2007, 2013a, 2013b; Stavrou, 2007, 2014; Espinal, 2013; entre otros): (148) a. Tú, deja en paz a tu hermana. Pronombre b. María, pon los platos en (María = ‗tú) Nombre Propio su sitio. c. Niña, vístete que es tarde. (Niña = ‗tú) Nombre Común d. Bonita, no hagas nada hasta (Bonita = ‗tú) Adj 142 sustantivado vuelva, ¿vale? En este sentido, lo primero que habría que determinar es qué se entiende por deixis. De acuerdo con Eguren, este concepto se define de la siguiente forma: La deixis es un tipo de vínculo referencial entre ciertas unidades o expresiones lingüísticas y aquello que representan en el mundo o en el universo del discurso, por medio del cual se identifican ‗individuos‘ en relación con las variables básicas de todo acto comunicativo: el hablante, el interlocutor (o los interlocutores) y el momento y el lugar en el que se emite un enunciado (Eguren, 1999: §14.2.1.1.). Con esta definición Eguren pone de relieve la estrecha relación existente entre los conceptos de referencia y deixis, sobre todo si se tiene en cuenta que el primero incluye al segundo (Eguren, 1999: §14.2.1.1.). Así se explica que todo elemento deíctico sea necesariamente referencial, pero que un elemento referencial no tenga por qué ser deíctico. Por ejemplo, los nombres propios son expresiones referenciales pero no deícticas, mientras que los demostrativos son elementos deícticos y, por ende, referenciales. 142 Adj = Adjetivo. 151 Teniendo en cuenta esta distinción, la bibliografía habla de dos tipos de expresiones referenciales: las deícticas (yo, tú, ahora, aquí, ese niño) y las no deícticas (nombres propios y sintagmas como la casa, en París, en 1975 143 ) (Eguren, 1999: §14.2.1.1.). Entre las primeras, se diferencian tres clases 144 : (1) La deixis personal: pronombres personales (yo, tú), posesivos (mío, tuyo), y flexión verbal. (2) La deixis locativa o espacial: demostrativos (este, ese, aquel) 145 y adverbios de lugar (aquí, ahí, allí). (3) La deixis temporal: adverbios de tiempo (ayer, hoy, mañana, ahora). (Eguren, 1999: §14.2.2.1.). De acuerdo con esta clasificación, los vocativos formarían parte de la deixis personal, ya que poseen rasgos de segunda persona como resultado de su vinculación con uno de los participantes del discurso: el interlocutor. Por consiguiente, las propiedades deícticas de segunda persona juegan un papel fundamental para poder identificar los vocativos como tales 146 . No obstante, ser deíctico no es un rasgo común a todas las categorías gramaticales que pueden funcionar como vocativos: es una propiedad de los vocativos inherente para unas categorías (i.e. pronombres personales) y compatible con las características de otras (i.e. expresiones no deícticas: nombres propios, nombres comunes y adjetivos sustantivados). Como consecuencia de todo ello, se puede 143 Ejemplos tomados de Eguren (1999: §14.2.1.1.). 144 En esta clasificación se ha introducido un pequeño cambio con respecto a la propuesta de Eguren. Este autor incluye los demostrativos entre los deícticos personales, mientras que en esta investigación se considerará que estos forman parte de los deícticos locativos o espaciales por las razones que se explican en la nota siguiente. 145 Los demostrativos se asocian tradicionalmente con la deixis espacial, ya que identifican y sitúan al referente en función de las «coordenadas espacio-temporales del acto comunicativo» (Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.). En este sentido, se establece una vinculación entre los demostrativos (este, ese, aquel) y los adverbios locativos (aquí, ahí, allí), ya que los demostrativos «además de identificar a sus referentes, añaden cierta información relacionada con el centro deíctico: sitúan algún elemento del contexto de la enunciación con respecto al lugar en el que se encuentra el hablante» (Eguren, 1999: §14.3.1.). Teniendo todo ello en cuenta, ambos deberían formar parte de la deixis espacial, con lo que nos alejamos de la propuesta de Eguren (1999: §14.2.2.1.), quien defiende que los demostrativos se incluirían dentro de la deixis personal. 146 A esta misma conclusión llegan múltiples autores: Fink (1972) Variel (1981), Moro (2003), Tsoulas y Alexiadou (2005), D‘hulst et al. (2007), Carvalho (2000, 2010, 2013), Hill (2007, 2013a, 2013b), Haegeman (2014), Espinal (2013) o Stavrou (2014), entre otros. 152 establecer una jerarquía de las clases de palabras más proclives a obtener rasgos deícticos de segunda persona: (1) Pronombres personales de segunda persona (tú y sus variantes: vosotros, usted(es), vos). Contienen rasgos inherentemente deícticos de segunda persona, por lo que la bibliografía los considera las construcciones vocativas por excelencia (vid §3.1.1.). (2) Nombres propios. Sus propiedades definidas, que los vinculan con los pronombres o ‗nombres personales‘ (Bello, 1847; Tesinère, 1959; Moreno Cabrera, 1991: vid nota 103), e intrínsecamente referenciales los convierten en unos buenos candidatos para obtener una interpretación deíctica (vid §3.1.2.1. y §3.4.2.2.2.) 147 . (3) Nombres comunes y adjetivos sustantivados. En contextos vocativos, adquieren características referenciales a pesar de no admitir determinación –salvo que esta sea discriminativa–, propiedad que los acerca a los nombres propios (vid §3.1.2.2. y §3.3.). Este hecho permite su vinculación con una segunda persona a pesar de tener apariencia de tercera, cuestión que será retomada en secciones siguientes (vid §4.3. y §4.4.2.2.3.). Por último, es importante hacer una aclaración relativa al tipo de deixis de los vocativos. En §2.1.1. se mostraba que pueden referir a interlocutores del mundo real pero también a interlocutores de mundos posibles. Nos referimos a aquellos contextos en los que el hablante puede dirigirse a un ser animado como Dios (e.g. ¡Dios mío, dame fuerzas!), a una musa (e.g. Calíope, concédeme el don de la elocuencia 148 ) o, por ejemplo, a un ser inanimado personificado como el sustantivo flores («Aprended, Flores, en mí / lo que va de ayer a hoy/que ayer maravilla fui/y hoy sombra mía aun no soy(...)»: Góngora, «Aprended, Flores, en mí»: Letrillas, 1621). En todos estos casos, se observa una particularidad: el oyente no puede estar presente en la situación comunicativa (no pertenece al mundo real), por lo que algunos autores no han dudado en tildarlo de oyente virtual (Cabrillana Leal, 2009: 126). En este sentido, no se puede producir un intercambio en los papeles de los participantes del 147 Una idea similar defienden en sus investigaciones Stavrou (2009, 2014), Hill (2013a, 2013b) o Espinal (2013), entre otros. 148 Se excluyen de este grupo construcciones del tipo ¡Oh, musa mía, qué será de mí sin ti!, ya que musa mía funciona como una exclamación, no como una expresión vocativa (vid §2.1.4.2. y §4.7.2.). 153 discurso, ya que el interlocutor no se puede convertir en locutor. Por ello, este tipo de expresiones vocativas son frecuentes en monólogos y soliloquios, pero no son posibles en diálogos, tal como señalan, entre otros, Cabrillana Leal (2009: 126). La pregunta que surge es si las condiciones para la buena formación de los vocativos presentadas en el capítulo 2 (i.e. rasgos propios y diferenciadores, cumplimiento del tipo de relación entre hablante y oyente, referencialidad y especificidad: vid §2.1.1.) sufren algún tipo de modificación en los casos en los que el destinatario no forma parte del mundo real. A este respecto convendría traer a colación la propuesta de Bühler (1934) sobre las clases de deixis, la cual ha tenido gran repercusión entre los investigadores. Este autor propone diferenciar tres tipos de deixis: deixis ad oculos, deixis anafórica y deixis am Phantasma o deixis de la fantasía. La deixis ad oculos muestra o indica ‗ante nuestros ojos‘ (campo (de)mostrativo 149 ) quién es el referente (Fernández Ramírez, 1987: §125/124.2.: 102). Esta propiedad la vincula con la deixis gestual, que lleva a cabo tal identificación «por medio de algún ademán realizado por el hablante en situaciones de interacción cara a cara» (Eguren, 1999: §14.2.1.2.): Tú (señalando con el dedo), ven aquí (haciendo un movimiento con la cabeza). En este sentido, se suele decir que su referencia se sitúa fuera del contexto (referencia exofórica –Kovacci, 1992– o efecto de atención convergente –Diessel, 2006–). Pertenecen a este grupo los pronombres de primera y segunda persona (yo, tú), los demostrativos (este, ese, aquel) así como los adverbios locativos (aquí, ahí, allí), entre otros. Por su parte, la deixis anafórica tiene lugar en el campo del contexto o campo sintáctico (Fernández Ramírez, 1987: §125/124.2.: 102), de manera que su referencia es endofórica (Kovacci, 1992). Forman parte de este grupo todos los elementos deícticos cuya referencia se obtiene como resultado de su vinculación con el contexto previo: Patria es un libro que muestra la realidad del terrorismo. Estoy segura de que este libro dará mucho de qué hablar. Finalmente, la deixis de la fantasía, anamnéstica o am Phantasma (Fernández Ramírez 1987, §125/124.2.: 102) designa o señala entidades no presentes en el acto comunicativo. En este sentido, se suele decir que tiene lugar en el campo de la 149 Fernández Ramírez (1987) emplea en su traducción el término demostrativo para referir a este campo, aunque señala que Julián Marías prefiere el uso de ‗campo mostrativo‘ (Fernández Ramírez 1987, §125/124.2: 102). 154 imaginación o de la memoria (‗oyentes virtuales‘: Cabrillana Leal, 2009: 126), por lo su presencia se restringe a monólogos y soliloquios. Este último tipo de deixis es la que se encuentra en las construcciones vocativas que estamos estudiando, en las que el destinatario (en los ejemplos anteriores, la musa, Dios, etc.) no pertenece al mundo real. Si se retoman las condiciones de buena formación de los vocativos –a saber: rasgos propios y diferenciadores, cumplimiento del tipo de relación entre hablante y oyente, referencialidad y especificidad– y se aplican a estos casos ocurriría lo siguiente. La primera condición establecía que el hablante debía referirse al destinatario mediante una serie de propiedades diferenciadoras. Sin embargo, en estos contextos la condición que se impone no es que el interpelado se reconozca como tal –cuestión poco probable si no existe en el mundo real y no está presente en el acto comunicativo–, sino que la persona que interpreta el enunciado admita esta posibilidad. Por ejemplo, si se recupera el caso del poeta es posible considerar que su interlocutor son las musas porque existe una vinculación entre ellos reconocida desde la Antigüedad Clásica. Por lo tanto, una primera condición que impondrán los elementos deícticos am Phantasma será que el destinatario virtual de estas estructuras pueda ser reconocido como tal por la persona que interpreta el enunciado. La segunda condición conllevaba que el hablante mantenía con el interpelado la relación que denota el nombre vocativo. Al tratarse de un oyente virtual, este vínculo se puede mantener (este sería el caso del poeta y la musa) o no (este sería el caso del poeta y las flores), de la misma manera que ocurría cuando el oyente pertenecía al mundo real (vid §2.1.1.). La tercera condición implicaba que los vocativos debían ser referenciales o de lo contrario nadie se daría por interpelado. Si bien esta condición se cumpliría, habría ciertas variaciones en cuanto al tipo de referencia de estas construcciones: se asociaría con una entidad virtual, presente en la memoria o en la imaginación, cuya deixis tendría lugar en el campo de la fantasía. En consecuencia, estas construcciones obtendrían un valor deíctico am Phantasma, que haría que se interpretaran como ‗segundas personas no reales‘. La cuarta y última condición establecía que los vocativos debían ser específicos; de otra manera cualquier individuo que compartiera propiedades con el destinatario 155 podría darse por interpelado. En el caso de los elementos deícticos am Phantasma que aparecen en las expresiones vocativas, se rechaza la presencia de determinantes indefinidos, lo que implica que no pueden tener rasgos inespecíficos:*Cualquier musa, concédeme el don de la elocuencia; *Algún Dios, dame fuerzas; *Aprended, unas Flores, en mí / lo que va de ayer a hoy. En consecuencia, la tercera condición se mantiene a pesar de que el oyente sea virtual. Por lo tanto, las condiciones de buena formación de los vocativos que aluden a destinatarios de otros mundos posibles podrían resumirse de la siguiente forma: (1) que el interlocutor sea un destinatario virtual; (2) que la persona que interpreta el enunciado lo admita como tal; (3) que su referencia virtual se asocie con la deixis am Phantasma; (4) que refiera a entidades específicas; (5) que el hablante mantenga o no el tipo de relación que indica la expresión vocativa con el oyente virtual, y (6) que no se produzca un intercambio en los papeles de los participantes del discurso. A lo largo de esta sección se ha examinado el concepto de deixis y se ha concluido que los vocativos forman parte de la deixis personal, ya que poseen rasgos de segunda persona como resultado de su vinculación con uno de los participantes del discurso: el interlocutor. En este sentido, se ha señalado que tal rasgo es intrínseco a unas categorías (i.e. los pronombres personales) y ‗adquirido‘ en otras (i.e. los nombres propios, los nombres comunes y los adjetivos sustantivados). Es decir, ser deíctico no es una propiedad de los elementos que pueden ser vocativos (e.g. Santi/Guapo/Niño, acércate) sino una propiedad que puede ser compatible con los rasgos de expresiones no deícticas. Con ello en mente, se ha establecido una jerarquía de las categorías más proclives a obtener rasgos deícticos de segunda persona: pronombres personales > nombres propios > nombres comunes y adjetivos sustantivados. Finalmente, se ha estudiado el caso concreto de los vocativos que refieren a oyentes virtuales. Se ha mostrado que estos forman parte de la deixis de la fantasía y que poseen ciertas diferencias con respecto a los oyentes reales en lo relativo a sus condiciones de buena formación (e.g. el oyente es virtual y no se pueden intercambiar los roles de los participantes del discurso). El siguiente epígrafe examina los rasgos inter-personales en las expresiones vocativas. 156 3.1.4.2. Inter-personales Con respecto a las propiedades inter-personales, Hill (2013b) defiende que deben ser entendidas como una amalgama de características pragmáticas ((in)formalidad, tipo de relación, etc.), de la misma manera que suponemos el rasgo [phi] como un conjunto de propiedades asociadas con la concordancia (número, persona, etc.) (Hill, 2013b: 57). En el caso de las categorías que pueden funcionar como vocativos, estos rasgos se vuelven fundamentales ya que reflejan el tipo de relación que el hablante mantiene con el oyente. Por ejemplo, si la relación es de cercanía, el hablante podrá emplear un pronombre de segunda persona como tú (149a), un nombre propio (149b), un nombre de parentesco (149c) o un nombre que denota edad (149d). Si se quiere señalar que esta relación, además de cercana, es afectiva, podría aparecer como vocativo un sustantivo que muestre trato íntimo (150a), un SD encabezado por un posesivo (150b), un adjetivo sustantivado (150c) o, por ejemplo, un diminutivo (150d): (149) a. Tú, ¿qué haces aquí? b. Raquel, ¿podrías ayudarme? c. Amiga, no sé qué puedo hacer. d. Niña, ¿qué te ha pasado estos días? (150) a. Cielo, pásame la sal. b. Mi niña, creo que deberías hacerme caso. c. Bonita, no merece la pena que te disgustes por esto. d. Chiquitina, déjalo que no merece la pena. Si, por el contrario, lo que se quiere dar a entender es que existe una relación de distancia o de respeto entre ambos, aparecerán construcciones con pronombres como usted (151a), patronímicos (151b), nombres de profesión (151c) o títulos (151d): (151) a. Usted, ¿le importaría venir un momento? b. López, acompáñeme al despacho. c. Doctor, no sabe qué alegría me acaba de dar. 157 d. Señor, ¿le puedo ayudar en algo? Pero podrían marcarse muchos otros matices. Por ejemplo, si el hablante está enfadado, hará uso de insultos (152a), pronombres personales que designen directamente al interlocutor (152b) o empleará su nombre completo (152c): (152) a. Imbécil, ¿quieres moverte de una vez? b. Tú, ven aquí ahora mismo. c. Clara Rodríguez Martínez, u ordenas tu habitación o estás castigada. Estos rasgos i-p también pueden influir en la elección de los complementos de las expresiones vocativas (vid 3.2.1.2.). Por ejemplo, es posible decir Tú, guapita, déjame en paz porque tú y guapita comparten un mismo rasgo i-p: muestran que existe cierto aire de irritación o enfado del hablante hacia el oyente. No obstante, si en vez de guapita el hablante se refiriera al oyente con formas cariñosas del tipo mi niña, princesa y otras semejantes, su empleo como complemento del pronombre tú resultaría extraño: ?? Tú, {mi niña/princesa}, déjame en paz. En este sentido, se produciría una discordancia entre las propiedades i-p que comportan los pronombres y las que poseen sus complementos, lo que implica que tú impone una serie de restricciones i-p sobre los complementos con los que se combina. Por tanto, se pone de manifiesto que las propiedades i-p influyen en la sintaxis. Finalmente, estos rasgos i-p pueden desencadenar otro tipo de operaciones sintácticas (vid § 2.1.1.). Por ejemplo, en lenguas como el francés influyen en la presencia/ausencia del artículo ((153): vid §3.1.2.2.), mientras que en otras como el rumano o el griego producen efectos de concordancia entre partículas y nombres vocativos ((154)-(155): Hill, 2013b: vid §2.1.1.) 150 : (153) a. (*Le) copain, viens ici Francés El niñoVOC , ven aquí ‗Niño, ven aquí‘ 150 Los ejemplos de (153)-(155) han sido adaptados de D‘hulst, Coene y Tasmowski (2007: 203: (153)) y extraídos de Hill (2013b: 53: (154) y (155)). 158 b. *(Les) copains, venez ici Los compañerosVOC, venid aquí ‗Compañeros, venid aquí‘ (154) a. Bre mamaie, te rog eu să mergi la doctor Rumano PartVOC abuelaVOC, te ruego yo part.SUBJ vayas al doctor ‗Abuela, por favor ve al médico‘ b. (măi) Radule . . . = informal PartVOC RaduVOC–el ‗Radu‘ c. Radu, . . . = formal RaduVOC ‗Radu‘ (155) a. Vre jaja, ti kanis eki? Griego PartVOC. abuelaVOC qué haces aquí ‗Abuela, ¿qué estás haciendo aquí?‘ No obstante, parece que los rasgos i-p no son solo pragmáticos sino que podrían estar codificados en la gramática. Esto explicaría que los nombres de relación (149c), por ejemplo, sean vocativos típicos porque la relación interpersonal está garantizada: hablante e interpelado asumen los roles de los argumentos del nombre relacional. En este sentido, pueden identificar inherentemente a una persona por el tipo de relación que mantiene con el hablante, tal como se muestra en (156): (156) Ana es la amiga de María y no sabe cómo solucionar el problema: «Amiga, no sé qué puedo hacer». De forma similar, los apelativos (e.g. cielo en (150a)) y los insultos (e.g. imbécil en (152a)) garantizan la relación interpersonal desde el momento en que el hablante asume la responsabilidad de la calificación de un sujeto con un determinado apelativo. 159 En consecuencia, es lícito suponer que las propiedades i-p no son exclusivamente pragmáticas: son también gramaticales. En resumen, a lo largo de esta sección se ha mostrado que las propiedades i-p son resultado de una amalgama de rasgos pragmáticos que pueden conllevar una serie de operaciones sintácticas. Por ejemplo, determinan el tipo de expresión vocativa empleada, imponen una serie de restricciones sobre los complementos con los que se combinan (e.g. ?? Tú, mi niña, déjame en paz), influyen en la presencia/ausencia de determinación o producen efectos de concordancia, entre otras cosas. Sin embargo, también se ha puesto de manifiesto que los rasgos i-p no son únicamente pragmáticos: están codificados en la gramática. De esta manera se explica que en construcciones vocativas aparezcan, por ejemplo, nombres relacionales o de parentesco que necesariamente implican dos roles: padre/madre-hijo, amigo-amiga, etc. 3.1.5. Recapitulación A lo largo de este apartado, se han mostrado que las clases de palabras que pueden desempeñar funciones vocativas son cuatro. En primer lugar, se encontrarían los pronombres personales de segunda persona (tú y sus variantes), expresiones vocativas por excelencia. En segundo lugar, se situarían los nombres propios, categorías intrínsecamente referenciales. Finalmente, estarían los nombres comunes y los adjetivos –siempre y cuando estén sustantivados–, así como los nombres de cualidad o insultos. Tras el análisis de cada una de estas construcciones, se ha llegado a la conclusión de que los rasgos que poseen los vocativos son básicamente dos: propiedades deícticas de segunda persona –ya sea virtual o real– y características i-p (no son solo pragmáticas sino también gramaticales). En el siguiente apartado se examinan las construcciones que pueden aparecer como modificadores y complementos de los núcleos vocativos. 160 3.2. Modificadores y complementos de los núcleos vocativos El objetivo de este apartado es determinar las clases de palabras y construcciones que pueden actuar como modificadores o como complementos de los núcleos vocativos (i.e. pronombres, nombres propios, nombres comunes y adjetivos sustantivados: vid §3.1.). Para ello, el apartado se divide en dos secciones: una dedicada a los complementos (§3.2.1.) y otra a los modificadores (§3.2.2.). Comenzaremos con los primeros. 3.2.1. Complementos Los complementos que modifican a los vocativos y que, por ende, convierten la estructura en plurimembre (vid §2.1.4.2.), se pueden clasificar en dos grupos: complementos restrictivos y complementos no restrictivos. 3.2.1.1. Complementos restrictivos Los complementos restrictivos son aquellos que, como su propio nombre indica, se emplean para restringir o delimitar la referencia del núcleo vocativo, la cual se asocia con el destinatario del acto de habla. Entre las estructuras que pueden funcionar como complementos restrictivos, se encuentran, según diversos autores (Zwicky, 1974; Alonso Cortés, 1999a; 1999b; Brandimonte, 2010), las siguientes: adjetivos (157a), sintagmas preposicionales (en adelante, SSPP (157b)), demostrativos (157c) y oraciones de relativo restrictivas o especificativas (157d): (157) a. A ver, ese joven alto, ¿quiere atender? b. Mi niña de perfecta sonrisa, en esa pregunta se esconde la respuesta (España, CORPES, Álvarez, 2009). c. El morenito ese alto, por favor vete de clase (entrevista 1, hombre) 151 . 151 La presencia del demostrativo en construcciones vocativas supondría una prueba a favor de que, en estos casos, la expresión puede adquirir un valor deíctico, no anafórico (vid §3.3.3.). 161 d. A ver, los chicos que están ahí como si estuvieran en un bar, o atendéis u os vais (entrevista 24, hombre). Sin embargo, cuando estos complementos se combinan con nombres y adjetivos escuetos, pronombres o nombres propios, su presencia se rechaza, tal como muestran los siguientes ejemplos: (158) a. Rafael {*alto/*de segundo curso/*ese/*que está ahí}, venga conmigo. b. Tú {*alto/*de segundo curso/*ese/*que está ahí}, deja de molestar. c. Niño {*alto/*de segundo curso/*ese /*que está ahí}, ayúdame. d. Joven {*alto/*de segundo curso/ *ese/*que está ahí}, sígame. El contraste entre (157) y (158) pone de manifiesto que las construcciones vocativas presentan dos comportamientos diferentes en lo que a su estructura interna se refiere. Mi propuesta es que los vocativos pueden clasificarse en dos grupos. De un lado, los que rechazan la presencia de determinantes y no pueden aparecer modificados por complementos restrictivos (157) y, por otro, los que están encabezados por determinantes definidos (i.e. artículos definidos, demostrativos y posesivos) y que se pueden construir con complementos restrictivos 152 . A las primeras construcciones las denominaremos expresiones vocativas sin determinación o de tipo 1. Estarán conformadas por estructuras unimembres (158), a saber: pronombres, nombres propios, nombres comunes y adjetivos sustantivados. A las segundas, por su parte, las llamaremos expresiones vocativas con determinación o de tipo 2. Estas se pueden dividir, a su vez, en dos grupos: las que presentan un significado contrastivo o discriminativo (construcciones con artículos (157c-d) y demostrativos: (157a); vid §3.3.3.) y las que adquieren un valor de relación (construcciones con posesivos: (157b); vid §3.2.2.1.). La pregunta que surge es de qué manera se explica que las construcciones vocativas de tipo 1 no admitan complementos restrictivos (158), mientras que las de tipo 2 sí lo hagan (157). Para responder a esta cuestión, lo primero que habría que 152 Esta clasificación recuerda, en cierta manera, a la de Espinal (2013). Esta autora propone diferenciar los verdaderos vocativos de los falsos vocativos. Sin embargo, tildar a unas estructuras de verdaderas y a otras de falsas parece ser una medida demasiado extrema, tal como se argumentará en §3.4.1.3. Por ello, esta denominación no se tomará en consideración en esta investigación. 162 analizar es la naturaleza de cada uno de los núcleos vocativos de las expresiones de tipo 1. Comencemos con los nombres propios (158a). En estos casos, tal incompatibilidad se debe a que carecen de estructura argumental, puesto que refieren a una entidad determinada, no a una clase (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 262: vid §3.1.2.1. y §3.3.2.). Al no poseer estructura argumental no pueden construirse con ningún complemento restrictivo, lo que explica que estos últimos no aparezcan en estas construcciones. Por su parte, los pronombres (158b) son «expresiones designativas asimilables a los nombres propios» (RAE/ASALE, 2009: §13.1i), lo que implica que no tienen estructura argumental y, por consiguiente, tampoco pueden seleccionar complementos restrictivos. No obstante, se encuentran algunas excepciones a este respecto, si bien estas no son exclusivas de las expresiones vocativas sino que se dan de manera generalizada cuando los pronombres desempeñan otras funciones. Nos referimos a elementos como mismo (tú mismo), numerales cardinales como tres (vosotros tres) y cuantificadores universales como todos (todos vosotros) (Fernández Soriano, 1999: §19.1.; Roca, 2015: 186; Eguren, 2016: 864). Cuando estos pronombres desempeñan funciones vocativas, parecen admitir su combinación con mismo y con numerales, pero no con cuantificadores universales como todos, seguramente por el hecho de que estos últimos convertirían la expresión vocativa en inespecífica y, en consecuencia, en genérica, lectura incompatible con las construcciones vocativas (vid §3.3.2.). En (159)-(161) se recogen algunos ejemplos a este respecto: (159) a. Tengo la impresión de que ni tú mismo lo sabes. b. Tú mismo, ayúdame a recoger la compra. (160) a. Ya estoy cansada de vosotros tres. b. Vosotros tres, venid ahora mismo. 163 (161) a. Esperaba que todos vosotros pudierais venir a mi boda. b. ? Todos vosotros 153 , ¿a qué esperáis? En relación a las estructuras de (159), es importante señalar que mismo puede adquirir diferentes significados en función del contexto en el que se encuentre. A este respecto, algunos autores como Fernández Ramírez (1986) señalan que posee dos significados primarios (reflexivo/intensivo e identidad) sobre los que se generan todos los demás 154 , mientras que otros como Costa y Malcuori (2016) afirman que mismo obtiene hasta doce interpretaciones distintas 155 . La tendencia actual es considerar que mismo cuenta con cinco valores diferentes: (1) Identificativo. Posee una interpretación asimilable a la comparativa de igualdad: Ella vivía en el mismo barrio que él (RAE/ASALE, 2009: §13.11b). (2) Enfático o intensivo. Adquiere un significado cercano a ‗precisamente, justo, justamente‘: La tienda estaba aquí mismo (RAE/ASALE, 2009: §13.11d). (3) Ejemplificativo. Es equivalente a ‗sin más consideraciones‘, ‗sin ir más lejos‘, ‗sin pensar más‘, ‗por ejemplo‘: – ¿Dónde nos reunimos entonces? –En mi casa mismo (RAE/ASALE, 2009: §13.11l). (4) Reflexivo. En estos casos actúa como modificador de pronombres reflexivos (sí) o pronombres no necesariamente reflexivos (él): Lo quería para {sí/él} mismo (RAE/ASALE, 2009: §13.11m). (5) Expletivo. Este uso es propio de México, Centroamérica y el área andina: «Y cada molécula de mi organismo (…) fue sujeta a un (…) bombardeo, mismo que se apaciguó en el momento de sentarme» (María, Fábrica apud RAE/ASALE, 2009: §13.11n)(RAE/ASALE, 2009: §13.11n). Cuando aparece en expresiones vocativas, mismo adquiere necesariamente un valor ejemplificativo (3), ya que «expresa la falta de preferencia en relación con lo que se propone o se sugiere, y admite paráfrasis aproximadas como ‗sin más consideraciones‘, ‗sin ir más lejos‘, ‗sin pensar más‘, ‗por ejemplo‘ y otras similares» 153 No obstante, sí son posibles casos del tipo Todos los violinistas que afinen sus instrumentos o Todos vosotros venid. Las diferencias entre estas construcciones, que consideraremos tópicos, y las de (157b) serán estudiadas en §4.7.3. 154 Otros autores que defienden la hipótesis de Fernández Ramírez sobre los dos valores básicos de mismo son, por ejemplo, Alcina y Blecua (1975) o Garrido (1991). 155 Para un análisis más exhaustivo de la gramática y el análisis de mismo, véase Bosque (2012) y las referencias allí citadas. 164 (RAE/ASALE, 2009: §13.11l) 156 . Así, si recuperamos (159b) observamos que Tú mismo, ayúdame a recoger la compra es parafraseable por ‗Tú por ejemplo/sin ir más lejos, ayúdame a recoger la compra‘. En este sentido, la interpretación de mismo se acercaría a la de un adverbio; no obstante, su flexión de género y número (concuerda con el elemento al que acompaña) implicaría que funciona como un adjetivo en estas construcciones, tal como se observa en (162): (162) a. Tú misma, ayúdame a recoger la compra. b. Vosotros mismos, venid aquí. La cuestión que surge entonces es si mismo modifica al sintagma en su conjunto o actúa como complemento restrictivo. La respuesta la podemos encontrar en la posición que ocupaba en español antiguo. Según Lapesa (1961), en esa época era frecuente encontrar ejemplos en los que mismo encabezaba la expresión, colocándose incluso por encima del artículo definido el: (163) Puede contezer que mismo el omiziero se faz desafiar (Fuero de Béjar, ed. Martín Lázaro nº 424: 64). (Lapesa, 1961: 86-87). De acuerdo con Lapesa, la razón se debe a que mismo «no es un elemento que caracterice al sustantivo; no indica nada que le sea inherente; supone solo una delimitación extensiva o cuantitativa. Por eso puede quedar fuera de la presentación efectuada por el artículo» (Lapesa, 1961: 87). Una prueba que aduce Lapesa (1961) es que mismo puede recategorizarse en un adverbio: «Lo externa que es la relación entre el nombre y el determinativo se manifiesta en la frecuente adverbialización de éste, usado entonces sin concordancia: (…) fr. moderno même à sa fille; it. A mezzo la vita; gall. mismo na casa» (Lapesa, 1961: 87). En consecuencia, el adjetivo mismo que se encuentra en construcciones vocativas no restringe la referencia del pronombre sino que actúa sobre el sintagma en su conjunto, lo que lo permite su presencia en este tipo de expresiones (vid §3.4.2.4.). Otras estructuras en las que aparentemente el pronombre admite un complemento restrictivo son Y tú Rafael, haz lo que te falta (entrevista 4, mujer) y 156 Además, en contextos no vocativos, mismo3 puede modificar desde grupos nominales y pronominales (–¿Quién me ayuda? –{Yo/Raquel} misma) a adverbios (aquí mismo, ‗aquí, por ejemplo‘) o a grupos preposicionales (– ¿Dónde nos reunimos entonces? –En mi casa mismo) (RAE/ASALE, 2009: §13.11l). 165 algunas semejantes recogidas en el capítulo anterior (vid §2.4.2.4.2.). Sin embargo, nombres propios como Rafael no están acotando o restringiendo el significado de tú sino que, en realidad, están añadiendo una información para aclarar quién es el destinatario. Construcciones no vocativas semejantes son las que se encuentran en yo el rey o tú que sabes tantas matemáticas (RAE/ASALE, 2009: §16.2i). En ellas, los gramáticos defienden que el SD el rey o la oración de relativo que sabes tantas matemáticas son, en verdad, complementos explicativos de los pronombres yo y tú respectivamente a pesar de que la puntuación no lo refleje (RAE/ASALE, 2009: §16.2i). La razón se debe a que «no restringe[n] de manera alguna la denotación de lo designado por el pronombre» (RAE/ASALE, 2009: §16.2i), lo que impide que puedan ser interpretados como complementos restrictivos. De ser esto último cierto, Rafael en Y tú Rafael, haz lo que te falta estaría modificando al sintagma en su conjunto de manera similar a como lo hace mismo cuando adquiere un valor ejemplificativo. Con ello se preservaría la restricción que impide a los pronombres recibir complementos restrictivos. Una explicación similar se podría aplicar también a los casos de los numerales que aparecen en construcciones como Vosotros tres, venid ahora mismo (160b). En ellos, la presencia del numeral no limita la referencia del pronombre sino que, en cierta manera, aclara o explica quiénes son los que reciben la orden del hablante. Así, la oración de (160b) tendría un significado aproximado de ‗Quiero que vosotros, los tres, vengáis aquí ahora mismo‘. En consecuencia, los numerales no modifican directamente al núcleo vosotros sino al sintagma en su conjunto, cuestión que se retomará más adelante (vid§3.4.2.4.) 157 . Mención aparte merecen los nombres comunes y adjetivos sustantivados. En (157) se mostraba que pueden aparecer con complementos restrictivos cuando forman parte de expresiones con valor contrastivo o discriminativo; sin embargo, parecen tener un comportamiento diferente cuando no se incluyen dentro de ellas. Por ejemplo, no admiten la presencia de oraciones de relativo restrictivas (164a) ni, en general, de SSPP 157 Construcciones aparentemente similares serían Tres de vosotros, venid aquí. Sin embargo, estas no se comportan como vocativos sino como tópicos, como demuestra el hecho de que presenten una entonación con el pico desplazado cercana a la de Los violinistas, que vayan afinando sus instrumentos (vid §2.4.2.4.4). La diferencia entre estas estructuras y las expresiones vocativas será estudiada en el próximo capítulo (vid §4.7.3.). 166 (164b) –si bien existen algunas excepciones (164c-d) 158 –, y solo se pueden combinar con ciertos adjetivos (165) y posesivos (166) 159 : (164) a. *Escritora que tiene mucho éxito, ¿podría darme un autógrafo? b. *Chico de los recados, ayúdame con estas cajas. c. Niño del demonio, deja de molestarme. d. Niña de mis amores, ya es hora de que sientes la cabeza. (165) a. Cara guapa 160 , ¿dónde está tu madre? b. Hermana querida, ¿me ayudas? c. Ven aquí, niño insolente. (166) a. Hija mía, qué pesada estás. b. Te necesito, amigo mío. No obstante, el empleo de estos ‗complementos‘ no es tan frecuente como pudiera parecer en un principio. Por ejemplo, en el caso de los adjetivos que aparecen en (165a) se observa que cara guapa y otros similares como cara bonita o cara dura (Brandimonte, 2010: 251-252) son admisibles pero, cuando en lugar de guapa, bonita o dura el que acompaña al sustantivo es otro adjetivo, la expresión se vuelve anómala 161 : (167) a. ? Cara morena, ven aquí. b. ? Cara picuda, ¿qué hace? c. ? Cara gorda, ¿podemos hablar? Algo semejante ocurre si en lugar del sustantivo cara aparece otro nombre o adjetivo sustantivado que, en principio, sí debería poder aparecer en estas construcciones (vid §3.1.2.): 158 Estas excepciones son ya apuntadas por Bañón (1993). 159 La razón por la que estas construcciones admiten posesivos será analizada en §3.2.2.1. y §3.3.3. 160 En su estudio contrastivo de los vocativos en español e italiano, Brandimonte (2010: 251-252) señala que expresiones como cara guapa, cara dura y otras similares son bastante frecuentes en español e italiano, cuyo equivalente sería faccia tosta (Brandimonte, 2010: 252). 161 Un caso similar sería, por ejemplo, ojos azules: (i) a. Ojos azules, ven con mamá. b. *Ojos, ven. c. *Azules, ven con mamá. d. Ojazos, mírame. 167 (168) a. ? Amiga {guapa/bonita/dura}, ven aquí. b. ? Joven {guapa/bonita/dura}, ¿qué hace? c. ? Vecina {guapa/bonita/dura}, ¿podemos hablar? Por su parte, querida tampoco parece combinarse libremente con sustantivos cuando aparece en posición posnominal 162 , de la misma manera que ocurre con insolente: (169) ? Escritor {querido/insolente}, queríamos hablar con usted. En este sentido, se podría considerar que el nombre impone una restricción léxica fuerte sobre el adjetivo con el que se combina 163 . Por consiguiente, la presencia de los adjetivos en construcciones vocativas no es libre, sino que se limita a los contextos en los que forma parte de expresiones prácticamente estandarizadas o fijadas. Prueba de ello es que, en algunos casos, la expresión se ha reanalizado como una sola palabra (cara + dura >caradura) con un significado propio (en este caso, ha dejado de significar cara –‗faz‘ – + dura – ‗sólida‘– para entenderse como ‗sinvergüenza‘). De ser esto último cierto, se llegaría a la conclusión de que las estructuras de ‗nombre + adjetivo‘ funcionan, en realidad, como una sola ‗unidad‘ (i.e. como una especie de compuesto). Prueba de ello es que la construcción cara bonita o hermana querida, actuarían como ‗núcleos compuestos‘ de la estructura 164 , de la misma manera que hacen los ‗núcleos simples‘ María, niña o simplemente tú: (170){Cara bonita/hermana querida}, ¿vienes? = {María/Niña/Tú}, ¿vienes? Algo parecido se podría argumentar para niño/-a del demonio, niño/-a de mis amores (164c-d) y otras similares. La razón se debe a que estas construcciones también están estandarizadas. Por consiguiente, no significan ‗persona de corta edad relacionada/emparentada con el diablo‘ y ‗persona de corta edad resultado de relaciones 162 El comportamiento de querido/-a en posición prenominal (e.g. querida mamá) será estudiado en §3.2.2. 163 Tanto es así que se podría decir que, en realidad, el sustantivo solo tiene las propiedades referenciales o i-p necesarias cuando se trata de una forma escueta: (i) a. Niño, cuida de tu hermano. b. Cara dura, cuida de tu hermano. 164 No obstante, es importante señalar que estas formas se diferencian entre sí en que cara bonita es compuesto indisoluble con relación de posesión inalienable (ia), mientras que hermana querida cuenta con un modificador (querida) que es prescindible (ib): (i) a. Cara *(bonita), ven aquí. b. Hermana (querida), acércate. 168 amorosas‘, respectivamente, sino ‗persona cuyo comportamiento lo convierte en insoportable‘ y ‗persona a la que se tiene un cariño especial‘. De esta manera se explica que su lugar no lo pueda ocupar otro SP, cuya presencia volvería la expresión agramatical: (171) a. Niño {*de Lucifer/ *de Satanás 165 / *del ángel}, deja de molestarme. b. Niña {*de mi(s) cariño(s)/ *de mi(s) afecto(s)/ *de mi(s) odio(s)}, ya es hora de que sientes la cabeza. En consecuencia, si nuestra hipótesis es cierta sería necesario entender que estas estructuras se comportan como algo cercano a un ‗nombre compuesto‘ que designa al destinatario o addressee, de la misma manera que hacen señor presidente, doña María y otras similares, tal como argumentaremos en el apartado §3.2.2. De esta forma, se podría llegar a la conclusión de que, en realidad, los nombres y adjetivos sustantivados no seleccionan ninguna clase de complementos restrictivos sino que, cuando estos aparecen, convierten la expresión en una forma compuesta. Esta propiedad los acercaría a los nombres propios, tal como insinúa Moro y se mostrará en §3.3.2. En resumen, a lo largo de esta sección se han examinado las construcciones que pueden funcionar como complementos restrictivos de los núcleos vocativos. Tras el análisis de las estructuras más frecuentes, se ha llegado a la conclusión de que los núcleos vocativos solo admiten complementos propiamente restrictivos cuando se insertan en expresiones vocativas con determinación o de tipo 2 (i.e. vocativos con valor contrastivo –artículos definidos y demostrativos– o afectivo –posesivos–). En los casos de los vocativos sin determinación o de tipo 1, las propiedades referenciales de los núcleos impiden que seleccionen complementos. En este sentido, las aparentes excepciones encontradas de ‗núcleo + complemento‘ no son tales sino que son resultado de la unión de dos núcleos (i.e. conforman estructuras compuestas: ‗núcleo + núcleo‘). En el apartado siguiente se examinan los complementos no restrictivos que pueden modificar a las expresiones vocativas. 165 Expresiones sí admisibles serían hijo de Satanás, niño que lleva el diablo y otras semejantes: ¡Aléjate de mí, hijo de Satanás! ; ¡Fuera de aquí, niño que lleva el diablo! 169 3.2.1.2. Complementos no restrictivos Los complementos no restrictivos se caracterizan por añadir algún tipo de información (comentarios, aclaraciones…), interpretada como complementaria, sobre el sintagma en su conjunto. En este sentido, la mayoría de los complementos no restrictivos se analizan como aposiciones explicativas, puesto que se encargan de «agrega[r] alguna precisión o algún comentario para aclarar la referencia de (…) otro grupo nominal» (RAE y ASALE, 2009: §12.15a). Entre ellos, destaca el uso de nombres propios (172a) y comunes (172b), adjetivos sustantivados (172c), insultos (172d), expresiones afectivas (172e-f) o construcciones más complejas (172g-h) como oraciones de relativo (172i), tal como hace notar Mazzoleni (1995): (172) a. Tú, Mely, ¿por qué no llamabas? 166 b. Tú, niña, deja de ser tan impertinente. c. Tú, chaval, ¿qué demonios haces aquí? d. Tú, imbécil 167 , ¿qué miras? e. María, cielo, ¿qué haces? f. Ana, hija mía, deja de hacer el tonto. g. A ver joven, el de la última fila, acérquese por favor. h. A ver el chico, el de la última fila, fuera de clase (entrevista 24, hombre). i. Vosotros, que no paráis de hablar, ¿queréis salir de la clase? Tal como se observa en (172), no parecen existir restricciones en cuanto al tipo de estructuras empleadas como complementos no restrictivos de los vocativos, seguramente debido a su carácter optativo. En consecuencia, estos complementos coincidirán con aquellos que modifican a estas categorías gramaticales cuando desempeñan otras funciones, por lo que las expresiones vocativas no presentan restricciones a este respecto. 166 Ejemplo tomado de R. Sánchez Ferlosio, El Jarama, 281 apud Alonso Cortés (1999a, §62.8.5.3.). 167 Estas construcciones y otras semejantes (e.g. You idiot!) han sido denominadas por Corver (2008) como vocativos evaluativos. Para más información sobre estas estructuras, véase Corver (2008) y las referencias allí citadas. 170 El siguiente apartado se encarga de analizar los tipos de modificadores que pueden aparecer en construcciones vocativas. 3.2.2. Modificadores Son muchos los elementos que pueden actuar como modificadores de los núcleos vocativos: desde adjetivos prenominales (173a) y nombres de parentesco (173b), a fórmulas de cortesía y afecto (173c-f), adverbios como so ((173g): Brandimonte, 2010: 252) o determinantes definidos (173h): (173) a. Buen hombre 168 , se le ha olvidado la cartera. b. Abuela Mari, quería decirte que te he echado de menos. c. Ilustre señor, le agradecería que atendiera mis peticiones. d. Don Pablo, dígame qué necesita. e. Querido hijo, ya es hora de que sientes la cabeza. f. Apreciado amigo, no te olvides de mí. g. So tonto 169 , deja eso. h. Los pesados del fondo, ¿os queréis callar? Comencemos con los adjetivos. Su anteposición es más común que su posposición: {Buen hombre/ ?? Hombre bueno}, acérquese (vid §3.2.1.1.). Este hecho se podría asociar con el cambio de interpretación que experimentan los adjetivos en una y otra posición. De acuerdo con Bosque (1996b, 2001), los adjetivos antepuestos que aparecen en contextos indefinidos se asocian necesariamente con una lectura específica 168 A este respecto es importante señalar que, si el sustantivo hombre no se inserta dentro de expresiones ‗fijas‘ del tipo buen hombre o mal hombre, puede sufrir un proceso de gramaticalización y convertirse en una partícula o interjección. En este sentido, puede mostrar ‗sorpresa o asombro‘ o adquirir ‗un matiz conciliador‘ (DLE): ¡Hombre! ¿Qué estás haciendo aquí, Luis?; Hombre, no es para tanto, Alba. Fórmulas semejantes se encuentran en lenguas como el inglés. Este es el caso de man (McCready, 2006: 211 y ss.): Man! What are you doing here? (‗¡Hombre! ¿Qué estás haciendo aquí?‘). 169 Otras construcciones semejantes serían so mocoso, so bobo, etc. (Brandimonte, 2010: 252). 171 (174a). Los pospuestos (174b), por su parte, pueden tener dos valores: específico o inespecífico 170 : (174) Las cinco muchachas habían conocido a un actor famoso. a. ‗Todas conocieron al mismo actor‘ (específico). b. ‗Cada una conoció a uno distinto‘ (inespecífico). (174‘) Las cinco muchachas habían conocido a un famoso actor. a. ‗Todas conocieron al mismo actor‘ (específico). b. #‗Cada una conoció a uno distinto‘ (inespecífico). (Bosque, 2001: 19). La necesaria interpretación específica que implican los vocativos (vid §2.1.1.) explica por qué son más frecuentes los adjetivos prenominales (querido escritor, mala mujer) que los posnominales ( ? escritor querido, *mujer mala: vid §3.2.1.1.). Sin embargo, el ámbito de aplicación de los adjetivos antepuestos se encuentra bastante más restringido de lo que pudiera parecer en un principio. En consecuencia, su empleo no es libre, tal como reflejan los ejemplos de (174): (175) a. *Buen niño, haz algo por una vez en tu vida. b. *Mal amigo, te quería pedir un consejo. c. *Le estábamos esperando, afamado profesor. En este sentido, expresiones como las de (173a) y otras semejantes (viejo amigo/*amigo viejo) se consideran estandarizadas. Prueba de ello es el cambio de significado que experimentan. Por ejemplo, buen hombre 171 ha dejado de designar a ‗hombres buenos‘ para interpretarse simplemente como forma ‗para llamar o dirigirse a 170 La posición de los adjetivos se suele asociar también con los conceptos de extensión e intensión. Los pospuestos son «expresiones que se unen a extensiones (nombres comunes) para configurar nuevas extensiones (nuevos nombres comunes)», mientras que los antepuestos «actúan sobre la referencia o intensión sin que su aplicación afecte a la extensión del término modificado» (Demonte, 1999: §3.5.2.2.). En este sentido, los adjetivos posnominales modifican el referente o la extensión del nombre y los prenominales hacen lo propio con la referencia, la intensión o el concepto (Pastor, 2016: 376). 171 Expresiones como esta son analizadas por Brandimonte (2010: 251-252) en su estudio contrastivo sobre los vocativos en español e italiano. En él señala otras construcciones semejantes como mal hijo. 172 un desconocido‘ (DLE). De esta manera, la oración se vuelve anómala si el lugar de buen lo ocupa otro adjetivo a priori compatible con el sustantivo hombre 172 : (176) a. Tu marido parece un gran hombre: siempre está cuando lo necesitas. b. ?? Gran hombre, ¿qué puedo hacer por usted? Esta afirmación se ve reforzada por el hecho de que dichos adjetivos no pueden ni posponerse (177a) ni coordinarse con otros (177b): (177) a. *Hombre bueno, siéntese. b. *Buen y paciente hombre, escúcheme. Por consiguiente, la presencia de los adjetivos antepuestos se circunscribe en estos casos a expresiones estandarizadas, es decir, a aquellas en las que ‗adjetivo + sustantivo‘ funcionan como una unidad: {Buen hombre/Paco}, se le ha olvidado la cartera. En segundo lugar, sería necesario explicar los casos de (173c-f) (ilustre señor, don Pablo, querido hijo 173 , apreciado amigo y similares 174 ). Estos parecen comportarse de manera similar a los que se recogen en (178): (178) a. Hermana 175 Celia, únase a nosotros. b. Señora 176 González, ¿en qué la puedo ayudar? 177 172 Resulta llamativo que hombre –cuando no funciona como partícula– y mujer puedan ser vocativos, mientras que persona, individuo o ser (salvo que se inserte en un insulto: Cacho ser, ¿te vas a callar?) no tengan esta posibilidad: (i) a. {Hombre/Mujer}, no te pongas así. b. {*Persona, *Individuo/*Ser}, no te pongas así. La agramaticalidad de (ib) puede deberse a varios factores. En primer lugar, se trata de nombres invariables en cuanto al género. En este sentido, no es posible distinguir o discriminar a un hombre de una mujer mediante el uso de estos sustantivos, ya que comportan propiedades demasiado ‗amplias‘. Designan a ‗individuos de la especie humana‘, ‗seres, animales o vegetales respecto a la especie a que pertenecen‘ o ‗cosas dotadas de vida‘, respectivamente (DLE). En consecuencia, no pueden obtener una interpretación ni específica ni definida (vid §2.1.1), con lo que ningún oyente se puede dar por interpelado. Todo ello explica que no puedan aparecer en construcciones vocativas. 173 Estas expresiones son muy comunes en los encabezamientos de las cartas. No debe olvidarse que las fórmulas de encabezamiento son, en cierta manera, expresiones vocativas, ya que se emplean para dirigirse a un interlocutor que, en este caso, se corresponde con el lector o destinatario de la carta. Para más información acerca de la vinculación de estas fórmulas con los vocativos, véase Bañón (1993). 174 Otras fórmulas de cortesía con valor vocativo que también están fijadas son: Sumo Pontífice, Beatísimo Padre, Ilustrísimos señores, Excelentísimos señores, etc. 175 En este caso hermana se entiende como ‗persona perteneciente a una comunidad religiosa‘. Una construcción vocativa semejante y también muy frecuente en este campo es reverenda madre, tal como afirma Brandimonte (2010: 252). Otras expresiones similares serían ‗{padre/madre, fray, sor}+ nombre de pila‘, cuyo uso depende de las preferencias del país o de las órdenes religiosas (RAE/ASALE, 2009:§16.16d). 173 c. Doctora López, ¿podría acompañarme? En (173c-f) y (178) se encuentran nombres propios de persona y patronímicos introducidos por títulos, nombres de profesión u oficio y fórmulas de cortesía (ilustre, querido, apreciado), cuya presencia convierte a la expresión en una fórmula de respeto o de designación cortés (RAE/ASALE, 2009: §16.16e) 178 . En este sentido, se podría entender que las estructuras de ‗{título/nombre de profesión/fórmula cortés} + nombres propios o nombres comunes‘ conforman, en realidad, un ‗nombre compuesto‘ (‗núcleo + núcleo‘) que designa al destinatario 179 . Prueba de ello es que, si su lugar lo ocupa otro elemento con significado similar, la expresión se vuelve anómala. De esta manera, se pone de manifiesto que existen restricciones léxicas fuertes entre los componentes que aparecen en construcciones vocativas 180 : (179) a. *Religiosa Celia, únase a nosotros. b. *Dama González, ¿en qué la puedo ayudar? c. *Médico López, ¿podría acompañarme? d. *Célebre don Pablo, dígame qué necesita. e. *Ansiado hijo, ya es hora de que sientes la cabeza. f. *Valorado amigo, no te olvides de mí. A una conclusión similar se llega en la Nueva Gramática, donde algunos autores defienden que el empleo de un nombre de profesión seguido de un nombre de persona 176 Obsérvese que también sería posible concatenar varios nombres de título o dignidad, en los que señor/-a precede siempre a don/-ña: {Señora doña / ? Doña señora} Celia González, ¿en qué la puedo ayudar? (RAE/ASALE, 2009: §12.13j). 177 En algunas variedades del español de América (principalmente, en países centroamericanos: RAE/ASALE, 2009: §16.16g), se encuentran construcciones semejantes. Este es el caso de ‗niña + nombre propio‘, expresión usada en el habla coloquial o rural para referirse a las mujeres, sea cual sea su edad; en este sentido, se consideran equivalentes a señora (RAE/ASALE, 2009: §16.16g-h): Niña Celia, ¿en qué la puedo ayudar? 178 A esta misma conclusión llega Hill (2013b: 51-52). En opinión de la citada autora, estos adjetivos, que pueden sufrir pequeñas variaciones en función de la lengua en la que se empleen (por ejemplo, en rumano serían: stimat ‗estimado/amado‘; dragă, ‗querido‘; scump, ‗dulce/querido‘), comparten una misma función: utilizarse como fórmulas de cortesía y de afecto (Hill, 2013b: 51-52). 179 Sobre el análisis de estas estructuras, véase §3.4.2.4. 180 A este respecto, Hill señala que los adjetivos que aparecen en estas construcciones califican el tipo de relación i-p entre hablante y oyente de la misma manera que lo hacen las partículas (Hill, 2013: 51). Se diferencian de ellas en el registro en el que se emplean: los adjetivos implican formalidad mientras que las partículas, informalidad (Hill, 2013b: 51-52). 174 (‗nombre de pila + patronímico‘ 181 ) constituye un único segmento: el nombre completo del individuo (RAE/ASALE, 2009: §12.13j). Así, se explica que se haya propuesto que construcciones como la novelista doña Ana Martínez García se dividan de la siguiente manera: [la novelista] y [doña Ana Martínez García] (RAE/ASALE, 2009: §12.13j). Construcciones no vocativas semejantes serían los nombres de colores (azul turquesa, verde agua) o, por ejemplo, los numerales (doscientos cuarenta y cinco). En relación a estos últimos, es un hecho reconocido entre los autores que, además de emplearse mediante una forma simple (uno, cuatro, diez), pueden aparecer como una expresión compuesta: doscientos cuarenta y dos, un millón quinientos noventa y nueve (Marcos Marín, 1999: §18.1.3.). En el caso de los colores, se habla de que son compuestos sintagmáticos constituidos por «un adjetivo de color básico seguido de un sustantivo distinguidor, o de un adjetivo que indica un matiz» (Demonte, 1999: §3.4.2.2.). De esta forma, pueden actuar como grupo nominal apositivo de un sustantivo: ojos azul oscuro, cintas rosa pálido (RAE/ASALE, 2009: §13.7m). Como consecuencia de todo lo anterior, algunos gramáticos han postulado que estas construcciones, en realidad, no conforman una estructura de ‗núcleo + aposición‘ en la que el primer miembro indica la clase (azul, doscientos) y el segundo la especifica (turquesa, cuarenta y cinco), sino que se interpretan como una expresión compuesta que funciona como una unidad. Si esta hipótesis se admite, debería aceptarse también para las estructuras que están siendo objeto de estudio. En este sentido, señor/-a/-ita, don, doctor/-a, hermana (en sentido religioso), ilustre, apreciado y otras similares no funcionan como modificadores de un núcleo nominal (nombre propio o común) sino como núcleos de una expresión compuesta: ‗núcleo (título/nombre de profesión/fórmula cortés) + núcleo (nombre propio o común)‘ = ‗nombre compuesto‘. Mención aparte merecen las construcciones de (173b), en las que aparece un nombre de parentesco seguido de un nombre de pila. Estas estructuras encuentran una serie de restricciones en cuanto a su ámbito de uso. Por ejemplo, no todos los sustantivos que denotan parentesco pueden acompañar a los nombres vocativos. De esta 181 Las estructuras formadas por ‗nombres de pila + patronímicos‘ (e.g. Maite López Gutiérrez) serían otro tipo de construcciones que parte de la bibliografía considera que conforman un único segmento: designan a un individuo mediante su ‗nombre completo‘. Una prueba a este respecto la proporcionan sus propiedades entonativas. De acuerdo con ellas, estos ‗nombres completos‘ constituyen frases entonativas independientes cuando desempeñan funciones vocativas (vid §2.4.2.4.1.). 175 manera, es posible emplear con valor vocativo abuela Mari, tía Paz pero no padre/papá José o madre/mamá Maite –a menos de que se interpreten en sentido religioso–, ni tampoco amigo Diego, sobrino Álvaro y otras semejantes: (180) a. Abuela Mari, quería decirte que te he echado de menos. b. Siempre agradeceré tu apoyo todos estos años, tía Paz. c. *Padre/Papá José, eres mi ejemplo a seguir. d. *No podría estar más orgullosa de ti, madre/mamá Maite. e. ?? Amigo Diego, te deseo mucha suerte en tu nueva etapa. f. *Sé que conseguirás grandes cosas en la vida, sobrino Álvaro. Por otro lado, tampoco es posible utilizar otro sustantivo o adjetivo sustantivado que preceda al nombre propio en estas estructuras, lo que supone una segunda prueba a favor de que no se emplean libremente: (181) a. *Pequeño Pepe, nunca pensé encontrarte aquí. b. *Es una suerte contar con usted, viejo David. c. *Escritora Raquel, ha sido un placer haberla conocido. d. *No a qué viene esto, colega Ana. En consecuencia, ejemplos como los de (180) y (181) ponen de manifiesto que construcciones compuestas por ‗nombre de parentesco + nombre propio‘ también encuentran restricciones de tipo léxico cuando desempeñan funciones vocativas. Su empleo no es libre sino que se circunscribe a ciertos contextos, lo que los acercaría a las estructuras de ‗{título/nombre de profesión/fórmula cortés} + nombres propios o comunes‘ que conformaban el nombre completo del destinatario. Su análisis será examinado en §3.4.2.4. En tercer lugar, sería necesario analizar modificadores como so que pueden aparecer en construcciones vocativas (173g): so tonto, so mocoso, so bobo, etc. (Brandimonte, 2010: 252). En estos casos, la presencia del modificador so podría servir, 176 en cierta medida, para reforzar o ‗potenciar el significado del adjetivo o sustantivo al que antecede, generalmente con sentido despectivo 182 ‘ (DLE). De acuerdo con esta definición, cuando un hablante emite un enunciado del tipo So tonto, déjame en paz, lo que está haciendo es evaluar al interlocutor como alguien ‗muy tonto‘. Dicho de otra manera, si el hablante quiere potenciar una de las cualidades negativas del interlocutor, se refiere a él valiéndose de un procedimiento gramatical que consiste en la inserción del adverbio so en una construcción compuesta por un nombre de cualidad o insulto. Según Alvar (2014), so proviene del sustantivo señor que iba acompañado de un adjetivo (pesado, inútil, lento, ignorante, etc.), el cual actuaba como un mero modificador suyo: Dice el diccionario de la Academia que es un adverbio usado para potenciar las cualidades del adjetivo o del nombre al que antecede. Por ejemplo en expresiones como ‗so pesado‘ o ‗so inútil‘, en las que suele acompañar a voces de carácter peyorativo. Informa la Institución de que es contracción de ‗seó‘, apócope de ‗seor‘, sincopado de ‗señor‘. Al decir ‗so ignorante‘ o ‗so lento‘ estamos diciendo, pues, 'señor ignorante' o ‗señor lento‘, de modo que no posee un significado léxico, sino que, más bien, actúa como un intensificador, por lo que son expresiones equivalentes a ‗ignorante, más que ignorante‘ o ‗lento, más que lento‘ (Alvar, 2014: 288). En consecuencia, el valor generalmente despectivo que imprime so hace que el ámbito de uso de este adverbio se haya especializado en construcciones vocativas de nombres de cualidad o insultos ((182a-b): vid§3.3.1.). Así se explica que rechace su combinación con cualquier otra clase de sustantivo o adjetivo sustantivado que en secciones anteriores indicábamos que pueden desempeñar funciones vocativas ((182c- f): vid§3.1.2. y §3.1.3.): (182) a. So tonto, ¿vas a ayudarme o no? b. So imbécil, déjame en paz. c. *So escritor, ¿cuál será su siguiente novela? d. *So americano, ¿qué pretendes? e.*So pequeño, es hora de irse a la cama. 182 No obstante, también puede adquirir un valor cariñoso: Anda, so tonto, ayúdame a acabar la cena. El empleo de insultos con valor afectivo es un fenómeno muy común entre los jóvenes, tal como Jørgensen y Aarli (2011: 144) muestran en su estudio. 177 f. *So niño, ¿cómo sigue tu madre? Esta ‗especialización‘ del adverbio so lo convertiría en algo cercano a una partícula vocativa de los insultos, como demuestra el hecho de que haya perdido su significado léxico de acuerdo con Alvar (2014). En este sentido, se acercaría a las partículas propiamente vocativas (vid §2.2.2.) pero se diferencia de ellas en que estas últimas pueden modificar a cualquier clase de expresión vocativa, si bien conllevan un cierto grado de informalidad (Hill, 2013: 51-52: vid nota 180) 183 . A continuación se ofrecen algunos ejemplos a este respecto: (183) a. Ey pesado, ¿a qué esperas para ayudarme? b. Mira hermano, no estoy ahora para tonterías. c. Eh, abuelo, ¿te encuentras bien? d. ¡Ey, señor! Se le ha caído la cartera. e. ¡Eh, colega! ¿Nos vemos después? f. Oiga escritor, espéreme. Por último, se encuentran casos en los que los vocativos pueden aparecer modificados por determinantes (173h), concretamente por aquellos que se interpretan como definidos 184 (vid §3.3.3.). Así, se registran ejemplos en los que las expresiones vocativas pueden estar encabezadas por artículos definidos (184a), demostrativos (184b) y posesivos (184c): (184) a. El chico de la camiseta azul, salga a la pizarra. b. Esos pesados del fondo, ¿queréis callaros de una vez? c. ¿Puede usted señalarme, mi amigo, cuál es mi grieta? (Chile, COPRES, Galemiri, 2001). La cuestión que habría que esclarecer es por qué los determinantes en ciertos contextos encabezan estas construcciones si, en principio, su presencia quedaba excluida de ellas (vid §2.1.2. y §2.2.1.). Tanto los artículos definidos como los 183 La relación entre partículas y vocativos así como su posición con respecto a la oración serán estudiadas en el próximo capítulo (§4.7.2.). 184 La razón por la que los determinantes definidos y no los indefinidos pueden aparecer en construcciones vocativas se analizará en §3.3.3. 178 demostrativos adquirirían, en estos casos, un valor discriminativo, lo que legitimaría su uso en expresiones vocativas, tal como se argumentó en §3.1.2.2. y se estudiará con mayor profundidad en §3.3.3. Los posesivos, sin embargo, presentan un comportamiento diferente (vid §3.3.3.), tal como se muestra en el epígrafe siguiente. 3.2.2.1. Posesivos En español es posible encontrar posesivos posnominales en estructuras vocativas. De esta manera, es muy frecuente escuchar a ambos lados del Atlántico –y principalmente en la lengua oral– expresiones del tipo hijo/-a mío/-a (185a), amigo/-a mío/-a (185b), amor mío (185c), cielo mío (185d) o construcciones más formales como señor/-a mío/-a (185e): (185) a. A ver, hija mía, ¿qué no entiendes? ¿Qué quieres que te explique? (Venezuela, CORPES, Caballero, 2012) b. La vida, amiga mía, no es como comienza sino como termina (España, CREA, La Razón, 21/01/2002: «Cartas marcadas»). c. Me voy a gastar rollos enteros en ti, esta noche, amor mío (Perú, CREA, Bryce Echenique, 2002). d. ¿Dónde ibais, cielo mío? (España, CORPES, Mesa, 2012). e. ¡En esta casa no hay chinches, señora mía! –contestó ofendido mi padre– (Uruguay, CORPES, Posadas, 2009). En este sentido, lo esperable sería que el posesivo no pudiera preceder al nombre, máxime si no es el responsable de convertir la expresión en referencial (vid §3.3.3.). Sin embargo, en algunas variedades del español de España, pero sobre todo de América, se registran numerosos casos en los que los posesivos pueden encabezar las construcciones vocativas. En ellos se observa que, de acuerdo con la clasificación presentada en la sección §3.1.2., son tres las clases de sustantivos que aparecen en estos contextos: nombres de parentesco (186a), nombres de jerarquía o títulos (186b) y nombres que denotan trato íntimo (186c): 179 (186) a. No seas pavo, mi hijo; no compliques más las cosas (Paraguay, CORPES, Hernández, 2001) b. Mi jefe, déjenos trabajar (México, CORPES, Loret de Mola, 2011). c. Mi amor, ponte derecha, y no suenes más la patineta (Venezuela, CREA ORAL). La cuestión que plantean ejemplos como los de (186) es qué tipo de restricciones impone el posesivo a los sustantivos con los que se combina. Tales restricciones parecen asociarse con la capacidad de los nombres de establecer relaciones entre el hablante y el oyente 185 . De acuerdo con autores como Aleza Izquierdo (2010: 144), la presencia del posesivo en posición prenominal se remonta al español del siglo XVI 186 , por lo que se habría producido un mantenimiento de la estructura en la lengua actual (Keniston, 1937). En esta época, el uso del posesivo en posición prenominal era un símbolo de poder: la forma en que un superior daba una orden a un inferior (Aleza Izquierdo, 2010: 144). Por consiguiente, lo esperable es que esta construcción se utilizara con aquellos sustantivos que pudieran indicar algún tipo de relación jerárquica (i.e. una relación i-p). Por ejemplo, su uso se registra en nombres de relación o parentesco como hijo, en los que se refleja una clara relación asimétrica entre el padre (superior) y su vástago (inferior). En ellas, el posesivo solo puede aparecer en primera persona del singular ((187a) vs. (187b-c)), ya que es un superior (el hablante: mi) el que se dirige a un inferior (el oyente: hijo), lo que implica una necesaria vinculación del posesivo con el locutor del mensaje. Solo se encuentran algunas excepciones a este respecto: cuando se trata de fórmulas de tratamiento o respecto, en las que el posesivo puede ser de tercera o de segunda persona (187d) 187 : 185 Por ello su empleo no se ha extendido a otros nombres como español, seguramente porque no permiten establecer ningún tipo de relación simétrica o asimétrica entre hablante y oyente: *Mi español, muévete. 186 En consecuencia, la explicación que consideraba que la anteposición del posesivo se debía a su influencia del francés quedaría descartada, tal como señala Aleza Izquierdo (2010: 144). 187 La razón por la que en estos casos pueden aparecer posesivos en otras personas se remonta al latín medieval. En esta época era muy común el uso de fórmulas del tipo vestra dominatio, vestra indulgentia y otras similares (RAE/ASALE, 2009: §16.16a). De acuerdo con la Academia, la estructura de ‗posesivo + nombre‘ se extendió pronto en el español medieval y, posteriormente, en el clásico a nombres como alteza, merced o, por ejemplo, bondad (RAE/ASALE, 2009: §16.16a). Si estos nombres se utilizaban con trato de vos, se formaban con vuestra (vuestra excelencia); si recibían usted, se construían con su (su excelencia) (RAE/ASALE, 2009: §16.16a). De esta manera se explica la presencia de su y vuestra en 180 (187) a. Tenés que ser responsable, mi hijo (Paraguay, CORPES, 2002, Ayala de Michelagnnoli). b. *Tenés que ser responsable, {tu/su/nuestro/vuestro} hijo. c. *Tenés que ser responsable, {mis/tus/sus/nuestros/vuestros} hijos. d. {Su excelencia/Vuestra señoría}, es todo un honor conocerlo al fin. Posteriormente, el uso del posesivo podría haberse extendido a otros contextos, en los que los inferiores lo utilizaban para dirigirse a sus superiores manteniendo, en cierta manera, el carácter jerárquico entre ambos. Si esto es cierto, se justificaría la presencia del posesivo en expresiones del español actual con nombres de jerarquía como señor, sargento, jefe, etc.: (188) a. Mi jefe, déjenos trabajar (México, CORPES, Loret de Mola, 2011). b. ¿Se te ofrece algo, mi señor? (Colombia, CORPES, Cardona, 2005). c. Mi sargento, aquí hay sangre, uno va herido (España, CREA, Chacón, 2002). Finalmente, el empleo de la construcción ‗posesivo + nombre‘ se habría expandido a los contextos en los que el posesivo establece relaciones simétricas, donde habría adquirido un valor afectivo. Dicha lectura, de nuevo, solo es posible con posesivos en primera persona (mi), ya que «expresa[n] una relación afectiva de signo positivo con respecto al referente del NP» (Fernández Leborans, 1999: §2.4.4.3.). Esta interpretación se vuelve imposible con los posesivos de segunda y tercera persona, puesto que marcan distancia en relación al portador del SN (Fernández Leborans, 1999: §2.4.4.3.). De esta manera, se explica la extensión de la forma ‗posesivo + nombre‘ a sustantivos que denotan cariño como cielo, niña, amor, corazón, pero también a los nombres de relación o parentesco como hermano, amigo y otros semejantes: (189) a. Mi amor, ponte derecha, y no suenes más la patineta (Venezuela, CREA ORAL). b. Y perdóname, mi cielo, la expresión (Venezuela, CORPES, Rosas, 2011). lugar de mi en estructuras vocativas como las siguientes: su excelencia, su ilustrísima, su ilustre señoría, vuestra señoría, etc. 181 c. Cierra los ojos, mi niña, que ya mismo empiezo a contar (Argentina, CREA, Obligado, 2002). d. Por supuesto que no, mi corazón (República Dominicana, CORPES, Hernández y Ronzino, 2002). e. Me ofendes con la pregunta, mi hermano (México, CORPES, Güemes, 2011). Por otro lado, ejemplos como los de (186)-(189) plantean el interrogante de si la presencia de estos posesivos constituye un fenómeno generalizado en las variedades en las que se encuentra, o si más bien se trata de un hecho residual que se localiza únicamente en ciertas variedades y de manera aislada, por lo que su empleo debería considerarse una excepción. Para poder responder a esta pregunta hemos acudido a los dos grandes corpora del español, CREA y CORPES, los cuales recogen un gran número de datos sobre el comportamiento de estas estructuras en las distintas variedades del español de España y América. Haciendo uso de ellos, se han elaborado dos tablas en las que aparece el número ejemplos encontrados de estas construcciones en uno y otro corpus. Sin embargo, en este punto es importante hacer una serie de aclaraciones. En primer lugar, los datos que se presentan son parciales, no concluyentes, ya que los corpora empleados (CREA y CORPES) trabajan principalmente con fuentes escritas y no cuentan con el mismo número de ejemplos de cada país. Por ejemplo, en CREA únicamente la mitad de los datos provienen de América 188 , mientras que en CORPES los textos recogidos de América constituyen más de la mitad del total –el 70%– frente al 30% de los peninsulares (datos obtenidos de CREA y CORPES). Por otro lado, si bien la distribución de los datos por países de CORPES es similar a la que se encuentra en CREA (vid nota 188), CORPES introduce una novedad: la inclusión de textos procedentes de Guinea Ecuatorial y Filipinas. De esta manera, es esperable encontrar más casos de expresiones con posesivos en CORPES que en CREA, ya que abarca más países y posee un número mayor de ejemplos. En consecuencia, si 188 De las variedades americanas, el 40% de los datos proviene de la zona mexicana (México, suroeste de EEUU, Guatemala, Honduras y El Salvador); el 20%, de la región andina (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia); el 17%, de la zona caribeña (Cuba, Puerto Rico, Panamá, República Dominicana, las costas de Venezuela y Colombia, y el noreste de EEUU); el 14%, de la zona del Río de la Plata (Argentina, Paraguay y Uruguay); el 6%, de Chile, y el 3%, de la zona central (Nicaragua y Costa Rica) (datos obtenidos de CREA). 182 bien estos datos no son concluyentes porque no trabajan con el mismo número de textos de cada variedad, sí son representativos, ya que resultan de gran utilidad para mostrar tendencias acerca del comportamiento de estas construcciones tanto en el español americano como en el peninsular. En segundo lugar, habría que señalar que en las tablas aparecen las fórmulas con posesivos más frecuentes (vid (186)-(189)), lo cual no significa que no existan más. Por ejemplo, se encuentran otros muchos nombres que denotan jerarquía –principalmente en el mundo militar– que se construyen con posesivo (mi teniente, mi capitán, mi coronel, etc.) y una gran variedad de sustantivos que se utilizan con valor afectivo (mi vida, mi tesoro, mi cielo, mi chiquitina, mi pequeña, etc.). Sin embargo, no era posible incluirlos todos en el estudio, por lo que únicamente se recogen en las tablas aquellos que se consideran más comunes a ambos lados del Atlántico. Finalmente, es importante indicar que en cada tabla aparecen únicamente aquellos países en los que se han encontrado ejemplos de estas construcciones. Ello no implica que dichas expresiones no existan o no se empleen en otros países, sino que no se han detectado o no había datos suficientes en el momento en el que se ha efectuado la búsqueda (CREA: marzo de 2017; CORPES: abril de 2018). Así, en la tabla 4 se recogen ejemplos de CREA de 16 países, mientras que en la tabla 5 se registran los datos de CORPES de 7 países más (EEUU, El Salvador, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Honduras, Panamá, Uruguay), entre los que se incluyen los dos nuevos: Filipinas y Guinea Ecuatorial. 183 Tabla 4. Muestra del uso de ‗posesivos + sustantivos‘ en construcciones vocativas (CREA). N. PARENTESCO N. JERARQUÍA N. TRATO ÍNTIMO Hijo/-a Amigo /-a Hermano /-a Jefe Señor /-a Sar- gento Amor Cie- lo Ni- ña Co- ra- zón Argentina 1 8 - - 4 - 2 - 2 - Bolivia - - - - 1 - - - - - Chile - 14 - - - - 11 - 2 - Colombia 1 4 - - 2 - 12 - 1 - Costa Rica - - - - - - 1 - - - Cuba 4 11 - - - - 2 - 1 - Ecuador - - - - - - - - - 2 España - - - - 6 4 10 2 18 - Guatemala - - - 2 - - - - - - México 14 31 - 27 3 - 2 1 7 - Nicaragua - 1 - - - - - - - - Paraguay 1 - - - 1 - - - - - Perú - 16 - - - - 3 - - - Puerto Rico 1 - - - - - 1 - - - República Dominica- na 1 - - - - - - - - - Venezuela 8 20 3 5 1 - 10 - 3 1 TOTAL: 31 105 3 34 18 4 54 3 34 3 184 Tabla 5. Muestra del uso de ‗posesivos + sustantivos‘ en construcciones vocativas (CORPES). N.PARENTESCO N. JERARQUÍA N. TRATO ÍNTIMO Hijo/ -a Amigo/ -a Herma- no/ -a Jefe Señor/ -a Sargen- to Amor Cie- lo Ni- ña Cora- zón Argentina 1 13 - - 8 6 238 10 11 - Bolivia - - - 2 3 - 15 2 6 - Chile - 20 - - 17 5 166 9 24 - Colombia - 3 2 - 23 - 202 5 16 1 Costa Rica - 1 - - - - 16 1 - - Cuba 3 14 9 - 3 - 51 14 14 - Ecuador - 1 - 1 1 - 26 - 7 - EEUU - - - - 1 - 1 - - - El Salvador - 8 - 1 3 2 20 - 1 - España 1 9 - - 56 17 204 6 67 1 Filipinas - - - - - - 1 - - - Guatemala - 8 - - - - 22 - - - Guinea Ecuatorial 1 - - - - - - - - - Honduras - - - - - - 4 - - - México - 22 12 24 23 1 168 25 33 1 Nicaragua 4 - - - 1 1 15 - 5 - Panamá - - - - - - 9 2 - - Paraguay 19 3 - - 9 1 52 2 2 2 Perú - 3 - - 5 - 90 1 5 - Puerto Rico - - - - - - 27 - 23 - República Dominica- na 5 3 - - 1 - 18 1 2 1 Uruguay - 4 - - 2 - 60 - 10 - 185 Como muestran las tablas 4 y 5, la presencia de los posesivos en las construcciones vocativas no es un hecho residual o aislado, sino que se trata de un fenómeno generalizado que se extiende a casi todas las variedades del español, principalmente a las americanas. De acuerdo con la tabla 4, son cuatro los países en los que se encuentran ejemplos de posesivos con cualquier clase de sustantivo, a saber: Argentina, Colombia, México y Venezuela. Sin embargo, la tabla 5 muestra que, en realidad, son muchos más –según CORPES, 14: Chile, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Nicaragua, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay, más los cuatro anteriores–, lo que implica que el uso de la forma ‗posesivo + nombre‘ es bastante común a ambos lados del Atlántico, principalmente en América. Además, en estos 14 países se refleja claramente una preferencia en el empleo de los nombres que denotan trato íntimo, principalmente mi amor seguido de mi niña y mi cielo. Por su parte, entre los nombres de parentesco los hablantes se inclinan mayoritariamente por la utilización de mi amigo/-a, mientras que entre los títulos, destaca el uso de mi señor, seguido de mi jefe y mi sargento. En los párrafos siguientes se analizarán brevemente las particularidades y la distribución que presenta cada uno de ellos. En relación a los nombres de parentesco, las tablas 4 y 5 ponen de relieve el predominio que ejerce mi amigo (328 casos) frente a las demás formas, principalmente en la zona del Río de la Plata (Argentina) y en la caribeña (Cuba), en la región andina (Colombia y Venezuela), en la zona mexicana (México, Guatemala) y en Chile. Por su parte, mi hijo (96 casos) se localiza con asiduidad en la zona del Río de la Plata (Paraguay) y en la caribeña (República Dominicana), pero también en el ya mencionado México y en la zona central (Nicaragua). Finalmente, mi hermano es el menos común (30 casos), aunque se registran varios ejemplos en México y Cuba, y algunos en la región andina (Colombia y Venezuela): (190) a. Si lo desea, puede sostener a esta mujer, mi amigo, yo sé que usted es lo suficientemente hombre como para hacerlo -le aseguró (Argentina, CORPES, Oyola, 2012). Venezuela - 6 1 - 15 3 174 13 20 1 TOTAL: 34 118 24 28 171 36 1.579 91 246 7 186 b. Pero usted está igualito, mi amigo; los años no lo tocan (Cuba, CORPES, Dovalpage, 2006). c. Piensa, mi amigo, en la equivalencia del cuerpo (México, CREA, Fuentes, 2002). d. No mueras aquí, mi amigo (Venezuela, CORPES, Villa, 2007). (191) a. Los poemas que yo te recitaba, mi hijo, eran los únicos poemas que yo podía recitar en voz alta (Paraguay, CORPES, Amarilla, 2010). b. ¿Qué te ocurre, mi hijo? ¿Estás bien? (República Dominicana, CORPES, Gautier, 2006). c. No tengas miedo, mi hijo. Ya pasó (Nicaragua, CORPES, Dreyfus Bendaña, 2004). (192) a. ¿Qué te duele, mi hermano? Cuéntame todos tus síntomas, la consulta telefónica te será cargada (México, CORPES, Güemes, 2011). b. Cuidado porque oye, mi hermano, siempre hay un ojo que te ve (Cuba, CORPES, Suri Quesada, 2004). c. La vida debe copiar al arte, mi hermano (Colombia, CORPES, Rubiano Vargas, 2001). d. Eso es talento, mi hermano. Este país lo da todo (Venezuela, CREA, Ott, 1999). En España (193), sin embargo, se encuentran muy pocos casos en ambos corpora (10 en total). Esto último pone de manifiesto que se trata de un fenómeno más bien aislado en el español europeo, sobre todo si se tiene en cuenta el gran número de textos de la variedad peninsular con los que trabajan estos corpora: (193) a. Entonces habló Isaac a Abraham su padre y dijo: «Padre mío 189 ». Y él respondió: «Héme aquí, mi hijo». Y él dijo: «He aquí el fuego y la leña» (España, CORPES, Sánchez Ferlosio, 2008). 189 En este ejemplo se muestra que sí es posible el empleo como vocativo de padre mío o madre mía frente a la agramaticalidad que conlleva la forma prenominal: *mi padre/*mi madre. No obstante, el uso del posesivo pospuesto resulta un tanto arcaico y es propio de las exclamaciones o de los apóstrofes como 187 b. Es difícil ser un buen funámbulo, mi amigo (España, CORPES, De Villena, 2003). No obstante, llama la atención que no se localicen ejemplos en los que el posesivo prenominal se combine con nombres de relación o parentesco como madre o padre 190 . Si se acepta la propuesta de Keniston (1937), la ausencia de ejemplos de este tipo podría deberse a que, con esta fórmula, lo que se estaría indicando es que el hijo, superior, se dirige a un inferior, su progenitor. Por consiguiente, no tendría sentido el uso del posesivo, sobre todo si se entiende que la relación entre padres e hijos es siempre asimétrica (padre > hijo /* hijo > padre / *padre – hijo). Finalmente, es importante señalar que algunos nombres de parentesco son tan frecuentes que han acabado estandarizándose. Este es el caso de mi hijo, cuyo uso dejó de ser exclusivo entre personas que estuvieran emparentadas para utilizarse de forma generalizada entre individuos que no poseen tal relación. Sin embargo, en cierta manera la relación jerárquica se mantiene, ya que lo más común es que la expresión la empleen personas de mayor edad para referirse a interlocutores más jóvenes. Tal estandarización llega, incluso, a la gramaticalización de la expresión, que se reanaliza como una única palabra (mijo/-a), como muestra el hecho de que admita formas en diminutivo (194e). Estos últimos casos son muy comunes en el español de Colombia (194a), Cuba (194b), México (194c) o Venezuela (194d): (194) a. Ese carro es un clásico, mija, olvídese. Esas cosas no se venden (Colombia, CORPES, Rubiano Vargas). b. Oye, mija¸ ¿quién te escribió este discurso? (Cuba, CREA, Álvarez Gil, 2002). c. Por favor, mija: no hagas nada que me avergüence (México, CORPES, Mendoza, 2001). d. Los hombres son así, mija, mientras la tienen a una segura, ni te ven (Venezuela, CORPES, Celis, 2001). el que se encuentra en el poema «Padre mío» de Vicente Aleixandre: «Lejos estás, padre mío, allá en tu reino de las sombras» (Sombra del Paraíso, 1944: VI). 190 En este punto es importante señalar que se encuentran expresiones con padre/madre que expresan sorpresa o enfado en las que el posesivo sí puede aparecer: ¡Mi madre! ¿Qué has hecho con tu cuarto?; ¡Madre mía! ¿Qué le ha pasado a tu pelo? Sin embargo, se trata de expresiones fijas que no desempeñan funciones vocativas: son interjecciones. Por consiguiente, no se tendrán en cuenta a lo largo de esta investigación. 188 e. Todo te toca a ti hacer, mijita (Venezuela, CREA, oral). Con respecto a los nombres de jerarquía, las tablas 4 y 5 muestran un gran número de casos –concretamente 291–, lo que implica que son formas muy habituales en la lengua. Entre ellos, se observa la preponderancia de mi señor (189 casos), seguido de mi jefe (62 casos) y mi sargento (40 casos). Si bien mi jefe parece circunscribirse a América, principalmente a México y Venezuela –no se encuentran ejemplos en España–, mi señor y mi sargento se localizan a ambos lados del Atlántico. Así, se hallan casos de mi señor en España, la región andina (Colombia y Venezuela), México y Chile, mientras que mi sargento es común, además de en España, en el río de la Plata (Argentina), Chile y la región andina (Venezuela). Algunos ejemplos a este respecto se recogen a continuación: (195) a. Grandes decepciones le aguardan, mi señor (Chile, CORPES, Muñoz Valenzuela, 2007). b. Con todo respeto, mi jefe, no se me amilane (México, CORPES, Uribe, 2007). c. ¿Qué pienso de qué, mi sargento? (Argentina, CORPES, Kohan, 2002). El significado de la expresión se suele asociar a contextos específicos –por ejemplo, al ámbito militar–, de manera que en algunos casos estas estructuras se han convertido en fórmulas ritualizadas. Su empleo implica la existencia de una relación de poder asimétrica (el hablante, ‗inferior‘, se dirige a un ‗superior‘, el oyente) que, en ciertos contextos, se interpreta simplemente como una mera marca de cortesía o de respeto (e.g. ¿Puedo ayudarla, mi señora?). Finalmente, los nombres que denotan trato íntimo son, según los datos de las tablas 4 y 5, las construcciones con posesivos más extendidas a ambos lados del Atlántico. Prueba de ello es que se han registrado 94 casos en CREA y 1.923 en CORPES, lo que hace un total de 2.017 ejemplos. Su uso es bastante similar en España e Hispanoamérica: se emplean para mostrar cercanía y familiaridad, por lo que estas fórmulas pierden su significado originario para indicar, simplemente, afecto. 191 Estos nombres afectivos pueden concatenarse (196a) y, además, recibir complementos (196b- d), principalmente adjetivos: 191 En algunas zonas de América, su uso se ha extendido para referirse a personas desconocidas en lugares como los mercados (RAE/ASALE, 2009: §16.16l). 189 (196) a. Ahora mi vida, mi amor, mi cielo, tienes que decidir: puedes quedarte o puedes dejarme (México, CORPES, Solares, 2006). b. Calma, mi niña bonita (Bolivia, CORPES, Parejas Moreno 2009). c. ¿Y ahora qué ve, mi niña favorita? (Chile, CORPES, Marras, 2003). d. Mi niña de perfecta sonrisa, en esa pregunta se esconde la respuesta (España, CORPES, Álvarez, 2009). Hay formas que se emplean más que otras. Por ejemplo, la más frecuente es mi amor, seguida de mi niña, mi cielo y mi corazón. La primera, mi amor, se encuentra prácticamente en todas las variedades del español, dando lugar a un total de 1.633 ejemplos. Es muy habitual en la región andina (Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia), la zona del Río de la Plata (Argentina, Uruguay, Paraguay), la mexicana (México, Guatemala) y Chile, pero también en la caribeña (Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Panamá) y en España, donde se localizan más de 200 ejemplos: (197) a. Por cierto, mi amor, ¿conseguiste trabajo? (Ecuador, CORPES, Cortez, 2012). b. No, mi amor, estoy pidiendo papel y lápiz a Fritz (Argentina, CORPES, Maronna y Pescetti, 2001). c. Pero no había que preocuparse mucho porque todo el mundo anda en algo, mi amor (Guatemala, CORPES, Cuevas Molina, 2008). d. ¿Estás bien, mi amor? (España, CORPES, Dominique Moreno, 2010). En relación a mi niña, si bien es menos frecuente que mi amor se registran bastantes ejemplos: 280. El mayor número de casos se localiza en España (67), principalmente en Canarias, aunque también es muy habitual en América, sobre todo en la zona mexicana y chilena, la zona caribeña (Puerto Rico y Cuba), la región andina (Venezuela, Colombia, Ecuador) y la zona del Río de la Plata (Argentina, Uruguay). Algunos ejemplos a este respecto se muestran en (198): (198) a. Pero qué nombre más lindo, mi niña, oye (Chile, CORPES, Marras, 2001). 190 b. Sí, mi niña, ya está listo (Puerto Rico, CORPES, Day, 2012). c. ¿Qué te pasó, mi niña? (Colombia, CORPES, Aristizábal Gájaro, 2011). d. Pero si no hay olas, mi niña (Uruguay, CORPES, Majfud, 2001). Por su parte, de la expresión mi cielo se encuentran algunos ejemplos (únicamente 28), aunque en menor proporción que los anteriores. Estos casos se registran principalmente en la región del Río de la Plata (Argentina), la zona caribeña (Cuba), la región andina (Venezuela) y en México: (199) a. Qué vamos a hacer, mi cielo. Todo menos separarnos (Argentina, CORPES, Obligado, 2002). b. No tengas miedo, mi cielo (…). Era sólo un pobre enano (Cuba, CORPES, Orlando Rodríguez, 2008). c. Y perdóname, mi cielo, la expresión (Venezuela, CORPES, Rosas, 2011). d. Pero no te pongas así, mi cielo, te sienta mal ese color morado (México, CORPES, Serna, 2010). Finalmente, mi corazón es la menos numerosa: tan solo se han localizado un total de 10 ejemplos, concretamente en la región andina (Ecuador, Colombia, Venezuela), México, región del Río de la Plata (Paraguay), en la zona caribeña (República Dominicana) y en España: (200) a. Hasta mañana. Descansa, mi corazón (Colombia, CORPES, Del Valle, 2002). b. Tengo que cortar, mi corazón (Paraguay, CORPES, Scavone, 2008). c. No puedo negar, mi corazón¸ que hay momentos en que veo muy negro el horizonte (España, CORPES, Antolín, 2005). Como se ha mencionado previamente, la mayoría de estas expresiones, empleadas con valor afectivo, han acabado estandarizándose. La estandarización –o casi lexicalización– de las estructuras se produce cuando las palabras que forman parte de la construcción pierden total o parcialmente su contenido descriptivo. Por ejemplo, tómese el caso del pronombre personal vosotros. Esta forma resulta de la unión de una categoría 191 funcional sin contenido descriptivo, vos, con una categoría léxica, otros. El contenido descriptivo de esta última disminuye gradualmente hasta convertirse en opaco, de manera que se obtiene una categoría funcional a partir de una categoría léxica. De forma análoga, la lengua permite lexicalizar determinados rasgos descriptivos para referir a las personas del discurso. Así, cielo, hijo o jefe habrían perdido su contenido descriptivo para convertirse en ‗categorías funcionales‘. Esto es, ya no designan ‗esfera aparente azul y diáfana que rodea la Tierra‘ (DLE), ‗vástago‘ o ‗superior‘, sino que denotan simplemente cariño o afecto. En consecuencia, se produce una especie de recategorización del nombre descriptivo en un ‗nombre propio afectivo‘. Esto último implica que el hablante no tiene por qué mantener algún tipo de vínculo con el oyente (padre/madre-hijo, inferior-superior, etc.) sino que hace uso de estas expresiones como un mero signo o muestra de afecto (véase el caso en el que se emplea en los mercados: nota 191). Así se explica que la estandarización sea más frecuente entre los nombres de parentesco, presumiblemente por la relación de cercanía familiar que denotan y por su frecuencia de uso. En este sentido, no es extraño encontrar ejemplos de expresiones tales como mija en vez de mi hija en algunas variedades del español, principalmente de América, tal como se mostró en (194). La razón por la que este fenómeno ocurre en ciertos nombres pero no en otros se debe a factores de tipo pragmáticos y culturales. Por ejemplo, en español se emplea mi cielo/cielo mío, mi corazón/corazón mío en construcciones vocativas, pero no se registran casos con dulce corazón, expresión que sí está documentada en lenguas como el inglés: Sweetheart, could you come here? (trad. lit.: ‗Dulce corazón, ¿podrías venir aquí?‘). En consecuencia, la estandarización se convierte en un fenómeno abierto (puede extenderse a otras construcciones) y cultural (afecta a distintas palabras dependiendo de cada lengua). En resumen, a lo largo de esta sección se han examinado, con la ayuda de dos corpora (CREA y CORPES), los casos en los que los posesivos pueden encabezar las construcciones vocativas. Tras el análisis de las variedades del español en las que esta fórmula se localiza, se ha llegado a la conclusión de que se trata de un fenómeno general, no residual, ya que afecta a prácticamente todas las variedades del español tanto de España como de América. Además, se ha puesto de manifiesto que algunas de estas expresiones son fijas o están estandarizadas, si bien otras mantienen total o 192 parcialmente su significado. Finalmente, se ha mostrado que el posesivo se relaciona con el hablante y marca una relación de poder con el oyente –que puede ser reinterpretada como afectiva (relación i-p) –, en la que el nombre actúa como una especie ‗calificador‘ del interlocutor (Bodelot, 2009: 126). Sin embargo, estas construcciones no son exclusivas del español y de sus distintas variedades: se encuentran numerosos casos en diferentes lenguas, tal como muestra la siguiente sección. 3.2.2.1.1. Variación lingüística La sección anterior ponía de relieve que en el español tanto de España como de América las expresiones vocativas con posesivo presentaban un doble comportamiento en función de la posición que ocupara el posesivo. Así, coexisten casos en los que aparece en posición prenominal (mi amigo, mi jefe, mi amor) y otros en los que se sitúa en una posición posnominal (amigo mío, jefe mío, amor mío). La pregunta que cabría hacerse es si esta heterogeneidad es única del español o si, por el contrario, se documenta en más lenguas. A este respecto, la bibliografía ofrece tres opciones: (a) lenguas en las que necesariamente el posesivo se encuentra en posición posnominal (griego –Hill, 2013b; Stavrou, 2014; –, ruso: (201)), (b) lenguas donde se antepone (francés, inglés: (202) y (c) un pequeño grupo que admite, como el español, la anteposición y la posposición, si bien es más común esta última (203) 192 . Por lo tanto, la presencia del posesivo en posición pre o posnominal en construcciones vocativas depende de las propiedades de cada lengua 193 : (201) a. Pedi mu, ela na se do Griego NinoVOC mío, ven PartSUBJ tú ver ‗Mi niño, ven para que te vea‘ 192 Este último es el caso del italiano, que solo se admite la anteposición si la expresión es compleja (Brandimonte, 2010: 251-252). 193 Los ejemplos han sido tomados de Stavrou (2014: 322: (201a)), D‘hulst et al (2007: 208: (202a)), adaptado de Hill (2013b: 48 y ss.: (202b)) y Moro (2013: 252-255: (203a-b)). 193 b. Мой друг, ты идешь со мной 194 Ruso Amigo míoVOC, tú vienes con mí ‗Amigo mío, ¿vienes conmigo? (202) a. Venez, mes enfants! Francés Venid mis niñosVOC ‗¡Venid, mis niños! b. My friend, tell me the truth Inglés Mi amigo VOC di me la verdad ‗Mi amigo, dime la verdad‘ (203) a. O donna mia, Maria è partite. Italiano Oh señoraVOC mía, María ha partido ‗Señora mía, María ha partido‘ b. O mio re, Gianni vuole un caballo Oh mi reyVOC , Gianni quiere un caballo ‗Mi rey, Gianni quiere un caballo‘ Además, ejemplos como los de (201)-(203) muestran que las clases de sustantivos que pueden aparecer en estas construcciones son, curiosamente, las mismas que las que se localizan en las variedades del español, lo que invita a pensar que su empleo no es trivial (vid §3.2.2.1.). De esta manera, se encuentran ejemplos de posesivos con nombres de parentesco (204a), de jerarquía (204b) o afectivos (204c), siendo estos últimos los más frecuentes, tal como ocurre en español: (204) a. I cannot wait any longer, my son! Inglés Yo puedo-no esperar más tiempo, mi hijoVOC ‗No puedo esperar más, mi hijo‘ 194 Quiero agradecer a Alexandra Duttenhofer y Katarina Fertalj su ayuda en la elaboración de estos ejemplos. Por supuesto, todos los fallos son responsabilidad mía. 194 b. Signore mio, gli stva aspettando Italiano Señor míoVOC, le estaba esperando ‗Señor mío, le estaba esperando‘. c. Meu amor, traz- me o café 195 Portugués Mi amorVOC trae- me el café ‗Mi amor, tráeme el café‘ Por tanto, la presencia de posesivos en construcciones vocativas –ya sean pre o posnominales– no es un hecho único del español sino que se documenta en un gran número de lenguas: desde las romances (italiano, francés, portugués) hasta las germánicas (inglés) o eslavas (ruso). Además, las clases de sustantivos que aparecen en estas construcciones coinciden con las que se encuentran en las variedades del español, si bien pueden existir pequeñas diferencias (por ejemplo, en los nombres afectivos o que denotan trato íntimo: vid 3.2.2.1.). En consecuencia, se pone de manifiesto que la presencia de los posesivos en construcciones vocativas no es un fenómeno residual sino un hecho generalizado y común a un gran número de lenguas y dialectos 196 . 3.2.3. Recapitulación A lo largo de este apartado se han examinado los tipos palabras y construcciones que pueden funcionar como complementos o modificadores de las expresiones vocativas. De acuerdo con ellos, se ha llegado a la conclusión de que los vocativos presentan un doble comportamiento. Por un lado, los vocativos con determinación o de tipo 2 pueden construirse con complementos restrictivos (e.g. SP, adjetivos, aposiciones u oraciones de relativo especificativas) y no restrictivos (e.g. aposiciones y oraciones de relativo explicativas). Por otro lado, los vocativos sin determinación o de tipo 1 tienen la posibilidad de combinarse con complementos no restrictivos pero rechazan la presencia de complementos restrictivos y modificadores. En los casos en los que estos últimos aparecen, se ha mostrado que no modifican al núcleo vocativo sino que forman 195 Ejemplo adaptado de Carvalho (2013: 55). 196 Los motivos por los que el posesivo se legitima en estos contextos serán examinados en §3.3.3. 195 parte del nombre del destinatario. Por lo tanto, estas estructuras se interpretan como ‗nombres compuestos‘. Finalmente, se ha señalado que se localizan casos en los que los vocativos de tipo 2 pueden estar encabezados por determinantes definidos: artículos, demostrativos y posesivos. Se ha observado que estos últimos marcan un tipo de relación entre hablante y oyente (de parentesco, afectiva o de poder), ya sea desde su posición pre o posnominal. Se ha mostrado, además, que en ellas únicamente se legitiman los nombres que denotan trato íntimo, jerarquía o parentesco. Asimismo, se ha indicado que el uso de las estructuras ‗posesivo + nombre‘ con valor vocativo no son meras excepciones sino que su empleo está bastante generalizado a ambos lados del Atlántico, como ponen de relieve los numerosos ejemplos encontrados en los corpora CREA y CORPES. Por último, se ha mostrado que la utilización de estas expresiones es un fenómeno que se registra en otras lenguas, como por ejemplo en italiano, ruso, griego o en inglés. Una vez que han sido examinados los tipos de modificadores y complementos que pueden tener las construcciones vocativas, el siguiente apartado se centra en cuestiones relativas al tipo de proyección funcional a la que se asocian los núcleos de estas construcciones. 3.3. Los vocativos y su proyección funcional El objetivo de este apartado es determinar el tipo de proyección funcional que conforman las construcciones vocativas. Mi propuesta es que se insertan en SSDD independientemente de que sean pronombres, nombres propios, comunes o adjetivos. Así se explica su naturaleza referencial y específica, y su rechazo a los determinantes en los vocativos de tipo 1 (competirían por la misma posición). Para los vocativos de tipo 2 la determinación se justifica por la lectura discriminativa (artículos definidos y demostrativos) y de relación (posesivos) que estos elementos implican. Con ello en mente, el apartado se divide en cuatro secciones. En la primera, se examina brevemente si las categorías gramaticales del apartado anterior (a saber: pronombres personales de segunda persona, nombres propios y comunes, y adjetivos 196 sustantivados) constituyen una oración o un sintagma (§3.3.1.). Una vez que se haya justificado que proyectan sintagmas, en la segunda sección se analiza si se trata de SSNN o de SSDD (§3.3.2.). Por su parte, la tercera sección (§3.3.3.) procura dar respuesta a cuestiones tan controvertidas en la bibliografía especializada como son por qué las expresiones vocativas de tipo 1 no pueden ir encabezadas por determinantes mientras que las expresiones de tipo 2 sí pueden estarlo. El apartado concluye recogiendo las principales propuestas presentadas en las secciones previas (§3.3.4.). 3.3.1. ¿Sintagma u oración? Debido a la posición periférica que ocupan los vocativos (vid §4.2.-§4.3.) y a su interpretación como unidades entonativas independientes (constituyen, por sí mismos, frases entonativas: vid §2.4.1.2.), las primeras investigaciones (e.g. Alonso Pedraz, 1968; Casellas Casedomont, 1978; et al.) y algunas recientes (e.g. Cabrillana Leal, 2009) apuntan en la línea de que los vocativos conforman oraciones. En este sentido, algunos han llegado a afirmar que en estas construcciones existe un verbo elidido como resultado de la unión de dos oraciones con un sujeto común, tú. En consecuencia, la suma de Tú haz la compra + Tú eres Ana produciría Ana, haz la compra (Casellas Casedomont, 1978: 121). Sin embargo, esta hipótesis encuentra varios inconvenientes, tal como se mostrará en los párrafos siguientes. El primero tiene que ver con su valor de verdad. Según señala Giusti (2012), la diferencia entre una expresión nominal y una cláusula está basada en que únicamente la segunda posee un valor proposicional (Giusti, 2012: 211). Sin embargo, en el capítulo 2 se argumentó que los vocativos no poseen contenido proposicional ni influyen en el valor de verdad de la oración, aunque sí en su interpretación (vid §2.1.1.). En consecuencia, la ausencia de contenido proposicional de los vocativos impediría que conformaran oraciones. El segundo problema se asocia con la necesaria correferencialidad entre vocativos y sujetos, sobreentendida por autores como Casellas Casedomont (1978). Si bien es cierto que en las oraciones imperativas la referencia del vocativo coincide con la del sujeto 197 , no ocurre lo mismo cuando la oración es, por ejemplo, enunciativa. Así, en 197 El motivo por el que este fenómeno se produce será estudiado en el siguiente capítulo (vid §4.4.). 197 Celia, María me ha dicho que estaba preocupada por su abuelo no se podría suponer que se ha formado como resultado de la unión de Tú, María, me has dicho que estabas preocupada por tu abuelo + Tú eres Celia por varias razones. La más inmediata tiene que ver con el elemento que funciona como sujeto en una y otra oración: en un caso, el individuo que realiza la acción del predicado decir es María, mientras que en el otro es tú. Por consiguiente, no es posible justificar la ‗unión‘ de estas dos oraciones puesto que la referencia de sus sujetos no coincide (vocativos extradeícticos: vid §2.1.4.2.); no puede darse, por tanto, una lectura correferencial. En este punto se sitúa el tercer inconveniente de este análisis: los vocativos pueden referir o bien a un argumento del predicado verbal, no necesariamente el sujeto (vocativos intradeícticos: Maríai, tei dije que lo dejaras tranquilo), o bien a una entidad que no forme parte de la red temática del predicado (vocativos extradeícticos: María, ¿sabes qué tiempo hace hoy?) (vid §2.1.2. y §2.1.4.). Sin embargo, la consideración de los vocativos como oraciones no contempla ninguna de estas dos posibilidades. En consecuencia, no podría mantenerse la suposición de que las construcciones vocativas son resultado de la unión de dos oraciones, puesto que el sujeto de ambas no coincide (referencia disjunta). El cuarto problema tiene que ver con la función que desempeñan los vocativos y con su significado. Si bien pueden servir para identificar al oyente –sobre todo cuando funcionan como llamadas o calls–, también pueden cumplir otras funciones como la fática o de contacto (addressees en términos de Zwicky: vid §2.1.1.). En estos casos, no identifican al destinatario sino que sirven para mantener su atención: Me parece a mí, Rafa, que estás muy equivocado/Me parece a mí que estás muy equivocado, Rafa. Teniendo todo ello en cuenta, ¿cómo se justifica que el vocativo Rafa equivalga a una oración identificativa como Tú eres Rafa en estas construcciones si lo que se está queriendo decir algo es así como ‗Rafa, mantén tu atención y sigue escuchándome‘? El último inconveniente se relaciona con su naturaleza entonativa. El hecho de que constituyan unidades entonativas independientes no convierte a los vocativos necesariamente en oraciones. En el capítulo anterior (vid §2.4.1.2.), se señalaba que las oraciones de relativo explicativas conformaban frases entonativas por sí mismas pero también lo podían hacer otros elementos como los adverbios periféricos del tipo honestamente: Honestamente, no me importa lo que digas. Estos últimos, que también pueden asociarse con uno de los participantes del discurso (el hablante, en este caso), 198 ocupan, según Cinque (1999), la posición de especificadores de una serie de proyecciones funcionales (acto de habla, evaluativa, evidencial, etc.), pero no por ello constituyen oraciones independientes ni se sobreentiende que posean un verbo elidido 198 . Por consiguiente, el hecho de que los vocativos tengan rasgos entonativos independientes no es razón suficiente para considerar que conforman oraciones, sino más bien sugiere que son enunciados independientes: constituyen actos de habla independientes y distintos del acto realizado por la oración. En este sentido, ocupan una posición externa, tal como mostraremos en el capítulo siguiente (vid §4.2.- §4.3.). Por lo tanto y de acuerdo con lo anterior, no existe ninguna evidencia gramatical que demuestre que los vocativos conforman por sí mismos oraciones, ni ninguna prueba que indique que existe un verbo elidido como resultado de la unión de dos oraciones que comparten un mismo sujeto. De esta manera, se partirá de la idea de que los núcleos vocativos (a saber, pronombres personales, nombres propios y comunes, así como adjetivos sustantivados) proyectan sintagmas, no constituyen oraciones sino enunciados. La pregunta que entonces surge es de qué naturaleza es este sintagma, cuestión que será analizada en la siguiente sección. 3.3.2. ¿Qué tipo de sintagma proyectan? Determinar el tipo de sintagma que proyectan las construcciones vocativas es una cuestión que ha dado lugar a división de opiniones entre los expertos. Debido a que en la mayor parte de los casos no pueden ir encabezados por determinantes –ya sean definidos o indefinidos: vocativos de tipo 1–, son muchos los que consideran que los vocativos proyectan SSNN (Longobardi, 1994; Stavrou, 2014). Por el contrario, la posibilidad de que, entre otras razones, puedan ir precedidos en ciertos contextos y lenguas por ciertos determinantes (vocativos de tipo 2: El chico de la última fila, ven; Les copains, venez ici; etc.: vid §3.1.2.2.) lleva a otros a afirmar que los vocativos son SSDD (Szabolcsi, 1994; Crisma, 1997; Moro, 2003; D‘hulst et al., 2007; Bernstein, 2008; Slocum, 2010; Espinal, 2013). Finalmente, existe una opción intermedia, que es secundada por investigadores como Hill (2013b: 95 y ss.). En ella se defiende que las 198 La relación entre vocativos y estos adverbios será estudiada en §4.7.1.1. 199 construcciones vocativas proyectan SSNN por defecto y, en casos específicos 199 , SSDD (Hill, 2013b: 79). El objetivo de esta sección es esclarecer cuál de las tres opciones es la correcta. Para poder dar respuesta a esta cuestión, lo primero que habría que hacer sería remontarse a la propuesta de Longobardi (1991, 1994, 2001). El mencionado autor, famoso por sus estudios sobre los nombres propios y los nombres escuetos, establece una generalización basada en Stowell (1989) que ha tenido gran repercusión entre los investigadores. Esta consiste en afirmar que, en las lenguas romances, un argumento es un SD y no un SN, debido a la naturaleza necesariamente predicativa que se obtiene en este último (Longobardi, 1994: 628; Longobardi, 2001: 581). La razón que le lleva a tal generalización se sigue de la observación de los siguientes ejemplos: (205) a. Gianni è medico Gianni es médico ‗Gianni es médico‘ b. Gianni è un medico. Gianni es un médico ‗Gianni es un médico‘ (Longobardi, 1994: 618). (206) a. El chico es médico b. *Chico es médico. Tal como muestran los ejemplos de (205) y (206), el atributo en italiano se puede construir de dos formas: mediante un SD (un medico: (205a)) o mediante o un SN (medico: (205b)), siendo esta última opción la más común. Por su parte, el sujeto solo puede desempeñar tal función si se inserta dentro de un SD ((206a): vid §3.1.2.2.). Por consiguiente, un SD puede ser un argumento –y, en ciertos casos, un predicado–, mientras que un SN solo puede obtener una lectura predicativa (Longobardi, 1994: 628). 199 Estos casos son, según Hill, aquellos en los que las expresiones vocativas contienen elementos que solo pueden ser licenciados por un SD (Hill, 2013b: 79). Nos referimos a construcciones encabezadas por determinantes (artículos definidos y posesivos), pronombres o nombres propios. 200 Esta es la razón por la que, en líneas generales, la bibliografía especializada considera que los SSDD son argumentos y los SSNN, predicados (Bosque, 1996a; Leonetti, 1999a, 2016; Bernstein, 2001a; et al.). Tal afirmación lleva a asumir al propio Longobardi (1994) y a otros muchos autores como Stavrou (2014) que, dado que los vocativos solo pueden ser interpretados como predicados y nunca como argumentos, proyectan necesariamente SSNN. De ser esto cierto, se explicaría por qué no pueden llevar determinación 200 : (207) a. *La señora, ¿la ayudo? b. *Este compañero, necesito tu ayuda. c. *Una amiga, te he echado de menos. Sin embargo, los vocativos no pueden ser SSNN por varios motivos. El primero se relaciona con la posición que ocupan en la proyección los pronombres personales, expresiones vocativas por excelencia (vid §3.1.1.). Es un hecho reconocido entre los gramáticos que, tal como afirman Postal (1969), Abney (1987) o Longobardi (1994, 2001) entre otros muchos (vid §3.4.2.2.1.), los pronombres personales se generan directamente en Dº debido a sus propiedades intrínsecamente definidas y deícticas y, en consecuencia, referenciales. Por lo tanto, se hace necesario postular la existencia de un SD, no de un SN, en cuyo núcleo se sitúe el pronombre 201 , máxime si todas las estructuras vocativas equivalen en último término a estos pronombres (vid §3.1. y §3.4.2.2.1.). El segundo motivo se relaciona con la posición que ocupan los nombres propios en la proyección. En ausencia de determinantes expletivos, estas categorías gramaticales, segundas construcciones vocativas en la jerarquía (vid §3.1.4.), se moverían en las lenguas romances desde una posición Nº en la que se generan a una posición de aterrizaje Dº, tal como demuestra Longobardi (1994) y se estudiará en §3.4.2.2.2. Este movimiento se justifica por la necesidad de los nombres propios de obtener una interpretación de objeto individual (Longobardi, 1994: 648) y, en 200 Autores como Szabolcsi (1994) defienden que la ausencia de determinación en construcciones vocativas se debe justamente a la naturaleza predicativa de estas construcciones. 201 A esta misma conclusión llegan autores como Crisma (1997), Moro (2003) o Bernstein (2008), entre otros. 201 consecuencia, de objeto referencial (Longobardi: 2001: 589) 202 . De esta manera, sería de nuevo imprescindible suponer que los nombres propios con función vocativa proyectan SSDD, no SSNN: (208) [SD [Dº Maríai ] [SN [Nº hi ] ] ] La tercera razón se debe a que existen casos en un gran número de lenguas en los que los vocativos pueden aparecer encabezados por determinantes definidos (e.g. El chico de la última fila, ven; Les copains, venez ici, etc.: vocativos de tipo 2; vid §3.3.3.), tal como se mostró en secciones anteriores (vid §3.1.2.2.) y ponen de relieve numerosos autores (Moro, 2003; Schaden, 2005; D‘hulst et al., 2007; Espinal, 2013; entre otros). Si bien es verdad que no se trata de un fenómeno común a todas las lenguas ni se extiende a todos los contextos, se hace necesario postular, al menos para estos casos, la existencia de un núcleo Dº en el que el determinante se genere 203 . En consecuencia, las expresiones encabezadas por determinantes (i.e. ‗construcciones vocativas de tipo 2‘) también deben incluirse dentro de un SD, no de un SN 204 . La cuestión que quedaría por resolver es cómo se justifica que los nombres y adjetivos sustantivados proyecten SSDD en aquellos contextos en los que no admiten determinación (vid (207)). Para ello acudimos a otro caso similar en la gramática: el de los sustantivos que desempeñan funciones argumentales pero que no llevan determinación; es decir, el de los denominados por los gramáticos como nombres escuetos o desnudos 205 (Carlson, 1977). Algunos ejemplos de este tipo de construcciones aparecen recogidos en (209): (209) a. Faltan provisiones para los refugiados Sujeto b. Enviaron ambulancias al escenario del crimen OD La aparición de ejemplos como los de (209) pondrían en duda la generalización de Longobardi acerca de la necesidad de insertar las construcciones nominales dentro de un SD para que puedan ser argumentos de un predicado (cfr. (205) y (206)). Por ello, su análisis ha despertado el interés de los investigadores, principalmente porque no se trata 202 A una conclusión similar llegan Crisma (1997), Moro (2003) o Bernstein (2008), entre otros. Esta cuestión se retomará en la sección §3.4.2.2.2. 203 D'Hulst, Coene y Tasmowski (2007: 203) también hacen notar la necesidad de hablar de SSDD y no de SSNN en las construcciones vocativas cuyo núcleo es un nombre propio, así como en las expresiones cuyo núcleo es un nombre común encabezado por un artículo. 204 La razón por la que aparecen estos determinantes y no otros será estudiada en §3.3.3. 205 En inglés, bare nouns (Carlson, 1977). 202 de un fenómeno aislado sino que se localiza en un gran número de lenguas 206 . Entre los múltiples autores que estudian estas construcciones, destacan los siguientes: Benincà (1980), Contreras (1986, 1996), Lois (1986, 1999), Delfito y Schroten (1991), Brugger (1994), Longobardi (1994, 2001), Bosque (1996a), Laca (1996), Chierchia (1998) o, por ejemplo, McNally (2004). Estos trabajos se articulan en torno a dos hipótesis que serán desarrolladas en los párrafos siguientes. La primera hipótesis, defendida por Contreras (1986, 1996), Lois (1986, 1999), Delfito y Schroten (1991) o Longobardi (1994, 2001) entre otros, consiste en asumir que estas estructuras poseen un determinante o cuantificador nulo –determinante invisible, según Contreras (1986, 1996)– como resultado de la interpretación cuantificativa que adquieren en estos contextos (Faltan ambulancias = Faltan{tres/varias} ambulancias). Por consiguiente, los SSNN escuetos se insertarían dentro de un SD con un núcleo nulo que los convertiría en expresiones argumentales. Se preservaría, así, la hipótesis de Longobardi que impedía a los SSNN ser argumentos 207 : (210) [SD Ø [SN ambulancias]]] (Adger, 2002: 210). La segunda hipótesis, recogida en los trabajos de Laca (1996), Chierchia (1998) o McNally (2004), entiende que estos nombres no poseen carácter referencial porque no se combinan con ningún determinante. En consecuencia, solo pueden designar clases o 206 La posibilidad de que estos nombres se construyan sin determinantes depende de las propiedades de cada lengua (Longobardi, 2001: 584). A este respecto, Longobardi (2001) propone una clasificación para las lenguas basada en la capacidad de cada una de ellas de admitir nombres escuetos en posiciones argumentales. Así, diferencia cinco grupos de lenguas: (1) Lenguas sin nombres escuetos: este es el caso del francés. (2) Lenguas con nombres escuetos más estrictos: los nombres escuetos poseen ciertas restricciones con respecto a la posición –generalmente posverbal– en la que pueden aparecer. Según Longobardi, conformarían este grupo las demás lenguas romances como el italiano o el español. (3) Lenguas con nombres escuetos más libres: se encuentran en cualquier posición, incluso en la de sujeto preverbal. Este es el caso de lenguas como el inglés y, de acuerdo con Longobardi, la mayoría de las lenguas germánicas. (4) Lenguas con plurales escuetos indefinidos: estas lenguas solo poseen un artículo léxico definido. En este grupo se encontrarían el islandés, el celta o el hebreo, tal como afirma Longobardi. (5) Lenguas con singulares escuetos ambiguos: es decir, lenguas sin artículos. Nos referimos, siguiendo a Longobardi, a lenguas como el ruso, el latín o el checo. (Longobardi, 2001: 584; mi traducción). 207 Para un análisis más pormenorizado de estas construcciones, véase Bosque (1996a) y las referencias allí citadas. 203 propiedades (e.g. Tengo coche), no entidades o individuos (e.g. Tengo el coche); por ello, se interpretarían como SSNN: (211) [SN [N coche] ] Si ahora se aplican estas dos propuestas a los sustantivos escuetos de las expresiones vocativas, ocurriría lo siguiente. De acuerdo con la primera hipótesis, los nombres vocativos se quedarían en Nº y la posición Dº estaría ocupada por un núcleo nulo –el pronombre de segunda persona tú–, tal como defienden Szabolcsi (1994) o Bernstein (2008), entre otros. En estos casos, los nombres vocativos adquirirían una interpretación genérica y cuantificativa de manera análoga a la que se produce en oraciones del tipo Trajo manzanas que equivaldría a Trajo {tres/muchas} manzanas. No obstante, esta propuesta encuentra una serie de inconvenientes. El primero de ellos se relaciona con el hecho de que las construcciones vocativas no puedan tener una lectura genérica o inespecífica porque en ese caso no cumplirían con sus condiciones de buena formación, según las cuales los vocativos han de ser referenciales y específicos (vid §2.1.1.). Por consiguiente, cualquier individuo que compartiera una serie de propiedades con el oyente se daría por interpelado y, en ausencia de alguien que cumpliera esas condiciones, la comunicación no tendría lugar 208 . Por otro lado, si esta hipótesis fuera cierta el núcleo pronominal debería poder ser recuperado en todos los contextos. Sin embargo, en secciones previas (vid §3.1.1. y ss.) se ha observado que los pronombres de segunda persona solo pueden desempeñar funciones apelativas, no fáticas. Ello supondría un nuevo problema ya que no se podría justificar la presencia del pronombre en tales casos. Esta propuesta queda, por tanto, descartada para explicar el comportamiento de las expresiones vocativas con nombres escuetos. El segundo análisis implica que los nombres y los adjetivos sustantivados con funciones vocativas son SSNN y designan propiedades o clases, no individuos. De ser esto último cierto, los vocativos serían, en unos casos, SSDD (pronombres, nombres 208 De esta manera, además, se explica que las construcciones vocativas no admitan cuantificadores (*{Muchos/Cuatro} niños, venid) ni determinantes que posean propiedades indefinidas (*Unos niños, venid), cuestión que se retomará en la siguiente sección (vid §3.3.3.). 204 propios, construcciones con artículo) y SSNN en otros (nombres y adjetivos sustantivados), tal como propone Hill (2013b). Sin embargo, esta propuesta no puede ser aplicada a las construcciones vocativas por motivos similares a los expuestos para la hipótesis anterior: es un hecho reconocido entre los gramáticos que la posición Nº refiere a conceptos universales (i.e. a tipos), mientras que la posición Dº, a objetos individuales (i.e. a individuos) (Longobardi, 1994: 648). En este sentido, los nombres y adjetivos sustantivados con función vocativa no podrían tener en ningún caso una lectura referencial y específica en Nº, ya que esta interpretación está reservada para Dº tal como afirman múltiples autores (Stowell, 1989; Longobardi, 1994, 2001; Zamparelli, 1995, 2000; Lorenzo, 1995; Crisma, 1997; Roca, 1996, 2015; Lyons, 1999; Bernstein, 2001a; Alexiadou, Haegeman y Stavrou, 2009; Pereltsvaig, 2007;Ticio, 2010; et al.). Por consiguiente, los vocativos incumplirían dos de las condiciones básicas para su buena formación: ser referenciales y poseer rasgos específicos (vid §2.1.1.). En consecuencia, la posibilidad de que sean SSNN queda descartada. Por tanto, sería necesario postular una tercera hipótesis: si los nombres con función vocativa deben adquirir propiedades referenciales y específicas, será necesario suponer que en algún momento de la derivación se mueven al núcleo Dº para obtener tal interpretación 209 . Esta afirmación iría en contra de la propuesta de Longobardi (1994, 2001) y sus seguidores, según la cual los predicados son SSNN y los argumentos, SSDD. A este respecto, Bernstein (2008), influida por Crisma (1997), señala que la hipótesis de Longobardi se sostiene si entendemos que lo que diferencia a los SSDD de los SSNN no es que unos se correspondan con argumentos y otros, con predicados, sino que los primeros implican individuos y los segundos, propiedades (Bernstein, 2008: 1252). En este sentido, las construcciones vocativas serían SSDD, ya que comparten con los argumentos el hecho de denotar individuos, no propiedades (Bernstein, 2008: 1252) 210 . Si esta hipótesis es cierta, los nombres comunes y adjetivos sustantivados con valor vocativo adquirirían rasgos referenciales y específicos independientemente de la presencia del determinante, lo que explicaría por qué los vocativos de tipo 1 no admiten 209 Esta cuestión y otras similares serán retomadas en el apartado §3.4.2.2.3. 210 No obstante, cabe hacer una aclaración: Bernstein (2008) propone que únicamente los nombres propios y los pronombres personales son SSDD, mientras que los nombres comunes y adjetivos, SSNN. Nuestra hipótesis es que todos ellos proyectan SSDD por las razones mostradas en este apartado. 205 determinación. A este respecto, Moro (2003) señala que el único caso de la gramática –además del de los vocativos– que impide a los sustantivos llevar determinación es el de los nombres propios–salvo que esta se interprete como ‗expletiva‘–. Por ello y de acuerdo con el mencionado autor, posiblemente las razones que impiden a las expresiones vocativas llevar determinación son semejantes a las que lo hacen con las construcciones con nombres propios: (…) it must be the case that some different reason explains the absence of the article with Vocative Phrase, possibly related to the referential capacities of the noun phrase involved. In fact, notice that the only other case where the definite article is impossible with proper names, of course in those varieties which allow proper names to occur with articles such as in many Northern Italian varieties, is the case where the proper name plays the role of a predicate (…) (Moro, 2003: 255). De ser esto cierto, se podría considerar que las construcciones vocativas con nombres comunes y adjetivos sustantivados funcionan como algo cercano a los ‗nombres propios vocativos‘. Prueba de ello es que poseen propiedades referenciales por sí mismos, no admiten determinación –salvo que el determinante adquiera un valor discriminativo (vid §3.1.2.2.)– ni ninguna clase de modificador o complemento restrictivo –a menos de que este se interprete como parte del nombre del destinatario (vid §3.2.)–. En consecuencia, quedaría demostrado que los nombres comunes y adjetivos sustantivados con función vocativa actúan, en estos contextos, de manera similar a como lo hacen los nombres propios, cuestión que será retomada en §3.4.2.2.3. En este punto, es importante determinar qué clase de referencia tienen las construcciones vocativas. Tal como se señaló en las secciones precedentes (vid §3.1.4.), los vocativos refieren a uno de los participantes del discurso: el interlocutor. De esta manera se explica que, sean de la naturaleza que sean, equivalgan en último término a los pronombres tú y sus variantes. Sin embargo, la referencia de estas expresiones no se obtiene por su relación con el discurso previo, depende del contexto situacional: varía en función de «quién sea el emisor y el destinatario en cada acto de habla» (Eguren, 2016: 861). En este sentido, los pronombres vocativos tú y sus variantes no están ligados por ningún elemento de la oración (vid §4.5.), sino que su referencia queda anclada al centro deíctico con el que se 206 asocian (i.e. al acto de habla) 211 . De esta manera, los vocativos conformarían expresiones logofóricas, entendiendo logoforicidad en sentido amplio: elementos que encuentran su anclaje en el acto de habla. Las principales características de este concepto se estudiarán en el capítulo siguiente (vid §4.4.). Por último, habría que dilucidar de qué manera los vocativos obtienen sus rasgos personales. A este respecto, Bernstein (2008: 1248 y ss.), inspirada en Longobardi (2008), defiende que sea el propio núcleo Dº el que albergue los rasgos personales en lugar de las propiedades definidas (Lorenzo, 1995), específicas (Campbell 1996), referenciales (Longobardi, 1994, 2001) o, por ejemplo, de caso (Giusti, 1995) que se proponen en la bibliografía. Ello explicaría que los vocativos no puedan llevar determinación: los determinantes se vinculan con terceras personas por lo que su aparición produciría un error de concordancia en la persona que unos y otros designan 212 . En consecuencia, pronombres y determinantes estarían en distribución complementaria (Bernstein, 2008: 1258). Sin embargo, parece que esta hipótesis tiene algunos inconvenientes, muchos de ellos señalados por Hill (2013b: 68 y ss.). El principal se relaciona con el hecho de que, si bien sirve para explicar los vocativos de tipo 1 (e.g. Waiter!: ‗¡Camarero!‘ 213 ), no tiene en cuenta las construcciones con vocativos de tipo 2 (e.g. The first one in line, I’ll give you my orders: ‗El primero de la fila, te voy a dar mis pedidos‘ 214 ). Estos últimos no tendrían cabida en la propuesta de Bernstein: contienen un determinante cuyos rasgos de tercera persona serían incompatibles con los rasgos de segunda persona del núcleo Dº 215 . Así se ofrecerían argumentos a favor de que pronombres y determinantes no están en distribución complementaria en estos casos. Por tanto, la posibilidad de que los vocativos cotejen los rasgos de segunda persona en el núcleo Dº queda descartada. Una segunda opción es considerar que estas propiedades se encuentran en una proyección funcional más alta a la que el SD se asocia. A una conclusión similar han 211 Se dice que los logóforos anclan su referencia a lo que se denomina como centro logofórico. Este, en palabras de Bianchi, se define como un evento discursivo o mental que cuenta con sus propios participantes y coordenadas temporales, y que constituye el centro de la deixis (Bianchi, 2003: 3; mi traducción). 212 A una conclusion similar llega Hill (2013b): «In vocatives, the fails to check the addressee/2nd person feature. Hence, English vocatives lack articles because of the semantic clash brought by the person feature mismatch» (Hill, 2013b: 68). 213 Ejemplo tomado de Hill (2013b: 68). 214 Ejemplo tomado de Hill (2013b: 68). 215 A esta misma conclusión llega Hill (2013b): «Hence, there is a feature mismatch between the addressee 2nd person feature of Vocº and the 3rd person feature of Dº» (Hill, 2013b: 10). 207 llegado múltiples autores en sus trabajos, entre los que destacan Moro (2003), Stavrou (2009, 2014), Espinal (2013), Hill (2013b), Haegeman (2014) o D‘Alessandro y Oostendorp (2016) (vid §3.4.2.1 y ss.). En estas investigaciones, se asume la existencia de lo que denominan como frase o sintagma vocativo (en adelante, SVoc). Su núcleo Vocº contiene rasgos de segunda persona y toma como complemento a un sintagma: el SD. De esta manera, la lectura específica y referencial se obtendría en Dº, mientras que los rasgos de segunda persona (vid §3.1.4.) serían cotejados en el núcleo Vocº. Con esta hipótesis se solventaría el problema que plantea la propuesta de Bernstein (2008) o los inconvenientes que señalan autores como Stavrou (2014: 321) acerca de la imposibilidad de obtener una lectura de segunda persona en Dº. Esta segunda opción es la que se adoptará en esta investigación, tal y como se mostrará en §3.4.2. En resumen, a lo largo de esta sección se ha examinado el tipo de sintagma que proyectan los vocativos. Partiendo de las principales propuestas planteadas entre los expertos (a saber, SSNN, SSDD o ambos dependiendo de cuál sea el núcleo), se ha llegado a la conclusión de que los vocativos proyectan siempre SSDD, ya sean pronombres, nombres propios, expresiones encabezadas por determinantes definidos o nombres comunes y adjetivos sustantivados. De esta manera, se explica la lectura referencial y específica que adquieren estas construcciones en contextos vocativos y se preservan, así, las condiciones para la buena formación de los mismos. Por otro lado, se ha mostrado que el tipo de referencia que poseen los vocativos se asocia a la de los pronombres de segunda persona, los cuales obtienen su referencia del centro deíctico; se interpretan, por tanto, como pronombres logofóricos. Finalmente, se ha argumentado que las construcciones vocativas obtienen sus rasgos personales como resultado de su vinculación a una proyección funcional más alta, SVoc, cuestión que se retomará en apartados siguientes. La próxima pregunta que cabría responder es por qué los vocativos de tipo 1 rechazan la determinación mientras que los de tipo 2 la admiten. Esta y otras cuestiones similares serán examinadas en el siguiente apartado. 208 3.3.3. ¿Por qué los vocativos no pueden llevar determinación en unos casos pero sí en otros? En este apartado se trata otro tema bastante controvertido en la bibliografía especializada: por qué los vocativos de tipo 1 no pueden llevar determinación, mientras que los de tipo 2 sí pueden hacerlo. Para poder responder a estas cuestiones lo primero que habría que hacer sería esclarecer qué tipo de referencia tienen los vocativos. Tal como se mostró al final de la sección precedente, los vocativos poseen rasgos de segunda persona como resultado de su vinculación con uno de los participantes del discurso: el interlocutor. En este sentido, poseen una interpretación definida, concepto que se asocia semánticamente a dos rasgos: unicidad y familiaridad 216 . El término unicidad se concibe como «el individuo o conjunto de individuos (…) [que] es identificable para el oyente (…) [porque] en el dominio discursivo relevante no existen otros posibles candidatos que respondan a la misma descripción (…)» (RAE/ASALE, 2009: 14.4e). De acuerdo con esta definición, la referencia de los vocativos ha de ser única en tanto que es necesario asegurar que el individuo que se identifica como destinatario sea exclusivamente uno. En caso de que la referencia no fuera única, cualquier persona que compartiera propiedades con el oyente se daría por interpelado y, en ausencia de alguien que cumpliera esas condiciones, la comunicación no tendría lugar. Por otro lado, el concepto de familiaridad proviene de una hipótesis con el mismo nombre que fue presentada por primera vez en el trabajo de Christophersen (1939) y que ha tenido gran repercusión entre los investigadores (Hawkins, 1978; Heim 1983; Lyons, 1999; et al.). Este término se emplea para referir a aquella entidad o entidades que son conocidas por los participantes del discurso porque ya han sido introducidas previamente; ello explica su tradicional vinculación con la definitud (Lyons, 1999: 2-3). Por ejemplo, tómese el siguiente contraste: 216 A una conclusión llega Espinal (2013). Esta autora defiende que los vocativos poseen una referencia familiar y única a pesar de ser incompatibles con los determinantes: «Catalan nominal vocatives are incompatible with Ds but are nonetheless referential and interpreted as familiar and unique» (Espinal, 2013: 6). 209 (212) a. Una niña salió a jugar al patio. b. La niña salió a jugar al patio. En (212) aparecen dos expresiones nominales que adquieren rasgos referenciales como resultado de su inserción dentro de un SD. Estas expresiones se diferencian entre sí por el tipo de información que aportan los determinantes que las introducen. En (212a) se entiende que el individuo es conocido por el hablante pero no necesariamente por el oyente, lo que explica la utilización del artículo indefinido una con el que se presenta al individuo por primera vez en el discurso (Lyons, 1999: 2-3). Por su parte, en (212b) se pone de relieve que la entidad es conocida o familiar para ambos participantes, lo cual que se manifiesta en la lengua mediante el uso del artículo definido la (Lyons, 1999: 2-3). Por tanto, el empleo de un determinante u otro refleja el grado de conocimiento o familiaridad que tienen los participantes del discurso del individuo o entidad a la que refiere el SD. En el caso de los vocativos, su referencia es familiar en tanto que se presupone que el referente es accesible, conocido y perteneciente al universo del discurso, seguramente porque el interlocutor, necesariamente único, se encuentra cara a cara con el hablante 217 . Ello hace innecesario introducirlo previamente en el discurso (vid §3.3.2.). De esta manera se explica la imposibilidad de que aparezcan en estas construcciones determinantes indefinidos (213) o pronombres también indefinidos como alguien (214a) o nadie (214b) (vid §2.3.1.): (213) a. *Una señora, venga aquí b. *Algún niño, ¿qué haces? (214) a. *Alguien, toque la campana. b. *Nadie, coja el teléfono. 217 Solo existe una excepción a este respecto: cuando el destinatario pertenece a uno de los mundos posibles. Las condiciones de buena formación de los vocativos en estos casos se explicaron en §3.1.4.1. 210 A esta misma conclusión llegan autores como Longobardi (1994: 627), quien afirma que la incompatibilidad semántica entre los vocativos y la indefinitud que se da en italiano se extiende a otras lenguas 218 : (215) a. *{Un/Qualche} ragazzo, vieni qui! Italiano Un/Algún chicoVOC ven aquí ‗¡Chico, ven aquí!‘ b. *{Dei/Alcuni} ragazzi, venite qui! ArtPartit/Algunos chicosVOC venid aquí ‗¡Chicos, venid aquí!‘ (216) *Des enfants, venez ici! Francés ArtPartit chicosVOC venid aquí ‗¡Chicos, venid aquí!‘ (Longobardi, 1994: 627). Como consecuencia de todo lo anterior, solo los determinantes definidos pueden aparecer en expresiones vocativas, puesto que solo ellos que pueden obtener una interpretación familiar y única. Tradicionalmente, se señala que estos determinantes pueden ser de tres tipos: posesivos, demostrativos y artículos definidos. Con respecto a los posesivos, en secciones precedentes (vid §3.2.2.1.) se ha observado que, en algunas variedades del español tanto de España como de 218 No obstante, Lambrecht (1996) señala que existen algunas excepciones a este respecto. Así, se registran casos en lenguas como el francés en las que es posible que aparezcan ciertos pronombres indefinidos desempeñando funciones vocativas: (i) a. Eh quelqu’un, ma chemise est en feu! EhPART alguienVOC, mi camisa está en fuego ‗¡Eh, alguien! ¡Mi camisa está en llamas!‘ (Lambrecht, 1996: 276). A este respecto, Hill (2013b: 159) defiende que la lectura vocativa de estas construcciones indefinidas se obtiene por la presencia de la partícula vocativa (eh en francés, hey en inglés) o de un adverbio (here en inglés). Algo similar ocurre cuando aparecen cuantificadores universales como everybody (ii): (ii) a. Hey everybody, listen to me! HeyPART todo-el-mundoVOC, escuchad a mí ‗¡Hey! ¡Que todo el mundo me escuche!‘ b. Everybody here, can you believe them? Todo-el-mundoVOC aquí, ¿podéis vosotros creer los? ‗Todo el mundo, ¿podéis creerlos?‘ (Hill, 2013b: 159). 211 Hispanoamérica, los vocativos pueden combinarse con ellos (217a), posibilidad que se extiende a otras lenguas ((217b-e): vid §3.2.2.1.1.) 219 : (217) a. Así seguí, mi hija, hasta que me casé Español b. Venez, mes enfants! Francés Venid mis hijos/niñosVOC ‗¡Venid, {mis niños/hijos}!‘ c. O mio re, Gianni vuole un cavallo. Italiano Oh mi reyVOC, Gianni quiere un caballo ‗Mi señor, Gianni quiere un caballo‘ d. Én barát-om, gyere! Húngaro Yo-NOM amigoPOSS1SG ven ‗¡Mi amigo, ven!‘ e. Come on, my friend! Inglés Vamos prep, mi amigo ‗¡Vamos, amigo!‘ Sin embargo, los posesivos parecen tener una naturaleza distinta a la de los determinantes propiamente dichos, tal como ponen de relieve autores como Leonetti (1999a, 2016). Estas diferencias se pueden agrupar en torno a dos criterios: sus propiedades y su capacidad de combinación. En los párrafos siguientes se explica cada uno de ellos. En primer lugar, los posesivos se diferencian de los determinantes puros en lo que a sus propiedades se refiere 220 . De un lado, los posesivos tienen una referencia autónoma con respecto al sintagma en el que se insertan (e.g. *[mii profesor]i: Leonetti, 1999a: 81), al contrario que los demás determinantes (e.g. [eli profesor]i). Por otro lado, los posesivos pueden equivaler a elementos de naturaleza argumental (e.g. la hija de 219 Salvo (217e), los ejemplos han sido tomados de CREA (Colombia, ORAL: (217a)), D‘hulst el al. (2007: 201-208; (217b) y (217d)) y Moro (2003: 252; (217c)). 220 Las propiedades distinguidoras que se presentan a continuación están basadas en la propuesta que hace Leonetti (1999a: 81 y ss.). 212 Maite>su hija) o no argumental (e.g. la silla de Pedro>su silla), mientras que los determinantes puros no tienen esa posibilidad. Finalmente, los determinantes puros se generan en posición prenominal (e.g. [SD La [SN niña] ]), lo que contrasta con el hecho de que los posesivos lo hagan en posición posnominal (e.g. [tui hermano hi] = hermano tuyo > tu hermano) 221 . En segundo lugar, los posesivos se distinguen de los verdaderos determinantes en su capacidad de combinación: los posesivos prenominales pueden aparecer con otros determinantes en algunas variedades del español (218a), tal como señala Brucart (1994), mientras que los verdaderos determinantes no pueden hacerlo (218b) 222 : (218) a. En verdad os digo cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores a mí me lo hicisteis 223 . b. *En verdad os digo cuantas veces hicisteis eso a uno de estos los/los estos 224 hermanos menores a mí me lo hicisteis. Los posesivos, además, se pueden combinar con oraciones de relativo explicativas (219a) pero no con oraciones de relativo restrictivas o especificativas (219b), otra característica que los diferencia de los de los demás determinantes (219c) 225 : 221 En relación a este último punto, existen distintas posibilidades de análisis que se pueden resumir en dos: la de Brucart (1994) y la de Eguren (2015). Las propiedades de cada una de ellas así como sus diferencias serán mostradas en la sección §3.4.2.3.3. 222 En estos casos, ambos determinantes aportarían los mismos rasgos y, en consecuencia, competirían por la misma posición en la representación, de manera que su combinación resultaría redundante. Sin embargo, se registran algunas excepciones a este respecto: los determinantes que aparecen en forma enclítica con otros determinantes. Este fenómeno, denominado como doble definitud, ha sido estudiado por autores como Delsing (1988) para lenguas escandinavas como el sueco: (i) det store huset la grande casa-la ‗La gran casa/la casa grande‘ (Bernstein, 2001a:549). 223 Ejemplo tomado de CREA (México, CREA, Fuentes, 2002: 153). 224 Cuando los demostrativos son posnominales, pueden aparecer con artículos definidos: La niña esta es una pesada. En estos casos, al igual que ocurre con los posesivos pospuestos, su interpretación los acerca a los adjetivos, tal como se explicará en §3.4.2.3.2. 225 La imposibilidad de combinación de los posesivos con oraciones de relativo restrictivas ha sido estudiada por autores como Brucart (1994) o Eguren (2015), entre otros. De acuerdo con el primero, la agramaticalidad de estas construcciones se justifica por la violación del Principio de incidencia de modificadores (Higginbotham, 1985); según Eguren, tal anomalía se debe al incumplimiento de la Condición de los dominios de extracción (Lasnik y Saito, 1992). En (i) y (ii) se muestran respectivamente estos dos análisis: (i) a. *[DP sui [NP hi [Nº conquista hi de Roma hi]]] b. [DP sui [NP hi [Nº conquista de Roma hi]]] (Brucart, 1994: 78) 213 (219) a. Detenida por simular el robo de su móvil, que había regalado a su novio 226 . b. *Detenida por simular el robo de su móvil que había regalado a su novio. c. Detenida por simular el robo del móvil que había regalado a su novio. Finalmente, cuando los posesivos prenominales aparecen en estructuras vocativas, no son los responsables de convertir la expresión en referencial. Prueba de ello es que se puede prescindir de ellos sin que por ello la construcción pierda sus propiedades referenciales: (220) a. Mi sargento, aquí hay sangre, uno va herido (España, CREA, Chacón, 2002). b. Sargento, aquí hay sangre, uno va herido. (221) a. Con todo respeto, mi jefe, no se me amilane (México, CORPES, Uribe, 2007). b. Con todo respeto, Señor, no se me amilane. (222) a. Mi amor, no puedo más (Colombia, CREA, Mendoza, 2002). b. Amor, no puedo más. (223) a. No tengas miedo, mi cielo (…). Era sólo un pobre enano (Cuba, CORPES, Orlando Rodríguez, 2008). b. No tengas miedo, cielo (…). Era sólo un pobre enano. Por tanto, las propiedades de los posesivos así como su capacidad de combinación ponen de relieve que estas categorías no funcionan como verdaderos determinantes, al menos en las construcciones vocativas. En este sentido, cabría preguntarse qué valor aporta el posesivo que justifique su presencia. Ejemplos como los de (220)-(223) indican que el posesivo no tiene un valor contrastivo ( ?? Mi sargento, no mi señor, aquí hay sangre) sino que denota un vínculo afectivo entre hablante y oyente; es decir, funciona como un elemento enfático o pleonástico: su presencia es innecesaria (ii) a. ?? Su libro que me prestó b. [DPsuj [D‘ [D Ø] [CP [XP libro tj]i [C‘ que me prestó ti]]]] (Eguren, 2015: 15). Para más información acerca de estas dos propuestas véanse los trabajos de Brucart (1994) y Eguren (2015) y las referencias allí citadas. 226 Ejemplo tomado de L. Palacios en La Nueva España de Gijón (07.02.2018): http://www.lne.es/gijon/2018/02/07/detenida-simular-robo-movil-habia/2234982.html http://www.lne.es/gijon/2018/02/07/detenida-simular-robo-movil-habia/2234982.html 214 para que la expresión «tenga sentido completo, pero (…) añade expresividad a lo dicho» (DLE). En estos casos, el posesivo «[n]o (…) elige (…) a un individuo particular entre un conjunto de personas del mismo nombre (…), sino que (…) señala un vínculo afectivo entre la persona designada por el posesivo y aquella a la que se refiere el nombre (…)» (RAE/ASALE, 2009: §18.3v). Así se explica que se puedan omitir sin que por ello «la oración suf[ra] un cambio notable de significado» (RAE/ASALE, 2009: §18.6d). Otras construcciones no vocativas semejantes se encuentran en aquellos contextos en los que los posesivos se combinan con demostrativos (e.g. este hijo nuestro), aparecen junto a nombres propios (e.g. mi Sofía) o, por ejemplo, se interpretan como reflexivos (e.g. Se levantaba temprano, se preparaba su desayuno, salía a dar su paseo y se compraba su periódico) (RAE/ASALE, 2009: §18.3g, §18.3.v, §18.6b-d). Si todo lo dicho es cierto, el sustantivo sería el encargado de portar los rasgos de segunda persona y el posesivo vincularía la expresión con el hablante, dotándola de un significado afectivo, de parentesco o de poder, lo que legitimaría su presencia en estas estructuras (vid §3.2.2.1.). De esta manera, se explicaría la necesidad del posesivo de aparecer en primera persona del singular (mi) y no en ninguna otra, salvo que se trate de una fórmula fija (Su Alteza, Su Señoría, etc.: vid §3.2.2.1.). En cuanto a los demostrativos, parecen excluirse de las expresiones vocativas de tipo 1 por los motivos que se explican a continuación. Si partimos de la clasificación recogida por Eguren (1999), los deícticos se pueden organizar en función del «grado en el que dependen de gestos o de información contextual adicional para identificar a su referente» (Eguren, 1999: §14.2.2.2.). Así, se diferencian dos grupos deícticos: (1) Los deícticos transparentes o complejos (yo, tú, ahora, ayer, mañana). Estos elementos se caracterizan por: (a) determinar a priori el tipo de referente denotado; (b) emplearse en un tipo de situación posible; (c) que su referente no pueda cambiarse por medio de un gesto, lo cual no quiere decir que no puedan ser reforzados por medio de ellos. (2) Los deícticos opacos o incompletos (él, este, aquí, entonces, así…): se distinguen de los anteriores por las siguientes propiedades: (a) su mera enunciación no garantiza la exacta identificación del referente; (b) es posible la referencia a distintos elementos de la situación de enunciación; (c) puede cambiarse la referencia por medio de gestos. 215 (Eguren, 1999: §14.2.2.2.). De acuerdo con esta clasificación, los demostrativos se incluirían dentro de los deícticos opacos, mientras que el pronombre personal tú y los vocativos, entre los deícticos transparentes ya que en último término todas las expresiones vocativas equivalen a estos pronombres (vid §3.3.2.). De esta manera, la incompatibilidad producida entre las construcciones vocativas y los demostrativos se justificaría por el tipo de deixis que unos y otros realizan 227 . En el caso de los demostrativos, no se asegura que se identifique al referente de forma precisa pero en los vocativos la referencia debe estar garantizada; de no hacerlo, el interlocutor no podría identificarse como tal, por lo que el mensaje no llegaría a su destinatario. Como consecuencia de todo ello, la inserción de demostrativos en construcciones vocativas de tipo1 da lugar a expresiones anómalas: *{Ese/Aquel/Este} chico, ¿me ayudas? No obstante, en las construcciones de tipo 2 se han observado algunos casos de compatibilidad entre vocativos y demostrativos en dialectos como el toscano ((224b): vid §3.1.2.2.) y en ciertas variedades del español (224c) o del inglés (224a) (vid §2.4.2.4.3.). La presencia del demostrativo en estos casos se ha justificado por la lectura contrastiva que conlleva; es decir, la aparición del determinante permite diferenciar al interlocutor de otros destinatarios posibles con los que comparte una serie de propiedades 228 : (224) a. Those of you who want Inglés Aquellos de vosotros/ustedes quienes quieran to bring our pets (…),… traer nuestras mascotasVOC,… ‗Aquellos de {vosotros/ustedes} que {queráis/quieran} traer nuestras mascotas, …‘ 227 Sin embargo, este no es el único caso en el que los demostrativos no pueden aparecer con otros elementos deícticos. A este respecto, Roca (1996) señala que no es posible combinar un demostrativo que indique cercanía con un complemento locativo que no lo haga y al contrario: debe existir una concordancia en lo que respecta al valor deíctico que ambos poseen (Roca, 1996: 163). De esta manera se explica la agramaticalidad que se produce en oraciones como las siguientes: (i) a. El libro este de {aquí/*allí}. b. La casa aquella de {allí/*aquí}. (Roca, 1996: 163). 228 Ejemplos tomados de Leech (1999: 107-108) y Longobardi (1994: 626), respectivamente. 216 b. Quei ragazzi, venite qui! Toscano Aquellos chicosVOC, venid aquí ‗Aquellos chicos, venid aquí‘ c. Esos niños, venid aquí ahora mismo. Así, en (224) el demostrativo está legitimado si se entiende que el hablante le da un valor discriminativo: Esos niños (no esas niñas), venid aquí ahora mismo. En este sentido, el demostrativo acentuaría una propiedad del destinatario (en este caso, la de ser varón y de corta edad), tal como propone Danon-Boileau (1990) para las construcciones con ‗demostrativos + nombres propios‘ del tipo ¡Este Francisco! (Fernández Leborans, 1999: §2.4.4.2.) lo que, de nuevo, acercaría los nombres comunes a los propios. En consecuencia, la interpretación que adquiere el demostrativo es la misma que la que obtienen los artículos definidos que aparecen en estas estructuras (vid §3.1.2.2.). No obstante, los demostrativos se diferencian de los artículos en que exigen que el referente pueda ser percibido en la situación comunicativa, o recuperado a partir de una mención previa en el discurso, por lo que implican la existencia de una entidad cuya representación mental esté activada y sea accesible a partir de la situación o del contexto lingüístico inmediato (Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.). Por su parte, los artículos solo necesitan que «el referente [sea] identificable unívocamente» (Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.) 229 . Estas diferencias implican, según Leonetti, que el uso de los demostrativos se encuentre mucho más restringido que el de los artículos: los demostrativos, al contrario que los artículos, no pueden estar «basados en conocimientos específicos o generales y no [pueden no estar] ligados a la situación inmediata» (Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.) 230 . Sin embargo, esto no significa que la 229 Giusti (1997) señala otras diferencias entre demostrativos y artículos. Por ejemplo, los primeros poseen independencia morfológica y fonológica pero los segundos no, lo que implica que los artículos deben construirse necesariamente con un ‗complemento‘, mientras que los demostrativos no tienen por qué hacerlo: El *(chico) me dijo que fuera vs. Este (chico) me dijo que fuera. 230 A este respecto, Leonetti (1999b) propone el siguiente contraste: (i) a. El ayuntamiento de Cercedilla b. {Este/ese} ayuntamiento de Cercedilla (Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.). En el primer caso (ia), la presencia del artículo definido está legitimada porque, a pesar de que no se ha mencionado la entidad previamente en el discurso, su referencia es familiar porque forma parte de nuestro conocimiento del mundo (i.e. conocimiento enciclopédico: es un hecho sabido por todos que las poblaciones se organizan en torno a ayuntamientos: Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.). Sin embargo, esta 217 presencia de los artículos definidos esté siempre legitimada en construcciones vocativas: su uso se excluye de las expresiones del tipo 1 por las razones que se exponen en los párrafos siguientes. Los artículos definidos son los determinantes por excelencia puesto que poseen un ámbito de uso muy extenso; de ahí que se diga que «hablar de la presencia o ausencia de determinante equival[ga] en buena medida a hablar de presencia o ausencia de artículo» (Laca: 1999: §13.1.). Pueden aparecer de distintas formas en función de cada lengua: (1) como palabras independientes (este es el caso de lenguas como el inglés o el español), (2) como afijos (artículo ligado: en lenguas como el albanés), (3) como artículos ligados (esto ocurre en lenguas como el Nootka o el Kwakw‘ala) o (4) con un sistema mixto (artículo ligado y palabra independiente: en lenguas como el hausa, el danés o el islandés, estando estas dos últimas condicionadas por el contexto). (Lyons, 1999: 62 y ss.; mi traducción). En español aparecen sistemáticamente como palabras independientes, ya que su origen se remonta al demostrativo latino ille. Este dio lugar a dos formas: una átona, el artículo definido el, y otra tónica, el pronombre personal él. En este sentido, son muchos los que consideran que artículos y pronombres forman parte de una misma categoría: los determinantes. Uno de los primeros autores en establecer tal relación fue Bello (1847), quien afirmaba que los pronombres de tercera persona (formas íntegras) y los artículos (formas sincopadas) eran variantes de una misma categoría: (…) parece, pues, natural que miremos las formas el, la, los, las, como abreviaciones de él, ella, ellos, ellas, y estas últimas como las formas primitivas del artículo (…). Cuando la modificación es puramente explicativa, se usa la forma íntegra del artículo, no la sincopada: «Ellos, fatigados de tan larga jornada, se fueron a dormir» (Bello, 1847: §273-275). lectura no es posible cuando en vez del artículo aparece el demostrativo (ib), ya que, dejando de lado la interpretación anafórica, el demostrativo «bloquea el acceso al conocimiento enciclopédico y orient[a] más bien hacia la situación de habla o hacia un antecedente discursivo» (Leonetti, 1999b: §12.1.1.5.). 218 Siguiendo la línea abierta por Bello, se sitúa la «Hipótesis del Sintagma Determinante» (Abney, 1986, 1987), que defiende que los artículos se construyen con un ‗complemento‘ (el SN), mientras que los pronombres no, por lo que se consideran determinantes intransitivos (Eguren, 2016: 859-860) 231 . Semánticamente, también existe una relación muy estrecha entre artículos y pronombres de tercera persona, tal como se afirman en sus trabajos Bosque (1989, 1996a) o Leonetti (1999b). La razón se debe a que ambos comparten una misma propiedad, la definitud, «entendid[a] como la indicación de que el referente aludido es accesible para el oyente» (Leonetti, 1999b: §12.1.6.); es decir, lo que hemos denominado como referencia familiar. En consecuencia, resulta lógico afirmar que artículos y pronombres de tercera persona son variantes de una misma categoría. La pregunta que cabría hacerse es por qué unos y otros se comportan de manera distinta ante construcciones vocativas, y es que los pronombres de tercera persona no son compatibles con los vocativos en ningún contexto mientras que los artículos sí lo son cuando se trata de vocativos de tipo 2. Comencemos con los pronombres. De acuerdo con múltiples autores (Fernández Soriano, 1999: §19.1.; Leonetti, 1999b: §12.1.6.; Kayne, 2000; Harley y Ritter, 2002; Bernstein, 2008; et al.), estas categorías se corresponden con la no-persona, ya que no hacen referencia ni al hablante ni al oyente: se relacionan con aquel o aquello de lo que se habla (vid §4.1.1.) 232 . Por ello, se considera que el rasgo personal es exclusivo de los pronombres asociados con uno de los participantes del discurso: quien habla (primera persona) y a quien se habla (segunda persona) (Fernández Soriano, 1999: §19.1.: vid§3.1.1.) 233 . En consecuencia, los pronombres de tercera persona se convertirían en términos no marcados (Fernández Soriano, 1999: §19.1.), lo que lleva a algunos autores a afirmar 231 Tal como señala Leonetti (1999b: §12.1.7.), una de las pruebas empleadas entre los gramáticos para justificar esta relación consiste en afirmar que el artículo definido el y el pronombre de tercera persona él están en distribución complementaria. En (i) se muestran algunos ejemplos a este respecto: (i) a. *Él que mejor conozco/ El que mejor conozco. b. Él, que no sabía nada del asunto/ *El, que no sabía nada del asunto. c. *Él que todo el mundo se haya enterado/ El que todo el mundo se haya enterado. (Leonetti, 1999b: §12.1.1.6.). 232 Por ejemplo, Bernstein (2008) considera que la tercera persona es, en realidad, neutra en lo que respecta a la definitud y a la deixis (Bernstein, 2008: 1260). En este sentido, inspirada en Déchaine y Wiltschko (2002), entiende que los pronombres ingleses h- (i.e. he, she, it – <(h)it –) no codifican el rasgo personal sino únicamente el de género (Bernstein, 2008: 1261). 233 De esta manera se explica que, si bien los pronombres de primera y segunda persona son comunes a todas las lenguas, los de tercera no existen en muchas de ellas (e.g. el latín) (Fernández Soriano, 1999: §19.1.): los pronombres de tercera persona no son necesarios para que se produzca el acto comunicativo, mientras que los de primera y segunda sí lo son. 219 que la tercera persona se forma como resultado de la falta de rasgos de hablante y oyente (De Groot y Limburg, 1986) 234 . Tal ausencia de rasgos unida a su relación con el discurso previo impiden a los pronombres de tercera persona adquirir una interpretación vocativa (vid §3.1.1.). Debido a la estrecha vinculación entre pronombres de tercera y persona y artículos definidos, estos últimos también denotarían la no-persona (i.e. ni primera ni segunda). De esta manera, obtendrían una interpretación anafórica que se convertiría en la responsable de que estas categorías no pudieran aparecer en construcciones vocativas (vid §3.4.1.3.1.). A una conclusión similar llega Bernstein (2008), quien consideraba que vocativos y artículos no pueden aparecer en la misma construcción por la discordancia de rasgos que se produce entre ellos (vid §3.3.2.). Por lo tanto, el rasgo de no-persona asociado con su lectura anafórica impide a los artículos aparecer en construcciones vocativas. Otros motivos que justifican la incompatibilidad entre vocativos y artículos definidos tienen que ver con las funciones principales que desempeñan los artículos. Estas son principalmente dos: (1) convertir a la expresión en referencial y (2) ligar la expresión al discurso (Adger, 2002: 203). Sin embargo, ninguna de estas dos funciones puede ser aplicada a las construcciones vocativas por las razones que se exponen a continuación. De un lado, los vocativos se sitúan por encima de la oración por lo que no se asocian con el discurso previo, mientras que los artículos ligan la expresión al contexto previo, lo que les impide encabezar construcciones vocativas. Por otro lado y tal como se ha mostrado en secciones previas (vid §3.1.2. y ss.), los vocativos son, por sí mismos, referenciales. De esta manera, la inserción del artículo definido convertiría la expresión en redundante: habría dos elementos que portarían el mismo rasgo y, en consecuencia, ocuparían la misma posición (vid §3.4.2.2.3.1.). Una anomalía similar es la que se encuentra en las construcciones introducidas por varios determinantes fuertes como *La esta casa es de mi tía (vid nota 222). Estas estructuras son agramaticales porque los determinantes la y esta cotejan un mismo rasgo (definitud o referencialidad, según el enfoque) y compiten por la misma posición, opción que queda invalidada por la imposibilidad de cotejar un mismo rasgo dos veces a lo largo de 234 A este respecto autores como Bernstein (2008) señalan que en las lenguas indoeuropeas la tercera persona tiene una desinencia verbal no marcada o ‗desnuda‘ frente a la forma marcada de la primera y segunda personas (Bernstein, 2008: 1262-1263). 220 la derivación. En consecuencia, el artículo definido quedaría despojado de sus dos funciones principales cuando aparece en construcciones vocativas, de manera que no existiría ninguna razón que legitimara su presencia en tales expresiones. No obstante, se encuentran casos en los que los vocativos sí pueden aparecer precedidos por artículos. Nos referimos a construcciones como La niña del fondo, venga aquí ahora mismo y otras similares; es decir, a las expresiones vocativas de tipo 2 con valor contrastivo. La cuestión que surge es de qué manera se explica que estas construcciones sean admisibles. Para responder a esta pregunta, tómese el siguiente contraste: (225) a. Niño, cállate de una vez. b. El niño de la última fila, cállese de una vez. En (225a) se emplea un nombre sin determinación, niño, para referirse al interlocutor de la orden porque este se identifica a sí mismo como tal: está delante del locutor realizando la acción que se le recrimina. Sin embargo, en (225b) ocurre lo contrario: puede haber varios destinatarios potenciales. El hablante utiliza el artículo definido para convertir a uno de ellos –concretamente, al de la última fila– en su interlocutor (vid §3.1.2.2.) 235 . Por consiguiente, lo que está haciendo el hablante al emplear estructuras vocativas con artículos definidos es llamar la atención sobre alguien que, a priori, no se identifica como el destinatario del acto de habla para convertirlo en tal. De ser esto último cierto, se esperaría que los artículos pudieran adquirir un valor deíctico. En efecto, (226) muestra que pueden ser equivalentes a expresiones deícticas de segunda persona (226a) e, incluso, combinarse con otros elementos con valor deíctico (226b): (226) a. La niña del fondo, venga aquí ahora mismo (La chica del fondo= usted) b. La niña esa del fondo, venga aquí ahora mismo 236 . 235 Una explicación semejante se aplicaba a los demostrativos, que pasan de ser interpretados como ‗destinatarios posibles‘ a convertirse en ‗interlocutores reales‘ del mensaje adquiriendo un valor discriminativo, necesario en estos casos. 236 Esta compatibilidad de justifica porque el artículo definido se encarga de la identificación del individuo –niña, en este caso– y el demostrativo «precisa su identificación aportando un valor deíctico locativo» (Eguren, 1999: §14.3.6.). Otras construcciones no vocativas similares son las recogidas en (i): (i) a. El niño este es muy listo y ya no se le engaña fácilmente. 221 Sin embargo, la capacidad de poseer un rasgo deíctico no es única de las construcciones vocativas. En párrafos anteriores señalábamos que el artículo provenía, junto con el pronombre de tercera persona, del demostrativo latino ille, el cual poseía en líneas generales un valor anafórico y otro deíctico (Ortiz Ciscomani, 2009: §3.10.1. y ss.). En su paso al español el rasgo deíctico se perdió en el caso del artículo 237 y solo se mantuvo en ciertos contextos con el pronombre de tercera persona (vid §3.1.1.), tal como señala Ortiz Ciscomani (2009: §3.10.1. y ss.). Con todo, todavía existen construcciones en español actual en las que el artículo conserva una lectura deíctica. Nos referimos a oraciones como Pásame el vaso 238 o ¿Cómo te hiciste la herida? 239 , las cuales son parafraseables por Pásame ese vaso y ¿Cómo te hiciste esa herida?, respectivamente. La razón se debe a que el referente se sitúa «dentro del horizonte sensible, en el espacio físico de los participantes en un acto comunicativo (…) [; es decir,] se encuentra frente a los interlocutores en el acto comunicativo», por lo que se asocia con la deixis ad oculos (Ortiz Ciscomani, 2009: §3.9.2., 358). Si se da por buena la explicación de Ortiz Ciscomani, se podría decir que los artículos en estos contextos ‗recuperan‘, en cierta manera, sus rasgos deícticos lo que los hace compatibles con las expresiones vocativas. En resumen, a lo largo de esta sección se ha tratado de dar respuesta a cuestiones tan controvertidas en la bibliografía como son por qué los vocativos de tipo1 no pueden llevar determinación mientras que los vocativos de tipo 2 sí pueden hacerlo. Partiendo del tipo de referencia que poseen las construcciones vocativas (familiar y única), se ha observado que estas solo pueden estar encabezadas por determinantes definidos (a saber, posesivos, demostrativos y artículos definidos), aunque únicamente en ciertos b. No lleva sirena el coche aquel. c. La casa esa está en alquiler desde hace por lo menos tres o cuatro años. (Eguren, 1999: §14.3.6.). 237 De acuerdo con Ortiz Ciscomani (2009: §3.10.1.), los cambios más notorios del demostrativo latino con respecto al artículo actual son los siguientes: DEMOSTRATIVO ARTÍCULO Referencia situacional Referencia anafórico-discursiva Referencia no anafórica -deíctico + significado + significado expresivo +/- significado expresivo expresivo -género/nº/caso género/número género/ número -forma plena forma +/- plena forma erosionada (Ortiz Ciscomani, 2009: §3.10.1.). 238 Generalmente, los artículos obtienen este rasgo cuando se insertan en estructuras imperativas (e.g. Dame el lápiz) o imperativas ‗encubiertas‘ (e.g. Quiero el lápiz), construcciones asociadas necesariamente con segundas personas. 239 Ejemplos tomados de Ortiz Ciscomani (2009: §3.9.2.). 222 contextos. En el caso de los posesivos, su presencia se ha justificado porque, en realidad, no funcionan como verdaderos determinantes: convierten a la expresión en una forma de poder o afectiva, por lo que adquieren un valor enfático o pleonástico. Por su parte, los demostrativos y artículos definidos solo se legitiman en aquellos casos en los que pueden adquirir un valor discriminativo. No obstante, las propiedades anafóricas de los artículos definidos, por un lado, y la incompatibilidad entre la deixis que realizan los demostrativos y los vocativos, por otro, explican que, en las construcciones vocativas de tipo 1, vocativos y determinantes definidos sean incompatibles. 3.3.4. Recapitulación El objetivo de este apartado ha sido determinar el tipo de proyección funcional que conforman las construcciones vocativas. Para ello, la primera cuestión que se ha tratado de dilucidar es si los vocativos constituyen oraciones o sintagmas. Tras la revisión de las principales propuestas que defienden un análisis de los vocativos como oraciones, se ha llegado a la conclusión de que no existe ninguna evidencia gramatical que demuestre que poseen tal estatus. Por consiguiente, se ha sostenido que los vocativos conforman sintagmas si bien se ha señalado funcionan como actos de habla independientes y distintos del realizado por la oración, es decir, como enunciados independientes. La pregunta que se ha planteado entonces es qué naturaleza tienen estos sintagmas: nominal o determinativa. Esta cuestión se responde de tres formas en la bibliografía: (a) son SSNN (Longobardi, 1994; Stavrou, 2014), (b) son SSDD (Szabolcsi, 1994; Moro, 2003; D‘hulst et al., 2007; Slocum, 2010; Espinal, 2013; Haegeman, 2014), o (c) son SSNN o SSDD en función de la naturaleza de las construcciones (Hill, 2013b). Tras el análisis de cada una de estas opciones, se ha señalado que la única manera de que los vocativos cumplan con sus condiciones de buena formación es suponiendo que proyecten siempre SSDD ya sean pronombres, nombres propios, expresiones encabezadas por determinantes, nombres comunes o adjetivos sustantivados. Asimismo, se ha observado que todos ellos equivalen, en último término, a segundas personas a pesar de tener apariencia de terceras, rasgos que 223 obtienen como resultado de su asociación con una proyección más alta, SVoc, asunto que se retomará en secciones siguientes. Finalmente, se han explicado otras cuestiones que plantean división de opiniones entre los expertos: (1) por qué los vocativos de tipo 1 no pueden llevar determinación y (2) cómo se explican los casos en los que sí pueden aparecer con ella (vocativos de tipo 2). Partiendo del tipo de referencia que poseen las construcciones vocativas (familiar y única), se ha observado que estas solo pueden estar encabezadas por determinantes definidos, aunque únicamente en ciertos contextos (lectura discriminativa –demostrativos y artículos– y con posesivos, no verdaderos determinantes). En el resto de los casos (i.e. vocativos de tipo 1), se ha argumentado que la presencia de los determinantes produce un choque entre las propiedades que poseen los vocativos (definidos y específicos, deícticos y personales) y las que tienen ellos (en el caso de los artículos definidos, debido a su interpretación anafórica; en el de los demostrativos, al tipo de deixis que realizan, y en el de los indefinidos, a la lectura no familiar que conllevan). Una vez que el tipo de proyección funcional con la que se vinculan los vocativos ha quedado establecida, en el siguiente apartado se muestra de qué manera todas estas propiedades se manifiestan en su análisis sintáctico. 3.4. Análisis El objetivo de este apartado es ofrecer un análisis de la estructura interna de las construcciones vocativas en el que se tengan en cuenta todas las propiedades hasta ahora señaladas. Para ello, en la primera sección (§3.4.1.) se revisan las principales propuestas formuladas por los investigadores a este respecto, a saber: la hipótesis de Hill para el rumano (2007, 2013a, 2013b: §3.4.1.1.), el estudio sobre el griego de Stavrou (2009, 2014: §3.4.1.2.) y el trabajo sobre catalán de Espinal (2013: §3.4.1.3.). Una vez que hayan sido mostrados las ventajas e inconvenientes de cada una de estas propuestas, en la segunda sección (§3.4.2.) se presenta nuestro análisis. En él, se tratan temas relativos al tipo de proyección funcional con la que se vinculan las expresiones vocativas para adquirir sus rasgos personales e i-p (§3.4.2.1.), así como la 224 manera en que los vocativos de tipo 1 obtienen tales rasgos (§3.4.2.2.). Por otro lado, se estudia la posición que ocupan en la proyección los vocativos de tipo 2, concretamente las estructuras encabezadas por artículos definidos, demostrativos y posesivos (§3.4.2.3.) así como el comportamiento de los complementos de los vocativos, tanto de los de tipo 1 como de los de tipo 2 (§3.4.2.4.). El apartado finaliza con una breve recapitulación de las principales conclusiones obtenidas en las secciones precedentes (§3.4.3.). 3.4.1. Análisis previos En esta sección se muestran los principales análisis presentados por los investigadores para dar cuenta de la estructura interna de los vocativos. Todas estas propuestas, que servirán de base para nuestro análisis, se pueden agrupar principalmente en tres: la hipótesis de Hill para el rumano (2007, 2013a, 2013b: §3.4.1.1.), el estudio sobre el griego de Stavrou (2009, 2014: §3.4.1.2.) y el trabajo sobre el catalán de Espinal (2013: §3.4.1.3.). Comenzaremos examinando la primera de ellas. 3.4.1.1. Hill (2007, 2013a, 2013b) Una de las investigaciones más influyentes sobre la estructura interna de los vocativos es la presentada por Hill en 2007 y completada posteriormente en sus trabajos publicados en 2013 (Hill, 2013a, 2013b; Haegeman y Hill, 2013). La importancia de estos trabajos la llevan a la confección, junto con Croitor, de un capítulo sobre la estructura interna de las expresiones vocativas (Croitor y Hill, 2013) en una de las gramáticas de referencia para el rumano (Dobrovie-Sorin y Giurgea, 2013). Entre sus seguidores destacan Haegeman (2010, 2014) o Stavrou (2014), cuyo estudio se explorará en la próxima sección. Partiendo de la observación del comportamiento de las construcciones vocativas en rumano, Hill desarrolla una hipótesis para los destinatarios directos (vid §2.1.4.2.). En ella defiende que los vocativos contienen una serie de propiedades que permiten diferenciarlos de los demás elementos (extra)oracionales. Estas propiedades, 225 responsables de que las expresiones se interpreten como vocativas, son principalmente dos. De un lado, sus características intrínsecamente deícticas y su necesidad de ser interpretadas como segundas personas ([2ª pª)]. Por otro lado, sus rasgos pragmáticos o inter-personales ([i-p]), encargados de establecer el tipo de relación entre hablante y oyente, y causantes, en ciertos casos, de una serie de operaciones sintácticas (vid §2.1.1. y §3.1.4.2.). ¿Pero dónde se generan las expresiones vocativas y cómo cotejan tales rasgos? En relación a la primera pregunta, Hill entiende que los vocativos se pueden generar o bien en un SD o bien en un SN dependiendo de su naturaleza gramatical (vid §3.3.2.). De esta manera, las construcciones vocativas proyectarán SSNN por defecto y SSDD únicamente en aquellos casos en los que sus constituyentes deban asociarse con un núcleo determinativo (e.g. construcciones encabezadas por determinantes –artículos definidos y posesivos–) 240 (Hill, 2013b: 79). La cuestión que cabría determinar es si estos sintagmas pueden albergar rasgos deícticos e i-p, responsables de convertir la expresión en vocativa de acuerdo con Hill. Comencemos con los SSNN. En apartados previos (vid §3.3.2.) se mostró que el núcleo Nº únicamente puede referir a conceptos universales o tipos, nunca a objetos individuales (Longobardi, 1994: 648), lo que impide que en Nº se produzca una lectura referencial (Longobardi, 1994, 2001; Crisma, 1997; Zamparelli, 1995; Bernstein, 2001a; et al.). Si no se puede adquirir en Nº una interpretación referencial, tampoco sería posible obtener una deíctica, sobre todo si se parte de la idea de que la deixis es un concepto ligado a la referencia (vid §3.1.4.1.). En consecuencia, se produciría una discordancia entre los rasgos del núcleo Nº (lectura universal y no referencial) y los que debe portar una expresión vocativa (interpretación referencial y deíctica), por lo que las propiedades deícticas e i-p no podrían estar en el núcleo nominal, Nº. La segunda opción consiste en entender que las propiedades deícticas de segunda persona e i-p las alberga el núcleo Dº. No obstante, en §3.3.2. y §3.3.3. se mostró que esta opción tampoco puede aplicarse a estos casos ya que, de ser así, se crearía una incompatibilidad entre los rasgos que deben poseer los vocativos (segunda persona) y los que tienen, por ejemplo, los determinantes (no-persona) en construcciones del tipo el chico de la última fila, esos de ahí y otras similares. Por lo 240 A este respecto véase la nota 199. 226 tanto, las características deícticas e i-p no pueden estar en el núcleo Dº. Entonces, ¿cómo se obtienen? La manera de responder a esta pregunta es suponiendo que dichos rasgos se encuentren en una proyección funcional más alta. A este respecto, Hill, inspirada en el estudio de Moro (2003), propone la existencia de una frase o sintagma vocativo (en adelante, SVoc) que resulta de la proyección de un núcleo vocativo, Vocº, encargado de portar las propiedades deícticas de segunda persona así como las características i-p. En consecuencia, la construcción, generada en un SN o SD, adquirirá una lectura vocativa como resultado de su asociación a una proyección funcional más alta: el SVoc: La siguiente cuestión que habría que resolver es qué clase de elementos pueden moverse a Vocº, cotejar sus rasgos y, por consiguiente, dotar a la expresión de una lectura vocativa. De acuerdo con Hill (2013b: 71 y ss.), los elementos responsables de lexicalizar el SVoc son las denominadas partículas vocativas (vid §2.2.2.) 241 . Estas se generarán directamente en el núcleo Vocº si son morfemas ligados (e.g. –be en búlgaro en Stefanebe: Hill, 2013b: 76) o en la posición de especificador del SVoc si se trata de palabras independientes (e.g. măi en rumano). En este último caso, las partículas o morfemas libres (Hill, 2013b: 72 y ss.) ocuparán la posición de especificadores dejando abierta la posibilidad de que los pronombres, los nombres propios o los nombres comunes se muevan a la posición de Vocº para cotejar los rasgos de su núcleo (Hill, 2013b: 76 y ss). En (228) se sintetiza su propuesta: 241 Para más información acerca del estudio de Hill sobre las partículas, véase Hill (2002, 2012). 227 La pregunta que se plantea entonces es por qué las partículas son las encargadas de lexicalizar el SVoc y, en consecuencia, están en una relación de mando-c con el SN/SD que contiene la construcción que funciona como vocativa (vid §3.1.). Las respuestas de Hill a estas cuestiones se muestran en los párrafos siguientes. En primer lugar, Hill observa que debe existir un principio de adyacencia entre los nombres vocativos 242 y las partículas vocativas, ya que considera que son elementos inseparables (Hill, 2013b: 72). Prueba de ello es que en lenguas como el umbundu (229a), el rumano (229b) o el griego (229c) se impide la presencia de cualquier elemento que medie entre la partícula y el nombre vocativo (Hill, 2013b: 72): (229) a. (we) epa (*we) a (*we) Pedro, enda pi (we). Umbundu Part PartVOC Part PartVOC Part PedroVOC ven aquí Part ‗Vamos, Pedro, ven aquí‘ b. (ei) măi (*ei) Ioane, (ei), unde te duci? Rumano Part PartVOC Part Ion-VOC Part dónde teRefl vas ‗Ion, ¿adónde te vas?‘ c. (e) vre (*e) Gianni, ti kanis eki? Griego Part PartVOC Part Juan, qué haces aquí ‗Juan, ¿qué estás haciendo aquí?‘ (Hill, 2013b: 72). 242 Se emplea la denominación de nombres vocativos como una traducción literal de la forma vocative nouns que emplea Hill en su estudio. Tal denominación será utilizada en este trabajo en un sentido amplio para referir tanto a nombres, comunes o propios, con función vocativa. 228 Tal como muestra (229), en estos contextos solo pueden aparecer las partículas epa y a en umbundu, vre en griego y măi en rumano, y se excluye el uso de we, ei y e, respectivamente. La razón se debe a que we, ei y e son partículas o interjecciones que no poseen una naturaleza propiamente vocativa, de manera que su presencia infringiría el principio de adyacencia entre partículas y nombres vocativos (Hill, 2013b: 72 y ss.). En este punto, es importante señalar que algunas lenguas como el umbundu contienen dos partículas –en vez de una– que se interpretan como vocativas. La pregunta que surge es de qué manera se legitima la presencia de ambas si, en principio, solo deberían disponer de una. De acuerdo con Hill (2007, 2013b), en ciertas lenguas existe la posibilidad de que los rasgos que alberga el núcleo vocativo (i.e. segunda persona e i-p) se ‗desdoblen‘ y sean portados por dos palabras distintas. De esta manera, se justifica que el umbundu cuente con dos partículas: una, a, la encargada de la interpretación deíctica de segunda persona, y otra, epa, la responsable de marcar el tipo de relación i-p entre el hablante y el oyente (Hill, 2013b: 72). Por tanto, se llega a la conclusión de que, en algunas lenguas, las partículas contienen ambos rasgos (vre en griego y măi en rumano), mientras que en otras los rasgos son portados por dos partículas diferentes (epa y a en umbundu) 243 . Para estos últimos casos, Hill propone el siguiente análisis: la partícula que posee las características personales ocupa la posición de núcleo vocativo, Vocº, mientras que la que alberga las i-p aparece en la de especificador del SVoc, tal como refleja su ordenamiento final: ‗epa a + nombre vocativo‘ en vez de ‗*a epa + nombre vocativo‘. 243 La cuestión que cabría determinar es si pueden existir más de dos partículas con valor vocativo. A este respecto, los estudios de Hill (2002, 2012, 2013b) indican que no es posible, al menos en las lenguas estudiadas hasta el momento, ya que no se han encontrado casos en los que se admitan más de dos partículas propiamente vocativas. Este hecho implica forzosamente que son dos los rasgos que albergan los núcleos vocativos y no uno: las propiedades deícticas de segunda persona y las características i-p. 229 En este sentido, se llega a la conclusión de que partículas y nombres vocativos funcionan como una sola unidad o constituyente (Hill, 2013b: 72). Prueba de ello es que el desplazamiento del SVoc acarrea el movimiento de la partícula vocativa, tal como sucede en lenguas como el rumano (231) o el griego (232) (Hill, 2013b: 72): (231) a. (măi băiete), prosexete, (măi băiete)! Rumano PartVOC chico-VOC ten cuidado PartVOC chico-VOC ‗¡(Chico,) ten cuidado (, chico)!‘ b. *Măi fii atent băiete! PartVOC estáte atento chico-VOC ‗¡Ten cuidado, chico!‘ (232) a. Vre pedja, prosexete (, vre pedja)! Griego PartVOC niños-VOC, tened-cuidado (PartVOC niños-VOC) ‗¡Niños, tened cuidado (, niños)!‘ b. *Vre, prosexete, pedja! PartVOC, tened-cuidado niños-VOC ‗¡Tened cuidado, niños!‘ (Hill, 2013b: 73). Finalmente, ejemplos como los de (231) y (232) ponen de relieve que entre nombres y partículas vocativas existe una restricción jerárquica (Hill, 2013b: 73-74) que quedaría configurada de la siguiente manera. Si las partículas vocativas son palabras independientes o, como las denomina Hill, morfemas libres (free morphemes: Hill, 2013b: 72 y ss.), estas precederán necesariamente a los nombres vocativos ((233): Hill, 2013b: 73-74). Si, por el contrario, la partícula aparece en forma de afijo, irá delante del nombre si se trata de un prefijo (pref.: (234a)) y lo seguirá si es un sufijo (suf.: (234b)) (Hill, 2013b: 74). En (233)-(234) se muestran algunos ejemplos a este respecto: 230 (233) a. măi Ioane,. . . . versus *Ioane măi, . . . . . . Rumano PartVOC Ion-VOC Ion-VOC PartVOC b. vre Jani, versus *Jani vre,. . . . Griego PartVOC Jani-VOC Jani-VOC PartVOC (234) a. a Pedro, . . . versus *Pedro a, . . . Umbundu PrefVOC Pedro Pedro PartVOC b. Stefanebe, . . . versus *be Stefane,. . . . Búlgaro Stefan-VOC- PartVOC PartVOC Stefan-VOC (Hill, 2013b: 74). En consecuencia, el principio de adyacencia que experimentan nombres vocativos y sus partículas unido a su funcionamiento como una sola unidad y al principio de jerarquía que existe entre ambos constituyen, según Hill, pruebas suficientes para afirmar que son las partículas –en forma de morfemas libres o ligados– las responsables de lexicalizar el SVoc. No obstante, esta propuesta encuentra una serie de inconvenientes. El primero de ellos se relaciona con el lugar que ocupan las partículas en la proyección. De acuerdo con Hill, los dos tipos de ‗partículas‘ (i.e. los morfemas libres y los ligados) comparten una serie de propiedades: son las encargadas de lexicalizar SVoc. De esta manera, lo esperable es que ambas se sitúen en el mismo lugar en la proyección. Sin embargo, Hill propone que los primeros estén en [Esp, SVoc] y los segundos, en Vocº. En este sentido, las propiedades de estas dos ‗formas‘ serían distintas, ya que únicamente en el caso de ser morfemas ligados estarían en una relación de mando-c con el SD/SN en el que se encuentra la expresión vocativa. Por consiguiente, no podría afirmarse que los morfemas libres seleccionan complementos (ocupan la posición de especificadores, no la de núcleos) ni que son los encargados de lexicalizar el SVoc. Un segundo inconveniente vinculado con el anterior es el relativo a la posición en la que se sitúan los pronombres y los nombres vocativos en la proyección cuando van acompañados de morfemas libres o ‗partículas independientes‘. En estos casos, Hill deja abierta la posibilidad de que se muevan desde el lugar en el que se generan, Dº/Nº, al de 231 núcleo vocativo, Vocº. De ser así, no se podría mantener la afirmación de que es la partícula la encargada de lexicalizar el SVoc y de cotejar los rasgos del núcleo Vocº, puesto que tal posición ya estaría ‗llena‘: la ocuparía el pronombre o nombre vocativo. El tercer problema se asocia con el lugar en el que aparecen los nombres vocativos en las construcciones en las que van acompañados de morfemas ligados. Nos referimos a ejemplos como Stefanebe en los que, de acuerdo con Hill, la partícula o morfema ligado –be se genera directamente en Vocº para cotejar los rasgos de segunda persona e i-p, mientras el nombre se debe desplazar desde la posición Dº/Nº en la que se genera a la posición de Vocº (235a). En caso contrario, daría lugar a secuencias anómalas como las que aparecen en (235b): Si bien es verdad que la partícula o morfema ligado debe generarse en Vocº para convertir la expresión en vocativa, ¿cómo se legitima, entonces, el movimiento del nombre vocativo Stepan de Dº/Nº a Vocº? Es decir, ¿qué motivo desencadena el traslado del nombre Stefan y qué rasgo coteja? Otro inconveniente añadido tiene que ver con la posición que propone Hill que ocupan las partículas del umbundu epa y a. Si bien es verdad que parece razonable que sean dos las propiedades que alberga Vocº y, en consecuencia, cada partícula porte un rasgo, ¿cómo se justifica que en la proyección a se sitúe en el núcleo Vocº pero no 232 coteje i-p? Dicho de otra manera, ¿cómo es posible que en estos casos epa satisfaga únicamente las propiedades i-p si el núcleo Vocº está ‗lleno‘? Un quinto problema que plantea esta hipótesis se relaciona con el propio concepto de partícula vocativa. Si bien es verdad que se puede aplicar a lenguas como el rumano, el griego o el umbundu, en otras como el español no parece existir una estructura similar (vid §2.2.2.). Por ejemplo, tómese el caso de eh, (h)ey, que sería la construcción apelativa más parecida que tiene el español a este respecto (vid §4.7.2.). Según Hill, para que estos elementos se interpreten como partículas vocativas deben cumplir tres principios: principio de adyacencia, funcionamiento como un único constituyente y principio de jerarquía. El primero implica que la partícula es inseparable del nombre. Sin embargo, en (236) se muestra que en español esta restricción no se cumple, ya que la partícula puede acompañar al nombre vocativo o aparecer separada de él: (236) a. Eh María, ¿cómo te encuentras? b. Eh, ¿cómo te encuentras, María? En este sentido, construcciones como las de (236b) indicarían que partícula y nombre vocativo no funcionan como una unidad. Una prueba más a favor de ello se encuentra en el movimiento que experimenta el nombre vocativo en español: su cambio de posición no ‗arrastra‘ necesariamente a la partícula 244 : (237) a. Eh María, ¿cómo te encuentras? b. *¿Cómo te encuentras, eh María? 245 Por otro lado, si bien es cierto que debe existir una restricción de orden entre la partícula y el nombre vocativo (238), también es verdad que la partícula puede aparecer como una unidad entonativa independiente (239a), posibilidad que también se extiende 244 Este fenómeno también se documenta en otras lenguas como el inglés: (i) ‗Hey, you look terribly down, Jan‘ (Van Der Wouden y Foolen, 2015:225). 245 La agramaticalidad de (237a) puede deberse a la naturaleza de eh, (h)ey, cuyo significado parece estar asociado con la función apelativa, tal como señalábamos en capítulos previos (vid §2.2.3. y §2.2.4.). Las características de estas construcciones así como su posición con respecto al SVoc serán estudiadas en §4.7.2. 233 al rumano (239b) 246 . Esto último implica que nombre y partícula se sitúan en dos proyecciones distintas. En consecuencia, lo que la restricción de orden está indicando es que la partícula debe situarse en una posición más alta que el SVoc, tal como se estudiará en §4.7.2.: (238) a. Eh María, ¿cómo te encuentras? b. *María eh, ¿cómo te encuentras? (239) a. ¡Eh! María, ¿cómo te encuentras? Español b. (ei) măi, (ei), Ioane, (ei), unde te duci? Rumano Part PartVOC Part, Ion-VOC Part dónde teRefl vas ‗Eh, Ion, ¿adónde te vas?‘ (Hill, 2013b: 72). En este punto cabría señalar que, si la partícula fuera la responsable de lexicalizar el SVoc, lo esperable sería que se pudiera recuperar en todos los contextos y que, además, apareciera por defecto. Como se ha podido observar en el caso de la partícula apelativa española, eh/(h)ey solo puede acompañar a los vocativos que desempeñan la misma función (240a). Por consiguiente, da lugar a secuencias anómalas cuando se combina con vocativos con valor fático (240b-c) (vid §4.7.2.): (240) a. Eh, niña Apelativo, te digo que vengas. b. *Te digo, eh, niña Fático, que vengas. c. *Te digo que vengas, eh, niña Fático. Además, en español resulta más natural la omisión de la partícula (e.g. Niña, te digo que vengas) que su presencia (e.g. ¡Eh, niña! Te digo que vengas), lo que demostraría de nuevo que la partícula española no se comporta de la misma manera que la rumana, la griega o la del umbundu. Pero el español no es la única excepción a este respecto: algo semejante ocurre con la partícula catalana eh de acuerdo con Espinal (2013: 15) o con la inglesa hey según la propia Hill (2013b: 76-77). En consecuencia, la no existencia de una partícula con naturaleza propiamente vocativa en lenguas como el 246 A este respecto, Hill señala lo siguiente: «The adjacency constraint is lifted only in contexts as in (23c), where the Vocative Particle is separated from the vocative noun through intonation breaks (noted graphically as commas), which modifies the prosodic contour (…)» (2013b: 73). 234 español, el catalán o el inglés implicaría que no se puede considerar –al menos en estas lenguas– que sea la partícula la responsable de lexicalizar el SVoc ni de tomar como complemento a un SD/SN. Finalmente, esta hipótesis plantea un último problema vinculado con la naturaleza del sintagma en el que se encuentra la expresión vocativa. De acuerdo con lo planteado hasta el momento, Hill propone que, en unas ocasiones, los vocativos son SSNN y, en otras, SSDD. Sin embargo, en el apartado §3.3.2. se probó que esta doble posibilidad no es viable: es necesario suponer en todos los casos que las categorías que funcionan como vocativos proyectan SSDD. En caso contrario, no podría obtenerse una lectura referencial y específica, y se incumplirían dos de las condiciones de buena formación para los vocativos, exploradas en el capítulo 2 (vid §2.1.1.). Con todo y pese a los problemas que plantea esta propuesta, sí resulta muy consistente la suposición de Hill de considerar la existencia de un SVoc, cuyo núcleo sea el responsable de albergar los rasgos i-p y de segunda persona. Por ello, algunos aspectos de esta propuesta se tendrán en cuenta en nuestro análisis, si bien se descartarán otros como, por ejemplo, que sea la partícula la responsable de lexicalizar el SVoc. En la próxima sección se examina un trabajo muy ligado al presentado en este epígrafe y que ha tenido gran trascendencia: el estudio sobre los vocativos en griego de Stavrou (2009, 2014). 3.4.1.2. Stavrou (2009, 2014) Siguiendo la línea abierta por Hill –con la que participa en su estudio de 2013 (Hill, 2013b) –, Stavrou elabora una propuesta sobre la estructura interna de las expresiones vocativas para el griego, que presenta inicialmente en 2009 y que posteriormente desarrolla en 2014. Al igual que ya habían hecho previamente Moro (2003) y Hill (2007, 2013a, 2013b), Stavrou defiende la existencia de una nueva proyección funcional, SVoc, cuyo núcleo Vocº alberga una serie de rasgos, responsables de convertir la estructura en vocativa. Estos rasgos son: (1) propiedades deícticas de segunda persona, ya sea del singular o del plural, lo que acerca su análisis al de Hill, y 235 (2) caso vocativo ([), lo que supone una novedad con respecto a este 247 . En referencia al caso vocativo, Stavrou le otorga un papel principal en su estudio: considera que es la propiedad que, en última instancia, permite identificar las construcciones vocativas como tales (Stavrou, 2014: 302 y ss). En consecuencia, la hipótesis de Stavrou del SVoc quedaría configurada de la siguiente manera: En la línea de Hill, Stavrou considera que el elemento encargado de dotar a la expresión de una lectura vocativa y de lexicalizar el SVoc es la interjección o la partícula; por ello no duda en denominarlas marcadores vocativos (Stavrou, 2014: 319). Estos marcadores, en líneas generales, ocupan la posición de núcleo Vocº desde donde satisfacen las propiedades deícticas de segunda persona y las de caso. No obstante, se encuentra una excepción a este respecto: la de las partículas que no son consideradas interjecciones en sentido estricto pero cuya forma recuerda mucho a la de las interjecciones originales (Stavrou, 2014: 319-320). Esto es justamente lo que le ocurre, según Stavrou (2014: 319-320), a elementos como vre. Se trata de formas que, históricamente, provienen de adjetivos ((v)re < more: ‗tonto‘) pero que han acabado dando lugar a palabras monosílabas desprovistas de su significado original, lo que las acerca a las interjecciones (Stavrou, 2014: 319-320). Como consecuencia de todo ello, las partículas ocuparán la posición de especificador (en adelante, Esp) de la proyección SVoc (Stavrou, 2014: 319-320), mientras que las interjecciones se situarán en el núcleo Vocº: 247 Stavrou afirma que son dos y solo dos los rasgos que posee el núcleo vocativo, Vocº, de la misma manera que el núcleo determinante, Dº, es portador, según esa autora, de los de definitud y caso (Stavrou, 2014: 340). 236 Estos marcadores vocativos tomarán como complemento a un SN, lo que implica que en el análisis de Stavrou se entiende que el nombre vocativo proyecta un SN, no un SD (vid §3.3.2.). Si existiera una capa funcional determinativa, las expresiones vocativas se generarían en Nº pero el núcleo Dº debería permanecer vacío (Stavrou, 2014), tal como afirma Szabolcsi (1994) en su estudio sobre los vocativos o se propone para el análisis de los nombres escuetos que desempeñan funciones argumentales (vid §3.3.2.). Sin embargo, en estos casos se obtendría una interpretación existencial y genérica, lo que contrastaría con las propiedades de los vocativos: necesariamente referenciales, específicos y con rasgos deícticos de segunda persona (Stavrou, 2014: 336). Por consiguiente y de acuerdo con Stavrou, no es posible afirmar que existe una capa funcional determinativa en las construcciones vocativas, sino que estas deben proyectar SSNN. De ser esto cierto, se explicaría por qué los vocativos no admiten determinación (Stavrou, 2014: 336). Teniendo todo ello en cuenta, la propuesta de Stavrou se podría resumir de la siguiente manera: 237 Este análisis presenta una serie de problemas. El primero de ellos está relacionado con el concepto de caso vocativo. Si bien es verdad que en griego este caso se diferencia en ciertas declinaciones –principalmente, en palabras de género masculino y número singular (vid §2.2.3)–, en plural se produce un sincretismo entre caso nominativo, acusativo y vocativo (Stavrou, 2014: 302), lo que dificulta su identificación. Otras lenguas que mantienen un sistema de casos como el alemán han acabado perdiéndolo, de manera que sus funciones han sido adquiridas por el nominativo (vid §2.2.3). Teniendo en cuenta todo lo anterior, en esta investigación se defiende que no hay pruebas suficientes –incluso en lenguas como el griego– que permitan hablar de la existencia de caso vocativo, por lo que no puede ser considerado el responsable de convertir expresiones no vocativas en tales. El segundo inconveniente de esta propuesta se asocia con la idea de que las expresiones vocativas se generan en Nº, no en Dº. Tal como se argumentó en §3.3.2., Nº solo puede referir a conceptos universales o tipos, nunca a objetos individuales (Longobardi, 1994: 648), interpretación reservada a Dº (Longobardi, 1994, 2001; Crisma, 1997; Zamparelli, 1995; Bernstein, 2001a; et al.). Por consiguiente, los vocativos no podrían adquirir una lectura referencial y específica, con lo que incumplirían dos de las condiciones para su buena formación (vid §2.1.1.). De esta manera, se produciría una discordancia entre los rasgos que se obtienen en Nº (universales y no referenciales) y los que deben tener los vocativos (referenciales, deícticos y específicos). El tercer inconveniente de esta hipótesis se relaciona con la propuesta de que sean las partículas vocativas y las interjecciones las responsables de lexicalizar el SVoc. En relación a las primeras, en secciones previas se señaló que lenguas como el español, el catalán o el inglés no tienen un equivalente o, al menos, no funciona de la misma manera. Por lo tanto, no es posible argumentar que son las partículas las encargadas de convertir las expresiones en vocativas, al menos en estas lenguas (vid §3.4.1.1.). En relación a las segundas, las interjecciones griegas ax!, ee!, o! parecen comportarse de manera distinta a sus equivalentes españolas, ah, eh, oh, tal como se explica en los párrafos siguientes y se estudiará en §4.7.2. La primera, ah, la interjección más rica en significados, puede expresar sorpresa, pena, admiración o sentimientos similares (DLE: ¡Ah, María! Eras tú), pero no se emplea con valor fático o de contacto (e.g. *Eras tú, ¡ah, María!). La segunda, eh, sí es 238 propiamente vocativa aunque, como hemos mostrado en secciones anteriores (vid §3.4.1.1.), se asocia con la función apelativa, lo que impide que pueda desempeñar funciones fáticas (e.g. *Siéntate, eh, Ana). Además, no tiene por qué estar en una relación de adyacencia con el núcleo vocativo (e.g. Eh, ¿qué haces, María?), por lo que no podría actuar en todos los casos como marcador vocativo. Finalmente, la interjección oh ha sufrido un cambio en su significado en lenguas como el español, de manera que su uso ha acabado especializándose para las exclamaciones (e.g. Oh, Dios mío, ayúdame) y no tanto para las expresiones vocativas (vid §4.7.2.). Por tanto y tal como se argumentó con respecto al análisis de Hill (vid §3.4.1.1.), ni las partículas ni las interjecciones que propone Stavrou funcionan en español como marcadores propiamente vocativos. En este sentido, no pueden ser las responsables de lexicalizar el SVoc ni de ocupar las posiciones de especificador y núcleo del sintagma, respectivamente. Como consecuencia de todo ello, si bien la propuesta de Stavrou supone un avance con respecto a la hipótesis de Hill, ofrece más inconvenientes que ventajas, por lo que no se tendrá en cuenta en nuestro análisis. La próxima sección examina otro de los trabajos que han sido más influyentes en los últimos años: el estudio de Espinal sobre las expresiones vocativas en catalán. 3.4.1.3. Espinal (2013) Espinal elabora una propuesta en 2013 sobre la estructura interna de los vocativos en catalán que ha sido presentada en múltiples foros (e.g. en el Workshop on the Syntax and Semantics of nounhood and adjectivehood, Barcelona, 2011) y que ha tenido gran repercusión entre las investigaciones recientes de diversas áreas 248 . Inspirada en Moro (2003), Hill (2007) y Stavrou (2009), habla de la existencia de una proyección funcional, SVoc, encargada de portar las propiedades que permiten identificar las construcciones como vocativas. Sin embargo, se diferencia de los análisis anteriores en dos aspectos. El primero tiene que ver con el hecho de que el núcleo vocativo posea exclusivamente un rasgo: el deíctico ([+DX]), responsable de que la expresión se interprete como vocativa. El 248 Este es el caso del trabajo de D‘Alessandro y Oostendorp (2016) sobre la prosodia de las construcciones vocativas. 239 segundo se relaciona con la naturaleza del complemento del núcleo vocativo. De acuerdo con Espinal, este debe ser forzosamente un SD (Espinal, 2013: 1 y ss.): es la única manera de que se garantice su interpretación como entidades familiares y únicas (Espinal, 2013: 6: vid §3.3.3.). Teniendo todo ello en cuenta, la propuesta de Espinal podría resumirse de la siguiente manera: La cuestión que cabría determinar es qué elementos son los encargados de situarse en Vocº y de convertir la estructura en vocativa. Para responder a esta pregunta es necesario recuperar la clasificación de Espinal presentada en §2.1.4. En opinión de la citada autora, existen dos tipos de expresiones vocativas: los verdaderos vocativos y los falsos vocativos. Entre los verdaderos vocativos o true vocatives se incluyen los pronombres de segunda persona, los nombres propios, los sustantivos comunes y los adjetivos, categorías que pueden aparecer modificadas opcionalmente por una partícula (Espinal, 2013: 6 y ss.). Se denominan verdaderos vocativos porque o bien designan directamente al destinatario (pronombres y nombres propios), o bien introducen una propiedad que se predica de él (nombres comunes y adjetivos); en este sentido, se explica que sean los verdaderos vocativos –y no los falsos– los que obtengan una interpretación propiamente deíctica (Espinal, 2013: 4 y ss.). Tal interpretación se obtiene como resultado de su movimiento desde la posición en la que se generan (Dº, Nº o Aº) a la de núcleo Vocº (Espinal, 2013: 6). Así, el pronombre personal tú se desplazaría de Dº-a-Vocº para satisfacer los rasgos deícticos de su núcleo, tal como muestra (245): 240 Por su parte, los falsos vocativos o fake vocatives son SSDD y SCu del tipo El noi de la camisa blava! (‗¡El chico de la camisa azul!‘: Espinal, 2013: 2); es decir, lo que en este trabajo hemos denominado como vocativos de tipo 2 (vid §3.2.). Poseen una interpretación referencial/cuantificacional o predicativa pero no deíctica, por lo que refieren al destinatario solo de forma indirecta (Espinal, 2013: 6 y ss.). La razón se debe a que, de acuerdo con Espinal, entran en relación sintáctica con un núcleo nulo situado en Vocº (Espinal, 2013: 6 y ss.), por lo que ocupan la posición de especificadores del SVoc (246a). Excepcionalmente –en los casos en que aparecen modificados por una partícula (246b)–, permanecen en la posición en la que se generan (Espinal, 2013: 6): (246) a. Falsos vocativos sin partícula 249 : 249 Espinal entiende que, entre SD y SN, se sitúa SNum si bien no lo incluye para simplificar el análisis. 241 La distinción entre verdaderos y falsos vocativos influye, según D‘Alessandro y Oostendorp (2016), en el truncamiento que se produce en ciertas variedades del italiano central y meridional (Abruzzese: D‘Alessandro y Oostendorp, 2016: 68). En opinión de los citados autores, los verdaderos vocativos pueden truncarse (247d-e) mientras que los falsos no pueden hacerlo (247a-c). De esta manera defienden que la distinción entre verdaderos y falsos vocativos conlleva operaciones prosódicas: (247) a. A Mariacarmela Dell'Arcipre', vi' qqua! Part Mariacarmela Dell‘ArcipreteVOC ven aquí ‗Mariacarmela Dell‘Arciprete, ¡ven aquí!‘ b. Tu, Mariacarmela Dell‘Arcipre‘, vi‘ qqua! [Tú, Mariacarmela Dell’Arciprete]VOC, ven aquí ‗Tú, Mariacarmela Dell‘Arciprete, ¡ven aquí!‘ c. Tu, surellə də Marijə, vi‘ qqua! [Tú, hermana de María]VOC, ven aquí ‗Tú, hermana de María, ¡ven aquí!‘ d. A Bia‘ Part BiancaVOC.TRUNCADO ‗¡Bianca!‘ 242 e. Tu nghə la majetta bbianghə! Abruzzese [Tú con la blanca camiseta]VOC ‗¡Tú, chica de la camiseta blanca!‘ (D‘Alessandro y Oostendorp, 2016: 68). Finalmente, la clasificación de Espinal resulta de gran utilidad para resolver cuestiones tan controvertidas en la bibliografía especializada como por qué los determinantes no pueden aparecer en construcciones vocativas: serían falsos vocativos. No obstante, esta propuesta también encuentra una serie de dificultades. El primer inconveniente se asocia con la falta de concreción por parte de Espinal a la hora de hablar de rasgo deíctico. Como se observó en apartados anteriores (vid §3.1.4.), la deixis puede ser de tres tipos: personal, espacial y locativa, pero solo la primera de ellas se vincula con las expresiones vocativas. Espinal, sin embargo, no especifica el tipo de deixis que realizan los vocativos: considera que el rasgo que coteja el núcleo es únicamente [+Deíctico]. En este sentido, cualquier elemento con este valor podría desempeñar funciones vocativas: (248) a. *Ese, ven aquí. b. *Yo, ayúdame con las bolsas. c. *Él (señalando con el dedo), déjame en paz. No obstante, en (248) se pone de relieve que no todos los elementos con propiedades deícticas pueden ser interpretados como vocativos. De esta manera se explica la incompatibilidad que se produce entre la deixis que realizan los demostrativos (espacial) o los pronombres (primera y tercera persona, respectivamente) y la que han de tener las construcciones vocativas (segunda persona). En consecuencia, se hace necesario especificar el tipo de deixis de las expresiones vocativas. Un segundo problema de este análisis es distinguir entre verdaderos vocativos (‗destinatarios directos‘) y falsos vocativos (‗destinatarios indirectos‘). A este respecto no debería existir ninguna restricción en cuanto a los elementos que aparecen como falsos vocativos, ya que no poseen rasgos deícticos ni designan al oyente directamente. De ser así, no habría nada que impidiera la presencia de determinantes indefinidos en estas construcciones. 243 Sin embargo, en secciones anteriores (§3.3.2. y §3.3.3.) se ha demostrado que estos determinantes no pueden encabezar las expresiones vocativas, al menos en español. Los motivos son principalmente dos. El primero es que cualquier persona que compartiera con el destinatario sus propiedades podría sentirse interpelado; en ausencia de características definidas, ninguno lo haría. El segundo es que la indefinitud que obtendrían estas estructuras violaría las condiciones de buena formación de los vocativos, por las que estas expresiones deben ser referenciales, específicas y poseer propiedades con las que el oyente se sienta identificado (vid §2.1.1.). Todo ello pone de relieve que entre los falsos vocativos no tiene cabida cualquier tipo de construcción. Un tercer inconveniente, también relacionado con la oposición entre verdaderos y falsos vocativos, es que Espinal no ofrece pruebas –más allá de la intuición– que expliquen por qué los verdaderos vocativos tienen propiedades deícticas y los falsos no. Además, su análisis no contempla la posibilidad de que los falsos vocativos puedan contener elementos con valor deíctico que doten a la estructura de una interpretación deíctica. Este es el caso de construcciones como las de El chico ese de la última fila, suba al estrado o Esos niños del fondo (no los de delante), salgan ahora mismo de clase. En ellas, anteriormente se ha señalado que poseen rasgos deícticos (vid §3.3.3). De ser esto cierto, se produciría una paradoja en el análisis de Espinal: nos encontramos ante estructuras con rasgos deícticos que deberían interpretarse como verdaderos vocativos, pero que tienen apariencia de falsos vocativos (son SSDD). En consecuencia, estas expresiones no encajarían ni en un grupo ni en otro. Por otro lado, esta distinción implicaría que verdaderos y falsos vocativos no comparten propiedades de ningún tipo. Sin embargo, en §3.1.1. y §3.1.2.2. se mostró que los pronombres personales (verdaderos vocativos) y los SSDD con valor discriminativo (falsos vocativos) solo pueden aparecer en posición inicial, nunca en posición media o final –al menos cuando adquieren una interpretación vocativa–. Ello implica que desempeñan funciones apelativas pero no fáticas. De esta manera, ejemplos como los de (249) supondrían un nuevo problema para la hipótesis de Espinal, que no contempla la posibilidad de que verdaderos y falsos vocativos adquieran una misma función: (249) a. Tú, sal de clase (, *tú). b. La chica del vestido gris, sal de clase (, *la chica del vestido gris). 244 Finalmente, Espinal deja abierta la posibilidad de que, en los falsos vocativos, exista un núcleo omitido que ocupe la posición de núcleo Vocº. Sin embargo, no se profundiza más en esta cuestión lo que plantea una serie de interrogantes: (1) si el núcleo se puede recuperar en todos los casos, (2) cómo se explica la incompatibilidad que produce la presencia de este núcleo (e.g. ? Tú, mi cielo/cariño, deja eso: vid §3.1.4.2.) y (3) de qué manera se justifica el hecho de que no pueda aparecer cuando los vocativos desempeñan funciones fáticas (e.g. ?? Ayúdame, tú, mi niña). Con todo, si bien este análisis plantea más problemas e interrogantes que ventajas, la propuesta de distinguir dos clases de construcciones vocativas tiene una base empírica, tal como se mostró en §3.2. Sin embargo, tildar a unas construcciones de verdaderos vocativos y a otras, de falsos vocativos parece ser una medida demasiado extrema. Ambas adquieren rasgos deícticos –no solo las verdaderas– pero se diferencian entre sí tanto por la estructura interna que presentan como por los contextos en los que se utilizan (vid §3.2. y §3.3.3.). En consecuencia, esta investigación no hablará de verdaderos y falsos vocativos sino simplemente vocativos de tipo 1 (i.e. pronombres, nombres propios y comunes, adjetivos sustantivados) y vocativos de tipo 2 (i.e. SSDD encabezados por artículos definidos, demostrativos y posesivos) (vid §3.2.1.1.). En el siguiente epígrafe se recoge nuestra propuesta de análisis. 3.4.2. Propuesta de análisis Tras examinar las principales hipótesis ofrecidas por la bibliografía reciente acerca de la estructura interna de los vocativos en otras lenguas, el objetivo del presente epígrafe es formular un análisis que dé cuenta de las propiedades de estas construcciones en español. Mi propuesta se basa en los siguientes puntos. En primer lugar, asume la existencia de una nueva proyección funcional, SVoc, que toma como complemento al SD en el que se encuentra la expresión vocativa y cuyo núcleo posee rasgos deícticos de segunda persona e i-p. En segundo lugar, defiende que las dos clases de vocativos presentadas en secciones anteriores (i.e. vocativos de tipo 1 y vocativos de tipo 2: vid §3.2.1.1.) se diferencian entre sí no solo por los modificadores que las acompañan sino por su comportamiento dentro del SVoc. Si bien los vocativos de tipo 1 se trasladan de 245 núcleo-a-núcleo tal como propone Espinal, en los vocativos de tipo 2 es todo el SD el que se desplaza a la posición de especificador del SVoc, tal como sostiene Hill. Por último, mi propuesta plantea que los complementos restrictivos de los vocativos de tipo 2 actúan de la misma manera que los argumentales, mientras que los de los vocativos de tipo 1 tienen dos procederes distintos: o bien modifican al sintagma en su conjunto como lo hacen los no-restrictivos (e.g. vosotros tres, tú misma), o bien dan lugar a formas compuestas (e.g. señor presidente ‗N+N‘). Teniendo todo ello en cuenta, el apartado se divide en cuatro bloques. El primero (§3.4.2.1.) trata el problema relativo al tipo de proyección funcional con la que se relaciona el SD en el que se encuentran las expresiones vocativas. En este sentido y de acuerdo con los estudios previos, se justifica la existencia de un sintagma vocativo, SVoc, encargado de portar las propiedades o rasgos que permiten identificar las construcciones como tales. El segundo boque (§3.4.2.2.) muestra de qué manera los vocativos de tipo 1 –a saber: pronombres (§3.4.2.2.1.), nombres propios (§3.4.2.2.2.), nombres comunes (§3.4.2.2.3.) y adjetivos sustantivados (§3.4.2.2.4.)– satisfacen los rasgos del núcleo vocativo. Asimismo se explica la posición en la que se generan estas estructuras y su posición de aterrizaje. La tercera sección (§3.4.2.3.) presenta un análisis para las expresiones vocativas de tipo 2. Para ello, se estudian tres tipos de construcciones: las formadas con artículos definidos (§3.4.2.3.1.), las introducidas por demostrativos (§3.4.2.3.2.) y las encabezadas por posesivos (§3.4.2.3.3.). El cuarto bloque (§3.4.2.4.), por su parte, examina el lugar que ocupan los complementos de los núcleos vocativos en la proyección, ya sean de las estructuras de tipo 1 o de tipo 2. Finalmente, en la quinta y última sección (§3.4.2.5.) se hace una breve recapitulación de las principales conclusiones obtenidas a lo largo de este apartado. 246 3.4.2.1. Sintagma Vocativo En el apartado §3.3.2. se mostró que las expresiones vocativas se encuentran necesariamente en un SD –no en un SN– para poder cumplir con sus condiciones de buena formación (vid §2.1.1). En caso contrario, no se establecería la comunicación porque o nadie recibiría el mensaje del hablante o todos los destinatarios potenciales se darían por interpelados. No obstante, en ese mismo apartado (§3.3.2.) también se argumentó que no era posible suponer, como proponía Bernstein (2008), que fuera el propio núcleo Dº el portador de los rasgos que permiten identificar las expresiones como vocativas. La razón se debe al ‗choque‘ que se produce entre las propiedades de tercera persona del núcleo determinativo Dº y las de segunda persona de los vocativos. En consecuencia, la opción más viable es suponer la presencia de una nueva proyección funcional que tome como complemento al SD y cuyo núcleo porte los rasgos responsables de su interpretación como vocativos. Esta idea no es nueva. Como se vio en secciones precedentes (§3.4.1.1.- §3.4.1.3.), casi la totalidad de la bibliografía reciente postula la existencia de una proyección independiente que albergue los propiedades de las expresiones vocativas. Así, desde Moro (2003), iniciador de los estudios modernos a este respecto, hasta Portner (2004), Hill (2007, 2013a, 2013b), Stavrou (2009, 2014) o Haegeman (2010, 2014), pasando por Espinal (2013) o Zavala Tovar (2014), se considera imprescindible hablar de una capa funcional que se sitúe por encima del SD y que lo tome como complemento. Esta proyección ha sido llamada por la mayoría de los investigadores citados como frase o sintagma vocativo (SVoc), denominación que se compartirá en este estudio. La cuestión que habría que esclarecer es qué rasgos contiene su núcleo. En secciones anteriores, se han explorado los tres análisis actuales más influyentes a este respecto, a saber: el de Hill (2007, 2013a, 2013b), el de Stavrou (2009, 2014) y el de Espinal (2013) (vid §3.4.1.). En ellos, se propone que el núcleo alberga uno o dos de los siguientes rasgos: propiedades deícticas de segunda persona (Hill, 2007, 2013a, 2013b; Stavrou, 2009, 2014; Espinal, 2013), características i-p (Hill, 2013a, 2013b) y caso vocativo (Stavrou, 2009, 2014). Teniendo en cuenta que no hay pruebas suficientes que atestigüen la existencia de este último, la presente investigación ha optado por no tenerlo en consideración. La opción que entonces se 247 plantea es que el núcleo vocativo posea rasgos deícticos de segunda persona y/o propiedades i-p. Con respecto a los primeros, parece lógico suponer que los rasgos deícticos de segunda persona están contenidos en el núcleo Vocº, ya que todas las construcciones vocativas de cualquier lengua equivalen, en última instancia, a una segunda persona. Ello se debe a su necesaria vinculación con uno de los participantes del discurso: el interlocutor. De esta forma quedan excluidos de estos contextos los pronombres de primera y de tercera persona o, por ejemplo, las formas indefinidas (vid §3.1.1.-§3.1.4. y §3.3.). A una conclusión similar llegan los tres análisis examinados en las secciones precedentes (vid §3.4.1.) a los que se unen otros tantos como el de Portner (2004), Haegeman (2010, 2014) o, por ejemplo, Zavala Tovar (2014). En relación a las propiedades i-p, Hill (2013a, 2013b) defiende que han de ser entendidas como una amalgama de características pragmáticas ((in)formalidad, tipo de relación, etc.), de igual forma que se supone el rasgo [phi] como un conjunto de propiedades asociadas con la concordancia (género, número y persona) (Hill, 2013b: 57). No obstante, la posibilidad de que el núcleo Vocº contenga estos rasgos ofrece más dudas, sobre todo porque se trata de una propiedad pragmática que no tendría por qué repercutir en la sintaxis. A este respecto, en secciones y capítulos precedentes (§2.1.1., §3.1.- §3.2.) se ha mostrado que las características i-p no solo conllevan una serie de operaciones sintácticas (e.g. concordancia entre partículas y nombres vocativos, discordancia entre pronombres, etc.) sino que podrían estar codificadas en la gramática. Así se justificaría que, por ejemplo, sean vocativos típicos los nombres de relación: hablante e interpelado asumen los roles de los argumentos del nombre relacional. Por tanto, se hace necesario suponer la existencia de un rasgo i-p entendido como una propiedad gramatical que puede materializarse de distintas formas (diminutivos, presencia/ausencia de determinantes, etc.) y cuya presencia no depende de ningún elemento, ni siquiera de las partículas (Hill, 2013b: 57). Teniendo todo ello en cuenta, el análisis que se propone para la estructura interna de las expresiones vocativas en español podría resumirse de la siguiente manera: 248 Este análisis ofrece múltiples ventajas. En primer lugar, solventa diversos problemas como por ejemplo que los rasgos personales sean cotejados en el núcleo determinativo Dº. Por otro lado, muestra por qué las expresiones vocativas adquieren una lectura referencial, definida y específica que respeta sus condiciones de buena formación (vid §2.1.1.). Finalmente, es capaz de dar cuenta de las propiedades tanto sintáctico-semánticas como pragmáticas que presentan los vocativos, con lo que consigue que estas disciplinas caminen de la mano. El siguiente paso será establecer en qué lugar de la proyección se sitúan las distintas construcciones que se ha mostrado que pueden funcionar como vocativas. Para ello, se estudiarán, de un lado, el comportamiento de las expresiones vocativas sin determinación o de tipo 1 y, por otro, las construcciones vocativas con determinación o de tipo 2. Empezaremos con las primeras. 3.4.2.2. Análisis de los ‗vocativos sin determinación o de tipo 1‘ El objetivo de esta sección es analizar la posición en la que aparecen las distintas categorías gramaticales que se ha demostrado que pueden ser núcleos de las expresiones vocativas. Estas son: (1) pronombres de segunda persona (§3.4.2.2.1.), (2) nombres propios (§3.4.2.2.2.), (3) sustantivos comunes (§3.4.2.2.1.) y (4) adjetivos sustantivados (§3.4.2.2.1.). Comenzaremos con los pronombres personales. 3.4.2.2.1. Pronombres de segunda persona Tal como se mostró en §3.3.3., existe una corriente en la gramática que entiende que los pronombres personales y los artículos definidos forman parte de una misma 249 categoría: los determinantes. Esta propuesta, incluida en la Hipótesis del SD (Abney, 1986, 1987), basa su afirmación en la idea de que pronombres y determinantes comparten una serie de propiedades (e.g. definitud: referencia familiar y única; vid §3.3.3.) y, en ciertos casos, un mismo origen (e.g. el demostrativo latino ille da lugar al pronombre él y al artículo el: §3.3.3.), entre otras cosas 250 . Sin embargo, se distinguen de ellos en que los pronombres no se construyen con un ‗complemento‘ (i.e. un SN: (251b)), ‗componente‘ que los determinantes necesitan obligatoriamente o la construcción se vuelve anómala (251a) (Eguren, 2016: 859-860): (251) a. El *(niño) dijo que vendría. b. Él (*niño) dijo que vendría. En efecto, (251a) muestra que el artículo definido el debe tomar un complemento –concretamente, un SN– o la secuencia se vuelve anómala. En (251b) ocurre todo lo contrario: la presencia de cualquier complemento restrictivo junto al pronombre personal él –salvo las aparentes excepciones mostradas en §3.2.1.1.– convierte la expresión en agramatical. Esta última propiedad es la causante de que los pronombres personales hayan sido considerados como determinantes intransitivos (Eguren, 2016: 860). Si se acepta la hipótesis presentada, lo esperable sería que los pronombres personales se situaran en la misma posición que los determinantes. Para comprobar si esta afirmación es o no cierta, observamos el comportamiento de los pronombres cuando se combinan con otros determinantes. Ejemplos como los de (252a) ponen de relieve que pronombres y determinantes no pueden coaparecer, lo que implica que ambos compiten por la misma posición 251 . Esta incompatibilidad no es única del español sino que se extiende a otras lenguas (252b-c) (Longobardi, 2001: 590 y ss.): (252) a. *{El chico él/ El él chico/ Él el chico}vino ayer, ¿no? Español b. *{The boy he/ The he boy/ He the boy} came yesterday, right? Inglés 250 De acuerdo con Eguren (2016), otras similitudes entre pronombres y determinantes son: (1) a menudo tienen la misma ‗forma‘ (e.g. ¡Qué guapo estás!/ ¿Qué quieres?) o, por ejemplo, (2) su clasificación interna es casi idéntica (demostrativos, indefinidos, cuantificativos, interrogativos, relativos) (Eguren, 2016: 859). 251 Esta idea no es nueva; muchos han sido los investigadores que consideran que pronombres y determinantes se generan en la misma posición. Entre ellos destacan: Postal (1969), Abney (1987), Longobardi (1991, 1994, 2001), Lorenzo (1995), Lois (1996), Lyons (1999), Leonetti (1999a, 1999b), Bernstein (2001a) o Roca (2015). 250 c. *{Il ragazzo lui/ Il lui ragazzo/ Lui il ragazzo} è venuto ieri, giusto? Italiano De ser esto cierto, los pronombres personales de las expresiones vocativas se generarían directamente en Dº (vid §3.3.2.). La cuestión que cabría determinar es qué propiedad cotejan en este núcleo determinativo. Si bien han sido muchos los rasgos que se han propuesto en la bibliografía (vid §3.3.2.-§3.3.3.), se podría decir que los que han tenido más transcendencia entre los expertos han sido fundamentalmente dos: características referenciales y propiedades definidas. Comencemos con las primeras. En sus estudios más famosos, Longobardi (1994, 2001) propone que el rasgo que posee el núcleo determinativo Dº es el de [±referencialidad]. En este sentido, una estructura se interpreta como [+referencial] si contiene una expresión de referencia de objeto o referencia individual (e.g. pronombres o nombres propios) y [–referencial] si no puede obtener tal significado (Longobardi, 1994: 659-660). Si se aplica esta distinción al caso de las construcciones vocativas, se llega a la conclusión de que pueden aparecer en estas estructuras todos los elementos con interpretación de objeto individual y, en consecuencia, valor referencial. Así, se incluirían desde formas definidas (e.g. El señor del fondo, acérquese) hasta aquellas con valor indefinido (e.g. ? Un señor, acérquese). No obstante, en secciones previas (vid §3.3.3.) se ha demostrado que la presencia de estos últimos en lenguas como el español da lugar a secuencias anómalas (e.g. *{Algunos/Otros/Varios señores}, acérquense). En este sentido, el rasgo [±referencialidad] no sería suficiente para determinar qué estructuras pueden encontrarse en las expresiones vocativas y cuáles no. Veamos ahora las características [±definidas]. De acuerdo con autores como Lorenzo (1995), Leonetti (1999b) o Lyons (1999), una estructura será [+definida] si designa a entidades familiares o conocidas por el hablante y [–definida] si no lo hace (vid§3.3.3.). En este sentido, solo los elementos con propiedades [+definidas] podrían desempeñar funciones vocativas, mientras que los que tuvieran rasgos [–definidos] quedarían fuera de ellas (e.g. un, cierto, cualquier, nadie, alguien). Por tanto, se asume que el núcleo Dº alberga el rasgo de [±definitud] (en adelante, def), lo que permite la interpretación de estas expresiones como entidades familiares y únicas: 251 En este punto es importante señalar que la referencia de los pronombres de segunda persona difiere en gran medida de la de los otros determinantes, principalmente en dos propiedades: las deícticas y las personales. En relación a sus rasgos deícticos, en §3.1.1. y §3.3.2. se indicó que la capacidad de los pronombres de referirse a los participantes del discurso los priva de su contenido propiamente léxico y los transforma en categorías intrínsecamente deícticas (RAE/ASALE: §16.1a), rasgo que comparten únicamente con los demostrativos 252 . Por ejemplo, si se vuelve al caso del artículo definido, en secciones anteriores se mostró que, en su paso al latín, el artículo perdió los rasgos deícticos del demostrativo latino ille del que derivaba, mientras que el demostrativo los mantuvo (vid §3.3.3.). Ello explica que en español actual oraciones como las de (254) no puedan ser equivalentes: (254) El niño vino ayer ≠ Ese niño vino ayer En efecto, en (254) se observa que las construcciones con artículos definidos no poseen el mismo significado que las de los demostrativos. En el primer caso, el artículo aporta el valor de definitud, entendido como información conocida (i.e. familiar) y única (Leonetti, 1999b: §12.1.1.3.), por lo que la expresión tendría un significado aproximado de: ‗el niño que tú y yo conocemos vino ayer‘. Sin embargo, en el segundo caso el demostrativo, además de la definitud, conlleva un rasgo deíctico muchas veces vinculado a marcas gestuales (Eguren, 1999: §14.2.2.2.: vid §3.3.3.). En este sentido, tendría un significado cercano a: ‗el niño que tú y yo conocemos y que está ahí (señalando con la cabeza) vino ayer‘. Por consiguiente, habría que diferenciar claramente dos rasgos: definitud y deixis, entendiendo que el segundo incluye al primero pero no necesariamente al contrario 253 . 252 Sobre las propiedades de los demostrativos, véanse §3.3.2., §3.3.3.y §3.4.2.3.2. 253 De esta manera se explica que los pronombres personales y los demostrativos sean definidos y deícticos, mientras que los artículos, únicamente definidos. Si bien esta afirmación es correcta, es importante señalar que, en contextos muy concretos, los artículos pueden adquirir una interpretación deíctica: Acércame la bandeja (vid §3.3.3.). Esto implicaría que los artículos, inicialmente definidos, 252 No obstante, el tipo de deixis que realizan los pronombres personales difiere de la de los demostrativos, ya que la primera se asocia con una deixis personal y transparente, y la segunda, con una espacial y opaca 254 (vid §3.1.4. y §3.3.3.). En este punto es importante recordar que, tal como se señaló en §3.1.4., la deixis personal no es única de los pronombres de segunda persona: se trata de una propiedad compartida con los de primera y de la que quedan excluidos los de tercera (la no-persona: vid §3.1. y §3.3.3.). La diferencia entre unos y otros es el participante con el que se asocian: los de primera lo hacen con el hablante, mientras que los de segunda, con el oyente (vid §3.1.1. y §3.3.3.). De esta manera, las propiedades deícticas y personales serían exclusivas de los pronombres de primera y segunda persona, y permitirían diferenciarlos de los demás determinantes –definidos y, en ciertos contextos, deícticos– (vid §3.3.3.). Como consecuencia de todo lo anterior, resulta lógico postular que, tal como afirma Bello, los pronombres personales posean «alguna marca tan peculiar suya que no se encuentr[a] en ninguna otra clase de palabras» (Bello, 1847: nota IV, 794). Esta marca sería justamente la de persona (en adelante, pª). A esta misma conclusión llegan algunas de las investigaciones más recientes, entre las que destacan la de Longobardi (2008) y, principalmente, la de Bernstein (2008). En opinión de esta última autora, la marca personal, que se lexicaliza mediante los pronombres personales (Bernstein, 2008: 1256), es la responsable de diferenciar los participantes de una conversación de los que no lo son: «Person (…) identifies a nominal phrase as referring to the participants in the conversation (i.e., first person I, me; second person you) or not (i.e., third person they, them and also lexical nominal phrases)» (Bernstein, 2008: 1256). Por consiguiente, en esta investigación se defiende que los pronombres de primera y de segunda persona se caracterizan por tener propiedades personales (i.e. [+pª]), mientras que los de tercera así como el resto de determinantes, por la ausencia de los mismos (i.e. marcan la no-persona: [-pª]). La cuestión que cabría determinar entonces es de qué manera se adquieren tales propiedades personales. A este respecto, Bernstein (2008), inspirada en Longobardi (2008), sostiene que estos rasgos deben estar en Dº, lo que explica que no admitan determinación: los determinantes se vinculan con terceras personas por lo que su pueden obtener un valor deíctico en determinadas situaciones, lo que no haría sino reforzar la hipótesis de que deixis y definitud son dos rasgos bien diferenciados. 254 Estos rasgos son los que impiden la aparición de demostrativos en construcciones vocativas de tipo 1; en las de tipo 2 se legitiman por su valor contrastivo (vid §3.3.3.). 253 aparición produciría un error de concordancia en la persona que unos y otros designan (vid §3.3.2.). No obstante, en §3.3.2. se mostraba que en esta propuesta no tendrían cabida los vocativos con determinación de tipo 2 (i.e. La chica del fondo, ese chico, mi niña y otras similares: vid §3.3.3.). Estos contienen un determinante cuyos rasgos de tercera o no-persona son incompatibles con los de segunda persona de las expresiones vocativas. Por lo tanto, la posibilidad de que los vocativos cotejen los rasgos de segunda persona en el núcleo Dº queda descartada. Otra opción es suponer la existencia de una nueva capa funcional, que llamaremos Sintagma Persona (en adelante, SPersona). Esta idea no es nueva. Por ejemplo, Lyons (1993) ya indicaba que debía existir una proyección funcional con esta misma denominación que debía incluirse en el interior de la estructura nominal. En nuestro caso, entendemos que, si bien tal proyección existe, debe situarse inmediatamente por encima del SD, donde se generan los pronombres. El núcleo de esta proyección, Personaº, albergará rasgos deícticos personales, ya sean de primera o de segunda. De esta manera, se garantizará la vinculación de estos pronombres con uno de los participantes del discurso: el hablante (255a) o el oyente (255b). 254 Por su parte, los pronombres de tercera persona, relacionados con aquel o aquello de lo que se habla (vid §3.1.1.), cotejarán propiedades de [-pª]. De ser esto cierto, se reflejaría la intuición ya señalada de múltiples autores (Fernández Soriano, 1999: §19.1.; Leonetti, 1999b: §12.1.6.; Kayne, 2000; Harley y Ritter, 2002; Bernstein, 2008; et al.) acerca de la necesidad de entender que las propiedades [+personales] son exclusivas de los pronombres que se vinculan con uno de los miembros de la conversación. Asimismo, se explicaría por qué pronombres como él no pueden aparecer en expresiones vocativas, necesariamente asociadas con características de [+pª]: No obstante, las propiedades personales, deícticas y definidas de los pronombres tú y sus variantes garantizan su vinculación con el destinatario pero no su interpretación como vocativos. Por ejemplo, en (257) aparecen dos casos de oraciones con el pronombre personal tú, pero únicamente en el primero de ellos se obtiene una lectura vocativa: (257) a. Tú, ¿qué quieres? 255 b. Dime tú lo que quieres. Ejemplos como los de (257) ponen de relieve que tú ha de poseer otro rasgo que le permita adquirir un valor vocativo. En este sentido, sería necesario recuperar la propuesta planteada en §3.4.2.1. en la que, según la bibliografía especializada, se suponía la existencia de una proyección funcional más alta, SVoc, a cuyo núcleo se desplazaría el pronombre tú, atraído por los rasgos i-p. Por su parte, las propiedades de segunda persona pasarían a ser no-interpretables en estos casos, puesto que no es posible adquirir el mismo rasgo dos veces a lo largo de la derivación (ya han sido cotejadas en Personaº). De ser esta hipótesis correcta, los pronombres garantizarían su interpretación personal, deíctica y definida así como sus caraterísticas i-p: Teniendo todo esto en cuenta, el análisis de la estructura interna de los pronombres de segunda persona que desempeñan funciones vocativas quedaría configurado de la siguiente manera: 256 El análisis expuesto en (259) ofrece múltiples ventajas. En primer lugar, refleja las propiedades que han de tener las expresiones vocativas (i.e. segunda persona, características deícticas, definitud y rasgos i-p). En este sentido, explica por qué los elementos que no poseen estos rasgos (i.e. los indefinidos) no pueden desempeñar tales funciones. Además, tiene en cuenta lo que tanto se ha repetido en la bibliografía: que las características personales son exclusivas de los pronombres de primera y de segunda persona, pero que no se extienden a los de tercera (la no-persona). Finalmente, cumple con las condiciones de buena formación de los vocativos, según las cuales estas expresiones deben ser definidas y específicas. Una vez que el análisis de los pronombres de segunda persona ha quedado establecido, es el momento de ver cómo se comportan las segundas categorías en la jerarquía: los nombres propios. 3.4.2.2.2. Nombres propios Los nombres propios son, después de los pronombres personales, las segundas categorías en la jerarquía capaces de adquirir una interpretación vocativa (vid §3.1.4.1.). Sus propiedades inherentemente referenciales impiden que lleven determinación (260): (260) a. *Cierta Celia llegó cansada del viaje. b. *{Una/Alguna} Celia llegó cansada del viaje. A este respecto, Longobardi (1994, 2001) sostiene que, en la sintaxis en las lenguas romances y en la Forma Lógica en las germánicas, los nombres propios con funciones argumentales se mueven desde la posición nominal, Nº, en la que se generan a la de núcleo determinante, Dº. De esta manera, se justifica que presenten una lectura de objeto individual (Longobardi, 1994: 648), o lo que es lo mismo, de objeto referencial (Longobardi: 2001: 589). Dicho desplazamiento, además, explica por qué no son compatibles con los determinantes (260): competirían por la misma posición. Esta restricción se extiende a otras lenguas como el italiano (Longobardi, 1994: 623): (261) a. *Mio Gianni ha finalmente telefonato. Mi Gianni ha finalmente llamado 257 ‗Gianni finalmente ha llamado por teléfono‘ b. Gianni mio ha finalmente telefonato. Gianni mio ha finalmente llamado ‗Gianni finalmente ha llamado por teléfono‘ (Longobardi, 1994: 623). No obstante, existe una excepción a este respecto y es que los nombres propios pueden aparecer acompañados por determinantes si estos se interpretan como expletivos (vid §3.1.2.1.) 255 . Esta particularidad se documenta también en otras lenguas 256 : (262) a. La Celia me comentó que estaba cansada. Español b. El Joan ha arribat tard. Catalán El Joan ha llegado tarde ‗Joan ha llegado tarde‘ c. Il Gianni è partito. Italiano El Gianni ha ido. ‗Gianni se ha ido‘ Llamativamente, la presencia de determinantes expletivos convierte a la secuencia en agramatical cuando los nombres propios desempeñan funciones vocativas. Esta imposibilidad también se registra en otras lenguas, tal como se mostró en §3.1.2.1. 257 : (263) a. *La Celia, ¿vienes? Español b. Ei, (*el) Joan! Catalán EhPART, el JuanVOC. ‗¡Eh, Juan!‘ 255 En español la presencia del artículo solo es posible si se interpreta como un mote o apodo y se emplea con valor despectivo o afectivo (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 262: vid §3.1.2.1.). 256 Ejemplos tomados de Roca (2015: 206: (262b)) y Moro (2003: 254: (262c)). 257 (263b) ha sido tomado de Espinal (2013: 3). 258 c. (*Il) Gianni, la Maria è partita. Italiano El GianniVOC, la María ha ido. ‗Gianni, María se ha ido‘ Por consiguiente, ejemplos como los de (260), (261) y (263) pondrían de relieve que los nombres propios que aparecen en expresiones vocativas no se pueden combinar con ningún determinante, ni siquiera cuando este se interpreta como expletivo (cfr. (262) y (263)). Ello se debe a que la posición del núcleo determinativo estaría ya ocupada por el nombre propio, como resultado de su movimiento de Nº-a-Dº tal como propone Longobardi (1994, 2001). De esta manera, en esta investigación entenderemos que el desplazamiento del nombre propio está motivado por su necesidad de cotejar los rasgos definidos del núcleo Dº, encargados de convertir la expresión en referencial (vid §3.4.2.2.1.). Teniendo todo ello en cuenta, su representación sintáctica sería la siguiente: La pregunta que surge a continuación es cómo se justifica que estas construcciones adquieran una lectura vocativa (i.e. de segunda persona e i-p) si en principio deberían interpretarse como terceras personas (i.e. sin ninguna propiedad personal marcada: no-persona; vid §3.3.2. y §3.3.3.). A este respecto, en apartados anteriores (vid §3.1.4.1.) señalábamos que existen dos tipos de referencia: la deíctica y la no deíctica. Ambas identifican ‗individuos‘ en el momento de habla y necesitan información contextual para poder interpretarse, pero se diferencian en cómo es ese tipo de información (Eguren, 1999: §14.2.1.1.). En las primeras lo fundamental es quién habla, dónde y cuándo lo hace, mientras que en las segundas tal información no es necesaria (Eguren, 1999: §14.2.1.1.). Para ejemplificar esta afirmación tómese el siguiente contraste: 259 (265) a. Tú, esa de ahí (señalando con la cabeza), ¿quieres algo? b. Celia quiere algo. c. Celia, ¿quieres algo? En (265a) es necesario acudir a la información contextual para poder asignarle referencia al pronombre personal tú, al demostrativo ese y al adverbio ahí. Dependiendo de la persona que emita el enunciado, el lugar en el que se encuentre y el momento de la enunciación, la referencia de los elementos deícticos tú, ese y ahí cambiará. Sin embargo, en (265b) la referencia es ‗constante‘: Celia identifica a la persona que quiere algo independientemente del contexto; es decir, de quién hable, cuándo lo haga o el lugar en el que esté. No obstante, en ciertos contextos como el de (265c) el nombre propio deja de vincularse con aquello de lo que se habla (tercera persona o no-persona) para designar a quien se habla (segunda persona), es decir, al destinatario. Este cambio es posible gracias a su fuerte carga referencial, propiedad con la que no cuentan los pronombres él y sus variantes, cuya necesaria interpretación correferencial o de variable ligada impide que aparezcan en construcciones vocativas (vid §3.1.1.). De esta manera se explica que los nombres propios de las estructuras vocativas adquieran una lectura personal, concretamente de segunda persona. Prueba de ello es que son equivalentes en estos contextos a las categorías vocativas por excelencia: los pronombres tú y sus variantes: (266) Irene y Pablo, ¿podríais ayudarme? = Vosotros dos, ¿podríais ayudarme? Si nuestra hipótesis es correcta, los rasgos deícticos personales se convertirían en lo que denomina Donati (2013: 138) como conmutadores de referencialidad, ya que «transforma[n] la referencialidad nominal, inherentemente no deíctica, en referencialidad (al menos parcialmente) deíctica, ‗enganchándola‘ al contexto extralingüístico del acto comunicativo» (Donati, 2013: 138; mi traducción: vid §3.3.2.). La pregunta que subyace es de qué manera obtienen tales rasgos. En apartados anteriores (vid §3.3.2. y §3.4.2.1.) mostrábamos que la única solución a este respecto es la que planteaba la bibliografía especializada: suponer la existencia de una proyección funcional más alta, SVoc, cuyo núcleo albergue tales rasgos. Por lo tanto, los nombres propios se moverían de Dº-a-Vocº atraídos por las propiedades de [+2pª] e [i-p] del núcleo Vocº, tal como se muestra en (267): 260 Teniendo todo lo dicho hasta ahora en cuenta, el análisis de la estructura interna de los nombres propios con función vocativa quedaría de la siguiente manera: Gracias a este análisis se daría respuesta a preguntas tan controvertidas como de qué manera los nombres propios adquieren rasgos de segunda persona cuando desempeñan funciones vocativas, mientras que pronombres como él no pueden hacerlo. Por otro lado, explica por qué los determinantes expletivos no aparecen en estas construcciones –al menos en lenguas como el español y otras similares– o cómo obtienen los nombres propios una interpretación definida. Finalmente, este análisis cumple con las condiciones de buena formación de los vocativos, según las cuales estas expresiones han de ser definidas y específicas. La siguiente cuestión que cabría determinar es de qué forma los nombres comunes obtienen una interpretación vocativa, asunto que será abordado en la siguiente sección. 261 3.4.2.2.3. Nombres comunes Los nombres comunes, también llamados apelativos (vid §3.1.2.2.), son la tercera categoría en la jerarquía que puede desempeñar funciones vocativas debido a su capacidad de adquirir rasgos definidos en estos contextos (vid §3.1.2.2. y §3.1.4.). Prueba de ello es que no admiten determinación (269), salvo que la presencia del determinante ofrezca un valor discriminativo (270a-b) o de relación afectiva (270c), si bien en este último caso no se considera un ‗verdadero determinante‘ (vid §3.2.2.1. y §3.3.3.) 258 : (269) a. (*Las) niñas, ¿sabéis lo que vais a hacer? b. (*Esta) doctora, espéreme fuera. c. (*Una) señora, tráigame el abrigo. d. (*Alguna) mamá, cuida de Carla. (270) a. El alumno de la última fila, ¿se van a callar de una vez? b. Esos niños del fondo, salgan ahora mismo de clase. c. Mi cielo, es hora de cenar. Tal como se mostró en §3.3.2., esta propiedad, unida a su imposibilidad de tener complementos restrictivos (vid §3.2.1.1.), acerca los nombres comunes a los propios, lo que daría pie a considerar que estas construcciones actúan como una especie de ‗nombres propios vocativos‘. En este sentido, no podría argüirse que el sustantivo se queda en la posición nominal, Nº, en la que se genera, como ocurre cuando desempeña funciones argumentales (Longobardi, 1994, 2001; Lorenzo, 1995; Bosque, 1996a; Lyons, 1999; Bernstein, 2001a, 2008; Ticio, 2010; et al.: vid §3.3.2.), sino que sería necesario suponer que realiza un movimiento más: sube a la posición de núcleo Dº para garantizar la interpretación definida de la construcción. La legitimidad de este último movimiento se justifica de la misma manera que se admite en el caso de los nombres propios: por la necesidad de obtener una interpretación de objeto individual o referencial (Longobardi, 1994: 648; Longobardi: 2001: 589) en ausencia de un determinante en la construcción que adquiera tal valor (Longobardi, 258 El análisis de los vocativos con determinación será estudiado en §3.4.2.3. 262 1994: 635). De ser esto cierto, se solventaría el problema que plantea la lectura existencial de un Dº vacío de propuestas como la de Szabolcsi (1994: vid §3.3.2.) y se explicaría por qué los nombres vocativos obtienen una interpretación definida, específica y referencial. A esta misma conclusión han llegado investigadores como Cabredo-Hofherr (2009) o Espinal (2013), entre otros. Estas autoras, basándose en la observación del comportamiento del artículo en lenguas como el francés (e.g. (*Le) copain, viens ici: vid §3.1.2.2.), concluyen que la hipótesis de la subida Nº-a-Dº de Longobardi debe extenderse a los contextos nominales en los que el sustantivo rechaza la presencia del determinante (Espinal, 2013: 5-6) 259 . Por ello, en esta investigación se defiende que los nombres comunes con función vocativa suben a Dº para garantizar su interpretación como entidades definidas, tal como se muestra en (271). No obstante, antes de presentar este análisis es necesario hacer una aclaración: tal como propone Espinal (2013) se supone la existencia de la proyección Sintagma Número (en adelante, SNum) entre SD y SN, en cuyo núcleo el nombre pueda cotejar sus rasgos de número 260 . Teniendo todo ello en cuenta, el análisis de los nombres con función vocativa sería el que se muestra a continuación: 259 No obstante, en §3.1.2.2.se mostraba que el artículo podía aparecer en el caso de que se quisiera marcar que el hablante no guarda ningún tipo de relación con el oyente: *(Les) copains, venez ici. Para las construcciones con y sin artículo del francés y de lenguas semejantes como el rumano proponemos un análisis similar al de los posesivos de las construcciones vocativas de tipo 2 o con determinación que será presentado en §3.4.2.3.3. 260 Ritter (1991) fue el primero en proponer la existencia de una nueva proyección funcional, SNúmero, responsable de portar los rasgos de número. Esta hipótesis, inicialmente pensada para el hebreo y desarrollada posteriormente por Valois (1991) para el francés o Picallo (1991) para el catalán, ha tenido gran repercusión entre los investigadores, entre los que destacan Longobardi (1994, 2001) o Chierchia (1998), entre otros muchos. 263 La cuestión que cabría determinar entonces es cómo obtienen los rasgos deícticos e i-p que convierten las expresiones no vocativas en tales. En §3.4.2.2.2. se argumentó que los nombres propios podían desempeñar estas funciones gracias a los rasgos deícticos, que se convertían en conmutadores de referencialidad. Si aceptamos la hipótesis de que los nombres comunes actúan como nombres propios en estos contextos, sería lógico suponer que es su vinculación con segundas personas y, en consecuencia, con propiedades deícticas las que permiten su interpretación como construcciones vocativas. Prueba de ello es que, al igual que los nombres propios, los nombres comunes con función vocativa equivalen a los pronombres de segunda persona tú y sus variantes, tal como se observa en (272): (272) Niña, deja el ordenador y ven aquí = Tú, deja el ordenador y ven aquí. Como consecuencia de lo anterior, se justifica su desplazamiento desde la posición Dº en la que coteja los rasgos de [+definitud] a la de Vocº, donde satisface las características de segunda persona e i-p de su núcleo. Si esto es cierto, su posición en la proyección quedaría de la siguiente manera: 264 Por consiguiente, la configuración de la estructura interna de los nombres vocativos podría resumirse de la siguiente forma: Con este análisis se podría justificar por qué los sustantivos de las construcciones vocativas de tipo 1 no admiten determinación, de qué manera obtienen una interpretación definida, por qué se comportan como los nombres propios en estos contextos o cómo adquieren rasgos i-p y de segunda persona. Finalmente, se garantizaría el mantenimiento de las condiciones de buena formación de los vocativos, según las cuales estas expresiones deben ser definidas y específicas. Una vez que se ha analizado el comportamiento de los nombres comunes dentro del sintagma vocativo, es el momento de proponer un análisis que explique qué ocurre con los adjetivos sustantivados que aparecen en estas expresiones. 265 3.4.2.2.4. Adjetivos sustantivados Los adjetivos ocupan la última posición en la jerarquía de las categorías que pueden ser interpretadas como vocativas. De acuerdo con lo señalado en §3.1.3., estos elementos se recategorizan en sustantivos como muestra el hecho de que no admitan grado (e.g. *Muy tonto, ayúdame), puedan recibir complementos (e.g. SSPP y adjetivos (275a), oraciones de relativo (275b)) y permitan su combinación con determinantes (275a-c) cuando aparecen en vocativos de tipo 2: (275) a. El joven alto del fondo (no el de la primera fila), salga al estrado. b. Ese pesado que no para de molestar, ¿quiere callarse ya o prefiere salir de clase? c. Si me dijeras de qué se trata, podríamos enfrentarlo juntos, mi pequeña (Venezuela, CORPES, Celis, 2001). La cuestión que cabría determinar es en qué posición se generan. A nuestro entender, existen dos posibilidades: (1) considerar que se crean en el núcleo adjetivo, Adjº, y de ahí se mueven a Nº, o (2) que lo hagan directamente en Nº, lo que indicaría que funcionan como sustantivos a todos los efectos. En los párrafos siguientes se exploran estas dos alternativas. La primera opción, que consiste en entender que se generan en Adjº, ha sido respaldada por trabajos como el de Espinal (2013). En opinión de la citada autora, los adjetivos desnudos o escuetos son, junto con los nombres comunes, verdaderos vocativos pero ‗de segundo nivel‘: no tienen propiedades referenciales por sí mismos 261 . De esta manera, defiende que dichas categorías siguen manteniendo su estatus de adjetivos por lo que denotan propiedades de los individuos, no clases (Espinal, 2013: 4). En consecuencia, considera que se generan en Adjº y realizan un movimiento de núcleo a núcleo (Adjº-Nº-Dº) hasta llegar a la posición Vocº, con lo que su propuesta de análisis podría resumirse de la siguiente manera: 261 Espinal (2013) sostiene que los vocativos ‗de primer nivel‘ son los pronombres y los nombres propios debido a sus propiedades intrínsecamente referenciales. 266 (276) a. Desgraciat! (‗¡Desgraciado!‘) b. [Vocº desgraciati [Dº ti [Nº ti [Adjº ti ]]]] (Espinal, 2013: 6). Sin embargo, el análisis de (276) es difícil de defender por varias razones. En primer lugar, existen pruebas suficientes que indican que, en realidad, los adjetivos con valor vocativo sí se han recategorizado en sustantivos. A este respecto, en §3.1.3. y §3.2.1.1. se argumentó que estas construcciones no admiten grado (*Muy desgraciado, ayúdame) o, por ejemplo, rechazan la presencia de aquellos adjetivos que no puedan denotar clases de individuos (*Estupendo, gracias por tu ayuda), características que no deberían tener en caso de que siguieran siendo adjetivos. Por otro lado, en el supuesto de que mantuvieran su estatus adjetival, sería necesario explicar de qué manera se legitima el movimiento de Nº-a-Dº, ya que en Nº obtendrían una lectura de clase y en Dº, una interpretación de objeto definido y, por ende, referencial. Finalmente, si se entiende que funcionan como adjetivos estas construcciones predicarían una propiedad de un nombre pero no referían a una entidad del mundo, tal como señalan autores como Giorgi y Longobardi (1991: 123). En este sentido, no designarían al destinatario, este no se daría por interpelado y, en consecuencia, la comunicación no tendría lugar. Por consiguiente, no sería posible suponer que construcciones como desgraciado se generan en una posición adjetival, Adjº, adjunta al nombre, y desde ahí realizan desplazamientos sucesivos de núcleo a núcleo hasta llegar a Vocº. La segunda opción consiste en entender que los adjetivos que aparecen en estas construcciones se generan directamente en Nº. Con este análisis, se resolverían todos los inconvenientes anteriormente señalados relacionados con su estatus de adjetivos y se concluiría que funcionan como nombres comunes en estos contextos. Una prueba a favor de esta afirmación es que, al igual que los nombres vocativos, no admiten determinación, ya sea definida o indefinida, cuando se insertan en las expresiones vocativas de tipo 1: (277) a. *Y lo que te rondaré, la morena. b. *¿Me escuchas, este sordo? c. *Un cobarde, recibirás tu castigo. 267 d. *Algún escritor, ¿me firmaría el libro? e. *¿Qué miras, aquel americano? f. *Otro pequeño, te estaba esperando. g. *Ese vecino, no esperaba encontrarte aquí. Ejemplos como los de (277) demostrarían que, debido a su naturaleza sustantiva, estas construcciones se desplazan desde la posición de núcleo nominal, Nº, en la que se generan (denotan clases de individuos no propiedades de los mismos) a Numº, donde cotejan los rasgos de su núcleo. Finalmente, aterrizan en Dº, lo que los acercaría a su interpretación como nombres propios, tal como les ocurría a los nombres comunes. En esta última posición adquirirían una lectura definida como resultado del cotejo de los rasgos de definitud de su núcleo, lo que explicaría su incompatibilidad con los determinantes (277). No obstante, este último movimiento iría en contra de la hipótesis Longobardi (1994), quien defiende que los adjetivos sustantivados no pueden subir en ningún caso a Dº debido a su necesidad de llevar determinación: (278) a. The rich are becoming even richer. Los ricos están volviéndose incluso más-ricos ‗Los ricos son cada vez más ricos‘ b. *Rich are becoming even richer. Ricos están volviéndose incluso más-ricos ‗*Ricos son cada vez más ricos‘ (Longobardi, 1994: 632). Si bien esta hipótesis funciona para las construcciones en las que los adjetivos sustantivados desempeñan funciones argumentales, encuentra dificultades en las estructuras vocativas, ya que no contempla la posibilidad de que existan ejemplos como los de (277). En ellos, estas categorías no solo no necesitan de determinación sino que la rechazan, lo que indicaría que adjetivos sustantivados y determinantes están compitiendo por la misma posición. En consecuencia, el análisis de estas categorías dentro del SD es el que aparece recogido en (279): 268 (279) a. Gracias, valientes, por estar ahí 262 . El siguiente paso sería determinar cómo obtienen una lectura deíctica de segunda persona e i-p. A este respecto y de manera análoga a como se propuso para los nombres comunes y propios (vid §3.4.2.2.1. y §3.4.2.2.2.), los rasgos deícticos se convertirían en conmutadores de referencialidad. De esta manera, nada impediría que subieran al núcleo Vocº, atraídos por los rasgos personales e i-p de su núcleo: Por lo tanto, el análisis de la estructura interna los adjetivos sustantivados con función vocativa es el que aparece recogido en (281): 262 Ejemplo tomado de un anuncio del banco Santander. 269 El análisis propuesto da cuenta de las propiedades de los adjetivos y pone de relieve que estas categorías funcionan a todos los efectos como sustantivos en contextos vocativos. Además, explica por qué adquieren una lectura individual y no de clase (por su desplazamiento a Dº) o de qué manera obtienen una interpretación deíctica e. i-p. Por último, gracias a él se mantienen las condiciones de buena formación de los vocativos, según las cuales estas expresiones han de ser definidas y específicas. 3.4.2.2.5. Recapitulación A lo largo de este apartado se ha postulado un análisis para las categorías que pueden funcionar como núcleos de las construcciones vocativas, a saber: pronombres, nombres propios, nombres comunes, y adjetivos. En el caso de los pronombres, se ha demostrado que se generan en Dº y se mueven a Personaº para garantizar su interpretación deíctica y personal, exclusiva de los pronombres que se asocian con uno de los participantes del discurso (en este caso, con a quien se habla: el destinatario). No obstante, para obtener su interpretación como expresiones vocativas es necesario suponer que realizan un último desplazamiento al núcleo Vocº, atraídos por los rasgos i-p de su núcleo. Por su parte, las propiedades de segunda persona se convertirían en no-interpretables, puesto que ya han sido cotejadas en Personaº y solo es posible satisfacer una vez un rasgo a lo largo de la derivación. 270 Por otro lado, se ha argumentado que tanto los nombres propios como los comunes se generan en Nº y se mueven a Dº para adquirir una lectura definida, con lo que queda probado que los nombres comunes actúan en estos contextos como si fueran nombres propios. Por último, su interpretación como segundas personas y su cotejo de los rasgos i-p se obtienen como resultado de su desplazamiento a la posición de núcleo Vocº, donde garantizan su vinculación con el destinatario. Finalmente, los adjetivos que aparecen en estas construcciones son resultado de un proceso de sustantivación léxica, lo que implica que se comportan de la misma manera que los nombres comunes y, por ende, que los propios. En este sentido, se ha justificado que se generan directamente en Nº y se mueven a Dº, lo que permite su interpretación definida. Por último y al igual que se propuso para el análisis de los nombres comunes y los propios, se entiende que realizan un desplazamiento de Dº-a- Vocº para obtener los rasgos deícticos de segunda persona e i-p de Vocº y garantizar, así, su interpretación como vocativos. Una vez que el análisis de las expresiones vocativas de tipo 1 ha quedado establecido, es el momento de ver qué ocurre con las de tipo 2 (i.e. artículos definidos, demostrativos y posesivos). 3.4.2.3. Análisis de los ‗vocativos con determinación o de tipo 2‘ En apartados previos (§3.2.2. y §3.3.) se ha mostrado que los vocativos de tipo 2 pueden ser de dos clases: estructuras contrastivas y expresiones con valor de relación. Entre las primeras, se encuentran las construcciones encabezadas por artículos definidos (282a) y demostrativos (282b), mientras que entre las segundas se hallan las formas introducidas por posesivos (282c): (282) a. El chico de la última fila, fuera de clase. b. Esos pesados del fondo, ¿queréis callaros de una vez? c. Los poemas que yo te recitaba, mi hijo, eran los únicos poemas que yo podía recitar en voz alta (Paraguay, CORPES, Amarilla, 2010). Mi propuesta de análisis es la que sigue. Para los artículos definidos (282a) se defiende que se generan en Dº, donde cotejan un rasgo de unicidad (i.e. [+Defunicidad]), y el sintagma en su conjunto se desplaza a [Esp, SVoc] para comprobar los rasgos de 271 segunda persona e i-p de su núcleo. Por su parte, se sostiene que los demostrativos (282b) se trasladan, de acuerdo con Roca (1996), de Demº-a-Dº para obtener una interpretación definida, y el SD realiza un último movimiento a [Esp, SVoc] para garantizar su lectura vocativa. Finalmente, en el caso de los posesivos se propone que presentan un doble comportamiento. Asumiendo la hipótesis de Eguren (2015), se entiende que se generan en una posición posnominal básica ([Esp, SPos]) y permanecen in situ si se actúan como adjetivos (hija mía, amiga mía, cielo mío), pero se desplazan a [Esp, SD] pasando por [Esp, SNum] si funcionan como determinantes (mi hija, mi amiga, mi cielo). En ambos casos, es el nombre el que coteja los rasgos definidos de la expresión como resultado de su movimiento de Nº-a-Dº y el SD en su conjunto sube a [Esp, SVoc] para satisfacer las propiedades personales e i-p de su núcleo, relacionadas estas últimas con un rasgo de relación. Con ello en mente, la sección se divide en cuatro bloques. En el primero se examinan las construcciones con artículos definidos, mientras que en el segundo y el tercero se hace lo propio con las estructuras encabezadas por demostrativos y posesivos, respectivamente. Finalmente, el cuarto bloque recoge a modo de recapitulación las principales conclusiones obtenidas a lo largo de esta sección. 3.4.2.3.1. Construcciones con artículos definidos No existe acuerdo entre los expertos a la hora de explicar cómo se legitima el uso del artículo definido en los vocativos de tipo 2, sobre todo si se tiene en cuenta que su presencia ligaría la expresión al discurso previo 263 . Para responder a esta cuestión, es importante traer a colación la distinción propuesta por Schwarz (2009) para los artículos del alemán que ha tenido gran influencia en investigaciones posteriores (e.g. Hanink, 2018). Este autor, inspirado en trabajos como el de Ebert (1971), afirma que el artículo definido presenta dos estructuras diferentes cuando va precedido de una preposición: una forma no contracta y una forma contracta (Schwarz, 2009: 7). Estas formas conllevan dos valores o significados distintos. La primera, llamada forma fuerte (283a), 263 Esta opción es inviable para los vocativos, que deben situarse en un plano por encima de la oración (vid §3.3.3. y §4.2-§4.3.). 272 se ancla al discurso de manera que adquiere una referencia anafórica; por su parte, la segunda, denominada forma débil (283b), implica la existencia de una sola entidad por lo que se asocia con un valor de unicidad (Schwarz, 2009: 7-8) 264 . Para ilustrar esta afirmación tómese el siguiente contraste: (283) a. Hans ging zu dem Haus. Hans fue a laFuerte casa ‗Hans fue a la casa‘ b. Hans ging zum Haus. Hans fue a-laDébil casa ‗Hans fue a la casa‘ (Schwarz, 2009: 14). En (283) se observa que en algunos dialectos del alemán el artículo presenta dos significados diferentes asociados a dos formas distintas: una fuerte (zu dem: (283a)) y otra débil (zum: (283b)). De ser esta hipótesis es correcta, se implica que el artículo no tiene por qué ligar, en todos los casos, su referencia –y, por ende, la del sintagma– a la del discurso previo. Si se aplicara esta propuesta al caso concreto del español, se llegaría a la conclusión de que, aunque no experimenta cambios en su forma, el artículo definido puede tener dos valores diferentes: uno que conlleva una lectura de entidades únicas (284a) y otro que implica anclaje discursivo y, por consiguiente, una referencia anafórica (284b). Sin embargo, esta idea no es nueva. Autores como Leonetti (1999b) señalan que cuando se habla de artículo definido se hace en dos sentidos distintos: (1) información consabida o conocida (i.e. familiar) y (2) unicidad (Leonetti, 1999b: §12.1.1.3.) (vid §3.3.3.). De esta manera, lo esperable es encontrar contrastes como el que se presenta en (284): (284) a. Hablé con [una niña] sobre lo ocurrido. [La niña] me contó que el responsable del accidente había sido su vecino. b. Me gusta la casa de tus padres. En (284) se observa que, si bien la forma empleada por el artículo es la misma en ambos ejemplos, la información que aporta es distinta en uno y otro caso. En (284a) 264 En palabras de Schwarz: «In theoretical terms, the basic claim will be that the weak article can be best characterized as requiring uniqueness (relativized to a situation), whereas the strong article has an anaphoric nature» (Schwarz, 2009: 8). 273 se indica que el individuo (la niña en este caso) es una entidad conocida o familiar tanto por el hablante como por el oyente puesto que ya ha sido previamente introducida en el discurso (una niña); en consecuencia, su referencia es anafórica. Por su parte, en (284b) el artículo refiere «a la única entidad existente que cumpl[e] con las condiciones impuestas por el contenido descriptivo del SN» (Leonetti, 1999b: §12.1.3.), en este caso, a la casa en la que habitan los padres del oyente. Por nuestro conocimiento del mundo, sabemos que las personas habitan en una sola casa, lo que explica que la referencia de este sintagma se interprete como única: solo existe una entidad en el mundo que cumpla con las condiciones de ser el lugar donde residen los progenitores del oyente. Por consiguiente, en (284b) no es necesario que el determinante adquiera una interpretación anafórica: tanto el hablante como el oyente ya conocen la entidad a la que el artículo refiere y no hay ninguna más que pueda cumplir con esas condiciones. Si esta hipótesis es correcta, se concluye que los artículos definidos presentan dos valores distintos dependiendo de si aparecen en las expresiones vocativas de tipo 1 o en las de tipo 2. En las primeras, aportarían un significado anafórico, es decir, lo que Schwarz denomina forma fuerte. Su presencia convertiría la expresión en agramatical porque este rasgo ya se presupone: el referente es accesible y conocido por el oyente en tanto que se identifica como tal sin que sea necesario introducirlo previamente en el discurso (está cara a cara con el locutor) 265 (vid §3.3.3.). Por lo tanto, el uso del artículo en estos contextos se hace innecesario y convierte la expresión en redundante: (285) ?? [El tontaina]VOC, no te enfades. Por su parte, en los vocativos de tipo 2 el artículo adquiriría un valor de unicidad, relacionado con lo que Schwarz (2009) denomina forma débil. Es decir, se emplearía para indicar que solo existe un individuo que cumple con las condiciones de interpretarse como destinatario del mensaje. De esta manera, se explica que la estructura adquiera un significado contrastivo: el empleo del artículo sería una forma de discriminar al interlocutor ‗real‘ de los destinatarios potenciales del mensaje. Así, en una sala llena de hombres, el secretario del mostrador utiliza el artículo para que se dé por interpelada la única mujer de la sala: (286) [La señora]VOC, acérquese al mostrador. En consecuencia, si se acepta la propuesta de Abney (1986, 1987) de que los determinantes se generan directamente en el núcleo determinativo Dº, el rasgo que 265 Sobre las condiciones y propiedades de los oyentes virtuales, véase §3.1.4.1. 274 cotejaría el artículo en estos contextos sería el de definitud con valor de unicidad (en adelante, Defunicidad), lo que legitimaría su presencia en estas construcciones. Por su parte, las propiedades que impiden que aparezcan los artículos en las expresiones vocativas de tipo 1 serían las de definitud anafórica (en adelante, Defanafórico). Como consecuencia de todo ello, se podría suponer un análisis para estas construcciones como el que se presenta en (287): (287) a. Definitud con valor de unicidad: La señora, acérquese al mostrador. b. Definitud con valor anafórico: ?? El tontaina, no te enfades. La cuestión que cabría determinar es de qué manera esta expresión adquiere una interpretación deíctica de segunda persona e i-p. Como se hizo en secciones anteriores (§3.4.2.1.), se supondrá la existencia de una nueva capa funcional, SVoc, inmediatamente por encima del SD, a la que se desplaza la construcción para cotejar los rasgos de su núcleo y garantizar, así, su interpretación vocativa. Debido a su estatus de sintagma, tales propiedades se obtienen como resultado del movimiento del SD en su totalidad a la posición de [Esp, SVoc], traslado motivado por las propiedades de segunda persona e i-p del núcleo Vocº 266 . De esta manera, se cumple con el Principio de Uniformidad del movimiento, según el cual los únicos movimientos legitimados son de 266 Un análisis similar propone Hill (2013b) en su investigación para los vocativos encabezados por posesivos como mea instetule fată (lit. ‗Mi inteligente niña‘). 275 sintagma a sintagma o de núcleo a núcleo, pero no de núcleo a sintagma y viceversa. En consecuencia, su análisis sería el que aparece recogido en (288): Teniendo todo lo dicho hasta ahora en cuenta, el análisis de la estructura interna de los vocativos de tipo 2 encabezados por artículos sería el siguiente: Con este análisis se reflejan las propiedades que poseen los artículos definidos cuando aparecen en construcciones vocativas. Además, se da respuesta cuestiones tan debatidas entre los expertos como son por qué los artículos definidos pueden encabezar las expresiones vocativas de tipo 2 (adquieren un valor de unicidad) pero convierten la secuencia en anómala en las de tipo 1 (implican una interpretación anafórica). Por otro lado, se explica de qué manera obtienen estas estructuras una interpretación deíctica e i-p: como resultado del movimiento del SD a la posición de [Esp, SVoc]. Finalmente, si este análisis es correcto se podría extender a aquellas lenguas (e.g. inglés, alemán) y dialectos (e.g. toscano) que presentan estructuras similares con artículos definidos y valor contrastivo (vid §3.1.2.2.). En la siguiente sección se muestra el comportamiento de otros determinantes, los demostrativos, que poseen propiedades contrastivas similares a los artículos definidos. 276 3.4.2.3.2. Construcciones con demostrativos Otras estructuras que han traído división de opiniones entre los expertos son las expresiones vocativas encabezadas por demostrativos. De acuerdo con lo señalado en §3.3.3., los demostrativos se legitiman en estas construcciones por el valor discriminativo que aportan, al igual que ocurría con los artículos definidos. No obstante, en esa misma sección también se mostró que los demostrativos se distinguen de los artículos en varios aspectos, como son su independencia fonológica y morfológica o, por ejemplo, su significado. Tales diferencias han llevado a los investigadores a plantearse si realmente se generan en Dº como verdaderos determinantes o si, por el contrario, es necesario suponer que ocupan otra posición. A este respecto existen, principalmente, tres hipótesis: la de Abney (1987), la de Giusti (1995) y Brugè (1996), y la de Roca (1996). En los párrafos siguientes explicaremos cada una de ellas. La más tradicional, la de Abney (1987), considera que artículos y demostrativos forman parte de la categoría determinantes, por lo que deben generarse en una misma posición, Dº, donde adquieren sus rasgos definidos y convierten la expresión en referencial. De esta manera se explica que ambos compartan una serie de propiedades: posición prenominal ({El/Ese} libro (*{el/ese})), interpretación definida o, por ejemplo, capacidad de otorgarle al SN un valor argumental (He comprado*({la/aquella}) casa) (Roca, 1996: 68). Por consiguiente, artículos y demostrativos estarían en distribución complementaria, posibilidad que se registra tanto en lenguas romances como en inglés: *La esta puerta/ *The this door (Roca, 1996: 68). De ser esta última propiedad cierta, los casos en los que artículos se combinan con demostrativos deberían dar lugar a secuencias agramaticales. Sin embargo, ejemplos como los de (290) ponen en entredicho esta afirmación, tal como hacen notar en sus investigaciones Giusti (1995), Brugè (1996), Bernstein (1996), Roca (1996) o Eguren (1999), entre otros muchos: (290) a. [El niño este] es muy listo y ya no se le engaña fácilmente. b. No lleva sirena [el coche aquel]. c. [La casa esa] está en alquiler desde hace por lo menos tres o cuatro años. (Eguren, 1999: §14.3.6). En estos contextos, la presencia del demostrativo se legitima no porque convierta la expresión en referencial, operación que lleva a cabo el artículo definido, 277 sino porque «precisa su identificación aportando un valor deíctico locativo» (Eguren, 1999: §14.3.6.). En consecuencia, la existencia de casos como los de (290) supone una prueba a favor de que artículos definidos y demostrativos no están en distribución complementaria –al menos no en todos los casos–, posibilidad que no contempla el análisis de Abney. Por consiguiente, no se puede suponer que ambos se generan en la misma posición, Dº, ya que se trata de elementos con propiedades diferentes. Teniendo esto último en cuenta, Giusti (1995) y Brugè (1996) plantean una segunda hipótesis: consideran que la compatibilidad entre artículos y demostrativos se explica porque, en realidad, ocupan posiciones distintas. De esta manera, el artículo se encontrará en el núcleo del SD, mientras que el demostrativo se situará en una posición de especificador de una proyección más baja. Giusti (1995) señala que tal proyección debe estar entre SD y SN, y que se mueve a [Esp, SD] en la mayoría de lenguas romances. Por su parte, Brugè (1996) matiza la propuesta de Giusti afirmando que dicha proyección debe ser inmediatamente superior al SN y poseer dos rasgos: [+Dx] y [+referencialidad] (en adelante, [+ref]). Así, en lenguas como el español los demostrativos se desplazarían a [Esp, SD] en la sintaxis, lo que explica que puedan aparecer en posición prenominal (Esei teléfono hi), o en la Forma Lógica (en adelante, FL), lo que justifica su condición de demostrativos posnominales (El teléfono ese). Sin embargo, esta hipótesis encuentra una serie de inconvenientes, muchos de ellos señalados por Roca (1996). En primer lugar, entiende que los demostrativos se deben anteponer siempre a los complementos preposicionales (El libro ese [de matemáticas]) pero no contempla los casos en los que sucede todo lo contrario (El libro [de matemáticas] ese) (Roca, 1996: 90). Algo semejante ocurre con los adjetivos, los cuales –y de acuerdo con este análisis– han de aparecer delante de los demostrativos, condición que no siempre se cumple: el libro (*ese) viejo ese vs. el pastel ese redondo y con azúcar (*ese) (Roca, 1996: 91). Otro inconveniente se relaciona con el cotejo del rasgo [+ref], tal como indica Roca (1996: 94 y ss.). Según Brugè, dicho rasgo solo se puede satisfacer una vez en la derivación lo que conlleva la agramaticalidad de construcciones que contienen dos elementos que podrían comprobarlo: *Mi artículo este de Sintaxis (Roca, 1996: 94). Si bien este hecho es cierto, no predice la gramaticalidad de otras construcciones con dos determinantes como Este mi libro, muy comunes en el s. XVIII y que todavía se 278 mantienen hoy en día (Roca, 1996: 95) 267 . Tales cuestiones, unidas a otras muchas (véase Roca, 1996: 96 y ss.), harían difícil sostener esta segunda hipótesis. A este respecto e inspirado en Cornilescu (1992), Roca (1996) sostiene que los demostrativos no se sitúan en el especificador de ninguna proyección sino que, en realidad, encabezan la suya propia: el Sintagma Demostrativo (en adelante, SDem) (Roca, 1996: 64). Este sintagma será inmediatamente inferior al SD y tomará como complemento al SDem, en cuyo núcleo, Demº, se situará el demostrativo (Roca, 1996: 116 y ss.). De ser esta hipótesis correcta, se solventarían los problemas que planteaban los ejemplos de coaparición entre artículos y demostrativos (290), la posición de estos últimos con respecto a los SSPP o, por ejemplo, su relación con los adjetivos. Teniendo todo ello en cuenta, Roca propone un análisis que explica, de un lado, la posición que ocupan los demostrativos posnominales (291a) y, por otro, la de los prenominales (291b), tal como se muestra en (291) 268 : (291) a. Demostrativo posnominal: el libro ese. b. Demostrativo prenominal: ese libro. 267 Construcciones de este tipo en español antiguo serían Aquel su caudillo que los esforçava (Eguren, 2015: 37). 268 En ellos, Roca (1996) sobreentiende la presencia de las proyecciones SGen o SNum entre el SDem y el SN. 279 (291) refleja las dos posiciones que puede ocupar el demostrativo: la posnominal (291a) y la prenominal (291b). En la primera, el demostrativo permanece in situ: la posición de núcleo Dº está ocupada por el artículo definido el, lo que bloquea el movimiento del demostrativo (Roca, 1996: 114-115), dando por buena la afirmación de Eguren (1999: §14.3.6.) de que el demostrativo no convierte, en estos casos, a la expresión en referencial, sino que precisa su identificación. En este sentido e inspirado en el trabajo de Kayne (1994) sobre los pronombres relativos, Roca propone que sea el SN el que se mueva por encima del demostrativo a la posición de [Esp, SDem] como demuestra que el orden final sea el libro ese y no *el ese libro (Roca, 1996: 114) 269 . Por su parte, en (291b) el demostrativo prenominal subiría a Dº para dotar a la expresión de una interpretación referencial –movimiento legítimo porque el núcleo Dº se encuentra vacío–, mientras que el SN se traslada a [Esp, SDem] por las mismas razones que en el caso anterior (Roca, 1996: 114-115). Si ahora se aplica esta hipótesis a nuestras construcciones, se deduce que los demostrativos se generan en una posición posnominal y se desplazan a una posición prenonimal cuando no esté presente el artículo. De esta manera, se explica que ocupen una posición posnominal en estructuras del tipo El chico ese, fuera de clase, en las que coaparecen con artículos (292a), pero que se trasladen a una posición más alta cuando son ellos los que encabezan la construcción como en Ese chico, fuera de clase (292b). El movimiento del demostrativo de Demº-a-Dº en estos últimos casos estaría legitimado por la necesidad de satisfacer los rasgos definidos de su núcleo, con lo que el análisis quedaría de la siguiente manera: 269 En el caso de los posesivos posnominales, también se argumentará que es el nombre el que se mueve a través del posesivo, que permanece in situ, tal como proponen autores como Eguren (2015) (vid §3.4.2.3.3.). 280 Sin embargo, este análisis no explica de qué manera estas estructuras obtienen propiedades de segunda persona e i-p, responsables de su identificación como expresiones vocativas. Para ello y al igual que se proponía para el caso de los artículos, se supone la existencia de un SVoc, a cuyo especificador se desplazará el SD para satisfacer los rasgos de su núcleo y garantizar, así, su interpretación vocativa: 281 Por lo tanto, el análisis de la estructura interna de las expresiones vocativas encabezadas por demostrativos es el que aparece recogido en (294): Este análisis ofrece múltiples ventajas. En primer lugar, defiende una representación sintáctica de los demostrativos basada en la tesis de Roca (1996) que da cuenta de las distintas propiedades que estos elementos poseen cuando presentan naturaleza pre y posnominal. Asimismo, es capaz de justificar los casos de coaparición con otros determinantes, de manera que solventa los problemas que planteaban las hipótesis de Abney (1987), Giusti (1995) y Brugè (1996). Finalmente, explica de qué manera los demostrativos adquieren propiedades personales e i-p, las cuales legitiman su presencia en estructuras vocativas. En el próximo apartado se analizan las expresiones vocativas de tipo 2 introducidas por posesivos. 3.4.2.3.3. Construcciones con posesivos La presencia de posesivos pre y posnominales en construcciones vocativas es más común de lo que pudiera parecer en un principio. Así, se han registrado numerosos casos no solo en español, europeo y americano (vid en §3.2.2.1.), sino también en otras lenguas como el italiano, el francés, el griego, el inglés o el ruso (vid en §3.2.2.1.1.), donde la estructura adquiere un valor de relación, principalmente afectiva (valor enfático o pleonástico: §3.3.3.). La pregunta que surge es qué lugar ocupan estas expresiones en la proyección. 282 En secciones precedentes (vid §3.3.3.) se mostró que el posesivo presenta propiedades ‗especiales‘, ya que no se comporta como un verdadero determinante; su uso en construcciones vocativas no supone una excepción a este respecto. En este sentido, son muchos los autores (Picallo, 1991; Bernstein, 1993; Brucart, 1994; Brugè, 1996; Leonetti, 1999b, 2016) los que consideran que no se puede generar directamente en el núcleo determinativo, Dº, como lo hacen otros determinantes como los artículos (vid §3.4.2.3.1.). En consecuencia, sería necesario suponer un análisis diferente para los posesivos que reflejara los rasgos que los distinguen de los demás determinantes. Habiendo descartado la posibilidad se generen en Dº, la bibliografía especializada defiende que los posesivos se crean en una posición de especificador más baja 270 . A este respecto, Brucart (1994: 59) sostiene que lo hacen en una posición posnominal en el interior del SN, como muestra el hecho de que equivalgan en último término al SP (amigo suyo/su amigo > amigo de Pedro). Por su parte, los posesivos prenominales se obtienen como resultado de su traslado al [Esp, SD] motivado por los rasgos definidos del núcleo Dº que convierten la expresión en referencial. Teniendo todo ello en cuenta, la propuesta de Brucart se podría resumir de la siguiente manera: (295) [SD [Esp mii ] [D‘ [Dº ø] [SN [Esp hi ][N‘ [Nº alumno] hi ]]]] (Brucart, 1994: 59). En esta línea se sitúan otros autores como Leonetti (1999a, 2016), quien hace hincapié en las propiedades distinguidoras de los posesivos con respecto a los verdaderos determinantes. Tal como se señalaba en §3.3.3., dichas propiedades se relacionan con su referencia autónoma, su naturaleza argumental o no argumental, o, por ejemplo, con su capacidad de combinación (e.g. con otros determinantes pero no con oraciones de relativo restrictivas). En este sentido, las investigaciones recientes (cfr. Picallo y Rigau, 1999; Leonetti, 1999b, 2016; Eguren, 2016) entienden que los posesivos son, en realidad, pronombres genitivos, ya que equivalen en último término a SSPP (e.g. mi < de mí: Leonetti, 2016: 541). Así se explicaría que presenten dos series (la átona y la tónica: Picallo y Rigau, 1999), que sean los únicos casos, junto con los pronombres, con rasgos de persona o que, por ejemplo, posean una referencia independiente (Leonetti, 2016: 270 En efecto, es un hecho reconocido entre los expertos que esta proyección debe estar entre SD y SN, tal como se muestra en los trabajos de Picallo (1991), Bernstein (1993), Brucart (1994), Alexiadou y Wilder (1998), Leonetti (1999a, 1999b), Cinque (1994, 2002) o Alexiadou et al. (2007), entre otros muchos. 283 541) 271 . De ser cierta esta hipótesis, se demostraría que la intuición de que los posesivos se generan en posición posnominal como complementos del nombre es correcta (un amigo de ella > un amigo suyo), y que solo cuando son prenominales ‗activan‘ una lectura definida que los vuelve incompatibles con otros determinantes (Leonetti, 1999a: 541). Teniendo todo ello en cuenta, Eguren (2015), en una de sus investigaciones más recientes e inspirado en las propuestas de Brucart (1994) y Cinque (2010), propone dos análisis para los posesivos en función de su naturaleza pos o prenominal. En relación a los primeros, sostiene que el posesivo permanece in situ y es el nombre, N, el que se mueve a través de él, la misma conclusión que defienden Cardinaletti (1998), Bernstein (2001b) y Brito (2007) en sus estudios sobre el italiano, el español y el portugués, respectivamente (Eguren, 2015: 10): (296) [SD [D el] … [SNum [Num libroj] [SPos mío [Pos tj ]… [SN [N tj ]]]]] (Eguren, 2015: 10). Por su parte, los posesivos prenominales presentan dos posibles análisis: el primero es el que se encuentra en lenguas como el italiano, cuya estructura es ‗Determinante + Posesivo + Nombre‘, mientras que el segundo, ‗Posesivo + Nombre‘, se documenta en lenguas como el español europeo o el francés (Eguren, 2015: 10). En el primer caso (297), se supone que el posesivo (en adelante, pos) se genera en una posición de [Esp, SPos] y se traslada a [Esp, SFlex/InflectionP] atraído por los rasgos de concordancia del sustantivo con el que se combina (Eguren, 2015: 10). Su movimiento a la posición de [Esp, SD] quedará bloqueado puesto que el núcleo Dº ya estaría ocupado por el artículo definido, il, responsable de convertir a la expresión en definida (Eguren, 2015: 10): (297) [SD [D il] [IP miok [I ] [SNum [Num libroj] [SPos tk [Pos tj ]… [SN [N tj ]]]]]] (Eguren, 2015: 10). En el segundo caso (298), el posesivo sí puede realizar un último traslado a la posición de [Esp, SD], ya que no hay ningún determinante que ocupe Dº y que satisfaga las propiedades definidas de su núcleo. En este sentido, el posesivo prenominal ‗activará‘ sus rasgos definidos y legitimará al SN para poder ser interpretado como argumento del predicado. Con ello, cumple con la hipótesis de Longobardi (1994, 2001) 271 Para más información a este respecto, véase Picallo y Rigau (1999), Leonetti (2016) y Eguren (2016), y las referencias allí citadas. 284 sobre la necesidad de que un argumento se inserte dentro de un SD para poder ser interpretado como tal (vid §3.3.2.): (298) [SD mik [D‘ [D Ø] [IP tk [Iº ] [SNum [Num libroj] [SPos tk [Pos tj ]… [SN [N tj ]]]]]]] (Eguren, 2015: 10). De ser este análisis correcto, explicaría por qué los posesivos pueden aparecer en posición pre y posnominal, y asociarse en un caso con los adjetivos y en el otro, con los determinantes. Además, se justificarían los ejemplos de coaparición entre posesivos y determinantes, las propiedades diferenciadoras de los primeros con respecto a los segundos y la necesidad de considerar los posesivos como una clase independiente de la de los determinantes, seguramente cercana a los pronombres como ya apuntan Leonetti (2016) o Picallo y Rigau (1999). Finalmente, también daría cuenta de su incompatibilidad con oraciones de relativo especificativas (vid §3.3.3.) y de las propiedades que presentan los posesivos en otras lenguas y dialectos, por lo que su análisis se podría extender a ellas. Teniendo todo ello en cuenta, se aplicará el análisis de Eguren para las construcciones vocativas con posesivos, si bien hemos de suponer una diferencia: el SD realizará un último desplazamiento para adquirir una interpretación vocativa. Así, se sostiene que el SD se mueve a la posición de especificador de una proyección más alta, SVoc, donde comprueba los rasgos de segunda persona e i-p de su núcleo. No obstante, en este punto es importante hacer una aclaración: en secciones anteriores (vid §3.2.2.1. y §3.3.3.) se ha señalado que las propiedades i-p de los posesivos se asocian, en estos casos, con un valor de relación ya que, al fin y al cabo, tales construcciones implican que entre hablante y oyente existe algún tipo de vínculo (valor enfático o pleonástico). A este respecto, en las mencionadas secciones se mostró que la presencia del posesivo se legitima porque conlleva un vínculo entre locutor e interlocutor que puede ser de poder (mi señor, señor mío), parentesco (mi hermano, hermano mío) o afecto (mi niña, niña mía). Si esto es cierto, resultaría lógico suponer que, en estos contextos, el rasgo i-p se corresponde con un valor de relación 272 : 272 Hill (2013b: 109) propone un rasgo semejante para los vocativos reversos, en los que un elemento se antepone al otro, dando lugar a un orden opuesto o reverso al esperado. Así, en rumano se encuentran construcciones como Dane mamă (lit. ‗Dan mamá‘) en lugar de mamă Dane (lit. ‗mamá Dan/mamá de Dan‘), en las que el nombre propio Dane precede al sustantivo mamă cuando lo esperable es que lo siguiera (Hill, 2013b: 109). Al no existir construcciones equivalentes en español no se tendrán en cuenta en nuestro estudio. 285 En consecuencia, el análisis de las construcciones con posesivos posnominales sería el siguiente. Los posesivos permanecerán in situ como proponen Eguren (2015), Cardinaletti (1998), Bernstein (2001b) y Brito (2007) para el español, el italiano y el portugués, respectivamente, y será el nombre el que se mueva a través de ellos. De esta manera, se desplazará desde la posición nominal, Nº, en la que se genera, pasando por Numº para satisfacer los rasgos de número de su núcleo, y acabará aterrizando en Dº. Este último desplazamiento se justifica porque, como se ha señalado en secciones anteriores (vid §3.2.2.1., §3.3.3. §3.4.2.2.3.), es el nombre el encargado de dotar a la expresión de una lectura definida como demuestra el hecho de que no necesite la presencia de ningún determinante (*El hijo mío, ven). Finalmente, el SD en su conjunto se trasladará a la posición de [Esp, SVoc] para cotejar los rasgos de segunda persona e i- p de relación de su núcleo. Teniendo todo ello en cuenta, la configuración de los posesivos posnominales sería la que aparece a continuación: 286 Por su parte, los posesivos prenominales, se desplazarán desde la posición posnominal en la que se generan a [Esp, SNum] para aterrizar en [Esp, SD], ya que su «carácter átono los obliga a aparecer como clíticos antepuestos al nombre» (Eguren, 2016: 867); de esta manera, se justifica el ordenamiento final, mi hija, y la agramaticalidad de *hija mi. Finalmente, el SD se moverá a la posición de [Esp, SVoc] para satisfacer los rasgos i-p (concretamente, de relación) y de segunda persona que posee el núcleo de la proyección: Si el análisis propuesto es correcto, daría respuesta a muchos interrogantes. En primer lugar, mostraría por qué la bibliografía especializada entiende que los posesivos se generan en una posición básica, la posnominal, y dan lugar a una derivada, la prenominal. Por otro lado, explicaría por qué los posesivos han sido considerados por muchos como algo distinto a los verdaderos determinantes. Asimismo, reflejaría de qué manera los posesivos adquieren rasgos personales y sus propiedades de relación que establecen en estos casos (valor enfático o pleonástico) y que, en definitiva, permiten que se interpreten como vocativos. Finalmente, sería compatible con los trabajos de Brucart (1994), Leonetti (1999a, 2016) o Eguren (2015), y su análisis se podría extender a los casos de posesivos encontrados en otras lenguas (vid §3.2.2.1.1.), así como a las construcciones con y sin artículo que presentan el francés o el rumano (vid §3.1.2.2.) 273 . 273 En este último caso, se supondría que el artículo se genera en Dº y el nombre en Nº, mientras que en el caso en el que el artículo no esté presente, sería el nombre el que subiría a Dº. La construcción obtendría 287 3.4.2.3.4. Recapitulación A lo largo de estas secciones se ha procurado mostrar el comportamiento que presentan las expresiones vocativas de tipo 2 o con determinación, esto es, las que aparecen encabezadas por artículos definidos, demostrativos y posesivos. En relación a las primeras, se ha concluido que su presencia se legitima porque su valor definido se asocia, de acuerdo con Schwarz (2009), con una interpretación de unicidad, lo que explica su sentido contrastivo. En consecuencia, el artículo coteja un valor [+Defunicidad] y la lectura vocativa de la construcción se obtiene como resultado del traslado de todo el SD al especificador del SVoc, donde satisface los rasgos de su núcleo. Por su parte, para las estructuras encabezadas por demostrativos se ha asumido el análisis de Roca (1996), según el cual los demostrativos se generan en su propia proyección, SDem. Esta se sitúa por debajo del SD, a cuyo núcleo se mueve el demostrativo para garantizar la interpretación definida de la expresión. Finalmente, el SD en su totalidad se desplaza a la posición de [Esp, SVoc] para cotejar los rasgos del núcleo Vocº que convierten la construcción en vocativa. Por último, para el análisis de los posesivos se ha partido de la propuesta de Eguren (2015), según la cual los posesivos se generan en una posición posnominal, [Esp, SPos], y de ahí se mueven a [Esp, SD], pasando por [Esp, SNum]. Además, en esta investigación se sostiene que es el nombre el que se desplaza de Nº-a-Dº para garantizar la lectura definida de la expresión. Finalmente, el SD sube a la posición de [Esp, SVoc] para satisfacer las propiedades personales e i-p de su núcleo, relacionadas estas últimas con un rasgo de relación (valor enfático o pleonástico). El siguiente paso será analizar la posición que ocupan los complementos y modificadores de los núcleos vocativos. una interpretación vocativa como resultado de su traslado a [Esp, SVoc], donde cotejaría los rasgos de segunda persona e i-p de relación de su núcleo. 288 3.4.2.4. Análisis de los complementos y modificadores El objetivo de esta sección es estudiar el lugar de la proyección en el que se sitúan los complementos y modificadores de las expresiones vocativas. En §3.2.1. se analizaba el comportamiento de dos tipos de complementos: los restrictivos y los no restrictivos. En relación a los primeros, se demostraba que, en realidad, solo aparecían en los denominados vocativos de tipo 2 (e.g. A ver, el joven alto, ¿quiere atender?), mientras que su presencia quedaba excluida de los vocativos de tipo 1 (e.g. *Joven alto, ¿quiere atender?). No obstante, se encontraban algunas ‗aparentes‘ excepciones a este respecto: (302) a. Tú mismo, ayúdame a recoger la compra. b. Vosotros tres, venid ahora mismo. c. Cara guapa, ¿dónde está tu madre? d. Hermana querida, ¿me ayudas? Comenzaremos por las primeras. Tal como se mostró en §3.2.1., mismo (302a) actúa en estos casos como un elemento ejemplificativo equivalente a por ejemplo, con un significado próximo a ‗Tú, por ejemplo, ayúdame a recoger la compra‘. En este sentido, mismo no tendría un valor de restrictivo sino más bien explicativo (RAE/ASALE, 2009: §13.11l) y modificaría a la expresión en su totalidad. Prueba de ello es que en español medieval podía aparecer en posición prenominal tal como se vio en el citado apartado: Puede contezer que mismo el omiziero se faz desafiar. En consecuencia, el Sintagma Adjetival (en adelante, SAdj) donde se encuentra mismo modificará al SPersona en su conjunto que contiene al pronombre (vid §3.4.2.2.1.). La interpretación vocativa final se obtendrá como resultado del desplazamiento de SPersona a la posición de [Esp, SVoc] atraído por los rasgos i-p de su núcleo, mientras que las propiedades personales serán no-interpretables en estos casos (ya habrían sido cotejados en Personaº: vid §3.4.2.2.1.): 289 De ser correcto este análisis, se podría aplicar también a construcciones como vosotros tres. En §3.2.1.1. se indicó que en ellas el numeral tres se emplea para añadir información que permita aclarar quién es el destinatario, tal como ocurre en construcciones no vocativas del tipo yo el rey o tú que sabes tantas matemáticas (RAE/ASALE, 2009: §16.2i). En consecuencia, tres modificaría al SPersona en su conjunto de la misma manera que hacía mismo y la estructura obtendría una lectura vocativa como resultado del movimiento de SPersona a la posición de [Esp, SVoc]. Tal traslado estaría motivado por los rasgos i-p de su núcleo, si bien los de persona serían no-interpretables en estos casos, puesto que ya han sido satisfechos en el núcleo Personaº y no es posible cotejar un mismo rasgo dos veces a lo largo de la derivación (vid §3.4.2.2.1.): Con respecto a los casos de (302c-d), en §3.2.1.1. se argumentó que su presencia se legitima porque constituyen, junto con el sustantivo, un ‗nombre compuesto‘. Es decir, se trata de expresiones –en ocasiones, fosilizadas (e.g. cara guapa)– que funcionan como una unidad y se utilizan, por ejemplo, como fórmulas cariñosas. En este sentido, habría que suponer que estamos ante dos núcleos (Nº: hermana, cara; y Aº: querida, guapa) que se unen conformando un ‗núcleo complejo‘ (Nº + Aº: hermana querida, cara guapa). En consecuencia, se obtendrían estructuras compuestas semejantes a verde botella, Maite López Gutiérrez o ciento treinta y cinco, tal como se mostró en la mencionada sección: 290 Si esta hipótesis es correcta, se podría también aplicar a los casos en los que los nombres vocativos aparecen con ‗modificadores‘ como señorita (e.g. Señorita González, ¿en qué la puedo ayudar?) o sor (e.g. Sor Margarita, me gustaría hablar con usted), fórmulas empleadas para designar a personas mediante sus cargos, títulos, etc.: Las formas compuestas de (305) y (306) actuarían a todos los efectos como las simples (i.e. expresiones vocativas de tipo 1), por lo que debe entenderse que el ‗nombre compuesto‘ se traslada a la posición Dº para cotejar los rasgos de su núcleo. Posteriormente este sube a Vocº, atraído por las propiedades de segunda persona e i-p que permiten su interpretación como vocativos: 291 Un análisis similar tendrían construcciones como ilustre señor, querido tío y otras semejantes, puesto que en §3.2.2. se argumentó que también se comportan como ‗nombres compuestos‘. En estos casos, el núcleo nominal estaría conformado por un adjetivo (ilustre, querido), que actúa como una forma de designación respetuosa o cortés (RAE/ASALE, 2009: §16.16e y ss.), seguido de un sustantivo (señor, tío): Al formar una unidad, no existiría ningún impedimento para afirmar que las construcciones de (308) se desplazan desde la posición nominal en la que se generan a la de núcleo Dº para adquirir una lectura de objeto referencial. Finalmente, realizarían un último traslado a Vocº atraídos por los rasgos de segunda persona e i-p de su núcleo: Con respecto a los complementos no restrictivos, en §3.2.1.2. se señaló que se caracterizan por añadir algún tipo de información (comentarios, aclaraciones…), interpretada como complementaria. Nos referimos a construcciones como las que aparecen en (310): 292 (310) a. Tú, Mely, ¿por qué no llamabas? 274 b. Tú, niña, deja de ser tan impertinente. c. Tú, chaval, ¿qué demonios haces aquí? d. María, cielo, ¿qué te pasa? e. A ver el chico, el de la última fila, fuera de clase (entrevista 24, hombre). f. Vosotros, que no paráis de hablar, ¿queréis salir de la clase? Los complementos de (310) «agregan alguna precisión o algún comentario para aclarar la referencia de (…) otro grupo nominal» (RAE y ASALE, 2009: §12.15a); es decir, funcionan como si fueran verdaderas aposiciones explicativas. Si esto es cierto, modificarán al SD en su conjunto (311a) o, en el caso de que se trate de pronombres personales, al SPersona (311b): 274 Ejemplo tomado de R. Sánchez Ferlosio, El Jarama, 281 apud Alonso Cortés (1999a, §62.8.5.3.). 293 Finalmente, estos sintagmas garantizarían su lectura vocativa como resultado de su desplazamiento al [Esp, SVoc]. En esta posición, comprobarían los rasgos de segunda persona e i-p de su núcleo (312a), si bien los de persona serían no- interpretables en el caso de las construcciones con pronombres (312b), tal como se mostró en §3.4.2.2.1.: En resumen, a lo largo de este apartado se ha estudiado la posición que ocupan en la proyección los complementos restrictivos y no restrictivos así como los modificadores de las estructuras vocativas presentados en apartados previos (§3.2.). Con respecto a los complementos restrictivos, se ha observado que solo modifican a las expresiones de tipo 2. Por su parte, la presencia de estos complementos en las construcciones de tipo 1 se justifica de dos maneras: o bien porque actúan como modificadores de todo el sintagma en el que se genera la construcción vocativa (tú mismo, vosotros tres), o bien porque convierten a la expresión en una forma compuesta (cara guapa, hermana querida), siendo este último análisis también aplicable a las 294 estructuras formadas por modificadores (señorita González, querido tío, ilustre señor, etc.). Finalmente, se ha argumentado que los complementos no restrictivos modifican al sintagma que contiene al núcleo vocativo (ya sea SD o SPersona), de manera que funcionan de forma similar a las aposiciones explicativas. 3.4.2.5. Recapitulación A lo largo de este apartado se ha procurado ofrecer un análisis de la estructura interna de los vocativos que diera cuenta de todas sus propiedades hasta ahora señaladas. Para ello, en la primera sección se ha llevado a cabo una revisión de las principales propuestas formuladas por los investigadores a este respecto, a saber: la de Hill, la de Stavrou y la de Espinal. Tras haber mostrado las ventajas e inconvenientes de cada una de ellas, hemos presentado nuestro análisis que, inspirado en estos trabajos, defiende la existencia de una nueva proyección funcional, SVoc, cuyo núcleo posee rasgos de segunda persona y propiedades i-p. En las siguientes secciones, se ha explicado cómo ‗encaja‘ este análisis en las expresiones vocativas de tipo 1 así como en las construcciones de tipo 2 y en los complementos y modificadores de ambas. En relación a las primeras, se ha indicado que los pronombres se mueven de Dº- a-Personaº para obtener una lectura definida, deíctica y de segunda persona, si bien realizan un último desplazamiento al núcleo Vocº con el que garantizan su relación con el interlocutor y satisfacen sus rasgos i-p. Para los nombres propios se ha asumido la hipótesis de Longobardi (1994, 2001) que posteriormente se ha extendido a los nombres comunes y a los adjetivos sustantivados, ya que, de acuerdo con nuestra propuesta, nombres y adjetivos actúan como nombres propios en estos contextos. Así, se explica que todos ellos se generen en una posición nominal, Nº, y suban a Dº para dotar a la expresión de un valor definido. Finalmente y al igual que los pronombres, los nombres –comunes y propios– y los adjetivos realizan un último traslado a Vocº para adquirir las propiedades de segunda persona e i-p de su núcleo que permiten su interpretación como vocativos. En lo relativo a los vocativos de tipo 2, se ha defendido que pueden estar encabezados por tres tipos de determinantes: artículos definidos, demostrativos y posesivos. Con respecto a los primeros, se ha defendido que se generan en Dº, donde cotejan un rasgo de [+Defunicidad], y el sintagma en su conjunto se desplaza a [Esp, 295 SVoc] para comprobar los rasgos de segunda persona e i-p de su núcleo. Por su parte, los demostrativos se trasladan, de acuerdo con Roca (1996), de Demº-a-Dº para obtener una interpretación definida y el SD realiza un último movimiento a [Esp, SVoc] para garantizar su lectura vocativa. Por último, los posesivos presentan un doble comportamiento. Asumiendo la propuesta de Eguren (2015), se entenderá que los posesivos se generan en una posición posnominal básica ([Esp, SPos]) y permanecen in situ si se actúan como adjetivos (hija mía, amiga mía, cielo mío), pero se desplazan a [Esp, SD], pasando por [Esp, SNum], si funcionan como determinantes (mi hija, mi amiga, mi cielo). En ambos casos, será el nombre el que coteje los rasgos definidos de la expresión como resultado de su movimiento de Nº-a-Dº y el SD en su conjunto subirá a [Esp, SVoc] para satisfacer las propiedades personales e i-p de su núcleo, relacionadas estas últimas con un rasgo de relación (valor enfático o pleonástico). Finalmente, se ha examinado la posición que ocupan en la proyección tanto los modificadores como los complementos restrictivos y no restrictivos. Se ha observado que los complementos restrictivos presentan dos procederes distintos cuando aparecen en los vocativos de tipo 1: o bien modifican al sintagma en su conjunto de la misma manera que lo hacen los complementos no restrictivos, con lo que funcionan como algo cercano a las aposiciones explicativas, o bien dan lugar a formas compuestas. En este último caso, se ha observado que los núcleos pasan a ser interpretados como complejos (Nº= ‗N+N‘ o ‗N+A‘), análisis que comparten con las estructuras que poseen modificadores del tipo señor, fray y otros similares (señor presidente, fray Luis, etc.). 3.5. Conclusiones En el transcurso de este capítulo se ha procurado dar respuesta a cuatro interrogantes: (1) qué elementos pueden funcionar como núcleos vocativos y qué rasgos poseen los vocativos, (2) qué construcciones actúan como complementos o modificadores de los mismos, (3) qué tipo de proyección funcional conforman y (4) de qué manera la sintaxis refleja las propiedades de estas estructuras. Para responder a cada una de estas cuestiones, el capítulo se ha dividido en cuatro apartados. En el primero, se ha mostrado qué clases de palabras pueden desempeñar funciones vocativas, a saber: los pronombres personales de segunda persona (tú y sus 296 variantes, expresiones vocativas por excelencia), los nombres propios y los comunes, así como los adjetivos –siempre y cuando estén sustantivados–, entre los que se ha estudiado el caso particular de los nombres de cualidad o insultos. El análisis de estos elementos ha demostrado que las propiedades que poseen los vocativos son principalmente dos: sus rasgos i-p y sus características deícticas de segunda persona –ya sea virtual o real–. En el segundo apartado, se han explorado los tipos de estructuras que funcionan como modificadores o complementos de los núcleos vocativos. Para ello, se ha propuesto que las construcciones vocativas pueden ser de dos clases: de tipo 1 (i.e. pronombres, nombres propios, nombres comunes y adjetivos sustantivados) y de tipo 2 (i.e. expresiones con valor contrastivo –artículos y demostrativos– y con valor de relación –posesivos–). Teniendo en cuenta esta diferenciación, se ha llegado a la conclusión de que los complementos restrictivos solo modifican a las expresiones vocativas de tipo 2 y que su presencia en las de tipo 1 se explica o porque actúan sobre el sintagma en su totalidad (vosotros tres, tú mismo), o porque pasan a formar parte del nombre del destinatario, con lo que dan lugar a ‗nombres compuestos‘ (cara bonita, hermana querida). Por su parte, los complementos no restrictivos de estas expresiones actúan como algo cercano a las aposiciones explicativas, con lo que su presencia no sufre ningún tipo de restricción más que las propias de las estructuras de su clase. Finalmente, se ha observado que los modificadores pueden o bien constituir núcleos complejos con los nombres a los que acompañan (buen hombre, señor López), o bien dar lugar a expresiones vocativas de tipo 2, entre las que se ha estudiado el caso particular de los posesivos tanto en español (peninsular y americano) como en otras lenguas (e.g. inglés, italiano, portugués, francés, griego o ruso). En el tercer apartado, se ha determinado el tipo de proyección funcional que conforman las construcciones vocativas. Se ha concluido que constituyen sintagmas –no oraciones– de naturaleza determinativa para garantizar el cumplimiento de las condiciones de buena formación de los vocativos. Asimismo, se ha argumentado que los vocativos de tipo 1 no pueden ir encabezados por determinantes por el ‗choque‘ que producen los rasgos que tienen las expresiones vocativas (definidas, específicas, deícticas y personales) y las que poseen los determinantes (en el caso de los artículos definidos, debido a su relación con el valor anafórico; en el de los demostrativos, al tipo 297 de deixis, y en el de los indefinidos, a la lectura no familiar). Por último, se ha defendido que la presencia de los determinantes en los vocativos de tipo 2 se debe o bien a la lectura discriminativa que producen (artículos definidos y demostrativos), o bien al rasgo de relación (de parentesco, poder o afectiva) entre hablante y oyente que aportan a la estructura (posesivos con valor enfático o pleonástico). En el cuarto y último apartado se ha presentado nuestro análisis. Partiendo de las principales propuestas a este respecto (i.e. Hill, Stavrou y Espinal), se ha asumido la existencia de una nueva proyección funcional, SVoc, cuyo núcleo posee rasgos de segunda persona y propiedades i-p. Además, se ha explicado de qué manera ‗encajan‘ en esta hipótesis las expresiones vocativas de tipo 1, las construcciones de tipo 2 así como los complementos y modificadores de ambas. En cada una de las secciones se han mostrado las ventajas que ofrece un análisis como este y se ha concluido que puede ser extrapolable a otras lenguas que presentan un comportamiento similar al español. Tras haber estudiado en profundidad la estructura interna de las expresiones vocativas, el objetivo del siguiente capítulo es examinar de qué manera se relaciona el vocativo con la oración. 298 299 CAPÍTULO 4. LOS VOCATIVOS y LA ORACIÓN La relación entre el vocativo y la oración es un tema que ha generado gran interés a la vez que división entre los estudiosos de diferentes lenguas. Así cuestiones relativas a las diferentes posiciones que ocupan las construcciones vocativas, el lugar en el que se generan, cómo se explica su relación con los imperativos y con los elementos extraoracionales, o de qué manera se justifica su correferencialidad con complementos argumentales han tenido distintas respuestas entre los expertos. El objetivo del presente capítulo es repasar las principales hipótesis ofrecidas a este respecto y proponer un análisis para el español que trate de arrojar luz sobre un tema tan controvertido como este. Mi propuesta es que estas estructuras ocupan dos posiciones distintas en la periferia izquierda dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. Si las construcciones poseen una interpretación fática, se situarán en una nueva proyección funcional, SFático, que aparece entre el STop más alto y el SFoco; pero si presentan un valor apelativo, han de encontrarse por encima del SFuerza: en el denominado SApelativo. Con ello en mente, el capítulo se divide en un total de ocho apartados, en los que se exploran los siguientes asuntos. En primer lugar, se estudian las tres posiciones básicas en las que se sitúan los vocativos en relación a la oración –a saber: inicial, media y final– y las distintas propiedades que ellas conllevan (§4.1.). Esta movilidad posicional nos lleva a preguntarnos si estas construcciones funcionan como aposiciones (§4.2.1.), tal como proponen las primeras investigaciones, o si bien se encuentran en la periferia izquierda de Rizzi (1997: vid §1.5.), opción por la que se decantan las investigaciones recientes (§4.2.2.). Estos temas se abordan en el segundo apartado (§4.2.). Teniendo todo ello en cuenta, el tercer apartado ofrece un análisis para estas estructuras inspirado en los trabajos actuales a este respecto, donde se defiende que los vocativos iniciales (§4.3.1.) ocupan una posición distinta de los medios y finales (§4.3.2.). A partir de este análisis, en los apartados siguientes se tratan temas relativos a la conocida vinculación entre vocativos e imperativos (§4.4.), la correferencialidad entre vocativos y otros elementos argumentales (i.e. vocativos intradeícticos: §4.5.), la 300 existencia de vocativos múltiples (§4.6.) o su relación con los denominados como elementos extraoracionales (a saber, adverbios, partículas y tópicos: §4.7.). En el octavo y último apartado se recogen las principales conclusiones y propuestas ofrecidas a lo largo de las secciones precedentes (§4.8.). 4.1. Posiciones del vocativo Parece existir acuerdo entre los expertos a la hora de afirmar que los vocativos pueden aparecer en tres posiciones básicas, a saber: inicial, media y final 275 . La primera se corresponde con lo que Zwicky (1974) denomina función apelativa (309a), mientras que la segunda y la tercera se emplean para mantener o enfatizar el contacto con el oyente, por lo que adquieren una función fática o de contacto (309b-c) (Zwicky, 1974: vid §2.1.1.): (313) a. Eva, pregunta cómo se llega al centro. Voc. inicial con valor apelativo b. Pregunta, Eva, cómo se llega al centro. Voc. medio con valor fático c. Pregunta cómo se llega al centro, Eva. Voc. final con valor fático A lo largo de las próximas secciones se estudian las principales características que presentan las construcciones vocativas en cada una de estas posiciones y su posible relación con otros elementos extraoracionales. Comenzaremos con la primera de ellas: los vocativos que se sitúan en posición inicial. 4.1.1. Posición inicial Los vocativos iniciales son aquellos que se anteponen a la oración, por lo que también reciben el nombre de pre-oracionales (Corr, 2016: 33). En la bibliografía (e.g. (Esbozo RAE, 1973; Stavrou, 2014; et al.) se suele señalar que esta posición, empleada 275 A estas tres ‗estructuras‘, autores como Leech (1999: 114-115) añaden una cuarta: los vocativos iniciales que aparecen en construcciones exclamativas independientes (e.g. ¡María! ¿Quieres venir de una vez?). Estas formas serán incluidas entre los vocativos iniciales o pre-oracionales, tal como se argumentará en §4.3.1. 301 para llamar la atención del oyente (función apelativa: Zwicky, 1974) 276 , es la más utilizada en la lengua oral. Por ello, algunos investigadores como Moro (2003) o Zavala Tovar (2014) defienden que se trata de la posición ‗originaria‘ de las construcciones vocativas, ya que es la encargada de introducir al destinatario para que este se identifique como tal. En este sentido, las posiciones media y final pasarían a ser las ‗derivadas‘, puesto que se emplean para mantener el contacto con él una vez que ya se ha captado su atención (vid §4.3.). Sin embargo, los vocativos iniciales no siempre son los más utilizados por los hablantes; su frecuencia de uso depende de una serie de factores. Por ejemplo, en el estudio realizado en el capítulo 2 (vid §2.4.2.5.) se concluía que de los 30 informantes madrileños encuestados –de diferentes edades– los 30 mostraban preferencia por el empleo de vocativos con función apelativa, datos que coincidían con los presentados por Jørgensen y Aarli (2011) para los jóvenes madrileños (vid §2.1.1.). No obstante, estos mismos autores aducían en su investigación la predilección de los jóvenes de Chile por el uso de los vocativos finales, de la misma manera que señalan investigadores como Leech (1999) para otras lenguas y variedades como el inglés americano. Todo ello implica que el predominio de una u otra posición depende, entre otras cosas, de la variedad, la edad o de la situación comunicativa en la que hablante y oyente se encuentren. Con respecto a sus propiedades prosódicas, en capítulos anteriores (vid §2.4.1. y §2.4.2.4.) se argumentó que las construcciones vocativas conforman frases entonativas independientes, lo que implica que no dependen de la oración. A una conclusión similar llegan autores como Corr (2016): «Utterance-initial vocatives are intonationally separate from the rest of the host sentence, and may stand alone in their own phonological phrase» (Corr, 2016: 35). Esta propiedad los relaciona con otros elementos extraoracionales como los adverbios periféricos, cuyas similitudes y diferencias se mostrarán en apartados siguientes (vid §4.7.1.1.): (314) a. Carlos, estoy cansada de tu actitud. b. Francamente, estoy cansada de tu actitud. 276 A esta misma conclusión llegan un sinfín de autores, tal como vimos en §2.1.1: Gussenhoven (1985), Cruttenden (1997), García Dini (1998), Leech (1999), Alonso Cortés (1999a, 1999b), Portner (2004), Mauck y Zanuttini (2004), Astruc-Aguilera y Nolan (2007), Brandimonte (2010), Slocum (2010), et al. 302 Otros autores como Lambrecht (1996), Shormani (2017) o Stavrou (2014) entienden que los vocativos se asemejan a otras estructuras: los tópicos. La razón se debe a que comparten con ellos una serie de propiedades (vid §4.3.2. y §4.7.3.) que les permiten, incluso, coaparecer en un mismo enunciado: (315) a. Maria, tin Eleni, tha ti dis avrio MaríaVOC, la Elena, MarcaFuturo la veremos mañana ‗María, a Elena la veremos mañana‘ b. Tin Eleni, Maria, tha ti dis avrio. La Elena, MaríaVOC, MarcaFuturo la veremos mañana ‗A Elena, María, la veremos mañana‘ (Stavrou, 2014: 324). A raíz de estos ejemplos, Stavrou (2014) defiende que los vocativos iniciales tendrían una estructura similar a la de los tópicos (i.e. ‗tópico + comentario‘), donde el vocativo ‗equivaldría‘ al tópico y la oración al comentario o parte asertiva (i.e. ‗vocativo + comentario‘) (Stavrou, 2014: 324 y 328). De ser esto cierto, se explicaría por qué los vocativos pueden adquirir un valor contrastivo en ciertos contextos de la misma manera que ocurre con los tópicos (Stavrou, 2014: 324). Este es el caso de los vocativos de tipo 2 introducidos por artículos definidos o demostrativos, tal como se indicó en el capítulo anterior (vid §3.3.3., §3.4.2.3.1. y §3.4.2.3.2.): (316) a. La joven de la chaqueta roja (no la de la chaqueta blanca), acérquese. b. Ese chico del fondo (no el de la primera fila), haga el favor de callarse. No obstante, en capítulos precedentes (vid §2.4.2.4.4.) también se demostraba que, en realidad, los vocativos iniciales diferían de los tópicos en lo que a sus propiedades entonativas se refiere. Así, si el pico se alcanzaba en la propia sílaba tónica, se interpretaban como vocativos (317); pero si este se encontraba desplazado, se analizaban tópicos (318) 277 : 277 Al final de este capítulo (vid §4.7.3.) se estudiarán más en profundidad estas propiedades así como las similitudes y diferencias que existen entre ambas estructuras. 303 (317) a. Los pianistas, que practiquen escalas / Pianistas, practiquen escalas. b. Los violinistas, que vayan afinando sus instrumentos / Violinistas, vayan afinando sus instrumentos. (318) a. Los pianistas que vayan practicando escalas. b. Los violinistas que vayan afinando sus instrumentos. Finalmente, desde el punto de vista sintáctico, los vocativos que aparecen en posición inicial admiten la presencia de partículas con valor apelativo como eh o (h)ey (319a) 278 y son compatibles tanto con los vocativos de tipo 1 (319b) como con los de tipo 2, ya sean contrastivos (319c) o indiquen algún tipo de relación entre hablante y oyente (en este caso, afectiva: (319d)): (319) a. ¡Eh/ (H)ey Ana, deja a tu hermana! b. {Tú/Eva/Niña/Bonita/Idiota}, ya es hora de que madures. c. El chico rubio, acompáñeme a mi despacho. d. Mi amor, ponte derecha, y no suenes más la patineta (Venezuela, CREA ORAL). En resumen, los vocativos que aparecen en posición inicial presentan una serie de características propias. De un lado, desempeñan funciones apelativas y conforman frases entonativas independientes, lo que los acerca a elementos extraoracionales como 278 Sobre estas construcciones, véase §4.7.2. pia nis tas vio li nis tas pia nis tas vio li nis tas 304 los adverbios periféricos, si bien sus propiedades contrastivas los vinculan con los tópicos. Por otro lado, los vocativos iniciales son compatibles tanto con partículas con valor apelativo como con vocativos de tipo 1 y de tipo 2, ya posean un valor contrastivo (demostrativos y artículos) o de relación (posesivos). Por todo ello, algunos autores defienden que esta sería la posición ‗originaria‘ de las construcciones vocativas, mientras que la media y final pasarían a interpretarse como ‗derivadas‘. Una vez que se han mostrado las principales propiedades de los vocativos iniciales, en la siguiente sección se hará lo propio con los vocativos medios. 4.1.2. Posición media Los vocativos que se encuentran en posición media, segunda (Ashdowne, 2002) 279 o central (García Dini, 1998: 58) 280 se emplean para mantener o enfatizar la relación con el oyente. En este sentido, se suele afirmar que desempeñan funciones fáticas (Zwicky, 1974), por lo que adquieren, según autores como García Dini (1998: 60), un valor intensificador o enfático (vid §2.1.1.): (320) Tu prima, cielo, está enferma. De acuerdo con las investigaciones (Zwicky, 1974; Portner, 2004; Mauck y Zanuttini, 2004; Stavrou, 2014; et al.), los vocativos que aparecen en estos contextos poseen una serie de propiedades que los acercan a ciertos elementos parentéticos 281 . Stavrou (2014: 325 y ss) señala algunas de ellas, si bien la mayoría ya han sido mostradas en capítulos previos (vid §2.1.2. y ss.). En primer lugar, los vocativos medios pueden situarse tras el sujeto preverbal (321a), propiedad que comparten con los parentéticos (321b) (Stavrou, 2014: 236), tal como vimos en §2.1.2.: (321) a. La lavadora, Ana, se ha estropeado. Hay que llamar al seguro. 279 Ashdowne (2002) entiende que los vocativos pueden ocupar tres posiciones en relación a la oración: posición inicial o primera, posición segunda y posición final. 280 García Dini defiende que los vocativos ocupan una posición central «siempre y cuando se encuentre[n] entre dos partes simétricas de un enunciado» (García Dini, 1998: 60). 281 Se habla de ciertos parentéticos porque entre ellos se incluyen elementos de muy diversa naturaleza con distintas propiedades. La relación entre vocativos y elementos parentéticos será explorada en la sección §4.7.1. 305 b. Tu novio, ¡menudo fresco!, apareció dos horas tarde 282 . Sin embargo, en esa misma sección se mostraba que los vocativos medios no podían interponerse entre un núcleo y su complemento o impedirían su rección (318a). Esta restricción también se documenta en algunas estructuras parentéticas (318b) (Emonds, 1973) 283 : (322) a. *Rellena la, camarero, botella. b. *Rellena la, por ejemplo, botella. Gracias a esta restricción se explica la agramaticalidad que se produce en otros contextos como los de (323a), en los que el empleo del vocativo medio convierte la expresión en anómala: interrumpe la relación entre un predicado verbal y su complemento directo. No obstante, existe una excepción a este respecto: cuando el complemento posee mayor cuerpo fónico. En estos casos, cuanto mayor sea la longitud del elemento regido, mejor resultará la inserción del vocativo entre ellos (323b-c) 284 . Llamativamente, esta última excepción no tiene repercusión en ciertas construcciones parentéticas (323‘): (323) a. *Me dijo, Ana, la verdad. b. ? Me dijo, Ana, la verdad sobre tu caso. c. Me dijo, Ana, que quería conocer la verdad. (323‘) a. Me dijo, creo yo, la verdad. b. Me dijo, creo yo, la verdad sobre tu caso. c. Me dijo, creo yo, que quería conocer la verdad. Por otro lado, en capítulos previos (vid §2.1.1.) también se señaló que los vocativos medios pueden preceder al complementante (324a) pero no seguirlo (324b), 282 Ejemplo tomado de Súñer Gratacós (1999: § 8.3.2.). 283 A esta misma conclusión a la que llegaban autores como Alonso Cortés (1999a: § 62.8.5.3.; 1999b), tal como se mostró en §2.1.2. 284 Estos casos estarían sometidos a la condición de pesantez (Hernanz y Brucart, 1987), tal como se explicará más adelante (vid §4.2.2.3.). 306 salvo que entre ellos se interponga un elemento desplazado (324c) 285 . Esta propiedad de nuevo los vincularía con algunos parentéticos (325) (Stavrou, 2014: 326 y ss): (324) a. Ya me contaron, Ana, que vas ir a la fiesta. b. *Ya me contaron que, Ana, vas ir a la fiesta. c. Ya me contaron que al final, Ana, vas ir a la fiesta. (325) a. Le preguntó, imagino, que si quería un aumento de suelo. b. *Le preguntó que, imagino, si quería un aumento de sueldo. En este sentido, los vocativos medios –así como los finales– pueden insertarse en contextos de subordinación (326a)-(327a) a diferencia de los vocativos apelativos (326b)-(327b), pero no en casos de recomplementación 286 (326‘), lo que pondría de relieve su naturaleza no argumental: 287 (326) a. Dice tu padre que estas cosas, hija mía Fático, no las debes hacer. b. *Dice tu padre que, hija mía Apelativo, estas cosas no las debes hacer. (327) a. Te lo agradeceré mucho si quieres ayudarme, amigo mío Fático. b. *Si, amigo mío Apelativo, quieres ayudarme, te lo agradeceré mucho. (326‘) a. *Dice tu padre que estas cosas, hija mía Fático, que no las debes hacer. b. *Dice tu padre que, hija mía Apelativo, estas cosas que no las debes hacer. Finalmente, desde el punto de vista prosódico también son muchos los autores que señalan que los vocativos medios, al igual que los parentéticos, se interpretan como unidades entonativas independientes, ya que se intercalan en la oración y suponen una 285 La razón por la que la presencia del elemento desplazado convierte la secuencia en gramatical se estudiará en §4.2.2.3. 286 La recomplementación, presentada inicialmente por Higgins (1988) y analizada en profundidad por Villa-García (2011, 2015, 2019), es un fenómeno en el que «un elemento topicalizado aparece entre dos instancias de que» (Demonte y Fernández Soriano, 2013: 49); es decir, en la duplicación de un complementante tras un tópico. Un ejemplo a este respecto se recoge en (i) (gracias a Julio Villa-García (comunicación personal 2019) por el ejemplo que aparece en (i)): (i) Me dicen que a la playa, que no vienen. 287 La imposibilidad de los vocativos de insertarse en contextos de recomplementación los diferencia de ciertos elementos parentéticos y marcadores discursivos como bueno, que sí pueden aparecer en estos contextos (Villa-García, 2019: 23). Ello, además, supone una prueba a favor de que los vocativos ocupan posiciones distinas a otros elementos extraoracionales como los adverbios o los tópicos, tal como se mostrará en §4.7. (agradezco a Julio Villa-García (comunicación personal 2019) esta última observación): (i) a. Me dijeron que, bueno, que no sabe. b. *Me dijeron que a la fiesta, que, María, que Juan no viene. 307 ruptura prosódica con respecto a esta (Corr, 2016: 35) (vid §2.4.). Sin embargo, su entonación se encuentra más integrada en la frase que, por ejemplo, la de las construcciones vocativas iniciales, seguramente porque se interponen entre frases entonativas (I) (vid §2.4.1.2.): (328) [ [ [ La chica de abajo][tiene goteras]]I ]U [, María,]I Por todo ello, se puede concluir que existen muchos puntos en común entre vocativos y elementos parentéticos, razón por la cual la relación entre ambas estructuras se estudiará en apartados siguientes (vid §4.7.1.). Con respecto a sus propiedades sintácticas, los vocativos medios presentan una serie de restricciones. Si bien admiten la presencia de la mayoría de vocativos de tipo 1 (329) y de vocativos de tipo 2 con valor de relación (330), se excluyen de estos contextos los pronombres personales, expresiones vocativas por excelencia (331a), las construcciones vocativas de tipo 2 con valor contrastivo ((331b-c): vid §3.1.2.2. y §3.2.1.1.) y las partículas con valor apelativo (331d). En este sentido, se cumple la intuición de Zwicky (1974: 790), quien señalaba que los vocativos fáticos pueden emplearse como apelativos pero no todos los apelativos pueden funcionar como fáticos. De esta manera, se implica que la distinción semántico-pragmática entre calls y addressees (i.e. entre apelativos y fáticos) tiene repercusión en la sintaxis (vid §2.1.1.) 288 : (329) a. Te digo, cariño, que necesito que te quedes con los niños. b. Si piensas, idiota, que las cosas se solucionan así, estás muy equivocado. c. Dime, David, en qué te puedo ayudar. (330) a. Los poemas que yo te recitaba, mi hijo, eran los únicos poemas que yo podía recitar en voz alta (Paraguay, CORPES, Amarilla, 2010). b. Piensa, mi amigo, en la equivalencia del cuerpo (México, CREA, Fuentes, 2002). 288 Esta restricción también se extiende a los vocativos finales, tal como veremos en la próxima sección (vid §4.1.3.). 308 c. Y perdóname, mi cielo, la expresión (Venezuela, CORPES, Rosas, 2011). (331) a.*Dinos, tú, qué es lo que quieres. b. *¿Podría acercarse, el señor del pelo canoso, un momento? c. *No sé, ese señor del fondo, qué pretende. d. *Quiero que, eh tú, sepas lo que es trabajar duro. En resumen, si los vocativos iniciales poseían características que los aceraban a los tópicos, los medios, que desempeñan funciones fáticas o de contacto, presentan una serie de propiedades que los vinculan con los elementos parentéticos. Estos rasgos compartidos se relacionan con su imposibilidad de aparecer entre un núcleo y su complemento, o entre el sujeto y el verbo. También se asocian con sus propiedades prosódicas, según las cuales ambos conforman unidades entonativas independientes. No obstante, esta última característica no es única de las construcciones medias sino que también se documenta en los vocativos iniciales, aunque con una salvedad: la entonación de los medios se encuentra más integrada en la oración que la de los iniciales. Finalmente, se distinguen de los vocativos pre-oracionales en su rechazo a estructuras que contengan valor apelativo (partículas, pronombres personales) y/o contrastivo (vocativos de tipo 2 encabezados por artículos definidos y demostrativos). En la siguiente sección se exploran, por último, las propiedades principales de los vocativos finales. 4.1.3. Posición final Los vocativos finales son aquellos que siguen a la oración (Leech, 1999: 114- 115), por lo que se suelen denominar también post-oracionales (Corr, 2016: 33). En ciertas lenguas y dialectos son los más empleados como ocurre, por ejemplo, entre los jóvenes chilenos (Jørgensen y Aarli, 2011) o entre los norteamericanos (Leech: 1999: 114-115), tal como señalamos en secciones previas (vid §4.1.1.). Comparten con los medios una serie de propiedades, algunas de las cuales se explican a continuación. 309 De un lado, desempeñan funciones fáticas 289 , ya que se emplean para mantener y –en la mayoría de los casos– enfatizar el contacto entre hablante y oyente, o para reforzar relaciones sociales, tal como proponía Zwicky (1974) y se apunta en trabajos como el de Leech (1999), Portner (2004), Mauck y Zanuttini (2004) o Stavrou (2014), entre otros. Por otro lado, algunos de estos autores señalan que, al igual que los medios, su estructura hace que se relacionen con los elementos parentéticos, ya que poseen independencia gramatical y entonativa: (332) a. Es muy tarde. Deben de ser ya las doce, cielo. Vocativo b. Es muy tarde. Deben de ser ya las doce, imagino. Parentético Sin embargo, esta diferencia entonativa es muy sutil en ciertos contextos y lenguas. A este respecto, en los estudios especializados (Gussenhoven, 1985; Cruttenden, 1997; Stavrou, 2014; Corr, 2016) se suele afirmar que la ruptura prosódica de estas construcciones es tan leve que en algunas lenguas (e.g. el griego, según Stavrou) se dice que es prácticamente inexistente. Por ello, algunos autores señalan que los vocativos finales son las estructuras vocativas más integradas en el contorno entonativo de la oración (Corr, 2016: 35), lo que explica que, en determinados contextos, se haga difícil distinguirlos de los sujetos: (333) a. Acérquese, señorita. Vocativo b. Acérquese señorita. Sujeto No obstante, en capítulos anteriores señalamos que existen diferencias entonativas (vid §2.4.2.4. y ss.) y gramaticales (§2.3.) que nos permiten esclarecer si construcciones como las de (333) funcionan como vocativos (333a) o como sujetos (333b). Así, desde el punto de vista sintáctico-semántico, unos y otros se distinguen en su capacidad de ser o no argumentos, en su (in)compatibilidad con la determinación –salvo si se trata de posesivos– 290 , o, por ejemplo, en su necesidad/no necesidad de ser interpretados como entidades específicas y definidas 291 (vid §2.3.1.1.). 289 Tanto es así que, en opinión de Stavrou, los vocativos finales desempeñan funciones prominentemente fáticas (Stavrou, 2014: 328). 290 Como se mostrará en párrafos siguientes, los vocativos finales no admiten expresiones contrastivas de tipo 2, es decir, las introducidas por artículos definidos y demostrativos. Por ello, es correcto decir que las construcciones fáticas post-oracionales no admiten determinación. 291 Los vocativos han de poseer tales propiedades o incumplirían con sus condiciones de buena formación (vid §2.1.1., §3.3.2. y §3.3.3.). 310 En lo que a sus rasgos prosódicos se refiere, vocativos y sujetos presentan un contorno entonativo diferente si bien la pausa no siempre es muy marcada, tal como acabamos de señalar. Si el pico se alcanza en la propia sílaba tónica, se interpretarán como vocativos; pero si este se encuentra desplazado, se analizarán como sujetos (vid §2.4.2.4.). En consecuencia, se podría decir que, si bien los vocativos finales poseen una entonación bastante integrada en la oración, existen pruebas sintáctico-semánticas pero también fonológicas suficientes que nos permiten dilucidar si estas construcciones han de interpretarse como vocativas o como sujetos. Finalmente y al igual que los medios, presentan ciertas restricciones sintácticas en cuanto a la clase de construcciones que pueden aparecer en esta posición. Así, rechazan la presencia de vocativos de tipo 2 con valor contrastivo (334a-b), partículas apelativas (334c) 292 y pronombres personales (334d), si bien admiten la presencia de nombres propios (335a), comunes (335b), adjetivos sustantivados (335c) e insultos (335d), así como de vocativos de tipo 2 con valor de relación (235e)). Algunos ejemplos se presentan a continuación: (334) a.* Acérquese, la morena del bolso rojo. b. * ¿Podría hablar más bajo, ese señor de ahí? c. * Ayúdame a recoger la compra, eh Pepe. d. * No sé a qué estás esperando, tú. (335) a. No estoy de humor para estas tonterías, Álvaro. b. Necesito tu consejo, amiga. c. ¡Cállate de una vez, pesada! d. Déjame en paz, imbécil. e. No seas pavo, mi hijo; no compliques más las cosas (Paraguay, CORPES, Hernández, 2001). 292 A esta misma conclusión llega Slocum para lenguas como el inglés: (i) a. Hey (whatsyourname)! Kick the ball (*hey)! (H)ey como-te-llames. Golpea la pelota ((h)ey) ‗¡(H)ey como te llames! Golpea la pelota‘ b. Hey man, how‘s it going (*hey man)? (H)ey tío, cómo-está eso yendo (h)ey tío ‗(H)ey tío, ¿cómo te va?‘ (Slocum, 2016: 18). 311 En resumen, a lo largo de esta sección se ha indicado que los vocativos finales o post-oracionales comparten una serie de propiedades con los medios, tal como dejaba entrever Zwicky (1974) en su investigación. De esta manera, se ha mostrado que ambos poseen una interpretación fática, imponen una serie de restricciones sintácticas sobre las construcciones que aparecen en esta posición y, además, se vinculan con los parentéticos como resultado de su independencia gramatical y entonativa. Sin embargo, se diferencian de los vocativos medios, pero también de los iniciales, en lo que a sus propiedades prosódicas se refiere. Así, si la entonación de los vocativos iniciales es la más ‗independiente‘, la de los medios y, sobre todo, la de los finales se encuentra más integrada en el contorno entonativo del enunciado, seguramente porque es donde está el tono de frontera. Una vez que se han examinado las diferentes propiedades que presentan los vocativos en sus distintas posiciones, se ofrecerá una pequeña recapitulación de las principales conclusiones obtenidas a lo largo de este primer apartado. 4.1.4. Recapitulación En el transcurso de este apartado, hemos señalado que los vocativos presentan dos comportamientos diferentes dependiendo de la posición en la que se sitúen y, en consecuencia, de la función que desempeñen. La bibliografía distingue dos tipos de construcciones vocativas: de un lado, las que aparecen en posición inicial que actúan como apelativos o calls (vid §2.1.1.), y, por otro, las que se encuentran en posiciones media/central o final, consideradas por Zwicky como elementos fáticos o addressees (vid §2.1.1.). Las primeras se vinculan con los tópicos y con una clase de parentéticos –los adverbios periféricos (vid §4.7.1.1.)–, mientras que las segundas con los elementos parentéticos en general. Con respecto a su entonación, los vocativos iniciales conforman frases entonativas independientes, mientras que tanto los medios como los finales poseen una entonación más integrada en la estructura oracional, sobre todo los finales. Por último, en cuanto a su capacidad de combinación, también parecen tener un comportamiento distinto: los vocativos iniciales no imponen restricciones sobre las estructuras que pueden aparecer en esta posición, mientras que los medios y finales sí lo hacen. En (336) se resumen todas estas diferencias: 312 (336) Cuadro 3. Resumen de las diferencias de los vocativos según su posición. PROPIEDADES POSICIÓN INICIAL POSICIÓN MEDIA/FINAL Función Apelativa. Fática. Capacidad de combinación -Vocativos de tipo 1. -Vocativos de tipo 2. -Partículas apelativas. -Vocativos de tipo 1 (salvo pronombres personales). -Vocativos de tipo 2 (solo posesivos). Entonación Entonación independiente. Entonación más integrada (sobre todo los finales). En consecuencia, será necesario analizar estas estructuras por separado, tal como se defenderá en §4.2.2. Teniendo en cuenta las propiedades que presentan las construcciones vocativas en sus distintas posiciones, los estudios especializados se han planteado si estas estructuras forman parte de la oración o si debe entenderse que se sitúan por encima de ella. El siguiente apartado trata de dar respuesta a estos interrogantes. 4.2. Los vocativos con respecto a la oración Los rasgos y particularidades que manifiestan los vocativos en sus distintas posiciones han llevado a los expertos a preguntarse en qué medida estas expresiones forman parte de la oración. La bibliografía ofrece, en líneas generales, dos respuestas a este respecto: (1) entender que los vocativos son aposiciones de los sujetos, por lo que, en cierta medida, actuarían como parentéticos pero sin dejar de formar parte de la oración, o (2) considerar que su relación con elementos extraoracionales así como su entonación independiente se justifica porque, en realidad, se sitúan fuera de la oración, concretamente en la periferia izquierda. En las siguientes secciones se exploran estas dos hipótesis. 313 4.2.1. Vocativos como aposiciones En las primeras investigaciones, autores como Fink (1972) o Gisbert y Höel (1990) defienden que la independencia gramatical y entonativa que ostentan los vocativos en sus distintas posiciones se debe a su naturaleza apositiva; es decir, a su interpretación como aposiciones explicativas de un elemento pronominal de segunda persona, generalmente el sujeto tú. Prueba de ello es que, de acuerdo con el estudio realizado por Ashdowne (2002) sobre los vocativos en latín, estas expresiones se relacionan con un pronombre de segunda persona–ya sea expreso o tácito– con el que no tienen por qué concordar en caso 293 : (337) vobis, mulieres, hanc habeo edictionem Vosotras-DAT, mujeres-VOC, esta-ACUS tengo declaración-ACUS ‗Vosotras, mujeres, {tengo que daros una noticia/tengo que anunciaros algo}‘ (Plaut. Pseud. 172 apud Ashdowne, 2002: 145). Si esta hipótesis es cierta, se explicarían cuestiones tan controvertidas como por qué los vocativos son equivalentes, en todos los casos, a una segunda persona ((338): vid §3.1., §3.3. y ss.) o por qué no son necesarios y pueden ser omitidos (338) 294 . También se justificaría por qué se relacionan con los parentéticos (las aposiciones son un tipo de incisos: vid Súñer Gratacós, 1999: §8.3.) o por qué poseen independencia entonativa y gramatical: (338) a. Tú (, Antonio,) ya puedes irte. b. Tú (, chico,) cuéntanos qué ha pasado. c. Tú (, guapito,) haz el favor de callarte. d. Tú (, el de la última fila,) deja de hablar y atiende. Por lo tanto y de acuerdo con esta hipótesis, se llegaría a la conclusión de que las construcciones vocativas forman parte de la oración y su presencia depende de la de 293 A este respecto, Fink (1972) señala que los vocativos pueden aparecer como modificadores de cualquier caso, salvo del genitivo. 294 Aportarían una información extra para identificar al destinatario, para que este se diera por aludido o para mantener su atención. 314 otro elemento argumental (e.g. el sujeto –339a–, el OD –339b– o el OI –339c–), con el que necesariamente establecen una relación apositiva 295 : (339) a. Tú, Manuel, escoge bien a tus amigos. b. Estos consejos os ayudarán a vosotras, compañeras. c. Te regalará su tiempo a ti, Maite. Aunque esta propuesta resulta muy atractiva, presenta algunos inconvenientes. Si bien es verdad que los vocativos están íntimamente vinculados con los sujetos pronominales en las oraciones imperativas (Señorai (VOC) , pase ustedi 296 ), también pueden referir a entidades que se asocian con otros argumentos del verbo (e.g. con el OI: [Jose]i, ya [te]i dije que algo así iba a pasar: vocativos intradeícticos), o simplemente asociarse con un individuo que no se relaciona con ninguno de ellos (e.g. [Maite]i,[pro]*i/j tengo frío: vocativos extradeícticos) (vid §2.1.4.). Tanto en estos últimos casos como en los segundos sería difícil postular que los vocativos actúan como aposiciones de un pronombre átono como te o de un sujeto, tú, sobre todo si, además, este último no forma parte de la red temática de ningún predicado 297 . En consecuencia, no sería posible aplicar esta hipótesis a las construcciones vocativas 298 . Un segundo inconveniente de esta propuesta se vincula con la relación de adyacencia que debería existir entre elemento apositivo y el «término del cual son predicados» (Suñer Gratacós, 1999: §8.3.). En el caso de los vocativos, tal relación no siempre se cumple, ya que la expresión vocativa puede seguir a su ‗antecedente-sujeto‘ (341a) o precederlo (341b-c), lo cual debería dar lugar a secuencias anómalas como las que aparecen en (340b-d): (340) a. [Mi hermana] Antecedente, [la médico brillante] Aposición, quiere conocerte. b. ? [La médico brillante]Aposición, [mi hermana]Antecedente, quiere conocerte. 295 Los casos de correferencialidad entre vocativos y otros elementos argumentales será analizada en §4.5. 296 Ejemplo adaptado de RAE/ASALE (2009: §42.4b y ss). 297 A una conclusión similar llega Slocum (2016): «In the examples above, vocatives are argued to be appositive to dative and ablative second person pronouns, respectively. This analysis has little to say, however, about cases in which a vocative occurs with no second person argument» (Slocum, 2016: 71). 298 El propio Fink (1972) reconoce que no es possible entender que los vocativos funcionan como aposiciones en estos contextos: «On the one hand it is obvious that in every instance the person or thing denoted by the words in the vocative is identical with the person or thing represented by the pronouns te, vos, tibi, and vobis. On the other hand, these cannot be true appositional constructions because the forms of the pronouns and the vocatives are not the same» (Fink, 1972: 65). 315 c. ? [Mi hermana]Antecedente quiere conocerte, [la médico brillante] Aposición d. * [La médico brillante]Aposición quiere conocerte, [mi hermana] Antecedente (341) a. [Usted]Antecedente, [señor] Aposición, dígame qué necesita. b. [Señor]Aposición, [usted]Antecedente dígame qué necesita. c. [Señor]Aposición, dígame [usted]Antecedente qué necesita. d. [Señor]Aposición, dígame qué necesita [usted]Antecedente. Dicha relación de adyacencia implicaría, además, que entre antecedente y elemento apositivo no podrían mediar otros elementos o la secuencia se convertiría en agramatical (vid (340c-d)). Sin embargo, en (341c-d) ocurre todo lo contrario: es posible insertar otros elementos sin que por ello la oración se vuelva anómala, lo que supondría una tercera prueba a favor de que los vocativos no son aposiciones. Finalmente, esta hipótesis tendría que ser capaz de explicar de qué manera se justifica que el ‗antecedente‘ pueda omitirse (342a) –propiedad que no podría darse si fueran verdaderas aposiciones (342b) –. También debería aclarar por qué la presencia del pronombre-antecedente solo es admisible en vocativos iniciales (343a), pero no en medios (343b) y finales (343c), tal como mostramos en §4.1.1., §4.1.2. y §4.1.3., respectivamente: (342) a. ([Tú]Antecedente) [Ana]Aposición, dile a tu hermana que venga. b.*([Mi vecina]Antecedente), [una gran profesora]Aposición, quiere conocerte. (343) a. Tú, niño, deja de molestar a tu hermano. b. Deja de molestar (*, tú, niño) a tu hermano. c. Deja de molestar a tu hermano (*, tú, niño). En resumen, se ha explorado la posibilidad de que las propiedades de los vocativos, presentadas en secciones anteriores, se deriven del hecho de que estos funcionen como aposiciones de un elemento pronominal. Sin embargo, se han mostrado algunas evidencias que hacen difícil mantener esta afirmación. Se ha señalado, en primer lugar, que los vocativos no tienen por qué ser correferenciales con un elemento argumental (vocativos extradeícticos); además, se ha demostrado que no han de guardar relación de adyacencia con su ‗antecedente‘ o que este puede omitirse sin que por ello la 316 oración se vuelva anómala. Todos estos datos ponen de relieve que los vocativos no pueden interpretarse como aposiciones de un elemento pronominal. Como consecuencia de lo anterior, es necesario postular una nueva hipótesis: entender que las propiedades que presentan los vocativos en sus distintas posiciones se deben a que se sitúan por encima del dominio oracional. En la siguiente sección se examina esta propuesta. 4.2.2. Vocativos como integrantes de la periferia izquierda Tras abandonar la idea de que los vocativos actúan como aposiciones de un sujeto pronominal, las investigaciones recientes (Moro, 2003; Hill, 2007, 2013a, 2013b; Stavrou, 2009, 2014; Slocum, 2010; Espinal, 2013; et al.) apuntan en la dirección de que los vocativos se encuentran por encima del dominio oracional, concretamente en la periferia izquierda (Rizzi, 1997, 2001, 2004a). En trabajos como el de Bañón (1993: 11 y ss.) se ofrecen algunos motivos para justificar tal afirmación. Estos se clasifican en torno a tres criterios: sintáctico-funcionales, sintáctico-posicionales y sintáctico- semánticos. En los párrafos siguientes se explica brevemente cada uno de ellos. En relación a sus propiedades sintáctico-funcionales, Bañón señala que los vocativos no pueden estar dentro de la oración por varias razones. La más inmediata es que no forman parte de la red temática de ningún predicado, de manera que no pueden desempeñar funciones asociadas con ningún elemento oracional –ni siquiera como aposiciones: vid §4.2.1. – (Bañón, 1993: 11-12). Así, se explica que no cumplan ninguna función básica (de acuerdo con Bañón: sujeto, complemento y atributo) (Bañón, 1993: 11-12), por lo que debe entenderse que se sitúan por encima de la cláusula. Con respecto a sus rasgos sintáctico-posicionales, Bañón (1993) defiende que la triposicionalidad o capacidad de aparecer en tres posiciones distintas que presentan los vocativos (vid §4.1.) supone un «indicio inequívoco de [su] libertinaje posicional y (…) demostración (…) de [su] desintegración oracional» (Bañón, 1993: 12). De esta manera, se justificaría su relación con otros elementos extraoracionales como los elementos parentéticos (vid §4.1.2.-§4.1.3.), que también tienen libertad de movimiento, y su consiguiente alejamiento de los oracionales. 317 Finalmente, desde el punto de vista sintáctico-semántico los vocativos poseen independencia oracional como demuestra el hecho de que puedan omitirse. Tal omisión se puede justificar, según Bañón, de dos maneras: (1) porque su ausencia no repercute en «la homogeneidad sintáctico-estructural de la oración» (Bañón, 1993: 14), o (2) debido a que los vocativos no influyen en su valor de verdad (vid §2.1.1.) (Bañón, 1993: 14) 299 . A estas tres razones se podría añadir una cuarta: su independencia fonológica. Tal como se mostró en el capítulo 2, los vocativos conforman por sí mismos frases entonativas independientes (vid §2.4.1.2. y §2.4.2.). Ello implica que sus rasgos prosódicos no dependen en medida alguna de los de la oración, propiedad que sí deberían cumplir en caso de que formaran parte de ella. Por tanto y de acuerdo con estos cuatro criterios, se llega a la conclusión de que los vocativos han de situarse por encima del dominio oracional, concretamente en la periferia izquierda de Rizzi (1997, 2001, 2004a). De acuerdo con el primer trabajo del mencionado autor, la periferia izquierda quedaría conformada jerárquicamente de la siguiente manera: (344) [SFuerza Fuerzaº [STop* Topº* [SFoco Focº [STop* Topº* [SFin Finº SFlex ]]]]] (Rizzi, 1997: 297). La pregunta que habría que plantearse es qué posición ocupan los vocativos en ella. Para responder a esta cuestión, partiremos del trabajo de Moro (2003: 258-263), quien ofrece una serie de pruebas para el italiano que posteriormente aplica Zavala Tovar (2014) al español en su investigación. En este sentido y de acuerdo con (344), el vocativo podría aparecer en cuatro posiciones 300 : [Esp 301 , SFinitud], [Esp, SFoco], [Esp, STópico] 302 y [Esp, SFuerza]. En las secciones siguientes, exploraremos cada una de estas posibilidades. 299 Si bien no influyen en el valor de verdad de la oración, sí pueden hacerlo en la interpretación de la misma, tal como se argumentó en §2.1.1. 300 Nótese que el orden que se seguirá en este apartado para analizar la posición que ocupa el SVoc no coincide exactamente con el que propone Rizzi. 301 Recuérdese que, debido a su naturaleza sintagmática, el SVoc no puede ocupar en ningún caso la posición de núcleo de la proyección funcional; de hacerlo, violaría el Principio de Uniformidad del movimiento. 302 En esta investigación se entenderá por tópico aquellos «segmentos temáticos destacados o desgajados de la oración que aparecen más frecuentemente en la lengua oral que en la escrita» (RAE/ASALE, 2009: §40.2a), y por foco, aquellos «segmentos remáticos que ponen de relieve cierta información en el interior del mensaje» (RAE/ASALE, 2009: §40.2c). 318 4.2.2.1. [Esp, SFin] Para comprobar si los vocativos se sitúan o no en la posición de [Esp, SFin], Moro (2003: 259) propone analizar su comportamiento en relación con aquellas estructuras que se sitúan en Finº. De acuerdo con Rizzi (1997), una de ellas es la preposición italiana di, «elemento preposicional que introduce infinitivos» (Rizzi, 1997: 288; mi traducción) 303 : (345) Credo di apprezzare molto il tuo libro Creo de apreciar mucho el tu libro ‗Creo que aprecio/valoro mucho tu libro‘ (Rizzi, 1997: 288). Otras formas que, según Moro (2003: 259), ocupan Finº en italiano son: las estructuras introducidas por la preposición con (346a) y las construcciones Aux-a-Comp (346b): (346) a. Con Gianni malato, Pietro non può partire. Con Juan malo Pedro no pudo partir ‗Con Juan malo, Pedro no puede irse‘. b. Avendo Pietro letto il libro... Habiendo Pedro leído el libro… ‗Habiendo Pedro leído el libro…‘ (adaptado de Moro, 2003: 259). Si el SVoc ha de seguir a la preposición di, con o a la forma aviendo, entonces se ubicará en [Esp, SFin]; en caso contrario, ha de suponerse que está en una posición más alta. Los resultados del italiano se recogen en (347)-(349): (347) a. Gianni dice, (o) Maria / (o) ragazza, [di andare a Roma]. Juan dice (Part) MaríaVOC / (Part) chicaVOC de ir a Roma ‗Juan habla, María/chica, de ir a Roma‘ b. *Gianni dice [di, o Maria, andare a Roma]. Juan dice de Part MaríaVOC ir a Roma ‗*Juan habla de, María, ir a Roma‘ 303 Según Hernanz (2011), esta construcción se ha mantenido en algunas lenguas romances como el catalán pero en otras se ha perdido. Este es el caso del español cuyo único vestigio son los infinitivos adverbiales, en los que el complementante «presumiblemente [se ubica] en Finº» (Hernanz, 2011: 267): (i) De haber hecho algo mal, habría que rectificar. (adaptado de Hernanz, 2011: 267). 319 (348) a. *[Con, o Maria, Gianni malato], Pietro non può partire. Con Part MaríaVOC Juan malo Pedro no pudo partir ‗*Con, María, Juan malo, Pedro no puede irse‘. b. O Maria, [con Gianni malato], Pietro non può partire. Part MaríaVOC con Juan malo Pedro no pudo partir ‗María, con Juan malo, Pedro no puede irse‘. (349) a. *[Avendo, (o) Maria, Pietro letto il libro]... Habiendo Part MaríaVOC Pedro leído el libro ‗*Habiendo, María, Pedro leído el libro…‘ b. O Maria, [avendo Pietro letto il libro]... Part MaríaVOC habiendo Pedro leído el libro ‗María, habiendo Pedro leído el libro...‘ (Moro, 2003: 259). En el caso del español, se ha propuesto que Fin puede ser léxico al menos en dos casos: con el complementante que que antecede a estructuras en subjuntivo ((350a): Demonte y Fernández Soriano, 2009, 2013) 304 o con la preposición de que precede a los infinitivos en el español de Castilla-La Mancha ((350b): Camus, 2013). Algunos ejemplos a este respecto se muestran en (350) 305 : (350) a. Que Antonio no lo vea. b. Te pedí por favor de ser puntual. Si a los ejemplos de (350) añadimos una forma vocativa, los resultados son los que aparecen a continuación: (351) a. Alba, que Antonio no lo vea. b. *Que, Alba, Antonio no lo vea. (352) a. Carlos, te pedí por favor de ser puntual. 304 De acuerdo con los trabajos de Demonte y Fernández Soriano (2009, 2013), en español existen dos tipos de que: que1 citativo (ia), y que2 en oraciones exclamativas (ib) o con el verbo en subjuntivo (ic). El primero ocupará la posición de Fuerzaº, mientras que el segundo se situará en Finº (iib); prueba de ello es que ambos pueden coaparecer (iia): (i) a. Me preguntó que1 qué había comprado. b. ¡Qué rico que2 está! c. Que2 se calle. (Demonte y Fernández Soriano, 2009: 29, 33 y 39). (ii) a. Susurró que1 qué rico que2 estaba el café. b. [SFUERZA [que1 [STOP ... [SFOC qué [ ... [SFIN que2 […]]]]]]] (Demonte y Fernández Soriano, 2013: 51). 305 Los ejemplos de (350) han sido tomados de Demonte y Fernández Soriano (2013: 51) y de Camus (2013: 14), respectivamente. 320 b. *Te pedí por favor de, Carlos, ser puntual. Los casos de (347)-(352) ponen de manifiesto que, tanto en español como en italiano –a juicio de Moro–, la inserción del SVoc dentro del SFin no es posible. Prueba de ello es la agramaticalidad que produce su presencia en construcciones encabezadas por las preposiciones di (347b) y con (348b) o por la forma no personal aviendo en italiano (349b), y por el complementante que (351b) y la preposición de (352b) en español. Por lo tanto, es necesario suponer que el SVoc se encuentra, al menos, en una posición superior a la del SFinitud. En la próxima sección se analiza la posibilidad de que se sitúe en el [Esp, SFoco]. 4.2.2.2. [Esp, SFoco] Una vez que la posición de [Esp, SFin] ha sido descartada, Moro (2003: 260- 261) plantea la opción de que estas construcciones puedan aparecer en el [Esp, SFoco]. Para ello, propone estudiar su (in)compatibilidad con aquellas estructuras focalizadas que tradicionalmente se ha observado que aparecen en esta posición. En el supuesto de que el SVoc pueda preceder a la expresión focalizada, se concluirá que ha de dominar al SFoco en la jerarquía; en caso de que deba seguirlo, se entenderá que se sitúa en el [Esp, SFoco]. En (353)-(354) se presentan algunos ejemplos en italiano (353) y español (354) que tratan de arrojar luz a esta cuestión 306 : (353) a. O Maria, I RAGAZZI, Gianni aiuta, non i conigli. Italiano Part MaríaVOC los chicos Juan ayuda, no los conejos ‗María, A LOS CHICOS ayuda Juan, no a los conejos‘ b. *I RAGAZZI, o Maria, Gianni aiuta, non I conigli. Español los chicos Part MaríaVOC Juan ayuda, no los conejos ‗*A LOS CHICOS, María, ayuda Juan, no a los conejos‘ (354) a. Álvaro, A TUS AMIGOS vi ayer (no a tus vecinos). b. *A TUS AMIGOS, Álvaro, vi ayer. En (353a) se observa que, en italiano, el SVoc debe anteponerse a la estructura focalizada pero no seguirla (353b). Los ejemplos de (354) ponen de relieve que en español ocurre lo mismo: el SVoc ha de preceder a la construcción focalizada (354a) o 306 Los ejemplos de (353) han sido tomados de (Moro, 2003: 260). 321 la secuencia se vuelve anómala (354b). Si todo lo dicho hasta aquí es cierto, se puede concluir que el SVoc debe situarse también por encima del SFoco. En la próxima sección se examina la posibilidad de que estén en el [Esp, STópico]. 4.2.2.3. [Esp, STop] Con el objetivo de determinar si el SVoc puede aparecer o no en la posición de [Esp, STop], Moro (2003: 260) propone analizar cómo se comporta este sintagma con respecto a las construcciones con clíticos dislocadas a la izquierda (i.e. construcciones escindidas, en inglés Clitic Left Dislocation construccions: CLLD 307 : Cinque (1990)). En ellas, se presupone la existencia de dos elementos: un sintagma que funciona como tópico y un clítico –al menos en español e italiano– que lo ‗dobla‘ (Moro, 2003: 260). Si el SVoc ha de aparecer dentro del dominio del sintagma topicalizado, se demostrará que está en la posición de [Esp, STop]; en caso contrario, será necesario entender que el SVoc se sitúa por encima de esta proyección funcional (Moro, 2003: 260). Para dilucidar cuál de las dos opciones es la correcta, tómense el siguiente contraste: (355) a. [O Maria]Vocativo, [I ragazzi]Tópico , li aiuta Gianni. Italiano Part MaríaVOC los chicos los ayuda Juan ‗María, a los chicos los ayuda Juan‘ b. ? [I ragazzi]Tópico , [o Maria]Vocativo , li aiuta Gianni. ´ Los chicos Part MaríaVOC los ayuda Juan ‗A los chicos, María, los ayuda Juan‘ (Moro, 2003: 260). Ejemplos como los de (355) pondrían de relieve que, de acuerdo con Moro, el SVoc debe estar por encima del STópico, como demuestra el hecho de que secuencias como las de (355b) resulten extrañas en italiano. No obstante, en este punto es en el que Moro ha recibido más críticas y es que, a juicio de diversos autores de diferentes lenguas (e.g. Slocum –2010– para el inglés (356) y Stavrou –2014– para el griego (357)), el SVoc puede aparecer tanto por debajo del STop como por encima de él, afirmación que se puede extender al español (358) 308 : 307 Estas construcciones también serán analizadas en §4.3.2. 308 Los ejemplos de (356) y (357) han sido adaptados de Slocum (2016: 98) y Stavrou (2014: 324), respectivamente. 322 (356) a. Boys Vocativo, the ball Tópico (…) protect it with your life Inglés ChicosVOC la bola proteged la con vuestra vida ‗Chicos, la bola protegedla con vuestra vida‘ b. The ball Tópico, boys Vocativo, (…) protect it with your life La bola chicosVOC proteged la con vuestra vida ‗La bola, chicos, protegedla con vuestra vida‘ (357) a. Maria Vocativo, tin Eleni Tópico, tha ti dis avrio Griego MaríaVOC, la Elena, MarcaFuturo la veremos mañana ‗María, a Elena la veremos mañana‘ b. Tin Eleni Tópico, Maria Vocativo, tha ti dis avrio. La Elena, MaríaVOC MarcaFuturo la veremos mañana ‗A Elena, MaríaVOC, la veremos mañana‘ (358) a. Ana Vocativo, esos ejercicios Tópico los puedes encontrar Español en cualquier libro. b. Esos ejercicios Tópico, Ana Vocativo , los puedes encontrar en cualquier libro. De ser esto cierto, cabría hacerse dos preguntas: (1) si los ejemplos de (356)-(358) se explican porque el vocativo puede ocupar más de una posición y, en consecuencia, tiene naturaleza recursiva –lo que lo acercaría a los tópicos–, y (2) si el SVoc puede aparecer por encima del tópico más bajo o del tópico más alto (vid (344)) (Moro, 2003: 260). Para responder a estos dos interrogantes, Moro propone el siguiente contraste: (359) a. O Maria Vocativo , I ragazziTópico , (* o Pietro Vocativo), li aiuta Gianni. Part MaríaVOC los chicos Part PedroVOC los ayuda Juan ‗María, a los chicos, (*Pedro), los ayuda Juan‘ b. ? I libri Tópico , o Maria Vocativo, in questo scaffale Tópico, ce li mette Los libros Part MaríaVOC en este estante ahí los mete 323 Gianni. Juan. ‗Los libros, María, en este estante, ahí los pone Juan‘ (Moro, 2003: 260). Con respecto a la primera cuestión, en (359a) se observa que no puede haber dos SVoc, lo que implicaría que tal sintagma solo puede estar legitimado una vez a lo largo de la derivación. Si esto último es cierto, se demostraría que el vocativo no posee naturaleza recursiva. Esta propiedad supondría una primera diferencia con respecto a los tópicos (vid §4.7.3.) (Moro, 2003: 260). Sin embargo, en español se encuentran ejemplos en los que el SVoc sí puede aparecer en dos posiciones distintas en una misma oración, rasgo que lo acercaría tanto a los tópicos como a los parentéticos. En estos casos los vocativos presentan ciertas restricciones: (1) ambos deben referir al mismo individuo (360) y (2) ambos han de desempeñar funciones distintas (361). Para justificar estas afirmaciones, tómense los siguientes ejemplos: (360) a. Pedro, ayúdame con esto, cielo. b. Ana, te he dicho, hija, que te quedes con tu hermano. (361) a. [Juan]F. Apelativa, no entiendo, [cariño]F. Fática, qué te ocurre. b. [Juan]F. Apelativa, no entiendo qué te ocurre, [cariño]F. Fática c. ? No entiendo, [Juan]F. Fática , qué te ocurre, [cariño]F. Fática En los casos de (360), la presencia de Pedro y cielo (360a) así como la de Ana e hija (360b) se legitima porque el ‗primer vocativo‘ (i.e. Pedro y Ana, en los ejemplos) llama la atención del oyente para que se identifique como tal (i.e. función apelativa o call). Por su parte, el ‗segundo vocativo‘ (i.e. cielo e hija) aparece para atenuar o suavizar la orden emitida por el hablante una vez que este ya ha sido introducido en el discurso, con lo que su empleo sirve para mantener y/o reforzar el contacto entre locutor e interlocutor (i.e. función fática o addressee) 309 . De esta manera, se explica la 309 A una conclusión similar llegan en sus estudios López Bobo (2002), Zavala Tovar (2014) o Slocum (2016), entre otros. Estos consideran que el vocativo «en posición media y final refuerza o suaviza una expresión (Dame eso, Ana)» (López Bobo, 2002: 61-62). 324 necesidad de ambos vocativos de referir a una misma entidad y la consiguiente agramaticalidad en caso de que este hecho no se produzca (vid (359a)) 310 . Por su parte, los ejemplos de (361) implican que la coaparición de dos construcciones vocativas en un mismo enunciado resulta redundante si ambas aportan un significado equivalente y, en consecuencia, desempeñan una función análoga 311 . Esto es justamente lo que ocurre en (361c), donde la combinación de dos estructuras vocativas con una misma función da lugar a secuencias agramaticales o, al menos, extrañas. Si esta última afirmación es correcta, se puede concluir que los SVoc tienen naturaleza recursiva si y solo si adquieren funciones distintas (esto es, apelativa o fática) 312 . En relación a la pregunta de si el SVoc puede estar por encima del tópico más alto o del más bajo, Moro señala que, a su juicio, los hablantes muestran preferencia porque el SVoc domine al STop (Moro, 2003: 260). Para ilustrar esta afirmación, Moro (2003) –y posteriormente Zavala Tovar (2014)– proponen los siguientes contrastes 313 : (362) a. Gianni pensa, (o) Maria /(o) ragazza, che Pietro abbia letto un Juan piensa, (part) MaríaVOC/(part) chicaVOC, que Pedro había leído un libro libro ‗Juan piensa, (part) María/chica, que Pedro había leído un libro‘ b. *Gianni pensa che, (o) Maria / (o) ragazza, Pietro abbia letto un Juan piensa que, (part) MaríaVOC/(part) chicaVOC, Pedro había leído un libro libro ‗*Juan piensa que, (part) María/chica, Pedro había leído un libro‘ (363) a. Sandy cree, Claudita, que Joe había comprado un Play Station 310 No tendría sentido que se quisiera llamar la atención de un individuo y, a la vez, se tratara de reforzar el contacto con otro distinto que, además, no ha sido ‗llamado‘ por el hablante para interpretarse como tal. 311 Solo existe una excepción a este respecto: los vocativos múltiples de un conjunto, cuyas características se mostrarán en §4.6.3. 312 En el caso de los vocativos iniciales, la iteración puede indicar o bien que los destinatarios son múltiples (i), o bien que se les llama de forma insistente (i.e. lo que denominan Prieto y Roseano –2010: 6– como vocativos de insistencia: (ii)): (i) Alberto, Lucía y Alba, venid aquí ahora mismo. (ii) a. ¡María, María! ¿Dónde demonios estás? b. María, María, tranquila, cálmate. La naturaleza de estas construcciones será examinada en §4.6. 313 Ejemplos tomados de Moro (2003: 262) y Zavala Tovar (2014), respectivamente. 325 b. *Sandy cree que, Claudita, Joe había comprado un Play Station. Ejemplos como los de (362)-(363) implicarían que los vocativos faticos no solo deben dominar al STópico sino que también deben estar en una relación de mando-c con SFuerza. Sin embargo, en secciones anteriores (vid §4.1.2.) se mostraba que la agramaticalidad de (362b)-(363b) se debe a que estas estructuras no pueden insertarse entre un núcleo y su complemento; es decir, no pueden interrumpir una relación entre un núcleo rector y su elemento regido. A este respecto, obsérvense los siguientes casos: (364) a. María, me dijo la verdad. b. Me dijo la verdad, María. c. ? Me dijo, María, la verdad. (365) a. Ana, busca las llaves. b. Busca las llaves, Ana. c. ? Busca, Ana, las llaves. En (364) y (365) se observa que el SVoc puede encabezar la oración ((364a), (365a)) o seguirla ((364b), (365b)) sin que por ello la construcción deje de ser gramatical. No obstante, cuando se interpone entre el núcleo verbal (dijo y buscad) y su complemento (la verdad y las llaves) da lugar a secuencias agramaticales como las de (364c) y (365c), ya que no puede inmiscuirse en la relación entre un núcleo rector y su complemento. Si esta afirmación es cierta, la anomalía que se produce en los ejemplos de (362b)-(363b) se explicaría de la misma manera: el SVoc María no puede introducirse entre el núcleo, que, y su complemento, el SFin, tal como se muestra en (366): (366) * [SC [Cº que [SVoc María] [SFin Pedro había leído un libro] ] ] ] Por otro lado, si los vocativos fáticos tuvieran que dominar a SFuerza como proponen Moro (2003) o Zavala Tovar (2014), no sería posible encontrar ejemplos en los que los SVoc estuvieran en el interior de la oración introducida por el complementante que. En contrapartida, autores como Mauck y Zanuttini (2004) o Slocum (2010, 2016) observan que sí se registran casos a este respecto en distintas lenguas como el italiano, el inglés y, como se muestra en (367c), también en español 314 : (367) a. Gianni pensa [che tutti, Maria, dovrebbero leggere il suo libro]. Gianni piensa que todos, MaríaVOC, debemos leer el su libro 314 Salvo (367c), los ejemplos han sido tomados de Mauck y Zanuttini (2004: 9) y Slocum (2010: 3), respectivamente. 326 ‗Gianni piensa que todos, María, debemos leer su libro‘. b. I think [that, in the winter session, Paul, Congress will Yo creo que en la sesión de invierno, PaulVOC, congreso marcaFuturo pass the bill]. pasará la cuenta. ‗Creo que, en la sesión de invierno, Paul, el congreso pasará la cuenta‘. c. Entendí [que, al final, María, sí decías la verdad]. En estos ejemplos, parece que es el elemento desplazado (i.e. tutti, in the winter session, al final) el responsable de abrir el hueco donde se inserta el vocativo. Es decir, la presencia del elemento desplazado es la que habilita la posición en la que se sitúa el SVoc (vid §4.7.1.1.). En consecuencia, casos como los de (367) supondrían una nueva prueba a favor de que los SVoc fáticos no están por encima de SFuerza. La cuestión que quedaría por dilucidar es cómo se admiten ejemplos como los de (362a)-(363a), en los que justamente el SVoc interfiere entre el núcleo verbal y su complemento. La respuesta podría estar en la longitud del elemento regido: parece que cuanto mayor sea el cuerpo fónico de este, mejor resultará la inserción del SVoc entre ambos. En este sentido, se concluye que tales construcciones están sujetas a lo que la bibliografía denomina como condición de pesantez. Hernanz y Brucart (1987: 78, 167- 168) emplean este término para referir a una serie de elementos que, debido a la pesadez o pesantez que produce la longitud de su cuerpo fónico, se ven obligados a situarse al final de la construcción. Algunos ejemplos a este respecto se recogen en (368) y (369) 315 : (368) a. *Se puso una camisa ayer tarde [de lunares]. b. Se puso una camisa ayer tarde [que le sentaba fatal]. (369) a. ? La propietaria del coche robado ayer en pleno centro de Barcelona ha telefoneado. b. Ha telefoneado la propietaria del coche robado ayer en pleno centro de Barcelona. Lo esperable es que un Sintagma Adverbial (en adelante, SAdv) como ayer tarde no pueda interponerse entre un núcleo nominal, camisa, y su complemento 315 Este último ejemplo ha sido tomado de Hernanz y Brucart (1987: 78). 327 preposicional, de lunares, o interferiría en la relación núcleo-complemento, tal como ocurre en (368a). Sin embargo, cuando este ‗complemento‘ adquiere una mayor longitud, tiende a desplazarse a la derecha, con lo que la presencia del SAdv queda legitimada (368b). Por consiguiente, cuanta mayor sea la longitud del complemento, más posibilidades hay de que una estructura se interponga entre él y su núcleo. Una explicación similar se podría aplicar a (369). En este caso la longitud del sujeto es mayor de lo normal, por lo que se desplaza al final de la oración. En consecuencia, se podría afirmar que es su condición de elemento pesado la que fuerza al sujeto a aparecer a la derecha del verbo, tal como se observa en (369b) y defienden autores como Hernanz y Brucart (1987). Si todo lo dicho hasta aquí es cierto, no habría impedimento en afirmar que la condición de pesantez del complemento introducido por que de (362b)-(363b) es la que lo obliga a situarse en posición final. Tal desplazamiento es el que permite, ‗indirectamente‘, que el SVoc aparezca entre un núcleo y su complemento como ocurría con el SAdv en (368b). Un razonamiento similar se podría aplicar al contraste recogido en (370): (370) a. *Pedro me dijo, María, [la verdad]. b. Pedro me dijo, María, [la verdad sobre el caso de Harry Quebert]. Por lo tanto, quedaría demostrado que los casos de (362)-(363) son falsos contraejemplos y que es correcta la hipótesis que impide a los vocativos fáticos situarse por encima de SFuerza. Esta circunstancia, sin embargo, no se da en los vocativos apelativos que deben dominar al tópico más alto, tal como mostraban los ejemplos de (356a), (357a) y (358a). En la siguiente sección se examina la opción de que se sitúen en el [Esp, SFuerza]. 4.2.2.4. [Esp, SFuerza] Por último, se explora la posibilidad de que los vocativos se sitúen en el [Esp, SFuerza], tal como propone Espinal (2013) en su análisis. Para ello, se analiza la relación entre los vocativos y los elementos que pueden marcar la fuerza ilocutiva de la oración. De acuerdo con Demonte y Fernández Soriano (2009, 2013) uno de ellos sería el complementante que (vid nota 304). En el caso de que los SVoc deban seguir al complementante, se concluirá que se sitúan en el [Esp, SFuerza]; en caso contrario, 328 tendrán que aparecer en una proyección independiente que domine a SFuerza. Para saber cuál de las dos opciones es la correcta, tómese el siguiente contraste: (371) a. Julia, ¡que qué demonios te pasa! b. ¡Que (*, Julia,) qué demonios te pasa! (371) pone de relieve que el SVoc Julia ha de preceder al complementante que (371a) o la oración se vuelve anómala (371b). En este sentido, ejemplos como los de (371) suponen una prueba a favor de que los SVoc con valor apelativo han de situarse en una posición superior incluso a SFuerza. La idea no es nueva. El primero en sugerirla es Moro (2003: 263), quien en su investigación defiende que casos como los de (371) solo se pueden explicar de una manera: asumiendo que el SVoc se sitúa en el especificador de una nueva proyección que está en relación de mando-c con SFuerza. Otras investigaciones posteriores a él muestran que su intuición es correcta. Entre ellos destacan Stavrou (2009, 2014), Haegeman y Hill (2013), Zavala Tovar (2014), Haegeman (2014) o Hill (2007, 2013a, 2013b). Esta última, incluso, va un paso más allá y propone que los vocativos, en realidad, se encuentran en el área de los actos de habla. Defiende, así, un análisis para estas estructuras adaptado de los trabajos de Speas y Tenny (2003), cuyas principales características y diferencias serán explicadas en los párrafos siguientes. A partir del proyecto cartográfico e inspirados en Hale y Keyser (1993, 1998, 1999), Di Sciullo (1996, 1999), Borer (1998), Cinque (1999) o Travis (2000), Speas y Tenny (2003) elaboran una propuesta en torno a la periferia izquierda que denominan speech acts o actos de habla. Esta teoría trata de explicar cómo la Pragmática se integra en la Sintaxis. Además, intenta unificar la representación de la sentience o conciencia y de los papeles o roles pragmáticos de la manera análoga a como se ha hecho con las «propiedades semánticas gramaticalmente relevantes» (Speas y Tenny, 2003: 315-316; mi traducción). Apoyados en las reflexiones de Hale y Keyser, Speas y Tenny establecen tres principios básicos para su propuesta: (1) hay muchos actos de habla lógicamente posibles que nunca se gramaticalizan, (2) ninguna lengua gramaticaliza más de tres papeles o roles pragmáticos (hablante, oyente y un rol logofórico 316 ) y (3) estos roles pragmáticos poseen una jerarquía (Speas y Tenny, 2003: 316; mi traducción). A partir 316 Sobre los logóforos, véase §4.4.1. 329 de estos tres principios y basándose en Cinque (1999) y su estudio sobre los adverbios oracionales, defienden la existencia de una nueva proyección que denominan Speech Act Phrase (SAP) (Speas y Tenny, 2003: 316). El núcleo de esta proyección, saº, será el encargado de codificar la fuerza ilocutiva de la oración. Contará, además, con un especificador (Tema: utterance content o contenido del enunciado), un argumento externo (Agente: hablante) y un complemento (Objetivo: oyente) (Speas y Tenny, 2003: 320). En (372) se recoge, a grandes rasgos, su propuesta: Este análisis ha tenido gran repercusión en el mundo de la investigación. Destacan los trabajos de autores como Sigurðsson (2004), Bianchi (2006), Hill (2007, 2013a, 2013b), Baker (2008), Zanuttini (2008), Miyagawa (2012), Haegeman y Hill (2013), Haddican (2015), Hinterhözl y Munaro (2015) o Haegeman y Miyagawa (2016), entre otros. Los estudios más relevantes para esta investigación son los realizados por Haegeman y Hill (2013) y, sobre todo, el de Hill (2007, 2013a, 2013b). Las mencionadas autoras desarrollan la propuesta de Speas y Tenny (2003) y la adaptan al caso especial de los vocativos. Así, a partir del estudio de las partículas de Hill (2007), Haegeman y Hill (2013) proponen un análisis en el que estas últimas adquieren un papel protagonista, de la misma manera que ya defendía la propia Hill (2007, 2013b) cuando estudiaba la estructura interna de los vocativos (vid §3.4.1.1.). En este sentido, se pone de relieve la necesidad de realizar algunos cambios con respecto a la hipótesis inicial de Speas y Tenny (2003). Algunas de estas modificaciones serán explicadas en los párrafos siguientes. 330 En opinión de las citadas autoras, el SFuerza estaría seleccionado por una proyección funcional, SAP (Speech Act Phrase), y no contenido en saº , tal como se ha señalado sostenían Speas y Tenny (2003), lo que supondría una primera diferencia entre ambas propuestas. La existencia de esta capa funcional vendría respaldada por el hecho de que «proviene de núcleos y frases más bajas que se unen en las áreas CP o TP de las cláusulas, lo que necesariamente implica la existencia de una supra-estructura de mando-c que proporciona las características pragmáticas interpretables» (Hill, 2013b: 134, mi traducción 317 ). Este sintagma se articularía en torno a dos capas, de manera semejante a como sucede con los verbos transitivos (i.e. SV y Sv) (Haegeman y Hill, 2013: 381). La primera de ellas, la más alta, sería la que se correspondería con la capa del hablante, mientras que la segunda, la más baja, funcionaría como la capa del oyente (Haegeman y Hill, 2013: 381-382). La capa del hablante, que pasaría a denominarse speech act speaker phrase (en adelante, SAsP), se asemejaría a SV; por su parte, la del oyente o speech act hearer phrase (en adelante, SAhP) se asimilaría a Sv (Haegeman y Hill, 2013: 381-382). Como consecuencia, su propuesta de representación quedaría configurada de la siguiente forma: El núcleo de esta proyección funcional, SAhPº, estaría ocupado por partículas vocativas como hai, lo que supondría una nueva diferencia con respecto al análisis de Speas y Tenny. Estas partículas, también sometidas a un orden jerárquico (vid Hill, 2007, 2013b), seleccionarían dos «argumentos»: un ‗objeto directo‘, SFuerza, y un ‗objeto indirecto‘, SVoc (Haegeman y Hill, 2013: 381-382). El primero, SFuerza, que 317 Literalmente, señala: «The evidence for saP comes from lower heads and phrases that merge in the CP or the TP fields of clauses, and which necessarily entail the existence of a c-commanding supra-structure providing the interpretable pragmatic features» (Hill, 2013b: 134). 331 podría incluir complementantes como că/that/que, se comportaría como el complemento de la partícula, mientras que el segundo, el SVoc, sería el especificador de la misma (Haegeman y Hill, 2013: 381-382; Hill, 2013b: 135 y ss.): Este análisis ofrece una serie de ventajas. En primer lugar, propone la existencia de todo un ‗entramado‘ por encima de SFuerza asociado con los actos de habla y donde los participantes del discurso (i.e. hablante y oyente) tienen cabida. En este sentido, dicha propuesta posee importantes cualidades descriptivas. Permite, en segundo lugar, dar respuesta no solo a la posición que ocupan los vocativos sino a problemas hasta ahora controvertidos en los estudios gramaticales como, por ejemplo, el lugar de la proyección donde se encuentran las partículas o los elementos extraoracionales asociados con uno de los participantes del discurso. Finalmente, consigue aunar en un mismo análisis dos disciplinas, Pragmática y Sintaxis, en muchas ocasiones enfrentadas. De esta manera, pone de relieve la necesidad de otorgar a los rasgos pragmáticos la importancia que merecen, sobre todo en investigaciones como esta centradas en estructuras con propiedades pragmáticas evidentes (vid §1.5.). No obstante, esta hipótesis también presenta algunos inconvenientes. En primer lugar, su aplicación a lenguas como el español no es posible, ya que no cuenta en su gramática con expresiones que posean valores semejantes a los de las partículas rumanas hai, măi y otras similares (vid §3.4.1.1.). Por consiguiente, resulta difícil sostener que en idiomas como el español sean unas partículas que no existen las 332 responsables de materializar la proyección SAP y de seleccionar dos ‗complementos‘: un ‗OD‘ (SFuerza) y un ‗OI‘ (SVoc) 318 . Una segunda dificultad se encuentra en el orden jerárquico que Hill (2013a, 2013b) y Haegeman y Hill (2013) defienden que han de tener las proyecciones de los actos de habla. En opinión de las citadas autoras, la disposición de estas estructuras debe ser la siguiente: (375) SAsP > sahP > SAhP > SFuerza (adaptado de Hill, 2013b: 171). Según lo expuesto en §3.4.1.1., entre partícula vocativa y nombre vocativo ha de existir un principio de adyacencia; es decir, no se puede insertar ningún elemento entre ellos o la oración se vuelve anómala (Hill, 2013b: 72 y ss.). De esta manera, se explica por qué oraciones como (376a) son posibles mientras que otras como (376b) dan lugar a secuencias agramaticales: (376) a. (măi băiete), prosexete, (măi băiete)! PartVOC chico-VOC ten cuidado PartVOC chico-VOC ‗¡(Chico,) ten cuidado (, chico)!‘ b. *Măi fii atent băiete! PartVOC estáte atento chico-VOC (Hill, 2013b: 73). Sin embargo, Slocum (2016) demuestra que este orden no siempre se mantiene. Para ello, propone el siguiente contraste: (377) a. Hai, Ioane, să mergem la magazin. PartVOC Juan-VOC PartSUBJ iremos la tienda ‗Juan, vayamos a la tienda‘ 318 A esta misma conclusión llega Espinal en su estudio sobre el catalán: «When considering Catalan this structure must be simplified, since no item like hai seems to exist in this language» (Espinal, 2013: 15, nota 7). 333 b. Hai mâine, Ioane, să mergem la magazin. PartVOC mañana Juan-VOC PartSUBJ iremos la tienda ‗Mañana, Juan, vayamos a la tienda‘ (Adaptado de Slocum, 2016: 105). Ejemplos como los de (377b) demuestran que el principio de adyacencia no se cumple cuando, entre la partícula hai y el nombre vocativo Ionae, se inserta un adverbio temporal como mâine (i.e. ‗mañana‘: Slocum, 2016: 105). La pregunta que plantean estos ejemplos es qué posición ocupa el adverbio, ya que no parece haber ningún lugar disponible en el análisis de Hill (vid (374)-(375)) (Slocum, 2016: 105). En consecuencia, casos como los de (377) suponen un segundo inconveniente que esta hipótesis debería ser capaz de subsanar. Por último, se podría decir que esta propuesta encuentra una nueva dificultad relacionada con la posición que ocupa la partícula en la proyección. De acuerdo con lo presentado en el capítulo precedente (vid §3.4.1.1.), Hill defiende que esta se sitúa en la posición de especificador del sintagma que contiene la expresión vocativa; esto es, en [Esp, SVoc]. Si se entiende que se genera en SAhPº, lo esperable es que el ordenamiento final de ‗partícula + vocativo‘ se obtenga como resultado de su movimiento a [Esp, SVoc]. Sin embargo, de ser así estaría realizando un desplazamiento de núcleo a sintagma e incumpliría con la condición de uniformidad de movimiento, según la cual los únicos movimientos legítimos son de núcleo a núcleo o de sintagma a sintagma. Por lo tanto, el traslado de la partícula no estaría justificado, lo que supondría una nueva dificultad para este análisis. Como consecuencia de todo ello, si bien la propuesta de Haegeman y Hill (2013) así como de Hill (2013a, 2013b) hace un esfuerzo por aunar dos perspectivas (Pragmática y Sintaxis) tradicionalmente enfrentadas, encuentra inconvenientes suficientes que impiden aplicarla a lenguas como el español. Por consiguiente, optaremos por aplicar una propuesta más simplificada para las expresiones vocativas apelativas, como ya propone Espinal (2013) para el catalán (vid nota 318) y se mostrará en el siguiente apartado. 334 4.2.3. Recapitulación La relación entre el vocativo y la oración ha traído gran división entre los expertos. Si bien los primeros trabajos señalaban que los vocativos se situaban dentro de la oración como aposiciones, pronto se abandonó esta idea por varias razones. De un lado, debido a la ruptura entonativa que presentan estas construcciones (criterio fonológico) y a su no inclusión de la red temática de ningún predicado (criterio sintáctico-funcional); por otro, a su movilidad posicional (criterio sintáctico-posicional) y a su capacidad de ser omitidos (criterio sintáctico-semántico). Como consecuencia de todo ello, los vocativos no pueden formar parte de la oración: deben estar en la periferia izquierda de Rizzi (1997). A este respecto, se ha explorado la posibilidad de que el SVoc aparezca en cuatro posiciones básicas, a saber: [Esp, SFinitud], [Esp, SFoco], [Esp, STópico] y [Esp, SFuerza]. Con respecto a las dos primeras, parece haber acuerdo entre los expertos a la hora de afirmar que los vocativos no están en ninguna de ellas. No obstante, cuando se analizan las dos segundas estas estructuras parecen presentar un comportamiento distinto dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. De un lado, existen evidencias que indican que los SVoc medios y finales han de estar por debajo del STop más alto pero por encima del SFoco; por otro, se ha demostrado que los iniciales deben situarse por encima del STop más alto, incluso dominando a SFuerza. Una prueba a favor de que los vocativos ocupan dos posiciones en la periferia izquierda se encuentra en la posibilidad de combinación de estas construcciones. Tras analizar sus propiedades, se han mostrado casos de coaparición entre ambas (e.g. María, te pido, cielo, que dejes en paz a tu hermano), si bien están restringidos a una serie de condiciones: que refieran a un mismo individuo y que desempeñen funciones distintas. En consecuencia, es necesario suponer que los SVoc iniciales y los SVoc medios y finales se sitúan dos posiciones distintas en la proyección dependiendo de sus propiedades semántico-pragmáticas. Teniendo todo ello en cuenta, en el próximo apartado se presentará nuestra propuesta de análisis tanto para los vocativos iniciales como para los medios y finales. 335 4.3. Análisis Las secciones anteriores concluían poniendo de manifiesto la necesidad de formular un análisis para los vocativos en función de su distribución con respecto a la oración y, en consecuencia, del valor semántico-pragmático que adquieran 319 . Ello supone una novedad ya que, si bien son muchas las investigaciones que han abordado su estudio, casi ninguna ha sido capaz de ofrecer un análisis de los vocativos que muestre las propiedades que estos presentan en sus distintas posiciones 320 . En este apartado se defenderá que los vocativos ocupan dos posiciones 321 distintas en la periferia izquierda dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. Si las construcciones poseen una interpretación fática, se situarán en una nueva proyección funcional, SFático, que aparece entre el STop más alto y el SFoco; pero si presentan un valor apelativo, han de encontrarse por encima del SFuerza: en el denominado SApelativo. Con ello en mente, el apartado se desarrolla como sigue: en la primera sección se propone un análisis para los vocativos iniciales o apelativos, mientras que en la segunda se hace lo propio para los medios/finales o fáticos. Para finalizar se recopilan de las principales conclusiones obtenidas a lo largo de estos epígrafes. 319 Estas características (i.e. distribución y función) son, según Slocum (2016: 128), las responsables de diferenciar los distintos tipos de vocativos. 320 La mayoría se ha centrado en estudiar sus características en una determinada posición o con una función concreta. Por ejemplo, Hill (2007, 2013a, 2013b) analiza principalmente los rasgos de los vocativos fáticos o addressees; Slocum (2010, 2016), de los medios; por su parte, Moro (2003), Espinal (2013) y Zavala Tovar (2014) hacen lo propio con los iniciales. 321 Autores como Ashdowne (2002), Hill (2007, 2013a, 2013b), Slocum (2010, 2016), Espinal (2013) o Haegeman (2014) dejan entrever esta posibilidad en sus análisis. Algunos de ellos, incluso, llegan a ofrecer pruebas a este respecto. Por ejemplo, Haegeman (2014) defiende que lenguas como el flamenco occidental emplean dos partículas distintas dependiendo de su posición en relación al nombre vocativo (i.e. si lo preceden o lo siguen) y de la función semántico-pragmática que desempeñen (né si son apelativos y wè si son fáticos): (i) a. Né Valère, men artikel is gereed. PartVOC ValèreVOC, mi artículo está listo ‗Valère, mi artículo está listo‘ b. Men artikel is gereed wè Valère né. Mi artículo está listo PartVOC ValèreVOC, PartVOC ‗Mi artículo está listo, Valère‘ (Haegeman, 2014: 16-17). 336 4.3.1. Vocativos iniciales o apelativos (calls) En secciones anteriores se indicaba que a este grupo pertenecían aquellas construcciones que desempeñaban funciones apelativas, es decir, lo que Zwicky (1974) denominaba como calls (§2.1.1.): (378) Cabby, take me to Carnegie Hall! Taxista (informal), lleva me a Carnegie Hall ‗¡Taxista, llévame a Carnegie Hall!‘ (Zwicky, 1974: 790). En este sentido, los calls o vocativos apelativos los componen aquellas estructuras que sirven para llamar la atención del oyente, lo que explica que aparezcan en posición inicial absoluta. Si esto es cierto no existiría ningún impedimento para entender que también forman parte de este grupo las expresiones vocativas que aparecen en construcciones exclamativas independientes: (379) Cabby! Take me to Carnegie Hall. Taxista (informal) lleva me a Carnegie Hall ‗¡Taxista! Llévame a Carnegie Hall‘ No obstante, en este punto es en el que la bibliografía presenta más discrepancias. De trabajos como el de Zwicky (1974) se desprende la idea de que los vocativos apelativos están compuestos tanto por las estructuras separadas de la oración mediante comas (378) como por las que constituyen expresiones independientes (379); en otros como los de Slocum (2010, 2016) o Hill (2007, 2013a, 2013b) se entiende que reservan esta acepción solo para las segundas (379). Para hacer esta afirmación, Slocum y Hill se basan en el comportamiento de los nombres truncos (vid §3.4.1.3.) en unas y otras estructuras. A partir de la observación de estas construcciones en expresiones vocativas, advierten que las formas truncadas son compatibles con formas exclamativas pero que su uso se excluye de las que no lo son, al menos en ciertas lenguas como el rumano 322 : 322 Tal como señala Zavala Tovar (2014), esta restricción no tiene efecto en lenguas como el español, donde los nombres truncos pueden aparecer en cualquier posición y, en consecuencia, desempeñar cualquier función: (i) a. ¡ {Beatriz/Betty/Bea/Be}! Deja en paz a tu hermana. b. {Beatriz/Betty/Bea/Be}, deja en paz a tu hermana. c. Deja en paz a tu hermana, {Beatriz/Betty/Bea/Be}. 337 (380) a. {Pavel/Pavi/Pavele/Pa}! Unde eşti? {Pavel/Pavi/Pavele/PaVOC.TRUNC} dónde estás ‗¡{Pavel/Pavi/Pavele/Pa}! ¿Dónde estás?‘ b. Măi {Pavel/Pavele/Pavi/*Pa}, cum să te ajut? PartVOC {Pavel/Pavel-VOC/Pavi/PaVOC} cómo Partsubj te ayuda. ‗{Pavel/Pavi/Pa}, ¿cómo puedo ayudarte?‘ c. Cum să te ajut, {Pavel/Pavele/Pavi/*Pa}? Cómo Partsubj te ayuda, {Pavel/Pavel-VOC/Pavi/PaVOC} ‗¿Cómo puedo ayudarte, Pavel/Pavi/Pa?‘ (Hill, 2013b: 106). Ejemplos como los de (380) muestran que, en rumano, los nombres truncos pueden aparecer en estructuras exclamativas independientes (380a), pero dan lugar a secuencias anómalas cuando van precedidos por partículas (380b) o cuando se sitúan en posiciones media o final, donde adquieren una interpretación fática (380c). Esta restricción se explica porque, de acuerdo con Slocum y Hill, construcciones como las de (380b) no sirven, en realidad, para llamar la atención del interlocutor sino para enfatizar o mantener el contacto con él; es decir, adquieren una lectura fática. Como consecuencia de todo ello, sostienen que solo es posible hablar de vocativos apelativos o calls cuando estos aparecen en estructuras exclamativas independientes. De ser esta hipótesis correcta, lo esperable sería que se pudieran combinar formas apelativas (379) con vocativos de naturaleza fática (378) 323 . Dicho de otra manera, deberían poder obtenerse enunciados del tipo ¡María! Deja en paz a tu hermano, hija que presentan una estructura de ‗Vocapelativo – Vocfático‘, tal como se mostró en secciones precedentes (vid §4.2.2.3.). Sin embargo, ejemplos como los de (381) muestran que tal combinación no es posible: (381) a. ¡María! ¿Qué te pasa? Vocapelativo b. Niña, ¿qué te pasa? Vocfático 323 Siempre y cuando refieran a un mismo individuo (vid §4.2.2.3.). 338 c. ? ¡María! Niña 324 , ¿qué te pasa? Vocapelativo + Vocfático En efecto, (381c) resulta extraña. La razón se debe a que María y niña se emplean con la misma intención comunicativa: llamar la atención del individuo. Si esta afirmación es cierta, la anomalía de secuencias como las de (381c) se explica por un caso de redundancia: no es posible utilizar dos expresiones vocativas en un mismo acto comunicativo si ambas desempeñan la misma función semántico-pragmática. Por consiguiente, ejemplos como los de (381) implican que la acepción de call o apelativo no está restringida únicamente a contextos exclamativos como ¡María! (381a), sino que en ella se incluye también a los que no lo son (381b). Una prueba similar a este respecto es la que se encuentra en los contextos donde aparece el pronombre personal tú como vocativo. De acuerdo con lo señalado en el capítulo precedente, esta categoría solo podía funcionar como call o llamada: su uso en construcciones fáticas daba lugar a secuencias anómalas como ya indicaban en sus investigaciones Schegloff (1968), Zwicky (1974), Mauck y Zanuttini (2004) o Schaden (2005), entre otros muchos (vid §3.1.1.). Si se diera por buena la propuesta de Hill (2013b) y Slocum (2010, 2016), la presencia del pronombre en contextos no exclamativos como los de (380b) debería convertir en agramatical la construcción. No obstante, los ejemplos de (382) indican que ocurre justamente lo contrario: si bien las estructuras de (382c) dan lugar a secuencias anómalas, las de (382b) son perfectamente válidas. En consecuencia, se demostraría una vez más que construcciones vocativas como los de (382b) también deberían formar parte de los apelativos: (382) a. ¡Tú! Cállate de una vez y escucha. b. Tú, cállate de una vez y escucha. c. * Cállate de una vez y escucha, tú. Si todo lo dicho hasta aquí es cierto, solo quedaría por determinar por qué, en ciertas lenguas como el rumano, los nombres truncos son posibles en unas estructuras (exclamativas) pero no en otras (no exclamativas) si ambas desempeñan la misma 324 Esta combinación se permitiría si niña funcionara como complemento no restrictivo del nombre María; es decir, como una aposición explicativa del nombre vocativo (vid §3.2.1.2.): (i) a. María, niña, ¿qué te pasa? b. ¡María, niña! ¿Qué te pasa? En efecto, ejemplos como los de (i) son admisibles porque la referencia del primer elemento (María) aparece aclarada por el segundo (niña), que aporta una información que se interpreta como complementaria. 339 función. En (380b) se señalaba que el nombre truncado no podía aparecer en estos contextos cuando iba precedido de una partícula como măi. En este sentido, se podría pensar que no es la posición no exclamativa la que es incompatible con la forma trunca, sino la partícula. Si esta hipótesis es correcta, lo esperable sería poder encontrar casos con nombres truncados sin partícula. Con ello, se pondría de relieve que tal restricción no se extiende a las estructuras vocativas iniciales no exclamativas, sino únicamente a las medias y finales; es decir, a las verdaderamente fáticas. A este respecto, la propia Hill (2013b) ofrece el siguiente ejemplo: (383) {Pavel/Pavele/Pa}, ce faci? {Pavel/Pavel-VOCPaVOC. TRUNCADO} qué haces ‗{Pavel/Pavele/Pa}, ¿cómo estás?‘ (Hill, 2013b: 106). (383) muestra que no existen problemas de compatibilidad entre el nombre trunco y la posición no exclamativa que ocupa. En consecuencia, queda demostrado que, en realidad, los casos de (380b) son falsos contraejemplos: la agramaticalidad que en ellos se produce se debe a la presencia de la partícula, no al empleo de una forma truncada en contextos no exclamativos. Por todo ello, es legítimo considerar que entre los vocativos con funciones apelativas se incluyen tanto formas exclamativas independientes como vocativos iniciales absolutos. Una vez que se ha justificado qué estructuras forman parte de lo que hemos denominado como vocativos iniciales o apelativos, es el momento de ver dónde se sitúan con respecto a la oración. Al final del apartado anterior se mostraba la necesidad de suponer que los vocativos iniciales dominaran a SFuerza, con lo que se daba por buena la intuición de Moro (2003) sobre el análisis de estas estructuras. Una prueba a este respecto la proporcionan ejemplos como el de (384), donde es obligatoria anteposición de los vocativos en relación a los elementos que marcan el tipo de fuerza ilocutiva de la oración (vid §4.2.2.4.): (384) a. Julia, ¡que qué demonios te pasa! b. ¡Que (*, Julia,) qué demonios (*, Julia,) te pasa! 340 Por lo tanto, es necesario suponer que los vocativos iniciales han de estar en una proyección independiente por encima del SC, conclusión que comparten las principales propuestas a este respecto (Moro, 2003; Hill, 2007, 2013a, 2013b y sus seguidores; Slocum, 2010, 2016; Haegeman y Hill, 2013; Haegeman, 2014; Stavrou, 2014; Akkuş, 2016; et al.). Prueba de ello son los rasgos prosódicos que tienen estas construcciones. De acuerdo con el estudio fonológico presentado en el capítulo 2, los vocativos conforman frases entonativas independientes (I), lo que significa que desde este punto de vista los vocativos iniciales también se diferencian del resto de la oración (vid §2.4.2.4. y §4.2.2.): (385) a. [ [Los pianistas]I, [[ vayan][practicando][escalas]]I ]U Vocativo b. [ [ [Los pianistas][que vayan practicando escalas]]I ]U Tópico Su independencia sintáctica y entonativa puede conllevar, según Nespor y Vogel (1994), una prominencia contrastiva (vid § 2.4.1.2.); es decir, interpretaciones discriminativas. Estas son precisamente las que se encuentran en ciertas estructuras vocativas iniciales con valor apelativo como son las expresiones de tipo 2 encabezadas por artículos definidos y demostrativos: (386) a. El vecino del 1ºA (no el del 5ºA), puede proceder a exponer su propuesta. b. Ese señor (no esa señora), ¿quiere hacer el favor de callarse? Finalmente, esta proyección sería la encargada de dotar a las construcciones vocativas iniciales de una interpretación apelativa (387a) que permitiría diferenciarlas de los contextos en los que los vocativos obtienen un valor fático (387b-c): (387) a. Mi niña, avisa a tu hermana de que hemos llegado. b. Avisa a tu hermana, mi niña, de que hemos llegado. c. Avisa a tu hermana de que hemos llegado, mi niña. De acuerdo con la propuesta sobre las funciones del lenguaje de Jakobson (1960), en esta investigación denominaremos a tal proyección Sintagma Apelativo (en adelante, SApel) como traducción de call de los trabajos anglosajones (Zwicky, 1974; Hill, 2013b; Slocum, 2010, 2016; et al.). Su núcleo incluirá una serie de rasgos, [+apelativos], que serán los responsables de captar la atención del interpelado para que 341 este se identifique como tal y responda al llamamiento del hablante. De esta manera, no solo se respeta la distinción semántico-pragmática defendida por Zwicky (1974) sino que se demuestra que conlleva operaciones sintácticas y, como acabamos de señalar, también prosódicas: Si nuestra hipótesis es correcta, únicamente quedaría por determinar la posición que ocupa el SVoc en la proyección y cómo obtiene una lectura apelativa en estos contextos. Dada su condición de sintagma, la expresión vocativa se situará en el especificador de SApel desde donde satisfará los rasgos de su núcleo que permiten que adquiera tal interpretación: Con este análisis, se explicaría por qué existen construcciones vocativas exclusivamente apelativas. Nos referimos a ciertas estructuras como los pronombres de segunda persona, las expresiones vocativas de tipo 2 con valor contrastivo o los nombres de tipo cabby, cuyo uso se circunscribe únicamente a contextos apelativos (vid §2.1.1., §3.1.1., §3.4.2.3.1.- §3.4.2.3.2.) 325 : (390) a. Tú, ¿qué estás mirando? b. * ¿Qué estás mirando, tú? (391) a. Cabby, take me to Carnegie Hall! Taxista (informal), lleva me a Canregie Hall ‗¡Taxista, llévame a Carnegie Hall!‘ b. *I don‘t think, cabby, that the Lincoln Tunnel is the best 325 El ejemplo de (391) ha sido tomado de Zwicky (1974: 790). 342 Yo no creo, taxistaVOC (informal), que el Lincoln Túnel es el mejor way to go to Brooklyn. camino para ir a Brooklyn. ‗No creo, taxista (informal), que el túnel de Lincoln sea el mejor camino para ir a Brooklyn‘. (392) a. La señorita, pase por favor. b. *Pase por favor, la señorita. Por otro lado, esta propuesta implica que los vocativos con valor apelativo no pueden estar dominados por ningún elemento extra(oracional), salvo que se trate de las partículas (e.g. Eh María, ayúdame vs María, eh, ayúdame) 326 . Se explica, así, su necesidad de aparecer en posición inicial absoluta; en caso contrario, podrían o bien obtener una interpretación fática o bien dar lugar a secuencias anómalas 327 : (393) a. * ¿Qué, Diego, dices? b. * A TODOS, Diego, ayudaste. c. # Los jóvenes, amigo, son el futuro. d. # Probablemente, niña, 328 tengas razón. Por último, con este análisis se resolverían los problemas que planteaban las propuestas de Speas y Tenny (2003) y su posterior adaptación de Hill (2007, 2013a, 2013b), en las que se otorgaba un papel central a las partículas (vid §4.2.2.4.). En resumen, a lo largo de esta sección se ha demostrado que, contrariamente a lo que defienden autores como Slocum (2010, 2016) o Hill (2013b), existen evidencias suficientes que permiten incluir entre los vocativos iniciales o apelativos no solo a las estructuras exclamativas independientes, sino también a las expresiones iniciales no exclamativas. A partir de esta hipótesis, se ha propuesto un análisis para las construcciones apelativas, en el que se propone la existencia de una proyección, el SApel, que ha de dominar a SFuerza y en cuyo especificador se sitúan los SVoc iniciales. De esta manera, se explica que los vocativos presenten una serie de rasgos 326 La relación entre las expresiones vocativas y las partículas será examinada en §4.7.2. 327 Entiéndase en todos estos casos una interpretación apelativa. 328 Obsérvese que la anteposición de los adverbios oracionales producen una interpretación fática –no apelativa– de las expresiones vocativas: (i) a. Amiga, francamente, no estoy de acuerdo. Interpretación apelativa b. Francamente, amiga, no estoy de acuerdo. Interpretación fática Las relación de los adverbios con los vocativos será estudiada en §4.7.1.1. 343 propios relacionados con su entonación independiente, su posible interpretación contrastiva o, por ejemplo, su posición inicial absoluta, entre otras muchas cosas. Tras haber expuesto la hipótesis de que los vocativos iniciales o apelativos ocupan la posición de [Esp, SApel], en la siguiente sección se estudiará la posición en la que se encuentran las construcciones vocativas con función fática (i.e. los vocativos medios y finales). 4.3.2. Vocativos medios y finales o fáticos (addressees) Una vez que el análisis de los vocativos apelativos o iniciales ha sido presentado, es el momento de ver qué ocurre con los medios y finales que desempeñan funciones fáticas. De acuerdo con el examen realizado en el apartado precedente (vid §4.2.2.2. y §4.2.2.3.), estas construcciones debían situarse por encima del SFoco (394a-b) pero por debajo del STópico (394‘) 329 , tal como corroboran ejemplos como los de (394)-(394‘): (394) a. Ana Vocativo , A TUS AMIGOS Foco vi ayer (no a tus vecinos). b. ? A TUS AMIGOS Foco, Ana Vocativo , vi ayer. (394‘ ) A tus amigos Tópico, Ana Vocativo , los vi ayer. La pregunta que surge es si los casos de (394)-(394‘) indican que los SVoc fácticos se encuentran en el interior del STop más alto y, en consecuencia, son una clase especial de tópicos, tal como propone Lambrecht (1996: vid §4.7.3.), o, si por el contrario, aparecen en una proyección independiente situada por debajo del STop más alto pero por encima del SFoco. Para poder dar respuesta a estos interrogantes, Mauck y Zanuttini (2004: 10-15) examinan las estructuras topicalizadas en italiano y las comparan con los vocativos en busca de rasgos comunes y/o distintivos. En los siguientes párrafos se mostrarán algunas de estas propiedades, si bien será en próximas secciones donde se estudiarán las similitudes y diferencias entre estas construcciones y las vocativas (vid §4.7.3.). Antes de esbozar sus conclusiones es necesario hacer una aclaración. En el transcurso de su análisis, Mauck y Zanuttini (2004) parten de la distinción ofrecida por 329 Autores como Slocum (2010, 2016) o Mauck y Zanuttini (2004) también defienden que las construcciones vocativas deben situarse en esta posición. 344 Benincà (2001) y Benincà y Poletto (2004) para los tópicos. De acuerdo con los citados autores, estas estructuras pueden ser de dos tipos: hanging topics o tópicos colgantes (en adelante, HT: en estos casos, SSDD), y left dislocations o dislocaciones a la izquierda (en adelante, LD: en estos casos, SSPP) (Mauck y Zanuttini, 2004: 10) 330 . Para ilustrar esta distinción, tómese el siguiente ejemplo: (395) [A él LD]i [los chicos HT]j está claro que proj cada vez lei importan menos (Martín Gaite, Nubosidad apud RAE/ASALE, 2009: §40.2l). En (395) aparecen dos elementos topicalizados: el SP a él y el SD los chicos. El primero de ellos, de naturaleza preposicional, se desplaza a la izquierda de la oración arrastrando consigo a la preposición; cuenta, además, con un pronombre reasuntivo, le, que lo ‗dobla‘ y con el que concuerda en género, número y caso (Benincà, 2001: 44). Por su parte, el segundo, de naturaleza determinativa, posee también un pronombre reasuntivo, pro, con el que concuerda en género y número, si bien no necesariamente en caso (Benincà, 2001: 44). Teniendo en cuenta las propiedades de uno y otro, Poletto y Benincà defienden que SSPP como a él se incluirían, en estos casos, entre los tópicos dislocados a la izquierda, mientras que los SSDD como los chicos formarían parte de los tópicos colgantes 331 . Tomando como punto de partida esta distinción, Mauck y Zanuttini (2004) presentan una serie de propiedades que permiten diferenciar estas dos construcciones topicalizadas de las expresiones vocativas. La primera de ellas se relaciona con la obligatoriedad de unas y otras estructuras de correferir con un elemento de la oración. De acuerdo con Mauck y Zanuttini (2004) y Benincà (2001), tanto las formas dislocadas (i.e. LD: (396a)) como las colgantes (i.e. HT: (396b)) han de ser correferenciales con un argumento del predicado verbal. Sin embargo, los vocativos no tienen por qué hacerlo (396c), salvo que aparezcan en enunciados imperativos (396d), en cuyo caso se asocian siempre con el sujeto (Mauck y Zanuttini, 2004: 12-14): 332 (396) a. [A Maite]i no *([la]i) dejamos pasar LD b. [Las cajas]i *([las]i) dejaste en el armario HT 330 En esta investigación se emplearán los conceptos de HT y LD en la línea que proponen Benincà (2001) y Benincà y Poletto (2004), si bien no se entrará en más detalle. Para un resumen y discusión sobre estos fenómenos, véase Villa-García (2019). 331 Para conocer más diferencias entre unos y otros, véanse Benincà (2001) y Benincà y Poletto (2004). 332 La razón por la que correfieren con el sujeto en estos contextos será mostrada en §4.4.2. 345 c. [Pedro]i, es hora de salir de casa Vocativo d. [Diego]i, [pro]i/*j recoge la mesa VocativoIMP Otro rasgo muy vinculado con el anterior que permite distinguir los vocativos de cierta clase de tópicos se relaciona con la naturaleza del pronombre reasuntivo con el que correfieren. En el caso de los elementos dislocados a la izquierda, este tiene que ser siempre átono (i.e. un clítico: (397)), mientras que el de los vocativos puede ser átono (398a) o tónico (398b) (Mauck y Zanuttini, 2004: 11-12). Algunos ejemplos a este respecto se ofrecen a continuación: (397) a. A Celia no la vieron salir LD b. *A Celia no a ella vieron salir (398) a. Álvaro, te estaba buscando Vocativo b. Álvaro, a ti te estaba buscando Por último, los vocativos y los tópicos dislocados también se diferencian en la clase de sintagma que los contiene. Si bien los primeros conforman SSPP (399a), los vocativos constituyen siempre SSDD (vid §3.3.2.) (Mauck y Zanuttini, 2004: 12-14). De esta manera, la presencia de una preposición en estas últimas construcciones daría lugar a secuencias anómalas como las que aparecen en (399b): (399) a. A Manuel lo vi el lunes pero no pude saludarlo: iba con prisa LD b. (*A) Manuel, te vi el lunes pero no pude saludarte: iba con prisa Voc Estas propiedades, junto con otras que serán exploradas en secciones siguientes (vid §4.7.3.), llevan a Mauck y a Zanuttini (2004: 15) a la misma conclusión que ya adelantaba Moro (2003: 262-263): que los SVoc con función fática deben aparecer en el especificador de una proyección propia. La pregunta que se debería resolver es qué propiedades posee esta proyección y dónde se sitúa. En relación a la primera pregunta, la bibliografía (Mauck y Zanuttini, 2004; Zanuttini, 2008; Slocum, 2010, 2016; Zavala Tovar, 2014; et al.) ha defendido que tal sintagma debe denominarse Addressee Phrase (en adelante, SAddr), ya que es su propiedad semántico-pragmática la que lo distingue de los vocativos iniciales. Por consiguiente y de la misma forma que se propuso en la sección anterior para las 346 construcciones apelativas, en esta investigación adoptaremos la nomenclatura de Jakobson (1960) y tildaremos a tal proyección de Sintagma Fático (en adelante, SFático). El núcleo de este sintagma, Fáticoº, contendrá rasgos [+fáticos], que serán los responsables de que mantener o enfatizar el contacto entre hablante y oyente de acuerdo con Zwicky (1974). Teniendo todo ello en cuenta, su representación sintáctica quedaría de la siguiente manera: La cuestión que debería resolverse es qué posición ocupa el SVoc en esta nueva proyección. Debido a su naturaleza sintagmática, este ha generarse en el especificador del SFático, lugar desde donde comprobará los rasgos de su núcleo que garantizan su interpretación como elementos fáticos, tal como se observa en (401): Si todo lo dicho hasta aquí es cierto, solo quedaría por determinar dónde se sitúa este SFático. En §4.2.2.2 y §4.2.2.3. se indicaba que esta nueva capa funcional estaría en una relación de mando-c con el SFoco pero dominado por el STópico más alto, tal como mostraban los ejemplos de (394)-(394‘) presentados al principio de este apartado. Por lo tanto, sería legítimo suponer el siguiente análisis para los vocativos medios y finales: 347 A esta misma conclusión llegan investigadores como Slocum (2010, 2016). Este autor considera que los vocativos con funciones fáticas sirven para ‗marcar‘ el límite entre la información que se interpreta como conocida o antigua y la que se valora como información nueva; es decir, entre lo que se podría considerar como tema o tópico y el foco (Slocum, 2016: 106). Para realizar esta afirmación se inspira en Taglicht (1984), quien defiende que una construcción puede obtener una lectura topicalizada como resultado de algún proceso gramatical (Slocum, 2016: 106). Uno de estos procesos puede ser justamente la inserción de un elemento que funcione como vocativo (403a) o, por ejemplo, de uno que lo haga como disjunto (403b) (Taglicht, 1984: 22). Para ilustrar esta idea, tómense los siguientes ejemplos: (403) a. [That shed], my dear, [will have to be painted] Ese cobertizo, mi querido, MarcaFuturo tener Prep ser pintado ‗Ese cobertizo, mi amor, habrá que pintarlo‘ b. [John], you know, [has painted the shed] Juan, tú sabes, ha pintado el cobertizo ‗Juan, ¿sabes?, ha pintado el cobertizo‘ (Taglicht, 1984: 22). Tal como se observa en (403), la expresión vocativa my dear y el elemento disjunto you know –o como lo hemos denominado en esta investigación, parentético (vid §4.1. y §4.7.1.) – se sitúan entre dos segmentos oracionales: that shed, John y will have to be painted, has painted the shed, respectivamente. De acuerdo con la propuesta 348 de Taglicht, la inserción de tales elementos no es casual sino que se debe a razones informativas: marcan el límite entre lo que debe interpretarse como información conocida (i.e. tópico: that shed, John) y lo que ha de hacerse como información nueva (i.e. foco: will have to be painted, has painted the shed) 333 . Por todo ello, Taglicht (1984: 22) tilda tanto a construcciones vocativas como a disjuntas de intrusos: se interponen entre la construcción topicalizada y la focalizada. Si ahora aplicamos esta hipótesis a nuestras construcciones medias y finales, se obtendría el siguiente resultado. Los vocativos medios indicarían el final de la expresión topicalizada y el inicio de la focalizada, mientras que los finales señalarían que toda la estructura que los precede debe interpretarse como información conocida, es decir, como tópico. Para ilustrar esta afirmación imagínese una situación en la que dos amigos, Jessica y Pablo, están hablando sobre la posibilidad de quedarse en casa. Mantendrían un diálogo similar al de (404): (404) –Jessica: Yo creo que debemos quedarnos esta noche en casa, Pablo. –Pablo: Yo, Jessica, quiero ir a ver una película. (adaptado de Slocum, 2016: 106). El enunciado que emite Jessica (i.e. Yo creo que debemos quedarnos esta noche en casa) contiene información que ya ha sido introducida en el discurso, por lo que se entiende que es conocida por ambos (se trata del tema sobre el que están intentando llegar a un acuerdo). Para indicarlo, Jessica hace uso de un recurso lingüístico: el empleo de una construcción vocativa en posición final (Pablo en este caso). De esta manera, obliga a que la estructura anterior se interprete como tópico. Por su parte, Pablo quiere mostrar su punto de vista y compararlo con el de Jessica (Slocum, 2016: 106). Con este objetivo en mente, hace uso de una expresión vocativa, Jessica, que se interpone entre dos segmentos: yo y quiero ir a ver la película. Como resultado de esta intrusión, el primer segmento adquiere una interpretación temática que, en este caso, aparece reforzada por una lectura contrastiva (i.e. ‗Yo, Pablo, frente a lo que dices tú, Jessica, quiero ir a ver una película‘). El segundo 333 Prueba de ello es que admiten paráfrasis propias de las construcciones topicalizadas: (i) a. En cuanto a ese cobertizo, mi amor, habrá que pintarlo. b. Hablando de Juan, ¿sabes?, ha pintado el cobertizo. 349 segmento, por su parte, aporta una información que no había sido introducida hasta el momento, por lo que pasa a valorarse como nueva. De esta manera, se podría concluir que el vocativo medio marca el límite entre la información conocida (i.e. el tópico) y la información nueva (i.e. el foco) (Slocum, 2016: 106). Si todo lo dicho hasta ahora es cierto, el análisis de los vocativos con función fática es el que sigue. De un lado, los vocativos finales (405a) dotan a la construcción que le antecede de una lectura topicalizada, por lo que queda legitimado el desplazamiento de todo el SFin a la posición de [Esp, STop]. Por otro lado, los vocativos medios (405b) marcan el límite entre la estructura temática, que se traslada a [Esp, STop], y la focalizada, que se mueve a [Esp, SFoco]. De esta manera, los vocativos medios y finales permanecen in-situ y es la oración la que se desplaza a través de ellos, tal como propone Cinque (1999) para el análisis de los adverbios oracionales (vid §4.7.1.1.): b. Yo 334 , Jessica, quiero ir a ver una película. 334 Tal como se mostró en el capítulo anterior (vid §3.4.2.2.1.), se entenderá que el pronombre personal yo se genera en Dº y, de ahí, sube a una proyección más alta, Personaº, para satisfacer los rasgos de primera persona que permiten su vinculación con el hablante: (i) [SPersona [Personaº[+1ªpª] yo [SD [Dº [+def] yo ]]] 350 De ser este análisis correcto, se explica por qué los vocativos medios y finales adquieren una entonación más ‗integrada‘ en el enunciado (vid §4.1.2. y §4.1.3.) y por qué algunos autores no dudan en vincularlos con las expresiones parentéticas (vid §4.7.1.) 335 . Además, se justifican los posibles casos de coaparición entre los vocativos y los adverbios oracionales (e.g. Honestamente, señorita, creo que debería cuidar sus modales), cuya posición con respecto a la oración será estudiada secciones siguientes (vid §4.7.1.1.). Por otro lado, gracias a esta hipótesis se resuelven los problemas que plantean las propuestas de Moro (2003), Espinal (2013) o Zavala Tovar (2014), que no contemplan los casos de coaparición entre vocativos fáticos y apelativos en un mismo enunciado. También se solventan las limitaciones con que se enfrentan las hipótesis de Hill (2013b) o Stavrou (2014), quienes dan un papel principal a las partículas 336 . Finalmente, se ofrecen argumentos a favor de que la clasificación de Zwicky (1974) no solo tiene repercusión en la semántica de estas construcciones sino también 335 A esta misma conclusión llegan autores como Astruc-Aguilera y Nolan (2007), quienes, en su estudio sobre los elementos extraoracionales, defienden que cuando estos ocupan una posición no-inicial reciben una entonación tonalmente subordinada a la frase principal: «ESEs [(Extra Sentential Elements)] show puzzling differences between elements which are initial in the sentence and elements which are not. Initial elements receive a normal intonation, while non-initial elements receive an intonation which is tonally subordinated to that of the main phrase » (Astruc-Aguilera y Nolan, 2007: 86). 336 La relación entre los vocativos y las partículas será estudiada en §4.7.2. 351 en su sintaxis, tanto en su estructura interna (vid §3) como en la externa, tal como se ha mostrado a lo largo de apartados precedentes. 4.3.3. Recapitulación En el transcurso de este apartado se ha propuesto un análisis para las construcciones vocativas que refleja las diferencias sintácticas y semántico-pragmáticas de estas estructuras. En este sentido, se ha defendido que los SVoc iniciales, entre los que se ha demostrado que se incluyen tanto las formas exclamativas como las que no lo son, se sitúan en el especificador de una nueva proyección funcional, SApelativo, que se encuentra en una relación de mando-c con SFuerza. Por su parte, se ha demostrado que los SVoc medios y finales deben aparecer entre el STópico más alto y el SFoco, concretamente en el especificador de lo que hemos denominado como SFático. En relación a estos últimos, se ha indicado que su presencia no es casual sino que se debe a razones informativas: marcan el límite entre lo que debe interpretarse como información conocida (i.e. tópico) y lo que ha de hacerse como información nueva (i.e. foco). Si este análisis es correcto, se podrían explicar los casos de coaparición entre vocativos iniciales y medios o finales, las restricciones que presentan los vocativos en sus distintas posiciones o los cambios entonativos que experimentan, entre otras muchas cosas. Una vez que el análisis de las expresiones vocativas ha quedado establecido, en el siguiente apartado se tratará otro asunto de interés para la bibliografía especializada: la relación entre las expresiones vocativas y los imperativos. 4.4. Vocativos e imperativos El estudio de los imperativos y su inevitable vinculación con los vocativos ha despertado el interés de numerosos autores, entre los que destacan Downing (1969), Potsdam (1996, 2003), Platzack y Rosengren (1998), Rupp (1999, 2003), Portner (2004), Aikhenvald (2010), Takahashi (2012), Kaufmann (2012), Cormany (2013, 352 2014) o Alcázar y Saltarelli (2014) 337 . Uno de los problemas al que estas investigaciones se enfrentan es de qué manera se justifica que, en estos contextos, vocativos y sujetos 338 refieran sistemáticamente a una misma entidad, particularidad que no debería darse sobre todo si se tiene en cuenta la naturaleza no argumental de los vocativos. El objetivo de este apartado es tratar de dar respuesta a esta cuestión y otras similares, para lo que nos basaremos en la propuesta presentada por Zanuttini, Portner, Mauck y Pak en sus investigaciones conjuntas (Mauck y Zanuttini, 2004; Mauck, Portner y Zanuttini, 2004; Zanuttini, 2008; Zanuttini, Pak y Portner, 2012). En ellas defienden la existencia de un operador yusivo o modal que es el encargado de ligar la referencia del sujeto y cuyos rasgos de segunda persona lo relacionan con los vocativos. El apartado se divide en tres secciones. En la primera, se examinan brevemente las principales hipótesis que la bibliografía ha ofrecido para explicar la compleja semántica que presentan los imperativos. Una vez que nos hayamos decantado por uno de estos enfoques, en la segunda sección se explora la propuesta de los mencionados autores y muestra de qué manera se puede aplicar a nuestro análisis. Finalmente, en la última sección se recogen a modo de recapitulación las principales conclusiones obtenidas en el transcurso de este apartado. 4.4.1. Semántica de los imperativos El estudio de la semántica de los imperativos ha acaparado la atención de un sinfín de investigadores que se extienden desde los trabajos más longevos (Schmerling, 1975, 1982) hasta los más recientes (Han, 2000; Jensen, 2003; Portner, 2004, 2007; Boisvert y Ludwig, 2005; Iatridou, 2008; Mastop, 2011; Schwager, 2006, 2011; et al.). Las cuestiones que estos autores tratan de dilucidar son si los imperativos poseen o no 337 Estos autores elaboran una propuesta para los imperativos, Light (functional) Performative Hypothesis (LPH), que supone una ‗actualización‘ del análisis performativo clásico de Ross (1970) (Alcázar y Saltarelli, 2014: 103). En ella definen las oraciones imperativas como ‗prescripciones‘: en un acto de habla el hablantei o ‗prescriptor‘ demanda, pide, solicita, prohíbe al destinatario hacer algo, P, en un momento determinado, ti (Alcázar y Saltarelli, 2014: 103 y 111). En este sentido, tiene en cuenta la propuesta de Speas y Tenny (2003) de los actos de habla, que ya ha sido desechada en secciones anteriores. El hecho de que, además, parta de un enfoque performativo hará que no se tenga en cuenta en esta investigación que se basa en el análisis paramétrico de Portner (2004, 2007). 338 Sobre las diferencias gramaticales y entonativas entre vocativos y sujetos, véanse §2.3 y §2.4. 353 contenido de verdad (i.e. si son verdaderos o falsos) 339 o, por ejemplo, dónde se generan. También buscan rasgos que permitan distinguirlos semánticamente de los demás tipos oracionales 340 , características que ayuden a definir sus propiedades temporales 341 o razones que justifiquen la obligatoriedad de que su sujeto se asocie siempre con el destinatario de la orden (i.e. la expresión vocativa). Las respuestas a estas cuestiones y otras similares han dado lugar a tres grandes análisis, en torno a los cuales se agrupan todos los demás. Estos son: el análisis performativo (Schwager, 2006, 2011), el análisis de operador (Han, 2000) y el análisis paramétrico (Portner, 2004, 2007). Los principios fundamentales de estas tres propuestas aparecen recogidos a modo de recapitulación en el siguiente cuadro: 339 A este respecto, Boisvert y Ludwig (2005) plantean que, en realidad, los imperativos no pueden ser verdaderos o falsos –posibilidad reservada para los actos declarativos– sino que imponen una serie de condiciones de obediencia, de manera similar a como los interrogativos lo hacen con las condiciones de respuesta. 340 En relación a este punto, autores como Beyssade y Marandin (2006) apoyan la idea de que las oraciones imperativas implican un resultado; las declarativas, proposiciones; las interrogativas, preguntas (contenido proposicional abstracto); y las exclamativas, hechos (Beyssade y Marandin, 2006: 52). 341 Por ejemplo, en trabajos como el de Jensen (2003) y Mauri y Sansò (2012) se defiende que los imperativos siempre refieren a acciones futuras. 354 (406) Cuadro 4. Resumen de las principales propuestas del análisis de la semántica de los imperativos (tomado y traducido de Iatridou, 2008: 9) 342 : En esta investigación nos decantaremos por la propuesta de Portner, ya que sirve de base para el análisis de Zanuttini et al. que se presentará en la sección siguiente. De acuerdo con el citado autor, existen tres tipos de cláusulas (a saber, declarativas, interrogativas e imperativas) que comparten una serie de propiedades: (1) constituyen un sistema cerrado; (2) se asocian con una fuerza ilocutiva concreta; y (3) son universales (Portner, 2004: 2). Cada una de estas cláusulas se relaciona, además, con un componente discursivo, los cuales conforman un conjunto de valores semánticos (Portner, 2004: 2). Así, las oraciones declarativas constituirían un conjunto de proposiciones (terreno 342 Para conocer las ventajas e inconvenientes de cada una de estas propuestas, véase Iatridou (2008). Semántica Sintaxis Han (2010) -Los imperativos contienen un operador ilocutivo con una fuerza directiva. -Los imperativos contienen rasgos [+directivos] e [+irreales], situados en Cº. Schwager (2006, 2011) -Los imperativos contienen un modal performativo de fuerza universal. -El modo imperativo está en [Esp, CP]. Hay un rasgo [+imperativo] en C que garantiza el movimiento del verbo, V. Portner (2004, 2007) -Los imperativos denotan propiedades restringidas del interpelado o addressee. -Hay un operador pragmático que interpreta tales propiedades como instrucciones que se añaden a los puntos de la to-do list del interpelado o addressee. -La única sintaxis específica de los imperativos podría ser un operador que obligue al sujeto del imperativo a ser el destinatario. 355 común o common ground); las interrogativas, un conjunto de preguntas (serie de preguntas o question set); y las imperativas, un conjunto de propiedades (lista de tareas o to-do list) (Portner, 2004: 2). En relación a estas últimas, Portner señala que su cometido es asignar una lista de tareas al interpelado o addressee que se requiere que este lleve a cabo (Portner, 2004: 2 y ss) 343 . Para ilustrar esta idea, tómese el siguiente ejemplo: (407) Rafael, pon la mesa, recoge la ropa y haz la colada. De acuerdo con Portner, cuando un hablante emite enunciados como los de (407), lo hace con la intención de adjudicar al interlocutor una serie de ocupaciones o tareas (en este caso, poner la mesa, recoger la ropa y hacer la colada). Estos quehaceres se incluyen en lo que Portner denomina como lista de cosas pendientes que es necesario o que se requiere –en palabras de Portner– que el destinatario lleve a cabo 344 . Como consecuencia de todo ello, Portner entiende que, en realidad, los imperativos no denotan proposiciones o preguntas, sino propiedades. Para que se cumplan estos requerimientos, es necesaria la presencia de un destinatario que reciba la orden, por lo que Portner defiende que las construcciones imperativas contienen necesariamente una segunda persona. Esta se vincula con la expresión vocativa que, a su vez, correfiere con el sujeto de estas estructuras. Con la intención de explicar por qué este hecho se produce, Portner (2004, 2007) propone que el destinatario o addressee esté contenido en su propia proyección y que los sujetos obtengan la referencia como resultado de su interpretación como pronombres logofóricos. El término de logoforicidad fue acuñado por primera vez en el trabajo de Hagège (1974) para denominar a una serie de pronombres especiales que en algunas lenguas africanas refieren al autor del discurso (Reuland, 2006: 3), de ahí su nombre (λόγος + υέρω: ‗transporto la palabra‘ > ‗portador de la palabra‘; Charnavel, 2017: 1). Poco después, Clements (1975) recuperó este concepto para aludir a aquellos pronombres que designan al individuo cuyo discurso, pensamientos, sentimientos o estado general de 343 A este respecto, Portner señala lo siguiente: «A To-do List is a set of properties, and a To-do List function assigns one to each participant in the conversation» (Portner, 2004: 2). 344 En este punto, Iatridou apunta lo siguiente: «The denotation of an imperative is a property. The sentential Force of imperatives is ―Requiring‖, which is the addition of the property denoted by the imperative to some To- Do List. (…) Intuitively, a To-Do list is a list of actions the addressee should take» (Iatridou, 2008: 18). 356 conciencia se informa o se refleja en un contexto lingüístico dado (Clements, 1975; mi traducción) 345 . Para ilustrar esta definición, tómese el siguiente contraste: (408) a. Yo sé la verdad. b. Celiai dijo que ellai sabía la verdad. En (408) se observan dos construcciones con un significado similar pero en las que cambia la manera en la que se informa sobre lo que se dijo. En la primera se hace reproduciendo las palabras que Celia formuló (i.e. mediante un discurso directo (408a)), mientras que en la segunda se lleva a cabo mostrando los pensamientos o estado general de conciencia que Celia tuvo en ese momento (i.e. mediante un discurso indirecto (408b)). Es en este último caso en el que se hace uso de un pronombre logofórico, ella, que toma como antecedente a una expresión referencial (vid §4.5.) situada fuera de su oración (Celia en el ejemplo) 346 . En consecuencia, se podría decir que los pronombres logofóricos se definen como los elementos que refieren a aquellas expresiones referenciales que aparecen en entornos de discurso indirecto y que refieren exclusivamente al agente del discurso/pensamiento reportado (Oshima, 2004: 1; mi traducción). Hoy en día se trata de un fenómeno que ha sido estudiado por un sinfín de autores 347 que, dependiendo de la orientación teórica, entienden que estos pronombres son anáforas libres o, al menos, formas cuyo antecedente no está contenido en su propia 345 Posteriormente, Sells (1987) postula la existencia de tres subtipos de logoforicidad: 1) Source o fuente: el agente intencional de la comunicación (se suele asociar con el hablante): (i) Takasii wa Taroo ni [baka no Yosiko ga zibuni o oikake-mawasiteiru Takasi TOP Taroo DAT tonto GEN Yosiko SUBJ REFL OBJ perseguir-alrededor-ser koto] o hanasita. COMP OBJ dicho ‗Takasii le dijo a Taroo que ese tonto Yosiko loi estaba siguiendo‘ 2) Self o uno mismo: aquel cuyo estado mental o actitud describe el contenido de la proposición. (ii) Yosiko ga zibuni o musisita koto ga Tarooi o yuutunisita. ‗Que Yosiko lei ignorara, angustió a Tarooi.‘ (iii) [Yosiko ga hukakainimo ato o tuke-mawasiteiru koto ga] Takasi o iradataseteiru. [Yosiko SUBJ misteriosamente ser-seguido COMP SUBJ] Takasi OBJ molesta ‗Que Yosiko esté siguiéndolei {misteriosamente/en secreto} molesta a Tasakii‘ 3) Pivot o eje: aquel en cuya ubicación (espacio-tiempo) se evalúa el contenido de la proposición. (iv) Takasii wa [itosii Yosiko ga mizu o zibuni no ue ni kobosita node] Takasi TOP [amada Yosiko SUBJ agua OBJ REFL GEN en LOC derramado porque] nurete-simatta. mojado-tenía ‗Takasii se mojó porque su amada Yosiko lei derramó agua‘. (Charnavel, 2017: 2). 346 No obstante, el propio Clements (1975) señala que no necesita que su antecedente se sitúe en la oración previa, sino que puede estar muchas oraciones atrás (Reuland, 2006: 3). 347 Ha sido estudiado desde finales de los años 80 con Sells (1987) hasta hoy en día, donde destacan investigaciones como las de Bianchi (2003), Oshima (2004) o Charnavel (2017), entre otras muchas. 357 oración (i.e. en su dominio local) (Reuland, 2006: 3). En este último sentido es en el que se basa Portner, quien señala que la referencia de los pronombres logofóricos con función de sujeto de las construcciones imperativas debe estar ligada por un operador. De ser esta última afirmación cierta, sería necesario saber qué lugar ocupa este operador en la proyección sobre todo si se tiene en cuenta que, de acuerdo con el mencionado autor, se convierte en el responsable de los rasgos de segunda persona de los sujetos (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1233). Para responder a esta cuestión y otras similares, Portner elabora junto con Zanuttini, Mauck y Pak un análisis de los imperativos que se presenta en la sección siguiente. 4.4.2. Propuesta de Zanuttini, Mauck, Portner y Pak Partiendo de los trabajos de Portner (2004, 2007), Mauck y Zanuttini (Mauck, Portner y Zanuttini, 2004; Mauck y Zanuttini, 2004; Zanuttini, 2008) y posteriormente Pak (Zanuttini, Pak y Portner, 2012) elaboran una propuesta sobre el análisis sintáctico de las construcciones imperativas. De acuerdo con los citados autores, los imperativos forman parte de las denominadas como cláusulas yusivas. Sin embargo, no son las únicas: las oraciones promisivas y exhortativas también se incluirían dentro de ellas (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1233-1234). Una prueba a favor de esta clasificación la proporcionan lenguas como el coreano. En ella se emplea una partícula diferente para cada clase de oración yusiva, tal como se muestra en (409): (409) a. Cemsim-ul sa-la Imperativo comida-ACUS compra-PartImperativa ‗¡Compra comida!‘ b. Cemsim-ul sa-ma Promisivo comida-ACUS compra-PartPromisivo ‗Yo compraré la comida‘. c. Cemsim-ul sa-ca Exhortativo comida-ACUS compra-PartExhortativo ‗Vamos a comprar la comida‘ (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1234). 358 En efecto, en (409) se observa que el coreano cuenta con tres partículas distintas dependiendo de la cláusula yusiva en la que aparezcan: la para las construcciones imperativas (409a), ma para las promisivas (409b) y ca para las exhortativas (409c). Esta diferencia sintáctica también produce cambios semánticos, principalmente asociados con la interpretación de su sujeto (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1234). De esta manera, el sujeto de los imperativos se vincula con el destinatario; el de las promisivas, con el hablante, y el de las exhortativas, tanto con el hablante como con el oyente (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1234): (410) a. Pro2ªpª Sal mañana con tus amigos (2ªpª = ‘tú’) b. Pro1ªpª Saldremos mañana con tus amigos (1ª pª =‘nosotros pero no tú’) c. Venga, Pro1ªpª vamos a salir con tus amigos (1ªpª = ‘tú y yo’) Esta distinción conlleva, además, diferencias gramaticales, tal como se muestra en (410): las formas imperativas (410a) se relacionan una segunda persona (tú), mientras que las promisivas (410b) se asocian con una primera persona del singular o del plural (yo, nosotros) que excluye al destinatario o addressee (segunda persona). Por último, las exhortativas (410c) se vinculan con una primera persona del plural (nosotros) en la que sí se incluye al interlocutor (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1234). Como consecuencia de todo ello, las propiedades de los tres tipos de construcciones yusivas podrían resumirse de la siguiente manera: (411) Cuadro 5. Resumen de las características principales de los tipos de oraciones yusivas: Tipo Definición 348 Persona Ejemplo Imperativa ‗El hablante manda al oyente hacer algo‘ 2ª persona Sal mañana con tus amigos. Promisiva ‗El hablante hace una promesa/se compromete con algo‘. 1ª persona del singular o del plural (EXCLUYE al oyente) Nosotros saldremos mañana con tus amigos. ¿Te vienes? Exhortativa ‗Se insta al hablante y al oyente a hacer algo juntos‘ 1ª persona del plural (INCLUYE al oyente) Venga, vamos a salir con tus amigos. 348 Definiciones obtenidas de Zanuttini, Pak y Portner (2012: 1233 y ss.). 359 La cuestión que habría que determinar es cómo se reflejan las propiedades presentadas en (411) en nuestro análisis. De acuerdo con lo señalado en la sección anterior, Portner (2004, 2007) entendía que estas cláusulas debían contener un operador modal que fuera el responsable de ligar la referencia de los sujetos y de establecer una relación de concordancia con ellos (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1231). En este sentido, Zanuttini, Mauck, Pak y Portner proponen la existencia de un núcleo funcional yusivo que posea rasgos de persona interpretables y que esté presente en todas las cláusulas yusivas (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1242). Por tanto, las cláusulas yusivas se distinguirán entre sí por las propiedades personales que porten (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1242) 349 . En el caso de las oraciones imperativas (412a), el núcleo adquirirá rasgos de segunda persona, lo que explica que necesite una posición para el interpelado o addressee (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1242). Por su parte, en los contextos con construcciones exhortativas (412b) y promisivas (412c) las características de su núcleo serán de primera persona, si bien las exhortativas incluyen al destinatario mientras que las promisivas no lo hacen (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1242). En consecuencia, el análisis de las distintas estructuras yusivas quedaría conformado de la siguiente manera: 349 Estos núcleos funcionales cuentan, como ya se ha señalado, con un operador abstracto, , que es el encargado de ligar el argumento (en este caso, el sujeto) con el que concuerda (Zanuttini, Pak y Portner, 2012: 1242). 360 Si ahora nos centramos en el caso que nos ocupa (i.e. los sujetos de los imperativos), Mauck, Zanuttini, Portner y Pak proponen que en las oraciones imperativas sea el operador modal,  el responsable de ligar a la variable (i.e. el sujeto), lo que explicaría que adquiriera rasgos de segunda persona (Mauck y Zanuttini, 20014: 16 y ss.). De ser cierto, quedaría justificado el movimiento del sujeto a la posición de [Esp, SModal], gracias al cual la relación entre ambos quedaría garantizada (Mauck y Zanuttini, 20014: 16 y ss.): En consecuencia, solo quedaría por determinar la posición que ocupan los vocativos en el análisis. Dado que estos autores asumen que los imperativos «contienen una proyección [propia] que refiere al interpelado o addressee» (Mauck y Zanuttini, 2004: 3; mi traducción), el SVoc se situará en el especificador del sintagma que refiere al destinatario; es decir, el SAddressee (Mauck y Zanuttini, 2004: 4-7). El núcleo de esta proyección funcional, Addrº, albergará rasgos de segunda persona al igual que el núcleo modal yusivo, Modº, lo que legitima la ascensión y consiguiente adjunción de 361 este último al núcleo Addrº (Mauck y Zanuttini, 2004: 16 y ss.). Se forma, así, un núcleo semánticamente complejo, Addrº-Modº, que es el encargado de ligar al sujeto; de esta manera se explica por qué vocativos y sujetos correfieren en contextos imperativos (Mauck y Zanuttini, 2004: 17-18) 350 : Gracias a este análisis se explica por qué la referencia de los pronombres logofóricos en función de sujeto se asocia siempre en las oraciones imperativas con una segunda persona (está ligada por un operador, ) y por qué su referencia coincide sistemáticamente con la del vocativo (por el movimiento de Modº a Addrº, formándose un núcleo semánticamente complejo, Modº–Addrº). 4.4.3. Recapitulación A lo largo de este apartado se ha tratado de dar respuesta a cuestiones tan controvertidas como por qué vocativos y sujetos son siempre correferenciales en construcciones imperativas o por qué estas se asocian con una segunda persona. Para ello, se han examinado las principales propuestas que ofrece la bibliografía sobre la semántica de los imperativos, entre las que nos hemos decantado por el análisis de Portner (2004). Según el mencionado autor, cuando un hablante emite un enunciado 350 Esta propuesta de análisis encaja perfectamente con la nuestra, máxime si se tiene en cuenta que los mencionados autores entienden que el SAddr, denominado en esta investigación como SFático (vid 4.3.2.), se sitúa por debajo del STop más alto. 362 imperativo lo que hace es imponer a su destinatario, necesariamente presente, una lista de tareas que requiere que lleve a cabo. De esta manera, defiende que los imperativos denotan propiedades e incluyen obligatoriamente un argumento en segunda persona (i.e. el sujeto) que, a su vez, correfiere con el destinatario de la orden (i.e. la expresión vocativa). De acuerdo con Mauck, Zanuttini, Portner y Pak, tal argumento funciona, en realidad, como un pronombre logofórico cuya referencia aparece ligada por un operador. El operador, denominado por los citados autores como operador yusivo o modal, posee propiedades de segunda persona. Estas características se convierten en las responsables de que el núcleo modal suba al núcleo que alberga al interpelado o addressee, dando lugar a un núcleo semánticamente complejo en cuyo especificador se sitúa la expresión vocativa. Gracias a este movimiento el núcleo modal controlará la referencia del sujeto, cuyos rasgos de segunda persona serán los responsables de que, además, este último correfiera con la entidad designada por el SVoc. Una vez explicadas las razones por las que se produce la correferencialidad entre vocativos y sujetos, en el siguiente apartado se trata otro asunto no exento de polémica: los casos de correferencialidad entre el vocativo y otros elementos oracionales. 4.5. Correferencialidad En el capítulo 2 se presentaba una clasificación ofrecida por Moro (2003: 252) acerca de la capacidad de las expresiones vocativas de referir o no a una entidad de la red temática del predicado (vid §2.1.2. y §2.1.4.2.). De esta manera, se hablaba de dos tipos de construcciones vocativas: las que correfieren con un argumento del predicado verbal (vocativos intradeícticos: [Juan]i, [te]i dije que te abrigaras) y las que no lo hacen (vocativos extradeícticos: [Juan]i, parece que al final su madre se ha ocupado de todo) (Moro, 2003: 252). En este apartado nos centraremos en el estudio de las primeras. De acuerdo con Moro (2003), las entidades argumentales con las que los vocativos pueden correferir son principalmente tres: el sujeto (415), el OD (416) y el OI (417). Algunos ejemplos a este respecto se recogen en (415)-(417): 363 (415) a. [Mamá]i, ¿de dónde proi has sacado eso? b. proi Dígame en qué le puedo ayudar, [señor]i. (416) a. [Te]i estuve esperando toda la tarde, [Gloria]i. b. [Ana]i, [te]i veo cambiadísima. (417) a. [Hermana]i, ya [te]i dije que algo así podía pasar. b. ¿[Te]i preguntaron la lección, [Álvaro]i? Sin embargo, parece que los vocativos no tienen por qué correferir únicamente con argumentos del predicado: también pueden hacerlo con cualquier pronombre y/o posesivo con rasgos de segunda persona 351 : (418) a. [Hija]i, todo depende de la decisión de tui hermano. b. [Cielo]i, proi puedes hacerlo por [ti misma]i. c. Es culpa tuyai, [Rafa]i. La cuestión que habría que determinar es si los pronombres de segunda persona (i.e. tú, te, ti, contigo) así como los posesivos (tu(s), tuyo(s)/-a(s)) de estos casos se encuentran o no ligados por las expresiones vocativas. A este respecto, Bosque y Gutiérrez-Rexach (2009) señalan que, de acuerdo con la teoría del ligamiento (Chomsky, 1981), existen tres tipos de elementos referenciales: (1) Grupo 1: elementos anafóricos. Pronombres reflexivos (e.g. se, sí, sí mismo) recíprocos (e.g. el uno al otro) y sintagmas con esta interpretación (e.g. la mano en María levantó la mano). (2) Grupo 2: elementos pronominales. Pronombres personales (e.g. él, ella, lo, la), reflexivos (e.g. su, suyo), pro, PRO. 351 En este punto es importante señalar que los vocativos pueden ser correferenciales con la entidad a la que refiere un elemento del predicado o con una ‗parte‘ de ella. Por ejemplo, en §3.1.1. se mostraba que nosotros podía ser resultado de ‗yo + tú‘ (nosotros1) o de ‗yo+ él/ella‘ (nosotros2) (Fernández Soriano, 1999: §19.1.). En este sentido, se podría decir que nosotros1 designa a un individuo que incluye al destinatario, de manera que su referencia es compartida en cierta manera con la de la expresión vocativa (ia). Por su parte, nosotros2 no presenta esta posibilidad: excluye de su significado al destinatario (ib): (i) a. Sé que pro1 [yo + tú]i lo conseguiremos, [amiga]i. b. Sé que pro2 [yo + él/ella]*i lo conseguiremos, [amiga]i 364 (3) Grupo 3: expresiones referenciales. SSDD que pueden servir de antecedente a un pronombre (e.g. nombres propios o sintagmas como el libro). (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 560). Los integrantes del grupo 1 han de contar con un antecedente, los del grupo 2 pueden o no tenerlo y los del grupo 3 no disponen nunca de él (Bosque y Gutiérrez- Rexach, 2009: 562). Además, tanto los miembros del grupo 2 como los del grupo 3 pueden funcionar como antecedentes de otras construcciones, capacidad con la que no cuentan los del grupo 1 (Bosque y Gutiérrez-Rexach, 2009: 562). Algunos ejemplos a este respecto se recogen en (419): (419) a. [María]i [se]i/*j miró en el espejo. b. [María]i dice que [pro]i [se]i/*j miró en el espejo. c. [María]i dice que [ella]j [se]j/*i miró en el espejo. En (419) se observa que expresiones referenciales como María pueden servir de antecedentes tanto de elementos anafóricos (se en (419a)) como de elementos pronominales (pro en (419b)). Por su parte, los pronominales pueden aparecer ligados por una expresión referencial (419b) o que su antecedente se encuentre en el discurso previo (419c) 352 . Finalmente, los elementos anafóricos no presentan esta última posibilidad: tienen que estar siempre ligados por una estructura referencial (419a) o pronominal (419b)-(419c) situada en su dominio local. De acuerdo con esta clasificación, los elementos pronominales con función vocativa (i.e. tú y sus variantes) formarían parte del grupo 2, mientras que los nombres vocativos (i.e. nombres propios, sustantivos comunes, adjetivos sustantivados) y los SSDD serían miembros de los expresiones referenciales del grupo 3 (vid §3.3.2. y ss.). Por consiguiente, en principio ambos tendrían la capacidad de actuar como antecedentes de elementos pronominales como los de (415)-(418). Sin embargo, existen dudas razonables a la hora de entender que las expresiones vocativas funcionan como antecedentes de los elementos del grupo 2. Estas se relacionan con dos hechos. De un lado, con la dificultad de entender que una construcción periférica y no argumental como el vocativo sea la encargada de ligar a 352 En otros casos, su referencia también podría obtenerse por deixis gestual (vid §3.1.1. y §3.1.4.1.): (i) María dice que ella (señalando a Ana) se miró en el espejo. 365 una forma pronominal, sobre todo teniendo en cuenta que el vocativo no tiene por qué estar presente en la oración. Por otro lado, con la cuestionable necesidad de que los elementos pronominales de segunda persona realmente necesiten contar con un antecedente, tal como indican Bosque y Gutiérrez-Rexach (2009: 561). A este respecto, Bosque y Gutiérrez-Rexach (2009) y Bosque (2018) señalan que estos pronombres no cuentan con antecedente sino con un referente. En este punto es importante señalar qué se entiende por antecedente y por referente. De acuerdo con Bosque (2018), es muy común el uso de estos términos en dos sentidos muy diferentes: SENTIDO 1 353 . El antecedente de un pronombre es la expresión nominal que le otorga su referencia por el hecho de vincularse sintácticamente con ella. SENTIDO 2. El antecedente de un pronombre proporciona su referencia, sea cual sea la forma en que esta se obtenga. (Bosque, 2018: 20). Para ilustrar esta distinción, Bosque (2018) propone el siguiente contraste: (420) a. Juan se afeita. b. Tú te afeitas. (Bosque, 2018: 20). En opinión del citado autor, en (420a) ambos sentidos coinciden. La expresión referencial Juan es el antecedente del pronombre se en el sentido 1 por dos razones: funciona como sujeto de la oración que lo contiene y se encuentra en su dominio local. Por su parte, Juan también es el antecedente de se en el sentido 2: es el encargado de otorgarle su referencia. Sin embargo, esta coincidencia no se da en (420b). De acuerdo con Bosque (2018: 20), la referencia del pronombre te se vincula necesariamente con una segunda persona (i.e. con el interlocutor), por lo que es innecesario dotarle de un antecedente en el sentido 2 del término. De esta manera se explica que te no tenga como antecedente –sentido 2– al pronombre personal tú, sino que cuente con un referente: el oyente (Bosque, 2018: 20). 353 El subrayado de estos términos no está incluido en el texto original. 366 Por lo tanto y si esta propuesta es correcta, se podría aplicar a los ejemplos que presentábamos en (415)-(418). La correferencialidad que se produce entre el vocativo y las formas de segunda persona no es resultado de ningún proceso de ligamiento: se explica porque, en realidad, estas últimas no necesitan de ningún antecedente en la segunda acepción del término. En consecuencia, el vocativo no liga la referencia de tales estructuras porque estas no lo necesitan: ya cuentan con un referente (el interlocutor). En resumen, a lo largo de ese apartado se ha estudiado la posibilidad de que las expresiones vocativas funcionen como antecedentes de los elementos pronominales del grupo 2. Tras un breve análisis de la teoría del ligamiento de Chomsky (1981), se ha concluido que el hecho de que ambos se asocien con el mismo individuo no es resultado de que los vocativos funcionen como antecedentes de los elementos pronominales, sino que ambos comparten un mismo referente: el interpelado o addressee. Una vez que se ha justificado por qué se producen los casos de correferencialidad entre vocativos y expresiones pronominales del grupo dos, la siguiente sección se encargará de examinar las construcciones vocativas que la bibliografía ha denominado como múltiples. 4.6. Vocativos múltiples En secciones y capítulos anteriores se ha puesto de relieve que las construcciones vocativas pueden ser múltiples en varios sentidos. El primero de ellos se asocia con el número de destinatarios a los que se dirige el enunciado (421a), que denominaremos vocativos con destinatarios múltiples. El segundo sentido se vincula a la insistencia con la que se emplean estas expresiones y, en consecuencia, al número de veces que se repiten (421b). Por ello, autores como Prieto y Roseano (2006) no han dudado en tildar a estas estructuras como vocativos de insistencia. Finalmente, el tercero de los sentidos de vocativo múltiple se relaciona con cada uno de los destinatarios que forman parte de un conjunto y a los que se les asigna un mandato distinto (421c). A estos últimos los llamaremos vocativos múltiples de un conjunto. Algunos ejemplos que ilustran estos tres tipos de vocativos múltiples se recogen en (421): 367 (421) a. Álvaro, Rafa y Santi, bajad a ayudar a vuestra madre. b. ¡Ana, Ana! Vuelve que te has dejado las llaves. c. Niños: Pedro, recoge la mesa; Sonia, limpia los platos, y Celia, coloca las bandejas en su sitio. El análisis de las construcciones de (421) no ha despertado el interés de los investigadores, por lo que su estudio ha pasado prácticamente desapercibido entre los expertos. El objetivo de este apartado es explorar las propiedades de todas estas estructuras y proponer un análisis para cada una de ellas. 4.6.1. Vocativos con destinatarios múltiples Se trata de construcciones –generalmente de la misma naturaleza– que designan la suma de entidades individuales. Suelen ser nombres propios coordinados (422a), nombres de jerarquía o títulos (422b), estructuras discriminativas (422c) o combinaciones entre ellos (422d): (422) a. Ana y Miriam, pasáis a la siguiente fase. b. Señor González y señora López, bienvenidos a nuestro hotel. c. El chico de la primera fila y el de la segunda, acérquense, por favor. d. Ana y el chico de la primera fila, dejad de hablar. El uso de estas estructuras no es tan libre como pudiera parecer en un principio; están sometidas a una serie de restricciones. La primera de ellas se relaciona con la naturaleza de las expresiones. En (422) se observa que se admite la presencia de nombres propios y formas discriminativas, a los que se suman los nombres de jerarquía o títulos y otros similares. Sin embargo, no parece ocurrir lo mismo cuando las construcciones que aparecen están encabezadas por posesivos (423a) o formadas por nombres comunes (423b), adjetivos sustantivados (423c) o insultos (423d): (423) a. ? Mi amiga y mi hermano, ¿qué os está pasando? b. ? Niño y niña, dejad de hablar. c. ? Morena y rubia, acompañadme. d. Idiota e imbécil, venid conmigo. La razón por la que unas estructuras se legitiman en unos casos pero no en otros podría estar en la lectura contrastiva que implican estos contextos. Así se explica por qué las expresiones de (422) son gramaticales (vid §3.1. y ss.) y por qué las de (423) 368 dan lugar a secuencias anómalas. Prueba de ello es el cambio de gramaticalidad que experimentan las formas de (423) cuando se insertan dentro de construcciones con valor discriminativo (423‘): (423‘) a. La amiga de Celia y el hermano de Luis, ¿qué os está pasando? b. El niño de la primera fila y la niña del fondo, dejad de hablar. c. La morena y la rubia, acompañadme. d. El idiota y la imbécil, venid conmigo. La segunda restricción a la que están sometidas estas expresiones se relaciona con la presencia/ausencia de la conjunción. Si son dos las formas vocativas coordinadas, la conjunción tiende a aparecer –aunque su empleo no es obligatorio (424a) –. Sin embargo, cuando se coordinan más de dos se produce el efecto contrario: la conjunción tiende a omitirse (424b). (424) a. Alba (y) Pedro, estoy muy orgullosa de vosotros. b. Alba, Pedro, Julia, Celia, Ana, estoy muy orgullosa de vosotros. Esta última propiedad diferencia los vocativos de los elementos argumentales y es que ningún argumento múltiple permite la ausencia de la conjunción si forman parte de estructuras coordinadas: (425) a. Terminaron de recoger la mesa Diego, Antonio, Álvaro y María. b. ? Terminaron de recoger Diego, Antonio, Álvaro, María. Solo existe una excepción a este respecto: cuando el argumento múltiple se inserta en una enumeración (425a‘). En este sentido, se podría pensar que los vocativos con destinatarios múltiples se interpretan como enumeraciones. Sin embargo, este no parece ser el caso de los vocativos (425b‘): su referente ha de ser definido y específico o la comunicación no tiene lugar (vid §2.1.1.): (425‘) a. Acabaron de recoger Diego, Antonio, Álvaro, María, etc. b. * Diego, Antonio, Álvaro, María, etc. acabad de recoger la mesa. La última restricción que presentan estas construcciones se relaciona con la posición que ocupan. Resulta llamativo que puedan aparecer en posición inicial pero no en posiciones media y final (426), sobre todo cuando la conjunción está presente (426‘): (426) a. Ana, Celia, David, vuestra abuela me ha dicho que no habéis ido a verla. b. ? Vuestra abuela me ha dicho, Ana, Celia, David, que no habéis ido a verla. c. * Vuestra abuela me ha dicho que no habéis ido a verla, Ana, Celia, David. 369 (426‘) a. Ana, Celia y David, vuestra abuela me ha dicho que no habéis ido a verla. b. ? Vuestra abuela me ha dicho, Ana, Celia y David, que no habéis ido a verla. c. * Vuestra abuela me ha dicho que no habéis ido a verla, Ana, Celia y David. Esta anomalía se explica gracias a la distinción entre vocativos apelativos y fáticos. De acuerdo con Zwicky (1974), las formas fáticas podían emplearse como apelativas pero no todas las apelativas podían funcionar como fáticas (vid §2.1.1.). Esto es justamente lo que ocurre con pronombres como tú (427a), expresiones con valor discriminativo (427b) o nombres como cabby (427c) (vid §3.1.): (427) a. Tú, ¿qué miras? b. Ese señor de ahí, ¿quiere hacerse a un lado y dejarme pasar? c. Cabby, can we go faster? TaxistaVOC (informal), poder nosotros ir más-rápido ‗Taxista, ¿podemos ir más rápido?‘ Por consiguiente, el valor necesariamente apelativo y discriminativo que tienen las construcciones con destinatarios múltiples justifica que su uso quede restringido a posiciones iniciales 354 . Si esta hipótesis es correcta, solo quedaría por determinar su análisis, cuestión que trataremos de resolver en los párrafos siguientes. Al igual que todos los vocativos, estas estructuras equivalen en último término a la expresión apelativa por excelencia: el pronombre de segunda persona tú. Debido a su naturaleza múltiple, su forma debería crearse como resultado de la coordinación de estos pronombres: ‗tú + tú + tú‘ = ‗vosotros‘ (vid §3.1.1.). Por ejemplo, obsérvense las siguientes oraciones: 354 A una conclusión similar llega Slocum (2016) en su investigación: «As we have just seen that calls (…) are positionally restricted, it is no surprise that multiple ones are likewise restricted to the same position» (Slocum, 2016: 21). Para ilustrar su afirmación, propone los siguientes ejemplos: (i) a. Debbie and Jessie! Over here is where you can set up. Debbie y JessieVOC Por aquí es donde vosotras poder sentar ‗¡Debbie y Jessie! Por aquí es donde os podéis sentar‘ b. Debbie! Jessie! You guys played a great show! DebbieVOC y JessieVOC Vosotras chicas jugad un gran espectáculo ‗¡Debbie! ¡Jessie! Chicas, habéis hecho un gran espectáculo‘ (ii) Debbie and Jessie load the bass amp, Cait and Eamon DebbieVOC y JessieVOC cargad el bajo amplificador, CaitVOC y EamonVOC work on the drums. trabajad en la batería ‗Debbie y Jessie, cargad el amplificador del bajo; Cait y Eamon, trabajad en la batería‘ (Slocum, 2016: 21). 370 (428) a. Celia, David, Álvaro, ¿dónde os habéis metido? b. Tú, tú, tú, ¿dónde os habéis metido? c. Vosotros, ¿dónde os habéis metido? En (428a) aparecen tres nombres propios, Celia, David, Álvaro, que designan a tres destinatarios distintos de un mismo enunciado. Ello se manifiesta en que cada uno equivale individualmente a una segunda persona: tú (428b). La suma de estos tres pronombres da lugar a la forma vosotros (428c) en su primera acepción (Fernández Soriano, 1999: §19.1.). En consecuencia, el análisis de estas tres formas debe ser similar al que se propone cuando estas estructuras aparecen individualmente. Si se acepta la idea de que los pronombres de segunda persona se encuentran en el interior del SVoc (vid §3.4.2.2.1.), la combinación de varios tú debería darse como resultado de la concatenación de tantos SVoc 355 como destinatarios tenga el enunciado: (429) [SVoc Celia [SVoc David [SVoc Álvaro ]]] La cuestión que quedaría por dilucidar es cómo adquieren su lectura apelativa. En apartados previos se defendía que los vocativos iniciales se insertaban en el especificador del SApel, desde donde cotejaban los rasgos de su núcleo. La pregunta que surge es de qué manera un especificador puede albergar distintos sintagmas. A este respecto, Rodríguez Ramalle (2003), en su estudio sobre los adverbios, propone la existencia de especificadores múltiples para los adverbios de tópico. De esta manera se explicaría que puedan combinarse con distintas construcciones topicalizadas y que cuenten con una inflexión bien marcada: (430) a. Anímicamente, a Luis, ayer, ¿qué le pasó? b. [STop Anímicamente [STop a Luis [STop ayer [SComp ¿qué le pasó?]]] (Rodríguez Ramalle, 2003: 133). De ser este análisis correcto, no existiría ningún impedimento para aplicarlo a las construcciones con destinatarios múltiples, tal como se recoge en (431): (431) [SApel SVoc (María) [SApel’ SVoc (Celia) [SApel’ SVoc (David) [SFuerza … ]]]] Con el análisis de (431) se evidencia, en consecuencia, que la llamada de atención de los distintos interlocutores se produce una vez, por lo que el rasgo [+apelativo] se coteja una sola vez a lo largo de la derivación. Esta última propiedad diferencia los vocativos con destinatarios múltiples de los de insistencia: si bien los 355 Prueba de ello es que cada uno de estos SVoc tienen una inflexión marcada, tal como se mostró en el capítulo 2 (vid §2.4.2.4.). 371 primeros apelan al interlocutor una vez, los últimos lo hacen de manera repetida. Esta y otras cuestiones similares se abordan en la siguiente sección. 4.6.2. Vocativos de insistencia Los vocativos de insistencia son estructuras independientes que se crean como resultado de la repetición de una misma forma apelativa; es decir, se usan de manera reiterada para llamar la atención del interlocutor. Por ello, se incluyen en lo que la bibliografía denomina reduplicación discursiva 356 (Roca y Suñer, 1997-1998). La repetición de estas construcciones se puede manifestar de dos maneras distintas: o bien mediante varios enunciados exclamativos independientes (432), o bien mediante la concatenación de la misma construcción vocativa (433): (432) a. ¡Celia! ¡Celia! ¿Puedes venir un momento? b. ¡Celia! ¡Celia! ¡Cuidadooo! (433) a. ¡Celia, Celia! Cállate de una vez. b. ¡Celia, Celia! ¿Podrías estar quietecita un rato, por favor? No obstante, el significado de una y otra estructura es ligeramente distinto. En (432) la repetición se produce porque se reclama con urgencia la atención del interlocutor, seguramente debido a que existe cierta distancia entre él y el locutor del 356 De acuerdo con Roca y Suñer (1997-1998) existen tres tipos de reduplicación: compuestos reduplicativos («formados por dos segmentos fonológicamente idénticos o muy similares entre sí»: Roca y Suñer, 1997-1998: 43), reduplicación léxica («repetición de una única palabra como mecanismo para obtener un valor de intensificación o cuantificación sobre una propiedad, una acción o un objeto»: Roca y Suñer, 1997-1998: 47) y reduplicación discursiva («repetición de una unidad o serie de unidades para añadir un valor enfático al enunciado (…) [. Tienen] finalidades pragmáticas como la insistencia o la ironía»: Roca y Suñer, 1997-1998: 44-46). En (i) se muestran algunos ejemplos: (i) a. tictac, zigzag, yoyo, picapica. Compuestos reduplicativos b. Quiero café café / Este postre está rico rico. Reduplicación léxica c. Tú no vas, no vas y no vas/ ¡Cállate, hombre, cállate! Reduplicación discursiva (Roca y Suñer, 1997-1998: 44, 45 y 47). Los vocativos de insistencia se incluyen entre la reduplicación discursiva por las razones que se exponen a continuación. En primer lugar, porque «no se repite una raíz o parte de ella sino una palabra entera» y el «valor semántico de las piezas léxicas (…) permanece inalterado [:] (…) nunca dan lugar a la creación de ninguna pieza léxica», lo que los diferencia de los compuestos reduplicativos (Roca y Suñer, 1997-1998: 45-46). En segundo lugar, porque no están «dentro de un mismo grupo fónico (…) [sino que] aparecen separados por una pausa o ruptura entonativa», lo que los aleja tanto de los compuestos reduplicativos como de la reduplicación léxica. Finalmente, porque tienen un valor enfático o de insistencia y «pueden ocupar grupos fónicos distintos [sin que por ello] se altere el significado denotativo de ninguno de ellos» (Roca y Suñer. 1997-1998: 45-46). 372 mensaje. Así, se podría decir que en (432a) el oyente se encuentra en una habitación y el hablante reclama su presencia en otra estancia, mientras que en (432b) el locutor advierte al interlocutor –unos pasos por delante de él– de un peligro inminente (e.g. que le va a atropellar un coche). Por su parte, en (433) la llamada de atención se convierte en un reproche. En (433a) se sobreentiende que el oyente se encuentra presente pero que no para de hablar; por ello, el hablante, enfadado, le ordena que se calle. En (433b) ocurre algo parecido, si bien el locutor muestra su descontento a través de un acto de habla indirecto: una forma interrogativa. Se podría decir, por tanto, que la principal diferencia entre (432) y (433) es la intensidad y la intención con la que se llama la atención del interlocutor; el punto en común entre ambas es la necesaria interpretación apelativa. Es por ello que aparecen en posición inicial absoluta y rechazan su uso en posiciones medias o finales, donde adquirirían un valor fático: (434) a. ¡Niña! ¡Niña! ¿Dónde estás? b. * ¿Dónde estás? ¡Niña! ¡Niña! (435) a. ¡Mi niña, mi niña! ¿Qué te ha pasado? b. * ¿Qué te ha pasado, mi niña, mi niña? Los vocativos de insistencia se caracterizan, además, por conformar frases entonativas independientes y, en consecuencia, por funcionar como secuencias sintácticas autónomas; estas estructuras constituyen por sí mismas actos de habla. Prueba de ello es que ejemplos como los de (436a) son suficientes para construir un enunciado al igual que ocurre con formas imperativas como las de (436b) 357 : (436) a. ¡Alba! ¡Albaaa! 357 En este punto es importante señalar que los verbos no admiten su repetición (ia) salvo que el enunciado se encuentre en condiciones muy estrictas y adquiera una interpretación intensiva o cuantificativa (ib) (reduplicación léxica) u obtenga un valor de insistencia o ironía (ic) (reduplicación discursiva) (Roca y Suñer, 1997-1998): (i) a. *Juan habla, habla, habla con María. b. Juan habla y habla sin parar (= ‗Juan habla mucho‘). c. Habla, habla, no vaya a ser que te quedes mudo. 373 b. Calla, calla, calla… Si a esto se le añade que los vocativos se definen por no poder desempeñar ninguna función sintáctica (no son argumento de ningún predicado: vid §2.1.2. y ss.), se explica por qué es posible que se repitan sin que por ello afecten a la gramaticalidad del enunciado: (437) a. ¡Cielo! ¿Me puedes traer un vaso de agua? b. ¡Cielo! ¡Cielo! ¿Me puedes traer un vaso de agua? c. ¡Cielo, cielo! ¿Me puedes traer un vaso de agua? Como consecuencia de todo ello, en esta investigación entenderemos que los vocativos de insistencia conforman actos de habla independientes, por lo que cada uno se situará en el especificador de su propio Sintagma Apelativo: (438) [SApel (Cielo) [SFuerza … ]]]] En el siguiente apartado se estudiarán las últimas construcciones incluidas entre los vocativos múltiples: los vocativos múltiples de un conjunto. 4.6.3. Vocativos múltiples de un conjunto A este grupo pertenecen aquellas estructuras coordinadas conformadas por varios destinatarios de enunciados directivos (Alba, Pedro, Juan) incluidos dentro de un grupo más amplio (niños): (439) Niños: Alba, recoge la mesa; Pedro, limpia los platos; Juan, coloca los libros en su sitio. Estas construcciones no han estado exentas de polémica ya que gran parte de la bibliografía anglosajona no ha dudado en analizarlas como sujetos. En capítulos anteriores, no obstante, se mostrababa que estas expresiones poseían una serie de propiedades sintácticas, semánticas, pragmáticas y fónicas suficientes que obligaban a que se interpretaran –al menos en español– como vocativos (vid §2.3. y §2.4.2.4.2.). En esta sección trataremos de mostrar algunas de sus propiedades más notorias y propondremos un análisis para las mismas. En relación a sus características, resulta cuanto menos llamativo que, al igual que los vocativos de insistencia o de destinatarios múltiples, el uso de estas formas 374 quede restringido a la posición inicial. La razón radica en que se emplean para llamar la atención de cada uno de los interlocutores a los que se les asigna una serie de tareas. Por ello, su uso se reduce a contextos apelativos: (440) a. Chicos: Carlos, atiende a los señores; Celia, recoge sus abrigos. b. ?? Chicos: atiende, Carlos, a los señores; recoge, Celia, sus abrigos. c. * Chicos: atiende a los señores, Carlos; recoge sus abrigos, Celia. En este sentido, se explica por qué en estos contextos pueden aparecer estructuras con valor discriminativo –tal como se mostró en el capítulo 2 (vid §2.4.2.4.4.)– o, por ejemplo, pronombres con valor apelativo: (441) a. Futbolistas: los delanteros, vayan calentando; los defensas, diríjanse al gimnasio. b. Futbolistas: ustedes, vayan calentando; ustedes, diríjanse al gimnasio. Otra particularidad de estas formas es que pueden contar opcionalmente con un sintagma (en los ejemplos anteriores: futbolistas, niños y chicos) que semánticamente incluye a los individuos a los que se les distribuye una serie de órdenes. En este sentido, se asemejan a las conocidas como cadenas interpretativas. El primer autor en introducir este término fue Milner (1987) para referir a «una clase de estructuras que expresan (…) la noción de (…) una parte sobre un conjunto dado» (Milner, 1987: 181-182; mi traducción). Para ilustrar esta definición, tómense los siguientes ejemplos: (442) a. Mes amis vont les uns à Paris, les autres à Rome. Mis amigos van los unos a París, los otros a Roma. ‗Mis amigos van unos a París y otros, a Roma‘ b. Je les ai envoyés, Pierre à Rome, Paul à Paris. Yo los he enviado Pierre a Roma, Paul a París ‗Yo los he enviado a Pierre a Roma, a Paul, a París‘ (Milner, 1987: 182 y 189). En (442) se observa que les uns y les autres (442a) son expresiones referenciales (Milner, 1987: 188) que se incluyen entre los miembros del grupo denotado por el SD mes amis. Lo mismo se puede argüir para (442b), donde Pierre y Paul se relacionan anafóricamente con les. En este sentido, Milner (1987) defiende que mes amis y les funcionan como ‗cabezas‘ (heads en inglés) de las ya mencionadas cadenas interpretativas, mientras que les unes y les autres así como Pierre y Paul actúan como ‗eslabones‘ (links en inglés) que parcialmente correfieren con la cabeza (Milner 1987: 375 188). En español también se encuentran ejemplos a este respecto, los cuales han sido estudiados por Sánchez López (1995, 1999): (443) Sus padres temen él que Juan suspenda y ella que saque malas notas. (Sánchez López, 1999: §16.4.3.3.). En estos casos se produce una interpretación distributiva que se obtiene gracias a la coordinación de dos elementos pronominales (él y ella) relacionados anafóricamente con un SD (sus padres) que funciona como su antecedente (Camacho, 1999: §41.2.7.1). Otros casos de lectura distributiva son los que se recogen a continuación: (444) Juan y María compraron un coche. (Sánchez López, 1999: §16.4.3.3.). Los ejemplos de (444) muestran que, además de la lectura distributiva (‗Juan compró un coche y María compró un coche‘), es posible obtener una colectiva (‗Juan y María compraron un coche entre los dos‘) (Sánchez López, 1999: §16.4.3.3.). Esta doble interpretación se obtiene porque «[los SSDD] coordinados con la conjunción y (…) son cuantificadores no intrínsecos 358 que de forma opcional establecen relaciones de ámbito con otros argumentos de su oración» (Sánchez López, 1999: §16.4.3.3.). Aunque la lectura colectiva no se da en las construcciones vocativas, sí se obtiene la distributiva. Tal interpretación se produce como resultado de la coordinación de varios SSDD (Alba, Pedro y Juan (439), Carlos y Celia (440), los defensas y los delanteros (441a)) vinculados anafóricamente con otro sintagma (niños (439), chicos (440), los futbolistas (441a)) que actúa como su antecedente. En este sentido, se podría argumentar que hay un ‗vocativo más alto‘, la cabeza de la cadena interpretativa, y otros ‗más bajos‘, los eslabones. El primero llama la atención de todos, por lo que dominaría a los segundos, mientras que estos últimos estarían en relación distributiva con aquel y servirían para distribuir las tareas. En consecuencia, ambas estructuras se incluirían 358 De acuerdo con Sánchez López, es posible clasificar los cuantificadores teniendo en cuenta la capacidad de estos elementos de «poder determinar la interpretación cuantitativa de otra unidad de la oración a la que no modifica[n] directamente, pero con la que mantiene[n] una determinada relación estructural» (Sánchez López, 1999: §16.1.2.3.). En este sentido, se distinguen los cuantificadores intrínsecos («aquellos que obligatoriamente tienen interpretación cuantitativa, lo que se muestra en que extienden su ámbito más allá del elemento al que cuantifican») de los no intrínsecos («aquellos que presentan una ambigüedad entre la lectura cuantitativa y la referencial, y que por tanto, pueden ejercer de modo opcional la facultad de extender su interpretación cuantitativa a otros elementos») (Sánchez López, 1999: §16.1.2.3.). Algunos ejemplos de estos tipos se recogen en (i) y (ii) respectivamente: (i) a. Cada estudiante cumplimentó su examen. b. Ambos niños jugaban con su coche. (ii) a. Los políticos creen que les persiguen. b. Juan y Pedro creen que les persiguen. (Sánchez López, 1999: §16.1.2.3.). 376 entre los vocativos apelativos, como demuestra el hecho de que solo puedan situarse al comienzo de la secuencia (vid (440)). Teniendo todo ello en cuenta, el análisis de los vocativos múltiples de un conjunto sería el siguiente: (445) [SApel los futbolistasi ] [SApel los delanterosi [SFuerza …]] [SApel los defensasi [SFuerza …]]] 4.6.4. Recapitulación A lo largo de este apartado se ha examinado lo que la bibliografía denomina como vocativos múltiples. Nuestros datos indican que pueden ser de tres tipos: vocativos con destinatarios múltiples, vocativos de insistencia y vocativos múltiples de un conjunto. Tras la exploración de cada una de estas estructuras, se ha concluido que todas ellas desempeñan funciones apelativas, por lo que su uso queda restringido a posiciones iniciales. Estas formas múltiples se distinguen entre sí en lo que a su estructura interna se refiere. Para los vocativos con destinatarios múltiples se ha propuesto que se forman como resultado de la concatenación de varios SVoc; funcionan, en consecuencia, como especificadores múltiples del SApelativo. Por su parte, se ha defendido que los vocativos de insistencia, incluidos entre los casos de reduplicación discursiva, conforman actos de habla independientes; de esta manera, su repetición se debe a que cada uno se sitúa en el especificador de su propio Sintagma Apelativo. Finalmente, en el caso de los vocativos múltiples de un conjunto se ha señalado que hay dos SApel: uno más alto, que llama la atención de todos (e.g. niños), y otros más bajos (e.g.Alba, Pedro, Juan) que están en relación distributiva con aquel –al que se vinculan anafóricamente– y que sirven para distribuir las tareas. Una vez que las estructuras con vocativos múltiples han sido analizadas, es el momento de explorar la relación existente entre los vocativos y otros elementos extraoracionales con los que tradicionalmente se vinculan. Estos son: las partículas, los tópicos y los parentéticos, entre los que se estudiará el caso particular de los adverbios. Esta cuestión se aborda en el siguiente apartado. 377 4.7. Los vocativos y otros elementos extraoracionales Los elementos extraoracionales han sido definidos por los expertos (e.g. Astruc- Aguilera y Nolan, 2007: 85 y ss.; Bach, 1999: 356 y ss.) como aquellas construcciones que poseen independencia sintáctica, cuentan con rasgos prosódicos propios y no restringen o modifican el contenido proposicional de la oración principal (Astruc- Aguilera, 2007: 88; mi traducción). A este grupo se ha señalado que pertenecen estructuras de muy diversa naturaleza: desde aposiciones y oraciones de relativo explicativas, adverbios oracionales, partículas o tópicos a construcciones vocativas. Por ello, no es de extrañar que muchos autores hayan vinculado los vocativos con otros miembros de este grupo. Los más repetidos son los parentéticos (Stavrou, 2014), entre los que se encuentran los adverbios oracionales (Leech, 1999; Slocum, 2016), las partículas (Hill, 2007, 2013a, 2013b; Haegeman, 2014; Haegeman y Hill, 2013) o los tópicos (Lambrecht, 1996; Shormani, 2017). El objetivo de este apartado es examinar la relación de los vocativos con todos ellos y mostrar sus rasgos distintivos. Mi propuesta para estas tres estructuras es la que sigue. Para los adverbios oracionales se defenderá un análisis inspirado en Rizzi pero con una pequeña modificación: que el SMod puede aparecer o entre el SFoco y el STop más bajo, tal como afirma el propio Rizzi, o entre el STop más alto y el SFático. Para las partículas se argumentará que se generan en dos núcleos funcionales distintos, Apelativoº y Fáticoº, dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. Estas dos proyecciones estarán articuladas en torno a dos capas, Sapel–SApel y Sfático–SFático, y en su especificador podrá aparecer opcionalmente el SVoc, tal como sostienen Haegeman (2014) y Sánchez López (2017). Finalmente, para los tópicos se asumirá el análisis de Rizzi en el que se entiende que se sitúan entre el SFuerza y SFático o entre el SFoco y SFin. Teniendo en cuenta lo anterior, el apartado se divide en cuatro secciones. En la primera (§4.7.1.) se examinan las similitudes y diferencias entre los vocativos y los elementos parentéticos, poniendo especial atención en el caso de los adverbios oracionales (§4.7.1.1.). Por su parte, en la segunda (§4.7.2.) y la tercera (§4.7.3.) se estudia la estrecha relación que existe entre vocativos y partículas, y la tradicional vinculación entre los vocativos y los tópicos, respectivamente. En la cuarta y última sección (§4.74.) se recogen a modo de recapitulación las principales conclusiones obtenidas en el transcurso de este apartado. 378 4.7.1. Vocativos y parentéticos El estudio de las estructuras parentéticas ha despertado el interés de múltiples investigadores. Así, se encuentran trabajos desde los años 50 hasta nuestros días. Entre ellos, destacan: Urmson (1952), Emonds (1973), McCawley (1982), Safir (1986), Espinal (1991), Haegeman (1988), Taglicht (1998), Wichmann (2001), Potts (2002, 2005), Burton-Roberts (2005), Dehé y Kavalova (2007), Kaltenböck (2007) o Blakemore (2009). El primer autor en emplear este término fue Urmson (1952). Su investigación versa sobre el comportamiento de una serie de verbos, denominados parentéticos (e.g. saber, creer, deducir), que en ciertos contextos poseen una serie de propiedades comunes (Urmson, 1952: 480). Estos rasgos se vinculan con dos aspectos: tener alcance sobre toda la oración y aparecer en tres posiciones básicas (inicial, media o final), características que los acercan a los adverbios oracionales (Cerrudo Aguilar, 2015: 5-6). En (429) se muestran los tres usos de creo como parentético a juicio de Urmson (1952): (446) a. Creo que hoy es un buen día. b. Hoy, creo, es un buen día. c. Hoy es un buen día, creo 359 . (Cerrudo Aguilar, 2015: 5). (446b) y (446c) se interpretan como parentéticos porque en ambos casos creo se encuentra fuera del dominio oracional y presenta libertad posicional. Más dudas ofrece (446a) a este respecto. En opinión del citado autor, tiene una lectura parentética porque sirve para «atenua[r] o mitiga[r] el contenido proposicional de la subordinada» (Cerrudo 359 Para algunos autores como Fuentes Rodríguez (2007) estas estructuras deberían incluirse dentro de los incisos y no de los elementos parentéticos, cuya principal diferencia es el tipo de pausa empleada; es decir, la mayor o menor independencia entonativa y sintáctica que estos elementos poseen con respecto a la oración (Fuentes Rodríguez, 2007). Así, los incisos aparecerán entre comas (La diferencia entre uno y otro móvil está, digo yo, en la calidad de la cámara) y los parentéticos, entre pausas más fuertes (La diferencia entre uno y otro móvil está –digo yo– en la calidad de la cámara) (Fuentes Rodríguez, 2007). Sin embargo, en esta investigación se optará por no seguir está distinción, ya que consideramos que no existen pruebas suficientes que indiquen que unas y otras estructuras deben formar parte de grupos separados. 379 Aguilar, 2015: 6) 360 . Hoy en día, por el contrario, el término parentético excluye de su estudio estas últimas estructuras por considerar que no cumplen con los requisitos principales. Sin embargo, no parece existir acuerdo entre los expertos a la hora de establecer las propiedades que debe tener una construcción para interpretarse como parentética 361 . En general, se suele emplear este término para referir a una serie de expresiones que, en cierta manera, son ‗hospedadas‘ por una oración pero que no contribuyen a la estructura de la misma (Burton Roberts, 2005: 1; mi traducción). De acuerdo con la definición, se ha señalado que a este grupo pertenecen expresiones de muy diversa naturaleza: desde aposiciones y oraciones de relativo explicativas, a adverbios oracionales o construcciones parentéticas reducidas (446b-c), entre otras 362 (vid Kaltenböck, 2007). Al igual que ocurre con los vocativos, tampoco hay una posición unánime sobre el criterio bajo el cual deben estudiarse estas expresiones. Según distintos investigadores (e.g. Burton-Roberts, 2005, o Blakemore, 2009), las propuestas se integran en torno a posturas: los que los examinan desde una perspectiva sintáctica (e.g. Taglicht, 1998) y los que lo hacen desde una discursiva (e.g. Wichmann, 2001). Es decir, entre los que consideran que el empleo de los parentéticos forma parte de un discurso planeado y entre los que defienden que se trata de un fenómeno espontáneo (Blakemore, 2009: 9) 363 . Si bien no entraremos en las diferencias de unos y otros pues este no es nuestro objeto de estudio, se abordará su análisis desde un punto de vista sintáctico dejando de lado, en principio, las propiedades discursivas y pragmáticas. Nos 360 En este último caso, por tanto, lo que está proponiendo Urmson es «equiparar la función pragmática de un verbo como creer en posición parentética (…) con la que posee cuando encabeza una oración matriz» (Cerrudo Aguilar, 2015: 5). 361 Tanto es así que autores como Espinal (1991) llegan a la conclusión de que no existe ninguna característica que permita identificar estas estructuras como tales. 362 Autores como Blakemore (2009) añaden construcciones del tipo and- (i) o that is- (ii): (i) What is obvious – and we have eye-witness reports – is that they were killed. Que es obvio y nosotros tenemos ojos-testigo informes es que ellos fueron matados ‗Lo que es obvio –y tenemos informes de testigos oculares– es que fueron asesinados. (ii) What I think we need, you see, is a room with a table, that is, a Que yo pienso nosotros necesitamos, tú ves, es una habitación con una mesa, es decir, una table which students could sit around. mesa que estudiantes podría sentar alrededor ‗Lo que creo que necesitamos, ya sabes, es una habitación con una mesa, es decir, una mesa en la que los estudiantes se puedan sentar alrededor‘ (Blakemore, 2009: 11). 363 En este punto es importante señalar que no todos los investigadores están de acuerdo. Por ejemplo, autores como Potts (2002, 2005) sostienen que es necesario abordar este estudio no desde una perspectiva discursiva o sintáctica, sino desde una semántica. A su entender, lo que caracteriza a estas estructuras es la independencia de sus condiciones de verdad con respecto a las de la oración principal o huésped (Potts 2002, 2005). 380 centraremos concretamente en el caso particular de los adverbios oracionales, ya que poseen una serie de propiedades que los acercan a los vocativos. Sus similitudes y diferencias se exploran en la siguiente sección. 4.7.1.1. Vocativos y adverbios oracionales La bibliografía denomina adverbios oracionales a aquellas «unidad[es] fónicas independientes, separada[s] entonativamente del resto de la oración por una pausa (…), por lo general, una coma» (Rodríguez Ramalle, 2003: 38). Un ejemplo a este respecto se recoge en (447): (447) Sinceramente, nunca pensé que Alba conseguiría ese puesto. Este tipo de adverbios se relacionan con el concepto de modalidad, ya que se emplean para mostrar la opinión del hablante sobre lo dicho. Así, la oración de (447) tendría un significado aproximado a: ‗con sinceridad, nunca pensé que Alba conseguiría ese puesto‘. Ello explica que los expertos (e.g. Cinque, 1999; Rodríguez Ramalle, 2003; Serret Lanchares, 2012; et al.) coincidan en afirmar que estos elementos se asocian con el modus (i.e. con la «actitud del hablante»: RAE/ASALE, 2009: §1.13c; en el ejemplo, sinceramente), pero no con el dictum (i.e. «con el contenido de los mensajes»: RAE/ASALE, 2009: §1.13c; en el ejemplo, la oración principal). Los adverbios oracionales se dividen tradicionalmente en dos 364 clases: los adverbios de la enunciación, de actos de habla o de la manera o modo del decir 365 , y los adverbios del enunciado. Los primeros (e.g. sinceramente, francamente) son los encargados de codificar la fuerza ilocutiva de la oración (Cinque, 1999: 84; mi traducción). Pueden ser de dos tipos: orientados hacia el hablante («actitud del hablante 364 Existe un tercer grupo dentro de los adverbios oracionales: los adverbios de marco, temáticos, libres o de tópico. Se utilizan para «adelantar cierto contenido sobre el que va a centrarse el mensaje» (RAE/ASALE, 2009: §30.10b). Entre ellos se incluyen los adverbios de tiempo (e.g. Antiguamente, estas cosas se veían de otro modo: RAE/ASALE, 2009: §30.10j), los de manera (e.g. Lentamente, la nieve empezó a cubrir los tejados: RAE/ASALE, 2009: §30.10j), los orientados al hablante (e.g. Cuidadosamente, los camareros fueron colocando sobre la mesa la vajilla y la cubertería: §30.10j) o los de punto de vista (e.g. Económicamente, la situación es insostenible: §30.10b) (RAE/ASALE, 2009: §30.10b-j). Dado que se asocian con los tópicos, se ha preferido dejar su estudio para la sección §4.7.3., donde se examina la relación entre vocativos y tópicos. 365 Este término ha sido tomado de Rodríguez Ramalle (2003), quien traduce Moodspeech act (Cinque, 1999) como Mododel decir. Por su parte, Rizzi (2004a) tilda a estos adverbios de más altos o destacados (en inglés, highlighted). 381 hacia lo que dice»: Francamente, creí tener más raíces en este país –Galdós, Episodios apud RAE/ASALE, 2009: §30.10c–) u orientados hacia el oyente (‗actitud que se le pide al destinatario hacia lo que dice el hablante‘: Sinceramente (‗dime con sinceridad‘), ¿quieres saber lo que pienso de Garama? –Núñez Alonso, Lazo apud RAE/ASALE, 2009: §30.10d–) (RAE/ASALE, 2009: §30.10c-d). Ambos pueden coaparecer libremente tanto con los vocativos apelativos (448b), en cuyo caso deben seguirlos, como con los de interpretación fática (448c-e). En estos últimos contextos los adverbios pueden precederlos o posponerse a ellos, si bien esta segunda opción no se admite si los vocativos son finales (448e): (448) a. (Francamente,) pensé (, francamente,) que (, francamente,) ya habías terminado (, francamente). b. (#Francamente,) hija Apelativo , (francamente,) pensé que ya habías terminado. c. Francamente, hija Fático , pensé que ya habías terminado. d. Pensé, (francamente,) hija Fático , que ya habías terminado (,francamente). e. (Francamente,) pensé que ya habías terminado, hijaFático (, ?? francamente). Por su parte, los adverbios del enunciado «se centran en el contenido informativo del mensaje» (RAE/ASALE, 2009: §30.11a). Pueden ser, a su vez, de tres tipos: modales, evidenciales y evaluativos (RAE/ASALE, 2009: §30.11a). Los modales (e.g. posiblemente, probablemente, necesariamente) «relativizan la veracidad o la falsedad del contenido proposicional en función de ciertos factores externos» (RAE/ASALE, 2009: §30.11b). De nuevo, deben posponerse a los vocativos apelativos (449b) pero pueden o bien anteponerse o bien seguir a los fáticos (449c-e). No obstante, esta última opción no se documenta en los vocativos en posición final (449e): (449) a. (Posiblemente,) las causas del accidente (posiblemente,) no se conocían (, posiblemente) 366 . b. (# Posiblemente,) agente Apelativo , (posiblemente,) las causas del accidente no se conocían. 366 Ejemplo adaptado de RAE/ASALE (2009: §1.13e). 382 c. Posiblemente, agente Fático , las causas del accidente no se conocían. d. Las causas del accidente (, posiblemente), agente Fático , no se conocían (, posiblemente). e. (Posiblemente,) las causas del accidente no se conocían, agente Fático (, ??posiblemente). Los evidenciales «refuerzan unas veces la aserción y la mitigan otras (…) [;] presentan la veracidad o la falsedad del contenido proposicional como evidente (naturalmente, sin duda: (450)) o como hipotética (al parecer, por lo visto, supuestamente, aparentemente: (451))» (RAE/ASALE, 2009: §1.13e). En tales contextos tampoco pueden preceder a los vocativos apelativos ((450b) y (451b)) pero sí a los fáticos ((449c-e) y (450c-e)). A estos últimos también se pueden posponer ((450d) y (451d)) aunque no siempre cuando son finales ((450e) y (451e)): (450) a. (Sin duda,) creo (, sin duda,) que (, sin duda,) el mejor destino es Madrid (, sin duda). b. (# Sin duda,) chicos Apelativo , (sin duda,) creo que el mejor destino es Madrid. c. Sin duda, chicos Fático , creo que el mejor destino es Madrid. d. Creo, (sin duda,) chicos Fático , que el mejor destino es Madrid (, sin duda). e. (Sin duda,) creo que el mejor destino es Madrid, ( sin duda,) chicos Fático (, ?? sin duda). (451) a. (Aparentemente,) la operación (, aparentemente,) fue bien (, aparentemente). b. (#Aparentemente,) abuela Apelativo , (aparentemente,) la operación fue bien. c. Aparentemente, abuela Fático , la operación fue bien. d. La operación, (aparentemente,) abuela Fático , fue bien (, aparentemente). e. (Aparentemente,) la operación fue bien, abuela Fático, (aparentemente). 383 Finalmente, los evaluativos (e.g. lamentablemente, curiosamente) «manifiestan una valoración –positiva o negativa– del hablante respecto del contenido proposicional de lo enunciado» (RAE/ASALE, 2009: §30.11b). Pueden aparecer en un mismo enunciado con vocativos apelativos, siempre y cuando se pospongan a ellos (452b), y preceder o seguir a los fáticos (452c-e), si bien esta última opción no se registra en los vocativos finales (452e): (452) a. (Lamentablemente,) la señora murió (, lamentablemente,) antes de que llegara el médico (, lamentablemente). b. (# Lamentablemente,) Álvaro Apelativo, (lamentablemente,) la señora murió antes de que llegara el médico. c. Lamentablemente, Álvaro Fático, la señora murió antes de que llegara el médico. d. La señora murió (, lamentablemente), Álvaro Fático , antes de que llegara el médico (, ?? lamentablemente). e. (Lamentablemente,) la señora murió antes de que llegara el médico, Álvaro Fático ( ?? lamentablemente). La naturaleza extraoracional de estos adverbios hace que presenten una serie de características que los acercan a los vocativos, tal como señalan distintos autores (e.g. Leech, 1999; Slocum, 2010, 2016). En los párrafos siguientes se mostrarán las más importantes. La primera de ellas se vincula con el hecho de que vocativos y adverbios oracionales estén separados de la oración mediante pausas. Ello indica que estas construcciones comparten dos propiedades: (1) poseen una entonación propia (independencia prosódica) y (2) se encuentran fuera de la oración (independencia sintáctica). De esta manera se explica que vocativos y adverbios conformen frases entonativas independientes (vid Rodríguez Ramalle –2003– para los adverbios y §2.4.1.2. y §2.4.2. para los vocativos), y se sitúen en la periferia izquierda (vid Cinque –1999–, Rodríguez Ramalle –2003– o Rizzi –2004a– para los adverbios, y §4.1.-§4.3. para los vocativos). Como consecuencia de lo anterior, ambas estructuras presentan movilidad oracional (453) y pueden aparecer entre sujeto y predicado, tal como se señaló en §4.1.2. y se ha mostrado en (448)-(452): 384 (453) a. (Francamente Adv. acto de habla , / Carlos Voc. Apelativo ,) no me esperaba esto de ti (, francamente Adv. acto de habla / Carlos Voc. Fático). b. (Sin duda Adv. evidencial , /Señor Voc. Apelativo ,) lo conseguirá (, sin duda Adv. evidencial / señor Voc. Fático). c. (Probablemente Adv. modal , / Mi niña Voc. Apelativo ,) tu padre terminará antes de la hora prevista (, probablemente Adv. modal / mi niña Voc. Fático) d. (Lamentablemente Adv. evaluativo , / Álvaro Voc. Apelativo ,) María ha perdido su trabajo (, lamentablemente Adv. evaluativo / Álvaro Voc. Fático). En segundo lugar, vocativos y adverbios oracionales comparten la propiedad de ser estructuras no argumentales (Espinal, 1991), por lo que su presencia no afecta a las condiciones de verdad de la oración. Así, pueden omitirse sin que se produzcan cambios en el valor de verdad de la oración y sin que la secuencia se vuelva anómala: (453‘) a. No me esperaba esto de ti. b. Lo conseguirá. c. Tu padre terminará antes de la hora prevista. d. María ha perdido su trabajo. Una tercera similitud entre estas dos construcciones se asocia con el orden fijo al que ambas están sometidas. De acuerdo con Rodríguez Ramalle (2003: 21), si bien es verdad que adverbios de distintas clases pueden coaparecer en un mismo enunciado, su iteración no es libre. Por ejemplo, en casos como los de (453a) se observa que es posible combinar un adverbio evaluativo como afortunadamente, un adverbio de aspecto frecuentativo como a menudo y un adverbio proximativo como pronto. Sin embargo, cuando el orden de estos adverbios se modifica, la secuencia se vuelve extraña e, incluso, agramatical, tal como se pone de manifiesto en (454b-e): (454) a. Afortunadamente, a menudo la gente se levanta pronto. b. ? A menudo, afortunadamente, la gente se levanta pronto. c. * Pronto, afortunadamente, la gente se levanta a menudo. d. * Afortunadamente, pronto la gente se levanta a menudo. 385 Ejemplos como los de (454) llevan a Cinque (1999) a afirmar que los adverbios están sometidos a un orden jerárquico. En él, «cada clase de adverbio se genera como especificador de una categoría funcional distinta» (Rodríguez Ramalle, 2003: 26), entendiendo que solo hay un especificador por proyección tal como propone Kayne (1994) (Cinque, 1999: 44). Si se retoman los ejemplos anteriores, se observa que afortunadamente se situará en el especificador de la categoría funcional asociada con la evaluación, a menudo se vinculará con el núcleo funcional que indique aspecto frecuentativo, mientras que pronto hará lo propio con aquella categoría que marque proximidad. En consecuencia, la jerarquía sintáctica de los adverbios quedaría configurada de la siguiente manera 367 : (455) [ francamente Mododel decir [ afortunadamente Modoevaluativo [ supuestamente/presuntamente Modoevidencial [ probablemene Modepistémico/modal 368 [ una vez/antes T(Pasado) [ después T(Futuro) [ quizás Modoirrealis [ necesariamente Modnecessidad [ posiblemente Modposibilidad [ generalmente/normalmente Asphabitual [otra vez Asprepetitivo(I) [ a menudo/frecuentemente Aspfrequentativo(I) [ intencionadamente Modvolitvo [ rápidamente Asp celerativo(I) [ ya T(Anterior) [ya no Aspterminativo [ todavía Aspcontinuativo [ siempre Aspperfecto(?) [ recientemente/tan solo Aspretrospectivo [ pronto Aspproximativo [ brevemente Aspdurativo [ típicamente(?) Aspgenérico/progresivo [ casi Aspprospectivo [ completamente AspSgCompletivo(I) [ tutto AspPlCompletivo [ bien Voz [ rápido/pronto Aspcelerativo(II) [ otra vez Asprepetitivo(II) [ normalmente Aspfrequentativo(II) [ completamente AspSgCompletivo(II) (Cinque, 1999: 106; mi traducción). Por su parte los vocativos también estarían sometidos –en cierta medida– a un orden fijo. En apartados anteriores se señalaba que la posición en la que aparecían estas construcciones no era libre, sino que presentaba una serie de restricciones. Una de ellas se relaciona con los vocativos medios. Estas estructuras no pueden interrumpir una relación de rección entre un núcleo y su complemento ((456a) y (457a)) salvo que o bien este último esté sometido a la condición de pesantez (456b-c) (vid §4.2.2.3.), o bien que en la secuencia se inserte una estructura adverbial que habilite su posición (457b) (vid §4.1.2.): 367 En su análisis, Cinque (1999) diferencia modo de modales (en (438), mod). Por modo entiende la actitud y opinión que tiene el hablante hacia la proposición (Cinque, 1999: 78), mientras que por modales refiere a las palabras independientes (verbos, auxiliares o partículas) que se asocian con el modo (Cinque, 1999: 78). 368 Se señalan en negrita los adverbios oracionales que estamos estudiando. 386 (456) a. ?? Me comentaron, Diego, el caso. b. Me comentaron, Diego, el caso de asesinato del distrito 9. c. . Me comentaron, Diego, que estabas interesado en el caso de asesinato del distrito 9. (457) a. * Me preguntaron [si, María, tenías ya la lista de invitados] b. Me preguntaron [si finalmente, María, tenías ya la lista de invitados] En ese mismo apartado se mostraba que los vocativos iniciales presentan algunas restricciones. Por ejemplo, no pueden ir precedidos de ninguna estructura oracional 369 –en caso contrario pasarían a interpretarse como fáticos: (458)–, ni todos pueden aparecer en posiciones fáticas (459) (vid §4.1.1.): (458) a. Joven Apelativo, ¿podría decirme qué edad tiene? b. # Por curiosidad, joven Apelativo, ¿podría decirme qué edad tiene? c. # Hablando de eso, joven Apelativo, ¿podría decirme qué edad tiene? (459) a. El joven Apelativo, ¿podría decirme qué edad tiene? b. * ¿Podría decirme, el joven Fático, qué edad tiene? c. * ¿Podría decirme qué edad tiene, el joven Fático? Finalmente, en los casos de coaparición se señaló que, cuando la expresión vocativa era inicial, obtenía una interpretación necesariamente apelativa, mientras que si aparecía en posiciones media y final adquiría un valor fático (vid §4.2.2.3.): (460) a. María Apelativo, ¿qué te ocurre, cielo Fático? b. * María Fático, ¿qué te ocurre, cielo Apelativo? Como consecuencia de todo ello, es lícito suponer que los vocativos también están sometidos a una ‗estructura jerárquica‘. En ella, los apelativos han de preceder necesariamente a los elementos fáticos: (461) SApelativo > SFático 369 La única excepción a este respecto son las partículas, tal como mostraremos en secciones siguientes (vid §4.7.2.). 387 De esta manera, se explicaría la agramaticalidad que produce la posposición de construcciones inherentemente apelativas a estructuras fáticas: (462) a. Los siguientes, díganme cuál es su problema, señores. b. ? Díganme, señores, cuál es su problema, los siguientes. c. * Señores, díganme cuál es su problema, los siguientes. No obstante, estos dos elementos extraoracionales también se diferencian en varios aspectos. Uno de ellos es, según Donati (2013), la función semántico-pragmática que unos y otros desempeñan. A partir de la propuesta de Jakobson (1960) sobre las funciones del lenguaje (a saber, emotiva o expresiva, poética, metalingüística, referencial, conativa o apelativa, y fática o de contacto), Donati defiende que los adverbios oracionales se asocian con la función emotiva, mientras que los vocativos se vinculan con las funciones apelativa o fática dependiendo del contexto (Donati, 2013: 72). Ello justifica que los adverbios se relacionen con el modus, no con el dictum, mientras que los vocativos se encuentren al margen de la modalidad. La segunda diferencia entre ambas formas tiene que ver con la estructura interna que unos y otros elementos poseen; es decir, con la naturaleza del sintagma que los contiene. De un lado, los vocativos se asocian necesariamente con SSDD para obtener una interpretación referencial y definida (vid §3.3.); por otro, los adverbios se vinculan con SAdv. En este sentido, los adverbios no designan a ningún individuo sino que se orientan a un participante de la oración o a la oración en su conjunto, con lo que se vuelven a alejar de los vocativos, estructuras que han de ser referenciales para que la comunicación tenga lugar (vid §2.1.1. y §3.3.). Por otro lado, si bien vocativos y adverbios presentan movilidad oracional, el desplazamiento de uno y otro conlleva propiedades distintas. En el caso de los vocativos, el traslado implica un cambio en la función semántico-pragmática que desempeñan y, en consecuencia, una modificación en la posición que ocupan en la periferia izquierda. En el caso de los adverbios, este movimiento se debe a razones informativas: (463) a. Señor, la prenda que busca se encuentra en el mostrador. b. La prenda que busca, señor, se encuentra en el mostrador. 388 c. La prenda que busca se encuentra en el mostrador, señor. (464) a. (Honestamente,) creo que es una tontería (, honestamente). b. (Aparentemente,) era una persona normal (, aparentemente). En la realidad, era un psicópata. c. (Probablemente,) nunca será policía (, probablemente). d. (Curiosamente,) vivimos en el mismo barrio (, curiosamente). Finalmente, vocativos y adverbios oracionales se diferencian en su distribución en la oración. Los primeros no se pueden insertar en una relación de núcleo y complemento (465a-b), sobre todo cuando este es una oración (465c), mientras que los segundos parecen hacerlo en estos últimos casos sin problemas (466b-c). Tanto es así que la presencia del adverbio es la que permite habilitar la posición en la que se inserta la expresión vocativa (467) (vid §4.2.2.3.): (465) a. *Me ha dicho la, niña, verdad. b. ?? Me ha dicho, niña, la verdad. c. *Me ha dicho [que, niña, no vendrá]. (466) a. * Me ha dicho la, {posiblemente/ francamente/afortunadamente/sin duda}, verdad. b. Me ha dicho, {posiblemente/ francamente/afortunadamente/sin duda}, la verdad. c. Me ha dicho [que, {posiblemente/ francamente/afortunadamente/sin duda}, no vendrá]. (467) a. Creo que, sin duda, Celia, has elegido la mejor especialidad. b. Me pregunto por qué, francamente, Alba, no dijiste la verdad. Como consecuencia de todo ello, es lícito suponer que vocativos y adverbios oracionales ocupan posiciones distintas en la proyección. Para los SVoc, supondremos que se generan en [Esp, SApelativo] si son iniciales, o en [Esp, SFático] si son medios o finales (vid §4.3.). Para los SAdv aplicaremos el análisis de Rizzi (2004a), basado en Cinque (1999), pero con una pequeña modificación. De acuerdo con este autor, los 389 adverbios destacados o más altos (i.e. highlighted) aparecen en tres posiciones básicas: [Esp, SFoco] si están focalizados, [Esp, STop] si se vinculan con el discurso previo, o [Esp, Modificador] si no están ni focalizados ni necesitan asociarse con el discurso previo (Rizzi, 2004a: 241) (vid §1.5.). En este sentido, la configuración de la periferia izquierda quedaría de la siguiente manera: (468) (SApelativo) > SFuerza > (STop* > SFático > SFoco > SMod > STop* > ) SFin No obstante, este modelo no prevé algunos casos de coaparición entre vocativos medios y adverbios oracionales. Según lo mostrado en apartados precedentes, la construcción que precede al vocativo medio debe estar topicalizada y la que lo sigue, focalizada, tal como se observa en (469): (469) a. La conferencia, doctor, ha durado más de lo esperado. b. [SApelativo [SFuerza [STop* la conferencia [SFático doctor [STop* [SFoco ha durado más de lo esperado [SMod [STop* [SFin la conferencia ha durado más de lo esperado ]]]]]]]] Si a estas oraciones se añade un adverbio, la configuración de (467) prevé que este se sitúe tras el vocativo con interpretación fática (e.g. La conferencia, doctor (, francamente,) ha durado más de lo esperado (, francamente)) pero no contempla la posibilidad de que lo anteceda (La conferencia, francamente, doctor, ha durado más de lo esperado). Nos referimos a las oraciones que presentamos al principio de esta sección y que repetimos en (470): (470) a. Pensé, francamente, hija Fático , que ya habías terminado. b. Las causas del accidente, posiblemente, agente Fático , no se conocían. c. Creo, sin duda, chicos Fático , que el mejor destino es Madrid. d. La operación, aparentemente, abuela Fático , fue bien. e. La señora murió, lamentablemente, Álvaro Fático , antes de que llegara el médico. De acuerdo con Rizzi, los adverbios que no están ni topicalizados ni focalizados deberían aparecer en el [Esp, SMod]. Sin embargo, en su análisis esta proyección se encuentra entre el SFoco y el STop más bajo, no entre el STop más alto y el SFoco, 390 como parece estar en (470). La solución más inmediata a este problema es suponer que, en realidad, el SMod tiene carácter iterativo 370 ; es decir, que aparece en más de una posición como ya se propone para el STop. De esta manera, sí sería posible explicar los casos de (470): (471) a. Pensé, francamente, María Fático, que ya habías terminado. b. [STop* pensé [SMod* francamente [SFático hija [SFoco que ya habías terminado [SFin pensé que ya habías terminado ] ]]]] (472) a. Las causas del accidente, posiblemente, agente Fático , no se conocían. b. [STop* las causas del accidente [SMod* posiblemente [SFático agente [SFoco no se conocían [SFin las causas del accidente no se conocían]]]]] (473) a. Creo, sin duda, chicos Fático , que el mejor destino es Madrid. b. [STop* creo [SMod* sin duda [SFático chicos [SFoco que el mejor destino es Madrid [SFin creo que el mejor destino es Madrid]]]]] (474) a. La señora murió, lamentablemente, Álvaro Fático , antes de que llegara el médico. b. [STop* la señora murió [SMod* lamentablemente [SFático Álvaro [SFoco antes de que llegara el médico [SFin la señora murió antes de que llegara el médico]]]]] Por lo tanto, en esta investigación asumiremos el análisis de Rizzi para los adverbios (468) pero con una pequeña modificación: el SMod se situará entre el SFoco y el STop, y entre el STop más alto y el SFoco: (468‘) (SApelativo >) SFuerza > (STop* > SMod2*> SFático > SFoco > SMod1*> STop* >) SFin En resumen, a lo largo de esta sección se ha estudiado el comportamiento de una clase de elementos parentéticos, los adverbios oracionales, y su relación con nuestro objeto de estudio: los vocativos. Tras el examen de lo que la bibliografía entiende por adverbios oracionales, se han mostrado las similitudes y diferencias que presentan estas estructuras con respecto a las expresiones vocativas. Estas propiedades nos han llevado 370 Esta solución no es nueva: ya ha sido adoptada en otras investigaciones. Por ejemplo, es la que sigue en un primer momento Serret Lanchares (2012) en su análisis sobre los adverbios 391 a proponer un análisis distinto para unas y otras construcciones. En cuanto a los adverbios, hemos asumido el análisis de Rizzi pero con un cambio: que el SMod puede aparecer o entre el SFoco y el STop más bajo, tal como afirma el propio Rizzi, pero también entre el STop más alto y el SFático, tal como muestran los ejemplos de (469). Por su parte, el SVoc se situará en dos posiciones básicas dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñe: o en [Esp, SApel] si adquiere una interpretación apelativa, o en [Esp, SFático] si tiene un valor fático. Una vez que la relación entre los vocativos y los adverbios oracionales ha quedado establecida, el siguiente apartado se ocupa de examinar los vocativos y las partículas. 4.7.2. Vocativos y partículas El estudio de las partículas y su vinculación con los vocativos ha acaparado la atención de numerosos investigadores. Entre ellos destacan Hill (2007, 2013a, 2013b) Haegeman y Hill (2013), Haegeman (2014), Corr (2016) o Shormani (2017). En el presente apartado intentaremos mostrar –a grandes rasgos, ya que no es el objeto de nuestra investigación– las propiedades que estos elementos comparten con los vocativos y las que los diferencian, de igual manera que hicimos con los adverbios. Antes de mostrar la relación entre ellos es necesario detenerse un momento en el propio concepto de partícula. La mayoría de la bibliografía mencionada utiliza este término para referir tanto a interjecciones propias, simples o primarias (i.e. «no ejercen otro papel gramatical»: –RAE/ASALE, 2009: §32.1g–: eh, ah, oh) como a interjecciones impropias, derivadas o traslaticias (i.e. las que «se crean a partir de formas nominales (cuidado), verbales (venga) 371 , adverbiales (fuera) o adjetivales (bravo)»: RAE/ASALE, 2009: §32.1g) (López Bobo, 2002: 26-27). Por ello, las partículas podrían definirse como unidades lingüísticas 372 que se emplean para «manifesta[r] impresiones [(475a)], (…) verbaliza[r] 371 Según distintos autores (e.g. Abella, 1963, o López Bobo, 2002) es más frecuente que una forma verbal imperativa se convierta en partícula (mira, venga) a que lo haga un vocativo (hombre, guapo: vid §3.2.). 372 López Bobo (2002) señala que, aunque hoy en día es un hecho bastante aceptado que estos elementos conforman una clase independiente de palabras, no lo ha sido siempre. Los gramáticos griegos, por 392 sentimientos [(475b)] o (…) realiza[r] actos de habla que apelan al interlocutor incitándolo a que haga o deje de hacer algo [(475c)]» (RAE/ASALE, 2009: §32.1a): (475) a. ¡Caramba! No pensé que esta película me fuera a gustar tanto. b. ¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! 373 c. ¡Eh! Deja a tu hermana en paz. Llamativamente, no todas las partículas pueden aparecer con todo tipo de vocativos. Partículas propias como ¿eh? 374 (476a) e impropias como mira o fíjate (476b-c) pueden combinarse con vocativos de naturaleza fática pero también seguir a aquellos de interpretación apelativa. Por el contrario, otras formas propias como ¡eh!, ¡oh! 375 , ¡ah! 376 solo admiten la presencia de estructuras apelativas (477), con lo que su uso en estos contextos fáticos da lugar a secuencias anómalas (477‘): (476) a. (Niños Apelativo), tenéis que portaros bien, ¿eh (, niños Fático)? b. {Señor Apelativo, mire / *mire, señor Apelativo / mire, señor Fático}, debe marcharse de aquí 377 . ejemplo, o estudiosos como Bello o Lenz se referían a ellos únicamente como sonidos sin relación aparente con el lenguaje (López Bobo, 2002: 11-12). 373 Ejemplo tomado de Calderón de la Barca, ¡Ay mísero de mí…! 374 De acuerdo con el Diccionario de partículas recursivas en español (en adelante, dpde), ¿eh? puede tener tres significados distintos: (i) ‗confirmar, ratificar o aceptar lo dicho‘ (e.g. Haces la cama, ¿eh?); (ii) ‗reafirmar lo dicho y pedir al oyente que se alíe con ello‘ (e.g. Los cambios yo creo que son bastante claros, ¿eh?); y (iii) ‗pedir una aclaración o repetición de lo dicho‘ (e.g. –Buenos días, le llamo de la oficina de turismo. –¿Eh? ¿De dónde dice?). Su entonación propia o su necesaria asociación a una forma interrogativa podría indicar que se trata de un acto de habla independiente, por lo que no sería necesario integrarla en la sintaxis de la oración. 375 Esta interjección «se asocia sobre todo con el asombro y la sorpresa, unas veces real y otras fingida» (ia) (RAE/ASALE, 2009: §32.7v), pero también con la contrariedad, el malestar o el dolor (ib) (RAE/ASALE, 2009: §32.7v). Algunos ejemplos se recogen a continuación: (i) a. Pero, ¡oh! sorpresa, el miércoles en la noche le fue retirada la invitación (Hoy [Chile] 3/11/1997 apud RAE/ASALE, 2009: §32.7v). b. ¡Por piedad, ten compasión de mí! Pudiste haber intercedido haber intercedido… ¡Oh desgracia sin nombre! (Alberti, Adefesio apud RAE/ASALE, 2009: §32.7v). 376 ¡Ah! es una de las partículas que más significados puede tener en función del contexto. Se emplea con valor apelativo (ia), pero también se utiliza para mostrar sorpresa (ib), indicar alegría o admiración (ic), dolor o pena (id), o para marcar que se ha caído en la cuenta de algo (ie), entre otras cosas (López Bobo, 2002: 30 y ss.): (i) a. Ah, niña, ¿sabes cómo se llega al museo? b. ¡Ah! Has sido tú; pensé que había sido tu hermano. c. ¡Ah! ¡Qué orgullosa estoy de ti! d. ¡Ahh! ¡Qué daño me he hecho! e. – ¿Sabías que Nuria estaba embarazada? – ¡Ah, claro! Por eso no tomó vino en la cena. 377 Adaptado de Sánchez López (2017: 492). 393 c. {Ana Apelativo, fíjate / *fíjate, Ana Apelativo / fíjate, Ana Fático}, hoy no has tenido ningún dolor. Eso significa que estás mejorando. (477) a. ¡Eh, chaval Apelativo! ¿Adónde te crees que vas? b. ¡Oh, papá Apelativo! Estoy encantado de que hayas venido a verme. c. ¡Ah, Pierri Apelativo! Ven aquí a cantar (CORDE, 1662, Anónimo, Mundi novi y diálogo). (477‘) a. *¿Adónde te crees que vas? ¡Eh, chaval Fático! b. *Estoy encantado de que hayas venido a verme. ¡Oh, papá Fático! c. *Ven aquí a cantar. ¡Ah, Pierri Fático! Se observan, no obstante, diferencias en el empleo de cada uno de estos elementos. Por ejemplo, oh es una partícula que, ya desde el latín, se combinaba con formas vocativas para evitar la confusión que producía el sincretismo entre nominativo y vocativo (vid §2.2.3.). Con el paso del latín al español la partícula se mantuvo en estos contextos, por lo que no resulta extraño encontrar ejemplos de ‗oh + vocativo‘ entre los siglos XVI y XIX: (478) a. ¡Oh, señor mío! ¿Qué te parece destos brazos de Hércules? Vocativo (CORDE, 1594, Lope de Vega, El maestro de danzar). b. ¡Oh, señor excelentísimo! ¿Qué testimonio tan grande? (CORDE, 1633, Fray Hortensio Paravicino, Jesucristro desgraviado). c. ¡Oh, huésped! ¿Qué decís? (CORDE, 1786, Pedro Montengón, Eusebio). d. ¡Oh, hijo mío! Perdóname aunque mis crímenes no merecen tu perdón (CORDE, 1855, Castelar, Ernesto: novela original de costumbres). La naturaleza expresiva de oh, además, permitía que apareciera con exclamaciones. Se documentan múltiples casos de construcciones ‗oh + exclamación‘ en la misma época que la de los ejemplos de (478), sobre todo cuando denota contrariedad, malestar o dolor. Ello implica que ambos usos convivieron durante un largo periodo de tiempo: 394 (479) a. ¡Oh injusto amor que sin razón me das celos! Exclamación (CORDE, 1594, Lope de Vega, El maestro de danzar). b. ¡Oh, desengaño del mundo, que poca es tu eficacia! (CORDE, 1677-1678, Juan Antonio Valencia, Diario de noticias de 1677 a 1678). c. ¡Oh, Hardy! ¿Dónde estás? ¡Ah!, si vieras a tu Eusebio (CORDE, 1786, Pedro Montengón, Eusebio). Hoy en día se muestra predilección por el empleo de ¡oh! con valor exclamativo (480a), mientras que su combinación con vocativos en la lengua hablada se considera arcaico y se reserva para el lenguaje poético (480b): (480) a. (…) oh Water Mock Loo, oh Guater Mock Sin que nunca escaparon de la talega carcelaria del que ahora va a ser padre y señor mío (CREA, 1987, Carlos Fuentes, Cristóbal Nonato). b. ¡Oh, prima de mi alma! ¡Ven a mis brazos! (Carlos Arniches, Obras completas, I, 371 apud Alonso Cortés, 1999a, §62.8.5.3.). Por su parte, ah, que se incluye junto con oh entre las partículas expresivas 378 , presenta un doble comportamiento. Cuando denota dolor o pena, su uso parece haberse especializado para las exclamaciones, al menos desde el s. XVII en adelante (481). Cuando adquiere un valor apelativo (482a), muestra alegría o admiración (482b) e indica ‗caer en la cuenta de algo‘ (482c), puede aparecer con formas vocativas: (481) a. ¡Ah, dolor riguroso!/ ¡Ah, llano justo!/ Como tal fuerza/ cave en los tenebroso/cielo que hiziera mas sin la pureza/de vida que en ti todo el mudo abona;/ a ninguna la nueve cruel perdona (CORDE, 1632, Gabriel del Corral, Poesías). 378 Esta clase de partículas, también llamadas sintomáticas u orientadas al hablante (RAE/ASALE, 2009: §32.1h), «manifiesta[n] el estado de ánimo del hablante ante lo que expone, ante lo que experimenta interiormente o ante la situación» (López Bobo, 2002: 27). Entre ellas se incluyen elementos de muy diversa índole: desde los que muestran contrariedad, disgusto o decepción (RAE/ASALE, 2009: §32.7b: (ia)) a los que denotan sorpresa, incredulidad o sobresalto (RAE/ASALE, 2009: §32.7e: (ib)), pasando por los que expresan admiración y aplauso (RAE/ASALE, 2009: §32.7i: (ic)), entre otros muchos: (i) a. ¡Maldición! Me he quedado sin batería. b. –Encontré el encendedor del poli, mira. –¿Sí? ¡Ostras, nano! ¡Qué chiripa! (Marsé, Rabos apud RAE/ASALE, 2009: §32.7e). c. ¡Bravo, bravo! Sabía que lo conseguirías. 395 b. Abrazad a mi madre, ¡ah, pobre madre mía!, y llorad mi deplorable destino (CORDE, 1787-1803, Ignacio García Malo, Voz de la naturaleza). (482) a. ¡Ah, Celia! Ayuda a tu hermana con los deberes. b. ¡Ah, cariño! ¡Qué alegría! Ya tenemos una nueva médico en la familia. c. ¡Ah, Carlos! Me acabo de acordar de que tu padre me ha dicho que te espera en el teatro a las nueve. La posibilidad de que la partícula se combine tanto con exclamaciones como con estructuras vocativas no se registra, sin embargo, en otras formas primarias como ¡eh! La razón podría estar en que, de acuerdo con López Bobo (2002: 55), parte de su significado emotivo habría ido desapareciendo incluso en aquellas situaciones en las que se espera una respuesta por parte del interlocutor (e.g. ¡Eh, sin marcarse faroles!: López Bobo, 2002: 55). Por ello la bibliografía suele señalar que ¡eh! tiene un valor principalmente apelativo, como demuestra el hecho de que muestre preferencia por su combinación con enunciados imperativos (López Bobo, 2002: 32-33): (483) a. ¡Eh, niño, ven aquí! 379 b. ?? ¡Eh, niño! Hace frío. Este uso no es nuevo. Se documenta frecuentemente desde, al menos, el s. XVII y se ha mantenido hasta nuestros días: (484) a. ¡Eh, señor!, acabá de atender que aquí no se mira (CORDE, 1657, Baltasar Gracián, El criticón). b. ¡Eh, cochero! Por la puerta del corral (CORDE, 1768, Ramón de la Cruz, El mesón de Villaverde). c. Eh, pollos, que me tenéis aquí solo (CORDE, 1888-1889, Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta). d. Eh, papá, ¿tú recuerdas la cara de algún muerto? (CORPES, 2001, Cristina Sánchez-Andrade, Bueyes y rosas dormían). 379 Ejemplo adaptado de López Bobo (2002: 31). 396 Como consecuencia de todo ello, eh y otras partículas similares (e.g. ¡ea!, ¡aúpa!, ¡hala!: López Bobo, 2002: 31) han sido denominadas por los expertos como apelativas, directivas u orientadas al oyente (RAE/ASALE, 2009: §32.1h). Reciben este nombre porque se emplean para «dirig[irse] a algún destinatario (…) con intención de moverlo a la acción o despertar en él sentimientos o actitudes diversas» (RAE/ASALE, 2009: §32.1h) 380 . En líneas generales, pueden aparecer con vocativos apelativos (cfr. (477) y (477‘)), y se sitúan en posición inicial absoluta: (485) a. ¡Ea, señores! Volvamos al asunto que nos interesa. b. ¡Aúpa, Mario! Ven con mamá. c. ¡Hala, cariño! Deja eso y vamos a cenar. (485‘) a.*Volvamos al asunto que nos interesa ¡Ea, señores! b. *Ven con mamá ¡Aúpa, Mario! c. *Deja eso y vamos a cenar ¡Hala, cariño! Junto a estos dos grupos de partículas, la bibliografía ha añadido un tercer tipo: las fáticas (López Bobo, 2002: 27) 381 . Estas se emplean para «mantener la linealidad del discurso», y/o para «preservar el contacto con el interlocutor para que el canal siga abierto» (López Bobo, 2002: 27). Se suele decir, en consecuencia, que tales elementos 380 Estas partículas se suelen dividir en dos grupos: formularias (i.e. «caracterizan los comportamientos sociales o rituales reglados verbalmente»: RAE/ASALE, 2009: §32.6a) y no formularias (formas no regladas). Entre las primeras se incluyen desde saludos o despedidas (ia) hasta formas de agradecimiento (ib) o de brindis (ic) (RAE/ASALE: 2009: §32.6a y ss.): (i) a. ¡Buenos días! ¿Qué tal has dormido? b. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. ¡Muchas gracias! (Gabriel García Márquez, 1982, La soledad de América Latina, Premios Nobel). c. Porque sigamos siendo una empresa competitiva. ¡Salud! Por su parte, entre las no formularias se encontrarían aquellas partículas que sirven para llamar la atención de interlocutor (iia) pero también aquellas que se utilizan para dar ánimo (iib) o, por ejemplo, las que se emplean específicamente para dirigirse a los animales (iic) (RAE/ASALE: 2009: §32.6i y ss.): (ii) a. ¡Ojo! Mira por dónde pisas. b. ¡Ánimo! Seguro que lo consigues. c. ¡Arre, arre! Que si no vamos más rápido no llegaremos a tiempo. 381 Para otros autores existe un cuarto grupo: las representativas. En ellas, según Rodríguez Ponce (2005), «predomina la representación de hecho o acciones» (Rodríguez Ponce, 2005). Se suele señalar que forman parte de este grupo las onomatopeyas y, en general, cualquier clase de ruidos (Rodríguez Ponce, 2005). Dado que el análisis de las onomatopeyas excede nuestro campo de estudio, su examen se dejará para futuras investigaciones. 397 funcionan como marcadores de control de contacto (López Bobo, 2002: 24). Algunos ejemplos a este respecto se recogen a continuación: (486) a. Mirad 382 , creo que es mejor que vayamos al cine otro día. b. Fíjate, son las diez y todavía no han llegado. c. Te gusta probarme, ¿eh? (CORPES, 2001, Paloma Pedrero, Cachorros de negro mirar). La presencia de expresiones vocativas en estos contextos está sometida a la naturaleza de la partícula. En líneas generales, pueden ir precedidas por vocativos apelativos o seguidas por fáticos: (486‘) a. {Hijos Apelativo , mirad / mirad, hijos Fático }, creo que es mejor que vayamos al cine otro día. b. {Alberto Apelativo , fíjate / fíjate, Alberto Fático }, son las diez y todavía no han llegado. Como resultado de todo lo visto hasta ahora, la bibliografía no ha dudado en señalar vocativos y partículas comparten una serie de propiedades que son las que explican su combinación. La primera de ellas se asocia con el aislamiento que estos elementos presentan (López Bobo, 2002: 61). Ambos cuentan con independencia sintáctica (se encuentran fuera del dominio oracional), pero también semántica (no forman parte de la red temática de ningún predicado) y una entonación característica (se separan de la oración mediante comas o signos de exclamación) (López Bobo, 2002: 61). La suma de todos estos rasgos los convierte en formas extraoracionales. Otro punto en común entre vocativos y partículas es que ambos presentan un orden jerárquico. En apartados anteriores se mostró que los vocativos apelativos deben preceder a los que poseen interpretación fática pero no al contrario (487): (487) a. Fernando Apelativo, no bebas tan rápido, cielo Fático b. # Fernando Fático, no bebas tan rápido, cielo Apelativo c. # No bebas tan rápido, Fernando Fático, cielo Apelativo 383 . 382 De acuerdo con el estudio de Pons (1998a), muchos autores coinciden en afirmar que mira puede emplearse con un valor fático. 398 Las partículas parecen tener un comportamiento similar: las que poseen interpretación apelativa (e.g. eh, ea) así como las expresivas (e.g. oh, ah, que asimilaremos a las primeras) han de aparecer en posición inicial absoluta, mientras que las fáticas han de seguirlas o la secuencia se vuelve anómala (cfr. (488)-(488‘)): (488) a. Eh Apelativo, oye Fático , a mí no me hables así. b. Ah Apelativo, fíjate Fático , parece que no iba tan desencaminado, c. Oh Apelativo, mira Fático , está moviendo la cabecita. (488‘) a. ? Oye 384 Fático, eh Apelativo , a mí no me hables así. b. * Fíjate Fático, ah Apelativo , parece que no iba tan desencaminado. c. * Mira Fático, oh Apelativo, está moviendo la cabecita. Llamativamente, no parece existir un orden jerárquico entre las partículas fáticas ni órdenes preferidos, si bien la combinación con bueno es la más numerosa 385 : 383 Esta combinación sería posible si se entiende que cielo funciona como una aposición explicativa de Fernando (vid §3.2.). 384 Oye es una partícula que presenta bastantes particularidades. En líneas generales, se señala que forma parte de las partículas fáticas, aunque algunos autores no dudan en afirmar que también posee un valor apelativo. Por ejemplo, Rodríguez Ponce (2005: 15) sostiene que, en algunos contextos, oye conserva su contenido apelativo originario, casos en los que Pons (1998a) afirma que es intercambiable por mira: Oye, préstame atención (Rodríguez Ponce, 2005: 15) (sobre la combinación entre mira y oye véase Cuenca y Marín, 1997, o Pons, 1998b). No obstante, se puede emplear también con valor ‗interjectivo‘ o fático, como lo hemos denominado en esta investigación: ¡Cómo cambió todo, oye! (Rodríguez Ponce, 2005: 15). Por consiguiente, el ejemplo de (487‘a) sería admisible si se entiende que oye se interpreta como apelativo y eh como una advertencia: Oye, eeeh, a mí no me hables así. 385 Sánchez López (2017: 499) recoge en una tabla la frecuencia con la que mira se combina con otros marcadores discursivos. De estos datos, tomados de CREA, llama la atención que la partícula mira siempre tiende a posponerse (Sánchez López, 2017: 499): (i) Pues mira 30 Bueno mira 21 Pero mira 11 Bueno, pues mira 6 Y mira 3 Oye, mira 4 Anda, pues mira 1 Bueno, vale, mira 1 Venga, mira, bueno 1 (Sánchez López, 2017: 499). A esta tabla se puede añadir la que se presenta en (ii), donde se recogen los datos obtenidos de CREA sobre la combinación entre partículas fáticas: (ii) Mira, oye 6 Oye, mira 5 Oye, bueno 3 Bueno, oye 2 399 (489) a. Que vais a por mí. No, mira, oye, ha echado ciento sesenta y a los dos nos la ha dado (CREA, oral, Segovia, 27/01/91). b. Bueno, yo pienso que vamos, sobre lo que dice él, yo creo que él tiene muchos prejuicios sociales. ¡No!, es cierto, oye, mira, yo lo que pienso es que lo peor que hay en la droga es el adulterio de la droga. (CREA, oral). c. Le dije a la Mary oye, fíjate, tío Ramón se hizo esta foto ahí, apoyado en la puerta del cierro, y la Mary al principio dijo que no, que valiente pamplina, pero luego tuvo que reconocer que yo tenía razón (1991, CREA, Eduardo Mendicutti, El palomo cojo). d. Va a tener un niño José Andrés, ¿no? Fíjate, oye, es que me ha llamado a mí Antonio para decirme que anulaba la reunión (CREA, oral, Madrid, 15/01/1991). e. ¡Mira que eres jartible, ya tú no paras ni con que te diga las veces que me corto con las tijeras los pies!... Venga, oye: y que sí, ¡no eres tú cabezota! (1979, CREA, Fernando Quiñones, Las mil noches de Hortensia Romero). f. Bueno, lo que nos vamos a poner es otro tema musical, porque esto está degenerando mucho y el champán se está acabando y pues eso, oye, venga, tiri, ponte ahí algo. g. Mira A, hay evangélicos que dicen que la iglesia católica es la gran ramera del Apocalipsis ¿es cierto? Yo dije: si le digo no, miento, y si le digo sí, lo ofendo, por tanto ¿cómo decirle? Y bueno, mira, yo leí un libro y lo había leído, el libro, y le digo: mira, yo leí un libro que dice que toda ordenación religiosa, o grupo religioso, que se aparte de lo que Dios ha dicho, de su palabra, forman la ramera del Apocalipsis (…) (CREA, oral). h. ¿Y has estado buscando universidades en donde podrías hacer un postgrado? No, mira, bueno, yo me apenas salí el dieciocho, ¿no? (CREA, oral). Fíjate, oye 2 Oye, fíjate 1 Venga, oye 1 Oye, venga 1 400 i. La empezaron la situación se fue a la mano a ocho y entonces una manifestación que iba a ser y que pacífica, llegaron y agredieron a estas dos personas y a un estado tal, no sólo a nivel físico sino moralmente, que yo pensé que esa gente bueno, oye, cualquier persona se hubiera resquebrajado (CREA, oral). j. Jefe, si no sabe beber, no beba. Oye, bueno, ya eso ya pasa de castaño a oscuro (1995, CREA, oral, Mójate, TVE 1). Por su parte, las propiamente apelativas no se pueden combinar entre sí (490a-b) mientras que las expresivas sí parecen poder hacerlo (490c-d): (490) a. ?? Eh, anda, mira lo que he encontrado. b. *Anda, eh, mira lo que he encontrado. c. ¡Ah!, ¡oh!, ¡ya lo tengo, ya lo tengo!, ¡ya lo he recordado!, ya sé lo que tengo que decirles y sé cómo empezar, ya lo sé, y es tan sencillo... (1991, CREA, Sergi Belbel, Esla Schneider). d. Oh... Ah... vuelo... Mm, qué olores... humo, perfumes 1991, CREA, Sergi Belbel, Esla Schneider). Si a las construcciones de (488) se añaden formas vocativas, se observa que el orden jerárquico se mantiene, tal como señala Hill (Hill, 2007, 2013b) (vid §3.4.1.1.). Los apelativos se pueden insertar entre partículas apelativas/expresivas y fáticas, pero no pueden preceder a las primeras ni seguir a las segundas 386 ; por su parte, los fáticos deben posponerse a las partículas que poseen su misma interpretación: (488‘‘) a. (*María Apelativo,) eh Apelativo (, María Apelativo), oye Fático (,*María Apelativo), a mí no me hables así. b. (*María Apelativo,) ah Apelativo (, María Apelativo), fíjate Fático (,*MaríaApelativo), parece que no iba tan desencaminado. c. (*María Apelativo,) oh Apelativo (, María Apelativo), mira Fático (,*María Apelativo), está moviendo la cabecita. 386 A una conclusión similar llega López Bobo: «(…) en usos expresivos y apelativos, la interjección precede necesariamente al vocativo»: (i) ¡Eh!, María, tráeme eso / *María, tráeme eso, ¡eh!; ¡Ay, Juan, mañana iré a Barcelona / *Mañana, Juan, iré a Barcelona, ¡ay! (López Bobo, 2002: 62). 401 (488‘‘‘) a. (*María Fático,) eh Apelativo (, *María Fático), oye Fático (, María Fático), a mí no me hables así. b. (*María Fático,) ah Apelativo (,*María Fático), fíjate Fático (, María Fático), parece que no iba tan desencaminado. c. (*María Fático,) oh Apelativo (,*María Fático), mira Fático (, María Fático), está moviendo la cabecita. De estos ejemplos se deduce un nuevo rasgo que vincula a partículas y vocativos: las funciones semántico-pragmáticas que unas y otras desempeñan. Se podría decir que tales elementos pueden adquirir dos valores básicos: apelativo, si se emplean para llamar la atención del oyente, o fático, si lo que buscan es mantener el contacto entre ambos participantes. Por ello, no es de extrañar que las partículas que presentan una interpretación apelativa se combinen con vocativos que también la tengan, de la misma manera que ocurre con las partículas y los vocativos fáticos (487‘‘)-(487‘‘‘). Estas diferencias semántico-pragmáticas conllevan, finalmente, una posición predeterminada de las estructuras en la secuencia. Si los vocativos o partículas funcionan como apelativos, aparecerán en posición inicial absoluta (491a). Si tienen una interpretación fática, las partículas pueden situarse al principio (491b) –aunque siempre por detrás de las apelativas (488)– pero también en posiciones finales (491c); por su parte los vocativos fáticos solo pueden situarse en lugares intermedios o finales (491d): (491) a. { Hey Apelativo / canalla Apelativo}, ¿adónde te crees que vas? b. Mira Fático , ponte a estudiar latín y luego hablamos. c. Ayúdame, venga Fático d. El Atleti (, Santi Fático ,) este año gana la Champions (, Santi Fático). Sin embargo, estos elementos también se diferencian en varios aspectos. El primero de ellos se relaciona con el estatus gramatical que uno y otro poseen. Mientras que las partículas conforman una categoría independiente de palabras, los vocativos son funciones desempeñadas por ciertas categorías gramaticales (a saber, pronombres de segunda persona, nombres propios, nombres comunes y adjetivos sustantivados: vid §3.1. y ss.). A esta misma conclusión llega López Bobo: 402 (…) la interjección es una categoría lingüística en tanto que el vocativo es una función, puesto que en palabras de K. Bülher (1934) «se trata del uso del nombre para apelar al oyente o segunda persona gramatical. Por ello, el uso vocativo es cumplido de forma natural por los nombres propios y los pronombres de segunda persona, aunque también los nombres comunes puede[n] cumplir esta función» (López Bobo, 2002: 62). El modo de significar de vocativos y partículas es otra propiedad que, a juicio de López Bobo (2002: 62), permite distinguir estos dos elementos. El vocativo tiene un contenido referencial pero no expresivo; con la interjección pasa lo contrario: su contenido es principalmente expresivo pero en ningún caso referencial (López Bobo, 2002: 62). De esta manera se explica que los vocativos refieran necesariamente a individuos, tal como mostramos en capítulos precedentes (vid §3.3.), y las partículas se asocien, en la mayor parte de los casos, con sentimientos o impresiones (RAE/ASALE, 2009: §32.1a). Finalmente, vocativos y partículas se diferencian en lo que a sus propiedades entonativas se refiere. Según López Bobo (2002: 62), aunque ambas poseen cierta autonomía prosódica, el contorno entonativo de los primeros no depende del de la oración, mientras que el de los segundos en cierta medida sí lo hace 387 . De esta propiedad se implica que las partículas mantienen algún vínculo con la fuerza ilocutiva de la oración, relación que no se da en ningún caso con los vocativos. Prueba de ello es que no todas las partículas pueden aparecer con cualquier clase de enunciado. Este es el caso de ostras que no admite su combinación con construcciones imperativas (492d), restricción que no se extiende a los vocativos (492‘): (492) a. Ostras, no sé qué le ha caído Enunciativa b. Ostras, ¡cuánto humo sale! Exclamativa c. Ostras, ¿cómo te encuentras? Interrogativa d. ?? Ostras, déjame en paz. Imperativa (492‘) a. Marcos, no sé qué le ha caído Enunciativa b. Marcos, ¡qué me pasa! Exclamativa c. Marcos, ¿cómo te encuentras? Interrogativa d. Marcos, déjame en paz. Imperativa 387 Concretamente, dice lo siguiente: «(…) los esquemas entonativos de la interjección están sometidos a las mismas variaciones que cualquier unidad exclamativa y condicionados por el sentido contextual de las mismas» (López Bobo, 2002: 62). 403 Esta particularidad no se da solo en español. En otras lenguas y dialectos se observa que el uso de determinadas partículas está limitado, además, a ciertas posiciones. Esto es justamente lo que ocurre en los dialectos del norte y sur de Venecia (i.e. pagotto y veneciano, respectivamente) de acuerdo con los trabajos de Munaro y Poletto (2005, 2009). Por ejemplo, ti en veneciano solo puede aparecer en posición final y en preguntas directas parciales, siempre que entre la partícula y la palabra qu- medie otro elemento (Munaro y Poletto, 2005): (493) a. Dove valo, ti? Veneciano Dónde va-él Part ‗¿Dónde va?‘ b. *Ti, dove valo? Part dónde va-él ‗¿Dónde va?‘ c. *Dove ti? Dónde Part ‗¿Dónde va?‘ (494) a. Dove zelo ndà, ti? Veneciano Dónde ha-él ido Part ‗¿Dónde ha ido?‘ b. *Dove zelo, ti, ndà? Dónde ha-él Part ido ‗¿Dónde ha ido?‘ c. *Dove, ti, zelo ndà? Dónde Part ha-él ido ‗¿Dónde ha ido?‘ (Munaro y Poletto, 2005, 2009). 404 Por su parte, po se emplea exclusivamente en construcciones imperativas (495) e interrogativas directas totales (de sí o no) o parciales ((496)-(497)) (Munaro y Poletto, 2005). Con respecto a su distribución en la oración, ocupa posiciones finales en veneciano (497) y en pagotto, además, se admite su presencia al comienzo de la secuencia ((495b)-(496b)) (Munaro y Poletto, 2005). Algunos ejemplos a este respecto se recogen en (495)-(497): (495) a. Va a ciorlo, po! Pagotto Ve a cogerlo Part ‗¡Ve a cogerlo!‘ b. Po, va a ciorlo! Part ve a cogerlo ‗¡Ve a cogerlo!‘ (496) a. (Quando) eli partidi, po? Pagotto (Cuándo) son-ellos partido Part ‗¿(Cuándo) {se han ido/han salido}?‘ b. Po, (quando) eli partidi? Part (cuándo) son-ellos partido ‗¿(Cuándo) {se han ido/han salido}?‘ (497) a. (Dove) zei ndai, po? Veneciano (Dónde) son-ellos ido Part ‗¿(Dónde) se han ido?‘ b. *Po, (dove) zei ndai? Part (dónde) son-ellos ido ‗¿(Dónde) se han ido?‘ (Munaro y Poletto, 2005, 2009). 405 Como consecuencia de todo ello, las investigaciones recientes (e.g. Munaro y Poletto, 2005, 2009; Hill, 2007, 2013b; Haegeman, 2014; Stavrou, 2014; Corr, 2016; Sánchez López, 2017) señalan con frecuencia que es la partícula la que selecciona la fuerza ilocutiva de la oración y no al contrario. En este sentido, asumen que la partícula está en un núcleo funcional distinto al de fuerza, con lo que se da por buena la propuesta de Cinque (1999) de que cada núcleo funcional se asocia a un contenido distinto (vid §4.7.1.1). No obstante, la bibliografía difiere en las propiedades de la proyección que contiene a la partícula. Por ejemplo, Hill, que toma como modelo la propuesta de Speas y Tenny (2003), defiende que las partículas vocativas rumanas y, por ende, las del resto de lenguas son el núcleo de una proyección funcional compleja: Speech Act Phrase (vid §4.2.2.4.). Esta hipótesis encuentra numerosos seguidores, entre los que destacan Stavrou (2014) o Corr (2016), que desarrollan dicha propuesta. En capítulos y apartados anteriores se mostró, sin embargo, que es complicado adoptar este análisis para el español de la misma manera que señala Espinal (2013) para el catalán, ya que las partículas de tales lenguas presentan propiedades muy diferentes a las rumanas (vid §3.4.1.1. y §4.2.2.4.). Una segunda opción de análisis es la que proponen Munaro y Poletto (2005, 2009). Estos autores sostienen que las partículas, situadas en la posición más alta de la periferia izquierda (Munaro y Poletto, 2005: 12), permanecen in-situ en el núcleo de una capa funcional independiente, FP (‗Functional Projection‘; en español, SF), y es la oración la que se mueve a través de ellas, tal como proponía Cinque (1999) para los adverbios. Los cambios de posición que estas experimentan ((493)-(497)) se deberán, por tanto, al desplazamiento de todo el SC o de parte de él al [Esp, FP] cuando las partículas están en posiciones final y media, respectivamente. Su propuesta podría resumirse de la siguiente forma: (498) a. Dove zelo ndà, ti? Dónde ha-él ido Part ‗¿Dónde ha ido?‘ b. [SF SC [F° ti ] [SC SC (dove zelo ndà) ]] 406 (499) a. Parché, po, i ze/zeli ndai via? Por qué Part ellos-han/han-ellos ido ‗¿Por qué se han ido?‘ b. [SF parché [F° po] [SC parché i ze/zeli ndai via]]] (Adaptado de Munaro y Poletto, 2009: 377, 381, 385 y 388). El principal escollo con el que se encuentra esta hipótesis es que, a juicio de Haegeman (2014), incumple con el principio de anti-localidad, según el cual un complemento no puede subir al especificador del núcleo que lo selecciona (Haegeman, 2014: 14). En consecuencia, la subida de SC a [Esp, SF] no estaría legitimada. Para resolver este problema, la propia Haegeman (2014) elabora un análisis alternativo que toma como punto de partida esta propuesta. En su investigación, Haegeman trata de explicar el comportamiento de una serie de partículas del flamenco occidental (i.e. né, wè). Tras la observación de las posiciones que pueden ocupar con respecto a la oración, sostiene tales partículas aparecen en una proyección independiente, SPart (PartP en inglés), que cuenta con dos capas funcionales (Haegeman, 2014: 26). La primera, la ‗más baja‘ (SPart), alberga en su núcleo partículas como wè, que sirven para mantener la atención del interlocutor (Haegeman, 2014: 26); es decir, las que en esta investigación hemos llamado fáticas. Dado que estas partículas se pueden combinar con vocativos que tienen esa misma interpretación, en su especificador se encuentra el SVoc (Haegeman, 2014: 17 y ss.). Finalmente, seleccionan como complemento a la proyección que contiene la cláusula, SC (Haegeman, 2014: 17 y ss.): (500) [SPart SVoc [Partº wè [SC SC …]]] La capa ‗más alta‘, Spart, contiene partículas como né que sirven para captar la atención del oyente y que dirigen su foco al enunciado (Haegeman, 2014: 26; mi traducción); es decir, las que en esta investigación hemos denominado como apelativas 388 . Tales elementos, que pueden aparecer con vocativos que desempeñan la misma función (Haegeman, 2014: 26), se sitúan en el núcleo de la proyección, partº. 388 De esta manera, la ‗capa más alta‘ será la encargada de iniciar la relación entre hablante y oyente, mientras que ‗capa más baja‘ servirá para modular o mantener la relación entre ambos (Haegeman, 2014: 27; mi traducción). 407 Ocupan esta posición como resultado de su movimiento desde la proyección más baja (Partº) hasta más alta (partº), de igual manera que los verbos léxicos se desplazan de-Vº- a-vº (Haegeman, 2014: 24). El núcleo partº tomará como complemento a SPart (i.e. la capa ‗más baja‘) que contiene a la cláusula y al SVoc (Hageman, 2014: 17). Por último, a su especificador podrá opcionalmente trasladarse el SC en los casos en los que sea necesario 389 , de la misma manera que ya habían señalado Munaro y Poletto (2005, 2009) en sus trabajos 390 : (501) [Spart [partº né ] [SPart SVoc [Partº né] [SC SC …]]] (Hageman, 2014: 25). La adaptación de este análisis al español ha sido llevada a cabo por Sánchez López (2017) para partículas como mira 391 . Tras el examen de sus características principales y del significado que posee, Sánchez López llega a la conclusión de que mira presenta un doble comportamiento. De un lado, funciona como partícula o marcador discursivo, ya que ha perdido su significado como resultado de un proceso de gramaticalización 392 ; por otro, mantiene algunas de sus propiedades verbales, como demuestra el hecho de que admita variación de número y persona (Sánchez López, 2017). Ello explica que se pueda emplear mira cuando el destinatario se asocia con una 389 Nos referimos a los casos en los que la partícula aparece en posición final o en una posición intermedia, como en los ejemplos que se recogen a continuación: (i) a. Men artikel is gereed, Valère, nè. Mi artículo es listo ValèreVOC Part ‗Mi artículo está listo‘ b. T‘is gereed (zè), men arkitel, (zè) eso es listo Part mi artículo Part ‗Está listo, mi artículo‘ (Haegeman, 2014: 11 y 16). 390 En este punto se aparta de la propuesta de Hill (2007), quien sostenía que el especificador de SAP estaba ocupado por la proyección asociada con el hablante (Hageman, 2014: 27): (i) [SAP RolePSpeaker [SAº hai [SAP RolePhearer [SAº hai [SFuerza …]]]] (Haegeman, 2014: 25). Otro punto que aleja a Haegeman de Hill es que esta última defiende que SAP solo contiene una capa funcional (i), mientras que Haegeman postula la existencia de dos (Haegeman, 2014: 26). 391 A lo largo de esta sección nos centraremos únicamente en el empleo de mira cuando acompaña a expresiones vocativas, con lo que dejamos de lado otros de sus usos. Nos referimos a los casos en los que aparece en construcciones exclamativas como las de (i), cuyo estudio aborda en su investigación Sánchez López (2017): (i) a. ¡Mira que eres linda! b. ¡Mira que haber dejado tu empleo! (Sánchez López, 2017: 490). 392 Son muchos los verbos que han dejado de emplearse como tales para convertirse en partículas. De acuerdo con la citada autora, estos verbos provienen, fundamentalmente, de formas imperativas (mira, oye, anda, fíjate), subjuntivas (vaya, venga) o indicativas (sabes, digo, no veas) (Sánchez López, 2017: 491-492). 408 segunda persona del singular (502a), pero también mirad y mire si hay más de un interlocutor (502b) o de si se trata de una forma de cortesía (502c), respectivamente (Sánchez López, 2017: 492) 393 . Algunos ejemplos a este respecto se recogen en (502): (502) a. Mira, Antonio, las cosas no funcionan así. b. Mirad, chicos, a casa no os podéis llevar eso. c. Mire, señor, este establecimiento se reserva el derecho de admisión así que, si es tan amable, le agradecería que saliera. La naturaleza semiléxica o semiverbal que presenta mira se refleja en el análisis de Sánchez López (2017). Si bien asume el modelo de Haegeman (2014) expuesto en líneas anteriores, se diferencia de él en la posición que ocupa la partícula fática (i.e. mira). En la propuesta de Haegeman (2014), esta se generaba en el núcleo de la ‗capa más baja‘, Partº, y seleccionaba como complemento a la oración, SC; sin embargo, no se movía a partº, ya que este traslado solo estaba permitido para né y formas similares. Sánchez López, por el contrario, defiende que la naturaleza semiverbal de mira la ‗obliga‘ a subir a partº (Sánchez López, 2017: 491), con lo que la configuración queda de la siguiente manera: (503) [Spart [partº mire [SPart SVoc [Partº mire [SC SC …]]] (Sánchez López, 2017: 492). Si se da por buena la propuesta de Sánchez López (2017) y, por lo tanto, la de Haegeman (2014), se llegaría a la conclusión de que las partículas que estamos estudiando aparecen en dos posiciones básicas: o bien en partº si tienen naturaleza apelativa o expresiva, o bien en Partº si poseen una interpretación fática. De esta manera, se respetaría la jerarquía de los ejemplos de (488)-(488‘): (504) a. [Spart [part° eh/oh/ah] [SPart [Part‘ [Part° eh/oh/ah ] [SFuerza … ]]] b. [Spart [part°] [SPart [Part‘ [Part° bueno/venga ] [SFuerza … ]]] Por su parte, partículas semiverbales como mira podrían, además, realizar un último movimiento a partº como muestra la variación de número y persona que experimentan (e.g. fíjate, fijaos, fíjese; oye, oiga): 393 Esta variación no es única del español sino que se documenta en otras lenguas: mira/mire, oes/oiches (gallego); olha/olhe, vê/veja, ouve/ouçam lá (portugués), mira/miri (catalán) (Corr, 2016: 42). 409 (505) [Spart [part° mira/fíjate/oye] [SPart [Part‘ [Part° mira/fíjate/oye] [SFuerza … ]]] No obstante, este análisis presenta algunos inconvenientes. El más inmediato es que no contempla la posibilidad de que se concatenen más de dos partículas en un mismo enunciado (506a-b) o que lo hagan dos con una misma interpretación (506c-d): (506) a. O sea, ante todo ese cúmulo de circunstancias, pues llega un momento en que se dice: bueno, pues mira, ahora es el momento de intentar limpiar un poco el partido (1997, CREA, oral, Hoy por hoy, Cadena SER). b. Pues mira, oye, a mí la verdad que me daría igual que fuera un sueco (1991, CREA, oral, Radio). c. Bueno, yo pienso que vamos, sobre lo que dice él, yo creo que él tiene muchos prejuicios sociales. ¡No!, es cierto, oye, mira, yo lo que pienso es que lo peor que hay en la droga es el adulterio de la droga (CREA, oral). d. ¿El qué? Que vais a por mí. No, mira, oye, ha echado ciento sesenta y a los dos nos la ha dado. Os dejo. (1991, CREA, oral). El segundo problema de esta propuesta se vincula con el principio de adyacencia que ambas autoras asumen que debe existir entre el SVoc y la partícula, tal como sostenía Hill (2013b) (vid §3.4.1.1.). Sin embargo, no tienen en cuenta los casos en los que la partícula encabeza la secuencia y los vocativos la cierran: (507) a. Oye, deja en paz a tu hermana, Carlos. b. Ah, sabía que eras tú, Eva. Finalmente, este análisis tampoco refleja la posibilidad de que en un mismo enunciado aparezcan dos SVoc en distintas posiciones con diferentes interpretaciones: (508) a. Eh, Carlota, dile a tu hermano que recoja la mesa, cielo. b. Eh, Carlota, dile a tu hermano, cielo, que recoja la mesa. Como consecuencia de todo lo anterior, es necesario postular un nuevo análisis para estas estructuras. Tomando como punto de partida las propuestas de Haegeman (2014) y Sánchez López (2017), asumiremos que la proyección en la que se generan las 410 partículas se articula en torno a dos capas: una capa más baja, donde se generan estos elementos y entran en relación con el SVoc, y una más alta, a la que pueden desplazarse según su naturaleza, tal como defienden a este respecto las mencionadas autoras. Sin embargo, discrepamos en cómo se denomina la proyección y los rasgos que porta. A lo largo de esta sección se ha mostrado que las partículas, en realidad, se emplean principalmente con dos valores distintos: o bien para llamar la atención del interlocutor (función apelativa), o bien para mantener el contacto con él y «para que el canal siga abierto» (función fática) (Rodríguez Ponce, 2005: 10). En este sentido, se relacionan con los vocativos que, como ya hemos señalado, comparten esas mismas intenciones comunicativas. Tanto es así que se podría decir que las partículas únicamente se combinan con aquellos vocativos que poseen su misma naturaleza (509a- d) con los que, incluso, pueden llegar a concordar en número y persona (509c): (509) a. (H)ey, Sandra Apelativo/*Fático, suelta ahora mismo el cuchillo. b. –Creo que el que el de la fiesta de ayer era el vecino del cuarto. –Fíjate Pepe *Apelativo/Fático, ahí viene. c. Ah, {oiga, señor *Apelativo/Fático / oíd, niños *Apelativo/Fático }, me han dicho que le/os esperan en la sala de juntas. d. Oh (, chicos Apelativo/*Fático), venga (, chicos *Apelativo/Fático), no me pongáis las cosas más difíciles. Además, se ha mostrado que es posible la combinación de partículas de distinta interpretación (506a-b) o de dos con el mismo valor (506c-d). En consecuencia, resulta lógico suponer que estas formas, al igual que los vocativos, se asocian a una proyección funcional distinta dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. Dada su condición de núcleos (Munaro y Poletto, 2005, 2009; Hill, 2007, 2013a, 2013b; Haegeman, 2014; Sánchez López, 2017), se generarán en Apelativoº si se emplean para llamar la atención del interlocutor y en Fáticoº en caso de que se utilicen para mantener el contacto entre hablante y oyente: (510) [SApelativo [Apel° [+apeltivo] eh/ah/oh] [SFuerza [Fuerzaº] [SFático [Fáticoº [+fático] mira / oye / fíjate] … ]]] Como se ha señalado previamente, se asumirá que la estructura interna de estas dos proyecciones, SApel y SFático, es la misma que la que proponen Haegeman (2014) 411 y, por ende, Sánchez López (2017). En este sentido, se sostiene que los SApel y SFático se articulan en torno a dos capas, de la misma manera que defendían estas autoras para SPart. La ‗capa más baja‘, SApel y SFático, contendrá opcionalmente en su especificador al SVoc; el núcleo Apelº, además, tomará como complemento la fuerza ilocutiva de la oración (i.e. SFuerza) 394 . Por consiguiente, nuestra hipótesis se sitúa en la línea que proponen Munaro y Poletto (2005, 2009), Hill (2013b) y sus seguidores, Haegeman (2014) o Sánchez López (2017). Finalmente, al núcleo de la ‗capa más alta‘ de estas estructuras, apelº y fáticoº, se podrán desplazar aquellas partículas que tengan naturaleza semiléxica o semiverbal (oye, mira, fíjate), tal como defiende Sánchez López (2017), siempre y cuando esta posición esté libre. También podrán hacerlo aquellas partículas con interpretación apelativa (eh, ah, oh), tal como sostiene Haegeman (2014). Por tanto, nuestra propuesta podría resumirse de la siguiente manera: (511) [Sapel [apel° [+apeltivo] eh/ah/oh] [SApelativo SVoc [Apel° eh/ah/oh] [SFuerza [Fuerzaº] [Sfático [fáticoº [+fático] mira / oye / fíjate] [SFático SVoc [Fáticoº mira / oye / fíjate] ….] Este análisis ofrece una serie de ventajas. En primer lugar, permite explicar los casos de coaparición entre partículas de distinta interpretación (512a-c) y la posibilidad de que en un mismo enunciado aparezcan dos partículas de la misma naturaleza (512d): (512) a. Eh, oye, a mí no me hables así. [Sapel [apel° eh] [SApel [Apel° eh] [SFuerza [Fuerzaº ][Sfático [fáticoº oye] [SFático [Fáticoº oye ] [SFin a mí no me hables así ]]] b. Ah, fíjate, parece que al final no iba tan desencaminado. [Sapel [apel° ah] [SApel [Apel° ah] [SFuerza [Fuerzaº ] [Sfático [fáticoº fíjate] [SFático [Fáticoº fíjate ] [SFin parece que al final no iba tan desencaminado]]] 394 De esta manera, se explica que las partículas con valor apelativo siempre encabecen la oración, mientras que las fáticas puedan aparecer en posiciones interiores. A una conclusión similar llega Sánchez López (2017) en su estudio sobre las posibilidades de combinación de mira: It is important to emphasize that mira follows other particles in all cases: no case of mira preceding any other discourse particle was found in the corpus analyzed. Even in the last example venga mira bueno, mira precedes bueno but follows venga. This means that the main discourse value of mira is not that of opening the utterance, since this role is assumed by other particles when mira occurs with one of them. (Sánchez López, 2017: 499). 412 c. Oh, mira, está moviendo la cabecita. [Sapel [apel° oh] [SApel [Apel° oh] [SFuerza [Fuerzaº ] [Sfático [fáticoº mira] [SFático [Fáticoº mira ] [SFin está moviendo la cabecita]]] d. Mira, oye, 395 a mí no me hables así. [Sfático [fáticoº mira ] [SFático [Fáticoº oye ] [SFin a mí la verdad que me daría igual que fuera un sueco ]]] En segundo lugar, esta propuesta respeta el orden jerárquico al que las partículas estás sometidas, según el cual las apelativas debían preceder a las fáticas pero no al contrario (cfr. (488)-(488‘)). Además, este análisis muestra por qué el SVoc puede estar integrado en la capa funcional de la partícula con la misma interpretación (conforman un mismo grupo fónico: /oyemaría/ (513a)), pero también por qué puede aparecer con otra partícula de diferente naturaleza (constituyen dos grupos fónicos distintos como muestra el hecho de que cuenten con una inflexión bien marcada: (513b)): (513) a. Oye María, ayuda a tu padre. [SFuerza [Fuerzaº ] [Sfático [fáticoº oye] [SFático SVoc (María) [Fáticoº oye ] [SFoco SFin [Focoº ] [SFin SFin (ayuda a tu padre)]]] b. María, oye, ayuda a tu padre. [Sapel [apel°] [SApel SVoc (María) [Apel°] [SFuerza [Fuerzaº ] [Sfático [fáticoº oye ] [SFático [Fáticoº oye ] [SFin ayuda a tu padre ]]] De hecho, se admite la combinación de (513a) y (513b), lo que implica que el SVoc ocupa posiciones distintas y posee diferentes interpretaciones: 395 Resulta llamativo que puedan aparecer dos partículas semiverbales (i.e. que admiten variación) como mira y oye en una misma secuencia. Seguramente, el significado mirativo que conlleva mira pero que no posee oye (Pons, 1998a) es el que permite que esta partícula pueda combinarse con otros elementos discursivos: ‗pues mira oye‘, ‗bueno, mira, oye‘, etc. (Sánchez López, 2017: 499 y ss.). Cabría preguntarse si en estos contextos oye realmente admite variación o si se ha gramaticalizado por completo. En este último caso, dejaría de tener una naturaleza semiverbal por lo que no habría inconveniente en suponer que se genera directamente en Fáticoº. En caso contrario, podría suponerse que el sintagma que contiene a las partículas presenta un carácter recursivo, posibilidad que requeriría de una investigación más profunda. 413 (513‘) María, oye cielo, ayuda a tu padre. [Sapel [apel°] [SApel SVoc (María) [Apel°] [SFuerza [Fuerzaº ] [Sfático [fáticoº oye ] [SFático SVoc (cielo) [Fáticoº oye ] [SFoco SFin [SFin SFin (ayuda a tu padre) ]]] Finalmente, con este análisis se da cuenta de los casos en los que la partícula aparece en posiciones distintas a la inicial (513‘) o en los que entre partícula y vocativo no se cumple el principio de adyacencia y la oración aparece entre ellos 396 : (514) Eh, haz caso a tu hermano, Carlos. [ Sapel [apel° eh] [SApel [Apel° eh] [SFuerza [Fuerzaº ] [STop SFin [Topº ] [Sfático [fáticoº ] [SFático SVoc (Carlos) [Fáticoº ] [SFin SFin (haz caso a tu hermano) ]]] En resumen, a lo largo de esta sección se ha examinado la estrecha relación que existe entre los vocativos y las partículas. Tras el estudio de las similitudes y diferencias de ambos elementos, se ha procurado presentar un análisis que diera cuenta de las propiedades que unos y otros poseen. Se ha hecho un repaso de las principales propuestas que la bibliografía ofrece a este respecto y se ha concluido que ninguna de ellas refleja enteramente los rasgos de estos elementos. Por ello, se ha formulado un análisis alterativo, en el que se asume que las partículas se generan en dos núcleos funcionales distintos, Apelativoº y Fáticoº, dependiendo de la función semántico- pragmática que desempeñen. Estas dos proyecciones estarán articuladas en torno a dos capas, Sapel–SApel y Sfático–SFático, y en su especificador podrá aparecer opcionalmente el SVoc, tal como sostienen Haegeman (2014) y Sánchez López (2017). En el siguiente epígrafe se exploran, por último, las propiedades que los vocativos comparten con los tópicos y las que los diferencian. 4.7.3. Vocativos y tópicos La relación entre los tópicos y los vocativos ha sido estudiada en múltiples investigaciones, entre las que destacan la de Lambrecht (1996), Portner (2004), Mauck 396 Al ser el vocativo final, el resto de la secuencia se situaría en [Esp, STop], tal como se argumentó en §4.3.2. 414 y Zanuttini (2004), Ashdowne (2002), Stavrou (2014) o, por ejemplo, la de Shormani (2017). Tan estrecha es esta relación que autores como Lambrecht (1996) han llegado incluso a proponer que los vocativos son un tipo especial de tópicos. El punto de conexión entre ambos podría estar en el significado que unos y otros aportan. Mientras los tópicos seleccionan o discriminan aquello de lo que se habla, los vocativos discriminan aquellos destinatarios a los que se habla. Ello explica que tópicos (515a) y vocativos (515b) puedan emplearse con valor contrastivo 397 : (515) a. A Juan le había asediado los remordimientos y a Dulce la desesperanza 398 . b. El detenido número 3, dé un paso al frente. Otra propiedad que vincula a ambas estructuras es su capacidad de ser correferenciales con un argumento del predicado verbal (vid §2.1.2. y §4.5.). Algunos ejemplos se recogen en (516): (516) a. A Marcosi ayer loi vi preocupado. b. Marcosi , ayer tei vi preocupado. Un tercer aspecto común entre vocativos y tópicos es la movilidad posicional que presentan con respecto a la oración. El tópico puede encabezar la secuencia (517a), seguirla (517c) o situarse en un lugar intermedio (517b). No obstante, el significado que posee en cada una de estas posiciones es ligeramente distinto: en unas introduce el tema del que se habla (517a), mientras que en otras lo enfatiza (517b) o lo ‗clarifica‘ (517c) 399 . En este aspecto, se asemeja a las construcciones vocativas, que se emplean o bien para ‗introducir‘ al interlocutor en la conversación y que se identifique como tal (posición inicial: (518a)), o bien para enfatizar el contacto con él y mantener su atención (posiciones media y final: (518b)-(518c)) (vid §4.1. y ss.): (517) a. La cita, María dice que la concertaremos más tarde. b. María dice que la cita la concertaremos más tarde. 397 Según la Academia, se denomina «(…) tópico CONTRASTIVO o PARALELO el que introduce un elemento del que se predica alguna información que contrasta con la que se atribuye a otro, generalmente también expreso» (RAE/ASALE, 2009: §40.3u). 398 Ejemplo tomado de Argüelles (Letanías apud RAE/ASALE, 2009: §40.3u). 399 De acuerdo con la Nueva Gramática la posición más común de los tópicos es la inicial y la menos frecuente, la final (RAE/ASALE, 2009: §40.2k). 415 c. María dice que la concertaremos más tarde, la cita. (518) a. Helena, María dice que la concertaremos más tarde. b. María dice, Helena, que la cita la concertaremos más tarde. c. María dice que la concertaremos más tarde, Helena. Finalmente, vocativos y tópicos son estructuras no necesarias para el funcionamiento de la oración, como demuestra el hecho de que posean una naturaleza no argumental (Lambrecht, 1996). Así se explica que su presencia no sea obligatoria para completar el significado de la oración: (519) a. (A tu amiga Tópico) la detuvieron ayer. b. (Policía, policía Vocativo), han atracado ese banco. Por todo ello, autores como Stavrou (2014) defienden que la estructura de las construcciones vocativas –al menos, la de las iniciales: vid §4.1.1.– debería asimilarse a la de los tópicos: ‗tópico + comentario‘ > ‗vocativo + comentario‘. No obstante, existen una serie de propiedades que alejan a los vocativos de los tópicos, muchas de las cuales ya han sido mostradas en apartados previos (vid §4.1.1. y §4.3.2.). La primera de ellas se relaciona con la estructura interna que unas y otras expresiones poseen. Si bien los vocativos han de ser siempre SSDD (vid §3.3.), los tópicos poseen distinta naturaleza: nominal o determinativa (e.g. Hanging Topics o tópicos colgantes: (520a)), preposicional (e.g. Left Dislocations o dislocaciones a la izquierda: (520b)), adverbial (e.g. adverbios de tópico o de punto de vista: (520c)), adjetival (e.g. adjetivos calificativos con valor contrastivo: (520d)) o, incluso, oracional (e.g. oraciones de gerundio: (520e)) (RAE/ASALE, 2009: §40.2d-40.2e). Algunos ejemplos a este respecto se muestran a continuación 400 : (520) a. Las flores las envió su amigo. b. A Jorge lo pillaron robando y se lo llevaron al cuartel. c. Legalmente, tiene posibilidades de obtener la custodia. d. Muy serio no creo que sea. 400 Los ejemplos de (519d) y (519e) han sido tomados de Herrera (Cero apud RAE/ASALE, 2009: §40.2e) y de RAE/ASALE (2009: § 40.2e), respectivamente. 416 e. Lamentándote, no consigues nada. Otra diferencia entre vocativos y tópicos se vincula con las propiedades entonativas de cada una de estas estructuras. Mientras que en el caso de los tópicos el pico se encuentra desplazado (L+ >H*), en el de los vocativos este se alcanza en la propia sílaba tónica (L+H*) (vid §2.4.2.4.4. y §4.1.1.). De esta manera, es posible distinguir pares como los recogidos en (521)-(522) y otros similares (vid §3.2.1.1.): (521) a. Los violinistas que afinen sus instrumentos L+ >H* (tópico) b. Los violinistas, que afinen sus instrumentos L+ H* (vocativo) (522) a. Que la señora se acerque L+ >H* (tópico) b. Señora, acérquese L+ H* (vocativo) Un tercer rasgo en el que difieren los vocativos de los tópicos es su capacidad de iterarse. Mientras que los vocativos solo pueden hacerlo en condiciones concretas (únicamente si refieren al mismo individuo y desempeñan funciones distintas 401 : vid §4.2.2.3.), los tópicos no parecen tener restricciones a este respecto 402 (Rizzi, 2018): (523) 403 a. Yo, hoy, de ese asunto no pienso hablar. b. A él, el desayuno, los domingos se lo sirven en la cama. (524) a. Jesús Apelativo, no te disgustes, hijo Fático, por lo que han dicho. No merece la pena. b. Jesús Apelativo, no te disgustes por lo que han dicho, hijo Fático. No merece la pena. Por último, los vocativos se diferencian de los tópicos en dos propiedades: la obligatoriedad de correferir con un elemento de la oración y la naturaleza de su pronombre reasuntivo. De acuerdo con el primer rasgo, en §4.3.2. se mostraba que tanto las formas dislocadas (i.e. LD: (525a)) como las colgantes (i.e. HT: (525b)) debían ser correferenciales con un argumento del predicado verbal, según el criterio de Mauck y Zanuttini (2004). Sin embargo, los vocativos no tenían por qué hacerlo (525c), salvo 401 Como se vio en §4.6.3, solo existe una excepción a este respecto: que se trate de estructuras múltiples de un conjunto. 402 Según Rodríguez Ramalle (2003) la iteración de los tópicos es posible porque «una oración puede llegar a admitir elementos diversos que actúen como enmarcadores de la proposición desde puntos de vista también diferentes» (Rodríguez Ramalle, 2003: 118). 403 Ejemplos tomados de RAE/ASALE (2009: § 40.2l). 417 que aparecieran en enunciados imperativos (525d); en tales casos se asociaban necesariamente con el sujeto (Mauck y Zanuttini, 2004: 12-14): (525) a. [A Maite]i no *([la]i) dejamos pasar LD b. [Las cajas]i *([las]i) dejaste en el armario HT c. [Pedro]i , es hora de salir de casa Vocativo d. [Diego]i , [pro]i/*j recoge la mesa VocativoIMP De esta característica se deduce otra relacionada con la naturaleza del pronombre reasuntivo de unas y otras formas. En el caso de los elementos dislocados a la izquierda, este debe ser átono (i.e. un clítico: (526)), mientras que el de los vocativos puede ser átono (527a) o tónico (527b) (Mauck y Zanuttini, 2004: 11-12). Sin embargo, en este último caso el pronombre ha de estar en segunda persona (salvo que se interprete como una fórmula de tratamiento: (527c)), restricción que lo diferencia de los tópicos, siempre en tercera persona (526c): (526) a. A Celia no la vieron salir LD b. * A Celia no a ella vieron salir c. A Celiai no te*i / me*i vieron salir (527) a. Álvaro, te estaba buscando Vocativo b. Álvaro, a ti te estaba buscando c. Don Álvaroi, lo (= ‗a él‘*i / =‗a usted‘i) estaba buscando Como consecuencia de todo lo anterior, es lícito suponer que, si bien los vocativos comparten una serie de propiedades con los tópicos –seguramente asociadas con el hecho de que ambos sean estructuras extraoracionales–, poseen otras muchas que indican que son grupos distintos. Es por ello que los tópicos aparecen, según Rizzi (1997), o entre SFuerza y SFático, o entre el SFoco y SFin, mientras que los vocativos o bien se sitúan por encima de SFuerza (vocativos apelativos), o bien entre el STópico más alto y el SFoco (vocativos fáticos): (528) (SApelativo) > SFuerza (> STop* > SFático > SFoco > STop*) > SFin Por lo tanto, no existiría problema en explicar los casos de coaparición de unas y otras estructuras (vid §4.3.2.): 418 (529) a. Marta Apelativo, a tu primo Tópico lo vi muy desanimado. b. [SApelativo Marta [SFuerza [STop a tu primo [SFin lo vi muy desanimado ]]]] (530) a. A tu primo Tópico, Marta Fático , lo vi muy desanimado. b. [STop* a tu primo [SFático Marta [SFin lo vi muy desanimado ]]]] 4.7.4. Recapitulación A lo largo de este apartado se han analizado las similitudes y diferencias que presentan los vocativos con respecto a otros elementos extraoracionales (a saber: las construcciones parentéticas, las partículas y los tópicos) a los que tradicionalmente se han vinculado. Debido al gran número de estructuras que forman parte de las construcciones parentéticas, en la primera sección se han examinado únicamente aquellas con las que los vocativos más repetidamente se han relacionado: los adverbios oracionales. Se han mostrado las características que ambos elementos comparten (e.g. independencia sintáctica y prosódica, orden fijo), pero también sus rasgos distintivos (e.g. función semántico-pragmática, estructura interna, distribución oracional). Estos últimos se han considerado suficientes para sostener que unas y otras expresiones ocupan posiciones diferentes en la periferia izquierda. Para los adverbios asumimos el análisis de Rizzi pero con una pequeña modificación: que el SMod puede aparecer o entre el SFoco y el STop más bajo, tal como afirma el propio Rizzi, o entre el STop más alto y el SFático, tal como muestran nuestros ejemplos. Para los vocativos, por su parte, suponemos que se sitúan o en [Esp, SApel] si adquieren una interpretación apelativa, o en [Esp, SFático] si tienen un valor fático. En la segunda sección, se ha explorado la estrecha relación que existe entre los vocativos y las partículas. Se han analizado las propiedades que ambos elementos comparten (e.g. independencia sintáctica y semántica, orden jerárquico, funciones semántico pragmáticas) y las que los diferencian (e.g. estatus gramatical, modo del significar, entonación). En este sentido, se ha procurado presentar un análisis que diera cuenta de las características que unos y otros poseen. Se ha hecho un repaso de las principales propuestas que la bibliografía ofrece a este respecto, pero se ha concluido que ninguna refleja enteramente los rasgos de estos elementos. Por ello, se ha formulado 419 un análisis alterativo, en el que se asume que las partículas se generan en dos núcleos funcionales distintos, Apelativoº y Fáticoº, dependiendo de la función semántico- pragmática que desempeñen. Estas dos proyecciones estarán articuladas en torno a dos capas, Sapel–SApel y Sfático–SFático, y en su especificador podrá aparecer opcionalmente el SVoc, tal como sostienen Haegeman (2014) y Sánchez López (2017). Finalmente, en la tercera y última sección se ha explorado la posibilidad de que los vocativos sean un subtipo de tópicos, tal como han puesto de relieve algunas investigaciones en los últimos años (Lambrecht, 1996). Si bien se han encontrado algunos aspectos comunes a ambas estructuras (e.g. significado similar, posibilidad de correferencialidad, movilidad posicional, no argumentalidad), se han presentado otros que indican que se trata de dos funciones distintas (e.g. estructura interna, entonación, iteración libre/no libre, naturaleza del pronombre reasuntivo). Gracias a estos últimos rasgos se ha concluido que vocativos y tópicos ocupan posiciones diferentes en la periferia izquierda. De acuerdo con Rizzi, los tópicos se situarán entre SFuerza y SFático o entre el SFoco y SFin; según nuestra propuesta, los vocativos aparecerán o por encima de SFuerza (vocativos apelativos), o por debajo del STópico más alto (vocativos fáticos). 4.8. Conclusiones En el transcurso de este capítulo se ha analizado la relación que existe entre el vocativo y la oración. Para ello, nos hemos planteado siete grandes interrogantes: (1) qué posiciones ocupa el vocativo con respecto a la oración; (2) dónde se sitúa (i.e. fuera o dentro de la oración); (3) qué lugar ocupa en la periferia izquierda; (4) por qué se vincula con los imperativos y su sujeto; (5) cómo se explican los vocativos intradeícticos; (6) por qué se producen casos de vocativos múltiples; y (7) en qué medida se relaciona con otros elementos extraoracionales. Para responder a todas estas cuestiones, el capítulo se ha dividido en un total de siete apartados, cuyas principales conclusiones se exponen en los párrafos siguientes. En el primer apartado se ha observado que las construcciones vocativas presentan dos comportamientos diferentes dependiendo de la posición en la que se sitúen y, en consecuencia, de la función que desempeñen. De esta manera, se puede 420 hablar, de un lado, de vocativos apelativos (posición inicial) y, por otro, de vocativos fáticos (posiciones media y final). A partir de esta distinción, en el segundo apartado se ha tratado de dilucidar en qué medida los vocativos forman o no parte de la oración. Para ello, se ha estudiado la posibilidad de que actúen como aposiciones, tal como defienden Fink (1972) o Gisbert y Höel, 1990; et al.). Sin embargo, se ha demostrado que esta propuesta no es correcta si atendemos a cuatro criterios: fonológico, sintáctico-funcional, sintáctico-posicional y sintáctico-semántico. De ello se deduce que los vocativos se sitúan en lo que denomina Rizzi (1997) como periferia izquierda. En este sentido, se ha explorado la posibilidad de que el SVoc aparezca en cuatro posiciones básicas, a saber: [Esp, SFinitud], [Esp, SFoco], [Esp, STópico] y [Esp, SFuerza]. Con respecto a las dos primeras, parece haber acuerdo entre los expertos a la hora de afirmar que los vocativos no se encuentran en ninguna de ellas. No obstante, cuando se analizan las dos segundas estas estructuras parecen tener un comportamiento distinto dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. Si bien existen evidencias que indican que los SVoc medios y finales han de estar por debajo del STop más alto pero por encima del SFoco, se han ofrecido argumenos a favor de que los iniciales deben situarse por encima del STop más alto, incluso dominando a SFuerza. Con ello en mente, en el tercer apartado se ha presentado un análisis sintáctico para las construcciones vocativas. La novedad de nuestra propuesta reside en que sostenemos que los vocativos ocupan dos posiciones distintas dependiendo de su función semántico-pragmática. Así, si adquieren una interpretación apelativa (vocativos iniciales), el SVoc se situará en el especificador de una nueva proyección funcional, SApelativo, que se encuentra en una relación de mando-c con SFuerza. Por su parte, se ha demostrado que los SVoc medios y finales deben aparecer entre el STópico más alto y el SFoco, concretamente en el especificador de lo que hemos denominado como SFático. En relación a estos últimos, se ha defendido que su presencia no es casual sino que se debe a razones informativas: marcan el límite entre lo que debe interpretarse como información conocida (i.e. tópico) y lo que ha de hacerse como información nueva (i.e. foco). 421 Una vez que el análisis de estas estructuras ha quedado fijado, en el cuarto apartado se ha examinado su relación con los imperativos y sus sujetos. Para ello, se han presentado las principales propuestas que ofrece la bibliografía sobre la semántica de los imperativos. Entre ellas nos hemos decantado por la de Portner (2004), quien entiende que la correferencialidad que existe entre vocativos y sujetos se debe a que estos últimos funcionan como pronombres logofóricos. Esto significa –a su juicio– que su referencia se encuentra ligada por un operador, al que Mauck, Zanuttini y Pak denominan yusivo o modal. Tal operador poseerá rasgos de segunda persona que serán los responsables de que el núcleo modal suba al núcleo que alberga al interpelado o addressee y en cuyo especificador se encuentra el SVoc. Por lo tanto, el núcleo modal controlará la referencia del sujeto y este, a su vez, correferirá con la entidad designada por el SVoc. En el quinto apartado se ha examinado la posibilidad de que las expresiones vocativas funcionen como antecedentes de los elementos pronominales del grupo 2. Tras un breve análisis de la teoría del ligamiento de Chomsky (1981), se ha concluido que ambos se asocian con el mismo individuo no porque los vocativos funcionen como antecedentes de los elementos pronominales, sino porque ambos comparten un mismo referente: el interpelado o addressee. En el sexto apartado se han estudiado las construcciones que la bibliografía denomina como vocativos múltiples, a saber: vocativos con destinatarios múltiples, vocativos de insistencia y vocativos múltiples de un conjunto. Tras la exploración de cada una de estas estructuras se ha concluido que todas ellas desempeñan funciones apelativas, por lo que su uso queda restringido a posiciones iniciales, y se distinguen entre sí en lo que a su estructura se refiere. Para los vocativos con destinatarios múltiples se ha propuesto que se forman como resultado de la concatenación de varios SVoc; estos funcionarán como especificadores múltiples del SApelativo. Por su parte, se ha defendido que los vocativos de insistencia conforman actos de habla independientes; de esta manera, su repetición se debe a que cada uno se sitúa en el especificador de su propio Sintagma Apelativo. Por último, en el caso de los vocativos múltiples de un conjunto se ha señalado que hay dos SApel: uno más alto, que llama la atención de todos (e.g. niños), y otros más bajos (e.g.Alba, Pedro, Juan) que están en relación distributiva con aquel –al que se vinculan anafóricamente– y que sirven para distribuir las tareas. 422 Finalmente, en el séptimo y último apartado se han mostrado las similitudes y diferencias de los vocativos con respecto a otros elementos extraoracionales, con los que tradicionalmente se han vinculado (adverbios oracionales, partículas y tópicos), y se ha propuesto un análisis para cada uno de ellos. Para los adverbios oracionales se ha asumido la propuesta de Rizzi pero con una pequeña modificación: que el SMod puede aparecer o entre el SFoco y el STop más bajo, tal como afirma el propio Rizzi, o entre el STop más alto y el SFático, tal como corroboran nuestros ejemplos. Para las partículas se ha defendido que se generan en dos núcleos funcionales distintos, Apelativoº y Fáticoº, dependiendo de la función semántico-pragmática que desempeñen. Estas dos proyecciones se articularán en torno a dos capas, Sapel–SApel y Sfático–SFático, y en su especificador podrá aparecer opcionalmente el SVoc, tal como sostienen Haegeman (2014) y Sánchez López (2017). Finalmente, para los tópicos se ha tomado el análisis tradicional de Rizzi, de acuerdo con el cual los tópicos se sitúan o entre el SFuerza y el SFático o entre el SFoco y el SFin. 423 CAPÍTULO 5. CONCLUSIONS Vocatives are grammatical structures frequently found in the spoken language. However, they have not been studied in Spanish from a generative perspective. The main goal of this thesis has been to fill this gap in relation to the Spanish language as several linguists have already done for other languages (e.g. Moro, 2003, for Italian; Hill, 2013a, 2013b, for Romanian; Stavrou, 2009, 2014, for Greek; Slocum, 2010, 2016, for English, and Espinal, 2013, for Catalan, among others). This research has focused on two different perspectives: its internal structure (chapter 3) and its relationship with the sentence (chapter 4). It has also compared what authors understand by vocatives and discussed which properties help us to identify vocatives as such: the absence/presence of determiners, the existence/non-existence of the vocative case, the use of vocative particles, and their special intonation, among others. These properties have led us to a definition of the term vocative (see chapter 2). With regard to their internal structure, I have concluded that the function of vocatives can be fulfilled by four grammatical categories: personal pronouns (only second person: tú –‗youSING‘– and the alternative forms vosotros, ustedes –‗youPL‘–), proper names, common nouns and adjectives which function as nouns. In the literature it is argued that these grammatical categories cannot be preceded by any kind of determiner (e.g. Longobardi, 1994; Bosque, 1996a; Leonetti, 1999a, 1999b). However, I have found some evidence that counters this assertion: vocative constructions can be preceded by definite articles, demonstratives and possessives; and not only in Spanish and its American varieties, as I have shown through more extensive research, but also in other languages, such as English, French and Romanian, among others. As a result, I assert that there are two types of vocative structures: type 1 vocatives that do not accept the presence of determiners (i.e. second person pronouns, proper names, common nouns and adjectives that function as nouns), and type 2 vocatives preceded by definite determiners (i.e. defined articles, demonstratives and possessives). First, I assert that type 1 vocatives cannot be preceded by determiners because of the incompatibility between the properties of the vocative‘s expressions (i.e. defined, specific, deictic and personal interpretation) and the charactersitics of the determiners 424 (i.e. anaphoric value for defined determiners, type of deixis for demonstratives, and no familiar interpretation for non-defined determiners). Second, I argue that the presence of determiners in type 2 vocatives can be explained in two different ways: by the discriminative interpretation the determiner involves (defined articles and demonstratives: El/Ese señor del fondo, acérquese por favor: ‗The/That man at the end, come here, please‘) or by the kind of relationship (power, familiarity or closeness, and emotional) that associates the speaker with the hearer (possessives: Mi jefe, ¿qué está pasando?: ‗Hey boss, what‘s going on?‘). I argue that this classification implies additional syntactic operations. For example, restrictive complements and modifiers such as defining relative clauses (underlined) or prepositional phrases (in bold) only modify type 2 vocative expressions: El/Ese chico de la última fila que no para de hablar, salga de clase 404 ; Mi niña de perfecta sonrisa, en esa pregunta se esconde la respuesta 405 . In contrast, their presence in type 1 vocatives is forbidden: *Chico de la última fila que no para de hablar, salga de clase. I have explained the apparent exceptions to this statement (tú mismo, vosotros tres, buen hombre, señor Hernández) as follows: the ‗restrictive‘ complement behaves as if it were ‗non-restrictive‘ and modifies the whole structure (e.g. vosotros tres –‗you three‘–, tú mismo –‗you for instance‘–), or the complement becomes part of the name of the addressee (e.g. buen hombre –‗good man‘–, señor Hernández –‗sir Hernández‘–). Taking everything into account, I argue that vocatives always project DPs regardless of their nature. Otherwise, the well-formed conditions of vocatives (e.g. referentiality or specificity: see chapter 2) would be violated and the communication would not take place. This statement requires a revision of the hypothesis of Longobardi (1994, 2001) and his followers, since he claims that arguments are DPs, but predicates are not. This is exactly what Bernstein (2008) does, inspired by Crisma (1997). She proposes that the hypothesis of Longobardi be rephrased as follows: DPs denote individuals, while NPs denote properties (Bernstein, 2008: 1252). Thus, vocatives would check their charactersitics in Dº which would explain why they cannot be preceded by determiners: they would compete for the same position. 404 ‗The/That boy in the back row who won‘t stop talking, leave the class‘ 405 ‗My girl with the perfect mile, the answer is hidden in this question‘: example taken from Corpes (Spain, CORPES, Álvarez, 2009). 425 Nevertheless, Bernstein does not take into account examples of vocatives with determiners (type 2 vocatives). Considering the impossibility of vocatives‘ charactersitics being in Dº, I propose the existence of a new phrase projection which has been called Vocative Phrase (VocP) in the literature (Moro, 2003; Hill, 2013a, 2013b; Stavrou, 2014; Espinal, 2013; et al.). The head of the VocP contains two charactersitics in keeping with the work of Hill. First, deictic of second person properties –virtual or real–, and second, inter-personal charactersitics in words of Hill. Finally, the vocative head takes the DP as a complement, where vocative constructions are generated. Once the internal structure has been studied, I have focused on the relationship between vocatives and the sentence. I observed that vocative constructions have two different behaviours depending on the position they occupy and the function they fulfil: call vocatives (initial position) and addressee vocatives (middle and final positions). This distinction has led us to question whether vocatives are part of the sentence or not. In this regard I have explored two possibilities: (i) VocPs are indeed appositions of a second person as some studies propose (e.g. Fink, 1972, or Gisbert & Höel, 1990), and (ii) VocPs are part of the left periphery. After analysing both options, I have concluded that vocatives are located in the left periphery defined by Rizzi (1997, 2001, 2004a) because of their syntactic, semantic and intonational independence, among other things. Authors such as Moro (2003), Stavrou (2009, 2014), Slocum (2010, 2016) and Espinal (2013) share a similar point of view. However, the new characteristic of my proposal is the view that vocatives occupy two different positions depending on their semantic-pragmatic functions. First, if they have an appellative interpretation (initial vocative), they are placed above ForzeP, in Call Phrase (i.e. SApelativo). Second, when they are addressees (middle or final vocatives), they appear in Addressee Phrase (i.e. SFático) between the Focus Phrase and the highest Topic Phrase, as Slocum (2010, 2016) argued. Consequently, it has been shown that the semantic-pragmatic distinction proposed by Zwicky (1974) between calls and addresses has an impact on the syntax. Finally, I examine the relationship between vocatives and imperatives, and between vocatives and extrasentential elements. With regard to the former, I have adopted the proposal of Mauck, Zanuttini and Pak (Mauck, Portner and Zanuttini, 2004; Mauck and Zanuttini, 2004; Zanuttini, 2008). They claim the existence of a jussive operator that assigns the second person charactersitics to the subject and connects the 426 subject with the VocP. Thus, it can be explained why vocatives and subjects always co- refer although they occupy two different positions in the sentence. Nevertheless, there are cases in which the boundaries between vocatives and subjects become blurred: Ana, entra en casa (‗Ana, come into (the house)‘) vs. Ana entra en casa (‗Ana comes into (the house)‘). For these cases and other similar structures, I have designed an experiment which determines the prosodic vocative contour and compares this prosodic contour with the subject intonation (chapter 2). After analysing the results from 30 participants, I have concluded that vocatives are intonationally independent phrases that have a low boundary tone, a statement that contrasts with the medium boundary tone proposed in the literature. These properties allow us to distinguish vocatives not only from subjects but also from other extrasentential elements such as topics. In this regard, I have compared vocatives with other extrasentential elements such as topics, particles and parentheticals, in particular with adverbs (chapter 4). However, I have observed that vocatives have sufficient properties to differentiate them from extra-sentential elements. These properties include: their obligatory referential and determinative nature; their status as functions; and their special intonation, among others. As a consequence, I have proposed that vocatives occupy different positions to particles, adverbs and topics. For topics and adverbs, I have adopted the proposal of Rizzi but with one modification: ModP can appear between FocusP and the lowest TopP, but also between the highest TopP and AddrP (i.e. SFático), as my data indicate. For particles, I have proposed a new analysis based on Haegeman (2014) and Sánchez López (2017). Depending on their nature (i.e. calls or addressees), particles will be situated in the head of CallP or in the head of AddrP, and the VocP appears in their specifier. These projections consist of two shells, CallP/callP and AddrP/addrP, as has been assumed for lexical verbs (VP and vP), which explains the co-existence of particles (e.g. eh, oye, mira; ah, fíjate, etc.). This research topic can be extended in different ways. The first one relates to particles. It is not clear why two semi-verbal particles such as mira (‗look‘) and oye (‗hey‘) can be combined without any word order restriction (e.g. oye, mira; mira, oye), and why mira rises to the ‗high‘ shell in some cases but not in others. 427 The second issue is connected to parentheticals. This dissertation has analysed the similarities and differences between vocatives and sentential adverbs leaving aside the relationship between vocatives and other parentheticals, such as non-defining relative clauses, quotes, and parenthetical reduced constructions, among others, which remain open for future research. Finally, it is expected that the analysis proposed in this dissertation could be extended to other languages such as French, Italian and Romanian, but also to English, or, for instance, German. In this connection, it would be necessary to explore the restrictions that these languages present and to try to resolve them. 428 429 BIBLIOGRAFÍA ABELLA, María Pilar (1963): El vocativo y la función impresiva del lenguaje. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona [tesis doctoral]. ABNEY, Steven (1986): Functional elements and licensing. Ms., MIT, Cambridge, Mass. ABNEY, Steven (1987): The English noun phrase in its sentential aspect. MIT, Cambridge, Mass [tesis doctoral]. ADGER, David (2002): Core Syntax: A Minimalist Approach. AIKHENVALD, Alexandra Y. (2010): Imperatives and commands. Oxford: Oxford University Press. AKKUŞ, Faruk (2016): «Inverse vocatives: the issue of reference and agreement mismatch». En Marc Richards (eds.), GLOW, pp. 19-21, primavera de 2016. ALCÁZAR, Asier, y SALTARELLI, Mario (2014): The syntax of imperatives. Cambridge: Cambridge University Press, XIV. ALCINA FRANCH, José, y BLECUA, José Manuel (1975): Gramática española. Barcelona: Ariel. 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Pregunta 2: estás como aprendiz de profesor en un colegio de niños pequeños y te ha tocado distribuir las tareas de tres alumnos: Santi, Rafael y Álvaro. Llámalos a los tres y diles que uno se encargue de recoger los libros, otro de colocar las mochilas y el último de poner bien las mesas. -Hace frío, así que le pides a uno de ellos que cierre la ventana. (Diferencias entre vocativos y sujetos: posibles casos de coaparición). Pregunta 3: durante la explicación de una de tus clases, el chico de la última fila no para de distraer a los demás alumnos y a ti mismo/-a. Cansado/-a, le dices que salga de clase. -Poco después, ves que otros alumnos no paran de charlar como si estuvieran en un bar. Te diriges a ellos y les dices que o atienden o se van de clase. (Diferencias entre vocativos y sujetos: SSDD) Pregunta 4: eres el director de una orquesta y les pides a los violinistas que afinen sus instrumentos y a los pianistas, que vayan practicando escalas. - Eres el director de orquesta y le das instrucciones a tu ayudante sobre qué tienen que ir haciendo los músicos mientras tú te preparas: los violinistas tendrán que afinar sus instrumentos y los pianistas irán practicando escalas. (Diferencias entre vocativos y tópicos: oraciones subordinadas introducidas por que). Tesis Laura González López PORTADA AGRADECIMIENTOS ÍNDICE DE CONTENIDOS ÍNDICE DE CUADROS, TABLAS y FIGURAS ABREVIATURAS RESUMEN ABSTRACT CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN CAPÍTULO 2. DEFINICIÓN y DELIMITACIÓN DE LOS VOCATIVOS CAPÍTULO 3. LA ESTRUCTURA INTERNA DE LOS VOCATIVOS CAPÍTULO 4. LOS VOCATIVOS y LA ORACIÓN CAPÍTULO 5. CONCLUSIONS BIBLIOGRAFÍA ANEXO: MODELO DE PREGUNTAS DEL CUESTIONARIO