UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN Departamento de Periodismo III LECTURA CRÍTICA, IDEOLÓGICA Y ESTILÍSTICA DE LA CRISI SÉPTIMA DE LA SEGUNDA PARTE DE "EL CRITICÓN" DE BALTASAR GRACIÁN, INTITULADA EL HIERMO DE HIPOCRINDA, A LA LUZ DEL CONTEXTO LIGÜÍSTICO Y EXTRALINGÜÍSTICO MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Alejandro Tenorio Tenorio Bajo la dirección de la doctora Asunción Bernárdez Rodal Madrid, 2013 © Alejandro Tenorio Tenorio, 2012 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN Departamento de Periodismo III Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. Tesis doctoral presentada por Alejandro Tenorio Tenorio Dirigida por la Doctora Doña Asunción Bernárdez Rodal Madrid, 2012 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN Departamento de Periodismo III Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. Tesis doctoral presentada por Alejandro Tenorio Tenorio Dirigida por la Doctora Doña Asunción Bernárdez Rodal Madrid, 2012 A Carmina, Javier y Marimar... Agradecimientos A la Facultad de Ciencias de la Información de la UC de Madrid por el soporte institucional que me ha prestado, sobre todo el Departamento de Periodismo III. También quiero expresar mi gratitud a los profesores por la excelencia de su trabajo: al Dr. D. Felicísimo Valbuena de la Fuente y al tema, por él sugerido, El Discurso de las armas y las letras a la luz de las teorías bernianas, de las que todo desconocía; a la Dra. Dña. Ana Isabel Segovia Alonso y sus lecciones sobre Las industrias de la cultura o La economía política donde se encierran las claves para entender lo que está pasado en Europa y en España estos últimos tiempos; tampoco olvidaré la entrevista a la que me sometió el Dr. Don Javier Davara Rodríguez donde hizo gala de sus Estrategias de la comunicación persuasiva y que tanto me han servido para calibrar las lisonjas y los anzuelos que Gracián usa en su Criticón. Especialmente quiero agradecer el interés y el esfuerzo de la Dra. Dña. Asunción Bernárdez Rodal, directora de esta tesis, por sus orientaciones bibliográficas, sus rigurosos planteamientos y el seguimiento constante del trabajo académico, amén de sus enseñanzas sobre la perspectiva de género y sus implicaciones en la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. Su entrega profesional le ha permitido dedicarme su tiempo, incluso el no establecido en su horario lectivo, y me ha recibido en su despacho cuando la he necesitado para salir de las encrucijadas y dificultades a las que, a veces, conduce toda investigación o ha contestado siempre, siempre siempre a mis correos aclarándome dudas, ayudándome a superar indecisiones, a corregir errores, a superar desalientos… Asimismo no puedo dejar de mencionar aquí a la Dra. Dña. Eva Aladro Vico que cuando me dejé caer por el Departamento en busca de un programa de doctorado, huyendo, acaso, de mis propios fantasmas..., me recibió con gran amabilidad. Sus enseñanzas sobre los nuevos medios de comunicación me han ayudado a seguir adelante y, paradójicamente, retroceder a la antigüedad clásica, al divino Platón, como le llamaba Schopenhauer, a la tragedia griega hasta llegar a Antígona, metáfora sublime del dolor humano, que inmoló su vida por el sagrado deber de enterrar a sus muertos. Muchas gracias, profesora, pues además ha contribuido, quizás sin saberlo, a que pueda cumplir con el penúltimo de mis retos académicos y a crear, con sorpresa incluso para mí, un blog en internet, cuyo lema, Los medios como metáforas: de McLuhan a Malevich, me ha permitido glosar algunas de mis lecturas, emulando apenas y solo a veces, la emblemática de Alciato o el estilo sentencioso de Gracián. Además quiero manifestar mi agradecimiento a todas aquellas personas que con su trabajo diario y silencioso han contribuido, de una manera u otra, a que hoy pueda estar leyendo esta tesis; me estoy refiriendo al personal administrativo, de bibliotecas, de servicios... cuya profesionalidad es digna de encomio, a pesar del gobierno y el desgobierno de Europa. Sin ellos, nada funcionaría. Vivimos tan profundamente desasosegados como Gracián en su tiempo, al albur de incertidumbres internas y externas que nos acechan: los desastres de una administración corrupta en la que nada es lo que parece, las trampas de una Europa invertebrada -sin ejecutivo efectivo, sin parlamento, sin tribunales-, la prepotencia de una especulación desvergonzada, la conformación salvaje de los mercados, los intentos de aniquilación de los Estados sociales, etc. etc. etc. que terminarán por esclavizar a la mayoría, si no los combatimos democráticamente ya. Todos esos males, peligrosamente, nos acercan al fantasma de la España negra y a la imagen de aquella Europa, déspota y devastadora, del imperialismo del dinero y de la violencia. ¡Indignaos y a luchar! El Criticón (1651-1657) está lleno de alusiones veladas a acontecimientos, a hechos o dichos y a personajes contemporáneos. Para sus primeros lectores debió tener el interés y el sabor de un artículo de periódico. Actualmente hemos perdido algunas claves y nos interesa principalmente la parte puramente filosófica y la prodigiosa de su lengua. Romera-Navarro, el gran especialista de Gracián, escribe, en el Prefacio a su edición crítica, comentada y monumental de El Criticón, que esta gran obra maestra del siglo XVII, es la "única que puede parearse con el Quijote de Cervantes y con Los sueños, de Quevedo, en la invención, el ingenio y la lengua... Nuestra mejor novela alegórica y filosófica, sin rival fuera de España." Retrato que estuvo colgado en el Colegio de Jesuitas de Calatayud. Actualmente en la Uned de Calatayud Inscripción que le acompaña: P. BALTHASAR GRACIAN, ut iam ab orto emineret, in Bellomonte natus est prope Bilbilim, confinis Martiali patria, proximus ingenio, ut profunderet adhuc xcristianas argutias Bilbilis, quae poene exhaustae videbantur in aethnicis. Ergo augens natale ingenium innato acumine, scripsi ARTEM INGENII et arte fecit scibile quod scibile facit artes. Scrisit item ARTEM PRUDENTIAE et a se ipso artem didicit. Scripsit ORACULUM et voces suas protulit. Scritsit DISERTUM ut se ipsum describeret. Et ut scriberet HEROEM heroica patravit. Haec et alia eius scripta Mecenates Reges habuerunt, Iudicem Admirationem, Lectores Mundum, Typographum Aeternitatem. Philippus IV saepe illius argutias inter prandium versabat, ne deficerent sales regiis dapibus. Sed qui plausus excitaverat calamo, deditus Missionibus excitavit planctus verbo, excitaturus desiderium in mortre qua raptus est 6 Decemb, 1658, sed aliquando extintus aeternum lucebat 1 . 1. "El P. Baltasar Gracián, para que ya desde el origen sobresaliera, nació en Belmonte, cerca de Calatayud, lindando con la patria de Marcial, de quien fue próximo en ingenio, a fin de que Bilbilis produjera también agudezas cristianas, las cuales casi exhaustas se mostraban en sus naturales. Así, pues, acrecentando el natal ingenio con su agudeza innata escribió el Arte de ingenio y con arte enseñó cuanto enseñan las artes. Escribió además el Arte de prudencia y de sí mismo el arte consagró. Escribió El Oráculo y sus propias palabras divulgó. Escribió El Discreto y en él a sí mismo describió. Y escribiendo El Héroe realizó un asunto heroico. Este y otros escritos suyos tuvieron a reyes por mecenas, por juez la admiración, por lector el mundo, por tipógrafo la eternidad. Felipe IV solía comentar en la mesa las agudezas de aquel, para que, en los banquetes reales, no faltaran las sales. Mas quien con la pluma había movido los aplausos, entregado a las misiones, con la palabra movió al llanto, y hubo de mover deseo en la muerte, por quien fue arrebatado el 6 de diciembre de 1658; pero, aunque extinto, brillará eternamente." (HOYO, Arturo de (1967) en Baltasar Gracián, Obras Completas, 3ª. ed., Madrid, Aguilar, pág. CCXXXVIII). Retrato de Baltasar Gracián, procedente de Graus (Huesca), donde está expuesto en el centro Espacio Pirineos Abrir los ojos El Barroco es la época del apogeo de lo visual. En Gracián esta característica se hace obsesiva no tanto por el uso de recursos visuales: emblemas, empresas, alegorías o iconos simbólicos, sino por la idea dominante en sus obras de que el sentido de la vista es la base para saber ser persona. El Criticón que pretende enseñar a vivir al hombre en el mundo, basa su aprendizaje en saber ver y mirar. Rubens, Hermes y Argos Rubens, Juno y Argos En Gracián, el término ojo es polisémico y nos desvela muchos aspectos de su pensamiento sobre la teoría del conocimiento, sobre el mundo, el hombre, la mujer o la sociedad. Para el jesuita, el alma se ostenta en la cabeza, el cielo del humano microcosmos, y los ojos son su manifestación exterior: "Quien quisiera verla, búsquela en los ojos[...]. Ellos suplen todos los demás sentidos y todos juntos no bastan a suplir su falta. No solo ven, sino que escuchan, hablan, preguntan, responden, riñen, aficionan, agasajan, ahuyentan, atraen y ponderan y todo lo obras."2 Los ojos son miembros divinos, las puertas fieles por donde entra la verdad, que produce en el alma cuantas cosas hay, en imágenes o especies. La primera regla del camino del vivir es, pues, saber ver, abrir los ojos, la frase más usada por Gracián, y como en tantos casos, con variados sentidos. La alegoría que simboliza vivir con los ojos abiertos al mundo y a la vida es Argos, que ya deja de ser el ser mitológico, de los cien ojos, que vigila a la amada de Júpiter, la ninfa Ío, y lo transforma en el símbolo del hombre alerta o "con cien ojos". El ojo en la mano o mano ocular se relaciona con el famoso emblema XVI de Alciato, que se encuadra en su serie sobre la prudencia. Sus glosadores y traductores nos hablan de este emblema de la fiabilidad de los ojos y del mundo que los engaña con sus apariencias. En el texto de Alciato se dice que los ojos deben ser como manos, que no han de creer todo lo que ven. El tema del engaño y del desciframiento de la verdad sobre la apariencia es una de las claves del enseñar a ver. Gracián hace un uso del emblema de Alciato en El Criticón, cuando Argos entrega un ojo al museo de Salastano "para que toque con ocular mano las cosas antes de creerlas."3 2. C, I, c. 9. 3. C, II, c. 2: Los prodigios de Salastano El ojo en Gracián: Lo que no se ve es como si no fuesse. Emblema XVI de Andrea Alciato "Prométoos que para poder vivir es menester armarse un hombre de pies a cabeza, no de ojetes, sino de ojazos muy despiertos: ojos en las orejas, para descubrir tanta falsedad y mentira; ojos en las manos, para ver lo que da y mucho más lo que toma; en la lengua, para mirar lo que se ha de decir [...]. Ojos en los ojos para mirar cómo miran: ojos y más ojos y reojos procurando ser el mirante. " (El Criticón, II, crisi 1). El Barroco, para el hombre, es un mundo dominado por el engaño; en este sentido, la Fuente de los Engaños (C, I, c. 7) encierra la clave del pensamiento de Gracián sobre este asunto. En el Oráculo escribe: " No todos los que ven han abierto los ojos; no todos los que miran ven." (Aforismo, 230). Abrir los ojos es el mirar de ánimo, con los ojos interiores; abrir los ojos es el mirar y reflexionar sobre lo visto y ambas cosas llevan al hombre a saber vivir. Para Gracián, el entendimiento es mejor que la voluntad: "Comencé a saber y a ser persona, que hasta entonces no había vivido la vida racional, sino bestial: fue llenando el alma de verdades y prendas. Conseguí la sabiduría y con ella el buen obrar, que ilustrado el entendimiento con facilidad endereza la ciega voluntad; [...]" (C, I, c. 4) La visión de la inteligencia no es otra que la visión racional, la que permite conocer la verdad de los hechos y quien guía la conducta del hombre. El ojo del que nos habla es el ojo moral, capaz de interpretar los distintos modos de mirar en términos de la filosofía moral, con objeto de crear una moral práctica para el mejor vivir del hombre en el mundo. Pero Gracián aplicará estos razonamientos al mundo de las apariencias, que ya no son el velo que ocultan las ideas (Platón), sino el verdadero ser del mundo, tal y como nuestros ojos lo ven. La apariencia no es falsedad sino algo que pertenece a las cosas. No hay que eliminar las apariencias de la realidad, sino adaptarse a ellas. El sabio debe aceptar el juego de las apariencias del mundo, acomodándose en él por medio de la inteligencia para obtener el máximo provecho. En el Oráculo escribe, Aforismo 130: "Hazer y hazer parecer. Las cosas no passan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo mostrar es valer dos vezes. Lo que no se ve es como si no fuesse. [...]" ¿No se ve aquí un anticipo de los Modos de ver o de la Información determinante? En consecuencia, para Gracián, el hacer parecer las cosas es el arte de las artes, como destaca en varios de sus libros. Aconseja que se muestre "buena exterioridad", la mejor estrategia ante la mirada necia de la sociedad y exige a su lector atento que use otro tipo de ojo, el ojo del zahorí, ojo astuto, que penetra en lo más profundo, cuando se trata de juzgar a personas y cosas bajo la apariencia con que se han revestido. Se vale del mito de Momo que echa en falta en el hombre una ventanilla en el pecho para ver sus intenciones. Mirar con ojo de zahorí hará innecesaria esa ventanilla. Modos de ver 4 Las huellas de la mitología y la teoría de género El Juicio de Paris, c. 1515, grabado de Marcantonio sobre dibujo de Rafael El grabado sobre el Juicio de Paris fue uno de los más famosos del Renacimiento (1517). Su fuente son dos sarcófagos romanos. La acción principal queda en medio: a la derecha un dios río y una ninfa; a la izquierda tres ninfas. Arriba, los dioses del Olimpo, Júpiter y su cortejo; al lado, los Dioscuros cabalgando y a Apolo con su carro atravesando el círculo del Zodiaco. Todos observan el juicio. Paris, musculoso y desnudo, abrumado por tanto espectador, ha hecho ya su elección y Rafael lo pinta en el momento de dar la manzana a Venus (Afrodita), que triunfante es coronada por una Victoria alada. Las diosas rivales preparar su retirada, contrariadas y la amenaza en la mano de Juno (Hera). Minerva se está poniendo el manto para marcharse; es un desnudo de espaldas de Atenea que ha influido en generaciones de artistas. Estaba celebrándose la famosa boda de Tetis y Peleo, tan amados por los dioses, que asistieron todos al banquete nupcial, cuando una diosa, Eris (la Discordia), no invitada por su actitud problemática, apareció enfurecida por ello en medio del banquete y arrojó una manzana de oro (“manzana de la Discordia”) a la mesa, cuya inscripción decía “Para la más hermosa”, la cual sería el galardón destinado a la más bella de las diosas El Juicio de Paris está basado en la idea: un hombre o varios mirando a unas mujeres desnudas en un Concurso de Belleza. Se introduce un nuevo elemento: el juicio. Paris, como agente de Zeus, tiene que premiar con la manzana a la diosa que considere más bella. Así la belleza se convierte en un objeto de competición. Solo la más bella recibe el premio. Y la premiada, que mira pasivamente y desnuda al espectador, en este caso Venus mira a Paris, símbolo del espectador, se transforma en un signo icónico de sumisión a los sentimientos del propietario del cuadro, el rey Felipe IV. 4. BERGER, John (1975), Modos de ver, Barcelona, Gustavo Gili. Rubens y sus interpretaciones del Juicio de Paris Rubens, Juicio de Paris, 1638-1639, Madrid, Museo Nacional del Prado A finales del XVI, El Juicio de Paris fue un tema muy popular y atractivo para los artistas manieristas de Haarlem, Holanda, ya que podía aumentar el número de personajes a voluntad. Rubens, el Homero de la pintura, muy vinculado con la monarquía real española, llegó a ser el pintor favorito de Felipe IV. La realidad percibida por Rubens entra en “el reino de lo visible”, como señaló John Berger en su programa de televisión Modos de ver (1972): modos de acotar el mundo de lo visible; modos de llegar a ser singular y único frente a otros pintores o escritores. En esta caso se trata de los modos ver del hombre a la mujer, que tanto separan a Baltasar Gracián de Pedro Pablo Rubens, acaso por la influencia en el primero de Aristóteles y los Padres de la Iglesia. Quizás la realidad, tantas veces confundida con lo visible, exista de forma autónoma, aunque, desde el punto de vista epistemológico, este es un asunto polémico5. Lo visible solo es el conjunto de imágenes que el ojo crea al mirar. La realidad se hace visible al ser percibida. Y una vez atrapada, tal vez no se pueda renunciar a esa forma de existencia que adquiere, por ejemplo, en la conciencia de Rubens y que nos ha dejado plasmada en sus pinturas. Lo visible es un invento, uno de los más formidables de los humanos. De ahí la necesidad de multiplicar los instrumentos de visión y ampliar así sus límites. En 1972, Modos de ver, se convierte en libro. John Berger y su equipo hicieron que la tan repetida afirmación de McLuhan, “el medio es el mensaje”, adquiere un significado pleno. Berger y su equipo trataron de indagar continuamente sobre el encuentro, causal o deseado, de cualquier persona con una obra de arte. De todos los pintores de desnudos, Rubens es, sin duda, el que mejor ha logrado mostrar la belleza del color y la textura de la carne. Ese lirismo, esa elocuencia, esa sensualidad, ese gusto por las formas opulentas, por los desnudos generosos y esa vitalidad sensual aparecen en sus composiciones mitológicas como las Tres Gracias o el Juicio de Paris. Rubens fue un gran erudito, un humanista cristiano, un hombre de letras apasionado con la Antigüedad, un diplomático políglota y también un hombre de negocios y un genio de la organización que fundó y dirigió talleres de pintura, célebres en toda Europa, donde formó asistentes y colaboradores que le ayudarían a plasmar sus ideas en números lienzos, esculturas, tapices y grabados. En el siglo XVII, Rubens trabajaba ya de una manera que hoy puede calificarse de multimediática y mundialista hasta el punto que llegó a pintar al óleo seis veces el tópico del mito. 5.ALADRO VICO, Eva (2009), La información determinante, Madrid, Editorial Tecnos (GRUPO ANAYA, S.A.). Modos de ver de Gracián6 “Mas no es un enemigo sólo, sino todos en uno, que todos han hecho plaza de armas en ella: de carne se compone, para descomponerle; el mundo la viste, que para poder vencerle a él, se hizo mundo della; y la que del mundo se viste, de demonio se reviste en sus engañosas caricias: Gerión de los enemigos, triplicado lazo de la libertad que difícilmente se rompe. De aquí, sin duda, procedió el apellidarse todos los males hembras, las furias, las parcas, las sirenas y las arpías, que todo lo es una mujer mala. 7 ” El modo de ver de Baltasar Gracián a la mujer en sus obras está mediatizado por la misoginia, motivada por profundas raíces ideológicas tradicionales que defienden la supuesta inferioridad de las mujeres y la superioridad de los hombres lo que conlleva la discriminación de las mujeres en una sociedad. Los ataques sarcásticos que lanza Gracián se dirigen a todo el genos gynakón , es decir, la estirpe de las mujeres en general, amén de manchar los atributos de género. Sus fobias a lo femenino hacen que la mujer esté ausente en El Criticón y esto causa tristeza emocional del lector atento. 6. Ekphrasis en el lenguaje pictórico Muchísimos relatos mitológicos y literarios del mundo greco-latino tendrán relación con la iconografía ya que sirven de Ekprhasis, término griego de la retórica helenística, que se refiere al intento por alcanzar por medio de la palabra la percepción visual, es decir, se trata de la traducción visual de las correspondencias literarias en el lenguaje pictórico, en la que tanto empeño pusieron los pintores del Renacimiento y el Barroco, y mucho antes en cerámicas y frescos grecolatinos, pasando por todo el Medievo. 7. C, I, c. 12: Los encantos de Falsirena, págs. 253-254. Las negritas y cursivas son mías Modos de ver de Velázquez Las Hilanderas o La fábula de Aracne 8. Diego Velázquez, c. 1657, Museo del Prado, Madrid, el mismo año en que se publica la Segunda Parte, Juiciosa cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad, de El Criticón, Baltasar Gracián. Rubens. Copia del Rapto de Europa de Tiziano. M. del Prado / Ignuti de Miguel Ángel. Capilla Sixtina. 8.El cuadro, inventariado en el Prado desde su fundación (1819), sería una de las obras más complejas y enigmáticas de Velázquez. Se trataría del "Obrador de hilado y devanado y pieza para ventas en la fábrica de Tapices de Santa Isabel, de Madrid. Cinco mujeres trabajando. En la habitación alta, tres damas contemplan un tapiz de tema mitológico, en el que se ve a Minerva y Juno". Ortega supuso que encubría un tema mitológico, tal vez las Bodas de Tetis y Peleo o las Parcas (o Moiras griegas: Cloto, Láquesis, Átropos) que personifican el destino de cada uno en el mundo. Angulo nos recuerda, la Fábula de Aracne (Ovidio, Metamorfosis, lib. VI) y cuenta que Palas-Atenea (Minerva), hábil en todas las artes, se enfadó al saber que Aracne, una doncella lidia, presumía de ser la mejor tejedora de tapices, y se había permitido representar a Júpiter, padre de Minerva, sin mediar amoríos, en algunos de estos, es especial cuando adopta la figura de toro para raptar y gozar a la doncella Europa. Minerva castigó a la indiscreta artesana convirtiéndola en araña. Actualmente se da por probado que la Fabula de Aracne, de Velázquez, es el tema del cuadro, en el que el pintor, bajo apariencias cotidianas, nos lleva a ideas neo-platónicas. En la pieza del fondo, apenas podemos distinguir tres damas, que parecen reales, una mirando hacia nosotros, y tras ellas dos personajes (Minerva armada y Aracne) y un fragmento del Toro-Júpiter llevándose a Europa, según Tiziano, que forman parte del tapiz que contemplan las damas modernas. (Velázquez, Madrid, Museo del Prado, Ministerio de Cultura). Modos de ver de G.F. Watts George Frederic Watts, Mammon, 1884-1885. Óleo sobre lienzo. Tate Moderm. Londres El malvado Mammon, salvaje déspota del progreso económico, a menudo deificado por los humanos, protege las bolsas de dinero que guarda en su regazo. El ogro aparta a una bella joven con una mano y aplasta a un muchacho con un pie. Gracián, en la crisi tercera de la Segunda Parte de El Criticón, cuyo lema es La cárcel de oro y calabozos de plata, ya presenta una severa crítica contra las miserias de la acumulación de las riquezas. Modos de ver Malevich Cuadrado negro sobre fondo blanco (1913) Kazimir Severinovich Malevich Suprematismo Museo estatal de Rusia, San Petersburgo (Rusia) Como puro juego conceptual, del intelecto, ese "icono desnudo enmarcado" de Malevich bien puediera simbolizar la metáfora continuada de EL CRITICÓN, relato donde, estilísticamente, menos es más. El Criticón es la quintaesencia de toda la obra de Gracián y Gracián la quintaesencia del Barroco español. "Y tan dificil como hermoso. El estilo conciso, la frase epigramática, tan corta de palabras como cargada de intención, los juegos de ideas y de vocablos, el doble y aun triple sentido de infinitas frases, este laconismo con que el autor indica sólo un arco y el lector ha de ver todo el círculo, ese caudal de alusiones veladas a hechos, cosas y personas de la vida contemporánea, aquellas constantes referencias a los rincones de la mitología y la historia, la riqueza prodigiosa de su lengua: todo ello ponía frente a lo dulce de la lectura, lo amargo de la dificultad9." 9. ROMERA NAVARRO, M. (1938), "Prefacio" en BALTASAR GRACIÁN, El Criticón, Tomo I, Philadelphia, University of Pennesylvania Press, Published in Co-operation with the Modern Language Association of America, London: Humphrey Milford: Oxford University Press, págs. I-VII. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 1 Índice Págs. Introducción Objetivo general de la investigación.....................................................................................I Objetivos específicos.........................................................................................................XI Metodología.....................................................................................................................XX Hipótesis del trabajo.....................................................................................................XXVI Breve síntesis de la estructura......................................................................................XXXI PRIMERA PARTE: Biografía de Baltasar Gracián a través de los documentos aportados por los investigadores gracianistas. CAPÍTULO PRIMERO 1. Valoración de los textos de Gracián desde su muerte hasta nuestros días.......................2 1.1. En España...................................................................................................................2 1.1.1. Siglo XVII: Barroco.......................................................................................2 1.1.2. Siglo XVIII: Ilustración y Neoclasicismo......................................................5 1.1.3. Siglo XIX: Romanticismo y Realismo...........................................................6 1.2. En Europa...................................................................................................................6 1.2.1. Francia: Siglos XVII y XVIII.........................................................................7 1.2.2. Alemania: Siglos XVIII y XIX......................................................................8 1.3. El gracianismo actual...............................................................................................10 1.3.1. Adolphe Coster.............................................................................................10 1.3.2. Ricardo del Arco y Garay (1888-1955)........................................................11 1.3.3. Benito Pelegrin.............................................................................................12 1.3.4. Constancio Eguía Ruiz.................................................................................14 1.3.5. Miguel Romera-Navarro..............................................................................14 1.3.6. Guillermo Díaz-Plaja....................................................................................20 1.3.7. Evaristo Correa Calderón.............................................................................21 1.3.8. Miquel Batllori.............................................................................................22 1.3.9. Arturo del Hoyo...........................................................................................29 1.3.10. Conrado Guardiola Alcover.......................................................................30 1.3.11. Belén Boloqui Larraya...............................................................................30 CAPÍTULO SEGUNDO 2. Algunas pinceladas sobre la biografía de Baltasar Gracián al hilo de sus obras...........33 2.1. Nacimiento en Belmonte, ambiente familiar y formación......................................33 2.1.1. Su paso por la Ciudad Imperial e ingreso en el noviciado de Tarragona....................................................................................................34 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 2 2.1.2. Colegio de Zaragoza: inicia estudios de Teología (4 años) y se ordena sacerdote (1627)......................................................................35 2.1.3. Su traslado al Colegio de Gandía (1633)….................................................37 2.2. Lastanosa, El Héroe (Huesca, 1637) y el inicio de la carrera literaria de Gracián..............................................................................................................38 2.3. Gracián confesor del virrey de Navarra: El Político don Fernando el Católico (Zaragoça, 1640).................................................................................41 2.4. El padre Gracián como predicador en Madrid: el Arte de ingenio Tratado de la agudeza (Madrid, 1642)…………………………………………..44 2.4.1. La oratoria religiosa barroca........................................................................49 2.4.2. El tapiz de fondo de la artificiosa elocuencia de la retórica eclesiástica..................................................................................................50 2.4.2.1. Pensamiento y cultura: El barroco.................................................50 2.4.2.2. Las modas literarias en Europa en tiempos de Quevedo, Góngora y Gracián..........................................................................51 2.4.2.3. Quevedo y el conceptismo.............................................................53 2.4.2.4. Gongorismo y cultismo literario...................................................56 2.4.2.5. Diferencias y semejanzas entre gongorismo /conceptismo. ..........58 2.4.3. La barroquización de la Ratio Studiorum.....................................................60 2.4.4. Agudeza y arte de ingenio (Huesca, 1648)...................................................63 2.5. El padre Gracián, capellán castrense del ejército del marqués de Leganés. Tras la vuelta de la Guerra de Cataluña, publica El Discreto (Huesca, 1646), donde distingue el arte de discreción de el arte de prudencia..............................64 2.6. Partícipe heroico y aclamado como “Padre de la Victoria”, en la batalla de Lérida, en diciembre de 1647, regresa a Huesca, donde se había publicado El Oráculo manual y arte de prudencia.................................................................68 2.7. El Comulgatorio en dirección a la éckphasis literaria y plástica, con el objeto ignaciano de “hacer a Dios sensible al corazón humano.”..........................72 2.8. Gracián “en el invierno de la vida”, la Crítica de Reflección y Epistolario...............77 SEGUNDA PARTE. El Criticón: lectura crítica del texto y rastreo de las reminiscencias y fuentes más significativas. El paradigma de género. CAPÍTULO TERCERO 3. Análisis literario y filológico de la novela alegórico-filosófica de Baltasar Gracián...................................................................................................................79 3.1. El texto....................................................................................................................79 3.2. Autoría....................................................................................................................80 3.3. Fecha de la obra en el conjunto de la producción de Gracián.................................82 3.4. El constante proceso de reescritura de Gracián por su formación humanística respetando la singularidad de cada una de sus obras.............................................82 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 3 3.5. Estructura: tres partes, tres libros............................................................................83 3.6. Ficción o fábula de El Criticón...............................................................................84 3.6.1. Primer libro: En la Primavera de la Niñez y en el Estío de la Juventud......84 3.6.2. Segundo libro: Juiciosa cortesanía filosófica en el Otoño de la Varonil Edad..............................................................................................88 3.6.3. Tercer libro: En el Invierno de la vejez........................................................90 3.7. El espíritu desengañado de Gracián a través de algunos recursos estilísticos.........93 3.7.1. De la Agudeza nominal..................................................................................93 3.7.1.1. La interpretatio nominis (etimologías fantásticas: Betlengabor)...................................................................................93 3.7.1.2. Critilo o el hombre de juicio equilibrado..........................................94 3.7.1.3. Andrenio o varón, hombre común, indocto.......................................95 3.7.2. De los nombres alegórico-morales...............................................................96 3.7.2.1. Artemia o el arte y la razón.............................................................97 3.7.2.2. Falimundo o el engaño del mundo.................................................100 3.7.2.3. Falsirena o la mala mujer...............................................................100 3.7.2.4. Felisinda o la felicidad remota e inaccesible.................................102 3.7.2.5. Hipocrinda o la hipocresía y Virtelia o la virtud...........................103 3.7.2.6. Honoria o el honor, la estimación..................................................104 3.7.2.7. Sofisbella o la hermosa sabiduría..................................................105 3.7.2.8. Vejecia o la vejez............................................................................105 3.7.2.9. Otros personajes alegóricos menos relevantes................................106 3.7.3. La figura de los guías: caprichos fantásticos de Gracián...........................106 3.7.3.1. Guías de la juventud........................................................................109 3.7.3.2. Guías de la madurez........................................................................110 3.7.3.3. Guías de la vejez..............................................................................111 3.8. Rastreo de reminiscencias, citas o fuentes (hibridismo)...........................................112 3.8.1. El cuento morisco: Historia de Dulcarnain Abmaratsit............................112 3.8.2. El Quijote, el Persiles….............................................................................113 3.8.3. John Barclay, la epopeya menipea o la épica en prosa satírica y alegórica....................................................................................114 3.8.4. La novela picaresca....................................................................................115 3.8.5. La novela bizantina....................................................................................115 3.8.6. El Criticón, novela inter-genérica..............................................................116 3.8.7. El narrador omnisciente. La estructura narratológica................................120 3.8.8. El espacio y el tiempo: alegóricos y reales, abstractos y concretos...................................................................................................120 3.8.9. Las enseñanzas morales y el programa de formación del hombre para devenir en persona...............................................................121 3.8.10. Las técnicas manieristas de Gracián para expresar los contrastes entre el ser y el parecer. Las connotaciones inducidas........................122 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 4 CAPÍTULO CUARTO 4. El paradigma de género: mujer y sociedad en el Siglo de Oro; sus raíces. La ideología sexual subyacente en El Criticón............................................................125 4.1. La mujer en la época medieval............................................................................126 4.1.1. La filosofía natural y/o la medicina............................................................127 4.1.2. Algunos textos antiguos sobre la filosofía natural.....................................128 4.1.3. Malleus Maleficarum y La Celestina.........................................................129 4.1.4. De la mujer imperfecta e inferior al hombre a la mujer venenosa......................................................................................................131 4.1.5. La menstruación y sus efectos prodigiosos o maravillosos.......................132 4.1.6. Las enfermedades específicas de las mujeres............................................134 4.1.7. El poder de aojamiento de la mujer climatérica.........................................136 4.1.8. La mujer barbuda.......................................................................................137 4.2. La mujer en el Siglo de Oro......................................................................................139 4.2.1. Las artes amatorias y sus reprobaciones....................................................139 4.2.2. La literatura amatoria.................................................................................141 4.2.3. Aparentes paradojas entre literatura y política...........................................142 4.2.4. Ovidio y las relaciones eróticas relativas a Venus.....................................144 4.2.4.1. Ars Amatoria...............................................................................145 4.2.4.2. Reprobatis amoris.......................................................................146 4.3. Los tratados sobre la mujer en el Siglo de Oro.........................................................148 4.3.1. Siglo XVI: la espiritualidad y/o maternidad como atribuciones de género de lo femenino...............................................................................151 4.3.2. Obras españolas en defensa de la mujer del XVI. Paradojas y contradicciones...........................................................................................152 4.3.3. La representación literaria de la mujer en el Siglo de Oro.........................154 4.3.3.1. Textos literarios escritos por hombres: la omnipresencia del sistema patriarcal...................................................................155 4.3.3.2. Textos literarios escritos por mujeres..........................................157 PARTE TERCERA. Configuración de las genealogías, de la amistad, de la misoginia y de lo femenino en los textos de Baltasar Gracián. CAPÍTULO QUINTO 5. La Institución del linaje e Inquisición en el Siglo de Oro español..............................160 5.1. Gracián y sus burlas hacia los linajes....................................................................160 5.2. La omnipresencia terrorífica de la Inquisición.....................................................169 5.3. Gracián y sus alusiones crípticas por imperativo de la censura............................172 5.4. Gracián, entre adulaciones y señuelos, empós de su protección...........................177 5.4.1. La lisonja como engaño disculpable..........................................................180 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 5 5.4.2. De la arbitrariedad de la censura a la autocensura.....................................181 5.5. La temeraria disidencia política de El Criticón...................................................185 5.6. Gracián, ¿un Maquiavelo con sotana de jesuita?.................................................198 5.6.1. Las controversias gracianas sobre la sinceridad de su cristianismo..............................................................................................202 5.6.2. Gracián y la psicología moderna...............................................................208 5.6.3. Gracián ante el hecho irresoluble de la muerte.........................................214 CAPÍTULO SEXTO 6. De la amistad. Misoginia y literatura......................................................................221 6.1. Ventajas de la amistad...................................................................................222 6.2. Amigos de elección, cómo conseguirlos y conservarlos...............................223 6.3. La identificación aristotélica del amor y mistad...........................................225 6.4. La identificación graciana de amor y felicidad.............................................226 6.5. El eros pedagógico de Platón en la novela del aragonés..............................227 6.5.1. El Criticón como novela profana..........................................................227 6.5.2. El Banquete de Platón como fuente de Gracián...................................228 6.6. Felisinda como coartada de los dos peregrinos ...........................................231 6.6.1. La ausente presencia de Felisinda........................................................233 6.6.2. La Felicidad inmanente: celebrando a Eros.........................................234 6.7. El relativismo gracianesco...........................................................................236 6.8. Misoginia y literatura: el peso de la tradición greco-romana.......................239 6.8.1. Gracián o la fobia ideológica a “lo femenino”....................................242 6.8.2. De cómo el arte barroco de Gracián quiebra y retuerce el concepto literario de la mujer..............................................................245 CAPÍTULO SÉPTIMO 7. La representación de la mujer y lo femenino en Gracián.......................................250 7.1. De lo femenino al relato bizantino y de éste a la reflexión filosófico-alegórica...........................................................................................252 7.1.1. De la novela bizantina..........................................................................253 7.1.2. Niveles significativos de la alegoría y su relación con la metáfora.......254 7.2. La mujer como obstáculo peligroso.................................................................257 7.3. El cuerpo femenino en Gracián.......................................................................258 7.4. La cueva como locus de perdición del hombre................................................265 7.5. La mujer y la decadencia del Imperio en El Criticón......................................268 7.6. La moda y los adornos como atributo del despilfarro de lo femenino......271 7.7. La mujer varonil: atributos................................................................................274 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 6 CUARTA PARTE. Análisis del estilo de El Criticón a través de la crisi El hiermo de Hipocrinda, una sátira de la hipocresía religiosa. CAPÍTULO OCTAVO 8. Hipótesis literarias, filosófico-teológicas y políticas subyacentes a la crisi que lleva el lema El Hiermo de Hiopocrinda.............................................................280 8.1. La novela bizantina o libros de aventuras peregrinas............................................280 8.1.1. Espacio - Tiempo............................................................................................280 8.1.2. Benito Pélegrin versus Alain Milhou..............................................................281 8.1.3. Mijail Bajtín y la Teoría del cronotopo en las novelas de peregrinación..................................................................................................283 8.2. Gracián en la encrucijada........................................................................................284 8.2.1. Las Cartas Provinciales de Pascal...................................................................284 8.2.1.1. Pascal y su entorno............................................................................285 8.2.1.2. Jesuitismo en el plano dogmático y en el plano moral......................286 8.2.1.3. El jansenismo....................................................................................289 8.2.1.4. Port-Royal y los Solitarios................................................................291 8.2.1.5. El Pascal de las Provinciales.............................................................294 8.2.2. La derrota de la causa defendida en Las Provinciales....................................297 8.3. La Critica de reflección de Lorenzo Matheu y Sanz...............................................298 8.3.1. Crítica de reflexión..........................................................................................299 8.3.2.Autoría del panfleto.........................................................................................299 8.3.3. El libelo y la crítica moderna..........................................................................300 8.3.4. El escolasticismo dogmático de Matheu y Sanz.............................................301 CAPÍTULO NOVENO 9. Comentario lingüístico y literario de la CRISI SÉPTIMA de la Segunda parte de El Criticón, intitulada El Hiermo de Hipocrinda....................................................................304 9.1. El texto de la crisi................................................................................................304 9.2. Perspectivismo satírico........................................................................................304 9.3. Comentario argumental de El Hiermo de Hipocrinda.........................................307 9.4. Estructura de la crisi VII de la Segunda Parte de El Criticón..............................309 9.4.1. Primer apartado........................................................................................310 9.4.2. Segundo apartado.....................................................................................313 9.4.3. Tercer apartado.........................................................................................315 9.4.4. Cuarto apartado.........................................................................................318 9.5. Análisis de la forma partiendo del tema..............................................................319 9.5.1. La fluidez del lenguaje graciano: Menos es más......................................320 9.5.2. Simplicidad sintáctica preñada de significado.........................................322 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 7 9.5.3. El plano fónico-rítmico de la prosa graciana...........................................325 9.5.4. El plano léxico: Las partes mayores de la oración en la prosa y el estilo graciano...........................................................................................329 9.5.4.1. El nombre y sus acumulaciones..................................................330 9.5.4.2. Reiteración de las nominalizaciones: adjetivos, verbos y adverbios.....................................................................................331 9.5.4.3. La preeminencia del verbo en Gracián........................................334 9.5.4.4. Estilística de los modos y tiempos verbales................................338 9.5.4.5. El sobrio estilo adjetival en la obra graciana...............................340 9.5.4.6. El adverbio en la estética de Gracián..........................................346 9.5.4.7. Elisión de las partes morfemáticas de la oración: determinantes, relatores................................................................347 9.5.5. Fenómenos estilísticos sintácticos.............................................................349 9.5.5.1. La connotación permanente en El Hiermo..................................351 9.5.5.2. Predominio de la parataxis en la prosa graciana.........................354 9.5.5.3. Multiplicidad de interpretaciones de El Hiermo.........................360 Conclusiones.................................................................................................368 Notas finales aclaratorias..........................................................................................390 ANEXO I Sociedad, Cultura y Geopolítica en la España Barroca desde el nacimiento de Baltasar Gracián (1601) hasta su muerte (1658) ANEXO II La obra de Baltasar Gracián ANEXO III Estructura de El Criticón y síntesis argumental ANEXO IV El Criticón II, crisi séptima: El hiermo de Hipocrinda BIBLIOGRAFÍA Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 1 Índice de láminas Págs. Portada / portadillas Retrato que estuvo colgado en el Colegio de Jesuitas de Calatayud...............................................5 Retrato de Baltasar Gracián, procedente de Graus (Huesca)...........................................................6 Portadilla de la Segunda Parte de El Criticón.................................................................................6 El Juicio de Paris, c. 1515, grabado de Marcantonio sobre dibujo de Rafael.......................................7 Rubens, Juicio de Paris, 1638-1639, Madrid, Museo Nacional del Prado......................................8 Composición: furias, parcas, sirena, harpías..................................................................................9 Velázquez, Las hilanderas.............................................................................................................10 Rubens, Copia del Rapto de Europa de Tiziano............................................................................10 Miguel Ángel, Ignuti. Capilla Sixtina............................................................................................10 George Frederic Watts, Mammon, 1884-1885. Óleo sobre lienzo. Tate Moderm. Londres.........11 Kazimir Severinovich Malevich, Cuadrado negro sobre fondo blanco........................................12 Contraportada Giambattista Piranesi (Vencia, 1720-Roma, 1778), de la serie Carceri d´Invenzione Introducción Goya: Disparates, n.º 14: Disparate de carnaval. Capricho, 63.-¡Miren que graves!................................II Tiziano. Venus de Urbino.......................................................................................................XLVII Corpus Mapa de la Corona de Aragón (1474)..........................................................................................28 http://es.wikipedia.org/wiki/%C2%A1Miren_que_graves! Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 2 Portada: Libro de las maravillas del mundo de Marco Polo........................................................123 Teoría de los cuatro humores, en imágenes, de Galeno............................................................................128 Francisco de Goya: Aquelarre (1797-1798)................................................................................137 José de Ribera, (El Españoleto): Mujer barbuda (1631)............................................................ 138 Christine de Pizan enseñando a su hijo, Jean Castel...................................................................150 Pedro Pablo Rubens, Teresa de Cepeda y Ahumada (1615)......................................................................158 María de Zayas y Sotomayor.......................................................................................................159 Sor María Jesús de Ágreda (1602-1665), consejera de Felipe IV.............................................................159 Diego Velázquez, Menipo y Esopo (1639-40). Museo del Prado. Madrid.................................220 Edgar Degas: Semiramis construyendo Babilonia (1861). Musée d´Orsay................................249 Velázquez, La coronación de la Virgen (c. 1635-1638)............................................................................250 Peter Paul Rubens: Venus y Adonis (c. 1635)...........................................................................................251 Peter Paul Rubens, Las tres Gracias (c. 1630-1635)...............................................................................252 Las deidades más vengativas de la mitología griega: las Furias (Euménides)..........................................259 William-Adolphe Bouguereau: Orestes perseguido por las Furias(1862)..................................260 Tapiz millefleur, principios del siglo XVI, que representa las tres parcas.................................................260 Diego Velázquez, La fábula de Aracne (Las hilanderas, c. 1657)............................................................261 Pintura de una sirena por John William Waterhouse (Roma, 1846-Londres, 1917).................................262 Gustave Doré: Las Harpías o Arpías.........................................................................................................263 Representación medieval de una harpía.....................................................................................................263 Pedro Pablo Rubens, Retrato de María Serra Pallavicino (1606)................................................279 Diego Velázquez, Inocencio X, 1650.........................................................................................................292 Diego Velázquez. Retrato ecuestre de Felipe IV de España [detalle]. 1634 - 1635.................................303 Pedro Berruguete, Auto de Fe, 1499-1593. Museo del Prado, Madrid......................................................366 Francisco Ricci, Auto de Fe (1683). Museo del Prado, Madrid................................................................367 ANEXO I Sociedad, Cultura y Geopolítica en la España Barroca desde el nacimiento de Baltasar Gracián (1601) hasta su muerte (1658). Augusto Ferrer i Dalmau: detalles de La Batalla de Rocroi (1643).............................................................1 http://es.wikipedia.org/wiki/Peter_Paul_Rubens http://es.wikipedia.org/wiki/Peter_Paul_Rubens http://es.wikipedia.org/wiki/William-Adolphe_Bouguereau http://es.wikipedia.org/wiki/Orestes http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Tapiz_millefleur&action=edit&redlink=1 http://es.wikipedia.org/wiki/John_William_Waterhouse http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Ricci http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_del_Prado Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 3 ANEXO II La obra de Baltasar Gracián Retrato de Baldassare Castiglione, Rafael....................................................................................................2 Portada de la Idea de un príncipe...de Diego Saavedra Fajardo....................................................3 Erasmo de Rotterdam, retratado por Hans Holbein el Joven........................................................13 Deleitando enseña: una lección de emblemática, Andreas Alciatus...........................................................14 Emblema 160, Amicitia etiam post mortem durans.....................................................................................14 El Bosco, El Jardín de las Delicias (1500-1510). Museo del Prado. Madrid..............................................17 ANEXO III Estructura de El Criticón y síntesis argumental Bartolomé Esteban Murillo, Primavera (La Florista. Londres, Dulwich Picture Gallery)................1 Caravaggio, Tañedor de laúd. Hermitage, San Pertersburgo..........................................................3 Bartolomé Esteban Murillo, El Verano (Joven con cesta de frutas y verduras) Edimburgo..........4 Jules Joseph Lefebvre, Pandora (1882). Colección privada............................................................8 La educación de Aquiles, por Delacroix (fresco de Palacio Borbón de París)................................8 Proteo. Grabado en madera por Andrea Alciato (1531)..................................................................8 Domenico di Michelino, El poeta Dante Alighieri y el universo de la Divina Comedia (1465)...10 Rubens; La Fortuna, 1636-37. Madrid. Museo Nacional del Prado...................................................14 Cuadro ático de figuras rojas del s. V a.C. (Argos)......................................................................16 Emblema 16 de Andrea Alciato, el de la "oculata mano".............................................................16 Heracles luchando con Gerión, ánfora c. 540 a. C., museo del Louvre.........................................13 Representación de Cécrope I.........................................................................................................13 El Bosco, El carro de Heno, ca. 1500-1502. Museo del Prado. Madrid.......................................18 Hans Baldung Grien, Las tres edades y la muerte (1541-1544). Madrid, Museo del Prado.......................19 Rembrandt, Cabeza de anciano con gorra, ca. 1630. Kington, Canada.........................................20 Jano. Museos Vaticanos (El Vaticano)..........................................................................................22 Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte, ca. 1562. Museo Nacional del Prado...........................25 http://es.wikipedia.org/wiki/Hans_Holbein_el_Joven http://es.wikipedia.org/wiki/Eug%C3%A8ne_Delacroix http://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_Borb%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Par%C3%ADs http://es.wikipedia.org/wiki/Grabado http://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Alciato http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_del_Louvre http://es.wikipedia.org/wiki/Museos_Vaticanos http://es.wikipedia.org/wiki/El_Vaticano Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 4 ANEXO IV El Criticón II, crisi séptima: El hiermo de Hipocrinda Jacqueline-Marie-Angélique Arnauld, Mère Angélique, abadesa de Port Royal de París..........................10 Philippe de Champaigne, Exvoto (1662). Port Royal.................................................................................11 Philippe de Champaigne, Mère Agnès et Mère Angélique Arnauld, abadesas de Port-Royal.........11 Madeleine de Souvré, marquise de Sablé......................................................................................12 Velázquez, El sacerdote don Cristóbal Suárez de Ribera....................................................................12 Velázquez, Retrato de Clérigo (1622-1623)................................................................................................13 Retrato de Sor María de Jesús de Ágreda 1602-1665, abadesa concepcionista de Ágreda (Soria)............13 Velázquez, último retrato de Felipe IV, 1656..............................................................................14 Retrato de Sor María de Jesús de la evangelización por bilocación de Nuevo México................15 Rembrandt, Detalle La Ronda de Noche o La Compañía del Capitán Frans Bannings Cocq (1642) Rijksmuseum, Amsterdam. Representa la milicia del capitán Frans Bannings Cocq en el momento en que este da una orden a su alférez. La escena se desarrolla al aire libre, aunque no de noche, como dice el título, sino que la obra se ha oscurecido por el paso del tiempo. Está pintada con gran realismo, captando los rostros y las actitudes de todos los personajes y transmitiendo sensación de movimiento. Los juegos de luz y sombra recuerdan la influencia de Caravaggio. Las Provincias Unidas de los Países Bajos, tras la Paz de Westfalia (1648), alcanzan la independencia de España, durante el reinado de Felipe IV. http://es.wikipedia.org/wiki/Philippe_de_Champaigne http://es.wikipedia.org/wiki/Exvoto Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. I Nacemos para saber y sabernos, y los libros con fidelidad nos hacen personas. (Oráculo Manual, 229) Introducción Objetivo general de la investigación Mi propósito es tratar de entender algunos de los recursos estilísticos de Baltasar Gracián, el aragonés universal, a través de uno de sus capítulos o crisis de El Criticón, dado que su obra, en conjunto, es inabarcable para un trabajo académico, aunque la tendremos siempre presente, en la medida de lo posible, para poder contextualizar debidamente el texto sobre el que vamos a reflexionar. Como se ha dicho por la crítica más autorizada, el lector queda atrapado por su enormidad, por su fuerza creadora y también por su enigma. Otros le han descrito como pensador hermético y enmascarado, que demasiado frecuentemente se pone la máscara o las máscaras ajenas. Y otros, más pesimistas aún, afirman que el historiador de la literatura o de la estética, el filólogo y el lingüista, el filósofo o el moralista siempre acaban rindiéndose sin condiciones ante la enorme dificultad de comprender el mundo cifrado de Gracián. El jesuita propugna el murmullo, la insinuación, las medias palabras, el cuchicheo, el enigma, el equívoco; su estilo impenetrable y misterioso es como el de los oráculos, ambiguo y oscuro, propio del que habla con autoridad divina. Además las obras de Gracián ocultan conflictos y desahogos estrictamente personales y contienen multiplicidad de antagonismos y contradicciones cuya clave está en la psicología del autor, un hombre profundamente reservado en lo referente a su intimidad personal. Gracián no es comprensible en una primera lectura y se hace necesaria una exégesis. La preeminencia de Gracián por la prudencia y la reserva, en suma, por la opacidad y el hermetismo, es posible que se deba a la sabiduría pagana de la Gentilidad, de la que aprendió que la naturaleza nos dio dos oídos y una lengua, para hablar poco y oír mucho. El lucido Zahorí, consejero de los peregrinos de El Criticón en la tercera Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. II parte del libro1 afirma que aunque todo lo veo, todo lo callo; que quien más sabe suele hablar menos. Junto a Goya, Gracián, salvando las distancias, al que vemos unido por tantos rasgos de genialidad, es el mejor y más alto valor de la imaginación creadora aragonesa. La decadencia de los Habsburgo en España, ante la cual manifiesta la actitud del escritor implicado en la realidad de su tiempo, analizada por los escritores barrocos, entre otros Cervantes y Quevedo, le hace un escritor realista que emplea una estética realista deformada, anticipándose así a Valle-Inclán o los expresionistas contemporáneos. Multitud de figuras extrañas, monstruos que andan sin pies, que se quitan las ropas y los miembros o que ponen los ojos sobre la mesa, animales-hombres y hombres-animales, arpías, sátiros y otras monstruosidades invaden las páginas de El Criticón, como sucede más adelante en los caprichos, disparates y pinturas negras de Goya. Se ha dicho que la novela alegórica es una prodigiosa y genial fantasmagoría del mundo y del hombre. Goya, Disparates, n.º 14: Disparate de carnaval. Goya, Capricho, 63.-¡Miren que graves! Gracián es un escritor frío, cerebral, que nunca se deja llevar por las emociones, por los impulsos sentimentales o pasionales y que al lector atento propone doblegar los engaños de la vida que rodean la existencia humana con el saber y el entendimiento, con tretas (Oráculo manual...) y artificios (Agudeza y arte de ingenio), y con dobleces si fuera preciso. 1.C,III, c. 5: El palacio sin puertas, págs. 634 y ss., y C, III, c. 6: El Saber reinando, págs. 654 y ss., GRACIÁN, Baltasar (1980), El Criticón, edición crítica de Santos Alonso, Madrid, Cátedra. http://es.wikipedia.org/wiki/%C2%A1Miren_que_graves! Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. III Sus valores literarios y artísticos han sido objeto de numerosos estudios por hispanistas y filólogos europeos de la talla de Adolph Coster, Karl Vossler o Leo Spitzer, sin olvidar la nómina de los españoles entre los que destacamos a Miguel Romera-Navarro, Arturo del Hoyo, Evaristo Correa Calderón, Miquel Batllori, Belén Boloqui Larraya o Aurora Egido, ni los estudios parciales de José Manuel Blecua, Frco. Ynduráin, el profesor Lapesa, Manuel Alvar, Baquero Goyanes, Santos Alonso, Carlos Vaíllo y otros muchos cuya nómina sería inacabable. Me centraré en un aspecto todavía fecundo y abundantemente fértil, no fácil de desertificar o agotar, de la obra de Gracián; acaso el más difícil: su estilística. Gracián es autor de varios tratados políticos, morales y literarios (El Héroe, El Político don Fernando el Católico, El Discreto, Agudeza y arte de ingenio, El Oráculo manual y arte de prudencia), de una novela filosófico-alegórica, El Criticón, y de una obra religiosa, El Comulgatorio. El Oráculo... influyó en François de La Rochefoucauld, Madeleine de Souvré, marquise de Sablé, La Bruyère...; Schopenhauer lo tradujo al alemán en 1861 y luego tuvo abundantes traducciones, además de al alemán y francés, al holandés, húngaro, inglés, italiano, latín, polaco y ruso y fue reeditado hasta mediados del XX. También parece que Nietzsche mostró cierto interés por este tratado. Si en sus textos anteriores únicamente buscaba perfilar aspectos concretos de la personalidad (el héroe, el político, el discreto...) y si en el Oráculo... intentó diseñar un varón integral, orientado a diseñar el tipo total humano graciano por medio de aforismos, que a un tiempo proporcionan la condensación y la brevedad y cuyas formas lapidarias ayudan a convencer y persuadir, en cambio, en El Criticón, libro de libros, se acumulan todos los conceptos dispersos en sus otras obras, a veces como parejas de opuestos que suelen variar de significado a lo largo de su novela filosófica enseñando al lector que ningún texto puede captar la riqueza de un mundo tan complejo y en constante cambio, con lo que anticipa en el siglo XVII los fundamentos de las nuevas técnicas literarias del siglo XX, según señala J. Ignacio Díez Fenández2, al aludir, en concreto, a El Arte de la prudencia, título con el que se refiere al Oráculo manual... 2. DÍEZ FERNÁNDEZ, J. Ignacio (2007) en Baltasar Gracián, El arte de la prudencia, Madrid, Temas de hoy, págs. 9-14. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. IV Además, en El Criticón, aparte de sus aportaciones de erudición libresca (sus lecturas, su observación, su trabajo como profesor), añade su visión desolada de la vida, de un Gracián derrotado, aunque el desenlace, la entrada en la inmortalidad, sea glorioso. Gracián, frente a la crítica y sátira despiadada de Quevedo que caricaturiza y dejaba en ridículo a los estamentos sociales, con similar actitud crítica y satírica, pero con un bisturí frío, racional y filosófico, emplea la deformación grotesca hasta revolver el mundo y dejarlo al revés de como estaba. Esa concepción monstruosa de la vida y la visión tan deprimente de aquella realidad hacen de Gracián y su obra un eslabón relevante de lo que se ha llamado la España negra, una perspectiva tenebrista de la sociedad española que se prolonga sin interrupción hasta la actualidad, hoy intensificada por el grito desgarrado del movimiento 15-M, la monstruosidad de los mercados, el enriquecimiento desmesurado de los menos frente al empobrecimiento de una inmensa mayoría, y la más que probable liquidación de las conquistas sociales. Con esa España negra, con aquella vida ennegrecida por las crisis de todo tipo que cercan a la vida, Gracián huye del estilo ciceroniano, ampuloso, sofisticado, lleno de florituras y adornos, u optimista, y, en cambio, usa un estilo breve, ceñido y enjuto que llevó a las últimas consecuencias los presupuestos de la mentalidad y del lenguaje barroco. Su amargo pesimismo contrasta con un manifiesto voluntarismo que augura el triunfo de la razón3. Su pesimismo quintaesenciado, sin más consideraciones, es una de las razones que hacen considerar a Gracián predecesor del pesimismo radical y metafísico del Romanticismo, del posromanticismo y del nihilismo actual, sobre todo a través de Schopenhauer y Nietzsche. Los análisis estilísticos de El Criticón y sus crisis no son demasiado frecuentes y, a veces, muestran cierta indefinición y demasiada porosidad. Pero en ellos podemos observar, analizar y valorar ese anticipo de la modernidad en la presentación de textos en fragmentos desordenados, propios de la novela del siglo XX: ruptura temporal, el perspectivismo de los narradores, las elipsis, los finales abiertos, los comienzos in medias res, etc. En El arte de la prudencia (i.e. Oráculo manual...), Gracián defiende el dominio de la palabra (las artes retóricas) y el control de la expresión de la Agudeza y arte de 3. ALONSO FERNÁNDEZ, Santos, 2011: 40 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. V ingenio para no ser víctima de las propias palabras, según señala J. Ignacio Díez Fenández4. La retórica como la persuasión y la pedagogía son de interés de la Compañía de Jesús; de ahí que el Oráculo... es una "democratización de la moral aristocrática"; Gracián solo valora la capacidad innata y el esfuerzo personal; para él, como luego veremos, ya no cuentan los orígenes, los linajes, las genealogías de la sociedad estamental. Escribe un texto que orienta el comportamiento del hombre, al margen de las viejas categorías de bien y mal, de Dios y sus dictados, y considera al hombre teniendo en cuenta sus éxitos, conquistas, apoyos, fama o estimación, si ha aprovechado o no la realidad tal y como es y no como debiera ser. Santo Tomás, en su Summa Theologica, asocia las dos nociones que aparecen en el segundo título de este tratado, Oráculo manual y arte de prudencia, añadido mediante la conjunción copulativa y: Arte de prudencia: "el arte es el juicio correcto acerca de lo que se realizará, mientras que la prudencia es el juicio correcto acerca de lo que se hará"; según este planteamiento, el arte hace objetos y la virtud actos. De ahí el carácter antitético de las dos voces implicadas: Arte/prudencia5. El jesuita decide, pues, escribir un libro de consejos, de reglas para gobernarse, partiendo de la tradición a través de los libros para gobernantes, de los que se diferencia en que su destinario es el hombre en general y no el príncipe; su objeto es el comportamiento de cualquier persona al abandonar la Casa real y trascender el ámbito de palacio o de la corte. El mundo hay que dominarlo a base de argucias, con criterios efectivos y no especialmente morales. Sin embargo, el jesuita defiende el juego limpio y la moderación; su actitud está al límite de lo ético: "sin mentir, no decir todas las verdades 6 ". El individualismo es una apropiación de la modernidad y Gracián hace buen acopio de él. Defiende la prudencia como un arte práctico y útil para todo; debe extenderse a todas las actividades, sin tener en cuenta lo imprevisible, lo inesperado, porque la suerte se la trabaja uno mismo. La prudencia, a través de la reflexión, puede rectificar las situaciones sobrevenidas por el más puro azar, por la rueda de la inconstante, voluble y veleidosa Fortuna. 4 . Ibídem, págs. 15 y ss. 5. BLANCO, Emilio, Oráculo..., págs. 29-30. 6 . Oráculo, af. 18. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. VI Etiquetado de conceptista por la complejidad del contenido que da la forma, no deja de ser una simplificación excesiva del pensamiento y de la obra de Gracián, un reduccionismo inaceptable. La prosa de Gracián, utiliza un elevado número de recursos retóricos al ir tras la búsqueda de la finalidad barroca de la dificultad (oscuridad, hermetismo). A la brevedad y concisión, Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo (homo longus, raro sapiens)7, Gracián añade la supresión de los elementos de relación sintáctica y diversos tipos de elipsis, lo que obliga al lector a un esfuerzo de reconstrucción lingüística que también es interpretación. El uso de paronomasias (milicia contra malicia), paradojas, equívocos y retruécanos, van acompañados de una jerga que posee un sentido especial en el lenguaje de Gracián. El ideal de la concisión, de lo lacónico, se logra con alusiones enmascaradas, con ambigüedades, contradicciones o deslizamientos semánticos, reelaboración de refranes y proverbios que hacen que cambie el sentido. El texto de El Criticón, como el de El arte de la prudencia, es difícil a fuerza de lacónico y sutileza conceptual. Su complejidad estilística es notable8. Según el profesor José Manuel Blecua Teijeiro, el estilo es lo que en general distingue a un escritor de otro, lo que individualiza en tiempo y espacio una creación literaria. El escritor, poeta, dramaturgo y pintor francés Max Jacob afirmó que el estilo es una voluntad de forma, y la tópica frase “el estilo es el hombre9”, atribuida a Buffon, es una verdad a medias, porque el hombre es, como señala el filósofo ratiovitalista Ortega y Gasset, el Yo más mis circunstancias; el hombre está lanzado en el mundo y las circunstancias las forman todo lo que nos rodea, nuestro entorno, y Mi yo se va formando en su encuentro con el mundo y a partir de sus reclamaciones. La tesis del carácter esencial de la circunstancia lleva también al perspectivismo: no podemos superar nuestra circunstancia, ponernos fuera del punto de vista que corresponde a nuestra época; lo que queremos, lo que pensamos, está determinado por 7 . Oráculo..., af. 105. 8 . DÍEZ FENÁNDEZ, J. Ignacio, 2007, ibídem, págs. 18 y ss. 9. En cada ser individual descubrimos siempre un estilo propio, el cuño personal y auténtico que se refleja en todo lo que el hombre engendra, promueve, crea, desde el gesto, la conducta, el ademán y el comportamiento social e intelectual, su adhesión a ésta o a aquella otra corriente del pensamiento, la estética, la literatura, y por supuesto, la obra artística del músico, el poeta, el pintor o el escultor, los escritores, etc. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. VII la circunstancia. De aquí que Mariano Baquero Goyanes haya escrito un agudo y penetrativo artículo titulado Perspectivismo y sátira en “El Critícón” donde defiende que hay dos perspectivas fundamentales, la de Critilo, encarnación de la experiencia y de la sabia desconfianza, y la de Andrenio, expresión del alocado ímpeto vital, animal. Toda literatura es una literatura de circunstancias, poesía y realidad, pero también literatura de instancias y requerimientos al entorno. De aquí que en la creación de un estilo personal intervengan factores diversos: desde la genialidad del escritor hasta sus últimas lecturas por insignificantes que nos parezcan. La Compañía de Jesús había implantado en 1599 su Ratio Studiorum, su plan de estudios, inspirado para lo propiamente literario, en las doctrinas poéticas, filosóficas- políticas y retóricas de Platón, Aristóteles, Horacio, Cicerón, Virgilio, Cornelio Tácito y Quintiliano, que deja profunda huella en sus educandos, y sobre todo en aquellos que como Gracián se hallan especialmente dotados para el estudio de las letras humanas. Si a ellos se añaden las tendencias barrocas, no nos extraña que los escritores y predicadores jesuitas se expresaran con un lenguaje florido, artificioso y a menudo epatante10. Para contextualizar El Criticón y la crisi que nos hemos propuesto analizar, examinaremos, grosso modo, el heptateuco graciano (véase Anexo II: La obra de Baltasar Gracián) formado por El Héroe (Huesca, 1637), El Político (Zaragoça, 1640), El Discreto (Huesca, 1646), Oráculo manual (1647), Agudeza y arte de ingenio (Huesca, 1648), El Comulgatorio (Zaragoça, 1655) El Criticón (Zaragoça, 1651; Huesca, 1653; Madrid, 1657), al trasluz del jesuita como moralista y de un Gracián como técnico del lenguaje, sabedores de que su técnica del lenguaje únicamente es un aspecto más de su preocupación por el arte de vivir, por los modos artificiales de vida que necesita el hombre racional (Critilo) en su constante preocupación por salvar de la barbarie al hombre natural (Andrenio). Con la palabra “moralista” queremos significar los distintos planos del perfil de la vida del hombre, especialmente el psicológico (motivación, carácter), teleológico (fines y medios) y el simbólico dado que la gran preocupación del padre Gracián es descifrar y descodificar la compleja trama de la existencia humana. 10. Cfr. CORREA CALDERÓN, E. (1970), “Gracián y la oratoria sagrada” en Baltasar Gracián. Su vida y su obra, 2º. ed. aumentada, Madrid, Editorial Gredos, págs. 48-57. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. VIII También tendremos muy en cuenta una lectura reflexiva y hermenéutica de El Criticón, “obra de obras” que “las contiene todas” (Egido, Aurora11), el libro más complejo de Gracián, como proceso de reescritura de sus textos anteriores, rastreando sus fuentes, fecha, estructura, relación fondo-forma… tratando de situar la obra en la órbita de su tiempo y todo ello con el fin de poder contextualizar el objetivo general de esta investigación, esto es, el análisis estilístico e ideológico de la crisi séptima de la segunda parte de su novela filosófico-alegórica. Tampoco hemos de olvidar las modas literarias del barroco español y europeo e identificar las huellas que los géneros literarios españoles, así como el conceptismo y el culteranismo literarios, la oratoria religiosa de la época o la barroquización de la Ratio atque Institutio Studiorum Societatis Jesu o Ratio Studiorum -el plan de estudios para la formación de los jesuitas-, y todo aquello que pudo dejar rastro en la personalidad del padre Gracián y en sus obras. Expuesto lo anterior, el objetivo general de este trabajo de investigación académica busca: Hacer una lectura crítica, estilística e ideológica, con vocación de una cierta originalidad, de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón, intitulada "El hiermo de Hipocrinda"12, donde Gracián más que censurar a los valencianos y a Valencia, como aseguran muchos de los estudios y ediciones dedicados al ilustre jesuita, disparó con alegorías, siempre veladas aunque no por eso menos transparentes, contra los miembros de la Orden de la casa profesa de Valencia y/o contra los jansenistas de Port-Royal, entonces en acérrima, violenta e irreconciliable rivalidad, y/o contra ambas instituciones a la vez, y todo ello sin dejar de lanzar puyas contra las mujeres. Tras la lectura y su análisis, haremos una glosa sobre la originalidad estilística de El hiermo de Hipocrinda (C, II, c. 7) tratando de sacar a luz todas las implicaturas ideológicas del intelectual puro que lleva a sus últimas consecuencias el desengaño y la melancolía del Barroco, partiendo de su idea de que el concepto es un acto del 11. Se está refiriendo a toda la producción literaria de Gracián, a saber: El Héroe (Huesca, 1637), El Político (Zaragoça, 1640), El Discreto (Huesca, 1646), Oráculo manual (1647), Agudeza y arte de ingenio (Huesca, 1648) y El Comulgatorio (Zaragoça, 1655). 12.Hipocrinda: no es necesario explicar que simboliza a la hipocresía, en GRACIÁN, Baltasar (1980), El Criticón, edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, pág. 418, n. 1. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. IX entendimiento que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos 13, lo que hace que el inteligente y atento lector goce desentrañando un concepto, una alusión velada o se ría con un espléndido equívoco. No podemos olvidar que Gracián es de los pocos escritores que se deleita él mismo con su propia creación; se trata de un apasionado creador que disfruta con el goce intelectual. Gracián recreará la lengua gracias a una serie de hábiles recursos que intentaremos estudiar sobre el texto de la crisi arriba reseñada, y que incluimos en la cuarta parte, capitulo noveno y final de este trabajo de investigación. Como dimensión transversal y desde una perspectiva de género y de las relaciones de poder, pretendemos también ir analizando la construcción social que manifiesta Gracián en El Criticón sobre la posición de la mujer con relación al hombre, sus condicionamientos materiales, sus funciones sociales y las representaciones culturales, en la Época Barroca, para mejor poder contextualizar nuestro estudio, lo que quedará especialmente subrayado en los capítulos tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo, aunque el tema no lo perderemos de vista a lo largo de toda la investigación. Aquí solo anticiparemos que el miedo a la subversión del orden social por parte de la mujer, genera unos mecanismos de autodefensa de la sociedad patriarcal basados en la represión machista y la intolerancia moral, quedando las mujeres bajo la tutela del padre, marido o hermano... en el ámbito familiar y sometidas, institucionalmente, a la censura y al Santo Oficio. Además se responsabiliza a la mujer del quebrantamiento del orden establecido por la Monarquía Católica y la decadencia del Imperio Español (vid. Anexo I: Sociedad, Cultura y Geopolítica en la España Barroca desde el nacimiento de Baltasar Gracián (1601) hasta su muerte (1658)). Lo que la estilística trata de estudiar no es tanto los rasgos formales de un escritor sino lo que aporta de original al estilo común de su tiempo, en este caso, la prosa barroca. Identificar en que reside lo extraño de su estilo, la desviación estética de la norma, su voluntad de forma, será nuestra meta. Asimismo trataremos de averiguar las causas ideológicas que han motivado su estilo14, pues, resulta evidente que se habla 13 . Agudeza..., 353. 14 . BLECUA TEIJEIRO, José Manuel, op. cit., pág. 8. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. X y se escribe de formas muy diferentes según los estados de ánimo y según la concepción que se tenga del mundo y de la vida. Entre 1623-1627, estudia Teología y se ordena sacerdote en el colegio de Zaragoza; ese mismo año de 1627 es destinado a Calatayud como catedrático de Gramática latina, puesto que desempeña durante dos años (1627-1630), al final de los cuales, pasa al Colegio de Valencia para hacer una tercera probación (1630-1631). Apenas un año pasa en la casa de Valencia, tiempo en el que se inicia ya su franca antipatía hacia los valencianos, a los que zaherirá directa o indirectamente en sus obras, especialmente en El Criticón. El asunto no es baladí, puesto que satiriza y se burla de los miembros de la misma institución, en plena rivalidad de los jesuitas con los jansenistas franceses. La aparición en Valencia, el mismo año de su muerte, del libelo Crítica de reflección y censura de las censuras. Fantasía apologética y moral, escrita por el doctor Sancho Terzón y Muela, profesor de Mathemáticas en la villa de Altura. En Valencia, por Bernardo Nogués, junto al molino de Rovella. Año 1658, le complica aún más la vida al padre Gracián ante sus superiores. Anteriormente, en Valencia se había producido un desagradable incidente que contribuyó a avivar su vieja rivalidad contra los valencianos. En un sermón anunció Gracián a sus feligreses que había recibido una carta del infierno y que la leería en el próximo sermón. Esto que hoy nos parece ridículo era muy propio de la época en materia de oratoria sagrada. Gracián cedió a tales tentaciones. Era, inevitablemente, hijo de su tiempo. Con todo, lo cierto es que sus superiores de Valencia le obligan a retractarse desde el púlpito de la prometida comunicación infernal. Aunque esto le dolió sobre manera a Gracián, es posible que también le sirviera de revulsivo, como admite Correa Calderón, al detenerse en un pasaje de la Tercera Parte de El Criticón. Al declinar su vida, Gracián repudiará el vano floripondio, las pueriles sutilezas de la oratoria de la época. Ya no le atrae el arte de la palabra por sí mismo, sino que buscará su dimensión profunda, aguda o sarcástica: Lo mismo que en la Cátedra sucedía en el pulpito, que el breve rato que se assomaron a ver la rueda, notaron una dozena de varios modos de orar. Dexaron la sustancial ponderación del Sagrado Texto, y dieron en alegoría frías, metáforas Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XI cansadas, haciendo soles y águilas los Santos, inares15 las virtudes, teniendo toda una hora ocupado el auditorio, pensando en una ave o una flor. Dexaron esto y dieron en descripciones y pinturillas; llegó a estar muy válida la humanidad [las humanidades], mezclando lo sagrado con lo profano, y començaba el otro afectado su sermón por un lugar de Séneca, como si no hubiera San Pablo; ya con traças, ya sin ellas; ya discursos atados, ya desatados; ya uniendo, ya postillando16; ya echándolo todo en frasecillas o modillos de decir, rascando la picazón de las orejas de cuatro impertinentillos bachilleres, dejando la sólida y sustancial doctrina, y aquel verdadero modo de predicar del Boca de Oro17, y de la ambrosía dulcísima y del néctar provechoso del gran prelado de Milán18. Esta parece que es la postura lógica de un espíritu equilibrado, contenido, para quien contaba más la hondura y la trascendencia de las ideas que las florituras de las formas, aunque esta trayectoria natural es contradicha por dos de los más grandes monstruos del intelectualismo, los escritores barrocos Góngora y Calderón, que en plenitud intensifican su expresión complicada, de hermético ornamento hasta alcanzar lo enigmático y abstracto. Objetivos específicos Parece indudable que la vida y la obra de Gracián están fuertemente relacionadas e íntimamente condicionadas por su carácter, por su formación y por su visión del mundo y del arte. Si algunos biógrafos han apuntado su rebeldía y su actitud crítica como los 15. Inares, palabra inexistente en castellano, pero de fácil etimología latina: in nares, para o dentro de las narices; es decir, significaría objetos para ser olidos, aromas, perfumes, etc. en GRACIÁN, Baltasar (1980), El Criticón, edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, pág.759, n. 91. 16. Postillar es lo mismo que “apostillar, al igual que “apostilla” es “glosa, acotación y apostilla”. (Dic. Acad.), en GRACIÁN, Baltasar (1980), ibídem, pág.759, n. 93. 17. El Boca de Oro es Juan Crisóstomo (344-407), que eso significa en griego su apellido; fue obispo de Antioquía y patriarca de Constantinopla, en GRACIÁN, Baltasar (1980), ibídem, pág.760, n. 94. 18. Después de decir “ambrosía”, el prelado de Milán no ha de ser otro que San Ambrosio (340- 397), en GRACIÁN, Baltasar (1980), ibídem, pág.760, n. 95. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XII motivos de sus enfrentamientos con los superiores jesuitas a causa de la publicación de sus obras sin la licencia de la Orden, otros, en cambio, señalan como causa de los conflictos su propio carácter personal (colérico sanguíneo para unos, bilioso melancólico para otros o colérico melancólico para los más). Pero Gracián ni fue rebelde, ni un hombre de acción. Su malestar brota de su inconformismo teórico y la disidencia intelectual. Sus conflictos se producen en su fuero interno, en su mundo interiorizado, en la inquietud y el desasosiego que le provocan la mediocridad y la vulgaridad que observa en la sociedad y la cultura de su tiempo, aunque admira la excelencia y altura de los geniales representantes del Barroco. Su desazón intelectual y moral y su invectiva punzante contra el engaño del mundo o la necedad generalizada del vulgo nos dan una imagen de un pensador, de un Gracián, que resultó políticamente incómodo para sus coetáneos, especialmente para los padres jesuitas. Gracián, sin lugar a dudas, es un antecedente claro de la insatisfacción y el hastío de los futuros románticos, no solo por su actitud vital, sino también moral, y esencialmente estética. Y dicho esto pasamos a definir los objetivos específicos que vamos a desarrollar en esta investigación: 1º.- Señalar críticamente y poner de manifiesto las valoraciones y fluctuaciones históricas de la figura de Baltasar Gracián y su obra a lo largo de los tiempos en España y en los distintos países europeos, a través de los documentos aportados por los investigadores gracianistas y a la luz de los presupuestos de los distintos movimientos culturales, literarios y filosóficos que se han ido sucediendo en Europa desde el siglo XVII hasta la actualidad: Barroco, Ilustración y Neoclasicismo, Romanticismo y Realismo, Las vanguardias, siglo XX... A falta de una biografía completa, para muchos críticos, su vida y su obra nos aparecen profundamente interpenetradas e involucradas a través de símbolos, metáforas, alegorías y un sinfín de recursos retóricos y estilísticos y licencias literarias. 2º. Descubrir en El Criticón el vivir problemático de los hombres en ese gran teatro del mundo; el hombre del Barroco se hace profundamente desconfiado, porque todo está lleno de trampas, nada es lo que parece…De aquí que Gracián plantee en sus Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XIII libros que es necesario que el hombre aprenda a manejarse, empleando las armas de la prudencia, la discreción, el saber ocultarse, saber emplear el engaño y todo para poder sobrevivir o triunfar. Es la cultura de Contrarreforma, es la estética barroca donde los contras de luces y sombras marcan el límite de las tendencias renacentistas. Esa cosmovisión desilusionada y su penosa visión de la realidad social facilitará aspectos relevantes de su estilo, ese estilo breve, ceñido, parco, enjuto como su imagen, preñado de significados..., pero deseoso de evadirse de la realidad en que le ha tocado vivir, al tiempo que intenta advertir con aforismos, emblemas, proverbios, apotegmas y sentencias al lector atento. 3º. Comprobar a través del material narrativo la organización de la novela en una cronología que diseña la vida del hombre, como si fuera un año natural, dividiéndola en cuatro ciclos que se corresponden a sus cuatro edades, asociadas a las estaciones del año: La Primavera de la Niñez, El Estío de la Juventud, El Otoño de la Viril Edad y El invierno de la Vejez. Esta división de la vida del hombre en cuatro edades aunque no es invención de Gracián, sí adquiere en él una vigorosa e intensa originalidad. 4º. Analizar los aspectos literarios y filológicos de El Criticón, la novela alegórica-filosófica donde se da un proceso de reescritura de sus obras anteriores respetando la singularidad de cada una de ellas, al tiempo que utiliza como fuentes todas la literatura existente hasta el momento: el cuento morisco, El Quijote y El Persiles..., la epopeya menipea (épica en prosa satírica y alegórica), la novela picaresca, la bizantina...lo que aporta al criticón los rasgos de una novela inter-genérica cargada de reminiscencias e hibridismo literario. 5º. Destacar la actitud de repulsa que Gracián adoptó frente a la institución del linaje, las genealogías, y las ideas de honra y deshonra por causa del nacimiento satirizando los estatutos de limpieza de sangre. 6º. Identificar en el texto del relato filosófico-alegórico las características que social y culturalmente atribuye Gracián a las personas de uno y otro sexo (hombres y mujeres, machos y hembras de la especie humana) empleando para tal fin los Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XIV planteamientos de la perspectiva de género a la sociedad barroca española. Desde Aristóteles, los tratados de medicina natural, la filosofía cristiana...se defendió que la mujer es imperfecta e inferior al hombre, lo que creo desigualdad y discriminación hacia las mujeres. También veremos cómo en Gracián, y en la mayoría de escritores barrocos, no quedó nada de la larguísima Querella de las mujeres que se mantuvo en Europa desde el medioevo hasta la Revolución Francesa. Aquella controversia dio un gran giro cuando las mujeres intervienen públicamente tratando de contrarrestar la tradición misógina al negar la inferioridad natural de las mujeres y la superioridad de los hombres, concepción esta que justificaba la discriminación de las mujeres en la sociedad. Entre aquellas mujeres, que fueron silenciadas o ignoradas, destacaría la poetisa francesa Christine de Pizan, considera la primera feminista de Europa, que, a finales del s. XIV y principios del XV, fue capaz de vivir de su trabajo intelectual. 7º. Reconocer en algunos fragmentos de El Criticón la misoginia y el desinterés que Gracián siente por la mujer. La ausencia de la mujer en sus textos es una evidencia que connota una y otra vez el rechazo y la marginación de lo femenino en una sociedad donde imperan los vicios y abusos de la sociedad patriarcal. También exploraremos la función del personaje Felisinda (lo femenino como el ideal de llegar a poseer lo bello) y cómo su transformación alegórica (Felisinda como felicidad y también como ausencia) va marcando el camino que han de seguir los peregrinos de la vida, lo que produce un cambio semántico significativo en el objeto final de sus andanzas y aventuras. 8º. Señalar como recursos para el disimulo, la ocultación y el encubrimiento lo que algún crítico ha denomina cuñas, señuelos o anzuelos con lo que quiere dar una imagen de sí mismo lo más obediente y religiosa posible; esos cebos van destinados en su obra a censores, inquisidores, lectores bien-pensantes o delatores, debido a que a través de esas codificaciones expresa mensajes ortodoxos y coherentes con el sistema político, religioso y moral dominantes en el Siglo de Oro. Aquellas cuñas y señuelos son una reacción defensiva y protectora del escritor. O bien no escribir o hacerlo con Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XV señuelos protectores, codificando, cifrando, alegorizando... el pensamiento más subversivo, heterodoxo y disconforme del autor. 9º. Subrayar la concepción aristotélica de amistad que emplea Gracián al identificar el amor y la amistad, llegando a afirmar que la amistad y la felicidad son una misma cosa. De esa identificación (amistad =felicidad), brota el principal leitmotiv de su relato filosófico- alegórico; este tema estructura su argumento: la búsqueda de Felisinda será la clave de la acción de los dos peregrinos, Critilo y Andrenio, pues es la causa que les hace ponerse en marcha por el camino de la vida. 10º. Diferenciar los conceptos de misoginia y misandria 19, a sabiendas de que sus límites en literatura son muy vagos y sus matices, muy variados. Con respecto a la misoginia intentaremos mostrar los substratos ideológicos que se ocultan tras la misma, profundizando especialmente en la supuesta superioridad del hombre con respecto a la mujer. Sus ataques y ridiculizaciones van contra todo el genos gynaikón, es decir, la estirpe de las mujeres en general, además de difuminar y emborronar los atributos de género femenino. Su fobia ideológica a lo femenino hacen que la mujer esté ausente en su obra, lo que no deja de producir una cierta aflicción y tristeza moral en el lector atento. 11º. Comprobar el aparato alegórico de que se vale Gracián (baste leer el lema de cada crisi, su titulación) haciendo que poco a poco la narración novelesca de El Criticón vaya derivando por un recorrido sinuoso en el que se multiplican las alegorías morales, las divagaciones satíricas y las digresiones sobre múltiples asuntos, cuyo 19 . La misandria o misoandria es un fenómeno psicológico relacionado con la aversión u odio a los varones. Proviene del griego miseín (μισεǐν, "odio" ) y andros (άνδρός, "hombre" ). Es el equivalente a "misoginia" (‘odio a la mujer’) para el hombre, aunque la Real Academia Española aun no la contempla como palabra española y usa el término "androfobia" (‘horror al varón’), que en realidad es el equivalente para el hombre de ginefobia. Por lo tanto no debe confundirse éste término con androfobia, ya que fobos en griego significa ‘fobia, miedo’, mientras que miseín significa ‘odio’. (http://www.taringa.net/posts/info/13385556/Misandria-_Que-es_.html) Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XVI origen está en las disputas medievales, en los apólogos orientales, en las estructuras simbólicas de Dante Alighieri, y otra fuentes literarias del pasado o de su presente. Gracián dispersará su ideación en innumerables fantasías y disquisiciones de carácter satírico y moralizante, muy a menudo al margen del hilo argumental de la narración, produciendo una estructura laberíntica, un mecanismo de cajas chinas, una obra dentro de otra, la mise en abîme, propio del mundo de la pintura. El Criticón todo hay que leerlo como una metáfora y una traslación lingüística de la vida del hombre, y ese viaje filosófico de la metáfora responde a la necesidad de representar imaginativamente la verdad. Toda la simbología del relato se sintetiza en una única antinomia: Virtud/Vicio. 12º. Descubrir que, más que una novela, El Criticón aparece como una serie de fantasías morales, de cuadros yuxtapuestos, enlazados y trabados por el discurrir y divagar de sus dos personajes andantes como sucede en los libros satíricos de la época, por ejemplo los Sueños de Quevedo o El Diablo cojuelo de Vélez de Guevara. Y aunque no cita ni una sola vez a Cervantes, nos parece evidente el paralelismo que se establece entre Critilo y Andrenio con D. Quijote y Sancho Panza y de Felisinda con el personaje Dulcinea. 13º. Diferenciar El Criticón, grandiosa obra de creación literaria y estilística, del resto de sus obras, pues es su novela alegórica no trata de enseñar el mayor número posible de perfecciones deseables por medio de unas reglas esenciales del arte de vivir, sino que Gracián en esta narración se eleva a lo más alto y contempla el mundo en su pequeñez, revuelto y monstruoso, y a los hombres como risibles y deformes entes, a los que solo pueden salvar los postulados universales del espíritu: inteligencia, prudencia, virtud... El Criticón se nos mostrará como una metafísica del arte de vivir, donde tratará de mejorar el comportamiento ético del ser humano haciendo uso de la sentencia horaciana Castigat ridendo mores (Corrige las costumbre riendo), aunque con mayor virulencia y sarcasmo, pues su visión descarnada del vivir humano busca que el hombre se aleje de tal fantasmagoría y pesadilla y se encamine hacia la virtuosa sabiduría hasta alcanzar el bien morir, es decir, la Isla de la Inmortalidad. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XVII 14º. Identificar las andanzas de Andrenio y Critilo, guiados por el falso ermitaño, en la crisi El hiermo de Hipocrinda, idas y venidas que se suceden de modo anfibológico y simbólico con lo que bien podría representar un convento de Valencia, donde agresiva y ferozmente retrataría a sus enemigos de la Orden, sus padrastros. También cabe interpretar que es una alusión a Port-Royal en Francia, pues por entonces se estaba librando una batalla entre los jansenistas y los jesuitas, de la que saldrán triunfantes los últimos, y todo en un tiempo natural y humano del otoño de la varonil edad. 15º. Analizar política e ideológicamente el foco de incertidumbre religiosa que aparece en Port-Royal donde surgen las controversias dogmáticas y prenden las luchas entre jansenistas, movimiento cristiano de tipo rigorista influenciado por el calvinismo, y los jesuitas, cuyo casuismo será duramente criticado de laxismo por los primeros. En este contexto cobran pleno sentido las Cartas Provinciales de Blaise Pascal, que además de acusar a los jesuitas de una conducta acomodaticia y de laxismo moral, crea un nuevo género: el panfleto y con él inaugura un nuevo estilo, enormemente eficiente, de polemista irónico y sarcástico, lleno de buen sentido y desmitificador del cifrado lenguaje teológico. 16º. Releer, pensar y tratar de reinterpretar el libelo difamatorio La Crítica de Reflección y censura de las censuras (Valencia, julio de 1658), poco antes de la muerte de Gracián, bajo el seudónimo de Sancho Terzón y Muela, cuya autoría, en principio, fue atribuida al padre jesuita valenciano Pablo Rajas, para quien El Criticón, tan aragonés y tan acre, debió ser un revulsivo. Sin embargo, bajo aquel seudónimo de Dr. Sancho Terzón y Muela se ocultaba el jurista valenciano Lorenzo Matheu y Sanz, valencianista y amigo del padre Rajas, defensor de la escolástica y situado ideológicamente en el absolutismo más radical del pensamiento hispánico de aquel siglo XVII, aspectos ideológicos claves para entender el libelo (escolasticismo y absolutismo de su autor). Fue Benito Peregrin quien señaló otro posible interpretación haciendo que el cronotopo alegórico pase de acá, de Valencia, la casa madre de los jesuitas en la provincia de Aragón, hacia más allá, lejos de los Pirineos, y se concentre en el espacio- tiempo de los jansenistas de Port-Royal. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XVIII 17º. Comprobar que el texto de El hiermo de Hipocrinda, contradictorio y ambiguo, posibilita las dos interpretaciones: a) la que hace Lorenzo Matheu y Sanz en su libelo haciendo que Gracián aparezca como chivo expiatorio por las crueles tensiones entre los foralismo y el absolutismo monárquico de Felipe IV, del que el jurista es un agente disfrazado de valencianista y c) la que señala Benito Peregrin al argumentar que el texto de la crisi alude sarcástica y cruelmente al convento cisterciense de Port-Royal des Champs. Y esto es posible porque todo discurso alegórico maneja varios niveles de significación: el literal y el simbólico. Y sobre el literal, se construyen los restantes niveles de significado. 18º. Analizar detenidamente cómo una de las tentaciones que se presentan a Andrenio se da en El hiermo... o desierto eremítico. Gracián satiriza la hipocresía religiosa que oculta los vicios "bajo capa de santidad y mienten sus apariencias": devoción fingida, orgullo, ignorancia, cobardía, simonía, lujuria y pereza. Además nos detendremos reflexionando en el final de El hiermo de Hipocrinda claro ejemplo de suspensión del relato, muy frecuente en las crisis de la novela alegórica, cuando Critilo pregunta sagazmente al falso ermitaño si se puede lograr la felicidad por medio de la virtud fingida; el ermitaño le responderá con una evasiva: "Oh pobre de mí, en eso hay mucho que decir y que quede la cosa para otra sitiada." 20º. Comprobar que Gracián al introducir la figura de la mujer en El hiermo de Hipocrinda dentro del monasterio, lo hace a través de un cofrade que "estaba escupiendo y haciendo grandes ascos y que decía mucho mal de las mujeres y de sus trajes, cerrando los ojos con gran aspaviento para no verlas". Esa tajante actitud connota violencia machista, que enmascara los privilegios de los sujetos dominantes (hombres) y la sumisión de los dominados (mujeres). El desprecio a las mujeres es una forma de dominación. La actitud misógina del fraile permite a Gracián dar un giro radical al texto y posibilita una pluralidad de interpretaciones al asociar el discurso alegórico con la inmoralidad y la lujuria de lo femenino. 21º. Verificar en el texto de crisi séptica (C, II) la esencia del arte e ingenio de Gracián consistente en su empeño por incrementar y ampliar el significado de las Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XIX palabras, haciendo que todos los elementos lingüísticos y estilísticos lleguen al límite para expresar sus enigmas, alegorías, alusiones, semejanzas, antítesis o paradojas. El lector atento tendrá que descifrar el texto así creado por medio de su propia reflexión, imaginación, conocimientos estilísticos... 22º. Examinar, comprobar y subrayar, con el análisis de las formas literarias y la complejidad estilística, de gran fluidez y plasticidad, exigidas por la ideación fantástica y libérrima del autor, la complacencia del jesuita en disimular y ocultar su pensamiento haciendo que el lector se esfuerce en comprenderlo tal como si le planteara un problema que tuviera que resolver tras diseccionarlo y analizarlo pieza por pieza. 23º.Profundizar en la lengua y el estilo graciano intentando ver en su obra no solo al pedagogo con un didactismo intencionado destinado a transformar al hombre, sino también al escritor apasionado por el lenguaje y sus posibilidades estilísticas, por medio de la más restrictiva condensación sintáctica que a su vez aporta una amplísima intensificación o amplificación de significados. La combinación de estilos y formas ya existentes, que Gracián deforma o exagera para salir de la vulgaridad, y la creación de metáforas, juegos de palabras, neologismos, elipsis, el calambur, paradojas, antítesis, paralelismos, zeugmas, prosopografías satíricas como la del falso ermitaño de El Hiermo..., etc. implican una manifiesta voluntad de un estilo difícil y hermético que no se aleja de los otros escritores del siglo XVII: Góngora, Quevedo, Calderón... 24º. Comprobar que tanto Quevedo como Gracián, auténticos conceptistas que hacen lo imposible por transmitir al lector atento una preñez y condensación de significados en las palabras, harán que a una misma estructura superficial le correspondan varias estructuras profundas; descodificar esos significados será nuestro empeño en El Hiermo de Hipocrinda. 25º. Demostrar, asimismo, cómo la prosa graciana representa una reacción contra el largo periodo rítmico ciceroniano del Renacimiento ("Más valen quintaesencias que fárragos; [...]"), dotada de una estructura sintáctica extremadamente sencilla pero que comporta una semántica extraordinariamente compleja, pues su Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XX lenguaje está comprimido en estructuras bimembres apotegmáticas y proverbiales con la frecuente elipsis de los nexos, estructuras semejantes a las de refranero o de los proverbios, a veces acompañadas de simples frases nominales, oraciones independientes, yuxtapuestas o coordinadas, haciendo un uso excepcional de las oraciones compuestas subordinadas o de relaciones hipotácticas, lo que le aleja también de la ampliación sintáctica de Góngora. Metodología Los criterios analíticos, enfoques y métodos que emplearemos para estudiar la información obtenida de las fuentes bibliográficas y de los textos de Gracián, para luego interpretarla mediante relaciones, razonamientos y argumentaciones coherentes, creemos que nos darán algún nuevo elemento que podremos incorporar al marco teórico conceptual de los estudios gracianos. La metodología nos permitirá descubrir aspectos novedosos sobre la vida y la obra de Gracián de manera sistemática y ordenada, aplicando los distintas sistemas de investigación al servicio de la inteligencia y esta, a la mejor comprensión de los textos de Gracián tratando de aprehender y captar lo sustancial de los mismos. Esos enfoques y métodos son variados y de distinto calado, entre ellos destacamos: 1º. El enfoque epistemológico: Gracián, como paradigma del pensador barroco, no es ajeno a las interpretaciones sesgadas de este periodo. Sobre todo su obra, está siendo víctima de la bipolaridad interpretativa: se habla de ella desde dos planos que parecen independientes, el humano y el divino. Así, pues, desde el punto de vista de la epistemología, o teoría del conocimiento, trataremos de acercarnos a la personalidad de Gracián a través de sus biógrafos, los conflictos que vivió con los superiores de la Compañía de Jesús al publicar sus obras sin la licencia de la Orden, su carácter desazonado y conflictivo (colérico-sanguíneo, bilioso-melancólico o colérico-melancólico 20 , como veremos que consta en su 20 . Según las antiguas doctrinas de Hipócrates y Galeno sobre los cuatro humores del organismo: a. Colérico (bilis amarilla), es decir, violento; sanguíneo: ama la alegría y la música. b. Bilioso: atrabiliario, de genio destemplado; melancólico (bilis negra): meditabundo. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXI calificaciones conventuales), tal vez por haber visto cercenada su aspiración a integrarse en la Corte y participar activamente en la vida política de aquella Monarquía Hispánica en decadencia..., hasta adentrarnos en El Criticón, libro de libros, porque en esta obra reanuda y continúa todos los asuntos abordados en su tratados anteriores. Su malestar, inconformismo teórico y disidencia intelectual se manifiesta, si cabe con mayor virulencia, en la crisi séptima de la Segunda Parte de su novela filosófica, El hiermo..., donde dispara inmisericorde con alegorías y satiriza ferozmente la hipocresía religiosa y los vicios, no los pecados porque es un texto profano, como ya se ha dicho, que, bajo capa de santidad, se practicaban en conventos y monasterios. El Criticón es una alegoría profana que tiene escasas referencias directas a lo religioso. Al final de su peregrinaje por la vida, Critilo y Andrenio llegan a la Isla de la Inmortalidad, no al Paraíso católico, aunque algunos críticos piensen que es la antesala del Cielo. De ahí que ese largo camino del hombre hacia la inmortalidad y la salvación ni sea fácil ni ancho, sino estrecho y muy trabajoso. Y para advertir a los dos peregrinos de la vida surgen numerosos guías providenciales que son alegorías de la gracia divina capaz de colaborar con los esfuerzos del hombre y sus obras para alcanzar la Gloria Eterna. Desde ese planteamiento, nos encontraríamos, pues, con lo esencial de la doctrina contrarreformista, defendida por los jesuitas, de la gracia y las buenas obras del cristiano: “La fe sin obras es una fe muerta” (Santiago 2:26) y que enfrentó de forma radical a los jesuitas con los jansenistas de Port-Royal. Por tanto, desde el punto de vista epistemológico, se podría justificar un enfoque esencialmente antropológico de la moral graciana basada en el estoicismo y en la experiencia humana, aunque si consideramos el condicionante teológico (divino), no podemos olvidar la profesión de jesuita de Gracián, también es posible interpreta una visión del hombre graciano abierto a la trascendencia. Desde la perspectiva epistemológica, pues, se llega a la conclusión de que su mensaje no es indicio único de su pesimismo existencial, sino también una marca de disidencia ideológica y moral que le aleja de los Siglos de Oro y que su tiempo histórico se han detenido o lo que es peor ha retrocedido precipitándose a la época medieval. c. Colérico-melancólico: violento y meditabundo (que reflexiona en silencio). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXII Frente al engaño y la vulgaridad del mundo solo queda el desengaño y la búsqueda de la inmortalidad, que solo alcanzarán los discretos, los juiciosos y sabios. Solo ellos esquivarán las trampas de la vida y verán la verdad porque en la arriesgada peregrinación de la vida humana “la más portentosa [de las grandes monstruosidades] es el estar el engaño en la entrada del mundo y el desengaño a la salida” 21 . 2º. El fenomenológico, dado que nos hemos acercado a los documentos de los archivos que aportan los distintos investigadores para reconstruir su vida y su obra, y las conclusiones a las que llegan, así como a los texto creados por el mismo Baltasar Gracián, especialmente El Criticón, a través de diferentes ediciones críticas, especialmente la de Romera-Navarro (Pensilvania, 1940), Arturo del Hoyo (Obras completas, Madrid, Aguilar, 3ª. ed., 1967), Evaristo Correa Calderón (Madrid, Espasa- Calpe, 1971), Santos Alonso (Madrid, Cátedra, 1980) y del mismo (Obras completas, Madrid, Cátedra, Biblioteca Aurea, 2011), Elena Cantarino (Madrid, Espasa-Calpe, 1998 y 2011), Carlos Vaíllo, Barcelona, Galaxia Gutenbert, 2001, Ilustraciones de Antonio Saura, Introducción de Aurora Egido y Colofón de Miquel Batllori). En los últimos años han aumentado las publicaciones sobre la vida de Baltasar Gracián, así como las ediciones de su obra. Asimismo, profundamente impresionados por el jesuita aragonés y su lenguaje, se han multiplicado los enfoques y métodos desde los que se le estudia y aunque son muchos los trabajos gracianos hasta ahora publicados, pensamos que es bastante lo que queda por hacer, sobre todo en el terreno de las ediciones críticas. 3º. Hermenéutico: ya que la mente humana es por naturaleza interpretativa, es decir, trata de observar algo y buscarle un significado. El hombre busca el sentido de las ideas tratando de interpretar los símbolos (metáforas y alegorías) y sus ideaciones o conceptualizaciones en sí mismas con independencia de las referencias a la realidad. Los lectores de Gracián tenemos ante nosotros la tarea irrenunciable de aportar nuevos enfoques y métodos al estudio de sus obras. El que se consiga o no queda a la revisión de los investigadores. Aún no se ha llegado al máximo de sus posibilidades ni en el terreno histórico-biográfico ni en el lingüístico, ni en el estilístico dado que la obra del jesuita da mucho de sí. 21. C, III, c. 5: El palacio sin puertas. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXIII Los dos últimos enfoques los fundimos en uno solo en esta investigación, el llamado método fenoménico-hermenéutico que consiste en hacer una lectura comentada de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón teniendo en cuenta el contexto lingüístico y de situación. El resultado de esa fusión es fenomenológico porque va directamente al texto de Baltasar Gracián, El hiermo..., crisi séptima, que se inserta en la Segunda Parte y que lleva por lema Juiziosa cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad, y que a su vez coloca en su novela alegórica El Criticón; además es hermenéutico porque buscaremos una interpretación de sus alegorías y un sentido de las conceptualizaciones e ideaciones. Por ejemplo, los nombres de los dos peregrinos: Critilo y Andrenio; Critilo, formado sobre crítica y crisis, alegoriza al hombre de criterio, de juicio, que somete a análisis todo cuanto ve y todo cuanto se le presenta como apariencia; en cambio, Andrenio (< gr. àνήρ, àνδρός) simboliza al hombre natural, al no tener la formación que ha recibido Critilo. Esto quiere decir que por la argumentación etimológica, en este caso, descubrimos el sentido del nombre propio de los protagonistas. Todos los nombres de El Criticón son nombres que simbolizan algo; no son como los de la novela pastoril o los de la poesía, asociados con el nombre de la dama o el galán; en la obra de Gracián representan algo porque la novela es una epopeya en prosa alegórica 22. Intentaremos, pues, acceder al sentido del texto graciano por medio de una hermenéutica simbólica que sea capaz de comprender el malestar de la obra literaria, filosófica y lingüística del pensamiento de Baltasar Gracián, que se oculta tras las apariencias, y el déficit axiológico de lo público que tanto critica nuestro autor con respecto a la vida de la Corte, por ejemplo, y que también aparece en la crisi séptima… de la que nos ocuparemos especialmente en esta investigación. 4º. Comparativo, pues iremos cotejando las coincidencias y divergencias de la obra de Gracián con otras literaturas y la nuestra, como la Odisea de Homero, el Calila, el Sendebar o Libros de los Engaños, la Batalla de don Carnal y doña Cuaresma del Arcipreste de Hita, El Conde Lucanor de don Juan Manuel, El Infierno de los 22. LAPESA, Rafael (1995), Comentario lingüístico y literario de algunos fragmentos de El Criticón, en MORALEJA, Alfonso (edición y coordinación), GRACIÁN HOY, Madrid, Cuaderno Gris. Noviembre 1994-Junio 1995. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXIV Enamorados de Santillana, el Laberinto de Fortuna de Mena, las Danzas de Muerte, el Diálogo de Mercurio y Carón de Alfonso de Valdés, El Quijote de Cervantes (aunque no le nombre en sus obras; silencio clamoroso por otro lado), las novelas bizantinas y la literatura sapiencial, los Sueños de Quevedo, El Gran Teatro del Mundo y La Vida es Sueño de Calderón, las Soledades de Góngora o los apólogos de Mateo Alemán intercalados en su novela picaresca Guzmán de Alfarache. Además confrontaremos los textos, cuando lo veamos conveniente, de las otras publicaciones de Gracián con El Criticón, pues es de todos conocido que sus ideaciones anteriores y temáticas las vuelven a reanudar y a modelar, superándolas, en las obras que va escribiendo posteriormente: El Héroe (1639), El Político (1640), El Discreto (1646), Oráculo manual y arte de prudencia (1647), Agudeza y arte de ingenio (1648), El Criticón I (1651), El Criticón II (1653), El Comulgatorio (1655), El Criticón III (1657). Así, por ejemplo, si cotejamos el último realce de El Discreto y la crisi última de El Criticón, advertiremos que el realce transforma la filosofía moral en una enseñanza-aprendizaje para la muerte, mientras que la última crisi de El Criticón vence todos los obstáculos de la muerte hasta que los peregrinos llegan a la Isla de la Inmortalidad, o sea, la vida imperecedera. 5º. Diacrónico/sincrónico: Nuestro enfoque se hará a través del tiempo, desde la perspectiva de buscar las influencias de El Criticón en los diversos géneros poéticos a través de aspectos históricos y evolutivos (épica, lírica, dramática, prosa…). Sin embargo, y al mismo tiempo, el punto de vista que adoptaremos será también Sincrónico ya que enfrentaremos y analizaremos los fenómenos lingüísticos y estilísticos propios del momento histórico y que Gracián emplea en El Criticón, es decir, afrontar el estado de la lengua española de la primera mitad del siglo XVII y su retórica, prescindiendo de un antes y un después. 6º. Estilístico: La retórica consideró la estilística como el reconocimiento de las figuras del lenguaje; actualmente, en líneas generales, busca encontrar la expresión característica de una obra (El Criticón) y un autor (Gracián), de una época (Siglo de Oro), de un género discursivo (novela filosófica-alegórica), etc… Para Dámaso Alonso, los métodos estilísticos son una rama de la crítica literaria, y por medio de ellos se valora la explicación epistemológica y científica de los textos: significante y significado adquieren dimensiones diferentes a las expuestas por Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXV Saussure y eso es lo que nos sorprende en el estilo de Gracián. El método será bidireccional: se puede ir del significante al significado, y viceversa. El mismo Dámaso distinguió tres tipos de lectores: el básico, el crítico y el analítico-estilista. Solo situándonos en la posición del lector crítico y analítico-estilista lograremos aprehender la concepción de “esa voluntad de forma”, “lo extraño del estilo” de Gracián, que como fenómeno se refleja en su obra, especialmente en El Criticón. Desde el punto de vista estilístico, bien podemos afirmar que El Criticón es una extensa alegoría de la vida humana, La feria de todo el Mundo como señala en una de sus crisi (C,I, c. 13). El núcleo central significativo es la peregrinación de Andrenio, criado en una cueva y amamantado por una fiera, en una isla desierta, guiado por un viejo naufrago, Critilo, el hombre juicioso, el hombre civilizado. Más que una novela alegórica, que también, parece un tratado moralista en el que Baltasar Gracián trata de demostrar la maldad humana, la corrupción de la sociedad y la carencia de ética. José Javier Montesinos23 fue el primero en advertir el proceso de desnovelización en la literatura del Barroco; ya desde el Lazarillo o la Guía de avisos de forasteros que viene a la corte (1620), de Antonio Liñan y Verdugo, la novela va desvirtuándose hasta convertirse en una Guía de Avisos, por la tendencia de sus autores de “desvalorizar la vida y los contenidos de la Cultura” como señala Américo Castro. Muchas de las ideas de Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache serán retomadas por Gracián, autor al que mucho admiró. El Criticón tiene mucho de novela picaresca con respecto a su estructura, salvo que no existe un pícaro central. Pero la técnica de andar por el mundo y vagar por las ciudades y el campo, y el encuentro con peregrinos, es similar. Gracián va dejando caer digresiones y sentencias morales con extrañas coincidencias con la novela picaresca, con inclinación a desvalorizar la vida y justificar la picardía. Andrenio hubiera sido víctima del engaño y de la seducción en más de una ocasión de no ser por las advertencias de su compañero Critilo. Sin embargo, Gracián va mucho más allá; en El Criticón no aparecen notas circunstanciales e históricas, sus personajes no son de carne y hueso, sino paradigmas 23. Vid. Su artículo “Gracián o la picaresca pura” en Cruz y raya, núm. 4, 1923, donde se citan las palabras de Américo Castro. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXVI donde hasta los nombres propios expresan su deseo de evadirse de lo anecdótico; así veremos a Critilo, Andrenio, Felicinda, Falimundo, Falsirena, Artemia, Virtelia, Honoria… nombres que va creando con un anhelo de intemporalidad. Las dificultades metodológicas siempre surgen cuando queremos comprender e interpretar los enunciados alegóricos de Gracián de manera aislada; es científicamente inevitable, pues, tomar en consideración siempre su filosofía como un todo indivisible, evitando valorar aisladamente sus componentes teológicos, históricos, culturales, sociales, estilísticos e ideológicos. El todo de su obra es mucho más que la suma de las partes (holismo: el griego ὅλος [holos]; todo, entero, total) y solo puede ser explicada teniendo en cuentas todos sus aspectos y componentes aunque desde el punto de vista metodológico y didáctico haya que diseccionarlos e individualizarlos; y por último 8º. El enfoque pragmático, pues, estudiamos el uso del lenguaje en función de la relación que se estable entre enunciado-contextos-interlocutores; de modo que intentaremos analizar cómo el autor produce su obra y los lectores interpretamos sus enunciados dentro de los contextos. Tomaremos en consideración los factores extralingüísticos, la situación, que determinan el uso del lenguaje tales como la intención comunicativa, el entorno espacio-temporal o el conocimiento del mundo y de la vida de su autor. Simultáneamente, también analizaremos la semántica de texto y el estudio de los signos en relación con aquello a lo que se refieren (designata o contenidos asociados a la expresión: símiles, metáforas, lo alegórico en definitiva). Hipótesis de la investigación La necesidad de aproximarse a la biografía de un autor, en nuestro caso el escritor conceptista Baltasar Gracián, parece inexcusable para tratar de comprender la intención, el estilo y el sentido de su producción literaria. Como indica el jesuita Miquel Batllori, uno de los gracianistas que más datos han aportado sobre el escritor aragonés, en un espíritu tan reconcentrado e introvertido como el de Gracián, su biografía no puede ser una simple suma de acontecimientos vividos, ni un simple encuadre de un perfil que nos dé la ambientación personal, http://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_griego Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXVII intencional y psicológica de sus obras, sino la esencia misma que absorbe todo el saber de una época y que lo recrea en sus textos. El conocimiento más o menos certero de su vida nos ayudará a desvelar y aclarar algunas actitudes, reacciones y respuestas que leemos en sus libros, pero no todas. La primera pregunta que nos hemos hecho antes de abordar este estudio ha sido: ¿Las investigaciones socio-culturales, histórico-biográficas y de los recursos estilísticos de un escritor tienen relevancia para la correcta interpretación de sus obras? Nuestra respuesta es que nos parece que sí. El conocimiento biográfico del autor de los textos, lo que se ha dado en llamar el biografismo intelectual, tan cultivado en nuestros días, se realiza para evidenciar los acontecimientos de la vida de un autor y su relación con las ideas literarias, filosóficas, políticas, sociales, temperamentales… Con la biografía de Gracián topamos con un obstáculo y es que son pocos y a veces imprecisos los datos que sabemos del personaje, a pesar de lo mucho que los investigadores conjeturan sobre su vida y su mundo social. Evaristo Correa Calderón, otro de los grandes gracianistas, cree firmemente que todavía pueden quedar en los archivos aragoneses de la Orden o en Roma, muchas cartas y otros documentos que aún no se han dado a conocer. Al principio la falta de datos objetivos sobre la vida del jesuita condicionó mucho la interpretación de sus textos. Hoy la situación ha cambiado bastante, fundamentalmente por los documentos descubiertos por el hispanista francés Adolphe Coster (1868-1930) y el jesuita Miquel Batllori i Munné (Barcelona, 1903- Sant Cugat del Vallés, 2003) cuyas investigaciones han ayudado enormemente a la interpretación de la obra de Baltasar Gracián. Y aunque los textos se pueden estudiar sin tener en cuenta la biografía de su autor, sin embargo, toda obra es una creación de quien la ha escrito y/o pensado y, en consecuencia, se encuentra tras de cada fragmento del texto una impronta indeleble espacio-temporal, socio-cultural y temperamental que permite a la vez que una realidad conclusa, como es un texto, permanezca a la vez inconclusa y sea susceptible de leerse facilitando una pluralidad de interpretaciones. Con respecto a la ideología de Gracián, siempre nos hemos preguntado si esta queda reflejada o no en el conjunto de sus obras. El Criticón es un relato genial, paradigma de la literatura europea, y se nos presenta como el texto más difícil de la literatura española. De selva inextricable la ha calificado el profesor don Rafael Lapesa. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXVIII Y es que ese relato alegórico continúa y vuelve sobre todos los temas de sus obras anteriores, su pentateuco, formado por El Héroe (1637), El Político (1640), El Discreto (1646), Oráculo manual (1647) y Agudeza y arte de ingenio (1648). Esos asuntos y la postura que adopta Gracián ante ellos, sin duda, dicen mucho de la ideología del escritor, además de adaptarlos a la estructura narratológica y dialógica, fundamentalmente, porque los protagonistas a lo largo de la narración dialogan mucho entre sí, haciendo que la acción se transforme en algo secundario dentro del relato. Y para ello se vale de frecuentes transiciones entre un narrador omnisciente (autor-creador) que en la ficción conoce todos los entresijos del mundo representado y unos narradores que hablan en primera persona y que se ofrecen a problematizar la realidad, a devolverle las incertidumbres con que el hombre se enfrenta a ella, haciendo gala de un perspectivismo a lo cervantes que coadyuva, sin duda, a humanizarla. A través de los temas sobre los que dialogan los personajes, podemos comprobar la esencial ideología de Baltasar Gracián, su cosmovisión. Nuestro jesuita ha abandonado el optimismo vital del Renacimiento y ha entrado de lleno en el pesimismo del Barroco, volviendo la mirada al pasado medieval y a la defensa de la fugacidad de la vida y la caducidad de todas las cosas, lo que le produce una desazón interior que le enfrenta a sí mismo, a la sociedad y al mundo. Su misandria radical solo es superada por su misoginia exacerbada que le lleva a negar hasta la belleza física de la mujer, al considerar a las mujeres mucho peor que los hombres. Su desencanto y pesimismo se adueñan del hombre que se ve acosado por las crisis de la Casa de Austria y la decadencia de la Monarquía Hispánica: guerras, desgarros territoriales, bancarrotas, pestes, el vicio de las naciones... Y, desde una actitud marginal frente a la sociedad y a la misma Compañía de Jesús, fue capaz de expresar su desasosiego, algo muy latente en todas su páginas, aún asumiendo el mundo de ideas de la sociedad que le tocó vivir entrando, desde este punto de vista, en la modernidad. La desobediencia contra sus superiores religiosos, por publicar sus obras sin pasar la censura preceptiva, que en parte superó con el artificio del casuismo, le causó fricciones y quebrantamientos que le amargaron los últimos años de su vida, al enfrentarse con grupos de opinión disidentes, sobre todo de carácter regional o regionalistas (aragonesismo de Gracián contra valencianismo del padre Rajas). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXIX Su sentimiento anticortesano, que en nada siguió el tópico literario de menosprecio de corte y alabanza de aldea, fue constante y casi agresivo, pues le embargó un sentimiento de amargura por la ineptitud de aquella política cortesana que era incapaz de resolver los problemas cada vez más graves de la Monarquía, entre los que citamos el proceso de separación de Portugal y el levantamiento de Cataluña, ambos simultáneos. En la Segunda Parte de El Criticón, que es la de la varonil edad, subtitula "Juiciosa cortesana filosofía", la irritación contra la corte se manifiesta casi continuamente; muchas de sus crisis o capítulos son sátiras anticortesanas; fustiga a la corte como quien está libre de culpa, como quien se sintió rechazado y está lejos de sus complicidades, quizás porque fracasó en sus aspiraciones cortesanas, como escritor político y también como predicador cortesano, solo suavizado cuando es nombrado confesor del virrey de Aragón, duque de Nocera, al que acompañó a Madrid, y que acabó en la cárcel de Pinto, lo que obligó a Gracián a refugiarse de nuevo en Aragón. La sátira anticortesana de Gracián no le acarreó ni disgustos ni perjuicios procedentes de la corte, sino las alusiones satírico-burlescas a sus compañeros, quienes al darse por aludidos o verse reflejados en El hiermo de Hipocrinda, no solo le atacaron personalmente sino que le acusaron de desobediencia y laxitud ante sus superiores para que estos tomaran medidas contra él. Y aquí cabe preguntarse ¿Por qué Gracián, en El hiermo..., asocia la hipocresía religiosa con el dejamiento y la pereza? ¿Qué detectaron algunos padrastros valencianos en El hiermo... para que se publicara en Valencia, el mismo año de la muerte de Gracián, La crítica de Reflección y censura de las censuras? ¿La lógica espacio- temporal anfibológica que Gracián maneja en El Criticón impide o no, facilita o no, la multiplicidad de interpretaciones que se han hecho de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón? ¿Hipocrinda puede alegorizar o no a las muchas beatas que hubo en la España de los Felipes? ¿El portero de la crisi puede ser un representante alegórico de herejes maleantes, como un begardo y un pícaro? ¿Puede simbolizar o no a los Solitarios jansenistas de Port-Royal? ¿Por qué Gracián juega con la palabra dejamiento, en su doble sentido de pereza y alumbramiento? ¿Tiene ese planteamiento algo que ver con las posiciones irreconciliables entre jesuitas y jansenistas sobre la controversia teológica entre la Gracia y las obras? ¿Por qué Gracián asocia a los alumbrados de Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXX España, con luteranos, calvinistas y, en parte, con los jansenistas y por qué reprocha a estos últimos de un comportamiento inmoral (lujurioso especialmente) siendo conocido su rigor y austeridad? ¿Coincide El hiermo... con la abadía de Port-Royal de Champs? ¿Puede Hipocrinda referenciar a la Madre Superiora Angélique Arnauld y el falso ermitaño y verdadero embustero aludir a los Solitarios de Port-Royal que residían cerca del monasterio femenino? ¿Por qué Blaise Pascal, uno de los Solitarios, en sus Cartas Provinciales también ataca despiadada e irónicamente la casuística de los jesuitas? ¿Llevó o no llevó la querella teológica entre jesuitas y jansenistas y viceversa a extremos de mala fe? ¿Por qué la monarquía absoluta y Roma persiguieron a los jansenistas? ¿Tuvieron algo que ver los jesuitas con la destrucción literal de la famosa abadía benedictina de Port-Royal de Champs que tanto influyó en la vida religiosa y literaria de la Francia del siglo XVII, haciendo de la capilla una ciénaga y hasta las cenizas de los muertos, dispersadas? A estas y a otras interrogantes trataremos de responder más adelante. En cuanto al estilo, Gracián en El Criticón presenta reiteradamente dos metáfora dominantes: La vida como peregrinación, cuyo motivo central es el viaje, y El mundo como teatro, confluyendo ambas metáforas en la imagen del laberinto del mundo y de la existencia. La novela filosófica empieza con un naufragio, el de Critilo, hasta que las aguas le arrastran a la isla de Santa Helena, y termina con otro, cuando los peregrinos van por el mar del recuerdo amenazados por las olas que rompen en los peñascos de la Isla alegórica de la Inmortalidad. El primero es una advertencia simbólica del entrenamiento de la inteligencia y agudeza de ingenio del hombre para librarse de los peligros que le van saliendo por el camino de la vida, mientras que el segundo alegoriza un premio por el esfuerzo desarrollado por ser virtuoso y llegar a ser persona. Tras este sucinto resumen de El Criticón ya nos damos cuenta que la novela alegórica es una metáfora continuada en que los sucesos denotativos que se van narrando son la materia prima para llegar a las connotaciones que darán pie a las múltiples interpretaciones del texto. ¿Qué es el estilo? ¿Dónde se manifiesta? ¿Qué motiva en los escritores el empleo de un estilo? Se ha dicho que el estilo se manifiesta en la expresión estética, psicológica e ideológica de los discursos y actualmente, la Estilística aparece vinculada Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXI a la Lingüística del Texto, a la Pragmática y a la Teoría de la Comunicación, sin olvidar la Gramática funcional. Un rasgo de estilo nos lo ofrece Gracián en el prólogo Al lector de El Héroe cuando afirma que emprende formar con un libro enano un varón gigante, y con breves periodos, inmortales hechos. ¿Qué es lo que motiva el conceptismo graciano, su brevedad de estilo, su precisión conceptual, su dificultad y su hermetismo? La crítica ha visto que Gracián pone el concepto al servicio de la concisión narrativa, del pesimismo barroco, de la sátira, del humor y de la ironía, de la vida y de la muerte haciendo de su arte una de las obras más universales de la literatura barroca española. ¿Qué razones pragmáticas y contextuales permiten que el Gracián conceptista lleve a cabo en sus textos una intensificación semántica en la estructura profunda del lenguaje, por medio de una simplificación de la estructura superficial? La prosa graciana emplea una estructura sintáctica reducida y elíptica; sin embargo, esa misma estructura superficial genera una estructura profunda cargada de significados. ¿Cuáles son los procedimientos o los recursos literarios que emplea Gracián para lograr que su estilo se acerque al estilo de los apotegmas, de las sentencias, de los proverbios, del epigrama o de las paremias? ¿La prevalencia de las palabras con significado semántico (sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios) sobre las morfemáticas hacen que su estilo consiga una mayor ampliación semántica? ¿El uso de figuras retóricas como la polisemia, la dilogía la disemia, las metáforas, los juegos de palabras, aliteraciones, paronomasias, hipérboles, prosopopeyas, símiles, elipsis o el zeugma... así como los giros latinizantes (cultismos e hipérbaton)..., a pesar de su aparente ambigüedad, generan esa intensidad de significados de la que hablan los críticos? ¿Por qué el predominio de estructuras paratácticas (yuxtaposiciones, coordinaciones...) transforman sus textos ("Lo bueno si breve..."), por su brevedad y condensación semántica, en una especie de formulas lógico-matemáticas que más parecen construcciones ideales de la mente, que aportaciones de información sobre la realidad? En definitiva, ¿por qué en el estilo de Gracián lo Menos es más como sucede en las artes de vanguardia o en las fórmulas matemáticas? Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXII Nuestra intención es tratar de dar respuestas a estas y otras preguntas aun a sabiendas que ni la personalidad de Gracián, ni sus influencias culturales, ni su ideología, ni su estilo polivalente, sentencioso y conciso... se dejan atrapar fácilmente. Breve síntesis de la estructura. Este trabajo de investigación consta de cuatro partes, cada una con un título que a vez subdividimos en capítulos, también subtitulados, cuyos textos aparecen distribuidos en distintos epígrafes y sub-epígrafes. La Primera Parte lleva por título: Biografía de Baltasar Gracián a través de los documentos aportados por los investigadores gracianistas. Sus contenidos los hemos distribuidos en dos capítulos, a saber: Capítulo primero. Valoración de los textos de Gracián desde su muerte hasta nuestros días; y Capítulo segundo. Algunas pinceladas sobre la biografía de Baltasar Gracián al hilo de sus obras. Bajo ese epígrafe del capítulo primero nos acercamos al crédito que el jesuita y su obra ha ido mereciendo a los críticos españoles y europeos desde las primeras publicaciones de sus obras (s. XVII) hasta la actualidad (s. XXI): Barroco, Ilustración y Neoclasicismo, Romanticismo y Realismo, Generación del 98, Las vanguardias, Siglo XX hasta llegar a nuestros días. Actualmente las publicaciones sobre Gracián y el incremento de las ediciones críticas de sus obras han ido creciendo, pues el impacto que produce su lenguaje y su estilo no deja a nadie indiferente. Son muchos los trabajos sobre Gracián que se han publicado empleando diversas metodologías y enfoques. Aún así queda, creemos, bastante camino por recorrer, especialmente en el terreno de las ediciones críticas de sus obras, pues, el jesuita no se deja atrapar fácilmente. En el capitulo segundo, abordamos la biografía y su momento histórico en relación con su producción literaria, desde la publicación de su primer librito, El Héroe (1637), hasta llegar a tercera y última parte de El Criticón, publicado un año antes de su fallecimiento en Tarazona (1658). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXIII La falta de datos objetivos sobre la vida del de Baltasar Gracián limitó bastante la comprensión de sus páginas. Actualmente se ha producido un vuelco importante por los muchos documentos que han ido saliendo a la luz gracias al hispanista francés Adolphe Coster y al padre jesuita Miquel Batllori, uno de los gracianistas que más datos han aportado sobre el escritor aragonés, cuyas indagaciones y desvelos han coadyuvado extraordinariamente a la interpretación de sus obras. Un espíritu tan reconcentrado, introvertido y desengañado como el de Gracián, capaz de asimilar todo el saber hasta entonces conocido, nos sorprenderá por un estilo tan enjuto como preñado de significados, propio del conceptismo, cuyo hermético le sirvió, sin duda, para protegerse de la Corte, del Santo Oficio y de la misma Compañía de Jesús. La Parte Segunda la hemos titulado El Criticón: lectura crítica del texto y rastreo de las reminiscencias y fuentes más significativas. El paradigma de género. Consta, a su vez, de dos capítulos: Capítulo tercero. Análisis literario y filológico de la novela alegórico-filosófica de Baltasar Gracián; y Capítulo cuarto. El paradigma de género: mujer y sociedad en el Siglo de Oro; sus raíces. La ideología sexual subyacente en El Criticón. En el capítulo tercero hacemos un estudio literario, ideológico y filológico de la novela alegórico-filosófica de Baltasar Gracián, El Criticón, con especial hincapié en el texto, la autoría, fechas, estructura, su argumento, el espacio geográfico-temporal, etc., donde el autor plantea evitar lo engaños y trampas del mundo por medio de la sabiduría, el entendimiento y la experiencia del viaje. A pesar de la referencias y alusiones históricas y geográficas, la concepción alegórica de Gracián hace que la novela filosófica mantenga una intemporalidad y una inconcreción geográfica que apenas señala de forma difusa un escenario europeo: Portugal, España, Alemania e Italia. Y será esa anfibología espacio-temporal la que genere múltiples y apasionadas controversias entre los críticos e investigadores. La concepción graciana de engaño y desengaño del mundo le llevarán a usar algunos recursos estilístico basados en la agudeza nominal, uno de cuyos procedimientos es la interpretatio nominis o etimologías fantásticas, o la creación de la figura de los guías, auténticos caprichos fantásticos de Gracián, al modo del Bosco, y Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXIV cuya simbología alegórica no deja lugar a dudas: el centauro Quirón, Proteo, el sabio Bías, el pajecillo de Falsirena, Egenio, el falso ermitaño y verdadero embustero, Jano, el descifrador, el zahorí o el Inmortal, por citar algunos de ellos, todos estos y algunos más acompañaran a los peregrinos por el viaje de la vida hasta llegar a la Isla de la Inmortalidad. Asimismo estudiamos el hibridismo del relato filosófico-alegórico en relación a las posibles fuentes. El capítulo cuarto trata de identificar el paradigma de género en la sociedad barroca a través de El Criticón y los atributos que el jesuita, consciente o inconscientemente, asigna a los hombres y a las mujeres con los que le ha tocado vivir. El pesimismo barroco y la desilusión por la decadencia del Imperio le llevarán a pensar que el mundo ha sido perfectamente creado y que la maldad de los hombre lo ha pervertido de tal manera que ha convertido la sociedad en un gran lodazal, lleno de fieras y horribles monstruos, en el que las mujeres son peor incluso que los hombres. Su configuración sobre lo femenino y lo masculino está marcada por su formación en la creencia de que la mujer es imperfecta e inferior al hombre, ideación que viene arrastrada desde la tradición aristotélica hasta la Contrarreforma. La radical misoginia de Gracián, fruto de su formación jesuítica y contrarreformista, le llevará a tal grado de discriminación de lo femenino que llegará incluso a negar la belleza física de las mujeres denigrándolas y satanizándolas con el fin de controlar las pulsiones libidinosas y lujuriosas de los hombres. En sus obras, la ausencia de la mujer es un indicio claro de la marginación de lo femenino en una sociedad fuertemente jerarquizada y patriarcal. La única mujer que de verdad describe en El Criticón es Falsirena, pero resulta ser una prostituta, alegoría del amor carnal, uno de los enemigos del alma. Frente a ella, el personaje de Felisinda, símbolo del amor platónico y de la verdadera felicidad, como esposa y madre de los dos peregrinos, se evita constantemente a lo largo de la narración, porque lo femenino verdaderamente aceptable se debe ocultar en la filosofía moral de la cultura patriarcal del Barroco. Si lo femenino se hace público, se desvela, es moralmente rechazado y condenado al convertirse en objeto del amor lujurioso. Este tipo de moral aparece frecuentemente en otras muchas obras misóginas del periodo barroco, escritas por hombre y por mujeres, donde la representación de lo femenino se ponía al servicio de la manipulación y del control de la mujer; baste Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXV observar, por ejemplos, las series de pinturas sobre las inmaculadas o las coronaciones de la Virgen en el cielo de los pintores de la época, en los que se exalta la espiritualidad y/o la maternidad como atributos de género naturales de lo feminino, frente concepción de la mujer venenosa, aspecto este inherente a la ideología subyacente de la sexualidad y del amor carnal pecaminoso. Esta confrontación de atributos de lo femenino no dejan de ser ideaciones o configuraciones arbitrarias del momento histórico que sirvieron para discriminar a la mujer con respecto al hombre generando toda una serie de desigualdades en prejuicio de las mujeres. La Tercera Parte la hemos intitulado Configuración de las genealogías, de la amistad, de la misoginia y de lo femenino en los textos de Baltasar Gracián. Esta tercera parte ha quedado divida en tres capítulos: Capítulo quinto. La Institución del linaje e Inquisición en el Siglo de Oro. Capítulo sexto. De la amistad. Misoginia y literatura; y Capítulo séptimo. La representación de la mujer y lo femenino en Gracián En el capítulo quinto vemos a un Gracián que rechaza la institución del linaje, negando que en la genealogía de una persona descanse la honra o la deshonra; la persona vale por lo que es y por lo que hace, y no por el origen étnico de sus antepasado. Este planteamiento se aproxima al que defiende Fernando de Rojas en La Celestina, el anónimo de El Lazarillo de Tormes, el de Mateo Alemán, Santa Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o el mismísimo don Miguel de Cervantes, por citar algunos de los más representativos escritores del segundo Renacimiento y del Barroco. Con respecto a la idea de la amistad, del capítulo sexto, Gracián defiende que hay que anteponerla a todas las cosas humanas siguiendo el principio aristotélico. Constantemente hará un elogio de la amistad en todos sus tratados, aunque pone una objeción "Sea excepción de la amistad en no confiarle los defectos"24. La concepción aristotélica de la amistad tendrá un gran poder de seducción en la ideación graciana de la misma y así queda reflejado en sus tratados y en el mismo Criticón, especialmente en la peregrinación que Critilo y Andrenio realizan a través del viaje de la vida. Otra de las fuentes que hemos de destacar es, sin duda, el Banquete de Platón, acercándose mucho a la idea de amistad y amor que defiende, dentro del diálogo, Aristófanes, además del 24. O, 126, pag.171. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXVI modelo pedagógico heleno de la παιδεραστία griega, con las figuras del erastes (el amante pedagógico) y el eromenos (el amado). Los dos peregrinos alegorizan una relación educativa con connotaciones muy próximas a la paideia de la Grecia antigua, por mucho que la enmascare con una agnición sorprendente, el hijo que reconoce al padre o viceversa, por las informaciones que les da Falsirena. Con relación al concepto de misoginia, del mismo capítulo sexto, y su relación con la literatura, siguiendo la influencia de la tradición greco-romana, se entiende el “rechazo, desprecio u odio a las mujeres”, frente al de misandria o “aversión y odio a los varones”, equivalente a misoginia (odio a la mujer) para el hombre. La variedad de matices que presentan estas configuraciones en los textos literarios son amplísimas, manifestándose muy a menudo enmascaras, especialmente la misoginia, pues esta evidencia una actitud de superioridad del hombre que Gracián, más que velar, subraya tanto en los tratados como en El Criticón. Las críticas del jesuita van dirigidas explícitamente a todo el género de lo femenino, ya que sus diatribas y sátiras punzantes van no solo contra todas las mujeres, sino también contra los homosexuales y los hombres afeminados, de los que dicen que son diptongos de mujer y hombre, es decir, medio hombres25. Su fobia ideológica a lo femenino quizás pueda explicar la mujer en ausencia (Felisinda) de su relato. Y la única vez que describe una mujer de verdad, Falsirena, para sorpresa del lector atento, es una prostituta. Su formación no le permite dejar de pensar que el desorden del mundo es causa de la mujer a las que valora, unas veces con el miedo de Catón, cuya misoginia le llevó a llamar a las mujeres romanas animal indómito, de naturaleza indisciplinada, y otras como un seres satánicos, viles, venenosos e inferiores. En La feria del Mundo 26, el guía Egenio relata a Critilo y Andrenio que cuando Dios creó el mundo encarceló a todos los males en una cueva de las Islas Afortunadas, dejándoles allí encadenados entre sí y entregó la llave de la cueva al libre albedrío del hombre, dejando sueltos por el mundo todos los bienes. Así vivió feliz el hombre hasta que la mujer, movida por su curiosidad y seduciendo al hombre, obtiene de él la llave de la cueva, con que la abrió. Y se soltaron todos los males por todo el mundo. Esta 25. C, III, c. 4: El Mundo descifrado, págs. 631-632. 26. C, I, c 13: La feria de todo el Mundo, págs. 264 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXVII alegoría es especialmente significativa de la concepción que Gracián tiene de las mujeres, sobre todo, cuando al hacer un reparto de los males por los distintos países, termina diciendo que la lujuria, pareciéndole poco una nación, se adueñó de todo el mundo. Y a quien primero embistieron los males fue a la mujer quedando ésta desde entonces rebutida de malicia, especialmente de lujuria (la mujer venenosa). Esta sería la versión graciana del mito griego de Pandora que aparece por primera vez en la Teogonía y Trabajos y días, obras de Hesíodo (700 a. C.) La representación de la mujer y lo femenino en El Criticón, capítulo séptimo, es el tema más importante de la narración alegórica. Con este asunto intenta desviar a los peregrinos del camino que lleva a la búsqueda de la virtud, aunque vaya pintado de misoginia, código esencial de la cultura patriarcal, porque lo femenino es un peligro y un atractivo que hay que vencer. Felisinda, esposa y madre, como fin de la peregrinación de la pareja de héroes masculinos, es una búsqueda de lo femenino de los relatos bizantinos, al que seguirán las novelas de aventuras españolas como El peregrino en su patria de Lope de Vega o Los trabajos de Persiles y Segismunda de Miguel de Cervantes. Gracián, en su Criticón, va transformando ese código, poco a poco, hasta convertir su reflexión filosófica en una novela alegórica con finalidad didáctica. La mujer se ha convertido en la época de Gracián en un monstruo peligroso, en un prodigio extraño al que se le otorgan atributos de género que no le corresponden (maldad, falsedad, lujuria...) y que están representados simbólicamente en Falsirena, la falsa sirena y la carne que, junto al mundo y el demonio, constituyen los tres enemigos del alma. El cuerpo femenino es un icono alegórico al que se asocian todas las malas hembras de la tradición cultural: las furias, las parcas, las sirenas y las arpías. Esta configuración de la mujer genera un discurso estático tremendamente misógino y perverso en la representación de lo femenino y que el hombre del Barroco obtiene de las abundantes fuentes tradicionales greco-latinas y medievales plagadas de tópicos sobre la maldad de las mujeres. Gracián es consciente de la complejidad de la feminidad, y por eso se mueve entre Falsirena, la prostituta, símbolo del poder sexual femenino, y Felisinda, la mujer casta que representa la felicidad, paradoja que brota de la imposibilidad de rechazar totalmente a la mujer, al tiempo que intenta huir de ella por su peligros. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXVIII Al mismo tiempo, la mujer, en El Criticón, se asocia con los males del reino y los tejemanejes entre las familias que se reparten el poder, lo que afecta al común de las gentes: miserias, hambrunas, impuestos esquilmadores... Los moralistas, incluidos muchos escritores, advertirán sobre los peligros de las mujeres activando la represión machista y la intolerancia moral. Todos ellos están convencidos del dominio de la mujer sobre el hombre y analizan su presente como crisis, caos y decadencia acusándolas a ellas de la degradación de las costumbres, de los gastos cortesanos, el exceso de fiestas, los hábitos relajados de los poderosos, el desmoronamiento de la Monarquía hispánica y de todo aquello que se tiñe con sangre de los pobres. Gracián solamente salvara del género a las mujeres varoniles, un don divino, con cualidades excepcionales, que las convierten en otra entidad distinta cuyos atributos de género son: ángel, diosa, incluso hombre. Esta idea ya estaba en Fray Luis de León (La perfecta casada) y en el Camino de perfección de Santa Teresa de Jesús. Sin embargo, y paradójicamente, después de defender a la mujer varonil, inserta una sátira en la que se burla de las mujeres y los hombres por el cambio de funciones que desarrollan unos y otras en la sociedad; acusará a las mujeres de varoniles, al tiempo que censura a los hombres de blandos y afeminados. Desde el punto de vista estructural, se cierra el trabajo con la Parte Cuarta, Análisis del estilo de El Criticón a través de la crisi El hiermo de Hipocrinda, una sátira de la hipocresía religiosa. Consta de otros dos capítulos, a saber: Capítulo octavo. Hipótesis literarias, filosófico-teológicas y políticas subyacentes a la crisi que lleva el lema El hiermo de Hiopocrinda; y Capítulo noveno. Comentario lingüístico y literario de la crisi séptima de la Segunda parte de El Criticón, intitulada El hiermo de Hipocrinda. Se inicia el capítulo octavo analizando cómo los rasgos esenciales de la novela de peregrinos están en la base de los episódicos de la novela alegórica y Gracián coloca su fábula utópica en el viaje. El autor va encadenando los espacios y los tempos de la peregrinación, alternativamente reales y alegóricos, siendo el reinado de Felipe IV (c. 1621) la época de referencia histórica, aunque las andanzas y aventuras de Critilo y Andrenio no se vinculan rigurosamente con los eventos históricos. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XXXIX El autor se ve obligado a cambiar la codificación espacio-temporal del recorrido cuando el fin último de los peregrinos no es llegar a Roma sino encontrar a Felisinda, alegoría de la felicidad; es entonces cuando los tiempos y los espacio se van haciendo imaginarios aunque Gracián va dejando los suficientes indicios textuales de fechas y de lugares para mantener una deixis especio-temporal realista sin la cual no sería posible cohesionar el relato. A continuación, tratamos de interpretar el camino que van recorriendo los peregrinos cuando son guiados por el falso ermitaño y verdadero embustero, el minicronotopo de El hiermo... cuya anfibología da pie a pensar que el recorrido que hacen es por los espacios exteriores que rodean un caserón que bien puede aludir y simbolizar un convento de Valencia, donde situaría y retrataría burlonamente a sus enemigos de la Orden, o bien referenciar el monasterio de Port-Royal de Champs en Francia, centro del jansenismo francés, entonces en plena lucha doctrinal con los jesuitas. Este trayecto ambivalente y ambiguo se realiza cuando los peregrinos se hallan en un tiempo natural y humano del otoño de la varonil edad. Desde la perspectiva doctrinal e ideológica, se ha interpretado también El hiermo... como la defensa que hace Gracián de la Compañía de Jesús y del dogma del libre albedrío/predestinación divina (libertad del hombre frente a la omnisciencia de Dios) contra los planteamientos supuestamente heterodoxos de los jansenistas, influenciado por el calvinismo. El texto serían una aclaración doctrinal de las herejías que fueron condenadas por el Concilio de Trento, en el que los jesuitas desempeñaron un papel extraordinariamente relevante. Y aquí aparece la figura del primer Blaise Pascal, el de las irónicas Cartas Provinciales, cuya genialidad se puso al servicio de los jansenistas en su enfrentamiento con los jesuitas, defensores estos del casuismo y del tacitismo, y todo dentro de la teoría de la Contrarreforma sobre el Estado. Esta interpretación es totalmente compatible con la idea de que la peregrinación de los héroes, su viaje por la vida, alegoriza el caminar del hombre por la tierra hasta alcanzar la vida perdurable por medio de la virtud. Por último, y dentro de este capítulo octavo, analizamos La Critica de reflección y censura de las censuras de Lorenzo Matheu y Sanz, aparecida en Valencia el mismo año de la muerte de Gracián en Tarazona, bajo el seudónimo de Sancho Terzón y Muela. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XL Nos ocupamos especialmente de la autoría del libelo, el escolasticismo dogmático de Matheu y Sanz, y cómo este panfleto representa una reacción minuciosa, argumentada y explícita de un sector del público de la época de Gracián, que no se debe ignorar como tampoco se hizo con los papeles anónimos antigongorinos, pues ellos permitieron aclarar muchos aspectos de las Soledades. En el último capítulo, el noveno, se analiza y compara las figuras de Andrenio (inmadurez) frente a Critilo (prudencia), Hipocrinda (hipocresía) frente a Virtelia (virtud) y La Ventura frente al falso ermitaño y verdadero embustero, nombres literarios ficticios que juegan un papel importante en El hiermo... Los seis formas nominales constituyen tres oximora al contraponerse sus sentidos antitéticos, rasgo muy usado en el estilo de Gracián. En esas figuraciones se encuentra el perspectivismo psicológico y satírico que emplea Gracián valiendo del espacio y de la distancia visual. Un buen ejemplo de ese perspectivismo lo encontramos en Honores y horrores de Vejecia 27, cuando al encontrarse los peregrinos con Jano bifronte, uno de los guías: "...traía el rostro hacia ellos y miraba al contrario. Porfiaba Andrenio que venía y Critilo que iba, que aun de lo que dos están viendo a una misma luz hay diversidad de pareceres." Esa dualidad de Jano es un espejo que alegoriza el engaño de los sentidos, las mentiras del mundo, donde se produce el choque entre apariencia y realidad, uno de los más fecundos tópicos del Barroco español, pero que ya aparece en Cervantes y otros autores del periodo anterior. Proseguimos a continuación con un comentario argumental de El hiermo...y dividimos su estructura en cuatro apartados. Luego destacamos, desde el punto de vista 27 . C, III, c. 2, págs. 541 y ss. El subrayado es mío. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XLI de la historia de esta crisi, que una de las tentaciones más fuerte de Andrenio la vivirá en este capítulo. Una escena destacada de El hiermo... es precisamente la introducción de la mujer dentro del monasterio, primero como configuración mental de un cofrade que estaba escupiendo [...] y decía mucho mal de las mujeres[...]. Ese mal pensamiento refleja una actitud machista de desprecio a las mujeres, con secuelas de dominación y discriminación de lo femenino. La presencia de lo femenino en El hiermo... posibilita una pluralidad de interpretaciones semánticas al asociar a la mujer, en el discurso alegórico, con la inmoralidad, la lujuria y la carne. Gracián, en plena lucha con los jansenistas, parece utilizar esa concepción misógina para disparar simbólicamente y arremeter contra las monjas de la abadía de Port-Royal de Champs, situada en un eremus apartado, en la provincia de Ile-de-France, a las que considera mujerzuelas depravadas. Esta acusación de inmoralidad, y en especial de lujuria, parece demasiado grave y sorprende que Gracián la emplee con las monjas jansenistas. Gracián termina esta crisi con la suspensión del relato; la respuesta final nos la da en la crisi siguiente. Luego del contenido, abordamos la forma de la crisi partiendo del tema, donde incide especialmente la función poética o estética del lenguaje, tratando de justificar los rasgos formales que nos servirán para identificar y establecer su estilística sobre la base de tres aspectos capitales: el plano fónico, el plano léxico y el plano sintáctico. Una de las primeras características de su estilo que saltan a la vista es la fluidez de su lenguaje y cómo a partir de una prosa estructurada de forma tan sencilla, resulta al mismo tiempo tan compleja semánticamente. La originalidad de Gracián, como buen escritor barroco, radica en la mezcla de estilos y formas estéticas ya existentes, pero deformándolas o exagerándolas al intentar evadirse de lo común por medio de la creación de metáforas sorprendentes, juegos de palabras insólitos, neologismo novedosos, paradojas inesperadas... con la voluntad expresa de manifestarse oscuro y hermético, al tiempo que transmite múltiples significados, a veces simultáneos, a través de una sintaxis comprimida y de gran sencillez, al menos aparente. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. XLII Venus del espejo Diego Velázquez, Hacia 1647-1651 El espejo fue utilizado como símbolo de la vanidad de la mujer. Pero esto es una hipocresía del hombre; el artista pinta una mujer desnuda porque disfruta mirándola; si le coloca un espejo en la mano y la titula Vanidad, está condenando moralmente a la mujer cuya desnudez ha representado para su propio placer. Aunque la función real del espejo es hacer que la mujer se trate a sí misma como un espectáculo. El Juicio de Paris está basado en la misma idea. Un hombre o varios mirando a unas mujeres desnudas en un Concurso de Belleza. Se introduce un nuevo elemento: el juicio. Paris, como agente de Zeus, tiene que premiar con la manzana a la diosa que considere más bella. Así la belleza se convierte en un objeto de competición. Solo la más bella recibe el premio. Y la premiada, que mira pasivamente y desnuda al espectador, en este caso Venus mira a Paris, símbolo del espectador, se transforma en un signo icónico de sumisión a los sentimientos del propietario del cuadro, el rey Felipe IV. De ese modo, la pintura sirve para probar el sometimiento de la mujer a su dueño, al tiempo que provoca la envidia de los cortesanos al contemplar el espectáculo. En otras tradiciones no europeas (arte persa, hindú, africano) la desnudez nunca está exenta. Si el tema de alguna obra es la atracción sexual, es probable que se muestre el amor sexual activo entre dos personas, la mujer tan activa como el hombre, las acciones de uno absorbiendo al otro28. 28. BERGER, John, ibídem, pág. 61. http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Vel%C3%A1zquez http://es.wikipedia.org/wiki/1647 http://es.wikipedia.org/wiki/1651 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 1 Es el hablar efecto grande de la racionalidad, que quien no discurre no conversa. "Habla, dixo el filósofo, para que te conozca". Comunícase el alma noblemente produciendo conceptuosas imágenes de sí en la mente del que oye, que es propiamente el conversar. No están presentes los que no se tratan, ni ausentes los que por escrito se comunican: viven los sabios varones ya pasados y nos hablan cada día en sus eternos escritos, iluminando perennemente los venideros […] y es el hablar atajo único para el saber: hablando, los sabios engendran otros, y por la conversación se conduze al ánimo la sabiduría dulcemente. De aquí que las personas no puedan estar sin algún idioma común para la necesidad y para el gusto, que aún dos niños arrojados de industria en una isla se inventaron lenguaje para comunicarse y entenderse 1 . De suerte que es la noble conversación hija del discurso, madre del saber, desahogo del alma, comercio de los coraçones, vínculo de la amistad, pasto del contento y ocupación de personas. Conociendo esto el advertido náufrago, emprendió luego el enseñar a hablar al inculto joven, y púdolo conseguir fácilmente favoreciéndole la docilidad y el deseo. Començó por los nombres de ambos, proponiéndole el suyo, que era el de Critilo 2 , y imponiéndole a él el de Andrenio 3 , que llenaron bien, el uno en lo juicioso, y el otro en lo humano. [...] 4 1. Siempre se ha conjeturado sobre el origen del lenguaje. El experimento fue llevado a cabo por Samético, un faraón del 600 a. C., y, posteriormente por Jacobo IV de Escocia, hacia el año 1500 d.C., con dos niños a los que no se les permitió entrar en contacto con su lengua materna. Su hipótesis era que usarían la lengua originaria de Dios, en este último caso, el hebreo. Sin embargo, los casos conocidos de niños salvajes que no están en contacto con el lenguaje humano, crecen sin hablar. 2. Critilo racionalismo: "Pienso, luego soy")413, la conciencia como iluminación, sin duda de sí mismo, y, por tanto, de los propios pecados, identificándolos ("examen de conciencia"), aislándolos y, en un acto de voluntad ("propósito de la enmienda") arrojándolos del propio ser. El hombre comienza a verse a sí como señor de sí mismo, como plenamente libre; ¿también libre frente a Dios? de esta cuestión surgirá la controversia entre la libertad humana con la omnipotencia divina, con un Dios Todopoderoso. El debate no era nuevo. Desde la Alta Edad Media se preguntaban: ¿Hasta qué punto se puede conciliar la potencia infinita de Dios y su omnisciencia con la libertad humana? Serán los filósofos y teólogos jesuitas Luis de Molina (1535-1600) y Francisco Suárez (1548-1617) quienes suscitaron la polémica con los dominicos acerca del papel de la libertad humana en relación con la gracia divina o gracia suficiente, un don gratuito de Dios. Los jesuitas reaccionan frente al fatalismo protestante de Lutero y tratan de salvar la libertad humana del determinismo divino. Los dominicos acusarán a los jesuitas de caer en el error de Pelagio (monje británico del siglo IV y V d. C.) que negó el dogma del Pecado Original, que solo afectó a Adán: la humanidad nacía libre de culpa, por lo que el Bautismo, que limpiaba ese supuesto pecado, quedaba sin sentido. Pelagio defendió además que la gracia no tenía ninguna función en la salvación; lo importante era obrar bien siguiendo el ejemplo de Jesús. Los jesuitas, dentro de esta polémica, distinguen desde el punto de vista ontológico, del estudio del ser, entre gracia "actual", gracia "suficiente" y gracia "eficaz", distinción sobre la que ironizarán las Provinciales de Pascal en el plano teológico. En la disputa, en sí mismo insoluble, los dominicos defienden la causalidad divina, y evitan no suprimir, como hace Lutero, el libre albedrío humano; los jesuitas defenderán la libertad humana pero intentando salvaguardar la omnipotencia divina. 413. Descartes, con su duda metódica, dudará de todas las cosas por más ciertas y evidentes que parezcan (datos de los sentidos, verdades matemáticas...) Y es en esa duda donde encuentra el primer principio absolutamente cierto e indudable: si duda de todo, al menos es cierto que duda, que piensa. Y si piensa existe en tanto ser pensante: Pienso, luego soy, primera verdad indudable que alcanza Descartes y punto de partida de toda la filosofía. Si dudo, pienso, y no puedo pensar sin ser. No se trata de una simple verdad de un silogismo, sino de una verdad inmediata, captada por ua simple inspección del espíritu. Nace la filosofía idealista moderna. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 288 La reforma jesuita, por lo que se refiere a la moral teológica consistió en el casuismo o moral aplicada lo que alude al razonamiento basado en casos. Se trata de resolver o solucionar nuevos problemas basándose en las soluciones de problemas anteriores. Los jesuitas usarán el casuismo o casuística para cuestiones morales en que las circunstancias del caso son fundamentales para evaluar la propia responsabilidad. La casuística representa una crítica del razonamiento basado en principios o reglas. Por ejemplo, mentir es moralmente malo. La casuística dirá que, dependiendo de las circunstancias del caso, mentir podría ser moral o inmoral. También los jesuitas, en el plano de la moral política, defendieron el tacitismo, termino derivado del historiador y político romano Cornelio Tácito, dentro de la teoría de la Contrarreforma sobre el Estado. La profunda crisis económica y política que vivió España en el siglo XVII llevó a algunos pensadores a buscar remedios en la historia. Así surge una concepción política como una técnica autonómica que se inspiró en Maquiavelo. Los terribles males de la vida política se podían resolver siguiendo el neoestoicismo y el tacitismo, que se oponían al maquiavelismo, pues tenían en cuenta la ética y la religión. Los problemas de la monarquía española, con el tacitismo y estoicismo cristianizado, se podía resolver con medidas que permitían conservar el reino: la racionalización y la preservación de la virtud religiosa aplicadas a la concepción del Estado: Tácito aconseja asegurar la paz con la prudencia. El tacitismo se centra en el gobierno personal del príncipe, revestido de virtud y razón, como ejemplo supremo al reino por ser la cabeza del Estado; también contempla sus colaboradores: los embajadores, los favoritos o validos y las relaciones con el resto de la sociedad por la cual deben velar. Pero el tacitismo no nos incumbe porque Pascal no entra en él. Así como el calvinismo, sobre todo el puritanismo, originó una nueva moral cristiana, de ascetismo intramundano, laboriosidad y prosperidad como señales de predestinación, el casuismo se redujo a acomodación de la moral cristiana medieval a los nuevos tiempos de secularización y mundanización de la existencia. Aquí cabe poner como ejemplo de praxis moral el de la usura: el préstamo con interés en el precapitalismo era inequívocamente pecado; con el capitalismo, la ganancia es admitida y la nueva moral mercantilista lo admite. En el caso de las relaciones sexuales dentro Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 289 del matrimonio, solo cabía examinar el comportamiento sexual caso por caso, sin hacer reflexión alguna sobre el valor moral de la sexualidad. La práctica religiosa de los sacramentos (penitencia y eucaristía) planteaba otros tipos de problemas como consecuencia del proceso de la secularización y del desplazamiento del sentido de la existencia desde la otra vida a esta. El hombre pecaba una y otro vez cometiendo los mismos pecados. Había quien vivía en pecado y pecado público. ¿Se les debía negar la absolución como defendían los jansenistas? Para el casuismo esa postura tan radical era peor, pues acarrea un mal mayor, el alejamiento definitivo de la religión. Los así "absueltos" osaban subir al altar y comulgar. ¿No era aquello grave sacrilegio? De este modo surgieron dos Teologías, ambas insuficientes, la teología sacramental de la pureza o dignidad para los jansenistas, siempre ausentes para comulgar en determinados casos, y la teología sacramental de comunión frecuente como "medicina". En definitiva, el casuismo de los jesuitas será criticado por su laxismo y eso es lo que hizo Pascal en las Provinciales. 8.2.1.3. El jansenismo El jansenismoxxviii no se puede comprender históricamente sin la influencia jesuita y española frente a la teología de la exaltación del hombre, de su grandeza y de la moral española del "hidalgo" y sus empresas, del honnête homne, del hombre honesto, de difícil traducción porque honesto no significa lo que hoy entendemos, ni lo que Baltasar Gracián expresaba exactamente con discreto; el término que más se acerca a honnête es el adjetivo español razonable; es la postura del "héroe" de Corneille, aunque está muy próximo a El Discreto (1646) de Gracián, cuyo motivo central es la educación del ser humano y su perfeccionamiento como persona, en 25 capítulos o realces, en los que comenta sus atributos como persona. El primor de El Héroe, el realce de El Discreto hay que interpretarlo como la excelencia en algo, la brillantez o la grandeza sobresaliente de una cualidad, y el conjunto de los realces como un arte de entendidos, un código para la formación integral, no solo de la persona de prendas, cuerda y de buen seso, sino ante todo del Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 290 hombre cortesano y social que sabe comportarse con discreción y prudencia ante los demás (honnête homne), es decir, con entendimiento y buen juicio, pero también con habilidad y oportunas artimañas. El discreto ha de estar muy atento al mundo interior para esquivar los obstáculos exteriores414. Además el jansenismo es también una reacción en otro plano, más inferior, frente a las "componendas" entre lo divino y "lo demasiado humano" de los casuistas. lo que subyace bajo esta reacción es una idea del hombre, procedente de San Agustín, en la lectura radical que de él hizo Jansenio, lectura esencialmente antihumanista. Cornelio Jansenio (1585-1638) afirma la debilidad, la miseria del hombre (sin Dios, como titula Pascal), y esto, tanto en el plano religioso como en el moral. El jansenismo encontró su antecedente en François La Rochefoucauld (1613-1680), influido a su vez por Baltasar Gracián, que coincidió con el escritor en el salón de Madame de Sablé (Madeleine de Souré, 1599-1678), amiga del moralista de las virtudes como vicios disfrazados. Este rebajamiento de la naturaleza humana se debe a la influencia difusa del calvinismo en cuanto este hace una exaltación de la Maiestas de Dios. Por tanto, se rechaza la literatura heroica de los españoles y de Corneille y también toda suerte de "humanismo devoto" del calvinismo por considerarlo una "componenda". Una corriente de incredulidad y libertinaje se difundió en la corte francesa desde primeros del siglo, y en especial durante el reinado de Luis XIII; allí era de buen tono burlarse de los misterios, de la devoción y hacer gala de despreocupación respecto al destino final de la vida; todo esto ocurría entre la noblesse. La defensa y elogio de la razón de Descartes fue la punta del icerberg cuya influencia no llegaría hasta finales de siglo en Francia. Filósofos y eruditos cuestionaban ya soterradamente el alcance real de los dogmas religiosos, minados por el empirismo y la experimentación científica basados en la razón. Pero filósofos y eruditos como Descartes exteriormente se plegaban a la religión; era la suya una incredulidad vivida, no exhibida. 414. ALONSO, Santos (2011) Obras Completas, págs. 29 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 291 Las luchas de la Reforma siguieron actuando en Francia. Los seguidores de Calvino (hugonotes) se extendieron en gran parte de la población y ello obligó a la Iglesia católica a cambios profundos; tenían que adaptase a los nuevos tiempos. 8.2.1.4. Port-Royal y los Solitarios En otro orden de cosas, en 1638 Port-Royal era una amenaza para el poder concebido como totalidad. El abad de Saint-Cyran, Jean Duvergier de Hauranne, llamado por antonomasia Saint-Cyran, (también se le llamó así a su sobrino, Martin de Barcos, figura muy importante del jansenismo) fue encarcelado por Richelieu, símbolo del poder monárquico absoluto y del poder eclesiástico: en él confluían ambos poderes y ambas ideologías. El monasterio de Port Royal de Champs, situado en el valle de Chevreuse, a 30 kms. al sudoeste de París y a 10 de Versalles, fue una abadía femenina fundada en 1204 y restaurada por la familia Arnauld a finales del siglo XVI. Allí había nacido un movimiento rigorista relacionado con Antoine Arnauld (1612-1694), teólogo de la Sorbona y llamado el Grande, y la abadesa Angélique de Saint-Jean, de nombre civil Marie Angélique Arnauld (1591-1666), hermana del primero. El alma y propagador del jansenismo fue el abate de Saint-Cyran, Jean Duvergier de Hauranne, cuya historia es ejemplar por lo que va a ocurrir en el siglo XVII con los disidentes de la política de Richeliue y de la monarquía absoluta. Saint- Cyran cuando joven adquirió las costumbres de la nobleza, con extravagantes apariciones públicas de unos folletos en que reivindicaba el suicidio al servicio del rey y el derecho de los eclesiásticos a tomar las armas. Sus intentos de obtener altos cargos en la corte pronto se vieron frustrados. Hacia 1611 se retira a sus propiedades de Champré, junto con su amigo Jansenio, luego obispo de Ypres, para dedicarse al estudio de San Agustín. Pronto llegaron a la idea de una reforma de la cristiandad, pero no en la dirección de la Iglesia Católica (contra el libertinaje y los incrédulos en la corte). Los Solitarios, que siguieron a Saint-Cyran, se retiraron de la vida cortesana. Se trató de un retiro religioso motivado por el cambio social producido durante la época de Luis XIII que dio lugar a una profunda alteración de las relaciones entre la realeza y la nobleza. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 292 Uno de aquellos solitarios fue Étienne Pascal, padre de Blaise Pascal (nacido en 1623), que hará una fuerte crítica del Discurso del método de Descartes (1636-1637). 1640 es otro año importante: aparece el Agustinus, la obra póstuma de Jansenio y también aparece el primer libro del joven Pascal: Assai pour les Coniques, de carácter científico. Es en 1646 cuando Étienne Pascal pone en contacto a la familia con Port- Royal. La revuelta de la Fronda, que marca el principio del absolutismo monárquico (mayo de 1646), hace huir a los Pascal a París. Tras la muerte del padre, Jacqueline consigue entrar en Port-Royal con cierta oposición de su hermano quien por entonces frecuenta frecuentaba a los libertinos, mientras Inocencio X condena las "cinco proposiciones"xxix de Jansenio. Diego Velázquez, Inocencio X, 1650, Galleria Doria-Pamphili, Roma. Tras su "segunda conversión" (1654), abandona la ciencia y comienza sus frecuentes retiros a Port-Royal des Champs, lugar que al trasladarse las monjas del convento de Port-Royal de París, se convierte en el retiro de los Solitarios jansenistas. Allí vive las incertidumbres y tensiones de aquel "desierto". En 1654, un sacerdote de Saint Sulpice en París niega al duque de Liancourt, amigo de los jansenistas, la absolución en confesión por no acusarse del supuesto pecado de tener una Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 293 hija educándose en el convento de Port-Royal de París. Antoine Arnauld, jansenista conocido y profesor de la Sorbona, publica sobre el caso una Lettre à une personne de qualité (Carta a una persona de condición) y es denunciado. Pascal entra en la polémica y a comienzos del año 1656 redacta la primera de sus Cartas Provinciales que irán apareciendo durante más de un año clandestinamente y que finalmente son condenadas por Roma. En principio, Pascal solo se implica en la disputa entre los jesuitas y Arnauld, el heredero de Saint-Cyran, y luego en las cinco proposiciones de Jansenio. Pascal inicia por encargo de Arnauld la publicación de las Cartas Provinciales, epístolas anónimas en defensa del jansenismo y de Arnauld contra los jesuitas, promotores de las denuncias a Roma de las proposiciones. La hipótesis sociológica de Goldman, citado por Aranguren415, sobre la teología jansenista de la debilidad y miseria del hombre convenía bien a un grupo social en decadencia (la noblesse de robe) y en trance de desposesión a manos de los supuestos titulares de la grandeza: el rey absoluto, su Corte y los confesores de Corte: los jesuitas. Uno de aquellos desposeídos fue el caso de Saint-Cyran, que había conocido a Richeliue cuando éste era obispo de Luçon. Sus relaciones con el cardenal fueron confusas: Richelieu le llegó a ofrecer hasta ocho obispados sin darle ninguno. El retiro del ofendido era obligado y tuvo que abandonar su vida mundana que ni le satisfacía ni le acarreaba prebendas. También se acercó al campo político opuesto al cardenal: La reina madre (la española Ana de Austria, hija de Felipe III) y la Compañía del Santo Sacramento del Altar, que defendían la alianza con la católica España y la lucha contra los hugonotes. Saint-Cyran, frente a Richelieu y sus aliados protestantes, se inclinó por el partido español y por una política católica. En él se da la paradoja de que quien acabó oponiéndose a la "componenda" católico política, al principio, fue uno de sus principales defensores. En 1637 surge de forma espectacular el movimiento de los Solitarios. Un joven abogado y consejero de Estado, Antoine Le Maitre, abandona el mundo y toma la vida del desierto para ponerse a la sombra de Saint-Cyran. Comenzaba la expansión del movimiento. Richeliue, penetrante y agudo, comprendió que aquel retiro no era un 415. Ibídem, pág. XX-XXI. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 294 hecho aislado, de un individuo, sino una forma clara de protesta, de rechazo de su régimen personalista, por lo que al año siguiente, 1638, Saint-Cyran es encarcelado en el castillo de Vincenne. Las persecuciones contra los jansenistas durarían todo el siglo, hostigados por los jesuitas. Pero no pudieron acabar con el jansenismo. En 1709-1712 se consumó la destrucción de Port-Royal des Champs: la abadía fue desmontada piedra a piedra. El Rey Sol declaró que pasarían el arado sobre Port-Royal; la iglesia del siglo XIII fue arrasada. La monarquía absoluta no permitía desiertos donde poder huir para pensar. Los jansenistas socialmente representaron a la élite de la burguesía, clase social que, finalmente, iba a vencer y conquistar el poder; sin embargo, desde el punto de vista moral, a diferencia de los calvinistas que fueron capaces de inventar una nueva ascesis intramundana de exaltación del trabajo, la industria y el negocio, los jansenistas rechazan todos el mundo y tienden a refugiarse en la vida privada, cuando no en los "desiertos" y la soledad. Su moral no es de innovación sino de recuperación de la antigua moral cristiana. 8.2.1.5. El Pascal de las Provinciales Jaqueline Pascal toma los hábitos a los 29 años en Port-Royal de Paris (abadía fundada por Antoine Arnauld en el Faubourg de Saint-Jacques a principios del XVII). El confesor de las religiosas era el señor Antoine Singlin, moreno y seco, austero al máximo y discípulo predilecto del obispo de Saint-Cyran. Singlin tuvo que marchar a la abadía de Port-Royal des Champs. A finales de diciembre de 1654, Singlin regresa a París y allí recibió a Pascal y le aconseja hacer un retiro en Port-Royal des Champs para alejarse de las actividades mundanas. Cuando llega, toma una celda en la fábrica de las Granges de Port-Royal des Champs, donde permaneció un mes. Esta fue una de las pocas construcciones que escaparon a la destrucción de la abadía ordenada por Luis XIV. En las Granges, construcción campestre de dos pisos, con grandes ventanales y tejado de tejas donde se abren las lucernas de las buhardillas o mansardas, fue donde Pascal conoció a los Solitarios: un grupo de clérigos y laicos convertidos por el abad de Saint-Cyran o por algunos de sus seguidores. Su origen social era diverso: nobles, Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 295 antiguos magistrados, algún médico, determinados sacerdotes que habían renunciado a sus beneficios eclesiásticos, zapateros, granjeros... En el siglo XVII se distinguieron de otras comunidades religiosas por su rígido cristianismo basado en el libro de Antoine Arnauld, o Grand Arnauld, sobre La frecuente comunión. Su vida era la de monjes laicos sin hábito ni votos, con un régimen extremadamente severo: se levantan a las tres de la mañana, comulgan una vez cada quince días, y durante la jornada, además de los oficios religiosos, se dedican a trabajos manuales o redactan obras eruditas. De este modo Robert Arnauld d´Andilly (1589-1674) tradujo a Santa Teresa y a San Agustín, Antoine Arnauld redacta largas disertaciones teológicas y, luego su cuñado Lemaitre de Sacy traduce la Biblia. Pero aquí no nos corresponde estudiar los centenares de volúmenes que se produjeron en Port-Royal sobre teología, meditaciones bibliográficas piadosas o los ensayos de moral... Volviendo al Pascal de las Provinciales xxx, hemos de señalar que Pascal crea ciertamente un género el panfleto. El contenido de la controversia era la Gracia; pero quizás aquel asunto era lo de menos. En las tres primeras, Pascal se ciñe al tema estrictamente y a la disputa de la existencia o no de las proposiciones de Jansenio. A partir de la cuarta (son dieciocho) cambia el blanco e inicia un ataque demoledor contra la Compañía de Jesús. Con una ironía sutil pone de manifiesto la conducta "amable y acomodaticia" de los jesuitas, apuntilla su laxismo moral, basado en la casuística, que permite a sus miembros ir ocupando los centros de poder terrenales y nada celestiales. La originalidad de Pascal es que asume el papel de un teólogo laico, popular, que desamortiza la teología. sacándola de las "manos muertas" de los teólogos profesionales. Su primera carta, la del "poder próximo" acerca la teología a la comprensión de cualquier lector. Si Lutero tradujo la Biblia a la lengua viva, para que todos entendieran, algo semejante hace Pascal con respecto a la teología. Además inaugura un nuevo estilo, enormemente eficiente, de polemista irónico y sarcástico, lleno de buen sentido, desmitificador de palabras que no son bíblicas, ni dogmáticas, y que tampoco se encuentran en Santo Tomás, Sumo Doctor de la Iglesia. La teología popular de Pascal es, estilísticamente, demitologizadora del cifrado lenguaje teológico. "Ser herético o no, es la conclusión pascaliana, parece depender no de lo que realmente se piensa, sino del empleo o no de una palabra arbitraria." Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 296 Las Cartas no son, no podían ni debían ser sistemáticas. Tampoco profundas. Sí brillantes y muy eficaces en tanto que panfletos anti-jesuíticos, afirma Aranguren416. y prosigue diciendo que Pascal es el inventor de la anti-propaganda moderna con una prosa caustica muy interesante de analizar en el juego de sus recursos estilísticos. Y señala, además, que las Cartas versan sobre los puntos característicos de lo que ha sido el barroco católico de la Contrarreforma. Las Provinciales son, afirma Aranguren, ortodoxamente jansenistas. A punto de terminarlas, Pascal, como luego veremos, se distancia ya de esa ortodoxia, para llegar a ser, como llegó a serlo en las Pensées, plenamente, en su radical soledad, él y solo él. Voltaire comentará que la sal de las cartas "supera la de las mejores comedias de Molière". En el Tartufo aparece todo eso: el ataque contra un modo de manipulación y ocultamiento de la vida escondidos tras toda suerte de máscaras y contra la bendición que esas máscaras encubridoras reciben de los autores eclesiásticos que, con guías y manuales de confesores, reglamentaban la vida religiosa del siglo. En alguna carta aparecen calificaciones de la hipocresía como pecado venial, al modo que lo hacía la moral laxista difundida por la casuística, que procedía de España. Algunos jesuitas españoles habían elaborado un sistema de "casos" tan disparatado y extravagante que la ironía de Pascal convierte a los jesuitas en hazmerreír de los lectores de las Provinciales. Entre aquellos jesuitas españoles destacaron los padres Escobar, Vázquez y Diana que en su Manual de Confesores ofrecieron su teología moral para formar al bajo clero pero cayeron en un casuismo fuertemente criticado, vituperado y ridiculizado que dio materia suficiente a Pascal para escribir un tratado burlesco, hilarante y de comedia. En las Provinciales, el protagonista es la razón pensante, que con su sencillez y objetividad, deja que sean los argumentos, basados en el sentido común, se vayan preguntando y respondiendo libres de recursos retóricos. Pascal, ausente como autor, logra que sus demostraciones mediante la verdad natural produzcan una joya auténtica donde brilla la claridad y precisión. 416. Ibídem, pág. XXII. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 297 Pascal eliminó hasta tal punto la ideología en las Provinciales que los miembros de Port-Royal no dudaron en distanciarse de su autor a pesar de ser una supuesta defensa de sus opiniones y un ataque a la casuística de los jesuitas. La ironía, el "libertinaje" de que hacía gala contra los "antilibertinos", se escapaba del dogma jansenista, no mostrando intransigencia sino burla. El recelo llegó en Port-Royal hasta la propia hermana del autor, que utilizaba contra los jesuitas las mismas artimañas del diablo en persona. Aquella bomba de relojería perfecta y geométrica terminó alejando a Pascal del jansenismo practicado en Port-Royal. En 1656, se produce el "milagro de la Santa Espina" o la curación milagrosa en Port-Royal de su sobrina y ahijada Margarite Périer. A partir de aquí, Pascal se irá distanciando cada vez más de la vida social y pública. Al final termina volviéndose contra Arnauld al participar en la Asamblea del Clero Francés (1660), a instancias de Luis XIV, cuya única preocupación consistía en erradicar totalmente el jansenismo. Aquella Asamblea preparó un Formulario antijansenista sobre la Gracia que condenaba las cinco proposiciones de Jansenio y que debían firmar, prestando "adhesión interna" a los decretos romanos, no solo el clero sino también las monjas. El Formulario fue firmado por los más moderados de Port-Royal al sentirse amenazados, mientras que los más puristas, como la hermana de Pascal, se negaron absolutamente. 8.2.2. La derrota de la causa defendida en Las Provinciales La derrota de la causa defendida en Las Provinciales confirma a los jansenistas y a Pascal de que el hombre es miserable y de que en la sociedad prevalecen siempre las fuerzas del mal. Se hace patente la imposibilidad de una "política católica" distinta a la "política de los jesuitas", que paradójicamente en el periodo prejansenista había preconizado Saint-Cyran (Jean Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran). Goldmann, asegura Aranguren, vio como los vencidos jansenistas adoptaron tres actitudes: a) La mayor parte de ellos, con Arnauld a la cabeza, se sometieron a Roma y firmaron el Formulario de Alejandro VII, decididos a seguir luchando por la verdad y por el bien. Pascal, desde1657, se separa de ellos. En la última de Las Provinciales ya adelanta su posición con respecto al Formulario. Y en la carta 17 y en la 16, ya escribió Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 298 "estoy solo" y "no soy de Port-Royal"; con los jansenistas, Pascal luchó contra el absolutismo sagrado frente a los jesuitas franceses constructores conceptuales, en parte, del absolutismo monárquico sagrado. b) Otra actitud es la representada por el teólogo francés de la escuela jansenista, Matin de Barcos (1600-1678), abad de Saint Cyran: guardar silencio y retirarse del mundo a la soledad. Esa actitud nada tiene que ver con la de los carmelitas, pues sustituye la soledad mística por la soledad trágica. Se aceptó como la mejor forma de vida de los solitarios y de la vida monástica (dimensión anticalvinista del jansenismo). c) y la tercera posición es la del Pascal de los Pensamientos: la repulsa intramundana del mundo, la de rechazarlo íntimamente y, sin embargo, permanecer en él para afrontar todo lo que nos depare. Barcos pensaba, unilateralmente, que al no estar Dios en el mundo, hay que buscarle en la soledad. ¿Puede encontrarse en ella? El Deus absconditus lo está también para el Solitario, y el mal permanece en la soledad del yo. Solo la paradoja del justo pecador de Pascal puede abrir la vía de la salvación. 8.3. La Critica de reflección de Lorenzo Matheu y Sanz Poco antes de la muerte de Gracián417, se publica en Valencia la Crítica de reflección y censura de las censuras. Fantasía apologética y moral. Escrita por el Dotor Sancho Terzon y Muela, profesor de Mathemáticas en la Villa de Altura, Obispado de Segorbe (con aprobación del calificador del Santo Oficio, de fecha 15 de junio del mismo año). Se trata de un libelo difamatorio que adopta la forma de un acto universitario público celebrado en la Universidad de Salamanca, en el que un Tribunal, formado por cuatro profesores, especialistas en Humanidades, Filosofía, Jurisprudencia y Teología, evalúa con rigor y dureza la novela filosófica de El Criticón en la figura de Critilo. 417. Gracián muere el 6 de diciembre de 1658 en Tarazona. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 299 8.3.1. Crítica de reflexión El texto original, como señalan Odette Gorseet y Robert Jammes418, imprime reflección, en vez de reflexión, en el sentido físico de `reflectar´, `reverberar´, es decir, "hacer retroceder un rayo de luz", y no en el sentido intelectual de "reflexionar". Todo el opúsculo agresivo de Matheu y Sanz buscar el efecto de rechazar, volviéndolas contra el padre Gracián, las críticas que el jesuita expresa en su novela alegórica. 8.3.2. Autoría del planfleto Desde el primer momento el panfleto intrigó por su autoría hasta tal punto que el General de la Compañía de Jesús, el padre Goswin Nickel, escribe una carta al General de Aragón, padre Ginés Vidal, para cerciorarse de la verdadera identidad del autor de la sátira, importándole la grave acusación contenida contra Lastanosa a quien se le imputa en las págs. 176-177, el arte de "executar testamentos". Se defiende la hipótesis que tras el anagrama de Sancho Terzon y Muela se ocultaba el jurista valenciano Lorenzo Matheu y Sanz, al tiempo que descartaba la participación del padre Pablo Rajas, que agriamente había participado en las desavenencias que Gracián tuvo con los padres de la Comunidad valenciana cuando estuvo allí destinado, como señalan Batllori y Peralta. Correa Calderón, anteriormente, había defendido que lo escribió el Padre Rajas, iniciando una polémica con Romera-Navarro que desmontó sus argumentos y que resumió y ordenó Benito Peregrin. Poco después, Correa Calderón apoyándose en M. Batllori, siguió defendiendo la autoría jesuítica del panfleto. Benito Peregrin419 en un compendio de su tesis de 1982, desmonta lo que siempre se había aceptado: el especial odio de Gracián hacia Valencia y los valencianos, odio que se manifestaba en el texto de la crisi séptica de la Segunda Parte El hiermo de Hipocrinda de El Criticón. Benito Peregrin hará que el cronotopo se traslade más allá de los Pirineos y se centra en el espacio-tiempo de los jansenistas de Port-Royal. Desde entonces ha perdido 418. (1988) en La Crítica de Reflexión de Lorenzo Matheu y Sanz. Edición, índice y notas (Toulouse), págs. 73-188. La primera transcripción de la Crítica de reflexión se hizo en 1985 y 1986 por José Luis García-Heras. 419. PEREGRIN, Benito (1988), Critica de reflección y reflexión sobre la crítica, en El Criticón, Toulouse, págs. 37-72. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 300 importancia la tesis de la inquina demostrada por Gracián hacia el Reino de Valencia, no mayor ni más intensa que la que refleja en su novela contra otras provincias españolas. 8.3.3. El libelo y la crítica moderna Gorsse O. y Jammes, R. opinan que el panfleto del jurista no ha sido analizado suficientemente por la crítica moderna, debido a su escaso interés. Adolfo Coster y otros críticos lo rechazaron globalmente, limitándose a extractar algunas frases y a polemizar sobre algunos aspectos secundarios. Sorprende que Romera-Navarro no lo haya explotado en su edición monumental de El Criticón citándolo solo unas veinticinco veces y eso para rechazarlo y defender el prestigio de Gracián, como lo pudo hacer cualquier lector del XVII. Otro ejemplo es el de Adolfo Coster que, al final del capítulo XII de su obra sobre Gracián, examina la ausencia de referencias al dogma católico, denuncia que hace con vehemencia Matheu y Sanz en su libelo. Pero Coster en vez de medir el alcance de esa crítica, solo se preocupa de buscar argumentos que le permitan proclamar "la profundidad de la fe" de Gracián, como si la crítica del juez valenciano le doliera realmente y así se cierra el paso el mismo para obtener una verdadera comprensión de El Criticón. Gorsse O. y Jammes, R. afirman que no comparten las opiniones del jurista valenciano; sin embargo en la medida en que representan una reacción detallada, argumentada y explícita de un sector del público contemporáneo, con más de 500 referencias al texto de Gracián, no se debe olvidar como tampoco se hizo con los panfletos antigongorinos que han permitido aclarar tantos aspectos de las Soledades. Lo importante es averiguar el punto de vista desde el que se enjuicia la obra de Gracián, cuál es su ideología, de qué pie cojea su autor. Una lectura más o menos profunda de la Crítica de Reflexión nos hace ver que su autor es "pedante, doctrinario, defensor del orden social y de la autoridad (civil, militar o eclesiástica), pudibundo (hasta calificar la palabra de "empreñar" entre las "obscenas" empleadas, según él, por Gracián), admirador de la retórica y la filosofía escolástica tradicionales, enemigo de chanzas y de burlas, impermeable al humor y a la paradoja festiva, partidario de una Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 301 severidad implacable en la represión del vicio [...] no representa al sector más adelantado del pensamiento de su tiempo", según relatan Gorsse O. y Jammes, R.420 8.3.4. El escolasticismo dogmático de Matheu y Sanz Es muy significativo que el ataque que realiza el autor de la Crítica de Reflexión se ponga de manifiesto bajo la forma de un acto universitario en el que cuatro profesores de Salamanca, reunidos en tribunal, arremetan cada uno desde la fuerza de su especialidad (humanidades, filosofía, jurisprudencia, teología) con el infeliz Critilo- Gracián, dejándole aplastado y confuso, mientras lo abuchea el público estudiantil. La omnipotencia de un tribunal y el dogmatismo del antiguo escolasticismo universitario son los dos fundamentos del pensamiento antigraciano de Matheu y Sanz. De ahí que podamos afirmar que hay una adecuación perfecta entre el contenido del libelo y la ficción salmantina imaginada por el autor. Entre los trabajos que colocan a Matheu y Sanz en su sitio ideológico, destaca la obra de Francisco Tomás y Valiente titulado La tortura de España 421 en el que se dedican 67 páginas al estudio de la Teoría y práctica de la tortura judicial en las obras de Lorenzo Matheu y Sanz (1618-1680). Otro de esos estudios es el de Ángel López García, "De nuevo sobre la `Crítica de reflección´", publicado en Gracián y su época 422. de estos dos trabajos se desprende la imagen de un juez rigorista, cruel, obsesionado por sus teorías represivas, agente del absolutismo real contra los fueros valencianos, relevante funcionario de la administración central, primero en Valencia y después en Madrid, donde fue Alcalde de Casa y Corte. Todos esos rasgos de personalidad encajan perfectamente con los puntos de vista de la Crítica de reflexión y hacen pensar que el autor del libelo, enmascarado tras el anagrama de Sancho Terzón y Muela es el juez valenciano y no el padre jesuita Pablo de Rajas. La duda en la Compañía de Jesús sobre la autoría del panfleto duró muy 420. Ibídem, pág. 75. 421. (1971), Barcelona, Ariel, pág. 247. 422. (1986), Zaragoza, Instituto Fernando el Católico, 1986, págs. 325-332. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 302 poco; ya en 1660 el padre General, Goswin Nickel, después de recibir los datos de la encuesta que pasó el General de Aragón, el padre Ginés Vidal, despejó toda sospecha. El apoyo definitivo a esta hipótesis se nos ofrece cuando en 1973 Benito Peregrin descubre un ejemplar desconocido de la Crítica de Reflexión entre los libros de la Biblioteca Central de Barcelona (ahora Cataluña), encuadernado con otras tres obras de Solórzano Pereira, autor de obras latinas traducidas por Matheu. Los tres primeros libros van traducidos por Matheu y Sanz y el suyo, como los anteriores, va dirigido a un miembro de la familia Aragón y Moncada (don Luis y don Fernando). De los dedicatorios y su filo-regalismo dan pie a Benito Peregrin a pensar que el ambiente en que surge La Crítica de Reflexión es el del projansenismo larvado y disfrazado de ataque a un miembro de la Compañía de Jesús, Gracián, el exponente más claro del "laxismo mundano de la Orden" que sistemáticamente ha desobedecido a sus superiores al publicar sus obras sin autorización, amén de otros asuntos doctrinales. La crítica al valencianismo sería, pues, una construcción a posteriori, hecha sobre la base del libelo de Matheu y Sanz. Al margen de la autoría, lo que parece evidente es que la obra se encuadra en un ambiente de tensiones fortísimas entre una tradición foralista en la que se integra Gracián y la tendencia centralista defendida desde instancias monárquicas y que acabó con la purga de los rebeldes con métodos expeditivos que el jurista Matheu Sanz defendió en sus escritos, estudiados por Tomás y Valiente. Se eligió a Gracián como chivo expiatorio porque al apuntar sobre su figura, Matheu y Sanz limpiaba su excesivo celo absolutista, "haciendo gala de un valencianismo" enmascarado423. El libelo de Matheu y Sanz, desde esta óptica, señalan Gorsse O. y Jammes, R. subraya todo lo que en El Criticón podía chocar a un público retrógado que detestaba todo lo que se saliera de las normas vigentes, aquello que no coincidiera con la ideología dominante. Así es como Gorsse O. y Jammes, R. desvían la crítica de Matheu y Sanz transformándola, como dicen ellos, en "Crítica de segunda reflexión" 423. RÍO NOGUERAS, Alberto de (2001), "El Comulgatorio, La Crítica de Reflección y El Epistorlario" en Aurora EGIDO y María del Carmen MARÍN (Coords.), Baltasar Gracián: Estado de la cuestión y nuevas perspectivas, Zaragoza, Fernando el Católico. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 303 presentando a Gracián como un autor moderno, muy diferente del que nos presentan los manuales tradicionales424. Diego Velázquez. Retrato ecuestre de Felipe IV de España [detalle]. 1634 - 1635 Lienzo. 1,26 x 0,93. Museo del Prado, Madrid. El proceso de centralización del poder culmina en el Barroco con el absolutismo monárquico, cuyo máximo representante es Luis XIV en Francia. El siglo XVII es también el siglo de la afirmación de las nacionalidades (el vicios de las naciones, dirán los jesuitas) frente al abolutismo de Felipe IV; durante su reinado entra en crisis las monarquía de los Austrias. En este contexto, encuentra parte de su sentido El Hiermo de Hipocrinda. 424. El artículo der R. Jammes: "Gracián y la política -actualidad del Criticón-", en Política y Literatura. Estudios coordinados por Aurora Egido (Zaragoza, Caja de Ahorros, 1988, págs. 65- 83). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 304 CAPÍTULO NOVENO 9. Comentario lingüístico y literario de la CRISI SÉPTIMA de la Segunda parte de El Criticón, intitulada El hiermo de Hipocrinda. 9.1. El texto de la crisi En el Anexo IV de este trabajo figura el texto de la crisi El hiermo... y que a continuación comenzamos a comentar. Sus líneas las hemos enumerado de cinco en cinco desde el principio hasta el final con el objeto didáctico de facilitar la identificación de los fragmentos del texto a los que vayamos aludiendo y haciendo referencia. Dos de los más destacados oxímora (u oxímoros) de la obra de Gracián, que se concretan en nombres literarios ficticios, desempeñan un papel importante en este capítulo: Andrenio (inmadurez) / Critilo (prudencia) e Hipocrinda (hipocresía) / Virtelia (virtud), subrayando uno de los rasgos más característicos del estilo de Gracián que consiste en contraponer palabras de sentidos opuestos que la lógica separa porque se excluyen mutuamente, a los que podríamos añadir también La Ventura / El ermitaño hipócrita que también aparecen en el capítulo en cuestión. 9.2. Perspectivismo satírico Partimos del hecho de que las significaciones aluden necesariamente unas a otras y que su encadenamiento es el que comunica y da sentido a un texto o enunciado dado. En El Criticón lo anterior se recalca especialmente y cada capítulo no solo recupera el significado anterior, sino que se proyecta hacia el siguiente. Uno de los más importantes avances de la semiología es que analiza como un todo lógico la forma y el contenido, la expresión y su significado. El capítulo que hemos elegido se titula El hiermo de Hipocrinda y constituye la crisi séptima, de la parte II, que enlaza con la anterior, crisi sexta, Cargos y descargos de la Fortuna 425, y se proyecta en la crisi octava, Armería del Valor, de la misma edición426. 425. Edición de Santos Alonso, Cátedra, 1980, págs. 400 y ss. 426. Ibídem, págs. 435 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 305 En la crisi sexta, Cargos y descargos de la Fortuna, la Fortuna preside la imagen de la prosperidad y adversidad de los hombres. Su caprichosa tiranía era un tópico entre los cortesanos. Quizás por eso Gracián señala que el Favor es "primer ministro de la Fortuna y su verdadero confidente". El Favor alarga la mano a quien se le antoja para ayudarle a subir sin criterio alguno, regido tan solo por su gusto. Don Vincencio Juan de Lastanosa, amigo y mecenas de Gracián, vive en su retiro de Huesca, rodeado de libros, de obras de arte, de jardines cuidados por artistas franceses y cuevas llenas de animales salvajes. Un cronista de la época, protector también de Gracián, Juan Francisco Andrés de Usturroz, publica en Zaragoza (1647) la Descripción de las antigüedades y jardines de Lastanosa. Gracián, amigo de ambos, no se queda a la zaga y, por su parte, le dedica la crisi II de la segunda parte de El Criticón, "Los prodigios de Salastano"; allí mismo escribe que la "casa es un teatro", esto es, una exposición de objetos valiosos y bellos, donde hay libros y retratos, monedas y medallas. En la crisi octava, Armería del valor, no es otra que la de don Vincencio hasta tal punto que algunas de las piezas que Gracián describe estaban en el museo de Huesca. La vía de la virtud y de la inmortalidad no es ancha ni fácil, sino estrecha y trabajosa. Andrenio como hombre sujeto de pasiones caerá muchas veces y saldrá adelante otras tantas con la ayuda de Critilo, personificación o alegoría fantástica de la prudencia y del libre albedrío. Andrenio/Critilo es una creación simbólica de la oposición inmadurez (Andrenio) y madurez (Critilo), que origina la composición de un nuevo ser, Andrenio-Critilo, por medio de la oposición de contrarios que parecen destruirse. Sin embargo, hay que recordar la crisi precedente, Cargos y descargos de la Fortuna, para comprobar cómo la naturaleza de Andenio, que ya se había alzado hasta lo más alto donde se encontraba el extravagante palacio de la Fortuna, se opone el buen juicio de Critilo, al que ayudará a trepar hasta llegar a la última grada donde se encontraba la Fortuna. Critilo se percató, según iban subiendo, que si miraban hacia arriba, todos los que subían delante les parecían grandes hombres, unos gigantes, y, al revés, todos cuantos venían atrás les parecían poca cosa, unos enanos El espacio y la distancia visual son utilizados por Gracián en relación con los efectos de perspectivismo psicológico y moral. En la crisi arriba citada, al ascender Andrenio y Critilo por la escalera de la Fortuna podemos leer: Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 306 Esta como digo, era la escalera para subir a lo alto. No tenía remedio Critilo por desconocido [...]Estando en esta dificultad (Critilo), assomóse acullá en lo más alto Andrenio, que por lo vulgar había subido tan arriba y estaba muy adelantado en el valer. Conoció a Critilo, que no era poco desde tan alto y de donde muchos desconocieron a sus padres y hijos; más fue llamada de la sangre. Diole luego la mano y levantóle, y entre los dos pudieron ayudar a subir a los demás. Iban trepando por aquellas gradas con harta facilidad de una a otra, [...]. Notaron una cosa bien advertida estando a media escalera, y fue que todos quantos miraban de la parte de arriba y que subían delante les parecían grandes hombres, unos gigantes, y gritaban: ¡Qué gran rey el passado! ¡Qué capitán aquel que fue! ¡Qué sabio el que murió! Y al revés, todos cuantos venían atrás les parecían poca cosa y unos enanos. -¡Qué cosa es -dixo Critilo- ir un hombre delante, aquello de ser primero, o venir detrás! Todos los passados nos parecen que fueron grandes hombres, y todos los presentes y los que vienen nos parecen nada: que hay gran diferencia en el mirar a uno como superior o inferior, desde arriba u desde abaxo. Llegaron ya a la última grada, donde estaba la Fortuna. Pero ¡oh cosa rara!, ¡Oh prodigio nunca creído, y de que quedaron atónitos y aun pasmados!, digo, cuando vieron una reina totalmente diversa de lo que habían concebido y muy otra de lo que todo el mundo publicaba, porque no sólo no era ciega como se dezía, pero tenía una cara de cielo al medio día unos ojos más perspicaces que una águila, más penetrantes que un linze; su semblante, aunque grave, muy sereno, sin ceños de madrastra, y toda ella muy compuesta. No estaba sentada, porque siempre de leva y en continuo movimiento. Calçaba ruedecillas por chapines; su vestir era la mitad de luto y la otra mitad de gala. Miráronla y miráronse unos a otros, encogiéndose de hombros y arqueando las cejas, admirados de tal novedad, y aun dudaron si era ella. -Pues ¿quién había de ser? -respondió la Equidad, que la assistía con unas balanzas en la mano. [...]427 Junto con el encuentro de Jano bifronte en la crisi I, Honores y horrores de Vejecia, Tercer Parte de El Criticón, constituyen dos pasajes claves dentro del perspectivismo con intención satírica de la novela filosófica de Gracián. Allí vemos el confusionismo óptico del acercarse-alejarse: Esto iban melancólicamente discurriendo, cuanto entre los pocos que llegaban a estampar el pie en aquel polvo de nieve descubrieron uno de tan estraño proceder, que dudaron ambos a la par si iba o si venía, equivocándose con harto fundamento, porque su aspecto no dezía con su passo: traía el rostro hazia ellos y caminaba al contrario. Porfiaba Andrenio que venía y Critilo que iba, que aun de lo que dos están viendo a una misma luz hay diversidad de pareceres. Apretó la curiosidad los azicates a su diligencia, con que le dieron alcance muy en breve y hallaron que realmente tenía ros rostros, con tan dudoso proceder que cuando parecían venir hazia ellos, y cuando le imaginaban más cerca estaba más lexos. -No os espantéis -dixo el mismo advirtiendo su reparo-, que en este remate de la vida todos discurriamos a dos luzes y andabamos a dos hazes; ni se puede vivir de otro modo 427. C, II, c. 7, pág. 408-409. Edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 307 que a dos caras: con la una nos reímos cuando con la otra regañamos, con la boca dezimos de sí y con la otra de no, y hazemos nuestro negocio.428 Lo que Gracián nos ofrece en esta descripción tan barroca, confusa y oscilante es un repertorio de variados efectos del perspectivismo, los más usados a lo largo de la novela. Por otro lado, el equívoco de ir y venir de Jano, crea en Andrenio y Critilo un conflicto de opiniones, que refuerza la sostenida oposición de estos personajes. Asimismo el confusionismo provocado por Jano es casi un engaño a los ojos, una ilusión óptica creada por la distancia, y la dualidad dibujada en la doble cara de Jano es un espejo de las mentiras del mundo, de decir los hombres una cosa y pensar otra, esto es, el choque entre apariencia y realidad, uno de los más fecundos tópicos del barroco español. 9.3. Comentario argumental de El hiermo de Hipocrinda Una de las tentaciones que se presentan a Andrenio le aparece en pleno otoño de la edad varonil, en la crisi intitulada El hiermo de Hipocrinda, la que estamos comentando en este apartado. Se trata esencialmente de una sátira de la hipocresía religiosa que oculta o encubre los vicios "bajo capa de santidad y mienten sus apariencias": falsa devoción, orgullo, ignorancia, cobardía, simonía, lujuria y también pereza. Esos son los principales vicios que nos presenta Gracián en ese "hiermo" o desierto eremítico, lugar apartado del mundanal ruido donde conviven hombres y mujeres bajo la sombra o apariencia de una madre superiora llamada Hipocrinda, nombre alegórico fácilmente descifrable: la hipocresía. Nos resulta difícil hablar de pecados, de ahí el uso de vicios, porque El Criticón es una alegoría profana con muy pocas alusiones directas a lo religioso. En El hiermo..., Baltasar Gracián escribirá extensamente de la virtud como núcleo de la felicidad. El paso de Fortuna a Virtud es de este modo previo a la llegada de los peregrinos al palacio de Virtelia, reina de las felicidades, y al que resulta tan 428. C, III, c. 1., págs. 544-545. Edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980. El subrayado es mío. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 308 dificultoso entrar, como les dirá un hombre con aspecto de falso ermitaño, ya que Virtelia vive encantada en una montaña de obstáculos y dificultades. Por esto no nos extraña nada que en ese hiermo de hipocresías aparezca también La sabiduría aparente a la que tanto criticará a lo largo de su obra. En la crisi VIII de la primera parte, Las maravillas de Artemia, el vivir de los hombres se presenta como una permanente mascarada: Pero dejémosle tan bien entretenido y sigamos un rato al prudente anciano que camina en busca de Andrenio a la corte del famoso rey Falimundo. Duraban aún los juegos bacanales. Andaban las máscaras más validas que en la misma Barcelona; no hubo hombre ni mujer que no saliese con la suya, y todas eran ajenas. Había de todos modos, no sólo de diablura, pero de santidad y de virtud, con que engañaban a muchos simples: que los sabios claramente les decían se las quitasen. Y es cosa notable que todos tomaban las ajenas y aun contrarias, porque la vulpeja salía con máscara de cordero, la serpiente de paloma, el usurero de limosnero, la ramera de rezadora y siempre en romerías, el adúltero de amigo del marido, la tercera de saludadora, el lobo del que ayuna, el león de cordero, el gato con barba a lo romano, con hechos de tal, el asno de león mientras calla, el perro rabioso de risa por tener falda, y todos de burla y engaño. [...]429 Así es el mundo y estas son sus máscaras. Es precisamente en El yermo de Hipocrinda, ficción alegórica muy similar a la quevedesca calle de la Hipocresía de La hora de todos y El Mundo por Dedentro, donde los hombres aprenden ese arte, según comprueban Andrenio y Critilo. —Cada día acontece —pondera el Ermitaño— salir de aquí un sujeto amoldado en esta oficina, instruido en esta escuela, en competencia de otro de aquélla de arriba, de la verdadera y sólida virtud, pretendiendo ambos una dignidad, y parecer éste mil veces mejor, hallar más favor, tener más amigos, y quedarse el otro corrido y aun cansado; porque los más en el mundo no conocen ni examinan lo que cada uno es, sino lo que parece. Y creedme que de lejos tanto brilla un claveque como un diamante, pocos conocen las finas virtudes, ni saben distinguirlas de las falsas. Veis allí un hombre más liviano que un bofe, y parece en lo exterior más grave que un presidente.430 Entre tantas máscaras, embelecos y engaños hay ir por la vida con los cien ojos de Argos o con la mirada penetrante del zahorí, guía de los peregrinos que Gracián inserta en la crisi V, Tercera Parte, El palacio sin puertas: 429. C, I, c. 8.; ibídem, págs. 178-179. Edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980. 430. C, II, c. 7.; ibídem, págs. 429-430. Edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980.El subrayado es mío. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 309 —¿Qué puedes tú ver —replicó Andrenio— más de lo que vemos nosotros? —Sí, y mucho. Yo llego a ver la misma sustancia de las cosas en una ojeada, y no solos los accidentes y las apariencias, como vosotros; yo conozco luego si hay sustancia en un sujeto, mido el fondo que tiene, descubro lo que tira y dónde alcanza, hasta dónde se extiende la esfera de su actividad, dónde llega su saber y su entender, cuánto ahonda su prudencia: veo si tiene corazoncillo, y el que bravos hígados, y si se le han convertido en bazo. Pues el seso yo le veo con tanta distinción, como si estuviese en un vidrio, si está en su lugar (que algunos lo tienen a un lado), si maduro o verde: en viendo un sujeto conozco lo que pesa y lo que piensa. Otra cosa más, que he topado muchos que no tenían la lengua trabada con el corazón, ni los ojos unidos con el seso, con dependencia dél; otros, que no tienen hiel.431 Concluirá esta crisi VII haciendo que Critilo pregunte al Ermitaño si es posible lograr la felicidad por medio de la virtud fingida; el falso ermitaño responderá: ¡Oh pobre de mí!, en eso hay mucho que decir y que quede la cosa para otra sitiada, suspendiendo, como suele hacerlo Gracián en otros capítulos, el relato. Será en la crisi VIII -Armería del valor- donde Gracián desvele la respuesta del Ermitaño hipócrita a los peregrinos. El Valeroso o El hombre de los cien corazones, como nuevo guía, tras el Ermitaño (ambos guías simbolizan lo auténtico y lo falso respectivamente), les pregunta a los viajeros de la vida: -Pero, dezidme cómo fue aquello del Ermitaño, qué salida dio a la sagaz pregunta de Critilo. -Confessóme que a la virtud aparente no le corresponde premio sólido ni verdadero, que bien se les puede echar dado falso a los hombres, pero Dios no es reído 432 . Oyendo esto, hizímonos del ojo, y en viendo la nuestra, tratamos de colgar el mal hábito de fingidos y saltar las bardas de la vil Hipocresía 433 . 9.4. Estructura de la crisi VII de la Segunda Parte de El Criticón Desde el punto de vista estructural, este capítulo lo podemos dividir en cuatro partes bien diferenciadas que ponen de manifiesto la vinculación de Baltasar Gracián con el entorno socio-cultural que le rodea y no solo por el uso que hace de la lengua literaria de una época que él interioriza y personaliza sino porque aparecen una serie de 431. C, III, c. 5, págs. 640-641; ibídem, Madrid, Cátedra, 1980. 432.Echar dado falso: "Lo mismo que engañar" (Dic. Aut.), es decir, a los hombres se les puede engañar pero a Dios no puede burlársele. 433. C, II, c. 8, pág. 439; edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 310 temas y de configuraciones conceptuales que el autor ha aprehendido y las transforma con gran originalidad. 9.4.1. Primer apartado: Abarca desde la línea primera "Componían al hombre todas las demás criaturas..." hasta la línea sesenta y seis "[¡Pero desdichado, sobre] todo, quien pierda el cielo!". La crisi VII se encadena con la visita de Andrenio y Critilo a la Fortuna en la crisi anterior. De todos los bienes, lo único que le quedará al hombre será la Virtud, les dirá la Ventura, porque [...]Todo es nada sin ella, y ella lo es todo; los demás bienes son de burlas, ella sola es de veras. [...] Es rara porque dificultosa, y donde quiera que se halla es hermosa, y por eso tan estimada. Todos querrían parecer tenerla, pocos de verdad la procuran. Hasta los vicios se cubren con su buena capa y mienten sus apariencias; los más malos querrían ser tenidos por buenos. Todos la querrían en los otros, mas no en sí mismos [...]"434. Tras esa visita, disfrutarán los peregrinos de unos pocos instantes en compañía de La Ventura, que se aleja de ellos en el momento en que se da a conocer (descuido de Gracián este que comentaremos más adelante). Esa agradable doncella, ministra de la Fortuna, poco antes se compadece de los peregrinos al verlos en grave peligro de despeñarse, los detiene asiéndoles del capote de la ocasión, y gritando al Acaso, le mandó echar una puente levadiza con la que los puso de un alto al otro, de la Fortuna a la Virtud, librándoles de su segura e inevitable caída al precipicio. La Ventura les dice que ya están en salvo y que sigan ese camino sin torcerse, por arduo y difícil que sea, que les conducirá al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las felicidades y les recomienda que continúen en el empeño, aun con violencia, que de los valientes es la corona. Cuando los peregrinos descubren quién era, la Ventura desaparece, como ya hemos anticipado más arriba. 434 . C, II, c. 7.; ibídem, págs. 418-419. Edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 311 Principia esta crisi con un narrador omnisciente tras el que se oculta el escritor, surgiendo así el punto de vista que adopta o lugar imaginario en el que se sitúa el narrador435. Todo parece indicar que el autor se esconde tras los dos peregrinos, Andrenio y Critilo, que constituyen un sujeto con dos caras contradictorias pero a la vez complementarias: Andrenio, que se deja llevar por las pasiones, y Critílo, el sesudo y prudente, personificación alegórica de la prudencia y del libre albedrío. Andrenio/Critilo viene a ser una creación simbólica donde entrevera la madurez de Critilo y la insensatez de Andrenio. Sin embargo, desde la perspectiva narratológica, el autor se hace interno a la acción, se meterá en los zapatos de Critilo para contarnos la historia, dominando la enunciación son sus observaciones y comentarios, aunque cambiará constantemente de disfraz a lo largo de la crisi. Nos parece fundamental localizar en el código narratológico quién habla y cuáles son sus puntos de vista. Ello dará lugar al perspectivismo de El Criticón. En este apartado del capítulo VII de El Criticón, hemos hallado hasta ahora un narrador omnisciente, externo a la acción, en tercera persona, y tres personajes: Critilo, símbolo de la experiencia y de la sabia desconfianza, Andrenio, alegoría expresiva del alocado ímpetu y las desbordantes pulsiones y La Ventura que les salvará de caer despeñados, que hablan en primera persona del singular. La diferencia entre el punto de vista de Critilo y el de Andrenio es que el primero, por su edad y por su experiencia, ejerce una penetración capaz de descifrar y desvelar las más réprobas y detestables realidades que se ocultan tras las bellas y engañosas apariencias. Desde La Ventura, en cambio, el narrador habla por boca de un ser benefactor, la hija mayor de la Fortuna, otro símbolo alegórico de Gracián, la que todos pretendemos, la que todos buscamos y deseamos y una vez que pasa, si hemos perdido la ocasión, si no la hemos aprovechado, lo podemos lamentar mucho. Al principio de la novela filosófica, cargada de intención crítica y satírica, el náufrago Critilo envidia la inexperiencia y la actitud adánica del joven Andrenio: 435. Ese lugar imaginario puede ser: a) Interno a la acción; entonces el narrador es un personaje y cuenta en primera persona del singular, y b) Externo a la acción: en ese caso el narrador no es un personaje y relata en tercera persona. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 312 O, lo que te embidio [...] tanta felicidad no imaginada, privilegio único del primer hombre (Adán) y tuyo!: llegar a ver con novedad y con advertencia, la grandeza, la hermosura, el concierto, la firmeza y la variedad desta gran máquina criada [...]436. Sin embargo la ingenuidad y el adanismo de Andrenio implican la tendencia del joven a dejarse embaucar por los engaños y embelecos del mundo como podemos ver en todo esta crisi VII, inducido por el ermitaño hipócrita. El avisado y vigilante Critilo salvará a menudo al apasionado Andrenio de caer en las trampas del mundo evitando que se hunda definitivamente en ellas. El primer fragmento de la crisi, compuesto por las siete primeras líneas, el escritor se esconde, pues, tras el disfraz de un narrador omnisciente, que conoce cuanto sucede, y puede estar en varios sitios a la vez; como cualquier divinidad, es omnisciente y ubicuo. El narrador no es un personaje principal, porque no está inmerso en la acción; utiliza la tercera persona. Sin embargo en la línea octava, el narrador omnisciente elige la primera persona del singular, YO, con lo que nuestro narrador da un vuelco al adoptar una nueva máscara, la de un personaje protagonista dentro de la acción del relato, apuntando, en este caso, a la síntesis Critilo/Andrenio, resultante de la tesis (Andrenio) y antítesis (Critilo), que en definitiva representa al hombre en su conjunto, con sus luces y sus sombras, con su sabia desconfianza y su alocado proceder: "[...] Si todo es de prestado, ¿qué me quedará?" La respuesta que recibe procede del narrador omnisciente: "Respondieronle que la virtud. [...]", a lo que sigue todo un elogio de la adquisición de la Virtud por parte del hombre. El perspectivismo de Gracián como narrador vuelve a cambiar a partir de la línea veinticinco, y el autor sigue narrando en tercera persona del singular por boca de La Ventura, una agradable doncella, ministra de la Fortuna, que más adelante nos desvelará su nombre: "Yo soy la Ventura. Y al momento se transpuso". La Ventura, compadecida de verlos en el peligro común de despeñarse, los agarra del capote de la ocasión, los detiene y ordena al Acaso que lance una puente levadiza con lo que transpuso a los dos peregrinos de un alto a otro, de la Fortuna a la 436 .C, I, c. 2, El gran teatro del Universo. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 313 Virtud, librándoles del peligro de caer. A continuación se abre un diálogo entre la Ventura, Critilo y Andrenio que el autor mantendrá hasta la línea 66. La estructura dialógica es una de las formas más eficaces que tiene el narrador omnisciente de internarse en la conciencia de los personajes, contarnos sus sueños, lo que les ha sucedido, lo que piensan, lo que sienten...; no deja de ser un narrador-dios (omnisciente). Ellos hablan y la mente del lector los capta; tras los diálogos, el narrador tiende a la invisibilidad, aunque todo lo sabe, lo conoce. Con quien dialogarán Andrenio y Critilo es con La Ventura. Critilo manifiesta desconocer quién era aquel personaje que aparece en El hiermo..., y que les pone en el camino adecuado salvándoles de los peligros; sin embargo los dos peregrinos ya la habían conocido anteriormente, en la crisi sexta (Cargos y descargos de la Fortuna 437). La Ventura fue vista y escuchada por los peregrinos cuando la Fortuna reúne y pregunta a todos cuantos se nombran bienes suyos (de la Fortuna): el Dinero, la Honra, los Cargo, Premios y Felicidades, Hermosura y...Ventura. Por tanto, no hubiera sido necesario ni que los peregrinos finjan desconocer con quien están hablando, ni que la Ventura se presente a ellos como tal, "Yo soy la Ventura", antes de desaparecer. Gracián parece tener un lapsus de memoria al no recordar que los dos peregrinos ya habían contactado y conocido a la Ventura en la crisi anterior. 9.4.2. Segundo apartado: Va desde la línea 67, "Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un [...]", hasta las líneas 123 y 124 inclusas "-Seguidme, seguidme -repetía el falso Ermitaño-, que éste es el atajo del vivir; que lo demás es un morir continuado." Un narrador omnisciente en tercera persona nos va relatando como los peregrinos del viaje de la vida se van lamentando por no haber reconocido a La Ventura. Y en esto que topan con un hombre venerable por su aspecto. Se trata del Ermitaño hipócrita, uno de los guías que simbolizan lo falso, y que casi logra rastrar a Andrenio a la perdición con el señuelo de una virtud aparente. 437. C, II, c. 6, págs. 410 -412, edición de Santos Alonso, Cátedra, 1980. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 314 Desde aquí Gracián aborda con gran profundidad el tema barroco de la oposición apariencia-realidad. Solo nos limitaremos, pues, a observar cómo este tema aparece fuertemente trabado en la crisi El hiermo de Hipocrinda de El Criticón. En La entrada del Mundo, crisi V de la primera parte, Gracián advierte, por la boca de Critilo, que no todas las bellas apariencias encubren bellas realidades; es posible que ante una bonita apariencia se oculte una espantosa realidad. El asunto de esta crisis es que unos niños, alegoría de la entrada del hombre al mundo, son conducidos por una risueña y amable mujer, lo que produce la envidia de Andrenio, criado entre fieras y sin caricias de una madre. Critilo le dice que no envidie lo que no conoce bien y que no hable de felicidad hasta que no vea sus resultados. Y efectivamente, la bella mujer y sus criadas arrojan a los niños a las fieras que destrozan a las criaturas. Critilo le aconseja que abra los ojos y que viva siempre alerta entre enemigos. Como Quevedo con el Desengaño, Critilo y Andrenio recorren también, en esta crisi VII de la primera parte, "las calles de la hipocresía", llenas de confusión, equívocos y falsas perspectivas. En este verdadero engaño para la vista sitúa Gracián al mentiroso de Maquivelo, un elocuente mentiroso. Poco antes, en la crisi VI de la primera parte, Estado del siglo, comenta Gracián la siguiente y superconocida paremia: No es oro todo lo que reluce; O, qué de oro! -dixo Andrenio Y el Quirón: -advierte que no lo es todo lo que reluce. Llegaron de cerca y conocieron que era basura dorada.438 Así es el mundo y estas son sus apariencias. Gracián en El hiermo de Hipocrinda hace que Andrenio y Critilo puedan constatarlo y verificarlo. El ermitaño les pregunta que adónde van. Y desde ese momento de la narración se desarrolla un diálogo entre Critilo, el ermitaño y Andrenio. Critilo le responderá que van en busca de la hermosa Virtelia, hermosa flor de las reinas. El ermitaño, con grandes aspavientos, le contesta que esa Virtelia vive encantada y llegar hasta ella entraña graves inconvenientes, dificultades y penalidades, aconsejándoles que lleguen, 438. C, I, c. 7, págs. 131-132; edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, 1980. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 315 por un atajo, como hacen los más entendidos, hasta Hipocrinda, pues esta otra reina obra prodigios, y con ella se puede gozar de la vida evitando las dificultades que dispone la reina Virtelia. El oxímoron graciano de las reinas Virtelia/Hipocrinda lo trata conjuntamente en el texto. Virtelia, la virtud, es de las dos, la reina que más posibilidades alegóricas ofrece y que analizaremos más adelante. Hipocrinda, como alegoría de la hipocresía, reina del vicio, por no ser escrupulosa, domina en una corte en que pululan la Simonía, la Usura, la Ambición, el Festejo y hombres de carne y hueso como lo es el falso ermitaño y verdadero embustero. 9.4.3. Tercer apartado: Parte de la línea 125, "Fuelos introduciendo por un camino encubierto y aun solapado entre arboledas [...]" hasta la línea 280, "[...] en toda la vida, mucho menos muestre asomo de liviandad ni en el dicho ni en el hecho." En este apartado el narrador omnisciente por medio del falso guía (el ermitaño hipócrita) nos conduce (lector y peregrinos: Critilo y Andrenio) por un oscuro laberinto dando mil vueltas y revueltas hasta tropezar con una Casa a escuras y muy artificiosa, que parecía convento por el silencio que reinaba, a pesar de estar llena de gente porque allí todo era callar y obrar, hacer y no decir, sin ruido alguno. Aquel recinto era muy espacioso y con tanta anchura (desahogo) que cabrían en él las tres cuartas partes del mundo y aún sobraba espacio. Se encontraba entre unos montes llenos de árboles tan crecidos que sus sombras le quitaban la luz del sol. Tanto era así que Andrenio rompe el silencio e inicia un largo diálogo con el Ermitaño y Critilo, con lo que cambia el punto de vista del narrador. A pesar de la oscuridad del convento, señalada por Andrenio, vieron que la puerta estaba abierta (patente) y el portero sentado por no cansarse, apunta con ironía Gracián, que calzaba unos zuecos de conchas de tortugas, símbolos estas de la tardanza y de la pereza; además estaba sucio, desaliñado y lleno de remiendos. Tan era así que Critilo exclama: "Este, a ser hembra, fuera la Pereza." Pero al punto, el Ermitaño le corrige, y asegura que el portero es el Sosiego, que no practica el dejamiento -palabra cargada de alusiones que más tarde comentaremos-, sino la pobreza por despreciar al Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 316 mundo. Tras saludarlos, y sin levantarse, les señala con un gancho un letrero sobre la puerta donde se leía Silencio. A continuación, el Ermitaño les glosa el cartel asegurando que allí se vive con enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña, lo que quiere decir que puertas adentro, no se dice lo que se siente, nadie habla claro, todos se entienden por señas; que allí, callar, y callemos. Con esta última frase, Gracián alude al refrán: "Cállate y callemos, que sendas nos tenemos439". Seguidamente comienza la visita y entran en el claustro, todo muy cerrado y lleno de oscuridad, donde ya encuentran a algunos que por el hábito parecían monjes; por defuera lo que se veía era de piel de oveja, pero por dentro era de lobos novicios 440. Critilo advierte que todos llevaban capa, y buena. Y el Ermitaño les dice que "Es instituto" (regla, orden establecida). Nuestro escritor, con esa referencia, tal vez apunta al Instituto o Compañía de Jesús, que para algunos críticos de su obra sería una referencia grave y ofensiva441 a los jesuitas de Valencia a los que se supone que odiaba. En esa tesis se mueven Correa Calderón y Miguel Batllori, al defender que el libelo contra El Criticón fue escrito por el jesuita valenciano Pablo Rajas como réplica a las supuestas críticas vertidas por Gracián contra los padres jesuitas valencianos. Sin embargo, para otros críticos, como Benito Pélegrin, Romera-Navarro o Alain Milhou, el alcance alegórico general de "El hiermo de Hipocrinda" se encuentra situado en Francia, "entre el hipócrita Pirineo" y la "Picardía", en su frontera norte de entonces, en el jansenista "Désert de Port-Royal de Champs". Esta controversia jesuitico-jansenista tendrá implicaturas literarias, éticas y estéticas que ya analizaremos en su momento. Benito Pelegrín y Romera-Navarro defenderán que el autor del panfleto es Lorenzo Matheu y Sanz, bajo el pseudónimo Sancho Terzon y Muela 439. Covarrubias lo explica así:"Si diciendo uno a otro una libertad le paga con otra tal, no tienen que ir ante la justicia pues están pagados y quietos" (Tesoro, pág. 272) 440. Romera (II, 232) con la expresión lobos novios evoca el Evangelio de San Mateo, VII, 15: "Attendite a falsis prophetis, qui veniunt ad vos in vestimentis ovium, intrinsecus autem sunt lupi rapaces." 441 . Cfr. Batllori: Gracián y el Barroco, pág. 97. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 317 Esa bifurcación de la crítica procede, sin duda, de las distintas interpretaciones que los estudiosos hacen del ya susodicho libelo que aparece el año 1658 en Valencia titulado la Crítica de Reflección y censura de las censuras. Fantasía apologética y moral. Escrita por el Dotor Sancho Terzon y Muela, profesor de Mathematicas en la Villa de Altura, Obispado de Segorbe. No sabemos si Gracián, que murió a 6 de diciembre del mismo año, llegó a conocer ese panfleto contra él y su Criticón. Pero todo esto lo dejamos para el epígrafe siguiente (relación fondo-forma), que plantearemos después de los apartados de la Estructura. Únicamente anticiparemos aquí que el General de la Compañía de Jesús, Goswin Nickel, mostró gran interés por esclarecer la autoría de la sátira por la grave acusación contenida contra Lastanosa a quien se le imputa del arte de "executar testamentos" -págs. 176-177 del libelo-; Matheu y Sanz con esa expresión alude a que la riqueza de Lastanosa procede la línea materna, pues su madre, Esperanza Baráiz, casó en segundas nupcias con Juan Martín Gastón, que hizo excelentes negocios en la "babilonia" de Sevilla. Y lo más interesante, es que este padrastro resultó ser suegro de Lastanosa pues, al mismo tiempo que la boda de los padres, se concertó también la boda del futuro prócer Vincencio Juan de Lastanosa con Catalina Gastón, hija de Juan Martín Gastón, con la que casó cuando la joven tenía trece años, quedando asegurada en la familia una considerable fortuna. El General quiere alejar toda sombra de duda sobre la idea de que la autoría recayera en un jesuita, dado que la Compañía de Jesús en aquellos momentos era atacada sin piedad por los jansenistas y tenía que hacer meritos internos frente al poder político para hacer olvidar las simpatías pro-francesas de algunos de sus miembros durante la Guerra de Cataluña442. Después de esta necesaria digresión para refrescar lo anteriormente escrito, en el diálogo que mantienen Critilo, Andrenio y el Ermitaño van apareciendo una retahíla de alegorías personificadas que triunfan en la casa de Hipocrinda, tales como la Simonía, la Usura, el Festejo... a los que maldice Andrenio por sacrílegos pero que el falso Ermitaño los valora como milagros que obra cada día esta superiora que no es otra que 442 . PEREGRIN, Benito (1988), Crítica de Reflección y reflexión sobre la crítica. En Criticón, Toulouse, 43, págs. 37-72. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 318 Hipocrinda, al hacer que los vicios pasen por virtudes y que los malos sean tenidos por buenos y aun mejores. Critilo dirá que desde que sortearon los esbirros la capa del Justo, haciendo alusión a San Mateo, XXVII, 35: Postquam autem cricifixerunt eum, diviserunt vestimenta eius, sortem mittentes..., todos andan con capa de virtud, queriéndose parecer al mismo Dios y a los suyos. El falso Ermitaño, a cada observación de los peregrinos sobre la relajación viciosa de los personajes que van viendo, dará con más razón los milagros que obra Hipocrinda haciendo por ejemplo que el ladrón parezca monje o que el soldado atildado con plumas de gallina se muestre valiente soldado en la paz y en la batalla se oculte en el "cuartel de la salud" o paraje defendido del riesgo, donde se refugian los soldados que no quieren pelear ni arriesgarse. Así podría continuar con otras muchas más alegorías que va citando, pero que dejamos aquí para comenzar el siguiente y último apartado en que hemos dividido la estructura de la crisi. 9.4.4. Cuarto apartado: Arranca de la línea 281, "Vieron uno, que estaba escupiendo y haciendo grandes ascos." y concluye en la última línea (358) de la mencionada crisi 7 de la segunda parte de El Criticón, "[...] quédese para otra sitiada." En este último fragmento de la crisi séptima, Gracián se esfuerza por convencer al lector atento, según Batllori, que la ficción de El Criticón sucedía no entre jesuitas, sino en un monasterio de monjas. De ahí que introduzca la figura de la mujer. En su recorrido por el convento, vieron a uno que hacía grandes ascos y Andrenio pregunta: ¿Quién es éste? le dicen que se acerque y escuche y le oye hablar mal de las mujeres cerrando los ojos para no verlas. El Ermitaño le señala que ese sí es cauto, a lo que Critilo responde que más le valiera ser casto, lo que recuerda el refrán: Si no eres casto, sé cauto; Gracián ya había utilizado el proverbio en Oráculo, 126. Y hablando de mujeres, Critilo le pregunta al Ermitaño si no hay clausura para ellas y el Ermitaño le responde que sí, que su convento allí estaba de esta parte y les asoma a una ventana para que vieran su proceder. Eran profesas de enredo, muy devotas, aunque no de San Lino ni de San Hilario ni al uso, en el sentido irónico graciano de que no se dedicaban ni a coser, ni a hilar, ni al manejo del huso, aunque si Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 319 tenían devoción a San Alejos, por "lejos", y a las romerías, aludiendo al gusto de las mujeres en andar y pasear para entretenerse apartadas de su casa. A reglón seguido, el Ermitaño le va señalando varios tipos de mujeres de aquel convento: la viuda recatada, la bella casada, etc., es decir, Gracián hace desfilar por aquel monasterio una serie de mujerzuelas con las que quiere exagerar la falsedad de Hipocrinda; fueron entrando y descubriendo cuerpo y cuerpo y más cuerpo hasta ver una mujer toda carne y nada espíritu, con gesto estragado y de color muy amarillo, de modo que hasta el rosario era de palo santo de las Indias cuya principal virtud era curar el mal francés o la sífilis tal y como se creía en los siglos XVI y XVII. El Ermitaño les ponderaba la eficacia de la apariencia, el bien parecer, el recato del engañamundo, porque el gran primor es no ser y parecerlo, eso sí que es saber. De ese modo podéis codearnos con el más hombre de bien; cobrad opinión y conservarla, que los más viven de crédito; no os matéis a estudiar, pero alabaros con arte, que si sabéis vivir os sabréis acomodar. Así lograréis vivir sin trabajo alguno, sin reventar de esfuerzo hasta parecer persona de modo que podáis alternar con los verdaderos virtuosos. Ante estas puntualizaciones del Ermitaño, Andrenio, admirado de una felicidad tan barata y sin esfuerzos, trataba ya de tomar el hábito de una buena capa porque esta todo lo tapa y profesar de hipócrita. Entonces Critilo, volviéndose al Ermitaño, le pregunta: con la virtud fingida ¿podremos nosotros conseguir la felicidad verdadera? A lo que el falso Ermitaño le respondió que de eso hay mucho que decir y que lo dejaba para otra sentada u ocasión. En principio hemos de decir que nos sorprende la gravedad de las acusaciones de inmoralidad, y en especial de lujuria, que Gracián vierte en el texto de esta crisis. Su interpretación la dejamos para más adelante una vez que ya hemos cerrado el análisis de los apartados de la estructura. 9.5. Análisis de la forma partiendo del tema En el apartado siguiente trataremos de explicar el texto intentando justificar los rasgos formales más destacados como una exigencia del contenido. Esta fase analítica la consideramos la más importante de todas, pues las anteriores nos han servido de preparación para concluir en esta. Compartimos la idea de que no existen contenidos Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 320 específicamente literarios, sino formas literarias propiamente dichas hasta el punto que lo que convierte un contenido cualquiera en literatura es la forma y es en ésta donde actúa e incide la Función Poética o Estética del lenguaje. Con esta función, se emplea el lenguaje para llamar la atención sobre sí mismo, sobre la forma de expresar el mensaje, y que los lectores nos demos cuenta de cómo están dichas las cosas tanto o más que las cosas que se dicen. El lenguaje literario siempre produce extrañamiento, nos choca, y su causa no es otra que el empleo de artificios sorprendentes, inesperados, extravagantes, desacostumbrados o excesivamente peculiares u originales del plano fónico (ritmos, aliteraciones, onomatopeyas...), del plano léxico (vocablos poco usados, epítetos, tropos, alegorías, etc.) y del plano sintáctico (oraciones independiente, yuxtapuestas, coordinadas, parataxis, hipotaxis, hiperbata, anáforas, polisíndetón, asíndeton...). 9.5.1. La fluidez del lenguaje graciano: Menos es más La fluidez del lenguaje graciano, pues, radica en su oposición al lenguaje natural, al tiempo que representa una reacción contra el periodo rítmico ciceroniano predominante en el Renacimiento. Podríamos decir que el lenguaje de Gracián nos sorprende porque una prosa estructurada sintácticamente de forma tan sencilla resulta, a la vez, tan complicada semánticamente. De esa prosa graciana, podríamos afirmar lo que defiende el arquitecto alemán Ludwing Mies van der Rohe (1886-1969): "Menos es más", caracterizado por la extrema simplicidad de sus formas y en que "todo forma una unidad"; el precepto graciano, como el del minimalista es también que "todo forma parte de todo", planteamientos afines teóricos con una diferencia cronológica que debemos resaltar: el Minimalismo o Minimal Art surge en Nueva York en los años sesenta del siglo XX, dentro de la arquitectura, cuyos antecedentes están en la modernidad de 1900 a 1920; y la prosa de Gracián del No cansar (Oráculo manuel y arte de prudencia, 105)443 que se desarrolla en la primer mitad del siglo XVII, el conceptismo español dentro del Barroco; podemos leer: 443.GRACIÁN, Baltsasar (2009), Oráculo manual y arte de prudencia, edición de Emilo Blanco, 8ª. ed., Madrid, Cátedra, pág. 159. Los subrayados son míos. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 321 105. No cansar. Suelo ser pessado el hombre de un negocio, y el de un verbo444. La brevedad es lisongera, y más negociante; gana por lo cortes lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos vezes bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas essencias que fárragos; y es verdad común que el hombre largo raras vezes entendido445, no tanto por lo material de la disposición quanto en lo formal del discurso. [...]. El lenguaje en Gracián se convierte así en una especie de sistema de cifras. Su economía lingüística se puede comparar también con la economía del lenguaje matemático en el que un mínimo de cantidad de elementos informativos produce una máxima cantidad de información. Gracián crea un sistema sencillo en su estructura y ordenación, pero de muy difícil compresión al acercarnos a la totalidad de su información, como sucede con la arquitectura del genio alemán Ludwing Mies van der Rohe (1886-1969), diseñada con una enorme simplicidad y continuidad de los espacios, que parecen no tener principio ni fin y que deja las estructuras desnudas dotándolas de formas casi lineales en las que cifra la creación de belleza. El aspecto exterior de sus obras arquitectónicas no es un volumen geométrico nítido, sino una colección de planos independientes, horizontales y verticales, colocados al estilo neoplástico del pintor holandés Piet Mondrian. Algo similar podríamos decir de los tratados de Baltasar Gracián y de su novela alegórica El Criticón, textos donde la nominalización de adjetivos, verbos o adverbios son, frecuentemente, objetos mentales, universales que señalan abstracciones producto de la reflexión y el estudio, evadiéndose del hic et nunc, del aquí y ahora y evitando aludir a objetos sensibles que le sirvan de referencia. Estos procedimientos del jesuita generan una intensificación semántica que hacen posible que lo Menos es más, como sucede en las obras que estamos comentando del campo de la pintura y la arquitectura, adscritas al arte abstracto de principios del XX. En este sentido podemos decir que la modernidad y actualidad de Gracián es de una vigencia sorprendente. 444. `Tema´, tal vez `palabra´. 445. Un proverbio latino dice: "homo longo, raro sapiens". Se trata pues de un problema retórico y hay declaraciones que defienden la "brevitas" en la mayoria de tratadistas; pero lo que para muchos fue teoría, el jesuita lo lleva a la práctica consecuentemente. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 322 La novela graciana El Criticón es un relato genial, paradigma de la literatura europea, tal vez el discurso más difícil de la literatura española, una selva inextricable (LAPESA, Rafael). La narración alegórico reanuda y vuelve sobre todos los temas de sus tratados anteriores, su heptateuco, tantas veces citado, constituido por El Héroe (Huesca, 1637), El Político (Zaragoça, 1640), El Discreto (Huesca, 1646), Oráculo manual (1647), Agudeza y arte de ingenio (Huesca, 1648), El Comulgatorio (Zaragoça, 1655) El Criticón (Zaragoça, 1651; Huesca, 1653; Madrid, 1657), y los adapta a la estructura narratológica, de acción secundaria, pues los protagonistas frecuentemente dialogan entre sí, con predominio de la estructura dialógica sobre la narrativa y transiciones frecuentes entre un narrador omnisciente (autor-creador) que en la ficción del mundo representado es el único que tiene acceso a todos los recovecos y unos narradores en primera persona que se prestan a problematizar la realidad, a devolverle la incertidumbre con que el hombre se enfrenta a ella, humanizándola. El Criticón de Gracián presenta reiteradamente dos metáfora dominantes: La vida como peregrinación, cuyo motivo central es el viaje, y El mundo como teatro, confluyendo ambas metáforas en la imagen del laberinto del mundo y de la existencia. 9.5.2. Simplicidad sintáctica preñada de significado El lenguaje de Gracián nos sorprende porque una prosa de estructura tan sencilla resulta al mismo tiempo tan complicada (Menos es más). La semántica y la sintaxis aparecen en constante confrontación. Los sintagmas y los períodos sintácticos surgen sin trabazón sólida. Su simplicidad sintáctica está basada en elementos imprescindibles cargados de significado. Gracián parece dispuesto a asfixiar la elocuencia de los largos periodos ciceronianos del Renacimiento español. En Gracián podemos leer periodos sintagmáticos independientes (¡Virtud holgada, bondad al uso! -línea 122. Anexo II-) , yuxtapuestos (¡Vivir, vivir! -línea 122. Anexo II-; ¡No quiero montes! ¡Quita allá gigantes, leones, guarda! -línea118. Anexo II-) o coordinados (Estaba la puerta patente, y el portero muy sentado, por no cansarse de abrir. Tenía calzados unos zuecos de conchas de tortugas, desaliñadamente sucio y remendado -líneas 136-137. Anexo II-). Su economía verbal hacen que sus pocas palabras estén cargadas de connotaciones múltiples, aunque no permanentes en muchas Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 323 expresiones porque analizando e indagando llegamos a descubrir nuevos matices, a veces raros y desconcertantes, pero plenamente compatibles y no enigmáticos como se ha señalado a veces por la crítica (Esta en nada escrupulea, tiene buen estómago, con tal de que no aya nota si se sepa: todo ha de ser secreto - lineas111-112. Anexo II). Aquí nota tiene el significado de escándalo que conserva la palabra en la expresión caer en nota. Otro ejemplo podría ser (Iban ya de carrera arrancada, seguíales Critilo voceando: -¡Mira que vas engañado! -líneas 119 y 120. Anexo II), en donde la expresión carrera arrancada, es análoga a boga arrancada, con el significado de partida arrancada y violenta que se hace utilizando todos los remos al mismo tiempo con el mayor esfuerzo de los esforzados, para huir de algún riesgo o peligro, o para montar algún cabo, o para otro fin. (Dic. Auts.). Si Góngora enriquece la estructura superficial del lenguaje y sus connotaciones son siempre constantes (el "cabello" será siempre "oro"), Gracián, por el contrario, enriquece la estructura profunda, lo oculto del lenguaje donde se esconden significaciones nuevas basadas en las relaciones remotas de los objetos. En Gracián a una estructura sintáctica fraccionada y sencilla le corresponde un estructura semántica compleja y difícil. Un ejemplo significativo de lo que acabos de escribir es cuando el falso ermitaño les habla del soldado hipócrita; dice (líneas 222-239. Anexo II): —Y son los mejores —respondió el Ermitaño—: tan buenos christianos, que aun al enemigo no le quieren hacer mala cara, con que no lo querrían ver. ¿No ves aquél? Pues en dando un Santiago, se mete a peregrino. En su vida se sabe que haya hecho mal a nadie; no tengan miedo que él beba la sangre de su contrario. Aquellas plumas que tremola, yo juraría que son más de Santo Domingo de la Calzada que de Santiago. El día de la muestra es soldado, y el de la batalla, ermitaño; más hace él con un lanzón que otros con una pica; sus armas siempre fueron dobles; desde que tomó capa de valiente es un Ruy Díaz atildado. Es de tan sano corazón, que siempre le hallarán en el cuartel de la salud; no es nada vanaglorioso, y así suele decir que más quiere escudos que armas; en dando un espaldar al enemigo, acude al consejo con un peto. Y así es tenido por un buen soldado, muy aplaudido, y en competencia de dos Bernardos está consultado en un generalato, y dicen que él será el hombre y los otros se lo jugarán; que aquí más importa el parecer que el ser. Aquel otro es tenido por un pozo de sabiduría, más honda que profunda, y él dice que en eso está su gozo. Aquí más valen textos que testa. Nunca se cansa de estudiar, su mayor conceto dice ser el que dél se tiene, y aun todos los ajenos nos vende por suyos, que para eso compra los libros. De letras, menos de la mitad basta, y lo demás de fortuna, que el aplauso más ruido hace en vacío. Y al fin, más fácil es y menos cuesta el ser tenido por docto, por valiente y por bueno, que el serlo. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 324 Con la expresión dar un Santiago "es hacer acometida a los enemigo, porque los españoles invocan a Santiago en las batallas (Correas Calderón). Como grito de guerra figuraba ya en el Cantar de Mío Cid: "Los moros llaman Mafómat e los cristianos santi Yague." "¡Cierra, España!", "¡Santiago, cierra¡", eran voces de mando para el ataque, así como gritos de guerra. Cerrar vale lo mismo que atacar o embestir con denuedo. se mete a peregrino: Por ser Santiago de Compostela uno de los lugares de peregrinación más famosos de España y de Europa. Aquellas plumas que tremola, quiere decir que las plumas del soldado son plumas de gallina, o que es un cobarde. Es un hecho que en Santo Domingo de la Calzada, villa de la Rioja, se ven en la Iglesia un gallo y una gallina vivos, de la casta de aquellos que ya estando asados volvieron a vivir por milagro del Santo, se agrega que "aura visto a muchos peregrinos de los que passan por allá que trahen en sus sombreros unos bordoncillos con plumas de aquellas aues.446" Es posible también que Gracián meta en juego a Santo Domingo de la Calzada con la gallina calzada, que tiene plumas hasta los pies. El chiste puede venir de Góngora que pone en boca de un soldado fanfarrón aquello de "Io soy de Santo Domingo, / vna ciudad de Castilla, / donde, aunque es de la Calzada, / ai descalças hidalguias." 447 Con la expresión, "yo juraría que son más de Santo Domingo de la Calzada que de Santiago" significa que los peregrinos de Santiago no llevaban plumas en el sombrero, pues lo que portaban en el ala delantera, era una concha marina, tal y como aparece en la imagen de Santiago. El sentido que da el jesuita es que el soldado no era de los valientes que dan Santiagos o gritos de guerra en las batallas. "El día de la muestra es soldado": muestra con el sentido de revista o la presentación de la gente de guerra, y el de la batalla, ermitaño (cobarde). "Sus armas siempre fueron dobles", es decir, con el evidente equívoco de falaces, embusteras (soldado en tiempos de paz y ermitaño en la batalla). 446. FRANCIOSINI, Diálogos apazibles, Roma, 1638, pág. CXXA. 447. GRACIÁN, Obras Completas, I, pág. 117. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 325 "desde que tomó capa de valiente es un Ruy Díaz atildado." Bien pudo a Gracián ocurrírsele esta agudeza verbal (ruí = ruín), soldado de aspecto valiente pero que a la hora de la verdad era un Ruín Díaz, (Ruy con tilde, atildado) que se escondía a la hora de los peligros, de la batalla, que da la espalda al enemigo. "Y así es tenido por un buen soldado, muy aplaudido, y en competencia de dos Bernardos está consultado en un generalato, y dicen que él será el hombre y los otros se lo jugarán; que aquí más importa el parecer que el ser." En esta frase es evidente que se trata de dos valientes y animosos caudillos militares: uno, el legendario Bernardo del Carpio y el otro, su émulo atildado y cobarde. La comparación frecuente no era ser un Bernardo, sino un Cid, un Roldán, un Héctor, un Hércules o un Cortés, como señala Correas Calderón. Con esos ejemplos y otros muchos que podíamos añadir, queda demostrado que la estructura sintáctica del lenguaje de Gracián, de estilo sencillo y minimizado, se ocultan significados complejos, amplificados y a veces difíciles de entender. El resultado es una estructura apotegmática, sentenciosa, sin nexos aparentes, con uso frecuente del zeugma, una de las figuras de omisión, ("¡O! -dijo el Ermitaño-, son ídolos de la imaginación, [son] fantasías de la apariencia: todas están vacías, y hacemos creer que están llenas de substancia y solidez." -Líneas 241-242. Anexo II-), diálogos rápidos o significados ocultos... Todos esos recursos gracianos crean en El Criticón un clímax concentrado e intensificado que parece casi imposible mantener en una novela tan dilatada y copiosa. 9.5.3. El plano fónico-rítmico de la prosa graciana El idiolecto graciano por su concisión y por el lenguaje cifrado contribuye y de qué manera a que su ritmo sea rápido. Gracián se aleja de la lentitud de los periodos ciceronianos, de la tradición retórica española, que seguía al orador y maestro del lenguaje Marco Tulio Cicerón (106 a. C.). La prosa rítmica ciceroniana está al servicio de evidenciar, "poner ante los ojos", el contenido del discurso por medio de la amplificación sintáctica ordenada. En el estilo ciceroniano se da la preferencia por los largos párrafos plagados de construcciones hipotácticas, que según qué movimientos literarios eran considerados hinchados y desmesuradamente retóricos. Todo en Cicerón Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 326 está al servicio de la claridad, que es una virtud más lógica que retórica y exige la transparencia del lenguaje. Si Cicerón es fácil de entender, incluso cuando es más elevado, es porque sabe en qué lugar hay que poner cada palabra. A cada una le sigue un orden. En cambio, si no se entienden muchas frases de los conceptistas y culteranos del Barroco es porque su expresión es retorcida. En definitiva, si en el periodo ciceroniano el discurso está al servicio de la evidencia, que es una intensificación de la claridad, la prosa rítmica ciceroniana es el mejor modo de alcanzar esta intensidad. Así se establece un puente que intenta relacionar la lógica autonómica de los contenidos discursivos (res) con la riqueza formal propia de la prosa ciceroniana (verba), lo que es indicio a su vez de la conciencia que se tenía de la separación producida entre ambas. La prosa ciceroniana, en el siglo XVI, era la mejor no porque fuera la más rica estilísticamente, sino porque era la más racional. Gracián, alejado de la lentitud de los periodos ciceronianos, hace que su prosa adopte el ritmo 2/4 musical, ritmo binario que tanto en música como en literatura nos ofrece una acústica de una rapidez inusitada, según señala Santos Alonso (ibídem, pág. 20). Ese compás le otorga la machaconería de las marchas militares que emplean ese ritmo binario del 2/4, reiteración machacona antinatural que en nada contradice a los recursos del lenguaje literario, tan artificiosos, extravagantes y alejados del lenguaje natural como puedan ser rimas, isometrías, estrofas, la polisíndeton o la elipsis. Veamos varios ejemplos a este respecto; el primero corresponde a las líneas 3-5 ( Anexo II), cuando las criaturas atribuyen al hombre sus perfecciones; en el leemos una acumulación de catorce construcciones sintácticas coordinadas copulativas en la que la última se une a la antepenúltima por medio de la conjunción copulativa y, debido a la cual se expresa una fuerte acumulación de significados. Las proposiciones que se van sucediendo en la oración sin conjunción expresa (elipsis) que las relacione; la establece mentalmente el lector; de ahí que podamos hablar de periodos yuxtapuestos, lo que equivale en realidad al empleo del asíndeton, es decir, a la unión de proposiciones (coordinadas o subordinadas) sin nexo conjuntivo, con lo que Gracián logra un párrafo de ritmo rápido, de urgencia, de marcha militar: [...] el cielo le dio la alma, la tierra el cuerpo, el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las estrellas ojos, el sol cara, la fortuna haberes, la fama Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 327 honores, el tiempo edades, el mundo casa, los amigos compañía, los padres naturaleza y los maestros la sabiduría. [...]448 El empleo del asíndeton o del polisíndeton no está regulado gramaticalmente y obedece a intenciones estilísticas del autor, difíciles de explicitar. Cuando Gracián habla de la excelencia de la virtud, en la misma crisi El hiermo de Hipocrinda, escribe (líneas 11-15. Anexo IV): "[...]Es alma de la alma, vida de la vida, realce de todas las prendas, corona de las perfecciones y perfección de todo el ser; centro es de la felicidad, trono de la honra, gozo de la vida, satisfación de la conciencia, respiración del alma, banquete de las potencias, fuente del contento, manantial de la alegría.[...]449. Y por último, detengamos en las líneas 152-157, del Anexo IV, cuando Gracián comenta que con capa de santidad, hasta los mismos vicios pasan por virtudes: —Yo lo creo —dixo Critilo—, y aun con capa de lastimarse está aquél murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro, con capa de dissimular permite éste que todo se relaje, con capa de necesidad hay quien se regala y está bien gordo, con capa de justicia es el juez un sanguinario, con capa de celo todo lo malea el envidioso, con capa de galantería anda la otra libertada450. En el texto anterior se produce una yuxtaposición de oraciones coordinadas copulativa con la elipsis de la locución copulativa y, que a su vez son proposiciones unidas por relación subordinante. Si a todo esto le unimos la repetición de varias palabras al comienzo de cada frase (anáfora): con capa de... , con capa de..., con capa de..., el ritmo de la prosa se acelera por esa repetición de voces que además de darse en el fragmento anterior, se sigue repitiendo machaconamente a lo largo del párrafo que le sigue, como si fueran golpes de tambor: "[...] con capa de agradecimiento?", "[... ] con capa de servir a la república", "- Con capa de ayuno ahorra la avaricia, con capa de gravedad nos quiere desmentir la grosería." 448. C, II, c. 7, pág. 418. 449. C, II, c. 7, pág. 418-419. 450. C, II, c. 7, pág. 424. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 328 A todo esto le podemos unir el uso de paremias, refranes, proverbios, adagios o sentencias, a menudo sin concluir, como encontramos en la línea 145, Anexo II, donde leemos: "[...] Aquí callar, y callemos" que forma parte del refrán cállate y callemos, que sendas nos tenemos, que ya aparece en el primer refranero castellano impreso, el del Marqués de Santillana, o por el otro más común de nuestra actualidad de callar y callemos, que todos por qué callar tenemos. Es evidente que con estas suspensiones el ritmo de la prosa graciana se acelera. A todo ello hay que unir el uso frecuente que hace Gracián del calambur, las dilogías o equívocos, sinónimos para insistir en una idea...: -Esso creré yo, que a nadie convida, con ninguno parte; todo es predicar ayuno, y no miente, que en habiéndose comido un capón, con verdad dize: "Ay uno". —Yo juraré por él que en muchos años no se ha visto un pecho de perdiz en la boca. —¡Y yo también! —Y tras toda esta austeridad que usa consigo, es muy suave. —Así lo entiendo, suave de día y suave de noche; mas ¿cómo está tan lucido? —Ahí verás la buena conciencia, tiene buen buche, no se ahoga con poco ni se ahita con cosillas; engorda con la merced de Dios, y así todos le echan mil bendiciones. Pero entremos en su celda, que es muy devota. Recibiólos con mucha caridad y franqueóles una alacena, no tan a secas, que no fuese de regadío, dando fruto de dulces, perniles y otros regalos. —¿Así se ayuna? —dijo Critilo. —Y assí hay una gentil bota —respondió el Ermitaño—. Éstos son los milagros desta casa: que siendo éste antes tenido por un Epicuro, en tomando tan buena capa se ha trocado de modo que compite con un Macario. Y es tanta verdad ésta, que antes de mucho le veréis con una dignidad.451 Que a nadie convida, con ninguno parte: esas dos expresiones son sinónimas e insisten en una misma idea. La sinonimia, pues, es un recurso que coadyuva a facilitar el ritmo ligero de la prosa o el verso. Después de predicar "ayuno", harto ya tras comerse el capón, dirá "Ay uno", donde agrupa, de manera distinta, las sílabas de dos palabras (ayuno y Ay uno) con lo que altera totalmente el sentido de estas (calambur). A la inversa que ay uno (ayuno), emplea aquí suave (su ave). Con la expresión "[...] engorda con la merced de Dios, y así todos le echan mil bendiciones", presenta un doble sentido, porque al ver a una persona muy sana y lucida 451. C, II, c. 7, pág. 426-427. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 329 suele decirse: ¡Dios le bendiga!, y porque echar la bendición significa dejar a una persona o casa para no volverla a ver. Devota es palabra equívoca en este contexto; se trata de una dilogía, pues utiliza el equívoco de bota (vinosa) por devota (una celda muy), el que se dedica con fervor a obras de piedad y religión. Regadío (que no fuese de ...), entendido por los riegos que el cofrade se permitía, no de agua, sino de vino. Todos estos recursos que acabamos de analizar y otros muchos más que aparecen en la crisi séptima de la II parte de El Criticón pertenecen a las figuras de dicción del lenguaje literario y que pertenecen al plano fónico-rítmico. Son estos recursos los que muy especialmente contribuyen a la creación del ritmo rápido de la prosa de Baltasar Gracián. 9.5.4. El plano léxico: Las partes mayores de la oración en la prosa y el estilo graciano De forma general, podemos decir que en la estructura sintáctica de la obra de Gracián funcionan, como elementos claves, nombres, verbos, adjetivos y adverbios452, esto es, las partes mayores de la oración, y su importancia está en función del orden o colocación de los mismos, generando una intensificación semántica en mayor o menor medida. Gracián, al hablar de la palabra, escribe: Mas el nervio del Estilo consiste en la intensa profundidad del Verbo. Haylos significativos, llenos de alma, que exprimen con doblada énfasis, y la sazonada elección de ellos hace perfecto el decir [...]. Preñado ha de ser el Verbo, no hinchado; que signifique, no que resuene; verbos con fondo, donde se engolfe la atención, donde tenga en qué cebarse la comprensión.453 452 . Santos Alonso, ibídem, pág. 27. 453. GRACIÁN, Baltasar (2011), en Agudeza y Arte de Ingenio, Discurso LX, Madrid, Cátedra, pág. 793. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 330 El motivo es que los conceptos encuentran su máximo apoyo en la parte de la oración que soporta sobre sí la esencia y la sustancia: el nombre, parte de la oración de rango primario porque de ella, en definitiva, dicen algo las demás. Por otro lado, el verbo, parte de la oración de categoría secundaria, sintácticamente hablando, funciona diciendo algo del nombre; semánticamente es uno de los pilares del Estilo de Gracián. Los adjetivos tienen casi tanta importancia como el verbo; son parte de la oración de rango secundario, porque también dicen algo del nombre. En cuanto al adverbio, es de rango terciario, pues dice algo del verbo y del adjetivo. De ahí que tenga menor importancia que las otras partes mayores. Los adjuntos y epítetos son gran parte del aliño del Estilo, circunstancias de agudeza, y aun cifras; sola la eminencia en esta parte pudo dar crédito de ingeniosa elocuencia.454 Gracián, siempre pendiente de una intensificación del significado, fundamenta su lenguaje en el uso de estas clases de palabras, palabras con significado pleno, propio, palabras lexemáticas para expresar esencias o sustancias, acciones o cualidades. Gracián, a mundo, se olvida de las palabras morfemáticas, dado que estas carecen de significado semántico pleno y su uso dificultaría la claridad y la riqueza semántica. Esta es otra de las claves del estilo Graciano: el nombre y sus acumulaciones. 9.5.4.1. El nombre y sus acumulaciones Para obtener la intensificación semántica, Gracián se vale, entre otros recursos, esencialmente del nombre por medio de su acumulación en la frase y en el abuso de las nominalizaciones ya sea de adjetivos, de verbos o de adverbios, que más adelante veremos. Antes de proseguir con las acumulaciones de nombres, hemos de decir que es propio del Barroco, especialmente del conceptismo, la búsqueda de palabras raras con el fin de conseguir una expresión extrañadora, antinatural, que produzca en el lector mayor riqueza semántica. Uno de los instrumentos usados es el empleo de palabras motivadas por medio del empleo de monemas extrañadores con este procedimiento: o se busca la 454. GRACIÁN, B., ibídem, pág. 792. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 331 ironía y el sarcasmo ("archipobre"), o se emplea una palabra motivada al no encontrar la justa o apropiada o se intenta ampliar el significado y el concepto por medio del taxema de intensidad aplicado a los adjetivos ("archipobre"), a los verbos y a los sustantivos ("conreyes"), según la terminología de Pottier455 por medio de prefijos como re-, hiper-, con- o sufijos que aportan al lexema un querer llegar "a más", "más lejos", "más allá" en las pretensiones de intensificación semántica o intensificación de cuantificación del autor:"...viejos, si no en la madurez, en la caduquez" (C,III, c. 2, pág. 55); " ... coronávase de plumas, avechucho de la vizarría, que no del valor" (C, I, c. 6, pág. 287), para definir a un apostador fanfarrón; "...aquel vulgacho" (C, I, c. 9, pág. 287), "Aquel otro es del prudentazo rey de las Españas Felipe el Segundo" (C, III, c. 6, pág. 194); "Nonadillas, que aun de la nada no se hartan, y assí les laman cosillas y figurillas, y ruincillos y nonadillas" (C, III, c. 9, pág. 276), y etc. La intensificación cuantificadora tampoco está ausente de la obra de Gracián. Veamos dos de los casos sorprendentes: "Topó unas grandes hojazas, mui estendidas, no de mucha eficacia..." (C, II, c. 4, pág. 158), y "Yo soy, como veréis, un hartazgo...", nombre de acción y efecto derivado de hartar, pero personificado (C, III, c. II, pág. 347). 9.5.4.2. Reiteración de las nominalizaciones: adjetivos, verbos y adverbios La nominalización de los adjetivos, verbos o adverbios es la prueba palpable de la relevancia que tiene el nombre en la prosa graciana, así como la intensificación semántica nominal, señala Santos Alonso456. Gracián se mueve, pues, dentro del campo de las palabras lexemáticas o de significado semántico pleno: nombre, verbo, adjetivo y adverbio. Arrastra a la función sintáctica del nombre a todas las demás. La nominalización de adjetivos y verbos, con predominio de los abstractos, hace pensar a Sobejano457 en un "estilo nominal" en Gracián, con lo que el significado se hace más 455 . POTTIER, Bernard (1971), Gramática del español, Ediciones Alcalá, Madrid, 2ª ed., pág. 113. 456 . Ibídem, págs. 31 y ss. 457. SOBEJANO, Gonzalo (1954), Nuevos estudios en torno a Gracián, Clavileño, V, núm. 26, pág. 24. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 332 intenso produciendo una ampliación de significado con nuevas posibilidades para el lector y esto se debe a que la nominalización produce conceptos abstractos: las cualidades, las acciones o los aspectos deícticos concretos pierden los rasgos concretos y de singularidad y se hacen polisémicos adquiriendo una mayor riqueza semántica. Son los morfemas lo y el los que generan, con mayor frecuencia, esa nominalización y dan al adjetivo un valor abstracto, pero mientras lo nominaliza una cualidad moral o intelectual, el morfema el actualiza al verbo y lo generaliza, lo mismo que al adverbio. Lo, cuando va precedido de la preposición a, da al adjetivo nominalizado un valor adverbial-moral del tipo: a lo cortes, a lo valiente, etc. Veamos algunos ejemplos entresacados de El Criticón: * Lo + adjetivo con valor neutro-abstracto "... si no desmintieran la sospecha lo inhabitado de la isla, lo rubio y tendido de su cabello, lo perfilado de su rostro " (C, I, c. 1, pág. 108). "Participa el hablar de lo necesario y de lo gustoso" (C, I, c. 1, pág.109) " Haz el argumento de lo muerto a lo vivo, y de lo pintado a lo verdadero (C., I, c. 3, pág. 132). "... aquel desabrimiento de la ignorancia, lo insulso de su conversación, lo crudo de su mal gusto" (C, II, c. 1, pág. 28). "[...] y él obra todo lo contrario." (C, II, c. 7, línea 20. Anexo IV) "Seguid ese camino sin torcer a un lado ni a otro, aunque un ángel os dijese lo contrario [...]" (C, II, c. 7, líneas 31-32. Anexo IV) "[...] su vertido, por lo pío, remendado, colgando de la cinta unas disciplinas [...]" (C, II, c. 7; línea 71. Anexo IV) "Saludóles muy a lo del cielo, para ganar, más tierra, [...]" ( C, II, c. 7; línea 74. Anexo IV) "Bien pocos son y bien raros los que llegan a lo alto." (C, II, c. 7; línea 86. Anexo IV) "Y cuando toda esa montaña de rigores hayáis sobrepujado, queda lo más dificultoso, [...]" ( C, II, c. 7; línea 87. Anexo IV) "Porque habéis de saber que aquí más cerca, en lo fácil, en lo llano, mora otra gran reina muy parecida en todo a Virtelia [...] ( C, II, c. 7; líneas 93-94. Anexo IV) Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 333 * Una variante de Lo + adjetivo es Un + adjetivo con valor generalizador que personifica la cualidad: "De suerte que un bueno, un justo, un virtuoso florece como la fénix, que por único se lleva la palma." (C, II. c. 7; líneas 23-24. Anexo IV) También el morfema EL, como ya hemos señalado, nominaliza el adjetivo y el verbo. Desde el punto de vista semántico, la nominalización con El ya no referencia algo abstracto o cualidad moral, si no que personifica esas cualidades en el hombre, aunque generalizándolo. Pero en Gracián las nominalizaciones no acaban con los adjetivos. Hay una tendencia en el jesuita de utilizar formas no personales del verbo y nominalizar los infinitivos con morfema actualizador o sin él a lo largo de su obra. "... aquellos dos criados del alma, el uno de traer, y el otro de llevar los recados, el oyr y el hablar" (C, I, c. 1, pág. 108) "Después del ver, del oyr y del oler, dicho se estava [...] que no avía de seguir el hablar poco" ( C, I, c. 9, pag. 278) "[...] y son tan espantosos, que sólo el imaginarlos arredra." ( C, II, c. 7; línea 105. Anexo IV) "Lo que es el parecer, tan bueno le tiene y aun mejor, y se precia dello y procura mostrarlo." (C, II, c. 7; línea 105. Anexo IV). "-Seguidme, seguidme -repetía el falso ermitaño-, que éste es el atajo del vivir, que lo demás es un morir continuado." (C, II, c. 7; líneas 122-124. Anexo IV) "Todo era callar y obrar, hacer y no decir, que aun campana no se tañía por no hacer ruido: no se dé campanada." (C, II, c. 7; líneas 128-129. Anexo IV) "Yo lo creo -dijo Critilo-, y aun con capa de lastimarse está aquél murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro, con capa de disimular permite éste que todo se relaje, [...]" ( C, II, c. 7; líneas 153-154. Anexo IV) " [...] que aquí más importa el parecer que el ser." (C, II, c. 7; línea 234. Anexo IV) "Y al fin, más fácil es y menos cuesta el ser tenido por docto, por valiente y por bueno, que el serlo." ( C, II, c. 7; línea 239. Anexo IV) Y aquí cerramos el apartado de las nominalizaciones: el nombre como elemento esencial y más importante en la sintaxis de Gracián con el fin de conseguir una intensificación semántica, porque el nombre, junto al verbo, adjetivo y adverbio, soporta Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 334 el peso semántico y sintáctico de la frase, al tiempo que arrastra a su función a las otras partes mayores de la oración. Francisco Ynduráin458 dirá que Gracián "tiene una armazón activa de unidades plenas de sentido, mientras que las palabras de sentido vacío -tales como nexos, determinantes, etc.- quedan en la penumbra." Gracián tiende a eliminar los vocablos vacíos de significado semántico, esto es, los de significado gramatical como preposiciones, conjunciones, locuciones conjuntivas..., mientras que predominan las palabras de significado pleno al buscar siempre la economía del estilo. 9.5.4.3. La preeminencia del verbo en Gracián Los verbos, en Gracián, son la segunda clase de palabras en importancia después del sustantivo. Su intensa profundidad, su plenitud semántica, será una de las preocupaciones del lenguaje de nuestro autor. Gracián se da cuenta de que el verbo es el que dice realmente algo del nombre; por eso su semántica es profunda: el verbo ha de decir lo máximo dentro de las posibilidades. El escritor no debe contentarse con que el verbo suene, sea elegante o ampuloso, porque le llevaría a las tentaciones culteranas de Góngora. Gracián comienza, a menudo, sus frases con verbos contundentes, más que afirmativos. Y cuando se elide, su presencia es constante en la estructura profunda de la frase, siguiendo la terminología chomskyana. El tipo de elipsis verbal más frecuente es el zeugma. Así en el Oráculo Manual escribe: "Todo está ya en su punto, y el ser persona (está) en el mayor" (Orác., 1, 12), donde la forma está no aparece en la estructura superficial de la segunda parte de la bimembración, pero si está supuesta, sobreentendida en la estructura profunda. La elipsis superficial del verbo no eliminan su importancia, porque su contenido semántico sigue dominando la frase. Las elipsis en Gracián son ricas y abundantes y con este procedimiento retórico consigue mayor énfasis. En El Criticón también vemos que el verbo ocupa el primer lugar en la frase, cuando en castellano lo normal es que ese primer lugar lo ocupen conjunciones o determinantes. Así empieza El hiermo de Hipocrinda: 458. YNDURÁIN, Francisco (1958), Gracián, un estilo. Homenaje a Baltasar Gracián, Zaragoza, pág. 169, citado por ALONSO, Santos, ibídem, pág. 36, n. 14. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 335 "Componían al hombre todas las demás criaturas459 tributándole perfecciones, pero de prestado; iban a porfía amontonando bienes sobre él, más todos al quitar" (C, II, c. 7; líneas 1 y 2. Anexo IV) "Respondiéronle que la virtud." ( C, II, c. 7; línea 9. Anexo IV) "Despidióse con mucho agrado, [...]" ( C, II, c. 7; línea 37. Anexo IV) "- Perdona, señora -dijo Critilo-, [...] ( C, II, c. 7; línea 45. Anexo IV) También vemos con sorpresa que a menudo ocupa el primer lugar de la frase los subjuntivos, imperativos e infinitivos: "- Juráralo yo -dijo suspirando Critilo- que, en conociéndote habías de desaparecer." ( C, II, c. 7, línea 53. Anexo IV) " - "Aguarda -decía Critilo-, que te vas a perder!" ( C, II, c. 7; línea 116. Anexo IV) " Mira que vas engañado" ( C, II, c. 7; línea 120. Anexo IV) "- Seguidme, seguidme -repetía el falso ermitaño-, [...]" ( C, II, c. 7; 123-124. Anexo IV) " ¡Vivir, vivir! ¡Virtud holgada, bondad al uso! ( C, II, c. 7; líneas 122. Anexo IV) En El Discreto o en los aforismos del Oráculo Manual, los casos en infinitivo se repiten sin cesar: "Llevar sus cosas con suspensión"; "Hazer depender"; "Escuchar vitorias del patrón", "Desmentir los achaques de su nación"; "Tratar con quien se pueda aprender"; "Obrar con intención"... Indicativo y Subjuntivo (presentes), Imperativo e Infinitivo, Indefinido e Imperfecto, aparecen frecuentemente al principio de la frase. Acaso este rasgo de estilo lo pueda explicar el carácter didáctico de las obras de Gracián: las oraciones, cuando no son narrativas, incluso las que aparecen en El Criticón, que son abundantes, adquieren un sentido de norma o consejo para el bien obrar, el bien entender, etc., y en algunos casos un carácter imperativo con el verbo en primer lugar. Con los verbos, como con los nombres, Gracián hace verdaderas enumeraciones al acumularlos en la frase. Con ello busca Gracián la intensificación semántica al querer 459. Gracián entiende por criatura: "Todo lo que tiene ser, y no es Dios." Dicc. Auts. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 336 abarcar toda una variada realidad de acciones y esencias. No son verbos hinchados ni elegantes, sino verbos con toda su carga significativa e imprescindibles para lograr la totalidad de la frase. Este estilo graciano es la base de las yuxtaposiciones de las que ya hemos adelantado algo. El Criticón no abandona este estilo de los tratados; por ejemplo: " Todo lo baña, alegra, ilustra, fecunda y influye" ( C, I, c. 2, pág.122) "... Todos murmuraban, fingían, malsinavan, mentían, engañavan, chismeavan, injuriavan, blasfemavan y ofendían ( C, I, c.7, pág. 226) "Mira que os digo que si sabéis vivir, os sabréis acomodar; y sin trabajo alguno, sin que os cueste cosa, sin sudar ni reventar, os he de sacar personas: por lo menos, que lo parezcáis [...] ( C, II, c. 7. Anexo IV) Toda esta carga semántica de los verbos parece, pero solo lo parece, venirse abajo ante el uso abusivo que hace Gracián del verbo ser en los tratados político- morales y también es verdad que el verbo ser es el que más elide Gracián. La explicación de ese uso y abuso de ser nos la ofrece Santos Alonso Fernández460 cuando nos dice que el copulativo ser funciona en Gracián como relacionante y en este caso es un simple morfema con significación gramatical simplemente. Pero a continuación nos cita a Emilio Alarcos Llorach461 y nos da los ejemplos que aquel pone del tipo El gato era molesto = El gato molestaba, donde el valor semántico se sitúa en el lexema molesto ( o molestaba); en cambio, el núcleo verbal era tiene un lexema de valor tan amplio que puede considerarse vacío y ser sólo portador de significado gramatical (núm., persona, modo, tiempo, voz, aspecto...). Para Alarcos, pues, el verbo ser es el núcleo morfológico del predicado nominal y el atributo es el centro lexical y semántico. En Gracián, el verbo ser alude directamente a la esencia de las cosas, funciona como indicador de la esencia hasta el punto que aparece en el lugar preferente de la frase: 460. Ibídem, págs. 40 y ss. 461. ALARCOS LLORACH, Emilio (1972), Estudios de gramática funcional del español, Madrid, Gredo. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 337 " Es el recato silencio sagrado de la cordura" (Orác., 3, 17), "- Es Instituto -dijo el ermitaño-. No se puede deponer jamás, ni hacer cosa que no sea con capa de santidad." (C, II, c. 7; línea 151. Anexo IV), "Es Instituto", (es decir, regla, orden, norma establecida). La forma es del verbo ser, en la estructura profunda afirma la realidad, la esencia de "aquella gran casa" a que el ermitaño condujo a los peregrinos; en cambio, en la estructura superficial "es" constituye el núcleo morfológico del predicado generando una oración atributiva con el sujeto elidido o sobreentendido (el convento), siendo el atributo "Instituto". De modo que desde la estructura profunda, el verbo ser, tiene plenitud semántica, como buscaba Gracián, y esto nos lleva de nuevo a afirmar que tras una sintaxis oracional simple y sencilla, se oculta una semántica polisémica y compleja. Otros ejemplos similares son: "Es alma de la alma, vida de la vida, realce de todas las prendas, corona de las perfecciones y perfección de todo el ser" (C, II, c. 7; líneas 11-12. Anexo II). En esta frase, el sujeto elido es "Virtud", que forma una auténtica alegoría compuesta de una sucesión de imágenes metafóricas: alma, vida, realce, corona, perfección que representan un pensamiento complejo por medio de un razonamiento por analogía. La forma es también se sobreentiende en todas las oraciones sucesivas, a excepción de la primera que viene explícita: Es alma de la alma, lo que da pie a la configuración retórica de un zeugma simple. Además, también en este ejemplo de Gracián, el verbo SER alude directamente a la esencia de las cosas, en este caso la virtud; está funcionando, pues, como indicador de la esencia, con tal entidad y fuerza que aparece en el lugar preferente de la frase. Otro ejemplo similar pero esta vez en forma interrogativa dice: " ¿Es profeso? ", ( C, II, c. 7; línea 186. Anexo IV), pregunta Andrenio ante la presencia, en aquella gran casa que parecía convento, de "un arrapa-altares", "un ladrón centimano" al que Gracián, por boca del ermitaño, llama con gran ironía "aquel bendito" que solo piensa en las cosas ajenas. Andrenio, tras los datos de conducta de aquel sujeto, terminará diciendo que aquel sujeto más le huele a ladrón que a monge. Aquí de nuevo, el verbo SER tiene plenitud semántica bastante compleja y susceptible de interpretación. Una de ellas es la que tanto molestó a los jesuitas de Valencia, aunque bien podía Gracián aludir a algún Solitario de Port-Royal. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 338 9.5.4.4. Estilística de los modos y tiempos verbales Según señala Santos Alonso Fernández462, otro fenómeno lingüístico de Gracián es el abuso del Presente de Indicativo, que no es deíctico o referencial, sino que expresa una generalización. El Presente no se identifica con el aquí y ahora ni señala objetos sensibles que le sirven de referencia (solo raras veces). En Gracián, esos nombres son objetos mentales, universales que expresan abstracciones resultado de la reflexión y el estudio. Ni siquiera su obra narrativa El Criticón es una excepción, porque Gracián sintetiza en ella su forma de hacer literatura. En El Criticón, el tiempo también está suspendido en la intemporalidad, al igual que en sus tratados. Todo esto también es válido para los tiempos reales (pasados, presentes y futuros) y como muestra de un hipotético tiempo presente. Tanto es así que las rotundas aseveraciones de los tratados, en tiempo presente intemporal y en forma de juicios, aparecen constantemente en El Criticón. El Pretérito Indefinido o el Pretérito Imperfecto, tiempos que alternan con el Presente, no tienen la relevancia de este último, al funcionar sólo de apoyo a la estructura narrativa de la acción, la cual, tal vez, es el aspecto menos importante de su novela filosófica o alegórica o simbólica; no debemos olvidar que Gracián no atribuyó a la novela nombre de género y algunos tratadistas, en relación su género, hablan de artificio narrativo ("alegoría", "alegoría prolongada", "peregrinación alegórica"). Gracián al expresar su pensamiento, sus tesis, su crítica, o su sátira, utiliza siempre el Presente de Indicativo. Veamos algunos ejemplos que hemos entresacado de El hiermo de Hipocrinda: "[...] si todo (los bienes) es de prestado, ¿qué me quedará? ( C, II, c. 7; línea 8. Anexo IV) "[...] Ésa (la Virtud) es bien propio del hombre, nadie se la puede repetir (reclamar). Todo es nada sin ella, y ella lo es todo; los demás bienes son de burlas, ella sola es de verás." ( C, II, c. 7; líneas 9-11. Anexo IV) 462 . ALONSO FERNÁNDEZ, Santos, ibídem, pág. 43 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 339 "- Ya estáis en salvo -les dijo-, dicha de pocos lograda, pues vistes (visteis) caer mil a vuestro lado y diez mil a vuestra diestra." (C, II, c. 7; líneas 30-31. Anexo IV). En este ejemplo la forma estáis del Presente de Indicativo viene reforzada su intemporalidad con el Pretérito Indefinido, vistes, que no es más que una traducción de la cita de los Salmos, XC, 7: "cadent a latere tuo mille, et decem millia a dextris tuis", frase proverbial de la Biblia. "- ¡Oh cómo vais engañados -les dijo-, y que lástima que os tengo!" (C, II, c. 7; líneas 81-82. Anexo IV) "- Ya os digo que obra prodigios." ( C, II, c. 7; línea 108) " - Quiere decir que de aquí adentro, no se dice lo que se siente, nadie habla claro, todos se entienden por señas: aquí callar, y callemos." (C, II, c. 7; líneas 144-145) Con esta frase, Gracián lanza su sátira punzante a los que viven la regla establecida por Instituto, lo que implicaría una grave alusión a la Compañía de Jesús. Y de nuevo la intemporalidad del Presente se subraya con la paremia Aquí callar, y callemos, donde adapta el refrán "Cállate y callemos, que sendas nos tenemos", lo que viene a interpretarse como si alguien dice a uno una impertinencia ofensiva y este le paga con otra de igual calado, ninguno dos tiene que ir ante la justicia pues ambos están pagados y liberados de la ofensa. Y por últimos citaremos este otro ejemplo: " - Yo lo creo -dijo Critilo-, y aun con capa de lastimarse está aquél murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro, con capa de disimular permite éste que todo se relaje, con capa de necesidad hay quien se regala y está bien gordo, con capa de justicia es el juez un sanguinario, con capa de celo todo lo malea el envidioso, con capa de galantería anda la otra libertada." (C, II, c. 7; líneas 153-157. Anexo IV). En este fragmento, Gracián a través del Presente intemporal lanza una dura crítica, por boca de Critilo, a los que portan capa de Virtud en aquel Instituto que no se puede dejar jamás (los jesuitas una vez hechas las probaciones, ya no podía abandonar la Orden), ni hacer nada que no sea con capa de santidad, pero que en realidad la capa Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 340 encubre importantes vicios y defectos de quienes la visten, como cuando dice: con capa de galantería anda la otra libertada. Con la expresión la otra alude a la otra galantería, la de los enamorados, distinguiéndola de la galantería generosa y clemente que Gracián desarrolló en la supuesta obra perdida El Galante, según afirma Arturo del Hoyo 463, quien conjetura que, en El Discreto, Gracián escribe que la Galantería es una de las prendas o realces de la Discreción: bizarría de las almas o gallardía del espíritu, una belleza interior que implica magnanimidad, generosidad de ánimo y clemencia., pues la galantería se aleja tanto de la venganza como se inclina a la clemencia, atributo político de primer orden. De modo que con esa frase podía aludir a la falta de clemencia y deseos de venganza de algunos padres de la Orden, amén de los otros defectos anteriormente reseñados pero no comentados. 9.5.4.5. El sobrio estilo adjetival en la obra graciana Gracián, a menudo, hace que los adjetivos desempeñen la función del nombre con lo que adquieren una dimensión semántica intensificadora: "... yo la pretendida de todos, yo la buscada, la deseada, la requerida: yo soy la Ventura." (C, II, c. 7; líneas 50- 51. Anexo IV). En este texto aparecen participios pasivos que son formas que adopta el verbo para funcionar como adjetivos y que también expresan cualidades del nombre, aunque sustantivados con el morfema "la". Acaso por eso Gracián hace un uso de los adjetivos más restringido. El estilo de Gracián no es precisamente "adjetival" mostrándose más sobrio y menos ornamental que, por ejemplo, Góngora. A veces Gracián emplea las acumulaciones de adjetivos a pesar del estilo sobrio adjetival y con él no nos ofrece precisamente una visión optimista de la vida. Tal vez por esa escasa variedad de adjetivos que emplea y porque nos pretende describir "La hermosa naturaleza", expresión con la que intitula la crisi 3 de la Primera Parte de El Criticón y en la que desarrolla la admiración de Andrenio cuando la descubre al salir de 463. GRASCIÁN (1967), Obras Completas, Estudio preliminar, edición, bibliografía y notas e índices de Arturo del Hoyo, Madrid, Aguilar, págs. CXCII y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 341 la cueva tras el terremoto, sean los artificios creativos de Gracián para manifestarnos su pesimismo sobre la vida y el mundo. Los adjetivos que usa a lo largo de sus obras son repetitivos y siempre llevan dos direcciones en su intencionalidad: a) o elogian a un determinado personaje con lo que resalta más el nombre de la persona a la que se dirigen, como se produce en las siguientes frases "El Benjamín oy de la felicidad, es con evidencia de su esplendor, el heroico, invicto y serenísimo señor cardenal Infante de España Don Fernando" (Hér., X, 25), "La Casa de los Reyes de Aragón, fue de Príncipes eminentes en el gouierno. Todos a una mano selectos, políticos, sagazes, belicosos y prudentes" (Pol., 24). Cuando Gracián utiliza esta clase de adjetivos especificativos no busca su valor estético ni ornamental, según aduce Santos Alonso Fernández464, sino lograr una utilidad práctica: la adulación, el elogio, la lisonja. Su escasa variedad y la mínima cualidad ponderativa que repite nos hace pensar en que Gracián utiliza determinados clichés para circunstancias de determinado compromiso social. b) o para especificar unas cualidades, unos vicios o una clase de personas. Es estos supuestos, las acumulaciones adjetivos tienen un carácter analítico, o bien de una entidad abstracta, como cuando en El Héroe escribe: "La fortuna [...]. Esta es aquella Reyna tan soberana, inescrutable, inexorable, risueña con unos, esquiva con otros..." (Hér., X, 24), o bien de cualidades o vicios humanos: "Conoce en cada reyno y prouincia los varones eminentes, por sabios, valerosos, prudentes, galantes, entendidos y sobre todo sanctos..." (Dis., V, 61). Aquí los adjetivos funcionan como complementos predicativos que inciden en el verbo y en el objeto directo; "No dar en monstruos de la necedad. Sonlo todos los desvanecidos, presuntuosos, porfiados, caprichosos, persuadidos, extravagantes, figureros, graciosos, novelescos, paradoxos, sectarios, y todo género de hombres destemplados" (Orác., 168, 332-333); 464. Ibídem, pág. 47 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 342 "Ir siempre prevenidos: contra los descorteses, porfiados, presumidos, y todo género de necios" (Orác., 256, 494). El Criticón nos ofrece nos ofrece muchos más casos de estas acumulaciones: "Ayudávanme a gastar el dinero y la conciencia malos y falsos amigos, lisongeros, valientes, terceros y entremetidos, viles savandijas de las haziendas, polillas de la honra y la conciencia" (C, I, c. 4, pág. 156); "... y así, se creía vicioso, vengativo, colérico, glotón, terco, mentiroso, desembuelto, llorón, lleno de amor propio y de ignorancia" ( C, I, c. 5, pág. 173); Y a continuación pasamos a analizar algunos ejemplos que aparecen en El hiermo de Hipocrinda: "[La Virtud]... Es rara porque dificultosa, y donde quiera que se halle es hermosa, y por eso tan estimada". ( c, II, c. 7; líneas 14-15. Anexo II). Las adjetivos, aquí, forman parte del Pred.Nom. y desempeñan la función de atributo. No se trata, pues, de una simple enumeración en donde la acumulación se da por yuxtaposición, sino que se van insertando en una estructura sintáctica más compleja. "Con ser tan hermosa, noble y apacible, todo el mundo se ha mancomunado contra ella; [...] (C, II, c. 7; línea 20-21). Los tres adjetivos funcionan como atributos de un sujeto elidido (la Virtud) y su cuantificación se hace con una gran economía de recursos al utilizar únicamente el adverbio TAN que incide en la serie de los tres adjetivos, yuxtapuestos, y al final coordinados por nexo copulativo Y. "Assí se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un hombre venerable por su aspecto, muy autorizado de barba, el rostro ya pasado y todas sus facciones desterradas, hundidos los ojos, la color robada, chupadas las mejillas, la boca despoblada, ahiladas la narices, la alegría entredicha, el cuello de azucena lánguido, la frente encapotada; su vestido, por lo pío, remendado [...] (C, II, c. 7; líneas 67-71. Anexo IV). Todos son adjetivos especificativos, sin valor universal, como los que hemos visto en los tratados; sin embargo, estos adjetivos, muchos de ellos participios pasados (autorizado, pasado, desterradas, hundidos, robada, chupadas, despoblada, entredicha, encapotada, remendado), son empleados con significados polivalentes (facciones desterradas; la frente encapotada...), con sentidos ocultos (la alegría entredicha; su Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 343 vestido, por lo pío, remendado) con lo que nos aporta una mayor cantidad de información por lo imprevisto y sorprendente de esas asociaciones. El texto nos ofrece una auténtica caricatura con deformaciones de las facciones y el aspecto de Ermitaño, al que en un memento determinado de esta crisi denomina el falso Ermitaño y verdadero embustero (C, II, c. 7; lía 176; Anexo IV), construcción esta última que nos sorprende por inesperada ya que coordina Adj (explicativo) + N (y) Adj (explicativo) + N (adjetivo sustantivado sin morfema, que hace las funciones del N.). También no deja de sorprendernos el uso de tres quiasmos consecutivos en ese mismo fragmento que comentamos, cuya estructura sintáctica es idéntica: N+ Adj, Adj. + N, con independencia de los determinante que limitan el alcance significativo de los nombres a los que acompañan. Veamos: todas sus facciones desterradas, hundidos los ojos, la color robada, chupadas las mejillas, la boca despoblada, ahiladas la narices El quiasmo juega con el orden de los términos en dos estructuras paralelas; es una inversión a nivel sintáctico más que a nivel conceptual y que facilita el ritmo rápido de la prosa graciana, entre otros artificios literarios empleado por su estilo. Otros ejemplos entresacados de la misma crisi son: " ... sólo que no es ella, pero más agradable y más plausible, tan poderosa como ella y que también hace milagros." ( C, II, c. 7; línea 95-96. Anexo IV) Los tres adjetivos calificativos son atributos de un sujeto sobreentendido, dos de ellos precedidos del cuantificador "más", y el tercer, poderosa, de tan al constituir el primer término de una construcción comparativa de igualdad, dentro de una coordinada adversativa que se yuxtapone a otra adversativa. " Estaba tan admirado Andrenio cuan pagado de tan barata felicidad, ..." ( C, II, c. 7; línea 350. Anexo IV) Los dos primeros adjetivos (participios pasivos) funcionan como atributos en una construcción comparativa de igualdad, y el tercero forma parte de un Complemento del Adjetivo (pagado); se antepone a felicidad como adjetivo explicativo o epíteto con intención estética, que a su vez va precedido de un cuantificador (tan). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 344 " - Dime, por tu vida larga, si no buena, con esta virtud fingida (Hipocrinda) ¿podremos nosotros conseguir la felicidad verdadera?" ( C, II, c. 7; línea 355-356. Anexo IV). Aquí Gracián utiliza la posposición del adjetivo al nombre al considerarlos como especificativos, es decir, que seleccionan al nombre dentro del grupo al que pertenecen para distinguirle del resto: vida larga, si no buena, la del ermitaño; virtud fingida, la de Hipocrinda, y felicidad verdadera (Felisinda), la que van buscando los peregrinos de la vida. La intensificación semántica también parece producirse cuando un doble o triple adjetivo califica a un sustantivo, que puede alternar con el adverbio. Algunos críticos explican este artificio literario por el débil rigor y exactitud conceptuales del adjetivo que planea en la concepción lingüística de Gracián, de manera que un solo adjetivo no es suficiente y necesita de otro u otros para matizar el significado del sustantivo al que se refieren. Sin embargo, otros filólogos consideran este argumento como exagerado, pues el adjetivo conserva su plenitud semántica. Otros ha dado una explicación más sencilla al defender, estilísticamente hablando, que esas construcciones responden a un simple fenómeno de asíndeton -figura por supresión que consiste en omitir en omitir conjunciones para dar viveza o mayor energía al concepto, logrando un ritmo más rápido- , donde dos o tres adjetivos aparecen sin nexo. Gracián busca, pues, una mayor intensificación semántica al suprimir una palabra de significado gramatical, el nexo, como innecesario. Así aparece en el título de la Segunda Parte de El Criticón, donde leemos: Juiziosa cortena filosofía en el otoño de la varonil edad, donde el nexo que une juiziosa con cortesana está elidido. Casos similares los vemos en estos otros ejemplos: "...fueron acusados de una indigna vulgar barbaridad" (Dic., XVIII, 157); " Es munición de discretos la cortesana gustossa erudición..." (Orác., 22, 53), "... venta franca, mantenida de la divina próvida clemencia" ( C, I, c. 1, pág. 104) También aparecen construcciones en que adverbio y adjetivo determinan directamente a un sustantivo: "... hízoles una pesadamente grave arenga" ( C, I, c. 7, pág. 215) Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 345 Aquí queda clara también la misma intensificación. Pottier465 hablará de la intensidad, en la cuantificación, y pone este ejemplo: algo rabiosamente joven. Con relación al epíteto, a menudo los usa para dar novedad, concisión e intensidad conceptual: "Silbos de venenosas serpientes, cantos de engañosas sirenas..." ( C, I, c. 9, pág. 276); "Más adelante se veía un estanque, gran espejo del cielo, surcado de canoros cisnes" (C, II, c. 2, págs. 66-67), "Pirineo [...], donde muy temprano el invierno tiende sus blancas sábanas y se acuesta" ( C, II, c. 3, pág. 99). En la crisi séptima de la Segunda Parte, encontramos, entre otros: " que él (camino) os llevará al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las felicidades." ( C, II, c. 7; líneas 32-33. Anexo IV); "Aquí él, [...], prorrumpió en una copiosa lluvia de lágrimas." ( C, II, c. 7; líneas 79-80. Anexo IV); "Decía otra buena madre de su hija." ( C, II, c. 7; línea 313. Anexo IV), "Vieron otros dos que, con nombre de celosos, eran dos grandísimos impertinentes: Todo lo querían remediar, y todo lo inquietaba, ( C, II, c. 7; línea 254- 255. Anexo IV), donde impertinentes queda sustantivado por el determinante numeral cardinal dos. "... por lo menos que lo parezcáis de modo que podáis ladearos con los más verdaderos virtuosos, [...]" (C, II, c. 7; líneas 345-346. Anexo IV). Aquí también el adjetivo virtuosos está sustantivado. Otro uso del adjetivo en Gracián es cuando el adjetivo predicativo funciona como adverbio, sin añadir el morfema -mente, uso muy frecuento en los siglos XVI y XVII. Un bello ejemplo se encuentra en el Oráculo Manual y otro en El Criticón, que son citados por Santos Alonso Fernández (ibídem, pág. 52): "Nota acre, concibe sutil, infiere juicioso" (Orác., 49, pág. 107), "Estas yervas y essas plantas que están en el más baxo grado de la vida, pues sola gozan la vegetativa" ( C, I, c. 3, pág. 135). 465. POTTIER, Bernard, Gramática... ibídem, pág. 114, citado por ALONSO FERNÁNDEZ, Santos, ibídem, pág. 51, n. 26. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 346 En El hiermo de Hipocrinda hemos encontrado este otro: "- Desta suerte malograron muchos el tiempo, la ocasión, la felicidad [...], que después lo lamentaron harto: [...]" ( C, II, c. 7; líneas 63-64. Anexo IV) 9.5.4.6. El adverbio en la estética de Gracián Tal vez el adverbio representa, con respecto a las partes mayores de la oración, lo más insignificante semánticamente y siempre está en función de las otras partes mayores. Gracián le hace participar en los juegos sintácticos y semánticos de los textos, a veces con gran originalidad. Más arriba ya hemos analizado la nominalización del adverbio (el ahora, nuestro aquí) o cómo un adjetivo funciona como adverbio (concibe sutil; pues sola gozan la vegetativa). De modo que el adverbio arrastra a su terreno a otras partes de la oración, las cuales quedan adverbializadas, sobre todo el adjetivo. Así surge la formación de adverbios con el sufijo en -mente: Náufrago Critilo encuentra con Andrenio, que le da prodigiosamente razón de sí (título de la crisi primera de la primera parte de El Criticón). En los siglos XVI y XVII surge un fenómeno que llega hasta la actualidad: lo + adjetivo, donde el adjetivo queda nominalizado, pero que funciona como adverbio de modo si se le antepone el morfema a. Veamos algunos ejemplos: "Llegó uno, y sin información, muy a lo necio, echó por otro extremo..." (C, I, c. 1, pág. 178), "Realçó essa misma instrucción, que no la comentó, muy a lo señor y portugués." (C, I, c. 11, pág. 345). Todo cuanto antecede se mantine dentro de la norma común. Lo verdaderamente original son las acuñaciones gracianas de adverbios por medio de un sustantivo precedido de a (con o sin determinante): "Aquí sobre esta roca, a mis solas y a mi ignorancia, me estava contemplando esta armonía..." (C, I, c.3, pág. 137), "La misma alegría en persona, que lo es mucho, con su cara redonda a lo sol." ( C, III, c. 2, pág. 61) . Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 347 Estos y otros son casos ingeniosos de símil o de imagen que compara expresamente una cosa con otra para dar una idea viva y resaltada de una de ellas, por medio de una construcción sintácticamente adverbializada: a+lo+adjetivo (a lo impertinente; a lo necio; a lo gustoso y a lo presto, a lo callado...). 9.5.4.7. Elisión de las partes morfemáticas de la oración: determinantes, relatores... Gracián reduce al máximo el uso de las palabras morfemáticas y las elide cuando no son imprescindibles. Esta será otra de las vías que emplea Gracián hacia la intensificación semántica. Con los determinantes, especialmente el artículo, Gracián adopta dos empleos: a) o bien los elide, a imitación del latín, con lo que amplía el concepto de la palabra, dando mayor impresión de esencialidad. Este uso también es propio de los culteranos como Gracián. Con la elipsis de los determinantes ambos movimientos, culteranos y conceptistas, buscan referirse a lo esencial de las realidades a que alude el nombre. Este procedimiento ya existía en español, por ejemplo, en los proverbios y paremias. Ejemplos en Gracián: "Aquí veréis juntos aquellos dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente hermanar." (C, II, c. 7; línea 11. Anexo IV), "¡No quiero montes! ¿Quita allá gigantes, leones, guarda!" (C, II, c. 7; línea 118. Anexo IV). La elipsis de los actualizadores en Gracián, ya estaba en Góngora, aunque su omisión es un procedimiento más fácil de llevar a cabo en las estructuras poemáticas que en las de prosa. Y en esto radica la radical originalidad de Gracián. b) o bien, pero de forma excepcional, aplica la redundancia, colocando el artículo donde no es necesario. Ejs.: "Sobre todo, un corazón de un mar." (Disc., III, pág. 40); " [...] el cielo le dio la alma, la tierra el cuerpo, el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las estrellas ojos, el sol cara [...]" ( C, II, c. 7; líneas 2-3. Anexo IV), Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 348 " - No me seáis simples -les decía-, aunque lo podéis mostrar, que es gran ciencia mostrar no saber. Sobre todo, os encomiendo el recato y el no escandalizar." ( C, II, c. 7; líneas 333-334. Anexo IV). Con respecto a los relatores, YNDURÁIN, Francisco466 afirma que las preposiciones y las conjunciones, partículas de relación o relatores, usadas únicamente para marcar las relaciones, son un peso muerto hasta cierto punto si van despojadas de significación propia. De ahí que con frecuencia oraciones, sintagmas y palabras lexemáticas se relacionen sin nexos concretos, explícitos. La ausencia de relatores lo hemos visto en las acumulaciones nominales, verbales y adjetivas, dado que las partes mayores de la oración no necesitan nexos para expresar toda su significación; los nombres, verbos y adjetivos destacan más cuando no llevan relatores vacíos de significado semántico, consiguiendo con ello, pues, una ampliación semántica. Cuando la supresión de relatores es máxima da a los sintagmas forma de proverbios constituidos por máximas, sentencias o apotegmas. Esta tendencia llega a lo más extremo en el Oráculo Manual, pero también en El Criticón, su obra más narrativa, que también participa de esa concentración sintáctica. Veamos un ejemplo: "[...]. Esta en nada escrupulea, tiene buen estómago, con tal que no haya nota ni se sepa: todo ha de ser en secreto. Aquí veréis juntos aquellos dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe (Hipocrinda) lindamente hermanar." ( C, II, c. 7; líneas 11- 113. Anexo IV). Gracián utiliza en todas sus obras los mismos procedimientos lingüísticos y estilísticos, en más o en menos, pero siempre son los mismos. Y aquí tenemos que subrayar, sobre todo, lo abreviado de sus diálogos y la rapidez de su ritmo sintáctico. Veamos algunos ejemplos: Aquélla, que allí se parece -dijo el Ermitaño-, es la viuda recatada, que cierra su puerta al Ave María. Mira la doncella que puesta en pretina. - No sea en cinta. -Aquella otra es una bella casada; tiénela su marido por una santa. - Y ella le hace fiestas, cuando menos de guardar. - A esta otra nunca le faltan joyas. 466 . Op. cit., pág. 178. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 349 - Porque ella lo es buena. - A aquella la adora su marido. - Será porque lo dora. - No gusta de galas, por no gastar la hacienda. - Y gástale la honra. [...] " 467 - ¡Vivir, vivir! ¡Virtud holgada, bondad al uso!468 - Y tras toda esa austeridad que usa consigo, es muy suave. - Así lo entiendo, suave de día y suave de noche; más ¿cómo está tan lucido? - Ahí veis la buena conciencia, tiene buen buche, no se ahoga con poco, ni se ahíta con cosillas; engorda con la merced de Dios, y así todos le echan mil bendiciones. [...]469 9.5.5. Fenómenos estilísticos sintácticos La originalidad de los escritores barrocos radica en la combinación de estilos y formas ya existentes, deformándolos o exagerándolos, intentar evadirse de la vulgaridad por medio de la creación de metáforas, juegos de palabras, neologismos, paradojas, etc., con la expresa voluntad de hacerse herméticos y oscuros. Gracián, entre otros escritores barrocos, se propone una connotación permanente, una segunda significación que se solapa constantemente al significado denotativo de la lengua. Un ejemplo evidente lo encontramos precisamente en "El Hiermo de Hipocrinda", que ha suscitado interpretaciones muy encontradas. Se trata esencialmente de una sátira de la hipocresía religiosa que tapa los vicios bajo capa de santidad: gula, lujuria, simonía, pereza, orgullo... entre vicios que se fomentan en ese "desierto" de ermitaños, donde conviven hombres y mujeres bajo la dirección de Hipocrinda. En aquellos momentos gobernaba la Compañía de Jesús el padre general Goswin Nickel; eran tiempos difíciles. Pascal, desde Francia, arremetía contra los jesuitas acusándoles de laxismo y de inseguridad doctrinal. Las criticas arreciaban desde todas partes. Si a esto se añade la acusación del padre jesuita Pablo Rajas, uno de los 467. C, II, c. 7; líneas 295-305. Anexo IV. 468. C, II, c. 7: línea 122. Anexo IV. 469. C, II, c. 7: líneas 209-212. Anexo IV. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 350 representantes valencianistas más radicales, no es extraño que al padre Gracián se le acusara de que con El hiermo de Hipocrinda atacaba a la Compañía de Jesús y a su "govierno". En este capítulo de El Criticón se ven retratados y satirizados muchos de los jesuitas de Valencia. Y así se pone de manifiesto en "La Critica de reflexión" de Lorenzo Matheu y Sanz, que ya hemos analizado más arriba. Sin embargo, la tesis de Benito Pelegrín es que la crítica gracianesca señala satíricamente a los enemigos declarados de los jesuitas: los jansenistas (segunda posible significación). Según este crítico la lógica geocronológica de El Criticón hace que El hiermo de Hipocrinda no pueda situarse más que en Francia, reino ambiguo desde el punto de vista religioso y político que recorren los peregrinos durante la primera parte del otoño de su edad varonil. Andrenio y Critilo han pasado el "hipócrita Pirineo" y están ya listos para salir de Francia por la Picardía, cuyo nombre alude a los herejes begardos, muy próximos a los iluminados (o alumbrados o dejados de la España del siglo XVI), y a los pícaros, símbolos de hipocresía maleante. El "Hiermo" coincide también con la abadía de Port-Royal des Champs, un "eremus" en la provincia de Ile- de-France, no lejos de la Picardía, a 36 kms. al sudoeste de París. Hipocrinda podría referirse también a la Madre Angélique Arnault y el falso ermitaño y verdadero embustero (línea 176, Anexo IV) hacer alusión a los solitarios de Port-Royal que residían cerca del monasterio femenino. En esta crisi, Gracián nos desconcierta por las graves acusaciones de inmoralidad, sobre todo de lujuria, que lanza contra los jansenistas, pues se tienen noticias ciertas del rigor y la austeridad con que vivían aquellas monjas y los Solitarios de aquel pequeño y apartado mundo ascético, alejado años luz de los salones en que se movían los libertinos. Un ejemplo claro es que toda la vida religiosa de Pascal quedó marcada por Port-Royal, quien modeló su existencia exterior siguiendo el estilo de vida de los Solitarios, aunque fueron, sobre todo, las inquietudes espirituales y las discusiones teológicas de Port-Royal, las que dominaron su vida. Durante su primer retiro, Pascal fue asistido y confesado por Louis Isaac Lemaistre de Sacy (1613-1684), sobrino de la madre Angélica y de Antonio Arnauld. De Sacy era el hermano segundo de Antoine Lemaistre, principal de los Solitarios y fundador del grupo. Los Solitarios de las Granges de Port Royal-des- Champs se caracterizaron por un rígido cristianismo, cuyo manual era el libro de Antoine Arnauld "Sobre la frecuente Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 351 comunión" (1643) por el que fue expulsado de la Sorbona, y hermano de Jacqueline Marie Angélique Arnauld de Sainte Madeleine, llamada Mère Angélique (París, 1591- id., 1661), abadesa ésta y reformadora de Port-Royal, donde introdujo el jansenismo, y se rebeló contra la condena papal del mismo. La vida de los Solitarios era la de los monjes laicos sin hábitos ni votos. Tenían un régimen extremadamente severo; se levantaban a las tres de la mañana, oraban, comulgaban cada quince días y durante la jornada, además de los oficios religiosos, se dedicaban unos a trabajos manuales y otros a redactar obras eruditas. Gracián, paradójicamente, cuando pone en boca del ermitaño las siguientes palabras referidas a Hipocrinda: Aquí veréis juntos aquellos dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente hermanar (líneas 112-113, Anexo IV) curiosamente creemos leer uno de los reproches de laxismo emitidos por Blaise Pascal en sus Cartas Provinciales con las que ataca despiadada e irónicamente contra la casuística de los jesuitas. La polémica llevó a unos y a otros, jesuitas contra jansenistas y viceversa, a extremos de mala fe. 9.5.5.1. La connotación permanente en El hiermo... Con todo el padre Gracián mantiene la anfibología, esa connotación permanente, esa segunda significación que se adhiere al significado denotativo de la lengua, dejando al lector que descubra por sí mismo el sentido de la interpretación de sus palabras. Se da una cierta controversia entre los que piensan que culteranismo y conceptismo son dos corrientes barrocas totalmente diferentes; también están los que defienden que son tendencias inseparables e indisolubles dentro del Barroco, porque a los escritores culteranos y conceptistas les unen más semejanzas que diferencias: la creación de conceptos -término barroco para definir las figuras retóricas-, que parece exclusiva de los conceptistas, es habitual entre los culteranos: los giros latinizantes (cultismos e hiperbatos), las alusiones mitológicas y las metáforas genéricas, que se identifican como culteranos, también son empleados por los conceptistas. Así en Quevedo y en Gracián podemos leer abundantes alusiones mitológicas; en Góngora, Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 352 abundantes antítesis, y en Gracián metáforas frecuentes y en todos ellos metáforas caricaturescas, el uso de cultismos y el hiperbaton. Dentro del Barroco, se dan dos modalidades de escritura, no necesariamente opuestas, dos formas de ampliación o intensificación lingüística: a) Góngora y su grupo amplifican o intensifican la sintaxis, esto es, la estructura superficial del lenguaje. A una estructura profunda le corresponden varias superficiales. Góngora es manierista posrenacentista, tomando los temas y las formas del Renacimiento para lograr una sintaxis amplificada superficialmente. b) Quevedo y Gracián amplifican la semántica, los conceptos. A una estructura superficial le corresponden varias estructuras profundas. Quevedo y Gracián son auténticos conceptistas que hacen todo cuanto pueden para ofrecer una concentración de significados en las palabras o varios significados para una sola estructura superficial. Desde este punto de vista podemos decir que todo el texto de El Hiermo de Hipocrindra, su estructura superficial, transmite varios significados como lo demuestra el hecho de que los críticos y los lectores podamos interpretarlo de varios modos atendiendo a los conceptos o a la semántica que maneja su autor. Las dos tendencias buscan los mismos objetivos: originalidad, dificultad en la expresión y tendencia al placer del puro juego lingüístico que sorprendan a los lectores. En el conceptismo de Gracián, su lenguaje está comprimido en oraciones independientes, yuxtapuestas y coordinadas, y rara vez en oraciones compuestas de relaciones subordinadas. En general, la prosa de Gracián se caracteriza por un predominio de las relaciones paratácticas (parataxis), frente a las relaciones de subordinación o relaciones hipotácticas (hipotaxis). Veamos un ejemplo extraído del principio mismo de la crisi (líneas 1-7, Anexo IV) Componían al hombre todas las demás criaturas tributándole perfecciones, pero de prestado; iban a porfía amontonando bienes sobre él, mas todos al quitar: el cielo le dio la alma, la tierra el cuerpo, el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las estrellas ojos, el sol cara, la fortuna haberes, la fama honores, el tiempo edades, el mundo casa, los amigos compañía, los padres naturaleza y los maestros la sabiduría. Mas viendo él que todos eran bienes muebles, no raíces, prestados todos y al quitar, dicen que preguntó: [...] (C, II, c. 7, pág. 418)470. 470. Edición de Santos Alonso (1980), Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 353 Las oraciones que contiene ese fragmento son, casi exclusivamente, construcciones paratácticas, es decir, oraciones coordinadas y yuxtapuestas. Se trata de un relato del autor que narra con la máscara de los seres de la naturaleza, a excepción del hombre mismo, al que sigue otro periodo, en estilo directo, concebido como diálogo interior del hombre. En esto podemos apreciar, un ejemplo más de los diversos perspectivismos que emplea Gracián a lo largo del capítulo que estamos analizando, y en toda su novela de peregrinación por el camino de la vida (línea 8, Anexo II): - Pues ¿qué será mío? Si todo es de prestado, ¿qué me quedará?471 En el siguiente párrafo, Gracián vuelve a emplear el relato de un narrador en tercera persona del plural (hablan las demás criaturas de la naturaleza. Líneas 9-24, Anexo II), donde predominan las relaciones paratácticas que transmiten una importante concentración de significados: Respondiéronle que la virtud. Ésa es bien propio del hombre, nadie se la puede repetir. Todo es nada sin ella, y ella lo es todo; los demás bienes son de burlas, ella sola es de veras. Es alma de la alma, vida de la vida, realce de todas las prendas, corona de las perfecciones y perfección de todo el ser; centro es de la felicidad, trono de la honra, gozo de la vida, satisfación de la conciencia, respiración del alma, banquete de las potencias, fuente del contento, manantial de la alegría. Es rara porque dificultosa, y donde quiera que se halla es hermosa, y por eso tan estimada. Todos querrían parecer tenerla, pocos de verdad la procuran. Hasta los vicios se cubren con su buena capa y mienten sus apariencias; los más malos querrían ser tenidos por buenos. Todos la querrían en los otros, mas no en sí mismos: pretende éste que aquél le guarde fidelidad en el trato, que no le murmure, ni le mienta, ni le engañe, trate siempre verdad, que en nada le ofenda ni agravie, y él obra todo lo contrario. Con ser tan hermosa, noble y apacible, todo el mundo se ha mancomunado contra ella; y es de modo que la verdadera virtud ya no se ve ni parece, sino la que le parece: cuando pensamos está en alguna parte, topamos con sola su sombra, que es la hipocresía. De suerte que un bueno, un justo, un virtuoso florece como la fénix, que por único se lleva la palma.472 A continuación el autor inserta un párrafo donde podemos observar la relación en que se encuentran los personajes y el autor en el relato de esta alegoría donde nos narra el episodio de la crisi séptima ( El hiermo de Hipocrinda) de la Segunda Parte de El Criticón (líneas 25-29. Anexo IV). Gracián cambia de perspectiva y nos da a entender que todo lo anterior ha sido narrado por una agradable doncella, ministra de la 471. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 418, Madrid, Cátedra. 472. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 418-419, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 354 Fortuna, esto es, La Ventura, quien, por otro lado, salva a Critilo y Andrenio de una muerte segura al evitar que se despeñen por un precipicio y transponerlos de un alto a otro, de la Fortuna a la Virtud, aposición especificativa con la que simboliza o alegoriza un espacio físico (un alto a otro) en la diosa Fortuna y la Virtud : "Esto les iba ponderando a Critilo y Andrenio una agradable doncella, ministra de la Fortuna, de sus más allegadas, que compadecida de verlos en el común riesgo, estando ya para despeñarse, los asió del copete de la ocasión y los detuvo, y dando una voz al Acaso, le mandó echar la puente levadiza, con que los transpuso de la otra parte de un alto al otro, de la Fortuna a la Virtud, con que se libraron del fatal despeño. 473 Y a partir de aquí (líneas 30-66. Anexo IV) se inicia un diálogo, en estilo directo, de gran expresividad, entre La Ventura, Critilo y Andrenio donde se enfrentan las tres perspectivas que representan en conjunto la valoración que Gracián tiene sobre La Ventura. De esta forma la opinión de Gracián deja de ser unitaria y las matizaciones van apareciendo yuxtapuestas en la composición del capítulo y que se puede observar desde el principio hasta el final de la novela filosófica de Gracián. 9.5.5.2. Predominio de la parataxis en la prosa graciana El predominio de la parataxis en Gracián es indicio claro de que la significación compleja es el resultado de la aglutinación de significados oracionales relativamente independientes. Sin duda, también aparece, aunque en menor medida, la hipotaxis: esos textos detonan un significado más elaborado lógicamente, un significado complejo en el que se integran jerárquicamente otros significados. Al principio de la novela se narra cómo el naufrago Critilo, tras su dura lucha con las olas y rompientes, salva su vida en la isla de Santa Helena. Con este motivo se relaciona la última etapa del camino de los dos peregrinos, cuando un segundo naufragio les amenaza en su travesía por el mar del recuerdo y por los escollos donde rompen las olas de la Isla de la Inmortalidad. Únicamente la experiencia del Inmortal que les guía ayudará a Critilo y Andrenio al escapar del naufragio del que ya no tendrían salvación. Los paralelismos de ambas escenas en la playa de Santa Helena y en la de la 473. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 418-419, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 355 Isla de la Inmortalidad se hacen patentes: el primer naufragio es un aviso para adquirir la necesaria experiencia para después poder salir indemne de la prueba definitiva y evitar un nuevo naufragio que sería ya irreparable. Con respecto al camino de la vida, que se halla en medio de los dos naufragios fallidos, el primero simboliza un entrenamiento de la inteligencia humana que participa activamente para librarse de los peligros, mientras el segundo alegoriza la merecida recompensa por el esfuerzo desarrollado. Por el camino de la vida (o por el viaje de la vida, o por la peregrinación de la vida, o por la jornada de la vida, o por la comedia de la vida o por la tragicomedia de la vida de los peregrinos), acotado entre uno y otro naufragio, aparecen diferentes tipos de textos en los que el autor va combinando distintos estilos en los que juega lingüísticamente con la yuxtaposición, la parataxis y la hipotaxis, casi siempre en ese mismo orden de frecuencia. Leamos el susodicho diálogo que inserta en la crisi que estamos comentando, donde el perspectivismo graciano, o punto de vista imaginario en que se sitúa el autor, queda patente al oponer las palabras que se intercambian La Ventura, Critilo y Andrenio, cohesionadas por un narrador que sustituye al autor. Así pues, en este fragmento podemos decir, que la historia es relatada, de forma coherente y eficaz, desde distintos puntos de vista: el de La Ventura que alegoriza la Ocasión (la oportunidad que se ofrece al hombre y que representa al nuevo y primer guía de esta crisi), el de Critilo y el de Andrenio (narradores personajes), que emplean el estilo directo, y un narrador que representa al autor y que usa el estilo indirecto libre para hacer coherente ese perspectivismo (líneas 30-65. Anexo IV): -Ya estáis en salvo -les dijo-, dicha de pocos lograda, pues vistes caer mil a vuestro lado y diez mil a vuestra diestra. Seguid ese camino sin torcer a un lado ni a otro, aunque un ángel os dijese lo contrario, que él os llevará al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las felicidades. Presto le divisaréis encumbrado en las coronillas de los montes. Porfiad en el ascenso, aunque sea con violencias, que de los valientes es la corona; y aunque sea áspera la subida, no desmayéis, poniendo siempre la mira en el fin premiado. Despidióse con mucho agrado, echándoles los brazos, volvióse a pasar de la otra parte, y al mismo punto levantaron la puente. -¡Oh! -dijo Critilo-, ¡qué cortos hemos andado en no preguntarla quién era! ¿Es posible que no hayamos conocido una tan gran bien hechora? -Aún estamos a tiempo -dijo Andrenio-, que aún no la habemos perdido ni de vista ni de oída. Diéronla voces, y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en su cielo, esparciendo favorables influencias. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 356 -Perdona, señora -dijo Critilo-, nuestra inadvertencia, no grosería, y así te favorezca tu reina más que a todas que nos digas quién eres. Aquí ella, sonriéndose: -No lo queráis saber -dijo-, que os pesará. Pero ellos, más deseosos con esto, porfiaron en saberlo, y así les dijo: -Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la buscada, la deseada, la requerida: yo soy la Ventura. Y al momento se traspuso. -Juráralo yo -dijo suspirando Critilo- que, en conociéndote, habías de desaparecer. ¡Hase visto más poca suerte en la dicha! Así acontece a muchos cada día. ¡Oh cuántos, teniendo la dicha entre manos, no la supieron conocer, y después la desearon! Pierde uno los cincuenta, los cien mil de hacienda, y después guarda un real; no estima el otro la consorte casta y prudente que le dio el cielo y después la suspira muerta y adorada en la segunda; pierde éste el puesto, la dignidad, la paz, el contento, el estado, y después anda mendigando mucho menos. -Verdaderamente que nos ha sucedido -dijo Andrenio- lo que a un galán apasionado que, no conociendo su dama, la desprecia, y después, perdida la ocasión, pierde el juicio. -Desta suerte malograron muchos el tiempo, la ocasión, la felicidad, la comodidad, el empleo, el reino, que después lo lamentaron harto: así sollozaba el rey navarro pasando el Pirineo y Rodrigo en el río de su llanto. ¡Pero desdichado, sobre todo, quien pierda el cielo!474 Ese predominio en Gracián de la yuxtaposición y la parataxis nos da un lenguaje comprimido en oraciones independientes, yuxtapuestas y coordinadas, y en ocasiones también aparecen, con menos frecuencia, las oraciones compuestas de relación subordinante, lo que le aleja de la ampliación sintáctica de Góngora. Tras este diálogo, vuelve aparecer un narrador que nos relata cómo los peregrinos, entre lamentos, proseguían por el camino de la vida hasta que tropiezan con el ermitaño, el segundo personaje-guía de esta crisi; ahora se trata de un acompañante maléfico de Critilo y Andrenio; anteriormente, ya quedó señalado que La Ventura representa la primera guía benefactora del "Hiermo", que librará a los peregrinos de caer despeñados y los pone en el buen camino que los conducirá al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las Felicidades, si logran no torcerse, y que, como casi todos los personajes-guías de El Criticón, aparece y desaparece fugazmente. Leamos el fragmento (líneas 67-75. Anexo IV): Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un hombre venerable por su aspecto, muy autorizado de barba, el rostro ya pasado y todas sus facciones desterradas, hundidos los ojos, la color robada, chupadas las 474. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, págs. 419-420, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 357 mejillas, la boca despoblada, ahiladas las narices, la alegría entredicha, el cuello de azucena lánguido, la frente encapotada; su vestido, por lo pío, remendado, colgando de la cinta unas disciplinas, lastimando más los ojos del que las mira que las espaldas del que las afecta, zapatos doblados a remiendos, de más comodidad que gala: al fin, él parecía semilla de ermitaños. Saludóles muy a lo del cielo, para ganar más tierra, y preguntóles para dónde caminaban.475 Gracián en este texto maneja con gran maestría la ironía y la intensificación significativa llenándolo de metáforas caricaturescas para hacer una prosopografía o descripción pinturesca del aspecto físico del ermitaño modelo de hipócritas y que les guiará por el yermo de la inmoralidad y la hipocresía religiosa a las que Gracián asocia con la pereza y el dejamiento. Antes de proseguir hemos de detenernos en una construcción sintáctica señalada por H. Meier en la "La Gitanilla" de Cervantes, citado por Klaus Heger476, y que reiteradamente aparece en algunos párrafos de la crisi que estamos analizando. Se trata de la diferencia que resulta de la anticipación del sujeto o del predicado en la narración, llegando a la siguiente conclusión: la forma ellos vienen resalta la persona como sujeto de la acción, mientras que en la forma vienen ellos el sujeto pierde importancia y queda como mero soporte de lo que sucede, como objeto pasivo de un acontecer dominante. En la forma vienen, en cambio, se expresa una mayor unidad de sujeto y predicado. Veamos algunos ejemplos que aparecen en el "Hiermo": - Anticipación del predicado: En esta construcción se produce un predominio del acontecer sobre los soportes o sujetos (objetos pasivos), que resulta de la posición predicado-sujeto, muy frecuentes en la prosa de Gracián, quedando aún más resaltada cuando, junto al predicado, siguen o preceden al sujeto una serie de determinaciones más, así como por el aspecto imperfectivo expresado en los tiempos imperfectos y subrayado en las formas de gerundio. a) "Componían al hombre todas las demás criaturas tributándole perfecciones [...]" (línea 1. Anexo IV), 475. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 421, Madrid, Cátedra. 476. HEGER, Klaus (1960; reed.1982), Baltasar Gracián. Estilo lingüístico y doctrina de valores. Estudio sobre la actitud literaria del conceptismo, Zaragoza ,Cátedra Gracián, Instituto "Fernando el Católico", págs. 60 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 358 b) "Esto les iba ponderando a Critilo y Andrenio una agradable doncella, ministra de la Fortuna, [...]" (línea 25. Anexo IV), c) "Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un hombre venerable por su aspecto, [...] (línea 62 y 63. Anexo IV), d) "[...], seguíales Critilo voceando:" (línea 119. Anexo IV), e) "Estaba tan admirado Andrenio cuan pagado de tan barata felicidad, de una virtud tan de balde, sin violencias, sin escalar montañas [...], (línea 350. Anexo IV) ... - Anticipación del sujeto: a) "[...] y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en su cielo, esparciendo favorables influencias" (líneas 44. Anexo IV), b) "- Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la buscada, la deseada, la requerida: yo soy la Ventura". (Líneas 50 y 51. Anexo IV), c) "[...], al fin, él parecía semilla de ermitaños". (Línea 73-74. Anexo IV)... - Elisión del sujeto: a) "Respondieronle que la virtud. [...] (línea 9. Anexo IV), b) "Diéronla voces, [...]" (líneas 43. Anexo IV), c) "- No lo queráis saber -dijo-, que os pesará". (Línea 48. Anexo IV) ... d) "Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un hombre venerable por su aspecto, [...] (líneas 67 y 68. Anexo IV), etc. Tras detenernos a comentar las anteriores construcciones sintácticas señaladas por Klaus Heger (1960), volvemos al texto del "hiermo"; podemos decir que Gracián vuelve al perspectivismo estableciendo ahora un diálogo entre Critilo, el ermitaño y Andrenio, donde expone un fuerte contraste entre las dificultades para alcanzar a "la inmortal Virtelia" (virtud, derivada de virtus, más un morfema corriente en nombre propios de mujer como Eulalia) y las facilidades que ofrece sustituirla por la apariencia de virtud de Hipocrinda (o personificación de la hipocresía): -Vamos -respondió Critilo- en busca de aquella flor de reinas, la hermosa Virtelia, que nos dicen mora aquí en lo alto de un monte, en los confines del cielo. Y si tú eres de su casa y de su familia, como lo pareces, suplícote que nos guíes. Aquí él, después de una gran tronada de suspiros, prorrumpió en una copiosa lluvia de lágrimas. -¡Oh cómo vais engañados -les dijo-, y qué lástima que os tengo! Porque esa Virtelia, que buscáis, reina es, pero encantada. Vive, aunque más muere, en un monte de dificultades, poblado de fieras, serpientes que emponzoñan, dragones que tragan, y sobre Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 359 todo hay un león en el camino que desgarra a cuantos pasan; a más de que la subida es inaccesible, al fin cuesta arriba, llena de malezas y deslizaderos donde los más caen, haciéndose pedazos. Bien pocos son y bien raros los que llegan a lo alto. Y cuando toda esa montaña de rigores hayáis sobrepujado, queda lo más dificultoso, que es su palacio encantado, guardadas sus puertas de horribles gigantes que, con mazas aceradas en las manos, defienden la entrada, y son tan espantosos, que sólo el imaginarlos arredra. Verdaderamente me hacéis duelo de veros tan necios que queráis emprender tanto imposible junto. Un consejo os daría yo, y es que echéis por el atajo, por donde hoy todos los entendidos y que saben vivir caminan. Porque habéis de saber que aquí más cerca, en lo fácil, en lo llano, mora otra gran reina muy parecida en todo a Virtelia en el aspecto, en el buen modo, hasta en el andar, que la ha cogido los aires: al fin, un retrato suyo; sólo que no es ella, pero más agradable y más plausible, tan poderosa como ella y que también hace milagros. Para el efecto es la misma, porque, decidme, vosotros ¿qué pretendéis en buscar a Virtelia y tratarla?, ¿que os honre, que os califique, que os abone para conseguir cuanto hay, la dignidad, el mando, la estimación, la felicidad, el contento? Pues sin tanto cansancio, sin costaros nada, a pierna tendida, lo podéis aquí conseguir; no es menester sudar, ni afanar, ni reventar como allá. Dígoos que éste es el camino de los que bien saben; todos los entendidos echan por este atajo, y así está hoy tan valido en el mundo que no se usa otro modo de vida. -¿De suerte -preguntó Andrenio, ya vacilando- que esa otra reina que tú dices es tan poderosa como Virtelia? - Y que no la debe nada -respondió el Ermitaño-. Lo que es el parecer, tan bueno le tiene y aun mejor, y se precia dello y procura mostrarlo. -¿Qué, puede tanto? -Ya os digo que obra prodigios. Otra ventaja más, y no la menos codiciable, que podréis gozar de los contentos, de los gustos desta vida, del regalo, de la comodidad, de la riqueza, juntamente con este modo de virtud; que aquella otra, por ningún caso los consiente. Ésta en nada escrupulea, tiene buen estómago, con tal que no haya nota ni se sepa: todo ha de ser en secreto. Aquí veréis juntos aquellos dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente hermanar. No fue menester más para que se diese por convencido Andrenio; hízose al punto de su banda, ya le seguía, ya volaban. -¡Aguarda -decía Critilo-, que te vas a perder! Mas él respondía: -¡No quiero montes! ¡Quita allá gigantes, leones, guarda! Iban ya de carrera arrancada, seguíales Critilo voceando: -Mira que vas engañado. Y él respondía: -¡Vivir, vivir! ¡Virtud holgada, bondad al uso! -Seguidme, seguidme -repetía el falso Ermitaño-, que éste es el atajo del vivir; que lo demás es un morir continuado.477 Convencido Andrenio por el falso Ermitaño de que Hipocrinda obra prodigios sin esfuerzos, le sigue apasionadamente, mientras Critilo le advierte de que va engañado. Andrenio, desoyendo a su compañero, sigue corriendo tras el Ermitaño quien los introduce en un laberinto, entre caminos y bosques espesos que quitaban la luz, hasta dar en una gran casa que parecía convento. 477. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 421-423, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 360 9.5.5.3. Múltiplicidad de interpretaciones de El hiermo... En el "Hiermo de Hipocrinda" asocia Gracián la inmoralidad y la hipocresía religiosa con la pereza y el dejamiento. De este modo describe al portero del monasterio al que Critilo y Andrenio son guiados por el falso ermitaño (líneas 133-145. Anexo IV): -¡Qué poca luz tiene este convento! -dijo Andrenio. -Assí conviene -respondió el Ermitaño-, que donde se profesa tal virtud no conviene lucimientos. Estaba la puerta patente, y el portero muy sentado, por no cansarse en abrir. Tenía calçados unos zuecos de conchas de tartugas, desaliñadamente sucio y remendado. -Este -dixo Critilo-, a ser hembra, fuera la Pereça. -¡Oh no! -dijo el Ermitaño-, no es sino el Sossiego; no hace aquello de dexamiento, sino de pobreza; no es suciedad, sino desprecio del mundo." Saludóles, dando gracias de su linda vida; intimóles luego sin moverse, con un gancho, un letrero que estaba encima de la puerta y dezía con unas letras góticas: Silencio. Y comentóseles el Ermitaño: —Quiere dezir que de aquí adentro, no se dize lo que se siente, nadie habla claro, todos se entienden por señas: aquí callar, y callemos.478 El portero no deja de ser un representante alegórico de herejes maleantes. Hipócrita y remendado como un begardo y un pícaro, presenta un aspecto similar a los jansenistas de Port-Royal como observó Benito Peregrín: por los zuecos los Solitarios recibieron el apodo de "sabotiers", esto es, fabricantes de zuecos. Además el emblemático portero es un dejado, o sea, perezoso como pícaro y, por extraño que parezca, como un hereje negador de las obras. No se comprende el texto de este fragmento sin el juego sobre la palabra dejamiento, con su doble sentido de pereza y alumbramiento. Gracián, para construir su alegoría caricaturesca, supone Benito Pelegrín, tuvo que conocer el pasado poco virtuoso de la abadía de Port-Royal, antes que la madre Angélique la reformara, y la presencia de seglares junto al monasterio: los solitarios, pero también visitantes famosos de la aristocracia y de la alta burguesía, hombres y mujeres. Estas presencian se podían interpretar como la influencia de Port-Royal en seglares deseosos de alcanzar una vida espiritual o como una mezcla de anfibológica mundanidad entre la galantería y la espiritualidad. Sin embargo, el jesuita Baltasar 478. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 423-424, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 361 Gracián maneja una razón más profunda para hacer su acusación de inmoralidad, que es la oposición teológica irreconciliable entre los jesuitas y los jansenistas sobre el problema de la gracia y de las obras. Los jesuitas contrarreformistas defienden que el hombre con sus obras puede contribuir a su propia salvación (la fe sin obras es una fe muerta) lo que fomentó la controversia diaria hasta acusar de inmoralidad a los heterodoxos de signos diversos que defendieron la negación del valor de las obras para alcanzar la salvación: begardos y hermanos del Libre Espíritu de la Edad Media, alumbrados de España, luteranos, calvinistas y en parte los jansenistas. Era difícil reprochar a los jansenistas de comportamiento inmoral, pero intencionadamente se les asociaba e identificaba con otros herejes pasados y presentes, como los protestantes dado que sus adversarios católicos, a pesar del moralismo de calvinistas y luteranos, les podían acusar de que rechazaban el celibato o castidad consagrada, la abstinencia y la confesión. Los teólogos españoles bien conocían esas actitudes y conductas, para ellos inmorales, en los alumbrados de Toledo, cuya doctrina fue condenada por el Santo Oficio en el Edicto de 1525; entre 1570 y 1630, grupos de alumbrados surgen con mucha fuerza en Alcalá, Extremadura, Andalucía y en círculos criollos de Hispanoamerica479. Los alumbrados rechazaban totalmente el valor de las obras para la salvación eterna, y se creían justificados, es decir, santificados, salvados por la fe y el abandono, el dejamiento ( de ahí procede el término "dejado") al amor de Dios. Algunos llegaron a defender que la única obra buena que podía hacer el hombre era la relación carnal entre los esposos. Este iluminismo decadente careció de una doctrina profunda sobre la relación entre la fe y las obras. Todo giraba en torno a un anhelo místico, lleno de erotismo, que apreció en las famosas beatas, sinceramente alumbras unas veces como Julia Gonzaga, una de las discípulas de Juan de Valdés en Roma, y otras simuladas, cuando no ninfómanas, que se creían llamadas al camino de perfección por medio de la oración mental480, teniendo visiones y éxtasis, bajo la influencia de algún director espiritual solicitante. 479. ÁLVARO HUERGA, Historia de los alumbrados (1570-1630), 3 vols. publicados (Madrid: F.U.E., 1978-1986). 480. JERONIMO GRACIÁN DE LA MADRE DE DIOS, Diez lamentaciones del miserable estado de los ateístas de nuestro tiempo (1611), reed. O.STEGGINK (Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1959), pág. 174 y citado por Alan MILHOU y Anne MILHOU, ibídem, pág. 685, n. 9 : "Hará algunos años pasados que en España se levantaron unos herejes que se Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 362 En la líneas 188-189, Anexo IV, pegunta Critilo al Ermitaño: [...]. Mas ahora que hemos nombrado mujeres, dime, ¿no hay clausura para ellas? Pues, de verdad, que pueden profesar de enredo. —Sí le hay —dijo el Ermitaño—, convento hay y bien malignante: ¡Dios nos defienda de su multitud! Aquí están desta parte. Y asomóles a una ventana para que viesen de paso, no de propósito, su proceder. Vieron ya unas muy devotas, aunque no de San Lino ni de San Hilario, que no gustan de devociones al uso: sí de San Alejos y de toda romería481. —Aquélla, que allí se parece —dijo el Ermitaño—, es la viuda recatada, que cierra su puerta al Ave María. Mira la doncella que puesta en pretina. —No sea en cinta. —Aquella otra es una bella casada; tiénela su marido por una santa. —Y ella le hace fiestas, cuando menos de guardar. —A esta otra nunca le faltan joyas. —Porque ella lo es buena. —A aquélla la adora su marido. —Será porque lo dora. —No gusta de galas, por no gastar la hacienda. —Y gástale la honra. —De aquélla dice su marido que metería las manos en un fuego por ella. —Más valiera que las pusiera en ella y apagara el de su lujuria. Estaba una riñendo unas criadas pequeñas porque brujuleó no sé qué ceños, y ella con mayor decía: —¡En esta casa no se consiente ni aun el pensamiento! Y repetía entre dientes la criada el eco. —Desta otra anda siempre predicando su madre lo que ella no se confiesa. Decía otra buena madre de su hija. —Es una bienaventurada. Y era así, que siempre quisiera estar en gloria. —¿Cómo están tan descoloridas aquéllas? —reparó Andrenio. Y el Ermitaño: —Pues no es de malas, sino de puro buenas: son tan mortificadas, que echan tierra en lo que comen. —No sea barro. —Mira qué celosas se muestran éstas. —Más valiera celadas. llamaban alumbrados y dejados, porque decían que les alumbraba Dios desde el cielo y daba luz en sus particulares espíritus, de lo que debían hacer; y que no habían hacer sus obras, dejándose del todo en las manos de Dios -y por eso los llamaban dejados-, y también porque se dejaban caer diciendo que tenían éxtasis y raptos. Estos [...] ponían todo su negocio en la oración mental, diciendo mal de la vocal y de hacer buenas obras. Decían que veían en esta vida la divina Esencia, que estaban en estado de perfección, y semejantes herejías" (citado por Á. HUERGA, op. cit., t. I, pág. 57). 481.Esas mujeres no son devotas de San Hilario y San Lino, por lo del lino y el hilar y porque no gastan de devociones al uso, o huso de hilar, que todo sería estar encerradas en casa; pero sí son devotas de San Alejos, o a-lejos, y de toda romería porque así podían pasearse. (SANTOS ALONSO, pág. 431, n.57). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 363 —¿Nunca llegamos —dijo Critilo— a ver esta virtud acomodada, esta prelada suave, esta plática bondad? —No tardaremos mucho —respondió el Ermitaño—, que ya entramos en el refitorio, donde estará sin duda haciendo penitencia. Fueron entrando y descubriendo cuerpo y cuerpo, y más cuerpo: al fin, una mujer toda carne y nada espíritu. Tenía el gesto estragado (mas no el gusto), desmentidor del regalo; y cuanto más amarillo, dice que tiene mejor color. Hasta el rosario era de palo santo, y tenía por extremo (que siempre anda por ellos) una muerte, para darse mejor vida. Estaba sentada, que no podía tenerse en pie, equivocando regüeldos con suspiros, muy rodeada de novicios del mundo, dándoles liciones de saber vivir. —No me seáis simples —les decía—, aunque lo podéis mostrar, que es gran ciencia mostrar no saber. Sobretodo, os encomiendo el recato y el no escandalizar. Ponderábales la eficacia de la apariencia. —Aquí está todo en el bien parecer, que ya en el mundo no se atiende a lo que son las cosas, sino a los que parecen; porque, mirad —decía—, unas cosas hay que ni son ni lo parecen, y ésa es ya necedad: que aunque no sea de ley, procure parecerlo; otras hay que son y lo parecen, y eso no es mucho; otras que son y no parecen, y ésa es la suma necedad. Pero el gran primor es no ser y parecerlo, eso sí que es saber. Cobrad opinión y conservadla, que es fácil, que los más viven de crédito. No os matéis en estudiar, pero alabaos con arte; todo médico y letrado han de ser ostentación; mucho vale el pico, que hasta un papagayo, porque le tiene, halla cabida en los palacios y ocupa el mejor balcón. Mira que os digo que si sabéis vivir, os sabréis acomodar; y sin trabajo alguno, sin que os cueste cosa, sin sudar ni reventar, os he de sacar personas: por lo menos, que lo parezcáis de modo que podáis ladearos con los más verdaderos virtuosos, con el más nombre de bien. Y si no, tomad ejemplo en la gente de autoridad y de experiencia, y veréis lo que han aprovechado con mis reglas y en cuán gran predicamento están hoy en el mundo ocupando los mayores puestos.482 Si nos ceñimos a la lógica cronológica y geográfica de El Criticón 483 , El Hiermo de Hipocrinda es Port-Royal, Hipocrinda es la Madre Angélique que llevó a cabo la reforma en la abadía, así como que se permitiera la presencia de seglares en Les Granges de Port-Royal des Champs, los solitarios, aunque también las visitas de miembros de destacados aristócratas y de la alta burguesía, hombres y mujeres, como Gracián muestra a los peregrinos de la vida en esta crisi por medio de su guía, el falso ermitaño y verdadero embustero. Gracián, sin piedad, al atacar a los jansenistas, les acusa de hipocresía e inmoralidad. En el texto precedente citado queda más que patente, dado que para un 482. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 431-434, Madrid, Cátedra. 483 . En la c. 13, C,I: La feria del mundo, los peregrinos se encaminan a Aragón; en la c. 1, C, II, Andrenio y Critilo se hallan ya en Aragón; en la c. 2, C, II, Los prodigios de Salastano, descubren Huesca y en ella la casa de Salastano; en la c. 3, C, II, La Cárcel de oro y calabozos de plata, pasan los Pirineos y llegan a Francia. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 364 católico ortodoxo los jansenistas eran calvinistas disfrazados al presumir que defienden la doctrina de la justificación y la predestinación. Los jesuitas, con su moral del esfuerzo personal, hacen un reproche generalizado a todos los heterodoxos que niegan las obras y consienten en hacer la virtud fácil al sentirse elegidos, justificados y salvados. La evolución de alumbrado en los siglos XVI y XVII, según Álvaro Huerga484, es muy significativa: en sus inicios, la palabra significaba la iluminación del Espíritu Santo y la Gracia Divina, pero el vulgo la utiliza: como mote de dos filos, a gente devota y a gente hipócrita, a místicos ardiente y a santos fingidos, a apóstoles auténticos y a clérigos y beatas de ínfima estofa espiritual. Por último, el vocablo adquiere su peor significado [...]: un alumbrado es un hipócrita, un maleante, un malandrín bajo capa de santidad. Y por supuesto, un hereje. Al principio, los mismos jesuitas fueron acusados por los dominicos de alentar esa piedad intempestiva y precipitada cuando llevaban a los pueblos las campañas de predicaciones y ejercicios espirituales ignacianos. Los jesuitas se defendieron de esas acusaciones comprometedoras e insistieron en que "la fe sin obras es una fe muerta" en el cristiano, sea cual fuere su estado en esta vida: seglar, casado, clérigo o sacerdote. Fueron los jesuitas los que pusieron el ejemplo de Marta y María, hermanas de Lázaro, en el que la asociación de la contemplación desemboca en la acción. Sin embargo, El hiermo de Hipocrinda no se limita a aludir a Port-Royal ni tampoco Hipocrinda a la Madre Angélique... Leamos este fragmento (líneas 327 a 349. Anexo IV): Fueron entrando y descubriendo cuerpo y cuerpo, y más cuerpo: al fin, una muger toda carne y nada espíritu. Tenía el gesto estragado (mas no el gusto), desmentidor del regalo; y cuanto más amarillo, dize que tiene mejor color. Hasta el rosario era de palo santo485, y tenía por extremo (que siempre anda por ellos) una muerte, para darse mejor vida. Estaba sentada, que no podía tenerse en pie, equivocando regüeldos con suspiros, muy rodeada de novicios del mundo, dándoles liciones de saber vivir. 484 Op. cit., t. I, pág. 7, citado por MILHOU, A. et al, pág. 686, n. 10. 485. palo santo. Es valorado como salutífero contra el mal gaélico. Con ese sintagma se quiere extremar la falsedad de Hipocrinda, aunque teniendo en cuenta la mujeres que hace desfilar, es posible que aluda al palo santo de las Indias o leño guayaco y guayacán, árbol de las Antillas, cuya virtud medicinal era curar el mal francés y que en siglo XVII era tenido como milagrosa. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 365 —No me seáis simples —les dezía—, aunque lo podéis mostrar, que es gran ciencia mostrar no saber. Sobre todo, os encomiendo el recato y el no escandalizar. Ponderábales la eficacia de la apariencia. —Aquí está todo en el bien parecer, que ya en el mundo no se atiende a lo que son las cosas, sino a los que parecen; porque, mirad —dezía—, unas cosas hay que ni son ni lo parecen, y ésa es ya necedad: que aunque no sea de ley, procure parecerlo; otras hay que son y lo parecen, y eso no es mucho; otras que son y no parecen, y ésa es la suma necedad. Pero el gran primor es no ser y parecerlo, eso sí que es saber. Cobrad opinión y conservadla, que es fácil, que los más viven de crédito. No os matéis en estudiar, pero alabaos con arte; todo médico y letrado han de ser ostentación; mucho vale el pico, que hasta un papagayo, porque le tiene, halla cabida en los palacios y ocupa el mejor balcón. Mirá que os digo que si sabéis vivir, os sabréis acomodar; y sin trabajo alguno, sin que os cueste cosa, sin sudar ni reventar, os he de sacar personas: por lo menos, que lo parezcáis de modo que podáis ladearos con los más verdaderos virtuosos, con el más nombre de bien. Y si no, tomad exemplo en la gente de autoridad y de experiencia, y veréis lo que han aprovechado con mis reglas y en cuán gran predicamento están hoy en el mundo ocupando los mayores puestos.486 Es de suponer, sin duda, que Gracián era un aragonés que necesariamente había oído hablar de la única herejía de la edad moderna española: el movimiento espiritual de los alumbrados o dejados o perfectos tan extendido que la Inquisición trató de contener. En este movimiento se ve al erasmismo mezclado con el Iluminismo, de modo que este se comprende mejor a la luz del erasmismo. Las tendencias de los alumbrados es similar a la gran revolución religiosa que conmueve a Europa, tendencias que de forma falaz suelen resumirse con términos como protestantismo, calvinismo o reforma. Los jesuitas, en aquellos momentos, querían distanciarse del Iluminismo, de los alumbrados, al haber recibido severas críticas de algunos dominicos del Santo Oficio. Hipocrinda es también, pues, una caricatura de las muchas beatas que hubo en la España de los Felipes, con sus comparsas y seguidores de ermitaños picarescos y confesores solicitantes. Aunque tampoco podemos pensar que Gracián se ciña solamente a aquellas beatas. La lógica espacio-temporal del Criticón no impide la multiplicidad de interpretaciones, a veces sugeridas por el mismo jesuita. El lector 486. Ibídem, (1980), C, II, c. 7, pág. 433-434, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 366 atento e inteligente bien pude superponer a la figura de la beata embaucadora, la beata de Port-Royal jansenista y añadir, sin mucho esfuerzo, la de todas aquellas que se creían santas (y santos) sin necesitar las obras para su salvación e incluso la de todos los herejes, condenados o no, por el Santo Oficio. Por eso Gracián asociará la hipocresía religiosa con el dejamiento y la pereza, que bien pudo detectar y criticar en algunos de sus padrastros de Valencia, surgiéndose así otro destello semántico para la interpretación en "El hiermo de Hipocrinda". Pedro Berruguete, Auto de Fe, 1499-1593, pintura ambientada en la plaza abulense del Mercado Grande, procedente del Monasterio de Santo Tomás de Ávila. Museo del Prado. Madrid. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 367 Auto de Fe, de Francisco Ricci (1683). Museo del Prado, Madrid http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Ricci http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_del_Prado Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 368 Conclusiones Nos sorprende que más de tres siglos después, el pensamiento de Gracián esté de absoluta actualidad. No hemos buscado en su novela valores actuales ni hemos pretendido proyectar ni reflejar sobre el pasado hermenéuticas del presente, excepto la perspectiva de género, aunque la crítica más autorizada de hoy postule que esto sería legítimo. En todo caso, nos parece lícito repensar la obra de Gracián, comprender qué significa, qué mensaje quiere cominicar en un determinado contexto, pues la obra de todo autor nos parece que debe estar abierta a toda posible interpretación. La apertura hermenéutica de El Criticón es un reto frente al paso del tiempo y desde que se escribió la novela alegórica han surgido gran cantidad de nuevas cuestiones que pueden encontrar respuestas en el manantial inagotable de un texto grandioso. Tras la relectura de obras antiguas subyace el problema del sentido de los textos, suponiendo que las obras literarias poseen un número limitado de significados e interpretaciones, mayor o menor según los artificios, la agudeza y las anfibologías derrochadas por el ingenio el autor. También se ha aceptado que la riqueza de los textos antiguos hace posible una constante reactualización de los mensajes en cada periodo histórico, en cada sociedad y con cada lector atento, aceptando que el número de interpretaciones y de significados posibles son infinitud. Este planteamiento puede conducir a un relativismo cercano al nihilismo; si todos los significados son posibles se debe a que el texto no tiene ninguno, según apunta J. Ignacio Díez Fernández487. De ahí que nosostros, hasta llegar a estas conlusiones, hayamos tenido en cuenta los condicionamientos socioculturales e históricos, lo que nos parece que quiso escribir su autor y, lo que es aún más importante, lo que deducimos que realmente escribió al consultar y cotejar los trabajos de los investigadores más autorizados sobre su biografía y obras. Asimismo hemos tenido muy presente lo que señaló Beveniste cuando afirma que un escritor al escribir, por medio del mecanismo que se produce de apropiación individual de la lengua, permite introducir y encerrar al que escribe en lo que escribe, en 487. DÍEZ FERNANDEZ, J. Ignacio (1996), El hombre en su perfección, Baltasar Gracían, Saber vivir, ediciones Temas de hoy, Madrid, págs. xii y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 369 su enunciación, haciendo que cada fragmento del discurso se transforme en un punto de referencia interno, en un indicio, de la personalidad del autor. Esos indicios subjetivos, esas marcas de subjetividad del autor también nos han ayudado a dar un sentido y una interpretación a los textos. De este modo, y sin excluir otras interpretaciones, presentes o futuras, hemos llegado a las siguientes conclusiones: 1ª. Sobre la biografía y la obra de Baltasar Gracián, hay que recurrir a la consulta de los trabajos de investigación que se han llevado a cabo por hispanistas españoles y extranjeros de reconocido prestigio internacional. Los trabajos del gracianista francés Adolphe Coster (1868-1930) y del jesuita Miquel Batllori i Munné (1909-2003) presentan especial relevancia, siendo sus escritos una referencia obligada del tema que nos ocupa. A estos les seguirán Benito Peregrin, Miguel Romera-Navarro, Evaristo Correa Calderón, Rafael Lapesa, el arabista Emilio García Gómez, el filósofo José Luis López Aranguren, Arturo del Hoyo, Francisco Ynduráin, Manuel Alvar, Belén Boloqui, Santos Alonso, Aurora Egido, Elena Cantarino, Carlos Vaíllo y un largo etcétera... Las obras de Baltasar Gracián se reeditaron muy pronto y se tradujeron a otros idiomas; por lo atractivo del estilo y de sus ideas filosóficas y morales, su interés fue sufriendo variaciones a lo largo del tiempo y de las naciones, desde su eclipse entre los románticos españoles y del Realismo hasta convertirse para Schopenhauer en un escritor fascinante, por su profundidad psicológica y su gran pesimismo. Será en el siglo XX donde su obra quede definitivamente reconocida como una de los más grandes de la literatura española, a la altura de la producida por Cervantes o Quevedo. La excelencia de sus obras han generado y siguen generando fecundas y apasionadas controversias, pues los hallazgos están resultando inagotables. Gracián nos ofrece en su novela alegórica El Criticón un proyecto ambicioso extraordinariamente acabado, en el que el proceso de reescritura de sus anteriores libros, respetando la identidad de cada uno de ellos, se hace evidente realidad. Ese proceso de reescritura constante hacen de El Criticón un monumento literario donde evoca toda la cultura del humanismo occidental hasta su momento histórico: las epopeyas de Homero, el divino Platón como le llamaba Schopenhauer, Esopo, Séneca y el estoicismo, la Biblia, Plutarco, Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 370 Marcial, Ariosto o Barclayo, los epigramas, la emblemática de Alciato, los proverbios, las sentencias, la paremiología... Gracián, como Borges, es un escritor adelantado a su época. Borges alude a que la literatura "es siempre y sobre todo reécriture que enlaza con una tradición de textos ya dados"488. Gracián desarrollará en su obra un diálogo infinito con la literatura ya existente, un juego intertextual y erudito solo al alcance del lector atento. Una cualidad patente en El Criticón de Gracián es, sin duda, la intertextualidad, esto es, la presencia de un libro dentro de otro, como un juego de cajas chinas, un mise en abîme de la literatura. 2ª. En El Criticón se habla de Dios desde el principio; Andrenio, por la razón natural, llega al conocimiento de que el "gran teatro del Universo" y la "hermosa Naturaleza" es obra de un hacedor, de un creador, aunque el jesuita evita hablar de un Dios redentor, lo que no significa que Gracián no creyera en el Dios redentor tal y como aparece en El Comulgatorio (1655). En El Criticón la visión que nos da del hombre es como un ente racional más que como un ser que es redimido del pecado original por un Dios Salvador. En La vida es sueño, de Calderón, también se omite la redención divina, apareciendo solo en el auto sacramental del mismo título, en el que Segismundo simboliza el drama de la humanidad entera redimida por la Sangre de Cristo. Esa razón es la que explica que tanto en El Criticón de Gracián, como en el drama de Calderón, solo se hable de las virtudes de los filósofos antiguos (prudencia, fortaleza, justicia y templanza), las llamadas virtudes cardinales, que el Cristianismo tomó prestadas de la filosofía griega. La razón práctica que Gracián expone en su novela alegórico-didáctica, haciendo que el hombre tenga conciencia tanto de sí mismo y de los hombres como de las cosas del mundo, permite y garantiza que ese saber de la persona que lo posea obtenga el triunfo en el obrar y en el actuar. Las fuentes de esa postura filosófica de Gracián se encuentra en los clásicos de Grecia y Roma: Platón, Seneca, Luciano, Marco Aurelio, Marcial y la misma Biblia. Su 488. BÜHLER, Karl A. y ALFONSO DEL TORO (Eds.) (1995), Jorge Luis Borges. Variaciones interpretativas sobre sus procedimientos literarios y bases epistemológicas, Madrid, Iberoamericana, pág. 120. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 371 originalidad radica en las formas alegóricas de expresarlo, entre las que destaca la crisi o capítulo intitulado "La cueva de la nada"489 a la que van entrando sin cesar millones de hombres a través de la ociosidad por no haber conseguido llegar a ser personas. Los peregrinos evitan ese peligro y pueden proseguir su viaje a Roma aconsejados por otro personaje-guía, El Cortesano, quien les comunica que Felisinda se halla en el cielo490. Gracián identifica Hazañas y Letras. Su Héroe, pues, queda proyectado hacia la Inmortalidad, cuya cualidad de Heroicidad se idéntica con la obra literaria y el escritor que la ha concebido. En Gracián, la tríada Fama-Escritura-Inmortalidad será el eje central de la novela alegórica de Gracián. Lo anterior nos explica, pues, la llegada de los peregrinos a las playas del mar de tinta, expresión que simboliza alegóricamente la escritura y con ella el hombre evita desaparecer de la memoria colectiva y caer en el olvido: Piélago de la Fama donde se encuentra la Isla de la inmortalidad. El plan de Gracián, sobre El Criticón, lo tenía perfectamente diseñado y eso queda demostrado por la analogía que se da entre el principio y el final de la novela filosófico-alegórica, que sitúa a sus peregrinos entre las dos ínsulas: La Isla de Santa Elena, en cuyas aguas naufraga el anciano Critilo cuando vuelve a Europa de las Indias Orientales, y la Isla de la Inmortalidad; el resto de esa estructura lo fue rellenando con diversos materiales filosóficos y literarios. 3ª. Para Gracián, la creación artística es artificiosa porque todo en esta vida es artificioso. Así con el empleo de nombres alegórico-morales, Gracián busca referenciar a reyes, reinas y cortesanos que simbolizan y personifican los vicios y las virtudes, entre los que, además de Andrenio y Critilo, aparecen: Artemia (alegoría del poder absoluto de la razón); Falimundo (símbolo de la falsedad del mundo); Falsirena (falsa y sirena: `sirena´ representa en el jesuita `mala mujer´); Felisinda < felix -cis, "feliz", con la doble acepción de `felicidad doctrinal´ y el `objeto amoroso´ de Critilo y Andrenio (esposa y madre respectivamente); Hipocrinda, alegoría de la hipocresía y función de 489. C, III, c. 8, págs. 701 y ss. 490. C, III, c. 9, págs. 724 y ss.: Felisinda descubierta. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 372 ser la `reina de los vicios´; Virtelia, la virtud, otra reina con grandes posibilidades alegóricas, pues alcanzar su Palacio supone un ascenso agotador, símbolo de los vicios y las pruebas a que se ve sometido el hombre; Honoria, reina del honor y la estimación; Momo, el dios de la locura y de la burla; fue arrojado del Olimpo por los dioses; Sofisbella, reina que alegoriza la sabiduría; Vejecia, vejez-sabiduría; Gracián asocia Vejecia con Jano, la deidad romana con dos caras. Vejecia/Jano, con su antiguo simbolismo: `el Dios de las dos puertas´, le sirve para connotar la juventud y la vejez (Andrenio, la juventud; Critilo, la senectud); por la puerta de los horrores, se llega a la decrepitud; en cambio, por la de los honores, Critilo llega a la sabiduría, lograda también al llegar a la vejez. La reina Vejecia, cuando se trata de honores, va acompañada de ilustre comitiva: la Cordura, la Autoridad, el Reposo, el Asiento, la Madurez, la Prudencia, la Grandeza... Con cada reina, con cada rey o con cada dios, pues, Gracián alegoriza o simboliza un vicio o una virtud en el peregrinaje por la vida de Andrenio y Critilo. Con respecto a la figura de los guías en El Criticón, podemos concluir, sin miedo a equivocarnos, que Gracián hizo del guía un apoyo funcional a la estructura de la novela, ya que para el jesuita la forma de diálogo ideal es la que se produce entre tres contertulios entendidos; esos seres guías los transforma Gracián en instrumento mágico de la estética alegórica. Los guías, además, hacen posible una estructura episódica comparable a la de la novela picaresca; esas figuras o caprichos gracianos aparecen y desaparecen fugazmente. Con ellos Gracián explora nuevas formas de representar el juego de contrastes entre los distintos personajes y buscar una interpretación a la imagen enigmática del hombre intemporal, de su comportamiento y de sus actitudes. En El Criticón los simbólicos peregrinos alcanzan la sabiduría de la vida descifrando el mundo y el eje de su viaje transcurre, al mismo tiempo, por la naturaleza y por el espacio abstracto del entendimiento. En Gracián ningún modelo de los que se señalan como posibles fuentes (el Cuento del Ídolo y del Rey y de su hija; Don Quijote; Persiles y Segismunda; la Odisea de Homero; la epoyeya menipea; el Satyricón de Barclayo, La vida del pícaro Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, etc.) prevalece; su hibridismo nos hace pensar en una novela inter-genérica cuya narración queda totalmente subordinada a la dimensión alegórica y al didactismo hasta alcanzar la sindéresis y llegar a ser persona. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 373 La riqueza de alegorías es el freno de la narración, por estática y abstracta; Gracián la concibe como "Agudeza compuesta fingida 491", género en el que entran todas las formas de ficción conocidas hasta el momento: el poema épico, la metamorfosis, la fábula, el apólogo, la alegoría, el emblema, la parábola, la novela picaresca, la bizantina, la sátira alegórica... El didactismo graciano le permite insertar en El Criticón muchos apólogos, frecuentemente injertados al comienzo de cada crisi (capítulos) con el objeto de exponer alguna enseñanza. Para Gracián lo que convierte la ficción en agudeza, no es lo narrativo, sino lo ficticio, que se asimila a lo mentiroso, pues la ficción es una parte de la Mentira, pariente cercana de la Agudeza. La mentira de la ficción es paradójica, porque a través de la mentira brota su contraria, la Verdad. De ahí, probablemente, que Vargas Llosa, en 2002, publicara su ensayo La verdad de las mentiras, donde defiende que fabular historias y ficciones suplen las deficiencias de la Historia. Por medio de la ficción la verdad se hace soportable, se vuelve cortés y agradable. Sus máscaras carnavalescas, la de las ficciones, hacen más tolerables los rasgos más odiados y amargos de la verdad del hombre y de la sociedad. Las novelas mienten, pero mintiendo, dicen una curiosa verdad, que se expresa encubierta, disfrazada de lo que no es492. 4ª. Aristóteles, en el principio de su Metafísica, afirma que el hombre anhela saber, conocer la verdad, lo que son las cosas, porque no nos da igual la verdad que la mentira. A esa facultad humana que busca la verdad, a esa dimensión de búsqueda constante del hombre, es lo que se llama el conocimiento científico. Lo que llamamos ciencia (episteme), frente a la opinión o los meros pareceres, hasta llegar al conocimiento epistémico, noético, pertenece al pensamiento humano. Anteriormente, Platón ya había distinguido bellamente la diferencia entre doxa y episteme. Desde el punto de vista epistemológico, pues, el género como categoría social es una de las aportaciones más relevantes del feminismo contemporáneo, que emana de las ciencias sociales. Las investigaciones científicas sobre la mujer incluyen un nuevo 491. GRACIÁN, Baltasar (2010), Agudeza y arte de ingenio, DISCURSO XLVII: De la Agudeza Compuesta fingida en especial, Edición de Emilio Blanco, 2ª ed., Madrid, Cátedra Letras Hispánicas, págs. 399 y ss. 492.VARGAS LLOSA , 2002, ibídem, págs. 16 y ss. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 374 sistema, el paradigma de género, para explicar las desigualdades entre hombres y mujeres, destacando el concepto de multiplicidad y diversidad de identidades. Los géneros históricos como sistemas de poder aparecen claramente expresados en El Criticón de Baltasar Gracián y reflejan, en aquella sociedad del Barroco español, la existencia de conflictos sociales. En la ficción graciana de la narración -mentiras que parecen verdades y verdades que parecen mentiras- lo masculino y lo femenino no aluden al sexo de los protagonistas, sino que alegorizan las conductas como representaciones o configuraciones femeninas o masculinas, desde el punto de vista fenomenológico, de lo que aparece. El análisis de El Criticón, desde los llamados sistemas de género, aporta algunas evidencias sobre la situación de las mujeres con respecto al hombre en aquella sociedad de Felipe III y IV, periodo de decadencia de la Monarquía Hispánica a lo largo del siglo XVII, aunque evidentemente el asunto no queda resuelto totalmente. Baltasar Gracián, consciente o inconscientemente, va desentrañando y diseccionando a través de sus personajes las características que adornan a las personas de uno y otro sexo: hombres y mujeres, machos y hembras. Cultural y socialmente va asignando a los personajes de su novela alegórica los atributos de género predominantes de aquella época barroca. La actitudes y conductas de los héroes aparecen condicionados por esas jerarquías de valores de aquel momento histórico. De la personalidad de Gracián, hemos de destacar su misantropía (aversión al trato humanao) solo superada por su radical misoginia y desinterés por la mujer debido a su formación religiosa y a todo lo que eso conlleva. La ideología sexual que emana de El Criticón se distancia del humanismo renacentista y se acerca demasiado a la concepción medieval de la mujer como ser peligro del que hay que defenderse haciendo uso, si fuera preciso, de su denigración y satanización para salvarse de su lujuria. El trayecto que recorre la crítica de Gracián y de otros muchos escritores barrocos hacia las mujeres consta a grandes rasgos de los siguientes paso: De la mujer imperfecta e inferior al hombre (tradición aristotélica), se pasa a la alcahuetería- hechicería, con poderes diabólicos, y de ahí, a la mujer venenosa lo que genera nuevas y sorprendentes interpretaciones sobre las atribuciones de las diferencias biológicas entre los dos sexos. Esta concepción deformada de lo femenino será asumida por toda la Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 375 filosofía cristiana, pues la sirve para confirmar la tradición judaica del Antiguo Testamento (Levítico). Paradójicamente, la búsqueda del sujeto femenino (Felisinda) se convierte en uno de los ejes estructurales del relato alegórico. Gracián sigue el núcleo de la cultura patriarcal constituido por un sistema férreo de contrarios: lo masculino frente a lo feminino. En ese código lo femenino se debe ocultar (Felisinda), porque si se maniesta públicamente se tranfigura en una puta (Falsirena)493, símbolo inequívoco de los enemigos del hombre en el mundo, la Carne, la Lujuria, que fue tajantemente condenado por el cristianismo, asociándola con la perdición eterna. Esta doctrina sobre la mujer falicita caracteres esquizoides, pues proboca crisis sucesivas a lo largo de la vida de muchos hombres; su personalidad queda escindida, al estar dominado por la obsesión femenina, creándole una dicotomía entre la veneración y las furiosas injurias hacia las mujeres. Rameras y ángeles aparecen en los textos de la época, baste como ejemplo El Criticón, que hacen temblar de pasión (el encuentro de Andrenio con Falsirena) o de asco (el pensamiento del fraile de El hiermo de Hipocrinda). Cuando leemos muchos textos barrocos, ya sean escritos por hombre o por mujeres, irrumpe violentamente la misoginia, y con ella se articula una representación compleja de lo femenino. Por medio de metáforas y alegorías dicho discurso patentiza estrategias de manipulación y control de las mujeres altamente sofisticadas. 5º.El pensamiento de Gracián criticó profundamente la Institución de los linajes y las certificaciones de limpieza de sangre que pretendían demostrar, por medio de testimonios, que los abuelos paternos y maternos eran cristianos viejos, frente a los conversos o "falsos", término este último propio de la época. A pesar de que los padres de Gracián aparecen en el Libro de los jesuitas como "Toda gente limpia y honrada, cristianos viejos", los textos de Gracián rezuman sentidos rencores hacia los cristianos viejos. Su literatura defiende que la persona vale por lo que es y hace, y no por el origen de sus antepasados (judíos, moros, bastardos...), alineándose, en este sentido, con las obras de Fernando de Rojas, El Lazarillo de Tormes, Mateo Alemán o Miguel de Cervantes. 493 . C, I, c. 12: Los encantos de Falsirena. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 376 Gracián disiente de la mayoría de cristianos viejos que con autores como Lope o Calderón codificaron, para aquella sociedad, aquel sentido de la honra y de la hombría de los labriegos limpios de sangre. El jesuita rechaza las delaciones anónimas ante el Santo Oficio para denunciar la impureza de sangre, aquel fantasma que recorrió la España de los siglos XVI y XVII. Gracián se burla de las genealogías y usará palabras envenenadas para aludir a las cuestiones de linaje. Así en la crisi que lleva el lema "El texado de vidrio y Momo tirando piedras", recoge aquel ambiente asfixiante y de difamación generalizada por la obsesión social por la limpieza de sangre, el antisemitismo y la impureza. En El Oráculo manual y arte de prudencia, 125494, afirma: Señal de tener gastada la fama es cuidar de la infamia agena. Querrían muchos con las manchas de los otros dissimular, si no labar, las suyas; o se consuelan, que es el consuelo de los necios. Huéleles mal la boca a estos, que son los albañares de las imundicias civiles. En esta materia, el que más escarba, más se enloda. Pocos se escapan de algún achaque original, o al derecho, o al revés. No son conocidas en las faltas en los poco conocidos. Huiga el atento de ser registro de infamias, que es ser un aborrecido padrón y, aunque vivo, desalmado. 6ª. Gracián evita la censura inquisitorial por medio de adulaciones (lisonjas) y señuelos (cuñas). Entre adulaciones y alabanzas hiperbólicas, quiere ganarse la voluntad de los poderosos y nos ofrece otra de sus múltiples caras proteicas. Las lisonjas son para Gracián un engaño tan evidente, tan inocente, que eso mismo las hace disculpables. Con respecto a la adulación, reconoce que es la alternativa a la verdad dirigida a príncipes necios y otros poderosos de la época, con el objeto de buscar sus favores en casos de topar con la Inquisición. Con todo, el hermetismo, la opacidad y la veladura eran imprescindibles para suavizar los mensajes más duros y subversivos. En cuanto a las cuñas y anzuelos, aunque implican distorsiones en los mensajes y generan ruidos, disonancias y contradicciones, expresan las discrepancias ideológicas de Gracián. Sus frecuentes cuñas, por un lado, no olvidan los grandes temas ideológicos dominantes de su época: adhesión política al sistema vigente de la Monarquía católica española, lucha contra judíos, moriscos, herejes...; intransigencia con el ateísmo y la herejía, condena de cismas, etc. como monstruosidades; al mismo tiempo, va surgiendo 494. GRACIÁN, B.,2009, op. cit., págs. 171-171, ed. de Emilio Blanco, Madrid, Cátedra. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 377 un Gracián que va dando claves para el lector atento y agudo, con el fin de que pueda interpretar esos mensajes-coartadas destinados a desactivar a posibles delatores de la Inquisición o de Su Orden. Al Gracián de lisonjas y anzuelos, subyace un Gracián más profundo, más oculto y más auténtico, el de las sutiles y profundas críticas y puyazos a las creencias oficiales y del orden social y político establecido. En sus obras se suceden dos Gracianes: el sumiso y aparentemente fiel a las cuñas y alabanzas, y el corrosivo y disidente, más agudo y hermético: La verdad es de pocos, el engaño es tan común como vulgar 495. Gracián es un creador múltiple y poliédrico, de mil facetas, no cabe en una definición. Es demasiado contradictorio; hay en él tantos y tan variados contrastes que no basta una etiqueta, o muchas, para catalogarlo. Contradictorio y desconcertante, dúplice ético y estético subrepticiamente, arremete contra todo lo que manifiesta y expresa en sus alabanzas y en los señuelos que en apariencia defiende. Utiliza el doble juego; afirma una cosa y su contraria, con el fin de que su lector atento pueda aprehender sus agudezas y se concentre en descifrar y descubrir lo que realmente es uno (lo que disimula) y lo que no es, aparentar lo que no se es, jugar a ser otro, disfrazarse, velando su ser auténtico (simular), para protegerse de los censores que andan al acecho. 7ª. El Criticón es una novela alegórica profana dentro de lo que en aquella época se podía ser. En la obra no hay una solo mención ni a Santos ni a Padres de Iglesia. Como fuentes de autoridad, en cambio, aparecen los clásicos griegos y latinos o escritores modernos como Baccalini, Botero, Barclay… El carácter autobiográfico de El Criticón parece fuera de toda duda porque Gracián incorpora muchos aspectos de su vida; viene a ser un autorretrato de Gracián aunque muy velado. De Critilo y Andrenio se ha dicho que forman un autorretrato escindido de Gracián, son un solo personaje, sobre todo porque la amistad en Gracián es amor y felicidad, una re-unión de dos mitades, una especie de reparación. En ese concepto graciano de amistad se oculta también El Banquete de Platón. En ese retrato escindido de Gracián, bastante desfigurado, Critilo y Andrenio, como protagonistas de la alegoría, simbolizan al hombre formado y sabio (Critilo) que trata de 495. Oráculo, 43. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 378 enseñar a lo largo de la novela al hombre joven (Andrenio), y esta relación de hombre adulto y joven adolescente es una relación educacional que les lleva a la amistad y al amor, cuya fuente más directa nos remite al Eros que aparece en el relato que hace Aristófanes, dentro del diálogo de Platón. Asimismo la amistad entre Critilo y Andrenio tiene una evidente connotación educativa. Su relación reproduce en lo esencial el antiguo modelo helénico, asentado en la institución ateniense de la paiderasteia, en la que la relación entre el maestro y el discípulo será siempre, entre los antiguos, como de amante (Critilo simboliza la figura del erastes o amante) y amado (Andrenio, la de eromenos o amado), que era la forma más perfecta, más bella, de educación. Lo que el amante o maestro despierta en el amado es una philia, un amor de tipo paternal. De los dos amigos, el desdoblamiento más exacto de Critilo sería el propio Gracián, como maestro que fue de Humanidades, Filosofía moral y Sagradas Escrituras. Critilo, pues, alegoriza esa representación barroca del maestro que desde el primer momento de su encuentro con Andrenio manifiesta actitudes propias de enamorado, a pesar de las cuñas que Gracián va introduciendo para censores e inquisidores, especialmente el testimonio que da Falsirena, una falsaria, de que Critilo y Andrenio son padre e hijo, lo que impide que el afecto que se da entre los peregrinos sea sospechoso. Los dos héroes simbolizan, pues, una relación educativa con connotaciones cercanas a los de la antigua paideia de la Grecia antigua. Felisinda es una coartada, otro señuelo, que alegoriza un concepto de felicidad de esposa y madre. El personaje femenino aunque aparece y desaparece, queda como objeto perdido, con lo que Gracián realza la peregrinación de Critilo y Andrenio quedando en segundo plano la supuesta búsqueda de Felisinda, la felicidad. Para Critilo, ese objeto perdido significa volver a encontrar el amor de su amada y para Andrenio, el amor de su madre. Pero la relación de amistad que se produce desde el principio, entre Critilo y Andrenio, bien se podría entender como una re-unión y plenitud (Eros platónico) al llevar implícita el amor y la felicidad; y eso lo conocía Gracián por El Banquete. La felicidad, pues, no es algo trascendente, más allá de la vida, una felicidad metafísica o religiosa, sino que es una felicidad inmanente, adscrita al individuo humano que llega a lograrla cuando encuentra la amistad desde el primer momento en Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 379 que se conocen los protagonistas en la Isla de Santa Elena. La verdadera felicidad de los héroes está en la peregrinación de la vida que realizan juntos, hasta alcanzar la Isla de la Inmortalidad. Gracián pondrá en boca del Descifrador, de Andrenio y de otros muchos personajes que aparecen en su obra, sus propias opiniones sobre la mujer, que constituyen un auténtico florilegio en negativo de los atributos de género femenino. Para el jesuita las mujeres son demonios, arpías, vengativas (Erinias), sirenas, viles, malas, venenosas, inferiores... hasta el punto que llega a negarles la belleza, velo que encubre a un ser corrompido por la vanidad, la soberbia y la lujuria. 8ª. El mecanismo de la alegoría es el que hay que tener muy en cuenta para la lectura de El Criticón. Podemos afirmar que la alegoría es una metáfora continuada a través de todo un poema o en un relato. En El Criticón la narración bizantina sería el relato base que dará origen a la configuración alegórico: Gracián se ve obligado a dotar a Critilo de una vida anterior, no alegórica, típicamente novelesca, colocando el argumento dentro de un marco espacio-temporal histórico previo. Es la necesaria coexistencia de un discurso literal y otro alegórico. La supuesta “vida anterior” de Critilo y “no-alegórica” es lo que explica, narrativamente hablando, que la peregrinación de Critilo y Andrenio se transforme en una búsqueda de un sujeto femenino (Felisinda, esposa y madre, en el nivel literal) y de la felicidad (nivel alegórico). Desde la perspectiva de género, la mujer perfecta (Felisinda), compartida por Fray Luis de León y Santa Teresa (esta escribe: "No querría yo, hijas mías, que fueseis en nada mujeres, ni lo parezcáis, sino varones fuertes..."496), se compara con cualidades de varón. Gracián, en El Criticón, a través del tópico del mundo al revés, inserta una nueva sátira contra hombres y mujeres, acusando a las mujeres de varoniles (después de defenderlas así), y a los hombres de afeminados. Esas apreciaciones morales de Gracián no afectan a la identidad sexual, sino a la posición cultural y social, según la teoría de género, y a su representación naturalizada de la sexualidad. 496 . Camino de Perfección, pág. 79. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 380 Andrenio no distinguirá a las mujeres de los hombres por sus formas anatómicas y los modos de expresarse. Critilo lo rematará cuando afirma que hoy los hombres son menos que mujeres. Y Quirón asegura que el hombre es rey natural del mundo, pero ha hecho de la mujer su valido, que es lo mismo que decir que ella lo puede todo 497. Gracián, profundamente influenciado por una formación misógina, afirmará que el hombre no debe fingirse delicadamente afectado ni tomar las maneras mujeriles (afeminarse), porque se rebaja como persona. Lo mejor del hombre es parecerlo, es decir, manifestar sus atributos de género (la heroicidad, la violencia, la prudencia, la sagacidad, el egoísmo, la competitividad, una mayor capacidad de abstracción, la fealdad...) que le hacen crecer como persona. Las mujeres, en cambio, pueden aparentar ser varoniles, y serlo de hecho, porque cuando se muestran viriles mejoran al incorporar a su personalidad los atributos de lo masculino. El jesuita repudia toda manifestación de lo femenino, incluso la belleza de la mujer. Su preocupación se encadena con la de la sociedad del siglo XVII, que no es el género sexual de las personas, su identidad sexual, sino el papel, activo o pasivo, que los seres humanos desempeñan en esa sociedad. Cuando la mujer como sujeto es capaz de superar las virtudes varoniles, se subvierte el orden patriarcal y cuando los atributos corporales del hombre se confunden con el afeminamiento del sexo masculino, se está produciendo también una quiebra del sistema patriarcal. En la Época Barroca, ante el miedo a subvertir el orden social establecido por parte de la mujer, se repite el pensamiento misógino del escritor y militar romano Catón (s. III-II a. C.) con el que coincide Gracián y otros muchos escritores de la época, al culpar a la mujer del desorden del mundo y propone la siguiente solución que el jesuita recoge así498: El rígido Catón echó toda la culpa al sexo femenino, y el remedio era suplicar al Criador, que así como a las abejas ha concedido el singular beneficio del procrear sin ayuda de hembra, haga también a los hombres la misma merced 499. 497. (C, I, c. 6: Estado del siglo, págs. 142-143) 498. Agudeza, XXVIII. 499. N. del A. Ni Catón ni Gracián llegaron a saber por la Biología que las abejas sí que necesitan macho y hembra para reproducirse. Los zánganos fecundan a la abeja reina. Y una vez que los zánganos no son necesarios son exterminados por las abejas obreras. Solo los hermafroditas tienen los dobles órganos: masculino y femenino, como por ejemplo la Tenia o Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 381 Al responsabilizar a la mujer de la decadencia del Imperio de la Monarquía Hispánica, siglo XVII, la sociedad patriarcal incrementa sus recursos de dominio (represión machista e intolerancia moral) contra las mujeres, por vivir un presente lleno de lujos, despilfarro y ostentación pública de riqueza (el buen vestir era un atributo de lo femenino), frente a la austeridad del pasado y el trabajo por excelencia de la mujer: la rueca y el tejido. Gracián, en su Criticón, insiste en que se está produciendo un dominio de la mujer sobre el hombre y esa es la clave para entender su presente concebido como crisis, caos y decadencia, y añora un pasado modélico que los estamentos deberían seguir: Por eso digo yo -ponderaba Critilo- que siempre lo pasado fue mejor. En consecuencia, ante estos planteamientos, el Barroco español produce unas actitudes de misoginia agresiva e irritada que pone a las mujeres en estado de sospecha constante provocando recelos y una enorme desconfianza hacia ellas. 9ª. Los estudios sobre las novelas de peregrinos suelen reconstruir los itinerarios recorridos por los personajes en relación con las circunstancias temporales e históricas. El Criticón de Gracián sitúa la fábula en un espacio-tiempo bastante realista: época de Felipe IV y espacio: Sevilla, Toledo, Madrid, Huesca, Los Pirineos; Francia; Alemania; Ratisbona; Viena; los Alpes; Italia: Roma, Ostia y la Isla de la Inmortalidad. A este cronotopos, a esa deíxis espacio-temporal de la narración, se va solapando una geografía completamente simbólica en relación con un tiempo fantástico. El narrador va llevando a su lectores al reino de lo ausente recordable y lo obsequia con los mismos deícticos demostrativos y temporales para que vea y oíga lo que allí, en el mundo de la imaginación fantasmagórica, hay que ver y oír. De este modo, junto a la deíxis de presencia o ad oculos del contexto de situación (relación exofórica con referencia extratextual) y la mostración de ausencia o anafórica que señala un término de la frase ya anunciado (relación endofórica con referencia intratextual), Gracián emplea sistemáticamente una mostración de fantasía o deíxis am Phantasma que va solapando a las anteriores con la que alude al mundo intemporal del reino de la fantasía, tal y como señala K. Bühler al estudiar los tres tipos de deíxis. Solitaria; pueden reproducirse ellos mismos y poner huevos fecundados sin necesidad de otro ejemplar. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 382 La crisi El hiermo de Hipocrindra constituye una alegoría con distintos niveles de significado a través las metáforas que se van sucediendo, donde los términos reales expresan un sentido literal y otro figurado, a fin de dar a entender una cosa expresando otra diferente. En una primera lectura, todo apunta en El hiermo de Hipocrinda a que Gracián critica ferozmente a los jesuitas de la casa profesa de Valencia, y no es de extrañar que algunos padres se molestaran con nuestro escritor, como el padre Pablo Rajas, uno de sus enemigos declarados. La cuestión de fondo estaría justificada por las fuertes tensiones entre los padres foralistas, defensores tradicionales de sus naciones (el llamado vicio de las naciones) frente a los centralistas y defensores a ultranza de la monarquía absoluta, postura que aparece manifestada en el libelo contra Gracián y su Criticón titulado La Crítica de Refección y censura de la censuras (Valencia, 1658), cuya autoría se atribuyó al jesuita valenciano Pablo Rajas, pero que las indagaciones sobre la autoría, desde el primer momento, desvelaron al auténtico autor, el jurista Matheu y Sanz, defensor del centralismo y absolutismo monárquico, con planteamientos muy cercanos al valido conde-duque de Olivares y Felipe IV, o a los de Richelieu o Mazarinos, ministros- cardenales respectivamente, de Luis XIII y Luis XIV en Francia. Gracían aparece, en ese panfleto, como el blanco de la crítica de un supuesto valencianista absolutamente desdibujado, capa tras la que se ocultaba Matheu y Sanz, defensor a ultranza de actitudes absolutistas. El padre Gracián fue presa fácil para sus enemigos por la rebeldía que mostró contra sus superiores al publicar sus obras sin la censura previa de la Orden. Posteriormente, críticos muy cualificados de la obra de Gracián han trasladado el cronotopo alegórico y simbólico de El hiermo de Hipocrinda, su deíxis espacio- temporal, de Valencia a Francia, interpretación que compartimos plenamente porque, de no ser así, no se entenderían algunos pasajes de esta crisi que aluden con bastante similitud al espacio-tiempo del jansenismo de Port-Royal, fuertemente atacado por los jesuitas, el abolutismo monárquico (Richeliu, Mazarino) y el centralismo religioso de Roma (Urbano VIII, Inocencio X, Clemente IX, papas de la Iglesia Católica). Esta traslatio espacio-temporal de la crisi implica una decidida defensa de la Compañía de Jesús, entonces en guerra declara contra los jansenistas, que sostenían el dogma del libre albedrío en contra de las supuestas ideas heréticas del jansenismo, Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 383 contaminados por hugonotes y calvinistas. El hiermo de Hipocrinda sería la representación alegórica del monasterio de Port-Royal de Champs, en el valle de Chevreuse, muy próximo a París y a Versalles; anteriormente había sido una abadía femenina (1204), que fue restaurada por la familia Arnauld. Antoine Arnauld, sucesor de Saint Cyran, el viejo amigo de Jansenio y compañero de las investigaciones patrísticas y agustinianas, era hermano de Angélique Arnauld, abadesa de Port Royal. Como continuadores del jansenismo francés, aquel movimiento cristiano rigoristas, partidario de una vuelta a la iglesia primitiva, figuran Antoine Arnauld (1612-1694) y su hermana la abadesa Angélique de Saint-Jean (1591-1666). El francés Jean Du Vergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran, fue encarcelado por Richelieu, entre 1638 y 1643, símbolo del poder monárquico absoluto y religioso, mandó encarcelar al abad de Saint-Cyran, por los peligros que vislumbraba contra el Estado y la Monarquía absoluta; además el cardenal no le perdonó nunca que hubiera criticado su política exterior por sus alianzas con los protestantes contra los Austrias. Por otro lado, los Solitarios se retiraban a Saint-Cyran abandonando la vida cortesana. Uno de aquellos Solitarios fue Blaise Pascal, que escribirá las Cartas Provinciales, de forma anónima, en defensa del jansenismo y del abad Arnauld y contra sus instigadores los jesuitas, promotores de las denuncias a Roma de sus posiciones religiosas. Su retiro era un retiro religioso que surgió en el reinado de Luis XIII, con la pérdida de poder de la nobleza feudal y el desclasamiento de la nobleza de toga, en el tránsito de la monarquía medieval a la monarquía absoluta. Aquella nobleza venida a menos se negaba a integrar la nueva nobleza de Corte, a figurar como meros elementos figurativos de Versalles. El descontento de aquellos viejos nobles de toga cristalizó en la unión a la ideología del jansenismo, la cual se rebeló contra el absolutismo monárquico de Luis XIV y el absolutismo religioso romano. Desde el punto de vista religioso, los jansenistas defendieron el pecado original, la depravación del hombre por su causa, la redención por la gracia como don divino que se puede perder por la voluntad de Dios en cualquier momento, por lo que nadie tiene garantizada la salvación. Plantado así el problema, poco menos qe se niega el libre albedrío del hombre para alcanzar su propia salvación, determinado desde su origen por el poder salvífico de la gracia que queda enteramente en manos de Dios cuya justicia escapa a la comprensión de los hombres cuando redime a unos y condena a otros. La Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 384 obra postuma de Jansenio, el Augustinus, se extendió rápidamente en Francia y los Países Bajos. La Compañía de Jesús, defensora del libre albedrío, se molestó; también la Santa Sede y un año después la publicación fue condenada por el Santo Oficio. El jansenismo, como sistema teológico-moral, fue sobre todo una reacción contra el jesuitismo, además de ser la recepción católica de la influencia calvinista. En la Compañía de Jesús se produce una exaltación de lo humano, propio del Renacimiento, que San Ignacio de Loyola aportó al plano religioso. Para San Ignacio, el hombre empieza a verse a sí mismo plenamente libre. Y así surge la controversia entre la libertad humana frente a la omnisciencia infinita de Dios. Los jesuitas se opondrán al fatalismo protestante de Lutero y Calvino y salvan la libertad humana del determinismo divino. Los dominicos, por otro lado, acusan a los jesuitas de los errores del monje británico Pelagio (s. IV y V d. C.), que negó el Pecado Original y defendió que la gracia no era necesaria para salvarse y que el hombre por sus propios esfuerzos lo puede lograr. Lo importante era obrar bien siguiendo el ejemplo de Jesús. La reforma jesuita, frente a Lutero que negó el libre albedrío humano ante la omnipotencia divina, con respecto a la moral teológica, consistió en el casuismo o casuística que valora la moral teniendo en cuenta las circunstancias y cómo estas inciden en la responsabilidad de los individuos. La casuística o moral de casos representa un análisis de los razonamientos basados en principios o reglas. Ej. mentir es malo, pero la casuística dirá que según las circunstancias del caso, mentir podrá ser bueno o malo... Los jesuitas, dentro de la teoría de la Contrarreforma sobre el Estado, defendieron el tacitismo (< político romano Cornelio Tácito, c. 55? - 117?) cuyas doctrinas podrían resolver la decadencia y los más terribles males que acechaban a la política española, alejándose así de las técnicas de Maquiavelo (Florencia, 1469-1527) pues la vida religiosa aplicada a la concepción del Estado podía conservar el reino y asegurar la paz. En El Hiermo... Baltasar Gracián escribe ampliamente sobre la virtud como felicidad. El paso de los peregrinos de Fortuna a Virtelia, antes de llegar al palacio de Virtelia, reina de las felicidades, tan costoso de alcanzar por sus enormes dificultades tal y como les advierte el falso ermitaño, les hará adquirir una nueva experiencia de vida al enfrentarse con las máscaras de la hipocresía. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 385 Entre tantas máscaras, embelecos y engaños es necesario vivir con cien ojos, como Argos, o con la vista aguda del zahorí. La ingenuidad y el adanismo de Andrenio le pusieron al límite de dejarse embaucar por los engaños y embelecos del mundo, inducido por el ermitaño hipócrita; pero fue rescatado por el sesudo, prudente y vigilante Critilo. Andrenio/Critilo viene a ser un creación alegórica donde la insensatez del primero se entrevera con la prudencia y el libre albedrío del segundo, que simboliza y representa al hombre en su conjunto, con sus luces y sus sombras, con sus aciertos y desaciertos, con su sabia prudencia y su alocado proceder. De ahí que la enseñanza didáctica que se desprende de El hiermo de Hipocrinda consiste en afirmar rotundamente que la felicidad no se logra con la práctica de virtud fingida, aunque Hipocrinda obre milagros haciendo ver que el ladrón parezca monje o que el soldado gallina se muestre valiente, siguiendo la ponderación del ermitaño porque el gran primor, para el gran embustero, no es ser sino parecerlo. En el último apartado de El hiermo... (de la líneas 281 y ss. hasta el final), Gracián parece querer convencer a los lectores que la alegoría no se representa en un convento de la Compañía de Jesús, sino en un monasterio de monjas, donde conviven hombres y mujeres bajo la hipócrita férula de Hipocrinda, la madre superiora. E introduce la figura de la mujer por boca de un sujeto que echa pestes de las mismas cerrando los ojos simulando no quererlas ver o aparentando estremecimiento por el asco que le producen. El falso ermitaño le dirá a Critilo que ese sí es cauto, a lo que Critilo le replica que más le valdría ser casto, idea que ya había utilizado Gracián en el Oráculo. Si no eres casto, sé cauto. Si hasta aquí El hiermo... apunta al Instituto o Compañía de Jesús, aludiendo a los jesuitas de Valencia, a los que se supone que odiaba, al introducir la figura de la mujer lujuriosa se produce en el texto una transfiguración alegórica, pues su alcance simbólico se extiende y parece situarlo en Francia, "entre el hipócrita Pirineo" y la "Picardía", en su frontera norte, donde se sitúa geográficamente el jansenista "Désert de Port-Royal de Champs", valle de Chevreuse, el abad Antoine Arnauld, los Solitarios, Blaise Pascal y sus Cartas Provinciales, y la abadesa Angélique de Saint-Jean, hermana de Antoine Arnauld, esto es, aquel "desierto" eremítico donde hombre y mujeres se relacionan y se esconden los vicios bajo capa de santidad, entre otros la pereza, el Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 386 abandono y el dejamiento, y los anhelos místicos, mezclados de erotismo, que se manifestaron sobre todo en las mujeres. El pasado bochornoso de la abadía era vox populi, antes de que fuera reformada por la madre Angélique; también estaba constatado la presencia de seglares junto al monasterio: Solitarios, y la presencia de visitantes famosos de la aristocracia y de la alta burguesía, lo que daba pie a confundir los deseos de vida espiritual y de ambigua mundanidad, mezcla de galantería y de espiritualidad. En la lógica cronológica y geográfica de El Criticón, El Hiermo... es el desierto eremítico de Port-Royal de Champs e Hipocrinda es la Madre Angélique. Gracián, en España, oyó hablar de la única herejía de la edad moderna, la de los alumbrados, de los que los jesuitas querían apartarse a toda costa porque algunos inquisidores dominicos les habían asociados con ellos, e Hipocrinda era también una caricatura de tantas beatas como existieron en la España de los Felipes, con su séquito de falsos ermitaños y confesores solicitantes. De modo que esta lógica interna del texto facilita la pluralidad de interpretaciones, sugeridas por Gracián en un discurso alegórico, al que asocia la inmoralidad (de las mujeres) y la hipocresía religiosa (de los hombre) con la pereza y el dejamiento, como lo vemos expresamente en el portero del convento. El ermitaño les lleva a una ventana desde donde pueden ver un convento de clausura femenino con un desfile de profesas de enredo, tan devotas que no saben ni coser, ni hilar ni utilizar el huso, aunque sí de San Alejos, por lejos, y de las romerias , aludiendo sarcásticamente a la costumbre de las mujeres de pasear lejos del hogar. Y hace desfilar por aquella clausura una serie de mujerzuelas que hacen honor a la falsedad de Hipocrinda. Con este final, el padre Gracián nos deja bastante sorprendidos por las graves acusaciones de inmoralidad y lujuria que vierte sobre aquellas mujeres (jansenistas), tan eran puras como ángeles, aunque soberbias como demonios. Solo la animadversión y la enemiga entre jesuitas y jansenistas pueden explicar tales exageraciones y ataques exacerbados; el padre Gracián conocía el rigor moral de que se enorgullecían los jansenistas y era difícil tildar a los jansenistas de inmorales y lujuriosos, pero en los ataques bien se les podía identificar con herejes pasados (los alumbrados de Toledo acusados de inmoralidad, al sentirse salvados por la fe y el abandono, dejamiento) y presentes (luteranos y calvinistas, que rechazaban la castidad consagrada, abstinencia y confesión). Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 387 10ª. En cuanto al estilo, Gracián consigue una intensificación del significado buscando las máximas posibilidades de las palabras, del concepto, en el sentido graciano, pues el jesuita valora el concepto como puro juego de querubines, esto es, puro juego del intelecto. Gracían emplea sistimáticamente las figuras retóricas, cuyo concepto y valores aparecen en Agudeza y Arte de Ingenio: "un acto de entendimiento que exprime la correspondencia, que se halla entre los objetos." Más adelante añadirá: "Quando esta correspondencia está recóndita, y que es menester discurrir, para observarla, es más sutil, quando cuesta más." Gracián, como buen escritor barroco, intenta un lenguaje oscuro en el que la relación semántica entre objetos y palabras no se muestre a primera vista, en el que lo literario sea realmente un segundo sistema de significación (connotaciones) y donde el discurso sea todo lo contrario de una expresión referencial (denotación). Baltasar Gracián es el escritor español que más se ha esforzado en emplear la palabra justa, precisa y concisa para obtener recónditamente significados connotativos sorprendentes. Los cinco tratados previos a El Criticón de Gracián son libros enanos en extensión, pero gigantes en significado. En El Héroe, prólogo "Al lector500", escribe: ¡Qué singular te deseo! Emprendo formar con un libro enano un varón gigante, y con breves periodos, inmortales hechos; sacar un varón máximo, esto es, milagro en perfección; [...] Escribo breve por tu mucho entender; corto, por mi poco pensar. [...] El Criticón es un libro de libros. Su concepción del arte y del estilo es poner el concepto, ese puro juego del intelecto, al servicio de la concisión y de la narración, del pesimismo y de la sátira, de la ironía y del humor, de la vida y de la muerte lo que hace de la novela filosófico-alegórica graciana una obra universal del Barroco español dentro del conceptismo, variante complementaria del gongorismo o cultismo de la época. El cultismo barroco amplifica la sintaxis en la estructura supeficial del lenguaje con lo que aminora y achica los conceptos; en cambio, los conceptistas intensifican la semántica en la estructura profunda del lenguaje por medio de la reducción de la estructura superficial. 500. GRACIÁN, Baltasar (2011), Obras Completas, Edición de Santos Alonso, Madrid, Cátedra, pág. 74. Los subrayados del fragmento citado son míos. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 388 Gracián aniquila el estilo amplio, ciceroniano, copioso, ornamental, profundamente oratorio, que se preocupa más por las palabras que por las ideas, propio del cultismo gongorino. La prosa del jesuita se vale de un lenguaje con una estructura sintáctica reducida y elíptica a la que corresponde una estructura profunda cargada de significados. La elipsis constante de elementos, el asíndeton y el ritmo binario le avocan a un estilo apotegmático, emblemático, sentencioso, proverbial, epigramático o parémico. Los procedimientos para lograr la intensificación semántica son varios, entre los que destacan: Morfológicamente, el uso de palabras motivadas por derivación y composición: como conreyes, critiquez, contraardiz, Falimundo, Hipocrinda o Vejecia. Asimismo encontramos un predominio de las palabras con significado pleno o semántico: sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios en detrimento de las palabras morfemáticas o de significado gramatical: determinantes, preposiciones, conjunciones... con lo que su estilo consigue una ampliación de contenidos extraordinaria, como hemos podido verificar en la crisi de El Hiermo...en la que caben pluralidad de interpretaciones. En los tratados de Gracián y en su novela alegórica, nos presenta enunciados en los que la nominalización de adjetivos (lo vivo, lo muerto, lo verdadero, un justo, un virtuoso...), verbos (el parecer, el ser, el ver, el oyr, el oler...) o adverbios (el más allá, el ayer, el aquí...) son, frecuentemente, objetos mentales, universales que señalan abstracciones producto de la reflexión, del pensamiento y del estudio (res cogitans cartesiana), evadiéndose del aquí y el ahora (hic et nunc) con lo que evita aludir a objetos sensibles (res extensa cartesiana) que le sirvan de referencia. Sintácticamente, predominio de una estructura sintáctica paratáctica constituida principalmente de oraciones simples, yuxtapuestas, coordinadas y pocas veces sustantivas haciendo de su estilo un modelo de sencillez en su estructura superficial. Su objetivo es buscar la precisión y no el hermetismo o la oscuridad susceptible de ser entendida por medio de una lectura comprensiva y profunda. El uso frecuente de las estructuras paratácticas conduce a un ritmo binario y rápido que produce simetrías, condensación semántica, dificultad y ambigüedad. Semánticamente, la aparente anfibología está al servicio, por paradójico que parezca, de la amplificación de significado por medio del empleo de figuras retóricas Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 389 como la polisemia, la dilogía o ambivalencia semántica, la disemia (sentido literal y metafórico), las metáforas puras e impuras, alegorías, los juegos de palabras, aliteraciones, paronomasias, hipérboles, prosopopeyas, símiles, la elipsis, el zeugma... así como los giros latinizantes (cultismos e hiperbaton), las alusiones mitológicas (entre los guías aparecen el centauro Quirón, Argos, Jano o Bías) o las metáforas genéricas, elementos estos últimos reconocidos como culteranos pero que también utilizan los conceptistas. Compartimos plenamente las inferencias señaladas por Santos Alonso: "el lenguaje de Gracián se transforma en una especie de sistema codificado, cuya economía lingüística (Lo bueno si breve...) se puede comparar con la brevedad de las fórmulas matemáticas, en las que una mínima cantidad de elementos informativos, aportan una gran cantidad de información501". Los procedimientos de lenguaje y literarios de emplea Gracián generan una intensidad semántica que hacen posible que lo Menos es más, como sucede con las fórmulas matemáticas o con el arte de vanguardia. Sus dos metáforas dominantes y descarnadas son: a) La vida como peregrinación, cuyo motivo central es el viaje lleno de peligros, y b) El mundo como teatro. Al cruzarse ambas metáforas, como planos arquitectónicos imaginarios, los hombres, en su difícil perenaje por el camino de la vida, pueden acabar o en el vacío de La cueva de la Nada 502 o en las playas de un mar de tinta, El Piélago de la Fama, alegoría de que la escritura salva a los hombres del olvido, donde se encuentra La Isla de la Inmortalidad 503, destino final de los peregrinos que se han ganado la vida perdurable. El Mérito, portero implacable, revisa su vida, y le permite pasar o no al espacio inmortal de los hombres célebres. Madrid, octubre de 2012 Alejandro Tenorio Tenorio 501. ALONSO, Santos, 1981, ibídem. 502. C, III, c. 8. 503. C, III, c. 12. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 390 Notas finales aclaratorias 1. La primera novela árabe y también la primera novela filosófica, Hayy ibn Yaqzan (o Filósofo autodidácta, del filósofo y médico Abu Bakr Ibn Tufayl que vivió en el siglo XII en Al-Andalus, se inspiró en el avicenismo, Kalam y Sufismo y versa sobre los secretos de la filosofía iluminativa. En ella, el protagonista, personaje que crece aislado en una isla desierta, amamantado por una gacela, tras la muerte de ésta se enfrenta con el problema de la existencia, llegando a la filosofía con la sola fuerza de su reflexión. Luego, conociendo la religión de la isla vecina, comprende que ésta no es más que otra forma de imaginar y vivir aquello mismo que la reflexión sola alcanza con la filosofía. Ésta no es, sin embargo, para la masa; se llega a ella únicamente a través del régimen solitario de vida. La obra plantea en forma novelada uno de los grandes temas de la filosofía árabe: la relación entre la fe y la especulación filosófica. ii.El lingüista estructuralista Emile Benveniste (1902-1976) desarrolla la Teoría de la Enunciación, que puede considerarse como uno de los pilares de la pragmática. Benveniste considera la enunciación una instancia intermedia entre la lengua como sistema de signos, y el habla como manifestación expresa de la lengua. La bibliografía esencial para entender este enfoque son los dos artículos: BENVENISTE, E. (1958), “De la subjetividad en el lenguaje”, en Problemas de lingüística general, I, México: Siglo XXI, 1974; 179-187. Trad. De Juan Almela. BENVENISTE, E. (1970): “El aparato formal de la enunciación”, en Problemas de lingüística general, II, México: Siglo XXI, 1977; 82- 91. Trad. De Juan Almela. iii. Enunciación se define como acto individual de utilización de la lengua en un contexto dado. Se opone a frase cuando el enunciado se lo considera fuera del contexto. En este sentido, a una frase corresponden multitud de enunciados. Los contextos pueden ser: a) el entorno físico de la enunciación o contexto situacional; b) el contexto lingüístico que requiere la memoria del intérprete para poner en relación unas unidades con otras, anteriores o posteriores, del mismo texto, y c) los saberes anteriores a la enunciación, por ejemplo, los nombres propios o la Ley de Sucesión de Polonia en el drama de Calderón. La trascendencia de la Teoría de la enunciación, radica en la necesidad de renunciar a reducir el lenguaje al papel de instrumento "neutro", destinado solamente a transmitir unas informaciones, para plantearla como una actividad entre dos protagonistas, enunciador y alocutario, actividad a través de la cual el enunciador se sitúa en relación con ese alocutario, con su enunciador, con su enunciación misma, con su enunciado, con el mundo, con los enunciados anteriores o los que vendrán. Esta actividad deja rastros en el enunciado. Esos son los rastros que el lingüista intenta analizar. De esa manera, el lenguaje no es un simple intermediario que se desvanece ante las cosas que "representa": no hay solamente lo que es dicho sino además, el hecho de decirlo, la enunciación, que se refleja en la estructura del enunciado. iv. […]. Así que, pues nuestro Redemtor dio esta victoria a nuestros illustrísimos Rey e Reyna e a sus reynos famosos de tan alta cosa, adonde toda la christiandad deue tomar alegría y fazer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Sancta Trinidad con muchas oraciones solemnes, por el tanto enxalçamiento que haurán en tornándose tantos pueblos a nuestra sancta fe, y después por los bienes temporales que no solamente a la España, mas todos los christianos ternán aquí refrigerio y ganancia. Esto según el fecho así em breue. Fecha en la calauera, sobre las islas de Canaria, a XV de febrero año mil CCCCLXXXXIII. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 391 v. Juan López de Palacios Rubio (1450-1524), colegial de San Bartolomé, doctor en derecho canónico y civil, y profesor de Canones en Salamanca y Valladolid, desempeñó cargos importantes al servicio de los RR.CC.; oidor de la Chancillería de Valladolid, presidente del Consejo de la Mesta, consejero de la Corona, consultor en temas indianos, hay que agregarle un título más según de Las Casas: amigo de los indios. Escribió varias obras por encargo de los RR.CC. (Castañeda Delgado, 1998, 607). vi. Aunque es posible identificar rasgos escépticos entre los sofistas y en la Escuela de Megara, fundada por Euclides en el s. IV a. C., fue Pirrón quien adoptó el escepticismo como postura definitiva. Fue su reacción contra el dogmatismo de otras escuelas filosóficas: si la filosofía se origina en la búsqueda, ningún filósofo puede hacerse dogmático aunque considere que ha encontrado la verdad; en cambio, el escéptico decide quedarse con la búsqueda afirmando que es imposible encontrar una verdad definitiva. Su investigación tratara de destruir constantemente las argumentaciones de los dogmáticos. Según Pirrón todas nuestras percepciones son apariencias de lo sensible ya que solo nos representan la realidad tal y como las captamos a través de los sentidos; de ahí su escepticismo frente a los sentidos. vii. Para comprender este hecho es necesario ahondar en la estructura de la sociedad medieval aragonesa. En ella, la nobleza ocupaba la cúspide de una pirámide cuya base formaba la mayoría de la población, dedicada al cultivo de la tierra y al pastoreo del ganado. Pero dentro de la nobleza podían distinguirse los altos linajes nobiliarios (llamados Ricoshombres de Natura o de Mesnada) y los denominados caballeros e infanzones, una baja nobleza concedida por deseo del monarca e incluso de los propios señores de la tierra. El status de caballero o infanzón concedía a quien lo disfrutaba de exención en el pago de impuestos reales como el herbaje (1), el bobaje (2) o el monedaje (3), y la obligación de servir en sus campañas militares al monarca (o al señor del que habían recibido el nombramiento) durante tres días, pasados los cuales el caballero o el infanzón quedaba libre de continuar al servicio del rey (4). Sin embargo, la peculiar estructura de las Cortes aragonesas (asamblea de representantes del reino convocada por el soberano para reclamar apoyo económico de sus súbditos o para recabar consejo, solucionar problemas y conceder privilegios a los estamentos asistentes) hacía que en ellas estuviesen representados cuatro estamentos (brazos): Ricoshombres, Caballeros e Infanzones, Iglesia y Universidades (nombre con el que eran conocidos los convocados a Cortes en representación de las principales ciudades del reino). Es en este particular donde el nombramiento de nuevos infanzones por el rey podía resultarle beneficioso. http://www.limacoedizions.com/public/wordpress/?p=3446 viii. Hijo de Apolo y de Calíope. Era tan hábil tañedor de la lira, que los árboles y las piedras dejaban su lugar, los ríos suspendían su curso y las fieras se juntaban para escucharle. Recorrió Egipto para ser iniciado en los misterios de Isis y Osiris. Se casó con la ninfa Eurídice. Un día que Eurídice huía de Aristeo, hijo de Cirene, fue mordida por una serpiente y murió. Orfeo descendió a los infiernos para implorar que le devolvieran a su compañera y le fue concedido con la condición de que él no volvería la cabeza para mirarla hasta que hubiera rebasado los confines del reino de los muertos. Eurídice ya estaba saliendo cuando Orfeo, miró hacia atrás y perdió a Eurídice. Intentó penetrar por segunda vez en la mansión de los muertos; Carón negóse a transportarle en su barca, y Orfeo estuvo siete días a orillas del Aqueronte. Se retiró al monte Rodope, en Tracia. Fue un poeta y un músico prodigioso, el cantor por antonomasia. Tocaba la lira y la cítara (de la que se le considera inventor o al menos el perfeccionador del instrumento, aumentando sus cuerdas de siete a nueve en honor a las nueve musas). Sus melodías tenían el http://www.limacoedizions.com/public/wordpress/?p=3446 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 392 poder de conmover a las rocas, los árboles inclinaban las ramas a su paso, conseguía amansar a las fieras y dulcificar el carácter de los hombres. Algunas tradiciones lo presentan como el soberano de Tracia, donde gobernaba sobre los bistones, los odrisos y los macedonios, entre otros. Está normalmente considerado hijo del rey de los tracios, Eagro, aunque en ocasiones se le adjudica como padre al dios Apolo. Las tradiciones discrepan más respecto a su madre, pero generalmente es considerada una de las musas, pudo ser Calíope, Polimnia, Urania o quizás Menipe (una hija de Támiris). Participó en la expedición de los Argonautas. Orfeo no remaba, se encargaba de marcar el ritmo de los remeros. Al ser el único iniciado en los misterios de Samotracia, era el encargado de pedir protección a los Cabiros (dioses menores protectores de los marineros), por lo que ejerció como sacerdote de los Argonautas. Durante una tempestad, sus cantos consiguieron tranquilizar a la tripulación e incluso calmar la furia de las olas. En esta expedición, su mayor hazaña fue anular el embrujo que los cantos de las Sirenas producían en los marineros. Orfeo entonó tan dulces melodías que la tripulación no sintió deseos de acercarse a las Sirenas, evitando así estrellarse contra las rocas y ser devorados por las Sirenas. Algunas leyendas cuentan que tras este episodio las Sirenas se suicidaron. Pero el mito que realmente ha dado notoriedad a este personaje ha sido su descenso a los infiernos en busca de Eurídice, esposa de Orfeo. Cierto día, mientras la dríade Eurídice se paseaba con sus compañeras por un prado de Tracia, fue sorprendida en tan gozosa ocupación por Aristeo, un hijo de Apolo. Embelesado por la belleza de la ninfa, sé abalanzó sobre ella con aviesas intenciones. Para evitar la violación, Eurídice emprendió una veloz carrera. Por desgracia, durante la persecución, la joven pisó con su pie descalzo una serpiente y murió. Cuando Orfeo descubrió su muerte, el dolor que sintió fue tan hondo que decidió adentrase en los infiernos para rescatarla de las fauces de la muerte. Gracias al hechizo que sus melodías producían, Orfeo pudo adentrase en el Tártaro. Primero embelesó con su música al barquero Caronte, que consintió en llevarle a través de los pantanos del Aqueronte. Después sus cantos embrujaron a Cérbero, el perro que cuida la entrada del Hades. Su música tuvo el poder de detener los suplicios de los condenados, la rueda de Ixión dejó de girar, la piedra de Sísifo quedó en equilibrio, Tántalo olvidó momentáneamente su eterna hambre y sed, las Danaides dejaron de llenar su tonel sin fondo. Tampoco los tres jueces infernales, Minos, Éaco y Radamantis quedaron indiferentes ante su música. Impresionados los dioses del Tártaro, Hades y Perséfone, ante tales pruebas de amor y habilidad, consintieron en devolverle a su amada. Solo pusieron una condición, que Orfeo saliese con Eurídice de los Infiernos sin volver la vista atrás, para comprobar que su esposa le seguía, hasta que llegase a la luz del sol. Orfeo aceptó y comenzó a caminar hacia la salida, con el sonido de su lira guiaba a la ninfa a través de la oscuridad. Cuando ya estaba cerca de la luz, le asaltó el temor de haber sido burlado por los dioses infernales, e incapaz de resistirse volvió la cara. En el momento en que sus ojos se posaron sobre su mujer, Eurídice desapareció para siempre y Orfeo se vio obligado a regresar al mundo de los vivos sin ella. La muerte de Orfeo nos ofrece mitos con numerosas variantes. Generalmente se admite que murió despedazado por las mujeres tracias. Los motivos de la ejecución pudieron ser varios. Quizás Afrodita quiso vengarse de Calíope (por el dictamen que hizo la musa en su papel de juez, sobre la disputa que mantenían Afrodita y Perséfone acerca de Adonis) a través de su hijo y para ello inspiró una insaciable pasión en las mujeres tracias, que se vieron despechadas por las negativas de Orfeo. Pudo ser por inventar la pederastia, pues tras la muerte de Eurídice, Orfeo solo se unió a muchachos. O quizás porque al regresar de los infiernos, instituyó unos misterios que estaban vedados a las mujeres. Otra leyenda relata la muerte de Orfeo por un rayo de Zeus, ofendido el dios, por las revelaciones que estaba haciendo a sus discípulos sobre sus experiencias en el Hades. Una de las versiones atribuye la muerte del músico a las ménades. Éstas lo habrían despedazado durante un furor dionisíaco inspirado por Dionisio, celoso por el culto que Orfeo profesaba a Apolo. También existe una leyenda que narra el suicidio de Orfeo atormentado por su fallido intento de recuperar a Eurídice. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 393 Tras su muerte siguen existiendo mitos sobre Orfeo. Una de ellos cuenta que las mujeres tracias arrojaron los pedazos de Orfeo junto a su lira al agua. Los trozos llegaron a Lesbos donde se les dio sepultura y de ella a veces salía el sonido de una lira. Otra tradición relata cómo se desató una peste en la desembocadura del río Meles y el oráculo declaró que la peste cesaría tras ofrendar honras fúnebres a la cabeza de Orfeo. Después de una exhaustiva búsqueda la cabeza fue encontrada por unos marineros aún sangrante y entonando melodías. Una vez muerto, la lira de Orfeo fue transformada en constelación y el músico llegó a los Campos Elíseos donde canta para los bienaventurados. La leyenda de Orfeo dio lugar a una forma de pensamiento que fue llamado teología órfica. Se suponía que Orfeo en su regreso al mundo de los vivos, había desvelado la manera de llegar a la tierra de los Bienaventurados, evadiendo los obstáculos con los que se encuentran las almas tras la muerte. Existe una amplia literatura atribuida a Orfeo en la que desvelaría estos secretos. Este pensamiento tuvo numerosos seguidores. El orfismo llegó a ser un modo de vivir, caracterizado por ritos de purificación, utilización de pócimas mágicas y múltiples prohibiciones. La teología órfica ofrece una explicación de los orígenes de la vida, de los orígenes del hombre y de su destino. El pensamiento griego estuvo muy influenciado por esta teoría, pues respondía a unas necesidades espirituales que religiones tradicionales no satisfacían. ix.Uno de los amores de Zeus fue Ío, que era sacerdotisa precisamente de la diosa Hera en Argos. Se dice que, para seducirla sin que se diera cuenta su esposa, Zeus se metamorfoseó en nube. Después Zeus, temiendo los celos de Hera, convirtió a Ío en ternera blanca. Pero, a pesar de todas estas precauciones, Hera sospechó y le exigió a su esposo que le entregara aquel precioso animal. Una vez en su poder, para que Zeus no se volviera a acercar a su amante, la sometió a la férrea vigilancia del guardián Argos, el de los cien ojos, quien siempre tenía abiertos cincuenta, mientras los cincuenta restantes dormían. Pero esta situación no duró mucho, porque Zeus, apiadado de la joven, envió al mensajero de los dioses para que matara al guardián. Y Hermes consiguió matar a Argos tras haberle dormido con su mágico caduceo los cincuenta ojos que permanecían vigilantes. Hera, al enterarse de lo ocurrido, rindió un último homenaje a su fiel servidor colocando sus cien ojos en la cola del pavo real, animal consagrado a la diosa. Y, por otro lado, hizo que un tábano persiguiera a la pobre ternera-Ío, que, huyendo del insecto, fue a parar a Egipto, donde finalmente cesaron sus tormentos y pudo dar a luz al hijo concebido con Zeus: Épafo, futuro rey de Egipto. x. Jano (en latín Janus) es, en la mitología romana, un dios que tenía dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil, padre de Fontus. Jano era el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año (que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a Enero). Como dios de los comienzos, se lo invocaba públicamente el primer día de enero (Ianuarius), el mes que derivó de su nombre porque inicia el nuevo año. Se lo invocaba también al comenzar una guerra, y mientras ésta durara, las puertas de su templo permanecían siempre abiertas; cuando Roma estaba en paz, las puertas se cerraban. Jano no tiene equivalente en la mitología griega. Al igual que Prometeo, Jano es una suerte de héroe cultural, ya que se le atribuye entre otras cosas la invención del dinero, las leyes y la agricultura, según los romanos este dios aseguraba buenos finales. xi. En la época de Hipócrates los griegos habían desarrollado un sistema interpretativo del mecanismo de producción de las enfermedades, basado en la teoría de los cuatro humores http://es.wikipedia.org/wiki/Lat%C3%ADn http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_romana http://es.wikipedia.org/wiki/Deidad http://es.wikipedia.org/wiki/Fontus http://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_espa%C3%B1ol http://es.wikipedia.org/wiki/Enero http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra http://es.wikipedia.org/wiki/Roma http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega http://es.wikipedia.org/wiki/Prometeo Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 394 orgánicos. Puede reconstruirse claramente el camino que llevó al pensamiento griego a este sistema médico: la ya mencionada idea de que el universo esta formado por cuatro elementos básicos (agua, aire, fuego y tierra) cada uno de ellos caracterizado por una cualidad especifica (humedad, sequedad, calor, frío), y la teoría de los cuatro contrarios que sostenía que entre los elementos opuestos debe conservarse un equilibrio para mantener la armonía del cosmos y la salud en el microcosmos que es el hombre. El principio médico básico fue la teoría según la cual todos los fluidos orgánicos están compuestos, en proporción variable, por sangre (caliente y húmeda), flema (fría y húmeda), bilis amarilla (caliente y seca) y bilis negra (fría y seca). Si estos "humores" se encuentran en equilibrio el cuerpo goza de salud, pero en cambio el exceso o defecto de alguno de ellos produce la enfermedad. Existen tres etapas en toda enfermedad: el cambio en las proporciones humorales causado por factores externos o internos, la reacción del organismo ante esa alteración , y la crisis final en la que la alteración acaba con la eliminación del humor que está en exceso o con la muerte. Según la proporción propia de los cuatro humores en cada individuo se clasificaba a estos en flemáticos, melancólicos, coléricos o sanguíneos. La teoría hipocrática, muy refinada por Galeno de Pérgamo unos siglos después (129- 199 a.C.) se extendió muy rápidamente entre los pueblos musulmanes gracias al médico y filósofo persa Avicena, (980-1037) autor de "El Libro de la Curación" (Kitab al-Shifa), "El Canon de Medicina" (Al-qanun fi al-tibb) y otros cuatrocientos cincuenta libros más entre tratados filosóficos y de medicina. Avicena aceptó sin dudarlo la teoría de los Cuatro Humores pero añadió a esa teoría que esos Cuatro Humores eran los Primarios y que había otros Humores Secundarios que eran los fluidos intracelulares y extracelulares que se encontraban entre los tejidos del cuerpo humano. De acuerdo con esta teoría, Avicena descubrió que los Cuatro Humores Primarios se derivaban de las digestiones de las comidas y eran utilizados por el cuerpo como componentes nutrientes para el crecimiento y para la reposición en el organismo de toda la energía que habría ido perdiendo durante el día. Según Avicena los Humores están muy equilibrados de por sí, y no tienen por qué desequilibrarse ya que el peor Humor es el de la Bilis Negra, la cual es responsable del crecimiento del cáncer y de otras enfermedades muy corrosivas puesto que se trata de una toxina. http://www.portalplanetasedna.com.ar/humores.htm xii. Las siete artes liberales que se enseñaban en la antigüedad comprendían dos grupos de estudios: el trivium y el quadrivium. Eran éstas (acompañadas de su materia principal en latín): - La gramática, lingua "la lengua"; - La dialéctica, tropus "las figuras"; - La retórica, ratio "la razón"; - La aritmética, numerus "los números"; - La geometría, angulus "los ángulos"; - La astronomía, astra "los astros"; - La música, tonus "los cantos". Durante la Edad Media, las artes liberales conformaban la parte central del currículo de las universidades. Para recordarla se habían compuesto los dísticos bárbaros siguientes: Gram. loquitur; Dia. vera docet; Rhet. verba colorat. Mus. canil; Ar. numeral; Geo. ponderat; Ast. colit aura. Los versos siguientes expresan en resumen el objeto que se proponían en cada uno de los estudios: Grammática. Quid quid agunt artes, ego semper prœdico partes Dialéctica. Me sine doctores frustra coluere sorores. Rethórica. Est mihi docendi ratio cum flore loquendi. http://www.portalplanetasedna.com.ar/humores.htm Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 395 Música. Invenere locum per me modulamina vocum. Geometría. Rerum mensuras et rerum signo figuras. Arithmética. Explico per numerum quid sit proportio rerum Astronomía. Astra viasque poli vindico mihi soli. xiii.En 1617 aparecen Los trabajos de Persiles y Sigismunda, un año después de morir Cervantes. Se trata de una novela bizantina o novela griega, a imitación de Heliodoro (s.III d.C.) y su Historia etiópica de Teágenes y Cariclea, traducida al castellano en 1554. Relata, en cuatro libros, cómo Periandro y Auristela viajan desde las tierras septentrionales de Noruega o Finlandia hasta Roma, donde revelan su verdadera identidad de enamorados y prometidos y su verdadero nombre de Persiles y Sigismunda, herederos de los reinos de Tule y Frislandia, para recibir cristiano matrimonio. Sufrirán peripecias o trabajos: la cautividad entre bárbaros, los celos de pretendientes de ambos amantes... En el primer libro quedan los protagonistas rumbo a Europa, aunque una tormenta los separa. En el segundo libro se recuperan para llegar en el tercer libro a Lisboa y atravesar Badajoz, Aranjuez u Ocaña hasta Valencia. Por Barcelona, Perpiñán y Provenza llegan a Milán y, desde Luca, comienza el cuarto libro con su llegada a Roma, donde, logran el matrimonio, y el final feliz del libro. La obra aprovecha recursos de las Novelas ejemplares, especialmente de las italianas, como el enredo, las confusiones, disfraces, etc. Se acumulan personajes que cuentan sus vidas y acompañan a los protagonistas. Cervantes pudo comenzar la redacción del libro hacia 1605 o a finales del siglo XVI. La segunda mitad, sin embargo, parece de fecha más reciente. Algún personaje responde a la realidad de su época y permite conjeturas sobre la fecha de elaboración. A la influencia de Heliodoro se debe sumar la de Olao Magno con su Historia de las gentes septentrionales (1555), resumida en 1562 y reflejada en el Jardín de flores curiosas (1570) de Antonio de Torquemada. La insistencia en el cristianismo y la ciudad de Roma es infrecuente en Cervantes y hace pensar en un ideal contrarreformista. xiv. A principios de los ochenta, la crítica feminista anglo-americana, Ginocrítica, recibe la influencia de la Escuela francesa que preconizaba unos derroteros distintos. El feminismo francés, al frente del cual se encuentran Hélene Cixous, Luce Irigaray y Julia Kristeva, se asienta en dos de los pilares máximos del pensamiento postestructuralista, la crítica de Derrida de la textualidad y del discurso y la teoría psicoanalítica de Lacan sobre la articulación por el lenguaje de la identidad del sujeto. En opinión de éste último, tras el complejo de Edipo el niño accede a un orden Simbólico en el que la constitución conjunta de la subjetividad y del lenguaje y, por ende, la integración en la sociedad sustentada por el Padre, conlleva irremediablemente la aparición de sentimientos de pérdida, deseo y alienación. Si bien con variaciones entre ellas, para Cixous, Irigaray y Kristeva la tarea de la crítica feminista consiste en describir los efectos en la mujer de esta masculina, represiva y alienante construcción del yo y, al tiempo, explorar su superación por medio de una écriture fémenine, de un lenguaje nuevo del Otro femenino, que escape de este modelo psicoanalítico y lingüístico y rompa con los pares binarios asimétricos hombre/mujer, masculino/femenino. El acercamiento a lo femenino implica escudriñar, con la vista puesta en la recuperación de la écriture fémenine, en estas elaboraciones del pensamiento occidental que han considerado a la mujer lo otro, lo reprimido. xv. “La razón y la fe -escribe Carranza- se han de entender como dos nortes con los cuales navegamos en esta vida, como los que navegan a las Indias se gobiernan por este norte que vemos en España, y, llegados a cierto punto, es necesario perder este norte y guiarse y navegar Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 396 por el otro. Así en la vida presente habemos de comenzar nuestra navegación por el norte de la razón y reglar nuestras obras por él. Pero si queremos ser cristianos, es necesario para nuestra navegación, en la mayor parte de la vida, perder este norte y navegar por la fe, y reglar nuestras obras por ella.” (De Bartolomé Carranza de Miranda, Comentarios sobre el catecismo cristiano, Amberes, 1558, fol. 8 Iº; citado por Bataillon, pág. 519) xvi. En la jurisdicción inquisitorial de Valladolid, afluyen denuncias a principios de 1558, sobre la propaganda “luterana” oculta que tiene múltiples centros en la propia Valladolid, en Salamanca, en Zaragoza, en Toro, en Palencia, en Logroño. Allí, como en Sevilla, se trata sobre todo de un evangelismo que proclama la salvación por la fe sola y cuyos partidarios más decididos pertenecen a la aristocracia y a las órdenes monásticas. Hablar de “comunidades protestantes” es falsear la imagen de este movimiento. En vano se buscaría en el culto reformado fórmulas luteranas. Se citan, es cierto, casos de comunión bajo las dos especies, admitida por Erasmo en la Praeparatio ad mortem. Se ve asimismo cómo la doctrina de la justificación por la fe se completa con negaciones sobre el purgatorio, sobre la confesión, sobre el valor de los sacramentos y de las obras, sobre el poder del Papa y de la Iglesia. Es posible que de no haber actuado la Inquisición en 1558, estos grupos hubieran acabado por convertirse en verdaderas comunidades protestantes, comparables a las que aparecen en Francia por el mismo tiempo. Tales como aparecen en los documentos inquisitoriales, hacen pensar más bien en los “conventículos” de alumbrados que en 1525 habían alarmado a la Inquisición de Toledo. El espíritu del iluminismo castellano, trasplantado tiempo atrás a Nápoles con Juan de Valdés, regresa de Italia a Castilla con Carlos de Sesso. Ha cambiado la fórmula: el “dejamiento” cede un lugar a la fe en la justificación por el beneficio de Jesucristo. Entre los escritos con que se nutren los nuevos “alumbrados”, Calvino y Lutero van al lado de Taulero, Juan de Valdés, Ochino y Constantino Ponce de la Fuente.” (Bataillon, M., 1966, págs. 521 y ss.). xvii. Pensador español (Valencia, 1492 - Brujas, Flandes, 1540). Nacido en una familia de judíos conversos, estudió en las universidades de Valencia y París. Desde 1512 se estableció en Flandes, donde fue profesor de la Universidad de Lovaina y entabló una estrecha relación con Erasmo de Rotterdam. También mantuvo amistad intelectual con Tomás Moro, que le llevó a enseñar en la Universidad de Oxford desde 1523. Al igual que Moro, se opuso al divorcio de Enrique VIII, motivo por el que fue arrestado y hubo de dejar Inglaterra y regresar a Flandes en 1528. Su influencia sobre la Europa del Renacimiento fue enorme, pues no sólo acudieron a consultarle los más influyentes artífices de la Reforma protestante y de la Contrarreforma católica, sino que fue tutor y educador de muchos nobles que ocuparon puestos de responsabilidad en la monarquía de Carlos V. Su pensamiento es uno de los máximos exponentes del humanismo renacentista: trató de rescatar el pensamiento de Aristóteles, descargándolo de las interpretaciones escolásticas medievales; sustentó una ética inspirada en Platón y en los estoicos. Pero, más que plantear teorías de altos vuelos, Vives fue un hombre ecléctico y universalista, que avanzó ideas innovadoras en múltiples materias filosóficas, teológicas, pedagógicas y políticas, y propuso acciones en favor de la paz internacional, la unidad de los europeos y la atención a los pobres. Entre sus abundantes obras cabe destacar los tratados Sobre el alma y la vida (1538) y Sobre la verdadera fe cristiana (1543). Sus escritos, todos en latín, son aproximadamente unos sesenta. La variedad de esta obra y su valor de innovación revela la honda calidad humana de Luis Vives, que insiste en problemas de métodos, por lo que ante todo es un pedagogo y un psicólogo. En su tratado De anima et vita (Sobre el alma y la vida), aun siguiendo a Aristóteles y defendiendo la inmortalidad del alma en base al argumento "res omnis sic se habet ad esse, quemadmodum ad operari", atribuye a la psicología el estudio empírico de los procesos espirituales, estudia la http://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/enrique_viii.htm http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/platon.htm Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 397 teoría de los afectos, de la memoria y de la asociación de las ideas, por lo que se le considera como precursor de la antropología del siglo XVII y de la moderna psicología. De su obra pedagógica destacan la Institutione de feminae christianae (1529, La educación de la mujer cristiana), especie de manual ético-religioso para la joven, la mujer casada y la viuda; De ratione studii puerilis (1523), sobre los métodos y programas de una educación humanística; De ingenuarum adolescentium ac puellarum institutione (1545) y De officio mariti, similares a las anteriores. De disciplinis (De las disciplinas, 1531), por último, se divide en tres partes: De causis corruptarum artium, De tradendis disciplinis y De artibus. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/vives.htm xviii. Juan Huarte de San Juan (1529-1588). Médico y filósofo nacido en San Juan de Pie del Puerto (Navarra). Estudió y se doctoró en la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá y ejerció su profesión en Baeza. Su obra más famosa es el Examen de ingenios para las ciencias, donde parte del hecho de las diversas capacidades de cada hombre para las distintas ramas del saber. Esta diversidad la atribuye al temperamento de cada ser, en tanto que cualidad orgánica. Así, la distinta capacidad cerebral funda la distinta capacidad mental de cada individuo, bien entendimiento, memoria o imaginación, que implican una clasificación de las ciencias humanas. El fundamento de la inmortalidad del alma no se encuentra en estas doctrinas, sino en la revelación. http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Juan_Huarte_de_San_Juan xix. De la tradición clásica las obras más importantes fueron Las aventuras de Leucipo y Clitofonte, del escritor griego del siglo IV Aquiles Tacio; Las metamorfosis o El asno de oro, del escritor latino del siglo II Apuleyo; y Teágenes y Cariclea (Las etiópicas), del escritor griego del siglo III Heliodoro. El Libro de las Maravillas de Marco Polo fue la novela de viajes más famosa de la Edad Media, traducido a principios del siglo XVI. No se trató de la única obra que sirvió para la formación de los caracteres de la novela bizantina; muchas otras crónicas y relatos de diverso tipo influyeron en ella, como la Historia de Peregrino y Ginebra (1553), y el Libro de las Maravillas del Mundo (1540) de Juan de Mandavila. La novela bizantina es de tema y argumento totalmente abierto, éste podría prolongarse indefinidamente mediante la inclusión de nuevas peripecias y aventuras de sus protagonistas. Se da incluso el hecho de que algunas novelas de este subgénero consisten en continuaciones de otras, o refieren lugares y situaciones distintas pero utilizando a los mismos personajes y con las mismas técnicas y materiales narrativos. xx. Novelista español de la primera mitad del siglo XVI. Poco documentado, se sabe que estudió en Salamanca, residió en Ciudad Rodrigo y fue amigo de Feliciano de Silva. Huyó o fue desterrado a Italia, donde publicó su novela Historia de los amores de Clareo y Florisea (1552), obra basada en Los amores de Leucipe y Clitofonte, del alejandrino Aquiles Tacio, que influyó en el Persiles de Miguel de Cervantes. xxi. Al estudiar textos como El peregrino en su patria de Lope de Vega o Los trabajos de Persiles y Sigismundo de Miguel de Cervantes, la crítica ha reconocido de manera unánime un modelo narrativo común: La historia etiópica de Teágenes y Cariclea de Heliodoro. Los recursos heliodorianos para atar y desatar los hilos de la historia y su manejo de la verosimilitud del relato fueron, entre otros, los méritos reconocidos por los preceptistas del Siglo de Oro, en particular por Alonso López Pinciano en su Philosophía antigua poética: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/v/vives.htm http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Hombre http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Saber http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Entendimiento http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Memoria http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Imaginaci%F3n http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Ciencias_humanas http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Alma http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Revelaci%F3n http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Juan_Huarte_de_San_Juan Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 398 de Heliodoro no hay duda que sea poeta, y de los más finos épicos que han hasta ahora escrito; a lomenos ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que él; tiene muy buen lenguaje y muy altas sentencias. Sobre el canevas de la novela bizantina, heredera de la novela griega, los sucedáneos españoles elaboraron sus propios códigos discursivos, generando novelas de peregrinos fuertemente impregnadas de la ideología católica post-tridentina. Vale aclarar que, con una finalidad instrumental y no exhaustiva, considero los siguientes rasgos como códigos discursivos de la novela española de peregrinos del Siglo de Oro: - es una historia de amor y aventuras; - protagonizada por arquetipos verificados por la superación de pruebas o trabajos; - los episodios son articulados por el viaje a través de espacios y tiempos más o menos definidos; - las peripecias y anagnórisis son motivadas por la Providencia Divina. La configuración histórica de esta especie narrativa transforma la historia de amor en peregrinación a Roma, y a sus protagonistas en peregrinos, siendo la consecuencia más evidente la puesta en relieve de la moralidad cristiana como mensaje ideológico privilegiado. Como parte de una investigación mayor destinada a considerar el viaje y, en particular, la peregrinación como esquemas discursivos de las novelas de amor y aventuras del Siglo de Oro español, he estudiado las coordenadas espacio-temporales de la novela de peregrinos desde la perspectiva teórica propuesta por Mijail Bajtin. El concepto de cronotopo es definido por el crítico ruso como “la conexión esencial de las relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura”. La mutua integración en un todo artístico coherente del tiempo en el espacio, y viceversa, es lo que define al cronotopo. A partir de él, Bajtin busca definir la imagen del hombre en la literatura. Un ejemplo para aclarar el sentido que el teórico ruso le adjudica al cronotopo es el cronotopo del camino: en él uno de los motivos más importantes es el del encuentro en el cual “la definición temporal ("al mismo tiempo") es inseparable de la definición espacial ("en el mismo lugar")”. El cronotopo de la novela griega es, según Bajtin, el más abstracto y estático de los grandes cronotopos novelescos. Pero en las novelas españolas de peregrinación se introducen cambios significativos como, por ejemplo, la sustitución del azar por los designios de la Providencia, o, a veces, la mayor concreción de las coordenadas geográficas e históricas; estos cambios acarrearán modificaciones de la imagen humana resultante. Los amores de Clareo y Florisea de A. Núñez de Reinoso En la novela de Reinoso la relación de las coordenadas espacio-temporales responde al modelo heliodoriano, es decir que, en términos bajtinianos, es una relación mecánica y abstracta. Clareo, su sobrina Florisea y la hermosa viuda Isea se desplazan por geografías difusamente trazadas en un tiempo pretérito impreciso. Los enamorados salen de Bizancio a Alejandría y Efeso, y regresan a Bizancio para casarse. Todas las ciudades son descritas con idéntica ambigüedad: Y ansí teniendo buen tiempo, dentro en diez días llegaron a la ciudad de Alejandría, adonde desembarcaron; y entrando en la ciudad por una puerta que del Sol se llama, comenzaron a mirar aquella hermosa ciudad [...] se veían columnas de una parte y otra, puestas todas con bella y hermosísima orden, en medio de las cuales estaba la plaza, de la cual salían infinitas calles para diversas partes y diversos usos. Los personajes se mueven también por geografías convencionales asociadas a modalidades narrativas precisas. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 399 Cincuenta años después de publicada la novela de Reinoso, Lope de Vega edita El Peregrinoen su patria, texto en el que retoma la tradición heliodoriana introduciendo elementos nuevos y replanteando según su personal estilo los ya consagrados por el gusto del público. Puede afirmarse que a partir de la novela de Lope el cronotopo de la novela griega ha sido desplazado por el cronotopo característico de la novela de peregrinación. En él el peregrino se mueve por una geografía separada del país natal por el mar y la distancia. Pero, a diferencia de Núñez de Reinoso, Lope hará que su héroe, Panfilo de Lujan, sea un peregrino en su patria, poniendo en juego la paradoja de un espacio familiar en un tiempo próximo. En este sentido no comparto la opinión de José Lara Garrido quien afirma: En El peregrino en su patria, y manifestando un nivel más de la polisemia del título, todo esto no seconsigue con el exotismo de un espacio geográfico amplio y variado sino en mundo próximo pero abstractamente extranjero, que no llega a esbozar nunca la imagen de lo natal y cotidiano. Sólo esta abstracción le permite a Lope el poder absoluto del azar en la ruta y el reencuentro efectivo, como sólo el cronotopo griego le recalca la condición de "laberinto ciego/de sucesos semejantes" a su romance. Aunque reconozco que la descripción de los lugares ciertamente no se detiene en lo pintoresco de la vida diaria, sin embargo la novela no deja lugar a dudas acerca de cuáles son las ciudades por las que los personajes pasean su desventura. No hay tal abstracción en el Peregrino, ya que no estamos ante un mundo «próximo pero abstractamente extranjero», sino más bien caracterizado por rasgos particulares y localistas que lo individualizan y al mismo tiempo lo alejan del “poder absoluto del azar”. El extrañamiento, la enajenación del héroe de su tierra natal es elaborada por Lope mediante cronotopos particulares: la cárcel, el hospital, las montañas y los baños argelinos. Presos, locos, ermitaños y cautivos cristianos se aglutinan en su reclusión espacial que, paradójicamente, los incluye en el marco social. También Panfilo de Lujan es sucesivamente cautivo, preso y loco, y más aún, decide fingirse loco para estar cerca de Nise, rasgo propio de la iniciativa personal que escapa a los designios del azar. La acción de la novela se sitúa en un marco geográfico determinado: la península Ibérica, África, Francia e Italia. En particular las ciudades de Barcelona, Valencia, Monserrat, Zaragoza, Marsella, Perpiñán, Ceuta, Fez, Lisboa y Roma. Hitos de la peregrinación de Panfilo y Nise, estos lugares reconocibles como espacios cotidianos ligan el desplazamiento de los personajes a una realidad cercana y concreta. Si bien, como he dicho antes, no hay descripciones coloristas ni detalles ambientales que ilustren explícitamente estos lugares como espacios públicos, aparecen atisbos de ello en la evocación de los sitios en los que se representan los autos sacramentales. La relación cronotópica entre los autos y la novela constituye el aporte más creativo que hace Lope a la tradición literaria de la novela bizantina española, y caracteriza al Peregrino como un texto múltiple y susceptible de ser decodificado por diversas vías. En lo relativo a los datos cronológicos, aunque en su mayor parte la novela transcurre en un tiempo indefinido con frecuentes precisiones del tipo “casi tres meses”, “de allí a algunos días”, “un día”, el texto fija la acción en un tiempo preciso: el “año santo del pontificado de Clemente octavo”, el 1600. Más adelante cita las bodas reales de Felipe III con Margarita de Austria celebradas el 18 de abril de 1599. De allí surge una falla cronológica justificada por la conveniencia de hacer coincidir ambos hechos, ya que los autos sacramentales muestran como artificio constructivo las imágenes de las bodas y del viaje del alma. El viaje, armazón estructural de los relatos de antiquísima data, obra aquí como elemento conducente hacia el dogma alegorizado, la difusión doctrinal y el artificio barroco. http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/056/056_135.pdf http://cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/056/056_135.pdf Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 400 xxii. Poeta, novelista y el más grande dramaturgo español, conocido como el Fénix de los ingenios. Su nombre completo era Lope Felix de Vega y Carpio. Nació en Madrid, el 25 de noviembre de 1562, en el seno de una familia artesana; su padre era bordador. Desde muy niño mostró gran disposición y facilidad para las letras. Estudió en un colegio de la Compañía de Jesús y después en las universidades de Alcalá y Salamanca. En 1583 participó como soldado en la expedición a las Azores que, al mando de don Álvaro de Bazán, sirvió para conquistar la Terceira, la última isla que faltaba por incorporar a la corona de Portugal, entonces en manos de Felipe II. A los diecisiete años se enamoró de la actriz Elena Osorio, que estaba separada de su marido y con la que vivió un tormentoso y apasionado idilio, que muchísimos años después, ya en su vejez, recreó en su novela dialogada La Dorotea (1632). Elena Osorio será la Filis de sus poemas en esa época. Al abandonarle su amada, hizo correr por Madrid unos versos ofensivos para ella y su familia, que le valieron un proceso y una pena de destierro en 1588. Decidió cumplir su destierro en Valencia y salió de Madrid en febrero de dicho año. Tres meses después, en mayo, se casó por poderes con Isabel de Urbina, mujer de familia noble y acomodada; hay fundadas sospechas de que Lope, transgrediendo la pena de destierro, no se encontraba lejos de la iglesia donde la boda se estaba celebrando. Lope ha hablado algunas veces de su participación en la Armada Invencible en 1588, pero los críticos no están muy seguros de que eso fuera verdad. Con su esposa Isabel, la Belisa de sus poemas, vivió en Valencia hasta 1590, y después, protegido por los duques, en Alba de Tormes, donde murió Isabel en 1594. Al año siguiente es perdonado y vuelve a Madrid, donde ya es famoso y admirado como autor teatral. Su nuevo amor es Micaela Luján, una mujer bella e inculta a la que ya dirigía versos desde 1593 con el nombre de Camila Lucinda. Micaela estaba casada, y mantuvo relaciones con Lope quince años, dándole cinco hijos, dos de los cuales fueron sus preferidos: Marcela y Lope Félix. A pesar de esta relación con Micaela, el 25 de abril de 1598 contrajo matrimonio con Juana de Guardo, mujer extraordinariamente vulgar, hija de un rico abastecedor de carnes, nunca hizo efectiva la dote que había prometido a su hija. Esos primeros años del siglo XVII nos presentan a un Lope que nos sigue asombrando por su desmesura: amores, a veces desgraciados y siempre difíciles, se entremezclan con una incesante producción literaria y teatral; en 1604 publicó una complicada novela, El peregrino en su patria, en la que insertó la lista de las obras que llevaba escritas hasta entonces; son 219 títulos y Lope tenía sólo 41 años. En 1608 rompió con Micaela Luján y se produce en él un arrepentimiento que puso de manifiesto en sus poemas religiosos; también aumenta su dedicación al hogar y a su hijo nacido en 1606 Carlos Félix. En 1609 publicó el poema Arte nuevo de hacer comedias, en el que explicaba su concepción del teatro y que se va convertir en el canon del teatro español de esa época: ruptura con los preceptos del teatro clasicista, mezcla de lo trágico y lo cómico, variedad de estilo dentro del decoro poético, versos y estrofas variadas, e intercalación de elementos líricos. En 1612 muere su hijo preferido, Carlos Félix, y un año después su mujer, Juana de Guardo; Lope sufre una gran crisis emocional y en 1614 se ordena sacerdote. En 1616 conoce a Marta de Nevares, muchacha de 26 años que a los trece se había casado contra su voluntad con un mercader. Marta era guapa y estaba dotada para la música y la literatura: fue la Amarilis y la Marcia Leonarda de sus poemas y novelas. Lope vivió momentos de prosperidad económica. En 1621 su hija Marcela ingresa en el convento de las Trinitarias, quizá para huir de la vida irregular de su padre; y ese mismo año su hijo Lope Félix salió de casa para iniciar la carrera de las armas, que le llevó a la muerte en un naufragio frente a las costas de Venezuela en 1634, lo que llenó de pena al anciano Lope. Hacia 1623 Marta de Nevares se queda ciega y luego pierde la razón; hasta que muere, en 1632, Lope estará a su lado cuidándola abnegadamente. En 1634 su hija Antonia Clara, tenida con Marta, de sólo diecisiete años, se fugó con un galán, llevándose joyas y dinero. Esta fuga y la muerte de su hijo Lope Félix le llenan de tristeza, y el 27 de agosto de 1635 muere en Madrid. La muerte de su gran poeta conmovió al público madrileño, que acudió en masa a su entierro. http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1952 http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1952 Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 401 xxiii. Miguel de Cervantes Saavedra nace en 1547, en Alcalá de Henares, de un padre cirujano que del lado materno tenía ascendencia, tal vez, judía conversa. De sus primeros años no se sabe nada seguro. Sólo nos quedan cuatro poesías suyas publicadas en 1569 en Madrid por su maestro, el humanista Juan López de Hoyos, con las cuales se inicia su carrera de escritor. De 1569 a 1580, la vida de Cervantes toma otro rumbo y se separa por completo del campo de las letras. Tras haber estado en Roma, pelea "muy valientemente" en Lepanto, perdiendo, a consecuencia de un arcabuzazo, el uso de la mano izquierda. Recuperado de su herida, toma parte el año siguiente en las acciones militares llevadas por don Juan de Austria en Navarino, Corfú y Túnez. En 1575, al regresar por mar a España, cae en manos de corsarios argelinos. Llevado a Argel como esclavo, conoce un cautiverio de cinco años, marcado por cuatro intentos frustrados de escape. Rescatado en 1580 por los trinitarios, Cervantes regresa a Madrid. En 1585 publica La Galatea, mientras hace representar varias comedias que se han perdido, con excepción de El trato de Argel y El cerco de Numancia. Por aquellas mismas fechas contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios. Pronto va a empezar otro capítulo de su vida. A partir de 1587, desempeña varias comisiones en Andalucía: primero, como proveedor de la Armada Invencible, luego para la Hacienda pública, con la cual conoce oscuras desavenencias, siendo encarcelado en 1597, durante varios meses, en Sevilla. En 1605 se encuentra en Valladolid, por aquel entonces sede de la Corte, el mismo año en que sale a luz en Madrid la primera parte del Quijote, consiguiendo un éxito inmediato. En 1607 regresa a Madrid. Esta última fase de su vida queda marcada por una intensa actividad literaria. En 1613 se editan sus Novelas ejemplares. En 1614 da a conocer el Viaje del Parnaso, y en 1615, las Ocho comedias y ocho entremeses. También el mismo año publica la segunda Parte del Quijote, respuesta a la continuación apócrifa publicada el año anterior por el misterioso Avellaneda. Por fin, en 1616, termina Los trabajos de Persiles y Segismunda. A los tres días de redactada la dedicatoria, muere Cervantes el 22 de abril de 1616, coincidiendo su desaparición con la de William Shakespeare. xxiv. Los trabajos de Persiles y Segismunda, obra publicada póstumamente, bien pudieran ser empresa novelesca iniciada por Cervantes en la última década del siglo XVI. La novela se cierra en el lecho de muerte, lo que viene a significar que está acabada por quien se sabe y autoestima como el primer novelista de su tiempo; sin duda, Cervantes pretendía desquitarse de la fama de novelista "cómico" que le había deparado el carácter risible del Quijote y se adentra en el "género bizantino" dispuesto a colmarlo de gravedad y trascendencia. Es una "novela" nítidamente cristiana, basada en la figura central del peregrino que se purifica moralmente en su continuo viaje; precisamente el modelo más próximo a la "novela ideal". El resultado es la azarosa peregrinación llevada a cabo por Persiles y Sigismunda: dos príncipes nórdicos enamorados que, haciéndose pasar por hermanos bajo los nombres de Periandro y Auristela, emprenden un viaje desde el Septentrión hasta Roma con el fin de perfeccionar su fe cristiana antes de contraer matrimonio. Como era de esperar, el viaje está entretejido de multitud de "trabajos" (raptos, cautiverios, traiciones, accidentes, reencuentros, etc.) enriquecidos y complicados hasta el delirio por las historias de los personajes secundarios que van apareciendo a través del trayecto y por las jugosas descripciones de los escenarios geográficos, particularmente de los nórdicos. xxv. Recoge, junto a las aventuras novelescas, abundantes recuerdos personales del autor relacionados, sobre todo con la vida del cautiverio; el protagonista de la obra es apresado en Argel y libertado por los mercenarios. En líneas generales es muy complicada, con numerosas peripecias. Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 402 xxvi. Es la novela menos destacada por la crítica. En esta novela se nos cuenta la historia de los cautivos Ricardo y Leonisa, con una trama semejante a las novelas bizantinas e influencia de la narrativa italiana. xxvii.Robert Graves, una de las mentes que mejor intuyó las sutilezas de la mitología, nos ha dejado una descripción de estas damas: “Mujeres horribles, arrugadas, salvajes y secas como el carbón; con serpientes en lugar de cabello, rostros de perro, alas de murciélago, y ojos que vomitaban un fuego oscuro. Eran portadoras de antorchas inextinguibles y empuñaban látigos que siempre caían en la misma herida...” Este mito es uno de los más sutiles, no ya de la mitología griega, sino de todo el mundo antiguo. Estas aterradoras mujeres son tres hermanas: Alecto, Megera y Tisífone. Cuando Cronos se rebeló contra Urano, su padre, alcanzó la victoria cuando pudo cercenarle los genitales. De la sangre caída por la inimaginable herida nacieron las Erinias. En su versión más antigua, también Afrodita nació durante esta mutilación, sólo que su fuente nutricia no fue la sangre, sino el semen derramado por el miembro amputado del pobre Urano. La esencia de la Venganza. Las Erinias son deidades, pero no están sometidas ni a los dioses olímpicos, ni tampoco a los señores infernales. Residen en el Erebo, o en el Tártaro y de allí parten para atormentar a los vivos que han cometido un crimen, o bien reciben a los pérfidos con diversas y elegantes torturas. El procedimiento que aplicaban era bastante simple: cuando alguien incurría en una falta grave, ellas volaban hacia el criminal, y lo atormentaban con horribles gritos y aullidos que jamás cesaban. De allí proviene otro de sus epítetos: Μανίαι, Maniai, Las que Enloquecen. xxviii.Jansenismo es el nombre del movimiento que se originó por la controversia sobre la doctrina de la Gracia. Origen del movimiento. Dividió a la Iglesia católica de Francia durante más de un siglo y desarrolló un espíritu puritano y separatista, en muchas maneras análogo al del calvinismo francés. Ya que los escritos de Agustín, tras los de Pablo, habían determinado principalmente a Lutero y Calvino, la Contrarreforma se guió por una actitud práctica, aunque velada, de hostilidad hacia sus enseñanzas especiales. Esos escritos habían tenido una poderosa influencia en la Edad Media sobre los místicos y escolásticos, que dejaron su huella en la teología tomista de la orden dominica. En el Concilio de Trento, con respecto a las doctrinas de la Gracia y del Pecado, los dominicos se opusieron a la tendencia escotista hacia el semi-pelagianismo, ejemplificada en los franciscanos y jesuitas. Sin embargo, serían éstos quienes saldrían victoriosos y pronto desarrollarían atrevidamente sus deducciones de las concesiones que se les hicieron. La doctrina paulina y agustiniana era ahora sostenida especialmente por Miguel Bayo, profesor de Lovaina. Los franciscanos obtuvieron la condenación de setenta y seis de sus proposiciones en 1567 y 1579. Cuando el jesuita padre Molina, en 1588, enseñó el semi-pelagianismo, los dominicos trajeron serias acusaciones contra él. Para solventar la disputa entre las dos órdenes, Clemente VIII convocó en 1597 una congregatio de auxiliis para definir decisivamente la relación de la gracia con la conversión, pero fue disuelta en 1607 por Pablo IV. Al aumentar la sima entre la Iglesia católica y las iglesias de la Reforma, el espíritu semi-pelagiano en la vida y la doctrina se hizo más grande en la Iglesia católica y al degenerar el tomismo en un escolasticismo sin vida, no es extraño que la doctrina de Agustín fuera, en 1612, una nueva revelación para dos jóvenes y celosos estudiantes de la universidad de Lovaina, Cornelio Jansenio y Duvergier de Hauranne, posterior abad de St. Cyran. http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_jansenismo http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1105.html http://mitologiagrecorromana.idoneos.com/index.php/307551 http://www.galeon.com/mitoinfo/aficiones511846.html http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89rebo http://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%A1rtaro_%28mitolog%C3%ADa%29 http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_catolicismo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_puritanismo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_calvinismo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_agustinh http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_lutero http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_calvino http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_contrarreforma http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_misticismo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_escolasticismo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_dominicos http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_trento http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_pelagianismo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_franciscanos http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_jesuitas http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_bayo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_molinal http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_clementeviii http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_clementeviii http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_pabloiv http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_reforma http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_jansenio http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_duvergier http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_duvergier http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_abad Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 403 xxix. Cornelio Jansenio nació en Acquoy en Holanda septentrional el 28 de octubre de 1585 y murió en Ypres el 6 de mayo de 1638. Estudió teología en el colegio de Adriano VI en Lovaina, donde estableció una estrecha amistad con Duvergier. Rehusó ser profesor de filosofía, odiando a Aristóteles como padre del escolasticismo y creyendo que las ideas de Dios y de la virtud de Platón eran superiores a las de los teólogos católicos. Como presidente del colegio de Santa Pulqueria enseñó teología. Por la continua lectura de los escritos de Agustín, llegó a la convicción de que los teólogos católicos de ambas tendencias se habían desviado de la doctrina de la Iglesia primitiva y en 1621 resolvió, con su amigo Duvergier, trabajar en pro de una reforma. Con este propósito entró en contacto con prominentes teólogos irlandeses y con los líderes de la nueva congregación francesa del Oratorio. A su instigación, la universidad de Lovaina excluyó a los jesuitas como profesores y en favor de la universidad hizo viajes a Madrid en 1623 y 1627, con referencia a ciertas usurpaciones de los jesuitas. En 1630 fue designado profesor de Sagrada Escritura en Lovaina y en 1636 obispo de Ypres. Plasmó los resultados de sus estudios de Agustín en su obra Augustinus, seu doctrina Sancti Augustini de humanae naturae sanitate, aegritudine, medicina adversus Pelagianos et Massilienses (3 vols., Lovaina, 1640). El primer volumen da una exposición histórica de las herejías semi-pelagianas; el segundo establece la doctrina agustiniana del estado de inocencia y caída, mientras que el tercero trata de la gracia de Cristo y de la predestinación, en el espíritu de Agustín. Mientras la obra estaba todavía en la imprenta en Lovaina, los jesuitas hicieron grandes esfuerzos, por el nuncio papal en Colonia, para prohibir su aparición, aunque sin éxito. Fue inmediatamente reimpresa en París y Rouen. La bula In eminenti (1642) reprochó a Jansenio la renovación de las herejías de Bayo, pero para entonces ya estaba muerto hacía cuatro años. Fue solamente tras una resistencia de varios años por parte de los obispos, universidades y estados provinciales, que la bula fue publicada en los dominios españoles en los Países Bajos, siendo su aceptación impuesta por la fuerza. El jansenismo condenado por el papa. El líder de la facción jansenista tras la muerte de Jansenio y Duvergier fue Antoine Arnauld, sabio doctor de la Sorbona que, en 1643, publicó De la fréquente communion sobre la base de la doctrina de la predestinación tal como era enseñada por Agustín y Jansenio. Al mismo tiempo, los jesuitas estaban activos para lograr la condenación de los principios jansenistas, siendo ayudados en sus esfuerzos por los dominicos franceses, mientras que los dominicos españoles e italianos se ponían de parte de Jansenio. La universidad de Lovaina solicitó la ayuda de la Sorbona para repeler la usurpación jesuita e impedir la condena de los escritos de Jansenio. Como ninguna doctrina particular de Jansenio había sido condenada como herética en la bula papal, los jesuitas intentaron formular, en proposiciones definidas, la herejía de la que le acusaban, siendo finalmente reducidas a cinco y en 1650 llevadas a Roma. Son las siguientes: 1. Algunos mandamientos de Dios son imposibles de ejecutar por el justo y la gracia por la que pueden ser verdaderamente cumplidos falta; 2. En el estado de la naturaleza caída la gracia interior nunca es resistida; 3. En el estado caído el mérito y el demérito no dependen de la libertad que excluye la necesidad interna; 4. Los pelagianos admitieron la necesidad de una gracia preveniente interior para la realización de cada acto (bueno), incluso para el primer acto de fe; su herejía consistía en la afirmación de que su gracia era de tal naturaleza que la voluntad del hombre podía resistirla u obedecerla; 5. Es semi-pelagiano decir que Cristo murió o derramó su sangre por todos los hombres sin excepción. El papa Inocencio X condenó esas tesis en 1653 en la bula Cum occasione de acuerdo a las siguientes sentencias: http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_adrianovi http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_aristoteles http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_obispo http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_herejia http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_predestinacion http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_legado http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_papado http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_breves http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_arnaulda http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_arnaulda http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_sorbona http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_inocenciox Lectura crítica, ideológica, estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El Hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüístico. 404 1. Declarada y condenada como temeraria, impía, blasfema, condenada como anatema y herética. 2. Declarada y condenada como herética. 3. Declarada y condenada como herética. 4. Declarada y condenada como falsa y herética. 5. Declarada y condenada como falsa, temeraria, escandalosa y entendida en el sentido de que Cristo sólo murió por la salvación de los predestinados, impía, blasfema, injuriosa, que anula la piedad divina, y herética. Aunque esta bula no fue confirmada por la asamblea de clérigos ni por el parlamento, fue enviada a las diferentes diócesis para que fuera firmada, a instigación de los jesuitas. Los jansenistas declararon su voluntariedad a condenar las cinco tesis en su sentido herético, pero no como proposiciones de Jansenio. La mayoría de ellos admitieron la infalibilidad del papa en asuntos de fe, pero no en cuanto a los hechos del conocimiento meramente humano. En 1654 el papa declaró que esas tesis condenadas estaban en el Augustinus de Jansenio y que su condenación como enseñanza de Jansenio tenía que ser suscrita bajo pena de destitución. Ante esa amenaza cientos del 'partido de la gracia' firmaron la condena. http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_jansenismo xxx.Pascal tomó partido por los jansenistas frente a los jesuitas y en 1656/57 redactó una serie de folletos satíricos polémicos anónimos. Estos tuvieron una resonancia explosiva y en 1657 incluso fueron publicados en Holanda en forma de libro, bajo el título de Provinciales, ou Lettres de Louis de Montalte à un provincial de ses amis et aux R. R. PP. Jésuites sur la morale et la politique de ces pères (Cartas provincianas, o cartas de L. de M. a un provinciano amigo así como a los jesuitas sobre la moral y la política de estos padres). Se trata de dieciocho cartas supuestamente escritas por un personaje ficticio de nombre Montalte de viaje en París, de las que las primeras diez están dirigidas a un amigo ficticio en su provincia de origen, las siguientes seis a los padres jesuitas de París, mientras que las últimas dos se dirigen en especial al padre confesor del rey. En estas cartas, Montalte, primero en el rol de joven noble, ingenuo y no versado en teología, describe como los jesuitas le explican su teología de manera sabihonda y desdeñosa; después, aprendida la "lección", empieza a discutir con ellos, reduciendo al absurdo sus enseñanzas de manera aguda e hilarante. Microsoft ® Encarta ® 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_clero http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_obispado http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_infalibilidad http://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=enc_destitucion http://es.wikipedia.org/wiki/Lettres_provinciales Anexo I 1 ANEXO I Sociedad, Cultura y Geopolítica en la España Barroca desde el nacimiento de Baltasar Gracián (1601) hasta su muerte (1658) Detalles de La Batalla de Rocroi (1643), de Augusto Ferrer i Dalmau Anexo I 2 ANONIMO (Siglo XVII) Marizápalos era muchacha Enamorada de Pedro Martín Por sobrina del cura estimada, La gala del pueblo, la flor del abril. Marizápalos salió una tarde Al verde sotillo de que va hacia Madrid, A coger con sus manos las flores Teniendo más ella que mayo y abril. Estampando la breve chinela1 Que tiene ventaja de mayo chapín2 Por bordearle sus plantas de flores El lazo del campo se volvió tabí3. Merendaron los dos a la mesa Que puso Marieta de su faldellín4 1 . Según D.R.A.L.E., chinela. (Del ant. chanela; cf. it. pianella). 1. f. Calzado a modo de zapato, sin talón, de suela ligera, y que por lo común solo se usa dentro de casa. 2. f. Especie de chapín que usaban las mujeres sobre el calzado en tiempo de lodos. 2. Según D.R.A.L.E., chapín. (Voz onomat.). 1. m. Chanclo de corcho, forrado de cordobán, muy usado en algún tiempo por las mujeres. 3. Según D.R.A.L.E., tabí. (Cf. atavío). 1. m. Tela antigua de seda, con labores ondeadas y que forman aguas. 4. Según D.R.A.L. E., faldellín. (Del dim. de falda). 1. m. Falda corta. 2. m. Falda corta y con vuelo que usan las campesinas sobre las enaguas. Anexo I 3 Y Perico, mirando a lo verde, Comió de la salsa de su perejil. Pretendiendo de su garabato Quitarle la carne con garfio sutil, Marizápalos le dijo: “¡Zape!” Quedando en su aliento cariño de miz5. Cuando oyeron allá entre las ramas Las herradurillas de un fuerte rocín, El adonis se puso en huída Temiendo los dientes de algún jabalí. Era el cura, que al soto venía, Que si un poco antes acierta a venir, como sabe gramática el cura, Podía cogerlos en un mal latín. (Baile6, Marizápalos era muchacha) 5. Según el D.R.A.L.E. miz, 2. m. coloq. gato (‖ mamífero félido). 6 . Los músicos de su Alteza fue fundado como conjunto en 1992 por Luis Antonio González para recuperar y difundir las obras más destacables del patrimonio musical español de los siglos XVII y XVIII. Colaboran regularmente con el Departamento de Musicología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Los géneros teatrales proponían al principio del espectáculo (loas), entre actos de la obra principal (entremeses y sainetes) y lo cerraban con bailes y mojigangas. De ahí los nombres sonoros y pintorescos declaradamente populares o exóticos: villano, canario, españoleta, folía, marizápalos y se fundían en melodías propias. La pieza de “Marizápalos” fue interpretada el 27 de abril de 2011, 19,30 horas, en el Tercer Concierto del Programa LAS MÚSICAS DE CALDERÓN, Fundación Juan March. Raquel Andueza, soprano, La Galanía; Jesús Fernández Gaena, tiorba; Manuel Vilas, arpa; Alfredo Barrales, viola de gamba http://lema.rae.es/drae/srv/search?id=CQN77risvDXX2HE2ZmIK#1_1 Anexo I 4 Sociedad, Cultura y Geopolítica en la España Barroca desde el nacimiento de Baltasar Gracián (1601) hasta su muerte (1658) Año Biografía Historia y Geopolítica Cultura y Arte Auge del Absolutismo: España (1589-1700) El reinado de Felipe III (1598-1621) se inicia con la paz con Francia. El nuevo soberano hereda la Hacienda en quiebra, un país empobrecido a pesar de sus inmensos dominios territoriales y conflictos con Inglaterra y los Países Bajos. 1599 Comienza la privanza del Duque de Lerma. Matrimonio del rey Felipe III con Margarita de Austria. Anexo I 5 1600 Traslado de la Corte a Valladolid hasta 1606 que vuelve a Madrid. 1601 Nace en Belmonte de Calatayud (Zaragoza). Partida de bautismo de 8 de enero de 1601. . Nacimiento del pintor Alonso Cano . Padre Mariana: Historia general de España . Michelangelo Meresi da Caravaggio (1571- 1610): La crucifixión de San Pedro. 1602 En 1599 Mateo Alemán había publicado en Madrid la Primera parte de la vida del pícaro Guzmán de Alfarache. En 1602 apareció una segunda parte de Guzmán de Alfarache, por Mateo Luján Saavedra, seudónimo del abogado valenciano Juan Martí, obra muy inferior. 1603 . Mateo Alemán publica en Lisboa La Segunda parte de la vida de Guzmán de Alfarache, atalaya de la vida humana, por Mateo Alemán su verdadero autor. 1604 El tratado de Londres fue un tratado de paz, firmado entre España e Inglaterra, que marcó el final de la Guerra anglo-española de 1585-1604. Jacobo I Estuardo, rey de Escocia y . Caravaggio: Madonna de Loreto, Juan Bautista, La coronación de espinas y La muerte de la Virgen. Anexo I 6 heredero de los Tudor, se proclama soberano de Gran Bretaña. Reforzamiento de la Iglesia anglicana frente al puritanismo y el catolicismo 1605 Conspiración de la pólvora organizada por los católicos. Oposición parlamentaria a la tendencia absolutista de Jacobo I (impuestos, venta e títulos, cargos); la nobleza terrateniente y la burguesía ciudadana defienden sus viejos privilegios. . Miguel de Cervantes: El Quijote (1ª. parte) . Caravaggio: Cristo en el monte de los Olivos, Ecce Homo, San Jerónimo en meditación… . El napolitano Pietro Bernini, padre del arquitecto, pintor y escultor italiano Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), se instala en Roma para trabajar en las obras de Pablo V. En aquella Roma de primeros del XVII se acogieron artistas de toda Europa contrastando ideas y experiencias artísticas. Allí trabajaron maestros como Caravaggio, Annibale Carracci o Peter Paul Rubens quienes abrieron las vías del Barroco. 1606 . Nacen Rembrandt y Corneille . Shakespeare estrena de El Rey Leal y escribe Macbeth . Gregorio Fernández, escultor barroco español, de la Escuela de Valladolid, nació en Sarriá (Lugo, 1576) y se traslada a Valladolid en 1605. Allí se estableció la Corte donde recibe encargos de Felipe III, el Duque de Lerma, las órdenes monásticas… Allí estudió las obras de Juan de Juni y de Pompeo Anexo I 7 Leoni. Entre sus obras hay que destacar las primeras esculturas del “paso” de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de Nazareno de Valladolid (1612), el retablo mayor de la iglesia de las Huelgas Reales de Valladolid (1613), el Ecce Homo (1613) de Valladolid, Cristo Yacente de El Pardo, sería un encargo personal de Felipe III (1614), etc. 1608 . Mateo Alemán emigra a Indias y en Méjico publicó su Ortografía castellana. . Nace el poeta y ensayista inglés John Milton (1608-1684), autor del poema épico El paraíso perdido. 1609 . Expulsión de los moriscos en las Alpujarras. . Tregua de los doce años en los Países Bajos. . Lope de Vega: Arte Nuevo de hacer comedias de este tiempo. 1610 . Enrique IV muere asesinado en Francia, que luchó contra la Liga católica y los ejércitos españoles, aunque en 1593 se convirtió al catolicismo (París bien vale una misa); fin de la guerra. . Muerte de Caravaggio 1612 Inicia estudios en Calatayud y, con su tío Antonio Gracián, capellán de la Iglesia de . Éxitos españoles en el norte de Italia. . Tirso de Molina inicia su Burlador de Sevilla y convidado de piedra que no Anexo I 8 San Pedro de los Reyes, en Toledo. terminará hasta 1625. 1613 . Góngora: Soledades1 . Cervantes: Novelas ejemplares . Lope de Vega: La dama boba y El perro… 1614 . Muerte de El Greco en Toledo . Muerte de Mateo Alemán. . Góngora: La fábula de Polifemo y Galatea . Pedro Díaz de Villanueva, pintor de Sevilla, toma a Francisco de Zurbarán como aprendiz con 16 años, durante 3 años. Los principales artistas del momento eran Francisco Pacheco, Juan de Roelas, Francisco de Herrera, el Viejo y Francisco de Herrera, el Mozo. . El taller más importante de Sevilla era, sin duda, el de Pacheco donde encontramos alumnos como Diego Velázquez (1610; tenía 11 años) y Alonso Cano (1616; 15 años), que los formaba a la manera italiana. 1615 . Cervantes: El Quijote (2ª. parte). . Tirso de Molina estrena en Toledo Don Gil de las Calzas verdes. 1616 .Muerte de Cervantes y Shakespeare . Primeras obras del pintor y grabador español José Ribera y Cucó, apodado Lo Spagnoletto (Játiva, 1591-Napoles, 1652). Entre su Anexo I 9 producción destacan: San Andrés (1616), El Tacto (1620), Arquímedes (1630), La mujer barbuda (1640)… Influido por el tenebrismo de Caravaggio, en la madurez evoluciona a un estilo mñas ecléctico y luminoso. 1617 Comienza a construirse la Plaza Mayor de Madrid. Situada en el Madrid de los Austrias, fue ideada como una reforma de Felipe II y ejecutada por sus sucesores: Felipe III y Carlos II. 1618 . Privanza del duque de Uceda, hijo mayor del duque de Lerma, valido de Felipe III. . El escritor y músico español Vicente Espinel publica, en la imprenta de Juan de la Cuesta, la novela picaresca con ribetes autobiográficos Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón. Inventó las décimas llamadas Espinelas. . Nacimiento de Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682). 1621 Profesa sus primeros votos perpetuos. Regresó a Calatayud para estudiar Filosofía con el padre Jaime Albert. Felipe IV (16 años) sucede a Felipe III y otorga la privanza al conde duque de Olivares (1587-1645). Crisis de la unidad Ibérica. Aumento de impuestos y tributos. Intenta la supremacía frente a Francia y consolida el dominio de los Países Bajos. Bernini: Rapto de Proserpina (1621-1622) 1622 Apoyo al Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Fernando . Nacimiento de Molière . Nacimiento del pintor Valdés Leal Anexo I 10 II en la Guerra de los Treinta años (1618-1648), que comenzó como conflicto religioso y acabó como una lucha por la hegemonía europea. Se manifiestan las tensiones entre las naciones católicas y las protestantes al suprimir aquél el Protestantismo de sus territorios. . Rubens publica Tratado de la pintura . Calderón de la Barca participa justas poéticas en Madrid por la canonización de S. Isidro, Sta. Teresa, S. Ignacio, S. Francisco Javier y S. Felipe Neri. Calderón será autor de más de doscientas obras de las que unas ciento ochenta contienen intervenciones musicales. Cultivó todos los géneros dramáticos incluyendo dos obras enteramente cantadas de tema mitológico, representadas en 1659 y 1660 respectivamente; La púrpura de la rosa, de una jornada; y Celos aun del aire matan, de tres. Lope de Vega compuso La selva sin amor, cuya música no se conserva, que junto con las de Calderón, son las primeras óperas españolas, y también las últimas del siglo XVII, ya que “cantar a la italiana” no prendió entre el público barroco. Baccio de Bianco, escenógrafo y tramoyista del teatro del Palacio del Buen Retiro, opinaba que no había modo de meterle en el caletre a los paisanos de Calderón que uno pudiera “hablar cantando”. El género de drama musical que cuajó en el espíritu nacional fue el de la zarzuela, en parte representado y en parte cantado. Fue un invento de Calderón. No existían condiciones sociales para que la ópera llegase a la Anexo I 11 burguesía, aunque tampoco tuvo suerte con el público aristocrático que asistía a las representaciones en el palacete de la Zarzuela o en el Palacio del Buen Retiro. Entre los compositores del Barroco español destacan: Juan Hidalgo (1614-1685), Lucas Ruiz de Ribayaz (a. 1626-d. 1677), Gaspar Sanz (1640-1710), Sebastián Durón (1660- 1716), Juan Bautista Cabanilles (1664- 1712), Antonio Literes (1673-1747), etc. 1623 Comienza estudios de Teología en Zaragoza. . Nacimiento de Blaise Pascal . Bernini: David (1623) 1624 El cardenal Rechelieu (1582-1642) es nombrado presidente del Consejo Real en la Francia absolutista. . Juan Ruiz de Alarcón representa La verdad sospechosa, obra clave del teatro hispanoamericano. . Muerte de Vicente Espinel. Su discípulo Lope de Vega, en El Laurel de Apolo, le llama “único poeta latino y castellano de estos tiempos”, o en el prólogo a La viuda valenciana, “padre de la música”. Fue también amigo de Cervantes, de Góngora, Quevedo y muy admirado por Gracián. . Bernini: Baldaquino de San Pietro (1624- 1633), primer encargo de Urbano VIII, cuyo remate fue ideado por Borromini: cuatro volutas triples, trabadas a la enérgica curvatura del entablamento, dando un mayor Anexo I 12 dinamismo y trasparencia a su grandiosa estructura escenográfica. 1625 . Decreto con la prohibición de imprimir comedias en Castilla (rige hasta 1634). .Muerte del poeta italiano Giambattista Marino (1569-1625), creador del marinismo o estilo extravagante y excesivo de conceptos, que se impuso en la poesía italiana del siglo XVII. 1626 . Quevedo: El Buscón . Diego de Velázquez, en 1626, inicia una serie de enanos y bufones con el Juan Calabazas, llamado Calabacillas y continuada por El príncipe Baltasar Carlos con un enano (1631), El niño de Vallecas (1634), El bufón barbarroja, Don Cristóbal de Castañeda y Pernia (1636), El bufón Calabacillas, llamado erróneamente El bobo de Coria (1636), El bufón llamado Don Juan de Austria (1643), El bufón don Diego de Acedo, “El Primo” (1645), El bufón Sebastián de Morra (1644), etc. . Bernini: La Iglesia de Santa Bibiana 1627 Se ordena sacerdote después de los estudios de Filosofía en Calatayud y de Teología en Zaragoza. Regresa a Calatayud donde enseña . Bancarrota del Estado. . Felipe IV conoce en el Corral de la Cruz de Madrid a María Calderón . Muerte de Góngora . Quevedo: Sueños. Discursos Anexo I 13 Letras Humanas y Gramática. De esta época son los primeros borradores del ARTE DE INGENIO. (1611-1646), llamada popularmente La Calderona y Marizápalos. Actriz afamada de teatro de comedias, fue amante del rey y madre del bastardo real Juan José de Austria. 1929 . Bernini: Sepulcro de Urbano VIII (1628-1647) 1629 . Nacimiento del Príncipe Baltasar Carlos (1629-1646), hijo de Felipe IV y su primera esposa Isabel de Borbón. Su prematura muerte privó a España del que pudo ser un gran Rey, en opinión de muchos de sus coetáneos. . Nacimiento de Juan José de Austria (1629-1679), político y militar, hijo bastardo de Felipe IV y la actriz María Inés Calderón, llamada La Calderona. En 1642 fue reconocido oficialmente como hijo de Felipe IV. En Ocaña recibió una esmerada educación. . Muere el científico alemán Johannes Kepler quien diseñara el modelo definitivo del sistema solar y demostró matemáticamente que los planetas giran alrededor del Sol. . Gian Lorenzo Bernini fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro por Urbano VIII; desde entonces trabajo ininterrumpidamente para los sumos pontífices, excepto para Inocencio X que prefirió a otros artistas. 1630 Valencia: tercera probación, prescrita por Ignacio de Loyola, antes de hacer los últimos votos (un año). Brota su inquina por las gentes de aquella región. Anexo I 14 1631 Es destinado al colegio de los jesuitas de Lérida como profesor de Teología Moral y consultor-asesor del rector. Aquí permanece 2 años. Muerte del poeta metafísico inglés John Donne (1572-1631), La poesía metafísica es equivalente a la poesía conceptista del Siglo de Oro español de la que es coetánea. 1633 Regresa a Valencia. Ocupa la cátedra de Filosofía en la Gandía hasta 1636. Dos hechos relevantes de su biografía: a) Profesión solemne de los cuatro votos de la orden. b) Primeras y graves diferencias entre Gracián y sus superiores, lo que le produce decaimiento y melancolía. Retractación del célebre astrónomo Galileo Galilei ante la Inquisición. Defendió la teoría heliocéntrica de Copérnico, quemado por la inquisición e hizo importantes descubrimientos como las leyes del péndulo y las del movimiento acelerado. Acusación: todo lo que defendía iba contra las S. Escrituras. 1634 Diego Velázquez: La Rendición de Breda o Las lanzas, para la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, construido por orden de Felipe IV como segunda residencia, diseñado por el arquitecto español Alonso Carbonel (1590-1660). 1635 . En el contexto de la Guerra de los Treinta Años, Francia declara la guerra a España. . Richelieu crea la Academia Francesa, institución encargada de regular y perfeccionar el idioma francés, durante el reinado de Luis . Muerte de Lope de Vega en Madrid. . Tirso de Molina publica su drama teológico El condenado por desconfiado. . Calderón concluye La vida es sueño, A secreto agravio, secreta venganza y representa El médico de su honra. . En Italia, el arquitecto suizo-italiano, uno Anexo I 15 XIII. . El Rey nombra a Calderón director del teatro de la Corte. de los máximos exponentes del barroco romano, Francesco Borromini levanta por encargo de los trinitarios descalzos (1634) el complejo religioso de San Carlo alle Quattro Fontane: monasterio, claustro (1635-37) e Iglesia (1638-41) se erigen en un reducido espacio irregular. 1636 Es destinado al colegio de Huesca como predicador y confesor. Relación con el círculo cultural y literario de su amigo y mecenas Vincencio Juan de Lastanosa. Huesca se convierte en la patria literaria del autor Las tropas españolas amenazan París (1636). Felipe IV concede a Calderón el hábito de la Orden de Santiago. . Calderón: El alcalde de Zalamea y publica en Madrid el primer volumen de sus comedias. . Diego Velázquez: Retrato de Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568- Sevilla, 1649). . Muerte de Gregorio Fernández. . Martínez Montáñez realizó un viaje a Madrid llamado por el pintor de Corte Velázquez con el encargo de realizar en barro Un busto del rey Felipe IV, que sirve de modelo al escultor florentino Pietro Tacca, que realizará en bronce una estatua ecuestre del monarca. Hoy se encuentra en la Plaza de Oriente de Madrid. La relación de Velázquez con Montañés venía de lejos; el suegro de Velázquez, Francisco Pacheco, policromó algunas de las mejores esculturas de Juan Martínez Montañés. Anexo I 16 1637 Publica su primera obra El Héroe a una edad en que su formación está ya asentada y madura. A los capítulos los llama primores en un intento de lograr la originalidad. Se inscribe en el género de los tratados políticos y morales con una intencionalidad didáctica y moral, característica de Gracián que, uniendo ética y arte, va a orientar todos sus libros. La crítica asegura que sigue la modo de la época que seguía de cerca El Cortesano de Castiglione, de El Príncipe de Maquiavelo, etc. Sale en edición doble con una dedicatoria a Felipe IV y otra a Lastanosa, bajo el pseudónimo de “Lorenzo Gracián”. Los jesuitas no dudan en atribuirle su autoría El Héroe emana un espíritu regenerador, similar a otros artistas del Siglo de Oro y a diferencia de ellos (Quevedo o Velázquez), Gracián, aunque también pesimista, amargado y satírico, crea modelos regeneracionistas en sus primeras obras ante la lamentable decadencia de España. Es probable que en su intención, Gracián al enumerar las cualidades de tantos héroes de la Historia y añorar la Edad de Oro de los tiempos pasados, nos esté expresando una crítica implícita, irónica o esperpéntica, al modo de Velázquez al pintar una curiosa tropa de bufones o de discapacitados psíquicos de la Corte, émulos de aquellos gobernantes incapaces para solucionar los problemas de España. . Descartes: Discurso del método. . Se construye el primer teatro público de ópera en Venecia. . Borromini: Oratorio de San Felipe Neri en Roma (1637-40). 1638 Ofensiva franco-aliada en el Rosellón (1638). . Nacimiento de filósofo y teólogo francés Nicolás Malebranche 1639 Destinado a Zaragoza, contacta con el Duque de Nocera como confesor, nombrado Virrey de Aragón y grande de España con toisón de oro por sus hazañas en la Guerra contra Francia. Victoria española en Fuenterrabía (1638). . Muerte, en Madrid, del dramaturgo novohispano (Virreinato de Nueva España) del Siglo de Oro Juan Ruiz de Alarcón. . José Ribera: El martirio de San Felipe 1640 Publica en Zaragoza El Político Don . Rebelión de Cataluña. . Termina de construirse el Coliseo cubierto Anexo I 17 Fernando el Católico, editado por Diego Forner y también bajo el pseudónimo de “Lorenzo Gracián”, con dedicatoria al duque de Nocera, Francesco María de Carafa Castrioto y Gonzaga, hombre de armas y de letras, profundo conocedor de Tácito y de gran erudición histórica, al que Gracián admiraba. El Político se inserta en una tradición literaria clásica de encomios y alabanzas, de panegíricos a personajes inmortales (Panegírico de Trajano de Plinio el Joven fue su modelo). Se trata de un panegírico al rey Fernando el Católico, admirado por Gracián, gran rey y político que supo aunar voluntades y unificar los reinos españoles. Es un contraste implícito entre la monarquía excelsa de Rey Católico y la crepuscular y decadente (rebelión de Cataluña e Independencia de Portugal) que está viviendo Gracián para que sirva de ejemplo a la corte de Felipe IV. Se trata de un tratado político y moral tomando como modelo a Fernando el Católico, aquel gran maestro del arte de reinar, el oráculo mayor de la razón de Estado. Este panegírico resulta exagerado en la actualidad, lo que va en detrimento de la acogida actual de la obra porque el La rebelión Dels Segadors el 7 de junio de 1640, fiesta del Corpus, y la muerte del virrey de Cataluña, el conde de Santa Coloma dio comienzo a la Guerra de Cataluña, que duró doce años; terminó con la rendición de Barcelona en 1652; no fueron suprimidos los fueros. Algunos trataron de evitar la guerra dentro de España, pero el castigo fue decidido por la corte. . Rebelión de Portugal que se separa de la corona de Castilla. El duque de Braganza es proclamado rey como Juan IV. del Buen Retiro en el palacio del mismo nombre, principal escenario de las obras teatrales de la Corte. Tras su inauguración, se incendia el 4 de febrero. . Muerte de Pedro Pablo Rubens. Anexo I 18 conjunto puede resultar para el lector de hoy una de las menos atractivas. 1641 Nocera, caído en desgracia, es procesado y preso por sus diferencias con el Valido sobre la Guerra de Cataluña. Gracián viaja a Madrid para interceder por el duque de Nocera ante el Conde- Duque de Olivares. Entre tanto predica en la Corte con gran éxito; no en vano considera Gracián al trinitario fray Hortensio Félix Paravicino, el orador de dotes artísticas más destacadas del Barroco crítico, como el Góngora del púlpito. Se aprueba la primera edición del Arte de Ingenio. Tratado de la agudeza publicada por Roberto Lorenzo (1942). Conjuración separatista de Andalucía, protagonizada por el IX duque de Medina Sidonia y el IV marqués de Ayamonte. Se sitúa en el contexto de la crisis de 1640, el momento más crítico del reinado de Felipe IV de España, que coincide con la Guerra de Cataluña y la Independencia de Portugal .Vélez de Guevara: El diablo cojuelo . Descartes: Meditaciones Metafísicas 1642 Viaja a Zaragoza, a Valencia y llega a Tarragona como vicerrector de la casa de probación. Encuentra serias dificultades a causa de la Guerra de Cataluña. . Las alteraciones de Cataluña crearon una seria situación en la Compañía de Jesús; la provincia de Aragón –que abarcaba Aragón, Valencia y Cataluña-, se dividió por la parte catalana. El 22 de julio llega el rey Felipe IV a Zaragoza, y poco después el padre Gracián es nombrado vicerrector en Tarragona; en 1644 los franceses asedian Tarragona y allí conoce al . Borromini: Iglesia de Sant´Ivo della Sapienza en Roma (1642-1650) . Muerte de Galileo Galilei . Nacimiento de Newton Anexo I 19 caballero portugués Pablo de Parada, el Cid de nuestros tiempos. . Guerra Civil en Inglaterra: Oliver Cromwell se rebela contra Carlos I. 1643 . 14 de mayo: Muerte de Luis XIII, rey de Francia, padre de Luis XIV: El Rey Sol. . 19-5-1643 Derrota de los tercios en Rocroi: crisis del poderío militar español. El Conde Duque de Olivares pierde todo su crédito político y fue desterrado en enero de 1643. Tras la caída de Olivares, privanza de Luis Méndez de Haro (1598-1661), IV marqués de Carpio y III duque de Olivares; nunca llegó a tener la influencia de su tío el Conde Duque. La monja concepcionista Sor María de Jesús de Agreda pasa a ser la consejera religiosa y política del rey. Es la figura religiosa más destacada del Barroco español y el gran exponente de la espiritualidad barroca. Alcanzó notoriedad por su santidad, su inteligencia y misticismo. Cuenta la leyenda que poseyó el don de la bilocación. . Muerte del músico italiano Claudio Monteverdi Anexo I 20 1644 . Borromini: Piazza Navona en Roma (1644-55). . Muerte del novelista y dramaturgo del conceptismo español Luis Vélez de Guevara, autor de la novela El diablo cojuelo. . Descartes: Principios de Filosofía 1645 Regresa a Huelva . Muerte de Francisco de Quevedo y Villegas en Villanueva de los Infantes. . Bernini: Éxtasis de Santa Teresa 1646 Es aprobado El Discreto por el canónigo Manuel de Salinas y editado por Juan Nogués. Sale bajo el pseudónimo de “Lorenzo Gracián”. Al frente de la obra el mismo canónigo estampa un soneto acróstico desvelando el verdadero nombre del autor. . Muere el heredero de la Corona el Príncipe Bartasar Carlos. . En septiembre del 46, Gracián se incorpora al ejército de socorro del marqués de Leganés como capellán militar, ordenado por su Orden, quizás como castigo por haber publicado varios libros sin las aprobaciones requeridas. Mientras se prepara el ataque contra Lérida, Gracián presta sus servicios espirituales y exhorta a los soldados que gritaban: ¡Peleemos. Viva el rey nuestro señor y la Santa Fe Católica! El propio Gracián nos dejó una completa relación de este hecho de armas en la que encarece su intervención personal confesando y . Diego Velázquez termina Las Meninas o La familia de Felipe IV. En la composición, el maestro nos presenta a once personas, todas ellas documentadas excepto una. La escena está presidida por la infanta Margarita y a su lado se sitúan las meninas María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. En la izquierda se encuentra Velázquez con sus pinceles, ante un enorme lienzo cuyo bastidor podemos observar. En la derecha se hallan Mari Bárbola, enana macrocéfala de origen alemán, y Nicolasillo Pertusato, que parece un niño pero también era un enano muy travieso, este último jugando con un perro de compañía. Tras la infanta observamos a dos personajes más de su pequeña corte: doña Marcela Ulloa y el Anexo I 21 exhortando a los soldados, lo que le valió el apelativo de Padre de la Victoria. Durante toda la lucha, estuvo con la gente de Pablo Parada, que mandaba un tercio de la guardia. El conde de Harcourt fue rechazado y dio orden de retirada. Vio con sus ojos el espectáculo de la guerra con su ferocidad y nobleza, su exaltación y crueldad, su violencia mortal, sus desoladas consecuencias. Todos los muertos, que serían hasta 400, eran blancos como la nieve, y más –escribe Gracián en una larga carta a un jesuita de Madrid- melenas rubias, mezclados con los caballos, que en mi vida vi espectáculo tan horrendo. Confesé a algunos que estaban vivos; otros no querían confesar, que decían ser de religión, esto es, herejes. [...] En un instante desnudaron a todos, a todos los muertos, a los propios y a los extraños. La dura ley de la guerra. Hasta don Carlos de Mendoza estaba en cueros... El conde de Vagos, los mismos nuestros lo pillaron y echaron por el foso. Gracián, testigo ocular de la batalla, atribuye la victoria al valiente Pablo de desconocido guardadamas. Reflejadas en el espejo están las regias efigies de Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria. La composición se cierra con la figura del aposentador José Nieto . Nacimiento del filósofo, matemático, jurista y político alemán Gottfried Wilhelm Leibniz Anexo I 22 Parada. Sin embargo escribe: Confieso a Vuestra Reverencia que yo tuve alguna parte; de modo que ahora todos me llaman el “Padre de la Victoria...” En diciembre, regresa a Huesca. 1647 Publica en Huesca una de sus obras capitales, Oráculo manual y arte de prudencia, de nuevo bajo el seudónimo de “Lorenzo Gracián”, impresa por Juan Nogués. Al igual que en El Discreto, continúa en su Oráculo proponiendo las normas de conducta que deben guiar a un individuo. El Oráculo manual es una colección de trescientos aforismos “que se discurren en las obras de Lorenzo Gracián”, según aparece en la portada del libro; lo publicó Lastanosa, y por eso se puso en duda la autoría de Gracián. Actualmente esta hipótesis carece de fundamento. Su estilo es la expresión suma del autor por su máxima intensificación semántica y su extrema economía verbal. Se considera la quinta esencia de su pensamiento y de su escritura. El Oráculo manual no es una mera antología de los aforismos entresacados de la obra de Gracián, sino un libro nuevo y original: se ha comprobado que solo 72 de . Nueva bancarrota de la Corona Anexo I 23 los 300 aforismos, aunque transformados en su contenido y forma, proceden de publicaciones anteriores. La obra puede interpretarse como un arte de prudencia para ser persona; es decir, un compendio de prendas que una persona o un “discreto”, en definitiva “un sabio”, debe tener, y de unas reglas o normas que deben regir su perfección: oráculo equivale aquí a sabiduría; manual, fácil de manejar y arte, la técnica para perfeccionar lo natural que el hombre recibe por natura. 1648 1649 Aparece también en Huesca Agudeza y Arte de ingenio (o Arte de ingenio. Tratado de la agudeza, 1642), edición ampliada y definitiva del Arte de ingenio, publicada por Juan de Nogués. Constituye un tratado de retórica y también de poética y estética, tal vez el más importante no solo del Siglo de Oro, sino también de toda la literatura en lengua española. . Paz de Westfalia: fin de la Guerra de los Treinta Años en Alemania y la Guerra de los Ochenta Años entre España y Los Países Bajos. . Independencia de los Países Bajos. . Felipe IV contra matrimonio por poderes con Mariana de Austria, quien llegará a España al año siguiente. . Carlos I de Inglaterra muere decapitado . Primera revolución inglesa . Muere, en Almazán (Soria), el dramaturgo, poeta y narrador del barroco español Tirso de Molina (Madrid, 1579- 1648), pseudónimo de fray Gabriel Téllez, de la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos. . Vuelven a representarse comedias en los teatros públicos tras su prohibición en 1644. . Se representa El gran teatro del mundo, auto sacramental escrito años antes (ca. 1645) y también Guárdate del agua mansa en el Salón Dorado de Palacio, ambas de Calderón de la Barca. Anexo I 24 1650 . Calderón ingresa en la Orden Tercera de San Francisco. . Thomas Hobbes: De homine . Muere Descartes 1651 Es destinado al colegio de Zaragoza como predicador, confesor y profesor de Sagrada Escritura. Allí realiza la Dedicatoria, al obispo de Huesca, de la obra Predicación fructuosa del Padre Jerónimo Continente. También aparece la Primer parte de El Criticón. En la primavera de la niñez y en el estío de la juventud, editada por Juan Nogués, bajo el pseudónimo de “García Marlones”, anagrama imperfecto de sus dos apellidos Gracián y Morales, con dedicatoria al valeroso caballero Don Pablo de Parada, General de Artillería, y Governador de Tortosa. Las quejas de superiores contra él arrecian. . Calderón es ordenado sacerdote. . Nace en el virreinato de Nueva España Sor Juana Inés de la Cruz, cuya obra constituyó la primera gran manifestación de la literatura hispanoamericana y una de las más altas de las letras barrocas en lengua castellana. . Thomas Hobbes: Leviatán . Llega a España el ingeniero italiano Baccio del Bianco Anexo I 25 1652 Vuelve a tener problemas graves con la orden: el General de la Compañía de Jesús, Goswin Nickel, se queja de él ante el viceprovincial de Aragón por publicar libros con nombre ajeno y sin licencia. Además le acusa de ser un mal profesor de Sagrada Escritura. Felipe IV reconoce los derechos históricos de los catalanes. Final de la Guerra dels Segadors o Sublevación de Cataluña ocasionada por el malestar que producía en la sociedad catalana la presencia de tropas, fundamentalmente castellanas, durante las guerras entre Francia y España, en el contexto histórico de la Guerra de los Treinta Años (1628- 1648). Firma de la Paz de los Pirineos entre la monarquía hispánica y el rey de Francia, pasando el condado del Rosellón y la mitad del de la Cerdaña, partes integrantes del principado de Cataluña, a soberanía francesa. . Muere en Nápoles el pintor y grabador español José Ribera, Lo Spagnoletto . Baccio del Bianco escenifica en el Coliseo del Buen Retiro La fiera, el rayo y la piedra de Calderón para celebrar el cumpleaños de la Reina Mariana de Austria. 1653 A pesar de esas quejas oficiales, sigue en Zaragoza, cuando se publica en Huesca la Segunda parte de El Criticón. Juiziosa cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad, impresa por Juan Nogués, bajo el pseudónimo de “Lorenzo Gracián” y con dedicatoria Al Serenissimo Señor D. Ivan de Austria. Con escenografía de Baccio de Bianco se representa en el Palacio del Buen Retiro Las fortunas de Andrómeda y Perseo de Calderón. 1654 Escribe la Aprobación del Entretenimiento de las musas, del poeta tortosino Francisco de la Torre y Sevil Anexo I 26 (1625-1681), impreso en Zaragoza y del que seleccionó varios ejemplos poéticos en la Agudeza. Este poeta cultivo varias corrientes de la poesía barroca: religiosa, heroica, amorosa y burlesca y las reunió bajo el título anteriormente citado. 1655 Aparece en Zaragoza El Comulgatorio, editado por Juan Ybar. Se publicó con la aprobación correspondiente y en portada figuraba como autor el padre Baltasar Gracián, de la Compañía de Jesús, lector de Escritura. Su efecto fue un cierto alivio en sus relaciones con sus superiores. Sin embargo, algunos testimonios del colegio le consideran colérico y melancólico. 1657 Sale a la luz en Madrid la Tercera parte de El Criticón. En el invierno de la vejez, editada en Madrid por Pablo del Val, bajo el pseudónimo de “Lorenzo Gracián y dedicada Al Doctor Don Lorenço Frances de Urritigoyti, Dean de la Santa Iglesia de siguença. Esta publicación le iba a traer numerosas amarguras y pesadumbres; sin embargo, con esa Tercera parte culmina Gracián su obra maestra, un clásico de la literatura universal. . Ángel Silesio (1624-1677), poeta religioso germano polaco de la región alemana de Silesia (actual Polonia) que compuso Rimas espirituales: gnómicas y epigramáticas que conducen a la divina contemplación. Esta obra es una colección de aforismos rimados imbuidos de un extraño panteísmo con influencia de San Juan de la Cruz. Fue muy admirado por Goethe, Schopenhauer, Wittgenstein o J.L. Borges. . Velázquez: Las Meninas y La fábula de Aracne o Las hilanderas. Anexo I 27 . Bernini: Altar situado en el ábside principal del Vaticano (1551-1666). La luz pasa a través de un vitral donde es transformada por el color de éste, conformando la Gloria. En medio se halla la paloma, que simboliza el Espíritu Santo, bajo el cual se sitúa la supuesta cátedra de San Pedro, recubierta de bronce con relieves sobredorados. La cátedra, ingrávida, se encuentra sostenida y custodiada por cuatro figuras colosales de seis metros que representan los Santos Padres de la Iglesia, dos de la Iglesia occidental y dos de la oriental. Se trata de un monumento de la glorificación e infalibilidad de los papas contra la opinión de los protestantes. . Borromini: comienza a construir la Columnata de San Pedro que se concluirá en 1665. 1658 Por la publicación de las tres partes de El Criticón, a las quejas del General de la Compañía, se une reprensión pública y es castigado con ayuno a pan y agua; se le destituye de su cátedra de Sagrada Escritura en Zaragoza y se le destierra al pequeño colegio de Graus por orden del padre Piquer. El severo castigo fue refrendado en marzo por el general Nickel, que además En Valencia, con aprobación del calificador del Santo Oficio, extendida el 15 de junio, el libro intitulado Crítica de reflección y censuras de las censuras, cuyo autor figuraba en la portada con el nombre supuesto de Lorenzo Matheu y Sanz. Se piensa que el verdadero autor fue el jesuita Pablo de Rojas, insigne geólogo, matemático y exaltado regionalista que albergaba largos resentimientos contra Gracián al tratar de Anexo I 28 ordenó a Piquer que le vigilara estrechamente y encerrarle sin tinta, ni papel, ni pluma si se le encontraba algún escrito en contra de la Compañía de Jesús. Todo esto le produjo una profunda crisis espiritual y graves problemas de salud. El regreso al rectorado de Zaragoza del padre Franco, amigo de Gracián, suavizó las relaciones con el provincial de Aragón, el catalán padre Piquer, y fue enviado a Tarazona, donde se le confiaron algunos cargos. Escribió al padre general Nickel quejándose de sus penitencias y solicitando autorización para salir de la Compañía y pasarse a una Orden monacal. Su carta nunca obtuvo respuesta. El 6 de diciembre moría en Tarazona y probablemente fue enterrado en la fosa común de los padres del colegio. defender a los valencianos de las alusiones satíricas de El Criticón: “Si uno no quiere, dos no barajan, este no tiene lugar en Valencia, porque ahí, aunque no quiera empeñarse, le obligan y ha de porfiar, aunque reviente de cuerdo” (Criticón, III, 6). Además se le acusa a Gracián de usar “palabras soeces, humildes, ásperas, bárbaras, obscenas y agrestes”, como gargajos, borrego, muladares… y de utilizar neologismos y latinismos como beneficencia, fruslería, intrepidez, panégiri…, y de abusar de palabras derivadas como callejeando, sabandijón, vejedad, etc. Dada la fecha de la licencia y los plazos de publicación y difusión de los libros, no se sabe con certeza si Gracián, que muere el 6 de diciembre del mismo año, llegaría a conocer ese panfleto contra él y su Criticón. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 1 ANEXO II LA OBRA DE BALTASAR GRACIÁN I. Su primera obra: El Héroe (1637) La imprime en Huesca. De esta obra, cuya publicación costea Lastanosa, al igual que otras suyas, debieron darse dos ediciones en 1637. El manuscrito autógrafo, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, va dedicado a Felipe IV1. Utiliza el seudónimo de Lorenzo Gracián Infanzón, que luego, en otras obras, reduce a Lorenzo Gracián Se puede adivinar una segunda, pues en el Tratado de la moneda jaquesa, de su amigo y mecenas Vincencio Juan de Lastanosa, aparecen unos elogios previos; en uno de ellos, escrito por el doctor Diego Vincencio de Vidania, aparece transcrita una dedicatoria a Lastanosa inserta en otra edición de El Héroe, también de 1637. Uno de los aspectos primordiales, que aparece también en sus otras obras, es la intencionalidad didáctica y moral, donde une ética y arte. La educación del ser humano se convierte en la finalidad de sus obras y en el tema constante de sus ensayos y de su novela alegórica: formación del hombre perfecto en El Héroe, del hombre políticamente ideal en El Político, del hombre social en El Discreto, del hombre completo en su forma de vida y de pensamiento en el Oráculo manual... y del hombre inmortal en El Criticón. Primores de El Héroe Está dividido en veinte capítulos a los que llama primores, siguiendo la corriente de Barroco de lograr originalidad; a los capítulos de El Discreto, realces; aforismos a los del Oráculo manual...; discursos a los de la Agudeza y arte de ingenio, y crisis a los de El Criticón. Esta nominación, primores, no es para Gracián gratuita. Primor, del latín primus, primero, representa la primacía o la excelencia de algo, que en este libro son cada una de las prendas o cualidades excelentes que deben adornar a la persona. El Héroe examina veinte cualidades o primores dirigidos a la formación del ser humano para que como persona individual las lleve al máximo. Todos los primores glosados por Gracián son posibles en el ser humano y pueden ser alcanzados por quien se lo proponga. El reto irrenunciable de El Héroe consiste en la aspiración de ser el 1. Museo Real: Biblioteca Real. El 19 de mayo de 1640, Gracián, hallándose en Madrid, escribía a Lastanosa haber visto, en un estante de libros del alcázar de Madrid, El Héroe, "libro que allí era leído y tenía acogimiento", según él mismo. (Arturo del Hoyo, en Baltasar Gracián, Obras Completas, Madrid, Aguilar, 3ª. ed., 1967, pág. 75. n.3). Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 2 mejor en la eminencia y el primero en la excelencia, fundamentado en cualidades imprescindibles: la personalidad, la voluntad, el entendimiento, la discreción, el sentimiento noble, el gusto relevante, el don de gentes, la clarividencia o despejo, el don natural de mando, la simpatía sublime, la ausencia de afectación, la buena elección de los empeños y actividades, la honesta emulación, etc. Todas esas prendas son esenciales, pero señala que "la mayor prenda de un héroe" es el entendimiento, a la que debe añadirse "el juicio, trono de la prudencia" y "el ingenio, esfera de la agudeza"2. Género Se inscribe en el género de los denominados tratados políticos y morales, una moda de la época, que emulan El Cortesano de Castiglione, El Príncipe de Maquiavelo, Razón de estado de Giovanni Botero, la Piedra del parangón político de Trajano Boccalini, los Emblemas de Andrea Alciato, etc., además de los escritores españoles que contribuyeron al género de manera admirable como fray Antonio de Guevara y el diplomático Diego Saavedra Fajardo, del que destacamos Idea de un príncipe político cristiano, representada en cien empresas (1640), muy influenciada por los emblemas de Andrea Alciato 3, fundamentalmente por su carácter moral y filosófico. Retrato de Baldassare Castiglione, Rafael. Óleo sobre tabla, 82 x 67 cm. París, Musée du Louvre. 2.Héroe, III; cf. Santos Alonso, en Baltasar Gracián, Obras completas, págs. 25 y ss. 3. Emblemata; traducción de 1549. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 3 Portada de la Idea de un príncipe... Gracián, consciente de la decadencia española, seguirá el espíritu regeneracionista de otros artistas del Siglo de Oro, como Quevedo o Velázquez, que sin llegar a la sátira y el desparpajo de estos, presenta en sus primeras obras unos modelos regeneradores ante la amarga perspectiva de España. Al enumerar las cualidades de tantos héroes de la Historia y añorar la Edad de Oro de los tiempos pasados, parece querer expresar una crítica implícita, irónica o sarcástica contra los gobernantes de su tiempo, incapaces por sus escasas prendas y actitudes para solucionar los problemas de España4. II. Su segunda obra: El Político don Fernando el Católico (1640) Aparece editada por Diego Dormer, en Zaragoza, en el año 1640; el único ejemplar que se conoce pertenece al investigador y erudito Eugenio Asensio5. Va dedicada Al Exmo. Señor Don Francisco María Carafa Castrioto y Gonzaga, duque de Nochera [...]. Cuando se publica esta primera edición de El Político, Nochera, en 1640, era Lugarteniente y capitán general de los reinos de Aragón y Navarra. Entonces Gracián tenía el empleo de confesor del virrey de Aragón, el italiano Francesco Carafa, duque 4.Santos Alonso, ibídem, pág. 27. 5. Asensio daba noticia de este hallazgo en "Un libro perdido de Baltasar Gracián" (Nueva Revista de Filología Hispánica, año XII, núms. 3-4, julio-diciembre 1958, realmente publicado en diciembre de 1959, págs. 390-394). Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 4 de Nocera, guerrero y político de la época, al que le uniría una íntima amistad, al que recordaría años después de caer en desgracia. Junto a Nocera, va a Madrid; visita el palacio del Buen Retiro, que le asombra, y las mansiones de otros nobles de la Corte; asimismo debió iniciar una cordial amistad con el poeta Antonio Hurtado de Mendoza, secretario particular del rey, llamado "el discreto de Palacio". Junto a esas gratas impresiones, detecta también lo confuso y ficticio de la Corte, las dobleces de sus gentes a las que considera venales y estúpidas. Escribe a Lastanosa: Todo es embeleco, mentiras, gente soberbia y vana, que les parece no hay ni mundo sino ellos... La obra vuelve a ser impresa por Lastanosa, en Huesca, el año 1646. Nochera ya no existía; hacía cuatro años que caído en desgracia, considerándosele traidor, había muerto el 12 de julio de 1642, en la prisión de Pinto. Género El Político se inserta también en una tradición literaria clásica de encomios y alabanzas a personajes inmortales. Se ha señalado como modelo el Panegírico de Trajano de Plinio el Joven, al que supera en profundidad y calidad. En la España de los siglos XVI y XVII, el encomio político, que era a su vez, una biografía política, dejó su huella en escritores tan eminentes como fray Antonio de Guevara (Libro Áureo de Marco Aurelio, 1528 y Relox de príncipes, 1529), Quevedo o Saavedra Fajardo. El Político es un panegírico al rey Fernando el Católico, a quien Gracián admiró como persona, como rey eminente y como político que supo aunar voluntades y unificar los reinos españoles. Su título completo, El Político don Fernando el Católico, nos da el propósito del libro. Fernando el Católico constituye el centro de su contenido, y su figura, la cima o culminación de los sucesivos héroes. La obra trasciende la alabanza del rey católico y se convierte en un tratado político y moral sobre las cualidades políticas que deber poseer el ser humano. Esta segunda lectura hizo que, desde el principio, el título se redujera, suprimiendo la alusión al rey aragonés y citándolo simplemente como El Político. El contraste implícito entre la personalidad de Fernando el Católico y la monarquía excelsa y crepuscular contemporánea de Gracián tiene la clara intencionalidad de que el primero sirviera de ejemplo para Felipe IV y su corte. Así comienza: Propongo un rey a todos los pasados, propongo un rey a todos los venideros: don Fernando el Católico, aquel gran maestro del arte de reinar, el oráculo mayor de la razón de Estado. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 5 Gracián publicó el libro de una sola tirada, sin separación en capítulos ni secuencias. Actualmente la crítica ha aceptado una distribución interna en cinco partes siguiendo el contenido del texto. A pesar de su excelente escritura, menos lacónica y sentenciosa que la de El Héroe, y quizás porque el panegírico resulte hiperbólico y exagerado, actualmente esta obra de Gracián es una de las menos atractivas. III. El tercero de sus libros es la Agudeza, con dos versiones: a. Arte de ingenio. Tratado de la Agudeza (1642) b. Agudeza y arte de ingenio (1648) La primera versión se publica en Madrid en 1642, dándole una denominación bimembre, bajo el pseudónimo de Lorenzo Gracián y dedicatoria Al Príncipe Nuestro Señor. Se considera la primera versión de la Agudeza. Luego lo refunda y amplía, segunda versión, la definitiva, con el título de Agudeza y Arte de ingenio, Huesca, Juan Nogués, 1648, por Lorenzo Gracián, como hará con una de sus últimas obras, El Comulgatorio, considerada una refundición y coordinación de diversos pasajes de sus sermones; ilústrala el doctor don Manuel de Salinas y Linaza y publicada por su amigo y mecenas Don Vincencio Juan de Lastanosa. La Agudeza y Arte de ingenio es un libro curioso y complejo, difícil de atribuirle un género concreto. La crítica lo ha encuadrado entre los tratados de retórica, poética y estética más importantes no solo del Siglo de Oro, sino de toda la literatura en lengua española. Y no resulta fácil la adscripción genérica porque es un texto poliédrico, con múltiples facetas, que se resiste a las clasificaciones sencillas del mundo literario. Forma parte de las pocas obras que Gracián sometió a la censura de la Compañía de Jesús, como se viene repitiendo desde que el padre Batllori lo hiciera en 1958. Su complejidad estriba en las dificultades que presenta a la hora de interpretarlo; su oscuridad se debe a la terminología. Y el hecho cierto es que se le han atribuido múltiples lecturas: platónica, aristotélica, jesuítica. barroca... Gracián hizo pocos esfuerzos para evitar los malentendidos porque no quiso en ningún momento demostrar, sino hacer ver, como señala Emilio Hidalgo-Serna6. La Agudeza y Arte de ingenio es el único libro que Gracián reescribió y aumentó en una segunda redacción, además de facilitar instrumentos que son claves para 6. Cf. Emilio Blanco (2010), en Baltasar Gracián, Arte de ingenio, Tratado de la Agudeza, Madrid, Cátedra, págs. 11 y ss. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 6 interpretar el resto de las obras del jesuita y también para interpretar y explicar las creaciones de otros autores, pues la comprensión de la filosofía, de la moral, de la estética y del propio arte literario de Gracián pasa necesariamente por las teorías expuestas en el libro. Los seis años que transcurren entre las dos redacciones de la Agudeza, la intencionalidad graciana se desplaza del tratado pedagógico al ámbito alegórico de El Criticón. todo esto justifica la atención su tratado ha despertado en la crítica moderna; la bibliografía es abrumadora sobre los diversos aspectos relacionados con el ingenio y la agudeza. Con todo, esa dedicación continua no ha dado muchas ediciones críticas nuevas; se sigue trabajando con la edición que de la segunda edición preparó Evaristo Correa Calderón en 1969, o bien con los textos incluidos en las diferentes Obras Completas de Gracián, en la mayoría de las cuales falta la primera de las versiones de la Agudeza, la que con el título de Arte de Ingenio. Tratado de la Agudeza publicó en jesuita en Madrid en 1642; en las Obras Completas de Arturo del Hoyo7 ocupa un Apéndice en las págs.1165-1258. Actualmente, cabe destacar la edición crítica de las Obras Completas de Santos Alonso8, donde el Arte de Ingenio. Tratado de la Agudeza se publica entre El Político y El Discreto. Las diferencias entre la primera versión y la segunda de la Agudeza tienen más que ver con los accidentes que con la sustancia, pues la teoría literaria se mantienen en su esencia, tanto en sus ideas como en la estructura de las mismas. La Agudeza, a pesar de sus diferencias temáticas con las demás obras, se inserta en la intención de Gracián que persigue como meta última la formación de la persona. El anhelo de excelencia se materializa aquí en la cultura y en el aliño que, según la teoría del estilo, ha de alcanzar en su más alto grado el ser humano por medio de la agudeza y el ingenio, de la perspicacia para entender y del entendimiento racional para discurrir. Además el autor persigue la educación del gusto y que requiere del arte para mejorar lo natural. En el aforismo 12 del Oráculo... escribe9: Naturaleza y arte; materia y obra. No ai velleza sin ayuda, ni perfección que no dé en bárbara sin el realçe del artificio: a lo malo socorre y lo bueno lo perfecciona. Déxanos comúnmente a lo mejor la naturaleza, acojámonos al arte. El mejor natural es inculto sin ella y les falta la metad a las perfecciones si les falta la cultura. Todo hombre sabe a tosco sin el artificio, y ha menester pulirse en todo orden de perfección.10 7. Madrid, Aguilar, 3ª. ed., 1967. 8. Madrid, Cátedra Letras Áureas, 2011, págs. 139-265. 9. Cfr. Santos Alonso, ibídem, pág. 37. 10. Emilio Blanco, en Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, Madrid, Cátedra, 8ª. ed., 2009. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 7 Santos Alonso11 continúa diciendo que el asunto de la Agudeza lo componen la variedad de conceptos y de figuras retóricas [...]. El primero lo define como "un acto del entendimiento, que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos"12. Los conceptos pueden ser de "conformidad, simpatía o repugnancia", o de "proporción o improporción", lo que dará ocasión a las figuras retóricas y a los tropos, como la comparación, el símil, la metáfora, la alegoría, la metonimia, la paradoja, la antítesis o el oxímoron, etc., por un lado, y la anáfora, la correlación, la paranomasia, el paralelismo o la hipérbole, por otro. Lo que hace Gracián es aclarar la diferencia y la relación entre conceptos y figuras retóricas; es decir, da a entender que el concepto es la agudeza de perspicacia, que descubre las verdades dificultosas y ocultas, y en consecuencia es útil, y la figura retórica la agudeza de artificio, la cual, no preocupándose tanto de la verdad, se empeña en la hermosura elegante, y por tanto, es agradable; que el concepto es la idea expresada con palabras, las cuales sirven de fondo para que brillen las figuras retóricas. Además, parece relevante señalar que en la Agudeza se recogen los elementos necesarios para elaborar una retórica o una preceptiva literaria barroca porque no separa, ni por sus conceptos y figuras retóricas ni por el estilo, a los que luego se llamarán culteranos y conceptistas. La Agudeza es una gran síntesis teórica y una gran antología imparcial de las formas literarias de su tiempo y de todas aquellas, especialmente las latinas, que estaban en consonancias con ellas. Si por un lado es evidente que el escritor redactó en la Agudeza su teoría literaria y las pautas de escritura que siguió fielmente, con todo su aparato conceptual y retórico, en todas su obras, no es menos cierto que Góngora es el poeta español más citado del libro, lo que puede inducir a calificar el tratado de culterano. Las apreciaciones de Gracián no contribuyen a aclarar la controversia, pues valoró con igual veneración a los escritores de estilo redundante, ciceroniano, y a los de estilo conciso. A la hora de calificarlos, Gracián reparte los mismos epítetos a unos y a otros. Un ejemplo claro es el del poeta barroco italiano Giambattista Marino, autor del Adonis (1623), a quien unas veces llama "el culto Marino" y otras "el conceptuoso Marino". En su estilo hace un uso extravagante y excesivo de conceptos y del artificio manierista, llenando su poesía de antítesis y toda clase de juego de palabras. Además de teórico, la Agudeza presenta a Gracián como eminente crítico literario en las valoraciones de los autores y los textos seleccionados, donde vuelve a mostrar una obsesión por la excelencia en el gusto estético y su rechazo de la vulgaridad, comenta los textos, explica los conceptos y las figuras retóricas, aclara las connotaciones y los juegos de palabras... Los textos de Horacio, Séneca, Marcial, 11 . Ibídem, 37-38. 12. Agudeza, II. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 8 Tácito, Cicerón, Don Juan Manuel, Garcilaso, Camoens, Marino, Mateo Alemán, Góngora, Lope de Vega, los Argensola, Quevedo y otros muchos, son ejemplos del lenguaje literario y del concepto de literatura, fundamentados en la agudeza de perspectiva y en la de artificio estético. Por otro lado, demuestra ser un hábil traductor, muy superior a Manuel Salinas. Su predilección por ciertos autores latinos como Séneca, Marcial o Tácito, ofrece muchas claves de su propio estilo literario. Si se compara la traducción fiel y casi literal de los originales latinos realizada por Gracián con sus propios textos, se perciben demasiadas semejanzas. La concisión de estos autores, que llega al extremo en Tácito, el más lacónico y elíptico de la literatura latina, tuvo que influir de necesidad en la escritura del jesuita aragonés, y ello explicaría, además de la estructura sintáctica de su prosa, a veces con la sensación de haber sido pensada en latín, los neologismos, las elipsis, los hipérbatos y otros valores estilísticos gracianos (Santos Alonso, ibídem, pág. 39). IV. Cuarta obra: El Discreto (1646) Aparece en Huesca, Juan Nogués, 1646, publicada por Lastanosa y dedicada al Serenísimo Señor Don Baltasar Carlos, Príncipe de las Españas y del Nuevo Mundo. Lo publica sin permiso de sus superiores en la Compañía, bajo el seudónimo de Lorenzo Gracián, y al amparo de don Vincencio Juan de Lastanosa, lo que disgustó mucho al general de los jesuitas, padre Goswin Nickel. Tras su paso por el colegio de Valencia (1644), adonde había llegado tras su dura experiencia de la guerra de Cataluña, durante el sitio de Tarragona, no aparecen noticias suyas hasta que sale esta obra. Es probable que la obra estuviera escrita antes de julio de 1645, estando en Valencia. En este mismo año, el patriarca de Valencia le nombra capellán del ejército, al mando del marqués de Leganés, con destino al socorro de Lérida, ocupada por los franceses. Realces de El Discreto Consta de veinticinco capítulos llamados realces. Cada realce supone una variación formal. El primero es un "elogio"; el segundo, un "discurso académico"; el tercero, un "memorial". Los demás adoptan la forma de "razonamiento académico", "crisis", "carta", "diálogo", "sátira", "encomio", "apólogo", "invectiva", "problema", "satiricón", "ficción heroica", "apotegma", "emblema", "fábula", "panegiris". La heterogeneidad se produce en el estilo y el género de los capítulos o realces; los subtítulos escritos por el autor en cada uno de ellos advierten de sus peculiaridades. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 9 En sus otras obras los capítulos tienen las misma estructura y el mismo estilo; en El Discreto ya hemos visto que varían Este aspecto han hecho considerar a El Discreto como una obra formada por agregados sin cohesión interna, opinión poco acorde con la realidad. Gracián se propone darnos una serie de eminentísimos realces del varón culto, plausibles prendas del varón discreto (El Discreto, realce XIV: "Corona de la discreción")13. Esa es la clave de la aparente inconexión del libro. En el concepto de Gracián, varón culto y varón discreto son una misma cosa. Para que un varón sea discreto, en el sentido graciano, ha de ser culto, aliñado. El Discreto recupera y prosigue la línea iniciada en El Héroe, tanto en su contenido como en su estilo. El motivo central sigue siendo, como en todas sus obras, la educación del ser humano y su perfeccionamiento como persona a lo largo de los veinticinco realces o capítulos. Los realces hemos de interpretarlos, al igual que primor en su primera obra, como la excelencia de algo, la brillantez o la grandeza sobresaliente de una cualidad, y el conjunto de los realces como un arte de entendidos, un código para la formación integral, no solo de la persona de prendas, cuerda y de buen seso para enjuiciar las cosas, sino especialmente del héroe cortesano y social que puede comportarse con discreción y prudencia ante los demás, esto es, con entendimiento y buen juicio, pero también con habilidad y oportunas artimañas. El discreto, por tanto, ha de estar muy atento a su mundo interior para sortear las dificultades exteriores. Así pues, de las cualidades y prendas que hacen a un ser humano discreto, unas son individuales o personales y otras ajustadas a la persona en contacto con la sociedad. Entre las segundas, las que son necesarias al ser humano para vivir en sociedad, el autor selecciona el señorío, la galantería (que implica magnanimidad, generosidad, la política y la nobleza), ser de plausibles noticias, de sabiduría cortesana y de erudición para conocer lo que en el mundo pasa, para comprender a los sujetos y el arte de conversar, ser hombre de buen dejo en el crédito ajeno, para tener felices los comienzos y también las salidas y dejar buen gusto en el aprecio de los demás... Gracián alega cualidades en negativo que brillan en el discreto cuando carece de determinado defectos o deficiencias: no ser desigual, no estar siempre de burlas, no ser malilla, es decir, no ser chaquetero, como el comodín en las cartas, no rendirse al humor, no ser figurero ni hacer figurerías, es decir, ademanes o gestos ridículamente afectados que hacen los que no son o quieren aparentarlo... La aspiración a la excelencia de Gracián y su rechazo de la vulgaridad llega a lo más alto en este tratado. El autor so solo inicia la formación de la perdona, sino también de un ser distinguido, refinado, culto, libre de toda vulgaridad, un hombre en su punto, que sabe estar en sociedad. Gracián vuelve a mostrar que es un escritor de minorías 13. Arturo del Hoyo, ibídem, pág. CXLVII-CXLVIII Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 10 tanto por sus contenidos como por el lenguaje y estilo. En este sentido nos recuerda al poeta Juan Ramón Jiménez y a su famosa dedicatoria A la minoría siempre, que el poeta Blas de Otero contrarresta al dedicar su obra A la inmensa mayoría. El Discreto se sitúa en el ecuador de la obra graciana y bien puede analizarse como un compendio de su actividad literaria. En esta obra examina, amplia y desarrolla ideas y costumbres que aparecen en El Héroe y El Político e incluso en Arte de ingenio. Tratado de la Agudeza, y se adelante al amargo análisis vital y social de El Criticón 14. V. Quinta obra: Oráculo manual y Arte de prudencia (1647) Al volver a esta Huesca en diciembre, tras el socorro de Lérida como capellán castrense, la publica en esta ciudad, por Juan Nogués, año 1647, bajo el pseudónimo de Lorenzo Gracián, a costa de Vincencio Juan de Lastanosa y dedicada Al Excelentísimo Señor Don Luis Méndez de Haro, Conde Duque. Recordemos que al año siguiente, también en Huesca, y por el mismo impresor, publica una refundición del Arte de ingenio. Tratado de la agudeza, ahora con el título definitivo de Agudeza y Arte de ingenio, a la que da mucho mayor desarrollo. Desde 1647 a 1651 anda por pueblos de Aragón, sobre todo Zaragoza y Huesca, como predicador o profesor de Teología moral en los Colegios de la Compañía. El Oráculo manual... es una colección de trescientos aforismos "que se discurren por las obras de Gracián", según se dice en la portada del libro; lo publica Lastanosa, y eso dio pie a poner en duda la autoría de Gracián. Hoy esto carece de fundamento y se vuelve a conceder la paternidad de la recopilación al jesuita. El recuento estadístico de Romera-Navarro no deja lugar a dudas: de los trescientos aforismos, tan solo 72 encuentran una procedencia probada en otros libros del jesuita: 44 proceden de El Discreto; 23, de El Héroe; 2 remiten a El Criticón; 1 al Héroe y Discreto juntamente; 1 al Héroe y Discreto, y 1 al Político y Discreto; solo uno de los trescientos está transcrito literalmente, que es el 13115. El estilo, típicamente graciano, el más conciso y lacónico de su producción, alcanza su máxima intensificación semántica y su extrema economía verbal. La obra puede considerarse como la quintaesencia de su pensamiento y de su escritura. 14. Santos Alonso, ibídem, págs. 29 y ss. 15. Emilio Blanco, en Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, Madrid, Cátedra, 8ª. ed., 2009. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 11 El Oráculo... no es una simple antología de los aforismos entresacados de Gracián; constituye un libro nuevo y original, por mucho que condense en algunos aspectos los contenidos de las obras anteriores. Desde el título, puede interpretarse como un arte de prudencia para ser persona; es decir, un compendio de prendas que una persona, un "héroe" o un "discreto", en definitiva sabio, debe tener, y de unas reglas o normas que deben regir su perfección. Es bastante probable que Gracián, que buscó definir un tipo humano en cada uno de sus otros tratados (el héroe, el político, el discreto...), intentó en el Oráculo el diseño de un varón integral, no dirigido a ninguno de los anteriores en concreto, sino orientado a diseñar "el tipo total humano graciano", mientras que en los otros tratados solo buscaban perfilar aspectos concretos de la personalidad. La presencia de nuevos materiales (doscientos veintiocho aforismos no tienen fuente conocida en las obras de Gracián) y su intencionalidad totalizadora permiten analizar la obra como absolutamente original en la literatura de la primera mitad del siglo XVII16. La denominación bimembre del título, Oráculo manual y arte de prudencia, nos lleva a valorar la originalidad graciana; ya la había utilizado en la primera versión de la Agudeza (Arte de ingenio. Tratado de la Agudeza) y, en la versión definitiva de 1648, Agudeza y Arte de Ingenio, con estructura copulativa, tal vez tenga algo que ver con el éxito del Oráculo... Las dos partes en que se divide el título aparecen como antítesis. Veamos; Oráculo manual...: En el Diccionario de Autoridades, como primera acepción, dice "Respuesta que da Dios, por sí o por sus ministros; y en la Gentilidad se entendía la que daba el Demonio, a quien consultaba en los Ídolos sus dudas, teniéndole por Dios." Es evidente el peso de toda la tradición de los oráculos de la Antigüedad, siendo el más conocido en de Delfos, que surtió de respuestas a un buen número de inquisidores, según la historia antigua. Además llama la atención la ambigüedad a que se refiere Covarrubias, ambigüedad y equívoco que van a ser una de las claves de contenido de las máximas del Oráculo... Ese sentido de respuesta divina y a la vez confusa que de daba a la palabra, se asocia también con su polisemia pues también servía para designar a la persona "a quien todos escuchaban con respeto y veneración, por su mucha sabidurías y doctrina". A veces también designaba un juego, estrechamente relacionado con el último de los sentidos. A Oráculo se le atribuye manual, que también es palabra polisémica, una de cuyas connotaciones, "lo que es fácil de traer entre las manos" o "Casero y de mui fácil execución". Gracián está pensando en un volumen de reducido tamaño y con doscientos diez folios. Esto cuadra en ese sentido la facilidad de traerlo entre las manos. Y lo mismo se puede decir del carácter casero y de fácil ejecución, puesto que lo que 16. Emilio Banco, ibídem, pág. 24. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 12 encontramos en la obra de Gracián son esencialmente normas de comportamiento para la vida. Todavía es posible otra interpretación; si se toma el valor sustantivo de "manual" que recoge Autoridades: "el libro en que alguna materia dilatada se resume", podría entenderse como una especie de resumen de los oráculos ya explicados, lo que cuadra perfectamente con los aforismos que proceden de los libros anteriores del jesuita, donde ha habido un proceso de depuración que elimina todo lo superfluo dejando reducido el pensamiento a la más mínima expresión. Interprétese como se interprete, la primera impresión de algo especulativo, secreto y oculto que plantea "oráculo" se deshace con el sentido práctico y accesible del adjetivo "manual", produciendo una tensión semántica muy del estilo graciano. Oráculo manual tiene, no un subtítulo, sino un segundo título agregado por medio de la conjunción copulativa y: Arte de prudencia. La palabra arte aparece en multitud de títulos de libros de la época en el sentido de un conjunto de reglas de conducta dirigidas al hombre con el fin que indica la segunda parte de cada uno de los títulos: artes de bien morir, artes de canto llano, artes para servir a Dios... hasta llegar al Arte real para el buen gobierno de los Reyes y Príncipes (1623) de Jerónimo Ceballos, donde a través de aforismos, romances, etc. se dan reglas y preceptos para hacer rectamente las cosas. De ahí a nuestro Arte de Prudencia solo hay un paso. La conclusión parece clara; Gracián ha decido escribir un libro de consejos, de reglas para gobernarse, partiendo de esa tradición, perfectamente consolidada en el siglo XVII desde la Edad Media, de libros de consejos para gobernantes. La diferencia está en que Gracián no dirige su arte de prudencia a los príncipes y cortesanos, sino al comportamiento de cualquier persona. El género abandona la Cámara real de la Edad Media, trasciende el ámbito del palacio o de la corte (s. XVI: los Avisos para cortesanos de fray Antonio de Guevara ) y busca una validez y aplicación de carácter general con el objeto de que cualquier hombre llegue a ser persona. o dicho de otra manera, el arte de prudencia pasa, de ser norma de comportamiento en el ámbito político, a ser norma de conducta que facilite el triunfo moral en la vida cotidiana17. GÉNERO Gracián, hasta esta obra, se ha movido en el terreno tradicional del tratado; en cambio, en el Oráculo... escoge una nueva forma, el aforismo, que aunque apunta a su obras anteriores no estaba formulado como tal en ellas. Los antecedentes del aforismo graciano los podemos encontrar en: 17. Emilio Blanco, ibídem, págs. 27-30. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 13 - los apotegmas de Plutarco, pues algunos de los pensamientos del Oráculo... no difieren mucho del maestro de Queronea; - otro referente apotegmático sería el humanista, filósofo y filólogo holandés Erasmo de Rotterdam, que revitaliza el género en el siglo XVI en sus Adagios (Adagia, 1500), colección de 800 proverbios latinos comentados con gran exhibición de saberes clásicos. Erasmo de Rotterdam, retratado por Hans Holbein el Joven. Tanto Plutarco como Erasmo parten de un acto de algún personaje de la antigüedad para extraer su conclusión. Gracián no presenta a ningún antiguo: expone el aforismo y lo comenta en términos generales a continuación. Por otro lado, la esencia del apotegma está en la obligación de obrar rectamente en todo contexto con independencia de la conducta ajena. El lector del Oráculo... se da cuenta enseguida que el portarse según la ocasión (casuismo), dejando aparte el juicio ético que aquel comportamiento merezca, es la clave del éxito en el jesuita. Otros posibles géneros afines al aforismo serían: - la sentencia o juicio general de obligación; - los adagios o proverbios, que van dirigidos a la formación de un hombre prudente y discreto. Los adagios de Erasmo guardan una especial relación con los aforismos del Oráculo: el adagio lleva a continuación una breve glosa, pero se trata casi siempre de aclaraciones de carácter filológico o de ejemplos extraídos de los historiadores que vienen a explicar la acuñación de ese adagio. Filología erasmista frente al pensamiento que aparece en Gracián; -los epigramas, que expresan una verdad general de algo concreto, en donde el problema sigue siendo el mismo: la dependencia de una situación, y http://es.wikipedia.org/wiki/Hans_Holbein_el_Joven Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 14 - las empresas y emblemas (Emblemata), género que inaugura Andrea Alciato (1492-1550), de estructura triple: lema, pictura y epigrama, dejando huellas en varios de sus libros. Se ha dicho que si los aforismos gracianos del Oráculo... fueran precedido de una pintura, estarías ante un emblema, ya que el aforismo haría las veces de lema o mote (inscriptio), mientras que la glosa prosística que lo acompaña y explica equivaldría a la subscriptio 18. Los jesuitas sintieron pronto bastante aprecio por la emblemática; sin embargo, los aforismos de Gracián no son emblemas. De Deleitando enseña: una lección de emblemática Emblema 160, Amicitia etiam post mortem durans: Este es uno de los emblemas más famosos e imitados de Alciato19, que podemos ver en varias ediciones. La vid trepa por un olmo abrazando su seco tronco para simbolizar la amistad eterna.20 18.Emilio Blanco, ibídem, págs. 30-32. 19 .Cfr. por ejemplo el Album Amicorum de Franciscus Pápai Páriz. 20. http://www.emblematica.com/es/cd04-alciato.htm. http://ppf.mtak.hu/en/079a.htm Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 15 Parece obvio que todos esos géneros, que ejercitan la brevedad, tuvieron su influencia en el jesuita a la hora de diseñar lo que habría de ser el Oráculo... Lo que busca Gracián es ofrecer una serie de máximas basadas por lo general en la experiencia que permitan manejarse en las procelosas aguas del mundo español, barroco, del siglo XVII. De ahí la utilidad del aforismo. Se manifiesta una voluntad de crear una ciencia política, en el más amplio sentido de la palabra, mediante el procedimiento de derivar principios de manera empírica de los datos de la historia, que además sirva para cualquier circunstancia y situación. Los aforismos gracianos son reglas breves de aplicación universal que permiten evitar los males. Su pragmatismo es evidente Gracián se inserta, pues, en la tradición de aforismos, pero innovando dentro de su serie literaria. Su aforismo es peculiar y, unido a su estilo, lo hace fácilmente reconocible. Se trata, por lo general, de una sentencia breve y concisa que se edita habitualmente en cursiva y que hace las veces de título. Le sigue una serie de reflexiones concisas y sentenciosas sobre el asunto expresado en esa pequeña frase que abre el fragmento, de forma que cada una de esas frases subsiguientes al título muchas veces pudieran independizarse y funcionar como aforismos autónomos. Veamos un ejemplo: 52. Nunca descomponerse. Gran assunto de la condura, nunca desvaratarse: mucho hombre arguye, de coraçón coronado, porque toda magnanimidad es dificultosa de comoverse. Son las passiones los humores del ánima, y qualquier excesso en ellas causa indisposición de cordura; y si el mal saliere a la voca, peligrará la reputación. Sea, pues, tan señor de sí, y tan grande, que ni en lo más próspero, ni en lo más adverso pueda alguno censurarle perturbado, sí admirarle superior.21 VI. Primera parte de El Criticón (1651) Sale en Zaragoza, el año 1651, por Juan Nogués, y va dedicada a Don Pablo Parada, el general portugués al servicio de España, que tanto se distinguió en la batalla de Lérida. Va firmada con el seudónimo de García de Marlones, anagrama de sus apellidos Gracián Morales, a los que añade la partícula de. Simultáneamente , presenta a la censura de la Orden su libro El Comulgatorio, el único, entre los suyos, acorde con su profesión de religioso. 21. GRACIÁN, Baltasar (2009), Oráculo manual y arte de prudencia, edición de Emilio Blanco, Madrid, 8ª. ed., Cátedra, pág. 131. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 16 VI. Segunda parte de: El Criticón (1653) En 1653 revisa la segunda edición del Oráculo... y publica la segunda parte de El Criticón, que vuelve a firmar con el seudónimo de Lorenzo Gracián. Lo dedica Al Sereníssimo Señor Don Juan de Austria, es decir, don Juan José de Austria (1639- 1679), hijo de Felipe IV y de la actriz María Calderón, la Calderona o Marizápalos. Intervino en la guerra de Cataluña. VII. La obra religiosa El Comulgatorio (1655) Después de una escrupulosa revisión se publicará dos años más tarde, por Juan de Ibar, en Zaragoza, el año 1655. Es, asimismo, la única obra que firma con su nombre, al que añade: de la Compañía de Jesús, Letor de Escritura. Va dedicado a la Excelentíssima Señora Doña. Elvira de Valduesa, y Camarera mayor de la Reyna, nuestra Señora. Lleva todas las licencias pertinentes, porque sus contenidos se adaptan a la ortodoxia requerida a un escritor miembro de la Orden, ya que "contiene varias meditaciones para que los que frecuentan la sagrada Comunión puedan prepararse, comulgar y dar gracias". A pesar de todo, la obra ha suscitado algunas sospechas, no siendo la menor que la publicación de El Comulgatorio tuvo, acaso, la finalidad premeditada y pragmática de Gracián de tratar de suavizar sus problemas y sus relaciones con los superiores de la Compañía. Otros críticos defienden que se trata de una obra sincera, fruto de la madurez y de la religiosidad confesa del autor. El comulgatorio, a pesar de las controversias, no deja de ser un libro manual manejable y práctico, para ayudar espiritualmente a los que vayan a comulgar. Presenta cincuenta meditaciones basadas en episodios de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, para comentar la preparación, la comunión y la acción de gracias. Analizando las meditaciones, el resultado es una visión global del año litúrgico católico detalladamente estructurado por el autor. Pero reducir el análisis del libro a sus aspectos religiosos y litúrgicos, sería un despropósito pues se trata de un autor tan exigente en lo literario, en lo estético y en lo moral como Gracián al que no imaginamos ceñido estrictamente a ese propósito. El Comulgatorio recrea y configura al héroe ascético cuyas prácticas y virtudes se centran en la eucaristía. El modelo prolonga lo proyectado en sus otras obras, de modo que lo que El Héroe representó para la fama, El Político, para la historia, El Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 17 Discreto, para la sociedad, El Oráculo..., para la moral, la Agudeza..., para el arte y El Criticón, para la inmortalidad, El Comulgatorio lo representa para la vida cristiana22. VIII. Tercera parte de El Criticón (1657) Durante los años 1655-1656, dedicado por entero a su función de profesor de Escritura en el Colegio de Zaragoza, escribe esta tercera y última parte de El Criticón, que aparece en agosto de 1657, editada en Madrid por Pablo del Val, firmada también por Lorenzo Gracián, con dedicatoria a Lorenzo Francés de Urritigoyti, aunque en realidad va dedicada a toda su familia. En ella repudia la vanidad del mundo y las cosas perecederas, al tiempo que muestra como la virtud es el único camino que conduce a la Inmortalidad. El lector atento que quiera abordar otras cuestiones acerca de las tres partes de El Criticón, le remitimos al corpus de este trabajo de investigación donde podrá satisfacer, creemos, cumplidamente sus curiosidades. El Bosco, El Jardín de las Delicias (1500-1510). Museo del Prado. Madrid 22. Alonso, Santos (2011), ibídem, págs. 55-57 Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 1 ANEXO III Estructura de El Criticón y síntesis argumental Consta de tres libros críticos1 o partes. Cada una tiene un título ordinal -primera, segunda, tercera-, seguida de un subtítulo: PRIMERA PARTE EN LA PRIMAVERA2 DE LA NIÑEZ Y EN EL ESTÍO DE LA JUVENTUD 1. "Este último de mis críticos", dice en la dedicatoria de la Tercera Parte. 2. Este empleo de la estaciones del año, según Arturo del Hoyo (en Baltasar Gracián Obras Completas, Madrid, Aguilar, pág. CLXXIII, n. 1) para referirse a los cuatro principales periodos del desarrollo de la vida del hombre es debido a un sentido profundo, prudencial, general en la obra de Gracián. Hay que recordar que la aspiración del arte de prudencia, formado por los aforismos del Oráculo, es dar las reglas para la maduración del hombre, la plenitud que se alcanza con la estación fructuosa, en el otoño de la vida, en la varonil edad. Este símil no es nuevo; procede de Pitágoras (Laercio, Vidas; 6) divulgada por Ovidio (Met., XV), de donde lo tomaría Gracián para el Discreto, XXV. Cf. Antonio Vilanova: "El peregrino de amor en las Soledades de Góngora, en Estudios dedicados a Menéndez Pidal, t. III, pág.431. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 2 Primavera (La Florista) Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre tela, 120,7 x 98,3 cm, 1665 - 1670, Londres, Dulwich Picture Gallery. Alegoría de la primavera. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 3 Caravaggio; Tañedor de laúd. 1595-96. Óleo sobre lienzo, 94 * 119 cm. Museo Estatal del Hermitage, San Pertersburgo. Alegoría de la primavera. La imagen del Tañedor de laúd podría alegorizar el amor y la armonía. En la partitura, se aprecian algunos compases de los madrigales del compositor flamenco Jacques Arcadelt. La inscripción BASSUS indica que la partitura se tocaba en clave de bajo. El laúd representado es un ejemplar arcaico para aquella época. El adorno en forma de cruz en el mástil del violín, con las iniciales de Jesús según la transcripción griega (χρίστοϛ), suele aparecer en los instrumentos de Cremona. Las flores que componen el ramo, formado por lirios, rosas damascenas, claveles, jazmines, margaritas, genistas salvajes, tomillo y flores de melocotonero, de naranjo de vid, son propias del final de la primavera o del principio del verano. El bodegón con peras, higos, ciruelas y pepinos situado sobre la mesa de falso mármol, acerca el espacio pictórico al espectador. Los expertos han discutido sobre el sentido alegórico del cuadro. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 4 El Verano (Joven con cesta de frutas y verduras) Bartolomé Esteban Murillo. Óleo sobre tela, 120,7 x 98,3 cm, 1660 - 1665. Edimburgo, Scottis National Gallery. Alegoría del verano. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 5 A don Pablo de Parada A quien leyere CRISI PRIMERA. Náufrago Critilo encuentra con Andrenio, que le da prodigiosamente razón de sí CRISI SEGUNDA. El gran teatro del Universo CRISI TERCERA. La hermosa Naturaleza CRISI CUARTA. El despeñadero de la Vida CRISI QUINTA. Entrada en el Mundo CRISI SEXTA. Estado del Siglo CRISI SÉPTIMA. La fuente de los Engaños CRISI OCTAVA. Las maravillas de Artemia CRISI NONA. Moral anatomía del Hombre CRISI DÉZIMA. El mal passo del salteo CRISI UNDÉZIMA. El golfo cortesano CRISI DUODÉZIMA. Los encantos de Falsirena CRISI DEZIMATERCIA. La feria de todo el Mundo Síntesis argumental3 I. En la Primavera de la niñez y en el Estío de la Juventud: (I: Náufrago Critilo encuentra con Andrenio...)El naufrago Critilo es salvado de las aguas, frente a la isla de Santa Elena, por el joven salvaje Andrenio. (II: El gran teatro del Universo) Andrenio, que se crió en una profunda cueva, entre fieras, aprende a hablar y refiere a Critilo su pasmo al contemplar por primera vez el gran teatro del universo y (IV: La hermosa Naturaleza) la hermosa naturaleza. (V: Entrada del Mundo)4 Critilo refiere, a su vez, a Andrenio, sus amores con Felisinda, en cuya busca iba cuando naufragó, y su fatal despeño por la vida. Un barco que arribó a Santa Elena a surtirse de agua potable recoge a Critilo y Andrenio, quienes juntos peregrinarán en busca de Felisinda5 y los conduce a España. Antes de 3. Para este resumen argumental nos hemos valido de Arturo del Hoyo, en Baltasar Gracián, Obras Completas, 3ª. ed., 1968, Madrid, Aguilar, págs. CLXXIV-CLXXVI y CCVIII-CCXXXIX. 4. El mundo de Gracián es la sociedad y su protagonista es la persona en cuanto suma de prendas, en cuanto varón prudente. Para la persona, meta de perfección a la que debe aspirar el hombre (Andrenio), el mundo es riesgo continuo que hay que afrontar cautelosamente, ayudándose del juicio (Critilo) y del mayor número de auxiliares posibles (reinas, guías...). 5 . Esa Felisinda, esposa de Critilo y madre de Andrenio, en cuya busca van ambos, simboliza la felicidad, pero una felicidad prudencial, es decir, la prudencia: "Que no hay dicha ni desdicha, felicidad ni infelicidad, sino prudencia o imprudencia; digo que la felicidad humana consiste en tener prudencia y la desventura en no tenerla" (C, III, c. 9: Felisinda descubierta). Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 6 entrar en el mundo, la Razón, madre del Desengaño, les entrega una piedra preciosa (piedra de toque), que es el dictamen de la razón. En la encrucijada del vivir, Andrenio y Critilo siguen el dictamen de la razón, tomando el camino seguro de la prudencia y feliz medianía hasta encontrarse con la Babilonia 6 de España, Madrid, una de las más célebres ciudades del mundo. (VI: Estado del Siglo) El sabio centauro Quirón7, un medio hombre y medio fiera, les muestra el estado del siglo y les da un infalible remedio para vivir: entender las cosas al revés de lo que parecen. Cuando llegan a la Plaza Mayor, aquel le muestra la verdad del tipo de gente que está allí y Andrenio, desengañado, anhela volver a la isla y a su cueva, algo imposible, según Critilo. (VII: La fuente de los engaños) Un monstruo, antiguo dios del mar, que cambia de forma o de ideas, Proteo8, les acompaña a la corte de su dueño Falimundo, y de camino al palacio, que se alza en la Plaza Mayor, gran corral del vulgo, ven la fuente de los Engaños, de cuyos siete caños están bebiendo gran multitud; Andrenio, maravillado y engañado con lo que ve, poco consciente, decide quedarse en la corte de Falimundo. Critilo, prudentemente, quiere apartarse de aquel lugar de falsedades. (VIII: Las maravillas de Artemia) Critilo para salvar a Andrenio, pide ayuda a Artemia, gran reina del artificio, colindante y vecina de Falimundo, y enemiga suya, que es capaz de convertir a las bestias en personas. Manda a un anciano servidor, con un espejo, al Palacio de Falimundo; este encuentra a Andrenio y lo hace subir a un 6. Para algunos críticos de Gracián la Babilonia de España no es Madrid, sino Sevilla, donde arribaban los barcos cargados de riqueza de la América colonial. Allí, en Sevilla, parece que hizo una inmensa fortuna Juan Martín Gastón, que se casó, ya viudo, en 1622, con la también viuda Esperanza Baraiz y Vera, madre de Vicencio Juan de Lastanosa, padrastro, pues, de Lastanosa, amigo y mecenas de Gracián. Poco después, en 1625, matrimonio de Lastanosa con Catalina Gastón, con apenas trece años, hija de su padrastro, Juan Martín Gastón, y, por tanto, también suegro, asegurándose así una herencia de extraordinaria cuantía. (http://www.lastanosa.com/contenido.php?gama=1&tipocontenido=26). 7. En la mitología griega, Quirón (en griego antiguo Χείρων Cheírôn) es un centauro inteligente, sabio y de buen carácter, a diferencia de la mayoría de los de su clase. Era hijo de Crono y de Fílira, una hija de Océano, y padre de Ocírroe con la ninfa Cariclo. Quirón vivía en una cueva del monte Pelión, en Tesalia, y fue un gran educador en música, arte, caza, moral, medicina y cirugía, y tutor de los héroes Aquiles, Áyax, Asclepio, Teseo, Jasón, Aristeo, Acteón y Heracles. (http://es.wikipedia.org/wiki/Quir%C3%B3n). 8. En la mitología griega, Proteo (en griego antiguo Πρωτεύς Prôteús) es un antiguo dios del mar, una de las varias deidades llamadas por Homero en la Odisea ‘anciano hombre del mar’ (halios geron), cuyo nombre sugiere el "primero", como protogono (πρωτόγονος) es el "primordial" o "primogénito". Se convirtió en hijo de Poseidón en la teogonía olímpica, o de Nereo y Doris, o de Océano y una náyade, y fue hecho pastor de las manadas de focas de Poseidón, el gran macho en el centro del harén. Podía predecir el futuro, aunque, en un mitema familiar a diversas culturas, cambiaba de forma para evitar tener que hacerlo, contestando sólo a quien era capaz de capturarlo. De aquí proceden el sustantivo "proteo" y el adjetivo "proteico", que aluden a quien cambia frecuentemente de opiniones y afectos. (http://es.wikipedia.org/wiki/Proteo). http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega http://es.wikipedia.org/wiki/Griego_antiguo http://es.wikipedia.org/wiki/Centauro http://es.wikipedia.org/wiki/Crono http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=F%C3%ADlira_%28oce%C3%A1nide%29&action=edit&redlink=1 http://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_%28mitolog%C3%ADa%29 http://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%ADrroe_%28hija_de_Quir%C3%B3n%29 http://es.wikipedia.org/wiki/Ninfa http://es.wikipedia.org/wiki/Cariclo_%28hija_de_Apolo%29 http://es.wikipedia.org/wiki/Peli%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Tesalia http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BAsica http://es.wikipedia.org/wiki/Arte http://es.wikipedia.org/wiki/Caza http://es.wikipedia.org/wiki/Moral http://es.wikipedia.org/wiki/Medicina http://es.wikipedia.org/wiki/Cirug%C3%ADa http://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9roe http://es.wikipedia.org/wiki/Aquiles http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81yax_el_Grande http://es.wikipedia.org/wiki/Asclepio http://es.wikipedia.org/wiki/Teseo http://es.wikipedia.org/wiki/Jas%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Aristeo http://es.wikipedia.org/wiki/Acte%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Heracles http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega http://es.wikipedia.org/wiki/Griego_antiguo http://es.wikipedia.org/wiki/Dioses_del_mar_de_la_mitolog%C3%ADa_griega http://es.wikipedia.org/wiki/Homero http://es.wikipedia.org/wiki/Odisea http://es.wikipedia.org/wiki/Protogono http://es.wikipedia.org/wiki/Poseid%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Nereo http://es.wikipedia.org/wiki/Doris http://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_%28mitolog%C3%ADa%29 http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%A1yade http://es.wikipedia.org/wiki/Monachus_monachus http://es.wikipedia.org/wiki/Poseid%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Mitema http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?LEMA=proteo http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?LEMA=proteico Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 7 monte. De espaldas -porque las cosas del mundo se han de mirar al revés para verlas al derecho-, hizo mirar a Andrenio por el espejo descubriendo el verdadero rostro de Falimundo, un agregado de monstruosidades, sin pies ni cabeza, el Engaño puro. Andrenio desengañado pregunta al ministro de Artemia por Critilo, su otro yo, y aquel le conduce al palacio de Artemia, donde se reúne con Critilo. (IX: Moral anatomía del Hombre) Andrenio, a preguntas de Artemia, responde que el hombre es la maravilla de la creación que más admiró. Artemia, Andrenio y Critilo, para distraerse, describen la anatomía del hombre desde el punto de vista moral. Pero el rescate de Andrenio enfurece a Falimundo, quien levanta al vulgo contra Artemia; al grito de ¡muera la hechicera!, cercan su palacio. Esta logra, con la maña, triunfar contra la fuerza. (X: El mal paso del salteo) Artemia, sabedora de un eclipse de sol, amenaza al vulgacho ignorante de usar sus poderes mágicos y conjurar al sol para que oculte sus luces. Producida la total oscuridad, el vulgo se dispersa y abandona el palacio. Luego, Andrenio y Critilo, abandonan el séquito de Artemia camino de Toledo, y se dirigen a Madrid en busca de Felisinda; a la entrada de Madrid hallan la posada de Volusia o Voluptas, una hembra mitad mujer y mitad ángel, cortesana, asistida por un escuadrón de amazonas, donde encuentran a muchísimos maniatados por su gustos; Andrenio se queda en ella, hasta que, nuevamente es rescatado por Critilo. (XI: El golfo cortesano) El sabio les narra el cuento de los Hijos de la Fortuna, uno lindo y otro feo; al primero le vestía alegremente, y al segundo, funestamente; al uno todos le buscaban; al otro todos le rehuían. Un buen día el Engaño cambió las ropas de los hijos de la Fortuna y desde entonces el Mal pareció agradable y el Bien, dificultosos. Terminado el cuento, se despide de los peregrinos. Critilo y Andrenio, siguiendo el camino, entran en Madrid, golfo cortesano, lleno de peligros, por la calle de Toledo. En una librería, piden una guía para andar por la corte y un cortesano que allí estaba les recomienda la Odisea de Homero para que aprendan de Ulises como sortear tanto escollo y peligro como les espera en la corte. Un paje entrega una nota de una que decía ser prima suya. Y guiado por el paje, Andrenio acude a visitarla. (XII: Los encantos de Falsirena) Falsirena finge ser prima de la Felisinda que buscan. Critilo, que marchó a visitar El Escorial y Aranjuez, a su regreso no da ni con Falsirena ni con Andrenio. Ayudado por Egenio, hombre de seis sentidos, descubre a Andrenio en una cueva tapada con un montón de suciedad lasciva; al retirar la inmundicia ven que hay muchos cuerpos por los suelos, entre los que está el de Andrenio. (XIII: La feria de todo el Mundo) Egenio, nuevo guía de los peregrinos, les narra el apólogo de Los males encerrados en una cueva de las Islas Afortunadas, encadenados entre sí, hasta que la mujer, movida por la curiosidad, sedujo al hombre Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 8 hasta que obtuvo la llave de la cueva con la que abrió, soltándose los males por todo el mundo. Jules Joseph Lefebvre, Pandora (1882). Colección privada. Egenio saca de Madrid a los dos peregrinos, llevándolos a la Feria del Mundo, donde el Aquilatador, con su piedra de toque (el oro) los somete a reconocimiento. Salen, por fin, de la Feria y Egenio, cumplida su misión, se despide de los peregrinos, que se encaminan a Aragón, a pasar los puertos de la edad viril. La educación de Aquiles, por Delacroix (fresco de Palacio Borbón de París) Proteo. Grabado en madera por Andrea Alciato (1531). http://es.wikipedia.org/wiki/Eug%C3%A8ne_Delacroix http://es.wikipedia.org/wiki/Palacio_Borb%C3%B3n http://es.wikipedia.org/wiki/Par%C3%ADs http://es.wikipedia.org/wiki/Grabado http://es.wikipedia.org/wiki/Andrea_Alciato Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 9 SEGUNDA PARTE JUICIOSA CORTESANA FILOSOFÍA EN EL OTOÑO DE LA VARONIL EDAD Sereníssimo Señor CRISI PRIMERA. Reforma universal CRISI SEGUNDA. Los prodigios de Salastano CRISI TERCERA. La cárcel de oro y calaboços de plata CRISI CUARTA. El museo del Discreto CRISI QUINTA. Plaça del populacho y corral del Vulgo CRISI SEXTA. Cargos y descargos de la Fortuna CRISI SÉPTIMA. El hiermo de Hipocrinda CRISI OCTAVA. Armería del Valor CRISI NONA. Anfiteatro de monstruosidades CRISI DÉZIMA. Virtelia encantada CRISI UNDÉZIMA. El texado de vidrio y Momo tirando piedras CRISI DUODÉZIMA. El trono del Mando CRISI DEZIMOTERCIA. La jaula de Todos Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 10 Domenico di Michelino, El poeta Dante Alighieri y el universo de la Divina Comedia (1465). Catedral de Santa María del Fiore, Florencia. Alegoría de la varonil edad. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 11 Síntesis argumental II. Juiciosa cortesana filosofía. En el Otoño de la Varonil Edad (I: Reforma universal) Critilo y Andrenio se hallan ya en Aragón, región varonil, subiendo por una trabajosa cuesta de una montaña de dificultades, cuya entrada guarda Argos9, el hombre de los cien ojos; él es el guardián de la región, con la misión de impedir que pasen los que van de contrabando a la edad varonil, con cosas de las edades anteriores. En una gran casa, de profundos cimientos, con dos puertas, la del Oriente y la del Ocaso, está la Aduana General de las Edades. Un tribunal presidido por el Juicio, solo deja salir a los pasajeros de la vida que han cumplido; a los culpables les mandan la reforma oportuna según su falta. Critilo y Andrenio son transformados por Argos y salen con licencia para ser personas. (II: Los prodigios de Salastano) Luego el guardián de cien ojos les conduce a lo más alto de aquel puerto, desde donde se observa la mejor perspectiva de todo el viaje de la vida. Argos le acompañará también a Huesca; un criado se les presenta y pregunta por el Argos verdadero y le dice que Salastano, Lastanosa, el amigo de Gracián, gran coleccionista de prodigios y maravillas, le ha encargado que solicite de Argos uno de sus ojos, para admiración y enseñanza. Argos le cede gustoso un ojo de su mano, para que pueda tocar todas las cosas con ocular mano antes de creerlas. Después, Critilo y Andrenio manifiestan que quieren visitar la casa de Salastano, y Argos, deseándoles felicidad, se despide de ellos. El criado de Salastano les anticipa, por el camino, algunas de las maravillas de aquella casa-museo y, por fin, descubren la ciudad de Huesca y en ella la casa de Salastano y sus frondosos jardines. Llegados a ella, el propio Salastano les hace de cicerone hasta que otro criado, anunciando el hallazgo de otro prodigio, les interrumpe. 9.En la mitología griega, Argos Panoptes (Άργος Πανοπτης, Argos ‘de todos los ojos’) era un gigante con mil ojos y, por tanto, un guardián muy efectivo, pues sólo algunos de sus ojos dormían en cada momento, habiendo siempre varios otros aún despiertos. Fue un fiel sirviente de Hera. Uno de los amores de Zeus fue Ío, que era sacerdotisa precisamente de la diosa Hera en Argos. Se dice que, para seducirla sin que se diera cuenta su esposa, Zeus se metamorfoseó en nube. Después Zeus, temiendo los celos de Hera, convirtió a Ío en ternera blanca. Pero, a pesar de todas estas precauciones, Hera sospechó y le exigió a su esposo que le entregara aquel precioso animal. Una vez en su poder, para que Zeus no se volviera a acercar a su amante, la sometió a la férrea vigilancia del guardián Argos, el de los cien ojos, quien siempre tenía abiertos cincuenta, mientras los cincuenta restantes dormían. Pero esta situación no duró mucho, porque Zeus, apiadado de la joven, envió al mensajero de los dioses para que matara al guardián. http://es.wikipedia.org/wiki/Gigante_(mitolog%C3%ADa_griega) http://es.wikipedia.org/wiki/Hera Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 12 (III: La cárcel de oro y calaboços de plata) Antes de decir en qué consiste ese raro gran hallazgo, el criado les cuenta lo que les ocurrió a los franceses con la Fortuna y las Indias; y a continuación, les dice que ese raro prodigio es haber encontrado un amigo verdadero. Es Gerión10, prototipo de la amistad, un hombre compuesto de tres, pues tenía tres cabezas, seis brazos y seis piernas, aunque un solo corazón. El criado solicita a Gerión su amistad para su amo; entonces Gerión entrega al criado de Salastano un lámina con tres retratos: los de Salastano, Critilo y Andrenio, con lo que así quedó sellada la amistad entre los tres. Luego Andrenio y Critilo pasan los Pirineos, que separan España de Francia en lo material, pero muy distantes en lo político. Un francés, llamado Mosiur les sale al encuentro y les conduce a un rico palacio todo hecho con plata y oro, habitado por un príncipe, nuevo Midas, pues convertía en oro todo lo que tocaba, de puertas cerradas, pero fáciles de abrir con una mazo de oro, la Cárcel de oro... Una vez dentro, los peregrinos notaron que más que palacio aquello era una prisión, donde se veía a un cortesano con grillos de oro, a una mujer bella sujeta con una cadena al cuello y hombres sin corazón y sin entrañas. Por fin descubren al dueño del palacio, no en rico trono, sino en estrecho calabozo, falto de luz por no gastar, personificación del interés y de la avaricia. Su aspecto era horrible, sin que se fiase de nadie... Y allí quedaron presos del Interés los dos peregrinos. (IV: El museo del Discreto) El Varón Alado los desengaña del Interés y los libera y les invita a que le sigan al palacio de Sofisbella, donde reina la perfecta libertad. En el camino encuentran un monstruo chabacano, mitad hombre, mitad serpiente, el sabio de todo, que no sabe de nada, al que sigue una turba. Andrenio quiere unirse al vulgo; el Varón Alado le advierte que el verdadero saber es de pocos, y le muestra el maravilloso palacio de Sofisbella, con las puertas abiertas; pocos eran los que entraban. Y los tres recorren el discreto museo, que simboliza el de Salastano. (V: Plaça del populacho y corral del Vulgo) Andrenio, separado ya de Critilo y acompañado del sabio Cecrope11, visita el Consejo General del Mundo, reunido en una taberna, cuyo concurso es dominado por el monstruo Vulgacho, primogénito de la Ignorancia, padre de la Mentira, hermano de la Necedad, marido de la Malicia. De 10. En la mitología griega, Gerión (en griego antiguo Γηρυών Gêruôn o Γηρυόνης Gêruônês) era un monstruoso gigante, hijo de Crisaor y Calírroe. Gerión es descrito como un ser antropomorfo formado por tres cuerpos, con sus respectivas cabezas y extremidades, según la mayoría de las versiones. 11. Cécrope (< gr. Κέκρωψ, ‘rostro con cola’). En mitología griega, fue el primer rey que tuvo Atenas. También fue conocido como Erecteo; se dice que nació directamente de la Tierra y su origen sobrenatural era la causa de que la parte inferior de su cuerpo tuviera forma de serpiente. http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega http://es.wikipedia.org/wiki/Griego_antiguo http://es.wikipedia.org/wiki/Gigante_(mitolog%C3%ADa_griega) http://es.wikipedia.org/wiki/Crisaor http://es.wikipedia.org/wiki/Cal%C3%ADrroe http://es.wikipedia.org/wiki/Antropomorfo Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 13 allí salieron cuantos quisieron ser cabezas y terminaron descabezados. Dicho esto, el Cecrope sopló un caracol con tal ruido que de todo el vulgo se apoderó un terror pánico. Desengañado y arrepentido, Andrenio rogó al sabio Cecrope, que con la antorcha del saber, le guiase a donde se encontrase Critilo. (VI: Cargos y descargos de la Fortuna) Critilo, por su parte, acompañado por el Enano, busca a Andrenio y, juntos ya, llegan a la casa de la Fortuna, un extravagante palacio, mitad edificio y mitad ruina, sin fundamentos. Únicamente tenía escalera por la que era fácil subir pero también caer. Allí el Favor, ministro de la Fortuna, reparte sus beneficios, ayudando a subir preferentemente a los más necios. En lo más alto se hallaba Andrenio, que reconoce a Critilo y le ayuda a subir. En la última grada estaba la Fortuna, que no solo no era ciega, sino de ojos muy perspicaces, a pesar de que se le acusa de ser ciega, loca y necia, cargos de los que se defendía achacándoselos a los mortales. De cómo salieron Andrenio y Critilo de allí se ve en la crisi siguiente. Rubens; La Fortuna, 1636-37. Madrid. Museo Nacional del Prado (VII: El hiermo de Hipocrinda) La Ventura, ministra de la Fortuna, después de advertirles las diferencias que hay entre la Hipocresía y la verdadera Virtud, les señala cual es el camino que lleva a la casa de Virtelia. Poco antes, La Ventura les había salvado, ayudada por la Ocasión y el Ocaso, de un despeño seguro por el camino equivocado que llevaban y les hizo que pasasen por un puente levadizo de un alto a otro alto, de la Fortuna a la Virtud, dejándoles en la dirección correcta hacia el palacio de Virtelia, tras lo cual La Ventura desaparece. Pero antes tienen que pasar por el Yermo de Hipocrinda. Prosiguiendo su viaje, Andrenio y Critilo topan con un Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 14 hombre de aspecto venerable, pero de poco fiar: el falso ermitaño y verdadero embustero, que trata de apartarles del verdadero camino. Pero de lo que aquí viven los peregrinos de la vida ya quedó dicho en apartados anteriores de este trabajo. (VIII: Armería del Valor) Consiguen salir de Francia por la Picardía. El Valeroso, un hombre con cien corazones para sufrir, les felicita por haber escapado de Hipocrinda; y para que puedan ascender hasta la bellísima Virtelia, los transforma en conquistadores, con las armas de la Armería del Valor: espadas de luz y de verdad, escudos impenetrables al sufrimiento y con yelmos de prudencia, pero sobre todo los revistió con muchos y generosos corazones, las mejores armas para salvar las dificultades. Virtelia les llevará a donde se encuentra la también bellísima Felisinda, pues con aquellas armas nada tendrían que temer. (IX: Anfiteatro de monstruosidades) Armados de tal guisa como valerosos guerreros -la vida es milicia contra malicia-, combaten a cien monstruos hasta alcanzar un hermosísimo palacio, la Tierra. Por una majestuosa puerta les sale a recibir el Sagaz, un hombrecillo de grandes narices, alegoría de su sagacidad, quien les guiará hasta un atrio, o mejor pocilga, donde encuentran gentes enfangadas en bestiales apetitos. Tan bello palacio, les dice, fue creado, como el cuerpo humano, para alcanzar la virtud, pero se ha convertido, por el Mundo, el Demonio y la Carne, en anfiteatro de monstruosidades. Huyen de allí. (X: Virtelia encantada) Al huir de sus tres enemigos y comenzar el escabroso camino hacia el palacio de Virtelia, encuentra a un varón de luces o Lucindo, por las muchas que emitía su inteligencia. Mediante los luminosos consejos de Lucindo y el poder de sus propias armas, alcanzan, salvos, la cumbre de la montaña y allí pudieron ver el Palacio de Virtelia, diferente a como lo habían imaginado porque les causó tristeza, por su fealdad exterior, aunque Lucindo les advierte la que la belleza se halla dentro. Y efectivamente, en majestuoso trono pudieron contemplar a la divina reina, retrato de la hermosura del Padre celestial. Tras su audiencia, se abrazaron a ella, por indicación de Lucindo. Luego la suplicaron que los encaminase a Felisinda y asistida por sus cuatro ministras: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza, los peregrinos quedaron transformados en aspirantes a la Felicidad. (XI: El texado de vidrio y Momo tirando piedras) Pasado el peligro puente de los Peros, llegan a Honoria, reina de la estimación, ciudad de excelentes edificios: palacios, torres, arcos, pirámides y obeliscos, pero sus tejados eran de vidrio y muy quebradizos, porque los rompía Momo12, un personajillo ruin, que a todo hallaba 12.Momo (en griego antiguo Μωμος Mômos, ‘burla’, ‘culpa’; en latín Momus) era, en la mitología griega, la personificación del sarcasmo, las burlas y la agudeza irónica. Era el dios de los escritores y poetas, un espíritu de inculpación malintencionada y crítica injusta. Hesíodo contaba que Momo era un hijo de Nix, la noche (Teogonía, 214). Luciano de Samosata recordaba (en el diálogo ampliado Hermotimus, 20) que se burló de Hefesto por haber fabricado a los hombres sin puertas en sus pechos a través de las que poder conocer si sus pensamientos y sentimientos eran verdaderos. Incluso se burló de Afrodita, aunque todo http://es.wikipedia.org/wiki/Griego_antiguo http://es.wikipedia.org/wiki/Lat%C3%ADn http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega http://es.wikipedia.org/wiki/Sarcasmo http://es.wikipedia.org/wiki/Iron%C3%ADa http://es.wikipedia.org/wiki/Hes%C3%ADodo http://es.wikipedia.org/wiki/Nix http://es.wikipedia.org/wiki/Teogon%C3%ADa http://es.wikipedia.org/wiki/Luciano_de_Samosata http://es.wikipedia.org/wiki/Luciano_de_Samosata http://es.wikipedia.org/wiki/Hefesto http://es.wikipedia.org/wiki/Afrodita Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 15 falta y sin honra, arrojando piedras sobre ellos; frente a éste, aparece Bobo, que todo lo encontraba allí plausible y agradable. Uno y otro, con sus seguidores, emprendieron una contienda, cuando aparece un prodigioso personaje que invita a los dos peregrinos a seguirle. (XII: El trono del Mando) El Asombrado les ayuda a subir por las gradas del medro y les dice que no hay más honra que la que se basa en la virtud. Los peregrinos llegan a divisar la Imperial Ciudad, donde se encuentra el Trono del Mundo, al que deseaban llegar muchos no por los méritos del bien obrar, sino por los atajos del oro, del favor... Critilo trata de marcharse de allí renunciando a los cargos por sus cargas. De pronto ven caer un cuerpo troceado de un varón grande, y el Asombrado los va recogiendo y colocándolos sobre sí mismo, con lo que quedó muy persona; entonces, al verse tan hombre, ayuda a subir a los peregrinos a las gradas del medro y de la ambición. Allí vieron la coronación, por elección, de un monarca por la muerte del anterior. Un varón de extremos, el Extremado, advierte a Andrenio que a pesar de la elección, el mundo, representado como un esclavo con una cadena al pie arrastrando una bola de yerros, es quien ejerce el mando; la bola del mundo, símbolo del mando, siempre se la reparten entre cuatro o seis personajes, a pesar de la elección. Y con este argumento, el Extremado les promete encaminarles a donde se halla el señorío real, no el falso. (XIII: La jaula de todos) La edad varonil es la reina de las edades, donde el hombre llega a su punto. Todo está ya en su punto 13 , y el ser persona 14 en el mayor (Oráculo, af. 1, pág. 101). Andrenio había llegado a la cumbre de la edad varonil, y Critilo iba ya cuesta abajo de la vida. Les guiaba el Extremado, quien podía crecer como gigante ante los soberbios, y menguar hasta hacerse enano ante los humildes. Los peregrinos le pidieron que los llevase hasta la casa del embajador de España, pues allí esperaban encontrar a Felisinda, en la corte imperial. El extremado les informa que el embajador había sido trasladado a la corte romana. Y así tienen que marchar a Italia. El Extremado les acompaña hasta los nevados y canos Alpes, territorio ya de Vejecia. En el camino tropiezan con la Envidia, monstruosa vieja fiera llena de veneno, pero que solo ataca a lo que sobresale. Ya en un puerto de los Alpes, un Varón Juicioso se ocupa en tomar medidas de los entendimientos de los lo que pudo hallar fue que era parlanchina y llevaba sandalias chirriantes (Filostrato, Epístolas). Debido a sus constantes críticas, fue exiliado del Monte Olimpo. Se le representaba con una máscara que levantaba para que se le viera la cara, y con un muñeco o un cetro acabado en una cabeza grotesca en la mano, símbolo de la locura. (http://es.wikipedia.org/wiki/Momo_(mitolog%C3%ADa) 13. Modo adverbial que vale sin sobra ni falta. (Auts.) 14. "Persona" es concepto fundamental en Gracián que usa para designar al hombre selecto que, a diferencia del común, alcanza la plenitud de sus facultades. http://es.wikipedia.org/wiki/Filostrato http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Olimpo Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 16 pasajeros, ordenando meter a los sobrados y a los faltos en la gran Jaula de Todos o manicomio, pues todos son locos, los unos y los otros. Pasaron a ella y allí Andrenio y Critilo pudieron presenciar gran variedad de locuras y caprichos que dominan a los hombre; fueron atacados y salvados por el Extremado que, gigantesco, tocó en su bocina el desapacible son de la verdad y les hizo huir. Por fin, se deciden pasar los canos Alpes de Vejecia. Cuadro ático de figuras rojas del s. V a.C. Hermes consiguió matar a Argos tras haberle dormido con su mágico caduceo los cincuenta ojos que permanecían vigilantes. Emblema 16 de Andrea Alciato, el de la "oculata mano", signo de atención, tenido en cuenta por Gracián en diversos pasajes del Oráculo manual... y de El Criticón. "Prométoos que para poder vivir es menester armarse un hombre de pies a cabeza, no de ojetes, sino de ojazos muy despiertos: ojos en las orejas, para descubrir tanta falsedad y mentira; ojos en las manos, para ver lo que da y mucho más lo que toma."15 15. C, II, c. 1: Reforma Universal. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 17 Heracles luchando con Gerión, ánfora c. 540 a. C., museo del Louvre http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_del_Louvre Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 18 Representación de Cécrope I TERCERA PARTE EN EL INVIERNO DE LA VEJEZ El Bosco, El carro de Heno, ca. 1500-1502. Óleo sobre tabla, 135 cm * 100 cm. Museo Nacional del Prado. Madrid El lateral izquierdo muestra su origen en el mundo, desde los ángeles caídos al pecado de Eva. En el centro se ve a la humanidad arrastrada por el pecado, por ese carro de heno, metáfora de origen bíblico alusiva a lo efímero y perecedero de las cosas de este mundo. La tabla derecha deja ver el infierno, destino de los pecadores, con castigos acordes a sus faltas. En el tríptico cerrado aparece un anciano peregrino, que recorre el camino de la vida, plagado de peligros. En la tabla central, El Bosco recrea un proverbio flamenco: “El mundo es como un carro de heno y cada uno coge lo que http://www.museodelprado.es/es/submenu/enciclopedia/buscador/voz/bosco-el-hieronymus-van-aeken-bosch/ http://www.museodelprado.es/es/submenu/enciclopedia/buscador/voz/bosco-el-hieronymus-van-aeken-bosch/ Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 19 puede”. Todos los estamentos, incluido el clero -censurado por vicios como la avaricia y la lujuria-, quieren coger ese heno y subirse al carro. Para lograr su objetivo no dudan en cometer todo tipo de atropellos y pecados, incluso el asesinato. Abajo derecha, aparece el cuervo negro. Hans Baldung Grien, Las tres edades y la muerte (1541-1544). Madrid, Museo Nacional del Prado Boccaccio, en su Genealogía de los dioses paganos, afirma que el mito esconde variados y múltiples significados que van más allá de una lectura literal; vienen a ser metáforas que tras lo superficial nos lleva a ideaciones con marcados y múltiples contenidos semánticos, especialmente de orden moral. Los pintores y artistas usaron las imágenes para explicar aspectos singularmente doctrinales del humanismo, a veces del pensamiento cristiano. Este imaginario, claramente poético, fue muy divulgado por los Hieroglyphica o libros de emblemas (Andrea Alciato, 1531) y la Iconología de Cesare Ripa (Roma, 1593). El alemán Hans Baldung Grien nos muestra su argumento sobre Las Edades y la Muerte; en esa pintura nos presenta a la muerte acompañada de su reloj de arena y una lanza rota como anuncio de que la vida se acaba; toma por su brazo a la anciana que arrastra consigo a una joven. En el suelo aparece un niño, quizás muerto, y una lechuza. Con ello nos expresa que la muerte asola en todo tiempo de la vida (primavera, verano, otoño e invierno), tanto en la niñez, la juventud, la viril edad y la vejez. El lema queda explicado por la lechuza, animal símbolo de Atenea que en los Hieroglyphica alude a la muerte imprevista. Horapolo denomina cuervo nocturno a la lechuza, pues así era conocido el ave en la antigüedad. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 20 La idea procede de Aristóteles, Plinio, Ovidio y Eliano, continúa en San Isidoro quien señala que es ave propia de los cementerios. También aparece en los emblemas del holandés Theocritus à Granda, en su Emblemata amatoria (XVII), donde la lechuza reposa sobre el pecho de un difunto para señalar que la llegada de la muerte es incierta, así lo vemos también en los Emblemas de Alciato. Rembrandt; Cabeza de anciano con gorra, ca. 1630. Óleo sobre tabla. 24.3 x 20.3 cm. Kington, Canada. Alegoría de la vejez Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 21 A D. Lorenzo Francés de Urritigoyti Al que leyere PRIMERA CRISI. Honores y horrores de Vejecia CRISI SEGUNDA. El estanco de los Vicios CRISI TERCERA. La Verdad de parto CRISI CUARTA. El Mundo descifrado CRISI QUINTA. El palacio sin puertas CRISI SEXTA. El Saber reinando CRISI SÉPTIMA. La hija sin padre[s] en los desvanes del mundo CRISI OCTAVA. La cueva de la Nada CRISI NONA. Felisinda descubierta CRISI DÉZIMA. La rueda del Tiempo CRISI UNDÉZIMA. La suegra de la Vida CRISI DUODÉZIMA. La Isla de la Inmortalidad Síntesis argumental III. En el Invierno de la Vejez: (I: Honores y horrores de Vejecia) En su peregrinación de la vida, Andrenio había llegado a los principios de la vejez y Critilo, a sus finales; se encontraban, pues, en la alta, blanca y destemplada región de los Alpes, cuyos puertos eran más puertas de la muerte; esta situación les llenó de melancolía. Pasados ya los Alpes, descubren a Jano16, personaje de dos caras, quien advierte a los peregrinos de Felisinda que se hallan en el reino de Vejecia, cuyo palacio es de honores para unos y de horrores para otros. La región que pisan, pues está dominada por una tirana, parienta de la Muerte, quien maltrata a cuantos allí llegan, chupándoles la sangre y las mejillas. Su palacio ruinoso tiene dos porteros y sobre las puertas, dos letreros: "Esta es la puerta de los honores" (la de los virtuosos) y "Esta es la puerta de los horrores" (la de los livianos e inconstantes). Los porteros franquean a Critilo la de los honores y es conducido por la Cordura y la Autoridad a una sala presidida por 16 . Jano (en latín Janus) es, en la mitología romana, un dios que tenía dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil, padre de Fontus. Jano era el dios de las puertas, los comienzos y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año (que en español pasó del latín Ianuarius a Janeiro y Janero y de ahí derivó a Enero). Como dios de los comienzos, se lo invocaba públicamente el primer día de enero (Ianuarius), el mes que derivó de su nombre porque inicia el nuevo año. Se lo invocaba también al comenzar una guerra, y mientras ésta durara, las puertas de su templo permanecían siempre abiertas; cuando Roma estaba en paz, las puertas se cerraban. Jano no tiene equivalente en la mitología griega. (http://es.wikipedia.org/wiki/Jano) http://es.wikipedia.org/wiki/Lat%C3%ADn http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_romana http://es.wikipedia.org/wiki/Deidad http://es.wikipedia.org/wiki/Fontus http://es.wikipedia.org/wiki/Idioma_espa%C3%B1ol http://es.wikipedia.org/wiki/Enero http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra http://es.wikipedia.org/wiki/Roma http://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 22 Vejecia, una venerable anciana, coronada de plata; a Andrenio, la de las penas, quedando asombrado por espantosas y trágicas visiones. Jano. Museos Vaticanos (El Vaticano). (II: El estanco de los vicios) Compara al hombre con un instrumento de diferentes y múltiples trastes, que se ajustan con dificultad y se desajustan con facilidad, principalmente el vientre: en la niñez, por la golosina; en la mocedad, por la lascivia; en la edad varonil, por la voracidad, y en la vejez, por la embriaguez. Vejecia, tras promulgar sus severas leyes sobre la ancianidad, autoriza, a los peregrinos, a emprender la última jornada de su viaje por la vida, entregando un báculo a Critilo y un palo, a Andrenio. Con ese propósito, emprenden su viaje y se encuentran con don Fulano de la Lengua Horadada, quien lo que oye por una oreja no le sale por la otra, sino por la boca, quien les invita a llegar al Palacio de la Alegría -en Alemania-, que es el de la embriaguez, fuente de todo vicio, especialmente para los viejos. Andrenio se emborracha y quedó tendido e inconsciente; mientras Andrenio dormía, Critilo se dedicó a visitar el Palacio donde pudo presenciar famosos casos de embriaguez: la de Alejandro Magno o la del hereje Enrique VIII de Inglaterra. Critilo vio cómo de cada regüeldo de la reina de la embriaguez salía un monstruo: la Herejía, la Murmuración, la Avaricia, la Envidia... uno de ellos se acercó a Critilo y el don Fulano de la Lengua Horadada quiso retenerlo, pero no lo consiguió. (III: La Verdad de parto) De nuevo en el camino, se le une un varón, el Acertador; con su ayuda (del Acertador o el Adivinador o el Desengañado) Critilo rescata a Andrenio del estanco de los vicios y aprovecha para preguntar al Acertador quién era aquel monstruo que trató de acercársele en aquel lugar; le responde que la Quimera, peste del siglo, monstruo cortesano, todo embuste, engaño, enredo e invención. Camino de Italia, Andrenio, Critilo y el Acertador, van opinando sobre el país que acaban de dejar, la embriagada y herética Alemania. De pronto se les atraviesa en el camino una gran multitud, fugitiva de la Verdad, porque esta se hallaba de paso. Asustados, Critilo y Andrenio emprendieron también la huida, pese a los consejos del Adivino para que se detuviesen. http://es.wikipedia.org/wiki/Museos_Vaticanos http://es.wikipedia.org/wiki/El_Vaticano Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 23 (IV: El mundo descifrado) El Adivino, que elogia a los peregrinos por su curiosidad de ver mundo, les advierte que, más que con los ojos, se ha de ver con el entendimiento porque todo anda en cifra. El Adivino, que ahora adapta el nombre de Descifrador, les promete enseñarles el arte de descifrar o arte de discurrir; le indica que los que parecen hombres no lo son, sino diptongos (híbridos), paréntesis (inútiles), etcéteras (abreviatura de todo lo malo), afectados, zancones... Luego les conduce a la gran Plaza de la Apariencia, donde había talleres para hacer parecer los yerros aciertos, endulzar lo amargo... y los desengaña de cuanto ven. Allí vieron al Charlatán, que hacía pasar por ingenio a un asno o a un enano por un gigante; cuando el Descifrador iba a desenmascarar al Charlatán, este comenzó a echar por su boca humo de confusión y tinta de mentiras, plagando todo de opiniones y pareceres sin poder saber quien decía la verdad. (V: El palacio sin puertas) Pero el Zahorí promete enseñarles aún más que el Adivinador: si este descifra la apariencia, su arte consiste en sondar el más profundo interior: las secretas intenciones, el corazón, la hiel, las entrañas más recónditas, los humores...Y los lleva al Palacio sin puertas, que parecía casa de contratación, palacio y prisión, sin entrada ni salida. De allí salió un centauro que arrebató a Andrenio y lo introdujo, sin poderlo encontrar, pues parecía casa del disimulo. El Zahorí asegura que no es otra que el Palacio de Caco y sus secuaces. Y su remedio fue entrometerse y analizar a los entrometidos -o cortesanos- que lo habitan: sin cansarse, los hombres comían, vestían, bebían y holgaban... y lo más extraordinario era no poder averiguar nada de cierto, pues nadie entendía aquella lengua aunque era la misma del país. Critilo sospechaba que allí, gustoso, se queda Andrenio, invisible y disimulado, donde todos se negaban al conocimiento ajeno. (VI: El Saber reinando) Con la ayuda del Zahorí, Critilo rescata al disimulado Andrenio y prosiguen su peregrinación hacia la Corte del Saber Coronado hasta llegar a una encrucijada, con dos caminos. Andrenio sigue el de la candidez (bandadas de cándidas palomas volando), abocando al país de los buenos hombres (Juan de Buen Alma, el Hombres de su palabra, Fulano de Mazapán, el canónigo Blandura, don fulano de todos...); Critilo el de la astucia (serpientes por tierra) que le llevó al país de los reagudos, hombres de segundas intenciones y allí se unió al Narigudo que le fue aclarando la clase gente con la que se encontraba (el Marrajo, el Tracillas, el Dropo, el Zaino, el Bobico...). Los dos peregrinos salieron de sus extremos caminos y volvieron a unirse para encaminarse a la Corte del Saber Prudente, donde el Sesudo los conduce al taller donde se forjaba y refinaba el seso y se afinaba la sindéresis, la discreción. (VII: La hija sin padre[s] en los desvanes del mundo) Los dos peregrinos ya ancianos, muy experimentados en su largo viaje, aun no estaban libres de ver disminuida su reputación, su fama. Iban, acompañados del Sesudo, por el camino de Roma y se encuentran a dos guerreros luchando: el Fantástico (llamado también el Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 24 Honroso, el Jactancioso, el Vano, el Desvanecido, según los casos), quien declara que es él quien guía a los mortales a ser inmotales, y el Ocioso (denominado también el Poltrón y el Holgón), el que conduce a los fatigados de la vida al deseado sosiego. Andrenio, al fin, accede someterse al juicio de Critilo, y juntos, son guiados por El Fantástico que les acompaña a un alto monte donde estaba un palacio todo de chimeneas de espeso humo jactancioso. Andrenio pregunta al Ocioso que los seguía, que quién era el dueño de tal palacio y el Ocioso respondió que eran los desvanes de la hija sin padres, por tanto, hija de la nada, la vana Soberbia. (VIII: La cueva de la Nada) El Ocioso, a su vez, les guía al país más holgado del mundo donde la gente vivía con suma comodidad y poltronamente; Critilo se lleva de allí a Andrenio que se encontraba a sus anchas, huyendo de aquellos prados de delicias, hasta que llegaron a una tenebrosa gruta, en la zona más baja de la montaña; en realidad, era la Cueva de la Nada, paradero de todo; allí entraban carrozas, sillas de mano y literas..., pero no carros triunfales; en cambio, se veía vacía; allí no se ven personas y los que entraban, como no fueron nada, paraban en nada. A su entrada estaban el Ocio y el Vicio, dos pequeñajos que empujaban adentro a muchos hombres grandes. Allí estaba una bellísima mujer, Venus, aniquiladora de sabios, santos y valerosos. Andrenio, curioso, quiso pasar, pero fue detenido por el Honroso, que más tarde satisfaría su curiosidad. (IX: Felisinda descubierta) Es ahora cuando El Fantástico explica a Andrenio quienes eran los que estaban arrinconados en la cueva de la nada: los que son menos que nada, los Nonadillas. El Ocioso intenta arrojar a Andrenio a la Cueva, mientras el Fantástico trató de llevarse a Critilo al Palacio de la Vanidad. Pero los dos peregrinos se salvaron de tales peligros (de la nada y de la vanidad) cogiéndose de las manos y juntos se encaminan a la triunfante Roma. Allí, con la ayuda del Cortesano, consiguen averiguar que su buscada Felisinda se halla en el Cielo. En el cielo todo es felicidad, en el infierno todo desdicha y en la tierra se participa de ambos extremos. La felicidad se encontrará en el cielo si se supiera merecer en la tierra. (X: La rueda del Tiempo) El Cortesano a instancias de Critilo, mediante la Rueda del Tiempo, les muestra el futuro; cosa fácil, les dice, que lo mismo que fue eso es y será (las mismas guerras, los mismos reyezuelos..., siempre las mismas cosas en continuo orden sucesivo); un vejezuelo, El Tiempo, saltando de radio en radio, mueve la rueda, de modo que lo que una vez estaba abajo luego estaba arriba. Después, El Cortesano, les hizo mirar al cielo y pudieron ver la multitud de hilos de nuestra vida que se devanan en los tornos celestes. (XII: La suegra de la Vida) Luego, guiados por el Cortesano, entran en una plaza llena de gentío donde se detienen. Critilo y Andrenio se disponen a dormir en su posada, el Mesón de la Vida, donde se les recibe con mucha complacencia. Pero un Pasajero, allí alojado, les advierte del peligro que corren si duermen. En Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 25 demostración, levanta una losa y les descubre los lúgubres subterráneos donde habita la Muerte. Sentada la Muerte en un trono de cadáveres, despacha con sus ministros, y luego refiere su propia historia. Al principio, como ministra de Dios, armada de arco y flechas comenzó amatar; sus acciones nunca eran aprobadas. Pidió a los mortales que dijesen ellos mismos cuando habían de morir, pero todos se desentendieron. Por tanto, abandonó arco y fechas, asió una guadaña, y sin distinción, se puso a segar vidas. Dicho lo cual, La Muerte, al ver a nuestros peregrinos, encarga a sus crueles ministros que acaben con ellos. Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte, ca. 1562. Óleo sobre tabla, 117 cm × 162 cm. Museo Nacional del Prado (XII: La Isla de la Inmortalidad) Un peregrino prodigioso, El Inmortal, les señala que hay remedio para escapar a la muerte: consiste en ser varón eminente. Saca a Critilo y Andrenio de la casa de la Muerte y los lleva al Palacio de la Vida verdadera, el de los honores de la fama, es decir, a la Isla de la Inmortalidad. Les condujo a la luz a través de una mina secreta y fueron a salir delante del Templo del Trabajo; luego llegaron a orillas de un mar de aguas negras, cuyo color se debe a que en aquellas aguas los escritores famosos bañan sus plumas. Una sola gota de ese licor basta para hacer famoso e inmortal a un hombre. En medio de ese mar negro está la Isla de la Inmortalidad, adonde pasan los valientes volando (las armas), los escritores Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 26 surcando (las letras) y los demás remando y sudando. El Inmortal fletó una chalupa para tomar puerto en la Isla; sus grandes dificultades y peligros hacía que muchos naufragaran sin llegar a ella. Sin embargo, El Inmortal acertó a librar a Andrenio y Critilo del riesgo de los escollos, arribando a una majestuosa entrada, defendida con puertas de bronce y un portero insobornable: el Mérito, quien tras de examinar los papeles que el Inmortal presentó y después de considerar el largo y fructuoso viaje, les dio entrada a la Mansión de la Eternidad. Jeroglíficos de nuestras postrimerías Juan de Valdés Leal. Hospital de la Caridad. Sevilla. Finis gloriae mundi (Fin de la gloria del muno), 1672. In ictu oculi (Triunfo de la muerte), 1672. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada El hiermo de Hipocrinda, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 27 Joachim Patinir; El paso de la laguna Estigia. H. 1515-1524. Museo Nacional del Prado. Madrid Detalles de la pintura de Patinir Ángel: El lado del Paraíso está representado por un ángel que señala el difícil camino hacia el Parnaso. Cancerbero: El perro de tres cabezas que guarda las puertas del infierno es la representación del Mal en la parte derecha de la obra. Caronte: En la mitología clásica, Caronte llevaba en su barca a las almas cruzando la laguna Estigia hacia cada uno de los lados. El cristianismo lo tomó como una lucha entre el bien y el mal. Estigia: El Estigia era una gran laguna o río que rodeaba el Hades según la mitología y que marcaba la separación entre el mundo terrenal y el de los muertos. Junto con el Aqueronte, el Flegetonte y el Cocito formaban un gran pantano. Se daban poderes de invulnerabilidad a quien se sumergiera en él según las leyendas, como pasó con Aquiles, quien fue sumergido por su madre completamente menos su famoso talón. Arquitectura: Una curiosa arquitectura de cristal se ve en el fondo del Paraíso, que nos recuerda a El Bosco y su El jardín de las delicias. Infierno: Al igual que la arquitectura acristalada del Paraíso, el Infierno se representa semejante al propio infierno que representó El Bosco en su El jardín de las delicias. Paisaje: Patinir era un notable paisajista, de hecho se le considera como el precursor del paisaje occidental. Su visión del paisaje era idílica, ya que usaba un punto de luz alto, de ahí que el horizonte no esté centrado sino bastante más superior que el centro de la pintura. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 1 "Componían al hombre todas las demás criaturas tributándole perfecciones, pero de prestado; iban a porfía amontonando bienes sobre él, mas todos al quitar: el cielo le dio la alma, la tierra el cuerpo, el fuego el calor, el agua los humores, el aire la respiración, las estrellas ojos, el sol cara, la fortuna haberes, la fama honores, el tiempo edades, el mundo casa, los amigos compañía, los padres naturaleza y los maestros la 5 sabiduría. Mas viendo él que todos eran bienes muebles, no raíces, prestados todos y al quitar, dicen que preguntó: —Pues ¿qué será mío? Si todo es de prestado, ¿qué me quedará? Respondiéronle que la virtud. Ésa es bien propio del hombre, nadie se la puede repetir. Todo es nada sin ella, y ella lo es todo; los demás bienes son de burlas, ella sola 10 es de veras. Es alma de la alma, vida de la vida, realce de todas las prendas, corona de las perfecciones y perfección de todo el ser; centro es de la felicidad, trono de la honra, gozo de la vida, satisfación de la conciencia, respiración del alma, banquete de las potencias, fuente del contento, manantial de la alegría. Es rara porque dificultosa, y donde quiera que se halla es hermosa, y por eso tan estimada. Todos querrían parecer 15 tenerla, pocos de verdad la procuran. Hasta los vicios se cubren con su buena capa y mienten sus apariencias; los más malos querrían ser tenidos por buenos. Todos la querrían en los otros, mas no en sí mismos: pretende éste que aquél le guarde fidelidad en el trato, que no le murmure, ni le mienta, ni le engañe, trate siempre verdad, que en nada le ofenda ni agravie, y él obra todo lo contrario. Con ser tan hermosa, noble y 20 apacible, todo el mundo se ha mancomunado contra ella; y es de modo que la verdadera virtud ya no se ve ni parece, sino la que le parece: cuando pensamos está en alguna parte, topamos con sola su sombra, que es la hipocresía. De suerte que un bueno, un justo, un virtuoso florece como la fénix, que por único se lleva la palma. Esto les iba ponderando a Critilo y Andrenio una agradable doncella, ministra de 25 la Fortuna, de sus más allegadas, que compadecida de verlos en el común riesgo, estando ya para despeñarse, los asió del copete de la ocasión y los detuvo, y dando una voz al Acaso, le mandó echar la puente levadiza, con que los transpuso de la otra parte de un alto al otro, de la Fortuna a la Virtud, con que se libraron del fatal despeño. —Ya estáis en salvo —les dijo—, dicha de pocos lograda, pues vistes caer mil a 30 vuestro lado y diez mil a vuestra diestra. Seguid ese camino sin torcer a un lado ni a otro, aunque un ángel os dijese lo contrario, que él os llevará al palacio de la hermosa Virtelia, aquella gran reina de las felicidades. Presto le divisaréis encumbrado en las coronillas de los montes. Porfiad en el ascenso, aunque sea con violencias, que de los valientes es la corona; y aunque sea áspera la subida, no desmayéis, poniendo siempre la 35 mira en el fin premiado. Despidióse con mucho agrado, echándoles los brazos, volvióse a pasar de la otra parte, y al mismo punto levantaron la puente. —¡Oh! —dijo Critilo—, ¡qué cortos hemos andado en no preguntarla quién era! ¿Es posible que no hayamos conocido una tan gran bien hechora? 40 —Aún estamos a tiempo —dijo Andrenio—, que aún no la habemos perdido ni de vista ni de oída. Diéronla voces, y ella volvió un cielo en su cara y dos soles en su cielo, esparciendo favorables influencias. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 2 —Perdona, señora —dijo Critilo—, nuestra inadvertencia, no grosería, y así te 45 favorezca tu reina más que a todas que nos digas quién eres. Aquí ella, sonriéndose: —No lo queráis saber —dijo—, que os pesará. Pero ellos, más deseosos con esto, porfiaron en saberlo, y así les dijo: —Yo soy la hija mayor de la Fortuna, yo la pretendida de todos, yo la buscada, la 50 deseada, la requerida: yo soy la Ventura. Y al momento se traspuso. —Juráralo yo —dijo suspirando Critilo— que, en conociéndote, habías de desaparecer. ¡Hase visto más poca suerte en la dicha! Así acontece a muchos cada día. ¡Oh cuántos, teniendo la dicha entre manos, no la supieron conocer, y después la 55 desearon! Pierde uno los cincuenta, los cien mil de hacienda, y después guarda un real; no estima el otro la consorte casta y prudente que le dio el cielo y después la suspira muerta y adorada en la segunda; pierde éste el puesto, la dignidad, la paz, el contento, el estado, y después anda mendigando mucho menos. —Verdaderamente que nos ha sucedido —dijo Andrenio— lo que a un galán 60 apasionado que, no conociendo su dama, la desprecia, y después, perdida la ocasión, pierde el juicio. —Desta suerte malograron muchos el tiempo, la ocasión, la felicidad, la comodidad, el empleo, el reino, que después lo lamentaron harto: así sollozaba el rey navarro pasando el Pirineo y Rodrigo en el río de su llanto. ¡Pero desdichado, sobre 65 todo, quien pierda el cielo! Así se iban lamentando, prosiguiendo su viaje, cuando se les hizo encontradizo un hombre venerable por su aspecto, muy autorizado de barba, el rostro ya pasado y todas sus facciones desterradas, hundidos los ojos, la color robada, chupadas las mejillas, la boca despoblada, ahiladas las narices, la alegría entredicha, el cuello de azucena 70 lánguido, la frente encapotada; su vestido, por lo pío, remendado, colgando de la cinta unas disciplinas, lastimando más los ojos del que las mira que las espaldas del que las afecta, zapatos doblados a remiendos, de más comodidad que gala: al fin, él parecía semilla de ermitaños. Saludóles muy a lo del cielo, para ganar más tierra, y preguntóles para dónde caminaban. 75 —Vamos —respondió Critilo— en busca de aquella flor de reinas, la hermosa Virtelia, que nos dicen mora aquí en lo alto de un monte, en los confines del cielo. Y si tú eres de su casa y de su familia, como lo pareces, suplícote que nos guíes. Aquí él, después de una gran tronada de suspiros, prorrumpió en una copiosa lluvia de lágrimas. 80 —¡Oh cómo vais engañados —les dijo—, y qué lástima que os tengo! Porque esa Virtelia, que buscáis, reina es, pero encantada. Vive, aunque más muere, en un monte de dificultades, poblado de fieras, serpientes que emponzoñan, dragones que tragan, y sobre todo hay un león en el camino que desgarra a cuantos pasan; a más de que la subida es inaccesible, al fin cuesta arriba, llena de malezas y deslizaderos donde los más 85 caen, haciéndose pedazos. Bien pocos son y bien raros los que llegan a lo alto. Y cuando toda esa montaña de rigores hayáis sobrepujado, queda lo más dificultoso, que es su palacio encantado, guardadas sus puertas de horribles gigantes que, con mazas ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 3 aceradas en las manos, defienden la entrada, y son tan espantosos, que sólo el imaginarlos arredra. Verdaderamente me hacéis duelo de veros tan necios que queráis 90 emprender tanto imposible junto. Un consejo os daría yo, y es que echéis por el atajo, por donde hoy todos los entendidos y que saben vivir caminan. Porque habéis de saber que aquí más cerca, en lo fácil, en lo llano, mora otra gran reina muy parecida en todo a Virtelia en el aspecto, en el buen modo, hasta en el andar, que la ha cogido los aires: al fin, un retrato suyo; sólo que no es ella, pero más agradable y más plausible, tan 95 poderosa como ella y que también hace milagros. Para el efecto es la misma, porque, decidme, vosotros ¿qué pretendéis en buscar a Virtelia y tratarla?, ¿que os honre, que os califique, que os abone para conseguir cuanto hay, la dignidad, el mando, la estimación, la felicidad, el contento? Pues sin tanto cansancio, sin costaros nada, a pierna tendida, lo podéis aquí conseguir; no es menester sudar, ni afanar, ni reventar como allá. Dígoos 100 que éste es el camino de los que bien saben; todos los entendidos echan por este atajo, y así está hoy tan valido en el mundo que no se usa otro modo de vida. —¿De suerte —preguntó Andrenio, ya vacilando— que esa otra reina que tú dices es tan poderosa como Virtelia? —Y que no la debe nada —respondió el Ermitaño—. Lo que es el parecer, tan 105 bueno le tiene y aun mejor, y se precia dello y procura mostrarlo. —¿Qué, puede tanto? —Ya os digo que obra prodigios. Otra ventaja más, y no la menos codiciable, que podréis gozar de los contentos, de los gustos desta vida, del regalo, de la comodidad, de la riqueza, juntamente con este modo de virtud; que aquella otra, por ningún caso los 110 consiente. Ésta en nada escrupulea, tiene buen estómago, con tal que no haya nota ni se sepa: todo ha de ser en secreto. Aquí veréis juntos aquellos dos imposibles de cielo y tierra juntos, que los sabe lindamente hermanar. No fue menester más para que se diese por convencido Andrenio; hízose al punto de su banda, ya le seguía, ya volaban. 115 —¡Aguarda —decía Critilo—, que te vas a perder! Mas él respondía: —¡No quiero montes! ¡Quita allá gigantes, leones, guarda! Iban ya de carrera arrancada, seguíales Critilo voceando: —Mira que vas engañado. 120 Y él respondía: —¡Vivir, vivir! ¡Virtud holgada, bondad al uso! —Seguidme, seguidme —repetía el falso Ermitaño—, que éste es el atajo del vivir; que lo demás es un morir continuado. Fuelos introduciendo por un camino encubierto y aun solapado entre arboledas y 125 ensenadas, y al cabo de un laberinto con mil vueltas y revueltas dieron en una gran casa harto artificiosa que no fue vista hasta que estuvieron en ella. Parecía convento en el silencio y todo el mundo en la multitud: todo era callar y obrar, hacer y no decir, que aun campana no se tañía por no hacer ruido: no se dé campanada. Era tan espaciosa y había tanta anchura, que cabrían en ella más de las tres partes del mundo, y bien 130 ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 4 holgadas. Estaba entre unos montes que la impedían el sol, coronada de árboles tan crecidos y tan espesos, que la quitaban la luz con sus verduras. —¡Qué poca luz tiene este convento! —dijo Andrenio. —Así conviene —respondió el Ermitaño—, que donde se profesa tal virtud no conviene lucimientos. 135 Estaba la puerta patente, y el portero muy sentado, por no cansarse en abrir. Tenía calzados unos zuecos de conchas de tartugas, desaliñadamente sucio y remendado. —Este —dijo Critilo—, a ser hembra, fuera la Pereza. —¡Oh no! —dijo el Ermitaño—, no es sino el Sosiego; no hace aquello de dejamiento, sino de pobreza; no es suciedad, sino desprecio del mundo. 140 Saludóles, dando gracias de su linda vida; intimóles luego sin moverse, con un gancho, un letrero que estaba encima de la puerta y decía con unas letras góticas: Silencio. Y comentóseles el Ermitaño: —Quiere decir que de aquí adentro, no se dice lo que se siente, nadie habla claro, todos se entienden por señas: aquí callar, y callemos. 145 Entraron en el claustro, pero muy cerrado, que es lo más cómodo para todos tiempos. Iban ya encontrando algunos que en el hábito parecían monjes y era (aunque al uso) bien extraño: por defuera lo que se veía era de piel de oveja, mas por dentro lo que no se parecía era de lobos novicios, que quiere decir rapaces. Notó Critilo que todos llevaban capa, y buena. 150 —Es instituto —dijo el Ermitaño—. No se puede deponer jamás, ni hacer cosa que no sea con capa de santidad. —Yo lo creo —dijo Critilo—, y aun con capa de lastimarse está aquél murmurando de todo, con capa de corregir se venga el otro, con capa de disimular permite éste que todo se relaje, con capa de necesidad hay quien se regala y está bien 155 gordo, con capa de justicia es el juez un sanguinario, con capa de celo todo lo malea el envidioso, con capa de galantería anda la otra libertada. —Aguarda —dijo Andrenio—, ¿quién es aquélla que pasa con capa de agradecimiento? —¿Quién ha de ser sino la Simonía? Y aquella otra, la Usura paliada. Con capa de 160 servir a la república y al bien público se encubre la ambición. —¿Quien sera aquél que toma la capa o el manto para ir al sermón, a visitar el santuario, y parece el Festejo? —El mismo. —¡Oh maldito sacrilego! 165 —Con capa de ayuno ahorra la avaricia, con capa de gravedad nos quiere desmentir la grosería. Aquél que entra allí parece que lleva capa de amigo, y realmente lo es, y aun con la de pariente se introduce el adulterio. —Éstos —dijo el Ermitaño— son de los milagros que obra cada día esta superiora, haciendo que los mismos vicios pasen plaza de virtudes y que los malos sean 170 tenidos por buenos y aun por mejores; los que son unos demonios, hace que parezcan unos angelitos, y todo con capa de virtud. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 5 —Basta —dijo Critilo— que desde que al mismo Justo le sortearon la capa los malos, ya la tienen por suerte: andan con capa de virtud, queriendo parecer al mismo Dios y a los suyos. 175 —¿No notáis —dijo el falso Ermitaño y verdadero embustero— qué ceñidos andan todos cuando menos ajustados? —Sí —dijo Critilo—, pero con cuerda. —Eso es lo bueno —respondió—, para hacer bajo cuerda cuanto quieren, y todo va bajo manga: no se les ven las manos, tanto es su recato. 180 —No sea —replicó Critilo— que tiren la piedra y escondan la mano. —¿No veis aquel bendito qué fuera del mundo anda, qué metido va? Pues no piensa en cosa suya, sino en las ajenas, que no tiene cosa propia. No se le ve la cara: no es lo mejor lo descarado. A nadie mira a la cara, y a todos quita el sombrero; anda descalzo por no ser sentido, tan enemigo es de buscar ruido. 185 —¿Quién es el tal? —preguntó Andrenio— ¿Es profeso? —Sí, con que cada día toma el hábito y es muy bien disciplinado. Dicen que es un arrapa-altares por tener mucho de Dios. Hace una vida extravagante: toda la noche vela, nunca reposa. No tiene cosa ni casa suya, y así es dueño de todas las ajenas; y sin saber cómo ni por dónde, se entra en todas y se hace luego dueño dellas. Es tan caritativo, que 190 todos ayuda a llevar la ropa, y a cuantos topa las capas; y así le quieren de modo que, cuando ni parte de alguna, todos quedan llorando y nunca se olvidan dél. —Éste —dijo Adrenio—, con tantas prendas ajenas, más me huele a ladrón que a monje. —Ahí verás el milagro de nuestra Hipocrinda, que siendo lo que tú dices, le hace 195 parecer un bendito: tanto que está ya consultado en un gran cargo, en competencia de otro de casa de Virtelia, y se tiene por cierto que le ha de hurtar la bendición; y cuando no, trata de irse a Aragón, donde muera de viejo. —¡Qué lucido está aquel otro! —dijo Critilo. —Es honra de penitencia —respondió el Ermitaño—, y aunque tan bueno, no 200 puede tenerse en pie ni acierta a dar un paso. —Bien lo creo, que no andará muy derecho. —Pues sabed que es un hombre muy mortificado: nadie le ha visto comer jamás. Eso creeré yo, que a nadie convida, con ninguno parte: todo es predicar ayuno, y no miente, que en habiéndose comido un capón, con la verdad dice: «Hay uno.» 205 —Yo juraré por él que en muchos años no se ha visto un pecho de perdiz en la boca. —¡Y yo también! —Y tras toda esta austeridad que usa consigo, es muy suave. —Así lo entiendo, suave de día y suave de noche; mas ¿cómo está tan lucido? 210 —Ahí verás la buena conciencia, tiene buen buche, no se ahoga con poco ni se ahita con cosillas; engorda con la merced de Dios, y así todos le echan mil bendiciones. Pero entremos en su celda, que es muy devota. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 6 Recibiólos con mucha caridad y franqueóles una alacena, no tan a secas, que no fuese de regadío, dando fruto de dulces, perniles y otros regalos. 215 —¿Así se ayuna? —dijo Critilo. —Y así hay una gentil bota —respondió el Ermitaño—. Éstos son los milagros desta casa: que siendo éste antes tenido por un Epicuro, en tomando tan buena capa se ha trocado de modo que compite con un Macario. Y es tanta verdad ésta, que antes de mucho le veréis con una dignidad. 220 —¿También hay soldados cofadres de la apariencia? —pregunto Andrenio. —Y son los mejores —respondió el Ermitaño—: tan buenos christianos, que aun al enemigo no le quieren hacer mala cara, con que no lo querrían ver. ¿No ves aquél? Pues en dando un Santiago, se mete a peregrino. En su vida se sabe que haya hecho mal a nadie; no tengan miedo que él beba la sangre de su contrario. Aquellas plumas que 225 tremola, yo juraría que son más de Santo Domingo de la Calzada que de Santiago. El día de la muestra es soldado, y el de la batalla, Ermitaño; más hace él con un lanzón que otros con una pica; sus armas siempre fueron dobles; desde que tomó capa de valiente es un Ruy Díaz atildado. Es de tan sano corazón, que siempre le hallarán en el cuartel de la salud; no es nada vanaglorioso, y así suele decir que más quiere escudos que armas; 230 en dando un espaldar al enemigo, acude al consejo con un peto. Y así es tenido por un buen soldado, muy aplaudido, y en competencia de dos Bernardos está consultado en un generalato, y dicen que él será el hombre y los otros se lo jugarán; que aquí más importa el parecer que el ser. Aquel otro es tenido por un pozo de sabiduría, más honda que profunda, y él dice que en eso está su gozo. Aquí más valen textos que testa. Nunca se 235 cansa de estudiar, su mayor conceto dice ser el que dél se tiene, y aun todos los ajenos nos vende por suyos, que para eso compra los libros. De letras, menos de la mitad basta, y lo demás de fortuna, que el aplauso más ruido hace en vacío. Y al fin, más fácil es y menos cuesta el ser tenido por docto, por valiente y por bueno, que el serlo. —¿De qué sirven —preguntó Andrenio— tantas estatuas como aquí tenéis? 240 —¡Oh! —dijo el Ermitaño—, son ídolos de la imaginación, fantasmas de la apariencia: todas están vacías, y hacemos creer que están llenas de substancia y solidez. Métese uno por dentro en la de un sabio, y húrtale la voz y las palabras; otro en la de un señor, y a todos manda y todos sin réplica le obedecen, pensando que habla el poderoso, y no es sino un bergante. Ésta tiene la nariz de cera, que se la tuercen y retuercen como 245 quieren la información y la pasión, ya al derecho, ya al siniestro, y ella pasa por todo. Mirá bien, reparad en aquel ministro de justicia qué celoso, qué justiciero se muestra; no hay alcalde Ronquillo rancio ni fresco Quiñones que le llegue; con nadie se ahorra y con todos se viste; a todos les va quitando las ocasiones del mal, para quedarse con ellas; siempre va en busca de ruindades, y con ese título entra en todas las casas ruines 250 libremente, desarma los valientes y hace en su casa una armería, destierra los ladrones por quedar él solo. Siempre va repitiendo «¡Justicia!», mas no por su casa. Y todo esto, con buen título, y aun colorado. Vieron otros dos que, con nombre de celosos, eran dos grandísimos impertinentes: todo lo querían remediar, y todo lo inquietaban, sin dejar vivir a nadie, diciendo se 255 perdía el mundo, y ellos eran los más perdidos. A esta traza iban encontrando raros milagros de apariencia, extrañas maravillas de la hipocresía, que engañaran a un Ulises. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 7 —Cada día acontece —pondera el Ermitaño— salir de aquí un sujeto amoldado en esta oficina, instruido en esta escuela, en competencia de otro de aquélla de arriba, de la verdadera y sólida virtud, pretendiendo ambos una dignidad, y parecer éste mil veces 260 mejor, hallar más favor, tener más amigos, y quedarse el otro corrido y aun cansado; porque los más en el mundo no conocen ni examinan lo que cada uno es, sino lo que parece. Y creedme que de lejos tanto brilla un claveque como un diamante, pocos conocen las finas virtudes, ni saben distinguirlas de las falsas. Veis allí un hombre más liviano que un bofe, y parece en lo exterior más grave que un presidente. 265 —¿Cómo es eso? —dijo Andrenio—, que querría aprender esta arte de hacer parecer. ¿Cómo se hacen esos plausibles milagros? —Yo os lo diré. Aquí tenemos variedad de formas para amoldar cualquier sujeto por incapaz que sea, y ajustarle de pies a cabeza. Si pretende alguna dignidad, le hacemos luego cargado de espaldas; si casamiento, que ande más derecho que un huso; 270 y aunque sea un chisgarabís, le hacemos que muestre autoridad, que ande a espacio, hable pausado, arquee las cejas, pare gesto de ministro y de misterio, y para subir alto, que hable bajo; ponémosle unos antojos, aunque vea más que un lince, que autorizan grandemente; y más, cuando los desenvaina y se los calza en una gran nariz y se pone a mirar de a caballo, hace estremecer los mirados. A más desto tenemos muchas maneras 275 de tintes que de la noche a la mañana transfiguran las personas de un cuervo en un cisne callado, y que si hablare, sea dulcemente palabras confitadas; si tenía piel de víbora, le damos un baño de paloma, de modo que no muestre la hiel, aunque la tenga, ni se enoje jamás, porque se pierde en un instante de cólera cuanto se ha ganado de crédito de juicio en toda la vida, mucho menos muestre asomo de liviandad ni en el dicho ni en el hecho. 280 Vieron uno, que estaba escupiendo y haciendo grandes ascos. —¿Qué tiene éste? —preguntó Andrenio. —Acércate y le oirás decir mucho mal de las mujeres y de sus trajes. Cerraba los ojos por no verlas. —Éste sí —dijo el Ermitaño— que es cauto. 285 —Más valiera casto —replicó Critilo—, que desta suerte abrasan muchos el mundo en fuego de secreta lujuria; introdúcense en las casas como golondrinas, que entran dos y salen seis. Mas ahora que hemos nombrado mujeres, dime, ¿no hay clausura para ellas? Pues, de verdad, que pueden profesar de enredo. —Sí le hay —dijo el Ermitaño—, convento hay y bien malignante: ¡Dios nos 290 defienda de su multitud! Aquí están desta parte. Y asomóles a una ventana para que viesen de paso, no de propósito, su proceder. Vieron ya unas muy devotas, aunque no de San Lino ni de San Hilario, que no gustan de devociones al uso: sí de San Alejos y de toda romería. —Aquélla, que allí se parece —dijo el Ermitaño—, es la viuda recatada, que 295 cierra su puerta al Ave María. Mira la doncella que puesta en pretina. —No sea en cinta. —Aquella otra es una bella casada; tiénela su marido por una santa. —Y ella le hace fiestas, cuando menos de guardar. —A esta otra nunca le faltan joyas. 300 ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 8 —Porque ella lo es buena. —A aquélla la adora su marido. —Será porque lo dora. —No gusta de galas, por no gastar la hacienda. —Y gástale la honra. 305 —De aquélla dice su marido que metería las manos en un fuego por ella. —Más valiera que las pusiera en ella y apagara el de su lujuria. Estaba una riñendo unas criadas pequeñas porque brujuleó no sé qué ceños, y ella con mayor decía: —¡En esta casa no se consiente ni aun el pensamiento! 310 Y repetía entre dientes la criada el eco. —Desta otra anda siempre predicando su madre lo que ella no se confiesa. Decía otra buena madre de su hija. —Es una bienaventurada. Y era así, que siempre quisiera estar en gloria. 315 —¿Cómo están tan descoloridas aquéllas? —reparó Andrenio. Y el Ermitaño: —Pues no es de malas, sino de puro buenas: son tan mortificadas, que echan tierra en lo que comen. —No sea barro. 320 —Mira qué celosas se muestran éstas. —Más valiera celadas. —¿Nunca llegamos —dijo Critilo— a ver esta virtud acomodada, esta prelada suave, esta plática bondad? —No tardaremos mucho —respondió el Ermitaño—, que ya entramos en el 325 refitorio, donde estará sin duda haciendo penitencia. Fueron entrando y descubriendo cuerpo y cuerpo, y más cuerpo: al fin, una mujer toda carne y nada espíritu. Tenía el gesto estragado (mas no el gusto), desmentidor del regalo; y cuanto más amarillo, dice que tiene mejor color. Hasta el rosario era de palo santo, y tenía por extremo (que siempre anda por ellos) una muerte, para darse mejor 330 vida. Estaba sentada, que no podía tenerse en pie, equivocando regüeldos con suspiros, muy rodeada de novicios del mundo, dándoles liciones de saber vivir. —No me seáis simples —les decía—, aunque lo podéis mostrar, que es gran ciencia mostrar no saber. Sobretodo, os encomiendo el recato y el no escandalizar. Ponderábales la eficacia de la apariencia. 335 —Aquí está todo en el bien parecer, que ya en el mundo no se atiende a lo que son las cosas, sino a los que parecen; porque, mirad —decía—, unas cosas hay que ni son ni lo parecen, y ésa es ya necedad: que aunque no sea de ley, procure parecerlo; otras hay que son y lo parecen, y eso no es mucho; otras que son y no parecen, y ésa es la suma necedad. Pero el gran primor es no ser y parecerlo, eso sí que es saber. Cobrad opinión y 340 conservadla, que es fácil, que los más viven de crédito. No os matéis en estudiar, pero ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 9 alabaos con arte; todo médico y letrado han de ser ostentación; mucho vale el pico, que hasta un papagayo, porque le tiene, halla cabida en los palacios y ocupa el mejor balcón. Mira que os digo que si sabéis vivir, os sabréis acomodar; y sin trabajo alguno, sin que os cueste cosa, sin sudar ni reventar, os he de sacar personas: por lo menos, que lo 345 parezcáis de modo que podáis ladearos con los más verdaderos virtuosos, con el más nombre de bien. Y si no, tomad ejemplo en la gente de autoridad y de experiencia, y veréis lo que han aprovechado con mis reglas y en cuán gran predicamento están hoy en el mundo ocupando los mayores puestos. Estaba tan admirado Andrenio cuan pagado de tan barata felicidad, de una virtud 350 tan de balde, sin violencias, sin escalar montañas de dificultades, sin pelear con fieras, sin correr agua arriba, sin remar ni sudar. Trataba ya de tomar el hábito de una buena capa para toda libertad y profesar de hipócrita, cuando Critilo, volviéndose a su Ermitaño, le preguntó: —Dime, por tu vida larga, si no buena, con esta virtud fingida ¿podremos 355 nosotros conseguir la felicidad verdadera? —¡Oh pobre de mí! —respondió el Ermitaño—, en eso hay mucho que decir: quédese para otra sitiada."1 1. El texto de este capítulo de El Criticón ha sido tomado de la edición crítica de CORREA CALDERÓN, Evaristo, Madrid, Espasa-Calpe, S.A., 1971. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 10 360 Jacqueline-Marie-Angélique Arnauld, Mère Angélique, abadesa de Port Royal de París. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 11 Exvoto pintado por Philippe de Champaigne 1662 para agradecer la curación milagrosa de la parálisis de su hija, monja en el convento de Port Royal. Museo del Louvre de París. 365 Mère Agnès et Mère Angélique Arnauld, abadesas de Port-Royal. Pintura al óleo de Philippe de Champaigne (s. XVII).[Collection particulière, France.] http://es.wikipedia.org/wiki/Exvoto http://es.wikipedia.org/wiki/Philippe_de_Champaigne http://es.wikipedia.org/wiki/Museo_del_Louvre ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 12 Madeleine de Souvré, marquise de Sablé, que acabó retirada en un pabellón pagado, 370 después de hacer política por placer, en la abadía jansenista de Port-Royal de París Velázquez, El sacerdote don Cristóbal Suárez de Ribera. Museo de Bellas Artes de Sevilla. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 13 Velázquez, Retrato de Clérigo (1622-1623). Colección Payá, Madrid. 375 Sor María de Jesús de Ágreda, abadesa concepcionista de Ágreda (Soria) Nació el 2 de abril de 1602 en Ágreda, Soria. Sus hermanos Francisco y José ingresaron en la Orden franciscana, y su hermana Jerónima entró, como ella lo hizo, en las 380 Concepcionistas. Le nombraron abadesa del convento de religiosas descalzas de la Inmaculada Concepción de Ágreda, fundado con donaciones de su propia familia. María de Jesús de Ágreda falleció el 24 de mayo de 1665 en su convento de Ágreda, que no había abandonado desde los 17. Su obra Mística ciudad de Dios, publicada después de 385 su muerte, fue perseguida y prohibida por la Inquisición. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 14 Cuando Sor María tenía dieciocho años o sea el año siguiente de su profesión, comienzan a tener lugar en su vida ciertos fenómenos místicos resonantes, a los que se dio indiscreta publicidad, sin ella quererlo ni saberlo. Uno de los confesores que tuvo por este 390 tiempo fue Fr. Juan de Torrecilla. De él dice la monja que era más bueno que cauteloso. Sor María padecía con frecuencia éxtasis, arrobos y raptos, fenómenos de levitación, ingravidez, etc., y acudía mucha gente a verla en este estado. Las monjas –por entonces gobernaban la comunidad las venidas de Burgos–, lejos de impedirlo, fomentaban la exhibición. ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 15 395 Velázquez, último retrato de Felipe IV, 1656. No hay duda que uno de los episodios de la vida de Sor María es el de sus relaciones con el rey Felipe IV, con quien mantuvo correspondencia epistolar por espacio de más de veinte años (1643-1665). También tuvo múltiples relaciones epistolares otros personajes de su tiempo. En julio de 1643 Felipe IV se detiene en 400 Agreda, de paso para Zaragoza. Visita a Sor María y le propone su idea de mantener correspondencia con ella. El rey le escribirá a media margen, a fin de que la contestación de la monja vaya en el mismo pliego. Y, según lo acordado, a los pocos días le escribía el rey desde Zaragoza su primera carta. Así se inició esta célebre correspondencia, terminó con la muerte de la monja. 405 Durante muchos años Felipe IV le consultó; a su influencia se atribuye que fuera apartado del Gobierno el poderoso Conde-duque de Olivares y confirmó el sobrenombre por el que era conocida, 'María Coronel'. De los 22 años que duró su relación con el rey, se conservan muchas cartas de consejos para el ejercicio justo de la autoridad real. http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/642/Felipe%20IV http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/3907/Conde-duque%20de%20Olivares ANEXO IV GRACIÁN, Baltasar, El Criticón II Crisi séptima El hiermo de Hipocrinda 16 410 A estos años de las exterioridades o fenómenos sobrenaturales pertenecen también los supuestos viajes de la monja a evangelizar a los indios de Nuevo Méjico. Cuando muchos años más tarde Sor María fue sometida a interrogatorio por los 415 calificadores de la Inquisición, la mayoría de las preguntas giraron en torno a esos supuestos viajes de la monja a América, afirmados en un Memorial que se difundió mucho y del que es autor Fr. Alonso de Benavides, Custodio de Nuevo Méjico, que vino a España en 1630 y estuvo en Agreda. Esta evangelización fue realizada por bilocación, mientras se encontraba en su 420 convento de Ágreda y ocurrió entre los años 1620 y 1631, en los territorios norteamericanos del Estado de Nuevo México y parte de los actuales Estados de Texas, Colorado y Arizona. Lectura crítica, ideológica y estilística de la crisi séptima de la Segunda Parte de El Criticón de Baltasar Gracián, intitulada “El hiermo de Hipocrinda”, a la luz del contexto lingüístico y extralingüística. 1 BIBLIOGRAFÍA ABELLÁN, J. L. (1991), Historia crítica del pensamiento español. Del Barroco a la Ilustración (Tomo III), Madrid, Espasa-Calpe. ALADRO VICO, Eva (2009), La información determinante, Madrid, Editorial Tecnos (GRUPO ANAYA, S.A.). ALADRO VICO, Eva (2007), “Metáforas e iconos para transmitir información”, en CIC Cuadernos de Información y Comunicación, Vol. 12, págs. 49-57, Madrid, Publicaciones de la Universidad Complutense. ALADRO VICO, Eva (2010): “Marshal McLuhan y su teoría del medio de comunicación” en Nuevos medios y teoría de la información, Curso de Doctorado, Madrid, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense. ALARCOS, Emilio (1937), “Los sermones de Paravicino”, RFE, XXIV, págs. 162 y 179. ANDREU CELMA, J. Mª. (1998), Gracián y el arte de vivir, Zaragoza, IFC. ARANGUREN, José Luis (1965), "Ética", Revista de Occidente, Madrid, págs. 333-352. 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Este grabado de la serie Carceri d'Invenzione (Cárceles imaginarias; 1745-1760), en donde Piranesi transformó las ruinas romanas en fantásticos y desmesurados calabozos dominados por enormes y oscuros pasadizos, empinadas escaleras a increíbles alturas y extrañas galerías que no conducen a ninguna parte, bien pudiera alegorizar o simbolizar El Criticón, la poderosa y original fantasmagoría de Baltasar Gracián, en que transforma todos los materiales culturales a su alcance. El Criticón es una obra total que lo abarca todo. Un libro-mundo que alberga la vida del hombre en la naturaleza y en la historia. La obra se concibe como el gran teatro del mundo en el que se representan las grandezas y las miserias del hombre, al modo alegórico de los autos calderonianos y de los dramas jesuíticos. Epítome de los más variados géneros y estilos literarios recogidos en las poéticas, retóricas y la filosofía moral de su época, los convierte en una sarcástica y atroz visión del mundo y del hombre en un claro ejercicio intelectual en que cada concepto remite al aforismo, al dicho o al hecho, al apotegma, al emblema, a la paremia, al apólogo o al jeroglífico que le conviene en cada caso, con alusiones veladas a hechos y personas de la vida contemporánea, constantes referencias a la mitología y a la historia y un uso prodigioso de la lengua hasta alcanzar lo enigmático y lo abstracto. Gracián asume los trabajos y la peregrinación de la novela bizantina, comunes, a las novelas picarescas como El Guzmán de Alfarache, pero deshace la pareja masculino-femenino y la edad de sus protagonistas, al elegir a dos hombres: Critilo y Andrenio, que trastocan totalmente su sentido final, bajo el influjo del Banquete de Platón. La narración novelesca irá poco a poco derivando por un recorrido sinuoso y especialmente misógino en el que se multiplican las alegorías morales, las divagaciones satíricas y las digresiones sobre múltiples asuntos. El Criticón puede considerarse como un tratado didáctico lleno de monstruosidades, adobado con aderezos anecdóticos, con múltiples juegos de ingenio, con sorprendentes y tremendas invectivas contra los vicios y flaquezas humanos. Todo en El Criticón es una metáfora y traslación lingüística de los seres humanos en su difícil peregrinaje por el camino de la vida y el mundo como teatro. Tesis Alejandro Tenorio Tenorio PORTADA AGRADECIMIENTOS ÍNDICE ÍNDICE DE LÁMINAS INTRODUCCIÓN PRIMERA PARTE: Biografía de Baltasar Gracián a través de losdocumentos aportados por los investigadores gracianistas CAPÍTULO PRIMERO CAPÍTULO SEGUNDO SEGUNDA PARTE. El Criticón: lectura crítica del texto y rastreo delas reminiscencias y fuentes más significativas CAPÍTULO TERCERO CAPÍTULO CUARTO TERCERA PARTE. Configuración de las genealogías, de la amistady de lo femenino en los textos de Baltasar Gracián CAPÍTULO QUINTO CAPÍTULO SEXTO CAPÍTULO SÉPTIMO PARTE CUARTA. Análisis del estilo de El Criticón a través de lacrisi El hiermo de Hipocrinda, una sátira de la hipocresía religiosa CAPÍTULO OCTAVO CAPÍTULO NOVENO CONCLUSIONES NOTAS FINALES ACLARATORIAS ANEXO I ANEXO II ANEXO III ANEXO IV BIBLIOGRAFÍA