UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE BELLAS ARTES TESIS DOCTORAL Anatomía animal en cera. Arte, ciencia y conservación de la colección de modelos tridimensionales del Museo Veterinario Complutense MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Elena Rodríguez González de Canales Directores Alicia Sánchez Ortiz José Ignacio Pastor Caño Madrid ISBN: 978-84-09-47790-6 © Elena Rodríguez González de Canales, 2023 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE BELLAS ARTES Anatomía animal en cera. Arte, ciencia y conservación de la colección de modelos tridimensionales del Museo Veterinario Complutense MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Elena Rodríguez González de Canales Directores Alicia Sánchez Ortiz José Ignacio Pastor Caño Madrid, 2022 © Elena Rodríguez González de Canales, 2022 Página anterior: Ilustración de Sergio Correa Durango UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE BELLAS ARTES Anatomía animal en cera. Arte, ciencia y conservación de la colección de modelos tridimensionales del Museo Veterinario Complutense MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR Programa de doctorado D9AQ - DOCTORADO EN BELLAS ARTES PRESENTADA POR Elena Rodríguez González de Canales Directores Alicia Sánchez Ortiz José Ignacio Pastor Caño Madrid, 2022 © Elena Rodríguez González de Canales, 2022 Dedico esta tesis a mi familia y a Sergio, con todo mi amor En memoria de Josemi AGRADECIMIENTOS Siempre dentro del ámbito universitario, este trabajo de investigación se ha realizado en varias localizaciones e instituciones. La dirección ha sido responsabilidad de la profesora Alicia Sánchez Ortiz y del catedrático José Ignacio Pastor Caño, pertenecientes a la Facultad de Bellas Artes, de la Universidad Complutense de Madrid; y a la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos, de la Universidad Politécnica de Madrid, respectivamente. A ambos debo agradecer su generosidad y la confianza que han depositado en mi durante esta tesis y dentro de los proyectos que forman parte de esta investigación. Su compromiso, apoyo y orientación han sido imprescindibles para mi crecimiento académico y personal. Quiero agradecer la implicación, las aportaciones personales y las pertinentes observaciones del director del Museo Veterinario Complutense, el profesor Joaquín Sánchez de Lollano Prieto. Como una muestra más de su profunda dedicación y preocupación por el patrimonio veterinario, ha aportado unos conocimientos y una experiencia claves en el desarrollo de la parte principal de esta investigación en conservación y restauración, así como en mi descubrimiento de la historia de la veterinaria. Una parte muy importante de mi desarrollo dentro del campo de la investigación, en mi crecimiento como restauradora y en la realización de esta tesis doctoral se lo debo a la doctora Olga Cantos Martínez, conservadora-restauradora del Departamento de Escultura del Instituto de Patrimonio Cultural de España. Durante muchos años me ha brindado la oportunidad de aprender con ella en nuestra profesión y decidió acompañarme en el desarrollo de las investigaciones de esta tesis con su amplia experiencia y apoyo. Agradezco su guía y confianza constantes en mi valía y en cada una de mis decisiones. Gracias a su amistad y cariño he tenido un gran soporte para superar los retos que exige la vida académica, así como todas las circunstancias personales que se mezclan en esta. Por proporcionar los medios y el apoyo personal en los estudios realizados en el Departamento de Ciencia de Materiales de la Universidad Politécnica de Madrid, quiero agradecer su implicación, acompañamiento y experiencia a Antonia Martín Sanz, María Elena Tejado Garrido y Sandra Tarancón Román. Sin ellas, el trabajo en el laboratorio de esta investigación y mi tímido acercamiento al campo de los ensayos de materiales no habría sido posible. Además, deseo agradecer especialmente la generosidad del profesor José Miguel Martínez, del Departamento de Ciencia de Materiales de la Universidad Politécnica de Madrid. Durante el desarrollo de esta tesis, Josemi fue un apoyo emocional constante y contribuyó a la investigación con la fabricación de herramientas, ayudándome a interpretar los datos y avanzar en los experimentos, resolver dudas o aportando valiosas aportaciones. Ojalá el tiempo nos hubiera permitido compartir hoy este final de tesis. Debo expresar también mi agradecimiento a las profesoras Margarita San Andrés Moya y a Ruth Chércoles Asensio, por realizar las analíticas necesarias para dotar de valor científico las investigaciones y colaborar en la fase de conservación y restauración de la colección veterinaria. También al personal de la Unidad de Gestión de Patrimonio, de la Universidad Complutense de Madrid. Su colaboración en las gestiones de trabajo en el Museo Veterinario Complutense, así como la apertura de su base de datos para mi consulta y el acceso a sus fichas técnicas, han sido importantes en lo relativo a la conservación y a la redacción de algunos capítulos. Por facilitarme la estancia de doctorado en Italia y, una vez allí, brindarme todo el apoyo, confianza y medios que solicité, muchísimas gracias al director del Museo di Anatomia Patologica e Teratologia Veterinaria Alessandrini-Ercolani, Giuliano Bettini y a la profesora Annamaria Grandis, del Dipartimento di Scienze Mediche Veterinarie. Me hubiera gustado que esta tesis pudiera ser internacional e incorporar en este documento todas las investigaciones e interesantísimo trabajo realizado en colaboración en dicho museo perteneciente a la Alma Mater Studiorum Universitá di Bologna, pero todo lo que aprendí durante la estancia y el cariño que he recibido desde ese momento hasta hoy, han hecho posible también esta tesis doctoral. En la redacción de la tesis, mi evolución como investigadora y en la búsqueda de mi propia voz (en Madrid, Tarazona, o donde estuviera), muchas gracias Nadia Hakim por todas tus enseñanzas y cariño. Después de crecer gracias a tus consejos, tu tesón, tu experiencia y tu labor (que cada vez involucra a más gente); estoy segura de que llegará ese cambio a la educación y la universidad en el que creemos. Durante estos años de trabajo, muchos compañeros de trabajo me han acompañado, aconsejado y apoyado. Mi gratitud a Beatriz San Cristóbal, a Alberto Carballo, a Emanuel Sterp, a Paula Fernández y a Leire López, por escucharme, valorarme y quitarle “hierro al asunto” cuando lo he necesitado. A Gemma y Ángeles, por apoyarme y facilitarme siempre la coordinación de las mil cosas que hago siempre simultáneamente. Mi agradecimiento a Miguel Ángel Agóiz y Àngela Mas, que durante el tiempo que compartimos en Tarazona fueron mi pequeño mundo y consiguieron que disfrutase de cada cena y cada viaje además del trabajo, incluso cuando todo mi tiempo libre lo dedicaba a la tesis. Por tantas idas y venidas laborales que hemos compartido, porque eres un ejemplo de superación y siempre me has apoyado como amigo y como compañero de trabajo gracias, Mario Danzè. Espero que estas vidas locas que llevamos nos permitan vernos más. Igualmente, quiero agradecer a mis compañeras Candela Bañón, Irene Herrero y Raquel Barrajón, el acompañamiento y respaldo durante este último año. Compartir y superar los retos académicos juntas me ha mantenido animada y a confiar en mi capacidad de trabajo. Gracias a Fabio, por estar y darme fuerzas en un momento en el que necesitaba tanto apoyo. Sus cuidados, cariño y pragmatismo me ayudaron a poner las cosas en su lugar, a continuar con la investigación y a tomar impulso para finalizar esta tesis. Nunca lo olvidaré. A Benedetta, mi gratitud por todo su cariño y porque su amistad fue un regalo de esos que duran siempre. Además, gracias a su profesionalidad y colaboración incondicional, me impulsó en las investigaciones de esta tesis. Junto a ella, pude realizar parte de mi investigación y trabajar en la colección boloñesa de manera accesible y cómoda en el mismo museo. Por saber transmitirme su pasión por la investigación y por nuestras conversaciones en las que “arreglamos el mundo”, quiero expresar mi gratitud y mis ánimos en su tesis a José Paredes. En la organización de mi tiempo y en ayudarme a comprender que las cosas tienen su proceso, gracias a Sara y Gonzalo. Aprendí maneras de trabajar y de apreciar los cambios gracias a su filosofía de vida y sus consejos. Sin esas siestas en su sofá, a esta tesis le faltarían horas de sueño. A mis amigos, algunos desde la infancia: Bea, Clem, María, Dani, Javi, Ricardo, Laura, Martin y Ángel; otros desde hace menos, pero igual de importantes: Carlos, Patri, María, Miguel, Luis, Esther, Bea, Álex. Todos me conocéis bien y habéis sabido ser un motor en todos mis proyectos, gracias por creer en mi, entender todas las veces que no he podido estar y quererme como soy. A Carlos, gracias por las lecturas de mis textos y sus aportaciones como historiador. También quiero agradecer su comprensión y apoyo a Carmen Gavilán y Alfonso Luque (Foka). Hemos recorrido juntos profesiones que nos han exigido esfuerzos y afán de superación, nos hemos visto a veces muy poco en mucho tiempo, pero siempre han estado, alegrándose por mis triunfos y alentándome en mis fracasos. Esta tesis también existe gracias a ellos. Porque una tesis supone una gran implicación personal, quiero mostrar mi gratitud especialmente a mi maravillosa familia, que ha participado en esta tesis de manera intensa. Mis padres Paco y Carmina; mis hermanos, Javier y Beatriz; y mis cuñados (que son mis hermanos también) me han cuidado en los momentos más difíciles y apoyado de manera incondicional, adaptando todo y facilitándome la vida para que pudiera finalizar esta investigación. Gracias por asistir a cada pequeño logro y ayudarme de mil maneras a superar cada reto. También quiero mostrar mi gratitud a mis tíos, Piluqui y Carlos; Guillermo y Mati; así como a mis primos, Ana, Pablo, Jaime y Carmen. En su apoyo durante estos años han sabido transmitirme el amor por el conocimiento que ha existido siempre en nuestra familia y me han cuidado con cada palabra de aliento. A mi otra familia, Sari, Fran, Irene y Manuel; que me han alentado, comprendido, escuchado y cuidado desde el primer momento. Su apoyo, organización logística y, sobre todo, su cariño, han facilitado la finalización de esta tesis. De manera especial quiero expresar mi gratitud a Sergio Correa, mi compañero de vida, cuya fortaleza y actitud positiva es contagiosa. Gracias por haber encontrado siempre las palabras de apoyo incondicional, por transmitirme tu amor por el conocimiento y compartir el tuyo, por recordarme a diario las cosas que de verdad importan y por aventurarte a matar dragones a mi lado sin dudar. Finalmente, mi gratitud a todas aquellas personas que han formado parte de mi vida durante la escritura de esta tesis. Las lecturas y comentarios acerca de los textos o el acompañamiento durante la investigación han permitido, de una manera u otra, que haya sido posible terminarla. ABREVIATURAS AGUCM - Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid AICCM - Australian Institute for the Conservation of Cultural Materials CarteC - Centro de Arte Complutense de la Universidad Complutense de Madrid CCI - Canadian Conservation Institute CEN - Comité Europeo de Normalización DHMD - Deutsches Hygiene-Museum Dresden ECCO - European Confederation of Conservator-Restorers‘Organisations ICCROM - Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales ICOM - Consejo Internacional de Museos ICOM-CIDOC - International Committee for Documentation ICOMOS - International Council of Monuments and Sites ICR - Istituto Centrale per il Restauro INPC - Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador IPCE - Instituto del Patrimonio Cultural de España MEH - Museo de la Evolución Humana de Burgos OPD – Opificio delle Pietre Dure Rfa. – Referencia de siglado UCM - Universidad Complutense de Madrid UMAC - International Committee for University Museums and Collections UNESCO - Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura UPM - Universidad Politécnica de Madrid 1 I. PRODUCCIÓN CIENTÍFICA La investigación realizada durante la elaboración de la tesis doctoral ha generado una serie de resultados que se han difundido a través de la publicación de artículos en revistas científicas indexadas, así como mediante la participación en congresos y jornadas. A continuación, se incluyen los títulos de dicha producción científica: Sánchez Ortiz, A., Rodríguez González de Canales, E., Cantos Martínez, O. y Sánchez de Lollano Prieto, J. (2018). Comparative study of aqueous cleaning systems for wax sculptures. Methodological applications in the ceroplastic collection (19th century) of the Complutense Veterinary Museum. International Journal of Conservation Science, 9 (4). https://www.researchgate.net/publication/330195833_Comparative_Study_of_Aqueous_Cleaning_S ystems_for_Wax_Sculptures Rodríguez González de Canales, E. (2017). Anatomía animal en cera. Arte, Ciencia y Conservación de la Colección de Modelos Tridimensionales del Museo Veterinario Complutense. 1ª Jornada pHDay Bellas Artes: 96-100. https://eprints.ucm.es/id/eprint/50393/1/publicaci%C3%B3n%20PhDay17_18_CD.pdf Rodríguez González de Canales, E., Sánchez Ortiz, A. y Sánchez de Lollano Prieto, J. (2017). Estudio de daños y alteraciones en el patrimonio ceroplástico del Museo Veterinario Complutense. Propuesta de cartografías digitales como medida de control para su conservación. Libro de actas del XXIII Congreso Nacional y XIV Congreso Iberoamericano de Historia de la Veterinaria: 373-380. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7946583 Rodríguez González de Canales, E., Sánchez Ortiz, A., López Rodríguez, J. y Sánchez de Lollano Prieto, J. (2017). Cristóbal Garrigó de Nis y su aportación a la ceroplastia Veterinaria datos preliminares en el estudio de su biografía. Libro de actas del XXIII Congreso Nacional y XIV Congreso Iberoamericano de Historia de la Veterinaria: 243-248. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7946575 Sánchez Ortiz, A., Rodríguez González de Canales, E., Cantos Martínez, O. y Sánchez de Lollano Prieto, J. (2016). Collection of wax anatomical models of the Veterinary Museum of the Complutense University of Madrid: setup of cleaning systems for its conservation. 5th International Conference YOCOCU (Youth in Conservation of Cultural Heritage): 224. https://eprints.ucm.es/id/eprint/50516/1/6_2016_Book%20abstracts%20YOCOCU_Alvarez%20de%2 0Buergo%20et%20al.%20(Eds.).pdf Sánchez Ortiz, A.; Rodríguez González de Canales, E.; Danzè, M. y Sánchez de Lollano Prieto, J. (2015). Corporeidad en cera: Didáctica de una idea en el pensamiento ilustrado. XXI Bienal de la Real Sociedad Española de Hª Natural: 90-91. https://docplayer.es/54668178-Libro-de-resumenes- y-programa-de-la-de-historia-natural.html https://www.researchgate.net/publication/330195833_Comparative_Study_of_Aqueous_Cleaning_Systems_for_Wax_Sculptures https://www.researchgate.net/publication/330195833_Comparative_Study_of_Aqueous_Cleaning_Systems_for_Wax_Sculptures https://eprints.ucm.es/id/eprint/50393/1/publicaci%C3%B3n%20PhDay17_18_CD.pdf https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7946583 https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7946575 https://eprints.ucm.es/id/eprint/50516/1/6_2016_Book%20abstracts%20YOCOCU_Alvarez%20de%20Buergo%20et%20al.%20(Eds.).pdf https://eprints.ucm.es/id/eprint/50516/1/6_2016_Book%20abstracts%20YOCOCU_Alvarez%20de%20Buergo%20et%20al.%20(Eds.).pdf https://docplayer.es/54668178-Libro-de-resumenes-y-programa-de-la-de-historia-natural.html https://docplayer.es/54668178-Libro-de-resumenes-y-programa-de-la-de-historia-natural.html 2 II. INDICE I. PRODUCCIÓN CIENTÍFICA ……………………………………………………………………..1 II. INDICE ………………………………………………………………………………………………...2 III. RESUMEN/ABSTRACT ……………………………………………………………………………..9 IV. JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN …………………………………………………...11 V. OBJETIVOS ………………………………………………………………………………………….14 VI. METODOLOGÍA …………………………………………………………………………………...16 VII. ESTRUCTURA ………………………………………………………………………………………19 1. EL NACIMIENTO DE LA VETERINARIA EN EUROPA Y LOS ORÍGENES DE LA REAL ESCUELA VETERINARIA DE MADRID 1.1. Los antecedentes de la veterinaria en Francia ……………………………………………………..23 1.2. El caballo y la anatomía comparada ……………………………………………………………….28 1.2.1. El caballo y las escuelas de equitación ……………………………………………………….33 1.3. La Ilustración y el nacimiento de la veterinaria en Francia ……………………………………...38 1.4. La enseñanza de la anatomía en el modelo veterinario francés …………………………………45 1.5. El modelo francés exportado a Europa …………………………………………………………….50 1.5.1. Austria …………………………………………………………………………………………..53 1.5.2. Dinamarca ………………………………………………………………………………………54 1.5.3. Reino Unido ...…………………………………………………………………………………..55 1.5.4. Islas Mauricio …………………………………………………………………………………...56 1.5.5. Italia ……………………………………………………………………………………………...56 1.5.6. Prusia y Sajonia …………………………………………………………………………………59 1.5.7. Suecia ……………………………………………………………………………………………62 1.6. Origen de la Real Escuela Veterinaria de Madrid ………………………………………………...62 1.6.1. Antecedentes de la veterinaria en España ……………………………………………………62 1.6.2. Las ciencias útiles y el camino hacia la veterinaria ………………………………………….66 1.6.3. La creación de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid …………………………………..72 1.6.4. El modelo francés en el primer Plan de Estudios y el gabinete anatómico ……………….75 3 2. LA CEROPLÁSTICA VETERINARIA COMO RECURSO DIDÁCTICO 2.1. La ilustración anatómica ……………………………………………………………………………..81 2.2. Las piezas de anatomía natural ……………………………………………………………………..84 2.3. Los modelos didácticos artificiales ………………………………………………………………… 91 2.3.1. Los modelos zoológicos y veterinarios de escayola policromada …………………………94 2.3.2. Los modelos zoológicos y veterinarios de papel maché ……………………………………97 2.3.3. La ceroplástica como recurso didáctico en medicina y veterinaria ………………………101 2.3.3.1. Modelos de cera para el estudio de la anatomía comparada ………………………… 107 2.3.3.2. Modelos de cera para el estudio de las teorías de la generación ……………………...111 2.3.3.3. Modelos de cera para el estudio de la histología y la vida microscópica ……………115 2.3.3.4. Modelos de cera para el estudio de la patología veterinaria ………………………….117 3. LA COLECCIÓN CEROPLÁSTICA DE LA REAL ESCUELA VETERINARIA DE MADRID 3.1. La producción de anatomía en cera del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid ...124 3.1.1. Modelos artificiales de cera en el Gabinete Anatómico ……………………………………126 3.2. El “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid ……………………..129 3.3. Los artífices y los encargos en el “Laboratorio de piezas” ……………………………………...131 3.4. Materiales, técnicas y procedimientos en la escuela ceroplástica madrileña ……………….…167 3.4.1. La producción en el “Laboratorio de piezas” ………………………………………………179 4. EL MUSEO VETERINARIO COMPLUTENSE Y LOS ESTÁNDARES PARA LA DOCUMENTACIÓN, CATALOGACIÓN Y GESTIÓN DE SUS COLECCIONES 4.1. La función didáctica de los museos universitarios ………………………………………………195 4.2. El Museo Veterinario Complutense ……………………………………………………………….199 4.2.1. Antecedentes de las colecciones del museo ………………………………………………...199 4.2.2. La creación de las colecciones del museo ……………………………………………………204 4.2.3. El patrimonio de las colecciones del museo ………………………………………………...206 4.3. Estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones ………………210 4.3.1. Las fichas de registro: normas y estándares ………………………………………………...211 4.3.2. El modelo de registro del patrimonio en la Universidad Complutense de Madrid ……215 4.3.3. Propuesta de Ficha Técnica de conservación para la colección de modelos anatómicos en cera pertenecientes al Museo Veterinario Complutense …………………222 4 5. FACTORES DE ALTERACIÓN Y PRINCIPALES DETERIOROS 5.2. Factores intrínsecos de degradación ………………………………………………………………231 5.2. Factores extrínsecos de degradación ……………………………………………………………....235 5.2.1. Agentes abióticos ………………………………………………………………………………235 5.2.2. Agentes bióticos ………………………………………………………………………………..242 5.2.3. Agentes antrópicos …………………………………………………………………………….244 5.3. Principales indicadores de alteración de los artefactos de cera: reconocimiento y evaluación de daños ………………………………………………………………………………...249 5.5. Cartografías digitales para el registro de alteraciones …………………………………………..253 6. METODOLOGÍA DE LOS ESTUDIOS DIAGNÓSTICOS 6.1. Técnicas diagnósticas por imagen …………………………………………………………………259 6.1.1. La Inspección visual …………………………………………………………………………...261 6.1.2. La fotografía científica en la documentación de colecciones de ceroplástica anatómica ………………………………………………………………………………………268 6.1.3. Estudios con Rayos X ……………………………………………………………………….....273 6.1.4. Otras técnicas diagnósticas por imagen ……………………………………………………..278 6.2. Caracterización de la naturaleza material de los modelos en cera …………………………….280 6.2.1. Técnicas instrumentales de caracterización físico-química ……………………………….281 6.2.2. Protocolo de extracción de muestras en ceroplástica ……………………………………...283 7. CRITERIOS DE INVERVENCIÓN 7.1. La evolución histórica en la conservación de artefactos en cera: de objetos didácticos a piezas de museo …………………………………………………………………………………...289 7.2. La ceroplástica veterinaria y su valor histórico-científico ………………………………………294 7.3. Los criterios de intervención en la normativa nacional e internacional ……………………….295 7.3.1. El respeto a la autenticidad …………………………………………………………………..297 7.3.2. El concepto de pátina y mínima intervención ………………………………………………299 7.3.3. La reversibilidad y la retratabilidad …………………………………………………………301 7.4. Criterios de intervención adoptados en la colección de modelos didácticos en cera del Museo Veterinario Complutense ………………………………………………………………….302 7.4.1. Aplicación del esquema de toma de decisiones ……………………………………………307 5 8. ESTUDIO EXPERIMENTAL 1: TESTADO PARA SISTEMAS DE LIMPIEZA 8.1. Tipología de limpieza en la conservación-restauración de objetos de cera …………………..314 8.2. Testado de limpiezas ……………………………………………………………………………….328 8.2.1. Selección de modelos tridimensionales para los testados ………………………………...328 8.2.2. Estudios previos de las superficies de testado: pH, c.e., mojabilidad y polaridad …….329 8.2.3. Formulación de los sistemas de limpieza …………………………………………………..339 8.2.4. Testado de los sistemas de limpieza en obra real y toma de micromuestras ..………….346 8.2.5. Evaluación de la eficacia de los sistemas de limpieza y control de posibles residuos ……………………………………………………………………………353 8.3. Resultados y discusión ……………………………………………………………………………..357 8.3.1. Resultados de las analíticas ………………………………………………………………….359 8.4. Aplicación de la limpieza: casos prácticos ……………………………………………………….362 8.4.1. Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) ……………………………………………363 8.4.2. Ligamento nucal (rfa. MV-670) ……………………………………………………………...366 8.4.3. Mandíbula de équido (rfa. MV-1679) ……………………………………………………….372 8.4.4. Gestación de yegua (rfa. MV-681) …………………………………………………………...376 9. ESTUDIO EXPERIMENTAL 2: FORMULACIÓN DE NUEVAS PASTAS DE CERA Y CARACTERIZACIÓN DE LOS ADHESIVOS 9.1. Formulación de la pasta de cera y elaboración del molde ……………………………………..397 9.1.1. Estudio comparativo de las pastas cerosas, original y nueva ……………………………..397 9.1.1.1. Ensayo fractográfico y microestructural para comparar la pasta original y la nueva ………………………………………………………………………………...401 9.1.2. Selección y optimización del molde metálico ……………………………………………...404 9.1.3. Pruebas para la reproducción eficaz de las probetas ……………………………………...407 9.1.4. Producción de las probetas …………………………………………………………………..409 9.1.5. Resultados ……………………………………………………………………………………..411 9.2. Adhesivos idóneos para objetos y esculturas de cera …………………………………………..412 9.2.1. Propiedades del adhesivo ideal ……………………………………………………………..413 9.2.2. Selección de los adhesivos y características de cada uno…………………………………416 9.2.3. Protocolo de adhesión ………………………………………………………………………..419 9.2.4. Metodología de unión de las probetas ……………………………………………………..421 6 9.3. Fase experimental. Ensayos de tracción uniaxial y SEM ……………………………………….422 9.3.1. Condiciones de testado: ensayos de tracción uniaxial ………………………………….…422 9.3.2. Metodología de ensayos de tracción y pruebas (ensayos 2017 y 2018) ……………….…427 9.3.3. Metodología del ensayo fractográfico y microestructural ……………….……………….439 9.3.4. Resultados y discusión ……………………………………………………………………….442 9.3.5. Resultados de los análisis fractográfico y microestructural …………….………………..448 9.4. Casos prácticos: tratamiento de adhesión de fragmentos ………………………………………457 9.4.1. Modelo de Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) ………………………………...457 9.4.2. Modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681) ……………………...462 9.4.3. Modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) ………………………………….464 9.4.4. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) ………………………………………468 10. GUÍA PARA LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA DE MODELOS ANATÓMICOS EN CERA 10.1. Medidas sugeridas para la conservación desde el edificio ………………………………….... 478 10.1.1. Fuego, agua y las catástrofes naturales ………………………………………………….... 481 10.1.2. Robos y vandalismo ………………………………………………………………………… 482 10.1.3. Funcionalidad de los espacios …………………………………………………………...… 482 10.1.4. Plagas ……………………………………………………………………………………….... 482 10.1.5. Contaminantes ……………………………………………………………………………..... 483 10.2. Medidas sugeridas para la conservación desde el almacenaje o exhibición ………………... 484 10.2.1. Vitrinas y convivencia con otras colecciones …………………………………………... 484 10.2.2. El control de la luz, la temperatura y la HR en el espacio expositivo ………………..... 485 10.3. Medidas sugeridas para la conservación desde el objeto …………………………………..….490 10.4. Medidas recomendadas para la conservación desde la manipulación …………………….... 491 10.4.1. Descontextualización ………………………………………………………………………...495 11. CONCLUSIONES Y LÍNEAS ABIERTAS DE INVESTIGACIÓN 11.1. Líneas abiertas de investigación …………………………………………………………………505 7 12. ANEXOS Anexo I. …………………………………………………………………………………………………...507 Anexo II. …………………………………………………………………………………………………..514 Anexo III. ………………………………………………………………………………………………….517 Anexo IV. ………………………………………………………………………………………………….519 Anexo V. …………………………………………………………………………………………………..520 Anexo VI. ………………………………………………………………………………………………….521 Anexo VII. …………………………………………………………………………………………………521 13. INDICE DE ILUSTRACIONES 13.1. Índice de Figuras …………………………………………………………………………………...629 13.2. Índice de Tablas …………………………………………………………………………………….649 13.3. Índice de gráficas …………………………………………………………………………………..651 14. BIBLIOGRAFÍA 14.1. Artículos en revistas ...……………………………………………………………………………...651 14.2. Capítulos de libros o de actas de congresos ……………………………………………………..661 14.3. Libros ………………………………………………………………………………………………...667 14.4. Documentos de archivos e informes técnicos ..………………………………………………….672 14.5. Tesis doctorales y trabajos académicos .………………………………………………………….673 14.6. Webgrafía …………………………………………………………………………………………...675 14.7. Leyes y normativas ……..……………………………………………………………………….…677 14.8. Audiovisuales ………………………………………………………………………………………677 8 9 III. RESUMEN/ABSTRACT Como parte de la cultura material del patrimonio científico en nuestro país, las colecciones con modelos tridimensionales de cera no pueden comprenderse únicamente desde el punto de vista del objeto. Para proponer unas pautas y metodologías orientadas a la conservación-restauración de estas herramientas didácticas realizadas con pastas de cera durante los siglos XVIII y XIX, es necesario contextualizarlas en su faceta histórica, sociológica, técnica, científica, pedagógica, etc. La pluralidad de temas en esta investigación, enmarcada en el Proyecto de Investigación del Plan Nacional: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P), se debe a que las piezas de cera que se han conservado en el Museo Veterinario Complutense han sido testigos y participantes de la transformación de la historia de la ciencia. En esta tesis ha sido realizada una propuesta de intervención para la conservación- restauración de dichos modelos veterinarios, apoyándose en dos investigaciones sobre materiales empleados en las acciones de limpiezas y de consolidación estructural. La evaluación del estado material y los estudios de materiales se han llevado a cabo mediante la colaboración interdisciplinar con profesionales pertenecientes al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), al Laboratorio de Materiales de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) (en la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos) y al laboratorio de materiales MatLab de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Además, se han analizado las razones por las que se institucionaliza la docencia de la veterinaria en Europa, y se ha tratado de determinar el papel que los modelos anatómicos veterinarios en cera ejercieron en los sistemas de enseñanza de las primeras escuelas en Francia y, más adelante, en el resto de Europa, prestando especial atención al contexto español. La investigación y los resultados obtenidos de los estudios de materiales han sido esenciales durante la intervención de restauración de todos los modelos veterinarios en cera, conservados en el Museo Veterinario Complutense. Por último, el registro de cada pieza, de su estado de conservación inicial y de las intervenciones realizadas ha sido realizado en una ficha desarrollada en esta investigación, y específicamente adaptada a las necesidades de este patrimonio. ABSTRACT As part of the culture of the material history of the Spanish scientific heritage, collections with three-dimensional wax models cannot be understood solely from their materiality. To propose guidelines and methodologies oriented to the conservation-restoration of these didactic tools made with wax pastes during the 18th and 19th centuries, it is necessary to contextualize them in their historical, sociological, technical, scientific, pedagogical facets. The plurality of topics in this research, framed in the Research Project of the National Plan: “The ceroplastic in Veterinary: documentation, characterization of materials and methods of conservation and restoration in the Complutense collection” (Ref.: HAR2013-42460-P), is because the wax artifacts that have been 10 preserved in the Complutense Veterinary Museum have been witnesses and participants of the transformation of the history of science. In this thesis, a proposal for the conservation-restoration intervention of these veterinary models has been made; based on two investigations of the materials used in the cleaning and adhesion actions. The evaluation of the material state and the material studies have been supported by the interdisciplinary collaboration with professionals belonging to the Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), the Instituto de Laboratorio de Materiales of the Universidad Politécnica de Madrid (UPM) (at the Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos) and the materials laboratory (MatLab) of the Universidad Complutense de Madrid (UCM). In addition, the reasons for the institutionalization of veterinary teaching in Europe have been analyzed. An attempt has been made to determine the role that veterinary anatomical wax models played in the teaching systems of the first schools in France and, later in Europe, with a particular focus on the Spanish context. The research and the results obtained from the material studies have been essential during the restoration of all the veterinary wax models kept at the Complutense Veterinary Museum. Finally, the record of each piece, its initial state of conservation and the interventions carried out has been made in a card developed during this research; and specifically adapted to the needs of this heritage. 11 IV. JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN Mi interés por la ceroplástica anatómica surgió en el año 2014, cuando la profesora Alicia Sánchez Ortiz me ofreció la oportunidad de formar parte del equipo de trabajo encargado de la conservación y restauración de los modelos anatómicos en cera policromada del Museo de Anatomía “Javier Puerta”. En ese momento, pude participar en una intervención enmarcada dentro del Proyecto de Investigación del Plan Nacional, referencia HAR2009-10679, El arte de la ceroplástica anatómica: caracterización de materiales y metodología de actuación en conservación de colecciones de modelos anatómicos en cera. Debido a una preocupación sociocultural emergente por esta tipología de colección, los modelos intervenidos fueron prestados con motivo de la exposición temporal Cuerpos en Cera. El Arte de la Anatomía, realizada en el Museo de la Evolución Humana de Burgos (MEH), del 2 de abril al 7 de julio de 2014. Mi trabajo como restauradora y correo durante su traslado y colocación en el MEH, y también durante el retorno al Museo de Anatomía “Javier Puerta”, supuso una implicación personal que me vinculó emocionalmente a estas piezas de cera. En este contexto, comencé a elaborar esta tesis doctoral bajo la dirección de mi tutora, la profesora Alicia Sánchez Ortiz como experta en la materia, en búsqueda de respuestas a las cuestiones de conservación que planteaba este material tan diferente al tipo de patrimonio con el que había estado en contacto con anterioridad. Desde que el profesor Joaquín Sánchez de Lollano Prieto, con el apoyo e implicación del Decanato, los Departamentos, Junta de Facultad y el entonces Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Política Social de la Universidad Complutense, logró la recuperación de una parte de la gran colección de modelos tridimensionales de cera provenientes de la antigua Escuela de Veterinaria de Madrid, fue una prioridad solventar el comprometido estado de conservación en el que se encontraban las piezas fabricadas con la técnica de la ceroplástica. El riesgo de pérdida de un patrimonio científico tan singular e importante para conocer y comprender la evolución histórica de la enseñanza veterinaria en España, así como las técnicas de manufactura de la ceroplástica anatómica, confluyeron en la solicitud de un Proyecto de Investigación del Plan Nacional: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P), dirigido y coordinado por los profesores Joaquín Sánchez de Lollano Prieto (Director del Museo Veterinario Complutense, Depto. de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid) y Alicia Sánchez Ortiz (Directora del Depto. de Pintura y Conservación-Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la UCM), dentro del cual se encuentra enmarcada esta tesis. En paralelo al desarrollo de esta investigación, en 2016, colaboré nuevamente como parte integrante del equipo propuesto por mi directora en la intervención de conservación del modelo tridimensional de cera conocido como “La Parturienta”, expuesto en la sala del Museo de Anatomía “Javier Puerta” y, sin duda, una de las obras más relevantes de la ceroplástica en ámbito nacional. La colaboración interdisciplinar en este proyecto de la doctora Olga Cantos Martínez, conservadora-restauradora del IPCE, enriqueció la elaboración de estrategias y metodologías de limpieza, dado el alto grado de complejidad que presentaban las superficies céreas a tratar. La 12 necesidad de buscar materiales alternativos a los expuestos en la bibliografía supuso una gran oportunidad para profundizar en las características materiales y estructurales de esta tipología de patrimonio tan singular. La intervención tuvo como objetivo incorporar el modelo de “La Parturienta” a la exposición temporal en el Centro de Arte Complutense de Madrid Arte y Carne. La anatomía a la luz de la Ilustración, junto con muchas de las piezas anatómicas de cera que se expusieron en la muestra del MEH. La duración de esta exhibición fue ampliada, inaugurándose el 26 de mayo de 2016 y clausurándose el 7 de mayo de 2017, debido al extraordinario interés que despertó y a la continua concurrencia por parte del público. De nuevo, tuve la oportunidad de colaborar en el control del traslado de las piezas y de aprender más sobre la ceroplástica y comprobar las complicaciones que presenta esta tipología de modelos ante los factores de alteración como los movimientos y vibraciones, así como por causa de la oscilación térmica o la presencia de contaminantes atmosféricos. Con el fin de comparar las características materiales, las metodologías de conservación y muchos otros aspectos de interés sobre los modelos anatómicos de cera, realicé una estancia en el Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Gracias a la generosidad del profesor Giuliano Bettini, director y responsable de dicho Museo, y a su equipo, pude colaborar en la conservación de algunos modelos del museo y comprender las diferencias técnicas entre las colecciones italianas y españolas, así como concertar encuentros con la directora y conservadora del Museo delle Cere Anatomiche Luigi Cattaneo, Luisa Leonardi, que compartió conmigo las investigaciones e intervenciones que tenían en marcha para conservar los modelos de cera conservados en dicha institución. El valor histórico y la importancia que estos objetos tienen como fuentes primarias en el estudio de la historia de la ciencia y de la cultura visual, justifican plenamente la necesidad de establecer planes de preservación que garanticen su pervivencia a futuro. Por esta razón, solucionar algunas de las problemáticas de conservación y restauración que presenta esta tipología de pieza ha sido objeto de un interés creciente en las últimas décadas. Devolver la estabilidad material a las colecciones anatómicas puede facilitar su revalorización y originar nuevos intereses en institutos y universidades por su relación con los espacios arquitectónicos, así como con el resto de los objetos con los que conviven (Zarzoso, 2016). Este patrimonio científico-técnico debe ser conservado especialmente en los casos en que los cambios en su funcionalidad original hayan supuesto el abandono y deterioro de los modelos. Este es el caso de la colección de ceroplástica de la primera escuela veterinaria en España, la Real Escuela Veterinaria de Madrid, fundada en 1793. Los modelos anatómicos artificiales en cera formaron parte de las herramientas docentes desde el nacimiento de la institución hasta mediados del siglo XX, momento en el que se sustituyeron por otros recursos didácticos y fueron abandonados. En el mejor de los casos se almacenaron, pero también fueron vendidos o desechados, reduciendo de manera considerable el número de piezas conservadas actualmente en el Museo Veterinario Complutense. Desde la pérdida de funcionalidad hasta su recuperación gracias a la labor desinteresada de profesores y personal universitario, a partir del año 2003, los deterioros materiales sufridos por los modelos habían llevado a estos a una situación de riesgo, razón por la que se puso en marcha el mencionado proyecto de investigación. 13 Durante las primeras búsquedas de información pude constatar la falta de estándares específicos para la intervención y la conservación preventiva del patrimonio en ceroplástica. También encontré que algunos investigadores expresaban su preocupación por la recuperación y conservación de las colecciones científicas dentro de la universidad y otras instituciones de enseñanza, por lo que se habían realizado algunas aportaciones y propuestas dentro de la comunidad científica que no han dejado de aumentar en los últimos años. La ausencia de unos criterios enfocados a la preservación de esta tipología de colecciones fue una de las motivaciones para desarrollar la presente investigación. Con la intención de poner en valor estos objetos fruto de la estrecha colaboración entre la ciencia y el arte, encontré una gran motivación en realizar una tesis que pudiera continuar con las investigaciones previas sobre esta tipología de colecciones y la colección veterinaria en ceroplástica. Si bien han sido publicados algunos trabajos de intervención, la existencia de trabajos de investigación sobre los retos que propone el material ceroso en relación con los productos de restauración y a su conservación preventiva son escasos. Por ello, me interesé en estudiar la literatura científica especializada en profundidad, así como en comprender la enorme diversidad tipológica de los modelos en cera repartidos en diferentes instituciones. Como restauradora de obras de arte, encontré muy interesante comprender la relación entre los múltiples materiales que constituyen este patrimonio y sus alteraciones, y decidí abordar una investigación en profundidad sobre el proceso de envejecimiento de sus técnicas y materiales de fabricación, de manera que pudiera detectar las alteraciones y proponer soluciones a algunos de los problemas de conservación. Además de la necesidad de preservar este patrimonio como parte de la cultura material veterinaria española y de contribuir a la puesta en valor de las colecciones de ceroplástica, se ha considerado de interés comprender el comportamiento y la evolución físicoquímica del material escultórico utilizado en la elaboración de esta tipología de objetos. Una revisión de la bibliografía especializada revela la frecuencia con la que se han intervenido los objetos y esculturas de cera con un escaso rigor científico, con actuaciones llevadas a cabo por personal no especializado, con el empleo de productos y metodologías basadas en la subjetividad del operador o en otros intereses ajenos por completo al bien intervenido. Dos son sin duda alguna los principales retos a afrontar en este sentido: la dificultad de retirar los depósitos de suciedad sobre la superficie cérea de las esculturas, en algunos casos, sin películas de recubrimiento originales, y el proceso de consolidación y adhesión de fragmentos mediante el uso de adhesivos adecuados a las particularidades técnico-constructivas de las obras. En este sentido conviene señalar que el material céreo se caracteriza por unas propiedades físicoquímicas específicas, como son el marcado carácter lipofílico de las pastas de cera o unas superficies con una elevada capacidad electrostática y ausencia de porosidad, que favorecen la sedimentación del particulado suspendido en el ambiente circundante. Esta situación empeora en condiciones climáticas descontroladas y variables, en las que dicho particulado acaba por adherirse y mezclarse con el estrato más superficial de la pieza. Cuando se propone una intervención de limpieza para la eliminación de los depósitos o la adhesión de una zona agrietada o fracturada, la sensibilidad a los disolventes orgánicos y la elevada tensión superficial de la cera de abejas, dificultan la aplicación de los productos utilizados habitualmente en el campo de la conservación-restauración, por lo que estos deben ser adaptados. 14 Una vez iniciada esta tesis tuve noticia de una conexión entre mi pasado y la colección del Museo Veterinario Complutense que yo desconocía y que contribuyó aún más a mi interés y compromiso con esta investigación. Joaquín Sánchez de Lollano y mis familiares me revelaron que mi abuelo, Guillermo González de Canales López, quien fue veterinario y profesor de Historia en la misma Facultad de Veterinaria, también había mostrado un gran interés por la recuperación de este patrimonio como parte de los orígenes de la institución y de la profesión en nuestro país. V. OBJETIVOS OBJETIVO GENERAL El objetivo general de esta Tesis Doctoral ha sido abordar el estudio de la colección de modelos tridimensionales didácticos elaborados en cera policromada que se conservan en el Museo Veterinario Complutense, poniendo en valor un tipo de patrimonio científico desconocido, que sin embargo constituye una fuente primaria de gran importancia para comprender la evolución de la enseñanza de la disciplina veterinaria en nuestro país. Su reconocimiento como testimonio histórico, estético, material, tecnológico y didáctico dentro de la cultura material, hace que sea necesario llevar a cabo estudios multidisciplinares que ayuden a establecer líneas prioritarias orientadas a preservar las colecciones en las que estos artefactos están presentes, así como a diseñar e implementar estrategias de restauración guiadas por el criterio de mínima intervención que sean respetuosas con su carácter primigenio. OBJETIVOS ESPECÍFICOS Estos objetivos se centran en: • Identificar el papel que tuvieron las escuelas de veterinaria en Europa y en España para justificar la importancia de poner en valor el legado histórico que suponen las colecciones científicas veterinarias, necesitado de un estudio multidisciplinar que ayude a comprender su significado y la importancia y complejidad de su adecuada conservación y restauración. • Comprender la función que tuvieron los modelos anatómicos artificiales de carácter didáctico en el contexto de la Ilustración tanto en ámbito nacional como internacional, y relacionarlo con el nacimiento de la veterinaria como disciplina, así como con su desarrollo durante el siglo XIX. Para ello se prestará especial atención al conjunto patrimonial de anatomía en ceroplástica creado en la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, conservado en el Museo Veterinario Complutense. • Profundizar en el conocimiento sobre los métodos y materiales de la técnica ceroplástica empleada para realizar modelos anatómicos. • Reflexionar sobre los orígenes e importancia del museo didáctico en nuestra sociedad y resaltar la necesidad de atender a las colecciones científicas dentro del patrimonio a conservar. 15 • Documentar pertinentemente los modelos para su identificación como parte de las acciones de intervención necesarias en cualquier museo. Establecer un código de registro de las patologías de los modelos anatómicos en cera, así como proponer un modelo de ficha tipo adaptado a este patrimonio. • Identificar los procesos de alteración causados por los factores de degradación intrínsecos extrínsecos para determinar el nivel de deterioro y establecer una clasificación de estos que contribuya a poner en marcha un plan de conservación de la colección. Se identificará el agente de deterioro, su causa, la forma de alteración y el grado de incidencia alcanzado en cada una de las piezas. • Estudiar las diferentes estrategias de conservación-restauración llevadas a cabo por otros equipos de investigación para la preservación de objetos y esculturas de cera a través de una revisión de la literatura científica especializada. • Desarrollar una parte experimental de carácter interdisciplinar que incluye un estudio físicoquímico de las tecnologías de eliminación de depósitos de particulado atmosférico en las piezas de la colección y un estudio del comportamiento mecánico de varios adhesivos empleados en el campo de la conservación y restauración. • Seleccionar los métodos y materiales de eliminación del estrato de depósito superficial más adecuado para cada caso, evitando emplear disolventes orgánicos en estado libre y seleccionando en todos los casos la formulación más simple e inocua, tanto para la pieza como para el restaurador. • Obtener una cantidad elevada de datos cualitativos y cuantitativos sobre el comportamiento de cada uno de los adhesivos seleccionados, derivados de los ensayos de tracción uniaxial realizados sobre probetas fabricadas ad hoc. • Proponer pautas y llevar a cabo una propuesta de intervención en conservación y restauración en la colección de modelos de cera pertenecientes al Museo Veterinario Complutense, necesaria para evitar que el deterioro material que sufren dichas piezas y que amenaza con su destrucción. • Proponer acciones específicas enfocadas a un plan de conservación preventiva que contribuyan a poner en marcha medidas relativas a la exhibición, el depósito, la manipulación, el embalaje y el transporte, todas ellas destinadas a garantizar la preservación de la colección. Esta propuesta estará encaminada hacia la óptima exhibición, almacenamiento y manipulación en colecciones que dispongan de fondos de esta misma naturaleza. 16 VI. METODOLOGÍA Esta investigación se caracteriza por relacionar diferentes disciplinas que, colaborando e interactuando entre sí, han permitido comprender el origen y naturaleza de la colección ceroplástica veterinaria, así como abordar su intervención para evitar su pérdida y destrucción. Con el fin de poder entretejer cada aspecto multidisciplinar, han sido necesarias metodologías apropiadas en cada caso. El contexto histórico -que ha supuesto el punto de partida de esta tesis- tiene un marcado carácter teórico y ha requerido de una consulta de fuentes documentales primarias, tales como los documentos de archivo originales de la Real Escuela Veterinaria de Madrid, conservados en el Archivo General de la Universidad Complutense (a partir de ahora AGUCM), ubicado en la Facultad de Derecho del Campus Universitario de la Moncloa, y en la Biblioteca Marqués de Valdecilla. Ha sido también necesaria la revisión de fuentes documentales secundarias, que se complementan con las fuentes primarias y aportan información sobre el contexto cultural en el que se conciben los modelos anatómicos en cera para la docencia. Profundizar en la documentación de archivo ha supuesto participar, como actividad complementaria a la tesis, en un exhaustivo trabajo de digitalización de los fondos consultados en el citado archivo y en la consulta del Archivo de Alcalá de Henares, que contiene información sobre la biografía del ceroescultor Cristóbal Garrigó. Los legajos conservados en el AGUCM, eran en su mayoría libros de actas con la correspondencia entre la Junta escolástica y el Protector de la Real Escuela de Veterinaria o entre los ceroescultores y dicha junta, listados de compra de materiales solicitados por los responsables de la producción de modelos anatómicos artificiales, etc. y se encontraban organizados por carpetas fechadas. Aunque la interpretación y lectura de la documentación manuscrita del AGUCM no ha comprendido grandes dificultades para su uso en esta tesis, en ocasiones fue necesaria la consulta de manuales de paleografía del siglo XVIII y XIX. Para el resto de la investigación, se ha recurrido a la consulta de otras fuentes documentales como tesis doctorales, revistas especializadas en investigación sobre conservación-restauración nacionales e internacionales, documentos oficiales de museos, universidades e instituciones orientados a la conservación-restauración de bienes culturales y a las colecciones didácticas, especialmente la información ofrecida por el personal de la Unidad de Gestión de Patrimonio de la Universidad Complutense de Madrid y la obtenida de los documentos de instituciones de referencia en el patrimonio nacional, como el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Además, varios manuales de museología, la legislación vigente en materia de patrimonio: las leyes, normas y convenciones nacionales e internacionales en relación con el patrimonio científico-técnico y a la conservación y restauración de bienes cultuales. Como herramienta imprescindible para revisar, ordenar, seleccionar y consultar las fuentes documentales en formato digital, durante la elaboración de esta tesis se ha utilizado un sistema jerarquizado de carpetas-archivos informáticos dentro del gestor bibliográfico Mendeley. Disponer de la documentación en este gestor de libre acceso, ha permitido su uso como repositorio en línea desde diferentes dispositivos y ha contribuido a normalizar las citas bibliográficas en formato APA. 17 Para elaborar la parte teórico-práctica de la tesis, se ha recurrido al estudio de casos basado en una metodología científica, dirigida a resolver las hipótesis planteadas en el ámbito de la aplicación de materiales dedicados al campo de la conservación y restauración. Uno de los desafíos de esta tesis ha sido dosificar el tiempo de estudio e investigación de la parte teórico-práctica, pues el conjunto de ensayos y estudios de la metodología experimental han exigido de múltiples colaboraciones interdisciplinares y del requisito de trasladar los experimentos a diferentes localizaciones. Dentro del Proyecto de Investigación del Plan Nacional: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P), en el que se enmarca esta tesis, se han desarrollado numerosas colaboraciones de tipo interdisciplinar. La investigación sobre la intervención de los modelos con la doctora Olga Cantos, del Departamento de Escultura del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), y con el Laboratorio de Materiales MatLab de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, han aportado la experiencia técnica y facilitado los recursos materiales existentes en sus instituciones para realizar dos exhaustivos estudios experimentales orientados a la selección de los sistemas de limpieza más adecuados para los modelos veterinarios en ceroplástica. El restaurador Mario Danzè ha colaborado dentro del proyecto mediante la realización de las cartografías digitales empleadas como herramienta para el registro de la patología del conjunto ceroplástico veterinario. Las propuestas de intervención han sido desarrolladas dentro del proyecto mencionado, aplicando los procedimientos y materiales recogidos durante la mencionada revisión bibliográfica específica para la anatomía en ceroplástica, así como fundamentadas en los resultados de dichos estudios experimentales. Para determinar los factores de deterioro e identificar los problemas de conservación que estos han provocado en la colección ceroplástica veterinaria, ha sido necesario desarrollar un protocolo de actuación. Todos los resultados de la investigación han sido aplicados durante las actuaciones de conservación y restauración de la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense, llevadas a cabo entre 2015 y 2017. La intervención dentro del Proyecto HAR2013-42460-P La ceroplástica en veterinaria: Documentación, caracterización de materiales y metodología de conservación- restauración en la colección Complutense; financiada por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España. Para diseñar un documento de tesis que exponga todos los resultados de las diferentes investigaciones, se ha seguido el ejemplo metodológico secuencial ofrecido por Barbara Appelbaum y compartido en las propuestas de los Planes Nacionales de patrimonio cultural, aplicados en los proyectos del Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Dicha propuesta metodológica propone repartir la investigación en varios pasos o puntos en función de las fases secuenciales necesarias. Como sugiere Appelbaum, las fases contempladas son (Appelbaum, 2010: XIX): 1. reconstruir la historia del objeto a intervenir (contexto histórico y avatares sufridos por la colección) 2. realizar una caracterización material del conjunto de la colección 3. determinar el estado de conservación ideal del modelo en la actualidad 4. decidir un objetivo de tratamiento (intervención) real y ajustado a los medios disponibles 18 5. elegir los métodos y materiales de intervención 6. realizar una documentación previa a la intervención 7. llevar a cabo el tratamiento de conservación y restauración 8. finalizar con otro registro documental sobre la intervención realizada Esta metodología coincide con la expuesta en el Proyecto COREMANS. Criterios de intervención en retablos y escultura policromada, que condensa las mismas fases propuestas por Appelbaum en una fase metodológica que debe incluir los estudios y diagnóstico de conservación sobre el objeto o la colección a intervenir, y otra fase que comprende las actividades de ejecución de la intervención de conservación-restauración, además de una explicación de los tratamientos empleados para llevarla a cabo (IPCE, 2017: 24-25). A lo largo de todo el documento, se ha optado por utilizar la denominación genérica “Escuela de Veterinaria” para referirnos a la actual Facultad de Veterinaria -excepto en los capítulos de esta investigación en los que se pone en contexto la creación y evolución de la institución-, como recomiendan algunos investigadores especializados en su historia. Se ha evitado el empleo de diferentes formas de nombrar a esta institución, tal y como ha ocurrido a través de su evolución en el tiempo, con el objetivo de no generar confusión en el lector a lo largo de un texto tan extenso como el de una tesis doctoral. 19 VII. ESTRUCTURA El corpus de la tesis doctoral se inicia con el resumen de la investigación, traducido al inglés, donde se explica brevemente la hipótesis de investigación y se ha sintetizado el origen de la ceroplástica anatómica de la veterinaria. Partir de la necesidad de intervención de la colección del Museo Veterinario Complutense, ha permitido establecer la necesidad de investigaciones orientadas a una propuesta de conservación y restauración adecuada e idónea para esta tipología de modelos tridimensionales didácticos. A continuación, se han expuesto los objetivos principales o generales y los objetivos específicos que vertebran esta investigación, seguidos de la metodología necesaria para cumplir con estos objetivos. Esta tesis se encuentra dividida en tres apartados (A, B y C), que a su vez se subdividen en diez capítulos, organizados con la intención de que cada uno de ellos aporte conocimiento en un aspecto concreto relativo a los modelos anatómicos de cera pertenecientes a la colección seleccionada. El apartado A, se centra en la reconstrucción del contexto histórico en el que se creó la colección objeto de esta investigación, así como de los avatares sufridos desde ese momento hasta la actualidad. El apartado B, se ha dedicado al estudio material y al diagnóstico de conservación de los modelos veterinarios en cera que conforman dicha colección. Por último, el apartado C, contiene los métodos y materiales correspondientes a la investigación y propuesta de intervención, además de un análisis de la situación de conservación actual de los modelos de cera en el espacio donde se encuentran, junto con algunas recomendaciones para la conservación preventiva de los mismos. En detalle, la estructura de esta tesis es la siguiente: Parte A. LAS ESCUELAS DE VETERINARIA EN EUROPA Y LOS MODELOS TRIDIMENSIONALES DE CERA COMO MÉTODO DE ENSEÑANZA En ella, se ha tratado de establecer un contexto histórico para comprender las necesidades por las que se crearon las escuelas veterinarias tanto en Europa como en España. Se han analizado las razones que llevaron a los responsables de estas instituciones a abrir gabinetes anatómicos destinados a la fabricación de modelos tridimensionales en cera que sirvieran de sustitutos del cadáver y pudieran ser empleados como herramientas didácticas en las aulas durante las explicaciones del docente. Así pues, en el primer capítulo se ha ofrecido una síntesis del contexto en que nace la primera veterinaria en Francia y de cómo en España se toma el modelo francés como ejemplo para la fundación de su primera Real Escuela Veterinaria, la de Madrid, en 1793. El segundo capítulo, se dedica a establecer las razones y los primeros usos de la ceroplástica en Europa para la representación de la anatomía humana y animal. Tras su desarrollo en las piezas didácticas orientadas al estudio de la medicina humana y comparada durante los siglos XVII y XVIII, la cera pasó a formar parte de las colecciones anatómicas de las escuelas veterinarias europeas durante el siglo XIX. 20 Para comprender el uso de la cera como material en la fabricación de los modelos tridimensionales destinados a la enseñanza en la Real Escuela Veterinaria de Madrid, el capítulo tercero orienta su contenido al estudio de los artífices del denominado eLaboratorio de piezas de cera (en esta tesis “Laboratorio de piezas”). Se ha revisado la documentación de archivo con el fin de conocer el funcionamiento del gabinete, identificar a los artífices de las esculturas, disponer de datos sobre los materiales y las técnicas de manufactura, analizar la necesidad y utilidad de los modelos anatómicos artificiales para la enseñanza de la veterinaria en la institución o comprender las razones del abandono de la técnica ceroplástica para la producción de herramientas didácticas. La elaboración de este capítulo ha sido imprescindible la colaboración con Joaquín Sánchez de Lollano Prieto, director del Museo Veterinario Complutense. Parte B. EVOLUCIÓN MATERIAL Y ESTUDIO CIENTÍFICO-TÉCNICO DE LOS MODELOS TRIDIMENSIONALES DE CERA DEL MUSEO VETERINARIO COMPLUTENSE Con la finalidad de ubicar los modelos veterinarios en el espacio donde se encuentran actualmente, el capítulo cuarto ha permitido realizar un seguimiento cronológico de la colección de anatomía veterinaria en cera de la Escuela Veterinaria, desde su creación hasta su conservación en el Museo Veterinario Complutense. Se exponen los cambios de sede de la citada escuela para explicar los numerosos traslados que sufrieron las colecciones didácticas de la institución hasta su actual lugar de exhibición. La ubicación de cada pieza se recoge en una propuesta de ficha técnica de conservación, similar a la empleada en algunas instituciones de referencia para la conservación y restauración de sus colecciones, pero adaptada a la singularidad de los modelos de cera. Esta herramienta es necesaria para identificar cada pieza perteneciente a la colección objeto de esta investigación. En ella, se indican los datos esenciales de registro, se describen las principales patologías existentes en cada modelo y se localizan estas por medio de cartografías digitales, y, por último, se exponen de modo sucinto los tratamientos realizados. Las fichas de todos los modelos intervenidos de la colección analizada han sido adjuntadas a esta tesis dentro del apartado de Anexos. El objetivo de esta parte B corresponde al estudio material de la colección, así como a establecer un diagnóstico del estado de conservación de cada uno de los modelos veterinarios de cera. Esta información ha permitido realizar una propuesta de intervención, así como determinar las incógnitas y retos que deben solucionarse para llevarla a cabo. Toda la información histórica de la parte A, ha sido aplicada en este estudio material, necesario para realizar la propuesta de conservación, donde se eligen los métodos y materiales de intervención, que se encuentra en la parte C. Para determinar el estado de conservación del conjunto de las esculturas, se ha realizado un quinto capítulo dedicado al estudio de los factores de alteración y a los principales daños que afectan a las mismas. En este punto, se han utilizado diferentes equipos que han permitido documentar e identificar las patologías existentes, elaborar las cartografías digitales y establecer los códigos correspondientes a cada tipo de daños. Todo estudio en profundidad dirigido a una intervención de conservación-restauración requiere de una observación previa con diferentes técnicas de diagnosis por imagen y de un 21 conocimiento exhaustivo de los componentes de las obras en el plano material. Estos dos aspectos se tratan en el capítulo sexto. Es importante recalcar que cada colección de piezas anatómicas realizadas con la técnica de la ceroplástica puede plantear una serie de problemas de conservación diferentes. Esta disparidad se encuentra también entre unas piezas y otras de un mismo conjunto, e incluso entre obras de un mismo autor. Entre las posibles razones de ello, cabe señalar las numerosas variaciones de las recetas, en cuanto a los ingredientes como en las cantidades de estos, dependiendo de las escuelas y de los gabinetes de cada institución; pero también es importante tener en cuenta la evolución material de las obras y las condiciones de exposición y almacenaje a las que han estado expuestas desde su creación. Esta especificidad ha sido tenida en cuenta en el momento de la toma de decisiones y ha guiado la decisión adoptada para cada uno de los tratamientos efectuados. Parte C. INTERVENCIÓN DE CONSERVACIÓN-RESTAURACIÓN EN LA COLECCIÓN CEROPLÁSTICA DEL MUSEO VETERINARIO COMPLUTENSE Para desarrollar lo más exhaustivamente la propuesta de intervención, ha sido necesario incluir un capítulo séptimo donde exponer los criterios de intervención específicos para la colección de anatomía en cera del Museo Veterinario. Dichos criterios han sido seleccionados y adaptados tras la consulta de las normativas, leyes y documentos oficiales sobre conservación y restauración en el marco nacional e internacional. Aunque la intervención se ha llevado a cabo de manera integral en la colección, los modelos seleccionados para realizar los estudios de materiales de la propuesta de intervención han sido escogidos en función de sus características físicoquímicas y formales. Se han incluido a continuación, en los capítulos octavo y noveno, dos estudios experimentales orientados a la toma de decisiones en los tratamientos de intervención de limpieza, adhesión de fragmentos y reintegración matérica de faltas o lagunas. Como se ha indicado anteriormente, los depósitos de particulado atmosférico son una importante causa de deterioro para los modelos veterinarios en ceroplástica. Seleccionar un producto adhesivo supone un reto en las superficies cerosas. Dichos estudios han requerido de una revisión pormenorizada de la bibliografía especializada en el ámbito nacional e internacional. Durante la investigación para determinar los productos y metodologías de eliminación del estrato de particulado atmosférico, han resultado indispensables las aportaciones y la experiencia de la restauradora Olga Cantos, del Departamento de Escultura del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE). Como novedad han sido seleccionados productos de limpieza adaptados a las superficies cerosas, dando preferencia a los sistemas acuosos tamponados y gelificados frente a los disolventes orgánicos libres empleados tradicionalmente. Con el objetivo de escoger en todos los casos, la formulación eficaz más simple e inocua, tanto para la pieza como para el restaurador, los testados realizados en colaboración con el Laboratorio de Materiales MatLab de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. La adhesión de fragmentos y reconstrucción de las pérdidas matéricas de los modelos veterinarios ha requerido de un estudio sobre el comportamiento mecánico de varios adhesivos. Se ha considerado interesante ofrecer una serie de resultados de carácter cuantitativo y cualitativo 22 acerca de seis materiales de adhesión seleccionados para su estudio con probetas fabricadas ad hoc y ensayadas a tracción mecánica uniaxial. La búsqueda de una pasta de cera que reuniera las características adecuadas para fabricar las probetas destinadas a los ensayos conllevó la inmersión en la lectura de tratados de arte, manuales y otras fuentes primarias que hicieran referencia a la técnica ceroplástica de los siglos XVIII y XIX. Esta investigación tuvo una doble utilidad: la definición de una receta propia de pasta de cera adecuada para realizar las probetas y la adquisición de un conocimiento profundo acerca del comportamiento de los materiales que facilitó la selección y adaptación de las pastas de cera para el tratamiento de reintegración volumétrica. Para el desarrollo de estas pruebas experimentales y la realización de los ensayos se ha contado con la colaboración del Laboratorio de Materiales de la E.T.S. de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid. Al final de cada capítulo correspondiente a ambos estudios experimentales, se pueden encontrar varios casos prácticos como demostración de su aplicación. Estos ejemplos forman parte de los trabajos de intervención en conservación y restauración realizados en el conjunto de la colección entre el año 2015 y 2017. El último y décimo capítulo de esta tesis ha sido dedicado a la propuesta de conservación preventiva. Se han tratado de ofrecer algunas recomendaciones de mejora y se plantean cuestiones relacionadas con los medios de exhibición y almacenaje. Asimismo, se han propuesto recomendaciones para el control de las condiciones medioambientales, dentro de las que se incluyen los parámetros más idóneos para la iluminación, la humedad relativa (HR) y la temperatura (T), tanto en sala como en almacenes o durante el traslado de piezas para su préstamo en exposiciones temporales. Todas estas cuestiones han sido estudiadas para adaptar los estándares generales empleados en la conservación preventiva de patrimonio a los modelos anatómicos de cera. La última parte del documento contiene un apartado donde se han reunido las conclusiones generales de toda la tesis, en respuesta a los objetivos propuestos y a la hipótesis de investigación. Además, se plantean las líneas abiertas de investigación que, como ocurre en la mayoría de las tesis, hubiera sido interesante poder desarrollar, pero para las que no ha habido tiempo material ni medios. Se espera tener la oportunidad de poder continuar trabajando en estas cuestiones y colaborando con otros investigadores con el fin de aportar herramientas para mejorar la supervivencia de la escultura en ceroplástica. Un capítulo al final de la investigación contiene la bibliografía y webgrafía de las fuentes documentales y recursos empleados para toda la tesis. Se consideró la posibilidad de incluir esta información al final de cada capítulo, no obstante, se ha tomado la decisión de reunirla para facilitar la consulta y comodidad del lector. Los anexos recogen todas las fichas de registro de los modelos veterinarios intervenidos en las acciones de conservación y restauración de la colección, algunas capturas del Archivo General UCM, referenciadas en la parte A de la tesis, así como los índices de imágenes, tablas y gráficas utilizadas en todo el documento. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 23 1 EL NACIMIENTO DE LA VETERINARIA EN EUROPA Y LOS ORÍGENES DE LA REAL ESCUELA VETERINARIA DE MADRID l término veterinario se refiere a la profesión que nació a mediados del siglo XVIII, en Francia, con la institucionalización de las primeras escuelas veterinarias donde comenzó a impartirse y desarrollarse una nueva disciplina médica centrada en los animales (Degueurce, 2016: 15; Blum, 2017: 1). Sin embargo, la medicina animal ha existido y evolucionado desde los primeros tiempos de la civilización humana, motivada principalmente por la domesticación y los problemas asociados con su curación y reproducción (Marín, 2008: 92). No debemos olvidar que la sedentarización de las primeras sociedades humanas viene marcada por el descubrimiento de la agricultura y el consecuente desarrollo de la ganadería. 1.1. Los antecedentes de la veterinaria en Francia Los orígenes de la veterinaria en el mundo y en Europa han sido ampliamente tratados por importantes historiadores e investigadores como Sanz Egaña, Chiodi, Karasszon, Dunlop y Williams. La mayoría de ellos señalan las antiguas civilizaciones de Oriente Medio como las primeras en establecer una profesión veterinaria donde surgió, por primera vez, la preocupación por la salud del ganado y los animales domésticos, quizás como respuesta a las necesidades de los grandes asentamientos humanos y las primeras ciudades. Algunas de las primeras referencias E 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 24 escritas, como el Papiro de el-Lahun (ca. 2230-1800 a.e.c.) o el Papiro de Kahun (1900 a.e.c.), sugieren que el tratamiento de las patologías de los animales domésticos ya era importante en el Antiguo Egipto. Además, algunas fuentes indican que el contenido del Papiro de Kahun sigue un orden análogo al papiro sobre cirugía humana más importante conservado, conocido como el Papiro de Edwin Smith (1501 a.e.c.) (Walker, 1974: 33). La estructura similar entre ambos documentos parece insinuar una preocupación equivalente de ambas medicinas, animal y humana; sin embargo, no significa que se tuviera conciencia de que las enfermedades fueran transmisibles entre ambas especies. El respeto y la importancia otorgada a los animales en la religión egipcia durante la época faraónica debieron jugar un papel importante en la aplicación y evolución de los remedios y los cuidados por parte de los sacerdotes y los médicos. Numerosas divinidades animales se asociaban al arte de curar, como la diosa Bastet o Bast que protegía de las enfermedades a las personas, siendo sus atributos los ungüentos y medicamentos. Probablemente la presencia de algunos animales en las ciudades debido a su veneración, como en el caso de los gatos, fuera positiva en la prevención contra zoonosis transmitidas a los humanos por roedores o reptiles. Otra antigua fuente mesopotámica incluye la primera referencia que se conserva sobre la profesión del médico de los animales. El Código Hammurabi (1750 a.e.c.) es una recopilación de leyes y normas en la que se reflejan elementos como los contratos, el comercio, la banca o la agricultura. En los capítulos 224 y 225 se encuentra la regulación de los precios de la actividad médica veterinaria y los contratos relacionados con los animales (Marín, 2008: 92; Abad, 1984: 10). De igual modo, se han conservado algunos registros documentales sobre la práctica veterinaria en la Antigua Grecia, casi todos posteriores al año 500 a.e.c. Uno de los más importantes por su repercusión en la medicina humana y animal; pertenece al médico griego Hipócrates de Cos (ca. 460-ca. 377 a.e.c.). Su Corpus hippocraticum es una recopilación de obras de varios autores sobre diversos temas relacionados con materias como la fisiología, los humores corporales o la patología, y fue muy relevante en el desarrollo de las ciencias en Occidente (Dunlop y Williams, 1996: 221; Dualde, 2008: 24). Hipócrates de Cos también fue el autor de uno de los primeros textos dedicados en exclusiva a las enfermedades equinas, destacando el Liber Ipocratis infirmitátibus equorum et curis eorum. Su traducción de la lengua original al árabe, en el siglo IX, y al latín, en el siglo XIII, permitió su divulgación y difusión por Europa. Otros autores griegos trataron las enfermedades animales en profundidad, como Galeno de Pérgamo (130- 210 d.e.c.) o Aristóteles (384 - 322 a.e.c). Este último, en De ánima y en los tratados menores unificados en el Parva Naturalia analizaba cuestiones puramente veterinarias, como las patologías porcinas, las alteraciones en la gestación de las ovejas o la detección de graves epizootias del caballo y el resto del ganado (Dualde, 2008: 27). Las disecciones a los animales estaban permitidas y Aristóteles trató de investigar la enfermedad tomando referencias de las patologías que pudieron ser la causa de esta. Parece que fue un pionero en los estudios patológicos no solo de animales domésticos, sino de todo tipo de animales silvestres y exóticos. Sus observaciones sobre peces o paquidermos se pueden encontrar en De Patribus Animalium. También se escribieron tratados sobre un solo animal, como los textos de equitación 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 25 Hipárquico y De la equitación, del historiador militar y cronista de la Antigua Grecia, Jenofonte de Atenas (ca. 431-354 a.e.c.). En estas dos obras menores, el autor expresa su preocupación por la medicina y los cuidados del caballo e incluye normas de higiene básicas. Sin embargo, estos textos estaban orientados únicamente al aprovechamiento del animal para la guerra y no a la medicina equina (Abad, 1984: 12-13). Probablemente, las culturas posteriores heredaron estos conocimientos sobre la medicina animal traduciéndolos e incorporándolos a sus propios textos, pues los équidos y el resto del ganado eran fundamentales en todos los ámbitos sociales. Durante el Imperio Romano, algunos de los tratados más relevantes harán referencia a cuestiones relacionadas con la zootecnia o con los problemas agrónomos. El tratado De Agri Cultura, escrito por el político y militar Marco Porcio Catón, conocido como Catón el Censor (234-149 a.e.c.), es un texto completo orientado a gestionar las explotaciones agrícolas en el que se incluyen consejos y guías para la cura de algunas enfermedades animales. El documento Rerum Rusticarum, de Marco Terencio Varrón (116-27 a.e.c.), está centrado en la cría de diferentes especies animales (Walker, 1974: 15). De las crónicas de autores, como las de Plinio el Viejo (23-79 d.e.c.), se puede deducir la importancia del caballo en la época y su consideración como un sujeto médico tan complicado como el ser humano. Los médicos de caballos, los Hippiatroi, incluso gozaban de una mayor consideración que el resto de los médicos de animales (Walker, 1974: 20). Esta distinción fue reflejada por el escritor romano de agronomía Lucius Columella (4-70 d.e.c.), cuando la empleó para diferenciar al médico que trataba las enfermedades de las bestias de carga o ganado, el medicus pecuarius, del médico de los caballos, el medicus equarius (Abad, 1984: 16). Este filósofo, astrónomo y escritor recogió en su obra Res rustica -traducida al castellano como Los doce libros de agricultura-, importantes conocimientos y prácticas especializadas para cada tipo de animal. Aunque la medicina de los animales domésticos seguiría desarrollándose en todo Occidente, los conocimientos árabes sobre veterinaria y las ciencias médicas humanas que combinaban los saberes de Oriente y los conocimientos griegos y romanos, se extendieron hacia Europa desde el sur de Italia y la Península Ibérica. Durante siglos, los conocimientos y la práctica profesional permanecieron anclados en las aportaciones realizadas por los hipíatras griegos y los veterinarium romanos (Marín, 2008: 214). Entre los siglos VIII y XII, se produce en Europa un gran periodo de expansión del conocimiento y de la ciencia árabe, influenciada profundamente por los autores griegos. La traducción de sus obras al latín dio lugar a una inquietud intelectual en todo Occidente que se extendió hasta el Renacimiento y la Edad Moderna (Dualde, 2008: 23). En Occidente, la Edad Media constituye un período de recopilación, redescubrimiento y traducción de la medicina y conocimientos de la Grecia Clásica y la literatura árabe. En el ámbito de la caza o la cetrería practicadas por la realeza y la nobleza, se requerían profesionales especializados en la cría, adiestramiento, transporte, cuidado, o reproducción, como los halconeros o los cazadores. En la imagen (fig. 1), se puede observar una ilustración del Livre de chasse (Libro de la caza), escrito en 1387-1388 por el XI conde de Foix y vizconde de Bearne, Gaston Phébus (1331-1391) (Vérard, ca. 1507: Folio 40v). La escena ilustra el capítulo dedicado a los cuidados, enfermedades y curación o remedios para los perros, muy importantes para el éxito de la caza. Los nueve personajes 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 26 realizan las labores diferentes, como examinar los ojos, las patas o las bocas de los animales y realizar vendajes y baños curativos. Figura 1. Xilografía Maladies des chiens. Gaston Phébus. Ca. 1507. Livre de chasse (Libro de la caza). Fuente: Gaston Phébus, 2019. Sin embargo, este tratado ilustrado de Phébus forma parte de los numerosos tratados antiguos que fueron reeditados a partir del siglo XVI, gracias al desarrollo de la imprenta, junto con otros textos importantes de Hipócrates o Aristóteles. En el caso del Livre de chasse, la primera publicación de 1387-1388 no contenía ilustraciones, las xilografías fueron añadidas por Antoine Vérard al texto original junto con una monografía en verso de otro tratado sobre la caza del siglo XIV. Estas reediciones indican un interés por el conocimiento de la salud de los animales domésticos a través de los siglos. Además, gracias a las traducciones y la ilustración de los textos que originalmente no tenían imágenes, se logró difundir los conocimientos a una cantidad de público internacional sin precedentes (Kemp, 2008: 47; Dualde, 2009: 28). La publicación de los conocimientos médicos clásicos y de los tratados sobre la comprensión de las estructuras físicas humana y animal, dieron lugar a una revolución del interés por la anatomía durante el Renacimiento occidental. En este período, los conocimientos sobre anatomía y medicina humana estuvieron ligados a la del animal, y se desarrolló la observación, la experiencia y la experimentación (Barroux, 2011: 354). El Diccionario de la lengua española, publicado por la Real 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 27 Academia Española (RAE), indica que el vocablo Anatomía tiene su raíz etimológica en el término griego ἀνατομία, que significa disección o descripción anatómica. Este vocablo se emplea en occidente desde el latín tardío y es interesante observar que la RAE no excluye de la definición de anatomía las representaciones bidimensionales de una disección o separación de las partes del cuerpo de un animal o una planta, es decir, que también es anatomía un “croquis o dibujo que muestra la constitución o estructura de un ser vivo o de alguna de sus partes”. Las primeras representaciones del cuerpo humano y animal en los textos clásicos eran interpretaciones artísticas de la anatomía, donde la imagen se empleaba como un mapa simbólico más que como un retrato fiel a la realidad. Sin embargo, en el Renacimiento la representación como un mapa anatómico del cuerpo comenzó a ser imprescindible la comprensión de los textos y con ello surgieron los primeros atlas anatómicos (Audije-Gil et al., 2017: 348). Un ejemplo de mapa anatómico con indicaciones sobre el interior animal se puede observar en la imagen que muestra una anatomía de un caballo encontrado en un documento egipcio del siglo XV d.e.c. (fig. 2). Figura 2. Miniatura egipcia de la anatomía de un caballo. Anónimo, siglo XV d.e.c. Manuscrito de la Biblioteca de la Universidad de Estambul. Fuente: University of Cambridge, 2016. A excepción de los trabajos de algunos humanistas del Renacimiento, entre los que destaca la figura de Leonardo da Vinci (1452-1519), la gran revolución de la representación anatómica surgió a partir de la publicación, en 1543, del tratado ilustrado de Andrea Vesalio (1514-1564) titulado De humani corporis fabrica libri septum (Audije- Gil et al., 2017: 347-348). La representación anatómica ha evolucionado de manera paralela al estudio de los animales desde un punto de vista comparado. Las ciencias han requerido del conocimiento de las estructuras animales y de su curación para desarrollarse, además de la colaboración de los artistas para poder ser estudiadas y transmitidas. De entre todos los animales, el caballo ha sido el animal más representado y estudiado desde los orígenes de las primeras civilizaciones. Por otra parte, la comparación visual entre las estructuras anatómicas animales ha sido una herramienta esencial para la comprensión del funcionamiento del cuerpo humano. Por ello, pueden encontrarse en los textos antiguos numerosas alusiones a nociones anatómicas, a menudo utilizadas para explicar las enfermedades o para mostrar algunos métodos rituales, como los embalsamamientos animales y humanos (Feldman y Goodrich, 1999: 282). Los conocimientos científicos sobre la anatomía en los documentos de las culturas clásicas (Antigua Grecia, Imperio Romano, Bizancio, etc.) se basan, a menudo, en la comparación entre el hombre y el animal, ocupando el interés por la medicina equina un lugar destacado. Aunque no todos los documentos clásicos tratan la morfología y fisiología comparada entre 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 28 el hombre y los animales, la mayoría de ellos estuvieron orientados a la comprensión del cuerpo humano y a la medicina hasta el siglo XIX. Sin embargo, existen algunas excepciones, como la obra de Aristóteles, filósofo que planteó una importante clasificación morfológica centrada en el estudio animal y comparado entre especies, en lugar de orientarse a los saberes sobre el cuerpo humano (López, 1992: 7). El uso del método comparado presente en los escritos de Aristóteles, con el que se profundiza en el estudio de la fisiología de los animales domésticos y sus patologías, fue abandonado por los científicos que tomaron el relevo. Médicos como Praxágoras de Cos (ca. 340-?) o Diocles de Caristo (finales del siglo IV a.e.c.) volvieron a orientar el estudio comparado hacia su aplicación a la medicina humana. La falta de interés por la anatomía animal se extenderá hasta el siglo XVI, cuando la renovación del pensamiento transformó las ideas medievales sobre la naturaleza (Abad, 1984: 12-13; López, 1992: 7-8; Salvador, 2013: 43). Algunos autores mantienen que la obra de Galeno dio lugar a numerosos errores sobre la comprensión del cuerpo humano, debido a que este autor basó sus descubrimientos en la disección de los animales, en lugar de realizar estudios directos sobre el cuerpo humano, y que esta tendencia se mantuvo hasta el siglo XVI (García, 1973: 9). Sin embargo, de manera paralela al desarrollo de la medicina humana, continuaron ampliándose los conocimientos sobre la anatomía y cura de los animales, especialmente de los équidos por tratarse de uno de los animales domésticos más necesarios en todos los niveles sociales. No es extraño, por tanto, que en época medieval la capacidad de poseer y mantener un caballo de guerra otorgara al dueño un estatus social superior y lo convirtiera en miembro destacado del ejército. 1.2. El caballo y la anatomía comparada Durante la baja Edad Media, la práctica médica orientada a los animales más importantes para la nobleza, el halcón, el perro y el caballo, experimentó un rápido crecimiento. En especial, el caballo, por tener un alto valor económico al jugar un papel principal en las guerras y utilizarse como elemento diferenciador de la nobleza. La hipiatría tomó mayor relevancia con respecto a los tratados sobre otros animales y la publicación de numerosos textos sobre caza e hipología favoreció a los équidos, como los asnos o las mulas, imprescindibles en el desarrollo de los trabajos que implicaban la tracción animal en todos los niveles sociales. Los principios hipocráticos trascendieron a dichos tratados medievales de albeitería y caza, los cuales se apoyaban en las mismas relaciones entre los cuatro humores - bilis negra (frío y seco), bilis (templado y seco), flema (frío y húmedo) y sangre (templado y húmedo)- y los elementos de la naturaleza -tierra, aire, fuego y agua, asociados con la astrología- para evitar enfermedades o tratarlas (García, 1973: 8; Olmos, 2013: 216). En las imágenes, se muestran las representaciones humana y equina de las teorías melothésicas a modo de fisiología comparada, según las cuales el comportamiento de los astros podía generar alteraciones y enfermedades en los órganos asociados a estos (fig. 3 y 4). La acumulación o exceso de cualquiera de los cuatro humores suponía la explicación para el origen de las enfermedades humanas y animales. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 29 Figura 3. Grabado representando al Hombre Zodiacal, Petrus Slovacius, perteneciente al Allmanach auff das 1581 jar, del siglo XV. Wellcome Library de Londres. Wellcome Collection, 2019. Figura 4. Imagen del Caballo Zodiacal, Manuel Díez, 1502, Llibre de Menescalia. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante. Manuel Díez, 2019. Asociada con la explicación del funcionamiento interno de los cuerpos, la filosofía hipocrática trató de dar un significado a la morfología de los cuerpos a través de la anatomía descriptiva, que es una imitación del macrocosmos o universo. Junto con el resto de los principios, la representación anatómica tuvo su revolución durante el Renacimiento. Los artistas y humanistas italianos del siglo XV fueron los primeros en perfeccionar la representación de la anatomía externa del hombre y de los animales. Leon Battista Alberti (1404-1472), ya había expresado en sus tratados Della Pittura, De re aedificatoria y De Statua, una inquietud por la necesidad que tenían los artistas de imitar correctamente la naturaleza y los movimientos de los animales. Fue uno de los primeros textos para artistas en los que se hizo referencia a las proporciones (Dualde, 2009: 30). Artistas como Piero de la Francesca (ca. 1415-1492), Antonio di Pietro Averlino (Filarete) (ca. 1400-1469) o Leonardo da Vinci, se vieron influenciados por Alberti y utilizaron un sistema de proporciones en sus producciones artísticas. El artista y anatomista Leonardo da Vinci fue uno de los humanistas más relevantes en el campo de la representación anatómica. Sus Códices de anatomía, donde muestra la anatomía interna y funcionamiento del cuerpo, fueron inspiradores para los tratados que se ilustrarían en los siglos sucesivos. Más allá de la comprensión superficial de la anatomía humana y animal, Da Vinci destacó la importancia de realizar disecciones y estudios sobre el funcionamiento de los cuerpos en búsqueda de conocimientos sobre la fisiología y morfología internas. En su Trattato della Pittura, de fecha desconocida, Da Vinci dedicó parte de sus estudios a las proporciones anatómicas del caballo (fig. 5 y 6) (Zöllner y Nathan, 2011: 399 y 401). La inquietud renacentista de conocer la anatomía llevó a Da Vinci a realizar disecciones de numerosos animales, más accesibles que los cadáveres humanos. La representación de la anatomía equina fue estandarizada y artistas como Giovanni di Bologna (o Giambologna, ca. 1529-ca.1608) podrían haber creado sus piezas tridimensionales bajo la influencia de los conocimientos anatómicos y los dibujos de Da Vinci. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 30 Puede considerarse que en la Europa de los siglos XV y XVI, la anatomía fue impulsada como una de las disciplinas más importantes en el estudio de la medicina humana, encontrando su máximo exponente en la publicación revolucionaria del mencionado De humani corporis fabrica de Vesalio, que puso en marcha un cambio de pensamiento desde el conocimiento de la estructura interna del cuerpo hacia su funcionamiento. Tomando una nueva dirección el estudio de la anatomía, este abandonó la mera descripción visual del exterior para comenzar a interesarse por la estructura interna de los organismos y las funciones que desempeñaba cada una de sus partes. Una de las razones por las que el tratado de Vesalio supuso una revolución fue la combinación de imagen y texto al ir las explicaciones acompañadas de numerosos grabados anatómicos de gran calidad estética y exactitud anatómica. Gracias a Vesalio, a la imprenta y al aumento en la difusión de los tratados anatómicos ilustrados, el perfeccionamiento de la representación de la anatomía humana tuvo un efecto directo en el estudio de la anatomía animal (Kemp, 2008: 47; Degueurce, 2012: 336). Los cánones y la aplicación de las matemáticas para redefinir las proporciones del cuerpo humano y de los animales, en el arte y en la ciencia, fueron una valiosa herramienta para conseguirlo. La búsqueda de la veracidad sobre la morfología de algunas especies animales dio lugar a publicaciones ilustradas basadas en la disección. De este modo, el estudio de los animales comenzó a separarse de la medicina empleando el método comparado con el hombre, esta vez considerándolo un animal más. Algunos de los primeros tratados sobre anatomía animal publicados a partir del siglo XVI, como L’histoire de la nature des oiseaux, de Pierre Belon (1517‑1564) en 1555, o De piscibus marinus, publicada en 1555 por Gillaume Rondelet (1507-1566), fueron importantes por mostrar detalladas descripciones anatómicas. Sin embargo, la aplicación del método comparado en dichos documentos aún no es muy riguroso, pues los dibujos carecen de Figura 5. Selección uno de los dibujos de da Vinci con las medidas anatómicas del caballo. Leonardo da Vinci, siglo XV, grafito y tinta sobre papel, Trattato della Pittura. Fuente Frank Zöllner y Johannes Nathan, 2011. Figura 6. Escultura sobre la anatomía del caballo atribuido a Leonardo da Vinci. siglo XV, modelo tridimensional en cera de abejas, colección privada. Fuente Frank Zöllner y Johannes Nathan, 2011. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 31 explicaciones y exponen únicamente las imágenes de diferentes especies (López, 1992: 9; Dunlop y Williams, 1996: 304-305). En este sentido, López (1992) destaca la obra de Volcher Coiter (1534-1576), Diversorum animalium sceletorum explicationes, de 1575, entre las publicaciones con vacilantes estudios comparados sobre la estructura ósea de diferentes vertebrados y su comparación con el esqueleto humano. El tratado de 1575, publicado por Coiter y su maestro, Gabriele Falloppio (o Gabriel Falopio 1523-1562), De partibus similaribus humani corporis, ex diversis exemplaribus, […], muestra grabados muy realistas y descriptivos sobre la osteología de varios animales. En la imagen (fig. 7) se puede observar una de las ilustraciones de este tratado (Coiter y Falopio, 1575: 93), donde se compara la osteología de la Testudinis Nemoralis (o tortuga salvaje), un modelo teratológico de Pulli Gallimacri Monstrosi (pollo de gallina monstruoso), la estructura ósea de una Caprae (esqueleto de cabra) y de un murciélago Vespertilionis. Figura 7. Grabado en cobre de la representación anatómica de la osteología de varios animales. Volcher Coiter. 1575. The Wellcome Library, Londres. The Wellcome Library, 2018. Fueron algunos científicos, de nuevo desde la búsqueda de respuestas para la medicina humana, quienes realizaron los primeros atlas y tratados anatómicos basados realmente en los estudios comparativos entre animales y con el ser humano. Destacan entre ellos, el cirujano y anatomista padovés Gerolamo Fabrizzi d'Acquapendente (1533–1619) o el médico inglés William Harvey (1578-1657), descubridor del sistema de circulación sanguínea y pionero en defender la teoría del bombeo de la sangre a través del corazón, todos ellos basaron sus estudios en experimentos sobre la respuesta fisiológica a ciertos estímulos en distintos animales y el hombre. Por ejemplo, la monografía de d'Acquapendente sobre las válvulas venosas y la respiración animal, así como los resultados reflejados en el Exercitatio Anatomica De Motu Cordis Et Sanguinis In Animalibus de Harvey (publicada en 1628), no podrían haberse completado sin su experimentación en diferentes animales. Sin duda, el tratado más trascendente de la época dedicado a la anatomía animal con intención de proponer soluciones a las enfermedades equinas fue la Anatomía del Cavallo, infermità et 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 32 suoi remedii del boloñés Carlo Ruini (1530-1598), publicada a título póstumo en 1598-99. Esta obra trata la anatomía externa del animal, pero también la interna y su conexión con la fisiología. Se encuentra ilustrado por numerosos y artísticos grabados inspirados en el tratado de Vesalio. La influencia del tratrado de Ruini se refleja en muchos estudios posteriores sobre el caballo y otros animales, debido a que los textos anteriores sobre hipiatría no se dedicaron la observación de la estructura interna del animal, ni a la comprensión de la anatomía con exactitud. Sus ilustraciones sobre la miología equina se han reproducido en numerosos manuales de veterinaria, equitación y cría, que se extienden desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Uno de los ejemplos más cercanos es la publicación, al año siguiente, del tratado Hipposteología de Jean Héroard (1551-1628). Héroard desempeñó el cargo de médico del Delfín de Francia (futuro Luis XIII) y publicó este tratado sobre anatomía equina, de una gran calidad tanto en los textos como en los grabados, muy realistas e inspiradas en el tratado de Ruini (Degueurce, 2012: 336). Figura 8. Anatomía interna del caballo, Carlo Ruini, 1598-99. Grabado, Tratado Anatomía del Cavallo, infermità et suoi remedii. Bibliothèque nationale de France. Carlo Ruini, 2018. Figura 9. Disección canina similar a la de Ruini. Jean Pecquet, 1651. Garabado. Tratado Experimenta nova anatomica: quibus incognitum hactenus chyli receptaculum. Bibliothèque nationale de France. Jean Pecquet, 1651. Aunque las ilustraciones del tratado de Ruini revolucionaron el estudio del caballo, fue tomado también como ejemplo para la publicación de otros tratados de anatomía. En las imágenes 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 33 (fig. 8 y 9), se pueden comparar las ilustraciones anatómicas del caballo de Ruini y de una disección canina perteneciente a la publicación Experimenta nova anatomica: quibus incognitum hactenus chyli receptaculum…, del médico Jean Pecquet (1622-1674), donde expone sus ideas sobre la fisiología comparada (Pecquet, 1651: 150). Las nuevas traducciones y la herencia de la medicina humana tuvieron una gran influencia en la formalización de la medicina equina de las escuelas o academias de equitación de finales del siglo XVI y principios del XVII. Los textos clásicos que relacionaban las enfermedades humanas con los humores o la interacción del microscosmos con el macrocosmos, fueron combinados con los nuevos conocimientos sobre medicina equina en las escuelas de equitación (Zakria y Degueurce, 2004: 13). 1.2.1. El caballo y las escuelas de equitación Los términos mariscal (o menescal), albéitar e hippiatra (o hipiatra) parecen estar relacionados con la especialización de la medicina equina, ya sea en un entorno militar o civil. Sin embargo, no pueden asociarse únicamente con este animal pues, a lo largo de la Historia, parecen haberse ocupado de otros animales domésticos y del ganado. En el contexto de las escuelas de equitación, se pueden utilizar los términos herradores, los hipiatras y los mariscales como los especialistas en équidos. La medicina dedicada al caballo existe desde las culturas orientales antiguas, que se propagaron por Europa dando lugar a una cultura ecuestre y a un interés por el cuidado de los équidos que heredan las escuelas de equitación. En consecuencia, surgieron toda una serie de tratados de medicina equina orientados a este valioso animal. Las escuelas o academias de equitación nacieron en la Italia del siglo XVI, con Antoine de Pluvinel (1555-1620) como precursor, en respuesta a las necesidades del desarrollo de la vida cortesana. En este contexto, el caballo era un símbolo de distinción social, además de tratarse de un animal indispensable en el transporte y en las prácticas de caza. Su cuidado y los tratamientos de las enfermedades equinas se convirtieron en una necesidad (Degueurce, 2012: 335-336). Las primeras décadas del siglo XVII suponen una época fundamental en la historia de la veterinaria, pues las escuelas de equitación que se habían instalado en Francia pasaron a ser los principales centros de la medicina equina de la época. La contratación de cirujanos y médicos para realizar las disecciones y hacer demostraciones de anatomía comenzaron a ser habituales en la escuela de François Robichon de la Guérnière (1688-1751) y en la Academia de Equitación de Jacques de Solleysel (1617-1680) (Peysson, 2002: 33; Hubscher, 1999: 22; Mitsuda, 2007: 6-7). Sin embargo, la anatomía solo comenzaba a relacionarse de manera superficial con las afecciones de los animales. Influenciados por las teorías clásicas de los humores (aristotélico- galénicas), los conceptos aplicados por Solleysel (en Francia publicó importantes tratados, como Le Parfait Maréchal de Solleysel, en 1664) y Gervase Markham (ca. 1568-1637), en Gran Bretaña, donde publicó su Cavalarice, en 1617, y Le Nouveau et Savant Maréchal, en 1666, fueron fundamentados en la 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 34 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 35 Figura 10. En la página anterior. Anatomía interna del caballo, Carlo Ruini, 1598-99. Grabado, Tratado Anatomía del Cavallo, infermità et suoi remedii. Bibliothèque nationale de France. Carlo Ruini, 2018. interacción del microcosmos y el macrocosmos. La dificultad para separar al individuo -al animal enfermo- de la influencia del Universo, los llevó a basar el examen clínico en la recopilación de anamnesis: la edad del animal, el clima o el temperamento para diagnosticar el origen de la enfermedad. Aunque estas academias dedicadas al caballo se destinaban a la aristocracia y a los futuros mariscales, la equitación se convirtió en un arte durante los siglos XVII y XVIII, a la par que se ocupaba en desarrollar una base para el progreso en la cirugía animal razonada y se convertían en predecesoras de la institucionalización de la veterinaria. La incorporación de nuevas disciplinas en las academias para mejorar el arte de la equitación, requirió de profesores especializados. Comenzaron a contratarse écuyer (caballerizos o escuderos), anatomistas y cirujanos. Además, se fomentó la publicación de los conocimientos sobre anatomía equina (Zakria y Degueurce, 2004: 12- 13). Los textos publicados establecieron las bases hacia una disciplina científica basada en los conocimientos teóricos y en la práctica médica, y se propusieron desterrar los hechizos mágicos y las tradiciones religiosas asociados a la curación de los équidos. Este tipo de creencias se encontraban muy arraigadas entre las clases populares del siglo XVII. Mientras la anatomía humana y comparada se impulsaba en Francia y en el resto de Europa con el apoyo de las nuevas instituciones científicas -como las academias de ciencias-, el caballo continuó conservando su propio interés dentro de las escuelas de equitación y, de manera paralela, las innovaciones en las disciplinas médicas se fueron introduciendo poco a poco. Aún en el siglo XVIII, la equitación mantuvo una gran importancia en las esferas más altas de las sociedades europeas. El caballo seguía considerándose un elemento de distinción social para la aristocracia. Además, este animal tenía un gran protagonismo en la organización y actividad del ejército, especialmente en el estado de guerra permanente en que se encontraba Europa (Dunlop y Williams, 1996: 323). Un ejemplo de ello fue la proliferación de tratados y publicaciones orientadas a incentivar la cría y mejora de las razas equinas (Barroux, 2011: 356). La preocupación de los artistas europeos por la perfección de la representación artística de la anatomía del caballo fue constante hasta que los artistas del siglo XVIII, como Théodore Géricault (1791-1824), David d'Angers (1788-1856) o Ferdinand-Victor-Eugène Delacroix (1798-1863), establecieran el ideal equino (Joly-Parvex, 2015: 2). La imagen (fig. 11) muestra el Cheval écorché de Théodore Géricault, cuyas proporciones y pose parecen basarse en los dibujos de Ruini. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 36 Figura 11. Cheval écorché (caballo desollado), Théodore Géricault, entre 1810 y 1815. Yeso. Museo del Louvre, París. Fuente de Tony Querrec, 2017. Los avances en la medicina equina y la formación impartida en las escuelas de equitación también tuvieron una aplicación práctica fuera del ámbito de las academias. Los équidos eran fundamentales en todos los estratos sociales del mundo rural y de las ciudades: en la producción agraria, en el transporte de mercancías o en el servicio postal. Los nuevos sistemas económicos del siglo XVIII debieron solucionar los problemas de salud de este animal de manera inminente y prioritaria, pues la productividad exclusiva de la agricultura no dejaba de tener graves consecuencias en los nuevos sistemas financieros propuestos por los economistas. El grabado de François-Marie-Antoine Boizot (1739-1781), de 1769, muestra al Delfín de Francia Louis Auguste (1754-1793) y futuro monarca Luis XIV, junto con varias escenas representativas de la sociedad francesa del siglo XVIII (fig.12).Aparecen équidos desempeñando un papel importante: su empleo en el ejército, representado por los tres personajes, probablemente pertenecientes a la Guardia Real; su uso como animal de tiro y propiedad de las clases acomodadas, ilustrado por dos caballos que tiran de una herramienta de arado, pero que parece ser dirigido por un terrateniente que va montado encima; los carruajes tirados por caballos que representan el servicio de posta y el transporte de personas y mercancías, o el propio transporte Real en el que ha llegado el Duque. Por último, al fondo de la escena, un équido es guiado por un campesino en las tareas de agricultura, lo que estaría aludiendo a la población menos adinerada del ámbito rural. Mientras que el caballo tenía preferencia entre las preocupaciones de los monarcas europeos, la especialización en los distintos campos científicos durante el siglo XVIII, supuso un aumento de la separación entre medicina humana y el estudio animal, utilizando el método comparado aplicado. Las publicaciones de Pieter Camper (1722-1789) y de Felix Vizq d’Azyr (1728-1793) se orientaron hacia el estudio comparado entre animales (López, 1992: 12). Otros científicos importantes también desarrollaron investigaciones basadas en las relaciones entre los seres vivos: como la nueva clasificación del orden natural de Carl von Linneo (1707-1778), la propuesta evolucionista según el “transformismo biológico” de Jean-Baptiste Lamark (1744-1829) o el planteamiento de una relación entre estructura orgánica de un ser viviente y su modo de 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 37 Figura 12. Visita del Delfín de Francia Louis Auguste, Duque de Maine (1754-1793). Grabado François-Marie- Antoine Boizot, 1769. Fuente: Bibliothèque nationale de France, 2010. vida por Georges Cuvier (1769-1839). La creación de una cátedra de anatomía animal comparada en la Academia de Ciencias francesa, propuesta por Cuvier -considerado precursor de dicha disciplina-, impulsó la aplicación del método comparado en todas las ciencias (López, 1992: 22). El estudio de la anatomía comparada del hombre con el caballo en las escuelas de cirugía y en los hospitales, así como la del caballo con otras especies animales, vuelven a poner de manifiesto la importancia que tuvo este animal en el siglo XVIII. El conde y naturalista francés George Louis Leclerc (1707-1788), conocido como Buffon, retrata al caballo como el mejor animal de todos y como la conquista más noble del hombre (Barroux, 2011: 357-358). La influencia de Buffon en la sociedad del momento era elevada y fue un pionero en proponer la apertura de unos estudios de medicina veterinaria en Francia. Había sido nombrado miembro de la Real Academia de Ciencias de París y su Histoire naturelle, générale et particulière, publicada entre 1749 y 1788, fue esencial en la evolución de los conocimientos sobre los animales. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 38 1.3. La Ilustración y el nacimiento de la veterinaria en Francia Durante el siglo XVII, ya habían comenzado a proliferar algunas instituciones científicas en Europa, como el Jardin royal des plantes médicinales de París (también conocido como Jardin du Roi), en funcionamiento desde 1635, la Royal Society de Londres, creada en 1662, o la Académie Royale des Sciences de París, fundada en 1666. Diferentes disciplinas y avances científicos, como la puesta en práctica de los estudios anatómicos comparados, los primeros descubrimientos con el microscopio o las innovaciones metodológicas en las inyecciones para la preservación de los cadáveres animales, perfeccionados por el médico Frederijk Ruysch (1638-1731), fueron impulsados gracias a la fundación de instituciones como la Académie Royale des Sciences y el Jardin du Roi. Herederas del espíritu de la Ilustración, las élites políticas y sociales del siglo XVIII mostraron un creciente interés por los avances científicos y económicos, considerados instrumentos de progreso. Desde su punto de vista, este desarrollo dependía de la divulgación de la cultura y de la creación de instituciones y escuelas dedicadas a las ciencias, donde debían combinarse estudio teórico y aplicación práctica (Hubscher, 1999: 26). El deseo de incrementar las artes mecánico- teóricas en el estudio de las ciencias naturales y de evitar la asociación de la teología con estas nociones educativas, contribuyó al declive de unas universidades excesivamente dedicadas a los estudios teóricos (Hammerstein, 2003: 123). En el siglo XVIII, los planes docentes universitarios resultaban incapaces de formar profesionales competentes en la resolución de problemas prácticos. Cuando la disciplina de la medicina veterinaria no existía aún, eran los médicos quienes se ocupan de resolver indistintamente las enfermedades de las personas y de los animales. Por lo tanto, en el Siglo de las Luces, la salud animal todavía dependía de profesionales no formados en esa especialidad. El tratamiento de los animales domésticos se encontraba en manos de pastores, arrieros, curanderos o propietarios. Todos ellos ponían en práctica los remedios populares (que tenían, sin embargo, su propia lógica, apoyada en la experiencia empírica y el sentido común) y confiaban en las creencias sobrenaturales. Mientras tanto, la medicina equina era producto de la experiencia y transmisión de conocimientos entre herradores y mariscales con poca o ninguna formación científica (Hubscher, 1999: 23-24; Peysson, 2002: 33; Barroux, 2011: 353-354). Una de las motivaciones que pudieron impulsar el tratamiento de las enfermedades infecciosas de los animales por los médicos mucho antes de que se institucionalizara la medicina veterinaria en Francia, fue la frecuencia con la que los animales domésticos, así como los salvajes, transmitían numerosas epizootias que enfermaban a la población. La prioridad que tenía la salud humana frente a la de los animales pudo motivar el interés de los profesionales por la salud de estos. A pesar de ello, los médicos no deseaban tener una relación oficial con la medicina animal y había un rechazo generalizado al contacto con el cadáver animal. Incluso, a finales del siglo XVIII, la Preußische Akademie der Wissenschaften (Academia Prusiana de las Ciencias o Academia de Berlín) hizo una objeción a la creación de la primera escuela veterinaria del país: no se podía esperar que los profesores escarbaran en los cadáveres animales (Sanz Egaña, 1941: 18-19; Mitsuda, 2007: 2-3), pero acabaron por verse obligados a reaccionar, pues los estados europeos del XVIII 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 39 compartían unas condiciones socioeconómicas similares y algunos problemas comunes, como es el caso de las epidemias sanitarias del ganado o la necesidad de mantener las caballerías de los ejércitos. Además, la protección del mundo rural como fuente de riqueza y fortalecimiento de los estados era una de las prioridades para los gobernantes. La economía agraria requería de una gestión efectiva que permitiera abastecer a una población que había experimentado un rápido auge demográfico durante el último siglo y que continuaba incrementándose. En Francia, la situación social del país había derivado en una complicada situación económica generada por diversos factores: una hambruna reiterada debido a la explosión demográfica que vivía el país, la productividad insuficiente de un sistema agrario que no funcionaba y un mal estado de salud del ganado generado por las epizootias que asolaban la nación. Para solucionar los problemas económicos mencionados, los sistemas teóricos franceses se apoyaron en la doctrina fisiocrática nacida en Gran Bretaña, fundamentada en que la riqueza de un estado proviene de la naturaleza (referido al sector agrario y al mundo rural). Sin embargo, basar el sistema económico de riqueza nacional en los cultivos exigía una explotación ganadera que sirviera para la tracción animal (facilitando e incrementando el trabajo) y suministrara de fertilizante los campos (Hubscher, 1999: 26-27). El libre desarrollo financiero y la autonomía económica de los propietarios con tierras que proponía este sistema económico tendrían un coste, con impuestos y reformas fiscales para los productores y terratenientes (y con la eliminación de los gremios y de la libre circulación de mercancías). Estas medidas fueron impulsadas por uno de los primeros fisócratas franceses, François Quesnay (1694-1774), miembro de la Academia de Cirugía francesa (desde 1737), economista y médico cirujano de la corte de Luis XV (desde 1752). Para poder mejorar la economía del país se requería un buen sistema de salud del ganado que asegurase una productividad manejable. Así pues, las reformas incluyeron proyectos para la formación de profesionales competentes en medicina animal (López, 1992:7-11; Sanz Egaña, 1941: 18-19). Un ejemplo de la necesidad de profesionales especializados fue el fracaso del gobierno absolutista francés en la solución de las pandemias del ganado a principios de siglo, entre 1714 y 1715. Tras enviar numerosos cirujanos, médicos y boticarios a las zonas del país más afectadas por las zoonosis, las medidas establecidas no fueron suficientes y los esfuerzos resultaron inútiles para evitar el contagio masivo, muriendo miles de cabezas de ganado (Peysson, 2002: 33; Mitsuda, 2007: 1). En la búsqueda del control sobre las epizootias, que se extendían de manera virulenta por el continente europeo y afectaban a la economía internacional, las monarquías basadas en el despotismo ilustrado recurrieron a las instituciones científicas de la época. La mayoría de los historiadores e investigadores coinciden en que los gobernantes de los países europeos crearon escuelas de veterinaria en las principales capitales para preparar veterinarios que combatieran las epizootias que asolaban las ganaderías. Pero también con un interés particular en formar especialistas para el tratamiento veterinario de los équidos, principalmente caballos, heridos en las innumerables guerras de aquellos tiempos. El veterinario Raymond Ferrando ofrece las 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 40 siguientes razones para una institucionalización de la veterinaria: “La obligación de los ejércitos de disponer de una cantidad mayor de caballos y, por tanto, de personal idóneo para cuidarlos y la exigencia de luchar, con posibilidades de éxito, contra las epizootias que afectaban a los ganados, con especial referencia a la peste bovina, la viruela ovina y el carbunco bacteriano, tanto con fines económicos como sanitarios” (Pérez, 2000: 68-69). Los investigadores Mitsuda y Peysson también argumentan en sus tesis doctorales una necesidad de mejorar el sistema de control de epizootias y de la institucionalización de las Academias de equitación francesas (Salvador, 2013: 120). Sin embargo, parecen remarcar que el origen de las escuelas veterinarias se debe buscar principalmente en la evolución de las escuelas de equitación en Francia, impulsadas por los avances científicos promovidos por las obras y el apoyo administrativo de personalidades como el escritor y botánico Jacques-Henri Bernardin de Saint- Pierre (1737-1814), el naturalista George Cuvier (1769-1832) o el naturalista y enciclopedista Conde de Buffon. Mitsuda acepta que los estados europeos tuvieran el objetivo de erradicar las pandemias de algún modo, ante la negación de colaborar por parte de los profesionales de la ciencia. Mantiene que, a causa de este desprecio por la investigación de las enfermedades animales (con la excepción de algunos casos aislados, como el del grupo universitario de Padua liderado por Ramazzini, en Francia), las medidas para controlar la peste del ganado de manera científica llegaron demasiado tarde como para introducirse en las escuelas en el momento de su fundación. Sin embargo, añade que los investigadores que han atribuido el nacimiento de las escuelas veterinarias europeas a la búsqueda de soluciones, han obviado la influencia e importancia social que poseían las escuelas ecuestres en la segunda mitad del siglo XVIII (Mitsuda, 2007: 2-4). Figura 13. Sello conmemorativo de la celebración del 250 aniversario de la creación de la primera escuela de veterinaria del mundo en Lyon, Francia. Fuente: Asociación Española de Historia de la Veterinaria, 2019. Para Peysson (2002), el origen de la medicina veterinaria se encuentra en las academias de equitación, inicialmente organizadas para ofrecer educación ecuestre (o arte de la equitación) y enseñar buenas maneras a los caballeros que deseaban formar parte del servicio del rey y, por tanto, del adiestramiento de los perfectos mariscales. Se puede afirmar que la creación de la Escuela de Veterinaria de Lyon supuso un cambio de pensamiento fundamental con respecto a la consideración de los animales agrícolas y a la institucionalización de una profesión basada en un enfoque científico y aplicado a todas las especies (Degueurce, 2012: 335). 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 41 La primera escuela veterinaria del mundo nació en Lyon, en la segunda mitad del siglo XVIII. Como se ha explicado, parece que una de las razones más importantes fue la necesidad de solucionar las enfermedades animales que atacaban al ganado, con los équidos como preocupación principal. Quizás debido a la importancia del caballo o a que las academias de equitación francesas habían comenzado a aplicar el método científico y la práctica de la disección en su docencia, los gobernantes del Estado francés confiaron la institucionalización de la primera veterinaria al director de una de estas academias, Claude Bourgelat (1712-1779), representado en el sello conmemorativo del 250 aniversario (fig. 13). En Francia, el gobierno impulsado por el ministro y secretario de Estado de Luis XV (1754- 1793), Henry-Leonard-Jean Baptiste Bertin (1719-1792), apremió al monarca a aprobar la creación, en 1761, de la primera escuela veterinaria en Lyon1. Decidió adjudicar la administración al director de la escuela de equitación de esta ciudad, Claude Bourgelat. El objetivo principal del gabinete real era controlar las enfermedades de los animales domésticos, en especial del ganado bovino y equino, muy afectado por la peste, indispensables para la sostenibilidad del medio rural (Dunlop y Williams, 1996: 322; Pérez, 2000: 73). Claude Bourgelat nació en Lyon y estudió derecho, por lo que no comenzó su relación con la medicina equina hasta abandonar su relación con la abogacía y alistarse en el ejército, donde se convirtió en caballerizo. En 1740, recibió el cargo de director de la Academie d'Equitation de Lyon, donde se propuso renovar y actualizar la literatura hipiátrica publicada anteriormente por importantes maestros de equitación a los que admiraba, como William Cavendish, primer duque de Newcastle (1593-1676) o Jacques de Solleysel (1617-1680) (Dunlop y Williams, 1996: 322). El reconocimiento de Bourgelat en Francia se tradujo en su nombramiento como miembro de la Academia de Ciencias de París, en 1752. Sin embargo, sus textos y su fama traspasaron fronteras y su reputación se extendía por Europa, pasando a ser miembro de la Academia de Berlín, en 1763. Además, colaboró en la redacción de los textos relacionados con el caballo en la Enciclopedia de Jean-Baptiste le Rond d'Alambert (1717-1783) y Denis Diderot (1713-1784), en 1755. Sus aportaciones a la Enciclopedia sobre medicina equina y su membresía en la Academia le permitieron colaborar y relacionarse con importantes personalidades de su época, como el político y magistrado Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes (conocido como Malesherbes) (1721-1794) o François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire (1694-1778), quienes le apoyaron en su trayectoria profesional. Desde que Bourgelat obtuviera su cargo de Grand Écuyer (título que equivale en España al de Caballerizo Mayor del rey) y director de la Academie d'Equitation de Lyon, su amistad con Bertin le situó en una posición favorable en la elección desde el gobierno de un responsable para la apertura de la primera escuela veterinaria. 1 El 3 de junio de 1764, otro decreto del Consejo de Estado del Rey confería a la escuela de Lyon el título de “Real Escuela de Veterinaria”. Más tarde pasó a ser “Imperial” y finalmente “Nacional”. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 42 En su Elements d'Hippiatrique, publicacada en tres volúmenes entre 1750 y 1753, Bourgelat ya había denunciado la necesidad de crear escuelas para la enseñanza especializada de la medicina equina. Bertin le propuso como director de la nueva Escuela Veterinaria de Lyon con el objetivo de buscar soluciones a las enfermedades del resto del ganado en lugar de dedicarse únicamente a la medicina equina. La apertura de esta institución tuvo lugar en 1762 y el acto de inauguración obtuvo una gran repercusión en Europa (Dunlop y Williams, 1996: 322). Quizás, debido a la procedencia centrada en el caballo de Bourgelat, los primeros años fueron extensamente dedicados al caballo, comportándose como heredera de las escuelas o academias de equitación y orientando su alumnado al ámbito militar y a los miembros de la aristocracia (los futuros mariscales) (Dunlop y Williams, 1996: 322; Salvador, 2013: 121). Figura 14. Entrada principal a la Escuela Veterinaria de Alfort (París), Anónimo, segunda mitad del siglo XIX. Fotografía. Archivo fotográfico de l’École Nationale Vétérinaire d’Alfort, París. Fuente Archivo fotográfico de l’École Nationale Vétérinaire d’Alfort, 2018. Además, se observó que las rutas militares y los lugares donde se habían desarrollado las batallas solían resultar golpeadas por numerosas epizootias y, a menudo, su transmisión a las personas, lo que potenció la preocupación por continuar formando mariscales y veterinarios que se insertarían posteriormente en el ejército (Camacho, 2007: 118-119). En la imagen, se muestra la entrada a la Escuela Veterinaria de Alfort, en París (fig. 14). Sin embargo, el pensamiento ilustrado permitió el acceso a la Escuela de Veterinaria de Lyon a toda la sociedad civil, siempre que el alumno cumpliera las condiciones de saber leer y escribir, sin necesidad de justificar su posición social o su relación con el ejército. Bourgelat prefería recibir alumnos que tuvieran conocimientos sobre los caballos, como los agricultores y ganaderos o los hijos de mariscales (Salvador, 2013: 121). De este modo, la formación de alumnos procedentes del ámbito rural, quienes tendían a volver a sus orígenes tras terminar los estudios, promovió el desarrollo y mejora de la medicina animal en todo el territorio francés. También fomentó un enriquecimiento teórico para quienes se formaban para ocuparse del cuidado animal en el ejército, en lugar de aprender únicamente con la experiencia práctica. En la búsqueda de establecer un criterio científico normalizado, la adquisición de conocimientos sobre el caballo y su curación, fue aplicándose a otros animales domésticos (Dunlop y Williams, 1996: 322; Salvador, 2013: 121). Por ejemplo, desde el Gobierno, se exigió mediante normativa que los inspectores de granjas de cría fueran exclusivamente aquellos titulados por la escuela veterinaria nacional (Berdah, 2012: 59-60). La diversificación en la aplicación de la anatomía 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 43 animal fue, probablemente, enriquecedora para todas las especies, pues los veterinarios pudieron poner en práctica la medicina comparada. La gran influencia de las academias o escuelas de equitación en la sociedad francesa derivó en algunas rivalidades desde los inicios de la Escuela Veterinaria de Lyon. La más señalada por los historiadores es la que tuvieron Bourgelat y Philippe Étienne Lafosse (1738-1820). Los Lafosse fueron una familia de mariscales y directores de la Escuela de Mariscalería de París desde el siglo XVII. El padre, Étienne-Guillaume LaFosse, había sido mariscal en las caballerizas reales de Luis XV y uno de los pioneros en desarrollar la medicina equina y publicar tratados conocidos en toda Europa. Su hijo, Philippe Étienne, continuó ampliando la reputación de la familia en la Europa del XVIII. Figura 15. Grabado en el que se representa la disección y preparación de un équido. Claude Florentin Sollier, 1772. Tratado Cours d'hippiatrique, de Philippe Étienne Lafosse. Philippe Étienne Lafosse, 2019. Philippe Étienne fue autor de algunos de los tratados más importantes de su época, como el Guide du maréchal, publicado en 1766, fruto de las prácticas de disección de cadáveres equinos y de sus conocimientos de anatomía humana. También fue reputado el tratado Cours d'Hippiatrique, ou traité complet de la médecine des chevaux, publicado en 1772, especialmente importante por estar ilustrado con 58 grabados anatómicos del artista Claude Florentin Sollier (ca.1750-1784). El pequeño de los Lafosse colaboró como médico veterinario en el ejército francés en las campañas contra 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 44 Prusia y publicó varios tratados sobre el caballo de gran calidad científica divulgados internacionalmente, como el Cours d'Hippiatrique que fue traducido al alemán y al español. Se puede observar en algunas de las ilustraciones del Cours d'Hippiatrique, de Philippe Étienne Lafosse, diferentes disecciones de équidos. En la imagen, dos personajes se encuentran realizando un examen anatómico de un caballo, donde se muestra la cavidad torácica descubierta por uno de ellos y se hace una referencia a los útiles de trabajo, como la sierra que el otro personaje usa para cortar la oreja del animal o la jeringa de inyección que se encuentra en el ángulo izquierdo del grabado (fig.15) (Lafosse, 1772: 157). Pocos años después de la inauguración de la Escuela Veterinaria de Lyon, Bourgelat se vio obligado a dejar su puesto por razones poco claras. En 1765 y nuevamente con la ayuda de Bertin, fundó la Escuela Veterinaria de Alfort, en el distrito de Maison-Alfort (París), donde continuó con el modelo de enseñanza de Lyon. Aunque Bourgelat pretendió trasladar a todo el profesorado y el material didáctico, desde Lyon a París solo se transfirieron algunos profesores y alumnos aventajados para impartir clases en el nuevo establecimiento, como el médico Philibert Chabert (1737-1814) o el anatomista encargado de realizar piezas artificiales Honoré Fragonard. Figura 16. Pabellones de anatomía y patología de la Escuela Veterinaria de Alfort (París). Anónimo, segunda mitad del siglo XIX. Fotografía. Fuente: Archivo fotográfico de l’École nationale vétérinaire d’Alfort, 2018. Durante el traslado de la Escuela Veterinaria de Lyon a París, Philippe Étienne Lafosse volvió a competir con Bourgelat por la dirección de la escuela veterinaria, oponiéndose activamente a la función de éste, pero tenía todos los apoyos políticos necesarios (Dunlop y Williams, 1996: 325; Pérez, 2000: 69). Así pues, Bourgelat inauguró un nuevo centro dotado con las instalaciones necesarias para las prácticas anatómicas, la intención de ampliar la formación práctica puede deducirse de la dedicación de instalaciones específicas para este cometido. En la fotografía (fig. 16) se puede observar el pabellón de anatomía y patología de la Escuela Veterinaria de Alfort. Aún con las condiciones impuestas por el ministro Bertin para la formación en las escuelas veterinarias, el interés por el caballo debía anteponerse al del resto de animales. Cuando el médico e intendente de Limousin, Anne-Robert Jaques Turgot (1727-1781), creó una escuela veterinaria en Limoges, en 1766, destacó como objetivo resolver las epizootias principalmente de los animales de granja. La clausura de esta escuela alternativa a las de Lyon y París, se debió a la falta de éxito para conseguir suficiente alumnado, desapareciendo tres años después de su inauguración. Sin embargo, este acontecimiento, entre otros, podría haber llevado a Bourgelat a prestar una mayor atención a la curación de los demás animales en la Escuela Veterinaria de Alfort (Mitsuda, 2007: 9). 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 45 El establecerse en la capital fue para Bourgelat un trampolín hacia un mayor prestigio y visibilidad. Para evitar la clausura de la escuela de Lyon, el ministro Bertin acordó con Bourgelat promocionar la escuela de París como la institución veterinaria de referencia, donde se formaría a los estudiantes de orden superior que dirigirían las nuevas escuelas veterinarias que el Estado tenía intención de establecer en una serie de provincias y creó un nuevo cargo para Bourgelat, la de "Inspector General de todas las escuelas veterinarias". De este modo, gracias a las gestiones e interés de Betin y de Turgot, la escuela de Lyon consiguió salvarse, aunque dedicada a la formación de veterinarios con una reputación inferior a la de París. En 1779, Bourgelat murió y uno de los profesores de la escuela de Alfort, Chabert tomó el relevo de la institución veterinaria. Philippe Étienne Lafosse continuó difamando a las escuelas de veterinaria de Lyon y Alfort durante años (Pérez, 2000: 80). 1.4. La enseñanza de la anatomía en el modelo veterinario francés Los importantes avances científicos realizados por estudiosos y médicos ilustrados (muchos de ellos pertenecientes a las academias de ciencias), suscitaron un profundo interés por la anatomía comparada como base de la zoología taxonómica (López, 1992: 7 y 11; Dunlop y Williams, 1996: 295). Durante la primera mitad del siglo XVIII, instituciones como el Collegium medico- chirurgicum de Berlín, creado en 1723, se habían preocupado por la morfología animal y de la fisiología comparada, aunque siempre orientada a la medicina humana (López, 1992: 9 y 11). En el siglo de las Luces, el interés por la fisiología comparativa como disciplina para conocer el funcionamiento interno de los cuerpos, favoreció la realización de prácticas de experimentación en humanos y animales. La anatomía descriptiva ya no aportaba la información necesaria para comprender las enfermedades y las respuestas bajo un enfoque científico se buscaron en las nuevas disciplinas relacionadas con la anatomía: la fisiología comparada, la histología y la patología. En el ámbito de la medicina animal, los referentes de una anatomía descriptiva equina habían sido los tratados de Carlo Ruini o los del médico Jean Héroard, traducidos ambos a diferentes idiomas. A pesar de los errores que pudiera contener, las publicaciones del siglo XVIII, como la Historia Natural de Buffon (publicada en 1754), la obra Cours d'Hippiatrique de Philippe-Etienne Lafosse o los tratados de Bourgelat, se basaron en estos referentes (Zakria y Degueurce, 2004: 12; Dualde, 2009: 31; Salvador, 2013: 48). Sin embargo, Bourgelat ya había incorporado en su tratado Eléments d’hippiatrique, ou nouveaux principes, […], de 1750, nociones importantes de fisiología, patología o zootecnia del caballo. La doctrina de la nueva escuela en Lyon se basó en los avances científicos del momento y en la búsqueda de mejorar la medicina equina, donde Bourgelat pudo ampliar el estudio y la enseñanza de la anatomía, la patología y los tratamientos curativos con mayor profundidad (Hubscher, 1999: 22; Mitsuda, 2007: 6-7). La apertura de la primera escuela veterinaria, permitió a Bourgelat contar con una mayor colaboración de médicos y cirujanos de medicina humana dentro del cuerpo de profesores de Lyon. Además, en la declaración de apertura de la escuela, invitó a la 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 46 experimentación en animales al sector de la medicina humana, que tenía restringida la investigación en cadáveres, apostando por el estudio comparado y sentando las bases de la zootomía y la biopatología comparada (Dunlop y Williams, 1996: 322; Vila y Vila, 2012: 41; Berdah, 2012: 63-65). La investigación y aprendizaje directo sobre el cadáver habían sido una de las novedades que Bourgelat incluyó en su modelo de enseñanza, como base científica de la anatomía (Salvador, 2013: 47-48; Vila y Vila, 2012: 69). Por esta razón, la conservación del cadáver fue primordial en las escuelas veterinarias francesas. Antes de la fundación de las primeras escuelas veterinarias, la conservación de los cadáveres humanos y animales como modelos preservados había sido fundamental para el estudio de la anatomía descriptiva comparada y humana. La ciencia se hizo más accesible a la sociedad aristocrática en la época ilustrada y la pasión por la historia natural derivó en una verdadera moda de conferencias, visitas a las colecciones anatómicas y demostraciones públicas de anatomía comparativa y vivisección animal. Las técnicas de preservación mediante inyecciones de cera coloreada y otros materiales permitieron la proliferación de colecciones de anatomía permanentes. Un ejemplo interesante de esta pasión popular por la ciencia, fue el comercio de especímenes animales disecados, preparados por famosos anatomistas, que algunas mujeres aristócratas adquirían para lucir como parte de su atuendo en los salones de París (Lamb, 2005: 32). En el ámbito de la primera veterinaria, las preparaciones y modelos anatómicos fueron imprescindibles para poder estudiar con detenimiento las disecciones realizadas y favorecer el carácter práctico de la docencia. Bourgelat puso un especial interés en dotar a la escuela de preparaciones anatómicas accesibles a profesores y alumnos. Su Plan de Estudios y el Reglamento que publicó en 1747, ya incluía el estudio de la anatomía de las proporciones y de las enfermedades externas e internas del caballo con la ayuda de un potro disecado, que conservaba los vasos sanguíneos y la anatomía interna (Vila y Vila, 2012: 47; Peysson, 2002: 103; Ricard, 2019: 123). El anatomista y médico Honoré Fragonard (1732-1799) fue el principal colaborador de Bourgelat para la creación de un gabinete de piezas naturales y artificiales ya en los comienzos de la Escuela Veterinaria de Lyon. Desde la apertura de la primera escuela veterinaria, Bourgelat designó al profesor de anatomía la elaboración de modelos artificiales y preparaciones naturales que facilitaran la enseñanza. Fragonard fue capaz de combinar su formación científica con la tradición artística familiar (era primo del artista Jean-Honoré Fragonard (1732-1806)) desde que había sido contratado como demostrador de anatomía para la escuela de Lyon, en 1762, cuando aún se encontraba estudiando cirugía. Una de sus ocupaciones fue la de crear una gran colección de modelos en los gabinetes de la escuela para la enseñanza de los alumnos. Quizás muchas de ellas se situarían en las salas de disección, como se demuestra en la fotografía (fig.17) que se haría posteriormente, en los siglos XIX y XX. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 47 Figura 17. Fotografía de las salas de disección de la Escuela Veterinaria de Alfort con modelos anatómicos. J. David y E. Vallois, finales del siglo XIX-principios del siglo XX. Fuente: Archivo fotográfico de l’École nationale vétérinaire d’Alfort, 2015. Cuando Bourgelat se trasladó desde Lyon a París para fundar la Escuela Veterinaria de Alfort, en 1765, nombró a Fragonard profesor de anatomía y le asignó la fabricación de piezas anatómicas con el fin de ilustrar los tratados que confeccionaba para la enseñanza en la escuela, como su Éléments de l’art vétérinaire à l’usage des élèves des écoles royales vétérinaires. Précis anatomique du corps du cheval, comparé avec celui du bœuf et du moutons, de 1766-1769 (Dunlop y Williams, 1996: 517-518; Ricard, 2019: 123). En el Reglamento de 1777, redactado por el propio Bourgelat para la escuela, se especifica que las preparaciones debían llevarse a cabo comparando la anatomía de cada especie animal con la del caballo, y la de este con la del hombre. Para Bourgelat la medicina comparada entre estas dos especies suponía una ventaja en el estudio de la anatomía y, especialmente, para la detección de las patologías, en un beneficio recíproco. En el punto décimo cuarto de dicho Reglamento, Bourgelat ya indicó que las preparaciones realizadas en las escuelas debían ser depositadas en un gabinete dedicado a la gloria de su Majestad, donde quedase registrado el progreso de los conocimientos en la institución (Bourgelat, 1777: 132). Además, dicho gabinete debía llamarse Cabinet du Roi (Gabinete del Rey) y la inspección y cuidado de este sería de la competencia de los profesores de anatomía. En el décimo sexto punto 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 48 adjudicó al profesor de anatomía las competencias de compra de materiales necesarios para el gabinete, incluidos aquellos para las disecciones y las inyecciones, así como para las demostraciones de anatomía o los concursos y premios. Además, el mismo profesor, debía establecer un registro de todos estos gastos y su relación con los objetos a los que eran destinados. Le Cavalier, el jinete desollado, constituye una de las piezas más reconocidas de Honoré Fragonard. Está inspirado en el Jinete del Apocalipsis de Alberto Durero, es uno de los écorché en los que mejoró los métodos de inyección de cera de su época para la preservación de las disecciones anatómicas. El anatomista fabricó esta pieza con el objetivo de crear una pieza anatómica con finalidad educativa y científica. Sin embargo, demuestra una profunda preocupación estética y simbólica (fig. 18). Figura 18. Écorché o desollado titulado Le Cavalier. Honoré Fragonard, realizado entre 1766 y 1771. Anatomía natural tratada. Musée Fragonard d'Alfort en l’ École nationale vétérinaire d'Alfort, París. Fuente: bandcamp, 2019. Durante seis años, Fragonard y sus colaboradores: Jacques-Louis Hénon (1802- 1827) y Pierre Flandrin (1752-1796) (sobrino del profesor de la escuela, Philibert Chabert (1737-1814)) prepararon miles de piezas anatómicas para la escuela veterinaria, muchas de ellas destinadas al Cabinet du Roi. En ellas desarrollaron técnicas especiales para preservar especímenes equinos y humanos, pero también de otros animales (Dunlop y Williams, 1996: 323, 517-518; Pérez, 2000: 77; Degueurce, 2006: 4). Aunque desde su fundación, el hospital de la Escuela Veterinaria de Alfort se centró en las necesidades de los caballos, las mulas, el ganado vacuno, ovinos y otros animales domésticos, en su Gabinete anatómico se reunían y exponían una gran cantidad de especies animales, nacionales y extranjeras. Antes de la Revolución, la escuela adquiría especímenes como lo hacía cualquier otra institución, mediante una combinación de donación, expedición y compra. De las expediciones impulsadas por Chabert, la escuela se enriquecía con delfines y otros animales acuáticos y Pierre Flandrin había transportado desde Inglaterra varios animales exóticos vivos adquiridos en otros continentes, entre ellos búfalos, llamas y vicuñas, así como carneros y ovejas de la India. Todo esto indica que, durante el Antiguo Régimen, la escuela veterinaria y las demás instituciones científicas francesas, creían en que un gabinete rico y con diversidad animal beneficiaría la gestión y el aprendizaje sobre el ganado y los animales domésticos (Heintzman, 2018: 244 y 247). Una de las particularidades de la producción de piezas para el gabinete fue la participación de algunos de los mejores alumnos de Bourgelat (casi todos se habían trasladado con él desde 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 49 Lyon). Además, durante unos años, la escuela de Alfort ofreció demostraciones públicas de anatomía para promocionar los estudios de veterinaria y mostrar los conocimientos que se impartían (Pérez, 2000: 79; Degueurce, 2011: 102; Heintzman, 2018: 251). El nombre de Fragonard se hizo muy popular en la sociedad francesa gracias a sus innovadoras técnicas de conservación y a la actitud escénica de sus producciones. Por esta razón, cuando Bourgelat le despidió de la Escuela Veterinaria de Alfort (por razones poco claras o desconocidas para los historiadores actuales), creó un taller con el que comenzó a comercializar con sus ejemplares anatómicos (Degueurce et al., 2010: 249; Ricard, 2019: 123). En 1779, la muerte de Bourgelat y la retirada del apoyo del gobierno a la escuela poco después provocaron un periodo de inestabilidad en Alfort que pudo acabar con la clausura del centro. Sin embargo, debido a una recuperación de la economía y de la actividad de las cátedras de economía rural, de física y química y de anatomía comparada, entre 1783 y 1787, fueron asignados nuevos recursos financieros que derivaron en el crecimiento de las colecciones durante las últimas décadas de la centuria (Degueurce, 2006: 4). La importancia de los modelos anatómicos de las escuelas veterinarias, tanto de los especímenes conservados como de las piezas artificiales, se potenció con las ideas revolucionarias de la Francia de finales del siglo XVIII2. Para conseguir el objetivo de aplicar el estudio comparado, Bourgelat se había dedicado a ampliar los conocimientos de anatomía, fisiología y patología del caballo y otros animales recogiendo especímenes de las expediciones, y conservando y recolectando de muestras de la anatomía humana y animal. Con motivo de las ideas revolucionarias en las últimas décadas del siglo XVIII, la Asamblea Nacional repartió y traspasó las competencias sobre las distintas ciencias a varias instituciones, como el Muséum nationale d'histoire naturelle o la Ecole de Santé. El gobierno decidió que las escuelas veterinarias francesas debían ocuparse únicamente de lo relativo al cuidado y la medicina de los animales domésticos y que los especímenes conservados y los modelos artificiales ajenos a dicha temática debían trasladarse a las instituciones correspondientes (Heintzman, 2018: 241-242). Probablemente, los modelos anatómicos artificiales fueron una de las claves para poder dotar los espacios de los objetos didácticos necesarios para la instrucción puesto que, las exigencias temporales de la producción de la anatomía natural no podrían alcanzar un crecimiento tan prolífico como para seguir el ritmo de las nuevas instituciones científicas francesas. Entre 1789 y 1804, los nuevos museos de ciencias naturales y las colecciones privadas compitieron por confiscarse unos a otros los especímenes y modelos anatómicos en nombre de la República, quizás en la búsqueda de un elitismo intelectual por parte de quienes tenían acceso a estas instituciones. Siguiendo esta dirección, la Asamblea Nacional impulsó el desarrollo de un proyecto para la 2 En La República naturalista, el historiador Pierre-Yves Lacour establece una interesante reflexión sobre la relación entre la evolución de las ciencias, la política y la sociedad de la época. Además, indaga sobre el nuevo papel de la historia natural y de los grandes museos como símbolos del poder, que unos pocos utilizarían para someter a la sociedad con el pretexto de difundir el conocimiento. En Lacour, P-Y. (2014) La République naturaliste. Collections d’histoire naturelle et Révolution française. 1789-1804. Paris, Muséum national d’Histoire naturelle, ISBN 978-2-85653-755-8. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 50 organización de la educación pública, con la colaboración de personalidades reconocidas, como Fragonard. Unos años más tarde, hacia 1793, Fragonard fue nombrado junto a otras figuras de la ciencia a inventariar los gabinetes de anatomía existentes en el país. Durante este proceso, las crónicas indican que se esforzó por recuperar las colecciones de Alfort y que muchas de ellas fueron transferidas a la Ècole de Santé de París y al Museo de Historia Natural, poniendo fin al Cabinet de Roi de la escuela (Ricard, 2019: 125). Había comenzado la formación de las grandes colecciones especializadas, dejando atrás la configuración a modo de microcosmos de las cámaras de maravillas y los orígenes fantásticos de algunos de los especímenes conservados en ellas. La reforma de las ciencias llevó a la Asamblea Nacional a reconstruir el sistema de enseñanza de la medicina en Francia hacia una mejora de la experiencia práctica y clínica en las nuevas Escuelas de la Salud (París, Montpellier y Estrasburgo), creadas en 1794. Fue en un contexto en que la disección y las autopsias se convirtieron en los pilares del conocimiento, cuando la Convención Nacional incorporó las colecciones anatómicas en ceroplástica como instrumentos didácticos en la instrucción de la medicina francesa. Las piezas de cera debían ser las más útiles de todas y a los modeladores de cera se les debía motivar para llenar los gabinetes de ellas (Lemire, 1993: 65-66). A su vuelta de visitar el Real Gabinetto di Fisica e di Storia Naturale, conocido como Museo della Specola (en adelante La Specola), el médico de la armada y miembro de las academias francesas, René Desgenettes (1762-1837) (Desgenettes, 1793: 3), ensalzó las ventajas que encuentra en la colección florentina y recomienda el empleo de modelos artificiales para la enseñanza de la anatomía en Francia. En su Réflexions générales sur l’utilité de l’Anatomie Artificiele, de 1793, remitida a la Société Royale de Médécine, propone al gobierno “se procurer une copie de la collection d’anatomie artificielle du cabinet de physique et d’histoire naturelle de Florence, pour être déposée au sein de la capitale et destinée à l’instruction publique”3 . En las primeras décadas del siglo XIX, el gabinete de anatomía de la Escuela Veterinaria de Alfort aumentó con nuevos modelos anatómicos veterinarios, esta vez realizados con materiales y técnicas como la escayola o la ceroplástica. 1.5. El modelo francés exportado a Europa En las escuelas de veterinaria francesas, Claude Bourgelat ofrecía un programa formativo basado en un modelo metódico, sustituto de la enseñanza tradicional de maestro a aprendiz que podría entenderse como una docencia apoyada en el modelo científico (Salvador, 2013: 119). Dicho método de enseñanza tuvo mucho éxito en los demás países europeos, que enviaron pensionados a formarse en la nueva disciplina institucional ofrecida por las escuelas francesas, por lo general con la intención de formar veterinarios que pudieran solucionar los problemas de las grandes epizootias el ganado que sufrían en sus países de origen. Esta moda no solo supuso una mejora del sistema de salud animal, sino que favoreció un desarrollo de la conciencia pública sobre la 3 Traducción propia: […] obtener una copia de la colección de anatomía artificial del gabinete de física e historia natural de Florencia para depositarla en la capital [París] y destinarla a la instrucción pública. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 51 importancia de los animales (Dunlop y Williams, 1996: 349). La aceptación de becarios en los estudios veterinarios respondía a las ideas de difusión del conocimiento y, cuando los países extranjeros comenzaron a enviar pensionados, en Francia ya contaban con una gran actividad en las escuelas de Lyon y París. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, muchos países inauguraron sus propias escuelas veterinarias basadas en el modelo francés de enseñanza, incluida España (Dunlop y Williams, 1996: 324 y 349; Suárez et al., 1994: 33). El sistema de pensionado se encontraba muy establecido entre las monarquías europeas del siglo XVIII4. Gracias a este modelo de enseñanza, numerosas escuelas veterinarias en Europa fueron creadas por antiguos alumnos de las escuelas veterinarias de Lyon y Alfort cuando regresaron a sus países. Por supuesto, también hubo pensionados en las escuelas veterinarias de países diferentes a Francia. Sin embargo, en esta investigación se ha tratado de realizar una síntesis de aquellas escuelas veterinarias que, como la de España, se crearon por pensionados en las escuelas de Bourgelat durante el siglo XVIII. Para ello, ha resultado de gran utilidad la relación de alumnos y escuelas ofrecidas por Vila y Vila, a partir de las cuales se ha realizado una breve explicación del nacimiento de las escuelas veterinarias en cada país europeo (Vila y Vila, 2012: 134). A continuación, en la tabla, se muestra una síntesis de la situación cronológica en la que se fundan las nuevas escuelas veterinarias en Europa (Tabla 1). 4 Para saber más sobre este sistema de pensionado en Francia ver: Frijhoff, W. T. M., & Julia, D. (1981). Les grands pensionnats de l'Ancien Régime à la Restauration: la permanence d'une structure éducative. Annales historiques de la Révolution française, 53 (243): 153-198. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 52 Tabla 1. Cronología de creación de las escuelas veterinarias en Europa con relación a las primeras escuelas veterinarias, las Escuelas de Lyon y Alfort en Francia. Fuente propia, 2020. 1760 1765 1770 1775 1780 1785 1790 1795 1800 La siguiente tabla (Tabla 2), se especifica (de izquierda a derecha) el territorio o país donde se fundó la primera escuela veterinaria nacional, su fecha de apertura o creación, el nombre del pensionado que crea dicha institución y la escuela francesa donde este realizó la estancia (Lyon o Alfort). Tabla 2. Relación de Escuelas Veterinarias creadas según el modelo francés. Vila Menéndez, P y Vila Arias. P., 2012. Esquema. Publicación Claude Bourgelat. Artis Veterinariae Magister. Fuente propia. Escuela europea Fecha de apertura Nombre del pensionado en las escuelas francesas Pensionado del alumno en Viena 1767 Ludwig Scotti (1728-1806) Lyon Turín 1769 Carlo-Giovanni Brugnone (1741-1818) Lyon-Alfort Göttingen 1771 Johan Christian Polycarp Erxleben (1744-1777) Copenhague 1773 Peter Christian Abildgaard (1740-1801) Lyon Padua 1774 Giuseppe Orus (1751-1792) Alfort Dresde 1774 Cristoph Friedrich Weber (1743-1778) Alfort Skara 1775 Peter Hernquist (1726-1808) Lyon Viena 1778 Johann Gottlieb Wolstein(1738-1820) Alfort Primera escuela veterinaria del mundo. Escuela de Lyon (Francia) Segunda escuela veterinaria del mundo. Escuela de Alfort (París, Francia) Escuela Veterinaria de Viena Escuela Veterinaria de Turín Escuela Veterinaria de Göttingen (o Gotinga) Escuela Veterinaria de Copenhage Escuela Veterinaria de Padua Escuela Veterinaria de Dresde Escuela Veterinaria de Skara Escuela Veterinaria de Viena Escuela Veterinaria de Hannover Escuela Veterinaria de Karlsruhe Escuela Veterinaria de Islas Mauricio Escuela Veterinaria de Ferrara Escuela Veterinaria de Múnich Escuela Veterinaria de Berlín Escuela Veterinaria de Milán Escuela Veterinaria de Módena Escuela Veterinaria de Londres Escuela Veterinaria Madrid Escuela Veterinaria Nápoles 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 53 Hannover 1778 Johann Adam Kersting (1727-1784) August Konrad Havemann (1755-1819) Alfort-Viena Karlsruhe 1784 Ernst Jacob Vierordt (1756-1810) Alfort Islas Mauricio 1784 Marie-François-Eloy de Beauvais (1744-1815) Lyon-Alfort Ferrara 1786 Louis Leroy (1760-1820) Lyon Múnich 1790 Anton Joseph Will (1752-1821) Viena-Lyon- Alfort Berlín 1790 Johann Georg Naumann (1754-1836) George Friedrich Sick (1760-1829) Alfort Viena-Alfort Milán 1791 Giovanni Battista Volpi (1752-1821) Giovanni Battista Lucchini (¿-1803) Lyon-Alfort Lyon-Alfort Módena 1791 Vincenzo Veratti (¿-1804) Luigi Maria Misley (1770-1818) Ferrara-Lyon Ferrara-Lyon Londres 1792 Charles-Benoît Vial de Saint-Bel (1753-1793) Lyon Madrid 1793 Segismundo Malats (1750-1826) Hipólito Estévez (1758-1812) Alfort Nápoles 1798 Ignazio Dominelli (1758-1827) Alfort Investigadores, como Chiodi o Dunlop, Vila y Vila, Driscol et al., Mitsuda o Petschat, han documentado el nacimiento de las primeras escuelas veterinarias en otros países europeos, por lo que sus publicaciones han sido las fuentes principales para este resumen. Sin embargo, para escuelas como la de Dinamarca o Prusia y Sajonia, ha sido necesario recurrir a textos más concretos, en ocasiones facilitados por las mismas universidades donde se desarrollaron los estudios de veterinaria a partir del modelo francés hasta hoy. 1.5.1. Austria La medicina veterinaria era tan insuficiente ante las epidemias del ganado en Austria como en el resto de los países vecinos, por lo que fue afectada por una crisis que se interrumpió solo durante breves periodos durante todo el siglo XVIII. En algunas décadas, la situación alimentaria generada por la muerte masiva de animales, se vio empeorada debido al bloqueo necesario de fronteras con Italia, ineludible para evitar el paso de ganado enfermo. La escuela de Viena nació, en 1767, impulsada por la monarquía. En 1765, la Emperatriz María Teresa (1717-1780) impulsó la creación de una escuela veterinaria, con el objetivo de formar personal especializado en las enfermedades del ganado. Austria ya había enviado tres pensionados a la escuela francesa de Lyon en 1763, dos mariscales del ejército, Ludwig Scotti y Joseph Heller, 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 54 junto con el farmacéutico Eduard Mengmann (Vila y Vila, 2012: 134 y 167; Chiodi, 1981: 468-469; Mitsuda, 2007: 15). En 1766 fueron reclamados por el gobierno y regresaron para formar una Escuela en Viena. A su vuelta, el milanés Scotti, presentó un proyecto gracias al que consiguió, en 1767, la creación de un establecimiento en las caballerizas reales, en donde comenzó a formarse a los mariscales del ejército, pero aceptando también civiles como en el modelo francés. Sin embargo, era una escuela dirigida a la cura del caballo y no cumplía con los requisitos de combatir las epizootias de los animales domésticos, por lo que el gobierno anunció una nueva apertura de otra escuela y clausuró la de Scotti, en 1777. La Emperatriz y el co-regente, el Emperador José II, habían enviado nuevos estudiantes a Alfort en 1769. El cirujano Johann Gottlieb Wolstein y el mariscal Franz Wolfgang Schmidt permanecieron en la Escuela de Bourgelat hasta 1771 y, desde 1792, ampliando su formación en la Escuela de equitación de Philippe-Etienne Lafosse. Los años siguientes, continuaron su ampliación de estudios en Londres, Países Bajos, Hannover, Holstein y Jutlandia. A su regreso, Wolstein presentó un plan de estudios que se aplicó en la fundación de un hospital para animales y para la escuela de medicina animal de Viena, en 1777, bajo su dirección. Desde su creación, la escuela tuvo una gran afluencia de alumnos, militares y civiles. También hubo una asistencia de un gran número de cirujanos a las lecciones de Wolstein (Chiodi, 1981: 469; Vila y Vila, 2012: 134; Mitsuda, 2007: 15). Mitsuda indica que, aun cuando la escuela se creó para otros fines, Wolstein dedicaba los estudios casi exclusivamente a las necesidades del caballo. Únicamente tras el relevo en la dirección por parte del médico Ignaz Josef Pessina, en 1806, se produjo un cambio en la orientación de los estudios en la escuela hacia la atención a otros animales. 1.5.2. Dinamarca La escuela de Copenhague, fundada en 1773, surgió como solución a la peste bovina y el resto de las enfermedades que sufrieron los animales domésticos durante el siglo XVIII, que sumieron al país en una profunda crisis ganadera. Hacia 1762, la epidemia de peste bovina emergió de nuevo, justo el año en que Bourgelat abría la segunda escuela en París. En la búsqueda de soluciones, el primer ministro y secretario de exterior de Dinamarca, Count Bernstorff (1769-1835), convenció a los demás miembros del gobierno para proponer a Federico V de Dinamarca (1723-1766) el envío de pensionados a Francia (a la escuela de Lyon) con la intención de formar una escuela veterinaria a su vuelta. Fueron seleccionados por el Colegio de Medicina, el médico Peter Christian Abildgaard y los estudiantes de medicina y de cirugía, Johann Müller y Agniel Bachhuusen. Únicamente Abildgaard finalizaría su formación en Francia, donde pasó de ser uno de los discípulos más cercanos a Bourgelat, hasta que se interesó por las teorías de Louis Vitet, uno de los rivales del director de Alfort, perdiendo su protección (Vila y Vila, 2012: 139; Driscol et al., 1975: 879). En opinión de Abildgaard, la escuela de Alfort se ocupaba del caballo casi en exclusiva y la formación teórica se impartía en mayor medida que la experimentación práctica. La falta de aplicación científica de la medicina veterinaria era, debido a estas razones, insuficiente impidiendo la posibilidad de realizar un diagnóstico sobre la naturaleza de las enfermedades o la eficacia de los 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 55 medicamentos. Indicó también que este fracaso se debía a la realización de los estudios experimentales por los estudiantes, en lugar de hacerlo los maestros, así como a las explicaciones teóricas impartidas por profesores sin experiencia en medicina veterinaria. Cuando Abildgaard regresó a Dinamarca, en 1766, como experto en hipiátrica, el rey había muerto y el proyecto de crear una escuela se había extinguido por la falta de interés del gobierno. Aunque su protector y miembro del Colegio de Medicina, Johan Just von Berger, consiguió una asignación de dos años por parte del nuevo monarca, Christian VII (1749-1808), para continuar sus estudios y resolver el problema de la peste del ganado, el gobierno danés no mostró interés ni apoyo y Abildgaard decidió abandonar el cometido, dedicándose al estudio de la medicina y la publicación de una tesis doctoral en medicina. Sin embargo, el conocimiento de un texto de Abildgaard, traducido del danés al alemán, sobre la cría y enfermedades del ganado equino, bovino, porcino y ovino, por el médico, economista y botánico George Christian Oeder (1728-1791), reavivó la idea de crear una escuela veterinaria (Vila y Vila, 2012: 47). Oeder transmitió al primer ministro Johann Friedrich von Struensee (1737-1722), quien había expresado la intención de retomar el proyecto en 1771, la idoneidad de fundar una escuela y, ante la aceptación del gobierno, se pidió a Abildgaard y a Berger un plan para este propósito. Abildgaard tuvo dudas sobre la dedicación que implicaba la escuela y su consiguiente renuncia a la medicina humana, pero el miembro del gobierno del momento, el Conde de Bernstrorff (1712-1772) (Johann Hartwig Ernst von Bernstrorff, representante del ministerio entre 1751 y 1770), le convenció asignándole la dirección del establecimiento y un salario anual fijo, aunque continuó complementando ambas especialidades. El proyecto tomó fuerza debido a la curación de una enfermedad respiratoria en los caballos de las Reales Caballerizas de Frederiksborg. En 1772, el monarca Christian VII de Dinamarca (1749- 1808) ordena la creación de la Veterinaire Skole (será una institución real a partir de 1776-1777), según el plan del equipo constituido por Abildgaard, los dos caballerizos von Levetzozw y von Büllow, y el político Joachim Godske Moltke (1746-1818). Los primeros alumnos fueron profesionales interesados en el caballo, como mariscales, caballerizos y militares, pues la ciencia veterinaria se ocupaba principalmente de los caballos y la escuela se encontraba asociada a las Caballerizas reales. Abildgaard se retiró de la práctica médica tras haber recogido numerosos reconocimientos por sus logros y descubrimientos, dedicándose plenamente a la escuela desde 1782. A partir de ese momento, viajó a otros países, como Noruega, Portugal o España, para entrevistarse con los principales científicos del momento y aumentar sus conocimientos y remedios sobre las enfermedades animales, pero también de otras disciplinas como la geología, la botánica o la química. 1.5.3. Reino Unido Las circunstancias políticas, sociales y económicas, llevaron a Gran Bretaña a industrializarse en el siglo XVIII y a una situación especial en la creación de las escuelas veterinarias. En contraste con 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 56 otros países europeos y ante la necesidad de solventar las exigencias económicas y las necesidades sanitarias de la época, la propuesta y financiación para establecer un colegio de educación veterinaria surgió de la Agricultural Society of Odiham, una sociedad creada, en 1783, para fomentar el desarrollo industrial y agrícola, en el condado de Hampshire. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, asociaciones privadas como esta, lideradas generalmente por las clases altas de la sociedad, se preocuparon por los adelantos del sector agrícola. Por asociación con el cuidado del ganado, también hubo mejoras relacionadas con la salud de los animales domésticos, aunque centrándose en los équidos (Swabe, 2002: 99). La primera escuela veterinaria de Gran Bretaña fue inaugurada en la ciudad de Londres. Ya en 1777, el mariscal del príncipe de Gales Edward Snape (1728-S. XIX) había propuesto la apertura de una escuela veterinaria en Londres, pero la idea no tuvo éxito en el gobierno y no se llevó a cabo (Chiodi, 1981: 649). El graduado en Lyon, Charles-Benoît Vial de Saint-Bel, propuso un plan de estudios veterinarios a desarrollar en tres años, con sede en Londres. Aunque su interés fundamental era el estudio de los caballos de carreras, como resultado de sus investigaciones y disecciones de estos caballos de pura raza escribió su An Essay on the Proportions of Eclypse, el cirujano John Hunter (1728-1793) apreció los beneficios del establecimiento de una institución científica de este tipo en la capital de Inglaterra y sus estudios de la anatomía comparada, por lo que apoyó la creación de la Escuela Veterinaria de Londres. El propio Hunter envió un segundo estudiante a Lyon, el aprendiz de cirujano William Moorcroft, que se convertiría en el primer cirujano veterinario inglés instalando una clínica-hospital para caballos cuando regresa de Francia. Pero la muerte de Vial de Saint-Bel y su sustitución por el médico, sin conocimientos veterinarios, Edward Coleman, en 1793, llevó a la escuela a la formación de personal militar y a la dedicación a la medicina equina. (Dunlop, 2004: 315). En 1818, el cirujano veterinario escocés Willam Dick fundó el Real Colegio Veterinario de Edimburgo, pero hasta 1839 no se realizó una reforma en el estudio de la veterinaria en Londres. 1.5.4. Islas Mauricio Las actuales Islas Mauricio, pertenecientes a Francia en la segunda mitad del siglo XVIII, vieron nacer su primera escuela veterinaria, en 1784. Uno de los alumnos de Bourgelat, Marie-François- Eloy de Beauvais (1744-1815), becado en Lyon desde 1762 (Wailly, 2003: 65). Llega a ser profesor, en 1766, en la escuela de Alfort, donde trabaja junto con el anatomista Fragonard. En 1771, es enviado a las Islas Mauricio para crear la tercera Real Escuela Veterinaria de Francia. Fue director durante la ocupación británica de las islas y murió en 1815. 1.5.5. Italia En 1711, tuvo lugar la epidemia de peste bovina procedente de Hungría que se propagó después por toda Europa. Las condiciones de escasez de alimentos y carencias higiénicas no favorecían la contención de unas epizootias que se sucedían continuamente. De este modo, durante 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 57 todo el siglo XVIII, junto con el resto de Europa, Italia vio mermado su ganado con los contagios de peste bovina en la primera mitad de siglo. La búsqueda de soluciones para controlar la situación pasaba por la propuesta de escuelas veterinarias capaces de formar profesionales que pudieran abordar esta amenaza constante. En este contexto, se creó la escuela de Turín (1769). El envío de pensionados a la escuela de Lyon, por parte del Carlos Emanuel III (1701-1773), rey del Estado de Piamonte-Cerdeña, comenzó en 1763. Uno de ellos, Carlo Giovanni Brugnone, había cursado estudios de medicina y cirugía en Turín, destacando entre los clínicos. El monarca tenía la intención de mejorar su formación en el ámbito de la veterinaria y crear, gracias a este aprendizaje, una escuela en Turín según el modelo francés. Brugnone estudió tres años en Lyon y dos años en Alfort, desde 1764 hasta 1768, y fue uno de los alumnos sobresalientes de Bourgelat (Chiodi, 1981: 446-447; Vila y Vila, 2012: 137). En la imagen (fig. 19) puede observarse cómo la primera escuela veterinaria de Turín reproduce el modelo francés, no solo en el planteamiento de la didáctica, sino también a nivel arquitectónico. Figura 19. Sede histórica de la Escuela de Veterinaria de Turín. Fuente: Associazione CentroScienza Onlus, 2022. Además del proyecto para establecer una escuela en el Piamonte, presentado en 1769, Brugnone entregó al rey un certificado expedido por el propio Bourgelat, que avalaba su preparación y capacidad para formar una escuela. La intención de combinar los conocimientos tradicionales de los mariscales y los aprendidos en Francia fueron los objetivos principales. La dirección fue asumida por Brugnone, en 1769, y las lecciones comenzaron en los locales del pabellón de caza del rey. La dependencia de la escuela del Ministerio de la Guerra, así como los objetivos con los que se forma, atribuyen una clara dedicación al caballo por encima de los demás animales (Chiodi, 1981: 448; Vila y Vila, 2012: 138). En las décadas siguientes, la escuela se trasladó de emplazamiento a la Mandria de Chivasso (en 1793) y sufrió la supresión de las actividades a causa de la anexión del Piamonte a Francia (en 1798), entre otros avatares. A finales del siglo XVIII, se crea una nueva escuela en Turín, dirigida por el médico Michele Francesco Buniva y con Brugnone y Toggia como profesores, este último había continuado formando a antiguos alumnos en cuestiones prácticas, en una clínica veterinaria durante los años en los que estuvo clausurada la escuela. La siguiente ciudad italiana con escuela veterinaria fue Padua. En 1765, el Senado véneto había dispuesto la enseñanza de la veterinaria experimental en la Universidad de Padua. El encargado de enseñar era el profesor titular de la cátedra de agraria, Pietro Arduino (Chiodi, 1981: 445-446). En la década siguiente, se decidió enviar a Alfort dos personas que, al terminar sus 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 58 estudios de veterinaria, pudieran dirigir una escuela que se ocupara de la solución de las epizootias que afectaban al ganado de la región. Se haría cargo de su selección las Academias de Agricultura de Udine y de Belluno, que informaron al gobierno sobre sus candidatos, en 1773. Sin embargo, antes de enviar a los elegidos, el embajador de Venecia en París recibió la respuesta afirmativa de la asignación de una persona instruida en veterinaria, seleccionada por Bourgelat, para establecer una escuela en tierras vénetas según el modelo francés. Este veterinario formado en Alfort, entre 1770 y 1773, tras ser enviado por el gobierno de Fernando I de Borbón (Duque de Parma y Piacenza), era Giuseppe Orus. El Senado veneciano le confió la organización y dirección del Collegium Zooiatricum, instalado en Padua, en 1773. Una vez elaborado el plan de estudios según el modelo francés por parte de Orus, se determinó la fecha de comienzo de las clases, en 1764. Sin embargo, la ocupación del director en solucionar las epidemias de peste boina en las regiones de Dalmacia e Istria, provocaron el retraso de la apertura de la escuela hasta 1776. Chiodi indica que las siguientes escuelas veterinarias en tierras italianas fueron inauguradas en las ciudades de Ferrara (1786), Módena y Milán (1791), y Nápoles (1798). En Ferrara, fue el Gobierno Pontificio quien dotó a la ciudad con una escuela veterinaria. Dicha institución ofrecía estudios en alta y baja veterinaria, bajo la dirección de Louis Leroy du Valenza (1760-1820), que había estudiado con Bourgelat en la escuela de Lyon y se encontraba allí ejerciendo como profesor adjunto. La escuela de Ferrara permaneció activa poco tiempo, pues en 1790 la República Cisalpina transfirió a Módena sus competencias. En Ferrara, se volvió a abrir una escuela veterinaria, en 1816, pero como enseñanza privada. En Módena, el duque Ercole III deseaba la organización de una escuela práctica y teórica de veterinaria. En 1780 por orden real fueron enviados a Lyon los médicos Vincenzo Veratti y Luigi Maria Misley, nombrados responsables a su vuelta de dirigir la escuela en Módena. Sin embargo, no fue hasta 1804 con las reformas napoleónicas, cuando fue inaugurada la escuela veterinaria. También el profesor de la escuela de Ferrara, Louis Leroy, comenzó en Módena como director. La región de Lombardía, formaba parte del Imperio austríaco desde 1706. Antes de que el ejército de Napoleón Bonaparte (1769-1821) invadiera esta parte de la actual Italia y comenzara a formar parte de la República Cisalpina, en 1797, se estableció una escuela veterinaria en la ciudad de Milán, la capital. Dicha institución expedía desde su inauguración dos títulos diferentes en función de los años de estudio, uno de veterinaria mayor y otro de veterinaria menor, por decisión del Marqués Cesare Beccaria (1738-1794) y del doctor Francesco Franchetti, médico jefe del Ospedale Maggiore (Ca' Granda). Además, con ánimo de mejorar la formación en el campo de la veterinaria, el Consejo económico de la región solicitó al gobierno de Viena el envío de dos científicos italianos a Francia. Se concedió el envío a Lyon de dos cirujanos y un farmacéutico, Antonio Ferdenzi, Giovanni Battista Volpi y Francesco Bollini (Benassi, 2010: 2). La prensa italiana de 1877 promocionó la escuela veterinaria como un instituto muy acreditado, proyectado por la Duquesa Maria Teresa de Austria (1740-1780). En este momento de proliferación de la medicina veterinaria, el monarca Fernando IV de Nápoles deseaba la formación de veterinarios en sus territorios. Para conseguirlo envió, en 1774, a 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 59 Giuseppe Onelli, primero a Padua y luego a Alfort, pero murió al volver a Nápoles y el monarca se vió obligado a enviar a Alfort otro pensionado, el médico y cirujano de Messina, Ignazio Dominelli (Chiodi, 1981: 452-453). En 1795, Dominelli fue nombrado médico veterinario de la Real Caballería y fue el encargado de ejecutar el proyecto para la escuela veterinaria, que se abrió sus puertas en 1798, con la matriculación de doce alumnos. La institución no pudo desarrollar su actividad docente más de un año debido a las consecuencias de la Revolución Francesa. Tras su clausura, no fue hasta 1802, con el restablecimiento de la monarquía y la vuelta de Fernando IV, cuando se pudieron retomar las lecciones. En los años siguientes, se desataron numerosos avatares políticos que desestabilizaron la enseñanza de la veterinaria en la región. 1.5.6. Prusia y Sajonia Según recogen todas las crónicas europeas, las epizootias del ganado en el siglo XVIII supusieron una preocupación para la mayoría de los dirigentes. Ya en 1766 y en 1767, el parlamento sajón de Dresde y el rey Federico el Grande (en Dresde y en Berlín, respectivamente) sugirieron y recomendaron la creación de una escuela que formara especialistas en la prevención y curación de las enfermedades del ganado. Ninguna de las dos iniciativas fue llevada a cabo debido a la falta de apoyo por parte de la Sächsische Akademie der Wissenschaften (Academia de Ciencias) y del Oberkollegium Sanitatis (Colegio Superior de Sanidad), un colegio compuesto por médicos oficiales. Las razones por las que estos eran reacios a la dedicación y dirección de nuevas escuelas dedicadas a la medicina animal fueron la sobrecarga de trabajo que había experimentado el sector durante el siglo XVIII y el prejuicio de la reputación de los médicos, pues la salud animal era considerada inferior a la humana (Mitsuda, 2017: 29-30). Sin embargo, aunque varios alumnos del modelo francés fueron directores de las escuelas de Göttingen (1771), Dresden (1774), Hannover (1778), Munich (1790), Berlin (1790) y Karlsruhe (1784), en el siglo XVIII; los médicos continuaron responsabilizándose del tratamiento de los animales ante la demanda de sus propietarios, y era requerido el conocimiento de las enfermedades animales para obtener la titulación de médico en Prusia, hasta bien entrado el siglo XIX. Además, la Universidad facilitaba el avance del conocimiento veterinario, pero centrado en la teoría y alejando a los alumnos del contacto con el sangrado, vendaje o extracción de abscesos que obligaba una actividad práctica. Los médicos, abogados o terratenientes precisaban de los conceptos sobre enfermedades contagiosas y pequeñas nociones de cría y leyes del ganado, para aplicarlos en sus profesiones. Durante el siglo XIX, el Estado se concentró en debilitar la influencia militar en las escuelas. Cuando se fundó la Universidad de Gottingen, la medicina veterinaria equina era impartida en las escuelas de equitación. En 1732, Valentin Tritcher, autor de Anatomia et Medicina equorum nova, obra publicada en 1715, abrió y dirigió en esta ciudad su Reitschule (escuela de equitación), en la que enseñaba hipología, anatomía y medicina equina (Petschat, 2002: 106). En este contexto nació la cátedra de Veterinaria en la Universität Göttingen, en 1771. El naturalista y médico alemán 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 60 Johann Christian Polycarp Erxleben, considerado uno de los fundadores de la medicina veterinaria moderna, fue el primer y único docente de estas enseñanzas, hasta 1777 (Chiodi, 1981: 464-465; Beaucamp, 1994: 88). Su interés por la veterinaria desde su cátedra de historia natural en la universidad le llevó a solicitar ser enviado a Lyon y Alfort, entre 1760 y 1770. Durante estos años aprendió cómo se enseñaba en las escuelas de Bourgelat y visitó los hospitales en un viaje financiado por el Gobierno para profundizar en los conocimientos veterinarios. Viajó después a Holanda y a la Región de Colonia/Bonn para seguir estudiando, antes de regresar a su ciudad y ser nombrado profesor de medicina veterinaria, en 1770. Sus lecciones de anatomía fueron especialmente destacadas y para ellas se inspiró en las obras de Bourgelat, Lafosse, Tritcher, Garsault y Vitet. Ante la repentina muerte de Erxleben, en 1777, la enseñanza en la universidad se detuvo hasta su sustitución por el veterinario Friedrich Karl Lappe (1773-1843), en 1816. Petschat indica en sus investigaciones que la Universitat Wittenberg rechazó inicialmente una acogida de estudios veterinarios, solicitados por Federico el Grande, en favor de una escuela de comadronas, que era más necesaria en ese momento (Petschat, 2002: 107-108). Sin embargo, ante las enfermedades que amenazaban Sajonia, el cirujano de la corte Christoph Friedrich Weber, junto con el herrero Johann Gottlob Hirsch, fueron pensionados por el monarca en Alfort, desde 1768, con la intención de inaugurar la escuela a su vuelta. Cuando llegó el momento y por cuestiones de ubicación, así como por discrepancias entre Weber y las autoridades, no fue posible abrir una institución estatal. Los dos pensionados fueron ocupados en el cuidado veterinario de las caballerizas del Estado. Por esta razón, Weber estableció una escuela privada con sus propios medios a finales de 1774, en la que trató de dar una importancia elevada al estudio de la anatomía de todos los animales, disciplina por la que destacó durante su formación en París, y que dirigió hasta su muerte. Finalmente, en 1780, el Estado adquirió la escuela de Weber y Georg Ludwig Rumpelt (1729-1785) fue nombrados director al cirujano principal del Hospital de Dresde. Por orden de George III (rey de Inglaterra y soberano de Hannover), la escuela veterinaria de Hannover se funda en 1778, a partir de la experiencia de la escuela de Göttingen, creada unos años antes. El médico Johann Adam Kersting, responsable de los caballos del Ejército Real en la corte de Kassel y conocido por ser uno de los primeros y más destacados alumnos de Bourgelat, así como por sus publicaciones y soluciones nacionales contra las epidemias animales, fue elegido profesor en la denominada Roβarzney-Schule. Posteriormente, se nombraron nuevos profesores, como el criador de caballos August Conrad Havemann, que ya había sido ayudante de Kersting en Kassel. Havemann y Kersting habían recibido su formación en Alfort y dedicaron una atención casi exclusiva al caballo en su establecimiento (Chiodi, 1981: 465; Mitsuda, 2007: 14) El rey Jorge III declaró que las prioridades de la escuela se centraban en formar médicos de caballos y expertos en el arte de herrar, más que para la curación de las enfermedades del ganado. Poco después, en 1781, se creó una cátedra de medicina veterinaria en la Universität Ingolstadt, a cargo del médico y filósofo Anton Will, conocedor de la anatomía animal por haber sido nombrado prosector, en 1777, en la misma Universidad. En 1786, fue reclamado desde Munich para hacerse cargo del departamento de enfermedades del ganado, donde advirtió la necesidad de formar más veterinarios para afrontar la crisis sanitaria (Petschat, 2002: 115). 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 61 A finales del siglo XVIII, el elector de Baviera, el príncipe Karl Theodor (1742-1777), consideró apropiado crear una escuela veterinaria central de todo el reino en Munich, encargando a Will el proyecto. El Duque de Baviera deseaba controlar el estallido de peste Bovina por lo que impulsó el pensionado de Will, justo cuando fue nombrado profesor de Ciencias Veterinarias en la universidad. En Lyon, Alfort, Estrasburgo, Londres y Dublín mejoró sus conocimientos veterinarios, siendo la obra de Bourgelat uno de los textos más influyentes en sus conocimientos sobre anatomía. A su vuelta, Will propuso un modelo de escuela francesa a semejanza de Alfort. Sin embargo, los contratiempos sobre la situación geográfica del establecimiento (debidos, principalmente, a las consecuencias de la Revolución Francesa, por las que el Estado se vio obligado a abrir al público los jardines Englische Garten, un espacio militar en el que se había planeado instalar la escuela), retrasaron la apertura y llevaron a establecerla, finalmente, en un terreno anteriormente de los Jesuitas. La escuela Veterinaria de Thier-Arzney-Schu, en Munich, es dirigida desde 1790 por Will (Petschat, 2002: 116; Mitsuda, 2017: 29). No fue hasta 1792, cuando se pudo elaborar en la escuela un plan de estudios regular al margen de las necesidades militares. En esta nueva perspectiva se contemplaba un espacio importante para la anatomía comparada de animales de granja, como caballos, ovejas, reses o cerdos. Uno de los espacios del establecimiento se dedicará a la anatomía y se contrata al prosector Konrad Ludwig Schwab, en 1803, que fue enviado también a las escuelas de Alfort, Viena, Dresden y Berlín para completar su formación, nombrándolo profesor a su vuelta. Tras la Guerra de los Siete Años, Prusia necesitaba solucionar las enfermedades del ganado que surgen como una plaga, para lo que el rey y los gobernantes propusieron fundar una escuela veterinaria en la ciudad de Berlín. Federico II, en busca de expertos que pudieran resolver el problema, nombró al decano del Medizinisch-chirurgische Lehranstalten (Colegio Médico- quirúrgico), Christian Andreas Cothenius (1708-1789), para que propusiera alguna solución. Cothenius indicó la necesidad de realizarse las operaciones sobre el ganado en presencia de un médico y la conveniencia de la creación de una escuela veterinaria con cátedras en anatomía, patología y medicina clínica. El monarca le pidió un plan para una escuela veterinaria, que Cothenius presentó en 1768; sin embargo, el proyecto inicial fue rechazado debido a la carencia de fondos en ese momento (Petschat, 2002: 118; Mitsuda, 2017: 25). No fue hasta los años 90 cuando el sucesor de Federico el Grande, Federico Guillermo II (1744- 1797), cumplió el deseo del monarca anterior de fundar una escuela veterinaria según el modelo francés. La escuela veterinaria de Berlín comenzó sus clases en 1790 y fue establecida por los profesores de medicina y cirugía Johann Georg Naumann y George Friedrich Sick, enviados para ampliar sus estudios en veterinaria a Lyon, Alfort y Viena, al mismo tiempo que Will (Leussink et al., 2019: 558). Por orden real, se estableció el edificio en los jardines que fueran del Príncipe de Reuss, una escuela “semejante a las de París, Viena y Dresde”, según el periódico español El Mercurio (Mercurio de España, 1789: 37). Finalmente, la Escuela de Karlsruhe, en la región llamada Nordbaden (hasta 1972), fue fundada en 1784 por el cirujano real Ernst Jacob Vierordt (1766–1810), que había sido becado por el Estado para ser alumno en Alfort. Vierordt dirigió unos estudios que ofrecían una escasa formación, 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 62 empeorada por la falta de conocimientos previa de los alumnos provenientes de ámbitos rurales o con poca experiencia por ser hijos de herradores y carniceros. La escuela fue mejorando la calidad de las enseñanzas durante las décadas siguientes con la incorporación de nuevos profesores. En 1810, Vierordt murió, recayendo la dirección de la institución en el médico y veterinario de la corte, muy interesado en el estudio animal, que llevó la escuela a mejorar las instrucciones hacia una base científica y clínica (Lott, 1972: 60; Hofschulte, 1999: 86). 1.5.7. Suecia Uno de los discípulos del naturalista Carl von Linneo, Peter Hernqvist (1726-1808), en la Universidad de Uppsala (fundada en 1477 como resultado de la combinación de tres colegios de ciencias existentes, el Colegio de Silvicultura, el de Agricultura y el de Veterinaria), fue seleccionado por su maestro y enviado a la Escuela Veterinaria de Lyon y a París, con Lafosse. Cuando volvió ofreció al gobierno una propuesta para la creación de un instituto veterinario y un hospital en Estocolmo. Sin embargo, fue rechazado obteniendo el permiso del rey Gustavo III para fundar, en 1775, una escuela veterinaria en la ciudad de Skara. Durante su estancia en Lyon, Hernquist advirtió la falta de interés por el estudio y tratamiento de otro animal que no fuera el caballo, por lo que decidió dedicar parte de su tiempo a estudiar las enfermedades venéreas de la medicina humana. A principios del siglo XIX, su sucesor, Sven Adolf Norling (1785-1858) estableció otra escuela en Estocolmo. 1.6. Origen de la Real Escuela Veterinaria de Madrid Los antecedentes de la veterinaria en España difieren ligeramente de los del resto de Europa debido a que, en el medioevo, los gobernantes del Reino de Castilla crearon las primeras instituciones destinadas al cuidado de los animales. Esta situación, única en el mundo civilizado de la época, coloca la Península Ibérica en la primera región europea que regula la enseñanza veterinaria y reglamenta el ejercicio de la profesión (Marín, 2008: 217). 1.6.1. Antecedentes de la veterinaria en España A principios del siglo XIII, desde 1273, el Honrado Concejo de la Mesta ya se ocupaba del ganado lanar en Castilla. Los gremios de herradores y albéitares eran los encargados del cuidado de los équidos en toda la Península Ibérica, empeño donde ponían en práctica los conocimientos heredados de la cultura musulmana. La albeitería fue una profesión exclusivamente ibérica que traía consigo los conocimientos clásicos de la curación animal, al igual que hiciera con los saberes sobre la medicina humana. El vocablo tiene su origen en el término árabe al-bay-tar y, dentro de sus competencias, los albéitares debían ocuparse de actividades como las enfermedades o el control de la producción animal. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 63 Los Reyes Católicos comenzaron a institucionalizar profesiones como la medicina con la creación del Tribunal del Protomedicato, en 1475, y a exigir tribunales examinadores para validar oficios como el de cirujano o para seleccionar a los integrantes de gremios como el de los artesanos. En el 1500, por Real Mandato, se promulgó La Pragmática, una ley por la que se consolidó el Real Tribunal de Protoalbeiterato de Castilla. La albeitería y el herrado pasaron de ser ejercicios libres por estar regulados mediante exámenes que confirmaran la capacidad y suficiencia de quien aspirase a practicarlos (Suárez et al., 1994: 33; Cordero del Campillo et al., 1996: 7-8; D’Urtubie, 2006: 3). Figura 20. Miniatura. Juan Álvarez de Salamiella. S. XV. Folio 31-v del Libro de Menescalcía et de Albeytería et Fisica de las bestias. Fuente: Gallica BnF, 2020. Hasta este momento, el oficio del albéitar se transmitía de maestro a aprendiz y los conocimientos se adquirían de manera empírica. La institucionalización mediante exámenes exigía unos conocimientos mínimos obligatorios para los albéitares de todo el territorio, lo que unificó y mejoró la calidad del ejercicio (Abad, 1984: 36; Marín, 2008: 215-216). En la miniatura (fig.20), que pertenece al manuscrito iluminado medieval del mariscal español Juan Álvarez de Salamiella (o Salamillas) (ca. S.XV), se muestra una escena en la que un albéitar enseña a su discípulo la forma de vendar la pata de un caballo. Álvarez de Salamiella, experto en medicina y cirugía equinas, evidencia con su tratado de menescalía y albeitería, el mencionado sistema de transmisión de conocimientos de maestro a aprendiz (Álvarez de Salamiella, S. XV: folio 71). En la Península, la profesión de herrador o ferrador surgió cuando el uso de la herradura con clavos comenzó a generalizarse. En ocasiones, estos profesionales incurrían en el intrusismo profesional de los albéitares, extendiendo su actividad a la cura de los caballos (Sanz Egaña, 1941: 198-199), a pesar de que sus competencias estaban muy delimitadas por los gobernantes: los herradores debían ocuparse únicamente de los trabajos manuales de forjado y colocación de herraduras y los albéitares de la salud animal (Marín, 2008: 214-215). Para obligar a los herradores a no extralimitarse en sus funciones, el Tribunal de Protoalbeiterato estableció la expedición del titulo o licencia para las categorías herrador o albéitar. Además, la institución comenzó a perseguir el intrusismo profesional y la mala praxis, adjudicando a quienes incumplieran la ley importantes multas de hasta 2000 maravedíes (Medina, 1986: 17). Estos cambios en la delimitación de las competencias de la medicina animal no tuvieron repercusión en la medicina humana, pero se desarrollaron de manera paralela y formaron parte de la evolución de las artes liberales con fundamentos científicos. Los profesionales titulados gozaban 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 64 de un reconocimiento social y los conocimientos fueron transmitidos en una creciente producción literaria sobre albeitería iniciada en el siglo XVI. Es importante señalar dos peculiaridades de la albeitería española heredadas de esta disciplina árabe: en primer lugar, no existían consideraciones diferentes hacia el caballo y hacia el mulo, por lo que sus competencias incluían otros animales domésticos. En segundo lugar, la figura del albéitar tenía un carácter civil a diferencia de otros países europeos, donde la figura del encargado de la salud equina, el mariscal, era militar (Abad, 1984: 27; Cordero del Campillo et al., 1996: 8). En este sentido, se podría diferenciar la evolución de la medicina animal en la Península del resto de Europa en el interés por mantener la salud de los animales domésticos fundamentales para la economía, al margen de la necesidad de proteger la función del ejército. Una preocupación que en países como Francia emergió siglos más tarde. La figura del mariscal, consolidada en Europa a finales de la Edad Media, surgió en el ámbito militar peninsular para atender la salud, el herrado y los cuidados en general de los caballos y équidos, animales sumamente importantes como medio de transporte, pero fundamentales en el éxito de las batallas. Este reconocido oficio tan similar al del albéitar se asentó en el Reino de Aragón procedente de Europa Central, traduciéndose el título por el de menescal y expandiéndose por el resto de la Península. Sin embargo, el título de mariscal no fue reconocido en España hasta la llegada de los Borbones en el siglo XVIII, cuando Felipe V (1683-1746) se acogió al modelo de ejército francés con su reforma de caballería de 1707 y el título de albéitar fue convertido al de mariscal (a excepción de Cataluña, donde la temprana influencia francesa ya había establecido la figura del mariscal y estaba más asentada (Uribe, 2015: 1394; Marín, 2008: 214). El rango de mariscal tuvo un elevado reconocimiento en todos los países europeos y, hasta avanzado el siglo XX, los dirigentes militares ostentaban dicho rango profesional. Ambas profesiones, la del albéitar y la del mariscal, se encuentran ligadas a la institucionalización de la veterinaria en España. Los examinadores eran expertos de reconocido prestigio que el rey nombraba de entre los caballerizos, los mariscales o los herradores de las caballerizas reales (Medina, 1986: 18). Sin embargo, quienes se quisieran examinar debían formarse de manera independiente, pues no fue creada ninguna enseñanza oficial que respondiera a una enseñanza de los principios del cuidado animal orientados a titularse. Tanto la necesidad de los examinandos de adquirir conocimientos para superar las pruebas del Tribunal, como la de formarse de modo autodidacta de los caballeros sin posibilidades de contar con la contratación de un albéitar, fomentó la publicación de diversos tratados de albeitería que, desde la promulgación de La Pragmática, fue incrementándose para divulgación sobre la curación de las dolencias de los animales domésticos (Suárez et al., 1994: 25; Marín, 2008: 216). Prácticamente toda la producción literaria fue dedicada a la hipiatría, incrementando los conocimientos sobre las enfermedades equinas de manera desproporcionada a las del resto de animales (Suárez et al., 1994: 25). Durante el siglo XVIII, las enfermedades infecciosas que se desarrollan en Europa y en España pusieron a prueba los conocimientos y habilidades de los albéitares. La viruela fue una 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 65 dolencia conocida desde la antigüedad como enfermedad humana, sin embargo, su propagación y mortalidad se incrementaron especialmente durante aquella centuria. La misma epidemia de viruela que afectaba a las personas se produjo en el ganado, especialmente entre las especies ovina y bovina, generando graves problemas en la sanidad y la economía de la época. Aún no se tenía constancia de la transmisión de las enfermedades infecciosas animales -o zoonosis- al cuerpo humano, por lo que los médicos raramente deseaban implicarse en la búsqueda de soluciones para las epidemias del ganado. Una de estas enfermedades contagiosas del ganado vacuno procedente de Francia, la peste bovina -conocida hasta el siglo XIX como tifus contagioso- llegó a España en 1774-75 traspasando las fronteras del País Vasco y Guipúzcoa. La virulencia de la epizootia eliminó miles de reses en unos pocos meses (Mañé y Vives, 2011: 19). En la Península, la viruela ovina también tuvo una repercusión importante, como se puede deducir de la publicación, en 1789, uno de los primeros tratados sobre las zoonosis y escrito por el médico y cirujano Juan Antonio Montes (1739-1799), el Tratado de las enfermedades endemicas, epidemicas y contagiosas de toda especie de ganados: sus causas, sintomas y medios de precaverlas y curarlas5. Este trabajo basado en la experiencia de campo no se limitó a la viruela ovina, sino que también analizó otras enfermedades contagiosas del ganado y estableció algunas reglas de higiene y de política sanitaria fundamentales. Cuando en Francia, donde ya se encuentran en funcionamiento las escuelas de Lyon y Alfort, trataron de solucionar el problema de la epidemia bovina enviando alumnos (que se habían formado para el tratamiento de los caballos) y poniendo en práctica las directrices de Bourgelat, en España el problema se trató principalmente desde las instituciones competentes (Mañé y Vives, 2011: 20). Ya, desde la época de la antigua Mesta en la Península, las ordenanzas obligaban a los ganaderos y propietarios de las producciones animales a comunicar a las autoridades la detección de las enfermedades en sus territorios. En estos casos, las autoridades actuaban separando a los individuos enfermos del resto del rebaño y establecían sanciones para quien no cumpliese la normativa. Esta dinámica, aprendida durante siglos, probablemente fue positiva en el momento de reaccionar cuando la peste bovina llegó a la Península. Así pues, el éxito de las actuaciones en el norte de España recayó en la actuación de los albéitares y cirujanos en colaboración con la ciudadanía. Fue especialmente necesario el tratamiento directo de las epizootias, donde los profesionales de la medicina, así como de la Junta Suprema de Sanidad y las Diputaciones Generales de las zonas geográficas afectadas, pusieron en práctica todos sus conocimientos sobre las enfermedades de los animales domésticos. Incluso cuando la Junta no se encontraba formada por albéitares, boticarios ni médicos, las medidas administrativas tomadas fueron rápidas y administradas por los comandantes generales, justicias y otros encargados de la salud pública en dichas zonas (Mañé y Vives, 2011: 21). 5 Es novedoso el respeto y consideración que Montes concede a los albéitares en su Tratado, denominándolos ya con el título de veterinarios. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 66 Las crónicas indican que las epizootias se sucedieron en Europa y en la Península y, dado el índice de mortalidad entre las reses y ante el riesgo de su transmisión a la especie humana, se publicaron nuevos tratados con pautas para prevenirlas y controlarlas. Cuando se inauguró la primera escuela veterinaria en España, el tratamiento de las enfermedades infecciosas era uno de los objetivos principales de las escuelas de Lyon y Alfort. Como heredera de estas escuelas, la primera institución veterinaria en España tuvo la oportunidad de aprovechar unos conocimientos teórico-prácticos más específicos que los conocidos por albéitares y cirujanos. En toda Europa, los primeros veterinarios profesionales, herederos de los albéitares y los mariscales, fueron titulados por sus naciones con el propósito de atender el tratamiento de las enfermedades animales valiéndose de una formación especializada. A medida que la profesión fue avanzando, los veterinarios se distanciaron de quienes continuaban ejerciendo la cura de los animales domésticos de manera libre, empleando la experiencia como único recurso de aprendizaje. 1.6.2. Las ciencias útiles y el camino hacia la veterinaria En Europa, para incorporar las novedades de los diferentes saberes y poder desarrollarlos, surgieron nuevas instituciones y espacios de sociabilidad dedicados a las ciencias, como las academias, los gabinetes, las demostraciones públicas o las Reales Fábricas, en una combinación de ciencia y arte que acercaban al pueblo a la verdad de la Naturaleza. Jesusa Vega identifica la interdependencia y la ausencia de discriminación entre arte, ciencia y razón como una característica fundamental del pensamiento del siglo XVIII. En España, como en el resto de Europa, ciencia y filosofía se convierten en sinónimos y las ciencias pasan a ser el instrumento del progreso (Vega, 2010: 23-24). El artista Joseph Wright (1734-1797) en su pintura An Experiment on a Bird in an Air Pump, de 1768, inmortalizó las diferentes reacciones que la sociedad del siglo XVIII demostraba ante los avances de la ciencia con cada uno de los personajes (fig. 21). La pintura fue criticada por los contemporáneos de Wright, pues le acusaron de crear un contexto de veneración dirigido a la ciencia que debía ser reservado únicamente para las escenas religiosas. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 67 Figura 21. Obra An Experiment on a Bird in an Air Pump. Joseph Wright. 1768. Pintura sobre lienzo. The National Gallery, Londres. Fuente: The National Gallery, 2020. La Ilustración llegó a España en el siglo XVIII, estableciendo la filosofía de progreso como eje ideológico fundamental. Las transformaciones sociales que se producen en esta etapa se apoyan en la ciencia y en el intercambio de conocimientos con otros países europeos. Sin embargo, el desarrollo en el campo de la ciencia no fue debido únicamente a la llegada de los Borbones a la corona española y a su política de Estado, sino al pensamiento crítico y al nuevo espíritu de progreso que recorrió Europa (Vega, 2010: 23 y 49). Con la intención de equiparar la nación a los países más avanzados de Europa, los Borbones españoles impulsaron los cambios como una modernización de toda la sociedad. El absolutismo ilustrado fue utilizado con un afán propagandístico, donde se incluía la mejora general de la educación, una sociedad mejor alimentada y una mayor sumisión ante las decisiones del gobierno. En el año 1700, Felipe V (1683-1746), primer rey Borbón de España, introdujo una nueva forma de monarquía absolutista y favoreció la llegada al gobierno de reformistas ilustrados que fomentaron las ciencias experimentales apoyándose y reformando las instituciones del régimen anterior. Durante la Ilustración, campos como la medicina, la cirugía o la farmacología fueron desarrollándose, impulsados por una combinación de teoría y práctica basada en el método científico. Aunque, en 1739, este monarca promulgó una ley por la que la albeitería se consideraba un Arte liberal y científico, y se propuso el envío de albéitares becados a ciudades extranjeras con 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 68 escuelas especializadas, las circunstancias económicas y políticas del momento acabaron por prohibir mediante ley dicho pensionado en otros países (Pérez, 1998: 266; Salvador, 2013: 59). Al ser declarada Arte liberal y científico, la albeitería pasó de tener un carácter gremial a considerarse un estudio intelectual. Además, sus miembros quedaron exentos de realizar el servicio militar y de pagar los impuestos municipales. Sin embargo, la albeitería se mantuvo al margen de las mejoras y descubrimientos científicos europeos (Salvador, 2013: 56-58). La inquietud reformista de Felipe V fue heredada por su sucesor, Carlos III (1716-1788), quien se ocupó de las denominadas enseñanzas útiles, ciencias útiles o ciencias positivas como una de sus primeras actividades políticas dirigidas a la mejora de la formación nacional (Suárez et al., 1994: 33; Pérez, 1998: 266). Tuvieron preferencia para el gobierno de Carlos III las prácticas relacionadas con el impulso de la agricultura y la ganadería. La intención era mejorar la formación de los profesionales sustituyendo los conocimientos empíricos por una formación práctica apoyada en los avances científicos (Pérez, 1998: 267; Muñoz, 2013: 464). Las ciencias útiles eran, para los ilustrados, aquellas especialidades científicas que se englobaban dentro del método experimental propio de la revolución newtoniana de la centuria anterior y que excluían las ciencias que se enseñaban en las universidades del momento. En realidad, el término pretendía excluir a aquellas ramas del saber que no se ajustaban la idea de progreso ni al crecimiento económico, lo que produjo enfrentamientos con las universidades. La formación universitaria fue considerada insuficiente para la ciencia, pues la teoría impartida la calificaban de anticuada e inútil. Para llevar a cabo la propuesta de una renovación total de la docencia, basada en la enseñanza de las ciencias útiles, los grupos de influencia -aristócratas, científicos e ilustrados- pusieron en marcha los planes de modificación de las enseñanzas universitarias, creando instituciones como las academias o los colegios de medicina y de otras ciencias; y se apoyaron en la participación de las Sociedades Económicas de Amigos del País6, en las decisiones del gobierno y en las publicaciones de los pensadores ilustrados (Muñoz, 2013: 461). En el desarrollo de estas iniciativas, dichos grupos colaboraron con los reformadores del gobierno. Tuvieron una relevancia especial las mencionadas Sociedades Económicas de Amigos del País, pues fueron consideradas un Consejo técnico para el monarca y sus propuestas tuvieron una gran aceptación gubernamental (Pérez, 1998: 267). Numerosas academias militares surgieron de la transferencia de las competencias formativas de las universidades a las nuevas instituciones, en lo que algunos autores entienden como un periodo de militarización de la ciencia, al servicio del utilitarismo característico de la Ilustración española7. Los primeros profesionales formados en este tipo de instituciones fueron los cirujanos y 6 Estas sociedades ilustradas tenían en común la voluntad de difundir las “ciencias útiles”. Fomentaban la enseñanza de los oficios, revisaban las ordenanzas de los gremios y, en general, trataban de racionalizar el comercio y la explotación del campo. 7 Los autores explican la situación nacional por la cual, durante el reinado de Fernando IV, el ministro de Hacienda, Guerra, Marina e Indias propone una reforma económica para la reconstrucción y mejora tecnológica del país. Para más información ver: Lafuente, Antonio y Peset, José Luis (1982). Las Academias Militares y la inversión en ciencia en la España ilustrada (1750-1760). En: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 2, 1982. Pp. 193-209. ISSN: 0211- 9536. Recuperado de: 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 69 demás profesionales de la Academia de Ingenieros Militares de Barcelona (creada en 1715) y de la Academia de Guardamarinas de Cádiz, de 1717 (Salvador, 2013: 70). Con el objetivo de incrementar la formación práctica, las nuevas instituciones de enseñanza fueron dotadas de gabinetes y laboratorios de ciencias, así como complementadas con la creación de observatorios astronómicos, jardines botánicos o museos de ciencias naturales. Este modelo de difusión de las ciencias útiles encontró una mayor acogida en las enseñanzas impartidas en escuelas que en las universidades, cuyo pasado ralentizaba el proceso de actualización. Uno de los ilustrados del gobierno de Carlos III, Pedro Rodríguez de Campomanes (1723-1802) gestionó, junto con la Sociedad Matritense, la inauguración de las escuelas de agricultura en diferentes ciudades de España y propuso la apertura en España de las enseñanzas veterinarias, creando una escuela similar a las francesas (Pérez, 1998: 267). Como fiscal del Consejo de Castilla, Campomanes se mostró partidario de prohibir a los barberos hacer el trabajo de los cirujanos, de no confundir la herrería con la albeitería y defendió en su Discurso sobre el fomento de la industria popular, de 1774, que “la veterinaria es un ramo de la medicina, y los españoles la cultivaron en los siglos pasados, con superioridad a las otras naciones europeas”. Estas ideas tuvieron su respuesta en 1780 cuando, tras numerosos intentos, se dividió el Real Tribunal en el que se habían concentrado todas las competencias sobre las profesiones relacionadas con la medicina, en el Real Tribunal de Protomedicato (recordando que tuvo su origen en el siglo XVI), de Protoboticariato y de Protocirujanato. El protoalbeiterato, equivalente a la institución reguladora de la veterinaria del momento, los albéitares, convivió de manera paralela con el nacimiento de las escuelas veterinarias en España. El que había sido presidente del Consejo de Castilla durante siete años, Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda (1719-1798), compartía las ideas de Campomanes y, cuando fue cesado de su cargo como resultado de diversas discrepancias con el secretario de Estado - el primer ministro- y fue enviado a París en el cargo de embajador de España, recomendó al rey el envío de pensionados a las escuelas de Bourgelat para la formación de veterinarios (Pérez, 1998: 269). El envío de pensionados por parte de las monarquías españolas ya se había puesto en práctica durante el siglo XVIII, con el objetivo de fundar los primeros colegios de cirugía para proveer de cirujanos competentes a la Real Armada y el ejército. El Real Colegio de Cirugía de la Armada, en Cádiz, impulsado por el cirujano militar Pedro Virgili (1669-1776) fue inaugurado, en 1748, por Fernando VI. Poco después, continuaron creciendo las instituciones con la creación por Carlos III del Real Colegio de Cirugía de Barcelona, activo desde 1760 (Suárez et al., 1994: 34-35; Salvador, 2013: 179). El ejemplo de otros países europeos marcó la estructura de las instalaciones y la organización de la docencia gracias a la experiencia importada por los pensionados españoles en instituciones europeas de referencia. Por ejemplo, el Real Colegio de Cirugía de Barcelona fue proyectado con un anfiteatro anatómico y otras instalaciones innovadoras a semejanza del edificio de la Académie Royale de Chirurgie de St. Côme de París. http://www.cervantesvirtual.com/research/las-academias-militares-y-la-inversion-en-ciencia-en-la-espana-ilustrada-1750- 1760/50018747-e1a3-4c51-8cc6-b291a1fca0b3.pdf 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 70 Para elaborar un proyecto que diera lugar a un Real Colegio de Cirugía en Madrid, Carlos III envió de nuevo dos pensionados a algunos de los países europeos con mayor prestigio científico. Mariano Ribas i Elias (1730/35-1800) y Antonio Gimbernat y Arbós (1734-1816) recorrieron Inglaterra, Francia, Escocia y Holanda para estudiar los últimos métodos de enseñanza. La construcción del edificio donde se estableció el Real Colegio de Cirugía de San Carlos fue finalizada en el año 1780, aunque no inició su funcionamiento hasta 1787 (Martínez, 2011: 114; Salvador, 2013: 137). Por lo tanto, no es de extrañar que Carlos III empleara el mismo sistema de pensionado para formar a los futuros fundadores de la Real Escuela Veterinaria de Madrid, la primera escuela veterinaria de España. Aunque el monarca sugirió inicialmente el traslado de uno de los profesores de las escuelas francesas a España para formar la escuela de Madrid, el Conde de Aranda le convenció de hacerlo enviando pensionados (Suárez et al., 1994: 35) Así pues, con la intención de formar profesionales capaces de proponer soluciones a los problemas económicos y sanitarios asociados con la salud de los animales domésticos, el gobierno envió a los albéitares Segismundo Malats (1747-1826) e Hipólito Estévez (1758- p. s. XIX), junto al mariscal de las Reales Caballerizas Bernardo Rodríguez Marinas (1749-1819)8, a las escuelas veterinarias de Francia (Lyon y Alfort), pioneras en el mundo. Los tres fueron becados y tenían en común su procedencia del ámbito militar, así como su dedicación al cuidado del caballo. Algunas investigaciones sugieren que los archivos departamentales donde se encuentran registrados todos los alumnos de la Escuela Veterinaria de Alfort, en Creteil, puede consultarse el expediente del español (traducido al francés) Francois Joseph Emmanuel Rivas como alumno pensionado con anterioridad a los conocidos Rodríguez, Malats y Estévez, desde 1776 hasta 1784. Sin embargo, se desconoce si este alumno terminó los estudios o qué sucedió a su vuelta a España (Benito et al., 2004: 416; Pérez, 2005: 48). En las imágenes (fig. 22 y 23) se muestran los bustos de los pensionados Malats y Estévez. 8 Solicitud realizada por el caballerizo de Carlos III, el Duque de Medina Sidonia -cuyo albéitar es Bernardo Rodríguez- y no el Conde de Aranda, como se le ha atribuido anteriormente. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 71 Figura 22. Busto en yeso de Segismundo Malats. Anónimo. Ca. 1801-1850. Universidad de Córdoba. Fuente: Fototeca del Patrimonio Histórico, 2008. Figura 23. Busto en yeso de Hipólito Estévez. Anónimo. Ca. 1801-1850. Universidad de Córdoba. Fuente: Fototeca del Patrimonio Histórico, 2008. Los pensionados españoles que volvieron formados a España estudiaron en las escuelas francesas en dos periodos diferentes. Rodríguez realizó su estancia cuando Bourgelat aún era el director de la institución parisina de Alfort, entre 1777 y 1780. Sin embargo, Malats y Estévez se instalaron en la sede de París (Alfort), entre 1784 y 1788, cuando Chabert ya había sucedido a Bourgelat y Vicq D´Azyr era el profesor de anatomía (entre 1780 y 1788) (Camacho, 2007: 119-120; Sanz Egaña, 1941: 243). A la vuelta de la formación de Bernardo Rodríguez, en 1780, la intención gubernamental era la creación de una escuela veterinaria. La dirección de dicha escuela recaería en Rodríguez como el primer veterinario español titulado. Sin embargo, la situación sociopolítica nacional no permitió que estos planes siguieran adelante, siendo denegada la Memoria sobre la importancia de la creación de una Escuela Veterinaria en Madrid, de Rodríguez, así como su reglamento (Suárez et al., 1994: 34; Pérez, 2005: 50). Habría que esperar al regreso de Malats y Estévez para que la inauguración de la primera escuela veterinaria española fuera una realidad. Malats y Estévez permanecieron en Alfort hasta 1787, sin embargo, una vez aceptada su solicitud por el rey Carlos III, completaron su formación viajando a otros países europeos con una prórroga de su asignación económica. Con respecto a los países y ciudades europeos visitados por Malats y Estévez existen diferentes fuentes: los documentos redactados por Malats, y las investigaciones de Pérez, también tomadas de otro documento firmado por el veterinario, coinciden en que los lugares visitados para su formación fueron Alemania, Dinamarca e Inglaterra (Londres). Sin embargo, en los archivos de la Real Academia de Historia, además de estos países europeos, se hace referencia al viaje a Italia de Estévez (Benito, 2021). En el documento de Malats, de 1821, se confirma que: 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 72 “En el año de 1784, se sirvió nombrarme el Rey Dn. Carlos 3º (que santa gloria goce) para ir a la Escuela veterinaria de París, y otras de Europa, a perfeccionarme en la ciencia veterinaria […], pasé a Alemania, Dinamarca, e Inglaterra, a observar en aquellos Colegios el Ramo de la Economía rural Veterinaria establecido en ellos. […] A mi regreso en España, y después de haber tomado el Gobierno los informes correspondientes, tuve el honor que el Rey me nombrase primer director de este Colegio Nacional […] así ejecuté en 1793” (AGUCM V 01-013; Pérez, 2005: 51). Sin embargo, en su tesis El inicio de la veterinaria en España: de la ilustración al liberalismo, Ángel Salvador Velasco apunta a otros documentos publicados por el propio Malats que añaden más países a los ya mencionados, como la posible visita a Holanda y “demás Países del Norte”, además de Turín, Viena y Normandía. Como bien indica este investigador, las propias declaraciones de Malats llevan a la confusión sobre los lugares donde continuó su formación junto a Estévez (Salvador, 2013: 176-177). 1.6.3. La creación de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid A finales del siglo XVIII, la nueva profesión veterinaria heredó la influencia de las escuelas de equitación al acogerse al modelo francés de Bourgelat, y lo combinó con el legado del albeiterato (Suárez et al., 1994: 24-25). La intención de guiarse por un modelo francés ya quedó patente en la solicitud que realizó el Consejo de la Sociedad de Amigos del País al rey de España, donde requirieron el envío de una copia del plan francés con el método y las reglas que se observaban en la escuela de veterinaria de París, así como un modelo del edificio y cuanto juzgara conveniente para España, proponiendo una posible transferencia de profesores hábiles de aquella escuela a la de Madrid. De los diferentes proyectos propuestos para la formación y gestión de un Colegio Veterinario, fue elegido el plan que ofrecieron Malats y Estévez a su vuelta en España. En 1793, ambos son nombrados por la Sociedad Matritense directores del Real Colegio-Escuela de Veterinaria en Madrid y la creación se acepta por Orden Real del rey Carlos IV, del 23 de febrero de 1792 (Muñoz, 2013: 117). Al año siguiente, en 1793, se aprobó el primer plan de estudios y se inauguraron las lecciones en octubre de ese mismo año (Suárez et al., 1994: 36-37). La ubicación de las instalaciones de la Real Escuela se estableció en el edificio y alrededores - principalmente en la huerta de la Puerta de Recoletos-, en los terrenos pertenecientes a la congregación religiosa de San Felipe Neri, junto a la zona extramuros de la ciudad de Madrid donde se encontraban también numerosos palacetes y edificios de retiro de duques y otros miembros de la nobleza (Sanz Egaña, 1941: 247-248; Suárez et al., 1994: 39). Actualmente, en esta localización se encuentran la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico. En la imagen (fig. 24), se muestra la entrada del edificio principal de la Real Escuela Veterinaria de Madrid ubicada en el Paseo de Recoletos, en Madrid. Su publicación por el 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 73 veterinario militar Espeso del Pozo, en 1948, fue difundida desde entonces como la única representación conocida de la primitiva Escuela Veterinaria (Salvador y Salvador, 2016: 7). Figura 24. Única representación conservada del edificio de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Anónimo. Museo de Historia de Madrid. Fuente: Ángel Salvador y Laura R. Salvador, 2016. Los propios Malats y Estévez se ocuparon de seleccionar el emplazamiento de la primera escuela veterinaria española. El encargo de proyectar y ejecutar el edificio se hizo al arquitecto Francesco Sabatini (1721-1797), que adaptó el edificio existente de la congregación religiosa adosando un módulo arquitectónico. El proyecto debía ser poco costoso dada la situación económica del momento, pero también ajustarse a las necesidades docentes según el modelo francés observado en Alfort por los pensionados (Salvador y Salvador, 2014: 5). De acuerdo con Moreno Fernández-Caparrós, la intención de ubicar la escuela veterinaria junto a los terrenos donde se encuentran las instituciones científicas más sobresalientes, como la Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Jardín Botánico, la Academia de Ciencias, el Gabinete de Historia Natural o el Real Colegio de Cirugía de San Carlos, cumplía con el objetivo de añadir la veterinaria al eje Alcalá-Atocha-Recoletos9, en concreto en la denominada “colina de las ciencias” de la Ilustración española. Quizás, Malats y Estévez pudieron seleccionar el terreno para erigir las instalaciones veterinarias dentro de varias zonas estratégicas previamente marcadas (Moreno, 2018: 34). La institucionalización de la veterinaria formaba parte del proyecto para impulsar el desarrollo científico y cultural nacional. Además, todas estas instituciones y otras similares, con ubicaciones cercanas a la de veterinaria, requerían de los avances de la veterinaria y de los animales, de manera directa o indirecta. Los terrenos que ocupó la Real Escuela Veterinaria fueron lo bastante amplios como para alojar un hospital y las oficinas, además del edificio central. Los alumnos eran internos, por lo que era esencial la disposición de su alojamiento y todas las instalaciones que cubrieran sus necesidades. Su cercanía con el Jardín Botánico y las zonas aptas para los trabajos de agricultura eran adecuados en el desarrollo de las lecciones y la situación de la escuela permitía el acceso a los animales pertenecientes a las Reales Caballerizas, así como el ingreso de los animales enfermos 9 Una zona de gran relevancia, pues además del Jardín Botánico es donde se construiría más adelante el Museo del Prado, así como numerosos palacios y zonas de descanso para la aristocracia. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 74 pertenecientes a los propietarios privados de Madrid. Queda patente así la intención de accesibilidad del hospital para el pueblo, haciendo las veces de servicio público. Es importante señalar que el Tribunal de Protoalbeiterato, creado en 1476, y la Real Escuela Veterinaria de Madrid convivieron durante más de treinta años, aunque la escuela trató de absorber al Tribunal varias veces desde su creación. Por lo tanto, los títulos oficiales de albéitar y herrador fueron completamente válidos durante las primeras décadas de una institución destinada a crear profesionales de la medicina animal (Salvador et al., 2010: 546-547). A causa de dicha convivencia, algunos investigadores han sugerido que quizás las razones por las que se creó una escuela veterinaria en España no se encuentran suficientemente explicadas en la literatura, puesto que una nueva institución debería de haber sustituido a la más antigua (Vives y Benito, 1998: 54). Parece que una de las razones más aceptadas por los expertos es la necesidad que demostraba la monarquía borbónica de mejorar la reorganización del ejército, de la armada y de las actividades sanitarias, en un intento por fortalecer del Estado. En ese caso, una escuela veterinaria habría funcionado como una institución orientada a dotar de técnicos veterinarios al ejército y no con la intención de mejorar los conocimientos y competencias de los albéitares, que se ocupaban del resto de animales domésticos. Un hecho que puede apoyar esta hipótesis es la procedencia militar de la mayoría de pensionados propuestos para crear la primera escuela veterinaria española. Segismundo Malats era mariscal mayor (jefe veterinario) del Regimiento de Dragones de Lusitania e Hipólito Estévez, también era mariscal mayor del Regimiento de Dragones de Almansa. El nombramiento de mariscal gozaba de un gran reconocimiento y valor social en este momento, asignándose a los albéitares que se ocupaban del ganado del ejército. Además, las otras dos instituciones dedicadas al cuidado animal también se encontraban dedicados en gran parte al ejército: el Real Tribunal del Protoalbeiterato y las Reales Caballerizas (los tres examinadores del Protoalbeiterato estaban al servicio de éstas). Parece que la creación de una escuela veterinaria no tuvo el propósito de mejorar la albeitería existente, sino que responde a otras razones como son los intereses sociales y políticos de los reyes, el fortalecimiento del Estado como tendencia ilustrada o la necesidad de mejorar la formación de los técnicos de los ejércitos, al igual que sucediera con los médicos o los cartógrafos (Vives y Benito, 1998: 58-59). Dado el carácter militar de la institución, con un protector perteneciente a la carrera militar y una autoridad académica que recaía en antiguos mariscales como directores, no es de extrañar que las primeras enseñanzas oficiales de veterinaria en la escuela de Madrid se orientasen principalmente al interés por el estudio de los équidos. De hecho, en el Discurso Inaugural de la Escuela, en 1793, Malats dedicó varias páginas a elogiar las funciones y necesidades del caballo, justificando su importancia dentro del estudio académico veterinario. Sin embargo, también subrayó que el estudio de la veterinaria debe estar dedicado a todos los animales domésticos (Pérez, 2000: 21). Desde su creación, la escuela dependió del Consejo Supremo de Guerra nacional y prestaba servicio al Cuerpo de Caballería del Ejército. A partir de 1796, la institución pasó a depender de la Secretaría del Despacho de Guerra y, a finales del siglo XVIII, el brigadier de Caballería, Félix Colón 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 75 de Larreátegui, fue nombrado Protector de la escuela. En su Real Ordenanza, aprobada en 1800, modificó algunas normas de las antiguas reglas de la escuela y aumentó la disciplina militar para los alumnos procedentes de los Regimientos. La condición militar del centro cesó en 1841, cuando pasó de depender del Ministerio de la Guerra a la Dirección General de Estudios y se suprimió el cargo de Protector. Desde la fundación de la Real Escuela Veterinaria de Madrid, albéitares y graduados en veterinaria fueron los únicos autorizados en España para ejercer la medicina animal. Si bien es cierto que, con la aparición de la escuela, los veterinarios fueron lentamente desplazando a los albéitares durante todo el siglo XIX hasta su desaparición (Salvador et al., 2010: 573-574). A pesar de ser estos últimos los preferidos de la sociedad, la convivencia entre las dos profesiones distintas con un mismo propósito principal, la asistencia sanitaria de los caballos y su herrado, provocó que albéitares y veterinarios se convirtieran en adversarios inflexibles (Salvador, 2013: 25). Hacia la mitad del siglo XIX, la institución veterinaria sufrió importantes cambios y con la pérdida de la condición militar comenzó el camino hacia la extinción del Protoalbeiterato. En 1847, se promulgó un decreto sobre la enseñanza y el ejercicio de la veterinaria que suprimió la concesión de nuevos títulos de albéitar, acabando con la regularización de esta profesión. El cuerpo de veterinarios, con nuevas categorías y atribuciones no limitados al campo militar, debía ser el encargado de la salud animal (Gutiérrez, 2013: 72). La absorción del Real Tribunal de Protoalbeiterato por la Real Escuela Veterinaria de Madrid, que se realizó por Real Decreto en 1847, ocurrió después de más de trescientos años de existencia. El gobierno estableció un plazo de tres años para acabar con los exámenes y disolver el Tribunal. Con la supresión del Tribunal de Protoalbeiterato, en 1847, se crearon otras escuelas de veterinaria en Zaragoza y Córdoba, también por Real Decreto de 1847. Sin embargo, fueron consideradas como subalternas de la de Madrid, del mismo modo que las escuelas veterinarias en Francia se consideraban dependientes de la de Alfort, en París. La condición de escuelas veterinarias de segunda clase se justificó con planes de estudio de tres años de duración. Posteriormente, por Real Orden de 1852, fue creada la Escuela Veterinaria de León. 1.6.4. El modelo francés en el primer Plan de Estudios y el gabinete anatómico Para ajustarse al modelo francés, Malats realizó una selección de estudiantes provenientes del ámbito civil con algunas características similares a las que solicitaba Bourgelat, como saber leer y escribir, tener entre dieciséis y veinte años -la edad requerida para aquellos aptos para la guerra-, ser de constitución robusta, estar sanos y tener los requisitos morales adecuados, fe de bautismo y limpieza de sangre. Además, tendrían preferencia aquellos que fueran hijos de albéitar o soldado, los que supieran herrar y quienes tuvieran conocimientos de latín y francés (Hubscher, 1999: 63; Pérez, 1998: 274; Marín, 2008: 221). Como se ha indicado con anterioridad, la predilección por los hijos de militares también era propia de las escuelas de Bourgelat, dada la estrecha conexión entre los estudios veterinarios y la profesión de mariscal. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 76 Los alumnos provenientes del ámbito militar debían cumplir otros requisitos, entre los que destacan ser seleccionados de entre los Regimientos por buena conducta, mediante certificación del coronel de dicho Regimiento. Estos alumnos eran becados y recibían una cuantía anual de 2000 reales, pero quedaban obligados a servir en el ejército durante ocho años -los cuatro en la escuela, más los del Regimiento- (Suárez et al., 1994: 41). Otra de las características del modelo francés era la inclusión de la anatomía como una de las materias principales en los Planes de Estudio de la Real Escuela de Madrid, lo cual tiene una relevancia interesante en el panorama nacional, pues los albéitares no consideraban trascendente el conocimiento de la anatomía equina para el tratamiento de las patologías, confiados de que ya conocían lo necesario de manera empírica (Salvador, 2013: 47). El Primer Plan de Estudios de la escuela de Madrid se hizo según el modelo francés de Alfort, pero de acuerdo con los exámenes del Tribunal de Protoalbeiterato, donde el caballo tenía un protagonismo casi total. La importancia del estudio anatómico en este primer Plan de Estudios se tradujo en un primer curso donde los alumnos recibían las asignaturas de: anatomía general y descriptiva, anatomía exterior, higiene y Figura 25. Modelo anatómico Ligamento nucal (rfa. MV-670). Pedro Sánchez Osorio y Cristobal Garrigó. Ca. 1829-1830. Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente propia, 2015. arte de herrar. En el segundo curso volvía a tratarse la anatomía con la asignatura de Anatomía y Materia Médica (patología y cirugía). Independientemente de que se orientase principalmente al caballo, la necesidad de contar con cadáveres animales -aunque fuera para la anatomía comparada- para las prácticas de la escuela, fue resuelta con la creación de un gabinete anatómico donde se pudieran realizar disecciones y conservar los animales para su estudio. La idea de establecer un gabinete a imagen del Cabinet du Roy, supuso una iniciativa imprescindible tras la estancia de Malats y Estévez en Alfort, pues la práctica de fabricar piezas artificiales para la enseñanza era parte del modelo de estudios propuesto por Bourgelat. Los Planes de Estudios de la escuela de Madrid sufrieron numerosas modificaciones desde la apertura de la institución. Sin embargo, independientemente de la política de dirección o gestión, todos los cambios incluyeron los conocimientos que los alumnos de veterinaria debían tener sobre los diferentes aspectos de la anatomía. Además, desde los inicios de la institución, esta enseñanza se encuentra estrechamente ligada a la producción de modelos anatómicos naturales y artificiales que facilitaran su explicación y comprensión (Pérez, 2000: 34-35; Vilas, 2010: 11). Al final del Discurso Inaugural, pronunciado por Malats en el acto de apertura de la Real Escuela Veterinaria de Madrid de 1793, fueron mostradas varias piezas de anatomía realizadas 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 77 como recursos didácticos en la enseñanza de la veterinaria (Pérez, 1998: 276). Continuando por la senda de la enseñanza de la anatomía en el modelo francés y los planes de estudios de la Real Escuela Veterinaria de Madrid, se puede comprender la gran utilidad de una colección de piezas naturales y modelos artificiales que permitan facilitar la enseñanza del alumnado y prescindir de la disección directa de un cadáver que, en muchas ocasiones, no se encontraba disponible. En la imagen (fig. 25), se muestra uno de estos modelos, conservados actualmente en el Museo Veterinario Complutense. Desde sus inicios, la escuela se encuentra estrechamente ligada a la producción de modelos anatómicos naturales y artificiales cuyo cometido era facilitar la explicación y comprensión de los estudios veterinarios. Una de las primeras referencias encontradas sobre la formación de un gabinete anatómico con modelos animales conservados en vitrinas se encuentra en la Orden del Protector de 29 de octubre y Acta de la Junta del 30 de 1803. En dichos documentos, se encarga la fabricación de varios esqueletos y otras piezas a los profesores designados para ello. El protector, Félix Colón de Larreategui (1752-1770), solicita en este mismo documento que se coloque, además, “un caballo en pelo sin ginete del tamaño del natural que ha de executarse por un Escultor que está haciendo antes un modelo de yeso, que presentará a Vm. para su corrección” en un pedestal en el medio de la sala (AGUCM 20-06-001). La construcción de piezas naturales y artificiales con un objetivo didáctico siguió siendo una de las actividades más importantes de la escuela. Así lo encontramos en el artículo 42 del Reglamento, de 1857, donde se exige que en todas las escuelas veterinarias nacionales debe haber un disector que se encargue de construir las piezas artificiales y de los trabajos anatómicos (Gallego, 1863: 1274). El papel de la anatomía dentro de las enseñanzas en Francia y en la Real Escuela Veterinaria de Madrid merecen un capítulo propio, que permita considerar la importancia que tiene para la docencia, en esta y otras asignaturas, la fabricación de piezas naturales y modelos artificiales de carácter didáctico. 1. El nacimiento de la veterinaria en Europa y los orígenes de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 78 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 79 D 2 LA CEROPLÁSTICA VETERINARIA COMO RECURSO DIDÁCTICO esde el nacimiento de las primeras escuelas veterinarias en Francia, a finales del siglo XVIII, los recursos didácticos fueron esenciales en la enseñanza de sus alumnos. Tomando como referencia la docencia en las disciplinas relacionadas con la medicina humana, las escuelas veterinarias europeas conformaron gabinetes y museos de anatomía destinados a la demostración de los conceptos teóricos explicados en los libros. Estos espacios, como sucediera en los gabinetes de curiosidades, reflejo del primer coleccionismo científico, reunían todo tipo de objetos orientados al estudio: preparaciones naturales de especímenes y órganos -exhibidos tras su disecado, momificado o inmersión en líquidos conservantes-, atlas anatómicos, ilustraciones y pinturas de caballete con representaciones en dos dimensiones, y modelos de anatomía artificial realizados en diversos materiales, como la madera, el yeso, la cera o el papier mâché (o papel maché). Incluso en las instituciones más abastecidas, los atlas y tratados ilustrados eran escasos, además de costosos, y las láminas que describían los principios anatómicos que se trataban de exponer en los textos se encontraban sujetos a su bidimensionalidad. En el siglo XIX, se inventaron las placas de linterna, una gran revolución que facilitó la docencia en las aulas pero que, sin embargo, no permitían la interactividad con las tres dimensiones de los modelos anatómicos ni 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 80 superar su veracidad. Por el contrario, las piezas artificiales permitían ampliar estructuras pequeñas o complicadas de observar en la anatomía natural. A principios de siglo, también se desarrollaron nuevas disciplinas científicas, como la anatomía patológica y el método anatomoclínico, que se implantaron en todas las ramas de la ciencia. En la representación de la anatomía humana, las necesidades de transmitir los síntomas visibles de una enfermedad de transmisión sexual o los rasgos faciales de una persona con enfermedades mentales, exigieron prescindir de la belleza estética de las venus anatómicas o de los despellejados para capturar el aspecto de la patología que los médicos debían diagnosticar. La patología y la teratología animales fueron fundamentales en los estudios comparados de medicina y veterinaria de esta centuria. Además, el estudio de la anatomía de seres marinos o de insectos microscópicos, así como la propuesta de nuevas teorías sobre el desarrollo embrionario de los seres vivos, cambiaron los intereses científicos de la época y, con ello, la necesidad de modelos artificiales para su estudio. Como consecuencia de estos cambios, las piezas didácticas artificiales sobre anatomía humana, botánica y animal comenzaron a requerir una mayor veracidad y fidelidad en su conservación natural y su representación artificial. Los modelos didácticos debían ser menos ilusionistas que los utilizados durante el Siglo de las Luces (más orientados a lo sensacional, lo curioso y lo estético) y los modelos veterinarios mostraban correctamente la anatomía patológica o describían minuciosamente las malformaciones fetales producidas por una zoonosis. Sus creadores no pretendían emocionar o transmitir, solo mostrar y describir. Además, se buscaba proporcionar una experiencia más práctica que contemplativa de su estudio, tomando por ello impulso la reproducción de los modelos clásticos veterinarios. También la proliferación de museos dedicados a nuevos campos científicos, como la zoología o la botánica, motivaron la multiplicación de las técnicas de fabricación de modelos artificiales y la multiplicación de sociedades que se dedicaron a la producción en serie y a gran escala, como es el caso del doctor Louis Thomas Jérôme Auzoux (1797-1880) (Louis Auzoux) (Zarzoso, 2016: 20; Vega, 2010: 324). Así pues, en la búsqueda de conservar los tejidos y las estructuras anatómicas más sensibles, imposibles de preservar mediante técnicas de momificación, disecación, inyección o suspensión en líquidos conservantes; los simulacros de yeso, cera coloreada o papel maché (incluso el vidrio, de manera mucho menos general, en la representación de los tejidos transparentes de los invertebrados marinos) fueron los grandes protagonistas de las instituciones de enseñanza europeas del siglo XIX (Degueurce, 2015: 1-2). Aunque los modelos anatómicos realizados por casas comerciales y con nuevas técnicas escultóricas se comienzan a distribuir tanto en los museos de ciencias naturales como en los gabinetes de curiosidades y en las universidades, en este capítulo se ha tratado de enmarcar su uso en las instituciones de enseñanza dedicadas al estudio de la veterinaria. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 81 2.1. La ilustración anatómica Por supuesto, los atlas de anatomía y las publicaciones fueron el pilar principal de la docencia científica. Su ilustración con imágenes de los conceptos y descripciones explicadas en ellos también experimentó un incremento y proliferación durante el siglo XIX. Los avances científicos y la industrialización, en lo que se refiere a la tecnología de impresión y reproducción, también se reflejó en la producción ilustrada de los textos científicos sobre anatomía. La ilustración calcográfica y litrográfica permitió reelaborar y reimprimir importantes manuales anatómicos del siglo XVIII de medicina humana con nuevas estampas, como en el caso del volumen sobre neuroanatomía Traité d'Anatomie et de Physiologie (en 1786) de Félix Vicq d’Azyr con grabados de Angélique Briceau (1788-1827)10. El uso de la xilografía a contrafibra contribuyó a la difusión del grabado anatómico, debido a su bajo coste y sencilla ejecución (López, 2003: 19 y 21; Van Praag, 2020: 38). Representar en láminas y tratados la anatomía topográfica o quirúrgica humanas supuso un nuevo impulso para el campo de la cirugía en la primera mitad del siglo XIX. La mayoría de los atlas se comenzaron a publicar en París, coincidiendo con los primeros estudios anatomoclínicos de patología quirúrgica, donde era especialmente importante visualizar la explicación de la operación o el aspecto y lugar de la patología. La fidelidad y realismo del grabado cobraron una importancia aún mayor de la que tenían anteriormente (López, 2003: 42; Van Praag, 2020: 38). Cuando nació la medicina veterinaria en Francia, el grabado en cobre era el proceso de ilustración que se utilizaba para los textos científicos. Este proceso no permitía integrar imágenes intercaladas con el texto, a excepción de las bandas decorativas, y tenía un coste muy elevado. Si bien, desde que Bourgelat fundara la Escuela de Alfort se impartieron lecciones de anatomía artística animal con un gran éxito, el libro ilustrado era considerado un lujo. Mientras que el adversario de las escuelas de veterinaria, Philippe-Étienne Lafosse se arruinó al reproducir las tablas de su Cours d'Hippiatrique (1772), Claude Bourgelat y Philibert Chabert no publicaron para sus estudiantes ningún texto ilustrado, salvo el Traité des bandages y el Traité des maladies vermineuses. A principios del siglo XIX, los editores, esperando una mala circulación de obras destinadas a una profesión veterinaria escasa, restringieron la ilustración de los tratados a unas pocas láminas plegables (Vallat, 2018: 104-105). Junto con los avances en las técnicas de ilustración, la anatomía artística del caballo fue una de las más representadas y estudiadas. Sin embargo, muchos artistas abandonaron su libertad creativa para adaptarse a las necesidades de una veterinaria que requería de la reproducción del modelo real despojado de belleza artística y lleno de veracidad científica. La litografía, que permitía incluir dibujos entre el texto científico, apareció por primera vez entre los veterinarios con Nicolas-Henri Jacob (1782-1871), profesor de dibujo en Alfort de 1820 a 1836. Lejos de cualquier pretensión artística, tuvo que limitar su enseñanza a temas útiles: anatomía, exterior, 10 Hija del grabador Alexandre Briceau, que también trabajó para d’Adyr. Se casó con el artista y grabador Louis Jean Allais, por lo que se puede encontrar su nombre con el apellido de él: Angélique Allais-Briceau. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 82 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 83 Página anterior: Figura 26. Litografía sobre el sistema nervioso centrar de las aves. Traité complet de l'anatomie de l'homme. N.H. Jacob. Fuente: BIU Santé, 2020. herrado, cirugía, patología y botánica. Durante su presencia en la Escuela de Alfort intervino en la ilustración de varios tratados, como tres de las publicaciones del director de la escuela Jean Girard (1770-1852) (Vallat, 2018: 104-107). Previamente a sus colaboraciones con Girard, Jacob fue discípulo de Jacques-Louis David y pintor de la corte de Eugène de Beauharnais (1781-1824). Además, había sido reconocido por sus dibujos a pluma, que presentó en el Salón de París, en 1802. Además de producir láminas veterinarias para Alfort, entre 1830 y 1850, se consagró casi exclusivamente a producir numerosas litografías sobre anatomía humana necesarias para ilustrar el Traité complet de l’anatomie de l’homme, del médico Jean-Baptiste Marc Bourgery (1797-1849). En este tratado, las láminas de anatomía comparada tienen una alta calidad, como se puede observar en la plancha 21 de dicho tratado, titulada Système nerveux central des oiseaux (página anterior. fig. 26). Por lo general, en las escuelas veterinarias europeas, los modelos tridimensionales acompañaron a las representaciones de la anatomía animal en dos dimensiones. Por ejemplo, el modelador italiano de piezas anatómicas de cera Cesare Bettini (1814-1885), fue muy prolífico en la producción de dibujos y litografías que coinciden con las piezas de cera y yeso custodiadas actualmente en el Museo di Anatomia Patologica Veterinaria de Bolonia. Figura 27. Litografía de la patología Pielonefritis de la vesícula urinaria de un buey. Cesare Bettini. 1853. Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008. Figura 28. Modelo tridimensional en yeso policromado de la patología Pielonefritis de la vesícula urinaria de un buey. Cesare Bettini. 1870. Museo Veterinario “Alessandrini- Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008. En las imágenes se puede observar cómo Bettini realizó la ilustración de la vesícula urinaria de un buey con pielonefritis (fig. 27 y 28). El modelo de yeso se realizó en el año 1870, probablemente también por Bettini, pero, sin duda, buscando asemejarse a la vesícula de la ilustración (Marcato, 2007: 339 y 417; Petrucci, 2000: 237). 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 84 A finales del siglo XIX y durante el XX, se fueron haciendo más habituales los tableros o carteles educativos y numerosas casas comerciales que vendían modelos de papel maché y escayola -como Rossignol, Deyrolle, Masson, Armand Colin o Hachette-, comenzaron a añadir este material didáctico a sus catálogos. Estos representaban diferentes ilustraciones, más o menos esquemáticas, sobre temas relacionados con los grandes campos de la docencia, para transmitir un mensaje claro que se podía leer de inmediato, independientemente del idioma y la edad. Ya a finales del siglo XIX en Europa, la anatomía tridimensional natural y artificial se había extendido en las escuelas veterinarias, así como en las escuelas de enseñanza secundaria y superior para contribuir a la docencia de las ciencias. 2.2. Las piezas de anatomía natural Transformar las estructuras anatómicas efímeras en objetos de estudio duraderos cobró una importancia especial en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando los estudios comparados y orientados a la zoología y otras ciencias experimentaron un importante crecimiento. Como explica detalladamente López Piñero, algunas de las circunstancias que propiciaron este auge fueron la fundación de instituciones científicas como las reales sociedades de ciencias, la aplicación del microscopio como innovación técnica en el estudio anatómico (de los invertebrados, por ejemplo) o la revolución de las nuevas inyecciones con sustancias solidificantes y coloreadas para la preservación de los modelos naturales (López, 1992: 11; Degueurce, 2015: 1). Las piezas más comunes en los gabinetes veterinarios eran conservadas mediante métodos de secado, como la momificación, el desecado e inyección, o la inmersión en disoluciones, baños antisépticos y fungicidas de diferentes características. Durante el siglo XVIII, numerosos productos fueron utilizados en la búsqueda de fijar y preservar los tejidos y estructuras anatómicas. La preservación mediante inmersión en líquidos conservantes de fragmentos anatómicos naturales o de especímenes completos tenía como finalidad fijar los tejidos celulares, manteniendo su estado original en el tiempo. La evolución de las técnicas por inmersión consistió en encontrar el modo de conservar los componentes celulares y mantener las estructuras antes de que los fenómenos post mortem alterasen sus formas y colores. Diversos alcoholes ya habían sido empleados desde el siglo XVII cuando el fundador de la Royal Society of Scientist de Londres, William Croone (1633-1684), presentó dos perros conservados en botes sumergidos en espíritu de vino. La destilación de los alcoholes mejoró las técnicas de conservación y permitió estudiar las colecciones anatómicas relacionadas con la biología (Simmons y Muñoz-Saba, 2005: 23-24). Además del alcohol cada vez más puro, otro de los primeros fungicidas utilizados fue el ácido tánico, descubierto por Pierre Dionis (ca. 1643-1718). Los cloratos mercuriosos, que habían sido consumidos como medicamentos desde el siglo XVI, fueron propuestos por François Chaussier (1746-1828) para su uso como sublimados corrosivos capaces de detener la putrefacción de los cuerpos animales (Muñetón y Ortiz, 2013: 118; Tovar et al., 2020: 5). 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 85 Otros compuestos, como el arsénico, las disoluciones ácidas o la glicerina fueron completando los aditivos y líquidos conservantes utilizados en la primera mitad del siglo XIX. En 1868, el químico alemán August Wilhem V. Hofmann (1818-1892) incorporó a los métodos de conservación el aldehído fórmico o formol. En comparación con los métodos de fijación por inmersión, este líquido volátil supuso una revolución debido a que mantiene las estructuras anatómicas menos rígidas y posee un amplio espectro biocida, lo que facilitó su uso en las escuelas de medicina y veterinaria. Sin embargo, cuando se descubrió que es un carcinógeno potente se ha tratado de sustituir por otros materiales de preservación (Muñetón y Ortiz, 2013: 118; Tovar et al., 2020: 5). Las técnicas de conservación basadas en el secado y la momificación también experimentaron una evolución. Aunque los procesos de preparación de las estructuras óseas continuaron realizándose en los siglos XVIII y XIX con los métodos tradicionales de secado, descarnado y blanqueado; algunos de los modelos osteológicos eran completados con los órganos y músculos tratados, e incluso colocando el sistema circulatorio original tratado con fluidos de inyección (Cole, 1921: 285-343)11. Para la preparación del hueso natural debía realizarse, en primer lugar, una evisceración y un cuidadoso descarnado tratando de no alterar el hueso. Entonces, el esqueleto era inmerso en un 11 Cole hace un interesante recorrido histórico de los materiales y técnicas de inyección en Europa y recoge varias referencias de los primeros textos en los que explica el uso de la cera para facilitar el endurecimiento de las inyecciones y su conservación. Figura 29. Alteración mandibular bovina debida a un osteosarcoma. Anónimo. Pieza osteológica natural. Siglo XIX. Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008. Del mismo modo, en los siglos XVIII y XIX, las técnicas de conservación de las estructuras musculares, fascias y órganos, complementaron los procesos tradicionales de secado con la inyección de sustancias conservantes en los principales vasos y estructuras consiguiendo una mayor fidelidad con respecto del original. Uno de los materiales principales de las inyecciones era la cera de abejas, previamente utilizada en la conservación de las momias en la Antigüedad y para el estudio de la anatomía durante el Renacimiento, elegida por su capacidad para rellenar en estado fluido a baja temperatura y solidificar rápidamente. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 86 baño de maceración que se cambiaba a menudo, hasta que la carne se desprendía del hueso y se podía lavar. El paso siguiente consistía en volver a introducir el esqueleto en un baño corrosivo de arsénico. Finalmente, se secaba en la posición deseada utilizando armaduras temporales o previa introducción de la estructura metálica de soporte (Marcato, 2007: 51). La osteología veterinaria fue muy utilizada para mostrar las patologías, como se puede observar en el perro teratológico con seis patas del Museo Veterinario Complutense de Madrid o en la alteración mandibular bovina debida a un osteosarcoma del Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia, que se muestra en la imagen (fig. 29). Algunos autores, sitúan las primeras inyecciones de cera utilizadas para conservar piezas anatómicas en las lecciones públicas del médico Mondino di Luzzi (ca. 1270-1326) en Italia. En sus demostraciones de anatomía para los estudiantes, los profesores contaban con la ayuda de los prosectores; su trabajo consistía en preparar el cadáver para la disección anatómica. La prosectora que colaboraba con Mondino, Alessandra Giliani de Persiceto (ca.1307-1326), pudo haber sido la pionera en emplear las inyecciones de cera y otros fluidos coloreados para conservar las estructuras corporales durante las clases (Haviland y Parish: 1970: 52-53). Siglos después, uno de los más reconocidos hombres del Renacimiento, Leonardo Da Vinci (1452-1519), reflejó en sus Quaderni di Anatomia, recogidos en el Códice de Windsor, los resultados de varias estructuras anatómicas humanas y animales. En sus explicaciones indica que utilizó cera de abejas como material principal para conseguir rellenar todos los vasos y cavidades de varios órganos animales y humanos (Haviland y Parish, 1970: 52-53; Castiglioni, 1925: 185). Son muy importantes sus estudios de anatomía comparada, como aquellos en los que investigó sobre la fisionomía del corazón y su funcionamiento, con corazones de cerdo y de buey. Dentro de su Trattato se puede encontrar un apartado sobre “scorri la varietà della specie umana, scimia e simili, dipoi in che si varia la specie leonina, sipoi la bovina e ultimo gli uccelli e usa tal descrizione a uso di discorso”12. Algunos de sus investigaciones más importantes se centran en el cerebro y la cavidad ósea craneal (en concreto, en búsqueda del lugar donde se encuentra el sentido común), para lo cual realizó numerosas copias en cera, en particular, de la cavidad del encéfalo (Castiglioni, 1925: 204). En el Folio 7 recto de los Cuadernos de Anatomía II y V, se pueden encontrar referencias a varias inyecciones con cera, con el objetivo de usar el propio cuerpo como molde. Además, en el Cuaderno V, describe dos maneras de rellenar las cavidades internas, ambas para conocer las dimensiones reales de los ventrículos craneales humanos. Varios dibujos de Da Vinci representan las cavidades y la anatomía interna de un cerebro (fig. 30). 12 Traducción propia: Explorar la variedad de la especie humanas, simios y similares, luego en qué varía la especie del león, luego el bovino y por último los pájaros y utilizar esta descripción a modo de discurso. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 87 Figura 30. Ventricoli del cervello. Getti in cera dei ventricoli cerebrali. Impressiva. Sensus communis. Memoria. Leonardo Da Vinci. Ca. 1485 y 1515. Ilustración-dibujo sobre papel. Quaderni di Anatomia V. Fol. 7 recto. Fuente: Leonardo Da Vinci, 2017. Cuando el estudio de la anatomía en Europa volvió a retomarse con fines científico- didácticos, a partir del siglo XVII, los tratamientos de secado de la anatomía natural en combinación con las inyecciones vasculares fueron los primeros métodos en ponerse en práctica. Las técnicas de momificación y secado para preservar los cuerpos humanos y animales empleadas desde el Antiguo Egipto y el Renacimiento, fueron renovadas cuando las primeras publicaciones del médico inglés William Harvey (1578-1657) sobre el sistema circulatorio impulsaron las prácticas de inyección arterial. Parece que los precursores de las inyecciones vasculares coloreadas en el siglo XVII, utilizadas para conservar las piezas anatómicas y los cuerpos de animales y fetos humanos, fueron el anatomista y zoólogo Jan Swammerdam (1637-1680) y el botánico y anatomista Frederik Ruysch (1638-1731). Sus preparaciones se hicieron tan populares que, además de acabar en los salones didácticos populares e instituciones de enseñanza, fueron compradas por coleccionistas privados para sus gabinetes de curiosidades. Los materiales descritos por Swammerdam en su Mimculum naturae, sive uteri muliebris, de 1672, para el estudio de la entomología, incluían la cera blanca pura con la adición de colorantes cuando aún estaba liquida (Cole, 1921: 310). Aunque en dicho texto no especifica la presencia de ninguna otra sustancia, probablemente utilizó aditivos como el mercurio y otras sustancias para conseguir diferentes resultados. Poco después, Ruysch, muy conocido por sus exposiciones de modelos anatómicos, mejoró la técnica de inyección añadiendo materiales a la cera de abejas según la temperatura ambiental, y empleando la cera al sebo o grasa en los meses de verano. Otra mezcla a la que este recurría cuando 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 88 hacía calor se componía de cera, trementina y resina, a la que se añadía bermellón o espíritu de vino mezclado con el bermellón (Cole, 1921: 308; Dacome, 2017: 66-67). Figura 31. Antique Victorian Brass S. Maw & Son Medical Instrument Enema or Syringe. Anónimo. Ca.1870. Instrumental metálico. Colección particular. Fuente: PicClick®UK, 2018. Al igual que hiciera Da Vinci, Ruysch, pionero en el estudio de los órganos sexuales masculinos y referente en cuanto a instrumental de inyección para otros anatomistas, realizó varios vaciados de estructuras anatómicas, como los del pene humano. Las mezclas utilizadas permitieron observar los vasos sanguíneos desde las arterias hasta los capilares con una elevada precisión (López, 1992: 11). En la segunda mitad del siglo XVIII, los discípulos de Ruysch llevaron a la perfección los métodos de inyección con las jeringas y sifones de Reinier de Graaf (1641–1673) (fig. 31). En la ilustración de Philippe-Étienne Lafosse, se puede encontrar esta misma jeringa como objeto en primer plano, posiblemente en representación de los utensilios empleados durante las disecciones y la preparación de piezas artificiales para las escuelas de equitación y de veterinaria (fig. 32) (Lafosse, 1772: 124-125). Página siguiente. Figura 32. Representación de una disección equina. Se puede observar una jeringa de inyección en primer plano. Philippe-Etienne Lafosse. 1772. Grabado. Cours d’Hippiatrique ou Traité Complet de la médecine des chevaux. Plancha XV. Gallica BnF, 2017. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 89 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 90 Las recetas para pastas de inyección del siglo XVIII, como la de Johannes Nicolaus Weiss (1702-1783), que sigue las mezclas estandarizadas por los anatomistas más influyentes, o la propuesta por Alexander Monro padre (1697-1767), en 173213, consistente en una primera mezcla de trementina coloreada para los vasos más pequeños y una combinación de cera blanqueada, grasa o sebo, trementina de Venecia, aceite para ensaladas y bermellón o esmalte, según si son arterias o venas, para los vasos grandes14, son las que adopta el anatomista y cirujano John Hunter (1728- 1793) en 1770 y comenzaron a utilizarse en los Colegios Reales de Cirugía europeos del siglo XVIII en adelante (Cole, 1921: 321). En España, los encargados del gabinete de piezas del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, los médicos Jaime Bonells (c. 1751 – p. S. XIX) e Ignacio Lacaba (1745-1815), ya citaron la técnica de Hunter en su Curso completo de anatomía del Cuerpo Humano, donde explican que dicho anatomista mejoró la mezcla de cera, resina y trementina, evitando que las anteriores resultaran quebradizas y acabaran por romper los pequeños vasos, previamente corroídos por las sustancias preparadoras para la inyección. Indican que las proporciones que mejoró Hunter es la de “quatro partes de resina bien purificada, otras quatro de cera blanca la más pura, y una parte de trementina fina de Venecia.” Y añadían “Con esta inyección se han hecho en el Real Colegio de San Carlos las hermosas preparaciones por corrosión que su gabinete posee.” (Bonells y Lacaba, 1820: 379-380). A continuación, explicaban la metodología de fabricación e inyección de la pasta. Las primeras escuelas veterinarias francesas también se apoyaron en la anatomía natural desecada o momificada e inyectada, aplicada por Honoré Fragonard en los gabinetes anatómicos para la enseñanza. El secado o momificación tenía la ventaja de eliminar los fluidos celulares, medio de desarrollo de los agentes biológicos responsables de la degradación. Sin embargo, el método tenía la desventaja de cortar los músculos más grandes en fragmentos siguiendo las estructuras fibrosas (Degueurce, 2015: 1-2). La metodología de tratamiento de las piezas de Fragonard consistía en una primera fase de secado de los tejidos y estructuras, que conllevaba una reducción volumétrica de la anatomía menos consistente (Degueurce, 2011: 99). Durante este proceso, se precisaba mantener intactos todos los huesos, músculos, vasos y nervios. Realizando las incisiones necesarias, eran retirados algunos de los órganos más delicados o fáciles de extraer, o se 13 De sebo, una libra, cera blanca blanqueada, cinco onzas, y aceite para ensaladas, tres onzas. Derrita y añada dos onzas de aguarrás veneciano. Espolvorear el color y filtrar a través de un paño de lino. 14 Para consultar los materiales propuestos y métodos de inyección véase: Monro, A. (1752). An essay on the art of injecting the vessels of animals, Medical essays and observations. https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro,+%22an+essay+on+the+art +of+injecting+the+vessels+of+animals%22,+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe- P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr- XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20th e%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false [Consultado el 19/12/2018]. https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false https://books.google.es/books?id=L3kFAAAAQAAJ&pg=PA79&lpg=PA79&dq=alexander+monro+%22an+essay+on+the+art+of+injecting+the+vessels+of+animals%22+medical+essays&source=bl&ots=koqNe0tpPz&sig=ACfU3U3TNKSe-P3IBigkA7T5-E_rNxf7wQ&hl=en&sa=X&ved=2ahUKEwi48tjhr-XkAhUn3OAKHWceAkEQ6AEwA3oECAQQAQ#v=onepage&q=alexander%20monro%2C%20%22an%20essay%20on%20the%20art%20of%20injecting%20the%20vessels%20of%20animals%22%2C%20medical%20essays&f=false 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 91 descubrían las estructuras anatómicas que deseaba hacer visibles al espectador. Una vez realizados estos pasos, el anatomista realizaba dos inyecciones sucesivas: primero una con esencia de trementina y pigmentos; después, una pasta de cera, sebo de cordero o de buey, manteca de cerdo, aceite de oliva, trementina de Venecia y pigmentos (principalmente bermellón (rojo) y cardenillo o azul de Prusia (azul). Parece que durante el proceso de secado Fragonard también policromó algunas de las arterias y venas por el exterior con los mismos pigmentos. La rigidez y estabilidad conseguida con estos pasos previos permitía entonces proceder a una disección para disponer cada parte de la anatomía en la posición final deseada. El método principal de conservación era la inmersión de las piezas en una solución de alumbre o, en el caso de las piezas no disecadas, la maceración durante varios días en baños alcohólicos. Una vez tratadas, se colocaban al aire en la tensión requerida con diversos sistemas de hilos y soportes hasta su secado completo. Entonces, se barnizaban con una mezcla densa de resinas naturales que aportaba resistencia a las piezas y las aislaba del ataque biológico. El mismo autor se encargaba después del mantenimiento para evitar la aparición de insectos, aplicando alcohol o esencia de trementina en los meses apropiados (Blanco et al., 2017: 7-9). La técnica de inyección empleada por Fragonard también fue empleada en la preparación de piezas veterinarias para la Universidad de Bolonia. En el caso de desear una conservación de la estructura vascular interna de los músculos o de los vasos de irrigación que rodeaban las fibras musculares conservadas, las inyecciones de cera, sebo animal y trementina fueron el recurso más utilizado durante los siglos XVIII y XIX. El momificado posterior consistía en la inmersión de las piezas en baños prolongados de arsénico y un posterior proceso de secado muy lento y laborioso, en el que se impregnaban los músculos con una mezcla de tierra roja, resina copal y aguarrás (Marcato, 2007: 51). Uno de los inconvenientes de este proceso de preparación era la homotecia (o reducción de los volúmenes de las estructuras anatómicas debido a la pérdida de líquidos). La modificación de las formas originales daba lugar a espacios falsos entre los diferentes órganos y estructuras, perdiendo la veracidad tan importante para el cirujano o el médico (Degueurce, 2011: 99). La búsqueda de un método para conservar los volúmenes de los órganos blandos se convirtió en una inquietud fundamental en la conservación de la anatomía y se siguieron fabricando piezas disecadas hasta la segunda mitad del siglo XX. 2.3. Los modelos didácticos artificiales La alternativa a las piezas de anatomía natural, en búsqueda de suplir los problemas mencionados y de lograr una veracidad mayor, fueron los modelos artificiales de materiales como el yeso o la cera. Desde los albores del estudio del cuerpo humano, la enseñanza de la anatomía requirió modelos anatómicos debido a la falta de técnicas de conservación satisfactorias. Estos modelos tenían que cumplir con una serie de requisitos: debían ser lo más realistas posible, no 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 92 demasiado delicados, contener algunas partes móviles y tener un precio asequible. Algunos de estos materiales fueron el marfil, la madera o los metales. No se han conservado ninguno de los primeros modelos animales destinados al estudio comparado en materiales diferentes al yeso o la cera, pero podrían haber existido en menor medida que las piezas artificiales de anatomía humana. Por ejemplo, parece que la mayoría de los maniquíes anatómicos en marfil, realizados para mostrar el cuerpo femenino de la mujer embarazada con piezas móviles o desmontables (modelos clásticos) y su comparación con la cavidad torácica masculina, fueron producidos en Francia e Italia quizás para la formación de las parteras. También fueron reproducidos en marfil algunos órganos del cuerpo humano que no resultaban fáciles de explicar en los textos y que se componían de pequeñas partes. En el siglo XVIII, fueron fabricados modelos clásticos de ojos y oídos, principalmente en Alemania e Italia y, durante los siglos XVII y XVIII, se produjeron modelos de marfil del cráneo y de esqueletos articulados en pequeñas cantidades tanto en Europa como en China (Russell, 1972: 132-133; Mazzolini, 1991: 123-124; Olry, 2000: 31). Se tiene constancia del estudio de la anatomía humana desde el Renacimiento italiano mediante representaciones miológicas de bronce, así como de la fabricación de modelos humanos de madera de artistas florentinos (como Francavilla, Marco d'Agrate y Lodovico Cigoli, entre otros) o los modelos con miembros móviles en el siglo XVIII por Felice Fontana (Mazzolini, 1991: 123-124; Olry, 2000: 31 y 33). Pero, de estos materiales tampoco se han encontrado referencias a modelos animales destinados a la anatomía comparada o la anatomía veterinaria. No fue hasta el siglo XIX, cuando el estudio de la zoología o la veterinaria fomentaron la fabricación de modelos anatómicos animales de materiales como el yeso, el vidrio, el papel maché o la cera. Con el comienzo del siglo XIX, empezó la gran difusión de la anatomía artificial, como consecuencia de las mencionadas necesidades didácticas de la centuria y las exigencias de veracidad anatómica. El volumen de producción requirió de una elevada profesionalización para llevar a cabo las diferentes técnicas y entre los diferentes fabricantes se estableció una carrera comercial que llevó a la innovación en los materiales o los sistemas de producción. Surgieron casas comerciales europeas que distribuyeron a gran escala sus piezas en todo tipo de instituciones, desde escuelas de educación secundaria y facultades de ciencias hasta coleccionistas privados o cirujanos particulares (VVAA, 2017: 37-38). Con el objetivo de mejorar la capacidad didáctica de las nuevas piezas anatómicas, los fabricantes probaron nuevos materiales para hacerlas clásticas, es decir, para que pudieran dividirse en piezas desmontables para su estudio. Además, cada material se adaptaba a las diferentes necesidades, de manera que una sola casa comercial solía producir piezas de anatomía artificial con distintas técnicas. Los modelos en yeso, baratos, poco frágiles y rápidos de fabricar, permitían realizar vaciados de la anatomía natural y policromarlos llegando a acabados muy realistas. El vidrio, resultó especialmente adecuado en la imitación de los cuerpos translúcidos y gelatinosos de los animales marinos y los invertebrados, a 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 93 pesar de su fragilidad y la elevada especialización que requería la técnica. El papier-mâché o papel maché, ligero, fácil de moldear y barato, fue uno de los materiales más populares durante el siglo XIX, pues permitía realizar piezas clásticas, poco pesadas y difíciles de romper por los escolares. Finalmente, la cera mezclada con diferentes aditivos fue heredera de las grandes piezas de anatomía humana de los siglos precedentes. Delicadas y frágiles, las pastas de cera permitían imitar cualquier parte de la anatomía con un realismo inigualable gracias a su translucidez y brillo. También permitían crear piezas clásticas, aunque con evidentes limitaciones (Degueurce, 2015:1-2). A continuación, se exponen algunos ejemplos de los modelos zoológicos y veterinarios de escayola y de papel maché. Se han excluido aquellos de vidrio o cristal porque no se han encontrado referencias a estos materiales en los museos ni escuelas veterinarios, pero sí en museos de historia natural (Abate et al., 2017: 534). La Specola de Florencia adquirió en los talleres de Dresde numerosos modelos de la casa comercial Blaschka, en 1873, en los que se representaban moluscos y animales inferiores que imitan de manera fiel la translucidez y plasticidad de su anatomía como se puede observar en el modelo de pulpo común (fig. 33). Figura 33. Octopus vulgaris, o pulpo común, perteneciente a La Specola. Casa Blaschka. Ca. 1873. Modelo en vidrio. La Specola, Florencia. Fuente: Picuki.com, 2019. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 94 2.3.1. Los modelos zoológicos y veterinarios de escayola policromada Durante la segunda mitad del siglo XIX, fue necesario recurrir a materiales como la escayola y el yeso para representar la anatomía de manera más exacta en las escuelas veterinarias. Estudiar la anatomía natural conservada podía dar lugar a errores sobre la posición de algunas estructuras o la función de órganos a los que les faltaban partes. Por esta razón, los preparadores de piezas comenzaron a utilizar el yeso. Como primera institución veterinaria europea, la Escuela Veterinaria de Alfort completó su colección de anatomía de los animales domésticos con un gran número de modelos en yeso, principalmente dirigidos a la anatomía del caballo. El escultor y preparador de piezas naturales disecadas y de órganos conservados, Jacques-Nicolas Brunot (1763-1826), tomó las ilustraciones de varios tratados y siguió las disecciones de numerosos animales para crear sus modelos en yeso policromados, entre 1883 y 1911 (Degueurce y Lopez-Jugant, 2009: 52) (fig. 34) (Lopez-Jugant, 2010: 11). El mismo Brunot, junto con los artistas Charles Aubry (1798-1841) y Karl Loeillot (Henri Charles Loeillot or Loeillot-Hartwig (1798–1864)), fue el autor de varios volúmenes de láminas sobre la anatomía interna y externa del caballo. Estos estudios, que no se realizaron para la enseñanza de la veterinaria, sino como aportación a la representación artística de este équido, se componen de cinco cuadernos con dibujos y textos explicativos (VVAA, 2015: 1-3; Vallat, 2018: 107). Figura 34. (Izquierda) anatomía de las patas del caballo. Jacques-Nicolas Brunot y Charles Aubry. Ca. 1880. Grabado. (Derecha) modelo miológico equino. Jacques- Nicolas Brunot. Ca. 1883 y 1911. Fuente: École Nationale Vétérinaire d’Alfort, 2016. Más tarde, a lo largo del siglo XX, los modelos de yeso de preparadores como Joseph Eugène Petitcolin (1855-1928) o André Richir (1887-1962) completaron las colecciones didácticas de anatomía de las escuelas veterinarias francesas, acompañadas de una elevada producción de dibujos y planchas anatómicas explicativas (Degueurce, 2006: 25). Actualmente, se conservan en el Museo Fragonard de Alfort, más de 500 modelos anatómicos en yeso policromado realizados por Petitcolin, que trabajó en la escuela entre 1881 y 1922, y Richir, también empleado en Alfort desde 1939 hasta 1959 (Degueurce y Lopez-Jugant, 2009: 55). El modelo anatómico corazón de cerdo (fig. 35) fue realizado por Petitcolin para la Escuela de Alfort (Degueurce y Lopez-Jugant, 2009: 59). Importantes científicos boloñeses, como Francesco Mondini (1786-1844), profesor de anatomía humana, y Antonio Alessandrini (1776-1861), profesor de anatomía comparada y veterinaria; colaboraron desde principios del siglo XIX para documentar los aspectos inéditos de la anatomía patológica y las anomalías animales. Para inmortalizar los aspectos más característicos de 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 95 cada rasgo anatómico recurrieron a los modeladores de piezas artificiales Giuseppe Astorri (1785- 1852) y Cesare Bettini (1814-1885) (Ruggeri y Aldini, 2010: 31). Aunque quizás los modelos más destacados de Astorri y Bettini, conservados actualmente en las colecciones boloñesas, sean los fabricados en ceroplástica, muchas de las piezas de anatomía patológica, humana y veterinaria, en yeso policromado demuestran una imitación de la realidad y una perfección muy interesantes. En la imagen (fig. 36), se muestra uno de los modelos de anatomía patológica de Bettini, donde está representado un pulmón bovino afectado con una pleuropulmonía contagiosa; fue realizado, en 1878, con yeso policromado (Marcato, 2007: 316). Figura 35. Representación de un corazón porcino. Joseph Eugène Petitcolin. 1903. Pieza de yeso policromado. École Nationale Vétérinaire d’Alfort, Paris. Fuente: Christophe Degueurce y Julien Lopez-Jugand, 2009. Figura 36. Pulmón de ganado bovino afectado por una pleuropulmonçía contagiosa. Cesare Bettini. 1878. Pieza de yeso policromado. Museo Alessandrini-Ercolani, Bolonia. Fuente: Paolo Marcato, 2008. La técnica de producción de los modelos en yeso durante los siglos XVIII y XIX varía en función de las escuelas anatómicas y las necesidades didácticas. Se puede tomar como ejemplo la descripción del proceso de reproducción de un modelo de chimpancé del siglo XIX para el Muséum National d'Histoire Naturelle de París, aunque no se sabe con certeza si el molde fue realizado con yeso o con gelatina, y una descripción de la reproducción de la técnica de Petitcolin (empleada en la realización de piezas para la Escuela Veterinaria de Alfort a principios del siglo XX), realizada por 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 96 el investigador y curador del Museo Fragonard de París, M. Christophe Degueurce (Gaget, 2013; Lopez-Jugant, 2010: 59-65), explicada en la bibliografía referenciada. Previa preparación del modelo natural animal mediante disección, inyección de los vasos sanguíneos (con sustancias de relleno como cera y sebo) o la disposición adecuada de los órganos (inyectando e hinchándolos con aire o reforzándolos con tejidos que aporten rigidez a las zonas blandas), se debe colocar en la posición final. Entonces, se satura la superficie con un aceite vegetal o una grasa que permita el desmoldeo del yeso (aunque durante el siglo XIX hubo anatomistas que emplearon el cloruro de zinc). Dado que el molde de yeso se rompía para obtener la reproducción, solía teñirse con algún pigmento para poder distinguirlo y no dañar la pieza final. A continuación, la colada de yeso se vertía dentro del molde realizado por partes o en una única pieza. En el caso de Petitcolin, parece que añadía al yeso para reproducir el modelo, materiales como estopa o trozos de madera, que aportaban propiedades al producto final como ligereza o un fraguado más rápido. El molde final o positivo se recuperaba rompiendo el molde, una vez que el yeso había fraguado. Este proceso, específico para la preparación de moldes huecos, hace que cada pieza sea única debido a la destrucción sistemática del molde primario. La policromía parece haber sido aplicada en ambos casos en forma de capas muy finas a modo de veladuras. Las estratigrafías analizadas en el Centre de Recherche et de Restauration des Musées de France (C2RMF)15 indican que, en el caso del chimpancé, el aglutinante empleado para los pigmentos más abundantes: el bermellón, el blanco de plomo y de zinc y el azul de Prusia, fue de naturaleza oleosa, probablemente un aceite de linaza. Mientras que Petitcolin empleó para los músculos algunos rojos oscuros, como el burdeos o el granate, y para las aponeurosis y los ligamentos un blanco cerúleo y un blanco cremoso que puede resultar de la evolución material de los pigmentos (no se indica el aglutinante) (Lopez-Jugant, 2010: 61-62; Gaget, 2013). Un barniz final cubre toda la capa pictórica de la pieza del chimpancé. No se ha identificado su naturaleza, pero su alta sensibilidad a los alcoholes presupone un barniz magro a base de una o más resinas naturales, que podrían ser resinas de dammar o copal. La fijación a la peana fue realizada con la ayuda de tornillos metálicos recubiertos de yeso fraguado a su alrededor para asegurar la unión (Gaget, 2013). También en la Alemania de la segunda mitad del siglo XIX, el técnico Franz Josef Steger (1845-1938) comenzó a fabricar modelos de anatomía humana y comparada en yeso policromado para la Universidad de Leipzig, bajo la dirección del profesor Wilhelm His (1831-1904). Juntos, idearon una técnica que supuso una revolución en la producción de anatomía artificial hiperrealista de finales de siglo. Su particular exactitud, se debía a la previa congelación del modelo a reproducir, de manera que las estructuras anatómicas eran más estables. Además, eran menos costosos que los modelos de cera o papel maché, por lo que se hicieron populares rápidamente y se exportaron a otros países (Spencer, 2008: 6; Cornwall y Smith, 2014: 209-210). No se tiene referencia la aplicación de esta técnica para la representación de la veterinaria o la zoología; quizás sucedió 15 Estudios realizados en el Centre de Recherche et de Restauration des Musées de France (C2RMF) por Yannick Vandenberghe y Nathalie Balcar. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 97 posteriormente como con otros materiales puesto que las escuelas veterinarias adquirieron modelos de demostración en yeso a través de las casas comerciales. 2.3.2. Los modelos zoológicos y veterinarios de papel maché Papel maché o papier mâché es el nombre de una pasta de modelado compuesta por materiales de desecho basados en la celulosa, como los trapos viejos, el papel usado e incluso fibras de madera o paja; mezclados con un adhesivo y agua. La fabricación de objetos de adorno con dicha pasta fue muy popular en la Francia de los siglos XIX y XX y, en lo que respecta a su aplicación en la representación de la anatomía humana y animal, el papel maché siempre estará asociado al nombre del anatomista y médico francés Louis Auzoux. Producir una pasta concreta según su propia receta y adaptar la técnica de modelado a la reproducción de modelos anatómicos didácticos mediante moldes, permitió al Dr. Auzoux alcanzar un éxito mundial y fabricar piezas en serie. Exportó sus modelos por todo el mundo creando una empresa comercial orientada a los institutos e instituciones científicas y adaptándose a las necesidades de sus clientes (Degueurce y Adds, 2015: 19). El éxito del papel maché como material de fabricación de anatomía artificial quizás fue potenciado por tratarse de un buen sustituto de los modelos anatómicos realizados con la técnica de la ceroplástica. El papel maché es capaz de generar modelos clásticos de manera rápida y económica al hacerse mediante moldes, dando lugar a piezas ligeras y menos frágiles que la cera y otros materiales como la madera o el yeso. Además, no le afectan las variaciones térmicas tanto como a las piezas de cera, pero son más sensibles a las fluctuaciones de humedad. Las innovaciones en el sistema de fabricación en serie o en la composición de los modelos por muchas piezas, pusieron al papel maché a la cabeza de una revolución en la producción de los modelos de anatomía artificial del siglo XIX. Además, aquellas habían sido creadas con fines docentes, por lo que combinaban la veracidad anatómica y el valor científico con la posibilidad de desmontarse y de comprenderse gracias a una policromía atractiva pero adecuada. Aunque, inicialmente la producción se destinó a la anatomía humana, Auzoux rápidamente comenzó a fabricar modelos didácticos de animales y vegetales. Su popularidad se extendió a todo tipo de instituciones europeas, y entre otras en las escuelas de medicina y de veterinaria (Degueurce y Adds, 2015: 19). Por ejemplo, entre 1883 y 1911, la Escuela Veterinaria de Alfort adquirió numerosos modelos de papel maché directamente de las factorías del Dr. Auzoux, incluso mientras sus estanterías se completaban con los modelos en yeso de Brunot (Lopez-Jugant, 2010: 11). Como era lógico en la centuria debido a su importancia en la sociedad, el caballo fue el primer animal en ser representado en papel maché. Aunque le siguieran importantes colecciones y extensas producciones en serie de animales domésticos necesarios para las economías europeas, como las abejas o el gusano de seda, el caballo ocupó un lugar destacado en la vida y obra de Auzoux (Degueurce y Adds, 2015: 19). Cuando las escuelas veterinarias de toda Europa adquirieron numerosos modelos directamente de la factoría de Auzoux, especialmente aquellos clásticos que facilitaban la enseñanza, este promocionó especialmente los modelos equinos. La 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 98 importancia de dicho animal en la enseñanza de la veterinaria europea se percibe en la publicación que el productor de piezas realizó de su folleto titulado De l’utilité de l’Anatomie Clastique, sour le rapport du choix, de l’emploi, de la conservation du cheval, et de l’amélioration de la race chevaline16, de 1847. Sin embargo, la producción de modelos Auzoux para las instituciones veterinarias han recibido menos atención que los de anatomía humana o los vegetales, quizás por haber tenido menos difusión o ser más específicos (Sánchez de Lollano, 2014: 135; Degueurce, 2015: 7). Otros modelos interesantes en la docencia veterinaria eran aquellos destinados a la biología comparada o por ser relevantes como animales domésticos. Por ejemplo, el modelo tridimensional que representa a un pavo perteneciente al Museo Veterinario Complutense de Madrid que se muestra en la imagen (fig. 37); un animal designado por Auzoux como espécimen tipo de las aves y que se utilizaba para el método comparado en las escuelas veterinarias. Figura 37. Modelo anatómico de un pavo. Louis Auzoux. Siglo XIX. Papel maché. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia. 2020. Este tipo de agrupación por tipología zoológica, identificado con un modelo del animal más representativo, fue repetido en muchas colecciones, como la de los peces cartilaginosos (donde el tiburón fue el espécimen tipo) o la de los insectos adultos (con un abejorro como representante del grupo) (Sánchez de Lollano, 2014: 138; Degueurce y Adds, 2015: 19). Sin embargo, algunos investigadores destacan las dificultades económicas que seguían encontrando las escuelas de veterinaria para adquirir los modelos Auzoux, si bien eran ligeramente más económicos que los modelos artificiales de cera. Quizás esta es la razón por la que la demanda 16 Traducción propia: “La utilidad de la anatomía clástica en términos de elección, empleo, conservación del caballo” 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 99 de modelos en papel maché fue mucho mayor en centros de enseñanza básica o secundaria (Sánchez de Lollano, 2014: 137). Numerosos modelos fueron adquiridos por instituciones como el Instituto San Isidro de Madrid, por ejemplo, la pieza clástica de Helix aspersa (caracol), conservada actualmente en su Museo de Historia Natural (fig. 38). Figura 38. Modelo anatómico de caracol. Cada imagen muestra una fase de desmontaje de esta pieza clástica que permite observar la anatomía interna del animal. Louis Auzoux. Siglo XIX. Papel maché. IES San Isidro de Madrid. Fuente: Rafael Martín, 2014. En función del análisis que Ruiz y Degueurce realizaron sobre los modelos clásticos animales de Auzoux del Museo Veterinario de Alfort, la técnica podría resumirse en los siguientes puntos: Todas las piezas se reproducían a partir de moldes, para lo que había que crearlos previamente desde un modelo inicial. La preparación del cadáver dependía del prosector o del disector y también se podría partir de una reproducción en otro material, como la arcilla o el yeso (Ruiz y Degueurce, 2009: 37-38). Sin embargo, la metodología de aplicación, las características del material celulósico y el tipo de molde, no eran los mismos para las piezas grandes que para las pequeñas. Ruiz y Degueurce, así como Gouriveau, coinciden en la descripción de la técnica: cuando la pieza a reproducir era de un tamaño pequeño o medio podía fabricarse hueca con la técnica denominada cartonnage (Ruiz y 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 100 Degueurce, 2009: 37; Gouriveau 2018: 90). Para ello, se utilizaba una pasta de papel y corcho amasada, cocida y prensada en forma de hojas que producían en la misma fábrica de Auzoux. Entonces, se superponían dentro del molde dicha pasta en forma de hojas con una cola natural, en una sucesión de capas (aproximadamente de doce capas), de un grosor suficiente como para tener la rigidez adecuada. Las capas de papel se adaptaban perfectamente al molde gracias a la humedad aportada por la cola, registrando todos los detalles. Debían sacarse de los moldes cada parte de la pieza antes de su completo secado y reforzarlas en su interior con alambre metálico. Esta técnica, que no permitía utilizar cierres metálicos ni armaduras, se reservaba para piezas sencillas o poco articuladas, como en los modelos de órganos. Las piezas grandes requerían de una estructura rígida y no podían ser huecas debido al peso de la pasta y los refuerzos. Entonces, se combinaba un estrato del cartonnage empleado en las piezas pequeñas, pero aplicado en cuatro capas en lugar de doce sobre los moldes de aleación metálica, con el terrage. La pasta de papel llamada terre, estaba compuesta de cola de harina, papel deshilachado, filasse picado (materia textil vegetal aún no hilada), blanco de Meudon (polvo de roca caliza compuesto por carbonato cálcico y un bajo porcentaje de arcilla) y corteza de alcornoque, corcho triturado. La pasta terre, se añadía sobre las capas de papel a modo de colada y se prensaba con martillos. En el momento en que la pasta tenía la consistencia necesaria se colocaban los elementos metálicos estructurales (varillas planas y cuadradas de gran diámetro), así como las varillas y demás aplicaciones que permitían la sujeción de las piezas. Las diferentes partes del modelo se unían entonces aún dentro de sus moldes y se prensaban para eliminar el excedente de agua. A partir de este punto de la metodología, el proceso era común tanto para piezas huecas como para piezas macizas o compactas. Cuando la pieza estaba seca era desmoldada y debía retirarse la pasta de papel sobrante, así como mejorar el acabado superficial lijando, revistiendo y parcheando las zonas que lo requerían para eliminar defectos y aportar al modelo el aspecto necesario. Parece que se aplicaba una última capa de papel con cola finísima en la superficie para facilitar la adherencia y la homogeneidad del estrato pictórico. Previamente a la policromía se aplicaban las texturas que imitarían el pelaje del animal o los vasos sanguíneos con diferentes materiales, desde alambre fino y cáñamo encolado hasta cerdas de pincel dispuestas a modo de fibras (Ruiz y Degueurce, 2009: 37-38; Gouriveau, 2018: 92). La policromía, compuesta de pigmentos molidos y un aglutinante, se aplicaba en caliente en numerosas capas sucesivas de veladuras y capas más opacas, siendo el estrato más superficial una aplicación de barniz sin colorear. Algunos modelos recibían una capa de adhesivo protéico a base de gelatina de pescado, aplicada quizás como consolidante o barniz sobre las capas de policromía, (Ruiz y Degueurce, 2009: 38; VVAA, 2017: 58), mientras que otras piezas de Auzoux no presentan esta capa de gelatina y se puede detectar el barniz utilizado en la policromía. Finalmente, se colocan los elementos de sujeción, como los ganchos, en latón para los más finos y en aleación ferrosa para los más gruesos (Gouriveau, 2018: 92). Los modelos artificiales de anatomía en yeso y en papel maché compitieron con la producción de ceroplástica en las escuelas veterinarias del siglo XIX. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 101 2.3.3. La ceroplástica como recurso didáctico en medicina y veterinaria Desde sus orígenes, el estudio y la enseñanza de la anatomía dependían de tener acceso a los cuerpos, pues el cadáver podía considerarse el modelo ideal para comprender la anatomía, dado que todas las estructuras se encuentran en su lugar correspondiente, los tejidos presentan la elasticidad y textura habituales, y las membranas y fascias están intactas (Fredieu et al., 2015: 184). Las técnicas de inyección, plastinación y otros métodos de conservación de los cadáveres a menudo conllevaron la modificación de las estructuras y la retracción de los tejidos. Sin embargo, los modelos anatómicos en cera permitían reproducir las estructuras anatómicas de manera completamente imitativa para que, observándolas, se pudieran analizar las fascias y los tejidos más delicados tal y como los veía el ceroescultor en el momento de la disección. Sin embargo, la fabricación de modelos anatómicos en pasta de cera policromada requiere de un alto grado de conocimiento de los materiales y de una gran experiencia por parte del escultor, además de exigir una colaboración interdisciplinar entre un artista y un anatomista. La ceroplástica es una técnica escultórica de modelado con pastas de cera de abeja, amarilla o blanqueada, como componente principal. Los aditivos son seleccionados en función de los requerimientos de la pieza. Por ejemplo, se añade sebo animal para hacerla más dúctil y sensible al calor o resina vegetal si se necesita una pasta más transparente y dura cuando se enfría. Habitualmente es teñida fácilmente con pigmentos en polvo, amalgamados previamente con aceite vegetal. Los resultados obtenidos de la superposición de capas de pasta de cera coloreada son capaces de imitar las tonalidades y la opalescencia de las carnaciones, los tejidos musculares y el resto de las estructuras anatómicas humanas, animales y vegetales. Las diferentes formulaciones de fabricación empleadas variaban en función del país, de la escuela anatómica, del artífice e incluso de los materiales disponibles en el taller del arista o anatomista. La composición de las pastas de cera dependía de las exigencias del clima y del uso que iban a recibir los modelos. Por otra parte, ni los ceroescultores pertenecientes a las instituciones ni aquellos que comercializaban sus modelos, divulgaban las proporciones y materiales empleados, pues las propiedades de durabilidad de sus piezas eran importantes en la competencia con otros fabricantes o para obtener contratos. Por esta razón, algunos autores han expuesto unos rasgos generales de la técnica ceroplástica, basándose en evidencias reflejadas en la información de los archivos de los talleres o recogidas por cronistas de las distintas épocas17 (Lemire, 1993: 68-69; Lemire, 1997: 512; Dal Forno, 2009: 22-26; Riva et al., 2010: 219). El modelo en cera podía realizarse a partir del propio cadáver (preparado previamente por el prosector). A menudo, se requerían varios cadáveres para realizar un solo modelo o se partía de una copia en arcilla de la parte anatómica o del órgano a reproducir, principalmente para las estructuras blandas o los tejidos delicados. En ambos casos, el yeso líquido era directamente vertido 17 Como es el caso de Nicolas-René Dufriche, conocido como Desgenettes. Durante su viaje a Florencia conoció la producción de ceroplástica de La Specola y reflejó la técnica de fabricación aconsejándola para crear modelos anatómicos, en Francia, en su Réflexions générales sur futilité de l’Anatomie artificielle et en particulier sur la collection de Florence, et la nécessité d’en former de semblables en France, de 1793. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 102 sobre el modelo real o la reproducción en arcilla, preparando un sistema de molde por piezas en los casos de figuras grandes o complejas. Una vez seco, el molde era enjabonado o pincelado con aceite en su zona interna para sellar los poros y poder trabajar con él. Entonces, se vertía la pasta de cera líquida a la temperatura justa para evitar la producción de burbujas en la interfaz de la cera con el yeso. El molde podía rellenarse completamente con una o varias coladas de pastas de cera y conseguir una pieza maciza o hueca, en función de las transparencias y coloraciones que el modelo requería para una mayor fidelidad anatómica. El modelo obtenido en este proceso se desmoldaba y se modificaba o repasaba para eliminar defectos o añadir detalles. Por lo general, el ceroescultor y el anatomista (o la misma persona en los casos en los que era el propio anatomista quien realizaba el modelo), partían de la pieza obtenida del molde para superponer sobre ésta los detalles anatómicos necesarios: desde planchas milimétricas de pasta de cera y resina transparente, hasta la representación de los vasos sanguíneos con pastas tubulares coloreadas y la aplicación de vello natural u otros materiales. En ocasiones, los detalles más sutiles o superficiales, y las veladuras finales que aportaban coloraciones brillantes o matices, se realizaban con colores al barniz u óleo. La superficie era barnizada con una resina natural para aislar las pastas de cera del particulado atmosférico, pero también con una finalidad estética. Aplicando más capas y brillo a las zonas anatómicas podía aportar a las vísceras y a otras estructuras u órganos una sensación de humedad; mientras que la piel exterior o las representaciones óseas quedaban barnizadas con un aspecto más mate. Durante el montaje del modelo, que en ocasiones debía obtenerse en moldes separados y unirse para conseguir una pieza de grandes dimensiones o con formas complejas, los artífices empleaban pernos metálicos para realizar una estructura o para unir partes entre sí, cera roja de escultor y otras pastas de cera mezcladas con estopa, lino y otras fibras vegetales. Estos materiales les permitían obtener el modelo completo y sujetarlo o colocarlo en la peana de exposición. En los casos en los que el modelo en cera se realizaba sobre el hueso natural (como es el caso de la técnica boloñesa) o sobre un soporte de otro material, como la escayola, la técnica de la reproducción por moldes se adaptaba o se sustituía por la aplicación de planchas de pastas de cera coloreada directamente sobre la estructura ósea o del material correspondiente. Figura 39. Modelo miológico de cabra en cera. Siglo XIX. La Specola, Italia. Fuente: Flickr, 2007. Sin embargo, la técnica de la ceroplástica evolucionó durante siglos antes de emplearse para representar la anatomía animal, como en el caso del modelo de cabra de la imagen, perteneciente al museo de La Specola (fig. 39). El empleo de la ceroplástica en la Antigüedad se remonta a la civilización egipcia, donde la cera tenía múltiples aplicaciones, desde la farmacopea hasta su aplicación artística en la técnica encáustica. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 103 Las estatuillas de cera tenían numerosas connotaciones en el plano de la magia simpática, mediante la cual los objetos inanimados a través de un modelo podrían tener consecuencias en el plano de la realidad (Veiga, 2009: 37). Las últimas investigaciones sugieren que también se empleaba la cera de abejas en los iconos realizados para inmortalizar a los personajes ilustres del momento, quizás debido al valor mágico y sagrado de este material (Stevens et al., 2019: 1515). Heredaron estas prácticas las culturas griegas y romanas, que empleaban las pastas de cera para realizar efigies de personalidades públicas o de familiares. Práctica que adoptó después la religión cristiana en los ritos litúrgicos, empleando la ceroplástica en las máscaras mortuorias y el modelado en cera de exvotos, principalmente. Los artistas se apoyaban en los bocetos y modelos de cera para crear sus composiciones o utilizaban mezclas de cera de distintas durezas, junto con otros materiales, como parte de la técnica escultórica de la cera perdida. La evolución de la ceroplástica hasta llegar a ser el material final para construir los modelos anatómicos sigue una transición que puede parecer lógica y ha sido estudiada por numerosos investigadores (Haviland y Parish, 1970: 52; Lemire, 1993: 64; Dacome, 2006: 29; Vega, 2010: 451; Riva et al., 2010: 215; Maeker, 2013: 534). Desde los exvotos y las máscaras mortuorias, modelos religiosos orientados a la reflexión sobre lo inmaterial y sobre el plano espiritual, hasta un modelo anatómico científico que sigue representando la vida en la muerte. Si bien la cera se había empleado desde los primeros intentos de conservar los cuerpos para su estudio anatómico en la Bolonia del siglo XIV (con las inyecciones en cera de la prosectora Alessandra Giliani de Persiceto (ca. 1307-1326)), durante las décadas sucesivas se buscaron combinaciones cerosas que evitaran la descomposición y permitieran mantener las estructuras corporales lo más fieles a la realidad. Hasta que, en el siglo XVII se produce el encuentro entre el arte y la ciencia con el triunfo de la ceroplástica humana compartida por anatomistas y cirujanos. Ludovico Cardi, apodado Il Cigoli (1559-1613), es considerado uno de los precursores de la ceroplástica anatómica. Suyo es uno de los primeros bocetos conservados de despellejados humanos orientados al estudio de la medicina que actualmente se encuentra en el Museo Nazionale del Bargello, Florencia (Pelagalli et al., 1998: 10). Sin embargo, debe tenerse en cuenta que las figuras de anatomía humana y comparada en cera, principalmente despellejados, fueron en su origen creados con fines didácticos por y para los artistas. Los conocimientos anatómicos se enseñaron en las escuelas de artes y oficios mucho antes que en las instituciones de medicina. Cuando la ciencia lo requirió, los anatomistas encargaron a los artistas que produjeran tales modelos para la instrucción médica. Dicha colaboración se puede encontrar en la primera producción internacional de ceroplástica humana con finalidad de imitar la anatomía para la enseñanza de la medicina. La necesidad de mejorar las técnicas de inyección y de representación del cadáver por parte del anatomista y cirujano francés Gillaume Desnoues (1650-1735) (profesor de anatomía y cirugía en la Universidad de Génova) le animó a colaborar con el abad siciliano Gaetano Giulio Zumbo (su apellido original es Zummo) (1656-1701), especialista en ceroplástica religiosa y famoso por sus 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 104 Teatrini della morte realizados en cera coloreada. La fama internacional de sus producciones y la difusión de la técnica supuso una revolución en la representación anatómica europea. En los siglos sucesivos, los modelos artificiales de cera se pudieron encontrar en todos los gabinetes y salas de los colegios de cirugía. Las inyecciones de cera de abejas y otros materiales permitían su convivencia con las piezas anatómicas naturales, compartiendo los espacios con piezas osteológicas, preparados en disoluciones conservantes, momificaciones o taxidermias. A partir de las primeras piezas de Desnoues y Zumbo, la técnica o tecnología de la ceroplástica anatómica evolucionó principalmente en los talleres de los países europeos, entre los que destacaron Italia, Francia e Inglaterra, para extenderse después por el resto de Europa y por España (Mandressi y Talairach-Vielmas, 2015: 25; Lemire, 1993: 58-59). En los siglos XVII y XVIII, la ceroplástica anatómica permitió mostrar estructuras del cuerpo humano y animal difícilmente visibles mediante la disección del cadáver, como las piezas de anatomía normal relativas a la obstetricia, las posibles complicaciones en los partos y la mecánica de la cirugía aplicada a estos casos. En Italia, la técnica ceroplástica inició su desarrollo en la Bolonia de principios del siglo XVIII, con Ercole Lelli (1702 -1766) y el matrimonio Manzolini-Morandi (Giovanni Manzolini (1700- 1755) y Anna Morandi (1716-1774)). Su uso para la fabricación de anatomía humana continuó con la colaboración de artistas como Giovan Battista Manfredini (1742-1789) o Pietro Sandri (1789-ca.1830) en las instituciones de enseñanza. No fue hasta el siglo XIX cuando despuntaron los modelos de cera veterinaria de Giuseppe Astorri (1785-1852) y Cesare Bettini (1801-1855) (Haviland y Parish, 1970: 59; Marcato, 2007: 55-56; Riva et al., 2010: 214). Parece que la técnica ceroplástica anatómica fue introducida en Florencia por el cirujano del hospital de Santa Maria Novella Giuseppe Galletti (siglo XVIII–1819), hacia el 1770, cuando este conoció los modelos boloñeses de Giovanni Manzolini y Giovanni Battista Sandi. Entonces, Galletti contrató al escultor Giuseppe Ferrini (siglo XVIII-XIX) para realizar varios modelos anatómicos y obstétricos, que fueron muy valorados por Felice Fontana (1730-1805), precursor de la Escuela florentina de ceroplástica. Así pues, el progreso de la técnica escultórica con cera en Florencia para crear modelos didácticos fue simultáneo al de la Escuela boloñesa, con los artífices de anatomías naturales y artificiales del Real Gabinetto di Fisica e di Storia Naturale, donde se crea una escuela de ceroplástica. Esta institución, perteneciente al Imperiale e Reale Museo di Fisica e Storia Naturale, conocido como La Specola, fue dotado de piezas de anatomía en cera desde el siglo XVIII con Felice Fontana y Clemente Susini (1754-1814), como figuras más destacadas. En Francia, los modelos en cera llegaron de la mano del mismo Desnoues. Este había presentado al rey y la corte varios de sus modelos con Zumbo, pero el desacuerdo entre anatomista y artista llevó a Desnoues a asociarse con el modelador François Lacroix (S. XVIII). Ambos se trasladaron a París para mostrar al público su anatomía en cera, en 1711, un primer museo que inicia la Escuela de ceroplástica francesa. Más tarde, en 1719, se ubicaron en Londres para volver a exponer sus modelos en cera. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 105 Posteriormente, ceroescultores como Marie Margherite Biherón (1719-1795) sucedieron a Desnoues en un comercio de modelos artificiales que dotaron desde los nuevos museos populares de cera hasta los gabinetes anatómicos de hospitales y escuelas de cirugía del siglo XVII. En 1708, Jean-Baptiste Laumonier (1749-1818) fundó, a petición del Estado, la primera escuela francesa de ceroplástica para la realización de modelos humanos y animales destinados a la docencia de la medicina y la cirugía, así como para dar a conocer la historia natural de la fauna marina en el ámbito popular, a imitación de otras colecciones europeas. Otras figuras destacadas en la fabricación de anatomía humana y animal en cera fueron los hermanos Dupont, Léonard Dupont (1795-1828) y Henry Dupont (1798-1873), cuyos modelos de animales se destinaron al estudio de la anatomía comparada y las ciencias naturales (como la ornitología o la entomología), separadas en este momento del estudio veterinario (Percheron, 2013: 24). Sus piezas fueron compradas por coleccionistas europeos y distribuidos por los gabinetes franceses de medicina e historia natural. Inicialmente, los gabinetes de las primeras escuelas veterinarias europeas francesas, Lyon y Alfort, fueron dotados de especímenes y preparados naturales, útiles en una mejor comprensión del mapa del cuerpo animal por parte de los alumnos y como complemento a los atlas anatómicos y las ilustraciones científicas los modelos anatómicos tridimensionales, naturales y artificiales (Jordanova, 1997: 111). Quizás Bourgelat pudo haber adquirido algún despellejado humano de cera para estudiar la anatomía comparada, como refleja la crónica del periódico Tableau de Paris, en 1784 (Mercier, 1784: 311). Sin embargo, la mayoría de las piezas didácticas empleadas en las primeras décadas del estudio de la veterinaria en Francia, fueron realizadas según la técnica de preservación de modelos naturales animales y humanos por desecación e inyección de Honoré Fragonard (Degueurce, 2006: 6-7; Lemire, 1997: 511-512). Inglaterra recibió la moda de la anatomía artificial en cera desde Francia, gracias a Desnoues, como se ha indicado. Desde la primera exposición en Londres, Desnoues comenzó a realizar otras exhibiciones de su anatomía de cera en las ciudades más grandes de Francia e Inglaterra y parece que, en ocasiones, incluso alquilaba algunas piezas a anatomistas y cirujanos que las usaban con fines didácticos. Durante la primera mitad del siglo XVIII, los modelos de cera sustituyeron al cadáver en la enseñanza de la cirugía en Londres, ya que las escuelas de anatomía para los aspirantes a cirujano eran privadas en la Inglaterra del Siglo de las Luces y no disponían fácilmente de material didáctico (Haviland y Parish, 1970: 57; Bates, 2008: 2-3). El desarrollo de la ceroplástica anatómica en Inglaterra continuó con los trabajos de la ceroescultor francesa Madame Tussaud (1761-1850) y con los modelos humanos y animales del cirujano militar André-Pierre Pinson (1746-1828), estos últimos realizados para el Gabinete del Duque de Orleans. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII y del XIX, la mayoría de los modelos en ceroplástica fueron importados de otros países (como Italia, Francia o Alemania, donde se fabricaban tanto para la enseñanza de la medicina, como para su exhibición pública). Destaca como un exponente importante de la ceroplástica inglesa del siglo XIX, Joseph Towne (1806-1879), con sus modelos anatómicos humanos (Dacome, 2017: 93; Bates, 2008: 8). 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 106 En el siglo XIX, las escuelas de ceroplástica principales en Europa comenzaron a aplicar las tecnologías de fabricación de los modelos de anatomía humana a la fabricación de modelos animales. Pero no toda la producción se destinaba o se realizaba en las nuevas escuelas veterinarias; la anatomía animal en cera también experimentó un desarrollo en los museos de historia natural y en las instituciones relacionadas con el estudio de la zoología. Durante esta centuria, la popularidad de la anatomía artificial llevó a muchos países a establecer una escuela de modelado propia y surgieron muchas casas comerciales que se dedicaron a la anatomía artificial en auge. En Europa, se vendían piezas de cera desde los talleres más renombrados, como Lelli, Citarelli y Susini en Italia, Towne en Inglaterra, Talrich, Baretta y Jumelin en Francia o Zofio en España (Haviland y Parish, 1970: 68; Pastor et al., 2015: 184). Como se ha indicado previamente, los intereses científicos llevaron a las casas comerciales a la construcción de anatomía animal y botánica con nuevos objetivos dirigidos a la anatomía comparada, la zoología y la botánica. Algunas instituciones contaron con ceroescultores contratados o combinaron la adquisición de modelos comerciales con una producción propia. Por ejemplo, en Italia, destacaron en la producción de anatomía botánica y animal reconocidos artistas como Francesco Calenzuoli (1796- 1829), Luigi Calamai (1800-1851) o Egisto Tortori (1829-1893) (Corti, 2020: 1). La Escuela de Rouen, en Normandía, fue una de las precursoras en la formación de modeladores en Francia, dedicándose a fabricar modelos anatómicos humanos para las escuelas de cirugía y hospitales o de anatomía comparada para el Museo de Historia Natural (Lemire, 1997: 523-524; Degueurce, 2006: 6-7; Degueurce y Lopez-Jugant, 2009: 52-53). A finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX, Petitcolin completó los estantes de la Escuela Veterinaria de Alfort con modelos veterinarios hiperrealistas en cera y yeso. A medida que las diferentes disciplinas científicas se fueron desarrollando durante el siglo XIX, la anatomía artificial en cera tuvo que adaptarse a representar aquello que era demasiado pequeño, complejo, raro o imposible de preservar. Tanto en medicina humana como en la zoología, la biología o la veterinaria, la cera permitía mostrar nuevos modelos didácticos de patología comparada, embriología, dermatología o vida microscópica con modelos a gran escala. Por otra parte, la anatomía comparada se aplicó al estudio entre especies animales y no solo con un objetivo médico, y la obstetricia continuó desarrollándose. Los modelos didácticos se comenzaron a utilizar únicamente en los contextos para ello, como instituciones y para la educación científica, abandonando su valor como objetos populares (Hopwood, 2007: 279). En las escuelas veterinarias europeas, así como en las principales instituciones dedicadas a la zoología, se pueden encontrar modelos en ceroplástica sobre los principales temas de interés: la anatomía comparada, las teorías de la generación, la histología y la vida microscópica, y la patología. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 107 2.3.3.1. Modelos de cera para el estudio de la anatomía comparada El empleo del método comparado utilizado en el estudio y enseñanza de la medicina humana se trasladó a las ciencias dedicadas a la anatomía animal para estudiar las diferencias fisiológicas entre especies. El gabinete de ceroplástica de Florencia es uno de los ejemplos en que la ceroplástica es aplicada a la zoología y a la anatomía comparada, principalmente de animales invertebrados, probablemente por tratarse de aquellos más difíciles de conservar con las técnicas de secado, inyección, etc. (Barbagli, 2009: 60-61). En 1775, Felice Fontana reservó un gabinete para los modelos de anatomía comparada en La Specola principalmente destinado a la medicina humana. Las ciencias biológicas se encontraban en plena fase de desarrollo, con los nuevos estudios de fisiología o el transformismo, pero la zoología aún no disponía de un campo específico, la anatomía o la historia natural habían estado centradas en el ser humano en el siglo anterior. Durante el siglo XVIII, los estudios animales fueron evolucionando, sin embargo, no fue hasta las últimas décadas de la centuria cuando la anatomía comparada tomó relevancia y comenzaron a desarrollarse. Como consecuencia de una necesidad creciente de comprender la organización estructural de la anatomía animal y cómo se desarrolla en las distintas especies, los ceroescultores de La Specola comenzaron a representar modelos comparados de animales domésticos, desde perros, gatos hasta gallinas. Probablemente, la fabricación de modelos artificiales para el estudio de la anatomía comparada dedicada a la botánica se desarrolló ligeramente más rápido debido a que la reproducción de modelos requería menos dotación económica y medios que en el caso de un animal, que requería de especímenes recientes o vivos para la disección. A medida que se fue avanzando en la centuria del XIX, las colecciones anatómicas de zoología fueron aumentando. Diversos peces, reptiles y aves fabricados con la técnica de la ceroplástica, además de algunos mamíferos no representados en los siglos anteriores, acompañan en La Specola a una importante producción de moluscos, artrópodos, anélidos o protozoos (a una escala aumentada, por supuesto), también de cera (Lotti et al., 2006: 235; Barbagli y Pratesi, 2009: 92-93). Como ocurrió en el resto de Europa, el interés por la zoología y la biología quedan patentes en estas piezas que representan la fase final de la producción de modelos de cera del taller florentino. Los modeladores Calenzuoli, Calamai y Egisto Tortori, entre otros se especializaron en representar en cera modelos novedosos como las distintas fases de desarrollo y de la vida del Bombix mori, el gusano de seda; las fibras musculares, los tendones y la tráquea de una mosca común o las rádulas de los moluscos (una estructura anatómica dentada en la base de algunos gasterópodos que debe observarse bajo los aumentos del microscopio) (Barbagli y Pratesi, 2009: 92- 93). 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 108 Figura 40. (Izquierda) ilustración de los órganos respiratorios y circulatorios del Squalus Glaucus. Anónimo. Siglo XIX. La Specola, Florencia. Fuente: Saulo Bambi, 2002. (Derecha) modelo en cera de los órganos respiratorios y circulatorios del Squalus Glaucus. Egisto Tortori. Siglo XIX. La Specola, Florencia. Fuente: Maria Luisa Azzaroli, 1975. Del mismo modo que se hacía con los modelos anatómicos humanos, en La Specola la anatomía animal en cera iba acompañada de su representación en dos dimensiones. Las ilustraciones ejecutadas por varios artistas utilizando técnica mixta -temple, acuarela, lápiz-, tratan de ser un tratado explicativo de los modelos de cera individuales, como en el caso de este modelo de squalus glaucus. Vulg. Verdesca o tiburón azul (Tintorera)18, realizado por Egisto Tortori en el siglo XIX (Azzaroli, 1975: 13; Lotti et al, 2006: 237; Riva et al., 2010: 209). Como indica el texto que acompaña a la ilustración anatómica, la representación muestra la anatomía de los órganos respiratorios y circulatorios de este animal (fig. 40). Las Cátedras de Anatomía Comparada, Botánica o Zoología requirieron de nuevas colecciones para conformar sus gabinetes, anexos a las cátedras y a cargo de los profesores. El taller de ceroplástica, a cargo de Clemente Susini y Francesco Calenzuoli, tuvo diferentes encargos de anatomía comparada normal, no patológica, entre ellos esta cabeza de ternero que representa los órganos del gusto (fig. 41). 18 Los términos vulgares Verdesca o Tintorera, pertenecen al tiburón azul o Prionace glauca. Parece que la denominación squalus glaucus es un sinónimo de Prionace glauca en la clasificación de Linneo de 1758, a la que pertenece la ilustración original. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 109 Figura 41. Modelo de anatomía comparada. Cabeza de ternera, donde se muestran los órganos encargados del sentido del gusto. Clemente Susini y Francesco Calenzuoli. Finales del siglo XVIII. Modelo en ceroplástica. La Specola, Florencia. Fuente: Fausto Barbagli, 2009. En Francia, Georges Cuvier (1769-1832) comisionó varios encargos a la Escuela de ceroplástica de Rouen y al cirujano y preparador anatómico André-Pierre Pinson (1746-1828). Las piezas de anatomía comparada y patológica realizadas en cera de Pinson fueron destinadas al Muséum d’Histoire Naturelle de París (Lemire, 1997: 519-520; Carlyle, 2017: 29). Los nuevos encargos de anatomía se dirigían especialmente para los casos de estructuras anatómicas naturales que no se conservaban bien con técnicas de preservación como la desecación o la conservación en líquidos (Lemire, 1997: 519-520). Es el caso de los modelos que muestran la inervación, la vascularización, el desarrollo de los animales o las estructuras gelatinosas de los animales invertebrados, como los moluscos, cuyos cuerpos blandos pierden su color o se deforman en los líquidos conservantes. Pinson también trabajó bajo las órdenes de Honoré Fragonard entre 1795 y 1799 para l’École de Santé de París. Sus modelos anatómicos de animales en cera para el gabinete del Duque de Orleans probablemente estuvieron dirigidos a la anatomía comparada. Como 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 110 consecuencia de la Revolución Francesa, la colección fue inventariada por la Comisión de Artes Temporales, requisada y trasladada al Muséum National d'Histoire Naturelle y a los salones del Musée du Louvre (Lopez-Jugant, 2010: 53; Mandressi y Talairach-Vielmas, 2015: 27). Para las galerías de anatomía comparada del Muséum National d'Histoire Naturelle, Cuvier dispuso los nuevos modelos en cera siguiendo una clasificación por tipos de animales. En la imagen (fig. 42a), Pinson muestra la disección de un topo común o europeo (Talpa europaea), expuesta en un mismo marco. Figura 42. a) (Izquierda) modelo de anatomía comparada. Disección de un topo común o europeo. Talpa europaea. André- Pierre Pinson. Siglo XVIII. Muséum d’Histoire Naturelle, París. Fuente: Michel Lemire, 1997. b) (Derecha) secciones transversales de la pata de un buey. Eugène Petitcolin. 1903. Museo Veterinario d’Alfort, París. Fuente: Julien Lopez- Jugant, 2010. En las últimas décadas del siglo XIX, Petitcolin completó la colección veterinaria de la Escuela de Alfort con piezas de anatomía comparada, como la tabla representada en la imagen (fig. 42b), en la que puede observarse el hueso tibial y la médula ósea, rodeada por los músculos y sus fascias, el tejido conectivo y las aponeurosis (Degueurce y Lopez-Jugant, 2009: 54-55 y 57). De manera paralela a la producción en las instituciones, las casas comerciales privadas como Tramond (Tramond-Rouppert), Deyrolle o Vasseur, comenzaron a distribuir sus catálogos de piezas artificiales para la enseñanza y a distribuirlas por toda Europa, siendo un ejemplo de ello el Catalogue d’anatomie comparée et zoologie, de 1865, de la casa Vasseur. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 111 La publicación de Guy Ainé del Catalogue méthodique des cabinets d’Histoire Naturelle et des Collections diverses d’Histoire Naturelle, de la casa Deyrolle (Deyrolle, 1911: 1-198) (fig. 43), donde se exponen numerosas piezas de cera de anatomía animal y comparada junto con otras de materiales como el yeso policromado, parecen indicar que aún en las primeras décadas del siglo XIX la ceroplástica anatómica seguía siendo útil. Figura 43. Catálogo Deyrolle. Catalogue méthodique des Cabinets d’Histoire Naturelle et des Collections diverses d’Histoire Naturelle. Guy Ainé. 1911. Impresión de tinta sobre papel. Museo del IES Canarias Cabrera Pinto. Fuente: IES Canarias Cabrera Pinto, 2020. 2.3.3.2. Modelos de cera para el estudio de las teorías de la generación Los modelos anatómicos en cera habían sido empleados para representar la obstetricia humana. La posibilidad de conocer las posibles complicaciones durante los alumbramientos para los médicos y las parteras fue fundamental en los colegios de cirugía y en los hospitales europeos durante el siglo XVIII. La publicación de la Gaceta de Madrid, del 12 de noviembre de 1790, comunicó la decisión de la dirección del Real Colegio sobre la producción de una colección de modelos obstétricos de cera para la enseñanza, con fetos en “los diferentes estados de la preñez”, justificando lo inapropiado de realizar las demostraciones con cadáveres (Gaceta de Madrid, 1790: 751). Como ejemplo de ello, se muestra un modelo obstétrico perteneciente al Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, fabricado por Luigi Franceschi y Juan Cháez (fig. 44). Como en este caso, bajo la dirección de los anatomistas, los modeladores trasladaron a las tres dimensiones algunos de los modelos obstétricos representados en las láminas del Traité de la théorie et pratique des accouchemens publicado, en 1765, por William Smellie (1697-1763) (fig. 45) (Smellie, 1765: 147). Gracias a estas piezas tridimensionales, los contenidos e ilustraciones de los textos y atlas de anatomía pudieron estudiarse desde una perspectiva diferente. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 112 Figura 44. Modelo en cera de un feto con el cordón umbilical enrollado en el cuello y el torso. Luigi Franceschi y Juan Cháez. Siglo XVIII. Museo de Anatomía " Javier Puerta”, Madrid. Fuente propia, 2020. Figura 45. Representación de un caso obstétrico. William Smellie. 1765. Traité de la théorie et pratique des accouchemens, Plancha XXIX. Fuente: Gallica BnF, 2018 Aunque, en el siglo XIX, los modelos obstétricos en cera de animales se fabricaron también para las escuelas veterinarias europeas, la renovación darwinista de la teoría de la generación tuvo un gran impacto en las colecciones de ceroplástica y fue desarrollada como embriología comparada. Los ceroescultores plasmaron en sus modelos las fases evolutivas de embriones animales y humanos basados en las teorías del darwinismo haeckeliano19, que permitieron estudiar las fases del desarrollo y las similitudes o diferencias físicas entre ellos. En la imagen (fig. 46) se muestran cuatro litografías comparativas de Adolf Giltsch (1852- 1911), pertenecientes al tratado Anthropogenie (publicado en 1874) de Ernst Haeckel (1834- 1919), en las que se encuentran representadas las tres etapas de desarrollo (inicial, intermedia y tardía) del lagarto (E), la serpiente (A), el cocodrilo (K), la tortuga (T), el pollo (G), el avestruz (Z), la zarigüeya (B), el cerdo (S), el ciervo (C), la vaca (R), el perro (H), el murciélago (F), el conejo (K) y el ser humano (M) (López, 1992: 35; Hopwood, 2007: 4-5). 19 Si bien las teorías del desarrollo animal habían sido propuestas por Aristóteles en primer lugar y por numerosos científicos posteriormente, no se estabilizaron hasta principios del siglo XIX con los trabajos de Karl Ernst von Baer y su propuesta sobre la teoría celular. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 113 Las producciones de embriología comparada en cera del anatomista Wilhelm His (1831-1904), opositor de Haeckel, fueron preparadas a finales de la década de 1860 en Basilea y Leipzig (Hopwood, 1999: 462 y 464). His rechazó las teorías darwinistas y se centró en los cambios fisiológicos durante las etapas de desarrollo, comenzando con la embriogénesis del pollo y otros animales que permitían observar las modificaciones genéticas y las diferencias en tres dimensiones. Figura 46. Imágenes sobre la embriología comparada de distintas especies animales. Adolf Giltsch. 1874. Litografía a color. Tratado Anthropogenie. Fuente: Nick Hopwood, 2007. Figura 47. Anatomía de un embrión. Casa Ziegler. Siglo XX. Modelo en ceroplástica. University of New South Wales (UNSW). Fuente: Blog UNSW Embriology, 2019. Parece que la principal producción de modelos artificiales de cera relativos a la anatomía embriológica comparada y a las teorías de la generación de algunos animales correspondió a casas comerciales alemanas, como la fundada en Friburgo por Gustav Ziegler (1820 - 1889) y continuada por sus hijos, Adolf Ziegler (1820-1889) y Friederich Ziegler (1860-1936). En la imagen (fig. 47), se muestra un modelo de embrión en cera de la casa Ziegler, que distribuyó sus piezas de embriología basados en los estudios de His por Europa (Hill, 2021). 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 114 Quizás una razón por la que esta producción ceroplástica se centralizara en Alemania fuera la gran acogida que las ideas del evolucionismo de Darwin tuvieron en este país, frente al escepticismo de los morfólogos en otros países europeos, como Francia. Sin embargo, numerosos modelos en cera fueron solicitados por naciones como España o Inglaterra, junto a modelos sobre neurología y cardiología. Por ejemplo, en Italia, escuelas veterinarias e instituciones como la de la Università degli Studi di Napoli Federico II o el Museo Universitario delle Scienze de delle Arti (perteneciente a la Università degli Studi della Campania Luigi Vanvitelli) conservan actualmente numerosos modelos Ziegler sobre embriología comparada. También la Rijksuniversiteit Leiden, en Holanda, encargó unas preparaciones embriológicas a este reputado ceroescultor (Pelagalli et al., 1998: 14-15; Cid, 2007: 272). Se sabe que Georges Cuvier también encargó numerosas ceras sobre el desarrollo animal para el recién creado Muséum National d'Histoire Naturelle de París, aunque la mayoría de estas reproducciones parecen haberse encargado a Pinson o a la Escuela de Rouen (Lemire, 1997: 511), sin embargo, no se han encontrado referencia a estos modelos en las escuelas veterinarias europeas. Figura 48. Serie sobre la generación del Astacus astacus (cangrejo de río). Paul Loth. 1891. Modelo en ceroplástica. Grant Museum of Zoology, Londres. Fuente: Tannis Davidson, 2016. El Grant Museum of Zoology de Londres conserva una producción de modelos de cera dentro de la que se pueden encontrar piezas sobre la generación animal. Un ejemplo, es la serie que se ocupa de la generación del Astacus astacus, o cangrejo de río (fig. 48). Fue creada por el 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 115 ceroescultor Paul Loth (¿?) en 1891, perteneciente al Institute for Scientific Wax Image Moulding in Leipzig (Alemania), a finales del siglo XIX. Estos modelos se encuentran inspirados en los estudios del zoólogo Ludwig Reichenbach (1793-1879) sobre la anatomía y las etapas de desarrollo del cangrejo de río de las décadas de 1870 y 1880 (Davidson, 2016: 1). El modelador Paul Zeiller (1820- 1893) también fabricó y distribuyó modelos de embriología, de los que hay algunas piezas en el Muséum National d'Histoire Naturelle de París, Friburgo o Kiev, principalmente orientados a la anatomía humana20 (Talairach-Vielmas, 2014: 13). 2.3.3.3. Modelos de cera para el estudio de la histología y la vida microscópica Además, la ceroplástica permitió a los investigadores del recién descubierto mundo microscópico representar las estructuras del campo de la biología a una escala que pudiera ser observada por el ojo humano, en un momento en el que aún no existía la fotomicrografía. En 1831, el astrónomo y microscopista Giovan Battista Amici (1786-1863), comenzó como director de La Specola, un momento en el que esta institución ya poseía una importante colección de modelos en ceroplástica. Amici comenzó a colaborar con los ceroescultores Luigi Calamai (1800-1851) y Egisto Tortori (1829-1893) en la realización de modelos a escala de elementos biológicos (Buffa, 1975: 219- 220). Quedaba abierto este campo de lo microscópico para representar a escala con modelos de cera el estudio de pequeños insectos o las estructuras celulares de animales más grandes. Parece que la mayoría de los modelos en cera aplicados a la histología se dedicaron al estudio de las células vegetales. La observación bajo el microscopio de las estructuras celulares es reproducida en este modelo del ceroescultor florentino Luigi Calamai (1800-1851) (Rossi, 2006: 265 y 267). En la imagen, se muestra un parénquima de una hoja de Lilium (fig. 49). Se podría datar en los años posteriores a 1830, cuando Calamai es nombrado director del museo y ayudante en el taller de ceroplástica de La Specola. En lo que respecta al estudio animal, fueron representados los pequeños insectos observados con las nuevas lentes de aumento. Las casas de producción ceroplástica del siglo XIX comercializaron modelos sobredimensionados de ácaros y de otros animales inapreciables al ojo humano. El productor Deyrolle fabricó numerosos modelos de cera para el University of Aberdeen Zoology Museum, en Escocia (Mackintosh, 2006). La Universidad dispone de un catálogo actualmente en línea21 con los más de 130 modelos en cera que poseen sus museos sobre temas que varían desde la zoología, la embriología o la anatomía comparada humana y animal. Uno de estos modelos del ácaro de la sarna (fig. 50a) se encuentra dentro de su colección. La fabricación en serie característica de las casas comerciales de ceroplástica permite comprobar la distribución de los mismos modelos fuera de Europa, como se refleja en el catálogo de la Montana Historical Society, de los Estados Unidos de América. En este se refieren a un modelo de 20 Para más información consultar Hopwood, N (2007) Artist versus Anatomist, Models against Dissection: Paul Zeiller of Munich and the Revolution of 1848. Medical History, 51: 279-308. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1894867/ [Consultado el 21/07/2020]. 21 La dirección en línea del catálogo sobre modelos de cera es: https://calm.abdn.ac.uk/museums/Overview.aspx https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1894867/ 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 116 cera muy similar al de Aberdeen, de la misma casa comercial (Deyrolle) (fig. 50b). Es propiedad de un cirujano veterinario, el Dr. Butler, quien mantuvo correspondencia con un parasitólogo de París para desarrollar sus investigaciones que le regaló/cedió tres de sus modelos de cera sobre parásitos (Di Stefano et al, 2012). Figura 49. Modelo en cera de un Parenchima de Lilium. Luigi Calamai. Ca. 1840. La Specola, Florencia. Fuente: Francesca Rossi, 2006. Figura 50. Modelos de un Sarcoptes scabii (ácaro). Hijos de Emile Deyrolle, París (Francia). Ca. 1900. Modelos en ceroplástica. a) (Izquierda) University of Aberdeen, Zoology Museum (ABDUZ). Fuente: Museum of Dust, 2021. b) (Derecha) Colección de la Montana Historial Society. Fuente: Montana Historical Society website, 2020. a b 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 117 2.3.3.4. Modelos de cera para el estudio de la patología veterinaria Mientras que en el ámbito de la medicina humana los moulages de cera sobre dermatología patológica y la ceroplástica anatomopatológica despojan a las piezas de cualquier belleza estética o sensibilidad artística, las escuelas veterinarias del siglo XIX se llenan de órganos enfermos de colores y de anatomía monstruosa realizadas en cera. La importancia didáctica que los modelos anatómicos han tenido en las universidades europeas es aún mayor cuando se trata de anatomía patológica. Muchas de las “rarezas” o características físicas de las enfermedades no se repiten en los cadáveres de la misma manera, lo que dificulta su estudio o su imitación en otro material más duradero. La cera permitía reproducir los colores y las formas, manteniendo o escalando la pieza para facilitar su comprensión (Marcato, 2007: 55-56). Junto con la representación de las patologías en las láminas, los detalles de los cuadros patológicos trasladados a las piezas artificiales, con sus colores y formas, suponían un gran apoyo a la docencia. Además, el concepto de patología veterinaria, introducido en el campo de las ciencias por las instituciones veterinarias, demostró la relación y el paralelismo entre las enfermedades humanas y animales. La afirmación de que la tuberculosis bovina y la humana son la misma patología revolucionó el mundo científico del siglo XIX (Giráldez, 2008: 95). Del mismo modo, la viruela bovina (vaiolo bovino), una de las grandes epidemias durante varios siglos, fue identificada en humanos y en el ganado como una zoonosis transmisible entre especies. La vacunación como estrategia para combatir la viruela fue demostrada por Edward Jenner (1749-1823) y Louis Pasteur (1822-1825), y había comenzado a aplicarse en varias campañas nacionales dirigidas por el Estado italiano desde el 1800, con Luigi Sacco (1769-1836) como promotor principal (Sacco, 1809: 234 y 239; Nicoli-Aldini et al., 2007: 197; Zampieri y Zanatta, 2016: 152-154). Para facilitar la comprensión de la enfermedad en animales y humanos, así como para fomentar la vacunación, Sacco incluyó dentro de su Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino, publicado en 1809, varias ilustraciones a color con los síntomas más reconocibles y su aspecto en la anatomía humana y bovina (fig. 51 y 52). De nuevo, los modelos anatómicos en ceroplástica fueron herramientas didácticas útiles que Sacco consideró eficaces en el aprendizaje y conocimiento de las secuelas de la vacunación para los médicos y matronas que observarían la evolución de los pacientes vacunados. En varias ciudades fueron reproducidas las láminas de Sacco en cera, como los modelos artificiales que se conservan en el Museo di Anatomia Patologica dell’Università di Padova (Scarani y Nebuloni, 1997: 23-24; Nicoli- Aldini et al., 2007: 195-196; Zampieri y Zanatta, 2016: 152-154). Bajo la dirección del médico Pietro Moscati (1739-1824), un modelador desconocido fabricó en cera para la Università di Bolonia dos ceras que representan estas mismas láminas, una ubre de vaca con pústulas vacunales y dos brazos de una joven con las etapas evolutivas y los resultados de la vacunación. Ambas piezas fueron contenidas en cajas de viaje de madera con un texto explicativo que indica la naturaleza de las lesiones y que se conservan actualmente en la colección del Museo "Luigi Cattaneo" de Bolonia (fig. 53 a y b). 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 118 Figura 51. Ilustración que muestra algunos de los síntomas de la viruela bovina. Luigi Sacco. 1809. Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino. Fuente: wellcomecollection.org, 2020. Figura 52. Ilustración con los síntomas de la viruela en los seres humanos. Luigi Sacco. 1809. Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino. Fuente: wellcomecollection.org, 2020. Figura 53. Piezas patológicas en ceroplástica representando las lesiones de la viruela bovina (vaiolo bovino) y de los efectos de la vacunación en una ubre de una vaca y en los brazos de una niña. Anónimo (escuela boloñesa de ceroplástica). siglo XIX. Museo di Anatomia “Luigi Cattaneo”, Bolonia. Fuente propia, 2017. Si se comparan los modelos en ceroplástica conservados en Padua y los que se muestran en este texto, correspondientes a Bolonia, se puede observar que los ceroescultores boloñeses pudieron realizar una interpretación de las ilustraciones, pues las representaciones de las patologías son muy similares, pero no exactamente iguales. En el mismo tratado, Sacco incluyó la misma zoonosis en una cabeza de oveja afectada por la viruela (fig. 54) (Sacco, 1809: 241). Probablemente, los modeladores boloñeses reprodujeran dicha b) a) 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 119 lámina a color en el modelo Ovis aries L. Pecora. Testa in cera, conservado actualmente para el estudio de la veterinaria en el Museo “Alessandrini-Ercolani” de la Università Alma Mater Studiorum de Bolonia. El modelo representa las lesiones de la viruela en el ganado ovino y está datado en 1866, pero se desconoce el autor que lo realizó (fig. 55). Se podría indagar sobre la identidad del artífice, teniendo en cuenta que, en la fecha de datación de este modelo hacía poco que se había creado el Museo di Patologia e Teratologia Veterinaria, a cargo del profesor Giovanni Battista Ercolani (1817-1883). A partir de 1860, la bibliografía consultada coincide en que las piezas de cera eran producidas, en su mayor parte, por Cesare Bettini (1814-1885), discípulo del modelador Giuseppe Astorri (1785-1852). Figura 54. Ilustración de una cabeza ovina afectada por la viruela. Luigi Sacco. 1809. Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino. Fuente: Sacco, 1809. Figura 55. Modelo patológico de vaiolo peccorino (viruela ovina) realizada en ceroplástica. Anónimo. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo di Patologia e Teratología “Alessandrini- Ercolani” dell’Università Alma Mater Studiorum di Bologna. Facoltà di Veterinaria. Fuente propia, 2017. Algunos autores han encontrado referencias a un modelo de vaiolo peccorino en cera en el antiguo Catalogo del Museo di Anatomia Patologica dell’ Università di Bologna, junto con la mencionada ubre de vaca, el brazo de niña y otras dos pezuñas de caballo afectadas de una patología equina que demuestra lesiones similares a las de la viruela (Nicoli-Aldini et al., 2007: 197; Marcato, 2007: 299). Quizás este conservado en el Museo “Alessandrini-Ercolani” corresponda a este modelo del catálogo. En los centros de enseñanza veterinaria, la anatomía patológica se convirtió en una de las disciplinas fundamentales. Una gran colección de modelos de esta clase se encuentra en el citado museo. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 120 La ceroplástica anatomopatológica permitía reproducir los colores y las formas, manteniendo o escalando la pieza para facilitar su comprensión, cuando las técnicas de conservación de los órganos o de las partes anatómicas consistían en disoluciones con base alcohólica, que terminaba por disgregar/descomponer el color. Así pues, otro de los usos más reseñables de la ceroplástica patológica veterinaria era su capacidad para documentar exhaustivamente algunas enfermedades y lesiones, tanto aquellas erradicadas o poco comunes en Europa como las que aún no habían sido controladas. Por ejemplo, el modelo de hígado infectado de equinococosis o hidatidosis (fig. 56), corresponde a una de las enfermedades cuyos índices se han reducido considerablemente en la Europa actual, aunque sigue suponiendo un grave problema sanitario. Se encuentra conservado en el Museo “Alessandrini- Ercolani” en la Facultad de Veterinaria de Bolonia (Marcato, 2007: 55 y 332). No se conoce el autor de esta pieza de anatomía patológica, pero sí la datación de 1858, por lo que podría pertenecer al ceroescultor Cesare Bettini. La misma utilidad tuvo la técnica ceroplástica en la reproducción de piezas teratológicas. La teratología es un campo de conocimiento que relaciona la embriología y la patología, que se encarga de las causas, el desarrollo y el estudio de las malformaciones y anomalías. En el Museo “Alessandrini-Ercolani” se pueden encontrar varios de estos modelos, como la monstruosidad fetal de dos cerditos gemelos unidos por el torso (fig. 57) (Marcato, 2007: 367). Figura 56. Modelo patológico de un hígado afectado por una equinococosis. Anónimo. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo “Alessandrini-Ercolani”, Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008. Figura 57. Modelo teratológico de feto gemelar monstruoso que presenta una segunda cabeza, un cuello y un tórax insertados en el pecho. Anónimo. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo “Alessandrini-Ercolani”, Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 119 En Francia, la importancia y aplicación del método anatomo-clínico desde principios de siglo había dado como resultado el conocimiento de numerosos síntomas y lesiones detectados durante la observación de los pacientes y las autopsias. Gracias al progreso en la anatomía macroscópica y el examen físico, la disciplina de la patología fue una de las impulsadas a lo largo del XIX (Lemire, 1997: 520). Cuando el gabinete de piezas se trasladó a un edificio nuevo en 1829, se ampliaron las colecciones de la Escuela de Alfort con Petitcolin, creando una dedicada a la anatomía patológica y con acceso exclusivo para los docentes, así como para las demostraciones en el anfiteatro anatómico de la Escuela. Pero las colecciones de anatomía artificial eran escasas y no se adaptaban a las necesidades didácticas de la institución (Degueurce y Lopez-Jugant, 2009: 52; Lopez-Jugant, 2010: 11). Más tarde, bajo la dirección del catedrático de anatomía en Alfort, el anatomista y gran reformador de la escuela Gustave Joseph Victor Barrier (1853-1945), el gabinete anatómico se revalorizó y se encargó a Petitcolin la creación de colecciones completas de anatomía veterinaria en cera y yeso policromado con un especial interés en la anatomía patológica (Degueurce y Lopez- Jugant, 2009: 52). Figura 58. Modelo patológico de una tuberculosis pleural equina. André Richir. Siglo XIX. Reproducción en yeso policromado de un modelo en cera de Eugène Petitcolin. Museo Fragonard en lÉcole Veterinaire d’Alfort, París. Fuente: Christoph Degueurce, 2006. 2. La ceroplástica veterinaria como recurso didáctico 122 La necesidad de producir más piezas patológicas continuó creciendo en las últimas décadas y, cuando el modelador André Richir sustituyó a Petitcolin en el siglo XX, se le asignó la realización de una gran colección de lesiones patológicas para l’École Veterinaire d’Alfort (Degueurce, 2006: 38; Lopez-Jugant, 2010: 47). Muchos de los modelos en yeso policromado de Richir fueron producidos a partir de los modelos patológicos en cera de Petitcolin, como la pieza que representa las lesiones y parasitosis de una tuberculosis pleural equina conservada actualmente en el Musée Fragonard d'Alfort (fig. 58). Aunque el empleo de la ceroplástica veterinaria para realizar modelos didácticos no se abandonó en Europa hasta finales del siglo XX, los modelos animales y veterinarios en cera se vieron obligados a convivir y competir con materiales más ligeros y económicos, que facilitaban la fabricación de modelos clásticos, como las piezas a las que se ha hecho referencia: las de papel maché o las de yeso (Gouriveau, 2018: 82; Degueurce, 2006: 6; Percheron, 2012: 29; Zarzoso, 2017: 243). La cera era útil en la fabricación de las máscaras o moulages dermatológicos y para la representación de patologías, sin embargo, acabaron por ser sustituida completamente por nuevas técnicas y materiales de reproducción, como los primeros plásticos sintetizados. Al mismo tiempo, la aparición de la fotografía y otras técnicas por imagen, como las radiografías, las angiografías, las endoscopías, las ecografías, las sonografías, las escanografías y ahora la resonancia magnética nuclear, exigieron cada vez más de los modelos artificiales de anatomía (Lemire, 1993: 65-66). La necesidad de modelos más económicos destinados a un uso más práctico explica los experimentos de los fabricantes de anatomía artificial del siglo XIX con diferentes materiales, desde el yeso hasta el papel maché y diversas resinas. Así como la expansión de casas comerciales que fabricaban sus modelos con moldes: Talrich, Tramond, Auzoux, Deyrolle, Somso o Ziegler, que compitieron entre ellas desarrollando las estrategias de marketing hacia las instituciones de enseñanzas científicas europeas (Talairach-Vielmas, 2014: 18-19). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 123 L 3 LA COLECCIÓN CEROPLÁSTICA DE LA REAL ESCUELA VETERINARIA DE MADRID os modelos de anatomía veterinaria realizados con la técnica de la ceroplástica fueron una herramienta docente desde el comienzo de la enseñanza en la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Allí convivieron con otros modelos anatómicos naturales y artificiales y, junto con los atlas anatómicos y los especímenes conservados los modelos en cera completaron los recursos visuales para una buena educación teórico-práctica. En Madrid, la ceroplástica anatómica se había empleado antes para la enseñanza de la anatomía humana en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos. La experiencia y maestría de los modeladores del Gabinete Anatómico de esta institución fue compartida con la Real Escuela Veterinaria y transmitida al profesor Cristóbal Garrigó de Nis (1800–1863), uno de los ceroescultores más importantes de la colección veterinaria. De acuerdo con los requisitos científicos a los que se ajustaron las colecciones de ambas instituciones, es interesante observar que los artífices del Real Colegio de San Carlos procedían del ámbito artístico y que realizaron una colección de anatomía artísticamente similar a la de La Specola florentina, con despellejados en posiciones teatrales o fetos en circunstancias incompatibles con la vida pero que parecen estar dormidos, mientras que la formación previa de Garrigó era como veterinario y anatomista. Cierto es que algunas de las piezas del Museo Veterinario Complutense son de una gran belleza y maestría, pero la exactitud anatómica exigida durante el siglo XIX y la temática animal de los modelos podrían haber sido determinantes en el abandono de la estética artística de los siglos anteriores y de las colecciones 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 124 de anatomía humana europeas. Algunos documentos de la Junta Escolástica de la Real Escuela Veterinaria conservados insisten en la necesidad de una anatomía fiel y útil para la comprensión de los alumnos (AGUCM V 01-005; AGUCM V 01-051). Además, cuando la directiva de la escuela ofreció un puesto fijo en el establecimiento para una persona capaz de realizar piezas de cera, no buscó un escultor o un artista, sino un anatomista capaz de realizar disecciones a la par que trabajos manuales y que poseyera conocimientos artísticos (AGUCM V 01-011; AGUCM 89 06-001). 3.1. La producción de anatomía en cera del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid Podría establecerse que la ceroplástica comenzó a emplearse en Madrid como técnica para la reproducción de modelos anatómicos de enseñanza en el Gabinete anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, bajo el mandato de Carlos III (1716-1788). Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de que algunas piezas de anatomía en cera fueran enviadas a España varias décadas antes previa solicitud de Felipe V, por encargo al propio creador de la técnica ceroplástica Guillaume Desnoues (ca.1650-1735), como se explica a continuación. Con la intención de hacerse con la propiedad intelectual de la técnica ceroplástica original, frente al escultor siciliano Gaetano Giulio Zumbo, Desnoues publicó una colección de cartas personales, en 1706. La mayoría de las cartas habían sido intercambiadas con el profesor de medicina y matemáticas en Padua y miembro de la Académie des Sciences de París, Domenico Guglielmini (1655-1710). La publicación fue dedicada al monarca español Felipe V (1683-1746) en apoyo a la causa borbónica, pero con el objetivo de obtener el reconocimiento de la Académie des Sciences de París (Martínez y Pardo, 1995: 328-329). En sus cartas, Desnoues indicó haber fabricado varios modelos mediante inyección vascular a petición de Felipe V para ser enviados a Madrid, junto con una obra escrita por el mismo Desnoues donde describía las utilidades de su innovadora técnica ceroplástica en la representación y enseñanza de la anatomía. Además, en la cuarta carta de dicha correspondencia, fechada el 27 de enero de 1705, se incluye una crónica sobre el deseo del monarca español de ver en Marsella una de sus anatomías artificiales en cera y del posterior envío por transporte marítimo de una de ellas a España, el modelo de mujer gorda artificial, un modelo anatómico de cera (Desnoues y Guglielmini, 1706: 95-97). Independientemente del reconocimiento de su autoría, no cabe ninguna duda de que la técnica de la ceroplástica se extendió desde Italia y Francia al resto de Europa como una moda. En la segunda mitad del siglo XVIII, numerosas colecciones itinerantes llegaban a España. La representación de la anatomía humana para el estudio de la cirugía y la medicina humanas se había establecido en las instituciones y en la sociedad. Gracias al interés del monarca español por el funcionamiento de las mejores instituciones europeas, los gabinetes de cera italianos fueron visitados y admirados por ilustrados y 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 125 científicos españoles22, como el biólogo e historiador José de Viera y Clavijo (1731-1813). La calidad de los modelos de anatomía humana de La Specola, así como las colecciones de ceroplástica anatómica del Istituto delle Scienze de Bolonia, fueron visitados y alabados por Viera y Clavijo durante un viaje realizado por los gabinetes de historia natural, los teatros anatómicos, las fábricas recomendables o las universidades y colegios de primera nota de los países más avanzados de Europa. Este viaje duró un año y tres meses, y finalizó en 1781. Aunque no se ha podido documentar la existencia de anatomía en cera realizada por Desnoues en la Corte de Madrid o en algún hospital de esta ciudad, se podría considerar que el inicio de la escuela madrileña de ceroplástica comenzó con el envío de pensionados españoles a Francia y otros países europeos por el monarca Carlos III para la creación de un Real Colegio de Cirugía en Madrid. Dentro de las medidas de renovación de la enseñanza de la cirugía militar en España, los monarcas Fernando VI y Carlos III habían creado los Colegios de Cádiz y Barcelona, en 1748 y 1760, respectivamente. En 1780-1782, Carlos III creó el Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, una institución orientada a la formación de profesionales para la atención de la población civil23 (Sáiz, 2009: 188-191; Sánchez et al., 2012: 333-334). Para completar la formación científica de los futuros directores del Real Colegio de Cirugía de San Carlos, Carlos III fomentó su envío como pensionados a otros países europeos con colegios y escuelas de medicina y cirugía, como haría posteriormente para los directores de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Los profesionales seleccionados fueron el profesor del Real Colegio de Cirugía de Barcelona, Antonio de Gimbernat i Arbós (1734-1816) y el catedrático del Real Colegio de Cirugía de Cádiz, Mariano Ribas i Elías (ca. 1730-1800). Durante su formación en París, Londres y Edimburgo, debieron conocer numerosas colecciones de anatomía realizada con la técnica ceroplástica y encontraron indispensable contar con un gabinete anatómico en Madrid. Además, Gimbernat expresó su recomendación de adquirir para el Real Colegio madrileño algunos modelos anatómicos como los conservados por el cirujano John Hunter (1728-1793) en su gabinete de Londres (Sánchez et al., 2012: 336). En su viaje a París, Gimbernat y Ribas fueron acompañados por el médico cirujano de cámara de Carlos IV y disector Ignacio Lacaba Vila (1745-1814), que sería nombrado maestro disector del Real Colegio tras su apertura. Durante la estancia, Gimbernat y Ribas encargaron a Lacaba la elaboración de doce piezas de anatomía en cera trabajadas bajo su supervisión, que fueron destinadas al Gabinete Anatómico del Colegio de Cirugía de Madrid (Vega, 2010: 455; Sánchez et al., 2012: 336). 22 Para los ilustrados españoles, la llegada del monarca Carlos III suponía el restablecimiento del orden social y una dirección notable en asuntos de la administración pública. 23 Hasta ese momento, la enseñanza de la cirugía y la medicina había sido impartida en instituciones separadas: la ubicación original del Real Colegio de Cirugía fueron los sótanos del Hospital General y después, se trasladó a la planta baja del pabellón lateral de dicho hospital, según indica la Real Cédula de 1780. Se independizó del Hospital por cédula real en 1787 y el Real Colegio de Medicina se fusionó en 1799, pero debido a cuestiones políticas no fue hasta 1827 cuando se creó el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 126 Continuando con la influencia vesaliana, la enseñanza de la anatomía en las instituciones españolas a medida que avanzaba el siglo XVIII, se comenzó a basar en la disección y en el estudio de la anatomía directa, valiéndose del empleo de modelos didácticos artificiales que permitían enseñar la anatomía descriptiva -o anatomía histórica-, cuando no se podía disponer de una disección (Vega, 2010: 448 y 451). No es de extrañar que dotar a la institución con un gabinete anatómico fuera una de las preocupaciones principales de Gimbernat y Ribas tras la apertura del Real Colegio de Cirugía madrileño. Además, la necesidad de disponer de cadáveres para realizar las demostraciones anatómicas debía de ser elevada, contando con que se encontraban abiertas a bachilleres en medicina, médicos puros, practicantes o cirujanos latinistas y romancistas, además de a los tres alumnos que tenía en el curso 1787-1788 (Saiz, 2009: 195). Así pues, la ceroplástica anatómica suponía un gran recurso para dotar de herramientas de enseñanza útiles dicha institución, en convivencia con los demás modelos de anatomía natural y el resto de material didáctico - ilustraciones, atlas anatómicos, etc.-, como hicieran otras instituciones orientadas a la medicina en el resto de Europa. Los doce modelos anatómicos en cera de Lacaba fueron los primeros de una gran colección que continuó aumentando en el Gabinete Anatómico de la institución. Quizás algunas de las piezas de cera que constan en los inventarios y libros de cuentas del Real Colegio fueran adquiridos mediante la compra a otros talleres europeos. Sin embargo, en 1787, la Real Cédula expedida por Carlos III estableció las normas para el Gabinete Anatómico, con la creación de colecciones propias de anatomía natural y artificial realizadas con diferentes materiales. Además, incluyó la obligación de registrar cada pieza en los denominados Informes de Cirujano, así como su custodia como herramientas didácticas en las lecciones públicas de anatomía. Debía ser el Maestro de Anatomía quien se responsabilizase de inventariar y conservar en buen estado los modelos anatómicos, y correspondían a la institución los gastos necesarios para llevar estas tareas a cabo (Galeno-Ibaceta, 2012: 312; Sánchez et al., 2012: 334-335). 3.1.1. Modelos artificiales de cera en el Gabinete Anatómico En el momento en que comienzan a fabricarse piezas anatómicas como instrumentos didácticos para el Gabinete Anatómico del Real Colegio de Cirugía, la gran fama de la que gozaban los modelos en cera de Felice Fontana y la colección de La Specola eran un referente internacional. En Europa, la exportación de modelos bajo el término florentino suponía un sello de calidad, independientemente de su verdadero origen, indicando que se trataba de piezas realizadas con veracidad anatómica y una calidad estética similar a la fábrica del reputado taller florentino (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 636). Así pues, además de la experiencia adquirida por Lacaba en Francia relativa al modelado de la cera, en el Real Colegio madrileño se pusieron en práctica las depuradas técnicas italianas, como demuestra el volumen V del Curso completo de Anatomía, escrito por Bonells y Lacaba entre 1796 y 1800. En el discurso inicial de dicho, libro los autores recomendaron la necesidad de enseñar ciencias médicas con la ayuda de modelos artificiales, asegurando que “[…] nada imita mas al vivo qualquier parte del cuerpo humano, que las piezas anatómicas de cera trabajadas 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 127 por un buen artífice […]” (Bonells y Lacaba, 1820: 498-499) y, como referentes de fabricación de los modelos en cera europea, mencionaron a Pinson del Colegio de Cirugía de París y a Fontana del Gabinete de La Specola. Con el deseo de mejorar la calidad y aumentar la cantidad de modelos en ceroplástica del Real Colegio madrileño, los encargados de dirigir la institución comenzaron a contratar escultores y artistas con conocimientos en las diferentes técnicas de modelado que pudieran aportar belleza y gusto estético a los modelos artificiales. Por supuesto, trabajarían siempre cumpliendo con la veracidad anatómica necesaria para poder enseñar cirugía y anatomía gracias a una colaboración permanente con los disectores y anatomistas del Colegio. El primer artista en incorporarse al Gabinete junto a Lacaba fue el escultor malagueño Juan Cháez (c. 1750-c. 1809)24, contratado a partir de febrero de 1788 (Sánchez et al., 2012: 343; Morente, 2017: 463-467). Más tarde se unió al Gabinete el artista italiano Luigi Franceschi (segunda mitad del siglo XVIII–ca. 1809)25. Este modelador, al que citan en algunos documentos de archivo del Colegio también como Luis Franchesqui, parecía haberse formado en los talleres florentinos que se dedicaban a la anatomía en cera. Había nacido en Volterra, una ciudad del Ducado de La Toscana, donde quizás se formó como escultor en algún taller. Algunos investigadores creen que la referencia a un ayudante jornalero apellidado Francisi incluido en los Libros de Registro del taller de La Specola, entre 1781 y 1786, podrían referirse al mismo Franceschi (Sánchez et al., 2012: 343). Algunas fuentes mantienen que Franceschi se incorporó al Gabinete del Colegio cerca de 1790, pero indican también que se han conservado evidencias de su participación como constructor de piezas a partir del año 1787 para la Universidad de Alcalá con permiso de Carlos III (Sánchez et al., 2012: 344). Quizás la razón por la que el ceroescultor aseguraba tener formación florentina fuera debido a la mencionada fama internacional de la que gozaban los ceroescultores de La Specola. Franceschi se convirtió en el primer modelador del Gabinete y trabajó junto al escultor malagueño Juan Cháez, ambos bajo la dirección de Ignacio Lacaba. Desde los modelos anatómicos con demostraciones de la irrigación sanguínea y linfática (fig. 59) hasta los despellejados de tamaño natural (fig. 60), los artífices del Gabinete reunieron una amplia variedad de piezas de cera dotadas de una estética teatral y un refinamiento técnico muy similar al de las colecciones italianas. Sin embargo, la mayoría de los modelos fueron dedicados a la descripción histológica de la anatomía, por encima de la descripción fisiológica o patológica. Hoy se pueden admirar estas piezas de anatomía humana en el Museo de anatomía “Javier Puerta”. 24 Para saber más sobre Cháez consultar: Urrea, J. (2010) La corrida de toros vista por el escultor Juan Cháez. Taurus: del mito al ritual. Museo de Bellas Artes de Bilbao. 25 Sobre Luigi Franceschi consultar Pardo, E. (1995). Escultores italianos de los siglos XVIII y XIX en España. Archivo Español de Arte, 112: 101-102. Continuó trabajando hasta fechas cercanas a su fallecimiento, que debió tener lugar poco antes de la invasión francesa, pues en 1809 ya no figura en las listas de escultores residentes en la corte. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 128 Figura 59. Modelo anatómico en cera que muestra los vasos linfáticos para el estudio de la anatomía médica. Juan Cháez y Luigi Franceschi. Ca. 1790-1794. Museo de anatomía “Javier Puerta” en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente: Beatriz San Cristóbal, 2014. Figura 60. Modelo anatómico en cera de un despellejado para el estudio de la anatomía médica. Juan Cháez y Luigi Franceschi. Siglo XVIII. Museo de anatomía “Javier Puerta” en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente: Beatriz San Cristóbal, 2014. Quizás fuera debido a que Bonells y Lacaba opinaban que la descripción histórica, “[…] la que examina y describe la figura, magnitud, color, posición, conexión, estructura y uso de todas las partes del cuerpo en estado sano […]”, es la más adecuada para la instrucción de los alumnos con menos experiencia, que necesitan comprender primero la estructura del cuerpo humano (Vega, 2010: 451). Sin embargo, cada vez más importantes en el estudio de la medicina, la embriología y la patología fueron encontrando su lugar en la colección con los modelos obstétricos en los que se muestran complicaciones durante el parto o las piezas de órganos enfermos (AGUCM V 01-034). La documentación de archivo ha revelado que en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos debieron emplearse modelos de anatomía animal para aplicar el método comparado en el estudio de la medicina. Fue el catedrático de anatomía Diego Rodríguez del Pino (1743-1809), bajo la dirección de Antonio Gimbernat, quien trató de dotar el Gabinete de órganos internos humanos y animales. Sin embargo, no debió obtener el éxito en esta empresa debido a que las piezas naturales conservadas mediante inyecciones no tenían resultados satisfactorios (Vega, 2010: 455). Por otra parte, en el gabinete anatómico del Colegio no debieron encontrar utilidad a las piezas animales, pues en ningún inventario o referencia a la producción de anatomía en 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 129 ceroplástica se menciona el intento o la intención de realizar algún modelo animal de cera para el estudio comparado. La dedicación de los artífices de la escuela madrileña a la fabricación de modelos artificiales en cera de temática animal debió iniciarse con la creación de la Real Escuela Veterinaria en la Villa de Madrid. Como es lógico, la autonomía en la fabricación propia de esta institución no podría haber llegado sin la previa colaboración y transmisión técnica de los artífices del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid al recién estrenado Gabinete veterinario. 3.2. El “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid Cuando se creó la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, en 1792, con el propósito de aplicar los principios de la Ilustración a la enseñanza de la medicina animal, las instituciones de referencia fueron las primeras escuelas veterinarias de Europa, las Escuelas Veterinarias de Lyon y Alfort. Estas contaban con una didáctica teórica reforzada por una base práctica en la que los modelos anatómicos jugaban un papel muy importante. Como se ha explicado en capítulos anteriores, las piezas naturales conservadas con diversos métodos de Honoré Fragonard, así como aquellas adquiridas en los concursos públicos de la Escuela de Alfort y las realizadas por sus alumnos, completaban los estantes del Gabinete y servían de apoyo a las clases. Los pensionados españoles, formados en Alfort, entre 1777 y 1787, y nombrados a su vuelta director primero y director segundo de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, dedicaron a las colecciones de anatomía natural y artificial una importancia fundamental en la enseñanza de la veterinaria en Madrid, a semejanza de las escuelas y colegios europeos. Cuando los pensionados observaron la utilidad de las colecciones anatómicas en la enseñanza de los alumnos en Francia, las piezas más importantes de Alfort eran aquellas preparaciones naturales conservadas con la técnica de Honoré Fragonard. Sin embargo, además de visitar las instituciones científicas de interés de otros países europeos con ceroplástica anatómica -como Londres o Italia-, la anatomía en cera era ya una moda en toda Europa y el Real Colegio de Cirugía de San Carlos continuaba completando su colección de modelos didácticos humanos en cera. También en Francia eran públicamente reconocidas las colecciones de anatomía humana y animal del cirujano André-Pierre Pinson (1746-1828) para el Gabinete del Duque de Orleans, o las preparaciones artificiales del sistema linfático y de los nervios humanos del cirujano Jean- Baptiste Laumonier (1749-1818) para el Gabinete de l’École de Santé en París, encargadas por el Comité de Instrucción Pública (López-Jugant, 2010: 53-54; Lemire, 1993: 65-66). Así pues, cuando Segismundo Malats e Hipólito Estévez fueron nombrados director y subdirector, respectivamente, de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid y el centro abrió sus puertas, en 1793, el abastecimiento de modelos didácticos para la enseñanza de la anatomía veterinaria fue una de las prioridades principales. Fue a Malats a quien perteneció la responsabilidad de organizar la primera Catedra de anatomía de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Basaba el contenido didáctico de las 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 130 asignaturas de anatomía en sus propias publicaciones, que fueron más de cuatro con varios tomos, algunas de ellas correspondían a traducciones de los libros de Claude Bourgelat. También Estévez contribuyó a la producción escrita para el estudio de la anatomía en la Escuela, con su Elementos de Veterinaria, Exterior del caballo, de 1794 (Pérez, 2000: 35-36). El estudio de la anatomía se encontró encabezando los primeros planes de estudio, orientados al caballo, previa aprobación monárquica, en marzo de 1793. De los dos cursos que establecía dicho plan, las enseñanzas se orientaron hacia la anatomía descriptiva y general en el primero, mientras que, en el segundo, la anatomía impartida probablemente se aplicara a las asignaturas de patología y materia médica. La enseñanza de la zootomía o anatomía comparada era considerada la base de la enseñanza veterinaria y se impartía con la ayuda de la disección del hombre y de los animales (Pérez, 2000: 39; Suárez et al., 1994: 142). El caballo, como queda patente en el primer plan de estudios, es el objeto principal de los primeros estudios de veterinaria en España. Por ello no se hicieron esperar las solicitudes de modelos anatómicos artificiales para facilitar el aprendizaje de las estructuras físicas equinas. Para dotar las aulas de modelos anatómicos para la docencia, se estableció que fuera el profesor de anatomía el encargado de las disecciones y de la creación de modelos tridimensionales naturales y artificiales para la didáctica de los alumnos (AGUCM V 01-011; AGUCM 89 06-001). Se estima que durante las primeras décadas de la institución la propia Escuela se ocupó de la fabricación y de la compra de los modelos didácticos para la enseñanza de los alumnos. Probablemente, algunos modelos mencionados en la documentación conservada fueron adquiridos por encargo, como en el caso de uno de los documentos conservados en el Archivo General UCM, fechado en 1803, cuando fue nombrado disector anatómico el sub profesor de la Escuela, José Atayde Hornillo. En este, la Junta Escolástica indica el lugar donde colocar una pieza para la Escuela y da algunas indicaciones sobre su fabricación. Aunque no se especifica el material para su construcción, el hecho de realizarse un modelo previo en yeso sugiere un posterior vaciado en yeso o en cera. “[…] en el Pedestal que ha de colocarse en medio de la pieza grande, se ha de poner con caballo en pelo sin ginete del tamaño del natural que ha de executarse por un Escultor que está haciendo antes un modelo de yeso, que presentará a Vm. para su corrección.” (AGUCM 20-06-001). Sin embargo, la mayoría de la documentación indica que las colecciones de anatomía natural y artificial correspondió a una elaboración propia en las dependencias del Anfiteatro y Gabinete Anatómicos. La exposición de los modelos se encontraba orientado con fines docentes; sin embargo, podría considerarse un primer museo veterinario por su intención expositiva (Sánchez et al., 2011: 276). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 131 3.3. Los artífices y los encargos en el “Laboratorio de piezas” Los responsables de la cátedra de anatomía y de la disección anatómica en la Escuela debieron ser importantes en la decisión de encargar las piezas tridimensionales necesarias para la impartición de las diferentes asignaturas, especialmente cuando los planes de estudio fueron evolucionando y aumentando la dedicación de los estudios a los conocimientos anatómicos. Desde la apertura de la Escuela debió de existir una pequeña colección de modelos anatómicos artificiales y naturales, como indican las crónicas sobre la ceremonia de inauguración el 18 de octubre de 1793. Los representantes y académicos de otras instituciones, como el Real Colegio de Cirugía de San Carlos o las reales academias de Madrid, pudieron disfrutar de la variedad de objetos que llenaban los estantes de algunas dependencias (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 292). Sin embargo, el Gabinete donde se expondrían las colecciones aún debía estar en proceso de construcción cuando se realizó esta visita, pues en 1803, el Protector Félix Colón, autorizaba a Segismundo Malats a empezar a trabajar en las piezas de disección y esqueletos que debían colocarse en los estantes del Gabinete anatómico, cuyas obras se estaban concluyendo, a falta de los cristales encargados a la Real Fábrica de San Ildefonso (AGUCM 20-06-001). En las mismas fechas, varios documentos intercambiados entre la Junta escolástica y el Protector de la Escuela permiten comprender el interés por la transmisión de los conocimientos sobre la manera de trabajar los modelos anatómicos naturales del Segundo Director, Hipólito Estévez, como había visto hacer en el Gabinete de Paris. La realización de estos trabajos era encargada cuando Estévez no tenía ocupaciones docentes y debía enseñar a los profesores Antonio Bobadilla y Joseph Ataide. Para ello, habilitaban una habitación dentro del gabinete anatómico y el anatomista debía trasladar una “[…] lista de todos los generos, utensilios, instrumentos y auxilios que necesite […]” para comenzar lo antes posible (AGUCM 20-06-001). Es evidente que el Protector considera fundamental la realización de estas piezas necesarias para la instrucción de los Alumnos. Hasta el momento, los documentos conservados solo alcanzan a asegurar que la primera referencia a la fabricación de modelos tridimensionales de cera fue a partir de 1805, cuando el primer modelador del Gabinete de Anatomía del Real Colegio de Cirugía de San Carlos, Luigi Franceschi, se propuso como constructor de piezas anatómicas para la Real Escuela de Veterinaria. Entre 1803 y 1805, la Real Escuela Veterinaria debió publicar o hacer saber que necesitaba un modelador propio de piezas artificiales de cera, pues Franceschi se ofreció personalmente indicando que le había “[…] llegado la noticia […] [de que tenían intención de] formar un gabinete de Piezas Anatómicas en Cera para la mejor enseñanza de los discípulos y honra del mismo establecimiento […]” (AGUCM 20-06-001). El documento de archivo, fechado el 24 de julio de 1805, corresponde a la carta donde Franceschi se ofrece para “[…] trabajar qualquiera de las piezas Anatómicas que se le manden construir, para el citado Gabinete a las horas que tenga libre de su Empleo […]” (AGUCM 20-06-001). Probablemente, debido a la condición militar de la Escuela Veterinaria y a la importancia del caballo para la institución, el protector Félix Colon no se conformó con la experiencia de Franceschi en el Gabinete del Real Colegio de Cirugía y solicitó para determinar la valía de Franceschi como modelador la fabricación de una pieza anatómica del cuerpo del caballo a 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 132 elección del artífice. También indicó en este mismo documento que era el primer director de la Escuela Veterinaria quien debía suministrar la cera y demás ingredientes, así como gestionar que los profesores encargados de la fabricación de piezas artificiales le preparasen y dispusieran las piezas –el cadáver- y los útiles de trabajo necesarios a Franceschi (AGUCM 20-06-001). Algunos investigadores han relacionado esta pieza anatómica demostrativa de Franceschi con el modelo conservado actualmente en el Museo Veterinario Complutense Caballo pequeño mostrando planos musculares y vísceras (rfa. MV-590) (fig. 60) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 298). Figura 61. Modelo anatómico en cera de Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2015. La prueba del modelador fue aceptada y, en el mes de julio de 1805, fue emitida la aprobación por parte de los responsables de la Real Escuela Veterinaria (Félix Colón, Malats y Estévez) de que “[…] se le entregue la llabe del quarto de trabajar piezas anatómicas a Dn. Luis Franchesqui […]”. Además, indican que debe dedicarse a la fabricación de modelos veterinarios en su tiempo libre, pues su primer empeño sigue siendo la fabricación de modelos en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos (AGUCM 20-06-001). A pesar de la inestabilidad política que padecía España y de los continuos cambios sufridos por la Escuela Veterinaria durante varios años, Franceschi debió fabricar numerosas piezas artificiales en ceroplástica. Una de las primeras crónicas que permite pensar en la importancia que tuvieron las piezas anatómicas de cera y su empleo como recurso didáctico en la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, es la del jefe de veterinaria y asesor del Real Colegio Superior Sanitario en Braunschweig, (en la actual Baja Sajonia de Alemania y entonces capital de Estado), M. H. Giesker. Tras su visita a la Real Escuela Veterinaria madrileña, en 1811, publicó sus apreciaciones sobre el funcionamiento y la docencia, declarando su fascinación por el empleo y elevado número de piezas artificiales de cera que encuentra en las vitrinas del Gabinete anatómico26 (Giesker, 1819: 257-259; Lleonart, 1974: 123-124; Roca, 1993: 36). 26 A la vuelta de su visita al Real Escuela Veterinaria madrileña en 1811, realiza en danés un informe sobre el funcionamiento de la docencia y la distribución del edificio. Más tarde, en 1819, el mismo Giesker lo publica, traducido al alemán en las páginas 255-278 de la Revista Taschenbuch der Pferdekunde für Stallmeister, Offiziere, economen, Thierärzte und Freunde des Pferdes überhaupt. Quizás podría traducirse como Libro de bolsillo de la ciencia equina para maestros de establos, oficiales, economistas, veterinarios y amigos del caballo en general. El informe original puede encontrarse en 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 133 Figura 62. (Izquierda) Portada y (Derecha) primera página del libro Taschenbuch der Pferdekunde für Stallmeister, Offiziere, oeconomen, Thierärzte und Freunde des Pferdes überhaupt. M. H. Giesker. 1819. Biblioteca de la Facultad de Medicina Veterinaria, Munich. BNF gallica, 2019 En su informe (fig. 62), Giesker indicó con pesar que no pudo encontrar, entre los modelos artificiales, piezas patológicas “[…] las cuales se encontraban antes en cantidades incontables en este respetable Instituto, para las amplias prácticas en una capital tan importante […]”. También indicó que, tanto las piezas como los libros, debieron verse mermados debido a la toma de Madrid por el enemigo27 (Giesker, 1819: 123). El documento de archivo de la Real Escuela, fechado el 16 de julio de 1809, parece confirmar esta percepción de Giesker. En dicho documento dirigido al director de la Escuela se hace referencia “[…] a la copia [recibida] de las listas originales de los efectos y caudales extraviados de la Escuela, con motivo de la entrada de las tropas francesas en ella, el día 3 de Diciembre último, y queda en mi poder para los efectos convenientes […].” (AGUCM 20-06- 001). Sin embargo, en la búsqueda de referencias sobre los modelos tridimensionales en cera, debe tenerse en cuenta que el informe de Giesker no fue traducido del alemán al español -y por tanto divulgado en nuestro país-, hasta 1974, cuando el veterinario F. LLeonart Roca lo publicó dividido en dos partes, en la sección de Historia de la Veterinaria de la Revista Terapéutica el Münchener allgemeine Literatur-Zeitung, de 1819, y consultarse en línea: https://play.google.com/books/reader?id=_yMCRNL-_I8C&hl=es&pg=GBS.PA4 27 Con el Tratado de Fontainebleau, Godoy firmó la alianza con Francia, que Napoleón empleó para cruzar España e invadir Portugal con sus tropas, en 1807. En 1808, Napoleón ordenó a los comandantes franceses tomar las fortalezas militares españolas y, mediante una serie de estrategias contra la familia real, exilió a Fernando VII –previamente Carlos IV había abdicado en su hijo- y obtuvo los derechos de la Corona. El hermano de Napoleón, José Bonaparte asume el reinado de España como José I, desde 1808. Los levantamientos populares y la resistencia española acaban en la Guerra de Independencia. En: Muñoz, F. de A.; (2014) Transición de la albeytería a la veterinaria en la región castellanomanchega: análisis de los fondos documentales de la Escuela Veterinaria de Madrid (1792-1893). Dir. Joaquín Sánchez de Lollano. https://play.google.com/books/reader?id=_yMCRNL-_I8C&hl=es&pg=GBS.PA4 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 134 &Veterinaria28 (Roca, 1993: 36). LLeonart Roca advirtió en la introducción a su Informe sobre la Escuela Real Española de Veterinaria de Madrid, que el documento original de Giesker no era conocido por C. Sanz Egaña, uno de los historiadores de referencia sobre la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, cuando publicó su Historia de la Veterinaria Española, en 1941 (Lleonart, 1974: 122-123). En función de las apreciaciones de Giesker, se puede deducir que, en 1811, la Escuela contaba con una Sala de Anatomía, que estaba pertinentemente acondicionada de lo necesario para cumplir su función y para servir de teatro anatómico, con capacidad de albergar más de cien espectadores. Además, se adornaba con grabados y láminas ilustrativas de temática anatómica de animales de diferentes tipos, colgados de las paredes. La crónica indica que numerosos modelos de cera se conservaban junto con las piezas naturales en las vitrinas con puertas de vidrio del Gabinete anatómico, indicando que los primeros se conservaban peor debido a las altas temperaturas. Poco después de comenzar su dedicación como ceroescultor veterinario, Franceschi tuvo que abandonar la actividad en la Real Escuela Veterinaria, pues la Guerra de la Independencia (1808-1812) paralizó la vida universitaria y se ordenó la suspensión docente de todas las instituciones y colegios, mediante el decreto del 30 de abril de 1810 (AGUCM 20-06-001; Sanz Egaña, 1941: 17). Cuando la estabilidad política permitió la apertura de la Real Escuela Veterinaria, Franceschi había fallecido y no se han conservado documentos que indiquen ninguna actividad con respecto a la fabricación de modelos didácticos. El cambio de gobierno con el inicio del denominado Trienio Liberal (1821-1823), permitió encargarse de hacer balance de las pérdidas a los dirigentes. En 1821, el secretario del Ayuntamiento Constitucional de la Villa de Madrid, Francisco Ybarra, pidió información sobre el estado material de los Colegios, Universidades, Academias, bibliotecas, Jardines Botánicos y gabinetes de historia natural29, como obligaba al ayuntamiento el artículo dos del capítulo de instrucción de este Reglamento30. A lo que respondió Malats con una revisión histórica sobre lo ocurrido en el Colegio desde su fundación, por considerar necesaria esta revisión histórica explicar el estado de la Escuela en 1821 y para criticar el carácter militar de la institución31 (AGUCM V 01-013)32. Debido a la ocupación francesa de la Escuela por los Cien Mil Hijos de San Luis, durante el año 1823, la situación del Gabinete anatómico sufrió una situación crítica, Malats indicó en su informe que “[…] no ha recibido ninguna mejora en estos tres meses [abril, mayo y junio]: le 28 En 1970, apareció la revista Terapéutica Veterinaria Bioherm, preferentemente con temas sobre microbiología, enfermedades infecciosas y parasitarias, farmacología y terapéutica, además de la sección de historia de la veterinaria. 29 Durante el Trienio Liberal se recuperó la iniciativa, propuesta en la Constitución de 1812, de crear una Universidad dentro de Madrid, la Universidad Central, unificando el Real Museo de Ciencias Naturales, los Reales Estudios de San Isidro y la Universidad de Alcalá. 30 Se refiere al Reglamento General de Instrucción Pública, Decreto de 29 de junio de 1821, en el que las Cortes aprueban una nueva estructura de la educación en España. 31 La Real Escuela Veterinaria de Madrid deja de ser militar en 1840 32 Respuesta a la solicitud por parte del Ayuntamiento Constitucional de la Villa de Madrid, del 6 de abril de 1821. Dicha petición es recibida por Malats el 8 de abril, a través del Protector de la Escuela, el Marqués de Cerralbo. AGUCM V 01-013. Estado de la Escuela en 1821 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 135 faltan infinitas piezas, y las que hay exigen una pronta recomposición […]”33, al igual que en el Anfiteatro Anatómico, donde “[…] faltan numerosos instrumentos indispensables […]”. Ambos establecimientos se encontraban a cargo del segundo director Antonio Bobadilla (AGUCM V 01-013; AGUCM V 01-036). Desde que se pusiera en marcha el primer plan de estudios con la apertura de la Escuela, la duración de la formación veterinaria había aumentado: a cuatro años en 1800, cuando se nombró al primer protector de la Escuela, el brigadier Félix Colón, y a cinco años, a partir de 1822, cuando el segundo protector de la Escuela, Juan M. de Arejula, nombró director al antiguo alumno Antonio Bobadilla. Coherentemente con el aumento de años y asignaturas, la plantilla de profesores se fue incrementando, siempre manteniendo la ocupación del gabinete anatómico al profesor de anatomía y disección (Pérez, 2000: 35-36). La recuperación de la Escuela tras la guerra se desarrolla lentamente a partir de 1825, con el cambio de Protector de la institución, el Duque de Alagón, y de nuevos profesores y la recuperación del gabinete anatómico. No será hasta 1826 cuando los documentos de los que se dispone indiquen una compra de materiales para fabricar modelos anatómicos. Sin embargo, no está claro si eran destinados a la fabricación de piezas de cera o a las inyecciones conservantes de las piezas naturales del Gabinete. Algunas listas de compra, como los dos presupuestos de Malats de 1826, indican la compra de estopa, sebo de macho, resina, azul de Prusia, bermellón, cola de yesero, cera amarilla, aceite, trementina y de “[…] aceyte común, ollas y cazuelas grandes, minio, cera, azul de prusia, cebo de carnero, un buche […], cuerdas, bramante […] (AGUCM V 01-013 B). Figura 63. Lista de materiales para la fabricación de modelos anatómicos artificiales. Junta Escolástica de la Escuela Veterinaria de Madrid. 1834. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid, AGUCM V 02-024. Fuente: AGUCM, 2019. 33 Recomposición o composición significan, en los documentos del Archivo General UCM, reparación o restauración. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 136 Además, en esta lista del 19 enero de 1826, se solicitan cuatro buches para su disección (AGUCM V 01-013). Como se puede comprobar, los materiales empleados para realizar las inyecciones de conservación de modelos naturales (fig. 63), son los mismos que luego se emplearán en la construcción de modelos anatómicos en ceroplástica (AGUCM V 02-024). Se mantiene entonces que estos materiales se encontraban destinados a la preparación de anatomía natural puesto que no hay constancia de la construcción de modelos en ceroplástica desde 1805 hasta 1828. No es casual que la Escuela experimentase un renacimiento en esta época, reactivando la actividad en el Gabinete de piezas, pues el Duque de Alagón acababa de sustituir la Ordenanza de 1800 (cuando el protector era Félix Colón) por una nueva, que el Rey aprobó en 1827. El cambio de profesorado y de orientación docente prometía un paso hacia una veterinaria mucho más científica y abierta (Suárez et al., 1994: 59). Con la excepción de dos años en los que Bobadilla fue cesado y posteriormente readmitido en su cargo de director de la Escuela, su influencia en la Escuela fue determinante en la fabricación de modelos anatómicos de cera. Fue entre 1826 y 1827, los últimos años de dirección de Bobadilla y cuando el vice catedrático Guillermo Sampedro le sustituyó, fue nombrado disector anatómico Cristóbal Garrigó y comenzó a realizar piezas tridimensionales de cera (Suárez et al., 1994: 142; Pérez, 2000: 35-36). El siguiente director, Carlos Risueño, retomó el cargo en 1827. El sub profesor de la Escuela Guillermo Sampedro trabajó junto con su disector anatómico Garrigó, quien sería unos años después el primer modelador de ceroplástica veterinaria profesor de la Escuela (Pérez, 2000: 35-36). Entonces, en 1827, la Escuela volvió a solicitar un especialista en la fabricación de modelos didácticos, en particular, con nociones en el modelado de la ceroplástica anatómica. Además de presupuestos y costes para proveer el Gabinete anatómico de piezas patológicas y normales de la Escuela, la Junta expresó la necesidad de tener un Profesor que trabaje en cera, si no permanentemente, al menos por algunos años con la donación de 10.000 Reales de vellón anuales. Y para gastos de cera [otros] 400 mensuales o 4800 al año, que unidos a los 10.000 hacen 14.800 (AGUCM V 01-007; AGUCM V 02-024), era necesaria la composición de los modelos anatómicos dañados, así como completar y aumentar las colecciones dedicadas a la docencia (AGUCM V 01-018). Es importante indicar, como se ha observado previamente, que cuando en los documentos de la Escuela Veterinaria indican composición o recomposición de una pieza, se refiere a su reparación o a completar las partes que faltaban en los casos en los que el modelo se había deteriorado. En 1828, […] para enriquecer el gabinete anatómico [y que] se de principio por las piezas mas sencillas y de menor coste, designando el Catedrático de Anatomía cuales han de ser éstas, el Protector trasladó la responsabilidad a la Junta de la Escuela de seleccionar una persona inteligente, con quien se ajustará antes de hacerlo, y que lo pida por presupuesto, que debía ser competente en el trabajo de cera, para que hiciera por ahora las que fuesen de absoluta necesidad y componer las deterioradas […]. La propuesta de la Junta de contratar a D. Félix Antonio Cañas por reunir las circunstancias necesarias y su solicitud para que se le den los ingredientes que necesite, fue aceptada y el Protector aprobó el 17 de julio de 1828, […] que D. Félix Antonio Cañas se encargue de fabricar las piezas de cera, con la condición de correr por su cuenta la compra de ella [de la cera], y demás ingredientes que necesite […] (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-007). Dos de las piezas de cera, estómagos probablemente realizados por Franceschi o adquiridos mediante compra a un artífice externo a la institución, ya se 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 137 encontraban deteriorados en 1828. En julio de dicho año, la Junta solicitó al Protector medios para poder repararlos, junto a otros modelos naturales también en un mal estado de conservación (AGUCM V 01-034). Para poder acceder a la nueva fabricación de modelos anatómicos se requería rehabilitar algunas partes de la Escuela que se encuentran en estado ruinoso, durante los primeros meses de 1828 (AGUCM V 01-018). El objetivo principal era comenzar a “[…] enriquecer el gabinete anatómico con todas las piezas de cera necesarias, tanto para la instrucción de la Anatomía, cuanto para el brillo y lucimiento del único Establecimiento en su clase que existe en la nación […]” en el mes de julio. Para hacer viable la propuesta se planteó dar prioridad a las piezas que el Catedrático considerase más sencillas y de menor coste (AGUCM V 01-007). Por desgracia, no se han encontrado documentos que acrediten el trabajo ni la duración en el puesto de Félix Antonio Cañas. Además, en los documentos se puede observar que la Junta buscaba solucionar la reparación y fabricación de modelos con otras personas, como reflejan las órdenes de pago en el Actas del 6 y 9 de octubre del mismo año 1828, en la que […] quedó enterada [la Junta] de otro oficio para que los mil reales de vellón que pide el Americano se le den de dos veces, esto es 500 reales de vellón en este mes y los otros en el siguiente, por haber compuesto la cabeza de cera; y que en lo sucesivo si se hiciese alguna obra o reparación de piezas, se haga por presupuesto con anticipación […] (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01- 007). Aunque no ha podido consultarse ningún documento que arrojara información sobre la actividad en el “Laboratorio de piezas”, es probable que se mantuviera inactivo durante varios años y no se tiene constancia sobre la vuelta a fabricar modelos artificiales hasta 1828. Después de 1828, los esfuerzos del Protector de la Escuela por devolver la actividad al “Laboratorio de piezas” de cera con un constructor propio, fue determinante y demostró una disposición sobre mejorar la capacidad docente a través del estudio de las piezas de anatomía. Parte de esta renovación pasa por reparar los modelos naturales y artificiales dañados y la continuación de las colecciones dedicadas a la docencia (AGUCM V 01-007; V 02-024; AGUCM V 01-018). La búsqueda de personal cualificado para aumentar la cantidad de piezas en cera para la Escuela no debió resultar sencilla, a razón de los documentos consultados. Aparte de la contratación de Félix Antonio Cañas y del apodado El Americano, en 1828, de quienes no se ha encontrado más información que la de sus contratos, no se tiene constancia de ninguna otra contribución (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-007; AGUCM V 01-034 y AGUCM V 01-007). Por una cuestión cronológica, la pieza patológica de cera, cuyo presupuesto extraordinario del Catedrático de Anatomía aprueba la junta el 14 de julio de 1828 (fig. 64), podría pertenecer a Cañas. Los costes del encargo debían correr a cargo del propio modelador, como expresó el Protector en los documentos (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 652; AGUCM V 01-034). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 138 Figura 64. Aprobación del presupuesto extraordinario para la construcción de una pieza patológica. Junta Escolástica de la Escuela Veterinaria de Madrid. 1828. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid, AGUCM V 01-034. Fuente: AGUCM, 2019. Como se ha indicado, en 1828, Cristóbal Garrigó fue nombrado Vice Catedrático de Anatomía modelador de piezas de cera. Garrigó nació en Madrid, en el año 1800, cuando sus padres se trasladaron a esta ciudad. En los documentos del 1 de agosto de 1817, se encuentra la admisión de este en la Escuela de Veterinaria, donde ingresó como alumno interno a los 18 años. Finalizó sus estudios el 27 de septiembre de 1821. En función de la información consultada, su expediente reflejó sus buenas notas y su excelente trayectoria como alumno. Después de terminar su formación en la Escuela, fue nombrado en una de las tres plazas de mariscal vacantes en el Cuerpo de Artillería, la del segundo batallón destinado en Cartagena, hasta 1828 (AGUCM 20-06-001; AGUCM V 01-013; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 635- 636). El parentesco de Garrigó como sobrino del profesor de la Real Escuela Veterinaria, Carlos Risueño Mora (1781-1847), debió suponer un apoyo importante cuando se presentó a las oposiciones para vice catedrático de esta institución. Risueño, que en 1817 obtuvo la Cátedra de Patología y Cirugía, asumió el papel de director años más tarde y llegaría a ser una de las principales figuras de la profesión veterinaria española. Probablemente los progresos de Garrigó dentro de la Escuela también fueron favorecidos por la creciente autoridad de su tío (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 636). Poco después de su ingreso en la Escuela como vice catedrático, Garrigó se propuso como constructor de piezas de cera por iniciativa e interés propios. En este momento el vicecaterdrático ya poseía conocimientos de anatomía y disección, pero además debía tener nociones de dibujo y pintura, por influencia de su padre (profesor de pintura en la Academia de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza y autor de varias obras) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 636). Tomó posesión del cargo de Disector anatómico y Constructor de piezas de Cera el 21 de 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 139 agosto de 1828 y su sueldo fue establecido en diez mil reales de vellón anuales (AGUCM V 02- 051). En los documentos de archivo de 1829 y posteriores se puede comprobar cómo al espacio especial que se adjudica a la fabricación de modelos en cera se le denomina eLaboratorio o Laboratorio de piezas de cera (AGUCM V 01-006). Allí se preparaban también modelos mediante inyección, disecado, conservación en disoluciones alcohólicas o se fabricaban piezas artificiales (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 291-292). El mismo Garrigó realiza un primer certificado, en 1821, en el que relata como pasa de ser mariscal a ser vice catedrático. Se presenta como preparador de piezas para la docencia en el gabinete anatómico (AGUCM V 01-013). En un documento autobiográfico, que emite en 1847, indica que […] se le propuso, en consecuencia, de necesitar en el Gabinete del Establecimiento, formar una colección de piezas de cera anatómicas y patológicas, y una persona que estuviese competentemente instruida en esta materia, así como en la preparación de monstruos, construcción de esqueletos, disección anatómica e inyecciones. Y que se crearía una plaza de Disector anatómico y Constructor de piezas de Cera con la dotación igual al sueldo de 12.000 reales de vellón […] (Archivo de Alcalá de Henares (05) 001.027). Estos documentos permiten fechar cuándo se nombró a Garrigó ceroescultor oficial de la Escuela, pero la figura de Pedro Pablo Sánchez Osorio (a partir de ahora Pedro Sánchez Osorio) es fundamental en sus comienzos como constructor de piezas. Para poder ejercer independientemente como tal, el Protector exigió la contratación de un maestro para su formación en la creación de modelos artificiales de cera. La analogía entre las enseñanzas impartidas entre el Real Colegio de Cirugía de San Carlos y la Real Escuela Veterinaria, dedicadas a las artes de curar, así como la previa contratación de Franceschi para la fabricación de modelos didácticos veterinarios, debieron encontrarse entre los factores considerados para solicitar la formación de un modelador del Gabinete del Real Colegio de San Carlos para formar a Garrigó. Con el fin de mantener el “Laboratorio de piezas” en funcionamiento y evitar la necesidad de adquirir modelos artificiales de talleres extranjeros, la Junta comenzó la búsqueda de un maestro constructor de piezas de cera y trasladaron al Protector la solicitud de enseñar por parte de Pedro Sánchez Osorio, segundo modelador del Real Colegio de Cirugía de San Carlos34 (AGUCM V 01-034; Sánchez y Sánchez de Lollano, 2019: 639). Osorio aceptó la invitación, como refleja la documentación de archivo de junio de 1829, en la que contestó […] que se promete enseñar a quien se le derive, y que, si el discípulo tuviese capacidad, podrá en un año presentar una pieza con perfección […]. Además, añade el horario dedicado a la formación, siempre después de sus funciones en el Real Colegio de Cirugía dos horas, de dos a cuatro de la tarde, y asumió la tarea de fabricar piezas en su casa si fuera demandado por la Escuela (AGUCM V 01-034). Osorio había trabajado con el modelador Franceschi, que aseguraba tener formación florentina como se ha explicado antes. De hecho, Osorio abandera su formación como […] Escultor de piezas Anatómicas de Cera, por S. M. del Real Colegio de Medicina y Cirugía de S. Carlos de esta Corte, discípulo (del arte de la cera) de la Escuela Florentina, en Italia; en la 34Dionisio Giraldo Bergaz es, en este momento, el Primer Modelador del Real Colegio de Cirugía de San Carlos 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 140 Miniatura, de la de París y en la de Dibujo, de la de Valencia, Granada y Barcelona; y es de esta Corte, en grabados de relieves […] (AGUCM V 01-004). Su labor en la Escuela Veterinaria consistía en mostrar a los alumnos asignados la técnica de fabricación de los modelos en ceroplástica y en construir los necesarios para la Escuela Veterinaria durante el tiempo que durase dicha formación (AGUCM V 01-007 y AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-034). Aunque el Protector de la Escuela había propuesto inicialmente formar al menos trece alumnos para el aprendizaje del modelado en cera y varios alumnos declararon su interés por unirse a dichas lecciones con Osorio como maestro, la Junta solicitó aceptar únicamente a Garrigó por motivos económicos y por motivos didácticos, considerando que a los alumnos les quitaría tiempo de estudio, mientras que el vice catedrático […] se halla tocando casi al fin de su carrera, en comparación de uno que cuasi empieza. Además, se esperaba que Garrigó pueda enseñar a los alumnos de fisiología, fijando las horas que sean compatibles con sus clases y obligaciones […] cuando tuviera los principios necesarios (AGUCM V 01-005). Demostrando un gran interés por los trabajos en cera y por reunir una colección similar a las que se empleaban en Europa, en los últimos meses del año 1830, el Protector promovió la formación de Garrigó dedicando una estancia especial en el edificio únicamente a los trabajos en ceroplástica, ubicada entre la Capilla de la Escuela y la cocina, y facilitando la formación artística del vice catedrático (AGUCM V 01-051; AGUCM V 01-034). Algunos informes de 1830 indican que el Protector y la Junta también absolvieron a Garrigó de la construcción de esqueletos35 y de aquellos modelos anatómicos que no fueran de cera. El objetivo, además de adquirir toda la instrucción necesaria por parte del vice catedrático, era el de aliviar el sueldo de Osorio lo antes posible, pues suponía un elevado gasto para la Escuela (AGUCM V 01-051). Osorio y Garrigó enriquecieron el Gabinete con numerosas piezas de anatomía normal y patológica durante varios años, en los que este último, además de formarse como ceroescultor, debía tomar nociones de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y realizar los inventarios del Gabinete (AGUCM V 01-005). Dicha formación artística, iniciada en octubre de 1829, respondía a las condiciones que se deben exigir, según Bonells y Lacaba, para ser un buen ceroescultor: además de tener formación anatómica deben […] saber dibuxar y modelar, para poder trabajar diferentes partes de que no se pueden sacar moldes […] (Bonells y Lacaba, 1820: 500). Como complemento a la formación artística de Garrigó, la Junta solicitó al Protector un permiso que permitiera a este asistir a clases de dibujo por la noche (AGUCM V 01-005), y acordó mantenerle informado de los progresos y adelantos conseguidos durante su formación artística en la Academia enviándole los dibujos que confirmen estos avances y archivando el resto en el expediente del vice catedrático para que el Protector los pudiera revisar cuando quisiera (AGUCM V 01-034). Efectivamente, en 1830, Garrigó se inscribió como alumno en los Reales Estudios de la Merced y se formó en varias asignaturas en esta institución dedicada a la enseñanza de los principios del dibujo36 (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). Uno de estos dibujos se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con fecha de 1830 y firmado 35 La Junta encarga entonces la disección al catedrático Guillermo Sampedro y los hospitales al Vice Catedrático José Estarrona. 36 Documentación conservada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 141 con grafito por Garrigó en el reverso del papel, se trata de un trabajo académico de temática anatómica Estudio de tres cuartos de pie izquierdo apoyado en el talón (fig. 65). En función de la información que acompaña al dibujo en el reverso de la hoja le dieron pase a Cabezas en Junta ordinaria del Domingo 18 de julio de 1830, lo que podría convertir este dibujo en un ejercicio de examen para acceder al estudio anatómico, más complejo, de la morfología de la cabeza humana. Figura 65. Dibujo anatómico de un pie humano junto con su ficha técnica. Cristóbal Garrigó. 1830. Dibujo realizado a lápiz negro. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Base de Datos: Garrigó, Cristóbal. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 2018. Además de los trabajos de modelar con la técnica ceroplástica, Garrigó aprendió junto a Osorio a recomponer aquellos modelos que la Escuela ya poseía y que se encontraban deteriorados y debía realizar eventualmente un inventario de todas piezas destinadas a ocupar el Gabinete Anatómico como material didáctico, entre otras la colección de herraduras (AGUCM V 01-034). Para un progreso mayor y más rápido en la formación artística de Garrigó y en la producción de modelos de cera en el “Laboratorio de piezas”, el Protector aceptó la petición por parte de la directiva de la Escuela de librar al vice catedrático de todo el trabajo excepto las guardias de hospitales y la secretaría de la que era responsable, siendo ésta última atendida de manera intermitente junto con otro profesor, Antonio Santos (AGUCM V 01-005). Durante el periodo de aprendizaje junto a su maestro, Osorio dió parte a la Junta de su aprobación como instructor en varias ocasiones. En algunos casos, como en la comunicación de octubre de 1830, Osorio apuntó las piezas realizadas por Garrigó de manera autónoma para justificar su formación (AGUCM V 01-051). Se tiene constancia de que los progresos de Garrigó fueron gratificados con recompensas económicas a su aplicación y adelantamiento (AGUCM V 01- 051), sin embargo, la formación del alumno no se dio por finalizada hasta el año siguiente. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 142 Aunque la situación política y de la enseñanza en particular es comprometida, debido a la clausura de las Universidades y la Escuela desde 1830 hasta 1832, como consecuencia del restablecimiento de la monarquía absolutista de Fernando VII (VVAA, 1993: 59), el “Laboratorio de piezas” siguió funcionando y Garrigó continuó formándose. En marzo de 1831, Sánchez Osorio consideró finalizada la formación de Garrigó dando parte a la Junta de que ser capaz de realizar cualquier tipo de piezas y de modelar y moldar en yeso, vaciado y colorido de cera: “Certifico que mi discípulo D. Cristóbal Garrigó, Vice-catedrático de la Real Escuela de Veterinaria de esta Corte, en el tiempo de veinte y dos meses que ha permanecido a mi cuidado para aprender a trabajar las piezas de Cera Anatómicas, se ha esmerado en la aplicación y propiedad de la construcción de todas ellas, y por consiguiente le doy por bastante instruido en dicha facultad, para que por sí solo pueda trabajar toda clase de piezas Anatómicas de Cera, y para que conste y obre los efectos consiguientes, le doy el presente que firmo en Madrid a 31 de Marzo de 1831. Pedro Pablo Osorio” (AGUCM V 01-004) Ante la petición de Osorio de rescindir su ocupación de maestro escultor en la Escuela Veterinaria, el Protector pidió a la Junta Escolástica un examen o verificación de que los conocimientos adquiridos por el alumno eran suficientes. Sin embargo, la Junta se negó aludiendo que nunca antes se ha realizado una certificación de un profesor por parte de sus jefes y que los miembros de la Junta no se encontraban cualificados para examinar la calidad artística y material de las piezas, pudiendo juzgar el trabajo únicamente por su apariencia (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-004). Entonces, el Protector resolvió aprobar la petición de Osorio de dar por finalizada su labor a partir del 1 de abril de 1831 y aprobó pagarle la asignación correspondiente de 700 reales de vellón (AGUCM V 01-004). Sin embargo, no quedó satisfecho con la falta de una revisión por parte de un entendido en la materia y exigió “[…] que ejecutados los trabajos los examine, revise y tase, no el que ha enseñado a Garrigó, sino Dn. N. Bergaz, gefe de este en el Colegio de Sn. Carlos, el único a quien puede consultarse en esta materia […]” (AGUCM V 01-004). En el certificado realizado por el primer modelador de piezas del Gabinete del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, Dionisio Giraldo Bergaz, se puede encontrar una lista con la descripción de las piezas realizadas por Garrigó y Osorio y una referencia a su tasación (Expediente de Cristóbal Garrigó en el Archivo de Alcalá de Henares: octubre 1831 (05)001.027, caja 31). La Junta transmitió a su Protector la buena imitación “[…] en la parte Anatómica, Escultura, propiedad, imitaciones, coloridos en vasos, musculos, ligamentos, sanguíneos y venosos […]” que Giraldo Bergaz había observado en las piezas analizadas. Destacaron algunas de las representaciones equinas por ser obras de más estudios: la cabeza y cuello de caballo y la estatua de buche de tamaño natural (AGUCM V 01-013) Como documento adjunto, la Junta informó al Protector de una lista donde se indicaba la autoría de las piezas, especificando qué piezas fueron construidas únicamente por Garrigó por sí solo y cuáles requirieron la dirección de su maestro (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 143 Continuando con el objetivo de crear una importante colección de modelos didácticos de cera, el duque de Alagón transmitió a la Junta la voluntad de no pagar, a partir de la independencia del ceroescultor, “[…] un sobresueldo por el trabajo de construir las piezas de cera que se necesitan para el Gabinete Anatómico […]”, sino los honorarios de vice catedrático, en espera de observar el tiempo que Garrigó podría dedicar a la construcción de modelos. De este modo, a final de año se podría comprobar el modo más rentable de producción de piezas para la Escuela, si era preferible pagar un sueldo fijo de modelador o pagar cada pieza como sobresueldo para el vice catedrático de anatomía. El Protector exigió también que el modelador de cera “[…] debía tener a su lado y enseñar a un alumno de los de mejores disposiciones con algún conocimiento por lo menos de dibujo, para propagar este arte en bien del estudio de la Veterinaria […]” (AGUCM V 01-004). Algunos documentos sugieren que en la Escuela se formalizó la plaza de Garrigó como constructor de piezas de cera y disector anatómico en 1831, una vez suprimida la plaza de vice catedrático. Sus ocupaciones a partir de este momento consistieron en preparar las disecciones para las lecciones de anatomía en los meses de invierno y en aumentar y perfeccionar la colección de piezas, además de enseñar a dos alumnos designados por el Protector el arte de trabajar la cera (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027; AGUCM V 01-004). Entonces, la Junta comenzó a buscar sin mucho éxito alumnos de la Escuela con conocimientos de dibujo a los que enseñar los conocimientos adquiridos, pues la formación artística no debía abundar entre los estudiantes de veterinaria y únicamente el alumno Juan José Marquina tenía algunos fundamentos en dibujo (AGUCM V 01-034). Puede que finalmente fuera seleccionado algún alumno más para el aprendizaje con Garrigó, pero estos debieron perder el interés, quizás por falta de futuro en el modelado en cera, y no se tiene constancia de que Garrigó trabajara con ningún aprendiz (AGUCM 89 06-001). Por orden del Protector, la Junta Escolástica debía ser la encargada de indicar cada tres meses las piezas necesarias que debía construir Garrigó (Archivo General de Alcalá de Henares (05)001.027). Sin embargo, la documentación de archivo no conserva el orden original y no ha sido posible encontrar todas las referencias a los modelos construidos en la Escuela Veterinaria, a partir de la autonomía de Garrigó. Si bien, algunas piezas realizadas durante el periodo de formación con Osorio figuran en el citado inventario de Giraldo Bergaz, así como en la clasificación de piezas realizada por Osorio en 1830 para justificar la formación de Garrigó. En primer lugar, debe puntualizarse que Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó repararon y mejoraron los modelos deteriorados: “[…] piezas anatómicas y patológicas, además de haverse recompuesto todas las que existían, hasta el punto de haverselas dejado como nuevas […]” (AGUCM V 01-051). Tras los desastres de las guerras, el inventario de 1829-30 apunta a que todos los modelos que se encontraban deteriorados fueron recompuestos o arreglados por Osorio y Garrigó. Se menciona algunos, quizás destacados debido a la dificultad que había entrañado su reparación: “[…] un cuarto posterior de caballo, que además de su grave deterioro se hallara con un gran número de imperfecciones, se ha aumentado un estomago cerrado en la región pilórica, copiado con todo esmero del de un caballo que murió en este establecimiento con dicha enfermedad […]” (AGUCM V 01-051). Osorio también recompuso individualmente durante la segunda parte del año 1830 un cuarto trasero que estaba mutilado. Giraldo Bergaz añadió información a la intervención realizada, 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 144 indicando que había sido “[…] forrado interior y exteriormente, abultado sus formas, hecha nueba una de las vesículas seminales, los musculos ileorotulares y el sistema arterial venoso y nervioso de todas sus partes […]” (AGUCM V 01-034; Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027, caja 31). También consta en el informe de Bergaz que fueron reparados por Osorio y Garrigó algunos modelos existentes en la Escuela Veterinaria, que debían pertenecer a compras previas o a la producción de Franceschi. Giraldo Bergaz hizo referencia a varios modelos: un estómago al que faltaba una tercera parte del epiplón y sus vasos sanguíneos; a un intestino recto al que le faltaba parte del mesenterio y sus vasos sementerinos; un corazón “[…] que se ha forrado en su totalidad por estar su colorido imperfecto y limpiado todos sus órganos; un lóbulo del pulmón de un buche enfermo, en el que se demuestra el estado patologico conocido con el nombre o estado de Epatización roja y gris, y algunos puntos gangrenosos, producto de la traquea y vasos que en el penetra […]; los uréteres, ligamentos de sujeción y partes del mesenterio que cubren una vejiga; y un hígado con deterioros en la vena porta, los ligamentos sustentantes y algunos vasos linfáticos” (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027, caja 31). Figura 66. Hígado equino con circulación linfática (rfa. MV-675). Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. De todas las piezas mencionadas no se ha conservado ninguna en el actual Museo Veterinario Complutense, excepto el modelo de hígado, que podría tratarse del Hígado equino con circulación linfática (rfa. MV-675) (fig. 66), según la descripción anatómica de Giraldo Bergaz (Figura 10). La primera pieza realizada por Osorio para la instrucción de Garrigó debió ser un estómago equino de temática patológica realizado como ejemplo para mostrar el modo de ejecutar el trabajo de la Cera (AGUCM. V 01-051; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 197). Osorio debió comenzarla en 1829, como refleja la comunicación de este a la Junta, en noviembre de este año (AGUCM V 01-005). Corresponde probablemente con la pieza patológica registrada por Giraldez Bergaz en su informe de 1831, en el que describe “[…] un estomago de caballo cancerado toda la región pilórica. En la que se ben tres ulceras, la una de grande extensión, el esofago, el cardias, el píloro, y el intestino duodeno, y el omento gastro esplénico, con todos sus vasos arteriales venosos, linfaticos nervios y glándulas […]” (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). No se ha conservado o recuperado ningún modelo en el Museo Veterinario Complutense con el que pueda identificarse este modelo de estómago patológico. La información aportada por los modelos anatómicos de mandíbulas era muy importante en el estudio anatómico de los animales y debieron poseer una función didáctica esencial. Los ceroescultores deben referirse a mandíbula cuando el modelo muestra la estructura ósea completa, mientras que con extremo de mandíbula solo expondría la zona delantera de la dentadura. Una mandíbula anterior completa que comprende el cráneo y la cara, y otra 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 145 mandíbula posterior a las que hace referencia Bergaz en su inventario y que también se encuentran referenciadas en el de Osorio, fueron realizadas en el “Laboratorio de piezas” antes de septiembre de 1829 (AGUCM V 01-005). Podría tratarse del par de mandíbulas de barro de la edad de seis años a la que se refiere Osorio en el documento de agosto de este mismo año, y que Garrigó modelará en cera con todas las venas, arterias y nervios, en durante los meses de octubre y noviembre de 1829 (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-005). En el Museo Veterinario Complutense se conserva actualmente un modelo de Mandíbula inferior de caballo (Ref. MV-668) (fig. 67), pero no ha sido posible asociarla con ninguna de las referenciadas en la documentación de archivo. Algunas piezas no han sido claramente mencionadas en los documentos de archivo y no se han podido verificar su fabricación ni el material en el que se habrían realizado, quizás debido a que forman parte de las comisiones especiales y peticiones urgentes solicitadas puntualmente a los ceroescultores por necesidades externas al “Laboratorio de piezas” (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 297). Es el caso de una “[…] ulceración mucosa nasal del cartílago divisorio, y huesos propios de la nariz en un caballo, que ha muerto con muermo […]”, estudiada por Osorio en la segunda mitad de 1830, del cual dio parte y realizó por ciento veinte mil reales de vellón. En el documento no se indicó si el coste se refiere a la fabricación de un modelo en cera que representara este caso particular o a otro tipo de material, pero sí se reflejó en otro documento que el presupuesto debía establecerse cuando Osorio estuviera terminando el modelo (AGUCM V 01-034 y AGUCM V 01-051). Debieron formar parte de las primeras piezas veterinarias realizadas por Osorio y Garrigó una “[…] pieza patológica de un caballo que había padecido una contra-rotura […]”, referenciada en un documento de agosto de 1829 y que no se conserva actualmente entre las piezas conservadas en el Museo Veterinario Complutense (AGUCM V 01-034), y las mandíbulas a las que se refirió Giraldo Bergaz en su informe. También en los últimos meses de 1829, Osorio comunicó a la Junta que “[…] Garrigó ha modelado en barro un corazón con toda exactitud […]” (AGUCM V 01-005; AGUCM V 01-034). En los inventarios referidos, primero Osorio y luego Giraldo Bergaz hicieron referencia a “[…] una cabeza y cuello de caballo que comprende los huesos de dichas regiones, los ligamentos que las sujetan, el ligamento cervical, la cuenca, el globo del ojo con sus musculos y vasos, las trompas de Eustaquio, el velo del paladar, la faringe y laringe con músculos que las mueben, la traquea, el esofago, y en el lado izquierdo el sistema arterial de todas las partes referidas […]” (AGUCM V 01-051; Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). La pieza a la que se refieren debe corresponder a la que comienzan a realizar el maestro ceroescultor y su aprendiz a finales de 1829 o principios de 1830, pues en los documentos de febrero de este Figura 67. Mandíbula inferior de caballo (ref. MV-668). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 146 último año, Osorio indica que Garrigó está realizando “[…] tres moldes, huno del globo del ojo, y los otros dos de los guesos de la lengua, todo para la pieza que está executando que es una Cabeza de Caballo con el Cuello todo con sus ligamentos […]” (AGUCM V 01-051). Este modelo podría corresponder al Ligamento nucal (rfa. MV-670), conservado actualmente en el Museo Veterinario Complutense (fig. 68). Muestra los huesos del cráneo y la región cervical con sus ligamentos; la faringe, la laringe y el esófago; así como el sistema venoso en la mitad derecha y el sistema arterial en la mitad izquierda (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 300). Figura 68. Ligamento nucal (rfa. MV-670). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Dentro de los modelos inventariados por Osorio incluyó “[…] un cerebro de caballo construido de varias piezas, para que desarmándolas puedan verse la figura y situación de todas sus partes con separación, y la mezcla e interpolación de la sustancia cortical y medular en varias de ellas, copiado del natural con toda exactitud y colocado en un cráneo también de cera en que se demuestran todos los senos, agujeros y canales más principales, la dura madre y los septos y senos longitudinal, transversal y frontal […]”, que podría corresponder al modelo de cráneo de caballo descrito en el inventario de Giraldo Bergaz, pues ambos muestran la interpolación de la sustancia medular y cortical de los hemisferios y comparten parte de la descripción (AGUCM V 01-051; Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). Podría tratarse del cerebro al que se refieren los documentos de junio de 1830, “[…] que esta construyendo el citado garrigó, dividido en tantas piezas como son las partes de que se compone […]”, y corresponder al modelo clástico al que se referirían en sus inventarios Giraldo Bergaz y Osorio (AGUCM V 01-034). El modelo que representa en cera el cerebro de un caballo constaba de diecisiete piezas desmontables en los que se mostraban los senos y las meninges, y no pudo concluirse antes de noviembre de 1830, no solo por su mecanismo, sino que es de estudio y colocación de piezas como indicó Osorio para centrar la atención de la Junta y el Protector en este complicado trabajo y costoso (cuatrocientos mil reales) (AGUCM V 01-051; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 298). Coincidiendo con los investigadores, este cerebro clástico podría 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 147 corresponder al modelo del Museo Veterinario Complutense Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) (fig. 69) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 297). Figura 69. Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Una pieza fabricada en 1830 a la que no hace referencia Giraldo Bergaz en su informe se puede encontrar, sin embargo, reseñada en la correspondencia entre la Junta Escolástica y el Protector de la Escuela. Se trata de un lóbulo pulmonar derecho, realizado por Garrigó a finales de año, que correspondía a la anatomía normal o descriptiva del órgano. En el documento se indicó que en noviembre aún se encontraba en construcción, habiendo terminado el molde en el mismo mes. Los registros también indican que se trabajó en cera otro lóbulo derecho, en este caso de un pulmón afectado por una patología (AGUCM V 01-051; AGUCM V 01-034; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 297). El molde del lóbulo patológico fue terminado en cera en noviembre de 1830 y se notificó a la Junta a principios de diciembre. Para la exhibición de este modelo, el Protector solicitó un presupuesto extraordinario para un tablero de nogal pulimentado (AGUCM V 01-051; AGUCM V 01-034). La pieza de pulmón referida por Giraldo Bergaz en su informe podría ser de Garrigó, sin embargo, sería algo inesperado, dado que Bergaz indica que la pieza requirió de una recomposición y es poco probable que el modelo finalizado en diciembre de 1830 sufriera algún deterioro en un lapso de tiempo de un año. Podría ser indagarse acerca de esta hipótesis para estar seguros. Algunas piezas atribuidas a Sánchez Osorio en esta época incluyen un estómago caballo con cáncer en la región pilórica, del que no se han encontrado muchas referencias (AGUCM V 01-034; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 297). En el documento del 7 de octubre de 1830, la Junta solicitó a Garrigó “[…] una miología y alguna otra pieza esperando que así egecutado pueda manejarse por si mismo […]” (AGUCM V 01-034). Esta pieza podría corresponder al Buche miológico (rfa. MV-300) (fig. 70), coincidiendo con la opinión de otros investigadores, que lo describen como un modelo de cuerpo redondo de tamaño natural del animal, desprovisto de piel para poder observar su anatomía con todo detalle: planos musculares, venas, arterias, etc. También se representaban los músculos que 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 148 mueven las orejas, las partes externas del oído y las divisiones de las arterias y venas carótidas (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 299). Figura 70. Buche miológico (rfa. MV-300). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Toya Legido García, 2017. Conservada en el Museo Veterinario Complutense, los documentos han permitido contrastar la siguiente descripción realizada en el informe de Giraldo Bergaz: “[…] Estatua de un buche del tamaño natural, que representa desprobisto de la piel, y en él se observan lo siguiente: en el lado derecho el primer plano de músculos, tal como se observa en el natural rebanado el tegumento con las dibersas arterias y venas que se encuentran superficialmente. En el lado izquierdo se ben parte de los musculos del primer plano, y otros que se hallan rebanados para ber algunos del segundo y tercero, como se ben en los del vientre y las venas y arterias profundas que caminan entre ellos; a demás las orejas con todos los músculos que las mueben, las partes externas del oído, las dibisiones de las arterias carótidas y venas ingulares [yugulares], parte de las glándulas parotidas, los musculos de los labios y narices, el ano y sus musculos, la verga y testículos, con sus vasos, nervios y musculos […]” (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). Este modelo de buche podría corresponder con el que se menciona en los documentos de los meses de noviembre y diciembre de 1830, pues Osorio había informado a la Junta de que Garrigó había modelado un buche para la construcción de la miología. Es interesante subrayar que para realizar este modelo primero indican haber preparado en noviembre un molde dividido en seis piezas, quizás a partir de un cadáver, pues en el documento de principios de diciembre se refieren al modelado del buche, que podría ser en arcilla. A finales de diciembre, mencionan el vaciado en cera del modelo final de buche y que continúan trabajando en la pieza durante el mes de enero de 1831 (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-051; AGUCM V 01-004). El vaciado y modelado del buche debió de llevarles más de cuatro meses, pues en los documentos de marzo de 1832, la Junta sigue dando parte de su fabricación (AGUCM V 01-034). En el Acta del 15 de abril de 1833 se informa al Protector de que, en el mes de marzo, Garrigó ha estado trabajando en “[…] el buche que ha de figurar la miología, y que continuará todavía algún tiempo, por su obra pesada y que requiere cuidado […]” (AGUCM V 01-034). Otra pieza conservada en el Museo Veterinario Complutense es el modelo de miología equina montada en un panel vertical con el siglado MV-671 (fig. 71), datada también en el año 1830 por los investigadores (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 299). Sin embargo, no se han encontrado documentos de archivo que hagan referencia clara a esta pieza, pues cuando se menciona una miología equina se refieren a la mencionada pieza de buche. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 149 Figura 71. Miología equina (rfa. MV-671). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Toya Legido García, 2017. La autoría de las piezas realizadas por Garrigó es, a menudo, confusa en los documentos de archivo. Un buen ejemplo es el modelo de buche, referido en varios documentos, en los que algunos de ellos asignan la autoría únicamente a Garrigó y otros la comparte con Osorio (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-051). Parte de una gran colección de mandíbulas de équido, destinada a reconocer la edad de los animales, así como los defectos y trastornos de la dentición, se encuentran actualmente conservadas en el Museo Veterinario Complutense (rfa. MV 1696-1705), (fig. 72). Sin embargo, en la documentación de archivo queda constancia de que se realizaron varias colecciones de diferentes especies de animales domésticos (caballo, burro, vaca y perro) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 291-292). En el “Laboratorio de piezas” trabajaron en numerosos modelos de pares de mandíbulas de cera debido a la importancia del reconocimiento de la edad de los animales domésticos. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 150 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 151 Página anterior. Figura 72. Colección de Mandíbulas de équido para el conocimiento de la edad (rfa. MV-1696- 1705). Atribuidas a Cristóbal Garrigó. Ca. 1830-1833. Modelos en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Como se ha indicado, los documentos revelan que se ha podido recuperar una ínfima parte de las colecciones originales y ello ha sido posible gracias a la encomiable labor del profesor Joaquín Sánchez de Lollano Prieto. Ya en el inventario que realiza Osorio, en 1830, certificó que Garrigó había finalizado “[…] ocho mandibulas, que representan las edades de siete, seis, cinco y dos años, manifestándose en estas últimas el desembolvimiento y la irrupción de los dientes permanentes […]” (AGUCM V 01-051). El acta del 1 de septiembre de 1831 incluye el parte de Garrigó en el que dice haber fabricado en el mes pasado dos pares de mandíbulas “[…] que marcan las edades de once y doce [años] […] y los moldes y el vaciado en cera del par de mandíbulas de edad de 14 años” (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-004). En el Acta del 6 de octubre de 1831, la Junta pide a Garrigó cuentas de las piezas fabricadas en el mes de septiembre, comunica que ha hecho tres pares de mandíbulas de caballo, que representan las edades de 13 y 15 años y que ha vaciado otros dos pares, y empezado a trabajarlos (AGUCM V 01-004). Por otra parte, en su informe de 1831, Giráldez hace referencia a “[…] once pares de extremos de mandibulas anteriores y posteriores de cavallo que representan diferentes edades […]” (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027, caja 31). Pero las colecciones de mandíbulas debieron ser muchas más. En el parte de diciembre de 1831 indicó haber construido “[…] dos [mandíbulas] de buche de seis meses y una de baca de dos años, haver vaciado y construido ocho extremos de mandíbulas, seis de baca que representan las edades de 18 meses, 2, 3, 4, 5 y 9 años y dos de buche de seis meses”. Y, en enero, se pone en conocimiento del Protector que en el mes de diciembre anterior había hecho “D. Cristóbal Garrigó […] 5 extremos de mandíbulas, una de vaca de la edad de 10 a 12 meses; y otras cuatro de buche de 15 a 30 días […]” (AGUCM V 01-034). El propio Garrigó comunicó a la Junta la fabricación de un buen montón de mandíbulas, en las que había invertido varios años junto con la creación de otras piezas. Probablemente cuando Garrigó indicó que había construido las mandíbulas, en algunos casos se refiera a que las ha modelado en barro puesto que, durante el año siguiente, en 1832, los documentos confirman que “[…] se han vaciado y construido en cera […] unas mandíbulas de diferentes años de buche, o que ha […] construido y vaciado cuatro extremos de mandibula de buche, dos anteriores y dos posteriores, que representan las edades de 15 dias y 4 a 5 meses […]” (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-006). Sin embargo, excepto por la cronología de fabricación o en los casos en los que lo especifica es imposible saber cuándo se refiere a un material u otro. En marzo de 1832, Garrigó indicó a la Junta que había trabajado durante el trimestre anterior en “[…] cuatro extremos de mandíbulas de buche que son las que faltaban para el completo de la 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 152 colección de mandíbulas de caballo por lo que queda otra colección concluida […]” (AGUCM V 01-006; AGUCM V 01-034). Volviendo a las piezas realizadas en 1831, en uno de los documentos se ha encontrado una única referencia a la finalización de un modelo anatómico en cera de un oído, del que no se han encontrado ni descripción ni menciones previas. En el documento, el Protector indicó haber solicitado dicho modelo en el año 1829 y demandó un coste más barato del mismo. Este modelo no se ha conservado en la actualidad (AGUCM V 01-004; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 299-230). Figura 73. Matriz de vaca con los cotiledones (rfa. MV-677). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Otro modelo es “[…] una matriz de vaca con los cotiledones muy desenvueltos […]” sobre la que Garrigó dio parte en diciembre de 1831, indicando que había comenzado a fabricar (probablemente el modelo en barro). También señaló que se encontraba a la espera de recibir el material necesario para continuar trabajando. Debió posponer el trabajo de finalizar el modelo y molde de dicha matriz hasta el mes de enero de 1832, momento en el que pudo realizar el vaciado en cera, como indica el propio ceroescultor en el documento del 3 de febrero de ese año. Su finalización en ese mismo mes quedó reflejada en el documento del 29 de febrero, en el que la Junta da parte de que “[…] habrá concluido la matriz de Baca que dejó empezada el mes anterior […]” (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-006). Este útero de vaca con cotiledones más grandes de lo habitual debido al período de ovulación, coincide con el modelo conservado actualmente como MV-677 (fig. 73) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 292). De los muchos modelos de cera perdidos realizados por Osorio y Garrigó, se ha recuperado documentación de la pieza monstruosa o teratológica de “[…] dos cerditas unidas por el pecho, cuello y caveza, con dos ojos, cuatro orejas, ocho colmillos, un ano y rabo en la región occipital, un cuello común, una cavidad torácica y dos abdominales, ocho extremidades, cuatro anteriores y cuatro posteriores […]”; a las que hace referencia Giraldo Bergaz en su informe del 22 de octubre de 1831 (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). También se refieren a este modelo como “[…] fenómeno de dos marranillas unidas por el pecho y cuello […]” en varios documentos de los meses correspondientes a noviembre y diciembre de 1830, en los que se indicaba que se estaba concluyendo su vaciado en cera (AGUCM V 01-051; AGUCM V 01-034). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 153 Figura 74. Modelo de corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. En cuanto a los modelos de corazón, la documentación de archivo es poco concluyente y no se ha podido aclarar la autoría ni la datación de los tres corazones conservados actualmente en el Museo Veterinario Complutense. Quizás cuando Giraldo Bergaz se refirió en su informe al corazón forrado en su totalidad podría tratarse del Modelo de corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-633) (fig. 74), si se considera la deficiencia técnica de la policromía que se puede observar en comparación con los otros dos corazones conservados (rfa. 692 y rfa. 693) y el fragmento de ventrículo (rfa. 667) (fig. 75). Así pues, en las comunicaciones de Sánchez Osorio con la Junta escolástica de 1831, podría estar indicando la realización de otro corazón de cera (AGUCM V01-004 y V01-034), del que no aporta ninguna descripción y del cual no se ha conservado el documento donde se ordena su ejecución en el “Laboratorio de piezas”. Figura 75. Modelos de corazón de caballo. De izquierda a derecha: rfa. MV-692, MV-693 y MV-667. Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y/o Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. A partir de 1831, muchos de los acontecimientos políticos afectaron al desarrollo y funcionamiento de la Escuela y de su “Laboratorio de piezas”, del que Garrigó era responsable. La inestabilidad política y la ocupación en diferentes momentos por tropas militares, dieron lugar a la pérdida y deterioro de las instalaciones y de muchos de los modelos naturales y 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 154 artificiales (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 303; Suárez et al., 1994: 60; Muñoz, 2014: 170- 171). La información sobre los modelos didácticos de cera realizados por Garrigó en fechas sucesivas al informe de Bergaz fue comunicada a la Junta, pero no se ha encontrado un nuevo inventario hasta la documentación de enero de 1842. Sin embargo, no es descriptivo en absoluto y este documento ofrece únicamente un listado en el que se indica someramente el contenido del Gabinete Anatómico de la Escuela (AGUCM V 01-011). A lo largo de 1831 y 1832, se emitieron numerosas órdenes de construcción de esqueletos encargados a Garrigó, que sustituía en este período al catedrático Guillermo Sampedro por razones de salud, como se refleja en las Actas de agosto y del 1 de septiembre de 1831 (en diciembre Sampedro vuelve a necesitar que le sustituyan, pero no se lo encargan a Garrigó por estar muy ocupado con la disección). Sucedió lo mismo en julio de 1832, cuando sustituyó por enfermedad al mismo catedrático, quedando reflejado en el acta del 17 de septiembre del mismo año, en la que se prorrogó el cargo de la cátedra de anatomía para Garrigó (AGUCM V 01-034). El 31 de marzo de 1832 (Acta del 12 de abril) Garrigó comunicó en su parte sobre el “[…] Elaboratorio de piezas, que se ha modelado en varro y sacado el molde de una rodilla derecha de un macho que se presento en este establecimiento con un tumor carcinomatoso en su parte externa […]”. Además, indicó que “[…] se han vaciado dos iguales en cera para representar a una cubierta de piel y a la otra desprovista de ella en la parte correspondiente al tumor […]”. Según esta crónica, el ceroescultor debió concluir rápidamente las dos rodillas de caballo con los tumores carcinomatosos, pues dio parte de su finalización en abril del mismo año (AGUCM V 01-006; AGUCM V 01-034). Figura 76. Modelo de Hernia inguinal de équido (rfa. MV- 674). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1832. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. En el mismo período realizó el modelo en barro de una hernia, representado en un cuarto posterior de caballo, en el que la rotura de las paredes abdominales permitía observar los intestinos y varios músculos disecados. Garrigó indicó que las dimensiones del modelo habían sido reducidas al tamaño de un buche, probablemente para hacer más manejable la pieza. La intención del ceroescultor era vaciar la pieza en cera el mes siguiente, es decir en abril de 1832, pero se retrasó hasta el mes de mayo del mismo año (AGUCM V 01-006; AGUCM V 01-034). Mientras finalizaba dicho cuarto posterior con una hernia, Garrigó modeló otra hernia también en un cuarto trasero de caballo, esta vez estrangulada. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 155 El modelo en barro debió concluirlo a finales de abril y su reproducción en cera finalizó en julio de 183237 (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-006). Algunos investigadores han identificado la hernia que estaba causando gangrena en los intestinos con el modelo conservado actualmente en el Museo Veterinario Complutense como Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674) (fig. 76) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 301). En julio de 1832, Garrigó indicó a la Junta que desde el anfiteatro anatómico “[…] se había empezado a taladrar los huesos de uno de los esqueletos de caballo que se van armar para hacer los ligamentos de cera […]” (AGUCM V 01-006), y en octubre del mismo año, dio parte de que había trabajado en la construcción de la Neurología durante el mes de septiembre. En función de la descripción, es cierto que debía ser una pieza espectacular y una de las particularidades de este modelo es la reproducción de la técnica boloñesa que consiste en superponer capas o estratos de pasta de cera sobre una estructura ósea natural. Está claro que el interés didáctico de esta pieza residía en la descripción de los órganos y estructuras implicados en la fisiología neurológica; el esqueleto era el soporte perfecto (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-006). Solo la preparación del esqueleto debió ser muy laboriosa, pues continuó trabajando en ello los meses de julio, agosto, octubre y noviembre. En sus informes para la Junta, el ceroescultor indicó que a finales del mes de agosto “[…] se han forrado de periosteo [membrana de tejido conjuntivo adherida a los huesos, sirve para su nutrición y regeneración] todos los huesos del esqueleto que ha de servir para la neurología general a excepción de algunas costillas que le quedaran en esta semana presente, para proceder inmediatamente a armarlo y colocarlo en la peana y después surtirlo de los nervios y partes necesarias […]”. En los meses sucesivos fueron armadas las cuatro extremidades a una sujeción central del esqueleto y, en octubre, indica haber empezado a colocar “[…] los nervios y preparado ceras para los ligamentos y nervios […], además de varios ligamentos de las extremidades posteriores y concluido de poner los derechos anteriores […]”. La pieza finalizada, con las representaciones anatómicas en cera sobre el hueso natural, fue comunicada en abril de 1833 (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-006). Del mismo modo que Franceschi debió trabajar el Caballo pequeño (rfa. MV-590), Garrigó armó un esqueleto de caballo para realizar esta neurología, que se ocuparía de demostrar la fisiología del sistema nervioso. Es una lástima que no se haya encontrado ninguna referencia ni documentación visual que muestre el aspecto de este modelo, lo que permitiría también reflexionar sobre la importancia que los descubrimientos sobre el funcionamiento del sistema nervioso tuvieron en estas décadas del siglo XVIII (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-006; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 300). En 1833, el Protector de la Escuela trasladó el “Laboratorio de piezas” de ubicación a las salas de botica, en búsqueda de un espacio mayor (Sánchez, 2011: 276; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 291-292), quizás debido a un momento de prosperidad para la Escuela, reflejado también en los nuevos encargos de noviembre de 1833, cuando la Junta encargó a Garrigó la construcción de una nueva colección completa de “[…] mandibulas para conocimiento de la edad y la formación de un oído […]”. El plazo de finalización de esta colección de piezas 37 En el Acta del 2 de julio se indica que en junio Garrigó ha concluido “[…] el cuarto posterior de un caballo que representa una hernia estrangulada […]”. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 156 marcado por la dirección era de tres meses, probablemente desde abril hasta junio de 1833, sin embargo, en el Acta del 15 de abril, Garrigó advirtió de que estuvo trabajando en el “[…] buche que ha de figurar la miología, y que continuará todavía algún tiempo, por su obra pesada y que requiere cuidado […]” (AGUCM V 01-034). Debido a este retraso, el encargo de las mandíbulas quedó aplazado, pero dicho modelo de este segundo oído (recordando que ya fue encargado otro en 1831) fue finalizado antes de agosto de 1833, según la documentación de archivo en la que se ordena su montaje en una peana de madera (AGUCM V 02-024). En ningún documento quedó expresado el animal o la especie objeto del modelo de oído ni tampoco se han encontrado referencias a su proceso de fabricación. sin embargo, sí se ha conservado un documento de enero de 1834 en el que la Junta informa al Protector de que “[…] el constructor de piezas de cera ha dado parte de seguir trabajando en la pieza patológica […]” (AGUCM V 01-034). Probablemente, la pieza patológica mencionada se refiere a un modelo de camella afectada de tuberculosis, que continuó trabajando durante el mes de enero de 1834 y del cual la Junta da parte al Protector (AGUCM V 01-017). Dicho modelo patológico de camello debió de ser muy complejo y laborioso, pues la documentación indica que en marzo el ceroescultor finalizó de reunir y vaciar, probablemente en cera, los fragmentos anatómicos que faltaban y “[…] perfeccionado algunas que se habían echado a perder al tiempo de sacarlas de los moldes […]” (AGUCM V 01-017). A lo largo de abril, el “Laboratorio de piezas” probablemente se concentró en la fabricación de las partes externas del modelo en cera, pues el ceroescultor dio parte en las Actas del 5 y 7 de mayo de haber cubierto de colores los vasos sanguíneos, arteriales y venosos, el hígado y varios fragmentos del intestino grueso, casi todos los huesos y algunos músculos. Además, indicó continuar cubriendo, probablemente con capas de la pasta de cera adecuada para esta zona anatómica, el periostio y las membranas para representar después la zona afectada por la tuberculosis. El 4 de junio de 1834, Garrigó comunicó haber concluido casi toda la pieza patológica durante el mes de mayo, a falta de “[…] parte del estado tuberculoso, los intestinos delgado y surtir de arterias y periosteo los huesos […]”. Indicó que durante el mes de junio quedaría concluida, como confirman que sucedió los documentos del 3 de julio (AGUCM V 01- 017). Como se ha explicado anteriormente, las teorías sobre la embriología y la generación animal fueron incrementándose a lo largo del siglo XIX. La importancia de reflejar en los modelos de cera, la patología y la fisiología obstétrica, dio lugar a una producción temática en el “Laboratorio de piezas” veterinarias durante varios años. Durante el mes de julio de 1834, la Junta encarga a Garrigó, con la aprobación del Protector, la realización de un “[…] cuarto posterior de una yegua con las partes internas y externas de la generación […]” (AGUCM V 01- 017). La primera pieza anatómica registrada en 1834 dedicada a la generación fue la representación de los cuartos traseros de una yegua, presentada a una escala sobredimensionada que permitía percibir mejor las diferentes estructuras anatómicas. De acuerdo con otros investigadores, se ha relacionado esta documentación de archivo con el modelo anatómico conservado en el Museo Veterinario Complutense denominado y siglado como Tercio posterior de yegua (rfa. MV-672) (fig. 77) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 301). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 157 Figura 77. Modelo de Tercio posterior de yegua (rfa. MV-672). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1834. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. En los meses de agosto y septiembre, Garrigó da parte de continuar con la pieza de yegua, probablemente con el modelo en barro. Durante agosto y septiembre (acta del 5 de septiembre de 1834), completa el modelado en barro de la Matriz, la Begiga y la bulba, y realiza los moldes para el vaciado en cera. Tras dicho vaciado continuó trabajando en el modelo de cera durante el mes de noviembre (parte de 3 de octubre y del 3 de noviembre) (AGUCM V 01-017). Este modelo de yegua parece ser tecnológicamente complejo y Garrigó advierte sobre los retrasos que le han supuesto tener que volver a fabricar la matriz de barro y realizar los moldes y su vaciado en cera, pues cuando reprodujo la primera […] ha resultado ser de poca extensión con respecto a la de la capacidad del vientre […]. Continuó realizando en cera los músculos del cuarto posterior del modelo y colocó los músculos internos, el periosteo y la vulva en su lugar correspondiente. A principios de noviembre, el ceroescultor da parte a la Junta de que […] se han trabajado y colocado los hierros y armazón para dicha pieza de el cuarto posterior de yegua […]. Después, completó la colocación de todo el sistema muscular restante, realizando el acabado final de la mayoría de los músculos mediante el rayado de la pasta de cera y modelando los tendones y aponeurosis correspondientes, cubriendo a los que les correspondía con su periostio, todo ello durante los meses de noviembre y diciembre de 1834 (AGUCM V 01-017; AGUCM V 01-017; AGUCM V 02- 010). Durante el mes de enero de 1835, se entrega a tiempo completo en la colocación de los tendones, músculos y aponeurosis del cuarto trasero de yegua (probablemente los de cera) y de modelar en barro y hecho los moldes de los riñones (AGUCM V 02-010). En febrero debió colocar todo el sistema arterial y venoso de algunas zonas y de la cavidad abdominal del modelo. además, vació en cera los riñones y pudo colocarlos en su lugar (AGUCM V 02-010). Finaliza este cuarto posterior de yegua a principios de abril, pues en el Acta del día 13 de este mes, el modelador indica a la Junta que la da por terminada y comienza a trabajar en otras piezas (AGUCM V 02-010). De manera simultánea, comenzó a preparar […] los huesos que han de formar el armazón de otra pieza, se pasan a ensamblarlos y poner los yerros que han de mantenerlos y el todo de la pieza […]. Inició su fabricación en julio de 1834, pero debió dejar este modelo para ocuparse de la pieza sobre la generación Tercio posterior de yegua (rfa. MV-672) y retomarlo en noviembre del mismo año, y así empezar a construir el sistema muscular de este segundo cuarto posterior (parte del 3 de noviembre) (AGUCM V 01-017). De este modelo no se han conservado referencias sobre su finalización o exposición, tampoco se ha identificado con ninguna de las piezas del Museo Veterinario Complutense. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 158 Los acontecimientos de 1835 fueron determinantes en la historia de la veterinaria española, pues el nuevo Reglamento del 6 de agosto, supuso la fusión de la Escuela Veterinaria y del Tribunal de Protoalbeiterato, para convertirse en una única institución, la Facultad de Veterinaria de Madrid. El apoyo de la monarquía para lograr la unión de las dos instituciones se encontró favorecido por un clima político favorecedor, la supresión del Tribunal era deseado por muchos para unificar los estudios de veterinaria, pero también suponía una alternativa a la clausura de la Escuela por falta de medios materiales (Vilas, 2010: 13). Sin embargo, no se hizo efectiva la desaparición del Tribunal del Protoalbeitariato hasta 1847, cuando se inauguraron las Escuelas veterinarias de Zaragoza y Córdoba. Las tres escuelas veterinarias españolas pasaron a depender del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras públicas (Suárez et al., 1994: 59; Vilas, 2010: 13). Además, en 1840, había cesado el carácter militar de la Facultad Veterinaria de Madrid y en los años sucesivos 1840 y 1845, los catedráticos Risueño, Casas, Sampedro, Santos, Estarrona y Guzmán, solicitaron un nuevo Reglamento para la Facultad. Finalmente, en 1845, se creó el Cuerpo de Veterinaria Militar ajeno a la institución universitaria. Aunque la Escuela había pasado a denominarse Facultad de Veterinaria de Madrid, se debe tener en cuenta que la propia institución y los medios se referirán a la Facultad como Escuela Superior de Veterinaria, probablemente como manera de asegurar su superioridad como escuela principal de la que dependían las Escuelas Subalternas de Córdoba y Zaragoza, inauguradas en 1847 (poco después lo haría la de León). Hasta la independencia de las dos escuelas subalternas, fue perpetuado el sistema importado francés, en el que la Escuela de Alfort cumplía el papel de institución veterinaria central y las escuelas que surgieron con posterioridad eran consideradas de un nivel inferior y estaban regidas por planes de estudios diferentes a los de la escuela principal. En Francia, para la gestión de esta relación institucional con las escuelas subalternas, Bourgelat fue nombrado Director e Inspector general de todas las [escuelas subalternas] que se establecieron en el reino. La reforma del estudio y ejercicio de la Veterinaria, como denominó la Gaceta de Madrid a estos eventos de 1847, así como los cambios en las circunstancias económicas, debieron afectar a la producción de piezas en el “Laboratorio de piezas”. A partir de 1835, los presupuestos para fabricar piezas comenzaron a controlarse en mayor medida. Por ejemplo, en el acta del 9 de octubre de este año, la Junta de la Facultad informó al Protector sobre un cálculo aproximado de los gastos que las oficinas del establecimiento pueden tener durante el año 1836, según los presupuestos de 1835. El documento indicó que para el Anfiteatro anatómico el gasto ascendía de “[…] 2500 a 3000 reales de vellón y que en el Laboratorio de Piezas de Cera. Podrán gastarse en esta oficina de 1500 a 2000 reales de vellón […] (AGUCM V 02-010). En abril de 1835, se encargó a Garrigó “[…] empezar un Bazo y un Estómago […]”. El modelado en barro del bazo lo realizó a lo largo del mes de abril y durante mayo procedió a su vaciado. Simultáneamente trabajó en el estómago, pero no queda claro si realizó modelo en barro o si los moldes fueron obtenidos a partir de un vaciado en yeso del órgano natural, pues cuando mencionó el modelado del bazo en barro en abril, ya había realizado los moldes y vaciado en cera del estómago. En cualquier caso, durante el mes de mayo y principios de junio, […] forró y perfeccionó el modelo de estómago y le colocó el sistema arterial, venoso y nervioso 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 159 […]. También indicó haber continuado con el modelo de bazo, finalizando ambas piezas en junio del mismo año (AGUCM V 02-010). Apenas hubo finalizado el bazo y el estómago, comenzó a modelar en barro un estómago que representaba el estómago de los rumiantes. Comenzó esta pieza a principios del mes de julio de 1835 y los moldes de yeso y sus vaciados en cera estuvieron listos a finales de mes. Es interesante indicar que Garrigó reprodujo en este caso dos estómagos idénticos en cera a partir de los mismos moldes. Así pues, en el parte para la Junta con fecha de 3 y 4 de septiembre, el ceroescultor indica haber “[…] limpiado, raspado e igualado el Exterior de dos estomagos de los rumiantes, se han unido las diversas piezas que los componen y se ha modelado el interior de la Panza38 y el 2º Estómago […]”. Fue durante el mes de noviembre de este año cuando el Figura 78. Modelo en cera de Bazo de équido (rfa. MV 771). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. ceroescultor finalizó los modelos en cera de estos estómagos de los rumiantes (AGUCM V 02-010). De acuerdo con otros investigadores, estas referencias del archivo se podrían asignar a las piezas conservadas actualmente en el Museo Veterinario Complutense denominadas Bazo de équido (rfa. MV 771) (fig. 78) y correspondientes a los dos modelos de estómago (rfa. MV 664 y 669) (fig. 79 y 80, respectivamente) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 301). Ll Figura 79. Modelo de cera del Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Figura 80. Modelo de cera del Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-669). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. 38 La panza, herbario o rumen es la primera de las cuatro cavidades de que se compone el aparato digestivo de los bovinos, ovinos, caprinos y cérvidos. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 160 Aunque en los documentos intercambiados con el “Laboratorio de piezas” en estas fechas no se han encontrado referencias a un Modelo de barro del Parto Natural de cabeza39, el ceroescultor debió de trabajar en este simultáneamente a la fabricación de los estómagos a finales del año 1835, pues en enero de 1836, informó a la Junta de haber concluido el modelo del parto natural y de haber amoldado la pieza, es decir, obtenido los moldes en yeso (AGUCM V 01-016). Este parto natural de pies fue reproducido (vaciado) en cera, perfeccionado las juntas y defectos que han sacado de los moldes y ensamblado por el ceroescultor durante los meses de enero, febrero y marzo de 1836 para pasar a cubrirlo de colores, aunque no indica de cuántas piezas se encontraba compuesto el molde. El modelo en cera quedó terminado a finales del mes de mayo, como indicó en el parte del 9 de junio de este año (AGUCM V 01-016). En el mismo documento en que Garrigó dio parte la finalización del parto natural de cabeza, explicó que en junio había comenzado a fabricar la siguiente pieza, otra que representa el parto natural de pies. Para abaratar costes y esfuerzos, este reutilizó los moldes de yeso del parto de cabeza con los que reproducir el cuarto posterior de yegua; de este modo solo tendría que fabricar el modelo del potrillo “de pies” para alojarlo en el vientre. Así pues, durante el mes de julio, recompuso o reparó los moldes de yeso deteriorados de haber fabricado la pieza anterior, vació la nueva pieza en cera perfeccionándola para pasar a poner el colorido y modeló en barro el feto (AGUCM V 01-016). Durante los meses de agosto y septiembre realizó el vaciado del feto, pero Garrigó se vio obligado a retrasar la entrega de la pieza porque el molde del feto sufrió varias roturas. En la primera quincena de octubre informa a la Junta de que debió realizar un nuevo molde de yeso y trabajar en barro varias piezas relacionadas con el feto (Actas de 9 de septiembre y 12 y 13 de octubre), finalizando de poner el colorido a todo el modelo durante el mes de noviembre. Aunque dio parte, en diciembre de 1836, de que aún estaba finalizando el modelo de parto natural de pies con la colocación del sistema arterial y venoso, del peritoneo, de los intestinos y del resto de estructuras anatómicas necesarias; continuó con estos trabajos durante el mes de enero de 1837, fecha en la que realmente dio por concluido el modelo (AGUCM V 01-016). Actualmente, se conservan estos dos modelos en cera en el Museo Veterinario Complutense, denominados y siglados como Parto natural de cabeza (rfa. MV-683) (fig. 81) y Parto natural de pies (rfa. MV-681) (fig. 82), y forman parte de las piezas más grandes de la colección (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 299). A mitad del mes de febrero de 1837, la Junta encargó al “Laboratorio de piezas” la construcción de varios partos trabajosos o proter naturales. La documentación recuperada hace referencia de la fabricación de un parto anormal de caballo por Garrigó, que trabajó en estos modelos durante ocho meses. Durante los meses de febrero y marzo preparó el barro y fabricó el modelo en dicho material, para en el mes de abril, cuando también debió amoldar o realizar los calcos de yeso (parte de 12 de abril de 1837, contenida en el Acta de 10 de abril), pues en los informes emitidos por él para la Junta, se indicó que en mayo el modelo ya se encontraba preparado para su vaciado en cera (Acta del 7 de mayo y parte del 8 de mayo). 39 En los documentos no está claro cuando se refieren al modelo de parto de pies o al modelo de parto de cabeza. Después de revisar atentamente las fechas y cómo Garrigó denomina cada modelo, se ha llegado a la conclusión de que realizó primero el parto natural de cabeza y, después, el parto natural de pies. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 161 Figura 81. Modelo Pelvis equina con útero abierto. Presentación posterior (rfa. MV-681). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Figura 82. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-683). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. El modelo del potro debió fabricarlo en barro y sacar los moldes durante el mes de mayo, pues el vaciado en cera indicó haberlo llevado a cabo en el mes de junio (Acta del 5 de junio y parte del 7 de junio de 1837). Las imperfecciones y desigualdades del molde y modelo en barro de ambas partes del modelo, el cuarto trasero de la yegua y el potro, fueron eliminadas a lo largo del mes de julio (Acta del 13 y parte del 15 de julio), para pasar a unir las diferentes piezas de que se compone y hecho el colorido de las ceras, además de y empezado a poner los vasos y periosteos durante el mes de agosto (Parte del 7 de septiembre y Acta del mismo día). En el mes de septiembre de 1837 finalizó de colorear el sistema venoso y arterial, cubierto de periostio las partes de la pieza donde era necesario y colocado las membranas de la placenta las estructuras anatómicas que así lo requerían (parte del 18 de octubre) (AGUCM 20-06-003). De acuerdo con el breve inventario realizado en 1842, habían sido fabricadas cuatro colecciones de partos en el “Laboratorio de piezas” de cera hasta la fecha, aunque los modelos no fueron descritos individualmente (AGUCM V 01-011). Sin embargo, no se han encontrado evidencias de la conservación de ninguno de estos partos anormales de yegua. Quizás el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-678), en el que el potro se encuentra posicionado de nalgas podría ser uno de ellos (fig. 83) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 299). Probablemente la fabricación de modelos anatómicos dependió de las condiciones en las que se encontraban las dependencias de la Escuela. De acuerdo con la documentación conservada fechada entre 1838 y 1842, el estado de la institución era desastroso, una situación que se prolongó hasta 1845 (AGUCM V 01-018). Se han podido consultar algunos documentos fechados entre 1835 y 1841, en los que la Junta y el Protector trataban de calcular los gastos para el anfiteatro y el “Laboratorio de piezas”. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 162 Figura 83. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-678). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1837. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Para tratar de controlar la situación, en 1842 la Junta pidió a Garrigó un breve inventario junto al que denunció el estado ruinoso de las instalaciones y del anfiteatro. Además de indicar en este su ocupación como encargado del Gabinete Anatómico, emitió un resumen de las colecciones de anatomía natural, herraduras e instrumental veterinario, haciendo referencia solo a algunas realizadas en cera: “[…] un crecido número de piezas de cera, como son una colección de extremos de mandíbulas para conocimiento de las edades, veintiséis piezas anatómicas, trece patológicas, cuatro colecciones de partos y un monstruo […]”. El ceroescultor indicó que los modelos de cera se encontraban en el Anfiteatro, donde las condiciones climáticas no permitían una correcta conservación por encontrarse en estado ruinosos y por su mala situación topográfica (AGUCM V 01-011). Hasta 1847, no se ha podido confirmar la documentación de nuevos presupuestos que indiquen una lenta recuperación de la economía de la Escuela, continuando con el funcionamiento del “Laboratorio de piezas” con la fabricación de modelos de cera y esqueletos (AGUCM V 02-014). Ciertamente, la mala situación económica había afectado también a la dotación económica de Garrigó, como explica el documento, de 1847, en el que este solicitó que se le volvieran a pagar los 20.000 reales de vellón, pues había pasado a percibir un sueldo a 10.000 reales. Además, argumentó que a sus muchas funciones, como “[…] llenar los estantes del Gabinete de piezas anatómicas, patológicas, monstruos y esqueletos que estaban desicatos [disecados], además de preparar en el tiempo de anatomía descriptiva, las sesiones diarias al Catedrático y suplir voluntariamente las enfermedades y ausencia del mismo […]”; se suma que su trabajo es “[…] un trabajo material e intelectual, de mucha paciencia y estudio, y del que hay pocos artistas en España […]” (Archivo de Alcalá de Henares (05)001.027). El director general de Educación Pública del Gobierno asistió personalmente para visitar el estado de las instalaciones en 1848, consiguiendo algunas mejoras para reconstruir las instalaciones y dotar al edificio de salas de disección, un teatro anatómico y otros espacios necesarios para la docencia y las colecciones (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 304). Es evidente que Garrigó trató de solventar la grave crisis económica, debido a la cual el “Laboratorio de piezas” se encontraba sin presupuesto, centrándose en la experimentación para formular una pasta de cera más económica a partir de enero de 1848 (AGUCM V 01-022). El Protector fue informado de esta innovación en el documento Noticia de lo que se ha trabajado en el Laboratorio de Piezas de Cera en el trimestre de octubre, noviembre y diciembre de 1848, por el Disector Anatómico. Sin embargo, de los materiales o técnicas de empleo de la nueva pasta inventada por el ceroescultor no se ha podido encontrar ninguna documentación, únicamente se hizo referencia a que era más económica y que tuvo que probar varias pastas. Las pruebas 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 163 debieron de tardar en dar buenos resultados, pues Garrigó comunicó que debía repetir una pieza de la miología general. Probablemente se tratase de una pieza patológica porque se refirió a las lesiones para la Anatomía descriptiva, debido a su deterioro prematuro en el molde causado por la adhesividad excesiva de la pasta de cera (AGUCM V 01-022). La prensa profesional, al anunciar la muerte de Garrigó, se refirió a su invención de la mencionada pasta con mejores cualidades que el papel maché como uno de sus principales logros (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 302). En opinión de algunos investigadores, apoyada tras la observación de los modelos de la colección conservados en el Museo Veterinario Complutense, Garrigó debió inventar también una nueva pasta de cartón piedra (o papel maché), que utilizaba como material de modelado y sobre la que aplicaba una fina capa de cera coloreada (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 301). Sin embargo, parece que las dificultades económicas en vez de solucionarse fueron en aumento y, tras varios informes de principios del año 1850, en los que se indica el estado deplorable de las instalaciones, el director se vio obligado a clausurar varias oficinas y ocupaciones de la institución. Junto con la suspensión de la anatomía práctica y la disección, “[…] queda suprimido el Laboratorio de piezas de cera y de cartón piedra por falta de medios para comprar los primeros materiales y las cosas indispensables que para ello se necesita, con grande perjuicio de la instrucción que ha sido del gabinete anatomico […]” (AGUCM V 01-066). La Escuela no encuentra algo de estabilidad hasta que el Gobierno y la oposición comenzaron a ponerse de acuerdo en la importancia de mejorar el sistema educativo en España. Garrigó debió fabricar algunas piezas de cartón piedra durante este año, como comunicó el propio modelador, quizás en su casa dado que el “Laboratorio de piezas” no debía mantenerse abierto (AGUCM V 01-022; AGUCM V 01-066; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 304). Sin embargo, no se ha podido consultar ningún documento durante los años 1854 y 1857 que confirme el encargo de nuevas comisiones para la fabricación de modelos por Garrigó. Aprobada la Ley de Instrucción Pública, de 1857, conocida como Ley de Moyano, los estudios de veterinaria se establecieron en el artículo 61 como enseñanzas profesionales universitarias. En el artículo 140 de esta Ley se recogió la diferencia entre la enseñanza profesional de Veterinaria de primera clase, que se impartiría en Madrid, y la de segunda clase, correspondiente a las escuelas de Córdoba, León y Zaragoza. Con el nuevo Reglamento de 1857, la institución madrileña recuperó su antiguo título de Escuela de Veterinaria, aunque, en 1860, pasó a denominarse, junto con el resto de escuelas profesionales, Escuela Especial de Veterinaria. También quedó establecida en el Reglamento la importancia de tener un Disector encargado de los trabajos anatómicos y constructor de piezas artificiales en las escuelas españolas de ciencias a nivel nacional (Gazeta de Madrid, 1857; Flores y Pérez, 2007: 18). Por esta razón, la Escuela debió solicitar a Garrigó una declaración de su ocupación en dicho cargo, que el ceroescultor envió como carta oficial el 30 de junio de 1857. Quizás la preocupación de perder su puesto como modelador ante la creciente popularidad internacional del papel maché con los modelos anatómicos del Dr. Auzoux, llevó a Garrigó a declararse Diseccionador anatómico y fabricante de piezas de cera y papel maché en la Escuela Veterinaria de Madrid (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 636). Aunque los problemas de audición de Garrigó sirvieron para apoyar su petición de retirarse de la docencia definitivamente y para conseguir el permiso de dedicarse en exclusiva a 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 164 la fabricación de piezas y al Gabinete anatómico, unos años después enfermó y se vio obligado a solicitar frecuentes permisos para tomar baños minerales (AGUCM V 02-014; Sánchez y Sánchez de Lollano, 2019: 638). En julio de 1857, fue emitido otro documento en los que se comunicó que Garrigó estaba enfermo y no podía trabajar en la facultad durante su recuperación. El director general de Instrucción Pública comunicó al director de la Escuela que le concedían una licencia hasta el 20 de septiembre del mismo año para que se recuperase (AGUCM V 02-014). Dos años después, la continuada ausencia del modelador en el “Laboratorio de piezas” y su visible empeoramiento, llevó al director a convocar nuevas oposiciones, en septiembre de 1859, para constructor de piezas e impartir las lecciones de anatomía y disección. Probablemente, con la intención de reducir los puntos del programa de oposición eliminando las competencias de saber modelar en cera y de tener los conocimientos de dibujo necesarios, justificó que no era necesario, pues “[…] hace algunos años que no se trabajan en cera las piezas anatómicas ni patológicas porque se ha resumido son sumamente costosas y se han inventado pastas que se adaptan mejor al molde y al colorido […] las cuales se adquieren en París por mucho menos coste que si se hicieran construir de cera […]” (AGUCM 89 06-001). El director debe referirse a las mencionadas piezas de papel maché que el Dr. Auzoux exportaba a todas las instituciones europeas, incluidas las escuelas subalternas de veterinaria españolas de Zaragoza y Córdoba. Así pues, el siguiente en ocupar el cargo de Garrigó fue examinado de todo lo “[…] referente a la preparación de un órgano, región o aparato orgánico, debía ordenar metódicamente los huesos de un animal cual si fuese a construirse un esqueleto y explicará los vínculos naturales y artificiales para ensamblar el todo o cada una de las regiones […]” y contestar a un número de preguntas sobre anatomía (AGUCM 89 06-001). Aun cuando se buscaba un sustituto para el “Laboratorio de piezas” de la Escuela, la presencia intermitente de Garrigó fue suficiente para que le encargaran la que sería su última pieza. Realizada con su nueva pasta más económica, respondió al encargo de 1860, de modelar una copia del modelo embriológico de desarrollo del huevo y embrión de pollo que se encontraba en el gabinete de historia natural (quizás se refiera al Museo de Historia Natural de Madrid), destinada a exponerse en el gabinete anatómico veterinario (AGUCM 89 06-001; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 636). Garrigó no volvió al “Laboratorio de piezas” tras su última recaída y acabó muriendo el 27 de febrero de 1863, con un reconocimiento a su labor en El monitor de la veterinaria (Casas, 1863: 28-29). Se comunicó la muerte de Garrigó para solicitar su rápida sustitución, dada la importancia de los conocimientos de anatomía que los alumnos debían recibir durante el primer año (2 de marzo de 1863: AGUCM V 01 020). Cuando empezó a enfermar, Garrigó había sido sustituido temporalmente por Santiago de la Villa Martín y Rafael Espejo del Rosal, a este último le adjudicaron la plaza tras la muerte del titular, sin embargo, no se tiene constancia de sus trabajos anatómicos en el “Laboratorio de piezas” (AGUCM V 01-020; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 165 En este momento, no había nadie suficientemente formado para sustituirle en la fabricación de anatomía en cera (AGUCM 89 06-001), aunque las escasas fuentes documentales indican que su experiencia y conocimientos sobre la escultura en cera fueron compartidos con su hijo, Pedro Garrigó Cánovas (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). A éste se le atribuyen varios modelos de cera sobre la anatomía equina realizados para la Academia de Caballería de Alcalá de Henares hacia 1851, cuando estuvo destinado a Madrid dentro de su carrera de veterinario militar. Sin embargo, murió joven unos años antes que su padre (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). Se podría barajar la hipótesis de que ambos ceroescultores, padre e hijo, enfermaran a causa de algún componente de la nueva pasta de cera, puesto que Pedro Garrigó aprendió con su padre y debió trabajar con él cuando ya había inventado la nueva pasta y que Cristóbal Garrigó murió a consecuencia de una apoplejía fulminante que podría derivar de una patología neurológica provocado por la toxicidad de los materiales (Casas, 1863: 28-29; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). A la muerte de Garrigó, Rafael Espejo del Rosal superó las oposiciones convocadas para ocupar la plaza de disector anatómico y constructor de piezas artificiales de las Escuelas Profesionales de Veterinaria de Madrid. Fue nombrado con dicho título y dotado con el sueldo anual de diez mil reales en el mismo año 1863 (AGUCM V 01 020; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). Durante 1861 y 1864, la Escuela cedió algunos de sus terrenos para conformar un parque público y parte del edificio se convirtió en la Casa de la Moneda, para trasladarse a su nuevo emplazamiento en un edificio de la Carrera de San Francisco de Madrid. En 1877, volvió a trasladarse, esta vez al antiguo Casino de la Reina, en la calle Embajadores (Flores y Pérez, 2007: 18). Los continuos cambios de sede de la Escuela debieron complicar la conservación de las colecciones y la fabricación de nuevos modelos. No se ha encontrado documentación sobre la fabricación de modelos naturales o artificiales por Rafael Espejo del Rosal. Un inventario de marzo de 1876, realizado para informar de los medios materiales de enseñanza de la Escuela por el director, refleja que se han conservado, entre otras colecciones como esqueletos o mamíferos disecados, las siguientes piezas: “[…] veintisiete piezas de cera, un caballo de cartón piedra tamaño natural, doce piezas de id. [cartón piedra] sueltas, una colección de mandíbulas naturales y de cera para el estudio [de la edad], diez y seis piezas de cera para el estudio de la Anatomía patológica copiadas del natural y cinco id. [piezas de cera] para el de la Obstetricia […]” (AGUCM SG-1676). Este inventario seguramente fuera realizado a petición del director y secretario de la Escuela, Ramón Llorente y Lázaro, con razón del traslado de la Escuela desde el Paseo de Recoletos a la Calle de Embajadores que se hizo durante el curso 1877-1878. Los cambios de sede y las características deficientes de los edificios debieron suponer deterioros y numerosas pérdidas de patrimonio veterinario, incluidas los modelos de cera. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 166 Figura 84. Modelos de cerebro en cera. Cara ventral de encéfalo con la salida de algunos pares craneales (nervio olfatorio, óptico, trigémino y oculomotor) (rfa. MV-662) (Izquierda.), Telencéfalo y mielencéfalo (rfa. MV-665) (Centro) y Telencéfalo y mielencéfalo (rfa. MV-666) Derecha.). Llegado este punto, es necesario hacer referencia a los modelos de cera conservados en el Museo Veterinario Complutense de los que no se han encontrado referencias en los documentos de archivo ni del autor ni de la fecha. Sin embargo, lo más probable es que correspondan a Garrigó. Estos son: los tres cerebros siglados como MV-662 (fig. 84), MV-665 (fig. 84) y MV-666 (fig. 84); la Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV-755) (fig. 85) y la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679) (fig.86) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 302; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 632-633). Figura 85. Modelo en cera de la Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV- 755). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Figura 86. Modelo de cera de la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. La mayoría de las piezas patológicas realizadas para la Escuela Veterinaria no se han conservado. Uno de los pocos modelos que se encuentran actualmente expuestos en el Museo Veterinario Complutense es el de Riñones poliquísticos de équido (rfa. MV-676) (fig. 87) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 302). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 167 Figura 87. Modelo en cera de Riñones poliquísticos de équido (rfa. MV-676). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Figura 88. Modelo en cera de Testículos de équido (rfa. MV-673 y MV-673/1). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. Tampoco han sido identificadas las dos piezas que podrían pertenecer a modelos anatómicos grandes, que corresponden a los modelos MV-673 y MV-673/1, en los que se representan dos testículos de équido con los vasos sanguíneos (fig. 88). 3.4. Materiales, técnicas y procedimientos en la escuela ceroplástica madrileña La documentación acerca de la técnica de fabricación y de los materiales empleados por los modeladores de la Real Escuela Veterinaria de Madrid es escueta e imprecisa. Sin embargo, las influencias recibidas por el Gabinete Anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid y algunas peticiones de material en la documentación conservada, pueden arrojar algo de luz en este aspecto. Se puede deducir de la revisión de las principales fuentes documentales que los materiales y métodos para representar la anatomía en cera -ya sea con fines artísticos o científicos-, han sido prácticamente los mismos a lo largo de los siglos: cera de abejas virgen o blanqueada (fig. 89) con la adición de nuevos componentes y materiales utilizados en otras técnicas artísticas, que permitían modificar las características físico-químicas de las pastas o abaratar los costes de producción. Es importante conocer los materiales empleados por los escultores españoles a finales del siglo XVIII, dado que los ceroescultores del Real Colegio de Cirugía de San Carlos procedían del ámbito artístico y trabajaban bajo la dirección de los disectores, aunque algunos fueran a su vez constructores, como Ignacio Lacaba. Para ello, es interesante revisar los orígenes de la técnica ceroplástica y consultar algunos de los tratados que pudieron ser influyentes en la ceroplástica anatómica española. Hasta el momento de emplearse en la fabricación de modelos anatómicos, la tradición española de escultura en cera había sido dedicada a las efigies mortuorias y al ámbito religioso, como en el resto de Europa. Algunos tratadistas, como Cayo Plinio Secundo (ca. 77 d.e.c.) - conocido como Plinio el Viejo-, atribuyen la técnica original a la herencia cultural de la Antigua Roma, donde se colocaban en las casas los bustos en ceroplástica de los miembros fallecidos de la familia para acompañar a las generaciones sucesivas (Plinio el Viejo, 1855: XXXV, 2; Carducho, 1634: 111). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 168 Figura 89. (Izquierda) Panal de abejas de donde se obtiene la cera animal. (Derecha) Tipos de cera de abejas virgen pura y blanqueada. Anónimo. 2021. Cera de abejas. beepropolispowder.com, 2021. Plinio el Viejo atribuyó al escultor griego Lisístrato de Sición o Sicione (siglo IV a.e.c.) - hermano del también escultor Lisipo (ca. 390-ca. 318 a.e.c.)- la primera reproducción de un positivo en cera a partir de moldes de yeso concebida con el objetivo de imitar los rasgos faciales a la perfección. Puesto que los escultores fabricaban los modelos o bocetti para los estudios de escultura en bronce o en piedra, Plinio asignó la efigie en cera como precursora de la estatuaria con metales (Plinio el Viejo, 1855: XXXV, 44). Por lo tanto, el modelado en cera tuvo siempre como objetivo la reproducción fiel de la anatomía con funciones artísticas y prácticos en el ámbito cotidiano. La técnica de la ceroplástica se empleó a través de los siglos hasta llegar a los gabinetes anatómicos que requerían modelos artificiales para la enseñanza de la morfología humana. Las publicaciones de los principales investigadores de las colecciones de anatomía en ceroplástica madrileña, han profundizado en las influencias y tratados más importantes en la fabricación de los modelos anatómicos en cera en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos y en la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Además, estos investigadores han realizado estudios y reproducciones de la técnica ceroplástica en la búsqueda de conocer la tecnología de fabricación y de aplicar nuevas tecnologías orientadas al campo de la conservación y restauración de patrimonio artístico y científico-técnico (Sánchez et al., 2012: 436-347; Sánchez y Matia, 2016: 317-326; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 295-296; Hernández y Sánchez, 2019: 59-72; Hernández, Sánchez y Matia, 2019: 64-76; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 654-655). Además, actualmente se puede consultar el mencionado volumen perteneciente al Curso completo de anatomía del cuerpo humano, de Bonells y Lacaba. Sin embargo, deben tenerse en cuenta los tratados que se encontraban disponibles en el siglo XVIII y el empleo de la ceroplástica en la producción artística, principalmente para la técnica escultórica de la cera perdida40 y para la fabricación de objetos de orfebrería. Las pastas 40 Esta técnica ha sido empleada desde la Antigüedad para obtener vaciados en bronce, se denomina también fundición o vaciado a la cera perdida. El proceso incluye los siguientes pasos: la escultura en bronce parte de un modelo o boceto inicial realizado con cualquier material, por lo general modelable como la arcilla, la cera, etc. De este modelo se obtiene un molde rígido con algún material que, durante su estado líquido, registre todos los detalles del modelo. Los moldes de escayola o algún material similar permiten reproducir el modelo original con cera o una pasta de cera de una dureza adecuada que, gracias a la maleabilidad de la cera de abejas, puede ser perfeccionado y mejorado. El proceso continúa con el recubrimiento del modelo de cera con un material cerámico dejando varios orificios o bebederos, son los tubos comunicantes -realizados con canutillos o tubos de algún material como el papel encerado- situados entre el modelo y el 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 169 de cera propuestas por Tratadistas como Pomponio Gaurico (1482-ca.1528–1530), que recogieron las técnicas descritas por los escritos anteriores de autores como Plinio, Vitrubio u Homero; permiten comprobar que los materiales para producir los modelos en ceroplástica fueron similares superando el paso del tiempo. La cera de abejas es la materia principal, a la que se debían añadir pequeñas cantidades de otros productos para conseguir diferentes cualidades físico-químicas en las piezas. Escultores como Antonio di Pietro Avelino, conocido como Filarete (ca. 1400-ca. 1469), advirtió en su Trattato di Architettura que el modelado en cera que deben realizar los broncistas requiere de práctica y experiencia e incluye una breve descripción de los ingredientes necesarios para fabricar una buena pasta cerosa. Si se desea fabricar una pasta negra debe mezclarse cera con trementina y sebo, añadiendo carbón machacado para que adquiera un color negro. También puede mezclarse con otros colores si se necesita una pasta que no sea negra (Amadori et al., 2011: 14). Figura 90. Grasa o sebo de cerdo. Fuente: Amazon, 2021. Para la técnica de la cera perdida en la creación de escultura en bronce es necesaria la producción previa de una pieza en cera o arcilla. Aunque no explica las proporciones con precisión, Gaurico indica en De Sculptura, publicado en 1504, que la pasta de cera debe mezclarse con sebo41 (fig. 90) o aceite y añadirle alguna resina para aumentar la dureza una vez se enfría el modelo. El autor aconseja emplear asfalto - que recibe también el nombre de “pez griega” o “pez hispana”42 mezclada previamente con pequeñas cantidades de aceite o sebo (resina y aceite o sebo en proporción de 1:4, exterior que permitirán la introducción del metal y la salida de la cera. Para fabricar una pieza hueca que permitiera abaratar costes y evitar el excesivo peso de una escultura final de metal macizo, la cera se vertía por los orificios creando una capa gruesa de pasta cerosa y rellenando su interior con una masa terrosa, con arcilla, ladrillo o escayola, llamada macho. También debe dejarse un orificio principal en forma de embudo, situado en la zona más elevada del conjunto, y asegurar el modelo al recubrimiento cerámico con clavos que mantendrán el hueco que dejará la cera fundida. Al someter el conjunto a las altas temperaturas de un horno o mufla, la pasta de cera se derrite y sale por los orificios mencionados, los mismos por los que se vierte el metal fundido hasta rellenar el vacío o hueco dejado por la cera perdida. Los bebederos permitirán que rebose el metal fundido junto con restos de cera, escayola y burbujas de aire que estropearían el acabado de la escultura si permanecieran en el interior. Cuando el metal se enfría el desmoldado requiere romper el material cerámico de recubrimiento para descubrir la escultura final, que debe ser perfeccionada eliminando el vaciado en metal de los bebederos, las rebabas o rellenando las posibles burbujas o imperfecciones. 41 Para obtener el sebo animal con una pureza elevada, el proceso consistía en sumergir el tejido adiposo o graso de un cerdo o un carnero en recipientes con agua caliente. El sebo pasa de estado sólido a líquido y sube a la superficie del agua, donde debe recogerse para exponerlo a la radiación solar y luego dejar que se solidifique. Algunos tratadistas recomiendan lavar el sebo varias veces en agua fría y fundirlo de nuevo con un poco de vino para eliminar el olor. Añadido a las pastas de cera permitía disminuir el punto de fusión, hacerla más untuosa y facilitar la mezcla de la cera con los demás aditivos. 42 La “pez griega” o “pez hispana” tiene diferentes nombres: resina de colofonia, pez amarilla o resina blanca. Tiene un aspecto duro, translúcido y cristalizado, es el residuo sólido producto de la destilación de la savia vegetal exudada por 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 170 respectivamente) (Gaurico, 1989: 83) (fig. 91) o, en su lugar, trementina, resina de picea o aceite de lentisco, pues en los sellos antiguos la trementina y el asfalto confieren a la cera una consistencia dura. La adición de pez naval43 “[…] y la que cubre el hierro […]” las recomienda únicamente para las piezas que se desee conservar. Con respecto a la coloración de las figuras que deben imitar la blancura y brillo del mármol, recomienda la cera púnica44 con la adición de cerusa45 en una cantidad igual a su peso para que se mezclen cuando se funde la pasta (Gaurico, 1989: 83; Delgado, 2015: 94). Figura 91. (Izquierda) gota de resina natural de pino. (centro) Resina de colofonia. Fuente: ladespensadeljabon.com, 2021. En Le vite de' piú eccellenti pittori, scultori ed architetti, publicado en la Florencia de 1550 por el escritor y arquitecto Giorgio Vasari (1511-1574), se puede encontrar una explicación detallada del proceso de vaciado a la cera perdida. Las únicas indicaciones que ofrece sobre la pasta de algunas coníferas, como el galipodio o pinus sylvestris, y de otras especies, como el pinus marítima, denominada trementina. La fracción líquida de dicha destilación es la esencia de trementina o aguarrás. Los usos artísticos de la pez griega o colofonia incluían distintas funciones, en las pastas de cera podía cumplir el papel de endurecer y elevar el punto de fusión. 43 Indica el diccionario de la Real Academia de la Lengua Español que la pez naval es una mezcla de “varios ingredientes, como son pez común, sebo de vacas, etc., derretidos al fuego.” Su nombre es una referencia al uso que se daba de este producto para tratar la madera de los cascos de los barcos, también denominado calafatear. 44 La cera de abejas es una secreción natural de la abeja melífera (Apis mellifera) que es inicialmente blanca y que va amarilleándose al mezclarse con otros materiales como el propóleo o la miel. Las colonias formadas por estos insectos fabrican panales de cera, formados por celdillas hexagonales, para albergar las reservas de alimento y para la cría. El proceso de obtención de la cera virgen de abejas requiere de la inmersión de los panales en agua a alta temperatura para separarla de otros componentes y de los insectos que puedan quedar en su interior, entonces la cera es prensada para eliminar el agua y se deja enfriar para que solidifique. Aunque la cera de abejas puede blanquearse exponiéndola a la radiación solar, los tratadistas solían recomendar la adición de sustancias alcalinas (como el nitro -natrón o carbonato de sosa-, la sosa cáustica o la potasa) para acelerar el proceso saponificando la cera. El resultado obtenido era conocido como cera púnica, una cera de abejas purificada y blanqueada. 45 Conocido también como albayalde, el carbonato básico de plomo (II) tiene otros nombres: blanco de plomo, blanco de cerusita, cerusa, etc., y ha sido utilizado en las artes plásticas desde la Antigüedad. Este pigmento, tóxico e inestable - tiende al oscurecimiento con el paso del tiempo- fue el único blanco utilizado hasta la aparición del blanco de cinc y el blanco de titanio en el siglo XIX. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 171 cera que debe utilizarse para realizar la pieza inicial a fundir es que la mezcla se realiza con cera amarilla blanda, trementina y sebo; sin indicar proporciones (Vasari, 1997: 60-64). Durante el Renacimiento italiano, se mantuvo el empleo de las pastas de cera en la fabricación de bocetos. Autores como el florentino Raffaello Borghini (1541-ca. 1588), recomendaban a los escultores de piezas de mármol o de bronce la realización previa de pequeñas figuras de cera, pues eran útiles al artista para estudiar los volúmenes y modificarlos a su gusto, ya que la cera permite quitar o poner materia en cualquier momento. La pasta de cera aconsejada para fabricar estas piezas era también una mezcla de cera, sebo, trementina, harina fina y cinabrio46 (fig. 92) para darle un color rojizo. Si se quería un modelo más fuerte y estable recomendaba la adición de brea47 (Borghini, 1807: 171-172). De nuevo, Vasari referenció el arte de trabajar la cera en los bocetos realizados por los artistas para el estudio de sus esculturas, donde cada material cumplía una función dentro de la pasta: “para hacerla más maleable [la cera], se mezcla con un poco de sebo, de trementina y de brea negra. El sebo tiene la virtud de hacerla más dócil, la trementina más consistente y la brea le da color negro, cierta solidez y la endurece después de trabajarla. Una vez hecha la mezcla y cuando esté fría, se hacen como panecillos, que se ablandan con el calor de la mano y se va formando la figura o bien sentada o bien erguida, según se quiera”48 (Vasari, 1997: 53). Figura 92. Pigmento cinabrio. Fuente: kremer- pigmente.com, 2021. Estas pastas de cera, mezcladas con aditivos que conferían las propiedades necesarias, eran empleadas para el modelado de medallas y orfebrería, así como para la producción de escultura en bronce. Las diferentes recetas fueron reflejadas en algunos tratados del Renacimiento italiano como en los dos volúmenes, Due Trattati Uno Intorno Alle Otto Principali Arti Dell 'Oreficeria, publicados por Benvenuto Cellini (1500-1571), en 1568. Para el modelado de las medallas, Cellini explica la pasta de cera tradicional -empleada en la Antigüedad- recomendada para los relieves: mezclando cera blanca pura con blanco de plomo, en proporción una medida de cera por media de blanco de plomo, éste último muy molido con un poco de trementina muy clara. En el caso de trabajar la medalla en meses fríos recomienda añadir una mitad más trementina que en los meses cálidos de verano (Cellini, 1857: 116). Los materiales recogidos en los tratados para crear las pastas de cera fueron adaptados por los artistas hasta que las recetas comenzaron a utilizarse para la conservación de la anatomía natural o para producir los primeros modelos 46 El bermellón o cinabrio es un pigmento rojo anaranjado obtenido del mineral cinabrio al calcinarlo junto a una cantidad suficiente de azufre. Sin embargo, comenzó a sintetizarse en Europa a partir de la Alta Edad Media amalgamando mercurio y azufre (sulfuro de mercurio), comercializándose en mayor medida que el cinabrio por ser menos costoso. 47 En este texto es probable que el término brea se refiera a la “sustancia viscosa de color rojo oscuro que se obtiene haciendo destilar al fuego la madera de varios árboles de la clase de las coníferas, y que se emplea en medicina como pectoral y antiséptico.” (definición de la Real Academia de la Lengua Española). Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la brea seca también un sinónimo de la resina de colofonia. 48 Traducción propia. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 172 anatómicos con fines didácticos a partir del siglo XVII con Gaetano Zumbo y Guillaume Desnoues. Figura 93. Pigmento mineral almagra o almagre. Fuente: Tapinearte, 2021. En España, algunos tratados extranjeros, contemporáneos a la fabricación de los modelos en la Real Escuela de Medicina de Madrid, se traducían al castellano para realizar modelos en cera como material de bellas artes y los ceroescultores tenían esta formación, por lo que es interesante conocer algunos ejemplos: en el Tratado de barnices y charoles: enmendado y añadido en esta segunda impresión [...], traducido del francés por Francisco Vicente Orellana para su empleo en la Academia de Valencia (La Academia de Valencia de las tres Bellas Artes. Pintura, escultura y arquitectura, bajo el nombre de Sta. Bárbara), en 1755, el tratadista Genaro Cantelli recogió la siguiente receta para realizar una pasta de cera: “[…] Toma Cera dos libras, trementina una libra, aceyte onza y media, Almagra49 (fig. 93) una libra, todo efto puefto à fuego lento, hafta derretirfe, eftando liquido efpera un rato, vaciala fobre una mefa untada, dexala enfriar, y cortala a tu gufto […]” (Cantelli, 2006: 116). Otro ejemplo es el tratado de Henri-Louis Duhamel du Monceau (1700-1782), un ilustrado francés que había colaborado con Buffon y publicó varios tratados sobre distintas fábricas. En su Arte del cerero, de 1777, indicó que las proporciones a utilizar por los escultores de cada material debían modificarse según el uso que vayan a hacer de ella, y reflejó las cantidades de dos recetas: en la primera, se deben mezclar dieciséis partes de cera (no especifica si blanqueada o virgen) con dos partes de pez de Borgoña50 y una de manteca. En la segunda especifica que, sobre diez partes de cera amarilla, se añade la undécima parte de trementina y lo mismo de pez grasa51 y manteca. Puntualiza que se debe evitar que la mezcla se “cueza” (evitar que llegue a hervir) colándola antes de llegar a este punto y así obtener una materia compacta y sin pompas de aire (Monceau, 1777: 334). También los artistas italianos ofrecían textos orientativos sobre una buena producción de la escultura en ceroplástica. Francesco Carradori (1747-1824), publicó, en 1802, unas 49 La tierra de almagra o almagre, también denominado ocre rojo, es un pigmento mineral compuesto por óxido de hierro, con una proporción de arcilla variable según su procedencia, de un color marrón rojizo. 50 Como indica Duhamel du Monceau, la véritable poix grasse (verdadera brea grasa) o poix de Bourgogne (brea de Borgoña) es la pez o brea de Borgoña. La composición consiste en una mezcla de resina blanca derretida junto con la trementina y el aceite de mismo árbol (Suso y López, 2004: 360). 51 Debe referirse a la pez crasa o brea grasa, según la Real Academia de la Lengua Española “mezcla de partes iguales de colofonia, alquitrán y pez negra.” La pez negra es el producto obtenido de la destilación de las trementinas impuras que queda de color muy oscuro debido al humo generado por su tratamiento. El proceso de fabricación de estos productos se puede encontrar descrito en la recopilación de recetas antiguas publicada por el doctor en medicina y cirugía por el Real Colegio de Cirugía de San Carlos, Francisco Álvarez Alcalá (1810-1862) (Álvarez, 1839: 307). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 173 instrucciones sobre diverse maniere di modellare in cera, donde indica los ingredientes y metodología de fabricación de la pasta de cera para los estudiantes de arte de la Accademia de Florencia: “[…] Si prenda di cera, qualunque siasi, purché bianca, quella quantità che occorre a formare la mole dell’oggetto, che uno si propone di rappresentare […]. Pongasi questa cera a struggersi al fuoco, aggiungendovi per ogni libbra circa un oncia di strutto di maiale o trementina, con più un poco di terra rossa, o di altro colore a piacere, ridotta in polvere ben fine. Nel tempo che si strugge, si mescoli bene il tutto, e poi si levi dal fuoco, e su lasci freddare fino al punto di esser rappresa. Indi a piccole porzioni si vada schiacciando, e si maneggi a piccoli pastelli, sino a renderla pastosa per adoprarsi a modellare, con l’istesso metodo che si modella con la terra52 […]” (Amadori et al., 2011: 15). Claramente, esta receta está dirigida a modelar la pasta de cera con las manos. Sin embargo, los materiales y las proporciones son similares a los que se podían emplear en los vaciados con moldes de yeso, utilizados en la fabricación de anatomía destinada a fines científicos y didácticos. La técnica ceroplástica florentina fue de gran importancia en la representación de la anatomía humana y comparada en toda Europa. Siendo un referente, la imitaron y describieron en las crónicas de la época y fue conocida con seguridad por los ceroescultores españoles. Así pues, poco después de la publicación de Monceau, en los escritos del médico René-Nicolas Dufriche, conocido como Des Genettes (1762-1837), de 1793, describió la fabricación de los moldes de yeso para reproducir los modelos, así como las técnicas y materiales utilizados para crear esculturas, si bien, las proporciones no quedan muy claras. La pasta de cera era una mezcla de cera blanca de Esmirna -antigua Constantinopla- o de Venecia, con un 10% de trementina para mejorar la elasticidad de la cera, cera de insecto o cera china, para elevar el punto de fusión de la pasta53 (fig. 94) y aceite de spermaceti54 (fig. 95), grasa de ballena55, o 52 Traducción propia: Tome una cantidad de cualquier tipo de cera, siempre que sea blanca, que sea necesaria para formar el tamaño del objeto que se propone representar […]. Ponga esta cera a calentar en el fuego, añadiendo a cada libra [de cera] alrededor de una onza de manteca de cerdo o trementina con un poco de tierra roja u otro color según se desee, reducido a un polvo fino. Mientras se derrite se mezcla todo bien, se retira del fuego y se deja enfriar hasta que cuaje. Luego, en pequeñas porciones, se aplasta y se manipula formando pequeños pasteles hasta convertirla en una pasta que se puede utilizar para modelar, con el mismo método que se utiliza para modelar la tierra. 53 La cera de insectos chinos es, según el Tesauro de Arte y Arquitectura en línea de la Getty, una cera de color blanco amarillento bastante dura, compuesta principalmente de cerotato cerílico y otros ésteres, se excreta por las cochinillas- piojos como del género Ceroplastes que se encuentra en China, Japón e India. Los insectos depositan su cera sobre las hojas y ramas de los fresnos chinos, que se raspan, se limpian con agua caliente y se echan en moldes. Es similar a la esperma de ballena y se ha utilizado como un sustituto de la cera de abejas, para velas, cera de pintura, cuero pulido y de encolado de papel (Getty, 2021). 54 Se trata de un producto ceroso extraído de la cavidad craneal del cachalote (Physeter macrocephalus) u otras ballenas o delfines. Durante el procesado, la sustancia blanquecina obtenida del animal se lava con agua caliente y se prensa para separar el aceite de spermaceti de la cera blanca traslúcida. Esta masa sólida se mezcla con una solución ligeramente alcalina y se vierte en moldes para darles la forma adecuada. Se considera una cera por estar compuesta por una mezcla de ésteres de ácidos grasos (palmitato de cetilo) y alcoholes de cadena larga. 55 Se denomina grasa de ballena en forma genérica a una gruesa capa de tejido adiposo vascularizado ubicada debajo de la piel de todos los cetáceos, pinnípedos, pingüinos, y sirenios. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 174 manteca. A esta mezcla se le añadían los colores, pigmentos ya mezclados con trementina o, en ocasiones enriquecidos con laca blanca56 (Lanza et al., 1979: 42-43; Dal Forno, 2009: 25). Figura 94. Cera china o cera de insectos. Zhou Jianlin Wax Industry Co., LTD. Fuente: Alibaba, 2021. Figura 95. (Izquierda) cera de espermaceti y (Derecha) aceite de espermaceti. Marine Science. American Whaling. Fuente: Genevieve Anderson, 2003. También debieron ser un referente para los ceroescultores europeos las crónicas publicadas por Engelbert Wichelhausen, en 1798, sobre la fabricación de las piezas en el gabinete de La Specola, tanto en lo referente a las proporciones como a los materiales y el modo de preparar las pastas de cera. Para las pastas de colores claros o que fueran a ser empleadas para representar partes transparentes o translúcidas, debían mezclarse diez partes de cera de abejas con una parte de trementina de Venecia y una parte grasa (probablemente manteca pura de cerdo), mezcla a la que podían añadirse aceites vegetales (en su lugar se pueden añadir resinas o bálsamos vegetales, como el bálsamo de Copaiba57 o el bálsamo de Meca, también conocido como bálsamo de Judea58), pasta a la que se añadirían los colorantes. Mientras que para las pastas de cera oscuras recomienda en su publicación mezclar dieciséis partes de cera con dos partes de buen sebo de cabra purificado y los pigmentos (Wichelhausen, 1798: 104-105). 56 Óxido de aluminio hidratado, hidróxido de aluminio, alúmina hidratada, alúmina, etc. Se puede encontrar en su estado mineral en rocas llamadas corindón y esmeril. Es un material muy utilizado en la fabricación de cerámica por su elevado punto de fusión y en las pastas de cera tenía una función de base para la pigmentación de la masa, pues es un fijador natural para los colorantes solubles que da lugar a los pigmentos laca. 57 El bálsamo de copaiba o de palo de aceite es un exudado o bálsamo que se extrae del árbol Copaifera officinalis, de la familia de las leguminosas, que crece en regiones como las Antillas o Brasil y no se empleó en Europa hasta el siglo XVII. Este líquido es muy fluido e incoloro cuando se obtiene, pero se espesa un poco con el tiempo y toma un color amarillo. Es muy soluble en esencia de trementina y en los aceites grasos, obteniéndose una emulsión láctea cuando está mezclado con cierta cantidad de estos últimos. Se utilizan en las artes plásticas como emulsionante para los pigmentos minerales, en especial en la producción de cerámica y porcelana. En las pastas de cera podía disminuir el punto de fusión (en este bálsamo se encuentra entre 40-50ºC) o cumplir funciones plastificantes y emulsionantes. 58 El bálsamo de la Meca, bálsamo de Judea u Opobálsamo, también conocido como Bálsamo de Gilead o bálsamo de Galaad, es un exudado vegetal del arbusto Cammiphora opobalsamum o Commiphora gileadensis, de la familia de las bursáceas, originaria de las regiones de Arabia y Egipto. Es de color amarillento-blanco y su consistencia líquida es más ligera que el agua, además de ser completamente soluble en éter y en aceites esenciales. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 175 Es probable que las pastas referenciadas fueran siempre fabricadas con cera de abejas blanqueada y pura, a cuya procedencia y pureza se refiere Wichelhausen en las páginas precedentes, pues recomienda para los huesos y partes anatómicas más amarillentas, mientras que para la representación de los músculos se precisaría de una pasta más resistente hecha con cera amarilla, que podría mezclarse con brea de Borgoña59 y, en función de las necesidades, también con resina de colofonia junto con trementina y sebo (Wichelhausen, 1798: 105). Es decir, que las capas internas debían ser más resistentes y rígidas para soportar mayor peso y aportar estabilidad, siendo por tanto elaboradas con mezclas cerosas que contenían una mayor proporción de resinas y derivados resinosos; y a medida que se iban aplicando capas más superficiales al modelo, estas debían ser más blandas y ligeras, dotadas de una alta elasticidad derivada de integrar grasas animales y aceites vegetales a las pastas de cera. Con respecto a la metodología de reproducción y modelado en La Specola, una vez realizada la disección del cadáver por un experto, las investigaciones realizadas han confirmado que los ceroescultores obtenían los moldes en yeso de la estructura anatómica a reproducir de dos maneras: una consistía en reproducir en cera o en arcilla, una copia de la anatomía copiándola del natural de la que se obtendría un molde de escayola de una o varias piezas; la otra permitía obtener un molde de escayola directo vertiéndola sobre el fragmento anatómico a reproducir. Este molde de escayola debía introducirse en agua templada y el interior se saturaba con jabón blando para facilitar la extracción del modelo y, a continuación, se vertía la pasta de cera fundida por estratos o capas, cada una de ellas a una temperatura cada vez más baja para evitar fundir la inferior, para conseguir un modelo hueco. La pasta de cera debía obtenerse fundiendo los componentes de manera ordenada y al baño maría a fuego bajo para evitar el amarilleo de la pasta, comenzando por la cera blanca de abejas y añadiendo después la trementina, la cera china y el aceite de spermaceti o manteca de cerdo. En este momento de la preparación de la pasta fundida, se añadían los pigmentos previamente preparados en trementina -probablemente en aguarrás- y se adicionaban a la mezcla cerosa junto con pequeñas cantidades de polvo de laca blanca (Lanza et al., 1979: 42-45). Cuando una parte anatómica debía realizarse en un volumen macizo en lugar de hueco o dejar un estrecho espacio, como en el caso de los huesos, para hacerlos más sólidos era común reforzar el estrato interno con una gasa o tela aplicadas en caliente -para que se fundiera la pasta de cera entorno a ellas-, se rellenaba la cavidad con trapos o, en casos más puntuales, con trozos de madera embebidos en cera. Para aportar estabilidad y evitar el deslizamiento de la pasta de cera con el paso del tiempo, especialmente en las figuras grandes, se armaba la pieza con un soporte interno de varillas de hierro revestido de estopa o trapos embebidos de cera (Lanza et al., 1979: 46). Es probable que la mezcla de una cera roja de desecho con una proporción alta de resina cumpliese una función similar. Esta pasta era habitualmente recomendada en los tratados de arte del Renacimiento, probablemente para fabricar los bocetos referidos por Vasari, como el Schiavo atribuido a Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564), realizado como estudio del mármol inacabado Giovane schiavo conservado actualmente en la Accademia de Florencia (fig. 96a). Los ceroescultores del siglo XVIII la utilizaron para aportar estabilidad y dureza a las partes del modelo que se 59 La pez o brea de Borgoña se ha mencionado previamente, es la mezcla de varios componentes resinosos. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 176 encontraban próximas a la peana o en el punto de gravedad de la pieza, pues se han encontrado evidencias de su uso en las colecciones de anatomía humana. Bonells y Lacaba recomiendan rellenar los huecos vacíos que quedan entre la estructura de hierro y las paredes de los miembros con estopa embebida en cera derretida (Bonells y Lacaba, 1820: 505; Sánchez y Matia, 2016: 319). En el Museo de Anatomía “Javier Puerta” de la Facultad de Medicina de la UCM, la pasta de cera roja empleada para sujetar y unir las diferentes partes anatómicas en la mayoría de los modelos de anatomía humana puede ser una mezcla de ceras de desecho -a las que se añadía trementina común-, mezcladas con almazarrón, que Bonells y Lacaba recomiendan para fabricar los órganos que no pueden reproducirse con moldes y que en la actualidad demuestra una elevada dureza y brillo. Se puede encontrar dicha pasta cerosa roja reforzando la unión de las extremidades en una figura de grandes dimensiones (fig. 96b), o aportando estabilidad y mayor unión de las representaciones fetales a sus peanas de madera. La mayoría de las veces los ceroescultores añadieron estopa para incrementar la resistencia de esta cera roja. Figura 96. a) Modelo en cera roja de un Schiavo. Atribuido a Miguel Ángel Buonarroti. ca. 1516-1519. The Victoria and Albert Museum, National Museum of Art and Design (V&A), Londres. Fuente: V&A, 2002. b) Detalle de pasta de cera roja y estopa en un modelo obstétrico. Atribuido a Juan Cháez y Luigi Franceschi. Siglo XVIII. Museo de anatomía “Javier Puerta” de la Facultad de Medicina, Madrid. Fuente propia, 2021. La fabricación de los modelos obtenidos mediante moldes en La Specola continuaba con la eliminación de imperfecciones y rebabas en el positivo, utilizando palillos de escultor y otras herramientas. En este momento, el proceso continuaba con el alisado de la superficie con un pincel suave embebido en esencia de trementina. Con hierros calientes de diferentes formas se hacían las estrías de los músculos, sobre los que se colocaban los vasos sanguíneos, linfáticos, etc., preparados previamente en forma tubular. Las venas y los nervios se obtenían con hilo de hierro o de algodón recubierto de cera. Los vasos más finos, como los capilares que se pueden observar a través de la piel, se pintaban con un pincel muy fino en las superficies. Para dar brillo a la preparación, protegerla del polvo y, en caso necesario, modificar los tonos de color, se utilizaba un sistema de veladuras. Consistía en aplicar a la superficie de la pieza, coloreada o no, un barniz transparente que se obtenía mezclando tintes en polvo con aguarrás o diluyendo goma sandáraca en alcohol absoluto con un poco de trementina (Lanza et al., 1979: 46-47). a) b) 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 177 Para comparar la técnica madrileña con la técnica florentina, se puede consultar el extracto de la última sección del libro V, de Bonells y Lacaba, dedicada a la construcción de piezas de cera en el Gabinete Anatómico del Colegio. En este capítulo, se indica que todas las pastas empleadas para realizar piezas anatómicas tienen que contener cera muy blanca y transparente como material principal. Esta se mezcla con trementina de Venecia o la trementina común purificada60 y con manteca de cerdo muy limpia, blanca y sólida. Es interesante observar cómo recomiendan variar las proporciones de sebo y trementina en función de la temperatura ambiente debido a su aportación de flexibilidad a la pasta. Los pigmentos y colorantes considerados para la coloración de los músculos es el carmín fino61, el bermellón y la laca superfina62, variando las proporciones en función del acabado deseado. Los vasos sanguíneos debían realizarse añadiendo a la pasta de cera azul de Prusia63 para las venas y para las arterias el bermellón. El albayalde se añadía a la pasta para fabricar los nervios, ligamentos y vasos absorbentes. Para imitar los huesos recomiendan la adición de gutagamba64 en proporciones bajas para evitar un amarilleo excesivo de la pasta de cera y, para el resto de tendones y diferentes vísceras indican que deben mezclarse los pigmentos necesarios en cada caso (Bonells y Lacaba, 1820: 304). Por otro lado, las proporciones recomendadas para fabricar una pasta de cera estándar eran seis partes de cera, tres de trementina y una de manteca. Estas proporciones debían modificarse en función de la temperatura ambiente de la época del año en la que se fabricaba el modelo. En su Curso de Anatomía se pueden encontrar numerosas semejanzas con la técnica florentina: sobre cómo realizar las mezclas cerosas y fabricar las esculturas (Ver Anexo I) (Bonells y Lacaba, 1820: 500-506). 60 La trementina de Venecia es una resina vegetal oleosa, de consistencia gelatinosa y color anaranjado oscuro, obtenida de una variedad de árboles de la familia de las pináceas, llamados alerces o lárices (Pinus larix). Suele mantenerse en estado fluido y es soluble en alcoholes, acetonas, hidrocarburos aromáticos y en esencia de trementina. Es un aditivo que cumple una función plastificante en materiales artísticos, como la colletta italiana o las pastas de cera. La trementina común o esencia de trementina es, sin embargo, un líquido oleoso más fluido que la trementina de Venecia. Se obtiene como derivado de la destilación de la resina de colofonia obtenida de diferentes especies de conífera y se denomina también esencia de trementina, aceite de trementina o aguarrás. 61 Uno de los colorantes rojos utilizados desde la Antigüedad es la laca carmín, un polvo fino obtenido de hervir, desecar y moler las hembras del insecto dactylopius coccus -conocida como cochinilla- cuyos huevos o larvas contienen el ácido kermésico, el principal responsable de la tinción roja. Una de las especies de cochinilla más utilizadas para producir colorante en Oriente Medio y Europa era la especie Kermes vermilio y este colorante tiene numerosos sinónimos: kermes, quermes, vermiculum, carmín, carmesí, grana, etc. En ocasiones, se ha confundido con el bermellón o vermillon, cuya raíz latina vermiculum hacía referencia a su coloración roja similar a la del carmín. 62 Probablemente, la laca empleada por los ceroescultores sea la lacca Fiorentina, un pigmento rojo oscuro ideado para fijar de manera estable el colorante orgánico extraído de la cochinilla en una sustancia inorgánica más estable. Para producirlo, primero debía obtenerse un precipitado fino de la disolución acuosa de la cochinilla (ácido carmínico) mezclado con mineral de alumbre. A continuación, este precipitado debía añadirse a una disolución alcalina -formulada con potasa o sal tartari-, consiguiendo la fijación del colorante rojo en el polvo fino de alúmina. 63 Este azul, denominado también como azul de Amberes, azul de Berlín, azul de París, etc. dependiendo de su procedencia, es uno de los primeros colorantes sintéticos, cuyo uso en Europa se generalizó a partir de la segunda mitad del siglo XVIII. Uno de sus nombres químicos es ferrocianuro férrico, Fe7(CN)18(H2O)x -donde x es un valor que va de 14 a 16-. 64 La gutagamba, amarillo guta o gomaguta, es una gomorresina vegetal (de la familia de las gutíferas) de color amarillo utilizada en Europa desde el siglo XVIII. Probablemente, era útil en las pastas de cera para conseguir las coloraciones de los órganos internos, como los verdes o los marrones. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 178 Como se puede observar, las indicaciones de Bonells y Lacaba mantienen los materiales tradicionales utilizados por los ceroescultores italianos del siglo XVIII. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, durante el siglo XIX, las recetas sobre las pastas de cera evolucionaron y se introdujeron nuevos materiales en la producción de los modelos anatómicos, como la estearina. Así queda reflejado en la publicación de Thomas William Cowan (1840–1926), Wax Craft, All About Beeswax: Its History, Production, Adulteration, and Commercial Value, de 1908. En el capítulo X, dedicado a la fabricación de flores, frutas y figuras de cera, indica que para la reproducción de piezas grandes mediante moldes de yeso deben emplearse doce partes de cera de abejas por tres de trementina; también incluye recetas con estearina en lugar o combinada con la resina, una sustancia que se sintetizó a partir de grasa mineral refinada a finales del siglo XIX. Además, para dichas pastas de modelado aconseja utilizar únicamente cera blanqueada de gran pureza y sin adulterantes, pues el resto de ceras minerales o vegetales no pueden igualar su plasticidad y serían perjudiciales (Cowan, 1908: 133 y 134). Sin embargo, aún con la introducción de nuevos aditivos, las pastas de cera basadas en la cera de abejas blanqueada con resinas, pigmentos y productos grasos fueron empleados como base de los trabajos en ceroplástica del siglo XIX, en la producción de anatomía didáctica y en los nuevos usos. Por ejemplo, se conocen dos pastas de cera utilizadas por la famosa ceroescultora francesa Madame Tussaud (Marie Grosholtz 1761-1850) en las primeras décadas del siglo XIX. Sus creaciones consistían en bustos de celebridades realizadas con la técnica de la ceroplástica, pero había aprendido la técnica de su maestro Philippe Curtius (1737-1794), un médico de origen alemán que adaptó la ceroplástica anatómica que se utilizaba en el ámbito académico a nuevas figuras populares -entre otras, la representación de comida o figuras de personajes ilustres-, para la aristocracia francesa, a finales del siglo XVIII. Así pues, Tussaud utilizaba para las figuras de cera -efigies- una de las pastas de cera estaba compuesta por: 3 partes de cera blanqueada de abejas, 1 parte cera de japón65, una cantidad variable -según las necesidades del modelo- de grasa vegetal con un poco de cera vieja coloreada. Otra de las pastas consistía en una mezcla de cera de abejas blanqueada con un 10-15% de cera carnauba, a la que se añadían los pigmentos necesarios para conseguir la coloración deseada (Colinart et al., 1987: 56). Otra fuente interesante en el conocimiento de materiales utilizados para la ceroplástica anatómica es la publicación de Reinhard Büll, Das große Buch vom Wachs - Geschichte Kultur Technik (1966), una de las primeras revisiones de las fuentes literarias sobre las pastas de cera empleadas durante el siglo XVIII y de inicios del XIX. En esta evaluación de las fuentes, quedó demostrada la gran influencia que supuso a nivel internacional el libro de Johann Melchior Cröker, de 1743, Der Wohl Anführende Mahler, Welcher Curiöse Liebhaber Lehret, Wie Man Sich Zur Mahlerey Zubereiten, Mit Oel-Farben Umgehen, Gründe, Fürnisse Und Andere Darzu Nöthige Sachen Verfertigen, Die Gemälde Geschickt Auszieren, Vergülden, Versilbern, Accurat Lacquiren, Und Saubere 65 El tesauro Tesauros del Patrimonio Cultural de España, del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, define la cera de japón como una “sustancia grasa que se forma entre las semillas y la piel de las bayas de algunos árboles del género "Rhus" (Rhus verniciflua y Rhus succedanea), cultivados en Japón y en China. No es propiamente cera, ya que está formada principalmente por triglicéridos y ácidos grasos y por esta razón se debe considerar como una grasa vegetal, aunque habitualmente se clasifica entre las ceras vegetales*. Es una sustancia frágil, presenta cierta coloración y amarillea en contacto con el aire”. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 179 Kupffer-Stiche Ausarbeiten Solle, sobre cómo preparar la cera blanqueada (Kenndler y Mairinger, 1990: 635). En función de lo indicado y de las listas de compra y demás documentación conservada en el Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid, es posible llegar a algunas hipótesis plausibles sobre los materiales empleados en la técnica ceroplástica del “Laboratorio de piezas” veterinario. 3.4.1. La producción en el “Laboratorio de piezas” Gracias a la revisión realizada en el Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid para el estudio y documentación de la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense, se han podido confirmar la mayoría de los componentes de las pastas de cera y la metodología de fabricación de los modelos anatómicos veterinarios. Esta información ha sido contrastada con la documentación de archivo sobre la producción de anatomía humana en ceroplástica del Museo de Anatomía “Javier Puerta”, conservada en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y con la bibliografía de referencia sobre dicha colección. En los primeros presupuestos, de 1806, en los que se piden los materiales necesarios para los modelos en cera, Franceschi solicitó para el “Laboratorio de piezas” veterinario, la cera virgen blanqueada, además de barniz de espíritu de vino66, aguarrás, jabón, aceite de nueces67, trementina y colores molidos al óleo: de albayalde, de carmín, de almazarrón, de azul de Prusia, de ocre68 u olpimento69 (fig. 97). También se incluyen algunas herramientas de trabajo como pinceles y brochas de varios tamaños, espátulas dentadas y lisas, palillos torneados de boj, ollas, cazuelas, punzones o lápices y compases, entre otros (fig. 345. Anexo II) (AGUCM 20-06-001). Esta elección de materiales es similar a los empleados tradicionalmente en los talleres de la escuela florentina (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 295) y a lo recomendado por Bonells y Lacaba. 66 Tradicionalmente, los barnices al aceite eran muy utilizados para las obras de arte, En su tratado Tratado de Barnices Y Charoles, Francisco Vicente Orellana (1511-1546) explica que el espíritu de vino debe realizarse mediante destilación del aguardiente con la ayuda de un alambique (Vicente Orellana, 2006: 70). 67 El aceite de nueces se obtiene del prensado del fruto del árbol nogal (Juglans regia), de la familia de las fagales. Posee propiedades secantes. 68 Probablemente, la coloración del pigmento ocre al que se refiere Franceschi era amarilla o amarillo anaranjada, pues el ocre rojo era obtenido de someter el ocre amarillo a temperaturas superiores a los 250ºC y ya se utilizaba el almagre. El ocre amarillo es el pigmento mineral extraído de la tierra y que se encuentra compuesto de óxido de hierro hidratado, las diferentes tonalidades dependen del terreno y su contenido en arcillas. 69 Compuesto por arsénico y azufre el olpimento u oropimente es un pigmento mineral de color amarillo intenso que tiende al dorado, del que proviene su nombre (del latín auripigmentum, pigmento áureo o dorado. Otras denominaciones son: amarillo chino, amarillo real o azarnefe (en castellano antiguo). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 180 Figura 97. Algunos pigmentos que formaban parte de la paleta empleada por los ceroescultores en el “Laboratorio de piezas” veterinario de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. De izquierda a derecha: albayalde, azul de Prusia y oropimente. Anónimo. Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). Fuente: MNAC, 2021. Cuando los modelos anatómicos pasaron a ser competencia de Garrigó, bajo la supervisión de Osorio, los materiales empleados en las pastas de cera son similares a los solicitados por Franceschi. Se puede confirmar que en todas las listas son comunes los siguientes materiales: cera virgen y cera blanca (casi siempre en panes), trementina de Venecia, manteca de puerco, sebo de macho, aguarrás, aceite común, aceite de nueces, bermellón, azul de Prusia, azul de ultramar, albayalde, laca y barniz de brocha. Para fabricar las piezas de cera, se solicitaba el barro para modelar (a veces lo llaman barro de Aranjuez, como en los presupuestos de noviembre de 1836 (AGUCM V 02-024), cola común de yesero y yeso para realizar los moldes (fig. 346. Anexo III) (AGUCM V 02-024). El color amarillo fino también era solicitado a menudo, aunque en menor proporción que pigmentos como el azul de Prusia y algunos documentos podrían referirse al amarillo de cromo, empleado desde 1809 en Francia (AGUCM V 02-024). También aparece en una ocasión la solicitud de azul mineral, que podría ser un azul diferente al de Prusia, y también de gutagamba70, el pigmento recomendado por Bonells y Lacaba para imitar la coloración de los huesos (presupuestos de junio de 1834. AGUCM V 02-024). La colocación de cristales de reloj en los ojos de las piezas anatómicas de cera debía ser algo habitual, pues se han encontrado varias referencias a su petición en las listas de compra, 70 La gutagamba, también denominada guta o gomaguta, no era un pigmento, sino una gomorresina natural soluble en agua, obtenida de varias especies vegetales del género Garcinia originarias del sudeste asiático. Sin embargo, desde el siglo XVII fue utilizada como colorante. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 181 siendo en una de ellas de doce pares que forman un juego (Presupuestos de abril de 1830 y de febrero de 1831. AGUCM V 02-024). También debían colocarse ojos de cristal en los modelos naturales, como lo que Osorio y Garrigó solicitan en los presupuestos de julio de 1831, para un gato momia (AGUCM V 02-024). Además, se pueden determinar las funciones de algunos materiales que aparecen en la mayoría de las listas. A menudo, el ceroescultor solicita la compra de papel de oficio para dibujar (fig. 348. Anexo IV) (AGUCM V 02-024) y previamente se había solicitado un tablero de pino para dibujar, destinado al “Laboratorio de piezas” (presupuesto de agosto de 1830. AGUCM V 802- 024). Probablemente, los bocetos previos a la fabricación de los modelos en cera y los dibujos necesarios para las lecciones de anatomía eran realizados en el “Laboratorio de piezas”. También se ha identificado las distintas utilidades de los aceites vegetales: en el documento de enero de 1831 se especifica que el aceite de nueces era destinado a la molienda y preparación los pigmentos, como recomiendan Bonells y Lacaba en su Curso Completo de Anatomía…71; mientras que el aceite común se utilizaba generalmente para trabajar los moldes (quizás como aditivo para endurecer el yeso o como tapa poros y desmoldante, una vez se vaciaban los modelos de cera) y, quizás también para untar la mesa de piedra sobre la que amasaban y daban forma a las pastas de cera (fig. 348 Anexo IV) (Bonells y Lacaba, 1820: 502; AGUCM V 02-024). Es posible que, en función de las necesidades y de la situación económica, se pudieran permitir la compra de materiales que habitualmente no se encontraban en las listas. Un ejemplo de esto puede encontrarse en la lista de compra de mayo de 1834, cuando solicitan la adquisición de pigmentos de color verde fino y morado. En dicha lista también se incluye la solicitud de resina de gutagamba (AGUCM V 02-024). Avanzando en el tiempo, se ha podido comprobar que los materiales solicitados por Garrigó en 1834, 1835 y 1836, continuaron siendo similares a los de las listas anteriores (fig. 349. Anexo V) (AGUCM V 02-024), con lo que se confirma que la innovación técnica que realiza Garrigó hacia 1848, con la fabricación de una pasta de cera mejorada, quedó como secreto entre el ceroescultor y su hijo (AGUCM V 01-022; Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 639). Como recomiendan los autores mencionados, la preparación de las pastas de cera en el “Laboratorio de piezas”, empleando las proporciones necesarias en función de las características de la pasta (más o menos flexible, más o menos transparente, etc.), debía seguir el proceso indicado por todos los tratados sobre modelado en cera: era importante fundir lentamente la cera, los bálsamos o la trementina de Venecia, el sebo y los pigmentos, por separado en una vasija especial de barro vidriado, a fuego lento y preferiblemente al baño maría. Después, se mezclaban poco antes de su uso una a una y removiendo constantemente con una espátula (el orden debía empezar por el material con un punto inferior de fusión o que se añadiera en mayor cantidad, es decir cera, trementina de Venecia, sebo y pigmentos). En su publicación, Wichelhausen insiste en que debe controlarse la temperatura durante la fabricación de la pasta de cera pues, si se funde con un calor intenso, se formarán burbujas y estas darán lugar a irregularidades en la superficie durante el vaciado en los moldes. También 71 “Es de advertir, que los mas de los colores, como el carmin, el azul de Prusia, el albayalde &c., antes de disolverlos en la pasta, deben molerse en una piedra con aceyte de nueces, y así se guardan en vexigas, á no ser que se compren ya en este estado” (Bonells y Lacaba, 1820: 502). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 182 advierte sobre la dificultad para reproducir la coloración de la pasta de cera, por lo que recomienda colorear la pasta de cera poco antes de usarla y fabricar la suficiente cantidad para poder producir todas las zonas anatómicas de ese mismo color. Advierte de que, en el caso de volver a fundir una pasta enfriada, la coloración será diferente debido a un proceso de oxidación, evaporación de componentes de la pasta y decantado de los pigmentos (Wichelhausen, 1798: 107-108). Para preparar los pigmentos, probablemente se molían con moletas de mármol, como indica Garrigó en la solicitud de compra de 1830 (Presupuestos de octubre de 1830), muy probablemente con aceite de nueces sobre una mesa de piedra (AGUCM V 02-024). Entonces, debían aglutinarse con pequeñas cantidades de pasta de cera líquida para amalgamar los colores y añadirse uno a uno a la masa caliente, removiendo continuamente. Se esperaba que en esta colección sí pudieran haberse añadido harinas o almidones72 para conseguir mayor volumen de pasta abaratando los costes de fabricación, sin embargo, la documentación no ha aportado datos al respecto, aunque sí debieron emplear el yeso como aditivo, que podría cumplir funciones similares. Con respecto a la metodología de reproducción, en primer lugar, el ceroescultor realizaba el modelado de la representación anatómica a reproducir a partir de la disección o del natural en barro. Se tiene constancia del empleo de una metodología de reproducción mediante moldes de yeso, a partir de una reproducción de los órganos o partes anatómicas que se deseaba representar en arcilla, a las que se refiere en el Libro de presupuestos de 1829, en el Archivo General de la Real Escuela (Sánchez et al., 2011: 277). Los modelos se copiaban del natural o se vaciaban directamente en el “Laboratorio de piezas” por los ceroescultores, pues se solicita el envío al Gabinete anatómico de una colección de mandíbulas de Buey, y otros animales para el conocimiento de la edad y hacerlas de cera (AGUCM V 02-024). Ocasionalmente, el ceroescultor podía realizar una réplica o copia en cera en lugar de emplear arcilla. La pasta de cera debía ser consistente y dura, para lo que eran mezcladas restos de ceras con trementina y almazarrón o tierra roja de almagra. Posteriormente, la reproducción realizada con esta pasta de cera roja o en barro debía ser corregida y comprobada por el anatomista para asegurarse de la fidelidad del modelo reproducido (Sánchez y Matia, 2016: 319-320). A continuación, se realizaban los moldes del modelo de barro para conseguir los moldes de yeso, aunque también se realizaban los vaciados a partir de modelos naturales conservados. Es el caso de uno de los modelos de hernia equina, ejecutados por Garrigó en 1832, donde el modelo en barro realizado previamente al vaciado en cera, fue completado con varios músculos disecados (AGUCM V 01-006; AGUCM V 01-034). Entonces, dentro del molde de escayola, generalmente compuesto por varias piezas, se vertía la mezcla de pasta de cera líquida con todos los componentes y se dejaba enfriar. Una vez solidificado se sacaba del molde o desmoldaba para corregir los defectos y eliminar las rebabas. Entonces, por superposición de planchas finas de pasta de cera y elementos en pastas cerosas coloreadas, las esculturas eran completadas con la representación de capas musculares, piel, vasos sanguíneos, etc. 72 Para detectar la presencia de almidón en una muestra de un modo preliminar, se puede poner en contacto con una gota de yoduro potásico, que se volverá azul oscuro si el resultado es positivo. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 183 Se han encontrado evidencias de la aplicación de una capa blanquecina que recubre algunos de los modelos conservados en el Museo Veterinario Complutense, quizás aplicada como un fino estrato de preparación para recibir la capa de policromía, como es el caso del Corazón de équido (rfa. MV-692) (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 634). En algunos documentos se hace referencia a la mesa de piedra sobre la que debían trabajar los panes de cera y las pastas en el “Laboratorio de piezas”, como en el documento referente al presupuesto de junio de 1834, en el que solicitan el envío de una piedra de apomazar o de apomazado para limpiar la losa de mármol y alisarla, probablemente con piedra pómez como recomiendan Bonells y Lacaba en su capítulo sobre la ceroplástica anatómica (Bonells y Lacaba, 1820: 502; AGUCM V 02-024). Es probable que la superposición de estratos para fabricar las fascias y ligamentos sobre la pieza obtenida a partir de los moldes, se realizara con planchas de pasta de cera amasada y extendida en caliente sobre esta mesa de piedra con la ayuda de las herramientas necesarias, hasta conseguir la transparencia y el grosor necesarios (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 634). Contar con una superficie plana para trabajar y amasar las pastas de cera en la producción de medallas y orfebrería ya es recomendado por Cellini, a mitad del siglo XVI, en una superficie redonda de piedra, de hueso o de vidrio (Cellini, 1857: 116). También el Gabinete del Real Colegio de Cirugía de San Carlos disponía de una mesa de mármol para trabajar las pastas de cera (Bonells y Lacaba, 1820: 502-503). Franceschi, Osorio y Garrigó trabajaron principalmente con la técnica de reproducción mediante vaciado en moldes. Sin embargo, algunos modelos fueron trabajados con la técnica empleada en Bolonia, en la que las capas de pasta de cera y los detalles como venas, arterias o vasos linfáticos se aplicaban directamente sobre hueso natural armado con alambres de diferentes grosores y pequeños clavos o puntales metálicos fijados a una peana de madera. Es el caso de las piezas previamente mencionadas: Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV-755), el Tercio posterior de yegua (rfa. MV-672) y el Ligamento nucal (rfa. MV-670). Esta manera de recubrir los modelos de materiales como el hueso, la escayola y otros materiales también se había extendido desde Sicilia a finales del siglo XVIII, donde los ceroescultores dedicados a la fabricación de relieves y conjuntos de temática religiosa, como el palermitano Gabriele Marino (S.XVII-S.XIX), empleaban el arte de las cere rivestite. La técnica consistía en aplicar sobre los relieves realizados con materiales resistentes como la tela o el cartón, láminas muy finas de cera coloreada aplicadas cuando están templadas y son más maleables formando hojas o paños. En el ámbito de la anatomía científica pudo comenzar a utilizarse en el siglo XIX (Amadori et al., 2011: 32). En el Museo Veterinario Complutense se pueden encontrar modelos fabricados de una manera similar, como el mencionado Bazo de équido (rfa. MV-771), atribuido a Cristobal Garrigó. Con respecto a la técnica descrita por Bonells y Lacaba, empleada en la producción de modelos para el Real Colegio de Cirugía de San Carlos, la metodología y materiales de fabricación trasmitida por Sánchez Osorio a Garrigó para realizar algunos de los modelos veterinarios conservados actualmente en el Museo Veterinario Complutense presentan ciertas diferencias técnicas apreciables. Por ejemplo, aunque en el Curso Completo de Anatomía, Bonells y Lacaba indican que “[…] las arterias, venas, y nervios se trabajan con alma de alambre, ó hilo fino, ó de seda, que se cubre de pasta que tenga color propio de lo que se quiere representar […]” (Bonells y Lacaba, 1820: 504), en el “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela Veterinaria 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 184 de Madrid no emplearon dicha técnica en todos los casos. Únicamente en algunos de los modelos conservados, como el del Hígado equino con circulación linfática (rfa. MV-675), los vasos linfáticos fueron guiados con hilos de lino, mientras que, en la mayoría de los modelos conservados, el sistema circulatorio es de pasta de cera coloreada sin alma ni guía alguna, como indican Bonells y Lacaba que puede hacerse (Bonells y Lacaba, 1820: 504). Según se puede apreciar al observar los modelos conservados en el Museo Veterinario Complutense, las inervaciones nerviosas y los diferentes vasos sanguíneos debieron fabricarse por separado y superponerse sobre la superficie del modelo en caliente, para que se fundieran ligeramente con la pasta de cera subyacente y poder asegurar su adherencia. En algunos casos, el ceroescultor dibujó con un pincel fino el mismo vaso del color correspondiente sobre la superficie sobre la que debía ser aplicado, como en la técnica florentina descrita (fig. 98). Figura 98. Modelo de Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-669). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2019. Para imitar con fidelidad las superficies anatómicas representadas, los ceroescultores madrileños pusieron un gran empeño en adquirir las herramientas necesarias: al igual que para el Real Colegio de Cirugía, Franceschi solicitó en la lista de compra de 1805 para la Real Escuela Veterinaria (fig. 345. Anexo II), la adquisición de diversos tipos de espátulas, punzones, palillos para modelar de madera de boj, compás, cuchillos de varios tamaños y pinceles de diferentes grosores (Bonells y Lacaba, 1820: Tratado VI, 502-503; Cat. No. 20-06-001). Este utillaje, 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 185 empleado también con precisión por Osorio y Garrigó, permitió a los ceroescultores imitar con éxito las diferentes texturas referidas al pelaje animal, como en los modelos de Yegua con potro de cabeza (rfa. MV-681) (fig. 99), donde Garrigó se debió inspirar en el aspecto estriado del pelaje equino (fig. 100) y utilizar las espátulas dentadas, como permiten hipotetizar el tipo de marcas incisas. Figura 99. Detalle del pelaje del modelo Gestación de yegua con potro de cabeza (rfa. MV-681). Cristóbal Garrigó. 1836. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Figura 100. Detalle del pelaje real de algunos équidos. Pelaje animal. Fuente anónima, 2021. En el caso del estriado muscular de la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679) (fig. 101), las herramientas debían usarse más superficialmente para, a continuación, modelar los vasos sanguíneos y linfáticos y poder aplicarlos sobre la pieza vaciada en los moldes de yeso. Un ejemplo real de la anatomía miológica que representa esta extremidad de équido se puede observar en las imágenes (fig. 102). Como se muestra en la imagen de una disección equina, el estriado muscular es menos acusado que en el caso del pelaje y desaparece en su intersección con los ligamentos. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 186 Figura 101. Detalle del modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Figura 102. Detalle de una disección de una pata de caballo para el estudio de la miología. Anónimo. 2020. Fuente: GoCongr, 2021. Las mucosas y vellosidades que caracterizan el interior del estómago de caballo, representado en el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) (fig. 103), imitan de manera fiel las diferentes texturas que se pueden observar al diseccionar un órgano real, como se puede observar en las imágenes (fig. 104). Probablemente, los palillos de madera de boj fueron útiles en el modelado de esta pieza en barro para su posterior vaciado en cera. Figura 103. Detalle del modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 187 Figura 104. (Izquierda) Corte en la sección transversal de un estómago de un caballo. (Derecha) Detalle de las vellosidades internas del estómago de équido. Anónimo. 2020. Anatomía natural. Fuente propia, 2021. Para imitar de manera fiel la sección transversal del hueso de una pata de caballo, en el modelo del Museo Veterinario Complutense Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679) los ceroescultores pudieron utilizar el punzón metálico y probablemente planchas metálicas calientes. Con estas u otras herramientas simularon la textura porosa que caracteriza a los estratos de hueso esponjoso, así como la superficie lisa y compacta de la médula amarilla (fig. 105 y 106). Figura 105. Detalle del modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Figura 106. Detalle de una disección real de la región carpal de caballo. Anónimo. Anatomía natural. 2020. Fuente: Engiles et al, 2017. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 188 En la representación de las diferentes texturas del Corazón de équido (rfa. MV-692) (fig. 107), la reproducción en los moldes debió de aportar la superficie lisa y membranosa que demuestra el modelo real de corazón de caballo en la imagen (fig. 108). A continuación, los vasos sanguíneos, fabricados previamente con forma tubular, debieron aplicarse en caliente sobre dicha superficie. Figura 107. Modelo en cera de Corazón de équido (rfa. MV- 692). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Figura 108. Disección, detalle de un corazón de caballo. Anónimo. 2016. Anatomía natural. Fuente: equineanatomy, 2019. Las mandíbulas de diferentes animales domésticos debían imitarse con detalle para conocer la edad de cada individuo. Probablemente, el uso de la cera virgen de abejas fue determinante para conseguir la textura de la dentadura equina en este modelo de Mandíbula de équido (rfa. MV-1696) (fig.109). En la imagen donde se muestra una mandíbula real, se puede observar la semejanza tanto de color como de textura (fig. 110). 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 189 Figura 109. Modelo en cera de Mandíbula de équido (rfa. MV-1696). Vista del anverso y del reverso. Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2016. Figura 110. Mandíbula de caballo. Anónimo. 2010. Anatomía natural. Fuente: portoverde.es, 2019. Otro de los ejemplos sobre la imitación de las estructuras anatómicas es el modelo Placa estructura interna équido (rfa. MV-671), conservado en el Museo Veterinario Complutense. Comparando la imagen de la pieza en ceroplástica (fig. 111) con la imagen de una disección de caballo (fig. 112), se puede observar la semejanza en la disposición de las estructuras. Los vasos sanguíneos, colocados en las zonas correspondientes del modelo de cera, debieron aplicarse posteriormente: las áreas musculares con la característica coloración roja y la misma naturaleza mórbida y estriada explicada previamente para el modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679), o el Ligamento nucal. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 190 Figura 111. Modelo en cera de la Placa estructura interna équido (rfa. MV-671). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Toya Legido García, 2017. Figura 112. Disección anatómica de un caballo, estructura interna. Ivana Lange, 2019. Anatomía natural. Equine Anatomy in Layers. Fuente: Ivana Lange, 2019. El aspecto brillante de la víscera húmeda debía ser una de las características fundamentales de este modelo, aunque el paso del tiempo ha oscurecido y vuelto más mate la superficie de este Bazo de équido (rfa. MV-771) (fig. 113). Para conferirle el aspecto liso y aplicar los vasos sanguíneos del mismo modo que se puede observar en la imagen (fig. 114), tomada de una disección real de un caballo, el ceroescultor aplicó un estrato de pasta de cera coloreada sobre un vaciado de yeso con la forma del bazo. Este es uno de los pocos modelos conservados en el Museo Veterinario Complutense de características similares. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 191 Figura 113. Modelo en cera de Bazo de équido (rfa. MV-771). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2021. Figura 114. Disección. Bazo de équido. Anónimo. Anatomía natural. Ungulate dissection, 2020. Por último, se ha considerado interesante mostrar la anatomía natural del estómago de un caballo (fig. 115) con el que poder comparar el modelo artificial de Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-669) realizado en cera (fig. 116 a y b). En la imagen tomada durante la disección, se observa una notable similitud con el modelo en cera, a excepción del fragmento de intestino que se ha conservado durante la disección del animal y que reposa sobre el órgano. Al igual que en la disección, el estómago artificial muestra la disposición de los vasos sanguíneos bajo la denominada túnica serosa, un tejido conectivo que envuelve el estómago. La imagen de detalle (fig. 117b) permite observar cómo los ceroescultores trabajaron la irrigación sanguínea apoyando las arterias y las venas -preparadas previamente con una pasta de cera coloreada y amasada con forma tubular-, sobre el vaciado del estómago en pasta de cera obtenido mediante moldes. A continuación, cubrieron el modelo con una fina plancha de pasta de cera con un contenido elevado en resina para aumentar su transparencia, simulando la túnica serosa. Los deterioros sufridos por el modelo artificial permiten observar el sistema venoso y arterial. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 192 Figura 115. Disección. Estómago de caballo. Hunt et al., 2012. Anatomía natural. The equine gastrosplenic ligament: Anatomy and clinical considerations. Equine Veterinary Education. Fuente: Hunt et al., 2012. Figura 116. Modelo en cera de Estómago monocavitario cerrado y detalle de los tejidos (rfa. MV-669). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2016. A nivel estructural, las varillas metálicas eran uno de los métodos para sujetar los modelos a sus peanas, pero también se empleaban como armazón interno. En el presupuesto de 1834 para el “Laboratorio de piezas”, Garrigó necesitó clavos de tornillo, alambre gordo y hierro de varilla para armar el cuarto trasero de la yegua que muestra la generación (AGUCM V 02- 024). Algunas piezas debían ser de mayor valor o se dispondría de más dinero, pues para adornar la nueva pieza equina que representa una cabeza con el sistema vascular sanguíneo, se pidió una mesa de nogal (AGUCM V 02-024), y para el modelo de un oído solicitaron una peana de caoba (AGUCM V 02-024). Mientras que, la mayoría de piezas eran colocadas sobre tableros de pino, de una calidad diferente, o en tableros de pino chapados para abaratar los costes (AGUCM V 02-024). Para embellecer los tableros, las piezas se adornaban con tela de tafetán azul, como en el caso de las piezas de bazo y estómago que Garrigó fabricó durante 1835 (AGUCM V 02-024). En la actualidad, los tableros en los que se presentan los modelos de cera han sido policromados en color negro y la tela de tafetán azul ha desaparecido. Con el fin de facilitar la conservación de los modelos y mitigar los problemas derivados de la manipulación durante las lecciones de anatomía, la aplicación de un barniz era necesario. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 193 En las listas de compra se encuentra reflejado y seguramente sería aplicado con brochas de diferentes tamaños. Sin embargo, este estrato resinoso de protección se reservaba para las zonas de las piezas que se iban a encontrar expuestas y no se aplicaba en las zonas donde el modelo estaba en contacto con la peana o se anclaba a otras piezas. Estas superficies no barnizadas se han encontrado en las piezas del Museo Veterinario Complutense como la Pelvis equina con útero abierto. Presentación posterior (rfa. MV-681), donde la superficie que se muestra en la imagen no demuestra detalles anatómicos y coincide con los anclajes a una posible peana (fig. 117). Figura 117. Zona trasera del modelo Pelvis equina con útero abierto. Presentación posterior (rfa. MV-681). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. 3. La Colección ceroplástica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid 194 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 195 4 EL MUSEO VETERINARIO COMPLUTENSE Y LOS ESTÁNDARES PARA LA DOCUMENTACIÓN, CATALOGACIÓN Y GESTIÓN DE SUS COLECCIONES esde que la Universidad Central estableciera el Campus Universitario de Moncloa, al norte de la ciudad de Madrid, numerosas Facultades de ciencias de la Universidad Complutense han acumulado un patrimonio científico rico y diverso. Como se ha podido deducir al estudiar las herramientas didácticas de la Escuela Veterinaria de Madrid, las colecciones científicas fueron originadas para la enseñanza, en ocasiones por los propios docentes y otras veces por encargo o adquisición de objetos e instrumental. 4.1. La función didáctica de los museos universitarios Se considera necesario identificar los diferentes orígenes de los museos de ciencias y de los museos universitarios. Los primeros nacieron como popularización de las colecciones privadas a partir de las ideas de la Ilustración, como el actual Museo de Ciencias Naturales (MNCN), creado a partir del Real Gabinete de Historia Natural por Carlos III, en 1772. Sin embargo, los museos universitarios tienen su origen en las colecciones didácticas creadas o adquiridas dentro de las propias instituciones de enseñanza. Aunque no debe olvidarse que los centros de enseñanza han podido recibir el patrimonio de coleccionistas privados o colectivos profesionales ligados al ámbito educativo. Si bien, los objetos conservados en unos y en otros pueden parecer similares, en realidad se diferencian por su identidad: mientras que los museos fueron creados con un papel educativo D 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 196 de toda la sociedad, el patrimonio universitario representa la historia y desarrollo de la enseñanza en la institución donde se encuentran las colecciones orientadas a los estudiantes y a algunos colectivos profesionales. Desde el siglo XVIII, el prestigio de las instituciones universitarias aumentaba en función de los gabinetes y museos que contenían e incluso se organizaban demostraciones puntuales para un público externo, como en el caso de algunas colecciones anatómicas (Corradini y Bukowski, 2012: 121). Pero a medida que iba avanzando el siglo XX, comenzó a imponerse la investigación teórica a la investigación basada en el estudio del objeto, con lo que las colecciones universitarias pasaron a tener menos relevancia y aplicación. Muchas de las piezas y objetos pasaron a considerarse artefactos desprovistos de utilidad docente (Núñez, 2010: 3). Así, gran parte del patrimonio de las facultades que dejó de tener una función didáctica o investigadora fue vendido o desechado. La mayoría de las veces, los objetos didácticos que habían sido conservados eran invisibles o habían perdido su verdadera identidad, pasando a formar parte de la decoración de los departamentos por su calidad estética o mantenidos simplemente porque siempre estuvieron en ese lugar. Las colecciones se desmembraron como consecuencia del eclecticismo de estos conjuntos de objetos sin un objetivo común, y fueron sustituidas por técnicas de estudio más sofisticadas y especializadas en las nuevas disciplinas científicas (Aragón et al., 2007: 74; Díaz- Plaza, 2018: 42-43). Con la Conferencia General de la UNESCO en 2003, el reconocimiento del nuevo concepto de patrimonio cultural inmaterial asignó nuevos valores a las colecciones universitarias. Los objetos se convirtieron en el referente cultural y simbólico de las instituciones donde se habían creado. En una nueva construcción del conocimiento, volvieron a reunirse las colecciones y a ponerse en valor para narrar la trayectoria investigadora de las facultades, sirviendo de nexo entre el conocimiento científico de las instituciones y el nuevo público externo (Núñez, 2010: 1- 2). Si ha sido la falta de reconocimiento la que ha generado la situación de riesgo de pérdida y de deterioro de las colecciones universitarias desde el momento en que dejaron de utilizarse para la docencia e investigación, durante las últimas décadas las colecciones científicas universitarias han llegado a considerarse un patrimonio importante que requiere una atención y conservación adecuadas. El interés institucional y gubernamental por gestionar el futuro del patrimonio científico-técnico de las universidades ha ido aumentando y la transformación de los conjuntos de colecciones universitarios en Museos puede considerarse uno de los primeros pasos para salvaguardarlas y dotarlas de relevancia, pero para ello ha sido necesario demostrar su interés cultural y patrimonial. Para lograr que las colecciones universitarias puedan formar parte del patrimonio científico, es imprescindible crear un vínculo histórico de las mismas con la evolución de la institución que las crearon, a partir de una documentación de archivo y apoyándose en otra fuente inmaterial, como el testimonio de quienes tuvieron alguna implicación con este patrimonio o lo conocieron por otras vías (Aragón et al., 2007: 73). La recopilación y conocimiento de la investigación documental de un patrimonio debe, entonces, divulgarse y ponerse en valor de manera que tenga repercusión social (Marín, 2018: 92). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 197 Hasta el año 2008, la situación de vulnerabilidad de las colecciones universitarias no había tenido visibilidad en el campo de la museología. Entonces, la Revista de Museología dedicó un número especial a los museos universitarios que tuvo una gran repercusión. Esta publicación tuvo su respuesta en el proyecto Campus de Excelencia Internacional propuesto, en 2009, por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte (MECD) para el desarrollo de la universidad española, en el que uno de los puntos se refería a la necesidad de difusión de los museos en colaboración con las instituciones públicas. Así, las universidades Complutense y Politécnica de Madrid crearon el Clúster de Patrimonio Cultural desde el que se organizó el Congreso Internacional de museos universitarios de 2014 (Marín, 2018: 92). Paralelamente a esta evolución de la difusión y colaboración para la defensa del patrimonio universitario, fue aprobado el marco legislativo de la Universidad Complutense de Madrid en el Reglamento de los Museos y Colecciones del Patrimonio Histórico de la Universidad Complutense de Madrid, en 2009, y refundido dos veces, en 2014 y aprobado de nuevo en 2016. En 2021, se ha vuelto a modificar, siempre en conformidad con la Ley 3/2013, de 19 de junio de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, con la Ley 16/1985, de 25 de julio, de Patrimonio Histórico Español y con el Art. 46 de la Constitución. En la nueva publicación del Reglamento, de 2021, el artículo 2 indica que “Los bienes que constituyen el patrimonio cultural histórico-artístico y científico-técnico de carácter mueble y el patrimonio inmaterial de titularidad de la UCM quedan afectos al servicio público de la educación superior, adquiriendo carácter demanial, y, por tanto, la condición de inalienables, imprescriptibles e inembargables”. Dentro del patrimonio Complutense, el Museo Veterinario se encuentra incluido en el área de Ciencias de la Salud, junto con el museo de Anatomía “Javier Puerta” de la Facultad de Medicina. Ambos conservan las colecciones anatómicas en ceroplástica de la Universidad y se encuentran emparentadas, pues comparten un valor estético que ha contribuido a su conservación, gracias a la sensibilidad y cultura de algunos docentes que han sido conscientes de su valor y se han comprometido con su salvaguarda. Son colecciones pedagógicas conservadas con atención por los departamentos de anatomía de estas instituciones, pero ¿se pueden considerar museos didácticos? Su utilidad como museos didácticos ha ido más allá de las visitas de los propios docentes de dichas facultades con sus alumnos, en las que los modelos anatómicos cumplen la función para la que fueron realizados, sino que las exposiciones temporales con el traslado de las piezas y su inclusión en un discurso museográfico ha permitido una mayor difusión. Es el caso de muchos de los modelos en ceroplástica del Museo de anatomía “Javier Puerta” de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, expuestos en varias exposiciones temporales72. Sin embargo, a pesar de las dificultades económicas, la Universidad sigue tratando de mejorar el acceso a sus colecciones, pues los bajos presupuestos y la ausencia de interés por parte de quien podría dotarlos económicamente contribuyen al fracaso de sus objetivos principales, la función didáctica y la difusión. En algunos casos, otras razones, como la falta de coordinación, el desconocimiento o la improvisación dentro del proyecto museológico de la institución, han 72 Se está haciendo referencia a la exposición temporal “Cuerpos en Cera. El Arte de la Anatomía”, realizada en el Museo de la Evolución Humana de Burgos (MEH), del 2 de abril al 7 de julio de 2014; y a la exposición temporal en el Centro de Arte Complutense de Madrid: “Arte y Carne. La anatomía a la luz de la Ilustración”, del 26 de mayo de 2016 al 7 de mayo de 2017. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 198 supuesto un impacto negativo en la preservación de estos objetos. Aún existen muchas barreras a superar para llegar a más ámbitos de la sociedad por parte de las colecciones universitarias en la UCM. En la mayoría de los casos, la invisibilidad de estos espacios expositivos no se debe únicamente a la falta de divulgación y difusión en los medios de comunicación, también es debido a razones como la ubicación, reducción y pequeñas dimensiones de los espacios donde se exponen estas colecciones, que los hacen inaccesibles a las visitas; a que dentro de sus emplazamientos originales estas colecciones no son de acceso al público general (excepto solicitando una cita previa y en días laborables) y son exposiciones cerradas a cualquiera que quiera visitarlas debido a la ausencia de personal permanente dedicado a éstas; tampoco tienen asociado un personal especializado y permanente, dependiendo de la voluntad de docentes que, gracias a su entusiasmo desinteresado y nada reconocido por sus colegas de profesión, permiten que estas colecciones sigan vivas. En función de la importancia que se otorga a este patrimonio por el propio personal de algunos centros, el riesgo de que en el futuro no haya interés por parte de ningún docente para cumplir esta función es real. Durante las últimas décadas, algunas publicaciones han indicado la problemática del patrimonio que se conserva y expone en la Universidad Complutense de Madrid y han propuesto interesantes mejoras para una gestión de calidad de los museos y colecciones universitarias, entre otras, la creación de un Museo Complutense de la Educación y el Conocimiento para la gestión del organigrama museístico universitario. Sin embargo, también advierten de que los siguientes pasos a tomar para la inclusión de los museos universitarios en la nueva museología del siglo XXI, no deberían significar un distanciamiento de las colecciones con la realidad docente y, por ende, con su función didáctica (Marín, 2018: 92; Pazos-López y Nava, 2020: 88-93). Aunque los modelos de anatomía natural y artificial de carácter más histórico ya pertenezcan al pasado, en la actualidad las instituciones siguen trabajando con nuevos especímenes obtenidos por técnicas como la plastinación y con modelos artificiales (Corradini y Bukowski, 2012: 124). Pero no debe olvidarse que muchos de los modelos de anatomía artificial de siglos anteriores mantienen un valor científico y su capacidad original de servir de atlas tridimensional de los sucesos históricos. Por ejemplo, ha habido casos de rebrotes de algunas enfermedades erradicadas que han podido identificarse gracias a su representación en un modelo de cera, como sucedió en la última década con la identificación de una antigua enfermedad representada en uno de los modelos conservados en el Museo “Luigi Cattaneo” de Bolonia. Con las colecciones veterinarias ocurre lo mismo, su valor histórico puede actualizarse y convertir los especímenes naturales conservados en objeto de investigación actual. Como explica el conservador del Museo Fragonard, varias piezas veterinarias écorché de Fragonard, creadas en la segunda década del siglo XVIII, sirvieron para identificar los retrovirus responsables de varias epidemias que acontecieron a la humanidad en el pasado. También las reproducciones en yeso y otros materiales de lesiones provocadas por enfermedades que se dieron en el pasado, sirvieron para identificar los síntomas en nuevos estudios (Degueurce, 2012: 5). 4.2. El Museo Veterinario Complutense 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 199 Para comprender los avatares y los cambios de funcionalidad de las colecciones del Museo Veterinario Complutense desde el momento de su fabricación y uso hasta la actualidad, es fundamental trazar el hilo temporal de los acontecimientos. Entender la importancia de las colecciones como parte de la cultura material a lo largo de la historia de la institución, permite conocer el modelo de sociedad y los intereses didácticos en el estudio de la veterinaria española. Puesto que esta tesis se encuentra enfocada al estudio de la colección de modelos anatómicos en ceroplástica de dicho museo, se han estudiado los avatares sufridos por estas piezas en particular del Gabinete anatómico de la Escuela, desde su ubicación en el edificio de la calle Embajadores en Madrid hasta su lugar actual, en el Campus de la Universidad Complutense de Madrid, en la planta sótano del edificio del Hospital Veterinario Complutense, emplazado en la Carretera de la Coruña A6, Madrid. 4.2.1. Antecedentes de las colecciones del museo En el capítulo sobre el “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela Veterinaria, se han incluido las referencias sobre la fabricación de modelos naturales y artificiales para la docencia hasta el siglo XX. Dentro de la documentación conservada, se ha podido consultar únicamente la referencia a los modelos anatómicos en años muy concretos. La historia y avatares de las colecciones después de 1842 comenzaron a ser menos abundantes en los escasos libros de actas conservados en el Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. Quizás esta falta de información se deba a que, como indican Flores y Pérez, los documentos emitidos por la Junta de Profesores de la Escuela y su sucesor, el Claustro de la institución veterinaria, sobre su patrimonio corresponden a los períodos comprendidos de 1827 a 1842 y de 1897 a 1934. Algunas excepciones están relacionadas con las donaciones a la biblioteca en 1936 o con el depósito de las pinturas pertenecientes al Museo del Prado durante la ubicación de la Escuela en el Casino de la Reina, en la calle de Embajadores de Madrid (Flores y Pérez, 2007: 19). El traslado de sede desde su emplazamiento original, de la Escuela en el Paseo de Recoletos (en los terrenos de la Huerta de la Solana pertenecientes a la Orden de San Felipe Neri) hasta su siguiente ubicación, en un edificio de la Carrera de San Francisco 13 -que hasta este momento había funcionado como Departamento de Grabado y Máquinas de la Casa de la Moneda-, en 1861, tuvo consecuencias muy negativas para la conservación de las colecciones anatómicas (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 306). 4.2.1.1. Ubicación de la Escuela en la Carrera de San Francisco (1862-1877) Durante el desarrollo de la docencia en la Carrera de San Francisco, desde el curso 1862- 63, la construcción de modelos anatómicos continuó teniendo un espacio propio. Dentro del proyecto de remodelación y adaptación del edificio a las necesidades de la Escuela, habían sido incluidas las dependencias necesarias para la instrucción de la anatomía y para dotar la cátedra de material didáctico: una sala de disección y una habitación donde pudiera trabajar “el constructor de piezas artificiales”, con un patio para preparar los huesos que conformarían las piezas de osteología comparada y para realizar los moldes mediante el vaciado de los cadáveres. Continuando con el modelo francés de Bourgelat, se incluyeron dos gabinetes anatómicos donde 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 200 colocar los modelos anatómicos didácticos naturales y artificiales y los esqueletos (Salvador y Salvador, 2016: 13-14). Para adaptarse a las necesidades de la Escuela, los espacios y dependencias de esta sede fueron mejorados y acondicionados durante su funcionamiento pues, tanto el edificio como su ubicación en la ciudad, presentaban deficiencias insalvables que afectaban tanto a la docencia como a los servicios de consulta veterinaria (Salvador y Salvador, 2016: 15). Estas instalaciones inadecuadas perjudicaban al patrimonio científico veterinario que, como denunció el director de la Escuela, Ramón Llorente y Lázaro, en una petición dirigida al director general de Instrucción Pública, con fecha del 19 de agosto de 1863, afectaba a la preservación de las piezas anatómicas. Solicitó en su informe la compra de unas cortinas para evitar que la luz que pasaba a través de la claraboya del Gabinete Anatómico continuase suponiendo un deterioro para las preciosas piezas que se poseen (probablemente se refiera a los modelos en ceroplástica) y que se permitiera sacar de los cajones el instrumental y material didáctico que se estaba echando a perder por falta de espacio y debido a un almacenaje inadecuado (AGUCM V 01-020). Por estas razones, la directiva de la Escuela apoyó, desde 1865, el traslado de la sede a una nueva ubicación en los terrenos conocidos como Casino de la Reina, situados entre las calles de Embajadores, Ronda de Toledo y Ribera de Curtidores, junto al antiguo Casino. En este momento, a la necesidad de remodelar el edificio constantemente para conseguir adecuarlo a las necesidades de la docencia y del servicio veterinario a los ciudadanos, se añadió una crisis política nacional que dio lugar graves deterioros de las instalaciones y el patrimonio de la Escuela. Como consecuencia del pronunciamiento militar de 1868, las ocupaciones por parte de las milicias de la revolución conocida como La Gloriosa, derivaron en la abdicación de la Reina Isabel II. Durante este período, la Escuela Veterinaria se vio afectada por las circunstancias con el cese de Nicolás Casas de Mendoza y nombramiento de Ramón Llorente Lázaro como director. Los constantes deterioros en el moviliario y molestias a los Empleados del establecimiento, fueron expresados desde la dirección de la Escuela al Rector de la Universidad Central, el 17 de agosto de 1869, para solicitar una solución (AGUCM SG-2222; Salvador y Salvador, 2016: 16-17). Probablemente, en la búsqueda de una ubicación adecuada para una facultad dependiente de la Universidad Central como la de veterinaria, en 1869, se solicitó al director Llorente Lázaro un informe que la dirección general de Instrucción Pública utilizaría para construir un edificio adecuado y dedicado a la enseñanza de la medicina veterinaria en La Moncloa. Las condiciones requeridas por Llorente, serían complementarias a las de la Escuela Central de Agricultura, que pretendía trasladarse desde su sede en Aranjuez hasta los mismos terrenos de La Moncloa, y que poseía asignatura e intereses complementarios a los de la Escuela Veterinaria. No se han podido encontrar las razones por las que la administración decidió no trasladar la veterinaria en este momento, aunque lo haría años después, pero el proyecto fue aprobado y apoyado por la dirección y los docentes de la Escuela (Salvador y Salvador, 2016: 18-19). Puesto que la sede había permanecido en la Carrera de San Francisco y el edificio se encontraba en malas condiciones, en 1875 los profesores Téllez Vicén y Santiago de la Villa y Martín presentaron una memoria solicitando que se acelerasen los trabajos de construcción de la nueva Escuela en el Casino de la Reina de la Ribera de Curtidores. Consiguieron que se fijara la fecha oficial de traslado en julio de 1877 (Vilas, 2010: 11; Suárez et al., 1994: 13; Mencía, 2013: 94; Salvador y Salvador, 2016: 15). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 201 4.2.1.2. La Escuela en la Ribera de Curtidores (1877-1882) De nuevo, la Escuela se ubicó en una sede provisional, esta vez en el Madrid castizo, lo que complicaba las actividades de una Escuela dedicada a la medicina animal en un entorno urbano. El espacio dedicado al museo donde se habrían ubicado las piezas y modelos naturales y artificiales tenía 120m2, lo que indica que le otorgaron bastante importancia dadas las dimensiones totales de las instalaciones. La reforma del edificio incluía una sala de operaciones con gradas e iluminación artificial, donde probablemente se utilizarían los modelos anatómicos para las demostraciones (Salvador y Salvador, 2016: 21). Motivados por el cambio de dirección de la Escuela en la nueva sede de Embajadores, con la toma de posesión del cargo por José Muñoz y Frau en 1878, surgieron problemas y enfrentamientos entre el profesorado. Estas complicaciones pudieron afectar al desarrollo del gabinete y a la fabricación de piezas artificiales, ya que los desacuerdos entre el profesor de Anatomía, disector anatómico y director de la Revista Médico-Veterinaria, Rafael Espejo y del Rosal, con el vicedirector de la Escuela, Juan Téllez Vicén, trascendieron a la prensa de la época y la administración pública tuvo que intervenir en los asuntos de la Escuela. Este enfrentamiento supuso la dimisión de Llorente y favoreció a Téllez, que compartía opiniones profesionales con Miguel López Martínez, el nuevo director (Salvador y Salvador, 2016: 22). En este período quizás la anatomía tomó una dirección más práctica y la fabricación o empleo de los modelos artificiales volvió a incrementarse pues, en la Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, destaca que los ejercicios de anatomía y disección se retomaban después de su suspensión durante mucho tiempo y que se había comenzado a aplicar la fisiología experimental y la vivisección por primera vez en la Escuela (López y Abela, 1879: 627-628). 4.2.1.3. La Escuela de Embajadores (1882-1958) El traslado e inauguración de las clases en la calle Embajadores (fig. 118) se llevó a cabo de manera precipitada entre 1881 y 1882, con la consecuente pérdida y destrucción de parte de las colecciones de la Escuela. Sin embargo, el interés por estas colecciones parecía ser elevado, pues el edificio contaba con un gabinete donde se situó inicialmente el grueso de las colecciones y dos museos donde se trasladaron, separadas en anatomía descriptiva normal y patológica y en teratología. Además, hay constancia de que se contara con escultor anatómico, conservador, pintor y fotógrafo entre el personal de la institución. Sin embargo, ninguna información ha llegado hasta hoy que justifique la preparación de piezas de cera ni de cambios en las colecciones. Los investigadores apuntan a que, ya en 1893, la prensa emitió varios avisos sobre el deterioro de las piezas de cera de Garrigó (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 296). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 202 Figura 118. Reproducción fotográfica del edificio de la primera Escuela de Veterinaria de Madrid, Anónimo, ca. 1890. Fuente: Universidad Complutense de Madrid, 2020. Durante la estancia en Embajadores, el interés por continuar ampliando las colecciones didácticas se ha visto reflejado someramente en la documentación consultada. Quizás los esfuerzos se centraron en la necesidad de mejorar las instalaciones para la práctica veterinaria, ante el estudio de las asignaturas con los modelos anatómicos naturales y artificiales. En las primeras décadas del siglo XX (entre 1908 y 1916), se continuó abasteciendo la Escuela de modelos para el estudio, aunque los registros no señalan el material del que estaban hechos. Algunos documentos mencionan la compra de material de laboratorio en esta época, en el que se incluyen modelos anatómicos, como el de un feto artificial a la casa N. Hauptner, de Berlín; o los modelos de riñón, médula espinal e intestino, Casa Mme. Jean Montaudon de Paris. En ninguno de los casos se especificó ni la especie animal a la que pertenecen ni los materiales componentes (AGUCM V 02-003). Otros documentos como este indican que la adquisición de modelos anatómicos siguió siendo una práctica habitual en la Escuela Veterinaria del siglo XX. Sin embargo, es interesante percibir el interés por la producción propia, como demuestra el informe de 1917, en el que el director solicita al Estado el nombramiento de un Preparador y Conservador de los museos de teratología y de organografía para el segundo farmacéutico de la Casa Real (de la Real Oficina de Farmacia), Daciano Manzanedo y Sanjuanbenito, quien llevaba años preparando y conservando estos ejemplares que compiten con los del Extranjero, para los correspondientes museos de esta Escuela (AGUCM V 02-003). Solicitó también el director una remuneración a Manzanedo, “[…] por su trabajo por los ordinarios recursos de este Centro, con lo que se recoge material de enseñanza de nuestro propio país y se logra a menor coste que comprándolo fuera, ocurriendo ademas que los pedidos al extranjero tardan en llegar, máxime en estas circunstancias internacionales y consiguentemente no se aprovecha a veces el material científico en las oportunas épocas de instrucción escolar, por 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 203 lo que propongo […] en consideración a su cooperación útil, el nombramiento de Preparador y Conservador de los museos de teratología y de organografia patológica de esta Escuela […]” (AGUCM V 02-003). Esta solicitud es aceptada y, en 1925, ya se encuentran trabajando “[…] D. Daciano Manzanedo, con el sueldo anual de 1500 pesetas, del Escultor anatomico en D. Miguel de la Cruz, con la gratificacion anual en 1000 pesetas y de fotografo-pintor en D. José Padró, tambien con la gratificacion anual de 1250 pesetas, funcionarios dignos, competentes y habiles que con unos valiosos trabajos, coadyuvan satisfactoriamente a utiles enseñanzas prácticas en esta Escuela […]” (AGUCM V 02-034 y AGUCM V 02-005). Parece evidente que la producción de modelos anatómicos de cera se extinguió definitivamente como parte de las competencias de la cátedra de anatomía y no se sabe si las nuevas sedes de la Escuela dispusieron de un “Laboratorio de piezas” como el que tuvo la institución durante las décadas del Paseo de Recoletos. Como todas las enseñanzas científicas, los modelos continuaron siendo imprescindibles para la enseñanza y en el Museo Veterinario Complutense se conservan algunos modelos de las casas Auzoux y Somso, que debieron adquirirse a finales del siglo XIX y durante el siglo siguiente. Todas las colecciones debieron sufrir graves deterioros y pérdidas durante la Guerra Civil española, junto con el museo y el resto de las instalaciones. Probablemente en este periodo se vendieron o destruyeron piezas, otras serían trasladadas como se hiciera con las pinturas depósito del Museo del Prado, pero no se tiene constancia de los avatares sufridos por los modelos de cera en este periodo. Al finalizar la guerra debieron tratar de recuperarse todas las piezas posibles, ya que los investigadores defienden que, hasta la década de 1950, se pudo disfrutar de la obra de Garrigó y del resto de ceroplastas de la Escuela Veterinaria en el gabinete donde se exhibían y utilizaban los modelos didácticos (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 303). 4.2.1.4. La Facultad de Veterinaria de Madrid (1959-hasta la actualidad) Las instalaciones se hallaban en estado de ruina tras los acontecimientos históricos, por lo que el traslado desde la sede de Embajadores hasta las instalaciones de la zona denominada de La Moncloa, en 1958, fue precipitado y debió de tener consecuencias muy negativas para el patrimonio didáctico veterinario. No se tienen datos que corroboren la itinerancia de las colecciones desde su salida de la sede de Embajadores hasta su ubicación actual, en la Avenida Puerta de Hierro s/n (Suárez et al., 1994: 13; Mencía, 2013: 94) (fig. 119). Algunas referencias indican que, en este traslado de sede de 1958, muchas de las piezas fueron vendidas en el Rastro de Madrid o desechadas (gran parte de las piezas de cera debieron fundirse para fabricar velas), otras se dispersaron en manos de particulares y las que se conservaron, se almacenaron durante años en los fondos de la Universidad Complutense de Madrid. En 1968, los nuevos edificios de la Facultad de Veterinaria permitieron la acogida de las colecciones en la Cátedra de anatomía, donde se estableció un museo anatómico. En este momento, la Cátedra de cirugía empezó a recoger una colección de equipos médicos y clínicos (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 307). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 204 Figura 119. Fachada del edificio principal de la actual Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente: Malopez 21, 2014. Los investigadores de las colecciones de la antigua Escuela Veterinaria han podido consultar los inventarios que los encargados del Departamento de anatomía realizaron a partir de 1949 hasta 1965, en los que se mencionan algunos de los modelos anatómicos de cera que se conservan en la actualidad, y queda confirmada la pérdida gradual de las piezas por motivos diversos, como los cambios de ubicación (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 305). 4.2.2. La creación de las colecciones del museo La colección de ceroplástica, junto con el resto de material didáctico que hoy conforma el Museo Veterinario Complutense, estuvo repartida por las vitrinas del museo perteneciente a la Cátedra de Anatomía hasta los años 80 del siglo XX. Entonces, este espacio fue dedicado a otras actividades de la Facultad y su contenido se reubicó en las salas y pasillos del departamento dentro de vitrinas (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2018: 307). Con la nueva inclusión de la asignatura de Historia de la Veterinaria en los planes de estudio, en 1997, el museo volvió a tener relevancia para la Facultad Veterinaria de la Universidad Complutense. En 2003, el Profesor Joaquín Sánchez de Lollano asumió la docencia de la Cátedra de Historia de la Veterinaria y se comprometió con la recuperación, difusión y conservación de las colecciones veterinarias de manera desinteresada y apasionada. Los objetos didácticos o las herramientas e instrumental científico de la Facultad Veterinaria de Madrid se encontraban repartidos por las salas y estancias de los edificios o en las casas de algunos particulares. A la falta de consideración de estos objetos se sumaba la dificultad para clasificarlos y, por tanto, para asignarles una identidad (Aragón et al., 2007: 72). Así pues, comenzando con las piezas e instrumental recuperado de los despachos y pasillos donde se encontraban desde hacía décadas, Sánchez de Lollano recopiló una gran cantidad de patrimonio a partir de donaciones de antiguos veterinarios y de coleccionistas privados. También comenzó un minucioso trabajo de investigación histórica en los archivos de la Universidad y una intensa 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 205 labor divulgativa en congresos y publicaciones que continúa hasta el día de hoy. A partir de 2004, se desarrolló la recuperación de un patrimonio histórico veterinario disperso y que se creía perdido, sentando las bases de proyectos orientados a la creación de un museo veterinario. Este mismo año, se sumó a la colección un conjunto patrimonial relativamente grande del veterinario titular Matías Rojo, de parte de Teresa de Jesús Valverde Gómez. Detectado el riesgo de pérdida del patrimonio veterinario, desde el Decanato de la Facultad se asignó oficialmente la recuperación de las colecciones veterinarias a Joaquín Sánchez de Lollano, en colaboración con la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad Complutense (perteneciente al actual Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria), como organismo responsable de las colecciones. Junto con Julia Irigoyen de la Rasilla, Jefa de la Unidad de Gestión del Patrimonio, y las becarias Noelia Rodríguez Garrido y Celia Rodríguez Varela, se inició la propuesta de Sánchez de Lollano de crear un museo para todas las colecciones veterinarias. Este equipo realizó las fotografías, el registro y la asignación de un número de inventario en el sistema DataSim de la Universidad Complutense73. Desde el año 2006, Sánchez de Lollano asumió la dirección de la colección histórica veterinaria de la Facultad de Veterinaria de la Complutense. La colaboración altruista de otros becarios y alumnos fue imprescindible para que un Museo Veterinario fuera posible. Las vitrinas donde se comenzaron a colocar las colecciones provenían también de donaciones, como la vitrina financiada por la Asociación de Alumnos o las recicladas de la exposición Negro: exposición de arte centroafricano, realizada en la sala de Exposiciones Temporales de Centro de Arte Complutense (CarteC), de la Universidad Complutense, en 2010. Incluidas en el conjunto patrimonial que alberga el Museo Veterinario Complutense, merecen una mención especial la colección de modelos anatómicos en papel maché (Auzoux) y la colección de modelos anatómicos en cera, que fueron fundamentales en la enseñanza del siglo XIX y principios del XX. Como la mayor parte de las colecciones científicas universitarias, los modelos anatómicos artificiales que conserva el museo, fueron creados con un carácter docente, aunque no desempeñen esta función en la actualidad, y forman parte de la cultura material y la historia de la didáctica veterinaria. El Museo Veterinario Complutense forma parte de la red de Museos y Colecciones de la UCM, y cumple con la definición de Museo establecida por el Consejo Internacional de Museos (ICOM) en 200774. 4.2.3. El patrimonio de las colecciones del museo En el Museo Veterinario Complutense, las piezas se han recogido en colecciones temáticas y se encuentran ubicadas en varios puntos de los edificios de la Facultad de Veterinaria UCM. Las vitrinas que contienen este patrimonio científico se encuentran repartidas en diferentes espacios, siendo el Hospital Clínico Veterinario Complutense uno de los edificios con más 73 Todo el proceso de evaluación y registro de las colecciones está explicado con detalle en la publicación: Rodríguez et al., (2015) Evaluación Patrimonial Preliminar de la Colección Histórica Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. XV Congreso Nacional y VI Congreso Iberoamericano de Historia de la Veterinaria: 163-166. https://www.historiaveterinaria.org/update/15-toledo-2009-1457603962.pdf 74 La definición de museo se encuentra, sin embargo, en proceso de discusión a nivel internacional: la propuesta de revisión se inició en la Conferencia General de 2016, en Milán, y fue estudiada por última vez en la 25ª Conferencia General del ICOM, celebrada en 2019 en Kioto, pero el proceso aún no ha concluido. https://www.historiaveterinaria.org/update/15-toledo-2009-1457603962.pdf 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 206 patrimonio de la Facultad (Sánchez de Lollano et al., 2015: 164). Atendiendo a la falta de espacio para albergar la gran cantidad de piezas patrimoniales y a las condiciones de conservación, algunas de las colecciones más sensibles a los agentes atmosféricos se exhiben temporalmente en las vitrinas y expositores del denominado “Almacén Visitable” de la planta baja del Hospital Clínico Veterinario (fig. 120), evitando su exposición a la irradiación lumínica o a los cambios bruscos de temperatura, así como al tránsito descontrolado de personas, que se dan en zonas como los pasillos u otros espacios. Todo ello responde a una coherencia museológica y temática que permite relacionar estas piezas con las distribuidas en el resto de los espacios donde las colecciones llegan a un gran número de público, como la sala de espera del Hospital o los pasillos que recorren docentes y estudiantes a diario (Sánchez de Lollano et al., 2015: 165). Figura 120. Edificio donde se ubica el Hospital Clínico Veterinario de la Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente: Universidad Complutense Madrid, 2020. La situación temporal de este Almacén Visitable ha pasado a ser, sin embargo, de larga duración. Inicialmente fue la solución a grandes dificultades económicas para conservar los modelos anatómicos de cera y papel maché, los más sensibles del patrimonio veterinario. En la actualidad, se continúan buscando soluciones para ubicar el contenido de estas vitrinas, a la espera de su reubicación en un lugar adecuado con las garantías necesarias de conservación. Las colecciones que actualmente forman parte del Museo Veterinario Complutense están compuestas por un número aproximado de 3000 piezas, de diferentes épocas y materiales diversos. Como se puede consultar en el catálogo del Museo, las colecciones se dividen en: - Colección de la Cátedra de Cirugía, Reproducción y Obstetricia. Corresponde al instrumental y equipos empleados por los antiguos veterinarios para estudiar y aplicar las técnicas reproductivas animales, así como destinado al tratamiento quirúrgico y diagnóstico de las patologías. - Colección de la Unidad de Zoología. Esta colección incluye también moluscos, 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 207 equinodermos, peces y reptiles también inmersos en líquidos conservantes o disecados; además de conchas de moluscos, ejemplares de aves y otros mamíferos naturalizados o material sobre apicultura y helicicultura. En la imagen (fig. 121) se muestra uno de estos modelos de pulpo conservados en fluidos. Figura 121. Dos modelos de pulpo inmersos en líquidos conservantes dentro de un botamen de vidrio. Anónimo. S. XX. Almacén Visitable del Hospital Clínico Veterinario. Fuente propia: 2021. Figura 122. Esqueleto de tortuga. Anónimo, S. XX. Primera planta del Hospital Clínico Veterinario de la Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente propia, 2020. - Colección de Animales Tóxicos. Los tóxicos son importantes tanto en el ámbito de los fármacos como en el de las patologías que estos animales pueden causar. La colección incluye anfibios, peces, reptiles y arácnidos inmersos en líquidos conservantes o disecados. - Colección de la Cátedra de Zootecnia. La zootecnia está relacionada con la producción y la alimentación animal, por lo general asociadas a la obtención de alimentos para el ser humano. Así pues, la colección está orientada a la biometría, la identificación animal o la valoración morfológica. - Osteoteca y Colecciones de Embriología y Teratología. Los esqueletos de animales domésticos y especies salvajes incluyen piezas articuladas con ensamblajes metálicos y desarticuladas, además de piezas óseas. En la imagen (fig. 122) se muestra un esqueleto y concha de una tortuga en primer plano, en segundo plano se puede observar una pieza osteológica y teratológica, probablemente perteneciente a un équido. - Patrimonio Institucional. Compuesto por dieciséis bustos de personajes ilustres en la historia de la veterinaria y un botamen de farmacia, de producción conventual, del siglo XVIII. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 208 - Colección de la Cátedra de Farmacología. La colección muestra las herramientas utilizadas en la fabricación de fármacos, así como su presentación y el instrumental de investigación. - Colección de Parásitos de Animales Domésticos. En los museos de patrimonio veterinario es común encontrar colecciones con ejemplares disecados o conservados con otros medios de los parásitos que afectan a los animales domésticos y fauna salvaje, en este caso del territorio nacional. - Colección de la Cátedra de Fisiología. Colección de instrumental y equipos para la interpretación y registro de la fisiología animal. Incluye quimógrafos y diverso instrumental para estudiar el funcionamiento del sistema respiratorio, cardiovascular, etc. - Colección de Envases Alimentarios. Alberga un variado patrimonio que ilustra aspectos históricos de la tecnología y el control alimentario. - Colección Docente de la Unidad de Agricultura. Numerosos pliegos de celulosa con especímenes secos para la documentación sobre las plantas para la alimentación animal, especialmente de las familias de leguminosas y gramíneas. Incluye una variedad de harinas y semillas utilizadas con el mismo fin. - Colección de Modelos Anatómicos. Ya se han mencionado los modelos docentes de cera y de papel maché (fig. 123), cuya exhibición está disponible únicamente en el Almacén Visitable. También se exponen piezas anatómicas de escayola, como el modelo de gallina de la casa comercial Somso (fig. 124). Página siguiente: Figura 123. Modelo artificial de la anatomía de un pavo, realizado con la técnica del papel maché policromado. Casa comercial Auzoux, S. XIX. Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente propia, 2020. Figura 124. Modelo artificial representando el sistema digestivo de una gallina, realizado en yeso policromado. Casa comercial Somso. S. XX. Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente propia, 2020. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 209 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 210 En la actualidad, las colecciones anatómicas han adquirido una nueva funcionalidad y forman parte del patrimonio histórico. En el diseño y uso de estos artefactos es posible detectar decisiones pedagógicas, estéticas y técnicas relativas a la presentación de la información científica, lo cual ha generado nuevas líneas de investigación que se centran en la documentación y conservación de este tipo de objetos (Sánchez de Lollano y Sánchez, 2019: 638). La conservación y restauración de estos modelos didácticos y de las colecciones universitarias es fundamental para perpetuar la identidad de la Universidad y para conservar su patrimonio. Por esta razón, durante varios años, se ha realizado un profundo estudio de la colección de ceroplástica veterinaria conservada en el Museo Veterinario Complutense, dirigido a los trabajos de intervención en conservación y restauración de todas las piezas de la colección. 4.3. Estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones Los diferentes modelos de registro para la gestión de las colecciones propuestos por las instituciones son muy variados. Sin embargo, tienen puntos en común, como un número de inventario asignado dentro de la colección, el nombre del modelo o la autoría, además de una imagen general de la pieza y las fotografías necesarias para poder comprender el volumen, en caso de tratarse de un objeto tridimensional. Todo esto forma parte del proceso de documentación que debe realizar cualquier museo o responsable de una colección para conservar sus bienes. Las fichas técnicas suponen una herramienta necesaria para las actuaciones de conservación y restauración de bienes culturales y colecciones universitarias, donde se refleja toda la documentación relevante sobre los objetos conservados. Si bien, la catalogación de los fondos en cualquier institución ya cuenta con una ficha de registro necesaria para identificar cada objeto y asignarle un número de control, su conservación a largo plazo requiere de una ampliación de la información. La ficha técnica de conservación incluye los campos necesarios para referenciar cualquier actividad sobre la pieza orientada a su continuidad en el tiempo y a los tratamientos recibidos para su preservación. Además de ser de gran utilidad para su consulta en ámbitos como el de la investigación o la divulgación, las fichas técnicas permiten acceder a la información material, a los métodos de fabricación o a la historia de las piezas, sin la necesidad de una manipulación de los propios modelos o de las vitrinas y contenedores de almacenaje donde se encuentren, lo cual contribuye a su conservación preventiva. En el caso de los modelos anatómicos realizados en ceroplástica, únicamente el Deutsches Hygiene-Museum Dresden (DHMD) ha publicado una serie de fichas de registro y de conservación orientadas a sus moulages dermatológicos de cera para la medicina humana. A falta de una herramienta similar adaptada a los modelos veterinarios conservados en el Museo Veterinario Complutense y a la escasez de bibliografía sobre fichas de conservación para los modelos anatómicos de cera, se ha realizado una propuesta de ficha de conservación utilizando un lenguaje normalizado y tomando la propuesta del DHMD como referencia. Para realizar una propuesta de ficha técnica de conservación para el Museo Veterinario Complutense en el que se refleje la información recogida en las fichas de registro de cada pieza, han sido consultados los diferentes modelos de ficha utilizados por instituciones del ámbito nacional e internacional, así como la normalización de registro de sus colecciones. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 211 4.3.1. Las fichas de registro: normas y estándares Los estándares internacionales para la museología incluyen la elaboración de una ficha técnica de registro. En la publicación Cómo administrar un museo: Manual práctico de la UNESCO junto con el ICOM, de 2007, los autores consideran la ficha técnica como la primera operación de registro necesaria y especialmente importante para el plano jurídico, administrativo o de conservación del objeto custodiado (Ladkin, 2007: 20). La mayoría de las instituciones utilizan un sistema propio de registro y catalogación de su patrimonio que no hacen público, aunque algunas administraciones han puesto a disposición de los usuarios herramientas para la documentación y gestión de los museos. Las fichas de registro suelen tener varios niveles e ir de lo general a lo particular. Están orientadas a la identificación del bien cultural y sirven para incorporar el objeto a las bases de datos de cada institución. Además de registrar las características de cada objeto y de asignarle un identificador, recomiendan añadir otros campos de interés donde se puedan anotar los resultados de una evaluación o inspección inicial. Cuando la pieza registrada se encuentra en un estado de conservación comprometido, es pertinente incorporar una ficha de diagnóstico y conservación realizada por el conservador encargado de la estabilidad material de los bienes del museo, donde poder incluir las cartografías digitales para registrar cada uno de los deterioros y daños, junto con una leyenda explicativa que ayude a interpretar las imágenes. En el mencionado manual Cómo administrar un museo, se asigna una ficha al diagnóstico de conservación, donde valorar la gravedad de los deterioros empleando una terminología clara y normalizada dentro del campo de la conservación-restauración. Para la normalización de la terminología de las fichas técnicas puede ser útil la consulta de las pautas de catalogación y descripción planteadas en los documentos Cataloging Cultural Objects (CCO) y Categories for the Description of Works of Art (CDWA), ambos publicados por el Getty Research Institute (Baca et al., 2006; Getty, 2019); y en el Manual de registro y documentación de bienes culturales, propuesto por el Centro de Documentación de Bienes Patrimoniales (CDBP) del Consejo Internacional de Museos (ICOM), también en colaboración con el Getty, con el objetivo de estandarizar los datos de registro en las instituciones. También el International Committee for Documentation (ICOM-CIDOC) propone en línea varios protocolos y terminología especializada para la catalogación de las piezas y la documentación en los museos. El documento Ficha técnica nº1. Llegada de un objeto al museo, plantea una metodología de registro y catálogo en ocho pasos, que sirven de guía desde la adquisición del objeto hasta la creación de índices, facilitando así su acceso y consulta. Las recomendaciones incluyen el registro cuando la pieza llega a la institución, la inscripción en la base de datos del museo, la asignación de un número de inventario si el museo acepta la custodia de la pieza, la enumeración de los datos necesarios para realizar la ficha de inventario, la inclusión de fotografías y/o dibujos como parte del proceso de catalogación, la ubicación del objeto en su lugar de exposición o depósito, la creación de un duplicado de la ficha de inventario y su archivado en un sitio seguro, así como el anexado de índices para facilitar el acceso a todas las piezas catalogadas. El CIDOC ofrece también la Ficha técnica nº2, en la que incluye varias 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 212 recomendaciones para el proceso de etiquetaje y marcaje de los objetos en los museos, junto con una referencia a las prácticas que deben evitarse (ICOM-CIDOC, 2019). Deben considerarse también las normas, estándares y directrices planteadas por el Comité Europeo de Normalización (CEN) que, al igual que el ICOM-CC, hacen referencia al estado de conservación de los bienes culturales con numerosas normas y modelos. Para consultar estos estándares en la elaboración de informes y fichas con una normalización adecuada sería recomendable acceder a las normas UNE-EN 16095: 2016. Conservación del Patrimonio Cultural. Informe del estado del patrimonio cultural mueble y UNE-EN 16096: 2016. Conservación del Patrimonio Cultural. Inspección del estado e informe del patrimonio cultural construido. Estas normas no se encuentran abiertas a consulta pública. El Comité Internacional del UMAC (International Committee for University Museums and Collections) para las colecciones museísticas y las colecciones de historia natural, propone una ficha de registro en la que crear una base de datos exclusivamente de colecciones universitarias. El objetivo es poner en común una base de datos sobre estas colecciones a nivel nacional y el interés fundamental es el de estrechar lazos profesionales entre las instituciones y el personal que se ocupa de su conservación, difusión, gestión y cuidado. Si bien este modelo no es una ficha técnica de catalogación e inventario, es interesante observar que se han reservado campos específicos para indicar a qué ámbito se encuentran destinadas las colecciones, con las opciones de Docencia, Investigación o Difusión. Este aspecto es especial en el ámbito de las instituciones de enseñanza donde las piezas han tenido una función didáctica y resulta, por tanto, muy útil para los protocolos de conservación de cada pieza (Corradini y Bukowski, 2012: 127). Para la selección de los campos de la ficha de conservación pueden servir de referencia los documentos de la Getty mencionados, así como la propuesta de fichas técnicas aportadas por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador (INPC), Instructivo para fichas de inventario de bienes culturales muebles (Nagel et al., 2008: 12-21; VV.AA, 2011: 32-73). También se han considerado las propuestas de ficha técnica de Rella y Saccani, que proponen una ficha técnica específica para diferentes momentos en los que el conservador- restaurador debe involucrarse: una ficha donde quedan relacionados la problemática de conservación con la naturaleza material del objeto y su entorno medioambiental, una “hoja de inspección” en la que se deben plantear las intervenciones de conservación-restauración necesarias, una ficha de registro de las acciones realizadas, una propuesta de monitoreo de la conservación preventiva y una ficha en la que indicar las condiciones y requisitos de manipulación, inspección y asistencia si el objeto se encuentra en riesgo de preservación (Rella y Saccani, 2009: 97-122). Otras instituciones han propuesto modelos de ficha interesantes, como el Istituto Centrale per il Restauro (ICR), donde la información de registro se distribuye en varias secciones: datos de referencia, documentación, características de colocación/exposición, datos técnicos y estado de conservación (donde especifican los tipos de daño en la estructura de soporte, el soporte, el soporte auxiliar, los estratos de preparación, los estratos pictóricos y el marco), un espacio para las indicaciones sobre la intervención y los datos sobre la fecha en la que se ha realizado la ficha y el responsable de la misma y la fecha de la última revisión (Istituto Centrale per il Restauro, 2001: 1-23). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 213 En el ámbito nacional, la Red Digital de Colecciones de Museos Españoles del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, actualiza e integra el sistema de catalogación nacional normalizada para los museos españoles Domus (Ministerio de Cultura y Deporte, 2021). Esta es una herramienta de normalización documental museográfica que permite documentar y compartir la información de las colecciones entre instituciones. Los diferentes módulos incluyen en la base de datos: preingresos, ingresos, conservación, documentación gráfica, materiales, entradas temporales y consultas. Para comprender su estructura, funcionamiento y normalización terminológica, se puede consultar el documento Normalización Documental de Museos, publicado en 1996 por el Ministerio de Cultura y Deporte, que actualmente se encuentra en línea (Carretero et al., 1998). Por otra parte, el sistema de normalización Domus, dedica una parte de la base de datos a la información relativa a la conservación y acciones de restauración de las colecciones nacionales. En el punto 3.3. Conservación de fondos museográficos del documento, se recomienda el registro exhaustivo de los múltiples tratamientos de conservación preventiva, restauración, etc. que puedan sufrir los fondos. En el sistema, se incluye una ficha compuesta por tres bloques que se pueden utilizar de manera independiente o simultánea: uno con el informe de conservación, otro con el análisis de los datos de conservación y el último, en el que se pueden indicar los tratamientos realizados. Deben tenerse como referencia las herramientas y metodologías de conservación propuestas en los Planes Nacionales de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Deporte, gestionados por el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), pues son documentos muy completos que tienen su fundamento legal en la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. Como parte de la documentación obligatoria dentro de todos los Planes, las fichas técnicas juegan un papel importante en la memoria donde queda reflejado el estado de conservación previo y la intervención de conservación-restauración realizada sobre el objeto. Este documento debe contener la “descripción pormenorizada de todo el proceso de intervención, especificando los criterios y la metodología seguida, así como los materiales, productos (concentraciones, nombre científico y comercial), equipos y métodos empleados, así como las condiciones de trabajo en las que se han utilizado. Deben adjuntarse las fichas técnicas correspondientes a cada uno de estos materiales” (Jiménez y Martín, 2017: 62-63). Puede consultarse el modelo de ficha técnica en el Plan Nacional de Abadías, Monasterios y Conventos, donde se propone una ficha tipo formada por dos niveles: un primer nivel con los datos básicos del bien patrimonial (Jiménez y Martín, 2017: 31-35) y un segundo nivel con una ampliación de la información. A esta publicación fue añadido un anexo con 13 fichas tipo, adaptadas a las siguientes tipologías materiales: azulejería-cerámica, decoración mural, escultura-imaginería, materiales pétreos, materiales artísticos, mobiliario, pintura, retablos- órganos, techumbres de madera, textiles, libros, documentos y orfebrería (Ministerio de Cultura y Deporte, 2021). En todas las fichas de segundo nivel, dirigidas al estado de conservación de los bienes, se expone una evaluación de riesgos relacionada con las alteraciones generales y el nivel de intervención necesario de cada actuación de conservación-restauración aplicado. Además, algunas universidades españolas permiten consultar en línea el catálogo de su patrimonio, como es el caso de la Universidad de Sevilla, que ofrece una ficha técnica de cada uno de sus modelos anatómicos preservados mediante disecado (Universidad de Sevilla, 2021). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 214 Los campos hacen referencia al número de catálogo, a la tipología de la pieza, a su denominación, a la cronología de creación o fabricación, al tema o disciplina que representa, las medidas, la técnica de fabricación, los materiales componentes, la forma de ingreso en la Universidad, el centro de la Universidad al que pertenece, un campo para observaciones generales y otro para identificar al autor de la catalogación. Además, incluye una pestaña donde consultar la exposición a la que pertenece cada pieza en la actualidad y los préstamos a otras exposiciones. El modelo de ficha para colecciones de escultura en cera definido durante la Reunion des musées nationaux de 1987, en Francia, fue utilizado para el registro de diferentes piezas realizadas con cera pertenecientes a diferentes colecciones públicas francesas en el catálogo Sculptures en cire de l'ancienne Egypte à l'art abstrait. La información reflejada en las fichas técnicas incluye la imagen general de la pieza y los datos básicos sobre la escultura de cera: el tipo de obra (bosquejo o boceto en este caso), el material (cera negra), la altura, largo o anchura y profundidad (H: 0.315, L: 0.395 y Pr: 0.136), la proveniencia, exposiciones en las que se ha exhibido y la bibliografía que se conserva sobre la pieza. A continuación, un breve texto sobre el estudio histórico permite contextualizar la pieza y la relaciona con otras obras. Después, en el estudio técnico queda reflejado todo lo referente a la tecnología de fabricación y se acompaña con una cartografía con el registro de los elementos de fabricación, además de la imagen obtenida mediante técnicas de imagen con rayos X (Colinart et al., 1987: 208-209). Especializadas en los moulages dermatológicos de cera, las fichas técnicas propuestas por el Deutsches Hygiene-Museum Dresden (DHMD), han sido el modelo más interesante para elaborar una ficha de conservación apropiada a la colección de ceroplástica veterinaria. Además de crear un portal abierto para todas las instituciones nacionales e internacionales con moulages y modelos de cera médica, el museo de Dresde ofrece varios protocolos de registro muy interesantes (Universitätsmedizin Berlin, 2021): - El Protocolo I propone un modelo para registrar los datos de la pieza de cera, y consiste en una serie de campos donde se registran el número de inventario, la fecha de fabricación, la procedencia, etc., además de una localización del moulage dentro de las instalaciones (si está expuesto, en los almacenes, etc.) y una serie de campos para seleccionar los materiales que componen el sistema de montaje, la etiqueta, el sistema de soporte y el propio moulage (Lang et al., 2010: 5, 23-26). - El Protocolo II está orientado a registrar los resultados sobre el estado de conservación del modelo anatómico, observados por el conservador o el encargado de la colección. Este examen organoléptico incluye también los campos necesarios para identificar la pieza, junto con un espacio para incluir una fotografía. El resto de campos hacen referencia a la parte del modelo que se está analizando (soporte, peana, etiqueta, representación anatómica, etc.), al estado de conservación (intacto y estable, dañado pero estable, inestable que requiere conservación, y defectuoso, emergencia o estabilización necesaria); por último, una serie de campos con diferentes opciones permiten identificar el estado de conservación del modelo y marcar los deterioros detectados en una o varias imágenes o cartografías de la pieza (Lang et al., 2010: 5, 23-26). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 215 4.3.2. El modelo de registro del patrimonio en la Universidad Complutense de Madrid La gestión de las colecciones y museos de la Universidad Complutense de Madrid, una de las instituciones de enseñanza superior con mayor riqueza en patrimonio cultural, se realiza a través del Reglamento del Patrimonio Cultural Histórico-Artístico y Científico-Técnico de la Universidad Complutense de Madrid, aprobado en 2021 (Marín, 2018: 94; UCM, 2021). El organismo responsable de la gestión de los bienes muebles del Patrimonio Histórico y de su conservación en la Universidad Complutense es la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico, adscrita al Vicerrectorado de Extensión Universitaria, Cultura y Deporte. Dentro de sus competencias se incluyen promover la realización de inventarios y catálogos, y los consiguientes procesos de investigación que se derivan de ellos, restaurar las obras y mejorar las instalaciones, asesorar sobre los aspectos museológicos, realizar exposiciones y promover y difundir todo tipo de actividades culturales relacionadas con el patrimonio artístico, científico o técnico. El artículo 22.1. del Reglamento indica que “Todos los bienes integrantes del patrimonio cultural histórico-artístico y científico-técnico de la UCM, deberán ser inscritos en el correspondiente libro de registro de cada museo o colección. En este libro se anotarán las altas y las bajas de todos los bienes en el momento que se produzcan. Se exceptuarán aquellos supuestos en los que el extenso volumen de ejemplares haga materialmente imposible la llevanza del correspondiente libro de registro, como pueden ser los museos o colecciones de entomología o herbarios. Cada libro de registro de museo o colección se duplicará en soporte informático75.” Actualmente, la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad se encuentra en una fase de renovación y está previsto un sistema de gestión unitario para todas las colecciones. Hasta el momento, el registro digital se realiza con la Herramienta para la toma de datos de cotejo del Patrimonio UCM, que consiste en un formulario con varias secciones donde se introducen, en primer lugar, la fecha de cotejo y el nombre del técnico que lo realiza (fig. 162). A continuación, deben incluirse los datos de la pieza en campos abiertos como información básica, en lo que se refiere a: número de inventario, objeto, título, autor, si este autor es una mujer y descripción. La siguiente sección se encuentra orientada a los datos tipológicos referidos a los materiales, técnicas y tipologías de las obras. Se ofrecen casillas donde seleccionar una de las tipologías -a marcar entre: bote, caja, cerámica, conjunto/grupo, dibujo, escultura, etnografía, fotografía, impresión, instrumento científico, instrumento musical, juego, material biológico, mobiliario, objeto de devoción, obra gráfica, orfebrería/joyería, pintura, textil, libro u añadir otra opción-, y se puede adjuntar una imagen. A continuación, debe indicarse el material del que se compone la pieza: cera, cerámica/arcilla, hormigón/cemento, madera, metal, orgánicos, papel/cartón, piedra, piel/cuero, resina termoestable, resina armada, textil, vidrio, yeso/escayola o añadir otra opción. Puede incluirse también una imagen. Debe seleccionarse en la sección siguiente la técnica del objeto registrado también entre las casillas de: audiovisual, collage, conformado, corte, cosido, dibujo, digital, dorado, enmarcado, ensamblado, esculpido, estampado, fotografía, grabado, instalación, modelado, montaje, natural, pintura, policromía, 75 La metodología de registro digital de las colecciones se puede encontrar explicada con detalle en la publicación sobre la Catalogación del Patrimonio de la Colección Histórica Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, de 2015 (Rodríguez et al., 2015: 159-161). 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 216 soldadura, talla, torno o vaciado. La siguiente sección se ocupa de las medidas y dimensiones de la pieza, expresadas en centímetros, referentes al ancho, alto y largo con y sin marco o peana, en caso de tenerlo. Después, se indica la ubicación en donde se encuentra conservado el objeto, y deben seleccionarse el departamento de la Universidad y la sede donde está dicho departamento. Al final de esta sección se puede rellenar un campo abierto con la ubicación actual, para los casos en los que la pieza se encuentre desplazada por razones de préstamo, conservación, exposición, intervención, etc. La última sección se encuentra dedicada a la descripción del estado de conservación de la pieza relacionado con las características del lugar donde se encentra. Para ello, se exponen varias opciones con casillas donde seleccionar el tipo de iluminación que afecta sobre la conservación: luz artificial muy intensa, luz natural, incidencia directa, ventanas sin protección/cercanas o no influye; y se puede rellenar un campo abierto indicando la medición de la iluminación, expresada en luxes, y otro campo de las mismas características donde indicar las observaciones que el técnico considera pertinentes. También se incluyen varias opciones con el tipo de climatización: radiadores próximos, sistema de climatización próximo, rejilla de ventilación, posibles cambios de temperatura o no influye en el estado de conservación; y dos campos abiertos donde añadir información sobre la medición de temperatura, expresada en ºC, y las observaciones pertinentes acerca de la climatización que rodea al objeto. Otro campo cerrado con casillas permite indicar las condiciones del entorno que pueden suponer un factor de deterioro para la pieza: lugar de paso, objetos cercanos, elementos eléctricos/aparatos electrónicos, posibles daños por temperatura, aporte de suciedad, montaje inadecuado, exposición inadecuada o no influye; además de un campo abierto donde incluir las observaciones pertinentes sobre el entorno y una imagen del mismo. Figura 125. Captura de la herramienta digital Cotejo del Patrimonio UCM. Pertenece a la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad. Unidad de Gestión del Patrimonio UCM, 2021. En la última parte de la sección sobre la conservación de la pieza cotejada, se incluyen cuatro opciones del estado de conservación valorado por el técnico que realiza dicha comparativa: buen estado de conservación general, mal estado de conservación, necesita intervención inmediata u obra destruida. Se incluyen a continuación una larga lista de posibles daños que demuestra la pieza, a seleccionar con casillas. Finaliza este examen con seis campos abiertos a rellenar con la información referente a: la descripción de daños estructurales, daños del material, daños de la superficie, daños del acabado, daños en marco o peana y las recomendaciones para la conservación preventiva. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 217 Este formulario de cotejo se completa con una ficha técnica donde incorporar la información sobre el estado de conservación del objeto. Al tratarse de una ficha, pueden incluirse las cartografías, las fotografías o los dibujos del objeto de manera telemática e imprimirse para evaluar el estado de conservación in situ. A continuación, se incluye un ejemplo de ficha (fig. 126): 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 218 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 219 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 220 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 221 Figura 126. Modelo de ficha de conservación empleada en la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad. Fuente: Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad, 2021. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 222 Como herramienta complementaria, algunos investigadores han utilizado una ficha de registro básica, adaptada para catalogar algunas colecciones en el Museo Veterinario Complutense, como en el caso de la colección de herraduras, cuyo inventario, siglado (asignación de número de inventario) y registro fue realizado, en 2013, por la doctora Isabel Mencía (Mencía, 2013: 27-29). Del mismo modo, para poder estudiar y proponer estrategias de preservación para el elevado número de modelos anatómicos realizados con la técnica de la ceroplástica, se requirió la creación de una ficha técnica de conservación con fines diagnósticos que se aplicó a cada modelo anatómico veterinario. 4.3.3. Propuesta de Ficha Técnica de conservación para la colección de modelos anatómicos en cera pertenecientes al Museo Veterinario Complutense Una vez estudiados los modelos de ficha propuesta por las instituciones de referencia, en especial por el Deutsches Hygiene-Museum Dresden (DHMD) para el registro de su colección de moulages en ceroplástica, en esta investigación se ha propuesto un modelo adaptado a las colecciones en ceroplástica del Museo Veterinario de Madrid. La elaboración de dicha ficha ha sido realizada a partir de la documentación de registro aportada por el director del Museo, el profesor Joaquín Sánchez de Lollano. La estructura de la información ha sido dispuesta en tres secciones: una para la identificación general y el estado de conservación del modelo de cera, una segunda con el registro de daños y, por último, un espacio donde indicar las características generales de la intervención de conservación-restauración (fig. 128). La ficha propuesta contiene diferentes campos abiertos y cerrados. Los campos abiertos permiten al responsable del registro incluir la información libremente, mientras que los campos cerrados contienen listas con casillas para ser seleccionadas. En algunos casos, el campo se encuentra compuesto de ambos sistemas, de manera que debe seleccionarse una de las opciones que se ofrecen. Se puede añadir información adicional para aclarar o completar los datos. En el Anexo II pueden consultarse las fichas de los modelos en ceroplástica sobre los que se ha realizado una intervención de conservación-restauración, enmarcada en el Proyecto de Investigación: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P). A continuación, se explican en detalle cada una de las partes de esta ficha técnica de conservación-restauración: 4.3.3.1. Identificación general y estado de conservación La organización de la información se ha contenido en campos incluidos en una ficha, donde el encargado del registro debe indicar todos los datos sobre su identidad, la fecha en la que se realiza el registro y el proyecto de investigación para el que lleva a cabo esta acción. Además, debe completar la información referida al modelo anatómico objeto de este examen, rellenando los campos: responsable de la colección, ubicación del modelo dentro de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, así como la vitrina o armario donde se expone o almacena; debe identificar la pieza con el número de inventario previamente asignado, además de indicar las medidas y la datación de fabricación aproximados, así como la atribución de autoría y una breve descripción del modelo, donde se debe indicar el sistema de montaje y 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 223 exposición original y actual. Todo ello deberá acompañarse de una fotografía general del modelo con carácter informativo. Los siguientes campos, se encuentran dedicados a la identificación de los materiales que conforman los diferentes elementos del modelo: la peana, el sistema de soporte, la etiqueta identificativa, el modelo de cera y la policromía. Junto a esta casilla se ha situado un espacio libre para que el responsable de registro pueda expresar sus valoraciones sobre el estado de conservación. Es especialmente importante contar con personal con la formación especializada para poder realizar un examen organoléptico adecuado e identificar los deterioros presentes en la pieza. Para poder registrar el estado de conservación del objeto, se han incluido los campos de evaluación del estado material del modelo en el momento del registro. En el caso de algunas instituciones, como el IPCE, la ficha propuesta para clasificar el estado de conservación de un bien perteneciente al patrimonio, incluye tres niveles: aceptable, regular, malo y crítico (Jiménez y Martín, 2017: 34). Sin embargo, otros como la Getty no exigen una terminología concreta para indicar el estado de conservación y recomiendan utilizar los siguientes términos según sea necesario: muy bueno, bueno, regular, malo, muy malo, estable, frágil, en peligro de extinción. El documento puntualiza que lo importante es determinar qué significa cada término y tratar de ser lo más coherentes y objetivos posibles al hacerlo, como lo hace el documento nacional Guía para la Elaboración e Implantación de Planes de Conservación Preventiva, del IPCE. Para que se adapte correctamente al objeto que se está estudiando y refleje la información necesaria sobre su estabilidad material deben ser términos claros y objetivos (Getty, 2019; Herráez et al., 2019: 31). En función de estas premisas, se ha optado por utilizar las siguientes cuatro categorías: adecuado y estable, si el modelo se encuentra en un buen estado de conservación; sin deterioros o alguno muy leve; deteriorado pero estable, para los casos en los que la pieza presenta deterioros pero no presenta riesgo de pérdida o no son deterioros importantes; comprometido cuando los deterioros suponen un riesgo de conservación y deben tomarse medidas de prevención o intervención; y deterioro elevado/riesgo de pérdida, cuando la situación material del modelo es muy comprometida y existe un riesgo inminente de pérdida o destrucción de alguna de sus partes o de su conjunto. En este último caso, debe proponerse una actividad de intervención sobre la pieza con urgencia para evitar su desaparición a corto o medio plazo. El área referida a los estudios realizados sobre el modelo anatómico permite registrar el tipo de información del que se dispone sobre la pieza en caso de que haya sido estudiado previamente. De este modo, se evitará someterlo a una manipulación innecesaria que siempre comporta riesgos de deterioro y se recurrirá a la diagnosis artística y/o la documentación fotográfica disponible. Acceder a esta documentación previa también puede ser de gran utilidad si se va a repetir alguno de los estudios, permitiendo comprobar la evolución material del modelo durante el tiempo transcurrido. Todos los expedientes referentes a los estudios realizados sobre los modelos deben estar convenientemente archivados y custodiados por el Museo Veterinario Complutense o por la Unidad de Gestión de Patrimonio de la Universidad. En el campo abierto “Comentarios sobre el estado de conservación” el responsable del registro podrá añadir toda aquella información que considere pertinente para aclarar, completar o destacar algunos de los campos cerrados o para incluir nuevas consideraciones que no se encuentran en ninguno de los campos de la ficha. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 224 4.3.3.2. Registro de los daños Desde hace varias décadas, los proyectos encuadrados en los Planes Nacionales de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura y Deporte, incluyen un registro gráfico en sus memorias de intervención para un control conciso y útil de los daños y de las intervenciones realizadas sobre el patrimonio. Las cartografías digitales se incluyen en este modelo de ficha como una de las herramientas más importantes para ilustrar las alteraciones con un sistema codificado explicado en la leyenda adjunta, de manera que se podrá estimar el estado de conservación de la pieza de manera precisa y facilitará la propuesta de intervención. El código de daños permite, además, establecer un lenguaje común a toda la colección. Los daños o deterioros y su símbolo o dibujo asignados, se explican en detalle en el capítulo 7 de este documento, por encontrarse directamente relacionados con los principales agentes de deterioro de la colección de ceroplástica veterinaria. 4.3.3.3. Registro de intervención Con el objetivo de diferenciar a la persona encargada de la conservación y preservación de la colección del conservador-restaurador que se ocupa de realizar la intervención, este último apartado de la ficha contiene los campos abiertos correspondientes para su identificación. También contiene varios campos para indicar la duración de la intervención de conservación-restauración, el lugar donde se ha llevado a cabo y la fecha en la que se ha rellenado la ficha de registro de esta intervención. A menudo, la persona encargada de realizar la primera parte de la ficha y de indicar el estado de conservación es el especialista en conservación y restauración de modelos anatómicos en ceroplástica. Sin embargo, lo ideal sería que la colección fuera supervisada de manera habitual por un profesional en materia de museología que pudiera realizar el primer examen organoléptico y, en función del estado de conservación y de la necesidad de intervención del modelo, se contactara con el especialista en conservación y restauración. De este modo, los deterioros se podrían clasificar y vigilar en lugar de realizar una intervención de urgencia por riesgo de pérdida cuando se han acumulado y agravado los daños en el modelo, como es habitual en muchas colecciones. A continuación, los campos cerrados de intervención en el soporte, en la estructura y en la pieza de cera, permitirán indicar el nivel y tipo de actuación que se requiere en cada caso. Es importante en piezas polimateriales, como los modelos anatómicos, diferenciar las necesidades de cada material, puesto que puede ser recomendable la colaboración de un especialista (por ejemplo, en los modelos anatómicos humanos vestidos o adornados con telas a menudo la intervención requiere de un especialista en conservación y restauración de tejidos que debe colaborar con el especialista en ceroplástica) o que la conservación preventiva sea ejecutada por el encargado de la museología y no por el conservador-restaurador. Con los campos relativos a los tratamientos, se ha incluido una estructura similar para el soporte, la estructura y la pieza de cera. De este modo, los tratamientos quedarán más claros a modo de resumen y con la posibilidad de indicar alguna observación sobre los mismos en la zona inferior. Los tratamientos propuestos son los específicos para este tipo de modelo anatómico artificial en 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 225 ceroplástica: desinfectado o desinsectado, limpieza superficial (del particulado atmosférico poco adherido), limpieza física y química (del estrato de particulado atmosférico y depósitos adheridos), eliminación de deformaciones, consolidación, adhesiones y refuerzo de elementos, reintegración volumétrica, reintegración cromática y barnizado o capa de protección. El último campo se refiere a las Recomendaciones para la conservación preventiva. Es un campo abierto y está destinado a indicar las condiciones necesarias que el responsable de la intervención considera adecuadas para la estabilidad de las piezas una vez concluidos los tratamientos. En la imagen (fig. 127) se muestran algunas de las vitrinas donde se exponen las colecciones pertenecientes al Museo Veterinario Complutense. Figura 127. Algunas vitrinas con modelos naturales, artificiales e instrumental. Museo Veterinario Complutense. Fuente: Miguel del Pino, 2016. 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 226 INFORMACIÓN DE REGISTRO Registro realizado por Fecha de registro Elena Rodríguez González de Canales y Mario Danzè 22/07/2015 Proyecto referencia Proyecto I+D: HAR2013-42460-P La ceroplástica en veterinaria Ficha técnica de conservación IDENTIFICACIÓN GENERAL/ESTADO DE CONSERVACIÓN FOTOGRAFÍA/S RESPONSABLE Joaquín Sánchez de Lollano Prieto UBICACIÓN Museo Veterinario Complutense Edificio Hospital Veterinario UCM Armario/Vitrina Nº INVENTARIO MV- DIMENSIONES (cm) Alto: Ancho: Largo: DATACIÓN AUTOR BREVE DESCRIPCIÓN Componentes/Materiales Evaluación del estado de conservación general Sistema expositivo Comentarios sobre el estado de conservación Peana de Soporte de Etiqueta de papel Modelo de pasta de cera Otros materiales: Adecuado y estable Deteriorado pero estable Comprometido Deterioro elevado/ riesgo de pérdida Sistema expositivo original Sistema expositivo actual Estudios realizados sobre el modelo anatómico de cera Diagnosis artística FÍSICO QUÍMICO RX UV TAC SI NO Documentación fotográfica Luz frontal Macrofotografía Luz rasante Luz transmitida 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 227 h Ficha técnica de conservación REGISTRO DE LOS DAÑOS Registro realizado por: Mario Danzè Mapas de daños/cartografías digitales Leyenda de daños Fisuras y deformaciones Leyenda Pérdidas de material Leyenda Alteraciones cromáticas Leyenda Craquelado Abrasiones Depósitos no adheridos Fractura Erosiones Depósitos adheridos Grieta Pérdidas volumétricas Manchas Fisura Degradación diferenciada Siglado y/o etiqueta Microfisura Laguna Alteración cromática Desplazamiento Separación Leyenda Deformaciones Placas Colonización biológica Leyenda Exfoliación Colonización biológica Abolsados 4. El museo veterinario complutense y los estándares para la documentación, catalogación y gestión de sus colecciones 228 Ficha técnica de conservación INTERVENCIÓN DE CONSERVACIÓN-RESTAURACIÓN DATOS DE REGISTRO Conservador-restaurador responsable: Alicia Sánchez Ortiz Conservador-restaurador contratado: Elena Rodríguez González de Canales Fecha de registro: 01/12/2017 Duración de la intervención: Lugar de la intervención: Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid INTERVENCIÓN SOPORTE INTERVENCIÓN ESTRUCTURA INTERVENCIÓN PIEZA CERA Tipo de intervención: Conservación preventiva Conservación curativa Intervención de restauración Tipo de intervención: Conservación preventiva Conservación curativa Intervención de restauración Tipo de intervención: Conservación preventiva Conservación curativa Intervención de restauración TRATAMIENTOS SOPORTE TRATAMIENTOS ESTRUCTURA TRATAMIENTOS PIEZA CERA Desinfectado y/o desinsectado Limpieza superficial Limpieza física Limpieza química Eliminación de deformaciones Consolidación Adhesiones y refuerzo de elementos Reintegración volumétrica Reintegración cromática Barnizado o capa de protección Observaciones: __________________ ______________________________ Desinfectado y/o desinsectado Limpieza superficial Limpieza física Limpieza química Eliminación de deformaciones Consolidación Adhesiones y refuerzo de elementos Reintegración volumétrica Reintegración cromática Barnizado o capa de protección Observaciones: __________________ ______________________________ Desinfectado y/o desinsectado Limpieza superficial Limpieza física Limpieza química Eliminación de deformaciones Consolidación Adhesiones y refuerzo de elementos Reintegración volumétrica Reintegración cromática Barnizado o capa de protección Observaciones: __________________ ______________________________ RECOMENDACIONES PARA LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA Mantener en unas condiciones estables de temperatura y humedad. Conservar dentro de vitrinas de cristal con termohigrómetro. Se recomienda una iluminación con lámparas tipo led. - Rangos de temperatura: 18-20ºC - Rangos de humedad relativa: 40-50% - Rangos de radiación lumínica: 150-180 lux y radiación UV de ±75 µW/lm Establecer una revisión periódica realizada por un conservador-restaurador especializado en ceroplástica anatómica. No se recomienda su préstamo. Figura 128. Ficha técnica de conservación-restauración para modelos en ceroplástica. Elaboración propia, 2021. 5. Factores de alteración y principales deterioros 229 5 FACTORES DE ALTERACIÓN Y PRINCIPALES DETERIOROS os principales factores de deterioro en las colecciones de ceroplástica anatómica se pueden diferenciar en dos grupos: los factores intrínsecos y los factores extrínsecos de degradación. Conocerlos en profundidad es fundamental para relacionarlos con las patologías que provocan en los modelos veterinarios en cera y poder tomar decisiones en cuanto a la conservación-restauración de este patrimonio. En la colección veterinaria en ceroplástica, conservada en el Museo Veterinario Complutense, pueden encontrarse numerosos ejemplos del efecto provocado por estos factores de degradación, siendo especialmente importantes los agentes antrópicos. La ubicación actual del museo no se considera el más apropiado para salvaguardar el patrimonio que contiene. Como parte de un plan museológico que se encuentra aún en proceso de transformación, las colecciones más significativas del museo fueron ubicadas en el denominado “Almacén visitable” (fig. 129), un espacio del Museo Veterinario Complutense donde se conservan, entre otros, los modelos anatómicos de cera y de papel maché. Gracias al profesor Joaquín Sánchez de Lollano y a diversos centros y departamentos con carácter multidisciplinar de la Universidad Complutense de Madrid (Sánchez de Lollano et al., 2015: 164), este espacio fue lo mejor acondicionado, dentro de las posibilidades y con los recursos disponibles, para introducir las colecciones en vitrinas de cristal y crear un recorrido de visita guiada, evitando los posibles impactos, golpes y otros factores de deterioro. L 5. Factores de alteración y principales deterioros 230 Figura 129. Plano del “Almacén visitable” del Museo Veterinario Complutense. Fuente: Sánchez de Lollano, 2015. Para evaluar los deterioros generales y particulares existentes en los modelos didácticos que conforma la colección, se ha seguido la clasificación de los 10 agentes o factores de alteración contenidos en las recomendaciones de la Guía de Gestión de Riesgos para el Patrimonio Museológico del ICCROM (Michalski y Pedersoli, 2016: 70-71). La lista de agentes de degradación del Patrimonio, fue propuesta, en 1990, por Stefan Michalski e incluida por el CCI en su publicación de 1994, Framework for Preserving Heritage Collections. Hasta el año 2014, la lista constaba de nueve agentes de deterioro, que se ampliaron a diez tras la inclusión del deterioro por descuido y la falta de custodia de las colecciones, que incluye disociación del patrimonio museológico. Mientras que los nueve agentes de deterioro restantes consideran problemas sobre el estado físico de los objetos, el de disociación atiende a la pérdida de su valor intangible. Estos factores son: temperatura incorrecta, humedad relativa incorrecta (H.R.), luz y radiación ultravioleta, contaminantes, fuerzas físicas, actos vandálicos, plagas y ataque biológico, disociación (o descontextualización), fuego y agua (Michalski y Pedersoli, 2016: 70-71). Asimismo, se ha considerado útil seguir las recomendaciones del Canadian Conservation Institute (CCI) (Canadian Conservation Institute, 2021), lo que ha permitido clasificarlos en dos categorías: aquellos deterioros derivados del envejecimiento natural, considerados factores intrínsecos, y los originados como consecuencia del entorno, ya tengan un componente humano o medioambiental, como factores extrínsecos. 5. Factores de alteración y principales deterioros 231 5.2. Factores intrínsecos de degradación La naturaleza de los materiales componentes de los modelos anatómicos en ceroplástica es determinante en la evolución particular de cada pieza. La presencia de unos aditivos u otros en las pastas de cera puede suponer una sensibilidad mayor a ciertos deterioros, como en el caso de algunos modelos estudiados en la bibliografía de referencia, cuyo elevado contenido en almidón suponía una mayor sensibilidad de las superficies a la humedad en comparación con otras colecciones sin dicho aditivo (Colinart et al., 1987: 76). El componente mayoritario de los modelos estudiados es la cera de abejas, uno de los materiales orgánicos más perdurables utilizados como medio artístico. Algunas esculturas de la colección veterinaria Complutense se concibieron para ser expuestas sobre peanas de madera y poseen estructuras metálicas, de hueso natural o de yeso. En casos puntuales, como en el modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590), el ceroescultor incluyó ojos de cristal para imitar la humedad ocular (fig. 130). Estos materiales poseen su propio proceso de envejecimiento y reaccionan de manera diferente a como lo hacen las pastas de cera ante los agentes de deterioro externos. La cera de abejas es un producto natural de procedencia animal, secretado por el insecto Apis mellifera o abeja de la miel para fabricar sus colmenas. El componente principal de este material es el miristato de cerilo, un conjunto de ésteres del ácido cerótico (un ácido graso de cadena larga, derivado de alcoholes monohidroxílicos de cadena larga, responsable de las propiedades hodrofóbicas de las ceras) e hidrocarburos. Berzioli y sus colabores expusieron una explicación detallada de dichos Figura 130. Detalle. Ojo de cristal del modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Fuente: Luis Castelo, 2015. componentes de la cera de abejas y advirtieron de que, aunque estos son los componentes principales, la cera contiene otras sustancias que la hacen más compleja,como flavonoides, dioles, terpenos, etc., pero que aún no han sido determinados por la ciencia. Cuando la cera de abejas no se encuentra adulterada con la adición de otros componentes, posee una densidad entre 0,958 y 0,970 g.mL-1 a 15ºC y un punto de fusión de 63ºC (Berzioli et al., 2010: 34). Como se ha indicado, la cera de abejas se caracteriza por producir superficies con un marcado carácter hidrófobo y electrostático como consecuencia de sus características químico- físicas. Con el paso del tiempo, su índice de elasticidad y de maleabilidad originales se ven alterados como consecuencia de la reticulación de las cadenas poliméricas que la componen y como consecuencia de la migración de plastificantes naturales dentro del material. Es el resultado de la pérdida parcial de hidrocarburos y de la acidificación por una oxidación progresiva de los compuestos menos estables y de la evaporación de los que posean mayor volatilidad, como en el caso de la sublimación del ácido palmítico formado por una hidrólisis de los ésteres (Regert et al., 2001: 560-561; Berzioli et al., 2010: 49; Fischer y Eska, 2011: 1). Así pues, la evolución material 5. Factores de alteración y principales deterioros 232 natural de la cera de abejas, se puede incluir como parte de los factores de deterioro internos de los modelos anatómicos en ceroplástica. Algunos autores advierten de un aumento de la fragilidad de las pastas de cera con el paso del tiempo (Lang et al., 2010: 6; Berzioli et al., 2010: 46). En la información relativa a las listas de materiales empleadas para la elaboración de los modelos anatómicos por los ceroescultores de la Escuela madrileña, se menciona la adquisición de cera de abejas blanqueada (Bonells y Lacaba, 1820: 500). Si bien, en la mayoría de los legajos no se especifica si se solicita cera virgen o cera blanqueada, es probable que en la producción de la ceroplástica anatómica se utilizara principalmente blanqueada o mezclada con la cera virgen, como indican las publicaciones de la época. Cuando la cera de abejas se trata para blanquearla, los propios aditivos y la adulteración del material, se convierten en catalizadores e iniciadores de las reacciones intrínsecas naturales. Aunque la alteración proporcionada por la radiación ultravioleta del sol parece suficiente para blanquear la cera virgen, tratadistas como Vicente Requeno indican que ya los artistas grecolatinos empleaban sustancias de carácter básico (como el nitro (nitrato potásico) para convertir la cera de abejas virgen en cera blanca, purificada o blanqueada, también denominada cera púnica (Astorgano, 2012: 354). El tratadista García de la Huerta explica paso a paso el proceso de blanqueado con agua de mar y nitro (Huertas, 2010: 224-227). En un manual de técnicas artísticas, Manuel Huertas incluye otras dos maneras de blanquear la cera virgen recomendadas por los tratadistas: mediante la cocción de esta en esencia de trementina (lo que puede dejar residuos resinosos en el producto blanqueado) y por tratamiento con tierras de blanqueo o productos químicos, como el nitrato potásico o el ácido sulfúrico (Huertas, 2010: 225). Por otro lado, las pastas de cera se encuentran compuestas de resinas como Trementina de Venecia y resina de colofonia, sebo o grasa animal y pigmentos. Todos estos materiales modifican las propiedades iniciales de maleabilidad de la cera. La adición de cargas como yeso o calcita también alteran las propiedades físicoquímicas de la cera de abejas. Cada uno de los aditivos sufre su propia evolución material y degradación intrínseca. Como consecuencia del envejecimiento natural de la cera de abejas y sus aditivos, pueden formarse cristalizaciones blanquecinas77 debidas a la presencia de ácido palmítico y esteárico derivados de la hidrólisis de los triglicéridos o de la estearina. Este residuo blanco también puede ser la consecuencia de una migración de los alcanos más ligeros hacia la superficie (Regert et al., 2001: 556; Berzioli et al., 2010: 34; Gabbriellini et al., 2013: 43). Los recubrimientos finales presentes en los modelos tridimensionales de cera de la colección veterinaria, son de tipo pináceo en casi todos los casos. Se trata de un barniz de resinas diterpénicas que, al envejecer junto a la Trementina de Venecia (también obtenida de las resinas pináceas), da lugar a radicales libres de ácidos y alcoholes. Estos elevan la solubilidad y sensibilidad de las pastas de cera a los disolventes orgánicos y reaccionan con los demás componentes durante las diferentes etapas de autooxidación (iniciación, propagación y terminación/finalización) (Feller, 2004: 187). Por ejemplo, los ácidos carboxílicos, así como los compuestos bicíclicos (labdanos) y los tricíclicos (abietanos y piranos) pueden formar jabones en ambientes alcalinos y reaccionar con otros componentes (Berzioli et al., 2010: 38). Debe tenerse en 77 Para consultar los resultados sobre el análisis de esta pátina blanquecina en otras investigaciones sobre modelos tridimensionales de cera, ver: Bartl et al., 2015: 509-513; Novotná y Dernovšková, 2002: 256–269. 5. Factores de alteración y principales deterioros 233 cuenta que algunos materiales constituyentes de las pastas de cera podrían comportarse como “contaminantes secundarios”, desencadenantes de reacciones físicoquímicas que tienen consecuencias sobre la estabilidad material del objeto (Canadian Conservation Institute, 2021). Debe tenerse en cuenta también que cada modelo de la colección veterinaria pertenece a un momento temporal diferente y, en algunos casos, a varios artífices. Esta circunstancia, junto con la habitual heterogeneidad de componentes y mezclas entre las piezas de un mismo autor, puede generar un comportamiento individual de cada modelo ante el paso del tiempo. Además, el objetivo didáctico con el que fueron creadas convierte estos modelos en objetos a caballo entre obras duraderas y obras hechas para una manipulación que llevaría, sin duda, a daños materiales. Figura 131. Modelo de Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Fuente: Luis Castelo, 2017. La técnica ceroplástica exige un conocimiento profundo de los materiales y de la metodología de fabricación para evitar producir modelos defectuosos o con imperfecciones. Una elaboración mediante moldes, como la que usaron los artífices de la Escuela Veterinaria, ha tenido como resultado algunos defectos derivados de la metodología de vertido: en varios casos como el de la imagen (fig. 131), se han apreciado cambios de color y manchas en las zonas de las piezas que estuvieron en contacto directo con los moldes. Este efecto se debe, probablemente, a un decantado de los pigmentos o cargas de la pasta de cera durante su enfriamiento en el molde. Otra característica que puede observarse puntualmente en alguna de las esculturas es una superficie rugosa o irregular debido a la presencia de burbujas de aire durante la colada o vertido de la pasta de cera en caliente, como ocurre en la superficie estriada del modelo de Caballo pequeño (rfa. MV-590) (fig. 132). Este efecto se produce por calentar excesivamente la pasta y generar una gran diferencia de temperatura con el molde de yeso, o por la metodología de vertido y preparación de la pasta de cera. La acción de las burbujas podría considerarse un deterioro puesto que una superficie irregular tiende a facilitar la incorporación del particulado atmosférico y la condensación de la humedad. Sin embargo, forma parte de la historia material de la pieza y deben conservarse durante cualquier intervención de conservación o restauración. 5. Factores de alteración y principales deterioros 234 Figura 132. (Izquierda) Detalle de la superficie con burbujas en del modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590); (Derecha) Modelo completo. Atribuido a Luigi Franceschi. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2015. Una metodología errónea en la fabricación del modelo puede tener consecuencias muy graves para la pieza. Algunos modelos han requerido de diferentes coloraciones de la pasta de cera para simular el pelaje del animal y diferenciarse del tejido miológico, óseo, etc., requiriendo al ceroescultor la adición de materiales diferentes en cada estrato superpuesto de pasta cerosa. Es el caso de uno de los modelos de Gestación de yegua (rfa. MV-683) donde se observa un problema de separación de capas debida, probablemente, a dicha diferencia de composición en la pasta de cera de color pardo con respecto a la pasta de cera subyacente, de color amarillo (fig. 133). La hipótesis podría ser que los aditivos del estrato pardo, que imita el pelaje del animal -con una cera más dura o una adición de pigmento muy elevada para colorear la pasta-, se ha comportado contrayéndose y separándose de la capa inferior por envejecer de manera diferente y responder diversamente a los agentes atmosféricos. Figura 133. (Izquierda) Detalle del abolsado y separación de los estratos cerosos en el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-683); (Derecha) Zona amplificada del deterioro en el modelo. Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. La madera de las peanas posee un carácter heterogéneo y anisótropo que, de forma natural, tenderá a reaccionar de manera diferente a las tensiones recibidas. Dichas tensiones pueden ser generadas por las oscilaciones en la humedad relativa y la temperatura, por el tipo de anclajes que unen las tablas, el peso de los modelos en cera que soportan, etc. Puesto que la madera es un material mucho más higroscópico que las pastas de cera, los cambios dimensionales y movimientos de ambos elementos serán muy diferentes generando tensiones entre sí. En los casos en los que el modelo anatómico en ceroplástica se encuentra unido a la peana por pastas cerosas 5. Factores de alteración y principales deterioros 235 o cuando su peso es elevado y se apoya en la peana, los esfuerzos mecánicos sufridos por la madera pueden originar grietas y fisuras en el material ceroso. El metal utilizado como estructura de soporte posee, por lo general, una superficie lisa y con poco poder de sujeción de las capas superpuestas de cera. Sumado a la ausencia de porosidad y las demás características de las pastas de cera, puede derivar en un deslizamiento de los estratos hasta deformarse, quebrarse o perderse. En los soportes de yeso de la colección veterinaria, como en el caso del modelo de Bazo de équido (rfa. MV-771), las consecuencias del envejecimiento de las colas naturales utilizadas como aglutinantes y las características alcalinas intrínsecas del propio yeso, producirán amarilleos y reacciones de hidrólisis de los ésteres y ácidos grasos de las pastas de cera con las que se encuentre en contacto. El hueso puede presentar deterioros intrínsecos, en ocasiones procedentes de la patología del animal del que se ha extraído (por ejemplo, osteoporosis o deterioro en la cabeza del fémur) y en otros casos derivadas de los tratamientos de descarnado (Padilla, 2015:10). Sobre algunas superficies ceroplásticas, como en el modelo didáctico Ligamento nucal (rfa. MV-670), coexiste con otros deterioros, como un exudado oleoso. Como se ha explicado, puede haberse originado por la migración de los componentes grasos de las pastas de cera. Sin embargo, este estrato graso es único en los modelos con estructuras de hueso natural, por lo que podría tratarse de una migración de la grasa ósea. La elevada alcalinidad del medio empleado en el proceso de extracción de la carne del animal, junto con la oxidación natural de la fracción calcárea del hueso natural, puede reaccionar con los componentes de la cera y formar jabones, hidrolizando la fracción grasa, que migra hacia la superficie favorecida por las altas temperaturas (Padilla, 2015:10). 5.2. Factores extrínsecos de degradación Dentro de los factores extrínsecos de degradación pueden englobarse tres tipos de agentes de deterioro: los agentes abióticos, bióticos y antrópicos. Aunque se presenten de manera independiente, estos factores se encuentran relacionados e incluso, en la mayoría de los casos, dependen unos de otros. Ocurre lo mismo con los factores intrínsecos mencionados, por lo que debe tenerse en cuenta las combinaciones más peligrosas de agentes de deterioro para comprender correctamente los procesos y mecanismos de degradación en los modelos de cera. 5.2.1. Agentes abióticos Los agentes de deterioro abióticos corresponden a aquellos factores medioambientales que, individual o simultáneamente, comportan un riesgo de alteración para los modelos anatómicos en ceroplástica. Puesto que son condiciones externas a las colecciones y los ecosistemas varían en función del ámbito geográfico, es necesario establecer los parámetros en los que dichos agentes medioambientales son capaces de causar deterioros en las piezas de cera. Para ello, se han analizado las consecuencias de una temperatura incorrecta, la humedad relativa incorrecta (H.R.), la luz y radiación ultravioleta y los contaminantes. Si bien, el control de los factores abióticos es una prioridad en todos los museos nacionales e internacionales, en el Museo Veterinario aún no se ha podido consolidar un plan de prevención 5. Factores de alteración y principales deterioros 236 para evitar los riesgos de deterioro. Además, para comprender el estado de conservación actual de cada una de las piezas expuestas hoy en sus vitrinas, es necesario analizar cómo los factores medioambientales actuaron en el pasado, generando casi todas las patologías que sufre la colección. 5.2.1.1. Temperatura incorrecta Como define Michalski, una temperatura incorrecta es aquella que afecta negativamente a la conservación de una colección o a un tipo de objetos concretos (Michalski, 2017). En el caso de los modelos anatómicos realizados en ceroplástica, la ductilidad y plasticidad de la cera de abejas, propiedades tan apreciadas por los artistas, forman parte de una sensibilidad natural a la temperatura elevada. Sin embargo, cuando esta se sitúa por encima de los 30ºC, la naturaleza amorfa de la cera comienza a sufrir modificaciones graves e irreversibles. Se podría establecer el punto de ablandamiento, maleabilidad o estado pegajoso en un intervalo entre 40-45ºC (Berzioli et al., 2010: 34 y 43); mientras que la temperatura a la que empieza a fundirse, es decir, su punto de transición vítrea (Tg), se encuentra en torno a los 63-64ºC. Temperaturas demasiado bajas también causan deterioros debido a que aumenta la fragilidad de los materiales poliméricos, como es el caso de las resinas naturales incorporadas a las pastas de cera como aditivos. El Museo Veterinario Complutense no dispone de un sistema de control medioambiental, por lo que las fluctuaciones entre temperaturas probablemente oscilen entre los 30ºC en los meses más cálidos y los 10º-15C en las noches invernales. La variación térmica o fluctuación (o gradiente térmico) de temperatura suele ser objeto de preocupación en todos los museos. En la colección veterinaria ha conllevado la dilatación y contracción constante de los estratos cerosos dando lugar a la separación entre unos y otros, así como a deformaciones, pérdidas matéricas, ensanchamiento de grietas y migración de los componentes con puntos de transición vítrea, como en el caso del sebo animal. Los soportes metálicos, óseos, lígneos o de yeso, pueden sufrir el mismo estrés físico, pero a un ritmo e intensidad diferentes a los de las pastas de cera, lo que da lugar a fracturas, separaciones del soporte, rotura, etc. Además, una combinación de temperaturas elevadas con su descenso brusco en cuestión de horas, días o meses, contribuye a un aumento de la oxidación y de la polimerización de algunos de sus componentes, alterando el índice de elasticidad y maleabilidad originales. Dichos cambios físicos se traducen en un aumento de la rigidez (elevando su sensibilidad a los esfuerzos mecánicos, como las vibraciones) y de variaciones de color en las pastas de cera (Fischer y Eska, 2011: 1). La fatiga mecánica derivada de los ciclos sucesivos de dilatación-contracción, debidos a los cambios termohigrométricos del ambiente, causan efectos muy negativos a largo plazo en los materiales. Además, cuando los modelos sufren temperaturas elevadas, el bajo punto de transición vítrea y la naturaleza electrostática de sus componentes (la cera de abejas, las grasas animales, etc.), convierten las superficies en un estrato blando que favorece la inclusión del particulado atmosférico en la primera capa del estrato ceroso. Dicha naturaleza electrostática es mucho más intensa en un medio apolar como la cera que en otros materiales más polares78. 78 Esto es debido a la constante dieléctrica. La constante dieléctrica Ꜫ es una magnitud física que cuantifica la capacidad de un material para acumular carga eléctrica. En el caso de los hidrocarburos, este parámetro es muy bajo, aproximadamente de 2, mientras que otros materiales como el agua tiene un valor de 78,5. 5. Factores de alteración y principales deterioros 237 Puesto que la cera es un material no poroso, no absorbe los gases o pequeñas partículas ambientales como lo haría un modelo de yeso o de hueso. Sin embargo, posee la capacidad de adsorber79, dando lugar a la adhesión (por adsorción) de las moléculas de los fluidos presentes en el ambiente en forma de aerosol a la superficie cérea sólida (adsorbente) mediante atracción intermolecular80. Esta capacidad es especialmente importante cuando los modelos tridimensionales de cera conviven con piezas o especímenes de naturaleza diferente, por ejemplo, los órganos conservados en líquidos conservantes en contenedores no estancos. 5.2.1.2. Humedad relativa incorrecta La humedad relativa (HR) no es un agente de deterioro especialmente agresivo para las pastas de cera, puesto que estas poseen una naturaleza no higroscópica o hidrorrepelente. Sin embargo, una humedad relativa superior al valor crítico de la cera de abejas puede favorecer la hidrólisis de los enlaces de los ésteres, y si es de tipo alcalina, puede originar la saponificación de sus ácidos grasos. Cuanto más envejecida se encuentre la cera, más fuerte será el efecto de un pH alcalino sobre ella: el grado de saponificación dependerá de la fuerza de la base y de las condiciones ambientales de hidrólisis (tiempo, temperatura), además del contenido de ésteres de la pasta de cera (Berzioli et al., 2010: 34). Por otro lado, una humedad relativa fluctuante combinada con cambios de temperatura puede crear problemas de condensación en forma de gotas cuando la temperatura ambiente desciende drásticamente (humedad de saturación) en los modelos huecos o dotados de grandes volúmenes. Además de producirse una diferencia térmica entre zonas de un mismo modelo, esta humedad contribuye al deterioro de los recubrimientos resinosos que protegen a las superficies frente a la acción de otros agentes de degradación, como la polución atmosférica. La interacción de los agentes atmosféricos, especialmente la humedad relativa y las altas temperaturas, favorece el envejecimiento de los aditivos oleosos, como la manteca de cerdo y los aceites vegetales, creando exudaciones grasas que migran hacia la superficie (Berzioli et al., 2010: 34). Los materiales que sirven de soporte y exposición de los modelos anatómicos también pueden verse afectados por una humedad relativa elevada, como ocurre en el caso del modelo Testículos de équido (ref. MV-673 y MV-673/1), que ha sufrido una reacción de oxidación (figura 9). En las peanas de madera, la humedad ha provocado dilataciones, contracciones y deformaciones en las tablas que las componen. Estos movimientos han dado lugar, a su vez, al desplazamiento y vibración de los soportes metálicos internos que sustentan los modelos anatómicos, por encontrarse anclados a dicha peana. Como consecuencia, las pastas de cera han sufrido agrietados y tensiones, como ha sucedido con el Ligamento nucal (rfa. MV-670) (fig. 134). 79 Se recuerda que la absorción es un fenómeno que sucede en el interior de las masas, mientras que la adsorción se produce en las superficies de los objetos. 80 Para que un material actúe como adsorbente debe ser lipófilo e hidrófobo. La cera de abejas atrae de manera natural los hidrocarburos y repele el agua, por lo que cumple las características de un material adsorbente. 5. Factores de alteración y principales deterioros 238 Figura 134. (Izquierda) Detalle del deterioro por oxidación en parte del sistema de soporte metálico en el modelo Testículos de équido (rfa. MV-673 y MV-673/1). (Derecha) Detalle de la peana del modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2018. Las características materiales del yeso natural se ven alteradas ante una exposición a los agentes de deterioro externos (especialmente a la humedad relativa y a los cambios bruscos de temperatura). Estos pueden ocasionar alteraciones físicoquímicas que derivan en cambios de coloración, pulverulencia, desgastes y pérdida de resistencia, especialmente la polución ácida reacciona químicamente donde el yeso se encuentra en contacto con el estrato de particulado atmosférico (Bermúdez et al., 2001: 66). En los casos en los que la base de yeso se ha sustentado o anclado con elementos metálicos, se han observado alteraciones relacionadas son su oxidación. Los productos derivados de las reacciones físicoquímicas producidas por el contacto con la humedad, proveniente del propio yeso o del ambiente, son capaces de teñir y alterar las pastas de cera y el resto de los materiales. Aunque no se ha podido realizar un estudio climático del espacio donde se conservan actualmente los modelos anatómicos veterinarios, se tiene constancia de que la temperatura y la humedad relativa ambientales es muy variable. Se calcula que la temperatura puede oscilar desde los 10-15ºC en las noches más frías del invierno, para elevarse hasta los 25-28ºC en los días más cálidos del verano. La humedad relativa también debe ser muy variable, pues el agua de lluvia entra por debajo de la puerta trasera, a menudo elevando los valores, que descienden drásticamente en las épocas más secas del año, en las que pueden pasar semanas sin llover. Las estadísticas de la temperatura y humedad en la ciudad de Madrid durante el año 2020 se pueden consultar en la imagen (fig. 135). Estas gráficas ofrecen una idea de lo variables que deben ser en la sala del Museo, sin ningún tipo de aislamiento con el exterior. 5. Factores de alteración y principales deterioros 239 Figura 135. Histograma de la Comunidad Autónoma de Madrid en el año 2020. Fuente: Meteoblue S.L. 5.2.1.3. Luz y radiación ultravioleta En la colección de modelos de cera conservados en el Museo Veterinario Complutense, las radiaciones solares directas recibidas durante los traslados y los lugares de exposición inadecuados, con la consecuente acumulación de radiación ultravioleta (UV) en combinación con la variación térmica, han dado lugar a ciclos de dilatación-contracción repetidos durante años. Estas recciones del material han generado un estrés físico que ha acabado por fracturar la capa de pasta de cera por el punto más débil (grietas, separación entre estratos cerosos, deformaciones, etc.). Hay que recordar que la luz solar es un agente de deterioro para todos los materiales orgánicos, dada su capacidad para activar los procesos de deterioro, que derivan en la ruptura de las cadenas y reacciones químicas. Las longitudes de onda por encima y por debajo del rango visible, IR y UV respectivamente, son la causa de daños importantes. Cuanto menor es la longitud de onda, mayor es el efecto de decoloración de los materiales. En los modelos anatómicos, la radiación lumínica poco controlada (procedente de una iluminación tanto natural como artificial), ha derivado en cambios físicoquímicos de carácter grave, decolorando las pastas de cera y ha vuelto muy rígidas los estratos más expuestos, especialmente en combinación con los efectos de la oscilación térmica. La radiación lumínica puede incrementar la polimerización de las resinas naturales. Aunque actualmente los modelos veterinarios no se encuentran expuestos a una fuente de iluminación tan potente como el sol, reciben radiaciones provenientes de la iluminación artificial. Algunos autores mantienen que la luz, a corto plazo, influye de modo menos relevante en la conservación de la cera que factores como la temperatura, excepto si hay pigmentos de origen orgánico sensibles a la luz mezclados con la cera (Berzioli et al., 2010: 34). Una acumulación de 5. Factores de alteración y principales deterioros 240 radiaciones puede alterar mediante procesos fotoquímicos la intensidad de los pigmentos que tiñen las pastas de cera y provocar cambios físicos en las resinas naturales o en los aditivos como la Trementina de Venecia o el sebo animal. La iluminación del espacio del Museo Veterinario Complutense donde se conservan los modelos de cera es artificial y se colocaron lámparas de luz fría, sin embargo, no se ha controlado la temperatura que emiten estos focos de luz. Los valores altos de radiación (con la radiación UV como aquella más agresiva) y la acumulación de la radiación a largo plazo deben controlarse, ya que estos intensifican la decoloración o el amarilleo de la cera (Lang et al., 2010: 5). Junto con las pastas de cera, componentes principales de los modelos veterinarios, debe considerarse que los barnices de resinas naturales son altamente sensibles a la radiación lumínica y a la hidrólisis cuando estas se encuentran envejecidas. Al oxidarse se acidifican y comienzan a ser solubles a polaridades entre 70-80 fd. El proceso y etapas de oxidación y formación de radicales libres (responsables de la acidificación) de las resinas naturales, se puede consultar en la publicación de Feller (Feller, 2004: 199). 5.2.1.4. Contaminantes Los contaminantes son los compuestos químicos que se encuentran suspendidos en el aire dentro de las salas de los museos y que, en contacto con otros agentes de deterioro, con las superficies escultóricas o con otros contaminantes, pueden experimentar reacciones químicas que supongan deterioros graves en los modelos anatómicos de cera. Otro tipo de contaminante es el que puede desprender alguno de los objetos que se encuentra dentro de la vitrina o del sistema de exposición cerca de la escultura. La alteración del color debido a la formación de un grueso estrato de particulado atmosférico o a la degradación de los colorantes o pigmentos añadidos son exponencialmente más comunes. Las partículas de polvo suelen encontrarse más adheridas en las superficies de los modelos que carecen del mencionado estrato de barniz de recubrimiento, común en este tipo de piezas (Berzioli et al., 2010: 34). Dicho particulado atmosférico se puede clasificar en función de su naturaleza: inorgánica inerte, orgánica inerte y orgánica viable. Los compuestos basados en partículas de arena, metales o sales se denominan inorgánicos inertes, aunque no significa que no sean reactivos; los orgánicos inertes se componen fundamentalmente de partículas de carbono y derivan en su mayoría de organismos vivos; y los orgánicos viables son partículas capaces de evolucionar y germinar o mantenerse en estado latente, como los hongos y las bacterias (Kochevar, 2006: 6). Estudios pormenorizados de la contaminación atmosférica en núcleos urbanos como Madrid indican que el 67% de los periodos más importantes de concentración de partículas tienen un origen antropogénico (emisión de partículas por el tráfico rodado, por los sistemas de calefacción y refrigeración, etc.), mientras que, el 25% de los episodios de polvo norteafricano corresponderían a un origen natural y el 8% de recirculación de masas de aire de carácter regional a otros factores (Salvador, 2005: 147). Probablemente, el particulado de tipo inorgánico inerte más abundante en el entorno del Museo Veterinario Complutense sea el carbono no-mineral, originado por los contaminantes combustibles del tráfico rodado y calderas, y ciertos metales (Pb, V, Ni, Cd, nmSO42- y NH4+). La asociación de los compuestos inorgánicos secundarios 5. Factores de alteración y principales deterioros 241 generados por estos contaminantes combustibles, son los responsables de la formación de partículas de sulfato de amonio de un tamaño muy fino (ambiente ácido), así como de la suspensión de NO3-, que se asocia con cationes de origen mineral como Ca2+, Mg2+ o Na+, dando lugar a los correspondientes nitratos cálcico, magnésico y sódico (ambiente alcalino o básico) (Salvador, 2005: 242). La ubicación del edificio entre dos importantes vías de circulación de la ciudad de Madrid, muy probablemente suponga la presencia de aerosoles procedentes de la combustión del tráfico rodado. Como se ha explicado previamente, cuando las superficies cerosas se encuentran expuestas a temperaturas demasiado elevadas integran en su primer estrato todo tipo de aerosoles y particulado atmosférico. Estos factores de deterioro se han observado en la colección veterinaria estudiada. Todas las piezas presentan un estrato más o menos adherido de particulado atmosférico, dependiendo de la capacidad que la capa de recubrimiento resinosa haya tenido para aislar las pastas de cera del ambiente. También los barnices de recubrimiento se ven saturados por unos depósitos ácidos que, combinados con una humedad relativa elevada, ionizan los estratos más superficiales. Aunque no sea el caso del Museo Veterinario Complutense, es necesario mencionar lo agresivos que son, para los modelos en ceroplástica, los contaminantes provenientes de las preparaciones anatómicas, los órganos y fragmentos animales naturales contenidos en recipientes con líquidos conservantes (formaldehidos o alcoholes), así como los cuerpos momificados o disecados. En muchos museos de anatomía conviven dentro de la vitrina o del contenedor de almacenaje numerosas piezas naturales con las piezas de cera, creando saponificación de las superficies cerosas, blanqueamientos y exudaciones de componentes de las pastas y cambios de color. Si bien, no es el caso de los modelos en cera del Museo Veterinario Complutense, es importante puntualizar que una situación en la que se combina la presencia de depósitos de particulado elevados y una ausencia de aislamiento, puede contribuir a la aparición de hongos y microorganismos, o de insectos y otros seres vivos provenientes de los otros modelos. En las colecciones en ceroplástica, el particulado orgánico inerte favorece el medio de cultivo de estos, que se combina con un microclima nocivo de vapores disolventes en altas concentraciones dentro de las vitrinas, procedentes de los contenedores mal sellados. Además, la proporción de humedad en forma de vapor de agua natural del aire, proveniente de la evaporación de los materiales orgánicos y de los líquidos de conservación, sumado al generado durante el metabolismo en el desarrollo de microorganismos, favorece la germinación de las colonias microbianas, así como el desarrollo de numerosas especies de hongos y bacterias (Valentín y García, 1999: 86). El metal no experimenta cambios dimensionales tan extremos como la madera o el hueso natural, pero se oxida y pierde la adherencia con las capas de cera superpuestas. En museos urbanos, como el de la Facultad de Veterinaria, los contaminantes provenientes del tráfico rodado son el ácido acético y fórmico, los compuestos orgánicos volátiles (COV), los derivados de la combinación con el azufre o el ozono. Estos compuestos interaccionan en los metales, combinados con la HR y la temperatura (Lafuente et al., 2011: 142). Los muebles destinados a la exposición de las piezas suponen también un elemento de riesgo cuando se encuentran barnizados recientemente o en el caso de un control deficiente de las condiciones climáticas en su interior, que pueden derivar en un incremento de la temperatura 5. Factores de alteración y principales deterioros 242 y una concentración de la humedad. Algunos elementos de degradación de la madera de las vitrinas originales de los museos, como el ácido acético responsable de la enfermedad de Byne o el ácido fórmico, son capaces de provocar la reacción con los materiales calcáreos, creando eflorescencias salinas (Lafuente et al., 2011: 142). Cualquiera de los vapores provenientes de las maderas se añade a la degradación de sus barnices y, en la mayoría de los casos, los COV que se pueden encontrar dentro de las vitrinas, además de los ácidos ya mencionados, son compuestos acetaldehídos y el formaldehído. Este último en el caso de ser tableros de tipo aglomerado. Las condiciones de pH se ven modificadas debido a la combinación y deterioro de los materiales que se encuentran dentro de las vitrinas que, lejos de aislar eficazmente contra los contaminantes ambientales (Tétreault, 2003: 4), tampoco permiten una circulación del aire beneficiosa. 5.2.2. Agentes bióticos Por biodeterioro se entiende, en el campo de la conservación-restauración, todo aquel deterioro del objeto a preservar proveniente de una acción biológica: por animales vertebrados e invertebrados, microorganismos o plantas. La cera es un material orgánico que, a diferencia de la madera o los tejidos, no es objetivo habitual de insectos y otros animales. Probablemente sus componentes no aporten tantos nutrientes como la celulosa o los aglutinantes animales habituales en las obras pertenecientes al patrimonio histórico-artístico, que pueden atraer a roedores o insectos. Por otro lado, la hidrofobicidad de la cera de abejas y su ausencia de porosidad, no permite la condensación de la humedad a largo plazo, evitando ataques biológicos de bacterias u hongos. Sin embargo, ningún material se encuentra a salvo de un posible ataque biológico y, por ejemplo, casos como las pastas cerosas con almidón, modelos en cera policromadas con pigmentos al óleo -aglutinados con un aceite vegetal-, o las estructuras metálicas y peanas de madera que los sustentan, son susceptibles de todo tipo de deterioro biológico. Cuando la cera de abejas aún forma parte de los panales producidos por las abejas, suele ser recolectada por animales como aves o roedores como material para construir sus nidos, por lo que los modelos anatómicos en ceroplástica podrían ser objeto de algunos vertebrados habituales de los lugares de almacenaje mal acondicionados. También existen microorganismos y bacterias que se alimentan de las paredes cerosas de la colmena, detectados en unas manchas blancas y amarillo claro, además de producir la separación por capas de la cera. Por último, insectos como la polilla de la cera mellonella Gallerio y la larva de la mosca azul Calliphora vomitaria encuentran su medio de desarrollo larvario en la cera de abejas, alimentándose de ella hasta llegar a la edad adulta. No debe olvidarse que la cera de abejas en su estado natural -en las colmenas-, contiene otros materiales mezclados con altos valores nutritivos, como el propóleo o la miel. Además, aún no ha sido sometido a ningún procesado artificial -como el hervido para formar los panes o las técnicas de blanqueado-, por lo que es mucho más susceptible a sufrir un biodeterioro que aquella cera de abejas empleada en la fabricación de modelos anatómicos, pero nunca debe despreciarse la posibilidad de un ataque de este tipo a una colección de ceroplástica. 5. Factores de alteración y principales deterioros 243 Los depósitos de particulado son elevados en los ambientes museísticos y dentro de las vitrinas de exposición. La ausencia de ventilación y de mantenimiento conlleva riesgos de deterioro como la aparición de hongos y microorganismos, o de insectos y seres vivos provenientes de los otros modelos. El particulado orgánico inerte del que se pueden alimentar favorece el medio de cultivo y se combina con un microclima nocivo de vapores disolventes en altas concentraciones dentro de las vitrinas, provenientes de los contenedores mal sellados (Valentín y García, 1999: 86). Además, la proporción de humedad en forma de vapor de agua natural del aire, generado por la evaporación de los materiales orgánicos y de los líquidos de conservación, sumado al generado durante el metabolismo en el desarrollo de microorganismos, favorece la germinación de las colonias microbianas, así como el desarrollo de numerosas especies de hongos y bacterias (Valentín y García, 1999: 86). Figura 136. Detalle de ataque biológico, favorecido por una falta matérica, en el modelo Miología de buche (ref. MV-300). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2016. En los modelos de cera del Museo Veterinario Complutense no se han encontrado casos de ataque biológico, ni tampoco se indica en los documentos de archivo o en la bibliografía de referencia. Únicamente en el modelo Miología de buche (MV-300) (fig. 136) se detectó un antiguo anidamiento de algún insecto, que utilizó el volumen del modelo hueco probablemente como resguardo, puesto que no parece haber atacado directamente a la pasta de cera. Algunos de los aditivos de las pastas de cera son sensibles a la proliferación de hongos en presencia de humedad, como el almidón (Berzioli et al., 2010: 34). En el Museo Veterinario Complutense, los aditivos que podrían haber sido añadidos como cargas son de carácter mineral: el yeso, probablemente yeso dihidratado (CaSO4·2H2O), la alúmina (Al2O3), la calcita (CaCO3) (San Andrés y Chércoles, 2016: 23-24). Aunque los hongos no afectarían directamente a estos aditivos, su carácter higroscópico y las fluctuaciones termohigrométricas podrían generar acumulaciones de humedad puntuales, favoreciendo un medio de proliferación para los hongos. En ocasiones, se ha detectado un polvo blanquecino en algunas zonas de los modelos veterinarios, que podría identificarse como la actividad metabólica de microorganismos u hongos, que habitualmente presentan este aspecto o descaman la zona atacada. Sin embargo, se determinó que se trataba de una exudación de componentes cerosos mezclada con el particulado atmosférico y no de la presencia de ataque biológico (fig. 137). 5. Factores de alteración y principales deterioros 244 Figura 137. Detalle de la superficie del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (ref. MV-682) con manchas de color blanquecino y un amarilleo excesivo de las capas superficiales de pasta de cera. Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2016. 5.2.3. Agentes antrópicos Las fuerzas físicas pueden tener origen en los desastres naturales, como terremotos y otras catástrofes. Sin embargo, en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense, la mayoría de las causas han sido de carácter antrópico: guerra y vandalismo, manejo y manipulación inadecuadas, tránsito interno entre diferentes zonas del museo y entre edificios de la Escuela Veterinaria o sistemas y soportes expositivos diseñados de manera inadecuada para estos objetos. A menudo, estos factores de deterioro fueron generados por una manipulación inadecuada y/o durante un almacenaje en contenedores o lugares poco adaptados al material ceroso. Además, las fuerzas físicas tuvieron como consecuencia en numerosas ocasiones efectos de abrasión, vibración, impacto, presión o choque mecánico, generando diferentes deterioros en las pastas de cera en sus soportes. El Canadian Conservation Institute, define cada uno de estos términos (Canadian Conservation Institute, 2021): - Presión es la fuerza aplicada sobre una unidad de área de material. - Abrasión es el desgaste superficial del material cuando existe una fricción entre dos superficies. - Impacto es el resultado de algo que golpea un objeto, de un objeto que golpea una superficie dura o de varios objetos que se golpean entre sí. - Vibración es el movimiento oscilante de un objeto en relación con un punto de referencia fijo. - Choque mecánico es una respuesta energética de un objeto. Se caracteriza por generar desplazamientos y tensiones sustanciales. 5. Factores de alteración y principales deterioros 245 El material ceroso responde de manera diferente en función de su envejecimiento, ya sea como resultado de la evolución material o debido al efecto de otros agentes de deterioro. Por lo general, las pastas de cera son más sensibles a la deformación, a la presión y a la abrasión cuando ha pasado poco tiempo desde su fabricación. Sin embargo, cuando el tiempo y los factores ambientales han dado lugar a un incremento de su rigidez, la sensibilidad es mayor ante los impactos, las vibraciones y los choques. La presión debida a una manipulación inadecuada, generalmente incrementada gracias al calor de las manos de quienes tocan los modelos de cera, generan fácilmente deformaciones localizadas y causan marcas como huellas dactilares o arañazos. Esta presión ejercida sobre zonas concretas de las piezas también se debe, a menudo, al peso del propio modelo cuando ha sido colocado de una manera errónea, especialmente en los casos en los que la temperatura se eleva por encima de lo recomendable. La presión conlleva casi siempre otros deterioros, como las abrasiones y las deformaciones. La concentración de la carga en los modelos de cera se genera, a menudo, cuando se ha extraviado la peana y el modelo se ha apoyado sobre el fondo de la vitrina o contra otros objetos. En esta situación, las capas de cera externas sufren fuerzas de compresión que se extienden a toda la pieza, sobrecargando algunas zonas hasta crear grietas o deformaciones. El traslado a otras instituciones o el cambio de ubicación dentro del mismo edificio siempre implica vibraciones, que pueden favorecer la formación y progresión de grietas y roturas en las pastas de cera o de los materiales sustentantes. Por lo tanto, se deben tomar las medidas necesarias para garantizar procedimientos que impliquen la menor vibración posible (Lang et al., 2010: 5-6). Como consecuencia de estos agentes antrópicos fueron generadas numerosas fuerzas físicas que dieron lugar a deterioros en los modelos anatómicos de cera. Se entiende por fuerzas físicas aquellos esfuerzos mecánicos de rotación, presión, torsión o deformación, que pueden dañar los modelos anatómicos de cera. En función de la intensidad de la fuerza ejercida y del estado de conservación de la pieza, las consecuencias variarán desde fisuras pequeñas e imperceptibles hasta aplastamientos y fracturas acompañadas de deformaciones. Cuando las superficies cerosas presentan abrasiones suelen percibirse como zonas con disgregación blanquecina. Puesto que la mayoría de los modelos anatómicos están habitualmente barnizados, a menudo, las abrasiones suponen la eliminación parcial de este recubrimiento. En los pocos casos en los que la colección veterinaria ha conservado modelos policromados, como el Corazón (rfa. MV-692), las abrasiones derivadas de la manipulación y la presión han afectado al estrato de color, dejando a la vista la capa subyacente de pasta de cera (fig. 138). 5. Factores de alteración y principales deterioros 246 Figura 138. Detalle del deterioro causado por las abrasiones en el modelo Corazón de équido (rfa. MV- 692). Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2016. Durante el tiempo en el que las colecciones de ceroplástica anatómica de la Real Escuela Veterinaria de Madrid cumplieron con su funcionalidad y uso docentes, fueron manipuladas e intervenidas. Como se ha explicado en el capítulo 4 de esta investigación, los cambios de sede que experimentó la Real Escuela Veterinaria de Madrid se sucedieron desde su fundación hasta el siglo XX. Los traslados de las colecciones, así como los almacenajes y manipulaciones de los objetos que las conformaban, se vieron condicionadas por la falta de medios y personal cualificado. Además, mientras los modelos anatómicos de cera continuaban formando parte de las herramientas didácticas, su uso conllevaba poner las piezas en manos de profesores y alumnos, lo que debió generar algunos deterioros que, sumados a los impactos y golpes sufridos en los traslados, obligó a los responsables de la Escuela a intervenirlos. En la documentación extraída del Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid, se han encontrado incluidas en los presupuestos las reparaciones, composiciones o recomposiciones de los modelos deteriorados. Cuando la institución gozaba de la contratación de un ceroescultor de manera continua, este debía encargarse de las reparaciones, que podían incluir la reproducción de zonas perdidas de los modelos. A partir del siglo XX, los modelos anatómicos en ceroplástica comenzaron a apartarse de su función por perder valor como herramientas didácticas y los deterioros derivados de la manipulación empeoraron con el abandono. Durante muchas décadas, se encontraron en condiciones extremas de disociación o descontextualización. El término disociación, en el contexto de la conservación-restauración quizás pueda ser confuso si se traduce directamente del inglés dissociation, pues este término se refiere a la separación de algo que se encontraba unido a un todo. Sin embargo, el riesgo al que probablemente se refiere el Canadian Institute of Conservation es el de descontextualizar un objeto alterando o modificando la ubicación y funcionalidad para el que fue producido. Trasladar una pieza fuera de su contexto original supone una pérdida de significado para esta e, incluso, puede conllevar una alteración en la lectura del mensaje original por parte del espectador al no conectarlo con nada. Así pues, se puede resumir que los efectos de la disociación incluyen la pérdida de objetos, colecciones y los datos que les dan valor a través del contexto y el significado. En el caso de las colecciones científicas en ceroplástica, una descontextualización podría ser el traslado de un modelo patológico que forma parte de un conjunto o que se exhibía originalmente junto a una lámina explicativa. Otro motivo por el que una pieza en ceroplástica podría perder significado es el de exponerla en un lugar demasiado diferente para la que fue proyectado o junto con obras de arte u objetos que cambien la lectura. Las crónicas históricas de las colecciones conservadas en el Museo Veterinario Complutense, hacen referencia en numerosas ocasiones a los deterioros en las 5. Factores de alteración y principales deterioros 247 piezas a causa del abandono. Los actos vandálicos han supuesto muchos más daños materiales, especialmente para la colección ceroplástica, debido a que la sociedad no identificó, durante décadas, la importancia patrimonial de los modelos y desconocía su valor didáctico o su lugar en la historia de la Veterinaria. Algunos testimonios de docentes y exalumnos han sido de gran utilidad para conocer el uso que se ha dado a muchos modelos pequeños y fragmentos importantes de piezas durante el siglo XX que, como en el caso de algunas de las mandíbulas para conocer la edad de los équidos Mandíbulas de équido (rfa. MV-1696 - MV-1705), fueron tratados como objetos sin valor o se desecharon directamente. Figura 139. Detalle del modelo Miología de buche (rfa. MV- 300). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Modelo en ceroplástica. Fuente: Toya Legido García, 2017. Otras piezas fueron mutiladas ya a finales de la centuria, como fue el modelo Miología de buche (rfa. MV-300), cuya cabeza fragmentada fue objeto de vandalismo en primer lugar para ser desechada posteriormente (fig. 139). Desde que el Museo Veterinario Complutense fuera creado en las primeras décadas del siglo XXI, gracias a la labor del profesor Joaquín Sánchez de Lollano, la introducción de los modelos en ceroplástica dentro de vitrinas y en un espacio más controlado consiguieron evitar los actos vandálicos y los robos. Sin embargo, actualmente continúan existiendo problemas de conservación relativos al almacenaje, la exposición y los problemas de espacio. Como se ha explicado previamente, las colecciones de anatomía artificial se encuentran en una sala perteneciente al Hospital Clínico Veterinario, en los terrenos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Esta facultad se encuentra ubicada dentro del campus de Ciudad Universitaria que la Universidad Complutense tiene al norte de Madrid, en el distrito de Moncloa-Aravaca. Debido a esta ubicación, la colección ceroplástica continúa recibiendo vibraciones procedentes del tráfico rodado de las vías de circulación cercanas (las carreteras de la Coruña A-6 y M30). En la imagen (fig. 140), se muestra la localización de los distintos edificios de la Facultad Veterinaria. El Museo Veterinario Complutense se encuentra ubicado en la planta sótano del módulo denominado en el mapa como “HCV” (por ser parte del Hospital Clínico Veterinario), junto al Aulario H. 5. Factores de alteración y principales deterioros 248 Figura 140. Mapa de los edificios que comprenden la Facultad Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente: Universidad Complutense Madrid, 2021. Además, las actividades que el personal del Hospital Veterinario Complutense desarrolla en la sala colindante con el museo donde se conservan las piezas también suponen un factor de riesgo adicional por provocar vibraciones. Por otra parte, el tipo de vitrina donde se exponen los modelos de cera no es el más idóneo para garantizar la preservación de los modelos (fig. 141). El difícil acceso da lugar a manipulaciones poco adecuadas y a índices de vibración muy elevados durante cualquier actuación dentro de estos contenedores. La fricción aumenta la carga electrostática y, al acumularse con cada nueva fricción, llega a alcanzar valores muy altos. Además, una ausencia de medios materiales y económicos para realizar un mantenimiento de la colección veterinaria en ceroplástica, han favorecido los deterioros relacionados con la adhesión del particulado atmosférico y otras sustancias a las superficies cerosas. Figura 141. (Izquierda) Fachada del Hospital Veterinario Complutense donde se encuentra la entrada al Museo Veterinario Complutense. Fuente: Miguel del Pino, 2016. (Derecha) Detalle de algunas de las vitrinas donde se conservan los modelos veterinarios en cera. Fuente: desconocida, 2014. Algunos de los problemas de conservación que precisarían de atención urgente, se encuentran relacionados con los factores medio ambientales. La ubicación de la sala, situada en 5. Factores de alteración y principales deterioros 249 la planta sótano con acceso desde el exterior, así como la ausencia de un sistema de monitorización y control de las fluctuaciones termo-higrométricas, favorece las oscilaciones bruscas de temperatura y humedad diariamente. Una puerta metálica doble, cerrada con llave y cerrojo, comunica la sala con una zona externa para el aparcamiento de vehículos. El aislamiento es mínimo, dejando pasar el agua de lluvia, animales y particulado atmosférico. Sin embargo, esta puerta forma parte de las necesidades del establecimiento, pues es imprescindible permitir su apertura periódica para el abastecimiento de material requerido en el hospital veterinario. Además de las variaciones termo-higrométricas y del riesgo de accidente por cercanía con los contenedores que se encuentran en esta habitación contigua a la de exposición, se crean importantes vibraciones que repercuten en todas las piezas que albergan. La puerta de acceso a la sala desde el interior del Hospital, es una puerta metálica de doble hoja que permite el ingreso a una estructura cuadrangular de cristal con una puerta al interior -también de cristal-, desde donde se puede contemplar el espacio expositivo. Ambas puertas tienen cerraduras independientes y cumplen la función de mejorar el aislamiento de la sala. Por otro lado, el techo del espacio expositivo está surcado por las tuberías de los pisos superiores, además de encontrarse comunicado con una sala gemela donde se almacenan muebles, material de construcción y otros objetos. Dicha sala contiene, además, el sistema de alarma anti incendio, del que se desconoce los riesgos que conllevaría si sufriera algún daño. A pesar de los enormes esfuerzos de los profesores y del personal perteneciente a la Universidad Complutense para dotar al museo de condiciones de seguridad (el espacio cuenta con un pequeño extintor, cerramientos con llave, etc.), en el espacio donde se conservan los modelos tridimensionales de cera no es posible controlar la posibilidad de que ocurra un accidente relacionado con el agua o el fuego. La colección se encuentra en una planta sótano a la que únicamente puede accederse por una escalera o ascensor. El espacio se mantiene adecuadamente cerrado a este acceso por una doble puerta de vidrio transparente a la que se debe acceder con las correspondientes llaves. Sin embargo, no hay salidas de emergencia en caso de requerirse una evacuación de las colecciones o del personal que esté trabajando en ese espacio. 5.3. Principales indicadores de alteración de los artefactos de cera: reconocimiento y evaluación de daños La clasificación de las patologías generales de la colección ha sido establecida en función de los deterioros encontrados en los modelos en ceroplástica del Museo Veterinario Complutense. Se han recogido los deterioros clasificando los daños por familias: fisuras y grietas, pérdidas de material, ataque biológico, separaciones, alteraciones cromáticas y depósitos (Tabla 3). Las categorías comprenden, de mayor a menor importancia: la fragmentación y desmembramiento de las esculturas, deformaciones, separación del material de soporte, pulverulencia y falta de adhesión entre estratos, grietas, roturas y fisuras, craquelados, micro fisuras, lagunas y pérdidas importantes, pérdidas en las capas superiores, abrasiones y arañazos, pérdida de la película de recubrimiento, materiales añadidos, concreciones de eflorescencias blanquecinas, depósitos de suciedad muy adheridos y depósitos de suciedad superficial. 5. Factores de alteración y principales deterioros 250 Tabla 3. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense DETERIORO MECANISMO DE DETERIORO IMAGEN Fracturas con desplazamientos Los desplazamientos de los estratos cerosos suponen el mayor deterioro dentro de los tipos de fractura sufridas por los modelos anatómicos veterinarios de cera, como se puede observar en el modelo Ligamento nucal (ref. MV- 670). Las profundas fracturas sufridas en las zonas que representan el ligamento nucal y las vértebras del caballo, han derivado en movimientos de los fragmentos de pasta de cera dando lugar a graves deformaciones. Fracturas Las fracturas son grietas profundas que atraviesan todos los estratos del modelo y pueden derivar en una fragmentación de este en varias partes. Grietas Las grietas no afectan a todos los estratos estructurales, pero son profundas, con grosores cercanos a los 5 mm. y hacen peligrar la estabilidad de capas cerosas que comprometen seriamente la conservación del modelo, como en el caso del Hígado equino con circulación linfática (ref. MV-675) Fisuras y microfisuras Abolsados y separación de estratos Las fisuras y microfisuras (de grosores aproximados de 2-5 mm y hasta 2 mm, respectivamente) afectan a la superficie de los estratos estructurales y pueden favorecer la acción de otros agentes de deterioro. Se muestran en los modelos Matriz de vaca (ref. MV-677) y Caballo pequeño (ref. MV-590). Una separación de estratos con abolsados como consecuencia de una mala praxis en la ejecución de la pieza o por acción de factores de deterioro extrínsecos, puede tener consecuencias muy negativas para los modelos de cera y, en la mayoría de los casos, conllevan una posterior pérdida de material. 5. Factores de alteración y principales deterioros 251 Tabla 3. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense DETERIORO MECANISMO DE DETERIORO IMAGEN Pulverulencia Los estratos pulverulentos pueden derivar de la metodología de fabricación de la pieza o ser consecuencia de una exposición medioambiental poco apropiada. Aparecen cuando ocurre una decohesión material dentro del mismo estrato debido a una deficiencia en la estabilidad de la cera o a un impacto que ha disgregado el estrato. Es el caso del modelo Extremidad posterior de équido (ref. MV-679). Pérdidas matéricas En el caso de las pérdidas volumétricas, los factores de deterioro pueden haber sido muchos, principalmente de carácter antrópico. Algunas piezas presentan pequeñas pérdidas matéricas, por ejemplo, en el caso de la pata del modelo Caballo pequeño (ref. MV-590) (fig. 181). Sin embargo, otras pérdidas pueden suponer la falta de elementos grandes e importantes para la lectura de la pieza, como en la citada Miología de buche (ref. MV-300), a la que le falta la cabeza. Abrasiones Las pérdidas de material referidas a las abrasiones son consecuencia de erosiones superficiales debidas a la fricción con otro objeto o como respuesta a las manipulaciones inadecuadas del modelo. en el modelo Extremidad posterior de équido (ref. MV-679), se puede observar una abrasión de la superficie estriada que representa el pelaje animal. Red de craquelados Los craquelados en los modelos anatómicos de cera afectan a diferentes estratos. Se crean como consecuencia de los cambios de temperatura - debido a los ciclos de dilatación y compresión- y a las vibraciones generadas por las manipulaciones y lugares de almacenaje. A menudo, las capas de pastas cerosas más superficiales presentan una red de craquelados y lo mismo ocurre con los recubrimientos de barniz. En la imagen se puede observar uno de los craquelados que afecta al estrato superficial de barniz en el modelo Caballo pequeño (ref. MV- 590). 5. Factores de alteración y principales deterioros 252 Tabla 3. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense DETERIORO MECANISMO DE DETERIORO IMAGEN Alteraciones cromáticas Cromáticamente, algunos modelos han sufrido una alteración de las capas superficiales, ya sea por factores intrínsecos o por factores extrínsecos. En la imagen se muestra el caso del Estómago monocavitario cerrado (ref. MV-669), donde probablemente la técnica de fabricación y las fluctuaciones de dilatación y compresión han dado lugar a coloraciones diferentes en función de las zonas que se encuentran adheridas al estrato subyacente (más oscuras) y las zonas donde el estrato ceroso superficial está separado (color más claro). Sustancias añadidas y manchas Los repintes o superposición de elementos por diferentes razones pueden obstaculizar la interpretación de la anatomía y modificar el significado del modelo. Se puede observar en la imagen una de las piezas que componen el modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682), con un estrato de pintura opaca que no permitía observar la superficie cerosa. Para observar alguna tipología de mancha ha sido seleccionada la vista inferior del modelo de Mandíbula de équido (ref. MV-1699) (fig. 203), por su especial adherencia. Su origen podría estar en las abrasiones contra un objeto oscuro o en el contacto con un depósito de suciedad muy adhesivo o graso. Barniz Los recubrimientos de barniz existentes en muchos de los modelos de la colección, presentan un color blanquecino o un amarilleo excesivo debido a la oxidación de la resina natural. En ocasiones, como en la pieza referida antes Cráneo y encéfalo de caballo (ref. MV-682), este tipo de alteraciones se localizan en diferentes zonas. Particulado atmosférico Los depósitos más adheridos de particulado atmosférico han creado en la mayoría de los modelos de la colección una pátina que no permite observar los detalles anatómicos. Un ejemplo de ello se muestra en el modelo clástico Cráneo y encéfalo de caballo (ref. MV-682) 5. Factores de alteración y principales deterioros 253 5.5. Cartografías digitales para el registro de alteraciones Para documentar los deterioros de los modelos anatómicos en ceroplástica del Museo Veterinario Complutense, se ha recurrido a la elaboración de cartografías digitales. Esta herramienta ha permitido sistematizar los mapas de daños con las alteraciones detectadas en cada uno de los modelos. La documentación precisa del conjunto de la colección ha posibilitado planificar adecuadamente las intervenciones necesarias para su preservación. Las tecnologías digitales actuales tienden a trabajar con modelos digitales 3D, siendo las cartografías de las primeras herramientas pertenecientes a los sistemas de información geográfica -conocidos como SIG-, que se introdujeron en el campo de la conservación de patrimonio durante el siglo XX. Inicialmente, la técnica para obtener las cartografías era la fotogrametría, aplicada sobre todo en los campos de la geografía y la arquitectura. Durante el registro de los deterioros en la colección no se pudo contar con sistemas de digitalización tridimensional, por lo que se recurrió a utilizar las cartografías como mapas, realizando un registro digital por cada cara del modelo, puesto que la mayoría de ellos son de bulto redondo o medio bulto81. Para homogeneizar las cartografías digitales, se ha precisado establecer un código de colores y grafismos asociados a cada uno de los deterioros siguiendo una clasificación. Puesto que no se ha encontrado una normalización o recomendación concreta para los modelos científicos de cera, se ha seleccionado como guía la norma italiana UNI 11182, Materiali lapidei natural ed artificiali, y el Illustrated Glossary of Stone Deterioration Patterns, publicado por el ICOMOS-ISCS, en 2008 (Vergès-Belmin, 2008). Ambos documentos proponen un diseño diagnóstico con referencia al estado material de los objetos lapídeos y los deterioros en el patrimonio pétreo, y su adaptación ha resultado apropiada a las piezas realizadas en ceroplástica por tratarse de objetos tridimensionales compuestos por diferentes estratos. Además, el código de colores seleccionado para representar las diferentes patologías en los mapas de daños ha sido tomado del mismo glosario del ICOMOS-ISCS. A continuación, se muestra la relación entre las alteraciones, su descripción y su representación gráfica (Tabla 4): 81 Las expresiones bulto redondo y medio bulto hacen referencia a la forma de la estatuaria exenta, la primera se refiere a una representación de las tres dimensiones del modelo de manera proporcionada, mientras que la segunda alude a un altorrelieve, con el modelado de tres de las cuatro caras del objeto. 5. Factores de alteración y principales deterioros 254 Tabla 4. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense ALTERACIÓN DESCRIPCIÓN GRAFISMO DESPLAZAMIENTO Variación de la forma que afecta a todo el espesor del material y que se manifiesta, sobre todo, en elementos planos. FRACTURAS Interrupción de la continuidad en el material, puede implicar el desplazamiento de las partes. GRIETAS Falta de continuidad en el material que puede implicar el desplazamiento de las partes. La diferencia entre grieta, fisura y microfisura vendrá dada por las dimensiones de la alteración. Por encima de 5 mm FISURAS Entre 2-5 mm MICROFISURAS Hasta 2 mm ABRASIONES Erosión debida a la fricción o al impacto de partículas. PÉRDIDA VOLUMÉTRICA Rotura, desprendimiento e incluso pérdida de material. ABOLSADO Levantamiento superficial y localizado del material que presenta forma y consistencia variable. 5. Factores de alteración y principales deterioros 255 Tabla 4. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense ALTERACIÓN DESCRIPCIÓN GRAFISMO CRAQUELADO El craquelado es una malla de pequeñas lesiones, con profundidad variable, visibles en la superficie de los estratos cerosos superiores PULVERULENCIA Decohesión del aglutinante (en este caso de la cera) que se manifiesta con la caída espontánea del mismo en forma de pequeñas partículas microscópicas. LAGUNA PARCIAL Caída y perdida de partes de los estratos cerosos superficiales Haciendo visible los estratos cerosos inferiores Por encima de 5 mm LAGUNA TOTAL Caída y perdida de partes de los estratos cerosos superficiales. Permitiendo la observación del estrato ceroso estructural Entre 2-5 mm ABRASIÓN Erosión debida a la fricción o al impacto de partículas (causas mecánicas). Hasta 2 mm ALTERACIÓN CROMÁTICA Alteración de unos o más parámetros que definen el color: tono, luminosidad y saturación. BIODETERIORO Debilitamiento de los tejidos de los materiales debido a la actividad biológica. 5. Factores de alteración y principales deterioros 256 6. Metodología de los estudios diagnósticos 257 6. METODOLOGÍA DE LOS ESTUDIOS DIAGNÓSTICOS a carencia de información sobre el modus operandi del arte de la cera, todavía hoy considerado “arte menor”, requiere aún más trabajar con un mayor empeño, ya sea en el campo histórico como en el científico, en la búsqueda de conocimiento sobre los aspectos técnicos y artísticos de fabricación. La falta de documentación ofrecida por los artistas y ceroescultores que crearon este patrimonio sumido en un secretismo perpetrado durante siglos, ha tenido como consecuencia una ausencia de información que hoy se necesita para su conservación material (Amadori et al., 2011: 8). Parte de estas investigaciones se apoyan habitualmente en la colaboración con laboratorios y equipos técnicos de otras instituciones, cuyas aportaciones permiten realizar una propuesta de intervención basada en el carácter multidisciplinar que poseen los trabajos de conservación y restauración. En este aspecto, el restaurador debe conocer los tipos de examen existentes y su utilidad para poder seleccionar aquellos que aportarán más información sobre el tipo de pieza. Estos datos, serán necesarios durante las colaboraciones con los laboratorios de materiales especializados, que se llevan a cabo para responder a las cuestiones observadas por el restaurador y para poder atender las necesidades materiales de cada objeto en la propuesta de intervención y de conservación preventiva. En el campo de la conservación y la restauración, estas investigaciones se sustentan en metodologías científicas y técnicas diagnósticas. Además, el restaurador ha de ser un especialista en el tipo de obra que se analiza y haber dedicado parte del estudio a la documentación de archivo o a la bibliografía donde se recoge toda la L 6. Metodología de los estudios diagnósticos 258 información posible sobre metodologías y materiales utilizados por los artistas, los ceroescultores en el caso de los modelos anatómicos veterinarios de cera. Previamente a la realización de estudios científicos, el restaurador debe conocer el estado de conservación y los factores de alteración que han dado lugar a la situación material en la que se encuentran las piezas en el momento de su estudio. Es de gran importancia tener en cuenta el estado de conservación en la selección de técnicas diagnósticas a emplear pues, las metodologías y procedimientos necesarios para algunas de ellas podrían empeorar los deterioros detectados. El estudio técnico de los modelos realizados en ceroplástica puede realizarse, como ocurre con otros tipos de patrimonio, mediante técnicas que requieren la extracción de un pequeño fragmento de la pieza y de otras que pueden ofrecer información sin la necesidad de tomar una muestra. Habitualmente, se han definido como técnicas de análisis destructivas y no destructivas, en referencia a aquellas que requieren de una micromuestra que se destruye durante su análisis - ensayos que provocan cambios irreversibles en la naturaleza original del medio en estudio-, y aquellas que no la necesitan. Cada tipo de patrimonio requiere una metodología de extracción adecuada a sus características y a la información que se desee obtener de las técnicas diagnósticas. Respondiendo a estos requisitos, el Proyecto HAR2013-42460-P. La ceroplástica en veterinaria: Documentación, caracterización de materiales y metodología de conservación-restauración en la colección Complutense, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España, en el que se enmarca la intervención de los modelos veterinarios de ceroplástica conservados en el Museo Veterinario Complutense, ha contado con la colaboración de diferentes equipos científicos: - un equipo de restauración, que se ha encargado de algunos de los exámenes de diagnóstico por imagen, así como de participar en la extracción de micromuestras y en el planteamiento de las preguntas a responder por los exámenes de caracterización físico-química. - los profesores pertenecientes a la Facultad de Bellas Artes de la UCM, Luis Castelo y Toya Legido, que han colaborado en el registro fotográfico de los modelos de la colección, realizados en varios momentos puntuales a lo largo del proceso de estudio e intervención. - parte del equipo humano del Hospital Veterinario de la Universidad Complutense de Madrid, que ha ofrecido su experiencia profesional e instrumental en la diagnosis por imagen mediante rayos X de una selección de modelos veterinarios de cera. - el Laboratorio de Materiales MatLab de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, que se ha encargado de la caracterización físico-química para conocer la composición material de los modelos de cera, a partir de la toma de muestras realizadas en colaboración con el equipo de restauración del proyecto. Los resultados cualitativos y cuantitativos, obtenidos de estos estudios diagnósticos han ido encaminados a conocer en profundidad la técnica de ejecución de los modelos veterinarios 6. Metodología de los estudios diagnósticos 259 realizados con la técnica de la ceroplástica y sus materiales constitutivos. Las conclusiones han permitido plantear una propuesta de intervención adecuada a las características materiales de las piezas de cera del Museo Veterinario Complutense. Para seleccionar los modelos veterinarios en cera dedicados a los estudios diagnósticos, el equipo de restauración del Proyecto se decidió su idoneidad basándose en las diferentes tecnologías de fabricación y en la capacidad de representar al conjunto de la colección veterinaria en cera. De los modelos fabricados con pastas de cera y macizos, fueron considerados adecuados el Modelo de corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663), el cerebro denominado Cara ventral de encéfalo con la salida de algunos pares craneales (nervio olfatorio, óptico, trigémino y oculomotor) (rfa. MV- 662) y la Mandíbula de équido (rfa. MV-001700). Entre aquellos modelos con zonas huecas o completamente huecos, se estudiaron la Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674) y la Gestación de yegua con el potro de nalgas (rfa. MV-683). Por su estructura hueca y maciza en función de las zonas anatómicas representadas, así como por las diferentes superficies u orografías, se eligieron el Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682), el Caballo pequeño (rfa. MV-590) y la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Para concluir el elenco, se estudiaron dos de las piezas más representativas por su estructura interna de hueso natural, el Ligamento nucal de caballo (rfa. MV-670) y Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV-755). 6.1. Técnicas diagnósticas por imagen Debido al carácter frágil de los modelos tridimensionales en cera y a que se trata de obras polimateriales, no todas las técnicas analíticas se pueden emplear para su estudio. Algunos investigadores han estudiado las técnicas radiográficas no invasivas (sin toma de muestra), orientadas a profundizar en la composición material de los modelos tridimensionales de cera en otras colecciones. Entre los métodos diagnósticos más adecuados para el estudio de las obras de arte en general, destacan las técnicas que emplean el uso de radiaciones no visibles: como los infrarrojos (IR), las ultravioleta (UV), la radiación Röntgen (rayos X) o los rayos gamma (γ). Analizar los modelos anatómicos de cera mediante técnicas de diagnosis por imagen ofrece la posibilidad de: - conocer la técnica y metodología de fabricación, en contraste con la documentación de archivo, y pudiendo de ese modo compensar la falta de conocimientos sobre la evolución de la ceroplástica a lo largo de la Historia. - detectar las superficies más interesantes de las piezas seleccionadas donde llevar a cabo la extracción de las micromuestras que servirán en la caracterización físico-química realizada con las técnicas correspondientes. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 260 - iniciar un registro de control sobre el estado de conservación de las piezas, que tendrá que ser objeto de controles eventuales en el futuro, atendiendo especialmente a los factores de deterioro que actualmente son causa de degradación de la colección veterinaria. - realizar una propuesta de intervención en conservación y restauración lo más adecuada y adaptada posible al tipo de patrimonio al que pertenecen los modelos de cera y en función de toda la información recogida a partir de las técnicas diagnósticas empleadas en cada modelo estudiado. Sin embargo, Dal Forno advierte de que en el estudio de los modelos tridimensionales de cera, el uso de las radiaciones electromagnéticas se reduce considerablemente, ya que las características físicas del material impiden la aplicación de muchas técnicas: la reflectografía infrarroja (RIR) no puede proporcionar resultados claros ya que en la tridimensionalidad del trabajo se daría una superposición excesiva de planos, cada uno de ellos compuestos por diferentes pigmentos y aditivos que responderían a la excitación de la radiación de manera diferenciada pero, en la simultaneidad de la respuesta, sería imposible distinguir con certeza las capas individuales y su naturaleza. Los rayos gamma (y) son extremadamente peligrosos para las piezas de cera; son adecuados para objetos tridimensionales solo si son "muy opacos" (como el mármol y el bronce) y la cera de abejas es translúcida en mayor o menor medida según sus aditivos. Finalmente, se sabe que los ultrasonidos causan un estrés físico peligroso en la materia investigada, especialmente si es delicada como la cera (Dal Forno, 2009: 27). Teniendo en cuenta el comportamiento y la naturaleza de las pastas cerosas, se ha establecido unas pautas generales para la selección de las técnicas diagnósticas por imagen: elegir la técnica más adecuada en función del estado de conservación del modelo de cera; decidir si la escultura puede ser manipulada y trasladada para su estudio sin riesgo de agravar los daños; analizar y valorar los resultados obtenidos por un conservador-restaurador experto en el material ceroso; determinar si tomar muestras del modelo para emplearlas en las técnicas de caracterización físico- químicas puede aportar información relevante y, en el caso de que lo sea, seleccionar las áreas más adecuadas para la extracción de micromuestras. Dentro del Proyecto HAR2013-42460-P, las técnicas diagnósticas utilizadas para el estudio de modelos veterinarios de cera han sido: una inspección visual (general, microscopía de aumento con lupa binocular o lupas de aumento, diferentes tipos de luz (visible y luz ultravioleta de onda larga UVA) y un examen con radiación X. Para el estudio de modelos anatómicos en ceroplástica similares, otras instituciones han empleado técnicas como la Tomografía Axial Computerizada (TAC) y han realizado ensayos de colorimetría. Durante estos últimos años, un equipo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid está realizando estudios en las colecciones con modelos didácticos mediante técnicas diagnósticas por imagen como la fotogrametría y virtualización 3D (Investigación financiada dentro del Proyecto I+D+I Ref.: HAR2013-42460-P y del Proyecto Santander-UCM Ref.: PR26/16-20322). A continuación, se explica la utilidad de cada técnica diagnóstica aplicada y los resultados obtenidos en las piezas de cera seleccionadas del Museo Veterinario Complutense. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 261 6.1.1. La Inspección visual Cualquier identificación de los aspectos técnicos de un objeto, artefacto u obra de arte comienza con un examen visual (también denominado examen etiológico) que debe ser realizado por el restaurador especialista en los modelos realizados en ceroplástica o en obras artísticas similares fabricadas con pastas de cera. Para el patrimonio ceroplástico veterinario, la inspección visual se ha orientado hacia el reconocimiento de tres cuestiones: la identificación de los materiales originales, como son los diferentes estratos cerosos o la técnica de representación de los sistemas venoso y arterial; la detección de elementos no originales, adhesiones antiguas, repintes, etiquetas o inscripciones identificativas o cualquier tipo de material añadido con posterioridad a la fabricación de la pieza; y la determinación sobre la estabilidad material del modelo y la identificación de los signos de degradación que presenta. Las pautas para realizar un examen visual exhaustivo en la colección de veterinaria en cera, orientado a determinar las características materiales y técnicas de fabricación, han sido: inspección visual y estudio de los volúmenes y espacios huecos de los modelos, observación de las superficies con un foco de iluminación rasante e inspección detallada con lupas de aumento (observación bajo iluminación led e iluminación luz ultravioleta (UV). Para facilitar la observación de forma detallada se utilizan habitualmente diferentes tipos de iluminación -luz visible, iluminación rasante y fluorescencia visible inducida por luz UV- además de algunas herramientas como la microscopía de aumento con lupa binocular o lupas de aumento, así como las linternas de mano que permiten visualizar zonas de difícil acceso. Por otro lado, para minimizar en la medida de lo posible los riesgos que puedan provocar las radiaciones lumínicas emitidas durante el examen, deben controlarse los siguientes parámetros: nivel de iluminación de las fuentes artificiales, espectro de emisión de las fuentes de iluminación artificiales, tiempo de exposición del modelo a dicha iluminación, posible radiación indirecta o difusa de la luz natural (Herráez et al., 2014: 26). En función de dichos parámetros y con el objetivo de evitar una acumulación de la radiación emitida por la iluminación de trabajo durante el examen y la intervención de los modelos anatómicos en cera, ha sido seleccionada una iluminación bifocal con la colocación dos lámparas CTS ART LUX 100L(R) con tecnología (Light Emitting Diode) LED, de la casa comercial CTS España S.L, en un ángulo de iluminación de 45º a los dos lados del espacio de trabajo. Las lámparas, compuestas por 98 bombillas LED de luz natural High CRI (Índice de Rendimiento Cromático) -es decir, una temperatura de color de 5000ºK que no distorsiona la reproducción cromática de los modelos-, permiten al conservador-restaurador iluminar los modelos de cera con la calidad necesaria, pero sin emisión de radiación UVA ni IR. La ausencia de radiaciones UVA, que son las más dañinas para los materiales cerosos y los recubrimientos resinosos, y de la radiación IR, responsable de la emisión de alta temperatura, permiten asegurar la 6. Metodología de los estudios diagnósticos 262 calidad del trabajo de conservación y restauración, minimizando los riesgos en la medida de lo posible82. Figura 142. Detalle del Modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV- 679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2017. La metodología seguida para realizar la correcta identificación de los materiales originales ha sido la siguiente: en primer lugar, han sido tomadas las medidas de alto, ancho y largo del modelo. A continuación, para evitar que alguna observación importante pasase desapercibida, la inspección de los modelos se ha realizado desde las capas externas hacia el interior. De este modo, se identifican los materiales constitutivos, la presencia de un recubrimiento resinoso, las diferentes texturas -identificando cada una con la posible correspondencia anatómica-, los colores empleados para el estrato de policromía o la capa de pasta cerosa más externa. Los siguientes estratos han permitido detectar el grosor total del modelo, ya sea hueco o macizo, la cantidad de capas de pasta cerosa que conforman la anatomía y el tipo de soporte (hueso, yeso, metal, etc.) o la ausencia del mismo. En la imagen (fig. 142), puede apreciarse la superposición de estratos de pasta de cera, el más profundo tiene un color rojo tierra y presenta el estriado natural del músculo animal; sobre este, se han superpuesto los vasos sanguíneos de color verde azulado y rojo para cubrir todo el conjunto con un fino estrato de pasta de cera amarilla de una elevada translucidez y probablemente sin pigmentar, que puede representar la membrana conjuntiva correspondiente a la fascia vascular o vaina vascular encargada de envolver los vasos sanguíneos. Para detectar elementos y materiales no originales, como adhesiones antiguas, repintes, etiquetas, inscripciones identificativas, etc., es necesario realizar una observación minuciosa durante el examen visual. Ha resultado útil llevar a cabo un estudio individual de cada modelo y, una vez finalizado, contrastar cada material no original identificado entre todos los de la colección. De este modo, se han podido diferenciar las intervenciones realizadas por los propios cerescultores del siglo XIX y los indicios de intervenciones más contemporáneas. Un ejemplo de intervención reciente, común a varios modelos, es la detección de un material adhesivo de aspecto sintético en varias zonas donde se había producido una rotura del potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-683. En la imagen (fig. 143), se puede identificar dicho adhesivo, de coloración 82 Consulta del producto en línea: https://shop- espana.ctseurope.com/documentacioncts/fichastecnicasweb2018/11.3lamparas/depliant/lamparasdeled_ctsartlux100l%2C100 lwy200l_depliantesp.pdf https://shop-espana.ctseurope.com/documentacioncts/fichastecnicasweb2018/11.3lamparas/depliant/lamparasdeled_ctsartlux100l%2C100lwy200l_depliantesp.pdf https://shop-espana.ctseurope.com/documentacioncts/fichastecnicasweb2018/11.3lamparas/depliant/lamparasdeled_ctsartlux100l%2C100lwy200l_depliantesp.pdf https://shop-espana.ctseurope.com/documentacioncts/fichastecnicasweb2018/11.3lamparas/depliant/lamparasdeled_ctsartlux100l%2C100lwy200l_depliantesp.pdf 6. Metodología de los estudios diagnósticos 263 amarillenta y aspecto brillante, formando hilos al perder su poder cohesivo entre las dos partes de la pata. Figura 143. Detalle de la Gestación de yegua (rfa. MV-683). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2016. Figura 144. Modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV- 664). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Una vez observados los materiales, el examen visual debe ocuparse de detectar la estabilidad del modelo y los signos de degradación que este presente. Para ello, se analiza la adherencia entre los diferentes estratos de pasta de cera y su estabilidad sobre el soporte o con respecto a su estructura hueca. También se deben observar los productos derivados del envejecimiento material de los componentes originales de las pastas cerosas. En la imagen (fig. 144) se muestra el Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664), uno de los modelos en el que se detectó fácilmente durante el examen visual el grueso estrato de depósito superficial que afecta a toda su superficie, además de identificar una falta material cuyo fragmento se ha perdido. Estas observaciones aportan información útil para la posterior propuesta de conservación y restauración, y deben registrarse en el mapa de daños o cartografía digital creada para ello. El examen de los modelos iluminados con lámparas de Wood (UVA) debe realizarse desplazando la lámpara para observar toda la superficie, por lo que es preferible que el equipo sea portátil. Un rango de radiación ultravioleta entre 320 y 400 nm., es el más habitual en los exámenes de conservación y restauración, pues permite detectar diferentes componentes originales o aquellos añadidos con posterioridad gracias a la fluorescencia visible inducida que emite cada material al recibir la radiación UVA. En los modelos tridimensionales de cera, la lámpara de Wood ha permitido analizar el envejecimiento de las capas más superficiales y detectar las diferencias de composición entre modelos, así como la existencia de diferentes pastas de cera dentro de los mismos (fig. 145). 6. Metodología de los estudios diagnósticos 264 Figura 145. Imagen tomada con luz ultravioleta. Modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Fuente: Luis Castelo, 2016. Debe tenerse en cuenta que la reflectancia de las pastas de cera es muy diferente de otros materiales artísticos, al emitir una luz tenue amarillo-verdosa que puede confundirse con recubrimientos de barniz o veladuras aplicadas con la técnica pictórica al óleo. Dado que este tipo de radiación es acumulativa y puede conllevar la degradación de los materiales componentes de los modelos de cera, esta se ha utilizado durante los periodos breves de tiempo necesarios para el examen de las piezas y su registro fotográfico, nunca durante tiempos largos de exposición. En función del porcentaje de componentes resinosos (resina de colofonia y trementina de Venecia), las capas que conforman los modelos de anatomía en ceroplástica irradian una fluorescencia visible diferente ante la iluminación con una lámpara de Wood, siendo más intensa y de un color verde amarillenta cuando contienen más cantidad y más tenue, de un tono azul violáceo, en los casos en los que los estratos contienen menos cantidad (fig. 146). Como es lógico, a tenor de la técnica de fabricación habitual por colada en moldes de yeso y la posterior superposición de estratos finos amasados a mano, la cantidad de componentes resinosos es mayor en las capas externas de los modelos, que representan habitualmente las fascias o tejidos superficiales. Figura 146. (Izquierda) Imagen tomada con luz visible y lupa de aumento DINO-Lite. (Derecha) Imagen tomada con luz UV y lupa de aumento DINO-Lite. Detalle del modelo Telencéfalo y mielencéfalo (rfa. MV-666). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Fuente propia, 2016. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 265 La fluorescencia visible de los modelos varía también en función de los componentes colorantes y de las cargas incluidas en las pastas de cera, como se puede observar en la imagen (fig. 146). Debe tenerse en cuenta que la coloración bajo la iluminación de la lámpara de Wood de la cera de abejas es de un amarillo pálido -intensificándose hacia el naranja con el envejecimiento-, y la de las resinas naturales es verdosa, con excepción de la goma laca, que presenta una luminiscencia anaranjada. La paleta de pigmentos empleada en la coloración de las pastas en el Museo Veterinario Complutense es limitada, por lo que se pueden indicar algunos datos acerca de su fluorescencia según las indicaciones del Australian Institute for the Conservation of Cultural Material (IICCM) (AICCM, 2017): el azul de Prusia no presenta ninguna fluorescencia, por lo que se percibe la coloración de la cera de abejas y la resina natural; la fluorescencia del blanco de plomo es blanca; el bermellón tiene una luminiscencia rojiza y las lacas de carmín -fabricadas con cochinilla-, tienden al rosa fluorescente. Para realizar la observación con lupas de aumento, se ha empleado un microscopio digital portátil de la marca comercial Dino-Lite®, modelo AM4113T-FVW, dotado con luz visible y con luz UVA. Este tipo de microscopio es comercializado con un programa de software (DinoCapture 2.0) que se puede instalar en un ordenador para visualizar en la pantalla la lectura del dispositivo en tiempo real. Con el propósito de ver en pantalla la lectura del microscopio, está dotado de un puerto USB que se conecta al ordenador (fig. 147). La lectura la realiza el propio conservador- restaurador, seleccionando el tipo de iluminación deseada, así como los aumentos y el enfoque del objetivo de manera manual. El software permite tomar instantáneas en el ordenador de lo que el microscopio está registrando y guardarlas en varios tipos de archivo; en esta investigación se ha trabajado con formato de imágenes JPEG. Figura 147. Estudio visual del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) con Dino-Lite®. Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Alicia Sánchez, 2015. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 266 Para una correcta aplicación de la lupa de aumento en el examen de las superficies cerosas, debe tenerse en cuenta que estas son muy sensibles al calor de las manos, a las radiaciones emitidas por las lámparas del equipo, o a la abrasión y alteración de las zonas donde se requiere apoyar el soporte de la lupa. Para evitarlo, es recomendable seleccionar las zonas a estudiar entre las superficies que pueden aportar más información y que se encuentren menos deterioradas, utilizar guantes y examinar los modelos durante tiempos cortos, evitando ejercer presión con la zona de la lupa que entra en contacto con la superficie cerosa durante el examen (fig. 147). Por otra parte, el programa DinoCapture 2.0 atribuye a cada registro un siglado propio, que debe modificarse manualmente para evitar la sobreescritura del archivo (pues cuando se realizan las capturas en diferentes sesiones, el programa utiliza el mismo siglado) y también para no perder la referencia de la zona y el modelo del que han sido tomadas. Se recomienda la gestión de las capturas de imagen obtenidas en cada sesión de estudio y su situación en un mapa general del modelo para evitar perder la información. Las lupas de aumento pueden ser de gran utilidad en el diagnóstico de las superficies de los modelos tridimensionales en cera, tanto en la caracterización de materiales como en la identificación de deterioros y de sus consecuencias. La observación con ellas permite distinguir trazos dibujados representando capilares o indicar las zonas donde debía superponerse una vena o arteria, y algunas inscripciones realizadas por los ceroescultores para la identificación del modelo, como se muestra en las imágenes de la derecha (fig. 148 a y b); o las marcas de utensilios empleados en la imitación de estructuras anatómicas o huellas digitales originales probablemente pertenecientes a los ceroescultores que fabricaron las piezas (fig. 148 c). Figura 148 a, b y c. Las imágenes con las inscripciones y la representación de los vasos sanguíneos corresponden al modelo Mandíbula de équido (rfa. MV- 1703). El detalle de huella dactilar en el modelo de potro pertenece al modelo Gestación de Yegua (rfa. MV-681). Figura 148 a. Figura 148 b. Figura 148 c. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 267 Con respecto a la localización de depósitos de particulado atmosférico o a la identificación de las zonas con un recubrimiento resinoso, se facilita notablemente gracias al empleo de las lupas de aumento y a una iluminación con lámpara de Wood. Algunos equipos de microscopia portátil, como DINO-lite, incluyen pequeñas bombillas led de luz UV que permiten una observación idónea de las superficies. En las imágenes, se puede observar la acumulación de particulado en el estriado superficial (fig. 149). Ocurre lo mismo en la detección de agrietados y craquelados en las superficies (fig. 150) o en la identificación de productos de degradación o materiales añadidos, como pueden ser las exudaciones blanquecinas resultado de la migración de ácidos grasos de las pastas de cera o de la limpieza con algún producto que ha dejado residuos superficiales, que se puede observar en las imágenes. Además de los registros de las imágenes observadas bajo los aumentos de las lupas, durante el examen visual exhaustivo para el reconocimiento de la pieza, debe realizarse un registro fotográfico a modo de documentación. Dicho registro debe cumplir las pautas y requisitos necesarios para ser de utilidad, tanto en el estudio del modelo de cera como en su conservación, ya sea como imagen de control del estado material a lo largo del tiempo o como parte esencial del registro de una intervención. Figura 149. Detalle de depósito superficial en el estriado de la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Observación con luz LED y observación con luz UV. Fuente propia, 2015. Figura 150. Detalle del craquelado de la superficie en la pieza Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Observación con luz LED y observación con luz UV. Fuente propia, 2015. Figura 149. Figura 150. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 268 6.1.2. La fotografía científica en la documentación de colecciones de ceroplástica anatómica La fotografía científica es el resultado de la aplicación del método científico al registro del objeto, siguiendo unos estándares de calidad para registrar una imagen que supone una evidencia científica del mismo (Pereira, 2013: 263). En el estudio y proceso de intervención de las colecciones de los modelos tridimensionales en ceroplástica, la fotografía científica es una herramienta fundamental, dada la fragilidad del material y la inconveniencia de su manipulación para una conservación adecuada. Además, se trata de una herramienta relativamente barata y de fácil acceso con la que el conservador puede contar. Las fotografías obtenidas se utilizan para la realización de mapas de daños (identificación de deterioros) y cartografías digitales, muy útiles en el desarrollo de las intervenciones de conservación y restauración. También es primordial captar en las imágenes fotográficas las diferentes texturas que reproducen los modelos para imitar de manera fiel la anatomía natural. Como consecuencia de las propiedades de translucidez y opalescencia que posee el material ceroso, los índices de refracción en las superficies anatómicas son múltiples. Los fotones se dispersan en las diferentes interfaces o estratos traslúcidos de la pasta de cera, y el paso de la luz es diferente en cada uno, complicándose aún más en los casos con modelos huecos o semi huecos. Por esta razón, realizar un registro fotográfico riguroso entraña una elevada dificultad. Por otro lado, uno de los problemas más comunes en la fotografía de los modelos es la presencia de un barniz de recubrimiento y una predominancia de las superficies pulidas. Tanto los estratos de barniz como los volúmenes con acabados suaves dan lugar a una variedad de brillos muy elevada, imposibles de eliminar durante el proceso de fotografiado, que interfieren en el correcto registro del color y de los volúmenes durante la captura (fig. 151) (Sánchez y Castelo, 2017; Sterp et al., 2020: 3). También es determinante el tipo de iluminación artificial en la fotografía de los modelos de cera, puesto que se trata de un material muy sensible al calor que desprenden las lámparas incandescentes (tungsteno o cuarzo). Debe tenerse en cuenta que cualquier espectro de radiación lumínica contribuye a la degradación del material, especialmente aquellos con mayor cantidad de luz ultravioleta. Habitualmente, se realizan registros digitales de la fluorescencia visible inducida con lámparas de Wood, pero es necesario el uso de filtros que eliminen el Figura 223. Figura 151. Detalle de una de las piezas que forman parte del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 269 rango ultravioleta reflejado y el problema de los brillos superficiales de este tipo de objeto ofrece los mismos retos que durante el registro fotográfico con luz visible. El estudio con fluorescencia UV en combinación con luz polarizada (utilizada para eliminar los reflejos), ha facilitado la observación de un fino agrietamiento que se ha formado sobre la película de cobertura debido a la pérdida de su resistencia mecánica durante el proceso de envejecimiento natural de la resina natural, y también ha ayudado a la mejor observación de varias abrasiones existentes en varias partes del modelo. Mientras que, la luz rasante permite observar con detalle la textura superficial de los modelos de cera que los ceroescultores consiguieron empleando palillos de modelar, aplanadores de madera y otras herramientas. También permite detectar defectos de fabricación y deterioros como burbujas en la pasta de modelado o pequeñas grietas. Además, la luz rasante y las imágenes de fluorescencia visible inducida por la luz UV enfatizan aún más la presencia de partículas de polvo incrustadas dentro de las porciones empotradas de las áreas estriadas. El control del color es esencial en la fotografía científica. Parte de la función del registro fotográfico se encuentra dirigido a capturar las características cromáticas de los modelos de cera como síntoma de la evolución material de sus componentes y como indicador de los productos de degradación generados en el proceso de envejecimiento. Debe tenerse en cuenta que las oscilaciones de color en una obra realizada con la técnica ceroplástica son diferentes a otros tipos de patrimonio en cuanto a que el carácter opalescente de las piezas (especialmente cuando son huecas o sus capas son de un grosor inferior a los 2 cm.) y la coloración amarillenta que la cera de abejas tiene en origen, rompen con los parámetros establecidos para evaluar la evolución material de las obras de arte convencionales, como pueden ser pintura de caballete o escultura metálica. Figura 152. Espacio de trabajo para la fotografía de modelos anatómicos en cera del Museo Veterinario Complutense. Fuente: Luis Castelo, 2019. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 270 Dentro del Proyecto HAR2013-42460-P, se han establecido patrones de iluminación, registro fotográfico y gestión del color para obtener una reproducción precisa de cada una de las piezas de cera conservadas en el Museo Veterinario Complutense. Dicho registro, realizado con luz difusa, luz rasante y fluorescencia visible inducida por la luz UV, ha sido esencial para realizar una correcta propuesta de intervención y podrá aplicarse a una correcta conservación preventiva en el futuro. Para que dicho registro fotográfico represente una semejanza absoluta con la realidad del objeto, es necesario cumplir con algunos requisitos en cuanto al método de captura y procesamiento de la imagen. El espacio de trabajo, mostrado en la imagen (fig. 152), debe tener un fondo neutro para evitar interferencias con los modelos fotografiados y para poder eliminarlo fácilmente con programas digitales durante el procesado. La iluminación debe estar lo más controlada posible y evitar los reflejos de fuentes de luz indirectas (Sánchez y Castelo, 2017). Control de calidad Para establecer un control de calidad adaptado al material ceroplástico, se ha establecido el siguiente protocolo: configuración óptima del equipo, iluminación, gestión del color y procesado de las fotografías digitales. (Sánchez y Castelo, 2017). La configuración óptima del equipo es diferente en el caso de los modelos tridimensionales de cera, pues los protocolos establecidos en el campo de la fotografía suelen encontrarse dirigidos a la reproducción de arte plano. Por lo tanto, deben configurarse tres parámetros del equipo fotográfico necesarios para registrar una imagen de calidad: el balance de blancos (WB), un espacio de color Adobe RGB (1998) y la generación de archivos RAW a máxima resolución. El balance de blancos personalizado se ha realizado con un parche gris o blanco con una reflectancia del 60% y libre de cualquier color dominante, equilibrar este parámetro ha permitido corregir los colores dominantes registrados en la imagen y nivelar los canales de color de la imagen (fig. 153). Figura 153. Detalle del potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-678). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1837. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017. La configuración Adobe RGB permite observar en la pantalla de la cámara los colores reales -o más cercanos a la realidad- del modelo fotografiados. Además, gestionar el color con esta configuración ha permitido observar los colores reales en el monitor del ordenador y estudiar las piezas de manera más rigurosa. Generar archivos RAW ha sido imprescindible en el registro de los modelos en cera, pues este formato contiene todos los datos sin procesar 6. Metodología de los estudios diagnósticos 271 del sensor y todos los ajustes de la cámara como metadatos. Esto significa que un archivo RAW se puede procesar de varias maneras, en función de las necesidades de la imagen, lo que lo convierte en un archivo muy versátil. Para conseguir una posterior visualización digital del patrimonio ceroplástico, pueden emplearse diferentes modificaciones de la exposición de la cámara. El propósito de obtener la exposición correcta es captar el rango tonal máximo, permitiendo que el sensor de la cámara evite tanto la sobreexposición, por la se pierde información, como la subexposición, donde se encuentra la mayor fuente de ruido electrónico. Actualmente, el fotómetro y el histograma son herramientas muy útiles para calcular la exposición correcta. Para una correcta captura de las piezas de cera, el historiograma de una fotografía debe reunir la escala tonal más amplia posible empleando la técnica de exposición a la derecha, pero sin llegar a saturar las altas luces (Expose to the right ETTR). Realizando esta compensación, se maximiza la gama de tonos capturados en la imagen y se minimizará el ruido o brillos extremos. La condición de emplear un historiograma desplazado es un correcto procesado digital del archivo RAW para obtener la imagen real del modelo (Sánchez y Castelo, 2017). En la imagen (fig. 153), se muestra un modelo en cera preparado sobre un fondo negro. Iluminación Para una captura fotográfica fiel de los modelos de cera, se pueden emplear distintos tipos de iluminación: dos paneles de luz LED, modelo Nanguang CN-600CSA de 36 w 34 x 38 cm, con un índice CRI de 95 y temperatura de color ajustable; y dos paneles modelo Tred Fluo Dimmer de 4 x 55 w, calibrados en un rango de luz día (5500 K). Estas lámparas fluorescentes, al igual que las de tipo LED, son menos agresivas que las lámparas incandescentes, puesto que tienen un rango espectral mucho más limitado, pero requieren un tiempo de calentamiento previo para que la emisión lumínica sea la adecuada y se calientan ligeramente después de un uso prolongado. Aunque ha sido criticado el empleo del flash de la cámara debido a la emisión de luz ultravioleta, son emisiones muy bajas que no deberían afectar a la conservación de los modelos. Si bien el equipo es engorroso y costoso, presenta algunas ventajas interesantes como que no producen calor, la cantidad de luz emitida permite realizar el trabajo con diafragmas casi cerrados y velocidades de obturación rápidas, la temperatura de color del flash es luz diurna (5.500 K) y son muy versátiles (Sánchez y Castelo, 2017). Como se ha indicado, un examen visual con fluorescencia visible inducida por la luz UV facilita al restaurador profundizar en el análisis y diagnóstico del objeto, verificar el grado de deterioro y detectar cualquier restauración anterior. Debido a que la cantidad de luz emitida es muy baja, difícil de medir y enfocar, se requieren pruebas de exposición. La estimación de exposición, enfoque y WB se realiza de forma empírica a través de diferentes pruebas que se miden 6. Metodología de los estudios diagnósticos 272 in situ en la pantalla de la cámara. Se pueden utilizar lámparas de Wood portátiles (365 nm) (Sánchez y Castelo, 2017). Evitar los brillos en el proceso de registro fotográfico es muy complicado cuando se trata de objetos de cera. Dos recursos muy utilizados en el campo de la fotografía para evitar los reflejos y brillos en la imagen final son la colocación de difusores a modo de pantalla en los focos de iluminación y el uso de filtros polarizadores incorporados al objetivo de la cámara. Aunque debe tenerse en cuenta que los polarizadores pueden provocar cambios de coloración en el registro de la imagen (Sterp et al., 2020: 4). Figura 154. Escenario y equipo de fotografiado para los modelos tridimensionales en cera con finalidad didáctica. Emanuel Sterp. 2017. Museo de Anatomía “Javier Puerta”, Madrid. Fuente: Emanuel Sterp, 2017. La propuesta de fotografiado que proponen algunos autores para piezas realizadas en ceroplástica humana de un tamaño medio, orientado a evitar los brillos en la captura fotográfica requerida para realizar un estudio fotogramétrico, puede ser de utilidad en la metodología de registro fotográfico para la diagnosis por imagen de los modelos veterinarios en cera. Como se muestra en la imagen (fig. 154), para evitar la incidencia de focos de luz indirectos y conseguir una iluminación difusa que reduzca los brillos, el modelo puede introducirse en una “caja de luz tipo Neewer”. Dentro de este espacio, la pieza debe depositarse sobre una plataforma giratoria, junto con una carta de grises o target. De este modo, la cámara puede fijarse en una posición y capturar una serie de imágenes con características similares únicamente girando la plataforma y variando la altura del trípode. Para conseguir una mayor difusión de la luz sobre el objeto y matizar los brillos, se puede optar por colocar un filtro de polietileno de alta densidad Tyvek en cada foco (Sterp et al., 2020: 3-4). 6. Metodología de los estudios diagnósticos 273 Gestión del color Es necesario emplear el mismo estándar de color entre los diferentes dispositivos empleados, desde la cámara digital hasta la calibración del equipo donde se realice la postproducción, para evitar una interpretación distinta de la coloración de las imágenes. En el caso de la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense, se ha utilizado el mencionado estándar Adobe RGB 1998 (Sánchez y Castelo, 2017). Procesado de las fotografías digitales Configurar la cámara para recopilar un archivo RAW en su máxima resolución ha permitido su procesamiento con la mayor calidad posible. El programa informático a utilizar para conseguir dicha similitud ha sido Adobe Lightroom 5. Esta herramienta trabaja con perfiles de color, unos archivos o tablas de conversión que indican al programa Adobe Lightroom cómo interpretar los arcghivos RAW, y así visualizar las imagenes RGB como se ven en nuestra pantalla de la cámara. Además, posibilita comparar las diferencias con una carta de color ColorChecker antes y después de aplicar el perfil para cada tipo de iluminación utilizada. Finalmente, se han ajustado algunos parámetros en Photoshop CS6. 6.1.3. Estudios con Rayos X Las únicas técnicas radiográficas no invasivas que, por el momento, se pueden emplear para estudiar el material ceroso son aquellas que utilizan radiación X. Las imágenes radiográficas de los modelos en cera poseen principalmente la capacidad de registrar la estructura interna de los modelos, puesto que la cera de abejas no se registra con este tipo de examen. Figura 155. Modelo anatómico del Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Alicia Sánchez, 2015. Sin embargo, algunos estratos de pastas cerosas poseen aditivos que responden a la longitud de onda del equipo de rayos, como algunos materiales añadidos para colorear, aportar densidad, plasticidad o translucidez (como pigmentos minerales, resinas o cargas). Conocer la sucesión, distribución o grosor de las capas que forman un modelo anatómico podría facilitar su atribución a una escuela de ceroplástica o a un autor concreto (Dal Forno, 2009: 27-28). 6. Metodología de los estudios diagnósticos 274 Dentro del Proyecto HAR2013-42460-P, los modelos seleccionados fueron estudiados mediante la técnica de los rayos X, realizada por el personal responsable de la diagnosis por imagen en el Hospital Clínico Veterinario (fig. 155). Excepto en casos como el del Caballo pequeño (rfa. MV- 590), transportar tridimensionales de cera de cierto tamaño o que estaban en un mal estado de conservación, no se consideró conveniente por lo que se desplazaron los equipos al emplazamiento del Museo Veterinario Complutense. Figura 156 a y b. Proceso de registro con el equipo de rayos X del Hospital Veterinario Complutense y modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Mario Danzé, 2017. Como se observa en las imágenes (fig. 156 a y b), para realizar la radiografía, el modelo en cera debe colocarse entre el foco emisor de la radiación y la placa fotográfica, lo más cerca posible a la placa. Por lo general, es necesario repetirla en distintas proyecciones o posturas dentro de las posibilidades (de frente, de perfil, oblicuas...), que debe aprobar el conservador-restaurador responsable para asegurar su estabilidad material. Asimismo, es esencial comprobar antes de finalizar el trabajo que la imagen no está velada, movida, etc. Para ello, el técnico en radiología revelará la placa y la revisará. Una vez procesadas las imágenes, las radiografías han permitido distinguir las zonas blancas o gris claro correspondientes al material óseo, a los anclajes y estructuras metálicas, a las estructuras de yeso y a otros elementos que no dejan pasar la radiación. Las zonas de una gama de grises intermedios registran las pastas de cera y quedan representadas con grises más claros cuanto más grueso era el estrato de pasta de cera o cuantas más capas tenía dicho estrato, también ha dependido de la cantidad y proporción de componentes como resinas o pigmentos metálicos contienen las pastas. Finalmente, las zonas de grises oscuros o negras, han revelado la ubicación de los huecos de los modelos o identificar los estratos de cera de poco grosor. En función de estas premisas, la observación de los registros permite verificar la técnica de fabricación y los elementos internos de soporte, especialmente interesante en colecciones de anatomía animal debido a que los materiales utilizados en su estructura interna pueden ser muy a b 6. Metodología de los estudios diagnósticos 275 variados, desde madera o yeso hasta un esqueleto natural reforzado con elementos metálicos. En el Museo Veterinario Complutense se han podido distinguir con esta técnica los diferentes tipos de soporte: óseo, metálico y escayola; las piezas huecas de aquellas macizas o la manera de utilizar los ensamblajes metálicos y su sujeción en las peanas de madera. Los rayos X han sido útiles para comprobar que la mayoría de las piezas huecas han sido conformadas con un cuerpo central realizado con moldes al que se han unido las extremidades o las demás partes del modelo. Las uniones parecen haber sido conseguidas con una pasta de cera líquida similar a la de composición de los modelos, puesto que no hay una diferencia de reflexión. También ha ayudado en la identificación del material óseo que sustenta las pastas de cera y su grosor, así como para comprender cómo se encuentra anclado entre sí (cuando son varios huesos o fragmentos óseos) y dónde el grosor de la pasta de cera es mayor o menor. En las imágenes (fig. 157 y 158), se aprecian dos estructuras internas óseas con diferentes densidades. La figura de la izquierda muestra una mandíbula maciza de cera, con una alta densidad y mayor opacidad ante los rayos X. La figura de la derecha conforma la estructura ósea de una parte superior de mandíbula sobre la que descansa una fina capa de cera. Figura 157. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1700). Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. Figura 158. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, modelo Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV-755). Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. En las colecciones de ceroplástica, los modelos parcial o totalmente huecos son muy comunes. Determinar esta característica de fabricación, así como la disposición de los elementos de anclaje interno y relleno, aporta información acerca del empleo de moldes o sobre la metodología 6. Metodología de los estudios diagnósticos 276 de unión de las distintas partes que componen cada modelo seguidas por el ceroescultor. El modelo Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674), en las imágenes (fig. 159), ofrece la oportunidad de observar una pieza en ceroplástica con una estructura hueca, con diferentes grosores en función de la zona anatómica a representar. Mientras que la imagen registrada con rayos X del modelo de Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663) (fig. 160), corresponde a una pieza maciza que puede encontrarse compuesta por una pasta de cera con pocos aditivos o componentes sensibles a la radiación X, dada la translucidez de la imagen registrada. Continuando con el estudio de la tecnología de fabricación, también ha sido muy interesante observar el sistema de anclaje o unión entre diferentes zonas de los modelos. Mientras que en otras colecciones anatómicas en ceroplástica, los artífices de los modelos han creado estructuras metálicas anclando los diferentes alambres entre sí y con la peana para crear una estructura estable y sólida, en los modelos anatómicos de cera del Museo Veterinario Complutense se han utilizado los alambres o fragmentos metálicos a modo de pernos, hundidos en el volumen de la pasta de cera como única sujeción a la pieza o en la peana, pero sin unir con otras partes de dicha estructura (fig. 161-163). Figura 159. (Izquierda) Modelo Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1832. Fuente: Luis Castelo, 2017. (Derecha) Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. . 6. Metodología de los estudios diagnósticos 277 Figura 160. (Izquierda) Modelo Corazón de caballo (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. (Derecha) Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. Figura 161. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. Figura 162. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 278 Se ha podido observar que los pigmentos y cargas empleados en las pastas de cera también ha aportado cierta opacidad (Dal Forno, 2009: 38-39). En las imágenes se pueden observar las diferencias de absorción de los rayos X entre unas zonas y otras de color (fig. 163). Figura 163. (Izquierda) Detalle de una de las piezas del modelo clástico Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Atribuido a Pedro Sánchez y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Fuente: Luis Castelo, 2017. (Derecha) el modelo observado bajo rayos X. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015. Una de las mayores limitaciones de las imágenes radiográficas se debe a la ausencia de información volumétrica. Para evitar obtener la información tridimensional en un solo plano es interesante realizar varios radiogramas según los dos planos ortogonales. Aun así, no se tendrá la información espacial del tercer eje del espacio, por lo que es necesario conocer bien la tecnología de fabricación y razonar los radiogramas X con los resultados de otras técnicas diagnósticas y analíticas (Dal Forno, 2009: 38-39). Otro inconveniente de esta técnica es la dificultad que se ha tenido para realizar una captura de las piezas en su conjunto, debido a que las placas del equipo de rayos X tienen unas dimensiones limitadas. Esta complicación ha exigido una posterior labor de edición de imagen con herramientas como Photoshop. Debe tenerse en cuenta que la radiación recibida por los modelos tridimensionales de cera es mínima, especialmente en este caso en el que el equipo médico de rayos X es empleado en la diagnosis de los animales en el Hospital Veterinario. Sin embargo, lo recomendable en todos los casos es realizar solo las exposiciones necesarias a cualquier radiación. 6.1.4. Otras técnicas diagnósticas por imagen - Tomografía Axial Computarizada (TAC) La tomografía Axial Computarizada o Tomografía Computarizada (TAC o TC), ha sido tomada del ámbito médico-científico para utilizarla en el campo de la conservación-restauración en estas últimas décadas, con el objetivo de aplicarlos a los estudios no invasivos del patrimonio 6. Metodología de los estudios diagnósticos 279 cultural. Este método de análisis mediante imagen permite obtener imágenes de cortes transversales del cuerpo, tanto horizontales como verticales. Con esta información, puede estudiarse la estructura interna de las esculturas, comprender su técnica de ejecución o el estado de conservación en todos sus estratos. En el estudio e intervención de los modelos tridimensionales en ceroplástica, el examen con TAC es de gran utilidad, pues revela datos sobre la composición de los materiales constituyentes - gracias a las diferentes densidades que cada uno refleja en las imágenes obtenidas- y permite conocer la naturaleza de la estructura de los modelos, ya sea metal, hueso, yeso, etc. Además, las imágenes obtenidas pueden procesarse para obtener un modelo digital en tres dimensiones del objeto de cera, permitiendo su reproducción, facilitando la difusión cultural de estas colecciones, proyectando una intervención de restauración virtual, etc. En las últimas décadas, esta técnica diagnóstica se ha empleado en los modelos tridimensionales de cera de algunas instituciones italianas. Por ejemplo, en la reconstrucción virtual de un modelo de cera sobre hueso natural del siglo XVIII, realizado por Anna Manzolini y conservada en el Museo Palazzo Poggi de la ciudad de Bolonia (Mancini et al., 2015: 119; Peccenini et al., 2015: 59); o en el estudio y propuesta de diagnosis en un modelo de anatomía humana en cera realizado por Giuseppe Astorri, en el siglo XIX, conservado en XXX. Éste estudio ha sido desarrollado en colaboración con Centro Studi e Ricerche Enrico Fermi de Roma, para producir hologramas virtuales a partir de la combinación de radiografías y tecnología computarizada obtenida del TAC (Leonardi et al., 2017: 117). - Tecnologías de digitalización 3D Otras técnicas diagnósticas por imagen tienen como objetivo registrar con exactitud la superficie de un objeto y convertirlo en un archivo digital en tres dimensiones, algunas de ellas son la fotogrametría o la tecnología láser. Su uso permite la obtención de datos sin necesidad de manipular el objeto y obtener un modelo digital que será una copia fiel en alta resolución del original, si bien, dichos datos requieren de un post procesamiento adecuado. En el caso de La conservación-restauración del patrimonio cultural que comprende los modelos anatómicos de cera, estas técnicas no destructivas permiten realizar una intervención virtual o simular la evolución de un deterioro. Además, los registros en tres dimensiones forman parte de una documentación muy útil sobre el estado de conservación de una pieza de cera antes, durante y después de una intervención o para realizar un estudio de conservación preventiva en un plazo de tiempo determinado. La reproducción de zonas perdidas de las obras de cera o la impresión de moldes que permitan fabricar la pérdida matérica con el material más oportuno, son herramientas muy útiles en las intervenciones de restauración. Por otro lado, la difusión virtual de los registros puede servir para poner en valor las colecciones científico-técnicas e incluso imprimir modelos 3D a la escala que se desee de la pieza digitalizada para su uso didáctico (Hernández et al.,2020: 129-130). Las técnicas sin contacto, como los láseres o escáneres digitales, son adecuados para las colecciones de anatomía en ceroplástica, pues no requieren de la manipulación del modelo. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 280 Durante la última década, han aplicado en nuestro país las técnicas digitales al campo de la conservación y restauración del patrimonio científico-técnico universitario. Algunas de las publicaciones sobre el uso de técnicas digitales orientadas a los modelos anatómicos en ceroplástica son: la aplicación de tecnologías 3D en el modelo anatómico en ceroplástica Venus de Medici, realizado entre 1786 y 1787 y conservado en el Museo de Anatomía "Javier Puerta" de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. En esta publicación utilizan la réplica virtual del modelo para estudiar las posibilidades de intervención, reconstruyendo los deterioros sufridos por la pieza y los efectos de cada proceso de intervención sin necesidad de someterla a una manipulación83 (Sterp y Sánchez, 2017). El trabajo de registro tridimensional con escáner láser, realizado sobre un modelo anatómico en ceroplástica, un écorché - copia de un modelo del escultor Jean-Antoine Houdon (1741-1828)- atribuido al escultor Ignasi Vergara (1715-1776), conservado en la Universidad Politécnica de Valencia (Niquet y Mas-Barberà, 2019: 5-16). La digitalización mediante fotogrametría del Modelo de buche, elaborado por los ceroescultores Cristobal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio, en 1830, y conservada en el Museo Veterinario Complutense de la Facultad Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. A partir del modelo digital se realizó un estudio en profundidad de la reintegración volumétrica para devolver la correcta lectura anatómica a la pieza (Hernández, Sánchez y Matia, 2019: 64, 66-67). La propuesta de una metodología para utilizar la fotogrametría digital en la diagnosis artística y la restauración virtual de los modelos de anatomía en ceroplástica, aplicada a dos casos prácticos estudiados en esta tesis: los modelos veterinarios en ceroplástica del siglo XIX, Caballo pequeño y Cráneo y encéfalo de caballo, conservados en el Museo Veterinario Complutense84 (Hernández et al., 2017; Hernández et al.,2020: 129-139). 6.2. Caracterización de la naturaleza material de los modelos en cera Cuando se incluye una caracterización físico-química en unos estudios diagnósticos es porque se ha considerado imprescindible conocer la composición del material en profundidad. Debe reflexionarse seriamente sobre la necesidad de realizar estos estudios y tener muy claro qué cuestiones quieren responderse con dicha caracterización, puesto que precisan de una pequeña extracción de material. El número de micro muestras debe ser el mínimo posible y estas, ser extraídas de las zonas que puedan proporcionar más información. Para elegir de manera acertada las áreas de extracción, es preciso haber realizado previamente las pertinentes inspecciones visuales, las investigaciones documentales, así como los estudios diagnósticos por imagen que aporten información, necesarios para conocer toda la información posible acerca de la composición y tecnología de producción del modelo. Así pues, 83 Puede consultarse este estudio completo en Sterp, E. (2017). Aplicación de técnicas digitales 3d en una propuesta de conservación-restauración para un modelo anatómico en cera (siglo XVIII). Venus de Medici. [Trabajo Fin de Grado] Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. En línea: https://www.academia.edu/37545342/Aplicaci%C3%B3n_de_t%C3%A9cnicas_digitales_3d_en_una_propuesta_de_conserva ci%C3%B3n_restauraci%C3%B3n_para_un_modelo_anat%C3%B3mico_en_cera_siglo_XVIII_Venus_de_Medici 84 La investigación de nuevas tecnologías 3D se encuentran dentro de la Investigación financiada por el Proyecto I+D Ref.: HAR2013-42460-P y del Proyecto Santander-UCM Ref.: PR26/16-20322. https://www.academia.edu/37545342/Aplicaci%C3%B3n_de_t%C3%A9cnicas_digitales_3d_en_una_propuesta_de_conservaci%C3%B3n_restauraci%C3%B3n_para_un_modelo_anat%C3%B3mico_en_cera_siglo_XVIII_Venus_de_Medici https://www.academia.edu/37545342/Aplicaci%C3%B3n_de_t%C3%A9cnicas_digitales_3d_en_una_propuesta_de_conservaci%C3%B3n_restauraci%C3%B3n_para_un_modelo_anat%C3%B3mico_en_cera_siglo_XVIII_Venus_de_Medici 6. Metodología de los estudios diagnósticos 281 conocer la naturaleza de los materiales mediante técnicas de caracterización físico-químicas puede ser de gran utilidad. Los resultados del laboratorio de materiales pueden facilitar al conservador- restaurador datos sobre los materiales empleados por el ceroescultor y completar los conocimientos sobre la fabricación del modelo. Pero, los resultados de estas técnicas también permitirán evaluar el estado de conservación de la pieza y serán fundamentales en la toma de decisiones sobre la intervención de restauración. En la conservación y restauración de la ceroplástica, el análisis químico de los componentes de las pastas es fundamental, puesto que los fabricantes de las piezas raramente dejaban constancia de los materiales que empleaban85. Así pues, las analíticas químicas podrán concretar el tipo de cera más abundante en la pasta que conforma los modelos y, si se encuentra mezclada con otras ceras, resinas, aditivos grasos como aceites o sebo animal, harinas, yesos u otras cargas, pigmentos minerales u orgánicos, etc. Por otra parte, la evolución físico-química del propio modelo puede haber generado nuevos productos -por ejemplo, una migración de ácidos grasos a la superficie-, o haber sido intervenido con materiales no originales, como repintes, barnices, etc. Además, las pastas de cera atraen el particulado atmosférico y es común encontrar gruesos y adheridos estratos en sus superficies. Todos estos materiales originales y no originales serán determinantes en la toma de decisiones sobre los productos y metodologías de intervención. Las analíticas químicas podrán aportar al respecto una información necesaria, pero el conservador-restaurador deberá conocer los tipos de examen disponibles y qué requisitos serán los que exijan la extracción o no de una muestra del modelo. A tenor de estas premisas y como se ha indicado previamente, una propuesta de extracción de muestras para su análisis físico-químico en un laboratorio de materiales, requerirá haber realizado con anterioridad un estudio histórico, una revisión de las fuentes bibliográficas y un estudio visual con los métodos diagnósticos por imagen adecuados al modelo en cera a estudiar. Dicha información permitirá decidir qué tipo de caracterización es necesaria. 6.2.1. Técnicas instrumentales de caracterización físico-química La identificación cualitativa de compuestos en una pasta cerosa con las técnicas instrumentales de análisis, se hace por comparación entre los espectros de sustancias conocidas y la muestra recogida del modelo a estudiar. Esta característica permite el reconocimiento de una gama muy amplia de sustancias -adhesivos, aglutinantes, muchos pigmentos, sales contaminantes o materiales empleados en intervenciones anteriores-, en diferentes estados de agregación e incluso en disolución. Los análisis cuantitativos también son posibles, pero poco precisos (Dal Forno, 2009: 33-34). 85 En la colección investigada del Museo Veterinario Complutense, las pastas de cera están compuestas esencialmente por cera virgen de abejas, cera blanqueada, trementina, resina de colofonia, aceite vegetal y pigmentos, como se ha explicado en el capítulo 4 de esta investigación. 6. Metodología de los estudios diagnósticos 282 - Con la microscopía electrónica de barrido-dispersión de rayos X (SEM-EDX) se utiliza para identificar compuestos basados en su estructura cristalina. Los resultados permiten identificar los componentes inorgánicos, como pigmentos minerales o cargas, a la caracterización de productos de degradación consecuencia de las alteraciones experimentadas por los modelos de cera, como los depósitos salinos, las exudaciones grasas o la transformación química de los pigmentos naturales. Los análisis de microfluorescencia de rayos X se complementan en la mayoría de los casos con pruebas químicas. La difracción de rayos X (Colinart et al.,1987: 28). - La microscopía electrónica de barrido (ME) permite detectar la presencia de compuestos inorgánicos en las pastas de cera. Mediante comparación de los patrones obtenidos de la muestra con los estándares de los materiales puros, pueden caracterizarse cargas habituales en las pastas como yesos y calcitas, o identificarse los granos de pigmento que colorean las pastas. - El microscopio óptico (MO) se puede emplear como complemento de la microscopía electrónica para realizar microanálisis de identificación de sustancias minerales (como pigmentos, cargas inertes o depósitos de particulado atmosférico). También es útil para el estudio de la sección transversal de una muestra, permitiendo observar la superposición de los estratos cerosos -que pueden indicar una técnica de fabricación concreta o detectar capas no originales, como repintes o un estrato de suciedad superficial encapsulada entre dos barnices, etc., además de caracterizar recubrimientos de policromía o barnices. En la identificación de los componentes de las pastas de cera es muy útil, pues requiere cantidades mínimas de material y no necesita procesamiento previo para emplear el instrumental. Se trata de un tipo de examen que, debido a la multiplicidad de los elementos constituyentes de la muestra y a las habituales interferencias generadas por los reactivos, requiere cierta competencia y experiencia en el sector específico (Dal Forno, 2009: 29). - La espectroscopia infrarroja por Transformada de Fourier de reflectancia total atenuada (FTIR-ATR) es una técnica que permite obtener espectros de los productos orgánicos de la muestra cerosa y compararlos con los espectros químicos de los productos de referencia (Colinart et al.,1987: 28). El espectro obtenido del procesado de la muestra del modelo de cera proporciona información sobre la naturaleza química de los componentes de la pasta cerosa, tales como diferentes ceras (cera de abejas, de carnauba, de candelilla, de sebo, etc.). Por otra parte, esta técnica es capaz de detectar productos que podrían ayudar a datar una pieza de cera en una época, con la identificación de cera de parafina o de ácido esteárico. Sin embargo, los espectros son más difíciles de interpretar y se detecta con frecuencia el componente principal. - La cromatografía de gases (GC-MS). Utilizando cromatografía de gases con una técnica de detector de masas, se pueden clasificar los diversos componentes orgánicos de una sustancia cerosa y de los recubrimientos pictóricos que pueda tener, por ejemplo, algunos modelos anatómicos pueden presentar una policromía con aglutinante oleoso superpuesta sobre la pasta 6. Metodología de los estudios diagnósticos 283 de cera. La identificación de los hidrocarburos (alcanos, alquenos, dienos) y la determinación cuantitativa de hidrocarburos saturados lineales (n-alcanos) permite confirmar si la cera de abejas es el componente principal de las pastas y si se encuentra mezclada con otras ceras. Los datos de tipo cualitativo y cuantitativo se obtienen mediante la comparación de los cromatogramas estándar de los líquidos o las sustancias susceptibles de gasificarlas con los derivados volátiles de la muestra de pasta cerosa. Es decir, la separación, identificación y cuantificación de los componentes gasificables debe hacerse mediante el empleo de patrones de referencia. De este modo, también pueden distinguirse otros aditivos habituales en las pastas de cera, como el sebo animal o los aceites secantes vegetales (Dal Forno, 2009: 32). - las pruebas diagnósticas mediante tinción permiten conocer la presencia en las pastas de algunos materiales orgánicos, como el almidón, pero suelen ser utilizadas cuando no se dispone de las técnicas de análisis mencionadas. En resumen, los componentes inorgánicos del material ceroso a examinar pueden estudiarse mediante técnicas como la microscopía electrónica de barrido-rayos X de dispersión de energía (SE M-EDS), microscopía electrónica (ME) y microscopía óptica (MO); mientras que los componentes orgánicos serán identificados con espectroscopía de infrarrojos por Transformada de Fourier (FT- IR) y cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas (GC/MS). 6.2.2. Protocolo de extracción de muestras en ceroplástica Para poder formular las preguntas correctas al equipo humano del laboratorio de materiales y conocer las técnicas de análisis químicos y su función, es imprescindible escoger las muestras más interesantes y relevantes en el estudio de un modelo en ceroplástica o de una colección. Así pues, el conservador-restaurador necesita conocer, a priori, la máxima información posible sobre las piezas y tener en cuenta varios criterios metodológicos fundamentales (Cantos et al., 2012: 210-213; Doménech, 2018: 33-36): - Es necesaria la consulta de la documentación de archivo y obtener información relativa a la técnica escultórica en profundidad. Si se espera encontrar un tipo concreto de aditivo, se sabe qué pigmentos se empleaban para colorear las pastas de cera o existe documentación sobre el recubrimiento resinoso recomendado en su época, el conservador-restaurador realizará la búsqueda de información de modo más riguroso y concreto, minimizando el número de muestras y transmitiendo al laboratorio la información precisa que busca en estas muestras. - Deben seleccionarse zonas estratégicas que puedan aportar la información para la que se toman. En el caso de no considerar concienzudamente la pertinencia de las muestras, pueden tomarse más de la cuenta (ejerciendo un deterioro innecesario del modelo) o de zonas que no van a responder a las preguntas del conservador-restaurador. Si la situación lo permite, lo ideal será 6. Metodología de los estudios diagnósticos 284 extraer las muestras de zonas dañadas como grietas, zonas fracturadas o lagunas. Además, es preciso que se tenga en cuenta el grosor de la capa o capas que debe contener la micromuestra. En los modelos realizados con la técnica de la ceroplástica hay muchas tecnologías de fabricación como para unificar un criterio de extracción, por lo que deberá adaptarse a cada caso: cuando el estrato de pasta de cera coloreada sea de unas micras o varios milímetros, o si es un modelo macizo realizado con una sola colada de pasta de cera, etc., deberá tenerse en cuenta que la mayoría de los modelos anatómicos se encuentran protegidos por una capa de recubrimiento resinoso, en un estrato más o menos continuo, en función de su estado de conservación. - Las dimensiones de la muestra dependen del estrato o material que se vaya a analizar, pero debe ser del mínimo tamaño posible para realizar la técnica analítica y estar por encima del patrón de heterogeneidades del material (por ejemplo, de un estrato interno de pasta cerosa). - En el caso de los modelos tridimensionales de cera, se ha realizado un muestreo con un número limitado de extracciones, pero adaptado a las necesidades del examen. Por ejemplo, para la identificación de materiales constitutivos ha sido extraída una muestra por cada color y pasta de cera diferentes (identificadas en el estudio visual o durante la lectura de los contratos y documentos de archivo), mientras que para evaluar la idoneidad de un material de limpieza ha sido necesario tomar dos muestras: una de la superficie original sin intervenir y otra una vez se ha finalizado el proceso de limpieza. - Debe adaptarse el procedimiento de muestreo a la técnica de análisis, es decir, no es necesario extraer las muestras del mismo tamaño ni a la misma profundidad si se trata de conocer la naturaleza de un barniz y la estratigrafía de una capa cerosa. - Todo el proceso de toma de muestras debe ser realizado por un conservador-restaurador, que debe llevar guantes y evitar tocar las superficies a analizar para no contaminar las muestras. Por la misma razón, todo el instrumental y los viales deben esterilizarse antes de su uso y trabajar en un entorno de trabajo limpio y acondicionado. - El registro fotográfico y el registro gráfico en un mapa o infografía del modelo permite señalar el punto exacto de la extracción y sirve de información útil al especialista para interpretar los resultados obtenidos por la técnica analítica. Una vez determinadas las zonas de extracción para cada tipo de técnica analítica necesaria, pueden emplearse diferentes metodologías de muestreo. Dos de ellas, útiles en el estudio de los modelos anatómicos, son el rodamiento de un hisopo embebido en un disolvente orgánico volátil y la extracción de una micromuestra con la ayuda de un bisturí (puede tomarse, preferiblemente, de un fragmento desprendido en la peana de la pieza, una situación muy común en este tipo de colecciones). 6. Metodología de los estudios diagnósticos 285 Para realizar la extracción del particulado de depósito y del estrato de barniz de recubrimiento de los modelos tridimensionales en cera, la metodología de trabajo consiste en el rodamiento de varios hisopos de algodón hidrófilo embebidos en un disolvente. Es necesario que el disolvente orgánico sea muy volátil -puede usarse un disolvente polar como el etanol absoluto o el metanol-, y que el tiempo de rodamiento sea lo más breve posible. De este modo, pueden extraerse unas micras de material sin alterar la primera capa de pasta de cera, pues cualquier disolvente polar en estado libre tiende a provocar la lixiviación de los ácidos grasos de las superficies escultóricas (fig. 164). Figura 164. Toma de muestra con hisopo en el modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Figura 165. Introducción de la muestra tomada con hisopo en su vial siglado asignado. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Con el objetivo de evitar la contaminación de la muestra y para que se conserve lo más intacta posible, cada hisopo debe depositarse dentro de un vial de vidrio con tapa y ser manipulado con la ayuda de unas pinzas metálicas. Cada vial debe siglarse para su identificación, por lo que es importante establecer una relación alfanumérica o cualquier otro código y situar la zona de extracción en una cartografía digital o fotografía impresa de la pieza (fig. 164 y 165). Para la extracción de micromuestras en las pastas de cera de los modelos anatómicos debe utilizarse un bisturí esterilizado (debe sumergirse en etanol previamente y dejarlo evaporar sin entrar en contacto con ningún otro material. El objetivo es evitar la contaminación de la muestra y recibir resultados falsos del análisis químico) e introducirlo unas micras en el material ceroso. La muestra se debe depositar en un vial siglado, como se ha indicado para el muestreo con hisopo (fig. 166 y 167). 6. Metodología de los estudios diagnósticos 286 Figura 166. Toma de muestra con bisturí en el modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. Figura 167. Introducción de las muestras tomadas en su vial siglado asignado. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015. En el campo de la conservación y restauración, a menudo se realiza un muestreo para evaluar la eficacia e idoneidad de los materiales de limpieza. Para esos casos, la metodología se explica en el capítulo 8 de esta investigación. 7. Criterios de intervención 287 7 CRITERIOS DE INVERVENCIÓN os modelos didácticos elaborados en cera policromada y destinados en origen al estudio de la anatomía han pasado a formar parte de las colecciones científicas de los museos universitarios y de otras instituciones. Estos artefactos reflejan la anatomía humana, animal y vegetal de una manera excepcional porque representan las distintas vistas resultantes de varias disecciones anatómicas. Así pues, ofrecen una imagen tridimensional de una estructura orgánica sana o de cada síntoma de una patología observada en múltiples individuos que no podría percibirse en una única disección. En la imagen (fig. 168), se pueden observar la coloración y formas de los síntomas en un modelo de pulmón equino con un cáncer en estado avanzado. Figura 168. Modelo humano afectado por la enfermedad Pelagra. Siglo XVIII-XIX. Museo “Luigi Cattaneo” de Bolonia. Fuente: Luca Borghi, 2018. Figura 169. Modelo patológico de pulmón invadido por un cáncer. Pertenece a un caballo. Autor. C. Bettini, 1865. Museo “Alessandrini-Ercolani” de Bolonia. Fuente: Marcato, 2007. L 7. Criterios de intervención 288 Además, las colecciones en ceroplástica siguen siendo de utilidad en la detección de enfermedades erradicadas o raras en las sociedades occidentales registradas a modo de testigo en los modelos en cera de los siglos precedentes. Un buen ejemplo de ello puede ser la pelagra (fig. 169), una patología dermatológica contagiosa, cuyas evidencias quedaron registradas en los modelos de cera. Los objetos relacionados con el desarrollo de la ciencia y la tecnología han obtenido un importante reconocimiento desde hace varias décadas, pero aún se requiere una puesta a punto de los criterios de conservación específicos para cada tipo de objeto que conforma este patrimonio (Lourenço y Gessner, 2012: 742-743; Lemos y Tissot, 2020: 24-25). Dentro de las colecciones científico-técnicas que conserva la Universidad Complutense de Madrid y, en particular, la Facultad de Veterinaria, pueden encontrarse desde instrumentos obstétricos, hasta transparentizaciones o modelos en papel maché (fig. 170). Figura 170. (Izquierda) Transparentización de un ave. (Derecha) Modelos de una cabeza de serpiente realizada en papel maché. Museo Veterinario Complutense. Como parte del patrimonio universitario, los modelos anatómicos de cera cumplen con la consideración de objetos científico-técnicos de un elevado valor material. Se trata de piezas únicas realizadas con técnicas escultóricas exclusivas de un período histórico y no debe olvidarse que poseen también valor inmaterial. Dichas características son fundamentales para comprender y estimar la necesidad de conservarlos. Atendiendo a las indicaciones del Plan Nacional de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, según la convención de la UNESCO celebrada en 2003, se consideran Patrimonio Cultural Inmaterial a “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un 7. Criterios de intervención 289 sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana” (IPCE, 2015: 7). Como documentos primarios y desde el punto de vista del patrimonio inmaterial, los modelos didácticos de cera representan la herencia de la Ilustración y diferentes momentos importantes en el desarrollo de las ciencias de la salud en Europa y en nuestro país. Estos modelos anatómicos facilitaban la transmisión de unos ideales culturales y políticos ligados al deseo de acercar el conocimiento a todos los estratos sociales desde las instituciones de enseñanza. Las universidades deben revalorizar este patrimonio por formar parte de su identidad y de la evolución de las herramientas didácticas, de los conocimientos y del funcionamiento de las propias facultades. Además, muchos ceroescultores fueron artistas o artesanos que desarrollaron técnicas creativas exclusivas para unas colecciones de las que se han conservado una selección de piezas irrepetibles. Los objetos con el paso del tiempo han podido acumular un valor inmaterial que se vincula con las actividades docentes y el tipo de contenidos didácticos que se han enseñado en la historia de la veterinaria. Así pues, el patrimonio material e inmaterial que conforman los modelos anatómicos conservados actualmente en el Museo Veterinario Complutense debe protegerse, difundirse y ponerse en valor como parte de la memoria colectiva de la comunidad educativa y como documentos físicos de un momento histórico muy relevante en el nacimiento de la veterinaria en España. 7.1. La evolución histórica en la conservación de artefactos en cera: de objetos didácticos a piezas de museo Durante centurias, las colecciones de anatomía en cera pertenecientes a países como Italia o Francia fueron protegidas y reparadas en talleres especializados y en las instituciones por los propios ceroescultores. Un ejemplo de esta práctica son los documentos referentes al Museo florentino de La Specola, conocidos como los quaderni dei modellatori; asimismo, se pueden encontrar notas contemporáneas a la producción de los modelos de anatomía humana en cera que indican las reparaciones realizadas, pero también mejoras en los acabados y cambios por razones de exactitud científica (Dal Forno, 2009: 71). Sin embargo, cuando las piezas dejaron de cumplir su función como objetos didácticos y los gabinetes donde se fabricaban las mismas fueron clausurados, los deterioros de los modelos anatómicos dejaron de subsanarse y quedaron a una suerte incierta. Como indica Dal Forno, no fue hasta los años 60 del siglo XX cuando se empezó a reconsiderar el valor museístico de estas obras, se reconoció la urgencia de algunas restauraciones y se planificaron las primeras intervenciones. Fue entonces cuando la sociedad volvió a preocuparse por el estado material de los modelos en cera. En Italia, un referente internacional por tratarse de la nación original de la anatomía en ceroplástica, algunas de las primeras restauraciones fueron realizadas por el profesor Guglielmo Galli, que comenzó interviniendo los Teatrini della Morte de Gaetano Zumbo, en Florencia. Galli se ocupó después de las intervenciones y del cuidado de los modelos anatómicos elaborados por Clemente Susini en el taller de La Specola. Si bien los criterios empleados en estas actuaciones se encuentran alejados de la ética de la restauración actual, deben valorarse los descubrimientos sobre la técnica, la puesta en valor de este patrimonio y las acciones que permitieron la supervivencia de estos artefactos (Dal Forno, 2009: 70 y 72). 7. Criterios de intervención 290 A finales del siglo XX, en la mayoría de las instituciones, la restauración científica y los criterios empleados para cuidar del patrimonio artístico fueron aplicados a las colecciones de ceroplástica. Algunos investigadores denunciaban que hasta el momento el problema de la conservación de los objetos de cera se había abordado sólo ocasionalmente, a veces sin un conocimiento adecuado y profundo de las técnicas antiguas, sino también sin la conciencia de que es necesario trabajar con el mismo cuidado y los mismos procedimientos que se utilizan en la restauración de otros tipos de objetos artísticos (Boddi et al., 1992: 121). Las colecciones a las que se refiere Boddi incluyen los modelos zoológicos y botánicos conservados en las instituciones universitarias de Florencia y Pisa. Las primeras restauraciones publicadas basadas en el método científico de la conservación comenzaron a considerar las piezas en cera como al resto de materiales de las colecciones museísticas y promovieron la colaboración con los departamentos científicos de las instituciones o con los equipos de los hospitales. De este modo, se pudieron realizar pruebas con rayos X para conocer el estado de conservación de los modelos con vistas a planificar las intervenciones previas, u obtener información sobre la composición físico-química del modelo anatómico en cera con la toma de muestras y su análisis por espectrometría de gases-masas (GC/MS), con el objetivo de seleccionar los materiales más inocuos y efectivos a emplear durante la intervención de restauración (Kaufmann, 1988: 25-27). Otras publicaciones comenzaron a ofrecer estudios con diferentes materiales de limpieza empleados sobre varias superficies cerosas para establecer, al igual que se empezaba a hacer con las obras de arte de pintura o escultura, los sistemas más inocuos y adecuados para cada caso de estudio (Chicoineau, 1989: 22-25). Figura 171. Modelo anatómico La Venerina, conservado en el Museo di Palazzo Poggi de Bolonia. Fuente: Andreoni et al., 2011. Por ejemplo, la intervención en La Venerina, perteneciente a la colección de ceroplástica anatómica del Museo di Palazzo Poggi de Bolonia, fue realizada por el Opificio delle Pietre Dure de Florencia con los mismos criterios que se aplican para el patrimonio artístico (Andreoni et al., 2011: 48-49). Se llevó a cabo una microaspiración y una limpieza química de la superficie con disoluciones acuosas de tensioactivo Tween 3% y alcohol etílico al 10% en agua desionizada. A continuación, fueron eliminadas mecánicamente las antiguas reintegraciones volumétricas. La unión y adhesión de grietas, así como el relleno de lagunas fueron realizadas con una mezcla de cera parafina y cera vegetal, añadiendo donde era necesario un tejido inerte preparado con cera 7. Criterios de intervención 291 parafina, e integradas cromáticamente en el conjunto con colores al barniz. Todos estos materiales compatibles tienen un comportamiento estable (fig. 171). También para las piezas de patología se han seguido en las últimas décadas los mismos criterios que para los modelos grandes de carácter más artístico. En el proceso de conservación- restauración del Tumore delle parti molli del braccio, perteneciente al Museo di Anatomia Patologica de Florencia (fig. 172), algunas de estas actuaciones incluyen: la eliminación de elementos añadidos durante las intervenciones anteriores, que habitualmente provocan tensiones y roturas; limpiezas de las superficies cerosas con disoluciones acuosas tensioactivas; adhesiones de los fragmentos fracturados con silicona transparente aplicada a puntos, protegiendo la superficie con una capa de metilcelulosa; reintegración volumétrica con parafina pigmentada y reintegración pictórico con colores al barniz (Gabbriellini et al., 2009: 66-68). Figura 172. Modelo Tumore delle parti molli del braccio. S. XIX. Autor desconocido. Museo di Anatomia Patologica de Florencia. Fuente: Gabbriellini et al., 2009. Sin embargo, establecer unos criterios específicos para colecciones de ceroplástica anatómica sigue siendo imprescindible para devolver a los modelos una lectura adecuada y conservar la intencionalidad del ceroescultor que los creó. Estas colecciones que forman parte del patrimonio universitario, en ocasiones han sido sometidas a intervenciones poco rigurosas o llevadas a cabo por personas poco cualificadas, debido a situaciones de bajos presupuestos en las instituciones y otras circunstancias. Las acciones realizadas con el objetivo de evitar el abandono de las colecciones y en favor de la pervivencia de las piezas, siempre deben ser efectuadas por profesionales especialistas en la conservación-restauración de ceroplástica. Muchos modelos llegan hoy al restaurador con problemas generados por adhesivos industriales difíciles de eliminar o con recubrimientos poco recomendables que han destruido parte de la policromía de las piezas, entre otros problemas asociados a dichas intervenciones. 7. Criterios de intervención 292 Actualmente, pocas instituciones se ocupan de formar conservadores-restauradores especialistas en ceroplástica. El Opifficio delle Pietre Dure (OPD) de Florencia, por ejemplo, es uno de los centros internacionales de referencia donde se han intervenido en las colecciones anatómicas conservadas en los fondos de La Specola que ha ofrecido eventualmente algunos cursos de especialización en ceroplástica. Actualmente, el OPD ofrece el Percorso formativo professionalizzante 2, donde mencionan como parte de la formación las piezas realizadas en ceroplástica, junto con el campo del arte contemporáneo o las piezas multimateriales86. Sin embargo, muchas de las intervenciones a nivel internacional que se siguen realizando carecen de una estrategia metodológica basada en la restauración científica y en unos criterios específicos para este tipo de patrimonio. Tras la revisión de la bibliografía relativa a las acciones de conservación-restauración llevadas a cabo en colecciones similares, se ha podido comprobar que no existe un criterio de intervención común y que la elección de materiales o metodologías se rigen más por la experiencia de los restauradores o en función de la disponibilidad de productos, al no existir unos criterios bien establecidos. Además, tampoco se ofrecen en la mayoría de dichas publicaciones una explicación de los estudios específicos y científicos realizados en colaboración interdisciplinar. Como advierte Sánchez de Lollano, las intervenciones publicadas por instituciones que custodian modelos anatómicos revelan diferentes posiciones en cuanto a criterios y resultados: en algunas se ha otorgado preferencia a la huella del paso del tiempo y no han sido reintegradas volumétricamente o cromáticamente cuando han perdido parte de la materia, manteniendo las piezas en un estado “arqueológico”; en otras, se ha realizado una intervención más cercana a lo imitativo con el objetivo de recuperar el objeto por completo y devolver la legibilidad a todas las estructuras anatómicas (Sánchez de Lollano, 2014: 145). Un ejemplo de ello se encuentra en los modelos anatómicos artificiales realizados en papel maché, pertenecientes a la colección de modelos anatómicos Robert Brendel del Colegio Nacional de Buenos Aires (Mayoni et al., 2012: 60). Durante la intervención de restauración se consideró adecuada la reconstrucción total de las piezas por tratarse de modelos que conservan su función didáctica (en concreto, debido a que continuaban utilizándose en las clases por parte de los docentes). 86 Puede consultarse en la página web del OPD: http://www.opificiodellepietredure.it/index.php?it/803/percorso- formativo-professionalizzante-2 http://www.opificiodellepietredure.it/index.php?it/803/percorso-formativo-professionalizzante-2 http://www.opificiodellepietredure.it/index.php?it/803/percorso-formativo-professionalizzante-2 7. Criterios de intervención 293 7. Criterios de intervención 294 Página anterior: Figura 173. Potro perteneciente al modelo de Gestación de yegua (Ref. MV-681). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2017. 7.2. La ceroplástica veterinaria y su valor histórico-científico Catalogar los modelos veterinarios en cera dentro de un tipo de patrimonio es un reto para poder definir los criterios de intervención sobre estas colecciones. Dentro del campo de la conservación y la restauración dichos criterios marcan las pautas a seguir en cuanto a decisiones de actuación, materiales a emplear o tratamientos a aplicar. La problemática principal que plantean las colecciones de anatomía en ceroplástica conservadas en las instituciones educativas es la distancia entre su funcionalidad original y la que cumplen actualmente. Estas piezas fueron creadas como herramientas didácticas y forman parte del patrimonio científico, pero también son objetos de museo, esculturas pertenecientes al patrimonio mueble. Al no poder considerarse obras de arte, los modelos veterinarios de cera se encuentran en un limbo entre los criterios de conservación y restauración del patrimonio mueble y los del patrimonio científico. Por lo tanto, es fundamental para adoptar un criterio o definir una línea de actuación realizar previamente un análisis de los valores históricos, artísticos, estéticos y funcionales, que ha tenido y tiene el objeto en cera en concreto; pues una serie de moulages dermatológicos o la representación de un órgano animal no tendrán el sentido estético que ofrecen una Venus anatómica o un despellejado colocado en una posición teatral. La línea entre la función científico- técnica y el valor artístico es difusa debido a que algunos tienen un importante valor estético que los sitúa cerca de la categoría de escultura clásica. A este respecto, numerosas publicaciones han dedicado un espacio a la discusión sobre la intencionalidad estética y funcional de los modelos de anatomía humana realizados durante el siglo XVIII y a su cabida dentro de la categoría de Arte87. Sin embargo, como se ha expuesto anteriormente en esta investigación, los modelos de cera realizados para el estudio de la veterinaria fueron concebidos de manera diferente. En el siglo XIX, los modelos anatómicos de cera pasaron de ser objetos de contemplación a ser herramientas de conocimiento, modelos para la demostración didáctica desprovistos de una intención estética más allá de la de imitar la naturaleza. Como indica Lemire, “los modelos anatómicos se volvieron los mediadores operacionales entre la realidad física del cuerpo y los procedimientos curativos de los futuros cirujanos […] a costa de la pérdida de su atractivo al verse relegados en cierto sentido a su copia estricta. […] Ya no se trataba de anatomía artística, y menos cuando la anatomía descriptiva pasó […] al campo de la patología.” (Lemire, 1993: 66-67). 87 Teóricos del arte como Julius von Schlosser o Georges Didi-Huberman han realizado interesantes reflexiones en torno a la ceroplástica y su significado. Una publicación que ha recogido algunas de estas ideas y reflexiona sobre el recorrido de la ceroplástica y su significado es: Sánchez et al. (2012). Cuerpos de cera un patrimonio olvidado. Religiosidad, superstición o ciencia en la representación del cuerpo humano. De Arte, 11: 7-26. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4055490.pdf https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4055490.pdf 7. Criterios de intervención 295 Figura 174. Modelo anatómico del Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2016. Figura 175. Obra Caballo desollado. Théodore Gericault. Ca. 1820- 24. National Gallery of Art, Estados Unidos de América. Fuente: National Gallery of Art, 2021. Si bien, un buen número de modelos tridimensionales en cera para el estudio de la veterinaria no entrarían en la categoría de obras de arte, en algunos casos concretos podría plantearse su valor estético. Por ejemplo, en el Museo Veterinario Complutense se ha conservado la escultura Caballo pequeño (MV-590) (fig. 174), que representa la miología de un caballo con una ventana al interior para observar la distribución de las vísceras, y donde el ceroescultor ha modelado con una clara intención plástica, similar a la de algunas obras de la época, como la escultura de caballo en cera teñida de Théodore Gericault (1791-1824)88 (fig. 175). Sin embargo, se trata de excepciones y la gran parte los modelos veterinarios de cera conservados fueron creados como herramientas didácticas para el aprendizaje de la anatomía en las instituciones europeas. Todos los modelos anatómicos en cera se conservan como piezas de museo, pues ya no forman parte de los circuitos docentes y, en los casos excepcionales en los que los profesores los utilizan para la enseñanza, acuden con sus alumnos al espacio museístico o a las imágenes de los catálogos. 7.3. Los criterios de intervención en la normativa nacional e internacional Las colecciones científicas universitarias carecen de una legislación específica, en la que deberían contemplarse los criterios de intervención de sus piezas y conjuntos. Como pone en relieve Rodríguez: “La falta de adecuación y desarrollo de la Ley de Patrimonio Histórico, en cuanto a las instituciones educativas se refiere, ha motivado que aquellos centros poseedores del mayor patrimonio hayan tomado diferentes opciones para su gestión, unos han creado fundaciones, otras asociaciones de antiguos alumnos, unos pocos han optado por convertir sus ajuares en museos, incluidos o no en la red de museos de la comunidad autónoma a la que pertenecen, casi todos han contado con la voluntariedad del profesorado y pequeñas dotaciones 88 Este artista utilizó el caballo como uno de los temas principales de su trabajo artístico, utilizando como referencia las representaciones de pintores y anatomistas como George Stubbs (1724-1806). 7. Criterios de intervención 296 económicas puntuales para realizar las tareas de recuperación más urgentes” (Rodríguez, 2008: 47). Esta inquietud se ha traducido en las últimas décadas en la celebración de varias jornadas y encuentros orientados a poner en valor el patrimonio universitario. Por citar algunos: la Sociedad Española de Patrimonio Histórico Educativo (SEPHE1) se creó en 2004 y durante los siguientes años realizaron varias jornadas propuestas desde los propios docentes de algunos institutos históricos, que supuso el germen de la creación de la Asociación Nacional para la Defensa del Patrimonio de los Institutos Históricos de España (ANDPIH2), fundada en el año 2010. La revalorización de las colecciones científicas y didácticas en los institutos históricos traspasó fronteras hasta llegar al patrimonio universitario, iniciándose la época de los proyectos de investigación dirigidos a mejorar su visibilidad, conservación y difusión. Entre otros, destacan el proyecto Conservación y Puesta en Valor de los Museos Universitarios de la Universidad Complutense de Madrid, de 2007 a 2009, o el proyecto Nueva propuesta museológica y museográfica de las colecciones científicas universitarias, de 2008 a 2011 (Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez, 2015: 228). Además, desde el año 2000, el ICOM destina al ámbito de los museos universitarios un comité específico, el UMAC89, que hasta ahora se ha entregado fundamentalmente a la conservación preventiva y a la regulación de las colecciones universitarias. Como ellos mismos indican, la misión de la UMAC es contribuir a la sociedad, en beneficio de todos, al sostener el desarrollo continuo de los museos y colecciones universitarias como recursos esenciales dedicados a la investigación, la educación y la preservación del patrimonio cultural considerando que “una Colección Universitaria es un conjunto de especímenes u objetos reunidos o custodiados por una universidad, destinados a la docencia, la investigación o la difusión de la cultura” (UMAC, 2019: 1). En 2012, se publicó la Declaración de Leiden (Knoeff y Richardson, 2012), para crear conciencia internacional sobre la situación crítica, de desatención y de riesgo extremo de pérdida, en la que se encuentran las colecciones científicas de anatomía humana, ya sean preparaciones humanas y animales, modelos de cera y otros, así como dibujos, fotografías y documentos y archivos relacionados con ellos. En cuanto a los criterios de conservación y restauración, el UMAC ha acordado proponer al ICOM la formación de un nuevo comité internacional de museos y colecciones universitarias, y defender plenamente los valores y principios consagrados en el Código de Ética del ICOM (2013) y la Magna Carta Universitatum (Bolonia, 1988). Actualmente, los criterios están basados en los principios de la restauración científica, una propuesta teórica de Camillo Boito y Gustavo Giovannoni desarrollada a partir de la Carta de Atenas, de 1931. Desde conceptos como el valor auténtico o la mínima actuación, defendidos en estas primeras manifestaciones de la restauración científica, Cesare Brandi publicó, en 1963, su Teoria del Restauro. Los actuales criterios de intervención fueron establecidos a partir de sus teorías 89 El UMAC propuso también el proyecto UNIVERSEUM, que fue subvencionado por el ICOM en el año 2017 y que continua hoy proporcionando recursos y directrices recientes sobre el patrimonio científico. Aunque ninguno de ellos parece contemplar criterios específicos de intervención, proponen criterios de selección para el patrimonio material científico reciente que se genera en las universidades, para poder seleccionar qué objetos conservar y qué objetos descartar en las colecciones universitarias actuales; los requisitos mínimos para la preservación y acceso del patrimonio científico reciente, donde proporciona pautas básicas a los departamentos universitarios, laboratorios e institutos de investigación, especialmente a aquellos que carecen de profesionales capacitados en patrimonio y colecciones. 7. Criterios de intervención 297 críticas de la restauración y desde entonces, han evolucionado con su exposición en las distintas normativas, cartas y acuerdos internacionales. Brandi comprende el término Restauración en su doble naturaleza, estética e histórica, y lo define como el “momento metodológico en que se reconoce una obra de arte. […] y debe dirigirse al restablecimiento de la unidad potencial de la obra de arte, siempre que esto sea posible sin cometer una falsificación artística o una falsificación histórica, y sin borrar huella alguna del transcurso de la obra de arte a través del tiempo” (Brandi, 1977: 48-50). A continuación, se plantean algunos de los conceptos contenidos en los criterios de la restauración que contemplan todas las normativas y cartas del restauro, aplicados al caso concreto de los modelos anatómicos en ceroplástica, puesto que, como indica Jokilehto, los criterios internacionales para la conservación no pueden tomarse como un formulario, sino como un marco metodológico (Jokilehto, 2019: 91) y deben seguir las recomendaciones de las directrices de convenios, cartas y tratados internacionales que regulan los criterios generales para el patrimonio mueble e inmueble. Los criterios fundamentales a seguir en las intervenciones llevadas a cabo en modelos tridimensionales de cera deberán responder a los obligatorios expuestos en la legislación vigente, la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. También el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), en colaboración con otras instituciones, ha tratado de establecer unas normas de actuación y criterios de intervención para diferentes tipos de patrimonio. Para ello, han sido publicados varios documentos dentro del Proyecto COREMANS, orientados a los materiales pétreos, pintura de caballete, biopatrimonio, retablos y escultura policromada, materiales metálicos y arquitectura en tierra. Aunque ninguno de ellos se adapta al patrimonio científico-técnico, los criterios de intervención deben tenerse en cuenta por encontrarse incluidos en las cartas y normativas específicas realizadas por expertos en el campo de la conservación-restauración. 7.3.1. El respeto a la autenticidad En la Carta de Venecia se estableció que la autenticidad y honestidad con respecto al original debe primar ante la decisión de realizar cualquier intervención. Asimismo, recomendaba evitar las reconstrucciones. Además, se establecía la necesidad de recopilar una documentación exhaustiva de los cambios realizados, como legado de la autenticidad del monumento. Estos principios se encuentran en la propuesta de Brandi sobre la autenticidad, para quien este concepto está relacionado con la historicidad. En el capítulo dedicado a la ruina, defiende que “la intervención dirigida a rastrear la unidad potencial de los fragmentos de aquel todo que es la obra de arte, debe limitarse a desplegar las sugerencias implícitas en los fragmentos mismos o localizables en testimonios auténticos sobre el estado originario” (Brandi, 1977: 26). De este modo, ninguna intervención sobre el objeto podría amenazar la autenticidad, puesto que respondería a lo que se observa en el material conservado. Además, “[…] para la doble instancia de la historicidad y de la condición artística, no es necesario llevar el restablecimiento de la unidad potencial de la obra hasta el punto de destruir su autenticidad, es decir, suponer una nueva realidad histórica falsa, absolutamente prevaleciente, a la antigua” (Brandi, 1977: 37). Para Brandi, el objeto manifestará una autenticidad concreta en función de su momento material, pues evoluciona sumando huellas y cambios físicos ocasionados por el paso del tiempo que forman parte de su historia y deben considerarse importantes dentro de la decisión del conservador- 7. Criterios de intervención 298 restaurador. Los documentos posteriores han establecido algunas modificaciones con respecto al patrimonio arquitectónico, como la Carta de Boito, de 1883 o las Cartas del Restauro de 1972 y 1987, que recogen las ideas de la Carta de Venecia y prohíben las reconstrucciones y la anastilosis. Sin embargo, la autenticidad es un concepto subjetivo, que deberá ser interpretado por los responsables de cualquier proyecto de intervención. Puesto que los valores espirituales y de contexto social condicionan de manera esencial las decisiones, la línea entre reconstruir o restablecer un objeto a su estado original y reintegrar las partes perdidas imprescindibles para que este mantenga su significado, puede ser difusa. El concepto de autenticidad fue revisado y ampliado en la Carta de Nara, de 1994, porque se advirtió que en cada contexto y cada sociedad la connotación de autenticidad era diferente. Esta reunión -principalmente orientada a la intervención en arquitectura90-, supuso reconocer que los criterios deberían adaptarse a cada caso y que lo que funciona en una intervención puede no hacerlo en otra (Jokilehto, 2019: 77, 83 y 90). Uno de los puntos interesantes que trata esta carta es la relación entre conservar la obra como objeto original, producto de la creación de un momento concreto, y la obra como objeto que ha evolucionado en el tiempo, entendida como documento de la continuidad histórica. Este equilibrio incluye, como parte de la evolución temporal, las intervenciones que el objeto ha tenido desde su creación hasta la actualidad y cuestiona qué decisiones deben tomarse en función de su capacidad para integrarse en el conjunto de la obra. Así pues, el concepto de autenticidad es flexible y debe aplicarse en función del significado de los objetos a intervenir. Así lo indica el código ético de la profesión establecido por la European Confederation of Conservator-Restorers‘Organisations (ECCO) en el artículo 4: “El conservador- restaurador respetará el significado estético, histórico y espiritual y la integridad física del patrimonio cultural que se le confíe” (ECCO, 2004). Los modelos didácticos en ceroplástica, como parte del patrimonio científico-técnico universitario poseen unas características socio-culturales, estéticas y simbólicas especiales con respecto a una obra de arte tradicional, como pudiera ser una escultura o una pintura de caballete. Para determinar en qué límites encuadrar la autenticidad dentro de las intervenciones de conservación-restauración debe considerarse, en primer lugar, la función didáctica para la que fueron fabricados y, en segundo lugar, se tiene que valorar las posibles modificaciones anatómicas que puedan haberse realizado con posterioridad a la fabricación de la pieza con el objetivo de corregir un concepto médico descubierto. Como reflexionan en la Declaración de Leiden, de 2012, las colecciones de anatomía pueden documentar enfermedades y afecciones médicas que ahora son raras o ya no existen, métodos de enseñanza e investigaciones que actualmente no están de moda o que se han sustituido por otras, y técnicas de fabricación y exposición que ya no se utilizan. Las colecciones anatómicas, a menudo, contienen materiales raros y extraordinarios que suponen una documentación única e irrepetible sobre antiguas investigaciones científicas, cuestiones médicas o herramientas y técnicas. Conservarlas permitirá comprender las claves sobre los cambios y la evolución de la medicina occidental (Knoeff y Richardson, 2012). 90 La autenticidad en el patrimonio cultural referido a grupos de edificios, monumentos, sitios y paisajes, ha sido revisada recientemente en la Carta de Riga sobre autenticidad y reconstrucción histórica en relación con el patrimonio cultural, publicada en el año 2000. 7. Criterios de intervención 299 Por lo tanto, la autenticidad de los modelos anatómicos requiere que las estructuras corporales o las patologías médicas sean conservadas o reintegradas para mantener la legibilidad, sin que ello comprometa la honestidad de la intervención. Así pues, en la literatura especializada sobre conservación y restauración de modelos de cera, se aconseja respetar el principio de autenticidad teniendo en cuenta el paso del tiempo y atendiendo a las siguientes recomendaciones (Lang et al., 2010: 17-18): - Excluir completamente los tratamientos arbitrarios y las intervenciones basadas en supuestos teóricos, eligiendo el tratamiento adaptado a cada caso. - Favorecer la diferenciación entre materiales históricos y cualquier material añadido con técnicas de análisis. - Garantizar la retratabilidad o reproducibilidad de los tratamientos y elegir productos reversibles en la medida de lo posible. - Evitar causar la destrucción o deterioro de la connotación y significado históricos originales. - Contar con un anatomista experto dentro del equipo de trabajo con el fin de evitar que el restaurador lleve a cabo reintegraciones volumétricas erróneas que puedan alterar el significado y forma de la anatomía o la patología originales. 7.3.2. El concepto de pátina y mínima intervención Otro concepto que debe adaptarse al caso de las colecciones anatómicas de cera es el de pátina. Para Brandi, la pátina es la alteración -derivada del envejecimiento material- o la superposición de un sedimento -estrato depositado y adherido a la superficie de la obra a lo largo del tiempo-, que podría o no haber sido previsto por quien concibió la obra (Brandi, 1977: 40). Al tratarse de un efecto producido por el paso del tiempo sobre la obra, la pátina y su conservación se encuentran estrechamente relacionadas con el principio de autenticidad. Como indica Brandi, en el caso de que el artista hubiera contado con la creación de una pátina desde el mismo concepto del objeto, esta debería conservarse e incluso reintegrarse en las zonas donde se encontrase deteriorada. Mientras que, si este estrato no fue previsto, se crea una disyuntiva: por un lado, el criterio histórico de cualquier objeto exige la conservación de las huellas del tiempo como testimonio; por otro lado, si el estrato considerado pátina altera el valor estético de la obra, es decir, si la propia materia de la obra se impone sobre la lectura de la imagen representada debajo, entonces deberá eliminarse (Brandi, 1977: 40-41 y 47). Buscar la autenticidad de la obra eliminando la pátina prevalecerá de este modo sobre el paso del tiempo en búsqueda de la función original. En la mayoría de las obras pertenecientes al patrimonio, la pátina está relacionada con los estratos más externos, como el barniz de protección. Al respecto de la película de recubrimiento, se han abierto numerosos debates sobre su función como pátina. Los modelos anatómicos no son una excepción y los barnices que habitualmente recubren la superficie de estos objetos han evolucionado a nivel material, amarilleándose y aumentando su rigidez y acidez. La particularidad de los artefactos elaborados con la técnica de la ceroplástica es que en los estratos 7. Criterios de intervención 300 subyacentes al del barniz, las pastas de cera han perdido intensidad cromática y se han vuelto más rígidas y quebradizas, con un aumento de la acidez. Esto se debe a que la naturaleza resinosa de las películas filmógenas y los compuestos de las pastas de cera tienen una naturaleza similar. Otra cuestión a tener en cuenta sería la adición de barnices no originales, con el objetivo de proteger la superficie cérea del artefacto y recuperar el brillo y la policromía original. A menudo, el rebarnizado se ha hecho con la aplicación de barnices añadidos en gruesos estratos sin retirar previamente el particulado atmosférico, depositado en las superficies durante décadas, por lo que este quedó encapsulado entre el barniz original y el nuevo estrato adicionado. El paso del tiempo ha derivado en un oscurecimiento coloreando toda la superficie con un estrato pardo-verdoso debido al grosor de las capas sucesivas de barniz y al contenido de particulado atmosférico en su interior. El excesivo brillo y la nueva coloración no permiten comprender las estructuras anatómicas ni reconocer los colores originales. Como intervención antigua podría considerarse pátina, por tratarse de la acción sobre el modelo de los acontecimientos temporales, pero se trata de un añadido sin valor estético. En estos casos, sería recomendable la eliminación del barniz para devolver la lectura al modelo. El principio de mínima intervención también se encuentra relacionado con la autenticidad, en cuanto al respeto por el paso del tiempo y, en el pasado, ha sido utilizado como sinónimo de conservación preventiva, puesto que no requiere de actuaciones directas sobre la materia. La teoría de la restauración arquitectónica propuesta inicialmente en el siglo XIX, por John Ruskin (1819-1900), se fundamentaba en la preservación de la ruina, en el mantenimiento de la obra arquitectónica con el objetivo de perpetuar su autenticidad, pero únicamente con medios de conservación necesarios para la mínima intervención sobre el monumento. Posteriormente, Gustavo Giovannoni (1873-1947) mantuvo esta idea, aunque anteponiendo el valor estético de la construcción a su valor histórico y devolviendo la función de sus estructuras, favoreciendo la anastilosis. El principio de la mínima intervención trascendió a las Cartas del Restauro y forma parte de los documentos normativos actuales para la conservación. El Decálogo de la Restauración de Bienes Muebles, del Ministerio de Cultura español, de 2007, obliga a rechazar las intervenciones invasivas para la integridad del objeto y a reflexionar sobre las verdaderas necesidades para su conservación. También los criterios reflejados para la intervención en los bienes de Interés Cultural en el Artículo 20 de la Ley 3/2013, de 18 de junio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, a la que responde el reglamento de la UCM, defienden que se debe respetar el principio de mínima intervención, actuando en lo imprescindible para su conservación, restauración o para la devolución al uso original del objeto, y evitando tratamientos y productos que comprometan la integridad del bien. Además, la reintegración volumétrica sólo se efectuará cuando resulte necesaria y se disponga de información suficiente para evitar falsedades históricas, aunque se permite la anastilosis documentada (VVAA, 2018: 23). Con respecto a los modelos anatómicos de cera, y de acuerdo con Brandi, la única intervención válida es aquella que es absolutamente necesaria para la supervivencia de la obra y las acciones sobre ella deberían “reducirse a las intervenciones de extrema urgencia, de emergencia inaplazable” (Brandi, 1977: 57). Así pues, la mínima intervención incluiría todas aquellas intervenciones de conservación preventiva y conservación activa que traten de frenar la evolución de los deterioros o que eviten alteraciones materiales futuras, por ejemplo, eliminando la corrosión de una estructura metálica o realizando una consolidación de estratos en un estado inicial de separación y pulverulencia. Con carácter general englobaría a todas aquellas acciones dirigidas a la salvaguarda del artefacto céreo. 7. Criterios de intervención 301 7.3.3. La reversibilidad y la retratabilidad En el campo de la conservación-restauración, se entiende por reversibilidad la capacidad de un material añadido durante una intervención para ser eliminado por completo de la obra en el futuro. Sin embargo, cualquier restaurador sabe que los productos deben seleccionarse por ser duraderos en su función; por ejemplo, un consolidante deberá cumplir con la estabilidad del estrato a largo plazo. La cuestión entonces reside en que la reversibilidad del producto será más o menos factible en función de los materiales constituyentes de la obra original y de la afinidad físico-química del nuevo producto con estos; realizar una reintegración con pigmentos a la acuarela se considera una acción reversible en conservación y restauración, pero no lo será tanto si la reintegración se realiza sobre una pintura a la témpera, puesto que la eliminación acuosa necesaria para retirar la acuarela hará lo mismo con el estrato original de la pintura. Debido a estas razones, se podría entender la reversibilidad como una idea únicamente teórica o utópica, como reconoció Brandi cuando afirmó que una aplicación errónea del concepto de reversibilidad podría representar “un peligro gravísimo para la obra de arte”. En la búsqueda de un término más realista, las teorías contemporáneas de la restauración han utilizado otro concepto, el de la retratabilidad (Velleda y Ávila, 2013). Introducido en 1987 por Barbara Appelbaum, como alternativa a la reversibilidad en el campo de la conservación-restauración, se ha aplicado principalmente en el tratamiento de la pintura de caballete. Appelbaum analiza distintos procesos de intervención, como la consolidación o el barnizado, e indica que el concepto de retratabilidad debe adaptarse a cada caso, puesto que algunos procesos son claramente irreversibles, como la limpieza. Propone, como alternativa, preguntarse sobre la retratabilidad particular de cada tratamiento de intervención y decidir su idoneidad estableciendo una relación teórica entre los siguientes parámetros: la solubilidad de los materiales originales de la obra, la solubilidad de los productos de intervención, la naturaleza física de la interfaz -es decir, las características y el estado de conservación del estrato donde se va a aplicar el producto-, y la cantidad de material no original a eliminar (Appelbaum, 1987: 65 y 68). Además, algunos autores advierten de que ningún material puede eliminarse por completo como si nunca hubiera estado en la obra, pues los residuos son inevitables, por mínimos que sean. El objetivo de la reversibilidad debería consistir en la selección de una metodología de intervención y de unos productos que permitan retirarlos en el mayor grado posible y ejerciendo el menor daño al objeto (Appelbaum, 1987: 71-72; Muñoz, 2010: 109). La propuesta de Muñoz Viñas de tratar la reversibilidad en niveles o grados puede ser interesante en la toma de decisiones para la intervención de los modelos tridimensionales de cera que requieren de cualquier acción de conservación. Orientando las preguntas hacia el nivel de reversibilidad que poseen los productos de intervención, como un adhesivo o un consolidante concreto en el caso de un modelo anatómico determinado; o una actividad de restauración, como una eliminación de barniz en un grado más o menos profundo en una superficie cerosa específica, se podrán tomar decisiones de modo individual, circunstancial y adecuado a dicho objeto de cera. Considerar las acciones en escalas de retratabilidad también permite plantearse el modo de aplicar un producto de la manera más reversible posible para la técnica ceroplástica en concreto, en lugar de hacerlo del mismo modo que en otros materiales, como un yeso o una pintura de caballete. Como garantía de un futuro tratamiento hacia la eliminación de un material de 7. Criterios de intervención 302 intervención, los productos deben haber demostrado un envejecimiento adecuado y una interactuación respetuosa con los componentes del objeto. Probablemente, cuanto más equilibrados sean estos dos parámetros, más elevado será el grado de reversibilidad o, dicho de otra manera, más retratable será el material no original utilizado durante la intervención. 7.4. Criterios de intervención adoptados en la colección de modelos didácticos en cera del Museo Veterinario Complutense Cuando se fabricaron los modelos didácticos en cera, sus responsables ya manifestaron la intención de preservarlos y protegerlos de la acción de los agentes medioambientales protegiéndolos con una película de barniz final. Puesto que estaban destinados a la manipulación y eran costosos económicamente, era necesario revisar el estado de conservación de estas herramientas para perpetuar su uso. Heredados del referente francés, las escuelas veterinarias de Lyon y Alfort, así como tomando las técnicas de conservación del gabinete de piezas anatómicas del Real Colegio de Cirugía de San Carlos, los ceroescultores de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid se preocuparon de la protección de los modelos anatómicos empleando materiales similares a los utilizados en las piezas de anatomía natural (momificaciones, inyecciones, etc.). Las investigaciones actuales sobre los modelos disecados humanos y veterinarios de Alfort indican que se recubrían con un barniz blanco, generalmente a base de alcohol. Si bien, la naturaleza de esta protección no quedó especificada en los documentos, en 1853, Pierre Boitard propuso una mezcla muy empleada para conservar las piezas secas compuesto por: espíritu de trementina (90g), bálsamo de Canadá (90g), barniz de lentisco (60g) (Degueurce et al. 2008: 49). También en su Curso Completo de Anatomía del Cuerpo Humano, Bonells y Labaca recomendaron recubrir los modelos anatómicos de cera de temática humana: “Se les da a las piezas, después de concluidas, una buena capa de barniz bien transparente, no solo se conservan inalterables sus colores; sino que adquieren una especie de pulido, que aparenta la humedad que naturalmente tienen las partes de nuestro cuerpo […]” (Bonells y Labaca, 1820: 500). Sin embargo, tampoco en la detallada explicación sobre la fabricación de estos modelos, los autores mencionaron la naturaleza de dicho barniz de recubrimiento. Dado que las piezas tridimensionales de cera fueron creadas en la Real Escuela Veterinaria de Madrid con fines didácticos, cuando sufrían algún deterioro eran reparadas en el propio taller o sustituidas por una nueva pieza que supliera la anterior. Estas intervenciones no eran restauraciones, sino recomposiciones o reconstrucciones de las partes dañadas, como corrobora la documentación de archivo. En particular, la información conservada en el Archivo General de la Universidad Complutense sobre la actividad del “Laboratorio de piezas” de cera existente en la Real Escuela Veterinaria de Madrid, testimonia un interés por la reconstrucción de los modelos de cera deteriorados, muy probablemente como parte de la recuperación de recursos didácticos. En los primeros documentos en los que se gestiona la producción de estas anatomías en ceroplástica, los responsables de la institución ya solicitaron al ceroescultor responsable la “composición” (reparación o reconstrucción) de aquellas que habían sido dañadas o se encontraban en mal estado material (AGUCM V 01-034; AGUCM V 01-007; AGUCM V 01-013). Los responsables también tomaron medidas en materia de conservación preventiva, como recogen varios documentos comprendidos entre los años de 1803 a 1842, así como en las crónicas de Giesker 7. Criterios de intervención 303 (Giesker, 1819), donde se indica que el Anfiteatro anatómico se hallaba repleto de vitrinas con puertas de cristal para preservarlas de los agentes atmosféricos, empleando incluso presupuestos extraordinarios para su puesta a punto (AGUCM 20-06-001; AGUCM V 01-006; AGUCM V 01- 011), o tomando medidas para evitar que la luz solar incidiese directamente sobre las piezas del gabinete, dañándolas (AGUCM V 01-020). Como se ha indicado previamente, los cambios de sede y la evolución en la funcionalidad de las colecciones anatómicas en ceroplástica llevaron a sus piezas al abandono y el desuso. No fue hasta finales del siglo XX cuando se comenzó a salvaguardar este patrimonio y surgieron los primeros proyectos de recuperación. El valor y la relevancia histórica de las colecciones de ceroplástica del Museo Veterinario Complutense es indiscutible pues, siguiendo los criterios de Universeum (2014), fueron fabricados en la propia universidad y pertenecen a la historia de la enseñanza en la Real Escuela Veterinaria de Madrid; se trata de objetos raros y únicos, realizados con materiales que ya no se volvieron a emplear para la fabricación de herramientas didácticas y de los que se perdieron los moldes de construcción; tienen un valor simbólico fundamental de su época como representación del deseo de transmisión del conocimiento heredera de la Ilustración para mejorar la enseñanza en las instituciones; los modelos anatómicos conservados forman parte de una colección y son una fuente primaria de información para la investigación científica y para la historia de la veterinaria. Además, el creciente interés social por este tipo de modelos anatómicos a nivel internacional podría suponer una fuente de ingresos para invertir en su conservación, pues puede atraer público y abrir las puertas de los museos donde se conservan. Por otra parte, Lourenço y Gessner asignan tres etapas a la vida de los instrumentos científicos: la etapa I, corresponde al momento en que el objeto tiene un uso regular y cumple su función; en la etapa II, que las autoras denominan “el limbo”, comienza con la obsolescencia del objeto y pueden pasar varias cosas: que se actualice y vuelva a tener un uso regular, que se siga usando pero cambie el objetivo de su función (por ejemplo, de investigación a enseñanza), o que se abandone porque no tiene utilidad. Esta última circunstancia de la etapa II, deriva directamente en la etapa III, en la que el abandono se traduce en su retirada física, venta o, en el mejor de los casos, paso a formar parte de colección de museo (Lourenço y Gessner, 2012: 731). Los modelos anatómicos en ceroplástica en los que se centra esta investigación, hace tiempo que pasaron a la etapa III, en la que el propósito para el que se fabricaron los objetos ya no existe. Muchos de ellos fueron desechados y extraviados, los pocos que se conservan fueron recuperados para formar parte de las colecciones del Museo Veterinario Complutense. En algunos casos, incluso expuestos corren un grave riesgo de deterioro o pérdida debidos a la falta de atención y medios de conservación. Por esta razón, se ha tratado en este capítulo de asignar un marco donde atender a los criterios de intervención de los modelos veterinarios en ceroplástica. Dentro de las propuestas realizadas para la intervención de los objetos e instrumentos científicos se indica que, incluso siendo objetos mecánicos o industriales, no debe cometerse el error de devolverles a su estado original. La restauración debe conseguir su estabilidad material y su conservación, pero no borrar el paso del tiempo en su materia (Granato, 2007: 130). Puesto que estos artefactos demuestran una mayor complejidad, su conservación exige tener en cuenta cuestiones diferentes a las que plantea un objeto artístico tradicional, como la identidad cultural del modelo o su relevancia científica para el momento actual y el de origen. Así pues, para actuar correctamente durante las acciones de conservación y restauración, puede tenerse en cuenta el modelo de preguntas de Samuel Gessner, basado en el Modelo de Winterthur, 7. Criterios de intervención 304 propuesto por Fleming, E. McClung, en 1974 (Lourenço y Gessner, 2012: 736). En este modelo, las preguntas de cada cuadrante deben realizarse desde arriba a la izquierda, en el sentido de las agujas del reloj. Como se puede observar, los cuadrantes I y II atienden al carácter individual y general de cada objeto relacionados con el estudio histórico y evolutivo (diacronía), mientras que, los cuadrantes III y IV, se centran en el objeto en una época determinada (sincronía) (fig. 176). Figura 176. Modelo de Gessner traducido por la autora. Fuente: Lourenço y Gessner, 2012. Una vez determinada la etapa en la que se encuentra el modelo anatómico a conservar y establecido el tipo de funcionalidad que cumple en la actualidad según las respuestas obtenidas con el modelo de Gessner, pueden proponerse los criterios a realizar en la colección en ceroplástica conservada en el Museo Veterinario Complutense. Para los casos en los que la estabilidad estructural del modelo lo permita, puede realizarse una intervención basada en los criterios de la restauración arqueológica o en la mínima intervención. Después de realizar las acciones necesarias para evitar su deterioro, pueden seleccionarse aquellas piezas que requieran de una manipulación por parte de los docentes e investigadores, o que necesiten ser reconstruidas para su comprensión, y crear a modo de facsímil una copia 3D realizada por equipos especialistas que permita devolver al modelo real su función de herramienta didáctica. Un árbol o esquema con estas opciones podría ser el siguiente (fig. 177): 7. Criterios de intervención 305 Figura 177. Esquema de decisiones orientado a aplicar los criterios de intervención. Fuente propia, 2022. Así pues, los criterios de una restauración basada en la mínima intervención para los modelos anatómicos de cera fueron establecidos en 2010 para algunas colecciones similares (Balzarotti-Kämmlein y Spagnoli, 2010: 155; Lang et al., 2010: 3 y 7) y han servido de pauta para las actuaciones llevadas a cabo en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense. A continuación, se resumen los criterios generales: - Conocimiento de la obra y necesidad de la intervención: Debe realizarse, en primer lugar, una investigación documental sobre cada uno de los modelos tridimensionales en cera. El objetivo es conocer la naturaleza material, el propósito e intención de su creación, los usos que ha tenido y las intervenciones de mantenimiento que se han realizado. Esta fase debe ser de tipo interdisciplinar, en la que el conservador-restaurador deberá colaborar con veterinarios, químicos, documentalistas, biólogos, historiadores o cualquier otro especialista. Se recomienda un testado previo de todos los productos antes de su aplicación en la conservación activa y restauración, además de apoyarse en varios análisis científicos de materiales. Dado que cada pieza presenta características diferentes en función del autor y la época y técnica de ejecución, deben realizarse los exámenes diagnósticos que permitirán elaborar una valoración de los materiales constitutivos y del estado de conservación, de modo que se pueda aplicar la metodología de restauración más apropiada a cada caso. 7. Criterios de intervención 306 - Documentación de la intervención: Cualquier intervención sobre un artefacto céreo deberá quedar debidamente documentado. Como indica Granato, se trata de realizar un “registro de evidencias antes y después de cualquier intervención, para generar y salvaguardar el conocimiento” (Granato, 2007: 132-133). Dentro de esta información será necesario aportar la información sobre los materiales utilizados, datos técnicos y origen de los productos. También deberá realizarse una documentación fotográfica de las piezas en la fase previa a la intervención, de las fases de conservación-restauración y del estado final. Estos archivos fotográficos deberán conservarse como dossier por la institución responsable de la colección. - Criterio de autenticidad: Los modelos tridimensionales de cera siempre deben ser conservados y tenidos en cuenta como un todo. Además del propio soporte escultórico de cera, también es necesario preservar el montaje textil o de papel, el soporte, la vitrina y las etiquetas de papel u otros materiales que lo acompañen. En el caso de detectar un elemento añadido, debe estudiarse la pertinencia de su retirada y recurrir a la documentación e interpretación de un experto veterinario, anatomista o patólogo. Debido al carácter funcional de estos modelos puede tratarse de una corrección anatómica contemporánea o de un embellecimiento por razones estéticas. Si se justifica la eliminación de una adición histórica será necesario realizar una documentación y registro adecuados, además de conservarse los testigos o piezas en un contenedor que se mantendrá asociado a la pieza. Al respecto de este criterio, el Artículo 39.3. de la Ley del Patrimonio Histórico Español obliga al cumplimiento de respetar “las aportaciones de todas las épocas existentes. La eliminación de alguna de ellas sólo se autorizará con carácter excepcional y siempre que los elementos que traten de suprimirse supongan una evidente degradación del bien y su eliminación fuere necesaria para permitir una mejor interpretación histórica del mismo. Las partes suprimidas quedarán debidamente documentadas”. Así pues, los restos y evidencias de tratamientos anteriores deben reconocerse como parte de la historia de un objeto y, en general, deben conservarse (por ejemplo, las correcciones descriptivas sobre algunas enfermedades). - Principio de mínima intervención: Primará el principio de mínima intervención en todas las acciones de conservación y restauración. Para valorar las acciones que son estrictamente necesarias deberá asumirse la degradación natural debido al envejecimiento. En el caso de los modelos en cera se conservará el blanqueamiento provocado por las eflorescencias de ácidos grasos provenientes de la cera de abejas, siempre y cuando no comprometa la lectura de la pieza o la integridad material de la misma. Del mismo modo, los cambios de color detectables debido a la translucidez de las capas superficiales de la cera no se tratarán de ocultar, siempre que no interfiera en la interpretación de los síntomas de una patología o diferencia anatómica errónea. - Intervención realizada por un profesional: Las medidas de conservación curativa deben ser realizadas exclusivamente por restauradores con titulación universitaria. La competencia del curador o conservador de la colección termina con la observación de los daños existentes, y luego es su deber iniciar un trabajo de conservación activo llevado a cabo por un restaurador. - Especificidad e individualidad de cada modelo: Debido a que cada modelo tiene una combinación específica de materiales es necesario que los criterios generales de intervención se ajusten a cada caso y estado de conservación dentro de la colección. 7. Criterios de intervención 307 - Tratamientos y materiales compatibles y justificados: cualquier intervención deberá haberse justificado con el estudio pormenorizado de los modelos anatómicos y de los materiales a emplear en las acciones de conservación y restauración. Los productos seleccionados deberán ser compatibles con la materia original y no suponer un riesgo de alteración en el futuro (debe tener un buen envejecimiento). Para evitar una manipulación que puede empeorar los daños presentes en la pieza y una interferencia de los factores de riesgo, se recomienda realizar las actividades de conservación y restauración in situ. Además, es fundamental que los modelos sean almacenados en lugares sin vibraciones y que se manipulen lo mínimo posible. - Nuevos elementos necesarios discernibles: las intervenciones en las que se ha considerado pertinente realizar una reintegración volumétrica por cuestiones de estabilidad estructural, así como todas aquellas medidas de conservación que hayan requerido añadir un elemento o material no originales, deberán ser fácilmente identificables por un profesional del campo de la conservación del patrimonio. Estos nuevos elementos deberán ajustarse a los márgenes de las faltas matéricas y, en ningún caso, superponerse a las estructuras anatómicas representadas en el modelo de cera. 7.4.1. Aplicación del esquema de toma de decisiones En las colecciones de anatomía veterinaria eran frecuentes las representaciones de mandíbulas de distintos animales pues, como ocurre en los equinos, su anatomía puede revelar la edad cronológica del animal. En la imagen (fig. 178) se muestra la pieza a analizar para su intervención. Todas las decisiones se han tomado en colaboración con un equipo interdisciplinar de historiadores de la veterinaria, anatomistas, fotógrafos, conservadores-restauradores, etc. Figura 178. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1698). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2017. 7. Criterios de intervención 308 En cuanto a las preguntas de Gessner, el estudio sincrónico indica que el modelo Mandíbula de équido, con siglado MV-1698, corresponde a la representación de la sección rostral de una mandíbula de caballo. Se trata de una pieza maciza fabricada mediante un molde de yeso, sobre la que los ceroescultores han representado una red de capilares dibujados en rojo a punta de pincel. Sobre dicho dibujo, la pieza se encuentra cubierta por una capa de cera y resina coloreada en una tonalidad rojiza, por lo que se considera posible que la intención original fuera la percepción de los capilares a través de la capa superpuesta, gracias a una translucidez que habría perdido su transparencia con el envejecimiento. En la zona superior externa de la pieza se encuentra dibujada en color negro una inscripción realizada con pincel que indica el número 7, esta parece original y podría estar indicando la edad del animal. Además, se han advertido huellas dactilares en la zona del paladar que pueden derivar de la manipulación durante la didáctica o pertenecer a los propios ceroescultores. Todo el modelo se encuentra recubierto por un estrato resinoso de protección. Las medidas de este modelo de mandíbula son 6 largo x 6.5 ancho x 9.5 alto (medidas en centímetros). Esta dentadura podría estar representando los incisivos de la mandíbula superior de un caballo macho de una edad aproximada de 6-7 años, puesto que presenta los caninos desarrollados, como se muestra en la ilustración (fig. 179). Además de ser posible que la inscripción mencionada indique la edad, algunos textos especializados consultados indican que a esta edad los dientes aún permanecen redondeados, los extremos ya han entrado en contacto con los de abajo y “las pinzas y medianos están enrasados”, como parece ocurrir en el modelo de cera. Debido a la pérdida material en la pieza no se puede observar si en el extremo superior ha aparecido Figura 179. Ilustración de un équido de 7 años. Identificación de la edad de los caballos por su dentadura. Fuente: Fernando Ribotta, 2011. la protuberancia conocida como “gavilán” o “cola de alondra”, que se manifiesta a los 7 años y desaparece a los 8 (Ribotta, 2011). Dicho modelo forma parte de un conjunto de mandíbulas fabricadas para enseñar a los alumnos de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid a identificar la edad del animal; probablemente todos los modelos se exponían como un conjunto en una peana o estructura fabricada para su exhibición, pero se encuentra actualmente desaparecida y las piezas descansan directamente sobre la base de la vitrina. El estado actual de conservación es estable, pero existe un elevado riesgo debido a la acidez de un estrato de depósito muy grueso y adherido presente en toda su superficie. Con motivo de manipulaciones incorrectas, el modelo ha sufrido pérdidas materiales en algunas zonas, como la laguna situada en el área exterior cercana a la inscripción con el número 7 o la existente en los caninos y los incisivos laterales. Actualmente, esta pieza pertenece a la colección anatómica del Museo Veterinario Complutense de Madrid. Es considerada un objeto de museo como parte del patrimonio científico de la Universidad Complutense de Madrid y se expone en una vitrina junto a otros modelos didácticos veterinarios realizados en cera. 7. Criterios de intervención 309 Por otra parte, el estudio diacrónico indica que estos modelos fueron fabricados en un periodo temporal breve, en la primera mitad del siglo XIX. Se trata de un objeto raro con un valor material e inmaterial elevado, dado que forma parte de la historia de la institución, de la técnica ceroplástica y de la propia evolución de la enseñanza veterinaria en España. Algunas de las fuentes documentales conservadas podrían hacer referencia a la fabricación del modelo analizado como parte de una de las colecciones de mandíbulas de équido de cera reseñadas en las crónicas del Archivo General UCM. Se conservan dos registros en las que fueron encargadas las colecciones de mandíbulas de caballo: una, fechada en 1830, a cargo de Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó, en la que se solicitó la construcción de “[…] ocho mandíbulas, que representan las edades de siete, seis, cinco y dos años […]” (AGUCM V 01-051); y otra, en 1833, cuando Garrigó trabajaba solo. En esta última no se definen las edades de los animales representados, únicamente se pide una nueva colección completa mandíbulas (AGUCM V 01-034). Figura 180. Aplicación del esquema de decisiones. Fuente propia, 2021. Junto con el resto de mandíbulas conservadas, este modelo se encuentra atribuido a los ceroescultores Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Fue producido en las instalaciones de la propia institución y utilizado como recurso didáctico por sus docentes. Probablemente, esta pieza fue trasladada junto con otras colecciones en los cambios de sede de la Real Escuela Veterinaria de Madrid, primero desde su sede original en el Paseo de Recoletos hasta el edificio de la Carrera de San Francisco nº 13, años más tarde a una nueva Escuela en el Casino de la Reina de la Ribera de Curtidores y, finalmente, hasta las instalaciones actuales en la zona denominada de La Moncloa. Cuando los modelos anatómicos de cera cayeron en desuso, las mandíbulas de équido perdieron valor y fueron desubicadas en diferentes departamentos de la Facultad de Veterinaria hasta su recuperación iniciada en el año 2003 por Joaquín Sánchez de Lollano en colaboración con la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad Complutense. Puesto que la colección se encuentra expuesta en las instalaciones del Museo Veterinario Complutense, el modelo debe considerarse un objeto de museo, pero para tomar decisiones debe recordarse que algunos docentes de veterinaria también realizan visitas formativas con sus alumnos. Como se indica en el esquema con colores azules (fig. 180), en este caso se ha decido que la mínima intervención de conservación sea la de eliminar el estrato de depósito adherido a toda su superficie, muy ácida y gruesa, sin disolver el barniz de recubrimiento, pues, aunque este se encuentra craquelado y envejecido es original, y no interfiere con la estabilidad físico-química ni con la lectura del modelo. Se ha recomendado una intervención de limpieza con sistemas acuosos 7. Criterios de intervención 310 tamponados cuya selección debe implicar un testado previo y en consenso con el equipo multidisciplinar. Tras consultar las necesidades de exposición con el equipo interdisciplinar en historia de la veterinaria y con los responsables del Museo Veterinario Complutense, se ha determinado innecesaria la reintegración volumétrica o cromática de las zonas perdidas del modelo. Como acción de conservación preventiva, ha sido protegido con un barniz final aplicado con pulverizador. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 311 8 ESTUDIO EXPERIMENTAL 1: TESTADO PARA SISTEMAS DE LIMPIEZA a limpieza de superficies cerosas en el campo de la conservación y restauración se orienta a la extracción del particulado atmosférico, que ha creado un depósito más o menos adherido sobre las superficies, y/o al aligeramiento o la eliminación de un barniz degradado o no original que amenaza con comprometer la estabilidad de los estratos subyacentes que componen la estructura de la obra. Es muy habitual encontrar un estrato muy adherido a las superficies, formado por partículas de suciedad que han interaccionado con las primeras capas de la escultura. La cera de abejas, el componente mayoritario de las pastas que componen los modelos, es principalmente hidrófoba, además de poseer una baja polaridad y una elevada carga electrostática. Cuando un material es poco polar, tiene afinidad por el particulado más graso que se encuentra en suspensión, atrayendo hacia su superficie contaminantes derivados de calderas, del humo del tráfico rodado, etc. Por otra parte, las ceras naturales sufren, durante su evolución material natural, una migración de sus ácidos grasos hacia las superficies, lo que aumenta aún más su capacidad para atrapar el particulado atmosférico. Esta facilidad natural de la cera de abejas para acumular en su superficie un estrato de particulado se ve agravada por los ciclos de oscilación térmica a los que suelen estar sometidas habitualmente las colecciones de ceroplástica. Tanto la cera de abejas como los demás componentes de las pastas -sebo animal, aceites vegetales, resinas, otras ceras, etc.-, son muy sensibles a temperaturas superiores a 22-25ºC, volviéndose untuosas y adquiriendo una tendencia a deformarse. Sin embargo, por debajo de los 10ºC, se endurecen, aumentan su rigidez L 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 312 y, como sucede con una porcelana, son sensibles a los impactos y fuerzas físicas. Las películas de recubrimiento empleadas en esta tipología de modelos anatómicos pueden aislar las superficies de este particulado durante un tiempo determinado, pero cuando avanza su envejecimiento comienzan a craquelarse y agrietarse, permitiendo el paso de los gases y polvo en suspensión. Por otra parte, es muy común que parte del barniz se haya degradado hasta desaparecer, que los modelos hayan perdido su peana original de madera o que hayan sufrido agrietados y fracturas importantes. En todos estos casos, las pastas de cera quedan expuestas al ambiente sin ninguna barrera protectora, atrayendo hacia sí todo aquello que les es afín en el aire que las circunda. Otro factor que favorece la alteración de las superficies es la convivencia que, a menudo, se da entre otras preparaciones anatómicas y los modelos de cera dentro de las vitrinas de los museos de medicina, veterinaria o historia natural. Momias, especímenes en formol y otros líquidos conservantes o piezas artificiales de materiales heterogéneos, pueden desprender numerosos gases y compuestos químicos en el espacio donde se encuentran los modelos en ceroplástica. Por ejemplo, los vapores provenientes de ejemplares disecados o líquidos alcohólicos acidifican y disuelven las superficies cerosas, creando jabones cuando reaccionan con los ácidos grasos de las pastas de cera y reaccionando químicamente con el particulado, los aerosoles y los gases del ambiente. Obviamente, el tipo de avatares sufridos por las colecciones de ceroplástica condicionan la gravedad y el grosor de los estratos de particulado. Cuando formaban parte de las herramientas didácticas empleadas en las instituciones durante las demostraciones prácticas del profesor, el aumento de temperatura podía provenir de varias fuentes: desde el calor corporal de los maestros y estudiantes que manipulaban las piezas, hasta de la irradiación por la luz solar. Más tarde, cuando muchos modelos anatómicos en cera cayeron en desuso, fueron acumulados en lugares con mucha suciedad y mal acondicionados, sin ningún control de la temperatura y la humedad. Los ciclos de temperaturas variables, muy agresivas especialmente en lugares con climas extremos entre las estaciones de verano e invierno, provocan el siguiente proceso: cuando la temperatura es elevada se produce una atracción y adhesión del particulado hacia las superficies, cuando el calor deja paso al frío, las superficies blandas y untuosas incluyen el particulado depositado dentro de las capas más superficiales, oscureciéndolas y acidificándolas considerablemente. Como consecuencia de esta acumulación negativa para la conservación de los modelos será necesario intervenir dentro de la fase de conservación activa, en la que se pueden dar tres casuísticas principales: 1- La necesidad de la eliminación del estrato de particulado atmosférico adherido por medios físicoquímicos, sin eliminar el barniz original ni alterar los estratos cerosos u otros materiales componentes del modelo. En este caso, dada su condición apolar, las pastas de cera no permiten el empleo de disolventes orgánicos apolares como los hidrocarburos, jabones u otros productos de limpieza afines. Pero tampoco son recomendables los disolventes orgánicos polares como los alcoholes o las cetonas, puesto que hinchan y lixivian las superficies hasta disolverlas. Por esta razón, el mejor medio para la eliminación del estrato de particulado debería ser el agua desionizada o desmineralizada. Evidentemente, el mencionado carácter hidrófobo de las superficies cerosas complica la eliminación con un producto basado en el 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 313 agua, puesto que la elevada tensión superficial impedirá la interactuación físicoquímica del líquido con el estrato de particulado. 2- Otra situación común en las colecciones de anatomía en ceroplástica es la superposición de un barnizado no original, aplicado como refresco del antiguo por encontrarse degradado o para devolver el brillo a las zonas que han quedado mates a causa de la acumulación de depósitos de suciedad. Por lo general, se trata de barnices naturales de características afines a las propias pastas cerosas, que contienen a su vez resinas naturales. Habrá casos en los que el nuevo recubrimiento se haya realizado sobre el barniz original y situaciones en las que este no existiera o fuera eliminado durante una intervención. Ambas casuísticas son muy complicadas si se considera necesario realizar un tratamiento de limpieza, pues se deben eliminar estratos superpuestos sobre capas originales de la misma naturaleza físicoquímica, que reaccionaran disolviéndose y alterándose ante los mismos métodos y materiales de conservación y restauración. 3- También es común encontrar reparaciones realizadas con ceras y adhesivos de distintas naturalezas en la unión de fragmentos o grietas que, habitualmente, comprometen las zonas circundantes a la zona tratada y no cumplen la función para la que fueron añadidos. Pueden localizarse repintes y modificaciones cromáticas añadidos como consecuencia de cambios de gusto o para subsanar errores anatómicos de la pieza original. Estos materiales añadidos no siempre se pueden eliminar durante la intervención de conservación-restauración por encontrarse en zonas poco accesibles y poseer unas características físicoquímicas muy semejantes a las del propio modelo, o debido a que forman parte de la historicidad de la pieza o de la colección. En todas las intervenciones de conservación-restauración se comienza la limpieza realizando una eliminación mecánica de aquellos depósitos o materiales que se han depositado en las superficies pero que no se encuentran adheridas. Este proceso debe realizarse siguiendo una metodología apropiada, especialmente en las piezas con estratos disgregados o que muestren inestabilidad material. Sin embargo, el problema más difícil de desentrañar comienza cuando debe intervenirse en un estrato fuertemente unido a las capas cerosas, al barniz original o a cualquiera de los elementos originales de los modelos anatómicos. Ahora bien, durante la década de los 80 del siglo XX, el químico de la restauración Richard Wolbers revolucionó las intervenciones de limpieza, especialmente en la eliminación de barnices oxidados y envejecidos en pinturas de caballete. En su propuesta, sustituyó las mezclas habituales de disolventes orgánicos libres por sistemas gelificados acuosos y geles con disolventes orgánicos más inocuos para el restaurador y para las obras de arte. Además de los nuevos materiales alternativos planteados, estableció el principio “similar disuelve a similar” y expuso una serie de formulaciones modelo que el restaurador con unas nociones en el campo de la química podía adaptar a cada caso, creando un sistema de limpieza “a medida” (Cremonesi, 2016: 49). En esta investigación, se ha considerado fundamental tomar estos principios propuestos por Wolbers, y desarrollados por otros investigadores desde finales del siglo XX hasta la actualidad, para seleccionar los materiales y las formulaciones de limpieza más adecuados a la 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 314 técnica de la ceroplástica anatómica, abiertas a modificaciones y adaptaciones en función de la casuística de cada colección. Se ha tratado de optar por los sistemas basados en el agua como componente principal de limpieza. Por supuesto, en esta propuesta de intervención para la eliminación del particulado atmosférico más adherido se ha tenido en cuenta que los modelos anatómicos en ceroplástica se componen de más elementos, como las estructuras metálicas o las peanas de madera policromada o sin policromar. Algunos de estos materiales responden violentamente a los productos acuosos de limpieza, oxidándose e hinchándose, por lo que es necesario seleccionar otros métodos y materiales para tratar el estrato a eliminar. Además, algunos investigadores llevan décadas advirtiendo de los riesgos que las limpiezas pueden suponer para las obras de arte, principalmente los efectos de hinchamiento, lixiviación y consecuente disolución, pero también la permanencia de residuos en los primeros estratos provenientes de los materiales empleados. Para solventar los riesgos, algunos de ellos han propuesto interesantes metodologías y alternativas que se estudian a continuación. Como premisa debe recordarse que las pastas de cera de abejas son sensibles tanto a los disolventes orgánicos libres polares como apolares, porque estos son capaces de solubilizar los ácidos grasos y otros componentes de la cera (Murrell, 1971; Besnainou, 1984; Berzioli et al., 2010; Pradier, 2011). 8.1. Tipología de limpieza en la conservación-restauración de objetos de cera A menudo, los restauradores tenemos dudas sobre cómo denominar los procesos físicoquímicos que ejercemos sobre los materiales durante el proceso de limpieza. En este sentido, Cremonesi y Signorini han establecido una serie de definiciones que ayudan a concretar cada una de las acciones (Cremonesi y Signorini, 2012: 17-19): - Acción física. Comprende la modificación de la fuerza de cohesión entre las moléculas del material. Materiales como los tensioactivos tendrán la capacidad de “secuestrar” estas moléculas e incorporarlas dentro de su materia, mientras que los disolventes solo poseen la capacidad para romper las fuerzas intermoleculares. Los autores se refieren a la dispersión de un material sólido y a la emulsión de un material líquido. - Acción química. Se considera tal si lo que hace el material de limpieza es romper los enlaces químicos entre las moléculas del material filmógeno o formar nuevos enlaces entre ambos; en este supuesto, el término correcto sería reactivo. A partir de estas afirmaciones, los autores proponen basar las limpiezas en el uso del agua como componente principal por ofrecer ambas acciones. La acción física deriva de su elevada polaridad, la cual le facilita actuar sobre las fuerzas intermoleculares de los materiales hidrófilos (o altamente polares) mediante su disolución. Además, su elevada constante dieléctrica le permite romper el retículo cristalino de compuestos iónicos como las sales, proceso conocido como solvatación de los iones. Al mismo tiempo, el agua es capaz de actuar químicamente sobre los estratos debido a su carácter anfótero, que le permite romper químicamente los enlaces de las moléculas ionizables (con grupos ácidos o básicos) del material filmógeno a eliminar. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 315 La incorporación de otros materiales al agua posibilita formular una amplia gama de sistemas acuosos adaptados a cada problemática específica. Los tipos de limpieza a emplear en la intervención de conservación-restauración de las esculturas de cera en esta investigación se han esquematizado en la siguiente tabla (tabla 5): Tabla 5. Esquema con los diferentes tipos de limpieza en los modelos de cera Limpiezas en seco Limpiezas por vía húmeda Acción mecánica y física Acción física y química Eliminación mecánica con utensilios como bisturí, brochas de pelo suave, aspiración mecánica, etc. Limpieza por microabrasión Limpieza con láser Limpieza con métodos acuosos, libres o espesados Limpieza con disolventes orgánicos gelificados Limpieza con disolventes orgánicos libres Como se ha mencionado previamente, esta investigación se ha centrado en el testado de varios métodos acuosos, libres y gelificados, con la intención de eliminar el estrato de particulado atmosférico más adherido a las superficies cerosas. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, en todos los casos, ha sido realizada previamente una limpieza en seco para eliminar aquellos elementos no originales que podían interferir en la evaluación de los procesos de eliminación por vía húmeda. Es importante recordar, una vez más, que los procesos de limpieza tienen que respetar los criterios establecidos por la comunidad científica, recogidos en las normas y acuerdos que rigen la profesión del conservador-restaurador. El principal objetivo de esta investigación ha sido analizar cualitativamente la eficacia de los diferentes medios de limpieza propuestos mediante la evaluación de su acción limpiadora sobre la morfología de la superficie cérea. Los objetivos secundarios se han centrado en comprender la relación e interacción de los productos y las formulaciones con los materiales originales, identificando el papel de cada uno de los componentes del sistema limpiador y la eficacia de los aclarados planteados para evitar dejar posibles residuos tras concluir el proceso de restauración. Los resultados obtenidos han guiado la toma de decisiones a la hora de afrontar esta operación en cada una de las esculturas a restaurar. En la colección en ceroplástica conservada en el Museo Veterinario Complutense, el estrato de depósito era generalizado en todos los modelos, presentando una adherencia especialmente tenaz una vez retirado el particulado más superficial con la ayuda de una brocha de pelo fino. Como se puede observar en la imagen (fig. 181 y 182), los depósitos no permitían observar los detalles anatómicos y suponían un agente de deterioro debido a su acidez, además del riesgo de quedar aún más incluidos en el primer estrato ceroso. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 316 Los modelos de cera no parecía que hubiesen tenido ninguna intervención previa enfocada a la remoción de su barniz original, por lo que, en la mayoría de los casos, esta capa de recubrimiento había impedido una mayor incidencia del particulado sobre las pastas de cera. Sin embargo, en muchos casos se observó que las grietas o faltas matéricas habían permitido su paso hacia las capas cerosas y sus soportes, llegando en ocasiones hasta el interior cuando se trataba de modelos con volúmenes huecos (fig. 182). Además, en aquellas esculturas en las que se había producido pérdida de la peana o del sistema expositivo original, las piezas presentaban áreas sin capa de recubrimiento favoreciendo este hecho la retención de una capa especialmente gruesa y adherida de particulado atmosférico. Su retirada con productos capaces de actuar en las zonas barnizadas no era eficaz en estas superficies. Otro de los retos a abordar con la limpieza de los modelos anatómicos veterinarios era la accesibilidad a las distintas superficies con rugosidades o estriados. La apolaridad de las pastas cerosas y del particulado dificultaba la mojabilidad de dichas superficies, las áreas cóncavas impedían la retirada eficaz de los productos empleados permitiendo la permanencia de peligrosos residuos, y la necesidad de insistir en su retirada, representaba un riesgo de abrasión de las zonas sobresalientes (fig. 183 y 184). Para solucionar los problemas planteados, fue propuesto un testado de productos para la eliminación del estrato de particulado adherido. Figuras 183 y 184. Detalles de depósitos superficiales en zonas con rugosidades. Detalle de un cotiledón en los modelos Matriz de vaca con los cotiledones (rfa. MV-677). Detalle de una superficie con irrigación sanguínea en el Modelo de Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Fuente: Luis Castelo, 2017. Figura 181. Detalle de acumulación del particulado atmosférico en el modelo Estómago Monocavitario cerrado (rfa. MV-664). Fuente propia, 2017. Figura 182. Detalle de falta matérica con particulado atmosférico en el modelo hueco Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente: Luis Castelo, 2017. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 317 La selección de los productos para el testado requirió de una previa revisión bibliográfica que permitiera conocer la experiencia de otros conservadores-restauradores en colecciones similares o en escultura en cera. De este modo, se pudieron seleccionar varios materiales y adecuarlos al caso concreto del Museo Veterinario Complutense. Debe recordarse que cada estudio se encuentra dirigido a casos muy diferentes entre sí, pero que tienen en común la cera de abejas como componente principal de los objetos. En esta revisión, se ha dado por supuesta la eliminación mecánica de los depósitos de particulado superficiales no adheridos, con la ayuda de un pincel de pelo suave y un microaspirador regulable, previa a la intervención de limpieza físicoquímica que se estudia en este capítulo. Esta limpieza en seco es esencial para asegurar la eliminación de todas las impurezas sueltas y evitar que interfieran durante el proceso de limpieza en húmedo. En algunos casos, se ha tenido que recurrir al uso de herramientas como bisturís, palillos metálicos de dentista o el uso puntual de goma en polvo, con el fin de la remoción mecánica de acumulaciones de suciedad muy tenaces (Pérez et al., 2016: 89). Los depósitos grasos de la mayoría de las superficies cerosas presentan características hidrófobas similares a los de la colección veterinaria, y han requerido el uso de disolventes y de la inclusión de aditivos en las formulaciones de limpieza agresivos para los materiales originales (disolventes orgánicos) responsables de generar residuos (tensioactivos). Una de las primeras referencias que hace alusión al empleo de tensioactivos para las limpiezas superficiales se puede encontrar en el libro de Bonells y Lacaba, donde los autores indican que las esculturas podían limpiarse o "lavarse" con un pincel o brocha mojada en una disolución de jabón (Bonells y Lacaba, 1820: 500). El objetivo de esta propuesta no era la de eliminar el barniz original, sino la de mantener inalterables los colores. Quizás por una cuestión estética o debido a la necesidad de eliminar los barnices oxidados que no permitían observar las representaciones anatómicas como fueron ideadas por los artífices de estas piezas, las colecciones de modelos en ceroplástica han sido tratadas, a menudo, con disolventes orgánicos. En la literatura científica publicada en las últimas décadas sobre este tema, los autores han buscado los materiales y métodos menos invasivos y han puesto en práctica todos los conocimientos del campo de la conservación- restauración disponibles. Una de las primeras publicaciones sobre la eliminación del particulado atmosférico en superficies cerosas indica que el empleo de tensioactivos y métodos acuosos ha sido habitual en las intervenciones de esta tipología de piezas, comprobando que la mayoría de los autores empleaban métodos acuosos con agua destilada, con o sin tensioactivos (Lissapol, Savon B30, jabón de Marsella, etc.) o agua destilada con diferentes porcentajes de amoniaco (1-5%) (Chicoineau, 1989: 22-25). Para realizar un estudio pormenorizado de estos productos y poder seleccionar los más adecuados, Chicoineau realizó una investigación con probetas en la que fueron testados dos tensioactivos al 2% en agua desionizada, la saponina y la hiel de buey. También fue testado el amoniaco al 10% diluido en agua destilada, capaz de eliminar la suciedad mediante ionización gracias al pH básico. Las probetas realizadas con diferentes ceras -cera abeja virgen, cera abeja blanqueada, cera parafina, cera resina, ácido esteárico, cera spermaceti y cera carnauba-, fueron testadas por inmersión durante 24 horas. Los resultados concluyeron que únicamente con la mezcla de agua y amoniaco, las superficies experimentaban cierta alteración y que esta era como máximo de un 0.2%. Solo las ceras con estearina en su composición 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 318 experimentaron una alteración más elevada como consecuencia del uso de amoniaco, en porcentajes establecidos en un 1.2-1.4%, observándose además una variación visual de las superficies cerosas (Chicoineau, 1989: 22-25). En la intervención de limpieza sobre un relieve en ceroplástica de Gaetano Zumbo, el autor realizó pruebas con varios materiales seleccionando para la limpieza del modelo una disolución de amoníaco al 10%. Sin embargo, en sus conclusiones consideró que el método de limpieza más inocuo para los objetos de cera eran las disoluciones de jabón en agua destilada. Los mejores resultados en este caso fueron aportados por una mezcla de agua destilada con un 2% de tensioactivo no iónico comercial Lissapol™, aplicado sobre la superficie y removiendo con un pincel de marta suave. Es interesante la inclusión de un aclarado posterior, realizado con agua destilada y otro cepillo suave. También se consideró adecuado el jabón aniónico de alcohol Howards®B30, en una solución al 3-10% en agua destilada, aplicado siguiendo la misma metodología que en el caso anterior. El amoníaco diluido fue seleccionado por ser el eficaz en esta investigación, pero el autor recomienda evitar las soluciones fuertes de este disolvente orgánico ya que pueden blanquear la superficie debido a la saponificación de la cera (Murrell, 1971: 100- 101). La eliminación de la suciedad superficial en tres modelos anatómicos fabricados en el siglo XX con materiales tradicionales -cera de abejas, talco, aceite secante, resina natural y pigmentos orgánicos-, se llevó a cabo mediante un sistema de limpieza formulado con el tensioactivo aniónico Orvus® al 0,5% p/v en agua destilada, aplicado con un hisopo embebido rodado sobre las superficies. Se realizó un enjuague con agua destilada una vez acabada la eliminación del depósito de particulado atmosférico (Ellis et al., 1996: 44-47). Para una limpieza efectiva el estrato de depósito más adherido en un modelo de anatomía patológica de Luigi Calamai, conservado en La Specola, fueron empleados dos productos tensioactivos no iónicos: una resina saponaria al 3% en agua desionizada y un polisorbato 20 o monolaurato de polioxietilen(20)sorbitano -comercializado como Tween®20-, diluido al 5% en agua desionizada. En este caso, el aclarado se efectuó con hisopo embebido en agua desionizada. Es importante recalcar que uno de los propósitos principales era realizar la limpieza sin alterar la capa de protección resinosa (Gabbriellini et al., 2008: 231). También fueron empleados tensioactivos en la intervención de otros dos modelos anatómicos en cera conservados en La Specola, obras del ceroescultor Gaetano Zumbo. El objetivo era llevar a cabo una eliminación del particulado de las superficies de dos despellejados a tamaño natural sin alterar el recubrimiento original de goma laca. Decidieron utilizar disoluciones tensioactivas ligeramente alcalinas compuestas por el tensioactivo catiónico Desogen® y agua desionizada a diferentes proporciones según la zona (entre proporciones de 7:1 y 10:1). Una aplicación a muñequilla de los productos permitió una homogeneidad en los resultados superficiales. En una zona puntual que presentaba una abrasión negra no original se accedió al uso de un disolvente orgánico, el alcohol etílico blanqueado en disolución acuosa al 50%, aplicado con la ayuda de gasas y secando la superficie en cada operación con otra gasa seca para evitar dejar las marcas blancas provocadas por la evaporación del alcohol (Dal Forno, 2009: 82). Para limpiar dos piezas que componen un modelo anatómico patológico de Luigi Calamai, donde la suciedad se encontraba especialmente incrustada debido a la heterogeneidad superficial, se utilizó una disolución acuosa tensioactiva de Tween®20 al 5% en agua desionizada, 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 319 aplicada con la ayuda de hisopos de algodón embebidos en la mezcla. Estos materiales y metodología fueron empleados también en otras tres piezas de anatomía patológica en ceroplástica pertenecientes a la misma colección, pero de autor desconocido. En el caso de ciertas zonas donde los estratos cerosos se encontraban sobre tejido natural, durante quince minutos se aplicaron empacos de pasta de la arcilla sintética comercial Laponite® embebida con la misma disolución tensioactiva y se interpuso papel japonés para evitar humedecer en exceso las superficies y con ello alterar el tejido subyacente o dejar residuos del jabón (Gabbriellini et al., 2009: 63-64). Una de las primeras publicaciones que hace mención de los testados para conocer el pH y la c.e. de las superficies a limpiar, se debe al equipo italiano Cesmar7. Se efectuaron pruebas con las siguientes disoluciones acuosas: disolución tampón fosfato a pH 6 y c.e. 4.5 mS/cm, disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 4.5 mS/cm, disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 6.4 mS/cm, disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 4.5 mS/cm, con tensioactivo no iónico Tween 20, disolución tampón con quelante citrato a pH 7 y c.e. 12.5 mS/cm y las mismas disoluciones espesadas con goma xantana (Vanzan® NF-C). La metodología de aplicación para los productos en estado libre consistió en el rodamiento sucesivo (10 veces) de un hisopo de algodón estéril embebido en cada una de las disoluciones acuosas libres sobre superficies de 1 cm2. Las disoluciones gelificadas con goma xantana fueron depositadas sobre las superficies dejándolas actuar durante 5 minutos y, a continuación, se retiraron con la ayuda de un hisopo seco. El aclarado de las zonas tratadas con los geles para evitar la permanencia de residuos, se realizó con la disolución acuosa libre correspondiente a cada gel, de nuevo con hisopos de algodón embebidos. Los resultados obtenidos de las pruebas de colorimetría y de las cromatografías de gases/masas fueron favorables para las disoluciones de tampón fosfato entre pH entre 6 y 7 y c.e. 4.5 mS/cm, siendo el tampón fostato a pH 7 y c.e. 4.5 mS/cm con tensioactivo no iónico el más agresivo el para las superficies con cera de abejas. Para las esculturas con un contenido elevado de cera parafina fueron agresivas la disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 4.5 mS/cm, con tensioactivo no iónico, y la disolución quelante citrato a pH 7 y c.e. 12.5 mS/cm. En la mayoría de los casos, el comportamiento de las disoluciones espesadas fue la misma que la de sus equivalentes libres. Los autores de este estudio concluyeron indicando que cada sistema acuoso tiene que ser adaptado al caso concreto de cada escultura. De todas las formulaciones testadas, los sistemas acuosos tamponados sin aditivos mostraron una eficacia mayor en la eliminación de suciedad. El empleo de quelante, del ácido cítrico y del tensioactivo fue justificado de manera puntual para los supuestos en los que la suciedad se encontraba más adherida (Berzioli et al., 2010: 39-41). Otro ejemplo significativo se encuentra en los sistemas de limpieza utilizados para la eliminación del particulado atmosférico en zonas barnizadas y sin barnizar de la superficie de un modelo en cera realizado por la Escuela florentina, conservado en el Conservatoire d’Anatomie de Montpellier. En este caso, se probaron una disolución de tensioactivo no iónico comercial Tween®20 en agua desmineralizada al 2%, una disolución con el surfactante no iónico comercial Triton®X-100 en agua desmineralizada al 5%, agua desmineralizada, saliva artificial, una disolución de etanol en agua al 50% y una disolución de isopropanol en agua al 50%. A tenor de los resultados fueron seleccionados el Tween®20 en agua desmineralizada al 2% para la limpieza de las superficies sin barnizar. El modo de aplicación fue optimizado con el objetivo de retener la 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 320 suciedad disuelta mediante la aplicación de compresas de papel japonés durante 5 minutos. Este método permitió una limpieza homogénea y rápida. Para asegurarse de una eliminación efectiva de los residuos del tensioactivo fueron aplicados tres aclarados con agua desmineralizada mediante hisopos de algodón (Pradier, 2011: 123-126). El uso del tensioactivo comercial Tween®20 se ha empleado también para la limpieza de La Venerina de Clemente Susini, o en la intervención de un despellejado atribuido a Andrea Corsi y conservado en la Universidad de Parma. En ambas intervenciones, se empleó una disolución de agua desionizada con dicho tensioactivo al 3% y la eliminación de barnizados no originales fue realizada con alcohol etílico diluido en agua desionizada al 10% (Andreoni et al., 2011: 48; Gabbriellini et al. 2013: 48). Dos modelos obstétricos del ceroescultor Giovan Battista Manfredini, conservados en Bolonia, también requirieron de una limpieza acuosa con hisopo de algodón embebido en una disolución de agua desionizada y tensioactivo Tween®20 al 2% (Moradei et al., 2014: 294). Como se ha podido comprobar a través de los ejemplos comentados, algunos autores incluyen los disolventes polares en la formulación de los sistemas de limpieza. Para la eliminación del estrato de particulado atmosférico, una disolución de isopropanol y agua desmineralizada al 50% fue adecuada para las zonas barnizadas del objeto. La mezcla permitió solubilizar ligeramente un barniz no original y muy grueso en el que se habían incluido polvo, diversas partículas de yeso y depósitos de particulado atmosférico (Pradier, 2011: 123-126). Para limpiar un despellejado, de Clemente Susini, los restauradores utilizaron una mezcla de agua desionizada y alcohol etílico, aplicada con hisopo y con pinceles, tratando las zonas más complicadas con la ayuda de microcepillos de dentista (Afra et al., 2013: 300). En los bocetos en cera de la artista Marie Carl-Nielsen, donde el objetivo fue eliminar la suciedad sin alterar el estrato material de lacado de la superficie, fue empleada una disolución de etanol 96 y agua desmineralizada en proporción 7:3 v/v; la superficie fue observada con la ayuda de un microscopio estereoscópico, para comprobar los resultados de la limpieza. La operación se realizó con una brocha fina de pelo suave sumergido en esta disolución, para pincelar suavemente el producto sobre la superficie del modelo (Gramtorp et al., 2013: 104-105). En los modelos botánicos de escuela florentina, realizados en el siglo XIX y conservados en La Specola, se aplicó con un micro hisopo una disolución de carbonato de amonio, creando una espuma muy ligera (tensioactivo emulsionado) que se pudo retirar fácilmente y que permitió aclarar la superficie con un enjuague acuoso (Barbagli, 2015: 83-84). Con respecto al empleo de disolventes orgánicos libres, los testados con hisopo sobre probetas de diferentes ceras -cera abeja virgen, cera abeja blanqueada, cera parafina, cera resina, ácido esteárico, cera spermaceti y cera carnauba-, efectuados por Chicoineau, indicaron que los disolventes polares son más adecuados para la mayoría de las ceras que aquellos apolares como el xileno o el tolueno. Demostraron buenos resultados para la cera de abejas virgen el triclorofluorometano (producto comercial Forane® 11), el triclorofluoretano o (producto comercial Forane® 113), la acetona y el etanol, aunque el autor advierte de que debe atenderse al ligero hinchamiento consecuencia de la retención de la acetona y a los brillos producidos por el etanol. Para la cera de abejas blanqueada, los disolventes más adecuados fueron los mismos que para la cera virgen, pero en este caso no parecieron afectar a las superficies, a excepción de los Forane®, que volvió mates las superficies (Chicoineau, 1989: 22-25). El cloroformo también fue 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 321 seleccionado por Murrell para la eliminación de los depósitos puntuales más adheridos en un modelo en cera de Gaetano Zumbo, después de realizar una limpieza acuosa (Murrell, 1971: 100- 101). En las piezas de cera con aditivos higroscópicos, como el almidón, los materiales acuosos de limpieza pueden comprometer la conservación del modelo. Por esta razón, los autores se plantearon como alternativa la aplicación de los disolventes orgánicos etanol y alcohol isopropílico. Seleccionaron para la intervención el etanol en forma libre y sin diluir para evitar usar sistemas acuosos que hinchaban los gránulos de almidón. Argumentaron que el uso de estos disolventes altamente polares no resultó agresivo para las superficies cerosas dado su grado de envejecimiento, y defendieron que la capacidad disolvente de los alcoholes demostró ser superior en las piezas con ceras “jóvenes”. Sin embargo, advirtieron de que los disolventes libres son materiales difíciles de controlar en los sistemas de limpieza y, en este caso, no permitieron alcanzar una limpieza homogénea (Colinart et al., 1987: 76-78, 192). También en algunos modelos, como en el despellejado a tamaño natural de Clemente Susini, conservado en el Museo florentino de La Specola, donde el agua no era eficaz en la eliminación del particulado, los responsables de la intervención decidieron emplear acetona libre para conseguir una limpieza puntual del barniz, probablemente una goma laca, al mismo tiempo que se eliminaba el estrato de depósito. El disolvente fue aplicado con la metodología propuesta por Colinart y su equipo mediante aplicación de la acetona con un pincel de marta y extracción del estrato solubilizado utilizando el mismo pincel seco para absorberlo (Kaufmann, 1988: 27-28). De manera puntual, algunos autores propusieron el empleo de disolventes apolares aplicados en forma libre, como el White spirit, para trabajar sobre los depósitos de particulado más adheridos en varios modelos anatómicos humanos del siglo XVIII, tras un tratamiento acuoso con tensioactivos (Moradei et al., 2014: 294). Fue también el caso de la colección de frutas en ceroplástica del Gabinete Salvador, de Barcelona, donde las piezas no estaban barnizadas y algunas de ellas presentaban policromía al temple de huevo. Las superficies presentaban estratos de depósito tenaces y especialmente grasos que requirieron del empleo una disolución libre de White spirit y etanol en proporción del 50%, aplicada con hisopos de algodón después de una primera limpieza con agua destilada (Pérez et al., 2016: 89). Con respecto a la remoción de barnices no originales, a menudo se han realizado aligeramientos con mezclas de agua y alcohol. En el caso del modelo anatómico perteneciente a la Escuela florentina e intervenido en el Conservatoire d’Anatomie de Montpellier, se optó por una mezcla de isopropanol y agua desmineralizada al 50% que fue extendida con un hisopo de algodón. Esta metodología permitió solubilizar por estratos este barniz, dado que no era original, que presentaba un grosor considerable y que contenía diversas partículas de yeso y depósitos de particulado atmosférico (Pradier, 2011: 123-126). En algunas ocasiones, las limpiezas se han hecho con disolvente polar libre, como en el caso de un despellejado cuyo barniz no original y de naturaleza terpénica se aligeró con hisopos embebidos en etanol puro (Gabbriellini et al. 2013: 48). Del mismo modo, en los modelos obstétricos de la Escuela boloñesa de ceroplástica, atribuidos a Giovan Battista Manfredini, el aligeramiento del barniz de gomalaca original fue llevado a cabo con hisopos embebidos en alcohol etílico decolorado, tratando posteriormente las zonas tratadas con disolvente apolar White spirit (Moradei et al, 2014: 294). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 322 Aligerar un estrato de goma laca que contenía englobado una gran cantidad de particulado atmosférico fue de nuevo necesario en un modelo anatómico de cabeza humana de autor desconocido perteneciente a la Escuela boloñesa de ceroplástica. Se realizó una limpieza con hisopo de algodón embebido en alcohol metílico decolorado en disolución acuosa, aclarando posteriormente con White spirit. Finalmente, se devolvió el brillo perdido probablemente como consecuencia del efecto disolvente del hidrocarburo, frotando suavemente un paño de lana sobre el barniz (Moradei et al, 2014: 294). A continuación, se muestran esta revisión bibliográfica sintetizada en forma de tablas: 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 323 Tabla 6. Síntesis de la revisión bibliográfica sobre limpiezas en ceroplástica Autor/Año publicación Modelo testado Materiales de limpieza estudiados Metodología de trabajo y aclarados Sistema de limpieza seleccionado (Chicoineau, 1989: 22-25) Probetas: cera abeja virgen, cera abeja blanqueada, cera parafina, cera resina, ácido esteárico, cera spermaceti, cera carnauba. Disoluciones acuosas: - agua destilada + 2% de saponina - agua destilada + 2% hiel de buey - agua destilada + 10% de amoníaco Disolventes: cloroformo, tolueno, xileno, alcohol etílico, acetona, triclorofluorometano o Forane® 11 y triclorofluoretano o Forane® 113. Disoluciones acuosas: por inmersión de las probetas durante 24 horas. Disolventes: por rodamiento de hisopo embebido en cada disolvente, sin presionar la superficie de la probeta, en 20 pasadas sucesivas. Con una temperatura de 20ºC. Una vez pasado el tiempo de evaporación de los disolventes, cada probeta se ha pesado para comprobar la retención y se ha examinado visualmente. Acuosos: El amoniaco es el producto más agresivo, especialmente sobre las ceras con estearina. Disolventes: buenos resultados con Forane® 11, Forane® 113, acetona y etanol para cera de abejas virgen y blanqueada. Los cloroformos vuelven mate las superficies de cera virgen. (Murrell, 1971: 100-101) Relieve de Gaetano Zumbo Time and Death y dos efigies religiosas, siglo XVII. - agua desionizada + 2% de Lissapol - agua desionizada + 3-10% jabón de alcohol Howards B30 - agua desionizada + amoníaco 10%. - mantequilla + aclarado con metanol Disolventes: cloroformo, tolueno, xileno y nafta Trabajar sobre 1 cm2 de superficie cerosa con un pincel suave de marta. Eliminar con otro cepillo seco para retirar la suciedad perdida. Una única operación no superior a 2 sg. Esperar al endurecimiento de la superficie y a la evaporación del producto de limpieza para repetir. Limpieza con disolución de amoniaco al 10%. Algunas zonas segunda limpieza con cloroformo. (Colinart et al., 1987: 76-78, 192) Escultura anatómica. Pasta de cera de abejas, cuerpos grasos, resina y granos de almidón, teñida con pigmento mineral ocre rojo, siglo XIX - etanol - alcohol isopropílico. No indicada, probablemente etanol libre aplicado con hisopo de algodón Limpieza con etanol para evitar usar sistemas acuosos que hinchaban los gránulos de almidón. Desventaja: limpieza poco homogénea y difícil de controlar. (Kaufmann, 1988: 27-28) Modelo anatómico de despellejado, Clemente Susini. siglo XVIII. Escuela florentina de ceroplástica. Pasta de cera de abejas, resina vegetal de conífera, pigmentos Aplicación de la acetona con un pincel de marta y extracción del estrato solubilizado utilizando el mismo pincel seco para absorberlo. Limpieza puntual del barniz con acetona pura, eliminar tanto el barniz como la suciedad. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 324 Autor/Año publicación Modelo testado Materiales de limpieza estudiados Metodología de trabajo y aclarados Sistema de limpieza seleccionado (Ellis et al., 1996: 44-47) 3 figuras anatómicas para el estudio de la medicina, siglo XX. Pasta de cera de abejas, talco, aceite secante, resina natural, pigmentos orgánicos. Aplicado con un hisopo embebido rodándolo sobre las superficies. Se realizó un enjuague con agua destilada una vez acabada la eliminación del depósito de particulado. Tensioactivo aniónico Orvus® al 0,5% p/v en agua destilada. (Gabbriellini et al., 2008: 231) Modelo de anatomía patológica de Luigi Calamai. siglo XIX. Técnica ceroplástica tradicional: cera blanca, trementina, sebo, resina mastic, pez griega, aceite de nueces, etc. Tras las aplicaciones de estas disoluciones con hisopo realizan un aclarado con agua desionizada. Limpieza con resina saponaria sintética al 3% en agua desionizada. En las zonas con suciedad más incrustada, segunda aplicación tensioactivo Tween®20, diluido al 5% en agua desionizada. (Dal Forno, 2009: 82) Modelo anatómico de cabeza, autor Gaetano Zumbo, siglo XVII- XVIII. - Agua destilada y Desogen (7:1 y 10:1) - Esencia de petróleo (como desengrasante suave) - Agua destilada y alcohol al vacío, sólo si la goma laca está dañada y se considera necesaria su eliminación. - Limpieza con ultrasonidos utilizando barro y tierra con agua desionizada Acuoso: Limpieza a muñequilla. En los intersticios utilizando un pequeño cepillo de cerdas suaves y frotando con una gasa de algodón muy fina. Disolvente: hisopo y repasando con una gasa en cada operación para evitar las marcas blancas provocadas por la evaporación del alcohol. Limpieza con agua desionizada y Desogen (disolución ligeramente alcalina) a diferentes proporciones según la zona. La abrasión negra no original se limpió con una mezcla de agua destilada y alcohol etílico blanqueado al 50%. (Gabbriellini et al., 2009: 63-64) Varios modelos patológicos de La Specola. Patologia oculare de Luigi Calamai y dos modelos patológicos de autor desconocido Pastas de cera de abejas con aditivos, siglo XIX. Hisopo embebido en disolución tensioactiva. Pasta de Laponite embebida en la misma disolución tensioactiva durante 15 minutos. interponiendo un papel japonés Agua desionizada con un 5% de Tween 20. En la cofia de tela con un estrato muy fino de cera, pasta de Laponite embebida en la disolución de agua y tensioactivo. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 325 Autor/Año publicación Modelo testado Materiales de limpieza estudiados Metodología de trabajo y aclarados Sistema de limpieza seleccionado (Berzioli et al., 2010: 39-41) Cuatro esculturas de composición cerosa diferente. Probetas de cera de abejas y cera de abejas blanqueada - Disolución tampón fosfato a pH 6 y c.e. 4.5 mS/cm - Disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 4.5 mS/cm - Disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 6.4 mS/cm - Disolución tampón fosfato a pH 7 y c.e. 4.5 mS/cm, con tensioactivo no ionico Tween 20 - Disolución tampón con quelante citrato a pH 7 y c.e. 12.5 mS/cm - Las mismas disoluciones espesadas con goma xantana (Vanzan® NF-C) Las disoluciones acuosas han sido rodadas 10 veces, con un hisopo de algodón estéril, sobre superficies de 1 cm2. Las disoluciones gelificadas con goma xantana, se han depositado sobre las superficies y se h dejado actuar durante 5 minutos. Al final, se han lavado las zonas de limpieza con las disoluciones acuosas correspondientes sin gelificar, de nuevo con embebidas en un hisopo de algodón. Los resultados indican que, aunque cada sistema acuoso debió ser adaptado al caso concreto de cada escultura, los sistemas acuosos tamponados sin aditivos son eficaces en la eliminación de suciedad en esta tipología de pieza. El aditivo quelante, el ácido cítrico, y el tensioactivo, Tween®20, se añadieron en los casos en los que la suciedad se encontraba más adherida. (Andreoni et al., 2011: 48) Modelo anatómico La Venerina de Clemente Susini, siglo XVIII. Pasta de cera tradicional: cera de abejas virgen, fibras de origen natural, pigmentos, etc. El barniz original había sido eliminado en casi toda la superficie. Limpieza con agua desionizada y tensioactivo Tween 20 al 3%. Y al 5% en los órganos internos. Eliminación de barnizados con alcohol etilico diluido en agua desionizada al 10%. (Pradier, 2011: 123- 126) Modelo en ceroplástica de anatomía humana. Escuela florentina. - Tween®20 en agua desmineralizada al 2% - Triton®X-100 en agua desmineralizada al 5% - Agua desmineralizada - Saliva artificial - Etanol en agua al 50% - Isopropanol en agua al 50% Testado con hisopo de algodón y compresas de papel japonés embebidas en disolución tensioactiva durante 5 minutos. Aclarado del tensioactivo con agua desmineralizada repetido tres veces. El Tween®20 en agua desmineralizada al 2% en la limpieza de las superficies sin barnizar. La mezcla de isopropanol y agua desmineralizada al 50% para aligerar el barniz no original, en el que se habían incluido polvo, diversas partículas de yeso y depósitos de particulado atmosférico. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 326 Autor/Año publicación Modelo testado Materiales de limpieza estudiados Metodología de trabajo y aclarados Sistema de limpieza seleccionado (Gramtorp et al., 2013: 104-105) Figuras de aproximadamente 20- 25 cm. en ceroplástica. Anne Marie Carl-Nielsen, siglo XX. Pasta de cera de cera de abejas con aditivos como: harina de patata, aceite vegetal, trementina de Venecia, resina de borgoña, pigmentos, parafina, etc. La aplicación se ha realizado con un pincel suave sumergido en esta disolución y aplicándola en la superficie del modelo. Entre pincelada y pincelada, el pincel se limpiaba a fondo en un trozo de papel secante. observando continuamente bajo el microscopio estereoscópico Disolución de etanol 96 y agua desmineralizada en proporción 7:3 v/v. (Afra et al., 2013: 300) Modelo anatómico de despellejado, 1805, Clemente Susini. Museo de La Specola de Florencia. Aplicación con hisopo y con pinceles, con la ayuda de microcepillos de dentista. Limpieza húmeda con una mezcla de agua desionizada y alcohol etílico. (Gabbriellini et al. 2013: 48) Modelo anatómico de un despellejado, atribuido a Andrea Corsi. Escuela florentina de ceroplástica, siglo XVIII, Pasta de cera de abejas, resina natural de tipo terpénica y pigmentos. Eliminación del particulado atmosférico con agua desionizada con tensioactivo Tween 20 al 3%. Aligeramiento del barniz no original con alcohol. (Moradei et al, 2014: 294) Dos modelos obstétricos de la Escuela boloñesa de ceroplástica. Giovan Battista Manfredini; Anónimo, Anatomía de una cabeza de perfil, siglo XVIII. Pasta de cera de abejas que puede contener otras ceras -como carnauba y cera china-, trementina, pigmentos, etc. Aplicación de los diferentes materiales con hisopos de algodón hidrófilo. Las zonas tratadas con el etanol han sido aclaradas con un disolvente apolar, White Spirit. Limpieza con disolución de agua desionizada y tensioactivo Tween®20 al 2%. En los casos en los que dicho estrato no pudo extraerse con la disolución tensioactiva, con disolvente White spirit. Aligeramiento de los barnices originales para poder eliminar el particulado atmosférico encapsulado, con alcohol etílico decolorado. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 327 Autor/Año publicación Modelo testado Materiales de limpieza estudiados Metodología de trabajo y aclarados Sistema de limpieza seleccionado (Gramtorp et al., 2013: 104-105) Esculturas de Anne Marie Carl- Nielsen, siglo XX. En el grupo I: mezcla de cera de abeja y una pequeña cantidad de resina u otro material ceroso con fécula de patata o de maíz. En el grupo II: mezcla cerosa con yeso, barita y estearato de zinc (y/o palmitato de zinc). Pueden contener mantequilla, aceite, parafina, cera, resina y harina. Materiales estudiados expuestos en Gramtorp, 2008. Investigation and Conservation of Anne Marie Carl- Nielsen's Wax models. Master's Thesis, School of Conservation, School of Conservation. La limpieza en húmedo se realizó con un cepillo suave de pelo de marta, que se sumergió en la solución limpiadora y se cepilló sobre la superficie de los modelos de cera. Entre cada inmersión, el cepillo se limpiaba a fondo en un trozo de papel secante. Toda la limpieza en húmedo se realizó bajo un microscopio estereoscópico. La limpieza en húmedo se realiza con una solución de etanol al 96% y agua desmineralizada en la proporción 7:3 (v/v). Varios experimentos de limpieza han demostrado que esta concentración específica tiene el mejor efecto de limpieza (Barbagli et al., 2015: 83-84) Modelos botánicos en ceroplástica, escuela florentina de ceroplástica, siglo XIX. Pastas de cera de abeja virgen, resinas naturales añadidas y coloreada con pigmentos orgánicos e inorgánicos. Aplicación de la disolución acuosa con vaporizador. Una vez reblandecida, eliminación mecánica con microcepillos de dentista. Micro hisopos para la disolución de carbonato de amonio Limpieza con disolución de agua desionizada y tensioactivo neutro aplicada con vaporizador. Zonas más difíciles: disolución de carbonato de amonio (tensioactivo emulsionado) aclarado con agua. (Pérez et al., 2016: 89) Colección de 15 modelos huecos en ceroplástica representando frutas. Gabinete Salvador, Barcelona, siglo XVII. Pasta de cera de abejas coloreada, con aditivos minerales como yeso, cuarzo y calcita. Algunos modelos están policromados con pigmentos aglutinados con yema de huevo y no tienen protección de barniz. Una primera limpieza húmeda con agua destilada, haciendo rodar torundas de algodón La limpieza final fue realizada con una disolución al 50% de White spirit y etanol, aplicada con hisopos 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 328 8.2. Testado de limpiezas Como se ha podido deducir de las experiencias compartidas por otros investigadores, las disoluciones acuosas con aditivos y los disolventes orgánicos de naturaleza polar, son los productos más eficaces en las intervenciones de limpieza para los objetos producidos con ceras naturales y artificiales. Dada la evolución de los sistemas acuosos en las limpiezas de obras de arte, se ha considerado llamativa la ausencia de metodología de tamponado en las disoluciones surfactantes empleadas por los autores de los textos, excepto en el caso del Cesmar 7. Por otra parte, la importancia de los aclarados para eliminar la permanencia de residuos tras las intervenciones de limpieza en obras de arte ha sido una de las principales preocupaciones de los investigadores durante las últimas décadas. Por esta razón, en esta fase experimental se han incluido los aclarados como parte fundamental de la metodología de trabajo y el testado se ha acompañado de una extracción de micromuestras para enviar al laboratorio de materiales con un doble objetivo: determinar la capacidad de los materiales de limpieza testados para extraer componentes originales de las pastas cerosas o de las películas de recubrimiento, así como para comprobar la eficacia de eliminación de residuos tras la acción de los aclarados. La razón por la que se han incluido algunos disolventes orgánicos polares y apolares en estado libre como parte del testado se debe a que continúan utilizándose en las instituciones con modelos anatómicos en ceroplástica, principalmente para la eliminación de barnices no originales, y porque en acumulaciones de particulado atmosférico muy adheridas o en zonas puntuales en las que puede requerirse la extracción o aligerado de la película de recubrimiento, puede ser necesario añadirlos como aditivos de los sistemas acuosos de limpieza. En consecuencia, se ha considerado fundamental comprobar su capacidad para extraer componentes cerosos en las superficies de los modelos conservados en el Museo Veterinario Complutense. El control de parámetros físicoquímicos como el pH y conductividad eléctrica, así como la polaridad y la mojabilidad de las superficies cerosas, han sido tenidos en cuenta por tratarse de factores fundamentales. Tanto estos estudios de las características superficiales como el testado de los materiales elegidos, han requerido de una selección de varios modelos anatómicos representativos de la colección en ceroplástica del Museo Veterinario Complutense 8.2.1. Selección de modelos tridimensionales para los testados Como se ha indicado, varios modelos veterinarios en ceroplástica representativos de la colección han sido elegidos para efectuar de los testados de limpieza y del estudio de las superficies cerosas. - Se han tenido en cuenta las superficies características de la colección para determinar la mojabilidad y la polaridad de las superficies los modelos Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-679) y Cráneo y encéfalo clástico (rfa MV-682). El modelo de estómago ha ofrecido dos superficies comunes a todas las piezas de la colección que pueden presentar un comportamiento diferente con respecto al agua y a las polaridades, una más hidrófila gracias a un recubrimiento resinoso, y otra más lipófila por tratarse de estratos cerosos subyacentes 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 329 sin esta capa de barniz natural. El modelo de cráneo y encéfalo ha permitido comprobar si una superficie cerosa más rugosa y con un recubrimiento menos brillante, se comporta de manera similar a la del estómago y, por analogía, como el resto de las superficies de la colección. - Para el estudio superficial de pH y conductividad eléctrica, los modelos estudiados han sido Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679), el modelo Corazón de équido (rfa. MV-692) y Cráneo y encéfalo clástico (rfa. MV-682). Se han seleccionado por presentar un estrato de particulado muy adherido y homogéneo, y por poseer unas características de fabricación comunes a la mayoría de las piezas de la colección. Por otro lado, se ha considerado fundamental que ambos modelos permitían testar el pH y la c.e. en zonas con y sin barniz, y sobre áreas trabajadas con pastas cerosas de color rojo y amarillo. - Los testados de productos en las superficies de los modelos Extremidad posterior de équido (rfa MV-674) y en el Cráneo y encéfalo de équido (rfa MV-682), han tenido como finalidad analizar la eficacia de la limpieza realizada con los diferentes sistemas acuosos (con un enjuague y aclarado comunes a todos ellos), así como explorar la posible extracción de componentes de la obra (película de recubrimiento final o pasta cerosa) y la capacidad de las formulaciones aplicadas para dejar residuos. La Extremidad posterior de équido ha permitido realizar el testado sobre dos áreas distintas: una estriada y otra lisa, mientras que las mediciones en el modelo de cráneo se han considerado interesantes por mostrar su superficie una acumulación considerable de depósitos de suciedad muy adheridos al estrato ceroso. 8.2.2. Estudios previos de las superficies de testado: pH, c.e., mojabilidad y polaridad Obtener los valores de pH y de conductividad eléctrica (en adelante c.e.), así como conocer la mojabilidad o ángulo de contacto, la polaridad o el relieve de las superficies es fundamental para poder proponer unos materiales de limpieza adecuados. Así pues, a continuación, se explican estos parámetros tan importantes. Los valores de pH y conductividad son necesarios tanto para formular un material acuoso que pueda eliminar un estrato concreto, como para mantener inalteradas las superficies cerosas a nivel molecular. Conocer la concentración iónica de las superficies de los modelos anatómicos permite saber el grado de acidez o alcalinidad (basicidad) del material que se debe conservar, puesto que una disolución acuosa con valores de pH muy por encima -es decir, muy básica- o muy por debajo -es decir, muy ácida- de los valores de pH del estrato con el que entren en contacto, dará lugar a una ionización de sus componentes (o ruptura de los enlaces) y, como consecuencia, formará nuevos enlaces químicos con las moléculas disgregadas. Algunas publicaciones recomiendan rangos de pH de entre 5-7.5 para limpiar el estrato de particulado conservando el material ceroso, pues los ácidos grasos de la cera de abejas se encuentran en un rango de pKa de entre 8 y 10 (Berzioli et al., 2010: 22-23; Cremonesi y Signorini, 2012 :127). Algunas publicaciones recomiendan rangos de pH de entre 5-7.5 para limpiar el estrato de particulado conservando el material ceroso, pues los ácidos grasos de la cera de abejas se encuentran en un rango de pKa de entre 8 y 10 (Berzioli et al., 2010: 22-23; Cremonesi y Signorini, 2012 :127). Los estudios han determinado que se minimiza la ionización de los ácidos 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 330 grasos de la cera de abejas cuando se emplean disoluciones acuosas con pH inferiores su pKa, y que dichos ácidos pueden sufrir un efecto de salificación si el rango de pH se eleva por encima de 8. Por esta razón, recomiendan emplear valores cercanos a pH 6-7 en los productos de limpieza (Berzioli et al., 2010: 39-41). Dado que, las resinas naturales forman parte de las pastas cerosas utilizadas en la fabricación de los modelos o se encuentran como estrato de protección, por lo que debe tenerse en cuenta que su rango de pKa se encuentra entre 6.2 y 7.3. Teniendo en cuenta los valores de pKa de la cera de abejas y de las resinas naturales, los valores de pH recomendables serían superiores a 6.2 pH e inferiores a 7.5 pH (fig. 185). Figura 185. Rango de pH adecuado para la formulación de sistemas de limpieza para las superficies cerosas. Fuente propia, 2021. Por otro lado, conocer los valores de c.e. será determinante para saber las características superficiales y seleccionar las condiciones de las formulaciones acuosas, pues, mantener la conductividad eléctrica en niveles de isotonicidad, –es decir un material de limpieza con una c.e. similar a la de la superficie cerosa-, evitará un intercambio osmótico negativo. Si la concentración iónica de la formulación es muy superior a la c.e. de la superficie del modelo, se producirá una extracción de componentes originales y la migración del agua podrá disgregar la superficie. Figura 186. Explicación visual del comportamiento de las disoluciones hipertónica e hipotónica en relación a la presión osmótica. Fuente propia, 2019. Sin embargo, una concentración iónica inferior de la formulación provocará el depósito de residuos sobre la superficie cerosa y se hincharán los primeros estratos de la pieza (fig. 186) (Wolbers y Stavroudis, 2012: 439). Algunos investigadores defienden que lo ideal es contar con una disolución de limpieza lo más isotónica posible con respecto a la superficie artística, formulada en una concentración de 25-50 mM, al poseer fuerzas iónicas por debajo 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 331 de 10-20 veces del punto isotónico de los estratos pictóricos más habitualmente presentes en las obras de arte (Wolbers y Stavroudis, 2011: 402; Cremonesi y Signorini, 2012: 127; Wolbers y Cremonesi, 2014: 14; Cremonesi, 2014: 83). Aunque la cera no es un material poroso, se recomienda mantener condiciones de isotonicidad con respecto a las formulaciones de limpieza para evitar tanto la extracción de componentes, como el depósito de residuos. Se debe tener en cuenta que las cargas, así como los pigmentos, aglutinantes y otros constituyentes de la preparación y la pintura, contribuyen a la fuerza iónica total de la superficie cuando se humedece con agua. La diferencia de concentración iónica entre la superficie pictórica y la disolución da lugar a una fuerte presión osmótica. Aunque se puede trabajar con los valores indicados de pH y c.e., es preferible realizar mediciones reales sobre los modelos anatómicos en ceroplástica que se vayan a intervenir, puesto que cada colección varía sus componentes y se encontrará en un estado de evolución material diferente. Para ello, pueden seguirse dos metodologías o combinar ambas para asegurarse de los resultados: medición con discos de agarosa y medición con una gota de agua desionizada o desmineralizada. 8.2.2.1. Metodología de medición de pH y c.e. Las metodologías de medición de estos parámetros han sido propuestas por varios investigadores durante las últimas décadas. Se han adaptado a esta investigación los materiales y métodos con gota de agua y discos de agarosa, propuestos por Chris Stavroudis dentro del programa Cleaning ofAcrylic Painted Surfaces, que el Getty Conservation Institute de Los Ángeles ofrece en línea (Stavroudis, 2013). La metodología de medición con geles de agarosa se expuso también en el workshop Aqueous Materials & Methods: DOs and DON’Ts, impartido en Valencia (Wolbers y Cremonesi, 2014: 46) como base fundamental para la correcta formulación de los productos de limpieza. En 2018, Stavroudis volvió a publicar, en colaboración con el Getty Conservation Institute, el video Making an Agarose Gel in a Microwave and Preparing an Agarose Plug, incluyendo una demostración sobre cómo preparar los discos de agarosa con la ayuda de un microondas (Stavroudis, 2018). En este estudio, las mediciones se han orientado al conocimiento de los parámetros de pH y c.e. del estrato de particulado atmosférico y de las superficies cerosas sin este depósito, con la finalidad de determinar las condiciones ideales a los que deben formularse los productos de limpieza y los valores a los que se encuentran los modelos de cera. Para ello, se han observado los resultados obtenidos de la medición con un disco de agarosa depositado en diferentes zonas: áreas de depósito del particulado, superficies donde no se encuentren dichos depósitos o se hayan eliminado mecánicamente, y zonas con y sin barniz de recubrimiento. A continuación, se muestran en la tabla (tabla 7) los materiales necesarios para fabricar la plancha de agarosa de aproximadamente 5 mm de espesor (fig. 187). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 332 Tabla 7. Materiales necesarios para fabricar la plancha de agarosa • 1 g de agarosa de la casa Panreac • 20 ml de agua desionizada • Báscula de precisión • Varilla y vaso de precipitados de vidrio • Placa Petri de vidrio de 10 cm de diámetro • Microondas o cazo y hornillo eléctrico (para calentar al baño maría) • Punzón dermatológico desechable con cuchilla tipo Dermo-Punch®, con un diámetro aproximado de 8 mm (fig. 187). Figura 187. Preparación de la plancha de agarosa para medir la c.e. y el pH de una superficie escultórica. Fuente propia, 2016. Si la plancha de agarosa se va a utilizar en un espacio breve de tiempo, es preferible evitar la adición de un conservante, pues puede interferir con las medidas de conductividad eléctrica o dejar residuos en las superficies testadas. En caso de considerarse necesario, se pueden añadir 0,1-0,2 g de producto tipo Nipagin® -dejando enfriar previamente la disolución de agarosa en el agua-, y sumergir los discos de agarosa en agua desionizada durante 1 minuto antes de realizar las mediciones en la superficie de la obra. Independientemente del método de calentado empleado -microondas o baño maría-, es necesario que la mezcla de agua y agarosa alcancen la temperatura indicada por el fabricante, pues tendrá uno diferente según la casa comercial y en función de la pureza del producto; en todos los casos, es preciso llegar a una temperatura cercana al punto de ebullición para que se mezcle correctamente y pueda gelificarse al enfriar. A continuación, se vierte aún caliente sobre la placa Petri, que habrá sido previamente esterilizada con etanol y colocada en una superficie horizontal. Una vez se haya gelificado podrá cortarse con el punzón dermatológico, esterilizado con etanol, y depositarse sobre el modelo anatómico a testar. La metodología de medición con los discos de agarosa debe seguir y repetirse con un disco de agarosa nuevo por cada zona a testar: 1- Para realizar las mediciones correctas es necesario, antes de comenzar, tomar los valores iniciales de un disco de agarosa extraído de la misma plancha que se va a emplear. Estas mediciones corresponderán a la agarosa “en blanco”, es decir antes de ponerla en contacto con cualquier superficie. El valor obtenido tendrá que restarse de la medida final de conductividad. 2- Las mediciones se podrán realizar sobre los distintos estratos a eliminar y a conservar en función de las necesidades de la limpieza. Para ello, será preciso seleccionar las zonas a testar. Las mediciones que identificarán el pH y c.e. de las superficies para determinar los parámetros de seguridad del modelo deberán tratarse previamente con una limpieza mecánica que retire la mayoría de los depósitos de particulado atmosférico para evitar datos falsos. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 333 3- Todos los discos de agarosa para la medición se mantendrán en contacto con las superficies durante el mismo tiempo y con las mismas condiciones de temperatura y humedad ambientales. Cuando se trata de una obra de grandes dimensiones, estos datos deben tomarse cada vez que se realiza una medición. El tiempo necesario de contacto en superficies cerosas, con o sin barniz, se puede establecer entre 3-5 minutos (fig. 188). Debido a la dificultad para humectar algunas de las zonas más hidrófobas, puede añadirse una gota de agua desionizada con una pipeta esterilizada al disco de agarosa. 4- Transcurrido el tiempo de contacto con la superficie a medir, el disco de agarosa se introducirá primero en el conductímetro y, después, sin dejar que el disco toque ninguna superficie, se trasladará con la ayuda de unas pinzas metálicas esterilizadas al pH-metro. Ambos equipos deben haber sido calibrados previamente siguiendo las instrucciones del fabricante (fig. 189). Figura 188. Colocación del disco de agarosa sobre la superficie cérea del modelo Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Fuente propia, 2016. Figura 189. Mediciones de c.e. y pH al introducir el disco de agarosa en los equipos. Fuente propia, 2016. Figura 190. Colocación de la gota de agua desionizada sobre el modelo Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Fuente propia, 2016. Figura 191. Mediciones de c.e. y pH al introducir la gota de agua desionizada en los equipos. Fuente propia, 2016. Para la medición de los valores de pH y c.e. con una gota de agua desionizada, la metodología será similar a la descrita (fig. 190). Es importante recordar que el agua desionizada se acidificará por el intercambio natural con el oxígeno del aire, generando la posibilidad de afectar a las mediciones de pH. La gota de agua depositada sobre las superficies con la ayuda de una pipeta, deberá absorberse de nuevo con la pipeta limpia para colocarla en la célula del 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 334 conductímetro. Una vez obtenidos los valores, la pipeta servirá para trasladar la gota hasta el pH metro (fig. 191). En las siguientes tablas (Tablas 8 y 9) se muestran los valores obtenidos de las mediciones en los modelos Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679) y Corazón de équido (rfa. MV-692). Los datos de las lecturas constatan unos resultados medios de pH entre 6.1 y 7.0, y una c.e. que varía entre 0.21 y 0.66mS/cm. De este modo, pueden consultarse los datos unificados de las pruebas de agarosa y de agua desionizada, pues ambos han alcanzado los mismos valores. A tenor de los resultados, se pueden establecer los valores superiores a 6.2 pH e inferiores a 7.5-8.0 pH para la formulación de todos los sistemas acuosos de testado. Los valores expresados en la tabla 9 son las mediciones de c.e. a las que se han restado la c.e. obtenida con el disco de agarosa “en blanco”. Tabla 8. Resultados del testado en los modelos Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679), Corazón de équido (rfa. MV-692) y Cráneo y encéfalo clástico (rfa. MV-682). Valores de pH y c.e. Modelo Siglado (rfa.) Zona de extracción lisa Medida de c.e. Medida de pH Extremidad posterior de équido MV-679 Gruesos depósitos de suciedad sobre una superficie cerosa con barniz 0.66 mS/cm 6.6 pH Superficie cerosa sin barniz. Cera amarilla 0.33 mS/cm 6.6 pH Superficie cerosa con barniz. Cera amarilla 0.31 mS/cm 6.7 pH Superficie cerosa con barniz. Cera roja 0.38 mS/cm 6.5 pH Superficie cerosa sin barniz. Cera roja 0.46 mS/cm 6.4 pH Zona de extracción estriada Medida de c.e. Medida de pH Superficie cerosa sin barniz 0.49 mS/cm 6.5 pH Superficie cerosa con barniz 0.47 mS/cm 6.3 pH Superficie cerosa sin barniz 0.45 mS/cm 6.1 pH Superficie cerosa con barniz 0.21 mS/cm 7.0 pH Modelo Siglado (rfa.) Zona de extracción estriada Medida de c.e. Medida de pH Corazón de équido MV-692 Superficie cerosa roja 0.44 mS/cm 6.5 pH Superficie cerosa azul 0.42 mS/cm 6.6 pH Superficie cera no coloreada 0.51 mS/cm 6.7 pH Modelo Siglado (rfa.) Zona de extracción estriada Medida de c.e. Medida de pH Cráneo y encéfalo clástico MV-682 Superficie sin barniz I 0.49 mS/cm 6.5 pH Superficie sin barniz II 0.45 mS/cm 6.1 pH Superficie con barniz I 0.47 mS/cm 6.3 pH Superficie con barniz II 0.21 mS/cm 7.0 pH 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 335 Tabla 9. Resultados de los valores del disco de agarosa “en blanco” Disco de agarosa c.e. pH Disco 1 0.30 mS/cm 7.1 Disco 2 0.27 mS/cm 7.1 8.2.2.2. Cálculo del ángulo de contacto y la mojabilidad En el estudio de materiales existen diferentes métodos para el estudio de la mojabilidad, o interacción entre un líquido y una superficie, como la gota transferida o transferred drop, la presión máxima de la burbuja o maximum bubble presure, la gota sésil o sessile drop, etc. Calcular el ángulo de contacto estático (expresado como θ) mediante el método de la gota sésil supone evaluar, en función del comportamiento de una gota de agua colocada sobre una superficie perpendicular al plano, la capacidad de humectar o mojar el estrato subyacente. Dependiendo del carácter hidrófilo o hidrófobo de dicho estrato, se dará una dispersión o absorción de la gota de agua hacia su interior o la mantendrá alejada con un contacto mínimo en su superficie. Este fenómeno se encuentra condicionado por las fuerzas intermoleculares de los materiales al entrar en contacto, de manera que, si bien las fuerzas adhesivas entre el agua y la cera producen que el líquido se extienda sobre esta, las fuerzas cohesivas de la primera hacen que tome una forma casi esférica sobre el material céreo y tienda a evitarla. Por tanto, el ángulo de contacto dependerá de la resultante entre ambas fuerzas. Cuando un líquido es depositado sobre una superficie o estrato hidrófoba y su tensión superficial -o fuerzas cohesivas- es elevada (como sucede con el agua), la gota no será capaz de humectar o mojar la superficie y adoptará una forma casi esférica, con una zona de contacto mínima y un ángulo de contacto superior a los 90º. En el caso contrario, cuando las fuerzas adhesivas del líquido sean elevadas con respecto a las fuerzas cohesivas del sólido, la zona de contacto de la gota será mayor y será adsorbida (se difundirá) en la superficie del estrato, dando lugar a un ángulo de contacto inferior a los 90º. Figura 192. Mojabilidad evaluada mediante el método de la gota sésil. Fuente propia, 2021. Entre 0-85ᴼ-90ᴼ se ha establecido considerar que la capacidad de humectación del líquido es alta o que moja el estrato sólido, mientras que los valores superiores indican que la superficie es hidrófoba. En la tabla (tabla 10) se establece una relación entre el ángulo de contacto y el tipo de superficie (Cremonesi y Signorini, 2012: 117). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 336 Tabla 10. Relación entre el ángulo de contacto y el tipo de superficie (hidrófila/lipófila) Ángulo de contacto θ Grado de mojabilidad/ángulo de humectación Tipo de superficie θ = ≈ 0 perfecto superhidrófila θ = 0-30ᴼ medio hidrófila θ = 30ᴼ- 85 o 90ᴼ alto hidrófila θ = 85 o 90-150ᴼ bajo lipófila/hidrófoba θ = 150ᴼ - 180ᴼ nulo superlipófila/superhidrófoba En el caso concreto de las limpiezas en esculturas de cera, la capacidad de humectación de los estratos puede condicionar la intervención de conservación y restauración pues la tensión superficial de este material demuestra una elevada hidrorrepelencia y obliga al restaurador a utilizar productos afines o con una tensión superficial baja. Por ejemplo, con el fin de mejorar el contacto con las superficies a limpiar será necesario añadir aditivos a los sistemas acuosos que pueden resultar perjudiciales para los estratos cerosos y resinosos. Aunque el estudio de la mojabilidad comprende numerosos cálculos matemáticos y debe considerar cuantiosas variables, en la caracterización de las superficies cerosas para la selección de productos de limpieza es suficiente con obtener algunos resultados visuales, como el cálculo aproximado del ángulo de contacto estático o el cronometraje del tiempo que tarda la gota sésil en difundirse y romper la tensión superficial. La metodología propuesta en esta investigación consiste en seleccionar una superficie lo suficientemente horizontal para evitar el movimiento de la gota de agua desionizada o desmineralizada. Dicha gota se depositará con la ayuda de una pipeta de 1 ml de capacidad, pues una cantidad de agua puede dificultar la medición y una gota demasiado pequeña, complicar su observación. Al entrar el agua en contacto con el sustrato debe controlarse el tiempo, tomando varias fotografías desde el punto más perpendicular posible al plano donde se depositó la gota. Una primera imagen se tomará en el momento del depósito del líquido; la segunda, medio minuto después y, la última, un minuto después. Dadas las características de la superficie cérea, es probable que la gota pueda permanecer intacta durante varios minutos, por lo que, si pasado un minuto el ángulo de contacto no disminuye, se determina que la mojabilidad del agua es mínima. Es común en las colecciones en ceroplástica obtener como resultado una elevada tensión superficial del agua desionizada sobre los estratos que no se encuentran barnizados. En las superficies sin recubrimiento resinoso de los modelos Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-679) y Corazón de équido (rfa. MV-692), se ha experimentado una elevada tensión superficial del agua desionizada. Como puede observarse en las imágenes (fig. 193), la gota de agua mantiene un ángulo superior a los 90º transcurrido el tiempo de contacto. Para mejorar la baja mojabilidad del agua en estas zonas y permitir su interactuación con los depósitos de particulado adherido, sería necesario añadir productos surfactantes. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 337 Figura 193. Depósito de una gota de agua y cálculo del ángulo de contacto en la superficie cerosa sin barniz del modelo Estómago monocavitario cerrado (MV-669). Museo Veterinario Complutense. Fuente: Luis Castelo, 2015. En la superficie recubierta con una película de barniz, se advierte rápidamente que, en un tiempo inferior a un minuto, la gota depositada se ha dispersado adquiriendo una forma mucho más plana que en el caso anterior y mojando la superficie en mayor medida (fig. 194). El ángulo de contacto es inferior a los 50º, por lo que podría asumirse que la superficie cerosa con barniz oxidado es hidrófila y el agua tiene una capacidad elevada para romper la tensión superficial. Figura 194. Depósito de una gota de agua y cálculo del ángulo de contacto en la superficie cerosa con barniz del modelo Estómago monocavitario cerrado (MV-669). Museo Veterinario Complutense. Fuente: Luis Castelo, 2015. 8.2.2.3. La polaridad de las superficies cerosas Determinar la polaridad de las superficies a tratar es necesario para conocer las características del estrato a intervenir y poder prever el comportamiento de los materiales de limpieza. Una superficie será más o menos polar en función del tipo de fuerzas intermoleculares (enlaces de tipo iónico, covalente, metálico, etc.) que predominen entre sus átomos y será compatible con materiales de su misma polaridad o similar. Así pues, se puede esperar que el empleo de un disolvente orgánico apolar como el White spirit interactúe en menor grado que uno polar, como la acetona, sobre una superficie polar, como un barniz natural muy oxidado. Esta interactuación se refiere a la capacidad que tiene el material disolvente para la solvatación y disgregación del soluto del estrato sobre el que actúa, gracias a la ruptura de las fuerzas intermoleculares. Aunque la polaridad depende de factores combinados, como la ± 95º ± 53º 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 338 constante dieléctrica y el momento dipolar, en el campo de la conservación-restauración se atribuyen parámetros numéricos de solubilidad para cada disolvente con el objetivo de definir su nivel de polaridad. Algunos autores idearon herramientas como el conocido Triángulo de Teas (Teas, 1968: 22) para representar gráficamente la polaridad de cada disolvente orgánico y determinan con ello cuál era más útil para la eliminar barnices de resinas naturales en pintura de caballete. Conociendo los tres tipos de fuerza intermoleculares necesarios para definir su polaridad (fuerzas de dispersión, de London o de Van der Waals (Fd), fuerzas dipolo-dipolo (dipolo permanente) o fuerzas polares (Fp) y fuerzas por enlaces de hidrógeno o puentes de hidrógeno (Fh)), Feller creó un test de solubilidad para barnices combinando tres disolventes orgánicos en mezclas bi y tricomponentes (Feller, 1972: 17-26). Dada la elevada funcionalidad del sistema en el campo de la conservación, fue retomado más adelante por Cremonesi y Wolbers (Cremonesi, 2016: 54-62; Wolbers, 2000: 137-144), que sustituyeron los disolventes en función de los avances científicos y su adaptación a las obras de arte (fig. 195). Los objetivos principales de conocer la polaridad de las superficies cerosas de la colección veterinaria del Museo Veterinario Complutense consisten en contrastar las experiencias obtenidas con los mismos disolventes en instituciones con colecciones similares (Dal Forno, 2009: 82; Pradier, 2011: 123-126; Gramtorp et al., 2013: 104-105), así como conocer la capacidad de cada polaridad para ionizar el estrato de particulado atmosférico y Leyenda: 1-agua, 2-etanol, 3-isopropanol y 4-acetona ----------------------------------------------------------------------- Figura 195. Triángulo de solubilidad de Teas, con las localizaciones de los diferentes componentes de las ceras anatómicas y algunos disolventes polares. Fuente: Cremonesi y Signorini, 2012, poder así seleccionar los disolventes orgánicos para su ensayo. El tipo de comportamiento de cada uno de ellos permitirá evaluar su idoneidad sobre las superficies cerosas, con y sin barniz, y tomar decisiones sobre su empleo como aditivo en los sistemas acuosos gelificados de testado. Como se ha indicado, la polaridad de las superficies cerosas ha sido testada en los modelos Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-679) y Corazón de équido (rfa. MV-692). Con el objetivo de establecer la reacción de las superficies ante la polaridad se han probado los siguientes disolventes orgánicos: etanol absoluto (fd 36), acetona (fd 50) y White spirit (fd 90). Para poder comparar visualmente los efectos de estos cada uno ha sido aplicado con un hisopo de algodón, rodándolo diez veces en la misma área de 1cm2 aproximadamente. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 339 En la imagen (fig. 196) pueden observarse los efectos superficiales de los disolventes sobre los primeros estratos cerosos de una zona sin barniz (zona A) y de una zona con barniz (zona B) del modelo de Estómago. Se comprobó que la acetona libre era capaz de ionizar parcialmente el barniz de recubrimiento junto al particulado adherido dando lugar a un halo, probablemente debido al elevado índice de evaporación de este disolvente. En la zona B, la acetona fue capaz de eliminar el estrato de particulado atmosférico 1 – Acetona en estado libre 2 – Etanol absoluto en estado libre 3 – White spirit en estado libre Figura 196. Detalle de la prueba de polaridad en el modelo Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-679). Fuente propia, 2018. adherido de manera parcial generando el mismo velo que en la zona A. Los resultados en ambas superficies con el etanol absoluto fueron satisfactorios, eliminando en ambos casos el estrato de particulado atmosférico por completo y extrayendo la capa de recubrimiento resinoso en el caso de la zona B. El White spirit no pareció alterar ninguna de las superficies, pero tampoco fue capaz de disolver el estrato de particulado. Los disolventes con una polaridad inferior a fd 50 son capaces de disolver el barniz de recubrimiento, aunque podrían ser de ayuda en la extracción del estrato de particulado atmosférico empleándolos como aditivos en los sistemas de limpieza acuosos. Las polaridades elevadas, superiores a 80, parecen no alterar la superficie de manera que pueda apreciarse visualmente, quizás debido a que no eliminan el estrato de particulado, aunque debería tenerse en cuenta que la zona A adquiere un brillo diferente al del resto del modelo, lo que podría indicar cierta solubilización de la pasta de cera más superficial. Estos resultados, similares a los obtenidos en el modelo de Corazón, permiten establecer dos polaridades para las superficies cerosas: aquellas con un recubrimiento de protección o con un elevado porcentaje de resina en la pasta de cera serán sensibles a polaridades elevadas cercanas a fd 30, mientras que las demás zonas podrían comenzar a reaccionar ante polaridades cercanas a fd 45-50. Dada una ausencia de comportamiento en el caso del isooctano sobre las superficies, no se ha podido determinar visualmente su capacidad disolvente sobre las pastas cerosas. 8.2.3. Formulación de los sistemas de limpieza Respetando los criterios generales de mínima intervención, esto es preservación de la autenticidad e historicidad y reversibilidad o retratabilidad, debe recordarse que la intervención de limpieza no es una acción que pueda revertirse una vez realizada. La idoneidad de un producto u otro dependerá de dos factores, de la eficacia de eliminación del estrato de depósito y de la capacidad del producto empleado para extraer componentes originales del material ceroso o de su recubrimiento resinoso y/o de dejar residuos en la superficie escultórica. Un material considerado ideal será aquel que mantenga un equilibrio entre una buena capacidad de Zona A Zona B 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 340 eliminación y una menor interacción con la superficie escultórica. Las principales características de un buen producto de limpieza se pueden agrupar en las siguientes (Pradier, 2011: 122): 1. Es fundamental trabajar por capas y utilizar metodologías selectivas que permitan actuar únicamente sobre la materia a eliminar y de manera controlada. A menudo, se confunden las “medias limpiezas” o las limpiezas respetuosas con una eliminación insuficiente del estrato de particulado más adherido, cuando debería retirarse todo depósito capaz de crear una alteración, por supuesto, sin que la metodología de trabajo suponga un deterioro para las superficies originales. 2. Los productos no deben ser capaces de solubilizar la cera y no deben eliminar completamente el barniz, ateniéndose a la polaridad de los disolventes orgánicos con respecto a los materiales originales (Fig. 196). Los resultados de laboratorio deberán justificar que no se ha producido un efecto de hinchamiento o de lixiviación de los componentes de la pasta de cera durante el proceso de limpieza. Tampoco deben crear blanqueamientos en el estrato resinoso de protección, si este debe conservarse. 3. En el caso de utilizarse disolventes orgánicos, estos tendrán un índice de evaporación correspondiente a la metodología de aplicación, es decir, relativamente lento para permanecer en el hisopo de limpieza el tiempo necesario para cumplir su función. Pero el disolvente tendrá una mayor retención si se usa en aplicación de compresas, al requerir de una acción más larga. Sin embargo, el índice de evaporación tampoco debe ser demasiado lento, pues quedaría atrapado en los estratos cerosos superficiales creando un hinchamiento. 4. Cualquier material de limpieza debe tener una toxicidad lo más inocua posible para la obra y para el restaurador. Siempre se seleccionará la formulación con la mezcla de materiales más simple posible, es decir, con menos cantidad de componentes. 5. Se optará por elegir sistemas de limpieza de fácil manejo, aplicación y eliminación. Los productos muy volátiles, que actúan con dificultad sobre las superficies cerosas o que requieren una metodología de aclarados compleja, no son adecuados. Un trabajo de uso dificultoso de cualquier material tendrá consecuencias negativas como actuaciones insuficientes o poco eficaces, requerirá de más aplicaciones o de repeticiones para retirar el producto, etc., todo ello acompañado de un aumento de la abrasión superficial asociada. 6. La intervención de limpieza debe tener resultados homogéneos y respetar, siempre que no interfiera con la lectura del modelo, la pátina de los materiales originales. 7. Deben emplearse materiales de eficacia comprobada y compatibles con las características físicoquímicas de las superficies para realizar los testados pertinentes, orientados a seleccionar los productos y metodologías más adecuados a cada caso particular. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 341 8. Las pequeñas pruebas de los testados de materiales de limpieza deben realizarse en las áreas menos comprometidas y visibles de los modelos. En el caso de requerir la extracción de micromuestras para una analítica físicoquímica enfocada al control de la limpieza, el criterio de realizarse en zonas discretas se mantendrá siempre que sea posible. Para seleccionar los materiales de testado, se han tenido especialmente en cuenta las investigaciones expuestas en la literatura científica de referencia sobre las limpiezas de superficies cerosas del Centro per lo Studio dei Materiali per il Restauro de Verona (Berzioli et al., 2010), por emplear formulaciones acuosas tamponadas, así como las limpiezas de algunos modelos anatómicos de cera del Museo florentino de La Specola (Gabbriellini et al., 2008: 231; Gabbriellini et al., 2009: 63-64), realizadas con agua desionizada y tensioactivos. Siguiendo la propuesta de evaluación de sistemas acuosos de los investigadores Cremonesi y Signorini (Cremonesi y Signorini, 2012), se han seleccionado los siguientes materiales que se recogen en la tabla (tabla 11): Tabla 11. Formulaciones de limpieza acuosa 1 Sistemas acuosos tamponados con y sin tensioactivo BisTris®®–ácido clorhídrico con tensioactivo Tween® 20 2 BisTris®®–ácido clorhídrico sin tensioactivo Tween® 20 3 Sistemas acuosos tamponados quelantes Disolución quelante de ácido cítrico-hidróxido de sodio 4 Disolución quelante (anterior) – disolución con tensioactivo (anterior) 5 Geles acuosos de derivados del ácido poliacrílico Carbopol®Ultrez 21 con y sin etanol absoluto 6 Pemulen® TR2 con y sin etanol absoluto Por otro lado, se ha propuesto el testado de cinco disolventes orgánicos que se indican en la siguiente tabla (tabla 12). Algunos de ellos, se utilizan habitualmente para las intervenciones en los modelos anatómicos y otros son empleados como aditivos en las formulaciones de sistemas acuosos de limpieza para obras de arte. Tabla 12. Disolventes propuestos para el testado de productos de limpieza MÁS POLAR MENOS POLAR Disolventes orgánicos polares y apolares Etanol absoluto Fd 36 Isopropanol Fd 40 Acetona Fd 47 Alcohol bencílico Fd 48 Isooctano Fd 100 En la mayoría de las formulaciones basadas en el agua, la literatura especializada considera necesaria la inclusión de un conservante que retrase la aparición de microorganismos y hongos. Sin embargo, deberá tenerse en cuenta que son aditivos que, como cualquier material añadido a 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 342 las fórmulas, puede dejar residuos peligrosos para las superficies cerosas (Cremonesi y Signorini, 2012: 53). En el caso de requerirse de la adición de un conservante, puede optarse entre numerosos productos, algunos de ellos comerciales, como el Metil-p-hidroxibenzoato, los derivados del fenol o la Nipagina®, añadidos en un 0.1-0.2% (Cremonesi, 2016: 27). Para la presente investigación, se ha contado con sorbato potásico, añadido en un 0.1% en el agua desionizada previamente a su uso en las formulaciones. 8.2.3.1. Características de los productos tampón, tensioactivos y quelantes Cuando se trabaja con materiales acuosos de limpieza, una vez se han determinado los valores de pH a los que se debe trabajar, es necesario mantener el equilibrio ácido-base con un aditivo tampón o buffer. Los materiales con capacidad tampón consiguen, en un medio acuoso, mantener inalterado el pH incluso durante el contacto con pequeñas cantidades de ácidos o bases presentes en las superficies artísticas. De ese modo se evita que los productos eliminados o ionizados del estrato extraído se depositen de nuevo (Wolbers y Stavroudis, 2012: 510). En el campo de la conservación-restauración del patrimonio se cuenta con numerosas sustancias tampón que, en combinación con sus correspondientes ácidos o bases débiles o fuertes, pueden utilizarse en disolución acuosa (tabla 13). Tabla 13. Sustancias tampón con sus respectivos rangos útiles de pH y las cantidades necesarias para obtener una disolución acuosa con una concentración 25mM. Fuente: Cremonesi y Signorini, 2012: 60. Sustancia tampón Rango de pH tampón Cantidad (g/100ml) para obtener una disolución 25mM. Ácido cítrico 3.00-7.50 0.48 Ácido acético glacial 3.70-5.60 0.15 Ácido pirofosfórico 90% 7.00-9.00 0.5 Bicarbonato de sodio 6.00-8.00 0.21 Carbonato de sodio 9.50-11.00 0.27 BisTris®®® 5.80-7.20 0.52 Ácido fosfórico 85% 5.80-8.00 0.30 Trietanolamina 7.30-8.30 0.37 Tris base o Trizma® 7.00-9.00 0.30 Hidróxido de amonio 28% 8.80-9.90 0.31 Ácido bórico 8.50-10.20 0.16 CAPSO 8.90-10.30 0.59 CAPS 9.70-11-10 0.55 EDTA 5.20-7.20 9.20-11.20 0.73 Para el desarrollo de esta investigación, las mezclas se prepararon a unos valores de pH entre 7.00 y 7.50, ajustando la c.e. a valores cercanos a 0.40 mS/cm, con el fin de trabajar en condiciones de isotonicidad con respecto a las áreas cerosas a tratar (Wolbers y Stavroudis, 2012: 574; Cremonesi y Signorini, 2012: 256). La sustancia tampón seleccionada fue la base BisTris®, por poseer un rango de pH entre 5.8 y 7.2 y un pKa (tendencia de disociación molecular) de 6.5, 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 343 cuando los valores de pH de las superficies cerosas envejecidas suelen estar cerca de los 6.5-7.0 pH. Dado el carácter altamente hidrófobo de la cera puede ser oportuno incorporar un tensioactivo en las mezclas, especialmente para tratar las áreas de las piezas con depósitos más adheridos. Se recomienda evitar este aditivo en lo posible, especialmente en las zonas estriadas que no facilitan su aclarado. Una posible opción para solventar este problema sería el uso de sistemas espesados de forma puntual. Un tensioactivo tiene una capacidad ionizante gracias a que sus micelas tienen dos cabezas, una polar y otra apolar, facilitando el contacto la disolución acuosa de limpieza (polar) con la superficie cerosa (apolar). Para seleccionar el tensioactivo más adecuado será necesario tener en cuenta dos parámetros: el número que hace referencia a su balance hidrófilo-lipófilo (HLB) y su concentración micelar crítica (CMC) (tabla 14). Tabla 14. Tabla orientativa sobre los valores CMC y HLB de algunos tensioactivos comerciales y no comerciales, utilizados en conservación-restauración. Producto Propiedades iónicas CMC (mM) HLB Jabón de ácido deoxicólico-NaOH Aniónico 5.00 20.1 Jabón de ácido dehidroabiético-NaOH Aniónico 2.00 8.2 Sodio Lauril Sulfato Aniónico 8.27 40.0 Triton X-100 No iónico 0.24 13.5 Tween 20 No iónico 0.06 16.7 Brij 35 No iónico 0.09 16 Valores de HLB entre 1 y 4: el T es insoluble en agua Valores de HLB entre 3 y 6: el T apenas se dispersa en agua Valores de HLB entre 6-10: el T. se dispersa en agua Valores de HLB por encima de 13: el T es completamente soluble en agua Pueden aplicarse fórmulas matemáticas sencillas para saber la cantidad de tensioactivo que es necesario, conociendo la CMC y el peso molecular (PM) del producto. En esta investigación se ha seleccionado el tensioactivo y la cantidad de este a partir de los estudios previos de otros investigadores (Berzioli et al., 2010: 109; Cremonesi y Signorini, 2012: 69). En el tratamiento de las superficies cerosas es preferible trabajar con un tensioactivo de tipo no iónico, de modo que permita mantener la conductividad de las formulaciones. Se ha seleccionado el Tween®20, justificando su uso ante otros tensioactivos débiles empleados en las limpiezas de obras de arte, como el Brij®35, por tener menor afinidad por los ácidos grasos de la cera de abejas -puesto que su número HLB es 16.7-, de modo que se evite la lixiviación del material ceroso. Se recomienda añadir 1 gota, tomada con la pipeta de 1 ml, en 50 ml de disolución acuosa (Berzioli et al., 2010: 109; Cremonesi y Signorini, 2012: 69 y 163). Puesto que un HLB > 10 indica que se trata de un producto hidrosoluble, y un HLB < 10 que es liposoluble, los materiales de limpieza requerirán un aclarado con una disolución acuosa o con agua desionizada para retirar los restos de Tween®20, que tiene un HLB de 16.7. El producto quelante a emplear en limpiezas de superficies cerosas debe ser de tipo débil, para evitar extraer componentes del material original. El ácido cítrico, combinado con una base para formar citratos, es uno de los productos quelantes utilizados en el campo de la conservación- 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 344 restauración. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que comienza a alcanzar una fuerza iónica significativa a partir de pH 6. Los ácidos como o el EDTA o el ácido cítrico requieren que al menos dos de sus iones COO- se disocien antes de poder actuar como quelantes. En el caso del ácido cítrico, el pH debe ser superior a 4,76 (puesto que tiene tres valores de pKa: 3.14, 4.75 y 6.40). Si se produce una acción de "limpieza" por debajo de este pH, es la acción del propio ácido reaccionando con el sustrato y no un resultado de la quelación. A continuación, se indican algunos quelantes y el pKa al que comienzan a tener dicha propiedad (Tabla 15) (Rivers y Umney, 2003: 546). Tabla 15. Valores de pKa de quelantes empleados en conservación-restauración. Agente quelante Valor de pka Ácido cítrico 3.14 / 4.75 / 6.4 Ácido nitrilotriacético (NTA) 1.9 / 2.5 / 9.8 Ácido dietilentriamino pentaacético (DTPA) 1.8 / 2.6 / 4.4 / 8.8 / 10.4 Ácido etilendiaminotetraacético (EDTA) 2 / 2.7 / 6.2 / 10.3 Ácido hidroxietiletilendiaminotriacético (HEDTA) 2.4 / 5.4 / 9.9 La disociación del ácido cítrico en ambiente alcalino, con un NaOH a un pH de 6.4, será completa al tener los tres iones asociados, aunque debe tenerse en cuenta que se encontrará en su límite de rango de tamponado, 6.2 pH, y la posibilidad de deprotonado será mayor que dentro de dicho rango. Se ha propuesto utilizar la disolución quelante, en lugar de añadir un quelato a una disolución tampón previamente formulada, debido a que los autores del kit acuoso consideran que el tampón citrato cumple con las dos acciones y permite prescindir de tensioactivos o quelantes fuertes evitando el riesgo de emulsionar o dispersar componentes hidrófobos a causa de la lixiviación. (Cremonesi y Signorini, 2012: 144-145). Estos productos podrían alterar los ácidos grasos y triglicéridos de una cera de abejas. En el caso de que la actividad no sea suficiente, es posible combinar la disolución de tensioactivo débil (Tween 20) y quelante débil (ácido cítrico) en proporción 1:1 y siempre que las dos tengan el mismo pH. Las dos sustancias juntas son capaces de dar lugar a una mayor homogeneidad sobre la superficie de la obra que si las utilizamos de manera sucesiva, primero una y después otra (Cremonesi y Signorini, 2012: 142). 8.2.3.2. Características de los derivados del ácido poliacrílico En las últimas décadas se están utilizando nuevos materiales orientados a las limpiezas en las obras de arte contemporáneo. Dentro de las primeras propuestas, investigadores como Wolbers desarrollaron formulaciones gelificadas con dos productos comerciales derivados de los ácidos poliacrílicos muy utilizados en la industria cosmética: el Carbopol® Ultrez 21 y Pemulen™TR-2, ambos comercializados por la casa Lubrizol. Las características reológicas de los geles acuosos formulados con estos productos eran mejores que las ofrecidas por espesantes indirectos, como las hidroxipropilcelulosas. Un poder adhesivo inferior sobre las superficies artísticas permite trabajar el material de limpieza con mayor comodidad para el restaurador y 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 345 eliminar más fácilmente los posibles residuos de los geles (Stulik y Miller. 2004: 23-25; Wolbers y Stavroudis, 2012: 401-403). El Carbopol® Ultrez 21 es un copolímero del ácido poliacrílico que, en dispersión acuosa, es capaz de producir geles de alta viscosidad y permite la adición de disolventes orgánicos. El Pemulen™TR-2, es similar al Carbopol, pero con mayor capacidad emulsionante por tener añadidas cadenas de metacrilato (apolar) a las moléculas hidrófilas del ácido poliacrílico. En concentraciones muy bajas con respecto a los tensioactivos, porcentajes similares a un 0.4%, permite la formación de emulsiones aceite en agua (O/W) (Ravenel, 2010: 10). Para crear emulsiones o geles tamponados en un rango de 5-9 pH, el fabricante propone diferentes bases de neutralización: hidróxido de amonio, hidróxido de sodio o trietanolamina (Ravenel, 2010: 10). En las formulaciones en las que se emplean los geles poliacrílicos para la conservación-restauración de arte, es común el empleo de la trietanolamina como base de neutralización. Sin embargo, en esta investigación se ha propuesto sustituir esta amina terciaria por una base menos agresiva para los ácidos grasos de las pastas cerosas a conservar, pues el carácter tensioactivo y la facilidad de esta base para dejar residuos tras su uso pueden ser muy perjudiciales para las superficies cerosas91 (Erhardt y Bischoff, 1993: 3; Cremonesi, 2000: 15; Wolbers y Stavroudis, 2012: 265; Polkownik, 2014). Otra razón a favor del tamponado con NaOH es su carácter de base fuerte frente al carácter básico débil de la trietanolamina, que conseguirá un nivel de ionización del ácido superior, dejando menos cantidad de residuos en las superficies. La combinación ácido débil (el Ácido Poliacrílico del Pemulen o del Carbopol) y una base fuerte (NaOH1M) permite formar una disolución tamponada. Un gel que será capaz de mantener su pH sin necesitar añadirle otra sustancia tampón. La capacidad de tamponado es de aproximadamente en el intervalo de pH 5-7. Además, son geles de extracción más fácil, ya que, requieren de cantidades muy bajas de ácido: solo 1 g para 100 ml de agua. 8.2.3.3. Características de los disolventes orgánicos libres Previamente a la selección de los disolventes orgánicos libres para el testado de limpiezas debe tenerse en cuenta que el barniz de resina de colofonia tiene como componente principal (en un 90%) una resina de origen vegetal obtenida de la destilación de la trementina pinácea. Como resina diterpénica contiene una alta cantidad de ácido dehidroabiético y, una vez envejecida, demuestra valores mucho más altos de derivados oxigenados (alcoholes y cetonas) de este ácido deshidroabiético, como el ácido 7-oxo-deshidroabiético y el 15-hidroxi-7-oxo-deshidroabiético. Cuando esta resina sufre un envejecimiento natural como el que presenta en los modelos anatómicos del Museo Veterinario Complutense, presenta un fuerte índice de acidez y se solubiliza con facilidad en disolventes orgánicos polares como alcoholes, cetonas, disolventes clorados o éteres. En general, las resinas naturales terpénicas foto oxidadas empiezan a ser solubles en una polaridad de fd 78-80 y su total disolución a un fd 68 (Cremonesi, 2000: 82). Como se ha indicado previamente, ubicar la polaridad de los disolventes orgánicos en el triángulo de solubilidad de Teas puede facilitar la selección de un material y la comprensión de 91 Los investigadores Erhardt y Bischoff definieron la trietanolamina como un líquido esencialmente no volátil ligeramente básico, extremadamente higroscópico y que puede funcionar como disolvente. Además, se vuelve marrón con la luz y el tiempo, y los estudios de materiales no han podido esclarecer la realidad sobre los residuos. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 346 su función como componente de una mezcla limpiadora. En la tabla, se han incluido algunos de los disolventes propuestos por la bibliografía especializada en conservación y restauración de obras de arte. Cada uno de ellos ha sido identificado con un número para poder ubicar su representación en un triángulo de Teas donde se indica la zona de solubilidad de la cera de abejas (tabla 16) (Cremonesi, 2016: 55 y 59). Tabla 16. Valores de polaridad de algunos disolventes orgánicos empleados en conservación-restauración y su ubicación en el triángulo de Teas. Fuente: Cremonesi, 2017: 55 y 59. Nº Disolvente orgánico Polaridad (fd) 1 Mineral spirits 93 3 Isooctano 100 14 Tricloroetileno 68 19 Cellosolve 42 24 Etilacetato 53 29 Acetona 47 36 Etanol 36 37 Isopropanol 48 46 Dimetilsulfóxido 41 47 Agua 18 48 Ligroína 97 49 White spirit 90 54 Etil lactato 55 55 Dowanol PM 53 57 Diacetonalcohol 56 58 Alcohol bencílico 37 59 Ácido acético 50 60 Trietanolamina 48 8.2.4. Testado de los sistemas de limpieza en obra real y toma de micromuestras Una vez seleccionados los materiales de testado, este se realizó en varias superficies de los modelos Cráneo y Encéfalo de équido (rfa. MV-682) y Extremidad posterior de équido (rfa. MV-674). Puesto que uno de los objetivos principales del testado era determinar la persistencia de residuos provenientes de los sistemas de limpieza, ha sido fundamental seleccionar una superficie lisa y con película de recubrimiento (fig. 197a), una superficie estriada (fig. 197b) y una superficie con un estrato de depósito especialmente grueso y adherido (fig. 197c). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 347 Figura 197. a. Superficie lisa y barnizada perteneciente al modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). b. Superficie estriada perteneciente al modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). c. Superficie con un estrato de depósito especialmente grueso, perteneciente al modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente propia, 2016. A continuación, han sido formulados los productos explicados previamente adaptándolos a las superficies cerosas de la colección del Museo Veterinario Complutense (fig. 198) y se ha determinado una metodología de trabajo consistente en los siguientes pasos o fases: eliminación del particulado atmosférico menos adherido con la ayuda de un pincel de pelo suave y un microaspirador; extracción de las micromuestras previas al testado en una zona cercana y de las mismas características que aquella donde se va a efectuar la limpieza; realización de las pruebas con sistemas acuosos; ejecución de las pruebas con disolventes orgánicos y, por último, extracción de micromuestras de las zonas tratadas con los productos de limpieza testados. Figura 198. Sistemas de limpieza formulados para los testados de limpieza. Fuente propia, 2017. El orden de testado aplicado en esta investigación se fundamenta en la propuesta del kit acuoso de Cremonesi y Signorini y se ha basado en que la formulación más simple genera habitualmente menos residuos negativos para la conservación del objeto. Dentro del testado de sistemas acuosos se inició el estudio con los materiales de limpieza libres y tamponados, por ser aquellos con menos componentes o más simples. Se continuó con las formulaciones libres con aditivos como tensioactivos débiles y/o quelantes débiles. Por último, se testaron aquellos a b c 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 348 materiales de limpieza más complejos, estos son los sistemas acuosos espesados con métodos directos (Cremonesi y Signorini, 2012: 79-127). Como se ha mencionado previamente, con respecto a los aclarados y enjuagues de los productos acuosos de limpieza ha habido discrepancias durante las últimas décadas. Si se usan disoluciones acuosas que contengan aditivos como sustancias tampón, quelantes, surfactantes, etc., es necesario realizar un aclarado con agua desionizada o destilada para eliminar los residuos. Así pues, tras el uso de una disolución acuosa tamponada a un pH diferente del de la superficie a limpiar, es preciso realizar un aclarado con una disolución tampón que tenga el pH del objeto para minimizar el efecto de hinchamiento y/o lixiviación de los estratos originales. Aunque en otros tipos de patrimonio se utilizan disolventes orgánicos como el White spirit para retirar los residuos de carácter más lipófilo procedentes de los materiales de limpieza, en este testado se propuso prescindir de aclarados apolares para evitar la disolución de los componentes cerosos de las pastas. Por esta razón, para asegurar que la retirada de residuos era eficaz en las formulaciones testadas, fueron incluidos en la metodología de testado un aclarado con disolución tampón para los productos acuosos sin gelificar y dos aclarados aplicados de manera sucesiva -el primero con agua desionizada y el segundo con disolución tampón-, en el caso de los productos espesados, dejando transcurrir 24h entre la aplicación del primero y el segundo. A continuación, se muestra la relación entre los sistemas acuosos de limpieza y los métodos de aclarado correspondiente (tabla 17): Tabla 17. Relación de sistema de limpieza y sistema de aclarado para el testado Sistema de limpieza utilizado Sistema de aclarado Disolución tampón Bis tris-HCl + Tensioactivo Tween 20 Tampón Bis tris-HCl Gel acuoso de Pemulen PTR2-NaOH Agua desionizada + tampón Bis tris-HCl Gel acuoso de Pemulen PTR2-NaOH + 2% de etanol absoluto Agua desionizada + tampón Bis tris-HCl Mezcla 1:1 de las disoluciones de tampón Bis tris-HCl + Tween 20 y disolución quelante de ácido cítrico Agua desionizada + tampón Bis tris-HCl Disolución quelante de ácido cítrico Tampón Bis tris-HCl 8.2.4.1. Formulación de las disoluciones ácida y básica de tamponado Previamente a la preparación de las formulaciones fue necesario formular las disoluciones de tamponado. Una de ellas se realizó a una concentración 1M con hidróxido de sodio y la otra con ácido clorhídrico, también a 1M. La disolución básica de hidróxido de sodio 1M (NaOH) se obtiene añadiendo 4 g de hidróxido de sodio a 100 ml de agua desionizada ayudándose con un agitador magnético. Durante la formulación, se creará una reacción exotérmica leve, por lo que deberá realizarse preferiblemente en un vaso de precipitado de vidrio. Puede duplicarse la concentración de 1M a 2M duplicando la cantidad de hidróxido de sodio en la misma cantidad de agua. Algunos investigadores la emplean concentrada para evitar añadir mucha agua a las formulaciones gelificadas. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 349 Para formular la disolución ácida, a 100 ml de agua desionizada deben añadirse 7 ml de ácido clorhídrico con una riqueza del 37%, removiendo continuamente con el agitador magnético. Puede duplicarse la concentración de 1M a 2M duplicando la cantidad de ácido clorhídrico en la misma cantidad de agua. Algunos investigadores la emplean concentrada para evitar añadir mucha agua a las formulaciones, pero su concentración iónica será mayor, aumentando los valores de c.e. como consecuencia. 8.2.4.2. Testado con los sistemas acuosos tamponados libres, con y sin tensioactivo Una vez se dispuso de la disolución ácida de tamponado, se preparó la disolución tampón sin tensioactivo y la misma disolución con un 2% y con un 3-4% de tensioactivo. Para ello, fueron añadidos 1.01g de producto tampón BisTris®92 a 100 ml de agua desionizada, esperando a su disolución durante varios minutos con la ayuda de un agitador magnético. A continuación, la mezcla fue ajustada a un pH cercano a 6.5 mediante la adición gradual de la disolución 1M de HCl (aproximadamente 2.5 ml). Finalmente, se emplearon los equipos de medición para conocer la conductividad eléctrica y se añadió agua desionizada hasta que los valores se encontraron en valores cercanos a los 0.50-1.00 mS/cm. A 100 ml de esta disolución tampón de BisTris® a pH 6.5 y c.e. entre 0.5 y 1.00 mS/cm se añadió el tensioactivo Tween®20 en un porcentaje del 2-3%. Se utilizó el agitador magnético durante unos minutos para facilitar su disolución. En la zona lisa de las piezas seleccionadas para los testados se utilizó un hisopo embebido y rodado en superficie durante un tiempo variable de 1-5 minutos, mientras que sobre la zona estriada se trabajó igualmente con un hisopo embebido, pero siguiendo los “surcos” propios de la superficie. Una vez transcurrido el tiempo de trabajo, se procedió al rodamiento de un hisopo seco y, pasadas 72h de la aplicación y evaporación, se llevó a cabo el aclarado con agua desionizada. La metodología de aplicación para la formulación con tensioactivo siguió las mismas pautas. El enjuague, en este caso, fue realizado al terminar el proceso de limpieza con la misma disolución tampón sin tensioactivo y el aclarado, a las 72 horas, con agua desionizada. En la imagen (fig. 199) se puede observar el proceso de testado, que finaliza con la toma de micromuestra para su análisis en el laboratorio. Figura 199. Imágenes del proceso de testado. Fuente propia, 2016. 92 La utilización de BisTris® se justifica por ajustarse correctamente al pH deseado pues el pKa de esta base es de 6.5 a 25ºC (el pH medio de las piezas) y su rango de tamponado es de 5.8-7.2. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 350 8.2.4.3. Testado con los sistemas acuosos tamponados libres quelantes La formulación del quelante citrato tamponada es la recomendada por Cremonesi y Signorini. Para prepararla se disuelve durante unos minutos 500 mg ácido cítrico en 100 ml de agua desionizada con la ayuda de un agitador magnético. A continuación, se debe llevar a cabo el tamponado hasta un valor de pH 6.5-7.0 con la disolución básica NaOH 1M (Cremonesi y Signorini, 2012: 72). En esta investigación, se ha seleccionado la mezcla en proporción 1:1 de disolución de tensioactivo y disolución quelante explicada previamente, ambas con los mismos parámetros de pH, para conseguir un efecto de limpieza superior a cualquiera de los dos por separado. Es difícil calcular la concentración iónica final de la mezcla pues la disolución quelante incrementará la conductividad; para evitar este efecto, se ha medido la disolución mezclada antes de utilizarla y ha sido ajustada añadiendo agua desionizada. Se ha continuado con el testado de una disolución quelante de ácido cítrico-NaOH al 50% v/v y con la disolución de BisTris®-HCl, a la que se añadió un 2% de tensioactivo, ambos al mismo pH de 6.5-7.0. Se ha empleado la misma metodología de aplicación y aclarados para las dos zonas, lisa y estriada que, con los sistemas acuosos tamponados, con y sin tensioactivo. 8.2.4.4. Testado con los geles acuosos de derivados del ácido poliacrílico Fueron testados los geles acuosos emulsionantes de derivados del ácido poliacrílico comercializados como Pemulen™PTR-2 y Carbopol®Ultrez21. Ambos productos se tamponaron a pH 6.5-7.0, pero no fue posible controlar la c.e. debido a la falta de un conductímetro de contacto. Para su formulación se siguieron los siguientes pasos: A 100 ml de agua desionizada debe añadirse 1 g. de Pemulen, removiendo continuamente con el agitador magnético. Con la ayuda de una pipeta y la dispersión de Pemulen en el agua, se añade la disolución básica NaOH 1M de 0.5 en 0.5 ml, hasta que comience a homogeneizarse. Entonces, puede controlarse el pH con tiras de medición o un pHmetro de contacto. Las mediciones deberán realizarse hasta elevar el pH a 6.5-7.0. una vez alcanzado puede dejar de agitarse y conservarlo en un recipiente hermético de vidrio. El gel de Pemulen no deberá utilizarse hasta pasadas 24h, dejando que las cadenas poliméricas se desenrollen por completo. Transcurrido este tiempo, será necesario volver a controlar el pH con las tiras medidoras porque puede haberse acidificado al combinarse todo el ácido con la base. En ese caso, podrá añadirse más disolución de NaOH 1M con la pipeta hasta conseguir el pH determinado. Este material permite su empleo a continuación del ajuste de pH, pues el gel estará completamente formado. Para la preparación del gel acuoso de Carbopol®Ultrez21, debe añadirse 1 g. de Carbopol a los 100 ml de agua desionizada sin mezclar ni remover con el agitador magnético. Será necesario esperar de 4 a 5 minutos de tiempo a que se hidrate ligeramente y no se formen grumos. A continuación, mezclar manualmente con una varilla de vidrio hasta conseguir un gel homogéneo con pequeños grumos de Carbopol. Con la ayuda de una pipeta, se debe añadir la disolución básica NaOH 1M de 0.5 en 0.5 ml, hasta alcanzar el pH a 6.5-7.0. Entonces, debe controlarse el pH con tiras de medición o un pH metro de contacto. Una vez alcanzado puede dejar de agitarse y 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 351 conservarlo en un recipiente hermético de vidrio. Al igual que ocurre con el Pemulen, el gel de Carbopol no deberá utilizarse hasta pasadas 24h, dejando que las cadenas poliméricas se desenrollen por completo. Transcurrido este tiempo, será necesario volver a controlar el pH con las tiras medidoras porque puede haberse acidificado al combinarse todo el ácido con la base. En ese caso, podrá añadirse más disolución de NaOH 1M con la pipeta hasta conseguir el pH determinado. Podrá utilizarse a continuación del ajuste de pH, pues el gel estará completamente formado. La metodología de aplicación ha sido la misma para los dos geles. Para su testado se ha precisado de la utilización de un pincel de pelo fino o de un hisopo de algodón para favorecer el poder emulsionante de estos productos (es decir, la formación de micelas). Transcurridos aproximadamente 2-5 minutos, se han retirado con hisopo de algodón seco y se ha realizado un enjuague con la disolución tamponada de BisTris®. El proceso de testado, mostrado en la secuencia de imágenes (fig. 200) tomadas del modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-674), requiere la primera toma de micromuestra para que el laboratorio de materiales pueda comparar los resultados de caracterización con los de la micromuestra recogida después de la limpieza. A continuación, se deposita el gel de limpieza en una zona cercana a la toma de la micromuestra, pero no encima porque la extracción de componentes originales será motivada a causa de esta. Con la ayuda de un pincel o de un hisopo pequeño debe removerse el gel para que desarrolle todo su poder emulsionante y, transcurridos entre 1 y 5 minutos, se retira con la ayuda de un hisopo de algodón seco -dicho algodón debe conservarse en un vial de vidrio para enviarlo al laboratorio de materiales-. En este momento deben realizarse los dos aclarados acuosos con dos hisopos diferentes, primero con el agua desionizada y después con la disolución tamponada. Finalmente, pasado el tiempo de evaporación de 72h se toma la micromuestra final, que permitirá analizar la presencia de residuos del producto de limpieza testado. Figura 200. Proceso del testado de limpieza con un gel acuoso. Fuente propia, 2016. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 352 8.2.4.5. Testado de disoluciones espesadas con etanol absoluto como aditivo Como recurso para casos extremos en los que los modelos anatómicos pueden presentar zonas con un particulado atmosférico muy graso y adherido, se añadió a los dos geles de ácido poliacrílico un disolvente orgánico polar en un porcentaje del 20-30% removiendo enérgicamente con una varilla de vidrio. Fue seleccionado el etanol absoluto por poseer una polaridad capaz de extraer el particulado atmosférico y por su papel como co-surfactante en combinación con los geles. Debe recordarse que el fabricante y algunos investigadores recomiendan no superar el 50% en peso o el 20% en volumen para los Pemulen, por lo que se decidió aumentar progresivamente el porcentaje de disolvente sin superar el 30% de etanol absoluto siguiendo las indicaciones de la bibliografía de referencia (Wolbers y Stavroudis, 2012: 577). El testado fue realizado con la misma metodología de trabajo que para estos geles acuosos sin la adición de disolvente orgánico, explicada previamente. 8.2.4.6. Testado de disolventes orgánicos libres El testado de disolventes libres fue realizado en dos zonas con diferente superficie y pasta de cera: lisa y estriada, y de mayor a menor polaridad. La metodología empleada consistió en la inmersión en cada mezcla disolvente y disolvente puro de un hisopo fabricado con algodón hidrófilo. Los tiempos de acción de cada disolvente se evaluaron en función de los parámetros recogidos en la tabla (tabla 18). Tabla 18. Esquema con los parámetros de evaluación para el testado con cada disolvente orgánico libre. Disolvente Halo (A) Blanqueamiento (B) Homogeneidad (C) Tiempo de trabajo (D) N.º de aplicaciones (E) Eficacia y capacidad abrasiva (F) X SÍ/NO SÍ/NO SÍ/NO EN MINUTOS DE 1 A 3 (superior a 3 no se considera útil) SÍ/NO El halo será toda aquella dispersión del disolvente o acumulación del barniz original disuelto en los bordes de la zona de testado. Servirá para identificar la capacidad del disolvente para eliminar el estrato de particulado atmosférico y comprobar si elimina o no el barniz en la misma acción de limpieza. Con blanqueamiento se pretende advertir de la capacidad disolvente del material testado, así como de su velocidad de evaporación. Un disolvente con un índice de evaporación elevado tenderá a crear un blanqueamiento superficial en un barniz natural, pero también podrá ser un indicio de lixiviación de los componentes de los estratos cerosos o el barniz a causa de una polaridad elevada. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 353 La homogeneidad permitirá indicar si el disolvente orgánico testado afecta por igual a todos los estratos o si solo tiene actividad en alguno de ellos, por ejemplo, si actúa solo sobre el particulado atmosférico. El tiempo de trabajo y el número de aplicaciones serán importantes para justificar la posibilidad de comparar los efectos de cada disolvente testado. También serán datos determinantes para seleccionar un disolvente frente a otro, teniendo en cuenta los demás parámetros. La efectividad y la capacidad de abrasión serán una manera de concluir si el disolvente testado es adecuado o no para eliminar los estratos deseados y, si para ser capaces, deben ejercer algún deterioro físico a las superficies resinosas o cerosas. 8.2.5. Evaluación de la eficacia de los sistemas de limpieza y control de posibles residuos Como se ha indicado, para poder evaluar la actividad de cada material a nivel microscópico y estructural, fue necesario establecer una metodología basada en la extracción de micromuestras tomadas antes de aplicar el material de limpieza y después del testado de limpieza. En este empeño se colaboró con el laboratorio de materiales MatLab de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, que se encargaron de analizar las micromuestras en búsqueda de componentes de las pastas de cera y residuos de los materiales de limpieza empleados. Los datos aportados por las analíticas de Espetroscopía infrarroja por Transformada de Fourier (FTIR) y Cromatografía de gases-masas (GC-MS), a partir de la extracción de micromuestras, no solo permiten conocer la composición de las pastas cerosas en las diferentes tipologías de pieza, sino que contribuyen a evaluar las formulaciones testadas con respecto a la capacidad de dejar residuos en superficie y a la posibilidad de ejercer efectos de lixiviación o hinchamiento de dichas superficies. Figura 201. Eliminación de los depósitos de particulado superficiales del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Fuente propia, 2016. La extracción de micromuestras de un objeto artístico es siempre una técnica analítica destructiva, no obstante, facilita la comprensión de las actuaciones de conservación y restauración. En esta parte experimental, se ha determinado tomar una micromuestra en la zona donde se va a realizar el testado del material de limpieza, previa eliminación de los depósitos superficiales con una brocha de pelo fino y un microaspirado, y tomar una segunda micromuestra de una zona de testado cercana a la primera extracción, una vez haya sido completada la fase de aclarado y enjuague superficiales. En las imágenes (figs. 201 y 202) se puede observar la metodología de extracción que se ha seguido para la primera toma de 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 354 micromuestra en la zona donde se va a realizar el testado de limpieza –cuya superficie se ha tratado con micro aspirador y brocha suave-, en el modelo anatómico Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) (fig. 201). A continuación de la introducción en el vial de la primera micromuestra, se continúa el tratamiento de la zona con un hisopo embebido en el material de limpieza, que se debe introducir en otro vial. Se guardan en más viales rotulados los hisopos correspondientes al enjuague y aclarado del sistema de limpieza. Finalmente, tras pasar el tiempo de evaporación establecido, se toma la micromuestra de una zona próxima a la extraída previamente, una vez finalizado el tratamiento de limpieza. Figura 202. Proceso de la toma de una micromuestra para analizar el testado de limpieza. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Fuente propia, 2016. En este modelo seleccionado para el testado de limpieza y permanencia de residuos, la zona seleccionada presentaba un estrato de particulado atmosférico especialmente adherido y uniforme, en presencia de una película de recubrimiento original. Una vez explicado el proceso de toma de micromuestra, ha sido aplicado en el testado de varios sistemas acuosos de limpieza en las piezas seleccionadas para determinar los productos a emplear en la colección de modelos veterinarios en cera. Para ello, se ha tomado como ejemplo el modelo anatómico Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679), donde el testado ha sido realizado en dos zonas diferentes de la misma pieza, una estriada y otra lisa, para comprobar si la textura pudiera ser un factor que influyese en la permanencia de residuos tras la intervención de limpieza con el producto más adecuado. En la imagen (fig. 203), pueden consultarse en detalle las dos áreas de testado, diferenciadas mediante un código de colores, azul y amarillo, que corresponden 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 355 al modelo que se incluye debajo, la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Cada una de las micromuestras debe siglarse como se indica en dichas imágenes (ML0, ML1, etc.), para distinguir una zona de la otra, se ha añadido una “A” a la numeración en el caso del área estriada. Figura 203. Zonas de testado en el modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente propia, 2016. Las micromuestras deben ser tomadas en profundidad, con bisturí, para observar los posibles residuos en la superficie y/o las capas subyacentes. Los hisopos utilizados en las limpiezas serán útiles para detectar extracción de componentes originales. Además, todas las micromuestras e hisopos deben conservarse en viales de cristal, pertinentemente siglados y rotulados, que se entregarán al laboratorio junto con un texto explicativo de las zonas de extracción y un mapa de correspondencia de los siglados. ML1 ML0 ML1 ML2 ML3 ML4 ML5 ML0-A ML1-A ML2-A ML3-A ML4-A ML5-A 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 356 En esta investigación, las técnicas de análisis empleadas han sido microscopía estereoscópica (ME), microscopía óptica (MO), microscopía electrónica de barrido con dispersión de energía de rayos X (SEM-DEX), espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier (FTIR) y Cromatografía de Gases- Espectroscopía de Masas (GC-MS). En la imagen (fig. 204), se muestran los viales recogidos para enviar al laboratorio de materiales. Figura 204. Viales con las micromuestras y los hisopos pertenecientes al modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente propia, 2016. La siguiente tabla (tabla 19) muestra las zonas de extracción, el sistema de limpieza empleado, el tipo de enjuague y aclarado, y el siglado asignado a cada micromuestra extraída del modelo mencionado. Se acompaña de imágenes de la escultura con indicaciones de cada una de las áreas tratadas. Tabla 19. Siglado correspondiente a las micromuestras para el análisis de los residuos y extracción de materiales componentes de la pasta cerosa por los sistemas de limpieza y la disolución tampón de aclarado. Siglado Sistema de limpieza Sistema de enjuague y aclarado Z o n a li sa ML0 Blanco zona próxima a las 5 pruebas de limpieza. Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML1 Tampón Bis tris- HCl + tensioactivo Tween 20 Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML2 Gel de Pemulen TR-2 Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML3 Gel de Pemulen TR-2 + etanol absoluto Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML4 Disolución quelante: ácido cítrico-NaOH Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML5 Disolución quelante + disolución de tensioactivo (BisTris®®-HCl + Tween20) Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada Z o n a es tr ia d a ML0-A Blanco zona próxima a las 5 pruebas de limpieza. Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML1-A Tampón Bis tris- HCl + tensioactivo Tween 20 Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML2-A Gel de Pemulen TR-2 Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML3-A Gel de Pemulen TR-2 + etanol absoluto Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML4-A Disolución quelante: ácido cítrico-NaOH Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada ML5-A Disolución quelante + disolución de tensioactivo (BisTris®®-HCl + Tween20) Tampón Bis tris-HCl pH 6.5 + agua desionizada 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 357 8.3. Resultados y discusión Los resultados indicaron que, para ambas zonas, el sistema tamponado sin tensioactivo resultaba de utilidad para el tratamiento de superficies con poco depósito o en los casos en los que la película de recubrimiento original era más continua. Sin embargo, en zonas con un estrato de particulado más grueso, se consideró un sistema ligeramente lento y que exigía un tratamiento mecánico excesivo en las superficies del modelo, con una posible abrasión como consecuencia. Con la adición de un tensioactivo, la limpieza resultó significativamente superior en ambas zonas, pero se consideró insuficiente para áreas con un estrato de suciedad más gruesa y adherida. Los resultados visuales del testado con los sistemas acuosos tamponados libres quelantes indicaron que el efecto de limpieza del particulado no era apreciable ni superior a la conseguida con las disoluciones tamponadas sin quelatos. Tampoco resultó ser eficaz en las áreas con el barniz menos continuo y el particulado más incrustado. El gelificado de los sistemas de limpieza con derivados de los ácidos polacrílicos permitió obtener buenos resultados en las dos superficies lisas testadas. El sistema de aplicación exigió, para ser eficaz, la remoción constante que se recomienda para este tipo de materiales, con pincel e hisopo hasta la eliminación de la suciedad incrustada. No se advirtieron problemas de alteración del recubrimiento resinoso de protección o de algún componente de la pasta cerosa tras la eliminación de los geles en seco y con los aclarados acuosos correspondientes. Comparando los dos geles parece que el Pemulen™ presentó una mayor rapidez y efectividad que el Carbopol®, pero ambos geles resultaron eficaces en la limpieza de las superficies cerosas, tanto lisas como estriadas. La suciedad menos incrustada se ha eliminado rápidamente de ambas zonas, en un tiempo aproximado de 2 minutos, resultando satisfactorio igualmente en la mayoría de las zonas con una suciedad relativamente incrustada. Para los depósitos más adheridos fue preciso utilizar una adición de etanol absoluto, que resultó más manejable y eficaz en el gel Pemulen™. La adición de dicho disolvente orgánico en un 30% fue suficiente en la eliminación de los depósitos de suciedad más adheridos, por lo que no se consideró necesario aumentar la proporción. Se realizó un testado para comprobar si un porcentaje menor era igual de eficaz, variando la cantidad de disolvente v/v de un 30% a un 20%, obteniendo como resultado una eliminación insuficiente del particulado acumulado en estratos gruesos. Un empleo de disolventes orgánicos libres fue descartado como sistema de limpieza tras su testado por no resultar satisfactorios y crear efectos irregulares en la retirada de los estratos de particulado atmosférico. Sin embargo, el isooctano o el isopropanol podrían formar parte de las fases de aclarado de los geles acuosos en caso de que estos no fueran satisfactorios y las analíticas obtenidas gracias a las micromuestras del testado confirmaran que no hay extracción de componentes originales de las superficies cerosas. Los resultados en detalle de cada disolvente fueron los siguientes: el etanol absoluto y la acetona eliminaban completamente las capas de suciedad junto con el barniz original dejando un característico amarilleo en el hisopo de aplicación, además de advertirse una viscosidad de la superficie tras la evaporación del disolvente. El alcohol bencílico eliminaba rápidamente el barniz, amarilleándose el hisopo, y llegando a disolver la superficie cerosa, que cambió de color blanqueándose en la zona de aplicación. El isooctano y el isopropanol no eliminaron el barniz original como era deseable en los sistemas de limpieza, sin embargo, no eliminaron la suciedad en ninguno de sus grados. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 358 En cuanto a la capacidad para disolver la resina de recubrimiento, el etanol absoluto actuó con una rapidez superior al resto, casi manera instantánea, mientras que la acetona requiere un contacto de unos 5-10 segundos para que el hisopo muestre el amarilleo característico de su extracción. El isopropanol y el isooctano, rodados durante un tiempo superior a los 20 segundos, no ejercieron una acción disolvente sobre la película filmógena, posiblemente debido a su elevada volatilidad. Aunque ambos disolventes aparecen clasificados por Maschelein-Kleiner en el rango de baja retención (Maschelein-Kleiner, 2004: 37), se ha experimentado en este estudio que el isooctano ha sido más volátil que el isopropanol en la primera fase, siendo de un período aproximado de 30 segundos para el primero y de 15 segundos para el segundo. A continuación, se muestran los resultados en forma de tabla (tabla 20): Tabla 20. Resultados del testado de los disolventes orgánicos en estado libre. Disolvente A B C D E F Etanol absoluto NO NO Sí, actúa sobre la suciedad superficial e hincha la película de recubrimiento. Una vez aplicado, disuelve superficialmente el barniz, por lo que queda ligeramente mordiente. Instantáneo al entrar en contacto. Menos de 10 segundos 1 Eliminación del estrato de particulado atmosférico e hinchamiento del barniz original. Abrasión baja Acetona SI SI Sí, en la eliminación del barniz y de la suciedad. La superficie queda ligeramente adhesiva probablemente debido a la disolución parcial del recubrimiento resinoso. 5-10 segundos 1 Eliminación del estrato de particulado atmosférico y remoción del barniz. Abrasión baja Alcohol bencílico NO NO Sí. Muy homogéneo en la eliminación de estrato de particulado. Elimina por completo el barniz. Instantáneo al entrar en contacto. Menos de 10 segundos 1 SI. Muy eficaz en la eliminación del particulado y en la remoción del barniz a eliminar. Abrasión medio-alta. Isooctano NO SI en bordes Sí. No elimina nada Superior a 20 segundos 1 No es capaz de eliminar el estrato de depósito. Isopropanol NO SI. Ligeramente en bordes de la zona de contacto Sí. No elimina nada Superior a 20 segundos 1 No es capaz de eliminar el estrato de depósito, pero tampoco afecta al barniz original. Leyenda: A: Halo B: Blanqueamiento C: Homogeneidad D: Tiempo de trabajo E: N.º de aplicaciones F: Efectividad y capacidad de abrasión 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 359 Así pues, debido a los riesgos asociados al uso de disolventes orgánicos libres utilizados tradicionalmente en la limpieza de objetos de cera, como los alcoholes Etanol Absoluto e Isopropílico, con unos valores de polaridad elevados (fd 38 y fd 36), y de hidrocarburos como el Isooctano (fd 100), los cuales pueden afectar a los barnices de resina natural e incluso ocasionar una disolución parcial de la cera, los sistemas acuosos se plantean como una alternativa eficaz, dado que permiten llevar a cabo un proceso de limpieza de forma gradual y selectiva, siempre que no existan riesgos asociados a la presencia de residuos tras la fase de aclarado. 8.3.1. Resultados de las analíticas Fueron realizados varios estudios para detectar la extracción de componentes de las superficies cerosas y la posible permanencia de residuos en las mismas, una vez finalizada la fase de aclarado pertinente para cada formulación testada. En todos los casos se comparó el espectro obtenido con FTIR-ATR y GC/MS correspondientes a las micromuestras de pasta cérea tomadas de las superficies con el espectro resultante del análisis de una micromuestra extraída después del testado del sistema de limpieza. En el caso de las superficies cerosas con acabado liso, los análisis realizados por FTIR-ATR han permitido comparar el espectro que corresponde a la micromuestra de cera tomada de la zona lisa (MLO) del modelo anatómico antes de la aplicación del sistema de limpieza y el espectro resultante del análisis de una micromuestra tomada en la misma zona después del tratamiento, incluido el aclarado. En todos los casos, se observó una total coincidencia entre los espectros obtenidos, antes y después del testado, no apreciándose ninguna banda que pudiera ser atribuida a alguno de los productos utilizados, por lo que se puede deducir que ninguno de los productos ensayados deja restos que puedan ser apreciados con esta técnica de análisis. Figura 205. Comparación de los espectros obtenidos con FTIR-ATR de las micromuestras antes y después del testado de limpieza con la disolución acuosa tamponada de BisTris-HCl con tensioactivo Tween®. Fuente: Margarita San Andrés y Ruth Chércoles, 2016. En la imagen (fig. 205) se puede observar que las bandas del espectro FTIR-ATR, obtenido de la micromuestra extraída de la zona lisa sobre la que se había llevado a cabo el tesado de limpieza con la mezcla MB1 (tensioactivo Tween®20 disuelto en el tampón Bis Tris-HCl), son similares a aquellas pertenecientes a la micromuestra tomada de la misma zona obtenida antes de efectuar la prueba, lo que permite interpretar que no existen residuos después del tratamiento 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 360 de limpieza. Tampoco se han identificado en los espectros de FTIR-ATR, las bandas responsables de revelar los residuos en las superficies cerosas con los siguientes materiales testados: disolución quelante de ácido cítrico-NaOH, disolución mezcla de quelante y tensioactivo, gel Pemulen™TR2 o mezcla de este gel poliacrílico con etanol absoluto como aditivo. Únicamente en las micromuestras de cera tomadas del modelo anatómico, antes y después del ensayo de limpieza con el gel Pemulen™TR2, se observaron algunos resultados diferentes, por lo que también fueron analizadas mediante GC-MS. Se identificaron los componentes de la pasta: cera de abejas (picos 15, 17, 21, 22, 23, 27, 30, 34, 36, 37, 40 y 42), una grasa animal (pico 5), grasas vegetales, posiblemente aceite (picos 4,6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 18, 26) y una resina pinácea (picos 16 y 17), por lo que se consideró posible que el gel hubiera extraído componentes de la cera ya que se detectaron esteres de ácidos grasos característicos de la misma. Con el objetivo de afirmar esta hipótesis, se procedió a un análisis más completo de la micro-muestra tomada del modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679), siglada como ML2 (tabla 21). Tabla 21. Relación de resultados de la cromatografía para el análisis de extracción de componentes cerosos con el gel de Pemulen™ en la micromuestra ML2. Fuente: Margarita San Andrés y Ruth Chércoles, 2016. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 361 ñññññññññ Tabla 21. Relación de resultados de la cromatografía para el análisis de extracción de componentes cerosos con el gel de Pemulen™ en la micromuestra ML2. Fuente: Margarita San Andrés y Ruth Chércoles, 2016. Los resultados indican que el gel de Pemulen™ podría extraer trazas de esteres de ácidos grasos característicos de las ceras en las superficies lisas del modelo mencionado, por lo que deberían realizarse nuevos estudios para comprobar si este caso particular ocurre en otras superficies cerosas similares dentro de la colección. En lo que respecta a las micromuestras tomadas de las zonas con acabado texturizado, los resultados de los análisis realizados mediante FTIR-ATR indicaron que todos los espectros obtenidos, antes y después del ensayo, con los sistemas de limpieza fueron totalmente coincidentes y no se apreció ninguna banda atribuible a los productos empleados en la 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 362 formulación de estos. Se muestra en la imagen uno de los espectros obtenidos en el análisis de las micromuestras correspondientes a la zona donde se aplicó el gel poliacílico Pemulen™, donde se (fig. 206). Figura 206. Comparación de espectros FTIR-ATR de la micromuestra ML0A (pasta cerosa de la zona estriada) y de la micromuestra ML3A (pasta cerosa después de la limpieza con la mezcla MB3 -Gel Pemulen TR2+Etanol-). 8.4. Aplicación de la limpieza: casos prácticos Dentro de la intervención de conservación-restauración realizada sobre el conjunto de modelos anatómicos en ceroplástica del Museo Veterinario Complutense han sido tratadas algunas piezas con casuísticas de limpieza especialmente complejas o con superficies con características habituales en la mayoría de las colecciones en ceroplástica. En este apartado, se exponen los casos de cuatro piezas de la colección como ejemplos representativos del conjunto: - La limpieza del modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) permite exponer una casuística común a la mayoría de los modelos, la eliminación del particulado atmosférico muy adherido en una superficie cerosa coloreada únicamente en una zona muy delimitada, compuesta por una sucesión de estratos, con irregularidades propias de la representación anatómica correspondiente y con la presencia de un barniz de protección. - Aunque representa a un número escaso de piezas anatómicas en cera de esta colección, el modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) se encuentra fabricado sobre la osamenta original de un caballo, lo que ofrecía unas características especiales con respecto a la acumulación de depósito. - El modelo de Mandíbula de équido (rfa. MV-1679) ha sido elegido para mostrar la problemática de limpieza en uno de los modelos macizos del grueso del conjunto del museo y también por formar parte de una colección de mandíbulas con una casuística de estratos de depósito similares. - Los casos de limpieza con mayor riesgo de permanencia de residuos de la colección corresponden a los modelos con superficies estriadas, por ello ha sido seleccionado el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Esta pieza, compuesta por una representación del abdomen de la yegua y por la representación del potro, ofrece el reto de eliminar un grueso 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 363 estrato de particulado atmosférico en dos tipos de estriado diferente: el de la yegua, más graso y adherido, y el del potro, un estrato fino sobre un estrato altamente lipófilo. Además, un adhesivo no original incorporado en una intervención antigua y que ya no realizaba su función, ha requerido el testado de varios adhesivos orgánicos que permitieran separarlo de las superficies cerosas sobre las que fue aplicado. Como se ha podido deducir de los documentos de archivo y de los resultados de las analíticas químicas, todos los modelos contienen cera virgen de abejas, cera blanqueada, trementina, resina de colofonia, y aceite vegetal. En ocasiones, los pigmentos se añadían a la pasta de cera caliente y, en algunos casos muy reducidos se aplicada una veladura o se dibujaban detalles anatómicos a pincel sobre las superficies cerosas. Ha sido preciso, previamente a la limpieza físicoquímica por métodos acuosos, eliminar la suciedad superficial por métodos mecánicos en todos los modelos intervenidos con la ayuda de una brocha de pelo suave y un microaspirador de presión regulable. 8.4.1. Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) Figura 207. Modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664), atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2015. El modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) no se considera hueco, si bien se encuentra cerrado en el punto donde se encuentran situados el esófago y el primer tramo del conducto pilórico. Existe una gran diferencia de ejecución técnica entre el interior y el exterior de la pieza: probablemente, primero fue fabricado en arcilla y reproducido posteriormente mediante el vaciado en cera con moldes de yeso. Algunas zonas sugieren tres coladas sucesivas de grosores similares (fig. 207). Una vez extraída del molde, la pieza debió terminarse con la superposición del sistema vascular en la zona exterior y su cobertura con un fino estrato de pasta cerosa translúcido, conseguido probablemente con la adición de una proporción elevada de resina a la pasta para simular el tejido que recubre el estómago en la realidad. Parece que las diferentes texturas que representan las vellosidades y mucosas internas fueron obtenidas directamente con el molde, pero probablemente fueron retocadas por los ceroescultores con palillos de madera y otros utensilios. Finalmente, este órgano de cera fue protegido con un estrato resinoso que aportaba, a su vez, el brillo característico de las vísceras animales. El órgano obtenido fue fabricado para observarse en plano, como indica la pasta de cera roja y estopa que conserva en la base, probablemente sobre una peana horizontal actualmente perdida (fig. 208). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 364 Figura 208. Detalle de la cera roja con estopa en la base del modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015. Figura 209. Detalle de la superposición de estratos cerosos de varios colores en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015. Como se ha descrito previamente, el conjunto de estratos cerosos que componen el modelo presenta una coloración amarillo-anaranjada uniforme en toda la superficie interior y exterior, excepto por la zona anatómica en el centro del órgano ubicado junto a las vellosidades internas, donde los ceroescultores interpusieron un estrato intermedio de cera pardo-rojiza para simular una tonalidad subyacente diferente al resto, y las pastas cerosas coloreadas que representan los vasos sanguíneos en la zona exterior del modelo. Debido a una pérdida material sucedida en el pasado, en la imagen se puede observar la superposición de estratos cerosos y las diferentes coloraciones en función a su composición (fig. 209). El estrato de particulado atmosférico de depósito se encontraba especialmente acumulado en las superficies más horizontales del modelo y en aquellas áreas donde se había perdido el estrato más externo que protegía las pastas cerosas del ambiente. Si bien se podía distinguir vagamente la representación de las diferentes superficies, la capa de depósito no permitía percibir correctamente las coloraciones ni los volúmenes, interfiriendo con la comprensión del modelo desde un punto de vista anatómico. Figura 210. Detalle de una de las superficies con irregularidades y con un grueso estrato de particulado atmosférico en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015. Con respecto a la limpieza, las irregularidades suponían un reto de accesibilidad a las zonas más profundas y estrechas (fig. 210), además de exigir prescindir de los sistemas acuosos gelificados en la totalidad del modelo debido a la dificultad para eliminar residuos en estos puntos. Además, como consecuencia de la pérdida de una gran parte del estrato que cubría la irrigación sanguínea del órgano, el estrato de particulado en la zona externa presentaba una adherencia especialmente tenaz y se había introducido en los intersticios de las arterias y las venas, que presentaban puntos con una adherencia escasa al estrato subyacente. Incluso en las zonas lisas se optó por prescindir de un tratamiento con 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 365 disolventes orgánicos como aditivos a los geles de limpieza, dada la sensibilidad del barniz original y de las pastas cerosas a las polaridades de estos. Debido a la elevada vulnerabilidad de las arterias y venas ante la presión ejercida por el hisopo de limpieza fue necesario realizar un tratamiento rápido y que permitiera eliminar con facilidad el particulado especialmente adherido por la ausencia de barniz. Para ello, fue seleccionada la disolución tamponada de BisTris®-HCl (6.5pH y 3000µS/cm c.e.) con la adición de un 3% de tensioactivo no iónico Tween®20. El proceso fue lento y minucioso debido a la necesidad de utilizar herramientas/un palillo metálico de dentista como vástago para el hisopo de algodón por tener un grosor menor al de la varilla de bambú que usualmente se utiliza en restauración. Esta herramienta, acabada en punta, fue de gran ayuda para acceder a los intersticios más pequeños sin la necesidad de ejercer presión para evitar que la punta las superficies o acabara por separar los vasos sanguíneos precariamente adheridos al estrato subyacente (fig. 211). Figura 211. Detalle de una zona con una representación de los vasos sanguíneos en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015. Para retirar de manera efectiva los posibles residuos del tensioactivo, ha sido aplicada la disolución tampón de BisTris-HCl a pH 6.5 y c.e. cercana a 0.50 mS/cm, embebida en un hisopo de algodón y rodándola con suavidad sobre las superficies. Transcurridas 24 horas, fue aplicado el segundo aclarado con la misma metodología, con agua desionizada comercial que tiene un pH aproximado de 6.5 y una c.e. muy baja, inferior a 5μs/cm. Como se muestra en las imágenes, la zona interna del órgano respondió de manera satisfactoria al empleo de la misma disolución acuosa BisTris®-HCl sin aditivos ni espesantes para evitar los residuos, probablemente debido a la conservación del estrato de protección en la mayoría de la superficie (figs. 212 y 213). La eliminación del particulado atmosférico fue eficaz en tiempos inferiores a otras zonas del modelo sin barniz, sin embargo, requirió de una repetición del proceso de limpieza con la misma disolución tampón 24 horas después de la primera eliminación debido a que, cuando se aplicó el agua desionizada de aclarado, se detectó la presencia de depósitos residuales, probablemente consecuencia de la migración a través de los intersticios del barniz original de aquellos más adheridos o más profundos, al disolverse y trasladarse gracias al proceso de evaporación. Finalmente, transcurridas 24 horas más, pudo realizarse el aclarado satisfactoriamente con un hisopo embebido en agua desionizada. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 366 Figura 212. Vistas generales del proceso de limpieza en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015. Figura 213. Modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) tras el proceso de limpieza. Fuene: Luis Castelo, 2017. 8.4.2. Ligamento nucal (rfa. MV-670) Puede considerarse que el modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) forma parte de las piezas de la colección con los estratos cerosos más heterogéneos en una misma representación anatómica, siendo especialmente finos en su superposición sobre los huesos del cráneo y gruesos y densos en las representaciones de anatomías como el ligamento nucal (fig. 214). En este tipo de pieza, los ceroescultores debieron producir un estrato ceroso muy fino y elástico en la mesa de piedra con la ayuda de rodillos para poder colocarla sobre el hueso, previamente reforzado con una estructura metálica y montado sobre su peana. Probablemente, la producción de los vasos sanguíneos fuera similar, colocando las pastas de cera coloreadas con forma tubular de diferentes grosores sobre el fino estrato ceroso previamente colocado, simulando la red venosa y arterial. Sin embargo, las zonas que no se encuentran soportadas por el hueso natural por tratarse de cartílago o tendones imposibles de conservar -como en el caso de la representación de la laringe, de las orejas o del ligamento nucal-, pudieron ser producidas en arcilla y vaciadas en pasta de cera con la ayuda de moldes de yeso. Parece que un estrato de protección general recubre todas las zonas del modelo. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 367 Figura 214. Modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2015. Una de las características más interesantes de esta pieza pero que comprometen en mayor grado la intervención de limpieza es la mencionada representación de la irrigación sanguínea en toda la superficie del modelo, dividida entre sistema arterial y sistema venoso y situada en cada una de las mitades de la pieza (fig. 215). Figura 215. Detalle del modelo Ligamento nucal (rfa. MV- 670) donde se pueden observar los dos tipos de vaso sanguíneo que representan la irrigación vascular en la cabeza del caballo. Ambas redes de vasos presentaban, a su vez, distinta estabilidad en función del estrato sobre el que se encontraban adheridos, siendo muy inferior en las superficies con estriados o irregularidades como el ligamento nucal. Debido al mal estado de conservación en el que se encontraba la pieza en el momento de la intervención, fue necesario realizar adhesiones puntuales previas y durante la fase de limpieza con la dispersión acuosa comercializada como Acrylkleber 498-20X, de la casa Lascaux, aplicado con un pincel de pelo suave y de los números 0 o 1. Aunque fue necesario asegurar algún estrato ceroso al hueso natural subyacente, la mayoría de las adhesiones fue realizada en la representación venosa y arterial que cubría todo el modelo. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 368 En el caso de las fisuras, grietas y fracturas, la limpieza también supuso un reto, puesto que el estrato de particulado atmosférico se encontraba especialmente adherido a las zonas sin barniz y habían penetrado hacia el soporte de hueso y metal. Ambos materiales presentan una capacidad de reacción al agua muy diferente al de la cera y, por lo tanto, pueden generarse tensiones y reacciones químicas si se utilizan las disoluciones acuosas en estas superficies. Por otra parte, este estrato de depósito demostró una apolaridad y lipofilidad especialmente elevada con respecto a las superficies de los otros modelos, lo que podría deberse a su combinación con las exudaciones grasas y de otras naturalezas del hueso natural, así como de los jabones y bases empleados en el proceso de descarnado y otros tratamientos previos habituales de las piezas óseas (fig. 216). Figura 216. Detalles de la anatomía del modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) cuyas superficies presentaban exudados probablemente procedentes del hueso subyacente. Fuente: Toya Legido, 2016. Se detectaron zonas con unas excreciones amarillentas sobre el hueso que fueron tomadas como evidencias de estas exudaciones y que fueron eliminadas junto al estrato de depósito atmosférico. En función de estas características, fue abordada la problemática de las superficies no cerosas para evitar posibles tensiones y debilitamiento estructural. Para evitar la oxidación de la estructura metálica, allí donde no se conservaba el estrato ceroso superpuesto fue aplicado el disolvente orgánico etanol absoluto con la ayuda de un hisopo de algodón y un bisturí con el que eliminar las concreciones de depósito y alteraciones químicas del metal. Fue necesario tratar la limpieza del hueso y el esmalte de la dentadura atendiendo a sus características físicoquímicas, muy diferentes a las de las pastas cerosas. Las limpiezas en seco con materiales como las gomas blandas de diferentes gramajes no fueron efectivas, por lo que se recurrió a la limpieza acuosa recomendada por el Canadian Conservation Institute (CCI). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 369 Figura 217. Detalle de una zona del modelo donde el estrato ceroso se ha separado del soporte óseo. Fuente propia: 2016. En este caso, se evitó el empleo de tensioactivos para evitar añadir una cantidad muy alta de agua con los aclarados necesarios para eliminar los residuos, limitándolos a un solo aclarado con agua desionizada. Es importante señalar que la aplicación del sistema de limpieza con hisopo impregnado en la disolución tampón Bis-Tris a pH 7.0 y c.e. cercana a 2.5 mS/cm (ligeramente hipotónica con respecto a las mediciones con discos de agarosa, de 3.2 mS/cm), fue cuidadosamente aplicada escurriendo el hisopo antes de tratar la superficie ósea a fin de que la cantidad de agua líquida fuera absorbida lo mínimo posible por la porosidad del hueso. Con el objetivo de adaptar la limpieza al modelo, es muy importante indicar que se ha controlado escrupulosamente la conductividad eléctrica de la disolución de limpieza, que se ha mantenido hipotónica para evitar su penetración en el material por intercambio iónico. Los tratamientos de limpieza aplicados a las superficies cerosas fueron diferentes en función de su capacidad hidrófila. En los casos en los que el estrato de depósito se encontraba menos adherido, respondió positivamente a una disolución tamponada de BisTris®HCl a pH 7.0 y c.e. cercana a 3.5 mS/cm (fig. 218). Figura 218. Detalle del proceso de limpieza en una de las superficies cerosas del modelo con la disolución acuosa tamponada sin tensioactivo. Fuente propia: 2016. Mientras que, para las superficies con el estrato de depósito muy graso, fue necesario utilizar un producto gelificado con poder emulsionante, con la finalidad de evitar los productos tensioactivos o quelantes en las redes de vasos sanguíneos. Fue seleccionado el gel acuoso derivado del ácido poliacrílico Pemulen™TR-2 sin aditivos por haber demostrado buenos resultados en cuanto a capacidad de limpieza y no haberse detectado la presencia de residuos en las analíticas químicas del estudio realizado. En las imágenes se muestra una secuencia de la limpieza localizada en una zona especialmente complicada (fig. 219). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 370 Figura 219. Detalle de limpieza en una zona del modelo con la aplicación del sistema acuoso gelificado con la ayuda de un hisopo. Fuente propia: 2016. La retirada del gel en seco y posterior aclarado con la disolución acuosa tamponada BisTris®-HCl a pH 6.5 y c.e. aproximada a 3.0 mS/cm, fue realizada minuciosamente con la ayuda de microhisopos fabricados con la punta de los palillos de dentista metálicos, de manera que fueran retirados todos los residuos posibles del gel. Para ambas limpiezas acuosas, libre y gelificada, transcurridas 24 horas se comprobó que aún podían extraerse pequeñas cantidades de depósito que podría haber migrado desde el interior o desde debajo del estrato de protección resinoso como sucediera en otros modelos, por lo que el aclarado con la misma disolución acuosa tamponada fue repetido siguiendo la misma metodología. Una vez cumplido el periodo de evaporación de otras 24h fue realizado el aclarado con agua desionizada. La peana de madera fue tratada con una limpieza mecánica con cepillos y, puntualmente, con paños humedecidos poniendo mucha atención en evitar una absorción de agua que derivaría en el hinchamiento de la madera y consecuente desestabilización de la estructura de la pieza, anclada a dicha peana. En las imágenes (fig. 220) se muestra el modelo Ligamento nucal (rfa. MV- 670) antes y después de la intervención de limpieza. Página siguiente: Figura 220. (Arriba) modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) antes de la intervención de limpieza con disoluciones acuosas libres y gelificadas. (Abajo) el mismo modelo después de la intervención de limpieza mencionada. Fuente: Luis Castelo, 2017. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 371 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 372 8.4.3. Mandíbula de équido (rfa. MV-1679) Una de las tipologías de pieza que pueden encontrarse en el Museo Veterinario Complutense son los modelos macizos, fabricados habitualmente de una sola pieza y por colada en moldes de escayola como sucede con la mayoría de las piezas de la colección de mandíbulas, destinadas a enseñar las diferencias en la dentición para identificar la edad del caballo. Figura 221. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Fuente: Luis Castelo, 2015. En el caso del modelo de Mandíbula de équido (rfa. MV- 1697) (fig. 221), se aprecia una capa cerosa más externa y con una coloración rosada, que se encuentra sobre la cera sin pigmentar que da forma a la pieza. La presencia de una red de capilares dibujados a punta de pincel sobre esta cera sin pigmentar es una particularidad encontrada en varios de estos modelos de la colección. Se desconoce su utilidad, dado que actualmente no pueden observarse bajo el estrato rosado superpuesto y no se han apreciado en el anverso de esta pieza. Quizás los ceroescultores consiguieron otorgar una translucidez a la pasta de cera más externa que ha desaparecido con el paso del tiempo y que permitía adivinar los capilares encargados de la irrigación sanguínea de toda la mandíbula. Figura 222. Estuche con maxilares y mandíbulas de equino mostrando la evolución con el tiempo de la dentición y algunos defectos de la misma. Louis Thomas Jerôme Auzoux. Papel maché. Museo Veterinario Complutense (San Andrés, 2015: 39). La pieza conserva el número “7” dibujado a punta de pincel con color negro, probablemente para indicar su correspondencia con un esquema o gráfico con su identificación. Toda la superficie presenta un fino estrato de protección y no muestra signos de haber perdido algún elemento sustentante para su exposición, lo que lleva a hipotetizar sobre la existencia de un sistema de soporte común para todas las mandíbulas como se hiciera con los modelos de papel maché (Auzoux), conservadas en el Museo Veterinario Complutense (fig. 222). Entre los problemas de conservación que presentaba la colección de mandíbulas de équido del Museo Veterinario Complutense, el grueso estrato de particulado atmosférico era uno de los 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 373 más destacados y relevantes. Esta capa ácida y grasa se encontraba distribuida de manera uniforme en las superficies de los modelos, pero también presentaba concreciones oscuras en zonas concretas. La capa de protección y las pastas de cera se veían afectadas a causa de la interacción físicoquímica con dicho estrato de acidez elevada que, a su vez, distorsionaba la interpretación de los modelos interfiriendo en la identificación de las características de cada una de las denticiones para la identificación de la edad. Se determinó que la limpieza debía respetar el barniz original, el número dibujado, así como la veladura pardo-rojiza aplicada para por los ceroescultores para representar la coloración en la corona de los dientes. En las imágenes se muestran algunas de las mandíbulas intervenidas en esta investigación, antes y después de la fase de limpieza (fig. 223). Figura 223. Mandíbulas de équido para el conocimiento de la edad (rfa. MV-1696-1705). Atribuidas a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. (Arriba) antes de la intervención de limpieza. (Debajo) después de la intervención de limpieza. Fuente: Luis Castelo, 2017. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 374 Para abordar el reto que ofrecía la eliminación del estrato de particulado atmosférico graso y adherido sobre las superficies de barniz microcraquelado y erosionado, así como en las pastas de cera de los estratos internos descubiertas gracias a las pérdidas materiales, se recurrió al empleo de disoluciones acuosas a un pH y c.e. adecuadas con la adición de un tensioactivo. La acción de conservación -restauración realizada sobre el modelo de Mandíbula de équido (rfa. MV- 1697) ha sido tomado como ejemplo de limpieza dentro de la colección de mandíbulas en cera por presentar una gruesa capa de particulado muy oscuro, graso y adherido, especialmente en la zona externa donde nacen los dientes desde la encía. La formulación de limpieza acuosa tamponada se preparó con BisTris-HCl a un pH 6.5-7.0 y una c.e. cercana a los 0.40 mS/cm, a la que se añadió entre un 1-3% de tensioactivo no iónico Tween®20 mezclado con el agitador magnético durante varios minutos. Siguiendo la metodología explicada, la limpieza se realizó con hisopos de algodón embebidos en la disolución tamponada con carácter surfactante y fue aclarada en dos pasos: un aclarado con la misma disolución sin tensioactivo y, transcurrido el tiempo de evaporación, con agua desionizada. En las imágenes se muestra un ejemplo del proceso de eliminación de las concreciones más adheridas junto a la dentadura (fig. 224). Figura 224. Detalle del modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Secuencia con el proceso de eliminación de una concreción de particulado atmosférico adherida con la disolución acuosa de limpieza. Fuente propia: 2016. En las zonas donde el estrato ceroso más externo se había perdido la limpieza requirió elevar el porcentaje de tensioactivo entre 3-4%, aunque de manera muy puntual por no tener un estrato de particulado tan grueso y antiguo, así como en superficies sin rugosidad que pudiera facilitar la retención de residuos tras el aclarado. La cara interna, si bien no presentaba concreciones, se encontraba cubierta por un estrato fino de particulado atmosférico fácil de eliminar con un porcentaje de tensioactivo entre 1-2% en la disolución. Sin embargo, el estado de la capa de recubrimiento, especialmente craquelada, exigió repetir la limpieza con la disolución surfactante pasadas 72 horas. Esta situación se dio en varios de los modelos de mandíbula y es posible que se deba a la migración hacia el exterior de las partículas de suciedad más profundas en las grietas del barniz como consecuencia de la evaporación de la disolución acuosa, que crearían una nueva y sutil capa en la superficie detectada cuando se realiza el primer aclarado. Así pues, tras la segunda limpieza con la 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 375 disolución tensioactiva, se procedió a realizar los dos aclarados acuosos mencionados con la ayuda de hisopos de algodón. En las imágenes, se muestra el modelo explicado antes (fig. 225) y después (fig. 226) de la limpieza, por el anverso y por el reverso. Figura 225. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Antes de la intervención de eliminación del particulado atmosférico. Fuente: Luis Castello, 2015. Figura 226. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Después de la intervención de eliminación del particulado atmosférico. Fuente: Luis Castello, 2017. 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 376 8.4.4. Gestación de yegua (rfa. MV-681) Como parte de la colección, el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681) debió formar parte de las piezas didácticas sobre los partos y la obstetricia veterinaria. Al componerse de dos piezas independientes, yegua y potro, permitía extraer el feto y acceder al interior del útero cómodamente. La representación del pelaje en ambas piezas fue realizada por los ceroescultores coloreando la pasta de cera con una pigmentación parda y pardo-rojiza, más oscura en el caso de la yegua, y realizando el estriado que simula la dirección con la ayuda de utillaje de modelado. Los estratos cerosos subyacentes, así como la zona uterina y la representación de los órganos situados alrededor, se corresponden con una pasta de cera amarilla sin colorear. Como en todas las piezas de la colección, los vasos sanguíneos fueron representados con pastas de cera de colores rojo y azul. Desde el anverso del modelo se puede diferenciar una pasta cerosa de color verdoso correspondiente al estrato más interno del útero, quizás teñida para otorgar a esta zona anatómica una coloración más realista dada la sucesión de capas translúcidas que la componen (fig. 227). La pérdida del soporte original ha descubierto la zona posterior del modelo, permitiendo observar la tecnología de fabricación del modelo, pero también dejando expuesta una superficie cerosa sin recubrimiento resinoso de protección, por lo que la adhesión del estrato de particulado atmosférico a la pasta de cera amarilla ha sido especialmente intensa. Figura 227. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681), por el anverso y el reverso. Atribuida a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente propia, 2015. En la mayoría de las superficies la capa de polvo y los depósitos de suciedad han ido rellenado los espacios huecos o rehundidos por la texturización de la superficie cérea hasta formar un velo agrisado que oscurece y altera la observación del conjunto. Como se ha explicado, el estrato de particulado atmosférico es más graso y se encuentra especialmente adherido en el 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 377 caso del estriado de la yegua. El potro parece presentar una superficie cerosa más lipófila que la del resto del modelo, lo que podría deberse a su ubicación más resguardada de los agentes de deterioro al encontrarse en el interior del útero. El barniz que recubre todo el modelo se encuentra micro fracturado y en mal estado de conservación en numerosas zonas. La oxidación puede percibirse en mayor grado sobre las pastas cerosas de color claro que representan el interior de la yegua. Debido al acabado final de la pieza en la mayoría de su superficie se ha optado por utilizar la disolución tamponada de Bistris-HCl de valores próximos a pH 6.5 y c.e. de 300 µS/cm. En las imágenes se muestra una secuencia con la eliminación del estrato de particulado atmosférico de manera adecuada en una zona del modelo (fig. 228). Figura 228. Secuencia de intervención de limpieza en el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Detalle de la zona exterior lateral del útero de la yegua. Fuente propia, 2016. Transcurridas de 24 a 72 horas, se ha realizado el aclarado con agua desionizada, a un pH cercano a 6.0 y c.e. casi nula. Para la limpieza de las superficies con un acabado más liso, correspondiente a la pasta de cera amarilla, ha sido necesario alternar hisopo embebido en la disolución tampón con el rodamiento de un hisopo seco de manera alterna varias veces (generalmente 3 húmedo y 3 seco) para eliminar satisfactoriamente la suciedad superficial sin ejercer una presión que habría dado a una abrasión, esta necesidad de insistencia parece provocada por una micro fractura del barniz de recubrimiento, visible y generalizadamente deteriorado, que presenta un aspecto blanquecino y escamado; además de la obvia hidro repelencia que presenta la cera de manera natural. La solución para conseguir un efecto de humectación, y consecuentemente de limpieza, habría sido la adición de un tensioactivo, pero se ha optado por evitarlo para evitar residuos que probablemente serían muy difíciles de aclarar al quedar en zonas inaccesibles de la superficie con acabado rugoso o bajo la capa de barniz craquelado y escamado (pulverulento). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 378 Figura 229. Detalle de limpieza de una zona estriada del modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016. La superficie con acabado estriado, correspondiente a la cera más rojiza, ha necesitado la misma alternancia de hisopos, pero en menor cantidad, en algunas zonas ha sido suficiente con un hisopo de cada tipo y en otras de dos. Sin embargo, la dificultad de esta superficie ha sido el estriado, pues el hisopo precisaba de un grosor mínimo para acceder a las concavidades más estrechas, y en la determinación del punto adecuado de limpieza, atendiendo a que la pigmentación grisácea parece sensibilizarse tras varios contactos con el hisopo. El acabado final de la limpieza no es tan evidente como en las zonas lisas, quizás debido a la diferencia de color, pero probablemente incrementado por la dureza de la cera (menos sensible a los cambios de temperatura y a la electrostática) y la ausencia de barniz (fig. 229). Además, los entramados más profundos de las estrías tienden a quedar blanquecinos, ya sea por la imposibilidad de eliminar toda la suciedad o por la diferencia de refracción de la luz con las zonas más convexas. En el caso del potro debe indicarse que se encontraba muy deteriorada, presentando graves fracturas en el cuello, la separación completa de las dos patas delanteras y de las dos pezuñas. Las orejas parecen haber sufrido roturas en el pasado, pero no se han conservado las pérdidas materiales. Han sido detectadas algunas intervenciones antiguas donde se trató de unir las piezas con un adhesivo poco apropiado que, además de no cumplir con su función, ha amarilleado y se encuentra muy adherido a las pastas de cera. Para realizar la eliminación de los estratos de suciedad se ha utilizado la misma disolución tamponada que para la figura de la yegua. La suciedad se ha encontrado especialmente adherida y han sido necesarias numerosas repeticiones de la secuencia hisopo húmedo – hisopo seco. Ha sido necesario hallar un sistema de eliminación del adhesivo que se encuentra en todas las piezas fracturadas del potro. El adhesivo demuestra una mayor adherencia a las piezas que en la unión entre estas y se ha encontrado deteriorado y amarillo y muy adherido a la cera sin barnizar de las uniones. En primer lugar, ha sido necesario separar las piezas unidas por dicho adhesivo. Para ello se ha aplicado etanol con un hisopo, descargando el excedente de disolvente contra las paredes del recipiente, evitando ponerlo en contacto con la pasta de cera y ayudándose de un escalpelo para cortar el adhesivo. En la siguiente secuencia de imágenes se muestra la metodología de separación (fig. 230). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 379 Figura 230. Secuencia de imágenes en la que se puede observar el proceso de limpieza o eliminación de un adhesivo no original. Este caso en concreto corresponde a la pata fracturada y reparada en el pasado del modelo de potro perteneciente a la pieza Gestación de yegua (rfa. MV-681) Fuente propia, 2016. Con el objetivo de retirar el adhesivo de las superficies cerosas fueron testados varios disolventes polares, evitando los hidrocarburos y los disolventes de baja polaridad altamente dañinos para las pastas cerosas, determinando como los más idóneos la acetona pura y el etanol absoluto. La finalidad de utilizar disolventes es provocar un hinchamiento del adhesivo sintético que permita separarlo de la pieza de manera mecánica e inocua para la pasta de cera. Queda asumido que siempre existirá cierta actividad del disolvente sobre la obra, sin embargo, al utilizarse gelificados e interponiendo una capa de intervención, se espera que dicha agresión sea mínima. El proceso de testado para conocer el comportamiento de los disolventes ha consistido en aplicarlos con hisopo embebido pero muy escurrido, rodándolo sobre el material a eliminar: acetona, etil-acetato, etanol absoluto, etanol 96º y etil-lactato. El alcohol bencílico habría sido probablemente muy eficaz, pero se ha descartado por contener compuestos bencénicos, muy agresivos para la obra. Se ha comprobado visualmente que todos los disolventes han dado lugar a un hinchamiento del adhesivo a eliminar, siendo el etil-acetato el de máximo índice de hinchamiento y el etanol 96º el menos eficaz. Aunque el material a eliminar se hincha en un tiempo mayor tanto con acetona como con etanol absoluto que con etil-acetato y etil-lactato (ver tabla 22), se ha preferido evitar los disolventes con mayor capacidad de retención y con más riesgo de disolver algunos compuestos de la cera. Para aumentar la eficacia de los disolventes se han ensayado sobre la obra gelificándolos con un éter de celulosa comercial Klucel©G, depositándolos interponiendo un papel japonés debido a la alta adherencia que presenta esta tipología de espesantes. El tiempo de contacto suficiente para hinchar el adhesivo sin que se evapore el disolvente y el gel se vuelva gomoso ha sido de aproximadamente 20 segundos para la acetona y de 30 segundos para el etanol absoluto (tabla 22). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 380 Tabla 22. Resumen del testado de limpieza con disolventes, realizado para eliminar un adhesivo no original del modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2020. Disolvente Tiempo de actuación Resultados Etil-acetato 15-20 segundos Muy eficaz en el hinchamiento del adhesivo. Crea blanqueamientos en algunas partes de la cera roja. El hisopo se tiñe ligeramente. Etil-lactato 15-20 segundos Efecto similar al etil-acetato, pero no da lugar a blanqueamientos. El hisopo se tiñe ligeramente. Etanol absoluto 20-25 segundos Eficaz en el hinchamiento del adhesivo. Se evapora rápido, sería preferible una evaporación más lenta. Etanol 96º 35-45 segundos No muy eficaz en comparación con los demás disolventes. Es necesario aplicar varias veces. Acetona 25-30 segundos Eficaz en el hinchamiento del adhesivo. Se evapora más lentamente que el etanol absoluto, pero parece que la separación entre pieza y material a eliminar es inferior al observado con el etanol absoluto. Dado que los resultados son adecuados en ambos casos, se optó por utilizar el etanol absoluto que, de los dos, es el menos afín a las pastas cerosas sin barnizar. En las imágenes se pueden encontrar los disolventes probados, la aplicación de uno de ellos con la ayuda del hisopo para hinchar el adhesivo y su eliminación mecánica mediante la acción del escalpelo (fig. 231). Figura 231. Detalle de eliminación de un adhesivo no original con etanol absoluto en una pata del potro, pieza perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016. En algunas zonas de la pieza con este adhesivo no original especialmente adherido se daba la casuística de extraer una fina lámina de pasta de cera al hinchar el estrato ceroso subyacente. Por esta razón, en donde era más complicado se empleó el etanol absoluto en forma de gel, interponiendo un papel japonés de gramaje medio para evitar los posibles residuos del espesante hidroxipropil celulosa (Klucel®G). A continuación, se expone una secuencia de imágenes con el proceso de limpieza con el gel (fig. 232). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 381 Figura 232. Secuencia de imágenes con la aplicación del gel a una pata con adhesivo no original en el potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016. El escalpelo ha sido utilizado para separar la capa de adhesivo mecánicamente, sujetando el material retirado con las pinzas, pero sin tirar. El gel disolvente ha sido aplicado con la ayuda de un hisopo, y ha permitido una eliminación mecánica del adhesivo sintético, sin daño aparente para la pasta cerosa subyacente. El proceso ha resultado suficiente de manera que no ha sido necesario ningún aclarado ni retirada de material residual visible, excepto en dos casos puntuales en los que el adhesivo fue aplicado sobre una zona barnizada de la pieza y ha requerido aplicar una pequeña cantidad del disolvente libre con hisopo para retirar parte del gel que había traspasado la capa de intervención. Figura 233. Estado previo a la intervención de limpieza del modelo Gestación de yegua (MV-681). Fuente propia, 2016. Finalmente, se muestra una imagen del modelo Gestación de yegua (rfa. MV- 681) completo antes de realizar la intervención de limpieza (fig. 233) y, a continuación, dos fotografías de las dos piezas que componen el modelo, una vez finalizada la eliminación del particulado atmosférico y los materiales no originales (fig. 234). 8. Estudio experimental 1: Testado para sistemas de limpiezas 382 Figura 234. Las dos piezas que componen el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681) tras el proceso de limpieza y la eliminación de materiales no originales. Fuente propia, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 383 9 ESTUDIO EXPERIMENTAL 2: FORMULACIÓN DE NUEVAS PASTAS DE CERA Y CARACTERIZACIÓN DE LOS ADHESIVOS as esculturas realizadas con la técnica de la ceroplástica presentan una problemática muy diferente a las creadas mediante la elección de otros materiales artísticos, en especial, en lo que respecta a las adhesiones de fragmentos cuando se ha producido algún daño en ellas. Como consecuencia de fluctuaciones constantes y bruscas en el ambiente expositivo o de almacenaje donde se encuentran los modelos tridimensionales de cera, se han producido ciclos sucesivos de dilatación y compresión, que han ocasionado la formación de microfisuras y grietas de diversa entidad. Los factores medioambientales y la propia tecnología de fabricación de las esculturas han derivado también en otros deterioros, como la separación entre capas o el desprendmiento puntual de pequeños fragmentos de pasta cerosa, como ocurre en detalles anatómicos como los vasos sanguíneos o las finas membranas. A menudo, los cambios de ubicación, el propio uso didáctico de los modelos anatómicos y los avatares sufridos por las colecciones, han favorecido la aparición de daños. Por desgracia, en estas colecciones es común el extravío de los fragmentos desprendidos y, cuando se han conservado, los trozos separados se han deformado sustancialmente. Además, es frecuente observar antiguas adhesiones en los modelos anatómicos con ceras naturales o artificiales combinadas con otros aditivos como resinas naturales. Las principales problemáticas que presentan los modelos anatómicos de cera ante la adhesión de fragmentos y el tratamiento de grietas o fisuras con materiales diferentes a las ceras son los que a continuación se señalan: una dificultad notable para conseguir una adhesión satisfactoria con la mayoría de los productos empleados en el campo de la conservación- L 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 384 restauración; la falta de continuidad y coincidencia de las superficies a adherir a causa de las deformaciones y faltas matéricas; y la sensibilidad que muestra el material ceroso al ejercer la presión necesaria para mantener unidas las dos partes a unir del modelo durante el curado del adhesivo. Las pastas de cera virgen de abejas tienen como propiedades más destacables una alta condición hidrófoba y una polaridad baja que dificultan la formación de las fuerzas intermoleculares necesarias para una adhesión efectiva (Lang, 2011: 147). Además, todos aquellos adhesivos que requieran de una reacción exotérmica en el proceso de curado pueden interferir con la pasta original del modelo, puesto que el punto de transición vítrea aproximada de las pastas de cera es de 40 º C y se funde completamente cerca de los 69-70 º C. Por otra parte, la adhesión de fragmentos suele ser muy complicada independientemente del producto adhesivo empleado, ya que a menudo los bordes del fragmento suelen estar deformados y las superficies a unir ya no coinciden. Las deformaciones son más pronunciadas en piezas fracturadas que llevan tiempo separadas de su lugar original, especialmente cuando las circunstancias de conservación han sido poco adecuadas, pues habitualmente estos fragmentos se almacenan en lugares inapropiados, con una gran oscilación térmica. Corregir la deformación de los fragmentos para favorecer la adhesión es muy complicado y, dada la naturaleza de la cera, prácticamente imposible en la mayoría de los modelos anatómicos. La rigidez de las pastas envejecidas y la capacidad termoplástica de la cera virgen de abejas sugieren utilizar una metodología basada en la aplicación de calor controlado en casos puntuales para lograr un cierto ablandamiento del fragmento que ayude a adaptarlo de nuevo a la forma original manualmente (Gabbriellini et al., 2009: 65-66; Pradier, 2011: 128-129). Sin embargo, debido a que las pastas de cera poseen una mala conductividad térmica como consecuencia del tipo de estructura molecular y de la heterogeneidad de sus componentes (algunos componentes de la cera virgen de abejas tienen su punto de transición vítrea en valores más elevados, como el palmitato, que se acerca a los 53 º C), el comportamiento ante una fuente de calor constante es irregular y el proceso es muy arriesgado y difícil en términos de conservación. Cuando se trata de conseguir el ablandamiento integral de todo el fragmento introduciéndolo en un horno a una temperatura controlada cercana a la temperatura de transición vítrea de la pasta de cera o aplicando calor controlado con una pistola de aire caliente sobre todo el fragmento de manera uniforme, los resultados no son satisfactorios. Las pastas de cera responden volviéndose maleables por estratos o capas, es decir, que es necesario que la superficie haya superado su punto de transición vítrea y haya comenzado a derretirse para que el estrato subyacente comience a ser maleable92. Por esta razón, tampoco es posible eliminar fácilmente una irregularidad en el borde de una fractura con un flujo de calor puntual usando, por ejemplo, una espátula caliente o una pistola de calor a temperatura regulable. Debe tenerse en cuenta que algunas piezas o fragmentos deformados de los modelos anatómicos pueden responder mejor que otros ante la aplicación de calor, como los detalles correspondientes a las arterias o a los vasos sanguíneos de un grosor determinado y con forma homogénea y regular. En este caso, algunos autores realizaron pruebas con los siguientes métodos: introducir la pieza en un recipiente con flujo controlado de aire caliente; ablandar con 92 Debe tenerse en cuenta que la capacidad calorífica de la cera de abejas se encuentra en parámetros cercanos a los 3,4 kJ/kg. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 385 un tejido empapado en agua caliente y de manera local la zona deformada del fragmento; o tratar de devolver a su posición original con la aplicación puntual y controlada de un flujo de aire caliente. Los resultados indicaron que la opción más adecuada para eliminar la deformación de la arteria era aplicar un flujo de aire caliente emitido por un Leister® (una pistola que emite un flujo de aire caliente controlado), trabajando con la temperatura más baja y a una distancia de unos 10 centímetros del fragmento. La operación requería repeticiones para conseguir un proceso gradual. Las otras dos opciones no dieron buenos resultados: no fue posible obtener una temperatura adecuada para el ablandamiento localizado con la introducción del objeto en una cámara, puesto que se reblandecía todo el fragmento y con el método de los tejidos con agua caliente, el contacto prolongado del agua sobre el barniz provocó la aparición de un ligero blanqueo en la superficie de la pieza de cera (Pradier, 2011: 128-129). A excepción de casos como las arterias o estructuras anatómicas similares, los fragmentos tendrán, por lo general, diferentes espesores y componentes en función del estrato -las capas externas del fragmento tendrán un punto de transición vítrea más elevado al contener mayor proporción de resina que los estratos subyacentes-, lo que generará un comportamiento irregular ante la misma fuente de calor. Además, las contracciones y dilataciones ante una fuente de calor serán heterogéneas y bruscas, por lo que se podrían generar nuevos deterioros en las zonas próximas al tratamiento. Otra situación habitual es la pérdida de material correspondiente a la superficie de unión como consecuencia del impacto que causó la rotura o el deterioro con el paso del tiempo. La dificultad para unir los planos de las piezas o de las dos superficies solo puede solventarse creando áreas de contacto con una reintegración volumétrica puntual, pero la respuesta material ante los productos adhesivos será diferente entre la pasta de cera original del modelo y la nueva pasta de relleno en las zonas con pérdidas matéricas. En cuanto a la sujeción de los fragmentos o elementos a unir durante el tiempo de adhesión, en la mayoría de los casos el propio material ceroso no permite la colocación de pinzas, gatos o cualquier otro sistema de sujeción mediante presión localizada. Ejercer presión durante el curado del adhesivo -ya sea mediante polimerización o mediante evaporación- puede generar deterioros como deformaciones, aplastamientos o la creación de marcas superficiales. Además, las representaciones anatómicas de algunas estructuras de los modelos, como las fascias, las membranas o los vasos sanguíneos o linfáticos, a menudo fueron colocados sobre el estrato subyacente sin apoyar completamente y dejando zonas huecas. Cualquier presión mínima sobre estas estructuras dará lugar a una fisura, grieta o a su destrucción total. Obviamente, estas complicaciones aumentan cuanto más fino es el grosor de la pasta de cera a adherir y es especialmente complicado en las piezas huecas por la ausencia de una resistencia interna. Prever un comportamiento físico general frente a los materiales adhesivos tampoco es posible debido a que la tipología de grietas, roturas o deformaciones experimentadas son diferentes en cada pieza. Sin embargo, se puede apreciar una pauta de fractura: en la mayoría de los bordes de las grietas y roturas en las esculturas huecas presentan generalmente un aspecto liso y de bordes definidos similares a los que experimenta un vidrio o una porcelana, con descamaciones o astillado en algunos casos. Se ha observado esta característica especialmente en los modelos huecos con pastas de cera de grosores que oscilan entre los 15 y 30 mm. Para seleccionar los adhesivos, se ha tenido en cuenta la información aportada por la literatura científica de referencia. Una de las observaciones que se ha realizado durante la revisión 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 386 bibliográfica es la sustitución de los materiales adhesivos por una metodología de unión de grietas o fracturas con calor y ceras minerales o sintéticas en instituciones de referencia. El Opificio delle Pietre Dure (OPD) propuso la aplicación puntual de una fuente de calor con la ayuda de una espátula térmica regulable para cerrar las grietas en un modelo vegetal realizado en cera, ayudándose puntualmente de los restos de cera parafina añadidos a la pieza en una restauración anterior (Rossi, 2006: 268). También se propuso el empleo de una espátula térmica regulable con puntas de diferentes formas y tamaños, para realizar las uniones necesarias entre pequeños puntos a lo largo de los dos bordes de una fractura en un modelo en cera patinado de Benvenuto Cellini (Angellotto et al., 2007: 75). En otras ocasiones, las espátulas calientes se han complementado con la adición de una pasta de cera de reintegración volumétrica, como cera parafina líquida, que permitió rellenar las grietas a la vez que quedaban cerradas (Gabbriellini et al., 2008: 229). Sin embargo, algunos autores no recomiendan la soldadura o unión de las fracturas de la cera original con calor para evitar las deformaciones, sino por la acción de disolventes como el White spirit, el aguarrás, el tetracloruro de carbono, etc. Una desventaja de los disolventes apolares es su capacidad para producir uniones únicamente de una resistencia media, pero tienen la ventaja de no ensuciar las juntas de unión y de ser reversibles mediante tensión mecánica (Colinart et al., 1987: 76-78). En este estudio, ha sido descartada la adhesión mediante espátula térmica y se ha optado por materiales adhesivos alternativos a las pastas de cera y a la aplicación de calor. Con respecto a los materiales adhesivos, se ha observado que la bibliografía propone diferentes tipos de estudio: los materiales adhesivo ensayados con probetas y testados de manera directa en el modelo anatómico. Además, se distinguen dos tipos de testados con probetas: unas se adaptan a un tipo de ensayo mecánico y se realizan con el instrumental adecuado para ello y las otras son testadas adhiriendo las probetas y comprobando su resistencia mecánica ante una presión manual. Los estudios con instrumental de ensayo tienen la ventaja de proporcionar valores cuantitativos sobre el comportamiento de los materiales que permiten comparar numéricamente los resultados. Los inconvenientes son la necesidad de adaptar la probeta a la máquina de ensayo y la necesidad de colaborar con las personas cualificadas y experimentadas en las técnicas experimentales empleadas, que colaborarán con el conservador-restaurador en la interpretación de los resultados. Los estudios con probetas caracterizadas de manera manual solo permitirán obtener datos cualitativos y su interpretación dependerá de las sensaciones y conocimientos de la persona que realiza el ensayo manual. Si bien, los resultados son más difíciles de extrapolar a otras colecciones, son más fáciles de realizar puesto que no se depende de un instrumental de ensayo y las probetas pueden poseer las características que el investigador considere más oportunas en función de sus necesidades. En esta investigación ambas metodologías de ensayo se estudian denominándolas ensayo mecánico y ensayo manual. Cuando se han estudiado en profundidad las publicaciones sobre los ensayos mecánicos, se ha detectado una ausencia de normalización y estándares para la fabricación de las probetas, debida a que la cera no es un material que se estudie habitualmente en los laboratorios dedicados a la ciencia de los materiales. Por esta razón, la bibliografía publicada sobre el comportamiento mecánico de las ceras en el caso de estudios mecánicos con probetas es heterogénea en cuanto a las metodologías utilizadas y los resultados no pueden compararse entre sí. Sin embargo, se han relacionado y extraído algunas conclusiones útiles que se han considerado en esta investigación: 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 387 - Las colas de origen animal, como la cola de esturión en dispersión acuosa, cuya adhesión es de tipo físico cuando se enfrían, han arrojado resultados positivos en algunas investigaciones, especialmente cuando se aplican en caliente (Lang, 2011: 158-159; Fischer y Eska, 2011: 5-7). Sin embargo, en otros estudios no dieron lugar a resultados satisfactorios, demostrando una ausencia total de adhesividad (Del Moral, 2016: 275 y 434). - Con respecto a los adhesivos de origen artificial, aquellos más adecuados en la mayoría de los ensayos mecánicos con probeta han sido Mowilith 30 (Fischer y Eska, 2011: 8) y PVA, Vinavil 59, Mowital B60HH y Lascaux 498 HV, indicados para piezas de diferentes gramajes (Del Moral, 2016: 448-449). Dentro de los estudios que han ensayado probetas de manera manual, la Fundación Paul Getty publicó, en 1996, los resultados de pruebas de adhesión en discos –fabricados con moldes y partidos manualmente- de tres materiales cerosos, cera de abejas pura, cera parafina y la mezcla de ambas al 50%, con los siguientes sistemas adhesivos: Jade 403 (PVA), cola de carpintero Elmer (PVA), Lepage’s bondfast (PVA), AYAA disuelta en ErOH-acetona al 50% (resina de vinil acetato), Beva 371 en xileno al 75% (Vinil acetato etileno), Acyloid B-72 en acetona 1:1 v/v (acrílico), EHEC/B-72 en etanol (acril eter de celulosa), Lascaux 360 (acrílico), Epo-tek (epoxi bi- componente), adhesivo cerámico (goma/silicona), pegamento termofundible (cera y poliester), cera de abejas, mineral spirits y espátula caliente. Según los resultados experimentales han seleccionado Jade 403 como el material adecuado para sus piezas, realizadas con cera virgen de abejas y talco (silicato de magnesio hidratado) (Ellis et al., 1996: 43-47). También en 2011 fueron realizados en el Instituto Nacional de Patrimonio francés, por Pradier, ensayos con probetas 3 cm de diámetro por 1.5 cm de altura fabricadas con una mezcla de cera de abejas (60%), resina de colofonia (40%) y una cantidad mínima de sebo animal. Las pruebas fueron hechas manualmente, ejerciendo presión para dividir las adhesiones (Pradier, 2011: 105-119). Los productos adhesivos seleccionados fueron Mowillith®DMC2 (PVAC), Pioloform®BM18 (PVB), Paraloid®B72 (resina acrílica) y Aquazol®500 (PEOX), a distintas concentraciones en los disolventes adecuados: agua desmineralizada para Mowilith®, isopropanol y etanol para Pioloform®, etanol para Paraloid® e isopropanol y agua desmineralizada para Aquazol; además, se incluyó cola de esturión al 3% en agua desmineralizada. Los resultados valoran entre satisfactoria y no satisfactoria la adhesión y descartan Mowilith® y cola de esturión por ser poco resistentes, Paraloid® por ser el más fuerte y Aquazol® por tener una resistencia media y arrancar la materia. El Pioloform® al 40% en etanol ha sido considerado el más indicado (Pradier, 2011: 129-133). A continuación, se han sintetizado los estudios con ensayos de tracción, con información sobre las características de las probetas, los materiales adhesivos testados y de los resultados obtenidos (Tabla 23). También se aporta una tabla con los resultados y condiciones de los estudios con probetas ensayadas manualmente (Tabla 24). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 388 93 93 La medida N/mm2, en el parámetro de Tensión media de rotura, expresa la resistencia mecánica del material al recibir la fuerza de tracción. Tabla 23. (Lang, 2011: 153-156) 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 389 94 94 La variedad y cantidad de datos sobre los valores expuestos en la tesis doctoral de Nerea Del Moral son demasiado amplios para reflejarlos en esta tabla. Para establecer una comparación con los otros estudios, se indican los valores medios de la tensión máxima y del módulo elástico, expresados en kPa, soportada por cada material, así como la de la pasta de cera reproducida sin envejecer. 94 Tabla 23. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 390 Tabla 24. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 391 También han resultado de gran utilidad para la selección de los adhesivos a testar en esta investigación, los estudios e intervenciones de instituciones donde no se ha realizado un estudio con probetas. En la intervención realizada en la colección de botánica de la universidad de Florencia, consistente en pequeños modelos de flores y frutas de cera y otros materiales, se decantaron por el empleo de Acril 33 en las descamaciones de las zonas policromadas – probablemente en láminas muy finas de cera resina pigmentada-, y por el Mowilith 20 en etanol y Araldit HV427, para realizar las adhesiones de los fragmentos desprendidos (Fiorini et al., 2008: 43). En la colección del Museo de Anatomía Patológica de Florencia, para unir las fracturas de la mano en el modelo anatómico Tumore della parti molli del braccio del siglo XIX, han empleado una silicona transparente –previa protección de los bordes de unión con Tylosa (Metilcelulosa)-, por su facilidad de aplicación y porque la espátula térmica ha sido considerado demasiado agresivo, dada las dimensiones de las fracturas (Gabbriellini et al., 2009: 68). En la pieza Maschera dell’Imperatore Alessandro, realizada hacia el año 1920, se ha empleado un adhesivo que pudiera cumplir uniones hidrófilas y lipófilas al mismo tiempo, pues esta escultura dispone de una capa de pasta de cera sobre un alma de yeso, y este último material ha experimentado cambios dimensionales debido a su elevada higroscopicidad ante un ambiente húmedo, dando lugar a una separación entre los dos estratos. El Acrylkleber 498-20X, de la casa Lascaux, parece haber cumplido las expectativas, debido a que este producto es una combinación de Plextol D498, dispersión acuosa afín al yeso, y xilol, un derivado del benceno es afín a los materiales como la cera95 (Berzioli et al., 2010: 12-13). En el caso del modelo anatómico de un Esqueleto con alma metálica, obra de Clemente Susini perteneciente al Museo de La Specola de Florencia, la intervención de consolidación y adhesión de la pasta de cera al metal, del cual se estaba desprendiendo, ha sido realizada con una resina polivinílica en fase alcohólica comercializada como resina E330 (Afra et al., 2013: 301). Los modelos en cera realizados por Anne Marie Carl- Nielsen (1863–1945), han sido intervenidos con Evacon™R, por ser flexible y poseer lo que la autora denomina un “pH neutro” – es decir, un pH similar al de la superficie escultórica-; las grietas grandes fueron estabilizadas con Lascaux adhesivo cera 443-95, que se empleó fundamentalmente como relleno, empleando espátulas térmicas de manera puntual (Gramtorp et al., 2013: 105-106). Con respecto al uso de resinas epoxídicas, la EPO 155 (resina epoxídica bicomponente de una elevada elasticidad) ha sido empleada con éxito en la intervención de adhesión de un Despellejado de cera en la Universidad de Parma, gracias a su facilidad de manejo con espátula –especialmente si se añade una carga como la sílice microlizada- y porque no experimenta contracción durante la polimerización (Gabbriellini et al., 2013: 48-49). Para la adhesión de fragmentos y grietas en la intervención realizada en la Colección del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, han sido empleados dos tipos de materiales, Lascaux adhesivo cera 443-95 para los fragmentos de poco peso, como venas o capas finas desprendidas; y PVA en las uniones donde el peso a soportar por el adhesivo era superior (Sánchez, 2015: 45). La intencionalidad de emplear adhesivos de origen natural queda patente en la bibliografía consultada, siendo la cola de pescado aplicada en caliente aquella que ha demostrado mejores resultados. El propóleo en etanol ha sido empleado con éxito en algunas intervenciones, aunque suele tratarse de piezas pequeñas, como sellos antiguos para los que usaron propóleo al 20% en 95 Debe tenerse en cuenta, a la hora de utilizar este producto, que los hidrocarburos aromáticos, en especial aquellos con anillos bencénicos, son altamente reactivos con algunos componentes de la cera, como los ésteres o los ácidos grasos. En la intervención de restauración en el museo veterinario UCM ha sido utilizado Acrylkleber®498HV, que no tiene anillo bencénico. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 392 etanol (De la Forest, 2012: 170-172). Sin embargo, la bibliografía consultada parece inclinarse por los adhesivos sintéticos como productos más eficaces en la unión de piezas de cera. Por último, una de las revisiones bibliográficas más recientes sobre los adhesivos y consolidantes empleados en la conservación de patrimonio realizado con cera como material mayoritario, se encuentra centrada en los sellos y los moulages. La autora contrapone los resultados de diferentes investigaciones sobre algunos materiales adhesivos y consolidantes empleados en la conservación de ceras, como sucede con el Evacon™R. Los productos para el tratamiento de grietas considerados más eficaces y reversibles por la mayoría de las fuentes consultadas en este estudio fueron el Aquazol®500, Evasol® y la cola de esturión (Isinglass). El Lascaux 360HV (actualmente sustituido por el 303HV) también es citado por varios autores, pero la autora no lo recomienda por no ser soluble en agua limitando su reversibilidad (Angelova, 2019: 170). Se ha considerado también importante exponer los resultados sobre los materiales adhesivos observados durante la intervención de conservación y restauración realizada en los modelos en ceroplástica de anatomía humana del Museo de Anatomía “Javier Puerta” de la Facultad de Medicina de la UCM, realizada dentro del Proyecto de Investigación del Plan Nacional, referencia HAR2009-10679, El arte de la ceroplástica anatómica: caracterización de materiales y metodología de actuación en conservación de colecciones de modelos anatómicos en cera. Se enumeran a continuación los aspectos más relevantes: - Ineficacia de algunos adhesivos aplicados en dispersión acuosa, tanto naturales y sintéticos – como la cola de esturión o la resina acrílica comercial Lascaux®498HV-, en fragmentos con un peso aproximado de 10 gramos o más. - Eficacia de la resina acrílica comercial Paraloid® B72 dispersa en una mezcla disolvente de etanol/acetona en piezas con pesos superiores a los 20 gramos. Sin embargo, parece que depende de la forma de la rotura y de las características del modelo, pues en algunos casos se trata de una adhesión temporal, después de un corto periodo de varios días a un mes, las uniones no han soportado las tensiones, en especial en piezas dotadas de vástago metálico original. - Eficacia de la resina epoxídica comercial EPO 155 en grietas y unión de fragmentos pesados superiores a 20 g. La adhesión se ha complementado con un cosido a base de tiras de papel japonés embebidas en Paraloid® B72-etanol/acetona y colocadas en la cara interna de los fragmentos con pesos superiores a los 50g. - Complicaciones para mantener en contacto los fragmentos durante el tiempo necesario de solidificación de los adhesivos. En algunos casos, el empleo de una resina epoxídica (que necesita un promedio de 20 horas para solidificar) junto con el sistema de cintas de Kinesiología y algodón para evitar el desplazamiento de los fragmentos, no ha resultado suficiente. Como solución han sido colocados algunos puntos de refuerzo con una dispersión muy viscosa de Paraloid B72 en acetona-etanol absoluto (cercano al 50% resina-disolvente). La velocidad de evaporación del disolvente (especialmente si solo era acetona, y dependiendo de la temperatura y humedad ambientales) del producto acrílico lo vuelve adhesivo tras un tiempo aproximado de 1 minuto. Una síntesis de esta información sobre el empleo de los adhesivos en las instituciones con piezas de cera se ha expuesto de manera sintética en la tabla (Tabla 25): 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 393 Tabla 25. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 394 Tabla 25. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 395 Tabla 25. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 396 Tabla 25. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 397 9.1. Formulación de la pasta de cera y elaboración del molde Con la finalidad de solventar la dificultad señalada en relación con las adhesiones de fragmentos en las esculturas de cera que forman parte de las colecciones del Museo Veterinario Complutense, se ha incluido en esta investigación un estudio experimental basado en un ensayo con probetas. Para obtener unos resultados cuantificables que pudieran ofrecer una información útil, estas han sido ensayadas con una máquina de tracción uniaxial en colaboración con el personal del Laboratorio de Materiales de la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos, perteneciente a la Universidad Politécnica de Madrid. Los resultados de los ensayos han sido analizados e interpretados, elaborando además un estudio microestructural de las superficies cerosas sometidas a tracción. La imposibilidad de disponer de un fragmento original de las obras estudiadas para llevar a cabo este tipo de análisis, dado que la técnica a utilizar conllevaría la pérdida irreversible del mismo, ha sido necesaria la recreación de la pasta cérea, así como la fabricación de un molde metálico en el que moldear esta pasta con la forma requerida para las probetas. Una vez fabricadas, han sido separadas por su fuste y adheridas con siete materiales adhesivos empleados en el campo de la conservación y restauración de obras de arte: seis de ellos se utilizan habitualmente en tratamientos de objetos en cera y el séptimo ha sido utilizado tradicionalmente en materiales como el vidrio o la cerámica. Aunque este último, el cianocrilato, sea un adhesivo agresivo para las pastas cerosas, ha sido elegido para obtener datos cualitativos y cuantitativos de una adhesión extrema. Se espera una adhesión muy potente gracias a que experimenta una reacción exotérmica durante su polimerización, cuyo comportamiento servirá como referencia para evaluar la capacidad de adhesión del resto de materiales. 9.1.1. Estudio comparativo de las pastas cerosas, original y nueva La reproducción de probetas para el testado de los materiales adhesivos seleccionados ha requerido buscar una nueva pasta cerosa con características similares a las de la pasta original. Para seleccionar una formulación adecuada, se han consultado los documentos de archivo y la literatura técnica de referencia. La información obtenida de los legajos conservados en el Archivo Histórico General de la UCM, como fuente primaria, ha sido de gran ayuda para conocer los materiales que emplearon los artífices en la creación de cada modelo anatómico. Asimismo, los datos obtenidos del estudio de caracterización físicoquímica y de los estudios diagnósticos de los modelos anatómicos de cera pertenecientes al Museo Veterinario Complutense, han permitido conocer su estado material y la evolución que experimentan las pastas cerosas con el paso del tiempo. Para seleccionar una pasta de cera similar a la pasta escultórica original de los modelos conservados en el Museo Veterinario Complutense, se consultaron varios tratados contemporáneos a la ejecución de las esculturas, de donde se pudo extraer el dato concreto de las proporciones aproximadas de cada material componente de la pasta. Se han seleccionado varias referencias de pastas de cera que se utilizaban en los talleres de la época en que se fabricaron los modelos veterinarios: la formulación publicada en El arte del cerero, de Duhamel du Monceau (Duhamel du Monceau, 1777: 334), las proporciones empleadas en La Specola de Florencia, 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 398 referenciadas en las notas de Wichelhausen (Wichelhausen, 1798: 104-105), y la formulación propuesta por Bonells y Lacaba para la pasta cérea utilizada en el gabinete anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos, en Madrid (Bonells y Lacaba, 1820: 500) (Tabla 26): Tabla 26. Formulación de pastas de cera en la literatura de referencia Duhamel du Monceau (1777) Wichelhausen (1798) Bonells y Lacaba (1820) Partes Material Partes Material Partes Material 10 Cera amarilla de abeja 10 Cera de abeja blanqueada 6 Cera blanca de abeja 1 Trementina 1 Trementina de Venecia 3 Trementina de Venecia 1 Pez de Borgoña96 1 Grasa o sebo animal 1 Manteca 1 Manteca x Aceite de oliva Nota: “X” se refiere a una cantidad variable a valorar por el ceroescultor. La formulación propuesta por Bonells y Lacaba fue testada, en 2016, para reproducir con moldes de yeso la técnica ceroplástica madrileña. La investigación tenía como objetivo comprender la tecnología de fabricación de un modelo anatómico de un feto humano. La pasta de cera utilizada siguió la receta indicada por el anatomista y el resultado obtenido fue un modelo anatómico con un acabado excesivamente oscuro y tacto mordiente: seis partes de cera virgen, tres partes de trementina de Venecia y una parte de manteca de cerdo. Después de realizar varias combinaciones de los componentes para adaptar la plasticidad de la pasta de cera, la mezcla considerada más adecuada fue 95% de cera virgen de abejas, 4% de Trementina de Venecia y 1% de manteca de cerdo. Se obtuvo de esta manera una pasta con cualidades aceptables para la reproducción del modelo (Sánchez y Matia, 2016: 324-325). Esta experiencia demostró que las recetas tradicionales debían ser adaptadas para poder aplicarlas a los objetivos actuales, como la reproducción de probetas para los ensayos mecánicos. En esta investigación, la pasta ha sido adecuada para su uso en el molde metálico que atribuye la forma a cada una de las probetas. En primer lugar, han sido testadas las propuestas de Duhamel du Monceau y Wichelhausen, puesto que no incluyen la cera de abejas blanqueada en sus formulaciones y en las listas de materiales solicitadas por el “Laboratorio de piezas” de cera de la Real Escuela de Veterinaria es más abundante la virgen que la blanqueada. Se muestran en la tabla las proporciones de cada material expresadas en gramos para 100 g de pasta de cera y para 115 g, lo que se calcula que se necesita para una probeta más unos gramos de margen (Tabla 27). El resultado ha sido, en los dos casos, una pasta muy maleable y dúctil que se adhería en exceso a cualquier superficie, incluso a temperaturas ambientales cercanos a los 20 º C, dando lugar a la rotura del material dentro del molde de la probeta (fig. 235). 96 Mezcla de resina blanca (resina de colofonia) derretida junto con la trementina y el aceite de mismo árbol. En este estudio se ha sustituido por resina de colofonia. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 399 Tabla 27. Recetas propuestas por Duhamel du Monceau y Wichelhausen Duhamel du Monceau (1777) Wichelhausen (1798) Proporción Material Densidad () Proporción Material Densidad () Partes 115 g 100 g g/cm3 Partes 115 g 100 g g/cm3 10 92 g 80 g Cera amarilla 0.95 10 100 g 87 g Cera amarilla 0.95 1 9.2 g 8 g Resina de colofonia 1.11 0 0 g 0 g Resina de Colofonia 1.11 1 9.2 g 8 g Trementina de Venecia 1.02-1.04 1 10 g 8.69 g Trementina de Venecia 1.02-1.04 0.5 4.6 g 4 g Sebo de cerdo 0.89 0.5 5 g 4.34 g Sebo de cerdo 0.89 x 0 g 0 g Aceite vegetal x Nota: 115 cm3 equivalen aproximadamente a 109.2 g de mezcla. 115 cm3 son los estimados necesarios para rellenar una sola vez el molde de las probetas. Ante un testado manual, ambas formulaciones (Tabla 27) dieron como resultado una pasta de color amarillento-ocre, con una superficie ligeramente adhesiva (untuosa) y con un módulo elástico elevado. Se observó una progresión del endurecimiento del material ceroso y una menor adhesividad de la superficie en función de la temperatura y del tiempo. En consecuencia, parece que a la misma temperatura y pasadas las 72h, ambas pastas eran más duras y quebradizas que cuando se enfriaron por completo. Así pues, las formulaciones de la nueva pasta de cera fueron adaptadas para obtener resultados satisfactorios en la elaboración de las probetas. Cada una de las variaciones se ha denominado nueva fórmula y se le ha asignado un número, para poder identificarlas. En este sentido, para evitar la elevada plasticidad y untuosidad de las recetas de Duhamel du Monceau y Wichelhausen, se han variado obteniendo una pasta con diferente porcentaje de resina de colofonia (Tabla 28). El resultado obtenido no fue el esperado y por esta razón fue formulada una nueva pasta cérea con una cantidad de resina de colofonia ligeramente mayor, en concreto el doble de cantidad con respecto a la formulación original. Al no observar cambios relevantes, se realizó otra variante añadiendo una proporción de resina equivalente a la de cera de abejas. Finalmente, se observó que, de manera contraria a la esperada, la resina de colofonia parecía añadir untuosidad a la pasta final. La mezcla nueva fórmula 1 parece resultar menos untuosa al tacto y ligeramente menos elástica. Sin embargo, no se ha apreciado una diferencia con respecto a la dureza de la formulación original. Igualando el porcentaje de cera y resina nueva fórmula 2 se ha observado Figura 235. Muestra de cómo la nueva pasta cerosa es demasiado dúctil y maleable. Fuente propia, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 400 un ligero endurecimiento pasadas las 72h, pero la elasticidad no ha disminuido de modo apreciable. Tabla 28. Variaciones sobre la receta original para conseguir una pasta menos untuosa y dúctil Nueva fórmula 1 Nueva fórmula 2 Material Partes 115 g 100 g Partes 115 g 100 g Cera amarilla 10 85.19 74.07 5 50 43.47 Resina de colofonia 2 17.03 14.81 5 50 43.47 Trementina de Venecia 1 8.51 7.40 1 10 8.69 Sebo de cerdo 0.5 4.25 3.70 0.5 5 4.34 Aceite vegetal 0 0 0 0 0 0 Puesto que no se puede saber con seguridad si la cera de abejas se empleaba virgen, blanqueada o combinando una mezcla de ambas y atendiendo a la necesidad de llegar a una pasta con una elasticidad ligeramente inferior a la conseguida hasta el momento, se ha propuesto la incorporación de cera de abejas blanqueada, esperando que los procesos de blanqueamiento modificasen las propiedades físicoquímicas de la cera virgen restándole un poco de plasticidad y aclarando la tonalidad final. La nueva receta nueva fórmula 3 se asemeja a la pasta de cera propuesta por Bonells y Lacaba, aunque se ha mantenido la adición de resina de colofonia (Tabla 29). Tabla 29. Nueva fórmula 3 Material Partes 115 g 100 g Cera amarilla 10 51.11 44.5 Cera blanca 10 51.11 44.5 Resina de colofonia 1 5.11 4.4 Trementina de Venecia 1 5.11 4.4 Sebo cerdo 0.5 2.55 2.3 Al considerar infructuosos los resultados de manipular las proporciones de resina de colofonia para conseguir una pasta menos maleable a temperatura ambiente, se ha desarrollado la mezcla sin esta sustancia para estudiar la plasticidad y capacidad elástica de la pasta. Tabla 30. Nueva fórmula 4 y 5 Nueva fórmula 4 Nueva fórmula 5 = SELECCIONADA Material Partes 115 g 100 g Partes 115 g 100 g Cera amarilla 10 51.11 44.5 10 50 43.47 Cera blanca 10 51.11 44.5 10 50 43.47 Resina colofonia 0 0 0 Trementina de Venecia 2 10.22 8.8 1 10 8.7 Sebo de cerdo 0.5 2.55 2.5 0.5 5 4.34 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 401 La nueva fórmula 5 ha sido la mezcla con la que se han obtenido los mejores resultados (Tabla 30). Parece que la incorporación de cera de abejas blanqueada ha supuesto un aumento de la rigidez de la pasta. Eliminar la resina de colofonia ha permitido restar maleabilidad y untuosidad a las probetas. 9.1.1.1. Ensayo fractográfico y microestructural para comparar la pasta original y la nueva La nueva pasta se ha sometido a un testado mediante ensayo fractográfico y microestructural con microscopía óptica de barrido (SEM). El objetivo del estudio ha sido obtener información para determinar si la nueva pasta de cera seleccionada presentaba unas condiciones superficiales similares a la pasta de cera original. La semejanza o diferencia entre ambas puede justificar el buen o mal comportamiento de las adhesiones. La cera virgen de abejas es un material natural, segregado por insectos a temperatura ambiente y que cristaliza en las mismas condiciones atmosféricas. En algunas publicaciones, se muestra el aspecto superficial de la cera, un compuesto heterogéneo caracterizado por tener largas cadenas de hidrocarburos que están interconectadas de manera intensa, lo que explica su elevada dureza y la resistencia a la conductividad eléctrica. En las micrografías SEM (fig. 236 y 237), obtenidas con el microscopio electrónico, se puede observar la distribución laminar o por placas superpuestas de la cera virgen de abejas sin envejecer, además de la estructura coloidal y formada por crestas y valles consecuencia de una estructura amorfa y heterogénea (Hossain et al., 2009: 34-36). Figura 236. Muestra de cera de abejas que muestra variaciones topográficas en la superficie. Condición: Vacc=10kV, Mag=x250, WD=12,2mm. 2008. Micrografía SEM. Fuente: Hossain et al., 2009. Figura 237. Muestra de cera de abeja a 1100 aumentos. Observación de la superficie de la cera de abejas en la que se pueden observar las crestas y valles irregulares. Condición: Vacc=20kV, Mag=x1,10k, WD=12,4mm. 2008. Micrografía SEM. Fuente: Hossain et al., 2009. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 402 En otro estudio, la caracterización de la superficie de la cera de abejas se realizó mediante microscopía electrónica de barrido y se estudió el comportamiento de la superficie cerosa sin envejecer ante una fuente controlada de calor. La imagen (fig. 238) muestra la matriz continua de cera de abejas sólida con algunas bolsas de aire. Los resultados del estudio indican que dicha matriz se funde, capa a capa, a medida que la temperatura se eleva por encima del punto de fusión de la cera de abejas, en lugar de hacerlo de manera homogénea en un estrato completo (Dinker et al., 2017: 10530- 10531). La ausencia de conductividad eléctrica de la cera puede sugerir que una posible reacción exotérmica superficial, generada durante la polimerización de un material adhesivo, permanecería en un estrato muy fino -quizás de micras- , y no debería afectar a los estratos subyacentes. Una superficie similar a la cera de abejas sin envejecer a la que alude la bibliografía técnica se ha podido encontrar en las muestras de la pasta de cera nueva seleccionada para fabricar las probetas de ensayo, pero únicamente cuando las superficies cerosas han sido fracturadas de manera manual (fig. 239 y 240). Figura 239. Fuste ensayado de la probeta que se observó con SEM (en la figura 6). Fuente propia, 2017. Figura 240. Resultado del estudio SEM de una zona del fuste ensayado. Fuente: Antonia Martín Sanz (Departamento de Ciencias de Materiales de la UPM). Figura 238. Microestructura cerosa. (SEM, Make-Nova Nano) con una resolución de 5000X-2000X. Fuente: Dinker et al., 2017 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 403 Sin embargo, cuando se examinan las superficies de los fustes divididos en dos partes, el aspecto de su superficie es muy diferente (fig. 241). Tanto en las muestras no metalizadas como en aquellas metalizadas, la rugosidad desaparece y se observa una topografía esferular e irregular (fig. 242). Con el fin de comparar los resultados obtenidos del testado llevado a cabo en las pastas de cera una vez se ha observado la superficie, se han comprobado las diferencias en un estudio fractográfico y microestructural con microscopía óptica de barrido (SEM). Considerando conveniente extraer una pequeña muestra de cera original, se ha seleccionado la zona trasera del modelo Gestación de yegua (MV-683) (fig. 243). La muestra ha sido dividida en dos fragmentos para evaluar los efectos del metalizado sobre la pasta de cera original y poder compararlos con los de la muestra sin metalizar. Como inconveniente, debe tenerse en cuenta que el microscopio óptico podrá tomar las imágenes a menos aumentos en la muestra no metalizada. En las imágenes SEM se ha observado una topografía esferular, más marcada en la muestra metalizada, probablemente debido al propio proceso de metalizado, y una ausencia generalizada de porosidad o grietas. Algunas zonas muestran superficies esferulares, pero ligeramente comprimidas, debido a la manipulación y el modelado del material (fig. 244). La ausencia de poros y otras irregularidades confieren a las superficies cerosas una destacada hidrofobicidad y una superficie lisa que no permite la formación de las fuerzas intermoleculares. Estas características indican que las condiciones superficiales a nivel microestructural de la pasta de cera nueva analizada Figura 241. (Izquierda) fuste de la probeta sin metalizar. (Derecha) fuste de la probeta metalizado. Fuente propia, 2018. Figura 242. Superficie cérea de la probeta. Estudio fractográfico y microestructural con microscopía óptica de barrido (SEM). Fuente: Antonia Martín Sanz (Departamento de Ciencias de Materiales de la UPM). Figura 243. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV 683). Fuente: Luis Castelo, 2016. Figura 244. Muestra de pasta cérea original. Observación con microscopio ótico Dino-Lite. (Izquierda) Muestra sin metalizar, (Derecha) Muestra metalizada. Fuente propia, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 404 anteriormente son similares a la original perteneciente a los modelos del Museo Veterinario Complutense y, por lo tanto, aptas para realizar las probetas. Existe una coincidencia entre la superficie esferular de la pasta nueva y la original (fig. 245). Figura 245. Detalles de la superficie cérea del modelo Gestación de yegua (MV 683), observada con SEM. Fuente: Antonia Martín Sanz (Departamento de Ciencias de Materiales de la UPM). 9.1.2. Selección y optimización del molde metálico La reproducción de las probetas ha requerido de la fabricación de un molde metálico y de unas abrazaderas para la máquina de tracción adaptadas a las proporciones de las probetas. Uno de los retos ha consistido en la modificación de los parámetros expresados en las normativas existentes para las probetas de caracterización de materiales al estar orientadas al testado de materiales rígidos -o menos maleables- habitualmente empleados en el ámbito industrial, como metales o plásticos. Para este estudio se ha contado con la información sobre la forma y dimensiones de las probetas aportada por los estudios previos de Lang, Fischer y Del Moral. En los tres casos, las probetas fueron producidas con dimensiones inferiores a las requeridas en esta fase experimental, pues se ha buscado acercarse a la realidad de los modelos anatómicos veterinarios en cuanto a peso y área de adhesión: con un grosor del fuste que oscila entre los 15 y los 30 mm. Para determinar las proporciones, los autores habían tomado como referencia algunas normalizaciones empleadas en el testado industrial para polímeros plásticos: Lang optó por la ISO 178 y la ISO 527-2, ambas destinadas a los ensayos de flexión y de tracción, respectivamente; Del Moral, se apoya en las normas ISO 572 y ASTM D638, destinadas igualmente a los estudios del comportamiento de plásticos; mientras que el tercer estudio de referencia con probetas, el de Fischer y Eska, no indica si se apoya en alguna norma. Las normas y dimensiones de las probetas empleadas en estas tres investigaciones se han resumido en la siguiente tabla (Tabla 31). Tabla 31. Síntesis de las medidas de los estudios de tracción en la bibliografía Bibliografía Norma empleada Dimensiones probeta Fischer y Eska (2011) Desconocida 120 x 30 x 3 mm Lang (2011) ISO 178 e ISO 527-2 170 x 20 x 6 mm Del Moral (2016) ISO 572 y ASTM D638 Total: 135 x 20 Fuste: 60 x 12.60 mm variación de ISO 527 y ASTM D638 Total: 570 x 120. Fuste: 20 x 4 x 3 mm 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 405 Dado que no se han encontrado referencias sobre una norma estandarizada que regule las dimensiones de las probetas para testar pastas de cera, se ha tomado como referencia los resultados expuestos por Nerea Del Moral en su tesis doctoral, pero sobredimensionando la escala propuesta inicialmente para aumentar la fuerza máxima que pueden soportar las probetas resultantes. En función de los cambios y según la ecuación*, la fuerza máxima de las probetas debía ser de 201.6 N, si tienen un área de 16x14 mm2 y bajo una tensión constante de 900 kPa. * Fmax[N] A [m2] = σmax[Pa] Las probetas se han construido con unas dimensiones finales en milímetros, de una longitud total (LT) de 188, por una anchura (C) de 48. Con un fuste (A) de una longitud de 64, por una anchura (W) de 15 y el mismo espesor (T), como se muestra en la imagen (fig. 246). ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Figura 246. Esquema con las medidas finales de la probeta. Fuente propia, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 406 El molde se ha fabricado en acero inoxidable para poder contener la mezcla de cera y otros materiales líquidos a una temperatura superior a los 60 º C y experimentar la mínima contracción posible al enfriarse. Es importante considerar que la manipulación del molde se hará en caliente y con guantes de horno, por lo que debe ser fácil de montar y desmontar. Se compone de tres partes: el contenedor para dar forma a la probeta, una base desmontable y una tapa con dos niveles que le permite coincidir con el ancho de la pieza que moldea las probetas y no moverse. Todo el conjunto se puede fijar con la ayuda de cuatro tornillos que se insertan con la ayuda de una llave de tipo Allen, en los taladros practicados en la base y la tapa. En las imágenes (fig. 247 y 248) se indican las dos secciones cilíndricas que corresponden a los taladros practicados en la pieza del molde que da forma a la probeta, sirven de guía para que no se den desplazamientos dentro del mismo durante su uso. Figura 247. Base del molde metálico y pieza que define la forma de la probeta. Fuente propia, 2017. Figura 248. Molde de acero montado para recibir la pasta de cera licuada. Fuente propia, 2017. Durante la fabricación de las probetas de pasta cérea, se ha observado que este material sufre una retracción mayor a la del molde metálico, lo que dificulta ligeramente la extracción de la probeta al quedar ligeramente “encastrada” en la zona de unión del fuste con la parte más ancha, correspondiente a la sujeción en mordazas. Además, cabe la posibilidad de que el procedimiento de cortar el fuste en dos de manera manual pueda interferir en los resultados de adhesión. En las pruebas preliminares a este estudio, llevadas a cabo en 2017, las probetas fueron divididas manualmente con una cuchilla una vez se enfriaba la pasta de cera. Probablemente debido a las imperceptibles diferencias de cada corte manuales, en los ensayos con la máquina de tracción se obtuvieron resultados con un elevado índice de dispersión y se comprobó que, en algunas ocasiones, el fuste se había deformado ligeramente y la unión adhesiva no se conseguía en toda el área. Por esta razón, se ha optimizado el molde permitiendo la producción de probetas directamente en dos piezas. Para lograrlo, se ha modificado ligeramente la zona del fuste incluyendo una lámina metálica extraíble que facilita el desmolde de la probeta. La lámina metálica tiene un espesor de 0.3 mm. y queda insertada en dos acanaladuras en la zona correspondiente al fuste de la probeta para evitar su desplazamiento. En las imágenes, se muestra el molde con la división del fuste y un ejemplo de probeta producida con este sistema (fig. 249 y 250). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 407 Figura 249. Molde de acero con la inclusión de la lámina de separación en el fuste. Fuente propia, 2017. Figura 250. Ejemplo de producción de una probeta con el corte a la mitad del fuste. Fuente propia, 2017. 9.1.3. Pruebas para la reproducción eficaz de las probetas Una vez optimizado el molde de acero con el que reproducir las probetas, fueron realizados varios ensayos para encontrar la metodología óptima de fabricación. En primer lugar, se realizaron pruebas para observar los factores que influían durante el enfriado de la pasta de cera, como un descenso brusco de la temperatura ambiente. Para evitar este efecto se optó por mantener el molde tapado hasta el enfriado de la probeta. Inicialmente, se realizaron varias pruebas en las que, una vez montado el molde sin la tapa, se introducía en la bandeja intermedia de un horno eléctrico (de marca Memmert, modelo UM 200), precalentado a una temperatura de 70 º C (fig. 251). Cuando el metal alcanzaba una temperatura cercana a los 70 º C -para no enfriar rápidamente la pasta de cera licuada-, se rellenaba el molde y se tapaba ajustando el sistema con los cuatro tornillos roscados ejerciendo bastante fuerza para evitar que, al mermar el metal por enfriarse, fluyera la pasta de cera aún líquida por la fisura entre la pieza de moldeo y la base (fig. 252). Pasados diez minutos, se procedía al apagado del horno de forma que el calor fuera disminuyendo hasta conseguir la solidificación de la probeta. Este proceso requería aproximadamente de una hora desde la introducción del molde en el horno hasta obtener la probeta sólida. Figura 251. Introducción del molde metálico en el horno para su atemperado previo. Fuente propia: 2017. Figura 252. Vertido de la pasta de cera líquida en el molde metálico caliente. Fuente propia: 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 408 Se puede observar en las imágenes que, al prescindir del peso de la tapa y ajustado de los tornillos después de verter la cera caliente, la pieza de moldeo se separaba de la base, dejando una fisura por la que sufría una pérdida de pasta de cera líquida. Para solucionar este inconveniente se selló el perímetro de la intersección de ambas piezas con masilla adhesiva reutilizable, conocida como blu-tack (fig. 252 y 253). Este fue un requisito para evitar pérdidas de pasta de cera el sellado de las juntas de la pieza que da forma a la probeta con la base. En todos los casos y probablemente debido a la entrada de aire o a la tensión superficial provocada por la tapa, se obtuvieron probetas con agujeros provocados por burbujas de aire. Además, se observó una pérdida de pasta cerosa a través de las juntas del molde, seguramente al no estar atornilladas a presión cuando la pasta de cera estaba licuada (fig. 254). Figura 253. Molde metálico cubierto con su tapa y enfriado dentro del horno. Fuente propia: 2017. Figura 254. Ejemplo de una probeta con burbujas de aire. Fuente propia: 2017. Las siguientes pruebas se efectuaron sin tapar el molde para comprobar si el empleo del horno –que suponía una elevada dificultad de manejo y que requería una nivelación horizontal de la bandeja prácticamente imposible-, era responsable de evitar la contracción del material ceroso o no existía tanta diferencia si se realizaba fuera del horno, siempre precalentando el molde aproximadamente a 70 º C antes de verter la pasta de cera líquida. Prescindir de la tapa superior del molde permitió reducir el tiempo de trabajo a unos 45 minutos, aproximadamente. Los resultados indicaron que no parecía existir una diferencia sustancial entre fabricar la probeta fuera y dentro del horno, siempre y cuando el molde estuviera caliente en el momento de verter la pasta de cera líquida. Así pues, se determinó que la reproducción eficaz de probetas se podía realizar fuera del horno, precalentando el molde en este o en la plancha del hornillo eléctrico. Para evitar incorporar la masilla adhesiva y conseguir una unión perfecta de las piezas del molde que, por otra parte, facilitaría el desmolde de las probetas, se propuso sujetarlas entre sí con varios sargentos (fig. 255), apoyando el molde en una mesa sin inclinación. Figura 255. Sujeción del sistema de piezas que componen el molde con sargentos. Fuente propia: 2017. Figura 256. Probeta considerada adecuada para los ensayos. Fuente propia: 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 409 Los resultados fueron satisfactorios y se experimentó una merma de la probeta muy similar a la resultante cuando se enfriaba lentamente dentro del horno. Además, se simplificó el sistema de fabricación y se disminuyó el tiempo de trabajo a 30 minutos (fig. 256). Como se ha explicado anteriormente, se observó que las dos mitades enfriaban de modo irregular y no se contraían en la misma medida, produciendo fustes que no encajaban; además, parecía percibirse una flexión del fuste hacia arriba. Para solucionar este problema se controlaron los tiempos de enfriamiento del material ceroso, desmoldando la probeta cuando se encontraba en el punto mínimo de contracción y dejándola enfriar completamente bajo un peso homogéneo. Posteriormente, el molde metálico fue modificado para producir las probetas divididas directamente. El resultado es una probeta de color amarillo-anaranjado homogéneo, compuesta por dos partes similares y con el punto de unión en la mitad del fuste (fig. 256). 9.1.4. Producción de las probetas Para obtener las probetas, los ingredientes se han pesado en una balanza de precisión, tratando de pesar las cantidades justas de cada material para evitar que cada probeta tenga una composición diferente y, como consecuencia, un comportamiento distinto ante los ensayos. Como recomiendan Bonells y Lacaba, debe comenzarse por fundir la cera (fig. 258) - en este caso, la cera de abejas blanqueada y la cera virgen amarilla- cuidando de no superar los 70-75 º C, ya que se podrían descomponer algunos constituyentes de la cera y en consecuencia verse alteradas las propiedades plásticas del material. La pasta se ha preparado en un recipiente adecuado y el calor de la placa del hornillo se ha controlado gracias al regulador que incluye el equipo, y situándolo en el nivel 3 de 6. Aunque los autores también indican que la manteca de cerdo y la trementina deben derretirse en recipientes separado y añadirlos después a la cera derretida, en este estudio se han añadido directamente para evitar imprecisiones en las mediciones de las cantidades. Además, dadas las pequeñas cantidades a incorporar y a que los puntos de fusión de ambos aditivos son inferiores a los de la cera de abejas, se han mezclado con esta al Figura 257. Balanza de precisión en la que se está pesando la cera virgem de abejas para la producción de probetas. Fuente propia: 2017. Figura 258. Fundido de las ceras de abejas virgen y blanqueada con la ayuda de un hornillo eléctrico. Fuente propia: 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 410 instante de añadirlos. Trasladando el recipiente metálico desde el hornillo hasta la báscula de precisión (con una base resistente al calor), primero se ha incorporado la trementina, que no ha requerido devolver el recipiente al hornillo porque se ha disuelto al instante y después la manteca de cerdo (fig. 259). Entonces, se ha vuelto a colocar el recipiente en la placa caliente para mantener la temperatura constante hasta su vertido en el molde de la probeta, pues dejar enfriar la pasta y volver a calentarla podría dar lugar a cambios físicoquímicos imperceptibles a simple vista que alteren los resultados en los ensayos de tracción. No se ha considerado necesario filtrar la pasta de cera como recomiendan Bonells y Lacaba, puesto que los materiales son comercializados con un elevado grado de pureza y no se han formado residuos en el fondo del recipiente. Con la pasta de cera preparada, se deben montar las partes del molde metálico que dan la forma a la probeta (fig. 260) y se sellan las juntas con masilla adhesiva reutilizable y resistente al calor, tipo blu-tack, para evitar las fugas de pasta cerosa en estado líquido. Como se ha explicado, previo a realizar el vertido de la pasta líquida en el molde, este se coloca dentro del horno para atemperarlo y que la pasta no se solidifique al entrar en contacto con el metal frío. Se ha calentado hasta la temperatura de fusión ligeramente superior a la de la cera de abejas, 70-75 º C, mientras que el recipiente con la pasta se ha mantenido caliente en el hornillo. Una vez se han alcanzado las condiciones óptimas, se ha extraído el molde del horno con un guante ignifugo y se ha colocado en la superficie horizontal seleccionada para verter la pasta de cera licuada (fig. 30). Figura 259. Adición a las ceras fundidas de la pequeña proporción de Trementina de Venecia. Fuente propia: 2017. Figura 260. Molde metálico preparado para su sellado con masilla blu-tack. Fuente propia: 2017. Figura 261. Fundido de las ceras de abejas virgen y blanqueada con la ayuda de un hornillo eléctrico. Fuente propia: 2017. Figura 262. Sujeción de las piezas que componen el molde de acero con la ayuda de dos sargentos. Fuente propia: 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 411 Colocado el molde en el lugar adecuado, se ha sujetado con sargentos para evitar fugas de la pasta cerosa caliente, capaz de derretir algunos puntos de la masilla adhesiva. Han sido necesarios 20-25 minutos para la solidificación de la nueva pasta dentro del molde metálico. Si bien podría dejarse enfriar un tiempo aproximado de una hora, en este estudio se ha trabajado en tiempos de 30 minutos por probeta debido a la necesidad de producir una elevada cantidad para realizar los ensayos. El desmolde de la probeta ha sido realizado en todos los casos del mismo modo: se han quitado los sargentos, ha sido removida la masilla de sellado con la ayuda de una espátula metálica, se ha extraído fácilmente la pieza que aporta la forma a la probeta y, por último, se ha separado la probeta de la base calentando el molde metálico ligeramente en el hornillo a baja temperatura hasta que la pasta de cera ha permitido separarla ejerciendo una leve Figura 263. Ligero calentamiento del molde metálico para extraer la probeta de cera con una ligera presión manual. Fuente propia: 2017. Figura 264. Probeta de cera nueva obtenida con la metodología descrita. Fuente propia: 2017. presión con los dedos que, en ningún caso dio lugar a deformaciones. En la imagen, puede observarse una probeta producida con la metodología explicada (fig. 264). En uno de los casos en los que la pasta de cera llegó al punto de ebullición y fue necesario desecharla, se pudo comprobar cómo se oscurece y aparecen pequeños fragmentos de material degradado en forma de hilos o corpúsculos suspendidos en el líquido. Esta experiencia permite controlar el estado de la mezcla, que debe mantener un color ocre-amarillo intenso. 9.1.5. Resultados Después de realizar los ensayos para determinar la formulación de la nueva pasta con la que fabricar las probetas y calculando una merma aproximada de la probeta fría de un ±5%, se ha considerado apropiada la formulación de cera de abejas virgen (10 partes), cera de abejas blanqueada (10 partes), trementina de Venecia (1 parte) y sebo de cerdo (0.5 partes). Los resultados del examen fractográfico y microestructural realizados con microscopía óptica de barrido (SEM) han confirmado que las superficies de la nueva pasta de cera presentan características similares a la muestra de pasta original tomada del modelo perteneciente al Museo Veterinario Complutense Gestación de yegua (MV-683). Estas características son una estructura externa esferular, irregular y sin porosidad, así como una capacidad de desgarro laminar y disposición coloidal del material ante un desgarro. Con respecto a la selección y optimización del molde metálico en el que producir las probetas, ha sido considerado pertinente partir de las experiencias previas referenciadas en la literatura técnica. El material de fabricación debe soportar las altas temperaturas a las que se 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 412 encuentra la pasta de cera líquida y que recibirá si se introduce en un horno para controlar el enfriamiento de la probeta, pero experimentando el mínimo índice de dilatación-compresión, por lo que dicho molde se ha fabricado en acero inoxidable. Las medidas definitivas que debe tener el molde para producir probetas con capacidad para soportar una fuerza máxima de 201.6 N, han sido definidas en milímetros con una longitud total (LT) de 188, por una anchura (C) de 48. Con un fuste (A) de una longitud de 64, por una anchura (W) de 15 y el mismo espesor (T). El molde se encuentra compuesto por tres piezas de acero que forman un contenedor cerrado y con varios tornillos destinados a sellar el conjunto evitando fugas o pérdidas de material. Una lámina metálica de 0.3 mm separa cada probeta en la mitad del fuste para que la deformación de este durante el desmolde sea el mínimo posible. Además, dividiendo la probeta de este modo, se ha evitado manipular la superficie de adhesión al cortarla manualmente, algo que exige ejercer una presión irregular que ha demostrado generar microfisuras y deformaciones puntuales. Numerosos ensayos y pruebas han determinado que la metodología más adecuada para la producción de probetas ha requerido prescindir de cerrar el molde metálico para evitar burbujas de aire e imperfecciones generadas por la presencia de la tapa. El molde de acero debe ser calentado en el horno a una temperatura cercana a los 70 º C (temperatura ligeramente superior a la de la cera líquida) para permitir el enfriado gradual de la pasta de cera. Sin embargo, se comprobó que la merma de la probeta era muy similar a la resultante cuando se enfriaba lentamente dentro del horno. Por esta razón, se ha decidido producir la probeta con el molde caliente pero fuera del horno, manipulando el molde con guantes ignífugos y colocándolo en una superficie plana y completamente horizontal. Una vez situado, se vierte la pasta de cera caliente hasta el borde, tratando de evitar que quede por debajo para obtener siempre el mismo grosor en todas las probetas. Al no encontrarse atornillado, la pasta de cera caliente y líquida se filtraba a través de las juntas del molde metálico, por lo que ha sido necesario sellarlas con masilla adhesiva reutilizable y resistente a las altas temperaturas, comercializada como blu-tack. Además, para conseguir un sellado adecuado, se ha instalado un sistema de sargentos o gatos que unen las piezas del molde. El tiempo de enfriado de la probeta ha sido establecido en 20-25 minutos y su extracción del molde ha exigido un ligero calentamiento situando el molde sobre la placa metálica a poca temperatura. Evitando ejercer una presión excesiva que diera lugar a deformaciones, la probeta se ha separado del molde con las manos protegidas con guantes de nitrilo y se ha dejado reposar sobre una superficie lisa y fría. La metodología de producción de la pasta de cera en un hornillo metálico ha requerido fundir, en primer lugar, la cera de abejas virgen y blanqueada sin superar temperaturas de 60-65 º C. Una vez derretida la cera, se han incorporado la manteca de cerdo y la trementina fuera del hornillo y se ha vuelto a colocar en la placa hasta su vertido en el molde para evitar recalentar la nueva pasta de cera. La simplificación del molde metálico y del proceso de producción ha permitido reducir el tiempo de fabricación a 30 minutos por cada probeta. 9.2. Adhesivos idóneos para objetos y esculturas de cera Una vez obtenidas las probetas de cera se consideró conveniente abordar la selección de los adhesivos que serían empleados en el testado de ensayos de tracción. En esta investigación se ha establecido realizar un ensayo mínimo de seis probetas por cada adhesivo debido a la 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 413 limitación temporal del estudio, aunque lo ideal para obtener unos valores medios con menor dispersión habría sido poder realizar entre quince y veinte testados para cada material. En esta investigación han debido limitarse la cantidad de materiales adhesivos comerciales y no comerciales a un máximo de siete. 9.2.1. Propiedades del adhesivo ideal Se puede definir adhesivo como aquella sustancia que, aplicada entre las superficies de dos materiales, permite una unión resistente a la separación. Denominamos sustratos o adherentes a los materiales que pretendemos unir por mediación del adhesivo. El conjunto de interacciones físicas y químicas que tienen lugar en la interfase adhesivo/adherente recibe el nombre de adhesión (fig. 265). El reto de la adhesión de elementos desprendidos de los modelos tridimensionales de cera radica en que los diferentes tamaños de los fragmentos a adherir requieren de adhesivos diversos que den una solución concreta a cada situación específica. Además, un adhesivo debe cumplir con su función de unir dos partes o sustratos, pero sin ejercer una fuerza mayor que la resistencia a la fractura del propio material, en un punto que no se haya lesionado con anterioridad. Siguiendo las recomendaciones expuestas en la bibliografía de referencia, los parámetros ideales que debe cumplir un material adhesivo son los siguientes (Lang et al., 2010: 4-18; AIC, 2010: 1-397; Pradier, 2011: 130; Fischer y Eska, 2011: 1-2; Down, 2015: 66): Los materiales de conservación y restauración deben ser compatibles con los componentes de la obra y estables ante el paso del tiempo. Del mismo modo, las metodologías de aplicación de los productos deben respetar al máximo la integridad de las piezas. Por último, los productos y métodos no deberán alterar la estética del modelo ni interferir con la interpretación de la anatomía representada. A continuación, se han desarrollado estas premisas profundizado en las características específicas que deben cumplir los productos en el ámbito de la conservación y la restauración asegurando su compatibilidad físicoquímica con el modelo en cera: 97 A partir de 2021 ya no puede consultarse esta publicación en línea, por lo que el AIC recomienda consultar la publicación The Science for Conservators Series, Volume 3: Adhesives and Coatings (Conservation Science Teaching Series), que amplía los conceptos que se encontraban en este tutorial. Sustrato B Sustrato A Adhesivo Zona de adhesión Zona de cohesión Zona de adhesión Sustrato A Sustrato B Adhesivo Figura 265. Esquema básico de la unión entre sustratos cerosos y adhesivo. Fuente propia, 2021. Figura 266. Esquema con las zonas de cohesión y adhesión. Fuente propia, 2021. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 414 • Fuerza de cohesión y adhesión adecuadas98. Deben tenerse en cuenta las zonas donde la adhesión está teniendo lugar (fig. 266). Los adhesivos no deben ejercer una fuerza mayor de la que experimenta la pasta de cera en otros puntos diferentes al de la rotura, de manera que, en el caso de que la escultura sufriera una tensión o factor de deterioro que diera lugar a una grieta, se vuelva a fracturar por el mismo sitio. Uno o varios de los materiales adhesivos deben ser lo suficientemente fuertes para desempeñar su función en piezas que superan un peso no inferior a los 200 g. Si es necesario, se seleccionarán productos adhesivos diferentes en función del peso y características del fragmento a adherir. En la tabla (Tabla 32), se muestran diferentes modos teóricos en los que el adhesivo falla y la frecuencia con lo que suelen suceder en los modelos anatómicos de cera: la separación entre el sustrato y el adhesivo, la separación porque el adhesivo pierde cohesión o la ruptura del sustrato antes de que falle la unión sustrato-adhesivo (AIC, 2010: 3): Tabla 32. Diagrama de fallo en un adhesivo. Fuente: AIC, 2010: 3. 1 Fallo entre el adhesivo y la superficie. Frecuente Diagrama teórico de fallo en un adhesivo 1 2 3 4 2 Fallo cohesivo del adhesivo. Ocurre en algunas ocasiones 3 Fallo de cohesión y adhesión del adhesivo. Ocurre en pocas ocasiones 4 Fallo cohesivo del sustrato. Poco común En general, de los cuatro tipos de fallos recogidos en la tabla, el más común en objetos de cera es el fallo cohesivo, es decir, la ruptura de la pasta de cera original por una zona diferente a la de la adhesión. • Mecanismo de formación de la adhesión. Los materiales adhesivos pueden ejercer su acción de dos maneras: por evaporación del disolvente o mediante una reacción del material adhesivo necesaria para su polimerización o curado. Según esta característica, debería deducirse que los materiales pre-polimerizados son menos agresivos sobre el material ceroso que los reactivos, pero también menos capaces de generar una unión satisfactoria entre dos áreas. Figura 267. Comportamiento del adhesivo sobre diferentes superficies cerosas. Fuente propia, 2021. 98 Se recuerda que la cohesión es la fuerza de atracción entre partículas adyacentes dentro de un mismo cuerpo, mientras que la adhesión es la interacción entre las superficies de distintos cuerpos. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 415 La respuesta adhesiva dependerá no solo de la naturaleza del material aplicado, sino también del disolvente o disolventes en los que este se encuentre disperso y de su capacidad para interaccionar físicoquímicamente con el sustrato ceroso. Un adhesivo será efectivo cuando sea capaz de humectar una superficie con una energía de enlace mayor a la propia y de rellenar todas las microcavidades del material, es decir, cuando la tensión superficial permita la interacción molecular entre las superficies cerosas y el material adhesivo (fig. 267). Por esta razón y debido a una ausencia de porosidad en los estratos cerosos, los adhesivos en dispersión acuosa, al ser polares, tienen dificultades para humectar las superficies cerosas, muy apolares. Además, deberá tenerse en cuenta que las rugosidades superficiales del sustrato a adherir pueden ser determinantes en cuanto a la eficacia de los adhesivos, si bien logran ayudar a la humectación superficial, generando películas poco homogéneas, como se muestra en la imagen. Las características reológicas de los materiales adhesivos y su mecanismo de polimerización o curado, afectarán profundamente a sus cualidades cohesivas. En el caso de los modelos en ceroplástica, dicho mecanismo de adhesión será diferente en función de la composición de la pasta de cera, del envejecimiento natural del sustrato y de las condiciones de conservación. Generalizando, los mecanismos físicos y químicos de adhesión de los diferentes tipos de adhesivo sobre las pastas de cera podrían ser: - Materiales prepolimerizados aplicados en dispersión acuosa, cuando se evapora el vehículo o disolvente que emulsiona o en el que se encuentra disperso el adhesivo, por ejemplo, como sucede en una emulsión vinílica: mínima interacción con el sustrato ceroso y adhesión baja. - Materiales prepolimerizados que cambia de estado físico al cambiar de temperatura, como ocurre con las colas animales, que se mantienen en estado líquido cuando superan una temperatura determinada para solidificarse y adherir al enfriarse: interacción mínima con el estrato ceroso porque se enfría rápidamente y no llega a alterar el sustrato y adhesión baja. - Materiales prepolimerizados en dispersión con disolventes polares: interacción más intensa con el sustrato ceroso a mayor polaridad del disolvente y adhesión media. - Materiales reactivos (dispersos generalmente en disolventes de polaridades variables pero capaces de interaccionar con las pastas de cera): interacción elevada con el sustrato ceroso -tanto por los disolventes en los que se aplican, como en el caso de las resinas epoxídicas bicomponentes, como por la temperatura de reacción- y una capacidad de adhesión elevada. En el caso de experimentar una reacción exotérmica durante la polimerización, la unión puede conllevar una ligera fusión superficial de la pasta de cera que tendría a mezclarse con el adhesivo, como puede suceder con los cianocrilatos. • Condiciones de pH y comportamiento mecánico adecuados. La compatibilidad del material adhesivo con las pastas ensayadas debe ser el adecuado, es decir, tener unas características físicoquímicas similares a las de las pastas originales para poder producir la adhesión, pero no tan afines como para generar interacciones profundas en el sustrato. No deben contraerse durante el periodo de endurecimiento y deben tener cierta flexibilidad para no crear tensiones en el material original. En el testado de adhesivos con base acuosa, se han considerado con detenimiento los niveles de pH y, en el caso de ser posible, de la conductividad eléctrica. Por 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 416 otra parte, las propiedades de la cera de abejas no permitirán que los adhesivos penetren en los estratos subyacentes, pero será necesario controlar la capacidad de los disolventes de difusión de estos productos para alterar la naturaleza físicoquímica de las superficies. Además, la temperatura de transición vítrea del adhesivo seco debe ser lo suficientemente alta como para no provocar una pérdida de propiedades mecánicas en caso de variaciones climáticas. Su comportamiento debe ser estable y conservar sus propiedades físicas y químicas a lo largo del tiempo. • Todos los materiales nuevos deben ser manejables y mantener unos tiempos de fluidez aceptables para su empleo -para las uniones en las pastas cerosas se requerirá de cierta viscosidad-, manteniendo la unión hasta que el adhesivo haya solidificado y requiriendo un tiempo de curado adecuado. En consecuencia, deben evitarse aquellos que permanezcan en un estado “mordiente” a temperatura ambiente tras el periodo correspondiente de solidificación. Los adhesivos seleccionados deben aceptar también la posibilidad de añadir una carga o de rellenar posibles fisuras con sus propias características en el caso de que se necesite. Además de cumplir con estos requisitos, cualquier material adhesivo debe obedecer a los criterios generales aplicados a los productos empleados en el campo de la conservación- restauración de patrimonio: demostrar una pérdida de fuerza adhesiva y cohesiva con el tiempo, además de no sufrir alteraciones de color o saturación óptica, es decir, tener un buen envejecimiento; ser lo más respetuosos posible con la naturaleza de la escultura, así como con la salud del restaurador y del medio ambiente, de manera que su reversibilidad requiera de los materiales y metodologías menos tóxicos o nocivos. 9.2.2. Selección de los adhesivos y características de cada uno A tenor de la revisión llevada a cabo en la literatura científica, se han decidido testar varios adhesivos (fig. 168). La cola de esturión, ha sido propuesta para contrastar los resultados cualitativos y cuantitativos con los materiales sintéticos, de modo que se puedan analizar los factores de temperatura y metodología necesarios para su efectividad o, en caso contrario, deducir de los ensayos las razones por las que no ha resultado efectivo en los ensayos empíricos en la colección veterinaria. Figura 268. Imagen de algunos de los adhesivos testados como se encuentran cuando son comercializados. Para utilizarlos se requiere de su dispersión en un disolvente. Fuente propia: 2016. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 417 Las disoluciones acuosas de las colas animales tienen características coloidales, por esta razón es importante que se tenga en cuenta el pH superficial de las esculturas y la temperatura en el momento de su aplicación. La resina Evacon™R, fue empleada en 2013 para intervenir un modelo en cera de Anne Marie Carl-Nielsen con la finalidad de adherir fragmentos de poco peso (Gramtorp et al., 2013: 104-105). El copolímero de etilen-vinil-acetato comercializado como Evacon™R es una emulsión acuosa con un pH aproximado de 7.5, un valor ligeramente elevado para considerarse neutro para las pastas de cera, sin embargo, se encuentra por debajo del límite para saponificar los ácidos grasos. La pequeña cantidad de carbonato cálcico añadido como estabilizante lo hace idóneo para conservación de soportes de celulosa y, en este caso, evita la hidrólisis ácida que sufren materiales como el acetato de polivinilo, al envejecer. No contiene plastificantes y las pruebas realizadas sugieren que no pierde capacidad de solubilidad en disolventes polares como el agua y posee una elevada viscosidad –de 1000-1200 mPas. Como resina vinílica tiene carácter termoplástico y es menos reversible que otras resinas sintéticas (Campo et al. 2009: 15). El Cianocrilato, empleado hace décadas para las intervenciones en materiales como el metal, el vidrio, la piedra o los fósiles, ha sido rechazado como adhesivo por la comunidad científica al surgir alternativas como las resinas epoxídicas. Sin embargo, la rapidez de manejo y efectividad de adhesión, valorando que la estructura orográfica de las pastas de cera se asemeja a la de una piedra poco porosa o un vidrio, así como la ausencia de investigación sobre este material99 y las pruebas empíricas positivas sobre pastas de cera –siempre sobre probetas o fragmentos envejecidos sin valor-, han llevado a considerar interesante su testado en esta investigación, como material de comparación, sin expectativas de empleo. Por otra parte, la reacción de polimerización aniónica100 con los grupos –OH (agua), o si se prefiere, la especial afinidad por superficies básicas (de nuevo grupos hidroxilo), puede demostrar una adherencia relativamente débil, dado que las pastas de cera tienen un carácter tendencialmente ácido (en torno a 6.0 pH)101. Los fabricantes advierten, además, de que son adhesivos con una resistencia muy baja a disolventes como el agua, que podría ser empleada como método reversible sin afectar a la escultura. El testado del cianocrilato puede servir en este estudio para establecer la capacidad mecánica máxima de un adhesivo rígido, duro y reactivo, y compararlo con los resultados de las probetas ensayadas con los demás materiales seleccionados. El Paraloid®B72 es una resina acrílica de un co-polímero de etil-metacrilato. La cadena lineal que conforma su estructura química le confiere cualidades termoplásticas y tiene una Tg que oscila entre 35-40 º C. Se comercializa en granos transparentes y con unas características físicas de flexibilidad y resistencia adecuadas para materiales como la piedra, los metales o la madera. Se comercializa en perlas transparentes, que se dispersan en disolventes orgánicos como la acetona o el etanol. El Aquazol® es un producto comercializado con dos viscosidades posibles –200 y 500 en función de su peso molecular (200.000 y 500.000, respectivamente)–, como alternativa a los 99 Las revisiones sobre su empleo se realizan sobre todo en el campo de la medicina. Por ejemplo, en la revisión de Down, J. L. (2001). A literature review of cyanoacrylate adhesives. Journal Article Reviews in Conservation, 2, p.39-46. https://www.losadhesivos.com/adhesivos-cianoacrilato.html 101 Cabe la posibilidad de considerar que el adhesivo irá perdiendo efectividad en función de que el envejecimiento de la pieza, pues supondrá una acidificación progresiva. https://www.losadhesivos.com/adhesivos-cianoacrilato.html 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 418 adhesivos naturales tipo gelatina natural o emulsiones acrílicas y vinílicas. Es, además, soluble en disolventes polares como los alcoholes. Se comercializa en forma de granos amarillentos que poseen una Tg de 69-71 º C y, en dispersión acuosa forman disoluciones de pH 6-7. Su elevada reversibilidad y un buen comportamiento ante el paso del tiempo, lo convierten en uno de los materiales testados en la bibliografía sobre intervención en pintura y escultura. Para realizar este estudio, se ha ensayado el Aquazol®500, por poseer una mayor viscosidad se ha preparado en dos dispersiones diferentes: acuosa y alcohólica. Se espera que el empleo de etanol absoluto, como alternativa al agua, de lugar a una mayor adherencia gracias a la interacción físicoquímica de las superficies con el sustrato ceroso. Previamente a esta tesis se realizó una intervención el Museo de Anatomía “Javier Puerta”, en la que se empleó la resina epoxídica bicomponente Epo 150 – K 151, para intervenir la figura de tamaño natural conocida como “La Parturienta”, con resultados altamente satisfactorios. Ha sido testada esta misma resina epoxídica, dado que ofrece una elevada resistencia y estabilidad estructural por lo que se utilizan en conservación y restauración de escultura. Estas resinas crean uniones estables que las hacen recomendables como adhesivos y su estructura de cadena ramificada les confieren características de termo-endurecimiento mediante la reacción exotérmica correspondiente. Además, la reticulación del líquido resinoso, al mezclarlo con el endurecedor K 151 –compuesto por aminas cicloalifáticas-, necesita una energía de polimerización baja y da lugar a un material resistente, pero con una capacidad de deformación y elasticidad superiores. La ficha técnica del producto indica que el sistema permite un tiempo de trabajo de 30 minutos a una temperatura de 25 º C, y que la viscosidad del sistema es de 120-240 mPa. A continuación, se expone una tabla resumen con el nombre comercial del material adhesivo seleccionado, su naturaleza físicoquímica y su proceso de endurecido o curado (Tabla 33): Tabla 33. Tabla resumen con los materiales adhesivos seleccionados para los ensayos mecánicos Material seleccionado Naturaleza química Proceso de endurecido Cola de esturión – Cola animal Colágeno animal Gel que se solidifica al enfriar Evacon™R Polímero termoplástico Copolímero de etilen-vinil-acetato Evaporación del líquido en dispersión Aquazol®500 en agua Polímero termoplástico Poly(2ethyl-2-oxazoline) Evaporación del líquido en dispersión Aquazol®500 en etanol absoluto Polímero termoplástico Poly(2ethyl-2-oxazoline) Evaporación del líquido en dispersión Resina EPO®150 – K 151 Polímero termoendurecible Resina epoxídica bicomponente Fórmula comercial Reacción química proceso de polimerización Paraloid®B72 en etanol absoluto Polímero termoplástico Resina acrílica, co-polímero de Etil- metacrilato Evaporación del líquido en dispersión Cianocrilato comercial Polímero termoplástico Fórmula comercial Evaporación del disolvente y reacción química de reticulación 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 419 9.2.3. Protocolo de adhesión Figura 269. Proceso de adhesión de una probeta dividida manualmente. Fuente propia, 2017. Figura 270. Probetas con adhesivo y cintas de Kinesiología para mantener unidas las dos partes durante el curado del adhesivo. Fuente propia: 2017. El sistema de unión de las probetas con los materiales adhesivos ha sido mejorado en relación con el ensayo realizado en 2017. En el primer ensayo, estas se fabricaron en una sola pieza y se dividieron a la mitad al alcanzar el estado sólido. Una vez divididas a mano, en el punto medio del fuste de la probeta y de la manera más perpendicular al plano posible, fueron adheridas aplicando el producto en ambas secciones –o caras- a unir con la ayuda de un pincel o una espátula metálica. Se mantuvieron unidas manualmente durante 5 minutos, tratando de ejercer una presión lo más constante posible (fig. 269). Transcurrido este tiempo, las probetas han sido colocadas verticalmente para que la gravedad ayudara a una buena adhesión y se han dispuesto varias tiras de cinta elástica de Kinesiología que sujetan la unión y ejercen una ligera presión, como se muestra en la imagen. Las probetas unidas con sus respectivos adhesivos se dejaron reposar siete días antes de realizar los ensayos de tracción. Los primeros ensayos de tracción, confirmaron que la fuerza de adhesión no era homogénea cuando era realizada manualmente y con la ayuda de las cintas de Kinesiología. Los resultados obtenidos en las gráficas de tensión- deformación quedan muy distantes de la Fuerza máxima esperada en función de las dimensiones de la probeta y de las características de la pasta de cera. Dadas las diferencias entre las fuerzas de adhesión entre probetas y la alta fragilidad de la unión, fue implementado por el profesor José Miguel Moreno un sistema de adhesión mediante guías con la capacidad de albergar tres probetas. El conjunto formado por una tabla de base y dos listones –manteniendo el ancho de las probetas para crear un canal-, fue completado con un mecanismo de pesos (fig. 271 y 172). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 420 Figura 273. Modulo superior de la máquina de tracción uniaxial con la cinta de algodón sobre la célula de carga. Fuente propia: 2018. Con el fin de determinar la cantidad de peso que debía colocarse en el extremo del sistema para conseguir las uniones adhesivas adecuadas, se ha desarrollado un ensayo en la máquina de tracción que permitiera calcular la carga ejercida por las cintas de Kinesiología y de algodón empleadas para realizar las uniones de las probetas. Para ello, un nudo ha sujetado la cinta entre la célula de carga y el puente o mesa móvil de la máquina de tracción (fig. 273). Para calcular la fuerza de adhesión se ha seguido la ecuación 𝝈 = 𝐅 𝐀 , donde σ es la tensión aplicada, siendo F la fuerza de la cinta y A es el área de adhesión. Ensayando la fuerza ejercida por las cintas de sujeción sobre la célula de carga del instrumental de tracción y teniendo en cuenta que el área media de las zonas a adherir en las piezas reales es de un diámetro102 de entre 0.8 y 2.0 cm= 50-150 mm2, las mediciones de las cintas son las siguientes (Tabla 34): Tabla 34. Ensayos de tracción. Mediciones obtenidas en el ensayo de las diferentes cintas de Kinesiología y algodón para calcular el peso de adhesión. Tipo de cinta N.º Fuerza Filtrado Fuerza Ult. min. Tipo de cinta N.º Fuerza Filtrado Fuerza Ult. min. Kinesiología 1 -6.641 N -7.823 N Algodón 1 -5.278 N -6.767 N 2 -6.082 N -7.196 N 2 -1.284 N -8.440 N 3 -6.233 N -7.441 N 3 -7.663 N -15.203 N 4 -6.449 N -7.798 N 4 -7.987 N -11.424 N 5 -6.650 N -7.497 N 5 -1.784 N -8.175 N 6 -6.619 N -8.070 N 6 -2.156 N -12.281 N 102 Para emplear este dato en la fórmula se traduce a m2, 50-150 mm2=10-6 m2 Figura 271. Esquema explicativo del sistema de adhesión con capacidad para tres probetas. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Figura 272. Probetas con adhesivo en el sistema de adhesión ideado por el profesor José Miguel Moreno. Fuente propia: 2018. σ = Kilo pascales Kpa (tensión) F = Fuerza de la cinta A = Área de adhesión 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 421 Se puede deducir de este ensayo que según la ecuación* la fuerza de adhesión o pegado alcanzada por este sistema de sujeción empleada en las intervenciones de conservación es, aproximadamente, 1.5 kilos. *𝛔 = F A = 60 kPa Fuerza de pegado = 6.104 x 162 x 10-6 =15.36 N= 1.5 kg El sistema de adhesión se ha sistematizado unificando la fuerza recibida en todas las probetas y el tiempo del proceso. Un cambio en el sistema de adhesión ha permitido comparar el comportamiento de los diferentes materiales que unen las dos partes de las probetas, siempre bajo una presión constante ejercida por un peso de 1.5 kg (fig. 274). Figura 274. Imágenes del sistema de adhesión de probetas con peso. Fuente propia: 2018. Como se ha indicado, el sistema de guías permite adherir tres probetas de modo simultáneo y bajo la misma fuerza de adhesión, que ha sido la resultante de poner una carga cercana a un kilo y medio de peso. Es importante evitar que las probetas se muevan dentro del sistema, pero tampoco deben adherirse a las paredes ni a la base de madera. Para solucionar este contratiempo, se han colocado trozos de papel vegetal y trozos de láminas de plástico, con la intención de aislar y separar las probetas entre sí. Adhiriendo las probetas de tres en tres, en días sucesivos, y estableciendo tiempos de adhesión de 24 horas, se puede tener cierto control sobre el proceso. Las condiciones ambientales deben mantenerse constantes para evitar variaciones que alteren los resultados de los ensayos de tracción. Los ensayos se efectúan siete días después de la adhesión, tiempo en el que se espera conseguir la evaporación completa de los disolventes y la estabilización de las posibles reacciones físicoquímicas del adhesivo con la pasta de cera. 9.2.4. Metodología de unión de las probetas En primer lugar, han sido consideradas las propiedades que un adhesivo para pastas de cera debe cumplir, además de respetar los criterios de intervención generales para todas las actividades de conservación-restauración de patrimonio. Así pues, dichos materiales adhesivos deben: tener una fuerza de cohesión y adhesión adecuadas, formar la adhesión efectiva en función de sus mecanismos físicoquímicos de curado, demostrar unas condiciones de pH y 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 422 comportamiento mecánico adecuados y ser manejables, así como mantener unos tiempos de fluidez aceptables para su empleo. Cumpliendo con estas características han sido seleccionados siete materiales con buenas referencias en la literatura científica, esperando que los ensayos de tracción uniaxial confirmen o desmienten su idoneidad para adherir con eficacia las probetas de pasta de cera nueva. Dichos materiales son: cola de esturión (una cola animal), el producto comercial Evacon™R (Copolímero de etilen-vinil-acetato), el producto Aquazol®500 (Poly(2ethyl-2-oxazoline)) sobre el que se realizarán dos testados, disperso en agua y disperso en etanol absoluto; la resina epoxídica bicomponente comercializada como Resina EPO®150 – K 151, el Paraloid®B72 (Resina acrílica, co-polímero de Etil-metacrilato) disperso en etanol absoluto y un cianocrilato comercial. Para conseguir una buena adherencia de las probetas con dichos materiales seleccionados, ha sido necesario optimizar el protocolo de adhesión. Las probetas adheridas en un primer ensayo de tracción, en 2017, habían sido tratadas manualmente y con cintas de sujeción, de manera que la fuerza adhesiva en cada probeta era diferente y débil para casi todos los materiales. La mejora de las adhesiones de los fustes de las probetas ha consistido en la fabricación de un sistema de guías con un peso aproximado de 1.5 Kg que permite sistematizar y cuantificar la fuerza recibida en todas las probetas, obteniendo uniones que darán lugar a resultados de tracción con menos dispersión. 9.3. Fase experimental. Ensayos de tracción uniaxial y SEM Disponer de una producción de probetas permite someter a un material determinado, la pasta de cera en este caso, a unos estudios mecánicos determinados en igualdad de condiciones y compararlos entre sí. Cuanto más idénticas sean las probetas, menor dispersión de resultados se obtendrán durante los ensayos de tracción. Además, el control de las dimensiones de las probetas permite su adaptación a las abrazaderas de los equipos empleados en el estudio. En los ensayos de tracción generalmente se emplean piezas con una sección central cilíndrica –que será la zona de ensayo-, y con extremos ensanchados que se ajusten a las mordazas de la máquina. Para ensayar los adhesivos en este estudio ha sido necesaria la fabricación un elevado número de probetas de pasta de cera. Elaboradas a partir de un molde metálico de acero, las probetas presentan un formato que se adapta a las necesidades del ensayo, en cuanto a peso y dimensiones. Para ensayarlas han sido adaptadas unas abrazaderas o mordazas de acero, que sirven para sujetarlas al equipo de tracción. 9.3.1. Condiciones de testado: ensayos de tracción uniaxial Los ensayos de tracción uniaxial sirven para conocer los efectos de una fuerza distribuida de manera uniforme sobre un área, en este caso la del fuste de las probetas. Para la prueba se ha sometido a cada material a testar a una fuerza de tracción que va aumentando. Las probetas se sujetan a las mordazas de la máquina, una a cada extremo de la probeta, a continuación, una de las mordazas permanecerá fija mientras la otra será sometida a un desplazamiento controlado hasta que se produzca la fractura del material. El comportamiento mecánico controlado ante dicho esfuerzo de varias probetas –fabricadas bajo una normalización o con una geometría determinada adaptada a las necesidades del material ensayado- y su 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 423 comparación, permite conocer la resistencia del material a una fuerza aplicada lentamente y cuantificar dichos datos. En la imagen (fig. 275), se muestra un esquema de las partes que integran la máquina de tracción, de la probeta ensayada y del tipo de información obtenida. Figura 275. Esquema del instrumental de tracción y los equipos auxiliares. Se muestran también algunos de los parámetros que se obtienen de los ensayos de tracción uniaxial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Durante el ensayo se obtienen las magnitudes de tensión y deformación, con las que se traza la curva correspondiente. Dicha curva sirve para calcular parámetros como el módulo elástico, la tensión máxima o la deformación de rotura, que permitirán evaluar la capacidad adhesiva de cada material testado y compararlos entre sí. También se obtienen datos cuantificables sobre la ductilidad del material ceroso y del material de adhesión, que se calculan después de crearse la fractura como consecuencia del ensayo de tracción. Figura 276. Gráfica explicativa con la curva obtenida de los ensayos de tracción uniaxial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. En esta investigación se ha optado por utilizar las magnitudes lagrangianas103 de la probeta de pasta de cera adaptada al estudio. A continuación, se han incluido algunas explicaciones sobre los tipos y características de los resultados que se obtendrán de los ensayos de tracción y que pretenden facilitar su interpretación: Establecer cuál es la información que se obtiene de los ensayos de tracción es útil para contrastarla correctamente entre los diferentes ensayos. Así pues, lo primero es saber que se reflejarán dichos resultados en 103 Los valores de tensión y deformación que se obtienen de una probeta en el ensayo de tracción pueden expresarse como magnitudes lagrangianas (o ingenieriles) o eulerianas dependiendo del tipo de referencias tomadas. Las 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 424 valores numéricos (Tabla 35) y se dibujará en forma de gráfica (fig. 276). Los tipos de fuerzas que se deben tener en cuenta en estos ensayos son los siguientes: La fuerza (F), medida en Newton (N), es una magnitud vectorial. El parámetro Fuerza Ult. Max., expresado en newton (N), indica la fuerza máxima que soporta la probeta. El parámetro Fuerza de filtrado, expresado en newton (N), mide la fuerza inicial a la que está sometida la probeta antes de aplicar la fuerza aplicada. Este valor se debe restar de la fuerza máxima, poniéndolo a cero antes de cualquier ensayo. Tabla 35. Tipos de valores obtenidos de los ensayos de tracción uniaxial. Nº ensayo E (GPa) σmax (KPa) σy (KPa) εmax (%) εy (%) σu (KPa) εu (%) X Modulo elástico Tensión máxima Limite elástico o de cedencia Deformación en la carga máxima Deformación elástica o de cedencia Tensión última o de rotura Deformación de rotura La máquina de tracción aporta datos sobre la carga máxima (N) que soporta el material, con los que se calculan la tensión máxima σmax, esto es la tensión por deformación. La fórmula es Fuerza (N) entre la sección –área del fuste- en metros cuadrados. Para calcular el módulo elástico es necesario calcular la deformación, en porcentaje, realizando una regla de tres, donde L0 es la base de medida (fig. 277)104 y el alargamiento (por ej. 7 mm de alargamiento tras la tracción) es X. 7 x 100 ÷ L0. Donde se encuentra la marca “0” de la escala pequeña en el calibre señala la medida; en estas probetas L0 es de 45 ±0.02 mm. (fig. 278). Figura 277. Esquema del instrumental de tracción y los equipos auxiliares. Se muestran también algunos de los parámetros que se obtienen de los ensayos de tracción uniaxial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Figura 278. Medición del fuste de una probeta de cera con el calibre manual. Fuente propia, 2018. La tensión máxima es el punto más alto en la curva de tensión o fuerza. Es la fuerza más alta que el material soporta antes de romperse. Con esta se calcula la deformación para la tensión máxima, en magnitudes lagrangianas se definen a partir de los valores iniciales de área y longitud de la probeta, mientras que las eulerianas (o reales) se definen a partir de los valores actualizados de área y longitud que se obtienen a lo largo del ensayo. 104 L0 es la medida de la longitud del fuste inicial en mm, se toma para calcular el alargamiento sufrido por éste después del ensayo. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 425 porcentaje. La tensión última o de rotura refleja las deformaciones para tensión de rotura, que son de carácter permanente. Para valorar si un adhesivo es adecuado o no, la tensión máxima alcanzada por las probetas con adhesivo debe ser inferior a la obtenida al ensayar las probetas sin adhesivo. En el caso contrario, el material de unión resistirá más que el material ceroso ante las tensiones recibidas y la pieza se fracturará en una zona diferente a la de la adhesión (fig. 279). Figura 279. Ambas gráficas pretenden explicar las zonas de las curvas obtenidas de los ensayos de tracción donde el material demuestra las diferentes tensiones y deformaciones. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. El comportamiento del material experimenta dos tipos de deformación, elástica y plástica, donde deformación elástica es, según la Ley de Hooke, la fase en la que el material puede volver a su tamaño original al eliminar la fuerza de tracción; y donde deformación plástica es el tamaño al que vuelve el material si se deja de ejercer fuerza, pero que no es el inicial, debido a la deformación permanente. El material volverá a un tamaño “x” según el módulo de elasticidad105, interpretado en la gráfica por el trazado en la imagen (fig. 280) de una recta imaginaria desde este punto. Figura 280. Ejemplo del cálculo del módulo elástico o de Young en la curva de los ensayos de tracción. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. 105 O módulo de Young 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 426 Relacionando los efectos de la tensión y la deformación del material, los datos dan lugar a la constante elástica denominada módulo elástico o de Young, que se designa habitualmente por E, donde 1 es el valor fijo para calcular E1, E2 y E3, porque es como está establecido en los estándares de trabajo con metales (fig. 281). Registra los cambios de longitud que sufre el fuste de la probeta ensayada a tracción o compresión. El módulo elástico es mayor cuanto más inclinada esta la recta y cuanto mayor es el módulo elástico, más rígido es el material. En estos ensayos de tracción para seleccionar un material adhesivo, aquel que presente un módulo elástico parecido o ligeramente inferior al de la probeta de pasta de cera será el más adecuado. Se calcula, habitualmente, el límite elástico, de cedencia o fluencia (σy se mide en KPa), pues en dicho límite, el material ha sufrido una deformación de la que ya no se puede recuperar. En la imagen se puede observar cómo la recta derivada de las gráficas que indican el módulo elástico de los tres supuestos –E1, E2 y E3 en color rojo-, se trasladan al punto 0.2106 del eje X –o eje de deformación. Estas rectas interseccionan con las gráficas del módulo elástico en los puntos E1, E2 y E3 marcados en color verde, y su correspondencia con el eje Y, o eje de tensión, trazando una línea horizontal, indica el límite elástico en unidades de pascal. El valor de tensión obtenido indica que, hasta este el material es de carácter elástico (es decir, que el material vuelve a sus dimensiones originales cuando la fuerza deja de existir), a partir de ese punto, la deformación será de tipo plástico y resultará irrecuperable. En todos los ensayos se deben considerar los errores, pues están incluidos en los resultados, provenientes del instrumental y la metodología utilizadas. La desviación típica y el error cuadrático medio sirven para calcular la dispersión de las medidas con respecto de la media. Conocerlos indica cuánto se parece el valor medio de los ensayos al valor más probable esperado. El error cuadrático medio se calcula dividiendo la desviación típica por la raíz de n –en este caso 3, que son el número de puntos (uno por ensayo) obtenidos de las gráficas- (fig. 282). La desviación estándar decrece a medida que aumenta el número de valores o medidas, por esta razón es importante considerar la cantidad de ensayos realizados para evaluar la importancia del error. 106 Para determinar cuanta elasticidad tiene un material, y cuanto se puede estirar sin que se deforme plásticamente, se ha determinado emplear el 0.2%, el que se usa como estándar establecido para calcular el módulo elástico de metales. Figura 281. Cálculo del límite elástico, de cedencia o fluencia y de la deformación en el límite elástico. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 427 Figura 282. Cálculo de la desviación estándar y el error cuadrático medio para subsanar los resultados de los ensayos de tracción. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. El punto rojo con las dos coordenadas es la representación del valor medio más el error en el eje de tensión y en el de deformación. Los ensayos de tracción pueden ser útiles en el estudio de la conservación y restauración de esculturas que forman parte de colecciones de ceroplástica. En esta investigación, el estudio ha sido aplicado a la búsqueda de productos adhesivos adecuados para los procesos de adhesión de fragmentos en algunos de los artefactos de cera del Museo Veterinario Complutense. 9.3.2. Metodología de ensayos de tracción y pruebas (ensayos 2017 y 2018) Para este ensayo se han establecido los siguientes parámetros: - Las pastas de cera sin envejecer podrían clasificarse como materiales flexibles y con un comportamiento dúctil y deformable. Se espera que aumente el módulo elástico y la rigidez al envejecer el material. fuste de las probetas (σ=F/A). - La velocidad del ensayo se ha establecido en un desplazamiento fijado en 1 mm/min, empleando una célula de carga de 100 N y se tomaron medidas de la deformación del extensómetro, así como de la carga aplicada. La longitud inicial del extensómetro fue de 25 mm. - Obteniendo del ensayo los parámetros elásticos (módulo de Young), los de ductilidad (deformación, alargamiento o reducción del área al soportar una carga máxima) y los de resistencia (resistencia mecánica y módulo elástico) de determinado material –en este caso de la pasta de cera-, al aplicar una carga determinada de manera gradual hasta su fractura. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 428 Estas pruebas son de utilidad para conocer y comparar la tensión máxima soportada por las probetas, sin dividir o cortadas y unidas por los adhesivos. De este modo, se podrá deducir qué material adhesivo tendrá una resistencia menor, igual o mayor a la de la pasta de cera de la probeta y, por lo tanto, cual será más útil y adecuado en la intervención de restauración. - Con respecto al error derivado de la máquina de tracción, ha sido corregido en todos los resultados, restándolo de los valores obtenidos al ensayar las probetas de pasta de cera. Para calcularlo, se han realizado seis ensayos con una probeta de acero –un material muy rígido permite calcular el desplazamiento propio de la máquina de modo más fiable que uno menos rígido-, de las mismas dimensiones que la probeta de pasta de cera. Se ha observado la deformación longitudinal del fuste, en función de la fuerza/desplazamiento que se traslada a tensión/deformación, donde L0 es la longitud inicial del fuste, ΛL corresponde al alargamiento del fuste y ε a la deformación de este en %, para la ecuación 𝛆 = 𝚲𝐋 𝐋𝟎 . El fuste de la probeta se fija en 45 mm de L0, el área es de 15.637 x 15.005 mm. - Se espera que el fuste de las probetas sin adherir, es decir, de aquellas fabricadas de una pieza, sufran una deformación que consista en un aumento de longitud como respuesta a la fuerza de tracción, junto una contracción de la sección del fuste. Ninguno de los adhesivos testados debería soportar una fuerza mayor que el material estructural de la probeta y, en consecuencia, durante los ensayos mecánicos esta debería romperse por la zona de unión y no en otra parte del fuste. En función de dichos parámetros todas las probetas unidas con el mismo producto se han sometido a la tracción siguiendo la metodología descrita. Puede observarse en la imagen (fig. 283) que las mordazas están compuestas por dos piezas, cuyo tamaño y forma corresponde a las dos partes anchas de cada probeta, dejando libre únicamente la zona de ensayo, esto es el fuste. La mordaza superior será la que penda del brazo móvil de la máquina de tracción, mientras que la mordaza inferior quedará atornillada y fija a la base de la máquina. Para cerrar las dos partes de cada mitad, las mordazas se aseguran con varios tornillos cuyo número será el suficiente para que la probeta no se deslice cuando reciba el esfuerzo mecánico. Esto es imprescindible para el éxito del ensayo porque la tensión de la tracción deberá localizarse en la adhesión del fuste de cada probeta y no en la pasta cerosa que quedará sujeta por las mordazas. Después de registrar, con la ayuda de un termohigrómetro, los parámetros de temperatura y humedad, las probetas adheridas con un mismo producto y numeradas han sido ensayadas una por una. Para ello, cada probeta ha sido colocada cuidadosamente en las mordazas de la máquina de tracción, fabricadas ad hoc para las dimensiones de las probetas de este estudio (fig. 284). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 429 Figura 283. Abrazaderas para sujetar las probetas a la máquina de tracción fabricadas para este estudio. Fuente propia, 2017. Figura 284. Ejemplo de colocación de una de las probetas en las abrazaderas metálicas. Fuente propia, 2017. Debe ponerse una atención especial a la hora de colocar el sistema de mordaza y de situar la probeta en la máquina de tracción, puesto que cualquier esfuerzo mecánico sobre el fuste podría debilitar la unión adhesiva y alterar los resultados del ensayo. Las mordazas metálicas son muy pesadas, por lo que debe sujetarse la probeta en una superficie plana junto a la máquina de tracción y manipular el conjunto lo menos posible, siempre de la misma manera y por la misma persona, evitando diferentes resultados en cada probeta ensayada como consecuencia de la manipulación. Para realizar las mediciones de tracción habitualmente se utiliza un extensómetro, instrumento que permite saber la resistencia que demuestra el material de la probeta ante el esfuerzo mecánico. Durante la colocación de las probetas en las mordazas y su ajuste a la máquina para los ensayos de tracción, se ha colocado un extensómetro de contacto, que aportará los valores de deformación- alargamiento del fuste. Este aparato debe colocarse a ambos lados de la unión adhesiva para registrar la deformación, pero, en este caso, la pasta de cera ha requerido una protección extra. Los dientes o cuchillas del extensómetro se clavan en el material de la probeta al sujetarlo por tratarse de un material blando y maleable. Para evitar que la presión del extensómetro afectara al ensayo, se han colocado cuatro bandas de papel de lija de bajo gramaje y de tipo autoadhesivo en las zonas del fuste que coinciden con las cuchillas y el extensómetro se ha sujetado con dos gomas elásticas, como se muestra en las imágenes (fig. 285-286). Figura 285. Detalle del fuste de una probeta con el papel de lija adhesivo. Fuente propia: 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 430 Figura 286. Imágenes en las que se muestra la probeta colocada en la máquina de ensayos de tracción y en las que se puede apreciar la colocación del extensómetro de contacto. Fuente propia, 2017. Con el objetivo de establecer los valores de referencia para la tensión máxima, así como para conocer el módulo y límite elásticos de la pasta de cera, este estudio de caracterización mecánica de materiales parte de los ensayos de tracción en varias probetas fabricadas sin la división en el fuste. Como se ha explicado, los primeros ensayos de tracción evidenciaron que establecer un procesamiento de fabricación adecuado es esencial para evitar una dispersión muy elevada en los resultados, así como para obtener valores más cercanos a la realidad, al ejercer una fuerza de unión uniforme y similar a la que las esculturas pueden recibir durante una intervención de conservación. Por este motivo, los resultados finales de este estudio se han basado en los ensayos de las probetas divididas desde su fabricación por una pieza añadida en el molde metálico adherida con el sistema de pesos para tres probetas al mismo tiempo, ensayadas en 2018. Sin embargo, los ensayos previos, llevados a cabo en 2017, realizados sobre las probetas divididas manualmente y adheridas individualmente con poca presión, pueden arrojar una información muy útil sobre el comportamiento de las uniones adhesivas. A menudo, durante el proceso de adhesión de dos fragmentos o de una grieta, la fragilidad y el estado de envejecimiento del material ceroso de los modelos anatómicos no permiten la aplicación de ninguna presión para mejorar las adhesiones. A continuación, se muestran los resultados obtenidos de ambos ensayos, juntos para su comparación, con respecto a la tensión máxima, el módulo y el límite elásticos (Tabla 36 y Gráfica 1). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 431 Gráfica 1. Interpretación gráfica de los resultados de los ensayos de tracción referidos en la Tabla 14. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Tabla 36. Relación de resultados de los ensayos de tracción en los estudios de 2017 y 2018 Probeta Fecha de ensayo  max (kPa)  max (%) E (GPa) R y (kPa)  y (%) Probeta sin adherir 2017 191.66 1.97 21.20 0.993 158.3 0.916 2017 230.55 2.88 20.72 0.997 171.53 1.016 2017 161.11 2.80 22.36 0.990 117.50 0.716 2018 360.41 2.10 40.61 0.992 253.00 0.750 2018 292.50 3.12 30.94 0.996 194.61 0.800 2018 227.77 3.90 22.55 0.997 146.25 0.850 2018 318.75 3.02 25.51 0.998 231.63 1.083 Paraloid®B-72 2017 91.94 1.28 11.75 0.994 84.18 0.922 2017 47.08 0.73 11.86 0.956 26.67 0.433 2017 130.21 1.47 13.51 0.977 114.75 1.055 2018 135.42 0.41 38.12 0.993 106.61 0.477 2018 222.91 1.22 19.90 0.993 218.05 1.255 2018 204.66 1.44 15.02 0.999 124.66 0.800 2018 131.05 0.65 22.52 0.991 118.13 0.733 Epo 155-K 156 2017 163.00 1.46 21.46 0.990 137.36 0.844 2017 81.11 0.84 12.70 0.994 81.14 0.844 2017 92.78 1.20 11.13 0.999 90.65 1.033 2018 252.78 1.08 38.44 0.990 237.87 0.822 2018 232.64 0.92 47.59 0.990 199.65 0.633 Aquazol™®- Agua 2017 128.33 0.84 22.65 0.990 125.48 0.766 2017 119.17 0.55 29.05 0.990 174.91 0.255 2018 154.44 1.71 18.75 0.989 124.15 0.866 2018 220.83 0.90 31.84 0.990 219.95 0.900 2018 117.70 4.72 17.91 0.930 84.03 0.680 El comportamiento de todos los materiales en los ensayos de 2018, excepto para el adhesivo EPO 155 en su módulo elástico, es directamente proporcional al de 2017, incluso en el caso de las 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 432 probetas sin dividir. Puede que la fuerza de adhesión para la resina epoxi sea más determinante que en el resto de los materiales y que las probetas sin dividir ofrezcan una resistencia mayor ante el proceso de enfriamiento en el molde, al suceder en un periodo de tiempo superior y en un entorno con una temperatura ambiente. Considerando los resultados obtenidos, se ha concluido que la influencia del procesamiento es alta y que se obtienen dos tipos de adhesiones no comparables entre sí. Por esta razón, para evaluar qué adhesivos son más adecuados, se ha contado únicamente con los datos de los ensayos de 2018. En algunas de las probetas, la fuerza adhesiva del producto ha fallado, separándose antes de realizar los ensayos. Por esta razón, en las gráficas no se encuentran todos los resultados de las probetas adheridas. Además, algunos adhesivos no han cumplido su función, siendo su capacidad de sujeción extremadamente baja, de modo que se separaban las dos mitades de la probeta al mínimo contacto o movimiento. Dos de los materiales adhesivos propuestos han debido descartarse por no haber sido eficientes en la unión de probetas para realizar un estudio útil. Es el caso de la cola de esturión aplicada en caliente (figs. 287 y 288), cuya capacidad de adhesión a las superficies cerosas ha sido demasiado baja para someter las probetas a los ensayos de tracción, probablemente debido a la naturaleza hidrófoba y a la superficie lisa de la pasta de cera. En la imagen (fig. 288) puede observarse cómo permanece adherido solo a una de las dos caras del corte y en forma de lámina, fácil de extraer mecánicamente. Figura 287. Imágenes de una probeta adherida con cola de esturión, separada antes de ensayar por ineficacia del material de unión. Fuente propia, 2018. Figura 288. Probeta con el adhesivo cola de esturión seco. Fuente propia, 2018. En el caso del Evacon™R (Gráfica 2) –del que se realizaron tres adhesiones adicionales para detectar un posible fallo en el procedimiento de unión-, el problema parece derivar de una falta de endurecimiento por parte del material, probablemente debida a la superficie lisa de la pasta de cera de la probeta y al encapsulamiento del adhesivo entre sus dos mitades, que no ha permitido la evaporación del disolvente (fig. 289). Se muestran, a continuación, las gráficas y resultados de los tres únicos ensayos que pudieron realizarse con Evacon™R antes de que se separaran por completo las dos partes de la probeta. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 433 Figura 289. Probeta adherida con Evacon®R, separada antes de ensayar por ineficacia del material de unión. Fuente propia, 2018. Analizando los resultados de comportamiento mecánico del adhesivo Evacon™R se pueden realacionar los bajos valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico, con el fracaso de la adhesión (Tabla 37 y Gráfica 2). Tabla 37. Comportamiento mecánico del adhesivo Evacon™R. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico. Probeta Fecha  max (kPa)  max (%) E (kPa) R y (kPa)  y (%) EV-R 06 2018 129.50 0.622 244.14 0.99 117.93 0.700 EV-R 03 Bis 2018 70.28 1.133 326.86 0.99 60.67 0.383 0 0.2 0.4 0.6 0.8 1 1.2 Evacon R 01bis/18 03bis/18 06/18 0 40 80 120 160 200 240 280 T e n s ió n ,  ( kP a ) Desplazamiento (mm) Los valores obtenidos han sido trasladados a la gráfica (gráfica 16) confirmando que la tensión máxima es nula y, por lo tanto, es un material adhesivo que no puede testarse en el siguiente ensayo de tracción. Gráfica 2. Interpretación de los resultados de los ensayos para las probetas con Evacon™R. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 434 El Paraloid® B72 en etanol absoluto ha demostrado una media para la tensión máxima (σmax) de 138 kPa en la deformación para la tensión máxima (εmax) de 1.03% y en el módulo elástico (E) de 18.96 GPa. Estos resultados indican que se trata de un material muy plástico y que, derivado de esta cualidad, las deformaciones son elevadas. La tensión al 0.2% aparece a deformaciones menores que las alcanzadas en el punto de tensión máxima (Tabla 38 y Gráfica 3). Tabla 38. Comportamiento mecánico del adhesivo Paraloid® B72. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico. Probeta Fecha  max (kPa)  max (%) E (GPa) R y (kPa)  y (%) Paraloid 01 2018 135.42 0.41 38.12 0.993 106.61 0.477 Paraloid 02 2018 222.91 1.22 19.90 0.993 218.05 1.255 Paraloid 04 2018 204.66 1.44 15.02 0.999 124.66 0.800 Paraloid 05 2018 131.05 0.65 22.52 0.991 118.13 0.733 Gráfica 3. Curvas de tensión-deformación del adhesivo Paraloid® B72. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 435 Mecánicamente el comportamiento de la resina epoxídica bicomponente Epo®150 parece ligeramente confuso, pues el ensayo 1 ha respondido de un modo similar al de la resina Paraloid B72, en cuanto a que presenta un comportamiento plástico hasta alcanzar la carga máxima. Sin embargo, en las pruebas realizadas durante el ensayo 3, ha experimentado un comportamiento elástico (Tabla 39 y Gráfica 4). Tabla 39. Resultados de comportamiento mecánico del adhesivo EPO®155. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico. Probeta Fecha max (kPa) max (%) E (GPa) R y (kPa)  y (%) EPO 01 Bis 2018 252.78 1.08 38.44 0.990 237.87 0.822 EPO 03 Bis 2018 232.64 0.92 47.59 0.990 199.65 0.633 Gráfica 4. Curvas de tensión-deformación para la resina epoxídica bicomponente. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. En ambos medios dispersivos, agua y etanol, el Aquazol®500 ha tenido un comportamiento elástico similar hasta que las dos partes de la probeta comienzan a despegarse, donde experimenta un comportamiento plástico. Este efecto es ligeramente superior en el Aquazol® preparado con etanol. La tabla 18, muestra una comparativa de la media de los resultados obtenidos con el Aquazol®. El adhesivo con mayor módulo elástico es el Aquazol® en agua desionizada, al presentar una menor deformación durante los ensayos. Por el contrario, el adhesivo con una tensión mayor en el régimen elástico es el Aquazol® en etanol, con una resistencia de 185.6 PKa. Esto lo convierte en el adhesivo más resistente a las fuerzas de tracción y aquel con una mayor deformación en el proceso de despegado (Tabla 40 y Gráficas 5a y 5b). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 436 Tabla 40. Resultados de comportamiento mecánico de los adhesivos Aquazol®-agua y Aquazol®- etanol. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico. Probeta Fecha  max (kPa)  max (%) E (GPa) R y (kPa)  y (%) Aquazol-Agua 03 2018 154.44 1.71 18.75 0.989 124.15 0.866 Aquazol-Agua 04 2018 220.83 0.90 31.84 0.990 219.95 0.900 Aquazol-Agua 06 2018 117.70 4.72 17.91 0.930 84.03 0.680 Aquazol-Etanol 02 2018 130.83 1.31 11.75 0.990 125.83 1.177 Aquazol-Etanol 03 2018 125.41 1.21 19.01 0.990 109.78 0.788 Aquazol-Etanol 05 2018 194.79 1.68 13.56 0.990 192.56 1.611 Aquazol-Etanol 06 2018 190.55 0.96 27.68 0.990 189.28 0.888 Gráficas 5a y 5b. Curvas de tensión-deformación para la resina Aquazol B500 dispersa en dos disolventes, en agua desionizada y en etanol absoluto. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Los valores del comportamiento mecánico del cianocrilato como adhesivo de la pasta de cera de las probetas ensayadas han sido –como cabía esperar-, notablemente superiores a los de los demás adhesivos. Estos valores se acercan a los obtenidos de los ensayos con las probetas de cera sin adhesión. Sin embargo, la fractura al llegar a la tensión máxima se ha realizado en la misma unión adhesiva y no en otra zona de la probeta (Tabla 41 y Gráfica 6). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 437 Tabla 41. Resumen de los resultados de comportamiento mecánico del adhesivo cianocrilato. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico. Ha sido el valor mínimo para evitar la dispersión. Probeta Fecha max (kPa) max (%) E (GPa) R y (kPa)  y (%) Cianocrilato 01 2018 310.22 1.47 33.51 0.987 281.02 1.033 Cianocrilato 02 2018 309.37 1.38 32.8 0.989 289.7 1.077 Cianocrilato 03 2018 307.29 1.88 40.59 0.993 234.57 0.788 Gráfica 6. Curvas de tensión- deformación para el cianocrilato comercial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Se ha determinado que el extensómetro de contacto no es funcional debido a las fuerzas que se ejercen manualmente con las gomas elásticas cuando se sujeta al fuste de las probetas. Como propuesta para optimizar el empleo del extensómetro se podría sustituir el de contacto por uno con tecnología óptica. Si bien, la colocación de un extensómetro aporta una información muy valiosa en los estudios de materiales, para el caso de las probetas de pasta cerosa no es muy eficaz, dado que esta operación requiere de una manipulación estresante para el material y contribuye a la fragilidad de la adhesión. Para comprobar la influencia de la colocación del extensómetro en los valores del comportamiento mecánico de los materiales, se han ensayado tres probetas de pasta de cera sin adhesivo –es decir, sin separar en dos mitades-, sin extensómetro. Los valores obtenidos han sido contrastados con los de cinco probetas ensayadas con extensómetro (Tabla 42 y Gráfica 7). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 438 Tabla 42. Valores obtenidos de los ensayos de tracción realizados en probetas con extensómetro y sin este para comprobar la incidencia del aparato de medición en los resultados de adhesión. MUESTRA Extensómetro leyenda max (kPa) max (%) E (GPa) R Probeta 1 No 421 3.82 36.3 0.995 Probeta 2 No 457 3.07 44.8 0.965 Probeta 3 No 417 2.87 48.0 0.956 Original 01 Sí 360 2.10 40.6 0.992 Original 02 Sí 247 4.30 17.1 0.998 Original 03 Sí 293 3.12 30.9 0.996 Original 04 Sí 228 3.90 22.5 0.997 Original 05 Sí 319 3.02 25.5 0.998 Gráfica 7. Curvas de tensión-deformación de las probetas con extensómetro y sin este. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. Los valores obtenidos, dibujados en la gráfica para facilitar su comparación, parecen indicar que la tensión máxima soportada por las probetas sin extensómetro, así como los valores para el límite elástico, son superiores en todos los casos y que el módulo elástico se mantiene en valores similares, lo cual podría señalar que sí existe una influencia del extensómetro empleado en los resultados de estudios mecánicos. En consecuencia, se debería modificar este punto de la metodología en ensayos posteriores, sustituyendo este equipo por un extensómetro óptico, por ejemplo. Aunque en ningún caso los puntos de sujeción del extensómetro han dado lugar a roturas -probablemente por su aislamiento del fuste con los trozos de papel de lija autoadhesiva previamente mencionada-, podría darse la posibilidad de que su presencia hubiera condicionado los valores resultantes, siendo pertinente el empleo de un extensómetro que no sea de contacto en ensayos posteriores. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 439 9.3.3. Metodología del ensayo fractográfico y microestructural Para evaluar de modo visual los resultados obtenidos, se ha podido contar en esta investigación con un estudio de las superficies ensayadas mediante un análisis fractográfico y microestructural realizado por microscopía electrónica de barrido (SEM). Se ha analizado concretamente la zona de fractura en la probeta de cera una vez sometida a los ensayos de tracción, observando el área donde se ha aplicado el adhesivo. Se ha determinado cualitativamente la capacidad de deterioro de cada producto sobre la pasta de cera y se ha comprobado la idoneidad de la metodología de aplicación. Además, el examen de las características físicas de las superficies ha posibilitado evidenciar la similitud o diferencia en la zona de la pasta de cera, nueva y original, tratadas. Este ensayo también permitirá comprender los cambios físicos en la superficie ensayada mecánicamente. En esta investigación se ha empleado un microscopio electrónico de barrido (SEM), de la casa Zeiss, modelo Auriga® con columna SEM modelo Gemini®. Esta técnica diagnóstica requiere una cantidad de muestra muy pequeña y es considerada “no destructiva” cuando se trata de un fragmento con las dimensiones del portaobjetos del instrumental, situación muy factible en el análisis de los modelos tridimensionales de cera, pues a menudo se encuentran fragmentos de las piezas del tamaño de milímetros en sus peanas. El mayor inconveniente de esta técnica en el análisis de las superficies cerosas es el requisito de trabajar con una muestra conductora, ya que la interacción de los electrones emitidos sobre la muestra y el equipo necesitan un material que lo permita. Figura 290. Procesado de metalización de las muestras cerosas. Fuente propia, 2018. Generalmente, la conversión de un material no conductor es sencillo empleando un equipo metalizador mediante el recubrimiento de la superficie con una capa de carbono o metales realizada con sputtering107. Sin embargo, el material ceroso sufre importantes alteraciones y deterioros durante este proceso debido a la presión ejercida por el bajo vacío del metalizador (fig. 290). una técnica de pulverización catódica o Para realizar el análisis de fractura en materiales (fractomecánica), se requiere una superficie de estudio con cualidades conductoras y sin humedad; esta última, en el caso de las pastas de cera, no es un problema. Para solventar la primera característica se ha recubierto cada superficie a ensayar con un material metálico. Ha sido seleccionada una probeta por cada adhesivo, por considerarse suficiente para obtener conclusiones. 107 La terminología anglosajona para denominar la pulverización catódica es Sputtering 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 440 La metalización de las muestras ha sido realizada con el instrumental modelo Ultra-Spec 90 de la casa Energy Beam Sciencies (fig. 290), con una película de oro de aproximadamente 10 nm de espesor. Se trata de un recubrimiento -o “spputtering”-, realizado en una cámara de alto vacío; para este metalizado se utiliza a 30-50 militores. Una vez conseguido el vacío, se introduce argón, que garantiza la ausencia de oxígeno y favorece el movimiento del haz de electrones de oro, desde el ánodo de oro hasta la muestra de pasta de cera montada sobre una base de latón, o cátodo. El sistema tiene que mantenerse bajo una presión de entre 75-125 militores, durante un tiempo aproximado de 12 minutos. En las imágenes (fig. 291 a-e) se muestra, paso a paso, el procesado de metalización de una muestra de fuste ensayado con el instrumental de tracción. En primer lugar, los dos fragmentos del fuste de la probeta ensayada (donde está el adhesivo) deben seccionarse con la ayuda de la cuchilla, tratando de no manipular las superficies de ensayo a observar con SEM. Después, las dos muestras se tienen que montar en una base de un material conductor, en este caso de latón. Las tiras autoadhesivas de carbono -las tiras negras-, favorecen el proceso y ayudan a sujetar las muestras a la base. En este momento, la muestra debe ser introducida en el metalizador; la luz rosa indica que los iones metálicos de oro se están depositando sobre la muestra. El aspecto de la muestra metalizada y lista para ser observada con el microscopio electrónico se muestra en la imagen (fig. 291 e). Aunque la pasta de cera es mala conductora, el instrumental ha permitido observar muestras sin metalizar, pero a menos aumentos y con una calidad de imagen inferior a la obtenida con metalización. Además, se ha contado con microscopio digital portátil Dino-Lite, modelo AM4113T-FVW 108, para estudiar las muestras macroscópicamente (tanto con luz visible como con luz UV), lo que ha permitido contrastar las observaciones con las conclusiones del examen llevado a cabo con SEM. Figura 291. (Desde arriba abajo: a,b,c,d y e) Metodología de metalización de las dos partes del fuste -donde se ha ensayado el adhesivo- después de los ensayos de tracción. Fuente propia, 2018. 108 El AM3113 se muestra a 30 fps para resoluciones de 640 × 480 y puede ampliar objetos de 10x a 50x, hasta 230x según la distancia de trabajo. Esta información puede consultarse en línea: https://www.dinolite.us/products/am3113t e d c b a https://www.dinolite.us/products/am3113t 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 441 La cámara que tiene incorporada el equipo SEM ha sido adecuada para tomar las imágenes de las muestras estudiadas. Las visualizaciones a diferentes aumentos de las superficies de estas se realizan en la pantalla del monitor conectado a las cámaras interiores. La temperatura a la que se encuentran sometidos los materiales durante este proceso puede ser alta, por lo que este factor ha sido observado con detenimiento dada la alta sensibilidad a este agente ambiental por parte de la cera de abejas; no se han encontrado signos de alteración tras examinarlas en SEM. Una vez analizados los valores obtenidos de los ensayos de tracción uniaxial, se ha incluido el estudio topográfico de las superficies ensayadas con la microscopía electrónica de barrido SEM- EDS. La microscopía electrónica aplicada sobre las superficies cerosas ha permitido obtener una información cualitativa para identificar la topografía esferular observada previamente en las pastas de cera de los modelos didácticos conservados en el Museo Veterinario Complutense. Para determinar la manera idónea de utilizar este instrumental, así como para analizar las razones del agrietamiento y aparición de porosidad heterogénea en investigaciones previas en pastas de cera con microscopía electrónica, los fustes han debido prepararse de una manera concreta que se explica a continuación. Los fustes de las probetas ensayadas a tracción deben prepararse para su estudio con SEM. Siempre tratando de no poner en contacto con nada la superficie del fuste que se ha fracturado como consecuencia del ensayo de tracción, se marca con unas incisiones en forma de “x” la parte opuesta del fuste. De este modo, se evitarán errores en el momento de examinar la superficie ensayada. Se sigla y se incluye la información necesaria sobre la muestra -el área del fuste ensayado y la fuerza máxima de rotura a la tracción, en este caso-, para introducirla en una bolsa de plástico de cara a su conservación (fig. 292 a-d). Figura 292. En estas cuatro imágenes (a, b, c y d) se ha tratado de describir el proceso de preparación de la superficie a observar con SEM. Fuente propia: 2017. a b c d 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 442 El siguiente paso para el estudio de la superficie ensayada es su observación con un microscopio o lupa de aumentos. Con ello se ha podido identificar la acción del adhesivo en las superficies ensayadas y los fallos en respuesta al esfuerzo mecánico para comprobar si se ha introducido en el estrato del material, si el adhesivo se ha separado en forma de lámina, si la cobertura del adhesivo en la superficie ha sido homogénea, etc. Los resultados de este análisis visual se han comparado con las imágenes conseguidas del estudio con el microscopio óptico. Para obtener imágenes con la mayor resolución y poder analizar correctamente las superficies con el microscopio electrónico, es necesario metalizar las superficies ensayadas con los adhesivos. 9.3.4. Resultados y discusión Previamente a la realización de los ensayos de tracción uniaxial y al estudio fractográfico y microestructural con microscopía óptica ha sido necesario establecer y explicar las condiciones de testado. Esta información ofrece apoyo para comprender e interpretar correctamente los resultados obtenidos durante los ensayos. Se han analizado conceptos como el tipo de magnitudes y parámetros con los que trabaja la máquina de ensayo, los tipos de fuerza que se deben tener en cuenta y que sirven para interpretar la capacidad adhesiva de los materiales ensayados, así como los comportamientos físicos que podrán experimentar las probetas de pasta de cera durante el ensayo dependiendo de la fuerza adhesiva del material testado. Por último, queda explicado el cálculo de los errores para cada parámetro obtenido del ensayo, lo que permitirá eliminar las dispersiones en los datos y las observaciones inexactas. A continuación, el punto sobre la metodología de ensayos expone los pasos y requisitos que deben cumplirse para colocar la probeta correctamente en la máquina de ensayo, la razón por la que se coloca un extensómetro de contacto y los resultados de los testados realizados en 2017 y 2018 para determinar si utilizar ambos estudios para obtener las conclusiones o si, por el contrario, deberían descartarse los de 2017. En todos los casos, la tensión máxima de la probeta sin adhesivo ha sido mayor a la experimentada por las probetas unidas por cualquiera de los adhesivos. El cianocrilato se podría descartar como adhesivo, pues ante cualquier tensión será más rígido –más elástico- que la pasta de cera de las probetas y esta experimentará una flexibilización, llegando a romperse si la tensión es muy elevada. El Evacon™R parece resistir una tensión máxima muy baja y encontrarse fuera de los niveles para el límite elástico –es muy rígido, se deforma muy poco-, demasiado como para ser suficientemente adhesivo, por lo que podría descartarse también. El módulo elástico de todos los adhesivos, excepto el del cianocrilato y el de la resina epoxídica, es similar pero ligeramente inferior a la del material ceroso de referencia. Es decir, que cualquiera de ellos tendría un buen comportamiento como adhesivo al experimentar una capacidad no superior a la del material escultórico. La Epo®155 tiene el módulo elástico más elevado, pero un límite elástico parecido al Paraloid®B72, al Aquazol®-agua y al Aaquazol®- etanol. Si se consideran los intervalos de error en las gráficas para la tensión máxima, tanto el Paraloid®B72 y los dos adhesivos de Aquazol® testados, se encuentran en los mismos rangos, lo que parece indicar su idoneidad. Para el módulo elástico, la rigidez de los adhesivos es 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 443 ligeramente inferior al de la pasta de cera, es decir, que los adhesivos son menos elásticos que la pasta de cera de referencia, ya que esta es muy plástica. Si los resultados del módulo elástico de los adhesivos fueran muy superiores a los de la pasta de cera, significaría que el material ceroso se deformaría, fracturándose finalmente en una zona diferente a la del adhesivo. A pesar de ello, la resina Epo®155 ha experimentado la rotura en la unión; quizás se compense su comportamiento plástico con su tensión máxima y su límite elástico. El Aquazol® en agua, la Epo®155 y el Aquazol® en etanol parecen buenos adhesivos para el fin propuesto, pues la carga y el módulo elástico ofrecen valores muy adecuados –o aceptables en el caso de la resina epoxídica-, así como su cercanía para la deformación por la tensión máxima entre los adhesivos. El Paraloid®B72 y la Epo®155 muestran valores inferiores en cuanto a la deformación para la tensión máxima, lo que indica una rigidez mayor a la de los otros materiales. En cuanto al Aquazol®, en ambos son muy similares a la tensión máxima y el módulo elástico, con un valor medio para la tensión máxima en este ensayo de 160.4 kpa. En el caso de encontrarse disperso en agua desionizada, la tensión máxima alcanzada se sitúa cercana a los 164.3 KPa. El Aquazol® en agua es más similar a la pasta de cera en la deformación para la tensión máxima. El Aquazol® en etanol parece ejercer una capacidad mecánica mayor cuando el medio dispersivo es el disolvente orgánico etanol absoluto, observando la lámina continua y uniforme de adhesivo en el área de unión. A continuación, se muestra una tabla con los diferentes valores medios para cada adhesivo, que pretende facilitar el razonamiento de los resultados obtenidos (Tablas 43 y 44). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 444 Tabla 43. Valores de la tensión de rotura en las probetas testadas y su expresión en forma de gráfica Tensión máxima  max Probeta Valor medio  max (kPa) Desviación típica n-1 (kPa) Error cuad. Med. n (kPa) Error cálculo  (kPa) Error total (n + ) T (kPa) RESULTADO Sin adhesivo 323.9 34.2 19.8 0.6 20 320  20 kPa Paraloid®B72 173.5 47.1 23.6 0.6 24 174  24 kPa Cianocrilato 293 32 16 0.6 20 290  20 kPa Epo®155 242.7 14.0 10 0.6 10 240  10 kPa Aquazol®-agua 164.3 52.3 30.2 0.6 30 160  30 kPa Evacon™R 100 42 30 0.6 30 100  30 kPa Aquazol®-etanol 160.4 37.4 18.7 0.6 20 160  20 kPa Deformación para la Tensión máxima max Probeta Valor medio  max (%) Desviación típica n-1 (%) Error cuad. Med. n (%) Error cálculo  (%) Error total (n + ) T (%) RESULTADO Sin adhesivo 2.75 0.56 0.32 0.003 0.3 2.8  0.3 % Paraloid®B72 0.93 0.48 0.24 0.003 0.24 0.93  0.24 % Cianocrilato 1.35 0.5 0.25 0.003 0.25 1.35  0.25 % Epo®155 1.00 0.77 0.39 0.003 0.4 1.0  0.4 % Aquazol®-agua 2.44 2.01 1.16 0.003 1 2  1 % Evacon™R 0.88 0.4 0.26 0.003 0.26 0.88  0.26 % Aquazol®-etanol 1.29 0.30 0.15 0.003 0.15 1.29  0.15 % 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 445 Módulo elástico E Probeta Valor medio  (GPa) Desviación típica n-1 (GPa) Error cuad. Med. n (GPa) Error cálculo  (GPa) Error total (n + ) T (GPa) RESULTADO Sin adhesivo 32.4 7.6 4.4 0.01 4 32  4 GPa Paraloid®B72 23.9 10.0 5.0 0.01 4 24  5 GPa Cianocrilato 42.12 10 7 0.01 7 42  7 GPa Epo®155 43.0 6.5 4.6 0.01 5 43  5 GPa Aquazol®-agua 22.8 7.8 4.5 0.01 4 23  5 GPa Evacon™R 28.55 6 4 0.01 4 29  4 GPa Aquazol®-etanol 18.0 7.15 3.6 0.01 4 18  4 GPa Límite elástico Y Probeta Valor medio  max (kPa) Desviación típica n-1 (kPa) Error cuad. Med. n (kPa) Error cálculo  (kPa) Error total (n + ) T (kPa) RESULTADO Sin adhesivo 226.4 29.5 17.1 0.6 20 320  20 kPa Paraloid®B72 141.9 51.3 25.7 0.6 26 142  26 kPa Cianocrilato 261 28 14 0.6 15 260  15 kPa Epo®155 218.8 27.0 19.0 0.6 20 220  20 kPa Aquazol®-agua 142.7 69.8 40.3 0.6 40 140  40 kPa Evacon™R 89 41 30 0.6 30 90  30 kPa Aquazol®-etanol 154.4 42.7 21.4 0.6 20 150  20 kPa 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 446 Deformación para Límite elástico Y Probeta Valor medio  Y (%) Desviación típica n-1 (%) Error cuad. Med. n (%) Error cálculo (%) Error total (n + ) T (%) RESULTADO Sin adhesivo 0.88 0.18 0.10 0.003 0.1 0.9  0.1% Paraloid®B72 0.82 0.32 0.16 0.003 0.16 0.82  0.16% Cianocrilato 0.87 0.23 0.1 0.003 0.1 0.9  0.1 % Epo®155 0.73 0.13 0.09 0.003 0.09 0.73  0.09% Aquazol®-agua 0.82 0.12 0.07 0.003 0.07 0.82  0.07% Evacon™R 0.54 0.22 0.16 0.003 0.16 0.54  0.16 % Aquazol®-etanol 1.12 0.37 0.57 0.003 0.6 1.1  0.6% 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 447 Tabla 44. Curvas obtenidas de la interpretación gráfica para cada adhesivo testado Sin adhesivo Paraloid®B72 Epo®155 Cianocrilato Aquazol®B500-Agua Aquazol®B500-Etanol 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 448 Evacon™R 9.3.5. Resultados de los análisis fractográfico y microestructural Los resultados observados en las muestras de pasta de cera preparadas de modo específico para esta investigación, ensayadas a tracción y metalizadas, parecen indicar que la influencia del metalizado de estas, necesario para obtener la mayor nitidez en las imágenes observadas con el microscopio electrónico, puede alterar la superficie cerosa y llevar a una cierta confusión a la hora de extraer los datos durante el análisis de los resultados. Como se puede observar en las imágenes, en algunas zonas de la pasta cerosa sometidas al proceso de metalizado, en donde el adhesivo se ha desprendido o no se ha adherido, han experimentado procesos de agrietado y creación de valles, que podrían confundirse con los poros en otro tipo de materiales (fig. 293 a y b). Han sido comparadas estas superficies alteradas con una muestra de pasta cerosa no sometida al proceso de metalizado (fig. 294 a y b), lo que ha posibilitado comprobar que aquella no 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 449 metalizada no se ha alterado de la misma forma, a pesar de soportar la misma presión a la que se someten todas las muestras en el microscopio electrónico109. Figura 293. Detalle superficial de cera nueva metalizada. Imágenes a y b: muestra de Aquazol® en agua en una zona sin adhesivo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 294 a y b. Detalle superficial de cera nueva sin metalizar a diferentes aumentos. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Por otra parte, la influencia del corte con cuchilla de los fustes de las probetas de pasta de cera nueva podría suponer un nuevo factor de deterioro y dar lugar a zonas que parecen tener porosidad y grietas, independientemente de su procesado en el metalizador o de su observación con microscopía óptica. Podría considerarse esta opción en el caso de las referencias obtenidas en la consulta de la literatura científica de referencia, en las que otros investigadores dividieron los fustes de las probetas de ensayo con una cuchilla muy fina (Del Moral, 2016: 310-313; Dionisio, 2018: 44). Esta reflexión pone en relieve que la metodología de fabricación de las esculturas y su naturaleza orgánica dificultan la caracterización de superficies en la práctica. Razonando los resultados obtenidos en este estudio, es posible afirmar que la presión ejercida por las atmósferas, combinada con el rápido paso de una temperatura elevada por la “lluvia” de electrones de oro (favorecida por la presencia de argón), el posterior enfriamiento para eliminar el gas y finalmente la extracción de la muestra del metalizador a las atmósferas originales, pueden resultar agresivas para el material y debe tenerse en cuenta para evaluar la idoneidad del material adhesivo testado. 109 El equipo de análisis fractográfico y microestructural, así como la obtención de imágenes del microscopio óptico, han sido responsabilidad de Antonia Martín Sanz, del Laboratorio de Materiales de la UPV. a b a b 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 450 Los resultados obtenidos de la observación con el microscopio óptico y con las lupas de aumento han sido los siguientes: Evacon™R: El Evacon™ muestra una incapacidad de endurecer entre las dos capas hidrófobas incluso pasadas más de 72 horas. Se ha considerado interesante, sin embargo, estudiar las superficies bajo SEM, una vez el adhesivo se ha secado, tras el ensayo de tracción. Debido al lento proceso de curado, el adhesivo se ha distribuido en un estrato uniforme y liso en las superficies de las dos partes del fuste (fig. 295). Figura 295. Las dos mitades del fuste con Evacon™R metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018. Si se tiene en cuenta que el Evacon™R es empleado en conservación de material celulósico y que tiene un pH ligeramente básico para la pasta de cera, cercano a pH 8, es interesante considerar que esta característica debería hacerlo más afín a la superficie por intercambio iónico y dar lugar a capas de adhesión fuertes. Sería necesario hacer pruebas para comprender si dicha basicidad supusiera un riesgo de deterioro, así como la eficacia de la adhesión si se consigue evaporar el agua en la que se encuentra disperso el material. Figura 296. Capa de adhesivo cubriendo la superficie granulosa de pasta de cera. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 297. Elevaciones o crestas formadas al separar las dos partes con el adhesivo húmedo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 451 Figura 298. Detalle aumentado de la superficie con elevaciones. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Esta similitud hace reflexionar sobre la posibilidad de una adaptación adecuada a las superficies independientemente del carácter hidrófobo de estas. En la imagen (fig. 298), unos pequeños y discontinuos agujeros en zonas muy heterogéneas de la superficie del adhesivo podrían ser el resultado de la presencia de microburbujas. En los bordes del adhesivo, donde sí había endurecido una fina capa de este, la formación de elevaciones o crestas es similar a las de la zona sin endurecer (fig. 297). Aquazol®B500 – Agua desionizada Los hilos formados en la película de adhesivo (fig. 300), pueden indicar una elasticidad elevada del producto. Por otra parte, es probable que el agrietado fácilmente reconocible en la superficie de la capa de adhesivo, que se puede apreciar en las imágenes (fig. 300 y 301), se deba al estrés sufrido durante el proceso de metalización. Esta hipótesis se debe contrastar con las imágenes macroscópicas de la muestra con adhesivo sin metalizar. Figura 299. Las dos mitades del fuste con Aquazol®B500-agua, metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018. Figura 300. Zonas de detalle de la zona de rotura de la capa de adhesivo Aquazol®B500 – Agua desionizada. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 452 La permanencia de una orografía esferular en las zonas donde la capa de adhesivo no se ha mantenido adherida, debido a la fuerza ejercida por la tracción, permite razonar que el adhesivo respeta la composición físicoquímica de la pasta de cera, adhiriendo las piezas sin deteriorarlas. En la imagen (fig. 302) puede observarse una zona sin adhesivo o con una fina capa, en la que se aprecia la superficie característica de la pasta de cera. Figura 301. Superficie de adhesivo agrietado. Aquazol®B500 – Agua desionizada. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 302. Superficie cerosa esferular sin adhesivo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Aquazol®B500 – Etanol absoluto El Aquazol® disperso en etanol parece tener un comportamiento similar al mismo producto combinado con agua desionizada, en cuanto a que respeta la orografía superficial de la pasta de cera, si bien se muestra ligeramente más adhesivo. La abundancia y frecuencia de los arrancamientos pueden deberse a una mayor actividad del etanol sobre la superficie, al disminuir la tensión superficial y permitir una adherencia más homogénea y generalizada en toda la superficie. En las imágenes de las dos mitades del fuste (fig. 303) puede observarse cómo el producto se ha distribuido de manera homogénea, si bien ha sufrido una retracción en la mitad con una mayor cantidad de adhesivo. Figura 303. Las dos mitades del fuste con Aquazol®B500 – Etanol absoluto, metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018. La capa de adhesivo parece muy homogénea y lisa, sin porosidad ni relieves. Cubre toda la superficie y se separa de la cara contraria en forma de capa (fig. 304). Sobre este estrato, se observan algunas formaciones globulares de la superficie, arrancadas o disueltas y adheridas sobre la superficie contraria. Se desconoce el origen de los puntos negros en las imágenes, pudiendo ser efecto del disolvente sobre la pasta de cera y, en ese caso, ejercer cierto comportamiento disolvente (fig. 305). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 453 Figura 304. Superficie lisa con adhesivo homogéneo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 305. Detalle de una zona con una fina capa adhesivo, en la que se aprecia la superficie globular característica de la pasta de cera. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 306. Detalle de la superficie de Aquazol®B500- etanol con menos grietas que con el agua. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Es probable que el agrietado fácilmente reconocible en la superficie de la capa de adhesivo se deba al estrés sufrido durante el proceso de metalización. Sin embargo, se aprecia una cantidad de grietas inferior a la de la superficie tratada con Aquazol®-agua y esto puede deberse a un aumento de la elasticidad superficial ante la presencia del etanol, durante el proceso de metalización (fig. 306). Paraloid®B 72 – etanol absoluto En las muestras no metalizadas la distribución del adhesivo Paraloid®B 72 – etanol absoluto es irregular, habiendo una mayor cantidad en los bordes del fuste (fig. 307). Como material parece menos elástico que el Aquazol® con cualquiera de los dos disolventes -agua y etanol absoluto- porque al separarse no forma hilos, pero más elástico que la resina Epo®155, ya que presenta un arrancamiento regular, de baja profundidad y con agujeros de rotura en la superficie que indican cierta elasticidad (fig. 308 y 309). Figura 307. Las dos mitades del fuste con Paraloid®B 72 – etanol absoluto, sin metalizar. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 454 Figura 308. Detalle de la superficie donde se pueden observar los agujeros de rotura. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 309. Detalle de la zona de adhesivo con arrancamiento regular tras el ensayo de tracción. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Figura 310. Detalle de pasta de cera con esférulas, correspondiente a una burbuja rota en la capa de adhesivo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Muestra una buena adherencia, indicada por la homogeneidad en la presencia de esférulas sobre la superficie del adhesivo que estaba en contacto con la pasta de cera antes del ensayo de tracción (fig. 310). Esto también podría sugerir, como en el caso del Aquazol®-etanol, la posibilidad de cierta disolución de la superficie por parte del disolvente orgánico. Sin embargo, existen dudas sobre que exista disolución, pues bajo algunos puntos del adhesivo se conservan las superficies esferulares intactas. Los microarrancamientos generalizados refuerzan el indicio de una buena y homogénea adherencia, excepto en las zonas correspondientes a unas burbujas de aire de un tamaño considerable, cuya presencia ha derivado en una falta de adherencia puntual. Durante el ensayo de tracción, el adhesivo se rompe primero en estas zonas, y se da una retracción del material en sus bordes. En la muestra metalizada no se aprecian diferencias con respecto a lo observado en la muestra antes de metalizar, excepto las características de la capa de adhesivo, que parece ser muy liso en superficie y sin porosidad. Tampoco se han apreciado agrietamientos tras el proceso de metalización en la superficie en esta muestra. Esto podría ser por el efecto del etanol, como se ha indicado para el Aquazol®-etanol absoluto. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 455 EPO®155-K®156: La película de resina epoxídica presenta una adhesividad efectiva de las dos mitades del fuste. Sin embargo, tras el ensayo de tracción, la totalidad del estrato de producto ha quedado en una de las dos mitades (fig. 311). Se observa que la superficie esferular se mantiene, aunque no intacta, pues parece haber quedado parte en la cara contraria con adhesivo, lo que puede estar indicando una buena adhesión. Se aprecian también, a la izquierda de la imagen (fig. 312), que quedan pequeños restos de adhesivo muy unidos a la superficie de cera. Figura 311. Las dos mitades del fuste con Paraloid®B 72 – etanol absoluto, sin metalizar. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018. Figura 312. Detalle de la superficie del adhesivo. En ambas imágenes pueden observarse restos de pasta de cera arrancada. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. La capa de adhesivo parece ser homogénea y poco porosa, pero con una orografía rugosa, que le permitiría ejercer una mayor adhesión. En las imágenes (fig. 313) se aprecia la forma de arrancamiento poco profundo y homogéneo en toda la superficie. Este material parece quedarse en una capa en todos los ensayos de tracción, lo que podría sugerir una reversibilidad adecuada. Estudiando la razón por la que el producto permanece preferentemente en una de las dos superficies y observando el comportamiento de reversibilidad, en un posible estudio posterior, esta resina epoxídica podría representar uno de los materiales adhesivos más adecuados para la unión de pastas de cera de abejas. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 456 Figura 313. Detalle de la superficie sin adhesivo y con arrancamientos. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Cianocrilato comercial: La capa de adhesivo cubre toda la superficie de la muestra, indistintamente en las dos caras (fig. 314). En las imágenes obtenidas con el microscopio electrónico se puede observar que el producto tiene un aspecto rugoso y se dispone en capas irregulares. Parece muy rígido, dado que no se observan deformaciones derivadas de las fuerzas ejercidas durante el ensayo (fig. 315). Este adhesivo no es adecuado para conservación y restauración de artefactos y obras de arte elaborados con pastas de cera, debido a que parece cubrir de manera completa la superficie, de manera que crea una capa inseparable con esta. Figura 314. Las dos mitades del fuste con Cianocrilato comercial, metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018. Figura 315. Detalle del adhesivo Cianocrilato cubriendo toda la superficie en ambos fustes. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018. Además, en las imágenes se puede apreciar la rigidez del adhesivo, así como su estratificación, fundiéndose con la capa de pasta de cera. Es probable que la energía de polimerización del adhesivo y los disolventes orgánicos que lo mantienen en dispersión alteren la superficie. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 457 9.4. Casos prácticos: tratamiento de adhesión de fragmentos La aplicación de los resultados obtenidos con el estudio de adhesivos se expone, a continuación, en cuatro casos prácticos relevantes dentro de la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense. Se pretende con ello ofrecer ejemplos significativos sobre los procesos de consolidación estructural, adhesión de fragmentos y reintegración volumétrica de faltantes. Dos de los casos, el modelo Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) y el modelo Feto de potro. Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681), corresponden a piezas de la colección que mostraban numerosas partes anatómicas fragmentadas lo que se requería de su adhesión y reconstrucción a fin de recuperar la legibilidad del artefacto. En los otros dos casos, el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) y el Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682), las pérdidas matéricas afectaban a áreas importantes y comprometían la estabilidad del conjunto. Por esta razón, fue necesario realizar las oportunas reintegraciones volumétricas adhiriendo nuevos fragmentos fabricados con una pasta de cera producida ad hoc. tal y como se indica en la bibliografía especializada. 9.4.1. Modelo de Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) El modelo anatómico Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677), es uno de los pocos ejemplares desmontables que se conserva en la colección estudiada. En él aparecen representados los cuernos grávidos del útero vacuno por fuera y por dentro. Para observar el interior con los cotiledones, de superficie vellosa, el modelo presenta una pieza desmontable que puede extraerse fácilmente. La fabricación de esta estructura anatómica requirió del empleo de moldes de escayola, de los que se obtuvo la pieza de pasta de cera hueca con la forma general del útero. La zona interior presenta una coloración rojiza que simula la cavidad uterina. Una vez desmoldada y eliminadas las rebabas, los ceroescultores representaron la irrigación sanguínea con pasta de cera coloreada, probablemente con los pigmentos bermellón para las arterias y azul de Prusia para las venas. Sobre dicho sistema vascular, fue superpuesto un fino estrato de pasta de cera con un elevado contenido en resina para elevar su traslucidez y permitir la observación de las capas subyacentes. Debido a que el estrato ceroso más externo del modelo reposa sobre los vasos sanguíneos, existen cámaras o huecos entre esta y la superficie cerosa interna. En cuanto a los cotiledones, estos parecen haber sido realizados manualmente y todos ellos presentan una superficie rugosa grabada con utillaje específico. Este modelo no parece haber sido intervenido desde su fabricación. Los materiales constitutivos del mismo han sufrido un envejecimiento natural con el paso del tiempo, que ha provocado un aumento de la rigidez y un aspecto ambarino. En el pasado, sufrió una fractura múltiple que la ha dividido en 5 piezas (sigladas de rfa. MV-677 a rfa. MV-677/4) y en algunos fragmentos de muy pequeñas dimensiones (fig. 316). El museo dispone de documentación fotográfica de la escultura antes de su deterioro, si bien la calidad de esta no permite conocer la disposición exacta que tenían los cotiledones. El proceso de recuperación de este modelo anatómico supuso un reto debido a la deformación de los fragmentos como consecuencia de los impactos y la naturaleza plástica de la pasta de cera. Además, durante la fase de documentación 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 458 y diagnosis, se pudo determinar una importante pérdida de la membrana que recubre las venas y arterias, junto con algunos de los vasos sanguíneos de las zonas afectadas. Figura 316. Modelo Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) fracturado en varias piezas, como se encontraba antes de la intervención de adhesión. Fuente propia, 2016. El estado crítico de conservación no solo se debía a los daños estructurales del objeto, sino también a la acumulación de capas de polvo y suciedad con unas partículas fuertemente adheridas a su superficie que, en algunas áreas con rugosidad y oquedades, dificultaba en mucho su extracción. Previamente a la intervención de adhesión, fue realizada la eliminación del particulado atmosférico en la superficie de cada una de las piezas componentes del modelo. Esta acción de conservación fue especialmente complicada debido a que los depósitos de suciedad estaban muy adheridos a las zonas de pastas de cera sin protección de una película filmógena, como ocurría en los bordes fracturados y en las superficies internas de la escultura. Una vez realizada la limpieza, pudo continuarse con la intervención de adhesión (fig. 317). El principal reto en cuanto a la conservación consistió en seleccionar el adhesivo que cumpliese con los requerimientos específicos para frenar los deterioros descritos. Las pequeñas uniones de los vasos sanguíneos que se conservaban junto a la pieza fueron tratadas con Lascaux®Acrylkleber 498 HV por tratarse de fragmentos poco pesados y sin una función estructural, ubicándolas en sus lugares originales. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 459 Figura 317. Adhesión de los fragmentos menos pesados, como los cotiledones, con el adhesivo Acrylkleber® 498 HV. Fuente propia, 2016. Las piezas de un peso mayor se adhirieron con resina epoxi bicomponente Epo®155- K®156, aplicando a pincel puntualmente Paraloid B-72 disuelto en etanol absoluto-acetona -70%- 30% v/v, de modo que pudiera asegurarse la posición de la unión y favorecer la adhesión durante el curado de la resina epoxídica Epo®155-K®156, de aproximadamente 72 horas. Durante este tiempo, las piezas fueron aseguradas con tiras de Kinesiología para facilitar la adhesión, puesto que se comprobó que sus superficies permitían mantener unidos los fragmentos sin crear abrasiones en las superficies cerosas. Su colocación puede observarse en las imágenes (fig. 318). Figura 318. Proceso de adhesión de uno de los cuernos uterinos: aplicación de la resina Epo®155-K®156, colocación de la pieza en su lugar de adhesión y sujeción de la unión con cinta de Kinesiología durante las 24-72h de curado de la resina. Fuente propia, 2016. Debe indicarse que el relleno de las zonas de adhesión cuyos bordes no coincidían completamente ha sido determinante en la estabilidad y eficacia de la intervención. Si bien los materiales adhesivos seleccionados cumplían su función, los bordes de las superficies unidas presentaban huecos con faltas matéricas poniendo en riesgo las uniones. Para solucionarlo, fue preciso realizar un relleno de dichas faltas con la pasta de cera propuesta para evitar un esfuerzo 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 460 mecánico excesivo en los puntos donde la superficie de adhesión era restringida y ha cumplido, a su vez, una función de refuerzo material. En las imágenes (fig. 319 a-d.), se muestra el proceso seguido para la aplicación de pasta de relleno con la mezcla de cera parafina y cera microcristalina coloreada con pigmentos en polvo, colocada en las zonas a tratar con la ayuda de espátula térmica regulable. Figura 319. Relleno de lagunas para asegurar las adhesiones en uno de los cuernos uterinos del modelo: a. selección de la pasta de reintegración con el color más semejante al modelo, b. aplicación de la pasta de relleno en forma de gotas con la ayuda de una espátula térmica regulable y c y d. moldeado del relleno de la laguna con el calor de la espátula para imitar la superficie escultórica y facilitar su integración. Fuente propia, 2016. Afortunadamente, se conservaban la mayoría de los fragmentos y la pérdida de irrigación sanguínea no suponía un obstáculo para su comprensión didáctica, por lo que no se precisó su reconstrucción. El modelo reintegrado volumétricamente puede observarse en las siguientes imágenes (fig. 320). a b c d 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 461 Figura 320. Modelo Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) una vez finalizada la fase de limpieza, adhesiones y reintegración. (Arriba) se muestra la pieza donde pueden observarse el interior con los cotiledones. (Debajo) el modelo se cierra con la pieza que cumple la función de tapa. Fuente: Luis Castelo, 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 462 9.4.2. Modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681) Figura 321. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681) completo, visión general frontal. Se puede observar al potro objeto de este caso de estudio en el interior de la cavidad uterina de la yegua. Fuente propia, 2016. El modelo veterinario Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681) pertenece al conjunto de herramientas didácticas orientadas a la enseñanza de la obstetricia. Como ocurre en las colecciones de medicina, esta Gestación de yegua probablemente fuera de utilidad para mostrar a los alumnos de veterinaria las posibles colocaciones del feto a término. Los ceroescultores consideraron necesario representar únicamente el vientre de la yegua centrándose, en este caso, en la disposición del útero grávido, de la colocación de las vísceras que lo rodean y de la posición del potro, que muestra una presentación anterior o de cabeza. Su anatomía se compone del tren superior con las patas delanteras, el cordón umbilical y la cabeza, no fueron representados los miembros posteriores (fig. 321). Como conjunto escultórico se encuentra compuesto por una pieza grande con la representación del abdomen de la yegua, donde se muestra una sección transversal del útero grávido, y una pieza pequeña del feto del potro que tiene su ubicación en el interior de la cavidad uterina. Los artífices del modelo idearon su colocación para que pudiera extraerse y manipularse (fig. 322). El soporte o sistema de exposición original del conjunto se ha perdido y su parte inferior, exenta de detalles anatómicos, queda apoyada sobre la base de la vitrina. Figura 322. Representación del potro. Pieza correspondiente al modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 463 Figura 323. Pieza de potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681). a, b y c) Proceso de adhesión del cuello. d, e y f) Proceso de adhesión de una pata delantera. Fuente propia, 2016. Si bien la pieza de la yegua presenta numerosos puntos con pérdidas materiales y zonas con pequeños fragmentos fisurados o fracturados, la problemática de adhesión más importante se encontró en la pieza del potro. Las fracturas ponían en riesgo la estabilidad del modelo y estaban localizadas principalmente en el cuello, las patas y el cordón umbilical. Todas ellas eran totales, es decir, la pieza se encontraba dividida en fragmentos que, en una intervención anterior, habían sido unidos con pernos metálicos y un adhesivo sintético que había perdido sus propiedades iniciales y, en consecuencia, ya no mantenía a los diversos fragmentos unidos entre sí (fig. 322). Previamente a la fase de adhesión fue realizada la intervención de limpieza pertinente para eliminar el estrato de particulado atmosférico adherido y los restos de adhesivo sintético, como se ha explicado detalladamente en el apartado de casos prácticos de limpieza (capítulo 8). Tras sanear toda el área dañada y retirados los pernos que fueron colocados en una intervención del pasado, fueron realizadas las nuevas uniones con Lascaux® Acrylkleber 498 HV. A diferencia de otros modelos de la colección, en este caso concreto no fue empleada una resina epoxídica para tratar los fragmentos más pesados, como la cabeza o las patas, debido a que las áreas de unión eran amplias y lisas, permitiendo una adhesión fuerte con el producto acrílico. En los pocos fragmentos pequeños con bordes irregulares o pérdida material, como el cordón umbilical, fue necesario aplicar una pequeña cantidad de una nueva pasta de cera de reintegración para conseguir una integración volumétrica puntual. Para ello, fue utilizada una espátula térmica a baja temperatura. En la imagen (fig. 323 a-f) se muestra la adhesión del cuello y una de las patas delanteras. e) d) c) b) a) f) 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 464 La emulsión Lascaux® Acrylkleber ya mencionada, sin diluir (tal y como se comercializa), fue aplicada con la ayuda de un pincel pequeño de pelo fino sobre las dos superficies a unir y se ejerció una presión manual para comprobar que el adhesivo había cubierto toda el área, eliminando el exceso con un hisopo de algodón hidrófilo embebido en agua desionizada. La colocación de cintas de Kinesiología permitió mantener unidos los fragmentos al área de la escultura tratada durante el tiempo de secado del adhesivo, además de evitar un deslizamiento que pudiera tener como consecuencia un desnivel en los bordes de la unión. El modelo completo, una vez finalizada las intervenciones de limpieza y adhesión se muestra a continuación (fig. 324). Figura 324. Piezas de la yegua y del potro después de la fase de limpieza, adhesiones y reintegraciones. modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681). Fuente: Luis Castelo, 2017. 9.4.3. Modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) Representado con un corte transversal para mostrar la anatomía interna, el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) (fig. 325) reproduce en cera un estómago de caballo. Se puede deducir la pertenencia a dicho animal por presentar el píloro y los cardias muy próximos entre sí. Figura 325. Modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) después de la intervención de limpieza. Fuente: Luis Castelo, 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 465 En la zona interna se muestran las diferentes mucosas glandulares y no glandulares, como las del cuerpo gástrico y, en la zona externa, los ceroescultores representaron la irrigación vascular -como en los demás casos, con pastas cerosas coloreadas con bermellón y azul de Prusia- , cubriéndola con un estrato fino de pasta de cera translúcida. Probablemente este modelo fuera producido mediante moldes de escayola, como sugieren los restos de yeso que se conservan en la base cerosa. Para su fabricación debió reproducirse toda la estructura del órgano en una pieza única con dos estratos de pasta de cera, a los que se añadieron, una vez desmoldado, los mencionados vasos circulatorios y el estrato traslúcido en la superficie externa. No se conserva ninguna otra pieza que pueda justificar que se trata de un modelo cerrado, aunque podría haberlo sido como ocurre habitualmente en las colecciones de anatomía artificial. Sin embargo, sí parece haberse perdido una fracción del órgano en la representación del cardias permitiendo especular sobre si falta parte de la anatomía. Figura 326. Anatomía del estómago equino. Fuente: Kevin González, 2018. En la superficie interna del órgano correspondiente al denominado margo plicado (fig. 326), se distingue una zona rojiza de textura plana situada entre la mucosa de glándulas pilóricas y la mucosa aglandular o no glandular, no parece pertenecer a ninguna zona anatómica sana o patológica. Se desconoce la razón por la que los ceroescultores pudieron representar esta parte del modelo con una pasta de cera rojiza cubierta con un estrato ceroso amarillo, o si se trata de un añadido correspondiente a una intervención posterior. En la base del modelo se conserva una masa de cera roja de escultor mezclada con estopa que indica el modo de exposición de este estómago. Probablemente, se mostraba unido a una peana en sentido horizontal y la pasta de cera roja cumplía las veces de adhesivo. Como se puede observar en las imágenes (fig. 326), el modelo sufrió en el pasado una pérdida material importante en el denominado cuerpo del estómago, afectando principalmente a la representación no glandular del interior gástrico. Además, en la zona externa, este modelo presenta numerosas faltas en los vasos sanguíneos y en los estratos cerosos más externos. La pérdida material del cuerpo mencionada altera la estabilidad estructural del modelo, por lo que se propuso su reintegración con una pasta cerosa. En el caso del sistema vascular y las faltas exteriores, se decidió no representarlas de nuevo por no afectar a la estabilidad o la legibilidad de la pieza. Previamente a la fase de reintegración y adhesión fue necesario realizar una operación de eliminación del particulado atmosférico. A continuación, se aplicó una capa de protección de goma laca en disolución alcohólica con la ayuda de un pulverizador. En las zonas donde se requería una reintegración volumétrica con un fragmento realizado a partir de moldes, se ha protegido la superficie original con un estrato de Klucel®G en dispersión acuosa al 20%, concretamente donde esta entra en contacto con la pasta modelable (plastilina Jovi®, sin sulfuros) 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 466 para evitar cualquier alteración de la pieza, puesto que los aditivos apolares de este producto podrían interaccionar con la pasta de cera. El molde empleado para la reproducción del fragmento se realizó imitando la falta de material original con plastilina como se muestra en la imagen (fig. 327), como solución a la dificultad de reproducir los bordes irregulares de la rotura. A continuación, la pieza modelada fue cubierta con la silicona comercial Silastic® RTV-3481, colocando perimetralmente varios planos de plastilina para evitar su fluctuación fuera del área a reproducir. Una vez transcurrido el tiempo de catalizado de la silicona, de 24 horas, fue añadido otro estrato de silicona a la que se añadió un agente tixotrópico para poder engrosar el molde hasta los 5 cm de espesor y poder prescindir de reforzarlo con escayola para evitar deformaciones. Finalmente, se extrajo el conjunto de molde y pieza de plastilina, fue extraída la pasta de modelado y preparada la pasta cerosa de reproducción como se ha indicado previamente. Dicha pasta de cera virgen de abejas y cera microcristalina comercial (Cosmolloid®80®) fue fundida y vertida en el molde de silicona para obtener el positivo final. Como la pasta de cera fría no ofrecía una pigmentación similar a la del modelo, se decidió tratar cromáticamente su superficie al finalizar la colocación y adhesión en el lugar correspondiente. Los materiales de reintegración cromática seleccionados fueron las acuarelas QoR™watercolor de Golden Artist Colors, comercializado como Aquazol®110, aplicados con la técnica selección cromática florentina111 o veladuras en función de la zona. Este producto permite trabajar con agua desionizada y los resultados de traslucidez, reversibilidad y tensión superficial observados durante los testados fueron satisfactorios. Figura 327. Elaboración del molde para reproducir el fragmento perdido en el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia: 2017. 110 Familia de polímeros termoplásticos Poli(2-etil-2-oxazolina), que presentan una buena resistencia al envejecimiento y una elevada reversibilidad. Se pueden utilizar como adhesivos y como consolidantes de las capas pictóricas. Son solubles en agua y en gran parte de los disolventes polares. http://www.ctseurope.com/site/es/scheda-prodotto.php?id=131 111 Técnica de reintegración cromática italiana que requiere de la aplicación de rayas verticales superpuestas con un pincel fino. http://www.ctseurope.com/site/es/scheda-prodotto.php?id=131 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 467 La pieza obtenida fue adherida a los bordes del modelo con una capa de adhesivo bicomponente EPO®155-K156, seleccionada por su elevada elasticidad. Una vez transcurrido el tiempo de curado de 72 horas, se aplicaron unos puntos adhesivos de refuerzo con una pequeña cantidad de pasta de cera formulada para el relleno de lagunas. De este modo, fue posible corregir las faltas que existían en algunas zonas de unión y reforzar la adhesión realizada. En la imagen, se muestra la aplicación de dicha pasta, fundida con ayuda de una espátula térmica (fig. 328). Figura 328. El nuevo fragmento de pasta cerosa se ha adherido mediante la aplicación de resina epoxi bicomponente y la pasta de reintegración moldeadas con espátula térmica. Fuente propia, 2017. Con la finalidad de integrar el nuevo fragmento, se decidió pigmentar la pieza reproducida y texturizar su superficie con la ayuda de la espátula térmica. Ambas acciones fueron realizadas con la ayuda de una pasta de cera para el relleno de lagunas, coloreada previamente con pigmentos en un cromatismo similar al del modelo. A medida que se fundía con la espátula fueron realizándose las incisiones para simular las vellosidades del interior estomacal donde correspondía (fig. 329). Figura 329. Resultado final de la reintegración volumétrica en el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente: Luis Castelo, 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 468 9.4.4. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) El Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) es el único modelo clástico en cera que se conserva en el Museo Veterinario Complutense. La pieza principal incluye una representación de la cavidad craneana que se encarga de alojar al encéfalo de un équido, representado por los ceroescultores mediante varias piezas. Parte del conjunto se encuentra cubierto por una representación de la bóveda craneana y en las superficies externas fue modelado el sistema de irrigación arterial con pasta de cera pigmentada en bermellón. Para crear un modelo desmontable, las distintas piezas encajan gracias a un sistema de pernos metálicos que evitan el deslizamiento de unas sobre otras. Se desconoce si la zona occipital del cráneo continuaba con la representación de las primeras vértebras, pero las roturas en esta zona sugieren que podía faltar parte de la anatomía o, incluso, que el modelo formase parte de una pieza osteológica mayor. Como en los demás casos, cada parte perteneciente al Cráneo y encéfalo de caballo (fig. 330 y 331) debió realizarse en barro y vaciarse en escayola para obtener las diferentes piezas. Cada una fue producida con una pasta de cera coloreada de manera que se adecuara a la anatomía correspondiente y, probablemente por ser la más voluminosa, la pieza principal fuera vaciada de manera que quedara hueca, mientras que el resto fueron producidas con pasta de cera maciza. El sistema vascular con vasos más grandes fue simulado con pasta de cera teñida de rojo y amasada en forma tubular. En la única zona en la que los ceroescultores representaron algunos vasos más grandes, como las principales arterias que forman el denominado “polígono de Willis” fue en la base del tallo cerebral (fig. 18). Otros casos, como el del tallo cerebral, presentan los capilares para la irrigación sanguínea dibujados a punta de pincel una vez finalizada la pieza. Figura 330. modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) desmontado. Pueden observarse las diferentes piezas que lo componen. Fuente: Luis Castelo, 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 469 Figura 331. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) con y sin la pieza que representa la bóveda craneal. Fuente: Luis Castelo, 2017. Figura 332. Pieza correspondiente al modelo Cráneo y encéfalo de caballo, representación del tallo cerebral con la irrigación vascular. Fuente: Luis Castelo, 2017. En este modelo no se encontraron grietas o fisuras que requiriesen adhesiones, pero sí fue necesario unir los vasos sanguíneos en varios puntos donde se habían desprendido o estaban separados de la superficie (fig. 332). Casi con seguridad debió extraviarse en el pasado una pieza gemela a la representación externa del cerebro izquierdo, puesto que la sección ventral del encéfalo también presenta un perno metálico donde debería encajar la zona externa del cerebro derecho. En bóveda craneana el modelo debió sufrir un impacto, perdiendo parte de los huesos parietales y del hueso temporal derecho. Una fractura antigua había dejado la mitad de dicha bóveda del cráneo sin apoyo sobre la pieza principal y se estaban generando tensiones y esfuerzos mecánicos en el resto de los bordes, además de deformaciones de la pasta de cera debidos a una colocación errónea., a punto de fracturarse Es probable que esta pieza se hubiera fracturado y adherido en el pasado, hipótesis que podría justificarse gracias a los restos de cera oscurecida que pueden observarse tanto en anverso como en el reverso de la zona con pérdida material (fig. 333). El grueso estrato de particulado atmosférico suponía uno de los principales agentes de deterioro del modelo, por lo que su 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 470 limpieza fue objeto de estudio dentro de la colección y su caso fue publicado en 2016 (Sánchez et al., 2016). Con la finalidad de devolver el punto de apoyo a la pieza que representa la bóveda craneal, se decidió realizar una reintegración volumétrica correspondiente al hueso parietal y parte del hueso temporal derechos con la pasta mencionada de cera virgen de abejas y cera microcristalina comercial (Cosmolloid 80®). Previamente a la fase de reproducción, todas las superficies del modelo fueron protegidas con el barniz de goma laca. Figura 333. Detalle del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Vista anterior y posterior de la pieza correspondiente a la bóveda del cráneo. Fuente: Luis Castelo, 2017. Para crear el molde fue realizada una reintegración volumétrica con arcilla blanca, un material que, aunque experimenta cierto grado de contracción al secar, no interacciona con la pasta de cera original. En este caso, la pasta de modelado tipo plastilina sufría deformaciones a causa del peso del original, por lo que obtener una pieza rígida con la arcilla supuso una solución adecuada. Como estrato aislante de protección para el original en los bordes de la falta material, se aplicó una capa de Klucel®G, en dispersión acuosa al 20%. El moldeo de la arcilla con ayuda de una espátula metálica resultó sencillo, cómodo y rápido. La pieza se construyó en dos fases: una primera capa, la más interna, uniendo los dos extremos del original y consiguiendo la dureza necesaria para añadir más material; y, transcurridas 24 horas, una segunda capa para conseguir el volumen final. Cuando la pieza de arcilla se encontraba completamente seca, fue separada con facilidad del original y se fabricó un molde de silicona con refuerzo de escayola (como se ha mostrado en el caso práctico anterior correspondiente al modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664)). En la imagen, se puede observar la producción de la pieza de arcilla y el molde con el positivo final de pasta de cera (fig. 334). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 471 Figura 334. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Imágenes el proceso de producción de la zona con falta volumétrica y obtención de la nueva pieza mediante molde de silicona y escayola. Fuente propia, 2016. La mezcla de cera virgen de abejas y cera microcristalina comercial (Cosmolloid®80) en estado líquido fue coloreada con pigmentos en polvo amalgamados con unas gotas de aceite vegetal y vertida en el molde de silicona. Aunque este se encontraba compuesto por dos piezas para poder cerrarlo, la cera caliente fue difícil de contener en el interior del molde y preciso que se rellenase en una de las dos partes del molde con dos coladas de cera fundida. Se consiguió un positivo final de textura y color uniformes además de la forma necesaria para su reintegración (fig. 334). Una vez eliminadas las rebabas, los bordes fueron ligeramente modificados con la ayuda de un bisturí para que las superficies de adhesión se adaptaran a las irregularidades de la fractura que no habían quedado bien registradas. Los bordes de la zona a reproducir presentaban una irregularidad generalizada, con algunos huecos que se prefirió no rellenar para permitir la extracción de la pieza de arcilla endurecida. Estas zonas pudieron sellarse con pasta de cera para el relleno de lagunas, como se explica más adelante. Obtenido el positivo de cera, se procedió a pincelar sobre los bordes del área dañada del modelo una película adhesiva de resina epoxídica bicomponente Epo®155-K®156; se consideró conveniente adicionar un 10% de gel de sílice para aumentar la viscosidad de manera que el adhesivo cumpliera, a su vez, un efecto de relleno de las pequeñas separaciones inevitables entre los bordes del fragmento y el original (fig. 335). 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 472 Figura 335. Preparación de una adhesión con resina epoxídica bicomponente Epo®155-K®156 y gel de sílice para aumentar la viscosidad, en el modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682). Fuente propia, 2016. Una vez ubicada esta nueva pieza en el conjunto de la escultura, se sujetó con cintas de Kinesiología para evitar que pudiera desplazarse, lo que habría conllevado la formación de desniveles en los bordes de unión. Las pequeñas fisuras y espacios huecos existentes fueron consolidados y rellenados con pasta cérea (parafina y cera microcristalina) teñida del color más similar al original para garantizar su integración, que se ha distribuido de modo puntual con ayuda de una espátula térmica. Del mismo modo, el aplanado y adaptación de los bordes del positivo final fueron realizados con el calor de la espátula, facilitando su integración gracias a la rugosidad superficial similar a la original (fig. 336). Figura 336. Tratamiento de la superficie y relleno de lagunas en la pieza de reintegración volumétrica perteneciente al modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682). Fuente propia, 2016. No se consideró necesario realizar una reintegración volumétrica o cromática de los vasos sanguíneos que cubrían esta zona anatómica, pues no se conserva información de la disposición de estos y obstaculizaría la identificación de la colocación de un material no original. La imagen (fig. 337) permite observar este modelo, una vez finalizada la intervención de conservación y restauración. Página siguiente: Figura 337. Imagen general del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682) con la reintegración volumétrica en la pieza de la bóveda craneana. Fuente: Luis Castelo, 2017. 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 473 9. Estudio experimental 2: Formulación de nuevas pastas de cera y caracterización de los adhesivos 474 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 475 10 GUÍA PARA LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA DE MODELOS ANATÓMICOS EN CERA a conservación preventiva propone una implementación de medidas de control de los diferentes parámetros que puedan suponer un deterioro para los modelos anatómicos en ceroplástica a medio y largo plazo. El objetivo de estas medidas es ralentizar el proceso de envejecimiento y cambios de material, frenar el avance o generación de daños, y retrasar la necesidad de ejecutar medidas directas sobre los modelos en cera durante el mayor tiempo posible. Toda intervención directa o indirecta sobre una colección de anatomía en ceroplástica debe ir acompañada de recomendaciones sobre las condiciones de conservación, incluyendo los cambios que deban realizarse en el espacio de exposición o almacenaje. Su cumplimiento se encuentra dirigido a evitar la repetición de los antiguos deterioros, la aparición de daños nuevos o un comportamiento incorrecto de los materiales empleados en la intervención. La colección de ceroplástica del Museo Veterinario Complutense fue intervenida en el proyecto de Investigación del Plan Nacional: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P). Una vez restauradas las piezas, debe llevarse a cabo la aplicación de las medidas de conservación preventiva, con el fin de evitar nuevos deterioros. El reto que proponen los modelos anatómicos en ceroplástica con respecto a su conservación preventiva es la multiplicidad de elementos que habitualmente los componen. Si bien, no todas las piezas reúnen siempre todos estos elementos, a menudo son expuestas sobre L 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 476 peanas de madera sujetos con armazones metálicos. Además, pueden incluir fibras vegetales (estopa) y trozos de telas para reforzar internamente las uniones, incorporar elementos de cristal, de hueso natural, cabello, yeso o diferentes tipos de pastas. Toda la normativa nacional e internacional orientada a la conservación del patrimonio realiza observaciones sobre el control de parámetros como la humedad, la iluminación y la temperatura. Sin embargo, cuando el inmueble tiene una funcionalidad diferente a la de un museo o se trata de un edificio histórico, las medidas de conservación preventiva deben ofrecer un equilibrio entre la correcta preservación de las colecciones conservadas, la comodidad de las personas que trabajan en ellos o visitan las exposiciones y el control del público. Numerosas publicaciones y una extensa bibliografía científica sobre la conservación preventiva de colecciones patrimoniales pueden emplearse como guía en las recomendaciones propuestas para la salvaguarda de las colecciones de anatomía en ceroplástica. En este capítulo se han tomado las recomendaciones de la Guía de Gestión de Riesgos para el Patrimonio Museológico del ICCROM, The ABC Method: a risk management approach to the preservation of cultural heritage (Michalski y Pedersoli, 2016), de las recomendaciones del texto Conservation and Care of Collections, publicadas por el Western Australian Museum (Godfrey y Gilroy, 2017) y de la Guía para la Elaboración e Implantación de Planes de Conservación Preventiva, publicado por el Instituto de Patrimonio Cultural de España, en 2019 (Herráez et al., 2019). Estas instrucciones han sido complementadas con la bibliografía específica sobre la conservación de colecciones científicas de la Universidad Complutense de Madrid, el Reglamento de Museos y Colecciones del Patrimonio Histórico de la Universidad Complutense de Madrid112 (UCM, 2021), además de apoyarse en varias publicaciones sobre la conservación preventiva en las colecciones de ceroplástica anatómica y ceroplástica artística elaborada específicamente para otros museos e instituciones (Lang et al., 2010; Pradier, 2011; Sánchez y Micó, 2012; Karydis et al., 2021). En algunos museos de anatomía en ceroplástica han tenido en cuenta que los parámetros óptimos pueden basarse en normas internacionales como las DM 10.05.2001, o las normas italianas como la UNI 10829 o la UNI EN 15757, además de apoyarse en los documentos técnicos orientados a conservación preventiva. Por ejemplo, la norma UNI EN 15757, relativa a los edificios históricos, identifica como prioritarias las intervenciones pasivas en las estructuras, destinadas a reducir las cargas térmicas (calor, luz) y/o la migración de masas (vapor, contaminantes) entre el ambiente controlado y el exterior (Sciurpi et al., 2015: 191 y 200). Gracias a nuevos e importantes índices como la "frecuencia acumulada", el "indicador de desviación" y el "índice de rendimiento", es posible evaluar la calidad del entorno del museo (Sciurpi et al., 2015: 191). Puesto que no se han encontrado directrices o normativas sobre la conservación preventiva concretas para modelos anatómicos de cera policromada, a continuación, se han pormenorizado los riesgos que pueden sufrir este tipo particular de patrimonio según la guía mencionada propuesta por Michalski y Pedersoli. Para la gestión de estos riesgos han sido apuntadas algunas soluciones y recursos adaptados a las piezas 112 Texto refundido, aprobado por acuerdo del Consejo de Gobierno de fecha 22 de julio de 2009 (BOUC n.º 8 de 29 de julio de 2009) y modificado con fecha 27 de mayo de 2014 (BOUC n.º 11 de 12 de junio de 2014) y con fecha 29 de noviembre de 2016 (BOUC n.º 24 de 2 de diciembre de 2016). Acuerdo del Consejo de Gobierno, de 16 de diciembre de 2021, por el que se modifica el contenido del Reglamento del Patrimonio Cultural Histórico-Artístico y Científico-Técnico de la Universidad Complutense de Madrid en sus artículos 15.3 y 20.2, y se incorpora una nueva disposición adicional tercera (BOUC de 22 de diciembre). 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 477 tridimensionales de cera. Como herramientas para la conservación preventiva de las colecciones pertenecientes al patrimonio científico, técnico y didáctico, algunos investigadores han propuesto protocolos de intervención que involucren a todas las personas implicadas en su uso y salvaguarda, como los profesores, los gestores de las colecciones o los conservadores dedicados a éstas. Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez advierten de que los sistemas de trabajo para la conservación preventiva establecidos en instituciones como museos y centros patrimoniales, cuentan con unas características imposibles de simular en un espacio tan diferente como un centro educativo, ya sea un instituto de educación secundaria o una facultad universitaria. Para planear la conservación de las colecciones didácticas, las autoras proponen actuar desde cuatro aspectos de los objetos patrimoniales: desde el espacio, desde el almacenaje, desde el objeto y desde la manipulación (Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez, 2015: 235-236). Los cinco pasos que propone el Canadian Conservation Institute (CCI) en el manual para establecer un plan de conservación preventiva en una colección se basan en cinco pasos: 1. Establecer el contexto, 2. Identificar los riesgos, 3. Analizar los riesgos, 4. Evaluar los riesgos y 5. Tratar los riesgos (Michalski y Pedersoli, 2016). Por su parte, la Guía para la Elaboración e Implantación de Planes de Conservación Preventiva, del Ministerio de Cultura y Deporte de España, propone un plan de cuatro fases: 1. Documentación, 2. Análisis de los riesgos, 3. Diseño e implantación de procedimientos y protocolos, y 4. Verificación del plan (Herráez et al., 2019). Figura 338. Dinámica para realizar un Plan de conservación, propuesto por Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez, en 2015. Fuente propia, 2021 (interpretación del gráfico de las autoras). Después de estudiar las propuestas del CCI y del IPCE, se ha considerado apropiado utilizar el modelo propuesto por Ruiz de Lacanal y Galán- Pérez, adaptado para centros educativos (Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez, 2015: 235-237). Partiendo de este esquema, se ofrecen 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 478 a continuación algunas recomendaciones para la conservación preventiva del espacio de exhibición actual de los modelos anatómicos en ceroplástica que forman parte de las colecciones del Museo Veterinario Complutense, ubicado en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. En la imagen (fig. 338) se muestra una interpretación propia del modelo propuesto por Galán-Pérez, donde se muestran los cuatro aspectos desde los que conservar las colecciones científicas y didácticas (Galán-Pérez, 2014: 94). 10.1. Medidas sugeridas para la conservación desde el edificio Una conservación desde el edificio implica, como explican Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez, el estudio de las instalaciones: las aulas donde se imparten las asignaturas, emplazamiento de los quirófanos y salas del hospital, las zonas donde se encuentran los animales, los almacenes, pasillos, zonas de paso, etc. De todo el edificio debe realizarse un plan de emergencia o adaptar el existente a la conservación preventiva de las colecciones en caso de que no contemple este aspecto. Figura 339. Fachada del Hospital Clínico Veterinario Complutense donde se encuentra la entrada al Museo Veterinario Complutense. Fuente: Miguel del Pino, 2016. El control del entorno debe tener en cuenta la ubicación del edificio. La situación del Hospital Clínico Veterinario en los terrenos adyacentes a la carretera N-6 pertenecientes a la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid (fig. 340), también conocida como carretera de La Coruña, entra en conflicto con la conservación preventiva debido a los elevados niveles de contaminación atmosférica y las vibraciones causadas por el tránsito del tráfico rodado. Sería necesario establecer sistemas de renovación del aire y de control de las 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 479 emisiones gaseosas en los espacios donde se exponen las colecciones del Museo Veterinario Complutense. Como punto fundamental del plan de conservación se considera imprescindible estudiar las dinámicas del personal, de los alumnos y de los visitantes del edificio. Será preciso contar con que los espacios atiendan las necesidades educativas de los alumnos (fig. 341), tener en cuenta la condición de hospital veterinario -donde se recibirán a los animales y a sus propietarios- (fig. 342), así como las visitas externas de colegios, asociaciones y público general a las colecciones pertenecientes al Museo Veterinario Complutense, repartidas por todo el edificio. La conservación preventiva y la exposición de las piezas deberán adecuarse a las necesidades de un edificio vivo con usos muy diferentes a los de un museo, como puede ser el Museo Nacional de Ciencias Naturales, ubicado en Madrid, donde se exponen colecciones similares. Figura 340. Aula perteneciente al edificio del Hospital Clínico Veterinario. Fuente: UCM, 2021. Figura 341. Quirófano del edificio del Hospital Clínico Veterinario. Fuente: UCM, 2021. El denominado “Almacén Visitable”, en la planta sótano del Hospital Clínico Veterinario, es el espacio donde se ubica actualmente la colección de ceroplástica anatómica junto a otras piezas pertenecientes al Museo Veterinario Complutense. Esta situación dentro del edificio se proyectó como un lugar expositivo temporal y actualmente se encuentra a la espera de ser trasladada, junto con otras colecciones, a un lugar más adecuado dentro de un plan museológico de la Universidad Complutense de Madrid. Para acceder a esta zona en la planta sótano es necesario dirigirse expresamente al “Almacén Visitable” o a una sala gemela que se encuentra al lado opuesto del descansillo, donde se ubica el sistema de extinción de incendios y que se usa actualmente como trastero. Ciertamente no es una zona de tránsito habitual para alumnos o personal del Hospital Clínico Veterinario, lo que puede evitar robos o atentados contra el patrimonio, pero a su vez, por no tener vigilancia podría sufrir estas mismas amenazas. Además, la sala de exposición se encuentra conectada con una sala gemela que permite la continuación de la red de tuberías. Aunque se trató de acondicionar la sala con vitrinas de cristal y una puerta de acceso doble para evitar la exposición de estas piezas altamente sensibles a los agentes de deterioro medioambientales, el espacio no cumple con las condiciones mínimas de conservación preventiva. El aislamiento de la sala es deficiente y las variaciones termo higrométricas son extremas, debido a que el espacio no se encuentra debidamente acondicionado. A esto se suma la existencia de una salida trasera al exterior, una puerta metálica doble sin medidas para evitar 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 480 los daños ocasionados por la humedad, la temperatura o el particulado atmosférico. Dicha puerta conecta el espacio expositivo con un aparcamiento para vehículos. Además, esta puerta se abre eventualmente para rellenar un depósito de nitrógeno líquido que se encuentra en un pequeño cubículo adyacente a esta zona del museo. Si bien debe indicarse que se ocupa de ello el personal del Hospital, no siempre se realiza con vigilancia y la puerta permanece abierta durante horas permitiendo un fácil acceso a la zona de exposición. Dentro del espacio donde se encuentran las vitrinas, existe un recorrido museográfico para la guía de las visitas, que únicamente acceden con el profesor Joaquín Sánchez de Lollano o con una persona de confianza a quien se asigna la explicación de las colecciones siguiendo un itinerario pautado. El resto del tiempo esta zona del Museo Veterinario Complutense se encuentra restringido y los accesos, la puerta de cristal y las dos puertas metálicas dobles, cerrados con llave. Las medidas a tomar para una correcta conservación preventiva incluyen las revisiones periódicas y el registro del estado de conservación por personal especializado, el control de las condiciones medio ambientales que rodean a los modelos de cera y un mantenimiento adecuado de las instalaciones donde se exponen o almacenan las colecciones de anatomía en ceroplástica, indicando al personal de limpieza los protocolos adecuados que deben seguir, incluidos los productos a emplear. Sería necesario controlar la iluminación natural y artificial de cada espacio donde se ubiquen las colecciones, y adaptar las condiciones a las necesidades de los modelos de cera. Del mismo modo, se tendrá un conocimiento de las condiciones termo-higrométricas dentro y fuera de las instalaciones -teniendo en cuenta los sistemas de calefacción y aire acondicionado, equipos electrónicos que puedan emitir calor, etc.-, para lo que será necesario instalar estaciones meteorológicas y realizar un registro de los resultados para poder controlarlos. También, debe atenderse a la posibilidad de sufrir ataques biológicos, dada la diversidad de materiales que componen las colecciones didácticas. Debe mencionarse que la limpieza y acondicionamiento de la zona de exposición de la colección de modelos en ceroplástica no se encuentra ni regulada ni es periódica. Las personas encargadas de este tipo de mantenimiento no están formadas en el tratamiento del patrimonio que se conserva en esta zona del Museo Veterinario y únicamente realizan labores de limpieza del suelo cuando se les indica, puesto que no forma parte de su asignación laboral. Los niveles de suciedad y particulado atmosférico presentes en el espacio expositivo son muy elevados, a lo que se suma la presencia de insectos y pequeños animales procedentes del exterior -acceden a través de la puerta metálica trasera-, por lo que una limpieza adecuada sería muy necesaria para evitar el deterioro de las colecciones. Como consecuencia de las mencionadas deficiencias encontradas en el espacio del museo donde se exponen los modelos anatómicos de cera, en 2017, el Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria restringió el acceso a los fondos. Desde dicha fecha, las colecciones siguen a la espera de la subsanación de la situación o de un traslado a una ubicación más adecuada. Las visitas guiadas fueron suspendidas y únicamente se atiende el acceso a expertos y investigadores, o se permiten las intervenciones de conservación y restauración. 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 481 10.1.1. Fuego, agua y las catástrofes naturales El agua suele ser una de las causas de deterioro más comunes en los museos como consecuencia de catástrofes naturales como el granizo, la rotura de tuberías, las goteras a causa de la lluvia, la humedad freática, las mangueras de incendio dañadas, el desbordamiento de arroyos y ríos en las cercanías, etc. El crecimiento del moho es una prueba de que ha entrado agua en una zona de exposición, pero detectarlo cuando ya es evidente no es una situación deseable, pues habrá afectado a las colecciones con toda seguridad. Los daños causados por el moho pueden deberse a la exposición al agua en un desastre, o por niveles de humedad elevados superiores al 65 % de HR en el entorno de almacenamiento. Dado que el moho puede crecer en 48-72 horas en condiciones de calor y humedad, el protocolo de secado debe comenzar en las primeras 48 horas después de que los objetos se mojen (AICCM, 1998: 66; WAM, 2021). Además, en muchos casos el agua estará sucia, pues procede de las inundaciones y suele contener barro, aceite y otras impurezas. Otras formas de daño asociadas al agua son las manchas, las deformaciones, las roturas, la oxidación y el hinchamiento de antiguos adhesivos a casusa de la humedad. Los daños pueden ser causados por tintas solubles en agua procedentes de las etiquetas o de otros objetos que se encuentren dentro de la vitrina. El agua puede deshacer el papel e hinchar la tela o la madera. Como consecuencia, pueden deformarse las maderas de las peanas que sirven de soporte a los modelos anatómicos, además de debilitar las vitrinas realizadas con tablones que pueden colapsar y ceder al humedecerse. Los lienzos y los paneles que cuelgan de la pared y que representan la anatomía animal, así como los documentos gráficos que se conservan en los archivadores planeros también se hincharán o desharán si están mojados. Los metales que conforman las estructuras de los modelos de cera pueden empezar a corroerse u oxidarse en un ambiente húmedo durante un tiempo prolongado (WAM, 2021). En el Museo Veterinario Complutense, el agua accede siempre que llueve a través de la puerta metálica trasera y dado que este está ubicado como ya se ha indicado en una planta sótano con acceso al exterior, corre un elevado riesgo de inundación. Además, el techo de la sala de exposición se encuentra surcado por tuberías pertenecientes a la instalación del edificio que, en caso de avería y sin el control que debería tener la sala, podrían generar graves goteras. Las inundaciones, las goteras o la exposición de las piezas a fuentes abundantes de agua, pueden afectar gravemente a sus soportes metálicos o a las peanas de madera, suponiendo la destrucción del modelo. El fuego también es una amenaza importante. El Western Australian Museum advierte de que los incendios pueden ser causados por el cableado y los equipos eléctricos, por los productos químicos de limpieza, por derrames de combustible, fugas de gas, incendios provocados, rayos o sistemas de aire acondicionado. Cualquier chispa puede provocar un incendio y la mayoría de las colecciones contienen materiales altamente inflamables como la cera de abejas, la madera o los tejidos en un museo de anatomía en ceroplástica (WAM, 2021). Los incendios y todos aquellos accidentes relacionados con la temperatura -por ejemplo, las quemaduras puntuales provocadas por equipos eléctricos en mal estado o la erupción de un volcán próximo-, deberían preverse y 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 482 evitarse dentro de lo posible, puesto que las temperaturas elevadas suponen el mayor factor de deterioro de los modelos anatómicos, especialmente porque la cera de abejas es inflamable. 10.1.2. Robos y vandalismo La colocación de los modelos dentro de vitrinas de difícil acceso complica los robos o el vandalismo en una primera instancia. La vulnerabilidad es diferente para cada museo pues, aunque el riesgo de destrucción puede ser el mismo para dos instituciones, aquella que cuente con más recursos económicos tiene más probabilidades de contar con mejores instalaciones, infraestructuras, pólizas de seguro, etc., y es más probable que haya preparado un protocolo de actuación para un caso de catástrofe (Karydis et al., 2021: 76). En el “Almacén Visitable” del Museo Veterinario Complutense son muchos los riesgos relacionados con esta cuestión al no encontrarse custodiados por personal físico y como consecuencia de los factores mencionados (como la apertura de la puerta trasera), si bien es cierto que toda la sala se encuentra dotada de cámaras de videovigilancia. 10.1.3. Funcionalidad de los espacios Como se ha indicado, en el “Almacén Visitable” el público no tiene un acceso libre al espacio. Además, los grupos deben respetar un número reducido de personas y seguir un recorrido establecido. Es fundamental para el Museo Veterinario Complutense mantener el interés que se ha conseguido hasta la actualidad, pues no solo lo visitan los estudiantes de veterinaria como parte de su formación, sino que es parte de los programas de formación en prácticas para estudiantes de gestión de patrimonio, museología y museografía o documentación dentro de la Universidad Complutense de Madrid (Sánchez de Lollano et al., 2015: 165). Sin embargo, la bibliografía de referencia advierte de que es necesario registrar los procedimientos de evacuación para el personal y el público, los procedimientos de manipulación, los suministros médicos y tener presentes las instrucciones de actuación ante una catástrofe. Además, el plan debe revisarse y ensayarse a menudo mediante ejercicios y listas de comprobación. Se considera un requisito que cada miembro del personal esté formado y preparado para la tarea de la que es responsable. El acuerdo y organización del transporte de objetos en caso de emergencia debe pactarse previamente con una compañía especializada, tras haberse previsto de antemano el lugar al que se trasladarán los objetos (Karydis et al., 2021: 76- 77). Ninguna de estas acciones forma parte de la prevención actual en el Museo Veterinario Complutense. 10.1.4. Plagas La iluminación inadecuada de las salas donde se conservan los modelos y una humedad relativa no controlada pueden suponer una colonización bacteriana o por hongos de las piezas, incluso dentro de las vitrinas. Aunque la cera de abejas no parece despertar la atención de la mayoría de insectos, aves o mamíferos; no se debe olvidar que las peanas y las vitrinas de madera siempre pueden atraer a 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 483 los insectos xilófagos. Por esta razón, si los modelos de cera se encuentran almacenados en cajas de este material o sus derivados, igualmente se exponen a dichos animales, que pueden deteriorar los contenedores perforándolos o debilitándolos. Como consecuencia de un ataque de este tipo, se convierten en el objetivo de pequeños roedores o animales dispuestos a acceder al interior y utilizar los materiales de almacenaje o de las piezas para fabricar sus nidos. El control y prevención de este tipo de ataque biológico puede llevarse a cabo con la colocación de trampas en lugares estratégicos de la sala. Para detectar la presencia de esporas y otros contaminantes biológicos, capaces de afectar a la conservación de los modelos de cera, se recomienda la colocación bio-sensores en las salas. Estos bio-sensores deben situarse lejos de la fuente de humidificación, si la hay (Herráez et al., 2018: 11). 10.1.5. Contaminantes Aunque los contaminantes procedentes de los materiales que conforman los modelos anatómicos han sido analizados en el capítulo dedicado a los factores de alteración en esta investigación, se recoge a continuación una síntesis para realizar una propuesta de conservación preventiva. Los contaminantes más habituales en los entornos donde se exponen los modelos anatómicos en ceroplástica provienen principalmente del particulado atmosférico que entra en el edificio, procedente de zonas urbanas con tráfico rodado y emisiones de las calderas de edificios grandes, aunque también pueden provenir del propio mobiliario y de las vitrinas. A menudo, los modelos se encuentran colocados junto a otras tipologías de piezas anatómicas cuyos componentes pueden resultar muy dañinos para las pastas cerosas, el metal y la madera. Por esta razón, es necesario controlar la interacción de los líquidos conservantes y de otros contaminantes provenientes de las preparaciones u otros objetos expuestos en las vitrinas (Valentín y García, 1999: 86). Será preferible evitar la formación de microclimas dentro de estos expositores, separando las piezas que puedan generar vapores disolventes, muy nocivos en altas concentraciones, y controlar dichas emisiones en su nuevo emplazamiento. El primer paso a seguir en la solución de la contaminación ambiental es aislar la sala de exposición del particulado atmosférico, sellando las entradas y salidas de aire del exterior. En museos con colecciones de esculturas de cera se recomienda la instalación de puertas dobles con el fin de evitar el flujo de aire al abrirlas y cerrarlas; además de la colocación de materiales de cerramiento contra vapores y gases especiales para ventanas, puertas y vitrinas. Pueden emplearse productos comerciales como Marvelseal®360 (capas de película de aluminio intercaladas en nylon y polietileno) o la película de polietileno, que por razones estéticas puede recubrirse con un laminado de poliéster, Mylar®, Melinex®R, cartón de pH neutro, algodón, lino con un color y textura adecuados para el diseño de espacios expositivos. El vidrio y el polimetilmetacrilato (PMMA), también conocido como vidrio acrílico y con nombres comerciales como plexiglás, plexiglás, etc., son materiales inertes con una dureza suficiente y una superficie no porosa que los hace ideales para su uso en exposiciones. El PMMA es un material ligero, duro y rígido, resistente al fuego, a los golpes, a la radiación UV y a los ácidos inorgánicos. Podrían utilizarse filtros de aire que retengan partículas relativamente grandes, como el polvo y el polen, sistemas de filtros HEPA o de bolsas que retengan partículas de hasta 0,1 micras y filtros de 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 484 carbón o filtros especiales que neutralicen la materia orgánica, preferiblemente en cada conducto de aire (Karydis et al., 2021: 74). 10.2. Medidas sugeridas para la conservación desde el almacenaje o exhibición En ausencia de un sistema de calefacción, ventilación y aire acondicionado, como en el caso del Museo Veterinario Complutense, las vitrinas tienen una importancia clave en la conservación y son ampliamente utilizadas en los museos no equipados con estos sistemas de control de las condiciones termo higrométricas. En general, funcionan como un filtro contra las agresiones ambientales debidas a las variaciones del microclima, la contaminación química y la acción de los microorganismos; además, ofrecen una protección contra el vandalismo, los robos y cualquier daño directo que pueda provenir de los visitantes (Sciurpi et al., 2015: 190). Los deterioros debidos a estos factores de alteración han sido referidos en el capítulo 5 de esta investigación. En este punto se van a proponer las condiciones ideales para que los factores de alteración más comunes a estas colecciones no causen dichos daños. Se da por supuesta la colocación de los modelos de cera dentro de vitrinas lo más estancas posible para poder realizar una conservación preventiva eficaz. 10.2.1. Vitrinas y convivencia con otras colecciones Sobre los requisitos para la conservación de los materiales patrimoniales en vitrinas, puede consultarse la publicación de Cristiano Riminesi, Il controllo del microclima, en La Scienza delle Vetrine (Riminesi, 2017: 67-82). A este respecto, también se ha considerado interesante el documento Recomendaciones básicas para vitrinas destinadas a bienes culturales de naturaleza orgánica especialmente sensibles, publicado por el Ministerio de Cultura y Deporte dentro de los Planes Nacionales de Conservación Preventiva del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Entre la información aportada por este documento, pueden consultarse las características que debe cumplir una vitrina y los materiales más adecuados para su construcción por su baja emisividad de COVs (Herráez et al., 2018: 12-13). En esta publicación, también se mencionan las vitrinas de anoxia, que son herméticas y permiten sustituir el aire por gases inertes como el argón o el nitrógeno (Herráez et al., 2018: 7). Sin embargo, sería necesario realizar un estudio en profundidad de la interacción de estos gases con los materiales de los modelos anatómicos de cera y contar con los elevados costes de estos contenedores técnicos. Un sistema de circulación del aire dentro de las salas del edificio donde se conserven los modelos de cera será imprescindible para controlar varios de los factores de riesgo, como las plagas por encontrarse motivadas por la condensación de la humedad relativa o los contaminantes que puedan penetrar al interior de las vitrinas. El flujo de aire puede controlarse mediante ventilación mecánica, con una adecuada filtración química del aire. Con los ventiladores y conductos apropiados, su recirculación permitiría favorecer el control de la temperatura y humedad relativas, además de reducir los contaminantes y el particulado atmosférico del espacio expositivo. 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 485 Desde el Ministerio recomienda emplear un flujo de aire constante y con una potencia baja pero suficiente para cumplir su función. Para ello, puede programarse el sistema de ventilación para que el aire de toda la sala se renueve por completo entre una y dos veces a la hora. Aconsejan, entre otras medidas interesantes, que las vibraciones producidas por el equipo de ventilación sean inapreciables y no emitan un sonido superior a los 30 decibelios (Herráez et al., 2018: 10). Dentro de las vitrinas herméticas, el aire debe ser lo más aséptico posible, evitando el depósito superficial del particulado interponiendo una lámina de polietileno tipo Mylar® entre el suelo de la vitrina y el modelo anatómico (Lang et al., 2010: 14), o apoyando las piezas sobre placas de vidrio no absorbentes (Gramtorp et al., 2013: 105). Pueden colocarse en su interior sistemas para la adsorción de gases nocivos, como las tiras de carbón activado o el permanganato de potasio, adaptando la cantidad de producto en función del espacio interno a controlar y de la cantidad de emisiones gaseosas que vaya a experimentar (Herráez et al., 2018: 9). 10.2.2. El control de la luz, la temperatura y la HR en el espacio expositivo Con el fin de evaluar las condiciones climáticas en la sala del museo donde se deseen conservar los modelos anatómicos de cera, sería necesario colocar un aparato de registro de la temperatura y la humedad relativa del ambiente durante varios meses (preferiblemente un año). De este modo se podrá acondicionar el espacio colocando humidificadores, deshumidificadores, calefacción o refrigeración, en función de las necesidades de cada estación del año. También sería adecuado analizar la calidad del aire dentro del museo, interceptando cualquier acceso de la polución del exterior al interior del edificio. El acceso de la luz natural está, sin embargo, bastante controlado. Sin ventanas ni posibilidad de iluminación solar directa, solo entra radiación lumínica cuando se abre el portón trasero. En cuanto a la iluminación artificial, todas las lámparas con filtro UV o son tubos especiales para controlar dicha radiación. Además, la sala se enciende solo durante las visitas o trabajos dentro del espacio, apagándose cuando no hay nadie. Aunque los problemas de iluminación estén más controlados en el “Almacén visitable”, como propuesta para un nuevo espacio podría instalarse un sistema de carriles con bombillas tipo LED cuya radiación UV pueda ser fácilmente regulable y controlable, permitiendo la correcta observación de las esculturas como propone la literatura científica. Las vitrinas en las que se encuentran expuestas las piezas han supuesto un beneficio para su conservación como medida temporal, sin embargo, los cerramientos no permiten acceder al interior para su mantenimiento sin recurrir a un desmontaje parcial que supone un riesgo para las obras y que aporta múltiples vibraciones y golpes. Las vitrinas deben estar adaptadas a la colección y facilitar el acceso. Siempre dentro de la vitrina, la radiación luminosa que recibirán los modelos en ceroplástica podrá generarse a través de varias fuentes: la iluminación general de la sala, si la vitrina tiene un sistema de iluminación propia, la que pueda entrar por alguna ventana del edificio, etc. Una de las primeras medidas necesarias para evitar problemas de conservación será la colocación de filtros UV en las ventanas y evitar el calor y las demás radiaciones solares instalando cortinas opacas que poder cerrar en las horas del día que lo requieran. La razón por la que no se recomienda “cegar” las ventanas es porque, a menudo, los edificios históricos no tienen 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 486 la libertad legal para hacerlo. Aunque es preferible contar únicamente con una iluminación artificial de las salas con modelos de cera, por ser más fácil de controlar, las instituciones en las que la luz natural indirecta sirve para iluminar las salas sin comprometer la conservación deben tener en cuenta que deberán llevar un control más exhaustivo de los valores recibidos por las piezas. Para ello, se recomienda colocar un medidor de luxes en cada vitrina y, por supuesto, evitar la luz solar directa. Con el objetivo de controlar mejor las radiaciones y calor generadas por las lámparas, se aconseja evitar las lámparas dentro de las vitrinas o cerca de ellas, porque podrían generar un microclima peligroso para la estabilidad de la cera (Karydis et al., 2021: 73). Los autores que han estudiado las condiciones ideales en la conservación de los modelos anatómicos en ceroplástica, recomiendan una intensidad luminosa máxima de unos 150 lux y un nivel máximo de radiación UV de 75 µW/lm (valores estándar para la radiación de luz/UV sobre la cera) (Gramtorp et al., 2013: 105). Otros autores recomiendan reducir los niveles hasta valores cercanos a los 50 lux y radiación UV de hasta 75µW/lumen (Lang et al., 2010: 11). Además, indican que un máximo de 150-180 lux es aceptable para la conservación de los modelos anatómicos de cera (Pradier, 2011: 152-154). Por otra parte, la mayoría de los materiales de intervención, como los adhesivos o los aglutinantes de los productos de reintegración, tienen una naturaleza polimérica que requerirán valores de luz y oxígeno lo más bajos posibles (Godfrey y Gilroy, 2017). Para la iluminación de las efigies de cera conservadas en los museos especializados en esta tipología de patrimonio, emplean valores máximos de unos 150 lux y un nivel de radiación UV de 75 μW/lm. Además, el tiempo máximo de exposición directa permitido para la cera se ha establecido en 3000-5000 horas al año. Por otro lado, en 1986, quedó establecido que 50 lux son suficientes para garantizar una visita adecuada y cómoda para el público en los museos, por lo que las normas de conservación preventiva en estas instituciones han adoptado estos valores para iluminar materiales como la cera, los textiles, el papel, los plásticos, el vidrio o la madera. La exposición anual a la luz de dichos objetos no debe superar los 10.000 lx - h/a, y la radiación UV ha de mantenerse en valores máximos de 10 μW/lumen (Herráez et al., 2018: 12; Karydis et al., 2021: 73). Además, la cera de abejas se oscurece bajo una intensa radiación infrarroja o tras una larga estancia en la oscuridad: bajo la acción de una atmósfera que contenga vapores sulfurosos se oscurece, y que con una luz intensa se aclara (Colinart et al., 1987: 78-79). Así pues, controlar la iluminación será posible si se cuenta con una instalación de iluminación artificial con fibra óptica o bombillas LED, junto con recursos como la limitación del tiempo de exposición mediante sensores de movimiento o el apagado de las luces si no hay visitantes. Las fuentes de luz serán de alta calidad, con control de la emisión ultravioleta e infrarroja y regulables y cortinas en las ventanas por las que entra la luz natural para que puedan establecerse unos parámetros regulables de radiación acumulada. Otra razón por la que seleccionar una iluminación con lámparas LED o un suministro a través de fibra óptica es debido a que, como han advertido algunos conservadores, desde septiembre de 2018, las lámparas halógenas, muy utilizadas en museos debido a que están dotadas de bloqueadores de rayos UV y porque producen una luz clara y regulable, han dejado de comercializarse en toda la Unión Europea por representar un elevado índice de consumo energético (Karydis et al., 2021: 73). 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 487 Podrían establecerse unos valores medios de 150-180 lux y una radiación ultravioleta lo más cercana posible a los 50 µW/lm y de 75 µW/lm como máximo. Además de controlar la afluencia de visitantes y establecer unos valores mensuales y anuales que permitan saber la acumulación de radiación real por cada uno de los modelos anatómicos. Un ejemplo que se ha considerado muy interesante por tratarse de un edificio histórico y de una de las colecciones de ceroplástica más importantes, es el proyecto de iluminación desarrollado por el Museo florentino de La Specola. Después de un estudio exhaustivo del edificio, de la colección, del tipo de público, etc., el equipo del museo determinó alternar dos tipos de alumbrado simultáneo de bajo consumo energético, respetuoso con las normas de conservación y salvaguarda de los modelos de cera y adaptable: uno para la iluminación básica y otro para la iluminación dirigida. En ambos casos han empleado sistemas LED, dispositivos de regulación del flujo luminoso y del color de la luz y sensores de presencia (Balocco et al., 2015: 256). La novedad de este proyecto reside en el objetivo de la iluminación seleccionada, pues se ha centrado en utilizar la luz como vehículo para recuperar la historicidad de las piezas tridimensionales y las láminas coloreadas, que fueron fabricados para observarse en el ambiente escénico y bajo la atmósfera difusa de los teatros anatómicos de los siglos XVII y XVIII. Asegurando una buena conservación preventiva, se calcularon los niveles de iluminancia de 42 lx/año para el caso extremo de una afluencia de visitantes en cinco visitas diarias de 30 minutos, con una ausencia total de atenuación de la luz y de regulación del flujo luminoso. Para reproducir las condiciones originales del teatro, sin detrimento de proporcionar unas condiciones óptimas para la visión de los objetos por parte del espectador (una buena ergonomía de la visión), estas dos iluminaciones combinadas son (Balocco et al., 2015: 8-9): 1- Una red de ocho focos LED regulables, de la casa Parscan, y con distribución de luz Wide flood113 para conseguir una iluminación general, montados en raíles electrificados colocados en el techo de la sala. Cada foco tiene una potencia de 12 W, un flujo luminoso de 1590 lm y una temperatura de color de 4000 K. De este modo, se ha conseguido imitar la luz difusa y de tonalidad cálida simulando un espacio iluminado por velas, que favorece la interpretación de los volúmenes y los colores de los modelos y dibujos. A este sistema se añadieron dos lámparas LED washer114, de la casa Parscan, con distribución de la luz Oval flood115 (con potencia de 12W, flujo luminoso de 1590 lm y una temperatura de color de 4000 K), para dirigirla hacia las vitrinas perimetrales y centrales mejorando su observación. Los valores de luminancia conseguidos son de 101 lx y, por tanto, inferior a los 200 lx recomendados. 113 Con un ángulo de irradiación de aprox. 85°, la distribución luminosa extra wide flood posibilita grandes inter distancias entre luminarias. Esto permite reducir tanto el número de luminarias como los costes de inversión. La distribución luminosa extensiva se revela como ventajosa para la iluminación económica de áreas secundarias. 114 Bañadores de luz 115 La lente oval flood genera un cono de luz elipsoidal que puede girarse 360 grados y resulta posible dirigir la luz específicamente hacia los objetos deseados. 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 488 2- La segunda instalación consiste en un raíl de seis focos LED wall washer116 (luminarias no visibles, empotradas en el techo), regulables y con lentes. Las características de cada foco son: una potencia de 16W, un flujo luminoso de 1600 lm. y una temperatura de color de 3000K). El objetivo de esta segunda red ha sido la situación de luces puntuales y colimadas117 con una tonalidad cromática superior que permitirán una observación más detallada de cada objeto expuesto en la sala. Los valores analizados son de 100 lx y 250 lx, cuando todas las luminarias están encendidas, y entre 50 lx y 100 lx, cuando las seis fuentes del bañador de pared están apagadas. La luminancia total registrada se encuentra en valores máximos de 200 lx. En los museos debe tenerse en cuenta la estrecha relación de la temperatura con la humedad relativa del ambiente, siendo sus efectos sobre el patrimonio inseparables. El verdadero reto comienza cuando un museo tiene en exposición o almacenaje objetos de distinta naturaleza o compuestos por diferentes materias, especialmente cuando comparten espacios o vitrinas. Ante esta problemática, instituciones como el Australian Institute for the Conservation of Cultural Materials (AICCM), han tenido en cuenta la necesidad de mantener en equilibrio los valores de temperatura y humedad relativa. Para la mayoría de las colecciones, los niveles de humedad relativa debn encontrarse entre un 45-55 %, considerando una variable de ± 5 % en un plazo de 24 horas. Mientras que, las temperaturas quedan establecidas dentro del rango de 15 a 25 º C, con una oscilación máxima de ± 4 º C en una franja temporal de 24 horas. Para aquellas colecciones que se conserven en zonas geográficas con mucha diferencia climática entre las estaciones del año, el AICCM no recomienda extralimitarse más allá de los valores 40-60 % de humedad relativa, y aconseja controlar siempre la temperatura para evitar la condensación del vapor de agua al entrar en contacto con las superficies (WAM, 2021). Para las piezas realizadas en ceroplástica, algunos autores indican que se necesita un entorno estable y fresco, ni demasiado seco (para evitar la desecación de la cera) ni demasiado húmedo (para evitar la corrosión de las armaduras metálicas). Para los objetos cerosos del Carl Nielsen Museum, en Copenhague, controlan que el clima de almacenamiento sea estable en parámetros anuales, con una humedad relativa de aproximadamente el 40-50 % (Gramtorp et al., 2013: 105). Algunos investigadores de colecciones de ceroplástica anatómica han realizado una estimación de los valores medios para cada material. Por ejemplo, Colinart et al., indican en su publicación que un rango de temperatura de 15-20ºC es suficiente, dado que cera es un producto muy estable, siempre que la temperatura ambiente no sea demasiado baja o demasiado alta (Colinart et al., 1987: 78-79). En concreto, Pradier propone establecer los parámetros de 18-20 º C de temperatura y un 40 % de humedad relativa (HR) para esta tipología de objeto (Pradier, 2011: 152-154), como se muestra en la siguiente imagen (Tabla 45). 116 Bañadores de pared. 117 Concentración de haces de luz paralelos a partir de un foco luminoso. 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 489 Tabla 45. Valores de T y HR para los materiales más comunes en los modelos de cera. Fuente propia, 2021. Material Temperatura (º C) HR (%) Cera 18-25 º C 50-60 Metal 18-20 º C 40-45 Madera 18-20 º C 40-50 A tenor de estos datos, la bibliografía de referencia coincide en las condiciones de temperatura y humedad relativa, que se encuentran estrechamente relacionadas. Para las colecciones en ceroplástica podrían establecerse entre los 18-20 º C y la humedad relativa en valores entre los 40-45 %. Como indicó Michalsky, la oscilación de la humedad relativa en cualquier colección no debería superar el 5 % (Godfrey y Gilroy, 2017). Así pues, cuando las condiciones de temperatura y humedad en las colecciones de ceroplástica anatómica no se pueden controlar en los valores recomendados es, como mínimo, necesario evitar las oscilaciones bruscas. Se podría decir que será mejor mantener un 55 % de humedad relativa ambiental siendo elevada que permitir que esta varíe del 20 al 55 % dentro de la misma semana. Recomendado para todos los museos, la colocación de una estación meteorológica en cada sala es uno de los sistemas de control más eficaces para mantener el espacio libre de fluctuaciones termo higrométricas. Con los datos aportados por los aparatos colocados estratégicamente se podrá estudiar el comportamiento de cada espacio en función de los factores ambientales que envuelven el edificio y modificar su impacto en el interior incorporando aislantes a las puertas y ventanas, colocando deshumidificadores o humidificadores en función de las necesidades, etc. Dentro de las vitrinas, puede ser recomendable introducir productos que controlen la humedad relativa, evitando la creación de un microclima. Para ello, cada vitrina requiere de una monitorización individual con una estación meteorológica de precisión, como pueden ser los conocidos Datalogger® en el campo de la museología. Este tipo de dispositivos son programables y registran digitalmente los datos de temperatura y humedad relativa durante, de manera que se puede acceder a ellos con un equipo informático. Si bien, debe considerarse el tipo de sistema elegido para la extracción de los datos, pues será necesario extraer el Datalogger® de la vitrina cuando se considere oportuno o mantenerlo conectado por cable al exterior. Probablemente, en la mayoría de los casos, será preferible extraer el aparato periódicamente a mantener un punto de la vitrina conectado con la sala. Así pues, siguiendo las recomendaciones del Ministerio de Cultura y Deporte, puede introducirse un producto amortiguador de la humedad. Algunos de los más comercializados son los artículos basados en el gel de sílice como Art-Sorb® o PROsorb®. Estos materiales deben pre- acondicionarse a los valores de humedad relativa que se deseen alcanzar y mantener dentro de la vitrina (Herráez et al, 2018: 8-9). Si se emplean productos de naturaleza polimérica en los trabajos de intervención o en la conservación preventiva de los objetos cerosos, debe controlarse que las condiciones de humedad relativa no superen el 50 %. Además, los ambientes donde se conserven los modelos tienen que mantenerse en temperaturas entre 10 y 20 º C, pues a temperaturas superiores a 25 º C, los modelos de cera se vuelven untuosos, y las temperaturas inferiores a 10 º C no son recomendables para algunos adhesivos, como el Evacon®R (Gramtorp et al., 2013: 105; Godfrey y Gilroy, 2017). 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 490 10.3. Medidas sugeridas para la conservación desde el objeto En el espacio del Museo Veterinario Complutense en el que se encuentran los modelos anatómicos veterinarios en ceroplástica se exponen otras colecciones. como se ha explicado previamente, se recomienda estudiar la materialidad del resto de piezas con las que comparten espacio en favor de la conservación preventiva. Si bien, en el caso de este museo no comparten vitrina, las colecciones que se conservan cerca de los objetos de cera son muy heterogéneas: desde anatomía en papel maché, botámenes de porcelana, aparatos de medición realizados con metales o cristal, hasta modelos naturales de animales disecados o introducidos en líquidos conservantes (fig. 339). Figura 342. Imagen general de una de la sala perteneciente al Museo Veterinario Complutense donde se exponen los modelos anatómicos en cera. Fuente: Miguel del Pino, 2016. Para llevar a cabo una conservación preventiva desde el objeto (los modelos veterinarios en ceroplástica), es necesaria la elaboración de un estudio como el que se ha realizado dentro del mencionado Proyecto de Investigación (Ref.: HAR2013- 42460-P) y que se refleja en esta tesis doctoral. Dentro de las acciones previas a la intervención de conservación- restauración, se ha elaborado un recorrido sobre la historia (usos, traslados y avatares de las piezas), origen, significado y función en la actualidad de la colección veterinaria en ceroplástica que deben considerarse también en las medidas de conservación preventiva. Profundizar en los documentos de archivo, examinar cada modelo para comprender la tecnología de fabricación y la colaboración con laboratorios de materiales ha permitido, además de seleccionar las metodologías y productos de intervención más adecuados, comprender la naturaleza físicoquímica de la colección y las necesidades de conservación preventiva desde un punto de vista material. Además, tanto para la intervención de conservación-restauración como para una correcta conservación preventiva, se requiere la comprensión del significado de los modelos anatómicos de cera dentro de las colecciones y su valor tangible e intangible para la historia de la educación de la veterinaria y la cultura material de la Universidad Complutense de Madrid. Como proponen las autoras dentro de la conservación desde el objeto, es necesario el inventariado de cada uno de los modelos anatómicos y del resto de piezas de las colecciones conservadas en el espacio de exhibición. A continuación, se indican algunos de los aspectos tratados en esta tesis, necesarios para tomar decisiones sobre la conservación preventiva: - El valor funcional y educativo de los modelos veterinarios en la enseñanza en la Real Escuela de Veterinaria de Madrid, así como su significado y lugar dentro de la cultura material en el momento de su fabricación o cuando caen en desuso, han tratado de exponerse en los capítulos 1-5 de esta tesis doctoral. 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 491 - Como ocurre con el resto de colecciones pertenecientes al patrimonio de la Universidad Complutense de Madrid, cada uno de los modelos se encuentra debidamente inventariado y localizado en el sistema informático de la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la universidad. En el capítulo 6 de esta tesis, se ha explicado brevemente esta cuestión y se ha propuesto un registro complementario con fichas técnicas para la consulta de la intervención de conservación-restauración realizada en cada pieza anatómica. - Por otra parte, las características materiales de los modelos y el estado de conservación previo a la intervención se han explicado en los capítulos 6 y 7. Ha sido imprescindible la colaboración interdisciplinar para realizar un estudio exhaustivo de una selección de modelos representativos de toda la colección. 10.4. Medidas recomendadas para la conservación desde la manipulación La manipulación directa debe ser realizada siempre por un personal cualificado perteneciente al campo del patrimonio y especializado en los objetos realizados en cera. Deben establecerse revisiones periódicas a cargo de un especialista en la preservación de esta tipología de pieza y llevar un registro en la ficha de conservación, junto con la toma de fotografías si es necesario registrar algún deterioro. Durante estas inspecciones es necesario revisar los aparatos de medición de los valores atmosféricos y los ubicados en el interior de las vitrinas, controlando la presencia de contaminantes o temperaturas elevadas. Dada su complejidad material, es muy importante minimizar la manipulación y los desplazamientos innecesarios de los modelos y efigies de cera. Los movimientos dentro de la sala de exposición o en el interior de la institución, requieren de la colaboración mínima de dos personas, que puedan repartir los puntos de gravedad del objeto y eviten tumbarlo o girarlo. Para el transporte dentro del propio edificio, deben transportarse en contenedores estables o en carros con plataforma estables. Los contenedores y vehículos de transporte deben estar provistos de un acolchado blando para evitar las vibraciones (Pradier, 2011: 152-154). Además, en los casos de traslados largos, se recomienda que los modelos sean fijados o asegurados a una superficie de madera preparada especialmente para depositar las piezas al extraerlas de su vitrina y evitar así cualquier accidente (Lang et al., et al., 2010: 13-14). Existen habitualmente empresas de transporte de obras de arte y museos con experiencia en piezas delicadas. En el caso de no poder evitar el traslado, algunas acciones deseables para la conservación de los modelos durante su transporte pueden ser las siguientes (Lang et al., 2010: 13-14; Pradier, 2011: 152-154): - Planificar con precisión todos los procedimientos realizados para preparar una exposición de modelos de cera. Trasladar las piezas al espacio de exposición sólo después de que se hayan terminado todas las obras del nuevo espacio e instalado la iluminación. - Regular claramente los préstamos mediante especificaciones vinculantes para el prestatario sobre el transporte, el clima y la luz en el lugar de la exposición, etc., de acuerdo con estas recomendaciones. - Realizar una valuación del estado de los modelos antes de su préstamo o transporte, 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 492 siempre por un restaurador especializado. Se ha de designar a una persona especializada que realice las funciones de correo (preferiblemente un restaurador), para que acompañe y supervise todas las paradas del viaje, así como su llegada al nuevo emplazamiento. - Tratar de adjudicar el transporte externo a empresas especializadas en la manipulación de objetos de arte, que se realicen preferiblemente por tierra y en camiones con aire acondicionado (refrigerados), con cojines de aire y a prueba de robos. - Para el transporte externo, los materiales de embalaje y sistemas de transporte protectores deben extremarse aún más y adaptarlos a las condiciones climáticas que les vaya a rodear. Especialmente a bajas temperaturas, la cera reacciona de forma muy sensible a las vibraciones y a los impactos. Por ello, las exigencias de embalaje y transporte de los modelos deberán ser mayores durante los meses de invierno. - Sólo tras la evaluación de la estabilidad de la pieza por un restaurador, la exposición debe realizarse sobre superficies horizontales o con una inclinación máxima de 30 º. - En el lugar de exposición temporal, se deben exponer los modelos únicamente en vitrinas cerradas a prueba de polvo y controlar que las condiciones atmosféricas son similares a las del lugar de origen. Para evitar riesgos como las vibraciones o los robos, serán colocadas en lugares vigilados y seguros. No obstante, los autores de la bibliografía especializada advierten de que es preferible no transportar ningún modelo de cera, puesto que es frecuente que presenten cualquier deterioro, por leve que sea, incluso aunque no se detecte. En muchos casos, los modelos parecen inicialmente intactos y estables, pero en su interior, pueden encontrarse microfracturados y presentar alteraciones perceptibles únicamente con exámenes detallados o con equipos de diagnóstico (Lang et al., 2010: 13-14): En cualquier caso, la manipulación exige el empleo de guantes de látex, nitrilo o vinilo. Deben evitarse las joyas y las prendas de lana o con fibras sueltas para prevenir la atracción de fragmentos como consecuencia de la electricidad electrostática que naturalmente poseen las superficies cerosas (AICCM, 1998; Anstey et al., 2021; Karydis et al., 2021: 75). Por otro lado, para evitar riesgos provenientes de los materiales de las vitrinas, se recomienda dejar pasar un tiempo de secado de al menos dos semanas tras el sellado o los acabados de pintura en su interior (cuatro semanas para los acabados acrílicos o de resina epoxi). A modo de barrera entre la superficie de contacto del modelo y el fondo de la vitrina puede interponerse una lámina de polietileno (Lang et al., et al., 2010: 13-14). También debe atenderse a la exposición de cada pieza, especialmente cuando la fatiga del material escultórico ya no permite colocar o colgar el modelo en su posición original. En estos casos, se deben desarrollar y aplicar métodos alternativos de almacenamiento y exhibición (Lang et al., 2010: 5-6). Por último, debe atenderse al hecho de que todos los materiales adsorbentes (gel de sílice, carbón activado,…) o absorbentes (de oxígeno,…) tienen una vida limitada y hay que renovarlos periódicamente, o regenerarlos, dependiendo de la velocidad de intercambio del aire, tamaño de la vitrina, características estructurales del bien cultural expuesto, riesgos de posibles emisiones de COVs (respecto al carbono activado), condiciones ambientales de la sala de 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 493 exposición (adsorbente de humedad), desgaste por manipulación, etc. Es aconsejable que se programen inspecciones periódicas del estado y funcionamiento de la vitrina, cuyos datos se reflejarán en un breve informe o ficha (Herráez et al., 2018: 20-21). Las cajas de embalaje y transporte deben cumplir algunos requisitos. En el caso de un almacenaje necesario deben conocerse la composición y degradación de las espumas, así como de la madera que componen los contenedores y exigirse al fabricante el uso de materiales especiales adaptados a los modelos de cera similares a los recomendados para las vitrinas. Por ley (Real Decreto 227/2006), los fabricantes de productos susceptibles de emisiones apreciables están obligados a informar de los contenidos máximos de COVs de los mismos, expresados en g/l de producto listo para su empleo (Herráez et al., 2018: 12-13). Garantizar la protección contra los contaminantes, el polvo y las plagas supone evitar deterioros que no pueden revertirse después. Para ello, la bibliografía recomienda eliminar los materiales inadecuados, como los plásticos y cartones espumados convencionales, el cartón prensado, el fieltro y los adhesivos; embalar las piezas de cera en materiales de calidad de archivo, como cajas de cartón para objetos celulósicos, cerrando las fugas en las paredes exteriores; e instalando medidas de protección, como mosquiteras en las ventanas (Lang et al., 2010: 12). El espacio de montaje para la introducción de los objetos en sus cajas debe permanecer limpio y sin partículas en suspensión, por lo que la adaptación y montaje por piezas de los contenedores, el corte de las espumas o la adaptación de los sistemas de sujeción para el transporte pueden realizarse en una sala contigua. Antes de introducir las piezas de cera en las cajas de traslado, deben forrarse con tejido no tejido tipo Tyvek®, compuesto por fibras de polietileno de olefina termosoldada. Este producto comercial es útil para evitar roces y deterioros, puesto que permite la transpiración, pero no admite la penetración del vapor de agua ni de micropartículas como contaminantes o bacterias. Para forrar las cajas pueden emplearse espumas de poliuretano, como el producto comercial Cellplast®, compuesto por poliestireno118 eps-eristelevy. En el caso de necesitar un refuerzo en la protección de alguna zona, puede emplearse Bullkraft, un plástico de burbujas con papel kraft en la cara opuesta a las burbujas, que es la cara que debe encontrarse en contacto con el tisú tipo Tyvek® que envuelve el modelo de cera. En la imagen (fig. 343) se muestran las cajas de transporte especiales para ceroplástica. En el contenedor que se muestra en la imagen a, pueden transportarse dos modelos gracias al separador de madera y la espuma en la base para sujetar las piezas durante el traslado. En las imágenes b y c, se está empleando una caja plana con tres espumas superpuestas: la espuma de base, la intermedia con los huecos de las medidas de los cuatro modelos de cera planos que contendrá y una espuma que cumple la función de tapa y de capa intermedia entre la tapa y los modelos anatómicos. Finalmente, en la imagen d, se pretende mostrar cómo incluir la información sobre la empresa de transporte responsable del traslado y el siglado de los modelos o de la propia caja, en este caso en la tapa superior de los contenedores. Algunos autores no aconsejan el uso de papel tisú sin ácido, ya que puede adherirse a la superficie de la cera y también absorber los demás reactivos que pueda contener muy 118 El poliestireno expandido, como el de estas espumas, es un derivado del poliuretano. 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 494 rápidamente (como cloruros o ligninas). Las películas de poliéster, como Melinex®, o la guata de poliéster tampoco son recomendables para las piezas de cera, ya que durante los periodos de calor estos materiales pueden pegarse en las superficies. Además, las piezas tridimensionales deben colocarse en materiales de almacenamiento, como Ethafoam, ajustados a la forma de cada objeto. Las piezas pequeñas podrían almacenarse utilizando fundas de espuma de polietileno o con láminas de polipropileno especialmente formuladas para conservación de arte, como Ethafoam® o Plastazote®LD45, y colocarse en cajas individuales de cartón libre de ácido o polipropileno (PP) y siempre en un nivel inferior dentro del área de almacenamiento, para evitar posibles caídas (Lang et al., 2010: 12; Karydis et al., 2021: 75). Figura 343. Cajas de transporte especiales para ceroplástica. Fuente propia, 2018. Con respecto a los productos que se pueden introducir en los contenedores para controlar la humedad relativa, deben considerarse las mismas medidas preventivas mencionadas para las vitrinas acerca de su caducidad y características. Deben indicarse siempre en el exterior de las cajas de transporte las características de las piezas que contienen, en el caso de los modelos de cera es especialmente importante la posición en la que debe colocarse el contenedor, pues su naturaleza plástica los convierte en objetos que se deforman fácilmente al recibir una presión o con su propio peso (fig. 344). a b c d 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 495 Figura 344. Lateral o tapa de la caja de transporte para ceroplástica. Fuente propia, 2016. Se considera recomendable contar con información visual durante las manipulaciones, tales como las herramientas audiovisuales o las cartografías digitales. Poder consultar los mapas de daños o la volumetría del modelo pueden facilitar la toma de decisiones ante cualquier eventualidad o consultar las características de cada pieza sin necesidad de abrir las cajas. 10.4.1. Descontextualización Debe considerarse que, por norma general, se recomienda devolver las obras de arte a su ubicación y restituir su cometido original. Sin embargo, las piezas de las colecciones de ceroplástica presentan una casuística especial motivada por un cambio en su funcionalidad. No cabe duda de que su importancia histórico-artística requiere de una conservación en condiciones medioambientales controladas, por lo que no es posible restablecer su función didáctica original en las aulas, donde se requiere de la manipulación por parte de los docentes y los alumnos. No obstante, puede facilitarse su observación en vitrinas controladas en los museos. Pero las condiciones de conservación deben ser adecuadas a las necesidades de los objetos y prevalecer sobre su función expositiva, contemplando la posibilidad de no exponer alguna de las piezas de manera continuada, contando para ello con el emplazamiento y medidas de almacenaje óptimas que lo permitan. Las condiciones climáticas que deben establecerse para una conservación adecuada de las esculturas realizadas en ceroplástica se fundamentan en evitar cambios en la temperatura ambiente, dentro y fuera de la vitrina. Para ello, se pueden seguir las recomendaciones del Opificio delle Pietre Dure e Laboratori di Restauro de Florencia, que conserva una de las colecciones de ceroplástica anatómica más importantes del mundo (Gabriellini et al., 2008: 233-234). Como se ha mencionado previamente, se debe mantener la colección de modelos anatómicos artificiales de cera en el mismo espacio que el resto de las colecciones veterinarias, permitiendo el diálogo entre sí y su comprensión en un espacio similar al lugar para el que fueron 10. Guía para la conservación preventiva de modelos anatómicos en cera 496 concebidas. Es decir, una sala en el que convivían los materiales didácticos y al que tenían acceso los alumnos de la Escuela para completar su formación. Para promover el interés y apoyo de la colección, evitando así su descontextualización, sería adecuado realizar tareas de reclamo por parte de la Universidad Complutense que atraigan visitantes e investigadores de las colecciones que se exponen en el museo. Algunas pueden ser la publicación en la web y su divulgación en las redes sociales, o la difusión adecuada de los trabajos de investigación y restauración como aportación a la comunidad investigadora y como documentación histórica de la colección de ceroplástica anatómica veterinaria. Un posible cambio de ubicación del museo permite ofrecer nuevas oportunidades para la atracción del público, además de cumplir con los requisitos de conservación. Para ello, debe seleccionarse un lugar accesible y cómodo para los visitantes, en el que pueda establecerse un discurso museográfico interesante y atractivo. Es un requisito indispensable la realización del mantenimiento por un personal cualificado que posea los medios y equipos para realizar esta tarea de manera competente. Sería ideal contar con personal especializado en tareas de exhibición de exposiciones para realizar las visitas guiadas tan solicitadas en este museo, expresadas por el público particular y por muchas instituciones, como colegios. 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 497 11 CONCLUSIONES Y LÍNEAS ABIERTAS DE INVESTIGACIÓN l trabajo de investigación realizado ha pretendido ofrecer una panorámica general acerca de la situación actual de las colecciones de anatomía en ceroplástica dependientes de las universidades, así como de los tratamientos de conservación y restauración que pueden ponerse en práctica para salvaguardar y recuperar este importante patrimonio. Para ello, se ha tomado como referente la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense procedente de la Real Escuela de Veterinaria de Madrid. El objetivo ha sido, como ya se ha indicado en la introducción de esta tesis, poner en valor una de las colecciones más completas y singulares de modelos tridimensionales didácticos para el estudio de la anatomía animal y patológica existente en ámbito nacional. Aunque en los últimos años este tipo de artefactos ha despertado un gran interés en la comunidad científica, por considerarlos fuentes primarias que encierran una información de enorme interés sobre la evolución de la ciencia y los cambios en los métodos de enseñanza de la disciplina veterinaria, son escasas las investigaciones centradas en el estudio de su naturaleza material y en posibles propuestas orientadas a su conservación-restauración. La riqueza tipológica de la colección veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, unida a la extraordinaria fragilidad del material céreo elegido para la construcción de los modelos, así como la casuística de deterioros existentes por su sensibilidad a la acción de los agentes de deterioro y las condiciones adversas a las que este conjunto patrimonial ha estado expuesto, han determinado su elección en esta investigación. Esta se ha orientado a obtener, tras una serie de aspectos analizados, unas conclusiones que ofrezcan una respuesta a los objetivos formulados. E 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 498 Tomando como modelo los trabajos de intervención realizados en la colección ceroplástica veterinaria conservada en el Museo Veterinario Complutense, realizados dentro del Proyecto de Investigación del Plan Nacional: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460- P), se han pretendido aportar soluciones y propuestas en el campo de la conservación y restauración de esta tipología de objetos que puedan servir como guía para otras colecciones similares. Así pues, como resultado de esta investigación y de la intervención de conservación- restauración en la colección de ceroplástica veterinaria del Museo Veterinario Complutense, pueden enunciarse las siguientes conclusiones: Los primeros capítulos de la tesis han posibilitado contextualizar el nacimiento de las escuelas veterinarias en Europa y conocer cuáles fueron las razones que hicieron necesario contar con modelos tridimensionales de cera, sustitutos del cadáver del animal, para disponer de herramientas didácticas en las clases de anatomía. - Con respecto al nacimiento de la veterinaria institucional en la Francia de finales del siglo XVIII para abordar los problemas de salud animal y en favor de la economía nacional, se ha comprobado que este evento supuso la instauración de numerosas escuelas veterinarias en toda Europa, que proliferaron siguiendo el modelo francés. Ha sido interesante conocer la influencia del pensamiento ilustrado en las bases ideológicas de dicho modelo, que defendía la necesidad de complementar el estudio teórico de la veterinaria con la aplicación práctica, a fin de sustituir la enseñanza de maestro a aprendiz por un modelo científico en el que la disciplina de la anatomía tuvo una importancia capital. Además, estudiar el nacimiento de la veterinaria en estas primeras instituciones ha permitido comprobar la conveniencia de disponer de modelos anatómicos dirigidos a la formación didáctica de los futuros veterinarios. Se ha podido comprender que la técnica de Honoré Fragonard, puesta a punto para la conservación de los especímenes diseccionados de cuerpos humanos y animales, fue preferida en los gabinetes anatómicos veterinarios franceses a finales de la centuria y también observar cómo, a partir del siglo XIX, la anatomía animal en cera empezó a formar parte de sus colecciones y de las del resto de Europa. Durante el estudio del nacimiento de la institución veterinaria en Francia y al analizar cuáles pudieron ser los intereses principales que rigieron la creación de los primeros modelos anatómicos destinados a la enseñanza, se ha manifestado la gran relevancia que tuvo el caballo en el proceso de creación de las escuelas y de los planes de estudio. En este sentido, se ha constatado que las escuelas de equitación y la medicina equina que practicaban los mariscales en el ejército fueron los cimientos para la creación de las escuelas veterinarias como instituciones científicas apoyadas por las academias y los estados. Todo ello en respuesta al valor del caballo en las esferas más altas de la sociedad europea, como elemento de distinción social para la aristocracia, así como por su empleo en el ejército y en las guerras. También se ha tratado de resaltar la existencia de una institución dedicada a la medicina animal orientada a los équidos en la Península Ibérica desde el siglo XV, con la fundación del Real Tribunal de Protoalbeiterato por los Reyes Católicos, cuando ya funcionaba la Institución de la Mesta dedicada al ganado lanar. La labor de los albéitares como profesionales especialistas en el ejercicio regulado de la cura y cuidado del caballo se extendía al resto de animales domésticos. Se ha concluido que, efectivamente, no fue 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 499 hasta el siglo XIX cuando la institucionalización de la medicina animal se hizo llamar veterinaria y nació en base al modelo francés, un sistema de estudios de especial interés para los monarcas españoles. Carlos III envió pensionados a las Escuelas de Lyon y Alfort para crear la primera escuela veterinaria española en Madrid, fundada en 1793, siguiendo las novedades científicas y metodologías didácticas propuestas por Bourgelat. De acuerdo con la bibliografía de referencia, se ha tratado de resaltar la situación excepcional que se dio en España con la convivencia de dos instituciones dedicadas al mismo campo de la medicina animal: el Tribunal de Protoalbeiterato y la Real Escuela Veterinaria de Madrid, que funcionaron de manera paralela desde la apertura de dicha escuela hasta la absorción del Tribunal, en 1847. Asimismo, se ha reflexionado sobre la especial preocupación por el caballo en la Real Escuela Veterinaria de Madrid, llegando a la conclusión de que queda justificada por la necesidad de formar técnicos para el ejército durante las primeras décadas de la escuela, basada en un régimen militar hasta 1840-1841. - Como reflexión que conecta la importancia de la ceroplástica animal y veterinaria en Europa con los orígenes y el valor del museo didáctico en nuestra sociedad, el capítulo dos ha permitido realizar un recorrido a través de los tipos de modelos naturales y artificiales fabricados como herramientas docentes. Se ha llegado a la conclusión de que, como ocurriera con los modelos anatómicos humanos elaborados con la técnica de la ceroplástica, la anatomía animal en cera fue de gran utilidad para la enseñanza de la medicina y la veterinaria en los gabinetes anatómicos europeos de los siglos XVIII y XIX. Los modelos animales naturales, preservados mediante técnicas de momificación, disecación, inyección o suspensión en líquidos conservantes, a menudo sufrían en poco tiempo la degradación de los tejidos y de las estructuras anatómicas más sensibles. Las pastas de cera permitieron solucionar este problema y se eligió este material por su capacidad de simular la translucidez, color y verosimilitud de la piel y los tejidos animales, así como por su tacto dúctil y mórbido. La fauna que debieron representar los ceroescultores fue aquella que respondía a las inquietudes y necesidades científicas de la época, como los animales domésticos más útiles para la economía o las nuevas especies descubiertas en latitudes lejanas a Europa, útiles para la enseñanza de las disciplinas anatomía comparada, teorías de la generación, histología y vida microscópica, y patología veterinaria. Se ha constatado que, a diferencia de los modeladores y ceroescultores del siglo XVIII que produjeron una anatomía más orientada a lo sensacional, lo curioso y lo estético, los artistas del siglo XIX debieron adaptarse a las nuevas necesidades científicas que exigían un enfoque más descriptivo y aséptico de la anatomía, despojando a las piezas veterinarias de la teatralidad y belleza fascinante de los modelos humanos para dedicarlos a su función como herramientas educativas. - Con respecto a la relación de los modelos veterinarios en cera fabricados para la Real Escuela Veterinaria de Madrid como parte de la cultura material de la historia de la veterinaria, expuesta en el capítulo tres, puede extraerse a modo de conclusión que ha sido fundamental realizar una recopilación y revisión exhaustiva de la documentación existente en los fondos del Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid (AGUCM), 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 500 así como del Archivo de Alcalá de Henares. El contenido de este capítulo ha permitido profundizar en el funcionamiento del “Laboratorio de piezas”, conocer la formación e influencias de los ceroescultores y comprender el tipo de encargos que se realizaban en función de las necesidades didácticas de la escuela, así como indagar en el conocimiento de la tecnología de fabricación de estas piezas con finalidad didáctica. También se han extraído algunas conclusiones acerca de las condiciones de fabricación de los modelos en cera, como el tipo y cantidad de aditivos que los ceroescultores añadían a las pastas en función de la tipología de modelo y de la temperatura ambiente (según la época del año), o la organización del trabajo en función de la disposición de cadáveres para realizar las copias en arcilla. Se ha tratado de resaltar la importancia que el gabinete anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid, principal centro de producción de la ceroplástica anatómica madrileña, tuvo en la creación de la colección que se conserva actualmente en el Museo Veterinario Complutense, así como el valor de esta colección dentro los fondos fundamentales de su legado institucional. Por otra parte, la información contrastada en este capítulo con las fuentes primarias y secundarias existentes sobre los fondos, ha permitido exponer una cronología y reconocimiento exhaustivos de la fabricación de cada modelo conservado en el museo. Con este trabajo de relación y organización entre fechas de los encargos de solicitud y finalización de las piezas, las listas de materiales solicitados por los ceroescultores, los inventarios de los modelos que se emplean en las lecciones de la escuela, la atribución de autoría de los trabajos en cera, etc., se ha pretendido ofrecer una visión lo más completa posible a los futuros investigadores y desentrañar toda la información oculta en la confusión de documentos conservados en los archivos históricos. A lo largo de la segunda parte de esta investigación, se ha tratado de valorar esta particular colección ceroplástica a través del análisis de su formación, de la diversidad tipológica y de la presencia dentro de los fondos custodiados por el Museo Veterinario Complutense. También se ha pretendido contribuir a la comprensión de su funcionalidad original y actual, así como a explicar la importancia de su legado histórico como parte de la historia de la institución y de la disciplina veterinaria en nuestro país. Teniendo siempre presente el marco teórico y el contexto establecido, las conclusiones obtenidas han sido de carácter técnico, dirigidas a la comprensión de los modelos anatómicos veterinarios en cera desde el punto de vista de su composición material y su conservación. Si bien, esta investigación ha tratado de ofrecer una guía con los pasos a seguir para realizar labores de conservación curativa y restauración en colecciones con piezas de cera, todas las fases explicadas han sido puestas en práctica para resolver la problemática concreta existente en los modelos tridimensionales conservados en el Museo Veterinario Complutense de Madrid. - El recorrido realizado a través del estudio de los avatares y cambios de ubicación de la Real Escuela Veterinaria de Madrid, desde su fundación hasta su actualidad que se ha expuesto en el capítulo cuatro, ha permitido conocer la utilidad inicial de estos objetos en la docencia y su progresivo desuso y abandono. En la labor de recuperación de este extraordinario patrimonio destaca la figura del profesor Joaquín Sánchez de Lollano Prieto, director del Museo Veterinario Complutense, quien supo vislumbrar en ellos su enorme potencial y 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 501 valor patrimonial, entregándose con generosidad y absoluta dedicación a recuperarlos del olvido para darles una nueva oportunidad. Ha sido de utilidad comprender el tipo de patrimonio al que pertenecen los modelos anatómicos en ceroplástica y diseñar una ficha técnica orientada a su registro, conservación, así como a la propuesta de intervención. Como legado histórico y patrimonio científico y didáctico, las colecciones conservadas en el Museo Veterinario Complutense, incluida la colección en ceroplástica, dependen de la Unidad de Gestión del Patrimonio del Vicerrectorado de Cultura y Deporte de la Universidad Complutense de Madrid. Se ha comprobado que la Unidad de Museos dispone de protocolos de registro en formato físico y digital para que todos los objetos se encuentren dentro de las bases de datos y puedan ser localizados en cualquier momento. Aunque la conclusión en el capítulo cuatro de esta investigación indica que los protocolos de conservación de la Universidad han conseguido incluir todas las colecciones con una ficha institucional de registro general donde se señala el estado de conservación de cada objeto, ha sido propuesto un nuevo modelo de ficha ajustado a las necesidades concretas de las esculturas en cera policromada. Esta contiene los apartados necesarios para registrar las intervenciones de conservación-restauración, que se consideran fundamentales para la adecuada preservación de este conjunto patrimonial. También se ha considerado que un modelo de documentación y catalogación adaptada a las necesidades de los objetos realizados con la técnica del modelado en cera, podría resultar de utilidad para colecciones similares a la del Museo Veterinario Complutense. Una vez estudiados los modelos de ficha propuesta por las instituciones de referencia, en especial por el Deutsches Hygiene-Museum Dresden (DHMD) para el registro de su colección de moulages en ceroplástica, se ha propuesto un modelo propio para el registro de la fecha y las acciones de intervención en conservación y restauración llevadas a cabo en cada modelo dentro del Proyecto de Investigación del Plan Nacional: La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P). Pueden consultarse dichas fichas de la colección anatómica veterinaria en el Anexo VII de esta tesis. - Continuando con esta parte técnica, el capítulo cinco ofrece una evaluación del estado de conservación junto con descripciones e imágenes de ayuda para la identificación de los factores de alteración y de la tipología de deterioros más habituales en artefactos de cera. Han servido como guía los protocolos de gestión de riesgos propuesto por Stefan Michalsky y el American Institute of Conservation y se ha tratado de demostrar la incidencia de los factores antrópicos y de la oscilación termo higrométrica como principales causas de degradación de los mismos. Se ha podido establecer una relación directa entre el uso de las piezas como herramientas didácticas y su posterior abandono, así como los impactos y variaciones de temperatura y humedad durante los traslados, como factores determinantes en su deficiente estado de conservación previo a la intervención de conservación realizada. Con el fin de establecer unas pautas de identificación para el registro de las patologías en los modelos de cera, se ha elaborado una tabla que recoge la catalogación de los deterioros y aporta en imágenes cada uno de ellos, de manera que pueden guiar en su identificación en otras colecciones similares. Tras observar que no existe un documento de 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 502 referencia publicado, se ha pretendido exponer una explicación que facilite su identificación en los mapas de daños o cartografías incluidas habitualmente en las fichas de conservación. En esta investigación, ha sido necesaria la realización de cartografías digitales empleadas como herramienta para el registro de la patología del conjunto ceroplástico veterinario. - Se ha concluido esta parte de la investigación con un capítulo seis dedicado los estudios materiales que pueden resultar de mayor utilidad para la conservación-restauración de las colecciones de modelos anatómicos en cualquier institución. Dentro de las colaboraciones interdisciplinares llevadas a cabo se encuentra la aportación de caracterización de materiales realizada por el laboratorio de materiales MatLab, enmarcada dentro del Proyecto La ceroplástica en Veterinaria: documentación, caracterización de materiales y métodos de conservación y restauración en la colección Complutense (Ref.: HAR2013-42460-P). Los resultados de los análisis físico-químicos obtenidos han permitido contrastar la información recopilada por medio de la consulta de fuentes documentales de archivo y la bibliografía específica sobre los componentes y aditivos de las pastas de cera, sobre las metodologías de policromía o el barnizado final, así como identificar con mayor detalle los deterioros explicados en el capítulo anterior. Los estudios diagnósticos por imagen más útiles han sido los rayos X y la fotografía científica, que han ofrecido información sobre la técnica de ejecución de las piezas más significativas de la colección, sobre su naturaleza material y en lo relativo a las alteraciones menos evidentes con un examen visual previo. Del mismo modo, los estudios diagnósticos por imagen mencionados han posibilitado conocer las estructuras internas de las piezas y determinar la composición estratigráfica como parte de la tecnología de fabricación empleada por los ceroescultores. Esta información ha sido fundamental para poder realizar un diagnóstico de conservación y una propuesta de intervención adecuados, permitiendo prever el comportamiento de los productos comerciales a emplear en los estudios experimentales y su efectividad sobre los modelos anatómicos veterinarios. La tercera parte de esta investigación se ha orientado a encontrar respuestas a las problemáticas más urgentes de conservación en la colección de cera en el Museo Veterinario Complutense que pudiera, a su vez, aplicarse también a otras colecciones de características similares. Los estudios experimentales se han centrado en buscar soluciones de conservación a dos de los principales deterioros existentes en el conjunto de la colección seleccionada para este trabajo: por un lado, la existencia de depósitos de partículas de polvo y suciedad sobre la superficie de las esculturas que dificultaba la valoración formal y la identificación de los detalles anatómicos, y por otro, la fragmentación y pérdida matérica que comprometía la estabilidad de las obras. - Una vez finalizada la revisión exhaustiva de la bibliografía y legislación en lo referente a las recomendaciones para la conservación y restauración del patrimonio en cera, se ha concluido una ausencia de criterios de intervención comunes. Se ha comprobado que la elección de materiales o metodologías se rigen más por la experiencia de los restauradores o viene determinada en función de la disponibilidad de productos. En el capítulo siete, se ha realizado un análisis de los criterios aplicados a otros tipos de patrimonio similares en 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 503 la normativa nacional e internacional y razonado los principios fundamentales a tener en cuenta para poder establecer una propuesta de criterios específicos para los modelos de cera basados en la premisa de la mínima intervención. En esta parte de la investigación ha resultado evidente la necesidad de realizar una pertinente documentación histórica, dada su singularidad, para evitar su pérdida material y preservar su valor simbólico e institucional. También se ha extraído como conclusión la importancia que presenta la funcionalidad de cada objeto, puesto que muchos modelos fueron fabricados con fines didácticos, aunque en la actualidad han pasado a ser bienes museísticos de enorme valor histórico para la institución a la que pertenecen. Junto con el conocimiento de los deterioros sufridos y la identificación de las particularidades constructivas, la comprensión de la funcionalidad de los modelos de cera permite establecer los criterios más adecuados en los casos que lo requieran, por ejemplo, en las decisiones sobre la eliminación o mantenimiento de añadidos antiguos o respecto a la reintegración volumétrica de fragmentos perdidos de la pieza con información anatómica necesaria para su comprensión. Como herramienta para la adaptación de los criterios de intervención planteados con la intervención de conservación y restauración, se ha propuesto el empleo de un modelo de preguntas planteado por la bibliografía de referencia y un esquema de decisiones propio que facilite la opción a tomar en cada modelo en cera en particular. La propuesta de intervención ha incluido los criterios dedicados a cada tipo de actividad de conservación-restauración concreta, respetando en todo momento los criterios de autenticidad, la mínima intervención y la reversibilidad o retratabilidad de los procesos. - Dentro del capítulo ocho, dedicado a las limpiezas, ha sido útil poner en práctica un protocolo de actuación ajustado a la especificidad de los modelos tridimensionales de cera estudiados. Se ha considerado esencial la toma de muestras para evaluar la efectividad y la permanencia de residuos en las superficies cerosas y para ello, se ha contado con la participación del Laboratorio de materiales MatLab. Asimismo, gracias a la colaboración de la experta en conservación-restauración de escultura, Olga Cantos Martínez (IPCE), se han podido aplicar materiales y metodologías específicos, concluyendo que los sistemas acuosos son los productos más adecuados para eliminar el estrato de particulado atmosférico más adherido a las superficies cerosas. Para ello, el control de los parámetros de pH, de conductividad eléctrica y la aplicación de aclarados tras el uso de los materiales de limpieza se han demostrado fundamentales, trabajando siempre con disoluciones acuosas tamponadas. Las conclusiones referentes a los aditivos con capacidad tensioactiva y quelante para potenciar la capacidad limpiadora de dichas disoluciones tampón son también positivas, no detectándose residuos en las muestras enviadas al laboratorio. Del testado de geles acuosos de derivados del ácido poliacrílico también se han obtenido buenos resultados, si bien su uso se recomienda en casos restringidos siempre y cuando las superficies escultóricas no presenten fisuras o posean rugosidades que impidan efectuar los aclarados necesarios. En cuanto a los resultados obtenidos en el testado con gel de Pemulen™TR-2, se ha observado que las superficies cerosas podrían experimentar una extracción de ácidos grasos, sin embargo, los indicadores no resultaron determinantes y, por tanto, sería conveniente llevar a cabo más pruebas para decidir su empleo como producto de limpieza. 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 504 Los disolventes orgánicos no han sido considerados una buena opción inicial, si bien en caso de requerir la eliminación de un barniz no original, el isopropanol y la acetona no han extraído componentes de las superficies cerosas. Puesto que no se ha detectado lixiviación ni hinchamiento con estos disolventes, se podrían emplear como componentes en alguno de los geles acuosos testados en esta investigación. - En cuanto al testado efectuado con varios adhesivos empleados de modo habitual en conservación y restauración, realizado en colaboración con el Laboratorio de Materiales de la Escuela Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid, se han obtenido las siguientes conclusiones, expuestas en el capítulo nueve. Estos materiales han sido ensayados con la colaboración del personal del laboratorio y de varios profesores. Ha sido posible obtener resultados cuantificables gracias a la fabricación normalizada de probetas y su ensayo con un equipo de tracción uniaxial. La eficacia de los adhesivos ha sido confirmada posteriormente observando las superficies ensayadas en un estudio fractográfico y microestructural con la ayuda de un microscopio electrónico de barrido (SEM). Las conclusiones del testado de los adhesivos naturales y sintéticos seleccionados para la unión de piezas cerosas indican que, en el caso de adhesiones en fragmentos de pequeñas dimensiones, con pesos inferiores a los diez gramos, sería adecuado emplear el adhesivo comercial Acrylkleber®498 HV, de la casa Lascaux, ya que ha demostrado una elevada elasticidad y compatibilidad con las pastas cerosas, si bien no presenta una suficiente fuerza mecánica para soportar piezas más pesadas. Cuando se trata de unir piezas de dimensiones mayores, los resultados del testado señalan como mejores opciones el uso de la resina epoxídica Epo®150, el adhesivo Aquazol®B500-etanol absoluto y Aquazol®B500-agua y, por último, la resina Paraloid®B72-etanol absoluto/acetona. Se ha comprobado que, dentro de lo posible, los modelos de cera deben sustentarse con un vástago que sirva de refuerzo interno entre las dos piezas a unir, pues las superficies de adhesión son siempre muy lisas e hidrófobas, lo que dificulta extremadamente la función adhesiva. - En ambos estudios experimentales se han incluido varios casos prácticos explicados para mostrar la metodología de aplicación de los materiales más adecuados en la intervención en el Museo Veterinario Complutense. Los resultados obtenidos han permitido valorar y comprobar las deducciones derivadas de los testados expuestos. - El último capítulo se ha dedicado a la elaboración de unas recomendaciones relativas a la conservación preventiva de la colección ceroplástica perteneciente al Museo Veterinario Complutense. Tras una exposición de las necesidades de conservación de los modelos anatómicos de cera y una valoración de las condiciones en las que se encuentra el espacio donde se encuentran las esculturas actualmente expuestas, se han descrito las medidas más adecuadas a tomar con respecto a los parámetros medioambientales y a la iluminación para la preservación de los objetos, así como las medidas orientadas a la manipulación, el embalaje, el traslado y el almacenaje de este patrimonio tan especial. Debe tenerse en cuenta que los grandes esfuerzos realizados por profesores y personal perteneciente a la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico y a la Facultad de 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 505 Veterinaria para dotar los espacios de mobiliario, iluminación o seguridad, han cumplido un papel fundamental en la conservación de las colecciones del museo. Sin embargo, se ha considerado que el espacio donde se exhiben actualmente los modelos anatómicos de cera, el “Almacén visitable”, no reúne las condiciones necesarias para una conservación adecuada. Por ello, en este último capítulo se han expuesto las deficientes condiciones de exposición actuales y se han ofrecido algunas recomendaciones necesarias que debería cumplir el espacio, donde no solo se conserva el conjunto veterinario realizado en ceroplástica, también se exponen piezas anatómicas de papel maché de un importante valor y otras colecciones fundamentales de la historia de la Escuela Veterinaria de Madrid. En este sentido, el modelo propuesto por Ruiz de Lacanal y Galán-Pérez para determinar un plan de conservación preventiva útil y adaptado a estas colecciones ha resultado útil y eficaz. En la actualidad, el “Almacén visitable” es la única zona del Museo Veterinario Complutense que se encuentra restringido a las visitas generales por orden del Vicerrectorado de Cultura, Deporte y Extensión Universitaria, y permanece a la expectativa de un posible cambio de ubicación o de una mejora general de la musealización, programada desde hace algunos años. 11.1. Líneas abiertas de investigación Esta investigación ha permitido detectar nuevas líneas abiertas de investigación relacionadas principalmente con las estrategias de conservación para la preservación de colecciones ceroplásticas en museos universitarios. Como se ha indicado, sería recomendable realizar nuevos estudios de caracterización sobre algunos materiales de limpieza, como el espesante comercial Pemulen™TR-2, orientados a la búsqueda de sistemas de limpieza idóneos para la eliminación del particulado atmosférico en superficies cerosas. Como parte de una investigación futura se propone someter a las probetas a un envejecimiento artificial que reproduzca lo mejor posible las condiciones de las ceras originales de, aproximadamente, doscientos años de antigüedad, empleando una cámara de envejecimiento artificial fabricada específicamente para testar ceras. Los resultados podrían esclarecer varios puntos importantes, como el comportamiento mecánico de las pastas reproducidas, lo que ayudaría a comprender el proceso que sufren con el tiempo; o la conducta de los adhesivos sobre una superficie hidrófoba y poco porosa, como lo es la de las pastas cerosas del museo objeto de este trabajo. Para ello, podrían tomarse como punto de partida las pastas propuestas para los ensayos de tracción y el testado de adhesivos, realizando una nueva producción de probetas con la metodología explicada. Este nuevo estudio de materiales debería incluir una revisión previa de los requisitos de la máquina de envejecimiento artificial, preparada para alterar de manera controlada todas las superficies de las probetas. Si bien es habitual someter las maquetas, las probetas o los materiales de ensayo a una radiación UV controlada para conocer y comprender la evolución de los deterioros experimentados con el paso del tiempo, en la bibliografía de referencia no es frecuente encontrar una explicación rigurosa de los parámetros físicos (cantidad de radiación aplicada, mediciones de la temperatura y HR dentro de la cámara durante la exposición a la radiación, etc.), de las metodologías (posición de las probetas dentro de la cámara, distancia entre el foco UV y la pieza a irradiar establecida, etc.) y de otros datos necesarios (si se han establecido ciclos de encendido y apagado, tipo de lámparas UV, etc.) para reproducir el entorno en el que las probetas 11. Conclusiones y líneas abiertas de investigación 506 experimenten un envejecimiento que se asemeje al del original. Una vez conseguido el nivel de envejecimiento acelerado, decidido previamente mediante la caracterización de las pastas originales con la técnica analítica de Calorimetría Diferencial de Barrido (Differential Scanning Calorimetry DSC), podrían testarse los productos propuestos en esta investigación y también otros nuevos. Un producto interesante a incorporar sería el adhesivo ceroso Lascaux® 443-95, propuesto por la literatura especializada al posibilitar uniones sólidas y poseer una buena estabilidad. Una vez seleccionados los materiales adhesivos más idóneos entre los productos testados, sería interesante continuar trabajando en esa dirección con un tratamiento de envejecimiento simulado que permita orientar al conservador-restaurador sobre el comportamiento de estos productos con el paso del tiempo. Además, sería necesario investigar acerca de la eficacia de los adhesivos si se combinan con la colocación de vástagos, siempre y cuando el grosor del estrato a unir y su estado de conservación lo permitan. También podría ser de utilidad la colocación de imanes de neodimio en determinadas situaciones, pero sería necesario realizar estudios pormenorizados en fragmentos fracturados que no comprometan la estabilidad del modelo, tales como extremidades o partes anatómicas sobresalientes -orejas, colas, pies o manos, etc…-. Además, conocer las propiedades y retratabilidad de las pastas de cera envejecidas, posibilitaría una selección adecuada de las pastas de reintegración y contribuiría a la toma de decisiones en la aplicación de tecnologías 3D para la reproducción de piezas y fragmentos. Dichos estudios se encuentran dirigidos a las intervenciones en modelos de cera iniciados durante los últimos años, como el Proyecto I+D+i Ref.: HAR2013-42460-P y el Proyecto Santander UCM Ref.: PR26/16-20322; y exploran las posibilidades de combinar la fotogrametría con el modelado digital y la impresión 3D (Hernández et al., 2020; Hernández et al., 2019; Hernández y Sánchez, 2019; Hernández et al., 2017). Otro reto que plantean las intervenciones de conservación y restauración de esculturas de cera es la integración del color de las nuevas pastas de relleno o de los materiales de reintegración cromática. Se considera preciso continuar investigando para solucionar los problemas de la “sombra proyectada” posiblemente ocasionada por el índice de refracción y reflexión de los estratos cerosos superpuestos, sobre los que se deposita el material de reintegración. Para poder realizar un estudio experimental riguroso, se propone la realización de un testado con varios materiales empleados en el campo de la conservación y restauración de obras de arte, estableciendo diferentes metodologías y técnicas de aplicación, así como realizando mediciones cuantitativas y cualitativas con un colorímetro para poder contrastar los resultados. 14. Anexos 507 14. ANEXOS ANEXO I. Extracto del Curso Completo de Anatomía del Cuerpo Humano, Tomo V. Esplacnología. Anatomía Práctica. Sección ultima. Del arte de trabajar piezas anatómicas en cera (Bonells y Lacaba: 1820: 500-506) (fig. 345). Figura 345 14. Anexos 508 14. Anexos 509 14. Anexos 510 14. Anexos 511 14. Anexos 512 14. Anexos 513 14. Anexos 514 Anexo II. Lista de compra solicitada para el Gabinete Anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos por el ceroescultor Luigi Franceschi, en 1729. 14. Anexos 515 14. Anexos 516 Figura 346. Lista de compra para el Gabinete Anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos. Luigi Franceschi. 1729. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM AH-451. Fuente propia, 2016. 14. Anexos 517 Anexo III. Lista de compra de Luigi Franceschi para el “Laboratorio de piezas” veterinario, en 1805 (AGUCM 20-06-001). 14. Anexos 518 Figura 347. Lista de compra para el “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Luigi Franceschi. 1805. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM 20-06-001. Fuente propia, 2016. 14. Anexos 519 Anexo IV. Presupuesto extraordinario para el “Laboratorio de piezas”. Documento del 6 de julio de 1829 (AGUCM V 02-024). Figura 348. Lista de compra para el “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Pedro Sánchez Osorio. 1829. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM V 02-024. Fuente propio, 2016. 14. Anexos 520 Anexo V. Presupuesto de enero de 1831 emitido por la Junta Escolástica. AGUCM V 02-024 Figura 349. Presupuestos (detalle) de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Junta Escolástica. 1831. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM 02-024. Fuente propia, 2016. 14. Anexos 521 Anexo VI. Presupuestos de compra para la fabricación de piezas anatómicas naturales y artificiales de cera del mes de mayo de 1835 y 1836 (AGUCM V 02-024). Figura 350. Presupuestos (detalle) de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Junta Escolástica. 1835 y 1836. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM V 02-024. Fuente propia, 2016. Anexo VII. Fichas técnicas correspondientes a la intervención de conservación-restauración de los modelos tridimensionales de cera del Museo Veterinario Complutense. 13. Índice de ilustraciones 629 13. INDICE DE ILUSTRACIONES 13.1. Índice de Figuras Figura 1. Xilografía Maladies des chiens. Gaston Phébus. Ca. 1507. Livre de chasse (Libro de la caza). Fuente: Gaston Phébus, 2019 ……………………………………………………………………………………… 28 Figura 2. Miniatura egipcia de la anatomía de un caballo. Anónimo, siglo XV d.C. Manuscrito de la Biblioteca de la Universidad de Estambul. Fuente: University of Cambridge, 2016 …………………………29 Figura 3. Grabado representando al Hombre Zodiacal, Petrus Slovacius, perteneciente al Allmanach auff das 1581 jar, del siglo XV. Wellcome Library de Londres. Wellcome Collection, 2019 ……………………….31 Figura 4. Imagen del Caballo Zodiacal, Manuel Díez, 1502, Llibre de Menescalia. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Alicante. Manuel Díez, 2019 ……………………………………………………………………….31 Figura 5. Selección uno de los dibujos de da Vinci con las medidas anatómicas del caballo. Leonardo da Vinci, siglo XV, grafito y tinta sobre papel, Trattato della Pittura. Fuente Frank Zöllner y Johannes Nathan, 2011 …………………………………………………………………………………………………………………...32 Figura 6. Escultura sobre la anatomía del caballo atribuido a Leonardo da Vinci. siglo XV, modelo tridimensional en cera de abejas, colección privada. Fuente Frank Zöllner y Johannes Nathan, 2011 ……..32 Figura 7. Grabado en cobre de la representación anatómica de la osteología de varios animales. Volcher Coiter. 1575. The Wellcome Library, Londres. The Wellcome Library, 2018 ………………………………….33 Figura 8. Anatomía interna del caballo, Carlo Ruini, 1598-99. Grabado, Tratado Anatomía del Cavallo, infermità et suoi remedii. Bibliothèque nationale de France. Carlo Ruini, 2018 ………………………………....34 13. Índice de ilustraciones 630 Figura 9. Disección canina similar a la de Ruini. Jean Pecquet, 1651. Garabado. Tratado Experimenta nova anatomica: quibus incognitum hactenus chyli receptaculum. Bibliothèque nationale de France. Jean Pecquet, 1651 .………………………………………………………………………………………………………...34 Figura 10. En la página anterior. Anatomía interna del caballo, Carlo Ruini, 1598-99. Grabado, Tratado Anatomía del Cavallo, infermità et suoi remedii. Bibliothèque nationale de France. Carlo Ruini, 2018 ………...37 Figura 11. Cheval écorché (caballo desollado), Théodore Géricault, entre 1810 y 1815. Yeso. Museo del Louvre, París. Fuente de Tony Querrec, 2017 …………………………………………………………………….38 Figura 12. Visita del Delfín de Francia Louis Auguste, Duque de Maine (1754-1793). Grabado François- Marie-Antoine Boizot, 1769. Fuente: Bibliothèque nationale de France, 2010 ………………………………...39 Figura 13. Sello conmemorativo de la celebración del 250 aniversario de la creación de la primera escuela de veterinaria del mundo en Lyon, Francia. Fuente: Asociación Española de Historia de la Veterinaria, 2019 …………………………………………………………………………………………………………………...42 Figura 14. Entrada principal a la Escuela Veterinaria de Alfort (París), Anónimo, segunda mitad del siglo XIX. Fotografía. Archivo fotográfico de l’École Nationale Vétérinaire d’Alfort, París. Fuente Archivo fotográfico de l’École Nationale Vétérinaire d’Alfort, 2018 ……………………………………………………..44 Figura 15. Grabado en el que se representa la disección y preparación de un équido. Claude Florentin Sollier, 1772. Tratado Cours d'hippiatrique, de Philippe Étienne Lafosse. Philippe Étienne Lafosse, 2019 ….45 Figura 16. Pabellones de anatomía y patología de la Escuela Veterinaria de Alfort (París). Anónimo, segunda mitad del siglo XIX. Fotografía. Fuente: Archivo fotográfico de l’École nationale vétérinaire d’Alfort, 2018 ………………………………………………………………………………………………………...46 Figura 17. Fotografía de las salas de disección de la Escuela Veterinaria de Alfort con modelos anatómicos. J. David y E. Vallois, finales del siglo XIX-principios del siglo XX. Fuente: Archivo fotográfico de l’École nationale vétérinaire d’Alfort, 2015 ……………………………………………………………………49 Figura 18. Écorché o desollado titulado Le Cavalier. Honoré Fragonard, realizado entre 1766 y 1771. Anatomía natural tratada. Musée Fragonard d'Alfort en l’ École nationale vétérinaire d'Alfort, París. Fuente: bandcamp, 2019 ………………………………………………………………………………………….....50 Figura 19. Sede histórica de la Escuela de Veterinaria de Turín. Fuente: Associazione CentroScienza Onlus, 2022 …………………………………………………………………………………………………………...59 Figura 20. Miniatura. Juan Álvarez de Salamiella. S. XV. Folio 31-v del Libro de Menescalcía et de Albeytería et Fisica de las bestias. Fuente: Gallica BnF, 2020 ………………………………………………………………..…65 Figura 21. Obra An Experiment on a Bird in an Air Pump. Joseph Wright. 1768. Pintura sobre lienzo. The National Gallery, Londres. Fuente: The National Gallery, 2020 ………………………………………………..68 Figura 22. Busto en yeso de Segismundo Malats. Anónimo. Ca. 1801-1850. Universidad de Córdoba. Fuente: Fototeca del Patrimonio Histórico, 2008 …………………………………………………………………72 Figura 23. Busto en yeso de Hipólito Estévez. Anónimo. Ca. 1801-1850. Universidad de Córdoba. Fuente: Fototeca del Patrimonio Histórico, 2008 …………………………………………………………………………..72 Figura 24. Única representación conservada del edificio de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Anónimo. Museo de Historia de Madrid. Fuente: Ángel Salvador y Laura R. Salvador, 2016 ……………..74 Figura 25. Modelo anatómico Ligamento nucal (rfa. MV-670). Pedro Sánchez Osorio y Cristobal Garrigó. Ca. 1829-1830. Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente propia, 2015 ……………………………………………………………………………………77 13. Índice de ilustraciones 631 Figura 26. Litografía sobre el sistema nervioso centrar de las aves. Traité complet de l'anatomie de l'homme. N.H. Jacob. Fuente: BIU Santé, 2020 ……………………………………………………………………………….83 Figura 27. Litografía de la patología Pielonefritis de la vesícula urinaria de un buey. Cesare Bettini. 1853. Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008 …………………………………………………………………………………………………………………...83 Figura 28. Modelo tridimensional en yeso policromado de la patología Pielonefritis de la vesícula urinaria de un buey. Cesare Bettini. 1870. Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008 ………………………………….…………………………………………...83 Figura 29. Alteración mandibular bovina debida a un osteosarcoma. Anónimo. Pieza osteológica natural. Siglo XIX. Museo Veterinario “Alessandrini-Ercolani” de la Universidad de Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008 ………………………………………………………………………………………………………...85 Figura 30. Ventricoli del cervello. Getti in cera dei ventricoli cerebrali. Impressiva. Sensus communis. Memoria. Leonardo Da Vinci. Ca. 1485 y 1515. Ilustración-dibujo sobre papel. Quaderni di Anatomia V. Fol. 7 recto. Fuente: Leonardo Da Vinci, 2017 …………………………………………………………………………………..87 Figura 31. Antique Victorian Brass S. Maw & Son Medical Instrument Enema or Syringe. Anónimo. Ca.1870. Instrumental metálico. Colección particular. Fuente: PicClick®UK, 2018 …………………………………….88 Figura 32. Representación de una disección equina. Se puede observar una jeringa de inyección en primer plano. Philippe-Etienne Lafosse. 1772. Grabado. Cours d’Hippiatrique ou Traité Complet de la médecine des chevaux. Plancha XV. Gallica BnF, 2017 ………………………………………………………………………...…89 Figura 33. Octopus vulgaris, o pulpo común, perteneciente al Museo della Specola. Casa Blaschka. Ca. 1873. Modelo en vidrio. Museo della Specola, Florencia. Fuente: Picuki.com, 2019 …………………………93 Figura 34. (Izquierda) anatomía de las patas del caballo. Jacques-Nicolas Brunot y Charles Aubry. Ca. 1880. Grabado. (Derecha) modelo miológico equino. Jacques-Nicolas Brunot. Ca. 1883 y 1911. Fuente: École Nationale Vétérinaire d’Alfort, 2016 ………………………………………………………………………………94 Figura 35. Representación de un corazón porcino. Joseph Eugène Petitcolin. 1903. Pieza de yeso policromado. École Nationale Vétérinaire d’Alfort, Paris. Fuente: Christophe Degueurce y Julien Lopez- Jugand, 2009 ………………………………………………………………………………………………………….95 Figura 36. Pulmón de ganado bovino afectado por una pleuropulmonçía contagiosa. Cesare Bettini. 1878. Pieza de yeso policromado. Museo Alessandrini-Ercolani, Bolonia. Fuente: Paolo Marcato, 2008 ………...95 Figura 37. Modelo anatómico de un pavo. Louis Auzoux. Siglo XIX. Papel maché. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia. 2020 ………………………………………………………………………98 Figura 38. Modelo anatómico de caracol. Cada imagen muestra una fase de desmontaje de esta pieza clástica que permite observar la anatomía interna del animal. Louis Auzoux. Siglo XIX. Papel maché. IES San Isidro de Madrid. Fuente: Rafael Martín, 2014 ………………………………………………………………99 Figura 39. Modelo miológico de cabra en cera. Siglo XIX. Museo della Specola, Italia. Fuente: Flickr, 2007 ………………………………………………………………………………………………………………….102 Figura 40. (Izquierda) ilustración de los órganos respiratorios y circulatorios del Squalus Glaucus. Anónimo. Siglo XIX. Museo della Specola, Florencia. Fuente: Saulo Bambi, 2002. (Derecha) modelo en cera de los órganos respiratorios y circulatorios del Squalus Glaucus. Egisto Tortori. Siglo XIX. Museo della Specola, Florencia. Fuente: Maria Luisa Azzaroli, 1975 ………………………………………………………..108 13. Índice de ilustraciones 632 Figura 41. Modelo de anatomía comparada. Cabeza de ternera, donde se muestran los órganos encargados del sentido del gusto. Clemente Susini y Francesco Calenzuoli. Finales del siglo XVIII. Modelo en ceroplástica. Museo della Specola, Florencia. Fuente: Fausto Barbagli, 2009 …………………………….109 Figura 42. (Izquierda) modelo de anatomía comparada. Disección de un topo común o europeo. Talpa europaea. André-Pierre Pinson. Siglo XVIII. Muséum d’Histoire Naturelle, París. Fuente: Michel Lemire, 1997. (Derecha) secciones transversales de la pata de un buey. Eugène Petitcolin. 1903. Museo Veterinario d’Alfort, París. Fuente: Julien Lopez-Jugant, 2010 ……………………………………………………………...110 Figura 43. Catálogo Deyrolle. Catalogue méthodique des Cabinets d’Histoire Naturelle et des Collections diverses d’Histoire Naturelle. Guy Ainé. 1911. Impresión de tinta sobre papel. Museo del IES Canarias Cabrera Pinto. Fuente: IES Canarias Cabrera Pinto, 2020 ……………………………………………………………………….111 Figura 44. Modelo en cera de un feto con el cordón umbilical enrollado en el cuello y el torso. Luigi Franceschi y Juan Cháez. Siglo XVIII. Museo de Anatomía " Javier Puerta”, Madrid. Fuente propia, 2020 ………………………………………………………………………………………………………………….112 Figura 45. Representación de un caso obstétrico. William Smellie. 1765. Traité de la théorie et pratique des accouchemens, Plancha XXIX. Fuente: Gallica BnF, 2018 ………………………………………………………..112 Figura 46. Imágenes sobre la embriología comparada de distintas especies animales. Adolf Giltsch. 1874. Litografía a color. Tratado Anthropogenie. Fuente: Nick Hopwood, 2007 …………………………………….113 Figura 47. Anatomía de un embrión. Casa Ziegler. Siglo XX. Modelo en ceroplástica. University of New South Wales. Nueva Gales del Sur. Fuente: Blog UNSW Embriology, 2019 .………………………………..113 Figura 48. Serie sobre la generación del Astacus astacus, cangrejo de río. Paul Loth. 1891. Modelo en ceroplástica. Grant Museum of Zoology. Londres. Fuente: Tannis Davidson, 2016 ………………………..114 Figura 49. Modelo en cera de un Parenchima de Lilium. Luigi Calamai. Ca. 1840. Museo della Specola, Florencia. Fuente: Francesca Rossi, 2006 ………………………………………………………………………...116 Figura 50. Modelos de un Sarcoptes scabii (ácaro). Hijos de Emile Deyrolle, París (Francia). Ca. 1900. Modelos en ceroplástica. a) (Izquierda) University of Aberdeen, Zoology Museum (ABDUZ). Fuente: Museum of Dust, 2021. b) (Derecha) Colección de la Montana Historial Society. Fuente: Montana Historical Society website, 2020 …………………………………………………………………………………..116 Figura 51. Ilustración que muestra algunos de los síntomas de la viruela bovina. Luigi Sacco. 1809. Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino. Fuente: wellcomecollection.org, 2020 ……….118 Figura 52. Ilustración con los síntomas de la viruela en los seres humanos. Luigi Sacco. 1809. Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino. Fuente: wellcomecollection.org, 2020 ………….118 Figura 53. Piezas patológicas en ceroplástica representando las lesiones de la viruela bovina (vaiolo bovino) y de los efectos de la vacunación en una ubre de una vaca y en los brazos de una niña. Anónimo (escuela boloñesa de ceroplástica). siglo XIX. Museo di Anatomia “Luigi Cattaneo”, Bolonia. Fuente propia, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….118 Figura 54. Ilustración de una cabeza ovina afectada por la viruela. Luigi Sacco. 1809. Trattato di vacinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino. Fuente: Sacco, 1809 ……………………………………………119 Figura 55. Modelo patológico de vaiolo peccorino (viruela ovina) realizada en ceroplástica. Anónimo. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo di Patologia e Teratología “Alessandrini-Ercolani” dell’Università Alma Mater Studiorum di Bologna. Facoltà di Veterinaria. Fuente propia, 2017 …………………………...119 Figura 56. Modelo patológico de un hígado afectado por una equinococosis. Anónimo. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo “Alessandrini-Ercolani”, Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008 …………120 13. Índice de ilustraciones 633 Figura 57. Modelo teratológico de feto gemelar monstruoso que presenta una segunda cabeza, un cuello y un tórax insertados en el pecho. Anónimo. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo “Alessandrini- Ercolani”, Bolonia. Fuente: Paolo Stefano Marcato, 2008 ………………………………………………………120 Figura 58. Modelo patológico de una tuberculosis pleural equina. André Richir. Siglo XIX. Reproducción en yeso policromado de un modelo en cera de Eugène Petitcolin. Museo Fragonard en lÉcole Veterinaire d’Alfort, París. Fuente: Christoph Degueurce, 2006 ……………………………………………………………121 Figura 59. Modelo anatómico en cera que muestra los vasos linfáticos para el estudio de la anatomía médica. Juan Cháez y Luigi Franceschi. Ca. 1790-1794. Museo de anatomía “Javier Puerta” en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente: Beatriz San Cristóbal, 2014 …………...128 Figura 60. Modelo anatómico en cera de un despellejado para el estudio de la anatomía médica. Juan Cháez y Luigi Franceschi. Siglo XVIII. Museo de anatomía “Javier Puerta” en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente: Beatriz San Cristóbal, 2014 …………………………………128 Figura 61. Modelo anatómico en cera de Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2015 ………………………………..132 Figura 62. (Izquierda) Portada y (Derecha) primera página del libro Taschenbuch der Pferdekunde für Stallmeister, Offiziere, oeconomen, Thierärzte und Freunde des Pferdes überhaupt. M. H. Giesker. 1819. Biblioteca de la Facultad de Medicina Veterinaria, Munich. BNF gallica, 2019 ………………………………………….133 Figura 63. Lista de materiales para la fabricación de modelos anatómicos artificiales. Junta Escolástica de la Escuela Veterinaria de Madrid. 1834. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid, AGUCM V 02-024. Fuente: AGUCM, 2019 …………….………………………….135 Figura 64. Aprobación del presupuesto extraordinario para la construcción de una pieza patológica. Junta Escolástica de la Escuela Veterinaria de Madrid. 1828. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid, AGUCM V 01-034. Fuente: AGUCM, 2019 ……………….………..138 Figura 65. Dibujo anatómico de un pie humano junto con su ficha técnica. Cristóbal Garrigó. 1830. Dibujo realizado a lápiz negro. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Base de Datos: Garrigó, Cristóbal. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 2018 ………………………………………………………...141 Figura 66. Hígado equino con circulación linfática (rfa. MV-675). Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….144 Figura 67. Mandíbula inferior de caballo (ref. MV-668). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….145 Figura 68. Ligamento nucal (rfa. MV-670). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………..146 Figura 69. Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017..147 Figura 70. Buche miológico (rfa. MV-300). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Toya Legido García, 2017 .....148 Figura 71. Miología equina (rfa. MV-671). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Toya Legido García, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….149 13. Índice de ilustraciones 634 Figura 72. Colección de Mandíbulas de équido para el conocimiento de la edad (rfa. MV-1696-1705). Atribuidas a Cristóbal Garrigó. Ca. 1830-1833. Modelos en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………………………………………………………………151 Figura 73. Matriz de vaca con los cotiledones (rfa. MV-677). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….152 Figura 74. Modelo de corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………153 Figura 75. Modelos de corazón de caballo. De izquierda a derecha: rfa. MV-692, MV-693 y MV-667. Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y/o Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………………………………………………..153 Figura 76. Modelo de Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1832. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………154 Figura 77. Modelo de Tercio posterior de yegua (rfa. MV-672). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1834. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………157 Figura 78. Modelo en cera de Bazo de équido (rfa. MV 771). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………………………………….159 Figura 79. Modelo de cera del Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………..159 Figura 80. Modelo de cera del Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-669). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………..159 Figura 81. Modelo Pelvis equina con útero abierto. Presentación posterior (rfa. MV-681). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….161 Figura 82. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-683). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………….161 Figura 83. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-678). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1837. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………….162 Figura 84. Modelos de cerebro en cera. Cara ventral de encéfalo con la salida de algunos pares craneales (nervio olfatorio, óptico, trigémino y oculomotor) (rfa. MV-662) (Izquierda.), Telencéfalo y mielencéfalo (rfa. MV-665) (Centro) y Telencéfalo y mielencéfalo (rfa. MV-666) Derecha.) …………………………………………………..166 Figura 85. Modelo en cera de la Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV-755). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………………………………………………………………………..166 Figura 86. Modelo de cera de la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………….166 Figura 87. Modelo en cera de Riñones poliquísticos de équido (rfa. MV-676). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo. XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………….167 13. Índice de ilustraciones 635 Figura 88. Modelo en cera de Testículos de équido (rfa. MV-673 y MV-673/1). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….167 Figura 89. (Izquierda) Panal de abejas de donde se obtiene la cera animal. (Derecha) Tipos de cera de abejas virgen pura y blanqueada. Anónimo. 2021. Cera de abejas. beepropolispowder.com, 2021 ………168 Figura 90. Grasa o sebo de cerdo. Fuente: Amazon, 2021 …………………………………………………….169 Figura 91. (Izquierda) gota de resina natural de pino. (centro) Resina de colofonia. Fuente: ladespensadeljabon.com, 2021 ……………………………………………………………………………………170 Figura 92. Pigmento cinabrio. Fuente: kremer-pigmente.com, 2021 ………………………………………...171 Figura 93. Pigmento mineral almagra o almagre. Fuente: Tapinearte, 2021 ………………………………..172 Figura 94. Cera china o cera de insectos. Zhou Jianlin Wax Industry. Fuente: Alibaba, 202 ……………...174 Figura 95. (Izquierda) cera de espermaceti y (Derecha) aceite de espermaceti. Marine Science. American Whaling. Fuente: Genevieve Anderson, 2003 …………………………………………………………………...174 Figura 96. Modelo en cera roja de un Schiavo. Atribuido a Miguel Ángel Buonarroti. ca. 1516-1519. Victoria and Albert Museum (V&A). Londres. Fuente: V&A, 2002. Detalle de pasta de cera roja y estopa en un modelo obstétrico. Atribuido a Juan Cháez y Luigi Franceschi. Siglo XVIII. Museo de anatomía “Javier Puerta” de la Facultad de Medicina, Madrid. Fuente propia, 2021 ………………………………………….176 Figura 97. Algunos pigmentos que formaban parte de la paleta empleada por los ceroescultores en el “Laboratorio de piezas” veterinario de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. De izquierda a derecha: albayalde, azul de Prusia y oropimente. Anónimo. Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). Fuente: MNAC, 2021 …………………………………………………………………………………..……………………180 Figura 98. Modelo de Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-669). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2019 ………………………………………184 Figura 99. Detalle del pelaje del modelo Gestación de yegua con potro de cabeza (rfa. MV-681). Cristóbal Garrigó. 1836. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……………………………..185 Figura 100. Detalle del pelaje real de algunos équidos. Pelaje animal. Fuente anónima, 2021 ……………185 Figura 101. Detalle del modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ………………………………….186 Figura 102. Detalle de una disección de una pata de caballo para el estudio de la miología. Anónimo. 2020. Fuente: GoCongr, 2021 ……………………………………………………………………………………...186 Figura 103. Detalle del modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……………..186 Figura 104. (Izquierda) Corte en la sección transversal de un estómago de un caballo. (Derecha) Detalle de las vellosidades internas del estómago de équido. Anónimo. 2020. Anatomía natural. Fuente propia, 2021 ………………………………………………………………………………………………………………….187 Figura 105. Detalle del modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……. 187 Figura 106. Detalle de una disección real de la región carpal de caballo. Anónimo. Anatomía natural. 2020. Fuente: Engiles et al, 2017 …………………………………………………………………………………………187 13. Índice de ilustraciones 636 Figura 107. Modelo en cera de Corazón de équido (rfa. MV-692). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ………………….188 Figura 108. Disección, detalle de un corazón de caballo. Anónimo. 2016. Anatomía natural. Fuente: equineanatomy, 2019 ………………………………………………………………………………………………188 Figura 109. Modelo en cera de Mandíbula de équido (rfa. MV-1696). Vista del anverso y del reverso. Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………………………….189 Figura 110. Mandíbula de caballo. Anónimo. 2010. Anatomía natural. Fuente: portoverde.es, 2019 ……189 Figura 111. Modelo en cera de la Placa estructura interna équido (rfa. MV-671). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Toya Legido García, 2017 ……….190 Figura 112. Disección anatómica de un caballo, estructura interna. Ivana Lange, 2019. Anatomía natural. Equine Anatomy in Layers. Fuente: Ivana Lange, 2019 …………………………………………………………..190 Figura 113. Modelo en cera de Bazo de équido (rfa. MV-771). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2021 ………………………………………………191 Figura 114. Disección. Bazo de équido. Anónimo. Anatomía natural. Ungulate dissection, 2020 ………..191 Figura 115. Disección. Estómago de caballo. Hunt et al., 2012. The equine gastrosplenic ligament: Anatomy and clinical considerations. Equine Veterinary Education. Fuente: Hunt et al., 2012 …………………………192 Figura 116. Modelo en cera de Estómago monocavitario cerrado y detalle de los tejidos (rfa. MV-669). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………192 Figura 117. Zona trasera del modelo Pelvis equina con útero abierto. Presentación posterior (rfa. MV-681). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Modelo en ceroplástica. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………………………………………………………………193 Figura 118. Reproducción fotográfica del edificio de la primera Escuela de Veterinaria de Madrid, Anónimo, ca. 1890. Fuente: Universidad Complutense de Madrid, 2020 ……………………………………202 Figura 119. Fachada del edificio principal de la actual Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente: Malopez 21, 2014 …………………………………………………………………..……………………………….204 Figura 120. Edificio donde se ubica el Hospital Clínico Veterinario de la Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente: Universidad Complutense Madrid, 2020 …………………………………………………….206 Figura 121. Dos modelos de artrópodo inmersos en líquidos conservantes dentro de un botamen de vidrio. Anónimo. S. XX. Almacén Visitable del Hospital Clínico Veterinario. Fuente propia: 2021 ………207 Figura 122. Esqueleto de tortuga y pieza patológica ósea. Anónimo, S. XX. Primera planta del Hospital Clínico Veterinario de la Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente propia, 2020 ………………………...207 Figura 123. Modelo artificial de la anatomía de un pavo, realizado con la técnica del papel maché policromado. Casa comercial Auzoux, S. XIX. Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente propia, 2020 ……………………………………………………………………………………...208 Figura 124. Modelo artificial representando el sistema digestivo de una gallina, realizado en yeso policromado. Casa comercial Somso. S. XX. Museo Veterinario Complutense, Facultad de Veterinaria de Madrid. Fuente propia, 2020 ……………………………………………………………………………………...208 13. Índice de ilustraciones 637 Figura 125. Captura de la herramienta digital Cotejo del Patrimonio UCM. Pertenece a la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad. Unidad de Gestión del Patrimonio UCM, 2021……216 Figura 126. Modelo de ficha de conservación empleada en la Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad. Fuente: Unidad de Gestión del Patrimonio Histórico de la Universidad, 2021 ……….221 Figura 127. Algunas vitrinas con modelos naturales, artificiales e instrumental. Museo Veterinario Complutense. Fuente: Miguel del Pino, 2016 …………………………………………………………………..225 Figura 128. Ficha técnica de conservación-restauración para modelos en ceroplástica. Elaboración propia, 2021 ………………………………………………………………………………………………………………….228 Figura 129. Plano del “Almacén visitable” del Museo Veterinario Complutense. Fuente: Sánchez de Lollano, 2015 ………………………………………………………………………………………………………..230 Figura 130. Detalle. Ojo de cristal del modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Fuente: Luis Castelo, 2015 ……………………………………………………………………………...231 Figura 131. Modelo de Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………..233 Figura 132. (Izquierda) Detalle de la superficie con burbujas, modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590); (Derecha) Modelo completo. Atribuido a Luigi Franceschi. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2015 ……….234 Figura 133. (Izquierda) Detalle del abolsado y separación de los estratos cerosos en el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-683); (Derecha) Zona amplificada del deterioro en el modelo. Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense ………………………………………..234 Figura 134. (Izquierda) Detalle del deterioro por oxidación en parte del sistema de soporte metálico en el modelo Testículos de équido (rfa. MV-673 y MV-673/1). (Derecha) Detalle de la peana del modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2018 …………………………………………………………………………………………………………238 Figura 135. Histograma de la Comunidad Autónoma de Madrid en el año 2020. Fuente: Meteoblue S.L. …………………………………………………………………………………………………………………...239 Figura 136. Detalle de ataque biológico, favorecido por una falta matérica, en el modelo Miología de buche (ref. MV-300). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2016 ……………………………………………………………………………….243 Figura 137. Detalle de la superficie del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (ref. MV-682) con manchas de color blanquecino y un amarilleo excesivo de las capas superficiales de pasta de cera. Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2016 …….244 Figura 138. Detalle del deterioro causado por las abrasiones en el modelo Corazón de équido (rfa. MV-692). Cristóbal Garrigó. S. XIX. Museo Veterinario Complutense. Fuente propia, 2016 ………………………….246 Figura 139. Detalle del modelo Miología de buche (rfa. MV-300). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Modelo en ceroplástica. Fuente: Toya Legido García, 2017 …………………………247 Figura 140. Mapa de los edificios que comprenden la Facultad Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Fuente: Universidad Complutense Madrid, 2021 ………………………………...248 Figura 141. (Izquierda) Fachada del Hospital Veterinario Complutense donde se encuentra la entrada al Museo Veterinario Complutense. Fuente: Miguel del Pino, 2016. (Derecha) Detalle de algunas de las vitrinas donde se conservan los modelos veterinarios en cera. Fuente: desconocida, 2014 ………………..248 13. Índice de ilustraciones 638 Figura 142. Detalle del Modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2017 ………………………………….262 Figura 143. Detalle de la Gestación de yegua (rfa. MV-683). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2016 ……………………………………………………….263 Figura 144. Modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1835. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ………………………………………………263 Figura 145. Imagen tomada con luz ultravioleta. Modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Fuente: Luis Castelo, 2016 ………………………………………………………………..264 Figura 146. (Izquierda) Imagen tomada con luz visible y lupa de aumento DINO-Lite. (Derecha) Imagen tomada con luz UV y lupa de aumento DINO-Lite. Detalle del modelo Telencéfalo y mielencéfalo (rfa. MV- 666). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Fuente propia, 2016 ……………………………………………………...264 Figura 147. Estudio visual del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) con Dino-Lite®. Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Alicia Sánchez, 2015 ………………………………………………………………………………………………..265 Figura 148. Las imágenes con las inscripciones y la representación de los vasos sanguíneos corresponden al modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1703). El detalle de huella dactilar en el modelo de potro pertenece al modelo Gestación de Yegua (rfa. MV-681) ……………………………………………………………………...266 Figura 149. Detalle de depósito superficial en el estriado de la Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Observación con luz LED y observación con luz UV. Fuente propia, 2015 ………………………………….267 Figura 150. Detalle del craquelado de la superficie en la pieza Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Observación con luz LED y observación con luz UV. Fuente propia, 2015 ………………………………….267 Figura 151. Detalle de una de las piezas que forman parte del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV- 682). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……………………………………………………………………………………...268 Figura 152. Espacio de trabajo para la fotografía de modelos anatómicos en cera del Museo Veterinario Complutense. Fuente: Luis Castelo, 2019 ………………………………………………………………………..269 Figura 153. Detalle del potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-678). Atribuido a Cristóbal Garrigó. Ca. 1837. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……...270 Figura 154. Escenario y equipo de fotografiado para los modelos tridimensionales en cera con finalidad didáctica. Emanuel Sterp. 2017. Museo de Anatomía “Javier Puerta”, Madrid. Fuente: Emanuel Sterp, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….272 Figura 155. Modelo anatómico del Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Alicia Sánchez, 2015 ……………………………………273 Figura 156. Proceso de registro con el equipo de rayos X del Hospital Veterinario Complutense y modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. 1831. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Mario Danzé, 2017 ………………………………………………274 Figura 157. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, modelo Mandíbula de équido (rfa. MV- 1700). Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 …………………..275 Figura 158. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, modelo Región orbitaria de équido con musculatura extraocular inervación trigémino (rfa. MV-755). Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 ………………………………………………………………………………..275 13. Índice de ilustraciones 639 Figura 159. (Izquierda) Modelo Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1832. Fuente: Luis Castelo, 2017. (Derecha) Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 …………………………………...276 Figura 160. (Izquierda) Modelo Corazón de caballo (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. (Derecha) Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 …………………………………...277 Figura 161. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 …………………………………………………277 Figura 162. Imagen procesada del examen diagnóstico con rayos X, Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV- 682). Atribuido a Cristóbal Garrigó y Pedro Sánchez Osorio. Ca. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 ………………..277 Figura 163. (Izquierda) Detalle de una de las piezas del modelo clástico Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Atribuido a Pedro Sánchez y Cristóbal Garrigó. S. XIX. Fuente: Luis Castelo, 2017. (Derecha) el modelo observado bajo rayos X. Fuente: Servicio de Diagnóstico por Imagen - Hospital Clínico Veterinario, 2015 …………………………………………………………………………………………………...278 Figura 164. Toma de muestra con hisopo en el modelo Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……………………..285 Figura 165. Introducción de la muestra tomada con hisopo en su vial siglado asignado. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……………………………………………………………………..285 Figura 166. Toma de muestra con bisturí en el modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. 1830. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ..……..286 Figura 167. Introducción de las muestras tomadas en su vial siglado asignado. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2015 ……………………………………………………………………..286 Figura 168. Modelo humano afectado por la enfermedad Pelagra. Siglo XVIII-XIX. Museo “Luigi Cattaneo” de Bolonia. Fuente: Luca Borghi, 2018 ………………………………………………………………287 Figura 169. Modelo patológico de pulmón invadido por un cáncer. Pertenece a un caballo. Autor. C. Bettini, 1865. Museo “Alessandrini-Ercolani” de Bolonia. Fuente: Marcato, 2007 …………………………..287 Figura 170. (Izquierda) Transparentización de un ave. (Derecha) Modelos de una cabeza de serpiente realizada en papel maché. Museo Veterinario Complutense. San Andrés (dir.), 2015 ……………………..288 Figura 171. Modelo anatómico La Venerina, conservado en el Museo di Palazzo Poggi de Bolonia. Fuente: Andreoni et al., 2011 ……………………………………………………………………………………………….290 Figura 172. Modelo Tumore delle parti molli del braccio. S. XIX. Autor desconocido. Museo di Anatomia Patologica de Florencia. Fuente: Gabbriellini et al., 2009 ………………………………………………………291 Figura 173. Potro perteneciente al modelo de Gestación de yegua (Ref. MV-681). Atribuido a Cristóbal Garrigó. 1836. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente propia, 2017 ……………………………..294 Figura 174. Modelo anatómico del Caballo pequeño (rfa. MV-590). Atribuido a Luigi Franceschi. Ca. 1805. Museo Veterinario Complutense, Madrid. Fuente: Luis Castelo, 2016 ………………………………………295 Figura 175. Obra Caballo desollado. Théodore Gericault. Ca. 1820-24. National Gallery of Art, Estados Unidos de América. Fuente: National Gallery of Art, 2021 ……………………………………………………295 13. Índice de ilustraciones 640 Figura 176. Modelo de Gessner traducido por la autora. Fuente: Lourenço y Gessner, 2012 ……………..304 Figura 177. Esquema de decisiones orientado a aplicar los criterios de intervención. Fuente propia, 2022 ………………………………………………………………………………………………………………….305 Figura 178. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1698). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………….307 Figura 179. Ilustración de un équido de 7 años. Identificación de la edad de los caballos por su dentadura. Fuente: Fernando Ribotta, 2011 …………………………………………………………………………………...308 Figura 180. Aplicación del esquema de decisiones. Fuente propia, 2021 ……………………………………309 Figura 181. Detalle de acumulación del particulado atmosférico en el modelo Estómago Monocavitario cerrado (rfa. MV-664). Fuente propia, 2017 ………………………………………………………………………316 Figura 182. Detalle de falta matérica con particulado atmosférico en el modelo hueco Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………………………………………………..316 Figuras 183 y 184. Detalles de depósitos superficiales en zonas con rugosidades. Detalle de un cotiledón en los modelos Matriz de vaca con los cotiledones (rfa. MV-677). Detalle de una superficie con irrigación sanguínea en el Modelo de Hernia inguinal de équido (rfa. MV-674). Fuente: Luis Castelo, 2017 …………….316 Figura 185. Rango de pH adecuado para la formulación de sistemas de limpieza para las superficies cerosas. Fuente propia, 2021 ………………………………………………………………………………………330 Figura 186. Explicación visual del comportamiento de las disoluciones hipertónica e hipotónica en relación a la presión osmótica. Fuente propia, 2019 ……………………………………………………………330 Figura 187. Preparación de la plancha de agarosa para medir la c.e. y el pH de una superficie escultórica. Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………...332 Figura 188. Colocación del disco de agarosa sobre la superficie cérea del modelo Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Ca. 1831. Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………...333 Figura 189. Mediciones de c.e. y pH al introducir el disco de agarosa en los equipos. Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………………………….333 Figura 190. Colocación de la gota de agua desionizada sobre el modelo Corazón de caballo (con salida de los grandes vasos) (rfa. MV-663). Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………333 Figura 191. Mediciones de c.e. y pH al introducir la gota de agua desionizada en los equipos. Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………333 Figura 192. Mojabilidad evaluada mediante el método de la gota sésil. Fuente propia, 2021 …………….335 Figura 193. Depósito de una gota de agua y cálculo del ángulo de contacto en la superficie cerosa sin barniz del modelo Estómago monocavitario cerrado (MV-669). Museo Veterinario Complutense. Fuente: Luis Castelo, 2015 ………………………………………………………………………………………………………..337 Figura 194. Depósito de una gota de agua y cálculo del ángulo de contacto en la superficie cerosa con barniz del modelo Estómago monocavitario cerrado (MV-669). Museo Veterinario Complutense. Fuente: Luis Castelo, 2015 ………………………………………………………………………………………………………..337 Figura 195. Triángulo de solubilidad de Teas, con las localizaciones de los diferentes componentes de las ceras anatómicas y algunos disolventes polares. Fuente: Cremonesi y Signorini, 2012 ……………………338 13. Índice de ilustraciones 641 Figura 196. Detalle de la prueba de polaridad en el modelo Estómago monocavitario cerrado (rfa. MV-679). Fuente propia, 2018 ………………………………………………………………………………………………..339 Figura 197. Superficie lisa y barnizada perteneciente al modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Superficie estriada perteneciente al modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). c. Superficie con un estrato de depósito especialmente grueso, perteneciente al modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV- 679). Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………….347 Figura 198. Sistemas de limpieza formulados para los testados de limpieza. Fuente propia, 2017 ………347 Figura 199. Imágenes del proceso de testado. Fuente propia, 2016 ………………………………………….349 Figura 200. Proceso del testado de limpieza con un gel acuoso. Fuente propia, 2016 ……………………..351 Figura 201. Eliminación de los depósitos de particulado superficiales del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Fuente propia, 2016 ……………………………………………………………………….353 Figura 202. Proceso de la toma de una micromuestra para analizar el testado de limpieza. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Fuente propia, 2016 …………………………………………………………354 Figura 203. Zonas de testado en el modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………….……355 Figura 204. Viales con las micromuestras y los hisopos pertenecientes al modelo Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679). Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………..356 Figura 205. Comparación de los espectros obtenidos con FTIR-ATR de las micro-muestras antes y después del testado de limpieza con la disolución acuosa tamponada de BisTris-HCl con tensioactivo Tween®. Fuente: Margarita San Andrés y Ruth Chércoles, 2016 ………………………………………………………...359 Figura 206. Comparación de espectros FTIR-ATR de la micromuestra ML0A (pasta cerosa de la zona estriada) y de la micromuestra ML3A (pasta cerosa después de la limpieza con la mezcla MB3 -Gel Pemulen TR2+Etanol-) ……………………………………………………………………………………………..362 Figura 207. Modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664), atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2015 ………………………………………………………363 Figura 208. Detalle de la cera roja con estopa en la base del modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015 …………………………………………………………………………………….364 Figura 209. Detalle de la superposición de estratos cerosos de varios colores en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015 ……………………………………………………….364 Figura 210. Detalle de una de las superficies con irregularidades y con un grueso estrato de particulado atmosférico en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015 …………..364 Figura 211. Detalle de una zona con una representación de los vasos sanguíneos en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015 ……………………………………………………….365 Figura 212. Vistas generales del proceso de limpieza en el modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia, 2015 …………………………………………………………………………………….366 Figura 213. Modelo de Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) tras el proceso de limpieza. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………………………………………………………………………..366 Figura 214. Modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670). Atribuido a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente: Luis Castelo, 2015 …………………………………………………………………………….367 13. Índice de ilustraciones 642 Figura 215. Detalle del modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) donde se pueden observar los dos tipos de vaso sanguíneo que representan la irrigación vascular en la cabeza del caballo ……………………………367 Figura 216. Detalles de la anatomía del modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) cuyas superficies presentaban exudados probablemente procedentes del hueso subyacente. Fuente: Toya Legido, 2016 …368 Figura 217. Detalle de una zona del modelo donde el estrato ceroso se ha separado del soporte óseo. Fuente propia: 2016 ………………………………………………………………………………………………...369 Figura 218. Detalle del proceso de limpieza en una de las superficies cerosas del modelo con la disolución acuosa tamponada sin tensioactivo. Fuente propia: 2016 ……………………………………………………...369 Figura 219. Detalle de limpieza en una zona del modelo con la aplicación del sistema acuoso gelificado con la ayuda de un hisopo. Fuente propia: 2016 ………………………………………………………………..370 Figura 220. (Arriba) modelo Ligamento nucal (rfa. MV-670) antes de la intervención de limpieza con disoluciones acuosas libres y gelificadas. (Abajo) el mismo modelo después de la intervención de limpieza mencionada. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………………………………………………370 Figura 221. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Fuente: Luis Castelo, 2015 ………………………372 Figura 222. Estuche con maxilares y mandíbulas de equino mostrando la evolución con el tiempo de la dentición y algunos defectos de esta. Louis Thomas Jerôme Auzoux. Papel maché. Museo Veterinario Complutense. San Andrés, 2015 ………………………………………………………………………………….372 Figura 223. Mandíbulas de équido para el conocimiento de la edad (rfa. MV-1696-1705). Atribuidas a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. (Arriba) antes de la intervención de limpieza. (Debajo) después de la intervención de limpieza. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………….373 Figura 224. Detalle del modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Secuencia con el proceso de eliminación de una concreción de particulado atmosférico adherida con la disolución acuosa de limpieza. Fuente propia: 2016 ………………………………………………………………………………………………374 Figura 225. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Antes de la intervención de eliminación del particulado atmosférico. Fuente: Luis Castello, 2015 ………………………………………………………….375 Figura 226. Modelo Mandíbula de équido (rfa. MV-1679). Después de la intervención de eliminación del particulado atmosférico. Fuente: Luis Castello, 2017 …………………………………………………………..375 Figura 227. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681), por el anverso y el reverso. Atribuida a Pedro Sánchez Osorio y Cristóbal Garrigó. Siglo XIX. Fuente propia, 2015 …………………………………………376 Figura 228. Secuencia de intervención de limpieza en el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Detalle de la zona exterior lateral del útero de la yegua. Fuente propia, 2016 ………………………………………..377 Figura 229. Detalle de limpieza de una zona estriada del modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………378 Figura 230. Secuencia de imágenes en la que se puede observar el proceso de limpieza o eliminación de un adhesivo no original. Este caso en concreto corresponde a la pata fracturada y reparada en el pasado del modelo de potro perteneciente a la pieza Gestación de yegua (rfa. MV-681) Fuente propia, 2016 ……...379 Figura 231. Detalle de eliminación de un adhesivo no original con etanol absoluto en una pata del potro, pieza perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016 ……………………...380 Figura 232. Secuencia de imágenes con la aplicación del gel a una pata con adhesivo no original en el potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016 ……………………...381 13. Índice de ilustraciones 643 Figura 233. Estado previo a la intervención de limpieza del modelo Gestación de yegua (MV-681). Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………381 Figura 234. Las dos piezas que componen el modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681) tras el proceso de limpieza y eliminación de materiales no originales. Fuente propia, 2018 ……………………………………382 Figura 235. Muestra de cómo la nueva pasta cerosa es demasiado dúctil y maleable. Fuente propia, 2018 ………………………………………………………………………………………………………………….399 Figura 236. Muestra de cera de abejas que muestra variaciones topográficas en la superficie. Condición: Vacc=10kV, Mag=x250, WD=12,2mm. 2008. Micrografía SEM. Fuente: Hossain et al., 2009 ……………….401 Figura 237. Muestra de cera de abeja a 1100 aumentos. Observación de la superficie de la cera de abejas en la que se pueden observar las crestas y valles irregulares. Condición: Vacc=20kV, Mag=x1,10k, WD=12,4mm. 2008. Micrografía SEM. Fuente: Hossain et al., 2009 …………………………………………..401 Figura 238. Microestructura cerosa. (SEM, Make-Nova Nano) con una resolución de 5000X-2000X. Fuente: Dinker et al., 2017 …………………………………………………………………………………………………..402 Figura 239. Fuste ensayado de la probeta que se observó con SEM. Fuente propia, 2017 ………………...402 Figura 240. Resultado del estudio SEM de una zona del fuste ensayado. Fuente: Antonia Martín Sanz (Departamento de Ciencias de Materiales de la UPM) ………………………………………………………...402 Figura 241. (Izquierda) fuste de la probeta sin metalizar. (Derecha) fuste de la probeta metalizado. Fuente propia, 2018 …………………………………………………………………………………………………………403 Figura 242. Superficie cérea de la probeta. Estudio fractográfico y microestructural con microscopía óptica de barrido (SEM). Fuente: Antonia Martín Sanz (Departamento de Ciencias de Materiales de la UPM) ..………………………………………………………………………………………………………...403 Figura 243. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV 683). Fuente: Luis Castelo, 2016 …………………………..403 Figura 244. Muestra de pasta cérea original. Observación con óptico Dino-Lite. (Izquierda) Muestra sin metalizar, (Derecha) Muestra metalizada. Fuente propia, 2018 ………………………………………………403 Figura 245. Detalles de la superficie cérea del modelo Gestación de yegua (MV 683), observada con SEM. Fuente: Antonia Martín Sanz (Departamento de Ciencias de Materiales de la UPM) ……………………...404 Figura 246. Esquema con las medidas finales de la probeta. Fuente propia, 2018 …………………………405 Figura 247. Base del molde metálico y pieza que define la forma de la probeta. Fuente propia, 2017 …..406 Figura 248. Molde de acero montado para recibir la pasta de cera licuada. Fuente propia, 2017 ………...406 Figura 249. Molde de acero con la inclusión de la lámina de separación en el fuste. Fuente propia, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….407 Figura 250. Ejemplo de producción de una probeta con el corte a la mitad del fuste. Fuente propia, 2017 …...…………………………………………………………………………………………………….407 Figura 251. Introducción del molde metálico en el horno para su atemperado previo. Fuente propia: 2017 ...……………………………………………………………………………………………………….407 Figura 252. Vertido de la pasta de cera líquida en el molde metálico caliente. Fuente propia: 2017……...407 Figura 253. Molde metálico cubierto con su tapa y enfriado dentro del horno. Fuente propia: 2017 ……408 Figura 254. Ejemplo de una probeta con burbujas de aire. Fuente propia: 2017 …………………………...408 13. Índice de ilustraciones 644 Figura 255. Sujeción del sistema de piezas que componen el molde con sargentos. Fuente propia: 2017.408 Figura 256. Probeta considerada adecuada para los ensayos. Fuente propia: 2017 ………………………..408 Figura 257. Balanza de precisión en la que se está pesando la cera virgen de abejas para la producción de probetas. Fuente propia: 2017 …………………………………………………………………………………….409 Figura 258. Fundido de las ceras de abejas virgen y blanqueada con la ayuda de un hornillo eléctrico. Fuente propia: 2017 ………………………………………………………………………………………………...409 Figura 259. Adición a las ceras fundidas de la pequeña proporción de Trementina de Venecia. Fuente propia: 2017 …………………………………………………………………………………………………………410 Figura 260. Molde metálico preparado para su sellado con masilla blu-tack. Fuente propia: 2017 ……...410 Figura 261. Fundido de las ceras de abejas virgen y blanqueada con la ayuda de un hornillo eléctrico. Fuente propia: 2017 ………………………………………………………………………………………………...410 Figura 262. Sujeción de las piezas que componen el molde de acero con la ayuda de dos sargentos. Fuente propia: 2017 …………………………………………………………………………………………………………410 Figura 263. Ligero calentamiento del molde metálico para extraer la probeta de cera con una ligera presión manual. Fuente propia: 2017 …………………………………………………………………………….411 Figura 264. Probeta de cera nueva obtenida con la metodología descrita. Fuente propia: 2017 ………….411 Figura 265. Esquema básico de la unión entre sustratos cerosos y adhesivo. Fuente propia, 2021 ………413 Figura 266. Esquema con las zonas de cohesión y adhesión. Fuente propia, 2021 …………………………413 Figura 267. Comportamiento del adhesivo sobre diferentes superficies cerosas. Fuente propia, 2021 …414 Figura 268. Imagen de algunos de los adhesivos testados como se encuentran cuando son comercializados. Para utilizarlos se requiere de su dispersión en un disolvente. Fuente propia: 2016 …..416 Figura 269. Proceso de adhesión de una probeta dividida manualmente. Fuente propia, 2017 ………….419 Figura 270. Probetas con adhesivo y cintas de Kinesiología para mantener unidas las dos partes durante el curado del adhesivo. Fuente propia: 2017 …………………………………………………………..419 Figura 271. Esquema explicativo del sistema de adhesión con capacidad para tres probetas. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………………………420 Figura 272. Probetas con adhesivo en el sistema de adhesión ideado por el profesor José Miguel Moreno. Fuente propia: 2018 ………………………………………………………………………………………………...420 Figura 273. Modulo superior de la máquina de tracción uniaxial con la cinta de algodón sobre la célula de carga. Fuente propia: 2018 ………………………………………………………………………………………...420 Figura 274. Imágenes del sistema de adhesión de probetas con peso. Fuente propia: 2018 ………………421 Figura 275. Esquema del instrumental de tracción y los equipos auxiliares. Se muestran también algunos de los parámetros que se obtienen de los ensayos de tracción uniaxial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………………………………………….423 Figura 276. Gráfica explicativa con la curva obtenida de los ensayos de tracción uniaxial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………………………423 13. Índice de ilustraciones 645 Figura 277. Esquema del instrumental de tracción y los equipos auxiliares. Se muestran también algunos de los parámetros que se obtienen de los ensayos de tracción uniaxial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………………………………………….424 Figura 278. Medición del fuste de una probeta de cera con el calibre manual. Fuente propia, 2018 ……..424 Figura 279. Ambas gráficas pretenden explicar las zonas de las curvas obtenidas de los ensayos de tracción donde el material demuestra las diferentes tensiones y deformaciones. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………………………………..425 Figura 280. Ejemplo del cálculo del módulo elástico o de Young en la curva de los ensayos de tracción. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………..425 Figura 281. Cálculo del límite elástico, de cedencia o fluencia y de la deformación en el límite elástico. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………..426 Figura 282. Cálculo de la desviación estándar y el error cuadrático medio para subsanar los resultados de los ensayos de tracción. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 …………………………………………………...427 Figura 283. Abrazaderas para sujetar las probetas a la máquina de tracción fabricadas para este estudio. Fuente propia, 2017 ………………………………………………………………………………………………...429 Figura 284. Ejemplo de colocación de una de las probetas en las abrazaderas metálicas. Fuente propia, 2017 ………………………………………………………………………………………………………………….429 Figura 285. Detalle del fuste de una probeta con el papel de lija adhesivo. Fuente propia: 2017 ………...429 Figura 286. Imágenes en las que se muestra la probeta colocada en la máquina de ensayos de tracción y en las que se puede apreciar la colocación del extensómetro de contacto. Fuente propia, 2017 ………………430 Figura 287. Imágenes de una probeta adherida con cola de esturión, separada antes de ensayar por ineficacia del material de unión. Fuente propia, 2018 ………………………………………………………….432 Figura 288. Probeta con el adhesivo cola de esturión seco. Fuente propia, 2018 …………………………...432 Figura 289. Probeta adherida con Evacon®R, separada antes de ensayar por ineficacia del material de unión. Fuente propia, 2018 ………………………………………………………………………………………..433 Figura 290. Procesado de metalización de las muestras cerosas. Fuente propia, 2018 …………………….439 Figura 291. Metodología de metalización de las dos partes del fuste -donde se ha ensayado el adhesivo- después de los ensayos de tracción. Fuente propia, 2018 ……………………………………………………...440 Figura 292. En estas cuatro imágenes (a, b, c y d) se ha tratado de describir el proceso de preparación de la superficie a observar con SEM. Fuente propia: 2017 …………………………………………………………...441 Figura 293. Detalle superficial de cera nueva metalizada. Imágenes a y b: muestra de Aquazol® en agua en una zona sin adhesivo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………..449 Figura 294. Detalle superficial de cera nueva sin metalizar a diferentes aumentos. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 …………………………………………………………………………………………………………...449 Figura 295. Las dos mitades del fuste con Evacon™R metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018 ……………………………………………………………………………………450 Figura 296. Capa de adhesivo cubriendo la superficie granulosa de pasta de cera. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 …………………………………………………………………………………………………………...450 13. Índice de ilustraciones 646 Figura 297. Elevaciones o crestas formadas al separar las dos partes con el adhesivo húmedo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………………………………………………..450 Figura 298. Detalle aumentado de la superficie con elevaciones. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 …..451 Figura 299. Las dos mitades del fuste con Aquazol®B500-agua, metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018 ……………………………………………………………………………451 Figura 300. Zonas de detalle de la zona de rotura de la capa de adhesivo Aquazol®B500 – Agua desionizada. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ……………………………………………………………….451 Figura 301. Superficie de adhesivo agrietado. Aquazol®B500 – Agua desionizada. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 …………………………………………………………………………………………………..452 Figura 302. Superficie cerosa esferular sin adhesivo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………...452 Figura 303. Las dos mitades del fuste con Aquazol®B500 – Etanol absoluto, metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018 …………………………………………………………….452 Figura 304. Superficie lisa con adhesivo homogéneo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ……………….453 Figura 305. Detalle de una zona con una fina capa adhesivo, en la que se aprecia la superficie globular característica de la pasta de cera. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………..453 Figura 306. Detalle de la superficie de Aquazol®B500-etanol con menos grietas que con el agua. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………………………………………………..453 Figura 307. Las dos mitades del fuste con Paraloid®B 72 – etanol absoluto, sin metalizar. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018 …………………………………………………………….453 Figura 308. Detalle de la superficie donde se pueden observar los agujeros de rotura. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 …………………………………………………………………………………….……………454 Figura 309. Detalle de la zona de adhesivo con arrancamiento regular tras el ensayo de tracción. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………………….…………………………….454 Figura 310. Detalle de pasta de cera con esférulas, correspondiente a una burbuja rota en la capa de adhesivo. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 …………………………………………………………………..454 Figura 311. Las dos mitades del fuste con Paraloid®B 72 – etanol absoluto, sin metalizar. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018 …………………………………………………………….455 Figura 312. Detalle de la superficie del adhesivo. En ambas imágenes pueden observarse restos de pasta de cera arrancada. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………………...455 Figura 313. Detalle de la superficie sin adhesivo y con arrancamientos. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………………………………………………………………………….456 Figura 314. Las dos mitades del fuste con cianocrilato comercial, metalizada. Observación con microscopio óptico Dino-Lite. Fuente propia, 2018 …………………………………………………………….456 Figura 315. Detalle del adhesivo cianocrilato cubriendo toda la superficie en ambos fustes. Fuente: Antonia Martín Sanz, 2018 ………………………………………………………………………………………..456 Figura 316. Modelo Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) fracturado en varias piezas, como se encontraba antes de la intervención de adhesión. Fuente propia, 2016 ………………………………………458 Figura 317. Adhesión de los fragmentos menos pesados, como los cotiledones, con el adhesivo Acrylkleber® 498 HV. Fuente propia, 2016 ……………………………………………………………………...459 13. Índice de ilustraciones 647 Figura 318. Proceso de adhesión de uno de los cuernos uterinos: aplicación de la resina Epo®155-K®156, colocación de la pieza en su lugar de adhesión y sujeción de la unión con cinta de Kinesiología durante las 24-72h de curado de la resina. Fuente propia, 2016 …………………………………………………………….459 Figura 319. Relleno de lagunas para asegurar las adhesiones en uno de los cuernos uterinos del modelo: a. selección de la pasta de reintegración con el color más semejante al modelo, b. aplicación de la pasta de relleno en forma de gotas con la ayuda de una espátula térmica regulable y c y d. moldeado del relleno de la laguna con el calor de la espátula para imitar la superficie escultórica y facilitar su integración. Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………460 Figura 320. Modelo Matriz de vaca con cotiledones (rfa. MV-677) una vez finalizada la fase de limpieza, adhesiones y reintegración. (Arriba) se muestra la pieza donde pueden observarse el interior con los cotiledones. (Debajo) el modelo se cierra con la pieza que cumple la función de tapa. Fuente: Luis Castelo, 2017.………………………………………………………………………………………………………………….461 Figura 321. Modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681) completo, visión general frontal. Se puede observar al potro objeto de este caso de estudio en el interior de la cavidad uterina de la yegua. Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………………………….462 Figura 322. Representación del potro. Pieza correspondiente al modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681). Fuente propia, 2016 ……………………………………………………………………..462 Figura 323. Pieza de potro perteneciente al modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681). a, b y c) Proceso de adhesión del cuello. d, e y f) Proceso de adhesión de una pata delantera. Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………………………….463 Figura 324. Piezas de la yegua y del potro después de la fase de limpieza, adhesiones y reintegraciones. modelo Gestación de yegua (presentación anterior) (rfa. MV-681). Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………..464 Figura 325. Modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664) después de la intervención de limpieza. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………………………………………………………………464 Figura 326. Anatomía del estómago equino. Fuente: Kevin González, 2018 ………………………………..465 Figura 327. Elaboración del molde para reproducir el fragmento perdido en el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente propia: 2017 ……………………………………………………….466 Figura 328. El nuevo fragmento de pasta cerosa se ha adherido mediante la aplicación de resina epoxi bicomponente y la pasta de reintegración moldeadas con espátula térmica. Fuente propia, 2017 ………..467 Figura 329. Resultado final de la reintegración volumétrica en el modelo Estómago monocavitario abierto (rfa. MV-664). Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………..467 Figura 330. modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) desmontado. Pueden observarse las diferentes piezas que lo componen. Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………468 Figura 331. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682) con y sin la pieza que representa la bóveda craneal. Fuente: Luis Castelo, 2017 ……………………………………………………………………………….469 Figura 332. Pieza correspondiente al modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Fuente: Luis Castelo, 2017 ………………………………………………………………………………………………………..469 Figura 333. Detalle del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Vista anterior y posterior de la pieza correspondiente a la bóveda del cráneo. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………..470 13. Índice de ilustraciones 648 Figura 334. Modelo Cráneo y encéfalo de caballo (rfa. MV-682). Imágenes el proceso de producción de la zona con falta volumétrica y obtención de la nueva pieza mediante molde de silicona y escayola. Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………………………471 Figura 335. Preparación de una adhesión con resina epoxídica bicomponente Epo®155-K®156 y gel de sílice para aumentar la viscosidad, en el modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682). Fuente propia, 2016 ………………………………………………………………………………………………………………….472 Figura 336. Tratamiento de la superficie y relleno de lagunas en la pieza de reintegración volumétrica perteneciente al modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682). Fuente propia, 2016 ………………………...472 Figura 337. Imagen general del modelo Cráneo y encéfalo de caballo (MV-682) con la reintegración volumétrica en la pieza de la bóveda craneana. Fuente: Luis Castelo, 2017 …………………………………472 Figura 338. Dinámica para realizar un Plan de conservación, propuesto por Ruiz de Lacanal y Galán- Pérez, en 2015. Fuente propia, 2021 (interpretación del gráfico de las autoras) ……………………………..477 Figura 339. Fachada del Hospital Clínico Veterinario Complutense donde se encuentra la entrada al Museo Veterinario Complutense. Fuente: Miguel del Pino, 2016 …………………………………………….478 Figura 340. Aula perteneciente al edificio del Hospital Clínico Veterinario. Fuente: UCM, 2021 ………..479 Figura 341. Quirófano del edificio del Hospital Clínico Veterinario. Fuente: UCM, 2021 ………………...479 Figura 342. Imagen general de una de la sala perteneciente al Museo Veterinario Complutense donde se exponen los modelos anatómicos en cera. Fuente: Miguel del Pino, 2016 …………………………………...490 Figura 343. Cajas de transporte especiales para ceroplástica. Fuente propia, 2018 ………………………...494 Figura 344. Lateral o tapa de la caja de transporte para ceroplástica. Fuente propia, 2016 ……………….495 Figura 345. Extracto del Curso Completo de Anatomía del Cuerpo Humano, Tomo V. Esplacnología. Anatomía Práctica. Sección ultima. Del arte de trabajar piezas anatómicas en cera …………………………………………...507 Figura 346. Lista de compra para el Gabinete Anatómico del Real Colegio de Cirugía de San Carlos. Luigi Franceschi. 1729. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM AH-451. Fuente propia, 2016 …………………….…………………………………………………….516 Figura 347. Lista de compra para el “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Luigi Franceschi. 1805. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM 20-06-001. Fuente propia, 2016 ……………………………………………….……………...518 Figura 348. Lista de compra para el “Laboratorio de piezas” de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Pedro Sánchez Osorio. 1829. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM V 02-024. Fuente propio, 2016 …………………….…………………………………………519 Figura 349. Presupuestos (detalle) de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Junta Escolástica. 1831. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM V 02-024. Fuente propia, 2016 ……………………………………………………………………….……………………….520 Figura 350. Presupuestos (detalle) de la Real Escuela Veterinaria de Madrid. Junta Escolástica. 1835 y 1836. Documento de archivo. Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid. AGUCM V 02- 024. Fuente propia, 2016 …………………………………………………………………………………………..521 13. Índice de ilustraciones 649 13.2. Índice de Tablas Tabla 1. Cronología de creación de las escuelas veterinarias en Europa en relación con las primeras escuelas veterinarias, las Escuelas de Lyon y Alfort en Francia. Fuente propia, 2020 ……………………….53 Tabla 2. Relación de Escuelas Veterinarias creadas según el modelo francés. Vila Menéndez, P y Vila Arias. P., 2012. Esquema. Publicación Claude Bourgelat. Artis Veterinariae Magister. Fuente propia …….54 Tabla 3. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense …………………………………………………………………………………………………..250-252 Tabla 4. Clasificación de las patologías en la colección ceroplástica del Museo Veterinario Complutense …………………………………………………………………………………………………..254-255 Tabla 5. Esquema con los diferentes tipos de limpieza en los modelos de cera …………………………..315 Tabla 6. Síntesis de la revisión bibliográfica sobre limpiezas en ceroplástica …………………………323-327 Tabla 7. Materiales necesarios para fabricar la plancha de agarosa …………………………………………332 Tabla 8. Resultados del testado en los modelos Extremidad posterior de équido (rfa. MV-679), Corazón de équido (rfa. MV-692) y Cráneo y encéfalo clástico (rfa. MV-682). Valores de pH y c.e. ………………………...334 Tabla 9. Resultados de los valores del disco de agarosa “en blanco” ……………………………………….335 Tabla 10. Relación entre el ángulo de contacto y el tipo de superficie (hidrófila/lipófila) ………………...336 Tabla 11. Formulaciones de limpieza acuosa …………………………………………………………………..341 Tabla 12. Disolventes propuestos para el testado ……………………………………………………………..341 Tabla 13. Sustancias tampón con sus respectivos rangos útiles de pH y las cantidades necesarias para obtener una disolución acuosa con una concentración 25mM. Fuente: Cremonesi y Signorini, 2012: 60. ..342 Tabla 14. Tabla orientativa sobre los valores CMC y HLB de algunos tensioactivos comerciales y no comerciales, utilizados en conservación-restauración ……………………………………………………….....343 Tabla 15. Valores de pKa de quelantes empleados en conservación-restauración ………………………...344 Tabla 16. Valores de polaridad de algunos disolventes orgánicos empleados en conservación-restauración y su ubicación en el triángulo de Teas. Fuente: Cremonesi, 2017: 55 y 59 ……………………………………346 Tabla 17. Relación de sistema de limpieza y sistema de aclarado para el testado ………………………...348 Tabla 18. Esquema con los parámetros de evaluación para el testado con cada disolvente orgánico libre ………………………………………………………………………………………………………………….352 Tabla 19. Siglado correspondiente a las micro-muestras para el análisis de los residuos y extracción de materiales componentes de la pasta cerosa por los sistemas de limpieza y la disolución tampón de aclarado ……………………………………………………………………………………………………………..356 Tabla 20. Resultados del testado de los disolventes orgánicos en estado libre …………………………….358 Tabla 21. Relación de resultados de la cromatografía para el análisis de extracción de componentes cerosos con el gel de Pemulen™ en la micro-muestra ML2. Fuente: Margarita San Andrés y Ruth Chércoles, 2016 ………………………………………………………………………………………………...360-361 Tabla 22. Resumen del testado de limpieza con disolventes, realizado para eliminar un adhesivo no original del modelo Gestación de yegua (rfa. MV-681). Fuente propia, 2020 ………………………………..380 13. Índice de ilustraciones 650 Tabla 23. Resultados de los ensayos de tracción referenciados en la bibliografía especializada sobre modelos realizados en ceroplástica ………………………………………………………………………….388-389 Tabla 24. Resultados de los ensayos manuales con probetas en la bibliografía especializada ……………390 Tabla 25. Síntesis del empleo de adhesivos en la bibliografía de referencia …………………………...393-396 Tabla 26. Formulación de pastas de cera en la literatura de referencia ……………………………………...398 Tabla 27. Recetas propuestas por Duhamel du Monceau y Wichelhausen …………………………………399 Tabla 28. Variaciones sobre la receta original para conseguir una pasta menos untuosa y dúctil ……….400 Tabla 29. Nueva fórmula 3 ……………………………………………………………………………………….400 Tabla 30. Nueva fórmula 4 y 5 …………………………………………………………………………………...400 Tabla 31. Síntesis de las medidas de los estudios de tracción en la bibliografía ……………………………404 Tabla 32. Diagrama de fallo en un adhesivo. Fuente: AIC, 2010: 3 …………………………………………..414 Tabla 33. Tabla resumen con los materiales adhesivos seleccionados para los ensayos mecánicos …….418 Tabla 34. Ensayos de tracción. Mediciones obtenidas en el testado de las diferentes cintas de Kinesiología y algodón para calcular el peso de adhesión ……………………………………………………………………420 Tabla 35. Tipos de valores obtenidos de los ensayos de tracción uniaxial ………………………………….424 Tabla 36. Relación de resultados de los ensayos de tracción en los estudios de 2017 y 2018 ……………..431 Tabla 37. Comportamiento mecánico del adhesivo Evacon™R. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico ……………………………………………………………………………….433 Tabla 38. Comportamiento mecánico del adhesivo Paraloid® B72. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico ………………………………………………………………...434 Tabla 39. Resultados de comportamiento mecánico del adhesivo EPO®155. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico …………………………………………………………435 Tabla 40. Resultados de comportamiento mecánico de los adhesivos Aquazol®-agua y Aquazol®-etanol. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico ………………………….436 Tabla 41. Resumen de los resultados de comportamiento mecánico del adhesivo cianocrilato. Valores medios sobre la tensión máxima, la deformación para la tensión máxima, el módulo elástico, el error cuadrático medio, el límite elástico y la deformación para el límite elástico. Ha sido el los valor mínimo para evitar la dispersión …………………………………………………………………………………………...437 Tabla 42. Valores obtenidos de los ensayos de tracción realizados en probetas con extensómetro y sin este para comprobar la incidencia del aparato de medición en los resultados de adhesión …………………….438 Tabla 43. Valores de la tensión de rotura en las probetas testadas y su expresión en forma de gráfica …………………………………………………………………………………………………………..444-446 Tabla 44. Curvas obtenidas de la interpretación gráfica para cada adhesivo testado ………………...447-448 13. Índice de ilustraciones 651 Tabla 45. Valores de T y HR para los materiales más comunes en los modelos de cera. Fuente propia, 2021 ………………………………………………………………………………………………………………….489 13.3. Índice de gráficas Gráfica 1. Interpretación gráfica de los resultados de los ensayos de tracción referidos en la Tabla 14. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 ………………………………………………………………………………..431 Gráfica 2. Interpretación de los resultados de los ensayos para las probetas con Evacon™R. Fuente: José Miguel Moreno, 2018……………………………………………………………………………………………….433 Gráfica 3. Curvas de tensión-deformación del adhesivo Paraloid® B72. Fuente: José Miguel Moreno, 2018. ………………………………………………………………………………………………………………………..434 Gráfica 4. Curvas de tensión-deformación para la resina epoxídica bicomponente. Fuente: José Miguel Moreno, 2018………………………………………………………………………………………………………...435 Gráfica 5. Curvas de tensión-deformación para la resina Aquazol B500 dispersa en dos disolventes, en agua desionizada y en etanol absoluto. Fuente: José Miguel Moreno, 2018 …………………………………436 Gráfica 6. Curvas de tensión-deformación para el cianocrilato comercial. Fuente: José Miguel Moreno, 2018…………………………………………………………………………………………………………………..437 Gráfica 7. Curvas de tensión-deformación de las probetas con extensómetro y sin este. Fuente: José Miguel Moreno, 2018………………………………………...……………………………………………………..438 14. Bibliografía 651 14. BIBLIOGRAFÍA A continuación, se exponen las referencias bibliográficas contenidas en el texto de la tesis: 14.1. Artículos en revistas • Afra et al. (2013). Il Grande Scheletro di Clemente Susini datato 1805. Restauro e montaggio di una scultura monumentale in cera del Museo della Specola di Firenze. 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Bibliografía 678 Portada AGRADECIMIENTOS ABREVIATURAS PRODUCCIÓN CIENTÍFICA INDICE RESUMEN/ABSTRACT JUSTIFICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN OBJETIVOS METODOLOGÍA ESTRUCTURA 1 EL NACIMIENTO DE LA VETERINARIA EN EUROPA Y LOS ORÍGENES DE LA REAL ESCUELA VETERINARIA DE MADRID 2 LA CEROPLÁSTICA VETERINARIA COMO RECURSO DIDÁCTICO 3 LA COLECCIÓN CEROPLÁSTICA DE LA REAL ESCUELA VETERINARIA DE MADRID 4 EL MUSEO VETERINARIO COMPLUTENSE Y LOS ESTÁNDARES PARA LA DOCUMENTACIÓN, CATALOGACIÓN Y GESTIÓN DE SUS COLECCIONES 5 FACTORES DE ALTERACIÓN Y PRINCIPALES DETERIOROS 6 METODOLOGÍA DE LOS ESTUDIOS DIAGNÓSTICOS 7 CRITERIOS DE INVERVENCIÓN 8 ESTUDIO EXPERIMENTAL 1: TESTADO PARA SISTEMAS DE LIMPIEZA 9 ESTUDIO EXPERIMENTAL 2: FORMULACIÓN DE NUEVAS PASTAS DE CERA Y CARACTERIZACIÓN DE LOS ADHESIVOS 10 GUÍA PARA LA CONSERVACIÓN PREVENTIVA DE MODELOS ANATÓMICOS EN CERA 11 CONCLUSIONES Y LÍNEAS ABIERTAS DE INVESTIGACIÓN 12 ANEXOS 13 INDICE DE ILUSTRACIONES 14 BIBLIOGRAFÍA