27 VÍCTOR SÁNCHEZ CARRERO, EL GIGANTE BEJARANO (1847-CA. 1884)1 LUIS ÁNGEL SÁNCHEZ GÓMEZ Universidad Complutense de Madrid RESUMEN El propósito del artículo es ofrecer un primer acercamiento a la biografía de Víctor Sánchez Carrero (1847-ca. 1884), el Gigante Bejarano. Con información procedente de la prensa contemporánea y de varias fuentes complementarias, conoceremos cómo se desarrollan sus presentaciones públicas en las principales ciudades españolas, sobre todo en Barcelona y Madrid, y la impronta que dejan en el ima- ginario popular. Veremos su participación en una singular zarzuela e indagaremos en sus andanzas y su muerte en tierras lusas. Finalmente, presentaremos los rasgos básicos de la rara y grave enfermedad que está en el origen de su extraordinario crecimiento y que se conoce, según el momento de su desarrollo, como gigantismo o acromegalia. Palabras clave: gigantismo, acromegalia, gigantes humanos, espectáculos populares ABSTRACT The purpose of this article is to make an approach to the biography of Víctor Sánchez Carrero (1847-ca. 1884), known as the Bejarano Giant. With information obtained from the contemporary press and some complementary material, we will know how his public presentations are developed in the main Spanish cities, especially in Barcelona and Madrid, and the mark they leave on the popular imaginary. We will see his participation in a peculiar zarzuela and inquire about his adventures and his death in Portuguese lands. Finally, we will present the basic features of the rare and serious illness that was the cause of his extraordinary growth, a disorder that according to the moment of its development is known as gigantism or acromegaly. Key words: gigantism, acromegaly, human giants, popular shows. Según los resultados de una reciente investigación internacional, las mujeres y los hombres españoles venidos al mundo en 1996 tenían en 2014 una estatura media, res- pectivamente, de 1,63 y 1,76 metros (NCD-RisC, 2016). Comparándolos con los na- cidos en 1896, a su misma edad ellos habrían ganado catorce centímetros y ellas doce. El incremento es llamativo, pero el estudio también concluye que España está lejos de las posiciones de cabeza en el ranking mundial de la talla humana: entre un total de doscientos países estudiados, ocupamos el puesto 41º en hombres y el 44º en mujeres2. 1 Durante las tareas desarrolladas para la redacción del presente artículo han respondido amablemente a mis consultas Antonio Sánchez Sánchez, Pilar Noguera Sánchez (encargada de Archivos y Bibliotecas del Ayuntamiento de Béjar), Carmen Cascón Matas (secretaria del Centro de Estudios Bejaranos), Óscar Rivadeneyra Prieto, Carlos Fernández (bibliotecario de la Real Academia Nacional de Farmacia), Alberto Palacios y Miguel Ángel Delgado (ambos de la Filmoteca de Castilla y León). 2 Puede verse un resumen de la investigación en Domínguez (2016). Luis Ángel y Julia Nota adhesiva Estudios Bejaranos, XXIII, 2019 víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 28 1. GIGANTES HISPANOS Pero una cosa es que no destaquemos por nuestra estatura media y otra que no hayan existido auténticos gigantes hispanos3. Y no hablo de forma metafórica. No me refiero a “gigantes del arte”, ni a “gigantes de las letras”, ni a “gigantes de la fe”, sino a gigantes de carne y hueso. Son pocos, porque en ningún lugar abundan los gigantes, pero casi todos han tenido una proyección pública relevante y unas biogra- fías singulares, que con el paso del tiempo han adquirido un cierto tono legendario. Lamentablemente, todos se convirtieron en gigantes por una misma y dramática cir- cunstancia: padecían una rara y grave enfermedad, sobre la que luego me detendré, que dependiendo del momento de su desarrollo conocemos como gigantismo o acro- megalia. En la actualidad, sigue habiendo personas muy altas; pero en los países con un sistema de atención sanitaria avanzado, como es el caso de España, ya no alcanzan la talla desmesurada que observamos en los gigantes del siglo XIX. La razón que lo explica es sencilla: existen recursos para controlar e incluso detener el progreso de la enfermedad. Como consecuencia, la altura exagerada de un individuo no suele deber- se ya a factores patológicos, sino a circunstancias genéticas que se proyectan sobre un fenotipo extraordinario. Desde hace algunos años estoy tratando de recuperar las historias vitales y algunas historias post mortem de los más destacados gigantes españoles de la historia. En prin- cipio, he reducido la lista a cinco varones, no siempre bien conocidos, pero casi todos reiteradamente citados: el americano Pedro Antonio Cano (1770-1804), el guipuzcoano Miguel Joaquín Eleicegui Ateaga (1818-1861), el salmantino Víctor Sánchez Carrero (1847-ca. 1884), el pacense Agustín Luengo Capilla (1849-1875) y el oscense Fermín Arrudi Urieta (1870-1913). Aunque no es posible comprobar la exactitud de las cifras, el vasco parece haber sido el más alto de los cuatro (2,42 m.), seguido del extremeño (2,30 m.), el aragonés (2,29 m.) el americano (2,20 m.) y el bejarano (2,20 m.). La proyección de estos cinco personajes fue y sigue siendo muy desigual. Cano nació en el Nuevo Rei- no de Granada (actual Colombia), pero podemos considerarlo ciudadano español de de- recho. Viajó hasta la Península para ser presentado a Carlos IV y pasó el resto de su vida en Madrid, disfrutando de una generosa asignación vitalicia concedida por el monarca. Tras singulares peripecias, su esqueleto se guarda hoy en el Museo de Anatomía “Javier Puerta”, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense4. Arrudi se exhibió en España, Europa, el norte de África e incluso en América; fue el único que contrajo matrimonio y quien disfrutó de una vida social más intensa. Sus restos descansan en su 3 Por supuesto, empleo el término “gigante” sin ninguna intencionalidad peyorativa o discriminadora, asumiendo que describe a una persona de talla mucho mayor a la que puede considerarse media o habitual. 4 Sobre Cano, he publicado un reciente trabajo (Sánchez Gómez, 2018a). luis ángel sánchez gómez 29 localidad natal, Sallent de Gállego5. A pesar de no viajar tan lejos como el aragonés, fue mucho más potente y duradera la impresión dejada entre el público por el guipuzcoano Eleicegui, más aún en Inglaterra y Francia que en España. Fue enterrado en su pueblo y, pese a lo que anotan ciertos relatos apócrifos, no hay prueba alguna de que sus restos fue- ran sustraídos6. La historia vital de Luengo es la más corta y dramática. Es probable que nunca se exhibiera o que, de hacerlo, fuera durante muy poco tiempo y en un ámbito local o comarcal; es más, su físico desmesurado salta a la prensa solo dos meses antes de morir. Sin embargo, es él quien ha logrado una fama post mortem más intensa, al haberse cruzado en su camino la figura del doctor Pedro González Velasco (1815-1882), quien a la postre es el responsable de que su vaciado y su esqueleto se conserven aún hoy en el Museo Nacional de Antropología, en Madrid7. Y por lo que se refiere a Sánchez Carrero, veremos que, tras una intensa actividad exhibidora con amplia proyección en la prensa, su figura se desvanece, hasta el extremo de que hoy desconocemos la fecha y el lugar de su fallecimiento e inhumación. Pese a todo, en las páginas que siguen conoceremos los más destacados episodios de su biografía. Por supuesto, en España han existido otros individuos de talla extraordinaria, segu- ramente desde tiempos antiguos. De la mayoría nunca sabremos nada; de otros existen referencias puntuales, vagas o muy indirectas, que apenas permiten vislumbrar algo so- bre sus vidas. Dejando a un lado a los varones vinculados con el mundo del baloncesto, por completo ajenos al ámbito ferial o expositivo de antaño y cuya altura desmesurada solo en algunos casos se debe a factores patológicos, es de nuevo en tierras bejaranas donde encontramos el ejemplo más cercano en el tiempo de un gigante supuestamente exhibido, pero apenas documentado. Me refiero a Fausto Prieto Vicente (1900-1975), natural de La Calzada de Béjar, de quien se conservan varias fotografías, algún dato bio- gráfico aislado (García Díaz, 1997; Sánchez Sánchez, 2011) y unas pocas anécdotas de transmisión oral, careciendo por el momento de material documental que nos informe sobre sus presuntas exhibiciones públicas (figura 1). Si su elevada estatura se debió a la acromegalia, habría sido uno de los gigantes patológicos más longevos, pues la inmensa mayoría de las personas no tratadas que padece esa enfermedad fallece a una edad mu- cho más temprana8. Por otra parte, la circunstancia de que en un entorno geográfico tan 5 Sobre Arrudi, contamos con un breve estudio biográfico (Andolz, 1998) y una interesante recreación no- velada de su vida que, como tal, no permite discernir con claridad entre la realidad y la ficción (Dumall, 2008). 6 Sobre la singular vida de Eleicegui, he publicado una detallada monografía (Sánchez Gómez, 2018b). 7 Sobre Luengo y su relación con el doctor Velasco, véase Sánchez Gómez (2017). 8 No existe información fiable sobre su estatura. Por las imágenes disponibles parece haberse situado entre los 2,15 y los 2,20 metros, quizás más cerca de la primera que de la segunda cifra. Las fotografías citadas fueron realizadas por Wenceslao Sánchez Bernal y se conservan en la Filmoteca de Castilla y León, integradas en el legado de los hermanos Sánchez Paso, con los números de referencia JASP-29, JASP-34 y JASP-41. Creo que es Sánchez Sánchez (2011) quien las ha publicado por vez primera, asegurando que al menos dos de ellas fueron tomadas en la fábrica de harinas de Fulgencio García, en Picozos. Una cuarta víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 30 cercano y en un marco temporal tan estrecho se documenten dos casos de gigantismo, como los de Víctor Sánchez y Fausto Prieto, es ciertamente extraordinaria. En principio, no parece haber relación de parentesco entre ambos, pero sin la realización de estudios genéticos es imposible confirmar o descartar que existan factores hereditarios que vin- culen sus personas y sus patologías, circunstancia que sí se ha detectado entre enfermos históricos y actuales de acromegalia (Chahal et al., 2011). Una extraordinaria fotografía de Fausto Prieto Vicente, el Gigante de La Calzada, tomada por Wenceslao Sánchez Bernal, quizás en la Fábrica de Harinas “Picozos”, en Béjar, a finales de los años 20 o comienzos de los 30. Legado de los hermanos Sánchez Paso, Filmoteca de Castilla y León (JASP-41). imagen de Prieto, en principio sin relación con las mencionadas, se publica en el blog Bejar.biz, mantenido por Antolín Velasco (https://bejar.biz/cuanto_media_el_gigante_de_la_calzada). luis ángel sánchez gómez 31 2. MATERIALES PARA UNA BIOGRAFÍA Debo comenzar señalando que, al margen de una muy desvaída tradición oral, las es- casas noticias disponibles sobre Víctor9 nos han llegado a través de tres fuentes principa- les; ninguna de ellas testimonio propio del biografiado. De un lado, las notas publicadas en la prensa contemporánea (y algunas otras editadas años después de su muerte), que refieren los lugares de exhibición, las medidas del personaje y poco más. En segundo lu- gar, contamos con el que hasta ahora era el único acercamiento formal a la biografía del bejarano: una serie de tres artículos que aparecen en la revista Béjar en Madrid, en 1922, firmados por quien seguramente es el más ilustre bejarano de la primera mitad del siglo, Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo (1886-1966), propietario y director de la publicación (figura 2). Doctor en Farmacia por la Universidad de Madrid, Zúñiga fue un personaje relevante del panorama farmacéutico español de la primera mitad del siglo XX, en todas sus facetas: académica, investigadora, industrial y publicista. Desde la presidencia del Real Colegio de Farmacéuticos jugó un destacado papel en el proceso que permitió la transformación de dicha institución en la Real Academia Nacional de Farmacia, de la que fue vicepresidente, secretario general, presidente y, desde 1939, secretario perpe- tuo10. Y es precisamente su vinculación con la Academia el factor que me ha permitido acceder a los artículos que publica sobre Víctor, pues solo pudo ser él quien legara a la biblioteca de esa institución una colección completa de los primeros treinta años de la revista Béjar en Madrid, desde su número inaugural, en 1917, hasta 194811. El trabajo de Zúñiga, que aún no había nacido cuando murió el gigante, parece te- ner como principal y casi única fuente informativa los recuerdos de Mauricio Sánchez, hermano de Víctor, quien supuestamente lo acompañó en algunas de sus salidas y que en 1922 estaba empleado como portero en la Casa Consistorial de Béjar. En su relato, Zúñiga solo cita dos obras impresas: una hoja que publicita las presentaciones del bejara- no en Barcelona a finales de 1876, que reproduce íntegra, y un folleto editado en Madrid en 1877, que recoge el “dictamen” elaborado por la “Academia Médico-Farmacéutica de Barcelona”, en diciembre del año anterior, sobre quien entonces se presentaba como “El Gigante Español” (Badía y Montero, 1877). Y esta es precisamente la tercera fuente documental disponible sobre nuestro protagonista, que habría quedado en el olvido de 9 A partir de este momento, me voy a permitir cierto grado de familiaridad con nuestro protagonista, llamándolo por su nombre de pila. 10 Puede consultarse una útil biografía de Zúñiga, firmada por Antonio González Bueno, en la entrada correspondiente del diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia (https://dbe.rah.es/biogra- fias/21689/toribio-zuniga-sanchez-cerrudo). 11 Béjar en Madrid es una publicación de no fácil acceso, al menos fuera de Béjar. La Universidad de Salamanca guarda dos colecciones casi completas de la revista: en su Biblioteca General y en la correspon- diente a la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial, en Béjar. También en Béjar existen ejemplares en el Archivo Histórico Municipal y el Casino Obrero. Tanto la Biblioteca Nacional como la Hemeroteca Municipal de Madrid conservan sólo algunos números. No conozco otras colecciones. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 32 no haber sido citada por Zúñiga12. Como enseguida comprobaremos, casi toda la infor- mación que este refiere y que no proviene de la hoja o del folleto mencionados es prácti- camente imposible de contrastar; de hecho, se podría asegurar que la mayor parte tiene carácter apócrifo. Además, llaman la atención algunos errores del escrito, como anotar que Víctor nace en 1867 y fallece en 1883, con 44 años, cifra esta que no se acomoda ni con el año de nacimiento indicado ni con la fecha cierta de su alumbramiento, 1847. Como más adelante veremos, el bejarano debió de fallecer en los últimos meses de 1884 o en los primeros de 1885, a la edad de 37 o quizás ya de 38 años. En todo caso, el tra- bajo de Zúñiga tiene un mérito enorme, más aún si tenemos en cuenta que la figura de Víctor no solo ha pasado desapercibida a los historiadores académicos, sino que apenas ha nteresado a los estudiosos de su propia localidad natal13. Portada del número 129 de la revista Béjar en Madrid, con la página inicial del primero de los tres artículos que Zúñiga dedica a Víctor Sánchez. 12 De hecho, es un folleto extremadamente raro, que no he localizado en biblioteca alguna, a pesar de haber consultado decenas de catálogos disponibles a través de internet. Por fortuna, he accedido a una copia digital del ejemplar perteneciente a la “Colección JAM–Béjar”, de Juan José Antúnez Muñoz de la Peña, amablemente facilitada por Antonio Sánchez Sánchez. 13 Le dedican unas líneas Olleros Petit (1968), García Martínez (1986) y Sánchez Sánchez (2011). También Majada Neila (2003 [1968]), el único que aporta información nueva y original: la fecha de su partida de nacimiento. luis ángel sánchez gómez 33 3. EL GIGANTE ANTES DE SER “EL GIGANTE” Víctor Sánchez Carrero viene al mundo en Béjar, el 12 de abril de 1847. El registro de la parroquia de San Juan Bautista, donde es bautizado, guarda una pequeña sorpresa, pues allí se anota que el nombre del padre es Crisanto Sánchez Carrero, y Teodora Cha- morro el de la madre14. La información resulta incontrovertible, por lo que los verdaderos apellidos de nuestro protagonista son Sánchez Chamorro. Quizás porque no le agrada su sonoridad, o por cualquier otra razón que desconocemos, parece que desde el momento en que asume el rol de “gigante profesional”, Víctor abandona el apellido materno y deci- de utilizar los dos primeros del padre. Lo curioso es que Zúñiga no advierta del cambio. Como es habitual en estos casos, apenas sabemos nada de la infancia y la juventud del muchacho, pues nada extraordinario sucede y nadie deja constancia de ello. Las biografías populares de los gigantes acromegálicos suelen anotar que su desmedido crecimiento se dispara tras padecer una extraña enfermedad, que se presenta de forma repentina durante la adolescencia o poco después. En el caso de Víctor, sus primeros veintinueve años de vida se recogen en el citado folleto de la Academia Médico-Farmacéutica de Barcelona, y se resumen en unas pocas líneas centradas justamente en el análisis de esa presunta enfer- medad. Con un padre de regular estatura y una madre más bien baja, su infancia habría transcurrido sin problemas de salud dignos de mención; es más, hasta los 17 años su talla habría sido incluso inferior a la de los chavales de su edad. Pero, entonces, se vio “un día acometido por un intenso y pertinaz dolor de costado […] en la parte superior y anterior del tórax, inmediatamente por debajo de la clavícula” (Badía y Montero, 1877: 6)15. Pese a lo impreciso de la información disponible, los firmantes del dictamen diagnostican una flogosis pulmonar, es decir, algún tipo de inflamación en los pulmones. Sea cual fuere su etiología, la gravedad del mal obliga al enfermo a permanecer en cama durante “una larga temporada”, cuya duración no se precisa. Cuando mejora, descubre algo tan sorprendente como increíble: debido a que durante la mayor parte del tiempo que estuvo encamado se vio forzado, no está claro por qué, a mantener las piernas recogidas, al estirarlas comprue- ba “que traspasan los extremos de la cama”. Supuestamente, Víctor habría crecido dos palmos (¡casi 42 centímetros!) en solo seis semanas. A partir de ese momento comienza a ingerir alimentos con notable voracidad, que corre paralela a un constante e imparable aumento de talla. Aunque Badía y Montero lo asumen como cierto, es evidente que el re- lato de la presunta enfermedad y del súbito crecimiento de nuestro protagonista se cons- truye con el único objetivo de atraer la atención del público. Es cierto que, dependiendo de la cantidad de hormona de crecimiento que produzca su hipófisis, un enfermo de 14 Archivo Parroquial de San Juan Bautista de Béjar, libro 11 de bautismos, folio 230 vuelto, número 77 (Majada Neila, 2003: 31). 15 Aunque en el texto se anota de forma explícita que la enfermedad se habría contraído a los 17 años, más adelante (p. 13) la sitúan en el año de 1871, algo que luego repite Zúñiga. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 34 gigantismo o acromegalia no tratado puede aumentar su talla de forma rápida e intensa, si lo comparamos con una persona “normal”, pero nunca se llega a tales extremos. Los escasos datos que ofrecen los citados médicos sobre la infancia y juventud del be- jarano son ligeramente ampliados, y en parte alterados, por Zúñiga (1922a). Además de anotar que vivió en la zona de Barrionuevo, asegura que fue una pulmonía la enfermedad que habría padecido en 1871, aunque entonces no tendría 17 sino 24 años. Repite lo del increíble estirón de dos palmos en seis semanas e introduce un dato que también está presente en las biografías apócrifas del Gigante Extremeño: que, ante tan extraordinaria coyuntura, el padre se vio obligado a “abrir un boquete en el tabique de la alcoba” para que el chaval pudiera estirar las piernas. La anécdota es un poco absurda, pero debía de resultar sugerente. Una vez recuperado de su enfermedad, y pese a la vergüenza que siente al salir a la calle con tan notable talla, Víctor recupera el trabajo de tejedor en el que su- puestamente estaba empleado. Pero, como “ningún telar le resistía por el peso que había adquirido”, deja el oficio y se dedica a la venta ambulante de jabón, “llegando a tener una gran clientela por la simpatía que causaba su estado y por la facilidad de alcanzar a los balcones y por ellos comerciar sin la molestia de bajar a la calle sus clientas” (Zúñiga, 1922a: 2). La noticia, real o no, de que nuestro protagonista fue vendedor ambulante de jabón, ha inducido a algunos a pensar que la estatua instalada en la población salmantina de Aldeavieja de Tormes, que representa precisamente a un joven voceando jabones, se levantó como homenaje al bejarano. Ciertamente, el burro que transporta la mercancía es muy pequeño, pues apenas alcanza la cintura de su dueño, pero nada tiene que ver el monumento (creado por la escultora salmantina Elisa Merino) con el muchachote de Bé- jar. Se trata de un homenaje genérico del pueblo de Aldeavieja a los arrieros y vendedores ambulantes, actividad a la que se dedicaron antaño no pocos vecinos de la localidad. Si retornamos al escrito de Zúñiga (1922a), comprobamos que continúa ofreciendo datos sobre la juventud de Víctor que resulta imposible contrastar. Dice que fue quinto del año 1867, pero que se libró del servicio militar por tener los pies planos y “verse pre- cisado a andar apoyado en alguien”. Pese a todo, continuó creciendo, “adquiriendo gran fuerza” y dando muestras de su tremenda voracidad, circunstancias estas dos últimas que se repiten en los relatos apócrifos de todos los gigantes acromegálicos famosos y que casi nunca se ajustan a la realidad. Por fin, en un momento impreciso, un vecino avispado, Genaro Gil Pacheco, se convence de que el gran Vítor, antaño Vitín, es un verdadero diamante en bruto y de que su exhibición ante el público los haría ricos a ambos. Gil se compromete a invertir el capital necesario para dar inicio a la empresa y le asegura que solo él asumiría las pérdidas si el negocio fracasara. Tras cierta resistencia inicial, Víctor acepta el trato. Preparan “unas banderas, unos faroles de aceite, unas velas, un traje de levita y chistera” y en un “modesto carro de mulas” se lanzan a recorrer mundo16. 16 En 1876, cuando Víctor inicia sus exhibiciones, España cuenta con una red ferroviaria relativa- mente extensa, pese a su arranque tardío. Puede que en trayectos cortos viaje en carro de mulas, o quizás luis ángel sánchez gómez 35 4. DE BÉJAR AL PALACIO REAL DE MADRID Aunque Zúñiga no anota la fecha en la que Víctor comienza su periplo exhibidor, se- guramente arranca en la primavera de 1876. Tiene 29 años recién cumplidos, una edad muy avanzada para lo que es habitual en las biografías de los enfermos de acromegalia, pues la explotación económica de sus corpachones suele iniciarse en torno a la veintena (y terminar poco después de los 30, por fallecimiento del protagonista). Cabe la posibili- dad de que se hubiera exhibido siendo más joven, quizás en un entorno geográfico cerca- no, sin proyección hacia el exterior. En todo caso, la primera mención que he localizado en la prensa sobre las exhibiciones del bejarano se publica el 21 de mayo de 1876, en el diario satírico madrileño El Cascabel. La anotación se recoge en la sección “Cosas del día”, que tiene el formato de un diálogo irónico-humorístico. No es propiamente una noticia, ni publicidad pagada, por lo que debemos asumir que el personaje lleva algunos días en la capital y goza ya de cierta popularidad. Merece la pena transcribir el texto: —No dirá Vd. que no han venido elevados personajes a visitar Madrid. —Ya lo creo; la giganta francesa y el gigante bejarano: son dos verdaderas eminencias. —Ahí tiene Vd. dos personas que por ley de buen gobierno debían casarse, porque harían una pareja monumental, y por muy graves circunstancias que les rodearan, siempre domina- rían la situación. —¿Y dónde está ese gigante? —En donde viven todos los hombres de talla… en la calle de Alcalá. No he podido identificar el personaje femenino que se exhibe en Madrid al tiempo que lo hace el bejarano, pero debo anotar que, aunque con menor frecuencia, también se presentan en público mujeres gigantes durante los siglos XVIII, XIX y primeras déca- das del XX. De hecho, la enfermedad que causa de forma mayoritaria su extraordinario crecimiento afecta en porcentajes similares a hombres y a mujeres, si bien es cierto que los varones alcanzan mayor talla. En todo caso, el de Béjar y la ciudadana francesa se exhiben de forma independiente. Si es cierto que el acompañante y “promotor” de Víctor es Genaro Gil, ambos pu- dieron haberse detenido en alguna población importante y organizar alguna exhibición previa a su llegada a Madrid. Pero su objetivo era la capital del reino, allí era donde espe- raban ganar unas buenas pesetas. Veamos cómo describe Zúñiga (1922b: 4-5) el estreno de esa primera experiencia madrileña: Llegaron a Madrid y se instalaron en una casa de huéspedes modesta, en cuyo portal pudiera presentarse al público. Pusieron banderas en la pared, un organillo a la puerta, ilumi- en diligencia; no obstante, el ferrocarril es sin duda la forma de transporte a la que recurre en los trayectos largos. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 36 naron el teatro con lámparas de petróleo y velas y anunciaron por las esquinas y periódicos su exhibición, que desde el primer momento fue un exitazo. La entrada costaba un real; cuando se reunían 20 o 30 espectadores, pues más no cabían, se levantaba Vitín, que estaba sentado en dos sillas, pues una sola no le resistía su peso, y decía poco más o menos: —Soy hijo de Béjar; tengo 22 años de edad; peso 144 kilos; mido 2,20 metros; me pro- viene la estatura de una enfermedad que tuve, en la cual crecí medio metro en 6 semanas. Con un bastonazo en la mano de metro y medio de alto, según se ve en su fotografía, extendía los brazos para demostrar podía abarcar mayor tamaño y entonces cogía un palo de cerca de tres metros, que tocaba de punta a punta. En esto consistía el espectáculo. Salía el público y volvía a entrar otro nuevo, y así estaba renovándose, desde las tres de la tarde que empezaban hasta las cuatro de la madrugada17. Esta información debe ser matizada. Aunque enseguida veremos que, efectivamente, durante su estancia en Barcelona se exhibe en una fonda, es mucho más frecuente que los gigantes decimonónicos se muestren en viviendas particulares situadas en el piso “principal” de una calle concurrida. También es posible la presentación en cafés o salas de espectáculos, y quizás Víctor lo hiciera. Lo que sí debo advertir es que en España y en la mayoría de los países europeos el mundo del circo les resulta completamente ajeno durante todo el siglo XIX. En todo caso, ya se trate de pisos, fondas o cafés, es impor- tante que el espectáculo se anuncie mediante folletos de mano, carteles dispuestos “por las esquinas” y anuncios contratados en los periódicos. De esta primera exhibición en Madrid, que debió de extenderse durante los meses de mayo y junio de 1876, la información disponible es muy escasa, aunque interesante. Extrañamente, hasta el momento no he documentado ningún anuncio explícito entre el amplio listado de cabeceras de prensa que ofrece la Hemeroteca Digital, mantenida por la Biblioteca Nacional, el más completo repertorio de prensa periódica virtual de que disponemos en España18. Quizás se contrata en algún periódico todavía no indexado, o en algún número no conservado. Sin embargo, la prensa sí recoge una información muy particular, de especial relevancia para nuestro protagonista. En efecto, los días 6 y 7 de junio de 1876, al menos tres diarios de Madrid (Diario Oficial de Avisos, La Iberia y La Correspondencia de España) publican un breve suelto con el siguiente contenido: “S. M. el rey ha enviado hoy 2000 rs. [reales] al gigante bejarano que se exhibe en la calle de Al- calá, y el cual fue presentado días pasados al monarca”. El interés más o menos morboso del rey por los gigantes lo compartieron y disfrutaron ya algunos de sus antepasados: Carlos IV recibió a un gigante italiano y al citado gigante americano Pedro Antonio Cano; por su parte, Isabel II, siendo apenas una niña, pudo contemplar en palacio a 17 Obviamente, esta indicación de que se exhibe hasta las cuatro de la madrugada es un error o un des- piste de Zúñiga. Lo habitual es que el espectáculo termine entre las nueve y las once de la noche. 18 Esta es su dirección de internet: http://hemerotecadigital.bne.es. luis ángel sánchez gómez 37 Miguel Joaquín Eleicegui, el famoso Gigante Vasco. Ahora, es el también joven rey Al- fonso XII quien desea conocer al nuevo gigante que ha entrado en escena. No obstante, lo llamativo de este encuentro, que se produce el 3 de junio, es precisamente el generoso regalo que pocos días después recibe el bejarano: nada menos que 2000 reales (500 pesetas). ¿Por qué se muestra tan magnánimo el monarca? A fin de cuentas, nadie men- ciona que Víctor se encuentre necesitado; es más, parece que está ganando unos buenos dineros con sus presentaciones. Encontramos la explicación de tan singular conducta en una desgracia ajena que había tenido lugar en la misma ciudad de Madrid, pocos meses antes de la llegada de Víctor. El desventurado protagonista de aquel acontecimiento fue el ya citado Agustín Luengo Capilla, el Gigante Extremeño. De estatura más elevada que el bejarano (muere con 2,30 metros), el pacense había sido recibido por Alfonso XII en octubre de 1875. En aquella ocasión, el rey no se dignó entregar donativo alguno al interfecto, ni siquiera esas botas descomunales que algunos relatos apócrifos mencionan. Gravemente enfermo a causa de las dolencias secundarias (comorbilidades, en lenguaje médico) asociadas a la acromegalia, Luengo moría al cabo de unas pocas semanas en la más absoluta indigencia (Sánchez Gómez, 2017). Ahora, en junio de 1876, quizás para evitar que algo semejante vuelva a producirse y para que nadie le pueda recriminar su falta de humanidad y caridad cristiana, Alfonso XII opta por entregar a Víctor tan regio regalo. Debió de ser recibido con orgullo y una enorme alegría. Era una magnífica forma de comenzar su carrera como “gigante profesional”. Por otra parte, quizás sea cierto lo que apunta Zúñiga (1922b: 5), cuando dice que “Su Majestad le ofreció lo que quisiera: un puesto en la Real Escolta, que no pudo aceptar por carecer de puente en los pies y por no poder montar, debido a lo largo de sus piernas y a su peso. Luego le ofreció un estanco vitalicio en el pueblo que quisiera y tampoco le aceptó, porque comprendía que su porvenir estaba en exhibirse”. Y así era: nada le habría de resultar más rentable que mostrar en público su corpachón. En efecto, los dos mil reales del rey se suman a unos ingresos que parecen haber sido suculentos ya durante su primera experiencia madrileña. ¿Cuánto ganan? Zúñiga (1922b: 5) dice que “el negocio era productivo, cada día sacaban de 40 a 50 duros”. Teniendo en cuenta que la entrada costaba un real (pagaban medio real los niños y los militares sin graduación, como era habitual entonces), para alcanzar esas cifras tendría que haber asistido al espectáculo un mínimo de entre 800 y 1000 personas al día. Si la jornada laboral se extiende durante ocho horas y cada diez minutos entran en el local de exhibición entre veinte y treinta personas, ciertamente es posible alcanzar esas cifras, pero se requiere un flujo constante de público y unas presentaciones sin descanso para el protagonista. Lo más probable es que el negocio fuera rentable, pero no hasta ese extremo. Lo que no sabemos a ciencia cierta es dónde se presenta. El único dato docu- mentado en la prensa lo sitúa en la calle de Alcalá, sin duda la principal vía de Madrid en aquellos años. Quizás ocupara una fonda, o un piso particular, pero también pudo haberse mostrado en un gran café. De haber sido así, podemos aventurarnos a pensar víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 38 que se exhibiera en el famoso café “El Brillante”, situado en los antiguos números 18-20 de tan afamada vía, en la parte trasera del solar donde a finales de siglo se levanta el gran edificio de La Equitativa, luego sede central del Banco Español de Crédito y hoy la mera fachada de un hotel y gran centro comercial en construcción19. Sea cual fuere el lugar de exhibición, ¿en qué consisten sus actuaciones? Pues, como indica Zúñiga en su segundo artículo (1922b), Víctor hace lo que hicieron todos los gigantes que se exhibieron antes que él y lo que continuarán haciendo los que se exhi- ban después: levantarse de una silla, caminar ante los atónitos espectadores, abrir sus brazos en cruz, pasarlos por encima de las cabezas de los varones asistentes y desafiar a quien fuere capaz de superar su talla. Eso es todo. Es cierto que otros gigantes, como el citado Eleicegui, participan también en algún tipo de escenificación, casi siempre inte- ractuando con una o varias personas de talla reducida, para destacar así la inmensidad del grandón y la insignificancia de su acompañante. Y, aunque sin tales “socios” de por medio, algo singular termina haciendo también el bejarano, como enseguida veremos. Por el momento, no disponemos de información sobre el tiempo que permanecen en Madrid. Es poco probable que se queden en la capital durante los meses de julio y agosto, pues los calores madrileños no son propicios para la organización de espectácu- los, aunque sean tan simples como el del bejarano. Sin concretar cuándo, Zúñiga asegura que salen de la Corte en dirección a Barcelona. Sin embargo, por un documento que este mismo autor aporta parece que no fueron directamente hacia Cataluña. Debieron de encaminarse hacia el norte, adentrándose incluso de forma tímida en territorio fran- cés. Así, entre julio y octubre de ese mismo año de 1876 Víctor se habría presentado en Valladolid, Burgos, Vitoria, Bilbao, San Sebastián, Biarritz, Bayona, Haro, Logroño y Zaragoza. Por fin, en la segunda mitad de octubre recala en Barcelona. Afortunada- mente, la experiencia catalana está mejor documentada que la madrileña; además, ofrece novedades de interés20. 5. TRIUNFO ZARZUELERO EN BARCELONA Lo primero que debo destacar es que su paso por Barcelona se anuncia con profusión en la prensa, sobre todo en el diario La Imprenta que, como su subtítulo indica (Diario de avisos, noticias y decretos), está especializado en informar sobre todo tipo de eventos, tanto públicos como privados. Aunque su diseño no incluye imágenes ni alardes tipo- gráficos, todo hace pensar que el diario circula bien entre la población barcelonesa. La propaganda que insertan Víctor y su promotor es muy básica y no aparece en un lugar 19 Puede encontrarse interesante información sobre el local en el blog “Antiguos cafés de Madrid y otras cosas de la Villa”, de M. R. Giménez (http://antiguoscafesdemadrid.blogspot.com.es/2014/03/el-cafe-de- el-brillante-de-la-calle-de.html). 20 Para documentar la presencia del bejarano en la prensa catalana, he consultado el Arxiu de Revistes Catalanes Antigues, mantenido por la Biblioteca de Catalunya (https://arca.bnc.cat). luis ángel sánchez gómez 39 destacado, pero contiene la información necesaria para llamar la atención del público. Esto es lo que se anota, y luego se repite durante varios días, en el primer anuncio docu- mentado, el 31 de octubre de 1876: EL GIGANTE ESPAÑOL BEJARANO sin rival en el mundo. Víctor Sánchez Carrero, natural de Béjar (Salamanca), mide 2 metros 20 centímetros o sean 11 palmos y 1/2 catala- nes, pesa 144 kilogramos o sean 14 arrobas catalanas. Entrada 1 real. Calle de San Pablo, 15, “Fonda Oriental Igualadina”. 250 pesetas de pre- mio al que se presente de su estatura. Se exhibe de 10 a 1 y de 3 a 11 de la noche. En esta ocasión, Víctor fusiona en uno los dos nombres artísticos con los que se pre- senta durante toda su carrera: el Gigante Español y el Gigante Bejarano. Luego, además de indicar su procedencia, ofrece los datos que más han de impresionar al lector: altura y peso. Al igual que ocurre con todos los gigantes que exhiben su anatomía, la talla ano- tada tiene algunos centímetros de más. Este anuncio no refiere la edad, pero enseguida comprobaremos que también la manipulan. El precio de entrada al espectáculo es el habitual, un real. El local, la Fonda Oriental Igualadina, está muy bien elegido. Se sitúa en la calle de San Pablo (carrer de Sant Pau), una vía muy céntrica y concurrida que parte de la Rambla de San José, justo en la esquina del Teatro del Liceo, que está a escasos cincuenta metros del establecimiento hotelero. El anuncio publicado en prensa es ciertamente escueto, pero los de Béjar saben lo que deben hacer e imprimen una hoja de mano con información mucho más detallada sobre el protagonista. No conocemos ningún ejemplar, pero Zúñiga (1922c: 5) debió de tener en sus manos una de estas hojas, quizás conservada por Mauricio, el hermano de Víctor, y tuvo el acierto de reproducirla. Su contenido dice así: BARCELONESES: EL GIGANTE ESPAÑOL BEJARANO, sin rival en el mundo. Don Víctor Sánchez Carrero, de 22 años de edad, natural de Béjar, provincia de Sa- lamanca, que mide 2 metros y 20 centímetros, o sean 11 palmos y medio catalanes de estatura y tiene el peso de 144 kilos, o sean unas 14 arrobas catalanas; saluda al público de Barcelona, ante el cual tiene el gusto de presentarse. Lo que se necesita para el traje para exhibirse el gigante de caballero son 9 varas de paño de 7 palmos de ancho para el traje, por la camisa 7 varas de tela, 5 varas para los cal- zoncillos, las botas 2 palmos de longitud y de brazo a brazo tiene 13 palmos de longitud. Este joven, que no tiene pelo de barba y está favorecido de bellas formas, después de haberse exhibido por primera vez en Madrid, ha llamado justamente la atención a los públicos de Valladolid, Burgos, San Sebastián, Biarritz, Bayona, Bilbao, Vitoria, Logroño, Haro y Zaragoza, quedando estos en extremo admirados de su colosal talla y hermosa figura. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 40 Llamado el gigante español a Palacio por Su Majestad el Rey don Alfonso XII en 3 de junio del corriente año y en presencia de su augusta hermana la princesa de Asturias, el Duque de Sexto, la Condesa de Santa Cruz y otros distinguidos personajes, se le hizo pa- sear repetidas veces por los salones del Palacio, pasando Su Majestad por debajo del brazo colocado horizontalmente. Sumamente admirado el Rey de la colosal estatura de Sánchez Carrero, le regaló 500 pesetas, de que se ocupó la prensa española. El gigante español regala 250 pesetas a aquel que se presente de su estatura. Esto mismo ha ofrecido en Madrid y en todas las capitales que se ha exhibido; teniendo entendido que el que aspire al premio será despojado, al igual que el gigante, del calzado, al objeto de no dar lugar a supercherías, como ha sucedido a otros espectáculos extranjeros. A caballeros de diversas naciones, como ingleses, prusianos, italianos, suizos, suecos, noruegos, finlandeses y particularmente a la tan nombrada talla del tambor mayor de Bayona (Francia), ha aventajado el gigante español 20 centímetros de estatura, habiendo mediado con este objeto numerosas apuestas. En Madrid, el señor Duque de Huesca y otros varios señores tuvieron el gusto de llamarle a domicilio, entre ellos don Emilio Castelar, siendo complacido y obsequiado por todos ellos, los que quedaron altamente sorprendidos de la estatura del favorecido gigante español. Con el fin de que todas las clases de la sociedad puedan pasar a visitarle, ha creído conveniente poner la entrada a real; los militares sin graduación a medio real. Con el objeto de que la numerosa concurrencia que diariamente acude a verle pueda disfrutar de mayor comodidad, se exhibe desde las tres de la tarde a las once de la noche en Barcelona, Calle de San Pablo, 15, Fonda Oriental Igualadina. Al propio tiempo debe manifestar su gratitud al pueblo barcelonés por las muestras de distinción con que le ha favorecido. Barcelona, noviembre 1876. Como es habitual en este tipo de publicidad, desde el mismísimo encabezamiento el personaje se adorna de unas cualidades poco menos que sobrehumanas. No es un gi- gante cualquiera, es “El Gigante Español, Bejarano” y, claro, no tiene rival en el mundo. Enseguida se presentan sus datos personales, y también enseguida arrancan las primeras mentiras, aunque quizás podemos calificarlas como simples mentirijillas. La primera es la relativa a la edad. En noviembre de 1876 Víctor tiene ya 29 años y seis meses cumpli- dos, no 22. Restar años a los gigantes que se exhiben parece una obligación; lo mismo hacía en sus presentaciones Miguel Joaquín Eleicegui, el Gigante Vasco. La razón es obvia: vender juventud es siempre más rentable que vender madurez. Además, las altera- ciones hormonales que padecen los enfermos de gigantismo, como es el caso de Víctor, tienen entre sus variadas consecuencias el hipogonadismo y una escasa producción de vello corporal; de ahí que siempre se llame la atención sobre la condición barbilampiña de estos personajes. La estatura citada tampoco es la correcta: se han añadido ocho cen- tímetros. Podemos precisar el alcance del engaño porque el caso de Víctor es uno de los luis ángel sánchez gómez 41 pocos que cuenta con una medición certificada por personal médico. El dato se recoge en el citado informe de la Academia Médico-Farmacéutica de Barcelona, realizado preci- samente entonces, en noviembre de 1876. El texto anota que su altura total, descalzo, es de 2,12 metros; sus brazos en cruz abarcan una distancia aún mayor: 2,32 metros (Badía y Montero, 1822: 10). La cifra de 2,20 m impone más que la de 2,12 m y, al fin y al cabo, nadie se va a molestar en comprobar la talla del gigante durante sus presentaciones. Lo que no puedo confirmar es el dato del peso, pues el folleto que cito no lo certifica. Es irrelevante determinar si la información que se ofrece sobre la cantidad de tela necesaria para vestirle es la correcta; lo importante es que impresiona, igual que el tamaño de sus botas. La nota refiere también las poblaciones que ha visitado y apunta un dato cierto y especialmente relevante para su carrera como gigante profesional: la visita al rey Alfon- so XII en palacio. También se anota con orgullo que ha sido llamado a los domicilios particulares de dos importantes personajes que, además, no pueden presentar calidades y cualidades más contrapuestas: el político Emilio Castelar y el Duque de Huéscar21. Se jacta el gigante de superar en talla a cualquier individuo conocido, y recurre a una estra- tegia publicitaria ciertamente atractiva: ofrece la muy respetable cantidad de 250 pesetas a quien “se presente de su estatura”, siempre que se le mida descalzo, por supuesto. El escrito termina informando del precio de la entrada y el lugar de exhibición que, como vimos, es una céntrica fonda barcelonesa. Durante todo el mes de noviembre y parte de diciembre Víctor se exhibe en dicho establecimiento en la forma habitual. Quizás son demasiadas horas al día y es posible que se aburra, pero lo cierto es que su “trabajo” no puede considerarse agotador: se pasea ante el público y poco más. Muy pronto su presencia en Barcelona se convierte en todo un reclamo; el personaje se hace ciertamente popular. La atracción que ejerce entre el público no pasa desapercibida a nadie, pero hay alguien que la observa y valora desde una perspectiva particular. Es alguien que pretende rentabilizarla en beneficio propio, aunque, obviamente, también le habrá de resultar provechosa al bejarano. El individuo en cuestión es Albert de Sicilia Llanas (1841-1915), propietario del Teatro del Circo barcelonés, levantado en la calle de Monserrat, y su apuesta resulta novedosa: que el de Béjar participe en una famosa zarzuela. Las negociaciones tuvieron que ser rápidas y perfectamente asumibles por ambas partes, pues el debut del muchachote tiene lugar el 23 de diciembre22. Así es como se anuncia ese mismo día en La Crónica de Catalunya: 21 El ducado de Huesca citado en la nota no existe. Sin duda se trata del ducado de Huéscar, y el aludido tiene que ser Carlos Fitz-James Stuart y Palafox (1849-1901), XVI duque de Alba. Acudir a domicilios de particulares pudientes es una estrategia habitual de los gigantes que se exhiben durante la segunda mitad del siglo XIX. El cliente puede disfrutar del espectáculo en casa, sin necesidad de desplazarse y sin sufrir aglomeraciones de público. 22 Al día siguiente se hace eco del nuevo espectáculo el diario madrileño La Iberia. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 42 TEATRO DEL CIRCO. Función para hoy sábado 23. Debut del célebre gigante Víc- tor Sánchez Carrero, que desempeñará el papel de madgyar encargado de seguir la pista al leguito. A las 8. Entrada, 2 rs.[reales]. Primera representación de la popular zarzuela de gran espectáculo en 4 actos, titulada: “Los madgyares”. La empresa no ha omitido gasto, sacrificio, ni diligencia hasta conseguir el ajuste del Gi- gante bejarano, que desempeñará el papel de magyar, encargado de seguir la pista al leguito. A pesar de que el expresado ajuste aumenta el presupuesto de gastos en una cantidad mucho mayor de la que el público puede suponer, no sufrirán variación alguna los precios de las localidades ni el de la entrada general, que solo costará 2 reales. Representada de forma reiterada en España durante las décadas de 1860 y 1870, el éxito que alcanza en Barcelona la zarzuela “Los magiares” tras la inclusión de Víctor en el reparto es arrollador23. Como dicen los anuncios de prensa, el empresario del Teatro Circo ha sumado al elenco a un individuo extraordinariamente singular, y nada bara- to: un verdadero gigante, que no necesita cantar ni pronunciar una sola palabra para triunfar. En efecto, su tarea se reduce a mostrar su corpachón asumiendo el papel de un soldado magiar que “espía” de cerca y sin descanso a fray José, un campechano fraile lego que protege de forma valerosa a la emperatriz María Teresa de Austria, amenazada por un complot que han urdido sus enemigos en territorio húngaro, a mediados del siglo XVIII. Son apenas cuatro semanas de representación, pues parece que la última función tiene lugar el 28 de enero de 187724, pero el dinero fluye a raudales. Dos días antes de la despedida se anuncia una “función especial a beneficio del gigante bejarano”, con la representación de “Los magiares” y “Los estanqueros aéreos” (una zarzuela cómica) y, como evento estelar, entre una y otra “se presentará en el salón de descanso el gigante bejarano, vestido de Magyar, para tener el gusto de estrechar la mano a sus numerosos amigos y admiradores”25. La participación del bejarano en esta zarzuela se convierte en un acontecimiento me- morable para la ciudad y, más aún, para el avispado empresario que le ha contratado26. Casi seis décadas después, en un artículo que rememora la vida teatral de entonces, se asegura que aquel espectáculo hizo ganar mucho dinero a Llanas (Moragas, 1934). Y narra también una sugerente anécdota, en catalán en el original: 23 Con música de Joaquín Romualdo Gaztambide y libreto de Luis de Olona, la ópera se estrenó en abril de 1857 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Su título se transcribe como Los Madgyares, Los Mag- yares o Los Magiares; también en minúscula. 24 La Imprenta, 27 de enero de 1877. 25 La Imprenta, 11 de enero de 1877. En 1850 hubo un intento de incluir a Miguel Joaquín Eleicegui, el Gigante Vasco, en el elenco de una de las primeras óperas representadas en el Teatro Real de Madrid, entonces recién inaugurado, asumiendo el papel de granadero o tambor mayor. Sin embargo, las protestas de los puristas lo impidieron (Sánchez Gómez, 2018b: 175-177). 26 Curiosamente, en otra zarzuela representada en Barcelona en 1877 se cita al bejarano, en el libreto, como uno de los entretenimientos públicos más relevantes del año anterior (Campmany y Manent, 1877: 14). luis ángel sánchez gómez 43 Siendo empresario del Circo Barcelonés de la calle de Monserrat, [Llanas] ganó mucho dinero con la zarzuela Los Magiares. Uno de los atractivos del espectáculo era que salía a escena el popular gigante Bejarano. Dos metros veinte centímetros de altura. Pero el gigante, habitualmente manso, llegó un día en que se rebeló contra Llanas. Bejarano quería salir a la calle. El empresario se oponía rotundamente, alegando, con razón, que si la gente veía al gigante Bejarano paseando por la Rambla, por la noche no acudiría al teatro. Al final se halló una fórmula conciliadora para que el gigante pudiera pasear sin que nadie lo viera. Cada noche, una vez terminada la función, el gigante saldría por el paseo de Muralla a dar una vuelta hasta el Portal de Mar. Eso sí, en compañía del señor Llanas, para que no se le ocurriera caminar por otros lugares. Pero como Llanas no quería salir acompañado única- mente por los dos metros veinte de la acreditada estatura del gigante, buscó un par de amigos con quienes poder charlar mientras pastoreaba al Bejarano. Los amigos con quienes Llanas paseaba al fenómeno eran Josep Maria Pascual, crítico musical de La Publicidad, y mi padre. La impronta que deja Víctor en Barcelona como fenómeno extraordinario es muy notable. Durante las décadas de 1880, 1890 y 1900 su nombre aparece aún en la prensa capitalina cuando se quiere destacar el tamaño de algo o de alguien. Pero lo más inte- resante de esta longeva proyección periodística del bejarano es que en 1902 el propio Albert de Sicilia Llanas refiere lo que supuso su presencia en la zarzuela Los magiares. Afirma que el día del debut recaudó 425 duros, llegando a acumular 3.000 solo en las seis primeras representaciones. Luego, los días de fiesta ingresaba en torno a los 950 duros cada noche y los laborables no menos de 300. El gigante, en realidad su repre- sentante, recibía 16 duros por cada función, una cantidad muy inferior a la que según Zúñiga habría conseguido con sus exhibiciones diarias en Madrid, que sin duda están sobredimensionadas. En cualquier caso, y como era previsible, la mayor y más suculenta tajada del contrato firmado entre Llanas y el bejarano se la lleva el empresario catalán27. 6. REGRESO A MADRID, VIAJES A PORTUGAL Y UN FINAL EN LA PENUMBRA Aunque la prensa catalana afirma que Víctor parte de Barcelona en dirección a An- dalucía, puedo confirmar que a mediados del mes de febrero de 1877 continúa en Ca- taluña, concretamente en Gerona. Se muestra en el café del Recreo, en el número 13 de la calle de la Albareda (carrer de L’Albereda), sólo durante tres días, al precio habitual de un real y con un horario ciertamente prolongado: el viernes desde la una de la tarde hasta las diez de la noche; sábado y domingo desde las diez de la mañana hasta las once de la noche28. 27 De hecho, el empresario intenta mantener el negocio contratando a un presunto “gigante catalán” para cubrir la ausencia del bejarano. Sin embargo, todo parece indicar que el sustituto “no estuvo a su altu- ra”. La introducción de este nuevo personaje se anuncia en La Imprenta, los días 24 y 25 de febrero de 1877. 28 La Lucha, 16 de febrero de 1877. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 44 En mayo se encuentra de vuelta en Madrid, mostrándose de nuevo en la calle de Al- calá. Parece que durante un tiempo le cuesta recuperar el interés del público. Al menos eso afirma el diario El Globo, el 21 de mayo de 1877, donde se indica que el gigante “es- pera inútilmente detrás de sus cortinas rameadas la visita de los madrileños”29. Consiga o no enderezar el asunto, a finales de mes cambia de local y de actividad, pero sin salir de Madrid. Tratando de repetir el éxito de Barcelona, aunque sin duda con diferente empresario, participa de nuevo en la zarzuela Los magiares, que se representa con dos funciones diarias en el Teatro de Novedades30. Da la impresión de que la obra no alcanza ni de lejos el éxito que tuviera en la Ciudad Condal, pero eso no impide que Víctor siga apareciendo de forma esporádica en la prensa madrileña, aunque sea en tono de guasa. El 8 de julio el diario cómico El Cascabel publica una pequeña imagen que muestra a un individuo con chistera amedrentado ante el tamaño descomunal de un par de botas, de cerca de tres metros de altura (figura 3). Son “las botas del jigante”, y esto es lo que dice el pie de la imagen: “Alarmado un consejero de Estado por las grietas que se abrieron al Consejo, lleva al Gobierno las botas del jigante bejarano, a fin de proponer se instalen en ellas las oficinas”. Y todavía el 28 de diciembre de 1877, el día de los Santos Inocentes, La Correspondencia de España publica la siguiente nota humorística: “Ha sido agraciado con el título de Grande de España el gigante bejarano”. Litografía publicada en El Cascabel, el 8 de julio de 1877. 29 El texto indica que Víctor se exhibe, efectivamente, “en la calle de Alcalá, junto a la travesía de Peli- gros”, es decir, la actual calle de la Virgen de los Peligros. Justo en esa zona se encontraba el citado café “El Brillante”, por lo que asumo que era allí donde se presentó entonces y el año anterior. 30 La Época, 30 de mayo; Diario Oficial de Avisos, 31 de mayo de 1877. luis ángel sánchez gómez 45 Desconozco si se exhibe durante el año siguiente, en 1878. Quizás retorna un tiempo a Béjar, pues no volvemos a encontrar mención suya en la prensa hasta junio de 1879. Eso sí, el lugar donde entonces se presenta está muy alejado de su tierra natal, pues se trata nada menos que de Alicante31, por lo que debemos suponer que se ha exhibido en otras localidades antes de llegar a la costa levantina. Asegura el anuncio de prensa que tiene 23 años, aunque ha cumplido ya los 32, y siguen indicando que mide 2,20 metros. No sabemos si este dato es cierto, pero extraña que no se anote una cifra superior tras dos años de exhibiciones. Quizás había crecido realmente ocho centímetros con respecto a la medida anotada en el dictamen de 1877 y se conforman con decir la verdad; aunque también pudo ser que su crecimiento se hubiera detenido poco después de aquella fecha, y que ya no fuera posible jugar con las cifras. Tras su paso por Alicante, de nuevo transcurre un año en blanco, aunque resulta impo- sible confirmar si realmente se toma un descanso. Si continúa con sus exhibiciones, tengo la impresión de que su fama decrece, de que ya no tiene fácil ganar los dineros como an- taño y de que ahora el espectáculo resulta mucho menos atrayente para todos, empezando por el propio Víctor. El 26 de junio de 1880 El Porvenir de León arroja de nuevo luz sobre nuestro protagonista. Es un escrito que lamenta el pobre contenido de las ferias y fiestas de la ciudad y donde se afirma lo siguiente: “Por lo demás, no se conoce que había feria en materia de comercios, ni espectáculos, ni otras diversiones, nada, en una palabra, fuera del bejarano y gigante español que mide dos metros y 20 centímetros”. Vaya, que gracias al grandón de Béjar las fiestas no fueron un completo fiasco. La talla que apuntan sigue siendo la misma, por lo que es muy probable que fuera la máxima que alcanzara. A finales de ese mismo verano de 1880 regresa por fin a Béjar, si es que no lo había hecho antes. Lo podemos confirmar gracias a la información aparecida en una muy interesante publicación local, en La Locomotora. Revista semanal científico-literaria y de intereses locales, de la que es director y propietario Fernando Aguilar Álvarez. En el nú- mero 14, de 26 de septiembre de 1880, en la sección “Revista teatral” (pp. 105-106), se informa de que la compañía del empresario Manuel Artabeitia pone sobre el escenario del Teatro Cervantes varias obras, entre ellas una zarzuela que ya conocemos: “Los Ma- gyares”. Y, claro, entre el elenco de personajes que interviene en la obra, y pese a que ni canta ni hace nada digno de mención, Aguilar destaca la presencia del “Jigante bejarano, a quien por primera vez han visto sus paisanos en el papel de espía”. El dato es llama- tivo, pues no solo confirma que Víctor continúa en activo, sino que nos da a entender que el personaje ha logrado ser “profeta en su tierra”. Pese a todo, me asaltan las dudas en cuanto al éxito de la obra, pues la revista no vuelve a decir nada sobre el gigante, ni entonces ni al año siguiente, a pesar de que el mismo empresario retorna a Béjar con nuevos espectáculos. 31 El Graduador (Alicante), 3 de junio de 1879. Se muestra en la calle Mayor, en la “casa del Señor Palomares”. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 46 La nota aparecida en La Locomotora es la última que he localizado sobre sus andanzas en territorio español, aunque de ningún modo puedo confirmar que sea la última que se publica. Podríamos pensar que Víctor se recluye en casa y se aleja del mundo de la fa- rándula, aunque su farándula fuera más bien simple. Sin embargo, parece que no fue así. En su segundo artículo biográfico, Zúñiga (1922b: 6) asegura que Víctor habría estado cinco años fuera de Béjar durante su primer gran tour exhibidor, esto es, desde 1876 a 1880, aunque extrañamente no menciona su participación en la zarzuela representada en Béjar,32 y que tras un descanso habría retomado sus exhibiciones ese mismo año de 1880, en compañía de su hermano Mauricio, de un tal Ignacio Moral y de la esposa de este, que no identifica. Luego, ya en el tercer artículo de la serie, Zúñiga (1922c) refiere un amplio repertorio de anécdotas ocurridas entre 1880 y 1883, que habrían tenido lugar durante su segundo y tercer tours exhibidores, desarrollados ambos en Portugal hasta un momento impreciso de 1883, aunque el último periplo se habría iniciado con el propósito de dirigirse nada menos que a París. Sin concretar nunca las fechas, escribe Zúñiga que aquel año de 1880 se ponen en marcha hacia Lisboa, donde se instalan, exhibiéndose en un lugar indeterminado a 40 reales la entrada. Supuestamente, Un día vieron atravesar por la calle donde vivían la comitiva de los reyes de Portugal y de España, que habían ido a visitar a aquéllos. Se apercibieron nuestros monarcas de los carteles y de la presencia del gigante, y al pasar le saludó con la mano don Alfonso, viéndose cómo tocaba en el hombro a la reina y la hacía volver la cabeza para explicarla, sin duda, quién era el gigante. Este pequeño episodio, sin importancia al parecer, fue lo bastante para que aumentase la curiosidad del público y la fama de Vitín (Zúñiga, 1922c: 1). Alfonso XII y María Cristina visitan Portugal en enero de 1882, por lo que, de ser cierta, la anécdota habría tenido lugar en esas fechas. En todo caso, aunque resulta fac- tible que Víctor y su gente recalen efectivamente en Lisboa, pudo haber sido aquel año, el anterior o el posterior. Zúñiga refiere otro episodio lisboeta de mayor interés, que bien pudo haberse producido, pero que no he logrado documentar ni en las hemerotecas digitales, ni en los repertorios virtuales, ni en los catálogos de las principales bibliotecas portugueses (la nacional y las universitarias). Esto es lo que nos cuenta: Otro día se presentó a él un señor, solicitando que fuese a la Facultad de Medicina, don- de había 200 médicos esperándole. Vitín se negó, porque iba a empezar el espectáculo y le suponía una pérdida de ganancias. Entonces el señor le dijo que pidiese lo que quisiera, pero que se fuese con él en el coche que tenía en la puerta. Le dio 50 duros y ambos se fueron a la Facultad de Medicina. 32 A partir de este momento, me veo obligado a utilizar con profusión un tiempo verbal algo antipático: el condicional compuesto (“habría retomado”, “habría viajado”). La razón es obvia: no puedo confirmar ninguna de las noticias que Zúñiga nos ofrece sobre las andanzas de Víctor durante sus últimos años de vida. luis ángel sánchez gómez 47 Allí, en presencia de todos los médicos de Lisboa, le pusieron en pelota; le reconocieron de pies a cabeza. Él estaba de pie, desnudo, y los médicos, unos de rodillas reconociéndole los pies, otros el pecho y otros, subidos en sillas, la cabeza. Le mandaron vestir, terminada la observación y le dijeron que poseía el esqueleto mayor que se conocía, que, si le quería vender, podía dejar a su familia una buena herencia. Con el resultado de la sesión clínica, publicaron los médicos una historia del gigante que vendieron a una peseta (Zúñiga, 1922c: 1). Según Zúñiga, los lisboetas estaban tan entusiasmados con el bejarano, “que la gente se pegaba por verle”. Un empresario se ofreció incluso a llevarle gratis a París, donde le exhibiría hasta hacerle inmensamente rico. Pero Víctor prefirió quedarse en Lisboa. Allí, durante seis meses de exhibiciones, dice Zúñiga que habría reunido “libres de polvo y paja doce mil reales”, una cifra muy poco creíble. Y aún nos ofrece más información apócrifa. Para dar más lustre al personaje y destacar su bonhomía, afirma el farmacéutico que la numerosa gente de Béjar que recalaba entonces en la capital lusa no dejaba de visitarle y pedirle ayuda, porque el gigante “a todos socorría”. Tras el presunto éxito cosechado en Lisboa, Víctor habría viajado hacia el norte, visi- tando Coimbra y Oporto, en una gira siempre triunfal. Luego habría tomado de nuevo dirección sur, concluyendo su periplo en Nazaret, donde en veinticuatro días habría sacado “libres de gastos cuatro mil reales”, cantidad que de nuevo me resulta inasumible. Después, con el “bolsillo lleno”, habría retornado a Béjar. Finalmente, tras un breve des- canso, el tercer y último tour de los bejaranos habría arrancado de nuevo en fecha impre- cisa, aunque ahora con una gran novedad en mente, que muy pronto se vería frustrada: Por tercera y última vez salió Vitín, ahora solo con su hermano Mauricio y dos criados portugueses, con el propósito de ir a París, pero al pasar por Madrid enfermó Mauricio y tuvo que quedarse en el Hospital de la Princesa, tronchando los planes de la expedición; como la convalecencia era larga y el gasto no pequeño, decidió el gigante marchar a Portugal con los dos criados, en tanto se ponía bueno su hermano, estimulado por el éxito que tuvo en el otro viaje (Zúñiga, 1922c: 2). Tras recorrer varios pueblos del sur de Portugal, ahora sin la compañía y tutela de su hermano Mauricio, Víctor habría enfermado en Portimão (entonces Vilanova de Por- timão), donde al cabo de pocos días habría fallecido. Su muerte se habría producido en algún momento de 1883. “El Ayuntamiento del pueblo y todo el vecindario le acom- pañaron al entierro. Subastaron sus ropas y el vicecónsul español se hizo cargo de los intereses y los remitió a Béjar a la familia. […] Su cadáver yace en el cementerio de Vi- llanueva de Portimao, si no ha sido abierta su sepultura para llevarse el esqueleto a algún museo” (Zúñiga, 1922c: 2). Si el bejarano muere en Portimão en 1883, como dice Zúñiga, o incluso después, es algo que va a resultar prácticamente imposible de confirmar. La prensa nacional portu- guesa no parece que se hiciera eco del fallecimiento; tampoco de sus exhibiciones. Cier- víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 48 tamente, podría haberse recogido información sobre su muerte en la prensa local. Sin embargo, resulta que entre diciembre de 1882 y mayo de 1902 se documenta una grave crisis publicista en Portimão, con la consecuencia de que durante los años citados no ve la luz publicación periódica alguna en esta ciudad (Nunes, 1962: 31-32). De todas formas, se produjera o no el óbito en 1883 (y en seguida veremos que seguramente no fue así), suena a fantasía lo de que subastaran sus ropas y, más aún, que el “vicecónsul” español se hiciera cargo de los intereses de Víctor. Si realmente ganaba tanto dinero como dice Zúñiga, ¿qué sentido habría tenido subastar unas ropas poco o nada sofisticadas que, además, nadie podría usar?; ¿habría pujado por ellas algún entusiasta y apenado fan del bejarano? No, nada de esto tiene sentido. Y la intervención del diplomático tampoco resulta creíble. A finales del XIX, al menos entre 1891 y 1899, existe un consulado de España en Vila Real de Santo Antonio, en la desembocadura del Guadiana, justo enfrente de la población onubense de Ayamonte.33 No puedo confirmar que lo hubiera años antes y menos aún que, de existir, contara con un vicecónsul honorario residente en Portimão. Pero las dudas con respecto al lugar y el momento de la muerte de Víctor no termi- nan aquí. Tratando de documentar sus exhibiciones en el país luso, he revisado material hemerográfico accesible a través de las páginas webs de la Biblioteca Nacional de Por- tugal34 y la Hemeroteca Municipal de Lisboa,35 ambas, lamento decirlo, con muchos menos títulos y de mucha menor calidad que la extraordinaria Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España.36 Con notable dificultad,37 he accedido al contenido de algunos de los principales periódicos y revistas portugueses editados entre 1880 y 1884 y solo en una ocasión se menciona la presentación pública de un “gigante español”, a quien no se identifica.38 De todas formas, teniendo en cuenta que durante aquellos años 33 El Archivo Histórico de Protocolos de Madrid guarda los registros de consulados de España en el extranjero, ingresados desde el Archivo General del Colegio Notarial, que los recibe del Ministerio de Asuntos Exteriores. Contienen las escrituras públicas autorizadas por los cónsules de España en el extranjero actuando como notarios. En Portugal aparecen los consulados de Lisboa, Oporto y la citada Vila Real de Santo Antonio, estos últimos relativos a los años de 1891 a 1899. No hay documentación de ninguna otra ciudad. Puede consultarse la guía del archivo madrileño en http://www.madrid.org/archivos/index.php/ quienes-somos/conocenos/archivo-historico-de-protocolos. 34 http://www.bnportugal.gov.pt/. 35 http://hemerotecadigital.cm-lisboa.pt/. 36 Además de la Hemeroteca Digital de la BNE, para el ámbito español he consultado la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura y Deporte (https://prensahistorica.mcu.es) y el citado Arxiu de Revistes Catalanes Antigues. Otras hemerotecas virtuales regionales no han aportado información sobre el personaje. 37 No son posibles las búsquedas por términos, ya que las digitalizaciones carecen de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), por lo que cualquier investigación resulta sumamente tediosa. 38 Por supuesto, pueden existir periódicos locales que mencionen a Víctor, pero habrá que buscarlos, si es que se han conservado. Para evitar trabajo a quien afronte esa tarea, cito los títulos y los años de la prensa portuguesa que he revisado: A Ilustraçao Popular (1884), As Farpas (1883), Diario Illustrado (abril a julio de luis ángel sánchez gómez 49 no se documenta ningún gigante acromegálico en España aparte de Víctor, y aceptando como ciertas sus presuntas andanzas por tierras portuguesas, debemos asumir que, en efecto, se trata del bejarano. Pero hay un problema: se habría exhibido en Lisboa entre los meses de abril y julio de 1884. Por lo tanto, no pudo haber fallecido en 1883, ni en Portimão ni en ningún otro lugar. Para que la confusión sea mayor, resulta que las notas sobre las exhibiciones de Víctor se publican en una revista satírica, titulada O Antonio Maria, una publicación de extraordinaria calidad pero que realmente no tiene interés en informar sobre el personaje. El 10 de abril de 1884, comentado el desarrollo de la feria lisboeta de San Lázaro, simplemente apunta que un “bello rapaz astucioso” [espabilado] gritaba sobre un tablado lo siguiente: “Vinde a ver e admirar o grande gigante hespan- hol, sem rival en todo o mundo […] Hoje, pela primeira vez, se apresentará trajando [vistiendo] de cavalheiro”. El 19 de junio el bejarano ha cambiado de escenario; con- tinúa en Lisboa, pero ahora se muestra en la feria de las Amoreiras. La nota de prensa se limita a indicar que mide 2,20 metros y que, justo a su lado, se exhibe “el pequeño microcéfalo proveniente de las Pampas”. Finalmente, el 31 de julio la revista publica una curiosa litografía cómica que muestra a los atildados y rechonchos miembros de una familia burguesa contemplando al gigante, de quien únicamente alcanzamos a ver hasta el pecho, alojado en lo que parece ser una barraca de feria (figura 4). Litografía publicada en la revista portuguesa O Antonio Maria, el 31 de julio de 1884. 1884), Era Nova (1880, 1881), Jornal do Domingo (1881), O Antonio Maria (1881 a 1884), O Occidente (1880 a 1884) y O Pantheon (1880 y 1881). víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 50 Ante tan escasa y poco significativa información, deberíamos pensar que ni el público ni la prensa lisboeta muestran mucho interés por el gigante; que asumen su exhibición como un mero divertimento ferial, sin mayor trascendencia.39 Por supuesto, una reali- dad así contrasta frontalmente con lo anotado por Zúñiga quien, como hemos visto, ase- guraba en su tercer artículo que “la gente se pegaba por verle”. Aunque por el momento no hay manera de confirmarlo, todo apunta a que Zúñiga exagera; o quizás quien lo hace es su fuente informativa, Mauricio, el hermano de Víctor. 7. UN GIGANTE ENFERMO Víctor Sánchez Carrero alcanzó quizás los 2,20 metros de altura; pero no creció de forma tan enorme porque poseyera unas cualidades singulares que se proyectaran sobre un físico espectacular. Por lo que sabemos, nadie en su familia destacó por su talla; fue un caso único y excepcional. Las razones que explican ese desmesurado crecimiento de- bemos buscarlas en el ámbito de lo patológico, en el hecho de que sin duda padeció una rara enfermedad; aunque no la flogosis que menciona el dictamen médico publicado en 1877, ni la pulmonía que refiere Zúñiga. Si es cierto que su transformación comienza hacia los 17 años, debemos concluir que es entonces cuando se manifiestan los primeros síntomas de un grave trastorno hormo- nal que se acompaña de otras muchas comorbilidades, además de un crecimiento desa- forado. El origen de todo está en la sobreproducción de somatotropina (la hormona del crecimiento o GH, por sus siglas en inglés), debida en la inmensa mayoría de los casos a la existencia de un tumor o adenoma no canceroso en la hipófisis (glándula pituitaria), situada en la base del cráneo. Cuando esta patología se produce durante la etapa habitual del crecimiento (antes de la osificación del cartílago epifisario que une la diáfisis y las epífisis de los huesos largos), se denomina gigantismo; si continúa en momentos poste- riores, se conoce como acromegalia.40 Mientras la enfermedad cursa como gigantismo, 39 Curiosamente, entre el 16 de abril y el 11 de mayo de 1884, el Diario Illustrado de Lisboa publica varios anuncios de pago que informan sobre la “exposición de las Hermanas Gigantes”, en la céntrica calle Augusta, número 187-189. La entrada cuesta 100 reales. No se ofrecen más datos. Solo el 2 de mayo se pu- blica una anotación complementaria, que quizás no sea de pago, sino como compensación por los anuncios publicados. Dice que uno de los nuevos “ejercicios” que exhiben es colocar sobre sus piernas una enorme pieza de hierro de 200 kg. que dos espectadores pueden salir a golpear con martillos. Lamentablemente, he revisado todos los números de ese diario correspondientes a los meses de abril a junio de 1884 y no hay mención alguna al bejarano. 40 La bibliografía médica disponible sobre la acromegalia es extensa y se actualiza de forma constante, por lo que me limitaré a recomendar la lectura de solo dos trabajos en español: un breve, pero muy clarifi- cador texto de divulgación de Melmed y Petersen (s.f.) y un artículo especializado de Cordido et al. (2013). Sobre la historia médica, social y cultural de la enfermedad, puede consultarse un interesante trabajo de Herder (2016). Aunque las cifras varían según los estudios, se apunta que la incidencia de la acromegalia es de tres o cuatro nuevos casos por millón de habitantes y año, con una prevalencia de 40 a 70 casos por millón de habitantes entre la población general. Estudios epidemiológicos realizados en España fijan su luis ángel sánchez gómez 51 el crecimiento del cuerpo resulta proporcionado; cuando se transmuta en acromegalia, la mayoría de los órganos del individuo sigue creciendo, también su esqueleto, con la excepción de los huesos largos, que tras el cierre de las epífisis ya no pueden crecer más en longitud, aunque sí en anchura. En esta fase, el crecimiento de los huesos del cráneo y de la mandíbula altera de manera radical la forma del rostro: se alarga, se hace prognato, se agranda la base de la nariz, se separan los dientes y se intensifica el arco superciliar. Además, el exceso de circulación de somatotropina en el torrente sanguíneo, el incre- mento asociado del factor de crecimiento insulínico tipo 1 (IGF-1, por sus siglas en inglés, una proteína producida por el hígado en respuesta al aumento de GH), el “efecto masa” (la presión que ejerce sobre zonas adyacentes) ocasionado por el adenoma y el agrandamiento de los órganos internos inciden de forma muy negativa en la salud del enfermo, siendo causa de insuficiencia respiratoria, hipertrofia ventricular, miocardiopa- tías, problemas de visión y diabetes. También es habitual que se produzcan otros muchos trastornos asociados a la enfermedad principal: osteoporosis, debilidad muscular, apnea del sueño, narcolepsia, hipogonadismo, hipertensión arterial, inflamaciones y dolores articulares, cefaleas, síndrome del túnel carpiano y un largo etcétera. Por supuesto, todo ello ocurre si no se combate o se extirpa el adenoma hipofisario, circunstancia que afecta a Víctor y al resto de los enfermos acromegálicos hasta bien entrado el siglo XX.41 De todas formas, y esto es solo una conjetura, da la impresión de que el extraordina- rio crecimiento de Víctor se debe más al gigantismo que a la acromegalia; es decir, que su hipófisis produce un exceso de somatotropina sobre todo mientras se mantiene la fun- cionalidad de los cartílagos epifisarios de sus huesos largos. Luego, cuando el cartílago se osifica y la acromegalia sigue su curso, las huellas que habría dejado la enfermedad en su rostro no son tan evidentes como las que observamos en otros gigantes. No las vemos en el rostro aniñado que presenta el bejarano en la imagen en la que supuestamente aparece acompañado por Genaro Gil, que quizás se toma en 1876 (figura 5). Luego, en la fotografía que reproduce Zúñiga en el primero de sus artículos (1922a: 1), parece que su rostro se ha alargado, pero lo cierto es que no muestra las intensas alteraciones propias de alguien que lleve padeciendo acromegalia durante años (figura 6). Eso sí, comproba- mos que su fisonomía ha cambiado, que ha envejecido de manera sensible, más intensa quizás a la que correspondería a los siete o a lo sumo ocho años transcurridos desde que se tomara la imagen previa. Además, en ambas fotografías llama la atención el enorme prevalencia en 69 casos por millón y su incidencia en 2,5 casos por millón de habitantes y año (Mestrón et al., 2004; Sesmilo et al., 2013). 41 No obstante, en ningún modo la acromegalia está relacionada con retraso o discapacidad intelectual. Aunque no es el caso de Víctor, abundan las descripciones de gigantes que refieren su presunta falta de in- teligencia. En realidad, estas afirmaciones surgen de una errónea interpretación de la sintomatología de sus dolencias, pues los problemas de columna y articulares, las dificultades respiratorias, la narcolepsia y hasta el entorpecimiento del habla (debido a la macroglosia, o engrosamiento de la lengua) dan la impresión de que la persona piensa y actúa con lentitud y torpeza. víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 52 tamaño de manos y pies, desproporcionado incluso para su enorme estatura. Y también en ambas lo vemos utilizando un bastón, elemento que no es un mero recurso estilístico aportado por Víctor o por el fotógrafo, sino un útil imprescindible al que recurren todos los gigantes acromegálicos no tratados para ayudarse a caminar. De todas formas, me aventuro a afirmar que los trastornos y padecimientos que la acromegalia lleva asociados debieron de ser en Víctor, al menos durante un tiempo, bastante menos intensos que los sufridos por otros enfermos. De ahí que durante ocho o nueve años pueda viajar, exhi- birse y obtener seguramente unos suculentos ingresos. Su carrera profesional se ve favo- recida por esa “mejor” condición vital y, como anoté, por haberse dado a conocer poco después de la trágica muerte de Agustín Luengo, el Gigante Extremeño. De hecho, si Luengo hubiera vivido unos años más y con algo más de salud, su figura habría eclipsado al menos en parte a la de nuestro protagonista, no en vano era diez centímetros más alto. Eso si damos por buenas las cifras que se citan en la prensa, que fijan la estatura de Víctor en 2,20 metros, porque insisto en que el dictamen publicado en 1877 la deja en 2,12, bastante por debajo de los 2,30 alcanzados por Luengo en el momento de su muerte. Víctor acompañado de Genaro Gil, probablemente hacia 1876. Fotografía perteneciente a la “Colección JAM – Béjar”, de Juan José Antúnez Muñoz de la Peña. luis ángel sánchez gómez 53 Imagen de Víctor, quizás de 1882 o 1883, publicada por Zúñiga (1922a). Y, ya para terminar, ¿cuándo y dónde falleció el de Béjar?, ¿qué se hizo con su ca- dáver? Desgraciadamente, ya he indicado que resulta imposible confirmar lo anotado por Zúñiga. Parece demostrado que no muere en 1883, aunque es muy probable que el óbito se produzca en Portugal, en Portimão o en cualquier otro lugar. Seguramente fue enterrado en una sepultura temporal y sus restos arrojados al osario común algún tiempo después. Y sí, resulta morboso pensar que la fosa pudiera haber sido profanada “para llevarse el esqueleto a algún museo”, como apunta Zúñiga (1922c: 2), una conje- tura que se hace eco de los robos de cadáveres de gigantes que se producen en no pocos países europeos desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del XX. Sin embargo, nada indica que algo así sucediera con el Gigante Bejarano.42 Sus restos probablemente han desaparecido, pero su recuerdo puede y debe perdurar. 42 Sobre el robo, manipulación y exhibición de cadáveres de gigantes acromegálicos, puede verse un interesante artículo de Herder (2012). En el ámbito español, el doctor Velasco obtiene el cadáver de Agustín Luengo en 1875 con autorización de la madre. Por el contrario, el procedimiento seguido por el Real Cole- gio de Cirugía de San Carlos, en 1804, para hacerse con el cadáver de Pedro Antonio Cano fue mucho más rocambolesco, rayando con lo delictivo (Sánchez Gómez, 2018a: 271-275). víctor sánchez carrero, el gigante bejarano (1847-ca. 1884) 54 REFERENCIAS ANDOLZ, R. (1998). Fermín Arrudi. El gigante aragonés de Sallent de Gállego. Zaragoza: Mira Editores. CAMPMANY y PAHISSA, N.; MANENT, N. (1877). ¡¡La por!! Sarsuela en un acte y en vers. Arreglo á la escena catalana per D. Narcis Campmany y Pahissa. Ab música del mestre D. 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