UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE FILOLOGÍA Departamento de Filología Griega y Lingüística EDICIÓN, TRADUCCIÓN Y COMENTARIO DE LOS FRAGMENTOS DE ANTÍMACO DE COLOFÓN MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Francisco Javier Pérez Pérez Bajo la dirección del doctor Alberto Bernabé Pajares Madrid, 2002 ISBN: 978-84-8466-362-1 © Francisco Javier Pérez Pérez, 1992 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE FILDLOGIA DEPARTAMENTO DE FILOLOGíA GRIEGA Y LINGIJISTICA INDOEUROPEA EDICION, TRADUCCION DE LOS FRAGMENTOS DE ANTIMACO DE COLOFON TESIS DOCTORAL Realizadapor Fco. JavierPérezPérez y Dirigida por el Dr. Alberto BernabéPajares Y COMENTARIO MADRID 1992 EDICION. TRADUCCION Y COMENTARIO DE LOS FRAGMENTOS DE ANTIMACO DE COLOFON A mis psdnr A Marín. AGRADECIMIENTO Quiero expresar aquí mi agradecimiento e Valentin Alvare2 Carrizo ij a ri’ Dolores García Prieto, que rna facilitaron al acceso a parte de la blbilografla necesaria pera este trabalo. Asimismo debo una gratitud no menor a Inmaculada González Guerra, ml mujer, por su colaboración en la confección de los indices y en la revisión de la Introducción y del comentarlo. Finalmente, aunque no en último lugar, mi agradecimiento muy sincero al profesor Alberto Bernabé, de cuyas cualidades docentes y competencia filológica me he beneficiado en numerosas ocasiones, a él, pues, deseo dedicar lo que de aprovechable pudiere encontrarsa en este trabajo; como Edipo, “un pago de mi crianza”. PROLOGO Ciertamente es Antímaco de Colofón un poeta singular en más de un aspecto. Por un él bastante bien muchos de los rasgos del período helenístico, aunque nacie . O. Por otro, tuvo como su valedor más precisamente el filósofo más critico con finalemente, fue admirado e imitado por el Adriano. Escribió poesía épica (una Tebatda poema en honor de su amada muerta premat de otros poemas lado, se acomodan en literarios típicos ra en el siglo ‘~‘ a eminente a Platón, los poetas. Y, emperador romano y eleglaca (Lide uramente), además mal conocidos (Arte>nts. levantada como un puente poesía, fue duramente criti quienes habla sido precurso provocó su temprana desapar la gigantesca figura del fi romano. El restablecimiento de medida de lo posible, es lo en el presente trabajo. Es Colofón no ha recibido exce crítica moderna; por lo que el pariente pobre de la fil Dei Los. Jactne). Pero su obra, entre la vieja y la reciente cada por algunos de aquellos de r, Calimaco a la cabeza; lo que ición; sin que de nada le valiera lósofo, ni el poder del emperador las obran de este autor, en la que nos proponemos llevar a cabo bien cierto que el poeta de siva atención de parte de la no sin razón le llanó Severynn ologia. La única edición completa de Antimaco, Schel lenberg ya que parciales hay (1788); Giles (1838) que considerar las y Dúbner (1841>, es la de de y Stoll de 1845 (su consulta hoy es poco menos que imposible) y habría que esperar casi un siglo para ver la que sin duda es la mejor edición del Colofonia, la de E. Wyss (1936). En el periodo de tiempo entre la edición de Stoll y la de Wyss hubo que conformarse con la mediocre de Kinkel (1877) para los frs. épicos y la de Bergk (1882> para los elegiacos, que habfa que completar con los Co¿tectarzea Atexandrirta de Powell (1925), además de algunos papiros y ostrcica y aun asi faltaban los correspondientes a los Studta Homeríca y los del Paptro de MiLán 17. El meritorio trabajo de Wyss consistió en recuperar todos estos frs, dispersos y. tras comprobar y corregir los trabajos de sus predecesores, dar un orden y una estructura coherentes a todo el material antimaqueo conocido hasta entonces. Han pasado casi sesenta años desde el excelente trabajo de Wyss y todas las ediciones hechas sobre Antimaco siguen siendo parciales y referidas a los frs, elegiacos, más que a los épicos, a pesar de ser Antimaco sobre todo un poeta épico (cf. la de 1~est 1971; la de Gentilí—Prato 1985; además de los frs, de papiro, referidos a poemas en hexámetros, del Supptementtmt Helten¿stcctvn editado por Lloyd—Jonen y Parsons en 1983). Por otro lado podría decirse que la edición de Wyss, por auténtica mala fortuna nació ya vieja. En efecto, en 1935 ‘Jogliano le comunicó los hallazgos referentes al Paptro de MiLán. que, a pesar de ser estudiados y comentados por Wyss, no pudieron ser colocados adecuadamente, sino todos juntos al final del trabajo (cf. frs. 97 y 187 de su ‘-Ji edición nuestro fr. 4, 1—3). Por la misma fecha Wendel editaba los escolios de indicó la existencia de Wyss tuvo que colocar en fr. 190 = a nuestro fr. además de la aparición editado por Haehíer en reí en ion que a lo la de F. Alberto de las f ant i guo Es, y somete edición que comp trabajo adas con s frs, se Vian sobr Bernabé so uentes de y del nuevo pues, río a e de todo lete en se sust se PO ón del y obra; no a tex en el re e bre los Apolonio de Rodas un fr. perteneciente el último lugar de 202). Todas estas de nuevos frs. en un 1984 y la mejora de mo la excelenpoeta, co fiero, de Apolonio los épi frs. material nuestro sa revis el Antí lo posi enta so día deto la la An que propó ión, maco ble a bre R. Pfeiffer de Rodas; con del Cid obligan a y también le a An-timaco, que su edición (cf. ci rcunstanc i as, Papiro de BerLín algunas ediciones te, al menos en lo sobre Ca limaco y así como la de o y otras ediciones una revisión del de Antimaco. sito con que la tres figura y ti maco se recoger el fin de conocemos edición basen: la y de 1 incluye obra os te todo este mat hacer una hasta ahora, de Wyss. Nue Una introduce de AntInca. stimonios sobre un apartado de erial nueva para stro ión, Una su Loe i scmt Les y una traducción, la al español. Y finalmente un pretendemos abarcar todas 1 plantean los restos llegados con razón es considerado el literatura griega. primera de Antimaco que se extenso comentario, en e] as cuestiones importantes a nosotros de la obra de pr t mus poe t a doc t us hace que que quien de la donde edic i vida VII INTRODUCCION 1 NTRODUCCI OH EL AUTOR VIDA DE ANTIMACO DE COLOFON Pocos son los datos que poseemos sobre la vida de Antimaco. Es seguro que era de Colofón, como lo demuestran los testimonios que han conservado parte de su obra; con la excepción de Ovidio (Tristes 1 6, 1) que dice que era de Claros, ciudad de Jonia próxima a Colofón. Quizá se tratara de dos partes diferenciadas de la misma ciudad y Ovidio opta aquí por el nombre menos conocido. Heródoto (1, 14) dice que Giges conquistó la ciudad de Colofón, literalmente KoXo4Ct’os r¿ ~ar~i ct?xc. puede, pues, entenderse que Colofón era la “ciudad baja”, por oposición a la acrópolis, que quizá se llamara Claros. Para reforzar esta idea se puede tomar el testimonio del escoliasta de Apolonio de Rodas (308b) que define así el lugarz KX¿pow t.=nosx7js KoXcxp&.’os avLcpwptL>os N ‘AIT¿XXCA31JL KaL xpi~n~p~.ots ~Q~tovtau 8cov (véase a propósito de la extensión de la Tebaida). Pudo ser en principio la parte de la ciudad asignada a un dios Cd. KXWpOS “asignación», “lote”) 2 Es, finalmente, posible que Claros fuera distinta de Colofón, pero cuando colofonias expulsados de su ciudad tomaron Esmirna, cediéndola después a sus propietarios y ocupando ]as ciudades vecinas, según el testimonio de Heródoto 1, 150, gran número de éstos quizá recaló en Claros y la proximidad a Colofón, así como el hecho de que un buen número de colofonios viviera en Claros dio lugar a la 1 confusión Pero vayamos con otros datos biográficos de nuestro poeta. El léxico Sucia (vid. test. 1) dice que Antímaco era hijo de Hiparco, sobre lo que nc podemos precisar nada más, y que era grámatico y poeta. El tiempo en que vivió podemos fijarlo imprecisamente entre la segunda mitad del siglo V y la primera del IV a. C. ; de acuerdo con los siguientes datos: En Sucia (test. 1) se dice que era mayor que Platón (nacido en 427), lo cual se corresponde bastante bien con el testimonio de Apolodoro de Atenas Ctest. 2) que sitúa la acmé del poeta en el reinado de Artajerjes, o sea 404—356 a. C. y su nacimiento en el 444 (cf. Wyss, p. 1hs.), o, quiza, 1Algo semejante ocurrió con Hímnermo, compatriota de Antímaco, de quien se duda si nació en Colofón o en Esmirna (cf. F. E. Adrados, Líricos y yambóerafos arcatcos, Madrid, 1961 (reimpfl, 207—209 y, del mismo autor, “Lírica griega en Historia de La Literatura eriesa, (J. A. López Férez, editor), Madrid 1986, 152—154. 3 algo más tarde. La segunda información de Sucia según la cual fue discipulo de Paniasis y de Estesimbroto a duras penas puede admitírse. Es falsa sin duda en lo que al primero se refiere y muy discutible para el segundo. Desde luego no pudo ser discipulo de Paniasis, porque éste ya habla muerto para eso alio (cf. y. J. Mattews, Panyassis of Haiikarnassos. TexL and commerttary, Leiden, 1974, Pp. 12—19). Quizá, como piensa Wyss, tal información procede de algún gramático que pretendía establecer un punto de unión entre la poesía de ambos (cf. Wyss ¡oc. cit. y n. 1>. La relación con Estesimbroto, aunque es posible, (FrGrHist II n 343, 20), este poeta del 430 un Pendes y probable. j uve n t ud, Peloponeso de Homero, opúsculo en tono despectí Tucídides; nosotros, como En todo caso Antimaco transcurrida en buena par una educación esmerada de quien llegó a hacer de poetas de su tierra, como Himnermo pues había es yo contra Wyss, no debió nec durante 1 contacto edición, te en una según crí to Temis la ibm a Guer con la y con y Jenófanes. Jacoby después toc les, creemos en su ra del poesí a la obra Víajó, como veremos, a Samos y por buena parte del Asia 2Cicerón (Bruto 191 = test. 3) nos ha transmitido una anécdota según la cual Antimaco habría leído alguna obra, posiblemente en Antenas, ante Platón, el único que al parecer pudo soportar tal lectura. Pero esta anécdota muy probablemente es falsa y sólo pretende demostrar la simpatía de Platón por Antimaco. Si bien no tendría nada de extraño que nuestro poeta hubiera hecho algún viaje a Atenas. Menor2. 4 Ambos viajes, sin embargo, parece que sólo le acarrearon disgustos. En el primero sufrió la derrota en el concurso de poesía en que participó. En el segundo, tuvo que soportar el dolor por la muerte de una joven, de nombre Lide, de quien se habla enamorado. Este dolor seria precisamente el impulsor de un poema eleglaco titulado Lide. Otros dos datos biográficos más nos ayudan a precisar la cronología del poeta, aunque ambos están inmersos en el peligroso terreno de las anécdotas (sobre este tema cf. el artículo de ‘1• 3. Matthews, “Antimachean anecdotes” £ranos 77, 1979, 43—50). El primero de ellos se refiere a la participación de Antimaco en un certamen poético (test. 4) celebrado en Samos, como acabamos de decir, en competencia con un oscuro Nicerato al que Praxifanes (fr. 18 Uherli) a llama £nOnoLo;. La isla quizá tenía costumbre de celebrar 3estos certámenes literarios en las Hereas , festividad en honor de Hera que la vanidad de Lisandro bautizaría con su propio nombre. A estas Lisandreas, pues, acudió Antímaco. Lógicamente esta prueba tuvo que celebrarse entre los años 404, fecha de la calda de Atenas, y 395, año de la muerte de Lisandro; con mayor aproximación a la primera fecha que a la 3 La relevancia de poetas como Asio y Quérilo, protegido de Lisandro y cantor de su hazañas (cf. Plutar., Lisan.d. 18, 7) y la presencia en la isla de Paniasis (cf. Natthews, Panyassis of MaL iharnassos ... 25—26) hablan de una larga tradición poética en la isla. 5 segunda, pues no hay duda de que los samios sentirían grandes deseos de celebrar su separación del yugo ateniense y Lisandro, por su parte, la victoria de la decisiva batalla de Egospótamos obtenida en el 405. ¿Qué edad contarla en este momento nuestro poeta? Si tenemos en cuenta el testimonio de Apolodoro antes mencionado, tendría unos cuarenta años, es decir, se hallaba en su acmé. Sin embargo, Antimaco debia ser mucho más joven que Quérilo y Nicera-to y seguramente aún un poeta desconocido (cf. Matthews, art. cit., p. 43 y n. 2) y si esto es así, estaría más cerca de los trel reducir edad del Nicerato destruir presenc i debi 1 ita difícil vent idós nta que de los cuarenta su fecha de nacimiento. Colofonio, lo cierto e acabó en derrota para 4 su poema ; lo cual fue aba la competición. mucho la credibilidad de creer que Platón, años, participara en y en consecuencia habría que Pero fuera la que fuere la s que el agón literario con él; quien, disgustado, quiso impedido por Platón, que Esta presencia de Platón de este suceso, pues es muy que entonces tendría unos un acto en el que se celebraba la derrota de su ciudad. Sin duda se trata, como quiere ‘~cf. HattheMs, art. cit. p. 43. 6 5 Serrao , de un añadido posterior que, bajo la influencia de la anécdota según la cual Platón mandó a Heraclides a recoger la obra de Antímaco para que no se perdiera (vtci. trtfra.), trataba de justificar la simpatía de Platón por Antimaco; como hace el testimonio que recoge Cicerón en BruLo 191 (test. 5>. Sobre el poema con el que participó Antimaco en las Lisandreas nada podemos decir. Pero parece seguro que no fue ninguno de los conocidos, que probablemente aún no se habían compuesto y que, de existir ya, no eran los más adecuados para la ocasión. Así pues, hay que pensar como más probable 6 en un poema laudatorio relativamente breve y compuesto cid tvoc que, quizá como un epinicio pindárico, comparaba las hazañas del homenajeado con los héroes del mito; lo cual, a juzgar por el resultado, no gustó al vanidoso Lisandro. El segundo dato, en el que también interviene Platón, nos lo ha transmitido Heraclides Póntico (test. 3) y sirve 5 O. Serrao, “Antímaco de Colofón primer poeta doctus”, en Historia y ciuilización cte Los Griesos, dirigida por Bianchí Bandinelli, (trad. esp. 1981) V 292—302. 6Sabemos por Plutarco, Lis. 18, 7, que Lisandro tuvo siempre cerca a Quérilo, para que ensalzara sus hazañas con sus versos y que Antíloco fue premiado con un sombrero lleno de dinero por haber regalado sus oídos por medio de la poesía. 7 para aproximar la testimonio, Plató para recoger las fecha de la muerte de Antimaco. Según este n pidió a Heraclides que fuera a Colofón obras de Antimaco. Teniendo en cuenta que el ilustre filósofo murió en 348 y que ingresado debió prod 361, pues a Sicilia, Academia, confianza Para que sepamo Herací ides habí a en la Academia hacia 367, la muerte de Antimaco ucirse entre estas dos fechas, quizá entre 367 y entre 361—360 se produce el tercer viaje de Platón durante el cual Heraclides queda al frente de la lo que quiere decir que Platón ya tenía una gran en él. la fecha de su muerte Antímaco había compuesto, s, una Tebaida en hexámetros dactílicos, un poema en dísticos elegiacos titulado Lide, un poema también en hexámetros titulado Arten’its y dos obras más, Dei tos y .Jacine, de las que poco más conocemos que sus títulos; además de una edición de Homero, la primera antes del periodo helenístico y, quizá, un poema laudatorio en honor de Lisandro. LA OBRA Pero ciertamente 1 veremos, no fueron tan poeta como Platón; así os críticos de Antimaco, como luego celosos custodios de la obra del que lo que hoy conservamos de ella 8 son unos insignificantes restos, casi todos transmitidos por vía indirecta. Y eso cuando hemos sido afortunados, pues de algunas de ellas, como queda dicho, con trabajo podemos reconocer su titulo. Para hacernos una idea de lo que esto signif los siguientes datos: El texto total de Antímaco ica veamos conservado supone unas 1146 palabras (siendo optimistas llegar a 1190), lo Tebaida se le pueden aproximadamente; a procedentes de los lo que supone unos cuya extensión pod versos la litada (87765 palabras). casos conservamos 7 Antimaco . El re aproximadamente que equivale a asignar con las que podrí frs. dudosos. Po 90 a 85 versos. ría compararse la 115447 palabras) Esto quiere deci el 0, 85% del Sto se distri para la Lide; 72, unos 170 segur i dad an sumarse drían llega Los poemas Tebaida, y 12110 ver r que en el texto de 1 buye así se podría versos. A la 603 al ar de ti sos mej a 110 atribuidas pal gunas unas Homero, enen 1 la Cd or de Tebaida pala abras más 650, con 5593 i sea los de bras con alguna reserva, a la Ártemts; frs. inciertos; 171 de 5 para Dei tos; frs. dudosos; 7 para Jacine; 39 de falsos. 7Debe notarse que, a pesar de tan lamentable Tebaida de Antímaco es hasta ahora el poema mejor de los escritos en griego sobre el tema. De cícLica conservamos 20 versos y de los Ept~onos Edipodia sólo dos; lo que representa en conjunto parte con relación al texto de Antímaco. estado, la conservado la Tebaida 8. De la una tercera 139 de 9 verso, que no es muy adecuada para una ciudad en ruinas. En Homero pudo encontrar Antimaco otros datos: de Edipo (4, preparac ión (A 375ssfl; el éxito de Después esta leyenda que debemos A Lcmeónida. versos y fue siglo VII a. O. de Edipo y sus 679); o la de Epicasta de la campaña el fracaso de los Epígonos de Homero tr la Edipodia añadir un El primero de compuesto al por prece contra Tebas; la expedición (A 405ss.). es poemas del la Tebaida y poema más estos poemas parecer en la C inetón. dentes, Su tema es decir, Sobre la (X 271ss.); la embajada de (Z 222ss4; o muerte o la Tideo sobre CicLo se ocuparon de los Epígonos; a los reciente titulado constaba de unos 6600 primera mitad del tral era la leyenda homosexualidad de cen la Layo, su prohibición de tener hijos, etc. La Tebaida, narraba la expedición y fracaso del ito Tebas, era un poema de unos 7000 ve debe ser muy posterior a los poemas literario, según Pausanias 9, 9, 5, próximo a ellos. Los Epígonos, de la de unos 7000 versos, atribuido a Antí la destrucci6n de Tebas a manos de j hablan muerto en la expedición an poemas hay que sumar la ALcmneánida, del siglo VI, que tenía puntos coinc co (a veces se ha confundido con ellos), pero que la continuación de éstos. Su nombre procede de ejérc argivo contra rsos, cuya composición no homéricos y cuyo valor era también el más segunda mitad del VII y maco de Teos, narraba los hí os de quienes tenor. A todos estos un poema de principios identes n los Epígonos pretendí a Alcucón, ser el que 11 9 hijo de Anfiarao, que fue el jefe de la segunda expedición Podríamos finalmente a5adir la Luropia de Eumelo de Corinto. Todos los poemas del Ciclo han sido editados recientemente por A. Bernabé10 y por ¡‘1. Davies ~j. También Hesíodo, buen conocedor de las primitivas leyendas tebanas, podía ser una fuente fecunda (cf. Trabajos 162s. ; frs, 11—14; 181; 192—193 li. —1k ). Hemos de selialar aquí la importancia de los Himnos homéricos, pues, aunque no puedan considerarse una fuente directa en el tema general de la Tebaida, si influyeron en Antimaco en aspectos particulares, como, por ejemplo, en la descripción del Teumeso (fr. 14) el Himno a ApoLo 224, o en la llegada a Tebas de Zeus y Europa Cfr. 15) el Himno a Hermes 5—9 (cf. comentario). Pero quizá la mayor influencia de los Himnos homéricos se encuentre en el vocabulario (cf. 12 fr. 1 a propósito de KpovCóao y fr. 2, 1—2) 90f. A. Severyns, Le Cycie épique d’Aristarque, Lieja—Paris 1928, 224—228. 10A. Bernabé, Poe tae eptci Graect 1, Le ‘‘H. Davies ‘2Sobre la Antimaco, véase la lengua se ref este asunto. dans L’écoLe ¡pzig 1987. Epicorunt Graecorum Fragmertta, Gotinga 1988. influencia de los Himnos en otras obras de lo dicho acerca de Artemis. Por lo que a iere, véase más abajo el apartado dedicado a 12 Los líricos, espigando en el rico campo del Ciclo, tomaron Vivo interés por las viejas leyendas. Un excelente ejemplo de esto lo constituye Estesícoro. Compuso una ErifiLa en dos libros. El 1 trataba el tema de los Siete y el 11 el de los Epígonos (cf. PMO 194, al que deben aliadirse algunos frs. del Papiro cíe LUje y SLG 148—150) y una Luropia (PilO 195). También Corma (PMO 659; 670-672); Píndaro (0 2, 35—45; 6, 13—18; E’ 4, 263; 8, 39—55; U 9, 3 y 8—28; 10, 9) y Baquí lides (9 y 41 Snell—Maehler) se ocuparon de la vieja leyenda tebana. El tratamiento que los logógrafos dieron al mito es de gran importancia, puesto que en muchos casos se remontan a versiones muy antiguas de la leyenda que luego fueron recogidas por poetas y mitógrafos posteriores. Estos son los ejemplos más significativos: Hecateo de Mileto (FGrHist E 31—32); Acusilao CFGrHIsL F 33); Ferécides (FGrHist 3 F 21— 22; E 41—41a, etc.); Helanico (FGrHisL E 94—101. Cf. Ji J. Caerols, Heiánico de Lesbos. Fragmentos, Madrid 1991, 131—132). También Heródoto (4, 147, 1 y 149, 2). Pero fueron los trágicos, quienes, olvidando los origenes dionisiacos del teatro, se sirvieron sobre todo de los viejos poemas, introduciendo en ellos, de paso, grandes modificaciones. Esquilo confiesa que sus tragedias son migajas del festín homérico y sabemos que Sófocles estaba 13 vivamente interesado en el Ciclo épico 13 Se comprende, pues, que la leyenda tebana esté tan bien representada obras. Esquilo le dedicó en el 467 sólo nos queda la última pieza, Los las dos restantes, Layo y Edipo, sa del drama satírico Esfinge. Según Esquilo compuso otra tragedia sobre hoy perdida (cf. 53, 53A, 54 Radt hablaba del rescate de los muertos Sófocles, por su parte, enriqueció como el tema de Antígona, pero abar una trilogía de la Siete contra Tebas bemos muy poco; así Plutarco (Teseo 29 el tema, Los Eteusi y su comentario) en Tebas que hizo elementos de la 1 có menos aspectos que de como 4) nios, • que Teseo. eyenda, de ella que Esquilo. Las tragedias que conservamos sobre la leyenda tebana son: Edipo rey, Edipo en CoLono y Ant igona. De una tragedia sobre Alcmeón sólo nos quedan los frs. 106—110 Radt. Cf. asimismo Eiectra 673, sobre la muerte de Anfiarao. También escribió una tragedia titulada Epígonos (frs. 185—190 Radt) y otra, Erifiia (frs. 201—2db). Eurípides, finalmente ha recorrido casi la leyenda entera a lo largo de sus obras Crisipo (fr. 839 Nauck), Edipo (frs. 540—557), Las Fenicias, Las SupLicantes. Antígona (157—178), ALcmneán en Corinto y Aicmeán en Psofis (65-87), Eneo (558-577) e Hipsipita (752-770 enteras, Las Fenic ). De ias y todas ellas, sólo dos Las SupLicantes. se conservan ‘3Cf. Ateneo 8, 348e y 7, 277e en sus 14 es el con oc Llegados, resumen ería Antí Layo, hij por los dioses Crisipo, hijo mandato divino pues, a las postrimerías del 14 de la leyenda de Tebas maco cuando se diponia a com o de Lábdaco y rey de Tebas, a no tener descendencia, por de Pélope (Edipedia; Tebaida> el rey de Tebas engendra siglo V, éste tal como debió poner su poema: ha sido castigado haber raptado a No obstante el en Epicasta a Edipo, que es abandonado en el Citerón y llevado a Corinto (a Sición en la Tebaida). Cuando Edipo llega a la juventud mata sin saberlo a su padre; bien entre el Citerón y Tebas (Tebaida) o en Fócide (quizá Edipodia). Llegado a Tebas, mata a la Esfinge y obtiene como premio el reino de la ciudad y la mano de la reina, su madre (Edipodia, Tebaida). Conocidos pronto su parricidio e incesto, Epicasta se ahorca y Edipo se casa con Eurigania (Odisea, Edipodia), de la que tiene sus cuatro hijos, Eteocles, Poliníces, Antígona e Ismene (Edipodia). Según la Tebaida fueron hijos de Epicasta. Edipo maldice a sus hijos por los menosprecios a que lo someten. Polinices se marcha voluntariamente de Tebas y se casa con Argia, hija de Adrasto, pero tras la muerte de su padre vuelve a Tebas (Edipodia, Tebaida, quizá también conocido por Homero, cf. ~P769). Tras la muerte de Edipo sus Legras, Les Légendes . . . , espec. 167—185 15 hijos se disputan el trono (las versiones antiguas ya man i f iestan tebanas prim la Tebaida d marchar de preparativos Surge imprescindib dioses están Erifila (Dcii discrepanc ias itivas y Helanico se el de su hermano) nuevo. Cuando líe de una guerra, para la negativa de Anf le, a participar en e en contra, aunque es sea, ltiada y Tebaida) en este punto. Las leyendas ponen del 1 y Polinices ga a Argos recuperar su iarao, cuyo lía, porque finalmente En otras ado de se Eteoc les; tiene que inicia los trono. concurso era sabe que los obligado por versiones el es la certeza de su muerte en la guerra (Aicmeóni da. Epígonos y Estesicoro) Se celebran los juegos nemeos (quizá Corintiacas y Simónídes). Llega la expedición junto al Asopo y Tideo es enviado como embajador (litada, Tebaida). Se produce la primera batalla, abierto, favorable a los argivos. muerte de los caudillos de la exped hijos de Edipo (Tebaida). Tideo devora el cerebro de Ferécides). Anfiarao es tragado por la Adrasto consigue salvarse (Tebaida). Los sucesos que siguieron trono de Creorvte, rechazo al según parece en campo Asalto a la ciudad y ición. Muerte de los dos Melanipo (Tebaida, Mimnermo, tierra (Tebaida, Píndaro). gracias al caballo Anón inmediatamente (subida al entierro de los argivos, mot ivo quizá 16 posible intervención de Antígona, intervención de Teseo) no cuentan con una tradición estable; de ahí que los trágicos modificaran los acontecimientos según las necesidades de cada obra. Es notorio el hecho de que en general los trágicos descuidan o ignoran la leyenda que sigue a la derrota de los Argivos; así vemos que en Esquilo (SieLe 628) los hijos de Edipo mueren sin descendencia. En Sófocles, tras la muerte de Eteocles el trono es heredado por Creonte, al parecer legalmente (cf. Cd. R. 1418; 1459—61; Cd. C. 427—30; 770). En las Fenicias de Eurípides no hay referencia a los epígonos y el hecho de que en las SupticanLes Teseo recupere los cadáveres de los argivos mediante la guerra parece indicar que no tenía presente la continuación de la antigua leyenda. Esta leyenda, en su versión antigua, continúa con los preparativos de los epígonos, para vengar a sus padres. Al frente de la expedición estará Egialeo (Epígonos), o bien Alcmeón (Atcmeánicla). Apolo promete la victoria a los argivos (quizá Aicmeórtida, Píndaro). Victoria de los argivos. Egialeo, hijo de Eteocles, muere a manos de Laodamante (Epígonos), que, a su vez, es muerto por Alcmeón (Atcmeónida). En los Epígonos Laodamante y algunos tebanos huyen a Tesalia. La ciudad de Tebas es completamente arrasada (ilíada. Epígonos, Aicmeónida). El hijo de Polinices, Tersandro, ocupa el trono. 17 Tiresias y su hija Manto son llevados a Delfos. Tiresias muere en Tilfosa y Manto funda un oráculo en Colofón/Claros (Epígonos). Al regreso de los Epígonos, Alcmeón mata a su madre junto a un oráculo de Apolo (Atcnieánida, quizá Epígonos). En Psofis se casa con la hija de Fegeo y después participa con Diomedes en la Guerra de Troya. Incendiada Troya, funda en Acarnania algunas ciudades y finalmente muere en Psofis (Atmeánida). EXTENSION DE LA TEBAIDA. INTENTO DE RECONSTRIJOCION DEL POEMA La escasez de fragmentos, que en tantas ocasiones hemos de lamentar, nos impide precisar entre qué límites se desarrollaba la acción del poema. De los llegados a nosotros con indicación del libro al que pertenecen, todos se incluyen en los cinco primeros. En el quinto, Adrasto ofrece un banquete a los jefes de la expedición momentos antes de la salida del ejército. No obstante esta escasez de frs. , intentaremos determinar los límites entre los que se desarrollaba la acción de la Tebaida. Hay indicios que apuntan a que el poema incluía la acción de los Epígonos. Pos datos en concreto, uno externo y otro extraído de los propios frs. de Antimaco, nos obligan a considerar esta posibilidad. El primero es el comentario de Horacio en su Arte poética 136s., referente a cómo debe producirse la narración en los 18 poemas. En este lugar el poeta latino ensalza la agilidad de Homero en contra de quien, para relatar el regreso de Diomedes, se remonta a la muerte de Meleagro. Porfirio (cf. testimonio 21) explica el verso de Horacio como referido a un poeta cíclico llamado Arvtlmaco, quien habría empleado nada menos que veinticuatro libros antes de poner a los argivos ante los muros de Tebas. 15 cierto , debemos establecer a ¿Antimaco de Teos, o Antimaco de conocido, ya lo hemos visto, c Epígonos. Teniendo en cuenta que versos, seguramente estaba divid venticuatro, de acuerdo con las alejandrinos. En este caso la op Si qué Cola amo este ido en norma ±111ón Porfirio está Antiamco se r fón? El primero posible autor poema tenía sie doce libros y s de los gra de Porfirio se mejor al poeta de Colofón, cuya fama de prolijo era bien conocida entre los poetas romanos. En opinión de Serrao el comentario refleja una confusión entre Antámaco Colofón y Antímaco poeta cíclico. Tal parece que confusión no abarcaba sólo al nombre del autor, sino mcl 16 de la uso ‘5E1 problema puede que sea insoluble en sí m ahí que Wyss le niegue todo valor a la opinión de (cf. pp. V—IXi. 16O. Serrao, “Antmmaco di Colofone primo poeta Storia e cávilt dei Crecí” 111 5, Milán 1979, (trad. esp. y 4, 1980, 292—302). ismo; de Por fi rio d.oc t 2.25, 299-310 en lo ef iere, sólo es de los te mil no en máticos adapta 19 al poema; pues en el esco mencionado a propósito de pasaje que sólo tiene cabi dice “los que escribieron Bernabé). ¿Por qué comete error? En nuestra opinión una Tebaicia que incluía la debemos afiadir dos casuali el poeta que escribió los Tebaida que supuestamente tienen el mismo nombre y o es precisamente su poema liaba en su la fundación relación con 1 un motivo más, lacionar ambos El segundo dato indicar los límites tres frs. 76; 101; procedentes de una podría añadirse el alargar desarro relate tener sen a de re ho a Ap. R. Colofón, aunque da en los £ la Tebaida” el escohia sólo puede acción de dades muy s Epígonos incluía la tra, que e de Colofón; así que donde la El que el oráculo de hasta patria. de un a fun para acontec 147, transmitidos que antes se refiere el esco Epígonos de Apolonio debido a que Epigonos. A lo ficativas. Una pi gonos (cf sta ser los i gn i y el a acción de 1 autor de es lógico antigua pasaje de Apolo en dación misma de la ci que un hombre de la imientos. según hemos de la Tebaida dicho arriba, de Antímaco lo por Eusebio, hemos a un 1 ias fr ta .3 este habí a que que utor de esta los epígonos esta Tebaida que quisiera leyenda se los Epígonos Colofón, puede udad, lo que tierra tratara que con 17 buena fuente alejandrina , a 148. De los tres el fundamental podría st ituyen pero los que es el 17Cf. comentario y Serrao, art. cit. p. 300. 20 101. Se trata de un verso formulario, de imitación homérica, en el que Diomedes se dispone a contestar a alguien. Estos versos no tienen indicación de la obra a la que pertenecen, pero la presencia de Diomedes apunta con mucha probabilidad a la Tebaida. Asimismo los frs. 147—148 podrían estar en relación con la muerte de Meleagro (vid, comentario). Si esto fuera así, se confirmarían totalmente los confines del poema. Por otra parte, si Antimaco incluía en su Tebaida la acción de dos poemas cíclicos se justificaría que los alejandrinos la dividieran en venticuatro libros, con lo que se podría suponer que su extensión seria aproximadamente como la de la Ilíada. Hemos tratado de ver dónde tenía su fin; tratemos de de averiguar ahora Conservamos el ver primero o segundo la cosa se complic aludía al Teumeso, Europa en la versi hemos incorporado mfra y comentan que puede ser el a personajes y si dónde situaba Antímaco su principio. so de invocación a la Musa (sin duda el del poema. Cf. comentA. A partir de ahí a. En la edición de Wyss el siguiente fr. lugar donde se produjo la unión de Zeus y ón de Antimaco, pero en nuestra edición los frs. del Papiro Oxirrinco 2516 (vid. o a los frs. 2ss. ). En el fr. 2 tenemos lo principio de un proemio y varias alusiones tuaciones que podrían tener cabida antes de la expedición. momento venganza punto de El fr. 4 es más explícito en que la Eninis de Edipo en los hijos de éste. El fr. separación entre lo que venia y nos habla del se dispone a tomar parece indicar el contando, no sabemos 21 su extensión, y lo que se dispone a contar. Con el nombre de Edipo tenemos, Tebaida. ¿Eran pues, un personaje próximo a estos frs., incluido el materia de una Edipodia? presencia de perso Europa, Edipo, al parecen dar la uni otra parte es muy mencione ya en el 1 300 versos) no hay manera de Antimaco, opinión Antimaco ha excursus sobre los de ambos bandos, qu libro, para seflalar que hacían los trág naj us i dad si gn Nosotros es tan dispares ón a las colu que exigiría un ificativo que e ibro pri espacio la acci cía aquí orí genes e quizá los ant icos al mero, pues para desar 6n de una a modo de la ci ocupar a ecedentes principio Veamos cómo se desarrolla la ac En los libros 1—5,frs. conservados se nos hace indicación, la materia la acción de la 4 y siguientes, que no. La loo, Licaón, Heracles, no oncreto. Por de Tideo se libro (250 a menos a la En nuestra o, un largo creemos como Aque mnas de poema c 1 nombre en medio rollar, al Edipodia. de proemi udad la m Algo de la r ción a los ún y de los pers itad del seme j ante epresentac i través de icos de los onaj es primer a lo ón está dispuesta de los que la siguiente manera: Libro 1.— Invocación a la Husa (fr. 1); proemio, en el que se narraban primitivos acontecimientos relacionados con la fundación de la ciudad, la leyenda de Lico y Dirce, la muerte de Layo a manos de Edipo, menosprecio de los hijos de Edipo y maldiciones del padre. Quizá también se contaban los antecedentes del bando argivo. Obsérvese la presencia de Licaón en fr. 8, 5. A esta parte corresponden los frs. 2—17. 22 En el fr. 18, todavía en el libro primero, nos encontramos con uno de los participantes en la expedición, Tideo; lo que hace suponer que lo narrado antes no era muy extenso. El fr. debe pertenecer a la parte en la que Polinices y Eteocles llegan a casa de Adrasto (cf. también frs. 19—21). Adrasto casa a sus hijas con los recién llegados y llama a los jefes de los argivos seguramente para iniciar los preparativos de la expedición (fr. 22). El último fr. del primer libro (fr. 24) menciona al Cinto quizá en relación con algún oráculo del dios Apolo. Libro II.— En el libro segundo seguramente se describía la llegada de algunos de los caudillos participantes en la expedición y quizá se destacaran las cualidades de los héroes (fr. 25). Libro III.— La alusión a la Estige de Nónacris (fr. 28) quizá es debida a la presencia de algún guerrero arcadio. Pero lo más relevante de este libro sin duda debía ser la embajada de Tideo (fr. 27). La ubicación de la embajada en 18este lugar del poema supone una diferencia notable con Homero, que pone la embajada una vez llegado el ejército a ‘8Werner (citado por Wyss, p. X) conjeturó que Antímaco fue el primero que puso la embajada de Tideo antes de empezar la guerra. La conjetura, aunque Wyss se inclina a aceptarla es altamente arriesgada, dada la escasez de información y el arcaismo que, a nuestro juicio, supone con relación a la versión de Homero. 23 Tebas. Esta disposición del poema de Antímaco nos parece más en nuestra narración en conjunto, 19 Tideo y la buena vol guerra. El fr. 28 tamb de Tideo en Tebas. En Tideo a los guerreros éstos al héroe argivo Libro IV.— Parece se procede, en el libro 29—30). El poeta debía de los guerreros, Libro V.— En opinión, a la vez que destaca más untad de Polinices para ién parece relacionado con este lugar se produciría e tebanos y la posterior e (cf. iLíada 380—400). que concluida en fracaso cuarto20, a reclutar las ocupar el libro cuarto al quizá siguiendo el libro cinco mayor vigor a la la acción evitar la estan 1 desafío mboscada de la cia de de la embajada tropas (frs. catálogo de el modelo de la ilíada. ya está todo dispuesto para 19Quizá Antímaco rec&ge una versión más antigua de la leyenda en la que Tideo tenía un destacado protagonismo. De la importancia del personaje nos habla el hecho de que Atenea tuviera la intención de concederle la inmortalidad y de su arcaismo, el terrible acto de antropofagia que realizó con el cuerpo de Melanipo (cf. la Tebaida cíclica fr. 9 Bernabé). 20La asignación a este libro de los frs. 29—30 es conjetural, porque las fuentes que los transmiten no indican el lugar del poema en el que se hallaban. Pero dado que en el libro quinto ya se han reclutado las tropas y que los frs. aluden al origen de Partenopeo, no parece descabellado atribuirlos al catálogo de los argivos que sin duda ocupaba el librcj anterior (cf. Wyss, pp. X y Ss.). coherente y le da, 24 emprender la marcha. Antes Adrasto ofrece un banquete a los illos aqueos banquete ce (frs. 1ebrado 3lss.) En durante estos frs. el viaje o podría recogerse a la llegada a Tebas (cf. coment. ). Durante el de Adrasto se menciona la con juramento por la conquista de Libro VI?.— En el libro V de Argos del ejército, tiene 1 viejo adivino, y Anfiarao (fr. El ejército continúa la precisar por qué libros discur detiene en Nemea (frs. 64—65>, entonces lugar a de la ca la muerte del niño los juegos Nemeos rrera de carros, en banquete celebrado de Dime y se (frs. 61—62>. 21 parecer , tras la disputa entre qu ista Tebas 1, al ugar 63). dura re la para Ofe 1tes, fr. 66). la que caballo Anón (frs. 67—70; 71). marcha acción) de scan s cuyos Los fr vence De las en casa hace un la salida Melampo, (ya no podemos bajo el sol y se ar. Tiene lugar funerales darán s. sólo nos hablan Adrasto con el demás pruebas no tenemos noticia. Damos aquí una lista aproximada de 22 vencedores en dichas pruebas ~nc luso pero acuerdo el mismo lo hemos con el 21Del libro sexto no hay indicación e U. 63 está bajo sospecha (cf. comentario), situado aquí, siguiendo a Wyss (p. X), de desarrollo lógico de la acción del poema. 22Seguirnos la lista que sobre los vencedores de los juegos nos ofrece Estacio, pues, dentro del desacuerdo que hay entre los autores, nos parece la más próxima a Antimaco, Si exceptuamos la carrera, cuya victoria se atribuye a Anfiarao, pero que en Antímaco le coresponde a Adrasto. caud otro los 25 Carro Carrera Boxeo Salto Disco Jabalina Lucha Tiro con arco Lucha armada Adrasto Par teno peo Capaneo Anf iarao Hipomedonte Hipomedonte Tideo Adrasto Pol mices Celebrados los juegos, los hacia Tebas. Cuando llegan al Asopo rea]i que la primera batalla tiene luga victoria de los argivos (quizá continuación los preliminares referencia a las puertas de la ci tropas; marcha del ejército; quiz algún guerrero (frs. 75—79) y la (quizá frs. 91—92). Consecuencias frs. restantes son difíciles de argivos siguen zan sacrificios r fuera de la m fr. 73). Se del asalto a udad; disposici á alusión a las lucha entre am de la derrota situar (vid. c su marcha y parece uralla con producen a la ciudad: ón de las armas de bos bandos (92). Los omentario), pero algunos podrían pertenecer a los Epígonos, como sin 28 duda pertenece el fr. 101. El poema, de acuerdo con lo dicho arriba, podría prolongarse hasta la llegada de Manto, hija de Tiresias, a Colofón, para fundar un oráculo a Apolo en la ciudad del poeta. LA LibE Antimaco compuso, no sabemos si antes o después de la Tebaida, un poema en dísticos elegiacos en el que contaba quizá por extenso, los amores desgraciados de figuras relevantes del mito y al que le dio el titulo de Lide; pues, según Clearco, Hermesianacte y Plutarco (cf. test. 6, 7, 8), habla compuesto el poema impulsado por el dolor que habla dejado en su ánimo la muerte de una joven lidia (no sabemos 23 si esposa del poeta o quizá una hetera) llamada Lide En la Lide se sucedía el relato de una serle de parejas míticas, cuya relación amorosa había acabado trágicamente, o al menos con la separación de ambos amantes. Se trataba aparentemente de un catálogo de desgraciados amores, cuya fuente primera de inspiración debió ser el Catálogo de Las mujeres de Hesíodo, con quien encontramos algunos paralelos en los frs. conservados (cf. frs. 106 y nombre de Lide se debe a la costumbre de denominar a las esclavas por su lugar de origen; aunque no tenemos la certeza de que fuera una escíva (cf. E. Fernández—Galiano, Antología PaLatina 1 1978, 133sfl. 27 Hes. 263 M.—W.; 107 y 138 M.—W.; 106 y 156 M.—W.; 115 y 241 M.—W. Vid. los detalles en los comentarios a estos frs.). También en la enumeración de mujeres que hace Homero en el canto 11 de la Odisea pudo ver Antímaco un modelo narrativo; sin olvidar a Mimnermo y a Ferécides (cf. coment. a frs. 106; 107 y 112). El poema, del que sólo nos quedan unos insignificantes restos, casi todos pertenecientes a la elegía sobre los amores de Jasón y Medea (además de Edipo frs. 117; y quizá Deméter, 102s. ; Belerofontes 113 y Esmirna 124. Cf. coment.), fue una especie de manzana de la Discordia en la disputa entre Calímaco y sus adversarios sobre la concepción poética del período helenístico y esto se puede decir que marcó su destino (vid. irtfra). En efecto, la Lide, compuesta por Antímaco a principios del siglo IV y sometida a dura crítica durante el III, fue recogida en un epítome por Agatárquides de Onido a mediados del II (cf. test. 28); lo que sin duda trajo consigo la desaparición del original. Esto supondría que las noticias posteriores a esta fecha no se apoyan en un conocimiento directo del poema y, por ello, 24sus opiniones son menos dignas de tenerse en cuenta Uno de los problemas que ha planteado siempre la Líde el extenso artículo de Dario del Corno, “Ricerche intorno alía Lyde di Antimaco”, Acme 15, 1962, 57—95. 28 a los investigadores ha sido el tema de Lide un poema, o son varias elegías posteriormente? A falta de texto sufici un análisis detenido, dependemos ca referencias, que muchas veces no tienen este asunto. Del testímono iToLflpata auxXdau to ávóp¿s Antímaco tratara la leyenda mitológicos en su poema, ded fundamentalmente2” que se compuestas por separado y re y Platón y organizadas defin se refiere al titulo y a la primeros gramáticos alejandr los noLflpa-ra a que se refier elegías de la Lide, sino el de Heraclides (test. 3) amorosa de ucen algun trata de unidas pr it i vamente división inos”. No e Heraclí la unidad. ¿Es sueltas, hilvan ente de la Lide, si por completo relación directa del Ponto cEo de i perso s, del de el r Herac por lo os, por nosotros las dist y del he d stintos os crítico un grupo imero po * incluso en libr creemos des sean conjunto de poemas de la adas para de con que najes Corno egí as lides que los que intas quizá con la excepción de la Tebaida, que fundamental debió ser editada en vida (XXIVs. ) piensa que los noLT 1pa-ra en cuest ‘quia singula carmina singulis pugillari quo cum indice poemata illa kara XcnTov por ser su obra 26 del poeta . Wyss ión son los ACXTOL, bus continebantur; conscripta facile 25Art. cit. 6Bss. del Corno, art. cih , p. 71. Ant i ¡naco, 29 compares”. Pero de esta obra sólo conservamos un verso y muy difícil sacar conclusiones. En contra de la opinión del Corno está el comentario de Calímaco, que llama a Lide naxl. ypappa no rpappcrra) testimonios también la textualment Pero quizá que podría Hablamos de Antímaco es de Homero, un poema ép expresión, de Hermesianacte con e: hay re f la an él ico un y Plutarco sideran un poema unitario C1tOLTjaC TT~L> EXcycLcrt> r+p> una circunstancia, poco at orzar el argumento de la mentalidad poética de te todo un poeta épico (ed mismo editor de Homero y, y su Líde debió ser, si poema épico en dísticos el (test. 7, 8 27 Plutarco kc(XOup eY’V 1t> endida hasta unidad del Antímaco. Sin ucado con los finalmente, a se nos perm 28 egíacos ; es que dice AiSórw. ahora, poema. duda poemas utor de ite la decir una narración, fundamental mente objetiva y unitar i a; otras palabras, una elegía narrativa, de la que puede 27Cf la critica 2% tenemos en de la poesí metro y la R. Adrados O. Serrao, “La struttura della Lide di Antimaco e callimachea”, Quad. Urb. 1979, 91—98. resultará bastante fácil de admitir esto si cuenta que en principio la elegía es una variante a hexamétrica y de ella depende en cuanto al lengua empleada (cf. la atinada definición de E. en Historia de La literatura griega, tcit.J 118). es de la KCL aij Top¿L> y los en 30 decirse que es él, el Como hemos dicho fue objeto de debate quienes la divid sólo conservamos otros, dudosos asignado 29 creador durante el siglo III a. y de polémica en rs. 118 la só ieron 17 f frs. a un libro y de Ja se ha onaje elegí hemos Belerof rnos y sobre los a escasez de nombre de pertenecí a tendríamos, Deméter, Ed Dotión, los Antimaco sólo mortales, pues se parAn do se mores frs., pe rs a una como i PO, caba libros, Algunos entre al me nos seguros O. la Lide los alejandrinos,30 dos (frs. Hoy nosotros 102—117) y —128); de todos ellos, sólo uno está mayor par n y Medea pretendido mitológico pr a diferente. dicho, elegías ontes además a la pa del en sus legías perte Hasta poco esente Según sobre de sol. te nece a la elegía ahora, ante la menos, que cada en los frs. este criterio, Jasón y Medea, los referidos a co En nuestra opinión e personajes mitológicos cada una de las parejas debería acabar como le había ocurrido a él; así a Deméter y al Sol se debe a incluye por la muerte, que creemos que la alusión otros motivos (cf. coment. a frs. 102—103; 29Ciertamente ya había algún precedente, puesto Mimnermo, con el que Antímaco tiene varias afinidades, había introducido el mito en sus poemas (cf. Wyss, XXI XXIII). 30Se podría pensar fr. 103 (cf. SucIa s. y. en un tercer oprcwt>es). libro si corregimos que ya 1— el 106). 31 Por lo que a las dimensiones de estas elegías se refiere, tampoco podemos decir mucho, pero debían de ser 31 extensas; a juzgar por la opinión de Calímaco y, sobre todo, por lo que se puede ver en la referente a Jasón y 32 Medea . De esta elegía tenemos el mayor número de frs. conservados por el escoliasta de Apolonio de Rodas (prueba de la influencia de nuestro poeta en Apolonio), y en ellos podemos seguir el relato del viaje casi por completo: 33construcción de la nave (fr. 104) , un catálogo de los Argonautas (fr. 105), el abandono de Heracles (fr. 106), llegada al palacio de Fineo, persecución de lasHarpias (frs. ‘Desde luego debía considera que los de tener Aitia de muchos más de 5000, Calímaco podían tener número de versos próximo a éste y aun así el poeta de Cirene calificó la Licle de “La estruttura de Callimachea”, Quad. creemos Argonautas, puesto era en realidad la amorosa de los dos por las digresiones 33Apolonio de lBs. > : “Er cuanto divulgado que la ncxri rpawn la Lide d Urb. 1979, 9 que deba 1 que el objeto narración de protagonistas quizá hacía Rodas dice al a la nave, ya trabajó Argos KaL ay ropov (cf. i Antimaco e la 1—98, esp. 94—96). lamarse Expedición de fundamental de Antímaco este viaje, sino la relac aunque el gusto del po que a veces lo olvidara. principio de su poema los poetas de antalio Serrao, cr it ica los no i ón eta 1, han por encargo de Atenea”. Apenas puede dudarse que aquí ha (cf. comentario). bía una alusión a Antí maco 3 hoy se pues un 32 107—109), prueba de los toros de Eetes (fr. 110>, unión de Jasón y Medea junto al rio vellocino, más de Jasón (fr. 112 113—114), regreso más antigua, pero 115), quizá llegada al Medi nos permiten avanzar más en Argonautas y falta, a nuestr como es la relación de Jasón Frecuentemente se ha visto e Argonáutica, sin uda debido a a los escolios de las Argonáu más como probable es q tema central Jasón y Medea, hemos dicho, e del dolor por de los héroes. importante de llegada de los de su interés, Apolonio. Podr esta parte del han demostrado Antí ¡naco: Fasis (fr. 111>, captura del por la habilidad de Medea que por la osadía ), quizá referencia a los Sólimos (frs. de los Argonautas por una ruta sin duda menos conocida que la de Apolonio (fr. terráneo (fr. 118>. Los frs. no el recorrido que siguieron los o juicio una parte fundamental, y Medea al finalizar el viaje. 1 relato de Antímaco como una d que lo conservado es gracias ticas de Apolonio, pero lo ue en el relato de nuestro poeta no tuviera el viaje, sino los amores desgraciados de sus verdaderos protagonistas; aunque, como 1 autor se explaye, quizá olvidándose un poco la pérdida de la amada, contando las aventuras Así pues, podría decirse que una parte la elegía de Antímaco se desarrollaba tras la Argonautas a Volco y, dado que quedaba fuera no ha sido transmitido por el escoliasta de lamos, en mera hipótesis, reconstruir algo de poema siguiendo a las fuentes antiguas que en otras ocasiones tener puntos en común con 33 Llegados al Mediterráneo, los Argonautas, pasadas las dificultades de las Sirenas y Esc 34 tierras de los Feacios y desde destruye a Talo, gigante de bron Ap. R. 4, 1670 y Apolodoro 1, 9, 35 también narraba Antimaco . Cuand quiso vengarse de Pelias, para lo la magia de Medea, quien convenci que podría rejuvenecer a su padre lo cocían. Esta parte de la leyen del cuento popular, era muy conoc Bernabé; Ferécides FGrHist 3 F Apolodoro (1, 9, 27k así que ila y Caribdis, arriban a allí a Creta, donde Medea ce protector de la isla (cf. 28); pasaje que sin duda o llegaron a Yolco, Jasón cual se valió otra vez de ó a las hijas de Pelias de si antes lo despedazaban y da, adornada con elementos ida (cf. Nostos frs. 7—8 38 113 ; Eur. Hect. 12-18; no es raro que también 34Aquí hay que hacer una notable distinción entre el relato de Apolonio y Apolodoro y el de Antímaco, pues para estos autores la unión de Jasón y Medea tuvo lugar en la patria de Alcinoo; en tanto que para nuestro poeta se produjo en Cólquide (cf. coment. a fr. 111). 35E1 relato de Apolonio nos presenta en este pasaje una Medea, cuyo protagonismo y rasgos característicos recuerdan la Medea de Antimaco (cf. coment. a fr. 112). 36 En la prueba previa que hace Medea para convencer a las hijas de Pelias; Ferécides dice que Medea rejuvenece a Jasón, quizá Antímaco contaba algo así, dada la coincidencia con Ferécides en otras ocasiones, además de lo apropiado que parece para el relato de Antímaco. 34 Antí maco 37 Pel ias la incluyera en su relato. Tras la muerte de Jasón y Medea se dirigen a Corinto donde viven durante un tiempo felices y tienen Naupac ti as fr. 9 Bernabé y Pausanias 2, 3, 9). diez años Jasón Creúsa), hija de casarse con ella juramentos y las no sirve de nada hecho que sin duda, poema, damos a cont recogen las fuentes representada en la casarse con Glauce una corona para la arder junto con su asesina también a también Apolodoro 1 53>. En la segunda se enamora de Glauce (en 1 rey de Corinto, Creonte y abandonando a Medea. Esta 1 cosas que ha hecho por él decide tomar venganza. a nuestro juicio, Antí inuación noticia de las antiguas: según una, Medea de Eurípides, cua Medea envía a sus hijos novia y cuando ésta se 1 padre y el palacio. sus propios hijos y 9, 28; Higino 25; Ovidio versión Jasón e pe Por ¡naco dos fu ndo co os Lí otras fuen se dispone recuerda ro viendo ser éste recogía en vers iones ndamentalme Jasón va n un peplo pone empieza ena de fur luego y Medea llegan huye Hero ‘idas a ser tes a sus que un su que nte a y a ia (cf. 12, reyes de Corinto. Allí Medea recibe la promesa de parte de Hera de se ve Acasto sorpren Pel ias. pero es 37Los juegos en honor de Pelias fueron muy famosos, como en numerosos testimonios y fueron organizados por o por Jasón mismo, lo cual no deja de ser dente, teniendo en cuenta la causa de la muerte de No sabemos si formaban parte del relato de Antímaco, muy probable. varios hijos (cf. Pero a los 35 ento por haberhacer inmortales a sus hijos, como agradecimi rechazado las insinuaciones amorosas de Zeus; para ello templo de la diosa, pero una vez allí la promesa se cumple y mueren. Enterado Eumelo fr. 5 Bernabé y Si OLímpicas 13, 74; Pausanias sucesos parece que Jasón y FGrHist 3 F 62; Apolodoro 3, donde después de restituirí ingresa en la isla de los Bi se casa con Aquiles (cf. Ibi además Apolonio de Rodas 4, Pero, puesto que consi contininirn, ¿cómo éstos, al dísticos elegiacos se unían saber esto con certeza. Pero ser la intervención subjeti Jasón, s món ides 2, 3, 1 uelve a 13, 7> y e el re enaventur co PMO Sllss. ), der amos parecer, entre si? N en nuestra va del e separa PMO 545 0). Des Yo 1 co Medea mo a ados, 291 de pués (cf. a la su donde y Simó a la Lide extensos o tenemos opin ión Medea esco de Fe Có o (cf. ho a estos réc ides lquide, ti Perses al parecer nides 558; un carmen relatos en medios de tiene que poeta, es decir, que seguramente experiencia le serviría partiendo de un proemio en el que mencionaría personal Antímaco tendía un hilo 39para unir los relatos míticos su conductor que Esta existencia 38Cf. D. ¡4. T. C. Vessey, “The reputation of of Colophon” Hermes 99, 1971, 2. Véase el recurso en sus Eeas. que precisamente ha servido para dar poema. Ant imachus de Hesíodo título al lleva al los no 36 de lo subjetivo no se aprecia en los restos conservados; salvo en un caso quizá. En el fr. 126 podría haber una alusión a la estancia de Antimaco en las riberas del Pactolo acompañado de la muchacha llamada Lide, por ello quizá puso 39 la unión de Jasón y Medea junto al río Fasis , en lugar d~ en Bizancio o Corcira, como hacen otras fuentes (cf. coment. fr. Itt). OTRAS OBRAS DE ANTIMACO Las restantes obras de Antímaco están prácticamente perdidas para nosotros, quizá con una mínima excepción para la Artemis De Dei tos, que hemos visto como Wyss la identificaba con los no~rjpata recogidos por Heraclides del Ponto en Colofón, y de Jacirte sólo conocemos los títulos (cf. lJyss XXIV—XXVII) y aun el de esta última no es seguro. Por lo que se refiere a la Artemts, sabemos que constaba de, al menos, dos libros, puesto que Esteban de Bizancio dice AVTLYaXOS a-. ~APTCP¿óOS óCtT¿pÉA. Nosotros hemos estimado, con alguna reserva, que varios frs. del Papiro de MiLán 17 (cf. 131—143) pertenecen a esta obra de Antimaco, de acuerdo con la opinión de Maas Cap. Vogliano, Papirí det~o R. Untver~itá di Milano, 48s. n. 2) Se ha pensado en una 39Véase la argumentación de West en Stud=es in Oreek Eleev ond lambvs, Berlín-~Nueva York 1974, 169s. 37 composición de carácter himnico (cf. el Himno Homérico IX o el de Calímaco dedicados a esta 40 diosa) . Precisamente Himno homérico el que, establec Claros — Antí ¡naco 1 iteran el poema pos ibi 1 i como he ido un Colofó ); así o en su de Ant dad de tratarse de IX se atribuye ¡nos visto, oráculo a n y su posi que nuestro propia tier imaco esté d considerar al f Apo ble PO ra; ivid la un relato monográf 144 to especie de biografía. El fr. trató el tema del parto de Le fue sometida por Hera. En el tomó esta información de Antí pero no sabemos a qué obra de información de que disponemos 41 fundamentalmente a un poeta de Claros, lugar en se habíamal de los Epígonos lo (vid. supra inclusión en la eta ya tenía un sin embargo el he ido en libros, Artemis un hi ico sobre la nos revela y la persecució Ir. la relación Tebaida precede cho de impide ¡nno. dio ue ím PO sa; q Ant n a la de nte que toda drí a un a aco que se dice además que Calímaco ¡naco para Antí ¡naco hemos de su Himno se refiere. pensar en la a Delos, Con la Artemís 4%ara la influenc ver supra, a propósito 410f. Matthews, Mnemos.vne 32, 1972, 131 ¡a de los Himnos homéricos en Antímaco de las fuentes de la Tebaida. Antimachos in the Att La prologue” y n. 20. el 38 ANTIMACO EDITOR DE HOMERO Ya vimos arriba que Suda le da a Antímaco el titulo de rPapp~Lwo~; además de iTOLTErTIS. Es, pues, el precedente de la figura del filólogo y poeta que proliferará en el siglo III a. C. Su figura se adelanta nada menos que en cien años a la de los alejandrinos, rasgo éste el más llamativo del poeta de Colofón. Hemos visto hasta aquí su obra como poeta. Veamos ahora en qué consistió su tarea como filólogo. Aristarco reunió en el siglo II una serie de ediciones de Homero clasificándolas en dos grupos, según el autor bar’ ‘ — I2c5pcY), o el lugar de procedencia (Ka-ra nÓXELS); pues bien, Antimaco aparece el primero en el grupo ~crr &vópcx. Es por tanto el primer editor de Homero del que tenemos noticia. De c . , esta edición, citada en los escolios como ~q AVrLPaXcVU, r~ tu . ot kzra ~AvT¿paxov. han llegado a nosotros algunos frs. (cf. 188—208). Parece que la edición de Antimaco no era producto de una recensio codicum; puesto que nunca se la llama óLop8b5aLt, que era el término adecuado para este tipo de trabajo. La Svda le llama rpapFJatLkos; sin -‘ -‘ ‘42 embargo dice que Zenódoto fue npwros ‘rún-’ ‘OpT~pov óLOp’SCOTflS Quizá Antímaco hizo un estudio profundo del texto homérico en lo que se refiere a su composición, estructura y, sobre todo, vocabulario; si bien consultando otras ediciones Pfeiffer, Historia de la filología clásica 139 y 177s. 39 antiguas de Homero con las que, como se verá, de coincidencia. Antímaco parece que puso en el principio tiene puntos de su Edición una vida de Homero (cf. frs. 188—189) natural, valor que decí a esta Homero no pod aunque quiza los filólogos coincidentes las que segun en tres ocas 1 191; 192). Si lecturas atin la lectura de g~x0~. En el lectura (Tp~n presenta una vflOl>009L0t> a Por otra que edi el O iórl Poeta tení a habí a para nao res * en la ido en tablecer escase fue muy que, Colof el de aprec como 43 ón texto pr ue i ada es Del de bas; por emos decir mucho, por la z esto mismo indica que no antiguos. Los frs. 190—194 ofrecen lecturas con las ediciones clasificadas Kara TtOXCLg, a Wyss (XXIX>, seguía Antímaco. Aristarco sólo ones acepta las lecturas de Antímaco (cf. 190; n embargo, también podemos encontrar algunas adas (cf. 194 KEKOrrcnv). También podría ser suya q’ 390; ~ 346 c 0iaov, en lugar del prosaico fr. 193 igualmente recoge Antímaco una buena s en lugar de TjÁSas). En otras ocasiones conjetura ingeniosa (cf. 196). La lectura ~ 397 podría ser antigua (cf. coment. a 195). parte, hay algunos frs. de los Studia Homerica que podrían pertenecer a obras de Antímaco y no a lecturas de Homero (cf. 202—208 y comentA. 43Wyss (XXX> no descarta, sin embargo, la posibilidad de que la Vida de Homero fuera un libro aparte de la edición. 40 LENGUA Y >4ETRICA DE ANTIMACO La escasez significativa y general. La len u homerizante, ática con predo pudiera parecer En cuanto a los uso de formas dó X&>oio; 182); colorido del incluso en lo comentario a entre la Tebcz y la elegíaca la Lide, fr. 19 ,z¿Q K~L cambios en efecto, en e de frs. se hace en este apartado mucho más nos obliga a tratarlo en su aspecto más gua de Antímaco es fundamentalmente homérica si se quiere; asentada sobre una base jónico— minio del ático sobre el jónico, lo cual extrafio en un poeta nacido en Asia Menor. otros dialectos, hay algunos indicios del ricas (cf. frs. 32, 7 nao?s y frs. 136 o arcado—chipriotas (cf. fr. 18). Pero el dialecto homérico se percibe rápidamente s pocos frs. conservados (cf. ~oct símiles y los frs. ) y, además, sin distinción evidente ida y la Lide, es decir, entre la poesía épica (el uso de la fórmula épica cinc ó~ 9C*t aas en 117, es una buena prueba. Cf. en la Tebaida fr. la aplicac 1 estudio Pero ión que Ant del Ar í ¡naco vocabu i starco introduce lario hom hizo numerosos érico. En sobre el voca que hal los bulario de Homero rechaza las modificac introducen los llamados Necxrcpoi, en laba Antímaco, y cita algunas palabras q frs. de nuestro poeta (cf. fr. 98, 2 semánticas os que se ue se hallan en @~-.>pos; fr. 203 iones tre 41 ‘44 En L~pa i Otros ejemplos de este gusto por el cambio semántico lo constituyen palabras como &ooc npo~w-u (fr. 17); nX¿og Cfr. 129). Pero el poeta en su modo filológico de entender la creación más allá del mero cambio semántico e intenta expresión homérica. Asi vemos como inThrpre lugares difíciles. Yuxtapone fórmulas y estruct gusto característico por la variat Co, que consí de la sustitucíón de un término por ot aproximaciones formularias totalmente nuevas puede verse con frecuencia en la Teba¿da (cf. e a los frs.) y, con el gusto por el arcaismo de configura lo más característico del estilo posible verlo también en la ¿‘ide a pesar del r frs, que conservamos con texto. Por ejemplo, e CV> 6 ua~cv ey 1KcV está claramente elaborado LaTEn) ITOLEL de c 254. En el mismo fr. ½. 2 aouc está tomada de p 390, en donde fue s onXov, de Home más ro cl conocida y que, en eberían restablecer nuestra El fr. op i n 1 ó rí, 116, 1 (U. 4, 2); de Colofón, poética, va recrear la ta glosas y uras con un gue por medio ro; o con Todo esto 1 comentario las leyendas, del poeta. Es educido número 1 fr. 104, 1 sobre ¿‘ 6’ la palabra ustituida por los editores nos presenta un hemistiq nuestra Opi comentario ulo homérico (0 285 nión Antímaco modif sobre la lectura xpna~e a-’ ico en en>~p~~ xptae~ “ óCTUaL, que LV óCfl~L ~JXPC½3). en (cf. Cosas 44Cf. A. Severyns, Le cycle épiqve ciarts d’Aristargve, Lieja-París 1926, 103—119. 1’ école 42 similares podemos ver en el fr. ilO ccXpupov ~ówp 7 cxXp-upov néXaros. El gusto por las innovaciones léxicas se nota sobre todo en los hapax, más de cincuenta en el texto conservado, que a veces utiliza para apoyar la antigUedad de una leyenda (cf. fr. 15, 2 rauPriad-ro en relación con el Teumeso, monte 45de Beocia) Antimaco aprovechó el vocabulario que se encontraba en los Himnos homéricos, más de Homero. Algo ya hablar de las fuentes datos más. En el Ir. 1 Edipo, usa &penrijpua, 168 y 223, además de sim.); aunque el si seguido por Antimaco, La palabra XcCpos con Antí ¡naco está tomado opyeu~vas (fr. 103) es quizá me nc del 17, que en gn i f es el porque los consi ionamos sobre poeta. Añadamos en relación con puede verse en el Hes. , Trabajos 1 icado que tiene levemente distinto sentido de “vela” del Himno a ApoLo una palabra tomada del de r aba este ah la Ni 87s. en 1 (c una obra asunto al ora algunos leyenda de ,nno a Ce-res (cf. Loo. os Himnos, 1. coxuentario). que 406. Ni mo tiene en Asimismo a ApoLo 3885. Señalemos finalmente, a modo de resumen morfológico, una serie de palabras del vocabulario de Antímaco, que nos proporcionen una apresurada visión de conjunto: a) Palabras declinables.— “AópflaTo; (frs. 56, 1; 66, 1 etc. \ X¿XOLaL 4%ara los rasgos característicos de estos hnpax cf. los comentarios a los frs. que los contienen. 43 (93, 1); OWCKT 3); po7is acus. ~9 OLVOLO (57, 1) 1);IJLL> (4, 2>; (95); aqxotrcpov EpKTOpCc (119); b) Verbos.— Gfl’tLTCTX)ktO (78, eeaKE (178>; -ruT (15, 3); cópaxc EkrpoXLrolJacx (4, c) Palabras (icxaLXflct (5, 9 uccóos (102); Taxaw’ (66, 4, 7> t&~ T~órK 18); L (67); ‘Ap&oav (4, 3); >AxcX~Sos; pl. (94); @OUCPOVLTIS (32, 9); Ator 0prCL65t>as (103); KaXon; (104>; ~ 15, 1>; nacLt> (15, 1); OlIOS (99>; KlJaVoxaLTa, dat. (70>; &poXr~topcs (146) &pnsó¿caaa (17). apvaaopfcvos (34, 8); a~axv~>cpev (18Db); 2); KC9005VtC5 (56, 3); ncrowparo (73). UGREL (91, 1¼ PCtCPEV (56, 2k KEKverlpcVa (95); -rcvprjaa-ro (15, 2); tpVCCOVcYaL (2, 1>; 2). indeclinables. — 9 LVL (32, 11); RE (15, 2>; (28); yc (15, (62, 2>; TOT 4); 6T (4, 1); (4, 1>; T~UTE Crrv&L (68); 118>. una breve notificación de los datos relevantes que en este conservan algún verso hexámetros completos, i por los papiros. En elí nota en estos versos ci con uno o dos pies espo ritmo. Esta preferencia ritmo llama la atención fr. 58; en los cuales la apartado nc os erta ndai de en nos ofrecen los frs. que de Antímaco. Hemos luyendo los dudosos encontramos 15 preferencia por cos para dar ma Antímaco por los dos versos terminación con contado y los aport espondaicos. iniciar el y yor gravedad la gravedad espondaicos una palabra KTj9tKE5 (cf. también 98, 3) y vc=pwaav-ro respectivamente adv. C9 E LW55); METRICA Daremos £5 (56, más 83 ados Se erso al del del como 44 contribuyen a aumentarla. Un indicio significativo del diferente sentido rítmico entre los versos de Homero y de Antimaco puede verse en el siguiente, que el poeta de 9 , c,. Colofón ha tomado al autor de la Ilíada Ióccc fi os *capTtatoq cnLxOoD¿&fl-’ ycvct’ avópov CI 518) y Ant. (fr. 147) Vróc¿ ~‘ ~k KápT maros ¿nmxfiow¿wv ?j cvóp¿v. No hay duda de 9 , que el cambio de yC1JCT por x1v se ha hecho para producir mayor gravedad y vigor en el verso. Son éstos unos breves detalles, sin duda, pero dan un reflejo del estilo del poeta y ayudan a comprender mejor la descripción que de él nos transmiten algunos testimonios (vid. irtfra). Según Wilamouitz ro j~,á ot &xí.Xcxcs El caso muta cina Líquida siempre hace posición (fr. 88 hrvoí. óc npoxoat. Hay una excepción a esta regla en (fr. 98, 2) cmaro npwros. seguramente por el intento deliberado de no convertir el verso en espondaico, ya que se halla en el quinto pie (cf. r 320 y p 275). Existan casos de sinícesis provocados por genitivos en —ccc (fr 78, 2> ‘Aw1jotÑócw; (fr. 147) lócto. Asimismo por el participio apopQcwv (fr. 82). 45 La norma vocajis avt dtphthortgvs finaLis corripitur se cumple en quince ocasiones (fr. ~Ep15OcLa; (fr. 169) Epna~EafiaL aXCCLD(OV. En los fragmentos conservados nunca un hace posicion. ante vocaiem. 116 ccycxKXlJpcVfl) di gamma perdido LA FIGURA DE ANTIMACO EN EL PANORAMA DE LA LITERATURA GRIEGA Cuando, acabada la Guerra del Peloponeso, Antímaco inicia su actividad literaria, la composición épica al viejo estilo había muerto. Ya en los últimos poetas considerados dc Lic trad i c deste 1 os, ion, los producción como Panias aunque en de imaginac is, él ión. es fruto de se percibe todaví a Antí maco el uso erudito de es posible ver alg es el primer poeta la paciente investigación en un binomio que s. Este aspecto a su época, siem tivos del poeta de investigador ejercer la poesí ogo, st ico años 11am icio para misma que ha fuentes. Es el primer poeta casi general en los poetas poeta doc tus adelantado cas ha sido uno de los aspectos a Colofón; bien es cierto que e f Antímaco más parece una nec s que una actividad paralela Dado el lamentable est llegado Antímaco a nosotros, nunca podremos tener preciso de lo que supuso su figura en la 1 fi 161 he lení i cien más lo e idad a ésta ado en la unos cuya las será del pr e de en a, la obra de un conocimiento iteratura y de sus 46 cualidades y defectos; y la imaginación no es buena consejera para suplir estas carencias. Contra ello ya nos previno Wílamowitz46. Sin embargo, un repaso a los comentarios que su obra produjo nos servirá para valorar su figura de poeta y erudito. Puesto que de las fuentes de Antímaco ya se ha dicho lo esencial en las páginas precedentes y aún se dan más precisiones en los comentarios a los frs., nos ocuparemos a continuación de las opiniones expresadas por los antiguos sobre su obra. Para ello dividiremos el análisis en tres apartados: La simpatía de Platón, la crítica de Calimaco y el influjo de nuestro poeta en la literatura posterior. 1. LA SIMPATíA DE PLATON POR ANTIMACO: Una de las referencias más antiguas que tenemos sobre la obra de Antímaco es que Platón la tenía en gran estima. Hasta el punto de enviar, como hemos visto, a Heraclides a buscar los escritos del poeta a la muerte de éste (test. 3>. La noticia es muy significativa, si se tiene en cuenta la opinión generalizada del filósofo sobre los poetas. Platón, pues, ya debía conocer parte de la obra de Antímaco, para apreciarla tanto; así que debemos preguntarnos ¿de qué obra 46Wilamowitz—Moellendorff, U. von Heiienisttsche Díchtvne un der Zett des KaUimact-tos, Berlin 1924 1 vI, ver, sobre Antímaco, 101—103. 47 de Antimaco se trata? A nuestro juicio esta pregunta no puede tener más decíamos antes, editar en vida, que Ant 1 pues una maco parte, el hecho de que en con Quérilo, parece que nos quedan del era debido este ext que lamentablemente embargo, algo podem de los poetas y de ninguno sea más 48Rep<¿btíca 398a-b algunos, OCUTOL 6’ ~au respuesta, debió tener el era su obra fu el test. 3 se ini no lat en j reforzar texto de raño inte nunca es os intuir la poesía reve lador En este esta op Antí ¡naco rés de P citado por los y para que lugar, versos de Homero, dice Epw KGYL c’ c — OS rlPW a~> rLú ava epor ¿xecx Ca~ Ct>Cxa, la Tebaida; máximo ndamental compare ón. Los nos de ón por sus d uic i05 que, como interés en por otra a Antímaco c restos a qué poeta, Sin hace PO 05 jan ver nuestro 47 iálogos que Platón nuestro asunto qu el que encontramo después de criticar el ilustre fi ar 16carcpq~ rOLTyrfl TOt> CII ICLKOU5 izá s en (388b) lósofo ~PC~3pEecl LV> .‘ ‘ .1 9 , >.~ 9 c IJLPOLTO R~U Ta XCrOI.JCVa XCyOL Cl> CKCLV>0L5 T0L5 T3JflO15 0L5 47Rosbach (en Rocher III x 129) quería ver una alusión a Antímaco, a propósito de Adrastea, en Leyes 717d, en nuestra opinión de modo totalmente equivocado. 48En la RepúbLica no se considera en inspiración divina y la obra de arte se juzga, calidad, sino en la medida en que cumple un fin O. M. A. Grube, EL pensamiento de Piatc5n, trad. 274—327. absoluto no por social esp. la su (cf. 1973, 48 ‘9 — 9 — KaT apj~c*5 cvowo&erriacxpc&cx, OYE T0135 CTP~TLCOT~S LIICXELPO1JPCV rtamócvc LV>. “Nosotros emplearemos un poeta y narrador de mitos más austero y menos agradable, pero que nos sea más provechoso, que imite el modo de hablar del hombre de bien y que cuente sus relatos ajustándose a aquellas normas que hemos establecido desde el principio, cuando nos dispusimos a educar a los militares”. Aquí, pues, debe estar parte de lo que veía Platón en Antimaco. No verso del Co pomposa; o 5 con la que intervención mundo de ult parecía muy embargo, los suprimidos; a la mayoría, le inte lo fonio u relato caract de los ratumba, adecuado versos “no por resaba al autor de la Repúbt era demasiado artificial y su excesivamente largo; sino la erizaba a sus ¡&ersonajes dioses y la visión menos 49 entre otras cosas ; pues para la educación de los contrarios a estas ideas que no sean poéticos, o po sino, al contrario, porque cuan ica si el expresión, auster i dad la menor terrible del todo esto le soldados; sin deberían ser rque no agraden to más poéticos tanto menos conviene que los escuchen niños y hombres que tienen que ser libres y temer más a la esclavitud que a la 49Cf. el excelente análisis de 7~yss (XL—XLII> y la opinión de Wilamot.sitz, Hettenisttsctte Dtchtung irt der Zeit des Kaltimact¡os, 1 102. 49 (Rep. 387b>. Este pensamiento, aunque no se 50 frs. de su obra, debía existir en Antímaco que la imi ió ser sólo en la técni hexámetro, • habrá que suponer de nuestro poeta deb en esto, quizá sólo disposición del lario, leyendas; puesto que en ción de la materia fue censurad Horacio, después, precisamente En tal circunstancia, cob sospecha de que la condición tac i ón en el ca de uso cuant o por por rarí a de Home aspecto compo de o al Calim ser fuer de Antímaco filólogo es una necesidad para componer poemas los alejandrinos, una actividad complementan duda, todo este terreno es muy inseguro, pues Platón ni podemos confirmarla en la obra puesto que no cita a Antímaco, ni reconocerla del poeta y pudiera estar un tanto exagerada. y a. la del en ro for por mal sición del fórmulas, método de aco, primero contrario a za nuestra como poeta— no, como en Pero, sin simpatía de filósofo, los frs. 2. LA CRíTICA DE CALIMACO: En cierto modo la crítica de Calímaco Antírnaco es una consecuencia de lo comentado anterior. En efecto, la tradición según a en la la obra de el apartado cual Platón 50A él podría refenirse Posidipo Fernández—Galiano = Antímaco, test. Himnermo cpthpaaro; y a Antí ¡naco acocppwt-’. de Peía (fr. 10) cuando IX is. E. llama a muerte en los percibe Si esto es asi parte y aun poema: vocabu expos i y por Homero 50 apreciaba la poesía de Antímaco debió ser conservada y llevada a Alejandría por los escritores peripatéticos muy aficionados a la biografía, uno de los cuales, Praxífanes, de quien se ha supuesto al parecer erróneamente que fue 51 maestro de Calímaco , fue incluido por éste entre sus adversarios, a quienes en el prólogo de los Attia (fr. 1, 1— 52 12 Pf.) llama maliciosamente “Telquines” . Calímaco escribió un libro contra la doctrina de este autor titulado lipes ¡iPcdLPáVTlV (fr. 480 Pf.). En él el poeta de Cirene parece 53que criticaba los conceptos aristotélicos sobre la poesia y seguramente la incompetencia de Platón para enjuiciar el 1Cf. esp. 1976) Ji Logia maestro de i nterpretrac hoy sabemos contrario. 52Sobre el uso Cuenca y 14. Brioso, Madrid 1980, 135s. 53C1’.C. 0. Br into Cailimachus’ A. Lesky, Historia de La Literatura ~rtega (trad. 721. En contra E. Pfeiffer, Historia de la 179 y n. 51. La idea de considerar a Praxífanes Calímaco perece que procede de la errónea ión del título flp¿s ¡1pc1~Lq~=Vrn’ de Cali ¡naco, que que significa “Contra Praxífanes” y no al de tal apelativo en Calimaco cf. L. A. de Cal imaco, Himnos epigramas ~¿ Iragmentos, y n. 4. ink, “Callimachus and Aristotle: An Inquiry flPOZ flPABII’ANHN”, CO 40, 1946, 11-26. 51 valor de 1 convirtió 54 a misma . Así parece en el instrumento con que la obra de Antímaco se que Calímaco descalificaba a los Telquines, Pos i en c dipo omún de Peía su admir cuya Lide criticó 1 i dad dist oesi a cont ,4i ti ia e los pues riva , pues, entre modo into de enten la p de Antímaco para raponer las d sus , a pesar de vers fundamentos IJOL TcXxVcs ‘‘ ,, ev aeLapcY 6LYp2CKCS ‘9 cro’; 6’ todos los conocidos, Asc lepí ades,55 y, posiblemente, Apolonio de Rodas , tenian ación por la labor poética del Colofonio, Calimaco en un epigrama (fr. 398 Pf.). La Calímaco y los Telquines se debe a un der la creación poética y al parecer era un excelente punto de referencia os posturas. En el citado prólogo de su dificultosa interpretación, pueden de la concepción poética de Calímaco: LnLTpx4ovaLD CCRCD 0i3>¿ CL> VLXIcXCIVnoXXcC;7 ‘nYA>aa 7 (acm> 7 . .. OXLYÓaTLXOS aXXa Ka&EXKCL7 , .‘ E1rL TlJT&OV cX[ noXt rylv ~.sa>cpr1v nvia 8capo9c~po[S Y 107V> 6,.,oiv’ 54 Praxífanes había escrito un libro, flC~L rroLwrtov, en forma de diálogo entre Platón e Isócrates (cf. Prax~-tt7 kpCL’CTc. va+j axo¿vto flcpaCót. TflW aocpCrn-’x prjó> arr cpc~ óícpcrrc I.ssra NK’cpcovaav aoLóY1b> A 1 LKTCa&OL ~po1Yrcn> 013k CIJOt>, Axx& Aio’;. los Telquines murmuran contra mi canto . . . , porque no he compuesto un poema de muchos miles de versos . . . , sino que desarrollo mi arte en pequeños trozos”. .. . el breve 56 número de mis versos, pero la fecunda Legisladora supera con mucho a la gran tencinal y el dulce Mimnermo, de dos nos ha enseñado las que brevemente . . . pero no la Gran Se5~ora . . . juzgad la creación poética por su arte y no por la medida persa. Y no pretendáis que dé a luz un canto grande y atronador; tronar no me corresponde a mí, sino a Zeus” (vid, el texto completo en fr. 1, lss. Pf. y su comentario). Bien se ven en este fragmento las profundas discrepancias entre Calímaco y Aristóteles (cf. Poética 1450b—1459a), con cuyos principios estaban en general de acuerdo los Telquines; pues no en vano uno de ellos, como hemos visto, era un distinguido peripatético. Calímaco, pues, fiel a sus principios y deseoso de Es decir, Deméter. Diosa de los cereales y protectora de la ley natural. Contrapone Calímaco la mayor utilidad de las pequeñas, pero numerosas, espigas a la gran encina. 53 contradecir a sus adversarios, no podía evitar hacer una crítica severa de la obra de Antímaco, que, aunque reflejada en la Lide —At&1 kaL na~u ypappa kaL cl ropc% Cfr. 398 Pf.)- 57sin duda también alcanzaba a la Tebaida ; poema rebosante de elementos contrarios a sus tesis: Era enormemente extenso, tenía unidad temática y desarrollaba la acción de la leyenda 58desde el principio al fin y, para acabar, pretendía imitar a Homero, considerado por Calímaco inimitable, y al Ciclo, 59 al que el poeta de Cirene despreciaba Dado este rechazo de Calímaco a la obra de nuestro poeta, se ha pensado que la pcrXri ruvii se refería a la Lide. Argumentan los críticos que están a favor de esta hipótesis que si Calímaco aludía en el citado prólogo de los los inca 57Del Corno equivocadamente, esclusiva, che C el poema epico 58 La Teba Te lqu mes paz de co st. w. of Colophon”, la Tebaida de rro~rjpa 10 >CUK va dirigida a A. de Cuenca y fragmentos, p. (art. cuit. 65) cree, a nuestro juicio que “la critica principale, se non proprio allimaco rivolgeva ad Antimaco, riguardava non l’elegia”. c’ ~/ ida era, pues, ev acLapcs ÓL’9L)ckeS de los que decían que Calímaco rechazaba porque era mponer alguno semejante. T. C. Vessey (cf. “The Reputation of Antimachus p. 3 y n. 6) considera que Cali ¡naco aludía a Antímaco en el epigrama 28, 1: %&crCjxó ~ro XLKov. Otros, en cambio, creen que tal alusión las Argorviuticas de Apolonio de Rodas (cf. L. M. Brioso, Ccíl.tmcco, Himnos, epigramas y 105 n. 19. 54 Aitia a Mimnermo y Filetas, sus modelos; debía a su vez mencionar a Antimaco, considerado 60 modelo de los Telquines Hoy la opinión r~rn Calimaco h 61 Mimnerno , qu extensión, pero Finalmente 47) se siente 1 10 wCya (3L~XL01—> a Praxífanes y autores de époc el pensamiento general para re bien parece un Pero, no o más gener ada una izá la de menor y. Y 14 ncl inado -5. Laot> -rÉ.i al propio a omana, Cali r de fer ir lo resumen bstante expresión a obra del Nanno, de PC r~x ~ propio mayor al es que con la comparación con otr Esmirneida o la calidad. atthews (“Antimachean anecdotes”, p. a ver en el famoso dicho de Calímaco perc~Xco RaRo> (fr. 465 Pf> una alusión Antimaco, que pasaría después a los de los que ahora hablaremos. Pero ¡naco aquí expresado es demasiado a un de su todo autor concreto o a una teoría poética. lo dicho, convendría obra. Más precisar algo esta crítica de Calímaco a la poesía del Colofonio. Con 60Cf. A. Barrigazzi, “Mimnermo e Filita, Antimaco e Cherilo riel proemio degli aitia di Callimaco”, Hermes 84, 1956, 162—182. 14. Puelma, “Kallimachos—Interpretationen, Phiioiogus 51, 1957, 90—100; 247—268. También Uyss XLVI n. 1, que recoge las opiniones anteriores sobre este asunto. 81La información de Escolio Florentino y el Escolto Londinense (cf. fr. 1 Pf. ), así como la no presencia del nombre de Antímaco en el prólogo de los .4ttia, inducen a inclinarse por esta hipótesis. Cf. del Corno, art. cit. Bis. y L. A. de Cuenca y 14. Brioso, Cal tinaco, Himnos . . . 138 n. 13. 55 la información que tenemos a nuestro alcance, no se puede decir que Calímaco hiciera una crítica sistemática a la obra de Antímaco, de la que, como veremos, se sirvió en alguna ocasión. Más bien parece que se limitó a dar juicios negativos de ella, para contradecir los positivos de sus adversarios. Así, cuando Asclepiades (test. 9) alaba la Líde en los siguientes términos: Xtór1 KaL rcvos £L~L K~L ouL>op~ T0 ~1JvOv Moua~Sv yp~ppa RaL ~AvrrLpaxox,. Calímaco le contesta: Ai56r~ RaL rari ypappa Rat. Cii TO~¿12. Este proceder debió convertirse en un hábito dialéctico entre dos bandos irreconciliables, cuyas diferencias se ha supuesto que eran 62 63 más personales que literarias . Del Corno ha destacado otro aspecto de la crítica calimaquea, que conviene tener en cuenta. ¿Censuraba Calímaco en sus opiniones toda la obra de Antimaco, o sólo la Tebaida? Pa la crítica sólo iba referida al según del Corno, “parece muy ext radicalmente una obra que había suyas y de toda su época” y opiniones de autores como Catulo ra el autor de este artículo Antímaco poeta épico, pues, raño que Calímaco rechazara anticipado las tendencias añade, apoyándose en las Antípatro de Tesalónica y 62Esta es la opinión de 1k del Corno, “Ricerche intorno alía Lyde di Antimaco”, p. SSs. 63Cf. art. cit. 58-67. 66 Propercio (cf. test. 14; 13; 15), que “la crítica principal, si no exclusiva, al poema épico, no a del Corno, cuando me que Calimaco la nos, elegía’. exager derara h ‘st 6 ón que creemos que Calimaco consi Sólo nuestra perspectiva cierta claridad la evolucí de los siglos IV y III a. C. predecesores fueron Mimnermo En segundo lugar, y por citados, no los consideramos a este punto se refiere, por probable que la Lide ya contaran con el epítome de y quizá la Tebaida era el que podían consultar. Por en esta época la vieja se hubiera convertido en dirigía a Antí Nos ada. aA rica se Para y Fil lo un que hub parece En p nt í ¡naco nos produjo Cali maco etas. que toca a 1 argumento sé cuando ellos 1 a era maco la r i mer su perm it en la sus 05 PO 1 ido, escr 1 interesaba opinión de lugar, no predecesor. e ver con 1 it er atu r a verdaderos etas en ben desaparecido84 antes lo que es muy sóloy Agat rquides de Cnido Ctest. 28) único poema extenso de Antímaco todo ello, es más que probable que polémica sobre la poesía de Antímaco un mero recurso literario al que se acudía con cierta frecuencia a la hora de enjuiciar algún autor u obra. En tercer lugar, existe un obstáculo insalvable para aceptar la opinión de del Corno; y es el citado pasaje de N Calímaco, donde se hace alusión directa a la Mide (At&t 1 K~L 64Vid. lo dicho svpra en el apartado correspondientc a la Lide. D7 raxii ypap~sc’ kcxL oii ropov), que él pretende eludir diciendo que la crítica calimaquea se refiere sólo al estilo de Antímaco y tal justifi escollo tan general Antí rasgos como no sólo en e alcanza, en es un carmen conservado de desarrollaba no a la cac i ón gran ¡naco tal 1 1 estructura nos parece de, sobre siempre fue aparecen igua estilo, sino a estructura; pu continuvm y, por la elegía sobre la y dispos muy dé todo si Visto como lmente en también, es la Lide lo que Jasón y acción de principio ición de la obra. bil, para salvar consideramos que un poeta épico y su poema elegiaco en lo que se ya lo hemos dic podemos ver en Medea, en ella a fin, tal como Pero un en sus y nos ho, lo se en la Tebaida; cosas todas ellas muy contrarias cal imaquea. Como última objeción a la opinión de del decir que si la crítica calimaquea se refer Tebaida, ¿cómo es que precisamente este poema la Lide, cuyo resumen en el II a. C. prue temprana, en tanto que la Tebaida parece leerse en el II d. C.? Y esto es especialment si, como creemos, la crítica de Calímaco tuvo grande y directa en la no conservación de la a la concepción Corno cabría la sólo a la sobrevivió a ba su pérdida que aún podía e significativo una influencia obra de nuestro poeta. El juicio de Calímaco, como acabamos de indicar, fue recogido por los autores de época romana. Cicerón (Brvto 191 z test. 5), en una anécdota sobre la simpatía de Platón, adapta la famosa sentencia de Calímaco [JEra ~LflXLot’ con la 58 parece y mSn adoijún nimde una alusión al oij expresión mas¡~... reconditwn, lo que Cali maco. Catulo, uno de aquellos poetas a los que Cicerón despectivamente L>cc¡YrEpoL CAd Att. 7, 2, 1), no podía una opinión distinta de Antimaco a la de su modelo gr Así en una elegía en la que alaba la Esmirna de Cina, lo siguiente (Cat. 95 = test. 14): parva mei mihí sirit monvmenta sadatts:7 at popvius tv.mido salJcJ.eat Ant imacho. es difícil percibir en las palabras del poeta romano dependencia de Calimaco. Tv.micio = n~r~ >-pap~.¿a y en palabras parva manimenta se descubre el influjo del ~t.~Xmov licra IcaRol>. Dado que la obra que se alababa era epilio de Cina, parece lógico pensar que el tumido refería a Antimaco autor de la Tebaida. Como si la antigua polémica siguiera Tesalónica (Ant. PaL. 7, 409 = test. pot.w~.~ ... topot> de llamó tener iego. dice cordi No su las 9 licra un se de un viva, Antipatro 65 13) compuso 65Aunque la mayor parte de los editores (Stadmueller, Waltz, Beckby, Go¡a—Page y Gentílí—Prato) han atribuido la autoría de este epigrama a Antípatro de Sidón (célebre epigramista del s. II a. C.), nosotros, de acuerdo con Pfeiffer (cf. Catímachv.s, a frs. 398 y 544), consideramos más probable la antigua atribución a Antípatro de Tesalónica (s. 1 a. O.—! d. CA, cuya posición anticalímaquea puede verse, además de aquí, en el fr. 544 Pf y en Antotogta PaLatina 11, 20. El hecho de que, como parece, el epigrama se refiera sólo a la Tebaida podría indicar que su autor no conocía ya la Lide; lo cual concuerda mejor con la época del Tesalonicense que del Sidonio. No seria extraflo, por otra parte, si se trata del de Tesalónica, que la crítica de este epigrama fuera también contra Catulo; en una especie de recreación de la antigua disputa Calimaco—Asclepiades. 59 epigrama en el que alaba la poesía de Antimaco recurriendo a imágenes y expresiones calímaqueas, como hemos visto que había ocurrido entre Asclepíades y Calímaco. Veamos sus cinco primeros versos: OPPLWOL> ákaw roii o-rCxot> cxtvcoov AVTLIJ&XOLO. 1 a~iov ‘ , ¿pxaCwv 09pUOS ‘r¡PLGCCOV. 1 flLcpCócov xaXRcwrol dr abqJOOLv. CL ‘TOpOL> ouaq 1 CXXaXCS, CL ~XXOLS TUI) ayc&aotov otra. 1 CL TUL> >9 >9 >‘ >,..~ 9 aTpLflTot> ¡ OTpUTKOL> W.AOL5 1 paicai. “Si tienes un oído fino, si admiras una voz sin risa, si deseas un camino no trillado e inaccesible a los demás, busca el vigoroso verso del infatigable Antimaco, digno de la majestad de los antiguos semidioses, forjado en el yunque de las Piérides”. También Propercio menciona a Antimaco en un poema 66 dirigido a un tal Linceo (2, 34, 43—46 = test. 15> . En realidad se trata, igual que en los casos anteriores, del uso de la vieja disputa alejandrina. El que cite por un lado 68 Véase un detallado análisis en D. U. T. C. Vessey, “me reputation of Antimachus of Colophon”, Hermes, 99, 1971, 5—7. 60 a Piletas y Calimaco y por otro a Homero y Antimaco, parece indicar una oposición entre el canon épico, en el que 67nuestro poeta parece que ocupaba el segundo puesto , con el canon elegiaco. Conviene, por lo demás, indicar que, aunque se sirva del mismo recurso que Catulo, Propercio introduce diversas citas sobre la guerra contra Tebas, al parecer, 68inspirado en la Tebaida de Antimaco (cf. 2, 34, 33—40) Aún pueden añadirse las opiniones de algún autor más, 89 fundamentalmente , Dionisio de Halicarnaso Ctest. 18) que define la poesía de Antimaco como una cn~xrrTjp=< áppovCa, quizá en coincidencia con la opinión de Platón (vid. supra), clasificándola a la misma altura que la de Píndaro y Esquilo, además de Empédocles. Y en otro lugar Ctest. 17) > — ‘ > comenta: ALrrtpaxos Sc C~ppárríacLa cvtovLas ¡ N ~ 9 para quien la poesía de Antimaco es íoxvv ¡ (cf. la relación ro~ov tc&rot>Cas). 67Cf. Antipatro de Tesal6nica, ¡oc. ciÉ. y Quintiliano 10, 1, 53. 68Cf. J. van Ijzeren, “Vindicia Antimacheae”, flnem. 56, 1929, 281s. 69Díonísío parece que hizo una revisión de las opiniones de los críticos antiguos y la transmiti6 a los escritores tardíos que en general las aceptaron sin reservas (cf. Vessey , “The reputation ... “, 8—9). 61 Quintilíano también se ocupa de Antímaco en su estudio sobre la literatura (cf. .lnsL. cii-. 10, 1, 53 = test. 18). Veamos lo más relevante de su juicio~ in Ant irnachc, vis st gravitas st minime v-utgare etoqvendi gent¿s habet Laudem; sed qvamvis si secundas jere grammaLicorv.nt consensus cleferat, st adj ecttb-us eL iucur.dt tate st dispositione st omnino arte cieficitur ut pLane manifesto appareat quanto siL aliud proximun esse aL md securzdum. La crítica de Quintíliano, bastante coincidente con otras ya expresadas, indica que en su época se habla formado una opinión casi unánime acerca de Antimaco. La vis de Quintiliano es un paralelo claro de la LOXVL> de Plutarco y de la ~~pípov crrCxov de Antipatro de Tesalónica. Igualmente la gravitas de Quintiliano está en relación con la c¿cstT¡pá • ccppovCa y la ayCA3VLOTLKfl TpaxlYrfls de Dionisio; así como al touoi> de Plutarco. La ausencia de ivc’anditas es coincidente .‘ , 9 con la frase de Antipatro tav ayeXaarov otra. En realidad todas las opiniones criticas sobre Antimaco que se realizaron en este período pueden remontarse a las 70 discusiones de los alejandrinos ; si bien desde Dionisio, verdadero puente entre los críticos anteriores y sus contemporáneos, se aprecía una ligera tendencia a la crítica de aspectos de fondo, más que formales; según lo denuncian 70Cf. Vessey, art. ciÉ. , p. 9. 62 •• C 6 >6 términos como ax>at~pa appovía; ¿yb~c.crrov cita; gra...ttaa. tucundútas, etc. La raz6n de este leve cambio, hay que buscarla en el predominio de prosistas entre los críticos de este último periodo, en lugar del predominio de poetas del anterior. En esta preferencia por el fondo quizá haya una influencia de los viejos puntos de vista de Platón acerca de Antisaco (vid. supra). 3 LA INFLUENCIA DE ANTIMACO: Por lo visto basta aquí, y si la importancia de un autor de cuya obra conocemos muy poco directamente puede valorarse por las citas que de él hacen los que le siguieron, bien puede apreciarse que Antimaco de Colofón no fue, ni mucho menos, una figura insignificante en el conjunto de la literatura griega. Posidipo (fr. 9 Fernández— Galiano) lo había puesto en relación con Miunermo, de la misma manera que a Hesíodo con Homero. En el canon épico fue colocado en segundo lugar (cf. Antíp. de Tes. y Quintil. ‘ c test. 13; 18). En la povoínc~ íaropta de Rufo (test. 35) ocupa el tercer lugar después de Homero y Hesíodo y en la Crestomatta de Proclo (test. 25) el cuarto o quinto, tras Homero, Hesíodo, (Písandro) y Paniasis. Sucia (a. y. flcnÁaaí.;) lo coloca delante de éste. Sabemos, en unos casos, y suponemos, en otros, que los autores citados en el apartado anterior imitaron a Antimaco, o al senos lo utilizaron de diversa manera. Conviene, sin 63 embargo, destacar el hecho claro, a pesar de restos llegados a nosotros, de que los autores hicieron un us influencia de nota más en lo III a. C. y es Tebaida, cuya leerse en el s De estos que compuso un dedicado a una En ella parece Antímaco sigui tomara también 7 y comentario a es comparada por otros poetas alej los escasos postor lores o desigual de las obras de nuestro poeta. La la Lide, debido a su temprana desaparición, se s autores de finales del IV y principios del casi nula en los del II y 1. En cambio, la vida fue más larga y segura, todavía’ podía 1gb II d. C. autores destacamos a Hermesianacte de Colofón, poema elegíaco en tres libros, la Leontion, hetera, cuya existencia real no nos consta. que sigue el patrón de la Lide, como a su vez 71 6 a Nimnernmo . Es posible que Hermesianacte de Antimaco algún nombre de lugar (cf. test. fr. 227). Quizá también Piletas, cuya BiLis 71E1 hecho de que tres poetas elegiacos de Colofón compusieran poemas a mujeres cuya existencia no podemos confirmar, invita a pensar que se trata en realidad de un recurso literario, quizá para introducir un rasgo de subjetividad en el poema. bien en la época de Ovidio ambas obras ya perdidas y el poeta latino no pudo tener un directo de ellas (cf. D. del Corno, “Ricerche. debían estar conocimiento “, 75s.). 72 Ovidio con la Ltda (test. 29) andrinos tomaron de Antínaco los Asimismo e lomen tos 84 legendarios para sus poemas, pero sobre todo aprovecharon su rico repertorio léxico73. Antimaco debió ser la fuente de Posidipo de Peía para el fr. 42 Fernández—Galiano, sobre las razones por las que Heracles abandon6 la expedición (huncita La nave) de los Argonautas (cf. coment. a fr. 106 y Uyss XLIII), aunque no debe descartarse que ambos se inspiraran en Ferácides (cf. rGrnist 3 F 111). Hermesianacte Cfr. 7, 39s. Panjí) tomó de Antimaco la palabra ¿pyet¿SLcY (cf. fr. 103 y ¡oc. sin. ). Parece que Lícofrón hizo un uso frecuente de las glosas de Antimaco, según se puede ver por los siguientes ejemplos: fr. 173 &vcnamn¿w CLic. 137); fr. 118 ó,Sirrw CLic. 184, 715); fr. 69 ~óc8Xop (Lic. 967); fr. 118 KQUTj~ CLic. 741); fr. 94 ~rrptpov CLic. 94). Quizá podría afiadirse el adjetivo de Licofrón (489) ócncrcrTpaZos (cf. Ant. óénaotpov, frs. 32, 10; 56, 4; 33,5). Ciertamente debió haber muchos más ejemplos, pero la pérdida del texto de Antimaco nos impide hacernos una idea clara de ello. No menos deudor del léxico de Antimaco que Licofrón, debió ser Nicandro, también de Colofón. Según el escoliasta (cf. escol. mex-. 3) Nicandro compuso un libro nspí. xwv cK KoXoq~¿Svo; noí~x~Sv. En sus TerLacas y ALexifármacas debían encontrarse numerosas glosas tomadas de las obras de su hlyss XXII—XXIII; XLIII. 65 compatriota; de acuerdo con lo que dice su escoliasta; (cf. fr. 162) NC¡AvrCpcr~oq OwlpLkce tTiXce qxr¡aCtn. Sin embargo hoy sólo podemos mostrar unos pocos ejemplos de ello: Antimaco ápop~~co (fr. 62, 1); Nicandro &popP¿s (Ter. 49) y &pop~ciSca (fr. 35). ¡ccx43cí.ov (frs. 32, 18; 33, 5; 57, 2); ¡ccX¿~rj (Ter. 913 y fr. 136). nX¿o; (fr. 129); (Ter. 295). Cf. el comentario a estos frs., además del 182. Sin embargo, tres son los autores que, por diverso motivo, hay que destacar entre los que utilizaron a Antímaco como fuente: Calimaco, Apolonio de Rodas y Estacio. Del primero ya hemos hablado antes y aunque, después de lo comentado arriba, pareciera dific*l de admitir, no hay duda de que el poeta de Cirene también bebió en el caudal del Colofonio; tanto en lo que al aspecto legendario—religioso se refiere, como al léxico. He aquí los ejemplos que podemos encontrar en los frs, de Antimaco: El fr. 144, que habla de la persecución que sufrió Leto por parte de Hera, dice que Calimaco tomó de Antimaco este tema para sus Himnos (cf. Himno a De Los SSs.). En el fr. 69 encontramos la fusión en una sola divinidad de Ay~pij-r~p y >Eptvis (cf. fr. 652 Pf.). En lo que al léxico se refiere; fr. 69 ~6c0Xov (Calim. Hita. Ap. 72; fr. 182 HA; fr. 78 Xexpís (Him. Art. 28); fr. 79, 7 npoTcpwrct,éas CHint. Zeus 56); fr. 118 xai>Tit (fr. 522 Pffl; &poxúropcs (frs. 24, 5; 384, 5; 619); fr. 177 ¿pcrpéú>; Cfr. 267). 66 Apolonio de Rodas posiblemente es, de los poetas conocidos, el que mejor deja ver su dependencia de Antimaco. Ya hemos visto su influencia a propósito de la elegía sobre .74 Jasón y Medea , principalmente en lo que se refiere a cuestiones mitográficas, geográficas, etc. No hay duda, por otra parte, que Apolonio se granjeó la enemistad de su maestro Calimaco por concebir el poema de las Argonáuticas al estilo de Antimaco, es decir, como un relato extenso, con unidad temática y contada desde principio a fin, o sea, 75 desde la partida de la nave Argo basta su regreso . Se trataba, pues, de un poema con todas las características del tipo tan odiado por Calimaco 2v ótrjvc¡<és78. 74Cf. el comentario a dichos frs. de se podrán apreciar mejor las semejanzas ambos poetas. T5Cf. R. Pfeiffer, Historia de La la Lid., en los que y diferencias de fitología clásica 261s. 76Parece exagerado que esta polémica fuera la causa de la marcha de Apolonio de Alejandría a Rodas (cf. Pfeiffer, ¡oc. ciÉ. 262). 67 Acerca de la difícil cuestión de que Apolonio 77 escribiera un libro sobre Antímaco cf. el comentario al fr. 78 225. Es más que probable que este libro no existiera nunca * pero no cabe la menor duda de que Apolonio revisó con cuidado la obra de Antimaco, en lo referente a composición, vocabulario, leyendas, etc. ¡ a la hora de redactar sus Argonáut icas. Sin embargo, esta influencia no sólo se ve en el aspecto formal o mitográfico de las Argon&aticas, sino 79 también en el léxico. A) En versos enteros Ant. fr. 68 ~yyiGí 6~ npo~ocÑ no~cxpo Aaówvos ~crctv Ap. R. 2, 743 ~t’Ocvó~ ¡cal npo~oat. no’rapoia Axépovros >6 cao it> A ‘ > Ant. fr. 69 tuwnTpos t¿Ot. paott’ Epívx%s eta;. ~6cexov Ap. 2. 4, 331 Tú»> 6’ jroí rr¿p~ p~v ~v ~cp¿v ~a¡ UvTOiJ — c’ — Ap. E. 4, 181 ... oq>pa e ini 1L9~ &vóp&’ ~j= ec~Sv t>oo9CoocTaI. VTLPOX cas. Ant. fr. 73 Tú> 6> aUT ap91 ¡ ó~ óica óúppot ncnovvjcrro &jpí.&úvres. Ant. fr. 98, 2 . . - ITOTUgJOLo napc~ ~not> AkTijnoI.o, >6 — A cvSa ttTtpTyrai %É ¡cai. ‘Aóp’rjcxcta ¡caXcZrcn. tic 6 trépyp norapou pooq A~cnjnoio >9 A aaia te ¡ ‘A6PTCLTIs. E) En palabras aisladas: 80 Ant. fr. 17 lTpoxtflJ ; fr. 69 ~óeSXot> CAp. E. 4, 331); fr. 73 nenovSccro CAp. 2. 1, 752; 2, 263); fr. 78 X&PLS (Ap. 1. 1, 1235; 3, 238 y 1160>; fr. 97 iicZos (Ap. E. 2, 1219; 3, 52) fr. 118 6i~ntco (Ap. E. 1, 1006); fr. 146 &poxij-ropcs CAp. E. 2, 770; 3, 1145>. La cuestión de si Estacio utilizó como fuente a Antimaco para componer su Tebaida ha sido uno de los puntos más debatidos por los críticos modernos que han estudiado a ambos poetas. El problema surge del hecho de que la Tebaida de Estacio es el único poema épico antiguo sobre la expedición contra Tebas que ha llegado a nosotros 80Cf. el comentario. 89 completo; así que desde el principio la crítica moderna sintió la tentación de recomponer los viejos poemas griegos perdidos, a partir del poema romano, al que consideraba 81 derivado de aquellos. Así Eissfeldt, citado por D. Vessey sostenía que Estacio se servia de la Tebaida cíclica como una verdadera fuente cuando el poeta latino presenta una 82 versión distinta de las conocidas por otros autores . Por lo que al poema de Antimaco se refiere, la postura de la crítica de los primeros tiempos era que Estacio había tomado al poeta de Colofón como su fuente principal. Esta opinión fue, en lineas generales, predominante desde finales del siglo pasado hasta la edición de Uyss en 1938. El más 61 Cf. D. U. T. C. Vessey, “Statius and Antimachus: A revieu of the evidence”, Philologus 94, 1970, 119 n. 1. E. Eissfeldt, “za den Vorlindern des Batías”, Philologus 63, 1904, 378ss.). 62Sobre el espinoso tema de la pérdida de la Tebaida cícLica, T. U. Alíen (Hoaer: Origins and transaision, Oxford 1924, 80s. ) sostenía que la Teb. cid. era conocida por los romanos del imperio; lo cual no es seguro (el juicio de Paumanias 9, 9, 5 no es decisivo>. Más acertada nos parece la opinión de J. van Ijzeren (“Víndiciae antimachea”, flnentosine, 1928, 277> según la cual el poema cíclico debió ser sustituido por la versión de Antimaco y seguramente Estacio ni siquiera lo leyó. Quién sabe sí la aparición de la Tebaida de Estacio no produjo, a su vez, el mismo efecto en la de Antímaco. 70 decidido defensor de edición de Estacio83 (a Tb. 3, 486 = fr. 83’ Craeco poeta Antímacho demostrar que Antimaco 84Tebaida de Estado a al poeta”. Más moderado, si Schel lenberg, propósito de la deuda argutari et bandan comprobare”. Pero la influencia entre los e primeros del presente, “Antimaco fuente pnin Moerner, De P. Papinii graxnmaticae. aetricae Filippís, “La A ten. e Roma ThébaXde de Ltace, esta tesis había llegó al parecer “...dicunt deduxisme”) sido Barth que en su a inventarme un escolio poeta. ista omnia e con el que pretendía incipal de la “antAmad> icus 1 siglo XVIII quien dice a a de Colofón: idoneis casis ejerció gran siglo pasado y tendo la tesis Entre ellas 7. ¿iones criticae. 1890; G. de de di Antimaco”, Étude sur- ¿a 3. Van Ijzeren, “Víndicíae antímacheae”, flnemosyne 58, Rossbach, “Bine tibersehene EruShnung des 1928, 273—296; 0. Antímachos”, BPhW 83C. Barth, Papini Statu quae extant ... Cigneae, 1664. los detalles en el comentaría a los frs. 63 y 211 y en ¡¿yaz XlIYs. era la fuente pr que llegó a llamar n duda se mostró en e primer editor de Antimaco, de Estacio con el poet hic multa licet, pauca autoridad de Earth riticos de finales del que siguieron defend cipal de Estacio”. Statu Thebaide quaes Iflss. Kónigsberg Thebaide di Stazío e la Thebai 4, 1901, 125am.; L. Legras, Paris 1905, 15 y n. 2; 71 35, 1915, 235s.; E. Ten Kate, Quomodo heroes in Statu Thebaide describantur quaeritur. Días. Groningen 1955. Pero a partir de la edición de Uyss, y dado el descrédito del escolio de Barth, ya prácticamente nadie mantuvo esta opinión, sino que, al contrario, ante la imposibilidad de establecer una comparación entre una obra casi perdida par completo y una escrita casi quinientos años después y conservada en su totalidad, se pasó, en muchos casos a negar toda influencia de Antímaco en Estacio. Pueden verse a este respecto: Wyss, XIVs.; Vessey, “Statius and Antimachus: A revies of the evidence”, Phi!otog-us 94, 1970, 118—143 y, en términos más moderadas, Paola Veniní, P. Papini Statati, Thebatdos tiber undecimus, Florencia, 1970, XIls. y “Ancora su Stazio e Antímaco”, Atheneua 50, 1972, 400—403. Esta segunda postura es, desde luego, mucho más acertada que la de los críticos decimonónicos, pero cae a veces en el defecto de ignorar o infravalorar algunos hechos bastante claros, a saber: Que en la época de Estacio el único poema 85 épico completo que podía leerse era la Tebaida de Antímaco 85La Tebaida de Antá 1oras de Rodas . Por otro lado desconocemos la influencia que pudo ejercer Antimaco en estos poemas helenísticos. 72 Que es imposible que no conociera su existencia, puesto que su padre era maestro de retórica y Estacio debió recibir una formación sólida y tuvo un buen conocimiento de los poetas griegos. Finalmente, es imposible que no le interesara, dada la cantidad de información que sin duda contenía el poema de Antimaco. Así que parece también impasible que no lo tuviera delante a la hora de componer su Tebaida. Esto le proporcionaría gran facilidad para seguir la leyenda y modificar, suprimir, afiadir, etc. de acuerdo con el gusto literario del momento (iQué alivio debió suponer para Alonso Fernández de Avellaneda tener delante El Quijote de Cervantes!). Pero los frs. de Antimaco son demasiado escasos para ver en qué medida lo tuvo en cuenta Estacio. Apuntemos, no obstante, algunos indicios por débiles que parezcan. En el inicio de la Tebaida Estacio nos advierte que va a prescindir de contar gentis primordua diras., así como la historia de Europa. Seria una longa retro series ponerse a contar la siembra de los dientes del dragón por Cadmo, la construcción de Tebas por Anfión. Así que su poema comenzaría por la Oidipodae confusa clow¿us. Es posible que sea un recurso literario para citar brevemente los antecedentes de la leyenda, pero es posible que estuviera 86pensando en la Tebaida de Antimaco y en la censura de 66En efecto es muy posible que Antimaco hiciera un resumen de todo esto. Los nuevos frs. del Papiro Oxirririco 2516 podrían suponer un apoyo para esta teoría (cf. frs. 2— 13 y comentario>. 73 Horacio a quienes se “remontaban hasta la muerte de Heleagro para contar el regreso de Diomedes” (vid. supra). En el fr. 27 Antimaco y Estacio coinciden en la versión que hace a Egeán aliado de Zeus y no adversario suyo en la lucha contra los Titanes. Sabre una posible influencia de Antimaco en el catálogo de los argivos, cf el comentario al fr. 29. Para los juegos nemeos, fr. 66. Sobre el escolio de Barth frs. 68 y 211. Digamos, pues, para finalizar, que si no puede asegurarse una imitación de la Tebaida de Antímaco, sí podría decirse que fue una obra de frecuente referencia para Estac i o. Citemos finalmente otros dos autores de época romana que, sin la trascendencia de Estacio, tomaron a Antimaco como fuente. En primer lugar Propercio (2, 34, 43—46), quien, como hemos visto cuando hablamos de la crítica calímaquea en los autores latinos (vid. supta), al tiempo que menciona a Antimaco cita algunos acontecimientos de la leyenda tebana 67que podrían estar inspirados en el poema del Colofonio El emperador Adriano parece que admiraba profundamente a Antimaco y que escribió algunos libros imitando a nuestro poeta (test. 31 y comentario a Ir. 148). Su afición por las versiones arcaicas de 1am leyendas le llevó a valorar a Antímaco por encima de Homero (test. 30>; lo mismo que 67 Cf. 3. van Ijzeren, “Víndícía Antimachea” Hennt. 56, 1928, 261s. y Vessey, “The reputation .. . u 74 prefería a Catón antes que a Cicerón y a Ennio antes que a Virgilio. Posibles influencias de Antimaco, o quizá simples coincidencias, se aprecian en Pausanías (cf. comentario a frs. 15, 28, 30, 72). En las Argonáuticas ti-ficas (frs. 103, 104, 107—109). Hesiquio ; de Eurípides (frs. 30 y 93); de Homero (frs. 1; 23; 25; 71; 92); de Nicandro (Ir. 91); de Píndaro (fr. 72); de Platón (Ir. 64); de Sófocles (Ir. 93); de Estacio (Ir. 63>; de Virgilio (Ir. 27). Entre el 1—II d. O. Plutarco nos transmite los frs. 25 y 78. Harpocración el Ir. 98. Pero será a partir del II d. O. cuando aparezcan la mayor parte de los frs. que conservamos. Sobre todo son de esta época los papiros, que constituyen la última aportación al texto de Antimaco. Este hecho, que también se ha observado en la transmisión textual de otros autores, sólo es explicable por el renacimiento del helenismo en el período de los Antoninos, que se desarrolló con especial intensidad en Egipto y más concretamente en Oxirrinco. Veamos en primer lugar el Papiro de Dei-Un 21127: .79 Publicado por H. Maehíer en 1984~~ texto de Antimaco que ha llegado a frs. ioa. que luego veremos también en el P. Ox. 2516, lo que nos ha permitido saber que el comentario en cuestión se refiere a Antimaco (cf. Ir. 4). La confirmación del dato se halla en la línea 52 en donde dice ci.’ óe -rq> y’ TTXS Sripatóos (cf. fr. 26). Las lineas 1—43, sin embargo, parece que no son de la Tebaida, sino de otra obra de Antímaco, también en hexámetros. El texto debe pertenecer a la Arteritis (cf. frs. 131—143). de acuerdo con la propuesta que Haas le hizo a Vogliano cuando preparaba la edición del papirol Ile parece muy valiosa su alusión a la Ar-Letais de Antímaco. Ciertamente todas las citas de 1—43 conducen a la Arteritis y su entorno, no a la Tebaida. Del mismo modo que a partir de la 44 en adelante todo conduce a la Tebaida en lugar de a Arteritis (cf. Voglíano, p. 46 n. 2>. El comentarlo se ocupa de la explicación formal de pasajes difíciles pertenencientes también a otros poetas CHomero,Hesiodo, Mimnermo, Paniasis yen especial Calimaco) y prosistas (Agias, Dercilo, Hecateo, Teofrasto>. Según Vogliano (p. 45), el comentario es una recopilación de notas, en general de mucho valor y que se remontan con toda seguridad a principios de la filología alejandrina. Sin embargo, el trabajo está hecho con poco rigor y quizá el copilador y el que escribía eran personas diferentes. El que 81 copilaba tenía delante el texto de Antimaco del cual sacaba los lemas. Pero en una ocasión a la flotación lo que supone, la explicación del lema mismo (cf. lineas 33—34 = según Vogliano, que los que ela no corresponde fr. 139), boraron el comentario eran al i c ion ados. Papiro Oxirrinco 2516: Fue editado consta de 14 frs. También es del siglo está escrito en unciales que recuerdan Los frs., todos muy mutilados, no reconocer al autor de no ser porque el del Ir. conservado en Epmnter. Hora. , al de Milán; con lo que ya son tres fuentes fr. (cf. Ir. 4 y comentario). En el Ir. por II 4. el bubi Ir. 4 igual Lobe 1 C.. tipo eran repr que en El “bibí per m oduce el distintas 1 encontramos 1964 y texto ico”. itido parte Papiro para un lo que parece parte de un proemio, primeros versos de la Tebaida. Papiro de Oxirrin.co 2518: Al parecer del O., como el anterior. Fue editado igualmente consta de 20 frs. (cf. frs. 78—90> todos ellos estado. La pertenencia a Antimaco viene identificación del verso 5 del Ir. 1 con Antimaco recogido por Aquiles Tacio y por la personajes de la leyenda tebana (Eteocles, Adrasto). Papiro de pertenece a la cuatro frs. No papiro a Antí así que debemos estar ante siglo II por Lobel en muy dada por un verso presencia Polín ices imismo por Lobel, 1 4. C. y consta de para atribuir este pretensión de Oxirrinco 2519: Editado as primera mitad del siglo II hay ningún argumento serio maco. Lobel, sin ninguna los d. y mal la de de y 82 adjudicaría a nuestro poeta, señala algunos indicios que podrían referirlo a la Tebaida; como la posible alusión a Anfiarao en el fr. 1, 2, dado que la Tebaida cíclica, poema en el que se podría contar esto misma, no parece que fuera conocida en Oxirrínco, al contrario de la de Antimaco. Por otra parte se encuentran imitaciones homéricas e innovaciones léxicas que están de acuerdo con las características de Antimaco. A partir de mediados del siglo III d. C. los textos antiguos sufrieron una prueba decisiva de supervivencia; el cambio del volumen al códice; es decir, del rollo de papiro 94al libro. Huchas obras, elegidas previamente, fueron copiadas en el nuevo formato y consiguieron sobrevivir hasta los siglos IX y X, pero las que no entraron en esta elección se perdieron irremediablemente. Poetas de la talla de Alceo y Baquilides no contaron con este beneficio y, obviamente, nuestro Antimaco tampoco. Muchas de las citas a partir de aquí serán de segunda mano. Para Antimaco en este aspecto es Ateneo uno de los más notables. Nos ha transmitido los frs. 31; 32, 10-12 y 16-17; 33, 5-8; 56; 57; 58; 60, muchos de los cuales se han visto confirmados por el P.BerLtn 21127. Pero sus citas de segunda mano se notan en el orden alfabético que guarda. Seguramente su fuente fue el léxico 94vuc¡. j. Irígoin, Nistoire chi ¿exte de Pindare, Paris 1952, 94s. 63 de Pánfilo de Alejandría (s. 1 A. C.) Sobre glosas y nombres, escrita en 95 libros, sobre vasos. Autores como Apolo 95; 99) y Pausanias (frs. 88, Antimaco. Por lo demás tenemos 19; 73); de Porfirio (frs. 76; 79, 7); de Teodosio (Ir. 66); d 15; 18; 24; 29; 61; 82; 96; 100 68, 70) del Etimológico Genuino Focio APyEL Bostmar. L.. ZeitschrifL ¡ti- Papyrologie und Epigx-aphih 8, 1971, lO9ss. CARRARA. R... “Un’eco antimachea in Verg., Aen. 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KaS CL> 6i~ ~po~o~> KaL Avrí.isaxov lot’ flOtflTTjL> AnoXX¿&ipos ¿ ‘A6~t’c*Z¿s 9T$TLI) TjL’&flKCLJC*L. lita eL Opera 3 (1 U> Heraclid. Pont, ir. 6 NehrU ap. Procl. Plat. Tía. 21c (1 90, 20 DA j e ctncp yap ‘rt~ ~X.Xo~ KdL not~rúa’ apto-Tos KPttlS flX&rwv. ú35 xc<~ Ao>-yZvos OVULOTI~OLW HpaicXcC6y~s >-orn.’ in £ O o 95 flotrtLKos pflaLt’, OIL T&fl) XotpCxou tare r~6oKLíJo¶$vrwv flXarcat> , , ‘ >, ‘ c ra Atrrtpaxox npo1>íLIJTiaC kaL dNYTOV C1IttOt lOt> Hpaxketorjv c~s KoXoqCvcr eXSovra -ra noLnlnra cruxxctaa. rov áJóp¿s. í~&riv.> ow cpxipx~Sot K~Xtpcn2oq (Tea. 11) xw. AoCpts CFGrHtst. 78 2 . c — A A 83) c~s flX&rwvo~ O1JK 01n05 LKaVOV KptL>CLL> nolTras. 4 (2 U) Duns ap. PXut. Lys. 18, 6s. A e e np<.rrq maeL’ yap. ¿os LO-ropel. AoCpí.q CFGrHist 76 E 71) EXXijvcav c&uaav. cts PC oX oq,wv t. ox> Msa 6vtSpc La CGT ccpaL>WCCL> > — Twat>LOC 70 , A Axrr Lija~oi> át’cX=pQca’c 9QPCIJOS TTjI> (¡‘HG II 484 > A ~ c — > A CkCLvCá3 ~wi.JoxJ5at noXcLq avco-r~pav cus 0e~ KaL 6tJOLcW; npoxrov 6=natvc~ KaL NLKTjp¿*T01> 6 tayún.> í.ca¡iciscóv (sc. o ACacan5pos) A noiq¡.ia. flX&rcút’ 6= > ‘ — Cflt ifl flOLTjTLKfl K~L ncrptpiic Lío, CA ayvotat>. cóoncp Tui> ir. 65 HOllar) A Avr Lwa~ov 5= tox> í ¡.vo. HpOKX eúrr ox> notqpaat 3 .— Nt>cijg~crrot>en aixrov. rox-’ C * o o ‘AtrrCIJczxos axOcaOct~ A >% A A VC05 COL> TOtC KaL OwJmJaCcov 101> • ~ bis c*yvoovam. >cctKoL> Cual. rxwpXoriyra rois ~ ~X¿TTOi.>CLV 5 (3 U) Cic. Brut. 191 ncc ... paneL ¿dera Demos ¿tienes di core quod dtxisse 14nttmachum clarwa poetara ferunt. gui cta corwoca¿ts atdttoribns legeret cts magnua Libad quad nouisLis uotwnen s’rwn eL CiJa legent era arenes praeter Platanera reliqiaissent, 0legant’ inqt¿IL ‘nihuLa atnus; Plato enín. nihí unus instar 96 est cenLlJJrL rail íum”. et recte; poema entra recorzdi twa paucorua appr-obat Lanera, araLia popular-ls assenswa uulgi debeL movere. aL sí cundes hunc Platanera unwa audt ¿carera haber-eL Demasihenes. cwr>. csset reile tus a ceteris, ver-tun’. facer-e non posseL. 6 (8 U) Clearch. fr. 34 Nehru ap. Athen. 13, 597a , ‘ c cnt roirrot; o Mx>p’rCXos IJ&XWL> otwnat’ aXXG ptKpoo”. e c9T1, “&tn5pcs 9CXo~. ~tcXa8¿pnv x>~¡tv ctnctv rTpa re Avrí.í.¿xov íaúr~~ eratpai> Av6A~, ~vAvóijv, npoa~ri 6=Kdt ‘TTIL3 OpCaVlJpOV •1 e - •1 , , C — — nj-ana AaÉr~v0ios ¿ MtXíjatos. eka•rcpos yap -roi>-TcaL> rúa> flOtflTwL>. e— COs 9T~OL KX&xpxos eL> TOZ5 >Epc~rrticots, ‘rus (3app pov Avóijs ds KaTaOTa5 CfloLqaeL> O 1Ct> CL> tXtyctot5, o 6’ eL> p¿Xca. TO KaXOlflJeL>oL> ITOLT~pa Ai6Tjt’~. 7 (6 U) Herueuían. ir. 7, 4 1—46 Pouell AP. Athen. 13, 597b Ax>6us 6’ ‘Avr~sct~~os Ax>6~C6os h ~ ~pwros nxflrcts flaucrcaXo~ ~c~p’ ~n43Tl no-rapoir tc5apóavqt 6= Ocwt’oGccw {nr= tnp+it> 8~ío yaZca> tkc*XXLLÓ1> aí.taov 6ii~.Scvt anonpoXm.nwv z.— — — 3 cKKpTjL> t~s Koxoqxa.’a. yooa’ 6 WCnXT~OaTO pCpxous c , ~ .pas. CK navro~ nauaapeL’os KagJaTox). 97 6 (7 U) Plut. Cans. ad Ap. 9, lOSbc c~pT~aaro rfl ros.axrr~ a>-wrfl ntcu> Kas. ‘Avr Cieaxos ¿ - —.noflrTjs. COtot’ r?is X{nws cr&rce , , cnotqoc í’qv hq-eCcw rTjL> KaXoX>peVflV AiÓT)L>, ctapu.Sncaíievos ‘ e 4—’ ra~ T~p0L’ napapiaOoi~ict’o~ rOL> XtXx>in~it~o~ KaL ÓCLKVÓCA,L> ‘ —‘ e t nox>áSt’ to ClipptfrqKO5 KCL iCOL> CTCpOL5 C1>pQC~TjKOrCOL> ~Xaurot’ rip..’ 6¿tcn¿ roG XeXx>ni~j~t’ox> ~aeSccrT~oa.KaL rOtalnflv rt~a — — — e, ~t >~ e t CIJITOLCL hILO’T u avrca. OIL cXcrrrot’ TI TIXLKoV cuero ro ‘tL>05 ~ xcx~ o~Svopa. í~Si.’ eS’ án= K¿ópov OCIJVO1CpTj naowv CLWL 6V AVTLPc. -rs.~ yap e~a OVK ~c.cc; rts 0UK c*VCXcCtXTo AlJóflL>, ‘ ,r=trn.’¿v Nova¿Si.’ ypa~ia Kas. Am s. pa%ox>; 10 (15 U) Posídípp. Ant». Pal. 12, 168 (= Gata—Page Hallen. Epígr. ¡ 3066ss.): vid. MAnn. Ten. 3 Navvo~ KaL AiS6r~s ~nCzcs. eSno Ka,- qnXcpacro’u MI.pvep¡aov >Avrí4e 6x0x> — — — ‘ e— e — OV~KC~OCOV roL> ncpnrot> e[40x>. íov 6 cKrot> CKaOToU. 98 e >, e, HXu.c=ócap’ tLiia5. 00115 tpO»> CTVXCLP — 5 ‘436owot’ ‘Hct¿6ox>. íou 6’ ~r6oL> LLUOl) 0~rqpox>. ‘rol> 6 ctar 01.> MOIJO¿SL>. Mm~poax>vqs 6&crrov 11 (19 U) Cali. fr. 398 Pi. ap. Schol. 317, 21 Bernhardy (=G.G.M. II 427, Sss N.) ~rí 6= 6tcxpi43Xq’rcxi. lo na~y, aarpws ¿ KaxXCwcxxos CL> ~ni.ypá¡.epaori.&pxoZ 6s.ac~pcut’ yp ‘At’r LI.flX0V lo ¶10 LT~p.Ja Ai6Tjt’ Iflów KaL na~v ypaiIn KdI. 013 TOpOL>. 12 (16, e’ 14, 29ms. 17, 15, Dyonys. Per. ¡ 10 L5 rip> TIOLTII.J.18 U) Aristo Chius ap. Fhilodeu. 2Sss. 17, IOn. Jensen lx. Col. 14, 29 . -. K~L ron.’ ‘AL>[rLsx~xox> ~Jpo~hiL’ -rs.iAa nJaIAdcurt.K=uts 6LaIL>O!CJcdsJ ncrpt&cs.JL K¿X~ ~.ItTa -C1.JyylA4ITj5 ‘ e ra Op4pox> ww.. (>ApXLJX(¿x]o[v xJp’qc’ra ¶1OLT~¡nVa tXcy)ot’rcat’ C — ‘ , TUJÚ3L>. ra t5c otoq,as ~xovra Ka!. n3aíeSc¶ns.Kas avappl.XékErwJs ~at nto]v ~a&~.Xot>. s.awEq de] Kc*L K1J(p]Lw5. £KCL1AaL> KcrraxphrJrLKcas npoa(ay]opex>o~.j[t~J~cov. Col. 15, 29 — >‘ (Aristonis sententian í.pugnat Philodemus ipas) KQL rL5 ay A Kc*EO]EObTjKCú5 n(os.hjpar’ At4rLpáxov 9flcYaLc]L> ~6C~Ls ncnoi7joeat] Ka[ ~ 3 ¡aeni - t,~rr~>owis C~PTpIJE~Uc* no(úpcrra ~pi~ctas n]etplíéx(ct.3v E6I.cKL>c,C]a;; col. 17,10 réxvrp.’ Ip Jcvrot [-rí ]ua; ‘ra napanfxijiaca roV 5 t&iv>rtpc~xotx> yLVJcuLdJIcúI X4-o(vra]s. .1 Zi 6’ hépot .2;, E>¿aíw Ka,. r]mrra 99 n~aa y&p ~ox,aCa, naoLL> 6= XcX.~x8úr KCT« rc»>~jv 6= r+p.’ — , ~nat.v[c3r+p.’ yeypanrat. n¿XCEOL>J crGr[oZ~J KQL rOnCal.’ oi>t .- ‘ ClXXpl.JOCíWS £[K9paCLS] ctn.’ tú> ~cat ír~i.’ rcxtL(v] 6LcwqnJX¿breí.v. e’ >NO K~ COipCXLpOL> bIS em.nctcv. 13 (27 U) Antip. Thes. Ant». Pal. Hall. Epigr. 1 638ss.) , o~ptpoL> a~.Ka”~’•ov OTL~OL> ~I,L>COOL> atLoL> &pxaCca.’ ¿qpios T~ps.Bcúa’. flLepCócul.’ XaXKCVIOL> ‘CII £XK~OCI.V, Ct TOpOL> 01aa5 cXXaxcs. eZ taxoZs rcu &yáacrroi.’ ana, > ‘ ,, 5 a rut.’ arptnrov KaI. aveI.43aroL> arpaitoL> &Xxots e paLca!.. CL 6’ 1JIJL>6)L> OkaIVTpOV Oirn,pos exc.. KaL - -Zevs ros. K~COOWV ‘ELioaCxovos. «XX’ >EvoaCxOún.’ — ‘ >, .4 rox> peL> epv ~CLoM.’, aGca’crrwL> 6’ ~ncno~. ical ~acr4p KoXoqCL>os 1m¿tcx>Kras. ~ 0~np. 7, 409 (= CoM—Page t Avr 1 ilazo LO. 14 (23 U) Catuil. 95 Zmyrna aei C¿nnae nonaa post den¿que mtSse»t guam coepta est nor’.antque cdi La post htemern mt Ita cum ínter-ea qutngenta Har-tensius uno * Zmyrna cavas SaL rachí penitus alt Letur- Zntyrnam cavia dtu saecuta per-voluevit. ad uvidasa 5 100 aL Volusí annales Paduca morLenLur ad ipsaa eL laxas scombr-t.s saepe dabunt tunicas. par-va mci raihí smi car-dí monwnenta sadalis: aL pop’u tus ¿vaída gaudeat Ant ¿macho. 15 (26 U> Prop. 2, 34, 43—46 inc t pe 1 a»’. artg’as ¿ o versus inc 1 udere torno, inqus ¿nos ignes, dure poeta. vení. tu non Antimacho, non tuL jor ibis Homero: despicit eL magnos recta pucha deos. 18 <24 U).Dion. liC. De comp. verb. 98, 6ss Um.—Raderm. -r«ur1~s C~CVOVTO tnX<1yflg~ KaTa re noi”~tv- br .4 ~ KaL tatopcai.’ Kat Xot’ox>s noXLr 1K01J5, 6tcxq~pom’rcs 6= ron.> ~XXwv ci.’ IaL> £IILK’fl IKOLTWOCL O ‘. , re KoXo¾vi.os >Ax.rrCwcxxos KW. EIMIC6OKXuS ¿ cpucuc¿s <31 A 28 D.-KA. h 6= PCXOTbOLCq flCvác*poq. ¿i.’ ‘Tpayq>.5Cq 6’ ACcitXos. .4 .4 . ‘ 4— .4 CL> trrop~qí 6= OUK136L6T15. CL> de noXLrtKot5 XoyoLs A1JTL.~pCOL>. 17 (25 U> Dion. Hal. De íuít. 204, Sss Us.—Raderm. 4—. ‘W C 4- r~s [JCt> CUL> OIJT1pLKTjS flOLTpCW5 CV Pica.’ btt’« I0~ C .4 ‘ .4po 7’pcxv. «XX CKb¶JnwaaL ro ax>IJtraV. Kat X¿Qe t7~Xoi.’ TIGCÍ3L> Te TÚ>L> —.. .4 — CKCL Kas. na6cai.’ K«L peyc8ovs, xai. 1v~5 OLKoL>O¡.Jt05. KQt ICaL> ¿XXú>v &per&s AIICKYCL> e~s áx~eij rijt> napa 00z IJCI,JTICYLL> ~?IXXCQ~P~L>CI>L>.ro~s 6’ ~XXox>~, w ots aXXijXwv UXCOL> £xcaat, 101 e XPTI WLIJCLO&Xt. HcYCoóos aÉv ctppOVTLaeL> ~6ovus 6tA > — .4 .4 ot’oparc.n.’ Xctorwros Ka!. aut’Geocw~ eiq.icXox>s. ‘Atar CIwxxos 6= , .4 ‘ . .4 Ct>~TOL>tC5 K«L aywt>tar ,.Kqs r~a2y’rTjros Ka’.. rOU ~x>vryo1as Tris ~taXXcxriis.flav’5cxos.; (ten. 13 Bernabé) 6= ró; re áppoZi.’ aperas es.a~t’ey~a~o, Kat. auro~ npay¡JaIeLa K~L ‘Tfl K«b aubol.’ OLKOL>OIJLa 6L!jL>CyKCL>. 18 (28 U) Quint. 10, 1, 52 rara ardsurgit Hes ¿odus magnaque pars cius innorainí bus est accupata, taren titiles circa pr-aeccpta sententiae. lcvitasque verborua eL composiL ¿anis prababihis. datur-que ci palma in ¿¡lo medio genere dicendí. contra in Ant ¿macho vis eL gravitas eL rainime vulgar-e eloquendt genus habet Iaudca. sed quaavis e,. secundas fere gr-arenaL icor-va consensus deferaL, eL adfect¿bns eL iticunditate eL dispasiL tana eL amnino arte delici Lur. uL plane martí/esto apparcat guanta siL al. ¿ud proximum esse, al itid secur’.dv.a. Panyasir¿, ex ‘~troq’ue mi xtum. p’utant ira cloquendo neutrius aeqvarc virtutes. al. ¿erija ¿aman ab ea materia, alterua dispc’nendi ra ¿ i ana superar i 19 (29 U> PIut. Timol. 36, 2 KaOancp yáp ¡ í.s=i.’ ‘AL’TLIJ¿XO1.> flOLflOtS Ka,. ra As.ot”uas.ou tqq-pcspij~nra r&.’ KoXoqxavCeat’. ta~v cxovra Kat. roL’OL>. .4 ~.4 cK~t~tccpttsOt5 KW. KaTaIToL>Os.5 COLKC, ras.s 6= NLKOP<~XOU e .4ypa%nts Kas. ros.s Op4pou crrCxos.s werá rus ~~XTjs6inni¡ecas 102 X«PLIO5 npoaeo-TL 10 ÓOKCLL> LU~Cp<á5 K«!. pqát-ws a¶TcLprac7eaL. .4 .4 ou’rw~ napa ívt’ >EnaIIcs.L>caL>áox> a-rparwg-i«v icas. r%> >Ay~as.Xc~ox>. ITOXIJIIOL>0135 yCL>OI.JCL>aS Ka!. ávacxyt.a>as. fl Ts.iaoX¿ovros carre~tra~O¡.jcvr~ Kas. ¡acta rot> KCXXOt) ro pq6¡.oi> cxouaa. e’TaL 4$- ~ ..4 .~, , .4 ,, >3 >4~. T0L5 LI.> Kas. O,.xas.ú>5 ?IOyL¶0¡ICt’0L5 013 113tq5 epyo~, «XX apeí~s CX)T¶JXO1JCTIS. ao (30 U) Plut. De garrul. 21 p. SlSab ‘.4 .4 cari. bOttauL> ipta íCOl.’ ¶1~O5 ra~ cpbTIoeLs .4 crrroKptacLaL>, ro pci.’ VcXJ-KaZol..’ r¿ 6= r= 6= r —neps.aaov. oLoi.’ nx>oIJevoU r LL>OS ci. SCOKPáTIS CL>6OL>, ¿ ~J=1.’ ú>OflCp QKCúL> KW. aTtpoOvpcOs aflOKptVCTas. 10 ~Ot>K ct>dot’ ¿Sn.’ 6= Pal XTÍYQ,. XCYKCJL3CCC!.V. K~l. YO ~tL>6oL>~ CSQCXÚ>L> a&riji.’ pOlJTp> ‘.4 cp8cy~e’ra,. TTjL> «Ti 4fl01.Ir ... ¿ 6=ncps.rr=sKW. á6oX~axyis. ata ‘ .4 ‘ ‘ ye eSq íx>Xfl Ka!. Tota KoXoqx~vLov «VCyL>Ca>KW5 Atrr ¿pazota, ~oVK pqan.’ ~áxx’ ¿n~ raZ; ípan~taa.s. té’-’ox>s &x’a¡JL’an.’ ¿ ‘ r > .4 Iú>tact~. lJltCp COL> flur&> )-q-pa AXKL(~LCX6fl5 ncpZ MCXflboL> COL> ~ai. napa Ttoaa~¿pt~ 6s.crrpCpcata. TQ> 101> taeyaXo’u carpcs.pm.a6~s 4-’ 4-. , ens.Gupca.’ >careXecii.’ cis ‘rTp.’ ncrrpCáa 1=1> TLaoc~~pL’rp..’ peral L8TtO,Y. 21 (12 U> Porphyr. ad Hor. Art. poet. 146 (169 Holder> “nec reditxa Du.amadis ab inter-i ¿-a Heleagrí”. Ant imachus 103 ¡uit cyclicus poeta. tic acLgr-essus est mater¿aa. quam sic extendít, uL vigintí quaLtuar- uotimdna in>pler-it... antequan. septera duces usquc cid Tizabas per-duccret.cf. Pu. Acro iii Horat. Art. poet. 136, 137, 146 22 <38 U) Greg. Naz. Epíst. 54 (1 70 Gallay) co-ru.’, ~ncp otct, ¿XCyasr= Xatcúa>CtÉIA.’ o,’, ‘roC’r¿ avXXaQ¿s ypaepeLl), axx4; ncp~ ,TXCCO’rCOL> AXCyas. ~‘OUT¿o$ eyw Kai. ‘ ‘ , PpaxuXoyTctroL> <‘OlITIpol.’ Xcyca KCYL IIOXÍ.,L> bol) Atar C¡ac~oms. n~Ss; 4. .4 — 3 , — .4TOL$ npay¡aaot K~tL>CO1.’ bO ¡aTjKO5. «XX CI> 70L5 ypagl¡.JaoL. 23 (37 U) Procí. lxi Plat. Ti.. 19e (1 64, 20 D.) ‘ ‘ >4. — > .4 e, K«!. yap ÉL TI iCXL>LKOi.’ LOb s. napa bI.L>L TCOL> flOtflbúfl> UWOS, ‘ ‘ .4 noXv ro ~acpnxauT~¡acuol.’exei. xaí. oboIJqxa ~s ‘r¿r noXX¿, wa8ancp r¿ ‘AL>TnInXCLOL>. 24 Philodeu. De piet. P. Hercul. 1088 II b + 433 II a, 3ss. (Cali. Alt. II 87b + 57a), 38; 29 Gomperz + Sohober), Boserup lOSss, Henricha 72s, ¡4. Lloyd—Janes — 2. Parsoas, Supptementun¿ Hettenisticv.n¿ fr. 78 (cf. Antis.. fr. 144) E... K«L rol)] e4~HX EKa~ ~1XXovsi ut.va~ (Ocovs noXxÑsa¿xo[vq ncnotwj3tcaas. (mcii. poetae) ... sequitur Mían. fr. 5 ... ci.’ 6=roZ5 =i4l)19t1s ~‘O]~pos (tjJIJfpas aXy]woaa. 104 icE aLI vux(rcw~ ck’vea (rip.’] A 1(rcu upu.’] ICKCLL> cprpEa,.v. K]«XXCpcao(s 6= ba] ncxp’ ‘A1JTLpc~(~Cj> maclíaXaPcav cyptaipek’ o~6c np. . 6. .. cío 25 <24 U) Phat. Bibí. 319a 15 Chrest. 1 2, 15 Severyns .4 yeyotaao~ 6=ioia £tTO¶J5 ¶IOLTjT«L Ho(odos. flcíaaL’dpos. flcavs npc4es.s. 28 (fr. CGTL 6= noXXcti.s a~nox> ¡ CL> 1W (1/ 156 Henry) = Proc!. kpcrr LOTOs. 11=1.’ ~OIJTIpos Avrtpcuxoq 6¿.¿pzcrat eSe narpCócxs Ka,. r ¡vas e?!!. 182) SchoI. Nicand. Ther. 3 .4 —‘ ‘.4 ..4 ¡ . X.Steo,. ~ 6a.= ¡ et’tot5 6cupL.tCL. cts ¿.4 , ~ttc«~,i.’” ¶1flCOL>~ ~ CGT tL> O CGT L ~o1JyyC1AnL>”. 27 (22 U) Dionysius Phaselites ap. Biogr. Gr. Gis. Umater.. = Schol. Nícand. Ther. 3 Schneid. N&cn.’ápov boj.’ notTIrTp.’ ALO1.4,LOS o *acir¡xCr~s ci.’ rú> ttCp!. rRs ‘AvrÉ.páxou .4 ‘ ‘ ‘ — ‘ ‘ 6=IIOLTWCCO5 AtrcuXoi.’ ei.t’ai. *pT~Oi. ro yeL>05 En.’ ¶1 cpu. nou.iyrcai.’ tcpca q~r,oh.’ cr&r¿v 7o ICXapCox> ‘An¿XXcavos. e¡< npoyoL>wi.’ 6«ápetaot. bflL> LCpoOUvrp.’. 105 16 (21 U) Agatharchides Cnidíus ap. Phot. Bibí. lila l9ss. (III 123 Henry) * ‘ , a ‘ e .4 CLOt1.J cV ro¡ta a’not’ (cl. AycOapzCóq¶¿> K«1. 4’ . r ~cyyeypaqcvas. npa~nretas ún.’ TUJCL5 o~6~va o~6árú> LO¡aCL>. £nt.bolnp.’ 6= crJ’Toz.’ ~C*O,. r~A.’ ncpi ‘rus epvpas aXCeOOTjs a — a e ~ al)ayeypappCL>CA>L> el.’ CL>L ax>tnctas. ptpXC9. Kal. flL> kctL ?TCpL Tp CUi.TO¡aT¡L> rú>t> cuyyeypatpo-rwi.’ ncps. 4’ a a CVL>C al)epwt>. CKXOyXS TC to-rOpLú>L> aVT CL> avmnc 4~at. ¡ac¡ TOt.OiJTO5 TjL> o~) vq ¡.eovot’ roZs C¿SCL1.’ aXXa KW. T0Z5 TCXCXrT4CTCtCL pGOL>Cs.L> yoi.’ KOCTC*XV >At-r cpa~t> «Vr> «tflOV Cli .. a— a .4 ro 0L>O$J« floXXot nporepoL> ens.arairro. >AÓpLcYLNSy. CI 4—wo-r e bOL> fl 6= 106 31 (32 U) SHA Hadr. 16, 1—2 fantae celebris Hadríanus tas cupidus ¡uit. uL Libros vitae sucia scriptos a se líber-Lis suis litteratis dederit iuben.s. uL cas suis no#tinibus pttlicarent¿ naa eL Pizíegantis Iibr-i Had.riani esse dicuntur. caL achannas Libros obscurissimas Ant imachus irá tanda scr-ipsi L. 32 — e .43 > 4-~ e 4. «l)WCOfl lan avbov cus C~JI.mL>OIJS ZTIl)0P19 ‘Tfl OÓTIVaSOlJ ylJtflLkL. ~.4 eypa~c . . X~cs.s ‘AVTLIJáXOV KctL ~Hpa¡os. 34 (34 U) Zoticus ap. Porphyr. Vit. Nt. 7 auiJT1L> 6= ALrrLwaxov 6u.op&.rrtica 1’TCIIOLTjT«L ¡ ¡aerepaXe tt«vt> ?TOs.TjTs.KW5, OlJTXlJ&Ct5 ‘ •4. . 4’ 6=ra oiyeu.~ npo C’XI.yCflJ bis flXúrrCvov rexeirr 7js aneOavcv. 107 35 (35 U) Rufus et Sopater Apa.. ap. Phot. Bibí. 103a iBas. (II 123 Henry) on>cyL>WOOTj c¡ ps.pXCo..s s.p’ Swn&rpov e .. e, .4 4’ a- .—. CO~pLO~TO’U. ... o de aros au-rq 01JL>CXCyfl Xoyos a re r~ ~ns 4Poii poxas.¡ flCIJ¶17TI5 ¡<«1. rC’raptqs. c 6= ¡ ¿cpij~~u.’ he,., ~v6pcs re ~a« IWXTtCTcn.’ ¡«t¡4. O!. TTO¡Tj’T«L -rus 6,.qyrjocws pepos ¡05 ron.’ ttOLqrWL> avayO¡.JCL’WL’. 30 (40 U) Stob. ap. Phot. Bibí. 114b 28sm. (II 156-158 Henry) Ant imachus apiri Pho t ita i n numero poeLariaa quos LaudaL Stabaeus Ccai.’ -XP1WCLs nc*pCOT¡K ci.’). tinte L ur- corva 101.5 .ccpaxcctos.s 37 (10 U) Schal. Bab. in Cic. Pro Are». 25 Hiidebrandt) = Aristot. fr. 676 Rose: vid. Miun. Test. ~al. Lernos~ igí Liar “vr-sus” dicí ¿ elegiacos, scilícet díssentícnt ¿bus varias. pr-mus autes etcgiacua carmen scribsíssa Cal. linos. adici& Ar-i pr-aa terca hoc genus poetas Ant iracichija Col Archilachwn Par- itas. Mirnneraua Calafoninm. quor-us additur eLias Sotan Atizeniensius legua nabí l.iss¿raus. (164 18. a. L r ja vi deLur statelcs ofonius, niarnar-tas scr- ib t or 108 38 (38 U) Proc!. Chrest. 15 (1 2, 35 3ev.). Eibl p. 319a 17 (Y 156 Henry) — 4. 4. .4 3 3cncat’ ¶xos.rjías. ycyoiaas. uoXXo,.- roi.rrwi.’ 6 CLCI. ~ ikwo,.s . cn.’~pcOvj eSe x>no 4’ — , 4— rlJpaI.’L>TIOaVTOs AXs.¡«s kas. ¡acta Has.oóom.’ Ka= 040 (41 U) Títulus Nemeerisís SLJKiJWL> 1~— ‘ÁL>1LPJ&XO¶J ¡OL5 C?) nal)as.ylX —L>LUV UIT— 09 Lv e. ~ Cf. Pbot. Kpar LObO L Bernabé), ¡ 01V ‘5. ‘ flL’ (HL 4’ rp LI 013 ¡a cG (1. 0. IV 483) Un. 3 Ko(Xoqxov Von er ¡<0h11; liii. 8 (u¿]09,.v Frhnkel. Sed hoc testimonian dabítana riostro poetae tribuo 109 FRAGNENTA SEIDAI 1 1 (1 U) , .4 Evvcrrcrc, KpovCdao Aí.=~ ¡aeyaXoi.o Gvyabpts Decidme, bijas del poderoso Zeus Crónída. 1 EUSTATH. in II. Al p. 9, 43 r~ 6= ~ ~ 4.— ,(op. 1) cx -ruS TCOL> >4onaú>t> c¶lLxXqOcú>q cxp~Cbas.. CtXXC* Ka!. > ‘ e 4’ ‘ — e ‘ Atrrs.paxos O¡JTIpI.K9 ~T~XCj>~TIOLL> El) ¡6cxpos, O KciT« lo npoypa¡a¡ia MOVOÓUoL¿s. X~ycs.- “IACMI)TCA>CO NaZca,cn cnrrco 4’ npo.parc~cw 6’ ~y¿”. (fr. 150 Sn.—!!.) &XX ¡<~Z SrTtoCxopos Cl) í4 “6¿p’ &yc. KaXi.¿nc¡ct XCyCLcJC (fl~ 240). IX Sa-o¿. Ho.. A 1 d (1 5. 1 Erbse). ScHot. Ho.. Matranga. Anecd. Gr. 2, 374, 16c ~hL ¡ nOtTjbLKTp.> Vro!. ‘ , ‘ , ~6cs.cn.’ij CVl)Yj6CtW.-> Xa¡a~atact Ta ?Tpoa-raKrtKa avT!. CVKTLMWL> ¡ sao,. Moacxs. 3 H. H. Ven. 1 Mo~o6 ¡aOL cvt’c¶1C cpya = II. par-sa. fr. 1 Bernabéj Ji. Ji. XIX, 1 ~wp~ ¡aot CIJL>C1TC, No~oa3 Ji. H. XXXII Is. COITCTC Mo~&rai.i As5vcnc¡s KOupaL Kpot>CeScw Aí.=s 1 ><~ ~. XXXIII 1 ápp~ AL¿S ¡s ~XLX¿ITL6C5 ~cneic ¡aoi,oaa. Hes., 77’.. 114 ‘rctrá pou. £OflclC, Mo~oas. 3 Hes. Op. la. i4ox>aas. ... 1 ócéc tIC’ CPt>cncbC 3 Apoil. Eh. 4, 753 KpovCóao AL¿sI t 151 Aí.¿s ucox>p~ ¡aeyaXot.o Ji. Ji. XIV, 2 &s.¿s 6x>yuTflp ¡acpXos.o 3 Hes. Tiz. 81 Ai.=s KoCpas. 4’ Meyc4XoLo; Op. 4 Ai.¿s IJCYcWXOLO. KpovCdcto Eustath. 1 KpovCcataos Matranga. Schol. ¡4cm A’ orn. Anecd. a fr.1 cai.l e .4 Jota lflJL>CLOVOdi. > 4. CL>]TXJ1>e!.cfl-> «OLÓTIL> ¿ J pq>ip L Ob CL> :Ips ‘AxeXc~ios i~ 1 5 10 (U vox>. c. t >4’ oX~coi( £4. canepE os ¡$XL’CtOlJOaL Cail. ti. 3, 2 a-Ap’Tt~.ILL> ¶J¡aL>COI.ICL> 183 (Sirenea) Xs.yup4v 6’ cvrx>t’ot.’ cxos.órp.’ Ji. Ji. VI 6’ ~vrx>vov ¿oi.óúvI ¿‘Erg. or-ph. 5 XLyi%c~a>ov aotáT>L> 4’ O9CT epot> ¡zp 20 > 4’ Q¡J%Tflp Lo-Y Cl.’ < ~ ¡lOt. ápyx>po6Cvr¡s): Col. 1 a áJ~,kpcpLOboL> vid. 9 482 et 527 ~‘61vcev; Cali. h. 1, 5 ¿hE )~~vO5 dpflpLOTOL> t ~iiam I¶as; >AxcXáos posal Cfort. Axcxc~ios >AxcX4ios Lob.7 ~ ]lJpyúiv: n]i~pycnv vol -¶1Inpywv col..2 a co’ncpt: cancpos. cancpa? cf.F4 .6/e Xccrpo—. Xc¡<-rpcEaatyvrp—? Neat./ a Yq> yc~.a pot. quan ycXtt e XckrpE (vid. 5) 3 fr. 3 . ‘ ano fr. 2 JMmE 4. 1 x6ovos ce! Tíi~rx peXa! í.tm; ]x>noiXc>Lyea; axpo~peE ¡a; itapaZ avp( it ]Xuya Gal Xárc~s OnCpx( 5 01.1-Y LVI ~]!cap-Til)av-To¡acXs.E ~ yICCI.10L5 c6~wocrT’ aTE lecho 1974 (cf. 112 , ‘ >4’ c*i.c~ otal 3.- ox>t. 3 r~L>ey¡OI.J( 3. 1 2 Epresuraso) ... siempre ... 3 rápidamente de la negra tierra ... las nevadas cumbres ... junto a las Simplégadas tdel mar).. - reforzaron para las bodas dio una dote ... llevó POn’. 2516 (vid ad fr. 2) E 349 &n= XOOL>¿; 1~n4s=.a’ ~=cpyc ¡P 418 aXX’ GVTOx> yai.d > .43 — pLai.va t 97 o~r qnc¡poi.o pcXaCvqs Piad. 0. 9, 50 xot’a ~4CL>)calaKXtOcxi. ¡aéXai.vav Alo. fr. 38a, 10 Votgt ~ex«C~a~ 4. 4 zoL>¿s j Senon. fr. 1, 14 Ueat n¿¡anci. ¡acXaCL’Tis >AC6y¡s “¶10 xOov¿s Teogn. 878 hZ> 6= ocnZv yaZa pcXOtLL» cOopa¡. cf. > 4. Ant. fr. 187, 1 ~>LI.JCpa<5’ alt’ T~IICL~OLO PCXC*LVTIS ¡ a Hes. Ti’.. 62 &¡WaaLTo &yc*rpaZ Hez. fr. 190, 5 14.-U. ¿c]6tv2¿omno yrn.’aucas 1 Hiny. fr. 7, 14 Bernabé ¿eavc~]-rcota be L>O¡.JOLS LL’« C6L’WOCi.Cv >4’ • ‘ , .4 .4 >4’ ax[o]VT¡v Id. fr. 7, 17 ¡ yapov O~LflXTctL 4 .4 c6z-~aaaOaí. fr.2 ~ onepxE: fort. oncpx(Aiwos Ccfr. 0 322 4. 3 e —aircflopCL>oq 6 o ycp¿oL> teo-vox> CIIC(3flOCTO óC .4 ancp~[ ci.— poas. / d ai.ci.. ad fin. fort. otaE. fr. 3 í ¿m~,3 xSoL>¿s a(iJin gjcXaf Cirqs pomui e Lob., cf. , — Antim. fr. 187, 1 j’Cppa 6’ án’ ~itCLpoi.o ¡ieXatvi~/ 2 xnloiXC>i.9ects corr. Lobel; potius quam x>l10L>L4~ca5 nl L>L~CO$ e — e — lJnOL>LcpC 5 papyr. (x>flOL>i.9.- novum; alibí —L>L9TIS, —~¡q>os. cf. 113 noxx>vs.cpijs Eur. Reí. 1326; á~áL>L>Lf0L> A 420): A¡cpwpci: papyr.; fort. >A¡oto3 napas. cn4ilnJXya Oa]X&ooTjs Lab. : avianXnyQa síngularí numero Eur. Andr-. 794, ¡.T. 241s. (coddA / t ~¡cano qxXcq-yas A 215 et Antim. fr. 76 1 pcXi..E: fort. ¡acAtotE;: PCXs.ic-rT1s batid ad rea; M~Xs.~.’Eon.’ : 3.0013 Y vq-tcaro «cii: Lloyd—Jonesar[ , 4’ et Parsana: flL>ci.¡s.ifts ~xecv ~J T1YL0P0 5 AteSos CKflpOXL1!0UOCX 6001->j 99P0L>E’r’ Ffl!.9CTE 4 ].~ tn=q a.. E lieS’ tCpfl XfltaTO1J , .4 ].TIflcLpú)L> retoE 10 ]c~6Tjv pT~0i.OLL>i: ini:... ipa {J~L¡, tras abandonar la profunda mansión de Hades, las broncíneas estancias de las Maldiciones . . . venerables ... esto .. sobre la cabeza ... de la voz ... sagrada del supremo - . . de los continentes ... a las ovejas ... a los justos .. cruel ... el agua de la Estige 1 ~ 2516 (vid. ad fr. 2) II PMt. 17 Comm. in Ant.; un. 4Ta. Evv. 1—33; Un. 49,. (vv. 12—133 (vid. ad fr 131,,.) III Eprwp. Hort (Anecd. Dx. 1, 201, 7 Crarner) ‘ ‘ atatuantur variae vocis 8o¿s significationes KW. TO LflJKTO cx¡aoXyw” CA 1733 > £ >4’ 3 > — ‘~‘ rú>5 ct’Lot KQT LbCCi.L>O bTjS COpas fi ba OpCI4pCttCt. «XX’ airo toi> po>JS, ¿MoXw ¡4S, c > — — r 035 «flO bOlJ 0w cuz.’ y¿yot’c TCBflps.- -re .5= bs.0cpcL>ov ¿oqxxX& > 4’ ¡ aKLVqTOL>. ¡ * 679s. ~‘s eujpccó’ XOc 6Cóo-un&vo; 0~6Ln¿6aoA ~s 4’ ~, .4 — a flj. A...T~*9OL> ¡ Eur. Suppi. 835s. cppa o’ noXx>o-vot’o; ~,t..ai.fl0~.aA 5.ó4xrrci Xinox>o’ TIXO EPLIÁS¡ Aesch. 5-apI. 699s. lICXai’cts.rLs ‘ c 4’ Le—-- CLOL 6¿pú>i.’ >EptiÁs; 70 ‘EpLV~iS nalpos TI pcycsoOcvqs; 723 > 4. .4 narpos euwrat.av >EpLL>~L>; 885,. ¡&q iturpos O~6tn¿6aA lr¿buí.’ >Eps.vZs ~nc¡w¡ a Theogn. 1136 ~Xos. 6’ O~=XUpn¿v6’ ¿IdlKpOXLIT¿VTCS ~(3cri.’ Eur. Reí. 607 Xs.nox>oa r , Oc¡aL>ot’ avvpoi..’ Ox> 0%> cocet¿wez.’ ¡ H 131, etc. 64eot.’ “AZ6cs >4. ¿4. — 4. 4. ctow Lar. Mac. is. TI>CK~<01> NCx>OjJWLAC* ka!. OKO’TOIJ ~ .4 Xs.ncat’ K 394, 488; 0 366, 653; Hes. Tiz. 481; Naup. fr. 7 Bernabé Govjz.’ óLct L»x’ra ¡a~XC*LL’CI U O 15 h&a (iR Tartaro) oióijpct.aC -re ¶n~X«s. ¡ivus corr- Lob..; aaTyropos P.flí 1.; Haas / a “Ai6o; ... 6¿¡aov cítant Epimerismí Homericí ap. Cramer, An. Ox. 1, 201, 7 (vid. .5.supra)/ <.ciJGa ¡aLL> Ci.~OL» Vogí.: <— ca~ov> Maas / u cnt.) cf. E 226 6cLv¿v ¶JIICp ¡ nr,xeCwL>ost 7 1. fort. s, 1 1 > ‘ 4 anos pat. quam anca’ Cnulla in pap. apastrophus); ¿n=; 4’ , ‘ cxCdhjocnnos? (cf. fl 76m. o’~6¿ in~> ‘A-rpcC6Cw anos c¡ot’ c¿6wjacanos 1 C~pTj; ~>< kcqxxXT¡s) A u ]!.6’ pap./ tcpj pot. 4 3 4 4’quam ccp~ Cnuiia in pap. apoatrophus) / xrna-rox> de ¡ove e 31 > .4 .4 et saepe / o fort. wneLp(.3L> Lob. : aut minus prob. ITCLpy¿s t&ap (cf. Hes. Vi. 776) 5 fr.5 J.c»E. ¡ot Ji: ]ctczpx. E ]oauE 1 (laaiX 1a .SOpLE 3.inaact J.cnoaeOE ].. . ISYTOLOL6C. 5 ~OJXc’ at>cpas ¿yxpí4mi:-rox>as.v abTj]XaL ¡ nap UO]XOCTLO d DIOfl,. Por. 84 crvjxa,. ncpZ -v~p¡eaatv Hpaxxijos (cf. Hufor. de Cale. fr. 82 A. de Cuenca) 2 X. ]~: fart. X.~Xb/ a óops.r± fort. óop¡octrvt ¿ pot. quam p (fort. pcno)/ en ant cE/ .E: u aat fort. TI ~a]xcrr[ LIflOLi:L>] ¿$~ avcpas q-xpCpitt’Tox>as.L> posui Lloyd—Sones et Parsons (cf. caxatLTpL Apolí. Rh. 2, 418 ‘ .4 * 336) / d cnj]Xaí. ¡e; 4HpaxXijos Lob. :9 5 e et 6 fr. 8 3. CTTjblJI.fl TE 3. T~pevcypa( 3. debaS. ¡ las cosas auténticas POn. 2516 (vid. 1 3.: fort.K/ 2 att fr. 2) 3. : s., t’ /fort. r~’vrnn A a 3.2v poa./ ¿ 3. L prob. 117 7. fr.7 J.LJ..Á 1 ¡a( b (3 ]cnLXflLo( ]ócnXe. fue incendiado ... si palacio P.Oxv. 2516 (vid. att fr. 2) í ].E: e vol 0/ 2 .E1 a pat quas 6, X e.g. KC¡4’ fr.8 Iwoct ra 6 CO; s.óoi.’ cpy¡aEara ]ttxi:. ]i.’ nX¿oz.’ o’3 yáp E. JoXX . E >4’ ‘ >~‘ 5 c 30101.1> EYT CIJL>LOIL> CtCOOt’ LKCO&CYLE 3ro ¡.caouo; TIXL 6w ionaoecZau. ¡aCXCOOLE 313 ¡al! O E t ~r.~ 118 Pero como vieron estas acciones ... el camino ... pues no . . . acercarse aún más a las esposas . - . y abandonaron las aldeas de Argos ... de Licaón donde un banquete... a los miembros Edesgarrados) . - P.Oxv. 2516 (vid. att. fr. 2). Idem fr. 9—13 c 4 5 >4. í y 34 os. 6’ ~ CUL> ~CLL>Ox>5 i6o~ a y 169 6’ CK!.~CL> ÓOXLX¿L> nXoU’ ¿p¡ia¿vovrci; 3 Nicand. Tizer-. 295 (3c*w.c’ nX¿ov ¡ Calí. fr. 260, 67 Pf. ¡ a 944 &o’cov t¡<¿atai. 5 CalI. ka. 3, 134s. rok 6= &UW$)’OL>Y cLtarCpcs yaXO9 TC ¡aLO n~ps. óC<~~~ TL8CVYC*I. 3 .4 3í va 6 vol ‘roté ‘6’ caos.áot’cpypE pap.: apywE— (>¿p6w) pot. quam ~pypE...<¿Cp>-cú) de aspirat. vid. comment. / z Ji.’ >4. 5 ~x(o]v posmis (cf. Non. D. 23, 128 ¡patrrox> no-rcipoZo / 0V yccp ¡lot. quian a- ‘ ~. tum JoXXc, )oXXo. ]oXXot; á]oXXe— sugg. Lob.; sed á]oXXcZ; legí nequítí a- 5 — 5 LUL>LOL1) (Et. 14. 393, 38 s. y. C13l>L9 c~patt’ci. bol> ctt>dpci ‘ ‘ — 4 ‘5. ‘ • ‘5. ¡<«1 TTjL> yx>t’otL¡L5 Kas. TI CUl)t5. sed apud auctores a- nunquam de maritis)/¿ prob. Jvro/ a-Apyeo; pot. quam apyeos CCall. fr. 299, 2 PfA/ ata; pap.; adhuc tantum apud Apolí. Rh. 2, 139 otal.; o~2ujrci; Soph. And.romeda oá VTci ]vx>6 E fr. 10 1. E IX ¡E 30¡. ]~n. (desgracia?) . . . lamentable... fr. 9 z 6Jaxpx>o¿i:ra posui dubitans; Ja ‘ OVE IL> c*tóot( 3. s.wE 120 del templo? ... huracán . . - túmulo . . . conozco i Fort. non. propr. ni —¡apos/ a fort. luí a Ips.ú>Xas vid. Apoil. 2». 1, 1132 et 4, 1778; hoc accentu Herodian. .4 5 324 Lentz/ ~ 1P~L>’ ovE pap.i o fort. ?~ ¡acta -rotov óró~ 11 fr. 12 Jo £ ]Sco¡a4 ciE T]?LTIS TC ¡pCWola 3. Vr.2¡bs. K¶JL>OE IFPLÓ’ qs.c.i: 3. nepLE 10 iOx>paxsnt JicatapE 3. . . . E EconJ una cuerda ... del cielo y de la tierra ... (perro] ... infortunado 121 E 769 yaC1; bC KotL o-upca’o~ IX. 2. ‘ ‘ ¡ ~cYp¿S.de; ¡a’ 9ot(/ a Izad fin. cE, ci:: y]aC1s re ¡t. la itO’T¡aOt’( 7 (sic) pap.; fort. ¡ 4. 4. 1 ARISTOT. RPtL. 1408a 1—4 Kas. -ro Avrs.pcixov XPTIOLPOL>. ct ú~L> IJTI L05 ¶IOtCt Cl!!. TO~.> Tcv¡aooo~ El)- ax>t e-ras. yap ox>bCOS cts anctpota. 4’ , ‘ ‘ £ II Swas. 9, 2, 24, p. 409 ~i.’6= ,rjj @nj3as.ún.’ ci.au. ¡as. Kcis. o Tcx>prwaos. CL> LxOaflOeL> ‘Atar Cpcxxos 6u.¿ noXX~St’ ~ a ‘. ‘. .4 4’ 4. CIxCOL>. Tcis ¡aT¡ itpOCOlJCciS ape-ras ótcips.Gpox>pct’o; £13 yvwps.pct 6= ‘. a- -va ctTT¡. B 811. A 711 ~rru. 6~ L5 - . - ctLitCZ« icwX¿vT¡3 A 711 LGTi. CGT!. Tu.; ... n¿Xu.;~ A 722 ~rs. 6~ ti.; no-ra¡a¿s N 32 a- rs.; cn~o; y 293 ~ObL 6~ ts.s Xs.oo?j ~ rel 6 844 con -ri.; iAjcio; 1 Apolí. Eh. 1, 936 COYL de is.; cts.ircs.a ... vnaos¡ Apoil. 1». 2, 360 ro-rs. 6é xs.s ~i>EvCoirr 1i.’ ir 365 ~n’ ¿~,cps.as 4’ • 4’ a- 4’ .. a- TjL>C¡aOCOO«S H. Hora. 27, 4 TI ka-Y’ 0p a¡C¡aOeOOa; Tírt. la, 14 Gent.—Prat. Eps.vCov TIL>C¡aOCt’-vci 1 Pind. 0 4, 8s. A’(rvcrv ... z Tncn.’ A~c~¿c~~otv it 471 “Ep¡aas.os >%%,os ~ 4’ Co-Y It’ -rs.;] 6¿ c 123 15 (3 U) £4’ .4 4 4. 4’ .4 > .4 ox>t’cxot ca. )Cpol)!.ófl; o; <&~> ¡acya naos.u al-cace,. ~.4 , ‘ .4 4. 4. ,4. ayTpOl) CL>L CicLOel) TC13¡aTIO«TO 09%>O ¡ CL 4’ 4. >4. £ 4. ¡o CL’ L K0 KO13~ KCK’~’L> O9~O C I.1-YI TLS i.a6c Sc&.’ &kXo 5 ye ncip~ ippaactu.TO ¡ ct-ixrox> Por lo que el Crónída, que todo lo gobierna con poder, le preparó una umbrosa cueva para que la hija de Fénix permaneciera oculta, de modo que ningún otro dios pudiera contemplarla, excepto él. STEPH. Bvz. s. y. Tcx>~aa¿s (818, 21 Mein.) ~pos 4’ 4’ Bos.úxrs.ct;. Opripos ev ‘~CO c~q ‘AnáXú>va ~¡aL>q> “CtS Mx>¡paao~ XcxcnoCriv” (U Ap. 224) ~CrYV, cts ATIPOCO~1mTI; ci.’ bpLT9 Bs.OI.n.’s.ai¿SL> (fi’. 3 Povelí; Cali. Mex. p. 25) ~¡;. <0; ‘Avi4.acrxos np-np t1—4J os. ¡tr~e;6’ eripcxi.6os £ .4 Tcvplras.ou., ¡c~ni-jt ¿cn¿ ‘ro ~pox; >caZ TO > .4 ‘ , 4’ .4 ‘ ‘ ox>óacpov Tcx>sr4aas.ov. ¡«XL yo Ctc bOflOU Tcx>paaoftcv, kas. YO 4’ > 4’ onov Tcvpiraot’6c. AVTLPCXXO; CL> ttpwtq> GIflkxL6os (vid. att fr. seq.) ¡ Y 409 o13L>c>4 242 o; naos. ... á.’á~’ace. Theogn. 803 ; Cluppiter) GVWYoZOL ¡<~Z ¿Oca- 4ros.as.ta á¿oaes. Hes. Vi. 403 ‘ 4’ mT’; Cíuppiter) de ¡aeya >cpateZ ~d= á’áoaes. Soph. Traciz. 127s- ¿ nc~i-’ra kpaCLM.Ota (3accXCts/ ... JCpovtéasj a >1. II. Marc. 6 árrpov ~aú> t’ctCovaa naXCo,c LOt’ ¡ Pínd. P. 9, 34 ¿p&nv 124 KCx>8¡4<0t’ot; exeu. abcs.ocvrú>t’ ¡ FlUí. Scarph. 139s. Pouell (CoIL. a- Al.cx. p. 169) ta8&e ‘re dcCi—t tas. 6c4 npE~not’ ctvrpoi.’ ( Supp. — 4’ 3 fieL 1. 1044 (frust. adeap. p. 528) Kcxpons.qs tCx>IJTIOuf , 4. 4’ — LnLCKOx>p05 E’3p’¿KXcLa ¡ a S 321 *os.x->i.ipT~; Apolí. Rh. ‘ ‘ 4, iBis. neps. >-ap 6¿ct’ ~ppa ~ ~nj u. OX1.JpitLÚ>L>7 X4Cas.) TC~ Antimachí versus El—4) desunt in ~ í o; 6~ vel Co-TE 4’ Schelemb. ~cntcp Hermana: o; coat/ itaos.t’ Holsten± ?TUVTWL> codd. 1 a ~Lrrpol-> ~vZ OkLoCL> Boesch c&t’C cum TevpTpuTO >~ a- , .. , ., tuesís): al)-rp 0. Schneid.: CL>L OKTI1«~ R: CL>i. OKs.fl A Parisinus: ~tat o-vCr~ Mein. cl. Hesy. GTLct . . . 6’rjXoZ 6= 4’ -4-- , ‘ ¡ OXUTLU Hez-mann an ct’s. 4. 4’ OTCtL>C&?7 a coipT> R: ¡GTIpCL>ot scripsí e cod. R: 4’ 4. r 4’ —pct’i~ Hermann: ¡ccvpnn AP : ¡¡apcvq Stoll KCK13TIIJCvTI Mein. et Schneid.Z ~cppa ~ rs.; Hermana a- cl. Ap. Rh. 4, 181 (o.ppa CaIIiu. septies in hac sede 4’ —% 4’ hexametrí) CO; pce e pT~ u.s Uyss e Stoll : ~>; ~>¿ e ¡aiyrs.s R: os <4’ £ >4’ pce PTVTi.; Pi o; pa prj Ti.; A: w; apa ¡a’TLL> Ungerus El. Cnt. p. 25 quen vide etian Parad. Theb. p. 156/ ¿¡aTt 6= codd. (cf. 0280 SA: p4e Hernann cl. Apolí. Rh. 4, 182/ napct q>paOot!.Tó CTTC*PCt 4f«OOai.ro P) iO Ka> otx>o Stoll: 4’ 4’ 4’ > r’ r napct 9~QO A: napc COXTOU 1’ notpo; tt q,p¿ootu.r¿ R: ncipct «UTOt> yC %>paOci!.To Hermann/ 16 (4 U) Tcx>s,rrjo¿vt5c Al Teumeso 125 STEPH. Bvz. s. y. TcupTloa¿s (619, 9 MemA (vid. ad fr. 15) 17 <5 II) .4 .4 ápncc5¿eaaa 6> AXcnau¿pcvat ¡ykCL¡aCL>fl. ncnOL>GC eSe. ¡va ¡JT~ £ ~4’ OT)¡,flLl)CTQL TI ciy~ O¡aC%XT> ¿6¿;. nc6LL>T> (Heasterhus st Tittmann ib. quas Schleusner annotavit, dixerat iau Tittrnann att Zonaran p. 299 n. 71 ST’ ncXs.6v~ coddA ‘ALnCpflos CL> ttp~arú> ei~paCóos r.1 i-Ó-ove 6¿ ¡<«~ cv7-¡ ~wCec’rot>. n¿novec 6= ¿í.joCú>; w cpfrups.s. idoxs.¡pL;, O\1-Tw~ £Hpwt5Lcft.,=; (2, 247, 19 Lentz) ¡-c pci.’ ápncó=s ~ 1 570, 1 460, ~ 69 np¿»nJ ¡ Apolí. Eh. 1, 1118 npo~u ycpat>épiiot’ st .4 2, 249 eZ 6-j np&vu yépcws ¡ y 243 &-rap o-GeS’ ClJpCLa rebUKbotL 128 ápneó¿caoa codtt. : ápn-. U/ ~XcnaL>¿pcL>cct.Blasa: cXaUL>o— 4’ >4’ .4 codd. : cXax>vo~acL>oti.; vel cxauvopct’coleitz./ bCblJKT; *x>Xr¡s. pro ‘Oprpcó; Op4rY>q eL OpriL> dicunt, pr-a Tx>óciS; Ti6;. sic Ant imachus ira primo Tizebaidos (1J el vocal ivvm ira -e productas (vid. att Fr. 19) teste Rer-adiano qui hoc ponil ira primo Cattioticarva, stmil¿ter Zbycus “ovopa¡ctóao 127 10 (7 U).4 4’ -rata ,cat. qxotaflOas npOoc%>TIS, OZV¶ji.C 1%6r~ Y dirigiéndole la palabra le dijiste, oh Tideo hijo de Eneo. Itwa’YAn. ap. Príscian. Inst. 6, 92 <~ (vid. att. fr. 18) 14, 12 Lentz) 4’ , 4’ 41 TaL> ¡«Xl. fWVflOciS npc’Occfl ¡ Ayapcpvwvj t 55 4’ 4’ TaL> <5’ «¶TCKpcs.(3O¡JCL>C>S npoacWta - £ - ‘. 5ox> nctpayovrat. cii. KbIyrL¡ — -r >4.CyKCKXL¡aCL>T~L>. Lú5 ‘rpLT013. cí.i.’au. ycL>LKTjL> np.’ “aXX’ ccn> TI ‘ > ‘o¿pcos.v” Cd 28) ¡twoco ¡acta cqxou.l)” ce 402) Kas. ncip Ains.pa23e dpjaúcis. cns. Tx>6éú>; >ca= floXln.’eCbcox>; -r¿ iii] ¡<«Z áu.A xy~c 6cx>’r4~as <¿nZ> vcCicou;.- -ro Efr. 993 CUÚTOL’ L1>cVVT i.O1JVT crapwt’ et 4, 453s. Vflx>OLta ... a~xour4>acs 14 2 ttovOta Y’ C~C¡aCta kW. OLLI>L> ¡ 0 385 noXi~ta .4 ¡4. 4’ O%x.~LbcpTIL> 0!. ClaL> cttd. OcpwLbCpTp.’ . . . C>t~1Jt’ Antimachí ettítores cl. Homerica consuetudine, sed otti>s est Aticis paet is. 21 (9 U) 4. 4’ ‘ >4. >4’ aonotos.ú>; TC oqxo ceyCt’ O!.Ics.. “Y s.; ir’ ap aqxac UEZú>l> CA 8) KW. ~ncL a ‘r¿ dins.XXcxpoi.’ (Rskrzeczka: 6s.auxXapcii.’ ‘ £4. .4 Ab) acepes Oir s. ¡«Xi. -v¿ ‘~j -~ C5 a ‘rox> enope ro nc¡an’rol) eres. Cc~cirau. Schneid.) -TijS 6= .4 a- , 4’atrrCOvuptces. ¡cXipcvo~ rox> pflPotTOs. ¡Avrtp~xce ¡XXápcos ~v -rpCrfl 8TlPcti6os Cf r. 283 ¡ ‘<> &XXoS ... -‘ itt’ tui. pcyapos.; Hes. Sc. 45 &cmnacCú>; re ~ 280 ~s óC9pov 6é > £4- a-coas aya> >4. -5. , .4 a- ot¡ xCOL>rot ¡ r 72 ~X na~’ra yx>vacicci TC ou.icctó > .4 C94-fC&~ So ph. ?hÉL. 499 Tel.! otKaó’ a¶oXov1 rultctyOL> 22 (10 U) r >4. oto¡ ca~.’ (3ctou.Xctropc; A~ys.otXijú>i.’ Cuantos eran jefes de los egialeos. ET. (3D’.. s. Y. potai.Xcutú>p (Et. 14. 4’ ~aos.Xeuoú>. ‘tan Cpcixos ~v np~y~ 0npci~Cdo; E 1] 169, 5). ‘ ‘ napa ‘ro ZoNAR. 1, 370 Tittmann pccci.Xc4rcúp nap¿ r=’ (3QC1LXC1~CLX.’ (3ciau.Xc4rcop. ‘AviCpcctos (1]. H 227 ot.os. ¡ Ox. 8, 1087, 4’ Ai.ni.Inzo; CL> vid. att Fr. 18 a-ái.ó¿i>WOLyL>TITTILft5C (Apolí. Rh. III 647) 24 (12 U) K,%Gos El Cinto STEPH. Bvz. s. y. Ki%eo; (393, 15 Mein. ) K’ói.*o; w u u Clac. md. Sche.: <~po; AijXox» add. Berkel) nap& ‘ML~¡áxq ÉL> nps Kin.>Oou opo; íd. ~(?TjOao 141 ciii. Kuu8ob 28 (13 U) 1 Sr»y.. Ho. A 400 (1 515. 46 Erbse) napa ax>~op(3os.; bcTpcw ócs.voq. cXX’ ¿i.’ áon¿6s.” (Suppi. 902) II PLUT. Paroem. 1, 5 (Paro... Leiatsch.—Schneideu “rx>aL~ ci< oi>9op(?ioij” OLUC-U; t-qi.’ ex>yci-répcc £Innol)¿Ox> flep(~os.~ ‘ ‘ a- £ alabTp> C~>Cx>OL> O1JCUt-> O nat~p OIJ9OpQOL; .4 yck’o¡act’ola iT«s.6CoiJ Tx>6éú>;. 4’ 6e. ‘At’TLIscixos 9flOL “O1JK ~v gr. 1, , ‘ .4-. CII!. ‘real) LQOaTO~ nap edoace 322, 5) anas.de’urcav. yt’ox>; 6= pCbci -vox> PI&. 17 Coma. frs. 131—143) ~ta Ap¡cv N¿votx( Ant imachus) in 6= pLL> 26 (173 U) Ant., Un. 52s. T9 Tpu.¶q> tu; (‘rQjv s-riya) (vid. att Artepnt des. 4’ E0J~~cxu.6os xara np- i:{rnoirC&qou.]t’ (sc. 27 (14 U) Scwot. Veron. Verg. Aen. 10, 565 (Append. Serv. 447, 6 Hagen) Hanier-us (A 402am.) anzicus Aegaeona dícil buís, sed Ant imachus ira ter-tía Thabaidas d adver-sua etas ar-maltas. 132 28 (15 U) 4’ 4’ .4 —~ ...-) -ro ¡otbO p-qr-qp Y fue ciertamente la madre que engendró a ambos. Apoa. Dvs. De pron. ¡ 88, 27 Schneid. (vid. ad fr. 21) 4. — .4 .4r 176; 8 332 -ro ¡ ¡aOi. ~1I.« ~CLL>«TO PTYrTIPI Euphor. Fr. 138 A. de Cuenca. ¡e Lot Anfigenia STEPH. Bvz. s. y. ‘AgMpcyét’ct.a- <89, 12 MeAn. 1 n~Xs.; MCCOTL3LQKTI. Zrpap ‘vox> B¿ottno; to~ Apvciotao; ‘fox> .4 —.4 ,4’ Kpi~Oew; ‘vox> As.oxox> ro~ ‘EXXTIL>O; bOU As.¿s. IJTITPOS 6= Ax>au.pe~-r¡s Tu; Kcpi<-u¿vos T0 floacs.6¿Staoq- cts 6= ½XX&vs.¡vos. ro~ ‘Appi.ó4carro; ‘roC ‘Eir¿xox> 4’ Yola totpyqnox>t -vOt> ICq9Ccas YO~> floaes.&S~oq. IITVTPOS 6= ‘ATc*X&VTT¡; ir; Ictc7ola. II Sa-aoL. Aeschyl. SepL. 547a (II 249, 8s. O. Languitz Smith) “flapecL>Onau.O; ‘Ap>cc~s” ‘Avrtpaxo; qrr~OLv ‘Apycs.oi.’ atyrOl), 011K ApK¿6a. 31 (18 U) AmEN. 11, 459 napa p=ta r4 ‘A6pc~o-rcp, ~ta6pcs 9CXos.. 4’ c ~ 4--. ¡as.ta. 134 32 (vv. 10—12 = 19 U; 16—17 = 24 U) Fr. 1 3. ci. E c 4’ 011r ro¡xo¡acvC 3’rcvas.ci. Xw~E 5 ... 3.cipcvox>q yxai:x»c , .4 , 4. cii-’cp)es apXCtLOty) ji: fr. 2 J.ccivyas.os. 9c*i: - 3.. rcrnpt JitoX 1?! 4. £4. nc&joZ; (3ouqEo~s.qs 3o~ oiTXoEt’ 10 ~XXos. ó¿ >cpflbflpa itavapyx>pOL> j&=6¿ncicripa , 4. 4’ .4 , 4’ 4-.. O L?OVT LOt> XPVOCL peyapotou.v CpOi.OL 4’ t...Sr..~,. 4-. ‘ E 4-¡Tj5 ]L¡.I:E IT. E 1. E 1. E 15 fr.3 J.-r.E • Iu.acn.’E. loa’! &r&p 1MpCOC’Yov ¡ pcXtros. ro pa Os. flpO9cpCO’TcpOL> TIC). , 4. Jov acs.pa~.’7~Ecs mE JuvE lot 135 Juventud . - . fa todos) los que llegan ... coronados . . - hombres ... del antiguo ... a los ... resplandecientes ciudad . - . [proveed) a los parientes de utensilios EsacriFicialesJ para la muerte de las toras y que otros lleven una cratera de plata maciza y las copas de oro, que tengo en mis habitaciones ... una vez obtenida la ansiada Evictoria) . . . Cfr.3) . . - y cuando tomaron la copa de doble asa rebosante de miel, que era la mejor que tenía, Ea una) levantándose 1 ~3EJ¿QL 21127 II p. Ch. Ed. H. Maehíer, 1983 (cf. Atti XVII Congr. Intern. Pap., Napolí 1984, vol. II) IX Ana.~,’.. 11, 468ab A¿narpov StXv=s icott KXc&rapxos 4’ 4’ ~v rX&7OciLs napa KXCs.TopLos.; tci flObfl¡iLci KQXCLcT&OCL. AL>TLIJc.YXO; 6’ o KoXopc~t’u.o; CL> népirrq> Sri!3cxidos 9rC (Fr. 563 xci~ nc~Xtt’ [Fr. 32, 10—121 ¡c& 11, 475e %>OtaCOv 6= ¡C ... 6c*xur¿s rnxZpc ~ s. 203 ó~S¡<~ dé pos. ¡ 4’ 741 ápypcoi.’ KpTjtflpa, tctlayi.JcL>ot’ j Lur. Ncc. 527s. 6énci~/ n4xpx>aoia 1 ~ Z 528 4— 4’ 4’ KpT¡bTjpa TTOCtOOCKL ... CL> pCyapOLa!.1.’ Aeschy. Ago-a. 1397s. kpcrYflp’ CL> 64sos.s . . . / nXwjcras 6 587 cL>i ¡acyapos.as.i.’ ~¡aOzOi.l> ¡ te 4’ 270 c~ppCec-rot’ 9LQXT1L> ¡ Non. D. 37, 700s. EGpx>~¿6ú>u -~ r9LCLXTjta . . . —‘ áwcbcpas cs.Xc t7 0 221 npoq~epécrrepoi.’ -5.e 1. 1-’ci 1. 136 fragmentum (2) ~pXs.¡s (fort. Gua sed fragmento (1) posuít Fort. O¡4Tj]XLKLQ (cf. nc1-rra; ~noi.xo¡aL>m ox>;) J4aeh. y 364)/ Maeh.Z crrcw)aí.aéuox>; yxcii:x>ico— Maeh.., sed et yXai:q.x>po— ponía 1 CXpX 4’ 4’ £4’ aveple; otpxciLoi:x>] p(cpv¶flset’ou. —-.- op¡iaotvyotLas.. sed vox brevior ut 4’ 4’ 9ci( pap.: fort. ~,ai:ro/ a noXs.s vel noXs.o— , pcnx~Eoi-’Crj; (cf. pox>cpovCT~ Cali. Fr. 67, 6 Pf.) cpX]oCapox> Maeh.Z &ópcrY Jo; OnXCO(L> des. Maeh./ ío a- .4 ~XX3ou. Maeh. otXKo; A; corr. Schellenberg .4’ 12 posul e Maehíer / ]acpaE pap.: 1; ~paE’vcs.vijs(fort. ~pciE-Ycs.tjs Maeh. / is Fr. 3 sub Fr. 1 posuit Mach. tTpOtpepEObCpOL> pap. et codd. Athen.: COb Stoll. fort. 6V lot’ (adv.) vel O1 31>0v sed kinc vox longior efl a le; val ?SZ Maeh. / 7 videtur / 9 1rcCIOL; pat quam ]oi. pap.; ‘e< 3i.iel>o 1>1. KTj 3; .44’ 17 / 1U 33 (vv. 5—6 = 23 U) fr.4 2.. 3. . i: fr.6 Fr.5 3. . E 3-yE IX E 3..! mr! 5 ¡4’os. itpO9Cpto-TciTOta CLTj 4~~ bu. yoEv l&. E It’ E 3. . E 2 a 5 137 Doradas copas y una Vasija sin tacha, la más excelente que tuviera, repleta de miel ... vino 1 ~ 9(~JS 21127 (vid. II ATHEN. 468ab et 475e fi.fi. Mere. 248 (vid. ad. fr. ad. Fr. 32? (vid. ad fi’. 32 et 57) .4 4’ vc>ctctpo; ¿%inxcCox>sI 0 221 npotpcpeoTcpot’ 32) Non. D. 13, 469 h~L> 6~nas ~íanXcoL> &OKT~0=; codd.: áa,cc&éo; Kaib. 7 d KCXC(3CCOL> corr. Mus.: ¡lCpi:cObalboL> pap. 1 npO~CpCaTcpOta codd.; corr. Stoll/ etrj codd. .E pap.; fort. ~Ecv 34 (7) 3. . . E 3. . . E JLCrTE ]ott’ciE 3. opE.. loan. E ~JpvLSEa;3 tvE 5 3ct6x>~E Lly.. (3oa¿pE cL>o; ‘4. 1. P9$ a 5- C L ta« L -r 0 1. 1-’Ola 138 ... a las aves - . . el rey . . . sacando . - como cuando P.BEROL. 21127 (vid. att fi-. 32) 4 o]pvs.&Eci;] posui (vid. comment.), sed oi.-’s.Oi:caajs.v — .4 >4. pon. 7 u csp’uoaopi:cvos posul (cf. 4< 220)-Y e VYC posui 35-55 35 36 37, (9) 1... E Jaco~ot Jopeo LX( ]vr¡ns.E 5 LkoE. ]écciE ]L>crtrTi: 3; óavat 3. . -rapE 1. p~ E 10 1. ini: Jcs.oE (10) LE LIs.t>o. 6. E os.o( 3. orcice. E 5 JcixaLoE Jano. E ~!< ~ (11) JpoáoE Jcat’i: Jq-cc>cE JTjL> 5 J.x>es.t’ E 3; as.aay( 3 E 3631> JotE 10 ]CtCCL Lic’.’. E 139 39 38 (12) LI..’,! ]coyapE ]. carr( LI s.ciuai.’[ 5 J.o-rE Ja~E LI p9i: ]acúE ]cpi: 10 1.. E (13> ).E JotA: ]ciur cE 5 ]ciqv. E J.’pE 41 40 (14) JotócE Jpcyú>E ]i-’ci>cE LI-y alt e E 42 43 (15) IXoLE ]y~. E (18) IxcovE LPXciOe’v E 3.9.! 45 (17) JactE ]cjjt E 46 47 (21) 3 a! 3 .x>E LI ¡[ leE lpo( 1. 1 (29) 50 (24) 3..! 2. -y. E LIcXXi: 55 1. E ~?st la.! 3.. vro! 3c6E Fragmenta 35—55, ad eandem papyrum relata, mutí la. n imis 141 50 (20 U) 4’ 4’ £4’ a- 4. > 4. notvYct pciX oca A6pqo-ros CITOLXOIICL>01J5 ciceXelace £4’ £4’ p«cpeL>~ CL> ¡aCL> 1160%> ¿i.’ 6’ ot1- otpyx>pc4> wpiyr~ps., 4’ 4’flcpL9pa6CCO; KcpoOflrYC;- t’~ny7~ 6= óéncrcnpa eoCs paou.Xc~as.v AXCXLCOt’ 4. £ 4- 4’ 5 CL>O~C~>CO eo-TrjCOCYi., ¡«Xi. £5 Xos.P?w x~’-’ tt&Yp XplaOCLfl 11~O~O 4’ 2 0 303 v&op £ntxex>at. ciIcTjpcrroL>¡ 2-5 Soph. Oed. C. 159s. KpCXT¡p noircúv a y 40s. ev 6’pie LX LX 1.63V alavT~c~-c¡.’pelaMen!. ‘5. os.vol.’ £zc¶act xpuaeC9 óénciV Panyasís 7, 1 Bernabé tox> 4. 4- 4. 4’. >ccpotcct; ¡I Non. 0. 47, 98 Z~VL ¡QTOLOt. eScita; KépCtOCtS r~11vT~6ws¡ ¿ A 471 = y 340 .4 3 1><~4JTIC 6 apot IVC cnotptapcvos. 6cnc~eaaí.t’ ¡ >- 63 6CKC 6= Tv~Xq.icxxq> icotXov déncc; ~ps.¡<’SncXXov Eur. Nec. 527s. nX~pcs 6 , a- 4., ci.’ XCpOZ1~’ Xctpún.’ óénci; Y nOOL> ciuipes. xeLpL~ 4< pcxcs.X7jcs >Axai.~Sv 5 ApoIl. Rbi. 1, 912 Lvxcp<~ ¿t¿picvoi. 4’ 4. ci 136s. flPOXO . . . / KQXfl XP13OCL~ 142 ‘4’ í A6p’rjcnos Stoll: a-At5pcio-ros codd./ a ~.¿tau.pcvA: corr. Mus.! ~~SCL A: carr. Schellen./ ¿ ~L>XCP¿S A: corr. Iacobs (colí. Ap. Rbi. 1, 912 L’axc9Z ~t4scvou.z ~a-rs.&n A: corr. Herm. 57 (21 U) 4’ 3 4’ 4’ .4 KTj~13K a&aLaYotot 9CPCLV ¡aCXCtVO OLvOLO &c>c¿v LCnXci.oi.’ KCXC(3Cs.ot> CO’> oii. r ‘ ‘. —. — —01.011> CL>L ¡aeyctpas.s KCLTotL ¡aCXLTOs nenXi~0os Que el heraldo ofrezca a los inmortales un odre repleto de negro vino y un vasito lleno de miel, el más excelente de los que tengo en palacio An*¡’1. 11, 475 c—e ¡ .4 ... — .4 , ‘ 4’ co-tu. no-r~1pu.ox> Tt ita’..’ no’rps.oi.’ wcXép1 ¡ Xou.pA1.> ~ftou. XcCpcs.i.’ ... EíXwv?.’; 6= ¡ ¡u.Xos ¿e ¡J¿L>T~v 1> OcpponorC6ci KÚXOx>¡J¿t’TjL> T?IL> ¡ (fr. 33, 5-6). 143 4. 4. •5. .4 > 4- ~ r 245ss. ¡njs. . . cpcpO1>/ ... 0 11>01> ClMppOL>ci. . . Y ao¡<63 > , ., 4cxs.ycCwI c 265 áa¡<¿v ... péXai.’o; otL>oto ¡ 2 ~ 112s. ¡<«1 ot. 4. ‘.4 > 4. 4. nXT¡aópacvos 6wKC aKlaOx> ci.’s.irXcs.c>1> 4< 409 9cpLC’YOL s S 435 KELXal. cvi. pcyapots 4. 4’ , 4’ 1 KTjpla¡<> (i.e.>crjpx>¡Kcts cx0ctvaot.aí M 4. ‘ £ 4- KflplabWS e apa aiai Iacobs et Stoll (colí. A 348 ¿4ics ‘votas. )Zz O’ add. Schueigháuser / a ~L>s.Itwéycipos.sA Y ¡ 6’ r~ycpovcaau.i.’ enoí~o¡ici.’os. Kfl~x>KCS .4 4’ 4’ xpx>acci icciXá x,~neXXot ‘re-ruypieva vcoprjactvro Y serviciales heraldos repartieron caudillos hermosas copas de oro bien labradas. ATÍC’¿. 11, 482f ¡¡e ‘Idato; AÓ=xHcei.ci icx,ntXta a -u 153 óéncc cip 9i.wuntXXa xcurvyp¿va 1 4’ 741 cipylapcoL> KpTj-rr¡pa. Tcir-uypcL>oL> 59 (25 U) nX7jaci¿ 6’ ~p’ ~ns.cn¿jw .S~nctcrrpou Y llenó la copa hasta rebosar. 144 ET GEN m. y. Oot ±arrpov (EV. 14. 443, 52) napa ro 8cnwic~tú>- cZ r~’t’ ¡.JéXXOVToí.. fl~ppeav. 4. 4. ‘ ‘ “qepe -va Ocrlapotwrpota. KT¡iti.OVOL63¡aC5” (fr. 5 Olivierí) ¡. itapci TO ~x>yotci&>C1>1>CyKTQL napa xq> nas.Tjr~ CO5 ¡ — rnapa AVTs.P ra denátú>. déltczcrYpal-» ciav LLI 14 60 nXiicvct’¡ A 470 = 1 175 xp’ydjpot; ~nccrréi~aino Non. D. 27, 156 ~ntréins Lyr. adesp. 19, la. Pouell (CoiL. Atex. p. 191) KprsTflp’ cnu.o-rc— 7 qeci nXijceis y: ITX7jcIOEL> A: itxijcrc B Y ~irs.a-réi~wctBlanf. (cf. 11. 1,470 ¡ Kbchly qui a- , .4 4. fragmentan bac leg8it nXT~ocis. 6’ ap cns.a~reMavra ócncia-rpata. 60 (26 U) Xaíp=as.ov vasija (para las libaciones) ATHELN. 11, 486a Aas.(3áas.ata- ¡éalaal. bol.; tepaL;, anot’óctav 6= r¿v oiuat> ¡ Xatpcóas e (codA.: ¡. 145 Si (27 U) c ~ £4. LO; CnaflcLXT¡TT¡L> wancp KOrUKCOL>C&W AiIJTIL> , 4’ cnpa&CTTIL> nciL6eoas.1> ElteLCOL> OI>ir~S. AsI amenazaron ellos dos; ~6¿~carra aIrO búa.> Kcnncck’cov . 4. 4. 4. ~ CntOCTCO5 cs.pija&cts. ro~.ho pcxps. 6&po Ka&rjKoL>TCO1>. >cauancp > 4. 4’ C ~ 4’ 4- 4 £ chavo, npocs.na¡aev. at. 6 aria KCXVKÚL>O; noTcipiox> tu.taa;. 63; ciL erjpctt. 4- ‘ ‘ 4’ Au.p¡trrCs. III STEPH. Bvz. s. y. LxtpT~ (241, 19 Mein.) ‘AvrCpctxa; Kcru¡Z 5= ncpZ r¿v ~v rjj — 4’ £ ~ Tpt.9x>XC9 KQx>uc&-Ú31> Cts. ¡«XL balaba npOcLo-rapT¡-rcO1>. QL piCl> yctp N £ ¡ ‘HXcCcw, Ccn> Xex&ijvciC tpaau.v. ‘AvrLpcxxos you ¡Tci5 npoaayopcx>cs.. Y S1R¿ss. 8, 3, 11, p. 342 Xcya¡aé’-~s 6= ¡C6O; -~n¿ -rs.’.-’cav, ~vra; 6= ¡ 1~fl ñx>pciCq — 4. ;.ICTQtt Ax>p; xcii TpLirctLcx;. 146 i 14 582 ~IWnTCLXíjOcS; ¡ Calí. ka. 1, 39 Kotx>x¿i-nó~ vrraX¿c8pai..’ Y 329 ~~0ci te Kcci¡<ú>vc; n¿XcpaL> pErr=OCOp4000vra. y 366 &Ttp 4’,ecv pcti Kcn$cú3vot; pcya&Áhia-u; ¡ Supp. He it. 1038 (frust. adesp. p. 527) Kaxncú>t’ e’ ‘¿Xí¡at~ ‘EnetoCI 2 Z 255 pasiva. laLE; >AXC*LCA3L> 1 H Ji. Cer. 266 naóc; ‘EXcx>aL~Cú>l>I 0 519 áp~Za.’ ‘Enctáv¡ E 200 ápxctct.v Tp¿ccwo¡. r a; codd.: ~s Stoll: 63 6 Vel ¿ 6> Duebn. 62 (28 U) &v po3l> ~nC¡ citas 6s.tncpacac tflJpLO1> cio-YIJ. Y peruaneci con ellos, acompaflándoles como decidido protector, hasta que destruisteis la ciudad de Dime. STEPH. Bvz. s. y. A4i <242, 1 Meir>.) ... Xéycrcrs. ¡paaaci pc-Y’ C*OaL’CÉYOLCL Ocatcru.L>j r 188 ‘ ‘ > ‘ ‘ 4’ ¡«Xi. yap eywv cnucovpo; cta.> pc-ra ‘rou.acv cXcxe-r¡1>I Cali. h. 3, 45 Ovycrrépot; A’,rú>C6s. nélnrav ápappois¡ 147 £4’ £4’ Apoil. Rh. 3, 881 -rjj 6’ cipice M4upcis. cnax.rrcxL cikSapPaács ¡ Nícand. Fr. 35 &¡iap(3c¶5ea 2 A 732s. &Táp pty¿Svpou. ‘Enci.a~ 7 , .4 ap~Laravta ój oto-ru 6s.appctu.aau. pcpa~Sc; 3 H 32 óícxnpaOéei.x.’ -r¿t5c CX0~Tla 3 1 45s. ciXXat. pctaéouau ... ‘AxotLo~7 c15 o icc i~t~ TpoC~ 4’6ícvncp-capc~ «1—2) desunt ir> ‘3/ tSé v’a Mein. : 6= restítuít Mein. ex 5 pro edito &papp¿St’, pro &pop(3cics.ta satis tuetur Hesychíus)/ Meir>.: c~js.X’qou.c ¿,; (accentus omittít Wyss, 3: ¿w¿Xaci; ~s Pinedo: ¿~CXacis cws Iacobs 83 (29 U) Sc#c... Stat. Theb. 3, 466 ‘ge>aini uates” q’.jí suraL Neiampus el Ampt’.iaraus: dicuní poeta»’. isLa omitía ex gr-asco poeta Ant imacho deduxisse, quí el ipsc M * * gant (codices g’an¿ suppl. Vulgo: (3an’. suppl. RoBbach) Thebaidem scripsít eL veleribus ira magno pretia habitan’. 64 (30 U) &épca; c-rctecpaZa Del pleno estío o-u 3 1 oqiap(3tú>L> (verbun &P 0~p~Z~.’ a c~wCXir’ CLCO; Le ir> rasura R) 148 1 ~ Plat. Phciedr. 242a < 78, 7 Greene) cncr&cpá”) o-Tct&cp=n.’r=ocp¿ópot Ocppov. ¿mn¿ &épcs. pccnl¡.acpCots (codd. pccr~p~pCcis Uyss). ¡ Xcyoiaaí. II SIJDA. (IV 423, 9 Adíer) et PHoT. Lex. s. y. Atrriiaotxo;- (11 4’ (“pca’rjmgQp Lot irq; ‘ —£1> TCO , 4’ Avr í¡aot~oc~ a-rcx6cpoL> ‘ ‘ X 192 ax>-rcip ~n?~v ~XOTPL Oépo; ~ 384 ~ ~s Ocpas i es ¿n4rnta Calí. h. 6, 122 XCx>K=L> 6=Sépa; xcii. ~cZpici cpcpaLoa Eratosth. 16, 16 Povelí (Cali. Mex. p. 62) ¡acao-qyts Sépe¿s rc ¡crr<~XXax> Moero 1, 10 Povelí (Cali. Aiex. p. 21) ~r Apolí. Rbi. 1,4505-r¡¡aos .5’ ~jái.os 65 <31 U) Sci.p7j~ci Al resplandeciente Zeus ET. (3a’.. ex Oro s. y. acLpai.1>t> (Et. 14. 710, 4. .‘ .~4. 4 4. .5. 4 4. CTflflL1>CL ‘YO ~flpciL1>CO, 4’ >4’ ‘. 4’ >4’ OCLpLOi.’ irOL> otC-rcpa. . . Cuial tSe na’..rrci rot cto-rpa ce ¡cs., rc¿ps.ot (cf. E 485 ‘rc¿pcot ~vrct ¡4. nXcavrcot’. o 6= Al.rrs.potxos acíp~va CBlomf. cl. Eustath. 4. a-att. p. 1709, 54± OCLpLLn codd.) r?>v ACer cq~fl. 6L¿ to cidipoL>. 21) ‘Y 01> -Tú>’, Ir> 149 4- 4’ acs.pflt’a Blomf. et Uyss: actps.va cadd. 66 (32 U) a- A6pr¡a-roq 4’ npa-r Lo-Y 05 .4 Kcis.pav ‘ve .4 <.4 bO1> pci -r 5 crt+r+¡ rcvT’ Adrasto, e dár>aos, azuzó a telpuseo Anón, quien la Tierra TczXcC’ laLO5 Kprftr1s.c~6ao Acn.’ciS’, c’3otu.t’é’Yw y~XciaeL> <4’ ínnú> ¡av ¡ot OcXnot>aciu.ot’ >AnOXXú>1>o; axc6=v ~Xoeas ‘Oy¡Kc. aé(krs 4- 1 hijo del Creteida Tálao, el primero de los sus dos loables corceles; al veloz Cero y al una maravilla de ver para los mortales, a misma parió cerca del bosque de Apolo Onceo. 1 f>~J~ 8, 25, 7 r%.> 6= tn5pcrpa ‘Yckct’, qnoí.v r ‘. a- flaaci.6¿taa; 6x>yciépct. r~s ‘ra ot’opot es ‘ ‘ otYCXCo-rOx>5 XéycL1> OV L>apiI.talaaL ¡Ap¡< 6&n.’ npcaxros.s ‘ > 4.‘ .4 otaopiota&rp-cí. cncryavrot~ 6=~ ‘IX CcitSa; ~nT~ ¡4. pcipr’JpLot 091011> cLvau. T9 Xayq, CL> piCL> IXiciós. es otx>ba1> ‘4’ .4 ‘Ap¿ava flCflaLTj0OC*L~ “ox>c5 es. ¡ pitrons.aOcu ‘ApCova dZai.’ 4’ 5- ,,~XcevvaíY >Aópijcnav -rctxtb. tnnav, S; h 0ctpí~ ywos qCL> (4< ‘• 4- .. £ >4. >4’ 346sAÁ’, yCL> ~¡< e’r 1p&.’. -. — 4’ “ctpcrra Xnypa ~pwta o-uy ‘Ap í.ovs. ¡avoXausrrj” rL Fr. 7 Bernabé). 150 ‘Ap ¿aL>í CLl>GYs. ‘ 4’ ‘5. ‘ 4. .. a- c*LL>LaocoOott ax>~ c6eXa,ns. Tot eity¡ flaaci.6Cva narcpct. ‘ALrrCpaxas 6= na’Edot c 7tcií rij; ~as.’,- E 1-5] II Ci-,oa¿oe. 1 375, 1 (Hilgard) ‘ni &n= >A’rrí¡<&.’ ~C1>LKCOL> —-. 4’ , , ‘ ‘ ka-rot nXcavctopota bola o y1’,apieL>ot, es. i,icv ema a~wrot’ú>i.> ycL>LKú>L> — ‘5. -.. r — A’vní>cco’, caos.. nponcpLonwttrott, aLal> fle-reca fltrccao “laLa; flrre~So McvcaetSs” (8 552> “~3 x>U fltrc& tSía-rpcpéos (3otas.XRos” (A 338), TciXci¿ TotXciwo ¿>; ncipci AVYLpiáX4) í Pind. ti 9, 14 TcxXciax> nctóc; ¡ z B 702 npc.>bu.o-rov ‘Axots.~Sv 4< 514 ‘Ata’YCXaxa; NT~4os r~Xciac’, tititOlas 2-3 1> 614 KoCpciuos ~¡; 1 ~ Soph. Qed. C. 10 >4. 4’ 4.5 Ji. fi. Cer. 8ss. ata px>ac . . . Y rcis.ci . .7npos ciXacou.v OCCOta ¡ 4. — cépcts -yare nc*ou.v LÓCO&ott.7 aOctt>crraí; ‘re eco?; AtS= Ovwroís crvOpwnaLs Apolí. Rbi. 2, 1209 Si.’ ci’t-r+j rci’ avc9x>acv Hes. Vi. 575, 581, etc. 8c¿pot ~déoOctu.¡ Apolí. Rbi. 1, 943 iaéyot Sotx>pci nCpLK’YLaL>COCi.1> t6caftoti j a-Áttú> 4’ > 4. Herm. Cú> CT&> Battm. : ca, cií1>c’T«> (37 a >ApCotaci codd. , 4. £ ‘ 4’ Apcíovcx editores / ¿ ~¿c i’ R VoVbt pcnrr’ (3 Y ay¡bT~ ?Pa cA=rrj (3 7 ras.’ Pa : raía’ (3 67 (33 U) £4. £ 4’ a; pce ro’r ‘AdpTjo-T%> Tps.TC 6é6p-~8’ lan’ CXVC*KrL Que por entonces estaba en poder de Adrasto, su tercer dueflo. 151 PALIS. 8, 25, 10 Xéyc’Yots. 6= ¡4- ‘ >4. i £4. ~ 4 4- noXepalavrrct flACs.Os.5 ots.-rqocts. ncip Oy¡ ‘ 5-HXs.’, > ‘ >A....,... > 4’ ‘ ‘ 4’ en,. TCfl ~ axax>pevav e; ‘vot; ¡aot~ci;, áooijvau. 6= -~,n= ‘Hpa¡ -4,’, ‘Cnnota. ~ i~a&rct 6= -rAy ‘ApCavot ~naCocv ‘AtrrCpotxa9 EL] > .4 •i £4. ‘1’ 346s. Apuat’ci t5Cav ... Y ‘AtSpijcrrax> rotyuv innata (vid. etiam Theb. cyci. att fr. 8 Bernabé) -ro-r’ corr. Scbiellemb. no-r’ codd./ ctSp=crTú> (37 rpí’Y&rcj ¡V Pa Vb: iríratú> (3/ >AtSp-r~rrca Schubart± 68 (34 U) ~yy’SO¡. 6= npoxocis. nocxpa Ac~6wva; coto u.v Cerca están las corrientes del río Ladón. 1 Tu*ooos. ir. KXCocú>; nota es.; —63v (3otpint’wv: excer-pia ex Libris Her-odianí Lechnici. p. 18 Hílgard. (= Beilage zun’. .Jahresbericht des Heide ib. Gymnas. fijr- cias Sctwljahr 1886/7, Lips. 1887 Progr. Nr. 565) -vA Ac~6eav ¿irA ‘AVTI.wáxax> d 1.a TOU KXL1>E-VoaiJircas ¡Ola hXCOT¡ “Ac~6ún.’o; nepi. xex>pci” (fr. 6 Pouell; Ccii. Mex. p 59) piniTos. 152 K¿ps.vi.>ot 6s.cx -rax> VT 4-- -r piao~s.¡ “Aáóavra; óOtaciKoEaibpa4palJ cadd.) (mG II C¡.o~oe. Anecd. Gr. 729, 19 Lentz) ex Antimacho ¡ Bek. 3, affert X4-w 4S~ Gaisford: 1393 (= Herodian. solum genetivum Ac~6wwo;. 2, Apolí. Rbi. 2, 743 ei*ot 6= ¡taas cnt. npa~aT~0s. ¡ Non. D. 7, 179 etc. e~; npoxo&; narcipaZa ¡ Eratosth. Fr. 6 Powell ApiknrTa; ¿nZ npo~oots.; na-rcií.~aZo¡ Non. D. 42, 367 ¡ narcipaía 69 (35 U) Ar4.JTj-rpas ro&u. ~cwaí.i.’‘Eps.vias etvas. ~6c8Xa’, Donde dicen que hay un santuario de Deméter Erinis. PAUS. 8, 25, 4 pivra 6= OcXnat>acxv CiIL -¡70 LE()Ota ‘vS M$ayrpo; a A¿&aw ¡ <4 GcXnotas.ou. r~j~ Oc¿ta, ¿maoXaycZ s.as. ¡-rw ¡Lpiotra; ¡aCL> CL>CK ~poOots. ¡ 4’ £ 4. ~• > • 4- 4’ 4- 4’ eps.tancs.t’ os. ‘Ap¡<áócs. Aaiaaíci XOIJCTC ev íepav 70 (36 U) flQrpL ‘Ye ¡vi. nenas.8cS; Y obedeciendo a su padre, a Posidón de negra cabellera. ~.4 ‘ CHOEROS. ir> Theodos. 1, 146, 2 Hilgard co-rs. yap rw .4 ‘ 4. ‘ ‘ 4- — ¡aXots.~Yw ¡ cas notpot ArLwc~xc~ El] N 563 KuavOxaLtQ floass.&=wv Theb. cyci. Fr. 7 Bernabé .4 4, cvi.’ ‘Ap¿at’s. ¡avaxotíwrw ¡ Hes. Scta. 120 pcyai-’ s.nnau ‘ApCavot 4’ ¡ 71 (37 U) AcZíi¿~ r’ ~jns.s AS1SL’TIY Aei.pa; ‘Y yjóc •o(3as ¡4’ a- .. ‘ 4- Epí; otpiairo1> piepaauZci” Cd 6i.nXcC, a’vt. ds.ot peaou rúa.’ 4- 4. ‘i £4. &eCO1> -re-rcixc ~ ‘AOTI1SL3. ¡ ‘ 4.Apecas ¿t>cSjcrrot &naóédw¡ ‘ÁvrCpcixas -re’, ¡¿(iaL> £4. £4. .4 innata a-Ape¿; 91jOL ¡éXxct; fl (38 U) <‘A¡ai.¡;> Znitax>; a los amícleos caballos SCHoL. Pind. 0. 6, 21d (1 158, 14 Drach.) ¡Aps.¡s cstoíí: 155 4’ £ ~. 4 aaza~roii; coddA, ct á~ @~cccÚ..ct;~ — 4 ¡L> , 4. ‘ , 4- 4. .~Nt hfl •rrr e.. A c rut Vr 4 it 1 dC~r.ru e.. b ~¡s.¡cXots.ox>; Stoll: Ao(iorm.ax>; Unger: Drachmann: ota’ucurci’vav; codd. ; sed corruptum est, proprium scribendum est. Ao(3laa-r cax>; nam nomen 73 (39 U) 3 -5. 3 , ‘ 4. .4 -rc~.> 6 ain apacps. ¡-rs.potxq> ¡‘ 4’ oeoTIpcs.LoIJct>ci te cías. -rcaaotpci rotvrot~ (Et. 14. 261, 52) r ox> 4’ a dC9pata” n¿ -roS bcatau.acsXes.a; ¡ -““~ AtaCa .. a- £ ~ 4. y £4. xcpas.v exovrci o gac’, rtenat>~ra ¡sI Mc. Fr. 283, 15 Voigt 6’ ~ppcrr’ h’ ¡<~~C~t.~s. Non. D. 38, 227 tnna; &tr~~pwro KOL>LOotXET¡L> -rpCxa ac(w’, Apolí. Rbi. 1. 752 k> 6=6x>ca -reS (de cts. 156 rC codd. corr. Uelck. 1 ciZ Herodian. t om. Et.Gen. / ¡aotv ancapa s.s la de frutos abundosa. .4 1 Pij.yr Quaest. conv. 5, 8, 3, p. 683ef ypapipi’Yíicos. ,4. 4 4. rs.vc; ecpciacti.’ “x>nep- TO yctp al-av a¡” (codd: ¡) -uno rcat> nas.’uyrcal.-’ XI ID. 8, 10, 3 p. 735d -ro . -. Xéyeaflc*s.. ¡ 4. ‘. 4. AVrLPCKXOV ox>bca nca; El] es.p~j¡ Ka6~eÑa> naXs.i.t Oépos garronwpoL>. aire paX s.c-rot xXwpai.’ ¡ ancopat.’ y etn’copcvrp.’. ¡ 157 aotta Walcken. 9Xaa.ax>aciL> Uyss 1 <—-‘- KctópcCca’, be n¿Xs.ta> cpXcfovacw ¿n4xxs.s conf. schneíd. 75 (41 U) ‘Oy¡¡«XL ‘AvrCpotxas ¡ as.cTLL> atnaoav e>CIJIIbCOOCCO; apud Praep. Ev. 3, 20—22 p 467 a—c ¡ enotLL>cs. TTjta ca<~p>s.ygactaav -rax> a-rcxox>. 17 itPOOC9W kpes.cal> AI.op-wj6Tj; ¡ 6a.~ &nctpcíp¿pctaas” (fr. 355 K—A>, Z¡T¡OCL> ‘AvrCíiotxos pe-rctOcs.L>ccs. £4.nar~p 6 w ~V~~a; ~cu’ ((3 234 &XXotxo irox> XcyapiéL>ox> “oL 6’ 20 Mras) ¿ 6’>AvrLpicixos,4. e s.navra; (LX 558), &vóp¿Sv 4 (05 bCO n encrr e pi r . OI.OLL> ~4. avópcat’” ‘5. LI! L~OO1JLCú1) y»> IJc’ra&Tl0 1.1> ‘ ‘ O T~P bOta (Fr. 101) ra nXeavotccis. £4’ £4. oncp ax>-rú>; ra~ 6= “Xot&.’ , ‘ , enes. cqi~pa-repw8eta 16CL0 ‘Atrr 17 (fr. 3 ira e’, pialo; 147) awr Opiflpaia “¡7OL> 6’ L1->aL> 011K cxtactooc, avro; ¡AvrCpiaxos gae-ra8¿; -?¡~.1L OLCL1.) avacce ¡ 8 365s. ‘=; a’ Xci&.’/ ... &,eX¿5 ~%~as. A 215; 14 415; fl 563 = c¡ ¡ yctp hcpi¿vcnv ... Hes. Vi. 676 orpar a; 159 EUSTATH. ir> 11 8 212, p. 205, 8~ cyjjietcaaas. 6= tÑL Ogaipati ócirrépc*s aUCiJyCQS cZd&ra; r¿ ¡owos.Ota ata rq> e(ioci. 9ot0L1> os. nciXcws.as. ¡ e~ná’TL El) co-rs. yap ‘ro ~¡; ‘re > 4’ 4. — enoicí. CF.SCHOL.Hom. B 212 -re ~>ijpici crutvyCots nPfl5 TÚ».> 4. ‘ .4 nrpíanogaeuwv ¡-repcx;. A 419 a=5 ~Q r&r’ ¡ e 472 ‘ApycCúa> na,jXu’, o-rpa-rei.’ ú> 81 ‘Apye¿cav ZcpZ~s rrpcrr=s ci~xpn-recaL> ¡ A 575 ~‘, 6= &eo%I. xaXco=-’, Ucr6t>cur o’, ¡ dubitans Uyss 78 (44 U) Xéxps.s 6= 6pen¿w~> r4n¿oa.’ ~na pij6cci na-rp¿s 4-— .4 .4 Ovpavox> ‘A¡aij i.>aco 4. —.. — .4- £4. ‘ ‘ 4’ XP631.’irQs. TQpCLLt? ircaL> óTjpiQCLCOL> xpflui. ctpici tSd ¡ C1JPCTS (~± QPCTIS fi) ¡«XL — £ ‘. C ‘. £4’ .4 .4 i. > rewl,14.t.ots qyegacúta a Oeo;; fl yctp Qpflfl Talaba a~p5 4’ £4’ 4. ‘ALrrs.pia-vo; (Vi. iSOsa.> flCL8OpiELPO.YC1’PQ9CI> Haa.oóca ¡ Calí. Fr. 43, 69s Pf. tSpénavai..> . . . netpt Kp¿L>LOLIL’Y r ‘ — — J05 Hes. Vi. 180s. ~pCXai~ 6’ ¿cIro p-fjtScci ncrrp=s Y ~acnjp¿t’ú; Zpcac 1 Apolí. Rh. 4, r ‘ 984ss. ópénavata 7. -. T~Xcs.~S; ~ctpic Kpá>a; Non. D. 7, 227s )Cp¿vas ... 7 piqóeci notrp¿; c-rcpL>ev¡ 2 Cali. Fr. 498 Pf. ‘Aicpo’,¿6r~v ~(iotXct’ Arg. arph. 76 ¿¡< XotaCwv a-réptacúl.’ f Euph. 81, 5 A. de Cuenca XáOLTj litO ycia-rcpL Xcxps.s Xylander. (cl. Apolí. Rh. 1, 1235; 3, 238, 1160): Xéxps.e O Y ata-rs.tcirla¡<-ra O: ~rx~ -rc-rti¡<-ra Kdchly. 79 (y. 7 45 Id) Fr. 1 Li £ 3~Jcikpci ]es nc-rctXt as.at.ta 4’LIepE LI~j (3ePpx>xe s l-otC5 CI) ¡~c~; YCj Ocou; nP~arepflyJeL>cQS Ts.r7j~ot; 161 LI’, neps. -rE á)piq>í. ‘ epaL>vr¡ta LIvwt’E lcn’re; ‘OX4inax> Ji.’ =aEox>]; ~ £4. Ji-> ne9afrrjgaéL>ots. w8ot ¡. E ... extensa - - a las hojas - - de la tierra, allí Aidoneo hijo de reina y observa las profundidades dioses nacidos de la Tierra, a los bramaba --- en el seno Crono sobre las almas de la tierra y a los titanes de una generación 10 15 20 162 anterior.. .y en torno a la amable - .. del Olimpo. - .a cuantos hijos parió Rea - -. huir aterrados de una a otra parte de hambres muertos .. . de igual modo iban ellas gritando agudamente ... la ola ... empujaba . . - soberana . - . Posidón - regresando . - a Polinices - é9” ZeC 012 ¡Opiú>tat >~• >~- >~e’r-~• 229 ne-rps es.; ¡¡<~$-rav; eZ; ‘At6ao 6¿gaax>q Eur. Nec. 1 tae¡épcnv ‘A~C6wvc-¿; 1 ~ Aesch. Supp. 791 npolrap 8ataa-uaci; 6’ ‘ACtSot; &tac~aaai. Eur. Jiipp. £ ‘. 4. .4 . 1290s. uno ys tciprotpct ¡nrcís7 óéi.ns 1 ~ Calí. h. 5, 8 ana 4. ,4. yctl-et’ccaL> ( Id. 1, 58 1Tpaflprjyt1>CC; iTCp cai.rrc; Apolí. Eh. 4, 268 ~rsjrr~p ... npo-rcpr~ycx.’ecav aít~súv 3 E 279 ro~,q tnarotprapCous. os. Ti+ijvcs ¡L t>ciie-rcxovrc; 7 Totp’rotpou oq~ps. picyata 3 Aesch. Prom. 205 Ta.ravaq Ovpa~ou -re ¡éaS TL-¡7~jVQ; 3 Id. 35, 351 rycvéaq Tír~i.as cpo~ v¿>n-~c Kpo~(cata Calí. h. 4, 174 ¿~Cya’,as. Tisrijves 163 .4 a- 2 LipaKpa prob. ut Hom TCLZCa, ct’pca. etC./ 3 Lies ncrocx( :nerctXEos.os.i.’ dubitantes Parsons. colí. B 312 nc’vc~Xos.~ ¿noncnTT~carcs; KtpaTa wcxKp Lloyd—Jones st Hes. Op. 486 Li-> ne-raXoiai 4. 4’ (fort. ~os.¡ei. cnt TJc~p-rcipa yotCi~s veA sim. Lob. Tc~p’votpot rot~ns West ad loc. ¡ 7 Achilí. Tat. vid. supra ad t Fr. 79, 7 yyel- a; -re Ocot; npaircpr1yc~éas <¶e> del. Schneideuin): Ttzebaicli etusqus lib. VI trí LI ‘,ne PL-yE Jpcpirepcxvvi.’ E Papyrus: Ita neps. r cpavvrp’ Lob. LI-qi-’ aut fot. Li-rs.’,. supra bE 4’ 3apostrophi aut litterae adaitas. ncps. r • nc 750s. os. nept Aca6c$~tt... 1 0’~ ir’ ¿tp~’ LpiCp1~Ota o 3. vn~v’E suprascripsit manus secunda. e 4hs. K’JPcX~ ~d ~J’~ $2; EL> xex>OpcoEvs. Lob. :-ro&¡. cf. Calí. It 1, 61 XeiaEccs. 6’ Hes. Th. 841, est..= Antiu. Tí’v9ji-’ce; (‘re 2 buit Uyss 1 8 rE othupí vestigaum aut pL ir-.; cf. E Tí’vapíjos.ota ... 7 ir> margine dextro / ¡o oatox>;J ¿5 á > £4’ o-re vestigius, fort. adnotationes stichouetricae. Uest 1 13 tc’irLpíiytitcts.; fort. t’-u¡<-rcpCóe; - -rtrEp)s.ynEZcií Lob. cf. (0 6ss. (animas procorun> ¿>5 vx>ic-repCóe; luZca ata-rpou Oeaneas.as.o¡ -rp¿tolaocts. flOTCOVYQt.. .j 035 £ £4. aL re-rpíyuaíai. api ~L0ct1.’7 i¿ Jpicn’ pap. ¡E6— aut —c ¡taí¡ixc>C¡ ‘Aóp-4f0Tca posuí7 25 X]vypwjv .alui; ¿~9flD possis (cf- r 288 o-rlayepy¡v ¿6o’, evpx>onci Zetq, .4 c9paaabo) fr.2 sub fi-. l stetit intervallo incerta. poeta>! 184 80 Fr. 3 LE 2. E E ir co¡ 2 4 C¡< vel tSiJ=x piEya~(0ta (cf. fi 293 ~¡< vryk> ~Xctac et fi. a- fi. Cer.281, 379 6s.=¡< pieyc~pú~v)/ fort. eXaEae (cf. fi 293) vel déXciEae (cf. fr. 94 ¿arp¿pati ~4Xotaceta y (3 248 dcx¿aots. peyapoíoL) 7 s ye pat. quam ‘ve )y~ -rs.; avrjp l-e KW. cE posui e , 4. Lloyd—Janes st Parsons (cf. E 91 piS8o~ aL> o-u¡< ata crvTip r~ 6w a-ropa naganata cryoiiro) 7 d LI. . . s.(3ovxas.-ronaE pap. : Li. - . s. po-s5Xoíra nat poSUl e Lloyd—Janes st Parsans 165 81 fr .4 3. t )Kcirs.O~E ]TWOLS .t ¡ pap. . E: mc pot. quam n/ ¿ f art. ,clotX=’, ~xp[oLI~ omconot’ Ap>.eipoint¡ta sicut a- (>24 etc.; sed et Ap-rcpiv. An¿XV’n.ct possis (X 198). ea fr.5 (a) 3t’o’,IL LI. OLCO E (b) ‘E 3.a 6vyctEp 166 3. t.Oeú> . E J-r’ ¿spctXEw 5 ]T»1oaUt ]vr cvcucE LIvx>’, gaoi.E Jcnav’rcnt r £ x>LO< COLEO 10 IX í.yeiot otxE LIla OvycrrE T1~?~ ICcXI4jOLE ]mcpi~6ei.a’E Z3CÉXñL> hFis 5 LI. y cmcnayxE J¿in= %yu~T¡E; 3. c - ctOcX E 3~p~[ LIcpvE ]oE (c) lcis.’rE LI. ovE a ... rápidamente? .. los ojos de su hijo - -. clara - - - hija b - -. hija . . - funestan - . - un tiene . . . del alma ... ahora? Velo? ... consejo? en las manos POn 2518 (Vid. ad. fr.79) (a) et (b) quantun ínter se distent, incertum. vid. Lob. (c) sub (b) posuit Lob. £ (a) ¿ IT’ pap./ u fort. x>noGLIrnaoox>Ev— Lob. &tq-cnE si LI~¡ 6u~yorrEpa desideramus 167 (b) 3Ta&”~rV~ )T~1 p posuir : cf. t 440 a&,nrnhn IWK~fl0L vel pi 300 st 63 458 &rcicBotXC~oi ¡]0L3 Lob./ ¿ ]CpGLPCXCLE pap.: x]epoti.’ ~xcs.E pomui (cf. 4’ 583 xepo=v =xe. 4’ 780 st saepe garra XCPOLU ~‘xwi.’)7 d lán¿ Wux?~t; posui: Jávr=IyuxjEl> des. Lloyd—Janes ert Parsons (cf. X 467 &n= 6= ~yux?~~.’~wcc~nx>oae)/• IR: y aut auprascripsit manus prima. fort. {n=vsi ano OCpvOLO (cf. A 842 “É, ¡ et 4’ 508 £4. a- 4’ . 4’ I.ltttCOl> CK Te Xoi.’ ¡qs.. E húmedas? ... instrumentos ... otras ... extensión P.Oxv 2518 (vid. ad. fr.79) 188 2 2. : y pot. quan n/ u pe~’at ant ptuE. 3/ ¿ ip’ .E: fort. ~‘ tscpotrcx novan cf. adiect. tuclxr-r&n; ap 1 482 (II 357 Latte), Ach- Tat., Introd. 34, 89, (s¡xé’ vel simM A:: fort. 6. tIC Hesych. 7 Haass tKMaótodnS (att vocen Ap LoXo~pcVT~S a- 3 L»>L— 3. tepE LIc s.ot’otE ir Jo6c~at 5 (bí álvdpckí.E LI. avE ]L>LPa. • . .desaparecido POxv 2518 (Vid. sanden papyruu relata. ... rápido . -. a los hombres ad. fr.79). etian fragmenta 85—91 (b) sub (a) poauit Lob./ in marg. sup. Liono.E manas secundaY £ áLInoqts.pEév— possis. (citE 499 ¿váp¿s ¿ncnpes.gaévox ¿ w=’,díxao. n 6xrr’ ánoóovat) Y 4 nLIoóJnceE..¿ ...~ —— Uest. a- <4. s.nnos.)Y 5 de iunctura Jv6paoi. ‘¡íd. Lob./ a Ji aut lv ad 169 85 (a) JXcw( 3m!. Iota! 5 (bLP LIc¡apa .E 3¿pp~L 6’ LI~pevoE 1. ]Xots5IL cmcao~r0$! .4 papE Itt:ctt fr.9 . . - 1. icer . E LI.0...E LI. E ... y cerca de cada uno ... quantum (b) (b) ¡ fort. 4’ c¿p pap. ab (a) distet, incertum. , ‘ 3 E: OC vel oC! 2 fort. 0<¡J4~L <5 £KctObO9” 86 fr. 10 J¡¡c¿v Japos Fr. 13 (a) J..ox>.t Ii-trecE ]os.o’s.. E (b) 3. ci-reíxE 5 LI.. E ... blanca cebada ... fr.8 9 170 10. í J’cps.XE: mcpZ XCIJK¿L> Lob. cf. pi 358 Xcx>¡c¿v &océXpiox> ¿n~ viys et fi. fi. Cer. 309 crwos.o’, ~pinwe >-ctCp 13. t A:: fort. otE! e cf. >4 257 , ‘. a- ox> ycip C~OL> noXXZ,v 6= pi4-ot ‘rcZxo; Pons iB 87 Fr. 11 Li,covE Jito. LI. . . E Fr. 14 - Fr. 12 30<.! 31>! 3. 12. u 3.s..E: yE ‘¡el nC 14. s 3. : Ja ‘¡el IX 89 fr. 15 LI. . E Fr. 18 loA 0<0ea E ¡cp ‘(pl. alíased 3.. oC 3v-vi;. E LIpiotE 171 89 Fr. 16 ]oXoXE Fr. 17 3. cE LIe&il 3vót ...hija... 17. 19. ucrips it 2 JciS.E± Jc6wE/ 1 3L>.f: í J.c!: Jotel ‘¡el JXeC 1 manus secu.nda/ a LI. : Ix> Jvs5E ‘¡el 31>9*1 ‘ Li. : Jy ‘¡el Ir. e Fort. ewa-r¡ 90 Fr. 20 Ip. £ LI. E LI. icE ~ciuE ITj-r caE fr.l9 - Jote! .4 Ita.! LI ¡Jo! 5 E LIopict OLIYY«r( Jodí Jy Ci supra 172 5 3t’pa.t LInpci[ 4’ • ]S~LTIE 3. ¡itr! Jcn*E 10 3 C~ ~ i. poM LIpo. E 91 (46 U) ‘ “ 4v 4’ cpXoys. es.’ccXov, pci TL1JCKCL .4 6as.púa.’ ot’cpOrcibfl; ~pcO; ¡4vflaL NoaihXox> Semejante al fuego de Hefesto, que el dios promueve en las más empinadas cumbres del monte Mosiclo. Scsot. Nicand. Titar. 472a (192, 1 Crugnola> “~= £c~ox>” ‘ ‘ ‘ ‘cas. ycsp ‘ro pi=l>S=o’i.’ 1<0<1. ‘1=M&nxXov OpTj Lías. TT~; fl*po’i... ¡, 4’ P 88s QXoyi ELKCXO; I192LCtOLO/ aepsoicp (cf. etiaz ~¿ 53, 330; E 154; Y 423 et Apolí. Eh. 1, 244 etc.)¡ 5 342 flLpcis.crro; 6¿ rs.-rvo¡ tXT1L> Y opto; ci.’ ‘copx~p; 2 A 499; E 754, 0 3 ¿¡cpo’v&r-~ ¡copx>Ses.p66o; C>&4mos.oI r 10 >4. — opto; Kopuprbcs. ¡ Aemch. Proa. 365s. ¡copúpotZ; 6’ ti.’ ~,cpots.s ... HPc*LO-TOS¡ Theogn. 1292 ‘s.nyr¡Xas ~; xOp¶4’ci$ ¿pcúa.’ Eratosth. 17 Poselí (CoIL. Mex. p. 63; vid. supra) Non. 1>. 11, 216 etc. o~pco; &‘cpci ‘cc~pqvc¿ £‘HspciCcnola 2-~ ps. codd./ z tSaCpiún> plerique: E4ox> INI wcpoTar~s pleriquel ¿mcpo~r«ras.q y ¿¡cpo-r&rox> crí mcopx>q,~as. pleriqu.e: ¡potas. r 92 (47 U) .4 4’ —— ox>6 rrs. ópov 4’ Ox>pio’, at’otn’,es.wv xoXcrtSci; 6~prpos.os. mcciXiiyei.s Y ya no ocultarás durante mucho tiempo, al exhalar tu vida, las tripas dentro de tus entrañas. 1 3r’j«y. Hoz. X 579 (522, 6 Dindorf) ‘vo 4’ , 4’ ‘ > — ‘AvrCpotxo; ¡acta o aoaopo>’,s.o; Tota £fliRXOx>t> 0 CL> ‘ras.; ¡caXox>piétaoi.q ~yx&ToL;. XéycL yap E 1—2] ¿ 6= ~nCnXov;, q~Tj0tL> ‘AnoXX¿ówpos (rOr-Hísí 244 F 243) g~ “Apyé-ycw 6pi¿t>’ nepí ‘ro T~RC*p. &XX¿C trepil TTI1> ¡ 4’ 4- 4’ o-u nctta 6= ‘ro e,cdcóctppi¿vota ~acpo; ‘ray acapotro;, ¿XX& ia 174 ncpi.ctVCLXT¡90; Ccodd.: 1!CpLCLXCqO; Heruerden) ¡cotL. 4. 4’ ‘ ‘ . 4. ncps..cciXvn-roi.’ rT») ¡ 4. b¿l> £1.’ roL; t2-K0v, ¿L5 ‘AvrCpicx~o; ¿ ICoXocp¿vs.a; CL> bCO ~ 6e~T~os.0L6nXo? ZOaci~ 0. 1303 O’~Ké’TL ÓTIP¿L> ¡ Apolí. Eh. 4, 1680 o-~6’ ~-rs.6r~p¿ta a A 525s. ~¡< <5’ ~pa irciacts. Y »‘tno ~ctpias.xoXc~6es, %. 4’ a- Sc oiiyc = * 181 ¡ Apa11. Eh. 4, 47ma. XoCo-Os.a 5’ jptocy Oijp=ta ataonl>eLwta xepcdv piéxca.’ otjJq>o-rcpflOLl>Y at~Jci ¡ VROLOXtTo a- o-ud CTs. 6p¿i.’ ex>p¿v (cl. Apoil. Eh. 4, 1690) Uyss: o’~6’ ~-rs.ftcpp=vcoda.: o’~6é ‘rs. frupi=’L> Ocppá.’ Stoll± oC~6é ‘rs. Ocppi=v Herm. / áép-rpoi.as. schol. Q, EustathA tSéprpas.; Sehol. A: áévrpos.as. Schol. H / ‘ccO~iycs.; schol. >1: —os.; Sehol. AQ: —ci; Eusta-th. 93 (48 U) ‘ -r 4. 4.4 nLa>pfl-rx>1> otXoxas.oi ‘cots. os.; rc¡cccaas.’, c¡. ‘AvrCpotx¿; qnjos. E 1—2] ¡’ro o~v .rO ‘Yo TciXciCncúpos Urx>piaxoye?’vcws.. IX Scwt Soph. Oed. CoL. 14 (397, 2 Papageorgios> nopctv 6=<4 HXcZos. ‘Yo RCL>OCt ~‘cios..mca~L táa-rr¿picixos. El] 14 Schu. 3 roIII Scl4oL. Lii-. Ci-. 392 (140, ‘ ‘ 4. ‘rctXctCtrwpo; trctpci TTjl> nwpi~v, ~ 6rjxo ‘r¿ néi*o;- E 13 IV 5c~rj¡... Aristoph. Pl. 33 (fort. e Suda) (327, 6= 22 £4. > Mer’¡—Uílson) -rciXocCnwpas <5=RC*p¿ -r¿ ‘rXijvots. ~r01> n¿a>poL>, o co-rs. nL’ea;. ‘4’«rs. 6= iúSpo; névOo; Ln 17. ¡Ain C~iotzc=q pi•jas.• E 1 LI Y ET. M. 744, 53 s. y. ciXctnes.ps.o;- Avrs.pia~o; El] P 36s. xiirnoaot; 6=yi>vcx ¡as. >-OOL> ‘(cts. nci.*o; £6-Tpcci;. (cf. et O 741)¡ A 162 o-ui.’ O9Os.L> ¡ccc4’ ‘ >4. q>ots.vopie’,o’, ‘cot’co~ os.’ca6 otycoeas. Fr. in íntegrum res-tituerunt Dindorf et 4. Suidos s. ~. rciXcis.nopa~ duo ‘¡ersus memorantur: <4. &>%zas.as.. . . escoto-ro; ~Oev-ro et nop-rZn.’ CXXOZOLOL ... Echol. Eur. legitur npT~ (‘¡el npiyrx> ‘¡el ?TW~C bol’) Aristoph. ncapo; ‘ros.~ n~ restituit Soping cdl. 5.V. nwpfl-rv/ RW~C ¿cx— Et. }tY eL-ro alteras ‘¡ersus ex Svicl. add. Dind. Stoll/ Apud 4. 3 flcopOL> r Li.’ t’cotaTo/ Y Schol. Hesych - ini ti um, 176 THEBAIDIS PRAQIIENTA INCERTAZ SEDIS 94 (48 U) (3o~s ¿o-rpCpox> ~ijXccaev Sacó los bueyes a- PNoT. Lex. s. ‘¡. oo’rps.piot del establo. neps.(ioXa5. Kbflta631> ¡<0<5. r O LOta Atrrtpotxo;erqpcitós. CI] A 154 pos ~ctoav o~6c pi=’, Ynrrox>; Lyeophr. 94 ¿XX’ . .4 ‘ > 4’ OO1pL¡JCOL> pieL> 0. 1 88, 13 Schneíd. 6s.á ‘Yo~ £ Ti Ci.e. nos ambos) notpá Avrs.pi=~63C qui dubitat, possitne ti.’ xjpflas. ‘¡el ~ta att finem 177 antecedentis versus Antim. religan, . 4’ VJeTjp~cT It’ A b) ti) tov te vú>e ¿u IoX&~ K¿ps.uva (PHG 661). e 282z. T=n.’6’ ~ A~8s.¿ncgi.’ ¿vs.¿n.’ ... 7 ~4’ Rbi. 3, 1150 -rS; 6= ox> Ti neps.RXopictacts ctaOTlOC 96 (51 U) “- kw Ea STEPH. Bvz. s. 4 .) ... ec-rs.v Aíci ‘cas. a .4- CL> 0s-ff?ots.6s.. 97 (52 U> 4ecCo s.os. a 4’ .4 0e 1. ev - Záa.’ Apa II. 4. 4. >dctktóoL>s.cx; RTjyTj. codd. ) vcc.rrépox> eSe trpO 5 178 .4 ‘ <4’ naXas.oTcpov. mccts. TLtacS pcv Xéyox>os.v, «rs. R~OS ¿6eXcp¿~ p¿~’ot’ Xéycrcts.... o-~ ¡ccrx¡S; 6=Xéyox>as.. c~pCumcrrcts. i-i# ¡cat ¡r?j np; 44’ 4- ¿6CXq>¿L> Xq-¿piwoL’, wontp ¿ Eth¡otCox> CUyss: cx>piciio; codd) X¿yos ncp~ ‘ro~ >O6uacéco9 Ct 147) ¿XXci piLta ~OeZov ¡CQXCCO ¡cas. L’09s.L> ~¿víot. L ‘ . Xétes., vrj nas.srcis rs.uci Xeyovrcí avr-rp-’. ciXX «u-ro; et £Ox>’TOla Xcy¿pieL>o; cxp~aaro Xéyúw- ni ccrr¡piotCves. 6= LnciGeot “rois > 4. — oLmces.os.; pCXoí;~. ra~u-ra si1 XéyCOL> neps. ‘vox> t4tSpc~raia CtS?¡ ‘ ‘ Xty— RCp~ roS ‘Ádpaa— Schneideu..: 6=Xey— nctpct ‘ray aspa 0012 codd.) t 148 cr 3’rC¡ccs pits.XCxs.ov ‘caz ‘cepóaX~ota q,áro pi~0o~ 147 (vid. supra) Aesch. Pers. 254 &ta~-icrj n&v ¿cucrn’ri~cis. nc~8oq 98 (53 U) >4. £ — tu-rs. 6é -rs.; Népicoi; piey~Kr~ 6c¿;, ~ ‘ratSe ncra-’-ra 4’ npo; piaKapwl> ~XCItZCL>.(iWpiC>~ 6é aZ ctucrro upC’ra; a- 4- . £4’Aópr¡o-ro; norcipios.o nerpa pocta A~cr4¶tos.o. ‘ . el>Oci -rc-rCpifh7ciC ‘re ‘cas. A6pijcrres.ci ‘caXcirots.. Hay una Némesis, divinidad poderosa, que recibió todo esto de parte de los bienaventurados. Y Adrasto Fue el primero en erigirle un templo junto a la corriente del rio Esepa, donde recibe honores y es llamada Adrastea 179 1 ~ 13, 1, 13 ex Dem. Sceps. (Suartz 2.!. IV 2, 2811, 53), quí ipse ex Callisth. Olynth. (Jaeoby, FCrHIM £ 4. £4’ 124 p. 426—27) pendere videtur ti¿zcAc’ro 6’ TI X~P~ «~U’TTi 4’ ‘Aóp&o-retci ¡ ‘. 4’ £ XC2-¿VVCOL> ro ctvro Z63PLoL> 6s.rr~S;, ca; ¡ ¡ ... 9T¡01 A6~X1~rTO¶J 4.(iotas.Xtca;. o npS-ra; Ncpiéocco; tcp¿v t6puSacrro, ¡cciXcto8cts. ‘Aópcrrcs.av. 4~ ‘ 5-PCI) ox>i.’ n¿Xs.; piarcitx> flpíaitox> ¡4’ £ 4. > 4’ £ .4nci~Cax>, t~ovact x>noiccs.pietaoi.’ nc6Co’, tnwv~piav (codd. : opiún.’vpota Uyss) ... tirrcCSci gatt’ o~v o~6=~ tcp~.v >Aápcio-reCcis 6e17’cvu-ras., oC&=6j Nc¡aéocú>;. Rcpt. 6= K«s.¡<á’ .4- £ 4.co-rs. ‘A6pcio-rea.ci; tepoL’. ‘AvrCpiotxos 6= £4’ .4Ox>T63 q>flos.l> £ 1—4] > .4 £ II HARPOCR. a. ‘¡. A6pau-res.ot oí p?v r%.’ Cr&riz¡L> >téyox>cí -rjj 4’ >4’ >Negacoca., Xaptt%.’ -re -roi~L>opiot cm ‘A6pc~crrox> ‘roZ? Tcixaav r .4 ‘5. >4’vtgacoOct’ros £9’ os. twv GTj(3ctLv KOtrTlXdtOl>ClaOCtTo. es.ta etc ‘rs.i..’cá’, piav-res.&’ Zópx>ocigaévox> ~Cp¿L> NC(JÉ~CTCCO$. o npooctyopcx>&rpActs. 4- ‘ 4’ , 4’ pexct rct,xrci Aópcto’res.ci;, tos.; 6i~Xos. E 1—4] III LEX. BACH. (Anecd. Gr. Bach. 1 28, 23 = Anecd. Gr. c ~. ~ , ‘ 4- Beck 1 342, 8) a. V. ‘Á6pc~a-rcs.ci~ os. pci.’ TTjL> «u-rt~’, r~ Negaéocs. Xéyox>os.. XcipeZv 6= ra~t’o¡rx notp’ A6p&o-rox> -r¡.v¿; (3aas.XL;. Ti , r —~ ¿no ‘k6p6crrax> ‘rol> trctXcis.ou>, ~egaco8cvra; £

8T1(3otCCOta xcrri9~otto~eioci-ro. t6px>octpévcov tcp¿i.’ Ncgaéotco;, o piCbot ‘ra,rrct npasn~rapc1~Ow >A6pcirres.cx;. &TWIWTPLoS 6= o SmcWWs.os (Fr. 18 Gaede) a-Api~tgaCL> rIoíL> ctvots. ‘~9i~ ‘A6p6crres.ow. ~n¿ ‘Aópárraua rs.vo< tópx>gaéin-¡v ¿ 6= >AvrC¡.iotxo; Xéycí E 1—3) >4’ £ . IV SUDA s. y. Aópctcrres.ot LII p. 54, 13 Adier) Os. PC’, 160 , ‘ ‘ > -rav-rat’ ‘rjj Ntpi¿act. X¿yox>os., XcK(3cZL> 6= ro~t>opici nctpa Aóp6¿rrola 3 -rt.l>o; potas.xéw;. ji ¿n¿ tBt6pc~crrox> -ro-u notXcis.ox> utgaea~0cvro; C

accra, tdpx>aocpiti.’cav s.cpoi.’ Ncpéocco; 4’ o pie-ra ‘rotvrci npao-i~yopcvG~j ‘Aópcknttc<. ATiW-rpLos 6= ¿ e ~6px>pét~~. o 6= >AvrCpiaxos Xéycs. El—3 praeter Atatjnos.o). a- ea-rs. -rs.; as.v Non. b. 10, 90 AL>cjCLS j ApolLl. Rbi. 4, 118s. ~yy’$&s. 6’ atOcxX¿cvra néXci.’ (3copioZo O¿pie&Xa 7 ov ~cx no-r> Ar~X C6~s ñs.Z •x>t~ j~¿os k~osjnos.o Y cio’rx> -re ‘ccii. fleáLóL> NTin4av >A6prja-reCs ¡ ¿ Calí. Fr. 299, 2 U. ¿aCáipia; ‘kópyja-rcs.a ¡ Non. D. 48, 452 nocpS¿vos ‘A6p#cs.ct ‘. £4’ a no’rotpioZo napci ~O4> Aneod. Gr., quae versum quartum non affert. 99 (54 U) .4 09os.’repol> gaCeo’, ‘¡uestra palabra APOLL Dvs. De pror>. 1 111, 12 (Vid. ad fi-. 20) 181 .4. .. 4’ 4’ >4.A 218 ~p-ijpiev o~ús.rcpov ye, Sect, 100 (55 U) Apyc íúav~ Argía STEPH. Bvz. a. ‘¡. “Apyo; (113, 11 Hein.) ¡cciii >ApyeCú,vcs e Xéyotrrcii to; KCS. (A 385) ~ >Apyes.c~vrj. C Apycs.ca&r¡ fl ‘Apyes.¿bTI; Salmasio : ‘ApycLJrrts codd. LP As.opi1j6s Y a él, en respuesta, le dijo el poderoso Diomedes. PORPHYR. ex Aretade (‘¡íd. ad Fr. 76) E 814 r4~v 6’ ¿nctgaes.(i¿pevo; RPOOé9TI ‘cpctrep=sAs.o¡ri46; B 369 r=v 6’ ¿nctgaes.(3¿gatvo; npooé9Ti ‘cpCCCOL> >Ayotpiepvcá’, Hes. Fr. 280, 25 14—U ><~C puta] ¿~i!es.(3¿Jpiwa; flpOCd9ú3l>CL 182 AY6E 102 (72 U) .4 4. cpex>yaIrras yaíy~; {¡c’raflí Ac1xríc<óo; Huyendo lejos de la tierra de Datión STEPR Bvz. s. ‘¡. Aca’rs.o~ (256, 4. £4’ 4’ £ EV~ooacXici;. onau gac-rú>KflOan.> os. KtaC6LoL, 4. > — ‘4. KaXXípctxo; ev ‘ras.; upivoL; “ox>n Kv Ch. Cer. 24) . . - ¿ naXC-rr1; Aún 4’ &J¡7TiL’ . . . ‘ccii Aw-ríci;, 63; ‘IXs.á; ‘rau, fleXC “pctoixet; xcapa; ‘r?js AcnirCaóo;” >AnoXX¿via; ¿ £~>‘~ ~‘, £pQ012 ‘cr Loes. £4’ >4’ ‘re (codd. t cppiatci Hein. : epypia-ra Schne ¡<ógaov Atpovs.Sjes” (fr. 10 Pauell; Cotí. tNvrípia~o; ev ócuxr¿pw Ai6rjs E1LI. l4ss. Hein.) noXs.; 5- c .- .4 63L> fl ZCOPC< Kvíc5 La. >4. 4. £ ióCav. rrs. Auxríav ipota s.vu; ... -r= &rjXua¡<¿v ‘IX s.ei;. So9oxX9~; ev (Fr. 492 Radt). ‘caí £4’ “ooaci re rctCns tcpya íd.) Acars.¿óa; tipo-repot. 14iiex. p. 7). ‘cctí Aesch. S-uppi. 777s. no? cpiywpiev ‘AnCa9 xOov¿s ¡ ApoIl- Rbi. 1, 243 ycxCrjs flcxvcixciCóo; ~,aoSí Epyll. Dioned. 22 Pausíl (Cotí. Mex. p. 73) qei 5ytúv “Apyo; Apolí. Eh. Fr. 10 Poxaell (Cotí. ¿<¡ex. p. 7) vid. supra j Ehian. Fr. 50 Pausíl (Cotí. Mex. p. 16) a~6i1v £LoapiCvO; Aúxrrtíós. NL¡s Ojj’cev ¿pct’cX~ci; ¿pyes.ZL.’ots Allí estableció a los cabarnos, sacerdotes de ‘¡oz poderosa. 1 PHOT. Lex. (II 24 Neber) ET Suok CIII 552, 27 Adier) s. ‘¡. OpycwL>t9 os. os.; ~6Cqá*ps.6px>pi~t’os.; Geas.; opys.cxtotrrc; N £ 4’ C4’ 4- 4 ... ~i<5Ti6= piactQcpavTe; Kas. rox>; s.cptct; ox>-rcu xocs.ir a ro-uy Avrs.pot~o; ev r7j AiS&fl (1] ... ‘ccxi ¿ idor$Xo; h> Nuca?;, r=v tcp~ci -raC ¡CciZ’cox> npooctyopcvúa’ “no-ragaoi.> KctZ,cax> 4- 4- , 4’ xcis.pe npúrros opyeúnt (Fr. 144 Radt). II HARPOCR. Lex. s. ‘¡. ‘OpyóSvot; (1 225, 2 Dindor!) . -. 4 4’ %. a- a- os. parras. fl01.Tf~0l>Opici CXTTXW tu ‘r<.>’, LtpC63L>. 63; ‘ 4’ 4’ .4 Av-rípiot~o; -re no-u ¡ Nx>oos.s (H’uoo; primus pasuit Blacarda ¡.n~rrcts.; E CL fi. fi. Ap. 388s. ¿cppc~C7ao *apo; ‘An¿XXt’/ £4’ ox>; rs.vas otv6pconauq ¿pyíovot; ciociycq-os.’Yo Hermesian. 7, lSs. Povelí (Ccli. Mex. p. 98) 4P~ps.ota ¿pyec&..a v¿pq 6s.ctnogane-óox>cct7 ATipi4r pct ~v6ct Gaisf. et Fried. a ~.‘ 6=Herm.: ycve~ codd.: ,-L’vav Valesius/ ‘cci(iapL>ox>; codd.1 ‘cot(iapL>ó-u Valesius/ ot(3ct’cXccts (&(3Xa’c¿a; SLP ~pye&’cis Sud.: &yoncX~ots (supra &pct¡ <5’ tOT=L> 7j’cc’,. XotC9cos. 6=Xs.’,~as.; — , , 4’ 00120 tT iScí ncrv-roZci Sc<, n¿6a; i~á=x6Xcáci;. ti.’ 6’ Cn~pa; a-Tpen-rc~;, ~nrXctbe nccvirot L>twq Plantó un mástil, y en las ‘¡elas de lino toda clase de cables disponía la diosa: bolinas, drizas, relingas y los demás aparejos de una nave. INScR. Ostrac. Berol. 12805 saec. tertii a. (primus edidit Wilamouitz, Sítzgsber. Berí. 1918, 4. £ £ 4-.’ 3Oga’sjpox> s..p auus..i ¡s.ci -. 5- aox>oo’,LI t~nXo’, vulg.) ~cos &~ 4a.cxCocn1; (iu~(3xs.vov, OcL> (ijs.cv vulg.) a 4. At’-ripia~oia~ ti-Si Chr. n. 741 ss.) ci~Go-~oE ~ ‘r’ cf,’ ciato;” 4’ 852 Z0-r=1>6’ ~crrypeL> ifl¿s ¡ e 254 ev 6’ ZOT¿L> iraCcs. ¡ Apolí. Eh. 1, 392s. ~v 6~ os. to-rot’ 7 xciC9~¿ t’ CVTTOCTIXC< ‘ccii ‘ >‘ 1 ~ r~a £ 4’ 4’~ ¿~~‘, c(3csXotrro ¡ la, So., ó4 pa rore gaeyat’ s.u-rov eXx>ov XotCC0-rrjOas.rrc pco¿ópip ¡ fi. fi. Ap. 406 o~6’ >4’ ‘cUataonp<.>pos.o Aesch. Etna. 555s. ‘cOCGT)OCLL> 7 XotCs.v 6= 4.. £ S 4’ 4. 4’ ¡cciXwots¡ Id. 2, 725s una nvaijj 6c ¡coXú>c; Y onXci ‘Yc L-’Tls.a navrci ¡ ¿ q, 390 gnxo’, ve¿; 185 2 AINEOISjSOYSÁ ETIGEI os-trc. cf. Lycophr. 207 2kg’ ~-rCees.Poveil. Clan. lev. XXXIII, p.9l, Ccli. ¿«ex. Aet. III 21 Povelí: o?,oct &~rCGes. Uyss 105 (56 U) Ziyrs ¡<¿XL Kc~XctZ; Zetes y Caíais 4’ SOHOL. Apolí. Eh. 1. 211—lSc (26, 4 Nendel) ~ZTyrT); ‘ccii K¿XaX;” ‘vo-u-rax>s t’c 6s.cicp¿pwv -rOfiCOL> cvptiXeocts. ros.; 4. £ ‘. ~ 4’ Apyovrru’Yctís . os. piei.’ yotp e’c Opqnaj; ¿>; >AnaXXSvs.o;, po; (rGrflcst 31 7 46) 6= ~¡< t.otx>XCÓo;, AaCps.; (rGrHtst 76 7 66) 6= ~t 4YRCp(3opLa->. ‘cc*r cr’ 3-rot; ~XOc?’, ~nii-r=vnXa~k’. 106 (58 U) Scíoi. Apolí. Rbi. 1, 1269 (116, 7 Uendel)>AiroXXá.’s.as ‘ 5 ‘ 4- 4. ‘ 4 4’ ‘ 4’ , 4’ , ‘piCl> 01>1> otnaxeXes.cp&cis. q~os. ‘voy Hpot¡ • Hoioóa< ~.‘ ‘rES K-tjx>’co; y~&piú~ (Fr. 263 MU) ‘ , .. > cic(3crvrci pT~0LL> «u’vav ccp’ u->6ci-ra; tii’rioita rijs wcq-vnoCci; neps. 186 ‘ > ‘ e bci5 otilo r~; apc0t635 «urou Arpe-rciq ‘ccxXox,piL.’cx; &naXcí0iit’cií. > 4’ Avrs.pict~a; 6= ti.’ <1 A-¿6p qn~oíx.’ h(3s.~cio6~vrct úv £<~~ 4-’ cilxravTo ‘ccrrcipctpeZoocií ‘rl».’ >Apyct Ñ~¿ c¡qis.vcioe7itní > r¿ ‘cci’rotpcipcoeots. blp.’ >Ápycj. P) ~n¿ ‘ro~ ~jptoos (post ~jpwo; lac. indica’¡it Luetke). ‘cciii floaeC<5s.nna; (Fr. 42 E. Fernández—Galiano) ¿ tiuiypcigapicrroyp¿«po; A’coXcn~~oe ‘cciii *Cpt¡(1J<5TiS (FGrHist 3 7 lllb) (‘Hos.¿6w post *cpe’c— LLP. 107 (59 U) SONOL Apolí. Rbi. 2, 178—162 (140, 1 Uendel) “‘ÁynvopC6-r15 he *s.i.’tó<~ >ky4’opos )~¿p ~~?; ~ar s.v (sc. *s.’,cikL¡. 4. Kcxoos.eneict; -rqs Apc~(3ala *OLtas.kL ys.L>t’vcts. KCXs,~ ‘cot~ *s.L>tv; Kas. . 4’ A~pu~¡pvo; ens.’cXrjoív yCi.’c’roti 6= £‘c ALO; >‘A’rx,gavo;”. (“A’rupi’,s.o; Apollod. Bibí. 3, 6 unde ‘Anhis.vas 7 cf. Mendel 26) 108 (60 U) SCHOL Apolí. Eh. 2, 296-297 (149s.,, 23 Uendel) Vrpocpc~<5ci; óé S-rpocpc~6ct; ~os. ‘ce> 4’ £ 4’ . ctwra8e’, uanao’rpeMna. o-rpci9évrct; cts -roThnoú.. Xct~cav ncipa 187 .4 , >Av-rs4aotxav. Cd <5= Zrpoqxxáci; pcios.i.’ cix>’rci; ¡ 4’ eníu-rpct~evre; «u-ro6í T¡~0 (supp. Mil.) ‘cct-rctXct(3cZi.’ -r¿; 4Ap~~x>Ccis. ‘cot-r¿¿ 6= ‘ 4’ £ ‘ALrrCgacxxo’, ¡ccii knoXXc.~taíav (2, 284ss. LP os.’ ¡c’res.vovrcts. . - - cts. 4- >4- flXcoircts. VTjOOi pieTCOtaOgaa0BT~0aL> 2>rpO9C*6tS. gaEpivTjTotL cilarCOL> k04. — Kéycs. ‘ccxii ‘HcrCo6o; “a*’ OL r ex>XCOOTIL> ALL’Tlihe {nyigaeóatrrs.” (fr. 156 14—U) 109 (61 U) >Epx>O (vox>; Los entinas ET. GtN. s.’¡. Eí 1oapos. ¡OZtaas. (Hiller Hélanges Gr.265) xú’pCci ncx9XctyotaCot; o’.’; >Epx>OCvox>s %>T1CLL> ‘AvrCpiaxos -rr~i.’ ¿px>ftp&r-rct ‘cciii <5s.á ~T~l> ‘roicix>-rTita xpoL&v. Noten Antimachí intercidit apud SU-sOL Apolí. Rbi. 2, 941—942 (195, 6 Uendel) “Zvjactgao;” troXí; flcicpxciyovcots. Ogar~po; “KCKZ Sijoagaav ápicgaota’ro~ (8 853) ‘Yo <5=S-rjocipiota garrcal>opioto& a-Apicto-rps.q ¿ir¿ Acipe (ox> ¿6cX4>o~ &uycirp¿; .. - ‘Epx>e?voí <5= o~rca> Xeyc~gaevos. X=cpai ncpii ‘4- £4’flciqxctyotas.av. OlaW de X~yoi.rraa. 6a.á ‘¿5v cpUepoirTiira 4. s ‘ •. 4- ~ £ rol.’ xpca>pict-ros~ tLOs. yctp ras.ox>’ros.. Kcts. Opipo; cr&r¿L.’ p4¡v-¡yrcti. ‘cciii 1.’ ¶Xa .‘; ‘EpveCvax>< (8 655) cf. Mendel Abhdlgn Ges, Uiss. Gt-t. 3 Folge Nr 1, 1932, 79. 188 110 (62 U) C 4. H42ciLo-rw -rC-u’c’Yox>; fabricados por Hefesto. 1 SOHOL Apalí. Rbi. 3, 409—410 (231, 19 Uendel) ¡; raupalas , 4’ a,! eqrqvot’r o. II 5cm-sa... Vmd. E’. 4, 398c - d (II 152, 2s. Dracbi.) £‘ ~ 5- ‘ ¿ 2JT’jrTj; zotx’c¿tuoóct; -rci’upox>;. os. -rau; RpoaittXatoL>Ta;eíxe 2-ap 4’ .4 4’ ¡, ox>; ¿ Atij-r; mccactteitct; e~q ga~oota jyotye ‘cc¿L Apo’rpCctoc r%.’ ny.’. cura Xioa; 4’ 4’ e’ceXtuoc r=L> >Iáoravot ~e~yv’óes.L>.~XXwv -rauJ; trx>ps.trvox>; 4’ -rci-upOlas ‘AvrCpiotxo; ~v A-sS6~ ‘Hqotio’to’net¡aox>; X~yeí úL> et £Hpcis.rro “in codice olía fuerunt, sed biadie legí nequeunt” Drach. ‘ ... B 101 £ 4.ÍIq:*c*LaraS ... rcvxov ¡ Soph. Phiioc. 986s. ¡’cbOx>s scripsi : Hpas.o’rwroa. Gent.—Prat. : H¿pots.cnoTCnWToU; Schol. Vmd. et Apolí. Rbi. 1 fort. 4H ‘¡el * 129—31 ¡oecii, ttvtciL 6’ ... Y ~nnov;) 189 111 (64 U) Scm-«x. Apolí. Eh 4, 1153 (308, 8 Uendel) Ts.picis.o~ (FGrflisL 566 E 87) X4-oIno; h Kcp’c4xj -ro-i; y4icn; áxeiivots.. As.ovi~oio; ¿ Ms.X,SCs.os ~v 6c-in¿pcji r&’ ‘Ap2-OL>c*UTCOL> CL: —vcrwrs.x&.’ PO (FGrHis¿ 32 E 3) h’ Bx>tctvrC¿e qn1oCta. >AvrCpcxxos 4’ A.- 4- A— 6= ti.’ Ai6w ti.’ K¿Xxos.; nXos.ov ‘rot no’rct¡iov liiyTlvaL Clasonea et Medea.) 112 (83 U) Scm-sot. Apolí. Eh. 4, 156 (270, 2 Uendel) h -ro~ros.; iccis. 4- .4 > 4’ ‘tos.; CfC~fl; qnjcs. bTita Nij6CLOW. ens.ppcts.vox>ootv otp’ce-»8 opaxov-rcx eRasox>actv. ~ £4. 4- (-r¿ pcipgacnc&x; PO ¿cveXéoOcis. ‘ccxii xwps.oeijvcxs. appo’tcpovs CRÍ. -rl.”, ‘,ci,av ‘cOipwgacvola -ros arjpCox>, 0x>p<9L’63; ‘kvrs.pict~q,. ‘cciii •tpt’cv6s (codd.: <...<5=> ‘ccxii *epc’ci6s Mil..) pTwil.’ CL> ¿p6¿pic~ (rGrJitst 3 E 31) cpotaex>O7jvcii -r¿v <5p 6’covrct ~n¿ ‘I6oovo;. ~ 6=otp¡Oos <5L’<5po1.’ -ti á¡ccru8Z6e~. 113 (68 U) £ > .4 4. 4- SU-SOL Ho.. Z 200 (II 166 Erbse) rC; 1.’ cti-rs.a, 9ot0i, 4. rota BeXxepocpovrta &ncx&71 tr&oi Sea?; yev&’Scts. ‘cciii ‘n?jv T(0l) ‘ > 4’ . 4. octaOpCOTtCOL> outaataoco-rpa; ti~eiXe SCoL; ovrci; npoacps.XcZ;. 6ta ‘ 4’ £ 4- ¶ovro gas.oTjOflvciL cro-ray 9floLv x>no ‘Yún.’ Sewt>. 190 114 (69 U> SU-SOL. Hom. £ 283 (273, 16 Dindorf) ~‘c SoX¶h¡wL>. ‘TT~S Ks.Xs.’cCcis ~ ~Get’ ‘cas. aZ E¿Xx>pios. &‘opiáo8~octi.’ ¿~= ZaXuSgaon ‘ro’u ñs.6; ¡; >AvrCpotxo; >‘.4-es. CF: <5eXoZ TLP. 115 (65 U) SU-SOL Apolí. RL. 4, 257—262b (273, 26 Uendel) os.c».’C> ¿xeeZv a5roQ$; (sc. Argonautas) ¿5 AL(?%L>, ‘ccxii (3cio’r¿¿oata’rot; ‘t?p.’ ‘Apy¿ ct~ tO £ 4’ 4’ TIliCbCPOta neXayo; yev¿78cii CSchuartz: 2’Cv— LLP 116 (66 U) -r¿-rc <59k cC~p4 ti.’ 6~ncxY ‘Ht4Xs.ota n¿ganruev áyaK?aga~tn.’ ‘EpiSes.ci Entonces, en efecto, a Helio acompañaba la afamada Eritea en una copa de buena utilidad. ATHEN. 11, 469e Kaib. ~‘rs. <5=~cxii¿ £iHXs.O; tii no-r~pCax> £4’ 4.6íe¡oeov, oq>pa 191 6s.’ ‘fl’(CotvoZo n4>otoct; .r ¿~&oi.e’ £cip; no’nii QL’Occx x.’.u>a¿; cpcpvas7 no-ti piotrcpci ¡pí<5Ccrs.’ ‘t’ ~oxov naC&; ‘te tpCXavs Y A ó~ ~; ~Xoo; ~(3ct óatpvcis.oi ‘ca’vcio,cs.oi.’7 naos.’, nc~s.; As.t=s”. CPNG 185 = S.L. 0. 17 Pago) ¡ALrrCpcrxoq 6’ o&rwoii X~ycs. 11-2) £ 0 285 xpx>o4 ci.’ 6~nci~C ¡ A 2 xp-uoéce ~ Stesich. PifO 185 (fr. 8, lsLP óénct; . .. xp~>0~oL> 1 on~’rij ~.av ,r¿ganevov ¡ Euphor. Fr. 83 A. de Cuenca £~ ‘s~x>e~C~ 5 2 y 422 (3ox>nX~&~o~ ¿xp~ codd., quod recte defendít Ahrens 48: Stoll. (el. I4om 0 285 XP’J~~9 ~ 6¿irctZLJ/ >H¿Xs.ov ‘HXCot Jessen/ nopincx>ei.’ cori-. Schueígh. : flopinCí nogane’s 5es. dub. Stoll. £63 codd. codd. 117 (70 U) .3. 4’ 4’ cine 6e ¿p¿rn.njoci;. flpe, •pen-r~ps.ci ‘r6oóe Vnnou,s ‘ras. 6&no <5iX3¡JCL>éCOL> tXceca;. Y hablándole le dijo: arrebatadas al enemigo, en “Pálibo, te daré estas yeguas, pago de mi crianz&’. Sos-soL. Eur. Pitoen. 44 floxiSpw óéóca¡AvrC~.íax¿; px~oa.ta 6= ev 192 .4 ±A 201 etc. ‘ccis. piv ¿pwl.rwjoci; ~nccx n-rcp¿ev-rct npoc-quSóa 1 Eur. Phoera. 44s. na’E~ ncrr¿pcx ‘caCvea. ‘cas. xa¡3Z>v ¿xni¡acrra¡ floX’5(3ce ‘rpo nX¿xapioi-’ >Iv¿xc.? Opcnuiijpiov Soph.. C.d. R. 1142s. 4-5. 4’ C > 4- 4’ 4’ os.aOci nciTh6 pioC -rs.vat 6ox>;. ca; egaau’rq> Sp¿pipici 8pei~nipi~v cyCO; Apolí. Eh. 1, 283 noc~rrci RC*X0 ‘c0 att0<00Ci Opeirr4pa.a 4’ 4’ 4- 4’ B~’cxoua ¡ Id. 46, 253 Kc*Xct •eptis, As.ovx>cc. -rcq~ Opeirt~pici Kc~6ga¿~ ‘r&oóe Bergk: -rc~6C codd. 1 ‘rcx-txrci Barnes: ‘roiaóe Dtlbner. FRAGMENTA MINUS CERTE AD LYDAN RELATA 118 (71 U) ~trc ‘rí; ‘ccrt’rvg 6’ón-rrj Ci; &Xpis.pv ~6wp Como cuando una golondrina de mar se zambulle en el salino piélago. SCHOL Apolí. Rbi. 1, 1008 (88, 26 Nendel) 6~nxovre; ¡ &u-rt ‘naC 6u~taov-rc; ‘tc~; ‘cccpcrX=;. ncipct’tarrs.¡ ‘. c’.pi.”cci.’ ata-ra. cruvreXi’coC 6u$4xnncs, cvii r~S 6in-reíi.’ ti ‘ce%nXi1v ‘ccrrCL>execvrCS. 6~irrcív <5~ &rrs. -r=, 6u~vcív <6i%-rcia. 6= C*s.OuJLaL> (suppl. Bergk.), c~ aXoq ... / ka1JflKc5 6 511 etc. et Non. D. 31, 57; etc. 4n>poi’> v&p 1L5 L: orn. 1V 6i%rx~ A: ÓXnTCL P: 6~hnj L: 6i.nx~s MeAn. apud Dergk/ post 6i$rr~ lacunae signa non recte posuit Diehl/ c c~s Wolf ap. Bgk. : ~ codd./ axinapou cq parparan transp. Díehí et Uyss, qu± fr. ita dísposuerunt: Trate TL5 KOWT~ 6, 5,rryj ~—‘--—x Z aXpLpoL’ ¡s nb~cxyosi ~&ap ?. quod praetulít iam WoIf (cf. ApoIl. Eh. 1, 1007): nLayos L 119 (73 U) toót’t TL3I> ~4CycXXLOL>CPKTOPCS ¿aL Kflk&M-> Como promotores que son de grandes desgracias. U GEN 5. Y. epkTwp CEt. 11. 375, 40: ~Sc-rwpB: ir> marg. eKTpci>p orn. A) ed. Miller, Mélanges de littérature grecque 126 ¿ flpo(ktúsp Co npa~t~wos Et. >4.). Avruwaxos (1) ncwp¿ x¿ £p~ca £pKTL~p CEt. Ikt.: ~ictú,p B), w~ ayw a~xwp, kaL t2~w £KtLúp. e— OLOL> AB, suspectual cl COL ‘rwv pcyc~XwD Bergk: COCOL c r awv pey. Valeken. ex oí TLO1> ~cyáwv II Botav., sed de ot.oi. c, < val CL, Ci val de &aoí quivis cogitat / CPKTOPCS Et. >4. a CKTOPCS AB A LLOL Et. >4. ELOLI) AB 194 120 (93 U) • — O~LOCOOTIS Y de Tanos criadora de serpientes. SCHOL Aristopb. Pl. 718 (364, 14 DiYbner) <“OKOp¿&¿fl) FILa 7W>.>kC TpCLS ~ Tijvo<. yucas - — — .3. ‘3- — -r > OwpiwóTis áoicci. cívat. ox¿poóct ovx.> TT1vta tillE>.’ ULflu TOM - Ta &‘qpCa. 6~XoZ >ccet EZnoXís fl~Xccí (fr. 245ÓTjKTLKC<, trapa e— •— — K.—A. ) ~T{>os a-u-trt, noxxot5 £xouca OKOp1TLQUS EXCLS TC alJko9cwvTas”. KctX>Kcrrpcrros 6~ CIIL 70 O~9C5 KaTlt’cx0t, Lq cTKopoóocpopov rjs r 7is cZOTj9 dí¿ kctL 70 nap> AvrLpxq3 [13 o~ KaXw5 —EXCLL> ÓOKEL. 25, 197 ~npuZ6ca ... 121 (96 U) — e —~ A’rtpn’rpos ‘roí EXC’IJCLPLTj5 LCpT~ En verdad, la voz sagrada de Denéter Elenainia. STRAB. 6, 5, 3, apq~orepú3v 04” (U. N %. ( 1 3 KQL 70 cZXq2L7Ol> p. 384 nap> EpncóokXci7 U, “pía yCvvraí e 89 Wright), TI 014J15 K~L fldg~ AVTLPaXe ~Vpí (vid. Antia. fr. 167) Non. D. 0W 195 Eratosth. fr. 16, 18 Pouell (Col!. Alex. p. 62) Kapnov Excvatvr¡s ATjIITjTE~OS ¡ 1<. U. Cer. 4 ATIPTITpOS xpuacx pou P 409 íoaí. 6~ kaL pcrccíq,’ tcp?~ 1’; TT~Xcw~xoío e L orn. E 122 (99 U) ,coc6óc fltSáTIv rc peo>rra La corriente del Pidas Cwon¿oe. ir> Thaodos. 1 157, 29ss. Hí nonina propria, quae genetívum ad forman tertíae declinationis faciunt velut Ións Fiyoi> Kai -r1JYTITOS... nts15 flióov C~~opa flor — e ALrrl.paxÚi. ti) xo~ho 6~ h>ctvrCws CkXLVCV o LOT LV, LO XX~ 0 OtUTO — e— .t > XcxOcíal-is xPTwcws, etc e5c anovócí.akov cari, > — r a~rro KXLVCL. OLOW El) (vid. ad. fr. saq.) lg. ínter alía et secundae et n5yns apoi~), ¿s napa >Avr(waxos. ore e > ~ L>CL, to~ cnt. flCp LTTOO1JXXaPWS Z 172 S¿v8ov rc ~cLrra ¡ Cercid. 4, 6 Pouell Mex. p. 203) ~pyiJpov c~s ... ~‘éovra (Cotí. tKaóóct Wyss: Káó 6~ nió— Gent.—Prat.: kaóáClflJóTjl> TE ~,¿ovra VP: ¿in~6~ C~vniS6~ O) ~p~ovra NO: K¿66~ Hilgard: KaóIS’ ~a !h~6w ~péovra Lentz 196 123 <100 U) fl’ó6wyros KO’UPTI TT¡XcKXELTOV norawoZo La hija del río Pides da extensa fama CI-IOEROB. ir> Thaodos. Y 158, 1 Hilg. (vid. ad fr. 122) S 321 •OivLxO~ K01JpTj~ TTQ’~cxXcLT0L0 r 546 ‘Ixap(ov K0V~fl rflXcKXc í-roo KOVPW TCXEkXCLT0~ VP: >cai. TEXCK> ron NC 124 (102 U) 1 PS.—PROBUS ir> Verg. Ecl. 10, 18 (XII 2, 348, 11 Thilo—Hagen) t4donts”. Hesiodus att (fr. 139 14—U), Phoenícis eL Aiphestboeae (Wyss cl. Hesiod. frs. 138 et 139 N—W± eL Atphesiboeae Agerzorts codd.: lacunan post et Atphe- Ag’en— statuit Bergk); hiar¿tís. q’ai Assyrian¿ (Wyss cl. Apollodoro 1, 1: Ntstriam val Hystriam codd.: Syr1am Berglc) Arabiamque terzuit taperio; itt Ant irnachus att, regrtavit ti Cypro; itt Phiiostepbanus Libro quo quaestiones poeticas reddtdtt Atrrt.paJxos (Vogliano: fl[atnSaoísl Cfr. 27 Bernabé) Uyss) kaLJ nXctovs ~X(Xoí). Hercui. 243 II lEs + 243 IV 3 at Phílippson ¿lera. 55, 1920, St’u.d. 13, 1972, 92) £t.3¶a -re 3 ¿1*pc&nwv ¿3t; ro~ A6¿JvíS¿[s KaXXCpaJ~o~ Philippson) >, K~L 0U~L fl 6’>p~S, ws CL’LOL, napa 70 e‘~s 6~jXov £K ‘ray “tnióxuiios &pcpt.xvecCs~ CE 253). ci 6~ pce’ Op~pov k«L xWp~~s 70v t> XéyOUOL KaL >AvrCpaxos El), KaL ELPWVCÓTXS• “cZros 6~ ‘rOL ~6vpov unvov ~xwv” (fr. PMO 599) Apoil. Rh. 2, 406s. o~6~ CL ~pc*p, / o-u KVCi~ioc; ~invos SAnan. PMO 599 (vid. supra) 198 125 (80 U) K~JOW1J¶JW01J OZÓí,v=&xo ... de Edipo da enigmático nombra? 1 U GUD. 5. y. K~JOCpELa (351 Sturz> j Acppoó&rrj. kcv601J0a ‘ro’c cpco-raq. TI ano ‘rou Tonou. díor¡. flp00c~ icxeijpas, j ¿n¿ roC XCCL1> Tetis cpCiYra9 T~ Sc KOLVYj cvvoía, ~6cí anokcKpxxpOaL r=~ ~%opa. ¿Kcn~cí ... KcXL ‘roL> — ‘ >— r AVrLPaXÚ TLVEt [13 o~x & A K0U.’TI cvvoí.a, ou ‘ a—’ , r — anoxckpt> kXc05 exclzros. TI ~ ~ 715 En ovoíia Sta raq avp~opa~ xaí. ra~ npa~cí;. ‘rj atíou “Iocum ipsurn Antímacheum Hesycb. explicare Gent. —Prat. e TI vpae r lis “«9 cóc L c~o~aa Mus., cf. Lk9X>I4JCLC ‘YO Kckpx>4’O« L. vi detur”. KVOCsflA4iOV OrdLflOgV Et. Gua.: corr. Gant. —Fra. Stoll; prob. 127 (95 U) 1 PAUS. 9, 35, 5 ‘HaCoóos 6~ ~v @coyc~Ca Cv. 907) ‘3- — taq Xápí’r¿~ 9flOtV cLl-’aL Aío~ -rc K«L. E’~ipuv4rrjs KQL Oq2LOLL> 199 ‘ .- ‘ • .~ r olJopaTd E’~cppoovvr~i.> ‘TE 1<01 AyXatca> £L1.JQL ... >AvrCpc*xos 6~ ou-rc ctpí.&pov Xccpcrcav ourc • ‘ r CSylburgt ~vopa @~ CLITWL> AtyXrjs cíLcí , — Li> ~U7«5. II HESYCH. A’t[TXvw monuít Uyss, cf. Latte) > ‘AtYXTIS 1<01. HXcoij, ETrEL 1<01. ScxX tat’ ovoj~crQra> K«L eHX~ X=*píircs- Cad Antimachun spectare níeon.C~ hci>caX¿rnoon.> ‘rás Xc~prrcts ~a5X6páiras XaI4np¿cs c’Viní. Sc? 128 (lSlUest) flaK-rwXcC ~p~nEOLCL>~> en’ An.>óijpoíoí. Saooov Estaba sentado en las doradas corrientes del Pactolo Sa-OL Lyc. 1353 (377, 30 Scheer) Cf. Supp. He.Lt. 79, > 33 mna~-r.~?~o:s nora”- flawrúX¿s norap~’; /wóCc*s ~pxaov c~w~ ( Schol. Lyc. 272, cf. Schol. Cali. h. 4, 250), &q 9flOL 1<01. &XXws (%flaí xc*Z >AvrCpexxos Pf. ad Cali. fr. 814 : 9T~0L KaXXCpocxos Nauck, Nélanges Gréco—Roz. V, 1885 p. 193s.; Bergk Opusc. II p. 777) ti) Non. D. 11, 38 flcncrcúxo7?o .. e~ no’rcqjo?o Id. 11, XP’U0C1OV Xov fla¡ctoX¿v Id. 47, 599 no’rapov xp-uac~~o>.> flawr¿Xíov t&óp Id. 25, 332 fla~roXo ncxpá xc½a ~v~cÁ5 312 eSaccoi> Nauck± Oc~aoacñi> Bergk: Saco>.> codd. 200 129 (108 U) 70L0’1.L’ 6’ ~ — • — isX~cv-ta Stá nXoov cp~o~¡cvoíctv Y a los que caminan por boscosa senda. £KST¡OGCUTCS >-cx~ ‘«¶J’rflv , ‘ —, — EfiL ‘Ya ocvópa woXís — ‘ e — fltTcXO«VTE5 ‘ra iot Lcr > — npow&ovr o~avepci> ÓLEXO¿VTE5 6> ~-0pws 1 LUCIAN. Veras Hist. 2, 42 (navem) ~aXca wcyaXw Kan. &vcXO¿vrcs aviploaiic8a gw. GCL>7E5 CITL 7(13>.> KXCtSW1> ~a0ancp ¿u 0ax&r7T¡ ~nX~opcv 701.> cnLa-upopct>oi- cvOa ó~ KaI. ‘r¿ >AlrríFIáxo cncíor1xee í.sc—. qYflcLv yap no-u >ca~crvo; El)- ‘r-hi> ><~tt> o(4~LKopcOa np=s -ro ~6wp- II SOHOL. Nicand. Ther. 295c C134, 19 Crugnola 6~ nX¿ov”- Vv>.> TTjl> ¿601>, rijv nctiiv nopcCav. Cura> , - AL>TLIX*XOS cine (1). III P.ANT. 120 (b) nec. III p. Barnes. Disc. U. 1407. (Cf. Supp. He!!- ¿ ‘AEvri— {XijctrrLa nX¿C ov) nap.... 3. - - E ) “[3aíov yap Ch. Ed. J. U. 78 p. Sís.)- E. E 5 201 Calí. fr. 260, 67 Pf. ‘tít-’> hovra nap¿t nX¿ov OL>cLot> ¡ Apolí. Eh. 3, 1150 ‘rás - - - ncpn.nXopAxxs Apolí. Eh. 1, 546 ¿Ss ~XocpoZo óícísowL’n ?TCSCOLO ¡ Non. D. 2. 640 ‘~‘Xijcmnos - - - KapT~l-’01J ‘roíaív 6’ ‘~X,jctna codd. Schol. Nicand. a r¿nov 6’ 12’ Pap. Lucianí: ‘roZan. 6’ tXTicvra Va -r Ja • «u ve 1 ¶3XT1ct’Ta —‘Ya SLa APTEHIS 130 (75 U) STEPH. Bvz. a • y. E43o C«s, ava~cCpcvov ‘Ap-r4sn.Sos 6cwr~pce c >Apx4iaxo~ h’ E~(3oÓcwu 1 Ap7JLÓL. Avríia. cv ócvr. Dúbner (379, 11 e— AvrCíaaxos cl-> ¿ciar. codd. ) YRAGMENTA AD ARTEN IDEM RELATA 131 (174W) OCPVTIL> ALKTQCcXV, tKovJporpo$0v E~XcC&ntcw ‘3 — , O1JITLL> 7 OPPLP[0 370t01> A la venerable Dictea, poderoso arco a la nodriza Ilitia y a Upis de 202 P.Mt. 11». is. ¿Lii. Cci’. 1 Aipyrp’ TltPKOWOL>. EZp-wjvocu >.’ ¡ H. EXCC&VLQ Cali. Ii. 4, 132 ~aXci o~nCs ‘tc Aot¿ ‘rc r 357 etc. ocpvrjL> Hur. Bacch. 420 1-1. Apo Li- 97 po7-oa-r¿Kos pOPO» ELXTS&ULOCL> ¡ Id. 292 ipo» cyxoq í AíwrcxCow pap.: Aiic’tív«u Maas et Lob./ ErXcL6u 1 2 O3~íníu More] et Deichgrber, confármavít Vogí. 132 (175W) - . • XPVOECWEOL KOpJiJI.43CO1V EO9TIKcaLrrO .sujetaban (los cabellos) con horquillas de oro P.MIL lin. 4 La>.’ Wyss 1’ Sís. £Ocp Volg., qui ir> prima ed. —~n.’ scripserat/ nKotca~iou. e.g. Vogí. ex post Hesych 203 133 (176W), — ucXcn.>cía ‘re y que la soberana déxOa¿. accoaav acepte las ofrendas P.MÍL. un. 6 A 23 KQL ayXota 6~x.&cxí ~rrotucc ¡ Non. D 5, 307, 310 etc. óéxOcct. «vaooav ncX&veLcw Vogí. : trcXcxí>xx it> ed. pr. 134 (177W) vE qIXc Crecí q a las irreprochables P.Mt. lin. 8 w[n3XcC’raL~ Vogí. 204 135 (178W) <.> rpLoKc*LSLc)orrTp.> xcK>.’ún> K«L Li> XcXoErJ’uca • a la decimotercera bija y tras haberse unido a ella P.Mt. ita. 9s. ¡pL.. 3» fort. fornen propr. Vogl./ 2 <—> monosyllabum bagan orntssu.a esse susp. Vogi./ rpt.o~[a3iS(cJ<~>aryp> Vogí. 136 (179W) ~ c’ £ tSEorríl rES, ‘ro 01. Iuaaócí.¿SLcv ~cv r¿~ yáp >~~Ñ n3pcrr4~’ cTn[.. 3 t4XCLV6C >-wOE. 3.cpíE Jtc .... ]M.~ion.o. XlSOpwv 6c ¿XE Con el efecto, le sangre agua que traen de la fuente dijo en otro tiempo) a la Fisadea, pues, en aquea ... lavara, P.M¡L. lAr>. 12s. ± Cali. h. 5, 47 Tj ; *~iac~c5cícrv Cali. fr. 68, 7s. Pf. •vac~6cíoc 9Cxwz • - Ax>rropá~¡ ‘re 205 í Sótc*rin r~S Maas Ccf.B 351 etc. -qpart. r4b. confirmavit Vogí. 1 *‘uaaácí¿E Oc» Maas et Lob./ ~v Wyss ex jíci. Naas et Latte/ a r~S] rí~ Kcttl. np&icp’ ctntov val cZntcv, cnEca.> Vogí. nporcpai. nE praef. Wyss; flfavlazaí.íóa Von der NUhll/ ycaa(. 3 pap. : woE?3 Wyss 1 3.9t.E pa. fort. JCtpLLZ a XWOLO (optat. vol gen.) Vogí. 137 (160W) 31.1> 6pwE113o’ ¿v6¿~crcx¡. permitirá a las esclavas (reun irse?) P.MIL liii. 26 O 643 6pwpt. K¿XC’uOc Hes. fr. 242 14—U ¿Ev 6’ ~a KONJpOLS 6E~)crro o3iivcq-c)ív e. g. West; 6pwE~3o’ Vogí. 138 (181W) , ‘ r’w’rn acpc’r~p[~ ~cq>3aX~ sobre su cabeza desnuda 206 un. 32s. ocpcrcpE~ Naas/ Kcq~]aXfl Naas et 139 (192W) c ~ oqp -uno pt~v3 Aa&pCc~ Oiop X¿xícx TpIS[=XCLCJ~c Vogí. 141 (195W) ..E.... 3«óELyE...... Ji W\>XTI[. • . .el alma • • Joí[. • itt. c8ct-rro pusieron P.M;L. un. 42 142 (166W) KC n3oíntnlrp(oJn.oí &Ec3-i~ a~crcpo1.0L xc*pcCw para que la diosa agradeciera a sus fieles? P.MIL Un. 43 ~htppa KE Hesych. Haas óautpos” Cvel re) Vogí. et Horel ¡ nJoínvvrpEoJZoL Wyss, n3oLnlÁrp[oJící ex > —collatis LTIrpO;, 208 143 <184W) pcrá roEZ)oí 6~ AT¡L’Y¿os -u¿q), oE~3aí~ r(c=ItEoJv~‘xa»>~ ÉTcpT~pL S~ Y~’~ r ó~op’ ¿no 3a1.ví%¡ cuos Entre ellos el hijo de Leto con el arco en la izquierda y llevando en la otra las cuerdas de la funda del P.M¡L. lín. 39—41 í A 9 Aiyro~?s Ka1. AL0 lJLOS 2 fl 734 a1.> CI) XCLPL Calí. fr. 114, copoiaii¿ C»3V ¡ 0 443 to~ot> Es. Pf. OKQLTj liC>) CJXCLS xc~p~. Krn*íe ‘rL o~ov. —‘ - -. «Li>1YT0 ‘totoi>z O’U’T(t> ywpXYr9 6 ‘ cnt ócttrcpjj Maas 1 rE¿)~E o)» Maas P.MILAN 17 nec. Y! p. Ch. Ed. A. Vogliano, 1966 (cf. Papín della Univ. di MiL, vol. Y). Pr. cd. Vogliano, COMMENTARI lIS 114 ANTIHACHUN. COLUMNA Y (margo dexter auperior) 3 i.6. .t Ja. tee yak— 3. 09ÉpwL> arco Ex(s)>.” ATIE 7005 Saz lato;) 1935 209 c 301.1> lJflO 5 Jyocp o-uvc- 3- iXa> Sc 3. KCti~Oi> 3. crecí 2. e áXXce 10 Jwrcpo» > , ncc Jp’ cian iSa J.c c¶óíos 3>paa~e 3pM.. 3. 15 JaL COLUMNA IX eL Jroxs nc 3 iac~yotia 1.». At.wrccíav, cou Jporp&p( o» E~XcO-ucow, ‘3. — O31.nL» T ¿(3pípE ¿ Jrototr 1—2)4 oIawpí~ws KCXÚ3PKECW C -rip.’ p~3v E~XcC6vícrv “‘Hpcis, rt~’ LÓJe Aprepí» A 1ro%. JxrnaacCwEcxt. KOp ¡xpp Co LI) Ex ~p~i’(~~s- 0~ a 70 LlIL ficiCí (13~, 1)4 ¿U ir Cee— 5 pc»ov. ~Eo93w$~’ ncXcxvcícc re1•~~ óéxOaí ~vciaaav- <133, ‘ c 1) 4 7ci5 iKCTT~ptEaqJ • ‘ — ano roi.’ ncxatcn.v. — a, ‘ ‘ — XaTTj5. CL>LOL St TC< ncppata Kcii rás ¿En 3apxc~s. xcii tcpon[c-.~. a LOT 1.>.> 4 ncXccvo~ 26ta»> he pvijv (131, 210 iran.- t ‘te ncnT~yo;, 14w~ p los- e.- — “cii ‘re a (Ir 317, 10 aTTj» ‘textn.a’ • ‘t Apía’roqntn~ II r — — 01.01) Xn.(3(aJvúnoc. 1t4w3Xc1.’taLs- a1>apaprflro 1.5. (134, 14 ‘ e— KciL E O— &-rí%á¿totaEíJ xcii ciL v*reC37ibs ¿oí3~” ‘t 498, x 418) Fw’ . . 3» <-.> rpto~EaJt6(c— ‘ e-.xcii iv XeXo(xlxccr (135, 1—2)4 nív.V. 3. AiacEpJcxr. 3. r~jv6= LV LV 79 X ~1<«— ~Eac 3» c{pcrv- CHaCOÓOS sta a> ~ .5’ cair~S Occv&roío ” (fr. 245 14—U) F=SEctr1.J 7<0, ‘To ~,á4 •,naócí¿OEcv TIC>). ‘t3n yap xatt nJporepcLn(. - 3 ‘AxaíZcSci i-a>~’~- J.9í cE. - . - 3Xwoío. vóepwv 6~ &XE 3 (136, 1-3)4 o’~x áEn¿tJ r~~jq *.u~t«ó~~C~ 5 cpr~oZv ¿ KcxXXE C— FIci3x0s ~Ss Xcxo% Xto~Jeae3aL, «XX EárrJ¿ r 7js Au-ropa-r~s- 15 ‘tx~c . 3 e’~I)ci=s ~n¿vuEpov, cxXtX’ • ‘ cinc aEcTJo Xo~ovraí • .- XOXLflL> OLKC71.V E 3ijs” (fr. 65, 1—2 Pf.)- KciL Ayias Excá Aepxi5XoJs LI) rois AproXíxois qn t~j~Ñ cA$rw;. tótpct.. otnaí clx p~v ro AxpeCtqd. án 4 rov A&roparctov cpL ~OV0ciL ~ ITEcKpeLOL al..) g«Xo~[vVran. Aoxc’urpCciL, , — , ClICL KL 71.5 TELI)I) ) XoxctrrrEaí. 7w» -6¡~3con.&úEv3- 3 Xoe’rpcx. Acpxix KLctL ‘tOXiTO ex) e.u (FGnHtst 305 T tóía 6’ &n¿’ ‘ra; Xoxe ras 9epot’— ‘rcai ‘AtyCJoii Kc) c ¿oVrJtw “&y»¿» E 1J4flL»C 3i.¿c>.’aí r~j(aJí WCFIliXC (U. 68, 3 Y!.) tt&os 6~ r= XC6-. ftpJo» L[LP)~KC ~nrih rtoC Xihja-rJos p¿vt ox.’), co’t iv 6’ 07£ cflpait’ci r=v wEc— 25 ‘táJ >cá’cws E t63p&rfci- ‘-o ‘-e -reí SE L«3crrb~XcoI)- a. --ai~.fl’tL xfaí3 AAJOpL9 nc JnccX( ccyp 3¿»os” &pa>E 7~3o> (Z 268, x 402, ~ 48) 3.E—3 aL.... Ji» ai-’rt. 70-u crEí—CVóC~C¶OiL~ (137, 1)4 - r)c~fl. MCwI)cpliEosJ 6’ fe»] 7~ Eíaapvfw)f L)LSi- c c•1 3, ~[Yt3ow xoCxpo’ ¿)onCaí cppa~cspevo’.” (fr. 21, os ¿ NCLX1jCL[¿35 Wfl01.» 1—2 Gen.—Prat. (o~í3rwv ‘ £ Ka’. Egcrr(cr— “cTx.’ccEí 6J~ r= ~pív óox¿w ~-~; wÓ-aE» 30 oE=Ircús, of~6~J l-rcfX¿p3íov, &XEXJ 6cívEc=J’tcpou ‘tan-’ ‘ —O¿?iWI), xaí roxE’r 3ox~ t’¿JvcE xcv] -r¿v EE’~3px,a8¿a <—> c ~ , , <~35 cipflX«L>O>) cEo»— 1 7 27 AddA. kO’Upc*LS 6f~3tcurro”. (fr. KC4? JccX7j- xci’. CH(JCÓ 242 14—U) (138, 1)4 r7j áxpTjó4iEvq3J r”í-’vn eciJa oc~ctcpf~ 1• —. > ‘ ~no pEh’3 xcrepCcjc “~E~ 6’] «9d Ota~~ X¿XLq -rpLtSf a— XcíqV (139, 1) 1’tR Xcyojscv~ (np]o&upaECIq, Xoxícc KciL ‘%a LOt ]crr1 ‘rá rpiO=fX)’.[cc, 35 noXx>OaX7~ Xoxci 5[pJcaa, 7; E¿Jn~ -rjj EXo)xcCa noxiaoc*xij 6Spa. 4 SE~ £3 KciL ‘ %~ .-. KciL ‘ro ficitOs e— ra” (rOrHist 212 cci. opoCa>s YP~P~-u~ ni EXJoxEcJ¿qc KQL rfl Tp1.EOJC3 ~fnJcLra 71.OcIL(3W001J01 ~p[ci3perpfcrs ¶JCOTICL. &7jx05 6’ ~» ~XXot~- Fwerá rof Z.- ‘t¿o; vt¿si, oEx]aíij rE¿3tEo3» ~xw», CtE~Tj9i ót ywpt>ToLo cvos. (143, 1—3)1 L6&w&Ja 6]? 93cxpE~]-rpcis ‘ >.. 1-ro’. ‘t¿» ócopou T~ ‘to 1TW[Ffl~ yúp.urov (&j-rrL ‘tus] 40 ci ó? Arjf OdIO ]aív3lit - Jcxóciqd ]L iyux-qE. - XTIS. k~f9pa xc n2omnvó7pto)íoí )f’rcruajE. - - - )FIciO LI). ¡.aar¡7opos- 45 CKflpOJXLTTOE’uca ejo=» 6¿pow (4, “EOJo4E» 6t.á »Jtx’ta p¿xciLI)av” Jwf avJpf3afCJvcí Ki ‘t&r’ Xíno?oa 8o=.~ 6¿p3ov <-O XaXKCLOL - JotE. 3-rt LOCVTO 1)4 árri~ K7CO4Jd7 ccpeTcpoiaL —•. > (142, lii 70L5 £L5 70V aI->íwpcvo.u 70 C 1 41 a raf - xaPt 1.TI• a-trr4’ E -to Jp. os 2)4 O[ojc%- 70» pCXCCIJa altcy6c~c. (K 394). ol ó? óéxovraL — ‘ c—. óLO7L 1 4fl 70» flXLOLI) Ep[cJívs ~XOex.’ácnjropos Apaw» &áXcxpoí- (4, 1-3)4 Apoc~ cinc ‘ras Eped vi>— a; F Ipa ‘J4iKpat’E ¿Icoca- (4, 12)4 EX]civnp& KaL rpa~cía. £ C — yq’ ó? ~wL>cpca4ci~ 213 50 coca. .... ~TI5 S’tiay~s Xcyc.n-’ flCpL ~,0g Sn.cEi]cpox., (4, 13)4 {rno’rt8c’ta’. CL-> AíSo’u. icctGc~ncp xcñ flcn.4aacf ‘.s E ~Jx.rros~-> ~pci FIL» yace Sruyos3 t&ap” (fr. 15 Bernabé). > — LLnov-ra Kd7ciC(7t— Ci> Sc ‘t~S j rSs fTjC LI) ..ws ‘ —. fSJ~pciZ6o; xcircc TI» ‘APKcWÓLKAL> Nc~vciK(pLv .~,TT0T COTIOL Ji>. (26) kc%L 9c¿cppaaros 6’ CL> 701.5 ncp= Z,óára>12 ypctypacpci olJTws• t £ r 3oLov7Ew3V nXeíot>; ciL cp-uaE e3i. ‘ .— ‘Ya WC>.> Tap c¿r~SEv o,aJ lToTLpci xuyx6E»cm. E. 3 o»E. 3. E... LE Z3ruyoE~ 3óLcirLE . . - pci.. ).‘tcc c~cn. ‘rOlaTE 3. ci. 6r~XoíE • Jnosroxn’y~E 1144 PHILODEM. Gomperz, De Pietate: Hercu lar>. P. Hercul. 433 Y! Stud. Y! 1866 p. 29) a (ed. ap. A. Henrichs, GRBS 13, 1972, p. 72s. (cf. Cali. fr. 783 Pf. et Sitpp. He!!. 76, p. 32s. h 6? 70L5 iJIIEVJOLS C~’QJ pápas &Xy3ijaaí £ (H. H. Ap. Bis.) ETI— xEciC 55 oca a? E 214 vuxtra; ~)vvéa [TTp.) ‘ ‘ Arjfrw npn.t>3 7CKCL» cp~(cLv. K3aXXCpa- xoE; (H. 4, SSs.) I.Jc*EXQ FIL 3TcXXcXPW» q-p(aiycJv E¿Jq oi~6= E’r7js “HpEasJ 6[L¿pIJ)yL -r= EíaZoos ASATOI 145 (74 U) 6=‘tá J nap’ ~XS¿svEtXcos n-r~yas Clin. & í1>TjC~fl 05 Llegando junto a remo 1 inos. las fuentes del Huleo de muchos ATHEN. 7, 300c ~‘rn.6=K«L OL Srpíp¿»LaL crxcXcn.s 6’.> • — oI)OpciTOt& TI¡¿Y«V 9TIOLI) cv ScipiSpa >Avrtáx.’r¡s CII 52 KA ... Kan. • r ncpí 70» Ei~X~cc CSchueig.± cv~Xéa codd.) Sc norapo» Cou — W~.>TIFIO»LlaCL AVTCWc*XOS ~x.>‘ras £fliypci4popcvci’.5 Abao’.s OIJ7Ls)9 ElJi tTWJW7PLOS frS’) ¿ S~~píos ci> ExKciLóLKCrrfl ‘ro Tpwíi.4~ 6~ nTIY«LZ ÓOLaL UL’ciLcaOlJcí SKciw~v6pou dtvrjcv’tos Hes. Th. 282 >C2xccix.’oC napa “TIy~S ¡ Id. 337 fl07awo~>t; •.. 6n.v~jcvras ¡ Euphor. fr. 146 de Cuenca vócta óLvrj£VToS apecaFIt»o; >AOtpcxo j íd. dub. 1, 3 6Cv~j CV 1KO7ciFIOU E~XcZos Bergk: Eiaxijos Kaib. c~XeZa; A tI A X 1 N H 146 (76 U) >1 701. 6 o~p ot a~oX~ropcs ca’ópcs ceccil> Éstos son los varones que le salen al encuentro. ET. M. 4, 6 s. y. á~ox4rwp- @oX~S Kan. avrtpoC nocp’ o ‘Yo &poxij’rwp o prj napaicaXcov. ‘AvrCi.iaxos ‘iaxCvn (codd.. bC«TaXTpFfl Bergk) Li] c%’r~s *LX¿tCVOS ¡ Can. fr. 721 Pf. QWQtO»L5 a»ópc; cecaL» ¡ Dyonis. Per. 1166 c— — a-’ t>itcp’rciro’. OCI)ópCs Cadi> &p Stoll: &p codd../ ot &(3oX. codd. 216 INCERTAE SEDIS FRAGMENTA 147 (77 U) •~ — C% — — ‘3 IÓLa> e 05 Kap’tLCTos CTTLXOOI)LWL> 1W Y de Idas, que era el más poderoso de cuantos hombres pisan la tierra. PORPHVR. ex Aretade ir. O~U»£pfl7CflOLCfl5 ap. Euseb. Praep. Eta. 3, 20 p. 467b (565, 25 liras) (vid. ad fr. 42) 1 556 ~Ióc¿Z e’. os Kap71.a’t0s ~nn.xeovCún->yC»L7’ «uópú»> ¡ A 266 Kaprtaron. óri K£i»OL EflL%&0»LWI) ‘tpa~e» &vóp¿S» 1 a 138 ~crk’ ~níxeox-.Cwv ~”~’”~» Hes. fr. 22, 5 li—U ~ní>4ovCwx.’ tix>OpwnwI) 148 (78 U) a-’ — 16cix.rro; KO’Upfl Hija de Idas 217 Ei. GEN. s.v. ~I6as (Et. 14. 465, 11) - • 7a CL5 —ócx; CL 14£» trCC~1.7700VXXcLQWC6’.cvXXa(3a, rr~ KXCI)C7cXL (xXCvovraí Et. -r —MA. &ícp&oyyw napaXflycta’., cío» ILLÓCM5, •c’.6awros- Otóa;, Otóavros- ¿ ó? ~oocuXX=pw;. C~ oto» Afjóci;, Ai6oiJ- MCócxs, MCóoxr ro ,¾óícc 70v ir xX’.vopcvov, McCóocs McCóca.rros, ¿Lá Sicpo¿yyot- o~rws CV>.> Kan. lócis i6oi>- ~%~x.’ ‘ > — £, > ‘ xcii Av-rípcxxos TIPciP’tCI) LLTT&>I). - - (1] o 426 KoiJpr~ . - • — Ap’upavr o; 149 (81 U) ‘3 XTIPTIiO>) 011<0» una casa sin hijos r HESVCH. s.v. XTlPTIn.o>) oL.xot» (Nauckt A~raxxov codd.) napa >Ax.rrtpc~x9, -ro» a’rcxi.’o» 150 (82 U) ‘ > — xa L ac’raxvw» 7 L~4I)O1J** Y síegaCn) (parte) de las espigas. 218 ET. GEN. s.v. aotarJs OPTIPOS ácrrar5£act. CB 184)- xcii. napa >Ax.rríFI=xq~Á1) — ‘ — “Clii T T1IIUCL Calí. h. 4, 284 &crrcix-ówI) 9opEOlJai» Id. 6, 20 ¿cnaztw» — , WTLKO4L E 148 ~nC -O ~~SULL aaarccaíxa Ji. Ji. Cci’. 456 ~pLcJCp£>) acTax-1JLÚ>), ‘ra 6’ ~v’ ~XXc6cn.’oZc¡.ócói8cxi 7C14L>O1J coda.: “ultima vox e more scribarum mutilata est, quan ‘tcpvo.ucí vel TCFII)oxJca fuisse coniecceris” Reitzenstein 151 (83 U) trupaoX oqovs correas fogueadas PHOT. Lex. s.v. £ —(%pcwx.’ L~iattra; ‘tc~.¡»opc»ous n.upaoX¿9os- T01 LK • — Ax.-’r LIJciXOq flapofl’YTjOL n.a(s)>.> 152 (85 U) Ktccot> 7£ xX1, 1J~voLo xcii aWncXLwli5 De la célebre hiedra y del viñedo. 219 c HESYCR s.v. KX4icvos • . • X4-craI. 6= KciL 1<1.000;, Ax.rrLíJcixos El) Ji. Ji. y!!, 40 ~aéXas cLxCoocro K’.coos 1 Euphor. Ep. 1, 4 de Cuenca cs)xapvrI8Lv ací Ktcoos aLtOFILVOs [ Non. b. 9, 263 ‘ > —‘ ‘tax.arnXcK-roío U KiOOOU ¡ Soph. Qed. C. 674 70» OLI)Cs)1TOI) C~0X>Oa KLOOO»¡ Euphor. fr. 132 de Cuenca >A14n~Xí»o» — — KLocolt. .cipncXC>)fls COddA Kt>OOlJTciL KX1J14CI)OLO xcii. apttCXiL¶5 Bergk. 153 (86 U) noXXá t5? ínjXci, ‘t¿ ncp ¿p»ijpa»as &»ópexs Muchos rebaños, que (hacen?) a los varones ricos ET. GEN. 5. y. &~£»o; (Et. 14. 178, 7) - - . x4-cra’. ¿ &v8pwnos ¿ nxijpps ray kevo~. ¿tv’tá,oas. £t~ 6= car’ ~ ~s ‘tcpcvo~, ovóc’tepov ¿OIL, ‘to a aq>wcí, xcii. xcirci ouYKonTIV. acpi.>ci. napa ‘ >— — •— — r — 70 ci9C»05 yLI)L’rci’. a~vos Kara 0u>~K0flTII), !.) Lx 70U70U yit’LTaL pTjpa. ‘ a ciXYTO1J, a~»jwI). >Ax.rr C~a~os E 13 220 1 466 = ‘1’ 166 1roXXa 6? tcpíci p9jxa í 45 noXXá 6? 14uXci 1 X 414 &9»£i.o~i &vóp¿s ¡ E l2lss. 6¿Sgici / ciq».’C’.o» ~3íoron.o ... ¡ noXXa 6~ oí npopar’ ccxc ¡ Hes. fr. 23a, 32s. 14.—U. >Apxci6CT¡sJ noxrnnSxov 7 &9»£n. jx.’cicEoC ¡ Aristeas fr. 5, 3 Bernabé ct~p»ci.oCs tirnon.ct. Calí. fr. 364, 55 Pf. ¿tnSpZ nc~p’ 91.>CL Theocr. 25, 119 ci9L>£’.oI) FITiXOiS • .. C1414CL0L it> fine hexame-tri suppl. Bergk cl. Y 483 KC*L 14 cX9I)CLOL> E0T¡KL. 154 (87 W) ci9L’Ci£0t0705 Ccxc» El más rico con mucho era. EUSTATI-I. ir> Od. (3 190, p. 141, 10 ‘t¿ &= ávírjp~ar£poI), ~=9CLXE FIEL> CLIJaL aL>LrjpO7CpOI). 1JC7p01J 6? XQPLL>. OXJTa> — £ ‘ —‘XciXcvra’.. ú>s xcii. ‘to cit. xcii XOLitci ‘toLcivTa. - ‘A1.rripaxos 6=07L El) c-. ‘ • — — —. Y 220 05 6T1 acp»LLoTaro; YLL>L70 8I)T~7 ci>..’8p¿nwx.’ (vid. ad fr. 153) 221 155 (86 U) SCHOL Ho.. T 233 s. (YV 621, 38 Erbse) ciXXTIL>z Xa~S~ orpvirrxv”- ~ ‘mr; rca¿ XCC&3L> rflv 0Tp1JVT~JI) LKÓLXCOOCa, &XX’ or&rox¿Xcx,aos d&w ~oxi ‘A AvriFIccz£íos CSchol. T: ar-rLxTi B, sed cf. Eustath. 205 p. 1180, 6) KO¿ Eporroci8Ln~s xciCpet. ‘rcc17s ~xcpopa7?s“noxxA fli~ciXTjr1JS~ Cfr. 31 Powell) “FITióC --ti.; 4 ~rr~pov 6? ~ in Xl. T TOi«U’Yciis 158 (89 U) , , — ., £ KOLci5 LIC XCLP) pctci p’.nrc«olJcL Con sus manos arrojan piedras al otro lado de una roca. Er. M. 770, 7 s.v. TpoCcx (Antimachí locus non legítur ir> Et. Gen. ; legitur ir> Epirnerism. Horn. Anecd. Oxon. 1, 401, ‘ ‘ 2 et 2, 329, 10. Cf. Herod. 1, 302, 7 Lentz) ‘ra 6ta ‘rox ota Swxiaxá 6ioiXXcipa ~axpoxci-róx~xra 6ta ‘ras oi. ótp&oyyo.u -Aypa~crcwi. xcii ¿ni. (3cipvToVwL)- xa~ ¿~ur.=v<¡n.» oíot.’, ~ xoi.ci- — c .A ~ — cTIpcii»Cn. ‘t~» oqnZpai.> Ti xpnoí; napa Ax.rri.páxq El] ¿ pr~ CUyss: ¿1 nij codd.) no>; ~c’rív ¿nx¿ ‘rRs c xoCcc; e’~acCas ,-évo-us , -A cipce»i.KO-u (Li. trfl - - .apOLI)— ‘Jt orn. ceteri). 222 • -A >4 44s. ciK0Lfln.tO~JC7L eciFIcicis 7 ciLyjIQ5 . -A 09Qi.~ciI) CflCL7’ Cppt~J’ 14C7 ciu44~LflOXOI) e ‘3 .. ‘. .. c.- ov>.-’ c~ocípav KaXTiL> 14C7ci xcpo i.i> cXox.’ro, A ~‘Cirrcicxc ¡ Non. 0. 2, 73 KciL Lll7oVro ~>CTTTL70 ... «110 xetp&>t>¡ Id. 24, 318 ¿no XCLP~SL> ~ -A civLpo ‘.0 L. ex z~~» 1 372ss. oí. 6> rip) Yd. p tlT7 £ t 115 , ‘ Clic i. £7 £~05 2, 409 i.’r oxis xoias codd. del. Schell. ¡ codd. plerique: pleríque: xp¿as >4 7 ¿5 POSt XCLPÚ>1> COdd. £ FIL7Q pi.tr’Yc4o’uci. SpOhflA FIL7aP( p )i.nr6touai. 14L7api.n7octOlJcoc M 157 (90 U) wcp”atorc 14¶J&c*XEW re Gimiendo los dos y empapados. EUSTAIH. ir> Od. y 401 p. 1746, 17 ex Herodiano (1 144, 15 Lentz) X~yci. U KciL 07’. ‘Ya CL5 —ea> p~para napciXrlropcva ‘Y) tpi>t<ó. - . CJpCeTj 14CL>70L ‘ti.I)ci xaL. 2 a-’ N. C ‘•. flC9t0tU014LL>ci, CO& O’YC Kan. trpox&tap~ci 0L>OjIci, 79 1TC9V~07C5 rnnc r ‘ —»cppoC CX 1) KciI. ‘YO ini, ou ‘Yo El) nap’ ALJ’7LFIC*ZL0. Hes. Sc. 270 ócixpua¡. &i.cqn6o¿Xéov~ &~xpx>cn. x¿Xno.u5 14U60(X ca puócxX ¿r~ ¡ Soph. Aesch. Pers. 539 Eiect. 166 6c~xp.uoi. 223 158 (91 U) -A -A ncarrcg 6’ c» XLI~PCOci-’w&ci.oci~ po&ov-raí 6taxptní r;~ Po~>s. EXCL 6? ci.> ~ K«70 14epei. áccpov, ci; ev cipo-ucí ‘YTjI) xcLpa. bc«u Ax.rríFIcixos — , p 228s. óto 6&Spc/ ~.ácixp ev xcpcíx.’ htv Soph. An.ttg. 1297 ph> h> xcCpcccn.x.’ Eur. Atc. 758 6’ h> ~cCpcocí • - Xap¿% 4’ 845 eppn.~c xaXor 6pona Povxáos ¿a.njpj H. H. Herc. 305 &ppw 6? nap’ oua-ra ~CpOCL> ¡ Apoil. Eh. 2, 33s xaXaupoTra -r~ TPnXLLfXL>Z xot(3po... ~s ¿‘Y¿cxnci 1 Non. D. 14, 177 o~orro~ca« ... r ei.Xo» Stoll: ‘¿Xc» B: orn. T 224 159 (92 U) c — E L L> para él APOLL Dvs. De pronorn. Y 82, 24 Schneid. • ~ — -A ano ‘t-y~< ‘te i.i> napa Ax.rr mr 14a~L>TJ~ óorix~s Ccodd. : a~rtarixps Belcker) caO’ 07£ ‘. C CA C07i. xai. Tj Ci.» CH-lO 681) cni. ncipaxaFIPavo FI LVfl - 100 (98 U) e —tpO9OpOS (Hades) que lleva larga tú!) loa HESYCH. CXé~ct; ~yj’ropt.~aC Anecd. Gr. 1 281, 19 Bek. s. y. tctpocpopo9 ¿ >AC6~; CHesych. : Ai.6fl; lex. rhet.) napa Avr í. para>. 161 (101 U) Xaxwh ó> oC ócCón.c» inflwL> Y no teme la coz de los caballos. 225 ‘Ai-rr CpcccosEr GEN. 5. Y. XcMX14 ‘C~~a»> 7=» Xccxr t01401X 0:0» E 1) > .‘ E 34 ócCóíe yáp j4~~ Xaíp=x.> ciflapTjcEn.C ct6~pq oC 6¿6i.ci Ififla»> V 162 (103 U) C STEPH. Bvz. s. y. Yncp(3¿pcoí (650, 3 Meir>.)- e8vo~ flp¿rcipxo; (ERG 4, p.485) 6? -r¿cs t&.Xncís ‘F> OPTi OVXb> nc-r~yopcCaSecí, xci”. rots ~n=p ‘t¿c >½.~ 0PTi Ka7otKo~iL>tcc5 — C .‘ • natrrcxs YnLp(3opeo-us o»opatcoScii.. ‘AvrCpcxxos (codd.. IccexxCpeczos Ruhnken) 6? rovs U170V5 9Ti0’.L> £tL>O’. ‘Y0i5 Ap’. pecan o í;- 163 (104 U) HESVON. s. y. E~axovi.ai-’oC (codd. : Sapo»n.avoC Kuster rc 01<01.> Icn.’vo¿ Soping.: 1ci¿i>íoí Duebr>er)- Eq&rco’., ¿s ttvrCpcixos. OL 226 164 (105 U) ot 6=n&poi.Oc novot.o L>CL>LlaKcioi» ~XXo~ ~n’ ~XXw Ellos antes del combate se saludan mutuamente. CHoERoS. ir> Theodos. 2, 88, 26 Hilg. (quoque Herodian. 2, 16, 17; 1, 535, 32, Lentz Ar>. Oxon. 3, 296, 11; 4, 415, -r , e- 23 Cramer) ovra>s cii». - xcii. ycypcicpaci. Si. Lk7L’YciIJLVO1J tau ec. > .‘ £ LOTEO>) Sc O’Yt noXXcixn.; cfi’. ro-urca.> ci. noi.ryrcii. c-ucrroXci~ • — r£1Ioi.floaVto, amis o~ SC xpr~cacoeci. ~s “‘Opi~pos CX 304) Scx.>oc~á’T-Is Elaud. frr. 14 et 37 Gent.—Prat.i >AvrCiicrxos fi) 2 218 o~ 6= xat &XxijXotct. nopaL> ~ci.L>1 a KaX<~ 2 232s cy~~ ~ £‘ V~0aL>7C, xc*O’ i.flflú>V ciL~CCV7C, A XCLP~S ‘t aXX~Xa»> Xa(3¿-rTiL> ¡ Non. It 23, 9 ~XXo; ~n’ ~XXw n¿»ai.o codd. pleríque: n¿»a¡. VOl &Xo; codd. pleríque: ~XXci VA &XX ai.c’. (La espada?) que junto al lecho siempre estaba colgada de un clavo. 227 EPI’IER. HOM. Anecd. Ox. 1 158, 23 Oramer (Herod. 1, 80, 28 Ler>tz) ... LuSas cuci6rI9 (3áeas &yxípct&ijs Cc 413) X¿xo; ¿cyx -tXCXTI5 >Av.rrCWaxos El] C— £ ~ r 272 TI ~‘. necp tL9CaS pcyec xaiiXc=i> a~=i-’ ~wp’ro a 440 ncicaá 6’ W~P«O£ Wc-ra ttcpas, o CL lmncp&cv xX’.»t~pa~ ‘-A ncpi. naaoáXq> ái.=»cic..pra ~t~C stoíí: &cC codd. 166 (108 U) £ >-A ‘ -A i.05 7EOC’pVi.TI opo~ó~.xCo»> ~ Oomo si se precipitaran a través de las vértebras de la espina dorsal. POLLUX Onom. 2, 178 rip.> 6= ~6x~» ~¿x.’i.ai. 110 i.fl7&3t) > ‘ C.’ 014ciOO1) xXo»í», wonep Ax.rrCíicizas ti) Y 462s. piicX=s c¿&rc/ o~a»6x,xCw»~=xnaX&’ Euphor. 69 de Cuenca nXciapec rc xcii. OLSpwxa 6i.ijpi.xc» tx.’C 0.u azpís fr. a-’ ‘3- ctJ cetc A: CLflC PSA rc&apC~s xceovpnCns A: xcOap-ui-~s PSI c9a»6uxCw» FS: ano»6vxCca»A/ ~ A: l.=~PS 228 167 (109 U) ci> 6’ ¿S¿poi.ai. xcct~ ci~ijxaro» ¿~vp’. Y verter en pellejos harina bien molida. ET. GEN. s. y. A6c~pamis (Ht. 14. 18,39Y ex Herodian. iT. naS. 2, 167, 11 Lentz >AvrCpazas El). 6¿pv y¿cp X4-aai. ncipa 70 cxSc6cipOaí Sopos xcii. óapoi.. xoaá nXcovaop=n-> ~6opoi.. > £avri. 70%> xaxc=óopoi.. otra>; Hpa6’.caiis Cn£9i nci&ryr’.xcnx.O. X¿yax.rrai. 5= xec~ x~pvxa’. O-dXec~aí. &oxa& oLa» ay SC6CtppC»0i.. (3 354 h> ó¿ IJOL &XpLTa xcXia» 5ippcicpéecci. óopoo’.i.> 1 P 380 ¿» ó¿ 4 ~Xcpi.rciXECEI) ~3ppacp¿£cci. óopaci. — a. ‘ ~ codd. : xctct» V / E1IT¡Xci7O» V0: cv’.Xa-ra» cetteri. 168 (110 U) ~cra 6’ EyVELKC Kp¿t’o» Y después decidían con facilidad. 229 \ S SCHOL Ho.. 0 23-30 (V 520, 6 Erbse) Kci’. 1’O “L>ELKCOOE»” CD 29) &xiapai.> ~n”. 6i.xeccrro~ £flL 7W» 6L.xata¡.¿éuca» 7CeTIOíL> CT et V: ~ ‘t¿ add. Wyss e b) “aSpLs CL>CCKCOW £4’ ‘ c’.t.>cxa no’.vxj;” CL 498) “xpt»úa.> i>c’.Kca noXXá 6LKatOFIC1AaL>” Cp 440). at dc V£¿’Ycpoi, crí ‘tau ta I)Ei.KC’; StaXvcí». o>; teurrtwcixos [13 Awr~ ro~ ¿óí=xp’.-roi> Cc~Si.c~xpi.ra E C E’ E4). Duo fr. posuit Wyss, sed vid. Erbse ad schal. Horn. / ~ >4’ 14C7ci ECKE; 1<~C~0» T: corr. Wyss. ¡ C~JL>Ei.KEara <5 CO«I) Cd’ ~cax.> E’) X.~yia b; unde L~ii>LLxcaoc .5’ ~ocix.> X¿y’.a Uyss 169 (111 U) -A XnxIaal.> 6 cpnatcoOci¡. aXecmrt’ú»> Evitando preocuparsedel sorteo. ET. GEN. 5. V. £PCXWO5 xaL CPETFIOs (Et. 71. 371, 19>- ‘ ‘ • — • .- ‘ . -A napa ro cpc-uyw cpcvypos- os XcycTecí Kat. cpEypas. ócnccZ dc e- ~. a — ‘. rec’irra napa TaL; A~oXc~cti> cxcpepcc&ai. 6i.ec ¶0%> Z ÓLa>zwaL> yap X¿yaci. 6’.& tc 2 z. ~ Xnxpc%, ~s >Ax.rrCpcixos El). fI 50 a+rc 6conponCrl; 4in=topaíl r 32 etc. ~xatcra xrip> • > 4’ e- > a aXECLVCA»> ¡ Hes. fr. 204, 121 14—U a3XXa ‘YE 1<~1I~ «XEE’.L>C)VTC -A A’ 09L’ttpai.ai. ‘rcxcaoi. 230 170 (112 U) cipop~p~JI)LLI) ~GéX — El) a Ax.’-ri.paxos, £ cixciz4’cú codd. ) o “aKarJ»LWC>)” (fr. Anecd. Ox. 1, 56, 26 Crarner (Herodiar>. 1, ‘. ~ 7ci EL~ —i>ts) ‘Ya> %> TIC*pCtXLyOp£I)Ct plipara Kcii. LK7 £ LL>L u> ta Ii- £%>&IJV<13 ItXaTIJL>W ppaóvw > . e- > avr mi ‘ra-u aWap. axcizuvo> COramer: , 4’ >4’ • -A auras Cfr. 182a) : cx.’&w ancipcppara» 162b). 1’ 289 rÑ’£i.ta o-ox ~ft~Xwci.x.> 171 (113 U) xZcs pá.> ‘to’. XCLCYOL Los leones ciertamente a los leones. CHOEROS. ir> Theodos. Gr. Y’> 1, 191, e- ‘3 ~ 2, 697, 26 Lentz) rauta ay>.> ra EL5 —Ls Xir¿vrw» liovoctXXecPec ox.rrci paxpo>.’ EXOXJOL 12 H ‘Yo»> ‘ra mi 1 lg. LL5 Kan. (Herod tan. —s 91X7EL npao8cac u 231 ‘ro-u ...aq KXCVOVTai. ato» 1- El] trapá AL>rmiFI=xie Ccodd. 14 0 V P), ~nt ‘to~~ X~ot’ro~ .... ‘. CA •~ -A >4’ e- C ycip xci. Li>pTyrai. ‘ro XCs oi>ucataXpc»oi> EZO» 7<> 1 flOtTiT’.KW. ac~ ‘rc’ Cfr. 52 de Cuer>ca) ¿XX’ ¿S» KOCL a-. > 4’ c > cx-rc-rcipc»ai> E~LL «u’Ya. ws ~ ‘Ya~’ ~XLc5 WCV’rami Xccci.” Sehol. 4’ £ e- e’ ~ A 480 XW) ~6cmi p?v ~cpt.ona>w~»o>s. a>5 pu5 iax» a ycip nXw6vv’Yix¿~ napá KcrXXn.~sáxq> cii. FI¿l.> ~>a XLÉOOn.v” Cfr. 807 £ A’ . • 4’ £ PI.), ú~s p-ucoci.w Api..rcipx9 6= £ixcmia0Ti TI nap&Saomis ¿b~vox.nt Baden fere sublato auctoris nomine affert Et. Gen. (Miller Mélanges Gr. 207), Oallimacho (fr. 807 Pf.) vir>dícar>t Et. M. 567, 10 et Schol. Han. A 460), Antinacho Meir>. Ar>ecd. Mex- 63. Euphor. Ir. 52, is. de Otaenca (vid. supra) XCE; WC» ¶0’. XCEC7ci. e Choerob. Wyss : XCc; ~C1~’ ‘TE A’ — . C — £ XLEOOL Et. Gen. XmiE5 pci> ~‘aXCLOOL Meir>. : cii. WC» ~ci X’.LOOL Sobo].. Hon. : XCc; V~» rc xCccc’. 0. Schneid. : XCcs WC» noCpcco¡. Ed. Fraenk. : xCc; PC>) XCcccí <9Cxoi.> cl. ttheocr.) 9, SIs 232 172 (114 W) o-Gcs? Cfi LÓOOCI) TTPOI)OTiOciL Ni preocuparse de lejas SCHOL Horn. A 754 (III 273, 56 Erbse) at 6~ 9acmiv nXí~pous cn’.cS¿as xaZ &noóíó¿acmi» noXaS kaL ¡~cixpaxr xciZ A~orSXas noXX=xís rip.> X¿t mi» oirws ~zoxbociv -ImiOTion.», 01a1-> “crrCómiov pijxas ¿ó0~Z? Cfr. 733 >1.) xa~ t&x.rrCpaxos ‘tolyr¿c-rn. paxpoecv. Lx yecp X cyr~ El) 173 (115 U) ai-nxijflúnci L Derribar. 1 SUDA 5. y. «inn>tr- UL>atUflWdC( i. - > e- ai>t i. ‘ro-u atflTpLl*flt. avec-r~jn~ami Sud.: corr. Lobeck 233 174 (116 W) A Pebe hija de la tierra. HESYCH. 5. Y. rai~t6ci ‘Ti» Ioi(hp.>. Ax.rrtpcizas. Ti 324 Tt-r’ao», ra4co>.> ú¿v. >-aCr§6ci cod., ea. Musurus .‘ <*oCpr¡»> Wyss 175 (117 U) (La Aurora) de resplandeciente manta. HESYCH. 5. y. £a12Ti90p05- fl TjWS. napa A»’rmipazq EcnYfl9¿po; HiZs cogitavit dubitans Uyss 234 17~ (118 U) KVVE5 Perros pintos HERODIAN. IIE~. ~4O1.>.XLI. 2, 938, 13 Lentz. noXs. ra £1.; —Xu~ XTjyOVTa xcrflapai.> £~0VTci 70 u OVI)COtaXpEI)<>I) pcipi»caecií 8éXcí, &jXx>s. cp.=X.us El) napa r4’ ‘ •A’ ~ -A £flTiXVS, fl5 XX»eXu 00C 70 flPOOWYOPiKO» ELTE 70 xupmiai>, Z7jXias £ — — a-’ o norapas. cyzcXvs. 14aXl.>;. cTTlI.JELWÓES apa to naXlJ; OtxJ>)oWLI)OL>. 177 (119 U) > ‘ 4’ 4’ ciEn. qXtpLOS tXcitTClJOVOmiV CXCú>)t Siempre deseosos del arado. HERODIAN. fl~P. 140>.>. XC~. 2, 249, 9 Lentz napcxqwXcxxéo» 07i. 70 9ecpas 7vz0L> ctarcXXap au ro~ a Cita Lehrs:—pLoI) 70 4’ a codd.) &va6&crami IT=XLI) ~» r5i.a9¿pCciL O’JÓC’YCpOL>, OflO’YC CTWA«V’Yi.KOt> ‘TOXJ ‘.4~7’.0i> TI ~«‘. e- > 4’ C 1 1 ‘rau ciparpo-u. o>; xcii. nap >AXxp%í CPMG 173)- XXC* xcii. ncip ‘Ax.rrmi¡.íázQ El) o-ura>; E>) raz’; aLrri.ypa9oLs ELpTyrciL Ccodd. EVpqtami Stoll: xc~rami fltibner) 235 -A >A’ -A C -A xa-rc%za~~ti> czo>v codd. : ~arCo-ucmi» cxox.rrcs Lehrs, iam allí emendaverant: zcrréovoav >Ez7?i>oi> Lobeck: tGWTÉOXJCLI) CXETXWI) Schneid. cl. Hes. Op. 467: xcrrcocecv ~XWI) Bergk 178 (120 U) lm <>LKE7TIU OCOxE Kap~ap vecino puso la cumbre U GEN A. B. Anecd. Gr. 3, 1386 Hilg. et Excerpta e Aneed. Par. (4, 56 napaXcip(3aI)L 1.» 7TIL-> A1.rr’.íjaxa.u, Oto>) £1 (Miller Mélanges Gr. Bekker (cf. Choerob. x Herodiano, 15, 20 H et 65) 1<=~flciS 14EV CxJtSEi.cn.>, E~~Tp.> , ¿xx’ o-5xt x=p~as. Gr. 1, 177) Et. Par. it> Theodos. 349 ilgA. Et. Gr. Par. • r-A yap oxte amio» ‘rc napaXcip(3cx»c mi» napa r 4’ c > -A TI OiKETfl» OCC>CE xap’.cip Et. Gen. A: ~ Omix. fleo. K=pT~ Et. Gen. E: CTI omisso) oi.xrrTiI) fico. Kapflap Et. Par. Bek. (x=pTiap Et. Par. Cramer 65, 19): -fj otxtrli; Oéc>cc 1<~PTi Et. Par. Cramer 53, 33: atx.~ 6’ ~‘->8ccxc x=pwap Herm. 236 179 (121 W) ‘ — ‘5- 9li ycpo» aLeo>.’ corno una rama vieja. SCHOL Horn. S 499-500 (III 675, 677 Erbse) ¿ 6= cpr~ x¿óci.av «i.>a<5~&w> ... O flO’.Tj’tfl5 OlScno’rL oióc rS p?~ e-‘tal.) t;, o~ 6=wc-y’ a&r=I)L~OTrLP ‘ÁvrCpcwxoq xa~ o~ 1ILpL KaXXCpcixox... Col. Cali. Ir. 737 PI.) Id ad S 500 a~6énorc 6? C-AQI•JTIpas ‘Ya “9< CE 499) áx.-4 ‘Yo ~ ‘Y~-raxw. tacos 6= xciL Ax.’rCpcixas EL’TLIJ,SLI) cnXav-vi8Ti E 1) Lulú»). — 45- ~ ‘ ‘3- — £ 9Ti rEpO» omioo» Schneid.: 9Ti ycpo» o’.omi» codd..: 9Tj pci y¿pú»> oTo’.» Butm.: ~ij ycpá>acomi» Bekk.: 9~ 6? ~¿pa>v Jo’.» Bergk. 180 (122 W) a) áxa~vw a) causo dolor b) &xaxvv4scv U causar dolor EPIMER. HOM. Aneod. Ox. 1, 55, 30 Crarner (vid. ad Ir. 172) 237 181 (123 U) >4’ apyc i.r L vamos! EPIMER. HOM. Anecd. Ox 504, 15 Lentz) dat 6= (3apiai>opLL>ci, ¶0 ci7~A’f5CL Kci’. 7 ‘ >— yap OmiKEn. xa~ra 14CTartXaapoL> TTXTIOLc*tEL 14W, QV¡JTTE1flWKE e- >., Awpmixo>s ci~Lmi Xcycrai. xcii. .. a-’ ‘yo nXrj&uv-rtxai> a)A’pEn.7E ¿pece 6¿S14ci xopr¡ocrrc~ (‘u 144). vncppn.pc*aecs 70 p. KaL ‘tecla-ra • 1, 71, 23 Orarner (Herodian. 1, • 4 > — Ci.S —El. XTIYOL’TCY EflmippT~pci7cx xcii. ‘ •— . >.- .4 O OLKCi., Clix OLrTci ~L’TjCi.ci 70 FIEL> e- >4’ e- ‘yo,., an.xaóc- ‘r¿ 6= «TPLL 7(1> ecyL i~tpaa-rcixri.xai.s p-rlpciai. -va 6= ~ypcí a-’ C ‘. > 4 COl LV Wt flpOO’Tax’rLKOi> EflmiPPTI14ci xecmi ~ C ts xcii. c> flc>i.TI7TI5 “cxypcmi&’ £cii PL» ¿ 6? ~? Av-rCWazos (13 C~Ti 14£>) -va (3ecpvL>oFIEI)ec ecypci.’tc: ~peZe’ codd. (vid. comment. 182 (124 W) SOMOL Nicand. Ther. 3 (36, 4 Crugnala) ~=c’ri.6= xcit wCxax.’ópas trlXw-r+~s >Avr’.p=za¶., 6’.¿nep noXXa’E5 CnaXXo7?s 4’ auj7oy Xé~cai. Con. U. ) x£xpli’Ta’., 6í¿ xcit ~» L4omiq ócnp — ¡ C e- > e- e- (6t¿ . . - <5ú>pi.~ci. orn. O ) a>; xcii. ini.> EL> ‘Tú> “flciLO»” £07 mi», O £07 mi £ o U. ) mitci. -A Tap 238 183 (125 U) -A o-var ec’r a>.-’ Sólidamente construida HESYCH. s.v. ox>a’rarox.’- Ccx.o’rrlt.’av Musurus oblitus >.4 .4 parilium c*orrjL>os et <5i5an»os a arji->ai.) EO’YLI)OXLA3PTIPEL>OI). -A (<“ove-y teftC’> Uyss) ‘YpI¿~íVOS Ccadd..: ‘rp6xíi>as Salmasiol •N £ .t • x’-’tú>i>~ TI p%>flapO. AVTCF¡cixas 184 (126 U) 7 epev’r Más delicada EPIMER. HON. Anecd. Dx. 1, 413, 11 Cramer 254, 16 Lentz) Am¿ 6=‘r&.-’ cts —Ti>.> aia yL>)L’To¿mi ei.>Oci> ar¡pc n.auvrami ‘Yo “x.’ecpx ¿coati 7cpCI)o>-r Epa»” PMO 943) xci’. Xcya.uamii>, olí ano ‘rTi5 rcpc»as (ms. Oramer) ano ron.> cmi; —lii> ¿XX’ £ .3- —a;- o 6 AL’-r¿íJcixas cilIO tau o c’rcpcx.’oq LLflC (Herod. 2, 0U~A’Kp’.7 ‘.1<0W Clyr. adesp., L»i.KflU> (ms. ‘rEpLVO37 Lp<>;~ • S e- cina tú».’ ci; Kara OlJ2A’KOIYfl» 239 tEpEt>wrcpa;.1~E~CVTE~0V av-ti. ~<>~?CStoll: ano ron-rau codd. ‘rcpéx.rrcpa» codd. : rcparrpov Oramer 185 (127 U) DIoDoR. 3, 65, 7 rZv 6= > A’ • A’ Áx..rrmiwazas, ciflocp«LVaVtcii. 70» ‘Apcvp C~5 4’ -A ~C~OI)EL>CtL (3a0n.X£ci, (3cxxcimis r%.> ~nCeccí~ ~v n ata i.fla&a L. ‘2~ > 110 LTjr&3i> ¶ tL>CS, (05 car í Nuxatpyov o’m~ 8páx~js, XX ‘ 4—’ 4’ K«n. Tú> 7£ Ai.avnoú> xci’. xarec ‘rr~i> ApccpCca’ 188 (128 U) SOHOL Hoz. 4’ 146 (V 393, 43 Erbse) ooC rc KOIJflI) A’ . • -A A’ e- e- .. . KLpCELL>- x«mi Av-rmiwcczos K-v-I¿pmicc 4’ .4 ‘tE&~JxEVami ‘Ti> 1) *** (post ~OWTI>) lacii.nae signa posuit Maas Ecl. Wilarn. IV 86; Uer>tzel, R. E. 1 2 (1694), 2433, 66 s. y. Antimachos n 0 23 et 24)) xci 1. ‘rus -ra ‘.5 NVO-r’ 240 187 (84 U) £.4 > — £ ‘ pmipq’ec 6’ ciii TiflELpomio FICXciCi>TIs ‘~M><>0 CtLp&EC5 fITIXELÓTiS ecVopO’u0C1.> TI1XTE xcpxos —, •-4 — .4 ‘ s — 70V 0 cpnpaofic iiaów» KPTII)TI yEL>CT ciEi>ciO~JO«. Y elevándose rápidamente de la negra tierra, el Pelida se rernontó ligero como un halcón y tras sí surgió de sus pies una fuente inagotable. SOHoL. Lycophr. 246 ( 110, 19 Scheer) “ds eIV> LpELO«; 4’ ‘ £ • Xomiofimiecv” - CXL.u’Tato$ ycip ‘rRs L>Eú>5 a Azíxxcts ~~P-~i6miá c¿v 4 £“ > zpwcwoI), OSE» ¿ flpWTEOCXO¿OS tipCú7o~ rfl L>EW5 firlóflo-cis ecnEOat->c- e- N ‘ ‘4’ e- cprp-’ai.o» - ra5 -rau AXiXX¿ú>s cx ¿a.’có¿Oy¡, ~=s¿prjo’. xaL >Ax.rrCpazos. [1—3)L>C cflopoinc 11001 Kpan.1tL>a’.Omi ncnoi.8o>~./ -4t’rc ¿pxos >4’ , -A opLocpi.i> [ Non. D. 19, 72 ax.’opouoc>.> >Epczoc’ós¡ a Hes. Op. 595 KPTII)li’ 6’ áci.>=av ¡ Non. D. 23, 282 ~c~oi.>&s»áú>i.> Ox-ph. Ir. 32 b III Kern ~pavecs an.cinco í &n’ coda.: En> Sche. 1 2 a»opoxac» Schol. 1 alT— Tzetz. ~n— Herz. 1 ~Xci¿pp¿SsBergk: cXc*appos codd 241 SUWWO~ D~4~DIE~OC~ 188 (129 W) TATIAN. ad Graecos 31, 31, 16 Schuar-tz (Euseb. Praep. Ev. 10, 11, 3 y. 491 d) ncp~ ~áp £Qp.ripa.u naíflccú>5 ~A’ci>aus ‘Te e- C’ > .4 «1)701) xcii. XPOI)O1) xCtt9 O>) TIKWciCCI) TTPCflPLVL>COciI) flpECT[lXflCtrC>L 14EV SCcxJ’CI)T1< TE o PrflA”.Va; (8 A 1 D.-IC) xara Kap(?i5a~» ycyows xami STTIOCFIPPOTOS ¿ O=cmios CFGrHCsL 107 P 21) xci’. , -A AvrLpazos (Tatian.: KciXX¿wazos Euseb.) ¿ KoXcnp¿»mios -rc ¿ ‘AXi.xap>)aoccts (2, 53, 116 s.J xecL Ai.ov-uamio; ¿ ¾DXt»fiíos, ~e-rci a-u; E¿papo; CFGrHist 70 F 98) 189 (130 W) PLUTARCH.] Vita Hoz. 2, 2, (Ir. 264 Sn.—>!.) II?» EpT~ • .‘ Ax.rri.pcizos ¿5= KciL N Ui 1am. Xmioi> -r xavópas a) [ Ii C»4 KoXocpcúui.os. e) Vita Hoz. Romana 30, 30 Wilam. KaXo¿pú»>i.a;. OW~pa» ‘Ta’.vuI) e xci’. Swupvoi.av Cfr. 14 Schr>fl 6 Milaz. . -. ‘.xat’ópoi.> (Ir. Katcx 6’ 14 Schn.) - - xccrci 6 Ax.rrCwc*xos 242 190 (131 U) SOHOL. Hoz. A 298 A’ CA’ “waxpc~ai~c~mi” a>xrw~ ómia av TI Mecaaax micor i.x-r~ xcii. -~ ApyaX mixfl xaí 2xcii. <~> ‘Apíoto¿póvoxs. Id. ad o - A’ rpaceci.. a 6? £HX Cfr. 1) cts r= “pa~po>V’ CM 247) “WazlYtls cai. ‘r&3I) Sijc> CC, ú>~ ‘yo £ ‘. ~ 184>- o Kcii. cipLi.L’C)». (Y 91, 67ss. Erbse) c e- — ‘ £ oi5 ómiá ‘tau LO KCXL A Siv’o>nmixA xat ‘ TI Av-r tpc~<>v O 14£>) Api.c-rapxos tSi.a ‘yo.u % ~. > A’ •~ e- — Ta 14£» o»opata ómicx 7013 li~ Ce.g. E 801), rá 6= ~para “ZoXtpoi.ci. 14ci~cOOci’rO” CZ 191 (132 U) SOHOL. Hoz. A 423—24 (1 119, 88 Erbse) - Xétcmis >Ap’.c-r=pzav CK 7013 .4 npúrto-u rjs IXi.=6o~ -uflaFIL>Ti14ci’rOs- ) “pa ap~~io»a~” cii > A’ £.4 • ~. > A’ awx>po~~>ecs, a ce-ti. TiPOS a14w140135, CtyCt&aU5, 7= 6? xci-tá óaZra > ~ e- • ‘A’ av-ti. rau cnt 6aZrci oxrrúss ~-ap 1ro» Owripos ‘refiemixe». ex.’miami 6? fl<>’.O1JOi. “pc’ra óa?’tci”, ~j~~ú>irrami 6? xat nXcCox.’c5 ~XXami rwv’ natrltc¡n.> ry~ xara av-ti. ‘riw • . £.~ e- cfi. - - - au-rú>; clipopct.> -ri~ MaccaXi.w-rmiw-r1 xcii. Si.x.’o>nmix~ ‘ > 4’ 4’ xcii ¡CvnpCq xcii. Alrri.pcizci. ourú>; • -A oi.x.>azacn. ~ApCcrrcipzas, 1aKw9 K¿YL CI) -rfl ApyaXn.x~ Ka’. 243 e- N MaccaXn.a>iíx~ xcii Ax.rrn.paxCcs) Ccorr. ‘ • codd. ) xcii. L’ ‘rjj Zw»aó&rav xcii. Api.crra9=vaias. 193 (134 U) SCHOL Ho.. E 461 b (II 70, 8 Erbse) • e- .4 ci.> -rfl ZLVO1TLKTJ caí JCi.rnpmrq ICciL Avrípaxo.u e- — £ Maass) att’ ‘rc.¿ i., AoxcxXw»Ctqs, KamiL>Ti, y1 ovinCecrcimi ¿ “Tpwcis “Tpqns” C’I’ 291) “Tp¿Socs” ApCo’rcipxas. Ap’.O’ro¿pat’~s A) Id. ad 14 60 b ~-rt > . e- .4 CXVTL ‘yOla xantú>t’. CI) 6= ‘tR xC~ Ccodd. : xcx¿no>v Honro Ho.. Gr. 30). 409-10, 64ss. Cfluentzer et CA: ~ &‘.nkq. o’r xcii. Ax..rr Lpaxou Erbse) Nauck: mi Vil]..> KcKaflú>1.> 195 (136 U) 1 2 SCHOL Hoz. 1 397 a e-t a CV 221, 11 Erbse) ½rcivcn~i.a»”- ou-rws >ApCe-rcipxos ... ‘y= ota»cZ ncii%pa-roi.> xat 4’ 2 4’ Xcipnpov xcii. cnmicpecuc~. Id. ad a ‘AvrCwaxos e- a-’ ¡.navaoq~miov xci’. ti. note Si. «1.370%) ficXct 6TiXOyOrOCci. cipCtL>0U. EUSTATH. 1243, 40 >Ax.rrCpaxas 6? “i.fla>)oocpi.o»” 1’P~9~’-- A- VIII.: AVrn.paxícc 244 •. A’ ‘. A’ e- £ A’ £ ¿peco’. dc a>; xcii ‘ti. t3¿Xci. dTIXa~a8aL, dijXai.> C¿ióTiXo» a., .4 £ ti.). miows óc SÚ<>Z 70 LIC ‘tau A’.oprlóovs %>fl’ CJflJ’tTjS TITOL zo>pi.a8cI) xcii. ecpnaofict’. naXan.o t Von der 1>009 i.cficP 196 (137 U) i SOHOL. Hoz. 1 607 a (V 260, 40 epnMyro”- ircipá Atrri.p=xw xci’. £PLaíC (fr. ~pnXyp~rra &X~vrrú>x.’” CA: sed. Bekker). Erbse) 10 II) “n¿X i.; “n-~Xa i. <5 > ‘5’ 197 (138 U) SCHOL Hom. ‘P 604 b1—b2 (V 458, 46 aL rrcpt Avr tpaxax.’ ‘L’OTipci” ypacpavo’.. A’ C i>CO~tfl;. ~‘. -rCpcixoi.> rPa¿pa~oi. A Erbse) b íd. ad L>owwa - 198 (139 U) 1 2 SCHOL Hom. 4’ 870s a —a (V 502, l4ss. Erbse) 1 — ‘ 1334, 11) a o-ncpzawcvas 6’ ~pci cc 7O~OW ~ - EL>- ctsaráp 0Ti oitcpxopc~as 6’ MTIPt¿v’TisKCX’TCX Avrípazoi.> 0%)Tú>5 “ apa A’.. 2zcpoi.» . íd. ad a ... ot-rw5 >ApCo-rcipxos. Eustath. zc i.9057 6= ‘rp ~c Lx aa £ Ti 6? >.-‘ca 245 Mcxooaxi.csni.x+¡ ‘ A’ ‘ ‘ > ‘ “oncpza~wos 6’ ~pa Mnpn.ovris CflceTiKciT Ot0’taL>7 ‘r&e- ~‘-‘ ráe zcpcdi.> ~xc~ iuxcti., ú>s L6—ut>Ci>”. >AvrCpazos 5= ‘0¶TCPXOFICL>Os 6> &pec MTIPí¿x.¶s &~cCpxnc TciSxpauz r¿~ov- xepo’. •.. ~ >.4 £ 6’ a i.c’roi.> cxci> ncxXec mi, 199 (140 U) SOHOL Hom. 0 71 CV 532, 55 Erbse) “¿XX’ {rai. KXCMCWL ,- >4’ > A’ >4’ ‘ <4’ WC» cacapct-’ —0136£ n~ cc-ti. Xc=cOpp >Az’.XX7ias— Spciou» E>crapa” -. . e- — ‘1’ - - - -ro PTIÓC X4copcx.’- b 4’ C ‘. > — > 4’ A’ OflE~ ciri>anoci»tcs ami ncpi. Avrrn.paxoI) Enai.woav- xXe~~ai. pcI) “«PWXaL>O»” - 200 (141 U) SCHOL. “‘1 pppo» xa~ --- <>t 6? “FI ‘.xOaXococav” - Ho.. 0 753 a-b (V 837, 84 Erbse) d5 Sapo>.> c -u A7jI)I)OU> api.z&ciXocoaat’”- xará A’Ktrnpi.aus cts~C14~~~ awi.x7oI) - . - 01. ó? ¿pi.xx¿6w AlrrCFIecza; aoi (142 U) SOHOL. Hoz. ci 85 (245, 28 Dind.) “x.xr1cov es ev ‘tp Katci AvrCpeczov “>OyXCyjv” ypa¿percii.. 6i.a¿pepa-uoi. 6= CL .4 ‘- .. ‘ • % 43. ‘. £ 4’ Taficí- ‘tfl>) ¡‘CI) yap 0i-~~>1A’LdX» Ev-ras C’.»ci’.. irpas coircpav, ‘W>) 6? >o~~~xC~x.> ICa-rá KpftrflI) £HCÓ. (Ir. 204, 80 ti—U) qnjoi. 246 kci.ofiaL. Pergunt codices PH tro>) (desunt quattuor fere lítterae Ir> H) V9j00I) dc 4’ ‘£ SC cmi xoruXots xcAoamii.-’t Ccodd.t taj-> a-br>Xoi>. Sc al Kci.u5a-~i;I)flOO>) *5= ‘taijnyj» KaX<>)JOL>) Wilam. 1905, lS7ss.; cf. Berí. Kl. T. V 1,32: M70» ¿5 Wochenschr 25, 1905, 884ss. 7at~trII) • .4 ¡’ LO>.> Fbi 101. 202 (190 U) SCHOL Apoil. Eh. 1, 431a (39, 18 hIende]) “flcpi.ppTióis — > 4’ — C’ A’ • kcpY Ef’. flpOOWflO» peO’ op14rls xorrcv’czOcís, cn’.ppaycn.s a-’ •‘ > > ~ e- ci.’; 7olJFInpoOfiLL>. y 1 (cncx.’cxfict;] (del. Uer>del) avn’. ‘tau 4. £ ‘ trcpi.q~cpopcvas, fO’.TTI Cz 84s.)~ “TICPi.ppTI&A 5? —‘ ‘ ‘ ‘ ‘ .4 £4’Tpcinc~TI xaiTnccct’”. Avrn.paxos Sc re xci’ra xx>xX<>v ncoci.is oxrw x4’emi. LCI) 5? &vr~ ‘rc 2 ~flcL>c%&¿q d~ r= a-’CpnpoOfieI). 203 (143 U) > -A HESVCH. cn’.r~pa CVatic. Gr. 4’ - pcy=Xr~»,cni.xavpi.aq zapí» 1. pcx~O5. > ‘ 23 : enmiplipas vulg. >. • e- A’ rl c~ 7fl’; ncpi.ouoi.a; 204 (144 U) SOHOL Hom. r 143, 44 b’ (1 384, 57 Erbse) <¿4Jci ‘tu r~ (Helenae) xcit ¿p¿pCnoxoí <~ 4.4cnotrro> AtOPTi fli.tOy 1o a>’; 247 4’ e- L~ •:-.l tflrflfl- > -A > — KX-upci..’rj TE (3oo>ni.s>- ~ coIi.I), Carca»- LI. 6= OX¾ ‘ ~ ~ £~e- A’ ‘Ax.rr¿pec~a’; 6=e-u i.>CtCC)>) c» ‘raparrp..> IflnaXK

013 CUilaz.: —=Xxo.u codd.) &uycrr¿pci ‘3’ 4’ Li.L>eci. 9TIO mi». 205 (145 U) PORPHVR. ir> 11 U 197, 57, 21 Schr. cx e- A’ ‘ra-u nrlral.> ro pcXci»- “x~pa’ri. nTnA’c< Ce 388) c~ cxLrti.KLi.FICL>013 e- 4’ e- £fi ci~u7O13~ 0’; 7 Omia») pcra fiú>13 xcrai. ecp~’cl)i>aú»)” CF 196) e» Xcuxot; ’; i.flflO%>5 c ‘r<>5 ~~TITauSá&Xoq,¿paus x4-ci. Cd. 1 123s.), flci~ CdC») 01. ‘. £ e- 4 4’ ‘ > ‘ C . > . ‘S~ fE~i. t.nni.xljs ypcii~nv’-tcs ¿peco’. iipas apcr~» mirra»> apíc-rai~; c’.vcimi ‘tots pLa»as. xar r= xpci ó? ¿x.rri.¿pp=~o>x.> ¿4 ph> “xiSpci’ri. ~Ti1A’ ‘rS £ kvpci KcwX13~~Jci>” OP 693). xcii. ‘A»’rCpazos 6=‘t= xci.,x=» cts árri.xcCpc»a>..> r ~¿a’ p+¡ ~ ro >A’AFITI-rpv’.a >HcpCpoi.a ¿mtirrci.xc <¿ £Ep,gj £4’ CKKnLWI ‘Y<»> n~I) rau >HepCpai.ai¿ p~rpxi.ai> Ghau xcii. , .4 E¿p i.ciX-r au napaS C6a>o miv. 246 207 (147 U) £4’ 4’ 4’ SCHOL Hoz. P 133-36 (IV 355, 18 Erbse) «os -vn.’; re Xca>i.> r £ A’ .4 >4 e- 4’ - -. TTTL ciyox.’-r mi.. - > napa ZliL>0607( xciL ci.> ‘tfl X’.a <>13K £ .~— — a., •. >.4 £ — £ a.’ fldciL> a -rpci.s o’TLzan., i.ca>’;, ¿paoi.i.> LVL<>L> 071. OL Xcavrc’; au oK13iit’aya>yauci.t’. ciXXci OrlX~i.cii. ;M=L>cii.. Kara Sc ro • > A’ ~ >4’ cipoet’n.xot’, Kec’. EtIL ‘ru; 8TiXLCciS ‘TCTciK’raL ¿ Xtú>t’, Kcii. LOT mit’ • .4 £ •‘ > — .4 Lf i.Kai.I)o» - - . a 5c Aixrá.pa~a; £K Ta13to13 flXcivflScLs ~ xcii. ~ >4’ ra» apccvci 0K13pL>ciyo>yCi.L>. 208 (148 U) SOHOL. Hoz. X 335-36 (1) 330, 86 Erbse) oc PC>.> wut’c’; <~6’ otco»aCz b.xfjoavo’ ¿Z02 5> ot ¶xepu >Ax.rrCpaxos Ccodd.: >ApCcrrcipxo’; Lehrs) att -ro Y»o>P’-FI”’t~P<>t’ “k>iaa.uoi. KaKcns”. 2 •- - Xdad 33B a ’;- ~flóS~> cYLKW5 Ccodd. : ai.xco>’; Mass) Ax.rr mi pazos “xax&>’;”. STUDIORUM HOMERICORUN MANTISSA Fortasse in Homeri editione pasuit Antimachus: B 2 S13wo’; Cfr. 125) B 144; 2 499 9ij (Ir. 179) r — r B 850 Atíaih o,-’ xc*XX’.o’yot’ ‘uSú>p cfli.KL<5Vec-rai. Ai.ci (Ir. 96) A 754 Smiec oni.S~o’; ficSCaLa (Ir. 172) 249 0 119 Acn.po» xecL tc=(3at>. (Ir. 71) Y 483 c¿pov&iXtci (Ir. 166) 4’ 270; 616 ~ (Ir. 4’ 845 KccXcnJpOIjJ (Ir. 158) X 579 Cfr. 92) ~ 69 (fort. 1 460; Y 570) cp 390 o~coi>; t 346 o~=c Homero equi Martis, 32, 16—17) np¿zi>u (fr. 17 et cozz.) (Ir. 104) A aoo (150 U) HIPPocR. Vita Bruxelí. (práz. ed. Schbne, Rh. Mus. 58, 1903, 56) Vid. ad Epicorum C-raecorwn Testimonta eL Fraewzenta (Ept~. fr.9 et NosL. Ir. 17 Bernabé) Poda!trtus eL flacoan, q-uorwrt I-tacaon, ut pi un mi Lradunt, Trotae excidio vtLani /tntvtt nuzia suboje dereticta, Pocia!trivs uero £trnae consistens Rodi defectt, tít ,4rtttmnchus mnemorat in tThent Lot, fi itas nactus duos, Rodonein eL Zppoiochon, ex lftartassa. Ucaiesontis filia. Sirnae Schbne cl. Theopom.115 (FGnHIsL 103 Steph. Byz. sv. Stp»a: Stme codd./ trt Thentto graecis ¿i.> fi’ tni.y¿Ct’a>t’) corruptum esse ir> Epig. Knaack et ir> Nost. Huxley 1 ft¡ios nac tos fitistactus cod&./ 1/ iartassa Ucategontis Schár>e sauca f!eeon¿ts coad. F 14) e-t ex verbis con iecit Sch&ne: 1/larva 250 210 (151 U) 2 3 £7 r ci.>n. »ai.cr 5 Y ella también a Estínfalo... en la que madre una vez que llegó antes ciertamente solía .E.).aE.. JaX.E. 3.E TI re xci’. ~s T«Xc*~So SE %pcerlxai..> ánanpaXE i.naca ]=cxaxc- flcipaLfic 6=¿tE )owt’ &Xccp ó=poEX&Soa )ryrs. xa’raópci&ai. ctq ‘t -n=[pas fiE~ ]ai.oi. ncXeoxcta epyau ai.4 la sol a ir casa? de Tálao tras abandonar fa vivir; y antes. - - oscuro la la habitación - . . durmiera como de] trabajo P.Oxv. 6, 859 saec Arch. Pap. forschg. A!exarvd. 249. .1 5, II edid. 1913, GrenIell—Hunt; cf 535 et PowelI, • Kárte Co¿ Lect. £4’ 2 wre Rárte: ~rc pap./ TciXec&, vel -oi.o pap.: TaXci~S Bergk e Choerob. (Bekk. An. Gr. 1223)! 5 fiCe 251 aix (152 U) >4’ 4- A6pcie-rat’ 5? ¡101>0» Lfifi<> ApCcat’ Sólo Adras-to pudo salvarse gracias al caballo Anón. BARTH. Anírnadv. ir> Stat. Th. 2, 197 (1664. YY 370) Apoiiodorus Ltb. 121 (77 Uag.) El). in cutus auctorts manuscrípto exerap!ari Pa!aL¿no in margine scrlptum offendtm.us: Áx.rri.wecxou Chanc notan non cornmemorat Uag.). Ut versus l!!e fuerit Ant irnacht, Jadie sic numeris— £A’ restttuertdus: “ASpocc’rot’ pot’oi> innas eccocE>-> ApCcox.’. in voce 6i.coo>cc~ tít ¿atuerit equl divino (st digna res telaLtí) feinine pr-ocreatt commendatrix vocabu La. 212 (153 U) Er. M. 817, 45 s.v. ia,ncpan¿6r~y ~nCevrois -rau £.4 >4’ ‘. •~ 4’ 4’ i.flflC%>. ei.p~-rami Smici -r~i.> ‘Taz-uT-9-va xcii. xol.>¿pO7~Ta- — >A’ e- e.>~nucmii-’ axpai.s fiaOi. ‘trlS Yli5 xecTci Sp¿pai.>. ‘Ap ¿a»a’; napa ro HESVON. 5.”. 14n’uKpono1>7ci - 213 col. 1 col. 2 3 JpE la noei. 252 3 Jg 3 1 y? )(... 3.. )ocivroE. 3 3 i.>cavc» (3ciaE LX-rra.> 3 3 le Ja A6p~o’r cxf 7w» cO~ 5 -rau 6’ ~i[cC~ea • oxn5 et pan.( 7<»> 6 EnLE £‘ •L05 Ci.f&>EL> 6¿cc mii.> ciE 10 ‘ApKcioCówE Ce- UL(s)>) cucE £ A’ Llifata rE zaX~=>)nf ‘y... - ciA 15 ru-rapor~E TI 7~K~’r cipt col. col - ..sia Arcas - 1 llegaba 2 Adrasto, mi nada de los hi ... de los reyes pero ... de los otros así diciendo ... dar jos - . - al caballero • . . (le) contestó el hijo de - al bronce RHAMB. 122 111—II a. Ch. Ed. E. Snell CA’ col.1 o —oax.’-raE’;3 val —ca-vta 7ío i.xavct’ /¡~ 3aí vel t’A e fa> VOt. qiiarn ~w; C% > fort. ApKaoCt’cE £ 4’ a-’ , c ir inflo-ra TEZ 14 ‘t vel n fon. ‘t-wjXoOci> .7 15 eixr ap o ‘3’ £ .4 > Tfl(l>) vel e.u > cxpo-r~tp .716 pE, ¡Ei-apl 214 A 1 h6pp<»>c5 ¿vE Ji> ¿rráp xX.uta xE J ¿CXXOfi¿c4set’ ¿pvjtt’) 3pcE. - . . Jaro nan.’; ciexavEca hE - ojij’; Xci.p~St’ci[’; J.t’oc~E Jaca ... -. npcopei.paE 10 )cx-i. KciL e- V13t’ Iv’; ncpk) P~a>w~~t’ exOlacaL xa)8’ ¿~pcxt’ JaL no 3-rL> mia >4’ A’ 15 3-pLaN filapas Olapea pci¡ txX~taOc 3. ETtt1)K’T<> oluc5c q~c’cv.f. 1.. El £ ~..xpa>L) -rE 254 £ £ ‘ )ai. flcpl. ¡>418 > a-’ A’7pc~c 6 aupea paxpa 1 “ 470 1ta’TVi.ci A ¡ ci. E: avE, ci’.E/ a acXXaflo<5cis potius quan &cXXc~fo6ci’; / tvaípi.t— Lloyd—Sones / e 6’ h< toE?’; ~poo’ ‘¿pxat’? Maas C>cap’Tcpk> op¡i.t’ (3cioi.XT\LSC< ‘T’.pflk’ 1 ~ fort. Xc’.pct’a)’; Ccf. Ji. Ji. Cer. 4’ — A’ 4’ 417) 1 a u’ocr’ vel »ocpz ~ cf. Oca»> npca(3ci.pa rc-r’uwra’. Ji. U. Ven. 32 710 JCTi. pap. : C’TL Lloyd—Jones ¡ ti zopoJts ncpK) f3(o>p)&i.> czoflOai. Lloyd—Sones ¡ 12 ~cx)8’, pcJC> Lpciv: legí Gnornon 255 nequit áXJecapáv /±¿ ire-tt>i.ec ficpw» ¡ J?YEOJY ed. pr. : ].pEoJv; fort. iioO~ tiaas/ 17 3. TI’ ‘.i~ FI. » £ —Ba-¿ami pci>... TTIVÓC?/4&d >4’ Aprcpi. 1 470s JcpEcJ Lobel! te fin. fort. £pE .7 15 suppl. C pr izo 215 P. 1 col. 1 2 3 3. 3- 313T<>13- J.E 3.at’ 3 ca at ]xci.E 3 3 2. cal. 2 ‘ > 4--. 1- ó-?~ áa>po[ >.4 £ >4’ .4 cii ci. ci’. óxn-’api.t’ YCT?[ , , 4’ 5 aXXa ¡~ E £4’ 0irT~?ETCXi., CLo>’; ¡li 5> tcxcEo)E fi OXX E ~l7 3 E 10 :i.. Pues a Aníiarao dánaosí - . . pero cuando queriendo tazpoco sacará E conocedor a él el mientras (de la muerte?) poder ya no - pero tú man-tente de los y no firme 256 ROxv. 2519 saec. III p. Chr. Ed. Lob. 1974 (cf. £upp. HeL!. 912-9120; pp.416-lB) col.1 5 2.u prob./ 7 ). : fort-. ¡<1 post o fort. -ría J. : £ vel o col.2 t a’~6=possis (vix ~6c) z .E: xa[ vel xX - •»: cmix.’, o»>, ci.»; fort. Oa>cr’c7LI) .7 s ciXXo’tcxí Jófl pap. ~rc xEeíw &+¡ possms (cf. e 180 ciXX’ o’Te xc>) TI~J0LI) ‘ £ £ AXXa’rc ¡pot Lloyd—Jones — Parsons/ a.ú>paE fort. ec~ia>poE: non intelligitur: Hesych. 4178 flXaKcnflrra’; Jóas, nihil ad rez: ~p’ JpaE ¿pat i> suprascriptuz (cf. A 300 ~ppa xa~ i.oxcf. 1: ‘.o~co poss. A ve]. at>x 2 ¿CXX’ >4- Cfi i.) pap. ‘.4 cipb3pos - 5 1~? 216 F. 2 Ca) col.1 2 J It’ (b) coL2 E 2. cEu E ). o. J.Á JactE. J.o. e. ¿pl ... . pL I.E.tcpt Ja Kp13fi’TCL 1. -- 1. E liii-’ apyc[ E 1. E Ji.> ci’tcppl ‘.4 cpxcv ‘a’n11 ‘SE Cc) 2. E 1 cE.. aíA~ Ji. 2 1 1 E E 5 Ja’.c. E J<>ot’Ran.E )6a>t’ ¿t’E RE 257 a) rumor? . . - b) (argivo) --- engaña - actúa como (has pensado) - - . c) oculta P.Oxv 2519 (vid. ad fr. 215) (a), CÓ), Cc) eiusdem schedae sun-t, quod mndicant fibrae; post (a) ad dextrarn subsequitur (b), post (b) fort. (c)/ caLi t Iort. aJ-&rAt’ pro a}G6?j»/ coL2 a 3.o.(’ fort. .~ fort. Jpocep¿pEZ o iat’ pap. 1 ~ ¿-rcp(3o~évTj CApolí. Eh. 3, 398) vel ¿rrép(3cn. ((3 90 d a~ &-r¿p(3c’. &upá-’) possis: ante á-rep(3[ ¿pr’arCJt’, qcioEmr3, cpr’c(cJt’ cog.Lob..7 e fort. cpxcu ~7n1 6[il -romi »oa’; efiXcia Lob. (X 185 cp~a» offl ÓT¡ ‘Tai. voa; CfiXETO et ci O1Tfl Ci. 1>00’; ópt’.utcii.) 217 P. 3 Gb) 1 a. a». 4;t~ IfiapE Jt’z Xan. ECa) 3¿pccl. . JEfiE 3cK. 1. 1. ecocape. E Jyjocn..rrc E J. cipyo’;- a. E IpaXa nacE Jt’~~ E 258 J EJE Jflca.-ra - J xG> cf ten las arcas) - . . tArgosí I~ro’;~ E - toda ... recompensa - con el poder de los argivos y . - P.Oxv. 2519 (vid ad Ir. 215) (a) et (b) quantuz inter 2.: fort. 9 E JI) xTIXaw[ mi du c~MS<5c~ cXaiat’)Z 5 JcKaE .7 .1: ;E fo sequebarvtur, evan punctuz fortuitum 2.fort. 26 ve]. 2>’ Cfl&oEaL Uest)/ e flecl-’7a Saoaoóa’. Y ej usdez a) et (U schedae des it, sunt, quod incertuz indicant —~ £‘ J~ 1 2 .U poss. pu Ca tomi flci~ b. cog. Lob. ((3 339 ~í.> yrjXai.o’. (a) .t: aL vel XE/ s (b) Jcx.E: rt. Jrjcax.rrcqE sed st alma 1 a 2 ida 1 2. : lfl, J.r 1 apya’; ): >‘Apyas, áp~-c=’;. X¿3napras, X ]Óacca 14ci¿t, 8&JXaoca ~‘cvt.’ ‘-A poss. aIx.>.> avó i.xa fort. oJtjanatrraEc’;) e.g. ({¡I ‘5c x CiTEEL oiipnax.rrci[ rio .t: r t~ nE; fort. ‘ApyEctÁwv; xcip’rcL -u’ >Apy(cCJa>i¿ xcii .L: -rL 218 Y. 4 1 3. E c E fl~ ~ 2. E J<5cuE Lob. 1 12 259 Pr. ad eadem papyrun relatum. 2 J. : Jy, -t 219 (154 U) LOT i.t’ ¡¿oi. M=yt’p’; cx.>i>capia¡ C > e- 4- e- a-’ Pierson) ~Qou w-~5¡ ‘tan.’; o¡i.> flcpmirpa9c*i.. II SOHOL. Lycophr. 771 (224, 27 Scheer.) (vid. Et. Gen. y. p~t&o’; = Et. tI. 594, 21) “~nxXai.’; r.>x.cii.¡<¿xXú>wi.I)”- .4 ‘— a.’ £ pix>’o’; xaXcZran. q Li> T at’c.n-’ lJfCSLflXWOLq. p-ó¡~x.> E. Gen.) cTflc>.> ~ina~fla rat’; wx.rnauipa’; ómiá 7= á<5T19C -ci.> KCYL xa-rúwcpcs- a>’; ¡ 4ni.> Ellos enterraron al muy infortunado 260 CHOEROS. ir> Theodos. 1 268, 34 Hilg. xa~ ¿ KaXX¿paxo’; .4 e- (V £481 PI) AvrCpaxo’; >40)6? ymix.’wo¡ Ma -rau x.rr >cXi.oi.t’ • ‘ .4 LI) O’.’; cprjc mn.> auua’t— y: Xi.vot— HOY ~e-rc>4nn->V: —o-ruyat’ NO 221 (156 U> eck>oSp~p?j’; 6= -r~ai.x.~a reos ¡<=-~-c~ A’-rvpPoxarlOct Una vez que la desgraciada, desgarrada de dolor, hubo levan tado un túzulo sobre ti. APOLL. Dvs. De pror>. Y 75, 16 Schneid. tcSpi.os ~yCt’cro ~ rea - A xp~a’-’; ¡’ppwx.-’ “<>~z haawv rc~” (Ir. ‘Eir’.z=ppa; “ira’.áu rcov” (Ir. 150 Olivieri) ano flap 92 -u’; 0013 ‘Ef i.Xc9p Al salmonete, >‘ C4’ ~N £‘ — TI i.1tfO» TI <»> KLXXT\>) KCXXCO%>OLI) al caballo de mar o al que llaman de zar- -A e- ATHEN. 7, 304e (de Lfifla> ipse agitur) I.JI)T¡P<»)EXJCL ¡t.> a~ra>; El) tordo 261 223 (20 Uest)C e- > C~’ 4’ n¡aci.s 6 ci.; EXXTIg flaI)7aI) cLncnx¿apci.> Y nosotros continuamos la r>avegación hacía el zar de Hele APHTHONIUS Grazm. Lat. VI, 112, 20 CEleg. Adesp. West) hoc quoquo Ca erwnt taL Corte porttame¿rC eiegíacC; ptex-unque ata-em fa! I.lt, tít in tito Ox-asco versu [11; rtam coniunctim ‘EX>’ enuntiarimus, effugex-lt aur Sons 1JJTt, u t noq-uaquant versus osse ctoda¿ nr; aL si hemtstichitmt px-onuntteraus, ipsa s’ubdisttncttor-ve genus deciatabtmus, ita, e- > CA’TipLí’; 6 cmi’; EXXTi’;. dehirtc alt Cf). cope». 1 360 £~ Cfi LXOVOtL>Ta fiXea-uca’; 224 (192 Uest) HERODIAN. ¡’. npoc. ir> cod. Vmd. CH. Hunger, Jb. d. st. byz Gesellsch. verbis ir> —cixa’; exeun-tibus KaXaqxúx.’mia¡)cppau rau KoXaqxú>)miaxau An-tízacho dubi-tans tribuít Uest: recentioris poetae esse credo” “aut Antimachi aut 20 nam st- 1. tífft pel- ma tx- ¿ -A flOL>t0I) 262 225 (158 U) 4’ e- fl’.flc.33 nai.naX cy~ ‘rr ‘TE fiTepa E..—— Iaci. Una golondrina Clíeva en las variopmntasj alas flor de harina P.BEROL. 8439 saco seo. Sohóne Ben. Kl. T. III 28) CE) [cx.’ rcú ncp~ ‘AJvríp=z 111.17(s) ¿pTjOL>) CB) E... > ‘ V. 1 Ana¿5t¿5¿ofian.- ci. pc» ( £ A’ E.. - Isnrai.’; apapravci. (12) XXo E&InoSn.óárrc’;. (14) tn S 4’ > ci.Sa’; cori.t’. a>; ~~c’.» CiS OK» i.noE ¿p&yci 3 p. Ohr. n. (prinus edidit 1.4 >AITa>’X¿x.’n.a’; 6> o CP*;6<.ac; rrpao&c7’; C8 L-r¿ “TTLTZ&J)—C7)aat” 2 axctt-’&XX&Sa, £ o».-’ 6’ (9) 4. 10) 1-.. 3-; AnaXXa>i.>i.o’; otu Cli) E. - - J cvx.nca-ra’TCtScrai. (13) E... 2. fli.fW r~i.> ópto(15)¡xaXáfro>t’J ) t AP’.o’to-rb.Ti;- ~XXciI 6¿ Acrní n’.ruk Sehane 1 £fioí>cLX’ dad supp. Powel 226 (159 U) paxnxra Ct>COCUOa’TO c¿pi.t’ E 263 apareció ... las alas flotaban INSCR. OSTRAC. BEROL. 12605 saec. (prirnus edidit Uilamowitz Ben. Sitzgsber. y las impulsó IYY a. Chr. 1918, 739s.) 4’ a ITEPA Ostr. : ptEpa Pouell 227 (160 U) HERMESIANAX Ir. 2, 4lss. Díehí (= huius editionis -tes-t. 6) vocabulis locoruz ex Antizachi Lyda petitis usus esse videtur. 22S (161 U) LEX. >4’ £V’TC13~ L’;, Meir>. )- , .4 EVt E~J~C LS. BACHM. s. y. ¿(3aXwrts CAnec. Gr > A’ anecvri- 1omi;. Prave Li. M. s. eI)7FflJtLq. flCVrflOL’;. HEsvcí.s. Y y. 5. 322, 9 Beck.)- ápaX~j-rmi’; (3,50 y. 229 (162 U) HESYCH. ~. V. papfuI)Ei.- ¡rLtc’., K<>OpC’.. n. 264 230 tyarpL X~LPc’< que vive de sus zanos LEX. CVR¡LL cod. Z (ed. Naoumides, p. 274) zcmipoPoox¿t’- ‘r?n.> Si.á r&> zcmipZt’ UStrra Chactenus Lex. Cyril. codd. h, a; Hesych. X 286), Socpa¡’; 6 aXn.cv’; ax-rq E>) aXi.ppax.rr ayxi.O’rpa13 cXi.xa’; Scxco-uxCóa $JaOTecK’ acípa’; r fi arXTyra’;, Et’i.aXmiai.o XcXarxa’; ICtfpmi; ‘Ti.’; a ~cxicTa’;~ £ A’ ~ ‘ ‘ >4’ > -A £-A E>)TLcx; ca i. yap Ep&xrc’;, ccpi.pr’pai. a -rc xar ‘Tcpxy’.; ¡t’C6n. óCq e- .. > .4 • a- ‘tcili’Tci 013 5 LlJXai.TaI) Li.’; £Yp¿>.>) ¿Pero por qué tú, Cipria, incapaz de soportar el fragor de los combates, has aceptado los atributos de Enialio? ¿Qué falsario te ha colgado absurdamente una armadura, para ti aborrecible? pues lo propio de ti son los Azores, los placeres del lecho y el sonido de los crótalos, que enloquece a las mujeres. Arroja las ensangrentadas lanzas, 266 tales cosas para acude junto a la la divina Tritonía hermosa cabellera de son. Tú, en cambio, Himeneo. ANTH. PAL 9, 321 CFurth. Gr. Epigr. Ax.rrmipci~a132 cts >A¿ppa6Cr~t’ ¿nxa¿popoZcax.> 15, 5 Page) 2 14a-tci» Pl: pa’ri-p.> P/ Pb’ 5 xáOc’; P: péfic’; Pl Tpi.ot’C6miJ Tpa>t’mi— 5~ pQC.7 ci~xcx&at’ Pl: c’~xc’tai. ~i.> p CA’ — a a c3 aL-re Fi/ 4 ‘tcp~i.’;J -rép~ci.’; £ .4 qui post ai.paracx.rra distinxist/ e- A’ e. C.C O TalJ’Tci 013 6 3 ra-ura 6 P ~ 0233 1163 U) ANEOD. Ox. 3, 230, 29 Orazer (Herodian. 1, 61, 4 CHoERoS. ir> Theodos. Y 158, 6 Hilg. fW; ¡1J’; apat’i.7a’; ‘T013’; fi dét’Spa 2A’Lt’OPC»<>13’;. Co’; ficipá t’Avr’.pózc+g ttt&p’.o-raq,óx.n-¡’; Ohoerob. “cpryc 6’t (Anecd. Ox.: orn. Ch • ‘ — .4 OfiTCX p13Kfl7CX’; fipLt’[t’JLt’olJ’;”. ATHEN. 2, 60 cd • A’ >4’ Alrr’.¿pat’~’; (Ir. 227 Rock) ‘... ‘Tazt 6-~ Xa(3¿i.> o¶rra Lentz) plJ¡ci.¡i>t13Ci. KciL AfiaXXacpcrx.>Ti’; ‘.4 ot’o pci (codd. ¡) codd. Ax.’-r mi pec~ai.> ut significetur Antiphani, alios Antimacho vocez FI13OLKciP¿PO’; adscripsisse”, Stoll). PHOT. Lex. sv. 1. ovopcx Muo’.¡<=pQou’; Ccodd. M.uo’.xc~p¿pTi’;. —0139 Ot’Opci ¡t’C13Ci. ‘krraXXocp6tfl’; c» Kpr’cC (Ir. E Kock). ‘APCo-rapzo’; 6? Cf’ oi.>oparo’; rmiva aflów’; Cf miycXwvro’; (Haber - £ > .4 ‘• wxc’.xapce’- a>’; CXkOUi.7i. ‘YO pr’ CX 9ect’Epav ycXoxr-rcn.> codd) ami pcp13xoú>; xat. ~pw’;. “a 1 i os 269 0238 LlES U) CALLIMACHI Ir. 59, 5—9 PI. ad Antimachí Lydam rettulit Ludu±ch De hexaz. poet. Gr. spondiac. (1666), 19 “quia nusquam ir> distíchís elegiacis hexarnetruz spondiacum adzisísset Cyrenacus poeta”. Sed cum illa clausula (&na-rmipijca.uo’.t’. ir> versu 8), quam Callizacho paruz d.gnam esse contendit LudMích, hodie cozponi possunt ex elegiacis hulus poetae carminibus cxFI(3o>x.>EOO’.t’ CIr. 75, 34 PI.) et oy¡ eius editione, sed ir> Bunte edítione (2, 34, 72) Ant tmachus, “collactis Iragmen-tis 14—15 de Teumesso, Iragzento 27 de Agaeone”, addídit Schroeder ad Fina. Ir. 73a p. 407: Ártstortic’as Voss) cuten. dic it q’aendam Hyx-tea fuisse Thetis - Pirvdarus cuten. (Ir. 72 Sn.-H.) in in.sula Chic 270 o240 1170 U) SPHINGIS AENIGMA quod ex Asclepiade Hyrleano Athen. 10, 456b ad Antizachí Thobaidom dubitanter Lesky Mítteilgn. d. Vereins klass. Philologen in 1928, 7s. aífert revocav it Uien 5, 0241 1171 U) LVSANDRI ENCOMIUM scripsisse Antizachuz ex Plutarchí loco supra allato collegit Sto].]. (cf. Test. 4) o242 £172 U NOSTOYS condidisse Antimachuz serio contendit Gruppe Bursíans Jabresber. 22, 1894, vol. 81, 97ss. testimonio Iretus ínter oznia vil±ssizo et Eustathii loco (itt 17 118, p. 1798, 52), quo laudatur ¿ 6e -tau’; N¿crtou’; nai.-iSocxs KaXoc~xSt->i.a’; TrjX¿pa~ai.> ¡iét’ cpr¡amiw -rAt K¿pxTp.> 13o-rcpot’ rnpami, Tr’Xcroxot’ S¿ ‘T&L’ CX KCp¡ ‘ c — o carcv anaaewv.Á T~ yap Ka~ (3aULXCX>OLL> ap Véase también, sin ir más lejos, el test que ha conservado el fragmento de An estudiando; en donde se cita el fragm Píndaro wavrcnco Mouocx etc. ; e inmedia fragmento 63 Page de Estesicoro en cuenta lo • rl aLóoLo imon jo ti maco ento tamen Kc’X dicho npo~pepcaxat-r1 LOLL> onwóci. de Eustacio que estamos O 5.-Ii. de spués el ?~ L~E La. 15 te de LOITC Lcr Asimismo citan individualmente a Calíope, el Htmno hom. is., Safo f tenemos el IX 572, 3s. >CaL avópa atopa-r L Sobre a las Musas papel por e otro, la in el mundo de r. 124 Voigt testimonio de que lo confi IJOL EL’VCflC, y Baquilides 5, 176. Finalmente Antipatro de Tesalónica (Ant. Pal. rma claramente: “prti-’LV c*CLÓC, Oca” Mcnjcta”Z ELnCt> CoI.rnpcLhe KaXxtonr1 la actividad que la tradición mítica ha atribuido podrían hacerse das apartados: Por un lado, el lías desempefiado en el mundo de los dioses y por fluencia que ejercen, a través de los aedos, en los mortales. Siendo, como es, el mundo de los dioses un trasunto del de los hombres, tienen allí las Musas, en parte, una función semejante a la que desempeflan aqul aedos, coros de jóvenes, citaristas e incluso poetas. Según Hesíodo (Teog. 3Sss.), alegran a Zeus con la narración del linaje de los dioses desde los descendientes de Gea y Urano, pasando por la lucha entre los dioses Olímpicos y los Titanes hasta el Heder 1 andsche Ahademie 279ss y G. 5. Kirk, Ttw 1965, 515. Para Hesíodo, Oxford 1966, 150 ss. van Wetensct¿apper¿, IX lijad: A commentary, Ii. L. West, Hestod, 774 8, 1946, Cambr i dge, Theogony, 31, advenimiento de un su poder al padre Musas cantando al banquete de los di protagonistas son las bodas de Cadmo epitalamio en el Pe como prueba de que es ajeno, intervie cantando el treno, Pero el papel estas divinidades las actividades distintas se ocupan cosa no so incluso el mítico y 1 nuevo arden, “una Crono”. En Homero son de la lira oses e incluso mortales; por y Harmonía lión en las ningún tipo nen también vez que Zeus venció CA 604) vemos a 2 que toca Apolo en participan en actos c ejemplo, danzan en Tebas Pind. P. 3, 88); cantan bodas de Peleo y Tetis de manifestación musical en los según el test más relevante está en la mf intelectuales formas de pensamiento, de las matemáticas, hi rprendente si tenemos paralelismo existente as primeras reflexione funerales imonio de que la t 1 uenc i a de los porque c stor ja, en cuenta entre el 5 filos6fi cori las un uyos en el y, les de Aquiles Homero (w 60—62). radición confiere a que ejercen sobre hombres y sus iertamente también .3astronomía, etc. la proximidad e mito o material 4cas . Pero no es 2Sobre la función de Apolo como director del coro de las Musas y de la actividad coral de éstas en general véase el muy documentado estudio de Calame, Les cttoeurs de Les jeunes filies en Gréce arcttatqve , Roma 1977, 1 lO2ss. sobre todo, para este caso concreto. 3Véase la obra de P. Boyancé, Les pt¡iiosophes grecs. ParIs 1972 4Cf. G. 5. Kirk y J. E. presocráttcos (trad. esp. J. García introducción (pgs. llss. ) a la exce Le cvi te des Muses chez Rayen, Los filósofos Fdez.), Madrid 1969 y la lente traducción De TaLes 275 éste el aspecto que más nos interesa destacar que se refiere a la poesía en general y a los en particular. En pocos lugares podría aplicarse con más poesía oral la expresión de Heráclito (E ión humana es ignorante, la divina no lo en la condic aquí, sino el poemas épicos exactitud 76 D.-K.) es”; pues que “La en verdad es inherente a toda poesia de transmisión concie tanto subjet cuáles ép i ca, por su ncia de que la iva y de sean sus en cambi carácter autor de los poesía líri ejecución origenes, o, por su objetivo, de complejidad técn cuestiones tales como se elabora el poema? ocurridas hace tanto estar tan bien infor El conocimiento los mortales a través probablemente la Husa gracia de “hechizar c impulsa a ello. Se cvOovaLcxapos, en el poemas que se canta ca, de creación más más espontánea, no o los motivos que la condición de poesía que le exigen un 5 ica , se ve obligada a ¿de d6nde procede el mater ¿cómo es posible recordar t n. Pero en antigua y se plantea animan; la narrativa y mayor grado plantearse ial con que antas cosas tiempo? etc. ; sólo los dioses mados. que poseen las Musas llega al mundo de los aedos, a quienes un dios, o, menos probable, Apolo conceden on el canto”, cuando la deidad convierten así, por medio de instrumento necesario para que Fragmentos presocráttcos. Madrid 1988 pueden de muy la les este la a Deirtcri Lo. de Alberto Bernabé, 5Cf. el cap. 2 de Primittise Sons de Bowra y, del mismo autor, “The meaning of a Heroic Age”, .Tn General ar.d Particular, Londres 1964, pgs. S~?4 276 oral la no divinidad cumpla 1 olvidar las penas, a misión que le está encomendada, hacer según dice Hesíodo (Teog. 9Bss. 1 ‘au ALO; ano pueda i Musas, en este respe de Alcmán de Gea y segunda versión. sión más difund versiones las man i fiesta 404 Vogel) Mnemósine; las consid que afiadir Drachm. (fr. 22 ida, son hijas de hacen hijas de testimonio de dice: “Sobre el que sobre todo los analistas, pero eran hi el esc que Gent. La razón próx más la d a, frecuente por lo de dos explicaciones: Una, ción de dos generaciones testimonio de Pausanias MCpvcppo; ... cp~aLt> CV T Sdouaa;, TO1JTLÚD s apxaLoTÉpa; ncrócx;. La otra, está en la nterpretarse como padre de aquellos pasajes en cto nos serán útile En el Ir. 5, 2 Page Urano, sin embargo en algunos jas de olio a selia la, —Prat. ima de en la posible e Musas; 9, 29, 4, ce 1tpOOLj.JLÉC 6= ~sXXa; posibilidad Nnemás me los que se ci s algunos de se considera a 27 1 y 28, y tan los las 1 Alcmán sigue la misma versión que la inmensa mayoría de los 280 poetas. Pero existe un fragmento, el 10 que Calame propone dos posibles 9, 9ss Page, para el reconstrucciones; una, pl EXLcp’SOyyOL másine el suje acepta la con ;c; SWIa to del jetura poax)Vc* . . . cyct>Ct verbo cyweto, a de Barret, tALL K~L Mv madre con el > cijn cnXcn (o. c. para 1 Jcrpoaut>a, de Mnemós fr. 52h, pg. 386) o cual pr o, que la que otra, según la cual las Musas y Mnemásine se en cuyo me. Esta ISs. de 7 Urano pod opone: juntas, M¿SOcrL pCcX&p&oyyo. sujeto de ErcDCTo seria la posibilidad puede avalarse ~ — , .—. CnCu~opaL ) 6 Oupavou ~r KopcxtL)aL r’. Según Calame el complemento de pLyCLOa; IJLIYCIAYa rrahp¿, siendo necesario , ,rá como sujeto de cyeucto. Sea como considera seguiría, yCLCQ; y citarían caso el segunda Pi ndaro o Jai5t y Ja ría ser ‘Opc~v9 en este caso conjeturar un fuere sólo se trata, sob una div fue z etc les 5 Error obser hacia el lo re todo en lo que se refiere al fragmento de Mimnermo, de razón secundaria, como hemos dicho, para conciliar las ergencias de la tradición. Las divinidades griegas más antiguas son distintas r as de la naturaleza: Tierra, Cielo, Océano, Día, Noche, pero a estas fuerzas que podríamos llamar visibles, iguen otras fuerzas invisibles: Amor, Odio, Persuasión, Ley, Memoria. Aquéllas surgieron como fruto de la vación; éstas, de la reflexión; aquéllas, del mirar fuera del hombre; éstas, de su mirar hacia dentro. Por mientras las primitivas divinidades se mantuvieron, en ‘0Calame, Alcrnúrt, Roma 1983, 385ss. a Mme si se 281 general, inalteradas en de cambio. Tomemos, por la leyenda; éstas son susceptibles ejemplo, la divinización del impulso genésico plasmada en Eros y Afrodita. El Eros primitivo, recibí que la huevo a culto Tierra en ge ndr en (He ado Te s 5. por diera lugar a la procreación los dioses. estas versio Eros hijo de con la creac la antigua Pausan ias, en Tesalia, arco y caro hay todo un Diferentes conceptos nes a los expresados 11 ?oro y Penla o de jón de Anteros, h jo versión de Eros, por una piedra tosca hasta el ni5o alado aj, hace objeto de s proceso de evolución decir de la Afrodita Creemos que también una evolución semejante. alia, habla surgido del Caos al igual Teog. 120). En otras versiones nace del la Noche. Este Eros seria la fuerza que de los demás seres, incluidos se expresan, creemos, en en aquellas que hacen a Hermes y Afrodita Urania o de Ares y Afrodita. Desde representado, al decir de a la que se le rendía culto y juguetón que, provisto de us bromas al mismo Zeus, Y algo parecido podríamos Urania y la Hija de Zeus y Dione. el mito de la Memoria ha sufr 12 “La memoria, dice Meyerson , en ido la ‘1Platón en el Banquete 203b refiere espléndidamente cómo Poro y Penía engendraron a Eros en el banquete celebrado por los dioses para festejar el nacimiento de Afrodita. En este mismo pasaje da Platón detalles sobre un concepto de Eros muy diferente al de las versiones antiguas. t2Meyerson, “Le temps, la mémoire, l’histoire”, Journai de Psycoíogie (1956) p. 335 282 1•• que medida que invención. de su pasa colectivo; produc irse se distingue Es la conquis do individual, del hábito, representa ta progresiva por parte como la historia lo es pero las condiciones en este descubrimiento protohistoria humana, en su origen y tan invest igac ión c ientl fi de todo este esfuerzo 13 Vernant memoria y tiempo una función muy categorías psicol juego un conjunto todo lo que encier ejercicio este dom la importancia que como lo fue, entre difusión de la escr Pero Mnemósine en un principio la d acumulado por el pue parte del tiempo que las tos ca” en que ha analizado en la e labor ógi cas de op ra de mio. tiene los s i tura que, ivin blo, est Grec i ada como erac formas otros Mnemós la Grec una del de difícil hombre, su pasado las que ha podido en el transcur que pr me ha revestido oblemas esca debió ser el ia primiti minuciosamente a antigua dice: que se refiere el tiempo y e iones mentales esfuerzo, de ent La sacralización de en una civilización iglos XII al VIII la de Grecia”. a juzgar por su nom ización del caudal sin duda accedió pr á fuera del alcance va, el “La a so de la la memoria pan a la resultado Jean—Pierre concepto de memoria es importantes 1 yo. Pone en complejas, con renamiento y de Mnemósine indica puramente oral, antes de la br e de ont de debió conoc imi o a la los mor ser ento otra tales; llegando así, a través del conocimiento de “lo que ha tenido ‘3Jean—Pierre Vernant “Aspecto míticos de la memoria y tiempo”, tilLo s’ pensamiento en La Grecia ant igva, (trad. Juan Diego López Bonillo) Barcelona 1983, Pp. 89—134. del esp. 283 lugar en otro tiempo saber universal; de conocen el pasado el esposa a Menémosine facultades; pues tal del rey de los diose por ejemplo, el caso SBBss. ). Sus descendientes, modo de ver, como universal y creemos hacia esta posibili bastante entre una veremos. de cuatro Me lete; mdiv que hay dad. En y lo que todavía no ha sucedido” 14, a un ahí que las Musas puedan decir que presente y el porvenir. Zeus toma por posiblemente para asumir o someter sus fin parece que tienen los matrimonios s con las diosas más antiguas, véase, de Metis narrado por Hesíodo (Teogonía las Musas, surgieron, a nuestro idualizaciones de aquel indicios suficientes que un principio el número inferior al tradicional de nueve; segu número que da Pausanias deorwn 3, 54) nos da el res de Telxínoe, Aede, coinciden con los de y tres, Cicerón Musas dos de cuyos nombres este es el (De natura con los nomb saber apuntan ser í a ramente como número Arqué y Pausan ias. refuerzan estahay otros datos que, a nuestro juicio, tesis. Para empezar, la palabra musa pertenece a la misma 15 en grado pleno , que la palabra Mnemósine, en grado Tanto una como otra representan la facultad de dar los hechos de un pasado más o menos remoto. Por 140f. Vernant, Art. Véase el minucioso el profesor Lasso 86-98. cit. p. 91. análisis que de la palabra musa ha de la Vega, ?4oZk,a, Emerttc¿ XXII Pero hipé raíz, cero. recor hecho 1954, 284 otra parte, existe la versión de tres Musas, en lugar de nueve, que ha transmitido Pausanias (IX 29, 211 y que tiene todos los visos de ser antigua, cuyos nombres son Mélete, Mneme y Aede, que curiosamente no coinciden con ninguno de sus homónimas. Más aún, a una de ellas, Mneme, también curiosamente, se la considera en algunas versiones madre de musas, como en Ateneo fr. 226, 6 del Supp temen twa sea jos de Helterttsticum. Quizá Mneme Mnemósine 18; o quizá ‘los hi Musas eran tres y les llamaron pasaje citado), porque estos ejercicio, la memoria, o, mejor, el canto, representaban los rec acceder a ese pasado que es patr cual probaría que, como decíamos Musas se inició y desarrollé píe o en la narración de hechos que futuros poemas aumenta hasta especial izació Si observamos la Teogonía, épico el n que el cat podemos nombres referidos a traducc~6n que de sus s. Posterior tradicional adquieren las álogo de las ver que t la nombr sólo Aloeo una variante creyeron que Mélete, Mneme y nombres, es la urso imon o más ar namente const it mente e número act iv Musas odas, actividad es dan A. facultad 5 impre a de riba, en lo u ir lan 1 núme de idades que nos excepto poética Pérez 1 de as Aede” (Paus. decir, el de recordar y seindibles para 17 Mnemósine ; lo el culto a las s poemas épicos el embrión de ro de las Musas nueve, por la de Mnemósine. da Hesíodo en una, tienen Esta es la Jiménez y A. veces se denomina ‘TVéase Vernant, Hito a las Musas p. 119 rnnemón ides. las 285 Martínez Diez en nota a Hesido (Madrid, Gredos, pie de página de su traducción 1983, 73s.): La que da fama, La en.cart t adora, La festiva, La que Canta, La que ama el La deliciosa, La de variados himnos, La (interpretación, a nuestro juicio, equivocada) y 1)02. Todos estos nombres, excepto el de Urania, anticipados, como ha puesto de manifiesto Snell anterior narración de Hesíodo. Sin embargo, el Urania se escapa a este análisis, pues no se ninguna actividad poética y no se ha antici relato, en contra de la opinión de Snell que 1 con la palabra OXxwrni¿ócs del ilustre filólogo explique por qué nombre que se refiere a todas y no con todos los demás nombres de Friedlánder la anticipación de Uran ev Oat.G EIJPaaLXCUCL, opinión que Martínez Diez, pero esta interpreta problemas que hemos se5alado para 1 individual de elementos de los que atinada, creemos, es la intepretaci han 18 ceLestial La de bella sido en la nombre de refiere a do en el r lac na que el eva un ocurre Para 6’ pa a e jo verso 25, pero sin un as 11 a como anas. i v.71¿ a Jiménez y c los mismos a a referencia todas. Más 19 6 . eichgráber a de las Mus una sólo, sus herm a está en el ceptan Pérez ión plantea de Snell, 1 part ic lapan n de ¡4 D ‘8B. Snell, Las fuentes del pensamiento europeo, trad. esp. Madrid 1985 p. 70s. 19¡4~ Deásgr~ber, “Dic Musen, Nereiden, und Okeaninen in Hesiods Theogonie”, Abtwxrtdlungen dei’ Geistes urtd So2iaiwissenschaft Kiasse. Akademie der Wissertschaf ten und dei’ Literatur, IJiesbaden, 1985, Pp. 182—83. 286 de muy bai te, quien al criticar la anterior de frase, es decir, “que reina en e de forma inmediata con las Musas Friedlánder 1 cielo”, no sino con dice que tiene que Mnemós 1 ne, atreveríamos a a5adir nosotros; pues, en nuestra opinión, nombre de Urania está en relación con sus origenes familiares y no poética. West procede de la hi jas de Urano y no nombre que también considera nacida a oceánide en Hesíodo Urania es un nombre el concepto de las procedente de una 1 citada por Pausani Mnemósine; se coló, tradición le legó a otro nombre que pod para Urania, de Hesíodo se dice que es 1 con sus func (Theogony. p. antigua tradición de Zeus. iones 181) que dentro de cree que considera Recuérdese que lleva Afrodita en partir de la castraci fr. 305, 4 M.—W. Así de una tradición más Musas con el de ista de musas anterio as, o directamente por así decir, en Hesjodo20 En esta ría tener un origen se trata de Calíope. cita a Calíope en a más importante de En efec último 21 todas la creación este nombre a las Musas Urania es un la versión que la ón de Urano y una pues, creemos que antigua que enlaza Mnemósine y, que, res semejante a la de un epíteto de la lista que la lista hay asimismo similar al señalado to, en el catálogo lugar y el poeta Dadas sus funciones 20West, Theogony, p. 158, cree que el catálogo no fue elaborado por Hesíodo, sino que se trata de una lista popular que el poeta recibe de la tradición. 21La importancia y las funciones de Calíope han sido descritas con gran perspicacia por B. Snell, Las fuentes esa ver nos el 287 y la disposición del catálogo de Hesíodo, diriase que todas la demás Musas están subordinadas hipótesis de que la primera Musa fue en y que sus descendientes surgen como mdi la memoria y de la actividad poética e debió de ser en principio un epíteto para de los rasgos más relevantes de Mnemósine los hechos gloriosos del pasado. Por eso los reyes, protagonistas directos de quienes la poesía épica pretende rendir h por eso es citada individualmente en los señalado más arriba. Es, pues, Calíope, m la Husa del género épico y, en general, narrativa (también vela por el lenguaje acuerdo con Snell, por “bella voz” enti un sonido agradable, sino las pala contenido, única de todas las Musas que aspecto de los poemas, y c A partí fueron r de Cal surgiend lope o las por y lo que demás a ella. Si nuestra realidad Mnemósine vidualizaciones de s cierta, Calíope designar algunos la narración de Calíope acompaña a tales hechos y a omenaje, y también poemas, como hemos ás que ninguna otra de la literatura en prosa); pues, de ende Hesíodo no sólo bras bellas por su se refiere a este de verdaderas. ta, creemos que destacar otros la creación poética; lo más antigua su número22 su ondición ella represen hermanas, para rasgos y otras especializaciones de cual explicarla que en la tradición p. 71. 22Sobre el número de las musas, Arnobio Musas tinaseas est avc tor filias esse Tel 1 lovis ceteri praedicant ex Memoria uxore quidem virgines alii matres corvscribvrtt (3, Vi’ i 5 vel 37) dice: eL Caeli. Mente, has Ephorus has 288 fuera muy inferior y sus nombres, Ejercicio, Recuerdo y Canto, estuvieran más vinculados al e que la Memoria en cerraba, que a suti lo rescatado de ella. Así se crearon, generaciones de Musas. Las más antigu más recientes intrínsecamente ligadas la creencia de que eran hijas de Ura recientes, más alejadas de los relacionados con la memoria, pero si ella, hijas de Hnemósine y Zeus. elementos surgidos de la conquista s fuerzo les man desde as y a Mme rio y aspect empre Todas progre de acceder a lo ifestaciones de muy antiguo, dos algunas de las mósine, de donde Gea y las más os directamente dependientes de ellas, en fin, siva, que decía Meyerson Cvéase más arriba), del pasado del hombre, que es la Memoria. En íntima las Sirenas; s que es difícil 23 más antiguo 158-200), que la intención d del más débil como ya habla relación con el mito de las Musas está el de i bien éste presenta tantos puntos oscuros, hacer una interpretación del mismo. El texto y el más conocido es el de Homero (p 39—54 y ojalá fuera más extenso y más detallado, pero el Poeta aquí es otra; destacar la victoria sobre el más fuerte por medio del ingenio, tal hecho en el canto IX con la aventura en la igi tui’ numero esse tris effert , Mrtaseas, quera quat tuor, Myrti lus indual t sept era, octo adseverat ad extrennn-t Hesiodus novera cura nnminibus prodit. Ver Cornuto l’J. D. 14 y, por otra parte, el análisis de Gr. Myth. u. Reí. 2, 1906, p. 1077, n. 1. 23H Muihlestein (“Sirenen in Pylos”, Gtotta XXXVI 1957, 152— 188) ha creído reconocer en las tablillas de Pilo de la serie Ta una alusión a las sirenas. En Ta 708, 2 se lee se—re—mo—ka—ra—a—pi que Múhíestein ha interpretado como Set remort krahappht, instr. pl. y sing. en Ta 707, 2. Cf. Risch, Studt micenel ecl egeoanatol¿czi 1 1968, 53-89. 289 d i x i mus, Cta t es, también Gruppe, cueva del cíclope. Son estos elementos típicos del cuento popular, de Las Sirenas del dios Aq pretende co canto y el antes hemos Como d comentario la Tebaida 24 2516 . La ave ntur formas se trat proemio (y. 4) Parsons a las Ii persona plural, los cuales se ue 1 ne mar de ecí en de la Odisea consideran oo, el río lío destacar como áre anal izar amos, son relación Antí maco, precar ja casi más sus ade 1 otros hijas directa transm conservac i emplos preciosos. as de una Musa y de Grecia. ¿Se significativos: el Es posible, pero tiene ej siempre hij importante rasgos más nf 1 ue nc la? datos. del Aqueloo lo cual pone este con el segundo fragmento de itido en el Papiro Oxirrtrtco ón del fr. no nos permite lasamos demasiado en su interpretación, pero de verbales tI.n.>c¿cruaaL y CL>)TUVELOO1 ti>, sin poeta utiliza el plural SCLpY 1L)a; y Sc te con las Musas. En para algunos autores, del número. En p 52 y embargo en 39 y 44 el 30 ip~vc; respectivamente Libanio, Prosyrran. 4 y Eustacio, Obvio paralelismo con el nacimiento de las 29Apolodoro, BIbí. 1 7, 11, nos da el como madre de las Sirenas. 30Cf. el uso del dual 182—198), donde se emplea la embajada son tres, Chantraine, Grammatre analizan éste y otros ej Ad Oclyss. Furias. nombre de XII 47. Estérope en la embajada a Aquiles CI el dual, aunque los componentes de Ayax, Fénix y Odiseo. Véase Hornérique II pp.22ss., donde se emp los. 292 y dado el excepcional uso de las formas en —OLLL> de la declinación atemát ica obedezca más a razones cuenta que la mayoría de tres O6pa . . . ~‘v1-.cnc; etc. Más , ) / toc. si mismo el verbo FjvCflw o ct’vcnw va en lo , salvo rarisimas excepciones, poeta, que también casi siempre com e en muchos de los ioct sirniles i estamos en lo cierto, la Tebaida com un primer verso en el que se el sobre el que giraría el poema y alusión al poeta mediante el pronombre pca y un o, éste que conservamos, al que seguiría una el primero. en el primer del mismo (A ejemplos en acompañado del dativo le precede, a este verso de Antímaco menc ionarí a la obligada segundo vers serie más o que constit menos extens uiría el proe a de hexámetros mio de la obra. para desarrollar CDvCncTC t El verbo ci>C otros muchos lugares de la de la t-’ lo cual parece deb v%nw aparece aquí y también en literatura griega con geminación ido a un alargamiento métrico, 59En muchos de los himnos homéricos pueden verse ejemplos de lo que decimos. Concretamente en el HM. XIV, versos Is., creemos que hay una estructura similar a la que podría darse en la Tebaida de Antímaco: PWTCP~ 1.101 flab’TwP rat’rwv 1 avtipowioiwt t>1.JDCLV r’Iótaa ALy~LO~ L~L0C. ~3UraTT~rJ peycxXo ío 305 1~ lo la opinión de Chantraine que a una evolución eolia ne (Phonétique § 123 y not. w— * w de en — sek o ( sek “decir”), latín Cn.sece. lo que, permet pas, un groupe —ns—” las lenguas sin sak$ti; a sentido r también cuento”; o, con e i De a. de pu en m os má a t 1 1 se aler enfá está comme on l’a a. “na r ede el 1 smo test nt ico “con 1 co íntim Gramin. Homér. 1 del grupo —ns—, 53. Este verbo, está según Chantraine Ci fait parfois, d’ exp indoeuropea aparece iónt isí. a. segja decir”; esí. a. soéit se aprecia en la n el lituano pásaha y gal. chwodl La raíz prepos 1 c sagen ar” que verse e rl. scé¿ significado, imon jos enfático tar algo es parti amemte u la mitad de los ejemplos re” en grec anc ¿en, de imperativos cas cados en el proemio carácter religioso bos que tienen el ejemplo, son cIar Fa i de que sent as 1 en el a. a. a. anter iores p. 100 como pr relacionado OC. CL 1 iquer en cas lit. i “mdi forma “nar 5.), quiere ocedente con el ¿.11 “no —wi>— par todas sakaíV car’. El griega ración, “historia, relato”; soga. parece desprenderse un de la raíz • sekW que podría ante un púbí cularmente gado al impe (véase H. ns 1946, p siempre di los poemas lo diferencia ido general de as diferencias ico “ , “dec 1 importante rativo, que Fournier, 47 s.). Este rigidos a le confieren de todos “decir” o con la raíz arar”. Este en griego; cuenta con Les verbes frecuente la Musa y al verbo los demás “hablar i.e. de la que procede el de £v(E>)cnw, no gr. C9flj.H y existe en que, al indoiranio. igual que la Efectivamente según antes Lejeu valor equ iv valor donde “di uso ub i un ver Por raíz el 306 * — ‘.e. bita—, cuyas implicaciones religiosas han sido br i 1 lantemente las ti t’uc 1. —322), si facultad participio que no pue 52): Fatur vocera. Ab cura id fac cuenta no impersonal, o iye 5 gn i fi para 1 at de h is SO iam lo q anal izadas art t e guam jara farÁ. ue dice, común a tod sean capaces de hablar” este sentido, según interpretarse los demás raíz del verbo cvcnca le sentido totalmente dist se dice. Con este verbo veracidad de lo que se “dar a conocer”, que es en el proemio, o “decir ur~peptcs C0LOT¡E;. En el * * el latín insequo, ms cvcnw. está atestiguado que de la Odisea hizo por Benveniste esp. “hab 1 como amos dice e~ i f id factant, pueri dicunt “Cuando sino la os los man i seres el niño fe s tac human Benven i ste, el der 1 da into. se dice; lo q la mismo sentido eco. Es r por pr te ve a mera propio vados de a la Aquí lo resalta podr la, ue el poe verdad”, oc o Kpov¿oi>oc; es propia de los Himnos homéricos (sobre la frecuencia en otros autores véase E. Fernández—Galiano, Léxico de tos Himnos de Cailmaco. Madrid 1978, s. y.). Antimaco vuelve a usar el nominativo de esta forma en 15, 1 y 79, 5. Fr. 2 Este fr. , como los demás que forman parte del papiro, ha llegado a nosotros tan mutilado que resulta arriesgado aventurar una interpretación del mismo; sin embargo alguna información útil podemos obtener de su lectura. Las formas verbales tpVC(OUCaL y cwJTtDeLaE> parecen conducirnos al inicio de un poema, seguramente la Tebaida, puesto que la atribución del papiro a Antimaco, según hemos dicho en la 303 introducción Cp. 79>, parece indudable; pero el verbo está en tercera persona, en tanto que en el primer fr. en segunda, como ya advirtió Lobel en su edición del (cf. E. Lobel, Tite Oxyrhynchus papyri, part XXX, Exploration Society, Londres 1984, 20s. 11 lo cual hac improbable que se trate de los primeros versos Tebaida; aunque sí podría formar parte de su proemio. Este argumento lo podría reforzar el hecho ni en éste ni en ningún otro fr. , si exceptuamos e 4, se haga referencia ni a hechos ni a personajes, tebanos, directamente relacionados con la guerra; con etapas anteriores. ¿Era este proemio en real aquí está papiro Egypt e muy de la extenso de que 1número argivos o pero sí idad una a fr. 4 ividido en constituida la disposi columna y y 1013 dos columnas de por el quinto ión de los porque casi las que la pie de cada dos primeros todos ellos Edipodia? (cf. coment El fr. aparece d segunda podría estar verso, a juzgar por c versos de la primera podrían ser dáctilos. En el primer verso quizá podría conjeturarse un ~aíaxoi> (cf. Hes., Teog. 34; 19. 19. 21, 5 y Non., ti. 25, 9. Véase también West, Theogony lEEs.). En el segundo verso parece que sólo hay espacio entre las dos columnas para un pie, quizá de ritmo dactílico, que podría estar constituido por un adjetivo referido a aouó~i>. Para el cuarto, Lobel considera más probable una Jo que una Jw lo cual supon& el inconveniente de tres breves seguidas. En el séptimo verso West ha supuesto un na-rpokWc¿yvnyros o —cuyv-n-yr9 para el que 303 no tenemos argumentos ni a favor ni en femenina aparece por primera vez en Epidauro y en Quinto de Esmirna, lo improbable). Por otra parte, también simplemente. 1. tpDcLoua(YL: El verbo tkn>ca~ / tpDctw, contra (la forma inscripciones de que la hace más podría ser natros que no se halla ni en lii ranos la ilíada ni horn~rtcos, como cxouóns tpvoi> (~ Antímaco de Hesíodo, (cf. West, Theogony sinicesis), transmit también en Hesíodo La explicación U$JV)ELW -< ¼JDCW no métrico, sino, como principalmente (cf. 255 frente a OKDCW; etc.), en la geminac en la Odisea y debió formarse a que es part ya frecuente ir de expres en los iones 4903. La forma x>pvc~o~aai debió tomarla donde aparece por primera vez en Op. 2 c t p.138). La variante v 1jvco-uaa~ (con ida bajo la forma npvcxcau, aparece Teoe. 37, 51, 70). c a los dobletes ‘upvELonaaL / hay que buscarla en un ocurre con bo VELKCLW B t. en jón de la otros y 277 frente Hes. Teog. yod (vid. tyvEtaaL; alargamiento er s denominativos / , a ve > p 183, 19=rano Gréce archat que 1, Roma ~SOV> ao 1 61fr 310 ejemplos, q este verbo poética. Si CE>TU( y ue sepamos, anteriores a Antímaco con un objeto directo relativo a ti embargo en Homero es frecuente con objetos directos referidos (cSCLTtE>OE>, óc*vrcx, ¿4pua-rov, una vez 6¿nc*s), en me con LnnolÁc., también empleado por Eurípides, incluso un caso que el sentido como ‘‘poner en así pues, podr el caso de la los caballos, ligeramente mod y 183. En el pr traducirse por trabajo; o bien estuviera más en que se usa la composición el uso del verbo a la comida, nos Ni ~w 289) con ctvy 1w. De lo anterior primero del verbo CVTVCV)&5 armonía los distintos elemen lamos traducirlo por “aliñar, comida; “aparejar, aprestar” etc. y este sentido se ificado en dos ejemplos de 1 2/ imer caso, opp~ TaxUaTa 1 “para que esté pronto termina para que dispongas todo acorde con el contexto dispuesta endel verbo, “para que estés segundo caso, ~XXá pcV ea í go asi todo” para aso de aunque t 33 y suele referido ida”. Qu el sent da”. En referido ci’ ee mo s pro veer o quizá ste verbo al iZá ido el a equ os”. “con con objetos referidos a la composición poét en la literatura posterior (cf. Calimac TE kIJXI LtCi XOPOI> CE>TU vaaSF). Es interpretación de Hesiquio cE>TuoS (s. y. ica es más frecuente o Himno 2, 8 yoXrxwt significativa la 3 = wOapoC. 311 3. a)ppr 1puaTov: En Homero sólo aparece en dos ocasiones (‘1’ 362 y este esté fr. más 527), parece próximo en ambos casos seguro a Cal que bac imaco Ni referido a e alusión mito a Zeus 4. AxeXcÚos: Es la forma pr edición del papiro (Ti-te Oxyrhynch Exploration Society, Londres 1964 West (Hesiod, Theo~ony. p. 2623 y (Supplemerttura Helienisticura. 62, opinión de tan prestigiosos fi probable la forma >AxcX¿Vo;, que (~ 194, 0 6163 y también por ?ani en general por la épica tardía (c Epica adespota conviene al aplicamos el invar jaL leme AxcXwov en obliga a con verso (vid. Podr í a en un poema de las obras Sin embargo, argumento de fr. 5, 2 Powell) compet iciones En a otra cosa. Quizá ~ 5 r~1.’~s apucpco~s CLEQ— ejemplo. tiene, no 103 y 3, 23. uncv.>lcp— en parece 1 be 4, r a r ésta o quizá no debiera de de Sidón donde sus cvrfls (vid. Est. de Biz. íopa era narrado en e fr. prec.). auptn)X9ira &a¡X¿aaps: cual es muy probable. argumento en que se lugar de napau, 38) aplica este ficilmente podrí posible Xínapc*í, en itornérico a Apolo (y. isla de Quíos, di Simplégades, calific “ásperos escollos”. considera Lobel como presenta dificultade delante Et~cCvoío, Sicilia, es decir, adas por Apolonio Finalmente At.na9aí, posible, es muy s. Para empezar. n pues estas islas en Occidente, por scartarse habitante 695; itados cual no sería las novedades compuesto de del homérico obstante, a su además de la lugar de t>TIOVLCp—. a lectura mas ía Y s honraban a s. y.), sobre todo si ste lugar, como hemos Lobel sugiere Etkc(vouo Menos firme nos parece, basa para sugerir un pues aunque el Himno adjetivo a la fértil a adecuarse a las Rodio (2, 5503 como lectura que también interesante, aunque o podríamos admitir están al Norte de lo tanto opuestas 316 1 — totalmente al Euxino; a cuya entrada sitúa la tradición las Simplégades. si tenemos en Simplégades, occidentales, ~9ss~ y w 327 Galiano a la t Pp. 20-463. Se geografía de d los Argonautas, Lindsay, Tite C dice que sólo la tierra de cruzar Ambos Medite quien (sobre Apolonio a Apolon las detal r r á n e trató el E. jo Esta dificultad, cuenta la sin embargo, confusión orientales, y las como se desprende de lo (vid, la introducción raducción de la Od¿sea, produce aquí una c iversas leyendas, entre quizá debido iashtng Rocks, la go Eetes y en SSs Zeus co loc e más 1 eye de os nave Ar 1 de c an t de nda 1 palomas les nos o. Estos sobre la re gr eso 4, 924ss. E. 4, 259 podr í a supera rs e muy antigua entre las “Rocas Errantes”, s pasajes homéricos y de Manuel Fernández— Madrid, Gredos, 1932, ontaminación sobru la ellas la expedición de a la mano de dos autores (vid. 19653. En y 70 se nos ar cuando regresaba de Poeta que la suelen llevan la ambrosía. parte occidental del Londres, ogro cruz dice el uandn le en la bí a de Ar y Píndaro y 4, conocerlos bien los Argonáutas en gonautas véase, Antí la además inaco, L ide de 202ss., Escolios 292). crupnxS 1jya sido interpre pero, aunque descartarse pus ib 1 ement no se ha L¶TT10V. El )axp[n1Xnrc~ecd que se lee en el tado por Lobel como )aup[nlXrn’a aceptamos esta lectura, quizá no auynxr 1y¿&M. La forma aiJl.4nxT~ra es uit e con el mismo significado que cTtpnXfly¿óa. utilizado antes excepto en compuestos A 327 “el que golpea el caballo”); atpnX papiro ha eor X¿aa~, deber 1 a hopo x r\y~ (cf. ~2~ Pitica 4 317 d no KTV[S lo “, lo han ut (mcc. , 2073 c )kapxuvov (Apol. E. 2, la propia lectura del papiro. Lobel últ que nea el imo recurso, la ciuda según Est. de Biz. se (?). Dadas todas estas d homérico eKapTlJlvalrro pax el propio Antimacousado por lectura ~)kapTtwavro ycX¿aE~, a homérica mencionada (cf. Apol del citado 2, 1087), pero pués de la cesura femenina. jén presenta una dificultad; 1 podría superarse con una smi d de Argóli le rendía cuí ificultades y arras (A 215, vid. ad fr. 76 como una varian onio de Rodas manteniendo Ciertamente a condición cesis. La lec da to el NI 3; te 1, la esta breve tura, sería estilísticamente presenta una metonimia y indicarían el alejamiento del antiguos. 5. rM.iois cóumnaat’ aTE: sugeridos por Lloycl—Jones y preferimos la primera, pues, mi ‘ / ejemplos de cévow con eaxapos, (vid. ¿oc. sim. tltnvada fr. 7, interesante, una sinécdoque estilo sencillo Entre ~‘apouc Parsons (Sup9. entras que no se sí tenemos alguno 17 Bernabé). pues juntas que de los poemas y 6aX He 1. encu con aycn. 5, 643, entran raw> CE “c hoque Fa le ro 4 final que pcX u 1087 mo la cli con sug ir 1 MeX uvE a Afro para le 415, VI suger 1 de la 510, pos ic 1 ectu de la co ay, en dita TI 1 ismo 563) mos la fórmul además ión des ra tamb u, que por otra parte, 218 Fr. 4 Este fr. aparece muy mutilado en en sus primeros versos, pero prec versos se han podido reconstruir casi casualidad ha querido que nos llegaran parte, en un comentario a Antimaco que el papiro, sobre todo isamente estos mismos por completo; pues la también, al menos en recoge el Papiro de MiLán bit ¿ano asegur (vid. 17 (cf. A. Vogí volume 1 1966 a la autoría de frs. 131—143 e Nosotros hemos 13, los dos que se Papiro de Milán 17. hecho de que el inmediatamente después alusión al 1± Tebaida. Fina en el verso 1 coincidir con Todo lo cual la opinión de iano, Papi 41—65), estos frs introd. p. incorporado encuentran en La coíncxdenc comentarista R. Ltrti que, de ~O eta ti deLta con lo para el 77s.). a este fr., las lineas ia temática, de Antímaco de los versos como 49s. as versi tá paso, de Col versos del ci 1 como los di se of ón 12 y tado el cite 1—3 y antes de su bro 3 más aún cuando la tragedia eleva la ap~, que aparece en Homero y Hesíodo y seguramente también en los poemas cíclicos como un simple sustantivo, a la categoría de divinidad vengadora, equiparándola así a las Erinis. No obstante, entre estas recientes Maldiciones CApaC) y las antiguas Erinis ( >Eptvics), su nombre ya aparece en las tablillas micénicas . Obsérvense las palabras que Homero pone en boca de Atenea cuando se enfrenta con Ares: “paga las Erinis de tu enojada madre que te maldice porque a los aqueos abandonaste” (1 412s.) Como es obvio aquí no se persigue la muerte del transgresor, sino una satisfacción por la ofensa ocasionada. También en el presente fr. Edipo reclama una satisfacción por las ofensas que en vida sus hijos le infirieron. Pero antes de ver, hasta donde sea posible, de qué tipo de ofensas se trata conviene que precisemos algunos aspectos de su leyenda. La mención más antigua que se hace de la leyenda de Edipo está en la Odisea 4X 271ss.), además de la brevisíma alusión de la It Lada (9 679), de la que luego hablaremos. Este relato, que por su contexto épico y por su antigUedad, debía ser el más próximo a los poemas cuya figura central era el desgraciado hijo de Layo, nos revela algunos datos diferentes a los transmitidos por los trágicos; lo cual, por otra parte, no debe sorprendernos puesto que es habitual que la tragedia haga modificaciones en la tradición mítica; aunque en este caso las diferencias entre la versi6n de los poemas y del teatro cobran importancia, puesto que nos obligan a considerar en qué medida nuestro poeta siguió una u otra. Pero esto lo veremos más adelante. Vayamos ahora a las diferencias entre la tradición épica y la de los trágicos. En la primera, además de la diferencia en el nombre de la madre (Epicasta en 323 Homero, Yocasta en la tragedia), sobre lo cual no vamos a entrar aquí, se nos dice que Edipo siguió gobernando aun después de enterarse de su parricidio e incesto, en tanto que su esposa se ahorcó, pero no sin haber antes arrojado las correspondientes maldiciones contra su hijo por las cuales soportó numerosos dolores (de las Erinis del padre no tenemos noticia directa, pero sin duda existieron puesto que Heródoto <4, 149) menciona las Erinís de Layo y Edipo. Es posible que tomara el dato de la Edipodia o, menos probable, de la Tebaida). Según esto y el relato antes mencionado de la lItada (4’ 679), Edipo vivió en Tebas hasta el final de sus días y además, al parecer, en el trono (cf. Hesíodo, fr. 192 It—U); pues se hace difícil si no entender que se le tributaran honras fúnebres a su muerte. Sin embargo su reinado no debió ser fácil, pues, como nos dice el Poeta, su madre le dejó muchísimos ¿olores para el futuro. No sabemos en qué consistieron tales dolores; pero si parece seguro que le llegaron de mus propios descendientes. Así, seguramente, lo habían querido las maldiciones de su madre y, por lo demás, así venia siendo tradicional en la familia. El propio Edipo había provocado directamente la muerte de su padre e indirectamente la de su madre; no seria, pues, extraño que los sufrimientos y quién sabe si también la muerte le vinieran a él de la misma manera. Esto es lo que parecen indicar los frs, de la Tebaida cíclica (frs. 2 y 3 Bernabé). A la luz de estos frs., observamos que los hijos de 324 7 Edipo se complacían en atormentarlo de dos modos: Por una parte (fr. 2 Bernabé>, avivaban los recuerdos que hablan producido su desgracia presentándole objetos; la mesa de Cadmo, una copa (quizá distintivos de la casa real de Tebas> que, por pertenecer a mu padre a quien habla dado muerte (cf. Valgiglio, Edipo nella tradizione pre—atica¾ Rivísta di Studi Ctassici 11, 1963, 31, n. 45) les habla prohibido utilizar que ‘los dioses revelaron a 325 1— _______ y los hombres y el suicid rápidamente es io de la madre> te hecho” (el asesinato del padre lo que ha servido a Pausan ias (9, 5, 10—11) para desment la cual efectivamente los también de Yocasta. Pausan rápídamente” que tiene el que así lo manifestaba el Bernabé), para negar la pos madre de los hijos de Edipo en un segundo aatrímonio también la Edipodia. De la Pisandro citado por el esco El segundo matrimonio Ferécides, qu Esta serie de embargo, confirmar matrimonio, además ‘Edipo nella 1963, 16—43 Y 56>. Asimismo producido por recientemente , 1989, Deubner, niega el ien afiade matr i non ilustre critico que ir la tradic ón cuatro hijos de ias se apoya en adverbio ~np autor de la ibílidad d que - Este los tuvo con Eurigania misma opinión es lío a Eurípides haya Edipo contrajo otro (vid. E. Valgiglio, Clan. 11, PP. 39- haberse anterior, Pausan ias II , pues 3.- ~pap porque traducir “rápidamente’, sino por expresiones como algIh tiempo 328 i posterior, según Edipo lo serian el significado de y en el hecho de Edipodia (fr. 1 e Yocasta fuera la dice Pausanias, y así lo decía el epitome de renicias, 1760. de Edipo lo menciona también además un tercero con Astimedusa. ios, claramente exagerada, parece, sin la tradición de que del de Yocasta. tradizione pre—attica, Riv. Stnd. A. Bernabé, Fragmentos de épica ... la confusión Yocasta—Epicasta puede la misma razán. No obstante lo Heubeck ha criticado la opinión de A comnentax-y att >ioners Odyssey Pp. 93—4. Vid. también las opíní Oidi pusprobl eme. Berlin, 1942, Pp. después’ o algo semejante; de lo contrario, piensa, el mito prehomérico excluiría la existencia de los hijos ya conocidos en la ¡Liada (A 377, 386>. Jfry débiles nos parecen los argumentos te Neubeck para ir en contra de la epiai6n de las fuentes antiguas. En el primero, aun admitiendo su interpretación ¿el adverbio homérico, no se invalidarla totalmente la opinión ¿e Pausanías, quien además lo refuerza con el hecho de que ami se amaifestaba ea ¡a EdtpodCa. Ea el megundo, lo único que prueban los versos citados de la litada, y algunos otros en los que se menciona el mito tebano, es la grao ditusián de estas leyendas -em la época de Homero (vid. Legras. Les Légendes thébaines dans U épopée el la tragédie grecques, ParIs, 1905, Pp. 23— 4>. Incluso en algún tomento se ha defendido la -htpótemis, hoy reohazada, de que la Tebatcla es más antigua que la Ilíada y que la Odisea fus.ta. 69, 1919, 318-22). Asunto no menos complicado es el que se refiere a la muerte de Edipo. Ya hemos dicho antes que Edipo aurtó en Tebas, según las fuentes más antiguas (Homero, Hesíodo y, seguramente, los -poetas cíclicos. En tos trágicos hay cierta vacilación. Para Eurípides. Fen. 1705 y Sófocles, Ed. R. y Ecl. C. • la muerte de Edipo ocurrió fuera de Tebas; mientras que Esquilo, Siete 1004, está de acuerdo con las versiones antiguas). Su muerte tuvo que ocurrir antes del ataque de 327 1~~ ¡os argivos, a pesar de Eurlp-idem, que en las renician hace sobrevivir -a Yocasta y Edipo a ns hijos, puesto que según los versos ¿e -Momero, ya mencismados -(9 677ma.), en hijo de TAita asistió a sus funerales y también Pol-t.ices cas Argia, su esposa (cf. Hesíodo fr. ¡92 H.—U. = Escol. T a ‘4> 679>. Pausanias (9, 5, 12> explica la ausencia de Poltuices así: ‘Polinices, cuando vivía y reinaba Edipo, salió de Tebas por temor a que cayesen mobre él lea crisenes de su padre, y llegó a Argos, ¿ande se casó con ¡a hija de—fidras-to y volvió a Tebas llamado por Eteocles a la muerte de Edipo... ‘ (cf. Legras, Les Légendes... p. Blm.>. El cómo de la muerte de Edipo es un problema más difícil de resolver, al menos en -lo’que a la versión de los poemas épicos se refiere. La escasez de datos en este punto es tanta que sólo podemos hacer conjeturas. Tanto los comentaristas antiguos, como los modernos han partida siempre de las distintas interpretaciones que se pueden -hacer del hapax homérico ócóointoto; (9 679); -bien como caí¿o en batalla’, o “arrojado a un precipicio’, es decir, cai¿o estrepítomamente’ (cf. Escol. T ad loe. ; también Eumt. a 9679, 1326, 43). Es sorprendente que Pausanías (1, 28, 7>, que más tarde desmentirá (9, 5, 10—11) la tradición de los trágicos en ¡o relativo a ¡a madre de Eteocles y sus hermanos, apoyándose en el significado del adverbio homérico a~ap, no haga ningún comentario al extraño ócóounotos. referido a otro punto contradictorio de la leyenda, -como es la muerte ¿-el héroe; limitándose a decir: -N 328 c~o .. . C9T~ Pdypetctea rcXe~nrioainos OZóCnoóos £1TLt~tOL> he¿vra ~s @wjpcxs á>-wvCaaaczt. Y en 9, 5, 12, sobre el mismo asunto, dice’ ~cra TTIl> TCXClrrTp.> O~6Cwo6os. El hecho de que no contradiga la fábula 242 de -Nigino (O.dcp’¿s irise se occidit ablatis ocults) o de su modelo (hay problemas sobre la cronología de este mitógrafo. Vid. A. Le Boeutle, Hygin, L’Astronomie. París, 1983); puede Indicar que o no la conoció o que estaba de acuerdo con ella. Sófocles en su Ant. y. 50 -dice -de Edipo ¿nc~ijs óixncxcijs í’ &nc~no, es decir, aborrecido y mío gloria, lo que -tace suponer, creemos, que algún tiempo antes de morir, sin que podamos precisar cuánto, fue desposeído del trono. ¿Por quién? obviamente por sus hijos y es posible que cIfro -no tuviera lugar por medios pacíficos; a juzgar por las maldiciones que sobre ellos echó mu padre. Ciertamente, y en -este detalle mo se han deternido demasiado los critícos, creemos que el tipo de maldiciones llevaban en sí mismas escondidas las circunstancias que las motivaron. Por ejemplo, PéLape maldice a Layo con que no tenga munca u.u hijo y que si lo tiene, éste le dé muerte. -¿Por qué este tipo -, ¿e maldición? Lógicamente porque Layo habla privado, por -medio del rapto, a fllope de su hijo. Se busca, pues, un paralelo entre el mal sufrido y su reparación. Por ello, no seria descabellado pensar que sí Edipo, como nos dice la Tebaida. maldijo a sus hijos para que no se repartieran su patrimonio amigablemente, sino que siempre estuvieran peleando y se dieran muerte entre mi; fue debido a que muau hijos le habían 329 —I arrebatado, quizá violentamente, -ese patrísonio que ahora él deseaba que -mo disfrutaran. Isualmente las vejaciones a que era sometido , ea los que ni siquiera estaba presento, sino sus hijos; lo cual puede ínterpretarse como prueba de la pérdida del poder. Nos resulta difícil explicar, lo mismo que al escoliasta de Sófocles, el hecho de que rechazara tan airadamente los muslos (r¿ m.aTIpa>, -que, mest. los poemas homéricos, era la parte mejor de los sacrificios y por ello casi siempre eran ofrecidos a los dioses (vid. 1. 1. Adrados, II. Fersández—Qalia-no, L. Gil, J. 5. Lauso ¿e la Vega: introducción a Honro, ftadr¿¿, 1963, n’. 476—86, emp. p. 486>. Quizá pensaba, como el Agamenán de Esquilo CAgan. 922>, que tal honor era sólo para los dioses y temía incurrir en -un delito de hybrts. Pero si, como nosotros creemos, Edipo fue desposeído del poder y quizá encerrado ea ma propio palacio ¿qué hacer entoaces con el ócóoim&ros homérico? La interpretación de ‘arrojado a un precípício’ no mos parece aceptable. Se trata de una versión que ha surgido por influencia de la leyenda sobre la desaparición ¿e la esfinge, que ya es en si misma bastante dudosa (cf. A. Bernabé, Fragmentos... p. 54, n. 330 41). Esta interpretación fue defendida por Valgiglio, ‘Edipo..A, p. 24 y -ncienteeemte, aumjue sin llegar a ninguna conclusión, ha tratado de explicarla A. Nasaracchia (cf. A. Hamaraccháa, ALa mofle 41 Edipo te Omero’, en Edipo. 11 teatro Greco a La cultura europea. Allí del conuegno tnterraazionale, Urbino, 1982, 529—539> basándose en la costumbre de arrojar a un pozo ) a algunos condenados a muerte, pero Hasaracchia alude casi exclusivamente a ejemplos atenienses y sus testimonios son siempre reciectes; Aristófames y sus escoliastas, ceo algún ejemplo espartano, pero no puede aportar ni un solo ejemplo beocio al respecto, mi antiguo mi -modermo. Desechada pu-es esta interpretación, no nos queda más ;ue la de caido en batalla’; que fue criticada por -Nasaracchia a el citado articulo (p. 530) aludiendo al hecho de que ningún texto anciana una gnrra en la que Edipo hubiera participado encontrando la muerte. No podemos aceptar tal argumento, pues el hecho de que no tengamos un texto sobre el asunto no prueba que no existiera. El intento más serio para explicar esta interpretación del hapax homérico lo biso C. Robert (Oidip’us 1. Berlin, 1915, p. 115s.>, . pero se equivocó al pretender armonizar el texto de Homero con el de Hesíodo, Trabajos 162, para justificar la muerte de Edipo en batalla . Así pues, tras analizar todos los datos con los que contamos hasta el presente, sólo podemos confesar nuestra ignorancia sobre los detalles de la tradición relativos a la 331 muerte del infortunado rey de Tebas. Sin embargo, convendría -no olvidar que -el personaje no fue ano y el mismo a lo ‘largo de toda la tradición mítica y por ello habría que distinguir en cada momento a qué “Edipo’ nos estamos refiriendo. ¿Al Edipo de las primitivas leyendas o de posibles poemas anteriores a Homero?, ¿al ¿e los poemas épicos conocidos?, ¿al de los trágicos?, o, incluso, ¿al -de mitógrafos posteriores? (cf. Legras, Les Légendes... PP. 23—7). Por lo que a la Tebaida se refiere, tanto en La cíclica como en la de fltlmaco, -cronos que su tía debió llegarle en su mismo palacio o al menos en la ciudad de Tebas tras ser arrojado ¿el trono por sus -prop4os hijos, -quienes mo perderían ocasión de humillarlo y despreciarlo hasta el mismo momento de su suerte. Si, como es probable, Homero se refiere a esta etapa de la leyenda, su ócóovn&ros puede magnificar simplemente ‘muertot Quizá ésta •m la causa por la que la Cdisea no hace ninguna alusión al tipo de muerte del personaje, aunque en el mismo lugar si da detalles de la nene de Epicasta. Esto explicarla asimismo que Pausanías (vid. supra>, que pudo leer la Tebaida cíclica (cf. Legras, Les Légendes ..., p. 28> no diera ninguna explicación al respecto e intepretara ócóoxm&ros como sinónimo de ‘muerto”. Legras (Les Légendes..., p. 30, n. 3) también se Andina por este significado. La posibilidad de que el término homérico estuviera utilizado en sentido metafórico y migniticara ‘caído del trono’ o ‘caído en la desgracia” (cf. Sófocles, Ecl. R. 1190s.> ea tentadora, pero demasiado arriesgada. 332 Por otra parte, no podemos olvidar, sin datos contundentes en contra, el valor indiscutible de ‘caído en batalla’ que tiene el ócóounotoq homérico; en cuyo caso, en nuestra opinión, el Poeta ha de referirme al -‘Edipo de las primitivas leyendas originadas fundamentalmente a partir de las coatirnuas lachas entre tebanos y alcionios en las que Edipo no seria más que un rey protagonista de alguna de estas peleas entre vecinos, derrotado y -muerto por sus adversarios. En esta etapa Eteocles y Polinices no serian hermanos todavía, sino quizá miembros de alguno de estos pueblos. De ser cierto lo que decimos, el 6cdovn&ro; homérico constituiría una reminiscencia de esta etapa primitiva de la leyenda de Edipo. Este sería también el contexto que dio ~origen a la -leyemda de Latiope, cementada anteriormente (vid. coment. a fr. anterior). Un análisis de estas leyendas primitivas puede yerme en Legras, Les Légendes, esp. Pp. 4-17 y 7. Vian Les origines de Thébes, ParIs, 1963, cap. Pp. 178-215. Una vez muerto, Edipo desciende al Hades y allí reclama el cumplimiento ¿e las maldiciones que habla arrojado contra sus hijos antes de morir (cf. Esquilo, Etaen. S4msA; siendo, al parecer, 61 mismo el encargado de esta misión Ltn~s: Consideramos pertinente la corrección de la lectura del papiro, cuyo error posiblemente es debido a 333 una h&percorreccióo, puesto-que la forma >Epcm.uis so se encuentra en miugán poeta anterior o contemporáeeo de Antimaco. Sólo tardíamente encontramos ejemplos en inscripciones (cf. lGn <9> 1179,34>. En Homero, en la EL Lacia, encontramos •ímt.máti-caunte la torna EÉLvXUS (cf. ¡ 567; T 418 etc>; en tanto que la Odisea siempre usa la forma >Eptvis. -Esta forma -es tambián la . preferida por los trágicos y, en general, por todos Los poetas y por las inscripciones antiguas (cf. fOn (3) 367). P~ 1otra parte, -no se puede justificar la lectura ¿el papiro por razones métricas, dada la condición de vocal Larga de la L (cf. Eptvos en ir. 89> . , aOjfl7LOPOS Es un hapax que, al contrar.io de lo que piensa Nyss (Reliquia p. ICXXIIsA, creemos que Antimaco formó a -partir de ¡orn sustantivos &n~. eolio ~crcx, ‘aflicción, vejación” y ~ ‘corazón” -y no abre ao~j y el sufijo de nombres de agente —twp; puesto que no es ¡¿tpo ‘el que aflige el corazón”, mino ‘el de corazón afligido”, como lo demuestra la interpretación del comentarista del papiro de Nilán 17 (&o-ijtopo9 TOb «VLO4JCPO1J 10 T~tTo3p) 37 el carácter medio—pasivo del verbo ¿a&,, 4estar - disgtistadot denominativo de &aT~ (vid, otros detalles de la palabra, ami 5como mu relación etimológica con aoaa., en 1’. -Chantra-ine, bicI ionnaire>. Por otra parte esta interpretación se corresponde mejor con los rasgos característicos del personaje, puesto que, como hemos visto, los -sufr.imiemtos de Edipo afectaron fundamentalmente a su ánimo, más que a su 334 cuerpo. Y, de de Antimaco y ciego o muerto elementos típi 2. t9oow: interpretación paso, aleja la idea, al menos para la 7nh,n,rjry muy probablemente para la Ctlciíca, de un Edipo ya por sus manos o por las de otro, cos de la tradición posterior. El adjetivo &oo; presenta problemas de Su significado original es el de ‘rápido”, veloz 8o¿g de futuro 492). etc.; como lo be descansar so 8CuCOpaL de Oc El problema surge demuestra el verbo bre una forma (vid. Chantra cuando, como traducido, a nuestro parecer, sinónimos. Tanto el Dtcticrtr¡a como el Greek—Eneitsh Lextcort recogen el ooSv ó¿yov raptdernertt; es el hecho el descenso una serie de el muerto sea por eso (vid. 4i adjetivo Habría, PO tre de presente verso de Ant as¶ la demeure lo que nos parece er de morir, que puede a la mansión de Hade condiciones previas sepultado; como sa temían 70 ss.) de ó4jov, pues, que tanto En que Dpi n no ión Sino que traduc i se del está r II ra Grec Lid *eoF¼ me, Gr aqui, pido” Frartc dell ecw, aj a)WTL 800 S r oal cts SM imaco. El prime Ccl’Hadés) oit róneo, puesto ocurrir rápida s, para lo que La primera bían muy bien cumpliera segundo, 8oov utilizado después de uzgar horn. no pu guno de A. Scott ro mt i ‘art que un mente se de los este “correr’ por 1, 3 ede de e 46, ser sus Ba i 11 y, (s.v. erpreta des e end a cosa y otra necesitan todas que griegos y requl Sito no es el adverbial abandonar raptdez la mansión de Hades”; que, interpretación mucho más acertada que tampoco recoge, creemos, el sentir de desde la ante 1 poeta, 1 mente. Con luego, rá or, que es pero está una que mas 335 interesado en la descripción del lugar abandonado por la Erinís, que en la celeridad de tal abandono. Por otra parte, Antimaco hubiera utilizado el adverbio 8ow;. como hace en fr. 56, 4 precisamente en el mismo lugar del verso y no el acusativo, hecho del que no hay otro ejemplo en la épica anterior, aunque si en la tragedia (Sof. Iraq. 857). La traducción que nosotros creemos más acertada es la de “profunda mansión”. Lo apropiado del adjetivo en relación con el Hades puede comprobarse por los versos de Homero (~ 14—16), que sin duda tenía presentes Antímaco en este momento. La relación entre dos conceptos, en principio, tan dispares como “rápido” y “profundo” hay que buscarla en una contaminación semántica de los dos adjetivos en ejemplos donde ambas interpretaciones fueran posibles. Así a un ... 6¿vot; en ~ 213 le corresponde un 8oas ... ÓLL’as en Cal. H 4, 149, sin embargo nunca aparece el adjetivo 8oos referido a óѶ en Homero. Otro ejemplo, a un cvpa IJéXaLVa en ~ 126 le corresponde un Oo~’ . . . ~xuIia en Arg. árf. 444 y tampoco en este caso encontramos en la poesía de Homero ejemplos de eo¿ calificando a >cIhn. Este segundo ejemplo, además, pudo verse afectado por casos en los que ambos adjetivos acompañaban a un mismo sustantivo; por ejemplo 1< 336 394 = Hes. óia tnikta de iLión, traduc ir azotes” que “a e Así nos lengua semánt t ad test “negro” demuest negra”, Teo~. 481 8o4 óiá t4)KTa p&c*LUcrL); pero en w 284 En un autor tardío como Trifiodoro (la Torna 261) leemos txv~a Oowt> upairrc>fl>, que debemos no como “rápidos azotes”, sino como “profundos si tenemos en cuenta que unos versos más atrás dice ausa de los golpes fluía parece que fue como a lo a el adjetivo Oo¿s fue in cos tales como “profundo”, III, Epimer. Hom.). Los y “sombrío” son ran ejemplos como porque es profun 5 variantes B 825 y da (cf. 1 la sangre a borbotones”. largo de 1 historia de la corporando nuevos matices “negro”, sombrío” (vid. ignificados de Boa; como de “profundo”. Así lo 1 202 wéXcw =ócnp “agua o que dice B 825 de los habitantes de Celeya: iTtvovrC; ~=6wp wéXcn.’ Akr,%o~o), Teogn. 876 ~ 6~ &av~v yoacz w¿Xacv’ caaopaL, porque identificará con la tierra donde ha sido sepultado. mismo puede decirse de la interpretación que aparece se Lo en 1Es frecuente que los traductores expliquen “rápida noche”, diciendo que es debido a que, sobre todo en los paises mediterráneos, la noche cae rápidamente, lo cual es discutible y más discutible aún, que Homero estuviera en disposición de conocer este fenómeno en comparación con otros lugares. Pero no es ésta la única razón de nuestro desacuerdo; sino, además, porque con la preposición ISLa es claro que se está refiriendo a toda la noche y no sólo al momento de su llegada. En nuestra opinión el sentido de “rápida noche” se debe a la sensación de que durante el sueño el tiempo pasa más de prisa; salvo que queramos ver aquí los primeros indicios de Oo¿; en el sentido de “profundo—tenebroso”; en cuyo caso quizá la traducción más conveniente fuera “a través de la oscuridad de la negra noche”. o 337 > ‘ ‘ , t Epimer. Hont. (vid. supra): 0~ ¶01> iiéXctva, £XXXcK 10V tXKLVCtOV, donde &x¿vcvrov tiene el sentido de inmovible” y quizá también el de “inconmovible”. No es, pues, sorprendente que Buttmann, al estudiar el adjetivo eo¿s (Lexilogus, pp. 365—70), lo encontrara en ocasiones asociado con la idea de terror, o peligro (cf. Teb. dci. 2, 8 Bernabé: OoTjv 6 ov Xát*cxv’ >EpLViV). Finalmente podríamos añadir a lo dicho la explicación de Porfirio al homérico n~yectpc~XXq de r 197 en donde se pone en relación el adjetivo nyjyos, “espeso”, sólido”, “grande”; con p¿Xcr;, “negro”, por medio de ejemplos como >CI~WcrrL nv1r2 (e 368) y wéXav té ¿ Kvpcx ~cc~Xx»yevVP 693). Precisamente en este mismo pasaje Porfirio dice: >AvrC¡.icrxos óc to Xcxnc¿v ¿s &trrtkkwcvov tc» nnyce xappact. (cf. fr. 205 y coment. ). 3. ~cxXkcoL ~Ap6wv 06~XcqaoL: Las fuentes para este verso y el anterior seguramente han sido Homero (0 14—16, E 371) y Eurípides [a)caaa del Papiro de flilán 17. El comentarista ha explicado este fr. como Xapnpá xai tpaxcZa. Teniendo en cuenta esta explicación, dos adjetivos no dificultad para embargo, podemos sentido de “duro, coincidir con el Cab. 430, e mcl nos inclinamos a dado que ambos cuando se usan en además de que, y e editor del papiro, indicar que el adj persona. Quizá un cuyo paisaje es nvrp~ en w 11). pueden Vogí iano refer irse Cp. a unir semánticamente Xapnpo’~ encontrar impetuoso de Xapnpoc uso Esquí aceptar la adjetivos su sentí n esto si la relac etivo se algunos ejemplos • cruel” que tien (cf. Herod. 2, lo, Agam. 1180) opinión del fil sólo coinciden do figurado, o está claramente los dada la y TpaXflS; sin en los que el e ~pa~-u; podría 96; Aristof., No obstante, ólogo italiano, semánticamente por extensión; en lo cierto el parece a una Hades, Acuka~ cabrí a ión entre aplica a lugar en el camino escarpado y resplandeciente (cf. Una vez aceptada está interpretación, 80> considera que c t tfl4JLkpaI.>aeoaa, kpaVaos y ~rpa~’u~ una cosa más que que conduce al 339 suponer un te a continuación de ~Iw¡nwauceaoa, para unir ambos adjetivos. 13. Ji~s S-ruy¿; =6¿úp: También este fr. procede del Papiro de MiLán 17. En opinión de Vogliano (p. GOs.> deberían considerarse palabras de Antimaco y no del comentarista las que preceden al presente fr. Para sostener esta opinión, se basa el editor eii que el comentarista ha dejado después de ~6wp un espacio en blanco, lo que podría interpretarse, como en otros lugares del papiro, que el comentario empieza en este lugar y por lo tanto las palabras anteriores son parte del poema de Antimaco. Ido compartimos, de acuerdo con Haas, este punto de vista, puesto que tanto la P de ~&ap. como la Y de &ITOTCOCTaL, que le sigue estfl completas, lo que produce este espacio, que de no ser así no existiría. Por otra parte, para completar ... iiy podría pensarse en óctvijq (cf. Teog. 776). o, menos probable, ~yeI.>Cflt. Sin duda Antimaco se refería en este lugar a las aguas infernales; mientras que en el fr. 26 habla de la fuente Estigia, situada en los alrededores de Nónacrís; lo cual no debe considerarse como un contrasentido. 340 Fr. 5 El fragmento está tan mutilado que apenas podemos leer algo en los dos últimos versos. Por si fuera poco, en estos versos nos encontramos una situación, aparentemente, muy diferente de la vista en el fragmento anterior, por lo cual se hace muy difícil poner en relación uno y otro, como ya observó Lobel. 4. pactxljc* óopi[ JvtaacLt al sustantivo ~aoLXT~cx parece seguirle un adjetivo compuesto, cuyo primer elemento es el dativo de ó¿pv “lanza”. Como la í. es breve, el segundo elemento del compuesto ha de empezar por dos consonantes o por una consonante doble. De la decena de palabras griegas que presentan esta característica doptciecvvjv es la que más se ajusta al contexto, quizá hecha sobre óopvaenrj; &vijp (Esq. Co.!. 160). Este adjetivo aplicado a paaí.X&; aparece en Antotogta PaLatina 9, 475. Sobre quién pueda ser el rey en cuestión nada podemos decir. 5—6. El tema de las Columnas de Hércules (cf. Eufor. fr. 62 de Cuenca) no tiene que ver directamente con la Tebaida, pero, dado que Hércules es un héroe nacido en Tebas y argivo de raza, no seria extraño que fuera introducido indirectamente en la narración por cualquier motivo. Esta digresión justificaría la posible lectura de qxho (quizá Ls ~aro• como en B 181>, en el y. 4 . 341 Fr. 8 1. —<,na: Podría formar parte del sujeto de >Cóov, si éste fuera la í~ del singular, pero si, comó es más probable, se trata de la 30 del plural no padusos decir nada de ella. t¿pY¡flcrrcz: Es, como bien se ve por el contexto, un derivado de ~p&a “hacer” y no de ctp>-cn “encerrar”. Ambas formas suelen distinguirse por el uso del espíritu suave para la primera y el áspero para la segunda; a pesar de ello, mantenemos la forma de 7p&a con espíritu áspero, puesto que nos parece la preferida por Antimaco a la vista de ~PKTOPÉS (cf. fr. 119> y por la presencia de cp&o (sic) en manuscritos de Homero. En ambos casos quizá haya habido influencia de ~¿tw. Por otra parte ea algunas ocasiones las formas con espíritu áspero no son más que variantes de formas con espíritu suave. 2. nX¿ov: Esta palabra, que sólo aparece una vez en Homero (y 169) la encontramos aquí, creemos, por primera vez referida a un camino terrestre. Con este nuevo matiz semántico volverá a utilizarla Antímaco en fr. 129. La innovación debió tener éxito, según puede verse en este verso de Calímaco (fr. 260, 67 Pf.> ~ypct >C~L itt’ cxovta . — nap& nXc=ox.. ouctov &tcnv, sin duda compuesto según el homérico (Z 15) nánas r~e cpLXhaKcv á&S n1 o~cCa xscxCwp. Por su parte Suda, a. y. nXoitct. dice nXo% ~-~cpKaL 4j ¿óA. 3. CX>VLOLVI El sustantivo puede ser tanto masculino 342 como femenino, es decir, puede---signíficar “esposa” o, menos frecuente, esposo” (cf. Et. It. considerar como más probable el además de su documentación tardí contexto general del fr., en el abandonan a sus mujeres y no al es correcta, el anterior Jot.otv adjetivo de £IJVLOLP, ya que en a un adjetivo compuesto, para e hexámetro, si tenemos en seguramente iría el verbo per 393, 38>. Aquí hemos de primero, pues el segundo, a, no parece acomodarse al que son unos hombres los que revés. Si esta observación no puede considerarse como ese caso deberla correspon~r 1 cual no hay sitio en el cuenta que al principio c , sonal del que depende tkccYScrL ¿5 £ — cvvtotv acaot’ Lxw0att Fórmula homérica con el infinitivo LKWeaL, que DO es frecueatb , pues suele aparecer con ttam., ~tp seguido del verbo cuya desinencia de pasado conservamos con dificultad en lino. oLas: Es el acusativo plural de una palabra extrafla. documentada aquí por primera vez y en la literatura sólo usada otra vez por Apolonio de Rodas (2, 139). Un derivado suyo parece, sin que pueda afirmarse con seguridad (cf. Lobel, p. 25), que se encuentra en la Andrómeda de Sófocles tfr. 134 Radt). 343 Apolonio de Rodas, que sin duda tomó de Antimaco esta palabra, aplica oicxí a las aldeas de los Bebrices, pueblo primitivo y bárbaro cuya organización debía ser más tosca que la de una noXí; griega; Antimaco la usara con idént ciudad griega; aunque es las aldeas, situadas en pero ico se claro los no podemos asegur ntido al referirse que pretendía día alrededores, de la significado o con aa-ru. leído aquí como determ de ~ , no ue e un q u i propiamente dicha. Según esto, pues, el se relaciona más con kúS~fl que con noXu.s 5. Ntncc~ovos h’. 6vcapá>: Lobel ha t. Lykaon’s board’, considerando a AvKaouo; de 6ucapoi-’. Sin embargo, dada la posición r que esto sea posible. En efecto PXL, q dativo locativo del pronombre relativo al le añadió la partícula x’. y que aun con s sigue conservando parte del está introduciendo una nueva orac &uwpOL> pertenecen a oraciones pues, no será “... donde adverbial relativo, AvKán>os y traducción, Lícacón. . . (en el que) verso fuera ciudad) de sino “. .de Licaón un banquete. algo así como: “(y llegaron al palacio o Licaón, donde (se preparaba) un banquete” 0v. fletam. 1 217ss.>. lb sabemos las razones de Antimaco para incluir leyenda de Licaón, que no aparece en ninguno de los ni anteriores ni posteriores, que trataron el tema (e. ar a tin ci de que una gui r udad 01W “Uhere i nativo creemos s antiguo ue más tarde se adquír do valor antiguo carácter lón. Según esto diferentes y su el banquete de g. el palacio), donde del a la (cf. aquí la poetas, de la .“ Quizá el sentido general 344 Tebaida. Se nos ocurre, no obstante, que podría aquí Antiamaco hacer argivos, como, tebanos (vid. relación. Lica Pelasgo; pero unanimidad, pu Para Hesíodo había surgido citado por Apa tanto hermano 22, 1), era h Agénor (Higin como hijo de Europa. En re por tanto de segunda Pelasgo 1) pero 7, 3, 1 habrí a primer hacer donde (vid. su hijo y comen fundado a que vio ciudades” se celebr6 Piccaluga, una descripción segun parece, supra, p. 32s.) ón, según todas sobr es se fr. 1 de la lodoro de Argos ijo de Tr o, fab. 1 Ag~nor) sumen, t Licaón; e e dan h 60 II-iI) t erra II 1 io 24 de abí q h y las 1 origen asta tre Pelasgo ra misma de Arc 1) era hijo y finalmente, pas y Sosis, he lo cita entre la ascendencia de los a hecho antes con los uizá poner a ambas en versiones, es hijo de de éste no hay tanta s versiones diferentes. e autóctono, es decir, adia; para Acusilao, de Zeus y Niobe, por según Pausanias (2, rmano pues de Yaso y los reyes argivos y por consiguiente enemos dos filiacione una arcadia y otra habría muerto también en seguramente em t. a fr. 26> y la ciudad de Li el sol y de la (Paus. 8, 38, 1 el banquete al Lycaon. Un tema emparentado s de argiv Argos igrarfa a Arcadi allí, en el cosura (Paus. VI que aprendieron >. Tuvo que ser que refiere mitico, Roma, con Pelasgo y, a. Según la (Paus. II 22, a (cf. Paus. monte Liceo, II 2, 1), “la los hombres a en este lugar el fragmento 1968). 345 Fr. 14 ~OTt TL~1 Con las variantes Lnt 6~ rts (cf. fr. 98>. £0Tt ó~ tos., siempre a principio de verso, suelen empezar los poetas épicos la descripción de lugares (vid. ¡oc. sin. ). En este caso se trata de un monte situado al Norte de Tebas en el camino que va de esta ciudad a Calcis, el Teumeso. La cita más antigua de este monte se encuentra en el Himno homérico a 4po¡o (y. 224). El dios lo visitó cuando buscaba un sitio para establecer su oráculo antes de la fundación de la ciudad por Cadmo. Dice el Miaran han, que el lugar estaba cubierto de vegetación, “pues aún no habitaba ninguno de loa mortales en la sagrada Tebas, ni habla sendas aún ni caminos en la llanura” (y. 26ss.> y del mismo modo se lo encontraron seguramente Zeus y Europa cuando se ¿etuvieron en él (vid. fr. sig.>. El lugar se hizo también famoso a causa de una zorra, conocida como la zorra del Teumeso, que en el reinado de Creonte asolaba la región (cf. £ptgonos, fr. 5 Bernabé; Corma PMO872; Ant. Lib., ¡‘teL. 41; laus. 9, 19, 1 y Apolod. II 4, 6,.). La presencia del Teumeso tanto en el relato del Himno, como en el de la fundación de Tebas plantea un interesante dilema: ¿cuál de las dos leyendas es más antigua, la de la fundación del oráculo de Apolo o la de la ciudad de Tebas? Si pensamos en lo que dice el Himno han. y en la antiguedad de éste, así como que Cadmo recorra en basca de Europa casi el mismo camino que había recorrido Apolo y que el 346 fundador de Tebas consulte el oráculo délfíco antes de emprender su labor; habría que concluir que efectivamente Ir leyenda de Apolo es más antigua que la de Cadmo. Sin embargo, una serie de detalles, minuciosamente analizados por Vian (Les crismas, Pp. 76—93), parecen apuntar en sentido contrario. Por ejemplo, se considera como un elemento reciente la intervención de un oráculo en la fundación de una ciudad (cf. Id. Schuartz, QuaesL iones >ierodoteae, 1890, p. 15) y el hecho de que Cadmo no incluya a Apolo entre los dioses a los que ofrece sacrificio de acción de gracias tras la fundación de la ciudad, parece apuntar también al carácter más reciente de la leyenda délfica. Por otra parte, los dos topónimos citados en el Himno a Apolo, Nícaleso y Teumeso, parecen más relacionados con la leyenda de Cadmo. El primero se justifica por el mugido de la vaca que conducía al fundador de Tebas y el segundo está en relación con el rapto de Europa (vid. fr. sigA. E. Vian (Les origines. p. 83) cree que el autor del relato pítico era un focidio o beocio de origen no tebano que pretendía justificar, erróneamente, la mayor antigUedad de Delfos sobre Tebas. Por otra parte, en el Himno hoin. hay que distinguir dos etapas. Una, muy antigua, relacionada con el culto a Apolo en Delos y otra, menos antigua, relacionada con el culto de Apolo en Delfos (cf. A. Bernmabé, Himnos homéricos, La Batracomiomaquta. Madrid, 1978. pp. 85—105 y A. Esteban, El Himno homérico a Apolo (T. Doct.) 1980, 845ss. Para la 347 cronología de ambas leyendas, Y. Vian, Les~ecriginss, p. 83). No creemos, de acuerdo con Uyss (p. 2), que Antimaco se entretuviera excesivamente en describir el Teumeso, según parece indicarlo el testimonio de Aristóteles, aunque de lo dicho por Estrabón, que seguramente interpretó mal las palabras del estagirita, pudiera deducirse lo contrario. Lo cierto es que el lugar era lo suficientemente conocido para que el poeta de Colofón fuera a mostrarlo como si acabara de ser descubierto (cf. 6 568s.>. Fr. 15 itodo el fragmento está claramente inspirado en el Himno hont. a Hermes : pcncc~pc.n.> 6~ Oe¿Sv 4~XtóCXO’ ‘¿ps.Xot’ / ~vrpov ~aw vaCo,.aaa nc*xCaxtov, ~¶i.~GaKpowCún.. -‘ V’I.J9fl c%JnXOKa~Jc — 3..— 3, ‘ c, LJLOTCOkÉTO t’UKTO . 7 oq>po KUTa rXxnciis ¶nn.’os £~OL Xeutc¿SXwov “HpT~V. / MjOcav á&wcxovs re Gco~; Ovwrois ~r> ¿vep¿~now. “Rehuyó el trato de los dioses viviendo dentro de una sombría cueva, allí el hijo de Crono solía unirse con la ninfa de hermosos bucles en la oscuridad de la noche, mientras el dulce suello retenía a Hera la de nLveos brazos, ocultándose a los dioses inmortales y a los mortales hombres”. 1. KpovC6~~: En Homero siempre referido a Zeus, así como en la posta en general antes de Antimaco (cf. un caso que podría ínterpretarse como referido a Poseidón en Corma, 348 PMO. 656>; no obstante el poeta de Colofón lo volverá a usar (fr. 79, 5>, esta vez referido a Hades. ~s <~i~> pcya T’QOLI¿.&PaOGCL: Aquí, en un ejemplo que contradice su estilo, Antimaco ha pretendido concentrar en e’ —% un hemistiquio un verso formular homérico (cf. >4 242 os naos. a Gvylros.ot. Kas. aat’aros.as.t’ w.nootL ). 2. rcuvujocrTo: Es vidente que Antimaco usa el verbo para bacer un juego de palabras entre el nombre del monte y el aoristo del verbo Tcvyao¡JaL, que, de acuerdo con los lexicógrafos, equivale a Tcz1a~ y napaoKEflnCw; además de establecer el origen de tal denominación (cf. fr. ant.>. La idea de relacionar la realidad geográfica del presente con la leyenda del pasado, para darle mayor realismo, será una práctica muy extendida en la poesía alejandrina. En cuanto al verbo en si, Antimco pudo tomarlo de algún poeta beocio, por ejemplo Corma, que sabemos preató dos formas pronominales a Antimaco (cf. fr. 95 y 159> y que escribió un poema con el tema de los Siete (cf. PMO 659>. Sobre la influencia de Corma en Antimaco cf. Nyms, p. XIII y nuestro comentario a los frs. citados. 3. •oCvt.cos ~coópfi:Antimaco sigue aquí la versión de los autores más antiguos, Homero (E 321s.), Hesíodo (fr. 140 y 141, Bm 34.—U.) y Baquilídes (fr. 10 Naehíer); según la cual Europa era hija de Fénix y no de Agónor. Sin embargo, después se aparta de estos autores, que situaban la unión de Zeus y Europa en Creta, para seguir una versión según la cual dicha unión había tenido lugar en el Teumeso. 349 Curiosamente en defensa de esta última no podemos presentar más que dos testigos, Antimaco y Pausanias (9, 19, 1>. No sabemos quién ha sido la fuente de Pausanias, pues éste nos presenta el hecho con un “algunos dicen”; pero evidentemente uno de ellos es Antimaco. Antes del poeta de Colofón quizá Eumelo de Corinto, que compuso una Europea (frs. 11—13 Bernabé> y en el fr. 18 Bernabé introduce una innovación sobre el nacimiento de ZeuS un Lidia, en lugar de en Creta. También Estesicoro compuso una Europea (PMO 195 y posiblemente 237 y 236); aunque no podemos descartar la posibilidad de que fuera Antimaco mismo el innovador y, por consiguiente, la fuente de Pausanias. Fr. 17 &pncó¿ccaa: Creemos que se trata de un adjetivo creado por Antimaco, quizá a partir de algún adjetivo como ~nc6os. “llano”. Sin embargo este adjetivo, que utiliza Heródoto (1, 110), quien refiriéndose al territorio medo dice a ‘. ... 3, “... cars. itaca omcóo~” , no se adapta bien, sobre todo al principio de verso, a las características del hexámetro; así que Antimaco se vio obligado a componer un adjetivo nuevo, quizá a partir de api.—, ‘fácil” (cf. ¿pCrL’únos, “fácil de reconocer”>. Nícandro (Ther. 420> usa un ápncó~s. también un hapax y meguramente la versión no poética del adjetivo e, antimaqueo, que sin duda es la contracción de oepm.neócs 350 (cf. Chantraine, Dtctionrtaire s, y, &pncd.2s). upcSxvij: Etimológicamente, de acuerdo con la opinión a más aceptada, el adverbio np¿xtn procede de npoyovu a través de su forma apocopada npoyvv Apolonio: to ISe to anapaLTTItws cvrai>Oa olwcx&’cs.. Ahora bien, el problema consiste en tratar de armonizar 351 esta variedad de significados. para ello veamos los ejemplos anteriores en su contexto: 1. ¡ 569s.— kLKXTj’7K0V0’ ‘A~óT¡t’ KaL CflcKLVTjt> flcpac9¿vcs.cev.7 npo»’u Ka&ctopcvfl. óc~otno 6~ &~,cpvai. KOXnOL, “caída npoxt’v. se humedecían de lágrimas sus senos mientras llamaba a Hades y a la horrible Perséfone”. 2. * 458-60.- toi> ór¡ VUL’ Xao tas. QCPCLS zaptD. avISe pc&’ c A — CA C A > A A-’ ~pcwt’ /ncí.pa ws KC Tpwts vncp~í.aXoI. anoXL.n.rraL/ npo~vu Ka>cLú~, aA ~— cuy natas. >cac as.óomws aXoxoc.ai. “y ahora vas a favor de la gente de éste y no colaboras con nosotros, para que los fieros troyanos perezcan np¿xvu de mala manera, con sus hijos y mujeres honradas”. C > A 3. t 68s.— ú~ ~cXX’ CEX$ ano gXov oXca8as./ np¿xln. > enes. noXX&.> aóp&. ~n= yo’~5vc& ~Xvct “ojalá pereciera la estirpe de Helena npoxI-ru. pues dobló las rodillas de muchos varones”. c 4. fr. 17.— apncó¿caaa 6’ ~Xaw¿pcvat. KaL npo»zu T CTX>KTaL A “carece de obstáculos para andar y (es> npo»ni lisa”. A 5. Ap. E. 1, 1117s.— ‘EaKc dc ti OtL~C9O1-> CtVflO~ a — a.’ c 1 1-> “Si npo»ni un dios nos ha impuesto a los dos esta carga 352 Sí ahora tratamos de sustituir el adverbio griego por alguno de los nuestros, veremos que para dos (el 4 y 5) es perfectamente aplicable un adverbio de cantidad, como “muy, totalmente”, etc. El número 1, sólo admitiría “de rodillas”, es decir, el sentido etimológico de Ir palabra. El sexto ejemplo sólo admite algo así como “inexorablemente, ineludíblemente”. En cambio, los numeros 2 y 3 pueden admitir tanto un “totalmente”, como un “inexorablemente” e incluso un de rodillas”. Así pues, de lo anteriormente expuesto, puede A concluirse que npoxuu. al parecer ya desde Homero, en algunos contextos pasó de significar el modo de súplica a identificarse con la súplica misma (cf. expresiones como “ni aunque se ponga de rodillas”>; sí bien en estos casos con efectos negativos, es decir, sin conseguir el propósito de lo pedido. Así el ejemplo de t 69 vendría a significar algo así comot “ojalá pereciera la estirpe de Helena (aunque suplícara de rodillas salvarse>, pues dobló...” Téngase en cuenta que npo~tuis, por su origen, es un adverbio de modo, no de cantidad, aunque en algunas ocasiones quepan ambas posibilidades. Por este motivo no hemos podido incluir los dos ejemplos que nos quedan (4 y 5) en la anterior Aexplicación. En nuestra opinión el significado de npo»’v como completamente”, totalmente, ha surgido de una contaminación entre su sentido original, sobre todo a partir de casos ambiguos, como ~ 89; y adverbios de cantidad tales como nc~rxv o nc~vu y esta acepción de np$~yv parece ser 353 Antimaco el primero en usarla. Sobre cuál sea el objeto de descripción que nuestro poeta presenta en este verso poco podemos decir. Parece seguro que se trata de un camino; sin que podamos precisar cuál. Quizá el que conduce de Tebas a Calcis (vid, comen. a fr. 14). En cualquier caso no parece que esté ya relacionado con el rapto de Europa, sino referido a un periodo posterior a la fundación de la ciudad; al menos si Antimaco tuvo en cuenta lo que decía el Himno hoa. a Apolo (vid. aupra). Fr. 18 Tióyj; it’ OWcC6rjq: El uso de nombre de persona acompaflado de patronímico es muy frecuente en la épica (cf. a e E 813 Tnó~oq ... Os.pcs.óao). Antimaco emplea aquí la forma arcado—chipriota, quizá por influencia de Ibico (PMO 306), dc los sustantivos en —cvq. cuyo origen parece ser una refección analógica sobre sustantivos en —qq (sobre los temas en —cÑq cf. Chantraine. La ¡orr.at Con das yaoas en grec ancien, p. 125ss. y, sobre todo, el eflaustívo estudio de J-L. Perpil.lou, Les subs¿ant e/a greca en -tus. ParIs, 1973>. No sabemos cómo se completaría el verso, pero, por los frs. que miguen, parece que estamos en la parte del poema donde Tideo y Políníces se encuentran y son acogidos en la casa de Adrasto. Es importante destacar el hecho de que ya en el primer libro aparezca uno de los siete caudillos de la expedición, 354 pues ello puede suponer que el poema no era tan prolijo como los enemigos de Antimaco parecían empelados en destacar; al menos en lo que al comienzo se refiere (vid. test. 21). Tideo es hijo de meo, rey de Calid6n, cazado en segundas nupcias con Peribea. Del primer matriomio, con Altea, tuvo Eneo, entre otros hijos, a Neleagro y Deyanira. Es Eneo nieto de Agénor; así que ya tenemos a Tideo y Polínicos unidos por lejanos lazos. Siendo joven dio muerte, según unos, a un hermano de Eneo o, según otros, a los hijos de Helas. Sea como fuere tuvo que huir de su tierra y tras ‘~ andar errante por diversos lugares llegó a Argos y como era de noche, según Eurípides Fen. 415 y Apolod. 3, 8, 1, se dirigió al palacio de Adrasto para buscar refugio. Al mismo lugar habla llegado un poco antes Polínicos y pronto en el propio vestíbulo del palacio surgió entre ambos héroes una pelea a causa del refugio (Fon. 421>. Ante el ruido de la disputa salió Adrasto y al verlos pelear con tanta furia (según otras versiones, al ver un jabalí y un león grabados en sus respectivos escudos, o bien, que ambos contendientes iban vestidos con piel de león uno y de jabalí el otro), recordó un oráculo de Apolo, según el cual casaría a sus hijas con un jabalí ottót>: Sobre este posesivo se creó gran confusión ya deBde antiguo. Homero lo utiliza sólo en una ocasión nán, Roma, 1983, p. 517). Antimaco, por su parte, utiliza este pronombre en el fr. 99, imitando el pasaje homérico, como segunda persona; mientras que en el presente fr. lo considera de tercera. Habrá que interpretar, pues, “la desgracia de ellos dos” aquí y mía palabra de 356 vosotros dos” en 99. Todas estas alteraciones, más la influencia de Zenódoto, hicieron que los poetas alejandrinos, Apolonio de Rodas fundamentalmente y también Teócrito, utilizaran con gran libertad el presente pronombre posesivo (cf. Apol. E. 3, 395; 2, 485; 4, 454). El posesivo dual no deja lugar a dudas de que se está hablando de las circunstancias que obligaron a Tideo y a Polinices a dejar sus respectivas ciudades. Fr. 21 áoncxaCwq ít~ oea’ ayw OLKO(6Ci oqxa’ podría representar A en realidad tanto a oea¿, como a o~w. pues ambas formas eran usadas indistintamente por los poetas (cf. coment. a fr. ant.); pero, como bien observó Haas, citado por Uyss (p. 6>, Antimaco tiende a huir del hiato. El fr. recoge la acogida que Adrasto da a Tideo y Polinices en su casa. Quizá el uso de os.xaóc sea aquí poco apropiado, puesto que los dos héroes se han peleado casi en el propio palacio de Adrasto. Antimaco, pues, ha debido incluirlo por razones métricas. 357 Fr. 22 OLOL coav paos.Xc4ropcs Atys.axijwvt (3CXOLXCtTLJ3p es un hapax creado por Antimaco a partir del del mismo modo que a partir del denomí (Per. 851) presenta un aL>aKtÚ>p. El suf agente, puesto que tiene su origen en Significaría, pues, “el que ejerce la Sin embargo, esto no aftadiria gran del original ~aus.Xeu;, por lo que en debió ejercer su influencia el intensí Tirteo fr. 9, 7 Gent.—Prat.>; vendría la palabra “los principales jefes de , A que también ava~íúp se utiliza con mt personaje (Esq., ¡oc. cit., lo dice de de Agamenón; Eur., 1/. Tai.u’. 1414, de denomnat ivo a — nativo auaaaco. ijo —íú~p debe un verbo deno (3aa LXÉ1JÚ3; Esquilo ser de mi nativo. acción de reinar”. cosa al la form yo —lepo; entonces los Egia ención de Darío; y Posidón significado a antimaquea (cf. K 239 y a significar los”. Nótese destacar al en Col. 356, (cf. también Hes. Ir. 144, 1 11.—U, o; paus.Xrxrato; (Minos) &I.mí&.’ ~aas.XY~ú3L>). En Ir. 56, 4 escribe (?aas.Xcvst.v ‘Axat¿SV. La distinción, creemos que no es casual. Aquí se está reclutando o se va a reclutar a los jefes de la expedición e interesa destacar la relevancia de los héroes; mientras que allí estos mismos héroes, ya conocidos y seguramente una vez que el poeta ha destacado sus cualidades más relevantes (cf. Ir. 25 y la presentación que Helena hace a Priamo de los principales jefes aqueos en r l6Oss. ), participan en un banquete. AryíaXTjwl>t Antimaco lo dice de los argivos en general. 358 La palabra tiene su origen en cx~rm.cxX¿s “una orilla del mar” (cf. Hesiq. s. vA, por antonomasia la de la Acaya y después toda esta región (cf. Herod. 7, 94 y Estrb. 8, 7, 1). Dos motivos, creemos, influyeron en Antimaco para dar esta denominación a todos los participantes en la expedición. Por una parte el citado pasaje de Heródoto, quien dicel “Los jonios.., durante el tiempo que ocuparon, en el Peloponeso, la región que ahora se llama Acaya .., según dicen los fllsgos, recibían el nombre de pelasgos egialeos”. Por otra parte, la intención de destacar el protagonismo de Adrasto y el papel que en las antiguas leyendas había tenido Síción, lugar en el que según Homero (E 572) Adrasto había gobernado por primera vez (cf. Herod. 5, 67—88.). No obstante estas influencias, lo cierto es que Antimaco fue el primer poeta, que sepamos, que dio el nombre de egíaleos a todos los argivos y que tal denominación se extendió, entre los poetas posteriores (cf. Eufor. de Calcis fr. 91 A. de Cuenca y Teócrito 25, 174), a todos los griegos (cf. más ejemplos en Neineke, .4nalecta .4lexandrina si-ue coantentattones de Eu$ioz-ione Chalctdensi, Berlin, 1843, Ps 115>. Fr. 24 iCói*o;: Este es el último Ir. que podemos satuar con seguridad en el libro primero de la Tebaida. Schellenberg supuso, teniendo en cuenta lo que el propio Esteban de —359 Bizancio dice en 228, 19, que con el nombre de Cinto Antimaco quería referirse a toda la isla de Dolos. También las palabras de Estaciol “... o ya prefieras el sagrado Cinto, que proyecta su sombra en el Egeo” (Teb. 1, lOIs.>, parecen recoger esta idea. Con este ir. podría estar relacionado el 244 . Por lo demás, no sabemos los motivos por los que Antimaco se refiere al Cinto, quizá con motivo de alguna invocación a Apolo ¿relacionada con el tema de Anf Sarao y su conocimiento del fracaso de la guerra? Casualmente, aunque no tiene porque existir relación entre ellas, también Estacio fínalíza el primer libro con una extensa narración principalmente dedicada a Apolo. Fr. 25 Parece que este fr., ubicado por Uyss (p. X) en el libro segundo de la Tbaida, formaba parte de la presentación de los distintos participantes en la expedición (vid, comentario a ir. 22). Seguramente el poeta de Colofón, siguiendo los modelos de Homero y Esquilo (Siete 375ssA hacia una semblanza de los héroes, 380 una vez que fueron reclutados, como nos informa la lItada (1 376mB.>, por el propio Tídeo y Políníces (una caracterización de los siete con rasgos más positivos puede verse en Eurípides, Supí. 858am.>. Por lo que se refiere a Tideo concretamente, el personaje ya aparece en Homero (A 370ss. 3 plenamente caracterizado como un valeroso guerrero, más hábil en la lucha que en el ágora, y un protagonista destacado en la expedición contra Tebas: Recluta, en compaflia de Folinices, tropas; se presenta en Tebas como embajador poco antes del combate, donde sufre una emboscada de la que sale indemne y muere ante los muros de la ciudad de Cadmo luchando valientemente contra Helanipo. Entregado algunos en compaflia de su madre, a 1 desarrolló más sus cualídes viriles que las lo cual se granjeó la simpatía de Atenea. cualidades para la guerra se escondía un crueldad, que llegó al extremo cuando, morí sena de su enemigo Nelanipo (Tebaida Bernabé) en un freneml antropofágico que propia Atenea, quien le retirá el don de la de niflo, según os porquerizos; oratorias, por Pero tras estas poso de feroz bundo, devoró los ctcltca, fr. 9 estremeció a la inmortalidad que iba a concederle. Con rasgos no muy diferentes a los aquí expuestos debió caracterizar Antimaco en su Tebaida al héroe etolio. 381 Fr. 26 Según vi comentarista del Papiro de Hitón 17, Antimaco de Colofón hacia referencia en el libro tres de su Tebaida al agua de la Estige, situándola en Nónacrís, ciudad arcadia cuyo nombre (cf. laus. 8, 17, 8) procedía de la mujer de Licaón. No sabemos con qué propósito se habla de la Estige en este lugar; aunque ello no es sorprendente, pues esta región debió tener un papel destacado en la leyenda ; pero quizá se refiera a la procedencia de algún contingente de tropas reclutadas en este lugar de Arcadia . 362 Fr. 27 Parece ser, al decir de Uyss (p. IX), que Antimaco hacia aquí una comparación entre el centimano Briareo/Egeón, durante su participación en la títanomaquta, con Tideo o algún otro héroe. Sobre la postura de ¡gaón en la lucha con los titanes hay dos versiones: Según una, transmitida por Homero (A 402> y Hesíodo , como por Estacio (Teb. 2, 586), parece que era la más antigua creen que Estacio no siguió aquí al poeta de Colofón, sino — a Virgilio. Cabria, pues, preguntarse ¿a quién siguió Virgilio? En nuestra opinión, de acuerdo con Vessey (art. cit. y. 127>, es muy probable que su fuente fuera Antimaco. Y ello por dos motivos: Por una parte, no es seguro que 383 Virgilio pudiera leer el poema de Eumelo, que debió caer en el olvido muy pronto bajo el peso de la Teogonía de Hesíodo (cf. F Chamoux, “La poésie épiquw tpr&s Homére”, Cahiers des ttndes anciennes, 2, 1973, y. 8> y de la criba que del Ciclo en general hicieron los alejandrinos, en especial Aristarco (vid. A. Severyns, Le Cycle épique dans l’école d’Aristarque, Lieja—Paris, 1928). En cambio, en la época de Virgilio el poema de hwt&maco era muy conocido, como lo demuestran los varios testimonios conservados sobre él. Por otra parte, el hecho de que el escoliasta de Virgilio mencione a Antimaco podría indicar que lo consideraba su fuente. En cualquier caso la discusión es un poco bizantina desde el momento en que los dos poetas romanos conocieron el poema de Antimaco. En cuanto a en qué momento de su obra hacia Antimaco esta comparación, nada sabemos con seguridad; pero, si Estacio la tomó de él, directa o indirectamente, es muy posible que también hubiera coincidencia tanto en el héroe (Tideo>, como en el momento de la acción (la embajada a Tebas); sobre todo si, como dice Uyss, Antimaco puso la embajada de Tídeo en libro tercero; es decir, antes de la salida de la expedición; punto en el que también coincide Estacio con Antímaco. 384 Fr. 28 con valor adverbial, colocado en la diéresis bucólica, tiene una finalidad métrica, más que semántica (cf. r 178; 8 332) Uyss, siguiendo a los editores anteriores (cf. Stoll fr. 10), sugiere que el verso hace alusión a Yocasta, la madre de Eteocles y Polinices, que estarían representados en o~w (sobre awco ver el comentario a los frs. 20s. y Uyss y. 9>. Suponiendo que sea cierto; pues, por ejemplo, Helm creía que el fr. se refería a los hijos de Ide, muertos por Tídeo (vid. ¡st., Teb. 2, 830ss.) durante la emboscada que los tebanos hicieron contra este héroe (cf. 1. Helm, ~ — Papinii Statu Tb~aide. Berlin, 1892, y. 10), no sabemos si Antimaco utilizó el nombre de Yocasta o el homérico Epicasta (vid el comentario al Ir. 4 y Legras, Les Légendes... PP. 41-49). Fr. 29 Esteban de Bizancio ha conservado el nombre de Anfigenia, ciudad mesenia, según Antímaco; aunque Apolodoro la considera de Elide. El nombre de esta ciudad, como manifiesta Uyss, aparecía seguramente en el catálogo de las ¡mentes argivas, que, también según Uyss, se exponía en el libro cuarto de la Tebaida. Es obvio que toda esta parte, frecuente en los poemas épicos, está inspirada en Homero. 365 Para este asunto quizá pueda sernos útil la Tebaida de Estacio que ha tomado casi ad tu Lera las ciudades que en la it Lada vemos en el bando de los argivos. Son éstas: Epidauro, Anfigenía, ¡tome, Trión, Epí, Helos, Pteleón, Dorión, Hesa, upe, Estratía, Enispe, Tegea, Orcómeno. Los paralelos entre Homero y Estacio respecto a estas ciudades, incluso en los epítetos utilizados, no deja lugar a dudas sobre quién fue su fuente fundamental en esta parte de la obra (cf. E. Helm, op. cít. y. lOsa. y Legras, La Thébatde • .. , pp. 51— 54). Sin embee~o existen algunas ciudades citadas por Estacio que no aparecen en Homero. De estas ciudades Estacio (4, 717) menciona una, Langia, que no tiene precedente en la literatura latina, y que es citada por Nicandro de Colofón (Atexif. 105>, que parece haber sido imitador de su compatriota (cf. coment. a fr. 62 y Vyss, p. XLIVM lo cual podría ser un indicio de que Estacio me fijó en el catálogo de Antimaco para introducir algunas variantes respecto a Homero. Tal es el parecer de Legras (La Thébalde... p. 52s.>, quien añade algunos detalles más en el mismo sentido. También Vessey (“Statius and Antimachus”, 130*.), por lo general reacio a admitir la dependencia del poeta romano respecto del griego, se siente aquí inclinado a aceptar la tesis de Legras. Sí esto fuera cierto, es posible que en este lugar se mencionara a Capaneo; de acuerdo con lo que dice Estacio (4, 178) “a sus ódenes están los que nutre la fértil Anfigenía, la llana Mesenia y la montafia3a Itome”. 388 Este héroe, que supera al mismo Tideo en estatura y en violencia y que había asegurado que incendiaria la ciudad, aun con la oposición del mismo Zeus, cuyos rayos no consideraba que hicieran más daño que los del sol, murió fulminado a manos del rey de los dioses (cf. Esqu., Siete 422ss. 1. Aunque de este hecho sólo conservamos una breve descripción en las renicias de Eurípides (1172ss.>, dubió tener una gran importancia en las leyendas antiguas. Por lo demás, parece lógico que Antimaco no considerara a Anfigenia relacionada con la elea Hacistia, ciudad que según Esteban de Bizancio (s.v.) habitaban los caucones; puesto que en el fr. 61 (vid. coment.> se menciona la anterior destrucción de la caucónida Dime a manos de algunos jefes argivos. Fr. 30 flapbcvonoa.e.: Seguramente también este fr., como el anterior, formaba parte del catálogo de los argivos. Se considera a Partenopeo a veces arcadio y otras argivo. Según la primera versión, es hijo de Atalanta (cf. Eurípides, renucías 150 y escolio, e Higino, 70>, en cambio los que siguen la segunda versión lo consideran hijo de Tálao, por tanto hermano de Adrasto, y de Lisimaca (cf. Apolod. 1, 9, 367 13). Pero otras variantes aun lo consideran descendiente de Meleagro (Higino 99), o de Ares Antimaco, quizá bajo la influencia de la Tebaida cíclica . aPdponaLs aL>T~p. pero que poco tiene que ver con las leyendas antiguas, en las que Partenopeo, que según Pausanias (2, 20, 5> tenía un hijo llamado Prómaco integrante de la expedición de los epígonos, era con toda seguridad un héroe de rasgos parecidos a sus compañeros de expedición. La influencia de Virgilio y de los pueri deltcati de las Sitias (cf. SiZu. 2, 1 y 6, y 5, ~5) son evidentes en Estacio (cf. Legras, La Thébetde... 218s. y Vessey, “Statius and Antimachus”, 132s.). Pero sí son muchas las variantes sobre el nacimiento de Partenopeo, casi tantas son las que hay acerca de quién fue el responsable de su muerte. Para Esquilo (Siete, 558), 368 único poeta que recoge esta variante, murió a manos de Actor. En Eurípides (Fenic. 1157ss.) es Periclimeno quien le da muerte con una piedra. Pero el dato más significativo sobre este asunto nos lo ofrece Pausanías, que en 9, 19, 6 dice: “La fuente Edipodia tomó su nombre de que en ella se lavó Edipo la sangre del asesinato de su padre. Junto a la fuente está la tumba de Asfódico, el cual en la batalla contra los argivos dio muerte a Partenopeo hijo de Tálao, según dicen las tebanos; aunque los versos de la Tebaida dicen que el matador de Partenopeo fue Periclimeno”. Este desacuerdo entre dos fuentes es sin duda reflejo de las, al menos, dos versiones que existían sobre la expedición de los argivos; una desde el bando tebano y otra desde el peloponesio. Los tebanos consideran a Asfódico (Anfidico sólo es una lectura corrupta del anterior) el matador de Partenopeo, porque era descendiente de Astaco, uno de los hombres sembrados”, y por ello autóctono. En tanto que Períclimeno era hijo de un dios, Posidón, venerado en la Argólíde. La importancia del relato de los Siete desde el bando tebano la ha puesto de mautt¡eno Y. Vian (Lez Origines. . . , p. 203> al señalar cómo cuatro de los héroes argivos, Hípomedonte, Eteoclo, Partenopeo y Tideo; es decir, todos salvo Adrano, que consiguió salvarse; Anfíarao, que fue tragado por la tierra cuando iba a ser alcanzado por 389 Nelanipo. Y finalmente Capameo, que, como hemos visto, fue fulminado por el mismo Zeus; murieron a manorte los descendientes de Astaco; a saber, Ismaro, Léades, Asfódico y Nelanipo. El ilustre filólogo sugiere además que la desconocida fuente de Pausanias y Apolodoro, que seguramente contaba por extenso las aristias de los descendientes de Astaco, pudo ser quizá la Tebaida de Antimaco en lugar de Baquilides, como había pensada Robert (Oidipus 1, 134). Frs 31 - 82 Constituyen estos frs., transmitidos en parte por Ateneo y enriquecidos recientemente por el Papiro de Berlín 21127 editado por Maehíer en 1984 (H. Naehíer, “Neue Pragmente aus Antimaohos’ Thebais”, .4tti del Xvii Congresso InterrzasionaLe di Papirología, Napoles, 1984, pp. 289-296), los restos más extensos de la Teba.i.~ de Antimaco que hasta el momento han llegado a nosotros. El tema central de dichos frs. es el banquete que, al parecer, Adrasto ofreció en su casa a los jefes de la expedición contra Tebas antes de su partida. Sin embargo, aun siendo estos los añicos más extensos que conservamos del enorme recipiente que debió ser el poema de Antimaco, su interpretación no resulta en absoluto sencilla; debido fundamentalmente a la transmisión de los mismos. Por una parte, los fragmentos del Papiro de Berlín, 370 lo último que ha llegado a nuestras manos del poeta de Colofón, tienen un aspecto tan lamentable y una figura alargada y estrecha que, aparte de añadir algún detalle nuevo, sólo han servido para poder fijar mejor el orden de los transmitidos por Ateneo. Por otra, los llegados a través de Ateneo no proceden directamente del poema de Antimaco, sino del léxico de Pánfilo; por lo cual a veces me ha dudado de que todos pertenezcan al libro quinto, como se nos dice. Como es lógico, esta precaria transmisión nos obliga a plantearnos algunas cuestiones de difícil solución. En primer lugar; ¿los fragmentos se refieren a uno o dos banquetes, precedidos de un sacrificio? Si se trata de un solo banquete, ¿se refiere al que al parecer estaba teniendo lugar en casa de Adrasto cuando llegaron Polinices y Tideo?, o ¿a uno celebrado, una vez reclutadas las tropas, poco antes de la partida?, o, incluso, ¿a algún sacrificio seguido de banquete celebrado ante los muros de Tebas poco antes del asalto a la ciudad? Vemsey, que es el último que ha estudiado estos frs. detenidamente (vid. “Antimachn and Statius...” PhiloLo~us, 114, 1970, Pp. 118—43; también P. Veniní, “Ancora su Stazío e Antimaco”, .4thenaeua, 50, 1972, pp. 400—403) sostiene, siguiendo en esto la opinión de Uelcker (Dei’ epische Cyclus II, Bonn, 1849 p. 328), considerada por Legras (La ThéÓaVde de Estaca.. p. 38, n. 1> como un claro error, que Ateneo se equivocó al atribuir estos frs. al libro quinto de la Tebaida. Según este filólogo, el banquete al que se refieren los frs. es el que 371 se celebraba en el palacio de Adrasto cuando se presentaron Tideo y Polinices; que coincide con el que describe Estado en el libro primero de su Tebaida (1, 512 su.). Así pues, también los frs. de Antimaco deberían ocupar, según ti; el libro primero de su Tebaida. Es sorprendente la opinión de Vessey en este asunto, mi tenemos en cuenta que casi todo su articulo está dedicado a resaltar las diferencias entre Antimaco y Estacio y a negar la posibilidad de reconstruir aquél sobre el poema de éste; sin embargo en esta ocasión sugiere, negando validez a las fuentes antiguas, recomponer el poema de Antimaca a través de Estacio. Ateneo, según decíamos antes, no tomó las citas directamente de la Tebaida, mino del léxico de Fánfí lo, como lo demuestra el orden alfabético de los vasos (óénao-tpov. KtXe~Tj, ac~mcXov), alterando con ello el orden lógico de la narración del poema (cf. H. Naehíer, Neue Fragmente aus Antimachos’ Thebais, AÉLÍ . . . p. 293), pero esto no significa que sea in vipaióos 9TICL, pero otros no llevaban ninguna indicación o ésta, no era tan precisa, por lo que la confusión no era difícil y quizá en algunos casos, dada la coincidencia temática, Ateneo atribuyó a este mismo libro frs, pertenecientes a otro; de modo semejante a lo que haría posteriormente Vessey (art. cít. p. 135), para justificar la pertenencia de 374 todos los frs. a un mismo banquete. Algo así debió de ocurrir con el fr. 33, Ss. que es citado por Ateneo en dos ocasiones (11, 468 a. y. 6a¡rrpo~ y 11, 475 s. y. KcXc~cLov) y que es una réplica casi exacta del fr. 32, 16s. Pues bien, este fr. es introducido por ~ai’ to?; ~tijq ó~ q~qot y ¿txxc*xo 6~ %?T~OI. respectivamente; lo cual parece indicar otro lugar del poema más que otro lugar del mismo libro quinto. Así pues, si nuestra interpretación es correcta, el fr. 33 debe pertenecer a otro banquete narrado en un libro posterior al quinto y algo semejante podría suceder con el 56, que menciona una libación con agua y miel, por oposición a la libación con vino de otro fr. y que cita a sus participantes como ~aoLXcx>ot1.> AxaLwt> en lugar de c nrc&iovcoatv del fr. 58, cuyo paralelismo con el anterior es más que evidente y que, en nuestra opinión, no hay que considerar que se alude a dos tipos distintos de personajes, sino que se trata de dos formas distintas de referirse al mismo grupo de personas en lugares distintos del poema; si bien este fr. tiene la dificultad, hasta cierto punto salvable, de estar asignado por Ateneo al libro quinto. Por otra parte, si nuestra hipótesis de la existencia de dos banquetes es cierta, cabria preguntarme ¿en qué lugar del poema se producía este -segundo banquete? Como hemos dicho, tal narracián debía pertenecer seguramente a un libro posterior al quinto, según se desprende del adverbio d~js y &XXaxoC y de los nuevos frs. de papiro. Si ello es así, hay dos momentos en la narración de la Tebaida que serian 375 propicios para un sacrificio seguido de un banquete. El primero podría ser durante la estancia del ejército argivo en Nemea, de camino hacia Tebas. Aquí se produjo la muerte del niño Ofeltes, en cuyo honor se instauraron los juegos nemeos. Tenemos además el siguiente testimonio de Pausanias (2, 15, 2s. ) ln Nemea hay un templo dedicado a Zeus Nemeo ... alrededor un bosque de cipreses, en el que dicen que Ofeltes fue muerto por la serpiente ... Los argivos hacen en Nemea sacrificios a Zeus y organizan la carrera de hombres armados ... ~• El segundo, ya en Tebas, quizá a orillan del Ismeno, poco antes del asalto a la ciudad, según se desprende de Eurípides, Fenic. 174s. (cf. también Esquilo, Siete 42ss,). Antimaco pudo inspirarme para este pasaje en Homero CA 725ss.). La mencionada alusión a dos libaciones, una con yino y otra con agua y miel, también están a favor de dos banquetes distintos. Según la opinión de Teofrasto recogida por Porfiria (Sobre la sL¿nencia, 2, 20), las libaciones sin vino son para los dioses subterráneos o para los difuntos; por lo que no seria extraño que estuvieramos ante un rtq-cpT~ óaCs, es decir, ante un banquete fúnebre (cf. 4’ 48), ¿por la muerte de Ofeltes? Si es así, habría que situar este banquete en el libro sexto de la Tebaida. Por su parte, los testimonios de Eurípides y Esquilo citados parecen no dejar lugar a dudas sobre la existencia de otro sacrificio en Tebas antes de empezar la guerra. Es revelador, en este sentido, el pasaje de Eurípides (¡oc. cii.), que dice: Ese, 378 señora, es el adivino Anfiarao. Con él van las victimas sacrífícíales, torrentes de sangre agradables a la tierra”; lo que parece indicar qn el sacrificio se habla hecho en honor de los dioses subterráneos. Finalmente, quizá también encuentren aquí significado las palabras de Esquilo, Siete 899, “La Erínis de negra égida saldrá de tu casa cuando los dioses acepten un sacrificio de tus manos Fr. 32 Los frs. de Antímaco recogidos en Ateneo 11, 468 y 11, 475 y ampliados por el Papiro de Berlin presentan la siguiente estructura. El fr., q celebrado en distintas. En preparan para el discurso instrucciones necesario para 18, los partic están a punto interrumpe el En el y. (cf. r 384 a la edad siguiente inspirado ue narra los preparativos de un banquete caza de Adrasto, contiene tres partes la primera, vv. 1—5, llegan los invitados y se el banquete; en la segunda, Vv. 6—15, empieza directo de Adrasto a través del cual da a sus sirvientes para que preparen lo el sacrificio de un toro; finalmente, vv. 18— ipantes en el banquete, tras ponerse uu- pie, de verter una libación; momento en que se fragmento. 2 hemos interpretado 1~~JXLKCcX, acaso oIaT~Xtkta— c navrcs o4JT)XLKLT~. suponiendo una posible alusión de los participantes en el banquete. En el verso Haehíer sugiere uavTas] CIIOLXO¡JCVOVS, quizá en E 508, que podría formar parte del saludo de 377 Adrasto a los que llegan, quienes seguramente se han adornado para la ocasión con ramos de olivo, a juzgar por el rrcw3a¡.~~voi.s seguido de una forma de >-Xavxos.4ue parece leerse en el y. 5. cov CH 466) y el vocativo ~ourp¿vcCH. Ji. Herwt. 436) y ninguna de las dos tiene especiales matices religiosos, si bien es verdad que todo animal que iba a servir de alimento debía previamente ser sacrificado, siricto sensu, pero en ese caso el nombre solemne era habitualmente ~KaT¿I.4311.que no necesariamente quería decir sacrificio de cien bueyes. En la epopeya, pues, los compuestos de ~ovos debían tener el sentido de matar sin más , verbal en relación con el imperfecto otooinwv del verso 11, quizá IacXc’rco, cuyo régimen en dativo seria la primera palabra del verso. Si esto es cierto, tendríamos que reconstruir sobre —os un sustantivo de dos silabas de las cuales la primera tiene que ser larga; para lo cual el editor del papiro ha pensado en una variante abreviada de e .‘ > .1 i»-q~w~>. ru-os, existente únicamente en el Etimologicuxa flagntwt. Difícil resulta aceptar esta lectura, que además presenta irregularidades métricas. 380 Como última palabra del verso se lee con bastante claridad gnxwjv. que aquí no puede tener el sentido dw ‘armas”, sino que debe referírse a los utensilios del sacrificio, por lo que posiblemente necesitaría, para el quinto pie, una precisión como ihxrros. que tiene la ventaja de ser un dáctilo perfecto. Da la impresión de que el verso debía tener una estructura similar a la del fr. 57, 1. No sabemos a quiénes da las intrucciones Adrasto, pero el principio del verso 10, ~\XoC6~. indica que un grupo de estos servidores eran mencionados posibímente en el verso anterior o quizá en el 8. Nosotros nos inclinamos por el sustantivo wo~pos. En el verso 12 Haehíer sugiere una forma del verbo e— wrro¡.nt. posiblemente aI4OpCPOL.... Al final del verso tenemos con bastante seguridad el adjetivo ~pcrrciLns.Quizá, piensa Naehíer, Adrasto decía aquí algo semejante a lo que dice Casandra en el verso 416 de la Tomo de Ilión de Trifiodoro: C-TCtOc%pcvot ¡¿pe-rqpa~ ¡Xcul8tpLT~s CPOCTCLVnS. En Antimaco la libación seria lógicamente por la victoria, así que podría interpretarse; VLKT tpatTctuTIs. En el verso 16 wcXc~ccov es un diminutivo de kcXc(?r¡; creemos que utilizado aquí por primera vez. Hesíquio define el KCXCP», docuasutado por primera vez en Anacreonte 42, 4. como no~cpto~> ctóo~ •cp¡JT~po1a xai. notpcVtKov ¿q->-ctov. Es, pues, un caldero grande utilizado para calentar líquidos, pero parece que también para mezclar el vino con el agua ; el anfitrión <(3 390, ii 259); los invitados COUpOL . Si nuestro análisis es aincluirse en este contexto también el fr. cita el nombre de una vasija, Xotpáatov, q libaciones de aceite. Wyss, que creía que pertenecían al mismo banquete, se sorprend ofreciera para beber a sus invitados unas sustantivo o ~. la totalidad del introducción a correcto, podría 60, en el que se ue servía para las todos los frs. ió de que Adrasto veces vino y otras agua y miel; pero el problema se resuelve si consideramos la posibilidad de al menos dos rituales distintos, celebrados por motivos diferentes. 383 Fr. 57 En este fr., por el contrario, se ofrece a los dioses, citándolos expresamente, un recipiente grande de vino puro con miel especialmente reservado para ellos y una copa. Este hecho se aparta del concepto de libación, para acercarse más al de sacrificio incruento; salvo que consideremos la posibilidad de que los dioses tomaran parte efectiva en el banquete . Pero el sacrificio incruento se parace bastante a la ofrenda, aunque, como dice Vernant (“Sacrifico et mise a mort ... “ p. 2>, no debe confundirse con ella, pues el sacrificio implica siempre la destrucción del objeto. Fr. 59 No tenemos ningún indicio que nos permita incluir este fr. en el libro quinto, pero ciertamente hay que considerarlo parte de alguna de las celebraciones citadas. Tampoco hay medios para averiguar quién es el sujeto de nx9jotv. Wyss, tomando como referencia el pasaje de A lss, sugirió que podría ser Deipíla o Argia, mujeres de Tideo y Polínicos respectivamente. De ser así, habría que incluir el fr. en el banquete celebrado en casa de Adrasto y por tuirw perteneciente al libro quinto, pues no es posible que las mujeres acompasaran a sus esposos en la expedición. 384 Fr. 80 XoL~~otov: Este vaso, también denominado por Polux <10, 65) Xotpcot’. servia fundamentalmente para las libaciones de aceite; aunque igualmente, con este segundo nomks. se usaba para el vino, por lo cual los grámaticos consideraron que debería llamarse ancan5eZov. Hesiquio al definir xoipCócs como anout5ca parece que está recordando a Antimaco (vid. coment. al fr. 58). Fr. oi-ee Wyss, siguiendo a los- editores anteriores, consideró este fr. y el siguiente pertenecientes al libro quinto y lo mismo hace Naehíer en la edición del Papiro de BerLin 21127. Si, como es lógico, tal amenaza o juramento se realiza en el ambiente eufórico de un banquete; éste debió ser el que tuvo lugar en casa de Adrasto antes de la salida del ejército y por tanto debe sítuarse efectivamente en el libro cinco del poema. Sobre quiénes fueran los héroes que así hablaban en casa de Adrasto, nada podemos decir con seguridad, pero hay que pensar en héroes cuya procedencia fuera mesenia o elea ella se dice honrado como parece que ha que un tal habitante de Esteban de Bizancio, s. y. ~ dice que Antimaco la llamó caucónída por el río Caucón, un subafluente del Nro, aunque en realidad este río no pasa por la ciudad. 386 La ciudad de Dime se menciona por primera vez en el Himno homérico a ApoLo 425, donde parece extraño que el poeta, al mencionar distintos lugares del Peloponeso, pase de Trifilia a Dime, en Acaya, para volver después a Elide, donde gobiernan los epeos; coincidiendo en esto con Homero, t 298, que dice que Elide es el país de los epeos. Dada esta incongruencia y el hecho de que el autor del Himno mencione juntas a Cruno, Cálcíde y Dime, las dos primeras sin duda situadas muy cerca de Samicón (cf. Estrabón, 6, 3, 13>, es posible que también Dime se encontrara próxima a estas dom; lo cual reforzaría la hipótesis de des Dimes (cf. Y. Cássola, Inni Omnerici, Milán, Nondadorí, 1975, p. 211). La identificación de Dime con Oleno, que defendían Welcker y Deubner basándose en Estrabón (6, 7, 5) es errónea y ya fue criticada por Stoll, quien refiere el pasaje de la Ilíada Hipomedonte conduce soldados procedentes de Dime y de Pilo y en lSSss. Capaneo lleva entre sus tropas mesenios; o de lo contrario debemos pensar que Antimaco conservaba en su Tebaida la versión antigua, con toda seguridad vigente en fe Tebaida ctctica, según la cual no habría sólo siete héroes en la expedición, sino algunos más y procedentes de todas las regiones del Peloponeso. Sobre el número de siete Jefes ya nos dice Pausanías (2, 20, 5> “Estos los redujo Esquilo al número de 386 siete, pero fueron muchos más; jefes de Argos y también de Arcadia’.Mesenia y algunos de equívoca sobre quién fue el pues antes que Esquilo, cuy la novena Nemea (iTas.), Olímpica sexta (15s.), del siete. Este número, según Nemea de Píndaro debí puertas de la ciudad Hermes 1891, 229ss., siete puertas en la c Cf. comentario al fr. influencia de los Ttzéba¿nes ... p. 68ss que seguramente, como distintos caudillos de concreto de ellos. El los argivos hablan de obra de Esquilo; lo q poemas que daban una dada su inclinación a arcaica, que uno de el si bien esto los puntos a mfra) En realidad primero en reduc a tragedia es del fechada en 474 año 488, menciona parece desprenderse partir de como pens ble, pues ya lo da t se hizo Legras de los ó origmnarse a (lo contrario, no parece posí iudad de Tebas siguien e) y trágicos ; pero si la idea básica para él. La narración de este pasaje en Estacio parece una explicación de uno similar y, además, aceptarla tal como la presenta el poeta romano supone aceptar que en la Tebaida ctclica, o en la de 392 Antimaco ya se había reducido el número de jefes a siete; lo cual es poco probable para el poema cíclico, puesto que además del testimonio de Pausainas (vid. supra), según el cual el número de siete jefes fue utilizado en primer lugar por Esquilo; Homero, que menciona varias veces el tema de la expedición contra Tebas, en ninguna hace alusión a siete jefes; aunque, eso sí, dice expresamente, X 263, que la ciudad tenía siete puertas y, finalmente, podemos suponer que las habituales diferencias entre los trágicos y los mitógrafos sobre el nombre de estos Jefes argivos procede de la elección que cada uno tomara de los distintos nombres que le proporcionaba el poema épico (Paus. (10, 10, 3) añade a los ya conocidos uno más, Aliterses). Por lo que se refiere al poema de Antimaco, no hay que descartar que dada la influencia de los trágicos, sobre todo Esquilo y Eurípides, ya recogiera el número de siete, pero igualmente, si tenemos en cuenta su gusto por las viejas leyendas, podría haber conservado el esquema de la versión antigua. Finalmente, la misma presencia del anciano adivino Melampo, que no vuelve a aparecer en todo el poema de Estacio, no hace más que insistir en lo mismo, es decir, que el poeta romano se sirvió de un modelo griego, para componer esta parte de su obra; sí bien los detalles y la descripción son de procedencia latina. 393 Fr. 84 B¿pcos araepoto: La palabra arccOcp¿s. del mismo significado que a-ra&¡ach. significa en principio lugar para detenerse y de ahí, “sólido”, “firme”; lugar para detener el ganado, ‘establo”. Antimaco lo usó como momento del día en el que el sol parece estar detenido en el punto más alto del cielo, sobre todo en verano (cf. escolio a Apolonio de Rodas 1, 450>. Del poeta de Colofón lo tomaron, al parecer, Platón, redro 242a, Apolonio de Rodas, ¡oc. cit. , y quizá Nono de Panópolis, Dionisiacas 2, 214 (vid, el apartado de ¡oc,. sivniles). Posiblemente Alude el poeta aquí a la dura jornada que tenía que soportar el soldado camino de Tebas bajo la inclemencia del sol estival. Podría ser, más concretamente, que Antímaco narrara en este lugar, el camino de Argos & Nemea, si tenemos en cuenta que el ejército se detuvo allí para pedir agua; lo que provocó indirectamente la muerte de Ofeltes, hijo de Licurgo (vid. comentario al Ir. 88) Fr. 65 SCLp7jva <¡sCa>: Nyss lo refiere al misma contexto del fr. anterior. Podría tratarse aquí de Zeus productor del calor, de modo semejante al Zeus productor de la lluvia que encontramos en Apolonio de Rodas, 2, 522 (cf. Solmsen, 394 y. ScLpflv yBeí trage 126ss. ; Chantraine, Dictionnatre 5. Sc Cp tos~. Vi-. 66 Pertenece este fr. a aquella parte en la que se narraban los juegos celebrados por la muerte del niño Ofeltes, hijo de los reyes de Nemea, Licurgo y Eurídice. El epídodio, sin duda, ocupaba un lugar destacado en el poema. Según la leyenda, cuando el ejército argivo llegó a Nemea pídíá a Hipsipila, nodriza de Ofeltes, que paseaba con el niño por las afueras de la ciudad que les mostrara algún lugar donde poder saciar la sed. La mujer, atendiendo la demanda de los recién llegados, deja por un instante al niño en la hierba, para señalarles una fuente en la que podrán reponerse del duro viaje (cf. comentario a fr. 64). Una serpiente aprovecha este breve espacio de tiempo para dar muerte a Ofeltes. Semejante desgracia es interpretada por Anfíarao como un signo más de mal augurio que añadir a los ya manifestados por él antes de la salida de Argos, de ahí que se apresure a rebautizar al niño con el nombre de Arquémoro; sin embargo no consigue persuadir a - sus compañeros, para que abandonen la empresa. La muerte del niño, naturalmente, provoca la ira del padre, que quiere matar a la sirvienta, pero Anfiarao y los demás argivos logran aplacar los ánimos del rey y, tras enterrar a 395 Ofeltes, celebran unos juegos fúnebres en su honor, que con el nombre de juegos nemeos se repetirán en aquel lugar periódicamente. El relato anterior, no obstante ser muy antiguo y el más conocido, no es el único existente sobre el origen de los juegos celebrados en la llanura de Nemea; pues otra versión atribuye este acontecimiento a Heracles, vencedor del león de Nemea, y una tercera a Adrasto mismo, con motivo de la muerte de su hermano Prónax a manos de Anfiarao , recogía el origen del p. 40s.>. al hacer a la Tierra su poema la ven lo. No sabemos si en cabal la madre ión más llegó a esta conclusión al contrastar las dos versiones que acabamos 396 de comentar o si seguía alguna fuente antigua que se hiciera eco de ella. Por su parte, Quinto de Esmirna (5, 569ss.) dice: “Anón, el mejor, con mucho, de los demás caballos, a quien parió la Harpía tras unirse con el resonante Céfiro Tal versión es sin duda muy reciente y está basada en la merecida fama de caballo veloz (tax-~v Ynnov le llama el poeta de la Tebaida cíclica, fr. 6 Bernabé> que tenía Anón, como lo manifiesta el propio autor de las Posthornéricas, cuando, no sabemos sí conscientemente, añade . . .porque con sus veloces patas solía rivalizar con los rápidos huracanes de su padre”. 1.— Este verso está hecho sobre el modelo de sabemos por qué Antimaco presenta aquí a Tálao de Creteo, cuando en el fr. 30 (vid, comentario), de Partenopeo, nos dice, como es lo más frecuente, hijo de Biante; siendo Creteo, por consigui bisabuelo. La única explicación posible incongruencia, creemos, es que aquí se mencione a descendiente de la familia de Creteo, no como su h 2. npc~rLcrros Aainwv: No ha de entenderse Adrasto fuera el primero en lanzarse a la carrera, caso no estaríamos ante una prueba atlética (cf. Qinto de Esmirna 4, SSls.), sino ante el mio A 228. No como hijo al hablar que era te, su esta como en a Tálao ip. como que en cuyo ‘A’ 362s.,; io de un combate (cf. B 702). La expresión UP¿TLOTcK Aavawt’ es, pues, una aposición a Adrasto y refleja el carácter preeminente del personaje en la expedición. 399 EUaLt>EtG3: Las formas en —eta; de este adjetivo verbal son posteriores a Homero. En los poetas épicos antiguos siempre se lee la forma en —nros : Poco es lo que sabemos del segundo caballo de Adrasto (cf. Keller, .4ntike Tierwelt 1 p. 527). Estacio, que coincide generalmente en los detalles de los juegos con Antimaco, presenta a Cero como uno de los caballos de Anfiarao, si bien tal adjudicación a Anfiarao depende de una lectura confusa de los manuscritos; que presentan (8, 524) caecwrtq’ae ¡cueva Cygnumque o scerumque leuem y que MOler interpretó como Caerumque ¡cueva; lo cual ha sido aceptado por la mayoría de los editores de Estacio (cf. Wyss, p. XV). Fr. 67 Nyss y los editares anteriores de Antimaco colocaron siempre este fragmento inmediatamente detrás del 66, pero esta disposición puede que no sea la más adecuada en el 400 desarrollo lógico de la narración. En efecto, en el fr. 68 se nos presenta a Anón como caballo de Adrasto con toda naturalidad y como sí el hecho fuera suficientemente conocido, para más adelante decir que Adrasto era entonces el tercer dueño del caballo. Parece más coherente pensar lo contrario, es decir, que el poeta presentara a Adrasto como tercer dueño de Anón y explicara cómo llegó a sus manos, la primera vez que el famoso caballo apareciera en escena. La gran celebridad del animal así lo exigía, dado que antiguas y sin duda conocidas leyendas aludían a otros ilustres propietarios (cf. Hesíodo, Escudo 120), incluido el mismo Posidón. Podríamos, en un intento de mantener el fragmento en el mismo lugar, suponer que ésta era la primera vez que se mencionaba a Anón en el poema, en cuyo caso deberíamos considerar el presente fragmento como el verso número 6 del anterior, pero ciertamente la soldadura de ambos parece c, c bastante tosca; puesto que el principio del verso, os pa N 4— TO’r’ • es muy semejante al del verso 4 del fr. 66, toi.> par y entre ambos sólo habría un intervalo de un verso y, sobre todo, porque la presencia del nombre de Adrasto en el primer verso del 66 impediría su repetición aquí. Por otra parte, es casi seguro que esta no era la primera vez que se mencionaba en el poema al hijo de Fosídón; quizá, así lo creemos, el momento de la partida del ejército fuera una mejor ocasión. Tenemos algunas pruebas iconográficas sobre la despedida de Anfiarao en ademán de subir al carro que podrían probar la presencia en los poemas de escenas 401 semejantes para los demás miembros ilustres de la expedición (cf. supra). Este seria sin duda un buen momento para presentar al excelente caballo que habría de salvar la vida al único superviviente del ataque a Tebas . De ser ello así, tendríamos que colocar el presente fragmento delante del 63. Sobre los dueños del caballo Anón ya hablaba la Tebaida cíclica (cf. fr. 8 Bernabé>. Y entre este poema y el de Antimaco hay, quizá como consecuencia de la doble versión sobre su origen antes comentada, alguna diferencia. Así Pausanias, que ha recogido la versión de Antimaco, dice que Heracles le pidió a Onco el caballo para combatir a los eleos y que después éste se lo entregó a Adrasto; en cambio, según la otra versión, al parecer la seguida por la Tebaida cíclica (cf. Escol. a Homero ‘A’ 348), el propio Posidón, de quien Estacio (Tebaida 6, 302s.), que deja notar su dependencia de fuentes antiguas, dice que también fue su domador, entregó el caballo a Copreo y éste a Heracles, quien se lo dió a Adrasto . Fr. 88 A¿t5cnuo;t Con este nombre hay dos ríos en el Peloponeso; uno, afluente del Peneo, en Elide y el otro, afluente del 402 Alfeo, en Arcadia (cf. Paus. 8, 20; 8, 25, 13 y Estrab. 8, 3, 12 y 8, 8, 4). Pero también era éste el antiguo nombre del Ismeno de Tebas (cf. Paus. 9, 10, 6). El aquí mencionado es sin duda el segundo, que tiene su desembocadura cerca de Herea y del río Enmanto. En sus aguas, dice Pausanias, se bañó Deméter tras unirse con Posídón. Meineke (cf. Wyss, p. 19s.), seguramente por influencia de Quinto de Esmirna (2, 587s.), consideró que había que unir este fr. con el siguiente. La buena disposición de los adverbios 4-y~Oi y -ro8i. invitan a ello, por lo que creemos que el sustantivo TKPOXO~L debe significar aquí “corrientes” en lugar de “desembocaduras”, de acuerdo con lo que dice Pausaniast “... el Ladón llega al santuario de Deméter pasado el santuario de Deméter Erinis... . npoxoa¡. no parece haber tenido tal significado antes de Antimaco; aunque la ambigtkedad de algunos casos (cf. Hes., Trabajos, 757) pudiera admitirlo. De nuestro poeta debió tomarlo Apolonio de Rodas: trapa npoxojjai AiKoLo (4, 132). Cf. el comentario cid ¡oc. de E. Livrea, Apottonii Rhodi Argonanticon. Liver Quartus. Florencia 1973. Fr. 69 taSi: Se usa aquí por razones métricas en lugar del esperado ~ Sí admitimos la conjetura de Neineke expuesta antes, debemos interpretar el adverbio TOOL como “en donde”. 403 En otro caso ha de respetarse su sentido de “allí”. ~ tnj¡.ictpos . . Ept.vuos: Este sincretismo entre Deméter y la Erínís parece otra de las innovaciones de Antimaco, si tenemos en cuenta que tal epíteto no se encuentra antes aplicado a esta diosa (sobre las razones de esto cf. coment. a fr. 68); sin embargo, la presencia en este verso del verbo qflfl.JL podría indicar que Antimaco se está sirviendo de una fuente más antigua en la que también se recogía este epíteto de Deméter, quizá alguna leyenda local (cf. Paus. 8, 25, 4). Pero sea como fuere debemos considerar a Antimaco el primero y a los poetas posteriores, entre ellos el propio Calímaco (fr. 652 U.) y Licofrán .. CaL imaco, s. y. cóc&Xiov. Fr. 70 >cLaVoxat-ra: Forma parte de primitivos nominativos en —ta, casi siempre referidos a un léxico arcaico, que, Si bten en Homero son siempre nominativos o vocativos, desde época bastante temprana adquirieron la condición de indeclinables, como se ve aquí con una función de dativo. Nótese el contraste entre ‘Apt¿VL kvavoxaCTnde la Tebaida cíclica cvavoxcrta. como hemos visto arriba, se aplica a veces a Anón, pero también a otros caballos (cf. E. Delebecque, Le chaval dans U ¡liada, París 1951, p. 152). Fr. 71 , ‘ AcZ1.j¿; O TjóC *¿po;i Antimaco toma esta parte del hexámetro, hasta la cesura pentemimeris, de Homero (A 440), sin embargo no sigue la misma versión de la leyenda que el autor de la ¡Liada, pues para éste Temor y Espanto son hijos de Ares (cf. N 299), lo mismo que para Hesíodo (Teogonía 934 y Escudo 195), quien además añade que su madre era Afrodita; mientras que nuestro poeta los supone hijos de Tempestad. El escoliasta de Homero consideró que Antímaco cometió este error sobre el linaje de los caballos debido a la doble interpretación que se puede hacer de 0 119. Para Quinto de Esmirna (cf. 8, 241s.> estos caballos son hijos de Erinis y de Bóreas. No nos sorprende esta interpretación de Quinto de Esmirna después de ver como en 5, SGlss. hace a Anón hijo de Céfiro y de Harpía (cf. coment. a fr. 66>. En realidad esta costumbre de hacer a los caballos hijos de los vientos es tan solo un refinamiento literario, generalmente tardío, para resaltar su velocidad. Precisamente, según Uyss, Antimaco recurre aquí a esto mismo y hace a los caballo! de Ares hijos de Tempestad. De la celebridad que estos caballos alcanzaron en la 408 AntigUedad habla el hecho de que el segundo de ellos recibiera culto en Esparta, donde tenía un santuario (cf. Plutarco, Cleámenes. 8, 9 y también ALejandro. 31, 9) y en Selinunte (cf. 5. 1. 0. 1122). Sobre las razones de la presencia de Temor y Espanto en el poema de Antímaco nada sabemos con seguridad, pero si, como quiere Wyss, este fr. sigue formando parte de la carrera de carros, puede tener una función semejante a la presencia de Anón en los juegos en honor de Patroclo (cf. 4’ 347). Otra posibilidad, aunque de esto no hay pruebas en el poema de Antimaco, es la participación de una divinidad con estos caballos en algún combate durante el asedio a la ciudad, para favorecer a alguno de los dos bandos (cf. O llSss.>. Sabemos que Ares, por ejemplo, ocupaba un lugar relevante entre las divinidades tebanas. Esquilo en Siete 104 s. pone en boca del coro una invocación a naxa(xSwt.’. cuyo adjetivo es significativo y, por otra parte, Estacio, Tebaida 3, 284ss. y 313, presenta al dios de la guerra como aliado de los tebanos. , Sobre aivaw véase lo dicho en el fr. 66, 2. VCXXTIS: Homero, en las veinte ocasiones en que utiliza esta palabra, también la colocó siempre, salvo en ij 275, al final del hexámetro. Fr. 72 <‘AI4LKXQCO1JS> tflflOlJSi Rescatamos este fr. del escolio a Píndaro, OLímpica 6, 21 con grandes reservas, pues presenta 40~7 fundamentalmente dos dificultades. La primera, que, no siendo palabras textuales del poema de Antímaco, no se puede descartar que su caso fuera otro que el acusativo aquí expuesto; por ejemplo un nominativo plural. La segunda, se debe a que precisamente en este lugar los manuscritos presentan una lectura (ácnxrráovs) a todas luces incorrecta, puesto que se esperarla un nombre propio (cf. Wyss p. 21). Unger propuso, para corregir la lectura de los manuscritos, t4oPúniovs, por influencia de Huforión de Calcis ~cou: En Homero, en lugar de la forma de Antimaco, encontramos siempre KovLaaXos. tres veces en la ¡liada y ninguna en la Odisea. El Poeta distingue claramente entre la palabra simple, KOL>LS, mucho más frecuente, con el valor 408 de “polvo”, “suelo’; y el compuesto, KOvtCaXo;. con el significado de ~polvo agitado” (cf. cctxcic.fl. spalvaredau (cf. esta distinción en X 401s.). La innovación de Antimaco, pues no hay ejemplos de ésto en los autores anteriores a él, consiste en crear un adjetivo en —eoq. quizá a imitación del homérico xaXKcos (cf., por ejemplo, la relación xaXKos; xa\KC”uw; xaXKcus~ xaXKcos: con o&Xos; ac diga “sólo Adrasto con él (Anón) se salvó” no supone necesariamente la ausencia del otro caballo; aunque a veces se ha visto en este pasaje un ejemplo de equitación, que demostraría que la Tebaida cíclica es posterior a la Ilíada, que no conoce este uso del caballo). Fr. 74 ~pXcCo’~aca’ ¿n¿pcet.s: C. A. O Schellenberg completó en parte y de modo conjetural el verso de la siguiente manera XaópcCcot. -re nXiv> cpxoCoucav An¿pcwí.s. La conjetura está basada en las propias palabras de Plutarco (vid. testimonio al fr.). Antimaco recurre aquí al participio de un verbo de uso infrecuente, como ~pX&~> (cf Chantraine, Dictionnaire, s. y.), en lugar del más habitual 8=XXw, o del menos poético qcpw (cf. ¡oc. sim. >. El gusto por las innovaciones o las 411 rarezas léxicas es muy propio del poeta de Colofón, aunque tampoco sea ajeno a otros poetas (cf. West, Theog. 902). Homero, que no emplea en ninguna ocasión el verbo, si acude dos veces al sustantivo qXos%s CA 237; Pi Afrodita 271); en cuyo primer caso podemos tener una idea bastante clara del significado de esta palabra (cf. también Esquilo, Agamenón 377 y 1416). , , Por lo que se refiere a onwpats, está utilizado metonimícamente, en lugar de su significado original de “estación en la que se recogen”, o “tiempo en el que maduran los frutos”. Fr. 75 Quizá puso el poeta aquí Oi-¡catas rc nixa; a imitación de Homero, que en verso formulario repite tres veces CZ 237; 1 354; A 170) SKaLL~$ re ni~Xa.. OyKa es el nombre de una divinidad de origen fenicio que, identificada en suelo griego con Atenea, se convirtió en un mero epíteto de ésta (cf. Esquilo, Siete 467 y 501; Esteban de Bizancio s. y. ~O’yKaZa). Cadmo, según el escolio a Fenicias 1062, ofreció a Atenea el sacrificio de la vaca que le había señalado el emplazamiento de la futura Tebas. El propio Cadmo consagró un altar y una imagen a la diosa ; al que seguramente se refiere Esquilo (Siete 412 487) cuando dice de Onca Atenea, “vecina de esta puerta”. Asimismo del escolio a Siete 473 parece desprenderse que fue Cadmo mismo quien llamó a las puertas Onceas (para más detalles cf. Y. Vian, Les origines... 32ss. y 109s.). Sobre las puertas de Tebas realizó Wilamouitz (Hermes 1891, 229ss) un detenido estudio en el que considera imposible que la Tebas primitiva tuviera más de tres puertas. No podemos aceptar la opinión del ilustre filólogo; a pesar de que la Puerta Nueva que menciona Esquilo (Siete 460) parece ¿arle la razón; puesto que Homero y Hesíodo ya conocen a Tebas como la ciudad de las siete puertas (cf. comentario a frs. 62 y 63). Fr. 78 Antimaco compuso este hexámetro sobre dos hemistiquios de versos homéricos (el primero sobre (3 234 y el segundo sobre A 215; cf. loci similes), recurso que ya habían utilizado algunos poetas antes que él (cf. Tírteo, fr. 11 Gent.—Prat.>. El mismo Antímaco pudo utilizarlo en alguna otra ocasión (cf. comentario a fr. 94). Parece seguro que el sujeto de £Kap-rvPav’ro, son los jefes de los argivos, que disponen a sus tropas para el combate. Detrás de este verso podría esconderse la distribución del ejército argivo en siete escuadrones, para atacar cada una de las puertas de la ciudad . 413 Fr. 77 Nyss sugiere que se complete el verso con cdxiinráav. como en 0 472 y w 81, pero; aunque ello es posible, lógicamente también hay otras posibilidades. El principio del verso, cas pa ro-r • quizá precedido unos versos más arrriba de un coq 6 o-re (cf. A 414 — 419), indica la segunda parte de una comparación. Aquí seguramente Antimaco comparaba el griterío del ejército argivo con el graznido de grajos u otras aves similares (cf. fr. 34), tal como se desprende del verbo >coXqna, aquí en su forma jonia, (cf. el sustantivo KOXOLoq, “grajo”). Sin duda no se le pasaron inadvertidos a nuestro poeta aquellos versos de la ¡¡Lada en los que Homero compara el estruendo y griterío de las huestes aqueas con el agitado revoloteo de grullas y gansos en las corrientes del Caistro (cf. B 45955.). Fr. 78 X¿xpí.s: Este adverbio, obtenido por corrección necesaria del erróneo XCXPLC de los manuscritos, podría ser una creación de Antimaco a partir del adjetivo XCXPLOS, como poyí.s de i-¡¿ros. pues no tenemos testimonios anteriores y después de él sólo lo encontramos en Apolonio de Rodas en 1, 1235; 3, 238 y 1160 y posiblemente en Calimaco, Plinto a Artemis 28, si se acepta la conjetura de Walckenaer. 414 ópéncwot’: Antimaco sigue aquí, según Plutarco, la narración de Hesíodo (Teog. 159ss.) sobre la castración de Urano; así que quizá como allí, se trata de una hoz dentada, llamada también ~~nTjv. como sugiere el adjetivo hesiódico kapxapoóo~J~. Este tipo de herramienta agrícola se ha utilizado mucho como arma en la lucha contra monstruos (cf. West, Theogony. 217s.). Con alguna frecuencia la hoz con la que Crono castró a su padre ha ido asociada a la fundación de ciudades (cf. Tuc. 6, 4; Ap. 2. 4, 984 ss.; Est. Bíz. s. y. Apcnátmv). De la antigUedad del mito nos habla claramente la literatura de Oriente próximo qiou¿óewt Si, como dice Plutarco, Antimaco seguía a Hesíodo ¿Cómo es que llama a Urano “hijo de Acmón”, cuando en la Teogonía (127) se dice que era hijo de la Tierra, quien lo había concebido “sin participar del grato comercio”? Es cierto que el fr. 389 ¡4. — U. de Hesíodo dice que el autor de la Teogonía consideraba a Urano hijo de Acmón, pero tal fr., que va abiertamente en contra de lo manifestado en la Teogonía, se ha considerado, con razón, espurio. La palabra a.q.wa>. “yunque”, aparece por primera vez en la ¡Liada (0 18) cuando Zeus suspendió del Eter a Hera poniéndole dos yunques en los pies. Por su parte Hesíodo, Teogonía 720ss. , mide la distancia entre el cielo y la tierra y entre ésta y el Tártaro mendiante la calda de un yunque. Tanto en el ejemplo homérico, como en el de Hesíodo no hay inconveniente en considerar el yunque como una piedra 415 (cf. Lexihon des IrtI.htr¿echischen Epos. s. y.>, que parece ser el sentido original de &K¡xa~v, según demuestran sus paralelos indoeuropeos Ccf. Chantraine, Dictionnair., s. y.). El hecho de que, para algunas variantes de la leyenda, Acmón pase por ser el padre de Urano, o incluso por el propio Urano, se debe a la identificación entre el elemento físico que éste representa y la materia de que está formado; pues efectivamente en la religión y mitología griegas Urano es más un elemento físico que una divinidad celeste, puesto que el dios del cielo es Zeus (Cf. West, Theogony, p. 198). Por ello Homero en P 425, le llama xaX>ceos y en o 329 aió,ipcos Cel Et. II. 49, 48 dice: a~pwv 0Tj¡J~LPCL rov te , e, aCór~pot> ... Kat. -rau Oupavot> Tou narcpa~ O1rtca3~ yap aVtOi> ywcaXoyonat). En algunas ocasiones se identificó a Acmón con el Eter o con Océano se decía que Urano era hijo del Eter, pero no está tan claro que este poema identíficara al Eter con Acmón. Por ello a nosotros nos parece que una fuente más directa de Antimaco pudo ser Alcmán. En efecto, este poeta nos ha sorprendido, según el comentario que transmite un Papiro de Oxirrinco (cf. PHG fr. 5 col 2), con una cosmogonia más antigua que la de Tales y Anaxímandro en la que se concibe a Tetis como la fuerza ordenadora de la materia primigenia (nSincw), quizá por 416 considerar que ésta tenía un carácter acuático (cf. 3- Rudhard, Le thtme de Ueau primcn-diate claris La mythologie grecqne. Berna 1971, p. 3Sss.). A partir de este concepto Alcmán, en opinión de Calame (cf. O. Calame, Atcman, Roma 1983, p. 453>, supuso que también el cielo, concebido desde Homero como fabricado de bronce , había sido fabricado por Tetis a partir de una masa de de este metal (para esta función metalúrgica de Tetis, cf. J. P. Vernant, MThtis et le po Is cosmogoniqus d’Alcman”, Hommages & 11. Detcourt, Bruxelles 1970, pp. 38-69); lo cual puede tener confirmación en otro fr. de Alcmán (PHG 61>, según el cual Acmón era el padre de Urano (un detenido estudio sobre estos y otros detalles puede verse en Calame, op. ciÉ., pp. 437-454 y 813; con abundante bibliografía. Cf. también frs. 81 y 218 de su edición>. aVTLTC-rxflcro: Posiblemente esta forma verbal, como opina Uyss, está hecha sobre la homérica &~t~~riito de 0 163. Precisamente por ella y por el adverbio X&pLs ya mencionado consideramos, de acuerdo con los editores anteriores, que en el fr. se describe una escena de tema cosmogónico, pintada o cincelada en el escudo de uno de los héroes. Aunque este tipo de representaciones en las armas de los guerreros eran frecuentes en los poemas antiguos, Antimaco debió inspirarse en el escudo de Aquiles labrado por Hefesto , sugirió que podría pertenecer a Capaneo o Tideo, pero no se puede confirmar (vid. coment. a fr. siguiente). Por otra parte, si la suposición de que se trata de una representación en un escudo es cierta, seria la primera vez, que sepamos, que se describe en un escudo un tema cosmogónico. ¿Aprovecharía Antimaco esta circunstancia para introducir el relata, aunque con relativa brevedad, de un tema, sin duda para él apasionante, como la lucha de los primeros dioses? Sobre la posible continuación del tema en el fr. siguiente, ver el comentario. Fr. 79 Este fr., junto con los once siguientes, pertenecen al Papiro de Oxirrinco 2516 y han sido confirmados como pertencientes a la Tebaida de Antímaco, además de por sus alusiones a Polinices (y. 19), Eteocles (y. 21 y fr. 80, 2) y Adrasto (y. 22>, por incluir un verso (cf fr. 79, 7> que 418 Aquiles Tacto cita como perteneciente a Antimaco (cf. E. The Oxyrhvnctn¿s papyri. ts of greek ec nÉrraXLo poet 101V 1 ry Qu 1 z p. 30 y ¡4. CR 16, 1966, 23>. á deberla leerse aquí L. West, “New , , COIKOVTÉ 1 Tt e r ctXo IaL como en Homero B 600 (vid. mfra). 4. Nest (¿oc. dL. 23) sugiere alía, por donde discurre el Peneo, entre el 01 (cf. Herodt. 7, 173; Cal. ti. Delos 105 5. Kpoi.’Có~s >AZóoven~~: Aunque todas las coinciden en señalar a Hades como hijo de Crono, no le suelen llamar nunca KpoV(ófls, nombre que preferentemente a Zeus 7. ~T¡~CVEQS TC manuscritos leían un s y Pos idón. 8cov~ nporcpT¡ywca~ egundo te después de val le impo y los se de el leyendas poetas aplica Tvr9juctst Los npot LpTjyCVcas, que fue suprimido TirRvccs siempre por Schneidewmn se mide con 1. por razones métricas, Tampoco pues en el papiro hay resto de este segundo -re Los motivos de explican si el escriba consideró que y~yc~ca; Oeoó; Antimaco se estaba refirí y con nporeprjyevca; a los Titanes; pero que también los Titanes son hijos de la i-wrci.nis no se encuentra en los Esquilo (cf. Proat. 353). Nyss (p. 25), tenía del contexto en el que se situaba consideró que la fuente de Esquilo y la esta con endo a se equl tierra. poetas an dada la el fr. (cf. de Antímaco con la los vocá, junción se expresión gigantes puesto ter iores idea infr pudo a que a>, ser la Titanomaqula. Después de Antímaco no es esta palabra en los poetas épicos (cf. Nono, raro encontrar 18, 219). Lobe 1, fragmen 3. Ten Osa 419 npoTEpTfl’svcat: Seguramente es una variante del homérico naxaírcvwis (cf. P 561>. La influencia de Antímaco puede verse en Calimaco (Himno a Zeus 58) y Apolonio de Rodas (4, 266). Wyss, consideró anterior, nuestro j que sólo contaba can el verso 7 de este f que podría tratrarse de la continuación del dada la coincidencia temática; sin embargo, uícío, es poco probable que esto sea así. tratarse de una escena cincelada en el escudo, las formas verbales apxcvc algún tiempo de E 491ss.). Por una comparación t. y Xevaae¡. del pasado y no en otra parte, el y, finalmente, verso prese verso la 5 deberían nte (cf. fr. 13 parece apu presencia de personajes centrales del poema, aludidos uno también están en contra de la opinión de Wyss. Há parece, en nuestra opinión, aunque también con que Antimaco describía aquí mediante comparací pesada y estremecedora marcha del ejército (cf. - Parsons, Supptementv.m PieL Lenisticwn, p. 21s dimensiones de éste podría referírse el dativo del verso 2 (cf. B 800> y a su estruendo el ver insoportable que era para la tierra la carga y las divinidades primigenias (cf. B 7SOss.). Los muestran un momento en el que los olímpicos ya h el poder, como consecuencia de la victoria Titanes, a quienes han arrojado de Hades, el cual en el reparto estar en anterior y ntar hacia los tres tras otro, s probable reservas, ones a la Lloyd—Janes .). A las ti a ccX Ola iv so las ver an 3, con lo luchas de sos 5—lO alcanzado sobre los al Tártaro bajo la custodia del universo ha recibido el r. fr. a De 420 mundo subterráneo. No creemos, sin embargo, en contra de la opinión de Lloyd—J de la marcha del ataque mismo a la fr. 80, donde da palacio, y del fr las murallas de compuesta . p anterior, de la que superior (cf. Lobel, resulta aparentemente podría leerse XCxwcna. >, que se trate Tebas, sino del desprenderse del ocles abandona su haber una alusión a sugiere una forma ones — Parsons (¿oc. ciÉ. ejército argivo hacia ciudad, según parece la impresión de que Ete • 83, 5 en el que puede Tebas; aunque Lobel VCOTC1J~C 1. fragmentos del papiro nada puede decirse, conservación, como no sea la presencia de Lkpaa Cfr. 83, 4). Sobre ella véase el (p. 35) y el de Lloyd—Jones — Parsons Aunque, dada la dificultad para leer la sólo se aprecia en el papiro el trazo ¡oc. ciÉ.) y lo poco apropiado que aquí el significado de ‘íScpcrra; quizá una forma también nueva hecha sobre el verbo Xix~cz~ “destruir” (cf. E 500 y N 590). Fr. Ql 1. q,XoyZ stKcXov± Aceptamos la corrección cpXoyt hecha por los primeros editores en lugar del nvpt. de los manuscritos, puesto que parece claro que Antimaco compuso ‘ ,, c este verso sobre el homérico vXoyi eLKeXos Hyc. El primer ejemplo en la voz activa se halla en Baquilides 5, 49 (para más detalles cf. H. TrUmpy, Kriegerische rachausdrúche ira griechischem Epos, p. 110). 2. óaCmjcúv: El uso de óaCpwv en lugar de 6c¿~ referido a un dios como Hefesto no es frecuente en Homero, salvo en algunas excepciones e indirectamente (~‘ 420); a veces en (A 222) ncia en f icarse El los con óacwwL) asuntos el desti parece humanos no) que más ( un lo que no es objeto de culto. Nyss posteriores a Homero no fueron distinción semántica de ambos voc embargo, nos parece que tal distinc en la literatura posterior a Homero pues la encontramos todavía vigente yambógrafos arcaicos, donde no hay Antímaco. En Teognis hay un ejemplo 420; pero cuando en 1347s. habla de le concede a Canimedes dice: >cai ~L Lo mismo que había hecho Hesíodo (T Faetón, a quien llama curiosamente una fuerza divina con en los trágicos suele dios personalizado; por cree que los poetas tan estrictos en la A nosotros, sin tó durar bastante hasta el siglo Y, los elegiacos y s semejantes al de similar al de r rtalidad que Zeus ablos. ión deb quizá entre ejemplo (1333) la inmo y ~8ypccóaiwotn, no eco;. eog. 991> refíriéndose a 6a4¿otn óZcn.> (cf. O. plural 1 nf 1 ue ident 1 422 Fran9ois, Le poiythéisme eL L’emploi mL singulier des mots 6c¿s. óaCpcoV. Y también José S. Lasso de la Vega en introducción a Homero (VV. AA.), pp. 264ss.>. Mocnlxxo’u: Es un monte de la isla de Lemnos (vid testim. 1 al fr.). Es evidente que con la expresión aKporarns apeos KOp¶>~flOL el poeta se está refiriendo a un volcán situado en la cumbre del Hosiclo. Aunque el fuego de los montes se lo atribuyen en general a Hefesto (cf. B 455), sin embargo el del Hosiclo debió adquirir cierta fama, pues en Eratóstenes (cf. fr. 17 Powell, Cotí. ALex. p. 63) lo encontrarmos en forma adjetíva (cf. Buttmann, ttusewn cAer Atterthumswiss. vol. 1, Pp. 295—312). En Homero el fuego es una comparación habitual para resaltar el ímpetu de un guerrero, N 330 de Idomeneo, P 88, £ 154, Y 544 de Héctor, (cf. L. Graz, Le ¡en claris lililad. et i2Odysée, Paris, 1965, p. 199). Aquí debe tener la misma función, pero no sabemos a quién se refiere. Del sentido homérico se aparta Apolonio de Rodas en 1, 544; 3, 287 y 4, 173. Fr. §2 1-2. ó~~k’ Gvpov: Es conjetura de Nyss a partir del aeppou que nos ofrecen los manuscritos. El anterior editor de Antimaco justifica su corrección porque en el manuscrito pueden haberse anido por error dos palabras en una sola; 423 pero en este caso seria más lógico pensar en así parece que lo entendió también Stoll podría reforzarse por elcritico>, lo cual Homero &vw~s casi siempre está en final de el principio; aunque en verdad hay algunos contrario (cf. E 435>. 1 2. aLnTTVCLóJV: Cf. Argonautiques III 1981, Apollonul Rhodi Argonaiit óéprpoLoLv: Aparece singular. Sobre lo que 1 e ó~p-rpot’ se pronuncia el E. 166 tcon, una os grí Corpus hecho de verso e j e mp Vian, Apofonías nota a 4, 472) y Líber 1V 973, 151. vez en Homero, gos entendían por Hipocraticv.m (cf. que y ó~pot> los de en en lo de Rhodes, E. Livrea, la 579, pal Epid. en abra 5, 26). El sentido que Antímaco da a esta palabra debe ser similar a lo que dice el EL. >1. 257, 24: E1ILKXT¡S lid> Tal> , , LflLnXovV. LVLOL óc -re ncptrovatov. Mn-rp¿&oeos ó~ TO ~ntyc4c-rptov. ~s ~ CíOpTipOs pT~TLV. Otros detalles interesantes pueden verse en Uyss (p. 27). El fr. quizá se está refiriendo a las amenazas que un guerrero dirige a su enemigo momentos antes de enfrentarse 1 a él; así parece desprenderse del futuro de KQXuflTw (la lectura KcXXvwcLS nos parece mejor que w~v1eots, cf. apar. cnt.), con que acaba el segundo verso del fr. La escena, pues, debía ser similar a la que puede verse en X 250 ss. en el combate entre Héctor y Aquiles, o a las palabras de Diomedes en K 370s. Es posible, no obstante, que tales improperios fueran dirigidos a un guerrero recién abatido, por quien acaba de superarle en el combate (cf. X 335s.>. (cf. 6~pov. aparato 424 Sobre la humillación del guerrero caído en la lucha puede verse el tremendo relato de Tirteo (7, 21—26. Gent.-Prat.): , .‘ ‘ 1 abaxpoL’ yap ói’~ TOIJTO, pcra npopazo caL ncaovra.-’ KcLaOaL naXatorcpou,/ -jóc XC-uKov cxovra K~~T4npoc0c L>CWV aL>ópa - 1 1 1 >1 1 noXtov -rc yCVCtOV,Z Ot~iov CLOLrr OLXKtpOL> CL> K0VLfl.Z c 1 1 ‘ >1 1 aLfJa-rOtL>T a~6o?a 9tXaiq CL> XCPCLL> cxov-ra-’ aia— xpa -ra Y 090G04J0Ls... Fr. 93 1. nopTj-rflv: Antimaco utiliza aquí un nombre de acción hecho sobre el verbo nopciw y el antiguo sufijo indoeuropeo en —ru, que todavía es productivo en época cuyo vocabulario se encuentra el mayor númer En griego se desarrolló principalmente en el el ático lo desconoce, pero hay ejemplos en (cf. Chantraine, La format ion des .... . . p todo en escritores de influencia homérica. usó aquí únicamente (cf. o-rprnzrvv. fr. 156; Otros detalles en Wyss XXXII>. El presente fr. fue reconstruido en su Dindorf y Stoll a partir de los testimonios como parte de la Tebaida por el propio Stoll, de homero; en o de ejemplos. dialecto jonio, otros dialectos • 290ss.), sobre Antimaco no lo ¿tpoxryriSs. 229. totalidad por y considerado que supuso que se aludía aquí a las consecuencias de la derrota de argivos: “Ad Thsbaidem referimus; heroibus, qui morte sua coniugibus et dolorem excitarunt” . Antimaco pudo completar el primer hemistiquio de este hexámetro con el homérico dx¿noóa; ALKcI; [3oia;.. (cf. * 448). Sobre la utilización de este recurso cf. el comentario al fr. 76. Antimaco utiliza la forma [3o~s, en lugar de (3¿as. hecho a partir del acusativo singular (cf. Chantraine, Gramm. hom. 1 226>. Pos asimismo puede encontrarse como nominativo plural, contracción de (3¿cs (cf. Aristof. fr. 760 Edmons) 426 Fr. §5 cópaKc tCc poXo~&,cw: ¿Referido a una diosa? (cf. e 282s. ). 1 VCj3C t Antimaco evita aquí las formas homéricas lA.3, UÚ3 del pronombre para tomar la extraña i-~oc (con una desinencia —c tomada de los atemáticos), cuyo único ejemplo lo encontramos en Corma (cf. PHG 861) y después de la poetisa beocia sólo en este lugar (cf. Bechtel, Gr. DiaL. 1 277 y Wyss, p. XIII>. Antimaco se servirá en otra ocasión de la forma pronominal U 1>. cuyo único ejemplo también está en Corma (cf. Fr. 159 y coment.>. Fr. §6 Ala: Con este nombre encontramos varios lugares en los autores antiguos: Una ciudad de Cólqulde (cf. Heródoto 1, 2; Apolonio de Rodas, 2, 422) de cuyo nombre cree Esteban de Bizancio deriva el de Hetes (cf. L 32>. Una fuente de Paflagonía (cf. Hesiquio, s y.). Sófocles (fr. 915 Radt) mencionaba una ciudad de Tesalia con este nombre, aunque algunos filólogos, entre ellos Radt, suponen que se trata de aTa, variante de yaZa (cf. A. Lesky, “Aia”, NS 83, 1948, 22-68> La a la que se refiere Antimaco (Esteban de Bizancio, s. y. ) es una fuente de Hacedonia. Quizá el autor 427 de la Tebaida la citaba al describir la región de alguno de los aliados de los Tebanos (cf. B 850). Fr. §7 Se trata de un verso formulario de inspiración homérica (cf. ~ 148), para introducir un diálogo. Quién sea el personaje que se dispone a hablar depende del sentido que se le dé a 4&cCotai. . Antimaco tampoco le da el significado de áótXf¿s. como hicieron algunos autores indebidamente, según dice el EL. Gud. El sentido de este sustantivo debe ser similar al homérico (cf. ~ 147; ‘1’ 94>. En cuyo caso lo mismo podría ser Adrasto el que va a dírigirse a sus compañeros, que cualquiera de los otros miembros de la expedición e incluso, aunque menos probable, alguien del bando tebano. Imitador de Antimaco parece mostrarse en este caso Apolonio de Rodas en 2, 1219 y 3, 52. 1 UvQ?rTX)0CC.5v1 Antimaco quizá, como quiere Wyss, tomó este término de la tragedia (cf. Esq., Persas 254 y 294>. No podría descartarse que en el verso de la Tebaida. como en el 428 segundo ejemplo resultado de la de Esquilo, se hablara del desgraciado expedición. Fr. §8 1. caTe. referida al utiliza en a comentario); óc re.5: nombre lusiones a no ser Sorprende en pr de una diosa, a nombres de que el poeta inc ipio pues lugar esté esta expresi6n generalmente se (cf. fr. 14 y hablando de la imagen de esta divinidad; posiblemente la que encerraba el templo construido por Adrasto (cf. el significado de [3wp¿s). ¿Estaría Antimaco pensando en la imagen de Némesis construida por Fidias? (cf. Paus. 1, 33, 2s.>. No obstante, cf. lo que dice Luciano en Diálogo de tas meretrices, 12, 21 L -r e.; Oe¿; ~ ~A6p6o-rce.c* Ka’. ra rotawra ¿P: Antimaco reduce aquí la fórmula habitual ~JaKapcs Oco¿ (cf. A 406 etc.; Solón 1, 3 y 3, 2 Gent.-Prat.; Teognís 741 etc.>, como, por otra parte, ya habían hecho algunos poetas antes (cf. >c 299; Teognís, 204). Quizá el recurso es similar al uso de óat¡x¿v. para nombrar indirectamente a un dios (cf. coment. a fr. 91). Los dioses “donadores de bienes’ son los Olimpicos, como se dice en Teogonía. 46 y 633, por oposición a sus parientes los Titanes; aunque algunos estudiosos, como Nayer, consideran a éstos espíritus benéficos de la tierra (cf. West, Theogony. 172; 200s.). [3ú41¿v: Este sustantivo significa en Homero “altar”, pero parece que en los poetas siguientes acabó por significar el templo entero (cf. A. Severyns, Le Cycl. épiqve dans ¿‘Ecole d’Aristarque 108) 430 > 1 3 Ae.ar¡noe.o: negras aguas (of. 2) discurren desde (cf. A 91> y cons Frigia (cf. D. 3. Bosporus”, Nones, región regada por de los Argonautas loo.). 4. relación ocupan ambo 828 y escol citado esco 1 1 KctXX e. i~axos %> r= neó , 1 Aóp~ar cta C 1 1 CK~TC~ WC (¿oc. ciÉ. nuestro jui pues es el derivar el El Esepo es un río de Asia Menor cuyas B 825; Cal. fr. 299 Pf. y coment. a fr. 4, las montañas del Ida hasta la Propóntide tituye la frontera entre la Tróade y Georgacas, “The waterway of Hellespont and 19, 2, 1971, 72— 82>. Tanto el río como la él ya aparecen vinculados a la leyenda . Veamos lo que dice el 1 ~1 lío: ncóCov NCTTCLCK; ca-te. ncp~ Kitu.wov. . . A rae. h ‘YnoJvT¡pace. Cfr. 464 Pf.> N4ieoe.v crvat. Lot> KarcxOvaat’. Cc-re. K~L noX e.; KcT1 ano <‘Aópc%-ro-u> TOIJ tópnoawL’ou. ¿ ó¿ ‘AnoXXc~t>e.o; [Jvwrae.. rRs -re n¿Xcco; Kae. ~rov ncóCov- qn1cd ~-4> o-ru -re KO<’. ntó¿ov N~rr,jcov ‘AópnarcCiis. A cío la fuente última de ambos poetas es Antimaco, autor más antiguo, hasta donde sabemos, que hace nombre de Adrastea del rey Adrasto y quizá el primero que llamó así a Némesis Olinto, FcrHíst 124 p. 426-427.) conocida después con frecuencia Nono. 48, 452; Luciano, Diálogo (cf. también Calis apelativo con el (cf. Calimaco, fr. de Las mereLrices ten es que 299 12, de es Pf. 2). 431 Sin embargo, una fuente más antigua, la rorónida (cf. Fr. 2 Bernabé), parece recoger una versión diferente. En este fr. se nos dice que los Dáctilos se encargaban del culto de la montaraz Adrastea. Con este nombre se menciona sin duda a Rea—Cíbeles (para una identificación con la n&rv’.cx Ocp& cf. Zósimo 2, 31, 2—3 y el comentario de E. Vian en su edición de las Argonáuttcas a 1, 1116 y 1129). los Dáctilos eran genios frigios pertenecientes al cortejo de esta divinidad, y no al de Némesis. Por otra parte, la dificultad para relacionar la leyenda de Adrasto, rey de Argos, con el Asia Menor; así como la ambigt>edad de los testimonios en la transmisión de este punto, según lo demuestran las expresiones ío~ TceXae.oC~ -ro nc*Xae.o; re.t>Z’s pccae.XL; (vid. test. al ErA nos obliga a considerar la posibilidad de que Antímaco diera aquí una explicación erudita sobre el origen del apelativo de Némesis; lo cual, de ser cierto, pondría en duda la pertenencia de este fr. a la Tebaida. Finalmente, si en efecto aquí se habla del Adrasto conocido como hijo de Tálao y jefe de la expedici6n contra Tebas, estaríamos ante una parte de su leyenda desconocida por el resto de fuentes que hablan del héroe argivo. Fr. §9 c%xo&cpov pt&ot>: Uyss (p. 31), considerando lo que se ‘ ‘dice en el verso de Eurípides (Fenicias 568) co’. pci> 432 (Eteocles) -raeS’ c¿ÓG, ao~ ó~. floxvveC>cc;, Xéyco; atribuye estas palabras a Vocasta. Sobre 0%~CútTEpO1> cf. el comentarlo al fr. 20. Fr. 100 ‘ApycCwtrr1: Según Bruchmann (cf. Epith. deorv.m, 151), Antimaco se refería a Hera. Así parecían indicarlo las palabras de Homero, ‘HpTj r’ Apyc&1 (cf. A 6, E 906) y los gentilicios acabados en —cnt>, —LCOV, que pueden verse en Homero y Calimaco, por ejemplo. De acuerdo con estas opiniones también Wyss (p. 31) se sintió inclinado a aceptar la conjetura de Bruchmann, creyendo además que el epíteto de la diosa debería ocupar el último lugar del hexámetro, como era habitual en Homero. Sin embargo recientemente W. Beck (cf. “‘Apyee.c~vrj in the Hesiodic Catalog and Antimachos”, ZPE, 73, 1966, Pp. 1—7> ha realizado una revisión de esta palabra, llegando a la conclusión de que en el fr. de Antimaco ÁpyCLCJaVrj es la forma alargada de ~Apyc&j; es decir, Argia, la hija de Adrasto casada con Polinices. Por tanto, si Beck está en lo cierto en su análisis de la palabra, muy probablemente este fr. deberla formar parte del libro primero, o de los primeros, de la Tebaida de Antimaco. 433 Fr. 101 Se trata de un verso formulario de inspiración homérica (cf. E 814) en el que KpCLWi> Ae.oi.nióws sustituye al habitual Kpa-rwpo; Ae.opijórjs (13 veces en la ¡Liada). La importancia del fr. procede de la posible alusión a los Epígonos; que demostraría que en la Tebaida de Antimaco tenían cabida los temas de tres poemas épicos del Ciclo, Edipodia , Tebaida y Epígonos (cf. introd. p. iiss. ) El hecho se ve reforzado además por el comentario de Horacio en Arte poética 148s. (cf. test 21) Podría pensarse, por otra parte, en la Lide. en cuyo caso es de suponer que el poeta narrara las infidelidades amorosas de Egialea, esposa de Diomedes (cf. Nimnermo fr. 17 Gent.—Prat.), que había sido castigada por Afrodita, para vengarse de la herida recibida de su marido en la guerra de Troya. Esta segunda hipótesis parece, no obstante, mucho menos probable (cf. Wyss PP. VIII y 42). 434 Li DE Fr. 102 Este es el único fr. de la Lide asignado con seguridad (cf. coment. a fr. siguiente) a un libro concreto; por ello, siguiendo el criterio de los últimos editores de la Lide (cf. Gentili—Prato, Poetarwrt etegiacorvír. testimonia eL fragmenta II, Leipzig 1985, 117), lo hemos situado en primer lugar; a pesar de que Uyss (XIX) consideraba que la elegía sobre la expedición de los Argonautas ocupaba el primer libro de la obra de Antimaco; opinión que parece compartir West, dado que respeta en general la disposición de los frs. de Wyss. txc~-r’.áóo;: Dotión es una ciudad de Tesalia Biz. s. y.) seguramente situada en la llanura nombre, en la parte orienta] de Larisa. Según la de Stoll, se mencionaba en este lugar la emigracló tesalios a la región de Onido, situada en el cario. Antes de esta migración los dotieos habían un santuario a Deméter, que fue saqueado por Erisí lo cual sufrió el castigo de la diosa (cf. Calimac a Deméter 24ss. ). Debido a esto, se supuso que junto con el siguiente, formaba parte de la e Antimaco habría dedicado a los amores de Perséfone auTT¡t> Kcx(3¿pvolJ r o~ MTpn5aavr o; siglo III d. este nombre, ;): N’.Kcn.’cnp Ar¡pwyrp e. cieSa ‘ c -trw apncq-r¡v a.). La según se ó~ —CV rae. - KciL rrl AÑinrp misma isla de ve en Esteban ; Mc-rovopaae.ae.; Ká(3apve.i.., cxn¿ rr~; &vrcrr poq. Es corrección códice 5 (Vatícanus 1296) editores de la Lide, Wast han inclinado, siguiendo el potior. por esta lectura; en editores anteriores, Wyss Lectio fa.citior, es decir, (cf. aparato critico). West nos remite a un desconocido relación con á[3akXY = ~wata que, en palabras del propio abhorret” Sin embargo, nos de Gent.—Prat. según la cual (cf. Hesiquio ¿~(3ct 2655). Si esto es así, el ad afamados por el poder de su a los ritos orgiásticos que aunque no podemos saberlo, sobre ApxaK~as que ¡sc t iO a opiní e optar se lee la ime o se iGo a pr que Léx cuí tu se lee en el del léxico St¿da. Los últimos fr. 67) y Gent.—Prat. principio de contra de 1 incluido, qu cxyaKXca;. que defensor de c43a>cxc;, par (cf. Cirilo, Wast, “a parece cw~akX más sólida n; podría (fr. 2), se diffici Liar ón de los on por la en Focio ra lectura, halla en • s vA, ereris non la explicaci6n [3orp>significar = Cirilo codex jetívo vendría a signíf voz”, posiblemente en rodeaban el culto a la no sería sorprendente Paris icar alu diosa que i nus U los sión y, la palabra fuera una innovación de Antimaco; sobre P8p> por ejemplo (cf. B 480, etc>. De ser correcta la interpretación anterior podría referirse también a esta 437 parte del poema el fr. 121 Arjpi-yrp¿; roe. ‘EXcuaLuCr¡c tcpi¡ ~ip. opycLwaf: Es el nombre sinónimo de sacerdotes, referido a los de Deméter (para los sacerdotes de Apolo, cf. Himno homérico a Apolo 388s.), puesto que el culto a esta diosa consistía fundamentalmente en ritos orgiásticos. En efecto opye.~ es el origen de la palabra utilizada por Antímaco. op~ee.ún.> es una forma artificial creada por los aedos a partir de ApyccSv (cf. O. J Ruijgh, £tudies sur La grammaire eL Le vocabulaire dt¿ grec inycénien, Amsterdan 1967, 262s. y n. 139>. El fr. parece per sobre Deméter y Perséf extenso en una elegía alusión marginal a es visto (cf. coment. a al mito de Deméter en podría reforzarse con llYOss, en donde se Ciertamente tenecer, como el anterior, a la elegía one, si tal tema fue tratado por por Antimaco y no se trata de una te tema por cualquier motivo Ya hemos fr. ant.) la posibilidad de una alusión el poema sobre los Argonautas; que el relato de las .4rgcnáuttcas órficas hace un resumen de dicha leyenda. de los frs. no permite afirmar nada debe descartarse que, como hemos fueran parte de aquellos versos en los que la escasez con seguridad, dicho, estos frs. pero no se narraban los amores de Jasón y Medea. En parece que el adverbio ~v0a esconde la isla el sujeto de G7jKc es Deméter. cualquier de Paros y caso que 438 Fr. 104 Este fr. transmitido por un ostracon del siglo tercero a e y considerado como parte de la Lide por Wilamouitz, su primer editor, lo que no ha sido rechazado después por ninguno de los editores de Antímaco; es uno de los pocos que contienen algún verso, concretamente tres, del poema elegiaco. En ellos se describe parte de la construcción de la nave Argo. 1. ci.> 6’ tcrr¿v &jKev: Es evidente recreación del homérico 3 c ~ —El) 6 tatoii nOtE’. (cf. E 254). A decir verdad, parece que toda esta escena sob estaba inspirada en este pasaje Calipso colabora con Ulises en 1 aunque en Homero la intervencx directa . Otros muchos autores, directa o marginalmente, trataron (frs. 1—5 Hecateo de FGrHtst. 3 además de P Esquilo, Só y 198 Pf.); Sobre di screpanc i de Rodas, construcción no obstante instrucciones generales el Bernabé); Mileto 1? 111, 1 ndaro, focles y Hur Apolonio de quién fue a entre los que no qu por haberí 1, lBs.) de Aten con la de Apo tema después; por ejemplo: las Navpactias (cf FGr 27, 28, Pi t ica Eumelo de Corinto (frs. Hist. 1 E 18 ab 109); Helanico IV; Heródoto IV ipides; Antimaco; Rodas; Apolodoro, el constructor autores que citan iere entretenerse o hecho “los aedos que la con ea, opinión lodoro (1, 9, 1—12 Bernabé); ); Feréc (4 F 130, 179 y Calimaco etc. de la este d en ides 131, VII (frs. n ato. descr antiguos”, struyó Argos coincidente 16) e Higino ave A po Ibí bajo en (14, Heródoto Jasón jun para las persona a Antí maco, transmiten (VII to al 179), monte Argonáuticas órficas (66 instancias de Hera. En en principio parece las Argonduticas órfi duda referido probableme (nosotros p. 32) que nte lo 1 a sin Pe embargo, lión (cf. dice que el constructor ma lien Ate nea rs 1 ón sma 2) fue Ap. 2. 1, 386). E te, — 69) la fabricó en cuanto a la ve de que era la mi que cas, pues ~9ccr (y. , sin Atenea, es el sujeto de ~rC&c’. y muy ro podría ser quizá aunque véase Wyss se refirieran a también de consideramos os tres versos 6wKc1) menos que (y. 1); pe probable, conservamos la botadura de 392). Sea cual la nave y no a su construcción fuere la versión seguida por (cf. Ap R 1, Antimaco, lo (cf. 95); 193; 108 hay Ion lo r la dice, las 1 neas 10). 440 cierto es que en torno a este que los poetas pasaban por él hace caer a veces en contradi que en 1, 19 dice que la nave 551 dice que todos los dioses Lo mismo hace Higino en 14, 1 Quizá los acontecimientos en desarrollaron cualquier pretexto particularmente di posibilidades de interpretaciones q mundo desconocido, fama superando prue dadas ya por los an fracaso ue se qui la mcl bas dif ti guos, asunto había tal confusión, como sobre ascuas, lo que les cciones; así Apolonio de Rodas, fue construida por Argo, en admiraban la obra de Atenea. O y 14, 33 res las primitivas así: A un héroe, Jasón, se le emprender una empresa 1y, por lo tanto dérense aquí bre el deseo humana de etc.; o a idides 1, 4 pect Ivamente. leyendas se obliga bajo a considerada ficí con grandes todas las de conocer un alcanzar la lgunas otras y Juvenal, SaL. 6, 153). Para llevar a cabo la tarea, un dios le proporciona lo imprescindible; como a Perseo o a Aquiles armas, Atenea le entrega a Jasón una nave, seguramente hecha o VII 179) con Ul la ayuda de n que causaba 551) no es ‘~ es decir, — 1 Y. apyo;). por ella misma su ayuda, como Calipso. A est la admiración sorprendente q “la rápida” (c que después relacionaron portador del quizá por Jasón ises fabricó la ave tan magn ic los dioses E. se le diera no Chantramne Dic a íf de (c ue el f. los poetas, qui con Argos, un hijo vellocino de oro a (cf. Heródoto balsa con amente labrada Ap E. 1, mbre de “Argo Lionnaire 5. zá por etimología popular, de Frixo, casualmente el la Cólquide (cf Ferécides (cons i eran so mación ¡ci les, cf. Tuc 441 (Lcc. ctt F 106); o incluso. según Hegesandro de Salamina, con Argos, la ciudad del Peloponeso, ore. k “APrCL rfl TtOXCL kotTcaKC~>aaOT¡ (cf. Tzetzes, a Licofrón 286). Esto explicarla que mientras Atenea aparece en todas las versiones, bien como constructora, bien como instructora; en lo referente a Argos, en cambio, los poetas vacilen y con frecuencia traten de dar una explicación sobre el nombre, lo que suele ser prueba del carácter reciente de la versión Finalmente el hecho de que Heródoto (VII 179) considere a Jasón como constructor de la nave justifica, creemos, la interpretación que acabamos de dar, pues es sabido que el historiador manejaba fuentes antiguas recogidas durante largo tiempo y una de las más conocidas era precisamente Hecateo de Mileto. 1. XaC.pea’.: Parece que su sentido original es el de trapo hecho de lino o estopa (cf. Hom. y 206; Himno a Hermes 152 y Cal. fr 239 PI.). Con el sentido de vela aparece en Himno a ApoLo 406 (cf. por ejemplo, la doble valoración semántica del español “trapo”). 2. aona’: Antimaco tomó esta palabra de 9 390. Precisamente este pasaje homérico debió ser la causa de otra variante de esta palabra, o~a’ • que se lee en otros autores (cf. Licofr. 20 y Hesiq. s. y o~ccfl y que fue aceptada por Wyss (cf apar. critfl; pues es muy probable que, sí el verso homérico se lela en su forma antigua KCLtOélJnaLOovaI-1( L Yaoiiaot’veoc, se produjera un falso corte, cuyo resultado fue o~aou (cf. el comentario de West al fr, 58 de su edición de la Lide). Por otra parte, con esta 442 179 (cf. Hesiq.palabra podría relacionarse oiaov del ‘3 1 1 1 ouaoL) KopLaOt’, 9C9C. 1j a%ott>tCfl.t). ee~t Quizá Antimaco utilizó aquí fr. 142. c1 3. onXat palabra, como del de armas Antimaco ya aquí, con el (cf. fr. 32, 9). fr. 1 la forma Oca, cono en utilizó en otra sentido de utensili ocasión os, en Fr. 105 4ryis KciL Káae.;: Son dos hija de Erecteo; por tanto primitivos atenienses. Sobre discrepancia entre los autore pero generalmente se los cons F. Vian, .4r~orzautiques 1, ~. alas en la cabeza y en los p o en las espaldas (cf. Ovi i les permitía caminar por e decisiva en la expedición, Harpías, según unos; o por Fineo, que se había casado pondrá al corriente de los podrán conseguir el velloc 107) - Seguramente este fr. hijos de Bóreas y de Oritia, están emparentados con los su lugar de procedencia hay s (cf. escol Ap R. 1, 211>, idera oriundos de Tracia (cf. 249). Ambos hermanos tenían les (cf. Higino 14, 18 y 19, 3), d o, tfetamnrf. 6, 711—716) lo que 1 aire. Tendrán una intervención pues, por haber dado muerte a las haberlas espantado, según otros; con su hermana Cleopatra, les peligros que han de evitar y cómo mo de oro (cf. coment. a fr. corresponde al catálogo que hizo esta lugar 443 Antimaco sobre los participantes de la expedición. Por ello el escoliasta escribe ‘Atrriúpaxo~ KarccXEyee.. El 06 lqui de versiones también e integrado que el hi nada más Antí maco Fr. 106 abandono de Heracles de la expedición hacia la es tratado de modo diferente por los poetas Las de los más representativos, aunque con diferencias ntre ellos, pueden reunirse en dos grupos. Uno, en general por los poetas más antiguos, que supone jo de Zeus abandonó la Argo en Págasas, es decir, ponerse en marcha la expedición (cf. además de Hesíodo fr 263 M—W.; Heródoto 7, 193; Ferécides, FGrHtst 3 F 111; Posidipo de Peía fr. 42 Fernández—Galiano; es poetas más re sí, que en Misia, f. o 1207—72; Vi , Antonino 9, 19>. Aristótel , Política recientes también con considera que Heracles en la Propóntide (c Teócrito, ¡cl. 13, 68; Liberal 26; Propercio 1, Ciertamente la fugaz part aventura no parece acomodar al carácter del personaje. por sus compañeros como expedición, dicho sea de otro héroe (cf. Ap. R. 1, formado ferencias los Argonau de Rodas Bucoi. 6, Apa lodoro por ent tas 1, 43 1 1284a). Otro algunas di abandonó a Apolon 1 rgi 1 iO, 20, 17; icipación de Heracles se bien a la acción del Heracles pasa de ser jefe de la expedición, paso, encomendada persona 341ss. a ser abandonado en esta poema, nl aclamado de una imente a por esos mismos compañeros, u obligado por ellos a dejar el viaje. 444 Desde luego es innegable que esta actitud de los poetas con uno de poema q resulta tratar1 una de razones Apoloni los héroes u ue pretendía chocante. a de justif 1 las leyendas de esta au o de Rodas Telamón “Par Heracles. Tu aquél no ecli autores antes para dejar en Antimaco en e anterior a él con ella, fuer (~KpLpaceijL>at) KaTaQapeto&a L posiblemente también por A encontrar dicho en La influe alcanzara a ti has tr pse la citad ás si inc 1 En car 1 más senci cf [Jas amado tuya o se tierra al ste punto que ofrece on los pro por r lst la Lid.s’ el testi nc ia tan a nt> mf óte gn 1 fi cat i uir a sus nuestra a no part ant iguas a quizá 1, 1290s óni es es pl ún ha 5 te Se brí hij fue una pios Heracles ~Apy¿. luenc la les El tema de Hilas debió ser introducido secundariamente en la leyenda, bien por alguno de los autores del segundo 445 grupo, quizá Teócrito o Apolonio (sobre la cronología estos autores, cf. A. Káhnken, ApoL tontos Rhodtos Theokrit, 1965); o bien una fuente común de ambos, pero cualquier caso, creemos, que es tardía. Para otros detal sobre el abandono de Heracles cf E. Vian Arg’onautiques 38—49. Finalmente, quizá el fr. 223 comentar io~ West (Adespota ELegiaca 20) estaba relacionado con éste, sugiere pero cf. Frs. 107 - 109 par a aún y La parada de los Argonautas en el que éste les muestre el camino q les prevenga de los peligros constitituye uno de los Era Finco, según Antimac (cf. fr. 107), hijo de Casiopea; aunque par Agénor, versión que localización de su reí o acuerdo con lo que dic coincidencia temática hallaba en la parte as según la misma fuente, Esteban de Bizancio s. palacio de Finco, ue han de recorrer que les aguardan, episodios centrales de la leyenda. o, Hesíodo, Asclepiades y Ferécides Fénix, el hijo de Agénor, y de Helanico, el padre había sido guieron Apolonio y Apolodoro. La presenta dificultades, pero, de récides (cf. FGrHist 3 F 27), cuya Antimaco no es infrecuente, se ica de Tracia, en donde gobernaba, bre los bitinos y paflagones (Cf. 1 1 fla9Xayot’e.a ano J1a~pXa1—oi.’oq rol.> a 5 n e Fe con iát so y. de urtd en les 1 que el 446 ~‘Lk’cco; flciLóO;). Qu acuerdo con lo que nOXLS fc*9Xcq’OL>La; más tarde su nombr po estos testimonios, no refiriendo a los súbd trágicos, sin embargo la costa europea del de Vian, se produjo a Tracia (cf. F. Vian, situó la residencia narración de su poema orilla europea del BÓ confusión de este Argonáut ¡cas órficas la que el poema órfico sig parece que ya habla construcción de la Argo confusión contribuyeron escoliastas y copistas y una aclaración del e Fránkel, Noten zv den Fineo, que la ceguera y el Harpías, poseía de la primera de izá la dice > c CV e ciudad de Esteban de &3KT~OCD O 11~WTO r el de sería e itos de se ha Ponto, a partir de la Argortaut iques de Fineo, (cf. F y sforo, en nombre con trasladaran uiera la trad ocurrido en (vid. coment no poco (cf. de Apolonio stado confus Areonaut tha habla recibido de ser atacado en cambio el do sus desgracias poetas, como advierte Apolodoro Fineo fue Bizancio s ~LDC¶>. Amastr is xtraño que Fineo en el trasladado Salmídeso; Sésamo, de s. zijaapow Sésamo cambió Ten iendo Antí naco fr. 108. la ciudad de lo cual, en intervenc 1 130s. y por neces lan, Loc,. Tin BI la. tinia a Asi 1 ci ón lo - a Vi an para o de la des ApoL de los dios durante las n profético no se pone (cf 1, 9, ión de A n. 6). idades cit. ), en cuenta se esté En los Fineo a opin i6n tenas Apolon de en Vian cree que hizo que a; pero es pos de Antimaco, re latí yo fr. 104). ¿oc. ciL. un análisis cuestión jonios) es el castigo comidas por Sobre la c n de acuerdo en lo la la la las ible como a la A tal n. 6) general cf H. de las ausa los 21); para unos 447 fueron los dioses, por abusar de sus facultades de adivino; para otros, Bóreas, porque habla dejado ciegos a sus propios hijos; o Posidón por revelar el camino a los hijos de Frixo; o por preferir una vida larga a la facultad de ver (para los detalles, además de Ap. R. 2, 179—164; 312—316, cf. Diodoro de Sicilia 4, 43, 4; escolio a Odisea XII 69; escolio a Ap. R. 2, 178; 208 y 532; Hesíodo fr. 157 11.—U..; Higino 19; Valerio Flaco 4, 477—482). Fineo había recibido también el castigo de las Harpías por causas similares, cobo revelan los autores citados. Eran las Harpías dos o, según algunas versiones, tres seres alados con hermosos cabellos” les llama afiladas garras e hijas, como Ir Sus nombres son Aelo y Ocípeta, una tercera llamada Celeno. Ator la comida y haciendo inservible no podían llevarse; así que solicitaron sus servicios exigió Co del continuo acoso de tan molestos hijos de Bóreas llevaban alas (cf. les encomendó a ellos esta tarea. Caíais hicieron de las Harpías, 1 desligada de la de los Argon Argortautiques 1 144), la utilizó Vqc flcpcoóos (cf. frs. 150-156 11. desde antiguo esta persecución diferente, tanto en el recorrido, cabeza femenina Hesíodo, Teog. 13, de Taumante a las que a vece mentaban a Fineo con sus excrement cuando los mo pago que visitantes. coment. a La persecuci eyenda en su autas (cf. F. Hesíodo para c —U.); lo tuvo como en (“las de 265ss.) y y Electra. 5 se suma robándole os la que Argonautas pr 1 varan que los 105), se que Zetes y igen quizá Vian, Les omponer un que demuestra que tratamiento muy el final. Según el le Dado fr. ón or 448 escoliasta, en el poema de Antimaco (cf. fr. 108), que es al parecer la fuente de Apolonio de Rodas para este hijos de Bóreas perseguían a las Harpí llamadas Plotas. Allí, cuando iban a presentó Iris, hermana de las Harpías juramento de que no molestarían más a dieran muerte. Conseguida la promes de Bóreas regresaron al palacio de las Flotas cambiaron su nombre por Harpías se refugiaron en una cue Argínunte. Básicamente este reí Hesíodo, con las Naupactias (cf. Ferécides; si bien en el autor de cuál fue el fin de las Harpí Estrófadas, su antiguo nombre era cerca de Cefalenia, y no el de Pl el cambio de nombre se explicaba y Zetes suplicaron a Zeus que les hermanas de Iris. En otras versi como los hijos de Bóreas morían y, posiblemente, Ibico, PNG 292). E de neo de de Co as basta darles que, t meo, imp la diosa motivo strófad Creta incide 3 Berna Teoeort La y en cua u inades lado de este 1 a Fi el E va ato fr. la as el de Eq otas, al porque en permit lera ones, tanto cf. Esquilo, pasaje las alcan ras idió los por as, cerc con bé) no nto 5 Sic ugar los islas ce, se solemne que les hijos el cual y las ana al el de y con sabemos a las 1 tuadas ilia, y Caíais cazar a las las Harpías, fr. 436 Mette Fr. 110 ‘Hpcx¿o-rcn -rEtKro~J;: Hemos recogido este partir de las palabras de los escoliastas de fragmento a Apolonio (3, 449 409> y PI ndaro (PU. 4, 398c—d) y siguiendo el criterio de Gentil i—Prato (Poetarum £Legtacorum testtrnonia eL fragmert La II 119). editores adjetivo nom 1 nat acusat 1 sustant de una descr tb Ap. R. propon a querí a Pudiera estudian infiniti caso tau Sin embargo, no italianos sobre TCUKTO;. Para compar el caso ellos e timos que h ste crivo; nosotros, en cambio, e yo. En efecto, el adjetivo, ivo ~aupo;, debía formar part oración cuyo sujeto podía ser iendo a Jasón, seguramente con 3, 494), los animales obra de éndole la prueba que habría de ilevarse el vellocino (cf. Ap. ser, por otra parte, que do formara parte de una orad yo del verbo “uncir” (cf. Ap. bién se exige el acusativo. quizá podrí xcxXKonoócxs critA. Per F 1 na 1 mente, a completarse el 1 TaupO¶J~ tEU~~YL o, evidentemente es posible que verso de C 1 HcpaLcrrw también Antimaco u la opinión a de asignárs adjetivo debe emos más proba sin duda refer e del objeto Eetes, quien le el mayor detal Hefesto y al realizar con e R. 3, 410s. el fr. que ón subordinada R. 3, 508), En este segu la siguiente ~UKTOVS (cf. hay otras tilizara el de los ele al ir en ble el ido al directo estarí a le (cf. tiempo líos, si y 496). estamos con el en cuyo ndo caso manera: aparat. opciones. dual, es decir TC1JKTCA5. pero siempre con el valor de acusativo. Para 1 el uso de tcij~-roq acompañado de un dativo cf. Antífanes: rj tpOXOt> plrnae.OL tcvKTot> KoLXoawíJa-rol> Kt-ro; Cfr. 52, 2; J. 11. Edmons, F.A.C. II 184). El tema de los toros de Eetes puede encontrarse también en Naupact tas (fr. 4 Bernabé); Píndaro (pU. 4, 220—250); 450 Eurípides (fled. 475ss. Apolodoro (1, 9, 23); Licofrón lSOOss. ~7, 2Sss. Ant 1 maco, animales en la fue leyenda y suyos. Ferécides Diodoro de Sicilia (4, 48, 1—5); Ovidio ); Higino Apolonio fueron obra nte más ant quizá, a No sabemos de dónde lo (cf. ocasión, pues Apolonio, no se poema anterior 1—12 Bernabé), nos quedan, de Quizá la fuente periodo en que Píndaro (ca. 1 su alusión al tampoco deben 22, 2). 230s. Hefesto que iO y 3, de 1 gua Apolon y t a t Pero de todos el Apolodoro dicen lo que convierte aunque le atr a Antím pero rio que en é de Ant escribí a. O.) y autor de a descart es ci ibuye, 5 aco es e tenemos 1 se di 1 maco an los de ahí la arse (He¿ant. los que sólo los a Antimaco ransmite este dato Apolodoro en tribu orneS el poeta de Co FGrHtst 3 E 112) parece descartado en tado por el escoliast in embargo, este dato. 1 de las Natapactias (cf. indicios, en los resto jera quién fabricó los ya se habla escoliastas L t cie; la de la tar ios lofón. esta a de Otro frs. s que toros. perdido en el de la coincidencia de aunque, en último posibilidad de que Apolonio y ambos en caso, fuera invención del propio colofonio. Fr. 111 Diversa es la tradición sobre el lugar en el que celebró la unión de Jasón y Medea. Una vez más la versión Antímaco es, parece, antigua y poco difundida entre demás poetas que trataron el tema. El autor de la se de los Li de 451 dice que Jasón y Medea se unieron en Cólquide, cerca del río Fasis, quizá antes de embarcar de regreso a Grecia. West ha explicado sutilmente las razones de Antimaco para situar la unión de Jasón y Medea junto al Fasis corno un paralelo de la propia unión del poeta con Lide, inspiradora del poema, junto a las riberas del Greek sost i bien eiegy enen que hay algun Dionisio Antimaco FGrHtst Esquer 1 Alcínoo cambio el pala Macr is, refugió de los f Antí maco Lii lamoui des KaU arzd tal a di Pactolo (cf. 11. L. West, Studies io.nibus, unión se vergenc ia de Mileto (cf. dice que 566 F 87), a de Hornero y pero sin precis (cf. fr. 15 Powel do de Alcínoo y hija de Aristeo, en Corcira y adop eacios (cf. escol considerada tz—Moellendorff. ¿machos, Berlín, 1974, 169). celebró fuera en cuanto FGrHist 32 F se celebró en Corcira, por tanto ar el 1, CoL Apo ion que e tó el - Ap. por HeL lea 1924, 35) como antigua, se oponía a Piletas y Apolonio (sobre las E. Livrea, ApoLLQTtCC Rhodti 1973, 322). Finalmente, parece hace en Apolonio 4, 97s. y Los de la al lu 3), en Bizancio identificada con el país de lugar concreto L. Mex. p. 93) jo (4, llSSs.) xpulsada de Eu primitivo nom R. 4, 1131). Mi lamouitz demás poe Cólquide, gar concre más antiguo Timeo con la 1 los feacios Piletas, dice que en la cueva bea por Hera bre de la 1 La versión (cf. U. ¿st iscite Dichtvng iii II lS8sA y por Wyss la fuente común de diferencias entre esto Arsortaut ¿con. Ltber que la alusión a Volco 1163 podría ocultar Ca tas si to. que cf - sía de en en de se sia de von der Zeit y en los siguientes”) 4, 156 — 183; aunque seguramente lo narrado en los versos anteriores también podría incluirse. De todo ello podemos hacer este resumen: Medea, enamorada de Jasón y temerosa de las represalias de 455 Eetes por haber ayudado al héroe griego en la prueba de toros, decide abandonar su casa y una noche se dirige campamento de los Argonautas junto al río Fasis. A suplica que la lleven con ellos a cambio de entregarles vellocino. Aceptan los griegos y esa misma noche, cerca del alba, llegan al bosque de Ares donde una serpi custodia la piel del carnero. Medea duerme al dragón una droga que le aplica con una rama de enebro, lo aprovecha Jasón para llevarse el dorado trofeo. Cumplida misión, ambos regresan a la nave. El hechizo al que somete Medea a la serpiente tiene partes distintas en su ejecución. En la primera invoca Suefto y a la diosa Hécate, para poder acercarse al ani los al 111 el ya ente con que la dos al mal y con la mirada, en un impresionantes pueden lB7Oss. ) apaciguar su f hija de Hetes procede a enebro empapada con una importancia fundamental medio del canto (cf. el poder de la mirada (cf. Les yeta. Paris, 1985). d i y í n i dad Herodas, relación vid, las The Mimes de acto de hipnosis verse iereza. rociar droga. los rl origen Jean—Pi Sobre 1 notas de U and Fragmer. en Tras a la En el propio esta primer bestia con cuyos detalles Apolonio a parte, una rama <4, la de todo el proceso tienen tuales mágicos del verbo erre Vernant, a invocación - Headlam a ¿s, 1986, p. Hécate con las serpientes vi Hekate, Studiert ni Wesen und SUd ciar Góttin practicados por encantar) y el La mart claris del Sueño como la edición de 143. Sobre la d. Th. Kraus, irt Kleinasien urid Griectientarid, 1980, 97, n. 429. El enebro, que utiliza 456 Medea para precisamente veneno de los administrar una droga a la serpiente, era una planta considerada como antídoto contra el ofidios, según las palabras de Plinio CHist. NoÉ. 24, 54) lunipirus uei extertuat, cedro alias stmit minar. Litranque accerisa Nicandro, Theriaca 584 y Et. Las últimas palabras del fiera volvieron a la nave los sobre el lugar que debe ocupar 1153) en el que se dice que Cólquide junto al río Fasís. Apolonio (cf. 4, iSOs. y precipitadamente de la Cólqu amarras de la nave de un ante cetera omnia excatfacit. is. st serpon t es It. s. y. escol i dos... el fr. Jasón bado 208), ide tajo conseguido el vellocino, la unión producirse antes; quiza despuésde Vian considera (cf. Argonautiques erróneamente, que en la versión tenían lugar despuésde capturado y que, los en 4, con de la XII de el y tis dvo fugat geriera (cf. al Lera también c*pkcuOOs~. asta, plantean 111 (escol. Medea se según los Argonautas 208 Jasón la espada Medea y Jasó prueba con 8), a nues Antí maco el loc mo; • dormida la una duda Ap. 2. 4. unieron en versos de sal ieron corta las una vez n tuvo que los toros. tro juicio las sin nupcias embargo tanto los acontecimientos anteriores como 1 a esta hemos ambos, en la as propias palabras del esco opinión. Lo más probable es dicho arriba, se produjera que seguramenteacabó por captura del vellocino y a ocurridos en Colcos, hasta parecen contrarios que en Antimaco, como una unión física entre decidir a Medea a colaborar huir precipitadamente con 457 Jamón, para celebrar a Yolco. En todo caso, supone la versión de con él las y en relación Antimaco sobr bodas cuando llegaran con la excepción que e la mayoría de los poetas, que consideran que país de los feacios, conví usa el infinitivo Pt~TjLOL los demás poetas; así que esté hablando de una relac significado frecuente para la relación entre Odisea Cal ipso, la ceremonia de boda seguir una versión d a las bodas de Jasón abandono de la casa sugieren los prelí podríamos añadir la o el significado de (Argonautiques III n’est pas un colis regu la dot de sa f symbolique du rapt de Antímaco y la de rituales distintos e 118 Ss.> mientras que en e las bodas se celebraron en el ene significar que el escoliasta para Antimaco y rov~ >-&g.iov$ para es posible que en el primer caso ión sexual, nótese que éste es un IJCLYLflJPL en Homero y Hesíodo (cf. y Circe, 1< 334s., u Odiseo y 1 segundo se refiera a En el mismo Apolonio, no obstante istinta de Antimaco en lo que se refiere y Medea, hay algunos detalles, el paterna y la trenza de Medea, que minares del rito matrimonial. A ello consideración del vellocino como dote, KO1~pflv ¿t*4scvos <4, 189sA, que Vian 154) ha interpretado agudamente: “Hédée qu’on charge sur un navíre. Aprés avoir uture épouse, Jason accomplit le geste nuptíal”. Es posible que entre la versión 1 resto de poetas haya un reflejo de del matrimonio, dependiendodel mayor o menor grado la de Antimaco PiÉ. 4, 250s.), de antigUedad que se y parece que más antigua, le conceda a también en tal vez la se la leyenda. En de Píndaro (cf. recordaran ritos 458 ancestrales del matrimonio en los que tenía un papel importante el rapto (cf. el famoso rapto de las Sabinas). Quizá haya una reminiscencia de esto mismo en Apolonio 4, 399s. En cambio, en el resto de poetas, influidos por un concepto del matrimonio más regulado jurídicamente (cf. Apolonio 4, 345>, se distinguen dos partes: la primera comprende la promesa de matrimonio de Jasón, el corte del cabello, el abandono de la casa paterna, la entrega de la dote de Medea y la segunda, la conducción de la mujer a casa del esposo y la consumación del matrimonio, que en el caso de Medea, por razones especiales, tiene lugar antes de llegar a casa. Sobre el matrimonio cf. C. Vatín, op. cit. y 11. 1. Finley, “Matrimonio, venta y regalo en el mundo homérico”, en La grecia antigua. trad. esp. 1984, 264—278, con bibliografía reciente añadida. Frs. 113—114 Dado que, como veremos, es posible que los dos frs. transmidos por los escoliastas de Homero, uno a la ILtada y otro a la Odisea, no pertenezcan al mismo tema y, aunque pertenecieran, pueden referirse a aspectos distintos; hemos conservado, siguiendo el criterio de Nyss y Nest y en contra de Gentilí—Prato, la distinción en dos frs. Los sólimos son habitantes de un pueblo que, según Antimaco, estaba situado en Cilicia y cuyo nombre deriva de 459 561 mo, (cf. el s. y. So hijo de Zeus, según algunos de Ares, y de Calcedonia articulo de Hófer en el léxico de Roscher, 4, 1154 lymos), al parecer una ninfa local. Quizá la hija del río Pides, mencionada en el fr. 123, que discurrí a Pisida (cf. Est. Biz. s. y.), que pudo de los sólimos, 2, 10) y el Studies in Wyss la elegía amor 1 bus”, Homero (Z Antimaco, considera, descartar vale la pe de acuerdo con propio Esteban de ser también lo que dice Estrabón Bizancio greeh etegy and lambus, 1974, consideró que en estos dos frs. dedicada “mnfaustis luyen tomando como base para ello 145—211). La interpretación aceptada recientemente por sin embargo, otra posibilidad, lo dicho por estos ilustres fil na tener en cuenta. A nuestro erentemente elque uno de ellos formaran también Jasón y Medea. pre f parte de En efecto, la eleg los la región (cf. 1, (cf. M. L. West, 169). for 5 manan parte i Bellerophon la narración del editor Gentil i—Prato, que nosotros, ólogos, creemos juicio es posi segundo, o los la sobre sól imos, los un amores pueblo de ti5 de de no sin que ble dos de cuya belicosidad deja entrever Homero (Z 184s.), se incluyen en la descripción de la parte oriental del Ponto que hacen las Argoná’aticas órficas, 741 — 753 y que ha sido tomada de una fuente desconocida (cf. Vian, Les Argonautiques orphiq’aes. 183). Evidentemente seria excesivo decir que la fuente en cuestión es AntHuaco, pero no es, creemos, descabellado pensar que ambos siguieron una tradición con algunos puntos en común. Por lo demás esta coincidencia no seria la única por 460 entre Antimaco y las Argonávticas órficas. La construcción de la nave, la posible narración de la leyenda de Deméter, el itinerario de regreso de los Argonautas, son otros tantos puntos de coincidencia entre ambos (cf. supra). Que los sólímos estaban estrechamente relacionados con Eetes en alguna de las antiguas versiones de los Argonautas parecen indicarlo el comentario de Es-trabón (1, 2, 10) y el y. 1302 del poema órfico, donde se dice que este pueblo formaba parte de la flota que salió en persecución de los captores del vellocino. Finalmente, el fr. transmitido por el escoliasta de Homero (2 200> podría pertenecer, como quiere Wyss, a una elegía sobre las desgracias que le produjeron a ?elerofonte las acusacionesde la esposa de Preto, que lo envió a Licía, para que su suegro Yóbates le diera muerte. Mas, dado el rechazo de Belerofonte a los requerimientos de Estenebea, o Antea, no se ve muy claro cómo encajaba todo esto en la narración de la Lide, que pretendía describir las desgracias amorosas entre parejas famosas del mito; a no ser que Antímaco diera una versión diferente de todo ello. En cualquier caso, la alusión a Belerofontes en los Argonautas no seria imposible, puesto que su lucha con los sólimos es cronológicamente anterior a la expedición de los Argonautas. Nótese que un hijo de Jasón e Hpsipíla, Euneo, envia desde Lemnos naves con vino a Troya para los griegos (H 466> y por estas fechas dos nietos de Belerofontes, Glauco y Sarpedón, combaten en el bando de Priamo. 461 Fr. 115 El único punto de acuerdo entre los autores, y aun aqui contamos con la excepción de Sófocles (fr. 547 Radt), Eurípides (¡lcd. 432>, Herodoro (cf. FGrHist 31 7 10) y Calimaco (fr. 9 Pf.), sobre siguieron los Argonautas es recorrieron para llegar a a variantes son numerosas, s b modo, en dos grupos; uno, una trayectoria oriental y Argontraticas de Apolonio, sigue una dirección occide está representada por Hesí 4, 25s.; 250> y Antimaco. 257—62b), llegaron a Libia una vez puesta en movimien Esta versión es la siguiente manera: . ‘ > 6tcX8ctv ELS TOL> ELS -r?ps ~pctépav resumen, en el poe el camino de que no fue el 1 Cólquide. A partir de í ien podrían reunírs en general más antiguo, otro, más conocido grac que, remontando el Istro ntal. La tradición odo (f 1 Según esc a tr éano to la al o emisma que ex CHKerrot~ros ó~ , CLT~ eSxaacav (cf ma de Antimac río Fasis, para salir Rojo, transportaron 1 versión de Hecateo Mediterráneo. Esta era Ferécides, coincidente r. 24 M—W) ellos (cf. avés del Oc nave Argo, plica Hecate e o MÍ.MScios , e- EKCLOC1) £LS • FGrHist o los Argon al Océano, a nave por por el ~O5 con iblemente Antí maco de allí el desie Nilo) y también en más d regreso mismo que que ahí las e, grosso que sigue i&5 a las (Danubio) más antigua Píndaro (FiL. ol. Ap. 2. 4, y desde allí, Mediterráneo. Mileto de la TOV IOtCLÓOS >JeZXov, ~ecv iBa) . En remontaron irigieron al o de Libia (en salieron al d CK TOL> 1 F autas se d rt la versión e una ocas de i ón, pues su poema decía (cf. FGrHCsL 3 7 32) que los Argonautas el Mar la 462 sembraron los miembros de sugiere que iban río arri consideraban al Fasis y al of Proconriesus, 1952, S6ss. comunicaba el Ponto con el en este punto se vuelve co pueblos mal conocidos (cf. 745—758 y 1036— 1249, cuyo más de cerca que la de Time esta parte véase , además análisis de 7. Vian, Les 28—42 y 186s. Según el Apairto por el río Fasis, ba. Parece que estas Tanais (cf. J. Bolton, como una especie de c mar exterior, nfusa en una Argonáut leas autor podría o, como cree de J. Bolton Argonnuqt iqtzes escolio, Antimaco hac del Océano, a e doce días, co la nave hasta Argonautas, siguiendo el curso desierto, quizá también durant (PiÉ. 4, 25s), trasportarían pero la maraña órficas seguir e Vian). (op. ozj 1 ia 1 Lib mo de lo que vers iones Arísteas anal que geograf 1 a ríos y Sta ve Para ciÉ. ques. legar a ia, por en Pi alcanzar rsión toda el 1987, los cuyo ndaro las aguas del Mediterráneo occidental (cf. coment. a fr. 116) Fr. 118 El fr. se ha considerado como perteneciente a la Lide, porque se trata de un dístico elegiaco. El lugar del poema, sin embargo, no se puede precisar (cf. Wyss, 36>. Podría pensarse en una alusión a la parte occidental del Mediterráneo (cf. Ap. 2. 4, 1396 Ss.), a la que podrían haber llegado los Argonautas después de recorrer el desierto libio (cf. comen-t. a fr. anterA. Myss (loc. citA sugiere que Antimaco hacia una referencia al robo de los bueyes de 483 Gerión (cf. Mimnermo, fr. 5 Gent.—Prat. y Ruforión de Calcis, fr. 83 L. A. de Cuenca). Posiblemente nue bajo la influencia de Homero (E 239> y Estesicoro sólo hacia una descripción del anochecer. También (cf. Studies ir¿ Gree) elegy ... 169) el poeta palabras sólo quiere decir “the sun had just set esta la interpretación correcta es obvio que el pertenecer a otro lugar, pero siempre dentro de Lid., pues no nos consta la existencia de otro Antimaco en dísticos elegiacos. Por otra parte, e Colofón considera a Eritia no una isla, sino una de las Hespérides (cf. Hesíodo, fr. 380 posiblemente era el origen del nombre de la i denominación, relacionada con cp~Sp¿s, alude sin condición de occidental. El fr. presenta un interesante problema 1 textual entre el c~xpéce de los códices y xpuacce, de Stoll, que admite Nyss, porque encuentra el Estesicoro PMO 185, 2). Nosotros aceptamos la Arhens (cf. Wyss a fr. 66, 1), aceptada también Prat. 16, 1, definida con en la pareja nro poeta, (PMO 185), para Uest con estas De ser U. podía la propia poema de 1 poeta de ninfa, una M—W), que sía. Dicha duda a su de crítica correcc ián epíteto en opinión de por Gent.— según la cual la copa podía muy bien ser “útil”, lo cual produciría la novedosa variatio adjetivo sustantivo. 117 Al parecer este U. era parte, no hay más pruebas de 464 ello, de una elegía sobre los amores desgraciados de Edipo. En él se aprecia la clara influencia de la épica en las elegías de Antimaco con fórmulas como la que aquí se ve, ¿Vnc 6~ ~pwvijaas(cf. fr. 19), que no suelen encontrarse en los elegiacos (cf. loc. sim.). No sabemos si Antimaco narraba por extenso la leyenda de Edipo, como seguramente hacia en la Tebaida. El fr. recoge el momento en el que el héroe entrega al que creía su padre los despojos de un enemigo muerto, como recompensa por haberlo criado, pues tal era la obligación que cumplía a todo hijo bien nacido (cf. Loc. sim. >. fl¿x~pc: Es el rey de Sidón, o de Corinto, a cuya mujer un pastor hace entrega del niño Edipo recién nacido y abandonado en el Citerón (vid. los detalles en Eurípides, Fenicias l4ss. y escolio a 1760; así como Legras, Les légendes thébaines, esp. 395. y 50—58). La ambigUedad sobre el reino de Pólibo tiene su origen en dos versiones de la leyenda; la primera, que recogen el escolio a X 271 e Higino, 67, es muy probablemente la más antigua y la seguida por la Tebaida ctctica; en tanto que la segunda, transmi- tida por Sófocles en Edipo Rey, Apolodoro 3, 5, 7 y Pausanias 10, 5, 3, posiblemente se leía en la Edipocita, poema más reciente (cf. Legras, Les Légendes. 52s. y n. 1; 48 n. 1). Opcn-r’rpia: Es palabra tomada de los Himnos hcnnéricos (cf. H. Ceres 168 y 223). También aparece en Hesíodo (Trabajos 167s. ). Pero en los dos autores tiene un sentido 465 ligeramente que el hijo mantener a Antimaco la a un padre distinto. En los Himnos significa “la recompensa da al padre por haberlo criado”. En Hesido, los padres por haber sido mantenido por ellos.” usa en el sentido de los Himnos, aunque referido adoptivo. tc~cyócZ t.nnou~: taaóc es la corre partir de ráót de los manuscritos, sido generalmente admitida por los justificación, a pesar de que en general tratado este tema, salvo Eurípides CFenic ¿yfjpcrra y Pisandro (cf. rarnist 16 F 10, escribir rou~ lnnovs; por lo cual Dtibner Sin embargo podría encontrarse un apoyo femenino en Nicolás Damasceno, que dice e 1 e- 1 >1 1 TOV AOl ION> CT)XOrUL>C ~ap KOCL TOlVT CÓCOKCL>. Según Robert (cf. Oidipus 1 82), como Nicolas Damasceno se sirvieron de Nyss, que además añade el nombre del mitó considera que tal fuente fue la Edipoclia. cción de Bergk a corrección que ha editores sin más los autores que han ias 44) que dice 5) appa. suelen corrigió xo~aóe. para el uso del FOrRisÉ 90 F 8) ~aq > ~ 1 cts) ayayún> floXí~qs tanto Eurípides, la misma fuente. grafo No Pisandro, sabemos si Antimaco seguía esta versión, cambiando femenino los caballos de Layo, o si, por en una fuente distinta, ¿la Tebaida presentaba esta diferencia. óc%w: Es un futuro por presente. Una vez más se nota el gusto arcaizante de que quiere revestir AntHuaco en ocasiones el verso. En efecto aquí se muestra el primitivo valor desiderativo que tuvo el futuro, como primer paso para por su cuenta al el contrario bebió cíclica’?, que ya 466 separarse del presente. Antimaco sin duda observó estos matices primitivos del verbo griego en ejemplos de Homero, como CA 29) ‘r9iv ó’~yc~ o~ Mkrw, o CA 12s. ) - -. Xva4~cv¿q -re ewya-rpa pcpwv r’ (cf. R. Adrados, Evolución y estructura del verbo indoeuropeo, Madrid 1974, 212s y LingÚtstica indoeuropea. Madrid 1975, 703s.). Consideramos este Nyss, en contra de la fr. op i n Fr. 118 parte de la ión de West, Li de, dado como quiere que en los escolios de Antí maco. rec ientemen pertencia a transmitido nos parece, versos que creemos que Apolonio Este te la por sin hace ni cr iter por Gent Lid. es c el escol embargo, Wyss (cf el escolí 1006), ni la disposición de verso autorizan a e hecho a partir de la c ocho veces que aparece litada) ocupa el final KmJTltt Nyss consi Degani> fue el primero es erróneo, puesto que no se menciona ningún otro poema io también ha sido defend ilí—Prato en su edición. Si ierta, seria el único fragmen iasta, con texto de Antimaco. acertada la disposición en - apar. critA; antes al contr asta de Apolonio (cf. escol. ‘ > de ~~piapot>Éq nexcryos en prinei lío. XI.napoL> ~s n¿Xcq’os está sin iáusula homérica ¿Xínp=v =ówp; que en la Odisea (no hay ejemplos en del hexámetro. dera que Hiponacte (cf. fr. que utilizó esta palabra. Hiponacte emplea KOlVnS. de ido su to, No dos ario 1, pio duda las la 4 West = 3 Su juicio término de 487 origen lidio (kave~~ con el significado de “adivino” o “sacerdote”, introducido en Grecia a través de Asia Menor, que no es un doblete del primero Tzetzes, cuyas opiniones han confundido a más entre ellos Deganí (loc. cit. ), que recienteme a caer en este error, que, en nuestra opinión, aclarado suficientemente por Mason (cf. O. fragments dv poéte Hipponax, 1962, 107s.). A Antímaco parece que encontramos el primer ejemp de este pájaro, quizá el somormujo (cf. Eufor. Cuenca y comentario; así como Thompson, Btrds término ha sido luego imitado por Calimaco (fr. de nte ya los jon como un e ha habí Mason, si pues, lo del nom fr. 170 5. y.). 522 Pf i05 de creía ditor; vuelto a sido Les en bre de El Eufor ión (Ant. Pal. escoliasta, se ha A. J. van partir del recipiente con supone que 6—n > n—6. de &%rw, (Loc ciÉ.), Licofrón 7, 652, 5). También aquí el primer emplo de relaciona con óvcú- s Mindekens ofrece una análisis de niv6at “fo - Niega Windekens la el latí fvrtdus (cf. Pr n — procede de un órn-’nc4 Seria ésta una forma ue significaría “su (425, 741, 789) y Leoníd. Tar. tenemos, según afirma el propio ej este verbo. Generalmente do in embargo, recientemente nueva interpretación a ndo de un vaso o de un relación tradicional de n isk y Chantraine s.vA y 1 C óxpnc4). con metátesis con infijo nasal procedente q mergirse hasta el fondo”, por oposición a ói~w. “entrar en” (cf. van Uindekens, Dictionnair-e étymologiqtie complémentaire de La ¿arigue grecque, 1988, s. y.). 468 El verso parece que comparaba la desaparición de un dios en las aguas con la zambullida del pájaro en cuestión, según el modelo de e 352. A su vez, en Antimaco parece haberse inspirado Apolonio de Rodas para 1, 1008 (cf. A. Arizzioni, Le Argonautictze. libro 1. 1967, 233). ¿Ocuparía también en la Lide la primera parte del relato sobre los Argonautas? Fr. 119 Tradicionalmente todos los editores, incluidos los más recientes, han atribuido este U. a la Lid., por razones métricas. Fr. tao Schellenberg fue el primero que supuso que este fr. pertenecía a la parte de la Lide que narraba los amores desgraciados de Jasón y Medea, seguramente por lo que dice Apolonio de Rodas (1, l300ss) sobre la muerte en esta isla de los hijos de Bóreas a sanos de Heracles. Obviamente el argumento no es muy s6lido. A nuestro juicio, el uso del genitivo y la presencia de la enclítica re indican que el verso se completaba con otro sintagma semejante, quizá el nombre de otra isla o ciudad acompañada también de un adjetivo, y dependientes ambos de un verbo que rija > 1 genitivo, como avacaco, por ejemplo (cf. B 36). Podría ser una alusión a lugares de culto de un dios, quizá Apolo (cf. Heródoto 4, 33). Sobre lo inhóspitas que resultaban algunas 489 islas del Egeo hablan los versos del Himno homérico a ApoLo (cf. 2Sss.), que en el verso 72 dice de Delos: “soy un montón de piedras”. Vr. 121 Sobre la posible relación de este fragmento con 102 y 103 cf. el comentario a dichos frs., especialmente al 103; aunque quizá no deberíamos descartar totalmente una relación con la Tebaida (cf. coment. a fr. 98 y Pausanias 1, 14, 2s.). Frs. 122—123 Sobre la relación de estos versos con los sólimos cf. el comentario a los fr. 113—114 y Uest, St’udies in g’reek eLeg~g, 169. Fr. 124 West, con algunas dudas (cf. p. 43 de su edición) y Gentilí—Prato han aceptado las palabras de Wyss: Coniecturae Bergkii ad Lydam hoc fr. revocantis haud dubítanter subscribo; nam in ea elegia incestos Smyrnae amores narratos fuisse ven vaHe simili est”. En efecto nada tiene de extraño que AntHuaco narrara, siguiendo a Paniasis .. pax ao’iyropos la Tebaida, pax referido en este poema. 2) de KU8WVV~IOq, “de enigmático nombre”, la desgraciada niSez de Edipo, sin duda la que Antimaco no quería entrar en un describir las desgracias amorosas del Fr. 127 Antímaco dice de las Gracias, sin indicar ni su nombre, ni el número, que eran hijas del Sol y de Egle. No estamos muy seguros de que, como opina Uyss, este fr. haya de ponerse en relación con el fr. 116 (cf. coment.), sobre todo, si es cierta la opinión de Uest allí expresada. Este pasaje, por otra parte, puede ser la fuente de Hesiqulo (s. y. Ar~XT~S XáPLTTiS). pero caso dos el (cf. no al 472 Fr. 128 El fr., que primero fue atribuido a Calimaco, ha sido incorporado a los de Antimaco a partir de las aclaraciones de Pfeiffer (cf. Calim. fr. 814): “Non nego sub vocibus ¡ÁvTC~Jccxos” (cf. Nest, Stvdies in gree)t .tegy. 189). La influencia de Antímaco parece notarse especialmente en Nono de Panópolis (cf. 11, 38; 312 y 47 591). Por lo demás, la fama del Pactolo como rio que arrastraba pepitas de oro se puede encontrar desde Baquilides (3, 44) y Heródoto (5, 101) hasta S. Isidoro de Sevilla (cf. Etimol. 13, 21, 21; 14, 3, 47 y 4, 29). Fr. 129 El presente fr. de Antimaco se nos ha conservado en tres fuentes distintas± La Vera historia de Luciano, el escolio a Nicandro, Theriacá 225 y en lan Papiro de Ant inópoiis; sí bien éste en condiciones bastante precarias (cf. fr. y Suppi. NoIi. 76). Las tres fuentes se vieron atraídas por la expresión del hexámetro ~XYjevra ói& irX¿ov; en donde nXoot> está utilizado en el sentido infrecuente de “camino o travesía terrestretm (cf. Cal. fr. 260, 67 PL). J. 473 Mattheus ha hecho un detenido análisis de este fr argumentos nos han convencido para incluirlo como la Lid. (cf. 1). 3. Mattheus, “Antimachus fr. 106 fragment of the LydeV, Phiiotog”us 1982, 144—149). hipótesis sostenida por Hatthevs es cierta, el fr. incluirse en la parte de la Lide que narraba la travesía el desierto libio que hicieron los Argonautas para llegar Mediterráneo (cf. frs. 115s.). •, cuyos parte de Wyss A Si la debe PO~ al Fr. 130 Este es el único fr. atribuido con seguridad a la Artemis de Antámaco y aun él presenta algunos problemas. Dtkbner ha corregido la lectura de los manuscritos de Esteban de Bizancio (‘AvrCpcxxos) por ~ApxéwcApxépaxos ~ h ~-‘ E~pot¡<¿Sv 9floi% “K&riaXos i.i~v OZV — ‘ ‘ —. > 9~LVCT«L waraaxelv TO opoq To VIJL> Oit e¡cctvov KOT15Xc*LOL> icaXoupeV~ pero vid. Uyss p. XXVs. Quizá Antimaco, de acuerdo con lo que se lee en Esteban de Bizancio, escribió áL’onaV, divinidad identificada con ella Eur. Rip. 146, 1130); el nombre. “Observavo componimenti omericí, che indipendentemente aveva un grande val sconosciuto” (cf. A. Mt jano, Milano 1966, un epíteto de Ilitia nombre deriva de Dict versi6n de la leyenda nació Zeus y en el qu Pernández—G Ai¡craos); hija debió al iano, por lo q 1 lamarse as opí reí ac n iones ionada de con Maas y Artemá o con Britomartis pero el filólogo tuttavia che Dicti ma l’autoritá del erano arrivati alí ore per me. Del Vogliano, Papín deL Volume primo, p. 54) y no una divinidad i e, el monte de Creta estaba situada la e éste tenía un Léx ue 1 ico de se le 1 itla Los Hí conocí a Dictea por ‘nos de como ha Lobel, como 5 y a veces (cf. Hdt. 3, 39; iano corrigió n compare nei e del Lobel, 50 risultato, AtcraLa era Ltrii~ersit& di tea, pues, es ita 1 nna no Maas o stes resto LaR. Dic ndependiente, donde según al cueva en la santuario (cf. CaL Imaco, s. Zeus Dicteo. ber nacido en cuyo guna que E. y. Su el mismo lugar o por ser hija de Zeus Dicteo. de a od. las y A i. ¡cta Nabí a por 475 OlJttLv: Es la conjetura de 1<. 1936, p. 240) sobre . Ji,.. y, que se DeichgrMter (Hermes lee en el papiro, y fue conf lectura letras quizá or 1 gen doncel irmada más posterior intermedias POr de la pr i tal hipe tarde en la que mera vez, denominació rbórea, “bnL por Vog que pudo faltaban. con n e;, Arge, había llegado a De hiperbóreos, para acompañar primera iba a dar & luz. En Leto, fue honrada con himnos cuyo relato deja notar el or y Artemis (cf. también Paus. Antimaco parece que se Cf. el comentario al fr. posible vinculación entre ¿ppm.~&ro~ov: Es un h cláusula homérica ~pptpot’ 1 iano recon -T (¿oc ocer está o sobrenombre podría ser el que, junto c los desde la a Leto y a 1 flelos, al igual según cuenta igen pregriego • eCL.) en una restos de las dos aquí utilizado, de Artemis. El nombre de una on su compañera tierra de los litia cuando la que los hijos de Her6doto (4, 35), del culto a Apolo 1, 43, 4). En este pasaje de inspirá Calímaco (cf. fha. 162 sobre los hiperbóreos, ambos. apax de Antimaco creado tyxo~ cr 357, etc.; cf. 3, 204). para una sobre la también ¿(3pi~i¿ncrrp~, E 747 y e 391, dicho de Atenea). Fr. 132 wopvp~Ccuv: La glosa de Hesiquio +¡ OU01TOTC*L yvpya&o~ ¡caí. KCKp1J9cYXOS. ¡ no parece que se refiera al presente pasaje de Antímaco, salvo KCkpiMpOXoq, 71, que 476 “redecilla para sujetar el pelo, y aun ésta no coincide con la iterpretación del comentarista de Antimaco. Sea como fuere parace claro que en el verso de Antimaco se describía > .- el peinado de una mujer, por lo que el sujeto de ca~¡a, IJeLXLrpcrra. Sin CL0S. ncXon.n~e; (el lugar del 178; si bien los néXa1>o;) es una especie miel, que se ofrecía a lo los muertos (cf. coment. a Aquí posiblemente es el presentadas a una divinidad el origen de ncXavoe; escolio de Eurípides, Oit s. y. Esta interpretación e explica ncxc=Kt>cí.>aCncxaCva embargo, acento manuscritos de torta s dioses fr. 56), conjunto en una cf. el 220 y s la que codd. )• el comentarista de Antimaco, que no excluye esta interpretación, explica 477 ‘ e ncx¿rvcí.cx con ‘toe; í.¡cctflpm.as, “el ramo de olivo que suplicantes” y, por extensión, “la súplica misma”, verbo ncx¿tco. acercarse, que es reforzado por una e nueva, í.eponcX&rT¡s. En el primer caso se trata de la a una divinidad, o de un sacrificio incruento, para algo. En el segundo, de los actos mismos de la súpí la que los fieles se hacían acompañar de ramas de ol fr. 139). llevan los y con el palabra ofrenda pedirle ica; en ivo (cf. Fr. 134 VT~XCCTOLS: Explicada por at>aiiap~~~toí.s. “las que no tienen con el homérico VrjXCTLÓES (it 317 las variantes que nos transmiten eknvtvrcís. L’TjXCLTCL;); aunque en noX~cxiic~pt,yroí. (cf. asimismo Sud. el comentarista como faltas”, debe relacionarse y t 498), o con alguna de los manuscritos de Homero e Hesiquio leemos apaprcXoí., s. y. NTp~LT1jS). Fr. 135 Según Vogliano, el final del verso completarse con un nombre propio o mejor con principio del verso conservado, con un monosí demás nos es desconocido. anterior debe un epíteto y el labo. Todo lo 478 Fr. 136 1. =ócni. T~S: Ha sido reconstruido por Maas sobre el homérico ~pa~rt.1-ce. •i,~a6~~¿O~tn Fisadea es una fuente de Argos, que, como otras, (Autómata, Hipa y Amimona), tenía específicas en los ritos religiosos de Precisamente sobre la aplicación del agua de para lavar a las parturientas trataba Antimaco y, según se desprende del comentario del pap una opinión contraria a la de Calimaco, que (cf. Frs. 85—66 Pf.) atribuía tal propiedad Autómata en clara oposición a lo expresado por Colofón. El mismo comentarista dice que Cal esta información de Agias y Dércilo. Sobre citadas y su condición de hijas de Dánao cf. A la esta en es iro, en un a la el po 1 maco las polod. funciones región. fuente te lugar sostenía .4 i ti o?’ fuente eta de recibió fuentes 2, 1, 5; Paus. 7, 1, 6; Escol. a Eur, Fen. 188; Estrab. 8, 371. El segundo verso está muy dañado y su interpretación es difícil. No sabetos a quién se refiere el -rq que impieza el verso y el nJpoTÉpcí.nE. . . 3 >Axceí.ihSa que sigue no es menos complicado. Se ha leído, como más probable, npo’tep> JnEov (c~n[cv~ ‘Axaí.ióa, pensando que se trata de las palabras de un dios o de un oráculo (cf. Vogliano, ¿oc. cit. SSs y apar. cnt. ). En el tercer verso Wyss sugiere el optativo Xwoí.o, cuya forma dórica defiende aludiendo al fr. 182, al que podría añadirse ahora el 32, 9; aunque no hay que descartar que se 479 trate de una forma de genitivo . Latte (en Uyss, p. 81) hace el siguiente intento de reconstrucción: CXoioa-ro 6’) ~6Lcrrí.) — 4 ‘4 e — >4 — ‘ —, t¿>, 1-0 CL. *~>aO(6tiCftECV TjCL rct yap ¡Axauih5a r— ~3cpC~ aXvta¡ccpevai. Cxy¡XZóa O¿Xotcv). Fr. 139 Numerosos son los problemas que este fr. presenta, tanto de crítica textual, como de interpretaci6n; seguramente como consecuencia de la falta de rigor con que fueron recogidos los lemas de Antímaco (cf. introd. p. 77ss. y Vogliano, op. cit. p. 45). Veamos el texto íntegro del papiro I¾~’{rn=p(=wJ 4 1 tjj Xcyopcv~ E — 4 Xa8p L9C Ova’~~ X¿xí.q npJoO-upa( C.~ia, ct-n ‘tp tOE L E&1~Jaw la X=xí.a ¡1( opScós. 35 noXtOoOáj XoxcúwJa’ra, Ta E~Jn~ ‘r~ 4 ~~O90X>0L TT~ EX Observemos que a pesar de que el verso presenta este aspecto en el papiro, ~q’p’ ~n¿ ~aE=vJAccOpCca OvOTIl. XOXLCX¡jLj~ Tpí.S(otXcLaJ[Éj (adscribimos aquí las yotas para mayor 33 Xc í.~ 460 claridad), sin embargo, se da a continuación (un. 34) una del mismo como si pE=vJAaGp¿cxí. O-I~CT¡L Xhí.a tpí.eLocXiaJ, acusativos en vez de dos dat 4 conjunción icaí. en las lin. 34 y añade otra dificultad al texto, considerando que el verso de Ant asindética. De todo lo anterior, verso de Antímaco ya era discuti bien por errores del copista, o presentaba, al menos, dos lectur (X¿xí.a ‘rpí.S~í.cx) y otra con dos incluso una con acusativo y dati 1. Gazzaniga en su exhaustivo Antimaco (cf. 1. Gazzaniga, “055 alío hypomnema antimacheo di Pap fr. 162 It Antimachifl, La Paro 63—74), pero cf. Vogí., Loc. cit como lectura correcta la de resolver cuál es la categoría 1-pLOaXIa. Según la explicación de Xoxv¿EiiJcrra), la primera es su adjetivo, Eknt rr1 ‘tpí.OaX La dado por embargo, pero si consideramos explicación >4 C ~ la lectura fuera o~p xmo decir, con dos presencia de la usente en la 35, podría resolverse ne una estructura se deduce que el la tradición que, eco ones al texto con dos acusativos 4 (Xoxí.q TpLOaXL9); TptSaXLqú, según es ivos. La 36, pero a aunque imaco tic pues, do por por corr i as: una, dativos yo (X¿xí.a análisis de ervazioni cri • Mil. Vogí. 1 La deL Passa • p. 50s. Una dos acusati gramatical la línea stantivo y dicho alo [Xc J~eCq noxvOaXij &Spa>, sustantivo. El valor adjetiv la equivalencia del prefijo el que el comentarista se X¿x La al de 1-PL— sirva este fr. de tiche intorno 17, 33—36 (= to 22, 1967, vez aceptada vos, hemos de de XOXLa y 53 (noXvOaX7j la segunda continuación (ra es adjetivo y 1-pLOaXIa le viene con noXb; sin del sustantivo 481 ówpo1> para explicarla es prueba de que, al menos en esta interpretación, se consideraba explicación de Wyss, p. 88, rp veces al año”, aunque posible e cuenta la opini6n del comentar pues, las ofrendas hechas a una &aXX¿e; como rama de olivo, o co tortas de harina que se ofrecen sobrenombre de Artes is, fr. 133) y de paso A. P. 6, 44, 2 y 6 tan sólo el nombre sin ver en ella un >‘Ap’rcwi.s npoevpaCa ar cit 15, iría por ident a ‘tpí.8axta no deber sacrificio sustantivo “florecienteLOOIX La = timológicamente, ista de divinidad mo espigas, r itua lmente a podría tener aquí su apí ser la fuente de Leónidas de 300), aunque Leónidas toma de Latria y su figura arca a divinidad de los partos, que se menciona en la asociada a la Artemis p. 73 y O. Pugliese 1965, 5—10). Así las ofrendas hechas un parto feliz a ificada con Artemis. y que parece est Gazzaniga, ¿oc. ProppLatoi. 500 Antimaco describ diosa o mortal, divinidad luego Antimaco por las la parturienta q (cf. Gazzaniga, pueden verse ade Finalmente Aa8pCq por ingeniosamente ha propuesto Gazzaniga en viejas leyendas, ue ofrece el ¿oc. más la cit. p. 72, en otras interpretaci preposición C Auno, Antí mac • La o no tiene o). Ser acepción nc luso Latría, icac ión Tarento de Antí izante, sino a línea 36 del Protectora Carrateil i (La tres en lan, de como un (cf. (cf. maco pero la papiro (cf. 1. Theoi pues, El fr. de por una mujer, Latria, antigua Dado el interés de la descartarse que fuera Leto misma cuyo denso estudio ones). referida al dativo podría ser, como el articulo que Wyss (cf. su index verborv.m), 482 venimos citando (cf. p. 71s. ) una tmesis de de Otto. c 4 Tendríamos, pues, un vno8-uco, cuyo inconveniente de no estar atestiguado antes, no deberla ser un obstáculo insalvable, tratándose de Antimaco. Si ello fuera así, “la situazione sarebbe quella di un’eroina che di soppiatto, in quanto illecítamente, sacrifica a la dea Lathria per il suo parto, ed a offerta clandestina corrisponderebbe parto clandestino, cíoé nozze illegittíme” (cf. Cal. Himn. VeLos 4, 240). ¿Seria, pues, Leto la oferente clandestina, para evitar la cólera de Hera? (cf. frs. 131, 133, 144 y 182). Fr. 140 ywp’uxoco: Es una palabra antigua, un hapax homérico, que daba nombre a la funda en la que se guardaba el arco y, al parecer, también las flechas. Quizá se trataba de un estuche de metal o de cuero con dos departamentos; uno para el arco y otro para las flechas , del que sobresalían unas tiras de cuero, bien para llevarlo en la mano (cf. fr. 143), bien para sujetarlo de la silla del caballo (cf. mfra). Pero el pasaje de Homero es confuso en este sentido, de ahí que ya hubiera contradicciones entre los lexicógrafos antiguos (cf. Chantraine, bictionnaire s. y~). Nuestro comentarista parece que lo toma en el sentido de funda del arco y también Hesiquto (ywp~-ros- ‘to~o8yp~. &tXc,ncoq. cd 463 xcnpwr&0. Sin la izquierda, derecha, por 1 como (3cXo&ij¡<~. to~oew¡coonaa, y 106), la da Hes que sin duda tenía presente a Antimaco cuando 1- LOcKL~WOC01JOLL>~ ELCTTOT Cecvraí., &noewaavp¿to~oa.v 1-11> C 4 aí. pCXLTTaL. -r=XcrowL’ov i.¿cXC¡cripov. sea, p. para duras cuyo i qu i o, escribe TpO9T~1> Fr. 142 1TOLfl1>lYrpoLaIA Es forma Hesiquio, que seguramente no personal de flOLlflnJcú. tenía delante el texto que de 484 Antimaco, relaciona con cnro~ócxZo;; aunque hay quien piensa que la glosa de Hesíquío es corrupta (cf. Vogí. 59). La explicación del comentarista de Antímaco se ha perdido, si bien podrían quedar restos en el —I.AacLv de la línea 44, en la que Morel ha leído npoa¡-wpxrro;, cf. el coment. al 485 Fr. 144 No podemos decir con seguridad en qué obra narraba Antizaco el parto de Leto, pero, por lo que sabemos, .4rtemis parece la más probable (cf. coment. a fr. 139); aunque quizá no debiera descartarse la rebatd.a (cf. coment. a fr. 24 y tamb. Paus. 9, 5, 8—9). Por otra parte el fr. revela el hecho curioso de que Calimaco, el critico más duro de la poesía de Antimaco, tomara un poema de éste como fuente para su Himno a botos (cf. 55ss.). Fr. 145 AéX-roí., es decir, “tablillas para escribir” es el titulo de una obra de Antimaco de la que sólo tenemos este fr. Seguramente eran breves composiciones en hexámetros de tema variado. Uyss (XXIVs. ) sugiere que quizá por poemas como éstos tenía Platón en gran estima a Antímaco, hasta el punto de mandar a Heráclides a recoger las obras del poeta después de su muerte (cf. Wyss, XXIV s.). El fr. que conservamos de esta obra de Antimaco esta, como las otras obras suyas, claramente influido por Homero (cf. X 147 s.). Sobre el río Euleo no hay más testimonios conocidos. 486 Fr. 148 Si poco podíamos decir de la obra a la que pertenecía el fr. anterior; menos aún podemos hablar de la que recogía el que ahora comentamos, pues hasta su título es corrupto. En efecto, quizá la lectura del Et. Pl. fuera Kcw-rax4’T¡. Cf. SHA Hadr. 16, 1—2 = test. 31 en donde se dice que Adriano “Catannas libros obscurissimos Antimachum imitando scripsit” (cf. Uyss, p. XXVIs.). &poXij-ropcs: Parece un nombre de agente hecho sobre el verbo &poXéw. “reunirse, salir al encuentro”, pero este verbo aparece documentado por primera vez en Calimaco (cf. frs. 24, 5; 384, 5 y 619 Pf.) y Apolonio de Rodas (cf. 2, 770 y 3, 1145), seguramente como préstamo de Antimaco (cf. E. Vian, Argonautiq’aes 1 p. 213 n. 3). El verbo debió ser una innovación de la épica tardía, no sabemos si creado por Antimaco (cf. también fr. dub. 228). Sobre el homérico onrrí.poxL cf., p. ej., H 114. Fr. 147-140 La relación del fr. 147 con ILtada 1 558, >‘16cw e’, ~s ) yct>tt’ On>ópWi¿ es patente. Pero ya no está tan claro si pertenecía a la Tebaida o a la Lid.. Wyss, poniéndolo en relación con la muerte de Meleagro y el 487 regreso de Diomedes (el regreso lo reclama preferentemente para tendría relación con el fr. 101 los epígonos (cf. blyss pp. VII refuerza si, como parece, el fr de éste, habla de Cleopatra, Heleagro. Sin embargo no hay pertenencia a la Lid., puesto participó en la expedición de de Tebas, no el de Troya), la Tebaida. De ser cierto, y por tanto con el tema de 1 y 41). El argumento se 148, que no debe separarse hija de Idas y esposa de que descartar totalmente su que, entre otras cosas, Idas los Argonautas. Fr. 14~ ~~p1~LOL> oL¡ 4 A ¡ KVflOxfl> Seguramente son tiras de cuero endurecidas al fuego que, ajustadas a la mano, servían de guantes para el pugilato. A la palabra de Antímaco debe referírse Hesíquío s. y. tap’ onri,Oeí.oc.3t’c t¡it>optvo~. Quizán,apc~poí. Q,,r.n~Z,.LjJ~YTTIS hay aquí una alusión a la prueba de la lucha en los juegos de Nemea; o al famoso combate de pugilato que Pólux sostuvo contra Amico en el viaje de los Argonautas. 489 Fr. 152 ¡cXi,pé1>oLo: Documentado aquí por primera vez. Uyss sugiere que nuestro poeta hacia en este fr. una descripción del Teumeso y por lo tanto debe ponerse en relación con el fr. 15, 2. No lo creemos probable. El adjetivo KX141sv0e; aplicado a la hiedra sin duda denota la influencia del culto dionisíaco, en donde esta planta tenía un destacado protagonismo, por el cual se hizo famosa y Dioniso es hijo de Zeus y Sémele, que es precisamente descendiente del fundador de Tebas. Wyss argumenta que los poetas suelen aludir a la hiedra y la vid en las descripciones de cuevas, pero, como indican los propios ejemplos por él aportados (cf. c 69, Are. orf. 915), tales lugares suelen estar habitados por un dios y son verdaderos ioci amoení y no un paraje inhóspito, como parece que era el Teumeso en la Tebaida de Antimaco, según hemos visto (cf. coment. a fr. 14). Por lo demás una mención de la hiedra y la vid, como la que aquí se hace, tendría cabida en otros muchos lugares, tanto de la Tebaida, como de otras obras del poeta de Colofón. Por el fr. 185, con el que éste podría guardar relación, sabemos que Antimaco trató el tema dionisíaco en algún momento. 490 Fr. 153-154 Según Stoll, es posible que Antimaco se refiera en el fr. 153 a las riquezas que Adrasto proporcionó a Tideo (cf. S 119). Sobre la condici6n de sílaba breve de ncp ante la cesura pentemimeres cf. P 104. ápvfb,aco1> parece creación de Antímaco a partir del homérico agpvcí.os. Para el final del verso Bergk conjeturó <~8~¡ccv>. de acuerdo con 1 483 ¡ccv. El fr. 154, que no debe separarse de > A éste, quizá podría completarse con Ovr~rwv ccvpwncov (cf. Y 220 ~ ói~ ácpveí.&rcrros ~CVCTO Ovuyr&> at*pwnLi3v, que es sin duda su modelo). La forma irregular del superlativo agpt>CLCCTUTOS, sobre el homérico aq».’cLotaros. para evitar la sucesión de tres breves; así como la forma verbal ~o¡a’rocaaa$: Antimaco ya ha utilizado adjetivos e en otras ocasiones (cf. Avcw¿cí.s. fr. 14; a¡<í.¿cus, , 4 O9LOCLS, 120). El adjetivo oua’rocí.e;, aplicado a vasij ya conocido por el micénico. Después lo veremos en Hesíodo, Simónides (cf. ¡oc. sim.); sin embargo éste única ejemplo en el que se aplica al cayado de pastor. (Ap. todos veces hecho p. 2. emplos poeta que r de texto II —OCL~ 15, 2; as, es Homero, es el Fr. 159 C4 civ es una forma pronominal, que, como Antimaco tomó de Corma (cf. PJIG 681). Estos sin embargo, más el posible de ‘rcv$oeaí. (cf comentario), no nos parecen argumentos s deducir una influencia de la poetisa beoc Wyss XIII y coment. a fr. 95); aun cuando tCc (fr. 95), dos ejemplos, fr. 15, 2 y uficientes para ia en Antimaco (cf. aquella escribió, 493 como sabemos (cf. PHG 659), un poema titulado &¡jpaLs. Fr. 160 CA > Err CTtL t £ LpO9OpOt~ tctpo9oPos es un Quizá debiera escribirse>4AL6fls compuesto sobre teupa, “vestido í.poqopos. largo que llevan los árabes y palabra parece de A C — A tcL.PaTt9 LW~TLO1) 1- a Hades este califi 2Sss. Uyss sugiere que el 121, se refi narraba el rapto subterráneo, bien los tracios” origen extr i. Zipwv. Sobre cativo cf. Ros la posibilidad era a aquella de Perséfone en una elegía a (cf. Hdt. an j ero. la conven cher, Nyth de que el parte de 1 por el parte o 7, 69; Hes iqui o iencia de Lex fr. a Lid. dios dentro 75). La define aplicar 1z, 1794, al igual donde se del mundo del relato de los Argonautas (cf. comment. a fr. 103). Pero también podría pertenecer al lugar de la Tebaida donde se la salida de la Erinís de Edipo (fr. 3), o incluso 79. describe al fr. Fr. 161 Es un nombre como Xa¡crCtci.Jccra fr. 83, 4). Quizá este fr. está en relaci6n con el pasaje de la Lid. en el que Edipo se lleva los caballos de su padre tras darle muerte, pero también hay, lógicamente, otras muchas posibilidades. Fr. 162 La atribución a Antimaco del fr. se ha puesto en duda por la corrección de los manuscritos de Esteban de Bizancio hecha por Ruhnken y aceptada por Meineke; según la cual ha > A de leerse KaXXCpcr~oe; en lugar de ALrrLpaxoe; (cf. Wyss, p. 51 y el comentario de Pfeiffer a su fr. 186). Los hiperbóreos, “los que viven más allá del Bóreas, son habitantes de una mítica región en los confines septentrionales del mundo, al parecer vecinos de los escitas y de los arimaspeos en las estribaciones de los montes Ripeos. De ellos y de su situación geográfica se han ocupado numerosos autores (cf. Hes. fr. 150, 21 M.—W.; Epis. fr. 2 Bernabé; Sima. hota. 7, 29; Alc. fr. 307c Voigt; Pi. 0. 3, 495 16; 1’. 10, 30; 1. 6, 23; Hdt. 4, 32—35; Cal. it. DeL 281s. y frs. 186 y 492 Pf; etc.); pero de todos ellos, para nosotros quizá el más interesante, Proconeso, cuyo poema Arimaspeas (fr ser la fuente de Antímaco para este poema incluía Antimaco esta referenc Podría ser en la Lid., si tenemos Hesíodo (fr. 150, 21 Pl.— It) y Apo 614—617). Por otro lado, dada la y con el culto a Apolo y con la isla ¿oc. cit., por ejemplo), podría inc coment. a fr. 131). Sobre los hiper Harmatta, “Sur l’origine du mythe además de Hesíodo, sea Aristeas de s. 1— 15 Bernabé) fr. No sabemos ia a los hipe en cuenta la lonio de Rodas (4, inculación de este de Delos (cf. Pi. y luirse en Artemis bóreos en general c des Hyperboréens”, podría en qué rbóreos. cita de 286s. y pueblo Cal. (cf. U. J. Acta Ant iqua Academiae Scienttarum Hurtgaricae 3, 1955, 57-64; 3. 13. P. Bolton, Aristeas of Procortnesv.s, 1962. Fr. 163 E~aicoDcavoC: Según la gbosa llamaba así a los efesios (cf. Lbrttersuchn. Hont. 181). Wyss (p. 52> poeta pudo haber usado este nombre de los muchos que tenían, en Artemis. de Hesíquio, Wackernagel, sugiere que los efesios, Antí ¡naco Sprach. nuestro uno de 496 Fr. 154 Este verso es una imitación de Z 218 (cf. ¿oc. sim. ) y quizá el contexto en el que aparecía era similar al descrito por Homero. En tales circunstancias, como es lógico, viene a la mente la Tebaida, más que otro poema de los conocidos de Antimaco, pero es evidente que también podría pertenecer a otro. A 4 vCL>CvkaaLv± El verbo ve-uto, “inclinar la cabeza”, aparece en Homero varias veces, sobre todo compuesto con 4 ka-ra. con la idea de asentimiento a lo que se pide, casi siempre a Zeus. Sin embargo Homero no utilizó nunca el perfecto de este verbo, que se encuentra por primera vez en Eurípides (cf. 1!. tuL. 1581). Si se lee en la ¡¡Lada (Y 162), en cambio, el derivado tcurc~tw (cf. Chantraine, Dictionnntre, s. y. y Granwt. flota. 1 338). Fr. 155 Posiblemente se refiere a la espada, de acuerdo con Stoll (“praecessit tC¿pos vel gpctayavot>”), pero también al arco (gp 53), la túnica (a 440), o incluso la forminge (& 83, 105). Cf. ¿oc. sim. arxí.Xszée;: Sólo aquí. 497 Fr. 166 Sin duda se describía en este verso la muerte de algún guerrero, como en Y 482s. (cf. ¡oc. sim. ). El uso de KXOVLe; c4 en lugar de paxí.s. “espina dorsal”, entre los poetas era raro; por lo que llamó la atención del lexicógrafo. El > A escoliasta de Esquilo (Per. 499) identifica KX¿L>Le; con oagpvq y lo define, seguramente por etflnologia popular (cf. Chantraine, Dicttonn. s. y. ; también Van Windekens, Dict. r C >4 etywt. Com.pL s. y.), del siguiente modo: acp’ OV [~ oogpiie;) ¡ 4 ¡cXovt.e; ovopa~crai. 6í.a ‘to áct¡ 6¿ ~iot QX9LTcX X~~JO1> £uppaQccaoL óopoaí.v”. á6¿poí.aí.: Son sacos hechos con la piel de un animal. La palabra, procedente de óépca (cf. Chantraine, Dicttonnaire. s. y. óépw), ausente en la lLtada y presente en dos ocasiones en la Odisea bajo la forma óopooí.v, lleva aquí una a, que no tiene valor privativo, sino de unidad; quizá para indicar que tales recipientes estaban hechos con una sola piel de animal, es decir, de una pieza. evr¡Xa-rot.’ ~Xcpí.:“harina bien molida”. c&tjXcnot’ es un adjetivo hecho sobre la raíz del verbo &X¿w, “moler” (cf. 498 Chantraine, imitado el al yunque 81, 10 de el caráct demuestran 1 atemática del original debió golpeándolos q corriserirla, p. X9t: Wyss Hita. howt. Caz-. Dtcttcrtn. s. y.). Euforión de Calcis, que ha adjetivo de Antimaco, lo utiliza para calificar (A~p’ &vct&p&r¡ 4 er arcaico de la familia de ccXcw, como lo as formas ~Xcí.cwp.¿XcCa-rcr y la condici6n verbo, podemos suponer que el significado ser “machacar”, es decir, triturar los granos uizá con una piedra; pero cf. Uyss, Áddedan et 104. supone que Antimaco tomó este sustantivo del 208, pero el contexto parece muy diferente. En el Himno se Deméter en el que describe de Colofón, c pasaje de la Homero hace primer nomb también se utilizado a describe el recibimiento que se hace a palacio de Céleo; en tanto que Antimaco parece los preparativos de un viaje; así que el poeta omo hemos dicho, debía recordar aquí el citado Odisea. En este poema (y 108) precisamente una distinción entre aXgpLTc* y axcca-ra. Con el re quizá se designaba la harina de cebada, que emplea para los sacrificios; con el segundo, sólo qul por Homero, posiblemente la harina de trigo u (cf. L. A. Mor 17 y, del mismo l4Sss. itz, autor, “>4AA*ITA A Note”, “GrainMilís an otro 1949, ClAra cereal 113—1 1958, CC 43, Flour, 499 Fr. 168 Uyss (cf. p. 54) piensa que aquí había dos frs. interpretatione ne asentíamur, impedimur vilitate recensionis b”, de acuerdo con las palabras de Erbse comentario al escolio de Homero (cf. V 520). CUVCLkC~t Palabra sólo atestiguada aquí. Qu 4 de Antimaco a partir del homérico vcí.¡ de Hesiquio está 229). Antimaco aún vuelve a 500 utilizar en otra ocasión (cf. denominativos en —vvca (cf. Nyss p. fr. 180) estos XXXIII). Fr. 171 El fr. Antimaco y Cirene (cf. Meineke, co la posible E. Masson, sémi tiques acusativo X (Esc. 172); Antimaco en en una nueva confusión entre los nombres de Calimaco, se le ha atribuido también al poeta de fr. 807 Pf.). Wyss, en contra de la opinión de nsidera larga la primera sílaba de XCCOOL. Sobre relación de esta palabra con el hebreo Lai cf. Rechex-cPtes sur ¡es pLus artciens errtprunts en grec Paris, 1967, 85—87. Aunque la forma Xí.q, iv, ya aparece en Homero (A 239 etc. ) y Hesíodo seguramente Euforión de Calcis es deudor de el fr. 52 de Cuenca. Fr. 172 4 CTTLÓOOCL>: Es equivalente a pa¡ac-rpEl4xxL y también Hesiquio lo interpreta así (cf. Nicand. Ther. 705 y Licofrón 137. Fr. 174 ratTjLóa: Seguramente lo que dice Hesiquio, s. hija de Gea y Urano (cf. (íd. 404). Su nombre debí le seguía 4oCp~v; y. rc*a.~C6a. Febe e Hesíodo, Teog. 136 6 ser en principio de acuerdo con s una titánide, y madre de Leto un epíteto, “la Resplandeciente”, como el de con el de la diosa seña Esquilo (op. cit. 7) dice nacimiento el oráculo de incluir el fr. entre los prueba de ello. Por otra parte, terno en lugar delma Este uso se extendió posthomér icos su nieto *opos, cuya la Esquilo que Febe le Delfos. Todo de Az-temis, es de destacar e paterno, que es sobre (Etmt. entre este pero 6). El gó como r contexto no hay relación propio egalo de invita a ninguna 1 uso del gentilicio mucho más frecuente. todo entre los poetas (cf. Ap. R. 3, 878), según las palabras de 502 Dionisio Tracio 26, 5 Uhlig ¿n¿ ó~ uwr~pwv o’~ axrwcnCtc¡. -3. £90 1..fla-rpwln.>IJLKOL> ÉLÓO ‘5 O~ar~pos, oXX’ Fr. 175 c 4 £avvjcpopo;: Seguramente era la cláusula final del hexamétro, >4 junto con ‘ty~~;, crear el epíteto cav~gpopoe; para que debía seguirle. la conocidisimo ~~oóo6¿wr~Xos homérico.C 4 tavoe;, ‘fino, fino vestido resplandec ien Hesiquio, que nat’ Xapnp¿n> Bernabé nos riqueza y cal la relación “espléndido” Aurora en C A cav~jgpopoe; hermoso”; significa propiamente ‘¼ Nosotros hemos traducido te manto” atendiendo a las sin duda estaba influido por Ant LjaTiOt> ¡caí. cvóvpcx yVVaLKCLOi-’. sugiere atinadamente que quizá idad del vestido más ue al brilí etimológica (cf. spLendere q entre “br í llar Antimaco debió sustitución del hecho sobre “portadora de la Aurora de palabras de C 4 imaco, cavo;- El profesor alude a la o; pero, dada “resplande quizá el ciente” y matiz sea aquí irrelevante. En contiene ambos valores cualquier caso semánticos. la palabra Fr. 176 9¿Xi>E; ¡-¡<¿pí.oou, gpépc. A TI CXOLL>LOL> al fr. 104 y el fr. 58 de la Lide de West). en las (cf Fr. 180 Quizá Hesiquio tenía presente este verso > - su glosa a¡LaOOaL. Sobre los verbos comentario al fr. 170 y Uyss p. XXXIII. en en relación con palabras de el coment. de Antimaco en —vvcn cf. en el Fr. 181 ap~-tL’rc: Es una variante de ¿q-pcTh>; utilizada por Homero en u 149 y, bajo la forma a>-pci., en E 765, H 459, Ii 505 512 y gp 176. Se trata > A de formas imperativas de aypcw o aypeuw utilizadas como interjecciónes siempre al del hexámetro. Antimaco modificó su modelo homérico de manera semejante a como Calimaco, en el Himno a Dem.éter prefirió usar áPL&IJCLL> en lugar de la forma con metáte c%pI8pCLV utilizada por Simónides en PMO 626 (cf. Fernández—Galiano, Léxico de Los himnos de Ca¿tmaco, QWLSPCúfl. Por otra parte, teniendo en cuenta que este ve usado como interjecci6n tiene el significado de “ivamos “irápído!”, etc., habría que considerar la posibilidad que la raíz de este verbo sea la misma que la de sustanti y adjetivos con el valor semántico de “veloz” (cf. ~Apy¿. principio un a 66, SiS E. y. rbo ‘fi de vos la nave de fl¿óapyos, los Argonautas; Apyos. el nombre de un caballo, etc.). perro de Fr. 182 La forma nacav de Nicandro es, como dice el escoliasta, una imitación de Antimaco. Hasta ahora no se había encontrado esta palabra entre los restos de la obra del poeta de Colofón, pero en uno de los frs. del Papiro de BerLín 21127 podría estar la prueba de lo dicho por el escoliasta. Sobre estos detalles y el significado de la palabra en cuestión, cf. coment. al fr. 32. Ulises; 506 Fr. 183 4 ‘ratev: El significado de “consistente” que se le da a esta palabra deja ver su relación directa con ovvCcr’riwí.. Por la glosa de Hesíquio parece que se refiere a una túnica u otra prenda de vestir hecha de piel; aunque otros muchos objetos podrían llevar este calificativo. Fr. 184 rcparrcpoe;: Es una forma apocopada de xepcutxrcpos (cf. wcX6vrcpos. ueXavárcpos). Fr. 185 Según el testimonio de Diodoro de Sicilia, Antímaco daba una versión distinta sobre el enfrentamiento entre Licurgo y Dioniso (cf. Z 129ss.). Según la leyenda más extendida Licurgo era rey de Tracia (cf. Sof. Ant ig. 955; Apolodoro 3, 5, 1; Higino, Fab. 132); pero Antimaco lo considera rey de Arabia y sitúa en Nisa, Arabia, el enfrentamiento con Dioniso. Quizá, como cree Uilamouitz, citado por Wyss, Antimaco se inspirá en el Himno homérico a Dioniso 1, 9 para este pasaje (cf. A. Barrigazzi, 507 “Onomacrito e il primo FiloL. Ciass. 41, 1963, relacionado con el 152 pudo inspirarse en Antí Licurgo (cf. Dion. 21, inno omerico a Dioniso”, Rey, de 338—340). Este fr. podría estar (cf. coment. ). Por otra parte, Nono maco para el extenso episodio de lss. ). Fr. 188 El escoliasta de Homero, al explicar el sacrificio que hace Aquiles de su cabellera para honrar a Patroclo (cf. 4’ l4Sss.), recuerda que también Antimaco narraba algo parecido de un héroe, que en Lilea, en las fuentes del Cefiso (cf B 523), ofrecía en sacrificio su cabellera al río, o a alguna divinidad venerada en aquella ciudad. Sabemos por Pausanias, 9, 24, 2, que en Lilea habla santuarios a Deméter, Dioniso y Serapis . En el escolio hay una laguna (vid. edic.) en la que podría estar el nombre del oferente (cf. Uilamouitz, Hermes, 34, 1699, 615); ¿un familiar de alguno de los muertos en la defensa de Tebas? Fr. 187 El la nave fr. describe cómo Aquiles al saltar a tierra hizo brotar una fuente. Este “salto de Troya”, desde como 508 lo llama Eurípides (Anrlrom. 1139), era muy famoso en la AntigUedad. El fr., sin embargo, presenta problemas autor, por lo inclinándose por “Eluctuor animo, revocem an in Hermes 34, 1899, alguna de 1 el Antímaco el de Teos. escoliasta Eptgonos (cf. (Rom. 12, 2), ha de atribuir las dudas que Colofón que al aunque no sea £¡.JTtpOOeC no en Heródoto (cf. Ap. E. Nicámaco); por los edi £pnpoa&c, Argoncn¿thita resumen, c que Wyss Ant! ¡naco utrum (p. 44), de Colofón, n ad Thebaidis dubiorum numerum reponam” as obras al que Este 614s. ), conocidas se refiere Ant! maco de Aristófanes test. 2 Bernabé) al se se de se e (5, 4, inclu tores según des reemos siglo octavo a alguno de quiera, Teos. Tén opin ApoL lón de Lonios que ha de que o ocu reí y ante la dificultad del Colofonio, el escoliasta de Teos, cons (Paz 1270) como el pertenece, a. O. En nuest los ¿os, es más la pertenencia gase en cuenta una prueba concluyente, q aquí, entre tes del siglo poetas cómi de Apolonio ha dado el caráct ncuen 42; 7 590? so el por tra, salvo 144), an y los ejemplo >4 ctrroaOc. Fránke 1 R.hodios. (cf. 1968 descartarse al ita ¡qu final sus i as bU lamouitz acaba dudas: hoc fr. (cf. de atribuirlo considera q de Licofrón iderado por autor de según Pluta ra opinión, probable, a Antimaco por ejemp ue el adver los poetas, tercero a. cos Hegesipo sido correg er no épico Noten tu p. 504). a ue es el los rco si con de lo, bio sí O y ido de den En la autoría de Ant! maco Colofón y, de Teos y cuestionarse suponiendo que fuera seriamente la de Antimaco de cíe éste último, no debe de 509 incluirme, como sugería Uyss, en la Tebaida, puesto que en ningún relato encontramos a Aquiles en el número de los Epígonos Frs. 188-189 Se recogen aquí los restos del estadio biográfico que sobre Homero seguramente realizó Antimaco como introducción a su edición de los poemas del Poeta. Y como todos los que trataron sobre Homero en la AntigUedad, pretende que la patria de aquél era la suya propia, es decir, Colofón; con lo que, como no podía ser de otro modo, también está de acuerdo otro poeta de la patria de Antimaco, Nicandro. Fr. ioo Acepta aquí Antimaco, y con él todas las ediciones antiguas, el futuro pax-wicowai. en contra de la opinión de Heracleo, que consideraba más aceptables las formas con —ca— para los verbos y las formas con —~— para los sustantivos (cf. Bechtel, Gr. DiaL. 3, 206). Este Heracleo es el mismo que se menciona en el testimonio 33. 510 Fr. 191 Recoge aquí Antimaco, junto con los editores antiguos, la lectura correcta del texto homérico (A 423s.), según las palabras de Aristarco; evitando así el error que comentíeron algunos críticos al escribir pc1¿~ óaZ’ra, en lugar de ¡ 4 apvpova;) del verso anterior. Homero prefiere la preposicin ¡cara con verbos de movimiento, como se ve, además de aquí, en los versos A 484; E 163 y 179 (cf. G. 8. Kirk, Tite ¡Liad: a commenLary, 1985, 97s.). Fr. 192 Antimaco, también aquí en coincidencia con todos los ~ — editores antiguos, recoge la forma jónica OLVOZOCL de A 598, > 4 en lugar de la ática wvoxoeí., que incorrectamente han mantenido los manuscritos medievales (cf. no obstante, el comentario de Kirk, op. ciÉ., p. 331 a A 2—3). Fr. 193 Antímaco, de acuerdo con la edición de Sinope y de Chipre, da la lectura correcta, Tp~¿ís 6~ arCxots, de E 461 en contra de la incorrecta Tp&xq 6= crr (zas que transmiten numerosos códices. 511 Fr. 194 es la lectura de Antimaco y de la edición de Quíos en el verso Pi 60. Se trata de un aoristo reduplicado cuya antigUedad y fuerza expresiva encajan bien en el pasaje homérico; por lo que hay que considerarlo como buena lectura del texto homérico 4 significado de nav¿pcrrov, Xapnpá> ¡ de Antimaco; si bien cabria preguntarse, si Ares no vio la acción de Atenea entonces, ¿cómo es que ahora se la echa en cara? Sea como fuere, al final la autoridad de Aristarco y la oscuridad del término antimaquco decidieron la lectura de los códices. Fr. 196 En esta ocasión Antimaco, como también Riano, presenta la lectura al verso de Homero * 607: IT1~XaL 6’ cpnXrpzro, en 4 , >4 vez de noXte; 6 £pnXlvro, de la vulgata. Parece natural, al menos a primera vista, que para la forma verbal ~‘pnXrvro es mejor compañía TT¿XLe; que nxXaí., pero una lectura del primer editor, al menos del primero conocido, de Homero, recogida 513 por Piano y mantenida parcialmente en el que sin duda es el mejor códice de el Verxeto 454 ¿‘¡¿jade, 1967, reclusión en consideró veces la menos lóg Homero A) del 855. 5 q el aparato (cf. iglo u 1 zA aparato X (cf. merezca critico de exagerado nuestro poeta que palabra “ciudad” en menos de ico el desarrollo de la narr a la ciudad (y. 608s. y los fugitivos 1 que debió supo st En primer pero ante sus rtas se llenar inalmente los f troyanos llegan de fugitivos (y. 607) ciudad Cv. 6 Os.); as! ligeramente diferente llegaron a la ciudad; dentro; luego las pue ~wnXrnrro ¿XA..~rwv) y f en la ciudad de Homero no llenaron de noXie;; aunque 51 pensamosen a > A (cacrnzro ce; n¿Xí.v); s entendieron qué quería fugitivos”, así que la lectura de Antimaco 1 disposición de los critico de U. Alíen), 2. Mazon, Introduct ion a algo más que la mera las ediciones. Sin duda Homero mencionara tres un verso y medio y ación según la cual los ), la ciudad se llena se introducen en la ner que los hechos eran lugar los fugitivos puertas npoiZ ~rin, no on de fugitivos (tnSxat. 6’ ugitivos se in embargo decir “las sust ituyero se llena muros de introdujeron los editores puertas se n niSXóí. por de contenido Troya, cuyas puertas no están coiocadas como una prolongación de los mismos, sino que los muros, colocados uno delante del otro en las entradas, forman una especie de desfiladero hasta llegar a las verdaderas puertas que dan acceso a la ciudad. Recuérdese que en el complejo yacimiento arqueológico de la colina de Hissarlík la Troya Vila reconstruyó las murallas de la VI, lo que les confiere una notable antigUedad. Así 514 pues, este pasadizo es el que debió llenarse de fugitivos según la lectura de Antimaco, quien, siendo un buen conocedor de la costa de Asia Menor, quizá visitó la ciudad en alguna ocasión. Fr. 197 -3. — — Al verso homérico (4’ 604) . . . vuv av-re voov VLKCCC vcotsq e’ 3. 4 4 A parece que Antimaco oponía un . . vxw awre voov ví.¡ccac voTIla; lo cual es claramente absurdo. Asi que, teniendo en cuenta que el escoliasta de Homero no nos transmite las palabras de Antímaco completamente, quizá, como sospecha Hoyne, el poeta de Colofón leyó . . . viii> ¿&rc vcov vc¡ccoc voTjwa. Pero véase la opinión de Spitzer, citado por Erbse (cf. ad ¡oc. y 458). Ciertamente la preferencia por una u otra lectura es difícil. Por una parte vcoCrj es un hapax, en tanto que vowpa es empleado por Homero en varias ocasiones y la confusión 4 A voox> por vcox.> es muy posible. Vistas así las cosas, parece que habría que inclinarse por la interpretación de Antímaco; pero, por otro lado, la preferencia de una palabra de uso más frecuente a un hapax no es suficiente para garantizar 4 una lectura y además la lectura de Antimaco, vonwa, en los demás versos de Homero en que aparece tiene el sentido de idea o pensamiento concreto sobre algún asunto; pero no se refiere a la capacidad de pensar en general. 515 Fr. 198 Comenta aquí el escoliasta de de la prueba del arco sobre el que Homero el dudoso pasaje ya discutían los antiguos si Teucro y Meriones utilizaban el mismo arco, o cada uno tenía el suyo. En el primer caso >4 6’ apa MT¡pLá’TIS c~ccpvcc ~c~p¿s~’ naXaí... cte; Z&uvcv. En el segundo C >4 c¡..’. Antimaco y Aristarco trataba del mismo arco, así que basándose en que también los par disco utilizaban uno para todos ha de leerse: OflCflOpEi>O ‘totoi.» a’rap 6’ caso: aiicp~opci>o; 6’ apa >4 ev >-apxcpaLv cxcv naXaL. coinciden aquí en que se aceptan la primera lectura ticipantes en la prueba del (cf. Erbse, V 502s. y Wyss, p. 64). La edición de Masilia (sobre esta edición cf. Pfeiffer, Historia de ¡a filología clásica, trad. esp. 1981 p. 204) recoge, en cambio, la segunda versión, que hoy no es aceptada por los editores. Fr. 199 Parece que Antimaco había leído en el verso 0 71 >4 ~ >4 fltOL ¡cX6~nL p=vápYixav’ov en lugar de ¡ caaopcv información, al parecer bastante confusa (cf. Lud Aristarch Homerische Textkritik, Lepzig 1884, 1 p. 437, 4 era transmitida por Aristonico en su flcpi. ovjpcí.wv C ‘IX ¡caL OóucacCa). Los frs. de esta obra fueron editados áxx’ La ¡¿i ch, 4), Laóo; por 518 FriedlMnder en 1853. Sobre la labor de Aristónico cf. 11. van der hIalk, Reseaz-ches vn Lite Text artd Schoita of Lite ¡Liad, 1 1963, S3Bss. Fr. 200 El objeto de discusión de este fr. es la forma adjetiva (¿)pí.xftcxX¿caaon> que se aplica a la isla de Lemnos en 0 753 (~e; ¡4oi> ce; ‘t’ >‘Iw@pov ¡OyvyCrjv. isla de Calípso ubicada en occidente, con >C4-nXCr¡v, isla situada entre Creta y el Peloponeso (cf. Esteb. de Biz. s. >4 y. Fr. aoa Este fr., omitido por los editores anteriores, le fue recordado a Uyss por O. Mendel, que preparaba casi al mismo tiempo la edición de los escolios de Apolonio de Rodas. Uyss considera que pertenece a la recensto homerica de Antimaco, pero el escoliasta de Apolonio escribe >AvrCpaxos . . . expresión que no encontramos en el resto de frs. sobre el texto de Homero, en donde quizá se esperaría una forma de ypcxn (cf. fr. anterior y 195); por lo que es posible que se aluda aquí a un verso de Antimaco en el que éste utilizaba el adverbio ncpcpp~6f%, como Homero y Apolonio. 518 Fr. 203 De la palabra glosada por insegura ~nCTIpa Vatic. Gr.; deducirse que el fr. se refí Antimaco sobre un pasaje homér A 572, 578), como sugiere Hesiquio simplemente da una Antímaco en el que aparecía había hecho otras veces (cf se encuentra una vez en Sóf Apolonio de Rodas, 4, 375, Hesíquio, cuya lectura es , 4 cnLpflpos vulg. ). no puede era a la interpretación de -r - ico, quizá £TTI. ~pa 9CpcLL> (cf. Uyss. Nosotros creemos que explicación de un pasaje de la palabra en cuestión, como • frs. 163, 175, 178). La palabra ocles (Ed. R. 1094) y después en (cf. Severyns, Le Cvcte 107s.). Fr. ~O4 El verso formulario r 143s. (cf. B 745, 822> parece una interpolación ática para introducir en la narración algunos de los personajes de la leyenda de Teseo (cf. G. 5. Kírk, The Jitad: A comxnentary, 1985, 282>, para ello se titan por su nombre dos sirvientas de Helena, Etra, hija de Piteo y madre de Teseo, y Climene, de la que no se cita su ascendencia. Ante la ambigúedad del verso, el escoliasta duda sí Clímene era también hija de Piteo y por ello nos , 4 da la versión de Antimaco al respecto: Avrí.paxos 6= -rpv KXVÍ4A>nv IflflaXkO¶i (Wilam.; —&X¡ccna toad.> Onayrcpa cut-au 519 q~r~atv. No sabemos, sin embargo, si la versión de Antimaco procede de un comentario suyo a la edición de Homero o 51 el escoliasta lo leyó en alguna de sus obras. Por lo demás, se da aquí a Climene el adjetivo de PownLs, que parece estar reservado a Hera, aunque Homero también lo aplica en otras ocasiones a otros personajes femeninos (cf. H 10; S 40). Fr. 205 Porfirio trata de explicar la relación entre ir~ycct— cr 197), un derivado de flTfl~LnJPL. y péXas y para ello refuerza su argumento diciendo que Antimaco considera a XCVK¿s un antónimo de nni4s. También explica Porfirio que los caballos mejores para las pruebas, según los expertos, son los negros, seguramente decía esto pensando en 1 123s, y en Alcmán (PHG 1, 48). Nyss señala que algunos autores antiguos (cf. Licofrón 3363 daban el significado de blanco a pero el adjetivo, referido a la cabellera de Priamo, podría en el ejemplo citado por Myss significar también le espeso Finalmente, no sabemos si Antimaco daba de n~i>-c~ esta interpretación como explicación al mismo pasaje de Homero, o, lo que parece más probable, en una de sus obras (cf. el comentario del fr. 4 relativo a 520 Fr. 206 Eribea es, según unos, madrastra de Ares y, según otros, de Oto y Efialtes. La confusión nace de la aubiguedad de los versos de Homero (E 388—90): ‘1 175— 81); práctica de la que fue acusado incluso en exceso. 521 Ciertamente los leones no se encargan de la crianza de los cachorros, pero la palabra Xcwv es aplicable tanto al masculino, como al femenino cX, usado por Esquilo y Heródoto, no aparece en el texto homérico, a pesar de la frecuente mención de este animal); por consiguiente en los versos discutidos podría estarse hablando de leonas. Por su parte, Antimaco, en cuya época ya está extendido el femenino XéaLL>c*. tomó la decisión correcta al respetar los versos del texto, pero se equivocó en el motivo, pues creía que los leones también crian a sus cachorros. Fr. 208 Parece muy probable que la atribución a Antimaco de este 1½. es debida a un error de los manuscritos. Lehrs Ccf. Quaest iones eptcae. 49) ha corregido, atinadamente según parece, ApCo~Tapxov en lugar deVtvr¿pcc~ov. Fr. 209 El texto, muy corrupto, fue restablecido en primer lugar por Schóne Enty¿Cvún.O; sin embargo, Knaak . 524 Fr. 213 Este fr. lo constituyen dos columnas de papiro, la primera de las cuales apenas tiene unas letras en cada verso y la segunda parece ser el principio de cada hexámetro. El editor del papiro sugirió la pertenencia a la Tebaida de Antimaco por la mención de Adrasto en el verso 3; lo que, lógicamente, no es suficiente. Fr. 214 El carácter espondaico de algunos versos A~~qnapaou ~~Xaatq, it is nowhere mentioned except by Buidas oópxnp?1s 221) y en el que habla duda sobre el nombre aunque con más posibilidades para Calímaco, Visto, Valckenaer (a fr. 262 = 637 sos estaba el temáticos y TaXaLL>OC fr. del autor; como hemos 527 Fr. 222 La confusión en este caso es con Antifanes el cómico. Al parecer en el texto de Ateneo, que en otro lugar de su obra habla citado versos de Antimaco (cf. frs. 32, 33, 56), se confundió ‘AtrrCqxxv~~ o KW~JLKO; con ‘AVTCPaXOS ¿ KoXocpú~vuos. Posteriormente algún gramático, considerando que, como en los otros frs. se refería a la Tebaida, añadió a> ‘rp STlpa(óL. Al parecer Antifanes el cómico mencionaba (cf. fr. 194 Edmons) el nombre de distintos peces. Fr. 223 Sugiere West (Adespota etegíaca 20) que el fr. podría pertenecer a la Lide de Antímaco, concretamente a aquella parte en la que los Argonautas abandonan a Heracles, porque la nave no soportaba su peso (cf. fr. los y coment.); sin 4 embargo, el Tj~CL~ . . ancnx¿opcv con que empieza y acaba el verso indican que la narración corre a cargo de uno de los participantes en la expedición, como en las ArgontuLicas órficas y esta narración en primera persona no es del estilo de Antimaco. Fr. 224 Nest atribuye este Ir. a Antímaco o a un poeta más reciente (cf. fr. 191 y Himner. test. 6 Gent.—Prat.), 528 basándose en que es posible la alusión a Himnermo en la Líde, seguramente el ilustre filólogo dice esto por ser Mimnermo un poeta elegiaco y de Colofón. Nosotros consideramos más probable la hipótesis de un poeta de época posterior, pues, aunque Antimaco se fijara en alguna ocasión en su compatriota, no creemos que lo haya citado expresamente. El fr. más parece de alguien que no era precisamente de Colofón. Fr. 225 Schbne suple en el AflOXX¿kLOt ~ ¿ CP¿óLo;, Papiro de Tú) ncpi. BerLín, después A)L>TLPQZ9; pero interpretación aprobación y de Wyss A. Kdrte, rec ienteme Ant imachus revisión de ciass. 64, de Schbne e fi Lo Logia es muy insegura, aunque ha contado con la hasta cierto punto, de Pouell ópetcx, fiestas celebradas en honor de Hera (antiguas CHpcw7~c* como hemos visto en la introducción), era una obra de Antimaco titulada así (cf. Pfeiffer, Historia de La fitogia clásica, Ctrad. esp.J 176 n. 36> 533 INDICES 1 NDEX FONTI VN Achilí. Tat. Intro. Arat. y. 16 (p. 85, 10 Haas): fr. 79, 7 Agatharchides Onidius ap. Phot. B±bl. 171a lYss: Test. 28 Anecd. Gr. 3, 1386 Bekker: fr. 176 Anecd. Ox. 1, 55, 30 Cramer: fr. 180 — — 1, 56, 28 Cramer: fr. 170 — — 1, 71, 23 Cramer: fr. 181 — — 1, 158, 23 Cramer: fr. 165 — — 1, 201, 7 Cramer: fr. 4, 7 — — 1, 413, 11 Cramer: fr. 184 — — 3, 230, 29 Cramer: fr. 233 Anth. Pal. 9, 321: fr. 232 Antip. Thes. Anth. Pal. 7, 409: Test. 13 Apollod. FGrHtst 244 F 74 ap. fliod. 13, 108, 1~ Test. 2 Apolí. Dys. — De pron. 1 75, 16 Schneid. : fr. 221 — — 1 62, 24 Schneid.: fr. 159 — — 1 88, 13 Schneid. : fr. 65 — — 1 88, 18 Schneid. : fr. 21 — - 1 88, 27 Schne±d.: It. 28 — — 1 111, 5 Schneíd. : fr. 20 — — 1 111, 12 Schneid. : fr. 99 Aphthonius Gran. Lat. VI 112, 20: fr. 223 Aristo Chius ap. Philodem. ¶1. llOLffl.J. C 14, 29ss. Jensen: Test. 12 Arist. Rht. 1408a 1—4: fr. 14 Asclepiad. Anth. Pal. 9, 63: Test. 9 Athen. 7, 300c: fr. 145 — — 304e: fr.222 535 10—12 5-8 — 10, 456b: fr. 240? , 597a: Test. 3, 65, 7: H i 1 gard: 3, 1393: 146, 2 Hi fr. 66 fr. 69 1 gard: 1, 157, 29 Hilgard± 1, 158, 1 Hilgard: 1, 191, 12 Hilgard: 1, 268, 34 Hilgard: 2, 88, 26 Hilgard: erli ap. 6 fr. 185 Athen. 536 Dio Cass. 69, 4, 6: Test. 30 Non. Hal. De comp. verb. 96, 6ss. Us-~-Raderm’ Test. 16 — De imit. 204, Sss. : Test. 17 Dionysius. Phaselites ap. Biogr. Gr. Gis. Westerm = schol. Nicand. 33 Crugnola: Test. 27 Duns ap. Plut. Lys. 18, Es. : Test. 4 Epimer. Hom. vid. Anecd. Ox. Et. Gen. s.v. á6¿pots = Et. 11. 18, 39’ fr. 167 - — a~cvos = Et. II. 178, 7’ fr. 153 — — ápncó¿ccxaa = Et. ¡4. 148, 8: fr. 17 — — QCTQXVS fr. 150 — — (3cXCLXC1JTWp = Et. ¡4. 189, 5: fr. 22 — — 6CLPQX~OS = Et. ¡4. 261, 52: fr. 73 ‘ > — — CPCXPOS ‘Aópácrr 22 eLa: fr. 98 Herac 1 in Hermes — fr. Herodi gr. — op>’cwLn;: id. Pont. fr. Plat. Tim. 21 ian. fr. 2, 13, 41—46 an. ‘coviavo¡.: fr. 163 — — Cii tflpW fr. 203 — — tELPOQOpOS fr. 160 — — KX-tfl4Cv 0s: fr. 152 — — K1J&Ovx>poW fr. 126 — — 140p9iJt>CL: fr. 229 — — ~flOL14 299b: fr. 71 — — S 499s.: fr. 179 — — P 133s.: fr. 207 — — 1 233s.: fr. 155 - - • 397: fr. 195 — — 1 607a: fr. 197 — — X 335s. 1 fr. 208 — — 4’ 146: fr. 186 — — 4’ 604: fr. 197 — — 4’ 645c: fr. 158 — — ‘1’ 870s. t fr. 198 — — 0 23-30: fr. 168 — — 071: fr. 199 — — O 753a—b: fr. 200 — — a85t fr. 201 — — £ 283: fr. 114 — — X 579: fr. 92 — Lycophr. Alex. 246: fr. 187 — — — 771: fr. 219 — — — 1353: fr. 128 — Nicand. Ther. 3: Test. — — Ther. 295c: fr. 129 — — Ther. 472: fr. 91 — Pind. 01. 6, 21d: fr. 72 — — P. 4, 396c—d: fr. 110 — Plat. Phaedr. 242a: fr. 64 — Soph. Qed. Col. 14: fr. 93 — Stat Th. 3, 466: fr. 63 — Verg. Aen. 10, 565: fr. 27 SEA Hadr. 16 1—2: Test. 31 Solin. 40, 6: Test. 32 S-teph. Byz. s. y. Ala (37, 2): fr. 96 — — AIMPLTCLJCLO< (89, 12): fr. 29 26 et fr. 182 543 — — Apros (113, 11): fr. 100 — — Ai5trn (241, 19): Ir. Sí — - A4n¡ (242, 1): Ir. 62 - — Aarrtov (258, l4ss.h - - KOT&Catian~aaL: fr. 173 — — ~Av’rCwc*xostTest. 1 , e. — — opycwvest fr. 103 — — flcn.ruaaist test. 39 — — ata&sp¿v: fr. 64 — - TcxXcw¿nopos: Ir. 93 Tatian. ad Graecos 31, 3 Theodos. vi. ‘ 21 a, cxóflv: Ja&rtv 4, 10 —OLOL 167 >AópljacLo< 98, 4 Aóp~crrc;: 56, 1; 66, 1; 98, -aa-voy 211; -i~rq Aópfl(a-ru 79, 22; 213, 3 a ác¿ 177; QLEL 165; 3, 6 , -, ac~pc~>: &cpecC; 187, 1; ccCpavv(c; 32,18; ac~pas 231, 2 a, a-> acKwv: ac’Laa 214, A6 &cXX¿noq: —ócx; 214. A3 aCt’QLotJt acvaovaa 187, 3 a cr8cn..>crro;: —OLOL 57, 1 ATa 96 ~wp 22 ‘ALó~;t —óoiXóc) 23; —óo; 4, 2 3; 67; a Aóp~at L 545 Atóouc 79, 5 AY&prt CH) 204 c .- — aLparoEL;: .—rocvra 232, 5 QLPCToS: —e-ru> 71 221 *ax: r aLpeul: ELXOL> 158, A~U’a~no;: —oto 98, > , e. aLxprj: —(zM) aEiV4n 3, 1 atu>pccn: r1topouvro 226. 2 * QKQXVL&A) iSQa; a’ú3: aXecíL’<.n-> 169 QXLCiJ; 231, 2 áxCppcarros: —Tq 3 231, 1 &XX=215, 5; cXX’ 215, aXXo;: 15, 4; 164; —01 a>qn>po;: —St> lis aXoxos: OLOL 93, 1 QXOL;: —to 66,4 QXpL 167 ~pa 79, 22 &pcC@w: ~wilcCpcro 213, 5 ái-n%avos: —vot> CH) 199 * apoppcw: apoppcwv 62, 1 ápop~tvw: ápoppaúvcív 170 ápiTéXLt>os: Xtvrts 152 ‘Ap.’ 72 &pfnpíato;: ¿hJcpiipLa-rot> 2, 3 áppC 73; á)pcpC 79, 8; JápcpC 85, 2 >Ap.pL&paos: >AI.MPLQPRY t 215, 1 220 2: ~X¿vrc; 32, 16 3 3 32, 10; —‘e 164 548 ‘AW9LTéVCLcY 29 áp9C&cros: —ov 32, 16 a=138 ¿vaóCócapi: &vé6w’: aVQK~jflWOaL 173 —QKTL 67 vanvéw: avanvcicúv 92, 2 avanrijOOw: ataflUOOwt> 97 avaaaa: —ay 133 > — avaaaco: CtvaaCCL 15,1 at>aooov> 76 á>Tjp 80, 5; &t>ópcs 146; ávép]cs 32, 6; cn-’ópa; 153; &v4~ces 5, 5; áuópcúv 147; á)v6p~au[ 84, 5 ~v8pwnos: ávtapkSnco[v 79, 12 ávopo’mSw: áv¿povoci-> 187, 2 * > atrrLTclJx&a: aLrrLTcTv,c-ro 78, 2 avrpov 15, 2 coí.64j: —t$’ 2, 2 ánctx¿s: JnaXy$.> 231, 4 &napcCPowaL: anapcu@owcvo; 101 &n¿: &n’ 187, 1; &no 76, 1; &n¿J 3, 1 3&n~= 62, bE , — anoaLv~ipaL: ano )QLYASp[ cvos 143, 3 ÁnoXXu>v: —yo; 66, 4 &nonXéw: ancnXcopct> 223 &nonpoXcCnwa ánponox( tno~aa 210, 3 ~no¶po;: )~norpov[ 11. 6 &flO~6CvopaLt &Jnocp6up[cv— 64, 1 aTIToI.flL Q~(pCt>OL 32, 12 apa: ap 146; ~‘c~33, 6; 32, 17; 66, 4; 125; 136, 1; 165; ~‘a67; 77; 91, 1 ‘Apó: ‘Apc~wv 4, 3 ~ApycZo;: ú>t> 77 cxpyc~tc 181 *>AL 100 Apra;: —co; 6, 4 547 , , aprtp~ctv—eq~ 56, 3 >ApCún 211; —Coto 66, 3 >Ap>caaCów;: >Ap’ .- > apx~ apxiitt>) 214, AS aaTyrwp: —pos 4, 1 aaKo;: —¿y 57, 2 acnaatw; 21 r aoaov 8, 3 aaax~Js: -¶Jú3t> 150 t.~crrv 62, 2 &ráp 32, 16; 214, A2 ¿hxryros 232, 1 a~&4: —-6t> 216, 4 -r avíc± atrr 73 auTLKcY 97 > — aur o;: - LY9VEo;: a~piJOaw: Axa L a.;: Axa LS;: AxcX~So; —~ 66, 5; — LOT aro; —va; 153 á91J00¿pL —óct 136, — 56, 2, 4 — o-u 154 cvo; 2 4 213, 10 6 apx %~a. 79, 6 33, 5 15, 4 34, 8 B paa LX en>;: —O LI) 34, 6 56, 4; (3aa[ a.Xiytn-’ —rla 5, 3; (3cXCLXCVL s 213, 11 *pX: —pc; 22 PQOLXTILO;: (3aaa.X’rjLof 7, 3 PaOLXTIL;: ~aatA>qC6(a 214, AS 548 pXwOKLA3: poXoR~a 95; )poXocia 79, 18; po[Xoaa 210, 6 po>uXoI.JaL: ~OflXOLTo 80, 6 (30%: po% acc. pL.> 94 (3ovqot>LT~t (3OlJqñOt>CflS 32, 9 ppóxw: @43puxc 79, 4 (3cnpS;: —St> 98, 2; ptcopJSv 214. Ah ra7” 66, 5 —mi; 102; ykx&1s 11, 3; 79, 5; 79, 6 raa.~Có~~: —óa 174 y)QPOL 3, 5 yap: 8, 2; 138,2; 215, 1; yaa>rTjpt - {yarpi. 230 ye: 15, 4; 80, 5 YELt>oI.JQL: ycLt>ato 28 ycpapo;: —aa. 4, 4 yEpú)t>: y¿pot> 179 rwrcl.m;: ..ca; 79, rurvopaL: y¿t>vr’ 3 yxa%JKO;: yXatu’< yvpt>o;: —n 138 ywpv-ro;: —OLO 143, 2; 7 187, 32, 5 232, 3 yw3pvroZo 140 A óaCpwt> 91, 2 óakpuOCL;: ó)a’ 66, 2; 9, 2 —ol?; 215, 2 ra La: yaat 549 de (6 3 32, 10; 62, 1 96, 1 et 2; 164; 210, 6; 2 226, 3; 6’ 6 58, 1; 59; 73; 97; 101; 104, 146; 158, 1; 1 169; 167, 1 et 213, 5 et 7; 2 231. 1; 232, 5 ÓCCÓLt> 161 71 68; 78, 1; 117, 1; 153; 11; 220; 221; 1; ~6, 2; 79, 22; 85,2; 1 et 3; 129; 61; 167; 168; 3; 210, 4; 15, 7; 223; et 6 dc £ó 59; —a 32, 10; 56, 4; 33, dcp’ 15, 1 —-rpos 69; 121 dwpo;: 0v 92, 1 óLa 129 óLalTcpeú): óa.cn¿pacrtc 62, 2 óLaairáw: óLa)onaatScTaL[ 8, 6 óa.aatStco: ÓLEOÚ>OEV 211 óiúówwL: óú,oú> 117, 2 6W0CLt> 213, 9 ócnaépct> 214, AS ). ÓLKOLOLt>[ 4, 11 AtIcraLa: —at> 131, 1 6Lt>T1CL;: —-ro; 145 ALoIS4Ón; 101 6To;: —q 232, 5 óGppo;: ~ov 73 óbswi~j: ópwÑj)a’ 137 1->óopr¡pa 210, 2 64w;: —ov 4, 2 5 550 ó¿pu: óoipcrra 232, 5; doptE 5, 3 6p~nca.’ovt —‘e 78, 1 ‘A tupmi: -mii> 61, 1 ¿flipLo;: —ov 62, 2 óvi>a¡JL;: —Li> 215, 4 óxnrrw: ótirrTj 118, 1 &JOpct>mi;: -—c 117, 2 Acjyr La;: —áóo; 102 E Eavfl9¿po; 175 £rr~&a. 68 ~xpCpirrw: Ó-wCwnvrouaa.v 5, 5 Cyú3 IJOL 219; vcnc 95 “A £6E&Xot> 69 c ‘A C -, cóvocc: cvcoaar 3, 5 ~8éXwt ~6éVncuv 170; ~eéXu>v 215, 5 CL 186; 213, 6 £LÓOt> ~6éa8ai. 66, 5; Vóov 8, 1; oa.óc*t 10, 5 ei&ap 56, 5 CLKCXO;: —ov 91, 1 EZX~C&iaLa: [EtXCC8VLUi>) 131, 1 e~jC: ~=crrL14; 98, 1: CUTLt> 219; “A CLOL 119; Cc*OL1> 68; 146; etS-~ 15, 2; 33, 6; e71.’aL 69; ~t> 147; ~ei> 32, 17; [~ct>) 136, 1; “A caav 22; ca’: £LIIC 117, 1; ctn(oi> vel Jn(c? 136, 2; ctnw[t> 213, 8 ¿; (¿;) 118; 223; 232, 6; (~;) 56, 5; 210, 2 CL&3 62, 2; 215, 6 551 )e’< 80, 4eK C~) 156; 231, 4; 166; ~xaato; 93, 1; 85, 2 cknpoXcLnw: cnpoXa.novaa 4, 2 £KTOitSL 102 ~ ‘A ‘A cXatn.’cú: £Xaui>cIacinL 17 £Xa9pLú; 187, 2 ‘A ‘A EXcvaa.va.o;: —La; 121 c’A cXL~: —‘ 8, 4 ‘AEXXy~; 223 ~c’AXcnp:) 33, 6; 32, 17 ~t>CnXcLoi> 57, 2 Ciaflpoo8c 187, 3 a a Et> CEt>L) 32, 11; 56, 2; 62, 1; 104, 1 et 3; 116, 1; 158, 1; 167; 231, 1; C~vC 15, 2; 57, 3; dt» 7s, 5; cvu 210, 4 ~i>6cC’cnw: £L>VCTTCTC 1 cv&a t>cctpu’cacuoaro 226,3 ~~i>axcp¿ 56, 5 a. cizrca 232, 3 krr¶Si>cn: ~1An1J10CLaV 2, 2 —oto 232, 1 ~áp~w vol c~apxo;: )c~apx.t 5, ~cxai%w: lXaaacL> 94 ‘‘A r r Co;: OLOLt> 57, 3; OL 93; ~oBo cncxncuXcw CflOCflCLXTjTTji> 61, 1 103; <>éi>&a> 4, 2 2 82, a9 552 ¿nEC 125 >EnCLÓC: .-áSt> 61, ¿tiC: 79, 6; 231, 9, cnt— 4, 5 ¿nC~pa CH) 203 , A £1! 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Alo; 62, v¿TlbJa (H) 197 LXdC 19; 101; 220; (reten. ) 66, 4; tú) oí 164; 220; TOL TOLOUi> 129; rOLOL CA. roWaL 143, 1; a rr¡ (r.tat. 1 225; ro 3; A. 17 Oi> 73; 146; 62, 33 1; ~) 232, 3; 6; 560 32, 17; 165; 136. 1; 210, 7; i-~J 136, 2; cxt 214, 33; 170 32, 153; -rwi> 119 *o(3PtpoToto;: ¿(3pa.pI% >oy’ 79, 23 O~óun¿6~;: —óao 126; ctt,Ss: —i5v 20 * oími: —a; 8, 4 ot’ A. —E 19 c’Ti>o;: —oto 57, 1; > A. > A. oLi>e~ow: oLi>o~OEL oto;: —ci. 22; —ev OLCel> 179 ~X(3o;: ~XPctE 2, 2 ¿xCyos 14 a, OX~apno;: —ox> 79, 9 opa.Xccn: L~Cx~o> 62, 2 ~i>o; 219 onkoi>: —a 104, 3; onú)pet —aL; 74 opycL¿ni>: —~ 1 opta;: olpvt.e( “A opo; -..co; 91, ~; 15, 1; 67; 210, 2; ev r OLOLi> 76 <‘A CA. coco;: oca 56, 1; 11; 2 117, 1; 4, 1 -5 Joívo(v 33, 7 CH) 192 119; tnX 1; 79, 10 561 215, 4; ~Cv 159; 4 15, 1 2; 125; *:,A. oO-rpLpov: ~OU 94 “A otopo;: —OL 232, 4 CA. otri 57, 2 oC 8, 2; 161; 2~ C ox>: c 15, 3; 33, 6; 98, 165; 215, 4 > A. 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A. na;: navrc; 158, 1; 58, 1; navra 56, i> 61, 2 32, 3 9 fl&CLi> 15, 1; 1; 98,1; 562 104, 3 —ci> 165 narmip: —Tpo; 78, 1; —TpC 70 ncCe¿n: neno’.O¿; 70 \: a 133 nexopaL: ncXcawcTo 210, 8 T!EfY 153; En£pJ 210, 7 nep8c.>: ~npcr&~rmiv61, 2 T!E~C 165; 79, 8; ncp[C) 214, 11 ncpuqpaóL; 56, 3 ncptppmióri; CH) 202 TICTQXoi>: nc-raXEoLoLv 79, 3 nTjyEOCpexXo;: —p=XX’e CH) 205 flT¡XECÓTj; 187, 2 nryrpr¡t —p 231, 1 nCpnxmiwu: TIXROEi> 59; nEnxmieS; 57, 3 1TLTtLÚJ 225 ~nX¿o;: —¿ci> 8, 2: 129 noów’hJTpo;: n)oínv 4rptolLoL 142 fl¿Xx43o;: —c 117, 1 noXx>i>ECKmi;: floxxut>a.’ú) nopncuEi> 116, 2 novew: nenoi>TjaTo 73 A. noi>o;: —OLO 164 novro;: —ev 223 ‘A A. flca£Lóawt’: —15C’<ú)i>L 70; floacLó[ew 79, 17 no’~apo;± —cío 98, 3; —pog 68 A. A. nori>La: noTi>[ íe 79, 16; n¿)Ti>a.a 214, A14 noii;: —tSe; 71; 104, 2; —ó¿nt’ 187, 3 npco(3cLpa: npeapca.pat 214, AB npovoá.>: npoi>crjaau 172 npS; 98, 2 npoO¿pT¡pL: npooeqrr~ 101; npoacq~; 19 563 * A. npcTepnyei>r1s: —yCi>EQC 79, 7 A. nporcpo;: nip&rep> 136, 2 npo(pEpp;: —TEpOi> 32, 17; —raroi> 33, 6 npoq>pwt> 62, 1 + A. npoxvu 17 npoxomi: —ea. 68 A. A. npoxoo;: —xoq> 56, 6 np&ro;: 98, 2; —11OT0 66, 2 A. —pá 225, Jnrcpá 226, 2 n-r Epoi>: r%ómi;: —ómii> 122; —ómiTO; 123 —a’. CH) 196 nup: —o; 214, A15 n~apyo;: nhúpyu>i> 2, 5 n-up.,oXo 93, 1 it&i 231, 4 P C pa, p vid, apa A¿~ 79, 10 ~>ét¿n:~‘et¿pct> 56, 2 CA. pcov: —Te 122 ~~Cp¿pcx167, 1 e p’.nra~w: pittTatouOL 156 ~>Soi>98, 3 E o~(3a; 66, 5 Cd. joyo) —va 65 A. acpi>o;: —‘di> 131, 1 cYkaLo;: o(’ 15, 2 564 0’ 156 c>c,~Xa~: a’aei>: —oeiaa 104, 2 172 olaOEpo;: —oi.o 64 a--r’dxmi: OTRJXaL 5, 6 OTPatOC 77 a-rpcnTcS: —a; 104, 3 arx>yt>o;: —i>a 232, 2 sriSi¡cpnxc;: ErhSpcpmiXov 210, 3 o’t 232, s; 00C 232, 3; OL 117, 2; TEOV 221; r 5i>y~ 215, 7 o~iI.snXnr¿;: auptnlx%.-a 3, 3 c-UOTaro;: ...TOl) 183 acp’.v 226, 3; oprrepe’.o’. 142; 09ETEpffl 138 Ocpe’&IX’.e;: —XC¿nt> 166 o~w: 09w 28 A. 09ú)E: acjxc’ 21 Oqxú’.rEpe;: —ci> 99; —ni> 20 17XE60t> 66, 4 T A. 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TpL>rcoi>’.V —VCÓL 232, 5 A. ~ CH) 193 Tp’ea: TiSómi; 18; Ti~ómi 19 Tx>ppoxocC ) Y 118; r 131£ 313 LWi> t’&ar’. 136, 1 71; d05 82, aS 213, 11 tówp 4, 13; 56, 2; x>5; 66, 1; 143, 1 lita; 79, 10; * ~t> 222 a.;: ~ijctrra 129 aLo;: —oi.’ 232, 6 ~pvLa {>pvcCeuaaí 2, 1 C’A C A. une’roq: x>ne-rox> 4, 8 —a; 104, 3 tnS 139; Cun 67 {rno&mipeo~ 5vyn: ine&)mipoaiÁvriv 82, >IJnei>E’.cpEC;: 13flOi>’.PEQS 3, 2 i~novoc~cpa.ov <>4) 195 * C A. x>~4J’.KpavaEL;: IJ14JL’oa 187, 1 ab 1 9cwXc*y~t 9óxayya; 76 pc*po~ —ce; 177 pcPiOTOV ov 57, 2 567 ~epú): QSPEL¶.) 57, 1; oto¿vrú)t> 32, 11 4.¿)A.’ 69; A. QTjp’. qn erro 97 9Xtwt qXc¿oiaocn> 74 9Xot: 9Xo 91, 1 90(3E 174 Iott>L~: —xc; 15, 3 *A. poMa;: —ve; 176 A. ~ú) 9paOOeLTo 15, 4 * ‘A~vaa6cic&ci> 136, 1 A. ELO: q~únn5oe; 19; 117, 1 X ~aCpw: zap~~r~ 142 xeXxco;: —Co’. 4, 3 xax’ 213, 13 ‘A A. xa-rc,3c0: xeTEx>ox>OLi> 177 XcLP~ XCLPQ 230; XCLPWt> 156; 158, 1; XCPOL CH) 198; A. A. xc 167; xcev 56, 5; 56, 2 fl~pT¡Los: —ei> 149 xox=;: —óaq 92, 2 xpUOEOc (—cíe;): XC L~E0OL ~)epaCi> 82, b4 x c;ai> —ocCr 56, 6; —OCCT1OL 132; %f~J130EQ 58, 2; —aca.a 32, 11; 33, 5 568 4, wcx>~n;: —e; 232, 2 iyuxii: wuxiic; 82, b6; 141; t.nixaZ; 79, 6; o >orixCmi: —mii> CH) 201 r (H) 206 Haec sunt vocabula, quae in Antimachi scriptis commemorata fuerunt, sed in superstitíbus Cius verbís non leguntur. >Ar’dvo>p fr. 107 A~yaCcoi> Ir. 27 ‘Apcpa.ápao; fr. 63 ‘Apa(3 Ca ApipeoneL fr. 162 M~A. apKEueo; fr. 112 “Aprcpa.; fr. 130 ~A9poóC-rflfr. 124 Bá’LeveC Ir. 163 c’vaxpí; Ir. 28 oTplJVtlJ; Ir. 155 A. S~napva Ir. 124 ¡¿Mipo’. 113 S¿Xx>po; 114 Vrpo9áócS Ir. 108 rrtt fr. 26 0v90p(35t Ir. 25 T>uóct; Ir. 25 A. ~LVCU Ir. 107 *OLi>L~ Ir. 107 xccx’<1óoi>Ca 114 Xap’.’rc; fr. 124 ‘0’