Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 636 - Una aproximación a las emociones en los equipos deportivos An approach to emotions in sports teams Marta Eulalia Blanco García Universidad Complutense de Madrid (España) Resumen. Este trabajo se adentra en la convivencia de equipos deportivos pertenecientes a disciplinas que implican contacto con el equipo rival en su práctica, a partir del análisis empírico procedente de 30 entrevistas en profundidad con entrenadores/ as y deportistas de equipos de la Comunidad de Madrid de las disciplinas de fútbol, baloncesto y rugby. En un acercamiento feminista desde la sociología del deporte, se señalan las formas de organización de los equipos deportivos, visibilizando las estrictas jerarquías y sistemas de disciplinamiento normalizados, incidiendo en ciertas prácticas exacerbadas que pueden llegar a justificarse en el contexto. A partir de aquí, se realiza un análisis a través de las especiales sensibilidades del deporte, incidiendo en el estudio de las emociones y las dinámicas afectivas en estos equipos deportivos, reflexionando acerca de su misión como sustento de sistemas que perpetúan fragilidades que darán pie a ciertas vulnerabilidades en el espacio, especialmente hacia las mujeres. Palabras clave: deporte, equipo, género, poder, emociones. Abstract. This work analyze the coexistence of sports teams of disciplines that involve contact with the rival team in their practice, based on the empirical analysis from 30 interviews with coaches and athletes of teams from the Community of Madrid of the soccer, basketball and rugby disciplines. In a feminist approach from the sociology of sport, the forms of organization of sports teams are pointed out, making visible the strict hierarchies and normalized disciplinary systems, influencing certain exacerbated practices that can be justified in the context. From here, an analysis is carried out through the special sensitivities of sport that affects the study of emotions and affective dynamics in these sports teams, reflecting on their mission as support for systems that perpetuate fragility that will give rise to certain vulnerabilities in space, especially against women. Keywords: sport, teams, gender, power, emotions. Introducción Practicar deporte siempre ha significado mucho más que realizar una actividad física regulada, competir y/ o superar objetivos colectivos o individuales. El depor- te es rutina, hábito, motivación, pero también desco- nexión, relajación, encuentro y convivencia, e implica una expresión emocional característica (Elias, 1986; Sonlleva, Martínez & Mon-jas, 2018) que influye en el día a día de quienes lo realizan, creando experiencias in- tensas (De Lauretis, 1992) que las/os acompañarán a lo largo de su trayectoria deportiva y, en definitiva, su vida. Todavía más, si nos referimos a equipos deporti- vos, estas emociones, sensibilidades y afectividades se volverán especialmente sensibles en su convivencia, siendo parte imprescindible de sus objetivos y metas, pero también de sus interpretaciones individuales. En esta línea, la atención a las emociones desde la sociolo- gía del deporte se hace urgente para entender sus rea- 2022, Retos, 44, 636-648 © Copyright: Federación Española de Asociaciones de Docentes de Educación Física (FEADEF) ISSN: Edición impresa: 1579-1726. Edición Web: 1988-2041 (https://recyt.fecyt.es/index.php/retos/index) Fecha recepción: 15-10-21. Fecha de aceptación: 06-12-21 Marta Eulalia Blanco García martaebl@ucm.es lidades cotidianas (Bermúdez Torres y Saenz-López, 2019). Bericat Alastuey (2020) afirmaba que el estudio de las emociones resultará imprescindible a la hora de estudiar y comprender sociológicamente las intercomunicaciones humanas. Añado a ello que, ha- blando de los equipos deportivos, nos adentramos en un espacio de especial sensibilidad, con una gestión de las emociones muy característica, donde necesitamos entender no sólo cómo se gestionan estas emociones, sino además cuál es el papel de los diferentes agentes implicados y sus repercusiones; es decir, cómo se ex- presan e interpretan estas explosiones emocionales es- pecialmente sensibles, así como sus dinámicas afectivas, sus circuitos y los vínculos que se conforman en unos equipos deportivos que se erigen como grupos de per- sonas no elegidos que demandan importantes exigen- cias emocionales a sus integrantes (Blanco García, 2021). Se propone en este artículo un breve acercamiento feminista y ordinario a estas tensiones y juegos emo- cionales y afectivos en equipos deportivos de discipli- nas que además implican contacto con el equipo rival en su práctica1. Esto, para visibilizar las formas de ges- tión de estos grupos, atendiendo a la construcción idea- - 637 -Retos, número 44, 2022 (2º trimestre) lizada de ciertos valores deportivos y señalando puntos conflictivos en sus formas de organización, potenciando una autoridad y poder concentrado en una figura masculinizada de entrenador/a y, definitivamente, pu- diendo derivar en la perpetuación de espacios vulnera- bles, especialmente en los equipos femeninos. Como se ha mencionado hace un instante, a menudo las aproxi- maciones sociológicas a estas emociones en el deporte se limitan a hacer una valoración de resultados compe- titivos de deportistas y equipos, pero ¿qué descubriría un estudio de estas emociones, sensibilidades y dinámi- cas afectivas enfocado simplemente en entender sus realidades, sin tener en cuenta su competitividad? ¿Qué pasa si además nos acercamos a ello teniendo en cuenta esta comprensión de las performatividades de género que atraviesan su convivencia? Actualmente resultará incom- pleto hacer una investigación sociológica del deporte sin tener en cuenta cómo el género influye en sus cotidianidades, con propuestas actuales que amplíen las posibilidades y demuestren cómo muchas de sus consi- deraciones asentadas resultan problemáticas para un deporte que necesita adaptarse a las circunstancias ac- tuales, haciendo una promoción (real) de muchos de los valores que pretende difundir en sus buenas prácticas. Por último, resulta además urgente cuestionar las bases de estas formas de organización de los equipos deporti- vos, reflexionando acerca de las tensiones producidas en sus exposiciones de poder y autoridad, dando pie a posi- bles conductas y prácticas exacerbadas. Metodología El objeto de este trabajo es reflexionar acerca de las dinámicas afectivas en los equipos deportivos, profundi- zando a través de ellas en sus estructuras y sistemas de organización. Esta es una de las líneas de investigación tratadas en un estudio que ha abordado las dinámicas sexoafectivas en equipos deportivos federados en la Comunidad de Madrid, en tres disciplinas deportivas que implican contacto en su práctica (fútbol, baloncesto y rugby). Todo ello, mediante técnicas de investigación cualitativa, en concreto entrevistas en profundidad2. Participantes El diseño muestral incluye un total de 30 entrevistas en profundidad, 15 con deportistas y 15 con entrenado- res/as. La investigación se ha reducido a equipos de la Comunidad de Madrid de las disciplinas de fútbol, ba- loncesto y rugby que se encuentran inscritos en ligas federadas de la propia comunidad o de federaciones na- cionales. Esto, debido al principal interés que suscita la comparación de tres disciplinas que, compartiendo las dos características básicas del estudio: ser deportes de equipo e implicar contacto con el equipo rival en su práctica (lo que tendrá mucho que decir también sobre estereotipos de género y la presencia y participación de mujeres), presentan diferencias en su recorrido y esta- do actual (en cuanto al número de licencias, promoción y presencia en medios de comunicación, participación, etc.), pero también en sus reglamentos, cotidianidades y convivencia. Dicho esto, los factores que han estruc- turado el diseño de la muestra han sido el género, la edad y la dedicación deportiva (deportista-cuerpo téc- nico), además se ha controlado la clase social, siendo todas las entrevistas realizadas a personas de clase social media. No se ha tenido en cuenta el nivel competitivo de los equipos en los que participan las personas entre- vistadas por una razón principal: la precariedad del con- texto deportivo que afecta especialmente a las mujeres y el deporte femenino. Pues, en este estudio se han mostrado similares dinámicas relatadas por jugadoras que representan selecciones nacionales y aquellas que consideran su práctica deportiva en el equipo sólo un hobby (necesidad de compaginar el deporte con otra(s) actividad(es) económica(s), precariedad en los horarios de entrenamientos y viajes para partidos y torneos, au- sencia de contrato laboral, escasez de respaldo y apoyo por parte de clubes y federaciones, etc.) (tabla 1). En cuanto a la edad, se establecen para los y las de- portistas cuatro grupos, entre los 17 y los 32 años de edad y para entrenadores/as seis grupos, entre los 17 y los 40 años de edad. Las entrevistas se han distribuido tal y como se muestra en la Tabla 2. Por último, tal y como puede observarse, existe es- pecial intención de focalizar el estudio con jugadoras jóvenes, dando cierta importancia a la comparación con aquellas más veteranas también, y entrenadores en el final de la etapa joven e inicio y asentamiento de la edad adulta, cuando suelen asentarse en sus roles deportivos Tabla 1 Factores de selección de la muestra Factores Rol deportivo Entrenador/a Deportista Disciplina deportiva Baloncesto, fútbol y rugby Baloncesto, fútbol y rugby Género Mujeres y hombres, con mayor incidencia de hombres. Mujeres y hombres, con mayor incidencia de mujeres. Edad Desde los 18 a los 40 años, buscando más incidencia en los hombres desde los 28 a los 40 años. Desde los 17 a los 32 años, buscando más incidencia en las mujeres de 17-18 años y 28-32 años. Clase social Clase socioeconómica media (mínimo de Formación Profesional de Grado Superior o Estudios Universitarios, cursando o terminados). Clase socioeconómica media (mínimo de Estudios de Bachillerato en el caso de los/as deportistas menores de edad, Formación Profesional de Grado Superior o Estudios Universitarios, cursando o terminados en los/as deportistas mayores de edad). Nota: esta tabla muestra los factores utilizados para la selección de los y las participantes de la investigación. Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 638 - y dar el salto al entrenamiento de equipos jóvenes y adultos. Esto, porque aunque este artículo se centra, como he mencionado anteriormente, en un breve capí- tulo de la investigación que describe las expresiones emocionales en estos equipos y disciplinas deportivas, el conjunto del estudio analiza dinámicas sexo-afectivas en los equipos deportivos, concluyendo la vulnerabili- dad de ciertos espacios en cuanto a la normalización de prácticas de acoso sexual, especialmente en jugadoras jóvenes. En esta línea, tal y como revelan cada vez más estudios (entre los que destaco en este momento: Brackenridge, 2008; Fasting et al., 2003), las jugadoras, sobre todo jóvenes pero no sólo, serán especialmente vulnerables a ciertas situaciones en el ámbito deporti- vo, relacionadas con estos conflictos en la gestión emo- cional, así como sufrir acoso sexual por parte de hom- bres en figuras de poder. Por ello, toman especial inte- rés sus discursos. Instrumentos de investigación La principal herramienta de investigación utilizada ha sido la entrevista en profundidad, debido a la inten- ción de producir información cualitativa que de voz a los y las protagonistas del contexto deportivo, enten- diendo las razones y perspectivas más profundas a tra- vés de sus discursos (Alonso, 1998). De hecho, tal y como afirma Vicente Olmo (2015), lo realmente inte- resante de esta herramienta de investigación cualitati- va es su distinción de técnicas más tradicionales, centra- das principalmente en una recogida de datos cuantitati- vos (Alonso, 1994). Se buscan pues, nuevas formas de visibilizar los discursos lingüísticos, como eco de rela- tos, experiencia y/o estilos de vida (Alonso, 1994: 237). Por último, estas individualidades mostradas en las en- trevistas, reflejan modelos y referentes culturales en los que las personas conviven diariamente (Finkel et. al. 2008); en este caso, el deporte, sus identificaciones como deportistas y entrenadores/as y los equipos deportivos que construyen, siempre mediados por los estudios de las emociones. Todas las entrevistas han seguido un guion similar, con escasas puntualizaciones según el rol de la persona de deportista o entrenador/a. Es decir, e confirma un guion con cuatro bloques. En el primero se plantea un acercamiento a la relación actual con el deporte, te- niendo en cuenta la formación, el equipo, nivel de com- petición y dedicaciones actuales. Se hace referencia ade- más a la visión de la trayectoria deportiva a lo largo de la vida. En un segundo bloque se plantean cuestiones de género en el deporte, diferenciando ámbitos personal, familiar e institucional. En un tercer bloque aparece la organización de los equipos deportivos, teniendo en cuenta la jerarquización, la percepción de la autoridad y el poder, así como las formas de comunicación dentro de los equipos, introduciendo por fin la convivencia y las expresiones emocionales en el propio contexto de- portivo. Aparece así un cuarto bloque que trata defini- tivamente las emociones, afectividades y vínculos en los equipos, dirigiéndose hacia las narrativas amorosas y la aparición de ciertos espacios de vulnerabilidad. Procedimiento de investigación y análisis de datos El trabajo de campo se realizó de la siguiente forma (tabla 3) En la primera oleada se buscó una entrada directa en los terrenos que, según las hipótesis, parecían más vulnerables. Por ello, se escogió el baloncesto: jugado- ras y entrenadores de todas las edades. Además, se en- trevistó también a las jugadoras de rugby, empezando por las más jóvenes, en contraposición directa entre esos escenarios del rugby que podrían presentar super- ficialmente otras formas de gestión emocional, debido a sus propias reglas y formas de organización. Una de las entrevistas de una jugadora de rugby cerró la pri- mera oleada. Además, se entrevistó a una entrenadora de fútbol, pues su perfil era muy interesante para ini- Tabla 2 Distribución de entrevistas Entrevistas Edad Disciplina mujeres hombres jugadoras entrenadoras jugadores entrenadores 17-18 años Baloncesto I I I I Fútbol I I I Rugby I 19-22 años Baloncesto I Fútbol I Rugby I I 23-27 años Baloncesto I I I I Fútbol I Rugby I I 28-32 años Baloncesto I I Fútbol I Rugby I I I I 33-37 años Baloncesto I I Fútbol Rugby 38-40 años Baloncesto Fútbol I Rugby I Nota: esta tabla muestra la distribución de las entrevistas realizadas en la investigación, según edad, disciplina, género y rol deportivo. Tabla 3. Organización de las oleadas de trabajo de campo Mujeres Hombres 1ª Oleada campo Jugadoras de baloncesto Entrenadores de baloncestoJugadoras de rugby Entrenadora de fútbol 2ª Oleada campo Entrenadoras de baloncesto Jugadores de baloncesto Jugadores de fútbol Entrenadora de rugby Entrenadores de rugby 3ª Oleada campo Jugadoras de fútbol Entrenadores de fútbol Jugador de rugby Nota: esta tabla muestra el procedimiento de investigación llevado a cabo, refiriendo las tres oleadas de campo realizadas. - 639 -Retos, número 44, 2022 (2º trimestre) ciar la investigación, debido a su posición actual en el fútbol español. El objetivo principal de la segunda oleada era cerrar el estudio del baloncesto, con las entrevistas de las entrenadoras, e introducirse en el fútbol y el rugby, dejando la última oleada simplemente para discursos que resultaran interesantes en puntos concretos. Sin embargo, con el fútbol ha persistido un problema de participación en todos sus roles y franjas de edad. En esta disciplina se llegaron a cancelar hasta 4 entrevistas incluso minutos antes de la hora acordada, tanto por parte de jugadoras como de entrenadores. Esto conlle- vó una adaptación de las oleadas de trabajo de campo y ha provocado que la participación del fútbol haya sido menor en la investigación, al no conseguir reponerse tampoco en la tercera oleada. Por último, la tercera oleada introdujo por fin la participación de los entrenadores y una jugadora de fút- bol. Además, se determinó zanjar el estudio del rugby con una última entrevista a un jugador, debido a la rele- vancia de comparar ciertos aspectos relacionados con el liderazgo, la autoridad y la gestión de los grupos en esta y las tres disciplinas deportivas, así como pudiendo rea- lizar comparaciones con perspectiva de género. En cuanto al análisis de datos, se realizó un estudio de las entrevistas mediante el análisis del discurso. Ade- más, es importante destacar la importante influencia que ha tenido en la propia investigación, tanto en la realización de las entrevistas como el propio análisis de las mismas, la presencia activa en el contexto deporti- vo. Es decir, desde el cuerpo situado propuesto por Haraway (1988) y la antropología encarnada (Esteban, 2013), se ha podido realizar un acercamiento especial- mente cercano y comprensivo, sobre todo con jugado- ras y entrenadoras, describiendo esas experiencias inten- sas (De Lauretis, 1992) que sólo pueden contarse desde los cuerpos. Resultados del estudio y discusión La normalización de las discriminaciones de género en los equipos deportivos Que el deporte ha sido desde sus orígenes un ámbi- to muy masculinizado ya ha sido remarcado en nume- rosas ocasiones (Díez Mintegui, 2006). De la misma forma, se asume que todavía hoy resulta un espacio per- fecto para la exaltación de feminidades y masculinida- des tradicionales (Pfister, 2010). Ahora bien, a veces caemos en el error de limitar esta masculinización de su recorrido a las prohibiciones explícitas de la práctica deportiva femenina que han sucedido hasta no hace de- masiado tiempo3, sin tener en cuenta las evidentes dis- criminaciones y desigualdades a las que seguimos asis- tiendo. Primeramente, la progresiva adaptación de las mujeres y el deporte femenino se mantuvo mucho tiempo sujeta a prescripciones médicas que considera- ban específicamente su misión reproductiva (García García, 2015)4, avanzando hacia una mayor libertad en sus dedicaciones deportivas, pero igualmente ligada a estereotipos de género que de la misma forma siguen condicionando estas actividades (Fausto-Sterling, 2000). Y es que, cabe preguntarnos si realmente han abando- nado las prácticas deportivas de las mujeres considera- ciones discriminatorias justificadas desde su biología hasta los propios estereotipos que se dirigen supuestamente sus intereses. Es decir, que hoy en día todavía encontre- mos limitaciones y juicios sociales ligados a la musculación de los cuerpos femeninos (Pastor Pascual, 2021) que repercuten en la práctica y elección de determinadas disciplinas (Guerrero, 2021) o que, entre otras, el em- barazo se considere en los deportes de alto rendimien- to una enfermedad de la deportista y en el deporte cotidiano todavía esté envuelto en importantes tabús que evidencian la desatención científica y social al res- pecto, son algunos de los muchos ejemplos que demues- tran que el deporte no ha dejado de ser un espacio pro- fundamente masculinizado (Begoña Marugán, 2019), diferenciando de manera jerarquizada categorías binarias (hombres y mujeres, competiciones femeninas y com- peticiones masculinas) y provocando la perpetuación de las limitaciones y discriminaciones de los cuerpos5. Es por esto que, para hablar de los sistemas de orga- nización de los equipos deportivos y cómo intervienen en las formas en las que sus agentes expresan sus emo- ciones dentro de ellos, deberemos aproximarnos a lo que García García (2009) introdujo como los laborato- rios de género. El deporte y los equipos deportivos, en tanto contextos herederos de esos espacios de masculi- nidad acomodados en una autoridad principalmente masculina (Hargreaves, 1993), no sólo serán todavía espacios perfectos para la exaltación de rasgos de géne- ro tradicionales (Pfister, 2010), además mostrarán for- mas muy características de reproducirlos, exponiendo férreas categorías binarias atravesadas por el poder de manera explícita, pero al mismo tiempo en conviven- cia con una sociedad en la que cada vez habría menos cabida para ello. Estos laboratorios de género pretenden aportar una nueva perspectiva de análisis, entendiendo el deporte, y en concreto los equipos deportivos, como espacios en los que la participación de las mujeres es Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 640 - creciente, no existiendo actualmente posibilidad de ne- gar su presencia y reconociendo sus luchas en los últi- mos años, pero al mismo tiempo hostil y discriminatorio, con dinámicas de reproducción de esas performatividades hegemónicas (Butler, 2005) y bajo unas regulaciones heteronormativas que pivotan en una superposición de la autoridad masculina (Blanco García, 2021). El deporte femenino y las mujeres en el deporte forman parte de la actualidad, pero eso no quiere decir que su participa- ción sea ni mucho menos inclusiva, lo que hace intere- sante atender a las regulaciones presentes en sus dinámi- cas cotidianas y coreografías de sus encuentros (Casado, 2014)6. Dicho esto, se encuentran en las entrevistas realiza- das relatos que sustentan esta normalización de las dis- criminaciones de género a lo largo de la carrera depor- tiva, por parte de hombres y mujeres y en roles de deportistas y entrenadores/as, sin importantes distin- ciones. Sin embargo, interesa destacar en concreto uno de los fenómenos que se han repetido en prácticamente todos los relatos de las mujeres, jugadoras y entrenadoras: las profecías autocumplidas (Sánchez García, 2020), siendo además sus relatos reforzados por sus compañeros. Bajo esta descripción, se ha encontrado en las mujeres, prin- cipalmente deportistas pero no sólo, una determinada forma de asumir y normalizar tradicionales estereoti- pos de género que limitan su capacidad deportiva: ex- cesiva expresión emocional, miedo al descontrol emo- cional de las mujeres, pero también dificultades en el liderazgo y el ejercicio de su autoridad. Si bien se han repetido de maneras similares en todas las entrevistas, la forma de relatarlos por parte de las mujeres deja entrever una asunción de la pérdida de poder en el con- texto deportivo, acompañado de un especial compro- miso de esfuerzo y superación en el caso de las entrenadoras. Además, dirigiéndonos directamente a esos prejuicios y estereotipos ligados a las emociones, cabe destacar un particular miedo al descontrol emo- cional del equipo que es respondido por parte de los entrenadores con mayor liderazgo y autoridad. Somos más susceptibles. Nos lo tomamos todo más a pecho. También, somos más capaces de dialogar, en- tonces creo que solventamos los problemas de mejor manera. Pero, creo que somos muy, como «¿qué has dicho?» Y nos lo tomamos mal. No sé. (Jugadora, 20 años). Género, poder y liderazgo: la convivencia en los equipos deportivos El mundo es comprensible, está inmediatamente dotado de sentido, porque el cuerpo, que, gracias a sus sentidos y su cerebro, tiene la capacidad de estar pre- sente fuera de sí, en el mundo, y de ser impresionado y modificado de modo duradero por él, ha estado expues- to largo tiempo (desde su origen) a sus regularidades (Bourdieu, 1999: 180). Si estos laboratorios de género ya vienen exponiendo una reproducción de las performatividades de género aso- ciadas a formas tradicionales, estudiar las disposiciones del poder y sus juegos con los diferentes roles estableci- dos va a señalar directamente interpretaciones y expo- siciones emocionales, no sin visibilizar al mismo tiem- po importantes tensiones en sus regulaciones. Los equipos deportivos serán grupos de personas no elegidas organizados en una férrea jerarquía vertical, donde el poder, la autoridad y el liderazgo van a ser imprescindibles para su convivencia (Messner, 1992). En ella, podrán sucederse dinámicas de control y obe- diencia que actualmente serían desproporcionadas en otros contextos, pero tienen cabida en el deporte a tra- vés de fuertes idealizaciones de ciertos valores sociales ligados al éxito y la disciplina (Bromberger, 1995). Es- tas disposiciones del poder serán encarnadas con una cierta docilidad (Foucault, 1997) que, aun pudiendo ex- poner resistencias, normalmente viajan entre fronteras que justifican tales dinámicas, tan características como valoradas, propias de los equipos deportivos. Tal y como se expone en la Figura 1, tomando especial relevancia los agentes implicados dentro del propio equipo, se en- carna una distribución del poder en forma de pirámide inversa, con una pérdida de este poder según disminu- yen las posiciones hasta la base. Figura 1. Pirámide representativa de la distribución del poder en un equipo deportivo. Nota: Esta pirámide representa la distribución del poder en los equipos deportivos, de forma invertida para exponer la concentración de poder en las posiciones más altas y la progresiva pérdida del mismo. Se trata de una elaboración propia a partir del análisis de las entrevistas realizadas en el estudio. Instituciones estatales Federaciones Club deportivo Entrenador/a Otros profesionales: entrenadores/as de áreas específicas, delegados/as, u otras figuras incluidas en el cuerpo técnico Capitanía Jugadores/as - 641 -Retos, número 44, 2022 (2º trimestre) El poder atraviesa de estas formas los cuerpos deporti- vos7. Un poder que no recae en forma vertical, de ma- nera unilateral y asienta los cuerpos sin posibilidad de resistencia, sino que más bien atraviesa estos cuerpos en múltiples direcciones, sin fronteras fijas, en juegos y tensiones que viajan desde los diferentes roles y las re- gulaciones heteronormativas en su encarnación, hacia el conjunto de valores y normas explícitas e implícitas que les llevan a interactuar bajo dinámicas reconocidas en el contexto. Así ha sido definido por todos los agentes en- trevistados, que de una u otra forma han descrito estas formas de reparto del poder, dando toda la autoridad posible, en tanto capacidad de decisión, gestión del gru- po, y similares, al entrenador/a, y encontrando en los y las deportistas la obediencia de tales órdenes. P: Y, ¿quién debe mandar estas cosas? ¿Definir quién las hace? R: Para mí es el entrenador. O sea, porque al final es… Así me lo tomo yo y toda la confianza como juga- dora se la tengo que depositar a él. A mi equipo, pero a él para que lo dirija. Yo puedo estar de acuerdo con una jugada o no, comentar con él si me gusta o no. Pero no soy nunca quién para decir, si manda rojo no, hacemos azul porque me sale a mí de las narices. O sea, que si nos equivocamos todos, nos equivocamos, pero deposi- tamos la confianza en quien al final tiene la última pala- bra (Jugadora, 25 años). Este retazo de entrevista ratifica lo que acaba de explicarse, la autoridad indiscutible dentro del equipo será la del entrenador, con importantes idealizaciones ligadas al éxito en y de su exposición masculina normativa (García García, 2009; 2010). El rol de entrenador/a encarnará liderazgo, poder y disciplina, siendo respon- sable del control y estabilidad del equipo. Un rol masculinizado, con necesidades de reconocimiento mas- culino que viajarán hacia un liderazgo potencialmente autoritario, sobre todo en el caso de los hombres8. P: ¿Te parece importante liderar tu vestuario? R: Sí. Para mí, yo soy responsable de ser el líder de ese grupo de personas. Si tú no eres el líder lo va a ser otra persona, y si no es otra persona tú ya no controlas lo que hay en tu vestuario. Entonces, es súper impor- tante ser el líder. Es verdad que tienes que tener cier- tos apoyos dentro del vestuario que te vayan informan- do, que te apoyen en tus decisiones, pero el líder tiene que ser el primer entrenador (Entrenador, 34 años). Como ya se ha mencionado, esta asunción del poder es universal en los diferentes roles del equipo, desde deportistas hasta entrenadores/as representan esa dis- tribución del poder de la misma manera y asumen sus roles y responsabilidades. Sin embargo, cabe pregun- tarnos qué ocurrirá concretamente con el conjunto de deportistas, cómo encarnan su rol y cómo gestionan sus posiciones según estas representaciones, siendo la suya la posición más vulnerable. Para empezar, es preciso recordar las profecías autocumplidas que han sido mencionadas anteriormente. Estas profecías autocumplidas viajan en diferentes direc- ciones y una de ellas tendrá mucho que ver con las for- mas de expresión emocional en la propia asunción del poder dentro del equipo. Se demandará una importan- te autoridad del entrenador para controlar aquellas si- tuaciones que pueden ser susceptibles al descontrol, principalmente tratándose de equipos femeninos. A par- tir de aquí, los equipos se verán atravesados por una estricta homogeneidad que representará uno de los va- lores más importantes entre los y las deportistas. Tanto jugadores como jugadoras lo representarán de la mis- ma manera, pero será entre las deportistas entre quie- nes más se señale, tanto entre las propias deportistas, como entre sus compañeros y entrenadores, ligado nue- vamente a esos prejuicios y estereotipos emocionales. Así que, con esta homogeneidad del grupo, no sólo nos encontramos una exposición de valores deportivos, como pueden ser el compañerismo, la generosidad o la empatía entre compañeros/as, sino que viaja hacia una estricta igualdad que presenta dificultades en la inter- pelación y reconocimiento de cada deportista indivi- dualmente. Pero, mientras que ninguna destaque o… ¿sabes? Si todo sigue como igual, es que cuando un grupo así es homogéneo y ninguna… pues lo típico (Jugadora, 25 años). Cabe destacar que, a pesar de que se proclame esta homogeneidad, principalmente entre las jugadoras, pero no sólo, lo cierto es que no existen principios estáticos que la corroboren, ni tampoco puede ser efectiva en la práctica, creando de esta forma continuas tensiones en su convivencia y en la asunción de las disposiciones que se determinaban en la Figura 19. Así pues, se demuestra que en estas disciplinas de equipo existirán ciertas re- sistencias hacia la diferenciación e interpelación de miembros de manera individual, lo que hace todavía más compleja la distribución de los poderes y la deman- da de autoridad en la figura del/a entrenador/a. Y es que, se depositarán en ella todas estas responsabilidades de interpelación individual y, con ello, se potenciarán los juegos y encarnaciones de poder que ya están dis- puestos de manera explícita en el propio equipo. Por ejemplo, una de las dinámicas más recurrentes de in- Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 642 - terpelación individual cedida a la figura de entrenador/ a será la definición de cada deportista y sus funciones dentro del equipo. Tal y como muestra el siguiente frag- mento de entrevista, será el propio equipo quien, hu- yendo de las incomodidades que podrían surgir al definirse y diferenciarse de sus propios/as compañe- ros/as, deposita esta función al propio entrenador, es- perando que su rol sea impuesto dentro de unos límites que no rompan con su inclusión en el núcleo de depor- tistas. Pues mira, este año mi entrenador hizo una charla al principio del año y nos definió poco a poco, una a una. Nos conocía a algunas, a otras no. A mí me conoce por- que me ha entrenado 5 o 6 años y dijo: «mirad, esta chica si queréis que rinda y que sea alegre, que rinda, que es un espectáculo, no sé qué, no sé qué…», en plan, lo típico que pone a todas un poco por las nubes (Jugado- ra, 24 años). En este caso se expone en forma de demanda desde el rol de deportista, pero lo cierto es que si se enfoca desde el rol de entrenador/a se considera además den- tro de lógicas de definición y control del propio equipo. Además, destacar que, a pesar de que estas lógicas ho- mogéneas atraviesan de igual forma los equipos feme- ninos y masculinos, estamos viendo que resulta un ma- yor reclamo entre las deportistas, algo que tendrá mu- cho que ver con los intercambios producidos entre en- trenador y jugadora, tal y como se verá a continuación. De momento, cabe preguntarnos si esta capacidad de interpelación y reconocimiento otorgada exclusivamente a la figura de entrenador/a es primero una demanda de los y las deportistas o una dinámica asentada en el con- texto que provoca la interiorización de tales definicio- nes y necesidades homogéneas. Pues bien, lo que de- muestran los relatos de los entrenadores tiende hacia esa imposibilidad de construir un equipo efectivamente homogéneo, pero en los mismos intentos de reforzar una asunción del rol a través de este tipo de ritualizaciones de definición y al mismo tiempo asentamiento del po- der. Creo, y me parece lo más complicado, que lo más importante es que todo el mundo acepte su rol. Hay roles que molan, el que necesitas que meta puntos, rebotear, jugar 30 minutos… Y otros roles que molan menos, que necesitas que defienda o ir al rebote pero que cuando lo cojas, sueltes el balón… Si, como entre- nador, consigues que las personas entiendan su rol, lo acepten y sigan, da resultados, tienes muchísimo gana- do (Entrenador, 36 años). Tal y como demuestra este retazo, aun cuando no existe una demanda explícita, se considera una respon- sabilidad adherida al rol de entrenador manejar el gru- po, y en ello aparece la definición de los roles de cada jugador/a. Se conforman perfiles concretos y se categoriza a cada miembro en ellos, como si se tratase de un puzzle rígido que debe de cualquier manera enca- jar. A partir de aquí, recuperando las formas de organi- zación de los equipos atravesados por estas disposicio- nes, tal y como destacó Messner (1992), si algo queda revelado es que estas formas responderán a unas es- tructuras de disciplina y obediencia que señalarán pre- cisamente la necesidad de que exista un poder concen- trado en una figura entendida como superior, el/la en- trenador/a, y un conjunto de miembros prácticamente limitados a seguir las indicaciones. Ahora bien, una vez más, pareciera que las estructuras son rígidas, cuando realmente pueden existir resistencias, y así lo demues- tran las desviaciones existentes en el rugby, que mante- niendo las mismas concepciones del poder y la respon- sabilidad de los diferentes roles, expone prácticas coti- dianas diferentes, con menos tensión dentro del núcleo de deportistas. Aun así, existe algo que no podemos negar: la fuerte jerarquización del equipo en cualquiera de las disciplinas; y es que desde los primeros contactos dentro de un equipo, en la infancia, se expone una jerarquización en la que uno de los principales valores de aprendizaje será la disciplina, enfocada en la obe- diencia a figuras entendidas como superiores. Aprendi- zajes que conviven en muchos de nuestros contextos primarios, como la familia, y segundarios, como la es- cuela, siendo reforzados en el contexto deportivo como un espacio de especial idealización de estos valores de obediencia y respeto (Messner, 1992). Esto provoca la interiorización de tales disposiciones y asienta sus es- tructuras y, aunque no sea la única opción, sí existen ciertas tendencias que confirman que el contexto de- portivo, y en concreto los equipos deportivos, se confi- guran en espacios donde se reproducen sistemas de obe- diencia y disciplina exacerbados a lo largo de la vida, con un reconocimiento jerárquico poco habitual en otros ámbitos similares10. Desde aquí, se registran ciertas tendencias que pueden ir desde estas asentadas exposi- ciones de la autoridad y el mandato del equipo y la toma de decisiones, hasta prácticas que incurren en elevados tonos de voz e incluso insultos o descalificaciones que pueden propiciarse de entrenador/a a deportista y que muchas veces se normalizan, otras incluso se justifican11. Todo ello conduce a cuestionar la base que sustenta estas prácticas y sistemas. Es decir, ¿por qué son norma- - 643 -Retos, número 44, 2022 (2º trimestre) lizadas ciertas prácticas en estos contextos deportivos? ¿Dónde encuentran, más allá de las propias estructuras, el sustento para su aprobación e incluso normalización en nuestra sociedad actual? En numerosas ocasiones se ha buscado la explicación en la base competitiva del deporte y al mismo tiempo se hace referencia a la im- plicación emocional que conlleva esta competitividad. Todo ello, en un contexto masculinizado con una poten- cial exposición de ciertos rasgos de una masculinidad nor- mativa (García García, 2009) que efectivamente influ- yen en sus dinámicas cotidianas. Es decir, una especie de contradicción entre la liberación emocional (masculinizada), evasión y desconexión de las exigen- cias cotidianas que se vienen destacando desde los ini- cios del deporte moderno (Elias, 1986), hacia una pro- gresiva racionalización de estas prácticas deportivas, siendo cada vez más la exigencia de control y el rechazo a ciertas explosiones emocionales, pero al mismo tiempo manteniendo una residual justificación que nace, en cierta forma, de la asentada masculinización del contexto12. Expresiones emocionales y aparición de espa- cios de vulnerabilidad El interés por los estudios de las emociones en el deporte es cada vez mayor (Bermúdez Torres y Saenz- López, 2019). Por eso, es en este momento en el que las emociones entran en juego y hacen imprescindible su estudio para comprender estos juegos cotidianos, apareciendo en forma de sustento de las estructuras jerarquizadas y sus tensiones de disciplina y poder. Tal y como se venía introduciendo, esas prácticas exacerba- das que pueden llegar a experimentarse en estos equi- pos deportivos, fruto del aprendizaje y normalización de los sistemas, necesitan encontrar un anclaje que fa- vorezca su justificación y no rompa sus ritualizaciones. Este anclaje puede residir en las sensibilidades y emo- ciones intensas que caracterizan la convivencia en los equipos, en tanto contextos de gran emocionalidad (Elias, 1986), siendo grupos de personas que conviven en una característica intensidad de sus experiencias, mediadas en todo momento por la sensibilidad a la que se expo- nen sus miembros y la fuerza que se percibe en sus vínculos. Cuando tú tienes una apertura emocional muy gran- de, es un contexto en el cual estás mucho más abierto a tener relaciones personales con otras personas. Por ejemplo, en un campo de rugby, después de 80 minutos de golpes, placajes, sudor, de caerte, levantarte, de placar con tu compañero, de la adrenalina que tiene el correr con un balón y que tengas tres tías detrás que te quieren placar, en ese momento das el pase a un compañero y hace un ensayo. Toda esa adrenalina, todas esas endorfinas, todas esas emociones que se sienten en un partido, ante una lucha, ante una victoria, ante un tal… Son situacio- nes en las cuales nos abrimos emocionalmente, porque, bueno, es lo que tiene el deporte, ¿no? Está estudiado (Jugadora, 30 años). Esta «apertura emocional» relatada en esta entre- vista de una jugadora define perfectamente las sensa- ciones que han sido referidas en una y otra entrevista, prácticamente de las mismas formas. Ahora bien, es especialmente interesante destacar esta sensibilidad en el caso de los y las deportistas porque, a pesar de que es reconocido de igual manera por todos los miembros de los equipos, lo cierto es que es en los roles de deportis- tas en los que más importancia toman las afectividades y vínculos con los/as compañeros/as. Desde aquí, cabe primero destacar la implicación de los cuerpos y el con- tacto corporal en esta conexión emocional, pues el sus- tento de las emociones sobre el que voy a dialogar en las siguientes páginas, las formas características en las que se gestionan las emociones, los vínculos y las diná- micas afectivas que aparecerán en estos equipos depor- tivos que implican contacto con el rival en su práctica, parten precisamente de entender eso, el contacto. El contacto de los cuerpos al chocarse, abrazarse, empujarse, ayudarse a levantar, etc., esos contactos corporales tra- zan el camino en el que discurren las emociones en es- tos equipos. Por ello, esa adrenalina, esas emociones que resume el retazo de la entrevista anterior, no sólo hablan de las emociones en el deporte, como sobre todo de las emociones a través del contacto corporal en estas disciplinas deportivas. Tú, quedas con gente de anteriores equipos y no es lo mismo que si quedas con gente de fuera del balonces- to. Recuerdas las cosas que hiciste, de victorias, derro- tas, fiestas, cosas del vestuario, lesiones… Ya sean cosas buenas o malas, no sé, lo recuerdas con una sonrisa en la cara. Me parece algo más difícil, lograr esa unión que la que puedes hacer fuera de la pista con cualquier otra gente. Entonces, por eso yo lo valoro más, las amistades que haces de verdad dentro de la cancha que las de fue- ra, porque me parece algo mucho más complicado (Ju- gador, 21 años). Inevitablemente, la intensidad de las emociones y los vínculos, incluso de la amistad, se comparan entre los/as compañeros/as de equipo y quienes forman par- te de otros espacios, como pueden ser la escuela o el trabajo. Se comparan para señalar precisamente la in- tensidad y cercanía lograda en los equipos, la conexión Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 644 - que puede alcanzarse entre compañeros/as principal- mente, pero también con el cuerpo técnico a lo largo de una temporada cargada de experiencias intensas. Es decir, lo importante en estos deportes no serán sólo las sensaciones de evasión y/o desconexión de nuestras exigencias cotidianas, como sobre todo las implicaciones y reciprocidades que esperamos de quienes forman parte de nuestro equipo. En este sentido, Messner (1992) com- probó cómo muchos deportistas se referían a sus entre- nadores como «dioses» o «padres» y relacionó estas idealizaciones con las continuas referencias a sus equi- pos como «segundas familias», siempre en términos positivos y agradables. A continuación, estudió cómo estas referencias en realidad podrían enmascarar un importante tejido de jerarquización, control y discipli- na. Es aquí donde se encuentra la conexión entre las tensiones mencionadas en el punto anterior y esta pers- pectiva emocional con la que nos acercamos a los equi- pos deportivos. Y es que, precisamente esta intensidad emocional que es expuesta en todas las entrevistas como beneficiosa para el propio equipo y cada uno de sus inte- grantes, realmente constituye la base de sostenimiento del sistema y sus tensiones. De hecho, esta forma rele- vante de relatarlo desde la perspectiva de los y las de- portistas, siendo la base de aquella pirámide descrita en la Figura 1, dice mucho de la configuración del sistema, mediado por idealizaciones y aprendizajes de la autori- dad y la obediencia. Las emociones se hacen intensas, al tiempo que la idealización de la figura del/a entrena- dor/a se refuerza, no sólo asumiendo su autoridad, sino además situándola como objeto de deseo, especialmen- te en los equipos femeninos debido a la heteronormatividad del propio sistema (Blanco García, 2021). El resultado es una justificación del sistema jerarquizado, la discipli- na y el control autoritario a través de la idealización de la sensibilidad e intensidad emocional del contexto, así como otros valores socialmente idealizados en el de- porte. Con todo ello, podemos determinar que la especial sensibilidad y la cercanía de los equipos deportivos sir- ven como ese sustento al estricto sistema jerárquico, porque actúan en justificación y respaldo de aquellas si- tuaciones que efectivamente resultarían fuera del es- pectro actual. Es decir, la intensidad emocional experi- mentada a través de la práctica deportiva y la conviven- cia con el grupo, especialmente en el caso de los y las deportistas, hacen la pertenencia al grupo valiosa y úni- ca, incomparable a otros contextos cotidianos. Por otra parte, la idealización de esa «segunda familia» provoca la encarnación de unos roles atravesados por tensiones de poder que vuelven a idealizar la figura del/a entre- nador/a, siempre bajo una masculinización tradicional del rol, provocando en cierta forma un juego perverso. Y es que, pudiera parecer que es esta «segunda familia» la que demanda las formas de gestión autoritarias y no al revés. Es decir, las dinámicas y juegos de poder y estricto disciplinamiento que han sido definidos ante- riormente, ¿surgen como respuesta a las necesidades emocionales de los equipos? ¿O son precisamente las estructuras y sistemas los que hacen necesarias las idealizaciones de una metafórica «segunda familia» para perpetuar sus rituales13? Caer en la trampa de que pue- dan ser las necesidades emocionales la razón de la pos- terior construcción de tales sistemas sería contribuir a la perpetuación de la justificación de estas prácticas desproporcionadas y roles potencialmente autoritarios en el deporte. Y es que, el hecho de idealizar a la figura a la que se le otorga poder, reforzando este reparto explícito del mismo en tales estructuras, vuelca en ella cantidad de expectativas, tanto en la propia gestión del grupo, como en la interpelación de los diferentes miem- bros de manera individual. Este tema no lo podremos abordar en este momento, pero merece la pena men- cionarlo ante la pérdida de control que supone para quie- nes están asumiendo estas circunstancias desde la docili- dad (Foucault, 1997), sobre todo quienes aparecen en la base de esa pirámide mostrada en la Figura 1. El sistema se visualiza como frágil, ante estas contradicciones en- tre las propias estructuras y el sustento emocional que no encuentra su propio anclaje como base. Así pues, las reflexiones continuarían hacia la visibilización de las vulnerabilidades que pueden des- pertarse en las relaciones que se establecen dentro de estos equipos deportivos, sobre todo entre cuerpo téc- nico y deportistas, por las profundas idealizaciones y exposiciones de autoridad que pueden percibirse difuminadas ante las sensibilidades y expresiones emo- cionales. Conclusiones Un primer acercamiento a las emociones en los equi- pos deportivos debe partir de la descripción del con- texto, teniendo en cuenta todas sus características y muy especialmente aquellas que influyen de manera concre- ta en las formas de reproducir y reinterpretar sus interacciones. Es por lo que analizar las formas en las que se expone la autoridad y el poder en los equipos deportivos ha sido uno de los puntos de partida impres- cindibles para este estudio. - 645 -Retos, número 44, 2022 (2º trimestre) En este sentido, se ha abierto en este artículo un acercamiento a los equipos deportivos como laboratorios de género en un intento de visibilizar la hostilidad y dis- criminación del propio contexto, teniendo en cuenta las regulaciones heteronormativas que se reproducen día a día y gestionan sus estructuras bajo una estricta masculinización del contexto. Una hostilidad que no pivota en prohibiciones explícitas, sino que se esconde en la normalización, pues la eliminación de estas prohibi- ciones que sí existieron no hace mucho tiempo nunca ha significado un paso real hacia la inclusión de las mujeres en el deporte, mucho menos de las diversidades. El deporte ha sido siempre un contexto masculinizado, creado por y para hombres (Sabo y Panepinto, 1990; Díez Mintegui, 2006) y las únicas posibilidades que ha abierto han viajado hacia una estructuración heteronormativa que reconoce categorías binarias en las que una está superpuesta a la otra. Las mujeres nunca han tenido la oportunidad de preguntarse si el diseño de este deporte moderno cumple realmente sus expecta- tivas, ni siquiera si cubre sus necesidades, puesto que sus posibilidades han ido siempre ligadas a la adaptación de un espacio que no se ha diseñado para ellas, no se ha hecho suyo, simplemente se ha abierto a su participa- ción. Desde aquí es desde donde se deben estudiar las es- tructuras de los equipos deportivos y, con ello, valorar las expresiones emocionales, afectividades y vínculos en sus convivencias. Se ha demostrado una exposición je- rárquica que presenta sistemas de disciplinamiento y obediencia férreos naturalizados a lo largo de la vida. Estos sistemas abogan por una idealización de una mas- culinidad normativa en la figura de entrenador/a que con- lleva múltiples exigencias para quien lo encarna, pero también idealizaciones para quienes asumen y deman- dan su liderazgo. Se encuentran entonces representa- ciones autoritarias que pueden llegar a escapar de con- sideraciones actuales, principalmente a través de una justificación de ciertas prácticas exacerbadas que se re- lacionan directamente con las especiales sensibilidades del contexto en dos líneas de influencia. En primer lu- gar, en la justificación de estas prácticas masculinizadas, totalmente desproporcionadas en otros contextos; pero sobre todo en la utilización de estas sensibilidades como sustento a las propias contradicciones del sistema. En esta segunda línea se ha incidido en el artículo, con una importante reflexión en el camino; y es que, cabe el debate en torno a las diferentes disciplinas estudiadas, entendiendo que, si bien las bases del propio deporte moderno han asumido estas consideraciones, sus pro- pios pilares deben reformularse para romper con mu- chas de las estructuras que se perpetúan. Esto, sin des- merecer las resistencias y buenas prácticas que han apa- recido en disciplinas como el rugby, que abogan por nuevas dinámicas que, aun bajo unos mismos parámetros, escapan de la centralización de la autoridad en una figu- ra y aportan mayor independencia y capacidad al propio núcleo de deportistas. Eso sí, aun con todo, persiste de manera universal la idealización de un poder que se re- conoce en la misma estructura piramidal. Con todo ello, llegamos al papel que juegan las emo- ciones en la mediación del entorno, siendo realmente la base para entender las interacciones que en estos sis- temas se producen y hacia la visibilización de ciertas vulnerabilidades de los encuentros que no hemos llega- do a señalar en este artículo. Y es que, si las especiales sensibilidades del contexto son utilizadas como la justi- ficación de ciertas prácticas y las afectividades y la crea- ción de vínculo las sustentan al mismo tiempo, ya no sólo en una justificación, sino en una especie de valida- ción en forma de balanza, ¿cómo se gestionarán las rela- ciones en estos equipos deportivos? Es decir, ¿cómo se señalarán las fragilidades de sus contradicciones, las rup- turas en esas «segundas familias», sin romper la esencia del espacio? La dificultad de enfrentar estas cuestiones suele conducir una huida hacia la potenciación de la idea- lización de estas sensibilidades y afectividades, siempre mediadas por/en estos laboratorios de género que podrían provocar la invisibilización de ciertas vulnerabilidades en las relaciones dentro de los equipos deportivos, es- pecialmente femeninos. Para terminar, tal y como se introducía en la meto- dología, existe un interés especial en esta investigación en focalizar ciertos espacios de interacción que pueden resultar vulnerables, donde estas prácticas exacerbadas que se han señalado pueden favorecer la normalización de dinámicas de acoso sexual que serían inmediatamen- te desaprobadas en otros contextos sociales. En este ar- tículo, refiriéndonos a uno de los capítulos del estudio en su conjunto, se han querido focalizar las formas de organización y estructuras dentro de los equipos depor- tivos, así como las expresiones y mediaciones emocio- nales. Se ha demostrado que efectivamente existen di- námicas que pueden favorecer tal vulnerabilidad en el contexto, erguidas sobre una heteronormatividad que po- tencia la idealización de la figura masculinizada del en- trenador y ciertas capacidades adheridas a ella, abogan- do además por una creciente autoridad y liderazgo con- centrados en su rol. Con todo ello, queda expuesta la razón de este urgente acercamiento a las dinámicas Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 646 - afectivas en estos espacios, continuando hacia esas diná- micas sexo-afectivas que partirán de estos análisis para concretar cómo inciden tales prácticas en las relaciones entre entrenadores jóvenes y adultos y jugadoras jóve- nes, en un intento de visibilizar y concienciar sobre es- tas vulnerabilidades y los abismos hacia los que pueden conducir sus huidas. Referencias Alfaro, Élida (2008). Mujer joven y deporte. Revista de Estu- dios de Juventud. nº83, p. 119-141. INJUVE. Alonso, Luis Enrique (1994). 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En las tres disciplinas se encuentran característi- cas concretas en cuanto al contacto corporal, la cercanía y el tráfico de emociones construido desde el contacto de los cuerpos, más allá de cuestiones fisiológicas. Además, estos deportes que implican contacto suelen implicar capacidades tradicionalmente masculinizadas (Bourdieu, 1993). 2 La investigación es «Deporte, cuerpo y género: los equipos deportivos como espacios de vulnerabili- dad». Memoria para optar al grado de Doctor (Blanco García, 2021). 3 Remontándonos a los inicios del deporte moder- no, a pesar de que nunca se ha podido negar la existen- cia de mujeres atletas, encontramos una prohibición explícita de su participación en competiciones oficiales. Por ejemplo, no fue permitida su participación en los I Juegos Olímpicos del Deporte Moderno (1896), de los que ya son conocidas las declaraciones de Pierre de Courbetin: «no es digno ni elegante que las mujeres participen en el deporte, resulta antiestético y carece de interés» (Alfaro, 2008: 129). Esta rotunda prohibi- ción no duró demasiado, pues a partir de los II J.J.O.O. (1900) fueron progresivamente ampliándose las disci- plinas en las que se permitía competir a las mujeres, acompañándose además de una creciente popularidad de la práctica deportiva en todos los países europeos que hizo incuestionable que las mujeres pudieran, igual que toda la población, practicar deporte. 4 En España, en un impulso influido por otros pro- gresos, principalmente del ámbito educativo, la parti- cipación de las mujeres en competiciones y actividades deportivas logró calar en la sociedad en el s. XX, siem- pre y cuando sus actividades deportivas fueran ligadas a una mejora de las condiciones biológicas relacionadas con la maternidad, en la preparación para el embarazo y la resistencia al parto, rechazando cualquiera que con- sideraran que pudiera ser contraria a estas y/o conlle- var una masculinización o excesiva competitividad para su género (García García, 2015: 29-30). 5 En coherencia con los planteamientos que se suce- derán en cuanto a las emociones y dinámicas afectivas en los equipos deportivos, nos acercaremos a los cuerpos tomando la dualidad mente y cuerpo en conexión a tra- vés de desplazamientos que juegan entre lo interior y lo exterior, lo individual y lo social, lo consciente y lo inconsciente, de un lado a otro, en ambos sentidos (Grosz, 1994). En definitiva, los cuerpos como medios activos, como fronteras de mediación en la interpretación de Retos, número 44, 2022 (2º trimestre)- 648 - sus realidades (Sabido Ramos, 2010: 11). 6 La encuesta de hábitos deportivos en España (2015) muestra datos que relacionan una menor práctica de- portiva de las mujeres, diferencias en las finalidades deportivas según el género o incluso diferencias en las ocupaciones de los espacios para practicar deporte. Otros estudios también han demostrado una menor representación de las mujeres en los medios de comu- nicación (Sainz de Baranda, 2013) y diferencias en la formación deportiva según el género (Anuario de Esta- dísticas Deportivas, 2019). Lo que se propone en este artículo es un acercamiento cualitativo a estas desigual- dades, poniendo el foco en esas dinámicas afectivas y las vulnerabilidades que tienen su raíz en estas bases discriminatorias. 7 Al hablar de estos cuerpos deportivos no quiero en ningún caso limitarme a los cuerpos que realizan depor- te, como sí a todos aquellos que conviven en el deporte, en los equipos deportivos. Es decir, aquellos que expe- rimentan el contexto y conviven día a día en él, sea cual sea su rol dentro del equipo deportivo. 8 Si bien la autoridad de la figura de entrenador/a es reconocida por todos los agentes y la responsabilidad encarnada en el puesto presenta importantes similitu- des entre entrenadoras y entrenadores, lo cierto es que las prácticas relatadas por mujeres y hombres son radi- calmente diferentes. Los entrenadores presentarán, en estos casos, una necesidad de reconocimiento explícito de su autoridad por parte de los y las deportistas, de- biendo reconocerse su rol en la dirección del equipo. Por su parte, las entrenadoras no sólo presentan diná- micas más participativas, sino que además rechazan la necesidad de verse explícitamente reconocidas como líderes del equipo. 9 Sobre estos requisitos de homogeneidad del nú- cleo de deportistas, cabe destacar una especial atención en el baloncesto. Y es que, mientras que principalmente el rugby, pero también el fútbol, al presentar posiciones muy diferentes en el campo, con misiones y labores diferentes, pueden propiciar una menor comparación entre deportistas, el baloncesto presenta elementos de comparación en todas sus posiciones (número de puntos anotados, valoración cuantitativa de cada deportista com- parable entre posiciones, etc.). Esta podría ser una de las razones por las que se ha observado una potenciación de esta homogeneidad en el baloncesto, ya no sólo en cuanto al trato entre deportistas, sino además al rol percibido en el terreno deportivo y su peso en el equi- po. 10 Tal y como se ha introducido, resulta interesante en este aspecto atender a las similitudes y diferencias entre las diferentes disciplinas. Es decir, si bien todas las personas entrevistadas relatan una similar respuesta ante las estructuras de organización jerárquicas y la autori- dad de la figura del/a entrenador/a, lo cierto es que las dinámicas y prácticas propias de cada disciplina presen- tan diferentes tendencias. Por ejemplo, mientras que en el mismo reglamento de rugby se evidencia una pér- dida de autoridad de la figura de entrenador/a en los partidos, cediendo responsabilidad a la capitanía del equi- po, en el reglamento de baloncesto se registran varios artículos que reafirman la autoridad de esta figura de entrenador/a. 11 En las entrevistas, muchos agentes relataban ex- periencias propias o cercanas en las que se habían suce- dido situaciones de esta índole, desde gritos y elevados tonos de voz en entrenamientos y partidos, pasando por insultos e incluso zarandeos a jugadoras. Cabe destacar que, aunque eran diferentes las personas que los relata- ban, de diferentes disciplinas, edades y géneros, todos los relatos señalaban estas experiencias como anecdóticas. También es interesante recalcar que ninguna de estas experiencias fue relatada como situaciones especialmen- te violentas que dieran pie a rupturas dentro del equipo e incluso del club o la federación. 12 Como ejemplo, una patada a una botella, un grito e incluso un insulto, no se juzgarán socialmente de la misma forma en un contexto deportivo que en otros, ni siquiera se juzgarán de la misma forma según el género de quien lo protagoniza. Sobre estas reflexiones en tor- no a la agresividad en el deporte, existen estudios inte- resantes, como la publicación de Gallardo Peña et. al. (2018). Por otra parte, cabe destacar que los códigos de conducta, el conocido fair-play, incide cada día más en este tipo de violencias y agresiones (Iturbide y Elousa, 2012). 13 Abordo los rituales y ritualizaciones desde las expe- riencias encarnadas a través de las convivencias cotidia- nas, propuestas por Goffman (1979; 1991; 2006)