GÉNERO Y MUJERES EN EL MEDITERRÁNEO ANTIGUO. ICONOGRAFÍAS Y LITERATURAS Pedro David Conesa Navarro Rosa María Gualda Bernal José Javier Martínez García (Coords.) Iඇൽංർൾ: Prólogo Gonzalo Matilla Séiquer 9 Presentación Pedro D. Conesa Navarro, Rosa Gualda Bernal, José J. Martínez García 15 Gඣඇൾඋඈ ඒ ൿൾආංඇංൽൺൽൾඌ The position of women in the court of the fi rst Sassanians Kataryna Maksymiuk 27 “Mujer” y “naturaleza” en el pensamiento griego antiguo Aida Míguez Barciela 39 Mujeres, género e historia antigua: Una nueva historia a partir de otras historias Rosa María Cíd López 47 La maternidad como instrumento de propaganda dinástica: el caso de Iulia Domna Pedro David Conesa Navarro 71 Mඎඃൾඋൾඌ ඉඈൽൾඋඈඌൺඌ Matriarcado, matrilinealidad y fratriarcado en el Próximo Oriente Antiguo: el ejemplo del reino de Arraphe Josué J. Justel Vicente 95 Poder femenino en el mito, la competición por la esposa Elena Duce Pastor 117 Nihil muliebre praeter corpus: le manifestazioni del potere di Fulvia su Clodio, Lucio Antonio e Marco Antonio Federica Caputo 137 Gosvinta y el poder: de reina a tirana José Ángel Castillo Lozano y José Antonio Molina Gómez 155 Dංඈඌൺඌ ඒ උංඍඈඌ La comadrona y la Anciana: el papel profesional de la mujer en los rituales de nacimiento de Anatolia central en época hitita Laura Puértolas Rubio 175 A propósito de las diosas madre en el Mediterráneo antiguo: los casos de la Bona Dea y de la diosa Cupra Federica Gatto 193 Redescubriendo a Diana: culto y arquetipo en la Wicca Feminista” Aura Fernández Tabernilla 219 Una introducción a la Vita Melaniae Iunioris de Geroncio: cuestiones metodológicas Oihana Carrasson Torrontegui 235 Las mujeres y la religión de Hispania (ss. III a. C. - I d. C.). Una aproximación a la religiosidad “invisible” desde las fuentes literarias Rosalía Hernández García 247 Iආග඀ൾඇൾඌ අංඍൾඋൺඋංൺඌ La mujer en la literatura del antiguo Egipto. Decoro, realidad y educación Antonio Pérez Largacha 261 Las mujeres en el mundo fenicio-púnico: desde las fuentes clásicas a la actualidad Lorena Marín Muñoz y Aurora Rivera Hernández 277 Diferentes vertientes del afecto femenino en la Odisea Susana Reboreda Morillo 295 Mujer y actividad textil en la Antigüedad Tardía y la Edad Media temprana Laura Rodríguez Peinado y Ana Cabrera Lafuente 309 Vൾඋඌංඈඇൾඌ ංർඈඇඈ඀උගൿංർൺඌ Donne reali e donne straniere: analisi delle fonti iconografi che e letterarie Alessia Leone, Annalisa Valente y Daniela Galeano 327 Bendis ethnisches Symbol oder Göttin weiblicher Fertilität Maria Deoudi 339 Mujeres y armas en Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia) Rosa María Gualda Bernal 347 Imagen y estatus de la mujer en los mosaicos de la antigua Lusitania Jorge Tomás García 365 Lanifi ca. The feminine ideal into the grave. Textile tools in Roman burial practice: social inferences and ideological meaning of a funerary gesture. Results from the research in Gallia Narbonensis Cecilia Rossi 385 Forme di rappresentazione e modalità di trasmissione del ruolo femminile nella concezione museale delle società contemporanee Giuseppina Torella 407 Lൺ ආൺඍൾඋඇංൽൺൽ ർඈආඈ ංඇඌඍඋඎආൾඇඍඈ ඉඋඈඉൺ඀ൺඇൽටඌඍංർඈ. Jඎඅංൺ Dඈආඇൺ, අൺ ඉඋංආൾඋൺ ൾආඉൾඋൺඍඋංඓ ൽൾ අൺ ൽංඇൺඌඍටൺ ൽൾ අඈඌ Sൾඏൾඋඈඌ Pedro David Conesa Navarro1 Universidad de Murcia-Università degli Studi di Roma-Tor Vergata Rൾඌඎආൾඇ En este trabajo se analizará la fi gura de Julia Domna, mujer de Septimio Severo y madre de Caracalla y Geta. Nuestra pretensión consiste en estudiar la instrumentalización que se hizo de ella por parte de la dinastía severiana, tomando como eje principal la maternidad. Para conseguir dicho propósito, se analizarán las principales referencias literarias, así como los testimonios epigráfi cos y numismáticos más signifi cativos de la Augusta. Con ello se pretende conseguir una visión global de Domna como elemento de propaganda dentro de la propia dinastía. Palabras clave: Julia Domna, Augustae Severas, propaganda, maternidad, dinastía Severa. Aൻඌඍඋൺർඍ In this paper we will address the image of Julia Domna, wife of Septimius Severus and mother of Caracalla and Geta. Our objective is to study the instrumentation done to her by the Severan Dynasty, using maternity as the principal axis. In order to achieve this purpose, we will analise the main and most signifi cant literary references, and the epigraphic and numismatic testimonies. With this we pretend to procure a global vision of Domna as an element of propaganda within her own dinasty. Keywords: Julia Domna, Severan Augustae, propaganda, materhood, Severan dynasty. 1 Este trabajo ha sido posible gracias a la concesión de un Contrato Predoctoral FPI de la Fundación Séneca. Agencia Territorial de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia (19829/FPI/15). Miembro del Grupo de Investigación ARHIS (Arqueología Histórica y Patrimonio del Mediterráneo Occidental) (E041-08) de la Universidad de Murcia, cuyo investigador principal es el Dr. José Miguel Noguera Celdrán. Miembro del Grupo de Investigación Deméter. Maternidad, Género y Familia de la Universidad de Oviedo, cuya investigadora principal es la Dra. Rosa María Cid López. 1. Iඇඍඋඈൽඎർർංඬඇ Julia Domna (PIR2 I 663, Kienast 2004: 154), esposa del emperador Septimio Severo y madre de Caracalla y Geta, tuvo un papel destacado en el gobierno de su marido y en el de su primer hijo. Tanto las fuentes clásicas como la historiografía, en ocasiones, la han califi cado como una mujer poderosa, ambiciosa, fría, calculadora, que llegó a cometer adulterio2. Su procedencia oriental fue vista como una amenaza para las tradiciones romanas, culpándole de imponer cierta “orientalización3” y “barbarización” en la corte (Cid López 1993: 245; Aleixandre Blasco 2005: 95; Lichtenberger 2011). Sin embargo, actualmente se está replanteando dicha teoría; ya que, si se examinan las inscripciones, las representaciones fi guradas o el material numismático, revelan que Domna tuvo pocos honores que se alejaron de los adoptados por sus predecesoras (Lusnia 1995: 119). Parece que no promovió de manera directa la religión oriental, concretamente los cultos sirios, con la intención de no enemistarse con la clase senatorial. Más bien, estos dioses fueron introducidos en principio en zonas provinciales y adquirieron consideración estatal ya bajo el gobierno de Heliogábalo (Cid López 1993: 252; Carbó García 2010: 592). Educada en la ciudad siria de Emesa4, hija del sacerdote del dios El-Gabal (Epit. de Caes, 21, 1; 23, 2; PIR2 I 167; Comucci Biscardi 1987: 14-15; Daguet-Gagey 2000: 169; Kienast 2004: 167, 181; Aguado García 2010: 10), desde su más tierna infancia estuvo acostumbrada a un mundo intelectual y de lujo que le permitió codearse con personalidades de alta condición social. Fue en ese ambiente cultural cuando conoció a Septimio Severo estando al mando de la legio IV Scythica, que, tras quedarse viudo de su primera esposa, Pacia Marciana (H.A. Sev., 3, 2), entabló negociaciones con la familia de Domna, materializándose en su matrimonio (Turton 1974: 4; Aleixandre Blasco 2005: 98; Guzmán Armario 2007: 119). Su alta posición social permitió que perteneciera al reducido círculo de mujeres de las que se ensalzaron cualidades femeninas, entre las que destacaban la castidad y la fertilidad, tanto en la epigrafía, en la numismática como en diferentes monumentos (Domínguez Arranz 2010: 167). Somos conscientes que nuestro personaje por su peculiaridad y por su exposición pública, tanto en el gobierno de Severo como en el de Caracalla, como parte fundamental y garante de la familia feliz y unida (Fernández Ardanaz y González Fernández 2006: 29) que pretendía ser la imperial, ha centrado la atención de numerosos especialistas5. Sin ir más lejos, recientemente, Langford (2013) ha 2 Sobre las acusaciones de adulterio, cf. H. A., Seu., 18, 8-9, Seu. 21, 7; Car. 10, 1-4 y Aur. Vict. Epit., 21, 3; González Fernández y Conesa Navarro 2014: 42. Sobre los califi cativos en general que ha tenido Domna cf. Saavedra-Guerrero 2006b: 97; Saavedra-Guerrero 2009: 255. 3 Además de las distintas personalidades de procedencia oriental que llegaron a la corte de Severo, entre ellas parte de la familia de Domna, también se observa una apertura al mundo oriental con la introducción de jurisperitos que formaron parte del circulo próximo de los emperadores. Cf. Millar 1992: 97; Conesa Navarro 2012,2014 ed.: 401. En el plano religioso, autores como von Domaszewski (1895: 72) pensaron que Julia fue una de las grandes culpables de la orientalización que se dio en Roma durante el siglo III d.C. 4 No se sabe con exactitud que fuera de Émesa. Dicha hipótesis, hoy aceptada por toda la comunidad científi ca, se sustenta a partir de la información transmitida por Herodiano (5, 3, 2) cuando habla de su hermana Julia Maesa. La formación que recibió fue exquisita. Después de Cornelia, fue la segunda mujer en recibir clases de retórica. Cf. Hemelrijk 1999: 23; Hidalgo de la Vega 2012: 148. 5 Julia Domna, al igual que otras Augustae que han pasado a la Historia por su notoriedad, ya fueron sintetizado los principales aspectos relacionados con la propaganda maternal de Domna, a cuyo trabajo se sumarían las anteriores biografías que se han hecho de su persona como fueron las de Ghedini (1984), Levick (2007) y más recientemente las de Magnani (2008) y Aguado García (2010). A estos trabajos tendríamos que añadir la aportación de Royo Martínez (2017), cuyo cometido ha sido un análisis exhaustivo de la propaganda religiosa y militar desplegada a través de las monedas relacionadas con Julia Domna. De una manera más general, sobre la dinastía severiana destacan las aportaciones de Rowan (2012), que estudió a los Severos a partir del registro numismático, o el trabajo de Nadolny (2016) que abarca a todas las Augustae Severas. No podemos tampoco olvidarnos del clásico estudio de Turton (1974), que sigue siendo un referente para acercarse a las denominadas princesas sirias, pudiendo decir lo mismo de los imprescindibles trabajos de Calderini (1949) y Kettenhofen (1979). Pretendemos por tanto explicar el papel que desarrolló Julia Domna dentro de la corte imperial. Para ello, nos centraremos en aquellos aspectos relacionados con su faceta maternal desde una doble dimensión: como madre de los futuros herederos imperiales y como madre de todos los estamentos sociales y políticos del Imperio. 2. Tൾඌඍංආඈඇංඈඌ අංඍൾඋൺඋංඈඌ ൽൾ Jඎඅංൺ Dඈආඇൺ උൾඅൺർංඈඇൺඌ ർඈඇ අൺ ආൺඍൾඋඇංൽൺൽ 2.1. Instrumentalización de Julia Domna como garante de continuidad dinástica La utilización de Domna como un instrumento propagandístico fue una de las estrategias políticas desarrolladas por Severo, que se observó de manera insistente en las monedas de Julia, a través de la inclusión de una serie de uirtutes como fueron la Laetitia, Hilaritas, Felicitas o la Pietas. La Historia Augusta indica que, desde un primer momento, Septimio Severo preocupado por alcanzar un puesto relevante dentro del aparato imperial, una vez viudo, se casó con una mujer que por un vaticinio oracular estaba predestinada a casarse con un rey (H.A., Sev. 3, 9; Alex. Sev. 5, 4; Geta, 3, 1; Comucci Biscardi 1987: 15; Burgersdijk y van Waarden 2010: 194; Bailón García 2010: 496; Kemezis 2014: 606) . Fue entonces y gracias a la mediación de sus amigos como consiguió desposarse con la hija de Basiano, la que pronto lo hizo padre (H.A. Sev., 3, 97). Por tanto, incluso antes de formar parte de la familia imperial, Domna pudo ser vista como una pieza fundamental para la legitimación dinástica del princeps (Comucci Buscardi 1987: 15; Levick 2007: 78; Okoń 2010: 45-46; Hidalgo de la Vega 2012: 135). A este pasaje de la Historia Augusta tratadas desde la Ilustración, caracterizadas por ser estereotipadas y analizadas sin rigor científi co. Cf. Cid López 2010: 685-686; Conesa Navarro 2016: 206. Para ver una recogida de las principales aportaciones que se han hecho sobre Julia Domna, cf. Conesa Navarro y González Fernández 2016a: 130 n. 8. 6 H.A., Seu., 10, 3, 9. La práctica de la aruspicina decayó desde fi nales del siglo I d.C., teniendo un nuevo resurgir con el fundador de la dinastía Severa y continuada por sus sucesores. Cf. Montero 1991: 13. 7 Parece que Domna se casó con Severo en torno al 186 d.C., cuando éste ya era senador. Cf. Chastagnol 1979: 15. se le puede añadir otro de Dion Casio (75 (75), 3, 1-2), en el que se menciona que Severo soñó que era amamantado por una loba, al igual que Rómulo. Además, presenció cómo Faustina la Joven, mujer del emperador Marco Aurelio, preparaba el lecho nupcial para él y Julia en el Templo de Venus, cerca del palacio imperial. Dichas anécdotas, relacionadas con el ascenso al trono imperial de Septimio Severo, se han visto como elementos propagandísticos insertados en la autobiografía desaparecida del princeps (Hdn, 2, 9, 3-4; Aleixandre Blasco 2005: 98-99; Daguet-Gagey 2000: 168-169). Aunque Julia apareciera en segundo plano, su vinculación con Venus y con Faustina no pasó desapercibida. Tal y como recuerda Mallan (2013: 738-739), para Artemidoro (2, 37) la aparición de esta divinidad en un contexto profético estaba directamente relacionada con un matrimonio feliz y con la descendencia de algún hijo. Si a ello le sumamos la presencia de una Augusta de las dinastía de los Antoninos, como fue Faustina, su vinculación con la dinastía precedente todavía era más directa. Desde el año 176 d.C. el Senado con motivo de la apoteosis de Marco Aurelio y Faustina había decretado que se levantaran estatuas de plata de ellos en el Templo de Venus, mismo lugar en el que se habría preparado el lecho nupcial del sueño de Severo. Además, se realizó una escultura de Faustina de oro en el teatro para que cada vez que el princeps fuera a algún espectáculo, las mujeres distinguidas de la ciudad se sentaran alrededor de ella. También se erigió un altar en honor de Marco Aurelio y Faustina, para que las parejas que se fueran a casar pudieran realizar sacrifi cios (D.C. 71 (72), 31, 1-2). Por tanto, la nueva pareja imperial estaba bendecida por los dioses (Baharal 1996: 22). Es por ello que pensamos como Mikocki (1995: 96) cuando comentó que, a diferencia de otras Augustae romanas, las Severas tuvieron un papel crucial dentro de la dinastía, cuya iconografía refl ejó la importancia que se le dio a los asuntos políticos y religiosos. Y sin duda, en el caso concreto de Domna fue un pilar fundamental para reforzar la posición de su marido una vez que fue proclamado emperador. Julia recibió los mismos honores que Faustina la Joven, además de que fue representada tanto en monedas como en retratos ofi ciales con un peinado parecido a la esposa de Marco Aurelio (Baharal 1992). Asistimos, por tanto, a una “institucionalización” de la maternidad tal y como ha defi nido Morelli (2010:470), en la que se emplearon a las antoninas como modelos a seguir. 2.2. Disposición de la esposa de Septimio Severo en las fuentes clásicas Los primeros datos que tenemos sobre Julia Domna son escasos. De hecho, Comucci Biscardi (1987: 15) menciona que se sabe poco de ella antes de su matrimonio y durante los primeros años del gobierno de su marido. Paralelo al nombramiento de Septimio Severo como emperador, recibió el título de Augusta en junio de 193 d.C. (Kienast 2004: 167). Con ello se convertía en madre protectora y garante de los intereses de sus dos hijos y, por ende, de todo el Imperio. Severo en sus distintas campañas militares siempre estuvo acompañado por Domna (Mallan 2013: 740). De hecho, Lewick (2007:41) llega a mencionar que no se sabe con seguridad el papel real que pretendió desempeñar Julia Domna en el ámbito militar. Aunque, por ejemplo, Grant (1996: 45) menciona que fue una de las principales valedoras para que fueran eliminados Pescenio Niger y Clodio Albino, contrincantes de su marido al solio imperial. Fue a partir de la concesión del título de mater castrorum, en torno al 194-195 d.C., una vez que Severo ganó a los adiabenos que se mostraron partidarios de Pescenio Niger (H.A. Seu., 9, 9; D. C., 75, 1, 1-4; Baharal 1996: 22), cuando sabemos que estuvo al lado de su esposo en los enfrentamientos militares. Al igual que había ocurrido anteriormente con Faustina la Joven, que fue la primera en recibir dicho honor en abril de 175 d.C., Severo siguió el ejemplo de Marco Aurelio nombrando a su esposa mater castrorum tras una victoria en el campo de batalla (H.A. Mar. Ant., 26, 8; D.C. 71 (72), 10, 5; Baharal 1996: 22; Keltanen 2002: 138-139; Morelli 2006: 68; Hemelrijk 2010: 456; Royo Martínez 2017: 302). Con esta maniobra pretendía crear un punto de unión entre el Estado precedente y su persona, además de mostrar una unidad militar fuerte (Daguet-Gagey 2000: 251-252; Gorrie 2004: 63-64). Sin embargo, a diferencia de Faustina que recibió el título al fi nal de su vida, siendo insertado en las monedas y en la epigrafía de manera póstuma (Keltanen 2002: 138-139), Domna lo ejerció en vida, considerándose como uno de los honores más importantes que recibió. El papel reservado a la Augusta durante el inicio del gobierno de Septimio Severo podríamos califi carlo como anecdótico. La Historia Augusta relata que, tras el nacimiento de Geta, se produjo un presagio. Una gallina puso un huevo púrpura y Caracalla lo estrelló contra el suelo. Julia en tono jocoso exclamó: “Maldito fratricida, acabas de matar a tu hermano” (H.A. Geta, 3, 2-4). En aquel momento nadie pareció darle importancia al suceso, a excepción de Severo que mostró cierta preocupación. Sin embargo, los que estaban presentes comprendieron después que Julia domna había hablado impulsada por una fuerza divina, augurando el asesinato de Geta a manos de su hermano en el año 212 d.C. (H. A. Geta, 3, 2-5; Caravaca Guerrero 2014: 28). Mallan (2013) analizó la fi gura de la esposa de Septimio Severo a través de la Historia romana de Dion Casio. En ella se pueden establecer tres fases. La primera sería durante el gobierno de su marido, una segunda abarcaría el período que gobernó Caracalla; y la tercera y última se desarrollaría una vez asesinado su hijo mayor y el tiempo que transcurrió hasta su propio fallecimiento. En las dos primeras, Domna se mantuvo a la sombra de los varones de su familia participando en actos puntuales. Solo cuando Plauciano, prefecto del pretorio de Severo, comenzó a desarrollar una actitud más agresiva, podemos encontrar un comportamiento más autónomo por su parte. De hecho, se piensa que fue la encargada de transmitir a sus hijos un gran odio hacia el prefecto y fue cuando creó un círculo cultural donde se encontraban juristas, médicos y fi guras literarias de la época. Además, se preocupó por el estudio de la fi losofía, especialmente interesada por el pensamiento sofi sta (D.C. 76 (77), 15, 6-7; Gascó 1988: 62; Saavedra- Guerrero 2009: 259; González Fernández y Conesa Navarro 2014: 42-43). Una vez que Plauciano fue asesinado en 205 d.C., Julia Domna sintió una gran alegría, mientras que Plautilla, hija del prefecto del pretorio y esposa de Caracalla, sintió una gran tristeza y angustia, pues sabía que su posición dentro de la corte imperial tenía los días contados (D. C. 76 (77), 4, 4). Dentro de esta segunda fase tendríamos que situar su participación en los Juegos Seculares (Ludi Saeculares) celebrados en Roma en el año 204 d.C. Concretamente, dirigió un cortejo de 110 matronas distinguidas entre las que se encontraba su sobrina Julia Soemia8. Estas se dirigieron hacia la zona del Capitolio para celebrar banquetes en honor a Diana y Juno Regina. Ambas divinidades estaban relacionadas con la maternidad y las virtudes femeninas (Faure 2013:3739; Lusnia 2014: 109). Diana era la protectora de todo el desarrollo físico de la mujer, desde la menstruación, los embarazos, los partos, hasta la crianza. Esta divinidad compartía junto con Juno una vinculación directa con los nacimientos (Oria Segura 2015: 145). Por eso podemos entender que las matronas presididas por Domna se dirigieran a realizar sacrifi cios a estas diosas en concreto. En estos juegos, el papel esencial que encarnó la Augusta no era solo el de mujer del emperador, sino el de madre de todos los habitantes (Hdn., 5, 3, 2-4; Arrizabalaga y Prado 2010: 196; Rowan 2012: 164; Rantala:2013). También hay que señalar que, a diferencia de sus antecesoras, como Livia que no participó en los ludi realizados por Augusto en el año 17 a.C., la intervención de Julia tuvo que ser vista como la proyección ideal de una familia fuerte y unida, además de una demostración al pueblo romano de su devoción por los dioses tradicionales (Gagé 1934: 69-70). Durante los últimos años de la vida de Severo parece que Domna también asumió un rol importante. Herodiano (3, 15, 6-8; 4, 1, 1) precisamente, comienza a hablar sobre Julia Domna en las campañas de Britania. Nos dice que en esos momentos Caracalla y Geta ya empezaban a tener desavenencias. Sin embargo, la Augusta consiguió apaciguar momentáneamente los enfrentamientos entre los dos hermanos. Ambos se odiaban y fue durante estas campañas cuando Caracalla ansiaba gobernar en solitario; hasta tal punto que, incluso, planteó la posibilidad de matar a su padre (D.C. 76 (77), 14, 1-7). Tras el fallecimiento de Severo en York en 211 d.C., Domna consiguió constituirse como pilar familiar e iniciar el traslado de las cenizas del emperador hasta Roma custodiadas en una caja de pórfi do. Una vez allí fueron depositadas en el Mausoleo de Adriano (D. C. 76 (77), 13, 4; Hdn. 3, 7-8; H.A. Sev., 24, 2). La paz entre los Antoninos fue momentánea, ya que una vez llegados a la capital imperial pensaron en dividirse el Imperio. En presencia de los consejeros de su padre y estando presente Domna, comunicaron su intención. Por una parte, la zona oriental pasaría a estar bajo dominio de Geta, estableciéndose la capital en Antioquía o Alejandría, mientras que la parte occidental estaría encomendada a Caracalla (Hdn. 4, 3, 5-7). Es ahí donde tenemos que insertar uno de los fragmentos más célebres que contiene la obra de Herodiano, cuya protagonista fue precisamente la Augusta: 8 Una de las hipótesis que se han realizado al respecto es que participaría en el cortejo, coincidiendo con su enlace con Sexto Vario Marcelo, cf. Icks 2013: 56. 9 Interesante al respecto, ver el volumen 2 del trabajo de Faubre, en el que aparecen inscripciones relacionadas con los Ludi Saeculares donde también aporta bibliografía interesante al respecto. Cf. Faure 2013: 598 nº 78 y 599 nº 79-82. “Mientras ellos dos tomaban estos acuerdos, todos los demás con las caras sombrías miraban al suelo. Entonces Julia les dijo: “Habéis hallado, hijos míos, el medio de repartir la tierra y el mar, y es cierto que el Ponto separa los continentes. ¿Pero cómo íbais a repartir a vuestra madre? ¿Y cómo, mísera de mí, sería partida y distribuida a cada uno de vosotros? Matadme, como es natural, primero, y que cada uno separe su parte y la entierre en su territorio. Así, también yo sería repartida entre vosotros, lo mismo que la tierra y el mar”. Dijo estás palabras entre lágrimas y gemidos, y luego tendió sus brazos en torno a los dos y los estrechó en un abrazo, en un intento de reconciliarlos. La piedad se adueñó de la situación y la reunión fue disuelta; se rechazó el proyecto y los dos hermanos volvieron a palacio, cada uno a sus propias dependencias” (Hdn. 4, 3, 8-9, Torres Esbarranch, 1985). En el texto que acabamos de señalar, la única capaz de frenar las intenciones de los jóvenes herederos fue su madre (González Fernández y Sancho Gómez 2006: 64; Conesa Navarro y González Fernández, 2015: 99), lo que demuestra la infl uencia que ejercieron las mujeres romanas sobre sus hijos. De igual forma, pese al interés prestado por Domna en reconciliarlos, sirviéndose para ello de la ayuda de los comites imperiales, no surtió el efecto esperado. Los dos hermanos ya durante el viaje de Britania a Roma se encontraban enfrentados y no compartían espacios ni tampoco apoyos. El Senado se mostró más proclive a Geta, mientras que el sector ecuestre era partidario de Caracalla (Birley 2012: 273-274). La tercera y última fase sería la que se desarrolló tras la desaparición de Caracalla hasta su muerte. Es ahí cuando Dion Casio se detuvo en describir las ambiciones tanto políticas como éticas de Julia (Mallan 2013: 736-737). Entre los sucesos más dolorosos que tuvo que sufrir Domna como madre fue la muerte de su hijo pequeño en el 212 d.C. Herodiano explica que Caracalla no podía soportar más la situación de enfrentamiento constante con su hermano, por lo que tomó la decisión de ser el único emperador. Así que una noche en la que Geta se encontraba en la habitación de Julia lo hirió mortalmente. El cuerpo sin vida del hijo menor de Severo cayó sobre el pecho de Domna. Como pretexto, Caracalla salió corriendo vociferando que había matado a su hermano en defensa propia. Acto seguido prohibió que nadie llorara su muerte (Hdn., 4, 4, 2-4). De hecho, Cornifi cia, hermana de Cómodo, lloró la ausencia de Geta junto con Domna, cuya consecuencia fue su muerte en 213 d.C10. La versión de Dion Casio difi ere sensiblemente de la propuesta por Herodiano. Nos cuenta que Caracalla tenía pensado asesinar a su hermano hacía tiempo. Sin embargo, no lo hizo por la protección que tenía. Ello llevó al hijo mayor de Severo a persuadir a su madre para reunirse con ambos en su habitación con la excusa de una ansiada reconciliación. Fue la única manera que halló Caracalla para que Geta fuera sin escoltas. Así que una vez dentro y delante de Julia Domna, algunos centuriones se abalanzaron sobre el hijo menor de Septimio Severo, y éste sobre el pecho de su madre llorando y suplicando, 10 Herodiano (4, 6, 3) es quien ofrece la versión de que Cornifi cia fue sentenciada por llorar la muerte de Geta junto con Domna. Dion Casio, por el contrario, explica que Caracalla permitió que la hermana de Cómodo eligiera la forma en la que quería morir. Ésta, entre lamentos y recordando a su padre Marco Aurelio y a su hermano Cómodo, se despojó de todas sus vestimentas y adornos y se cortó las venas (D.C. 77 (78), 16, 6a). fallecía (D.C. 77 (78), 2, 1-6). Herodiano es más comedido en su descripción y parece que Julia pese a llorar, no sufrió ningún castigo como sí le ocurrió a la hermana de Cómodo. Sin embargo, mientras que el de Bitinia dice que Geta fue asesinado por un grupo de centuriones alentados por Caracalla, en ningún momento menciona que éste último fuera el brazo ejecutor. Con lo que respecta a Julia Domna, se observa que en el pasaje de Dion Casio está más presente. No solo tuvo que ver morir a su propio hijo mientras lloraba y gemía, sino que fue obligada a fi ngir alegría. Pese a lo sucedido, continuó fi el al lado de Caracalla. Precisamente por esta actitud adoptada ha sido uno de los condicionantes para que se creara la imagen de una mujer fría e interesada, que, por miedo a perder su posición en la corte imperial, prefi rió perdonar el fratricidio. La Historia Augusta, por ejemplo, sí menciona que Julia lloró la muerte de Geta, e incluso que Caracalla intentó asesinarla, aunque declinó su propósito para no aumentar su mala reputación (S.H.A., Car., 3, 3-4; Geta, 7, 3-4). En esta obra también se relata el supuesto incesto de Caracalla con Domna, mencionando que realmente no era su madre sino su madrastra (S.H.A., Car. 10, 1-4). Estas difamaciones, al igual que el hecho de que Caracalla pensara incluso asesinar a su madre, puede que respondieran, tal y como apuntaron Hohl (1950: 15-16) y Penella (1980: 382-384), a la similitud que se hizo del joven emperador con Nerón, ya que éste último anheló eliminar a Agripina. Lo que está claro es que Domna tuvo un papel destacado en el gobierno de su hijo. Incluso, podríamos decir que más que en el de su marido. Si atendemos a lo narrado por Dion Casio, participó directamente en los asuntos estatales a través de la correspondencia de algunas cartas, además de despachar comitivas reales (D. C. 78 (77), 18, 2-3; 79 (78), 4, 2-3; Molinier-Arbo 2016: 55; Osgood 2016: 184). Los motivos habría que buscarlos en los intereses del propio Caracalla, preocupado por su faceta militar, ignorando los aspectos de carácter administrativo. El emperador no impartía justicia, sino que se ocupó únicamente en satisfacer sus propias necesidades durante su tiempo libre (D. C. 77 (78), 17, 1-4; Kemezis 2014: 165). Incluso, la propia muerte de Domna fue controvertida. En ocasiones se ha visto como un ejemplo más de la frialdad y el ansia de poder que supuestamente tuvo en vida. Una vez que fue asesinado Caracalla en Carras en el año 217 d.C. víctima de una trama orquestada por Macrino, su prefecto del pretorio. Este último sería el sucesor del hijo de Severo tras ser nombrado por sus tropas y ratifi cado posteriormente por el Senado (Hdn. 4, 13, 4-5; H.A. Car., 6, 7; Menéndez Argüín 2003: 315; González Fernández y Sancho Gómez 2006: 66; Sancho Gómez 2006: 66; Sancho Gómez 2011: 78; Conesa Navarro 2012, 2014ed: 398). En aquel instante Julia Domna se encontraba en Antioquía, lugar donde fallecería poco después. Las versiones ofrecidas sobre la muerte de la Augusta son diversas y en cierta manera difíciles de interpretrar. La descripción más detallada viene de la narración de Dion Casio. Ghedini (1984: 15) habla de un pasaje “purtroppo in parte lacunoso”, aunque rico en detalles. Tras recibir la noticia de la muerte de su hijo, Julia Domna se vió tan afectada como si ella misma hubiera recibido un duro golpe. Fue entonces cuando pensó dejarse morir por inedia. Sin embargo, sigue diciendo el senador bitinio, ese sentimiento de angustia realmente no venía motivado por el fallecimiento de su hijo, sino porque no deseaba volver a tener una vida alejada de la corte y privada de lujos. Al ver que el nuevo emperador no había dispuesto nada sobre su situación, sino más bien todo lo contrario, habría respetado su posición así como su séquito y la guardia que la protegía, intentó conspirar contra el propio Macrino. Las intenciones de Julia eran realmente convertirse en única gobernante del Imperio (D.C. 78 (79), 23, 1-3). Finalmente, el nuevo emperador parece que ordenó a la madre de Caracalla abandonar Antioquía, pasaje confuso pues no se ha conservado bien este fragmento en la obra de Dion Casio. Ella tras escuchar lo que se decía de su hijo en la capital imperial, fi nalmente decidiría dejar de comer, pues se encontraba bastante enferma a consecuencia de un cáncer de pecho (D.C. 78 (79), 23, 6). Por otro lado, Herodiano (4, 13, 8) menciona que tras decretar Macrino que incineraran el cuerpo de Caracalla y lo enviara a Antonquía para que su madre le diera sepultura, Julia, habiendo perdido a sus dos hijos en similares circustancias, terminaría suicidándose. Este último autor no señala la forma con la que la esposa de Septimio Severo puso fi n a su vida, y tampoco menciona la posiblidad de que estuviera enferma. Más bien siembra la duda si este suicidio se pordujo por voluntad propia o como resultado de una decisión imperial. Lo que está claro es que ambos autores recurren al suicidio como la forma con la que murió Julia Domna y las causas, aunque con matices, son similares. Describen a una mujer poderosa y fría hasta sus últimas consecuencias, prefi rió la muerte antes de ser rebajada a una categoría social menor (Levick 2007: 105; Conesa Navarro y González Fernández 2016b: 608); y es que tal y como comentaba Ghedini (1984: 15): “Anche in quest´ultimo tragico atto della sua vita avventurosa Giulia Domna riuscì comunque a tender fede alla dignità del suo personaggio, uscendo di scena con fi erezza e con coraggio, come con fi erezza e con coraggio aveva vissuto”. 3. Jඎඅංൺ Dඈආඇൺ ඒ අൺ ආൺඍൾඋඇංൽൺൽ ൾඇ අൺඌ ආඈඇൾൽൺඌ11 A diferencia de las fuentes escritas, en las que hemos observado como Domna aparece de manera superfl ua, en la numismática y en la epigrafía su papel fue más representativo. Encontramos en Julia a una madre universal; o lo que es lo mismo, una pieza fundamental para la continuación dinástica. En su titulatura se muestra como mater Caesaris, mater Augusti et Caesaris, mater Augustorum, mater Augusti et castrorum et senatus et patrie y ampliada por la documentación epigráfi ca a partir del título de mater populi Romani (CIL IV/1 nº, 419; Morelli 2009:144; Cenerini 2016: 44). Abarcaba por tanto bajo su protección a todos los estamentos del Imperio. Si nos centramos en las representaciones numismáticas, según Mikocki (1995: 69) solo Livia supera a Domna en cuanto a honores y titulaturas se refi ere. A partir de la asimilación de las distintas divinidades, en Julia Domna se esconde un trasfondo político, religioso y social que se estaba dando en el Imperio a partir de la importante cantidad de emisiones monetales que se dieron durante la dinastía severiana (Muñoz y Martínez López 2014: 132). Acuñaciones 11 Nos gustaría advertir al lector que únicamente mencionaremos los tipos de Domna que estén relacionados con la maternidad. Para ver un estudio completo, imprescindible sigue siendo el trabajo de Lusnia (1995). con carácter propio que mostraban la imagen de la Augustae con unas características fi sionómicas muy marcadas e individuales. Entre las descripciones, Ghedini (1984: XI) nos dice que Domna era representada con nariz aguileña, frente amplia, boca delgada y con pómulos altos. Es decir, rasgos que se asemejaban a las fi sionomías de tipo oriental. El fuerte carácter militar que se impuso en el siglo III d.C., se materializó también en las acuñaciones monetales, siendo el título de mater castrorum concedido a Julia y desarrollado tanto en monedas como en epígrafes, una de las pruebas más importantes (RIC IV/1, p. 168 nº 563 a; p. 169, nº 567-569, p. 179, nº 648a y 650; BMCRE V, p. 164, nº 56; Ghedini 1984: 6-9; Lusnia 1995: 131; Morelli 2005: 185; Morelli 2010: 470; Filippini 2010: 89; Royo Martínez 2017: 302). La situación convulsa propició que las victorias militares tuvieran un carácter signifi cativo, una especie de “théologie de Victoire impériale” como ha defi nido Mikocki (1995: 116). En los reversos con la leyenda mater castrorum aparecía la Julia Domna en actitud de sacrifi co. En ocasiones frente a emblemas militares, aunque también se han atestiguado ejemplos en los que, estante como sedente, la Augusta se encontraba con una patera y una caja de incienso. Delante de su fi gura se situaba un altar, lo que acentúa el carácter sagrado que se pretendía transmitir. Los tipos son prácticamente similares a los adoptados por Faustina la Joven (Morelli 2005: 185; Lichtenberger 2011: 362-363). Con ellos se intentaba reconocer la estabilidad dinástica, que solo era posible a través de una colaboración entre el ejército y la propia dinastía (Morelli 2006: 71). Si Domna fue proclamada como madre de los ejércitos, se podría pesar que era una maniobra para que las legiones militares en ningún momento atentasen contra su propia mater. De esta forma la dinastía se aseguraba la lealtad de las tropas. Se creaba, por tanto, una maternidad institucional como han defi nido Cenerini (2000: 121) y Royo Martínez (2017:304). Durante el siglo III d.C. coexistieron una serie de tipos que se fueron desarrollando ya desde la época de Augusto, junto con otros más novedosos con cierta infl uencia oriental, como aquellos en los que aparecía en los reversos la diosa Cibeles. Entre aquellas virtudes relacionadas con la maternidad y que fueron desarrolladas por dinastías precedentes, podríamos destacar la alusión a Diana, Iuno, Venus o Fecunditas, valedoras del papel femenino reservado a las Augustae como madres de los sucesores imperiales (Filippini 2010: 82). Diana en las monedas de Julia Domna aparece bajo la forma Diana Lucifera12 en sus reversos (RIC IV/1, p 208 nº 851; p. 210, nº 871; p. 272, nº 373a, p. 310, nº 583; p. 310, nº 583 Lusnia 1995: 123). Divinidad femenina relacionada con los partos y protectora de las mujeres, y, en ocasiones, vinculada a Selene (Domínguez Arranz 2015: 97). Especial atención recibe el caso de Venus, considerándose como uno de los primeros tipos asimilados a la Augusta. La datación se situaría en torno al 194 d.C. a excepción del caso de Venus Felix que comenzó a darse unos años más tarde, en 196 d.C. y llegó hasta el 211 d.C. (RIC IV/1, p. 73; Lusnia 1995: 122). En ellas podemos hacer una distinción. Por un lado, está el tipo Venus Victrix (RIC IV/1, p. 165, nº 535, nº 537; p. 170, nº 579; p. 171, nº 581; p. 176, nº 630-631a; 12 Monedas que comienza a datarse a partir del 196 d.C. p. 177, nº 633a; p. 178, nº 645a, nº 647) y Venus Genetrix (RIC IV/1, p. 165, nº 537, p. 274, nº 387-389a; p. 311, nº 591-592A; ) junto con Venus Felix (RIC IV/1, p. 170 nº 580) confi rmaban y refrendaban el carácter maternal que se le dio a la Augustae dentro de la dinastía desde sus inicios. La Fecunditas (RIC IV/1, p. 165, nº 534; p. 167 nº 549, p. 272, nº 375) también formaría parte del primer grupo de virtudes acuñadas en las monedas de Julia Domna. Venus y Fecunditas ya fueron empleadas desde época de César como una medida continuista y un deseo expreso de emparentarse con los gobiernos anteriores. De todas ellas podemos destacar la alusión a Venus Genetrix, que a diferencia del tipo Venus Victrix, no se dio durante el gobierno de Caracalla (Rowan 2011: 256). Venus, desde la época de Augusto era considerada como la representación de la ascendencia ancestral de los romanos. Por tanto, la asimilación de Julia Domna a la divinidad tenía que ser vista como una alusión a la madre protectora y generadora de todo el pueblo romano, tomando especial énfasis bajo la fórmula Genetrix. Por otro lado, también tenemos que destacar el caso de Victrix, alusión a la victoria militar, que para los casos femeninos estaría relacionado con Marte, es decir, el emperador; siendo el tema de Venus Felix, la encarnación de la buena suerte (de Santiago Fernández 1999: 161-162). Por tanto, la alusión a Venus tenía una doble intención. Por un lado, pretendía conmemorar a la divinidad antepasada de la familia Julia y, por el otro, se rememoraban las victorias militares que habían permitido a Septimio Severo conseguir la púrpura imperial (Birley 2012: 160). Entre los años 198 d.C. y el 200 d.C. aproximadamente, coexistieron una serie de tipos relacionados con divinidades que también se dieron en monedas de sus precedesoras, especialmente las Antoninas y Faustina la Joven en particular (Lusnia 1995: 123). Concretamente nos estamos refi riendo a Hilaritas, Laetitia, Pudicitia, Pietas Augusta o Ceres, en las que se conmemoraban la alegría y la prudencia que tenían que albergar las mujeres en Roma. Datadas a partir del 200 d.C., con la excepción de un denario que fue acuñado dos años más tarde (RIC IV/1, p. 125, nº 273), también deberíamos incluir unos ejemplos en los que aparece en el anverso el emperador Severo, mientras que en su reverso muestra a la Augusta (RIC IV/1, p. 112, nº 161a- 161b). El busto de Domna está de perfi l y su nombre hace de leyenda (Iulia Augusta). Más interesantes fueron las monedas dedicadas a Felicitas Saeculi (RIC IV/1, p. 111, nº 159; p. 114, nº 175; p. 115 nº 181a-181c). En ellas aparecen representados Julia, mirando al frente, junto con sus dos hijos a cada lado. Los herederos se muestran dispuestos de perfi l y con las miradas enfrentadas. Caracalla aparece laureado, mientras que Geta no, lo que demuestra la diferencia que había entre ambos en la proximidad a la púrpura imperial. Se intentaba transmitir con esas emisiones la felicidad imperial que causaba la presencia de sucesores al Imperio. Este mensaje ya fue desarrollado con anterioridad por las dinastías precedentes, entre los diferentes ejemplos podríamos citar algunas monedas de Faustina la Menor. En un áureo de la ceca de Roma, en el que aparece en el anverso Septimio Severo, laureado, junto con Domna con diadema y la leyenda Felicitas Publica (RIC IV/1, p. 130, nº 312), se repite esta misma idea. En el reverso se muestran los bustos de Caracalla y Geta enfrentados, ambos con barba y con coronas de laurel. Las monedas en las que aparecen con la Perpetua Concordia (RIC IV/1, p. 130, nº 312) podemos suponer que el mensaje transmitido era idéntico: la felicidad solo era posible gracias a la sucesión dinástica. En 199 d.C. se acuñan una serie de monedas para conmemorar la proclamación de Caracalla como Augusto (RIC IV/1, p. 218, nº 36). Lo mismo ocurre con unos áureos de Geta datados entre el 200 d.C. y el 202 d.C., en los que hacen honor a su distinción como nuevo César (RIC IV/1, p. 315, 7a-7b). En las monedas de ambos hermanos, la leyenda que se muestra en el reverso es la misma: Concordiae Aeternae, teniendo como imagen representativa las efi gies de sus padres. Los emperadores aparecen con atributos reales, Severo con corona radiada y Domna con diadema, transmitiendo un mensaje de eternidad a través de la asimilación de los astros Sol y Luna. De similares características y con el mismo mensaje en el reverso, aunque distinta la cronología, fueron las monedas fechadas a partir del 201d.C. (RIC IV/1, p. 220, nº 52; RIC IV/1, p. 231, 125a) o 202 d.C. (RIC IV/1, p. 221, 59b-59c) en honor de Caracalla. Podríamos decir que durante este período se desarrolló la segunda fase de las monedas de Julia Domna (200-202 d.C.), en el que el interés principal seguía siendo la exaltación del linaje imperial. Por tanto, además de las acuñaciones mencionadas, las divinidades que aparecieron en los reversos estaban directamente conectadas con la maternidad, entre las que destacaban Venus Genetrix o Ceres Frugifera, junto con la exaltación de la alegría dinástica a partir de emblemas como fueron la Felicitas Saeculi, Aeternitas Imperi o Concordia Aeterna (Lusnia 1995: 124-125). Una tercera fase se desarrolló a partir de 203 d.C. hasta 208 d.C. donde se aludía a divinidades relacionadas con la alegría y la Pietas. Estaban ligadas con acontecimientos señalados como fueron los Juegos Seculares. La cuarta y última fase se extendió del 209 al 212 d.C. Los tipos desarrollados fueron los mismos que en las etapas anteriores, a excepción de algunos ejemplos. Nos estaríamos refi riendo a los reversos con la leyenda de Mater Deum13 (RIC IV/1, p.169, nº 564-566). Se ha hipotetizado que la divinidad representada fuera Cibeles. Se produjeron monedas de este tipo bajo los gobiernos de Septimio Severo y Caracalla, como una medida para expresar la continuidad con la dinastía precedente. Este tipo fue acuñado por primera vez bajo el principado de Antonino Pío. Se tiene constancia de una serie de sestercios producidos en el año 141 d.C. donde se mostraba a Faustina la Mayor deifi cada y asociada a esta divinidad (Lusnia, 1995: 125). La imagen de Cibeles se ha vinculado directamente con la propia Julia Domna. También se ha atestiguado su presencia acompañada de las leyendas de Mater Augustorum (RIC IV/1, p. 168, nº 562) y Mater Magnae (RIC IV/1, p. 207, nº 841; Mikocki 1995: 74). La diosa se muestra velada, con corona muralis, un ramo en la mano derecha y tímpano en la izquierda. Su disposición es sedente y se muestra en un carro tirado por leones. 13 Aureos y denarios que comenzaron a acuñarse según el RIC a partir de 196 d.C. y que continuaron hasta 211 d.C. Sin embargo, sobre la datación hay una controversia. Lusnia propuso que con la leyenda Mater deum tendríamos que datar las monedas a partir del año 209 d.C., cuando es madre de los Augustos, por tanto no está de acuerdo con la datación propuesta por Hill (1979: 40) que propuso el 205 d.C. Para llegar a esta conclusión, el investigador se basó en parámetros estilísticos a partir de la representación fi gurada de Julia Domna en las monedas (Lusnia 1995: 132). Se pretendía relacionar con la concepción de la Magna Mater y, aunque ya desde la época republicana se observan ejemplos, las características que presentan las monedas de Domna recuerdan a las formas adoptadas por las dos Faustinas (Bieber 1968: 4; Lusnia 1995: 123-126; Calabria et alii. 2008: 37; Filippini 2010: 88; Rowan 2011: 251-252). Estos tipos se desarrollarían con gran interés durante el período severiano, teniendo un declive tras esta dinastía, no volviendo a reproducir ya hasta el siglo IV d.C. y únicamente en medallones contorneados (Turcan 2001: 57-58). Dentro de esta última fase tendríamos que añadir las monedas con la leyenda en el reverso alusivos a la Mater Augustorum Senatus y a la Mater Patriae, en las que aparece representada la esposa de Septimio Severo entronizada y girada hacia la izquierda, sosteniendo en uno de sus manos una rama y en la otra un cetro (RIC IV/1, p. 273, nº 380-381; p. 312, nº 601; p. 310, nº 588; BMCRE V, p. 432, nº 11ª-13). La cronología propuesta gira en torno a la muerte de Severo y Geta (Instinsky 1942: 205; Benario 1958: 68; Kuhoff 1993: 270-271). Estos reversos en los que se ensalzaban la maternidad fue una constante en todas las Augustae. Julia Domna se inspiró para ello en las dos Faustinas. Sin embargo, a diferencia de la dinastía Antonina, no solo se aludía a la propaganda imperial, sino, en este caso, la representante de la saga de los Severos era considerada como la madre del Imperio y del universo, produciéndose una identifi cación con la divinidad (Calabria et alii. 2008: 37). 4. Lൺ ආൺඍൾඋඇංൽൺൽ ൽൾ Jඎඅංൺ Dඈආඇൺ ൾඇ අඈඌ ඍൾඌඍංආඈඇංඈඌ ൾඉං඀උගൿංർඈඌ14 En la epigrafía, se ha considerado a Domna como una de las Augustae que en más inscripciones apareció, tanto en latín como en griego. Incluso, fue honrada con títulos que no se desarrollaron demasiado con anterioridad a ella (Herzog 1918: 926-929; Benario 1958: 67; Lusnia 1995: 119). De igual forma, hay que decir que tan solo en tres dedicaciones aparecía sola, frente a sesenta y cinco que venía acompañada junto con algún miembro de la domus. Este aspecto sin duda estaba demostrando su participación más o menos visible y activa dentro de las empresas que se llevaron a cabo tanto en las ciudades como en las unidades militares. Sin embargo, su rol dentro de la política imperial siempre estuvo reducido a un segundo plano (Lewick 2007: 137). No sabemos con exactitud si Domna fue más representada que las otras Augustae romanas. Ahora, lo que sí que podemos advertir es que a partir del siglo III d.C. se produjo una situación especial, y fue la inserción de estas mujeres en los miliarios. La aparición del nombre del princeps, haciéndolo omnipresente en todas partes del Imperio (Santusuosso 2011: 111), pretendía con ello representar también la fuerza de la administración provincial, de la cultura romana y del poder imperial. Por tanto, constituyó un elemento de gran calado dentro de la promoción y propaganda política (Kolb 2011: 17; Kolb 2015: 654). Para el caso particular de Julia Domna, la mayor parte de miliarios con su nombre se han encontrado en la parte Oriental, solo registrándose en la parte occidental en algunos enclaves del norte de África (Hirschfeld 1913: 729; Murphy 1945: 91: Kettenhofen 1979: 14 Los datos epigráfi cos han sido extraídos de la base de datos Clauss- Slaby y colaboradores: http:// www.manfredclauss.de/es/index.html. 97). Tal situación condicionó a que algunos ejemplos fueran bilingües (Kettenhofen 1979: 9715). En ellos aparecía Julia Domna junto con el resto de miembros de la familia imperial, en los que se ensalzaban su condición de Mater Castrorum. El título de Mater Castrorum16 fue muy desarrollado en la epigrafía a diferencia de en las monedas. Según Leichtenberger (2011: 360) aparecía en dos terceras partes de 15 Kettenhofen (1979: 97) en su día estudió 25: “Kennzeichnend für Domnas herrschende Stellung ist ihre Erwähnung als erste Kaiserin auf etwa 25 Meinlesteinen”, que, debido a nuevos descubrimientos, ha sido ampliado su número cf. González Fernández (2017: 317-322), especialmente el anexo que aporta. Entre los miliarios que aparecen escritos tanto en latín como en griego, que puede ir acompañada por otros miembros de la casa imperial, podemos citar algunos ejemplos: CIL III, 13689 = CIL III, 14202,3 = IK-17-1, 3160 = RRMAM-2-1, 202 = RRMAM-3-5, 35 = AE 1896, 50 = SEG-45, 1594 = AE 1896, 78 = AE 1995, 1481; CIL III, 482 (p 982) = CIL III, 483 = CIL III, 12271 = IK-22-1, 811a = IK-68, p 87 = RRMAM- 2-1, 841 = RRMAM-3-5, 112a = RRMAM-3-8, p 7 = SEG-45, 1561 = AE 1892, 19 = AE 1995, 1529. 16 Mater castrorum: CIL III, 75 (p 968) = CIL III, 6630 = D 4424 (p 182); CIL VIII, 26416 = ILPBardo 165 = ILTun 1373 = Freis 131 = Chiron-1978-461 = AE 1892, 90 = AE 1892, 124 = AE 1894, 77 = AE 1909, 113 = AE 1999, 1752 = AE 2013, 1744 = AE 2014, 1514 = AE 2015, 1797; AntAfr-1998-96 = Actes-11-2, p 378 = AE 1992, 1798 = AE 1993, 1737; CIL VIII, 24556 = ILTun 963 = ILPBardo-A,11; CIL VIII, 26257 = Uchi-1- Rug 15 = Uchi-2, 37; CIL VIII, 1481 (p 2616) = CIL VIII, 15523; CIL VIII, 1482 = CIL VIII, 15504 = CIL VIII, 26498 = Saturne-1, p 215 = Dougga 38 = LBIRNA 318 = ILTun 1400; ILTun 460 = Haidra-5, 223 = ILPBardo 34 = AE 1927, 30; CIL VIII, 12142 = LBIRNA 430; CIL VIII, 14454; CIL VIII, 17214 = ILAlg-1, 869 = D 443; IGLS-13-1, 9053 = IGLS-13-2, 9053 = AE 2000, 1527b; CIL III, 13689 = CIL III, 14202,3 = IK-17-1, 3160 = RRMAM-2-1, 202 = RRMAM-3-5, 35 = AE 1896, 50 = SEG-45, 1594 = AE 1896, 78 = AE 1995, 1481; CIL III, 482 (p 982) = CIL III, 483 = CIL III, 12271 = IK-22-1, 811a = IK-68, p 87 = RRMAM-2-1, 841 = RRMAM-3-5, 112a = RRMAM-3-8, p 7 = SEG-45, 1561 = AE 1892, 19 = AE 1995, 1529; CIL III, 12272 = IK-22-1, 811 = IK-68, p 87 = RRMAM-2-1, 842 = RRMAM-3-5, 112b = SEG-41, 948 = SEG-45, 1561 = RRMAM-2-1, 842 = AE 1995, 1528; CIL III, 471 (p 982) = CIL III, 472 = CIL III, 473 = CIL III, 474 = CIL III, 475 = CIG 3179 = IGRRP-4, 1482 = IK-24-1, 815 = RRMAM-2-1, 477 = RRMAM-3-5, 57a = SEG-17, 521 = SEG-26, 1297 = SEG-26, 1298 = SEG-45, 1627 = AE 1995, 1466; HTCarie 93 = RRMAM-3-5, 118e = SEG-41, 938 = SEG-45, 1526 = AE 1991, 1512 = AE 1992, 1594 = AE 1994, 1638 = AE 1995, 1527 = AE 2001, 1860; IvMagnesia 256; CIL III, 3119; CIL XIII, 5085 = RISch-1, 80; CIL XIII, 6801 = Legio-II-Parth 72 = AE 1898, 71 = AE 1996, 1113; IAM-2-2, 387 = ILAfr 613 = ILM 69 = IAM-S, 387 = Volubilis 35 = AE 1916, 89; CIL III, 7485 = IScM-4, 217; CIL III, 7513 = IScM-5, 252; CIL III, 7520 = IScM-5, 249 = CCID 60; CIL III, 1686 = IMS-4, 71; IMS-2, 54 = AE 1978, 704 = AE 1979, 518 = AE 1982, 840 = AE 1989, 633 = AE 2011, 839; AE 1934, 28 = AE 1993, 1770; ILAlg-2-3, 7568 = AE 1972, 699; ILAlg-2-3, 7805 = LBIRNA 340; ILAlg-2-3, 7806 = LBIRNA 341 = AE 1911, 106; Thomasson p 174,50ee; BCTH-1915-114; CIL VIII, 2550 = CIL VIII, 18045; CIL X, 7502 (p 994); AE 1950, 230; CIL III, 154; CIL III, 6714 = CIL III, 14165,17b = IGLS-1, 44 . Matri auggustorum et castrorum, Matri augusti et castrorum, Matri augusti et senatus et castrorum; Matri caesari et castrorum: AE 2000, 1753; ILPBardo-2, 5; CIL VIII, 1217 (p 932) = CIL VIII, 14395 = LBIRNA 397 = AE 1908, 264 = AE 2002, 1679; CIL VIII, 25934; CIL VIII, 12006 (p 2397) = LBIRNA 410 = Hygiae p 99 = AntAfr-1998-98 = AE 2008, 115; CIL VIII, 23749 = LBIRNA 412 = AE 1899, 116; CIL VIII, 23750 = ILTun 607; CIL VIII, 00075; AE 2003, 1986; ILAfr 293 = AE 1908, 170 = AE 1985, 867; CIL VIII, 885 = CIL VIII, 12387 = CIL XI, 250,2a = D 6803 = MEFR-1995-104; AE 1990, 1038; Uchi-2, 40 = Posters p 119 = AE 2000, 1733 = AE 2007, 1718; CIL VIII, 1483 = CIL VIII, 15505 = CIL VIII, 26546 = CIL VIII, 26639 = CIL VIII, 26650 = LBIRNA 444 = ILAfr 527 = Dougga 39 = Dougga-1, p 51 = AE 1997, 1654 = AE 2003, 2013 = AE 2005, 1686 = AE 2007, 1741; CIL VIII, 26544; ILAfr 562; ILTun 66 = ILPBardo 20 = AfrRom-4-2-486 = AE 1934, 35; ILAfr 218; CIL VIII, 710 (p 2400) = CIL VIII, 713 = CIL VIII, 12141; CIL VIII, 14457 = LBIRNA 399; CIL VIII, 588 = CIL VIII, 11731 = LBIRNA 376; NDEAmmaedara 7 = Hygiae p 24 = AE 1999, 1783; NDEAmmaedara 14 = AE 1999, 1790; ILAfr 268 = LBIRNA 443; ILLimisa 4 = AE 2004, 1676; MEFR-1948-72,14 = AE 1949, 109 = AE 2011, 1526 (en esta inscripción no se ha encontrado el nombre de Julia Domna, pero sí los títulos) ; ILAlg-1, 2086; ILAlg-1, 2088; BCTH-1951/52-196 = BCTH-1953-46 = Hygiae p 65 = Epigraphica-2002-94 = AE 1955, 49 = AE 1955, 54 = AE 1957, 54 = AE 2002, 1667; CIL VIII, 23405; AE 1913, 46; CIL VIII, 27773; EDCS 363 = ZPE-184- las inscripciones relacionadas con Domna. Si nos restringimos a las de carácter honorífi co el porcentaje aumenta, llegando a alcanzar casi un 90 % del total. Este honor, cuyo origen como hemos apuntado lo tendríamos que situar bajo el gobierno de Marco Aurelio, se amplió durante el siglo III d.C. con Domna. Incluso, pasaría también a ser nombrada Mater Senatus et Patriae, titulatura que aprovecharía más tarde Carino para su esposa Magnia Urbica (Kienast 2004: 360). En opinión de Alexaindre Blasco (2005: 101), con este acto se evidenciaba una vez más el diseño político desarrollado por Severo, al que tendríamos que añadir la divinización de Cómodo y el emparatentarse Septimio Severo y sus hijos con la familia antonina (González Fernández y Conesa Navarro 2017: 137-138). Paralelamente, a consecuencia del nombramiento de sus hijos como Césares y Augustos, Domna recibió también ciertos honores. Cuando Caracalla, en el año 196 tomó el nombre de Marco Aurelio Antonino y fue proclamado Cesar una vez que fue eliminado Albino, ella fue nombrada Mater Cesaris17, con lo que se demostraba su condición de madre del heredero imperial18. En 197 d.C. recibiría el título de Mater Imperatoris destinati (Magnani 2008: 35; Hidalgo de la Vega 2012: 140). Un año más tarde, en 198 d.C. Caracalla fue proclamado Augusto, mientras que Geta César19. Ante esta nueva situación aparecía con el título de Mater Augusti et Mater Caesaris (Aleixandre Blasco 2005: 104). Una vez que Geta en 209 d.C. fue nombrado Augusto, pasando desde ese momento a tener el Imperio tres Augusti, fue cuando obtuvo Julia Domna la condecoración de Mater Augustorum (Gorrie 2004: 64). Pero sin duda, sería la concesión del título de Mater Castrorum et Senatus et Patria cuándo se alcanzó la máxima expresión de maternidad conferido a su persona. El papel maternal sobrepasaba el plano biológico o familiar, alcanzando honores de Estado, que 304 = AE 2013, 2137; IRT 37; AE 1990, 1036a; CIL VIII, 14690 (p 2543) = D 4484 = LBIRNA 471; CIL VIII, 12209 = CIL VIII, 23794; CIL VIII, 14465 (p 2529) = Saturne-1, p 271 = LBIRNA 402; CIL VIII, 1856 (p 939) = CIL VIII, 16504b = ILAlg-1, 3038 = LBIRNA 446; CIL VIII, 26180 ; CIL VIII, 11194 = LBIRNA 434; CIL VIII, 1798 (p 939) = CIL VIII, 16466 = D 437 = LBIRNA 449 = AE 2013, 1748; CIL VIII, 10610 = CIL VIII, 14751 = ILTun 1267 = ZPE-113-147 = AE 1996, 1730; CIL VIII, 12032 = ILLimisa p 187 = AE 2004, 1673; CIL VIII, 25808 = LBIRNA 461 = AntAfr-1998-96 = AE 1898, 100; IGLS-13-2, 09476; CIL III, 6071 = CIL III, 14195,26 = IK-16, 2051; IK-12, 297a = AE 1966, 429; CILA-2-1, 11 = HEp 1993, 355 = HEp 1994, 806 = AE 1987, 497 = AE 1994, 907; CIL VII, 1002a-h = CIL VII, 1002k = RIB-1, 1235; Lupa 23334; CIL III, 1565 = IDR-3-1, 58; ILD 664 = AMP-2015-199,10 = AE 1958, 232 = AE 2015, 1139; CIL III, 10109; CIL XIII, 7417 = D 433 = CSIR-D-3-12, 274 = BritRom-8, 17; CIL X, 1585 = D 3366; ILAlg-2-3, 7543a = AE 1906, 98 = AE 1907, 158; AE 1987, 1088; BCTH-1928/29-165; CIL VIII, 10359 = CIL VIII, 22403 = AE 1937, 56; IAM-2-2, 815 = IAM-S, 815 = AE 1989, 916; IAM-2-1, 96; CERom-17, 752 = AE 1997, 1325; CIL III, 7540 = IGRRP-1, 612 = IScM-2, 84; CIL III, 13805 = IMS-2, 56; CIL VIII, 8321 (p 968) = CIL VIII, 20137 = ILAlg-2-3, 7818 = LBIRNA 453; CIL VIII, 4215 (p 1769; CIL VIII, 2368 (p 951) = CIL VIII, 17872 = Timgad-1, 23 = LBIRNA 381 = AE 1954, 153 = AE 2007, 51; AE 1901, 2; TitAq-1, 70 = Toth-2, 41 = AE 1990, 805 = AE 2008, 1146; CIL VI, 1048 (p 3071, 4319); CIL IX, 4637. 17 Kienast (2004), p 167.Sobre la proclamación de Caracalla como Geta, las fechas que se barajan oscilan como término ante quem el 30 de junio de 196 d.C. Probablemente, entre el 4 de abril, coincidiendo con su octavo cumpleaños, o también, el 9 de abril, en los dies imperii de Septimio Severo. Cf. A. Mastino (1981: 28-29). 18 Kienast (2004: 162) indica que Caracalla asume el 6 de abril de 196 el título de César. 19 A. Mastino (1981), p. 31: “La nomina ad Augusto di Basiano coincise con quella di Geta a Cesare, dopo la presa di Ctesifonte, fi ssata ora al 28 gennaio 198”. fueron ampliados a partir de su nombramiento como Mater Populi Romani (CIL VI, 419= 30763; IGR 1, 577; Ghedini 1984: 32 n. 122; Levick 2007: 93). Esta maniobra estratégica permitió utilizar a las mujeres dentro de un entramado político y social que, a priori, por su condición de género, les estaba vetado. Sin embargo, como Saavedra Guerrero apuntó: “la dinastía severiana se ha caracterizado por ser una decidida practicante de la utilización de la imagen de las mujeres de su familia, para difundir información. Una información interesada con la que, desde su inicio, los titulares del imperium las presentarán como la encarnación de la garantía de estabilidad, continuidad y seguridad de su gobierno” (Saavedra Guerrero 2006a: 719). Esta situación reconocía a Domna ya no solo como madre de los futuros emperadores de Roma, sino también como la madre de todos los estamentos sociales imperiales (Saavedra Guerrero 2006b: 99), extendiéndose a ciudadanos, senadores y soldados (Hemelrijk 2010: 463; Bailón García 2010: 502). Sobre la concesión del título ya Benario (1958: 67-70) expuso en los años cincuenta la problemática surgida en torno a su cronología. El principal problema derivaba de la damnatio memoriae que aplicó Caracalla a Geta, Plauciano y Plautilla. Una vez que fueron eliminados, sus nombres también desaparecerían de las inscripciones, pasando a sustituirlos por títulos relacionados con el emperador y con la propia Julia Domna (Conesa Navarro y González Fernández 2016a: 147). La primera fecha que se propuso fue la de 195 d.C., posteriormente cuestionada entre otros por Haynes y Hirst (1939: 5) que apuntaron que no había razón sufi ciente para datar dicha concesión antes del 211 d.C. Planteaban que sería después de la eliminación de Plautilla, cuando Caracalla incluyó este título a su madre en la epigrafía, opinión a la que se adhirió Instinsky (1942: 206) y más tarde también Kuhoff (1993) y Kienast (2004: 167). Entre las argumentaciones, Instinsky (1942: 210) planteaba que no habría tenido sentido concederle dicho honor en vida de Severo, teniendo en cuenta la actitud contraria que mantuvo Caracalla hacia el sector senatorial durante su gobierno (González Fernández y Sancho Gómez 2006: 64-66). Lo que sí que parecen estar todos de acuerdo fue que la mayor proporción de inscripciones encontradas se podrían datar a partir de la muerte de Severo (Benario 1958: 68; Magnani 2008: 97). Lo que está claro es que la concesión de los títulos Mater Castrorum, Senatus et Patria, no solo poseían un valor honorífi co, sino también mostraban el poder representativo conferido a ella (Cid López 1993: 249). 5. Cඈඇർඅඎඌංඈඇൾඌ La presencia de las Augustae Severas en la esfera pública de una manera insistente fue una de las consecuencias de la nueva dinastía que irrumpió en Roma durante el siglo III d.C. Como un nuevo Augusto, Septimio Severo se sirvió de los miembros de su familia para proyectar una imagen sólida. Julia, como esposa del princeps, asumió un doble papel en lo que a la maternidad se refi ere. Por un lado, aparecía como madre de sus hijos naturales, Caracalla y Geta y, a su vez, como madre de todos los estamentos imperiales, además de mater de todas las instituciones que conformaban el Imperio. Para ello, en la epigrafía como en la numismática se desarrollaron una serie de títulos como Mater Castrorum, Mater Senatus, Mater Patriae o Mater Populi Romani que mostraban su más amplia dimensión maternal. Si bien es cierto que, aunque los autores clásicos se centraron en especial en su faceta de madre de los herederos imperiales, también hay referencias sobre su participación en la esfera pública, como sería la intervención en los Ludi Saeculares, especialmente a través de los testimonios materiales. Asistimos por tanto a una institucionalización de la maternidad con la que se pretendía transmitir fortaleza dinástica, además de constituirse como una forma de adhesión de todas las capas sociales que estaban bajo el amparo de una misma mater, y esa sin duda esa sería Julia Domna. Bංൻඅංඈ඀උൺൿටൺ Aguado García, P. 2010: Julia Domna. La emperatriz romana, Madrid. Aleixandre Blasco, A. 2005: “Iulia Domna, mater augusti”, C. Alfaro Giner y E. 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