UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA TESIS DOCTORAL Eduardo López-Chavarri Marco (1871-1970): obra guitarrística MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Javier Somoza de Pablo DIRECTOR Gerardo Arriaga Moreno © Javier Somoza de Pablo, 2022 UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DEPARTAMENTO DE MUSICOLOGÍA TESIS DOCTORAL EDUARDO LÓPEZ–CHAVARRI MARCO (1871–1970): OBRA GUITARRÍSTICA DIRECTOR Dr. Gerardo Arriaga Moreno JAVIER SOMOZA DE PABLO Madrid, 2021 3 Qui cuina dolç cuina per a molts A la memoria de mi querido maestro y amigo Jesús Burguera 4 Autorretrato (caricatura) de Eduardo López–Chavarri (1951) 5 Contenido pág. 1. Introducción 7 1.1. Agradecimientos 9 1.2. Justificación del tema y marco de referencia 13 1.3. Objetivos 18 1.4. Metodología y fuentes 20 1.5. Estructura del trabajo 22 2. Eduardo López–Chavarri Marco (ELCH) y su relación con la guitarra 25 2.1. ELCH: Perfil biográfico y profesional 27 2.1.1. Personalidad de un artista e intelectual 27 2.1.2. Un liberal en una sociedad conservadora 32 2.1.3. El trauma de la Guerra Civil, fin de los días de vino y rosas 41 2.1.4. Apreciación de ELCH como compositor. Su obra para guitarra 48 2.1.5. ELCH, crítico musical 54 2.2. Francisco Tárrega: primer referente guitarrístico para ELCH 62 2.2.1. Valencia, meca de la guitarra “cortesana” 62 2.2.2. El encuentro con Tárrega en Valencia. Primeras reseñas y críticas en Las Provincias (1899–1901) 67 2.2.3. Las críticas de ELCH para Las Provincias en vida de Tárrega (1901–1908) 71 2.2.4. La amistad entre ELCH y Tárrega: Escritos y documentos 76 2.2.5. Homenaje a Tárrega para orquesta de arco 80 2.2.6. Análisis del manuscrito autógrafo del Homenaje a Tárrega 85 (E–VAbv: AELCH-pro-80-1). Edición Urtext 93 2.3. El resurgimiento de la guitarra entre finales del siglo XIX y 1920: un fenómeno europeo 103 3. La obra guitarrística de ELCH: cronología, personajes, transmisión y recepción del repertorio 115 3.1. La música para guitarra de ELCH en su marco histórico 117 3.1.1. Homenaje de Manuel de Falla (1920), catalizador del nuevo repertorio guitarrístico de Entreguerras 117 3.1.2. Chavarri, compositor para guitarra: una estética entre dos aguas 128 3.1.3. La multiplicidad de versiones en las composiciones para guitarra de Chavarri: un lugar común en el repertorio de Entreguerras 139 3.1.4. Catálogo de la obra guitarrística de ELCH 151 3.2. Un comienzo ambicioso. Miguel Llobet y la Sonata I para guitarra 187 3.2.1. Llobet, el heredero de Tárrega, debuta en Valencia 187 3.2.2. Primeros contactos epistolares y propuesta de colaboración 191 3.2.3. La Sonata I en una gira centroeuropea de Llobet (otoño de 1924) 199 6 3.2.4. 1930: Chavarri y Llobet se reencuentran en Londres 206 3.2.5. Las fuentes de la Sonata I: manuscritos, reinstrumentación y contrafacta 211 3.2.6. El redescubrimiento de la Sonata I. Perspectivas para una futura edición crítica 216 3.3. Andrés Segovia y la Suite: Sonatina, Arietta y Bolero 221 3.3.1. Segovia y Chavarri: una historia de aprecio artístico no correspondido 221 3.3.2. Primeros contactos: Segovia en Valencia y un posible encuentro en Madrid 225 3.3.3. Propuesta de colaboración: correspondencia y cronología 230 3.3.4. Las fuentes de la Suite: manuscritos originales y Suite–Divertimento para orquesta 238 3.3.5. Ediciones Urtext del Bolero para guitarra (piano) y para orquesta 243 3.4. Las Siete piezas para guitarra, Conexiones con Andrés Segovia y Rafael Balaguer 279 3.4.1. Orígenes de la composición: Andrés Segovia y el invierno de 1924-1925 279 3.4.2. 1926: Año de publicación de las Siete piezas para guitarra 283 3.4.3. Los ritmos de habanera y bolero en las Siete piezas para guitarra 287 3.4.4. Rafael Balaguer (Valencia, 1895–Madrid, 1979), dedicatario de las Siete piezas para guitarra 292 3.4.5. Ámbito de difusión de la obra. Interpretaciones históricas y grabaciones 301 3.4.6. I. Danza lenta y III. Fiesta lejana en un jardín: Edición crítica 305 3.5. Josefina Robledo, Emilio Pujol y la Sonata II 325 3.5.1. La Sonata II: Fuentes manuscritas e impresos. Perspectivas para una edición crítica 325 3.5.2. Josefina Robledo, musa guitarrística de Chavarri 330 3.5.3. Josefina Robledo regresa a Valencia (1925) 339 3.5.4. Cronología de la Sonata II: Josefina Robledo debuta en Madrid 345 3.5.5. 1927, Josefina Robledo se retira de los escenarios. 1940, última revisión de la obra 349 3.5.6. Emilio Pujol y su papel en la publicación de la Sonata II (1957) 353 3.5.7. Quartettino (1957): Edición Urtext del ms. autógrafo AELCH/pro 63–1 362 3.5.8. El Concierto para guitara y orquesta: un proyecto fallido 387 3.6. Las ediciones de UME: Intermezzo y otras obras publicadas póstumamente 397 3.6.1. 1932: Segovia regresa a Valencia. Nueva propuesta de colaboración 397 3.6.2. Tríptico: Preludio, Andante tranquillo y Finale. ¿Otra suite de Chavarri malograda? 403 3.6.3. Las ediciones póstumas: Tríptico de Homenajes y Preludios a Valencia 409 4. Conclusiones 415 5. Apéndices 421 5.1. Fuentes periodísticas 423 5.2. Índice de ilustraciones 647 5.3. Manuscritos autógrafos y ediciones originales 655 5.4. Abreviaturas 719 6. Bibliografía 723 Resumen/Abstract7. 735 7 1. Introducción 8 9 1.1. Agradecimientos Es tan habitual como pertinente que una larga lista de agradecimientos encabece una tesis doctoral, pero las excepcionalmente desgraciadas circunstancias que han regido nuestras vidas en los últimos meses hacen que en la mía este apartado sea aún más inexcusable. La conclusión de este trabajo no habría sido posible si no hubiese contado con la ayuda de tantas personas e instituciones que el calificativo de innumerables está cerca de no ser una exageración. Pero el reto fue aún mayor de lo previsto porque durante el curso de la investigación consideré necesario dar un giro y cambiar el objeto de estudio (que en un principio había sido una visión de conjunto del repertorio guitarrístico de Entreguerras desde un punto de vista editorial) para centrarme exclusivamente en la figura de Eduardo López–Chavarri Marco (ELCH) sin prever, lógicamente, la llegada del confinamiento que iba a imponerse en prácticamente todo el mundo. Las consiguientes dificultades de acceso a los manuscritos, a otras fuentes de información y a los testimonios que aún no había podido recabar se han visto superadas durante este periodo por la profesionalidad y, en ocasiones, la solidaridad de los responsables de todas las bibliotecas y archivos con los que he contactado, así como por el más profundo sentido de la generosidad, empatía y amistad que han demostrado la gran mayoría de los compañeros de profesión a los que me he dirigido para solicitar su ayuda o asesoramiento. Por supuesto, he de comenzar citando la valiosa guía del director de esta tesis, el Dr. Gerardo Arriaga, la cual no puedo simplemente circunscribir al periodo en que se ha realizado. Desde prácticamente mis inicios en el mundo de la música el Dr. Arriaga ha sido para mí una referencia, un ejemplo de laboriosidad y ética en el trabajo y un modelo de ese anhelo que todo músico que se precie mantiene a lo largo de su carrera: la búsqueda de la belleza y la sinceridad en la expresión artística por medio de este abstracto lenguaje con el que nos expresamos. Sus certeros y oportunos comentarios, así como sus correcciones, han conducido siempre mis investigaciones en la buena dirección, indicando los aspectos más interesantes que iban apareciendo y ayudándome a desechar las ideas que tenían menor recorrido. He recibido una inestimable ayuda del Dr. Javier Suárez Pajares, quien me facilitó varios manuscritos de ELCH, me orientó siempre en la dirección adecuada las numerosas veces que le consulté y me supo instruir en el manejo de algunas herramientas que me permitieron acceder a numerosas fuentes documentales de gran relevancia para mi trabajo. De igual modo, agradezco a la Dra. Carmen Julia Gutiérrez sus sabios y prácticos consejos sin los cuales la estructura y el enfoque de la tesis habrían sido mucho menos correctos. 10 Pepe Rey ha sido siempre una referencia para mi investigación y me ha ayudado, por medio de sus escritos y doctos consejos, a liberarme de los esquemas metodológicos preconcebidos, de las “reglas esclavizantes, de los prejuicios de los que ni siquiera somos conscientes y, por tanto, de los que no nos podemos librar”1. Sus planteamientos, tan brillantes como en ocasiones heterodoxos, son en buena medida la base de mi acercamiento editorial al repertorio guitarrístico. De entre los muchos colegas guitarristas que me han prestado su ayuda debo destacar a Julio Gimeno, cuya generosidad es bien conocida en nuestro gremio y que, aparte de los valiosos trabajos que comparte en la red sobre los que tantos investigadores de la historia de la guitarra se apoyan cotidianamente (y no siempre lo reconocen), me facilitó, entre otros manuscritos, uno de Josefina Robledo gracias a cuya colación pude confirmar la autoría de varios otros del archivo de la Familia López– Chavarri Andujar, el cual está actualmente conservado en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu (BV). Asimismo me facilitó varias noticias y críticas periodísticas relacionadas con la actividad concertística de Andrés Segovia en Valencia a principios del siglo XX y algunas cartas enviadas por Rafael Balaguer al antedicho. Fue un inteligente y ameno interlocutor con quien tuve el gusto de compartir hipótesis sobre diversos asuntos relacionados con mi investigación. Carles Trepat y Pablo Márquez, con sus inspiradoras interpretaciones de sendas sonatas para guitarra de ELCH, han sido los catalizadores que provocaron en mi procrastinador cerebro las reacciones químicas necesarias para ponerse en funcionamiento. Su amabilidad, reconocimiento y estímulo para seguir adelante con mis pesquisas han sido estimulantes y valiosos. El Dr. Vicente Galbis López, profesor de la Universitat de València y coautor de la edición del epistolario de ELCH, tuvo la gentileza de enviarme algunos de sus trabajos biográficos sobre nuestro compositor y de informarme de los detalles de la génesis del legado de la Familia López–Chavarri Andujar conservado ahora en la BV. Por su parte, el Dr. Antonio Ripollés Mansilla, profesor de la Universitat Jaume I de Castellón, me hizo llegar una crítica de ELCH a un concierto de Rafael Balaguer y me informó puntualmente del estado actual de su investigación en el archivo familiar de este guitarrista, así como de la ausencia de manuscritos de ELCH en dicho archivo. Takeshi Tezuka tuvo la amabilidad de enviarme una copia digitalizada de los dos manuscritos autógrafos de ELCH conservados en la Casa Museo Andrés Segovia de Linares. Agradezco también a Lepoldo Neri por las informaciones que me ha facilitado en referencia al contenido de este archivo y al proceso de actualización de su catálogo que aún está por concluir. 1 Rey, “Del Método en Musicología” (1986), p. 42. 11 Javier Riba, con su habitual desprendimiento y sincero sentido de la camaradería, me aportó algunas ideas interesantes que facilitaron mi acceso a determinadas fuentes de información. Carlos Jaramillo compartió conmigo algunos programas de concierto del periplo americano de Josefina Robledo, así como algunos recortes de prensa que obtuvo en el archivo municipal de Vila–Real. Mi buen amigo y compañero del RCSMM Tomás Campos me sirvió de gran ayuda transcribiendo algunas cartas manuscritas y ayudándome a organizar los índices de este trabajo. Ignacio Rodes mantuvo una relación de amistad con el hijo del compositor, ya fallecido, Eduardo López–Chavarri Andújar. Nuestros intercambios “e–pistolares” para tratar de resolver algunas dudas que me habían surgido en torno a las ediciones póstumas de ciertas obras para guitarra de ELCH fueron muy reveladores. He podido además contar con la cooperación de varias personas a las que no conocía en absoluto: Dagmar Schütz–Meisel, Copyright Manager de Schott Music GmbH & Co., Pablo Salazar, Jefe de Opinión del diario Las Provincias, y muy especialmente de Isabel Guardiola Sellés, del Servici d’Acció Cultural de la Hemeroteca Municipal València, que con total desprendimiento y diligencia me facilitó diversos ejemplares de periódicos valencianos que no están disponibles en línea, y también de Belén Gisbert Aguilar, responsable del Servici d’Acció Cultural de la Biblioteca Històrica Municipal de Valencia, quien me informó de los pormenores de la creación y evolución del fondo manuscrito de la Biblioteca Musical de Compositores Valencianos (BMCV, perteneciente a la antedicha), me puso al día de su contenido actual y tuvo la amabilidad de enviarme tantas fuentes manuscritas como le solicité, sin cargo alguno. Mis alumnos del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (en la clase de instrumento pero, sobre todo, en la de Fuentes musicales), con su natural curiosidad y estimulantes preguntas han sido, durante los diez años que llevo trabajando en el centro, un continuo estímulo para no dejar nunca de plantearme nuevas preguntas sobre el repertorio guitarrístico, su notación y sus protagonistas ni de replantearme las presuntas certidumbres que en ocasiones se basan en ideas preconcebidas. Teresa de Pablo, Marisa Somoza y su Librería Reno han sido piezas clave para mi trabajo por su disponibilidad para localizar toda la bibliografía que les he ido solicitando durante años y por su desprendido mecenazgo a lo largo de mis estudios musicales. Yunah Park me prestó una enorme ayuda para completar la edición musical del repertorio, siempre a costa de robar tiempo a su más que merecido descanso diario. Sin ella, sin su paciencia, amor y generosidad, hubiera resultado muy difícil, con toda seguridad, completar mi trabajo en el plazo establecido. Durante mis visitas a la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu para consultar in situ la mayor parte de los manuscritos que se conservan de la obra guitarrística de ELCH disfruté de una atención extraordinaria por parte del personal de sala. Sus gestiones fueron muchas veces más allá de sus simples obligaciones laborales. Más 12 tarde, durante los meses de confinamiento y una vez superadas las fases de movilidad más restrictivas, tanto ellos como el personal del servicio de reprografía siguieron atendiendo a todas mis solicitudes de manuscritos musicales y correspondencia con el mayor esmero. Quiero hacer especial mención a Consuelo Barberá Montesinos, del Departament d’Arxius Personals i Institucionals, quien empleó mucho tiempo buscando entre las fuentes aún no catalogadas algunas de las cartas de las que yo tenía constancia pero que todavía no aparecen registradas en su catálogo. Más accidentado resultó mi primer regreso a Madrid por obra y gracia de la apócrifa Estrella de Belén virtual, Google Maps, que no merece el crédito que todos le damos: para salir del área de la biblioteca (que está bastante retirada del centro de la ciudad) tuvo la gentileza de guiarme a través de las huertas más intransitables que se puedan imaginar, lindantes con las vías del tren por levante y con el páramo más desolado por poniente. Para no hacer el cuento largo diré que debido a mi falta de pericia una de las ruedas de mi coche quedó sumergida en una acequia de tal modo que la perspectiva de pasar el resto del día allí atrapado parecía más que probable. En esa tesitura me hallaba cuando surgieron, como enviados por la Providencia, un grupo de seis jóvenes titanes que regresando alegremente de su partido de rugby empatizaron con mi desdicha: Atlas (el más corpulento) con sus hermanos Prometeo, Epimeteo, Menecio y un par de primos suyos, supongo, hicieron gala de la fortaleza de la joventut valenciana e impusieron la talasocracia sobre las aguas hortelanas (permítanme la hipérbole dadas las circunstancias) para facilitarme al regreso a mis quehaceres sin mayores dificultades. Sea para ellos el último de mis agradecimientos. Titanes sex Valentini (Camí de l’alquería de Albors, Valencia. Octubre, 2019) 13 1.2. Justificación del tema y marco de referencia Deja en el yermo, ¡oh artista!, tu tesoro, Y no temas si el tiempo le echa tierra; Que si es de ley cual verdadero oro, Alguien lo irá a buscar donde se encierra2. De entre las posibles virtudes que un trabajo de investigación puede llegar a tener, la más indiscutible es seguramente la novedad. Si aceptamos este axioma, podemos garantizar que el presente trabajo contiene al menos esta virtud, puesto que se ocupa de un repertorio y una perspectiva de su autor que no ha sido afrontada con anterioridad. Eduardo López–Chavarri (1871–1970) –a quien en lo sucesivo y en favor de una buena economía literaria nombraremos simplemente como Chavarri o con el acróstico ELCH–, aunque nació en pleno siglo XIX, su muy larga vida hizo que, en términos históricos, falleciera bastante recientemente. Su figura ha sido ya considerablemente estudiada desde diversas perspectivas, acordes a su multifacética vida profesional. Este hecho resulta razonable si tomamos en cuenta que Chavarri fue una personalidad de gran influencia en la música valenciana de buena parte del siglo pasado. Pero hasta la fecha no existía ningún trabajo de un mínimo calado dedicado a su obra guitarrística, que como hemos ido conociendo no es nada escasa e incluye algunas obras verdaderamente notables. Tan solo hemos encontrado algunas reseñas, muy breves, dedicadas a este repertorio en unas pocas fuentes bibliográficas como las de Prat, Diccionario de guitarristas (1934), p. 181; Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p.22 y vol.2, p. 382.; Lázaro Villena, La guitarra clásica en la Comunidad Valenciana (2010), p.245 y en la tesis doctoral de Orengo Miret, López–Chavarri y su aportación a la música para piano solo (2017), pp. 285-350. En los principales diccionarios de música que hemos tenido como referencia para nuestra investigación (DMEH, DMC y Grove) no se hace mención alguna a la obra para guitarra de Chavarri. Por el contrario, las obras para guitarra de otros compositores valencianos contemporáneos a Chavarri aunque más jóvenes como Manuel Palau, Vicente Asencio y, por supuesto, Joaquín Rodrigo (todos ellos crecidos bajo su influencia) sí han sido objeto de estudio de diferentes investigadores especializados en asuntos guitarrísticos. Cabe entonces preguntarse, ¿a qué puede deberse esta laguna en los trabajos sobre nuestro autor? ¿Por qué es tan desconocido entre los guitarristas pese a tener un considerable corpus de creaciones para su instrumento y haber sido un personaje tan longevo e influyente en su época? ¿Acaso su perfil biográfico y su posición de privilegio en el sistema educativo durante el franquismo le hace poco atractivo en nuestros días? La realidad es que Chavarri –como vamos a ir descubriendo a lo largo de 2 Cita de Goethe tomada del encabezamiento de Pujol: Tárrega. Ensayo biográfico (1960). 14 este trabajo– fue un personaje inclasificable e intergeneracional, no adscribible a ninguna tendencia o movimiento estético de una forma monolítica. Su estilo como compositor, que empezó siendo decididamente posromántico, fue bebiendo de diversas influencias, desde el impresionismo de Debussy y Ravel al modernismo que (restringiéndonos al ámbito guitarrístico) con el advenimiento del Homenaje de Falla iba a transformar para siempre el repertorio de la guitara y a los propios guitarristas. Su figura, de amplia y profunda cultura, ha sido con buen criterio asociada al nacionalismo español y sobre todo al valenciano, pero no cuadra con esa visión exotizada de España que tan bien supo explotar el desarrollismo franquista (con el cual sin embargo, por diversos motivos que trataremos con profundidad y objetividad, convivió plácidamente). Fue Chavarri un hombre de contrastes: por un lado, en apariencia, un regionalista militante de tendencias conservadoras; por otro, sobre todo en ciertas épocas de su vida, un bohemio y cosmopolita solterón. Fue también un intelectual que empleaba buena parte de su tiempo trabajando sumergido en estudios teóricos musicales, filológicos y literarios pero que en su biografía (concretamente en sus años de pujante juventud) protagonizó algunas empresas ciertamente temerarias, al menos en potencia, como su labor periodística como corresponsal de guerra en el norte de África. Iremos descubriendo que su perfil intelectual y su dedicación al trabajo le llevaron a desarrollar su actividad en muchos terrenos distintos, dentro y fuera de los márgenes de la profesión musical. Tal vez por esa capacidad de abarcar tantas tareas, aun resolviéndolas siempre con gran solvencia, se le ha considerado más como un buen docente y un extraordinario crítico musical que como un compositor, director o intérprete. Ha sido también muy poco valorado y prácticamente excluido de los más recientes estudios en torno a la música española, los cuales iremos desgranando en el capítulo 2.1.4, dedicado a la apreciación de Chavarri como compositor en general y como autor de obras para guitarra en particular. La Guerra Civil marcó un gran cambio en su personalidad y en su trayectoria profesional. Su afinidad con el nuevo régimen (que le fue otorgando diversos cargos y merecidas condecoraciones) le han pasado probablemente factura en este contexto de los estudios actuales. Además, a Chavarri le faltaba un componente en su personalidad que –salvo para contados y escogidos genios de la música– ha sido siempre esencial para convertirse en una figura célebre, reconocida y con una producción ampliamente difundida: no era ambicioso. A este rasgo ausente de su modesto carácter (virtud, más que defecto, diríamos nosotros) se refería un periodista que le entrevistaba en 1935: En el maestro Chavarri no se sabe qué admirar más: si su obra como compositor, o sus dotes intelectuales aureoladas con una sin par modestia, que le impide hablar de sus méritos innumerables, contraídos a lo largo de su fecunda carrera; por esto resiste tenazmente a hacer manifestación alguna a este respecto las reiteradas veces que yo insisto…3 3 Berenguer, “Eduardo López–Chavarri” (1935), en Ritmo: Revista musical ilustrada – año VII, número 115 – 1 de septiembre de 1935, p.10. 15 La mayor parte de los estudios dedicados a Chavarri que hemos consultado inciden por consiguiente en sus facetas de musicólogo, crítico y difusor cultural4. Podemos también hacernos una idea de su vertiente periodística y literaria gracias a un estudio de Francesc Pérez Moragón5 y basta con leer algunas de sus muchas crónicas musicales que aparecen en nuestro trabajo para ponderar en su justa medida su elegante y florida pluma. Pero la percepción de Chavarri ha comenzado a cambiar; recientemente ha aparecido la tesis de Mónica Orengo Miret (citada anteriormente) que, dedicada a la música para piano solo de Chavarri6, da inicio a un aparente nuevo interés por estudiar la obra musical del compositor. Trataremos de revelar en nuestro trabajo que el estilo de su música –hay quien podría considerarlo anacrónico, anticuado para su propia época– y su ideología política –que un estudio superficial de su biografía puede identificar con la del franquismo– son en realidad asuntos mucho más complejos de desentrañar de lo que habíamos imaginado. Pero cualquier investigador que se precie ha de estar dispuesto a cambiar de idea cuando los hechos le demuestran que sus juicios a priori pueden estar equivocados, o al menos son una visión incompleta de la compleja y verdadera realidad humana. En el momento actual, cuando los estudios musicológicos tratan de buscar planteamientos amplios, unificadores, visiones de conjunto, etc., la figura de Chavarri no resulta sencilla de clasificar ni de abordar. No se puede afirmar con rotundidad que pertenezca a esta o aquella tendencia estilística o ideológica de una forma clara; él fue eminentemente un liberal (en el mejor sentido de la palabra) que, como buen librepensador, se rigió toda su vida por sus principios y sus propios razonamientos, sin dejarse llevar por modas o tendencias. Esto le provocó, como veremos, algunos disgustos y enfrentamientos pero también, unido a su natural generosidad, le concedió el respeto de todos los músicos que le conocieron, fueran estos más o menos famosos o brillantes. Centrémonos ahora en nuestro objeto de estudio, como es la obra guitarrística de Chavarri. Nuestro autor colaboró desde 1922, en plena reedición modernista de la decimonónica guitarromanía, con un destacadísimo elenco de intérpretes7 en un corto lapso de apenas diez años, en el cual compuso la gran mayoría (sin duda también las mejores) de sus obras para guitarra, que suman un buen número. Sin embargo, aquellos guitarristas –por distintas y a veces desafortunadas circunstancias de las que iremos dando cuenta– no dieron una difusión suficiente a las obras que Chavarri les componía y en pocos años estas quedaron olvidadas casi por completo. Tras la muerte de este, acaecida en 1970, muy pocos intérpretes de las últimas décadas del siglo XX se 4 Los más relevantes para nuestro trabajo han sido, por supuesto, incluidos en nuestra investigación y están referenciados en la biliografía. 5 Pérez Mongañon: Introducció a Proses de Viatge (1983), p.10-11. 6 Orengo Miret, López-Chavarri (2017). RiuNet (Repositorio Institucional de la UPV): , [consultada en noviembre de 2019]. 7 Miguel Llobet, Andrés Segovia, Josefina Robledo y Emilio Pujol en orden cronológico, son los más destacados de estos guitarristas. 16 interesaron por este corpus musical a pesar de que algunas obras estaban publicadas. Hemos podido rastrear la presencia de varias de estas composiciones (sobre todo la Sonata II) diseminadas en distintos trabajos discográficos y tenemos también constancia de que algunas obras o partes de obras fueron interpretadas en concierto aunque, en términos generales, su presencia en las salas fue en ese periodo –y aún lo es en el presente– muy esporádica8. Ya bien entrado nuestro siglo pudimos escuchar por vez primera la Sonata I (primera composición para guitarra de Chavarri) gracias a la labor recuperadora y a la primera grabación que realizó Carles Trepat9. Merced a este registro la comunidad guitarrística podía al fin acceder a una nueva obra de dimensiones y calidad insospechada para el año en que fue escrita (1922). No obstante, Trepat, por motivos que no vienen al caso en este momento, no pudo publicar su adaptación del manuscrito original y la obra permaneció inédita, truncándose así las esperanzas de los guitarristas – siempre ávidos de nuevos repertorios poco explorados– que creyeron posible acceder a una composición del periodo de Entreguerras de esta envergadura; nada menos que una sonata en tres movimientos. Muy recientemente se ha completado un Trabajo de Fin de Máster en el RCSMM que está dedicado a esta sonata e incluye una edición basada en los manuscritos autógrafos, trabajo del que daremos cuenta en el cap. 3.2 de esta tesis doctoral10. Pero, como decíamos, la obra de Chavarri que ha pasado a formar parte del repertorio de conciertos de una forma más sólida es la Sonata II. También es la única que ha sido grabada en varias ocasiones y recientemente ha tomado un mayor protagonismo en los escenarios internacionales. Concretamente, el pasado septiembre de 2019 tuvimos el placer de compartir concierto con el extraordinario guitarrista argentino Pablo Márquez en un festival guitarrístico en Siena y quedamos absolutamente fascinados por su interpretación de la Sonata II. Vaya por tanto por delante nuestro agradecimiento a este admirado colega, por su inspiración y capacidad de comunicación que despertaron una irresistible curiosidad y una necesidad de profundizar en un terreno de estudio tan injustamente postergado. Las conversaciones que tuvimos con Márquez en Siena fueron muy reveladoras para nuestra mejor comprensión del estilo de la música para guitarra de Chavarri y nos abrieron las claves para explicar el porqué del ostracismo sufrido por esta y otras composiciones suyas. Concretamente, Márquez había estudiado la obra y hasta la había incluido en su 8 A lo largo de los capítulos de este trabajo irán apareciendo las referencias periodísticas y discográficas de estas interpretaciones históricas. 9 La grabación, realizada en la Capella de l’Esperança de Barcelona en 2008, no pasó a formar parte de ninguno de los discos de este guitarrista. No obstante la compartió en internet en septiembre de 2013. Se puede escucha en línea: ˂https://www.youtube.com/watch?v=j_pOSqjHEa4˃ (primer movimiento), ˂https://www.youtube.com/watch?v=vT0xw4aOjKY&feature=youtu.be˃ (segundo movimiento), ˂https://www.youtube.com/watch?v=JXBCOue-lOk˃ (tercer movimiento) [consultadas en enero de 2021]. 10 V. Guerrero, Sonata I para guitarra de ELCH, TFM (2020). https://www.youtube.com/watch?v=j_pOSqjHEa4 https://www.youtube.com/watch?v=vT0xw4aOjKY&feature=youtu.be https://www.youtube.com/watch?v=JXBCOue-lOk 17 programa para una gira de conciertos por Japón en enero de 2016, pero hasta que no la tocó con su recién adquirida guitarra del barcelonés Francisco Simplicio (construida en los mismos años en que se creó nuestro repertorio) no pudo confirmar hasta qué punto esta obra paradigmática del repertorio chavarriano estaba íntimamente ligada a la estética y sonoridad de aquellas guitarras (muy distinta a la de las utilizadas desde los años de 1950 hasta la actualidad). Este pudo ser un factor decisivo para que la obra no se popularizara desde su tardía publicación en 1957, aunque probablemente solo sea uno de ellos, como veremos. Llegados a este punto, tenemos que reconocer que el tema de nuestra investigación era hasta ese momento otro; distinto, aunque, en muchos aspectos, conectado con este: una nueva metodología editorial para el repertorio guitarrístico de Entreguerras. No obstante, nuestra natural curiosidad por la música de Chavarri –unida a la serendipia toscana– nos regalaba, de forma límpida y envuelto con un lazo cristalino e irresistible, un tema apasionante y extrañamente inexplorado. A medida que íbamos recabando información relativa a la obra guitarrística de Chavarri nos percatamos de que las dimensiones de este objeto de estudio eran las apropiadas para una tesis doctoral, las fuentes manuscritas y otros documentos relacionados con ellas estaban localizadas y catalogadas en archivos y bibliotecas bien organizadas y su acceso a ellas era muy sencillo. Además, la calidad del repertorio –en realidad de una parte significativa del mismo– es extraordinaria. Con estos mimbres, ¿cómo sustraerse al encanto del arte de un personaje con el que tan fácil resulta empatizar a poco que se conozca su trayectoria vital? La decisión, pese a las apariencias, la tomamos tras una necesaria reflexión y una valoración realista de las posibilidades para abarcar en un menor plazo todos los aspectos de un trabajo tan complejo como es una tesis doctoral. Las dificultades que la pandemia trajo consigo (especialmente las relacionadas con la movilidad) han podido ser superadas gracias a los medios digitales de información y comunicación y, sobre todo, a la inestimable colaboración y buena disposición de los responsables de los archivos y servicios de reprografía de las bibliotecas valencianas (BV y BMCV). No obstante, antes de que las restricciones lo impidieran, tuvimos la oportunidad de consultar directamente una buena parte de los manuscritos relacionados con el repertorio escogido, labor muy necesaria para este tipo de fuentes puesto que muchos detalles de la escritura manuscrita (sobre todo si hay enmiendas o tachaduras) son imposibles de descifrar en las reproducciones digitales por muy buena que sea su resolución en color. El trabajo no abordará solo el estudio de las fuentes manuscritas de las composiciones, su catalogación, su colación y la edición de una parte representativa de ellas sino que también las analizaremos dentro de su entorno histórico, social y estético de modo que se pueda comprender mejor la situación en la que fueron creadas y las intenciones del compositor al enfrentarse al reto de escribir para un instrumento tan arcano para no iniciados como es la guitarra. 18 1.3. Objetivos Una vez ya localizadas las fuentes originales del repertorio objeto de nuestro trabajo y terminada su primera lectura, nos convencimos de que tanto las dos sonatas citadas como otras dos suites compuestas en fechas muy cercanas (todas muy elegantemente estructuradas, con influencias en su estilo tanto del romanticismo centroeuropeo como del modernismo, e indudables trazas de folclore español y valenciano) eran obras de muy buena factura y profunda inspiración, dignas de cualquier programa de concierto profesional. También tuvimos que reconocer que otras cuantas obras de este repertorio chavarriano no se correspondían con la calidad de las que acabamos de citar y su resultado en el instrumento es mucho más pobre, sobre todo en su versión publicada. En descargo de Chavarri hay que decir que suelen ser obras sin pretensiones claramente ideadas con criterios artísticos menos ambiciosos. Pero habiendo entre todas ellas un buen puñado de obras tan notables nos preguntamos, ¿cuáles son las razones del tan largo vacío de interés por parte de investigadores y guitarristas? Ya sabemos que la respuesta no tiene que ver con que estemos ante un repertorio demasiado escaso en términos cuantitativos como para no ser tenido en consideración. Muy al contrario, para empezar tenemos un corpus formado por varias obras originales para guitarra sola (muchas de ellas compuestas de varias partes o movimientos) con varias decenas de fuentes manuscritas o impresas relacionadas directamente con ellas. Además hemos podido localizar y consultar algunas obras de Chavarri en las que la guitarra aparece formando parte de un conjunto instrumental, otra en las que un original guitarrístico de Francisco Tárrega ha servido de base para una nueva composición orquestal de Chavarri y –lo que nos ha parecido más interesante– algunas obras para orquesta y para cuarteto de cuerda que no son sino reinstrumentaciones de obras guitarrísticas originales chavarrianas, realizadas con varios años de diferencia por el autor, cuyas características aportan una información muy relevante que en la versión original está ausente o puede ser confusa. Uno de los principales objetivos de este trabajo es aportar toda la información disponible sobre cada una de estas fuentes, de modo que las futuras y necesarias ediciones críticas del corpus puedan realizarse con mayor facilidad. La redacción de un catálogo completo de la obra guitarrística de Chavarri ha sido el fruto de este análisis descriptivo de las fuentes manuscritas. Aparte de varias ediciones Urtext de los manuscritos especialmente significativos para nuestra investigación, hemos incluido también en el capítulo 3.4 un ejemplo de edición crítica que pretende servir de modelo para ulteriores trabajos editoriales sobre este repertorio. Para poner este corpus en su contexto histórico seleccionaremos de entre la correspondencia conservada en la BV todas aquellas cartas, tarjetas postales y notas que tengan una relación directa o indirecta con él. Con esta herramienta documental tenemos la intención de dibujar un relato preciso sobre el autor, las obras y los 19 personajes involucrados en su creación; qué papel desempeñaron estos en su gestación y evolución; cuál fue su actitud ante las composiciones una vez que las recibieron y cuál la respuesta de Chavarri. Para acceder al contenido de esta correspondencia, toda ella dirigida a Chavarri, ha sido de gran utilidad consultar la monografía de Rafael Díaz Gómez y Vicente Galbis López, obra que citaremos en numerosas ocasiones a lo largo del trabajo11. No obstante, hemos podido tener acceso directo a los documentos originales y hemos encargado reproducciones digitalizadas de aquellas cartas que o bien no aparecían publicadas en dicha monografía, o sus transcripciones eran puntualmente confusas, o contenían términos ininteligibles para nosotros. Dada la dificultad de lectura que tiene la escritura manuscrita de algunos corresponsales como Miguel Llobet, Andrés Segovia, Josefina Robledo u Oscar Carlos Cabot, por ejemplo, ha sido necesario realizar un somero aunque imprescindible análisis grafológico de sus cartas para una correcta transcripción. Otra de las tareas imprescindibles para completar felizmente la tarea que emprendemos será la búsqueda de noticias, reseñas, crónicas, críticas, relatos y entrevistas aparecidas en la prensa desde el momento en que Chavarri comienza su relación con la guitarra. Ese momento no fue, como vamos a conocer, en 1922, sino muchos años atrás, cuando apenas alboreaba el siglo XX. La recopilación de estas fuentes periodísticas y su transcripción es absolutamente necesaria para llegar a comprender adecuadamente los procesos de gestación, recepción y difusión de nuestro repertorio y las dificultades con las que este corpus de obras se encontró para poder triunfar y perdurar, desde puntos de vista individuales (de los artistas) o colectivos, como la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Aunque todas estas fuentes periodísticas aparecen citadas y muchas de ellas parcialmente transcritas en el cuerpo del trabajo hemos decidido presentar las imágenes de las páginas originales y sus transcripciones completas por orden de aparición y por capítulos en el apéndice 5.1. Para facilitar la localización de cada una de ellas hemos repetido en distintos capítulos de ese apéndice las pocas noticias que aparecen citadas en más de uno de los del cuerpo del trabajo. Un último objetivo que debemos citar está relacionado con la percepción de la personalidad de Chavarri. Su longevidad y su respetable y merecidamente privilegiada posición en las estructuras musicales de su tiempo han hecho que su figura haya sido vista desde una perspectiva casi teórica, idealizada en los aspectos más amables de su carácter (que eran muchos) pero, precisamente por ser ideal, desprovista en realidad de su verdadera humanidad. En los contenidos biográficos de Chavarri, que van a impregnar cada uno de los capítulos de esta tesis doctoral, trataremos de que otros aspectos emocionales –y tal vez no siempre amables– que a nuestro entender fueron fundamentales en la vida del compositor se hagan más patentes de lo que suele ser habitual en muchos de los laudatorios y reverenciales escritos históricos dedicados a su persona. 11 V. Díaz–Galbis, Correspondencia (1996). 20 1.4. Metodología y fuentes Los límites del marco metodológico han quedado bien definidos en los anteriores apartados de esta introducción. Dado que el corpus musical al que dedicaremos nuestro trabajo ha sido muy poco estudiado y la bibliografía relacionada es por tanto muy escasa, más que llenar vacíos de un posible armazón histórico y analítico nos hemos visto obligados a plantar los cimientos y construir la estructura de ese armazón. Para conseguir este objetivo hemos tenido que utilizar una metodología muy amplia y flexible que precisó del uso de diversas herramientas de trabajo. Para tener acceso a las fuentes musicales y epistolares relacionadas con nuestro repertorio hemos visitado varios archivos y bibliotecas de Valencia y de otras ciudades españolas como Madrid, Linares y Barcelona12. Allí hemos tenido la oportunidad de consultar todas las que hemos considerado más relevantes para la investigación. Una vez seleccionados los materiales (manuscritos autógrafos, otros manuscritos redactados por guitarristas o por copistas, cartas, fotografías, etc.) hemos encargado reproducciones digitales de todos ellos y los servicios de reprografía, diligentemente, nos las han hecho llegar con el objetivo de ampliar su estudio desde la tranquilidad de nuestro domicilio en estos tiempos de confinamiento. El análisis y estudio crítico de estas fuentes, sobre todo de las musicales pero también del resto, han revelado una serie de certezas sobre el proceso de creación de las obras que han sido de gran utilidad para ajustar en lo posible el relato de los hechos con un punto de vista objetivo e historiográfico. Este estudio historiográfico tiene en nuestro trabajo una doble vertiente: una estrictamente biográfica (fundamentada especialmente en la correspondencia, los testimonios de los artistas y musicólogos que conocieron a Chavarri y los escritos del propio autor) y otra documental–periodística que está basada en las abundantes noticias, críticas y crónicas que hemos podido recopilar gracias a la existencia de varias hemerotecas digitales como la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, la Hemeroteca digital de la BNE y la Biblioteca Valenciana Digital. Algunas referencias de este tipo que conocíamos pero que no estaban disponibles en línea las hemos podido conseguir gracias a la colaboración de diversas personas, cuya amabilidad ha sido recogida en las respectivas e inexcusables notas a pie de página. Cuando no ha sido posible localizar las publicaciones periódicas originales (cosa que ha ocurrido en muy contadas ocasiones) nos hemos conformado con citar la fuente secundaria en la que aparecen. Este aspecto documental del trabajo se ha nutrido además de la información contenida en una considerable cantidad de diccionarios de música, diccionarios guitarrísticos, enciclopedias, artículos en revistas especializadas de guitarra, estudios multidiciplinares 12 V. una relación completa de las fuentes musicales (manuscritas e impresas) de nuestro corpus musical así como mayores detalles sobre estas bibliotecas y archivos en el cap. 3.1.4 de nuestro trabajo, titulado “Catálogo de la obra guitarrística de ELCH”. 21 y otras fuentes históricas de información, tanto las de la época objeto de estudio como las de la nuestra, la que nos ha tocado vivir. Además de a las citadas hemerotecas digitales hemos recurrido también a diversos recursos en línea para conseguir documentos, información sobre los personajes involucrados en el repertorio e incluso opiniones e hipótesis que han compartido en la red algunos investigadores e intérpretes de prestigio. Entre estos recursos en línea destacan los muy útiles y excelentemente documentados listados de los conciertos de Miguel Llobet y Andrés Segovia que el investigador de asuntos guitarrísticos Julio Gimeno ha ido completando entre 2013 y el presente año13 y la página Web del Arxiu del Museu de la Musica de Barcelona, donde se pueden descargar un buen número de manuscritos, cartas y programas de concierto pertenecientes a los Fons Miquel Llobet que conserva esta institución. Algunas entrevistas personales e intercambios epistolares con varios investigadores, guitarristas y dueños de manuscritos han sido igualmente necesarios para resolver determinadas dudas que los documentos por sí solos no podían ayudar a aclarar. Entre todos ellos he de destacar la colaboración de Javier Suárez Pajares, Julio Gimeno, Adrián Rius, Carles Trepat y Pablo Márquez. Para la edición de los manuscritos hemos utilizado como herramienta de trabajo el programa Finale de edición de partituras y para completar la tarea hemos podido disfrutar de la inestimable y segura colaboración de una experta en nuevas tecnologías de todo tipo y condición como es la lutier Yunah Park. Para la transcripción de una parte de las fuentes periodísticas (aquellas en las que la copia digital tenía una buena resolución y no se transparentaba el texto del reverso de la hoja) hemos utilizado la herramienta de reconocimiento de textos de Adobe Acrobat profesional X (10.0). No obstante, todos los textos han sido detalladamente revisados para evitar los recurrentes errores de transcripción de la aplicación. El resto de fuentes han sido transcritas manualmente, y en general hemos actualizado la ortografía (evitando, por ejemplo, las tildes en la preposición «á» o en los demostrativos «éste» y «ésta») y respetado los errores en la ortografía de los nombres propios y las ciudades, indicando con [sic] que así están en el original. 13 V. en Gimeno, “Los conciertos de Andrés Segovia” (2013-2021) y Gimeno, “Los conciertos de Miguel Llobet” (2014-2020) [consultadas en junio de 2021]. 22 1.5. Estructura del trabajo Teniendo en cuenta la necesidad de trazar un relato histórico de la relación de Chavarri con la guitarra –ya que, como hemos dicho, no existe ningún estudio previo que se haya ocupado de ello– hemos considerado oportuno estructurar el trabajo desde un punto de vista cronológico, si bien nos hemos permitido hacer diversos flash- backs y flash-forwards14 cuando el relato de los hechos invitaba a hacerlo. Así, esta tesis se estructura en dos grandes bloques: el primero de ellos, de menores dimensiones, es el capítulo 2 e incluye un repaso a la trayectoria profesional y personal de Chavarri (2.1), sus primeros acercamientos a la guitarra a través de la figura de Francisco Tárrega y siempre desde el punto de vista de la crítica musical (2.2) y, por último, un estudio analítico del entorno social y estético –español en particular y también europeo– fruto del cual se produjo el enésimo renacimiento histórico de la guitarra, en aquella ocasión ligado a algunos de los movimientos artísticos posiblemente más transformadores de la historia del mundo occidental (2.3). El segundo y más extenso bloque, capítulo 3, lo conforman los contenidos dedicados ya específicamente al tema principal de la investigación: la obra guitarrística de Chavarri. El primero de los apartados, 3.1, está destinado al análisis de nuestro corpus musical en relación con su marco histórico y en particular (aunque no en exclusiva) con la obra que provocó el resurgimiento del instrumento antes citado: el Homenaje de Falla. Incluye, además, un breve ensayo sobre la estética musical de la obra para guitarra de Chavarri y otro que aborda un problema compartido con buena parte del repertorio guitarrístico de Entreguerras: la multiplicidad de versiones instrumentales –realizadas por los mismos compositores– basadas en originales guitarrísticos. Se contemplan aquí también las preguntas que esas nuevas obras pueden plantear a la hora de emprender la tarea de editar apropiadamente este repertorio. El apartado concluye con la presentación de un catálogo completo de la obra para y con guitarra del compositor, en el que se detallan cada una de las fuentes, su procedencia y archivo o biblioteca donde están conservadas. Los siguientes apartados relatan con detalle el proceso de creación, el entorno histórico, la recepción y difusión, e incluyen un análisis crítico de cada una de las obras del repertorio ligándolas a la figura del guitarrista (o en su caso guitarristas) relacionado directamente con ellas. El 3.2 está dedicado a la Sonata I (primera obra del repertorio, cronológicamente hablando) y a su dedicatario, Miguel Llobet. El capítulo 3.3 trata de la Suite y de Andrés Segovia e incluye además dos ediciones Urtext de una de las piezas que integra la obra, en su versión original y para orquesta sinfónica. A continuación, el capítulo 3.4 se ocupa de las Siete piezas para guitarra; en él está contenida una investigación sobre del papel que representó nuevamente Andrés Segovia en su 14 Rogamos la indulgencia del lector por no utilizar los cultismos analepsis y prolepsis, que casi nadie usa en la actualidad. 23 creación. Además, hemos aportado un estudio histórico del dedicatario de la obra, Rafael Balaguer, sobre quien no conocíamos ningún trabajo previo publicado. También en este capítulo hemos incluido una edición, en este caso crítica, de dos de las piezas cuyo manuscrito se ha conservado. Por su parte, el apartado 3.5 trata de la Sonata II y de Josefina Robledo, intérprete muy querida y vinculada a Chavarri, con quien colaboró durante muchos años en la revisión de esta y de otras obras de su catálogo guitarrístico. Ya que la Sonata II se publicó –con la editorial Max Eschig, de París, en 1957– hemos decidido adjuntar en esta ocasión dos ediciones Urtext: una de la versión del compositor para cuarteto de cuerda (a la que tituló Quartettino) y la otra de los primeros compases de un proyecto de Concierto para guitarra y orquesta que no llegó a fructificar. El último de los capítulos de este bloque (3.6) se ocupa de las obras editadas, aún más tardíamente, por la UME (una de ellas en los años de senectud del compositor, el Intermezzo, y las otras ya póstumamente). En este último apartado aparece de nuevo la sombra de Andrés Segovia y se descubre la existencia de otra suite (con el título de Tríptico: Preludio, Andante tranquillo y Finale) que, al igual que la primera Suite, no llegó a publicarse en su forma original y ni tan siquiera a interpretarse íntegramente. Además del ya citado extenso apéndice de fuentes periodísticas (5.1), hemos adjuntado un índice de las ilustraciones que aparecen en el trabajo (5.2), otro apéndice que contiene los facsímiles de los manuscritos y las publicaciones originales relacionados con las nuevas ediciones que hemos completado (5.3) y, por último, el pertinente listado de abreviaturas (5.4) y la bibliografía que hemos manejado en nuestra investigación (6). 25 2. Eduardo López–Chavarri Marco y su relación con la guitarra 26 27 2. Eduardo López–Chavarri Marco y su relación con la guitarra 2.1. ELCH: Perfil biográfico y profesional 2.1.1. Personalidad de un artista e intelectual Podríamos dar por seguro que cualquier profesional de la música que se haya criado en Valencia o en su entorno durante el siglo pasado, al ser preguntado por Eduardo López–Chavarri lo recordará con toda probabilidad como el gran patriarca de la música valenciana. Y –nuestra experiencia lo confirma– no lo hará de un modo peyorativo o con connotaciones negativas sino con cariño, admiración o, al menos, con respeto. Tratándose de una personalidad de semejante relevancia en su región, la bibliografía relacionada directa o indirectamente con él tendría que ser abundante y, en efecto, lo es. Y lo es de forma laudatoria con su labor e influencia decisiva –tutorial en muchos casos– para una considerable cantidad de compositores, intérpretes e investigadores valencianos; tales como Manuel Palau, Joaquín Rodrigo, José Iturbi y Leopoldo Querol, por citar algunos entre los más destacados. De entre esta abundante bibliografía es necesario destacar los trabajos de Rafael Díaz Gómez y Vicente Galbis López. Aparte de colaborar para la publicación de una monografía utilísima para los investigadores –dedicada a la correspondencia recibida por Chavarri, que se conserva en la Biblioteca Valenciana– son autores de varios otros trabajos que han aportado nueva luz sobre su verdadero papel en la historia de la música valenciana y son de lectura necesaria para todo aquel que pretenda investigar en torno a su figura15. Queda lejos del cometido de este trabajo profundizar en las múltiples facetas profesionales que su devoción por el trabajo, su amplia cultura literaria, artística y musical y las circunstancias de su larga vida le permitieron desarrollar. Digamos a modo de resumen y para describir su personalidad que en la literatura dedicada a Chavarri –la de sus contemporáneos y la más actual– se abunda recurrentemente en utilizar ciertos calificativos para definirlo: longevo, polifacético, autodidacta, culto, trabajador y, además, gracias a la correspondencia conservada (tanto la propia como la de sus corresponsales) Díaz y Galbis lo han podido retratar como una persona dialogante y dotada de un gran sentido del humor. Sirva como prueba de ello la siguiente imagen: una tarjeta con la que Chavarrí felicitaba las fiestas navideñas de 1951 a la familia de su protegido y amigo Joaquín Rodrigo que se conserva en el archivo de la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo: 15 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996). Esta monografía, en dos volúmenes, ha sido una herramienta fundamental para la realización de este trabajo. Agradecemos igualmente la disposición del Dr. Galbis López para ayudarnos a resolver algunas dudas relacionadas con esta correspondencia que fueron apareciendo en el transcurso de nuestra investigación. 28 Tarjeta de Eduardo López–Chavarri a Joaquín Rodrigo (E–Mjr) Valencia, 18 de diciembre de 195116 Chavarri fue una personalidad transversal, a caballo entre dos siglos, de amplia cultura y cualidades tan diversas que le llevaron a dedicarse a tareas igualmente dispares a lo largo de su vida. Solamente a partir del nuevo siglo, desde 1908, comenzó a tomarse verdaderamente en serio su vocación como músico práctico y tal vez por ello, como vamos a ver, en varias de las fuentes con las que nos hemos documentado pudimos comprobar que su faceta de compositor aparece en segundo plano o simplemente resulta ignorada. Y es que Chavarri, aparte de músico (compositor, director de orquesta, pianista, musicólogo y conferenciante) fue nada menos que fiscal de la Audiencia Provincial de Valencia, dibujante –en ambos de estos últimos terrenos tras cursar estudios oficiales en prestigiosas universidades y escuelas del país–, escritor, traductor, promotor de conciertos, crítico de arte, periodista –llegó a colaborar con numerosas revistas y periódicos, sobre todo con Las Provincias de Valencia, donde escribió toda su vida– y hasta corresponsal de guerra en Marruecos17. El arrojo del joven Chavarri, que le llevó hasta esa aventura en el Magreb18, ya anteriormente le había permitido enfrentarse a nuevos retos intelectuales los cuales, como es natural, le provocaban algunos desvelos, aunque sin llegar a frenar su entusiasmo para abrirse nuevos espacios de desarrollo profesional. Un buen ejemplo: su amigo Arturo Cubells Blasco, gran melómano y médico de profesión, le aconsejaba en una carta sobre cómo enfrentarse a sus primeras conferencias. Cubells, experto en tales lides (no en vano fue alumno interno numerario de la Facultad de Medicina de Valencia, 16 Agradecemos a Javier Suárez–Pajares que haya compartido este documento para nuestra investigación. 17 Para profundizar en todas las facetas de la vida profesional de ELCH consúltese el estupendo ensayo de Díaz–Galbis, ibidem, vol. 1, pp. 9–54. 18 La única fuente que hemos encontrado que aporte información sobre sus motivaciones para marchar a la guerra africana como corresponsal es la web del Proyecto Chavarri, diseñada por el director de orquesta Vicente Martínez Alpuente. Véase en [consultada en junio de 2021]. https://i38848.wixsite.com/el%E2%80%93proyecto%E2%80%93chavarri/biografa https://i38848.wixsite.com/el%E2%80%93proyecto%E2%80%93chavarri/biografa 29 según declara en su Manual del Practicante, en tres tomos), lo hace en un tono divertido que revela una gran complicidad con Chavarri: Madrid, 12–II–1894 (…) Te felicito por las conferencias que vas a dar en el Ateneo hablando y guillotinando a Grieg. Sobre la consulta que me diriges, voy a contestarte la verdad. Cuando uno habla por vez primera ante un público más o menos numer...oso le pasa lo siguiente: que se encuentra asustado y se encuentra cohibido y además está molado y horriblemente jodido: y el pulso se le acelera y la piel se le agallina y toda su faz se altera y ... luego se pone enfermo y tiene que tomar Antipirina (este verso me ha salido un poquito desigual pero eso es debido a que soy un ..) Bueno, pues no tengas cuidado que ya te irás “jasiendo”; lo que yo siento es no poder asistir a tus conferencias, y lo siento porque estoy seguro que disfrutaría al oírte perorar y pianear. (…)19 Está claro que la escansión de estos ripios no daría para otra conferencia pero la cita nos ha parecido a propósito para abundar en el carácter alegre y bromista de Chavarri. Son pocas sus cartas informales a las que hemos podido tener acceso (apenas un par de ellas dirigidas a Rodrigo) así que en esta ocasión lo inferimos desde la pluma de su amigo. En la mayor parte de los escritos académicos o periodísticos de Chavarri resulta difícil imaginar su tan nombrado carácter bromista aunque en ocasiones, como en sus “pequeñas notas de viaje” para Las Provincias, se destila un humor irónico que no llega a ser de colmillo tan afilado como para considerarse sarcástico. En una de estas, de 1928 y dedicada a un concierto de Iturbi en París, lo muestra en su máxima expresión: En el vestíbulo, en la espera de la calle, una multitud le aclamaba. Y nuestro Iturbi, modesto, con la cabeza un poco inclinada, cogido del brazo de su madre dirigíase al coche. Como alguno de nosotros dijere: —Vaya, que ni a un «fenómeno» de toros allá le hacen esto. En el acto surgió rápido el espíritu valenciano de Iturbi: — Sí, «com a Garrufo; poséuse en fila; marchen». Y disimulando el andar torero, tarareaba la marcha de «Pan y Toros». —Chin tararata, chinta… Una aristocrática dama, cubierta de ricas pieles, exclamaba: —Aún le dura la excitación musical: canta la última obra de Listz que ha tocado. (…)20 19 La transcripción completa de esta carta se encuentra en Díaz–Galbis, ibidem, p. 138. [V. también en Galbis, “Eduardo López–Chavarri” (1997), p. 379]. 20 Las Provincias: diario de Valencia: año 63, número 19311 – 23 de mayo de 1928, p. 1. 30 También en el terreno de la literatura Chavarri fue autor de algún título en el que destaca por su “sano sentido del humor y alegre socarronería, como el Manual del wagnerista d’ocasió”21. Eduardo López–Chavarri. Foto del Estudio Novella (s.f.)22 Este talante alegre y bromista de Chavarri no era óbice para, cuando se hizo necesario, defender sus ideas con firmeza, incluso aunque le llevara a enfrentarse con algún buen amigo. En particular, es de destacar la agria polémica que mantuvo (pública y privadamente) con su buen amigo Joaquín Nin a causa de la disputa entre los defensores del piano y los partidarios de la irrupción del clave en el mundo musical de la época para interpretar la música antigua de tecla. La polémica derivó en un maniqueísmo en los medios que tuvo como campo de batalla el enfrentamiento entre Nin y la principal estrella del clave, la polaca Wanda Landowska, a quien Chavarri admiraba profundamente desde que había traducido parcialmente su Musique ancienne23. Chavarri, como buen librepensador, encuentra más razonable no situarse en 21 López–Chavarri Andujar, Compositores valencianos, (1992), p. 54. 22 Tomada de la web del “Proyecto Chavarri”, creada por Vicente Martínez Alpuente, en donde se comparte junto a una buena colección de imágenes de la vida de ELCH. 23 La traducción de esos fragmentos apareció en el número de diciembre de 1911 de la Revista Musical de Bilbao [V .en Díaz Pérez De Alejo, “Joaquín Nin y Wanda Landowska” (2016), p. 223]. 31 una posición rígida, valorar los pros y contras de cada opción y ante todo respetar la libertad de criterio de los litigantes y los críticos24. No obstante, ante la creciente hostilidad de Nin, escribía: El señor Nin gusta de levantar polémicas, para proclamarse luego aludido y echar la culpa de ellas a los que él provocó; es el sistema periodístico de los diarios de tiempos de Calomarde. Contra mi voluntad fui traído a la discusión, y de igual manera me veo obligado a insistir, a pesar de mis propósitos. Mi antagonista hace como el famoso general del cuento: —Mi general; ya han disparado el cañonazo que ordenó V. E. pero no llega al enemigo. —Pues si no llega uno dispare usted dos. Y el general Nin repite el cañonazo y gasta pólvora en salvas, creyendo que la historia se construye con los célebres «argumentos», o con retazos de frases tomadas de aquí y de allá, para servirlas en amable pisto manchego de ideas... y comentarios. Es el caso vulgar de cuantos llegaron tarde y sin preparación a la ciencia, figurándose que con prolijos juegos de palabras hay bastante para formar un sistema científico. (...) llega tarde nuestro soliviantado pianista; y lo que es peor, llega después de su denostada Landowska, siendo extraño que exija a los demás tanta memoria quien olvida que antes de escribir él su «Anciens et modernes» ya tenía publicado Landowska el «Mépris pour les anciens», y antes de conocer Nin «La raison de plus fort» ya había publicado la clavecinista «Les transcriptions»25. Pese a la dureza del enfrentamiento, una vez superada la contienda la relación no se rompió sino que perduró, sincera e inalterable, como bien demuestra la correspondencia de Nin que se conserva en la BV26. Este hecho, a nuestro entender, da buena fe de la honradez, franqueza y calidad de la amistad entre ambos músicos. 24 Para saber más sobre este “duelo” de titanes es de obligada lectura el artículo que acabamos de citar de Díaz Pérez De Alejo: “Joaquín Nin y Wanda Landowska” (2016), pp. 211–234. 25 “Decíamos ayer”, Revista Musical de Bilbao, IV, 10 (octubre 1912), pp. 240-241. Consultada en 26 Puede consultarse esta nutrida correspondencia en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, pp. 7–77. 32 2.1.2. Un liberal en una sociedad conservadora ¿Por qué Chavarri llegó tan tarde a decantarse por la música como profesión? Para comprender las razones de ese retraso hay que considerar el entorno social y familiar en el que se crió. Lo poco que se ha escrito sobre su infancia y su juventud nos sitúa en un ambiente típico de la alta burguesía valenciana, una casa familiar situada en una de las calles más selectas de Valencia y un padre, ingeniero y aficionado a la música, que quiso inculcar el amor por este arte a sus hijos como un componente esencial para su formación pero presumiblemente sin intención de señalarlo como una verdadera orientación profesional para ellos27. No obstante, la latente vocación de músico de Chavarri le llevó a simultanear los estudios de derecho con los musicales aunque estos últimos, especialmente durante los años que tardó en doctorarse en leyes, los siguiera de una forma bastante libre, compaginando una formación principalmente autodidacta con lecciones de músicos de la talla del organista Francisco Antich y del que fue su principal maestro y amigo: Felipe Pedrell28. Sobre el primero de ellos y con motivo de su fallecimiento en 1926, Chavarri escribía una columna de homenaje para Las Provincias: (…) Antich no vivió el apartado ambiente que suele respirarse en Valencia. El supo inquirir lo que por el mundo valía y lo enseñó a sus discípulos29. En efecto, pese a la restrictiva vida cultural y moral de Valencia, Chavarri fue desde su juventud un espíritu libre que trató de regatear las limitaciones que le imponía la conservadora sociedad en la que vivía abriendo sus horizontes. París, ciudad que llegó a conocer como la palma de su mano, era su principal vía de escape y el espacio donde su inquietud intelectual y su espíritu liberal encontraban el mejor acomodo. Fueron muchos los viajes que hizo a esa ciudad por asuntos profesionales, a veces para atender sus compromisos editoriales e intereses como autor y otras ejerciendo de cronista como parte de su trabajo como periodista. La familiaridad con la Ville Lumière podemos comprobarla en la misma crónica del concierto de Iturbi que hemos citado anteriormente: Ir a casa de Iturbi desde el centro de París es un buen paseo; tomando para ello un taxi parece que hacéis excursión de turista: Bulevard de los Italianos, la Ópera, Campos Eliseos, Arco de la Estrella, Porte Maillot, Neuilly… y en la amplia avenida Roulle, no lejos de una grata tienda de flores (claveles gigantescos), está una casa moderna; no precisa que toméis el ascensor (…)30 27 Sobre este primer periodo de la vida de ELCH consúltense las siguientes referencias: Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), p. 15; Díaz–Galbis, “Homenaje” (s.f.), pp. 337–338; y López–Chavarri Andujar, ibidem, (1992), p. 51–52. 28 En Climent, Música Contemporánea Valenciana (1978), p. 88, leemos: “También tiene Chavarri una cualidad que han tenido muchos de los grandes músicos valencianos de la antigüedad: son autodidactas, al menos en gran parte. Tienen maestro, pero de forma especial. Y él fue alumno de Pedrell, pero a su manera, siempre original”. 29 Las Provincias: diario de Valencia: año 61, número 18904 – 09 de octubre de 1926, p. 1. 30 Las Provincias: diario de Valencia: año 63, número 19311 – 23 de mayo de 1928, p. 1. 33 Pero lo que nunca fue Chavarri es un hombre de acción, pese a lo que su experiencia africana pudiera sugerir y aunque así lo define Galbis (retratándole desde un punto de vista intelectual) al referirse a sus iniciativas en pro de que sus alumnos fueran a estudiar al extranjero31. ¿Qué mejor para demostrar nuestra afirmación que su propio testimonio en esta misma crónica? Chavarri nos relata con un nudo en la garganta cómo el gran pianista le dirige a la sala de conciertos conduciendo temerariamente su propio coche a través del denso tráfico parisino: Iturbi nos llevaba en su auto y como siempre, sentóse al volante. —Pero, ¿y el concierto? ¿y las manos? —¡Bah! Así hago gimnasia de dedos, de música y de brazo. Y nos lanzó a escape por en medio de aquel maremágnum de los bulevares. ¡El cronista pasa un rato de inquietud! Iturbi marchaba rápido, diestro, entre aquel hormigueo de autos; zigzagueaba, escurríase por donde imposible pareciera, y aquel mar de caparazones móviles diríais que estaba obligado a dejar pasar siempre el coche de nuestro gran Pepe. Pronto nos dimos cuenta de que guiaba lo mismo que toca el piano: con una seguridad absoluta. —Aquí –nos decía– se va bien porque todos saben ir a tiempo, y a la velocidad justa. Allá (en nuestra «casa») con aquel pavimento increíble, aquella polvareda entristecedora y aquel individualismo formidable, un carrito de mano que aparezca por el otro extremo de la calle, ya es para echarse a temblar… Visita de José Iturbi al Conservatorio de Valencia tras la Guerra Civil (Chavarri e Iturbi se dan la mano) 31 V. Galbis, “Eduardo López–Chavarri” (2014), p. 42. 34 Queda claro que nuestro autor supo –dentro de las posibilidades que la austeridad de su carácter le permitía– disfrutar de los años veinte con intensidad. No solo frecuentó París en aquellos últimos años de la década sino que ya antes había tenido la oportunidad de estudiar composición en esta misma ciudad y de ampliar conocimientos en Italia y Alemania32. En cambio, en Valencia nunca pudo sustraerse de las castrantes restricciones sociales y morales. Un hombre de su posición, soltero y bien pasada la cincuentena por aquellos años, podía permitirse disfrutar de la bohemia en Francia pero cuando regresaba a la terreta no podía por menos que ser un respetable y católico señor de provincias. Según nos informan Díaz y Galbis, poco después del episodio que acabamos de narrar “en 1929 contrajo matrimonio con Carmen Andújar, a la que conoció en un concierto y de la que se quedó admirado de su categoría musical”33. No hemos podido saber gran cosa de cuándo se inició esta relación con la todavía joven liederista argentina pero creemos que fue al menos algunos años antes. ¿Tal vez “disfrutaron” juntos de aquel excitante rally por las calles de París que Iturbi les proporcionó? Nuestra suposición se refuerza mucho si leemos una columna de las Pequeñas notas de viaje de Chavarri en Las Provincias del 28 de mayo de 1928, cinco días después de la de Iturbi. Se comenta por sí misma: Una tiple que ya es valenciana, Carmen Andújar, se deja oír en París No hace muchos cursos llamaba grandemente la atención en las audiciones del Conservatorio una muchacha que estudiaba canto; era bonita, alta, gesto de Walkyria, tenía espléndida voz de soprano, voz que era orgullo de la clase del maestro Alonso y honor de la casa. De aquella muchacha se hablaba con interés novelesco; su presencia era de argentina; su voz tenía matices de valenciana; sus cabellos rubios dábanle aire norteño, y su nombre sonaba a casticismo andaluz: Carmen Andújar. Todo contribuía en ella para que le rodease ambiente de leyenda; porque, nacida en la Argentina, de padres hispanos que a la Patria castellana volvieran, en Valencia se formó su espíritu: el Conservatorio le dio saber musical, y de él marchó a Milán para completar estudios. (…) Ha estado recientemente Carmen Andújar en París. Lo que solo había de ser una sencilla excursión de vacaciones para respirar ambiente de arte, se ha convertido en algo más lisonjero. Los Iturbi, Nin, la condesa de Boisroubray, Wanda Landowska, el compositor de Brocqua, Emilio Pujol y tantos otros, quedaban encantados al oír a nuestra artista. (…) Al ver aquel éxito, recordábamos con pena otro ambiente de cada día en el que no se alcanza a reconocer el aspecto propicio de un arte como lo es [el de] Carmen Andújar; diríase que surge una extraña angustia, por si hay que mover actividades para otorgar un galardón34. Otro revelador documento que refuerza nuestra hipótesis es la carta de felicitación por su reciente matrimonio que Emilio Pujol le envía a Chavarri en mayo de 1929: 32 V. en Díaz–Galbis, “López–Chavarri” DMEH (1999–2002), p. 1043 y en Díaz–Galbis, “López– Chavarri” DMV (2006), p. 39. 33 Díaz–Galbis, “Homenaje a la familia López–Chavarri” (s.f.), p. 339. Para conocer la biografía de la Sra. Andujar véase Díaz–Galbis, ibidem, pp. 353–354 y Díaz–Galbis, “Andújar Sotos, Carmen”, DMV (2006), p. 45. 34 Las Provincias: diario de Valencia: año 63, número 19304 – 15 de mayo de 1928, p. 3. 35 Querido Chavarri. ¡Bravísimo!... El notición ha sido celebradísimo entre todos los admiradores de la espiritualidad hispano–argentina. A Matilde y a mí nos parece estupendamente bien: además se imponía por natural consecuencia. Un elemento formidable de realización con todos los atractivos humanos junto a otro elemento equivalente de creación y… con circunstancias, tal vez en la Siberia podrían vivir contrapuntísticamente, pero lo que es en Valencia… tiene que terminar en acorde perfecto35. Eduardo López–Chavarri y Carmen Andújar La contradicción es uno de los rasgos de personalidad más comunes entre los hombres y, dadas sus circunstancias, creemos que Chavarri lo comparte con total justificación. Sus preferencias musicales también participan de este conflicto entre entorno conservador y espíritu libre. Los distintos estudios consultados que tratan sobre el estilo musical de Chavarri –y que suelen parapetarse en una retórica musicológica bastante imprecisa, sin entrar en análisis musicales objetivos– dibujan el perfil de un joven romántico valenciano amante de su folclore regional y educado en un costumbrismo localista que, por influencia de Pedrell y otros destacados músicos, pasa a convertirse en un cosmopolita filowagneriano, pertinazmente opuesto a la omnipresente ópera italiana que lo invadía todo en Valencia. Va a ser un defensor del sinfonismo y un activista de la música instrumental y de la introducción en las salas de concierto de las obras de los grandes compositores centroeuropeos (inéditos hasta entonces en Valencia)36. No obstante, Federico Sopeña señalaba en 1946, durante un programa de RNE en el que se homenajeaba a Chavarri, lo difícil que resultaba etiquetar su carrera monolíticamente en un estilo: (…) Bien es verdad que con Eduardo López Chavarri no hay problema de generaciones: es el más joven de todos nosotros. Así su música también una música sincera, nobilísima, con su línea recta del corazón a la mano. López Chavarri, demasiado libre para hacer “escuela” ha dado el 35 Carta de Emlio Pujol a Eduardo López–Chavarri (Châtel–Montagne, Allier, 11 de abril de 1929). Conservada en la BV, con sign. E–VAbv: AELCH–CR–2057. 36 Léanse sus propias palabras al respecto en la entrevista a cargo de E. Berenguer en Ritmo: Revista musical ilustrada – Año VII, Número 115 – (01/09/1935), pp. 9–10. 36 mejor ejemplo de compositor: coge lo mejor de su tiempo que se llama Albéniz y Granados, y sobre ello, sin dejarse conquistar por pintoresquismos fáciles, monta su voz personal, su inspiración alegre, levantina y tierna. Para los compositores valencianos de posteriores hornadas el ejemplo de Chavarri ha sido esencial: liberación del lado fácil de su propio regionalismo o de un romanticismo a ultranza (…)37 Y es que, efectivamente, desde joven Chavarri estuvo abierto a recibir todo tipo de influencias musicales –siempre y cuando tuvieran un alto grado de belleza y sofisticación– y su inicial admiración por autores como Wagner o Grieg, por ejemplo, no le impidió –con el tiempo– aprender a apreciar los valores de las nuevas tendencias musicales que venían de Francia, de la mano de Debussy o Ravel. Su amigo Nin le aconsejaba en 1908, tras haber analizado y alabado sus incipientes Acuarelas Valencianas, que reconsiderara sus, al parecer, agrias críticas hacia la nueva música francesa: Lo que deberías hacer, por de pronto, es escribir, escribir sin cesar, para dar más vuelo al “desarrollo”... más soltura a la forma, más ligereza al procedimiento. Sobre Debussy te equivocas completamente, créelo. ¡Eres demasiado músico para hablar así de este hombre admirable, esencialmente musical!... Deja a Grieg por unos años y estudia la joven escuela francesa. Encontrarás allí nuevos horizontes, miras nuevas, nueva vida. (…) ¡Ya verás!... En la paleta de Debussy y de la Francia Nueva hay colores que podrás tú imitar o que te inspirarán a ti otros todavía. ¡Debussy... sí es acuarela exquisita la de ese hombre que yo detesto, pero cuya música me encanta hasta hacerme olvidar la vida!38 Es un hecho que Chavarri jamás abandonó en sus composiciones la práctica común y las formas tradicionales. Basta dar un ligero vistazo a sus obras para darnos cuenta de ello pero, como en la mayor parte de los compositores de su época, podemos también percibir desde sus primeras obras orquestales cómo progresivamente va incluyendo ciertos elementos tomados del impresionismo musical, sobre todo en lo que se refiere al color y al timbre de sus orquestaciones así como a la armonización más compleja de los acompañamientos. No obstante, el nivel de influencia de la música impresionista en la obra de Chavarri aún está por estudiar en profundidad39. Climent, por ejemplo, detecta grandes novedades en algunas obras para coro de voces blancas de Chavarri que son en realidad armonizaciones de temas del folclore valenciano: 37 Reseña radiofónica emitida en Figuras de la Música Española—Radio Nacional de España en Madrid, 16 de enero de 1946. [Consultada el 30 de mayo de 2021 en ]. 38 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, pp. 57–58. 39 Una interesante aunque breve aportación la encontramos en Díaz–Galbis, “Homenaje a la familia López-Chavarri” (1993-94), p. 341: “Profundizando en sus propias declaraciones, el compositor nos ofrece una nueva pista sobre su música: la búsqueda de efectos de color y la posible influencia en su producción del impresionismo. El mismo Chavarri habla sobre este tema poniendo como ejemplo sus Acuarelas Valencianas. «… armonías que se yuxtaponen, timbres que se juntan y todo ello sin resolverse según las reglas…, eso es algo de lo que en pintura se hace con el color… Hemos caído en la cuenta de que el impresionismo en pintura no podía alarmar… En música hemos ido retrasados para ver estas cosas»”. 37 Con este tipo de obras Chavarri empezó a crear un nuevo estilo armónico hasta entonces no usado. Sería necesario un estudio comparativo de sus temas para poder decir, con toda seguridad, que Chavarri creó esta forma de armonizar. Las frases temáticas las conserva en toda su integridad, como es lógico; pero las frases acompañantes las rompe continuamente para crear efectos varios y distintos: onomatopéyicos, rítmicos etc.40 Tomás Marco, desde una perspectiva más amplia de la historia de la música española, no ve en la obra de Chavarri novedades remarcables. Lo encuadra entre los compositores regionalistas sin mostrar excesivo entusiasmo por su música y, coincidiendo con la mayoría de las fuentes consultadas –que veremos luego–, dándole mayor importancia a su labor como profesor: Gran patriarca de la música valenciana de esta generación [grupo levantino de compositores] es Eduardo López–Chavarri, y no solo por su larga vida, sino por su real y eficaz magisterio (…) Es la música de López–Chavarri de carácter romántico y tradicional, con muy buena factura y un trasfondo popular valenciano muy claro. No todas permanecen por igual con el paso del tiempo; pero en las mejores continúa una alegría de vivir y un color levantino indudable41. Lo que es cierto es que aquel consejo de Nin fue tomado en consideración y Chavarri fue valorando cada vez más la estética de los compositores modernos abriéndose a las influencias de los más destacados autores de esos nuevos estilos de música que venían desde Europa. De este modo se expresaba en enero de 1928 en una entrevista realizada por el corresponsal de La Veu de Catalunya para Las Provincias, Miguel Durán, titulada “Palabras de Eduardo L. Chavarri, compositor, literato, crítico y periodista”: Chavarri no quiere hablar de su acción cultural ni de su música. — ¡Pero si ya lo ha dicho todo usted!— nos replica. Insistimos. —Yo di a conocer en Valencia —nos dice Chavarri— la música moderna. Entre otras cosas, he dado conciertos, conferencias y cursos en gran número. (…) La música artística nacida del alma popular, tendrá fuerza y eficiencia mientras directamente se inspire en las efusiones de la raza, bien utilizando los mismos temas populares y formando con ellos una técnica original y vigorosa, bien creando libremente temas, aunque sintiéndose hija de las condiciones que determinen la personalidad y el carácter. —…De análogas orientaciones han surgido los músicos modernos, desde Ravel a Prokofieff, desde Strawinsky a Honneger. Eduardo L. Chavarri concluyó su interesante, cultísima charla, recordando estas frases: —Ya ve usted cómo es infinito el campo de las posibilidades musicales, a base del sentimiento de la raza sin que las estéticas negativas puedan dar eficacia a sus dogmatismos42. Un ejemplo ilustrativo de su cambio de opinión lo encontramos en noviembre de 1928, cuando se encargó de coordinar la visita a Valencia de Maurice Ravel, todo un acontecimiento para la ciudad, como leemos en la prensa de la época43: 40 Climent, op. cit. (1978), pp. 88–90. 41 Marco, Hª de la Música española (1983), p. 97. 42 Las Provincias: diario de Valencia: año 63, número 19214 – 31 de enero de 1928, p. 11. 38 Al marchar de Valencia el eminente compositor francés ha dejado en el ánimo de todos el deseo y la esperanza de que esta visita no sea la única. Dichosamente para el arte, Ravel es joven y si fuera verdad lo que un poco en broma decía que él está ahora en su “tercera manera” deseamos que sea muy larga y fecunda en obras tan admirables como las anteriores y que las podamos oír –al menos alguna vez, alguna obra– como ahora ha sido: ante la presencia personal del gran músico44. El compromiso de Chavarri con la visita de Ravel y su buena opinión sobre la música del compositor francés lo podemos leer en otra crónica de la misma visita en Las Provincias donde se narran los detalles del concierto ofrecido por la Banda Municipal, en aquellos años dirigida magníficamente por el Maestro Ayllón, quien había realizado y ensayado concienzudamente una transcripción de La Valse para la ocasión: El maestro Ravel en Valencia Nuestra Banda Municipal recibió ayer una consagración como pocas veces pudiera pensarse: la de ser dirigida por el autor genial de «La Valse», y encontrar este felicísima la transcripción de su obra, y admirable el trabajo de1 maestro [Ayllón] y sus profesores. El mismo Ravel estaba sorprendido, admirado. Pasados los diez y ocho o veinte primeros compases –decía– se halló «situado» ante la Banda, se entregó a dirigir, en su alegría hizo efectos de momento y los profesores le respondían a maravilla ¡ello era una revelación para el maestro! (…) Y cerró los saludos el maestro Chavarri, quien lo hizo en francés con sentidas palabras que Ravel agradeció sobremanera. Luego hubo la nota pintoresca de los bailes populares; los trajes y pasos causaron la admiración del gran maestro, que tenía a su lado a Chavarri, quien le explicaba detalles de época y de música; esta le produjo también una gran impresión y todo ello hizo en el ánimo de Ravel huella imborrable. (…) En el concierto de la Banda Municipal se ejecutó música valenciana y se interesó Ravel en gran manera por las melodías populares de Chavarri y por las «Gongorianas» de Palau, el cual las dirigió, siendo muy aplaudido (repitiendo la dedicada a Ravel) y felicitado también por el insigne francés, como antes lo fuera Chavarri45. 43 En Orringer, “Maurice Ravel en Valencia” (2019) se comparten los detalles del diario de ELCH sobre esa visita de Ravel, que causó sensación entre los músicos valencianos. [Consultado en mayo de 2021]. 44 La correspondencia de Valencia: Año LI, Número 20727, 2ª edición, 21 de noviembre de 1928, p. 4. Citada en Orringer, op. cit. Ante la falta de firma, Este autor plantea la posibilidad de atribuir a Chavarri la autoría de esta crónica. Nosotros lo descartamos: no hemos localizado ninguna otra de su autoría para este otro periódico valenciano. 45 Las Provincias: diario de Valencia: año 63, número 19486 – 20 de noviembre de 1928, p. 3. 39 Maurice Ravel y ELCH en Valencia (16–18 de noviembre de 1928)46 El programa de aquel concierto es un verdadero compendio de la música valenciana a la cual, al igual que a los músicos de la Banda, Ravel valoró muy positivamente. Se había anunciado el programa un par de día antes, también en Las Provincias. Nótese que la tercera y conclusiva parte del recital estuvo integrada por las obras de Chavarri y Ravel. La Banda Municipal de Música interpretará hoy a las once de la mañana, en los Viveros Municipales, el siguiente programa: Primera parte.–«Lo cant del valenciá», marcha popular valenciana, Sosa; «Una nit d’albaes», poema sinfónico, Giner; «Danzas valencianas» a) allegretto mosso; b) moderato, F. Cuesta; «El sombrero de tres picos» : a) danza de los vecinos; b) danza del molinero; farruca, Falla. Segunda parte.–«Gongoriana» (primera vez), I Noel; II Celos está la niña; III No sé qué me diga, diga; IV Eucarística; V En el baile del égido [sic]; VI Glorioso parte don Juan, Palau Boix. Tercera parte.–«Cuadros levantinos»: a) danza de Albaida; b) lo ball dels nanos, Chavarri; «La Valse» poema coreográfico, Ravel47. Hay que decir que pese al retraso en la vida y la cultura musical valenciana del que tanto se quejaban Chavarri, Nin, Iturbi y Rodrigo, el recibimiento y la recepción de la música de Ravel en Valencia fue de lo más calurosa. No en todas partes de España se recibió con el mismo entusiasmo al compositor francés. Apenas dos días después, mientras aparecían las crónicas laudatorias en la prensa valenciana, en su presentación en Málaga Ravel “habría de sufrir una de sus más desafortunadas tardes cuando en la Sala María Cristina del Conservatorio –con la presentación de un programa integrado por obras suyas para piano, violín y soprano– tuvo que soportar el descontento e 46La web de Proyecto Chavarri indica por error que quien aparece en la fotografía junto a ELCH es Claude Debussy. 47 Las Provincias: diario de Valencia: Año 63 Número 19485 – 18 de noviembre de 1928, p. 2. 40 incomprensión de un público que, en un goteo constante, iba abandonado la sala.”48 Tal y como Albert Einstein adelantó una década antes con su Teoría General de la Relatividad, todo en este universo depende del marco de referencia y el concepto de cultura musical no es ajeno a este principio. 48 Escamilla Giménez, Actualizaciones del paradigma del casticismo universal (2021), p. 1. La autora del trabajo localizó esta información en Madeleine Goss, Bolero: La vida de Maurice Ravel, Buenos Aires: Ediciones Peuser, 1945. El periódico de referencia lo cita esta última autora: La Unión Mercantil de Málaga, 22 de noviembre de 1928, p. 5. 41 2.1.3. El trauma de la Guerra Civil, fin de los días de vino y rosas Esta prometedora etapa para la música española, que hemos visto reflejada en la visita de Ravel a Valencia, se vio prontamente abortada por la Guerra Civil. Los jóvenes compositores españoles más cercanos a las vanguardias estéticas, la llamada Generación del 27 –y especialmente la división madrileña y más prometedora de la misma, el Grupo de los Ocho– tuvieron por lo general que abandonar el país. La ola de modernismo renovador fue así dramáticamente barrida por la guerra y, como recordaba Adolfo Salazar desde su exilio mexicano, “la guerra española liquidó el «scarlattismo» y diseminó por Europa y América los mejores talentos jóvenes”49. El aislamiento que dominó las primeras décadas del franquismo hizo imposible el regreso de muchos de ellos así como cualquier atisbo de apertura hacia aquellas estéticas ligadas –consciente o inconscientemente– a los años veinte y a la República. Chavarri, que había sido permeable a esas nuevas tendencias en las primeras décadas del siglo, tras la Guerra Civil continuará componiendo y su música a partir de ese momento no incuirá grandes novedades ni en el estilo ni en el lenguaje. La Guerra Civil también iba a provocar algunos exilios menos previsibles, como el de Manuel de Falla, hombre de espíritu liberal, moderado y, por otra parte, un ferviente católico. No descubrimos nada al recordar que tras la guerra decidió no regresar nunca más desde la Argentina a España y a su querida Cádiz, entre otros motivos por haber sufrido la pérdida de amigos tan queridos como García Lorca a manos de ciertos elementos del bando nacionalista. Hay que decir, en honor a la verdad, que fue igualmente crítico con la violencia desplegada por el bando contrario. La ejecución de Antonio José Martínez Palacios –en Burgos, también a manos de las fuerzas nacionalistas– es un paradigma de cómo fue segada la vida de jóvenes talentosísimos cuya voz de artistas se interrumpió a causa de la envidia y la maldad de sus propios vecinos y colegas que, como era norma en el nefasto trienio a un lado y otro del frente, aprovecharon la situación para saldar cuentas de la forma más miserable. Ni tan siquiera después de muerto fue puesta en valor su figura y, por poner un ejemplo relacionado con el asunto de nuestro trabajo, su obra más destacada para guitarra –la Sonata para guitarra, una de las más notables obras guitarrísticas del siglo XX, dedicada a su amigo Regino Sainz de la Maza– permaneció oculta durante sesenta años. Su dedicatario tal vez no se atrevió o simplemente no se tomó la molestia de promover su edición ni volvió a tocarla después de la ejecución del compositor burgalés. Tal vez la extrema dificultad de la obra pudo haber sido también causa de esta postergación aunque todas estas no son más que conjeturas50. Angelo Gilardino, sobre este asunto comenta lo siguiente: 49 Salazar, La música (1950), p. 300–301. 50 El autor de este trabajo ya hizo un comentario relativo a esta obra: “Respecto a las dificultades que la obra encontró para ser publicada, está muy claro que la voluntad de Sainz de la Maza para dar a conocer la música de los compositores de la generación del 27 fue manifiestamente inexistente. Los prejuicios políticos (en el caso de Antonio José muy claros, ya que fue fusilado por el bando sublevado al 42 ll motivo per il qua le il chitarrista spagnolo (dedicatario del Concierto de Aranjuez) non pubblicò il pezzo nella collezione che –presso l’editrice Union Musical Española– era affidata alle sue cure e portava il suo nome, era, e rimane, del tutto oscuro51. En contrapartida, a causa de la polarización de la política y la sociedad –durante la Guerra Civil y en los años previos– y de los graves excesos que los sectores más radicales del bando republicano cometieron (no entraremos aquí a valorar, ni nos interesa para enfocar nuestro objeto de estudio, la magnitud relativa de tales desmanes por cada bando), otros artistas e intelectuales de ideología liberal y educados en la fe católica van a terminar decantándose decididamente por el bando nacionalista. Las experiencias personales o su sensibilidad hacia la agresividad contra la propiedad y la religión de la que hacía gala ese sector más extremista de las izquierdas radicalizaron sus posturas de un modo que no hubieran probablemente imaginado apenas unos años antes. Un gran liberal y republicano (según sus propias palabras) era Andrés Segovia pero su desagradable experiencia en Barcelona al inicio de la contienda –incluyendo, entre otras calamidades, el saqueo de su casa– marcó su posición a favor de los sublevados a partir de ese momento. Recién llegado de una gira por la Unión Soviética (paradojas del destino) escribía a su amigo, el compositor mexicano Manuel M. Ponce, desde Nueva York algún tiempo después de haber huido precipitadamente de la ciudad: Hemos pasado, en efecto, emociones y tristezas sin cuento durante los días de revolución en Barcelona y ya fuera de allí, por los seres y cosas que quedaron en España, y por España misma, desgarrada y maltrecha como nunca lo ha estado. Acabábamos de volver de Rusia, en donde permanecimos dos meses, cuando estalló la revolución. Cansados de haber viajado todo el año, deseosos de reposar en nuestra monísima y bien abastecida casita, desoímos la voz de Madariaga que nos avisó desde Madrid telegráficamente, lo que se preparaba. Lo creímos demasiado pesimista y decidimos, con la tranquilidad de conciencia de quienes nada tienen que temer, aguardar los acontecimientos. Qué funesto error. El 19 de julio, los militares, mal preparados, perdían la partida y sobre la pobre España se abatían las hordas comunistas, arrasándolo todo, quemando, matando y destruyendo sin la más mínima compasión, vidas y cosas. (…) Poco a poco los mismos que más o menos desinteresadamente habían propulsado el actual estado de cosas, vieron sus propias vidas amenazadas y se precipitaron a atravesar las fronteras. De ese modo, Fernando de los Ríos ganó el seguro parapeto de la Embajada de España en Washington, Araquistáin, la de París, Jiménez de Asúa la de Praga, Royo Vilanova, la de Bruselas, Rivas Cherif, cuñado de Azaña, el consulado de Ginebra, etc., etc., etc. Han huido, además, sin plausible pretexto, Americo Castro, Marañón, Ventura y Gasol, Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, y con ellos, pintores, escultores, músicos, poetas, literatos, casi todos bien conocidos por su antigua ideología liberal y republicana, como yo mismo (…) Tampoco del lado nacionalista son tiernos. Pero no hay comparación posible entre gente que erige la destrucción y el crimen como leyes inflexibles de conducta, que roba y asesina, con refinamientos espeluznantes de crueldad, exporta las riquezas artísticas de su país o las destruye y poco de iniciarse la contienda bélica) y, probablemente, las limitaciones técnicas del intérprete fueron los causantes de ello.” V. Somoza, Repertorio guitarrístico de Entreguerras (2011), p. 26. 51 Gilardino, “Antonio José e la «Sonata para guitarra»” (1988), p. 5. Este artículo, que acompaña la edición crítica de la Sonata, incluye una extensa reseña historiográfica de la obra y biográfica de Antonio José que, a pesar de ciertas valoraciones muy personales y poco documentadas basadas en datos parciales e imprecisos sobre el mundo editorial español y sus limitaciones, nos parece no obstante de obligada lectura. 43 se entrega, en fin, a las más abyectas orgías de sangre y de vicio, y otra que tiene por ideal la reconquista del suelo español la eliminación de semejantes monstruos y la instalación de un poder que se apoya en las vivas tradiciones de la Patria, la Religión y la Autoridad. Estos son rigurosos sin crueldad, y para confortar nuestro abatimiento, hay que declarar que el pueblo honrado los ayuda fervorosamente en donde puede o suspira y desea su presencia allí donde todavía mandan los Rojos. (…) Inútil es decirte que hemos sido víctimas de esa gentuza. Paquita fue amenazada de muerte, yo mismo, destinado, por sarcasmo, a entrar en las milicias combativas, fusil al hombro. Tuvimos que escapar en un barco italiano que nos condujo a Génova. Allí vivimos dos meses, con un solo [frase ilegible] que pudimos sacar; hasta que Paquita se hizo enviar de Montevideo y yo comencé mis tournées. Adelaida, que es de un rojo subido, tuvo que escapar con los niños –que, por su parte, son férvidos nacionalistas– a Suiza, donde actualmente se encuentran. Mi casa de Barcelona, con mi biblioteca, música, tapices, grabados, cuadros, plata abundante de Paquita y mía, recuerdos de extremo Oriente, joyas de ambos, etc., etc., ha sido, según la expresión de un pariente de Paquita que nos comunicó veladamente la noticia, LIMPIADA. Los cofre–forts del Banco, abiertos y despojados. De modo que nos hemos quedado sin nada, absolutamente sin nada, sobre todo yo, que solo tenía lo que había reunido en España 52. Chavarri, por su parte, ya intuía de algún modo la catástrofe que se avecinaba, y asociaba los problemas y conflictos sociales con la incultura musical de país. Miravet Lecha ha identificado el estilo de Chavarri en una columna de opinión en Las Provincias (aunque está firmada simplemente con una E.) dedicada a la situación de la Ópera en la Valencia de apenas unos días antes de iniciarse el conflicto armado: (…) En el ejemplar de Las Provincias de 28 de junio de 1936 se publicó una columna de opinión acerca de la ópera. Está firmada por E. y todo parece apuntar a que pudiera tratarse de Eduardo López–Chavarri por el tratamiento de las palabras así como por el lamento del retraso cultural de la ciudad, tan habitual en su pluma. Citemos parte de la columna ya que nos ayuda a comprender el estado del género: «Las representaciones pasadas préstanse a pensar el peculiar estado de esplendor que alcanzó la ópera en Valencia. Cosa de viejos es evocar tiempos pasados como mejores. Pero… ¿qué culpa tienen los viejos si es verdad que aquellos tiempos eran más despiertos, más animados y más dignos que los actuales? ¿Qué hacen estas generaciones que no buscaron el renacer de las grandes formas de arte? Cultivando la violencia del deporte o la rapidez de vehículos vertiginosos, enseñaban las maneras de producir daño sin conciencia y de esquivar con rápidas traslaciones la responsabilidad posible. El pintor mural, el tallista, el mueblista que iban a escuchar “La Africana” y “La favorita”, que canturreaban el “Celeste Aida” o el “Matre infelice”, tenían motivos de distracción espiritual que los dignificaban y dignificaban su trabajo. Llevándoles a las “varietés” y a los “music–hall”, se han venido a crear un recuerdo vicioso y descontento, de donde ha salido… lo que ha salido. Y de escarmiento sirva.»53. La conferencia episcopal, en nombre de los intereses de la iglesia y de la fe católica –clara y lógicamente decantados hacia el bando nacionalista– describía el enfrentamiento civil con una simplista y, por tanto, falaz dicotomía nada objetiva para explicar una situación tan compleja y con tantos culpables por ambos bandos. Un católico practicante como Chavarri no haría oídos sordos a esta Carta Colectiva: 52 Alcázar–Segal: The Segovia–Ponce Letters (1989), pp. 163-165. 53 Miravet Lecha, La Música en Valencia durante la Guerra Civil (2017), p. 139. 44 La guerra es, pues, como un plebiscito armado. La lucha blanca de los comicios de febrero de 1936, en que la falta de conciencia política del gobierno nacional dio arbitrariamente a las fuerzas revolucionarias un triunfo que no habían logrado en las urnas, se transformó, por la contienda cívico-militar, en la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, que salió a la defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España, con todos sus factores, por la novísima ‘civilización’ de los soviets rusos54. En cualquier caso, Chavarri no se moverá de su amada Valencia, aunque la ciudad, desde 1937 y hasta el fin de la contienda, pasaría a ser la capital de la República. Considerando su trayectoria profesional centrada en el arte y su generosidad y desprendimiento para con sus colegas, probablemente consideró que no tenía motivos para huir. Y ciertamente no tenemos constancia de que sufriera ninguna represalia directa por su ideología o condición social ni que se atentara de algún modo contra él o su familia pero lo que sí es cierto es que su actividad profesional se vio interrumpida drásticamente, al menos la periodística. Por lo que sabemos, ni una sola crítica ni artículo con su firma apareció publicada en este lapso de tres años. Así lo afirma Miravet Lecha: (…) con la llegada de la guerra la presencia de López-Chavarri desapareció completamente de las publicaciones locales diarias. Por un lado el medio escrito en que mayoritariamente escribía antes del conflicto el autor, Las Provincias, suspendió su publicación durante esos años, pero quizá se esconda tras su ausencia el temor del desprestigio de una personalidad de identidad contraria al gobierno del momento en la ciudad o, por el contrario, un intento de desplazarle, por parte de los medios de ideología contraria, por sus ‘aristocráticos’ gustos55. No obstante, no tenemos certeza absoluta de que no trabajara para algunas otras publicaciones valencianas o del resto del país –como era su costumbre y lo fue posteriormente– mal que fuese de forma clandestina porque, como nos recuerda este mismo autor, “aunque la práctica totalidad de las críticas publicadas en tiempos de guerra se hagan sin firma o bajo seudónimos, las menos, en ninguna de las que se pueden consultar en los años del 36 al 39 se distingue el erudito conocimiento de Eduardo López–Chavarri Marco”56. Pero durante esos años sí que se produjo en cambio un hecho relevante y aparentemente contradictorio con lo anterior: el estreno de una obra de Chavarri (por cierto, muy vinculada con nuestro repertorio), la Suite–Divertimento que había compuesto en 1934 pero que aún permanecía inédita. La Orquesta Sinfónica de Valencia dirigida por el Maestro Izquierdo la interpretó dentro de un programa con obras de Beethoven, Mozart, Sibelius y Glazunov. El día 14 de noviembre de 1938, en 54 Carta colectiva de los Obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de la guerra en España. Pamplona, Gráficas Bescansa, 1937, p. 14. 55 Miravet Lecha, ibidem, p. 53. 56 Idem. 45 La Correspondencia de Valencia (diario que, al contrario que Las Provincias, continuó operativo) aparecía esta reseña con claro sesgo proselitista de la causa republicana: Nuestra Sinfónica, cuya labor en estos momentos significa un factor de cultura y de gran interés moral para nuestra retaguardia, celebró el pasado domingo el quinto concierto de la primera serie de la presente temporada, con el mismo éxito que en los anteriores. Figuraba en el programa el estreno de la «Suite–Divertimento», del compositor y crítico de arte valenciano, Chavarri57. Por otro lado, aunque es evidente su proximidad al bando nacionalista, tampoco hemos encontrado documentos en los que Chavarri muestre un entusiasmo extraordinario ni una militancia beligerante por la sublevación contra el gobierno republicano. Sí hemos podido, en cambio, comprobar la euforia con la que se expresaba su alumno Joaquín Rodrigo –recién nombrado asesor de Radio Nacional y profesor del Conservatorio de Madrid– en una carta personal llena de complicidad dirigida a Chavarri en noviembre de 1939, una vez ya terminada la guerra: Madrid, 4-XI-1939. Año de la Victoria. He sido nombrado profesor del Conservatorio. Clase de folklore. Iba a ir a Armonía, pero al final me he metido en esto del folklore, que desde luego es infinitamente más cómodo y camelístico. Mucho le agradecería que me preste su amparo y protección y me envíe una lista de libros para consultarlos porque no sé ni pio. Desde luego envíeme su libro (…) ¡Viva Franco! ¡Arriba España!” 58 Tras el fin de la guerra, de vuelta a su tarea en Las Provincias es cierto que encontramos alguna crónica de Chavarri muy crítica con la situación en Valencia durante la guerra pero centrada en el terreno que verdaderamente le interesa: el de la música. Queremos destacar una en la que habla de la educación musical de los jóvenes, tarea esta que desde su ingreso como profesor en el conservatorio siempre le había interesado. En ella describe un hecho concreto del que fue testigo y que desde la óptica de su espíritu liberal, burgués, ilustrado y humanista le pareció una aberración: He aquí ahora el contraste. Eran los tiempos de la dominación roja, en donde se pretendía implantar la cultura revolucionaria a los niños. Uno de los actos a este propósito realizados fue un concierto infantil en el Conservatorio, dedicado por una pequeña orquesta (ajena al Centro) a los niños de las escuelas municipales, o a los de todas, que esto no lo recordamos bien. Y surgió un poeta de la situación comentando el programa; ello fue lamentable. Obras como las del purísimo Mozart eran “explicadas” en el más bajo y odioso sentido populachero. 57 V. en Miravet Lecha, ibidem, p. 325 [Los números de este diario correspondientes al año 1938 no están disponibles en línea en BVPH ni en BIVALDI] 58 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 218. En la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo de Madrid se conservan un cierto número de cartas que Chavarri dirigió a Rodrigo en distintos momentos de su larga relación de amistad. Aunque la transcripción de esa otra mitad de la correspondencia entre ambos músicos sería de gran valor para conocer el tono y las opiniones de Chavarri sobre este y otros particulares, las restricciones de acceso que ha provocado la pandemia nos han impedido consultarla. Tampoco es posible, por el momento, solicitar reproducciones digitales [última comunicación con la Fundación en junio de 2021]. 46 Así, la graciosa “Sinfonía Infantil” de Haydn, fue pregonada como descripción de una fiesta de palacio en cuyas suntuosas habitaciones divertíanse los nobles, mientras que en la calle, los hijos del pueblo, descalzos en la nieve, se contentaban con oír algunos ecos de la música y ver pasar las sombras de los señores por los cristales iluminados... Con tales enormidades quería un ¡poeta! manchar la pura inspiración de Haydn, aprovechándose para enseñar a odiar a aquellas almas infantiles, a quienes la misma música invitaba a amar59. Según el listado de obras de Chávarri completado por Díaz y Galbis –que incluye las fechas de composición de muchas de sus obras– apenas escribió una breve pieza en ese estéril –también para su creatividad– periodo de la Guerra Civil: La danza, para violín y orquesta (1937)60. La primera creación musical posterior a ella (si bien, en realidad fue compuesta entre 1938 y 1940) es una obra para coro de voces blancas y orquesta: El cantar de la guerra. Muy querida por su autor, los títulos de sus cuatro movimientos –Los templos ardieron, Enfermeras de labios pintados, Sombras en la noche y ¡Hossana!–son un reflejo de la personalidad emotiva de Chavarri pasados por el angustioso filtro de la guerra. Pudiéramos tal vez identificar cada uno de ellos con un estado de ánimo: la melancolía, la pudorosa admiración ante la sensualidad femenina, la sensación de misterio y la religión. Un buen compendio, a nuestro entender, de los pilares y motivaciones en los que asentó su vida61. Chavarri mantuvo después de la guerra la misma posición de privilegio en el mundo musical valenciano y, siempre interesado e implicado con la educación musical de los jóvenes, se integró plenamente en el sistema educativo del franquismo. Buena prueba de ello es que desde 1943 colaboró como asesor de los coros de la sección femenina de la FET y de las JONS, para los cuales completó numerosas adaptaciones de canciones y danzas del folclore valenciano y compuso obras de nueva creación62. 59 ELCH, “Cómo se educaba a la juventud musical en los tiempos rojos. La sinfonía infantil de Haydn”, Almanaque de Las Provincias (1940), p. 446. [V. en Miravet Lecha, op. cit.]. 60 Orengo Miret, López-Chavarri (2017), p. 303, cita también esta obra, probablemente basándose en el listado de Díaz y Galbis porque declara no tener constancia de las existencia de fuente alguna de la obra. En la p. 305 cataloga otra obra homónima, es este caso para voz y orquesta, cuyo ms. no autógrafo se conserva en la BMCV con la signatura M/385. 61 V. Díaz–Galbis, “Homenaje a la familia López-Chavarri” (1993-94), p. 343. Sorprendentemente para quien aquí escribe, leemos en esta fuente que la obra fue estrenada póstumamente en 1981. 62 V. Orengo Miret, ibidem, p. 228. 47 Chavarri, al piano, con un grupo de jóvenes del coro de la Sección Femenina (ca. 1943) Completar un estudio de todas las facetas profesionales de Chavarri (dada su longevidad y su febril actividad, excepto en el trienio de la Guerra) excedería con mucho los límites de cualquier tesis doctoral y además existe una abundante bibliografía disponible para quien desee profundizar en el conocimiento de esas facetas. Nos limitaremos a continuación a resumir brevemente las dos que más nos interesan para nuestro objeto de estudio que no es otro sino la obra guitarrística de Chavarri. La primera será su faceta como compositor y la segunda la de crítico musical. En ambos casos nos ocuparemos especialmente de la parte que directa o indirectamente se relaciona con este corpus guitarrístico de composiciones chavarrianas. 48 2.1.4. Apreciación de ELCH como compositor. Su obra para guitarra Hemos ya comentado el hecho de que durante la primera etapa profesional de Chavarri en el mundo de la música sus facetas como crítico, docente e incluso como director de orquesta son las que sus contemporáneos destacan por encima de la de compositor, aún incipiente. En 1903, Rogelio del Villar escribe: (…) Chavarri, en Las Provincias de Valencia, en el Conservatorio, con su orquesta de cámara y con su clase de Historia de la Música, ejerce un verdadero apostolado (…) 63 Años más tarde, en 1930 Adolfo Salazar ya lo considera un compositor destacable pero sigue teniendo mayor peso la labor literaria, intelectual y –sobre todo– docente cuando elabora su perfil profesional: Discípulo de Pedrell, Eduardo L. Chavarri wagneriano entusiasta y traductor de gran número de obras didácticas y biográficas, es un compositor distinguido, que en sus Acuarelas Valencianas y en otras obras ha descrito con elocuencia y vivo espíritu, bien realizado técnicamente, el pintoresco ambiente de su región, y, como profesor de Estética e Historia de la Música, ha formado en Valencia a la joven generación musical, en la que descuellan a la par, por su arranque popular y por su avanzada orientación en el oficio, músicos como Manuel Palau (1894), compositor de buen entronque técnico y cuya obra Gongoriana, premiada en los Concursos Nacionales del Estado, destaca entre su producción abundante, Enrique Gomá, Rodríguez Albert y Joaquín Rodrigo, este discípulo en París de la clase de composición de Paul Dukas y autor de páginas de un sentimiento distinguido y refinado64. Esta percepción sobre nuestro autor como profesor y teórico de la música, aún siendo justa en vista de los excelentes alumnos que brotaron de su magisterio, ha eclipsado hasta nuestros días una nutrida obra como compositor que, si bien desigual (recordemos la cita de Tomás Marco a este respecto), incluye un número considerable de obras de indudable originalidad y marcada personalidad artística. Muchos de los estudios que hemos consultado coinciden en encontrar en su obra musical un rasgo difícilmente definible en pocas palabras pero muy fácil de identificar con apenas unos instantes de escucha: la llamada valencianidad de su música65. Ya en nuestro siglo, a pesar de que tanto el DMEH como el DMV incluyen un apartado dedicado a sus composiciones en sendas voces dedicadas a Chavarri, en varios de los más destacables y recientes trabajos de investigación dedicados a la música española del siglo XX persiste esa imagen tradicional del perfil profesional de Chavarri66. Así, por ejemplo, en una monografía (por lo demás interesantísima) dirigida por Javier Suárez–Pajares integrada por varios estudios que novedosamente aplican el concepto de Periodo de Entreguerras 63 Villar, Rogelio del: Músicos españoles, Madrid: Ed. Mateu, 1903; V. en Schlueter, Galdós y la música (2016), p. 312. 64 Salazar, Música contemporánea en España. (1930), p. 291. 65 Véanse, por ejemplo, Climent, op. cit., pp. 90-91 y Marco, op. cit., p. 97. 66 De esta circunstancia, en relación a la obra pianística de ELCH, se lamenta Orengo Miret, López- Chavarri (2017), p. 44, y cita a pie de página algunos otros ejemplos de estudios de autores como Antonio Fernández-Cid, Robert P. Morgan y Ulrich Dibelius en su bibliografía, pp. 395-419. 49 al ámbito de la música española encontramos un buen número de referencias a Chavarri pero ni una sola de ellas lo considera o cita como compositor. Tampoco hemos encontrado ninguna –ni por compositor ni por ninguna de sus muchas otras facetas musicales– en otros dos volúmenes de obligada lectura para los musicólogos, dedicados a Joaquín Rodrigo y la música española de los años 40 y 50, ambos también dirigidos por el Dr. Suárez–Pajares67. La difusión de la obra chavarriana, si consideramos su posición de liderazgo en la historia de la música valenciana, fue notable en el pasado68 pero en cambio es verdaderamente escasa en la actualidad. Esta situación es, a nuestro entender, un reflejo o tal vez la consecuencia lógica de lo antedicho en este apartado. En los últimos años ha habido no obstante algunas iniciativas aisladas que han tratado de reintroducirla en las salas de concierto. Entre ellas cabe destacar la plataforma creada por el director de orquesta Vicente Martínez Alpuente bajo el nombre de Proyecto Chavarri, que se propuso recuperar y difundir las composiciones de Chavarri –muy especialmente las orquestales– con ediciones de manuscritos, grabaciones y conciertos en vivo. Lamentablemente todo indica que actualmente la actividad del proyecto ha quedado reducida a una página web que al menos sigue siendo una fuente muy útil de información, sobre todo por los documentos e imágenes originales que comparte69. Dado que ya existen diversos trabajos académicos que se han ocupado de Chavarri como compositor en general, de sus influencias y aportaciones a la música valenciana, que han detallado los géneros que frecuentó y también han descrito la evolución del estilo de sus composiciones nos remitimos a tales fuentes para no ocupar en el presente trabajo más espacio del necesario con contenidos suficiente y solventemente estudiados con anterioridad70. El primer intento de catalogación de las composiciones de Chavarri del que tenemos constancia lo hemos encontrado en la monografía de Díaz y Galbis (Correspondencia, 1996, pp. 378-383). Se trata de un listado bastante exhaustivo de sus obras que forma parte de uno más extenso dedicado a toda su producción en general (musical, musicológica, literaria, periodística, etc.). La mucho más reciente tesis doctoral de Orengo Miret (de 2017) incluye un amplio capítulo que se presenta como un bastante más ambicioso trabajo de catalogación. En él 67 Estas tres monografías de Javier Suárez–Pajares (ed.) son: a) Música española entre dos guerras, 1914–1945, Granada: Archivo Manuel de Falla, 2002; b) Joaquín Rodrigo y la música española de los años cuarenta, Universidad de Valladolid, 2005 y c) Joaquín Rodrigo y la creación musical en los años cincuenta, Valladolid: SITEM-Glares, 2008. 68 V. Díaz–Galbis, “Homenaje a la familia López-Chavarri” (1993-94), p. 344 (Difusión de su obra). 69 La dirección original del proyecto () ya no está en funcionamiento y ha sido sustituida por una clónica en la plataforma wix.com. Véase en [consultada en junio de 2021]. 70 Por su capacidad de síntesis y su condición de novedad en el momento de su publicación citaremos el capítulo correspondiente a Chavarri como compositor en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), pp. 18-24. Consúltense igualmente sus ensayos para los diccionarios DMEH y DMV, su artículo “Homenaje a la familia López-Chavarri” (1993-94), pp. 340-344; así como los libros de Climent, op. cit. (1978) y López-Chavarri Andújar, Compositores valencianos, (1992), pp. 51-60. https://www.lopez-chavarri.com/ https://i38848.wixsite.com/el-proyecto-chavarri 50 se describen las características de cada uno de los géneros que frecuentó Chavarri, las fuentes conservadas (por lo general en la BV o en la BMCV) de cada composición, sus correspondientes signaturas y un extenso comentario bibliográfico que suele reproducir la información disponible en los catálogos en línea de dichas bibliotecas71. Pasemos ahora a ocuparnos de la obra para guitarra de Chavarri: lo primero que llamó nuestra atención fue la falta de concordancia entre los distintos autores que la han citado en sus trabajos. En todos los que hemos podido consultar (fechados entre 1992 y 2017) hemos encontrado discrepancias y hasta algunos gruesos errores que, como a veces ocurre en los estudios de musicología, se convierten en virus informativos que se propagan de fuente en fuente y que pueden llegar a crear gran confusión72. El primer autor que cita las composiciones para guitarra de Chavarri es su propio hijo, el también pianista y musicólogo Eduardo López–Chavarri Andújar, en 1992. Dentro del apartado dedicado a la música de cámara nombra –muy de pasada– composiciones de “guitarra, como las dos «Sonatas», «Preludios a Valencia», «Homenaje a los compositores valencianos», etc. [¡!]” Y hablando de la discografía chavarriana cita también una pieza llamada «Lamento» para guitarra (que es en realidad una de las Siete piezas para guitarra editadas por la ed. Schott’s Söhne en 1926)73. Díaz y Galbis, en 1996, comparten una lista algo más extensa en su trabajo dedicado a la correspondencia de Chavarri: Guitarra: 7 Stücke für guitarre [sic], 1926 (Schott); Intermezzo (UME); Preludios a Valencia (UME); Sonata para guitarra (MXE); Sonata II; Sonata III 74. Nótese que únicamente está indicada la fecha de publicación de las 7 Stücke für Gitarre, añaden una composición más (el Intermezzo) y omiten otra que había nombrado Chavarri Andújar (Homenaje a los compositores valencianos). Nótese también la referencia que hacen a una tercera sonata que no citaba este último. Hay además –como se puede comprobar en el catálogo que hemos completado para este trabajo– una confusión al atribuir a la ed. Max Eschig la edición de la Sonata para guitarra (la primera, se entiende) cuando en realidad fue la segunda sonata la que se publicó en esa editorial75. 71 El capítulo al que me refiero es el nº5 titulado “Una visión del conjunto de su creación musical, excepto la parte pianística. Aportaciones musicales y extramusicales. Posible repercusión en los futuros creadores”, en Orengo Miret, López-Chavarri (2017), pp. 285-350. La obra pianística está estudiada con mucha mayor profundidad en esa misma tesis doctoral. 72 Permítanos el lector un paréntesis para que citemos un paradigma muy ilustrativo de este tipo de infecciones musicológicas. Véase Rey: “Reinvindicación de un «re»” (1987), p. 331. En línea en [consultado en junio de 2021]. 73 Véase en López-Chavarri Andújar, Compositores valencianos, (1992), pp. 59-60. 74 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 382. 75 V. en nuestro catálogo de la obra guitarrística de Chavarri, pp. 151-186 de esta tesis doctoral. 51 Si continuamos el repaso cronológicamente encontraremos, en un diccionario español de música y músicos –publicado por Mariano Pérez en 1985– y dentro de la entrada dedicada a Chavarri, una lacónica e imprecisa mención a la existencia entre sus obras de “piezas de guitarra”, sin más concreción76. En dos de nuestros diccionarios de referencia para este trabajo (el DMEH y el DMV) Díaz y Galbis redactan exactamente el mismo párrafo que ya publicaron en la Correspondencia cuando citan las obras para guitarra de Chavarri77. El siguiente libro que tenemos que traer a colación es el de Lázaro Villena – publicado en 2010– puesto que se trata de una monografía dedicada íntegramente a la historia de la guitarra en Valencia. El título que aquí encabeza el listado de obras de Chavarri parece implicar una vocación de completitud. Sin embargo solo encontramos en él cuatro obras: Relación de las obras originales para guitarra de Eduardo López-Chavarri Marco nº 01. Intermezzo nº02. Sonata nº 2 (para guitarra) nº03. Preludios a Valencia nº04. Leyenda del Castillo Moro (versión para dos guitarras de M. Llobet)78 Como puede comprobar el lector, en esta relación se han omitido algunas de las obras anteriormente citadas y, en cambio, por primera vez se hace notar la existencia de una transcripción para dos guitarras de la más popular pieza instrumental de Chavarri, la pianística Leyenda del Castillo Moro. Su adaptador, Miguel Llobet, cumplirá un papel fundamental en el primer acercamiento de Chavarri a la composición para guitarra como veremos a lo largo de nuestro trabajo. El anteriormente citado catálogo de Orengo Miret, ya de 2017, incluye un pequeño apartado dedicado a la obra para guitarra de Chavarri79. Las obras que aparecen en dicho apartado son las siguientes: 1. 7 Stücke für guitarre [sic], 1926 (Schott). 2. Intermezzo, 1932 (Unión Musical Española, 1951). 3. Preludios a Valencia (Unión Musical Española). 4. Sonata para guitarra, 1922 (Max Eschig). 5. Sonata II, 1925–1926. 6. Sonata III. Como habrá notado el lector, este listado de obras coincide exactamente con el de Diaz y Galbis, lo cual es razonable ya que la autora declara haber tomado como bibliografía de referencia tanto la Correspondencia como los dos diccionarios que 76 Pérez, Diccionario (1985), vol. 2, p. 279. Una nota biográfica sobre el autor de este diccionario se puede consultar en línea en [consultada en junio de 2021]. 77 Díaz–Galbis: “López-Chavarri”, DMEH (1999-2002), p. 1048; y también DMV (2006), p. 45. 78 Lázaro Villena, La guitarra clásica en la Comunidad Valenciana (2010), p. 245. 79 Orengo Miret, López-Chavarri (2017), pp. 344-346. http://www.musicalis.es/?page_id=92 52 acabamos de citar80. Tanto es así que incluso se reproduce la misma errata en el título en alemán de las Siete piezas para guitarra. Sigue sin indicarse en este listado fecha alguna para los Preludios a Valencia y en cambio sí se añaden las del resto de obras, aunque la forma de presentarlas es algo confusa ya que en unas aparece la fecha de composición y en otras la de edición (salvo en el Intermezzo, que detalla ambas fechas). Persiste el error en atribuir a la ed. Max Eschig la publicación de la (primera) Sonata para guitarra en lugar de la segunda, y también cita la Sonata III, aunque el único dato que puede aportar sobre ella es que “en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu no hay disponibles ejemplares de esta obra”81. Siendo esto cierto, nos preguntamos en qué otro archivo o biblioteca se podría haber conservado esta misteriosa obra que desde 1996 anunciaban Díaz y Galbis. La respuesta la hemos encontrado en la BMCV (en concreto en el grupo de obras recogidas bajo la signatura M/395). Los detalles de nuestras pesquisas, que ponen punto final a las dudas que pudiéramos tener sobre la existencia de esta tercera sonata para guitarra, se pueden consultar en nuestro catálogo – cap. 3.1.4– pero adelantamos en estas líneas que en realidad no existe tal Sonata III y que su anunciada existencia se debe a un error en el Cat. BMCV. No obstante, esta sección del catálogo de Orengo Miret, aun siendo incompleta e imprecisa, era el acercamiento más completo hasta la fecha al corpus guitarrístico chavarriano y aportaba al lector, como principal novedad, algunas informaciones extractadas de los catálogos en línea de la BV y BMCV: registro de las fuentes manuscritas e impresas conservadas de cada obra, sus respectivas signaturas y también la reproducción parcial o total de las descripciones que comparte en línea el Cat. BV incluyendo –y esto es muy interesante– su relación directa con otras obras de Chavarri escritas para otros instrumentos o para la orquesta. Todavía hemos encontrado un último y muy reciente listado en el TFM de Sara Guerrero para el Máster en Enseñanzas Artísticas de interpretación e investigación performativa de la Música Española del RCSMM. Este listado contiene con detalle la información del Cat. BV sobre las obras para guitarra de Chavarri aunque es incompleto pues, habiéndose basado en listados anteriores, faltan aún algunas obras (como la Suite, de la que daremos cuenta en su momento), hay informaciones erróneas sobre otras y persiste en indexar la inexistente Sonata III82. Llegado a este punto nos preguntamos si aquel “etc.” con el que concluía el párrafo del libro de Eduardo López–Chavarri Andújar quedaba completado con las obras que se fueron añadiendo en los listados posteriores o si en realidad existían más obras de Chavarri para guitarra que no habían sido recogidas aún en los listados de los musicólogos. Gracias al Cat. BV hemos podido localizar un buen número de otras piezas que hay que añadir a este listado: algunas para guitara sola, otras pocas que 80 Ibidem, p. 58. 81 Ibidem, p. 346. 82 V. Guerrero, Sonata I para guitarra de ELCH (2020), pp. 35-36. 53 incluyen la guitarra en un conjunto instrumental y otras que están escritas para otras formaciones pero que son transcripciones de obras originales para guitarra. Las informaciones compartidas en línea por la BV sobre todas estas fuentes han sido valiosísimas para poder completar nuestro catálogo, así como la amabilidad del personal de sala al facilitarnos la mayor comodidad para la consulta, física o fotográfica en alta resolución, de una gran cantidad de mss. que tuvimos que requerirles. Efectivamente, la mayor parte de los mss. autógrafos se conservan en la BV aunque hay unos pocos muy importantes que hemos localizado en otros archivos como el de la Casa Museo Andrés Segovia de Linares y el del Museu de la Música de Barcelona. Otra colección de mss., en este caso redactados por un copista, pero que ha resultado ser de utilidad es la conservada en la BMCV. Estas fuentes, en principio secundarias, nos han despejado algunas dudas surgidas al leer los originales ya que se trata de copias en limpio y su caligrafía musical es fácilmente legible mientras que algunos mss. autógrafos son, por fragmentos, difíciles de descifrar. Al inicio de nuestro nuevo catálogo (v. el cap. 3.1.4) hemos incluido una breve reseña histórica sobre cómo llegaron a cada una de estas bibliotecas y archivos los diferentes mss. guitarrísticos de Chavarri. 54 2.1.5. Eduardo López–Chavarri, crítico musical Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado83 Como hemos ya adelantado, la carrera periodística de Chavarri fue, como toda su labor intelectual, muy variada, fecunda y diversa –más allá de las antedichas aventuras magrebíes como corresponsal de guerra, en 1909 y 1912– y vinculada mayoritariamente a la crítica. Así lo rememora López–Chavarri Andújar: También otro magisterio, el del periodismo, en Las Provincias, fue acicate y trampolín de inquietudes, ideas y formulaciones durante mucho más de cincuenta años84. Aunque la música fue siempre su principal objeto de análisis también ocuparon parte de su tiempo y de su atención otras manifestaciones artísticas y literarias que iban desde el teatro, la literatura, las narraciones de viajes y la historia hasta –como no podía ser menos dada su académica formación y su talento para el dibujo– las artes plásticas. Un significativo ejemplo de este último género de crítica lo encontramos en una reseña en Las Provincias del 23 de mayo de 1928 dedicada a una exposición de Manuel Moreno Gimeno, un todavía joven pintor local muy vinculado con el mundo musical valenciano. En ella se aprecia, como era costumbre en Chavarri, un apoyo y compromiso constante con los jóvenes y prometedores artistas locales. Chavarri demuestra un dominio de la jerga pictórica y una notable familiaridad con los recursos y dificultades propias del trabajo de estos artistas, con los que se siente cómplice en tribulaciones e inquietudes. Chavarri nunca habla por hablar, y siempre sabe de lo que habla: DE ARTE Manuel Moreno Gimeno es un pintor que lleva al arte los entusiasmos de su juventud y el deseo de producir tal como él siente la emoción. Inquieto, curioso, buscando tal vez una disciplina pictórica en el exterior antes de hacer la propia disciplina espiritual, sus obras aparecen con la vivacidad del momento y con todo el impulso juvenil que las formó. Esa inquietud de Moreno Gimeno la vemos en la Exposición que ayer inauguró en el Círculo de Bellas Artes. Impresiones de Mallorca, o paisajes de Londres, luminosidad de Valencia o nieblas de Brujas, siempre tiene el joven pintor momentos propicios para ir estudiando, resolviendo, «apretando», como dicen los pintores en su «argot» de taller. Acaso la nota más agradable de esta Exposición sea la que deja ver su autor; son trabajos de búsqueda, son análisis y estudios; así es 83 Epígrafe atribuido a Juan Ramón Jiménez en la traducción española de la celebérrima novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451 (Ed. Minotaurio). El original en inglés de esta novela dice “if they give you ruled paper, write the other way” que no es más que la traducción de un aforismo original de Juan Ramón, que dice: “Si te dan papel rayado, escribe de través; si atravesado, del derecho”. A pesar del despropósito de este viaje de ida y vuelta en la traducción (cuya autoría no es necesario comentar), la cita resultante nos ha parecido apropiada para presentar el contenido de este apartado (se non è vero, è ben trovato). 84 López-Chavarri Andújar, “López–Chavarri. Vida y obra” (1984), p. 103, V. en Orengo Miret, López-Chavarri (2017), pp. 207-208. 55 que el paisajista no se cree inmodestamente haber superado la técnica (¿qué artista creerá nunca esto?) y se esfuerza por adquirir cada vez más seguridad de mancha, más armonía en los colores, más brillantez en las luminosidades a cielo abierto, más dulzura en los matices medios. (…)85 Retrato de Joaquín Rodrigo (Manuel Moreno Gimeno, 1957)86 Pero, como hemos dicho, Chavarri se dedicó principalmente al género de la crítica musical, concretamente de la Gran Música, tanto instrumental como escénica, y también –en su primera etapa especialmente– ejerció como cronista y analista del folclore y costumbres de la región. Así lo indica Orengo Miret: Su andadura en Las Provincias comenzó en 1898, a raíz de la solicitud de artículos por parte de Teodoro Llorente Olivares, director del mismo, a quien, por otra parte, debe su formación en este campo. Muy pronto, formó parte del consejo de redacción del rotativo. (…) En un principio, le fueron encomendadas reseñas sobre «Los conciertos en el Principal», siguiendo con estampas costumbristas de la región, así como relatos breves ambientados en la tradición87. En esos inicios en Las Provincias se puede ya percibir su compromiso, honestidad y también hace gala de esa afilada e irónica pluma que le caracterizó durante toda su carrera. La BVPH tiene disponibles en línea numerosas críticas musicales de Chavarri para este periódico a partir de los números del año 1899. En ellas encontramos 85 Las Provincias: diario de Valencia, año LXIII, número 19492. 27 de noviembre de 1928, p. 1. (Agradecemos a Antonio Ripollés el envío de esta crítica, no disponible en la BVPH ni en BIVALDI). 86 Fuente: 87 Orengo Miret, López-Chavarri (2017), p. 207. 56 las más severas quejas ante la situación de la música instrumental en general y la religiosa en particular, así como encendidas defensas a sus maestros Pedrell y Antich además de a otros autores afines a su estética de entonces como Granados y Wagner. Algunos extractos de estas crónicas y opiniones musicales –firmadas ya con su seudónimo preferido, Eduardus– demuestran una notable personalidad y una pasmosa seguridad, independencia de opinión, firmeza y solvencia sobre los asuntos tratados poco comunes en un veinteañero. La severidad de sus juicios, acordes con su juventud, se mitigará con el tiempo como lógica consecuencia de la madurez y por su cada vez mayor inclinación hacia la profesión de músico y en especial hacia la composición, pues ya se sabe que no es lo mismo ver los toros desde la barrera que en el albero: Es tan poco frecuente oír obras del género religioso que sean de buenos autores, y que, además, estén ejecutadas con todas las condiciones que requieren, que el solo anuncio de la audición de una misa de Beethoven, es bastante para que señalemos el día con piedra blanca88. Y este año se ha suprimido el certamen musical, fiesta del diletantismo rural, moralizadora al decir de los amateurs, reproductiva y también poética. En la Plaza de toros, entre los silbidos de las locomotoras y los taponazos de las limonadas, allá en la arena, se lidiaba a Wagner, se remataba a Verdi y se estoqueaba a Meyerbeer. Y nunca se ha progresado; todos los años lo mismo. El arte municipal no ha sabido ver otra cosa. ¡Dios le conserve la vista!89 Prosa en Música. Con motivo de las representaciones de la la obra de Granados María del Carmen, desde que se estrenó en Madrid esta, hasta su reciente «primera» en Barcelona, se ha suscitado en la prensa la cuestión de la prosa en el drama musical. Las opiniones han sido encontradas, (…) Bienvenida sea la prosa al drama musical… con tal de que esta sea buena. ¡Cuántos cantarán de corrido el prólogo de I Pagliaci sin darse cuenta de que está en prosa, y que hace excelente una música que, en mi sentir (y en el de un ilustre maestro español), es inferior a la de Granados!90 Nos dicen que nuestras apreciaciones humorísticas acerca de la presente cuestión [Nota del autor: se refiere a la representación en Sagunto de Los Pirineos, de Pedrell] han removido los malos humores de algún anónimo censor, expresados en forma descortés. Esto nos dispensa de toda relación, respecto del caso. Pero no deja de tener gracia eso de que haya quien tenga una desazón por cada broma nuestra. Por ser la primera alusión recibida, diremos, no como contestando, pues no lo hacemos con los intrusos, sino como advertencia por primera y última vez, que quien pretenda que le hagamos el juego va muy equivocado. El que quiera nombre, que se lo gane con sinceridad, trabajo y crianza. ¡Bueno fuera que hubiéramos de parar mientes en todas las imbecilidades que nos salen al paso!91 Aunque parezca mentira, entre el cúmulo inmenso de farragosas producciones con que nos amenazan constantemente «ingenios» hueros, todavía puede descubrirse alguna personalidad que merezca el nombre de músico y que cultive su arte sin mentira, con cabal conocimiento de causa. 88 Las Provincias, año XXXIV, número 11911 – 06 de abril de 1899, p. 2, crítica dedicada a la interpretación de una misa de Beethoven en Valencia. 89 Las Provincias, año XXXIV, número 12019 – 23 de julio de 1899, p. 2. 90 Las Provincias, año XXXIV, número 11976 – 10 de junio de 1899, p. 2. 91 Las Provincias: año XXXIV, número 12029 – 2 de agosto de 1899, p. 2. 57 Porque tales se están poniendo las cosas, que aquí usamos genios para andar por casa y debajo de cada adoquín aparece un maestro, o vice-versa. El hecho es que esa palabra «maestro» se aplica al primer aporrea-teclas que se saca un paso-doble, o compone una mazurka de salón (¡siempre de salón!), o escribe una romanza llorosa o enjareta un salutaris con que ofende, indudablemente, a la elevada persona a la que va dirigido. (…) Y tanto más, cuanto que la decadencia de la música di camera ha llegado aquí a un extremo tal, que más bien puede llamarse anulación. Pues bien; un artista modesto, tan modesto como inteligente y sabedor a fondo de estas cosas de la música; un representante digno de nuestra escuela, D. Francisco Antich, ha sido el que merece ser citado por su laborioso trabajo, (…) ¡Dios se lo pague al señor Antich y a los pocos que, como él, todavía se esfuerzan en pro del arte de verdad!92 Por supuesto que su labor periodística en el terreno de la música –bien ejerciendo la crítica musical o escribiendo artículos en revistas especializadas– no se limitó a su trabajo en Las Provincias. Ya en 1896 hay una primera referencia de colaboración con Le Guide Musical (Bruselas) aunque sus principales participaciones fueron en la Revista Musical Catalana y, sobre todo, en la revista de referencia por antonomasia en España: la madrileña Ritmo93, dirigida por su colega y amigo Rogelio del Villar. Por añadidura, un simple rastreo en la BNE/BDH nos ha mostrado a Chavarri como colaborador de revistas como Renovación española (Madrid), Revista musical de Bilbao –y su continuadora, Revista musical hispano americana– y Musicografía de Monóvar (Alicante), entre otras. Todas estas colaboraciones –extensas en número, de un altísimo nivel literario y aparecidas con regularidad durante toda su vida– dan buena fe de la sobresaliente actividad que tuvo Chavarri como musicólogo y crítico. Hemos tomado como ejemplo uno de sus artículos para Ritmo, de 1935, puesto que en él leemos de nuevo un comentario incisivo contra la carencia de inquietudes verdaderamente elevadas de la población valenciana y cómo esta repercutía en el funcionamiento de la Orquesta Sinfónica de Valencia: La Orquesta Sinfónica de Valencia La decadencia moral de los públicos, contaminados por la fácil sensualidad, y que al gran arte lírico preferían el cuplé y el «jazz-band». Los profesionales de la Música se veían cada vez más obligados a vivir en la contaminación de «varietés» y «music-hall». La Orquesta que nos ocupa luchó con denuedo, y no sucumbió. Cierto que sufrió la crisis general y llegó (la verdad obliga) a experimentar actuaciones medianas, o acaso menos, mezclando el repertorio en sus pruebas de vida. ¿Por qué? Pues porque aquí faltaban apoyos eficaces, subvenciones serias como en otras partes tienen las orquestas sinfónicas (¡aquellas juntas, presididas muchas veces por distinguidas damas, que responden del déficit de las grandes orquestas!) No hablemos de la masa de público que no tiene poder para oír un concierto ni gana de hacer en él un gasto mínimo, pero corre a dejar grandes sumas en el boxeo y otros deportes brutales94. 92 Las Provincias, año XXXIV, número 11918 - 13 de abril de 1899. Columna dedicada a un cuarteto de cuerda de Antich. 93 V. en Díaz–Galbis, “Homenaje a la familia López-Chavarri” (1993-94), p. 345. 94 Ritmo: Revista musical ilustrada, año VII, número 120 – 1 de diciembre de 1935, p. 4. 58 El epígrafe con que encabezábamos este apartado resulta pintiparado para introducir el asunto del papel de Chavarri dentro de la crítica musical que en la última década del siglo XIX, cuando empieza a ejercerla, ya tenía un considerable recorrido en nuestro país. No obstante, nos recuerda Carlos Gómez Amat: (…) también en España la crítica musical nace en el siglo XIX, pero con unas características peculiares, que quizá todavía subsisten. Entre nosotros ha sido, en general, más frecuente que en otros países, el caso del simple aficionado, sin conocimientos técnicos, que se dedica a esos menesteres; lo más curioso es que, en numerosas ocasiones, el trabajo de los buenos filarmónicos ha resultado superior en sentido estético –y no digamos en estilo– al que han hecho los compositores o los sesudos profesores95. Chavarri irrumpe en la escena de la crítica musical española con un perfil excepcional, pues siendo uno de ellos, y excelente, también iba a desarrollar una carrera musical exitosa, tanto en el campo de la interpretación como en el de la composición. Fue un personaje de los que inauguraban un modelo de crítico inédito hasta entonces en España y que, lamentablemente, tampoco se prodigaría demasiado con posterioridad: aquel que de veras sabe de música y no basa sus comentarios en gustos personales, filias y fobias o demás veleidades; o lo que es peor, en regalar elogios por pura rutina y falta absoluta de criterio. A este respecto decía: Desgraciadamente, en nuestro país, se acostumbra tanto a prodigar ditirambos exagerados a producciones artísticas sin color alguno, que ya los lectores desconfían y con razón. Hay una especie de crítica (musical, sobre todo), monopolizada por quienes no tienen la menor idea respecto del arte, y que se reduce a prodigar alabanzas vacías de sentido a todo cuanto trata. Leyendo estas reseñas no se sabe nunca lo que sea el artista que se juzga, la composición de que se habla, la orquesta que se describe: podría muy bien, cambiándose los nombres aplicarse el mismo artículo a los más diferentes músicos, parece que estas críticas las hace algún comerciante de jabones finos96. No es de extrañar que en España proliferara ese tipo de crítico. Ni la intelectualidad ni la burguesía –no digamos el pueblo– se destacaron nunca por un excesivo refinamiento en sus gustos o por sus conocimientos musicales. Así lo declaraba en Las Provincias cuando, en contrapartida, elogiaba a uno de los pocos intelectuales españoles a los que respetaba y admiraba sinceramente no solo por sus obras literarias sino también por sus trabajos como crítico de música: Benito Pérez Galdós. Sobre el gusto reverencial de este por la música de Beethoven escribe: GALDÓS Y BEETHOVEN El “intelectualismo” español contemporáneo amó poco la música. Diríase que para nosotros el arte de los sonidos no es sino un aperitivo que se sorbe por las orejas y que hace efecto en los pies. De él sólo quieren percibir las gentes la sensualidad brutal de elementario ritmo. Es arte que se soporta, pero que no se escucha; mucho menos... se siente. 95 Gómez Amat, Música Española (siglo XIX) (1984), p. 233. 96 Las Provincias: año XXXVI, número 12851 –2 de noviembre de 1901, p. 2. 59 Nuestros hombres de letras suelen ser sólo eso: de letras; no son hombres de corazón, y por ello no saben sentir la Música. Y es que la conciencia de nuestros escritores está “cristalizada” en aquella “matemática sonora” del siglo XVII; sus almas creen que la música es un logaritmo; y es natural, en esa ceguedad no ha podido estallar la alegría de un beso romántico. Pues en medio de tanta prosa de corazones, Galdós nos hizo asomar a horizontes musicales espléndidos. La más hermosa oración que nuestra moderna literatura haya rezado por la Música, es la oración de Beethoven; Galdós la dijo en su Desheredada. ¡Cuántos “admiradores” del maestro le perdonan esa página!, precisamente porque es alma, sentimiento, cosa viva que no pueden comprender nunca los hombres de letras ni el público de letras. ¡Comprenderla! Si basta con sentirla; pero esto es imposible para intelectos que hacen del arte una cosa clasificada como medicina en frascos, cuando no lo estima, ¡arte excelso! como... una prolongación de la mesa del café. Y bien mirado, mejor es que estos tales no amen la música ni aún después de leer a Galdós97. En 1935, ya en plena madurez y en un momento álgido de su personalidad liberal –justo antes del conflicto armado en España– Chavarri se situaba del lado de los artistas para volver a criticar duramente a sus otros colegas, los de pluma, o digamos más propiamente en esos tiempos modernos, de mecanografía: Como se ve, la miopía de los críticos es eterna, se reproduce a través de los tiempos, con una constancia que hace pensar si “será preciso” existan esos tragicómicos censores, que tanto divertirían si no hiciesen un daño positivo y, muchas veces, irreparable para los artistas98. La Guerra Civil fue, como hemos visto, un punto de inflexión para Chavarri y su espíritu liberal de los años de juventud y primera madurez se apaciguaron para mejor integrarse en los mandos de poder del nuevo régimen, si bien exclusivamente a los ligados al mundo puro e ideal de la Música, que tanto amó. Si bien Chavarri recibió diversas condecoraciones a lo largo de su carrera99, al final de ella, por su dilatada trayectoria e incansable trabajo como crítico, el colaborador de Ritmo Francisco López Lerdo de Tejada se hacía eco en junio de 1966 de una demanda surgida desde el periódico del régimen por excelencia, El Alcázar, para homenajearle con toda pompa y condecorarle con “un alto galardón nacional” antes de que hubiera que hacerlo a título póstumo: DEL HOMENAJE NACIONAL EN HONOR DEL DECANO DE LA CRITICA ESPAÑOLA, MAESTRO EDUARDO LÓPEZ CHAVARRI Y MARCO Por iniciativa de El Alcázar, todos los diarios de Madrid, sin excepción, y con ellos Ritmo, se adhirieron a la idea de un homenaje nacional que debía rendirse al decano de la crítica musical española, maestro Eduardo López Chavarri y Marco, con motivo de cumplir los noventa años, y de ellos ochenta dedicado a la crítica con total entrega y éxito, sin olvidar su labor de creación como compositor. (…) Esto que esbozamos nos parece debiera llevarse a la práctica con motivo de la próxima fecha gloriosa del 18 de julio, Fiesta de Exaltación del Trabajo, para que ese programa se cumpliera antes que el citado homenaje hubiera de convertirse en póstumo, dando al traste con esta bella iniciativa de nuestro colega El Alcázar y su crítico Fernando Ruiz Coca. No somos 97 V. en Schlueter, Galdós y la música (2016), pp. 183-184. 98 Las Provincias: año 701, número 20282 - 10 de enero de 1935, p. (?) [Visto en Miravet Lecha, op. cit. (2017), p. 59. El original no está disponible en BVPH ni en BIVALDI]. 99 Véase un listado de estas condecoraciones en Orengo Miret, López-Chavarri (2017), p. 251. 60 partidarios de los homenajes póstumos, y por ello reiteramos nuestro deseo de que este se celebre pronto y en vida del homenajeado100. La columna de Ritmo y el resto de iniciativas tuvieron su efecto puesto que, como hemos podido comprobar, al año siguiente tuvo lugar en Madrid la entrega de la Cruz de Alfonso X el Sabio por parte del Ministro Manuel Fraga Iribarne: López–Chavarri ha recibido la Gran Cruz de Alfonso X de manos del ministro Manuel Fraga. El acto en honor del veterano compositor y redactor de Las Provincias se celebró con un concierto homenaje de la Orquesta de Radiotelevisión Española, dirigida por Enrique García Asensio y con Leopoldo Querol como solista al piano, ambos también valencianos101. Fraga Iribarne entrega a Chavarri la Cruz de Alfonso X el Sabio (Madrid, 1967)102 No es casualidad que el Ministro de Información y Turismo –máxima instancia del gobierno en asuntos periodísticos y, por tanto, el encargado de controlar la información y la censura– fuera quien personalmente le impusiera esta valiosa distinción. Algunos años antes, en 1962 ya se había dirigido por carta a Chavarri, sorprendido por el hecho de que este no hubiera recibido el título de Periodista de 100 Ritmo: Revista musical ilustrada – año XXXVI, número 364 – 1 de junio de 1966, p. 9. 101 Noticia aparecida en el diario ABC del 11 de febrero de 1967 [V. en Orengo, ibidem, p. 251. En esta misma tesis doctoral puede consultarse el programa del recital, p. 252]. 102 Fuente: < https://i38848.wixsite.com/el-proyecto-chavarri/imgenes?lightbox=dataItem-k7upor6l2> 61 Honor y anunciándole que se personaría en la inauguración del curso de la Escuela Oficial de Periodismo para entregárselo él mismo103. La parte de la crítica musical chavarriana relacionada con la guitarra es extensa y enormemente interesante para nuestra investigación porque en ella declara con toda precisión su visión estética del instrumento, aspecto este decisivo para comprender el planteamiento y la factura de sus composiciones guitarrísticas. No las expondremos ahora puesto que a lo largo de nuestro trabajo, como fruto de la investigación en las hemerotecas consultadas, vamos a ir desgranando crónicas de conciertos, reseñas de publicaciones y otros artículos varios dedicados a algunas de las figuras más importantes de la guitarra en España, figuras que en muchas ocasiones estuvieron íntimamente relacionadas con Chavarri y con el corpus de obras que creó para ellas. Así pues, en los siguientes capítulos aparecerán nombres tan destacables como el del gran Francisco Tárrega –quien aparece como primera y decisiva referencia para nuestro autor–, Miguel Llobet, Emilio Pujol, Josefina Robledo, Andrés Segovia y Rafael Balaguer, todos ellos ligados como dedicatarios, revisores o editores a las creaciones guitarrísticas de Chavarri. 103 V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 171. 62 2.2. Francisco Tárrega: primer referente guitarrístico para ELCH 2.2.1. Valencia, meca de la guitarra “cortesana” En el imaginario colectivo y en la visión más tópica de la cultura popular española (sobre todo la que se proyecta hacia el exterior, por lo general con motivos comerciales) Andalucía es la región que se asocia a la guitarra. Esto viene siendo así desde al menos la segunda mitad del siglo XIX cuando se gesta la llamada “exotización” de una España que pasa a ser considerada como periferia europea104. Particularmente, la guitarra flamenca, como genuina expresión de esa imagen exótica del país, ha quedado íntimamente ligada al paisaje andaluz y a sus gentes. Sin embrago bastaría hacer una somera encuesta entre los guitarristas clásicos para darse cuenta de que la región española con que muchos de ellos identifican a la guitarra y su historia es en realidad Valencia. En una carta que el guitarrista Daniel Fortea dirige a Chavarri en 1929 comprobamos que esta identificación no es solo cosa de nuestros días: Tengo ofrecida la colaboración de entusiastas del Japón, Rusia, Bélgica y otros países los cuales me animan a continuarla ya que tienen a nuestro país como la cuna de la guitarra. Y, dentro de esta cuna, nuestra terreta105. Esta simbiosis entre Valencia y la guitarra clásica tiene además referencias mucho más pretéritas que las del flamenco, como las que se remontan al siglo XVI, a la corte de la Reina Germana y su músico predilecto, Luys Milán, como máximo exponente de la vihuela (que no era sino una guitarra o quizás sería más apropiado decir que nuestra guitarra es en realidad una vihuela) con sus sensacionales innovaciones musicales y con un estilo instrumental revolucionario106. La vihuela surge en el Reino de Valencia, de allí irradia a toda la Península y a Italia, a través de Aragón–Nápoles, y en Italia, partiendo de esa vihuela importada, surgirá la viola da gamba. Baste esta sintética nota cronológica para mostrar en su justa medida la importancia del levante español para la evolución de la música europea. Tras ese primer momento histórico (en lo que a fuentes escritas se refiere) Valencia continuó siendo un centro de referencia de la evolución de la guitarra aportando grandes novedades en el lenguaje instrumental, las cuales, si bien no habían sido contempladas hasta hace bien poco en la oficialidad de la Historia de la Música, en la actualidad podemos afirmar que preludiaron el devenir de la música occidental de los 104 Tesis defendida en Carreras, “Hijos de Pedrell” (2001), p. 126. 105 Carta fechada el 2 de octubre de 1929. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 170. 106 Para profundizar en la biografía de Luys Milán y el estilo de su música es absolutamente necesario consultar los siguientes artículos de Gerado Arriaga: “Reflexiones en torno a Luis Milán: vida, obra, historiografía” y “Las pavanas de Luis Milán y su primera transcripción moderna” en Roseta nº 0, pp. 6– 35 y 147–164 respectivamente; “La obra vocal de Luis Milán” en Roseta nº 1, pp. 6–43 y “La obra instrumental de Luis Milán” en Roseta nº 3, pp. 6–45. 63 siguientes siglos107. Libros como el del guitarrista Joan Carles Amat (otro genial “aficionado” que aunque de origen catalán, pasó su juventud en Valencia estudiando medicina) se adelantaron en muchas décadas a la Ópera Florentina en el estilo de la melodía acompañada, así como en la práctica del temperamento igual aunque esto último, tal y como Gerardo Arriaga nos demuestra en varios de sus trabajos, existía ya implícitamente en la obra de los vihuelistas108. Esta marcada personalidad valenciana en la historia de esa guitarra española que nos atrevemos a definir como culta –o cortesana, si somos más diplomáticos con el lenguaje– tiene su máxima expresión para los aficionados, críticos y guitarristas de finales del XIX en Francisco Tárrega. Enraizados en su idolatrada figura surgirán discípulos de la talla de Miguel Llobet, Emilio Pujol, Josefina Robledo, Pepita Roca y Daniel Fortea, entre otros, que en las primeras décadas del nuevo siglo harán de Valencia y Barcelona (donde se estableció desde 1888 y hasta su muerte el maestro castellonense), los centros desde los que se iluminará la expresión más elevada y apolínea del instrumento (dicho esto en términos románticos). En oposición a ella, esa otra guitarra áspera, racial –en sus más negativas acepciones– y populachera. Llamémosla nosotros, objetivamente, dionisiaca (para seguir glosando con referencias mitológicas) y que ellos, los militantes de aquella estética, identificaban con la más baja extracción social y las disolutas costumbres de quienes la practicaban. Chavarri, perteneciente al refinado entorno cultural de las élites sociales levantinas, era un profundo conocedor y admirador de la pródiga historia de la guitarra cortesana en su región (como bien se puede comprobar en sus críticas periodísticas), admira su legado –y, por supuesto, a Tárrega, a quien considera su máximo exponente contemporáneo– así como minusvalora o al menos relativiza el del flamenco: (…) Musicalmente, las composiciones de Tárrega se distinguen por una elegancia y una distinción poco comunes. Son obras delicadas, que revelan un temperamento de artista refinado y sensible, hacen más soñar en lejana orquesta que en la guitarra. Los aires españoles de Tárrega ofrecen la poesía verdaderamente popular, sin que dejen entrever la vulgar109. (…) Por la redonda boca de la guitarra, los sonidos salían como si fueran impalpables figuras de casacón y pelucas blancas, aristocráticas y elegantísimas110. 107 Varios de los más prestigiosos investigadores sobre la guitarra y los instrumentos de cuerda pulsada, entre los que se cuenta Pepe Rey, están de acuerdo en la poderosa influencia de los valencianos en el desarrollo del lenguaje guitarrístico desde la antigüedad y, en particular, en el de la guitarra barroca, precursora del nuevo estilo de la melodía acompañada. V. muchos de los numerosos estudios de este autor de referencia en [consultada en junio de 2021]. 108 V. Arriaga: Los libros de vihuela (2003), pp. 3–21. 109 Las Provincias: año XXXVII, número 13201 – 18 de octubre de 1902, p. 2. 110 Las Provincias: año XLIII, número 15400 – 16 de noviembre de 1908, p. 2. 64 Pero lo que Chavarri verdaderamente detesta es el flamenquismo, una suerte de vulgarización del flamenco entreverada con las nuevas culturas urbanas, expresión propia de los entornos menos ilustrados que, desde su visión burguesa y conservadora de la sociedad, le parece despreciable y peligrosamente infecciosa para los gustos musicales del pueblo111. En 1901 desde su nueva tribuna en Las Provincias opina: El flamenquismo, por desgracia, todo lo invade, y en los corrillos de las plazuelas, en los cantos de los músicos callejeros, solo se alimenta el auditorio con las notas del último tango. No es esto – ¿cómo ha de serlo?– sano y verdaderamente popular. El flamenquismo corriente es una afectación, una prostitución del alma andaluza convertida en “espectáculo”. Lo malo tiene su difusión más rápida que lo bueno, porque destruir es cosa fácil: el flamenquismo, esparciéndose por el espíritu popular, es una especie de alcoholismo artístico, que mata traidoramente. Oyendo algunos cantares populares, parece que se siente cierto tufo carcelario… ¿Será un signo de decadencia?112 Veintiséis años después aún podemos ver que su concepto sobre las expresiones musicales de baja extracción “cultural” (en este caso las de las subculturas urbanas de nuevo cuño) no ha mejorado con el tiempo: La entronización de la vulgaridad ambiente, la influencia del «españolismo» de teatro y cuplés, los bailes eróticos de «sociedad», la estúpida propaganda del acordeón y del piano mecánico, todo contribuye al desamor hacia los valores líricos del pueblo. Solo una enérgica acción de las voluntades puede lograr que renazca pujante la canción popular, la que fue llamada con maravillosa frase por Menéndez Pelayo «reintegradora de la conciencia de raza»113. Y cuatro décadas más tarde de aquel artículo periodístico, en su crítica a un concierto de guitarra de Rafael Balaguer, aún sostiene la misma opinión: En la decadencia del siglo XIX, el «flamenquismo» se apoderó de la guitarra, y esta se aplebeyó de un modo indecible. Fue preciso que surgiere un sacerdote, en Andalucía precisamente, para que hiciere ver que la guitarra no era cosa de juerguistas ni de zarrapastrosos. Y es de recordar que 111 Una definición de este flamenquismo la encontramos en Llano, Notas discordantes (2021), p. 41: “El flamenquismo puede definirse como una mezcla de elementos culturales de Andalucía que, sumada a la cultura gitana y la música flamenca, se desarrolló durante el periodo de la Restauración (1874-1931) en diferentes ciudades españolas. En este contexto, el flamenquismo prosperó gracias al crecimiento urbano y, en relación a ello, a la expansión de la cultura popular.” Circunscribiéndose ya al cambio de siglo leemos (ibidem, pp. 55-56): “Fue debido a la capacidad del flamenquismo para cruzarse con una amplia gama de problemas sociales apremiantes que, hacia finales del siglo XIX, los críticos e intelectuales lo asociaban con casi cualquier síntoma de degeneración que percibían en la sociedad española (…) El discurso resultante en torno al flamenquismo concienciaba sobre la persistencia de problemas sociales como el alcoholismo y la violencia. En muchos casos, sin embargo, el flamenquismo se utilizó como lema para designar los males de España de manera amplia y superficial, sin analizar sus causas ni proponer soluciones específicas”. 112 Almanaque “Las Provincias” de 1901, p. 267. [V. en Climent, Música Contemporánea Valenciana (1978), p. 56]. 113 López-Chavarri Marco, Música popular española, (1927), p. 142. [V. en Climent, op. cit. (1978), p. 166]. 65 toda una Sacra Católica Majestad Imperial como Carlos V, tañía sus cuerdas en ratos de ocio; y no fue ajeno a ella un duque de Gandía que ha subido luego a los altares114. El argumento de autoridad regio, por el Emperador, y aristocrático y meapilas, por Francisco de Borja, no deja lugar a dudas sobre el posicionamiento ideológico de Chavarri en plena posguerra civil. Obviamente con la metafórica alusión al “sacerdote andaluz” se está refiriendo a Andrés Segovia, el guitarrista del siglo XX por excelencia a quien, como veremos más adelante, siempre admiró profundamente a pesar de que no fue igualmente correspondido. Pero para hacernos una idea nítida de hasta qué punto las elites musicales eran militantes con aquella estética guitarrística tarreguiana (que ha sido bautizada muy acertadamente como Estilo romántico español)115, resulta ilustrativo leer lo que opinaban en Valencia sobre el mismísimo Segovia cuando aún era una figura emergente. Rafael Balaguer, a quien reseñaba Chavarri en la anterior cita, lo recuerda en 1958 cuando habla de unas jornadas guitarrísticas legendarias acontecidas en 1915 en Valencia, donde los “cuatro magníficos”: Segovia, Miguel Llobet, Emilio Pujol y Daniel Fortea, compartieron algunos días: Hubo, pues, sus detractores que consideraban su técnica como deficiente y «aflamencada» y téngase en cuenta que mentar el flamenco en los círculos guitarrísticos cultos era lo mismo que mentar la bicha en los flamencos116. De izquierda a derecha, los “cuatro magníficos”: Segovia, Fortea, Llobet y Pujol 114 Las Provincias: año LXXVIII – 4 de Mayo de 1943, p. 14. Damos las gracias a Antonio Ripollés Mansilla por haber compartido para nuestra investigación esta crítica que no está disponible en línea. 115 Arriaga: Repertorio guitarrístico español del siglo XX (2003), p. 8. 116 Rafael Balaguer en “Recuerdos y anécdotas, 1915. Póker de ases”, Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento (Castellón), 26 de marzo de 1958, p. 3. Visto en un post de Julio Gimeno en el foro Artepulsado dentro del hilo “Los cuatro magníficos”: [Consultada en junio de 2021]. 66 Como vemos, en sus inicios hasta el mismo Segovia (andaluz, no lo olvidemos y por tanto sospechoso) con su personal y brillante técnica era visto, en los más conservadores círculos guitarrísticos de Valencia, como impuro y alejado de la estética que había quintaesenciado Tárrega y habían continuado sus discípulos. La memoria de Balaguer da para muchos más comentarios interesantes pero ya habrá tiempo de sacarlos a colación puesto que tendremos que abundar más adelante sobre la relación de algunos de esos “magníficos” entre ellos y con Chavarri. El predicamento que Tárrega tenía en esa elite cultural y social valenciana se puede resumir en las palabras del musicólogo, organista y clérigo José Climent Barber, paradigma de esa visión del arte: Valencia cuenta entre sus glorias el tener entre sus hijos a un artista, que, si no bastaran sus composiciones y sus innumerables transcripciones para que todos le tuvieran en gran estima, convirtió en noble a un pobre callejero. De pedigüeño, en caballero; ese fue el milagro que obró Francisco Tárrega. Ennobleció la guitarra (…); sin Tárrega la guitarra quedaba en instrumento de juerga callejera o poco más. Es el creador de un nuevo instrumento117. 117 Climent, op. cit., p. 112. 67 2.2.2. El encuentro con Tárrega en Valencia. Primeras reseñas y críticas en Las Provincias (1899–1901)118 Sabemos, por diversos testimonios y por sus propias declaraciones, que Chavarri sostuvo una estrecha y sincera amistad con Tárrega. Se conocieron en diciembre de 1900 en una de las visitas del guitarrista a Valencia tras una gira de conciertos por la provincia de Alicante. El investigador de la obra de Tárrega, Adrián Rius, nos lo cuenta: Conoció entonces [diciembre de 1900] a un joven y peculiar personaje, doctor en derecho por la Universidad Central de Madrid (ejerciendo de fiscal sustituto en la Audiencia de Valencia), y alumno, en el terreno musical de Francisco Antich y de Felipe Pedrell: Eduardo López–Chavarri. Que también ejercía de crítico musical en diferentes periódicos de la época a la par que estudiaba dibujo en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos119. Al igual que en las entradas de los distintos diccionarios de música y músicos, de nuevo encontramos aquí una descripción de Chavarri presentado como una figura pintoresca, un diletante de la música y no como un profesional con todas las letras. En esta ocasión no nos parece tan inapropiado ya que en ese momento Chavarri aún buscaba su sitio en el mundo (de hecho acababa de doctorarse en derecho en la Universidad Central de Madrid)120 y apenas había insinuado su futuro como compositor con alguna ligera incursión en la música teatral121. Como ya sabemos, Valencia ha sido cuna de sensacionales “aficionados” –recordemos de nuevo al gran Milán– que por el hecho de no tomar la música como su única ocupación han sido injustamente considerados en inferior categoría a otros “profesionales” mucho más mediocres. No podemos asegurar con rotundidad que en efecto fuera aquel su primer encuentro, aunque nos parece muy probable. Pudiera plantear alguna duda la dedicatoria que contiene una fotografía que Tárrega dedicó a Chavarri en aquella ocasión. Rius indudablemente se basa en ella –la reproduce en la misma página de su trabajo– para datar la fecha de su encuentro. De su lectura podríamos interpretar dos cosas: bien una familiaridad previa, bien simplemente un gesto de cortesía hacia un nuevo amigo recién adquirido. 118 Buena parte de las críticas periodísticas que aparecen en este capítulo aparecen en Rius, Tárrega documental (2018). No obstante, para subsanar algunas erratas y resolver ciertas dudas en las transcripciones de los textos, hemos podido recopilar los originales (con el mismo criterio que buena parte de los documentos de hemeroteca que se mencionan en este trabajo), los cuales pueden consultarse en el Apéndice 5.1: Fuentes periodísticas (pp. 423-645). 119 Ibidem, p. 214 120 Díaz–Galbis, “Nuevas aportaciones” (1997), p. 684. 121 Véase en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 378. 68 “Al eminente crítico musical Sr. D. Eduardo López–Chavarri. Su amigo y admirador. Francisco Tárrega. Valencia, diciembre, 1900”122 En cualquier caso, es más que probable que, antes de conocer personalmente a Tárrega y siendo el maestro villarealense una auténtica celebridad en Valencia, Chavarri ya tuviera cumplidas referencias suyas y no es en absoluto descartable que hubiera escuchado algún recital de Tárrega con anterioridad. Por añadidura, hemos podido localizar en la BVPH dos noticias referidas a Tárrega aparecidas en Las Provincias en el lapso que hay entre que Chavarri comienza a colaborar como crítico musical con el periódico (1898)123 y la fecha de la fotografía. En esos primeros años de intensa 122 Imagen tomada de Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 212. Como hemos dicho, también puede encontrarse, aunque con una calidad inferior que impide leer el texto manuscrito, en Rius, Tárrega documental (2018), p. 214. 123 En esta fecha coinciden Díaz–Galbis, ibidem y Orengo Miret, López-Chavarri (2017), p. 207. Tomás Marco sugiere en cambio 1897 como fecha de inicio. Véase en Marco, Música española (1983), p. 97. La BVPH no dispone de los ejemplares de Las Provincias de 1897 y solo pueden consultarse los números desde 1898, cuando efectivamente pueden localizarse diferentes colaboraciones de ECLH. En BIVALDI, en cambio, sí es posible consultar los números del año 1897. Sin embargo, no hemos podido localizar entre ellos ningún texto firmado por ELCH con su nombre o con cualquiera de sus seudónimos. 69 actividad en el periódico valenciano estamos seguros de que a un hombre de su cultura y sensibilidad para el arte (y en mayor medida para la música) no pudieron pasarle inadvertidas esas dos noticias que llegaban desde Granada y Alcoy: Notas artísticas Un periódico de Granada dedica los siguientes elogios al notable guitarrista valenciano Sr. Tárrega: « (…) nos produjo a todos tan extraordinario efecto el escuchar al grande artista que por lo pronto ni aún acertábamos a hallar frases adecuadas con que demostrar nuestro entusiasmo. Los prodigios de Sarasate, por ejemplo, dejan siempre considerar que es un violín el instrumento en que se hacen; pero la guitarra de Tárrega deja de serlo para convertirse unas veces en misteriosa arpa angélica, cuyas delicadas notas penetran el alma; semeja otras veces maravillosa combinación de pizzicatos de instrumentos de arco con otros sonidos de imposible definición, y cuando canta conmueve y cuando hace prodigios de estupenda ejecución abruma, porque a nadie se le ocurre pensar que tales maravillas se puedan hacer.»124 Tárrega en Alcoy. Alcoy, 17 octubre 1899. «Sr. Director de Las Provincias. (…) nos ha cabido la dicha de tener entre nosotros al eminente Tárrega, al maestro por excelencia de los maestros guitarristas, que habiéndose comenzado ya su tournée artística, ha caído en Alcoy como maná para los inteligentes aficionados a la música bien interpretada. Ha celebrado varios conciertos en alguna de nuestras sociedades, y nos ha convencido de que es general en vanguardia entre los pocos que llegan a figurar en este dificilísimo arte. Domina en absoluto su instrumento, conoce todos sus resortes y secretos, y a fuerza de talento, constancia y estudio, ha conseguido imponerse a unos cuantos centímetros de cuerdas, haciéndolas emitir, a su voluntad, notas delicadamente suaves unas veces, bizarras y enérgicas otras, hermosísimas siempre. Identificado con la música di camera, como con la popular, llega siempre al alma de quien le oye, sea quien quiera. Cuando interpreta a Beethoven y Chopin, las cuerdas de su guitarra vibran dulcemente, conmueven como conmovería el cálido aliento de una nereida; si a Verdi, vibran con brutal valentía, son cantos guerreros que desquician el cerebro, notas que saben a sangre hirviente, que se desprenden seres, aceradas, que calientan y entusiasman con sus vibraciones metálicas, y si interpreta canciones populares, de las cuerdas por él pulsadas nacen dolorosos quejidos, tiernos reproches, frases apasionadas, sus zortcicos enternecen, sus jotas endulzan como la malvasía; sus aires andaluces aromatizan el ambiente como los azahares, huelen a clavellina, son frescos como la albahaca; su rasgueo es cadencioso como el vaivén de las aguas, pregona amores, extasía como los rasgados ojos de trigueña gitana andaluza, adormece como los vapores desprendidos en las viñas de la Sierra de María Santísima. Tárrega, es, además, excelente compositor, y prueba de ello son innumerables obras que de él se ejecutan y oyen con fruición. Desde Alcoy, que siempre recordará con gusto su visita, pasa a Alicante, y dentro de unos días a esa capital, donde indudablemente tendrán ocasión los valencianos de admirar y aplaudir a maestrazo Tárrega, una verdadera gloria española.»125 En efecto, Chavarri pudo por fin encontrarse con Tárrega en Valencia y dar comienzo así a su gran amistad. Ya con fecha de enero y junio de 1901, con posterioridad al presunto primer encuentro entre ambos, hemos podido encontrar otro par de crónicas de conciertos valencianos de un ya consagrado Tárrega, en la cima de su 124 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXIV Número 11894 – 20 de marzo de 1899, p. 2. [Nota: se puede consultar el texto íntegro de esta y de todas las fuentes periodísticas contenidas en este trabajo en el apéndice 5.1]. 125 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXIV Número 12108 – 20 de octubre de 1899, p. 2. 70 fama. Aunque no están firmadas creemos probable, por el estilo y por algunas coincidencias en el contenido con otros de sus textos, que el propio Chavarri las escribiera: Concierto en el Círculo de Bellas Artes (…) El eminente maestro Tárrega, el artista inspirado de la guitarra, cumpliendo la promesa hecha a los artistas, dio anoche una de esas sesiones que tanto hacen disfrutar a los oyentes. Así, en la intimidad, es como la guitarra tiene mayor encanto, y la impresión que produjo anoche cuanto interpretó el Sr. Tárrega. Su ejecución delicada, nerviosa, sensible, revelaba el talento del maestro y el corazón del artista; parecía sentirse entre los suyos, todavía aumentaba la fibra del ejecutante y arrastraba más sentidas notas a la señora esta. El concierto resultó, pues, una fiesta simpática, en su intimidad, entre los que cultivan el arte. (…) El Sr. Tárrega ejecutó en una guitarra, que pone de manifiesto las excelencias de la construcción valenciana, pues está fabricada por el notable constructor Sr. Ibáñez126. Círculo de Bellas Artes. Concierto Tárrega (…) El eminente guitarrista Tárrega parece que cuando se halla entre los artistas sabe encontrar acentos más inspirados, vibraciones más misteriosas e íntimas en la guitarra, y por ello produce impresión profunda. Muchas veces hemos dicho cómo el distinguido concertista sabe interpretar con arte admirable los estilos musicales más distintos, y cómo los hace notar ejecutando con su incomparable maestría en la guitarra. Y es de creer que no usa el Sr. Tárrega guitarra especial como hacen otros concertistas, sino con la ordinaria de seis cuerdas produce todos sus efectos tan admirados127. En el programa figuraban obras de todos los géneros, desde el poético Schumann, hasta el vigoroso aire español. Todas estas obras transcritas para guitarra magistralmente por el Sr. Tárrega, hallaron en él el intérprete único que no es posible imitar. El auditorio prodigó sus entusiastas ovaciones al músico, demostrando lo que se le admira y se le estima por parte de los artistas128. 126 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXVI Número 12561 – 16 de enero de 1901, p. 2. 127 La identificación de la guitarra de seis cuerdas como netamente española y su asociación con Tárrega la encontramos también en otro texto, este sí, firmado por Chavarri en 1915. V. en Rius, Tárrega documental (2018), p. 401. El texto íntegro puede consultarse también en este mismo trabajo, pp. 481. 128 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXVI Número 12718 – 22 de junio de 1901, p. 2. 71 2.2.3. Las críticas de ELCH para Las Provincias en vida de Tárrega (1901–1908) En noviembre del mismo año de 1901 encontramos al fin la primera crítica escrita y firmada por Chavarri dedicada a Tárrega. La firma con uno de de sus más habituales seudónimos: Eduardus. El hecho de publicar esta reseña ya con declaración de autoría puede deberse, a nuestro parecer, a la importancia que le otorga al objeto a reseñar. No se trata en esta ocasión simplemente de un concierto sino de la publicación, por parte de los editores valencianos Antich y Tena, del primer volumen de obras de Tárrega que para desazón de los guitarristas tanto se había hecho esperar. Chavarri se muestra absolutamente encantado con su contenido y aprovecha para ponderar la figura del guitarrista como máximo exponente de la guitarra ilustrada, a la que él admira: Obras para guitarra, por el maestro Tárrega. No queremos retardar más tiempo el hablar de esta importantísima publicación musical, que recientemente acaba de ver la luz en Valencia, aun a trueque de no decir de ella todo lo que merece. Sabemos que el famoso concertista Tárrega es hoy el más genuino representante del arte de la guitarra, en su estilo más serio y elevado. La reputación del maestro, tan grande aquí como en el extranjero, está firmemente consolidada. Para Tárrega, la guitarra se convierte en un instrumento que tiene voces misteriosas, de ideales sonidos, poéticas en alto grado. Cuando la vulgaridad más rebajada se enseñorea hoy de la música popular, el arte de Tárrega la ennoblece y la dignifica. ¡Bien haya el artista que con devoción de apóstol se consagra a tan meritoria obra! (…)129 En este mismo artículo comprobamos cómo Chavarri se identifica, en el plano estético, con Tárrega, a quien observa como un alter ego, el tipo de artista y de compositor que toca el alma del oyente y refleja esencial y sublimemente el carácter de su tierra: en suma, lo que él querría llegar a ser. La descripción que hace de su música parece una declaración de intenciones: (…) No solo como artista ejecutante merece estas alabanzas el músico, sino también como compositor inspirado, de musa distinguida, llena de flexibles ondulaciones, de delicadezas peregrinas, y sobre todo, genuinamente castiza, española de sentimiento y de hechos. Cuando en sus conciertos ejecuta Tárrega alguna de sus composiciones, produce siempre la misma indicada impresión (…) En 1902 Chavarri se encargará también, con el mismo entusiasmo, de anunciar la segunda colección de obras de Tárrega publicada en Valencia. Eduardus insiste en otorgarle al trono de la guitarra ilustrada, y lo encuentra libre de cualquier mácula de mundanidad musical: Musicalmente, las composiciones de Tárrega se distinguen por una elegancia y una distinción poco comunes. Son obras delicadas, que revelan un temperamento de artista refinado y sensible, hacen más soñar en lejana orquesta que en la guitarra. Los aires españoles de Tárrega ofrecen la poesía verdaderamente popular, sin que dejen entrever la vulgar130. 129 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXVI Número 12851 – 2 de noviembre de 1901, p. 2. 130 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXVII Número 13201 – 18 de octubre de 1902, p. 2. 72 Contraportada del Minuetto de Schubert (arreglado por Tárrega) perteneciente a la segunda colección de obras publicadas por Antich y Tena (1902) A medida que avanzaba la década la salud de Tárrega se iba deteriorando más y más131, pero Chavarri aún tuvo ocasión de reseñar, en 1907 y en semejantes términos, dos años antes del fallecimiento de aquel, un tercer volumen de obras (el último publicado en vida del autor) que se publicaba en Barcelona con la Ed. Vidal Llimona y Boceta132. En esta ocasión firma con su nombre completo: Eduardo L. Chavarri. Francisco Tárrega y su nueva colección de obras escogidas para guitarra. He aquí una nueva floración del genio de ese mago de la guitarra, que hace convertir la caja misteriosa en ser animado, extrahumano, de donde se escapan perfumes de sonidos y ondas de poesía. El genial artista Tárrega, con su imaginación fecunda, con su temperamento de «mágico prodigioso», nunca cesa en producir, para bien de su arte y contento de sus admiradores133. 131 A este respecto, hemos podido localizar una nota regional en Las Provincias del 3 de Febrero de 1907, p. 2, que lacónicamente reza: “El guitarrista Francisco Tárrega se encuentra mejor del ataque que sufrió, poniendo en peligro su vida”. 132 Tras un largo tiempo de confusión, al fin en 2018 Luis Briso de Montiano compartió una cronología precisa de las publicaciones en vida de las obras de Tárrega en el siguiente post del foro guitarrístico Artepulsado: [consultado en mayo de 2021]. 133 Las Provincias: diario de Valencia: Año XLII Número 14932 – 21 de julio de 1907, p. 6. 73 Aunque los temas populares arreglados por Tárrega no aparecen entre las obras aquí editadas, sabemos que sí las interpretaba a menudo en sus recitales para solaz de la animada concurrencia. Este hecho, que para cualquier otro artista hubiera sido diana para la afilada pluma de Chavarri, en el caso de Tárrega, lo valora como un signo de magnanimidad hacia la ignorante plebe; gesto que aún eleva más la calidad del noble espíritu tarreguiano por la bondad que demuestra poniéndose también al nivel de auditorios poco ilustrados. La que para Chavarri es una deplorable chabacanería zarzuelera (simplona y populachera) ya no parece tan burda tras pasar por las manos de Tárrega y por las cuerdas de su guitarra: También Tárrega, piadoso, baja a los humildes, y les da en forma caballeresca arreglos de canciones zarzuelescas, en donde la mano del maestro quita vulgaridad y deja sentimiento134. Portada de un ejemplar del Minueto de Tárrega perteneciente al tercer volumen de las obras de Tárrega y último publicado durante su vida (Ed. Vidal Llimona y Boceta 1907) La zarzuela, o más bien el subgénero chico, esta otra materialización del maligno en términos musicales, que Chavarri desprecia igual que al flamenquismo (aunque tal vez de una forma no tan virulenta), también sale a relucir en su crónica del último recital ofrecido por Tárrega en Valencia en noviembre de 1908: 134 Idem. 74 Dije antes de cosa parecida a milagro. Con efecto: nos enseña la Historia a veces, criaturas miserables y abyectas que se elevan, se transfiguran, y la Providencia las hace luego que cumplan actos heroicos. Pues en esto hace pensar Tárrega cuando ejecuta algún aire de zarzuelita conocido: aquello que es canallesco y bajo, queda libre de su infame condición y el artista nos lo ofrece depurado, regenerado, delicadamente redimido...135 En esta postrera crónica Chavarri retrata a Tárrega, al final de su gloriosa carrera, como icono de un arte guitarrístico, el ya citado estilo romántico español, que fluye desde su figura hacia la nueva generación de guitarristas del nuevo siglo y que Gerardo Arriaga supo resumir de una forma objetiva y concreta en unas pocas pero definitorias características: Entre los principales ideales sonoros de este estilo guitarrístico, que podríamos denominar romántico español, figuran la explotación exhaustiva de una técnica capaz de producir un volumen sonoro aceptable, el acercamiento poético a la música y a la guitarra, la preferencia por las pequeñas formas musicales, el uso abundante de las transcripciones y la idea de que cada una de las cuerdas tiene una personalidad propia y un timbre característico que hay que saber extraer y explotar136. Pero además nuestro crítico adelanta una característica innovadora que los alumnos de Tárrega van a llevar hasta la excelencia y que no es otra que las potencialidades impresionistas del instrumento. La cualidad de romántico y nacionalista con las que ya hemos podido calificar al joven Chavarri no limitó su curiosidad por la nueva música como bien resume Galbis López: Chavarri era una autoridad nacional en temas como el romanticismo musical, el nacionalismo y el conocimiento de la música del pasado, todo lo cual se reflejaba en sus escritos. Su crítica fue creativa, ya que además de informar al lector lo formaba ofreciéndole datos de primera mano sobre el impresionismo y el segundo nacionalismo. Su puesta al día en las tendencias musicales más actuales de su época fue demostrada no sólo en su labor como crítico, sino también al presentar al público obras de autores como Stravinski y Debussy interpretadas a cuatro manos y por medio de los diferentes grupos orquestales que había creado137. Chavarri, que llegó a ser un gran francófilo, acierta a ver en la guitarra de Tárrega atisbos de modernidad simbolista, un presagio de esa nueva guitarra que se avecina con Llobet y Pujol, llena de sutilezas de color y armonías tímbricas herederas de la misma estructura organológica del instrumento. Así, continúa en su última crónica: Estas sesiones de Tárrega producen siempre la impresión original, extraña, de que se está presenciando algo milagroso. Y ahora, en el estilo de Tárrega, aún se acentúa más aquella impresión, porque (como verdadero y grande artista que es), el músico se ha depurado más y más; su preocupación por la clase de sonido que ha de obtener, da notables resultados, y cuanto a su 135 Las Provincias: diario de Valencia: año XLIII, número 15400 – 16 de noviembre de 1908, p. 2. 136 Arriaga, Notas sobre el repertorio guitarrístico español del siglo XX (2003), p. 8. 137 Galvis López, en Diccionario de la música valenciana (2006), p. 272. [Cit. por Miravet Lecha, La vida musical en Valencia durante la Guerra Civil (2017) p. 51]. 75 agilidad “única”, siempre permanece cada vez más clara, transparente y definida. Sí, escuchando al maestro, notamos que presenciamos una creación misteriosa. Al sentimiento expresivo que el artista da a la música, hay que añadir ese encanto especial de la voz del instrumento. La guitarra en manos de Tárrega recobra su poesía intensa, y las notas parecen surgir como hojas rosas... de sonido, que esparcen sobre los oyentes su lluvia suave y consoladora. Lo misterioso, las melancólicas referencias a oraciones de espíritus ingenuos y a remotos jardines solitarios (imagen esta que suele usar a menudo como recurso para recrear ambientes bucólicos cuando se siente cautivado por quien está retratando) todas aquí presentes, así como lo nocturno, lo apenas insinuado y no plenamente material, son elementos que sirvieron de referencia para la nueva música surgida en Francia. Para esta nueva música la guitarra fue un modelo y fuente de inspiración, como veremos en el capítulo 2.3 de este trabajo. 76 2.2.4. La amistad entre ELCH y Tárrega: Escritos y documentos Hemos podido ya documentar abundantemente la admiración y respeto mutuo entre ambos personajes: por las críticas y crónicas periodísticas del uno y por la dedicatoria autógrafa del otro, pero ¿qué testimonios existen de una relación verdaderamente estrecha, de amistad, más allá del contenido de este último documento? Si realmente mantuvieron ese tipo de relación cabría imaginar que se hubieran conservado algunas cartas que la atestiguaran. Sin embargo, en el Archivo de la familia López–Chavarri Andújar no se encuentra ningún registro en ese sentido. Díaz y Galbis sostienen la siguiente conjetura para explicar esta ausencia: (…) conviene señalar que ni siquiera esta considerable cifra de misivas nos permite afirmar que nos encontramos ante la totalidad de la documentación epistolar de Eduardo López–Chavarri Marco. Una parte de la misma fue perdida a causa de la riada de 1957 (probablemente entonces desaparecieron las cartas de Francisco Tárrega, por citar un personaje ilustre, amigo de Chavarri, de quien no hemos hallado ningún documento salvo una fotografía dedicada) y otra parte –nuestra experiencia no puede descartarlo–, quizá duerma todavía entre los libros, revistas, partituras, etc., de la rica biblioteca familiar de los Chavarri138. Por tanto, no podemos descartar que algún día aparezcan documentos autógrafos de Tárrega dirigidos a Chavarri pero, lamentablemente, todas las pruebas que hemos encontrado sobre este particular son posteriores a la muerte de Tárrega, aunque nos parecen suficientes para dar por buena la hipótesis de la existencia de –al menos– un cierto grado de amistad entre ellos. Vayamos por orden: el primer testimonio que hemos podido localizar es una tarjeta postal dirigida por Chavarri a Francisco Tárrega Rizo (hijo del guitarrista) en diciembre de 1915 en la cual responde a su solicitud de escribir unas líneas en recuerdo a su padre para una revista de Castellón: Valencia. Redacción de Las Provincias. 4 Dc. 1915 Sr, D. Francisco Tárrega: Mi distinguido amigo: hoy mismo he remitido las cuartillas que me pide al director de la Revista de Castellón, para contribuir a la buena memoria de su admirado y amado padre. Son extractados de mi Historia de la Música, en publicación, en donde he incluido al genial guitarrista entre los grandes artistas de su época. Quise mucho a su padre, y por él le digo a V. que disponga de mí en lo que pueda ser útil. Suyo. Eduardo López–Chavarri 139 138 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 12. 139 Original disponible en el Arxiu del Museu de la Musica de Barcelona: R10905 – Targeta postal d'Eduard López–Chávarri al fill de Francesc Tàrrega. Descargado en: 77 Tarjeta postal de Chavarri al hijo de Francisco Tárrega (1915) Las “cuartillas” se publicaron, efectivamente, en una revista de Castellón el día 15 de diciembre y formaron parte de una serie de textos de homenaje a Tárrega (muchos de los cuales también están firmados en esa misma fecha) con rúbricas como las de Francisco Tárrega Rizo, Felipe Pedrell, Tomás Bretón, Daniel Fortea y Nicolás Forés. Chavarri declara nuevamente aquí su aprecio por Tárrega, ya desde el primer párrafo: El artista más ingenuo que conocí Me piden unas líneas para el llorado Tárrega; no sabría terminar, si contase los recuerdos que de sus gratos momentos de charla, guardo en su memoria (…)140. Ya en diciembre de 1934, y con motivo del 25 aniversario de la muerte de Tárrega, Chavarri, desde su tribuna en Las Provincias, vuelve a recordar cariñosamente a su amigo. En esta ocasión aprovecha para explayarse generosamente con algunas descripciones de sus virtudes personales y de su carácter que solamente habrían podido ser expresadas con ese detalle por alguien que lo conociera con cierta profundidad: El gran franciscano de la guitarra. (…) Su vida era una constante devoción, un sacerdocio, en donde todo lo bueno, lo buenamente humano, lo espiritualmente humano, se juntaba en feliz armonía. Quienes tuvieron la dicha de convivir con Tárrega, de escuchar en la intima reunión las armonías de su guitarra, pudieron comprender la grandeza de aquel hombre extraordinario. El recuerdo, muchas veces, casi siempre, 140 Rius, Tárrega documental (2018), p. 400. Rius las transcribe, junto al resto de textos de este homenaje, sin citar la publicación en donde aparecieron. No obstante, aunque no hemos podido localizar la fuente original, en vista de la coincidencia en la fecha con las firmas de Chavarri y del resto de autores, hemos concluido que este texto fue el que se publicó en la revista Arte y Letras, año V (2ª época) núm. 19. Castellón, 15 de diciembre de 1915. Es además la única revista del año 1915 que aparece listada en la bibliografía de Rius (ibidem p. 448). 78 purifica la memoria de los artistas y engrandece sus figuras, quitando en ellas las influencias deleznables de lo terrenal; pero con Tárrega sucede lo contrario: nunca el recuerdo llegará a decir la verdadera grandeza de alma de aquella sensibilidad magnifica, de aquel corazón de oro que era Tárrega como hombre, y de aquella sublime “inmaterialidad” de su ejecución alada, que llegaba a las mayores cumbres de lo difícil con una sencillez aparente tal, que parecía cosa de taumaturgia. (…) Tárrega pudo ser muy rico y vivió y murió pobre; no porque dilapidase caudales, sino porque no los buscó. En su poética visión de la música, nunca pensaba que el arte pudiera ser una explotación. Su alma era así141. Solo unos días antes de que apareciera esta página de homenaje a Tárrega en Las Provincias, Chavarri había completado una transcripción para orquesta de cuerda de dos pequeñas obras del Maestro con el objeto –creemos– de interpretarlas, tal vez con su Orquesta de Cámara de Valencia142. No obstante, no tenemos constancia de que la obra se estrenara en ese momento. La reelaboración del original guitarrístico, musicalmente detallista, atenta y delicada merece un apartado de análisis, que desarrollaremos a continuación. Pero antes tenemos que reparar en otras cartas que aportan un testimonio fiable sobre esta relación de amistad. Se trata de las de Emilio Pujol –conservadas en la BV–, uno de los alumnos predilectos de Tárrega, quien mantuvo asimismo con Chavarri una amistad larga y sincera. De entre la numerosa correspondencia conservada nos fijamos en dos cartas escritas desde París, cuya datación no aparece en la monografía de Díaz y Galbis pero que por su contenido hemos podido ubicar con toda seguridad en el año 1936143. En ambas Pujol se refiere a una biografía de Tárrega que pretende acometer. En concreto, en la primera carta leemos: No olvide V., querido Chavarri, que estoy planeando un estudio biográfico de Tárrega y que cuento con V. (el único que puede hacerlo), para el prólogo144. En esa misma carta, Pujol hace referencia a una próxima actuación con su vihuela en Barcelona, lo cual acota aún más la datación de la misiva para situarla alrededor del mes de abril145. Además, aprovecha para agradecerle una elogiosa crítica en Las Provincias. Aunque no hemos podido encontrarla, puesto que los números correspondientes a 1936 no están disponibles ni en la BVPH ni en BIVALDI, sin duda 141 Las Provincias: diario de Valencia: Año 69 Número 20262 – 16 de diciembre de 1934, p. 13. 142 Aunque la mayor actividad de esta pionera orquesta, fundada por ELCH en 1915, tuvo lugar en los primeros años de su existencia, hemos comprobado que aún mantenía cierta actividad en los años 30. Véanse algunas referencias en Las Provincias (18 de marzo 1934, p. 13) y La Voz de Aragón (13 de Abril de 1935, p. 9). 143 Agradecemos la amabilidad del personal del serviciode reprografía de la BV, el cual nos ha facilitado los originales de estas dos cartas incluyendo una datación precisa, ausente en la edición del epistolario. 144 V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 130. Original conservado en la BV, con sign. AELCH–CR–2057 (París, 28–02–1936). 145 “… se presenta en el III congreso de la Sociedad Internacional de Musicología, que se lleva a cabo ese mismo año en Barcelona. La presentación tiene lugar el jueves 23 de abril de 1936”. V. en Hernández Ramírez, Emilio Pujol (2010), p. 97. 79 tuvo que publicarse en fechas muy próximas. En la segunda carta, ya del mes de junio, insiste: Será interesantísimo para la biografía de Tárrega el relato de las conversaciones sostenidas con V. Este es el aspecto que puede dar a la figura del Maestro su más elevado complemento, porque es lo que menos ha podido recogerse de él, ya que sus relaciones con los guitarristas no ofrecen los datos de elevación artística imprescindibles para presentar por sí solos su espiritualidad musical. Vaya V. haciendo memoria y recójalos celosamente146. Pujol informa además a Chavarri de sus planes de viaje para el verano, que pretende culminar en septiembre con su encuentro en Valencia. Sería ese un buen momento para planear juntos nuevos proyectos guitarrísticos. No imaginaba el ingenuo guitarrista que la inminencia de la Guerra Civil iba a abortar sus planes al igual que los de tantos millones de españoles. 146Díaz–Galbis, ibidem, p. 131. Original conservado en la BV, con sign. AELCH–CR–2058 (París, 16–06–1936). 80 2.2.5. Homenaje a Tárrega para orquesta de arco Este es el nombre con el que Chavarri titula su transcripción para orquesta de arco de dos piezas de Tárrega, el Preludio nº 1 (en Re menor) y el Minueto, incluidas en su versión original respectivamente en el primer y tercer volumen de sus obras, aparecidos en 1901 y 1907. Como hemos visto, estas colecciones fueron reseñadas por Chavarri resaltando la humanidad de su autor y su categoría de artista. Sobre estas dos obras en concreto leemos: No podemos analizarlas aquí detenidamente, y tan solo daremos cuenta de ellas: la primera obra es una hermosa fantasía, un Capricho árabe, lleno de color, de delicadeza y de distinción. Siguen luego dos Preludios, de estilos enteramente distintos: el primero, con la serenidad del estilo severo y elevado147. ¡Qué delicadeza la del Minueto! Manos femeninas parece que lo escribieron: manos de suprema distinción saliendo entre bordados y encajes, ejecutando la obra esta ante cortesano auditorio148. ¿Qué podría ser más del gusto de Chavarri y más contrastante para formar un díptico que una pieza de “estilo severo y elegante” (paradigma de su concepto de masculinidad) y otra de aire cortesano y delicadamente femenino? Este tipo de consideraciones sobre lo viril y lo femenino son muy comunes en las crónicas de Chavarri y, aunque en la actualidad nos pueden parecer prejuiciosas y hasta maniqueas, hay que verlas con perspectiva histórica y sin acritud pues no son más que el producto del entorno sociocultural, de una estética filokantiana inoculada de pies a cabeza en la sociedad (y como parte de ella, en los artistas) que identificaba los sexos con unos caracteres y cualidades estereotipadas muy definidas. Sabemos que la obra fue escrita el 11 de diciembre de 1934 (así figura en el colofón del primer manuscrito autógrafo que se conserva)149, coincidiendo con la conmemoración el 25º aniversario del fallecimiento de Tárrega, muy pocos días antes de la fecha exacta del mismo. En el encabezamiento Chavarri escribe las fechas y lugares de nacimiento y muerte de Tárrega: “n. Villareal 21 Nov. 1852. m. Barcelona 16 Dic. 1909”150. No podemos dudar de que esta efeméride estimulara la creación de la obra. Volviendo sobre el asunto de su estreno podríamos establecer como hipótesis más probable que si, como parece, no tuvo lugar en el momento de su composición, sin duda la Guerra Civil fue causa de retrasarlo largamente. Por la correspondencia de Tárrega Rizo a Chavarri sabemos que una vez superado el amargo trienio y los primeros 147 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXVI Número 12851 – 2 de noviembre de 1901, p. 2. 148 Las Provincias: diario de Valencia: Año XLII Número 14932 – 21 de julio de 1907, p. 6. 149 Conservado en la BV, con sign. AELCH/pro 80–1. 150 La fecha del fallecimiento de Tárrega fue en realidad el 15 de diciembre de 1909. En vista de que su crónica iba a aparecer en Las Provincias del día 16, posiblemente esa circunstancia confundiera a Chavarri para datarlo un día más tarde. 81 años de la posguerra, el 19 de abril de 1946, Chavarrí había contactado con la hija de Tárrega, María –a quien confunde con una hermana del guitarrista–, con objeto de pedirle permiso para hacer públicas sus dos transcripciones. Tárrega Rizo le responde en nombre suyo y en el de su hermana, accediendo de muy buen grado a su solicitud: Sr. D. Eduardo L. Chavarri Muy Sr. Mío y de mi mayor consideración: Soy hijo del inmortal guitarrista Tárrega y mi hermana María me remite una carta que V. le ha dirigido y en la que por cierto, mal informado, confunde su relación de parentesco con aquel gran artista. Por desgracia todos sus hermanos han ya fallecido quedando actualmente solo dos hijos del Maestro (…) Porque sé la amistad que le unía a mi venerado padre me permito ofrecerle estos informes que por otra parte y si no fuera por aquella consideración, carecerían, como es natural de todo interés. Y por lo que respecta a la autorización que solicita, excuso manifestarle que tanto para mi hermana como para mí, constituye no solo una satisfacción acceder a tales deseos, sino al propio tiempo un honor que persona de prestigio tan elevado como V. pretenda enaltecer la memoria de nuestro venerado padre contribuyendo a difundir y realzar ennobleciéndolas dos de sus obras guitarrísticas. Con la expresión pues de mi sincero y profundo reconocimiento, reciba los más afectuosos saludos de su devoto admirador y amigo. Francisco Tárrega151. Una vez conseguido el beneplácito de los hijos del Maestro castellonense, por fin la obra fue estrenada por la Orquesta Municipal de Valencia bajo la dirección de su director titular, Joan Lamote de Grignon. No hemos encontrado reseña periodística alguna que lo atestigüe pero otra carta de Francisco Tárrega Rizo, firmada el 5 de agosto del mismo año da fe de tal estreno y gracias a ella podemos situarlo en algún momento entre finales de abril y primeros días de agosto de 1946: Sr. D. Eduardo L. Chavarri Mi distinguido amigo: Recibí su cariñosa tarjeta y el programa del concierto matinal a cargo de la Orquesta Sinfónica de Valencia152 en el que figuraban conjuntamente las dos obritas de mi amado padre transcritas por V. (…) Siempre reconocido reciba el testimonio de mis sinceros afectos y respetos. Francisco Tárrega. 5 Agosto de 1946153 151 Original conservado en la BV, con sign. AELCH–CR–2601 (Barcelona, 19–04–1946). 152 En realidad, su nombre era el de Orquesta Municipal de Valencia, formación fundada por Joan Lamote de Grignon i Bocquet (1872–1949) en 1943 quien la dirigió hasta el año de su fallecimiento. [Dato tomado en: (consultada el 30 de mayo de 2021)]. En la BV se conserva correspondencia de este personaje dirigida a ELCH. De su lectura podemos comprobar la alta estima que tenía por él y por su música, la cual programó en numerosas ocasiones. [V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, pp. 296-299]. 153 Original conservado en la BV, con sign. AELCH–CR–2602 (Barcelona, 05–08–1946). 82 Chavarri y Joan Lamote de Grignon en Valencia (1944), cuando este era Director de la Orquesta Municipal de Valencia. [Fondo López–Chavarri, Biblioteca Valenciana] En 1952 se sucedieron en toda España, esta vez con motivo del centenario de su nacimiento, un sinnúmero de homenajes a Tárrega. En la revista Ritmo encontramos una noticia al respecto: Centenario Tárrega La Ciudad Condal se ha sumado a los actos conmemorativos del Centenario de Tárrega, descubriendo una lápida en la finca en que habitó el célebre compositor durante su estancia en Barcelona. Esta conmemoración está tomando caracteres nacionales, y son numerosas las Sociedades de conciertos que han organizado ya o preparan sesiones dedicadas al compositor español154. Pero los más significativos para la historia de la guitarra tuvieron lugar en Villareal, la tierra natal de Tárrega, donde el día 20 de noviembre, víspera del aniversario, tuvo lugar un memorable concierto a cargo de cuatro de los más destacados alumnos de Tárrega: Daniel Fortea, Emilio Pujol, Pepita Roca y Josefina Robledo. La noche del día 21 la Orquesta Municipal de Valencia cerraba por todo lo alto las celebraciones con un concierto en el que volvió a interpretar el Homenaje a Tárrega, aunque en la crónica de Las Provincias aparecen citadas como “Dos piezas breves (para orquesta de cuerda) de Tárrega” sin nombrar a Chavarri como coautor. En esta ocasión la orquesta ya no pudo estar dirigida por Lamote, que había fallecido en 1949 y fue 154 Ritmo: revista musical ilustrada: Año XXIII, Número 248, 1 de diciembre de 1952, p, 16. 83 probablemente el violinista José Ferriz, que ostentaba el cargo en funciones en aquel momento, quien se encargó de la dirección musical:155 Por la noche, en el Cinema Villareal Teatro, con un gran lleno y numerosa concurrencia de las poblaciones vecinas, dio su anunciado concierto la Orquesta Municipal de Valencia, que interpretó la Séptima Sinfonía en la mayor de Beethoven; Oberon de Weber; Adagietto (de la Quinta Sinfonía) de Mahler; Dos piezas breves (para orquesta de cuerda) de Tárrega; (…)156 Tárrega Rizo, que lógicamente asistió a tales eventos mantuvo algunos contactos epistolares desde entonces con Chavarri. Se conservan una tarjeta en la que le felicita las Navidades de 1953 y una carta, ya de enero de 1954 en la que recuerda con emoción las celebraciones en Villareal y cuyo contenido nos hace intuir que Chavarri no pudo asistir en aquella ocasión: Tarjeta del hijo de Francisco Tarrega dedicada a Chavarri (1953) “Felices Navidades y próspero año 1953.Mi más profundo afecto y reconocimiento”157 Sr. D. Eduardo L. Chavarri Mi admirado y buen amigo: Siento que la emoción, único motivo, no me haya permitido escribirle antes a pesar de que mi espíritu haya estado a su lado en muchos momentos. V. no podría suponer, si yo no se lo dijese, cuantas veces le he recordado a través de la emoción que sentí al oír por primera vez por la Banda, mejor dicho Orquesta Municipal de Valencia, en ocasión en que esta acudió a Villarreal para tomar parte en la celebración del Centenario del nacimiento de mi venerado padre las dos transcripciones para orquesta de dos de sus obras originales para guitarra. Yo había oído decir a mi padre muchas veces que las transcripciones no podían considerarse como tales como no fueran verdaderas creaciones y creaciones son, y magnas, esas dos obritas (obras por su grandeza sentimental) que V. ha sabido plasmar, enriquecer y dignificar elevándolas a la altura del más puro clasicismo. 155 Dato obtenido en [consultada en junio de 2021]. 156 Las Provincias: diario de Valencia: 26 de noviembre de 1952. V. en Rius, Tárrega documental (2018), p. 392. 157 Original conservado en la BV, con sign. AELCH–CR–2603 [Navidad de 1953]. 84 Todo eso he querido varias veces decírselo desde que las oí en Villarreal y creo que la emoción no me lo ha permitido; no sé por qué misteriosas circunstancias ha tenido que ser hoy el día en que por fin me he decidido a cumplimentar este sagrado deber de afecto, admiración y reconocimiento. Francisco Tárrega 26 – Enero 1954 [P.D.] Mis respetos con mi cariño y gratitud a Josefina Robledo, heroína de aquella noche inolvidable 20 de noviembre de 1952158. Después de ese momento ya solo tenemos constancia de tres interpretaciones de la obra (aunque es muy posible que haya habido otras) en los años 1973, 1974 y 1980 – la primera en Valencia y las otras dos en Villareal– a cargo de una nueva Orquesta de Cámara de Valencia –homónima de la fundada por Chavarri en 1915–, dirigida por Daniel Albir Gordillo159. 158 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 293. Original conservado en la BV, con sign. AELCH–CR–2604 (26–01–1954). 159 Véanse tales reseñas respectivamente en Ritmo: revista musical ilustrada: Año XLIII Número 428 (01/01/1973), p. 26; Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: Año XXXVII Número 11153, 19 de septiembre de 1974, p. 3 y Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: Año XLIII Número 13017 – 21 de junio de 1980, p. 7. 85 2.2.6. Análisis del manuscrito autógrafo del Homenaje a Tárrega (E–VAbv: AELCH-pro-80-1). Edición Urtext No es nuestra intención acometer ahora un análisis armónico y estilístico pormenorizado de la transcripción de Chavarri. Aún pudiendo ser interesante, ese tipo de análisis está alejado del objeto de nuestro trabajo, centrado en las composiciones originales de Chavarri para guitarra y en las versiones no guitarrísticas relacionadas directamente con ellas. Nos ocuparemos no obstante de desentrañar algunas dudas que nos ha planteado el estudio de la obra. Para ello, queremos comenzar por recordar el comentario que Chavarri hacía en cierta ocasión sobre una transcripción de Tárrega de otra pieza original para piano de Beethoven (es decir, el camino inverso al de esta transcripción que nos ocupa, pero compartiendo, a nuestro entender, el mismo objetivo musical): (…) y por último, cierra la serie una admirable transcripción del Largo de la sonata op.7 de Beethoven. En esta última obra no se elogiará nunca bastante la labor de Tárrega. Ha conseguido lo que declaramos teníamos por imposible; hacer una transcripción para el campo limitado de la guitarra, sin que la obra de Beethoven pierda carácter, ni que la armonía se falsee, y dando a la pieza transcrita su verdadera fisionomía160. Una somera lectura de su manuscrito nos revela lo que Chavarri pretende: transmitir a la orquesta de cuerda con la mayor precisión la sonoridad de la guitarra tarreguiana. Muy relacionado con esto, en el encabezamiento leemos una anotación autógrafa con la que se retrata: “N.B. Las indicaciones entre paréntesis son del transcriptor”. Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Homenaje a Tárrega (BV, sign. AELCH-pro-80-1) Es decir, Chavarri se viste en esta ocasión el traje de musicólogo, tratando de ser escrupulosamente respetuoso a la hora de segregar de la forma original de la obra sus aportaciones, las cuales, por cierto, nos parecen en general muy interesantes. Podríamos suponer entonces que salvo estas indicaciones que van entre paréntesis todo lo demás es material original de Tárrega. Sin embargo, hemos encontrado un buen número de detalles en este ms. que no están escritos entre paréntesis pero tampoco figuran en las ediciones originales. Tal es el caso de varias indicaciones de dinámica, algunos reguladores y también otras indicaciones de carácter y articulación. Todas ellas tienen 160 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXVI Número 12851 – 2 de noviembre de 1901, p. 2. 86 una coherencia y buen gusto que se corresponden con la categoría de Tárrega como compositor e intérprete (aunque también podrían ser perfectamente de Chavarri, quien a esas alturas del siglo era ya un consumado y experimentado compositor). ¿Acaso pudiera ser que Chavarri no se hubiese basado para su transcripción en las ediciones (como sería lógico pensar) sino en alguna otra fuente manuscrita de Tárrega que incluyera estos detalles? Para tratar de descubrirlo hemos explorado la posibilidad de que se hayan conservado manuscritos de estas dos piezas con el objeto de poder consultarlos. Adrían Rius indexó ambas composiciones de esta manera en su monografía sobre Tárrega: • Preludio nº 1 [Preludio religioso] 1889 • Minuetto [Minuetto en Mi] en un MS aparece sin título161. El subtítulo del preludio y su fecha de composición no figuran en la edición y, por otra parte, el comentario sobre el Minueto revela que se conserva más de un ms. de la pieza. Rius ha tenido la amabilidad de informarme de que el calificativo de “religioso” lo pudo leer directamente en un ms. que Melchor Rodríguez había llevado a Benicassim para mostrárselo –entre otros muchos mss. de Tárrega– a Domingo Tárrega, Director Artístico del Certamen Internacional de Guitarra “Francisco Tárrega”. Hemos logrado contactar con el Sr. Rodriguez, pero nuestro intento por concertar una cita –con el objeto de consultarlos y comprobar si realmente incluyen algunas de las indicaciones ausentes en la edición y presentes en la transcripción– han sido infructuosos. Según nos informó, sus compromisos con ciertas casas editoriales le impiden permitir la consulta de los numerosos mss. y documentos relacionados con el Maestro que conserva. Por otra parte, es bien conocido dentro del mundo guitarrístico que en la página web theguitarmuseum.com162, creada por James Westbrook, hace bastantes años que se comparte una amplia e interesante colección de manuscritos de Tárrega. Desgraciadamente ninguno de ellos se corresponde con nuestras piezas. Además, en 2015 tuvimos noticia de la publicación en dos volúmenes de la colección de manuscritos que perteneció al discípulo y amigo de Tárrega, Walter Leckie163. Aunque no hemos podido tener acceso directo a esta monografía (por su nada asequible precio, todo hay que decirlo), sí nos fue posible consultar el índice de su contenido gracias al foro británico de internet classicalguitar.co.uk164. Comparando los títulos que aparecen en este índice con la lista compartida en línea por Westbrook hemos podido comprobar que se trata de la misma colección de manuscritos y por tanto no encontramos en ella ninguna fuente que nos interese para nuestro trabajo en particular. 161 Rius, Tárrega documental (2018), Catálogo de obras pp. 415 y 416. 162 163 The Tárrega-Leckie guitar manuscripts: lessons with the maestro, ASG Music (2015), edición a cargo de Brian Whitehouse, 236 pp. 164 87 Pero probablemente no sea este un problema de tanta magnitud; hay que tener en cuenta que el propio Chavarri otorgaba una categoría de rotunda autoridad a las ediciones, si atendemos a sus propios comentarios en Las Provincias cuando apareció el primer volumen de obras de Tárrega: Ahora bien, con estas obras ocurría una cosa singular: la mayor parte, apenas las tenía el maestro, sino esbozadas; las otras, las menos, regaladas a algún discípulo, o a algún amigo predilecto, eran víctimas del entusiasmo de los aficionados a la guitarra, y pasaban de mano en mano desfiguradas por copias infieles, que cada vez hacían más desconocido el original. Se imponía, pues, la necesidad de corregir este estado de cosas. Teniendo esto en cuenta, y a falta de poder consultar aquellos antedichos manuscritos autógrafos que permanecen de facto secuestrados a la comunidad guitarrística, podemos suponer que gran parte de esas misteriosas indicaciones cuyo origen, presumimos, reside en la idea original de Tárrega provienen para Chavarri de una fuente aún más directa que las manuscritas: su memoria auditiva. No olvidemos que él escuchó directamente las interpretaciones de Tárrega y, teniendo en cuenta el escrúpulo y reverencial respeto con que se tomó la tarea de escribir esta obra, si alguna de estas indicaciones fueran suyas creemos que también las habría puesto ente paréntesis. Pero, por supuesto, esto no deja de ser una hipótesis. Fijémonos ahora en la primera de las dos piezas. Por la propia dedicatoria del Preludio –“dedicado a Francisco Corell, presbítero”, un destacado personaje del entorno de Tárrega en Valencia– parece que efectivamente hay algo marcadamente “religioso” en el carácter de esta obra. Ese “estilo severo y elevado” del que habla Chavarri se manifiesta en la percepción contemporánea de la obra con el falso isomorfismo – romántico, aunque persistente en nuestros días– entre la música de Bach y lo religioso: (…) Y los Preludios, esos inimitables preludios, en donde con la sencillez de ese nombre escribe Tárrega páginas que son trozos de corazón sentimental, verdadero lirismo, ¡ah, esos preludios, que hacen de Tárrega algo muy noble y elevado, adonde brillan reflejos del sol inmarcesible, de la gran luz de J. S. B….!165 En un ejemplar de la edición original del Preludio nº 1–que Tárrega, durante su viaje de conciertos a Italia, dedica a su amigo Walter Leckie– se puede leer cómo este gran aficionado a la guitarra también asocia el estilo “religioso” de la pieza con el de la música de Bach: “Mui [sic] bonito. Tárrega. Napoli. May 16 / 1903 à la Bach”166 165 Las Provincias: diario de Valencia: Año XLII Número 14932 – 21 de Julio de 1907, p. 6. 166 Damos las gracias a Adrián Rius por facilitarnos una copia de este ejemplar autografiado por Tárrega. 88 Detalle de la primera página de la ed. original (Antich y Tena) del Preludio nº 1 de Francisco Tárrega Por lo que se refiere a las aportaciones de Chavarri (las específicamente marcadas como suyas) las hay de distinto porte: por lo pronto los tempi de ambas piezas están modificados. El Preludio pasa de ser un Moderato a un Moderato assai en la transcripción mientras que el Minueto, al que Tárrega no considera necesario indicar el tempo, Chavarri lo marca como Moderato mosso. Su celo por recrear con la máxima precisión la sonoridad de la guitarra de Tárrega en la orquesta se manifiesta ya desde los primeros dos compases. En el motivo inicial Chavarri indica la dirección de los arcos en los violines para imitar la articulación de los ligados técnicos –de dos en dos notas– del original guitarrístico. En la respuesta del motivo del segundo compás, a cargo de violas y cellos, todas las notas están marcadas con acentos (>) para remedar, a nuestro entender, la articulación producida por el toque con el pulgar en la guitarra. La identificación que quiere hacer Chavarri del estilo del Preludio nº1 con el de Bach se observa igualmente en ciertas modificaciones del texto musical: mientras que en la guitarra la imitación del primer motivo (c. 3) cambia y hace un salto de 7.ª asc. entre las dos primeras notas –por motivos instrumentales– en lugar de una 2.ª desc., en la transcripción de Chavarri la imitación del motivo es literal –como mandan los cánones– y deja para los contrabajos el Re grave que toca la guitarra. Preludio nº 1 (cc. 1-4) Ed. Antich y Tena 89 .Ms. del Homenaje a Tárrega, Preludio (cc. 1-4) (BV, sign. AELCH-pro-80-1) Hay también algunas indicaciones de agógica y de carácter entre paréntesis, especialmente al final del Preludio, que modifican considerablemente la interpretación y que también atribuimos a una mejor adaptación a la formación orquestal de destino. Preludio nº 1 (final) Ed. Antich y Tena Ms. del Homenaje a Tárrega, Preludio (final) (BV, sign. AELCH-pro-80-1) 90 Si bien no están puestas entre paréntesis es evidente que también las articulaciones y arcos de fraseo de la de versión Chavarri son aportaciones propias que incluye para adecuar ambas obras al lenguaje de la cuerda frotada. En particular, el manuscrito del Minueto está extremadamente detallado en este aspecto mientras que en la edición original el editor se limita a indicar en una nota al pie “Ejecútese toda la obra en pizzicato”. Por supuesto, Chavarri hace caso omiso de esa recomendación simplista para la articulación y detalla una con el mismo carácter pero mucho más rica en detalles para esta danza, tal y como con toda probabilidad la interpretaría Tárrega. Esta segunda pieza no está transcrita en la tonalidad original sino que Chavarri la transporta una 5.ª D ascendente (desde Mi mayor a Si mayor) para adecuar mejor la tesitura de la melodía a la del violín. En la BV se conservan otros manuscritos de la misma obra: una copia casi exacta del que acabamos de comentar, con sign. AELCH/pro 80–2 (partitura), y las partes de orquesta destinadas a la ejecución de la obra, con signs. AELCH/pro 80–3 hasta 80–31, todas ellas selladas con el cuño de la biblioteca personal de Chavarri y el de la Orquesta Sinfónica de Valencia que la estrenó, como ya sabemos. Esta misma biblioteca alberga aún un último manuscrito, con sign. AELCH/pro 219: el borrador de una reducción para rondalla de bandurrias y guitarras que no hemos tomado en consideración ya que no llego a ser más que un proyecto que Chavarri no llegó a completar167. La guitarra de Tárrega, su estética, su poética de la música, el lirismo, la humanidad en la expresión y el preciosismo en el sonido son características que casan a la perfección con el ideal artístico de Chavarri al que se mantendrá siempre fiel aunque también se mostrara abierto a la influencia de algunas nuevas músicas, especialmente la proveniente de su amado París. Pero, en el fondo, Chavarri fue siempre un artista romántico que por su longevidad y llegada tardía al mundo de la composición llegó pronto a resultar estilísticamente anacrónico (gran pecado este desde la irrupción de las vanguardias), como veremos en el siguiente capítulo. Tárrega fue pues inicialmente su modelo guitarrístico y más tarde, como leemos en una última crónica, fueron sus alumnos –con los que se relacionó en mayor o menor medida– quienes estimularon la creación de la mejor parte de su producción guitarrística: Tárrega fue un gran devoto del arte: su ingenuidad y su bondad infinita le hacía adorar la música, teniéndola como una religión. Abominaba la posé teatral de los virtuosos, y por no doblegarse a ella murió en una humildad rayana en la pobreza, después de haber hecho por el extranjero “tournées” brillantes y productivas. Deja tras de sí una escuela de discípulos de mérito, entre quienes perdura el venerado recuerdo de su maestro y entre los que figuran artistas tan notables como Llobet, Pujol, etc.168 167 Consúltese una información detallada de estas fuentes manuscritas en el catálogo de la obra guitarrística de ELCH del presente trabajo, capítulo 3.1.4, pp. 183-184. 168 Arte y Letras: Revista de Castellón: 15 de diciembre de 1915. 91 Hasta para un crítico como Adolfo Salazar, que no se interesó especialmente por la guitarra de la “edad media del repertorio”, es decir, desde Sor hasta Tárrega, aun considerando su universo musical como menor por las dimensiones de sus obras y sus aspiraciones compositivas, reconoció en este último al “padre de la guitarra moderna” por haber sido capaz de apelar a la emoción y el sentimiento a través del color y el timbre y anticipar la futura “guitarra impresionista”169. Ejemplar de la edición original del Preludio nº 1 con dedicatoria autógrafa a Walter Leckie 169 Neri, “Adolfo Salazar” (2009), p. 313. 93 Ms. E–VAbv: AELCH/pro 80–1 Homenaje a Tárrega para orquesta de arco Edición Urtext                Violin I Violin II Viola Violoncello Contrabass                     Moderato (assai)      pizz.                                 arco                               dim. dim. dim. dim. dim. pizz.                             pizz.               arco                              Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 10           Divisi                                arco                                                   pizz.              cantando            dolce Homenaje a Tárrega PRELUDIO Y MINUETO I Preludio dedicado a Fco. Corell N.B. Las indicaciones entre paréntesis son del transcriptor A (dolce) B C 95 & & B ? ? b b b b b Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 20 œ œ œ œ jœ ‰ Œ Jœœ ‰ Œ jœ ‰ Œ ∑ œ œ œœ œœ œ œ ‰ œ Jœ ‰ œ Jœ pizz. pizz. œ œ œ œœ œ œ œ œ ‰ Jœ œ ‰ Jœ œ œ œ œ œ œ œ ‰ Jœ ‰ Jœ ‰ Jœ ‰ Jœ œ œ œ ˙ œ œ œ Œ œ Œ œ œ œ œ ˙ œ œ œœ# Œ œ# Œ œ# œ œ œ ˙ œ œn œœn Œ œn Œ œn œ œ œ œ œ œœ œ Jœ œ Jœ œ œ œ œ arco arco œ œ œ. œ. œœ œœ# . œ . œ œœ# . œ. œ œ œ œ œ œ œ. œ. œ œœ œœ œœ# œb œ# œb œ# & & B ? ? b b b b b Vln. I Vln. II Vla. Vc. 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Sirva este ilustrativo ejemplo: el compositor Arturo Lapuerta, en una carta de julio de 1907 a Benito Pérez Galdós –paradigma de la cultura patria y colaborador suyo para un proyecto operístico– contesta en estos términos a otra misiva del segundo: “Conforme en todo lo que me dice de la jota. No pondré guitarras en escena, esté tranquilo”. Según nos dice Pedro Schlueter, también Felipe Pedrell, maestro de Chavarri y referencia fundamental para el nacionalismo musical español, consideraba que la guitarra “no contaba en la época con el respaldo suficiente como para poder afrontar ningún nuevo proyecto de transcendencia musical. Para Pedrell es un instrumento que ya pertenece al pasado”171, y lo declaraba de esta manera tan categórica: La monomanía de la guitarra se agravó con la exageración, y el piano acabó por destronar a esa reina de la canción popular que nunca debió haberse empeñado en los tiempos modernos en un camino de aventuras imposibles172. Ya hemos visto que Chavarri en cambio se acercará a ella desprovisto de tales prejuicios y con verdadera visión de futuro, haciendo caso omiso de la opinión posromántica y acomplejada de la elite musical de España sostenida por su maestro Pedrell, Buena prueba de ello es una nutrida obra guitarrística y las críticas y crónicas periodísticas dedicadas por Chavarri a diversos intérpretes del instrumento, las cuales iremos descubriendo a lo largo es este trabajo. En el contexto europeo, la época de mayor gloria también había ocurrido muchas décadas antes. Su centro principal fue el París de los años 20 del siglo XIX, donde llegó como una virulenta fiebre que con irresistible fuerza consiguió propagarse entre la población. Fue aquella una fiebre artística, cultural y social que tuvo su imagen especular en la otra meca musical del periodo, la imperial Viena, donde la guitarra se puso igualmente de moda apoyada en el irrefrenable impulso de la democratización de la cultura. Pero en las últimas décadas del siglo, cuando la grandiosidad del sinfonismo romántico dominaba la estética musical, la guitarra había quedado en toda Europa arrinconada y se identificaba socialmente, bien con la ya citada “exotización” de España, bien con el ámbito del amateurismo doméstico de la burguesía. 170 V. en Schlueter, Galdós y la música (2016), p. 182. 171 Escamilla Giménez, op. cit. (2021), p. 17. 172 Pedrell, Diccionario técnico de la música (1894), p. 213 [V. en Escamilla, Idem]. 104 Edouard Manet: Le chanteur espagnol (1860) Auguste Renoir: Femme jouant de la guitare (ca.1897) Sin embargo, lo cierto es que a finales de siglo XIX y aún más en los albores del XX el papel de la guitarra volvería a ser decisivo –como tantas otras veces lo fue en la Historia de la Música Occidental– para los nuevos rumbos de la estética musical. En esta ocasión no lo iba a ser tanto activamente (al menos al principio) sino por convertirse en referencia estética y sonora para los músicos y también para otros artistas173. La guitarra pasó a ser uno de los iconos de la modernidad en el cambio de siglo; su influencia iconográfica y emblemática se va a plasmar masivamente en las artes plásticas pero también en la música: desde la concepción armónica debussyana hasta el nuevo tratamiento tímbrico de la orquesta por parte de los compositores de la Segunda Escuela de Viena, fascinados por las posibilidades tímbricas de la guitarra. No obstante, tenemos que reseñar que existen otros muy respetables y fundamentados puntos de vista que consideran a los artistas españoles como únicos responsables del advenimiento de esta nueva etapa dorada del instrumento cuyo inicio sitúan más tarde, a partir de los años 20, con la creación del nuevo repertorio del instrumento, estimulada por Manuel de Falla y su Homenaje: El renacimiento de la guitarra clásica en la década de 1920 fue un fenómeno protagonizado por españoles. Aunque estrechamente vinculado al nacionalismo hispano y al renacimiento de la música española desde finales del siglo XIX, la relación entre las representaciones modernas del instrumento en las artes visuales de las primeras décadas del siglo XX y la estética emergente del Neoclasicismo musical fue crucial para la recepción crítica y la amplia difusión de la guitarra en Europa y América del Norte. Estas asociaciones también concedieron a la guitarra clásica un 173 En Shattuck, The banquet years (1968), p. 26, se da cuenta de uno de los orígenes más definidos de la génesis de la guitarra como icono entre los aristas que frecuentaban el Lapin Agile (antes llamado Le Cabaret des Assassins). Entre ellos se contaban figuras de la influencia de Pablo Picasso, Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Maurice Utrillo y Roland Dorgelès. Particularmente, los pintores cubistas utilizaron como motivo a la guitarra en numerosas ocasiones, tal vez retados por sus curvas y ángulos pronunciados. 105 salvoconducto hacia lo moderno y hacia la idea de arte culto frente a las manifestaciones populares que habían proliferado en la escena internacional desde la década de 1890174. Christoforidis y Piquer coinciden en su opinión con Adolfo Salazar quien consideraba igualmente que el renacimiento de la guitarra se “debe exclusivamente a artistas españoles”175. Efectivamente la búsqueda de una identidad musical como oposición al romanticismo había llevado a revalorizar la música de los vihuelistas y del Barroco (en clave española, valga la redundancia, el clave de Scarlatti), cuya estética se correspondía a la perfección con la guitarra. Los mismos investigadores nos ilustran en este mismo sentido: Los críticos resaltaban en sus reseñas valores estéticos relacionados con el concepto de Neoclasicismo desarrollado en las mismas publicaciones: pureza, claridad de líneas, plasticidad, perfiles acusados, angulosos como en un cuadro cubista y por todo ello, modernos (…) La mirada al pasado fue una de las causas del auge guitarrístico, pues el anti–romanticismo implicaba el rechazo de un siglo en el que la guitarra había sido menospreciada176. Pablo Picasso: Guitarra (collage, 1913) 174 Christoforidis–Piquer, “Cubismo” (2011), p. 6. Para mayor información sobre la guitarra como icono de modernidad y su relación con los artistas plásticos cubistas y el Neoclasicismo musical es de obligada lectura este extraordinario artículo aparecido en Roseta nº 6. 175 Salazar, “Conciertos. Andrés Segovia, reaparece”, El Sol, 24 de marzo de 1925, p. 4. V. en Neri: “Adolfo Salazar” (2009), p. 303. 176Christoforidis–Piquer, ibidem, p. 14. 106 Juan Gris: La guitare aux incrustations (1925) El protagonismo de los artistas e intelectuales españoles en este resurgir de la guitarra clásica está desde luego bien documentado y estudiado. Pero relativicemos ahora este lugar común que supone el hispanocentrismo guitarrístico y ocupémonos aunque sea brevemente de esa otra guitarra, clandestina, marginal, digamos “no oficial” y no necesariamente española cuyo papel fue también fundamental –si bien quizás indirecto– para que a partir de 1920 el impulso de los artistas españoles encontrara una entusiasta acogida a nivel internacional. En Europa, tras el drama de la Gran Guerra (verdadera catarsis de la cultura occidental) las condiciones socioeconómicas, unidas a las necesidades expresivas de los nuevos estilos musicales, contribuirían decisivamente al resurgimiento de la guitarra. Por citar algunas circunstancias, señalemos las dificultades económicas de las orquestas y por tanto el auge del repertorio de cámara y para instrumentos solistas o el impulso de la música popular, y en particular del Cabaré y el jazz, en donde la guitarra cumplía un papel central. A nivel nacional tendríamos que referirnos al género de la Canción Española y al flamenco, como géneros equivalentes, los cuales como hemos visto no eran ni por lo más remoto santos de la devoción de Chavarri. Sin embargo, no nos parece descabellado decir que estos entornos artísticos “marginales” y su capacidad para conectar con la población fueron también una influencia significativa para producir un representante guitarrístico en aquella suerte de star system internacional de virtuosos que se gestó en el mundillo de la música culta. A los Rubinstein, Casals o Heifetz se les uniría Andrés Segovia (de quien hablaremos largo y tendido en este trabajo) y en lo sucesivo, por primera vez la guitarra tendría carta de respetabilidad para ser aceptada en las más reputadas salas de conciertos. 107 Así pues, podemos considerar tres ámbitos musicales en Europa que durante el cambio de siglo abonaron el terreno para que pudiera producirse el resurgimiento de la guitarra a partir de 1920177: a) Debussy y el impresionismo musical España y Francia, en su ancestral equilibrio inestable siguen siendo hoy, como siempre han sido, rivales y hermanas, tan lejanas como unidas, tan mutuamente admiradas como odiadas. Como Apolo y Dioniso, como la fe y la razón o el refinamiento y la visceralidad, ambas naciones encarnan a la perfección los tópicos más opuestos de la cultura occidental. Su vecindad y su dinamismo cultural han ido no obstante construyendo a lo largo de los siglos una amplia meseta que sus respectivos artistas, con el transcurso de los siglos, han sabido elevar desde ambos lados de los Pirineos para mitigar las barreras físicas y mentales entre ambos pueblos y superar una visión simplista y limitada de dos realidades tan maravillosamente complejas. Frutos de la más exótica visión del otro o, en ocasiones, de una profunda inmersión en las raíces culturales vecinas, las imágenes musicales que los compositores de ambos países nos han regalado para la posteridad son retratos de sensacional belleza que como fotogramas de una película se constituyen como los elementos puntuales de una complejísima y dilatada interacción artística. Es mucho lo que se ha escrito sobre la influencia de la guitarra en el concepto armónico y por consiguiente en el mundo sonoro de Debussy. Adolfo Salazar habló de cómo la característica más notable y sutil de la guitarra, su resonancia, y las atrevidas armonías tímbrico–digitales de los guitarristas flamencos que el compositor francés pudo escuchar en la Exposición Universal de Paris de 1889, excitaron la sensibilidad impresionista del gran Debussy, si bien es cierto que esta no fue la única influencia de las músicas populares del mundo que recibió durante ese evento178. Pero la guitarra de Debussy no es un instrumento real, sino virtual, puesto que donde se manifiesta su espíritu es en la orquesta, en su Música de Cámara o en la de piano: las armonías por cuartas, las mixturas armónicas de agregados que se trasladan en paralelo sin función tonal, el pentatonismo, el color y el timbre como elementos estructurales… todos estos rasgos (tan propios del lenguaje guitarrístico moderno que emanan de la misma estructura organológica del instrumento) están presentes, por ejemplo, en la Soirée dans Grenade y en los preludios para piano (como Ministrels o La Sérénade interrompue). Permítasenos destacar un detalle curioso y significativo que se encuentra en la Matin 177 Para completar este apartado ha sido de mucha utilidad consultar y tomar como referencia el breve capítulo dedicado al Periodo de Entreguerras en Chailley, Compendio de musicología (1991), pp. 412- 424. 178 Salazar: Conceptos fundamentales (1940), “La época actual”, pp. 214–222. En este capítulo, Salazar desarrolla la idea de color instrumental como referente de la nueva estética y concretamente dice que Debussy “escuchaba atentamente las resonancias que vibran delicadamente en el fondo de las guitarras cuando se pulsan sus cuerdas, dejando que se extinga suavemente el sonido. Estas referencias son, en efecto, muy sutiles y estimulantes de la imaginación armónica”. 108 d’un jour de fête, tercera de las piezas que conforman su obra orquestal Iberia, donde recomienda que los violines y violas sean tocados en pizzicato cogiéndolos bajo el brazo para tratar de obtener una sonoridad similar a la de la guitarra179. Claude Debussy: Iberia, “Images” pour Orchestre nº 2, III. Matin d’un jour de fête (1905-1912), p. 88 b) La Segunda Escuela de Viena Un segundo foco del resurgimiento, ya en el Periodo de Entreguerras, lo encontramos en Alemania y en particular en el interés que mostraron por la guitarra los compositores de la Segunda Escuela de Viena. Tanto Arnold Schoenberg como Alban Berg y Anton Webern incluyeron la guitarra en varias de sus primeras composiciones dodecafónicas (escritas todas en el reducido lapso de cuatro años) y muchas veces asociada con la mandolina, al arpa y la celesta para conseguir un efecto tímbrico unificado y rítmicamente preciso180. Sin embargo el primero en idear esta textura tímbrica para la orquesta había sido Gustav Mahler, figura inspiradora y maestro de todos ellos, quien en la Nachtmusik II de su Séptima Sinfonía introdujo esta sección de cuerda pulsada como si de un macroinstrumento de percusión se tratara. Buena prueba de ello es que la parte de guitarra en el fragmento que va de los compases 311 al 317 (señalada con una indicación, a nuestro entender casi humorística, de “solo”) consiste en 21 notas repetidas, con una función casi exclusivamente rítmica. Si Mahler no hubiera incluido a la guitarra en la plantilla para esta sinfonía –aunque fuera de modo experimental, para explorar su novedosa visón de atomización de la masa orquesta– es 179 V. en Tonazzi, Miguel Llobet (1965), p. 19. 180 Esta combinación de instrumentos funciona realmente tan bien que ha seguido siendo frecuentada con resultados espectaculares como en Carillon, Récitatif et Masque, trío para mandolina, guitarra y arpa (1974) del compositor alemán Hans Werner Henze. También, en su ópera Die Bassariden (Las Bacantes), junto a una enorme orquesta intervienen dos mandolinas y una guitarra. 109 muy posible que tanto estos discípulos como más tarde otros compositores del ámbito germánico como Franz Schreker, Ernst Krenek, Paul Hindemith, Frank Martin o Hans Werner Henze no se hubieran acercado a la guitarra con una curiosidad libre de prejuicios. En el estrecho margen entre la fecha de composición de esta Séptima Sinfonía de Mahler (1906) y la muerte de Francisco Tárrega (1909) podríamos marcar un primer –y poco frecuente en la bibliografía relacionada– punto de inflexión en la historia del repertorio guitarrístico. Mención aparte merece el revolucionario uso –dentro del ámbito de la música culta– que Alban Berg hace de la guitarra en la escena Wirtshausgarten del segundo acto de su ópera Wozzeck. Berg (que había asistido a Mahler con las correcciones de la orquestación de su Séptima Sinfonía) utiliza una escritura guitarrística inspirada en las características rítmicas de la música popular (la pieza es un simple vals, aunque de un patetismo conmovedor) pero utilizando mayoritariamente armonías por cuartas. De este modo, la sonoridad de la cuerdas abiertas y de las cejillas transportadas en paralelo (con el uso ocasional de otro dedo para apagar alguna cuerda, lo cual requiere una destreza técnica poco más que rudimentaria y radicalmente distinta a la de la guitarra romántica) nos hablan del cuidado con el que previamente Berg analizó las características de un instrumento que le era desconocido. El grupo que ejecuta esta sección, formando parte de la escena (dentro de la escena), está formado por dos Fiedeln181, clarinete, acordeón, guitarra y tuba y es una patética orquesta que recrea las que tocaban en las tabernas y cabarés. Berg hace uso de cuartos de tono, para imitar la desafinación propia de las orquestas del ambiente tabernario, en los cordófonos, en el piano y también en la guitarra. Estos recursos, que suponen una auténtica revolución en el planteamiento del mecanismo y de la técnica del instrumento, surgieron por una necesidad expresiva absolutamente abstracta y sin conexión alguna con el compositor que abanderó la gran revolución de la técnica guitarrística: Heitor Villa–Lobos. Este basó, por el contrario, su escritura guitarrística en la práctica instrumental de la música popular brasileña (en concreto la de los Choros que él frecuentó como guitarrista) pero ambos comparten que sus evoluciones se cimentaron en un criterio común: la fusión entre la técnica y los ritmos de la guitarra popular con los nuevos lenguajes de la música182. Pero no es objeto de este trabajo profundizar en este interesante terreno. Tan solo digamos que, si hubo un momento en el que la guitarra influyó decisivamente en el cambio de estilo, de forma práctica y ya no solo iconográfica o como ideal sonoro, fue en este desembarco de la estética de la música popular (tan ligada desde siempre a la guitarra) en la música culta que durante el romanticismo había sido un departamento estanco. Únicamente el papel 181 Aunque en la mayoría de los diccionarios la traducción al español de este instrumento es “fídula”, término que nos remite al instrumento medieval, el Grove Music Online. define “fiddle” como “a generic term for any chordophone [stringed instrument] played with a bow”. El grupo incidental de la taberna incluye en efecto dos “violines tradicionales” típicos del folclore alemán y del cabaré, encordados con cuerdas de metal. 182 Un minucioso e inteligente análisis del revolucionario estilo instrumental de Heitor Villa-Lobos en sus Doce estudios para guitarra lo encontramos en Fernández, “Villa–Lobos” (2006-2007). 110 de la guitarra barroca puede considerarse en términos históricos de similar importancia para el devenir de la música occidental183. Alban Berg: Wozzeck (1918-1922), Acto II: “Wirtshausgarten”, cc. 480-485 183 Para más información sobre el papel de la guitarra en la música de Mahler y los compositores de la Segunda Escuela de Viena consúltese Marriott, Contemporary guitar (1984), pp. 14–80. 111 c) La guitarra en el Movimiento del Cabaré El Cabaré político y literario alemán de Entreguerras184 –íntimamente ligado al jazz y a las vanguardias estéticas– fue, también fuera de nuestras fronteras, un tercer y muy pujante foco del resurgimiento de la guitarra, en este caso desde un ámbito exclusivamente popular. Como sucedió en el caso de Berg que hemos analizado, su influencia fue decisiva para muchos artistas contemporáneos, pero también en nuestros días, cien años después, buena parte de su estética musical e iconográfica así como de sus reivindicaciones sociales siguen plenamente vigentes. La Alemania de la República de Weimar en donde se desarrolló, condicionó el papel de agitación social del movimiento y, aunque la escena vienesa donde surgió la Segunda Escuela era bien distinta, ambos centros se retroalimentaron y fueron del mismo modo odiados por los sectores más retrógrados de la política y la sociedad germana185. También en el cabaret, la necesidad de renovación creativa se funde con el trauma de la guerra. En las ciudades alemanas culturalmente más importantes se generó un enorme clima de contradicción que derivaría en las manifestaciones de vanguardia artística más influyentes del siglo XX. En estas circunstancias el Cabaré con su gusto por la más irreverente improvisación surgirá con enorme fuerza como vehículo de innovación, vanguardia y provocación. El clima de comunicación entre el intérprete y el público, ligado a una desinhibición que el ambiente del Cabaré conscientemente propiciaba, fue una verdadera revolución social para la tradicionalmente austera y conservadora sociedad alemana. La gestualidad, la declamación y la capacidad de comunicación se imponen en este tipo de repertorio donde la guitarra históricamente se movió como pez en el agua. El tipo de instrumentación usado en el repertorio del Cabaré iba desde el sencillo acompañamiento de la voz con la guitarra o el piano hasta las pequeñas orquestas (frecuentemente formadas por mujeres debido a las contiendas bélicas) con percusión u otros instrumentos de la tradición del jazz. Así encontramos que la instrumentación en el teatro musical de la pareja artística formada por Kurt Weill como compositor y Bertolt Brecht como escritor (quienes dieron a luz las más importantes joyas de este otro género heredero del repertorio del Cabaré) está también íntimamente relacionada con el que ya bautizamos macroinstrumento de cuerda percutida mahleriano y con el grupo con guitarra que toca en la escena en Wozzeck. La emblemática y exitosa Die Dreigroschenoper (Ópera de Cuatro Cuartos, 1928) explora, de forma similar a como lo hicieron los compositores de la vanguardia vienesa, el carácter percusivo de la guitarra, cuyo intérprete debe además tocar en ciertos pasajes el banjo, el violonchelo, la guitarra hawaiana, la mandolina y el bandoneón. La presencia de la celesta, los timbales y el piano acerca la sonoridad de esta orquesta tímbricamente deconstruida de Weill a la de la sección de cuerda pulsada de Mahler y de sus discípulos. El uso de acordes extraños, 184 Podemos enmarcar este movimiento entre los años de 1919 y 1935 aproximadamente. 185 La antisemita revista Zeitschrift für Musik se quejaba en un artículo de la “negrificación” (Verniggerung) de la raza, el alma y la cultura alemana así como del desempleo de los “buenos músicos alemanes”. V. en Sachs, “Musical Politics in Pre-Nazi Germany” (1979), p. 80. 112 con abundancia de tensiones armónicas, la crudeza del lenguaje y el expresionismo que empapa la obra caracterizan el carácter ideológico y militante de este género musical186. En el texto musical destaca el contraste entre los ancestrales corales luteranos y los ritmos e instrumentaciones más de moda importados de América (el Tango, el Fox–trot, el Blues, etc.), eclecticismo que encontraremos en buena parte del repertorio de la música culta del siglo XX, incluso en la obra de autores nada sospechosos de identificarse con esta estética como, por ejemplo Mario Castelnuovo–Tedesco o el propio Chavarri, como veremos en el capítulo 3.3, el dedicado a su Suite187. 186 Para más información sobre el papel de la guitarra el Teatro de Weill y Brecht véase Marriott, op. cit., pp. 50–67. 187 En las Quattro pezzi per pianoforte op. 65 (1931) del primero, los títulos individuales de las cuatro piezas nos dan idea de la humorística colección de estilos que forman, que intencionadamente no pueden ser más dispares: “Romanza senza parole”, “Studio sulle note false”, “Tango (argentino o brasiliano, secondo i gusti)” y “Fox-Trot”. Por su parte, la versión para orquesta de la Suite de ELCH incluye un quinto movimiento llamado “Fox–trot del contrapuntista rural”. 113 Kurt Weill: Die Dreigroschenoper (1928), Nr. 13 “Zuhälterballade”, cc. 1-5 114 Kurt Weill: Dreigroschenoper (1928), Nr. 16 “Dreigroschenfinale”, cc. 1-3 115 3. La obra guitarrística de ELCH: cronología, personajes, transmisión y recepción del repertorio 116 117 3. La obra guitarrística de ELCH: cronología, personajes, transmisión y recepción del repertorio 3.1. La música para guitarra de ELCH en su marco histórico 3.1.1. Homenaje de Manuel de Falla (1920), catalizador del nuevo repertorio guitarrístico de Entreguerras Hector Berlioz, que fue un notable guitarrista además de extraordinario compositor, decía en su Grand traité d’instrumentation et d’orchestration modernes de 1839 que “es prácticamente imposible escribir bien para este instrumento sin ser guitarrista”188. A pesar de esta afirmación –hecha con una perspectiva ligada a la retórica musical del romanticismo–189 todos los estímulos creativos surgidos en torno a la guitarra en las primeras décadas del nuevo siglo de los que hemos tratado en el capítulo 2.3 tuvieron como consecuencia que, por vez primera en la Historia de la Música, compositores no guitarristas de distintas tendencias y procedencias geográficas y culturales se interesaran por la guitarra como instrumento solista para crear un nuevo y revolucionario repertorio. No obstante, la afirmación de Berlioz no carecía de fundamento y los nuevos, inquietos y curiosos compositores tuvieron, en la mayor parte de las ocasiones, que apoyarse en el consejo de intérpretes cuya formación estaba muy alejada de la nueva música y cuyas técnicas (por lo general gestadas en el repertorio romántico de salón) eran ajenas a los recursos musicales que los compositores demandaban. Esto provocó la postergación y olvido de muchas composiciones entre las que se cuentan verdaderas obras maestras. Pero este campo de estudio, de importantes implicaciones para la adecuada edición de una parte significativa repertorio guitarrístico de Entreguerras, se encuentra fuera de los límites de nuestro trabajo. El Homenaje (1920) de Manuel de Falla es con toda justicia la pieza guitarrística sobre la que existe una bibliografía más amplia190. Al contrario que en los casos que acabamos de citar, no tuvo desde luego problema alguno en su difusión. Muy por el contrario, el Homenaje es una de las obras más interpretadas del repertorio guitarrístico 188 Traducido por el autor a partir de la edición en ingles: «It’s almost impossible to write well for the instrument without being a guitarist». Berlioz (trad. Strauss), Treatise (1904), p. 147. 189 Abundando en esta perspectiva, Berlioz afirma a continuación que “la guitarra, al contrario que todos los demás instrumentos, pierde de efecto si se la usa colectivamente, y no se presta sino para aquellas escenas silenciosas y tranquilas en las que reina una apacible quietud, una misteriosa dulzura y una suave melancolía” [v. en Escamilla Giménez, op.cit. (2021), p. 17: “trad. de Óscar Camps y Soler Madrid: Imp.de Manuel Minuesa, 1860), p. 51, acceso 27 de marzo de 2021, . Puede consultarse el original en Hector Berlioz, Grand Traité d’Instrumentation et d’Orchestration Modernes (París: Schonenberger, 1844), p. 86, acceso 27 de marzo de 2021, ”]. 190 En Arriaga: Notas siglo XX, p. 28, puede consultarse una extensa bibliografía relacionada con esta obra y con el resto del repertorio guitarrístico español de Entreguerras. 118 de todos los tiempos191. Ligada desde su creación a Miguel Llobet, fue la primera obra de la historia escrita para guitarra sola por un compositor no guitarrista de primer nivel192. Esta circunstancia no fue nunca del agrado de Andrés Segovia, figura por antonomasia de la guitarra clásica del siglo XX, a quien, como es bien sabido y como también veremos en relación con Chavarri en los próximos capítulos, no le agradaba quedar en un segundo orden bajo ninguna circunstancia. En sus memorias, Segovia afirmaba que, antes que Falla, en 1919, había sido Federico Moreno Torroba quien tomó la iniciativa de componer una obra para guitarra; por supuesto, a petición suya: No tardamos mucho en hacernos amigos, ni él tampoco tardó en aceptar mi proposición: ¿Compondría algo para guitarra? En unas pocas semanas, vino con una Danza en Mi Mayor, pequeña pero verdaderamente hermosa. A pesar de su escaso conocimiento de la compleja técnica de la guitarra, su enfoque fue preciso gracias a un instinto natural y, para mi alegría, la obra permaneció en el repertorio. Aquel éxito incitó a Manuel de Falla a componer su precioso Homage [sic], y Joaquín Turina su espléndida Sevillana 193. No era este simplemente el vago recuerdo de un hombre maduro sobre una circunstancia acontecida muchas décadas antes. En la primera carta que se conserva a su compositor predilecto y futuro amigo, Manuel M. Ponce, escrita probablemente en 1924, leemos un relato similar de los hechos: Ademas me complazco en aprovechar la ocasion de haber tocado recientemente en Madrid su bella Sonata con aplauso del público, asentimiento de la crítica y admiracion efusiva de los músicos. Le mando a V. prueba de las tres cosas (…) Viendo todo este nuevo grupo que va enalteciendo mi bello instrumento pienso cada vez con más gratitud en los primeros que acudieron a mi llamamiento, es decir en Torroba y en V. (despues de Torroba y antes de V. fue Falla el que hizo su Hommage a Debussy). Y nuevamente quiero darle mis más sincerísimas gracias194. Es natural por tanto que durante muchos años los investigadores dieran por cierto este relato de Segovia. Así se venía reflejando en todos los estudios y reseñas que 191 Los primeros acercamientos a la guitarra de otros autores contemporáneos de Falla como Carlos Chávez (Tres piezas para guitarra, de 1923), Mario Castelnuovo-Tedesco (Variations à travers les siècles, de 1932) o Antonio José Martínez Palacios (Sonata para guitarra, de 1933) tuvieron asimismo resultados instrumentales plenamente exitosos aunque no siempre el mismo éxito en su difusión. Otros compositores –como Georges Migot, por poner un ejemplo significativo, con su suite homónima a la de Falla, Pour un hommage à Claude Debussy, compuesta en 1924– aun siendo autores de obras con virtudes musicales innegables, fracasaron en su difusión por la ausencia de una adecuada adaptación idiomática al instrumento. 192 Tenemos que citar, no obstante, que tal y como se advierte en Gilardino, “Andrés Segovia” (2008), p. 60, tan pronto como en 1909, Ottorino Respighi había ya compuesto unas Variazioni per chitarra para el guitarrista italiano Luigi Mozzani. Consideramos que este hecho no se contradice con nuestra afirmación. 193 Segovia: An autobiography (1976), p. 194. [V. en Suárez–Pajares: “Federico Moreno Torroba” (2008), p. 250]. 194 Alcázar–Segal: The Segovia–Ponce Letters (1989), p. 1. Alcázar indica a pie de página que “Esta carta está escrita a máquina y la fecha [1923] a mano y con tinta”. El programa del único concierto madrileño de ese año ofrecido por Segovia en el Teatro de la Comedia (17 de diciembre de 1923) no incluye la Sonata Mexicana ni ninguna otra referencia a Ponce [v. Neri. "Peacock-Pie” (2009), p. 118]. 119 hemos consultado. En ese mismo año de 1919, Jaume Pahissa había escrito la Cançò del mar –también dedicada a Segovia– aunque la obra permaneció oculta hasta principios del presente siglo y no tuvo ninguna trascendencia en el movimiento guitarrístico del que estamos dando cuenta195. Recientemente, un artículo de Julio Gimeno ha tratado sobre esta cronología defendida por Segovia. En él se muestra que dicha cronología no termina de cuadrar con los hechos históricos. A nuestro entender, el trabajo de Gimeno prueba más allá de toda duda razonable que esta Danza en Mi Mayor (que más tarde se incorporaría a la Suite Castellana como tercer movimiento) fue en realidad compuesta con posterioridad al Homenaje196. En cualquier caso, coincidimos con Javier Suárez– Pajares en que ni esta ni ninguna otra pieza sirvió de estímulo a Falla para la composición de su obra maestra. Falla pone en evidencia con su nueva creación guitarrística –prodigiosa por su concreción e idiomatismo– un detallado estudio previo de la estructura del instrumento y una refinada capacidad de síntesis en la escritura instrumental. La obra, junto al artículo Claude Debussy et l’Espagne, fue la aportación de Falla a un número especial de la Revue Musicale, de 1920, dedicado a Debussy, quien había fallecido apenas dos años antes197. Ya anteriomente, tan solo unas pocas semanas después de la muerte del compositor francés, Falla había participado en un solemne y notable homenaje en Madrid acompañando con el piano a la soprano polaca Aga Lahowska y ofreciendo un discurso. En el recital participaron también Arthur Rubinstein y Bartolomé Pérez Casas: El 27 de abril de 1918, un mes y dos días después de la muerte de Debussy, la sección de Música del Ateneo de Madrid organizó una velada memorable en homenaje al compositor francés, en la que participó, entre otros relevantes artistas, Manuel de Falla, como pianista conferenciante. En su discurso, titulado ‘El arte profundo de Claudio Debussy’, Falla realzó la modernidad e importancia histórica de Debussy: «La obra de Claudio Debussy ha originado una transformación profunda y definitiva en el arte sonoro», y terminó proclamando su amor a Francia y su sentimiento de latinidad: «Mi homenaje es humilde, pero ¡con cuán sincera emoción lo rindo a su memoria! Dígnese recogerlo su patria, la noble y gloriosa Francia, y nosotros, españoles, no olvidemos que el gran artista también nos pertenece en cierto modo. Pensemos con noble orgullo que fue un latino, uno de los nuestros, de esta gran familia de raza inmortal e invencible»198. 195 Esta obra de Pahissa, conservada en el Archivo Andrés Segovia de Linares (E–LINas), ha sido catalogada [v. Attademo, “Andrés Segovia y las novedades de su archivo” (2008), p. 83] indicando el lugar y fecha de composición “Sitges VII / 1919”. La edición impresa en la ed. Bèrben, a cargo de Angelo Gilardino, apareció en 2001. 196 V. Gimeno, “Andrés Segovia y la Danza castellana” (2013) [consultada en mayo de 2021]. 197 Una traducción al inglés del artículo de Falla (escrito, por supuesto, en francés) puede consultarse en Grondona, Miguel Llobet works, vol. 8 (2020), pp. 40-41. 198 Texto compartido en el perfil de Facebook del Archivo Manuel de Falla el 27 de abril de 2021. [consultado en junio de 2021]. 120 Programa del homenaje a Claude Debussy (Madrid, 27 de abril de 1918) Queda, pues, suficientemente demostrada la ferviente admiración de Falla por Debussy. Por otro lado, es también conocida la que ambos compartían por el cante jondo. Falla añade a su Homenaje el sobrenombre de Pièce de guitare écrite pour le Tombeau de Claude Debussy y cita en esa intranquila, inquietante y sobrecogedora habanera algunos pasajes de obras de Debussy. En virtud de su concepción armónica y estética, la obra parece ser la materialización de aquella guitarra virtual y evocadora de Debussy199. Así la sentía el autor gaditano, que afirmaba en su ensayo para la Revue: (…) ciertos aspectos [de la música de Debussy] los conocemos porque en Andalucía se practican de un modo instintivo e inconsciente en la guitarra por la gente del pueblo200. Es más que evidente que Falla mantuvo una actitud mucho más permeable que Chavarri hacia las influencias del flamenco aunque hemos de decir que, al igual que nuestro autor, Falla observa la guitarra desde una perspectiva cultural amplia, 199 Las citas corresponden a La Soirée dans Grenade (1903) y La Puerta del Vino (1913) del libro segundo de los Preludios para piano de Debussy. 200 V. en Perricone y Sebastiani: Segovia e il suo repertorio (2002), p. 18. [trad. del autor]. 121 documentada y alejada de los estereotipos exóticos. Así la definía en el prólogo que escribió para la edición del método para guitarra de Emilio Pujol: (…) ese instrumento que en las estancias resonantes del Hogar hispánico ha ocupado siempre un lugar de predilección, y cuya historia va muchas veces ceñida tanto a la nuestra como a la misma historia de la música general europea201. El nivel de influencia de Llobet en la gestación y en el proceso creativo del Homenaje es un asunto que tampoco ha estado exento de controversia. El relato que Pahissa hace en su Vida y obra de Manuel de Falla (biografía, tal y como nos recuerda Elena Torres Clemente, autorizada) parece a priori incontestable: Siempre Llobet le pedía a Falla que le escribiera una obra para guitarra. (…) Entonces se le ocurrió que podría componerla [la obra en homenaje a Debussy] para guitarra, con lo que satisfaría a la vez la petición de la ‘Revue Musicale’, y el deseo de Llobet202. Ante un testimonio de tal autoridad se ha ha dado por hecho que efectivamente la obra había sido encargada por Llobet. De hecho existen ediciones posteriores de la pieza (ya publicada por separado) con la revisión de Llobet que incluyen algunos cambios que han quedado fijados en la mayor parte de las interpretaciones históricas de la obra, como el uso de portamenti y de determinadas digitaciones características del estilo “impresionista” de Llobet. En el Prefacio de la recentísima edición crítica de Stefano Grondona (2020), por lo demás extraordinaria, se mantiene la afirmación de Pahissa: We cannot know if Falla was aware that such potential could be released from his intense two weeks between 25 July and 8 August 1920, when he composed it in response both to the request of Miguel Llobet (1878-1938) for a guitar work, and to the invitation of the French musicologist Henry Prunières (1886-1942)203. Javier Suarez–Pajares considera que este relato de los hechos no se sustenta suficientemente con pruebas concluyentes y considera que más bien debió ser Falla quien se dirigiera a Llobet (en lugar de lo contrario) una vez que ya tenía claro escribir su Homenaje para guitarra: ¿Estuvo Llobet detrás de este golpe de efecto de Falla? Creo que la idea común es que sí lo estuvo, que fue su insistencia lo que animó a Falla a matar dos pájaros de un tiro y, aprovechando la comisión de La Revue Musicale, contentar también al guitarrista. Lo cierto es que yo desconfío mucho de esta explicación, porque no la encuentro ni verosímil ni siquiera seria. Y, a falta de pruebas que la sustenten, dejo tal idea en el cajón de las suposiciones y, puestos a suponer y haciéndolo a conciencia de forma casi dramatizada, lo que me gustaría proponerles aquí es justo la escena contraria que, a mi juicio, es más congruente con lo que luego harían tanto Falla como Llobet. Así las cosas, sería Falla quien, madurando la idea de su Homenaje para la Tombeau de 201 Pujol, Escuela vol. I (1952), p. 7. [Prólogo de Manuel de Falla]. 202 Jaime Pahissa: Vida y obra de Manuel de Falla, nueva ed. ampliada, Buenos Aires: Ricordi Americana, 1956, p. 121 [V. en Torres Clemente, “Llobet y Falla” (2016), pp. 139-140]. 203 Grondona, Miguel Llobet works, vol. 8 (2020), p. 4. 122 Claude Debussy de La Revue Musicale, preguntaría maliciosamente a Llobet por qué solo los guitarristas escribían música para guitarra y Llobet le contestaría, sin darse ninguna importancia, con una idea común aceptada desde que Berlioz, guitarrista él mismo, la propusiera en su tratado de orquestación quedándose más ancho que largo: en definitivas cuentas, porque era particularmente difícil escribir bien para ese instrumento204. Sea cierta una hipótesis o la otra, lo que sabemos es que el 19 de agosto de 1920, solo once días después de haber terminado su obra, Falla escribía desde su casa de Madrid a Llobet una carta de respuesta a otra que había recibido de este en la que al parecer le preguntaba por algunos detalles de la composición y sugería su colaboración para adaptar el lenguaje de la misma a un estilo más guitarrístico (nosotros diríamos más “llobetístico”). Por el contenido de esta carta sabemos que Llobet, cuanto menos, era perfecto conocedor del proyecto de Falla y que este le propuso colaborar en el proceso de edición y adaptación de la primera publicación del Homenaje: Mi muy querido amigo: Cuando ya le había mandado mi postal de esta mañana recibí su gratísima carta. No sabe Vd. qué alegría he tenido al leerla y siento no contar con tiempo (pues quiero alcanzar al correo) para comentar como merecen la amistad y la bondad con que me honra Vd. al hablar de mi trabajo. A escape contesto a sus preguntas. Desde luego es intencionada la simplicidad de la escritura, y cuando haga una adaptación de la pieza para piano no añadiré nada a lo que he escrito. Esto no quiere decir que, de haberla compuesto directamente para piano no hubiera hecho otra cosa: seguramente sí; pero en el caso actual, habiéndome limitado a lo que yo alcanzaba a ver en la guitarra, mi intención no ha sido otra que la realizada. Sin embargo, como de poder tocar yo mismo el instrumento hubiera seguramente hecho otra cosa, le ruego, aprovechando de tan amable ofrecimiento, que me indique todo lo que le parezca oportuno, en la seguridad de que se lo agradecería muchísimo y de que me será de gran utilidad. Lo mismo le digo respecto a las indicaciones puramente guitarrísticas (cuerdas, arrastres, etc.). Esto en cuanto a lo puramente necesario, pues después, cuando la pieza se publique aparte (ahora forma parte como sabe de una colección en homenaje a Debussy) se publicará entonces con todas las de la ley, y autorizada, si VD. me lo permite, con su nombre205. Otra carta con los mismos remitente y destinatario, del 24 de agosto se puso a la venta hace pocas fechas en un conocida plataforma de internet206. Comprobamos en ella que la colaboración de Llobet fue acogida de muy buen grado por Falla y, por tanto, tenemos que poner en valor la influencia de Llobet en el proceso de edición de la obra ya desde su primera publicación. Falla aclara, en esta segunda respuesta, algún detalle que al parecer le había planteado dudas al guitarrista y, además, promete incluir en la copia que enviará a la Revue algunas leves modificaciones en el texto musical propuestas por Llobet. Nos llama poderosamente la atención el anuncio que Falla hace 204 Suárez–Pajares: “Miguel Llobet y el Homenaje” (2016), pp. 173-174. 205 V. en Grondona, op.cit. (2020), p. 24. 206 Esta carta fue adquirida el 6 de octubre de 2020 por Jordi Franco Espada y Carlos García Fortuny, propietarios de Solera Flamenca, Barcelona. Aún pueden descargarse sus páginas en la web de todocoleccion: [consultado en junio de 2021]. 123 de dos obras para guitarra de nueva creación que declara tener ya en marcha y que parecen –estas indudablemente sí– inducidas por el interés de Llobet: Muy querido amigo: agradecidísimo a su muy grata al envío de la pieza y a las precisas indicaciones que sobre ella me hace y que utilizo por supuesto en la copia que envío a París, Me apresuro a decirle que ha resuelto Vd. excelentemente las dudas que tenía: [fragmento musical] del compás 22 como en la interpretación de los [armónicos] – [fragmento musical] de los compases de la Soirée. Respecto al compás 61 [fragmento musical] debe de ser sol, lo mismo esta vez que la primera. Mil y mil gracias también por la que me dice Vd. cuando se publique la pieza separada y con todas las de la ley. Soy yo quien se considera honradísimo, pues le consta la alta admiración que siento por su arte de Vd. Tanta alegría me produjo su carta anterior y tanto me animó a seguir escribiendo para guitarra que no es una sino dos las piezas que estoy ya haciendo. Tengo desde luego muy en cuenta todo cuanto me ha dicho y pronto le daré más detalles sobre dichas piezas, que escribo con verdadera ilusión, la misma que ya tengo por oírle el Homenaje. La colección completa del Tombeau se publicará dentro de unos dos meses en el 1er número de la Revue Musicale que va a publicar Henry Prunières. Claro está que ya se la enviaré. Mi mejor saludo a su señora y para Vd. un fuerte abrazo con toda mi amistad y admiración. Manuel de Falla. Gracias anticipadas por la dirección de Lambert. Mandaré a Vd. una copia de Homenaje. 124 Carta de Manuel de Falla dirigida a Miguel Llobet (Madrid, 24 de agosto de 1920) Para desgracia de la comunidad guitarrística no tenemos ninguna otra noticia que atestigüe que estas dos obras llegaron a existir, ni tan siquiera se han conservado los borradores que Falla, en esta misiva, declara estar completando. El único tríptico que Llobet tocó en sus conciertos fue el formado por el Homenaje unido a sendas transcripciones del “Romance del pescador” y la “Canción del fuego fatuo” de El amor brujo, tríptico que fue muy del agrado de Falla, tal y como escribía en 1921 a Leopoldo Matos207: Apenas terminada la mudanza llegó Llobet que ha pasado aquí dos días. Es admirable la manera como toca mis tres piececillas, que ha incluido en su repertorio de conciertos: dos trozos del Amor brujo (El romance del pescador y la canción del Fuego fatuo) y el Homenaje a Debussy. Ahora va a dar unos conciertos en esa, así es que tendrás ocasión de oírlas. ¡¡Maravilloso!!208 207 Suárez–Pajares: “Miguel Llobet y el Homenaje” (2016), pp. 186-187. 208 Ibid. [Carta de Manuel de Falla a Leopoldo Matos. Granada, 3-III-1921. Original manuscrito. Archivo Histórico Provincial, Las Palmas de Gran Canaria]. 125 Programa del concierto de Miguel Llobet en el Palau de la Música Catalana (1923) La aparición del Homenaje en un foro del prestigio de la Revue Musicale fue un catalizador que provocó una auténtica reacción en cadena entre los compositores de dentro y fuera de España. La guitarra como instrumento solista irrumpió desde ese instante en el panorama musical de la época con tal pujanza que en apenas un par de décadas un nuevo repertorio ya se había materializado y consolidado entre los principales intérpretes, sustituyendo progresivamente los hasta entonces habituales programas conformados exclusivamente por transcripciones y piezas originales de Tárrega, Sor y otros pocos guitarristas románticos. Así se apreciaba en las críticas de los diarios de las grandes capitales y –sirva este ejemplo para atestiguar hasta qué periféricas regiones llegó la información de este efecto cascada– también así lo veía el musicólogo José Subirá en el artículo de 1928 para El Heraldo de Zamora con el que repasaba el glorioso pasado e ilusionante futuro del instrumento. Falla encabeza una selecta lista de compositores destacados del nuevo repertorio: Nuestra literatura guitarrística (…) Y de nuestros días son Sainz de la Maza, Segovia, Llobet –el feliz adaptador de canciones populares catalanas– Pujol y Fortea. Por otra parte, todos estos intérpretes vienen escribiendo o solicitando de los compositores obras pensadas y escritas directamente para guitarra. Entre los que han acudido al llamamiento podemos citar a Falla, Conrado del Campo, Esplá, Turina, Moreno Torroba, el uruguayo Broqua, el brasileño Villalobos, Guridi, Halffter, Agustín Grau, Antonio José, el mexicano Ponce, etc. Merced a todos ellos se inicia en nuestro país y fuera de él un verdadero renacimiento de la literatura guitarrística, en cuyos frutos acaso descubra el porvenir tan óptima cosecha como el 126 presente va encontrando en nuestra literatura vihuelística del XVI, gloriosa por igual para nuestra patria y para nuestro arte209. En efecto, aunque hemos visto que probablemente Falla actuó por iniciativa propia, los compositores que le siguieron en su acercamiento a la nueva, moderna y modernista guitarra lo hicieron coligándose con alguno de estos grandes nombres. Así, Regino Sainz de la Maza colaboró principalmente con los compositores del Grupo de los Ocho de Madrid210 y también estuvo relacionado con otros autores como Antonio José y Joaquín Rodrigo con sus Sonata y Toccata (ambas de 1933) respectivamente211. Andrés Segovia, con su preeminencia y arrolladora personalidad, aglutinó a la mayoría de los autores del nuevo repertorio guitarrístico, algunos españoles, como Turina, Moreno Torroba, Manén, Mompou y (aunque no en exclusiva) Rodrigo, pero sobre todo a los internacionales, especialmente a los cercanos a su estética de la música, como Mario Castelnuovo–Tedesco, Alexandre Tansman o Manuel María Ponce. Para captar la atención de este último, en la misma carta que antes hemos citado desglosaba una serie de nombres de campanillas: Tengo ya una obrita preciosa de Albert Roussel, promesa en vías de cumplirse de Ravel, y páginas felicísimas de Volmar Andreas [e.d. Volkmar Andreae], Suter, Schoenberg, Weles, Grovlez, Turina, Torroba, Falla, etc., etc.212 No tenemos constancia de que las obras de Ravel o Schoenberg (por citar los nombres más significativos) llegaran a existir, aunque teniendo en cuenta el triste destino que tuvieron otras tan brillantes como las de Georges Migot o Frank Martin (tan alejadas del gusto de Segovia y cercanas estilísticamente a los anteriores) podemos imaginar que de haberse materializado habrían tenido un destino similar213. Como veremos más adelante, Chavarri también llegaría a estar relacionado con Segovia, pero inicialmente su antiguo interés por la guitarra –mantenido desde la 209 Heraldo de Zamora: año XXXII, siglo II, número 10523 – 22 de noviembre de 1928, p. 1. Este mismo artículo fue el que acompañó el programa del concierto de Andrés Segovia en el Teatro de la Comedia de Madrid, en 1923 [V. una copia al final del cap. 3.1.2]. 210 Formado por Julián Bautista, Rosa García Ascot, Rodolfo y Ernesto Halffter, Gustavo Pittaluga, Salvador Bacarisse, Juan José Mantecón y Fernando Remacha. Todos ellos escribieron para la guitarra al menos alguna obra. Existe ya una tesis doctoral dedicada a la obra para guitarra de este grupo de compositores [v. Blanco Bohigas, El Grupo de los Ocho (2017)]. 211 La mayor parte de estas obras fueron apartadas del repertorio del guitarrista, especialmente tras la Guerra Civil, bien fuera por motivos políticos o por otras razones. Sobre las circunstancias que rodearon la postergación de la Sonata de Antonio José véase el capítulo 2.1.3 de este trabajo. La Toccata de Rodrigo había quedado totalmente en el olvido hasta que en 2006 se editó con la revisión de Pepe Romero y prologada por Leopoldo Neri. El propio Neri publicó, también en 2006, un novedoso e interesante artículo en la revista italiana Il Fronimo dedicado a la recuperación para el repertorio guitarrístico de esta espectacular obra [v. bibliografía]. 212 Alcázar–Segal, The Segovia–Ponce Letters (1989), p. 1. 213 Un amplio estudio crítico dedicado a las Quatre pièces brèves de Frank Martin puede consultarse en Somoza: Repertorio guitarrístico de Entreguerras (2011), pp. 161-163. 127 admirada distancia de sus crónicas tarreguianas, visión de quien la disfruta pero se siente ajeno a ella– se renueva con el estímulo de Falla (con quien mantuvo una sincera y cordial amistad)214 y su Homenaje. Chavarri, a partir de ese momento, pasa de considerar a la guitarra únicamente como un instrumento lírico y romántico a valorarla como un nuevo instrumento dotado de matices impresionistas (matices que tanto valora ya en ese momento, como vimos anteriormente) y –desprovisto de las adherencias del flamenco o de la músicas populares urbanas– ligado al modernismo y a la nueva música. Por fin, gracias el ejemplo de Falla, no le parece tan descabellado plantearse escribir algo para ella aunque aún no la conoce. Con buen criterio, busca asesoramiento y, ya fallecido su admirado Tárrega, se va a dirigir lógicamente a Llobet, que había colaborado con Falla y además era –y así también lo consideraba él mismo– el mejor alumno del Maestro villarealenense. Aquellas crónicas de Chavarri de principios de siglo nos revelan un gran aprecio por la guitarra y por su encanto sin par pese a que su repertorio parecía –según su criterio– tener como límites naturales las preciosas miniaturas de salón de Tárrega o las transcripciones de algunos movimientos asequibles de ciertas obras pianísticas de los grandes nombres de la música europea. Ahora, ya en 1923, el primer asalto guitarrístico de Chavarri –valga la metáfora pugilística– no es dubitativo y se atreve a irrumpir en el nuevo panorama de la guitarra con una obra de altos vuelos: la Sonata I, en tres movimientos y dedicada, por supuesto, a Llobet. Esta obra es toda una novedad y junto a la Sonata Mexicana de Ponce (la Sonatina de Torroba, también contemporánea, tenemos que considerarla tal vez en otra categoría estilística y estética) se adelanta en una década a la creación de otras grandes Sonatas para guitarra de similares características, como las de Antonio José y Castelnuovo–Tedesco. En ese momento, las primeras tentativas escritas por otros compositores –al igual que el mismo Homenaje atractivas y novedosas en el lenguaje pero de modestas dimensiones– son piezas como Segovia (1925) (retrato musical del guitarrista linarense compuesto por Albert Roussel), la ya citada Danza Castellana de Torroba o la Zarabanda lejana (1926) de Joaquín Rodrigo215. En el capítulo 3.2 de este trabajo trataremos en profundidad de esta primera aventura guitarrística de Chavarri y de su relación con Llobet. 214 V. Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 382. 215 En Suárez–Pajares: “El encuentro de Rodrigo con la guitarra” (2001), p. 4, se sugiere que la Zarabanda lejana, primera obra para guitarra de Rodrigo, pudiera haber sido creada por influjo de Chavarri. No sería este el único caso entre los compositores valencianos que se formaron bajo su magisterio. [V. Lázaro Villena, La guitarra clásica en la Comunidad Valenciana (2010), p. 245]. 128 3.1.2. Chavarri, compositor para guitarra: una estética entre dos aguas Ya adelantamos un primer fruto de nuestra investigación: el corpus guitarrístico chavarriano es en realidad mayor de lo que la comunidad guitarrística pensaba (véase el cap. 2.1.4). Analicemos pues sus pormenores: la Sonata I, tras una brevísima permanencia en el repertorio de Llobet (de esto ya trataremos en su momento), permaneció oculta –incomprensiblemente, si tenemos en cuenta su calidad– durante décadas. Pero eso no desanimó a Chavarri; una vez tomada la decisión de escribir para la guitarra iba a perseverar en su empeño. Él sabía perfectamente que para que sus composiciones fueran idiomáticamente posibles de tocar y para que tuvieran éxito y difusión necesitaba colaborar con alguna de las principales figuras del instrumento. Así pues, después del fiasco con Llobet –con quien todo indica que no terminó de entenderse– Chavarri, que no se andaba con rodeos cuando emprendía un proyecto, exploró la colaboración con el que ya era el líder internacional indiscutible de la guitarra, Andrés Segovia, relación que lamentablemente fue aún menos provechosa que la anterior. No obstante, Chavarri no se entregó al desaliento y continuó buscando consejo y asesoramiento de otros instrumentistas de la talla de Emilio Pujol, Rafael Balaguer y, muy especialmente, de Josefina Robledo, a quien desde niña admiraba y con quien colaboró de forma más estrecha y continuada que con los anteriores. Fue a esta guitarrista valenciana –al igual que Llobet, discípula predilecta de Tárrega– a quien dedicaría su obra para guitarra más brillante y virtuosística: la Sonata II, de 1925-26. Desgraciadamente, esta colaboración no se prolongó mucho tiempo. La Robledo, por motivos personales abandonó su carrera concertística, su preeminencia en el panorama nacional de la guitarra se desvaneció y tanto la Sonata II como otras obras en las que participó activamente fueron también olvidadas en el repertorio de los guitarristas salvo en esporádicas y mayormente locales interpretaciones. Creemos que las razones por las que la obra de Chavarri no tuvo la difusión que merece (y de veras lo merece, al menos una parte significativa de ella) son probablemente más complejas que la simple falta de continuidad en la relación con alguno de los grandes guitarristas de su tiempo, pero es cierto que si Turina, Torroba, Ponce y Castelnuovo contaron con el inestimable apoyo y guía de Segovia, y, posteriormente, Vicente Asencio (alumno de Chavarri) lo tuvo de Narciso Yepes, Chavarri en cambio no contó nunca con la implicación y verdadera constancia en el tiempo de una figura de ese nivel con quien trabajar sus creaciones guitarrísticas… Y esto, en el nuevo repertorio de Entreguerras, era garantía de fracaso por más que Chavarri tuviera una posición de privilegio, diríamos incluso que inmejorable, en la vida musical y editorial del país. Aunque algunas de estas composiciones de Chavarri fueron modificadas y adaptadas a lo largo de los años (por él mismo o, en ocasiones, por Robledo) podemos no obstante trazar una cronología de la creación de nuestro repertorio basándonos en las fechas que aparecen en los colofones de las primeras versiones manuscritas autógrafas de cada obra: 129 Sonata I 1922-23 Suite: I- Sonatina, II- Arietta, III-Bolero 1923-24 7 piezas para guitarra I. Danza lenta; II. Ritmo popular; III. Fiesta lejana en un jardín; IV. Nocturno (Jardín de Granada); V. La mirada de Carmen; VI. Lamento; VII. Gitana 1925 (ed. 1926) Sonata II 1925-26 (ed. 1957) Intermezzo 1932 (ed. 1967) Tríptico de Homenajes: I. A Luys de Milán; II. A Francisco Tárrega; III. A Óscar Esplá. 1932-33 (ed.1972) Preludios a Valencia: I. Benicasim; II. Huertas de Sagunto; III. Danza del Sur. ? (ed. 1971) Como se puede ver en este cuadro, prácticamente todas estas composiciones fueron creadas en un lapso de solo diez años. En honor a la verdad no sabemos si todas, porque no nos fue posible descubrir la fecha de creación de los Preludios a Valencia, publicados póstumamente (en 1971) pero de los cuales no se conservan manuscritos ni existen documentos de ningún otro tipo que puedan aclarar algo sobre este particular. Salvando esta excepción podemos afirmar que ninguna de las obras para guitarra de las que se conservan mss. originales fue compuesta con posterioridad a 1933, es decir que todas ellas se escribieron entre 1923 y 1933. Al igual que los Preludios a Valencia, el Tríptico de Homenajes se publicó póstumamente. Estas ediciones han supuesto un considerable quebradero de cabeza para la elaboración de nuestro catálogo, ya que algunas de las piezas que las conforman no son en realidad de nueva composición sino contrafacta de movimientos de otras obras. En particular, aunque la Sonata I nunca llegó a publicarse, dos de sus movimientos (modificados y por lo general empobrecidos armónica y melódicamente) aparecerán en estas colecciones. Así, el primer movimiento del Tríptico es un contrafactum del tercer movimiento de la Sonata I, y la tercera de las piezas (Danza del Sur) de los Preludios a 130 Valencia es un contrafactum del primer movimiento de la misma Sonata I. Nos resulta especialmente chocante en este segundo caso que una pieza extraída de la sonata que Chavarri dedicó a Miguel Llobet aparezca dedicada a Andrés Segovia en la edición. Todas estas circunstancias despiertan serias dudas y nos parece poco probable que Chavarri hubiera concebido estas dos postreras suites de obras con la estructura y contenidos con los que se publicaron tras su fallecimiento. Así lo declaraba Carles Trepat en un hilo del foro guitarrístico artepulsado en 2013: Tras la muerte de Chavarri, Unión Musical Española publicó dos obras del autor valenciano en las que se incluía el primer y tercer tiempo de la Sonata I. Se trata de los «Preludios a Valencia», de los cuales el tercero y último resulta ser el primer tiempo de la Sonata, aquí presentado como «Danza del sur». La otra obra es el «Tríptico de Homenajes» (a los compositores valencianos), de los cuales el primero (a Luis Milán), corresponde al tercer tiempo de la Sonata. Esto ya son conjeturas mías, pero muy posiblemente se trate de agrupaciones de diversas obras de López– Chavarri Marco que quedaron sin editar; es fácil pensar en el hijo del compositor como responsable. El texto musical aparece en mi opinión muy empobrecido respecto al manuscrito para Llobet 216. Pero prosigamos cronológicamente con el relato de las obras y los guitarristas asociados a ellas. Tras la Sonata I y Llobet, la también inédita Suite fue escrita para Segovia, como revelan las dedicatorias y confirma la correspondencia conservada en la BV. Además, como veremos en el cap. 3.4, aunque las 7 piezas para guitarra se publicaron con la dedicatoria a Rafael Balaguer, diversas pesquisas de las que más adelante hablaremos nos han revelado que pudieron haberse creado por iniciativa de Segovia, al igual que el Tríptico de Homenajes. Por otra parte, el papel desempeñado por Josefina Robledo para la creación de la Sonata II ha quedado durante nuestras indagaciones documentales totalmente acreditado, pero su colaboración no se limitó a esta obra sino que se extendió a la participación en diversas adaptaciones de otras, como el Intermezzo y el antedicho Tríptico de Homenajes. El catálogo guitarrístico de Chavarri no termina con sus siete composiciones para el instrumento solo, aunque sean estas las obras que más interesan a nuestra investigación. Hemos incluido en nuestro catálogo diversas obras orquestales que no son sino adaptaciones de algunas de estas obras guitarrísticas para diferentes formaciones: cuarteto de cuerda, orquesta sinfónica y hasta un concierto para arpa y orquesta. Otro proyecto de concierto para guitarra y orquesta no pasó de ser un esbozo. Con un afán de completitud hemos añadido también las composiciones que incluyen a la guitarra aunque sea de manera secundaria. Se trata de pequeñas piezas sin pretensiones, danzas del folclore valenciano escritas bien para rondalla, bien para voz o coro y un acompañamiento instrumental en el que está incluida la guitarra. Además hemos indexado las distintas fuentes que se conservan del Homenaje a Tárrega para orquesta de cuerda, obra basada en composiciones del guitarrista villarrealense y de las que ya hemos tratado ampliamente en el cap. 2.2.5. Por último y por su significación 216 Véase el hilo completo en: ˂http://guitarra.artepulsado.com/foros/showthread.php?17501–Sonata– I–de–Eduardo–Lopez–Chavarri˃ El de Trepat es el post nº 11. [consultado en diciembre de 2020]. 131 histórica, hemos considerado la inclusión en el catálogo de una adaptación de Llobet de quizás la obra más popular de Chavarri, la Leyenda del Castillo Moro, original para piano y que el guitarrista transcribió para dos guitarras. El catálogo completo se puede consultar en el cap. 3.1.4 de este trabajo. La calidad de todas estas músicas es desigual: desde la impresionante belleza y capacidad expresiva de las dos sonatas, la Suite y el Intermezzo, pasando por la gracia inocente y sin pretensiones de las Siete Piezas, y hasta la inopinada banalidad de algunas de las piezas publicadas póstumamente. Chavarri escribe sus borradores a veces con ciertas inconsistencias y errores propios de alguien para el que componer música no proviene de un instinto natural o una costumbre adquirida desde la infancia o la juventud, sino que es una tarea profundamente reflexiva y laboriosa cuyos mejores resultados los obtiene a base de esfuerzo y devoción por el trabajo. Son estos bocetos a veces confusos y dubitativos, pero la inspiración que adorna a las mejores de sus composiciones compensa el trabajo que ha supuesto su estudio y colación. Tomando en consideración cómo fue la evolución de Chavarri en su valoración estética de la música ¿cuál sería entonces el estilo de su obra guitarrística? ¿Estará influenciado por su admirado Tárrega y el decimonónico romanticismo de salón o, por el contrario, estará ligado a esa nueva guitarra inaugurada por Falla y que bebe del manantial del impresionismo y del modernismo? Recordemos la visión que sobre la evolución estilística de Chavarri escribía Vicente Galbis: Chavarri era una autoridad nacional en temas como el romanticismo musical, el nacionalismo y el conocimiento de la música del pasado, todo lo cual se reflejaba en sus escritos. (…) Su puesta al día en las tendencias musicales más actuales de su época fue demostrada no sólo en su labor como crítico, sino también al presentar al público obras de autores como Stravinski y Debussy interpretadas a cuatro manos y por medio de los diferentes grupos orquestales que había creado217. Otros investigadores lo han tratado de encuadrar, sorpresivamente, dentro de la Generación del 27218, mientras que en algún programa de mano o crítica periodística se le incluye en la del 98219. Estos palos de ciego indican la dificultad que tiene poner etiquetas a una personalidad tan particular, tan independiente y tan permeable a las diversas influencias artísticas que se cruzaron en su camino y que fueron de su interés y apreciación. El romanticismo, el neoclasicismo, el impresionismo, el modernismo y otros “ismos” como el regionalismo y el nacionalismo se han aplicado a Chavarri con fruición y en ocasiones con ausencia de un verdadero y objetivo análisis musical. Pero su gusto por Chopin, Beethoven o Grieg, o su adquirido interés hacia la música de 217 Galvis López, DMV (2006), p. 272 [Cit. también por Miravet Lecha, La vida musical en Valencia durante la Guerra Civil (2017) p. 5]. 218 V. Orengo Miret, López-Chavarri (2017), p. 30. 219 Antonio Torralba: “Homenaje a la guitarra”, El Día de Córdoba, 22 de julio de 2021: «A esa Generación del 98 pertenecieron los otros dos autores del recital, Eduardo López Chávarri (1871-1970) y Joaquín Turina (1882-1949)». Crítica de un concierto ofrecido por Ignacio Rodes. En línea en [consultada en mayo de 2021]. 132 Debussy, Ravel y Stravisnki no le convierten en un compositor monolíticamente romántico, impresionista o neoclásico en ningún momento de su trayectoria, del mismo modo que su profundo conocimiento y dedicación al folclore valenciano y su rechazo a la expresiones artísticas de la cultura popular urbana de su época no lo convierten –al menos no en el género guitarrístico, del que estamos tratando– en un compositor regionalista por más que en su música para guitarra aparezcan ritmos y danzas propios de su región o de otras aéreas de España. La realidad es siempre mucho más compleja que las ideas, por más que los hombres nos empeñemos en categorizar a las personas y a los artistas. El mismo hijo de Chavarri se refiere a la personalidad artística de su padre de un modo aparentemente contradictorio. Por una parte destaca su figura como referente del valencianismo y, citando al pintor Francisco Lozano (aunque refiriéndose a las artes plásticas), como un gran tradicionalista que solo habría acatado los cambios a regañadientes: Pero Don Eduardo López Chavarri fue fiel, obsesivamente fiel a la mejor tradición valenciana. Los aires renovadores de esta época únicamente fueron aceptados por Don Eduardo para no ser estatua de sal; para seguir siendo vivamente López Chavarri como Picasso aceptó y reinventó el cubismo para continuar siendo Picasso220. En cambio, en otro pasaje del mismo libro, el autor nos presenta una personalidad más acorde con los datos biografícos y la trayectoria musical del liberal que hemos descubierto en Chavarri: Trascender de los localismos, rebeldía de lo establecido, cosmopolitismo, antidogmáticos y extranjerizantes eran algunas notas que distinguían a los «modernistas», una corriente estética que logró importantes adhesiones españolas en la pintura, arquitectura, literatura, etc. y en ese sector se encuentra López–Chavarri, cuya música será un reactivo contra rutinas nacionalistas, sin abdicar de un amor y dedicación a los pentagramas populares221. Efectivamente, en la actualidad es un lugar común entre los investigadores considerar a Chavarri como el enlace entre el romanticismo nacionalista y el modernismo, especialmente cuando se trata sobre su actividad como crítico222. Teresa Cascudo lo identifica como modernista, formando parte de un selecto grupo de críticos musicales (algunos de ellos, como Chavarri, también músicos) surgidos del entorno de Pedrell y, por tanto, contrarios a la mercantilización de la música identificada en la zarzuela y, en general, en el teatro musical. Su sentimiento de pertenencia a este movimiento, consecuencia natural de la evolución de su sensibilidad musical, no le situó del todo en una oposición frontal al romanticismo sino que trató de integrar lo mejor de ambas tendencias para su música con el objeto de alcanzar su propia y libre expresión como compositor: 220 López–Chavarri Andújar, Compositores valencianos, (1992), p. 54. 221 Ibid., p. 51. 222 V. a este respecto Simbor Roig, Vicent: “Sobre la narrativa modernista valenciana: Eduard López- Chavarri”, Caplletra: revista internacional de filología, II (1987), pp. 101-113; Ferrando Morales, Àngel Lluís: “Wagner a l’ombra: referències i context musical dins la narrativa d’Eduard López-Chavarri Marco”. Ítaca, III (2012), pp. 253-289. 133 El modernismo, según López–Chávarri, aspiraba sobre todo al doble objetivo de la expresividad y la simplicidad. Distinguía, asimismo, la tendencia, censurada en la prensa y también aludida, por ejemplo, por Valle Inclán en estos mismos años, a buscar los efectos a todo trance. Se refería, con sus palabras, a «una especie de neo-meyerbeerismo propio de modernistas-caricaturistas», que no invalidaba, sin embargo, el movimiento, sino, al contrario, lo reforzaba, puesto que la variedad y la libertad eran elementos constitutivos del mismo223. Pero nada mejor que leer las propias palabras de Chavarri para darnos cuenta de que su modernismo no reniega en esencia del romanticismo. Simplemente implementa nuevas herramientas para obtener los mismos fines que siempre había perseguido. No olvidemos que en sus inicios como compositor veía en alguno de los preludios de Tárrega “las más audaces modulaciones del arte moderno”224: Es característico del arte moderno la expresión hacer de la obra de arte algo más que un producto de receta; hacer un trozo de vida; dar a la música un calor sentimental en vez de considerarla como arquitectura sonora; pintar el alma de las cosas para no reducirse al papel de un fotógrafo, hacer que la palabra sea la emoción íntima que pasa de una conciencia a otra. Se trata, pues, de la simplicidad de llegar a la mayor emoción posible solo con los medios indispensables para no desvirtuarla; en definitiva, se buscan los medios para el fin, y no lo contrario, o sea, la fórmula, de conseguir el efecto por el efecto225. Así pues, si ante la dicotomía flamenquismo–casticismo, Chavarri tenía clarísima su posición, vemos ahora que en la formada por modernismo y romanticismo lejos de posicionarse en una u otra trinchera optó por la conciliación. Muy relacionada con estas dos dicotomías culturales tenemos también la formada por piano–guitarra como representantes respectivos de la vieja y nueva música. El piano, que según Pedrell era “el instrumento anti–popular por excelencia, representante del arte civilizado, académico, atildado, afeminado, que raras veces conoce la espontaneidad, aunque lo parezca, que no posee aquella poderosa energía, aquella sublimidad sencilla, aquel cautivador atractivo de manifestación tan innata en el espíritu del hombre, el canto popular, voz de los pueblos, conmovedor y consolador sursum corda de la humanidad”226, frente a la guitarra, icono de la modernidad y modelo para la nueva música antirromántica –o digamos, con más propiedad, “contrarromántica”– que Falla había tomado por instrumento ideal para la renovación del lenguaje. Fe de ello daba el musicólogo e hispanista John Brande Trend en una carta a su amigo, el compositor gaditano, escrita desde Londres en 1920: Friedman está aquí tocando el piano, una prueba más de que V. tiene razón diciendo que el piano moderno es un instrumento de orquesta; y que el futuro es la guitarra227. 223 Cascudo, Teresa, “Adesso ci vuol altra cosa” (2017), pp. 533-534. 224 Las Provincias: diario de Valencia, año XXXVI, número 12851 – 2 de noviembre de 1901, p. 2. 225 López–Chávarri [sic], Eduardo: “Concurso de Gente Vieja. Artículo premiado”. Gente Vieja, XLVIII (10 de abril de 1902), p. 1 [v. en Cascudo, Teresa, ibid.]. 226 Felipe Pedrell, “La quincena musical”, Ilustración Musical Hispano-Americana nº 3, 29 de febrero de 1888, pp. 18-19. [v. en Escamilla Jiménez, op.cit., p. 37]. 227 Carta del 4 de noviembre de 1920, conservada en el Archivo Manuel de Falla [cit. en Christoforidis y Piquer, “Cubismo” (2011), p. 14]. 134 Ante esta tercera disyuntiva, Chavarri también toma una posición de compromiso. Se decide sin titubeos a escribir (y no poco, como hemos visto) para la guitarra, pero no como hiciera Falla, liberándose del piano para idear sus composiciones a partir de la estructura física y organológica del instrumento, sino que las realiza, aun pensando en la guitarra como objetivo, desde el piano. Esta decisión –compartida por la mayoría de los compositores que se acercaron durante esos años a la guitarra– produjo que, al contrario que el Homenaje (que apenas necesitó unas pocas indicaciones de Llobet para ser perfectamente idiomático), sus obras necesitaran de una profunda labor de revisión para poderse tocar. Desde luego, esto no ayudó a los guitarristas a entusiasmarse por ellas. Chavarri no abandona el piano para componer como tampoco abandona el romanticismo aunque ame la guitarra y asuma como propias las innovaciones y características del modernismo. De alguna manera vemos en sus obras más ambiciosas tal vez la máxima expresión –en términos de dificultad– de una guitarra ya en desaparición, anacrónica incluso en su tiempo, una especie de tarreguismo expandido –con mayores ambiciones formales– y enriquecido con elementos modernistas pero sin llegar plenamente a ser nueva música. Sus obras no se destacan por los elementos coloristas o las armonías tímbricas sino por una retórica musical totalmente ligada a la práctica común y, por supuesto, no se nutre (salvo muy contadas excepciones) de elementos tomados del flamenco como las de Falla y Turina, pero sí de la tradición popular más “elevada”, como corresponde al casticismo, con danzas como el bolero, la jota y la habanera. Así pues, las obras de Chavarri interpretadas en la guitarra podrían por tanto compartir, desde el punto de vista de la técnica instrumental, muchos elementos del que Arriaga llamaba estilo romántico español, heredero de Tárrega y de su escuela: En síntesis, el estilo guitarrístico de Segovia en los primeros años de su carrera (como el de Llobet), tal como podemos observarlo en las ediciones de música y las primeras grabaciones que realizó, era muy similar al de otros contemporáneos suyos, como Agustín Barrios o Miguel Llobet. Entre los principales ideales sonoros de este estilo guitarrístico, que podríamos denominar romántico español, figuran la explotación exhaustiva de una técnica capaz de producir un volumen sonoro aceptable, el acercamiento poético a la música y a la guitarra, la preferencia por las pequeñas formas musicales, el uso abundante de las transcripciones y la idea de que cada una de las cuerdas tiene una personalidad propia y un timbre característico que hay que saber extraer y explotar. Como consecuencia de esta idea, en las digitaciones de Segovia hay cierta preferencia por las posiciones agudas; uso abundante del portamento; digitación de melodías, siempre que sea posible, dentro de una misma cuerda, con el fin de mantener la unidad tímbrica; uso de campanelle en contextos de acordes, pero nunca en escalas; y, por último, un ponderado balance entre cuerdas al aire y equísonos228. Desde el punto de vista compositivo, las principales características de este corpus guitarrístico chavarriano, que iremos analizando a partir del próximo capítulo (3.2) son las siguientes: 228 Arriaga, Notas siglo XX, p. 8. [Cit. en Somoza, Repertorio guitarrístico de Entreguerras (2011), p. 35]. 135 • Movilidad tonal y modulaciones infrecuentes en el repertorio guitarrístico. • Uso del cromatismo tanto armónica como melódicamente. • Utilización de cadencias españolas y del modo frigio. • Contrastes entre secciones: oposición de pasajes ágiles y rítmicos frente a pasajes estáticos (melódicos, con carácter cantabile) para la generación de forma. • Uso de melismas en la melodía como elemento identitario valenciano y español (tresillos, cinquillos, largas escalas y sucesiones de arpegios en rubato, etc.). • Despliegues de baterías de arpegios en el acompañamiento de las notas largas y sostenidas en la melodía. • Uso de armónicos en algunas melodías (legato e dolce) con acompañamiento de arpegios. • Alternancia tanto en melodías como en acompañamientos entre subdivisión binaria y ternaria manteniendo el mismo pulso. Uso de hemiolia o ritmo de petenera y de desplazamientos rítmicos en general. • Uso muy frecuente de ritmos de inspiración popular española: habanera y bolero. La propuesta guitarrística de Chavarri no resultó atractiva para Segovia, y, a fin de cuentas, tampoco lo suficiente para Llobet, aunque llegara a estrenar la Sonata I. El estilo musical de estas obras chavarrianas tal vez hubiera podido tener mejor acogida unos años antes, pero después del punto de inflexión marcado por el Homenaje las demandas de los artistas y, sobre todo, del público eran ya otras: Los críticos resaltaban en sus reseñas valores estéticos relacionados con el concepto de Neoclasicismo desarrollado en las mismas publicaciones: pureza, claridad de líneas, plasticidad, perfiles acusados, angulosos como en un cuadro cubista y por todo ello, modernos; cualidades también atribuidas al clave y a la música de Scarlatti229. Las nuevas estrellas españolas de la interpretación guitarrística, ya con proyección internacional, para obtener los éxitos que deseaban necesitaban una música más directa, sencilla, moderna, y no obras que fueran fruto de una evolución de la guitarra romántica, por mejores que estas fueran. Por más que a Torroba lo tacharan de zarzuelista y hasta de autor superficial, su Sonatina –cristalina, equilibrada, tal vez simple, pero alegre y optimista– sería acogida por el nuevo público de la guitarra con un entusiasmo muy superior al que, por ejemplo, le otorgó a las dos extraordinarias pero anticuadas sonatas de Chavarri230. Viniendo de Adolfo Salazar, el crítico español más 229 Christoforidis y Piquer, “Cubismo” (2011), p. 14. 230 Por poner otro ejemplo significativo dentro del repertorio guitarrístico, en Austria (donde gracias a Segovia había triunfado a lo grande la Sonatina ya en 1924), un compositor heredero paradigmático de la tradición romántica centroeuropea como Ferdinand Rebay, que compuso en los años 40 del siglo pasado un buen número de sonatas para guitarra sola y otras obras de cámara con guitarra de altísima calidad, fue ignorado por público y profesionales. La reciente publicación de sus obras por la ed. española Eudora, acompañadas por unos interesantes estudios críticos a cargo de Gonzalo Noqué, han recuperado 136 influyente y defensor a ultranza de la nueva música, resulta curiosa la inquina que demuestra hacia la Sonatina de Torroba en la crónica de su estreno, a cargo de Segovia, en el legendario concierto en el Teatro de la Comedia del l7 de diciembre de 1923. Sin entrar a valorar el fondo del asunto, hay que decir que estamos ante un ejemplo evidente en el que crítica y público no fueron de la mano: Moreno Torroba con finos y graciosos aires de aroma castellano, se arregla de modo que puedan considerarse como «Sonatina», aunque alguno de sus tiempos –el «allegro» final– sea, en rigor, un cuadrito perfectamente «naturalista». Solamente nos cumple advertir al Sr. Torroba el peligroso linde de esos trozos con el género bonito, «enjolivé», de la música para señoras. Y creo que no es esta, seguramente, la orientación favorable para un músico serio231. este valioso repertorio para las salas de concierto y afortunadamente ya muchos guitarristas están incluyendo las obras de Rebay en sus programas. Véase este repertorio en [consultada en junio de 2021]. 231 Adolfo Salazar, “El arte nuevo de la guitarra y Andrés Segovia”, El Sol, 20 de diciembre de 1923, p. 6; Crítica del histórico concierto de Segovia en el Teatro de la Comedia de Madrid. 137 138 Programa del concierto de Andrés Segovia en el Teatro de la Comedia de Madrid, 1923. Notas al programa de José Subirá 139 3.1.3. La multiplicidad de versiones en las composiciones para guitarra de Chavarri: un lugar común en el repertorio de Entreguerras Una característica compartida por una porción significativa del repertorio guitarrístico compuesto a partir de 1920 (fecha de composición del Homenaje), sobre todo el que fue escrito dentro del periodo de Entreguerras, es la proliferación de versiones para otros instrumentos u otras formaciones instrumentales de las obras originalmente concebidas para guitarra. Desde luego, esta no ha sido una práctica privativa de este repertorio ni tampoco es una novedad en la historia de la música –es más, incluso diríamos que probablemente es tan antigua como la misma música– pero resulta llamativo el porcentaje de estas obras que fueron objeto de tales reinstrumentaciones. Las razones pueden ser muchas y complejas, pero una de ellas sin duda es que estamos ante un repertorio que por primera vez en la historia no está compuesto por guitarristas, no son stricto sensu “obras para guitarra” y, aunque los compositores tuvieran el instrumento como referencia, el componente idiomático de sus obras no puede ser tan marcado como en las composiciones de los propios guitarristas, y por tanto su adaptación a otros medios instrumentales no resulta tan artificiosa como podría ser la de una obra de Mauro Giuliani, Agustín Barrios o Miguel Llobet. Además, la falta de eco entre los guitarristas y entre el público de buena parte del nuevo repertorio invitaba a los autores a reutilizar el material de sus creaciones y tratar de encontrar una acogida más entusiasta y un mayor reconocimiento. Incluso hasta el Homenaje, con su impecable guitarrismo conceptual y pese a toda su repercusión en el mundo musical de su época, tuvo muy pronto una versión para piano y otra para orquesta. La obra pianística, homónima, fue editada en 1921, sólo un año después de la original, mientras que la orquestal formó parte, como segundo movimiento, de la suite Homenajes, de 1938–39232. Otro de los ejemplos significativos dentro de este nuevo repertorio inducido por la iniciativa de Falla es la antes citada Zarabanda lejana, de Rodrigo, compuesta y publicada en 1926233. Completó la versión pianística en ese mismo año, cosa nada extraña puesto que en esencia –y excepto la diferente tonalidad escogida para esta versión– ambas comparten el mismo texto musical sin apenas modificaciones234. Rodrigo, al igual que Falla, aún ideó una versión más, esta vez para orquesta de cuerda, 232 Los movimientos que forman esta suite son: I. «Fanfare sobre el nombre de E. F. Arbós» - II. «À Claude Debussy (Elegía de la guitarra)» - Rappel de la Fanfare - III. «À Paul Dukas (Spes Vitæ)» - IV. «Pedrelliana». V. más detalles de esta composición en < https://www.manueldefalla.com/es/obras/obras- para-orquesta/homenajes-suite> [consultada en mayo de 2021]. 233 1ª ed.: UME, Madrid, 1926 [v. en Gallego, El arte de Joaquín Rodrigo (2003), p. 52]. Dado que Rodrigo consideraba esta 1ª edición como «medio casera», en 1934 Emilio Pujol se encargó de realizar una 2ª ed., para incluirla dentro de su colección para guitarra de la ed. MXE de París [v. en Gimeno, “Un viaje sin destino” (2010), p. 126]. 234 La versión para guitarra está en Re mayor–menor, mientras que la de piano está en La mayor– menor. 1ª ed. pianística: MXE, París, 1930. 140 alrededor de 1928235. Permítanos el lector hacer un inciso a propósito de esta obra para poner de relieve la ya mencionada hipótesis de Suárez–Pajares sobre la probable intervención de Chavarri para que Rodrigo se animara a escribir alguna obra para guitarra. El epistolario de Rodrigo a Chavarri de esos primeros años parisinos –en el cual el joven compositor detalla con toda confianza sus clases con Dukas, sus conciertos, incluye comentarios de toda índole sobre Nin, Querol y otros amigos comunes, y hasta sus “trapisondas” y amoríos– da buena muestra del predicamento de Chavarri, quien ya llevaba varios años enfrascado en la composición guitarrística. Es este epistolario una buena fuente para sostener dicha hipótesis pero hay otros indicios que la apoyan, como la dedicatoria en la 1ª edición de la Zarabanda lejana, que Julio Gimeno nos recuerda: La Zarabanda lejana (subtitulada «Homenaje a la Vihuela de Luis Milán») es la primera obra para guitarra de Rodrigo. Fue compuesta en 1926 y en su primera edición está dedicada a José Balaguer, seguramente hermano del también guitarrista Rafael Balaguer236. Cabecera de la 1ª ed, de la Zarabanda lejana (UME, Madrid, 1926)237 Recuérdese que Rafael Balaguer, hermano de José, fue el dedicatario de las Siete piezas de Chavarri, que se publicarían exactamente el mismo año de 1926238. La familia Balaguer fue una referencia para la guitarra valenciana y sus miembros estuvieron relacionados estrechamente con muchos de los principales guitarristas y compositores españoles que pasaron por la ciudad del Turia. Otro hecho que a nuestro entender refuerza la misma hipótesis lo ha revelado recientemente el propio Suarez–Pajares: aunque desde la aparición del catálogo de 235 En Gallego, ibid., pp. 54-55, leemos: “No contento Rodrigo con la versión pianística, aún hizo otra, pero ya en París, para asegurar aún más la difusión de la obra, y la trasplantó para orquesta de cuerdas, con lo que ampliaba una sección de su catálogo aún escasa”. No están nada claras las fechas de composición y estreno de esta versión orquestal. Este mismo autor, que la data «ca.1928», localiza su estreno entre los Conciertos de la Sección francesa de la SIMC (Sociedad Internacional de Música Contemporánea), París, 1928. Por su parte, en la página web de EJR se sitúa la fecha de composición entre 1927 y 1930, y su première en la École Normale de Musique, París, el 9 de marzo de 1931. V. en línea [consultada en junio de 2021]. 236 Gimeno, “Un viaje sin destino” (2010), pp. 125-126. 237 Imagen tomada de Gimeno, idem. 238 V. todos los detalles de esta obra en el cap. 3.4 del presente trabajo. 141 Antonio Gallego de la obra de Rodrigo todos los investigadores han dado por hecho que la Zarabanda lejana fue su primera obra para guitarra, puede ser que no fuera así: desde 2019 se puede consultar una reseña en línea que, con motivo del vigésimo aniversario del fallecimiento de Joaquín Rodrigo, anunció la reaparición del Preludio al atardecer, una desconocida obra para guitarra, compuesta también en 1926, que permaneció oculta debido a que, al parecer, el compositor nunca tuvo intención de publicarla239. Lo significativo para nuestro asunto es que la pieza redescubierta por Suárez–Pajares y dotada “de un modernismo y un virtuosismo trascendente” estuvo originalmente dedicada a Josefina Robledo (musa guitarrística por excelencia de Chavarri). El estilo de esta “obra oscura, reelaboración o respuesta del Homenaje a Debussy [de Falla]”, perteneciente sin duda a la nueva música, no debió de ser del gusto de Robledo, quien nunca dejó de ser una guitarrista romántica, la considerada sucesora de Tárrega y, como tal, proselitista hasta el integrismo de su escuela. Como consecuencia, “Rodrigo tachó con toda fuerza la dedicatoria”240. Por cierto, como era de esperar, la decepción trajo consigo una nueva versión orquestal de otra obra guitarrística rodriguiana inicialmente mal recibida: Joaquín Rodrigo no se decidió a publicar el Preludio al atardecer en su versión original para guitarra. Sin embargo, no dudó en inspirarse en el mismo para componer en 1928 el Preludio para un poema a La Alhambra, una obra para orquesta, de carácter muy personal. En este caso, el autor sí dio a conocer esta obra, que está editada y grabada por la Real Filharmonía de Galicia bajo la dirección de Antoni Ros Marbá241. Para quintaesenciar con un ejemplo el fenómeno de la multiplicidad de versiones –por no emplear innecesariamente espacio y energía citando los numerosísimos ejemplos que existen en el repertorio guitarrístico– y antes de ocuparnos de los casos que atañen directamente al catálogo guitarrístico de Chavarri tenemos que traer a colación las Quatre pièces brèves (QPB, 1933) de Frank Martin. Esta extraordinaria obra es la única compuesta para guitarra sola por un autor centroeuropeo de primer orden en el periodo de Entreguerras a pesar del notable interés que los compositores de la Segunda Escuela de Viena mostraron por la guitarra –de lo cual ya hemos tratado– y de que esta formó parte destacada de la plantilla instrumental del cabaret y del teatro musical alemán. La audacia de su lenguaje (influenciado por el sentido constructivo de Bach y también por el sistema dodecafónico de Schoenberg) fue demasiado grande para 239 Consúltese esta reseña en la web de EJR < https://www.joaquin-rodrigo.com/index.php/es/noticias- jr/571-sacamos-a-la-luz-el-preludio-al-atardecer-de-joaquin-rodrigo>. Aunque la obra sigue sin editarse y el manuscrito no puede consultarse sí es posible escuchar una grabación (muy editada, en vídeo) del guitarrista flamenco Juan Manuel Cañizares para el canal de Youtube del periódico El País. V. en [ambas páginas consultadas en junio de 2021]. 240 Comentarios de Javier Suárez–Pajares extraídos de una entrevista dedicada a la figura de Josefina Robledo realizada por la pianista y activista del feminismo musical Isabel Pérez Dobarro para su canal de Facebook. V. la entrevista completa en [consultada en junio de 2021]. 241 Texto extractado de la antedicha reseña en la web de EJR. 142 su dedicatario, Andrés Segovia, quien no se interesó en absoluto por la obra242. Este desprecio no fue sino el inicio de la tortuosa historia de la edición de esta excelente composición. A título ilustrativo y ya que una imagen vale más que mil palabras, reproducimos a continuación el cuadro de filiación de las fuentes de esta obra, realizado en 2011 para una edición crítica incluida en otro trabajo nuestro243: Stemma de las fuentes mss. de las Quatre Pièces Brèves de Frank Martin (basado en otro de Jan de Kloe244) 242 Maria Martin, esposa el compositor hizo esta narración de los hechos: «Nachdem er Segovia nun das fertige Manuskript geschickt hatte, wartere er vergeblich auf eine Reaktion. Segovia hat überhaupt nicht reagiert. Er hat nicht gedankt, nicht einmal geschreiben, daß er die Stücke becomen hat. Einige Monate spätter begegneten sich mein Mann und Segovia in Genf auf der Straße. Mein Mann fragte sich noch, wie die Begegnung wohl verlaufen würde, als Segovia ihm bereits mit einem gleichzeitgen “au revoir” die Hand reichte und weiterging. Weiter geschah nichts. Damit war Schluß. Er hat die Stücke auch nicht gespiel und weiterhin keinerlei Reaktion gezeigt. Daraushin hal mein Mann gedacht, daß Stück sei nicht zu spielen». («Después de que le enviara a Segovia el manuscrito final, esperó en vano una reacción por su parte. Segovia no reaccionó en absoluto. No le dio las gracias, ni siquiera escribió para confirmar la recepción del manuscrito. Unos meses más tarde se encontraron mi marido y Segovia por las calles de Ginebra. Mi marido, al verlo, empezó a preguntarse cómo sería el reencuentro, mientras Segovia, al mismo tiempo, simplemente le dio la mano y con un “au revoir” siguió caminando. No hubo nada más. Ahí se acabó. Tampoco tocaba las piezas y seguía sin mostrar ninguna reacción. A partir de este hecho, mi marido pensó que la pieza no se podía tocar». Trad. del autor). V. en Brill, “Ich wuchs auf in Musik” (1990), p. 27. 243 Somoza: Repertorio guitarrístico de Entreguerras (2011), p. 99. 244 V. Kloe,“I Quatre pièces brèves di Frank Martin” (1996), p. 21. 143 Repasando la cronología de todas estas fuentes (mss. e imp.) llama la atención que una obra de la categoría de las QPB, habiendo sido compuesta en 1933, no llegara a publicarse hasta 1959. En este lapso de 26 años se sucedieron numerosas vicisitudes e intervenciones de distintos guitarristas que modificaron decisiva y, en muchos casos, lamentablemente el texto que finalmente se publicó245. Pero este asunto ya lo habíamos tratado en profundidad en aquel otro trabajo; baste reseñar aquí que, tras la primera versión de su obra, Martin, con afán de dar difusión a unas piezas que tanto le gustaban pero que apenas nadie entre los guitarristas parecía querer tocar, completó en 1934 –tan solo un año después– sendas versiones para piano y –a requerimiento de su mentor, el director de orquesta Ernest Ansermet– para orquesta sinfónica. Por lo que respecta a Chavarri, son justamente sus obras para guitarra más ambiciosas –aquellas en las que puso mayor empeño e ilusión y dedicó a los guitarristas más brillantes y célebres– las que tuvieron nuevas versiones instrumentales: las dos sonatas (dedicadas a Llobet y a Robledo) y la Suite para Segovia. Chavarri y su Suite, formada por tres movimientos: Sonatina, Arietta y Bolero, tuvo por parte del guitarrista andaluz una atención ligeramente mejor o al menos un rechazo más cortés que el áspero y frío que mostró con Martin y sus QPB. Después de todo, Chavarri era un importante crítico español que, como veremos en su momento, siempre le había agasajado en sus crónicas. Pero Segovia nunca toco la Suite –ni tan siquiera alguno de sus tres movimientos por separado– y, tras largos años de olvido, en 1934 Chavarri decidió rescatar la composición para, añadiendo dos movimientos más, crear una nueva obra para orquesta sinfónica. Podemos suponer que para quitar peso a la frustración por haber sido repudiado por Segovia, Chavarri concibió esta nueva obra programática con un carácter ligero, optimista y desenfadado –más modernista en muchos aspectos que la versión original– y le otorgó el título de Suite–Divertimento246. Un dato que apoyaría nuestra conjetura sobre el disgusto y la resignación de Chavarri es la tachadura de la dedicatoria a Segovia que encabezaba el ms. autógrafo de la versión original del Bolero247. El estreno de la Suite–Divertimento en plena Guerra Civil era un final previsible para una obra que comenzó con mal pie pero que merece ser recuperada para el repertorio actual de la guitarra248. 245 Para enfrentarse a las numerosas dificultades que la edición crítica de este tipo de repertorio plantea propusimos la adaptación al repertorio guitarrístico de Entreguerras de una metodología propuesta por Pepe Rey en un artículo de emblemática musical que parte del objeto en sí e invierte el sentido habitual del procedimiento de investigación tomando el estudio de la obra en sí como punto de partida. Para la edición crítica de las dos pequeñas piezas del repertorio guitarrístico chavarriano que hemos seleccionado como ejemplos para una futura edición crítica de todo el corpus nos hemos guiado por ese criterio (v. el apartado 3.4.6, pp. 305-323). Para más información sobre esta sorprendentemente versátil metodología véase Rey, “Del Método en Musicología” (1986-87). 246 Puede consultarse toda la información existente sobre esta obra en el catálogo del cap. 3.1.4, pp. 163-165 y en el apartado 3.3.4, dedicado a las fuentes de la Suite de Chavarri. 247 Bajo la tachadura creemos poder leer el texto: “Para Andrés Segovia. Su amigo E.L. Chavarri”, aunque no podemos asegurar la exactitud de esta cita por las dificultades de lectura que presenta. 248 V. cap. 2.1.3, p. 44-45. 144 A esas alturas del siglo, al abandono de la Sonata I y de esta Suite se le había ya sumado el de la Sonata II, obra que con tanta ilusión y empeño había solicitado Josefina Robledo pero que no tuvo tiempo de difundir: tras su matrimonio, en 1929, cesó súbitamente su actividad concertística y se alejó de los escenarios –salvo en contadísimas ocasiones– el resto de su vida. Esta decisión, que privó a la escena guitarrística española de una de sus principales figuras, también condicionó la difusión de esta obra de la que era dedicataria249. Un par de décadas más tarde, en 1957, coincidiendo con la largamente esperada publicación de la Sonata II con la ed. MXE, Chavarri toma la decisión de convertirla en un cuarteto de cuerda al que titula Quartettino250. En realidad solamente transcribe los dos primeros movimientos de la obra mientras que el tercer tiempo de este nuevo cuarteto (tal vez porque la textura musical del de la Sonata II le pareció demasiado guitarrística para ser transformada en cuarteto) lo toma de otra pieza para guitarra, un Finale que había escrito para Segovia pero que tampoco tuvo la fortuna de ganar su favor251. En algún momento que no podemos precisar también se planteó la posibilidad de convertir la Sonata II en un concierto para guitarra y orquesta, pero más allá de esbozar los primeros compases orquestales de cada movimiento y escribir la parte de guitarra en la partitura la idea no llegó a materializarse252. Un año antes, en 1956, Chavarri había ya utilizado la Sonata I (abandonada por Llobet y olvidada por el resto de guitarristas) para crear un concierto para arpa y orquesta destinado a la entonces jovencísima y talentosa arpista Marisa Robles, quien lo 249 En una entrevista a Josefina Robledo, hecha por el periodista Hipólito Pío en 1960, leemos su propio relato de por qué tomó aquella trascendental decisión: —¿Cuándo se retiró como concertista profesional? —Cuando me casé. Mi marido me presentó el dilema: amor o conciertos. —Y usted eligió las cadenas. Reímos los dos e intervino el marido: —Es que yo no me avengo a ser divo consorte. Y ahora reímos los tres. —Tampoco yo he tenido apetencia de triunfos como base de mi vida –continúa ella–. Yo soy mujer de hogar. Me gusta mucho el arte, ¡ya lo creo! Gusto de él y uso de él como de una joya que no todos, aún los poderosos de la tierra, pueden poseer. V. la entrevista completa en Las Provincias: diario de Valencia, 27 de noviembre de 1960, p. 16. En el apartado de críticas periodísticas puede consultarse una copia facilitada por Isabel Guardiola Sellés, responsable del Servici d’Acció Cultural de la Hemeroteca Municipal de Valencia (V. en este trabajo, pp. 496-498). 250 Dedicado a Fernando Badía y destinado a ser interpretado con su cuarteto. Sus movimientos son: I. Andante sostenuto; II. Andante moderato e tranquilo; III. Capriccio (Finale). 251 En el Archivo Segovia de Linares se conserva un ms. autógrafo de Chavarri de esta obra con dedicatoria a Segovia. Este Finale, en su versión para guitarra, se publicó póstumamente con algunas importantes variantes en 1972 también como tercera pieza del Tríptico de Homenajes y con dedicatoria a Oscar Esplá. 252 V. en el cap. 3.1.4 (catálogo de la obra guitarrística de ELCH), pp. 170-171, todos los detalles del ms. autógrafo de este esbozo así como de unas partes de orquesta manuscritas por un copista, con el mismo título. Todos estos mss. se hallan conservados en la BV. 145 estrenaría el año siguiente253. Algo más tarde, en 1958, Chavarri contó con la colaboración de Nicanor Zabaleta para revisar la obra con vistas a su publicación, que se materializó con la UME. Felicitación navideña de Chavarri a Marisa Robles (1957)254 Todas estas secuelas (léase el término desprovisto de su acepción peyorativa), tanto las chavarrianas como las del resto de compositores del repertorio guitarrístico de Entreguerras, son desde luego obras independientes de las originales para guitarra, con sus propias características instrumentales y en ocasiones incluso estilísticas. No obstante, a pesar de que con estas versiones se multiplica la proliferación de fuentes a considerar para editar apropiadamente este repertorio, su existencia nos permite también ver ciertas ideas de los compositores que se materializan cuando se liberan de las restricciones que sienten al escribir para la arcana guitarra. Volviendo a las QPB, vale la pena consultar la versión orquestal para comprobar cómo Frank Martin detalla meticulosamente el fraseo y la articulación de cada instrumento mientras que en el ms. original toda esta información está ausente. Veamos como ejemplo el motivo inicial del Vite, segunda sección de la primera de las piezas, Prèlude: Frank Martin: QPB. Ms. original (1933), Prélude, cc. 15–16 253 V. todos los detalles de ese estreno en el cap. 3.2.5, pp. 211-215. 254 Imagen tomada de [consultada en junio de 2021]. 146 Frank Martin: Guitare pour orchestre (QPB). Ed. Urtext del ms. autógrafo (1934), Prèlude, cc. 14–15 Este es solo un ejemplo entre los muchos que podríamos mostrar pero sirve para indicar que el examen de estos casos resulta absolutamente necesario para poder completar un estudio crítico de la obra. La ausencia de arcos de frase e indicaciones de articulación no es ni de lejos privativa de los mss. de Martin; de hecho, es una deficiencia compartida por la mayoría de los mss. y ediciones guitarrísticas desde el siglo XIX; ya en el XX, esta característica se sigue encontrando incluso en las dirigidas por maestros de la talla de Segovia (por nombrar al paradigma del gremio). También puede ocurrir que surjan dudas en el texto musical de alguna obra debido a discrepancias entre los mss. autógrafos originales para guitarra (en los casos en que exista más de uno). En tales casos, la consulta de otras versiones instrumentales puede aclarar las dudas... o, en el peor de los casos, oscurecerlas aún más. Así ocurre, ya 147 desde el mismísimo inicio de la composición, con la Sonata II de Chavarri. Una variante en la alteración de la última nota del primer compás –Si o Si– se ha convertido, debido a la multiplicidad de fuentes autógrafas conservadas, en un verdadero embrollo que puede desanimar a cualquiera que se plantee hacer una nueva edición de esta extraordinaria sonata. Con la breve exposición que haremos a continuación de este aparentemente pequeño problema, el lector podrá imaginar los quebraderos de cabeza que podría provocar editar la sonata completa y el tiempo de análisis y reflexión que sería necesario: Las fuentes que incluyen ese primer compás de la Sonata II son: dos borradores escritos a dos claves (ambos de 1925); una copia en limpio escrita ya a una clave (de 1940); una edición impresa (ed. MXE, 1957); dos versiones del Quartettino para cuarteto de cuerda (también de 1957) y un borrador, esbozo del concierto para guitarra y orquesta (de fecha desconocida). Como podemos ver en el siguiente cuadro, existe incluso discrepancia entre los dos primeros borradores (escritos ambos en el mismo mes de septiembre de 1925), así como entre las dos versiones del Quartettino (firmadas con la misma fecha del 8 de enero de 1957). En la ed. de MXE aparece el Si, lo cual, según una metodología editorial canónica podría poner punto final a toda controversia puesto que se trata de una edición autorizada por Chavarri. Sin embargo aún tenemos el esbozo del concierto que presenta el Si. Afortunadamente para quien aquí escribe, en este capítulo no tratamos de dar soluciones a estos acertijos sino que planteamos posibles escenarios y controversias que sin duda aparecerán en un trabajo de edición serio. Borr. AELCH-pro-440-3 (1925) Si Borr. AELCH-pro-440-1 (1925) Si (corregido a lápiz a Si) AELCH-pro-62-1 (1940) Si Ed. imp. MXE (1957) Si AELCH-pro-63-1 (Quartettino–1957) Si AELCH-pro-63-2 (Quartettino–1957) Si Borr. AELCH-pro-29 (Concierto– ?) Si 148 ELCH: Sonata II, AELCH-pro-440-3 (1925), c.1 : ELCH: Sonata II, AELCH-pro-440-1(1925), c.1 ELCH: Sonata II, AELCH-pro-62-1 (1940), c.1 ELCH: Sonata II, ed. MXE (1957), c.1 149 Manuscrito autógrafo del Cuartettino (sic), AELCH-pro-63-1 (1957), c.1 Manuscrito autógrafo del Quartettino, AELCH-pro-63-2 (1957), c.1 150 Manuscrito autógrafo del Concierto para guitarra y orquesta (esbozo), AELCH-pro-29 (s.f.), c.1 Por otro lado, en ocasiones el compositor puede decidir aumentar la obra; y no solo en su textura y densidad, o acumulando instrumentación para incrementar el volumen sonoro, el color o la expresividad, sino añadiendo directamente compases o incluso secciones enteras. Así ocurre en esta misma introducción del primer movimiento de la Sonata II, que en su versión original tiene siete compases mientras que en el Quartettino tiene ocho. 151 3.1.4. Catálogo de la obra guitarrística de Eduardo López–Chavarri Para la redacción de este catálogo hemos consultado –presencialmente, siempre que ha sido posible, y en caso contrario encargando reproducciones digitales– todas las fuentes manuscritas e impresas disponibles de la obra guitarrística de Chavarri. La mayor parte de las manuscritas se conservan en la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu (BV), en cuya sala de investigadores hemos podido estudiarlas. No obstante, con el objeto de completar su estudio con mayor detalle hemos solicitado además copias digitales de la mayor parte de esos manuscritos autógrafos. Este fondo de manuscritos musicales, al igual que el resto de materiales del Archivo de la Familia López–Chavarri Andújar, fue adquirido en 1996 por la Generalitat Valenciana que con muy buen criterio los destinó a la BV. No fue este un proceso sencillo ya que tras la repentina muerte, en 1993, sin haber hecho testamento del hijo de Chavarri (Eduardo López–Chavarri Andújar) comenzó una larga batalla legal para decidir sobre su herencia. Según nos informó Vicente Galbis López, tanto él como Rafael Díaz Gómez –a la sazón responsables de la edición de la correspondencia de Chavarri (ahora igualmente conservada en la BV)– realizaron diversas gestiones burocráticas para que el legado musical pudiera permanecer en Valencia con titularidad pública. Una vez que apareció un heredero pudo llevarse a cabo la compra por parte de la Generalitat de todo el legado musical (partituras, correspondencia y otros documentos). Otra de las principales bibliotecas musicales de Valencia, la Biblioteca Musical Compositores Valencianos (BMCV), fue creada por el Ayuntamiento en 1962 y alberga una interesante y amplísima colección de mss. de obras de compositores locales. Belén Gisbert Aguilar, del Servici d’Acció Cultural de la Biblioteca Històrica Municipal de Valencia (que alberga a su vez la BMCV), tuvo la amabilidad de informarme de que las copias manuscritas de este fondo municipal son transcripciones de diferentes copistas que colaboraron con su creador, el padre jesuita Vicente Javier Tena Meliá255. En el caso de las obras de Chavarri, el copista fue Gregorio Castellano, de quien no tenemos ningún dato biográfico puesto que la BMCV no dispone de información ni de este personaje ni del resto de los transcriptores que ayudaron al Padre Tena en su labor recopilatoria y tampoco hemos podido localizarla en otras fuentes256. Estas copias de Castellano, aún siendo secundarias, se han revelado como de gran interés puesto que han podido resolver algunas dudas surgidas por las discrepancias textuales entre los mss. autógrafos que, en ocasiones, son varios para una sola obra. Dadas las circunstancias en que se ha desarrollado nuestra investigación, con largos periodos en los que la movilidad entre provincias se ha visto suspendida por la pandemia del 255 Para más información sobre la donación que sirvió para crear este fondo de manuscritos v. la siguiente página web: [consultada en julio de 2021]. 256 El catálogo completo de la BMCV puede consultarse en línea en [consultado en junio de 2021]. https://www.valencia.es/val/biblioteca-historica-municipal/biblioteca-musical 152 COVID 19, volvemos a agradecer la gentileza de la Sra. Gisbert por facilitarnos de forma diligente y gratuita tantas copias digitales del fondo de mss. de Chavarri como le solicitamos. Además de en estas dos principales bibliotecas hemos localizado también algunas fuentes manuscritas, pocas pero de mucha importancia, en otros archivos dentro de nuestras fronteras. En la Casa Museo Andrés Segovia de Linares se conserva el Archivo Segovia con una gran cantidad de instrumentos que pertenecieron al Maestro así como manuscritos, correspondencia y otros muchos documentos. De entre todos ellos nos interesaron dos mss. autógrafos de Chavarri que aparecieron catalogados por Luigi Attademo en la revista Roseta y que hemos incluido en nuestro catálogo de la obra guitarrística de Chavarri. Leopoldo Neri, quien se encuentra en estos momentos colaborando con la institución en diversos e interesantes proyectos, tuvo la amabilidad de informarme de que Mª José Tirado, actual profesora de guitarra del Conservatorio Profesional de Linares, comenzó en 2019 una nueva catalogación de los manuscritos musicales debido a que la de Attademo para Roseta parece ser incompleta. Este mismo año, Neri y Tirado reemprendieron juntos la tarea de realizar la catalogación definitiva y por tanto no se puede descartar que aparezca alguna otra fuente relacionada con Chavarri en el transcurso de su trabajo. En 1988 o 1989 Fernando Alonso y Carles Trepat, en una visita a la casa de María Mata, Sra. de Lemonier (que fue amiga de Miguelina, la hija de Miguel Llobet) descubrieron casualmente el fondo documental de Llobet, una destacadísima colección de mss, cartas, programas de conciertos y otros objetos y documentos personales de Llobet que tras diversas gestiones pasó a ser propiedad del Sr. Alonso, gran admirador del gran guitarrista barcelonés257. Posteriormente el archivo de Llobet, con todos sus manuscritos y documentos, pasó a formar parte de los fondos del Museu de la Música de Barcelona; desde hace unos años puede consultarse su catálogo y descargarse buena parte de sus contenidos desde la página web del museo258. Allí hemos podido conseguir algunas cartas y manuscritos musicales que resultaron fundamentales para la adecuada culminación de nuestro trabajo. Los textos que en este catálogo aparecen entre corchetes [ ] son editoriales y, por tanto, no figuran en las fuentes originales. 257 Datos tomados de una entrevista realizada por Frederico Herrmann al propio Fernando Alonso Mercader, citado como biógrafo de Miguel Llobet –aunque no hemos encontrado ninguna biografía de Llobet publicada por él–, en la Casa Sors de Barcelona el día 25/04/2017. V. en línea: ˂https://www.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=Hk9birAdTec&app=desktop˃ [consultado en agosto de 2020]. 258 Los Fons Miquel Llobet contienen “2566 documents dels quals destaquen: 717 partitures (de les quals 317 manuscrits), 178 fotografies (majoritàriament positius en b/n), 516 cartes i postals, 566 programes de concert i 464 articles, revistes i retalls de premsa”. ˂https://arxiu.museumusica.bcn.cat/fons–miquel–llobet˃ [consultado en agosto de 2020]. https://www.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=Hk9birAdTec&app=desktop https://arxiu.museumusica.bcn.cat/fons-miquel-llobet 153 Bibliotecas y archivos que conservan fuentes guitarrísticas de ELCH: Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu Monestir Sant Miquel dels Reis, Avinguda de la Constitució, 284, 46019 Valencia, España Sigla RISM: E–VAbv Biblioteca Musical Compositores Valencianos Pl. Maguncia, 1, 46018 València, España Sigla RISM: E–VAbmc Museu de la Música – Museo de Instruments Musicals c/ Lepant, 150, 08013 Barcelona, España Sigla RISM: E–Bmi Fundación Centro de Documentación Musical. Casa Museo Andrés Segovia c/ Cánovas del Castillo, 59, 23700 Linares, España Sigla RISM: E–LINas 154 I. SONATA [I] PARA GUITARRA Valencia, 1922–23 (Inédita). Obra dedicada a Miguel Llobet259. Consta de tres movimientos: I. Allegro maestoso; II. Andante; III. Finale: Allegro animato. Inédita. Posteriormente, en 1956, el autor la utilizó como base para escribir su Concierto para arpa y orquesta de arcos. FUENTES MANUSCRITAS: En la Biblioteca Valenciana se conservan tres borradores autógrafos de la primera sonata para guitarra que han sido catalogados con los números 120–1, 120–2 y 120–3. En ninguno de ellos aparece el título y este se ha tomado de distintas anotaciones en los cuadernos. La autoría y firma del compositor así como la fecha (1922) sólo está presente en el 120–3. Las abundantes anotaciones y referencias a la orquestación de los tres borradores tal vez podrían indicar que fueron revisados por Miguel Llobet en alguna de sus visitas a Valencia y utilizados con posterioridad como material de trabajo para la creación del Concierto para arpa y orquesta de arcos. 1. [Sonata I para guitarra. Borrador 1] E–VAbv: 659855 AELCH/pro 120–1 Contiene: III (sic) Allegro maestoso–Allegro; [II] Andante; III. Finale: Allegro animato. Borrador autógrafo completo a tinta, formato apaisado. 12 pp. La introducción (24 compases) está escrita a una clave y el resto del ms., a dos. Contiene numerosas anotaciones y enmiendas a lápiz y con colores. Muchas de ellas se refieren a la orquestación del Concierto para arpa (futura reelaboración de esta Sonata). – El número romano del primer movimiento está equivocado ya que en lugar de un I figura un III (con bolígrafo, en tinta azul y con una letra distinta a la de Chavarri). En el principio de la primera página hay una dedicatoria a lápiz “A Llobet” y otra anotación que reza “dedicada a Llobet”. Tras la introducción la indicación de tempo es Allegro. – En la primera página del segundo movimiento hay una anotación en letras de gran tamaño y en rojo “Boceto / Sonata para guitarra / usé luego Concierto arpa”. – Está en Si Mayor–menor (en lugar de en La Mayor–menor del resto de fuentes). En la primera página del tercer movimiento hay una anotación en letras de gran tamaño y en azul “Esto se resolvió en Concierto de Arpa”. Sobre la introducción también se lee “no sirve” en azul. Tras la introducción (de 12 compases) del tercer movimiento hay una anotación a lápiz sugiriendo un cambio en el motivo que enlaza con el Vivace, acompañado de un texto “mejor así? en octava alta?”. 259 En una carta con fecha del 23 de febrero de 1923, Llobet da cuenta de haber recibido ya la Sonata (v. el apartado 3.2.2 de este trabajo, p. 194). 155 2. [Sonata I para guitarra. Borrador 2] E–VAbv: 659856 AELCH/pro 120–2 Contiene: I. Obertura (Allegro maestoso–Allegro); II. Andante; III. Finale: Allegro animato. Borrador autógrafo completo a tinta, formato apaisado. 12 pp. La introducción del primer movimiento (24 compases) está escrita a una clave y el resto del ms., a dos. Contiene numerosas anotaciones, adendas y enmiendas a lápiz y también en color rojo. Muchas de ellas se refieren a la orquestación del concierto para arpa. – Tras la introducción la indicación de tempo es Allegro. Hay algunos compases tachados, unos a tinta y otros a lápiz. – El segundo movimiento tiene numerosas anotaciones a lápiz relativas a la orquestación: “A 6 compases y sobran 3”, “Orquesta con sordina”,”8ª alta el canto”. “Arpa sola”, etc. También hay apuntes de orquestación de diversas partes de violín y viola. – En el tercer movimiento, tras la introducción (de 12 compases) encontramos la misma anotación a lápiz que en el manuscrito 1 sugiriendo un cambio en el motivo que enlaza con el Vivace y acompañado del mismo texto “mejor así? en octava alta?”260. Incluye anotaciones (a lápiz y en rojo) relacionadas con posibles cambios en la orquestación, el ritmo y las alteraciones. 3. [Sonata I para guitarra. Borrador 3] E–VAbv: 659883 AELCH/pro 120–3 Contiene: I. Allegro maestoso – Allegro giusto; II Andante; III. Finale: Allegro animato. Borrador autógrafo incompleto a tinta fechado en 1922, formato vertical. 10 pp. (le faltan las pp. 7–8). Escrito íntegramente a dos claves. Tiene compases tachados y numerosas anotaciones, adendas y enmiendas a lápiz y también en color rojo. Muchas de ellas se refieren a la orquestación del concierto para arpa. En la p. 9 hay una anotación en rojo “falta la hoja 7 y 8”. – En el encabezamiento se lee la anotación autógrafa “Para Llobet”. Tras la introducción la indicación de tempo es Allegro giusto. Incluye varios compases tachados a tinta y diversas anotaciones musicales a lápiz y en rojo. Las páginas 3 y 4 están tachadas de arriba a abajo en rojo. – Al segundo movimiento le faltan dos páginas completas (pp. 7 y 8). Lo que se conserva tiene diversas anotaciones a lápiz: “Un tono alto”, junto a dos compases 260 Este cambio motívico lo incluyó definitivamente en el manuscrito I. 3 y está igualmente presente en el manuscrito I. 5 (el que Chavarri envió a Llobet para su revisión) pero no aparece modificado en la edición impresa (contrafactum) póstuma publicada con el título de “A Luys Milán” como primer tiempo del Tríptico de Homenajes (véase VI. 10 de este catálogo). 156 tachados a tinta “Ojo, en vez de estos A y B en la reprise”. También hay algunos apuntes musicales. – En el encabezamiento del tercer movimiento, a lápiz “III. 134 comp”. Incluye algunas anotaciones a lápiz y también en rojo con sugerencias de cambios en el texto musical, tempo y agógica. En particular, al final de la introducción (de 12 compases) anota “¿o mejor?” refiriéndose al motivo rítmico que enlaza con el Vivace, citado anteriormente. Está cambiado ya pero mantiene la duda. También mantiene la anotación “desde aquí mejor en 8ª alta?”. Al final del movimiento, una escala cromática tiene la anotación “No esto cromati[s] para arpa. Abajo #” y en la parte inferior de la página, efectivamente, junto a otro signo #, el autor anota una solución para arpa de ese pasaje “en vez de la cromática”261. El compás final tiene una anotación autógrafa a tinta “Terminado red. arpa y orquesta” así como la firma “E. L Chavarri. MCMXXII Valencia”. 4. Allegro E–VAbv: 653724 AELCH/pro 121 Contiene: [I.] Allegro [giusto]. 6 pp., formato vertical. Se trata de la partitura manuscrita no autógrafa del primer tiempo de la Sonata [I] para guitarra (sin los 24 compases de la introducción). Catalogada en la BV como “copia anónima, Valencia, ca. 1930” si bien la ficha del Cat. BV no aclara en qué se basa para esta datación. La comparación que hemos hecho con la grafía de otros manuscritos revela que el manuscrito es obra de Josefina Robledo262. La datación nos parece improbable263. Existen algunas variantes respecto a los borradores autógrafos 1, 2 y 3. No consta en este manuscrito tampoco información alguna sobre el título y al autor. En la parte central hay ocho compases tachados, falta la repetición de otros dos compases y la escritura de algunos pasajes está simplificada. La cadencia final está menos desarrollada y se asemeja más a la del borrador 1 que a la forma más redondeada de la obra, la del manuscrito 5, que veremos a continuación, el cual fue enviado como versión “en boceto” a su dedicatario, Miguel Llobet, en febrero de 1923. 5. Sonata [I] (en boceto) para guitarra / (Boceto en piano) E–Bmi (Arxiu del Museu de la Música de Barcelona. Fons Miquel Llobet. Col· lecció Fernando Alonso): ES AMDMB 4–469–7–1–FA208 Contiene: I. Allegro maestoso – Allegro giusto; II. Andante; III. Finale: Allegro animato. 261 Este signo no es un sostenido sino una marca para referirse a la solución del pasaje para el Concierto de arpa, que escribe a pie de página. 262 La caligrafía de los textos y la notación musical es idéntica, por ejemplo, a la del manuscrito autógrafo de Josefina Robledo de la Romanza sin palabras nº 12 de Felix Mendelssohn (agradecemos la ayuda de Julio Gimeno por facilitarnos este ms. vía email el 19/04/2020). 263Josefina Robledo abandonó súbita y definitivamente su actividad concertística en 1929, tras contraer matrimonio (V. el capítulo 3.5.5 de este trabajo, pp. 349-352). 157 Partitura manuscrita autógrafa, registrada en el Arxiu como definitiva, de la “Sonata (en boceto)” de Eduardo López–Chavarri, con la dedicatoria autógrafa “Al gran Llobet”. Valencia (s.f.), 6 pp., formato vertical, 22,5 x 31,5 cm. Este manuscrito fue descubierto en 1988 o 1989 por Fernando Alonso y Carles Trepat en una visita a la casa de María Mata, Sra. de Lemonier. Si bien en el catálogo en línea del Museu aparece datado en 1910264, la fecha real del manuscrito no puede ser muy anterior al 23 de febrero de 1923, por lo anteriormente expuesto y por cierta correspondencia de Llobet dirigida a Manuel de Falla en la que se habla de la obra265. López–Chavarri escribe siempre un pentagrama vacío en cada sistema para la adaptación para guitarra (presuntamente destinado al trabajo de adaptación de Llobet). Al inicio del manuscrito leemos “guitarra” en el encabezamiento de ese pentagrama con una clave de Sol266. Hay algunos compases tachados a tinta. Incluye algunas anotaciones a lápiz y también en rojo como letras mayúsculas marcando las secciones, además de otras indicaciones. Es el manuscrito más completo y limpio de todos los autógrafos conservados. – Al principio del primer movimiento aparece la siguiente anotación adicional de Llobet, a lápiz, bajo la indicación de tempo de la introducción (Allegro maestoso): “Enérgico”. En la parte superior de la tercera página, en rojo “8as?”sobre una línea melódica, y hay también un ossia, a lápiz, en otra línea melódica en la parte inferior. En la cuarta página está añadido un “cresc.” antes del cambio de armadura (a tres sostenidos) y, seis compases después, otro “o así / esto acaso sea mejor”. Los dos ossia del movimiento parecen manuscritos de López–Chavarri. Hay también un “f -------” en los últimos siete compases del movimiento. – En el encabezamiento del segundo movimiento leemos “ojo: un tono alto” en rojo. Probablemente se trata de una sugerencia de Llobet para transportar el movimiento de Do mayor a Re mayor267. Leemos otras anotaciones adicionales de Llobet: “Andante Lento” en el 5º compás; en la segunda página del movimiento: en el 4º compás, leemos “pesado” y en el 9º compás, “dim”. 264 V. en ˂https://arxiu.museumusica.bcn.cat/sonata–en–boceto˃ [consultado en agosto de 2020]. 265 V. cap. 3.2.2, p. 195. 266 Tal y como afirma Carles Trepat (que reestrenó la obra ya en el siglo XXI), «a pesar de esta aparente falta de confianza en la adecuación de su escritura a la guitarra, la adaptación no presenta mayores dificultades que, por poner algún ejemplo, la música para guitarra de Turina o Castelnuovo– Tedesco». Léase el texto completo en ˂https://www.youtube.com/watch?v=j_pOSqjHEa4˃ [consultado en mayo de 2020]. 267 Aunque el ms.3 incluye la misma anotación, creemos que esta fue escrita con posterioridad (como el resto de anotaciones a lápiz de los borradores), durante el trabajo destinado a la composición del Concierto para arpa y orquesta de cuerdas. Carles Trepat opina lo siguiente: «Efectivamente, este hermoso tiempo resulta mucho más adecuado a la guitarra en Re mayor y así puede escucharse en esta grabación», ibidem. La grabación se realizó en la Capella de l’Esperança, Barcelona, 2008. https://arxiu.museumusica.bcn.cat/sonata-en-boceto https://www.youtube.com/watch?v=j_pOSqjHEa4 158 – En el tercer movimiento, en el compas 12º desde el final, Llobet anota “sempre p”. También añade un compás de silencio (que será el 8º desde el final) y en el siguiente corrige con un becuadro el fa agudo en armónico (que con la armadura de La mayor sería en caso contrario fa). 6. Tríptico de Homenajes / I E–VAbv: AELCH/pro 77–1 Contrafactum del 3er movimiento de la Sonata I. Véase en VI. 5 7. Tríptico de Homenajes / I E–VAbv: AELCH/pro 77–2 Contrafactum del 3er movimiento de la Sonata I. Véase en VI. 6 FUENTES IMPRESAS: 8. Preludios a Valencia: III Danza del sur. “A Andrés Segovia” Contrafactum del 1er movimiento de la Sonata I. Véase en VII (Preludios a Valencia, UME, 1971, EP). 9. Tríptico de homenajes a los compositores valencianos: I. “A Luys Milan” Contrafactum del 3er movimiento de la Sonata I. Véase en VI. 10 (Tríptico de homenajes a los compositores valencianos, UME, 1972, EP). OTRAS OBRAS EN LAS QUE FIGURA MATERIAL DE ESTA SONATA: Existen varias fuentes mss. de la adaptación realizada por Chavarri de la Sonata [I] para convertirla en el Concierto para arpa y orquesta de cuerda: 10. Concierto para arpa y orquesta de arco E–VAbv: AELCH/pro 441–1 TG Contiene: I. Allegro maestoso; II. Andante tranquilo; III. Finale. Allegro animato. 1956. 1 partitura, 6 pp., 28 x 38 cm., formato apaisado. Borrador autógrafo de la partitura de este concierto. Está repleto de tachaduras y anotaciones marginales, a lápiz y en rojo y azul. Presenta diversas variantes respecto a la partitura definitiva (13.AELCH/pro 28–1). En el final leemos la fecha “MCMLVI”. 11. Andante tranquillo E–VAbv: AELCH/pro 441–2 Contiene: Andante tranquilo (fragmento, 2 pp.), formato vertical. Fragmento de borrador autógrafo de la partitura orquestal del Concierto para arpa. Contiene los primeros cincuenta y siete compases del “Andante tranquilo”, segundo tiempo del concierto. 159 12. Concierto para arpa y orquesta de arcos (a Nicanor Zabaleta). E–VAbv: AELCH/pro 28–1 Partitura E–VAbv: AELCH/pro 28–2 Parte de contrabajo E–VAbv: AELCH/pro 28–3 Parte de contrabajo E–VAbv: AELCH/pro 28–4 Fragmento Contienen: I. Allegro maestoso; II. Andante moderato e tranquillo; III. Allegro giusto. Valencia, 1958, mayo 4. 1 partitura (40 pp.); 32 cm + 2 partes + [2] h. Según consta en la portada, esta copia autógrafa se realizó con motivo de la estancia en Valencia del arpista Nicanor Zabaleta: “Ejemplar copiado en homenaje al prodigioso arpista Nicanor Zabaleta, esperando le sea grata su estancia en Valencia. Eduardo L. Chavarri. Valencia 4 Mayo MCMLVIII)”. Se trata de la partitura orquestal y de dos ejemplares de la parte de contrabajo, todos autógrafos. Acompañan a estos ejemplares dos hojas unidas mediante cinta adhesiva de color marrón. La primera hoja incluye la portada de esta obra y en la segunda hoja, p. 13 del borrador del que se ha extraído, aparece un fragmento con los siete compases siguientes a la letra de ensayo “L” de esta obra. En una de las partes de contrabajo figura la firma de la arpista Marisa Robles. Tanto esta parte como la partitura llevan el cuño de la biblioteca personal de Eduardo López– Chavarri y firma del autor estampada en sello. Todos los ejemplares contienen anotaciones, indicaciones de arcos a lápiz, fragmentos eliminados mediante tachaduras y raspado en el papel. 13. Concierto para arpa y orquesta de cuerda [copia de M. Fluixà] E–VAbv: AELCH/pro 224–1 hasta 224–9 Contiene: partes de violín I (5), violín II (5), viola (3), violonchelo (2) y contrabajo (2). Partes “definitivas”, según el Cat. BV, copiadas todas ellas por M. Fluixà. Firmadas por el copista en la última página de cada parte. 14. Concierto para arpa y orquesta de cuerda [copia de M. Mena] E–VAbv: AELCH/pro 444–1 hasta 444–9 Contiene: 5 partes (5 ejemplares mss., 9 ejemplares en fotocopia); 37 cm. [ca. 1957]. Partes mss. de violín I, violín II, viola, violonchelo y contrabajo copiadas por M. Mena. Contienen fragmentos eliminados, unas veces con tachaduras y otras con superposición de papel encolado. 15. Concierto para arpa y orquesta de cuerda. (Rev. de N. Zabaleta) E–VAbv: AELCH/pro 549–1 Partitura Contiene: I. Allegro maestoso; II. Andante moderato e tranquillo; III. Finale. Allegro animato. 1 partitura (36 pp.); 36 cm. Dedicado en el encabezamiento “a Marisa Robles. Revisado por Nicanor Zabaleta”. Si bien el Cat. BV lo data en torno a 1950, tomando en consideración la datación manuscrita de 10., así como la dedicatoria de 12., tenemos que datarlo con posterioridad al 4 de mayo de 1958. Nótese el cambio en la indicación de tempo del tercer 160 movimiento (la misma que en la Sonata para guitarra y que el borrador I.10.) respecto a otras de las fuentes mss. del concierto. E–VAbv: AELCH/pro 549–2 Parte del Arpa solista Contiene: Parte de arpa: I. Allegro maestoso; II. Andante moderato e tranquillo; III. Finale. Allegro giusto. 1 partitura (36 pp.); 36 cm. [s.l.]. (24 p.); 34 cm. Dedicado en el encabezamiento “a Marisa Robles. Revisado por Nicanor Zabaleta”. Por el mismo motivo ha de ser posterior al 4 de mayo de 1958. Este manuscrito fue editado en facsímil por Unión Musical Española bajo el título de “Concierto para arpa y orquesta de arcos”. En el primer compás de la edición facsímil hay una anotación añadida: “Para facilitar la ejecución algunas notas están escritas en sus armónicos”. 161 II. SUITE Valencia 1923–1924 (Inédita). Obra dedicada a Andrés Segovia. Consta de tres movimientos: I– Sonatina, II– Arietta, III– Bolero. Posteriormente, en 1934, Chavarri crea una obra para orquesta que pasó a llamarse Suite–Divertimento para orquesta, obra en cinco tiempos. El primer tiempo de la Suite se corresponde con el primero de la Suite–Divertimento, el segundo pasa a ser el tercero de la Suite–Divertimento y a titularse “Romanza” en lugar de “Arietta”, el tercer tiempo (“Bolero”) pasa a ser el cuarto y Chavarri añadirá aún dos tiempos al conjunto de la obra, que ocuparán el segundo y el quinto lugar titulados “Scherzo” y “Fox–trot del contrapuntista rural”. FUENTES MANUSCRITAS: El Cat. BV cita seis borradores de la obra, “escritos en diferentes momentos y en los que se puede observar el proceso creativo”: 1. Suite (en boceto) para guitarra. E–VAbv: AELCH/pro 23–1. Contiene: I– Sonatina; 2 pp. + 2 hojas de apuntes 22 x 32 cm. Formato apaisado. Manuscrito autógrafo a tinta. En el encabezamiento de la Sonatina leemos la anotación autógrafa “Suite (en boceto) para guitarra. A Andrés Segovia – [Dic] 1923– Enero 1924 / I– Sonatina”. Escrito a dos claves, antes de ellas se indica “Piano–Guitarra”. Letras de ensayo escritas en rojo. Incluye algunas enmiendas y tachaduras. Las 2 hojas de apuntes no se corresponden con el texto musical de ninguno de los movimientos de la Suite aunque comparten motivos rítmicos y melódicos con el Bolero. 2. Suite por E. L. Chavarri (Boceto para guitarra). E–VAbv: AELCH/pro 23–2. Contiene: I– Sonatina, II– Arietta (incompleta); 3 + 1 pp. 22 x 32 cm. Formato apaisado. Manuscrito autógrafo a tinta. En el encabezamiento leemos la anotación autógrafa “Suite por E. L. Chavarri (Boceto para guitarra)/ I– Sonatina”. A continuación hay una anotación a lápiz de gran tamaño que reza “Hízose luego para Orquesta sinfónica con el nombre de Divertimento”. Escrito a dos claves, antes de las cuales se indica “Piano”. Salvo algunos compases tachados, el manuscrito es en limpio y está libre de enmiendas y anotaciones posteriores (tanto el de la Sonatina como la página de la Arietta que se conserva). 3. Suite. E–VAbv: AELCH/pro 23–3. Contiene: [I– Sonatina]; 3 pp. 22 x 32 cm. Formato vertical. 162 Partitura manuscrita a tinta. La comparación con la grafía de otros manuscritos revela que está escrito por Josefina Robledo. En el encabezamiento leemos “Suite” aunque el ms. solamente contiene el primer movimiento. Escrito a una sola clave (de Sol) para guitarra, tempo “Moderato–Allegro”, en limpio (tan solo incluye algunos compases tachados). 4. II. Arietta. Borrador 4 E–VAbv: AELCH/pro 23–4. Contiene: II– Arietta (incompleta); 2 pp. 22 x 32 cm. Formato vertical. Manuscrito autógrafo a tinta. En el encabezamiento leemos “Arietta” con bolígrafo, en tinta azul y con una letra distinta a la de Chavarri. Comienza en Sol Mayor268 en oposición al resto de fuentes conservadas del movimiento que inician en Sol Mayor. Incluye diferentes anotaciones a lápiz y en color rojo. En la parte superior de la segunda página hay un fragmento tachado de otra obra (Serranilla) dedicada a Carmen Andújar. Faltan los 16 últimos compases del movimiento. 5. II. Arietta. E–VAbv: AELCH/pro 23–5. Contiene: II– Arietta; 2 pp. 22 x 32 cm. Formato vertical. Manuscrito autógrafo a tinta. En el encabezamiento leemos la anotación autógrafa “II /Arietta” y una anotación a lápiz, posterior, que reza “Pasó a la Suite para Orquesta”. Comienza en Sol Mayor. Manuscrito en limpio completo del movimiento que no obstante incluye algunas tachaduras y añadidos. Al final de la pieza leemos “Feb 1924”. 6. III y Final / Bolero. E–VAbv: AELCH/pro 23–6. Contiene: III– Bolero; 4 pp. 22 x 32 cm. Formato vertical. Manuscrito autógrafo a tinta. En el encabezamiento leemos la anotación autógrafa “III y Final / Bolero”. A continuación hay una anotación grande, tachada a tinta, que parece ser una dedicatoria269. Escrito a dos claves, antes de ellas se indica “Piano”. Manuscrito en limpio que incluye no obstante algunas tachaduras, añadidos y enmiendas a tinta y a lápiz. 7. I / Sonatina E–LINas: sin número de catalogación. Contiene: I – Sonatina. Valencia, 1924; 4 pp. /316 x 226 mm. Formato vertical. Manuscrito autógrafo a tinta. Escrito a dos claves, en el encabezamiento leemos “Al admirado Segovia / Boceto de Suite, para guitarra, por Eduardo L. Chavarri / Valencia MCMXXIV”. A continuación hay otra anotación con letras mayúsculas que reza 268 Curiosamente, el pentagrama se encabeza con una armadura de cinco bemoles y, por tanto, cada vez que aparece el do bemol, está indicado con una alteración adicional. En la versión orquestal (Romanza) la armadura es correcta, con seis bemoles. 269 Bajo la tachadura creemos poder leer el texto: “Para Andrés Segovia. Su amigo E.L. Chavarri”, aunque no podemos asegurar la exactitud de esta cita por las dificultades de lectura que presenta. 163 “MANUSCRITO DEL COMPOSITOR”. Todas las páginas tienen la firma y el sello (nada discreto, ni por tamaño ni por diseño) de Emilia Segovia270. Incluye letras mayúsculas de ensayo originales dividiendo las secciones (encerradas en un círculo rojo). Escrito a dos claves, precedidas por la anotación “Piano”. Es un ms. en limpio que incluye no obstante algunos compases tachados. En la última página se puede leer, en el margen derecho, la anotación a lápiz “Siguen Arietta y Bolero”271. OTRAS OBRAS EN LAS QUE FIGURA MATERIAL DE LA SUITE: 8. Suite (Divertimento) para orquesta. E–VAbv: AELCH/pro 5–54 (partitura), AELCH/pro 5–1 a 5–53 (partes). Contiene: I. Sonatina; II. Scherzo; III. Romanza; IV. Bolero; V. “Fox Trot” del contrapuntista rural. Valencia, 1934. 1 partitura (98 pp.; 33, 32 cm) + 30 partes (53 ejemplares): Violín I (8); Violín II (7); Viola (5); Violoncello (5); Contrabajo (4); Arpa; Flauta I, flauta II y Flautín; Oboe I, II; Clarinete en la y si bemol I, II; Fagot I, II; Trompa I, II, III, IV; Trompeta en fa I, II; Trombón I, II, III; Tuba; Timbales; Caja; Triangulo; Platos; Bombo y platos. Formato vertical. Se trata del borrador de esta obra (partitura y partes de orquesta). Muchas secciones han sido eliminadas con tachaduras. El título aparece en el encabezamiento de la partitura (AELCH/pro 5–54) y existen variantes en el título del quinto movimiento en las distintas partes. Todos los ejemplares con cuño de la biblioteca personal de Eduardo López–Chavarri. La portada de la partitura incluye notas para el programa (reproducidas a continuación) e incluye las duraciones de cada movimiento. Respectivamente 7, 3, 5, 3’ 30 y 6 minutos; “Total (sin inter–números: 24 m. 30 seg.) (hasta 26)”. Notas para el programa: La presente “Suite” como los “divertimenti” de otros tiempos tiene sentido humorístico, tanto en la idea como en la forma. I. Sonatina. Una grave introducción inicia este tiempo, en el que se parodia la forma de las composiciones escolásticas, combinada con jiros [sic] populares. II. Scherzo. Tiempo animado en donde el tema va jugando por las diferentes regiones de la Orquesta. Luego surge una melodía en estilo popular de dulzaina valenciana, que forma contraste con el siguiente periodo sentimental y reaparece el animado tiempo Iº; diríase unas gentiles huertanas que se ríen de un romántico poeta. 270 Esta circunstancia es, lamentablemente, compartida por buena parte de los manuscritos conservados en este Archivo “Andrés Segovia” de Linares. 271 Esta anotación parecería sugerir que los dos movimientos restantes se conservaran igualmente en el mismo archivo de Linares (E–LINas). De hecho, en dos cartas dirigidas a Chavarri, Segovia da acuse de haber recibido tanto la Arietta como el Bolero (V. cap. 3.3.3, pp. 232-235). Luigi Attademo publicó el catálogo de este archivo en Roseta, 1 (octubre, 2008), pp. 70–100. En él aparecen únicamente dos fuentes de Chavarri (la Sonatina y un Finale del cual daremos cuenta en este mismo catálogo y, aún con mayor detalle, en el apartado 3.6.2 del presente trabajo). 164 III. Romanza. Momento de íntima emoción interrumpido por una frase de inquietud que parece turbada [sic] la suavidad de la añoranza; pero el ánimo se apacigua, y renace la visión del ensueño. IV. Bolero. Cuadro “realista”: los bailadores y tañedores populares desorientan al grave maestro que en vano pretende seguirles en sus alegres ritmos. V. Fox–trot del contrapuntista rural: El maestro pueblerino quiere mostrar que también sabe escribir un “fox–trot” americano; pero se le enredan los contrapuntos y no está seguro de si ha compuesto un “fox–trot” o una fuga. Concluye la obra con una alusión a los temas oídos anteriormente reunidos ahora en vigoroso final. En el final, firma autógrafa y fecha “Fine / Valencia / Sep. MCMXXXIV /Ed. L. Chavarri” 9. Divertimento para orquesta. E–VAbv: AELCH/pro 4–1 a 4–54. Contiene: I. Sonatina; II. Scherzo; III. Romanza; IV. Bolero; V. El “Fox Trot” del contrapuntista rural. 30 partes; 37, 33 cm. Partes de violín I (8); violín II (8); viola (5); violonchelo (5); contrabajo (4); arpa I y II (2); flauta I, flauta II y flautín; oboe I, II; Fagot I, II; clarinete en la y si bemol I, II; trompa I, II, III, IV; trompeta en fa I, II; trombón I, II, III; tuba; caja; triángulo; platos y bombo; timbales. Formato vertical. Partes mss. autógrafas (no se conserva partitura de esta fuente). Aparecen en el Cat. BV como “versión definitiva” del Divertimento para orquesta, si bien el título de la obra que aparece en la cubierta de muchas partes es el de “Suite (Divertimento)”. Existen variantes en el título del quinto movimiento en las partes. Todos los ejemplares con cuño de la biblioteca personal de Eduardo López–Chavarri y con firma estampada en sello. 10. Suite / Divertimento. E–VAbmc: M/393 (136)272. Contiene: I. Sonatina; II. Scherzo; III. Romanza; IV. Bolero; V. “Fox Trot” (del contrapuntista rural). 179 pp., formato vertical. Copia manuscrita en limpio de Gregorio Castellano. La portada de la partitura incluye las duraciones de cada movimiento, 7, 3, 5, 3’ 30 y 6 minutos respectivamente. Hay unas notas para el programa de esta obra que coinciden casi exactamente con las de 8. AELCH/pro 5–54: La presente “Suite” como los “divertimenti” de otros tiempos tiene sentido humorístico, tanto en la idea como en la forma. I. Sonatina. Una grave introducción inicia este tiempo, en el que se parodia la forma de las composiciones escolásticas, combinada con jiros [sic] populares. 272 En el Cat. BMCV aparece citado como M/393 (135). Hemos adoptado la numeración que aparece en el ms. 165 II. Scherzo. Tiempo animado en donde el tema va jugando por las diferentes regiones de la Orquesta. Luego surge una melodía en estilo popular de dulzaina valenciana, que forma contraste con el siguiente periodo sentimental y reaparece el animado tiempo Iº; diríase unas gentiles huertanas que se ríen de un romántico poeta. III. Romanza. Momento de íntima emoción interrumpido por una frase de inquietud que parece turbada [sic] la suavidad de la añoranza; pero el ánimo se apacigua, y renace la visión del ensueño. IV. Bolero. Cuadro “realista”: los bailadores y tañedores populares desorientan al grave maestro que en vano pretende seguirles en sus alegres ritmos. V. Fox–trot: El maestro pueblerino quiere mostrar que también sabe escribir un fox–trot americano; pero se le enredan los contrapuntos y no está seguro de si ha compuesto un “fox–trot” o una fuga. Concluye la obra con una alusión a los temas oídos anteriormente reunidos ahora en vigoroso final. 166 III. SIETE PIEZAS PARA GUITARRA ¿Valencia?, 1925. Obra dedicada a Rafael Balaguer273. Consta de las siguientes piezas: I. Danza lenta; II. Ritmo popular; III. Fiesta lejana en un jardín; IV. Nocturno (Jardín de Granada); V. La mirada de Carmen; VI. Lamento; VII. Gitana. Publicada por Ed. Schott’s Söhne, con copyright de 1926. FUENTES MANUSCRITAS: 1. I. Danza lenta E–VAbv: AELCH/pro 264–1 Contiene: I. Danza Lenta. Ms. autógrafo a tinta escrito a dos claves. 2 pp., formato apaisado. Leemos en el encabezamiento “Piano” (refiriéndose a la instrumentación). Indicación de tempo “Allegretto moderato”. Junto al título, una anotación de otra mano en azul: “(Schott)”. Ms. autógrafo de la primera de las Siete piezas para guitarra. En el Cat. BV se registra como “definitiva”; incluye no obstante algunas correcciones, tachaduras y comentarios: (compás 18) “Nota: si es posible, la voz superior 8ª alta durante 7 compases” y, más adelante, “Nota: ver si es fácil el canto en 8ª alta y en ese caso ponerlo”, “(si hubo 8ª, desde aquí ya en el sitio escrito)”. Firmado “E.L. Ch. MCMXXV”274. 2. III. Fiesta lejana en un jardín E–VAbv: AELCH/pro 264–2 Contiene: III. Fiesta lejana en un jardín. Ms. autógrafo a tinta escrito a dos claves. 2 pp., formato apaisado. “Allegretto mosso”. El título está añadido con posterioridad, en color rojo. Junto al título, una anotación de otra mano en azul: “(Schott)”. Ms. autógrafo de la tercera de las 7 piezas para guitarra. En el Cat. BV registrada como “definitiva” aunque contiene algunos compases tachados. Firmado “E. L. Ch. MCMXXV”275. No hemos podido localizar otros manuscritos de esta obra en ninguna biblioteca o archivo. Las consultas y búsquedas realizadas a nuestro requerimiento por los responsables de los archivos personales de Rafael Balaguer han resultado igualmente infructuosas276. El Cat. BMCV incluye, con la signatura M/382 (12), las Siete piezas para guitarra. Sin embargo, al contrario que en otras entradas de obras de Chavarri en 273 Rafael Balaguer (Valencia, 1895– Madrid, 1979) profesor interino de guitarra en el Conservatorio de Valencia desde 1945 y Presidente de la Asociación “Amigos de la Guitarra de Valencia” desde su creación, en 1950. 274 Véase un estudio completo y una nueva edición crítica de esta primera así como de la tercera pieza en el apartado 3.4.6 de este trabajo, pp. 305-323. 275 Las fuentes III. 1 y III. 2 están catalogadas conjuntamente en el Cat. BV: 1 partitura ([4] p.); 22x31 cm. 276 Para más información sobre estas fuentes consúltese el cap. 3.4. 167 esta biblioteca (que son mss. de copista), se trata en esta ocasión de un ejemplar de la edición impresa y no de un ms. FUENTES IMPRESAS: 3. “7 Piezas para Guitarra / Pièces pour la Guitare” B. Schott's Söhne, Colección Moderne Spanische Gitarre–Werke / Musique moderne espagnole pour la guitare. Gitarre–Archiv / Archives de la Guitare; nº 101. Maguncia, Alemania, copyright de 1926, 21 pp., formato vertical, EA. Contiene: I. Dansa [sic] lenta (Danse lente); II. Ritmo popular (Rythme populaire); III. Fiesta lejana en un jardín (Fête lointaine dans un jardín); IV. Nocturno (Jardín de Granada); V. La mirada de Carmen (Les yeux de Carmen); VI. Lamento; VII. Gitana (La Cziganne [sic]) 277. Dedicada a Rafael Balaguer. Los títulos de las piezas siempre aparecen en versión bilingüe (español y francés). La edición no indica por quién esta revisada pero la obra está profusamente digitada e incluye indicaciones de cejillas en números romanos, lo que nos lleva a concluir que fue revisada por un guitarrista (presumiblemente el propio Balaguer). La dedicatoria aparece en la parte superior de la primera pieza. Incluye algunas erratas musicales y errores en ciertos términos y expresiones como “Rasgado” “Il sesto in re” y el antedicho “Cziganne”. Reimpresión: VII piezas para guitarra. B. Schott’s Söhne, Maguncia, 1954, 21 pp., formato vertical. Contiene: I. Danza lenta; II. Ritmo popular; III. Fiesta lejana en un jardín; IV. Nocturno (Jardín de Granada); V. La mirada de Carmen; VI. Lamento; VII. Gitana. Dedicada a Rafael Balaguer. El texto musical coincide exactamente con el de la primera edición, sin variación ni corrección alguna, y con los mismos tipos de imprenta para el texto musical. En reimpresiones posteriores a la de 1954 los títulos de cada pieza figuran solamente en español y tanto la portada como la primera página cambian su tipo de letra y su diseño. 277 Esta fue la primera obra para guitarra publicada en el catálogo de la ed. Schott's Söhne. 168 IV. SONATA II PARA GUITARRA Valencia, 1925–1926. Obra dedicada a Josefina Robledo. Consta de los siguientes movimientos: I. Moderato; II. Andante moderato; III. Allegro Vivace. Publicada por Max Eschig, París, 1957. Posteriormente, en 1957, el autor utilizó como base los dos primeros tiempos de esta Sonata II para escribir los dos primeros movimientos de su Quartettino para dos violines, viola y violonchelo. La idea de transformar la Sonata II en un concierto para guitarra y orquesta no pasó de ser un proyecto. Su esbozo está igualmente conservado en la BV. FUENTES MANUSCRITAS: En la BV se conservan cinco mss. autógrafos (tres de ellos incompletos) de la Sonata II para guitarra que han sido catalogados con los números 440–1, 440–2, 440–3, 62–1 y 62–2. Los tres primeros (registrados como “borradores” en el Cat. BV) son los más antiguos, están escritos sin digitación, a dos claves, en tonalidad de Re menor e incluyen anotaciones que hacen alusión a la orquestación de la obra (tanto a la instrumentación como a su interpretación). 1. Sonata [II] para guitarra E–VAbv: 663500 AELCH/pro 440–3 Contiene: I. Moderato. Borrador autógrafo a tinta del primer movimiento de esta sonata, 4 pp., formato apaisado. En el encabezamiento leemos “1 septiembre 1925 – para J. Robledo”. Antepuesta a la indicación de tempo “Moderato” figura otra indicación, tachada: “Quasi Lento”. Escrito a dos claves, el texto “Piano” aparece delante de ellas al principio de la pieza. El ms. contiene numerosas tachaduras, enmiendas y correcciones. 2. Sonata [II] para guitarra (dedicada a Josefina Robledo) E–VAbv: 660853 AELCH/pro 440–2 Contiene: II. Andante moderato; III. Allegro Vivace. Borrador autógrafo a tinta del segundo y tercer movimientos de esta sonata, 8 pp., formato vertical. En el encabezamiento leemos el título y la dedicatoria seguidos de la firma y fecha: “5/1926”. En la indicación de tempo aparecen algunas palabras tachadas: “Andante molto moderato, quasi Lento”. Escrito a dos claves. Incluye algunas anotaciones a lápiz referentes a una posible adaptación de la obra para convertirse en un concierto de guitarra y orquesta, correcciones y añadidos. A final del tercer movimiento leemos “14 Junio 1926”. 3. Sonata [II] para piano (guitarra) – por Eduardo L. Chavarri E–VAbv: 660851 AELCH/pro 440–1. Contiene: I. Moderato; II. Andante moderato; III. Allegro Vivace. 169 Ms. autógrafo a tinta completo de esta sonata, 14 pp., formato vertical. En el encabezamiento leemos el título y la dedicatoria “a Josefina Robledo – Valencia MCMXXV Septiembre”278. Leemos también una anotación en lápiz azul: “Quartettino”. Escrito a dos claves. Incluye numerosas anotaciones a lápiz y en rojo referentes a una posible adaptación de la obra para convertirse en un concierto de guitarra y orquesta, correcciones y añadidos. 4. Sonata [II] para guitarra E–VAbv: 660849 AELCH/pro 62–1. Contiene: I. Moderato; II. Andante moderato; III. Allegro Vivace. Ms. autógrafo a tinta completo de esta sonata, 8 pp., formato vertical. En el encabezamiento leemos: “a Josefina Robledo – Sonata para guitarra por Eduardo L. Chavarri. Digitada por Josefina Robledo” y otra anotación adicional autógrafa: “Propiedad intelectual. Registrada 20 Dbre 1949 en el Registro Universidad Valencia (biblioteca)”. En el Cat. BV figura como “partitura definitiva completa”. Escrito a una clave, está digitado e incluye indicaciones de cejillas. Aunque es un ms. en limpio hay algunos compases tachados por equivocaciones en el proceso de copia. Firmado al final del manuscrito con el texto. “Finis / Eduardo L. Chavarri / Valencia, Septbre 1940” 5. [Sonata II para guitarra] E–VAbv: 660854 AELCH/pro 62–2. Contiene: [I. Moderato; II. Andante moderato; III. Allegro Vivace.] Todos incompletos. Borrador autógrafo a tinta incompleto de esta sonata. Formato vertical. 8 pp. Escrito a una clave, está digitado e incluye indicaciones de cejillas. Le faltan los primeros treinta y seis compases del primer tiempo, los últimos cuarenta compases del segundo tiempo y los primeros once del tercer tiempo. El título no aparece en ninguno de los movimientos y solamente está firmado el final del tercero: “Fin / Valencia. Septbre MCMXL / Eduardo L. Chavarri”. Además, las pp. 3–6 (numeradas como 5–[8]) están tachadas con cruces de color rojo. En la última página del borrador aparecen, escritos a lápiz, 5 + 8 compases en cuatro por cuatro con los acordes para una introducción orquestal del “Andante”, probablemente para el segundo tiempo de esta obra. 6. Sonata II para guitarra E–VAbmc: M/395 (141) Contiene: I. Moderato; II. Andante moderato. Copia manuscrita en limpio de Gregorio Castellano de los dos primeros movimientos de la Sonata II. Tras la colación con todas las fuentes disponibles, podemos concluir que se trata de una copia basada en la edición de 1957 (véase la entrada IV.7 de este catálogo). E–VAbmc: M/395 (142)279 278 Las fechas de creación de los tres movimientos en este manuscrito 440–1 coinciden con las anotadas en los dos anteriores (440–2 y 440–3). 279 En el índice de la BMCV aparecen citados como M/395 (140) y M/395 (141) respectivamente. Hemos tomado las numeraciones que aparecen en los mss. 170 Contiene: III. Allegro Vivace. Copia manuscrita en limpio de Gregorio Castellano del tercer movimiento de la Sonata II. En el encabezamiento leemos “142– Sonata III (para guitarra)”. Por error, en el índice de autores de esta biblioteca aparece como una obra distinta e independiente con su correspondiente signatura: “Sonata III para guitarra”280. FUENTES IMPRESAS: 7. Sonata II pour guitare Bibliothèque de musique ancienne et moderne pour guitare; nº 1218; ME 6865. Colección Emilio Pujol; Ed. Max Eschig; París, 1957 (fechado de acuerdo a las planchas)281, 14 pp., formato vertical, EA. Contiene: I. Moderato; II. Andante moderato; III. Allegro Vivace. En la primera página leemos “Doigtée par J. Robledo”. 14 pp. Formato vertical. OTRAS OBRAS EN LAS QUE FIGURA MATERIAL DE ESTA SONATA: 8. Concierto para guitarra y orquesta E–VAbv: 656162 AELCH/pro 29 Contiene: [I.] Moderato; II. Andante moderato; III. Finale: Allegro vivace 1 partitura (29 p.), 32 cm, formato vertical. Borrador autógrafo. Se trata de material de trabajo del compositor para convertir la Sonata II para guitarra en un concierto para guitarra y orquesta. Sin embargo, únicamente aparece completa la parte del instrumento solista. La parte orquestal solo aparece escrita en los primeros compases de cada uno de los tres tiempos. En la primera página leemos el título: “Concierto para guitarra y orquesta” mientras que en la portada se lee, en tinta azul: “Concierto para Arpa y Orquesta Clásica”. La palabra tachada ha sido sustituida por “Guitarra”, a lápiz. También en la portada y a lápiz figura: “Luego se hizo para arpa”. 9. Concierto para guitarra y orquesta de cuerda / E. L. Chavarri; [copia de] José Gil. E–VAbv: 663555(–9) AELCH/pro 243–1; 243–2; 243–3; 243–4; 243–5. Contiene: I. Moderato; II. Andante moderato; III. Allegro vivace: 5 partes de la orquesta (violín I, violín II, viola, violonchelo y contrabajo); 31 cm. + fotocopias (19 ejemplares: violín I (5), violín II (5); viola (3); violonchelo (3) y contrabajo (3). 30 cm., fechadas el 21–XII–1988 (parte de viola) y 20–XII–1988 (resto de partes), formato vertical. 280 El error ha traído como consecuencia que la inexistente Sonata III aparezca citada en diversas fuentes, como por ejemplo, en los escuetos catálogos de obras guitarrísticas de Chavarri de Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 382; y de Orengo Miret, López-Chavarri (2017), p. 346. 281 Dato tomado de Hernández Ramírez, Emilio Pujol (2010) p. 178. 171 Partes mss. de una versión de esta obra firmadas por José Gil. Según el Cat. BV, “en el momento de su interpretación, probablemente se hicieron las fotocopias para completar el número de atriles por instrumentos que constituían la orquesta”. En el título de cada una de las partes aparece tachada la palabra “Concierto” y está sustituida por “Concertino” en tinta azul. Esta corrección no es autógrafa y ha sido realizada con posterioridad a los mss. No incluye la parte de la guitarra. Hemos comparado estas partes con el borrador autógrafo de la obra (IV.8) y podemos afirmar que la orquestación de los primeros compases de cada movimiento (los únicos que están orquestados en este último) es totalmente diferente. Tras colacionarlas igualmente con las versiones para cuarteto de cuerda (IV.10, IV.11 y IV.12) creemos improbable que la autoría de esta orquestación se deba al compositor. No sólo por la fecha de la copia de estas partes, 18 años después de la muerte del compositor, sino por su pobrísima calidad musical. Incluyen digitaciones e indicaciones de arcos a lápiz. 10. Quartettino / para 2 violines, viola y violonchelo / por Eduardo L. Chavarri. E–VAbv: 660845 AELCH/pro 63–2. Valencia 8 enero 1957 Contiene: I. Andante sostenuto; II. Andante moderato e tranquilo; III. Capriccio (Finale): Allegro animato. 13 pp., 23 x 32 cm, formato apaisado. Ms. autógrafo catalogado como “borrador” en el Cat. BV. Con dedicatoria en la primera página “Al buen amigo Fernando Badía y un saludo para sus compañeros de cuarteto”. Es el resultado de la adaptación para cuarteto de cuerda de los dos primeros tiempos de la Sonata II para guitarra. El tercer tiempo de este Quartettino no tiene relación con el de esta sonata sino que es una reelaboración de otra pieza para guitarra titulada originalmente como “III Finale” y póstumamente publicada como tercer movimiento del Tríptico de Homenajes “A Oscar Esplá” (véase el apartado VI de este catálogo)282. – En el ángulo superior derecho de la primera página se lee una anotación que reza “Borrador”. Ángulo superior izquierdo: “V 1º – 2 y 2 / V 2º – 2 y 2 / Vª – 2 y 2 / C. – 1–2–1”. Junto al título, una anotación a lápiz: “(212 comp.)”, referida al primer movimiento. Incluye abundantes tachaduras y también enmiendas y anotaciones en rojo. – Segundo movimiento. Ángulo superior izquierdo: “V 1º – 2 / V 2º – 2 / Vª – 2 / C. – 2“. Contiene igualmente abundantes tachaduras y enmiendas y anotaciones en rojo. Al final leemos una anotación a lápiz: “96 comp.”. – Tercer movimiento. Primera página: en el ángulo superior izquierdo: “1º 2+1 / todos igual” y en el derecho: “como 130 comp.” Contiene igualmente abundantes tachaduras y también enmiendas y anotaciones en rojo y azul. 282 En el Cat. BV se dice erróneamente que este tercer movimiento «es uno nuevo al que se le ha llamado “Capriccio (Finale)”». En un borrador de este Finale, original para guitarra y catalogado en esta misma biblioteca como borrador del Tríptico de Homenajes, podemos leer: “Convertido en cuarteto de arcos a finales de 1944 y terminado el cuarteto”. (V. más información sobre este Finale en el apartado 3.6.2, p. 403-408). 172 Firmado por el autor en la última página “terminado, Valencia 8 enero 1957”. Hay también en el final una anotación autógrafa tachada: “Estrenado por orquesta clásica y director [?] R. Corell / Pianista (Alg…?) [ilegible] Ateneo ver cartel [?] / Dirigido por Iturbi con orquesta municipal”. 11. Cuartettino [sic] para 2 violines, viola y violonchelo / por Eduardo L. Chavarri. E–VAbv: 660846 AELCH/pro 63–1. Valencia 8 enero 1957. Contiene: I. Andante sostenuto; II. Andante moderato e tranquilo; III. Capriccio (Finale): Allegro animato. 12 pp. 23 x 32 cm, formato apaisado. Manuscrito autógrafo catalogado como “copia definitiva” en el Cat. BV. Con dedicatoria en la primera página “Al buen amigo Fernando Badía”. El manuscrito está en limpio sin apenas tachaduras salvo una línea de viola en la tercera página, que fue sustituida por otra en el pentagrama superior, y un compás eliminado en la página 11. Las letras de ensayo están rodeadas por un trazo rojo y hay unas pocas indicaciones remarcadas con el mismo color en la página 10 (una repetición y la indicación “un pochettino piu mosso”). Firmado por el autor en la última página “Laus Deo. Eduardo L. Chavarri / Terminado en Valencia / 8 enero 1957”. 12. Cuartettino [sic] (para 2 violines, viola y violoncello ) E–VAbmc: M/390 (72) 283. Valencia 8 enero 1957. Contiene: I. [Andante sostenuto]; II. Andante moderato e tranquilo; III. Allegro animato. 38 pp, formato vertical. Con dedicatoria en la portada “A mi buen amigo Fernando Badía, con un saludo para sus compañeros de cuarteto universitario”. Copia manuscrita en limpio de Gregorio Castellano de la obra completa. Tras colacionar esta fuente con las dos anteriores de la BV comprobamos que existen algunas diferencias. Por lo general este manuscrito incluye indicaciones adicionales y añade notas en algunas secciones de las partes de cada instrumento. Ya que no se realizó una edición impresa de este cuarteto, que hubiera podido servir de base al copista, creemos probable que existiera otro manuscrito autógrafo con una revisión de la obra que habría servido de base para Castellano. En todo caso ese manuscrito, si llegó a existir, no lo hemos podido localizar en ninguno de los archivos y bibliotecas consultados para la redacción de este catálogo. En la última página, Castellano copia la anotación “terminado en Valencia 8 enero 1957 / estrenada por el Cuarteto Universitario de Cámara en el Círculo de Bellas Artes, en concierto público el 17 de abril de 1958”284. 283 En el índice de la BMCV está citado con la sig. M/390 (70). Hemos tomado la numeración que aparece en el ms. 284 El Cuarteto Universitario de Cámara estuvo formado por Miguel de la Fuente, José Codoñer, Rafael Mas y Fernando Badía. Esta noticia puede consultarse en Ritmo: revista musical ilustrada, año XXVIII, número 295 – junio de 1958, p. 19. 173 V. INTERMEZZO Valencia, 1932. Obra dedicada a Josefina Robledo. Reformada por el compositor y digitada por Josefina Robledo en 1950. Publicada por UME, Madrid, 1967. Depósito legal: M. 10968 – copyright de 1971. FUENTES MANUSCRITAS: Según el Cat. BV se conservan cuatro “borradores” autógrafos (números V.1 a V.4 de este catálogo) que han sido indexados con el mismo número (58–1, 58–2, 58–3 y 58–4), así como seis “copias definitivas” autógrafas (números V.5 a V.10 de este catálogo) indexadas también con un solo número (59–1, 59–2, 59–3, 59–4, 59–5 y 59– 6). 1. [Intermezzo] E–VAbv: AELCH/pro 58–1 Ms. autógrafo a tinta escrito a dos claves. 2 pp., formato apaisado. Leemos en el encabezamiento “Piano” (refiriéndose a la instrumentación). Indicación de tempo “Andante tranqº”. El título ha sido añadido con bolígrafo azul posteriormente. Leemos en el encabezamiento, anotado a lápiz, el autógrafo: “OJO! La introducción al final”. Efectivamente, hay cuatro compases añadidos después del final de la obra que en la edición impresa aparecerán al inicio de la composición como introducción. Incluye algunas correcciones, tachaduras y añadidos: En el final leemos el autógrafo “26 Dbr 1932” y de otra mano a tinta “Reformado 1950 y […] digitada por J. Robledo”. 2. [Intermezzo] E–VAbv: AELCH/pro 58–2 Ms. autógrafo a tinta escrito a dos claves. 2 pp., formato apaisado. Leemos en el encabezamiento “Piano” (refiriéndose a la instrumentación). Indicación de tempo “Andante tranqº”. El título ha sido añadido con bolígrafo azul posteriormente. En el encabezamiento, anotado a lápiz, el autógrafo: “A Josefina Robledo”. La introducción aparece ya en su lugar, al principio de la obra. Incluye unas pocas correcciones, tachaduras y añadidos en lápiz rojo. En el final leemos “26 Dbr 1932 / E. L Ch”. 3. II – [Intermezzo] E–VAbv: AELCH/pro 58–3 Ms. autógrafo a tinta, en limpio, escrito a una clave. 2 pp., formato apaisado. Leemos en el encabezamiento “Guitarra” (refiriéndose a la instrumentación). Indicación de tempo “Andante tranqº”. Encabezado con un “II”. El título (“Intermezzo”) ha sido añadido con bolígrafo azul posteriormente. La pieza empieza a escribirse en la mitad de la primera página (quedando así un espacio vacío de varios pentagramas). Incluye digitaciones e indicaciones de cejillas. Sin firma ni fecha. 174 4. Intermezzo – para guitarra E–VAbv: AELCH/pro 58–4 Ms. autógrafo incompleto a tinta (solo los primeros 45 compases), en limpio, escrito a una clave. 1 p., formato apaisado. En el encabezamiento: “Intermezzo –para guitarra / por Eduardo L. Chavarri / Digitado por Josefina Robledo”. Sin fecha. 5. “Intermezzo” para guitarra E–VAbv: AELCH/pro 59–1 Ms. de Josefina Robledo completo, a tinta, escrito a una clave. 1 p. de portada + 6 pp., formato vertical. En la portada: “Intermezzo” para guitarra por Eduardo López– Chavarri / Transcrito y digitado por Josefina Robledo”. Escrito en el encabezamiento de la primera página: “(Duración total. 4 minutos)”. Incluye digitaciones, indicaciones de cejillas (a tinta) y algunas anotaciones a lápiz referidas a posibles cambios en el texto musical. En el final, autógrafo de ELCH: “Compuesto 26 Dbre 1932 / Reformada en 1950 y digitado por Josefina Robledo el mismo año”. 6. Intermezzo pour guitare (dedie à Mme. Josephine Robledo) E–VAbv: AELCH/pro 59–2 Ms. autógrafo completo, en limpio, a tinta, escrito a una clave. 3 pp., formato vertical. En el encabezamiento de la primera página leemos “A Monsieur J. C. Cabot [sic]285 avec mes meilleurs voeux pour Christmas, et la nouvelle année / Edouard L Chavarri / Valencia (Espagne) Dbre MCMLI”. Después del título: “Duration 4 minutes environ” y “Copyright by Edouard López–Chavarri / Valencia (Spain) 9 May 1951”. Incluye digitaciones e indicaciones de cejillas (a tinta). En el final, firma autógrafa y “Valencia (España)”. 7. Andante tranquilo E–VAbv: AELCH/pro 59–3 Ms. autógrafo completo, en limpio, a tinta (aunque incluye alguna tachadura), escrito a una clave. 1 p. de portada + 3 pp., formato vertical. El título solo aparece en la portada, con bolígrafo azul y de una mano distinta: “Intermezzo” para guitarra. Digitado por Josefina Robledo”. No obstante el ms. solo incluye unas pocas digitaciones al principio. Al final leemos: “Eduardo L. Chavarri / Reservados los derechos de propiedad intelectual”. 8. Intermezzo para guitarra E–VAbv: AELCH/pro 59–4 Ms. autógrafo completo, en limpio, a tinta, escrito a una clave. 3 pp., formato apaisado. En el encabezamiento de la primera página: “Intermezzo / para guitarra / por Eduardo L. Chavarri (Duración 4 minutos / Digitada por Josefina Robledo)”. Incluye digitaciones e 285 En realidad se refiere al escritor y guitarrista Oscar Carlos Cabot. (Consúltese más detalles sobre este personaje en el cap. 3.2.4, p. 206 del presente trabajo). 175 indicaciones de cejillas (a tinta). Al final una anotación autógrafa: “FIN. Valencia 1950 / Luego Por mí reformada; y digitada por J. Robledo / Primera firma en 26 Dbre 1932”. 9. Intermezzo para guitarra E–VAbv: AELCH/pro 59–5 Ms. autógrafo completo, a tinta, escrito a una clave. 1 p. de portada + 2 pp., formato vertical. En la portada: “Intermezzo para guitarra por Eduardo L. Chavarri / Transcrito y digitado por Josefina Robledo”. En el encabezamiento de la primera página leemos “Intermezzo / Duration 4 minutes environ”. Incluye digitaciones e indicaciones de cejillas (a tinta) y algunas correcciones y añadidos en lápiz rojo. Al final una anotación autógrafa: “Valencia / Compuesto 26 Dbre 1932 / Revisada en 1950 y digitada por J. Robledo / Copyright by Ed. L. Chavarri /Valencia 9 Mayo 1951 – Nº 4122. 10. Intermezzo (digitado por Josefina Robledo) E–VAbv: AELCH/pro 59–6 Ms. de Josefina Robledo, completo, a tinta, escrito a una clave. 1 p. de portada + 5 pp., formato vertical. Escrito en papel pautado con el membrete de la Unión Musical Española. En la portada: “«Intermezzo» para guitarra por Eduardo López–Chavarri / digitado por Josefina Robledo” (todo ello tachado por una gran cruz escrita con bolígrafo azul). También incluye otras anotaciones en la portada: “Sr. [Prevosti] PASADO / 1ª corrección 26–4–67 / LISTO 28–4–67 / LISTO 27–5–67”286. En el encabezamiento de la primera página, en bolígrafo azul, un texto añadido con posterioridad: “A Josefina Robledo (Duración total. 4 minutos)”: Incluye digitaciones (pocas en relación con V.5, V.6, V.8 y V.9), indicaciones de cejillas (a tinta) y algunas correcciones y añadidos en lápiz rojo destinadas a la edición impresa que se realizaría ese mismo año. En el final figura la firma autógrafa de ELCH y un texto: “Reservados los derechos de propiedad intelectual / Eduardo López–Chavarri”. 11. Intermezzo para guitarra E–VAbmc: M/395 (140)287 Copia manuscrita en limpio de Gregorio Castellano (s.f.). Tras su colación con todas las fuentes disponibles creemos que el copista se basó en la edición de UME para su redacción (véase V.12), ya que la reproduce prácticamente al pie de la letra. 286 Estas anotaciones parecen indicar que este manuscrito sirvió de base para la edición de UME (1967), nº V.12 de este catálogo. Además, en la portada aparece también escrito con bolígrafo negro el número de publicación de la edición, el 21084. 287 En el índice de la BMCV figura como M/395 (139). Hemos adoptado la numeración que aparece en el ms. 176 FUENTES IMPRESAS: 12. Intermezzo para guitarra Madrid: Unión Musical Española; UMG 21084; 1967; D.L.: M. 10.968 – 197; 4 pp.; formato vertical, EA. Dedicado a Josefina Robledo. Incluye estimación de duración: “Durac. 4’ ”. Digitada por Josefina Robledo. 177 VI. TRÍPTICO DE HOMENAJES Obra publicada póstumamente por Unión Musical Española (D.L. 1972). Consta de tres movimientos: I. A Luys de Milán; II. A Francisco Tárrega; III. A Óscar Esplá. – La primera de las piezas de este tríptico es un contrafactum del tercer movimiento de la Sonata I. El texto que aparece en la edición impresa está basado en una de las dos versiones mss. de Josefina Robledo (las cuales son, a nuestro entender, simplificaciones respecto al movimiento de la sonata), ambas conservadas en la BV (véase VI.5 y VI.6). – Se conservan igualmente dos mss. de la segunda pieza del tríptico; uno autógrafo del compositor (VI.1) y otro de Josefina Robledo (VI.7). Son las dos únicas fuentes que contienen anotación autógrafa del título de la obra: “Tríptico”. El primero tiene además un título para la pieza individual: “Preludio”. – De la tercera de las piezas se conservan tres manuscritos autógrafos (VI.2, VI.3 y VI.9) y uno de Josefina Robledo (VI.4). En tres de ellos la pieza aparece titulada como “Finale”. Esta pieza fue convertida en cuarteto de cuerda para formar parte del Quartettino (1957), como tercer movimiento, bajo el nombre de Capriccio (Finale). Solamente dos de los mss. de esta obra contienen fecha: VI.3: enero de 1933 [¿1932?]288. VI.1: 8 de marzo de 1933. En ninguno de los mss. encontramos mención alguna a las dedicatorias de cada pieza que aparecen en la edición impresa. FUENTES MANUSCRITAS: 1. Preludio (Tríptico)289 E–VAbv: AELCH/pro 75–1 Contiene: Preludio [se corresponde con II. A Francisco Tárrega en la ed.] Ms. autógrafo a tinta, 2 pp., 22x31 cm., formato apaisado, 8 de marzo de 1933. Escrito a dos claves para guitarra/ piano. Tempo “Andante tranquillo”. En el encabezamiento, el título “Preludio”. En el margen superior izquierdo “Tríptico” (en referencia a la obra completa). En el margen superior derecho firma autógrafa y el siguiente texto: “Arreglado para guitarra por J. Robledo”. Tiene algunas tachaduras. En el final la fecha de redacción del ms. “8 Marzo 1933”. 288 El último dígito está corregido y su lectura es dudosa. La primera de las fechas es más consistente con el contenido de cierta correspondencia entre Andrés Segovia y Chavarri. (V. cap. 3.6.1, pp. 397-402). 289 Se corresponde con II. A Francisco Tárrega en la edición impresa. 178 2. [Finale] Allegro vivo E–VAbv: AELCH/pro 75–2 Contiene: [Finale] Allegro vivo. [se corresponde con III. A Óscar Esplá en la ed. impresa] Ms. autógrafo a tinta, 2 pp., 22x31 cm., formato apaisado, (s.f.). Escrito a dos claves para “Piano (guitarra)”. Tempo “Allegro vivo”. El Cat. BV considera a estas dos primeras entradas como partituras definitivas (erróneamente a nuestro entender) de dos tiempos del tríptico. Indican además imprecisamente que “Posteriormente se creó un tercer movimiento y se antepuso a estos dos”. 3. Finale E–VAbv: AELCH/pro 76–1 Contiene: Finale [se corresponde con III. A Óscar Esplá en la ed. impresa] Ms. Autógrafo a tinta, 4 pp., formato vertical, enero de 1933 [1932?]. Versión doble superpuesta para guitarra (a una clave) y piano (a dos claves) de esta pieza. El Cat. BV lo cita como borrador. Junto al título: “Convertido en cuarteto de arcos a fines de 1955 y terminado el cuarteto290 / E. L. Chavarri / I – 1933 [1932?]”. Indicación de tempo “Allegro vivace, brillante”. Al principio de la versión guitarrística “Digitación en guitarra por Josefina Robledo”. El final de la pieza en su versión para guitarra no está terminado. Contiene numerosas anotaciones, tachaduras y enmiendas a lápiz negro y rojo. En el final, firma autógrafa “Fine / Ed. L. Ch.” y a continuación, en los últimos pentagramas de la página hay un fragmento–apunte de unos 20 compases, en La M, de un “Andante tranquillo” que no guarda relación con esta obra. 4. Finale E–VAbv: AELCH/pro 76–2 Contiene: Finale [se corresponde con III. A Óscar Esplá en la ed. impresa] Ms. de Josefina Robledo291 a tinta, 6 pp., formato vertical, (s.f.). Versión a una clave para guitarra. El Cat. BV lo cita igualmente como borrador. A la izquierda del título, en tinta azul: “Tríptico de homenajes”, nos parece que está escrito posteriormente por otra mano. Las digitaciones e indicaciones de cejillas que contiene son las que aparecen en III. A Oscar Esplá (edición de UME, 1972), por lo que creemos que sirvió de base para la edición de la obra, dadas las numerosas concordancias. Tempo “Allegro vivace y 290 El autor de la reseña del Cat. BV ha creído leer “1944” como fecha de esa versión de cuarteto. Creemos que en realidad dice “1955”. Además esta última fecha es consistente con la de los manuscritos conservados del Quartettino (1957). 291 El Cat. BV lo considera de autoría desconocida. No obstante, la escritura musical de Josefina Robledo nos resulta ya muy familiar, por haber visto varios autógrafos suyos, y su autoría nos parece evidente. 179 brillante”292. Incluye algunas anotaciones en lápiz rojo y azul, hechas con posterioridad al ms. y enfocadas a la edición de la obra. 5. [Sin título] E–VAbv: AELCH/pro 77–1 [se corresponde con I. A Luys de Milán en la ed. impresa] Contiene: [I. Allegro animato]. 5 pp., formato vertical, (s.f.). Ms. a una clave para guitarra. Aunque el Cat. BV no indica el copista, tras la comparación con otros manuscritos podemos afirmar que se trata de un autógrafo de Josefina Robledo. El título, la autoría de la obra y las indicaciones iniciales de tempo, dinámica y carácter (todo ello escrito en tinta azul) han sido añadidos con posterioridad por otra mano: “Tríptico de Homenajes / I / López–Chavarri /Allegro animato / forte enérgico”. Está escrito en Si menor (un tono más agudo que la edición impresa y que el original de la Sonata I)293 y le faltan algunos compases en la introducción si lo comparamos con el resto de mss. autógrafos y con el otro ms. de Josefina Robledo de esta misma pieza (VI.6). En el Cat. BV aparece como versión “definitiva”, probablemente porque no contiene enmiendas ni tachaduras y sólo por eso. 6. [Sin título] E–VAbv: AELCH/pro 77–2 [se corresponde con I. A Luys de Milán en la ed. impresa] Contiene: [I. Allegro animato]. 5 pp., formato vertical, (s.f.). Ms. de Josefina Robledo. El título, la autoría de la obra y las indicaciones iniciales de tempo, dinámica y carácter, así como otras muchas a lo largo del manuscrito, han sido añadidas con posterioridad: “Tríptico de Homenajes / I / López–Chavarri /Allegro animato / forte energico”. Incluye numerosas enmiendas, añadidos y correcciones en lápiz rojo y azul, hechas por otra mano y orientadas a la edición de la obra. En el Cat. BV aparece como “borrador”, seguramente por las numerosas correcciones y anotaciones que contiene. No obstante, creemos que este ms. sirvió de base para la edición de la obra, dadas las numerosas concordancias entre ambas fuentes. 7. [Sin título] E–VAbv: AELCH/pro 77–3 Contiene: [II. Andante tranquillo]. 4 pp., formato vertical, (s.f.). [se corresponde con II. A Francisco Tárrega en la ed. impresa] Ms. de Josefina Robledo. El título, la autoría de la obra y las indicaciones iniciales de tempo, así como otras muchas a lo largo del ms., han sido añadidas con posterioridad por otra mano y están orientadas a la edición de la obra: “Tríptico de Homenajes / II / E. López–Chavarri /Andante tranquilo [sic]”. Creemos que este ms. sirvió de base para la publicación de la obra, dadas las numerosas concordancias entre las dos fuentes. 292 La “y” de la indicación de tempo aparece corregida por una “e” en color rojo. Efectivamente, en la edición también se corrigió el error. 293 Como hemos indicado anteriormente, en realidad se trata de un contrafactum del tercer movimiento de la Sonata I, exactamente igual que la siguiente entrada de este catálogo, VI.6. 180 8. [Cubierta con anotaciones] E–VAbv: AELCH/pro 77–4. Contiene: Cubierta impresa de la obra Canciones amatorias que se ha utilizado como cubierta para algunos mss. del Tríptico de homenajes. En ella podemos encontrar varias notas referentes a las fechas de revisión de estos mss. utilizados para la edición de la obra, además de otras anotaciones: “1ª corrección 24–12–71 / Listo (por el momento) 5– 1–72 / NOTA: Hay que consultar AUTOR (?) según preguntas adjuntas / Listo (fotocopias) 26–1–72 / (URGENTE)”. La página está tachada por una gran cruz en lápiz rojo y hay una anotación con el mismo color: “PASADO”. 9. III. Finale E–LINas: sin número de catalogación. Contiene: III. Finale [se corresponde con III. A Óscar Esplá en la ed. impresa] Ms. autógrafo a tinta, 7 pp. + 1.p en blanco, 315×279 mm. cm., formato apaisado, (s.f.). Escrito a una clave para guitarra. Tempo “Allegro vivace, brillante”. En la 1ª página a la izquierda, “Digitado por Josefina Robledo”294 y en la derecha la dedicatoria “A Andrés Segovia / Cordialmente” y firma. Incluye solamente dos anotaciones en rojo de Andrés Segovia planteando la posibilidad de subir una octava a un par de pasajes de escalas. Todas las páginas tienen la firma y el sello de Emilia Segovia. FUENTE IMPRESA: 10. Tríptico de homenajes a los compositores valencianos Unión Musical Española, UMG 21684, Madrid (Torrejón de Ardoz: Musigraf Arabí), 1972, D.L. m 2717 –1972, 15 pp., formato vertical, EP. Contiene: I. A Luys de Milán; II. A Francisco Tárrega; III. A Óscar Esplá. OTRAS OBRAS EN LAS QUE FIGURA MATERIAL DEL TRÍPTICO DE HOMENAJES: 11. III Capriccio (Finale). Tercer movimiento del “Quartettino para 2 violines, viola y violonchelo”. Valencia 8 enero 1957. Véase en IV.10. 12. III Capriccio (Finale). Tercer movimiento del “Cuartettino [sic] para 2 violines, viola y violonchelo”. Valencia 8 enero 1957. Véase en IV.11. 13. III / Allegro animato. Tercer movimiento del “Cuartettino [sic] para 2 violines, viola y violoncello”. Valencia 8 enero 1957. Véase en IV.12. 294 Bajo esta frase, un comentario de otra mano escrito en letras mayúsculas y tinta azul «Discípula de Francisco Tárrega». 181 VII. PRELUDIOS A VALENCIA Obra publicada póstumamente por Unión Musical Española (D.L. 1971). Consta de tres movimientos: I. Benicasim; II. Huertas de Sagunto; III. Danza del Sur. No se conservan fuentes mss. de la obra directamente atribuibles. No obstante, la tercera de las piezas (Danza del Sur) es un contrafactum del primer movimiento de la Sonata I. A pesar de que esta tercera pieza aparece en la edición dedicada a Andrés Segovia, en la correspondencia de Segovia a ELCH no hemos encontrado mención alguna a ella. FUENTE MANUSCRITA: 1. [Sonata I para guitarra]: I. Obertura (Allegro maestoso – Allegro). Véase en I.2 (En la ed. impresa de los Preludios a Valencia se corresponde con III. Danza del Sur). E–VAbv: 659856 AELCH/pro 120–2 295 FUENTE IMPRESA: 2. Preludios a Valencia Unión Musical Española, UMG 21669, Madrid (Torrejón de Ardoz: Musigraf Arabí), 1971, D.L. M 16374 –1971, 12 pp., formato vertical, EP. Contiene: I. Benicasim; II: Huertas de Sagunto; III. Danza del sur Benicasim aparece en la edición dedicada a Josefina Robledo; Huertas de Sagunto, a Andrés Martí; y Danza del sur, a Andrés Segovia. 295 Tras comparar los manuscritos disponibles podemos plantear como hipótesis plausible (dadas las múltiples concordancias en el texto musical) que el ms. que sirvió de base para la edición de esta tercera pieza fue el I.2. El ms. de Josefina Robledo I.4 de este catálogo (AELCH/pro 121) concuerda igualmente con la versión publicada aunque carece de introducción. 182 VIII. APUNTES Y BORRADORES (OBRAS INCOMPLETAS) 1. Quartetino [sic] (Chavarri) (?). E–VAbv: AELCH/pro 237 Contiene: 2 pp.; 22 x 31 cm.; formato apaisado. Estas dos páginas autógrafas de música escritas a dos claves, están citadas en el Cat. BV como “probablemente escritas para guitarra”. En el ms. no consta este dato y el título ha sido añadido a lápiz (con toda probabilidad posteriormente a la escritura del ms., por otra persona) seguido de un interrogante: «Quartetino (Chavarri) (?)». Este borrador no guarda relación alguna con el Quartettino para 2 violines, viola y violonchelo (AELCH/pro 63–1 y 63–1) ya descrito en IV. La anotación que aparece cerca del final “trem sul ponticello a punta d’arco” confirma que, pese a la apariencia de la textura musical y lo que afirma el Cat. BV, no se trata en realidad de una pieza para guitarra. 2. [Pieza sin título] E–VAbv: AELCH/pro 103 (verso) Contiene: 1 p., formato vertical. Bajo esta signatura y en ambas caras de una misma hoja, se conservan dos fragmentos de dos obras diferentes, las dos sin título. En el recto de la hoja aparecen escritos los 20 compases finales de la partitura vocal del Himne a “Domus”: homenaje a la institución Domus tachados con una gran equis de color rojo. El otro lado de la hoja es el que compete a este catálogo puesto que es un borrador de una pieza musical de 32 compases, escrita aparentemente para guitarra, a una clave, en compás ternario y en tonalidad de La menor con cambio de tonalidad a La mayor en el compás 17. Esta hoja acompañaba en el archivo de ELCH a los mss. de la “Sonata [I] para guitarra” pero no guarda ninguna relación con ella. 183 IX. OBRAS Y TRANSCRIPCIONES PARA ORQUESTA O CONJUNTO RELACIONADAS CON LA GUITARRA 1. Homenaje a Tárrega: Preludio y Minueto para guitarra / por Francisco Tárrega. Transcritos para orquesta de arco por Ed. L. Chavarri. E–VAbv: AELCH/pro 80–1 (partitura) Contiene: I. Preludio; II Minueto. 1 partitura (3 pp.), Valencia, 11 de diciembre de 1934, formato vertical. Ms. autógrafo a tinta con cuño de la Biblioteca Personal de Eduardo López–Chavarri. Orquestación del Preludio nº 1 y del Minueto, ambos originales para guitarra, de Francisco Tárrega. En el encabezamiento leemos las fechas y lugares de nacimiento y muerte de Tárrega: “n. Villareal 21 Nov. 1852. m. Barcelona 16 Dic. 1909”296, junto a otras anotaciones interesantes: “N.B. Las indicaciones entre paréntesis son del transcriptor” y “dedicado a Francisco Corell”. El Preludio tiene la indicación de tempo Moderato (assai), mientras que el Minueto es un Moderato mosso. En el final, firma y el texto “Fine / Valencia / 11–XII–MCMXXXIV”. 2. Homenaje a Tárrega / I – Preludio; II – Minueto / de Francisco Tárrega. Transcritos de la guitarra para orquesta de arco por Eduardo L. Chavarri. E–VAbv: AELCH/pro 80–2 (partitura) Contiene: I. Preludio; II Minueto. 1 partitura (6 pp.),(s.f.), formato vertical. Ms. autógrafo a tinta con cuño de la Biblioteca Personal de Eduardo López–Chavarri. Orquestación del Preludio nº 1 y del Minueto, ambos originales para guitarra, de Francisco Tárrega. En la portada, y en el encabezamiento de la segunda pieza leemos el título completo y la anotación: “Copyright by Eduardo L. Chavarri. Derechos reservados”. Sin dedicatoria. Es una copia casi exacta del anterior manuscrito, salvo algunas mínimas diferencias de detalle. 3. Homenaje a Tárrega / I – Preludio; II – Minueto (partes de la orquesta) E–VAbv: AELCH/pro 80–3 hasta 80–31 Contienen: partes de orquesta (29 ejemplares): Violín I (8), violín II (7); violas (5); violonchelos (5) y contrabajos (4), formato vertical. Tanto en estas partes como en el encabezamiento de IX.1 el título aparece escrito: “Homenage [sic] a Tárrega”. Todos los ejemplares llevan el cuño de la Biblioteca Personal de Eduardo López–Chavarri y el de la Orquesta Sinfónica de Valencia además de la firma de Chavarri estampada en sello. 4. Homenaje a Tárrega: Preludio y minueto de Tárrega para orquesta de arcos. Orquestado por Ed. L. Chavarri. Arreglo para rondalla de bandurrias y guitarras por el propio autor. E–VAbv: AELCH/pro 219 Contiene: Preludio. 1 partitura (1 p.), 22 x 32 cm., formato apaisado, (s.f.). 296 La fecha de fallecimiento de Tárrega fue en realidad el 15 de diciembre de 1909. 184 Borrador autógrafo a tinta. Escrito a dos claves entre las cuales se distribuyen las partes de bandurrias, laúdes y guitarras. Se trata de un boceto de la reducción para rondalla de bandurrias y guitarras del “Preludio nº 1” para guitarra de Francisco Tárrega. Este borrador no incluye un arreglo del Minueto, que sí aparece en la versión para orquesta como segunda pieza del Homenaje a Tárrega. 5. Bolero Pla; Jota de Domeño / [transcripción E.L.CH.]. E–VAbv: AELCH/pro 310 Contiene: Bolero Pla; Jota de Domeño; 1947. Borrador de dos danzas populares procedentes, según el Cat. BV: “de Llosa de Ranes y de Domeño respectivamente. La Jota de Domeño está escrita para bandurria, guitarra y voz, pero sin letra en la parte vocal y con acompañamiento de guitarra en la copla. Sólo el Bolero Pla aparece atribuido a ELCH. En la Jota de Domeño se observan dos secciones muy diferenciadas: una primera a modo de introducción instrumental interpretada por bandurria y guitarra, y una segunda sección vocal interpretada por voz con acompañamiento, probablemente de guitarra sola ya que el pentagrama en el que debería aparecer la parte de la bandurria está en blanco”. 6. Jota valenciana del U i el Dos: tomada de la rondalla de Carlet en 1951. E–VAbv: AELCH/pro 484 Contiene: 1 guión (1 h.), 12 x 31 cm, (s.f.). Ms. autógrafo, según el Cat. BV: “copia definitiva de la transcripción de esta jota valenciana, que puede variar según el lugar donde se interprete, aunque la base rítmica y el baile siempre son iguales. En este caso, la variante que se recoge es de la localidad valenciana de Carlet, en la comarca de la Ribera Alta”. Escrita para bandurrias, guitarras y coro al unísono. Texto en valenciano”. 7. Música de los cantos y danzas populares de Valencia y su provincia / transmitidos al papel y coleccionados por el profesor de música valenciano Sr. D. Eduardo Ximénez; [copia y anotaciones de] Eduardo L. Chavarri; preámbulo de Emiliano Teixeró. E–VAbv: AELCH/pro 491 (Ms. encuadernado con Cantos y danzas populares de la región valenciana). Contiene: 1. La alicantina; 2. La jota del carrer; 3. El u i el dos; 4. Jota valenciana; 5. El paño moruno; 6. El punto de la Habana; 7. Les albaes; 8. La xaquera vella; 9. La mangrana; 10. El Faitó (del ball de Torrent); 11. Melodía per a acompanyar les imatges de les provesons [i.e. processons]. 14 pp., 1951. El Cat. BV nos dice: “Según se especifica en el preámbulo, estas canciones y danzas fueron coleccionadas por Eduardo Ximénez para que figurasen en la Exposición Universal de Viena del 18 de Marzo de 1873. Las siete primeras piezas son canciones, escritas para voz de tenor con acompañamiento instrumental de guitarra, octavilla, cítara o dulzaina y tabal. Las últimas cuatro piezas son danzas y están escritas para ser interpretadas por dulzaina y tabal”. 185 8. Czarda: melodía húngara popular / transcripción de Franz Behr. Danzas húngaras, nº 7 / J. Brahms. E–VAbv: AELCH/pro 270 Contiene: 1 partitura (2 hs.), s.f. Ms. Autógrafo de dos arreglos para rondalla de estas dos composiciones musicales. Según el Cat. BV: “La primera de ellas corresponde a la transcripción realizada de la pieza musical escrita para piano por Franz Behr y publicada dentro de la colección de melodías húngaras National–Melodien für Pianoforte solo. Ungarisches Album, VII de este compositor. La Czarda está escrita en compás dos por cuatro a tempo moderato y allegro en tonalidad de Mim con cambio a Mi M”. La Danza húngara, nº 7 está escrita en compás dos por cuatro a tempo allegretto vivace y tonalidad de Sol M”. 186 X. ADAPTACIÓN GUITARRÍSTICA DE UNA OBRA ORIGINAL PARA PIANO: LEYENDA DEL CASTILLO MORO [Original para piano: Cuentos y fantasias. V: El viejo castillo moro (Contes et fantaisies. V: La légende du château mauresque). Unión Musical Española, copyright de 1913 (es la fecha del ejemplar más antiguo de la edición conservado en la BV). Nº de plancha: 42333] FUENTE MANUSCRITA297: 1. “Leyenda del castillo moro” de E. L. Chavarri. Transcripción para dos guitarras por Miguel Llobet. E–Bmi: (Arxiu del Museu de la Música de Barcelona. Fons Miquel Llobet. Col· lecció Fernando Alonso): ES AMDMB 4–469–2–4–FA073 Contiene: 4 páginas; 21,5 x 31,5 cm; Barcelona; 13–07–1928. Ms. autógrafo a lápiz de Miguel Llobet. Es el arreglo para dos guitarras de la obra pianística Leyenda del castillo moro, de Eduardo López–Chavarri. Ambas guitarras tienen la scordatura de la 6ª cuerda a Re. Incluye digitaciones originales de Llobet y un par de anotaciones en rojo que no alteran el contenido musical. En el final “Barcelona – 13 Julio – 1928” y la firma de Llobet. FUENTES IMPRESAS: 1. Leyenda del Castillo Moro. De «Cuentos y Fantasías». Transcripción para dos guitarras por Miguel Llobet. Unión Musical Española, Colección Llobet: UMG 20393, Gráficas UME, S.A., Madrid, copyright 1964, D.L. M 13731 –1964, 5 pp., 24,5 x 33 cm, formato vertical, EA. Contiene: Partitura de ambas guitarras en sendos pentagramas superpuestos. Las dos tienen la scordatura de la 6ª cuerda a Re. 2. Leyenda del Castillo Moro. De «Cuentos y Fantasías». Transcripción para dos guitarras por Miguel Llobet. Contenida en Miguel Llobet Guitar Works vol. 4, 12 Famous Guitar Duos (Arranged by Miguel Llobet), 2 cuadernos (guitarra 1 y 2. Esta obra está situada en las pp. 26 y 27 de cada cuaderno). Editorial Chanterelle, Reino Unido; 1989. ISBN 3–89044–094–0, 2 pp., 24,5 x 33 cm, formato vertical. Contiene: Partes de las dos guitarras. Ambas tienen la scordatura de la 6ª cuerda a Re. 297 Sabemos, por cierta correspondencia y por alguna crítica periodística, que Josefina Robledo tocó en ocasiones un arreglo propio, para guitarra sola, de esta obra. No hemos podido encontrarlo y dado que sus manuscritos se fueron repartiendo desordenadamente entre sus alumnos, no se puede descartar que aparezca en un futuro en algún archivo privado o público (como por ejemplo los de los Ayuntamientos de Villareal o Godella). 187 3.2. Un comienzo ambicioso. Miguel Llobet y la Sonata I para guitarra 3.2.1. Llobet, el heredero de Tárrega, debuta en Valencia Hemos ya comentado la influencia que Falla y su Homenaje –y también su dedicatario, Llobet– tuvieron en la creación de esta Sonata I, primera obra compuesta por Chavarri para guitarra. Si Tárrega había sido para nuestro autor un primer referente y una fuente de inspiración hasta el punto de idealizarlo en sus escritos y tenerlo como el paradigma de los verdaderos artistas españoles, no nos puede parecer extraño que Llobet, el mejor discípulo del maestro villarrealense y principal valedor de su técnica y su estética, fuera elegido como destinatario de su primer y ambicioso proyecto298. ¡Y tan ambicioso! En un momento en el que aún las piezas para guitarra más habituales en los programas de concierto no pasaban de unos pocos minutos de duración (incluidas las del nuevo repertorio, que eran ambiciosas en su lenguaje pero no aún en su extensión), Chavarri se desmarca con nada menos que una muy seria sonata en tres movimientos, tan pronto como en 1922–23, para convertirse en uno de los primeros compositores que responden al estímulo de Falla. Pero, antes de abordar su estudio, remontémonos unos años antes para descubrir el momento en que Llobet pudo haber cruzado por vez primera su camino con el de Chavarri. En el verano de 1900, el 26 de julio, varios meses antes incluso del anteriormente relatado primer encuentro de Chavarri con Tárrega299, el joven guitarrista catalán de solo 22 años viaja a Valencia para hacer su presentación como intérprete en la sala del Conservatorio. Por lo que sabemos este fue el primer concierto ofrecido por Llobet fuera de Cataluña300. En ese momento, recién comenzada su andadura como crítico en Las Provincias, parece que la atención de Chavarri como periodista musical –y aún menos como compositor– todavía no se había dirigido hacia la guitarra… o tal vez sí. Vayamos por partes: los periódicos de la capital se hicieron eco del recital. Así, La Correspondencia de Valencia, diario de la competencia aunque de la misma 298 Sobre Miguel Llobet (Barcelona, 1878-1938) existe ya una amplia bibliografía que incluye numerosos artículos de investigación, tesis doctorales además de algunas monografías. De entre todos estos trabajos hay que destacar las ediciones de Stefano Grondona de las composiciones y arreglos de Llobet (Miguel Llobet Works, ed. Michael Macmeeken) y tres excelentes monografías: 1. AA.VV.: Miguel Llobet. Del Romanticismo a la Modernidad. Colección: Nombres propios de la guitarra, coord. por Javier Riba, Córdoba: Festival de la Guitarra de Córdoba, (2016); 2. Bruno Tonazzi: Miguel Llobet, chitarrista dell’Impresionismo, Ancona: Bèrben (1965); y 3. Stefano Picciano: Miguel Llobet. La biografia. Bolonia: Ut Orpheus (2015). 299 Sucedido en diciembre de ese mismo año (v. cap. 2.2.2 de este trabajo). 300 En Gimeno: “Los conciertos de Miguel Llobet” (2014–2020), podemos consultar todos los conciertos de Llobet entre 1895 y 1924. Según esta lista, todos los anteriores al de Valencia fueron en Barcelona, principalmente, y unos pocos en Sabadell. V. [consultada en junio de 2020]. Sobre este particular, la biografía de Stefano Picciano (2015) contiene la misma información que ya adelantaba Julio Gimeno en su post del 28 de junio de 2014. 188 tendencia conservadora, situaba en primera página una breve reseña (sin firma) entre las “Noticias locales”. Leyendo su contenido comprobamos la buena acogida que tuvo Llobet en Valencia aunque también se indica que su concierto no gozó de una gran afluencia. Hay ciertas cosas en España que no cambian con el tiempo: En el Conservatorio de música dio anoche su anunciado concierto el Sr. Llobet, discípulo del maestro Tárrega. La concurrencia no fue muy numerosa, cosa que no debe llevar a mal el distinguido guitarrista, pues hallándonos en plenas fiestas, hay muchos sitios en los que repartirse el público. A no mediar esta causa, los aficionados a la música hubieran respondido de la misma forma que lo hacen siempre que desfila por el Conservatorio alguna celebridad musical. Tiene razón el maestro Tárrega al considerar al Sr. Llobet como su discípulo predilecto, como la tienen los que extreman los elogios hacia el joven guitarrista. Anoche dio pruebas palmarias. Domina el Sr. Llobet el instrumento y tiene temperamento de artista; así no es de extrañar que tan joven haya llegado por el propio esfuerzo de su talento y del estudio. En la ejecución del programa puso de relieve su indiscutible mérito y su prodigiosa habilidad, obteniendo ruidosas salvas de aplausos en la «Romanza» de Mendelsshon, en el «Nocturno» de Chopin, en el «Minueto» de Tárrega y en la «Jota» de Arcas301. También en Las Provincias se dio repercusión al concierto con una crítica (también sin firmar) no exenta de sarcasmo hacia algún concurrente y escrita con una fina prosa, poco frecuente, que nos parece bastante reconocible: En el Conservatorio / Concierto Llobet Los organizadores del concierto (no lo fue el Sr. Llobet) parece que no quisieron [que] nos enterásemos de aquel, pues nos enviaron la localidad más alejada del concertista que pudieron hallar. Por esto la primera parte del concierto no pudimos apreciarla con todo detalle, y gracias a la munificencia de amables amigos, pudimos luego saborear lo mucho y bueno que hiciera el artista. No es posible figurarse, sin oírle, lo que hace este artista con el difícil instrumento a que se dedica. Continuador de los Sor y de los Tárrega, tiene Llobet condiciones que le colocan en la primerísima línea del arte; no es un vulgar ejecutante, sino un músico completo. Su educación artística es completa, conoce la música y los autores clásicos y modernos, está al tanto del movimiento musical contemporáneo; en suma, no es un mecanista, sino un artista. Su mecanismo «endiablado», como decía anoche un inteligente, su manera de vencer dificultades tenidas por imposibles, dando a la guitarra sonidos admirables de pureza y riqueza de intensidad, hacen de él algo que no se ve fácilmente. Pero sobre todo esto, que tantísimo vale, posee otra cosa que vale más: su talento y su alma de artista. No se tomen a exageraciones estos elogios, pues son realmente los que corresponden a Llobet. Quien conozca las dificultades inmensas que tiene la guitarra, tratada en estilo de concierto, no se extrañará de ver elogiar grandemente a quien ejecuta con absoluta corrección, seguridad pasmosa y sentimiento exquisito las obras más difíciles, no solo del repertorio de la guitarra, sino de la música en especial. La composición del programa revela ya el gusto depurado de Llobet. Los nombres de Beethoven, Mendelssohn, Chopin y Rubinstein figuraban en él: las obras que estos nombres llevaban al lado, fueron interpretadas a maravilla, con estilo y entero conocimiento de su carácter. Lo mismo cabe 301 La Correspondencia de Valencia: año XXIII, número 7772 – 27 de julio de 1900, p. 1. [Fuente: Hemeroteca Municipal de Valencia]. Toda la información sobre las reseñas periodísticas de este recital las hemos obtenido en el mismo hilo de artepulsado [Gimeno, “Los conciertos de Miguel Llobet” (2014- 2020)]. Julio Gimeno agradece «a Josep Mª Mangado la ayuda prestada en la elaboración de esta noticia». 189 decir de los grandes maestros de la guitarra Sor y Tárrega; especialmente la música de este, la ejecuta Llobet con todo el cariño debido a su maestro. En la parte de ejecución, hizo cosas asombrosas, especialmente la jota de Arcas. Párrafo aparte merecen las canciones populares armonizadas por Llobet. Aquí se demuestra plenamente su exquisito y delicado gusto, su temperamento musical, que sabe expresar poéticamente el sentimiento que expresan. Las tres canciones están armonizadas con sobria belleza, y la impresión que producen es intensa. La filla del marxant es una delicadísima nota de sentimiento, así como Lo testament de n’Amelia es un sentido poema, y La filadora revela el más puro carácter pintoresco. El Sr. Llobet demuestra ser un maestro, un músico de raza, como lo prueban cumplidamente estas composiciones. Joven como es, ha llegado ya, y su labor perfecta le coloca en el primer puesto, al lado del gran Tárrega. No hay que decir si las ovaciones que el público le dispensó fueron estruendosas y entusiastas. Tan grandes fueron como merecidas, y a no tener cuenta del cansancio, todo se hubiera repetido. Correspondió el Sr. Llobet a los aplausos, repitiendo algunos números y añadiendo algunos otros: tales al final de la primera parte una inspiradora gavota de Tárrega, y al final del concierto una grandiosa y humorística transcripción del popular dúo de los paraguas302. La queja sin paños calientes por la mala situación de las localidades que la organización procuró al crítico, las grandes alabanzas al concertista y otra curiosa coincidencia con la anterior crítica en el uso del término “llegar” por “triunfar” nos induce a pensar que ambas pudieron haber sido escritas por la misma persona y que esta podría ser Chavarri. En contra de esta hipótesis estaría una contradicción que encontramos en la descripción de la platea: mientras en la primera se declara que no hubo mucho público en el recital, en la segunda el crítico se lamenta por haber tenido que escuchar la primera parte desde el fondo de la sala. El programa fue el siguiente: Minuetto (Sor) Estudio (Sor) Romanza (Mendelssohn) Melodía (Rubinstein) Andante de la sonata núm. 10 (Beethoven) Célebre nocturno (Chopin) Estudio «trémolo» (Tárrega) Serenata «Granada» (Albéniz) Minuetto (Tárrega) Lo Testament de n’Amelia (Llobet) La filla del marxant (Llobet) La filladora (Llobet) Capricho árabe (Tárrega) Gran jota (Arcas)303 302 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXV, número 12388 – 27 de julio de 1900, p. 2 [Fuente: Hemeroteca Municipal de Valencia]. 303 V. en Gimeno, ibid. 190 Aún tenemos otro testimonio de esta prèmiere valenciana de Llobet: la crónica que escribió Práxedes Gil–Orozco304 para el Boletín Musical de Valencia del 10 de agosto. Este se declara a priori escéptico con la fama de Llobet, aunque algún párrafo más adelante elogia su incipiente magisterio. Siendo él mismo alumno y admirador de Tárrega, relativiza las noticias que circulaban entre los guitarristas que situaban a Llobet, ya a esa edad tan temprana, a la altura de su maestro. Esta fuente es muy interesante porque gracias a su meticulosidad a la hora de enumerar a los asistentes ha disipado nuestras dudas sobre la concurrencia al evento, la cual no parece que fuera tan escasa como podría pensarse leyendo la primera crítica de La Correspondencia de Valencia. A fin de cuentas puede que el autor de aquella no fuera Chavarri, tal vez ni siquiera hubiera asistido al concierto y en cambio se hubiera “inspirado” en la crónica de Las Provincias plagiando hasta la expresión de “haber llegado” referida a Llobet: Al conservatorio fui y allí tuve la satisfacción de ver reunidos también a casi todos los profesores de guitarra y de bandurria de Valencia; a los dilletanti de siempre; a varios profesores de las clases del Conservatorio; a algunos representantes de la prensa; al noble crítico musical Sr. Vidal; a buen número de distinguidas señoras; al constructor de guitarras de Ciudad Real Sr. Arias; al constructor valenciano Sr. Ibañez y familia; los profesores Sres. Máñez, García y Loscos; los inteligentes aficionados Sres. Orero, Orellano, Corell, Aguilera, Auvans, Soria, Ibáñez hijos y muchos más que escapan a mi memoria y que siento no poder nombrar305. Como vemos, Chavarri no aparece citado entre los asistentes aunque bien podría estar entre los “representantes de la prensa”. De cualquier manera, conociendo la actividad profesional de Chavarri en ese primer año del nuevo siglo y su sensibilidad musical, nos parece improbable que se mantuviera ajeno a la visita de esta nueva estrella del firmamento guitarrístico y creemos que la impresión que pudo haber tenido sobre Llobet es más cercana a la de las crónicas de los diarios generalistas (si es que no fue él mismo quien escribió alguna) que a este último relato proveniente de un guitarrista semiprofesional, probablemente algo celoso del talento juvenil del catalán y que dibujó la figura del joven virtuoso como la de un talentoso y ágil ejecutante pero todavía carente de voz propia, apenas un buen imitador del verdadero maestro: Tárrega. 304 Guitarrista valenciano, de Requena (1857- 1916). V. en línea una breve nota biográfica [consultada en junio de 2021] 305 Boletín Musical de Valencia: 10 de agosto de 1900, pp. 1764–1765. La crónica completa se puede consultar en el apéndice 5.1 del presente trabajo, pp. 506-509. También es posible descargar el original en línea: 191 3.2.2. Primeros contactos epistolares y propuesta de colaboración Sea o no cierto que Chavarri y Llobet tuvieran un primer contacto en aquel verano de 1900, lo que podemos dar por seguro es que en algún momento posterior a ese y previo a 1918 comenzó una relación de amistad entre ellos. En la primera misiva de Llobet dirigida a Chavarri que se conserva –una tarjeta postal con fecha del 3 de marzo de 1918– el guitarrista se presenta con gran familiaridad y felicita al compositor por su obra orquestal Valencianas, recién interpretada en Barcelona por la Banda Municipal bajo la dirección de Lamote de Grignon306: Queridísimo amigo: acabo de oír sus «Valencianas» por la falange que dirije [sic] Lamote, y me atrevo a mandarle mi más calurosa felicitación. Un portento de refinamiento, de emoción, y una orquestación que suena… como lo que pueda sonar mejor—Bravo!! Qué lástima no haber podido oír los “Vanos antichs”!!!…307 Un fuerte abrazo. M. Llobet 306 «Joan Lamote de Grignon i Bocquet (Barcelona, 7 de julio de 1872–11 de marzo de 1949) fue un pianista, compositor y director de orquesta español. En 1911 fundó la Orquesta Sinfónica de Barcelona, de la cual fue también director. Fue el sucesor de Celestí Sadurní en la dirección de la Banda Municipal de Barcelona a partir del 1914, desde donde promocionó a los jóvenes intérpretes y dotó a la Banda de un repertorio notable con gran reconocimiento, incluso en Europa. Tres años más tarde fue nombrado director del Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona. En 1943 fundó la Orquesta Municipal de Valencia, que dirigió hasta 1949.» V. en [consultada en abril de 2021]. En la BV se conserva correspondencia de este personaje dirigida a Chavarri, la cual demuestra la alta estima que tenía por él y por su música, que programó en numerosas ocasiones. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 296-299. 307 Valencianas (cuadros levantinos) (1909) fue la primera obra de Chavarri para orquesta y los Antiguos abanicos (1911-1912), la tercera. Vano es un término coloquial catalán, que fue el escogido para la traducción del castellano abanico, en lugar de la forma académica ventall. Precisamente en una carta de Francesc Pujol i Pons (administrador del Orfeò Català) a Chavarri, de noviembre de 1918, también se citan sus «Vanos Antichs» y la intención del remitente de volver a programarlos para los Amics de la Música en el concierto inaugural del curso: «Caríssim amic: Quatre mots à la hâte pera dir–li que’l divendres vinent, dia quinze, donarem el concert inaugural de curs als Amics de la Música, i que en ell executarèm altra vegada la suite de vosté Vanos anctics que tant va agradar als Amics. Es una gran satisfacció per a mi comunicar aquesta nova al bon amic Chavarri». En esta misma carta leemos cómo Francesc Pujol se interesa por la salud de Chavarri en un entorno de pandemia, la de la gripe de 1918, con una preocupación con la que nos podemos fácilmente identificar en nuestras actuales circunstancias: «Suposo i desitjo de tot cor que la grippe l’hagi respectat; aquí l’hem ballada forta, pero del nostre cercle d’amics i companys tothom se’n ha escapat bastant be. Recorts de tothom i una abraçada de son amic i servent. Francesc Pujol» V. la misiva completa en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 137. 192 Tarjeta postal de Miguel Llobet a Chavarri (Barcelona, 3–III–1918)308 Como ya vimos con anterioridad, Llobet estuvo en Valencia en septiembre de 1915 (tres años antes de la fecha de esta tarjeta) en compañía de los otros tres magníficos (Segovia, Pujol y Fortea)309. En tal ocasión ofreció un concierto privado y creemos que difícilmente Chavarri, con la admiración que sentía por Tárrega, hubiera permanecido ajeno a un cónclave guitarrístico de tal envergadura, con los cuatro principales exponentes del instrumento reunidos en Valencia; más aún, si cabe, siendo Llobet y él ya cordiales amigos. La relevancia de este guitarrístico encuentro también tuvo su eco –bien es cierto que discreto– en La correspondencia de Valencia, con una nota de prensa: Se encuentran estos días reunidos en Valencia varios guitarristas notables, entre los que figuran los señores Llobet, Pujol, Segovia y Sirera. Dichos señores son sumamente agasajados por sus amigos y les deseamos grata estancia en esta310. Es cierto que la correspondencia entre nuestros dos personajes –al menos la que conocemos y tenemos localizada– no es muy numerosa, pero dado el carácter 308 Imagen digital obtenida en el Arxiu del Museu de la Música de Barcelona (AMDMB). Fons Miquel Llobet. Col.lecció Fernando Alonso, en donde está registrada con la signatura ES AMDMB 4– 469–4–2–FA10/319 junto a las imágenes de las otras tres tarjetas postales de Llobet a Chavarri que se conservan. Todos los programas de concierto de Llobet que aparecen en este trabajo los hemos descargado igualmente desde la página web de este mismo museo. 309 V. en este trabajo, cap. 2.2.1., p. 65. 310 La correspondencia de Valencia: año XXXVIII, número 16467 – 18 de septiembre de 1915, p. 2. El programa de ese concierto íntimo fue el siguiente: Preludio n. 2 (Tárrega) / Romanza (Mendelssohn) / Preludio (Chopin) / Bourrée (Bach) / Dos danzas (Granados) / El Mestre (Llobet). [V. en Gimeno, “Los conciertos de Miguel Llobet” (2014-2020)]. 193 introvertido, tímido, por momentos casi eremita de Llobet no queremos valorar este dato como un signo de indiferencia o de altibajos en su amistad. Hemos podido descargar la citada tarjeta postal desde el sitio web del Museu de la Música de Barcelona donde además hay una imagen digitalizada de otra de 1924, escrita desde Viena311. En la monografía de Díaz y Galbis encontramos transcritas dos cartas de 1923312, y todavía se cita una más (de 1930) en el índice de las cartas que por motivos de espacio decidieron no publicar. Las tres cartas registradas por estos investigadores están conservadas en la BV y, aunque no aparece en la publicación de Díaz y Galbis, el original de la tarjeta de 1918 –según los registros de la misma biblioteca– también está conservado allí con la sign. AELCH CR 1281. El cuadro cronológico de estas fuentes epistolares (con su fecha de redacción y ciudad desde donde se remitieron) sería el siguiente: Fecha Localidad del remitente 3 / III / 1918 Barcelona (tarjeta postal) 12 / II / 1923 Barcelona (tarjeta postal) 23 / II / 1923 Barcelona (tarjeta postal) 27 / X / 1924313 Viena (tarjeta postal) 18 / VI / 1930 Barcelona (carta) Pasemos ahora a analizar la segunda de estas tarjetas postales. En ella encontramos al fin las pruebas de la relación profesional entre ambos músicos. Chavarri había comenzado a escribir la Sonata I en 1922314 y en el momento en que Llobet escribe esta tarjeta, febrero de 1923, Chavarri ya tenía completada la primera versión. Aunque la carta en la que propone a Llobet que sea él quien estrene su nueva composición no se ha conservado, afortunadamente sí podemos leer aquí la respuesta de este: Barcelona, 12–II–1923 Estimat Chavarri: estic entusiasmát de les seves noticies. 311 Una búsqueda combinada con el nombre de ambos autores en la aplicación de la página web de los “Fondos Llobet” han dado como resultado la correspondencia citada aquí además de otras dos fuentes manuscritas de música, de las que trataremos en este mismo capítulo. V. en línea en [consultada en junio de 2021]. 312 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 345. 313 En esta tarjeta postal no se puede apreciar la fecha (tan solo se lee claramente el año, precedido por lo que parece un 7 cortado por la mitad) pero, por su contenido, en el que Llobet anuncia un próximo concierto en Viena, hemos podido datarla con precisión. 314 Uno de los borradores de la obra (AELCH/pro 120–3) tiene al final la firma autógrafa de Chavarri junto a la fecha: 1922. 194 Será un gran honor per mi el tocar una composición de vosté. Por enviarmeu tot seguit. Son ja varios musichs que pensen escriure pera mi. Es probable que à últims d’aquest mes ó principis del que vé, tingui que pasar per Valencia. Pero no hi fà res. Vosté envíem la música inmediatament, y així guanjarem temps. Estich fent en la actualitat una sèrie de concerts per Catalunya, desprès del important à la música de Cámera el 9 gener. Mil gracies y un fort abrás. M. Llobet. Tarjeta postal de Miguel Llobet a Chavarri (Barcelona, 12–II–1923) Detalle del borrador de la Sonata I (AELCH/pro 120–3) con firma autógrafa y fecha de 1922 Llobet se muestra encantado e ilusionado por la propuesta; tanto que no quiere esperar a su anunciada próxima visita a Valencia para empezar a trabajar la obra y le pide que se la envíe “inmediatamente”. Aún no sabe de qué tipo de composición se trata y podemos imaginar cuál habrá sido su sorpresa al descubrir que se trataba de una 195 sonata en tres movimientos. Otra muestra de su buena disposición por tocar la obra es el comentario que le hace a Falla en otra carta, escrita el día siguiente, en la que además le recuerda al maestro gaditano que tiene pendiente escribir otra obra para él y le suplica que no deje de completarla, obra que (salvo que algún día aparezcan pruebas de lo contrario) tenemos que creer que no llegó a materializarse: Barcelona, 13–II–1923 (…) Anímese a escribir pronto la nueva obra para guitarra, y trataremos de que vaya yo por allí, y hasta tocarla para los Títeres de Cachiporra (si es que cuadra al espectáculo)… ¡Por Dios no me olvide!!… López Chavarri de Valencia, acaba de escribirme hace dos días diciéndome que ha escrito algo para mí. El amigo Barberá de aquí, también está escribiendo para guitarra, nada menos que una pequeña Sonata de ambiente catalanesco. Lamote de Grignon espera también hacer algo este verano cuando pueda descansar de sus múltiples ocupaciones (y digo múltiples porque es director de la Orquesta Sinfónica, director de la Banda Municipal y Director del Conservatorio…… un acaparador como le dije yo mismo hace unos días). Desde que V. escribió el Homenaje, se ha despertado entre los músicos un verdadero interés en escribir para guitarra… mucho mejor. Pero que conste que esto se deberá a V. y por lo tanto los guitarristas tendremos que rendirle un debido homenaje, no de la talla del de Debussy, pero cariñoso y admirativo por lo menos (…)315. Detalle de una carta de Llobet a Manuel de Falla (Barcelona, 13–II–1923) 315 Agradecemos a Javier Suárez–Pajares que haya compartido una copia digitalizada de esta carta para nuestra investigación. 196 El día 23 del mismo mes, Llobet vuelve a escribir a Chavarri –tercera tarjeta postal– agradeciendo el envío de la Sonata. En esta ocasión responde en castellano, tal vez por cortesía (si inferimos que Chavarri le respondió en este mismo idioma a su anterior carta en catalán) o simplemente porque tal vez en aquellos años ambas lenguas se usaban indistintamente para su natural función comunicadora y, especialmente entre amigos, sin adherencias políticas: Barcelona, 23–II–1923 Querido amigo: ayer llegué de viaje y me encontré con su postal y su Sonata, la que no he podido ver a causa de unos trabajos urgentes. Además estoy preparándome para otro viaje de conciertos, empezando por Cartagena en donde toco el próximo martes 27. He procurado arreglar mis cosas para poder estar dos días en ésa. Así pues, quiero llegar a ésa el domingo por la mañana. El amigo [¿Lorca?] se encargará de buscarme hotel. Yo traeré su Sonata conmigo y así V. podrá hacérmela oír y al mismo tiempo indicarme lo que sea necesario para que de este modo yo pueda conocer exactamente la idea de su autor y así poder obrar con más libertad. ¿No le parece magna mi idea? Así pues, es necesario que el domingo nos veamos lo antes posible para no perder tiempo. Un millón de gracias y archi encantado. Hasta pronto reciba un fuerte abrazo de su buen amigo. M. Llobet316. Tarjeta postal de Llobet a Chavarri (Barcelona, 23–II–1923) Efectivamente, Llobet toca el 27 de febrero en Cartagena, al día siguiente en Murcia, el 2 de marzo en Linares y el domingo 4 de marzo en Gibraltar317. Por tanto, sabemos que sus planes tuvieron, al menos, una ligera modificación ya que de ninguna manera pudo llegar a Valencia la mañana del mismo día que tocaba en el extremo sur de 316 Tarjeta postal conservada en la BV con sign. AELCH CR 1282. 317 V. Gimeno, “Los conciertos…”, op.cit. 197 España. El siguiente concierto de su gira española, según el listado de Gimeno, fue ya en Burriana (Castellón) el 9 de marzo. El diario El Pueblo lo reseñó brevemente entre los conciertos celebrados en la localidad gracias al empuje de la nueva delegación local de la madrileña Asociación de Cultura Musical: La Asociación de Cultura Musical, que radica en Madrid y de la que es presidente el ilustre senador por esa Universidad don Rafael Altamira, ha creado la Delegación de Burriana la que desde hoy está integrada por cien socios entusiastas de la buena música, los cuales contribuyen con una cuota mensual de seis pesetas y tienen derecho a disfrutar un concierto (como mínimum), cada mes, y de un pase para señora en todas las audiciones. Estos conciertos son privados, ya que sólo pueden asistir a ellos los asociados a esta delegación. El inaugural, que se celebro en el Salón Cine Requena el pasado día 9, corrió a cargo del eminente guitarrista Miguel Llobet, discípulo del llorado Tárrega, y constituyó un exitazo artístico318. Teniendo en cuenta que la gira de Llobet continuaba por Cataluña319, podemos plantear como hipótesis más que probable que el encuentro prometido, en Valencia, en el cual Llobet escucharía los consejos y la interpretación de la Sonata por Chavarri al piano, se debió producir en algún momento entre el 4 y el 9 de marzo de 1923. El interés de Llobet por la Sonata tuvo que ser muy grande desde el principio porque en el verano de este mismo año, en julio –aprovechando el descanso estival, ya que no tuvo compromisos de conciertos en esas fechas–, tenemos noticia de una nueva visita de Llobet a Valencia para reencontrarse con Chavarri. El autor de la noticia periodística –del cual desconocemos su nombre y firma con el seudónimo de Leone– nos regala algunos datos interesantes sobre distintos asuntos como ciertos detalles de la personalidad de Llobet, la guitarra con la que tocaba en ese momento y –muy especialmente para nuestros intereses– el estreno informal de la Sonata para un grupo selecto de espectadores: ESPEJO DE LA CIUDAD Llobet y Chavarri Llobet, el concertista de guitarra, uno de los más fuertes temperamentos Musicales de Cataluña, ha pasado unos días en la ciudad. Ha traído la guitarra Torres, que le ha acompañado en sus viajes por Europa y América, y que ha ofrecido el encanto de sus voces generosas a los auditorios más inquietos, exquisitos y diversos… Esa guitarra ha cantado para unos cuantos elegidos una Sonata de Chavarri. Obra todo aroma y color: canto popular. 318 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXX, número 11026 – 15 de marzo de 1923, p. 2. 319 V. Gimeno, ibid. Hemos consultado los detalles del resto de conciertos registrados de ese año, todos en Cataluña. En el listado hay un error en la ubicación de Burriana puesto que se sitúa en la provincia de Valencia en lugar de en la de Castellón. Creemos lógico pensar que Llobet hizo la parada en Valencia antes de partir hacia Burriana, para continuar después con el resto de sus conciertos de la temporada en Cataluña. 198 Llobet ha paseado desconocido, por nuestras calles, con su gesto un poco rígido de cómico inglés. Ha obsequiado a unos amigos con unas cordiales sesiones de arte y ha marchado, sin que la ciudad que tanto admiró a Tárrega haya conocido a su discípulo320. Así pues, queda acreditado que en ese momento la obra estaba ya adaptada y estudiada por Llobet. No olvidemos que cuando hablamos de la nueva música para guitarra del Periodo de Entreguerras, en muchos casos (como en el de Chavarri) las primeras facturas de las obras en realidad son más bien músicas para piano, aun teniendo los compositores en su horizonte a la guitarra. La intervención de Llobet en este caso no solo era importante sino absolutamente necesaria para el éxito de la composición. La recepción por parte de los aficionados valencianos fue por lo que parece muy positiva, lo cual invitaba a Llobet a dar la difusión adecuada a una obra tan formalmente ambiciosa, dotada de un lenguaje derivado de la tradición tarreguiana y con elegantes toques de modernidad que tan bien podría adaptarse a su estilo. 320 La correspondencia de Valencia: diario de noticias: año XLVI, número 19051 – 11 de julio de 1923, p. 1. 199 3.2.3. La Sonata I en una gira centroeuropea de Llobet (otoño de 1924) Aunque no tenemos total seguridad de que la Sonata I no se estrenara en concierto con anterioridad (en el listado de los conciertos de Llobet completado por Julio Gimeno no aparecen en 1924 recitales públicos anteriores a los que vamos a mencionar)321, lo cierto es que Llobet escogió su gira por Alemania y Austria, en los meses de octubre y noviembre de ese año, para presentar la Sonata I ante el selecto y exigente público de estos dos países322. La cuarta y última tarjeta postal que se conserva entre nuestros personajes fue enviada desde Viena en mitad de esa gira de conciertos y en ella descubrimos a un optimista y bromista Llobet, entusiasmado con el éxito de la Sonata. La gira fue larga e intensa: los programas de sala que se conservan en el Museu de la Música de Barcelona nos dicen que comenzó en Dortmund el 3 de octubre y terminó en Fráncfort el 11 de noviembre: Viena [27 octubre] 1924 Querido amigo: Estoy haciendo una brillante tournée por Alemania y Austria. Su Sonata ha tenido un gran éxito en Dortmund, Essen, Elberfeld, Stuttgart, Frankfurt y espero lo tendrá también igual o mayor en esta pasado mañana y en Insbruck [sic] y Múnich en donde me falta aún tocar. Le felicito muy cordialmente por ello y me felicito yo también… (perdone la inmodestia…). Un fuerte abrazo le manda su buen amigo. M. Llobet A mediados de noviembre pienso regresar a Barcelona323. Habrá notado el lector que Llobet informa a Chavarri de que su último concierto será en Múnich (concierto que se celebró el 6 de noviembre) pero, en realidad, aún ofreció un último concierto en Fráncfort, el 11 de noviembre, en la misma sala donde había tocado poco antes, el 20 de octubre, probablemente a requerimiento del público y los admiradores del maestro catalán en aquella ciudad, pero con un programa totalmente distinto. De este asunto de los programas trataremos con detenimiento en el presente capítulo puesto que, más allá de que el regreso de Llobet a Fráncfort es una prueba contundente del gran éxito que tuvo en estos conciertos, el contenido de los dos programas nos puede dar pistas sobre cómo el intérprete pudo empezar a experimentar la respuesta del público ante distintas opciones estéticas. 321 En realidad está indexado uno, privado, en el domicilio del escritor catalán Apeles Mestres, el 17 de enero. V. Gimeno, ibid. 322 Fue Carles Trepat, que “reestrenó” la obra en 2008 [las comillas son del propio guitarrista], quien compartía las primeras noticias sobre este particular con la comunidad guitarrística el 2 de septiembre de 2013, en un post dentro del foro portugués de internet violao.org y, en particular, dentro de hilo La Sonata perdida de López-Chavarri: «Llobet estrenó la Sonata en su gira por Alemania y Austria en 1924. Pero de Llobet no ha quedado ninguna revisión de la obra, salvo algunas anotaciones en el manuscrito mencionado.» V. en línea < https://violao.org/topic/15320-a-sonata-perdida-de-lopez-chavarri/page-3> [consultada en junio de 2021]. 323 En la imagen digitalizada que comparte el AMDMB hay una anotación al margen que no podemos leer (está cortada) y parece referirse a José Iturbi. 200 Tarjeta postal de Llobet a Chavarri (Viena, 27–X–1924) Sobre este asunto nos interesa especialmente la sustitución que Llobet hizo de la Sonata I por la Sonatina de Federico Moreno Torroba en algunos de estos conciertos, particularmente cuando tocaba en dos ocasiones en la misma ciudad, como sucedió en Innsbruck y en Fráncfort324. Ya hemos hablado anteriormente de las dificultades que el lenguaje de la Sonata I podía tener para penetrar en los gustos del nuevo público y de cómo las características de la otra obra, la de Torroba, la hacían más atractiva para la sensibilidad y ánimo de los espectadores de los años 20. Puede ser que Llobet empezara a ser consciente de ello al comparar la respuesta de la audiencia en estos recitales a pesar de las excelentes primeras impresiones que había tenido con la Sonata I en el momento en que envió su tarjeta postal (entonces aún no había tocado sus dos conciertos en Innsbruck ni el segundo de Fráncfort). Pero la Sonata I no tuvo en la Sonatina a su único, ni siquiera a su mayor oponente en esa gira. Si la obra de Chavarri estaba dedicada a Llobet, la de Torroba fue escrita para el representante por excelencia del nuevo guitarrismo, Andrés Segovia… y se dio la circunstancia de que contemporáneamente a la de Llobet, Segovia también hacía su propia gira de conciertos por los mismos dos países, visitando ciudades como Viena (30 de septiembre), Graz (3 de octubre), Innsbruck (8 de octubre) o Múnich (10 de octubre)325 y tocando en muchos de esos recitales la Sonatina. 324 Llobet había tocado por primera vez la Sonatina de Torroba en el Palau de la Música Catalana de Barcelona el 9 de septiembre de 1924. Como curiosidad diremos que en ese programa la Sonatina aparece como «1ª audició». Tal vez se refiera a la primera audición en Barcelona pues era bien sabido en España (y de ello hemos dado ya cuenta en este trabajo) que la primera interpretación de la obra había sido en el Teatro de la Comedia de Madrid el 17 de diciembre de 1923, a cargo de Segovia. 325 V. en Gimeno: “Los conciertos de Andrés Segovia” (2013-2021). En línea en [consultada en junio de 2021]. 201 Programas de sala de los conciertos de Llobet en Innsbruck (30 y 31 de octubre de 1924) Programas de sala de los conciertos de Llobet en Fráncfort (20 de octubre y 11 de noviembre de 1924) 202 Así pues, nos encontramos inesperadamente ya no con un combate Sonata I versus Sonatina sino con uno Llobet versus Segovia, el cual, comparando el carácter de ambos y la juventud y ansias de triunfo del segundo era tan desequilibrado como pudiera haber sido en aquel tiempo –permítasenos la licencia– uno de boxeo entre Jack Dempsey y Benny Leonard. Adolfo Salazar ya había retratado de algún modo esta más o menos soterrada disputa que el empuje del más joven Segovia provocaba: A lo largo de este periodo [el de Entreguerras], la guitarra alcanzó su reconocimiento como instrumento de concierto, lo que permitió a Adolfo Salazar diferenciar tres tendencias: la «tradición española más neta» representada por Miguel Llobet, la modernización técnica, el virtuosismo y la difusión mundial de la guitarra llevada a cabo por Andrés Segovia e «intermedio entre ambas tendencias» la personificada por Regino Sainz de la Maza326. Javier Suárez–Pajares supo resumir en un solo párrafo las consecuencias del vendaval que supuso para Llobet la irrupción de Segovia en el panorama guitarrístico, y cómo el empuje del guitarrista de Linares pudo acabar con las ilusiones y las energías de Llobet para abanderar la renovación del nuevo repertorio: Llobet tenía que sentir el peso agobiante de Segovia como competidor, más aún desde que este entró en el grupo de intérpretes de la agencia de Ernesto de Quesada, “Conciertos Daniel”, que lo empezó a mover por los mismos circuitos por los que había movido a Llobet, pero seguramente con más fe en la hambrienta ambición de Segovia que en el parsimonioso acomodo de Llobet, «ejecutante personal, recio y que ama la guitarra más que el aplauso» [la cita es de Victor Espinos]. Entre 1920 y 1921, Miguel Llobet había visto su corona en jaque por la fuerza insurgente de Andrés Segovia y este movimiento hacia la renovación del repertorio fue en cierta medida un enroque, una defensa que, sin embargo, no tuvo el éxito al que apuntaba, porque quien acometería finalmente esa vía de renovación del repertorio con el compromiso necesario no sería Llobet, que parece que se retiró del empeño (si es que alguna vez lo tuvo), sino Segovia. Jaque mate327. Pese a que Llobet ya había tocado en Alemania y en Austria en diversas ocasiones durante la década de 1910 y había realizado por esas mismas tierras dos larguísimas giras en distintos momentos de 1921, el fenómeno Segovia tenía ya tal repercusión a nivel internacional que en esta gira de 1924 se le percibió a un nivel de igualdad (si no incluso superior) con el siempre prestigioso y ya maduro Maestro Llobet, heredero por méritos propios del gran Tárrega. En medio de los numerosos viajes para sus respectivos conciertos ambos concertistas coincidieron en una gala guitarrística en Múnich en una fecha que no podemos concretar328 pero que tuvo que estar entre la fecha del recital de Segovia en esa ciudad (el 10 de octubre) y la del recital de Llobet (6 de noviembre, como ya vimos). La expresión de las caras de Llobet y Segovia en la fotografía que retrató este histórico momento (sobre todo la de Segovia que parece incómodo, con la mirada perdida, junto a un Llobet que mantiene la 326 Neri, “La guitarra en la España franquista” (2006), p. 3 [Cit. a Salazar, La música contemporánea en España (1930), p. 314]. 327 Suárez–Pajares: “Miguel Llobet y el Homenaje” (2016), p. 186. 328 V. en Stevens, “Segovia y Alemania” (2015-2016), pp. 94-95. 203 compostura con una media sonrisa) parece reflejar la tensión que entre los dos grandes guitarristas se había ido produciendo a pesar de sus iniciales buenas relaciones surgidas de aquellas deliciosas jornadas valencianas de 1915329. Llobet y Segovia en la reunión de Múnich de la Asociación Guitarrística (otoño de 1924)330 Aportemos un dato significativo: pese a su larga trayectoria concertística en tierras centroeuropeas, en el programa de mano de su concierto en Múnich se designa a Llobet con un apelativo que le identifica en términos comparativos con el nuevo gurú de los guitarristas: Segovia’s größter Rivale331. Aunque en ese programa se anuncia la Sonata I como Erstauffhürung (estreno) ya sabemos que según todos los datos fue en el primero de los conciertos de la gira, el de Dortmund, donde Llobet tocó la Sonata I “Zum ersten Mal” en público332. 329 En Tonazzi, Miguel Llobet (1965), p. 19, encontramos un testimonio de una de las maniobras de Segovia para desprestigiar a su competidor (actitud bastante frecuente en su proceder, como se puede comprobar por ejemplo en la correspondencia a Manuel M. Ponce): “Tornando ai rapporti Llobet– Debussy, sembra che il musicista francese fosse molto interesato a scrivere per la chitarra e che Llobet lo abbia «scoraggiato» dicendogli che la técnica era troppo complicata e che bisognava conoscere lo strumento. Questo é quanto mi ha scritto il Maestro Castelnuovo–Tedesco il quale ne fu informato da Andrés Segovia che, a sua volta, l’avrebbe appreso dalla vedova di Debussy”. 330 Imagen tomada de Stevens, ibidem [original conservado en el Archivo Hermann Hauser, Reisbach, Alemania]. 331 El programa apareció anunciado en la revista musical muniquesa Dur und Moll: año 3, número 4, noviembre de 1924, p. 23. 332 Carles Trepat ya planteó esta hipótesis en el texto que acompaña a su grabación de la Sonata I publicada en la plataforma YouTube. Véase en línea: [consultada en junio de 2021]. 204 Programa del concierto de Llobet en Dortmund (3 de octubre de 1924) Programa del concierto de Llobet en Múnich (6 de noviembre de 1924) En cambio, Segovia ya había sido aclamado por la crítica de Múnich en un concierto previo en mayo y elogiado sin más referencias que su propia personalidad y excelencia técnica: Unglaubiche Leistungsfähigkeit (…) Eine bis zur höchsten Potenz gesteigerte Technik (…) Bei Segovia scheint jeder Erdenrest abgestreift zu sein (…) Stets festgehaltene Schönheitslinie, große Weichheit und edle Formung des Tones (...)333. Buena prueba del enorme éxito de Segovia es que, aunque ese concierto no tuvo la repercusión que la Asociación Guitarrística de Múnich esperaba, impresionó de tal modo su interpretación que el colectivo de guitarristas de la ciudad fue convocado a suscribirse a uno nuevo, el del 10 de octubre: Andres Segovia beabsichtigt im Oktober wiederum, nach Deutschland zu kommen. Wir bitten alle gitarristischen Kreise, die Interesse daran haben, sich baldmöglichst beim Sekretariat der Gitarristischen Vereinigung zu melden334. 333 Münchner Neueste Nachrichten, 11 de mayo de 1924. 334 Fritz Buek: «Segovia Konzerte», Der Gitarrefreund (mayo–junio, 1924), p. 45. Cit. y traducido en Stevens, “Segovia y Alemania” (2015-2016), p. 93: «Andrés Segovia volverá de nuevo en octubre a Alemania. Se pide a todos los guitarristas que tengan interés [en asistir a sus conciertos], se pongan en contacto lo antes posible con la secretaría de la Asociación Guitarrística». 205 Lo cierto es que tras el encuentro –o encontronazo– en Múnich, en ninguno de los recitales de Llobet –de los que tenemos constancia– del resto de ese año incluyó la Sonata I pero, en cambio, sí tocó siempre la Sonatina335. No obstante, Llobet todavía mantuvo la obra de Chavarri, alternándola con la de Torroba (nunca juntas en el mismo recital) en dos giras por Suramérica durante la primavera y el otoño de 1925, de las que tenemos información gracias a los programas de sala conservados en Barcelona. Entre todos ellos hemos localizado dos, celebrados en un lapso de tres días en el Teatro Solís de Montevideo (22 y 25 de mayo) y otro programa doble para sendos conciertos en el Teatro Ideal (15 y 17 de mayo) que mantienen el mismo patrón de alternancia entre ambas obras. Fueron estas, al parecer, las últimas veces que Llobet tocó la Sonata I en concierto antes de que desapareciera de sus programas. Dos años más tarde, en un concierto en Friburgo incluido en una nueva gira por Alemania, Llobet ya solamente mantenía un Allegro (suponemos que el tercer movimiento) de la Sonatina de Torroba. Programa de dos conciertos de Llobet en Montevideo (22 y 24 de mayo de 1925) 335 Incluyendo también el último concierto de la gira, en Fráncfort. En el Archiu Llobet de Barcelona hemos localizado dos programas celebrados en diciembre en la provincia de Gerona: el día 18 en Palamós y el 19 en Palafrugell. En ambos Llobet interpretó la Sonatina de Torroba. V. en . El listado de los conciertos de Llobet en artepulsado solo alcanza hasta el 20 de octubre de 1924. 206 3.2.4. 1930: Chavarri y Llobet se reencuentran en Londres Pasarían seis años desde la fecha de la tarjeta postal de Viena hasta que Llobet y Chavarri retomaran su contacto epistolar y, pese a ello, el tono de su conversación sigue siendo igual de cordial. El 18 de junio de 1930 Llobet, desde Barcelona, responde con una carta a otra de Chavarri en la que deducimos que le mostraba su alegría por poder de nuevo colaborar en un concierto en Londres y le proponía la posibilidad tanto de hospedarse en el mismo hotel como de tratar de hacer coincidir sus agendas para realizar el viaje juntos. Llobet se muestra encantado por esa posibilidad y le ofrece todos los detalles de su plan de trabajo para tratar de cuadrarlas: Barcelona –18 Junio–1930 Señor D. E. L. Chavarri Mi muy querido amigo: Recibí su muy amable de V. y estoy también complacidísimo del hecho de colaborar juntos en Londres. El motivo de no haberle contestado antes se lo diría ya el amigo Rodrigo. He estado pocas veces en Londres. La primera vez, fui a uno de los hoteles de más renombre… y por lo tanto más caros. Luego me he hospedado en casa de unos amigos íntimos, lo que pienso hacer también ahora. Dicha familia es muy conocida de Ángel Grande, de modo que cuando le escriba puede decirle que le busque un hotelito cerca de «Madame Russell, en donde se hospeda Llobet». Yo, por mi parte tengo también interés en que estuviéramos cerca. Yo pienso hacer el viaje en la forma siguiente: Partir de aquí el 24 a las 14 (minutos más o menos) para París, permaneciendo allí un día. Salida de París el 26 (Gare du Nord) a las 12’15, llegando a Londres a las 19,15. Aunque el concierto de la Radio es el 28, yo tengo necesidad de salir dos días antes, pues el 27 tomo parte en un concierto. Ya conoce pues mi itinerario (salvo fuerza mayor). ¿Coincidiremos en hacer el viaje juntos?... Mucho lo celebraría. Escríbame algo. Mis respetos a su señora, a la que espero tener el gusto de conocer y aplaudir pronto, y V. ya sabe es siempre su invariable amigo. M. Llobet336 Otra prueba de que la ausencia en los programas de Llobet de la la Sonata I no hizo mella en su amistad es que en 1928 Llobet completó una transcripción para dos guitarras de una de las piezas más célebres para piano de Chavarri, la Leyenda del Castillo Moro. El ms. de esta transcripción se conserva en el Museu de Barcelona y se publicó en 1964 con la UME337. Pero volvamos al evento londinense en que nuestros músicos van a reencontrarse. Al parecer, Llobet no sabía que el concierto en el que iba a participar el 27 de junio era también compartido con Chavarri y su esposa, la soprano Cármen Andújar. Fue organizado por The Anglo–Spanish Chamber Music Society. En este recital, Llobet no incluyó la Sonata I ni ninguna otra composición de Chavarri: 336 Carta conservada en la BV con sign. AELCH–CR–1283. 337 Ms. autógrafo de Llobet conservado en el AMDMB con sign. ES AMDMB 4–469–2–4–FA073. 207 Leyenda del Castillo Moro (transcripción para dos guitarras de Miguel Llobet, 1928, pp. 1 y 4, AMDMB) 208 Programa del concierto londinense de Llobet, Chavarri y Andújar (27 de junio de 1930)338 No hemos localizado reseñas o críticas dedicadas a este concierto339 aunque sí tenemos constancia de una consecuencia: el inicio de una relación entre Chavarri y un curioso personaje inglés –aunque de ascendencia española de rancio abolengo–, escritor y guitarrista: Oscar Carlos Cabot340. Cabot, que quedó en ese concierto prendado de la 338 El programa está conservado en este mismo AMDMB. 339 En cambio hemos podido localizar la recopilación de una serie de críticas inglesas, muy elogiosas, a los conciertos que Chavarri y Carmen Andújar dieron en Inglaterra al año siguiente las cuales fueron traducidas al español y publicadas en la revista Ritmo, de la que Chavarri era asiduo colaborador y amigo de su director Rogelio Villar. V. en Ritmo: revista musical ilustrada: año III, número 32 - 15 de mayo de 1931, pp. 8-9. 340 En Prat, Diccionario de guitarristas (1934) p. 70, leemos: «Cabot, Carlos Oscar [sic]: Profesor de guitarra y escritor. Nació en Inglaterra, el 20 de febrero de 1889. Descendiente de los Cabot navegantes: Juan (1425–1498), oriundo de Cataluña, y Sebastián (1477–1557). El primero descubrió Terranova y el segundo remonta el Río de la Plata en 1526. Nuestro biografiado, aprende las primeras prácticas de la guitarra en Alemania, y después en Londres, donde estudia su historia. Discípulo del profesor inglés A. F. Cramer, se mune de las nuevas orientaciones, haciéndose un notable escritor en temas guitarrísticos, colaborando en las revistas “Die Guitarre” [sic], “Der Gitarre–freund” y “Osterreichische Guitarre [sic] Zeitschrift”, de Berlín, Múnich y Viena respectivamente. De Cabot, guitarrista altamente ilustrado, se pueden esperar buenos aportes para la enseñanza del instrumento». 209 música de Chavarri, mantuvo durante la segunda mitad de 1930 una continua correspondencia con él, interesándose por su música, sus opiniones y gustos estéticos y dedicándole una serie de artículos para la «Revue guitaristique autrichienne». Pero lo que nos interesa ahora del contenido de esas cartas son las partes que se refieren a la Sonata I que, podemos imaginar, quizás escuchó de las manos del propio Llobet en alguna velada durante aquella estancia en Londres: J’attends impatiemment d’apprendre quand votre Sonate prèmiere pour guitare, avec doigté de Maestro Llobet, sera publiée (…)341. Detalles de una carta de Oscar Cabot a Chavarri (1930) Si vous m’autorisez à faire l’article en question, je vous remercerais infiniment que de bien vouloir me faire tenir quelques details biographiques concernant votre vie et votre carrière musicale et egalement –si ce n’est trop vous demander– des analyses de vos oeuvres pour guitare, principalement les 2 Sonates et la Suite non encore publiée, ainsi que quelques mots sur vos intentions et votre idéal musical (...)342. Por lo que se desprende de la primera cita, en 1930 Chavarri aún tenía en mente la publicación de la Sonata I, la cual, naturalmente, solo podía aparecer impresa con la revisión de Llobet. El análisis de las tres obras más importantes para guitarra de Chavarri que Cabot le solicita en la segunda de estas cartas para su artículo en la revista austriaca no hemos podido localizarlo en el transcurso de esta investigación. Llobet no tuvo probablemente ni la energía física ni la fuerza de espíritu necesarias para afrontar la farragosa labor de edición ya en estos años treinta. El final de su vida no estaba lejos y fue tan romántico (en el sentido más profundamente patético y dramático del término) como lo habían sido su semblante de personaje de El Greco y su introspectivo carácter como intérprete. Jaume Pahissa relataba así sus últimos encuentros con él durante la 341 “Espero impacientemente saber cuándo se publicará su Primera Sonata para guitarra con digitación del Maestro Llobet” [trad. del autor]. Carta conservada en la BV con sign. AELCH CR 280. 342 “Si me permitiese escribir el artículo en cuestión, le agradecería mucho que me hiciera llegar algunos datos biográficos sobre su vida y su carrera musical y también –si no es pedirle demasiado– los análisis de sus trabajos para guitarra, principalmente de las dos Sonatas y la Suite aún no publicada, así como unas palabras sobre sus intenciones y su ideal musical” [trad. del autor]. Ibid: AELCH CR 281. 210 Guerra Civil en una convulsa Barcelona donde las distintas facciones del bando republicano se agredían estúpida e inclementemente contribuyendo generosamente a su derrota final: Yo le encontré algunas veces durante el primer año de la guerra, 1936-37, caminando por las calles de Barcelona, desorientado, anonadado, vencido, sin ánimo para nada. El 22 del febrero del año siguiente, 1938, Miguel Llobet murió343. Miguel Llobet (ca. 1920) 343 Pahissa, Vida y obra de Manuel de Falla (1956), p. 121, Cit. por Moser, Francisco Tárrega (2007), p. 385. 211 3.2.5. Las fuentes de la Sonata I: manuscritos, reinstrumentación y contrafacta El frustrado proyecto de edición con Llobet de la Sonata I la mantuvo abandonada hasta los años cincuenta, momento en el que Chavarri comienza a reutilizar los materiales de varias de sus olvidadas composiciones para guitarra. Como ya hemos comentado antes, esta obra en particular será la base del Concierto para arpa y orquesta de arcos, de 1956. Además, tras la muerte de Chavarri dos de los movimientos de la Sonata I (el 1º y el 3º) aparecieron respectivamente publicados dentro de sendas colecciones de obras, como contrafacta de unas versiones manuscritas no autógrafas de datación incierta y cuya escritura hemos identificado con la de Josefina Robledo. La suma de estas circunstancias derivó en una notable proliferación de fuentes de esta sonata. Según se puede consultar en nuestro catálogo (v. cap. 3.1.4), la cantidad de fuentes manuscritas conservadas de la obra es muy grande, nada menos que trece (además de los dos contrafacta impresos, si bien estos son de un interés menor), lo cual convierte en una tarea mayúscula su por lo demás absolutamente necesaria edición crítica. Afortunadamente, la mayoría de estos manuscritos se conservan en la BV y el acceso a ellos es muy cómodo y sencillo en nuestros días. No obstante, la fuente más importante de todas, un manuscrito en limpio que Chavarri envió a Llobet –descubierto en 1988 o 1989 por Fernando Alonso y Carles Trepat (v. registro I.5 de nuestro catálogo)– se encuentra en el AMDMB. Aunque, al contrario que otros documentos, no es posible descargar una copia digital desde su sitio web, el acceso al manuscrito es también público bajo demanda. La tipología de estas fuentes es muy variada. Disponemos de cuatro mss. autógrafos de la versión original. De ellos, los primeros cronológicamente parecen ser los tres borradores, I.1, I.2 y I.3 (v. catálogo, p.154), siendo este último, con firma y fecha de 1922, posiblemente el más antiguo; pero nos interesa especialmente la versión en limpio de la Sonata “en boceto” (I.5, la que recibió Llobet, conservada en Barcelona) que por lo que ya sabemos se redactó alrededor del 23 de febrero de 1923. Tenemos además en la BV los citados mss. de Josefina Robledo, escritos ya a una clave, que forzosamente han de ser posteriores a 1924, año en el que regresó a España desde su largo periplo suramericano: I.4 (el cual la BV data, misteriosamente para nosotros, ca. 1930) y los VI.5 y VI.6 (s.f.) que sirvieron de base para el contrafactum editado bajo el título de Tríptico de homenajes a los compositores valencianos (I. A Luys de Milán) en 1972. Dadas las numerosas anotaciones y enmiendas a lápiz y con colores añadidas a los borradores autógrafos (que muchas veces se refieren al Concierto para arpa) sabemos que Chavarri los utilizó como base para la orquestación de ese concierto. La idea de la transformación de la Sonata I en un concierto para arpa surgió en los albores del año 1956, cuando Chavarri recibe una carta de agradecimiento de la jovencísima 212 arpista Marisa Robles –a la que había elogiado en una crítica a su concierto en Valencia– escrita el día de Año Nuevo de 1956: Madrid 1–I–1956. Sr. D. Eduardo L. Chavarri Admirado maestro y distinguido amigo: Al comenzar este nuevo año, que deseo le traiga todo género de venturas, me complace mucho dirigirle estas breves líneas para enviarle un saludo muy cordial y agradecerle con toda el alma los elogios de su crítica a mi reciente actuación ante el público valenciano, tan cultivado en todas las artes y tan respetuoso y benévolo conmigo. Esos elogios tienen el especial calor de haber salido de su pluma y por si esto fuera poco, sus buenos augurios al felicitarme las Pascuas de modo tan original, cariñoso y simpático, colma[n] los motivos de mi gratitud344. Que Dios le dé mucha salud es lo que deseo tanto como [que] se cumplan sus felices augurios. Suya agradecida amiga, Marisa Robles P.D. No olvide, maestro, su promesa de escribir para mí; se lo ruego. Ese orgullo sería mayor aún para mí, que el de haber logrado de Vd. la crítica a que me refiero345. Detalle de una carta de Marisa Robles a Chavarri (Madrid, 1 de enero de 1956) Chavarri, que siempre mostró debilidad por los jóvenes talentos, debió quedar impresionado con la destreza y musicalidad de la arpista, quien con solo 19 años y solo tres después de haberse graduado en el RCSMM emprendía ya una exitosa carrera como concertista; carrera que se había iniciado con su debut a los 17 años, nada menos que junto al gran flautista francés Jean–Pierre Rampal346. Sus circunstancias personales y 344 V. una segunda felicitación navideña de Chavarri, del año siguiente en el apartado 3.1.3 de este trabajo, p. 145. 345 Carta de Marisa Robles a Chavarri, conservada en la BV con sign. AELCH-CR-2229. 346 V. en [consultada en junio de 2021]. 213 familiares llevaron en 1960 a Marisa Robles a establecerse en Londres, donde ejerció la cátedra de arpa del Royal College of Music y donde reside en la actualidad347. Volviendo a nuestro relato, el ruego de la Robles se concretó pasados unos cuantos meses desde su primer contacto epistolar. En noviembre de 1956 daba a Chavarri acuse de haber recibido dos manuscritos completos (uno de orquesta y otro con la parte del arpa), le agradecía la dedicatoria y la propuesta de ser ella quien lo estrenara y aprovechaba para señalarle algunas de esas discrepancias tan habituales en las obras de Chavarri con varias fuentes manuscritas. Puede ser que Robles fuera conocedora de que la versión original de “su” concierto había sido pensada para guitarra sola, pues solicita a Chavarri que le escriba tres cadencias, una para cada movimiento, con una serie de recursos y “sonoridades imitando la guitarra”. Chavarri accedió a esta petición, pero solo parcialmente, incluyendo una larga cadencia al final del último movimiento, cadencia que se mantuvo tras la posterior revisión de la obra que enseguida traeremos a colación: Madrid, 28-XI-1956 Sr. D. Eduardo L. Chavarri Con gran alegría he recibido las partituras de su concierto, me ha hecho una ilusión muy grande y le prometo una vez más poner todo de mi parte y esto unido al gran valor de sus obras, hará que sea un gran éxito. Dios lo quiera. Tengo algo que decirle, maestro, respecto a ello. Ya lo he leído casi todo y he podido apreciar que hay trozos en la parte de arpa sola, diferentes a como están esos mismos en la partitura de orquesta. Incluso faltan o sobran compases de un papel a otro, quería preguntarle cual es el verdadero, yo me imagino que será la de orquesta ya que ahí está la obra completa con todos los instrumentos, espero su contestación con impaciencia pues ya he empezado a estudiarlo. Me ha parecido precioso, muy inspirado, muy arpístico, muy español en dos palabras, francamente magnífico. Que orgullo para mí, que me lo haya dedicado y que si Dios quiere sea yo la que lo estrene. He de pedirle también maestro, que me haga esas tres cadencias de las que ya le he hablado, una para cada tiempo, en las que el arpa juguetee un rato sola, aprovechando todos sus recursos, y grandes efectos. Como pueden ser, glisandos, armónicos, arpegios, acordes amplios, y sonoridades imitando a la guitarra, resultan todos preciosos y de gran efecto. Mientras Vd. me hace estas tres cadencias, yo voy montándolo y luego ya las acoplaremos a sus respectivos tiempos donde Vd. quiera, a mi no me importan que sean difíciles, no se preocupe por ello, con la ayuda de Dios serán salvadas. Le pido me perdone por este abuso de parte mía, al pedirle aún más trabajo, pero merece la pena maestro, créame el concierto se oirá con verdadero placer. Y esperando su contestación, estoy impaciente por ella, le desea todo lo bueno que existe y desde ahora un gran éxito en «nuestro concierto» con muchos saludos para su señora agradeciéndole sus letras anunciándome el envío del concierto, y para Vd. mi más sincero afecto, mi admiración y agradecimiento. Su affma. amiga Marisa Robles348. 347 En el sitio web de la BBC se puede escuchar una entrevista realizada el 28 de mayo de 1977 a Marisa Robles, quien responde con un rico, claro y fluido inglés. V. en [consultada en junio de 2021]. 348 V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 183. 214 En la BV se conservan dos borradores autógrafos (uno con los tres movimientos fechado en 1956; el otro, incompleto del segundo movimiento y s.f.) que suponemos sirvieron de base para la copia que Chavarri envió a nuestra arpista. Un mes más tarde, con motivo de la visita del hijo de Chavarri a su domicilio de Madrid, Robles vuelve a contactar con el compositor para darle su opinión favorable hacia un cuarto movimiento –un minueto– que Chavarri le había enviado para completar el concierto, pero del que, al parecer, no se mostraba excesivamente satisfecho. Lo cierto es que el movimiento fue descartado de la versión definitiva y no hemos localizado ninguna fuente manuscrita de tal Minuetto en la BV, aunque probablemente Robles conserve una copia en su archivo personal: [Madrid] 11–XII–1956 Sr. D. Eduardo L. Chavarri Mi querido y admirado maestro: En estos momentos acaba de salir de casa su hijo. Hemos estado charlando un buen rato y hemos disfrutado hablando de su Concierto, «mi ahijado», ¡muchas gracias por este honor. Le aseguro maestro, que el Minuetto me ha parecido magnífico, fino, inspirado, agradable, todo lo bueno lo reúne la música, y ¡cómo piensa Vd. que yo tan poca cosa sin voz ni voto a su lado, voy a pensar que no es bueno, que me desagrada! No maestro no, yo no me atrevería a desechar «sus corcheas» por nada del mundo, y desde luego no pienso perder «mi minuetto», si a Vd. no le parece unirlo al concierto, he pensado otra cosa, Vd. me dirá su opinión, la espero con impaciencia. Haré un resumen del arpa y la orquesta, y lo dejaré para interpretarlo en arpa sola, y así tener una obra suya exclusivamente para arpa, y podré ponerla en la parte española de mis recitales. No hay ningún minuetto para el instrumento y este, el suyo es precioso. ¿Le parece bien mi idea? ¿Y Vd. como se encuentra maestro? ¿Y su señora? Espero que por ahí no haga tanto frío como por aquí, y le sea menos duro el invierno. Yo les deseo pasen unas Navidades magníficas. Y pido a Dios para que el próximo año nos traiga a todos grandes y agradables sorpresas, y un éxito rotundo para «nuestro concierto valenciano». Espero sus noticias, yo le escribiré a menudo, hasta entonces reciba mi sincero agradecimiento y cariño. Con toda admiración Marisa Robles349 El estreno del concierto tuvo lugar en Valencia el 29 de mayo de 1957, como podemos leer en una breve pero laudatoria reseña del evento cuyo título no tiene desperdicio: “Marisa Robles, de veinte años de edad, estrena en Valencia un concierto de López Chavarri, de ochenta y dos años”350. En mayo de 1958 Chavarri redactó un nuevo ms. “copiado en homenaje al prodigioso arpista Nicanor Zabaleta” con motivo de la visita de este a Valencia. Zabaleta, arpista del máximo prestigio y figura internacional del instrumento, fue quien se encargó de revisar la partitura para su edición con la ed. UME351. 349 V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 184. 350 Ritmo: revista musical ilustrada, año XXVII, número 287 – mayo-junio de 1957, p. 3. [V. el original en el apéndice 5.1 Fuentes periodísticas, p. 519]. 351 Chavarri fue gran admirador de Zabaleta, quien había tocado su versión para arpa de la Leyenda del Castillo Moro en un concierto en Valencia en 1951. El musicólogo y crítico Eduardo Ranch, en una 215 Detalle de la portada del ms. autógrafo del Concierto para arpa y orquesta de arcos (AELCH/pro 28–1, 1958) No creemos que Robles tomara a mal este hecho, ya que ella misma, como no podía ser de otro modo, era admiradora de Zabaleta y así lo declaraba en uno de sus escritos: Ya que personas como el gran y muy querido Nicanor Zabaleta trabajaron toda su vida para “rescatar” el arpa y ponerla a la altura que le corresponde, hay que tratar de no dar pasos atrás (…) Para terminar voy a repetir unas palabras de Nicanor Zabaleta, el arpista que más he admirado y al que recuerdo con gran cariño: «El arpa es algo sutil, flexible, apto para modelar sonidos, reflejar expresiones, sentimientos y hacerlo sin excesos, de forma recogida e intensa, con capacidad de transmisión a los oyentes y lejos de ser ese mueble del que se arrancan oropeles y virtuosismos superficiales»352. Las variantes que se encuentran en el texto musical, el detalle con que Chavarri escribe la articulación y el fraseo tanto de la parte de arpa como de la orquesta y otras muchas sutilezas tímbricas, armónicas y rítmicas otorgan a este Concierto para arpa y arcos la categoría de fuente a considerar (si bien secundaria al no ser original para guitarra) para la adecuada edición crítica de esta bella Sonata I, tan excepcional en su tiempo. carta dirigida a su amigo, tocayo y paisano se refería así a la crónica que el propio Chavarri había escrito de ese concierto: «Ya me di cuenta por la crónica que de Vd. leí en Las Provincias, que Zabaleta había tocado muy rápidamente su obra. No pude ir a ese concierto (…)». V. en Díaz–Galbis, ibid., p. 178. 352 Extracto de un breve artículo de Marisa Robles titulado “El arpa”, V. en el perfil de Facebook del sitio web de educación MusicaClasicayMusicos.com: [consultado en junio de 2021]. La fuente en línea de origen, , no está ya disponible a la fecha del presente escrito. https://www.facebook.com/notes/musicaclasicaymusicoscom/el-arpa-por-marisa-robles-concertista-de-arpa/10150224541844205/ https://www.facebook.com/notes/musicaclasicaymusicoscom/el-arpa-por-marisa-robles-concertista-de-arpa/10150224541844205/ 216 3.2.6. El redescubrimiento de la Sonata I. Perspectivas para una futura edición crítica Hemos comentado ya que después de los conciertos de Llobet en 1925 por el cono sur de América la Sonata I no volvió a ser interpretada ni por él ni por ningún otro guitarrista. A ello contribuyó que Llobet ya no solo postergara y finalmente abandonara el proyecto de editar la obra sino que ni tan siquiera se conservara un manuscrito con su revisión que hubiera podido redactar para uso propio. Desde luego, en el pentagrama vacío que Chavarri, en su autógrafo, dejó debajo de cada sistema para escribir la versión de guitarra, Llobet no escribió nada. Tampoco se ha conservado en el fondo documental de Llobet ningún otro manuscrito de la Sonata I que no sea ese autógrafo de Chavarri353 ni hemos encontrado ninguna grabación o interpretación en público de la Sonata I por otro guitarrista durante el siglo XX. Dudamos mucho de que nadie tuviera acceso a la obra ni por tanto la interpretara hasta que Carles Trepat, en 2008, con una notable repercusión en el panorama guitarrístico nacional y europeo, la “reestrenara”, según sus palabras, y completase su grabación –primera en la historia– en la Capella de l’Esperança, Barcelona, en 2008354. Para ella utilizó –con muy buen criterio a nuestro entender– una guitarra de Antonio de Torres de 1892 con la que obtuvo una sonoridad sugerente, llena de matices y colores, muy adecuada para el carácter y estilo de la composición y muy cercana a la estética de su primer intérprete. La presentación en público tuvo lugar en el X Encuentro Internacional de Guitarra “Ciutat de Torrent”, el 13 de julio de 2008355. En una entrevista para la revista Roseta publicada en octubre del mismo año, Trepat informaba a Javier Suárez–Pajares de un proyecto discográfico que incluiría la Sonata I: JSP: Tu próximo proyecto discográfico incluye tu primera grabación del Homenaje a Debussy, ¿con qué más cosas nos vas a sorprender? CT: Además del nuevo disco de Quiroga que comentaba antes, tengo otros tres proyectos discográficos en mente y algo más que en mente. El primero se llamará «Llobet inédito», principalmente sobre obras a él dedicadas como la Sonata de López Chavarri, la primera de las dos que escribió para guitarra356. 353 Podemos especular con la posibilidad de que en algún momento existiera esa adaptación de Llobet y se hubiera perdido o destruido si atendemos al relato de Fernando Alonso sobre la dantesca escena de los lugares (una trapería en el barrio chino de Barcelona y una vieja caseta del jardín de la casa de María Mata, Sra. de Lemonier, amiga de Miguelina Llobet) en donde se hacinaban las pertenencias de Llobet: fotografías, cartas, periódicos medio rotos y otros documentos desperdigados por el suelo formando un patético bodegón guitarrístico en la trapería y, en la caseta, partituras mojadas por la lluvia y amenazadas de ser comidas en cualquier momento por las ratas [v. la nota el pie nº 257]. 354 La grabación está disponible en línea en la plataforma YouTube con un video para cada movimiento: (1ermov.); (2º mov.); y (3ermov.) [consultados en junio de 2021]. 355 V. en [consultada en junio de 2021]. 356 Suárez–Pajares: “Entrevista con Carles Trepat” (2008), p. 143. Hasta la fecha este proyecto de Trepat, «Llobet inédito», no se ha materializado en un registro discográfico. 217 Trepat mantuvo la obra en sus programas durante ese año y la interpretó en los ciclos de conciertos de algunas prestigiosas instituciones y festivales como la Fundación Andrés Segovia de Linares (9 de noviembre) y Les Jeudis de la Guitare de Ginebra (13 de noviembre)357. Cartel del festival de 2008 Les Jeudis de la Guitare, de Ginebra Pero la buena recepción del “redescubrimiento” y la solvencia de Trepat al exponer la obra en todo su esplendor, una vez más no se tradujo en una amplia difusión de la obra entre los guitarristas. La mímesis artística con Llobet, que Trepat brillantemente consigue en su interpretación, se trasladó también al plano editorial: su versión de la obra, basada en el ms. barcelonés de Chavarri y atendiendo a algunas anotaciones del manuscrito que él atribuye a Llobet (como la sugerencia de transportar el segundo movimiento de Do mayor a Re mayor) no ha llegado a publicarse y dudamos que se publique próximamente. Como consecuencia de ello, las ansias de los jóvenes guitarristas españoles por estudiar nuevos repertorios han hecho que, conociendo la grabación y apreciando la calidad de la obra, ante la ausencia de la edición de Trepat ellos mismos se hayan lanzado a la tarea de hacer sus propias versiones de la Sonata I. Para ello se han basado en los mss. autógrafos de la obra, de fácil acceso por vía telemática sin necesidad de desplazarse a las bibliotecas que los albergan para consultarlos. Dos de estos jóvenes guitarristas, Sara Guerrero e Imanol Molina, que 357 V. en y respectivamente [consultadas en junio de 2021]. 218 cursan sus estudios en el RCSMM, han completado sendas ediciones para sus respectivos programas de estudios con distintas perspectivas y resultados estéticos también diferentes. Por ejemplo, mientras que Molina ha decidido seguir la presunta indicación de Llobet (que adoptó también Trepat) de subir un tono el segundo movimiento358 para tocarlo en Re mayor con la scordatura de la 6ª cuerda en Re, Guerrero ha decidido mantener la tonalidad original, Do mayor, por considerar que la tonalidad elegida por Chavarri no es caprichosa y tiene su motivación a nivel expresivo: Observando estas opciones de diversas tonalidades, nos encontramos ante lo que podemos definir como una herramienta compositiva propiamente dicha de Chavarri: el recurso de subir o bajar un tono la tónica, segundo movimiento Do en vez de Re y en el tercer movimiento Si en vez de La. Como vemos, y por todo lo descrito anteriormente [cita al pie de la autora: “la conveniencia del uso de estas tonalidades en la guitarra es razón de peso para la elección de las mismas. Siempre con un tinte vanguardista en cuanto a la búsqueda de colores y, por ejemplo, el juego entre la modalidad mayor y menor”], el autor muestra en su uso y relación de las tonalidades en esta Sonata muchas de sus influencias. Trata de buscar colores, desvelando este recurso vanguardista, valiéndose de las fórmulas de forma tradicionales, concretamente la forma sonata, lied, rondó y sobre todo buscando la practicidad y funcionalidad de estas tonalidades para el instrumento al que va dirigido la Sonata359. Sonata I, 2º mov., c. 1 (borrador autógrafo B, AELCH/pro 120–3) Sonata I, 2º mov., c. 1 (ms. autógrafo AMDMB, 4–469–7–1–FA208) 358 Esta indicación aparece tanto en el ms. de Barcelona como en el borrador AELCH/pro 120–3, ambas de la misma mano y en color rojo. 359 Guerrero, Sonata I para guitarra de ELCH (2020), pp. 66-67. 219 Para traer un poco más de complejidad al asunto hemos contrastado la escritura de estas dos anotaciones con otras que aparecen en distintos manuscritos autógrafos de Chavarri. En particular, vale la pena traer a colación una que encontramos en la séptima página del ms. AELCH-pro-63-1 correspondiente al Quartettino (por cierto, contrafacta de dos movimientos de la Sonata II): Detalle del ms. autógrafo de Quartettino (BV, AELCH-pro-63-1) Nos ha parecido una letra muy similar a las anteriores (sobre todo la del ms. 120–3). Habiéndose redactado este manuscrito en 1957 está bien claro que la anotación no puede ser obra de Llobet. Faltaría ahora confirmar que las tres escrituras corresponden a la misma persona para asegurar que fue Chavarri y no Llobet quien decidió cambiar la tonalidad del segundo movimiento de la Sonata I. Guerrero rechaza, como decíamos, la elección de Trepat y justifica su decisión basándose en varios motivos: una supuesta relación entre la menor tensión de cuerda del instrumento histórico (la Torres de 1892) que usa Trepat, el material de las cuerdas (de tripa) usado hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX y una supuesta afinación “considerablemente más baja de frecuencia” que no percibimos en la grabación de Trepat (hemos de hecho comprobado que se utiliza diapasón de 440 Hz) ni tampoco era la norma en el periodo histórico en que se gestó la Sonata I. Su elección, no obstante y siendo además la primera decisión de Chavarri, es muy respetable y tiene a nuestro entender un indudable componente estético relacionado con las características tímbricas de la guitarra contemporánea, mucho más incisiva, ágil y brillante. Así lo declara ella misma: Si bien es cierto que la tonalidad de Re es técnicamente más accesible y hecha para la guitarra, no hay grandes dificultades en la versión en Do que nos obliguen a elegir la misma tonalidad que Llobet. Además, por el contrario, con las mayores posibilidades del instrumento actual y su sonoridad, en general, más brillante, el resultado se asemeja más a lo que sonaría en aquella época tocando este segundo movimiento en Do360. Obviando esta última afirmación, la pregunta que el trabajo entusiasta de estos dos excelentes alumnos nos planteará va a ser muy interesante. La única gran ventaja 360 Ibid. 220 del retraso en la edición de la obra es que esa pregunta solo se puede concebir desde nuestro tiempo y en ausencia de una edición histórica de la Sonata I: para su edición crítica ¿se deberían seguir los principios técnicos y estéticos de Llobet que sirvieron de inspiración para su creación o, por el contrario, sería preferible una edición históricamente informada que incluya toda la información de la obra pero que primara su adaptación a las guitarras y a la técnica contemporáneas así como al estilo de interpretación de nuestros días? Lejos está del objetivo de este trabajo contestar una cuestión tan compleja y particular, pero quien se embarque en una edición crítica completa de la obra tendrá que tener en consideración la que consideramos más valiosa aportación del trabajo de Guerrero: las notas que acompañan a su edición de la Sonata, que explican con detalle las decisiones que ha tomado y se han completado considerando como fuentes a colacionar los mss. autógrafos originales para “guitarra–piano”. Desde nuestro punto de vista, para que esa futura edición crítica incluyera toda la información disponible sobre la obra sería necesario, por los motivos expuestos anteriormente en el presente capítulo, que tuviera también en cuenta las fuentes autógrafas del Concierto para arpa. Otra de las tentaciones que puede presentarse a los intérpretes y editores de la Sonata I tiene que ver con algunas adherencias que se han ido fijando en el estilo de la guitarra clásica durante décadas, especialmente tras la muerte de Segovia y con el auge y popularización del flamenco y sus figuras de proyección internacional, sobre todo el gran Paco de Lucía. Los guitarristas clásicos, con el objeto de ampliar su público han ido aceptando de alguna manera la identificación entre guitarra y flamenco en sus interpretaciones de música española tuvieran o no las obras escogidas una relación directa con ese género. Tampoco ayuda la visión monolítica del estilo de la música española que entre cierto sector de la etnomusicología nacional se ha ido imponiendo, especialmente en los conservatorios, proyectando en los alumnos ese falaz isomorfismo que en lo que respecta a la música popular, predica que todo lo flamenco es español (lo cual podemos compartir) y, lo que es mucho más que discutible, que todo lo español es flamenco. Hemos dado sobradas pruebas de que, en el caso de Chavarri (como el de otros autores que suelen asociarse con el flamenco y sus ritmos, como Torroba o Rodrigo), su música para guitarra poco tiene que ver con dicho género sino más bien con un casticismo ilustrado heredero del estilo romántico español de Tárrega y, en todo caso, con el folclore de su tierra valenciana. Teniendo en cuenta esta realidad se puede pensar en una interpretación romántica de sus obras, si se quiere con pinceladas de impresionismo (una interpretación llobetiana, en suma) o en una más modernista e incisiva (con el estilo de Segovia en mente), pero una versión excesivamente brillante, angulosa, que abunde en rasgueados violentos y escalas vertiginosas no nos parece que pueda albergar el espíritu que inspiró esta gran obra de Chavarri, una de las más destacables del repertorio español de Entreguerras. 221 3.3. Andrés Segovia y la Suite: Sonatina, Arietta y Bolero 3.3.1. Segovia y Chavarri: una historia de aprecio artístico no correspondido La identificación de Chavarri con el estilo romántico español y con Llobet no le limitó para iniciar paralelamente contactos con otros guitarristas desde muy pronto. En la BV se conserva correspondencia de Regino Sainz de la Maza y Daniel Fortea datada en el periodo en que Chavarri compuso sus obras y también, ya en fechas más tardías, de Narciso Yepes, pero estos contactos epistolares no sirvieron para concretar colaboraciones con ninguno de estos tres intérpretes. Fue en el líder de la nueva guitarra, Andrés Segovia, en quien Chavarri depositó las mayores esperanzas de dar difusión a sus nuevas creaciones guitarrísticas. Traigamos a colación de nuevo a la autorizada pluma de Adolfo Salazar en su crítica del memorable concierto madrileño de Segovia, en el Teatro de la Comedia, del 17 diciembre de 1923: Segovia encarnaba para Salazar la materialización guitarrística de esos músicos “que miran con alegría de corazón y entusiasta optimismo hacia el arte del porvenir”361 y su repertorio era la síntesis en términos absolutos de lo mejor de la música, de la pasada, la presente y la futura. Chavarri, siempre atento a la actualidad y consciente de este punto de inflexión en el liderazgo de la guitarra se pone manos a la obra y si un año antes había dedicado una sonata a Llobet, entre el final de diciembre de 1923 y enero de 1924 completaba el “boceto” del primer movimiento de una Suite destinada a Segovia; una obra que sería igualmente ambiciosa en lenguaje y dimensiones, constituida por tres movimientos: Sonatina, Arietta y Bolero. Detalle del ms. autógrafo AELCH/pro 23–1 con dedicatoria a Andrés Segovia (dic. 1923– enero 1924) Como iremos desgranando a lo largo de este capítulo, diversos avatares y, sobre todo, el poco aprecio mostrado por el guitarrista hacia la música de Chavarri hicieron que a esta obra (y probablemente también a otras que vendrían después) le sucediera ya no el pronto abandono en el repertorio de los conciertos del dedicatario (como le ocurrió a la Sonata I) sino que la Suite jamás llegó a ser interpretada por Segovia pese a las promesas que hizo en alguna de sus numerosas cartas que se pueden consultar en la BV: Me he refugiado en Lausanne con mujer, chiquillo y niñera. La paz es con nosotros en esta bendita ciudad. Estoy maravillado de no tener que viajar, dar conciertos, recibir visitas, hacerlas… Sosegadamente, sin prisas ni carreras, sin el látigo del tiempo que se acerca, me dedico a trabajar. Y entre las cosas en el atril, ya por terminar está lo suyo, que cada vez me gusta más y que estoy 361 Salazar, “El nuevo arte de la guitarra y Andrés Segovia”, El Sol, 20 de diciembre de 1923, p. 6 [v. la transcripción completa y la crítica original en el apéndice 5.1 Fuentes Periodísticas, pp. 493-495]. 222 deseando que también V. participe de mi opinión. Para la próxima temporada, que es de órdago, irá. Y tendré el placer de mandarle programas a centenares con su obrita incluida. El primer concierto en que ha de aparecer será en la Asociación de Cultura Musical de Madrid. Antes de este concierto habré yo dado los de las Delegaciones de provincia y por tanto, habré pasado por Valencia y habré sometido a su aprobación paternal la obra y habremos quedado conforme sobre el final362. Detalle de una carta de Segovia a Chavarri del 23 de octubre de 1924 (BV: sign. AELCH-CR-2540) En 1927 Emilio Pujol incluía a Chavarri entre los “mejores compositores modernos” que se habían adscrito a la causa de la guitarra dedicando alguna obra a Segovia: Ainsi que LLOBET, il possède un ascendant décisif sur les meilleurs compositeurs modernes, récemment acquis à la cause de la guitare. Ses compatriotes TURINA, CHAVARRI, MORENO TORROBA, SALAZAR, ARREGUI et l’Hispano-Argentin Carlos PEDRELL lui ont dédié des oeuvres. A cet appoint hispanique s’ajoutent des essais, souvent réussis, de musique dans le caractère espagnol, des Français ROUSSEL, SAMAZEUILH, COLLET, etc. D’autres, oeuvres de caractère non régional sont dues à PONCE, MIGOT, PETIT, TANSMANN et autres363. El hecho de que Segovia no llegara a tocar ninguna obra de Chavarri es en la actualidad fácilmente contrastable si se consultan los numerosos y completos estudios dedicados a la carrera concertística de Segovia o las fuentes documentales existentes364. No obstante y tal vez debido a la permanencia en el inconsciente colectivo de los 362 Carta de Segovia a Chavarri del jueves 23 [de octubre de 1924], escrita desde Lausana, Suiza. Conservada en la BV con sign. AELCH-CR-2540. La fecha ha sido deducida por nuestra investigación (v. la cronología de la correspondencia de Segovia a Chavarri de 1924 en este trabajo, p. 231). 363 Pujol, “La Guitare”, en Lavignac, Encyclopédie de la Musique (1927), p. 2016. 364 En una de las más interesantes y accesibles como es Gimeno, “Los conciertos de Andrés Segovia” (2013-2021), no hemos encontrado ni un solo recital en el que Segovia incluyera obras de Chavarri, así como tampoco en las biografías de referencia (como la de Alberto López Poveda) ni en ninguno de los artículos de investigación dedicados a Segovia que hemos consultado para este trabajo (v. bibliografía). 223 musicólogos de ciertas referencias como la de Pujol, algunos autores actuales siguen incluyendo a Segovia entre los intérpretes de la música de Chavarri, tal vez de forma innecesariamente condescendiente, para revestir glamurosamente el currículo del compositor asociando su figura a la de otros grandes nombres e instituciones de prestigio: La lista de sus intérpretes nacionales e internacionales es muy significativa: London Chamber Orchestra, Orquesta Sinfónica de Nueva York bajo la dirección de Iturbi, Joan Manén, Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección de Arbós, Orquesta Sinfónica de Barcelona, Orfeón Donostiarra, Conchita Supervía, Joaquín Nin, Andrés Segovia365. En descargo de la actitud de Segovia hay que considerar que en el momento en que recibió la Sonatina y el resto de la Suite se hallaba inmerso en una febril actividad de conciertos y ocupándose de numerosas revisiones de nuevas obras que le enviaban sin cesar. Mea culpa, querido Chavarri, pero he llevado una vida de torbellino. Como documento justificativo, a V. que era fiscal, le llevo la relación de mis ocupaciones en París y los programas de mis conciertos por Alemania y Austria, a ver si es V. capaz de condenar por negligencia a este cura. Dudo que haya cuerpo sideral –ya que está convencido que yo soy una estrella– que se desplace con mayor velocidad que yo. Hasta el punto que me parece milagroso, volviendo hoy los ojos a ello, la perfecta coincidencia del espacio y del tiempo: ninguno ha excedido al otro366. Detalle de una carta de Segovia a Chavarri (BV: sign. AELCH-CR-2540) 365 Díaz–Galbis, “Homenaje a la familia López-Chavarri” (1993-94), p. 344. 366 Se trata de la misma carta de Segovia a Chavarri remitida desde Lausana (BV con sign. AELCH- CR-2540). 224 El investigador portugués Pedro Rodrigues completó recientemente un listado de las obras dedicadas a Segovia en los primeros años de la que fue su “cruzada” guitarrística: la incorporación de nuevo repertorio compuesto por compositores no guitarristas. De este listado hemos extractado tan solo las correspondientes a los años 1923 y 1924. Algunas de ellas se incorporaron al repertorio de Segovia y permanecieron en él durante muchos años (especialmente las de Ponce, Torroba, Turina y Tansman) y otras, al igual que la de Chavarri, pasaron al cajón del olvido: 1923 Carlos Chavéz – Three little pieces Federico Moreno Torroba – Sonatina Federico Moreno Torroba – Aire Castellano Manuel M. Ponce – Sonata I Pedro Sanjuán – Una Leyenda Joaquin Turina – Sevillana op.29 1924 Vicente Arregui – Canción Lejana Joaquin Cassadó – Allegretto Appassionatto [sic] Francisco de Lacerda – Suite Goivos Eduardo Lopéz Chavarri – Sonatina Georges Migot – Hommage à Claude Debussy Federico Moreno Torroba – Nocturno Manuel María Ponce – Tres canciones populares mexicanas Carlos Pedrell – Guitarreo Carlos Pedrell – Danza Argentina Carlos Pedrell – Oración por las novias tristes Albert Roussel – Segovia op. 29 Alexandre Tansman – Mazurka Joaquín Turina – Fandanguillo op.36367. 367 Rodrigues, “«Para Andrés Segovia» A Suite Goivos de Francisco de Lacerda” (2020), pp. 14-15. Una de esas obras olvidadas, la de Francisco Lacerda, es el objeto de este interesante estudio de Rodrigues. 225 3.3.2. Primeros contactos: Segovia en Valencia y un posible encuentro en Madrid Pero vayamos a los orígenes de la relación entre los dos músicos. Segovia visitó por primera vez Valencia en 1913 con la sana intención de conocer la tierra de Tárrega, entrar en contacto con sus discípulos y para darse él mismo a conocer. Ya sabemos que muchos de estos no lo acogieron precisamente con calor y pese a recibir algún elogio del piadoso Padre Corell y entablar amistad con la familia Balaguer tuvo que regresar a Andalucía con más pena que gloria368. Andrés Segovia (1914) Segovia y Chavarri pudieron conocerse, creemos, en el segundo viaje que el guitarrista realizó a Valencia, en abril de 1915. De entre los varios recitales que ofreció en esa ocasión, uno de ellos, celebrado en el Círculo de Bellas Artes, tuvo gran repercusión en la prensa valenciana, que le dedicó espacio (en cuatro periódicos distintos) durante tres días369. Nos interesa especialmente una reseña en Las Provincias que no está firmada pero en la que creemos reconocer el estilo y la erudición musical de nuestro autor, responsable habitual de este tipo de contenidos para este diario: 368 V. López Poveda, Segovia: vida y obra (2009), pp. 101-102. 369 V. Gimeno, “Los conciertos de Andrés Segovia” (2013-2021). 226 El miércoles dio en el Círculo de Bellas Artes un interesante «recital de guitarra», el joven artista Andrés Segovia. Nutrida concurrencia, en la que se veían numerosas y bellas señoras, así como también muchos profesores y aficionados al instrumento en cuestión, escucharon atentamente al concertista. Este es muy joven, y ya muestra habilidad extraordinaria de ejecución. La rapidez y limpieza del mecanismo, la claridad en el fraseo, la bella sonoridad que obtiene, los timbres bien estudiados, todo hace de ello un ejecutante digno de atención. En ciertos momentos, la agilidad que demuestra es verdaderamente pasmosa. En la interpretación de las diferentes obras alcanzó grandes aplausos, y fue objeto de entusiastas felicitaciones. Además del programa que anunciamos, y que se ejecutó íntegramente, hubo de añadir Andrés Segovia nuevas obras al programa, para corresponder a la acogida que le dispensó el público370. Si sumamos esta visita de abril con una tercera, el famoso encuentro de los cuatro magníficos, acontecida en verano del mismo año, podemos dar por cierto que Chavarri y Segovia tuvieron que tener un primer contacto en 1915, si bien no conocemos si este fue más o menos cercano. Dando por cierto que la anterior crónica fuera escrita por Chavarri, concluimos que la impresión que Segovia produjo en él fue muy positiva aun siendo su estilo tan distinto al de Llobet. El liberal Chavarri era ya desde entonces totalmente ajeno al conservadurismo y los prejuicios estéticos de los guitarristas valencianos adoradores de Tárrega. Segovia mantuvo durante los años siguientes una ajetreada carrera concertística por toda España. En Madrid tocó en muchas ocasiones en el Hotel Ritz, que era desde su inauguración en 1910 el summum del refinamiento y la elegancia en la capital. Uno de esos recitales lo ofreció un 26 de febrero de 1918 y al día siguiente era Chavarri quien actuaba en el mismo lugar dirigiendo su orquesta de cámara y acompañando nada menos que a su amigo Joaquín Nin. Creemos más que probable que no perdieran la ocasión para encontrarse de nuevo y profundizar en su relación profesional y personal. Ambos recitales fueron anunciados en la misma página del diario madrileño El Debate: Notas Musicales Concierto de guitarra por Andrés Segovia Hoy, martes, a las cinco y media de la tarde, se celebrará en la sala del Hotel Ritz un interesantísimo concierto de guitarra por el genial artista Andrés Segovia (…). Noticias La Sociedad Nacional de Música dará un concierto el próximo día 27, a las cinco y media, en el Hotel Ritz, interpretando el siguiente programa la «Orquesta Valenciana de Cámara», que dirige el maestro Chavarri, y el pianista J. Nin. Primera parte: Hubert H. Parry, Suite de Lady Radnor (primera vez). R. Villar, Andante de la suite romántica; por la orquesta. Segunda parte: Juan Sebastián Bach, Concierto en “re” menor. Juan Cristian Bach, Concierto en “la” mayor; piano y orquesta. Tercera parte: Chavarri, Estival (de las Acuarelas) (primera vez). P. Tschaikowsky, Serenata371. 370 Las Provincias, diario de Valencia: año L, número 16020 – 16 de abril de 1915, p. 1. 371 El Debate: año VIII, número 2596 – 26 de febrero de 1918, p. 5. 227 La primera crítica de un concierto de Segovia ya firmada por Chavarri fue una del 11 de febrero de 1920, cuando el guitarrista se presentó una vez más en Valencia. Entre los documentos que se conservan en la BV hemos encontrado una nota, sin fecha, enviada por el guitarrista desde el Hotel Palace de Valencia. Por su contenido hemos podido deducir que fue escrita muy poco antes de la fecha del concierto (que fue el 9 de febrero, lunes) y podemos comprobar el nivel de familiaridad con que Segovia se dirige ya en ese momento a Chavarri. Si nuestra datación es correcta, cronológicamente sería este el primer documento que atestiguara directamente la relación entre ambos: Querido Chavarri: He llegado a Valencia ayer por la tarde. Vengo casado y con mi mujer372. Quiero presentársela. Le invitamos a almorzar hoy. No vale disculpas. Menú especial para su estómago regimentado. Charla, café y humo. Contésteme enseguida con el dador. No valen negativas. Un abrazo de 4 vueltas. Andrés Segovia373 Nota de Segovia a Chavarri [1920] 372 Segovia contrajo matrimonio con Adelaida Portillo a principios de 1920 (V. Iglesias, “Entrevista con Andrés Segovia” (2015-2016), p. 176. 373 Nota de Segovia a Chavarri [Valencia, primeros días de febrero de 1920]. Conservada en la BV con sign. AELCH-CR-2538. 228 En este recital (que curiosamente pasó inadvertido a su biógrafo, Alberto López Poveda), Segovia terminó de fascinar a Chavarri por su técnica, el programa escogido y por su arrolladora personalidad. Tanto fue así que, en su hiperbólica crónica, lo llega a distinguir como discípulo de Tárrega –¿qué mayor elogio que este viniendo de Chavarri?– cuando en realidad Segovia ni siquiera lo conoció: PRINCIPAL Primer concierto Segovia Se verificó en la tarde del lunes. Andrés Segovia es uno de los grandes guitarristas de la época presente. Su arte tiene las características de lo extraordinario (…). Andrés Segovia tiene unas facultades notabilísimas, y realiza prodigios de ejecución. Su sonoridad delicada unas veces, enérgica otras, siempre matizada, presenta curiosos efectos de “colorido”; y es que sabe sentir con singular fortuna las diferencias de timbre, los muchos efectos de sonoridad que de la guitarra pueden obtenerse. Además siente la melodía con clara conciencia de la misma, para destacarla, para “cantarla” debidamente, procurando ponerla en primer término, cualquiera que sea el registro en que se halle. ¿Quién no verá en esto, así como en las exquisiteces de sonoridad, la escuela de su inmortal maestro el gran Tárrega? Y no hablemos de la ejecución, que a veces tiene rapideces admirables, y que siempre muestra la gran técnica que el afortunado Segovia posee. El carácter que da a la interpretación de las obras, prueba las excelencias de su temperamento musical. El arte de Segovia se ha depurado, y es de notar la variedad de sentimientos que exterioriza, lo mismo al ejecutar una adaptación de Bach, un minueto de Mozart o una danza de Tárrega (…)374. El éxito del joven maestro fue tan grande ese día que tuvo que ofrecer, a petición de sus “numerosos admiradores”, un nuevo concierto pocos días después375. Las Provincias, 13 de febrero de 1920, (detalle de la p.2) Pero no todo el mundo en Valencia se unió a las alabanzas. Los “tarreguianos” militantes seguían sin apreciar las cualidades de Segovia y en una nueva visita, ya en 1921, una dura crítica en La correspondencia de Valencia no debió de sentar nada bien al ya consagrado artista: 374 Las Provincias, diario de Valencia: año LV, número 16528 – 11 de febrero de 1920, p. 2. 375 V. en Las Provincias, diario de Valencia: año LV, número 16530 - 13 de febrero de 1920, p. 2. 229 Este instrumento, de íntima y deliciosa emotividad, ha tenido en Andrés Segovia un cultivador muy de gran público: Segovia es un artista de portentosas facultades, de fino y selecto temperamento, pero su virtuosísimo es desmesurado y su técnica bastante deficiente (…). De todos modos los amantes de este instrumento –popular y aristocrático por la gracia inefable de grandes artistas, que consagraron toda la emoción de su temperamento a depurar su escuela–, estuvieron de plácemes por la celebración de estos recitales. ¿No podrían venir a continuación Llobet y Pujol, dos grandes artistas de la guitarra376? Podemos afirmar, llegados a este punto, que Chavarri, ajeno por supuesto a esta tendencia reaccionaria, ya desde su más inicial respuesta al estímulo de Falla pensó en Segovia como destinatario de alguna de sus composiciones para guitarra. Si atendemos al cortísimo lapso entre la creación de la Sonata I y la Suite y a la opinión sobre el arte del linarense que expresó públicamente en sus críticas no tenemos dudas de que, para Chavarri, tanto Llobet como Segovia, máximas expresiones de la escuela romántica y de la nueva guitarra, eran igualmente admirables y perfectos transmisores de su personal y libre de etiquetas música. Andrés Segovia en su estudio madrileño, ca. 1920. Archivo Ragel, Madrid377 376 La correspondencia de Valencia: año XLIV, número 18350 - 12 de abril de 1921, p. 1. 377 Fuente de la imágen: Roseta nº 9-10, p. 170. 230 3.3.3. Propuesta de colaboración: correspondencia y cronología Todo indica que fue Chavarri quien primero se dirigió a Segovia para proponerle su colaboración profesional (al igual que había hecho con Llobet) y a principios de enero de 1924, pocos días después de que Segovia estrenara la Sonatina de Torroba en Madrid, enviaba a la sede de la UME en la misma ciudad el “boceto” de su propia Sonatina (primer movimiento de la Suite) para que el guitarrista lo recogiera allí. Sin embargo, las cosas empezaron mal, como podemos leer en una carta (la primera cronológicamente, según nuestro análisis de la correspondencia) remitida ya desde Barcelona. Segovia da cuenta de la no recepción de “la Suite”, aunque en realidad sabemos que Chavarri en ese momento tan solo había completado la Sonatina, que fue la pieza que le remitió378: Mi querido Chavarri: Ahora mismo recibo su postal, devuelta de Madrid, y me apresuro a decirle que no he recibido la Suite, a pesar de haber ido varias veces a la Unión Musical, y a pesar de que la Unión sabe de sobra que yo puedo ser encontrado facilísimamente en Madrid, ya que los Madrazos 14 –Casa Daniel– ya es mi domicilio particular. Vaya, pues, como mi silencio es el silencio de la inocencia y no de la perversa intención que V. supone. Mándeme en seguida la Suite a Barcelona, Cordover, 52, Gracia, donde estoy descansando y tomando fuerzas para mi próximo viaje a París y Viena. Estoy deseando que llegue esta carta a V., y por eso no la alargo más. Mañana mismo escribiré más extensamente, contándole nuevas cosas. Pida enseguida la Suite a la Unión o mándeme aquí otra copia, directamente, si V. cree que eso es más breve. Un abrazo, de su siempre amigo. Andrés Segovia Hoy, 17 de enero379. Detalle de la anterior carta con firma y fecha incompleta 378 En el Museo Andrés Segovia de Linares se conserva un ms. autógrafo de la Sonatina (posiblemente, el mismo que Chavarri envió a Segovia en esta ocasión) encabezado por el texto siguiente: «Al admirado Segovia / Boceto de Suite, para guitarra, por Eduardo L. Chavarri / Valencia MCMXXIV / I. Sonatina». Al final del ms. en el margen derecho se puede leer la anotación a lápiz “Siguen Arietta y Bolero”. El primer ms. completo de la Arietta, conservado en la BV, está firmado y fechado en febrero de 1924. V. en nuestro catálogo, apartado 3.1.4, p. 162. 379 Carta de Andrés Segovia a Eduardo López–Chavarri del 17 de enero [de 1924]. Conservada en la BV con sign. AELCH CR 2537. 231 Detalle del ms. autógrafo de la Sonatina de Chavarri, conservado en el Museo Andrés Segovia de Linares Uno de los principales problemas que hemos encontrado al manejar la correspondencia de Segovia es la ausencia de fecha en muchas cartas. Para poder exponer una cronología plausible hemos tenido que recurrir a diversas e imaginativas estrategias –como colacionar la información que contienen las cartas con la biografía de Segovia y con la datación de las fuentes manuscritas de la obra– y, desde luego, apoyarnos en el listado de los conciertos de Segovia ya citado380. Son nueve las cartas de Segovia que se conservan en la BV, de las cuales solo seis se publicaron en la monografía de Díaz y Galbis y están, comprensiblemente, numeradas aleatoriamente y sin orden cronológico. Por ello hemos optado por consultarlas directamente y encargar además reproducciones digitales para conocerlas con el máximo detalle posible. Las que atañen directamente a este capítulo, dedicado a la Suite, son cuatro: la primera que acabamos de comentar y otras tres escritas en el mismo año de 1924 (Véanse, entre paréntesis, las fechas que no aparecen en los documentos y que hemos deducido con nuestra investigación). Fecha Localidad del remitente 17 / I / [1924] Barcelona [III / 1924] [Barcelona] 23 / [VII / 1924] Lausana [X / 1924] Szczecin Aunque la segunda de estas cartas no tiene fecha, su contenido nos revela que Segovia la escribió en el mes de marzo, poco antes de partir hacia París, ciudad donde al fin obtendría su primer éxito europeo con un clamoroso triunfo en el Conservatorio381. En ella comunica a Chavarri que ha recibido la Arietta, segundo tiempo de la Suite, 380 V. Gimeno, “Los conciertos de Andrés Segovia” (2013-2021). 381 V. López Poveda, op. cit., (2009), pp. 183-195. 232 justo antes de emprender su viaje pero, por falta de tiempo, solo ha podido darle un primer vistazo, aunque suficiente para comentarle la buena impresión que le ha producido (mejor al parecer que la que le produjo la Sonatina). Le pregunta también por la dirección parisina de Nin, amigo común, con el que ya dijimos que ambos pudieron coincidir en Madrid allá por 1918: Querido Eduardo: La Arietta me llega en plena baraúnda de equipajes. No he tenido tiempo sino de mirarla con los ojos. Creo que me gustará y gustará más que el primer tiempo; y si en eso coincido con V., me alegraré mucho. Mañana lunes acompaño a mi nene hasta Zaragoza, –lo dejamos con los abuelos maternos– y pasado mañana martes, partiremos para ese maravilloso París, centro de los deseos del mundo. Si tiene allí amigos y quiere V. ponerme en contacto con ellos, mándeme al Hotel Balzac, Rue Balzac, algunas líneas de presentación. ¿Sabe V. la nueva dirección de Nin? ¿Está allí Amparito? Un abrazo de su buen amigo que le quiere y admira Andrés382 No será sino hasta julio, una vez concluido su primer periplo del año por tierras alemanas y austriacas (anterior a la posterior gira otoñal en la que coincidió con Llobet), cuando Segovia retoma el contacto con Chavarri. Desde su casa de Lausana, se disculpa de nuevo por no haber mantenido contacto y pone como excusa su abultada agenda de viajes y conciertos. Le informa de sus progresos con el estudio de la obra y comparte con él las nuevas de sus numerosos éxitos, cosechados más allá de los Pirineos en aquella triunfante temporada de conciertos. Ya hemos tratado sobre esta carta en el principio de este capítulo, cuando adelantábamos el desinterés de Segovia por la música de Chavarri y sus promesas incumplidas, pero la reproducimos ahora, completa, para una mejor y ordenada exposición del intercambio epistolar relacionado con la Suite: Hoy jueves 23 [de julio de 1924]. Mea culpa, querido Chavarri, pero he llevado una vida de torbellino. Como documento justificativo, a V. que era fiscal, le llevo la relación de mis ocupaciones en París y los programas de mis conciertos por Alemania y Austria, a ver si es V. capaz de condenar por negligencia a este cura. Dudo que haya cuerpo sideral –ya que está convencido que yo soy una estrella– que se desplace con mayor velocidad que yo. Hasta el punto que me parece milagroso, volviendo hoy los ojos a ello, la perfecta coincidencia del espacio y el tiempo: ninguno ha excedido al otro. Al presente, por ventura, es otra cosa. Me he refugiado en Lausanne con mujer, chiquillo y niñera. La paz es con nosotros en esta bendita ciudad. Estoy maravillado de no tener que viajar, dar conciertos, recibir visitas, hacerlas… Sosegadamente, sin prisas ni carreras, sin el látigo del tiempo que se acerca, me dedico a trabajar. Y entre las cosas en el atril, ya por terminar está lo suyo, que cada vez me gusta más y que estoy deseando que también V. participe de mi opinión. Para la próxima temporada, que es el órdago, irá. Y tendré el placer de mandarle programas a centenares con su obrita incluida. El primer concierto en que ha de aparecer será en la Asociación de Cultura Musical de Madrid. Antes de este concierto habré yo dado los de las Delegaciones de provincia y por tanto, habré 382 Carta de Andrés Segovia a Eduardo López–Chavarri [marzo de 1924]. Conservada en la BV con sign. AELCH CR 2541. 233 pasado por Valencia y habré sometido a su aprobación paternal la obra y habremos quedado conforme sobre el final. Expresamente he pedido a Daniel que me deje cuatro ó seis días de claro en Valencia para resolver sin premura este asunto. Si antes de eso, que será a partir de noviembre, piensa V. en el final, mándemelo. Ya habrá V. leído el éxito de mi guitarra en París y en los países septentrionales. Yo mido ese éxito, más que por los aplausos y por el número de tournées que surgen de él, por algo menos egoísta e infinitamente mejor: por la cantidad de compositores que me han entregado originales para mi instrumento. Franceses, alemanes, austriacos. Con verdadera emoción asisto y me siento origen de un movimiento de amor y de estimación hacia la guitarra. El horizonte crece delante y detrás de mi. Detrás porque estoy incorporándome la vasta e interesantísima literatura del luth, cuyas fuentes he descubierto en París y en Múnich. Delante porque la guitarra llega a punto de recoger la buena cosecha que la sensibilidad bastante fatigada de las payasadas musicales de hoy, la prepara. La guitarra ha aparecido en París como una tentación a los músicos de buena voluntad hacia la simplicidad de medios y riqueza de fines, cosa desgraciadamente invertida actualmente. ¿Comprende V. mi alegría? En fin, no le canso más. Un abrazo . Andrés Escríbame pronto y sin ceño Ya plenamente inmerso en la gira otoñal centroeuropea –momento en el que dispone de información de primera mano sobre el éxito de Llobet, con la Sonata I, por Alemania y Austria– Segovia hace, finalmente, en la cuarta de las cartas que hemos listado, la primera mención al tercer y último movimiento de la Suite, el Bolero. Hemos podido deducir la datación y situarla alrededor de noviembre de 1924 gracias a las referencias que Segovia hace en ella sobre el frío imperante en la ciudad y sus planes de una inminente visita a España (y más concretamente a Valencia) “muy pronto”, en diciembre. La carta está remitida desde Stettin, al noreste de Alemania383, dato que nos ha llamado poderosamente la atención puesto que ninguno de los conciertos de Segovia en el otoño de ese año –de los que tengamos noticia– se hizo en esa zona de Alemania; todos ellos aparecen localizados en el centro o sur del país, en Austria o en Suiza384. Consideramos por tanto probable que, si en algún momento se actualizan los datos, probablemente aparezcan las pruebas que atestigüen la celebración de recitales de Segovia en el norte de Alemania durante esas fechas, tal vez en la misma Stettin o, por ejemplo, en Berlín (donde había tocado en mayo o junio de ese mismo año)385: 383 Actualmente, Szczecin (en polaco); es una localidad de Polonia fronteriza con el norte de Alemania. 384 V. Gimeno, op. cit. 385 Idem. 234 Programas de dos conciertos de Segovia en Austria (Innsbruck y Graz. Octubre de 1924) Una tarjeta postal en la que se puede ver el Hotel Preussenhof en 1929 386 386 Fuente en línea: (consultada en junio de 2021). 235 [En el membrete de la parte superior de la hoja]: Hotel Preussenhof 387 / Stettin, den… 192… Querido Chavarri: Estoy por decir que lo que mejor resulta de todo es el bolero. Y estoy deseando que sus autorizados oídos den el visto bueno para incluirlo de por vitae en el repertorio ambulante de mis numerosos conciertos. Pronto, muy pronto tendrá lugar la dorada paella bajo el azul del cielo y junto al azul del mar. Alemania está llena de nieblas y además es ist sehr kalt, lo que en nuestra vibrante lengua meridional quiere decir que jase mucho frío. A primeros de diciembre vuelvo a España y comienzo mi tournée por las Culturales. Ya he pedido tres días de reposo entre Alicante y Castellón para pasarlos junto a V. en Valencia y para que trabajemos de lo lindo. ¿Porqué no prepara V. una Suite de tres canciones populares valencianas (de Valencia ó sus alrededores) para trabajarlos juntos ahí mismo? Vicente Arregui me ha mandado tres piezas leonesas preciosas. Acaso el bolero estaría bien para acabar esa suite valenciana, para la cual –se lo aviso desde ahora– habrá conseguido editor en Austria. Piénselo. Si quiere V. escribirme, hágalo a München, Briannerstrasse 27. He de enviarle ahí algunas cosas viejas de música que he adquirido, muy interesantes. Hasta pronto. Le abraza. Andrés Segovia388 Definitivamente, Segovia no estaba precisamente entusiasmado con los dos primeros movimientos de la Suite a pesar de lo que decía en sus anteriores cartas y los propósitos de “mandarle programas a centenares con su obrita incluida”. Pero, por lo que dice en esta misiva, el Bolero sí le convenció en ese momento y esto lo convierte en la única pieza de Chavarri a la que Segovia cita con algún entusiasmo en sus cartas. La “Suite de tres canciones populares valencianas” que le pide ahora indica que su intención era reformular la obra cambiando los dos primeros movimientos por otros tres y culminar la Suite con el muy brillante y modulante Bolero. Creemos que Chavarri encajó deportivamente esta finta segoviana y que la demanda del guitarrista pudo tener pronto sus frutos con al menos un par de piezas, cuyos manuscritos (fechados en 1925) se conservan en la BV: Danza lenta y Fiesta lejana en un jardín. Sin embargo, ambas piezas pasaron muy pronto a formar parte de otra obra, las Siete piezas para guitarra, como la primera y tercera respectivamente. Pero de esta otra obra hablaremos en profundidad en el capítulo 3.4. Tanto en ese como en el 3.6 (dedicado a las obras de Chavarri publicadas póstumamente) comprobaremos que el predicamento de Segovia sobre Chavarri pudo ser el catalizador para la creación de un buen puñado de obras además de la Suite, si bien tampoco estas estuvieron presentes en ninguno de los programas de Segovia. En 1930 Chavarri tenía aún la esperanza de publicar la Suite en algún momento. Oscar Carlos Cabot declaraba su impaciencia por saber cuándo y dónde se publicaría y, 387 Si alguien iba a visitar Stettin y tenía la billetera llena, tenía que hospedarse en el hotel más lujoso de la antigua ciudad, que no era otro que el Hotel Preussenhof. Construido a finales del siglo XVIII, no sobrevivió a los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial y fue destruido en 1944. 388 Carta de Andrés Segovia a Chavarri [noviembre de 1924], conservada en la BV, con sign. AELCH-CR-2533. 236 dado que la desconocía, le preguntaba si efectivamente se trataba de una obra distinta a las Siete piezas: J’attends impatiemment d’apprendre quand votre Sonate prèmiere pour guitare, avec doigté de Maestro Llobet, sera publiée, ainsi que d’apprendre la Maison d’Edition de votre Suite (je suppose que c’est là un ouvrage different des 7 pièces publiées chez Schott à Mayence?)389. La única noticia sobre la interpretación, aun parcial, de la Suite pudiera ser una crónica que hemos encontrado, de diciembre de 1933 y escrita por el propio Chavarri para Las Provincias, de un concierto en el Conservatorio de Valencia del joven guitarrista Albor Maluenda390, argentino de nacimiento aunque valenciano de origen, que era alumno a la sazón de una ya retirada de los escenarios Josefina Robledo: En la segunda parte había doble interés: obras nuevas. Una fantasía de Palau, composición llena de carácter, de alto estilo, como si el joven maestro se hubiera siempre dedicado a la guitarra. El público la aplaudió con todo entusiasmo. Luego siguió el Final de una Suite de guitarra, de Chavarri, escrita para ejecución difícil y que, sin embargo, Albor Maluenda salvó con entero dominio de sí mismo, escuchando grandes aplausos391. No obstante, y aunque fuera el propio Chavarri el autor de estas líneas, albergamos grandes dudas de que la obra que interpretó Maluenda en esa ocasión fuera el Bolero (movimiento final de la Suite) a pesar de que en el encabezamiento del ms. que se conserva se lea “III y Final / Bolero”392, sino más bien otro Final (o Finale) que Chavarri escribió para Segovia en marzo del mismo año 1933 y que había sido revisado por Josefina Robledo. Tras correr la idéntica triste suerte de la Suite original, esta pieza terminó formando parte de otra “suite” de tres movimientos que sería publicada póstumamente bajo el nombre de Tríptico de Homenajes a los compositores valencianos en 1972. Pero este intrincado asunto será objeto de nuestro estudio en el cap. 3.6, donde revelaremos el misterio. Chavarri no guardó ningún rencor a Segovia por sus continuas negativas veladas. Siguió elogiándole en sus críticas cada vez que tocaba en Valencia y, ya en 1961, con motivo de un concierto en el que el Maestro andaluz interpretó dos conciertos para guitarra y orquesta (sus predilectos: el Op. 99, de Castelnuovo–Tedesco y la Fantasía para un Gentilhombre, de Joaquín Rodrigo, quien asistió al concierto) y una segunda parte a solo, lo nombraba como el paradigma de una españolidad culta y abierta al mundo: 389 Carta de Oscar Carlos Cabot a Chavarri, Londres: 1 de agosto de 1930 (conservada en la BV, con sign. AELCH-CR-280: «Espero impacientemente saber cuándo se publicará su Primera Sonata para guitarra con digitación del Maestro Llobet, además de conocer la Casa Editorial de su Suite (¿supongo que es una obra diferente de las 7 piezas publicadas por Schott en Maguncia?)» [Trad. del autor]. 390 No hemos localizado apenas información sobre este guitarrista. Tan solo que el 24 de marzo de 1935 ofreció otro concierto en Valencia. [V. en Miravet Lecha, La Música en Valencia durante la Guerra Civil (2017), p. 181. 391 Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20963 – 20 de diciembre de 1933, p. 5. 392 Conservado en la BV con sign. AELCH/pro 23–6. (V. en nuestro catálogo, p. 162). 237 (…) Segovia ha logrado con su estudio personal, con su genialidad propia, adaptar su técnica y su sentir interpretativo a un sentido hispano universalizador, y eso es lo que le caracteriza como artista. Un extraordinario concierto fue el de anoche en el Teatro Principal; animadísima la sala con un programa interesante y la espléndida colaboración de la Orquesta Municipal, el resultado fue una sesión felicísima. (…) en este plano de novedades también es de citar la realización suave y sutil que evidenció Segovia en la “Berceuse” de Alexandre Tansman (al igual que otras obras de Narváez, Bach, Sor y Albéniz, que componían su parte de guitarra sola) de ovaciones continuas y estruendosas, hasta obligar al ilustre guitarrista a dar un bis (…)393. 393 Crítica aparecida en Las Provincias el 10 de enero de 1961 [S.V. López Poveda, op. cit., pp 489- 490]. 238 3.3.4. Las fuentes de la Suite: manuscritos originales y Suite–Divertimento para orquesta Hemos podido localizar hasta diez fuentes manuscritas relacionadas con esta obra, de las cuales nueve son autógrafas y una, escrita a una clave de Sol, de Josefina Robledo. Siete de estos mss. –el de Robledo y otros seis autógrafos– son de la versión original para guitarra (o para guitarra–piano, como indica Chavarri considerando que, habiéndolas escrito sobre el teclado, necesitaban aún la revisión de Segovia) y tres más (dos autógrafos y uno del copista Gregorio Castellano) son de la versión para orquesta sinfónica titulada Suite–Divertimento que Chavarri completó en 1934 y cuyo estreno ya hemos situado en 1938, en Valencia. La mayor parte de las fuentes se encuentran en la BV salvo dos: la citada copia de Castellano de la Suite–Divertimento –que hemos encontrado en la BMCV– y un ms. de la Sonatina, que es de la mayor importancia porque fue la copia enviada a Segovia en enero de 1924, conservado en el Museo Andrés Segovia de Linares. Todas estas fuentes manuscritas son material suficiente para abordar una edición crítica de la obra puesto que, además de varios borradores, disponemos de versiones originales en limpio y completas tanto de la Sonatina como de la Arietta y el Bolero. Colacionadas estas con la versión orquestal –la cual, una vez más en este repertorio controvertido, nos presenta con mucho mayor detalle parámetros musicales de todo tipo– es posible obtener un texto completo y lleno de matices que recupere una obra extraordinaria de este repertorio español de Entreguerras, todavía en buena medida desconocido394. Esta tarea se presenta como un reto apasionante pero nada asequible para nosotros en este momento por las limitaciones de tiempo y espacio de esta tesis doctoral. Confiamos en poder abordarla en próximos trabajos. De todos modos, no nos resistiremos a comentar aquí algunas observaciones que nos parecen interesantes y que hemos podido hacer tras apenas una somera revisión de las fuentes. La primera y llamativa es la existencia de una versión incompleta de la Arietta (sin fecha) escrita en la tonalidad de Sol mayor395, un semitono por debajo de la de los otros mss. para guitarra que están en Sol396. Creemos que el motivo de este cambio hay que buscarlo en la versión orquestal de esta pieza (Romanza): es precisamente la tonalidad de Sol mayor la elegida por Chavarri para su versión de orquesta y creemos que, como era norma habitual en el compositor, ese ms. incompleto 394 Hasta fechas muy recientes el término “Entreguerras” no había sido empleado para la historiografía de la música española debido a la poderosa presencia intermedia del acontecimiento más dramático de la historia de España: la Guerra Civil. Ya dijimos que Javier Suárez–Pajares fue el primero en introducir esta idea de aplicarlo al ámbito español amparándose en distintos motivos, entre los que destaca el retorno a casa de los compositores que habían residido en el exterior hasta la Gran Guerra. V. Suárez–Pajares: “Periodo de entreguerras” (2002), pp. 9-17. 395 Conservada en la BV, con sign. AELCH/pro 23–4. 396 De entre ellos, el ms. completo y en limpio está conservado también en la BV, con sign. AELCH/pro 23–5. 239 sirvió de base de pruebas para la posterior orquestación de la pieza. Un dato cronológico –aun con la ausencia de fecha es el ms.– que puede avalar esta hipótesis es que en la parte superior de la segunda página del manuscrito figura un fragmento (tachado) de una canción, Serranilla, dedicada a Carmen Andújar. Mientras que la versión en Sol está firmada en febrero de 1924 –el mes inmediatamente posterior al primero de la Sonatina– sabemos que Chavarri no comenzó su relación con Andújar hasta varios años más tarde y que su matrimonio con ella no se produjo hasta 1929. Por tanto se trata de un ms. posterior, probablemente redactado en fechas cercanas a las de la Romanza. Detalle de la segunda página del ms. AELCH/pro 23–4 En cambio, hay quien ha creído ver una intención diferente, experimental y con rasgos de vanguardismo en estas habituales pruebas de cambio de tonalidad que Chavarri hizo en versiones manuscritas de algunas de sus obras para guitarra. Concretamente, refiriéndose a uno de los mss. del tercer movimiento de la Sonata I, escrito un tono más agudo que el resto de autógrafos de la obra, leemos estos comentarios: Sin embargo, podemos distinguir la búsqueda de colores y de nuevas sonoridades a través de una combinación diferente de estas tonalidades que nos desvelan los claros tintes vanguardistas de López–Chavarri397. Además, este manuscrito [el que acabamos de citar, con sign. AELCH-PRO 120-3] nos creará una duda acerca de la tonalidad del tercer movimiento, ya que la música que en el resto de 397 V. Guerrero, Sonata I para guitarra de ELCH (2020), p. 14. 240 manuscritos aparece en la tonalidad de La mayor y La menor, aparece en esta versión un tono más arriba: Si mayor y Si menor398. (…) no se puede ignorar la adaptación de la tonalidad de La para con el uso de los bajos de la quinta y sexta cuerda al aire, haciendo que pasajes imposibles en la tonalidad de Si, pasen totalmente inadvertidos en La. Aún así, contamos con la posibilidad de agregar una cejilla mecánica en el traste II de la guitarra para elevar el tono y tocar la Sonata con las digitaciones propuestas en la edición adjunta399. Lo cierto es que, en el caso de la Sonata I, la transcripción de la obra (es decir, el Concierto para arpa y orquesta de cuerda) mantuvo la tonalidad de La para su tercer movimiento y, por tanto, esta hipótesis propuesta por Guerrero no puede descartarse y habría al menos que considerarla a la hora de valorar las fuentes de aquellas otras obras de Chavarri de las que se pretenda completar ediciones críticas. Ya comentamos anteriormente en este trabajo que aparte de que Chavarri pudo crear la Suite–Divertimento para aprovechar un material que le parecía interesante, esta obra pudo haber nacido también a modo de “trabajo terapéutico” contra la frustración generada por el repudio de Segovia. Tal vez por ello dotó a la nueva composición de un acusado componente humorístico (rasgo fundamental del carácter de Chavarri), convirtiéndola en una música de programa desenfadada, de ambiente popular y con una estructura formal más amplia al añadir otras dos piezas de nueva creación en el segundo y quinto lugar de la composición –el Scherzo y el Fox–trot del contrapuntista rural– y prolongar su duración hasta un “Total sin inter–números: 24 m. 30 seg. (hasta 26)”400. Parece que el compositor se encuentra en ese año de 1934 inmerso en una reflexión sobre cómo actualizar y acercar al público los ritmos y danzas ancestrales de su tierra y un recurso tan popular y cercano a su personalidad como el humor parece una buena (y modernista) herramienta para ese noble intento. José Climent recordaba en 1978 una reflexión de Chavarri escrita algunos años antes de la creación del Bolero para orquesta. Es este un nuevo testimonio de su rechazo a la cultura popular urbana, cabaretera y transgresora opuesta a las para él “verdaderas” y, lamentablemente, olvidadas cultura y tradiciones musicales del pueblo: Nuestros boleros populares, los pocos que existen en nuestra región, perdieron su actualidad, por unos motivos u otros, en los primeros años del siglo XX, como la mayor parte de nuestros Bailes. «La entronización de la vulgaridad ambiente, la influencia del “españolismo” de teatro y cuplés, los bailes eróticos de “sociedad”, la estúpida propaganda del acordeón y del piano mecánico, todo contribuye al desamor hacia los valores líricos del pueblo. Solo una enérgica acción de las voluntades puede lograr que renazca pujante la canción popular, la que fue llamada con maravillosa frase por Menéndez Pelayo “reintegradora de la conciencia de la raza”». Así hablaba López Chavarri en el año 1927401. 398 Ibid. p. 28. 399 Ibid. p. 65. 400 Anotación autógrafa en la portada del ms. AELCH/pro 5–54. 401 Climent, Música Contemporánea Valenciana (1978), p. 165-166, citando a Chavarri: Música popular española, Ed. Labor, Madrid, 1927, p. 142. 241 Esta versión orquestal de la obra tiene una textura tímbrica y un uso de la instrumentación que acentúa los rasgos modernistas del original (seguramente inspirados en el estilo interpretativo de Segovia), lo cual sería por sí solo un motivo de peso para considerar su estudio y análisis si se pretende hacer una edición crítica de la Suite. Pero la Suite–Divertimento es también una fuente valiosa para ese cometido por otros motivos como la adición de diversas indicaciones sobre cambios del tempo de determinadas secciones, la proliferación de arcos de fraseo, indicaciones de carácter, agógica y dinámica ausentes en la versión guitarrística, duración de las piezas individuales y un largo etcétera. Detalle del ms. autógrafo de la Sonatina para orquesta (1934). Sección de viento-madera, primera página402 Existen otras variantes con respecto a la versión guitarrística como por ejemplo la expansión de ciertos pasajes cadenciales y el refuerzo de la intensidad musical por medio de la percusión o de la sección de viento que no son directamente aplicables a una edición guitarrística pero que aportan valiosa información sobre con qué tipo de expresión concibió Chavarri cada sección de su composición. Además, la portada de esta composición orquestal incluye unas “notas para el programa” que retratan el ambiente con que Chavarri quiso dotar a cada movimiento. A través de estos comentarios del compositor se puede implementar una interpretación más cercana al ambiente expresivo concebido por Chavarri y también –¿por qué no?– aplicar determinados recursos técnicos o tímbricos que sin haber sido concebidos originalmente puedan aportar mejores soluciones. Así, por ejemplo, Chavarri resume la Sonatina de este modo: “una grave introducción inicia este tiempo, en el que se parodia la forma de las composiciones escolásticas, combinada con giros populares”. El concepto de “parodia” sumado a los adjetivos que contiene esta breve frase: “grave”, “escolásticas” y “populares”, ofrecen a los guitarristas (con la poderosa herramienta tímbrica que tienen entre sus manos) suficientes referencias para manejar los recursos expresivos adecuados para este movimiento. 402 Conservado en la BV, sign. AELCH-pro-5-54. Compárese el inicio de este ms. con el del Museo Andrés Segovia de Linares (imagen de la p. 231 de este trabajo). 242 Por su parte, la Romanza (e.d. Arietta en el original) aparece retratada como un “momento de íntima emoción interrumpido por una frase de inquietud que parece turbar la suavidad de la añoranza; pero el ánimo se apacigua, y renace la visión del ensueño”, texto enormemente sugerente para la sensibilidad de cualquier intérprete que se quiera acercar a la interpretación de esta pieza. Finalmente, el Bolero es para Chavarri un “cuadro «realista»: los bailadores y tañedores populares desorientan al grave maestro que en vano pretende seguirles en sus alegres ritmos”. Esta explicación está llena de sugestivas implicaciones rítmicas que nunca podrían imaginarse sin conocer y analizar esta versión orquestal. Sobre ella trataremos en el siguiente y último capítulo de los dedicados a esta sorprendentemente olvidada Suite de Chavarri. Portada de la partitura ms. autógrafa de la Suite–Divertimento para orquesta de ELCH (1934) 243 3.3.5. Ediciones Urtext del Bolero para guitarra (piano) y para orquesta El comprensible disgusto y la resignación de Chavarri al ver imposible que Segovia incluyera la Suite en alguno de sus numerosos conciertos podría tener una confirmación material en uno de los manuscritos de la obra, en concreto en el único que se ha conservado del tercer tiempo: el Bolero403. Se trata de una dedicatoria tachada situada en la parte superior derecha de la primera página. Aunque no resulta fácil distinguir el texto que hay detrás de la tachadura creemos poder leer “Para Andrés Segovia / su amigo E.L. Chavarri”, aunque no podemos asegurar la exactitud de esta cita por las dificultades de lectura que presenta. Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Bolero para guitarra (BV, sign. AELCH/pro 23–6) Aunque ya vimos que Segovia, desde Alemania, proponía a Chavarri en 1924 que “acaso el Bolero estaría bien para acabar esa suite valenciana”, lo cierto es que, por más piezas que Chavarri compusiera, ninguna de ellas pareció ser del agrado del guitarrista y el Bolero se quedó también indefinidamente apartado. En esa misma ocasión afirmaba que era “lo que mejor resulta de todo” y que estaba “deseando que sus autorizados oídos den el visto bueno para incluirlo de por vitae en el repertorio ambulante de mis numerosos conciertos”. Pues, si la obra era tan del agrado de Segovia como él mismo decía, nos preguntamos: ¿cuáles fueron entonces los motivos por los que nunca la tocó (aunque fuera como una pieza independiente, aislada del resto de la Suite)? Creemos que la razón hay que buscarla en la construcción y textura musical de la pieza, que en el piano funciona orgánicamente pero en la guitarra se convierte en un verdadero tour de force para el intérprete con algunos pasajes extremadamente difíciles y otros directamente imposibles. La necesaria revisión del original chavarriano podría haber dado como fruto una versión bastante fiel al original pero arriesgadísima para ser tocada en concierto con los recursos técnicos de los guitarristas de la primera mitad del siglo XX, incluso con los de Segovia. Y el maestro andaluz era un solista brillante pero también un hombre práctico. Una de sus mayores virtudes era que sabía perfectamente qué tipo de repertorio iba a servirle para mantener su prestigio y para hacer crecer su figura y qué otro le podía poner en dificultades y era mejor no frecuentar. 403 Conservado en BV, con sign. AELCH/pro 23–6. En el Archivo Segovia de Linares no se ha encontrado ningún ms. de esta pieza aunque en el margen derecho del de la Sonatina (II.7 de nuestro catálogo) se puede leer la siguiente anotación autógrafa de Chavarri a lápiz: “Siguen Arietta y Bolero”. 244 De hecho, tras hacer una lectura detallada de la obra, nos ha parecido que en aquel tiempo –y seguramente también en el nuestro– una versión para dos guitarras habría sido una opción preferible para adaptar este Bolero de la manera más fiel a la escritura original. Podemos suponer que si, en lugar de Segovia, el dedicatario de esta pieza hubiese sido Llobet este se habría decantado precisamente por esa opción, como haría después en 1928 con la Leyenda del castillo moro404, pero Segovia no estaba interesado en absoluto en los dúos de guitarras. Chavarri veía en Segovia a semejante Titán guitarrístico que le escribió una obra acorde a su deidad pensando que las dificultades que pudieran presentarse se verían fácilmente resueltas con el estudio. Gran error… Su anterior acercamiento a la guitarra, más prudente con las posibilidades del instrumento, proporcionó a Llobet una sonata técnicamente exigente pero bastante más sencilla de adaptar. Así lo demostró al tocarla brillantemente en escena en poco tiempo y también así lo veía Carles Trepat cuando recuperó esa Sonata I en nuestra época: (…) la obra está escrita en dos claves. El compositor lo considera como un “boceto” y deja un pentagrama vacío en cada sistema para escribir la versión de guitarra; pero, a pesar de esta aparente falta de confianza en la adecuación de su escritura a la guitarra, la adaptación no presenta mayores dificultades que, por poner algún ejemplo, la música para guitarra de Turina o Castelnuovo–Tedesco405. En vista de lo delicada y laboriosa que sería una edición crítica de la Suite hemos decidido limitarnos a editar sendos Urtext de las versiones para guitarra (o piano, escrita a dos claves) y para orquesta del Bolero. Esta elección se ha basado en que son los únicos manuscritos de este tercer tiempo de la Suite que han llegado hasta nosotros, y afortunadamente están completos. Estas dos ediciones podrán ser una herramienta útil para posteriores trabajos editoriales más ambiciosos que tenemos programados. Con la intención de intervenir lo mínimo posible –no olvidemos que en realidad Urtext es un término falaz, pues todo acto de editar implica inevitablemente la toma de decisiones– hemos corregido los errores obvios e interpretado con una lógica musical acorde al estilo y lenguaje de la composición aquellos puntos en los manuscritos que no se entendían bien o tenían indicaciones confusas o contradictorias (por ejemplo, alteraciones dobles o modificadas en una misma nota). Una dificultad añadida en este sentido es que Chavarri escribe en ocasiones de forma muy parecida los becuadros y los sostenidos y por ello es a veces necesario recurrir a aquella metodología de la obra-en-sí 404 El ms. original de Llobet de esta otra obra para dos guitarras está conservado en el Arxiu del Museu de la Música de Barcelona, con sign. ES AMDMB 4–469–2–4–FA073 (V. en nuestro catálogo X.1). En cambio Josefina Robledo llegó a tocar esta misma obra con una sola guitarra haciendo (imaginamos) una notable reducción de la textura musical. De su interpretación pública dio fe y beneplácito el propio Chavarri en su crónica a un concierto de Robledo en Valencia en 1925, en el máximo esplendor de su carrera: «Josefina Robledo rindió culto a Tárrega en la primera parte: ¡hizo revivir el alma del genial guitarrista! Y como es también una notabilísima adaptadora, puso en el programa transcripciones realizadas con toda felicidad: ejemplo de ello, la “Leyenda” del que suscribe, de efecto insuperable en esta transcripción (gracias le sean dadas a Josefina Robledo)». Las Provincias: diario de Valencia, año 60, número 18479 – 28 de abril de 1925, p. 1. 405 Texto que acompaña el video del primer movimiento de la Sonata I, grabado en 2008. V. en [visitada en junio de 2021]. 245 enunciada por Pepe Rey en un revolucionario artículo de emblemática musical406, de modo que sea la obra misma y su lógica interna la que dicte al editor la solución correcta en cada caso. Con la intención de respetar en lo posible la escritura original hemos respetado en la versión para guitarra–piano la manera con la que Chavarri une los grupos de semicorcheas aunque sea en ocasiones caprichosa (a veces de tres en tres y a veces de seis en seis en el mismo pasaje) y no siempre comprendamos el motivo de su elección. Un último asunto que queremos señalar, pues nos parece especialmente significativo, tiene que ver con una sección que funciona a modo de larguísimo puente en la versión orquestal del Bolero. En la versión original, tras los melismas descendentes de los cc. 73 y 74, Chavarri se había contentado con enlazar por medio de dos compases (escritos como uno repetido, en realidad) con el ritmo de bolero en el acompañamiento y una escala ascendente en la melodía, todo ello dentro de una armonía de Si 7, antes de desembocar en el grandioso y muy valenciano motivo final, en Mi mayor. Ed. Urtext del Bolero para guitarra, cc.73-79 Sin embargo, en la Suite–Divertimento Chavarri decide añadir a partir del c. 75 un divertimento (valga la redundancia) de ¡28 compases!, modulante y en continuo cresc., sumando progresivamente a la inicial intervención en pp de la sección de cuerda 406 «Propuesta de un nuevo método de conocimiento directo desde el objeto-en-sí: Frente a esta musicología que se pretende incontaminada a base de mutilar al objeto de las partes asquerosas y repugnantes, lo que vengo a proponer en este ensayo es la práctica sistemática de un nuevo método que podríamos denominar «de conocimiento directo desde el objeto-en-sí». Se trata de un método en el que el sujeto de la investigación y el objeto de la misma llegan a tal grado de interpretación, que es el objeto mismo el que dirige el proceso investigativo y el sujeto el que frecuentemente se siente provocado e incluso observado», en Rey, “Del Método en Musicología” (nº4, 1986), p. 42. 246 el resto de la plantilla orquestal para lograr alcanzar el tema final (en Mi mayor, y en f ) con una contundencia, energía y brillantez que no se había planteado en la versión original. A nuestro entender, esta sección tendría que ser considerada para una edición crítica de la Suite y, si no incluida en el texto musical, al menos anexada en el aparato crítico para que el lector pueda tener la posibilidad de tocarla, tal y como Chavarri concibió la obra en esta última expresión, si le parece oportuno y sus recursos expresivos y dinámicos se lo permiten: Ed. Urtext del Bolero para orquesta (sección de cuerda), cc.73-95 247 Ed. Urtext del Bolero para orquesta, cc.96-101 248 Ed. Urtext del Bolero para orquesta, cc.102-107 249 Ms. E–VAbv: AELCH/pro 23–6 “III y Final / Bolero” Edición Urtext & ? # # 43 43 Piano Œ ‰ œ œ œ œ œ œ ∑ stacc. mzf œ œ œ œ .œ œ œ ∑ œœœœœ . ‰ œ œ œ œ œ œ œœ. Œ Œ  œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ ∑ .œ œ œ œ ∑ p ~~~~~~~~~~~~~ & ? # # 6 œœœœœœœ Œ Œ Œ ‰ œ œ œ œ œ œmzf  Œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ Œ Œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ ∑ J œœœ . œ œ# œ# œ œ œ œ œ œ# œ# J œœ Jœ. ‰ Œ Jœ. ‰ ~~~~~~ & ? # # 10 J œœ . ‰ œ jœ œ. œ# . J œœœ ‰ œœœ œœœ œ ∑ f p œ œ œ œ œ œœœ. œœ. œœ. ∑ œ œ œ œ œ œ œ œ# 3 œœ Œ ‰ Jœ ∑ jœ ‰ Œ Œ ‰ œœ œœ œœ œœ ≈ œœ ≈œœ ≈ œœŒ ‰ Jœ œ œ˙ Œ marcato ∑ ‰ œœ œœ œœ œœ ≈ œœ ≈œœ ≈ œœjœ ‰ ‰ Jœ œ œ˙ & ? # # 15 Œ Œ jœœ ‰ jœœœ ‰ Jœ œ œ# œ# œ œ œ œ œ œ œmarcato jœœ ‰ Œ jœœœ# ‰ œ jœ œ œ œ œ œ œ ‰ œœœœ .> œ œ œ# œ œ# œ# œ. œœœ .> Œ  p jœ ‰ œ œ œ œ œn J œœœ ‰ J œœœ ‰ œœœ œœ ∑ & ? # # 19 .œ œ .œ œ œ œ œ œœœ œœ œœ ∑ œ œ œ œ œ œ œ#œœ Œ œœ# œ Œ Œ œ jœœ .j œ# œ œ œ œ œ œ œ œ# œ œ J œœ ‰ ‰ Jœ œ œn stacc. jœœ œ# œ œ œ œ œ œ# œ œ œ œ J œœ ‰ ‰ Jœ œ œ# Œ Œ jœœn ‰ jœœ# Jœ œ œ# œ# œ œ œ œ œ œn œ -III- Bolero 251 & ? # # 24 jœ jœ œ œ œ jœ œ œ# œ œ# œ# œ Jœœn Jœ ‰ œ. œœ# J œœœ. ‰ ‰ Jœ œ œ Jœ . ‰ jœ . ‰ Œ Jœ Jœ. œ œ~ œ œ œ œ ‰ œœ jœœ ‰ jœœœ Œ œ Jœ œ Jœ œ œn ‰ œœ œœ ‰ jœœ ‰ jœœ œ œ œ & ? # # 28 œ œn ~ œ œ œ œ ‰ œœœb jœœœ œ œœœœ Œ jœ œn jœ œ œ ‰ œ œ ‰ J œœn ‰ jœœ œn œ œn œn œ œ œ œ œ œ œ œn œ ‰ œœœn J œœœ ‰ J œœœœ Œ œ œ Œ ‰ jœ J œ# ‰ œœœ## œœœ œœœ œœœ# Jœœ ‰œn Œ Œ poco menos & ? # # 32 œb œb œn œ œ œn œ œ œ œ œ œ J œœb Jœn ‰ Œ Œ œ Œ ‰ jœ‰ œœ## œœ ‰ jœœ ‰ Jœœœ œ# œ ∑ π œb œb œn œ œ œn œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 J œœb Jœn ‰ Œ Œ & ? # # 35 œn Œ ‰ jœ‰ œœ# œœ ‰ Jœœ ‰ Jœœ œn œ œ p cantando dim. .œ# Jœ œ# œ œ ‰ œœ# œœ œœ œœ ‰ jœœœ Œ œ#œ Œ œ# ancora meno Jœn œn jœ œ œ œœœnb œœ œœ œœ ‰ Jœœ œn Œ œœn Œ œ & ? # # 38 jœ œn jœ œ œn ‰ œœœn œœœ œœœ œœœ ‰ J œœœ œn Œ œœn Œ œ œb œn œ œ œ .œ jœ 5 œb œœn œœ œœ œœ œb œœ ˙b œ œœ .œn Jœ œn œ œ œ œ 5 œ œœnb œœ œœ œœ œn œœœ Jœ œ œ œ œb œ œ œ œ 5 œb œœœbnn œœœ œœœ œœœ œb œœœb 252 & ? # # 42 œ œ œb œ œ œ œ œb œ œ ‰ œœœbb œœœ œœœ œœœ ‰œ œ œœœn œ œ œ œ# œn .œ Jœ 3 ‰ œœœœ#n## œœœ œœœ œœœ œ œœœ#˙# œn œ œ œ œ œn œ œ œ œn œœœn œœœ œœœ œœ œ œ# Quassi al tempo œ œ œ œ œ .œ Jœ5 œ# œœ œœ œœ œœ œ œœœ# & ? # # 46 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ ˙ œ œœœ‰ œœœ œœœ œœœ œœœ jœœœ# œ œ œ œ œ œ œ# œ œ œ œ œ œ œ œ3 3 3 3 3j œœœ Œ Œ p leggiero œ œ œ# œ œ œ œ œ œ œ œ œ œb œb œ œn œn œ# 3 3 3 3 3 3 ∑ & ? # # 49 œb œb œn œ œn œ# œb œb œb œ œn œn œ œb œb œ œn œn 3 3 3 3 3 3 ∑ œ# œœ œn œ# œ œ# œn œ œn œ# œ œ# œn œ œn œ# œ 3 3 3 3 3 3 ∑ œ# œœœœ œ# œœœ œœœ œœœ œœœ 3 3 3 3 3 3 ∑ & ? # # 52 œ œ# œ œ œ# œ œ œ œn œn œ œ œ œn œ œ œn œ 3 3 3 3 3 3 ∑ œ œ# œ œ œ# œ œ œ œ œ œ œ œ œ œn œ œ œ# 3 3 3 3 3 3 ∑ & ? # # 54 œ œ œ# œ œ œ œ# œ œ œ œ œ œ# œ œ œ œ œ 3 3 3 3 3 3 ∑ rit e dim molto œ> œ œ œ> œ> œn >3œ œ œœ ‰ Jœ ∑ tempo I harmonicos p molto œ> œ œn œ> œ œ3œ œ œ œœ‰ jœœ ∑ 253 & ? # # 57 œ œœ œ œœ œœ# œœ œ œ ∑ ‰ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœ œœœnœ œn œ œ œ œ œ œ œ œf a tempo naturales jœœœ# œœœœ# œœœœ œœœœ œœœœ œœœœ œœœœ œœœœn œœœœn œ Jœ ‰ ‰ J œœ œœnn œœ & ? # # 60 J œœœœ# ‰ J œœœ# œ œ œ# œ# œ œ# œ# œ œ 3 3 3 J œœ ‰ Œ Œ p œ> œ> œ> œn >œ œ œn œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 3 3 3 3 œ œ œ œ> œ> œ > œ>œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 3 3 3 3œ Œ œ & ? # # 63 œ > œ> œ> œ > œ> œ# >œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 3 3 3 3œ Œ œ jœ> œ œ œ œ œ œ œ œœœ# J œœ ‰ Œ œ# œn jœœ# œœ œœ œœ œœ œœ œœ œ jœœœ# œœœ# œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ# œœœ# Jœ ‰ Œ œ# œn & ? # # 66 jœ ‰ œ œ# œ œ œ# œ J œœ J œœ œœ## œœnn 3 3 J œœ ‰ J œœœœ# . ‰ Œ en 8as œœ œœn œœ œœ œœ œœ œœ œœœ œœœ œœœ œœœ œ œœœ jœœœ œ œ œ œ œ J œ. J œœ œœ œœnn 3 3 J œœœ ‰ œ. Œ œœ œœnn œœ œœ œœ œœ œn œ œœœ‰ œœœb J œœœ & ? # # 70 jœœnn œn œ œ œ œ œ J œn J œœ œœ œœ 3 3 œœnn Jœ ‰ ŒJ œœœn ‰ Œ œœnn œœ œœ œœ œœ œœ œœbb œœbb œœ œœbb œœbb ‰ Jœn J œœœn ‰ Œ jœb ‰œb œ œb œ œ œ œb œ œn œn œ œn œœœbnb œ œœœ œ œœœ 254 & ? # # 73 œn œ œ œ œb œ œ œ œ œ œ œ œb œ œ 3 3 3 3 jœn jœ jœœœn ‰ Œ Jœn ‰ Œ Œ psubito œb œb œn œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 3 3J œœbb ‰ Œ œ œœbb & ? # # .. .. .. .. # # # # # # # # 75 œœœœœ## œœœœœ œœœœœ œœœœœ œ# œ# œ œ œ# œ œ J œœ œœ œœ J œœ ‰ Œ œœœœ . .œœ œœ œœ œœ œœ ‰ œœœ œœœ ‰ J œœœ œœ œœœ f ˙˙˙̇ œœ œœ œœ œœœ œœœ œœœ œœœ œ œœœ œœœœnn œœœœ œœ œœ œœ œœ œœ œœ œœ ‰ œœœ œœœ œ œœœ œ œœœn & ? # # # # # # # # 79 ...œœœ œœ œœ œœ œœ œœ œœ œœ œœœ‰ œœœ J œœœ ... œœœ# # œœ œœ œœ œœ œœ œœ 3 ‰ œœœœ J œœœœ ‰ J œœœœœ œ ... œœœ# # œœ œœ œœ œœ œœ œœ 3 ‰ œœœœ J œœœœ ‰ J œœœœœ œ œ œ œ Jœ œ Jœœœœœ J œœœœ œœœœ œœœ poco rit.ƒ & ? # # # # # # # # 83 J œœœœ œ œn œn œ œn œn œ œ œ œ œœœn 3 6jœœœ œœœœnnn J œœœœ ‰ J œœœœ Vivo a tempo J œœœœ œ œn œn œ œn œn œ œ œ œ œœœn 3 6jœœœ œœœœnnn J œœœœ ‰ J œœœœ & ? # # # # # # # # 85 J œœœœ . œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœnnb œœœn#n jœœœ . œœ œœ œœ œœ œœ œœ œœœnnb œœœ##n jœœœœn# œœœœ œœœœ œœœœ œœœœ œœœœ œœœœ œœœnnb œœœn#n J œœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœnnb œœn# & ? # # # # # # # # 87 jœœœœ ‰ œœœœ . œœœœ . œœœ. J œœœ# ‰ Œ œœœ . œœœœ . Œ Œ œœœ . Œ Œ 255 256 257 Ms. E–VAbv: AELCH/pro 5–54 Suite (Divertimento) para orquesta / IV. Bolero Edición Urtext                                                                Flute 1 Flute 2 Oboe 1 Oboe 2 Clarinet in B 1 Clarinet in B 2 Bassoon 1 Bassoon 2 Horn in F 1 Horn in F 2 Trumpet in C Bass Tuba Timbales Percussion Drum Set Violin I Violin II Viola Cello Contrabass Harp                                                                                                                                                                                         pizz. pizz. pizz. pizz. pizz. arco arco arco arco                                                                                                          IV Bolero sciolto sciolto sciolto sciolto 259                                        Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 2 C Tpt. B.Tba. Timb. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 6                        6  6  6  6   6                                     pizz. pizz. pizz. pizz. pizz. arco arco arco                                                             arco  cresc. cresc. cresc.                                                                                                                                                             A                                                                            arco                                                            3                    3                                      260                                 Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 D. S. Trgl. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 13                               13  13          13      13                                           pizz. pizz. arco arco                                                     pizz. pizz. arco arco                                                                                                                                               pizz.                                                                       B                                                         pizz. pizz. pizz. pizz. 261                                 Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 D. S. Trgl. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 19                          19  19       19  19                                                                              arco arco                                                                                 marcato   stacc. stacc. arco                                                                                                                                                          arco                                                                                                    262                                Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 25                                             25   25  25                                 cantando    C                                                                                                                                                                                                                          263                  Fl. 1 Ob. 1 B Cl. 1 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 31       31  31                        dolce meno                                  meno meno meno meno meno meno                                                   6                     un poco riten. riten riten riten riten riten Riten                                         dolce                    Fl. 1 Ob. 1 B Cl. 1 B Cl. 2 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 36  D         36  36                      ancora meno  ancora meno ancora meno ancora meno  dolce ancora meno ancora meno ancora meno ancora meno ancora menopizz. pizz. stacc. stacc.                                                                                                 5                           cantando        3              3         3       dolce          5              3         3       264                      Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 B Cl. 1 B Cl. 2 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 42               42  42          3         3             5                                                                3         3             arco arco Tempo Iº                5                                                                                                    Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 B Cl. 1 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 47  E                       47  47                3 6 6     47                           Divisi                                          trem trem                                                            (2ª a def. harpa) (a def. de harpa) 265                          Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 B Cl. 1 B Cl. 2 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 51      51  51   51                                                   6 6 7                     pizz. pizz. pizz.                            6 6                rit. rit. rit. rit. rit.  dolce rit. rit. rit. rit. rit. rit.                   6 6 6                         Tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo Tempo tranquilo 266                                       Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 Timb. Trgl. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 55  F      3        55   55  55  55  55  55                3    55                   Tempo Iº  marcato    pizz. pizz. pizz. pizz.         3                             3                         pizz.                                                                                                                                                                                                                           stacc. arco arco arco arco arco                                                                                                                                                                              3 3 3                                                                                                       soave pizz. 267                                       Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 Timb. Trgl. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 61                    61   61  61  61  61  61            61                     sciolto       Divisi pizz. pizz. pizz. pizz.                                                                                                                                 Tutti Tutti                                                                                                                                                                                      arco arco arco arco arco                                                                                                                                                                                                                                                                       3           3            3             cantando cantando cantando 268                                Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 67  G               3                67       67  67           3           3                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       dim. dim. dim. dim. dim. dim.  269                                  Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 C Tpt. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 73                                         73    73  73                6 6           3 3            3 3           stacc. stacc.                                                    6 6             3 3             3 3                    H                                        3                                     Piu mosso Piu mosso pizz.                                                             3                                                                         270                          Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 79          79  79           3                        stacc.                       3                                                           3                               arco                                                         sempre stacc.         3                                     3                                                                                                                    271                                           Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 C Tpt. B.Tba. Timb. Trgl. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. Hp. 85         3                              85     85    85  85  85  85   85         3                          stacc.                                                                                       I          3                                                     3                                                                                                                                                                                          3                       P 272                                 Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 Timb. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 90                                 90    90  90  90                                                                                 3                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             273                                   Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 Timb. Trgl. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 96                                                           96         96    96   96    96  96                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          pizz. pizz.                                                                                                         cresc. cresc.                                                                                                           274                                                              Picc. Fl. 1 Fl. 2 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 C Tpt. Tbn. B.Tba. Timb. Trgl. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 102  102                                  102                            102  102     102    102  102                         poco rit       cresc. cresc. cresc. cresc. cresc. cresc.   cresc. cresc. arco arco                                                                                                            K                                                                                                                           sciolto                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               prendi Piccolo Ojo : Flautin Poco rit a tempo, ma piu tosto meno a tempo, ma piu tosto meno 275                                         Picc. Fl. 1 Ob. 1 Ob. 2 B Cl. 1 B Cl. 2 Bsn. 1 Bsn. 2 Hn. 1 Hn. 2 C Tpt. Tbn. B.Tba. Timb. Trgl. Perc. D. S. Vln. I Vln. II Vla. Vc. 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Las Siete piezas para guitarra. Conexiones con Andrés Segovia y Rafael Balaguer 3.4.1. Orígenes de la composición: Andrés Segovia y el invierno de 1924-1925 Para comenzar adecuadamente con el relato de la gestación de esta obra es necesario volver a recordar aquella carta escrita por Segovia desde el Hotel Preussenhof de Szczecin cuya redacción, pese a la ausencia de fecha, pudimos situar en el mes de noviembre de 1924. En ella solicitaba a Chavarri nuevas piezas con las que sustituir los dos primeros movimientos de la Suite que no habían terminado de convencerle: (…) Alemania está llena de nieblas y además es ist sehr kalt, lo que en nuestra vibrante lengua meridional quiere decir que jase mucho frío. A primeros de diciembre vuelvo a España y comienzo mi tournée por las Culturales. Ya he pedido tres días de reposo entre Alicante y Castellón para pasarlos junto a V. en Valencia y para que trabajemos de lo lindo. ¿Por qué no prepara V. una Suite de tres canciones populares valencianas (de Valencia ó sus alrededores) para trabajarlos juntos ahí mismo? (…) Acaso el bolero estaría bien para acabar esa suite valenciana, para la cual – se lo aviso desde ahora– habrá conseguido editor en Austria. Piénselo407. En el listado en línea de los conciertos de Segovia y en la biografía de Segovia de Alberto López Poveda hemos localizado varios conciertos cercanos a Valencia dentro de esa gira segoviana por las Culturales: en Murcia (14 de enero de 1925), Alicante (17 de enero), Cartagena (19 de enero), de nuevo Murcia (20 de enero) y Lorca (22 de enero)408. Después de este último concierto tocó en Almería (24 de enero) y ya el resto de sus conciertos discurrirían por Andalucía y otros lugares de España más alejados de Valencia. Podemos por tanto suponer que fue en el lapso mayor entre recitales, tras su primer concierto en Murcia y antes de su recital en Alicante, cuando Segovia pudo acercarse hasta la capital del Turia para encontrarse con Chavarri y trabajar en su proyecto común. La información contenida en una nota de Segovia conservada en la BV (cómo no, una vez más sin fecha) manuscrita desde su predilecto Hotel Palace de Valencia nos ha permitido datarla en aquellos días de enero de 1925: Querido Eduardo: me voilà. Saludé a su primo, que me ha parecido la persona más agradable del nada amable Burriana. El concierto muy bien; el público muy cariñoso aunque de escasa sensibilidad. Etc. etc. Ya hablaremos. Voy a telegrafiar a mi mujer avisándole mi llegada, y luego me quedaré en casa esperándole a V. Un buen abrazo de su buen amigo. Andrés ¿Por qué no se trae V. lo que tenga hecho, para que lo veamos? Es decir para que lo veamos con la vista: ya sabe V. que con la guitarra es imposible leer a primera vista ídem409. 407Carta conservada en la BV, con sign. AELCH-CR-2533. 408 Este concierto no aparece ni en el listado en línea de Gimeno ni en la biografía de López Poveda. Cit. por Clares Clares, “La renovación musical en una capital” (2016), p. 590. 409 Nota conservada en la BV, con sign. AELCH-CR-2539. Ninguno de los trabajos que conocemos sobre los conciertos de Segovia contemplan algún concierto en Burriana en estas o en otras fechas. No 280 Detalle de una Nota de Segovia a Chavarri [enero de 1925] Eran al menos dos las nuevas piezas que Chavarri tenía ya “hechas” cuando llegó ese encuentro, tal y como demuestran sendos manuscritos autógrafos conservados en la BV, firmados con fecha de enero de 1925 y titulados Danza lenta y Fiesta lejana en un jardín410. Estas piezas, como veremos, a la postre no integraron esa nueva suite de canciones valencianas propuesta por Segovia: en realidad, la primera de ellas es una habanera y en la segunda tampoco hemos podido identificar ningún tema popular valenciano. Lo cierto es que pronto pasarían a formar parte de las Siete Piezas para guitarra –que se publicaron poco tiempo después, en 1926– en el primer y tercer puesto respectivamente. La obra tuvo finalmente como dedicatario a otro guitarrista distinto, el valenciano Rafael Balaguer, de quien trataremos más adelante. No se han conservado manuscritos de las otras cinco piezas pero es obvio que Chavarri las tuvo que escribir en fechas no muy alejadas a las dos anteriores porque antes de ser enviadas a Alemania para su publicación tuvieron que pasar primero por la revisión de Balaguer. Otra prueba que ha servido para confirmar nuestra datación de la carta de Segovia desde Szczecin es la que aporta otra carta muy relacionada con las Siete Piezas, escrita por Leopoldo Querol411 desde Berlín poco antes de viajar a esa misma ciudad de obstante, esta carta demuestra que ese concierto se celebró y tal vez en un futuro puedan aparecer otras pruebas ello. 410 Con sign. AELCH/pro 264–1 y AELCH/pro 264–2, respectivamente. 411 Leopoldo Querol, además de desarrollar una brillante carrera como pianista muy comprometida con la difusión de la música española, fue un hombre de amplia formación cultural y un destacado investigador. En el campo de la docencia llegó a ser catedrático del Conservatorio Nacional de Música de Madrid. La abundante correspondencia conservada en la BV da buena fe de la estrecha relación que 281 Szczecin y en una fecha muy próxima a la que hemos asignado a la de Segovia. Querol, que había sido alumno de Chavarri en el conservatorio de Valencia y mantenía una sincera amistad con su maestro, le escribe en mitad de una de sus giras de conciertos. Él también se queja del duro clima que imperaba en el norte de Alemania: Berlín, jueves, 13–XI–1924 Querido Eduardo: Recibimos sus postales hace unos días con la consiguiente alegría de tener noticias suyas. Ahora estamos aquí de vuelta de Leipzig y mañana vamos a Stettin. En la casa editorial Schott de Leipzig hablé de V., y seguramente le escribirán para editarle todo lo que V. quiera de guitarra. Yo les dije que V. tenía la Sonata que toca Llobet, pero, además, todo lo que V. vaya componiendo para la guitarra se lo pueden editar. Ya me dirá si le han escrito. Por aquí mucho frío ya. Hemos tenido también el disgusto estos días pasados de perder las maletas: se conoce que está esto imposible después de la guerra. La suerte que tiene Alemania es que la pasión por la música continúa lo mismo que antes: nuestros conciertos están siempre de bote en bote. Por lo demás se nota una tremenda pobreza: la vida por las nubes, la iluminación de las calles es escasísima. Ya comprendo que Valencia seguirá tan muerta como siempre en cuestión de arte: es una tristeza de ciudad y creo que su principal defecto reside en el egoísmo de sus habitantes, que todos y cada uno se creen ser genios en seguida: les aconsejaría que diesen una vueltecita por el extranjero para ver lo que hay por el mundo. Si puedo ya escribiré algo para el periódico. Mi dirección siempre la misma. Vaya el más fuerte abrazo de Leopoldo412. Tal como nos cuenta Querol, pese a que el pago de las reparaciones de guerra a sus antiguos enemigos hacían mella en esta Alemania de Entreguerras, sometida económicamente al yugo extranjero, y que el descontento y el resentimiento reinaba en una ciudadanía empobrecida, se mantuvo una intensísima vida musical de la cual formaron parte activa los mejores músicos españoles y, en el terreno guitarrístico, lo hicieron de forma protagonista abanderados por Segovia y Llobet. La labor de Querol como enlace con la editorial alemana tuvo no obstante unos frutos más modestos de los anunciados en su carta. Al final solo las Siete piezas salieron publicadas por la ed. Schott’s Söhne. Ya sabemos que la Sonata I (vinculada, al igual que el Homenaje de Falla, a Llobet) tampoco llegó a publicarse ni con la Schott ni con ninguna otra editorial. Por otra parte y a pesar del aparente interés mostrado en sus cartas, todo indica que Segovia (a la sazón orgulloso revisor de las otras tres obras que inauguraban el nuevo catálogo de Schott, que pronto citaremos), aparte de no tocar la Suite tampoco promovió su edición y, al igual que la Sonata I, permaneció inédita. Pero el guitarrista no quiso olvidar a Chavarri y como hipótesis probable creemos que pudo ejercer alguna influencia para que las Siete piezas salieran publicadas, aunque, desde luego, sin que su nombre apareciera como revisor o dedicatario413. El citado Rafael Balaguer, miembro ambos músicos mantuvieron a lo largo de los años. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, pp. 143-175. 412 Ibidem, Carta nº 613, p. 148. 413 De todos modos hemos encontrado numerosos anuncios de la ed. B. Schott’s Söhne en ejemplares de la revista Ritmo durante los años 30 en los que las Chavarri y sus Siete Piezas aparecen en una lista de 282 de una familia muy querida por Segovia y también muy apreciado por Chavarri, sería el elegido a este efecto, tal vez por el propio Segovia414. Una carta escrita desde la editorial poco después de que apareciera publicada su obra demuestra que Chavarri estuvo en estrecho contacto con Segovia en 1926, año en que se presentaba la novedosa colección de guitarra de la Schott. Es justamente a Chavarri a quien se dirigen para preguntar por la siempre cambiante dirección de Segovia: Muy estimado señor: Tenemos un grandísimo placer de remitirle 6 cuadernos de regalo sobre nuestras composiciones de guitarra que acaban de aparecer. Le rogamos de querer introducir estas obras entre sus círculos de querer hacer todo lo posible para que se introduzcan debidamente. ¿Nos podría indicar Vd. la dirección actual del Sr. Segovia? También le quisiéramos enviar algunos ejemplares. De Vd. como sus más attos., afmos., ss.ss. q.e.s.m. [que estrecha su mano] B. Schott’s Söhne415 Carta de B. Schott’s Söhne a Eduardo López–Chavarri (Leipzig, 19 de octubre de 1926) “Compositores modernos en el repertorio de Andrés Segovia”. V. un ejemplo en Ritmo: revista musical ilustrada, año VI, número 89 – 1 de julio de 1934, p. 12 (consúltese en el apéndice 5.1 Fuentes periodísticas, p. 539). 414 «[En julio de 1913] Se inició una sincera amistad entre Segovia y la familia Balaguer. Con uno de los hijos, Rafael Balaguer Ferrer, que sentía inclinación por la guitarra, perduraría la amistad hasta la muerte de este, a quien debemos muchas referencias no sólo de esta primera visita a Valencia, sino también de otras que hizo, posteriormente, a dicha ciudad.» López Poveda, Segovia: vida y obra, vol. 1 (2009), p. 102. 415 Conservada en BV, con sign. AELCH CR 2532. 283 3.4.2. 1926: Año de publicación de las Siete piezas para guitarra Antes de enfrascarnos en el estudio de esta tercera composición de Chavarri para guitarra o con los entresijos historiográficos relacionados con su publicación y difusión –los de su creación ya los conocemos– es menester que, como corresponde a las buenas costumbres y exquisita cortesía de su autor, antes hagamos las presentaciones. Estos son los títulos de las siete piezas y las indicaciones de tempo y carácter que las encabezan: I. Danza lenta – Allegretto moderato II. Ritmo popular – Moderato (quasi bolero) III. Fiesta lejana en un jardín – Allegretto mosso IV. Nocturno (Jardín de Granada) – Andante V. La mirada de Carmen – Allegretto alla habanera VI. Lamento – Allegretto moderato VII. Gitana – Allegro vivo Dentro de la desafortunada historia editorial que tuvo su obra guitarrística, las Siete piezas para guitarra son una excepción por el corto lapso transcurrido entre las fechas de redacción de los manuscritos que se conservan (1925) y la de su publicación (1926). En efecto, aunque cronológicamente no es la primera de sus obras para guitarra –ya hemos visto que tanto la Sonata I como la Suite fueron compuestas con anterioridad– fue la primera en publicarse; nada menos que encabezando –número 101 del catálogo– una colección de la importancia histórica de la Gitarre Archiv (subtítulada en sus inicios Moderne Spanische Gitarre–Werke), de la editorial Schott’s Söhne de Maguncia–Leipzig. Acompañando a estas Siete piezas, la primera remesa de obras de esta colección se completó con el Fandanguillo de Joaquín Turina (nº 102) y el Nocturno y la Suite Castellana de Federico Moreno Torroba (nos 103 y 104, respectivamente), las tres revisadas por Andrés Segovia, su dedicatario. La versión de Miguel Llobet de la obra germinal del nuevo repertorio guitarrístico, el Homenaje de Manuel de Falla, fue anunciada también en esta primera y selecta lista (con el nº 105), aunque su publicación con la editorial alemana nunca llegó a materializarse, al igual que ocurrió con la Sonata I de Chavarri416. 416 Tras unas primeras apariciones en dos revistas guitarrísticas –la primera, como hemos visto anteriormente, en La Revue Musicale (París, 1920) y la segunda en La Guitarra (Buenos Aires, 1923), ya con la revisión de Miguel Llobet– el Homenaje fue finalmente publicado en la Ed. Chester en 1926 –el mismo año que las otras cuatro obras anunciadas y publicadas por Schott`s Söhne– con la revisión de Llobet. [V. Suárez–Pajares: En torno a Miguel Llobet (2016), p. 189 y Suárez–Pajares: “El encuentro de Rodrigo con la guitarra” (2001), pp. 41-42]. 284 Portada y contraportada de la ed. de las Siete piezas para guitarra (1926) ¿Por qué tuvieron estas piezas una suerte editorial tan distinta a las anteriores composiciones de Chavarri? Si no eran tan del gusto de Segovia como para aparecer como su revisor en la edición ¿qué pudo haber hecho que apoyara su publicación y descartara la de las anteriores dos? ¿Tendrá que ver con el dedicatario de la Sonata I y con la dificultad de adaptación de la Suite? Son, estas, preguntas que tal vez nunca podamos contestar aunque los datos que vamos recabando nos invitan a intuir las respuestas. La duración total de la composición (por encima de los 20 minutos) es muy superior a la del resto de obras del primer catálogo de Schott. Esta circunstancia, en principio, no era una característica que favoreciera la publicación de una obra en el periodo de Entreguerras, ni siquiera en los principales centros europeos. Obras tan icónicas del repertorio guitarrístico del siglo XX como las Quatre pièces brèves de Frank Martin (obviamente bastante más breves), la Sonata II del propio Chavarri (que estudiaremos en el próximo cap. 3.5) o los Douze Études de Heitor Villa–Lobos (monumentales y revolucionarios para la técnica del instrumento) tuvieron retrasos en su publicación de más de veinte años por diversos motivos: el lenguaje en que estaban escritas, las dificultades de ejecución que las hacían inasequibles para la mayoría de los guitarristas de su tiempo y probablemente, sobre todo la de Villa–Lobos, también por sus dimensiones417. Pero todas estas que hemos nombrado, de Chavarri y de otros compositores, son obras de mayor calado y tienen estructuras formales mucho más complejas que las Siete piezas. Estas son en cambio una colección de obritas sencillas de inspiración popular que, al compararlas con las dos sonatas y la Suite de Chavarri, 417 Así lo cree Angelo Gilardino. V. Gilardino, “Heitor Villa-Lobos, genio ribelle” (2006), pp. 7-29. 285 nos parece evidente que eran para él un divertimento sin pretensiones. Es decir que, desde el punto de vista de los editores, eran a priori mucho más fácilmente vendibles418. La publicación de estas pequeñas piezas –que beben inocentemente del folclore español– en una editorial de tanto prestigio aportó históricamente muy poco a la reputación de Chavarri como compositor para guitarra y, en cambio, probablemente tienen gran culpa de que haya sido infravalorado por algunos autores. En esta línea ya citamos a Tomás Marco, cuando hablaba sobre su música en general y emitía una crítica de guante blanco al decir que “No todas [sus composiciones] permanecen por igual con el paso del tiempo”. También uno de los principales especialistas en el repertorio guitarrístico del siglo XX parece extrapolar su apreciación sobre estas piezas –las cuales, por su comentario, presumimos que eran las únicas que conocía de Chavarri en ese momento– al resto de la producción guitarrística chavarriana: Parecchi altri compositori spagnoli scrissero ocasionalmente per Segovia, o comunque sotto l’influsso della sua arte; non troviamo tuttavia nelle composizioni di autori come Manuel Palau (1893-1967) o Eduardo López–Chavarri (1871-1970) altro che qualche manieristica pennellata419. Incluso en el momento en que se publicaron las Siete Piezas, las críticas que hemos localizado sobre ellas no son precisamente halagüeñas. Domingo Prat, que tampoco parece conocer el resto de las composiciones para guitarra de Chavarri, en la entrada dedicada al compositor dentro de su “Diccionario de guitarristas” escribe lo siguiente: Como compositor, ha escrito para orquesta, coro, cuarteto, piano y canciones para canto y piano. Para guitarra, la editorial B. Schotts Söhne, Mainz, le publicó siete obras incluidas en el número 101 de “Gitarre-Archivo”: “Danza lenta”, “Ritmo popular”, “Fiesta lejana en un jardín”, “Nocturno (Jardín de Granada)”, “La mirada de Carmen”, “Lamento” y “Gitana”. Todas ellas de un discreto ambiente hispano y de sólida construcción, produciendo la sensación de un rebuscamiento guitarrístico para lograr el agrado, resultando este relativo por estar ausente la vena de inspiración. Estas obras de López Chávarri [sic] no son merecedoras del olvido, debiendo figurar en programas bien guitarrísticos, aunque a la verdad no tienen el valor de “primera fila”. Sin duda alguna este inteligente compositor y musicógrafo, algo mejor puede aportar a la literatura de la guitarra420. 418 Su alumno y amigo Joaquín Rodrigo le escribía desde París en 1935 quejándose de la situación de las editoriales en aquellos años: “a pesar de todos mis esfuerzos y de mis relaciones, me rechazan todos los editores las mías [canciones] y, qué demonio, no son feas, tienen por todas partes un gran éxito. Pero ha llegado la penitencia a los editores y que estos y todos purguemos las insensateces de editores, autores y críticos, editando no importa qué y viendo ahora que tienen montones de música sin que nadie compre una nota (…). Triste destino el del músico español que ha de vivir siempre de prestado. Por el momento las melodías es lo más difícil de editar… En cambio me piden cosas claras y fáciles para piano. Si Vd. tiene algo en ese sentido envíemelo y yo me brindo a enseñárselo a Eschig”. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 214. 419 Gilardino, Manuale di storia della chitarra, Vol. 2º (1998) “I compositori segoviani di Spagna”, p. 47. 420 Prat, Diccionario de guitarristas (1934), p. 181. 286 Como dijo el gran Fernando Sor –lamentándose de la mediocridad del repertorio que exigían los editores de París un siglo antes de la fecha de publicación de las Siete piezas–, “Il faut vivre”421. Una posible confirmación indirecta de que Chavarri no daba excesiva importancia a estas pequeñas y modestas composiciones la encontramos en la carta que Oscar Carlos Cabot le escribe desde Londres el 1 de septiembre de 1930: Cher Monsieur Chavarri: (…) Ce sont là bien des questions à poser, mais vous me perdonnerez bien, en vue du fait que je voudrais faire une étude approfondie de vous œuvres. (…) Est–il vrai que vous n’attachez pas d’importance aux 7 pièces publiées chez Schott? Il ne sera pas nécessaire pour moi de l’écrire si crûment, mais au cas où ma supposition est juste je pourrais me contenter de mentionner simplement les pièces sans commentaires422. 421 El célebre poeta Rafael de León, contemporáneo de Chavarri también fue autor de una cita memorable cuando le preguntaron: «¿Cómo alguien que ha sido capaz de escribir algo tan sublime como “Ojos verdes” ha podido componer “Cocidito madrileño” [la canción que más derechos de autor le proporcionó]?» Su respuesta no tiene desperdicio: «A veces compongo versos y a veces compongo berzas… y las berzas alimentan más que los versos». 422 «Querido Sr. Chavarri: Tengo muchas preguntas para hacerle, espero que me perdonará, ya que me gustaría hacer un estudio en profundidad de sus obras (…). ¿Es cierto que no le da ninguna importancia a las 7 piezas publicadas por Schott? No sería necesario que lo escribiera con tanta franqueza, pero en caso de que mi suposición sea correcta, podría mencionar las piezas sin comentarlas». Trad. del autor. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 108. 287 3.4.3. Los ritmos de habanera y bolero en las Siete piezas para guitarra Buena parte de la obra guitarrística de Chavarri está trufada de ritmos del folclore nacional; entre ellos, el de la habanera y el bolero son los que aparecen con mayor frecuencia como ocurre en estas Siete piezas, en las que esos ritmos son casi omnipresentes. Comencemos por el segundo de ellos, el del bolero: Chavarri lo asocia muy íntimamente con ese folclore valenciano refinado, un punto aburguesado – ”señorial” lo califica Climent, refiriéndose a la jota valenciana–423 que de alguna manera siempre se asoma en su música. Dentro de sus composiciones, esta danza alcanza su expresión más elevada en el extraordinario Bolero de la Suite (en cualquiera de sus dos versiones, la de guitarra o la de orquesta) e igualmente está presente en algunas de sus transcripciones para rondalla, como el Bolero Pla y la Jota valenciana del U i el Dos424. Existen distintos tipos de boleros identificados en Valencia como bailes tradicionales del folclore regional425 y suelen describirse como danzas cortesanas al parecer ligadas, desde su incorporación a la tradición valenciana, con las altas clases sociales a las que pertenece Chavarri426. Un antecesor sinfónico y valenciano del Bolero de Chavarri para orquesta –por no nombrar el de Ravel, con quien ya vimos que tuvo contacto y al que profesó admiración– lo podemos encontrar también en la BV: el Bolero para orquesta, banda y coro compuesto entre 1903 y 1907 por Salvador Giner Vidal427. Por su parte, la presencia del ritmo de habanera en las obras guitarrísticas de Chavarri podría tener una motivación más compleja y profunda. Ya en su primera obra, la Sonata I, encontramos este ritmo en los primeros compases de la introducción del tercer tiempo: 423 «La Jota Valenciana se denomina de diversas formas y maneras, siendo las más ordinarias: El U i el Dos, U i dotze, U i mig, etc., pero dentro de todas la versiones hay unas notas comunes, que son, precisamente, el señorío con que se han de bailar; nuestras Jotas son señoriales, lentas sin movimientos bruscos, sin saltos espectaculares». Climent, Música Contemporánea Valenciana (1978), pp. 166-167. 424 “[… además de la dança y la jota] Existen otros muchos bailes entre nosotros, pero no son nuestros sino que se bailan en muchas otras o en todas las regiones españolas, como acontece con el bolero. Estos otros bailes tienen en Valencia, como en todas las demás regiones, sus propias peculiaridades”. V. en Climent, ibid. 425 V. en [consultado en julio de 2021]. 426 Héctor Boluda, Andreu Prieto, Robert Prieto, Salva Prieto y Dani Roig: “La música tradicional de la Comunidad Valenciana”. En línea [consultado en junio de 2021]. 427 V. en BIVALDI. La datación de la composición es de Sánchez García, “El compositor Salvador Giner” (2002), pp. 141-142. 288 ELCH: Sonata I, 3er mov., cc.1-4 A estas alturas de nuestro trabajo no podemos dudar de que Falla y su Homenaje fueran la referencia de Chavarri para elegir el ritmo de habanera como marca y emblema de España en sus obras para guitarra. Curiosamente, esa elección no deja de ser un viaje de ida y vuelta a través de la peculiar visión francesa de lo español (no olvidemos que el Homenaje está dedicado a Debussy e inspirado en su exótica visión de nuestro país). Durante todo el siglo XIX, muy especialmente en Francia, la habanera se había erigido de forma casi monolítica como la quintaesencia de la españolidad: no solo Debussy, sino también Bizet, Massenet, Fauré, Saint-Saëns, Chabrier y Lalo, entre otros compositores franceses, recurrieron a este género. Esta visión foránea de España sirve en buena medida a los defensores del concepto de música española del entorno de Pedrell, cuya visión romántica y burguesa de la españolidad, desprovista de indeseadas adherencias de baja extracción social, se corresponden con los ideales de Chavarri. En cualquier caso, el fenómeno es más complejo de lo que podemos abarcar en estas breves líneas puesto que “este nuevo concepto de «música española» (…) no puede explicarse tan solo desde la perspectiva exterior, fundamentalmente francesa, de la “«exotización» de España”428. Lo cierto es que estas dos danzas han permanecido en el inconsciente colectivo internacional como representación de España en mucha mayor medida (aunque desde aquí pueda parecer curioso) incluso que el flamenco. Compositores posteriores, como el francés Maurice Ohana, con su vanguardista Tiento, siguieron recurriendo al ritmo de habanera para sus composiciones e incluso en películas musicales de la industria de Hollywood de los años 60 –como My Fair Lady, ambientada en Inglaterra– la habanera y el bolero aparecen cuando se recrea un paisaje español y se cantan textos como The rain in Spain stays mainly in the plain! 428 Carreras, “Hijos de Pedrell” (2001), p. 126. 289 Repasemos ahora una por una las Siete piezas para identificar cuáles incluyen alguno de estos ritmos: La Danza lenta es una forma Lied (A-B-A’) siendo su primera sección, A, una habanera. Podemos asociar la elección de la danza a la influencia del Homenaje pero estilísticamente la pieza tiene más en común con La Paloma de Iradier que con la obra de Falla. Chavarri no parte, como hizo Falla, de la resonancia derivada de la estructura organológica de la guitarra para el planteamiento armónico de la composición, sino que escribe su pieza desde el piano, con el lenguaje de la práctica común y sin mayores pretensiones: I. Danza lenta, cc. 1-2 (Ed. Schott’s Söhne, 1926) Tanto el Ritmo popular como la Fiesta lejana en un jardín tienen secciones escritas con el fácilmente identificable ritmo de bolero. De hecho, el subtítulo de la primera de estas dos piezas (quasi bolero) es significativo, y el primero de los dos temas de la segunda pieza (que se enuncia tras una sección introductoria de 16 compases) tiene también mucho de bolero: III. Fiesta lejana en un jardín, cc. 17-22 (ms. autógrafo) Las referencias a los jardines son habituales en los escritos y cartas de Chavarri. Son para él lugares favoritos, apacibles, tranquilos y bucólicos, muy apropiados para su sensibilidad y su carácter. Ese mismo año de 1925 en que escribió las Siete piezas escribía también para Las Provincias una reseña de una visita a su admirada Josefina Robledo en el jardín de su casa de Burjasot, Valencia: Josefina Robledo en Burjasot. Tárrega – El jardín de los pinos – La puesta de sol y la guitarra soñadora (…) En un pequeño jardín de la morada existen unos pinos enormes; a la hora del crepúsculo, cuando el sol poniente vuelve de oro sus centenarias copas, los pájaros se acogen al sitio en deliciosa algazara. Y entonces, al pie de los viejos troncos, en la frescura de la enramada, siéntase la artista y su guitarra empieza a desgranar melodías y armonías suavísimas, que suben a lo alto como perfume de sonidos, como íntima oración musical. Entonces los pájaros van cesando en su charla, y quedan atentos, escuchando aquella increíble maravilla, y las flores del jardín también 290 parece que escuchan estirando sus pétalos, y por entre unos cipreses asómase también la luna para escuchar aquellos sones, que suavidades de su brillar de plata parecen… La artista Josefina Robledo es entonces la voz del alma valenciana, en su más íntima, femenina y noble palpitación429. La melancólica expresión del melismático segundo tema de esta pieza nos recuerda inevitablemente a otro tema muy famoso escrito por uno de sus alumnos predilectos trece años más tarde. Si este tiene alguna influencia del de Chavarri, bendito sea su predicamento, puesto que habría contribuido a la creación de una de las más bellas melodías del repertorio guitarrístico de todos los tiempos: III. Fiesta lejana en un jardín, cc. 52-54 (ms. autógrafo) Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez, 2º mov. c.7 De nuevo el Nocturno (Jardín de Granada) –tenemos aquí otros jardines y un guiño al alhambrismo en el subtítulo– incluye el ritmo de bolero con unos muy españoles y melismáticos tresillos de semicorchea. La mirada de Carmen vuelve a ser un Allegretto alla Habanera, en este caso en La menor aunque concluye en su relativo mayor. La poseedora de esa mirada no pudo ser otra que Carmen Andújar, la soprano con la que Chavarri se casaría en 1929430 y que ya ha aparecido en varias ocasiones durante este trabajo. Podemos encontrar una breve biografía de esta artista (adjunta a la de Chavarri) en el DMV pero existe otra bastante más amplia cuya primera parte, dedicada a su trayectoria artística anterior al matrimonio con Chavarri, nos parece pertinente reproducir en este punto: Aunque nació en Buenos aires en 1891, se trasladó a España a una edad muy temprana, estudiando solfeo y piano en el Conservatorio de Valencia. Siguiendo los consejos del maestro Alonso comenzó los estudios de canto en la cuerda de soprano, con la particularidad de que tuvo que acceder a la petición de su familia para que no se dedicase al mundo de la Ópera. Esa fue una de las razones de su dedicación al mundo del Lied y a los papeles de solista en obras ejecutadas en concierto, sin escena. Para ampliar sus conocimientos marchó a Milán donde fue discípula de Lina Cerne Hulmann, que trató infructuosamente [de conseguir] que se dedicara al campo escénico. 429 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18602 – 19 de septiembre de 1925, p. 5. 430 «En 1929 contrajo matrimonio con Carmen Andújar, a la que conoció en un concierto y de la que se quedó admirado de su categoría musical. Con ella desarrollaría una larga serie de actividades musicales», Díaz Gómez–Galbis López, “Homenaje a la familia López-Chavarri” (s.f.), p. 339. 291 Una vez terminados sus estudios, ofreció diversos recitales por Europa. Ente ellos destacan los que realizó en París, por la excelente acogida que le dispensaron críticos prestigiosos como Henri Collet y su colaboración con importantes personalidades como Wanda Landowska. Su presencia en las más selectas sesiones musicales que ofrecía la aristocracia francesa completaron [sic] su estancia parisina. De regreso a España, se presentó en los conciertos de cámara que se celebraban en el Hotel Ritz de Madrid y participó en el concierto de inauguración de la Sala Aeolian. Su especialización en música del siglo XVII y XVIII le sirvió para que la agencia artística Daniel la contratara para una serie de recitales. Volvió a Valencia para participar como solista en el oratorio Jefté de Carissimi, interpretado en el Teatro Princesa, formó parte del cuarteto solista del Orfeó Valencià y fue invitada por la Sociedad Filarmónica para la celebración del Festival Schubert de 1928. Tras su unión con Chavarri al año siguiente se afincó definitivamente en la capital del Turia y se dedicó al mundo del recital431. Como hemos comprobado, los títulos de algunas de estas piezas pueden poner en contexto la biografía de Chavarri con el momento en que se compusieron y con su objeto de inspiración. Las otras dos obras de la colección, Lamento y Gitana no contienen ninguna sección que podamos relacionar con el bolero o la habanera pero podemos ofrecer un dato significativo: la Gitana es la pieza de la cual hemos encontrado un mayor número de interpretaciones públicas. La primera de estas corrió a cargo de la misma Josefina Robledo (y no de Rafael Balaguer) en Valencia, muy pronto, en mayo de 1925, bastante antes por supuesto de la publicación de las Siete piezas432. De esta interpretación y del resto de noticias relacionadas con dichas actuaciones nos ocuparemos en el apartado 3.4.5 de esta tesis doctoral. 431 Ibid., p. 353. 432 V. en El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXXII, número 11678 – 13 de mayo de 1925, p. 2. Agradecemos a Carlos Jaramillo que nos advirtiera de la existencia de esta crítica. 292 3.4.4. Rafael Balaguer (Valencia, 1895–Madrid, 1979), dedicatario de las Siete piezas para guitarra No nos ha resultado sencillo conseguir información sobre Rafael Balaguer. La entrada que el DMEH le dedica es muy parca433 y la del Diccionario de guitarristas de Domingo Prat tampoco es mucho más extensa: Balaguer, Rafael.― Notabilísimo guitarrista “amateur” español. El entusiasmo que siente Rafael Balaguer por el instrumento nos lo dice la cantidad de admiradores con que cuenta. El culto que hicieron del estudio de la guitarra aquellos distinguidos aficionados como el Dr. Francisco Paz, el literato J. Fola Igúrbide, el presbítero Francisco Corell, etc., es el mismo que cultiva el catedrático de la Normal de Maestros de Teruel (Aragón), Rafael Balaguer. Si se le estima como hombre de vasta cultura, en alto aprecio se le admira como músico guitarrista. La op. 101 de “Gitare-Archiv” (Schott’s–Mainz, 1926), “7 piezas para Guitarra”, su autor, el compositor valenciano Eduardo López Chavarri en justo homenaje las dedica «A Rafael Balaguer»434. El apelativo de amateur –que veremos también en alguna crónica periodística– parece acompañar a Balaguer hasta bien avanzado el siglo cuando se consolida como profesor en el Conservatorio de Valencia (ya en 1945)435. En efecto, aun habiendo sido desde joven un solvente instrumentista, la vida le llevó a ejercer profesionalmente otras ocupaciones y empeños, como la de profesor en la Normal de Teruel y, durante algunos años, la de político, ostentando los cargos de concejal y Presidente de la Diputación de la misma ciudad. En 1932 abandonaba ambos cargos para trasladarse a Castellón: Ha dimitido el cargo de concejal y el de presidente de la Diputación don Rafael Balaguer, profesor de la Normal, recientemente trasladado a Castellón. La vacante en la Diputación trae de cabeza a los comentaristas, que no dan en el clavo sobre la persona que será designada para ocupar la vacante. Pronto saldremos de dudas436. Hemos encontrado alguna prueba en la prensa valenciana del aprecio que como guitarrista le profesó Chavarri, pero no existe correspondencia suya en el archivo epistolar conservado en la BV. Probablemente se pueda deber a la cercanía entre ambos, puesto que Balaguer era también valenciano y, aunque su vida laboral le llevó a trabajar en otras ciudades, nunca residió demasiado lejos de su ciudad natal. Por añadidura, parece ser que no era muy amigo de las misivas y le costaba trabajo ponerse a la faena de escribirlas. Así se lo reconocía a Andrés Segovia en un par de cartas que nos han 433 El artículo del DMEH, firmado por Javier Suárez–Pajares, destaca su labor como revisor de algunas obras de Brocá y Arcas y su aparición como dedicatario de estas Siete piezas de Chavarri. 434 Prat, Diccionario (1934), p. 38. 435 «por Orden de 25 de mayo de 1945 se crea la enseñanza de “Guitarra” en el Conservatorio de Valencia y se nombra profesor interino a Rafael Balaguer». Información facilitada por Luis Briso de Montiano en un hilo del foro Artepulsado. V. en línea [consultada en junio de 2021]. 436 La Voz de Aragón: diario gráfico independiente: año VIII, número 1979 – 30 de enero de 1932, p. 10. 293 servido para tener una prueba definitiva de su larga y sincera amistad (más allá de los testimonios de testigos y biógrafos que ya hemos citado). Balaguer, perteneciente a la misma generación que Segovia (nació solo dos años después que él), demuestra en el tono de estas cartas un altísimo nivel de confianza, propio de una amistad surgida en los primeros años de sus juventudes: 17/11/1969 Querido Andrés: Por el amigo Galindo he sabido que andabas buscando noticias mías; también de la nueva operación y tu restablecimiento. Nada supe en su día, si no, te aseguro que te hubiera escrito. A pesar de mi eclipse no he dejado de intentar comunicarme contigo. He llamado durante este tiempo repetidas veces a tu casa, pero nunca tuve la suerte de hacerlo durante una de tus pasadas por esta, que deben haber sido pocas y breves. Una de las veces me enteré por Miguel Barberá que estabas aquí, pero aunque me apresuré a llamarte, me dijeron que habías salido de Madrid el día anterior. Lo sentí de veras, pero tu paso por aquí me cogió desprevenido y llegué tarde. He pasado luego unos meses fuera de Madrid, en Benicasim y, a mi vuelta, llamé y me dijeron que estabas en el extranjero. Te voy a pedir un favor, para evitar que, en tus fugaces estancias en esta, te me escapes. ¿Sería mucho pedirte que cuando llegues aquí, me hagas una llamada por teléfono? ¿Te acordarás? No sabes cuánto te lo agradecería. Lo que no sé es cómo no se me ha ocurrido antes escribirte, en vez de andar tanto tiempo dando palos de ciego con el teléfono. Siempre recuerdo con añoranza los gratísimos ratos pasados contigo y tu encantadora familia, recordando además los viejos tiempos del inicio de nuestra amistad. Te abraza tu antiguo amigo Rafael Balaguer437 Primera página de una carta de Rafael Balaguer a Andrés Segovia (17 de noviembre de 1969) 437 Tanto esta carta de Balaguer a Segovia como la que transcribimos a continuación se conservan en el Museo Andrés Segovia de Linares. Agradecemos a Julio Gimeno que las haya compartido para nuestra investigación. 294 BENICASIM. 20/7/74 Querido Andrés: Soy un incorregible perezoso para escribir. Nada te he dicho ni hecho para poner en tu conocimiento la inmensa alegría con que he sabido las noticias de los merecidos galardones que te han sido otorgados. Pero no creo haya de esforzarme mucho para convencerte de la sinceridad y profundidad de mis sentimientos de amistad y admiración por ti ¿verdad? Perezoso, pero no olvidadizo. Paso ahora mucho tiempo fuera de Madrid; voy con cierta frecuencia a Logroño, donde reside uno de mis hijos y donde se vive mucho más cómoda y tranquilamente que en ese ruidoso, polvoriento, asfixiante y enorme Madrid; desde hace mucho tiempo no hemos coincidido allí. Espero verte durante el próximo otoño antes de que salgas de nuevo para tu gira. Una carta recibida de un joven guitarrista llamado Rafael Cabedo, ha logrado acabar con mi recalcitrante mutismo, pues me ruega, sabiendo de nuestra antigua amistad, me dirija a ti para que, si lo consideras oportuno, le apoyes y hagas lo posible porque le concedan una beca de alumno en el próximo curso de Santiago de Compostela. Te respondo de su valía y preparación. Puedes consultar el caso con José Tomás, pues creo le conoce bien. Es muy pobre y de no contar con alguna ayuda, no podría asistir y, desde luego, lo merece. También me dice en su carta que Vicente Asencio te había mandado mi dirección pues te interesaba saber dónde habías dado tu primer concierto en Valencia: fue en un local de un almacén de pianos que habilitaron un auditorio muy bonito, con el nombre de “Sala Beethoven” y que estaba enfrente del famoso Palacio del Marqués de Dos Aguas, hoy Museo Nacional de Cerámica. Ya hace muchos años que esa sala desapareció. Los dueños de ese local eran dos, uno apellidado Ventura y el otro creo que Nongués, no estoy seguro. ¿Recuerdas unos programas de antiguos conciertos tuyos que te di hace tiempo? Revísalos, pues creo que uno de ellos era de ese concierto, aunque quizá esté confundido. Pero quizá esté ahí. Afectuosos saludos para Emilita y muy cariñosos para Carlos Andrés y muy fuerte abrazo de tu amigo Rafael Balaguer Primera página de una carta de Rafael Balaguer a Andrés Segovia (20 de julio de 1974) 295 Estas cartas, que nos retratan el afecto entre ambos guitarristas, refuerzan nuestra hipótesis de una posible intervención de Segovia para que su amigo Balaguer fuera el dedicatario final de las Siete piezas. La primera noticia periodística que hemos localizado sobre Balaguer proviene precisamente de 1926, año de la publicación de la obra, cuando participó en una alegre celebración de Santa Cecilia junto a los aficionados turolenses. Sabemos que Balaguer residió en Teruel al menos desde ese año hasta 1932. Anoche en el Aragón Hotel se reunieron en fraternal banquete los músicos y amateurs que forman la «Rondalla del Casino», concurriendo, también, algunos aficionados al divino arte. El motivo de la reunión era el celebrar la fiesta de Santa Cecilia, patrona de los músicos. Durante la comida y sobremesa reinó la más expresiva cordialidad y, como es natural, entre músicos hubo una gran armonía. Después del banquete la rondalla ejecutó algunas obras de su repertorio poniendo digno remate a la fiesta don Rafael Balaguer, director de la agrupación rondallística, y concertista estupendo de guitarra, dando una selecta audición438. Aunque, como hemos dicho, Balaguer tuvo una serie de ocupaciones de envergadura durante su residencia en Teruel, aún tuvo tiempo de desarrollar una cierta actividad al margen de ellas. Hemos localizado en esos años noticias de varias actuaciones suyas en la ciudad, algunas de las cuales (como las dos que adjuntamos a continuación) incluyen crónicas laudatorias aunque una de ellas insiste en definirle como un notable aficionado: ¡Día de gran gala en el Teatro Marín! Expectación, curiosidad, reflejo del eco despertado por el clamor de la Prensa alrededor de la figura del gran músico de Bonn, muerto en 1827, tras una vida en que las musas del divino arte fueron las únicas consoladoras de su atribulado corazón (…). Don Rafael Balaguer, que dedica sus plácidos ocios a la guitarra con un virtuosismo que sobrepasa a toda clase de devociones, interpretó el minueto del Septimino y el segundo tiempo de la Octava, en medio de un silencio religioso, demostrando una habilidad tanto mayor cuanto que es dificilísima la adaptación de la música de Beethoven a esta clase de instrumento. El retrato del gran músico (del que luego hablaremos) que presidía el acto, parecía sonreír ante la ejecución del señor Balaguer, como diciendo: ―¡Con esto, no había yo contado439! Otro número de la fiesta fue la actuación, como concertista de guitarra, de don Rafael Balaguer, quien generosamente aceptó la invitación que se le hiciera en obsequio a los pobres de Teruel. «Capricho árabe» y «Variaciones de Jota Aragonesa», ambas composiciones de Tárrega, fueron maravillosamente interpretadas por el señor Balaguer con su mágica vihuela. No es opinión exclusivamente nuestra –y nos alegramos porque así pudiera parecer parcial–, sino que es también opinión de un músico de Teruel que se hallaba a nuestro lado: el señor Balaguer puede considerarse como uno de los primeros guitarristas contemporáneos de España. ¡Qué primor y qué limpieza en la ejecución, qué naturalidad y qué dominio en las transiciones y qué emoción tan ajustada al momento musical! El silencio religioso con que el abigarrado y heterogéneo y rebosante público le escuchó, confirman el precedente juicio. Las ovaciones finales fueron unánimes y clamorosas440. 438 Teruel (diario): año III, número 609 – 23 de noviembre de 1926, p. 3. 439 La Voz de Teruel: año IV, número 311 – 25 de abril de 1927, p. 1. 296 Con Balaguer ya convertido en director de la Escuela Normal de Castellón, el 5 de octubre de 1933 el diario Las Provincias se hace eco de su nombramiento como profesor de guitarra en el Conservatorio de Música de la ciudad441. Al año siguiente participaba, discretamente y sin quitar protagonismo a los alumnos del Conservatorio, en un homenaje a Tárrega con motivo del 25º aniversario de su fallecimiento: En el descanso de esta segunda parte a la tercera y última, don Rafael Balaguer, tan docto catedrático como guitarrista, hizo un estudio de Tárrega, conforme podía hacerlo un hombre de los vastos conocimientos musicales del señor Balaguer y terminó diciendo que el mejor Homenaje a Tárrega sería reunir toda su obra, invitando para ello principalmente a las autoridades de Villarreal y Castellón442. Castellón se mantuvo fiel al gobierno de la República al iniciarse la Guerra Civil y antes de que en la primavera de 1938 su provincia pasara a ser un escenario de primer orden en la contienda, Balaguer colaboró en mantener una actividad musical en la ciudad. Si antes había participado en actuaciones benéficas, ahora lo hacía en favor del Socorro Rojo Internacional443. Triste era la condición del músico de aquellos años pues, en muchos casos, para poder trabajar (y olvidándose de su propia ideología, fuera cual fuera) se veía sometido a los vaivenes de una radicalizada España. Un buen ejemplo de esto es que, años más tarde, la carrera concertística de Balaguer le condujo a Burgos para ofrecer un concierto ante una muy distinta audiencia formada por las mujeres burgalesas convocadas por la Cruzada Antiblasfema de Madrid, dentro de una campaña moralizadora. Reparto de ropas a los pobres por la Cruzada Infantil Antiblasfema (Madrid, 01/01/1945)444 440 Teruel (diario): año V, número 1227 - 28 de diciembre de 1928, p. 3. 441 V. en Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20898 – 05 de octubre de 1933, p. 14. 442 Heraldo de Castellón: año XLV, número 13833 - 18 de diciembre de 1934, p. 1. 443 Como nota curiosa de esta noticia advertimos la participación de Vicente Asencio, tocando la viola, en el mismo Quinteto de Boccherini en el que Balaguer tocaba la parte de guitarra. 444 Fuente en línea: [consultada en julio de 2021]. 297 Anuncios en prensa de dos conciertos de Rafael Balaguer (Castellón, 1937 y Burgos, 1949)445 Tan solo hemos localizado una crítica de Chavarri a un recital de Rafael Balaguer, pero no de las fechas en que compuso las Siete piezas sino ya de mayo de 1943, un par de años antes de que el guitarrista pasara a formar parte del claustro de profesores del conservatorio de Valencia, donde a la sazón enseñaba el propio autor de la crónica. En palabras de Chavarri comprobamos que Balaguer en ese momento era ya reticente a afrontar el reto de enfrentarse con un programa completo para guitarra sola en concierto público. No obstante, según el relato de Chavarri, lo superó con solvencia. Por su unicidad e interesante contenido consideramos apropiado transcribir aquí la crítica completa: Concierto de guitarra, por Rafael Balaguer ¡Quién pensara que la guitarra volviese a adquirir el antiguo prestigio de gran instrumento musical! Muchas gentes habíanse acostumbrado a considerarla como cosa poco elevada. Tenían algún motivo. En la decadencia del siglo XIX, el «flamenquismo» se apoderó de la guitarra, y esta se aplebeyó de un modo indecible. Fue preciso que surgiere un sacerdote, en Andalucía 445 V. respectivamente en el Heraldo de Castellón: año XLVIII, número 14476 – 19 de enero de 1937, p. 2; y en el Diario de Burgos: de avisos y noticias: año LIX, número 18111 – 14 de junio de 1949, p. 2. 298 precisamente, para que hiciere ver que la guitarra no era cosa de juerguistas ni de zarrapastrosos. Y es de recordar que toda una Sacra Católica Majestad Imperial como Carlos V, tañía sus cuerdas en ratos de ocio; y no fue ajeno a ella un duque de Gandía que ha subido luego a los altares. Como se ve, el instrumento español es de noble abolengo; y si un profesor de Filosofía puede tocar el piano, si un doctor en Medicina puede pintar cuadros sin desdoro, un profesor del Magisterio puede también pulsar las cuerdas del españolísimo instrumento. Tárrega antaño, hoy Josefina Robledo, Segovia, Pujol, Llobet, Sainz de la Maza…, muestran las grandes posibilidades de este instrumento, el más de salón regio que puede pensarse. Rafael Balaguer es un artista de primerísima categoría, de sensibilidad exquisita, de talento y comprensión completos, y así no es de extrañar que su aparición ante un auditorio haya producido la más grata impresión. Se ha tenido que vencer resistencia, para obligarle a dar este paso, pero el resultado no ha podido ser más palmario. El talento de Balaguer sitúale en privilegiado lugar entre los artistas españoles. Conocedor como pocos de los secretos y sonoridades del instrumento, no sólo es un ejecutante de agilidad evidente, sino que sabe buscar el «color», los mil matices que puede dar de sí una obra musical, y por ello sus ejecuciones son tan atrayentes. Lo repetimos: Balaguer tiene la inspiración del concertista y el talento del técnico. Ello se evidenció en el concierto del lunes en el coliseo Alcázar por la mañana. Con todo, se vio la sala llena por un público entusiasta, que tributó al artista muy cariñosos aplausos. Comenzó el programa con los grandes clásicos: Sors y Tárrega, y ya supo despertar el calor comunicativo de estas obras en los oyentes. Segunda parte: aquí mostró Balaguer no sólo su valía de intérprete (aquel Andante de Mozart fue momento cumbre del concierto), sino su maestría para dar a las obras de los clavecinistas y de los modernos una adecuada transcripción de la guitarra. No sólo Mateo Albéniz (principios del siglo XIX), sino los modernos Debussy y Mussorgski, tienen en Balaguer un inspirado transcriptor e intérprete. Después surgieron Turina, Sainz de la Maza, Granados, Albéniz, y… repeticiones pedidas por el público, la «Farruca» de Falla, ovaciones sin cuento. Un bello triunfo, en fin446. Aún hemos encontrado información sobre dos conciertos posteriores de Balaguer en Valencia, uno público (1944) y otro privado (1948)447, además del ya citado de 1949 en Burgos, pero suponemos que la actividad concertística de Balaguer fue realmente mayor, si bien estamos convencidos de que, en todo caso, estuvo mayormente restringida al territorio de la actual Comunidad Valenciana. En 1952 la revista Ritmo publicó por fin una nota biográfica en la que Balaguer no salía retratado como un brillante amateur. Resulta significativo para darnos cuenta del cambio de estatus del guitarrista que la nota es una copia literal de la aparecida en el diccionario de Prat (recordemos, de 1934) pero desprovista de los contenidos menos atractivos para la presentación de un profesor del Conservatorio de Valencia. Reproducimos de nuevo el texto original pero tachando las palabras o frases eliminadas por Ritmo en su publicación: Balaguer, Rafael.– Notabilísimo guitarrista “amateur” español. El entusiasmo que siente Rafael Balaguer por el instrumento nos lo dice la cantidad de admiradores con que cuenta. El culto que hicieron del estudio de la guitarra aquellos distinguidos aficionados como el Dr. Francisco Paz, el 446 Las Provincias: diario de Valencia: año LXXVIII – 4 de mayo de 1943, p. 14. Agradecemos a Antonio Ripollés Mansilla por informarnos de la existencia de esta crónica y por enviarnos una copia digitalizada para incluirla en nuestra investigación. 447 V. en Ritmo: revista musical ilustrada: año XV, número 172 – 1 de enero de 1944, p. 18; y en Ritmo: revista musical ilustrada: año XVIII, número 212 – 1 de junio de 1948, p. 11. Ambas pueden consultarse en el apéndice 5.1 Fuentes periodísticas (pp. 564-566 del presente trabajo). 299 literato J. Fola Igúrbide, el presbítero Francisco Corell, etc., es el mismo que cultiva el catedrático de la Normal de Maestros de Teruel (Aragón) , Rafael Balaguer. Si se le estima como hombre de vasta cultura, en alto aprecio se le admira como músico guitarrista. La op. 101 de “Gitare–Archiv” (Schott’s–Mainz, 1926), Siete piezas para Guitarra, su autor, el compositor valenciano Eduardo López Chavarri, en justo homenaje, las dedica a Rafael Balaguer. Ya en 1952, entre los diversos actos celebrados en el área levantina en memoria de Tárrega, Balaguer participó en uno –celebrado en Castellón– en el cual ofreció un recital. Este evento tuvo lugar paralelamente al más fastuoso celebrado en Villareal, del cual ya hemos tratado en un capítulo de este trabajo448. Rafael Balaguer durante su actuación en el homenaje a Tárrega organizado por la Sociedad villarealense Els XIII (1952)449 En los últimos años de su vida, Balaguer estuvo relacionado con el entonces recientemente creado Certamen Internacional de Guitarra “Francisco Tárrega” de Benicasim, formando parte del jurado de algunas de sus primeras ediciones450. 448 V. en el apartado 2.2.5 Homenaje a Tárrega para orquesta de arco. 449 Imagen tomada de Rius Espinós, Tárrega, biografía documental (2018), p. 225. 450 V. algunas noticias de estas colaboraciones en Ritmo: revista musical ilustrada: año XL, número 405 – 1 de septiembre de 1970, p. 12; y en Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: año XXXIV, número 10191 – 18 de agosto de 1971, p. 7. 300 Según hemos podido conocer, la familia de Rafael Balaguer conserva aún los documentos y manuscritos musicales de su legado. El investigador y guitarrista castellonense Antonio Ripollés Mansilla colabora con ella desde hace años y ha tenido la amabilidad de informarme de algunas particularidades de ese fondo documental. Aunque le consta que Chavarri y Balaguer tuvieron cierta amistad, no ha localizado en ese archivo ningún documento que lo acredite. Tampoco ha podido encontrar ningún manuscrito musical relacionado con las Siete piezas en particular ni con Chavarri en general, pero no podemos descartar que en algún momento pueda aparecer alguno con la revisión de Balaguer de las Siete piezas. Podemos suponer que esa sería una fuente idéntica a la que se utilizó para la edición de Schott. Miguel Llobet toca la guitarra frente a Andrés Segovia y un grupo de aficionados (¿Barcelona? 1915)451 451 Según Julio Gimeno «se supone que la foto está tomada en Barcelona, en la vaquería de León Farré, esto indicaría que es de octubre o noviembre de 1915, antes de que Llobet se embarcarse el 1 de diciembre rumbo a Estados Unidos para asistir al estreno de Goyescas de Granados, en enero de 1916», v. en [consultada en julio de 2021]. 301 3.4.5. Ámbito de difusión de la obra. Interpretaciones históricas y grabaciones Con el presente apartado inauguramos este tipo de análisis para la obra guitarrística de Chavarri ya que, como hemos visto, sus anteriores composiciones no llegaron a publicarse y tampoco tuvieron difusión ni interpretaciones públicas más allá de los pocos conciertos que dio Llobet con la Sonata I. Podemos afirmar que, a pesar de las ventajas que podría suponer la publicación de las Siete piezas en una editorial de impacto internacional, su difusión e inclusión en los programas de los guitarristas (y también en los de los conservatorios) fue y sigue siendo muy escasa. Llama la atención, no obstante, que a pesar de la escasa repercusión de la obra la editorial decidiera reimprimirla en 1954452. Un dato verdaderamente sorprendente (que no hemos podido aclarar ni valorar en su justa medida por falta de información) es que no existe prueba alguna de que el mismo Balaguer llegara a tocar en público las Siete piezas en alguna ocasión. Tampoco hemos localizado en la prensa histórica española ningún recital que incluyera las Siete piezas completas, y parece que hasta nuestros días tan solo algunas de estas piezas han llegado a ser interpretadas, aisladamente, como obras independientes. La primera de estas interpretaciones parciales corrió a cargo de Josefina Robledo en el tercero de una serie de conciertos celebrados en mayo de 1925 en el Teatro Eslava de Valencia. La pieza que interpretó fue la Gitana, séptima y última según el orden de la edición. Esto indica que, además de las dos partes de la obra cuyos manuscritos se han conservado, también esta pieza había sido escrita ya por Chavarri en el primer tercio de ese año. Aquel era el momento álgido de la rentrée de la Robledo en los escenarios españoles, tras su periplo por tierras de Sudamérica: TEATRO ESLAVA Josefina Robledo Si grande fue el éxito de nuestra paisana Josefina Robledo en los dos primeros conciertos de guitarra dados en el teatro Eslava, el tercero y último celebrado anoche constituyó algo así como una consagración definitiva elevada a la gentil artista por el corazón de los valencianos, a los que con su arte mago hizo gozar momentos de deliciosa sublimidad (...). Lo más interesante del programa era integrado (al menos para nosotros) por la tercera parte, en la que figuraba una composición titulada «Gitana», original del notable crítico musical y compositor valenciano Eduardo López Chavarri. «Gitana» es una obra en la que se juntan las bellezas de la melodía, de sabor netamente español y apropiado para el instrumento y las dificultades técnicas de ejecución, todo lo cual hace de ella una composición altamente estimable que se ovacionó muy merecidamente453. 452 V. los detalles de esta reimpresión en nuestro catálogo, apartado. 3.1.4, p. 167. 453 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXXII, número 11678 – 13 de mayo de 1925, p. 2. Agradecemos a Carlos Jaramillo el envío de esta noticia para ser incluida en nuestra investigación. 302 Pocos meses más tarde, en noviembre de ese mismo año, Josefina Robledo viajaba a Madrid para tratar de impulsar su carrera en España con el inestimable apoyo de Chavarri quien, como trataremos en mayor profundidad en el apartado 3.5, supo mover sus hilos para que sus colegas músicos y los responsables de la crítica madrileña prestaran la apropiada atención al talento de su protegida. En sus programas para los distintos recitales que ofreció en la capital llevaba, además de la Gitana, el primer tiempo de la Sonata II, recién compuesta por Chavarri a petición suya. Concretamente, fue en el segundo de sus recitales en el Teatro de la Comedia donde volvería a interpretar la Gitana, hecho que se demuestra con una noticia aparecida en el diario El Sol: CONCIERTOS Segundo recital de Josefina Robledo Esta guitarrista dará una segunda audición con el siguiente programa: «Andantino» y «Minueto», Sors. «Dos preludios», «Danza mora» y «Recuerdos de la Alhambra», Tárrega. «Canción de cuna», Pujol. «Sonatina», Moreno–Torroba. «Gitana», Chavarri. «Cádiz», «Oriental» y «Asturias», Albéniz. Esta audición se celebrará en la Comedia el martes día 3 de noviembre, a las seis de la tarde454. No hemos encontrado ulteriores ejecuciones de las Siete piezas hasta que un casi adolescente Narciso Yepes tocó también la Gitana en un concierto en el Conservatorio de Valencia el día 7 de noviembre de 1945, concierto al que asistió el compositor: VALENCIA (…) ―También en el Conservatorio, el día 7, el notable guitarrista García Yepes actuó bajo los acogedores auspicios de la Coral Polifónica Valentina, ofreciendo el siguiente programa: Estudio Brillante, de Alard–Tárrega; Gavota en forma de Rondó, de Bach; dos pavanas de Luis Milán; Sonata, de Scarlatti, y Capricho árabe, de Tárrega, todo ello en la primera parte. En la segunda fueron los tres tiempos de la delicada Sonatina, de Moreno Gans [sic]; Gitana, de Chavarri– Balaguer; Fantasía, de Palau, y Andaluza, de Sainz de la Maza. La fina sensibilidad del concertista tuvo ocasión de manifestarse en el transcurso del concierto, y así nos fue dable [sic] escuchar una acabadísima versión de todo el programa, culminando la calidad interpretativa en las dos composiciones de Chavarri y Palau, que fueron ovacionados al ser descubiertos entre el público, cuyos aplausos dedicaron, con sus felicitaciones, al joven guitarrista, que fue despedido con una cariñosa ovación455. Este precoz acercamiento de Yepes al repertorio guitarrístico de Chavarri no tuvo, desgraciadamente, continuidad, pese a que en la única carta suya que se conserva en la BV, de 1947, se interesaba por conocer si este había escrito alguna nueva composición para guitarra: Lorca, 5–IX–1947 Sr. D. Eduardo L. Chavarri 454 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2567, 29 de noviembre de 1925, p. 4. 455 Ritmo: revista musical ilustrada: año XVI, número 192 – 1 de diciembre de 1945, p. 37. Agradecemos a Javier Suárez–Pajares el envío de esta noticia para ser incluida en nuestra investigación. 303 Muy estimado y admirado maestro: Tengo el gusto de anunciarle que tal vez el mismo día que mi carta, recibirá también un ejemplar de las canciones de Joaquín Rodrigo Cançó del Teuladí y Trovadoresca. Esto me lo dio él para que yo se lo llevara personalmente a V., pensando que a mi regreso de Madrid a Lorca pasaría unos días por Valencia. En vista de que tuve que aplazar el viaje, se lo mando por correo desde aquí. Yo tal vez pase por ahí a últimos del corriente cuando vuelva a Madrid. Yo sigo estudiando mucho y preparando buenas cosas para el futuro. Si todo me resulta favorable marcharé –Dios mediante– a primeros de año a los Estados Unidos. Tengo gran deseo de estar con V. largo rato escuchando sus valiosísimas palabras de gran maestro. ¿Ha escrito últimamente alguna cosa para guitarra? Participe mi más afectuoso saludo a su esposa, y V. permítame aceptar un abrazo de quien le admira y estima muy cordialmente456. Un apunte internacional para nuestro repaso a las interpretaciones de la obra: hemos podido conocer que en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma el Maestro Benedetto Di Ponio incluía en su plan de estudios algunas piezas de Chavarri; en concreto, hemos conseguido un programa de sala que demuestra que uno de sus alumnos, Giuliano Balestra (quien llegó a ser Catedrático en la misma institución), trabajó la Danza Lenta dentro de su programa del curso académico de 1957. Balestra interpretó la pieza en ese recital de alumnos del 10 de abril de ese mismo año457. Programa del concierto de alumnos de guitarra del Conservatorio Santa Cecilia de Roma (abril de 1957)458 456 Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 188. 457 Para mayor información sobre Benedetto Di Ponio y la primera promoción de alumnos del Conservatorio de Santa Cecilia de Roma consúltese Somoza y Suárez–Pajares: “Una jornada con Giuliano Balestra” (2018), p. 76-91. 458 Agradecemos al Maestro Giuliano Balestra que haya compartido este programa de sala para nuestra investigación. 304 Las informaciones más recientes que hemos encontrado sobre recitales que incluyeran alguna de las Siete piezas aún en vida de Chavarri corresponden a Andrés Martí Bohigues, quien fue alumno de Rosa Gil en el Conservatorio de Valencia y, posteriormente, profesor de los Conservatorios Superiores de Landau in der Pfalz y Kaiserslautern, en Alemania459. En un recital en 1964 organizado por la Asociación de Amigos de la Guitarra de Valencia –de la que Rafael Balaguer era presidente desde su fundación, en 1950– el joven guitarrista interpretó su versión de La mirada de Carmen. Así lo relataba José Meliá (Pigmalión) en una conferencia radiofónica titulada “Miscelánea” ofrecida en Radio Valencia la noche del 5 de junio de 1964: La última audición de Amigos de la Guitarra que se celebró en el Conservatorio corrió totalmente a cargo de Andrés Martí Bohigues, que nació en Gandía en el año 1946; recibió de su padre las primeras lecciones de guitarra y pasó luego a cursar sus estudios en el Conservatorio de Música de Valencia bajo la dirección de la profesora de dicho centro María Rosa Gil Bosque. El programa de su actuación era de gran concertista. En él figuraban composiciones de Gaspar Sanz, Ludovico Rocalle [sic], Grobert, Cimarrosa, Telemann, Sor, María Luisa Anido, Bensandon, Galindo, Barrios, Granados y una bella y breve velada en un jardín titulada “La mirada de Carmen” de Chavarri460. Con esta nueva referencia nos parece indudable que el hecho de que los jardines y la vida sentimental de Chavarri aparezcan asociadas tan frecuentemente (tanto en sus propios escritos como en los títulos y las crónicas de sus composiciones) es algo más que una curiosa coincidencia. Por lo que respecta a la discografía, el único registro que hemos localizado es uno mencionado por López–Chavarri Andújar461: se trata de la grabación del Lamento, sexta de las piezas según el orden de la publicación, por el guitarrista argentino Roberto Lara462. Sirva para resumir el triste destino de las Siete piezas nuestra búsqueda en la red de interpretaciones actuales: hemos encontrado únicamente tres videos de un meritorio guitarrista, probablemente –este sí– amateur y de nombre escandinavo, en los que ejecuta Fiesta lejana en un jardín, Lamento y La mirada de Carmen. Sus visualizaciones a fecha de hoy no superan por mucho el centenar463. 459 Según la página web profesional de Rosa Gil, Andrés Martí Bohigues obtuvo además algunos premios como el 3er Premio del Certamen Francisco Tárrega de Benicassim de 1968. V. en línea en [consultada en julio de 2021]. 460 V. en línea en [consultada en julio de 2021]. 461 López–Chavarri Andújar, Compositores valencianos, (1992), p. 60. 462 Suite Hispana: Roberto Lara (guitarra), Cuarteto de cuerdas de Buenos Aires: Varady, Baraviera, Molo y Bragato. Qualiton (2 vols.) – SQI-4025; Formato: Vinyl, LP, Álbum. Argentina (1972). 463 V. en línea respectivamente en ; y [consultadas en julio de 2021]. 305 3.4.6. I. Danza lenta y III. Fiesta lejana en un jardín: Edición crítica La Danza lenta y la Fiesta lejana en un jardín son, como sabemos, las únicas piezas cuyos manuscritos autógrafos originales, fechados en 1925, se han conservado. Las esperanzas de encontrar otros manuscritos de Chavarri o de Balaguer en el archivo de la familia de este también se han visto frustradas tras nuestra consulta al encargado del estudio y catalogación de ese fondo documental. Teniendo en cuenta que las Siete piezas se editaron en 1926 nos preguntamos por la posibilidad de que en el archivo de la editorial Schott’s Söhne se hubieran conservado las fuentes manuscritas en las que dicha edición se basó. Para resolver esta duda nos dirigimos a la Sra. Dagmar Schütz– Meisel (Copyright Manager de SCHOTT MUSIC GmbH & Co. KG) para preguntarle si efectivamente la editorial guardaba esas fuentes que podrían aportar luz sobre las diversas inconsistencias y errores que contiene la edición. Por desgracia, su respuesta fue igualmente desalentadora: aunque por causa de la pandemia no pudo tener acceso directo al fondo documental de la editorial, cree muy improbable la posibilidad de que tales fuentes hayan llegado hasta nuestros días e incluso opina que no existe casi ninguna posibilidad de encontrar manuscritos de 1926 en su archivo, “si es que alguna vez estuvieron allí”. Por tanto, y ya que el número de fuentes disponibles es tan escaso y restringido, en esta ocasión hemos optado por hacer una edición crítica completa de las dos piezas colacionando los manuscritos originales con la edición, dedicada a Balaguer y presuntamente revisada por él mismo. Para nuestra edición hemos tratado de respetar el contenido del ms. original siempre que ha sido posible y hemos procurado que el resultado fuera en ciertos pasajes instrumentalmente más convincente que aquel al que condujeron ciertas decisiones de Balaguer. Así, por ejemplo, algunos pasajes del acompañamiento no necesitaban ser modificados ni transportados, y además, en su forma original, permitían una mejor distinción de los planos sonoros. En otras ocasiones hemos mantenido algunas aportaciones de Balaguer que claramente mejoran el resultado, por ser más idiomáticas, y hemos incluido algunos recursos guitarrísticos como ligados y portamenti que se corresponden con las prácticas interpretativas de los guitarristas del periodo de Entreguerras. Por lo general, las indicaciones de dinámica, articulación y fraseo del original chavarriano se han respetado cuando existían diferencias con la edición, pero solo por motivos estrictamente musicales y no por consideraciones cronológicas o de supuesta autoridad de cada fuente, como demanda la metodología de la obra–en–sí por la que hemos optado y tan bien se adapta al repertorio guitarrístico de este periodo (escrito por compositores no guitarristas) y a los criterios de un editor que además es un músico práctico. El mismo criterio se ha seguido para decidir sobre las variantes rítmicas y textuales que hemos detallado en el comentario crítico que adjuntamos. Algunas disposiciones de acordes se han modificado, reducido o completado, según el caso, en nuestra edición (no olvidamos que Chavarri es consciente de que sus manuscritos escritos a dos claves son “bocetos” que precisan de revisión instrumental), con criterios instrumentales pero observando la máxima corrección en la 306 escritura y el discurso musical. Algunas inconsistencias, como la repetición de alteraciones que ya aparecían en la armadura, han sido subsanadas. 307 Siete piezas para guitarra I. Danza lenta / III. Fiesta lejana en un jardín Edición crítica & b 42Guitar œ œœœ# ≈ rœœœ œœœœ ‰ Jœ Allegretto Moderato p % œb œœœ œœœ.œ œn œ œ œ œ œ œœœ# ≈ rœœœ œœœœ ‰ Jœ œb œœœ œœœ.œ œn œ œ œ œ & b5 œ œœœ# ≈ rœœœ œœœœ œ# 4 œ ‰ œœœ34 ‰ .œ œ œ0 œ3 œ œ ‰ œœœ 2 ‰ œ3 œ œ œ3 œ2 œ œ ‰ œœœ ‰ .œ œ œ1 œ0 œ œ & b9 rœœœ# ≈ rœœœ œœœœ œ# ‰ J œœœœ 4 3 œb4 œn œ œ œ œ œœ3 œ œœœ# 2 3 1 œ ≈ rœ œ œ ‰ Jœ œ4 œ 1 2 œ 1 œ 3 œ 4 1 œ 3 2 3 3 œœ3 2 Œ & b13 œœœ#2 2 œ œ œ 0 ≈ œ3 2 œ3 3 œ ‰ Jœ œ 3 œ 4 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 0 6 6 œ œ f œ œ ≈ œ œ œœ# ‰ Jœ œ 3 œ 4 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 0 6 6 œ œ π & b17 œ œ ≈ rœ œ4 œœ# ‰ J œœœ 3 2 1 F œ œ 2 1 œ 3 œ4œœ ‰ Jœ œ œ œ œ4 œ0 œ4 3 3 œœ Œ œ œ œ œ0œœ ‰ Jœ œ œ œ œ œ œ 3 3 œœ Œ & b22 œ œ œ œ œœœ Jœ jœ œ œ œ4 œ4œœ œœœ ‰ œ œ œ œ 3 œœ ‰ Jœ  œ œœ œ œœ dim. ‰ œ œ œ œ 3 œ ‰ Jœp & b27  œ œ œ œœœ œ œ œ œ œ œ#3 3 rit. U̇1 4 a tempo‰ jœœ œœ œ f ˙̇ ‰ œœœ# œœœ œœœ œœœ œœœ 3 I. Danza Lenta 309 & b32 ‰ jœœ œœ œœœœ# Œ jœœ ‰ Œ ‰ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ 3 ‰ jœœ œœ œœœœ Œ œb œ4 œ1 œ1 œ3 œ œ4 2 œœœbb 1 10 4 Œ œb œ œ œ œŒ ‰ J œœ2 0 3 & b37 œ œ œ# œn œ œ œ œœ# Œ œ œœ œœ œ œœ œ œ Œ ˙̇ ‰ œœœ# 1 œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ ‰ œ2 œ 4 œ 2 œ 1 œ 4 œ 1 œœœ# Œ & b41 jœœ ‰ Œ ‰ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ œœœ ‰ œ4 2 œ 1 1 œ œ œ œœœœ Œ œ CIII œb œ œ œ œ œ œœœ Œ œb 4 œ œ œn rœ œ œ œ œ# 3œœ 2 1 Œ & b n# # # 43 45 ˙2œ0 œœ# 4 1 ≈ œœ œœ œ œ œ œ4 œ1 œ4 œ1œœ Œ œ̇ œœ# ≈ œœ œœ œ œ œ œ œ œ œœœ Œ Œ Œ ‰ jœ2 1 œ œœ 1 2 œ œœ œp Moderato, giusto & # # #50 œ2 œœ 1 3 œ œœ œ œœœ œ œ ‰ Jœ œ œ œ œ œ1 .œ1 jœ4 3 œ ‰ œœ 2 3 Jœœ œœœ œ œ4 œ1 œ3 œ0 œ Œ Œ œ 2 2 œ4 œ œœ 3 2 ..œœ jœ1 3 3 .œ Jœ1 5 œ & # # #54 œ3 œœœ œœœ œœœ œ œœœ œ œ œ0 œ3 œ œ œ œ .œ4 jœœ 3 œ ‰ Jœœ œ rit. œœœ4 3 1 CVII œ œ œ0 œ1 1 œ œ Œ Œ & # # #57 jœ œœ œ œ jœ4 2 œ4 jœ1 œ Œ œ œ3 3 œ œ jœ œ3 jœ1 Œ œœ 2 œ C/VII œ3 œ 2 œ4 œœœ1 2 3 œ4 2 œ œ1 œ3 œ4 2 œ œ 310 & # # #60 œ3 3 œ1 œ œœ œ 3 œ œ œ œ 3 3 œ œ C/VII œ 3 1 œ1 œ2 œ4 œ1 4 œ 2 œ 1 œ 0 3 œ œœœnb CIII œ œn œ œ œ œ2 3 3 œ Œ Œ & # # #63 .˙ CII œ4 œœ œ0 œœ œ œœ œœœnb œ œ œb œ œ œn œ œ 6 Œ œn Œ .œ2 jœ œ œ‰ Jœ œ œ ..œœb jœ .œn œb‰ Jœ œ Œ & # # #67 jœ œœ jœ .œ œ‰ Jœ œ œ œœn œ œn œ œ œ ..œœ œœ3 3 Œ œ œ jœœ2 1 œœ 3 1 jœœ0 1 œœ œœŒ Jœ ‰ Œπ & # # # nnnb 42 70 ..œœb4 3 jœœ œœ œœn‰ Jœb œn Œ œœ œ ‰ jœœ 3 2 2 œœn 3 œœn ‰ Jœ œ Œ cresc. œœœœ bn U 1 3 4 2 œ œ œ œn œ œ œn œ œ rit.f œ̇ œœ# ≈ œœ œœ œ & b74 œ œœœ œœœ.œ œn œ œ œ œ œ œœœ# ≈ rœœœ œœœœ ‰ Jœ œ œœœ œœœ.œ œn œ œ œ œ œ œœœ# ≈ rœœœ œœœœ œ# 4 œ & b78 ‰ œœœ34 ‰ .œ œ œ0 œ3 œ œ ‰ œœœ 2 ‰ œ3 œ œ œ3 œ2 œ œ ‰ œœœ ‰ .œ œ œ1 œ0 œ œ & b81 œ0 œ# 4 œ2 œn 3 œ 2 œn 1 œ œ œ œ œ œ 6 6p rit. ≈ ... jœœœ# ≈ ... jœœœœ œ Œ œœœ# ˙ ˙̇̇̇#U ∏ ~~~~~~~ E.L.Ch. / MCMXXV 311 & 43Guitar ‰ jœ œ œ œ œ .˙ π p ‰ œ œ jœ œ œ œ ‰ jœ œ œ œ œ .˙ ‰ œ œ ‰ œ œ œ œ ‰ jœ œ œ ‰ jœ ˙ œ4 5 & 6 ‰ œ 2 œ jœ œb 1 œ 4 œ ‰ œ œ ‰ œb œ œ œ ‰ œ 1 œCII jœ0 œœ œœ2 œœ4 ‰ jœ0 œ œ œ œ ..˙̇ 4 œn 1 œ2 œ0 œ1 5 œ 2 œ4 & 11 ‰ jœ œ œ œ œ .˙1 5 œ 5 1 œ œ œ œ œ œ3 ‰ jœ œ œ ‰ jœ˙̇# 2 œ ‰ jœ œ œ œ œ..˙̇# 2 ‰ jœ œ œ œ œ ..˙̇ 2 & 16 ‰ œ 4 œ jœ ..˙̇b 2 1 œœœn# 3 1 œ1 œ4.˙ 2 π rit. .˙ œ œ œ œ# œ 3p a tempo ben cantato œ A œœœb 3 œ4 œ Œ Œ jœ4 œ1 2 ˙ œ œ œ œ# œ 3 & 21 Œ œ œ œ œ...˙̇̇b 2 3 œ4 ˙1 2 œ Œ œ# œ œ 3 œ32 ˙b2 œ Œ œ4 œ 1 œ 3 œb 2 ˙2 œ1 Œ œ œn œ 3 & 25 Œ œ œb œ œ œ .˙ œ œ œ œ Œ œœœn4 œ1 œ Œ œ ˙ œ œ œ œ Œ œ CI 4 œ œ0 œ1 CIII œb 4 œœb 3 Œ & 30 œ4 ˙4 œ1 œ 2 œ œ œ4 ˙3 œ2 œ 1 œ œ œ4 3 œ4 3 œœœ1 0 2 œœœ Œ Œ Œ œ3 œœœ Œ œœœŒ œ Œ III. Fiesta lejana en un jardin 312 & 34 Œ Œ œœœ œ ˙ Cantando Œ œœ Œ.œ Jœ œ œ Œ Œ œœ B œ œ ˙ Œ œœ Œ .œ Jœ œ œ Œ Œ œœbœb œ ˙ Œ œœb Œ œ ‰ Jœ œ œ & 40 œb œ œ œ œ œ cresc. Piu animato œœœ# œœœœœ Œ œ Œ ....œœœœ# jœœœœ Œ Œ œœœ œ œ œ œ Œ œœ Œ.œ Jœ œ œ~~~~ ~~~ & 45 Œ Œ œœœ œ œ œ2 œ 3 Œ œœ Œ .œ Jœ œ œ œœbœb œ œ œ œ Œ œ œ œ œ œ œb œ œ œ œ œ œ œ 3 & 50 œœœ# Œ œœœœ 3 4 2 CV œ Œ Œ œœœœ# Œ u ŒU .œ3 2 œb œ œ œ œ œ2 œ4 œ1 3 Moderato f come recitativo ad lib. œ2 1 œ4 œ2 œb 2 œ4 œ2 œ œ2 œ1 œ4 œ œ œ œ 6 ~~~ ~ ~ & 54 .˙ œ œ œ# œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 6 6 6 p Œ Œ ‰ jœ œ œ œ ŒF œœœœ œ œb 1 4 œ3 œ1 œ œ œ œb œ œb 6 œn Œ Œ & 57 .˙ œb 4 œ 3 œb œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 6 6 6 p Œ Œ ‰ jœ1 œb œ œœbb Œ F .œb 4 œ 2 œ œ 1 œ 2 œ4 œ 2 œb 4 3 œ 3 & 60 .˙b 1 ≈ œ2 œb 4 œb 3 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 6 6 6 œb œ 1 3 œb 2 .œb 4 jœ Jœœb ‰ Œ œœ 2 1 jœb 1 œ4 jœ2 œb 2 œ4 œ1 œ4 1 Œ œœb 31 Œ 313 & 63 .˙b 4 œb 3 œb 1 œ2 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 6 6 6 p ..œœbb œb 4 œ2 œ1 œ œ œn4 3 œœb Œ œœœœ #n 2 1 3f Œ ‰ jœn 4 œn 4 œ 1 œ 1 œ 3 ˙̇̇̇# Œ & 66 œ4 œ1 œ2 œ42 œ œ œ4 œ1 œ2 œ1 œ2 œ3 œ3 CVœ œ4 œ1 œ2 œ4 6 6 6affret .˙0 œ1 ˙̇̇# 43 1 .Œ̇ œœœ# œœœ rit. œœœ# œ# œ ..˙̇ & 70 .˙ œ œ œ œ# œ 3 a tempo Allegretto Iº œ A œœœb 3 œ4 œ Œ Œ jœ4 œ1 2 ˙ œ œ œ œ# œ 3 Œ œ œ œ œ...˙̇̇b 2 3 œ4 ˙1 2 œ Œ œ# œ œ 3 & 75 œ32 ˙b2 œ Œ œ4 œ 1 œ 3 œb 2 ˙2 œ1 Œ œ œn œ 3 Œ œ œb œ œ œ .˙ œ œ œ œ Œ œœœn4 œ1 œ Œ & 80 œ ˙ œ œ œ œ Œ œ CI 4 œ œ0 œ1 CIII œb 4 œœb 3 Œ œ4 ˙4 œ1 œ 2 œ œ œ4 ˙3 œ2 œ 1 œ œ œ43 3 & # # #84 œ4 œœœ1 0 2 œœœ Œ Œ Œ œ3 œœœ Œ œœœŒ œ Œ Œ Œ œœœ œ ˙ Cantando Œ œœ Œ.œ Jœ œ œ & # # #88 œœœ œœœ œœœ œœœœ Œ ŒF Piu animato Œ œœœ Œ œ Œ œ Œ Œ œœœ œ ˙ 3 314 & # # #91 Œ œœ Œ.œ Jœ œ œ œ œœœœ 3 2 4 0 œœœœ œœœœœœ œœœœ CIV 3 4 2 œœœœ œœœœ œœœœ CIX 3 œœ >CVII œ>3 œ>4 œ Œ Œf poco rit. & # # #95 œ> .œ3 œ4 œ2 œ1 œ 3 Œ œœœ2 Œ œœœ CIV 3 4 2 œ4 œ œ Œ Œ œœ4 2 œ œ œ3 œ1 œ 0 3 œ 3 Œ Œ f œœœn œ œn œn Œ Œ piu rit. & # # #99 œœœœ#43 1 œ œ .œ jœ3 œ Œ Œ œœœœ Œ ‰ jœœœ > œ œ . p œ . i œ . p œ . i œ . œ œ . œ >Tempo jœœœœ > ‰ Œ Œ Jœ> ‰ Œ Œ 315 316 317 Comentario crítico, variantes y observaciones Ejemplos para la notación de los compases y tiempos: 7: compás 7 7,8; 8,10: compases 7 y 8; compases 8 y 10 7-10: compases desde el 7 al 10 7.3: compás 7, tercer tiempo 7.1-3: compás 7, desde el primer al tercer tiempo • Para comparar fuentes y por motivos prácticos, consideraremos la clave de sol de los imp. en su altura real (y no 8.ª↓, como corresponde a la guitarra), e.d., equivalente a la de los ms. que están escritos a dos claves. • En este comentario crítico las sucesiones de notas van separadas por –. Si van entre paréntesis representan acordes. Sin paréntesis representan melodías o arpegios. El signo — indica que no hay nada escrito en el lugar y fuente señalados. • En cursiva las indicaciones o comentarios originales. En caso de que haya más de una, estarán separadas por el signo / • Los ligados técnicos y ligaduras de fraseo escritos con trazo discontinuo son editoriales. • Los errores obvios y erratas evidentes han sido corregidas en nuestra nueva edición sin mención alguna en las notas. SIETE PIEZAS PARA GUITARRA I. Danza lenta Fuentes: A: Ms. (E–VAbv: AELCH/pro 264–1, 1925. Manuscrito) B: Imp. (B. Schott’s Söhne, 1926) • En el ms. (a dos claves, para piano) leemos el encabezado Piano (en referencia al instrumento) y algunas anotaciones que revelan las dudas del compositor sobre la tesitura de la melodía en determinados pasajes. Presenta numerosas ligaduras de fraseo que están ausentes en el imp. y, curiosamente, un menor desarrollo armónico del acompañamiento. En el imp. encontramos además algunas indicaciones típicas del lenguaje guitarrístico: ligados técnicos y portamenti que por lo general hemos mantenido para nuestra edición. • El ms. no incluye digitaciones, mientras que el imp. está profusamente digitado por el revisor (presuntamente Rafael Balaguer, su dedicatario). Ej. cc. 1-2 1 Ms: — /  de fraseo en las primeras  / voz del bajo LA   Imp: p / —/ voz del bajo LA · 2, 4, 7, Ms: la melodía en la voz del bajo, sin acompañamiento. Imp: acordes de tres notas como acompañamiento a la melodía del bajo, a contratiempo de  6, 8 Ms: una sola nota más grave como acompañamiento, a contratiempo de  Imp: acordes de tres sonidos más agudos como acompañamiento, a contratiempo de  2, 4, 6, 7 Ms:  de fraseo para la línea melódica / — Imp: — / ligado técnico entre las dos primeras notas del segundo tiempo. 9.2 Ms: anacrusa (LA – DO). Imp: la anacrusa es el acorde (LA – DO – MI – LA). 10.1 Ms: (SOL – SI). Imp: triada (SOL – MI– SI). 10.2 Ms: voz del bajo MI grave Imp: — 318 11.1 Ms: dos notas: bajo LA y melodía FA. Imp: acorde (LA – LA – DO – FA). 11.2 Ms: — / MI del bajo octava aguda respecto a imp. Imp: portamento entre DO y MI en la melodía / MI del bajo grave. 12 Ms:  de fraseo para cada  de  Imp: — 12.1 Ms: SOL4 (segunda línea de la ), como acompañamiento. Imp: (SOL [grave] – MI) como acompañamiento. 12.2 Ms: — Imp: portamento entre MI y LA en la melodía 13.1 Ms: LA4 (segundo espacio de ), como acompañamiento. Imp: acorde (LA3 – LA4 – DO4) como acompañamiento. 13.2 Ms: — Imp: portamento entre DO y MI en la melodía 14 Ms: f / ligaduras de fraseo para cada seisillo de  Imp: regulador de crescendo / — 15.1; 17.1 Ms: acompañamiento: (DO – MI) y melodía LA. Imp: acompañamiento: (LA – LA) y melodía DO. 15.2 Ms: melodía del acompañamiento:   LA Imp: melodía del acompañamiento:  la – LA (8.ª) 16 Ms: pp / ligaduras de fraseo para cada seisillo de  Imp: p + regulador de crescendo / – 17.2 Ms: acompañamiento:   (LA – DO – LA) Imp: acompañamiento:  LA – (LA – DO – MI – LA) 18 Ms: Nota: si es posible, la voz superior 8.ª alta durante 7 compases Imp: — 18.1 Ms: (RE – FA – LA – RE) Imp: (RE – FA – RE) 18.2 Ms: La última  del bajo (LA) está octava más aguda respecto al imp. Imp: LA grave 19.1 Ms: voces del bajo: (RE – FA)  Imp: voz del bajo: RE  21.1 Ms: voces del bajo: (DO – MI)  Imp: voz del bajo: DO  23.1 Ms: la nota de ornamentación es una apoyatura corta  (SOL) ligada a la primera nota de este compás (FA)  Imp:  (SOL) es un portamento que viene desde la última nota del compás anterior (MI)  23.2 Ms: originalmente solo una melodía en  RE – MI. Se ha corregido posteriormente para formar un acorde (MI – MI – SI – RE) Imp: acorde (SOL – MI – SI – RE) 24.1 Ms: voz del canto:  +  de  SI – DO – SI Imp:  (LA) +  de  SI – DO – SI Los cc. 22-24 se repiten literalmente a continuación en el imp. (con una indicación de poco rit. en el segundo compás) mientras que en el ms. no figura esta repetición. Para nuestra edición hemos decidido suprimir estos tres compases. La numeración continúa sin tenerlos en cuenta. 26 Ms: — Imp: poco rit. 28 Ms: rit. Imp: — 30 Ms: > en cada  de la melodía Imp: – 31.1 Ms: > en la  de la melodía / acompañamiento con acordes  de  (DO – MI – LA) Imp: – / acompañamiento con acordes  (DO – MI – LA) 33.2 Ms: última  LA grave. Después corregido para formar el acorde (LA – FA – LA) Imp: acorde (LA – FA – LA) 35.1 Ms: acorde (SI – MI – SOL – MI) Imp: acorde (SI – SOL – MI) 319 35 Ms: ligaduras de fraseo en las semicorcheas de la melodía. Imp: no hay ligaduras de fraseo. 36.1 Ms: solamente MI en la melodía, sin acompañamiento. Imp: triada (SOL – SI – MI) 37.1 Ms: triada (LA – DO – MI) / ligaduras de fraseo en las semicorcheas de la melodía. Imp: (LA – MI) / — 38.1 Ms: el bajo LA está añadido con posterioridad / ligaduras de fraseo en las semicorcheas de la melodía. Imp: bajo LA / — 39.1 Ms: en la melodía (MI – SOL)  / acompañamiento   Imp: SOL  / acompañamiento   40 Ms: ligaduras de fraseo en las semicorcheas de la melodía. Imp: — 42 Ms: ligaduras de fraseo en las semicorcheas de la melodía. Imp: — 45; 47 Ms: – /acompañamiento (DO – MI) por debajo del registro de la melodía / último bajo MI 8.ª↓ respecto al imp. Imp: pp / acompañamiento (DO – MI) por encima del registro de la melodía / último bajo MI 8.ª↑ respecto al ms. 46; 48 Ms: Ms: en el 46 dim. /ligaduras de fraseo en las semicorcheas de la melodía / sin acompañamiento Imp: —/ — / bajo SOL  49.1, 49.2 Ms: (LA – DO) en las  a contratiempo. Imp: (DO – MI – LA) en las  a contratiempo. 49.3 Ms: Nota: ver si es fácil el canto en 8.ª alta y en ese caso ponerlo. Imp: — 50.2 Ms:  a contratiempo (LA – DO) Imp:  a contratiempo (MI – LA – DO) 52.1 Ms: en el acorde (LA – MI – SOL – RE) las dos notas centrales escritas 8.ª↓ respecto al imp. Imp: las dos notas centrales escritas 8.ª ↑ respecto al ms. 52.2 Ms: — / ligaduras de fraseo en las cuatro corcheas de la melodía. Imp: voz del bajo MI  a contratiempo / — 53.1 Ms: voz del bajo LA · Imp: voz del bajo LA   54 Distinto ritmo del acompañamiento en el ms. En el imp. se reproduce el mismo del c. 50 y así lo hemos mantenido en nuestra edición. 55.2 Ms: — [el regulador de crescendo aparece en 55.3]. Imp: regulador de crescendo hasta el final del compás. 55.3 Ms: última  a contratiempo (SOL – SI) / rit. / [refiriéndose a la melodía]: (si hubo 8.ª, desde aquí ya en el sitio escrito) Imp: última  a contratiempo SI / — / — 56.1 Ms: acorde (MI – RE – SI – SOL) Imp: acorde (MI – RE – SOL) 57.1 Ms: acorde (MI – LA – RE) Imp: (LA [grave] – RE) 57.2 Ms: LA  síncopa en la melodía, sin acompañamiento. Imp: con acompañamiento de  a contratiempo (DO – LA) 58.1 Ms: sin acompañamiento Imp: voz del bajo MI  58.2-3 Ms: acompañamientos 8.ª↓ respecto al imp. Imp: acompañamientos 8.ª↑ respecto al ms. 59.1 Ms: sin acompañamiento Imp: voz del bajo LA  59.2 Ms: acorde (LA – LA – DO – MI) Imp: acorde (LA [grave] – DO – MI) 63 Ms: en el acompañamiento las  a contratiempo en un registro más grave que la melodía. Imp: las  a contratiempo en un registro más agudo que la melodía. 64.2 Ms: voz del bajo SOL  Imp: — 320 64.3 Ms: cuarta semicorchea del seisillo es FA  Imp: es FA  65.3 Ms: originalmente LA en la última  a contratiempo. Corregido a  a tiempo. Imp: LA  a tiempo. 69.1 Ms: (DO – MI)  que hace síncopa. Imp: MI  69.2 Ms: voz del bajo LA  Imp: voz del bajo LA  71.1 Ms: la segunda  es DO. Después viene un  Imp: misma posición para el DO  que hace síncopa. 72.1 Ms: f / (MI – RE – RE – SOL – SI) Imp: — /(MI – RE – SOL – SI) En el imp. el c. 74 está añadido por error al transcribir la repetición. No lo consideramos para la numeración de los compases. En el ms. leemos, en el c. 73, “Tempo I /vuelve a S hasta  y salta a Coda”. En el imp., por tanto, los cc. 73-80 son idénticos a los cc. 1-8. 81.1 Ms: Coda / p / — / rit. Imp: — / pp / calmo / — 82 Ms: — Imp: rit. 83.2 Ms: regulador de diminuendo Imp: — 84 Ms: ppp / signo de arpegio para el acorde Imp: — / — III. Fiesta lejana en un jardín Fuentes: A: Ms. (E–VAbv: AELCH/pro 264–2, 1925. Manuscrito) B: Imp. (B. Schott’s Söhne, 1926) • En el ms. (a dos claves) están siempre bien diferenciados los planos sonoros, con sus silencios correspondientes, mientras que en el imp. predomina una escritura “guitarrística” en la que no siempre se detalla la verdadera duración de los sonidos en ciertas voces y abundan las dobles plicas, en los bajos, en lugar de completar la voz superior con silencios o notas sincopadas. Ej. cc. 6-8 • El ms. no incluye digitaciones, mientras que el imp. está profusamente digitado por el revisor (presuntamente Rafael Balaguer, su dedicatario). 1 Ms: pp para la voz superior y p para el bajo / indicación: Il basso coll [sic] pollice e un piú [sic] marcato. Imp: p como única indicación de dinámica. Falta el primer  en la voz superior. 2, 4, 6-8 Ms: el ritmo de la voz superior es     Imp: voz superior escrita toda con  sin diferenciar planos. 5.3 Ms: MI  de la voz del bajo 8.ª↑ respecto al anterior MI . Imp: La única nota MI del bajo dura una · 6-8 Ms: cc. escritos 8.ª↓ respecto al imp. 8.3 Ms: última corchea, SI, sin alteración de precaución. Imp: última corchea, SI  9.1 Ms: doble bajo (dos MIS en octavas). Imp: solamente una nota MI grave. 11 Ms: la voz del bajo es MI · Imp: MI   12, 13 Ms: – Imp: regulador de crescendo 13 Ms: voces graves (MI - SOL)  SI  Imp: voz del bajo únicamente MI · 14 Ms: – Imp: dim. 16 321 Ms: ritmo de la voz superior     8.ª↓ respecto al imp. /—/— Imp: todas las notas de la voz superior  / regulador de diminuendo / poco rit. 17 Ms: bajo SI · ; el resto de los sonidos del acorde son  / arco de fraseo uniendo las tres notas del canto /rit Imp: voz del bajo SI    / regulador de crescendo / – 18.1 Ms: tempo / – Imp: a tempo; ben cantando [sic] / p 18.2 Ms:  de  en el arpegio MI – LA – DO Imp: solo dos  MI – LA 18.3 Ms:  LA Imp:  DO 19.1 Ms: bajo: MI3 (tercer espacio de la  = 6ª cuerda al aire) Imp: bajo: MI4 (8.ª↑ respecto al ms.) 19.2 Ms: acorde (SOL – SI – SOL) Imp: solo dos notas (SI – SOL) 20.2 Ms:  de  en el arpegio MI – LA – DO Imp: solo dos  MI – LA 20.3 Ms:  LA Imp:  DO 21.1 Ms: triada (RE – SOL – SI) · Imp: el mismo acorde pero con el ritmo    22.1 Ms: bajo LA  Imp: bajo LA  29.2 Ms: voces del acompañamiento escrito en  (1º y 2º espacios) (FA – LA)  Imp: — 30.2-3 Ms: en el acompañamiento,  de fraseo. Imp: – 31.2-3 Ms: en el acompañamiento,  de fraseo. Imp: — 32.1 Ms: — Imp: voz del bajo DO  32.2 Ms: triada (MI – SOL – DO) repetida con el ritmo  Imp: solamente una tercera (MI – SOL) con el ritmo  34.3; 35.2 Ms: (RE – FA)  Imp: (SI – FA)  38 Ms: voz del bajo SI  – LA  – RE  Imp: voz del bajo SI  – LA  – RE ·– MI  39.1-2 Ms: voz del bajo FA  –  – MI  – RE  – DO  Imp: voz del bajo FA · – MI  – RE  – DO  40 Ms: cresc. Imp: — 41.3 Ms: acorde (LA – MI – LA – DO – MI)  Imp: solo las tres notas más agudas (LA – DO – MI)  42 Este compás no figura en el imp. Ms. (cc. 41-42) Continuamos la numeración para ambas fuentes teniendo en consideración este c. 42. 43.3 Ms: voces superiores (RE – FA)  Imp: — 45.3 Ms: No hay voces superiores en este compás. Imp: Ídem. [Hemos optado por incluir para nuestra edición las voces superiores (DO – MI)  por consistencia en el discurso musical] 47 Las voces superiores (SI – RE) figuran en el imp. en el segundo tiempo, mientras que en el ms. están en el tercero. 49.1 Ms: SI  Imp: SI – DO – SI (  de  ) 322 50.3 Ms: acorde (MI – LA – DO – MI)  Imp: acorde (LA – DO – MI)  51.1 Ms: acorde (LA – DO – MI – LA)  Imp: — 51.2 Ms: — Imp: acorde (LA – LA – DO – MI)  52 Ms: Moderato /come recitativo ad lib. Imp: Moderato /come un recitativo, un poco ad lib. 53 Ms:  de fraseo uniendo cada uno de los tres grupos de notas. Imp: – 54, 57, 60, 63 Ms: acompañamiento en un registro más grave que la melodía / dinámica p para todos estos acompañamientos / – Imp: acompañamiento en el mismo registro que la melodía / dinámica pp en 54, 57 y 60 (en 63 no hay indicación). / un poco mosso en 54, 57, 60 y 63 (recit. en cada uno de los siguientes compases). Ms. (c. 54) Imp. (c. 54) 55 Ms: — Imp: poco rit. 55.3 Ms: mf Imp: f 56.1 Ms: acorde (DO – MI – SOL)  Imp: acorde (DO – DO – MI – SOL)  con una distinta disposición del acorde. 58.3 Ms:  Imp: LA  63.3 Ms: voz del bajo LA  / acorde a contratiempo (FA – LA – RE)  Imp: voz del bajo LA  / acorde a contratiempo (LA – RE – FA)  64.1 Ms: — / — / acorde (RE – FA – LA – LA)  · Imp: sf / rit. / acorde (RE – RE – FA – LA)  · 64.3 Ms: acorde (MI [grave] – MI – SOL – RE – SI)  Imp: acorde (MI – SOL – RE – SI)  65.1 Ms: acorde (MI – SOL – SI – MI)  / — Imp: acorde (MI – SI – MI – SOL – SI – MI)  /  65.2 Ms: — Imp: p 66 Ms: affret Imp: affrett. e crescendo . Regulador de crescendo hasta el c. 67. Este compás 67 falta en el ms. Continuamos la numeración para ambas fuentes teniendo en consideración este compás. 68.2 Ms: triada (SI – RE – FA)  Imp: cuatriada (SI – MI – FA – LA)  69.2-3 Ms: mismos acordes de tres notas que en 68.2 (dos ) Imp: mismos acordes de cuatro notas que en 68.2 (dos ) 70.1 Ms: p / las dos notas más graves del acorde (MI – SI) son · Imp: — / todas las notas del acorde son  Desde aquí repetición: los cc. 71-88 son idénticos a los cc. 18- 35. En el ms. leemos en el c. 71 “vuelve a A hasta B y salta”. En el imp. hay solo una diferencia, en el 82.2: Ms: voces del acompañamiento escrito en  (1º y 2º espacios), (FA – LA)  Imp: una sola voz del bajo FA  89 Ms: mf /— Imp: mf /cresc. 90.2 Ms: acorde (LA – DO – MI)  Imp: dos notas (DO – MI)  91 Ms: (m. izq) Imp: f 323 93 Ms: cresc. Imp: — 93.3 Ms: acorde (MI – SOL – DO – MI)  Imp: acorde (SOL – DO – MI)  94.1-2 Ms: acordes (SOL – DO – MI – SOL)   Imp: acordes (DO – MI – SOL)   95 Ms: f poco rit Imp: espress. poco rit. e ben cantando (sic) 97 Ms: acorde (SOL [grave] – SOL – DO – MI)  Imp: acorde (SOL – DO – MI)  99 Ms: più rit. Imp: poco rit. /regulador de crescendo (dos compases) 100.1 Ms: acorde de cuatro notas con dos duplicaciones (MI – SI – MI – SOL – RE – SI)  Imp: acorde de cuatro notas(MI – SOL – RE – SI)  100.2 Ms: mordente  LA – SI Imp: sin ornamentación. 101 Ms: tempo Imp: a tempo vivo 101.1 Ms: acorde (LA – LA – DO – MI – LA)  Imp: acorde (LA – LA – DO – LA)  101.3 Ms: acorde de cuatro notas (MI – SOL – SI – MI)  Imp: acorde de tres notas (SOL – SI – MI)  102 Ms: acorde (LA – LA – DO – MI – LA)  Imp: acorde (LA – LA – DO – LA)  324 325 3.5. Josefina Robledo, Emilio Pujol y la Sonata II 3.5.1. La Sonata II: Fuentes manuscritas e impresos. Perspectivas para una edición crítica La Sonata II para guitarra (1925-1926) es con justicia la obra más conocida e interpretada de todo el corpus guitarrístico chavarriano. Su primera interpretación pública en Madrid el 9 de octubre de 1925 –solo el primer movimiento, puesto que el resto aún no se había compuesto– auguraba los mayores éxitos para esta nueva y más ambiciosa composición para guitarra de Chavarri. Como veremos en este capítulo, Rogelio Villar y Adolfo Salazar estuvieron entre los ilustres colegas que quedaron sorprendidos y encantados con la extraordinaria calidad de la nueva obra. Pero, para no faltar a la tradición de este repertorio maldito, la composición sufrió diversos avatares que –una vez más– postergaron su difusión y mantuvieron durante muchos años en segundo o más bien en tercer plano una obra que en su género y contexto histórico era pionera y cuya categoría y dimensiones solo es equiparable en el panorama nacional con la Sonata para guitarra de Antonio José Martínez Palacios, diez años posterior en su fecha de composición. El lenguaje de esta nueva Sonata II va un paso más allá en lo que respecta a la armonía, textura musical y virtuosismo respecto a la Sonata I. Y es que, en esta ocasión, en lugar de para un maduro maestro –Llobet– ya asediado por la inclemente pujanza de una juventud encarnada por Segovia, la destinataria de la composición iba a ser precisamente una joven virtuosa en plenas facultades y en la cima de su carrera: Josefina Robledo. Este paso al frente en el lenguaje lo percibía ya Oscar Carlos Cabot (personaje del que ya hemos hablado en muchas ocasiones a lo largo de este trabajo) en 1930; si en una de sus cartas de ese mismo año leímos cómo aguardaba con impaciencia la edición de la Sonata I (espera estéril, como sabemos), en otra posterior daba acuse de haber recibido el manuscrito de la Sonata II que Chavarri le había enviado y agradecía la dedicatoria que este había incluido en su copia: Cher Monsieur Chavarri. Je viens de recevoir votre charmante carte du 17 et suis honteux de ne pas vous avoir accusé bonne réception du manuscrit de votre 2me Sonate pour Guitare. J’étais sous l’impression que je vous avais écrit un mot des l’arrivée de la Sonate ici. Permettez-moi, Cher Monsieur, de vous exprimer –avec mes vifs regrets pour mon oubli– mes meilleurs remerciements pour votre gracieux geste et pour la charmantre dédicace464. Es algo más adelante, en esa misma carta, cuando Cabot muestra su perplejidad ante algunos pasajes cuyo lenguaje no comprende y que considera influidos por ciertas y para él desconocidas peculiaridades de la música popular valenciana: 464 Carta de Oscar Carlos Cabot a Chavarri, del 19 de octubre de 1930. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 109. 326 De plus en essayant votre Sonate sur la Guitarre, j’ai eu l’impression de gammes et accords étranges (étranges pour moi, anglais). Ne s’agirait-il pas là des gammes que l’èminent critique anglais J. B. Trend (qui se spécialise en musique espagnole) nomme “les gammes levantines” et qu’il prétend etre caracteristiques de la musique valencienne? Malheureusement je n’ai pu trouver nulle part une notation de ces gammes (plusieurs en nombre, apparemment!!) Il se réfère a Sr. Oscar Esplá, mais cela ne m’avance pas grand’chose. Dado que Robledo (de esto también hemos tratado) abandonaría súbitamente su actividad concertística, Chavarri trató de darle otras salidas a la composición y, además de la copia para Cabot de la Sonata II, iba a enviar otras a guitarristas de su confianza, como Segovia y Pujol, con escaso éxito al menos en lo que se refiere a su difusión en los escenarios. Segovia, con sus habituales regateos, se refería así en 1932 a la posibilidad de incluir la Sonata II en su repertorio: La Sonata de Josefina (a Josefina, mejor dicho) me gusta mucho y pienso tocarla. Pero claro está que preferiría estrenar algo escrito para mí. No es preciso que sea una Sonata465. Detalle de la cara de Segovia a Chavarri (BV, sign. AELCH-CR-2534) El subrayado nos parece suficientemente significativo. Quien conozca con cierta profundidad la correspondencia y la biografía de Segovia y su escurridizo estilo para dar negativas podrá ya imaginarse que ni tocó esta sonata ni ninguna otra de las obras que posteriormente escribiría Chavarri a su requerimiento. Por su parte, Emilio Pujol, aunque tampoco llegó a interpretar la obra (como veremos en el cap. 3.5.6) en cambio sí representó un papel verdaderamente decisivo para que consiguiera una proyección internacional al implicarse activamente en su publicación; pero sus esfuerzos por editarla –que habían empezado solo unos pocos años después de su creación– chocaron con multitud de dificultades y no obtuvieron su fruto hasta treinta años más tarde, en 1957, cuando la ed. Max Eschig de París finalmente la publicaba en su colección (la de Pujol) con la revisión de Robledo. Aunque tardía y ya perdido el tren de la historia, esta publicación permitió a la Sonata II tener al menos una nueva oportunidad para su difusión. Aún así, las interpretaciones públicas y los registros discográficos fueron llegando con cuentagotas466 y es tan solo en la actualidad, con el movimiento de recuperación del repertorio de Entreguerras postergado y olvidado por los guitarristas, cuando las nuevas generaciones de 465 Carta de Segovia a Chavarri, del 18 de septiembre de 1932. Conservada en la BV, con sign. AELCH-CR-2534. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 272. 466 Según nuestras pesquisas fue el Maestro mexicano Alfonso Moreno quien grabó la primera versión de la Sonata II en 1976 con el sello azteca Gamma. Otro registro de la obra lo realizó el extraordinario guitarrista argentino Eduardo Isaac para GHA Records en 1993. 327 intérpretes han retomado un notable interés y una ponderada (con arreglo a su calidad) valoración de la composición. Gracias a las redes sociales y los sitios web dedicados a compartir videos, sobre todo YouTube, los guitarristas de todo el mundo ya pueden escuchar en alta definición diversas interpretaciones de la obra. Entre ellas, algunas han sido completadas por conocidos solistas de nivel internacional y otras por jóvenes estudiantes, pero de todas hay que destacar la versión en vivo de Pablo Márquez467, al calor de la cual muchos de estos jóvenes se han ido acercado a la Sonata II para incluirla en sus programas de estudio y, por su extremada belleza y virtuosismo, presentarla como obra libre para los concursos de interpretación guitarrística que tanto proliferan en nuestro gremio. La pregunta es ¿por qué surge ahora este interés por la Sonata II si lleva más de medio siglo publicada en una de las editoriales especializadas en guitarra de mayor alcance? Creemos que la respuesta es clara y de algún modo ya la hemos adelantado: la obra es muy difícil. Incluso guitarristas dotados de una técnica superlativa, como el propio Márquez, consideran que toda la obra –y muy especialmente su tercer movimiento– es de una dificultad endiablada que hace necesario poner en juego todas las herramientas de la técnica moderna del instrumento en un grado de auténtica excelencia para poder resolver satisfactoriamente la interpretación. Por otra parte, el lenguaje modernista, la textura de los acompañamientos y el color de la armonía que Chavarri pone en juego en su composición solamente se aprecia de manera apropiada si se interpreta con un instrumento apropiado. Algo similar ocurre con las obras de Ponce, Moreno–Torroba o Turina: cuando se toca este repertorio con una guitarra de Santos Hernández, Francisco Simplicio o Enrique García (por poner unos ejemplos destacables de guitarras históricas del periodo de Entreguerras), que priman el legato en el canto, la distinción equilibrada de los planos sonoros y la variedad en el color, el resultado inmediato es mucho más satisfactorio y la idea de Chavarri toma fácil y plenamente sentido, mientras que con las guitarras que mayoritariamente se usaban en el último tercio del siglo XX (actualmente las cosas han ido cambiando bastante) todos estos aspectos musicales resultaban mucho más arcanos para el intérprete. Ya hemos hablado de la dificultad de manejar un número elevado de fuentes cuando se trata de editar algunas obras de este repertorio tan controvertido –como lo es el de la nueva guitarra de Entreguerras y particularmente el de Chavarri– que no llegaron a ver su publicación. Con la Sonata II estamos ante un caso distinto ya que sí fue publicada en vida de su autor. Howard Mayer Brown afirma que “si la primera edición de una composición es la única que fue supervisada por el compositor (…), la tarea del editor a la hora de elegir la mejor versión se hace relativamente simple” 468. En efecto, es un lugar común esta opinión de que una edición supervisada por el 467 V. . Interpretación en vivo durante la 7ª ed. del Guitar Evenings International Festival de Bucarest [consultada en noviembre de 2020]. 468 “If the first edition of a composition is the only one known to have been prepared by the composer (...) the editor’s task in selecting the best version is made relatively simple”, en Brown, Howard Mayer: “Editing”, New Grove1 (1980), p. 840. 328 compositor (sobre todo en pleno siglo XX) debería considerarse la versión definitiva de una composición –siempre y cuando no hubiera una ulterior edición, también controlada por el autor–, pero, en el repertorio con el que tratamos, por múltiples razones, nos encontramos con que contradecir la última decisión del autor en determinadas ocasiones y retornar a un estadio anterior de la composición puede suponer, en el fondo, profesar un mayor respeto al espíritu de su obra469. Como vimos, desde el primer compás de la obra nos podemos encontrar con problemas cuya solución no puede lograrse simplemente con una metodología canónica que no tenga en cuenta todas las aristas de un objeto de estudio tan complejo470: inadecuadas adaptaciones instrumentales, soluciones más o menos acertadas de los revisores, contradicciones entre las fuentes de mayor o menor calado, adición de nuevas secciones musicales en las versiones posteriores para otros instrumentos… todo ello, así como la colación y prelación de todas las fuentes manuscritas disponibles, requiere de un estudio crítico que en el caso de esta obra adquiere unas dimensiones que exceden el marco de nuestro trabajo. Baste por el momento con detallar y localizar todas las fuentes originales de la obra471: En la BV se localizan cinco referencias bibliográficas referidas a manuscritos autógrafos; dos de ellas corresponden a los borradores de la composición (fechados entre septiembre de 1925 y junio de 1926, escritos a dos claves), una a la copia en limpio de esa primera versión (escrita en las mismas fechas) y otras dos a las versiones a una clave (una de ellas incompleta) manuscritas por Chavarri en septiembre de 1940 que contienen las digitaciones de Josefina Robledo y otras indicaciones editoriales como cejillas y cuerdas en las que se recomienda tocar determinadas notas. Por supuesto, otra fuente a considerar para una futura edición crítica tiene que ser la edición de MEX (1957)472. Como ya sabemos, una dificultad añadida es la existencia de la versión de la obra para cuarteto de cuerda (el Quartettino, además por partida doble, pues dos son los manuscritos autógrafos de esta obra conservados en la BV), que contiene diversas secciones expandidas o añadidas y numerosas variantes, no solo de notas, de textura o en la densidad del entramado armónico sino también en otros parámetros musicales como la expresión y el fraseo. El esbozo del Concierto para guitarra y orquesta (un amago de algo parecido a lo que Rodrigo hizo con su Tocatta al transformarla en el primer tiempo de su Concierto de estío para violín y orquesta) solo 469 Un buen ejemplo histórico, ajeno al mundo guitarrístico: hoy en día es bastante habitual añadir ciertas notas a las trompas en las sinfonías de Beethoven y de otros autores clásicos (notas que no se podían tocar con las trompas naturales y que, naturalmente, los compositores se veían obligados a omitir). Muchos especialistas en Beethoven y directores de orquesta consideran que esta actitud es en realidad más respetuosa con la idea original del compositor. 470 V. en el apartado 3.1.3 de este trabajo, pp. 146-150. 471 Véanse todas ellas con detalle en nuestro catálogo, apartado 3.1.4, pp. 168–172. 472 Desconocemos la ubicación del manuscrito que sirvió de base para la publicación. Tal vez pudo ser el IV.4 de nuestro catálogo o uno muy similar. Hemos preguntado vía email sobre este asunto a la editorial, en concreto a la Sra. Patricia Alia, General Manager de Editions Durand Salabert Eschig. No hemos recibido respuesta. Igualmente hemos consultado con Frédéric Zigante, asiduo colaborador de esta editorial, quien amablemente nos ha indicado que solo tiene acceso a los archivos personalmente en París y el permiso para sus consultas se restringe únicamente a sus propios proyectos. 329 insinúa cómo Chávarri habría podido materializar la versión de los dos primeros movimientos con la orquesta sinfónica. Como sugerencia podríamos decir que este esbozo podría servir de base, considerando además la información contenida en todas las otras fuentes disponibles, para una suerte de trabajo de musicología–ficción que hiciera real la idea del Concierto abandonada por el autor. En resumen, la futura edición crítica de la Sonata II debería tener en cuenta todas estas consideraciones para afrontar una revisión completa y madura de la obra –haciendo uso de los materiales de los que se dispone que, como vemos, no son pocos ni fáciles de manejar– que ofrezca un texto musical con la expresión más completa posible de esta notable obra guitarrística. Detalle del ms. autógrafo del Cuartettino [sic], 1er mov. (BV, sign. AELCH-pro-63-1. p.1) Detalle del borr. autógrafo del Concierto para guitarra y orquesta, 1º mov. (BV, sign. AELCH-pro-29. p.14) 330 3.5.2. Josefina Robledo, musa guitarrística de Chavarri Existen algunas referencias bibliográficas y en línea que tratan sobre la dedicataria de la Sonata II, Josefina Robledo (1897–1972). Entre ellas cabe destacar sendos artículos relativamente recientes en el DMEH y el DMV –ambos a cargo de Rafael Díaz Gómez–473 y una interesante entrevista en línea a Javier Suárez–Pajares en la que ofrece datos novedosos sobre la trayectoria de Robledo y la estética de su estilo instrumental474. Pero es probablemente el artículo dedicado a ella en el Diccionario de guitarristas de Domingo Prat (1934) –con quien tuvo un contacto cercano durante su estancia en Argentina, cuando apenas era una jovencita recién salida de la adolescencia– el que retrata de una forma más completa su figura y su personalidad en su edad juvenil: ROBLEDO GALLEGO, Josefina.― Célebre concertista española de guitarra. Nació en la capital de Valencia el 10 de Mayo de 1897. Hizo los estudios de guitarra con el celebrado Tárrega, empezándolos a los siete años de edad, terminándolos en 1909, o sea en el año en que falleció el maestro. Dos estudios musicales, armonía e historia de la música, los efectuó con Peña Roja. Realizó su primer concierto en el Conservatorio de aquella Capital, siendo aún niña, en el año 1907 (…)475. Ese debut, con solo 10 añitos, fue un auténtico acontecimiento en Valencia, como demuestran las numerosas referencias al evento que hemos localizado en la prensa de la ciudad. El recital se anunciaba en los días anteriores en varios diarios locales que destacaban la precocidad de esa niña que se disponía a presentarse como concertista de guitarra ante el gran público. El programa que iba a interpretar –en dos partes y compuesto casi íntegramente por transcripciones de Tárrega de obras de Beethoven, Chopin, Malats, Haydn, Mendelshon, Massenet, Albéniz y Gottschalk– prometía el advenimiento de una nueva estrella: Hoy han sido expuestas en algunos escaparates unas hermosas fotografías de la precoz y distinguida concertista de guitarra Josefina Robledo. Con este motivo llamaba la atención que dada su poca edad pueda haber llegado a ser una artista tan distinguida, después de haber sido algún tiempo aprovechadísima discípula del eminente maestro Tárrega, quien hace tiempo ya la emancipó de su dirección admirado de sus extraordinarias aptitudes. Por ello no es de extrañar haya verdadero interés en oír el concierto que 473 V. Díaz Gómez: “Josefina Robledo”, DMEH (1999-2002), p. 234 y DMV (2006), pp. 346-347. 474 Entre otros datos interesantes, Suárez–Pajares informa de que también fue dedicataria de otra composición, compuesta en el mismo año de 1926 por Joaquín Rodrigo: Preludio al atardecer, obra también de acusadas influencias modernistas que llegaba, junto a la Sonata II de Chavarri, en el momento justo para rescatar a Robledo de un estancamiento romántico en su repertorio. Su desistimiento en la carrera concertística abortó toda posibilidad de cambio y dejó ambas obras en el ostracismo guitarrístico. V. en [consultada en junio de 2020]. 475 Prat, Diccionario (1934), p. 263. 331 dará Josefina mañana a las nueve en el Conservatorio, para cuya audición hay buen pedido de invitaciones–entradas en dicho Centro476. Las críticas de ese recital fueron también muchas y muy elogiosas con Josefina y no por condescendencia con una niña sino basadas en razonamientos musicales que podrían haberse aplicado a cualquier concertista adulto. En Las Provincias, dos días después del concierto, encontramos la primera crónica: EN EL CONSERVATORIO Concierto de Josefina Robledo Se verificó esta sesión en el Conservatorio, la noche del sábado. Es concertista una muchachita, una niña, que tiene en su alma las delicadezas infinitas del gran Tárrega, su maestro. (…) Cierto que la joven artista tiene también notabilísimas condiciones para brillar en su arte. Hay una bella sensación de ingenuidad, de pureza, en aquellas obras musicales interpretadas por la señorita Robledo. El programa era de prueba: obras de carácter clásico, otras románticas; esas transcripciones admirables que Tárrega hace de los grandes músicos, todo ello fue interpretado con una seguridad que llama la atención poderosamente, con una sencillez encantadora: aquellas manos pequeñas moviéndose sobre las cuerdas, hacían brotar maravillas de sonido. (…) El público, entusiasmado de veras, ovacionó a la gentil ejecutante, colmándola de aplausos, haciéndola salir al estrado infinidad de veces. Y el programa casi resultó doble, pues la señorita Robledo no se cansaba de intercalar nuevas obras para corresponder a aquellas muestras de simpatía, elocuentes sufragios que eran otorgados a las excepcionales cualidades de la concertista y al honor de su gran maestro477. Todo indica que esta opinión fue unánime, ya que en el diario El Pueblo, de muy distinta tendencia al anterior, leemos una crítica no menos laudatoria con la jovencita: MÚSICA SELECTA Una concertista notable (…) Josefina Robledo posee tal dominio de la guitarra, que las escalas cromáticas, los arpegios y los acordes producen, ejecutados por ella, la sensación de que no manos femeniles, sino por virtud de complicado mecanismo adquieren los pasajes musicales sonoridad, vigor y brillantez pocas veces igualados. (…) La Srta. Robledo, ya lo hemos dicho, electrizó a sus oyentes matizando, diciendo con singular arte y sentimiento aquellos fragmentos en los que el artista para producir la sensación que imaginara el compositor han de concurrir en el temperamento artístico, sensibilidad exquisita, verdadera vocación por la música, en fin. Todas estas cualidades reúne Josefina Robledo y de aquí los ruidosos aplausos que escuchó la adolescente concertista y las repetidas veces que hubo de presentarse en el estrado para recibir los plácemes del auditorio478. 476 La correspondencia de Valencia: diario de noticias: año XXX número 10269 – 15 de noviembre de 1907, p. 2. V. otras noticias en la prensa valenciana de este debut en el apéndice 5.1, Fuentes periodísticas, pp. 576-582. 477 Las Provincias: diario de Valencia: año XLII, número 15052 – 18 de noviembre de 1907, p. 2. 478 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XV, número 5904 – 19 de noviembre de 1907, p. 2. 332 Josefina Robledo de niña479 Dos años más tarde, Chavarri asistió casualmente, gracias a una invitación en el último momento, a un nuevo recital ofrecido por Josefina. Siendo responsable de asuntos musicales de Las Provincias no quiso dejar sin reseña la actuación de ese prodigio tan destacable. Su devoción por Tárrega (maestro de Josefina) unida a la excelencia de la interpretación de la infante deslumbraron a nuestro autor, que en tales ocasiones solía revestir sus crónicas con floridas descripciones literarias y emocionales y sinestésicas metáforas: CRÓNICA MUSICAL Impresión El día de la Virgen de los Desamparados tuve ocasión de escuchar una sesión de arte altamente notable. Ello fue improvisado, y tal vez por esta misma razón, pareció más grande el efecto que me produjo el caso; pues fue que el distinguido profesor Sr. Gallego –hermano político del inolvidable violinista Goñi– me hizo escuchar a una gentil artista, una niña que ejecuta en la guitarra selectas obras, y parece haber heredado la magia incomparable de su maestro Tárrega. Josefina Robledo se llama la niña que en el día de la Virgen hízome escuchar la música de su guitarra. ¡Oh! no creáis que se trataba de «guitarrerías» vulgares, cosa que el nombre de Tárrega hace imposible; ni tampoco se trata de una ejecución realizada pacientemente a fuerza de labor y paciencia. Es que se trata de un temperamento original, en esta jovencita, que al ejecutar la música parece recogerse en sí misma (¡al fin, discípula de Tárrega!) y ejecuta con devoción de arte, sin 479 Fuente: Rius, Tárrega documental (2018), p. 279. 333 ostentaciones de acrobatismo, ofreciendo vibraciones sonoras con la ingenuidad de flor que da naturalmente su perfume. Aquella evocación del maestro Tárrega, hecha en día tan señalado por una niña artista, y en la tranquilidad de su casa, tenía no se qué suave encanto. El traje enlutado de la ejecutante, aumentaba la serenidad de la emoción; mientras las manos de la artista hacían brotar de las cuerdas suspiros de vibraciones, reinaba en la estancia dulce, tranquila emoción de bondad y poesía. Un momento hubo en que el aire trajo desde fuera hasta nosotros una ráfaga de extraña música: eran las campanas de la ciudad, que cantaban a la Patrona Virgen. Pero tan suave nos llegó el clamoreo, que más bien era un fondo de sonidos aterciopelado, suave, sobre el cual mecíanse las puras canciones de la discípula de Tárrega. Y el sol, que había estado escondido, salió para alegrar la ejecución de aquellos minués antiguos y aquellas romanzas, y toda la música deliciosa que ejecutaba con su ingenuidad bellísima, la niña enlutada y de rostro de virgen italiana. E.L.CH.480 Pocos meses después de este concierto moría su amado maestro Tárrega, pero la semilla que en ella había puesto y cuidado con esmero seguiría creciendo en su ausencia481. En efecto, Josefina iba evolucionando a buen paso y de ello se hacía eco la crítica valenciana en 1912: Josefina Robledo es una progresión constante; representa una voluntad infatigable para el estudio y una labor de perfeccionamiento incesante. De aquí que sus cualidades musicales se depuran, no solo en el sentido de completar su técnica, sino en el de adquirir más sentimiento del arte y más comprensión de la belleza. La guitarrista ejecutó un dilatado programa, en donde había obras dificilísimas, tanto más cuanto que algunas son de adaptación casi imposible para la guitarra482. Ya en plena adolescencia, las crónicas de sus conciertos empiezan además a trufarse con comentarios relativos a su incipiente femineidad y su agradable apariencia, comentarios que desde una perspectiva actual nos parecen inadecuados pero que en su contexto histórico habría que entenderlos como respetuosamente admirativos. En octubre de 1913 un tal J. M. Mustieles hablaba de esta manera de la joven Robledo: La reivindicación de la guitarra a propósito de una sesión de arte Ella ha sido una muchacha delgada, toda espíritu, sin casi sensación de sexo. Una muchacha artística de verdad, en toda la amplitud, en toda la reverencia que guardamos para esta palabra, tan a la ligera empleada y que en tan pocos temperamentos se aviene. Una muchacha toda sentimiento; una muchacha que vive de arte, de música, de versos. (…) Llamábala Tárrega su discípula predilecta, y el éxito de los conciertos que lleva dados, demuestra el porqué de aquella justa predilección. A los ocho años de ella comenzó sus lecciones y 480 Las Provincias: diario de Valencia: año XLIV, número 15586 – 21 de mayo de 1909, p. 2. 481 No se han conservado grabaciones de Robledo (no llegó a realizar registros discográficos) y solo hemos encontrado un valioso documento auditivo correspondiente a un concierto y una charla sobre Tárrega que Robledo ofreció en el conservatorio de Valencia en una fecha posterior a diciembre de 1959 que no hemos podido concretar. V. en línea en [consultada en julio de 2021]. 482 Las Provincias: diario de Valencia: año XLVII, número 16856 – 20 de noviembre de 1912, p. 1. 334 frecuentemente, al terminar uno de esos difíciles estudios de ejecución que tan limpiamente resuelve, una de esas obras clásicas de concierto, que tan esmerado gusto como agilidad requieren, el maestro solía besar las manos de la artista; “tú la única. Tú me sucederás…”. Y Josefina Robledo, la única, parece, en efecto, haber heredado con la escuela del maestro, aquellas manos de magia (…). Sus manos de magia, evocaron la maja del Alabaicín, morena y altiva, cuya blonda mantilla airosa, sombrea sus ojos moros. Princesa parecía y de princesa era aquel su andar menudito y gracioso…483 Cuando todo indicaba que sus años de formación y de duro trabajo iban a desembocar en un fulgurante inicio de carrera en España y Europa (como ya habían hecho los grandes maestros que la precedieron), nuestra guitarrista hace sus maletas en 1914, con tan solo diecisiete años, y dirige sus aventureros pasos hacia Suramérica en unas condiciones nada favorables ni acordes a su demostrada categoría artística; allí permanecería hasta la primavera de 1925, cuando regresó a España. De su llegada a tierras de la Argentina y el poco apropiado entorno en que se dio a conocer daba cuenta Domingo Prat en su ya citado artículo dedicado a Robledo, escrito en 1931, e incluido en su Diccionario de guitarristas: En 1912 tuvimos noticias de esta eximia guitarrista, por la visita que hiciera a Buenos Aires el gran aficionado y amigo de Tárrega, el inglés Walter Leckye, quien nos hizo elogiosas ponderaciones, comprobadas con creces poco después (1914) al visitarnos dicha guitarrista. Mostróse al público bonaerense como número de relleno, en el Teatro Comedia, en los entreactos de una compañía de zarzuela. Desgraciadamente fue poco comprendida: no era aquel lugar propicio para su actuación, perjudicándola mayormente como solista, el hecho de realizar algunas veces sus audiciones, acompañando a un violoncelista mediocre. Bien pronto, consejeros oportunos logran desviarla de ese camino desacertado484. En nuestro estudio de la correspondencia recibida por Chavarri dimos por casualidad con la verdadera identidad de ese “mediocre violoncelista”. Su nombre era Fernando Molina y, según la única carta suya dirigida a Chavarri que se conserva en la BV, había colaborado con él en su primer proyecto de orquesta valenciana. Corre el año 1916 y su precaria situación inicial en Buenos Aires, muy unida al parecer a la de Robledo, parece haber mejorado. Según comenta, Robledo no tiene aún una gran actividad como concertista pero se ha hecho cierto nombre como maestra entre la alta sociedad porteña y ha cosechado también sus primeros éxitos a solo en la escena: Sr. D. Eduardo López Chavarri. Muy Sr. mío y distinguido amigo: Cerca de dos años hace que salí de esa querida Valencia por asuntos íntimos de orden familiar, los cuales me obligaron a obrar con cierta cautela que me impidió comunicarlo a los amigos y conocidos. Este hecho, para muchos misterioso, parece que 483 Las Provincias: diario de Valencia: año XLVIII, número 17178 – 09 de octubre de 1913, p. 1. 484 Prat, Diccionario (1934), ibid. En el DMV, Díaz Gómez indica la fecha de 1912 por error como la de la llegada de Robledo a Buenos Aires (aunque en el DMEH aportaba la fecha correcta). En ambos diccionarios identifica al “mediocre” músico que la acompañaba en sus inicios concertísticos en tierras americanas como “violinista” en lugar de cómo “violoncelista”, también erróneamente, como veremos a continuación. 335 envolvió mi persona en una nebulosa de dudosa moralidad, al saber que mi viaje se realizó con la Sta. Josefina Robledo (y su padre), sobre todo entre aquellos espíritus pobres que aunque incapaces de sentirse hombres de elevados sentimientos, sin embargo están siempre más atentos a la difamación y al chisme que a su honor propio y moderado proceder. Desgraciadamente, V. más bien que otros lo sabe, por las luchas que ha soportado, supeditado a la maledicencia del envidioso o del ignorante. (…) Cumplido mi deber con mi felicitación, paso a comunicarle algo de mi vida artística por esta América del Sur. Fracasado mi primer proyecto al calor de esa con la Sta. Robledo, que era el de hacer una gira mundial de conciertos, cosa que no pudo ser dado el estado de crisis de este país y a mayor abundamiento calamitoso, la maldita guerra europea que se echó encima al mes de nuestra llegada, decidí no movernos de Buenos Aires mientras no se normalizara todo; por lo tanto, entregados al trabajo y a fuerza de perseverancia sin desmayos, se ha logrado abrir brecha hasta poder decir hoy que las cosas van bastante bien. (…) Es decir que estoy ya en buena disposición para prosperar económicamente, sobre todo si se normalizara el desquiciamiento actual. En cuanto a la Sta. Robledo, puedo decir otro tanto y aún más; su campo de batalla son las lecciones, aparte de que de vez en cuando da algún concierto. Hoy se puede decir que ha puesto de moda entre la gente de sociedad la guitarra; siendo muchas señoritas las que aprenden y hasta algunos doctores también; este trabajo, aunque es algo penoso, es muy productivo; también es profesora en dos conservatorios (en esa, academias particulares). Últimamente ha dado tres conciertos en el Club de Mar de Plata, que es como si dijéramos en España el Gran Casino de San Sebastián, obteniendo éxitos tan grandes que la han consagrado como eximia artista. A propósito de esto, un amigo mío español se ha comprometido a enviar los recortes de diarios y programas de estos últimos conciertos a su amigo en Madrid el Sr. Rogelio Villar y escribirle recomendándole la publicación de algo en Mundo Gráfico o Nuevo Mundo. Este amigo mío invitará al Sr. Villar a que se informe con V. con respecto a la Robledo, con el fin de asegurarse mejor. Así pues le rogamos a V., como leal amigo que ha sido siempre, el que se interese en este sentido, pues sería un gran reclam para nuestra simpática y bondadosa paisana el que llegara aquí algún periódico de España (que se venden mucho) haciéndose eco de Josefina Robledo. Tengo el placer de remitirle un ejemplar del Magazine, periódico mensual de aquí, en el que una personalidad de esta República, D. Martín Gil, exministro y gran diletante de la guitarra, escribe su impresión recibida al oír a la Robledo; también le adjunto un recorte de diario en el que se enaltece su arte y a nuestra amada terreta. Rogándole que me perdone la parte de egoísmo que encierra esta carta y con la satisfacción que me proporciona el haberme comunicado con V. me despido con un fuerte abrazo. Y sí así rodant la noria caic un bac y perc la vida, es que auré fet coll de figa; (este no es consonant, ché) ya’s vorem tots en la Gloria Fernando Molina Gracias anticipadas y recuerdos muy afectuosos de Josefina y su padre485. Este pormenorizado relato de Molina no concuerda del todo con el de Prat, quien otorgaba a Robledo una notable actividad de conciertos ya desde finales de 1915: 485 Carta de Fernando Molina a Chavarri (Buenos Aires, 16 de marzo de 1916). V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, pp.421-422. 336 Sale en gira por el interior de la república y a fines de 1915 se halla de nuevo en la Capital Federal; visita Mar del Plata (1915-16), donde consigue buenos éxitos; vuelve por unos meses a Buenos Aires, partiendo de nuevo en gira improvisada, recorriendo gran parte de la Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, para radicarse una temporada en San Pablo y unos años en Río de Janeiro, donde se dedica a la enseñanza hasta 1923, que regresa a la gran ciudad del Plata anunciando tres conciertos, en los días 11, 14 y 20 de septiembre de aquel año. Piensa radicarse definitivamente en la capital, y en 1924, es nombrada profesora titular del Conservatorio Williams, dando dos conciertos el 13 y 16 de Mayo, regresando después de diez años de ausencia a Europa, donde actúa con feliz éxito en muchas capitales de varias naciones486. Fotografía de Josefina Robledo tomada durante su estancia en Brasil487 486 Prat, Diccionario (1934), ibid. 487 Agradecemos a Rafael Serrallet que haya compartido esta imagen para nuestro trabajo. 337 La afirmación de Prats sobre el nombramiento de Robledo como profesora en el Conservatorio la corroboraba la propia guitarrista en una entrevista realizada en el año de 1960, aunque explica que tuvo que renunciar al puesto por motivos de patriotismo: — ¿Fue discípulo suyo Alicio [sic] Díaz? — Sí. Lo fue en aquellos días que se empeñaron en que me quedase en Buenos Aires a dirigir la cátedra de guitarra del Conservatorio que no pude aceptar sobre dar gran prestigio y estar muy bien remunerada. — ¿Y por qué no lo hizo? —Era condición esencial renunciar a la patria española: hacerme argentina, y eso no quise hacerlo. — ¡Le querían mucho los argentinos!488 Según hemos podido recabar, efectivamente en esos años en Argentina existía una reticencia hacia la ingente cantidad de inmigrantes que estaba llegando a sus tierras en busca de una prosperidad que en la Europa meridional no parecía posible (ironías de la historia, en nuestros tiempos vivimos la situación inversa). El miedo a ser colonizados, aun siendo de una forma pacífica, provocaba ese rechazo en las clases dirigentes y en tal contexto tendría sentido que a los extranjeros se les exigiera nacionalizarse para acceder a mejores condiciones laborales: A medida que el número de inmigrantes aumentaba y que éstos se mostraban resistentes a la asimilación, se convertían, ante los ojos de muchos de los contemporáneos, en “una amenaza” para el orden político y social. Esta cuestión se entrelazaba con la de la política exterior expansionista de las naciones europeas, en particular la de Italia, cuyo prestigio dependía en el orden internacional de poseer enclaves coloniales. Como muestra Lilia Ana Bertoni, «la idea de otra Italia fuera de Italia [en concreto en Argentina] se basaba en una colectividad numerosa y económicamente poderosa, que conservaba su fuerza cultural» y se rehusaba a adoptar la nueva nacionalidad489. En cualquier caso, no hemos podido constatar que para formar parte de la plantilla del Conservatorio de Buenos Aires en 1924 fuera un requisito necesario ser argentino. Lo que sí hemos podido encontrar en relación con este asunto ha sido un documento que detalla la plantilla docente mediante el cual el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de Argentina creaba el Conservatorio Nacional de Música y Declamación. En ella no aparece ninguna plaza de profesor de guitarra, dato que podríamos relacionar tal vez con la negativa de Robledo a cambiar su nacionalidad, si se llegara a demostrar que aquel requisito existía, o puede que simplemente la bienintencionada propuesta no llegara a concretarse en la oferta pública de empleo: 488 Las Provincias: diario de Valencia: 27 de noviembre de 1960, p. 16. Robledo confunde claramente algunos detalles en su memoria. Sin poner en duda que Alirio Díaz llegara a ser su alumno en algún momento, este no pudo serlo durante la estancia de la guitarrista en Argentina. En mayo de 1924 el guitarrista venezolano no había cumplido aún un año de edad. 489 Fiorucci, “Maestros para el sistema de educación pública” (2014), p. 40. 338 Boletín Oficial de la República Argentina (1924): Creación del Conservatorio Nacional de Música y Declamación490 490 Fuente: Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, Dirección de Instrucción Pública, Buenos Aires. Conservatorio Nacional de Música y Declamación–Creación. En el Boletín Oficial de la República Argentina, año XXXII N° 9115. Buenos Aires. N°1236, 7 de agosto de 1924: 225. [S.V. Paiva, “Alberto Williams y la configuración de la música nacional” (2019), p. 83]. 339 3.5.3. Josefina Robledo regresa a Valencia (1925) Lo cierto es que en abril de 1925 Josefina Robledo estaba ya de regreso en Valencia y preparada para volver a actuar ante sus paisanos. A petición de sus seguidores lo iba a hacer por triplicado pues fueron tres los conciertos, cada cual más aclamado, que ofreció en el lapso de un mes en el mismo foro: el Teatro Eslava. El primero de ellos se anunciaba en Las Provincias presentando a la concertista envuelta en un halo de misterio: Concertista valenciana Josefina Robledo Existe en nosotros cierta corriente de simpatía y natural interés por conocer el arte de Josefina Robledo, guitarrista que en audiciones públicas dadas en la América española, fue apreciada como consumada artista, que sabe sacar al instrumento los mejores efectos. Despertó gran interés en todos los auditorios el modo como esta artista interpreta las composiciones más variadas de los diversos autores. Merece esta artista valenciana un comentario, que por requerir nuestra atención otras informaciones, no podemos dedicarle hoy. Pero señalaremos que su arte es digno de estima y constituye una fiel evocación del espíritu sutil y refinado de Josefina Robledo, que en el concierto de esta tarde en el coliseo de Eslava, dará muestras inequívocas de su valor491. Dos días más tarde, Chavarri no pierde la ocasión para apoyarla con una crónica entronizadora. Josefina ha tenido ya tiempo de transcribir para su guitarra la pianística “Leyenda del Castillo Moro” de Chavarri, cosa que el compositor y crítico agradece al final del ensalzador texto: DE ARTE Josefina Robledo da un recital de guitarra En la linda sala de Eslava se presentó el domingo por la tarde, ante la afición musical de Valencia, la concertista de guitarra Josefina Robledo. Tiempo ha fue a tierras de América, llevó a los grandes públicos el alma mediterránea y el arte maravilloso de su maestro Tárrega…, y triunfó Josefina en toda línea. Hoy vuelve a descansar un poco en su patria; ruegos de amigos y aficionados fueron oídos, y la artista se ha presentado al pueblo. El palmario resultado no lo olvidará la artista, ni tampoco, claro está, sus oyentes. Estas líneas representan nada más que una impresión muy parcamente trazada; luego veremos por qué. Ante todo, debe decir el que suscribe que siente culto íntimo por la guitarra española, instrumento de confidencias, de horas nocturnas en jardines, de sonoridades dulcísimas… La guitarra triunfó en las mejores épocas de nuestro arte, acompañó los esparcimientos cortesanos en nobles alcázares, y… también en su especie de popular vihuela fue la que acompañó con sus sones, por ventas y posadas, el nacer de aquella portentosa creación del gran Cervantes. Y he ahí cómo Josefina Robledo ha venido a ser una encarnación legítimamente hispánica del alma del instrumento nacional. Su sensibilidad valenciana, su técnica admirable, dan a sus interpretaciones un encanto positivo. Josefina Robledo consigue que el público se olvide del momento y del lugar, se olvide del tecnicismo, y a veces hasta de la gentilísima artista, que suavemente, confidencialmente inclinada sobre la sonora caja del misterio, evoca lejanías 491 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18478 – 26 de abril de 1925, p. 2. 340 ensoñadoras. Y es que el público se siente penetrado por vibraciones de la guitarra (alma de sonido parecen), y despojándose de toda materialidad, goza la espiritual emoción evocada por la artista. El teatro estaba concurridísimo y esta fue ya la primera sorpresa grata que tuvimos. Las ovaciones cariñosas y entusiastas se sucedieron con crecente entusiasmo. Josefina Robledo rindió culto a Tárrega en la primera parte: ¡hizo revivir el alma del genial guitarrista! Y como es también una notabilísima adaptadora, puso en el programa transcripciones realizadas con toda felicidad: ejemplo de ello, la «Leyenda» del que suscribe, de efecto insuperable en esta transcripción (gracias le sean dadas a Josefina Robledo), o la lindísima «Berceuse», de Ylinsky… Una hermosa sesión de arte, y un triunfo feliz para nuestra genial paisana, pues el público salió… pidiendo nuevos conciertos. E. L. CHAVARRI492 Esta entusiasta petición del público se vio, como hemos dicho, cumplida por triplicado, multiplicándose los elogios hasta el punto de que ya en las crónicas del tercero de los recitales se la compara con los más grandes y célebres divos de la ópera. En esta tercera actuación, la Robledo volvió a interpretar una obra de Chavarri, la Gitana de las Siete Piezas, con el beneplácito del crítico de El Pueblo hacia obra, compositor e intérprete. He aquí unos extractos de las más destacadas críticas: Ayer por la noche se dio en este teatro el tercero y último concierto de los anunciados a cargo de la gran guitarrista Josefina Robledo, la genial artista que en su género es una de las primeras notabilidades mundiales. Para estar de actualidad, diremos que Josefina Robledo es una Fleta o Caruso en la guitarra… pero con una dosis de musicalidad íntima mayor que la de muchos divos. Y con sus gentiles manos, sus manos prodigiosas, el concierto de anoche fue una vez más un triunfo para la artista. Detallar es imposible: cada obra, cada autor, cada estilo son interpretados por Josefina Robledo con igual amor e igual devoción. La sencillez de Haydn, la intimidad de Sor, la sobria elegancia de Gluck o las airosas poéticas impresiones de Albéniz y Granados (sobriamente transcritas por Josefina Robledo para la guitarra, hasta el punto de que no pierden carácter, y aún obras hay que lo ganan), todo ello fue motivo para grandes aplausos, llamadas a escena sin fin, ovaciones admirativas. Acabó el concierto, y el público no se levantaba de sus asientos: querían más y más obras; así fueron surgiendo nuevas producciones de Tárrega (que Josefina Robledo interpreta con profunda devoción)493. Si grande fue el éxito de nuestra paisana Josefina Robledo en los dos primeros conciertos de guitarra dados en el teatro Eslava, el tercero y último celebrado anoche constituyó algo así como una consagración definitiva elevada a la gentil artista por el corazón de los valencianos, a los que con su arte mago hizo gozar momentos de deliciosa sublimidad. Público selecto, efusividad franca, entusiasmo sin dobleces de ningún género, aplausos que sonaban mucho porque movían las manos impulsos que partían de lo más íntimo del pecho y por motivo [d]el arte de Josefina Robledo, que es como vibración de alma arrancada a la guitarra y difundida por el espacio con las inefables sonoridades que fijaron en el pentagrama el dolor, la angustia o la alegría de geniales compositores: ello es el conjunto y resumen del concierto de anoche. No sabemos si por ser la guitarra un instrumento genuinamente propio de nuestra patria, evocador por tanto de todo cuanto mueve nuestra sensibilidad en mayor grado, o porque fueron sus dulces sones como el arrullo cariñoso de nuestro primer sueño o porque a todo esto se une la 492 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18479 – 28 de abril de 1925, p. 1. 493 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18490 – 12 de mayo de 1925, p. 5. 341 prodigiosa magia de las manos brujas de Josefina Robledo, lo cierto es que pocas veces hemos sentido tan intensa emoción como anoche escuchando el «Claro de luna», de Beethoven, el «Sueño», de Tárrega, y las «Valencianas», de Salvador (obras estas dos últimas ejecutadas fuera de programa ante los insistentes y calurosos aplausos del público)494. El público de Valencia no se saciaba de escuchar a la virtuosa que, envuelta en su leyenda de concertista internacional de éxito en la América española, resultaba irresistiblemente atractiva. Cada vez que se anunciaba un recital el lleno estaba garantizado. Por ello tan solo una semana más tarde, el 20 de mayo, aún volvía a ofrecer otro, en este caso en el Ateneo Mercantil. Un Chavarri rendido a sus encantos musicales sería el encargado de ejercer las veces de anfitrión glosando la larga trayectoria artística de la todavía muy joven Robledo: El salón Gótico del Ateneo Mercantil se vio anoche concurridísimo. El solo anuncio de que la eminente guitarrista valenciana Josefina Robledo daba un recital, bastó para que los socios de dicha entidad y sus familias llenaran el local destinado para el concierto. Para la presentación de esta prodigiosa maga de la guitarra fue designado nuestro querido compañero señor López Chavarri, y nadie como él, una de nuestras prestigiosas mentalidades en la música, podía hacerlo con mayor propiedad y conocimiento. El señor Chavarri empezó por decir que la señorita Robledo no necesitaba presentación, ya que era conocidísima por el público valenciano, y que no se trataba precisamente de una gloria local, sino verdaderamente mundial. Después pasó a hacer un poco de historia sobre el origen de la guitarra, instrumento de cuerda genuinamente hispánico; dijo también que dicho instrumento no es plebeyo, como algunas gentes creen, sino por el contrario, de elevados personajes, que a través de los años lo han cultivado con especial predilección. Ensalzó el arte prodigioso de Josefina Robledo y dio a conocer a los concurrentes el gran temperamento musical de esta magistral artista de la guitarra. El señor Chavarri fue calurosamente ovacionado. La señorita Josefina Robledo, una vez terminada la presentación que de la misma hizo el señor Chavarri, subió al estrado, siendo recibida con grandes aplausos. Ya sabe nuestro público cuánto vale el corazón artístico de esta gentil valenciana, y cómo su prodigiosa técnica sabe ponerse al servicio del sentimiento de las obras en vez de querer lucir por sí sola y con efectismos exteriores. Una vez más anoche la musicalidad grande de Josefina Robledo triunfó de la masa. Lo mismo las delicadezas de Sor, que las modernidades de Ilynsky, las añoranzas de Granados, que las grandezas de Albéniz y las inolvidables obras de Tárrega, todo sirvió para que Josefina Robledo se mostrase artista maravillosa. Como sentimiento y como realización. Su ejecución impecable produjo verdaderas ovaciones entusiastas a más no poder495. Josefina Robledo se había marchado siendo una adolescente a América. Ahora, después de cerca de un año desde que regresara a Valencia, Chavarri la veía convertida en una joven y fascinante mujer e intérprete. La amistad de Robledo con el compositor, fruto del continuo apoyo que este le había dado desde el principio de su carrera – también en los momentos más difíciles– no hizo más que crecer durante ese año. En agosto ella escribía desde su casa de Burjasot una reveladora carta dirigida a su “ilustre amigo” que demuestra que la Sonata II tuvo un origen muy distinto al de las anteriores obras guitarrísticas de Chavarri. No era él quien se dirigía a la intérprete en esta ocasión 494 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXXII, número 11678 – 13 de mayo de 1925, p. 2. 495 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18498 – 21 de mayo de 1925, p. 3. 342 (como había hecho con Llobet y Segovia) sino que la idea había surgido de Robledo probablemente desde su vuelta a España. Además, deseaba con tal fuerza la sonata que no dudaba en usar refinadas y sutiles armas de persuasión para no tardar demasiado tiempo en conseguirla: Burjasot 28–VIII–1925 Mi ilustre y admirado amigo. Estoy estudiando con mucho fervor las músicas que V. tan gentilmente me dejó. No imagina querido amigo cuan agradecida le estoy y qué animada me siento para seguir estudiando ¿Cuándo me dará el inapreciable placer de su visita? Al mismo tiempo casi no me atrevo a decírselo pero yo quería tanto su sonata ¿Por qué me la hace desear tanto? Ruego a V. encarecidamente, perdone mi insistencia pero es que en mí es ya una obsesión, me despierto y ya está la sonata en el pensamiento hasta que vuelvo a dormirme y vuelve a aparecer en forma de pesadilla ¡Ay! No puedo más, mándemela si no quiere ver enloquecer a su pobre amiga que tanto le admira y venera. Josefina Robledo496. Tarjeta Postal de Josefina Robledo a Chavarri (BV, sign. AELCH–CR–2226) En ese momento, el nivel de implicación de Chavarri con la artista era total; la admiración por el encanto de las primeras e inocentes interpretaciones de una niña se había convertido ahora en una total fascinación por la discreta personalidad de Josefina, su sosegada inteligencia y su contrastantemente complementaria y abrumadora capacidad comunicativa en los escenarios. Pero nada mejor que las mismas palabras del compositor para comprender sus percepciones y sus emociones: en septiembre salía publicada en Las Provincias la crónica de la visita de Chavarri a la guitarrista en su casa de Burjasot. En realidad, más que ante una crónica estamos ante un pequeño relato literario, descriptivo, una pintura romántica en la que una Robledo idealizada aparece 496 Tarjeta Postal de Josefina Robledo a Chavarri (Burjasot 28–08– 1925). Conservada en BV, con sign. AELCH–CR–2226. 343 retratada como el paradigma de mujer valenciana: bella, culta, reservada y, a la vez, cautivadora: Veraneo de artistas Josefina Robledo en Burjasot. – Tárrega – El jardín de los pinos – La puesta de sol y la guitarra soñadora. Mucho tiempo vivió Josefina Robledo fuera de España. Su espíritu gentil fue depurándose, su sensibilidad femenina se adiestró en sutiles matices de arte. Y al volver a su tierra, escondióse en familiar retiro. Allí fuimos a verla. Es en la montaña de Burjasot, cerca de los Silos; lugar un día casi desierto y hoy lleno de lindas casitas, desde las que puede verse la espléndida huerta valenciana. Se sube por las gradas de la antiquísima construcción, se entra luego en calle ancha, despejada y silenciosa. ¿No habéis sentido nunca el encanto de esas calles a todo cielo, llenas de luz y de soledad y de silencio? De lejos llegan rumores urbanos, tenues, sin la bárbara actualidad de la cercanía. Y con ellos, más perceptibles, vienen rumores de brisa del mar que pasó por campos floridos; y más cerca todavía, surge cantar de pájaros… En esa dulce soledad (tan cerca de las gentes, y sin embargo tan lejos) estudia incansable la selecta artista valenciana Josefina Robledo. Ir a su retiro, es sorprender una intimidad femenina, intimidad musical que tiene el encanto de la existencias sinceras, que por la palpitación del arte viven. Las alegrías de niños, atrás quedaron. La silueta del antiguo ermitorio, dorada por el sol de la tarde, levanta su cúpula esbelta entre árboles y bajo un cielo azul intensísimo. Es la paz de Valencia… Entre aquella suavidad de silencio se oyen de pronto voces tenues, armonías de ensueño… la voz de una hispánica guitarra. Es Josefina Robledo que en su dulce retiro trabaja. La casita tiene encanto acogedor. A la derecha, la salita de estudio ¡evoca tantas horas de arte! Allí los retratos y recuerdos del gran Tárrega, el maestro inolvidable; allí los testimonios elocuentes de grandes triunfos de la artista… Porque esa joven, modesta, silenciosa, que no sabe de «pose» ni de reclamos, ha tenido triunfos grandísimos… Allí también, testimonios de grandes maestros en admiración de la valenciana gentil. Y en otro lado libros de predilectas lecturas, libros de exquisita selección: Cervantes y Pereda, Tirso y Palacio Valdés, Rubén Darío, Rusiñol, Oscar Wilde… Afán, afán de lectura, que es una manifestación de la sed de arte que tienen los elegidos. El tiempo es aprovechado por Josefina Robledo de manera tenaz. No solamente ha de mantener su técnica portentosa con ejercicios diarios, sino que ha de ir formando programas. Ha tenido el buen acuerdo de estudiar las obras de los clavecinistas, que no sufren desvirtuamiento al interpretarlas en guitarra (antes bien, se aproximan mejor a su verdadero carácter), y a la manera de los grandes músicos de los siglos XVII y XVIII, Bach, Couperin, Rameau… Josefina Robledo ejecuta esas obras la mayor parte de las veces como están escritas para el teclado, y aún hace el alarde de ejecutarlas a primera vista leyéndolas directamente en la forma pianística. Este detalle prueba la maestría de la artista valenciana. En contraste con lo anterior, estudia y transcribe con escrupulosa fidelidad obras modernísimas de las escuelas más avanzadas. Y al surgir de entre las cuerdas del hispano instrumento, esas obras extrañas aparecen luminosas, claras, comprensivas… y entonces acaba de apreciarse el instinto musical privilegiado de Josefina Robledo. En un pequeño jardín de la morada existen unos pinos enormes; a la hora del crepúsculo, cuando el sol poniente vuelve de oro sus centenarias copas, los pájaros se acogen al sitio en deliciosa algazara. Y entonces, al pie de los viejos troncos, en la frescura de la enramada, siéntase la artista y su guitarra empieza a desgranar melodías y armonías suavísimas, que suben a lo alto como perfume de sonidos, como íntima oración musical. Entonces los pájaros van cesando en su charla, y quedan atentos, escuchando aquella increíble maravilla, y las flores del jardín también parece que escuchan estirando sus pétalos, y por entre unos cipreses asómase también la luna para escuchar aquellos sones, que suavidades de su brillar de plata parecen… 344 La artista Josefina Robledo es entonces la voz del alma valenciana, en su más íntima, femenina y noble palpitación497. Los afanes guitarrísticos de Robledo relatados por Chavarri en este artículo estaban totalmente justificados por los empeños que iban a presentársele. El ambicioso plan que la intérprete había ideado era sencillo; debía conseguir triunfar en el centro de la renovación de la música para guitarra –que lo era desde aquel legendario concierto de Segovia en el Teatro de la Comedia de 1923–, la capital del modernismo guitarrístico: Madrid. Con ella viajarían algunas obras de Chavarri que ya tenía en el repertorio pero la nueva sonata también estaba en camino… 497 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18602 – 19 de septiembre de 1925, p. 5. 345 3.5.4. Cronología de la Sonata II: Josefina Robledo debuta en Madrid Sabemos que Chavarri atendió al requerimiento que leímos en la carta de Josefina. En pocos días había terminado de componer el primer movimiento de su anhelada Sonata II, al fin, y se lo había hecho llegar a la guitarrista. A finales de septiembre, Robledo volvía a escribir a Chavarri manifestándole su esperanza por poder volver a encontrase con él antes de viajar a Madrid. No desaprovecha la ocasión para pedirle su mediación para contactar con algún personaje influyente de la capital, ya que su ambiciosa visita a la metrópoli era una verdadera pirueta sin red. Por si fuera necesario localizarla, le informa también de su próxima dirección en Madrid: 29 – IX – 1925 Mi ilustre y admirado amigo. En el rápido del próximo jueves, día 1º de octubre, salgo para Madrid. ¡Me gustaría tanto ver a V. antes de irme! El 1er tiempo de su cada vez más linda Sonata ya lo sé de memoria hace días. ¿Empezó ya el 2º tiempo? ¡Tengo tantos deseos de tener y estudiar toda la Sonata! Me iré muy triste, mi noble amigo, si V. no viene a verme. Si V. tiene alguna relación en Madrid que crea conveniente el presentarme se lo agradeceré infinito pues me voy sin contrato y sin conocer a nadie. Perdone, querido amigo, mi atrevimiento en molestarle. Queda de V. siempre amiga aff admiradora. Josefina Robledo498 Dirección en Madrid – Calle de las Fuentes, 4 – 3º 499 Tarjeta Postal de Josefina Robledo a Chavarri (BV, sign. AELCH–CR–2227) 498 Tarjeta Postal de Josefina Robledo a Chavarri (Burjasot 29–11– 1925). Conservada en BV con sign. AELCH–CR–2227. 499 Esta dirección está curiosamente ubicada justo enfrente de la pensión donde vivió Pérez Galdós sus primeros meses en Madrid. En la street view de Google maps podemos ver una imagen evocadora: frente al restaurante mexicano “La Mordida”, una pareja formada por un señor de mediana edad y una joven se abrazan afectuosamente. 346 La rapidez con que Robledo fue capaz de memorizar e interpretar el primer movimiento de esta difícil obra (difícil sobre todo para un guitarrista de aquellos años) nos habla a las claras del nivel que había adquirido en ese momento de su carrera. Josefina pone el caramelo de la buena marcha de la sonata en la boca de Chavarri sabiendo que el viaje puede ser también para él una bonita ocasión de presentar su nueva obra en construcción y así palpar la respuesta de los más influyentes círculos artísticos de Madrid. Los conciertos de Robledo en la capital –más que probablemente promocionados o, cuando menos, impulsados por Chavarri– iban a celebrarse en octubre. Cierta correspondencia conservada en la BV nos revela que Chavarri mueve sus hilos y contacta con varios de sus colegas más destacados para favorecer el mejor ambiente o al menos una cordial acogida para la guitarrista por parte de la crítica y el público madrileños. El primer concierto de Robledo en Madrid fue una íntima audición privada celebrada el 9 de octubre ante lo más selecto del mundo musical capitalino. Nada menos que Adolfo Salazar500 (firmando como “S.”) fue el encargado de redactar la crónica para El Sol; en ella se muestra encantado con este primer tiempo de la nueva sonata de Chavarri501: CONCIERTOS Josefina Robledo: una gran guitarrista Apenas ha comenzado la temporada y ya hemos escuchado un excelente recital de guitarra. No creemos aventurado suponer que este año va a ser pródigo en recitales de esta índole. Si es así, bien empezó el curso, y quien toca primero toca dos veces. Por dos conciertos valió, en efecto, el que ayer ofreció, en el domicilio de la A. de C. M., en la intimidad de un grupo de críticos, profesionales y aficionados de calidad la señorita Josefina Robledo, discípula que fue del gran Tárrega cuando era muchachita. La señorita Robledo, desde entonces, ha llegado a convertirse en una gran artista, Si es poco conocida aún en España consiste en que aun cuando es española –valenciana–, ha vivido largos años en América. Diez años de concertista en el joven Continente le han proporcionado allá un vasto renombre, que ahora va a revalidar en la patria. La gran cualidad de Josefina Robledo es un rico, voluminoso, cálido sonido, de gran robustez y pastosidad: sonido redondo, denso, muy vario en color. Su técnica es ágil y nerviosa y su estilo presenta sabrosos contrastes. Sentimiento y emoción son otras cualidades notorias en esta concertista de vehemente y apasionado temperamento. Tocó muchas obras, de Tárrega especialmente; una preciosa «Gavota» de Glück transcrita por ella; dos agradables trozos del hispanista francés Henri Collet, un estudio de Cramer, otro de Ilinsky, la Sonatina de Moreno Torroba y dos trozos de positiva belleza de Eduardo L. Chavarri: uno, la “Leyenda del viejo castillo moro”, que aún nos agrada más en la transcripción de la 500 Salazar mantuvo con Chavarri una relación muy cordial y de sincero respeto. En la BV se conservan algunas cartas que atestiguan esta franca amistad. V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, pp. 253-254. 501 Ya que la cronología de los mss. de la Sonata II no ha estado disponible hasta fechas recientes y la obra no vio su edición hasta 1957, Javier Suarez–Pajares razonablemente creyó que este tiempo de sonata admirado por Salazar era el de la Sonata I [V. en Suárez–Pajares: “El encuentro de Rodrigo con la guitarra” (2001), p. 41]. Las nuevas pruebas que hemos obtenido demuestran que realmente se trataba del de la Sonata II. 347 señorita Robledo que en el original para piano y un tiempo de “Sonata” excelente, hermoso trozo de música para guitarra. Pronto oiremos en público a la señorita Robledo. S.502 Este primer éxito abrió a Josefina las puertas del Teatro de la Comedia donde a finales del mes de octubre tocaría dos nuevos conciertos, estos ya para el gran público. Salazar informaba del éxito de Robledo en una escueta aunque elogiosa crónica para el mismo periódico: Recital de Josefina Robledo Después de la sesión íntima que esta guitarrista valenciana ofreció hace días en el salón de una popular Asociación de música de cámara, se presentó ayer ante el gran público para revalidar los elogios que su primera actuación mereció de críticos y aficionados. En su recital de ayer Josefina Robledo escuchó aplausos en gran abundancia. Salvo tres obras ―Gluck, Beethoven e Ilinsky―, el resto eran españolas, y en este número incluimos el «Bolero» de Collet, de fina línea melódica. Sors, el gran clásico de la guitarra; Tárrega, el gran clásico de la época moderna en ese instrumento; Chávarri [sic], Malats, Granados y Albéniz componían el agradable programa que prolongó en repetidos números de regalo. S.503 Segundo recital de Josefina Robledo Esta guitarrista dará una segunda audición con el siguiente programa: «Andantino» y «Minueto», Sors. «Dos preludios», «Danza mora» y «Recuerdos de la Alhambra», Tárrega. «Canción de cuna», Pujol. «Sonatina», Moreno–Torroba. «Gitana», Chavarri. «Cádiz», «Oriental» y «Asturias», Albéniz. Esta audición se celebrará en la Comedia el martes día 3 de noviembre, a las seis de la tarde504. Dentro de un ámbito de privacidad como es el de la correspondencia podemos conocer las opiniones de los músicos que la escucharon con aún mayor marchamo de veracidad. En las cartas que Chavarri recibió de ellos leemos impresiones similares. Cecilio Pla, paisano y colega de los pinceles, había sido uno de los primeros en responder positivamente a los requerimientos de Chavarri para ayudar a poner buen rumbo a la presentación de Robledo en Madrid: Madrid, 19–X–1925 Sr. Don Eduardo L. Chavarri: Muy querido amigo: Tuve el gusto de conocer a la ilustre artista Josefina Robledo, muy simpática, que el próximo viernes oiremos en el Teatro de la Comedia. La he ofrecido presentarla a Arbós el día del concierto. No soy ya de la Junta del Círculo, y a pesar de que suspendieron los conciertos y conferencias en el local por razón de economías, trataré de buscar con los amigos de la Junta un medio de conseguir algo. Veremos. 502 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2543, 10 de octubre de 1925, p. 4. 503 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2562, 24 de octubre de 1925, p. 4. 504 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2567, 29 de octubre de 1925, p. 4. 348 La artista merece toda admiración y afecto, creo que gustará mucho505. Rogelio Villar, gran amigo de Chavarri y primer director de la revista Ritmo, con la que tanto colaboró nuestro compositor, también le informaba en esas mismas fechas sobre el éxito de su adorada musa y sobre la buenísima impresión que provocó entre lo más granado de la profesión el primer movimiento de la Sonata II, que calificaba con el mejor adjetivo posible en ese tiempo y lugar: “nuevo”: 29–X–1925 Querido Eduardus: Por la simpática guitarrista Josefina, he tenido noticias gratas de V. Ha tenido un éxito completo y he procurado hacerle el ambiente que merece entre la gente de periódicos –no digo críticos–. Su tiempo de Sonata, que le he oído más de una vez, ha hecho aquí una gran impresión. Es hermoso de veras y nuevo, como a mí me gusta lo nuevo. Abrazos. Rogelius506 También Rafael Guzmán (personaje que había marchado a Madrid por indicación de Chavarri para estudiar composición con Bartolomé Pérez Casas en el Conservatorio y del que no conocemos más datos que los que aporta él mismo en una carta con fecha de 2 de noviembre, conservada en la BV) supone que Chavarri “ya sabrá que Josefina Robledo obtuvo un gran éxito y repite el concierto. En los dos programas hay obras de V.”507. Esta información parece indicar que, en noviembre, Robledo debió ofrecer algún otro concierto en Madrid, si bien no hemos localizado otras pruebas que lo demuestren. En diciembre, el sueño madrileño había finalizado con un buen sabor de boca y Robledo regresaba a Valencia para considerar nuevos proyectos. Nada indicaba entonces que, a la postre, estos tendrían tan poco recorrido. 505 Carta de Cecilio Pla a Chavarri (Madrid, 19–X–1925). V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 116. 506 Tarjeta postal de Rogelio Villar a Chavarri (29–X–1925). V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 339. 507 Carta de Rafael Guzmán a Chavarri (2–XI–1925). V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 1, p. 242. 349 3.5.5. 1927, Josefina Robledo se retira de los escenarios. 1940, última revisión de la obra Domingo Prat, colega y admirador, lamentaba en 1931 que Josefina Robledo hubiese abandonado los escenarios cuatro años antes. Según su relato, el matrimonio con Ricardo García de Vargas –personaje cuya labor intelectual más destacable fueron sus escritos como cronista oficial de su pueblo, Godella– le demandaba apartarse de los escenarios: El Amor, dominante y egoísta, la ha apartado de su contacto con el público. Desde ese momento, no tuvimos oportunidad de escucharla más. El arte de la Robledo era noble y sobrio; su ejecución delicada y arrogante maravillaba al auditorio. De los discípulos que siguieron al maestro Tárrega, al dejar de pulsar con yema–uña, en 1900, ninguno sobresalió tan ventajosamente como la que nos ocupa. Como compositora, no se le conoce ninguna obra original publicada. Su repertorio fue ecléctico, abundante y de lo mejor, dominando las transcripciones. El dolor de perderla, viviendo, es mucho para quien tanto ha admirado el arte de Josefina Robledo, máxime habiendo llegado a la altura de los más grandes instrumentistas que hemos conocido. (1931)508. Ricardo García de Vargas: Ensayo histórico sobre la Iglesia Antigua de Godella (1956) Ella misma lo recordaba así en una entrevista de 1960, que ya conocemos bien, en la que declaraba que en aquel momento álgido de su carrera su prometido le forzó a decidir entre “amor o conciertos” y que, gustosamente, “eligió las cadenas”. Pero una frase que añade a continuación nos da pistas de otras motivaciones añadidas y no menos influyentes en su decisión: 508 Prat, op. cit. (1934), pp. 263-264. 350 —Tampoco yo he tenido apetencia de triunfos como base de mi vida –continúa ella–. Yo soy mujer de hogar. Me gusta mucho el arte, ¡ya lo creo! Gusto de él y uso de él como de una joya que no todos, aún los poderosos de la tierra, pueden poseer509. Tal como nos recuerda Suárez–Pajares, algunos críticos menos benignos con Robledo habían hecho la observación de que al regresar de América se había encontrado con un mundo guitarrístico muy distinto al que dejó en 1914: nuevo, modernista, totalmente transformado por el Homenaje y la tormenta creativa provocada por los compositores que se vieron estimulados por Falla. Hablaban de que su repertorio necesitaba una actualización y estaba algo anticuado510. Pero no solo era ese sector de la crítica el que no apreciaba justamente el arte de Robledo (anacrónico quizás para un tiempo en el que el calificativo de “nuevo” era un valor per se, pero también refinado y elegante). En diciembre de 1925, nada más regresar a la terreta, visitaba Alcoy para recibir una distinción por parte de una asociación musical local. En una entrevista publicada en Las Provincias describe –a pesar de su recientísimo gran éxito madrileño– la amargura que le produce la desconexión con el público, que no comprende su arte. Robledo no podía dejar de ser esa guitarrista romántica de su niñez y su primera juventud percibida como un ángel que apenas pisaba el suelo al caminar; no dejaría de ser la proclamada heredera del maestro romántico por excelencia, Tárrega: ―Cuando me inclino sobre mi guitarra, créalo, me olvido del público, hasta de mí misma: una suprema abstracción se posesiona de mi ser. Y toco con el nerviosismo, la fe y el fervor de mi niñez, ¡de siempre! Pero me gustaría tocar para mí sola, para mis amigos, en una recatada intimidad; el auditorio no comprende el valor, el sacrificio, el esfuerzo que ha costado adquirir un estilo personal, único. Como no lo comprende, ríe y bosteza desdeñosamente, indiferentemente. Y ello es tan doloroso, hiere tanto… Con sus dedos pulcros aparta de su sien derecha una melena rebelde y audaz; audaz y rebelde como su espíritu valeroso, que ha sabido imponerse y vencer. (…) Y a una aseveración mía. ―Yo no soy modesta, nada modesta, está usted equivocado. Y, al decir esto, sus labios finos y bermejos entreábrense unos momentos para dejar en mis oídos el tintineo luminoso y confortante de una de sus inimitables risas. A mi corazón llega, divinizada511. A pesar de este pesimismo, aún hemos encontrado un anuncio en la prensa sobre una nueva gira americana de Robledo proyectada a partir de mayo de 1926512, aunque no tenemos constancia de que llegara a realizarla. Uno de sus conciertos de despedida de los escenarios se celebró en Alcoy, donde tanto la querían y apreciaban. La noticia apareció publicada el 10 de febrero de 1927: 509 Las Provincias: diario de Valencia: año 95, número [?], 27 de noviembre de 1960, p. 16. 510 Entrevista a Javier Suárez–Pajares, por Isabel Dobarro para su programa “Mujer y música”. V. en [consultada en junio de 2021]. 511 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18659 – 16 de diciembre de 1925, p. 2. 512 V. en Las Provincias: diario de Valencia: año 61, número 18786 – 25 de Mayo de 1926, p. 6. 351 LA DESPEDIDA DE LA GUITARRISTA SEÑORITA ROBLEDO Como anticipé, esta noche, en el teatro Calderón, se ha celebrado el concierto con que la notable guitarrista señorita Josefina Robledo se despedía del público alcoyano. En este concierto ha tomado parte la Sociedad La Armónica Alcoyana, a cuyo cargo ha corrido la tercera parte del programa. El público, que llenaba por completo el teatro, ha tributado una entusiasta manifestación de cariño a la distinguida concertista, que en breve contraerá matrimonio. También ha sido muy aplaudida La Armónica Alcoyana513. Después de esta fecha, las apariciones de Robledo ante el público no desaparecieron por completo pero estuvieron restringidas a colaboraciones escogidas dentro del protegido y nada escandaloso entorno de Valencia y sus alrededores514. Entre ellas destaca el recital de homenaje a Tárrega en Villareal (1952), en el que participó estelarmente y del que ya dimos cuenta en el cap. 2.2.5. Aún así, su colaboración con Chavarri no se interrumpió y desde su retiro siguió encargándose de revisar la Sonata II y también varias de las obras para guitarra que Chavarri compuso con posterioridad a esta. De ello trataremos en el último capítulo (3.6) de este trabajo. El ms. definitivo, con la revisión de Robledo, que serviría de base para la publicación de la obra, está firmado en septiembre de 1940. Hay otra anotación autógrafa en ese manuscrito que nos informa del momento en que Chavarri registró la obra una vez que estaba conforme con el resultado de la revisión: “Propiedad intelectual. Registrada 20 Dbre 1949 en el Registro Universidad Valencia (biblioteca)”. Detalle del encabezamiento de un ms. autógrafo de la Sonata II de ELCH (BV, sign. AELCH-pro-62-1) 513 Las Provincias: diario de Valencia: año 62, número 19008 – 10 de febrero de 1927, p. 6. 514 V. una de estas colaboraciones en Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20685 – 28 de enero de 1933, p. 15: “el Cuarteto Valencia, conociendo las condiciones excepcionales de la predilecta discípula de Tárrega, Josefina Robledo, consiguió que esta dejase su voluntario alejamiento del público y volviese a ejecutar en la guitarra, en unión de los instrumentos de arco”. 352 Detalle del final de un ms. autógrafo de la Sonata II de ELCH (BV, sign. AELCH-pro-62-1) 353 3.5.6. Emilio Pujol y su papel en la publicación de la Sonata II (1957) Creemos que la relación de Chavarri con Emilio Pujol (1886–1980) se podría remontar al menos hasta aquel año de 1915 en el que los herederos guitarrísticos de Tárrega se reunieron en Valencia. No obstante, los primeros documentos que acreditan esta relación los hemos encontrado en la correspondencia entre ambos músicos: el 5 de octubre de 1927 Pujol escribía a Chavarri desde Salzburgo agradeciéndole y dándole acuse de recibo de un manuscrito de la Sonata II que le había enviado en algún momento de su gira centroeuropea515: Amigo Chavarri. Agradecidísimo por el envío de su IIª Sonata. Por ahora viaja conmigo. Su momento llegará en París. Me ocuparé detenidamente y con fervor de manosearla. Y conste que soy yo el agradecido. Si el comentario que me anuncia sale pronto, mándemelo a Munich ¿quiere? He de estar por aquí todo este mes. Matilde le agradece y devuelve su saludo. Un apretón de manos. E. Pujol516 515 Díaz y Galbis contemplan en su monografía, entre las cartas no transcritas, una de Emilio Pujol anterior a la que aquí presentamos fechada el 11 de abril de 1927. Sin embargo, esta carta no se encuentra actualmente catalogada en la BV y no tenemos otro dato sobre ella que no sea el de la citada referencia. 516 Tarjeta postal de Emilio Pujol a Chavarri (Salzburgo 05–X–1927). Conservada en la BV, sign. AELCH–CR–2054. 354 Verso y reverso de una Tarjeta postal de Emilio Pujol a Chavarri (Salzburgo: 5–X–1927) Como leemos en la tarjeta, Chavarri, además de enviarle su Sonata II (huérfana de intérprete tras el matrimonio de Robledo) le había informado en una anterior carta –a la que no hemos conseguido tener acceso– que pronto aparecería una crítica de su firma en Las Provincias dedicada al espléndido artículo que Pujol había escrito para la Encyclopédie de la Musique de Lavignac517. ¡Y tan pronto! El día siguiente salía publicada la elogiosa reseña en el número del 6 de octubre del diario valenciano: Para los amantes de la guitarra Enciclopedia de la Música.― La guitarra, por Emilio Pujol UN TRATADO DE EMILIO PUJOL Grata sorpresa la que nos produce el joven artista, el concertista famoso, presentando en el gran libro enciclopédico la más completa, justa, atinada y atrayente historia de la guitarra que jamás se haya escrito. Emilio Pujol es de los continuadores del gran Tárrega. Con los Llobet, los Fortea, J. Robledo, y luego Segovia, Sainz de la Maza, se ha formado una pléyade de grandes artistas, que están en la consideración de los públicos extranjeros como lo puedan estar los mejores concertistas de otros instrumentos. Decimos esto porque en España todavía no sabe la ignorancia de las gentes distinguir el arte de un guitarrista del de un ciego de la calle; algo como si a Sorolla le diesen la importancia de un pintor de «carasetes» o de «cachirulos». El arte moderno de la guitarra vuelve a recuperar su esplendor de antaño, y todo ello nos lo hace ver Emilio Pujol, quien, además de famoso músico y famoso ejecutante, resulta un primoroso escritor y un historiador clarividente. Condiciones necesarias para figurar entre los escritores de la gran Enciclopedia. Emilio Pujol ha escrito un verdadero libro. Comienza por un estudio crítico e histórico de los orígenes y evolución del instrumento. Sagazmente busca en testimonios de poetas e historiadores, 517 Lavignac, Albert: Encyclopédie de la Musique (1927). Editada en París, Librairie Delagrave. V. en línea en [consultada en julio de 2021]. 355 la primera vez que una cuerda en tensión vibró y como ello se hizo musical. Después las revelaciones de papiros, tumbas, pinturas murales de palacios, etc. (todo ello con numerosísimos e interesantes grabados), nos hacen ver las evoluciones de los instrumentos precursores de la guitarra a través de la historia. Ello es sugestivo en alto grado, y el autor nos va llevando por los misteriosos pueblos de Oriente en su vida musical hasta llegar a los árabes: y de allí, ¡a España! Esto le sirve para presentar las primeras citaciones literarias y musicales de la guitarra: las incomparables miniaturas de las Cantigas de Alfonso el Sabio y poesías del Arcipreste de Hita, etc. Y se establece enseguida la distinción entre guitarra latina y la morisca (con sus dibujos). Llega el Renacimiento y con él un libro inestimable: la «Declaración de Instrumentos de Bermudo» (año 1555). Escrito en castellano es un tratado de música y de instrumentación con preciadísimos detalles de la vihuela, la guitarra, su acorde y su técnica, incluso un grabado en el margen en el que se indican posiciones de los dedos. De aquí en adelante los tratados se suceden. Pero con terminología que solo un maestro iniciado puede descifrar. Y ello lo realiza Emilio Pujol de modo palmario, explicando con frases y notación actuales aquellas doctrinas. La guitarra ha destronado al antiguo laúd, y es instrumento de lujo: damas y galanes, príncipes, reyes, lo tañen. ¿Veis cómo estamos muy lejos del inmotivado desdén que los diletantes de música actuales quieren otorgar a ese admirable instrumento? Siglo XVIII. El clavecín es rival terrible y parece obscurecer la guitarra. Pero renace al final del siglo. En España, Miguel García, que luego fue fraile y conocido por el P. Basilio, no dejó de cultivar el instrumento; y con él aparecen Moretti, Aguado y el gran Sor, que inicia el siglo XIX. Desde aquí, la guitarra española parece ir a revivir en París, en donde aún tiene un gran ambiente. Huerta, Fargas, el famoso Arcas, preparan la época moderna que parece resumirse en el insigne Tárrega, perfeccionador del instrumento, de la técnica y del estilo: un arte nuevo surge con ilimitados horizontes. Y en seguida todos los grandes artistas actuales, de los que Emilio Pujol es uno de los representantes más ilustres. Pero hace más Pujol: no solo habla de maestros y de artistas: cita y transcribe sus métodos y sus temas. Habla luego de hombres célebres populares o artistas de la guitarra. Discute minuciosamente el instrumento y su factura (buena mención para la escuela valenciana), todo maravillosamente detallado, claro y siempre lleno de interés. Luego un tratado melódico de técnica guitarrística, desde la posición del instrumento y producción de sonidos, hasta digitaciones y efectos de colorido sonoro. Por último Pujol, sabiamente, sabe estudiar y aplicar los efectos populares, los del estilo gitano, baturro, etc., aplicables al arte. Y así nos da una idea total del gran instrumento español, haciendo ver que se puede considerar como instrumento polifónico, como interpretador de minués, zarabandas y obras clásicas, y hoy modernísimo, nuevo y original. Tal es la ofrenda que Emilio Pujol hace magistralmente a nuestra guitarra en la famosa Enciclopedia francesa Delagrave. E. L. CHAVARRI518 Pujol se siente halagado y está entusiasmado con los comentarios de Chavarri. Continúa su ajetreada gira y el 26 de octubre le vuelve a escribir desde Praga para contarle que está empezando a trabajar la Sonata –muy poco a poco–. Tan despacio progresó su estudio que nunca la llegó tocar… la obra, creemos, era demasiado difícil para Pujol y en el fondo también para Josefina. Su escritura presentaba unas dificultades de mecanismo que eran incompatibles con los recursos idiomáticos de la escuela de Tárrega. Y ambos eran guitarristas de otra época: 518 Las Provincias: diario de Valencia: año 62, número 19113 – 6 de octubre de 1927, p. 1. 356 Querido amigo Chavarri. Mil gracias por su magnánimo elogio en “Las Provincias”. Tengo en tanta estima la opinión suya que tengo por premio su aprobación. Voy dando miradas tiernas a la Sonata… por ahora no pasa de “flirt”… espero llegar a París para “arrancarme”. Una vez allí veré a Viñes y en Londres a Jean Aubry para lo de su magnífico concierto valenciano. ¿Puede V. reservarme algún número más de Las Provincias, 6 de Octubre? El 1º de Noviembre estaré en París. Saludos cariñosos de Matilde y míos. E. Pujol519 Anverso y reverso de una Tarjeta postal de Emilio Pujol a Chavarri (Praga: 26–VIII–1927) 519 Tarjeta postal de Emilio Pujol a Chavarri (Praga 26–VIII–1927). Conservada en la BV, con sign. AELCH–CR–2055. 357 Los lazos de amistad entre Pujol y Chavarri no hicieron más que crecer con los años y aunque la edición de la Sonata II en la colección de Pujol se fue retrasando una y otra vez, otros asuntos musicales –cuyo interés compartían, especialmente los musicológicos y literarios– les llevaron a mantener una fluida, amistosa y duradera comunicación epistolar. En la primavera de 1929 Pujol felicitaba por carta al sempiterno soltero Chavarri por su reciente matrimonio (a sus muy respetables 58 años de edad) con la joven soprano Carmen Andújar (de 38), pareja con la que, como ya hemos indicado, formó sociedad no solo sentimental sino también artística. El tono de la misiva es una buena prueba de hasta qué cotas de confianza había ya llegado su amistad. Pujol anda aún a vueltas con la Sonata II y se disculpa por el retraso en su estudio, alegando en su descargo los continuos viajes que su agenda le demandaba: Querido Chavarri. ¡Bravísimo!... El notición ha sido celebradísimo entre todos los admiradores de la espiritualidad hispano–argentina. A Matilde y a mí nos parece estupendamente bien: además se imponía por natural consecuencia. Un elemento formidable de realización con todos los atractivos humanos junto a otro elemento equivalente de creación y… con circunstancias, tal vez en la Siberia podrían vivir contrapuntísticamente, pero lo que es en Valencia… tiene que terminar en acorde perfecto. Su carta (que está fechada el primer día de primavera) nos ha comunicado todo el optimismo de ese feliz arranque de juventud y de alegría y hacemos votos fortísimos para que este nuevo capítulo de vida sea el más inspiradoramente lírico que haya podido concebir el destino en todas las fases de su existencia. Y ahora digo yo también ¿Cuándo nos vemos? ¿Cuándo vendrán Vds. por aquí? Nosotros deseamos siempre ir a Valencia: tal vez podamos dar una escapada en septiembre. Hemos viajado mucho desde que nos vimos y esto ha sido causa de que su Sonata no esté aún del todo a punto pero si logro quedarme ahora un poco tranquilo, la trabajaré y veré si puedo darla la próxima temporada. Matilde se explica ahora el porqué de aquellos ratos de contemplación meditativa junto al mar… El canto venía de lejos y las sirenas tardan en llegar a la orilla. Felicitamos cordialmente a Carmen y [a Vd.] y agradecemos de veras su amable ofrecimiento. Cuentan con la amistad incondicional y afecto de Pujol y Matilde520. 520 Carta de Emilio Pujol a Chavarri (Châtel–Montagne, Allier, 11–IV–1929). Conservada en la BV, con sign. AELCH–CR–2056. 358 Detalle de una Carta de Emilio Pujol a Chavarri (Châtel–Montagne, Allier, 11-IV-1929) La Sonata II no visitaría los escenarios de Pujol, pero ya veremos que por muchos años tampoco Chavarri iba a tener la satisfacción de verla publicada. Los pasos de Pujol iban cada vez menos encaminados al terreno de la interpretación y cada vez más hacia sus mejores cualidades: la composición, la musicología, la docencia y también la edición musical521. Con respecto a la primera de estas facetas, el propio Chavarri alababa la excelencia de Pujol como compositor en un artículo para su periódico que anunciaba la publicación de algunas de sus obras –precisamente con la MEX, editorial parisina que por mediación de Pujol tenía que publicar la Sonata II y no terminaba de decidirse–. Como vemos en su reseña, nada podía ser más ajeno al talante de Chavarri que los celos artísticos. La laudatoria nota artística es de una fecha muy cercana a la de la anterior carta de Pujol: DE ARTE PUBLICACIONES PARA GUITARRA. OBRAS DE PUJOL El renacimiento de este instrumento tan español es ya un hecho. Por doquier se dan conciertos, y los nombres de los grandes concertistas alcanzan justa fama y respeto en todo el mundo. Y si bien consideramos el caso, debemos enaltecer una vez más la memoria de aquel insigne castellonense, Tárrega, iniciador de este renacimiento universal. Entre sus discípulos figura uno de los más notables maestros actuales: Emilio Pujol. Varias veces ha sido citado dicho nombre en estas crónicas junto con los de Llobet, Segovia y otros. Pujol es un artista completo no sólo por ser un gran ejecutante, un concertista de primer orden, sino por ser hombre culto y de cultivado talento. Gracias a él la mejor historia de la guitarra se ha publicado en la Enciclopedia Lavignac. Gracias a él los grandes vihuelistas españoles del siglo de oro, aquellos cuyas músicas deleitaron los oídos de nuestros virreyes en el Palacio del Real, o Cervantes en sus aventuras por Andalucía, o los de Góngora y Lope por Sevilla, o Quevedo en Madrid... pues esos 521 V. una cronología de sus ediciones en la ed. MEX en Hernández Ramírez, Emilio Pujol (2010), pp. 170-182. 359 artistas han visto sus olvidadas obras puestas a moderna luz por Pujol, y ¡con cuánto garbo y autenticidad! Pero no es eso solo: Pujol es también compositor y en sus obras se juntan una legítima tradición de Tárrega y una moderna comprensión del arte. Por eso las recientes obras de Pujol publicadas por Eschig, son de gran valor para los profesionales y aficionados. Entre las obras de Pujol que acaban de ver la luz pública, señalemos las siguientes: Tres bellos Estudios de la más bella cepa del precursor. Una linda «Berceuse» que por sí sola revelaría a un maestro. Tres trozos españoles: Tonadilla, Tango y Guajira, de una elegancia y una sabrosa gracia, que contrastan con el poema de evocación andaluza «Sevilla». Y por último el sentido «Impromptu» en donde toda 1a delicadeza del artista se manifiesta de modo palmario. Pero aún hay más. Pujol ha hecho obra de divulgador artístico, y al frente de cada obra indica con admirable claridad las características de la escritura de guitarra; así, hasta los aficionados más modestos pueden interpretar cumplidamente las obras en cuestión. Y he ahí como Emilio Pujol, ejecutante, crítico, técnico, maestro, es siempre y sobre todo artista. Felicitémosle bien de corazón. EDUARDO L. CHAVARRI522 Durante la primera mitad del infausto año para España de 1936, ignorando el cataclismo que se avecinaba, ambos músicos seguían compartiendo ilusiones y proyectos de diversa índole: una biografía de Tárrega por acá, un congreso musicológico por allá, traducciones, etc., y en una carta del 16 de junio, Pujol, desde París hacía planes para encontrarse pronto con sus amigos valencianos y disfrutar del verano. La Guerra Civil puso fin a estas esperanzas y provocó un largo punto y aparte en la publicación de la Sonata II: Y ¡cómo me dice V. que tal vez se atreva a fastidiarme pidiéndome de poner en la guitarra alguna obra suya! La modestia puede llegar a ser casi una ofensa. Es dudar de mi franca y profunda admiración. ¡Vengan pronto esas obras si merezco yo el honor de recibirlas y esté V. seguro de que pondré, con el mayor entusiasmo, mis pobres facultades a su servicio! Estaremos en París hasta mediados de julio. Después a Barcelona para pasar el mes de Agosto en el Mas (provincia de Lérida), y a primeros de Septiembre a Castellón para pasar luego unos días en Valencia, al lado de nuestros buenos amigos, Pepita Roca, Morant y Vds. Entre tanto, Matilde manda conmigo sus cariñosos afectos para Carmen, Eduardo II (el muy simpático Chavarrito) y para V. con un cordial abrazo de su buen amigo, que sabe le quiere y le admira. Emilio Pujol523 Una vez superado el trance bélico (que Pujol, lógicamente, pasa refugiado en París) y lo más duro de la posguerra (sobrellevada ya de vuelta a su residencia en Cataluña, huyendo en este caso de la Segunda Guerra Mundial) la correspondencia entre ambos vuelve a activarse a medida que la vida musical hace lo propio. Desde 1951 vuelven a intercambiarse cartas en las que se informan mutuamente de sus respectivos trabajos y logros, e intercambian comentarios y opiniones sobre, por ejemplo, prácticas interpretativas de los vihuelistas o sobre música popular española. Y, ¡al fin!, en 1958 522 Las Provincias: diario de Valencia: año 65 número 19751 – 23 de enero de 1930, p. 2. 523 Carta de Emilio Pujol a Chavarri (París, 16-VI-1936). Conservada en la BV con sign. AELCH CR 2058. La fecha la hemos tomado del catálogo de la BV. En Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 131 no aparece datación alguna de la carta. 360 encontramos otra carta en la que Pujol se dirige a Chavarri aliviado porque este hubiera quedado satisfecho con la tantísimo tiempo esperada edición de la Sonata II. Hace también partícipe a su amigo de un hecho luctuoso como había sido la reciente pérdida de su esposa: Muy querido y admirado amigo: Con viva emoción leí su cariñosa tarjeta aquí, donde me encuentro terminando mi cursillo anual de tres meses en el Conservatorio Nacional. Me alegró mucho saber que le había gustado la edición de su Sonata y que pensaba escribir a los Eschig, no para reñirles como merecían por su tardanza, sino para elogiarles su labor. ¡Cuánta bondad de corazón!... Espero le hablarán de sus royalties a percibir como corresponde a cada autor. En todo caso, como pienso verles en Mayo, se lo recordaré. La publicación continúa y si por mi buena suerte tuviese V. algún otro original para guitarra (sola o en conjunto) y quisiera editarla, estaría muy honrado en verlos incluidos en mi colección. Está V. mucho tiempo sin noticias mías porque ha sido un período desdichado para mí, pues sobre muchas adversidades tuve el dolor de perder a mi queridísima Matilde (e. p. d.) que ha sido la razón de mi existencia. A últimos de Abril pienso pasar unos días con mis sobrinos Fernando y Mª Teresa que viven en Erudito Orellana, 7, 2° y tendré un placer inmenso en poder abrazarle y tener un rato de charla con Vd. que es siempre para el espíritu, espléndido regalo. Con afectuosos saludos para su Señora e hijo le anticipa cordial y agradecido abrazo su invariable admirador y amigo. E. Pujol524 Pese al nuevo ofrecimiento de Pujol no hubo más publicaciones de obras guitarrísticas de Chavarri con la MEX –no creemos que Chavarri tuviera mucho interés en ello, puesto que bastantes fatigas pasó con solo una composición– pero todavía una nueva creación guitarrística se iba a publicar en vida de Chavarri, el Intermezzo, con la UME. El resto de sus composiciones que llegaron a publicarse lo hicieron ya póstumamente en esta última editorial española, de una manera ciertamente imperfecta, confusa y bajo escasa supervisión, pero esta es materia del próximo cap. 3.6, con el que culminaremos nuestro trabajo. 524 Carta de Emilio Pujol a Chavarri (Lisboa, 29-III-1958). Conservada en la BV, con sign. AELCH CR 2063. 361 Primera página de la ed. MEX de la Sonata II para guitarra (París, 1957) 362 3.5.7. Quartettino: Edición Urtext del ms. autógrafo AELCH/pro 63–1 (I y II) Posiblemente animado por el estímulo que le supuso la noticia de la largamente esperada publicación de la Sonata II, Chavarri emprende una nueva adaptación –otra más entre las suyas– de esta obra guitarrística; terminaría de escribirla el 8 de enero de 1957. En esta ocasión va a utilizar los dos movimientos iniciales añadiéndoles un tercero que también se iba a basar en una de sus piezas guitarrísticas abandonadas: un Finale que había escrito en marzo de 1933 y enviado a Segovia (quien, como el lector supondrá, nunca lo tocó). En la nueva composición este movimiento pasaría a titularse Capriccio (Finale) y la obra completa tomó el nombre de Quartettino. Detalle del final de un ms. autógrafo del Quartettino (BV, sig.AELCH-pro-63-2. p.13)525 La nueva composición fue creada para el uso del Cuarteto Universitario de Cámara (de Valencia) y dedicada por Chavarri en particular “Al buen amigo Fernando Badía y un saludo para sus compañeros de cuarteto”. El estreno se hizo esperar casi un año y medio desde que Chavarri la terminara526 y su propio hijo, Eduardo López– Chavarri Andújar, colaborador de la revista Ritmo, reseñaba el acontecimiento: Círculo de Bellas Artes.― El cuarteto Universitario de Cámara, formado por los jóvenes artistas Miguel de la Fuente, José Codoñer, Rafael Mas y Fernando Badía, ofrecieron un recital que incluía el estreno absoluto del Cuartettino [sic] de Eduardo López–Chavarri, además de obras de Corelli, Mozart, Boccherini, Bach y Chaikowsky. Del éxito arrollador obtenido por los jóvenes instrumentistas baste decir que hubo que repetir, a los pocos días, el mismo programa527. 525 Transcripción posible de la anotación autógrafa tachada: “Estrenado por orquesta clásica y director [?] R. Corell / Pianista (Alg…) [ilegible] Ateneo ver cartel / Dirigido por Iturbi con orquesta municipal”. No hemos encontrado ninguna información sobre una interpretación de esta obra con orquesta clásica (de cuerda) ni sobre la supuestamente dirigida por Iturbi. El director citado al principio como responsable del estreno con orquesta clásica es probablemente Ramón Corell Saurí, trompetista y director de orquesta valenciano (1910–1970). 526 La única información que tenemos sobre la fecha exacta del estreno se encuentra en la última página de un manuscrito copiado por Gregorio Castellano para la BMCV sign. E–VAbmc: M/390 (72): “(…) estrenada por el Cuarteto Universitario de Cámara en el Círculo de Bellas Artes, en concierto público el 17 de abril de 1958”. 527 Ritmo: revista musical ilustrada: año XXVIII, número 295 – 1 de junio de 1958, p. 19. 363 Ya hemos tratado en el apartado 3.5.1 de las peculiaridades de esta adaptación al cuarteto de cuerda de los dos primeros movimientos de la Sonata II y de cómo Chavarri modifica diversos parámetros musicales y reformula ciertos pasajes para obtener un resultado idiomático y expresivo más acorde con el nuevo entorno instrumental. Pero el trabajo del futuro editor crítico de la Sonata II será aún más intrincado; no solo existen numerosas diferencias entre los dos manuscritos autógrafos de este cuarteto que se conservan en la BV (con signs. AELCH/pro 63–1 y AELCH/pro 63–2) sino que la copia que Gregorio Castellano hizo para la BMCV (sign. M/390-72) también difiere de las dos anteriores en numerosos detalles528. ¿Puede esto indicarnos que Chavarri redactó una versión posterior sobre la cual se habría basado Castellano para su copia? No lo sabemos y dudamos que podamos algún día descubrirlo, ya que todo el fondo de manuscritos del compositor ha sido cuidadosamente catalogado y no figura allí. Lo cierto es que el Quartettino no llegó a publicarse –al contrario que otro de los cuartetos de Chavarri, el Qvatvor brevis–529 y las variantes son de un calado tal que no podemos atribuirlos únicamente a errores, adiciones u omisiones accidentales del copista. Ante esta compleja realidad, hemos optado por presentar en este trabajo una edición Urtext del ms. AELCH/pro 63–1, el cual nos ha parecido que presenta el texto y las indicaciones musicales de una forma más precisa y completa. Tan solo han sido corregidos algunos errores obvios del manuscrito (apoyándonos para ello en el texto musical del otro ms. autógrafo, AELCH/pro 63–2) sin mayores intervenciones editoriales. 528 V. toda la información de estas tres fuentes manuscritas en el cap. 3.1.4 Catálogo de la obra guitarrística de ELCH, p.171-172. 529 Chavarri compuso otros dos cuartetos de cuerda: el citado Qvatvor brevis, que fue publicado por el Instituto Valenciano de Musicología en 1952 y En España, dedicado al Cuarteto de la Haya, que tampoco se publicó y cuyo manuscrito se conserva también en la BV, con sign. AELCH pro 68–1. 364 365 Ms. E–VAbv: AELCH/pro 63–1 Cuartettino [sic] para 2 violines, viola y violonchelo (movs.I y II) Edición Urtext 366 & & B ? b b b b c c c c Violin 1 Violin 2 Viola Cello √ Œ >̇ œ œ œ# œn œ ˙̇> œ œ œ# œn œ >̇ œ œ œ# œn œ ˙̇> R œœ ≈ ‰ f f f f œ œ œ# œ œ .˙ œ œ œ# œ œ ..˙̇ Jœ ‰ Œ Œ œ>  Œ >œ œ œ# œ œ œ œ œn œœ œn œœœœœ 6 œœ œ# œ œœ œ œn œœ œn œœœœœ 6˙̇b Jœœ ‰ Œ ˙̇ Jœœ ‰ Œ ˙ ˙̇b ˙̇b ˙̇b ˙ ˙̇b ˙̇n ˙̇bb loco ˙̇b œ œ œb œb œœœœœ ..˙̇b rœœ ≈ ‰ ..˙̇bb rœœ ≈ ‰ ˙̇bb rœœ ≈‰Œ p calmo p p .œ œ œ œb .˙ 3 ∑ ∑  Œ œn dim. e rit. rit. rit. rit. .œn œœœœ œ# œn œ 3 œœœœ Œ  œœœn# Œ  w pizz. pizz. .œ œn œ œ .˙ U ,3 ˙ ˙ U , ˙̇# ˙̇ U , ˙ ˙ U , & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. 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Vc. 104 U U U ˙# U , ȯ ˙̇ ˙# œ œ œ œ# œ œ3 3 Tranquillo π π π harms. ad lib. e tempo piú moderato. ȯ ˙̇ ˙# œ# œ œ œ œ œ 3 3 œ# o Jœo œo œo œo 3 3 ˙̇ ˙ œ œ œ œ# œ œ3 3 œo œo ˙̇ ˙ œ œ œ œ# œ œ 3 3 œo œ Jœo 3 ˙̇ ˙ œ œ# œ œ œ œ 3 3 œo œ Jœo 3 ˙̇ ˙ œ œ œ œ œ# œ 3 3 œ# o Jœo œo œo œo 3 3 ˙̇ ˙ œ œ# œ œ# œ œ 3 3 & & B ? # # # # # # # # nn nn nn nn Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 112 œo œo ˙̇ ˙ œ œ œ# œ œ œ 3 3 ˙ œ œ˙ œ œ œ œ œ œ3 3 ˙ .œ Jœ ˙̇ œ œ œ œ œ œ3 3 ˙ œ œ œ 3 ˙̇ œ œ œ œ œ œ3 3 ˙ œ œ œ 3 ˙ œ œ œ œ œ œ3 3 ˙ œœ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 ˙ œ œ œ œœ œœ œœ ˙ œ œ œ 3 œœ œ œ 3 œœ. Œ ˙ I naturales H 373 & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 120 œ œ œ 3 œ œ œ 3 œ. Œ œ œ œ 3 œ œ œœ œœ jœœ œœ jœœ ˙ œ œb œœ œœb œœ œœ œ œ ˙ œœ œb œ 3 œœn œb œ 3 œœ œ œ œ œb œ 3 3 jœ ‰ Œ rit. œ œb œb 3 œœb œb œb 3 œb œ œ œ 3 œb œ œ œ 3 Œ œœnb Œ œœ œ> œœ œ > œ f f f f œœ œœnb œœ œœ 3œœ œn œ œ 3 œœ œ œ œ 3 œ Œ Jœœn œœ J œœ Jœ œ Jœ Jœ œ Jœ ‰ Jœ œ pizz. & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. 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Jœ ‰ œ> jœ œ jœ Jœ œ œ œ œ œ œ œ œœœ Tempo Iº cantando pizz. p p p p œ œ .œ œ œb œ œ œ œ# œ œ œ œ. œ. œ. œ. ∑ π sciolto .œ œ œ œ œ@ œ@ œ. œ. œ. œ. œ Œ L 375 & & B ? Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 152 jœ œ jœ œ@ œ# @ œ. œ. œ. œ. Œ œ ˙ œ@ œ@ œ œ. œ. œ. œ. œ Œ œ œ œ œ œ 3 œ. œn . œ# . œ. œ. œ. œ. œ. œ Œ arco jœ œ jœ jœ œn jœ jœ. œ jœ œ œb œ œ œ œ œ œ jœ# . ‰ œ. œ. jœ. ‰ œ. œ# . œ. œ œ Jœ. ‰ œ jœ. ‰ œ œ œ 3 jœœ. ‰ Jœ. ‰ Jœ ‰ œarco œ œ œ œ œ œ 3 œ œ œ œ Jœ 3 3 Jœ ‰ Œ œ œn Jœ 3 œ œn œ œ 3 œ œ œ œ 3 Jœ ‰ Jœ ‰ & & B ? Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 160 œ Jœ œn Jœ 3 3 œœ œ Jœn 3 œ œ œ œ Jœ 3 3 Jœ ‰ Œ œ œ jœ œ Jœ œ œ œ œ œ œ3 3 œ Œ œn œ Jœ œ Jœ œ œ œ œ œ œ 3 3 œ œ œ œ J œ 3 œ œ œ Jœ 3 œ œ œ œ œ 3 œœ œ œ Jœ œ Jœ 3 3 œœ Jœ œœ Jœ 3 3 œœ œ œ œœ œ œ 3 3 œ jœ œ3 Jœ œ> Jœ Jœ œœ> Jœœ Jœ# œ> Jœ œ œ œ œ œ œ# Jœn 3 3 œ œ œ œ# Jœn 3 3 œn œ œ œn œ# √ Jœ œ Jœ Jœ œœ Jœœ œœ# œœ œ œ M 376 & & B ? Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 168 œ œ œ œ# Jœn 3 3 œ œ œ œœ# Jœn 3 3 œœ# œœ# œ œ œ œ@ œ#@ œ@ œ @ ˙̇  ˙̇  ˙ trem. trem. trem. arco œ@ œ#@ œ@ œ @ ˙̇  ˙̇  ˙ œn@ œ@ œ@ œ@ ˙̇n ̇ ˙ œn@ œ@ œ@ œ@ ˙̇  ̇ ˙ .œn œ œ .œn œ œ œœ œœ œœ œœ œœ œœ 3 3 œ œ arco arco arco œ œ œ œ œ œ œ œ œœ œœ œœ œœ œœ œœ 3 3 œ œ .œ œ œ .œ œ œ œœ œœ œœ œœ œœ œœ 3 3 œ œ & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. √ 176 œ œ œ œ œ œ œ œ œœ œœ œœ œœ œœ œœ 3 3 œ œ œb œ œ œ œ œ œb œ œ Jœ œ Jœ jœœ œ jœ loco arco œb œ œ œ œ œ œb œ œ Jœ œ Jœ jœœ œ jœ œn œ œ# œ. œ. œn œ œ# œ. œ. œœn . œœ. œœ. œœ. œ# . jœ# œ jœ œ# œn œ œ œ œ œ œ œ# œ œ œ œ œ œ œ œ. œ. œ. œ. œn œ œ# œ 3 Jœ . ‰ œ > Jœ. ‰ œ œ œ 3 Jœœ . ‰ œ> œ> œ> Presto f f f f marcato p œ> œ> œ œ œ œ œ œ 3 3 œn> œ> œ œ œ> œ Jœn 3 œ œ œ œ œ œ 3 3 œ> œ Jœn3 œ Œ O 377 & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. √ 184 œ Jœn œ jœ 3 3 œ œ œ œ œ œ 3 3 œ Jœn œ jœ 3 3 ∑ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ3 3 œ œœ œ œ sciolto œ œ Jœ 3 œ œ œ œ œ œ3 3 œ œ Jœ 3 œ Œ œ Jœ œ Jœ 3 3 œœ œœ œœ œœ œ Jœ œ Jœ 3 3 œ œ Jœ œ Jœ Jœœ œœ Jœœ J œœ œœ J œœ œ œœ .œ œ œ œ .œ œœ œœ œœ .œ œ œ œ œ œ Jœ œ Jœ J œœ œœ Jœ Jœœ œ Jœ œ œ> & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. √ 192 Jœb œ Jœ# Jœb œœ Jœœ# Jœ œ Jœ Œ œ> Jœ œ Jœ Jœœ œœ Jœœ J œœ œœ J œœ œ J œœ œ œ œ œ œ 3 œ œ œ œ œ 3 œ Jœ œœn œ 3 œ œ Jœ œ Jœ J œœ œœ Jœ J œœ œ Jœ Œ œ> Jœb œ jœ Jœb œœ Jœœ# Jœ œ J œœ Œ œ> Jœ ‰ œ Jœœ ‰ œœ J œœ ‰ œœ Jœ ‰ Œ trem. trem. trem. loco œ œn œœ œœ ̇ œn œpizz. Jœ@ œ  > Jœ@ Jœœ@ . œœ > Jœœ J œœ. œœ > J œœ œ Œ arco arco 378 & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 200 Jœ œ>@ Jœ Jœ@ œ> Jœ@ Jœ.@ œœ > J œœ@ Jœ œ > jœ arco œ@ œ@ œ@ œ@ ̇ œœ œœ jœ. ‰ Œ œ@ œ@ œ@ œ@ œ œ œœ œ œ Œpizz. œ@ œ@ œ@ œ @ .œ Jœ@ œ œ œ̂ Œ œ@ œ@ œ@ œ @ .œ Jœ@ œ œ@ œ@ œ̂ Œ ˙̇  ˙̇  ˙̇ ˙arco ˙̇  ˙̇  ˙̇ ˙ J œœ . œœ > J œœ > J œœ. œœ> J œœ> Jœ. œ> Jœœ . Jœ œ> Jœ arco arco arco & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vc. 208 J œœ . œœ > J œœ > J œœ. œœ> J œœ> Jœ. œ> Jœœ . Jœ œ> Jœ J œœ . ‰ Œ Jœœ . ‰ Œ J œœ. ‰ Œ Jœ. ‰ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ œœ . Œ œœ. Œ œœ. Œ œ. Œ ∑ ∑ ∑ ∑ œœ. Œ œœ. Œ œ. Œ œ. Œ 379 & & B ? b b b b 43 43 43 43 Violin 1 Violin 2 Viola Cello œ ˙ œ ˙ œ ˙ œœ ˙ Andante molto e tranq. p p p œ ˙# œn ˙ œ# ˙n œœn ˙ œb œn œ œb œb œ œn œb œ œœbb œb œœ œn ˙# œn ˙n œ# ˙n œœnn ˙̇n œ ˙ ‰ œ œ œ œ œœ 3 Œ œœ œ œœ ˙ dolce ‰ œ# œ œn œ# œœ 3 Œ œn œœn œ œn œœ# œœnn ˙n pizz. arco ∑ ‰ œn œb œb œn œœ 3 œb œœbb œœ œœbb œœb œœ pizz. arco Œ Œ œ Œ œœnb œœn œn œœnn œœb œœnn œ œn p cantando molto rit. dolce pizz. arco ˙ .œ œ œ jœ ‰ œœ œœ jœœ jœ œ œ œ œ .˙ tempo π π π arco & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 10 .˙b Œ œ œ ‰ jœ œb œb œ œ .˙ œb œn Jœ œ Jœ Œ œ œ œœœ ‰ jœ œb œ œn œ .˙ œb ˙b Œ œœb œœb ‰ jœb œb œb œ œ .˙ œb œ œb œb œ Œ œ œ ‰ jœb œb œb .˙ œ .œ Jœ Œ œœnb œ ‰ jœb œn œ œ œb .˙b œ œ œb œ œ œb œn œ œ œ œ œn Œ œb œn .˙ œ .œn jœ œ .œ jœ œ .œ jœ œœ œœœnn gggg œœ P P P P pizz. œn .œ# jœ œn .œ jœ œ# .œn jœ œœnn œœœnn ggggg œœ œb œn œ œb œb œ œn œb œ œœbb œœœbb ggggg œœ œn œ# œ œn œn œ œ# œn œ œœnn œœœnn ggggg œœ Cuartettino II A 380 & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 20 Œ œ œn œ œ œ3 Œ œ œ ‰ jœ œ œ ..˙̇ p p ˙ œ œ œ œ Œ œ œ œ œœ 3 Œ œ œ œ œ ˙arco ˙b œ Œ œœb œœ ‰ jœ œb œ œb œb3 œ œ œ jœ jœ œ œb œ œ œ œ œ œ œn œ œ œ œ œ œ œ œ 3 6 6 Œ ˙̇b Œ ˙ œ œ Œ œ œ œ œ œ œ œ œn œb œ œ 3 Œ ˙̇nb Œ ˙ .˙ œ ˙ Œ œœbb œœ ‰ jœb œ œb œb œ œb3 & .˙b œ œn œn œb œ œ œ Œ ˙̇nb Œ ˙b B ˙b œ & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 27 œ œ œb œn œ œn œ Œ ˙b Œ ˙b œn œb œn ˙n3 jœ œn Jœb œ œ œ 3 Œ œœnb jœœ ‰ Œ œn jœ ‰ œ œ jœ ‰pizz. arcorit. rit. rit. rit. ‰ œ œ jœ ‰ œb œ jœ ‰ œb œ Jœ œ œb œb œ œ œb œ œ 3 p p p p dolce tempo cantando Œ œ œ Œ œb œ Œ œb œ œ œ œb œb œ œ ‰ jœ œ œ Œ ‰ jœb œ œ Œ ‰ Jœb œ œ Œ œ œb œb œ œ œ œ œ œ œ œ œb œ œ 3 3 3 3 cresc. Œ œ jœ ‰ Œ œb jœ ‰ Œ œb Jœ ‰ œ œ œ œ œb œb œ œ 3 rit. rit. rit. rit. ‰ jœœn ˙̇ ‰ jœ ˙ ‰ jœ œn œ œ œ .... ˙̇̇ ˙ nn gggggg pizz. B C 381 & & B ? b b b b n# # n# # n# # n# # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 34 ‰ jœœn ˙̇ ‰ jœ ˙ ‰ jœ œ œ œ œ .... ˙̇̇ ˙gggggg œœ ˙̇# œ# ˙ .˙ .˙ arco ˙̇# ,U ˙˙ ,U ˙ ,U ˙ U , ‰ jœ ‰ jœ Œ Œ F F .œ œ .œ œ œ œ .œ œ .œ œ œ œ J œœ œœ œœ Jœ œ œ Œ F alquanto animato œ œ œ œ œ œ. œ. œ. 3 œ. œ. œ. œ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. .œ œ œ œ. œ. œ. œ. .œ œ œ œ. œ. œ. œ. jœœ œœ œ. œ. œ. œ. œ. œ. Œ œ œ~ œ œ œ œ œ 3 œ. œ. œ. ‰ œ. 3 œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. ‰ œ. 3 3 3 œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. ‰ œ. 3 3 3 œ. œ œ œ. œ. œ. œ. Jœœ œœ œ. œ. Jœ. ‰ œœ œ œ œ. œ. Jœ. ‰ œœ œœ Œpizz. œ. œ. œ œ œ. œ. Jœ. ‰ jœ ‰ œ. œ. Jœ. ‰ Jœ. ‰ œ. œ œ Œ Œ & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 44 œ. œ œ œ. œ. œ. œ. œœ. œœ œœ œ. œ. œ. œ. œœ. œœ. œ œ œ. œ. œ. œ. œœ œ Œ œ. œ. œ. œ œ œ œ œ 3 œ. œ. œ. œ œ œ Jœ 3 œ. œ. œ. œ. œ. œ Jœ 3 œ Œ Œ œ> œ> œ> Jœ> œ> Jœ> œ>œ > œ jœ >œ> jœ > Jœœ > œ œ > jœ œ jœ œ Œ œœœ œ> œ> œ# > œ> Œ œ > œ > œ > jœ > Jœ œ œ J œœ ‰ jœ œ# Jœ Œ œœœ œ œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œ> œœ> œ> Jœœ > ‰ œ. œ. œœ> œ> œ Œ Œ cresc. œ> œ œ œ œ œ œ œ ‰ Jœ 3 3 jœœ. Jœ. Jœ. jœœ. jœ jœ œ. œ. œ. œ. jœ. jœ. œ œ œ f f f liricamente liricamente œœœ œœ œœ œœ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œ. œ œ œ f arco œ œ# Jœ ‰ ‰ Jœ œ. œ. œ. œ. œ# . œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œœ# . œ œ œ stacc. D E F 382 & & B ? # # # # # # # # Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 52 Jœ œ Jœ œ œ œ œ œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ. œœ œ œ œ œœ. œ. œ. œ. œ. œ. œn . œ. œ. œ. œ. œ. œn . .œ œ# .œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ# œ œ œ œ 3 3 œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 Jœ œ œ Jœ .œ œ# .œ œ œ œ œ# . œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ. œ# . 3 3 .œ œ .œ œ# œ œ Jœ ‰ Œ Œ œ# œ# œ œ# .œ# œ# œ œ œ jœ œ jœ œ# œ œ jœ œ jœ œœ œ Œ p pizz. p p p œ# œ# œ œ œ œ œ# œ œ jœ œ jœ œ# œ œ jœ œ jœ œ œ Œ œ# œ# œ œ# .œ# œ# œ œ œ jœ œ jœ œ# œ œ jœ œ jœ ..˙̇ p œ# œ# œ œ œ œ œ# œ œ jœ œ jœ œ# œ œ jœ œ jœ ..˙̇ rit. rit. rit. rit. œn œ œn œb œb .œb œn3 œn œ jœ œb œb3 œn œn Jœ œn œn 3.... ˙̇ ˙̇ n nn poco meno pizz. & & B ? # # # # # # # # nnb nnb nnb nnb 43 43 43 43 Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 60 Jœn œU Jœn .œn œ œb jœ Jœn ‰ Œ  Œ come cadenza, ad lib. .œb œ œn ˙n ∑U ∑U ∑U œ œ œb ˙b œ œ œ 3 3 œn œb œ œb 3 œ œn œb ,œnU œ ˙ œ ˙ œ ˙ œœ ˙pizz. p p p Andante tranquilo da prima p œ ˙# œn ˙ œ# ˙n œœnn ˙ œb œ œ œb œb œ œn œb œ œœbb œb œœ œn œ# œn œn œn Œ œ# œn Œ œœnn œœn Œ rit. rit. rit. rit. ˙ .œ œ œ Œ œœ Œ ‰ jœ œ œ œ œ .˙ arco Tempo Iº p p p G H 383 & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 70 .˙b Œ œœ œœ ‰ jœ œ œb œ œ .˙ ‰ Jœn Jœb œ Jœ Œ Œ œœb ‰ Jœ œb œ œn œ .˙ œb ˙b Œ œ œb ‰ jœb œb œb œ œ .˙ .œb Jœb œb œ Œ œ œ ‰ jœb œn œb œ Œ Œpizz. œb .œ Jœ Œ œ œ ‰ jœb œn œ œ œb ˙b Œ œ œ œb œ œ œb œn œ œ Œ œ œn Œ œ œ ˙ Œ Œ Œ ‰ Jœ Œ œœ œœ Œ œ œ œ œ œ œ Œarco & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 77 ˙ .œ œ œ Œ œœ œœ Œ œ œ œn œ3 œ œ œ Œ Œ3arco ˙b œ Œ œœ œœ Œ œb œ œ œ œ œ 3 3 œ œ œ Œ Œ3 dolce ≈ Rœb œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ œ 3 3 3 3 3 Œ ˙̇b Œ ˙ œ œ Œ p p œ~ œ œ œ œ œb œ Œ œœb œ ‰ jœn œ œb œ œ3 œb Œ Œ ˙ œ> Œ œb œ ‰ œb œb œ œ œ œb3 3 ˙b œ œ œ œ œb œ œ œ Œ ˙ Œ ˙̇b œb Œ Œpizz. œ œ œb œ œ œn œ Œ œœn œœ œn œ# œ œb3 œn Œ Œ no acelerarI 384 & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 84 jœ œn jœ œ œ œ 3 Œ œ œ Œ œ œ œ Œ Œ dolce jœ œ jœ jœ ‰ jœ œb jœ jœ ‰ ‰ œb Jœ Jœ ‰ œ œb œb œ œ œb œ œ 3 p p p arco Œ œ œ Œ œb œ Œ œb œ œ œ œb œb œ œ Œ œ Œ Œ œb Œ Œ œb Œ œ œb œb œ œ œ œ œ œn œ œ œb œ œ 6 6 Œ œ Œ Œ œb Œ Œ œb Œ œ œ~ œb œb œ œ pizz. pizz. pizz. poco rit. ˙ œ œ Œ ˙̇ Œ ˙̇ Œ ˙̇ ˙gggggg arco dolce arco arco pizz. p π π Calmo(a tempo tranquilo) π ˙n œ œ œb 3 Œ ˙̇nn Œ ˙̇n Œ ˙̇̇nnn ggggg œb Jœ Jœb @ œn@ œn@ Œ J œœœbb gggg Jœb œn œn Œ œœœbb gggggg Œ Œ œœœbb ggggggg Œ pizz. π Piu calmo trem. π π π molto π pizz. punta d`arco & & B ? b b b b Vln. 1 Vln. 2 Vla. Vlc. 92 œb@ œn@ œn@ œb @ œ#@ œn @ œb œn œn œb œ# œn ∑ ∑ œœ œœ# œœn# œœ œœ œœn œ œ œn œœœggggg œœœœ# gggggg œœœggggg arco arco arco pizz. p p π π œœ œœ# œœn# œœ œœ œœn œ œ œn œœœggggg œœœœ# gggggg œœœggggg arco arco arco pizz. p p π π Œ ˙̇n Œ ˙̇nn Œ ˙̇n ˙n œn morendo morendo π π arco π π Œ ˙̇ Œ ˙̇ Œ ˙̇ œ œ œ ..˙̇U ..˙̇U ..˙̇ U .˙ U J 385 386 387 3.5.8. El Concierto para guitara y orquesta: un proyecto fallido Una historiografía tan compleja, dilatada en el tiempo y llena de tan tremendos avatares personales y colectivos como la de la Sonata II tenía que tener un final a la altura del drama. Buceando entre los datos compartidos por el cat. BV nos encontramos con una entrada sorprendente y atractiva: “Concierto para guitarra y orquesta”, con sign. AELCH/pro 29, borrador autógrafo”. La euforia se rebajó inmediatamente cuando leímos el resto de la completa información que aporta la página web del catálogo: “sólo aparece completa la parte del instrumento solista, es decir, la guitarra. De la parte orquestal sólo aparecen escritos los primeros compases de cada uno de los tiempos que constituyen esta pieza musical”. Aún así, tras consultar el original en la biblioteca hemos decidido transcribir el fragmento inicial del primer movimiento, puesto que la instrumentación que usa Chavarri puede aportar interesantes ideas para el enfoque tímbrico y expresivo de la interpretación de la Sonata y tal vez hasta para su edición crítica. En realidad el primero es el único tiempo que tiene escrita una sección orquestal mínimamente desarrollada. El segundo tan solo tiene escritos cinco compases de la cuerda y el tercero nada en absoluto. Borr. autógrafo del Concierto para guitarra y orquesta, 2º mov., cc.1-8 (BV, sign. AELCH-pro-29. p.14) Parece ser que Chavarri Andújar, cuando tras el fallecimiento de su padre se empezó a ocupar de la organización y edición de sus materiales musicales archivados, pensó en cierto punto que este manuscrito cuya portada decía explícitamente “Concierto para guitarra y orquesta” iba a ser un hallazgo extraordinario. Así lo recuerda el 388 guitarrista Ignacio Rodes, cuya familia y la de Chavarri estuvieron ligadas por lazos musicales y de amistad: La última vez que estuve con Eduardo hijo fue después de un concierto mío en Valencia. Estuvimos cenando juntos y al terminar me dijo que tenía una enorme sorpresa para mí. No pude saber nada sobre ello, a pesar de que le pregunté si se trataba del hallazgo de alguna una pieza original de su padre. A todo me respondía con una sonrisa hermética. Incluso le pregunté si se trataba de un concierto para guitarra. Cuando nos despedimos me dijo que me llamaría para comer juntos otra vez y entonces me desvelaría el secreto. Dos o tres semanas después enfermó, nunca volví a verlo y tampoco llegué a saber de qué trataba ese “misterio”… Podemos suponer, por tanto, que la misteriosa obra anunciada por Chavarri Andújar a Rodes era este fallido proyecto de concierto, pero aún no había tenido tiempo de consultar la partitura con detenimiento. También puede ser que se refiriera a la Sonata I, por aquel entonces totalmente olvidada por la comunidad guitarrística, ya que nadie recordaba las interpretaciones de Llobet por el extranjero en los años 20 y nadie había vuelto a ver la partitura hasta que Carles Trepat la redescubrió y registró ya bien entrado el siglo XXI. Pero la cosa todavía daba para más, porque aún tenemos en la BV otra referencia relacionada con el Concierto, en este caso con variantes en el título: “Concierto de guitarra y orquesta de cuerda”. Se trata de unas partes manuscritas correspondientes a sendas secciones (cinco: violín 1º. Violín 2º, viola, violonchelo y contrabajo) de una orquesta de cuerda530, firmadas por un tal José Gil en 1988531. No incluye la parte de la guitarra. Hemos comparado estas partes con el borrador autógrafo y podemos afirmar que la orquestación de los primeros compases de los dos primeros movimientos (los únicos que están orquestados en el borrador) es totalmente diferente. Tras colacionarlas igualmente con el Quartettino nos parece imposible que la autoría original de esta orquestación se deba a Chavarri; no sólo por la fecha de copia de estas partes, dieciocho años posterior a la muerte del compositor, sino por su pobrísima calidad musical. Presumimos que más bien se trata de un pueril intento de completar la labor embrionaria del compositor, tan fallido como buena parte de los acontecimientos que rodearon a la Sonata II, una tan maravillosa como desafortunada composición. 530 Con signs. AELCH/pro 243–1; 243–2; 243–3; 243–4; 243–5 respectivamente. 531 No existe información sobre este perosonaje en la BV. En el inventario del Archivo de la Familia López–Chavarri Andújar aparece citado José Alama Gil (alumno de Eduardo López–Chavarri Andújar) como autor de algunos trabajos académicos en el conservatorio, pero tras haberlo entrevistado telefónicamente confirmamos que la autoría de las partes de orquesta citadas no corresponde a él. 389 Ms. E–VAbv: AELCH/pro 29 Concierto para guitarra y orquesta 1er mov., cc. 1-40 Edición Urtext 390 & & & ? &    & & & B ? ? b b # b b b b b b b c c c c c c c c c c c c c c Flute Oboe Clarinet in Bb Bassoon Horn in F Timbales Triangle Tambourine Guitar Violin I Violin II Viola Violoncello Contrabass Œ ˙̇# Jœœ ‰ Œ ˙ jœ ‰˙ Jœ Œ ˙ jœ ‰ .˙ Jœ ‰ .˙ jœ ‰ .˙ Jœ ‰ .˙ jœ ‰ ∑ ∑ ∑ ∑ Œ ˙̇ œœ œœ œœ## œœnn Œ ˙ Jœ ‰ Œ ˙ Jœ ‰ .>̇ Jœ ‰ œ> Œ  F F F F F pizz. Œ Œ Œ ‰ Jœœ# ˙̇# œœ Œ ˙ œ Œ ˙ œ Œ ˙ œ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œœ œœ œœ## œœ œœ ˙̇ œœ ∑  Œ œ  Œ œ ∑ œ œ# œ œ Œ˙b œ Œ ˙ œ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œœ œœ## œœ œœ œœnn œœ œœ œœ œœ œœ œœb œœ œœ 6 ˙̇b rœœ ≈‰ Œ ˙ Rœ ≈‰ Œ ˙ Jœ ‰ Œ œ Œ  dim. dim. ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ˙̇ ˙̇ ˙b ˙˙ ˙b ˙ ˙b˙ ˙b ˙ ˙b ˙ ˙b molto dim. molto dim. molto dim. molto dim. œœbb J œœ ‰ ∑ œn jœ ‰ œb jœ ‰ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œœœœbbb œ œ œb œ œb œœœœ œœ Œ  œb Œ œb Œ  œb Œ œb Œ  œb Œ  œb Œ  ∏ ∏ f π π π π π ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œ œn œ œb .˙  Œ œ  Œ œn  Œ œ#  Œ œn ∑ π π π Concierto para guitarra y orquesta I 391 & & & ? &    & & & B ? ? b b # b b b b b b b 42 42 42 42 42 42 42 42 42 42 42 42 42 42 Fl. Ob. Bb Cl. Bsn. Hn. Timb. Trgl. Tamb. Gtr. Vln. I Vln. II Vla. Vc. 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Cb. 15 ∑ ∑ ∑ ∑ 15 ∑ 15 ∑ 15 ∑ ∑ 15 œ œ œ œ œ 15 Œ Jœ# . ‰ Œ jœ . . ‰ Jœ Œ Jœ. ‰ Œ Jœ. ‰ ∑ √ loco dim. dim. ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œœ œ œ œ œ œ 3 3 Jœ ‰ Œ ˙̇ ˙ Jœ ‰ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œœ œ œ œ œ œ 3 3 ∑ jœ ‰ œJœ ‰ Œ ˙ ∑ ∑ dim. dim. ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œ jœ3 œ œ œ œn œ œ 3 3 ˙̇ ˙̇ Jœ ‰ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ jœ œ jœ 3 3œ œ œ œn œ œ 3 3 jœ ‰ œ˙ œ œ˙ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œœ œ œ œ œ œ 3 3˙̇ jœ ‰ œJœ ‰ œ œ Œ ∑ ∑ pizz. ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œœn œ œ œ œ œ 3 3 ˙̇ œ œn˙ œ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œ jœ3 œ œ œ œ œ œ 3 3 ˙̇ ˙̇ œ Œ ∑ ∑ 393 & & & ? &    & & & B ? ? b b # b b b b b b b Fl. Ob. Bb Cl. Bsn. Hn. Timb. Trgl. Tamb. Gtr. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 23 ∑ ∑ ∑ ∑ 23 ∑ 23 ∑ 23 ∑ ∑ 23 œ jœ œ jœ 3 3 œœ œ 23 ˙̇ œ œ œ œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ˙̇ jœ œ jœJœ œ Jœ jœ œ jœ jœœœ ‰ Œ ∑ œ Œ pizz. ˙b ˙ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œ œb œb œ œ 3 3 jœb ‰ Œ Jœ ‰ Œ jœ ‰ Œ ∑ ∑ ∑ π ˙̇ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ .œ œ œ œœ ˙ ˙ ˙ ∑ ∑ ˙̇b ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œ œ œœ œ ˙ ˙ ˙ ∑ ∑ œ̇ Œ ∑ ˙̇# ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ˙̇̇ ‰ œ œ œ œ œ 3 3 ˙ ˙ ˙ ∑ ∑ œ œb œb œ œb œb 3 3 ∑ œ Œœ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ˙̇̇b jœb ‰ œb jœ ‰ œ Jœ ‰ œ ∑ ∑ œb œb œ œ œb œ 3 3 ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œœœbb œ œ œ jœ ‰ œb Jœ ‰ Œ ∑ ∑ œ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œœb œœb jœ ‰ Œ œb Œ œ œb œb œ œb œb 3 3 jœ ‰ Jœb ‰ ∑ pizz. 394 & & & ? &    & & & B ? ? b b # b b b b b b b Fl. Ob. Bb Cl. Bsn. Hn. Timb. Trgl. Tamb. Gtr. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 32 ∑ ∑ ˙ ∑ 32 ∑ 32 ∑ 32 ∑ ∑ 32 œ œ œ œ œ œ3 3 32 ˙̇ ˙ jœ ‰ Œ œ Œ ∑ dim. ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œb œb ‰ œ jœ ‰ œ jœ ‰ œb jœ œ œb ∑ ben cantando [sic] ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œœœb œ œ 3 ‰ jœ œ œ ‰ œ jœ ‰ jœ œ œ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ .œn œ œ œ jœ ‰ Œ jœœn ‰ Œ jœ ‰ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œ œ œ œ œ œ3 3 ˙ jœ ‰ Œ jœœ ‰ Œ œ Œ ∑ ˙̇b ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œb .œb œ Jœb ‰ Œ jœb ‰ Œ Jœ ‰ Œ ∑ ∑ ˙n ˙ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ˙ jœ ‰ Œ jœ ‰ Œ Jœ ‰ Œ ∑ ∑ jœ ‰ Œ Jœb ‰ Œ ∑ Œ̇ œb ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ .œb œ .œb œb Jœb ‰ Œ jœ ‰ Œ Jœb ‰ Œ œb Œ ∑ 395 & & & ? &    & & & B ? ? b b # b b b b b b b Fl. Ob. Bb Cl. Bsn. Hn. Timb. Trgl. Tamb. Gtr. Vln. I Vln. II Vla. Vc. Cb. 40 ∑ ∑ jœ# ‰ Œ Jœ ‰ Œ ∑ 40 ∑ 40 ∑ 40 ∑ ∑ 40 ‰̇ œ œ œ œ œ 3 3 40 Jœ ‰ Œ jœœ ‰ Œ Jœ ‰ Œ Jœ ‰ Œ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œb œ œ œb œ œ 3 3 ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œb œb œb œb œn œ 3 3 ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ œb œ œ œb œ œb 3 3 ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ ∑ 396 397 3.6. Las ediciones de UME: Intermezzo y otras obras publicadas póstumamente 3.6.1. 1932: Segovia regresa a Valencia. Nueva propuesta de colaboración En su anterior estancia en Valencia, recordemos, en enero de 1925 –no para dar un concierto sino para visitar al compositor en una pausa de su gira por las Culturales– Segovia había trabajado con Chavarri en algunas nuevas composiciones con el objeto de completar su Suite532. El trabajo no fructificó en la dirección que el compositor hubiera deseado y esas nuevas composiciones iban a integrarse en las Siete Piezas que salieron publicadas en la Schott. Ahora, en marzo de 1932, Segovia regresa de nuevo a Valencia para ofrecer un recital el día 14 en el Teatro Principal con el siguiente programa: Pavana y Gallarda (Gaspar Sanz) Due canzoni a saltarelo[sic] (David Kellner) Preludio, Melodía, Albada, Danza (Torroba) Estudio (Tárrega) Preámbulo y Gavota (A. Scarlatti [en realidad, Ponce]) Preludio, Allemande y Gigue (S. L. Weiss [en realidad, Ponce]) Gavota (Bach) Minueto (Haydn) Sonatina (M. Ponce) Fandanguillo (Turina) Sevilla (Albéniz) Bises: Torre Bermeja (Albéniz) Serenata (Malats)533 Era esta una ocasión ideal para retomar un contacto que Segovia, por su frenética actividad profesional, tanto había descuidado. El concierto tuvo la repercusión propia de la categoría del solista y, entre otras crónicas, encontramos una de Chavarri en Las Provincias tan elogiosa como las que le había dedicado anteriormente. Se lamenta también en ella de esa escasa sensibilidad de un sector del público que tanto dolía a Josefina Robledo. Segovia es el profeta de la guitarra y merece toda la atención y un respetuoso silencio por parte de la audiencia: En la Filarmónica ANDRÉS SEGOVIA 532 Véase el cap. 3.4.1, pp. 279-282. 533 Tomado de Gimeno, “Los conciertos de Andrés Segovia” (2013-2021), [S.V. Sapena Martínez, Sergio: La Sociedad Filarmónica de Valencia (1911-1945): Origen y consolidación (Valencia, 2007)]. V. en línea [consultada en julio de 2021]. 398 Ayer se dio el anunciado concierto cuya interpretación estaba confiada al gran guitarrista Andrés Segovia. Por vez primera el noble instrumento hispano se dejaba oír en esta sociedad, y a fe que ello sucedía con todos los honores y por mediación de uno de los más grandes artistas que hoy cultivan el difícil instrumento. Andrés Segovia es un artista insigne, un músico de extraordinaria sensibilidad, de gran cultura y de una técnica... definitiva. La formación de sus programas ya indican las altas cualidades del músico español, que figura entre las mayores celebridades de la actualidad mundial, gracias al hispano instrumento. (…) Como se ve, la guitarra no es el instrumento plebeyo que una opinión vulgar puede creer. Y el concierto de ayer tarde demostraba la riqueza de matices, la variedad infinita de acentos, la nobleza de estilos, en la ejecución de obras de guitarra. Sólo necesita esta música un silencio, una atención verdaderamente musicales, so pena de perder tesoros de sonoridad y de emoción, de un valor musical increíble. Y en la tarde de ayer (nos duele confesarlo) las inoportunidades catarrales borraban infinitas riquezas... ¡y era una lástima! No es posible indicar en esta reseña las gallardías de ejecución y de interpretación que realizó Segovia en el desenvolvimiento del programa. En sus manos recobra la guitarra toda su nobleza y ofrece todas sus infinitas posibilidades: un verdadero instrumento polifónico, un verdadero instrumento poético. Y es de ver con qué sentido de admirable musicalidad, presenta Segovia el estilo, la época de cada obra, el casticismo de la misma y la facilidad asombrosa en vencer serenamente, sencillamente, las mayores dificultades. Mirando tocar a Segovia parece que todo el mundo puede tocar en seguida la guitarra: no es posible mayor seguridad y facilidad técnicas. Acaso esto sea un perjuicio para el “virtuoso” formidable que es Segovia, porque todo en él parece sencillo, fácil y hacedero534. Un detalle que podría confirmar la confianza entre Segovia y Chavarri es que este último parecía estar al tanto de los juegos o bromas que Segovia hacía a su público (y también, especialmente, a los críticos), cuando atribuía composiciones de Manuel M. Ponce –escritas en imitación a estilos antiguos– a compositores barrocos como Alessandro Scarlatti y Sylvius Leopold Weiss535. En su crítica no revela explícitamente la autoría de Ponce sobre esas dos obras, pero ni siquiera las cita aunque constituyen una parte significativa del programa. Lo que si hace, en cambio, es destacar al autor mexicano como uno de los mejores compositores del nuevo continente. Así continúa: Y luego, su arte para dejar en su plano respectivo las diferentes voces. Por ello hace tan atractivas obras del español Sanz (siglo XVII), como las “Canzone” de un antiguo manuscrito italiano traducido por Oscar Chilessotti [sic] (no de David Kellner, como por error se transmitió a la Filarmónica para su programa), o las graciosas piezas para laúd del gran J. Sebastián Bach. No menos felices las modernidades de Torroba, del distinguido maestro Ponce (americano de singular valía entre los compositores contemporáneos), de Turina, de Albéniz... Segovia fue aplaudido con entusiasmo, fue aclamado, fue ovacionado... Su triunfo era bien significativo en el ambiente de la Filarmónica, no habituado a esta clase de música536. 534 Las Provincias, diario de Valencia: año 67, número 20406 – 5 de marzo de 1932, p. 3. 535 Sobre este asunto existe un recientísimo e interesante trabajo dedicado a la Suite en Re cuyos Preámbulo y Gavota tocó Segovia en este recital. V. Sáez del Moral: Manuel M. Ponce y la Suite en Re (2021). 536Las Provincias, ibid. 399 Segovia, con toda seguridad, pasó en esas fechas concretas algún tiempo en compañía de Chavarri y, probablemente algo embarazado por cómo habían discurrido las cosas anteriormente, insistiría en postularse para tocar alguna obra suya, tal vez distinta de aquella “suite de tres canciones populares valencianas” proyectada en 1924. Así lo hemos deducido tras leer la correspondencia de Segovia conservada en la BV perteneciente a los años 1932-1933. Este grupo de cartas han sido más fáciles de manejar que las de la década anterior puesto que todas tienen fecha y resulta mucho más sencillo y menos detectivesco construir el relato de los acontecimientos. En el cuadro siguiente las hemos ordenado cronológicamente indicando, como siempre, la ciudad desde la que Segovia escribió cada una (en este caso, todas desde Ginebra): Fecha Localidad del remitente 5 / V / 1932 [Ginebra]537 28 / IX / 1932 Ginebra 11 / XII / 1932 Ginebra 22 / IV / 1933 [Ginebra] La primera la escribe un par de meses después de su concierto valenciano, el 5 de mayo, desde su casa de Ginebra, nada más regresar de la larga gira que le había hecho pasar por la ciudad del Turia. Tanta premura se corresponde con la prisa que tiene ahora Segovia por recibir la nueva obra que habría acordado con Chavarri en Valencia. No tiene especiales preferencias por la forma escogida pero necesita tenerla lo antes posible para poder incluirla en el programa de sus conciertos de la segunda mitad del año: Mi querido Chavarri. Acabo de llegar de España y tengo un momento de respiro al fin. Ahora puedo comunicar con los amigos y una de las primeras cartas que escribo es esta. ¿Cómo va el plan de su nueva obra para guitarra? ¿Van condensándose, plasmándose las ideas en el pentagrama? Deme prueba afirmativa sin tardanza… Ahora tengo tiempo de estudiar y quiero preparar varias audiciones para el próximo otoño, entre las cuales me debe V. la prometida Sonata, Suite o Fantasía. Ya ha escrito V. para guitarra varias veces y la experiencia adquirida guiará certeramente su mano. Espero, pues, una buena obra. Escríbame enseguida. Con saludos a su Sra. le abraza cariñosamente Andrés538 La siguiente carta es ya del 28 de septiembre. Como era su costumbre, Segovia escribe a Chavarri cuando regresa a casa tras terminar otra de sus giras –en este caso por Italia– y puede tomarse un respiro539. El tono y los asuntos de los que trata esta carta 537 Si bien no aparece en el documento, la localización del remitente la hemos deducido gracias al contenido de esta carta (al igual que en el caso de la cuarta carta de este listado). 538 V. en Díaz–Galbis, Correspondencia (1996), vol. 2, p. 272. Curiosamente, en el cat. BV no aparece referencia alguna a esta carta. Probablemente se trate de un error de catalogación y esperamos que se indexe en algún momento, cuando se revise ese catálogo. 539 El mismo día 28 de septiembre escribía también a su amigo Ponce contándole que había llevado en su coche a Falla desde Ginebra a Venecia para el estreno de El Retablo de Maese Pedro en esa ciudad. 400 (asuntos personales y también profesionales, aunque relacionados con la mujer del compositor) denotan una confianza total y una sincera amistad entre ellos. Segovia parece preocupado, tal vez por algún problema de salud del hijo de Chavarri, que en aquel momento no cumplía aún un año de edad. Este le había enviado la Sonata II – como hizo con Pujol en 1927– con la esperanza de que fuera Segovia quien la rescatara y diese fama con sus conciertos. Mala idea: el Maestro de Linares no aceptó nunca tocar obras nuevas que no estuvieran dedicadas a él540. A pesar de esto, le comunica una opinión muy favorable sobre la obra y una muy poco creíble intención de tocarla, pero lo que él realmente quiere es su “pequeña Suite de tres o cuatro números” y sugiere que antes de enviárselos, para ahorrarle tiempo, Robledo haga las funciones de adaptadora: Mi querido Eduardo: Acabo de regresar a casa y por tanto de recibir su carta. Nada he sabido de su niño y nada sé. Comuníqueme V. lo que haya. Yo estoy casi siempre sin noticias de España. No escribo a casi nadie y de nada me entero. Vuelvo de hacer un viaje por Italia, y ayer me he reintegrado a la lluvia de este país húmedo– protestante. Ahora trabajaré para preparar mis conciertos y saldré dentro de quince días. Veré empresarios de distintos países y hablaré de su Sra. Pero V. no ignora, querido Eduardo, que la crisis se ha dejado sentir pesadamente sobre artistas y contratistas de todo el mundo. Es difícil obtener un cachet fijo y cuando lo fijan es poco importante, y muy pocos arriesgan lo necesario para dar a conocer a un artista nuevo o una nueva modalidad de arte. Sin embargo yo hablaré con interés y si hay alguno que ceda lo pondré enseguida en comunicación con V. La Sonata de Josefina (a Josefina, mejor dicho) me gusta mucho y pienso tocarla. Pero claro está que preferiría estrenar algo escrito para mí. No es preciso que sea una Sonata. Haga una pequeña Suite, de tres o cuatro números, y vaya mandándomelos. Hágalos ver, primero, por Josefina, para que no se pierda tiempo en ver, suprimir o reemplazar cosas que no entran en los límites materiales de la guitarra, y después, yo haré lo demás. Hasta el quince de octubre estaré en casa. Escríbame pronto. Un saludo muy afectuoso para su señora y para V. un fuerte abrazo de su buen amigo. Andrés541 Nuestro autor no va a responder a esta petición con tanta diligencia como en anteriores ocasiones y eso hace que Segovia se impaciente. En diciembre vuelve a escribirle, algo molesto, con un registro irónico que, si no fuera por la amistad que sabemos que compartían, nos podría parecer hasta ofensivo. No obstante le anima a que complete, de una vez por todas, la obra que le pidió en su última visita a Valencia: Mi querido Eduardo, No sé nada de Vd. ni Vd. de mí desde este verano en que nos cruzamos unas cartas, yo incitándole a trabajar y Vd. prometiéndome hacerlo. El silencio que ha seguido a ellas revela, Aprovecha para instar también a Ponce a terminar el Concierto del Sur, que estaba escribiendo para él en ese momento: “Comienzo a tocar en octubre, hacia el 10 me iré a pasar unos 20 días en París. ¿Cómo va el concierto? ¿Has trabajado mucho en él? Temo que no.”, v. en Alcázar–Segal: The Segovia–Ponce Letters (1989), pp. 120-121. 540 Paradigma de esto es el Concierto de Aranjuez (dedicado a Regino Sainz de la Maza) el cual, pese a ser el concierto para guitarra y orquesta por excelencia, nunca tocó. 541 Carta de Andrés Segovia a Chavarri (Ginebra, 28–IX–1932). Conservada en la BV, con sign. AELCH CR 2534. 401 cuando menos, su pereza levantina. Temo que diariamente le suceda a Vd. lo que contaba Manuel del Palacio que le ocurría a él, es decir que todas las mañanas su diligencia y su pereza entablaban una lucha a muerte, a la cual él asistía como mero espectador y con la parsimonia de quien es indiferente a la victoria de una o de otra. A las ocho de la noche, vencía la diligencia pero como pronto sería hora de acostarse… Yo espero que su actividad triunfe en la composición que me prepara aunque desfallezca en todo lo demás y para inyectarle ánimo, le mando estas líneas. Deseo que su vástago no haya cambiado el turno de sus llantos y que deje a sus padres quererle con perfecto descanso. Salude afectuosamente a su señora y le abraza con cariño. Andrés542 No creemos que, ni aún en broma, a Chavarri le agradara lo más mínimo que le llamaran perezoso (difícil imaginar un adjetivo más injusto para definirle), así que se pone manos a la obra y –por lo que Segovia explica en la última de sus cartas, del 22 de abril de 1933– ya en el mes de febrero le había enviado la nueva composición; ¿tal vez se trataba de su tan demandada nueva suite? La carta está escrita desde la costa atlántica francesa, donde Segovia había llegado tras una nueva gira de conciertos: Mi querido Chavarri: Acabo de bajar del barco, como quien dice. He estado tres meses en México y Cuba, y ayer desembarqué en Saint–Mazaire [sic]543. He abierto la montaña de cartas y paquetes que me aguardaba y su envío es una de las cartas que más me han alegrado. Aún no lo he visto. Pero como está fechado su certificado en febrero y puede que V. no sepa que yo he estado ausente desde el 20 de enero, no quiero aplazar ni un día más esta carta que le llevará la explicación de mi silencio de ahora, completamente distinto al que he guardado hasta mi último viaje a Valencia. A esta carta seguirá pronto otra, con las noticias oportunas sobre la obra. A la cual me dedicaré en cuanto haya descansado unos días de los 14 que me he pasado en el vapor “Guadalupe”. México está maravilloso. La pistola, visible antes –¡y hasta audible... !– en la cintura de todos los mexicanos, ha pasado un poco más al interior. Pero allí está siempre. Es una gente extraordinaria. A pesar del ruido de las armas, se deleitan con la música, y acogen a los artistas con entusiasmo verdadero. En fin, hasta pronto. No pasarán tres días sin que vuelva a coger la pluma para V. Suyo afectísimo y con un abrazo A. Segovia Saludos a su Sra., besos al pequeñín y un apretón de manos para Josefina. Graciosísimos sus monos. ¿Ilustra V. siempre sus cartas así?544 542 Carta de Andrés Segovia a Chavarri (Ginebra, 11–XII–1932). Conservada en la BV, con sign. AELCH CR 2535. 543 Saint–Nazaire, localidad costera del oeste de Francia, cercana a Nantes. Efectivamente, en Gimeno, op. cit., hemos encontrado listados siete conciertos en México y uno en La Habana entre el 15 de febrero y el 27 de marzo de 1933. 544 Carta de Andrés Segovia a Chavarri (Ginebra, 22–IV–1933). Conservada en la BV, con sign. AELCH CR 2536. 402 Andrés Segovia, acompañado de dos damas en 1933 (Archivo de Elisa Romero Fernández, Toledo)545 Carmen Andújar con su hijo Eduardo (ca. 1933)546 545 Fuente: Stevens, “Segovia y Alemania” (2015-2016), p. 99. 546 Fuente: Página web del Proyecto Chavarri: [consultada en julio de 2021]. 403 3.6.2. Tríptico: Preludio, Andante tranquillo y Finale ¿Otra suite de Chavarri malograda? La realidad es que Chavarri ya había firmado una nueva pieza solo quince días después de que Segovia le tildara de perezoso (algo que un trabajador infatigable como él no estaba dispuesto a pasar por alto). En la BV se han conservado dos copias manuscritas de un Andante tranqo, firmadas por el compositor el 26 de diciembre de 1932547. Alguna otra mano, con tinta azul puso el título de Intermezzo en ambas… pero de esto trataremos más adelante. Detalles de la primera y segunda página del ms. autógrafo del Andante tranqo (Intermezzo), BV, sign. AELCH-pro-58-2 Hemos podido recabar algunas pruebas más sobre cuál pudo haber sido el contenido del envío que Chavarri hizo a Segovia en febrero de 1933, del que acabamos de tratar. Antes de la fecha de la última carta de Segovia, en la que daba acuse de recibo del envío –22 de abril, recordemos–, sabemos que Chavarri había terminado también una primera versión de al menos otras dos piezas escritas para la nueva suite con los títulos de Preludio y Finale, obviamente destinadas a servir de entrada y colofón de la composición. Los manuscritos de estas dos piezas, conservados en la BV con signs. AELCH/pro 75–1 y AELCH/pro 76–1, tienen anotaciones autógrafas de sus fechas de composición: 8 de marzo y enero (sin día) de 1933 respectivamente. 547 Con signs. AELCH/pro 58–1 y AELCH/pro 58–2. 404 Detalles de los mss. autógrafos del Preludio y Finale con sus fechas de composición BV, sign. AELCH-pro-75-1 y AELCH-pro-76-1 Una prueba adicional de que Segovia llegó a recibir estas piezas la constituye otro manuscrito autógrafo del Finale, en limpio, dedicado a Segovia y revisado por Josefina Robledo (sin fecha), que se conserva en el archivo del Museo Andrés Segovia de Linares. Por desgracia, no existen vestigios de que las copias enviadas a Segovia de las otras dos piezas sobrevivieran a los numerosos traslados y avatares de su vida. En vista de todos estos datos podemos afirmar sin temor a equivocarnos que las tres piezas – Preludio, Andante tranquillo, y Finale– fueron las que conformaban la nueva suite y, por tanto, las que Chavarri envió a su impaciente dedicatario. Detalle de la primera página del ms. autógrafo del III. Finale E–LINas: sin número de catalogación 405 Préstese atención además al “III” que precede al título en este manuscrito porque otro de los conservados en la BV, uno del Andante tranqo, en limpio, que incluye digitaciones e indicaciones de cejillas (con toda probabilidad, de Josefina Robledo), también está encabezado por una numeración: “II”548. Primera página del ms. autógrafo del II. Andante tranqo (BV, sign. AELCH/pro 58–2) Por su parte, en el encabezamiento del manuscrito del Preludio, al principio de la primera pauta, Chavarri anota “Tríptico”. Puede ser que en un primer momento Chavarri valorara que la nueva suite reclamada por Segovia, para distinguirse de la que había escrito diez años antes, se titulase Tríptico: Preludio, Andante tranquillo, y Finale. Todo indica que descartó la posibilidad de incluir el Bolero de la Suite original – que, según sus propias palabras, tanto había gustado a Segovia– en la nueva composición. Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Preludio (BV, sign. AELCH/pro 75–1) 548 Nótese que en este manuscrito también se ha añadido, por otra mano distinta a la de Chavarri, el título de Intermezzo. 406 Segovia había prometido que a su última carta seguiría “pronto otra, con las noticias oportunas sobre la obra. A la cual me dedicaré en cuanto haya descansado unos días”. Sin embargo, hasta donde hemos podido saber no existe ningún documento, carta, reseña periodística o testimonio posterior que demuestre que llegara a tocar la nueva suite o al menos alguna de sus piezas. ¿Cuál puede ser el motivo de este nuevo desdén? Hemos encontrado una par de noticias que, si llegaron por algún medio a oídos de Segovia, podrían explicarlo: El 10 de septiembre de aquel 1933, un mes antes de que Segovia emprendiera su temporada otoñal de conciertos tras el descanso estival549, Josefina Robledo –que a la sazón se había encargado, por indicación del propio Segovia, de revisar las piezas de esta segunda suite (o Tríptico)–, aún estando retirada de los escenarios, participaba en una emisión radiofónica que fue reseñada en un diario de Salamanca. En su programa incluía un “Andante de la Suite para guitarra” de Chavarri: RADIOFÓNICAS Recital de guitarra a cargo de Josefina Robledo. “Preludio”, Bach; “Berceuse”, Illinsky; “Gavota”, Gluck; “Andante de la Suite para guitarra”, E. L. Chavarri; “Torre Bermeja”, Albéniz; “Sueño” (trémolo), Tárrega550. Aunque la Arietta de la primera Suite también tiene como indicación de tempo “Andante moderato” creemos firmemente que el Andante que interpretó para esta ocasión fue el recién compuesto por Chavarri y revisado por ella misma. Los motivos para nuestra afirmación son dos: en primer lugar, si la obra interpretada hubiese sido la otra, razonablemente habría sido anunciada por su título (Arietta) y no por la indicación de tempo. Un segundo razonamiento, tal vez más contundente, se basa en que este nuevo Andante tranquillo del Tríptico fue tan del gusto de Robledo que Chavarri con el tiempo terminó por convertirlo en una pieza independiente dedicada a ella que titularía Intermezzo (probablemente por su ubicación primitiva en el centro de la composición). Toma sentido entonces el hecho de que a los primeros manuscritos de la obra se les añadiera el nuevo título con tinta azul en algún momento. La otra noticia, que si Segovia llegó a conocer seguramente se tomaría como un gran agravio, la adelantamos ya de forma un tanto misteriosa en el apartado 3.3.3551. El alumno de Josefina Robledo, Albor Maluenda, tocó en un recital en el Conservatorio de Valencia, el 22 de diciembre del mismo año, “el Final de una Suite de guitarra, de Chavarri, escrita para ejecución difícil y que, sin embargo, Albor Maluenda salvó con entero dominio de sí mismo, escuchando grandes aplausos”552. Son palabras del propio 549 El primer concierto de Segovia después del 1 de agosto de 1933 (fecha en la que había tocado nada menos que en Yakarta) fue el 9 de octubre en el Théâtre Municipal de Lausana. 550 El Adelanto: Diario político de Salamanca: año 49, número 15146 –10 de septiembre de 1933, p. 6. 551 V. en la p. 236 de este trabajo. 552 Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20963 – 20 de diciembre de 1933, p. 5. 407 Chavarri, autor de la crítica de ese concierto. Por cierto, en este caso se decide ya por nombrar a la obra como Suite y no como Tríptico –como ponía en el manuscrito del Preludio–. Proponemos, pues, para editar correctamente la obra –es decir, colacionando, analizando y esquematizando la prelación de las numerosas fuentes autógrafas disponibles– el título de Suite II para esta composición desmembrada por los acontecimientos históricos. Lo que está claro es que Segovia no encajaría nada bien que otra guitarrista –y mucho menos un imberbe alumno suyo– tocara en público una obra de la que iba a ser dedicatario antes de que él mismo la estrenara en concierto. Téngase en cuenta, de todos modos, que este relato pertenece al mundo de las hipótesis y no podemos descartar que simplemente, una vez más, Segovia tuviera una valoración negativa de la obra y postergara por ello indefinidamente la inclusión de la misma en sus programas. Ya hemos adelantado que el Finale sirvió al menos como base para la creación del tercer movimiento del Quartettino, el Preludio se perdió durante décadas y finalmente fue publicado tras la muerte de Chavarri (de eso hablaremos pronto) y el Andante tranquillo fue la única pieza de esta bautizada por nosotros Suite II que se publicó en vida de Chavarri, en 1967 con la UME y bajo el nuevo título de Intermezzo. En la BV se han conservado una serie de manuscritos autógrafos de la revisión de la obra, con la digitación de Robledo, en los que con escritura autógrafa ya figura como título el de Intermezzo. Están firmados por Chavarri y datados entre 1950 y 1951553. Una de esas copias, con fecha de 9 de mayo de 1951, tiene una dedicatoria en francés para Oscar Carlos Cabot con quien, después de veinte años, seguía manteniendo una cordial relación a pesar de no recordar correctamente su nombre de pila. Detalle de la primera página de un ms. autógrafo del Intermezzo (Andante tranqo), 1951 BV, sign. AELCH/pro 59–2 553 V. en el catálogo de este trabajo, apartado 3.1.4, pp. 173-176.. 408 Portada y primera página de la edición del Intermezzo, UME, 1967 Unos meses después de la muerte de Chavarri, el Certamen Internacional de Guitarra “Francisco Tárrega” de Benicasim, en su quinta edición (agosto de 1971) incluía el Intermezzo entre las obras obligadas del concurso554. Entendemos que fue este un gesto de reconocimiento y homenaje hacia un compositor que dio mucho más a la guitarra de lo que ella le supo devolver. En el jurado de esa edición estaba prevista la presencia de Rafael Balaguer, pero no pudo asistir por problemas de salud. Tal vez él tuvo alguna influencia en la elección de la obra de Chavarri para el programa obligado del certamen de ese año. 554 Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: año XXXIV, número 10191 - 18 de agosto de 1971, p. 7. 409 3.6.3. Las ediciones póstumas: Tríptico de Homenajes y Preludios a Valencia Poco tiempo después de la muerte del compositor (acaecida el 28 de octubre de 1970), la UME publicó dos nuevas colecciones de obras suyas para guitarra, hasta ese momento desconocidas. Se trata de dos trípticos (parece que este esquema es recurrente en la producción de Chavarri, sea en vida o póstumamente) titulados Preludios a Valencia (1971) y Tríptico de homenajes a los compositores valencianos (1972). Tenemos motivos para pensar que estos títulos son apócrifos, ya que, aparte de que su fecha de publicación excluye cualquier posible intervención directa del compositor, muchas de las piezas que componen ambas colecciones pertenecen en realidad a anteriores obras, como veremos a continuación. Carles Trepat, en septiembre de 2013 (algunos años después de que grabara su excelente versión de la Sonata I) fue el primero en advertir de que la responsabilidad de la “creación” de estas colecciones tenía que ser completamente ajena a Chavarri. Se refería en concreto a dos movimientos de la Sonata I que con versiones simplificadas, basadas en fuentes secundarias o incompletas, habían sido integrados en las colecciones: Tras la muerte de Chavarri, Unión Musical Española publicó dos obras del autor valenciano en las que se incluía el primer y tercer tiempo de la Sonata I. Se trata de los “Preludios a Valencia”, de los cuales el tercero y último resulta ser el primer tiempo de la Sonata, aquí presentado como “Danza del sur”. La otra obra es el “Tríptico de Homenajes” (a los compositores valencianos), de los cuales el primero (a Luis Milán), corresponde al tercer tiempo de la Sonata. Esto ya son conjeturas mías, pero muy posiblemente se trate de agrupaciones de diversas obras de López–Chavarri Marco que quedaron sin editar; es fácil pensar en el hijo del compositor como responsable. El texto musical aparece en mi opinión muy empobrecido respecto al manuscrito para Llobet555. Efectivamente, si repasamos las piezas que conforman ambas publicaciones veremos más claramente la rocambolesca situación. Empezaremos por la primera cronológicamente hablando, los Preludios a Valencia (ed. en 1971), obra formada por las siguientes tres piezas: I. Benicasim II. Huertas de Sagunto III. Danza del Sur No hemos localizado en ninguna de las bibliotecas y archivos que hemos consultado para nuestro trabajo (que son precisamente los lugares donde era más probable encontrar música de Chavarri) ningún manuscrito o fragmento relacionado con las dos primeras piezas. Tampoco tenemos información de en qué momento fueron escritas y bajo qué circunstancias, salvo que en la publicación de UME la primera está dedicada a Josefina Robledo y la segunda a Andrés Martí. Las dedicatorias que 555 V. en línea, [consultada en julio de 2021]. 410 aparecen en estas dos colecciones póstumas las consideramos, en general, poco fiables y algunas en particular –involuntariamente– casi ofensivas, como veremos. En este caso nos parece bastante extraño que una pieza dedicada a Robledo como Benicasim –no olvidemos que colaboró muchos años con el compositor y que existen numerosos manuscritos suyos conservados en la BV– llegara a publicarse sin digitaciones ni otras indicaciones guitarrísticas en absoluto. Sobre Andrés Martí hemos podido encontrar muy poca información: nació en Gandía en 1946 y tras una primera etapa en la que estudió guitarra con su padre pasó a convertirse en alumno del Conservatorio de Valencia para estudiar con Rosa Gil del Bosque. En ese centro (donde también Chavarri formaba parte del claustro de profesores) Martí obtuvo el Premio Extraordinario de fin carrera en 1964556, por lo que nos parece probable que si Chavarri realmente le dedicó la pieza debió de ser en algún momento cercano y, desde luego, no muy anterior a ese. Nótese que en 1964 Chavarri tenía ya 93 años de edad. La dedicatoria de la Danza del Sur que aparece en la publicación de UME podría definirse como el paradigma del despropósito. Como bien decía Trepat, se trata de un contrafactum del primer movimiento de la Sonata I (recordemos, dedicada a Miguel Llobet) probablemente basado en alguno de los borradores de la obra que alberga la BV o en la adaptación de Josefina Robledo conservada en la misma biblioteca (sign. AELCH/pro 121). Con todo lo que hemos descubierto sobre la relación personal y profesional entre Miguel Llobet y Andrés Segovia, que se tornó especialmente difícil desde principios de la década de 1920, nos resulta irónico a la par que patético que esta pieza apareciera dedicada a Segovia en la publicación en lugar de a Llobet. En descargo de López–Chavarri Andújar (a quien también nosotros atribuimos la responsabilidad de estas ediciones póstumas) hay que decir que con toda seguridad él desconocía los detalles de la intrahistoria de la Sonata I y simplemente decidió utilizar partes de una obra que no había sido publicada ni aparentemente tocada por nadie557. Por su parte, el título de Tríptico de homenajes a los compositores valencianos (ed. en 1972) nos invita a relacionarlo con el Tríptico–Suite II cuya gestación e historia hemos estudiado en el anterior apartado del presente capítulo. Y, efectivamente, la relación es bastante clara. Las piezas que lo integran son las siguientes: I. A Luys de Milán II. A Francisco Tárrega III. A Óscar Esplá 556 Fuente: . Se puede descargar una breve entrevista a este guitarrista para la emisora de radio COPE – Onda naranja a Andrés Martí en . También está disponible en video en [consultadas todas en julio de 2021]. 557 Ignacio Rodes, quien tuvo trato de amistad con Chavarri Andújar, afirma que fue este quien le dijo en uno de sus encuentros que el tercero de los Preludios a Valencia (Danza del Sur) era en realidad una pieza escrita en homenaje a Segovia pero que este nunca la tocó. Por ello decidió cambiar la dedicatoria. Esta confusión es disculpable teniendo en consideración la intrincada historiografía de nuestro repertorio. 411 Portadas de las ediciones de Preludios a Valencia (1971) y Tríptico de Homenajes (1972), UME En este caso el editor va a cocinar su refrito con dos piezas del Tríptico–Suite II –este sí, ideado por Chavarri–, pero cambiando el orden de posición de una de ellas y el título de ambas. Ya que el Intermezzo se había publicado pocos años antes, no era posible (si realmente Chavarri Andújar lo llegó a valorar) incluirlo en esta publicación, así que para completar la obra va a añadir otro contrafactum, ahora del tercer movimiento de la Sonata I, colocándolo, curiosamente al principio, encabezando su recién creado Tríptico de homenajes a los compositores valencianos. Así pues, detrás de esta primera pieza que extrañamente titula “I. A Luys de Milán” (no sabemos muy bien en qué momento pudo relacionar al vihuelista con la sabrosa habanera con la que da inicio la pieza) se sitúa en segundo lugar el que fue Preludio del Tríptico–Suite II con el nuevo nombre de “II. A Francisco Tárrega” y con una escritura muy simplificada en la que el nervioso trémolo con que se dibujaba la melodía (en semicorcheas) del original se convierte en una lánguida línea melódica formada por notas blancas y negras que se mueven mayoritariamente por grado conjunto. Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Preludio (BV, sign. AELCH/pro 75–1) 412 Primera página de la edición de II. A Francisco Tárrega, UME, 1972 La tercera de las piezas por fin coincide en su ubicación con la composición original, es decir, cerrando el tríptico (no en vano llevaba por nombre Finale y su carácter es ágil, brillante y conclusivo) pero en lugar de dedicárselo a Segovia (lo cual hubiese sido lo lógico y apropiado, ya que el Tríptico–Suite fue escrito para él) pasa a titularse aquí, a nuestro parecer caprichosamente, “III. A Óscar Esplá”. 413 Aunque ambas colecciones de piezas han sido fácilmente accesibles desde su publicación por la UME, apenas ha habido interpretaciones públicas o grabaciones discográficas de ellas. Citaremos aquí las dos más relevantes por la destacada posición de ambos guitarristas en el mundo académico valenciano. En primer lugar hemos encontrado una grabación discográfica de 2009 titulada “Reflejos” –cuyo autor es el actual Catedrático del Conservatorio de Valencia, Rubén Parejo– en la que se incluye la interpretación de una pieza de Chavarri titulada “Homenaje a Tárrega”; es decir, el Preludio del Tríptico–Suite II que en la edición apareció como “II. A Francisco Tárrega”. Contraportada el CD de Rubén Parejo “Reflejos” (2009) La segunda y última referencia la hemos localizado en un concierto ofrecido por el Catedrático del Conservatorio de Alicante Ignacio Rodes en Córdoba, el 22 de julio de 2010 dentro del marco del prestigioso Festival de la Guitarra de dicha ciudad. En su programa, compuesto por música de los compositores de la Generación del 27, interpretó el “Homenaje a Andrés Segovia”, es decir, la Danza del Sur de los Preludios a Valencia, o si se prefiere el contrafactum del primer movimiento de la Sonata I558. 558 V. una crítica de este concierto en El día de Córdoba: diario digital: martes, 22 de julio de 2010. En línea: [consultada en julio de 2021]. 415 4. Conclusiones 416 417 De entre todos los resultados de nuestra investigación, tal vez el que más nos satisface –sobre todo por lo inesperado– es el que consideramos que contribuye a una visión actualizada del personaje de Chavarri, quien hasta la fecha era descrito mayoritariamente de una forma un tanto hierática o bien meramente sentimental y carente de objetividad. Las fuentes primarias de información incluidas en esta tesis doctoral (toda la correspondencia, las crónicas periodísticas chavarrianas, las anotaciones en los manuscritos musicales, etc.) nos han servido para contrastar unos hechos históricos que objetivamente demuestran la rica y compleja personalidad de un hombre que, más allá de los tópicos del maestro reverenciado por todos, tuvo sus pasiones, sus devociones, pero también sus enfados y ataques de orgullo, como cualquier ser humano que se precie de serlo. También pudimos confirmar, a medida que profundizábamos en el estudio de su obra guitarrística, la primera impresión que teníamos sobre Chavarri: fue un artista imposible de clasificar por más que se le haya irreflexiva y recurrentemente asociado a distintas generaciones (a veces a la del 98 y otras a la del 27, por ejemplo) y a distintas tendencias estéticas o “ismos”, cuando en realidad no nos parece posible ni necesario etiquetarlo. Su estilo como compositor es elegante, personalísimo y desde luego libre de adscripciones y militancias. Hemos contrastado el estudio de la correspondencia con el de las fuentes manuscritas del repertorio, y tal colación, unida a la recopilación de testimonios sobre la recepción de las obras de Chavarri (que hemos conocido gracias a los comentarios en la prensa de la época) han dado como fruto un relato coherente y completo de todo el proceso histórico que llevó a la formación de nuestro repertorio. Las motivaciones, los estímulos, los desengaños y abandonos y, en fin, un amplio abanico de expresiones y emociones humanas, han ido apareciendo durante la investigación para recrear una historia viva y apasionante que confirma nuestros objetivos iniciales y explica muchas de las preguntas que nos hacíamos al iniciar el proceso. Las razones del tan largo vacío de interés por parte de los guitarristas y de los investigadores especializados en asuntos guitarrísticos tiene mucho que ver con el relato al que acabamos de referirnos, porque no estamos ante un repertorio de calidad mediocre (hablando en términos generales, porque ya hemos comentado que ciertas obras ciertamente desentonan del conjunto) e incluso podemos decir que algunas de estas composiciones están objetivamente entre las más destacables de su tiempo y género, especialmente las dos sonatas. El olvido debemos por tanto achacarlo principalmente a las desatenciones de los guitarristas que colaboraron con Chavarri, provocadas por las dificultades de interpretación del repertorio y por cierto anacronismo estilístico de unas composiciones por lo demás excelentes; aunque también hay que señalar diversas circunstancias personales y desgracias sociales acontecidas en el periodo en que se crearon (de las cuales hemos tratado en profundidad en nuestro trabajo) y una cierta falta de ambición del propio Chavarri para promocionarlas con verdadero empeño. Por ejemplo, en el caso de la Sonata II, esa falta de ambición hizo que finalmente se publicara más de 30 años después de su composición, en un momento histórico en el que los guitarristas nacionales e internacionales ya se interesaban por 418 otro tipo de repertorio vinculado a las nuevas figuras del instrumento como eran, en España, Narciso Yepes, y en el extranjero, Julian Bream y John Williams, por citar a los más destacados. Aunque cualquier persona interesada podía acceder con cierta facilidad a las obras guitarrísticas de Chavarri con anterioridad a este trabajo –algunas estaban ya publicadas y otras, al menos, catalogadas y sus fuentes manuscritas localizadas en la BV y en otros archivos desde hace algunos años–, en el cap. 3.6.2 puede consultarse el proceso mediante el cual hemos podido descubrir la existencia de una segunda suite (a la que hemos bautizado como Tríptico–Suite II) que, aunque fue concebida originalmente con una estructura determinada, terminó después desmembrada por causa de un nuevo desprecio segoviano; desmembrada primero por el propio Chavarri (que extrajo la pieza central, Intermezzo, para publicarla de forma independiente) y después, en las ediciones póstumas, por la artificiosa creación de otra obra con similar denominación (Tríptico de homenajes a los compositores valencianos) que contenía una versión empobrecida de las otras dos piezas unidas a un contrafactum del tercer movimiento de la Sonata I (que permanecía y aún permanece inédita) no menos disminuido en su calidad musical. Tal vez nuestro trabajo pueda haber contribuido a recuperar la estructura original de esta composición y haya servido para que, tras una pertinente edición crítica, algún día pueda por fin integrarse en el repertorio de la guitarra del siglo XX. Nuestro corpus musical es un paradigma dentro del repertorio guitarrístico de Entreguerras, puesto que las obras que lo componen presentan las mismas características que definen a muchas otras obras, como las muy destacables Homenaje de Manuel de Falla, Zarabanda lejana y Tocatta de Joaquín Rodrigo y las Quatre pièces brèves de Frank Martin. Todas estas obras tienen fuentes autógrafas originales (algunas veces, numerosísimas) pero también distintas versiones de los propios compositores para piano, para grupos de cámara y hasta para gran orquesta. Este fenómeno se produjo, posiblemente, por el escaso eco que en aquel periodo podían tener tan avanzadas obras en un gremio de guitarristas sin la preparación necesaria para afrontarlas. Desde luego, en vista de las certidumbres que hemos alcanzado con nuestras pesquisas, en el caso de Chavarri parece claro que fue así. En general, no nos parece una opción acertada excluir a estas reinstrumentaciones del conjunto de fuentes a considerar para una edición crítica de las obras de este repertorio, en la misma medida que tampoco se deben asumir a priori como una realización más completa de la idea original del compositor sin valorar su contenido y todos los factores que las provocaron. Desde luego, en las obras de Chavarri nos pueden aportar valiosas pistas sobre numerosos aspectos esenciales de la interpretación que en las versiones para guitarra están ausentes. Si para cualquier tipo de edición la calificación de “definitiva” es siempre discutible, incluso cuando esta hubiera contado con la aprobación del propio compositor, en este tipo de repertorio es aún más discutible por tratarse de música 419 escrita para guitarra por un compositor no guitarrista. La labor de edición de este repertorio se nos presenta como titánica por la enorme cantidad de fuentes autógrafas y de versiones para otros instrumentos que es necesario manejar en muchas de las composiciones. De alguna obra, en cambio, se ha conservado una sola fuente manuscrita además de su edición original (como es el caso de dos de las Siete Piezas para guitarra) y en el caso del Bolero de la Suite se ha conservado también una sola fuente original y una adaptación para orquesta, pero nunca se llegó a editar. Ante esta perspectiva, se hace necesario plantear para la obra guitarrística chavarriana una metodología editorial flexible e individualizada según las características de las fuentes y la historia particular de cada composición. Por ello, en nuestro trabajo hemos presentado varios tipos de edición a modo de muestrario: tenemos algunas ediciones Urtext de versiones orquestales y de cuarteto de cuerda que hasta la fecha no estaban disponibles (relacionadas con la Sonata II); otra edición Urtext del Bolero original (supuestamente para piano–guitarra, aunque escrito a dos claves y con algunos pasajes imposibles de realizar en la guitarra) y de su adaptación orquestal, que pueden servir de base para una futura edición interpretativa pero críticamente informada; y también presentamos una edición crítica completa de las dos composiciones antes citadas pertenecientes a las Siete Piezas. Además, hemos adjuntado en el apéndice 5.3 los manuscritos originales y los impresos relacionados con todas estas ediciones para que cualquier lector pueda comprobar posibles errores que nuestra minuciosa revisión haya podido pasar por alto. La correcta edición, por supuesto crítica, de obras como la Sonata I, la Sonata II, la Suite y el Tríptico–Suite II supone por sí sola una tarea enorme que excedía por mucho los márgenes de nuestra investigación. No obstante, la información aportada por nuestro catálogo sumada al contenido historiográfico que contiene esta tesis doctoral (para esta tarea concreta, especialmente el que figura en el cap. 3) es a nuestro entender una herramienta exhaustiva para resolver con la mayor diligencia y confianza cualquier futuro acercamiento a este más que necesario trabajo editorial que recuperaría para las nuevas generaciones de guitarristas –siempre inquietas y dispuestas a renovar sus programas de estudios y conciertos– un repertorio poco común y singularmente interesante en su forma y en su fondo. Confiamos en que ese futuro sea próximo. 421 5. Apéndices 422 423 5.1. Fuentes periodísticas 424 2.1. Eduardo López–Chavarri: Perfil biográfico y profesional (Fuentes periodísticas) Las Provincias: diario de Valencia: año LXIII, número 19311 – 23 de mayo de 1928, p. 1. Eduardo L. Chavarri (…) En el vestíbulo, en la espera de la calle, una multitud le aclamaba. Y nuestro Iturbi, modesto, con la cabeza un poco inclinada, cogido del brazo de su madre dirigíase al coche. Como alguno de nosotros dijere: —Vaya, que ni a un «fenómeno» de toros allá le hacen esto. En el acto surgió rápido el espíritu valenciano de Iturbi: — Sí, «com a Garrufo; poséuse en fila; marchen». Y disimulando el andar torero, tarareaba la marcha de «Pan y Toros». —Chin tararata, chinta… Una aristocrática dama, cubierta de ricas pieles, exclamaba: —Aún le dura la excitación musical: canta la última obra de Listz que ha tocado. (…) 425 426 Revista Musical de Bilbao, IV, 10 (octubre de 1912), “Decíamos ayer”, pp. 240-241. Eduardo L. Chavarri DECÍAMOS AYER… El señor Nin gusta de levantar polémicas, para proclamarse luego aludido y echar la culpa de ellas a los que él provocó; es el sistema periodístico de los diarios de tiempos de Calomarde. Contra mi voluntad fui traído a la discusión, y de igual manera me veo obligado a insistir, a pesar de mis propósitos. Mi antagonista hace como el famoso general del cuento: —Mi general; ya han disparado el cañonazo que ordenó V. E. pero no llega al enemigo. —Pues si no llega uno dispare usted dos. Y el general Nin repite el cañonazo y gasta pólvora en salvas, creyendo que la historia se construye con los célebres «argumentos», o con retazos de frases tomadas de aquí y de allá, para servirlas en amable pisto manchego de ideas... y comentarios. Es el caso vulgar de cuantos llegaron tarde y sin preparación a la ciencia, figurándose que con prolijos juegos de palabras hay bastante para formar un sistema científico. (...) llega tarde nuestro soliviantado pianista; y lo que es peor, llega después de su denostada Landowska, siendo extraño que exija a los demás tanta memoria quien olvida que antes de escribir él su «Anciens et modernes» ya tenía publicado Landowska el «Mépris pour les anciens», y antes de conocer Nin «La raison de plus fort» ya había publicado la clavecinista «Les transcriptions». 427 428 429 Las Provincias: diario de Valencia: año 61, número 18904 – 9 de octubre de 1926, p. 1. Eduardo L. Chavarri (…) Antich no vivió el apartado ambiente que suele respirarse en Valencia. El supo inquirir lo que por el mundo valía y lo enseñó a sus discípulos. 430 Las Provincias: diario de Valencia: año LXIII, número 19304 - 15 de Mayo de 1928, p. 3. Eduardo L. Chavarri Una tiple que ya es valenciana, Carmen Andújar, se deja oír en París No hace muchos cursos llamaba grandemente la atención en las audiciones del Conservatorio una muchacha que estudiaba canto; era bonita, alta, gesto de Walkyria, tenía espléndida voz de soprano, voz que era orgullo de la clase del maestro Alonso y honor de la casa. De aquella muchacha se hablaba con interés novelesco; su presencia era de argentina; su voz tenía matices de valenciana; sus cabellos rubios dábanle aire norteño, y su nombre sonaba a casticismo andaluz: Carmen Andújar. Todo contribuía en ella para que le rodease ambiente de leyenda; porque, nacida en la Argentina, de padres hispanos que a la Patria castellana volvieran, en Valencia se formó su espíritu: el Conservatorio le dio saber musical, y de él marchó a Milán para completar estudios. (…) Ha estado recientemente Carmen Andújar en París. Lo que solo había de ser una sencilla excursión de vacaciones para respirar ambiente de arte, se ha convertido en algo más lisonjero. Los Iturbi, Nin, la condesa de Boisroubray, Wanda Landowska, el compositor de Brocqua, Emilio Pujol y tantos otros, quedaban encantados al oír a nuestra artista. (…) Al ver aquel éxito, recordábamos con pena otro ambiente de cada día en el que no se alcanza a reconocer el aspecto propicio de un arte como lo es [el de] Carmen Andújar; diríase que surge una extraña angustia, por si hay que mover actividades para otorgar un galardón 431 432 Ritmo: Revista musical ilustrada – año VII, número 115 – 1 de septiembre de 1935, pp. 9–10. E. Berenguer 433 434 Figuras de la Música Española—Radio Nacional de España en Madrid, 16 enero de 1946. Federico Sopeña 435 Las Provincias: diario de Valencia: año LXIII, número 19214 - 31 de enero de 1928, p. 11. Miguel Durán entrevista a Eduardo L. Chavarri Chavarri no quiere hablar de su acción cultural ni de su música. — ¡Pero si ya lo ha dicho todo usted!— nos replica. Insistimos. —Yo di a conocer en Valencia —nos dice Chavarri— la música moderna. Entre otras cosas, he dado conciertos, conferencias y cursos en gran número. (…) La música artística nacida del alma popular, tendrá fuerza y eficiencia mientras directamente se inspire en las efusiones de la raza, bien utilizando los mismos temas populares y formando con ellos una técnica original y vigorosa, bien creando libremente temas, aunque sintiéndose hija de las condiciones que determinen la personalidad y el carácter. —…De análogas orientaciones han surgido los músicos modernos, desde Ravel a Prokofieff, desde Strawinsky a Honneger. Eduardo L. Chavarri concluyó su interesante, cultísima charla, recordando estas frases: —Ya ve usted cómo es infinito el campo de las posibilidades musicales, a base del sentimiento de la raza sin que las estéticas negativas puedan dar eficacia a sus dogmatismos. 436 437 La correspondencia de Valencia: año LI, número 20727, 2ª edición, 21 de noviembre de 1928, p. 4. [s. fr.] (…) Al marchar de Valencia el eminente compositor francés ha dejado en el ánimo de todos el deseo y la esperanza de que esta visita no sea la única. Dichosamente para el arte, Ravel es joven y si fuera verdad lo que un poco en broma decía que él está ahora en su “tercera manera” deseamos que sea muy larga y fecunda en obras tan admirables como las anteriores y que las podamos oír –al menos alguna vez, alguna obra– como ahora ha sido: ante la presencia personal del gran músico. 438 439 Las Provincias: diario de Valencia: año LXIII número 19486 – 20 de Noviembre de 1928, p. 3. [s. fr.] El maestro Ravel en Valencia Nuestra Banda Municipal recibió ayer una consagración como pocas veces pudiera pensarse: la de ser dirigida por el autor genial de «La Valse», y encontrar este felicísima la transcripción de su obra, y admirable el trabajo de1 maestro [Ayllón] y sus profesores. El mismo Ravel estaba sorprendido, admirado. Pasados los diez y ocho o veinte primeros compases –decía– se halló «situado» ante la Banda, se entregó a dirigir, en su alegría hizo efectos de momento y los profesores le respondían a maravilla ¡ello era una revelación para el maestro! (…) Y cerró los saludos el maestro Chavarri, quien lo hizo en francés con sentidas palabras que Ravel agradeció sobremanera. Luego hubo la nota pintoresca de los bailes populares; los trajes y pasos causaron la admiración del gran maestro, que tenía a su lado a Chavarri, quien le explicaba detalles de época y de música; esta le produjo también una gran impresión y todo ello hizo en el ánimo de Ravel huella imborrable. (…) En el concierto de la Banda Municipal se ejecutó música valenciana y se interesó Ravel en gran manera por las melodías populares de Chavarri y por las «Gongorianas» de Palau, el cual las dirigió, siendo muy aplaudido (repitiendo la dedicada a Ravel) y felicitado también por el insigne francés, como antes lo fuera Chavarri. 440 441 Las Provincias: diario de Valencia: año LXIII número 19485 - 18 de noviembre de 1928, p. 2. [s. fr.] VALENCIA —La Banda Municipal de Música interpretará hoy a las once de la mañana, en los Viveros Municipales, el siguiente programa: Primera parte.–«Lo cant del valenciá», marcha popular valenciana, Sosa; «Una nit d’albaes», poema sinfónico, Giner; «Danzas valencianas» a) allegretto mosso; b) moderato, F. Cuesta; «El sombrero de tres picos» : a) danza de los vecinos; b) danza del molinero; farruca, Falla. Segunda parte.–«Gongoriana» (primera vez), I Noel; II Celos está la niña; III No sé qué me diga, diga; IV Eucarística; V En el baile del égido [sic]; VI Glorioso parte don Juan, Palau Boix. Tercera parte.–«Cuadros levantinos»: a) danza de Albaida; b) lo ball dels nanos, Chavarri; «La Valse» poema coreográfico, Ravel. 442 443 Las Provincias: diario de Valencia: año LXIII, número 19492 - 27 de noviembre de 1928, p. 1. E. L. CH. (Eduardo López–Chavarri) DE ARTE Manuel Moreno Gimeno es un pintor que lleva al arte los entusiasmos de su juventud y el deseo de producir tal como él siente la emoción. Inquieto, curioso, buscando tal vez una disciplina pictórica en el exterior antes de hacer la propia disciplina espiritual, sus obras aparecen con la vivacidad del momento y con todo el impulso juvenil que las formó. Esa inquietud de Moreno Gimeno la vemos en la Exposición que ayer inauguró en el Círculo de Bellas Artes. Impresiones de Mallorca, o paisajes de Londres, luminosidad de Valencia o nieblas de Brujas, siempre tiene el joven pintor momentos propicios para ir estudiando, resolviendo, «apretando», como dicen los pintores en su «argot» de taller. Acaso la nota más agradable de esta Exposición sea la que deja ver su autor; son trabajos de búsqueda, son análisis y estudios; así es que el paisajista no se cree inmodestamente haber superado la técnica (¿qué artista creerá nunca esto?) y se esfuerza por adquirir cada vez más seguridad de mancha, más armonía en los colores, más brillantez en las luminosidades a cielo abierto, más dulzura en los matices medios. 444 445 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 11911 – 06 de abril de 1899, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) CRÓNICAS MUSICALES LA MISA EN “DO” DE BEETHOVEN Es tan poco frecuente oír obras del género religioso que sean de buenos autores, y que, además, estén ejecutadas con todas las condiciones que requieren, que el solo anuncio de la audición de una misa de Beethoven, es bastante para que señalemos el día con piedra blanca. 446 447 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 12019 – 23 de julio de 1899, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) CRÓNICA MUSICAL (…) Y este año se ha suprimido el certamen musical, fiesta del diletantismo rural, moralizadora al decir de los amateurs, reproductiva y también poética. En la Plaza de toros, entre los silbidos de las locomotoras y los taponazos de las limonadas, allá en la arena, se lidiaba a Wagner, se remataba a Verdi y se estoqueaba a Meyerbeer. Y nunca se ha progresado; todos los años lo mismo. El arte municipal no ha sabido ver otra cosa. ¡Dios le conserve la vista! 448 449 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 11976 – 10 de junio de 1899, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) CRÓNICAS MUSICALES Prosa en Música Con motivo de las representaciones de la obra de Granados María del Carmen, desde que se estrenó en Madrid esta, hasta su reciente «primera» en Barcelona, se ha suscitado en la prensa la cuestión de la prosa en el drama musical. Las opiniones han sido encontradas, (…) Bienvenida sea la prosa al drama musical… con tal de que esta sea buena. ¡Cuántos cantarán de corrido el prólogo de I Pagliaci sin darse cuenta de que está en prosa, y que hace excelente una música que, en mi sentir (y en el de un ilustre maestro español), es inferior a la de Granados! 450 451 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 12029 – 2 de agosto de 1899, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) CRÓNICA MUSICAL “LOS PIRINEOS” EN SAGUNTO (…) Nos dicen que nuestras apreciaciones humorísticas acerca de la presente cuestión [Nota: se refiere a la representación en Sagunto de Los Pirineos, de Pedrell] han removido los malos humores de algún anónimo censor, expresados en forma descortés. Esto nos dispensa de toda relación, respecto del caso. Pero no deja de tener gracia eso de que haya quien tenga una desazón por cada broma nuestra. Por ser la primera alusión recibida, diremos, no como contestando, pues no lo hacemos con los intrusos, sino como advertencia por primera y última vez, que quien pretenda que le hagamos el juego va muy equivocado. El que quiera nombre, que se lo gane con sinceridad, trabajo y crianza. ¡Bueno fuera que hubiéramos de parar mientes en todas las imbecilidades que nos salen al paso! 452 453 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 11918 – 13 de abril de 1899, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) CRÓNICA MUSICAL Un cuarteto Aunque parezca mentira, entre el cúmulo inmenso de farragosas producciones con que nos amenazan constantemente «ingenios» hueros, todavía puede descubrirse alguna personalidad que merezca el nombre de músico y que cultive su arte sin mentira, con cabal conocimiento de causa. Porque tales se están poniendo las cosas, que aquí usamos genios para andar por casa y debajo de cada adoquín aparece un maestro, o vice-versa. El hecho es que esa palabra «maestro» se aplica al primer aporrea-teclas que se saca un paso-doble, o compone una mazurka de salón (¡siempre de salón!), o escribe una romanza llorosa o enjareta un salutaris con que ofende, indudablemente, a la elevada persona a la que va dirigido. (…) Y tanto más, cuanto que la decadencia de la música di camera ha llegado aquí a un extremo tal, que más bien puede llamarse anulación. Pues bien; un artista modesto, tan modesto como inteligente y sabedor a fondo de estas cosas de la música; un representante digno de nuestra escuela, D. Francisco Antich, ha sido el que merece ser citado por su laborioso trabajo, (…) ¡Dios se lo pague al señor Antich y a los pocos que, como él, todavía se esfuerzan en pro del arte de verdad! 454 455 Ritmo: Revista musical ilustrada, año VII, número 120 – 1 de diciembre de 1935, p. 4. Eduardo L. Chavarri La Orquesta Sinfónica de Valencia (…) Otro inconveniente se presentó luego. La decadencia moral de los públicos, contaminados por la fácil sensualidad, y que al gran arte lírico preferían el cuplé y el «jazz-band». Los profesionales de la Música se veían cada vez más obligados a vivir en la contaminación de «varietés» y «music-hall». La Orquesta que nos ocupa luchó con denuedo, y no sucumbió. Cierto que sufrió la crisis general y llegó (la verdad obliga) a experimentar actuaciones medianas, o acaso menos, mezclando el repertorio en sus pruebas de vida. ¿Por qué? Pues porque aquí faltaban apoyos eficaces, subvenciones serias como en otras partes tienen las orquestas sinfónicas (¡aquellas juntas, presididas muchas veces por distinguidas damas, que responden del déficit de las grandes orquestas!) No hablemos de la masa de público que no tiene poder para oír un concierto ni gana de hacer en él un gasto mínimo, pero corre a dejar grandes sumas en el boxeo y otros deportes brutales. 456 457 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXVI, número 12851 – 2 de noviembre de 1901, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) (…) Desgraciadamente, en nuestro país, se acostumbra tanto a prodigar ditirambos exagerados a producciones artísticas sin color alguno, que ya los lectores desconfían y con razón. Hay una especie de crítica (musical, sobre todo), monopolizada por quienes no tienen la menor idea respecto del arte, y que se reduce a prodigar alabanzas vacías de sentido a todo cuanto trata. Leyendo estas reseñas no se sabe nunca lo que sea el artista que se juzga, la composición de que se habla, la orquesta que se describe: podría muy bien, cambiándose los nombres aplicarse el mismo artículo a los más diferentes músicos, parece que estas críticas las hace algún comerciante de jabones finos. [Véase el texto íntegro de esta crítica en las pp. 470-471] 458 459 Ritmo: revista musical ilustrada: año XXXVI, número 364 – junio de 1966, p. 9. Francisco López Lerdo de Tejada DEL HOMENAJE NACIONAL EN HONOR DEL DECANO DE LA CRITICA ESPAÑOLA, MAESTRO EDUARDO LÓPEZ CHAVARRI Y MARCO Por iniciativa de El Alcázar, todos los diarios de Madrid, sin excepción, y con ellos Ritmo, se adhirieron a la idea de un homenaje nacional que debía rendirse al decano de la crítica musical española, maestro Eduardo López Chavarri y Marco, con motivo de cumplir los noventa años, y de ellos ochenta dedicado a la crítica con total entrega y éxito, sin olvidar su labor de creación como compositor. (…) Esto que esbozamos nos parece debiera llevarse a la práctica con motivo de la próxima fecha gloriosa del 18 de julio, Fiesta de Exaltación del Trabajo, para que ese programa se cumpliera antes que el citado homenaje hubiera de convertirse en póstumo, dando al traste con esta bella iniciativa de nuestro colega El Alcázar y su crítico Fernando Ruiz Coca. No somos partidarios de los homenajes póstumos, y por ello reiteramos nuestro deseo de que este se celebre pronto y en vida del homenajeado. 460 461 2.2. Francisco Tárrega: primer referente guitarrístico para ELCH (Fuentes periodísticas) Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 11894 – 20 de marzo de 1899, p. 2. [s.fr.] Notas artísticas Un periódico de Granada dedica los siguientes elogios al notable guitarrista valenciano Sr. Tárrega: «Con una complacencia que no olvidaremos, nos hizo oír obras de Mendelssohn, Schumann, Gottschalk, Albéniz y otros autores, transcritas de tan prodigiosa manera, que para guitarra parece que se pensaron y escribieron. También tocó algunas de sus primorosas composiciones, cuyo carácter original sorprende, porque adviértense unidas de encantadora manera la melodía española, de corte sencillo, poético y elegante, con la armonización clásica de severa factura y sabia técnica. Ya lo he dicho antes: nos produjo a todos tan extraordinario efecto el escuchar al grande artista que por lo pronto ni aún acertábamos a hallar frases adecuadas con que demostrar nuestro entusiasmo. Los prodigios de Sarasate, por ejemplo, dejan siempre considerar que es un violín el instrumento en que se hacen; pero la guitarra de Tárrega deja de serlo para convertirse unas veces en misteriosa arpa angélica, cuyas delicadas notas penetran el alma; semeja otras veces maravillosa combinación de pizzicatos de instrumentos de arco con otros sonidos de imposible definición, y cuando canta conmueve y cuando hace prodigios de estupenda ejecución abruma, porque a nadie se le ocurre pensar que tales maravillas se puedan hacer». 462 463 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXIV, número 12108 – 20 de octubre de 1899, p. 2. [s.fr.] TÁRREGA EN ALCOY Alcoy, 17 octubre 1899. Sr. Director de Las Provincias. La inauguración de la feria de Santa Teresa vióse el domingo desanimadísima a causa del violento chubasco que desde mediodía descargaron las nubes sobre nuestra ciudad; pero amaneció el lunes apacible, con sol esplendoroso y temperatura primaveral, contribuyendo poderosamente a la extraordinaria animación que durante dicho día se notó en el delicioso paseo de la Glorieta, lugar donde está emplazada la citada feria. (…) Novedades, ninguna; los imprescindibles tíos vivos, encanto de los nenes y reunión de soldados y niñeras, un barracón en el que exhibe sus positivas un cinematógrafo Lumiere y una serie no interrumpida de fonógrafos, más o menos económicos, son todos los atractivos y pasatiempos que encierra la feria este año. Dícese que Mr. Malleu exhibirá sus leones amaestrados, en un barracón que se construirá ad hoc en la Plaza de San Agustín; pero hasta ahora nada se sabe con seguridad. En cambio nos ha cabido la dicha de tener entre nosotros al eminente Tárrega, al maestro por excelencia de los maestros guitarristas, que habiéndose comenzado ya su tournée artística, ha caído en Alcoy como maná para los inteligentes y aficionados a la música bien interpretada. Ha celebrado varios conciertos en alguna de nuestras sociedades, y nos ha convencido de que es general en vanguardia entre los pocos que llegan a figurar en este dificilísimo arte. Domina en absoluto su instrumento, conoce todos sus resortes y secretos, y a fuerza de talento, constancia y estudio, ha conseguido imponerse a unos cuantos centímetros de cuerdas, haciéndolas emitir, a su voluntad, notas delicadamente suaves unas veces, bizarras y enérgicas otras, hermosísimas siempre. Identificado con la música di camera, como con la popular, llega siempre al alma de quien le oye, sea quien quiera. Cuando interpreta a Beethoven y Chopin, las cuerdas de su guitarra vibran dulcemente, conmueven como conmovería el cálido aliento de una Nereida; si a Verdi, vibran con brutal valentía, son cantos guerreros que desquician el cerebro, notas que saben a sangre hirviente, que se desprenden seres, aceradas, que calientan y entusiasman con sus vibraciones metálicas, y si interpreta canciones populares, de las cuerdas por él pulsadas nacen dolorosos quejidos, tiernos reproches, frases apasionadas, sus zortcicos enternecen, sus jotas endulzan como la malvasía; sus aires andaluces aromatizan el ambiente como los azahares, huelen a clavellina, son frescos como la albahaca; su rasgueo es cadencioso como el vaivén de las aguas, pregona amores, extasía como los rasgados ojos de trigueña gitana andaluza, adormece como los vapores desprendidos en las viñas de la Sierra de María Santísima. Tárrega, es, además, excelente compositor, y prueba de ello son innumerables obras que de él se ejecutan y oyen con fruición. 464 Desde Alcoy, que siempre recordará con gusto su visita, pasa a Alicante, y dentro de unos días a esa capital, donde indudablemente tendrán ocasión los valencianos de admirar y aplaudir al maestrazo Tárrega, una verdadera gloria española. 465 466 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXVI, número 12561 – 16 de enero de 1901, p. 2. [s.fr.¿ELCH?] Concierto en el Círculo de Bellas–Artes Una de las fiestas íntimas que viene celebrando esta Sociedad, fue la que se verificó anoche. El eminente maestro Tárrega, el artista inspirado de la guitarra, cumpliendo la promesa hecha a los artistas, dio anoche una de esas sesiones que tanto hacen disfrutar a los oyentes. Así, en la intimidad, es como la guitarra tiene mayor encanto, y la impresión que produjo anoche cuanto interpretó el Sr. Tárrega. Su ejecución delicada, nerviosa, sensible, revelaba el talento del maestro y el corazón del artista; parecía sentirse entre los suyos, todavía aumentaba la fibra del ejecutante y arrastraba más sentidas notas a la señora esta. El concierto resultó, pues, una fiesta simpática, en su intimidad, entre los que cultivan el arte. Con la proverbial imaginación de los socios del Círculo de Bellas–Artes, una de las salas quedó convertida, como por arte mágico, en hermoso salón de conciertos, decorado con ricos tapices, flores, guirnaldas y artísticas esculturas. Merecen elogios todos los que contribuyeron al esplendor de esta velada agradabilísima, en que se unían a las bellezas musicales que revelaba el arte magistral de Tárrega, la nota de identificación entre los espíritus a quienes anima la misma fe por el ideal artístico. El Sr. Tárrega ejecutó en una guitarra, que pone de manifiesto las excelencias de la construcción valenciana, pues está fabricada por el notable constructor Sr. Ibáñez. 467 468 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXVI, número 12718 – 22 de junio de 1901, p. 2. [s.fr.¿ELCH?] Círculo de Bellas Artes Concierto Tárrega A las iniciativas de los amigos y admiradores se debió el que anoche se celebrara esta amenísima sesión en el Círculo de Bella Artes. El eminente guitarrista Tárrega parece que cuando se halla entre los artistas sabe encontrar acentos más inspirados, vibraciones más misteriosas e íntimas en la guitarra, y por ello produce impresión profunda. Muchas veces hemos dicho cómo el distinguido concertista sabe interpretar con arte admirable los estilos musicales más distintos, y cómo los hace notar ejecutando con su incomparable maestría en la guitarra. Y es de creer que no usa el Sr. Tárrega guitarra especial como hacen otros concertistas, sino con la ordinaria de seis cuerdas produce todos sus efectos tan admirados. En el programa figuraban obras de todos los géneros, desde el poético Schumann, hasta el vigoroso aire español. Todas estas obras transcritas para guitarra magistralmente por el Sr. Tárrega, hallaron en él el intérprete único que no es posible imitar. El auditorio prodigó sus entusiastas ovaciones al músico, demostrando lo que se le admira y se le estima por parte de los artistas. 469 470 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXVI, número 12851 – 2 de noviembre de 1901, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) CRÓNICA MUSICAL Obras para guitarra, por el maestro Tárrega No queremos retardar más tiempo el hablar de esta importantísima publicación musical, que recientemente acaba de ver la luz en Valencia, aun a trueque de no decir de ella todo lo que merece. Sabemos que el famoso concertista Tárrega es hoy el más genuino representante del arte de la guitarra, en su estilo más serio y elevado. La reputación del maestro, tan grande aquí como en el extranjero, está firmemente consolidada. Para Tárrega, la guitarra se convierte en un instrumento que tiene voces misteriosas, de ideales sonidos, poéticas en alto grado. Cuando la vulgaridad más rebajada se enseñorea hoy de la música popular, el arte de Tárrega la ennoblece y la dignifica. ¡Bien haya el artista que con devoción de apóstol se consagra a tan meritoria obra! No solo como artista ejecutante merece estas alabanzas el músico, sino también como compositor inspirado, de musa distinguida, llena de flexibles ondulaciones, de delicadezas peregrinas, y sobre todo, genuinamente castiza, española de sentimiento y de hechos. Cuando en sus conciertos ejecuta Tárrega alguna de sus composiciones, produce siempre la misma indicada impresión. Ahora bien, con estas obras ocurría una cosa singular: la mayor parte, apenas las tenía el maestro, sino esbozadas; las otras, las menos, regaladas a algún discípulo, o a algún amigo predilecto, eran víctimas del entusiasmo de los aficionados a la guitarra, y pasaban de mano en mano desfiguradas por copias infieles, que cada vez hacían más desconocido el original. Se imponía, pues, la necesidad de corregir este estado de cosas, y para ello solo era precisa la iniciativa de alguien que supiera hacer valer las obras de Tárrega. Este espíritu iniciador se encontró en Valencia, y fueron los editores Sres. Antich y Tena, que han emprendido la publicación de las obras completas del afamado concertista. A la vista tenemos la primera colección editada, y bien quisiéramos expresar nuestra impresión detenidamente y con sinceridad. Desgraciadamente, en nuestro país, se acostumbra tanto a prodigar ditirambos exagerados a producciones artísticas sin color alguno, que ya los lectores desconfían y con razón. Hay una especie de crítica (musical, sobre todo), monopolizada por quienes no tienen la menor idea respecto del arte, y que se reduce a prodigar alabanzas vacías de sentido a todo cuanto trata. Leyendo estas reseñas no se sabe nunca lo que sea el artista que se juzga, la composición de que se habla, la orquesta que se describe: podría muy bien, cambiándose los nombres aplicarse el mismo artículo a los más diferentes músicos, parece que estas críticas las hace algún comerciante de jabones finos. Resultado de todo ello es la prevención con que las gentes acogen los elogios que se tributan a las cosas del arte. Pero esta vez pueden estar seguros los lectores: es una verdadera joya musical la que se les recomienda; no haya temor a que nadie se pueda llamar a engaño. 471 Siete obras forman la primera serie de composiciones de Tárrega, dadas al público por los editores. No podemos analizarlas aquí detenidamente, y tan solo daremos cuenta de ellas: la primera obra es una hermosa fantasía, un Capricho árabe, lleno de color, de delicadeza y de distinción. Siguen luego dos Preludios, de estilos enteramente distintos: el primero, con la serenidad del estilo severo y elevado; el segundo con las más audaces modulaciones del arte moderno: en ambos casos se revela el compositor como un verdadero maestro en la técnica de la armonía. A continuación sucede un característico estudio; La mariposa, obra llena de movimiento y suavidad, como los giros aéreos del insecto que le da nombre. Un Vals lleno de animación contrasta después con una hermosa mazurka, tan sencilla como bien “construida”, y por último, cierra la serie una admirable transcripción del Largo de la sonata op.7 de Beethoven. En esta última obra no se elogiará nunca bastante la labor de Tárrega. Ha conseguido lo que declaramos teníamos por imposible; hacer una transcripción para el campo limitado de la guitarra, sin que la obra de Beethoven pierda carácter, ni que la armonía se falsee, y dando a la pieza transcrita su verdadera fisionomía. Este solo trabajo bastaría para hacer ver el sentido íntimo que Tárrega tiene de la música, y su talento artístico. Tal es la nueva colección de obras, que acaban de la ver la luz pública. Justo es que hablemos de las condiciones en que han sido publicadas, pues en realidad, honran a Valencia, y por ello merecen gratitud de los aficionados los editores Sres. Antich y Tena. La edición es lujosa y grabada en forma que parece las célebres ediciones alemanas de Beters [sic] o Breitkopf de lectura clarísima, y escrupulosa corrección. Digitadas las obras por el autor, resultan así fácilmente comprensibles, para aprenderlas. En cuanto a las condiciones materiales, son lujosas en todos los cuadernos. Hasta la cubierta es un notable dibujo en estilo moderno, debido al notable pintor Sr. Muñoz Dueñas, quien ha realizado un trabajo originalísimo y absolutamente artístico. Por todo lo cual, esta edición valenciana, de obras de un músico valenciano, puede ponerse sin reparo alguno a lado de las mas espléndidas del extranjero; a lo que debemos añadir (y los aficionados lo sabrán apreciar) que es inverosímilmente económica. Obra hay que sólo cuesta sesenta céntimos. Ni Ricordi, ni Peters, ni Litoff, harían más. Al dar cuenta de esta publicación, damos la enhorabuena a los editores, y esperamos que pronto seguirán las nuevas series anunciadas. EDUARDUS 472 473 Las Provincias: diario de Valencia: año XXXVII, número 13201 – 18 de octubre de 1902, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) Obras para guitarra, por el maestro Tárrega – Volumen II Se ha publicado la segunda colección de esta interesante serie de composiciones. El nombre del afamado guitarrista excusa de hacer un elogio personal del autor. Es aquí en España donde ha nacido la escuela de guitarra, escuela que, según ha dicho el crítico francés Albert Soubies, constituye una notable muestra de vida musical, y que hace de Tárrega uno de los clásicos, el más notable maestro en este instrumento tan genuinamente español. Musicalmente, las composiciones de Tárrega se distinguen por una elegancia y una distinción poco comunes. Son obras delicadas, que revelan un temperamento de artista refinado y sensible, hacen más soñar en lejana orquesta que en la guitarra. Los aires españoles de Tárrega ofrecen la poesía verdaderamente popular, sin que dejen entrever la vulgar. En las transcripciones de otros músicos, se presenta Tárrega como profundo conocedor que deja a la obra transcrita el carácter propio. Es este un trabajo que solo oyendo ejecutar estas obras, deja comprender lo admirable de su realización. La nueva serie de piezas publicadas forma un precioso álbum de diez composiciones, muy bonitas y muy interesantes. Las hay de distintos grados de dificultad; pero tan cuidadosamente está dispuesta por el maestro la digitación, que basta fijarse un poco en ella para encontrar fácilmente resueltas dificultades, al parecer, insuperables. En el álbum en cuestión figuran tres preludios de Tárrega, delicadas composiciones de singular efecto, tres preludios del poético Chopin, una polka de Tárrega, y tres característicos Minuetos: el elegante de la fantasía Op. 78 de Schubert, uno bellísimo de Beethoven, y otro lleno de la ingenua gracia de Haydn. La edición de estas obras, como ya dijimos al ocuparnos de la primera serie, es verdaderamente espléndida, y es honor para Valencia el poder ofrecer semejantes publicaciones, que pueden ser presentadas al lado de las mejores del extranjero. La artística portada de este álbum es una nueva prueba del talento artístico que posee el distinguido pintor Sr. Muñoz Dueñas. Los editores Sres. Antich y Tena, merecen toda suerte de elogios al preparar esta publicación, por tantos conceptos notable. Según se nos dice, la tercera serie de obras de Tárrega, próxima a publicarse, la constituirá un álbum de composiciones de extremada facilidad. Así, irán apareciendo sucesivamente las producciones del celebrado maestro español. EDUARDUS 474 475 Las Provincias: diario de Valencia: año XLII, número 14768 – 3 de febrero de 1907, p. 2. [s.fr.] NOTAS REGIONALES CASTELLÓN El guitarrista Francisco Tárrega se encuentra mejor del ataque que sufrió, poniendo en peligro su vida. 476 477 Las Provincias: diario de Valencia: año XLII, número 14932 – 21 de julio de 1907, p. 6. Eduardo L. Chavarri CRÓNICA MUSICAL Francisco Tárrega y su nueva colección de obras escogidas para guitarra He aquí una nueva floración del genio de ese mago de la guitarra, que hace convertir la caja misteriosa en ser animado, extrahumano, de donde se escapan perfumes de sonidos y ondas de poesía. El genial artista Tárrega, con su imaginación fecunda, con su temperamento de «mágico prodigioso», nunca cesa en producir, para bien de su arte y contento de sus admiradores. Es curioso este modo de publicar Tárrega, y aunque las necesidades de la edición exigen música para todos, yo veo en lo que compone Tárrega su genio musical, a la par que su bondad infinita; hay en ello un rasgo de íntima delicadeza, una sublimación que solo pensando en la divina piedad de San Francisco de Asís, puede ser comprendida. También Tárrega, piadoso, baja a los humildes, y les da en forma caballeresca arreglos de canciones zarzuelescas, en donde la mano del maestro quita vulgaridad y deja sentimiento. Y además, a estos humildes corazones que en la soledad de la guitarra no pueden gozar las formas de arte sublime, les da también Tárrega el pan espiritual de la música, poniendo a su alcance trozos de obras famosísimas de no menos famosísimos autores. Así citaremos el Minueto de Handel, el de Haydn, la Fugueta de Schumann, los fragmentos admirables de Bach... ¡qué sé yo! todo hay que citarlo. Tárrega es allí el temperamento de artista ingenuo que dice lo que siente con la verdad, con la sinceridad del que no busca frases, sino calor de corazones. ¡Qué delicadeza la del Minueto! Manos femeninas parece que lo escribieron: manos de suprema distinción saliendo entre bordados y encajes, ejecutando la obra esta ante cortesano auditorio. Está también el soñador trémolo, en donde no se ve el trabajo mecánico, sino la fresca viveza de la composición. Escalofríos de hadas parecen esas delicadísimas notas y eso acordes vaporosos. La gavota María es también una perla, graciosa y elegante. Y los Preludios, esos inimitables preludios, en donde con la sencillez de ese nombre escribe Tárrega páginas que son trozos de corazón sentimental, verdadero lirismo, ¡ah, esos preludios, que hacen de Tárrega algo muy noble y elevado, adonde brillan reflejos del sol inmarcesible, de la gran luz de J. S. B….! Hay uno, el 7º, que es, por su originalidad y por su atrevida concepción armónica, una página maestra, una verdadera genuina inspiración del gran artista Tárrega. ¡Honor y acatamiento a quien tal escribe! EDUARDO L. CHAVARRI 478 479 Las Provincias: diario de Valencia: año XLIII, número 15400 – 16 de noviembre de 1908, p. 2. Eduardus (Eduardo López–Chavarri) Un concierto de Tárrega El Círculo de Bellas Artes ofrece la nota simpática de dar siempre acogida al divino maestro Tárrega, el mago de la guitarra española. Estas sesiones de Tárrega producen siempre la impresión original, extraña, de que se está presenciando algo milagroso. Y ahora, en el estilo de Tárrega, aún se acentúa más aquella impresión, porque (como verdadero y grande artista que es), el músico se ha depurado más y más; su preocupación por la clase de sonido que ha de obtener, da notables resultados, y cuanto a su agilidad “única”, siempre permanece cada vez más clara, transparente y definida. Sí, escuchando al maestro, notamos que presenciamos una creación misteriosa. Al sentimiento expresivo que el artista da a la música, hay que añadir ese encanto especial de la voz del instrumento. La guitarra en manos de Tárrega recobra su poesía intensa, y las notas parecen surgir como hojas rosas... de sonido, que esparcen sobre los oyentes su lluvia suave y consoladora. Las evocaciones que produce el arte de Tárrega son natural consecuencia de su ejecución indecible; y la palabra “mágico prodigioso” viene a la mente, cuando se recuerda aquel minueto de Mozart, ejecutado con tanta idealidad, con tanta delicadeza... Por la redonda boca de la guitarra, los sonidos salían como si fueran impalpables figuras de casacón y pelucas blancas, aristocráticas y elegantísimas. Y así, las sensaciones se están sucediendo en contraste por demás atractivo; unas veces, dulzuras de cantos de amor; otras veces, melancolías en jardines solitarios; luego oraciones de espíritus ingenuos; y canciones populares; y hasta sonrisas de regocijado humorístico... todo brota de la guitarra de Tárrega, cuando sus manos la pulsan. Dije antes de cosa parecida a milagro. Con efecto: nos enseña la Historia a veces, criaturas miserables y abyectas que se elevan, se transfiguran, y la Providencia las hace luego que cumplan actos heroicos. Pues en esto hace pensar Tárrega cuando ejecuta algún aire de zarzuelita conocido: aquello que es canallesco y bajo, queda libre de su infame condición y el artista nos lo ofrece depurado, regenerado, delicadamente redimido... Y decidme si quien tal hace no merece todos los aplausos, sí, pero también todas las gratitudes de cuantos sienten el arte. EDUARDUS 480 481 [Arte y Letras (Revista de Castellón): 15 de diciembre de 1915.] 559 Eduardo L. Chavarri El artista más ingenuo que conocí Me piden unas líneas para el llorado Tárrega; no sabría terminar, si contase los recuerdos que de sus gratos momentos de charla, guardo en su memoria. Permítanme tan sólo transcribir unas líneas que a su silueta dedico en un libro en publicación, libro en donde hablo de los grandes maestros del arte musical; y entre ellos, claro que no podía faltar nuestro Tárrega: “El más genial guitarrista, compositor y ejecutante, de fines del siglo XIX y comienzos del actual, es Francisco Tárrega (1853–1910), espíritu delicadísimo, alma de artista. Entregado a su arte con devoción casi ascética, se creó una técnica suya, que producía en la guitarra una inmaterialidad ideal del sonido; sus obras, distinguidas y elegantes, presentan felices transcripciones de música de “clavecín” y de cantos populares muy diestramente adaptados al instrumento. Sus preludios para guitarra son de suma delicadeza. La expresión que daba a su ejecución, nacía de su exquisita sensibilidad y de su prodigioso mecanismo, del cual nunca hiciera alarde, pero con el que obtenía efectos de “colorido” increíbles. Por último, recordando a los antiguos “vihuelistas” españoles, cambiaba de tono a veces alguna cuerda, y adaptó el estilo polifónico a la guitarra (a la que no añadió cuerdas adicionales que la separasen del clásico modelo español de seis). “Asimismo, ejecutaba con sin igual maestría y poesía preludios y fugas de Bach y demás clavecinistas. “Tárrega fue un gran devoto del arte: su ingenuidad y su bondad infinita le hacía adorar la música, teniéndola como una religión. Abominaba la pose teatral de los virtuosos, y por no doblegarse a ella murió en una humildad rayana en la pobreza, después de haber hecho por el extranjero “tournées” brillantes y productivas. Deja tras de sí una escuela de discípulos de mérito, entre quienes perdura el venerado recuerdo de su maestro y entre los que figuran artistas tan notables como Llobet, Pujol, etc.”. Eduardo L. Chavarri 15 de diciembre de 1915 559 Aunque no hemos podido localizar la fuente original, dada la coincidencia de fecha con la firma de Chavarri concluimos que este pequeño texto ha de pertenecer a la publicación que indicamos y que aparece listada en Rius, Tárrega documental (2018), p. 448. 482 Las Provincias: diario de Valencia: año 69, número 20262 – 16 de diciembre de 1934, p. 13. E. L. Chavarri El gran franciscano de la guitarra Si no fuese irreverencia, llamaríamos a Tárrega el San Francisco de Asís de la guitarra. Alma franciscana tenía. Su alma de artista no alcanzó jamás a ver en la inmaterialidad de los sonidos que hiciere producir a su guitarra, sino una profunda devoción, un misticismo suave, sencillo, sin retóricas: desgranaba sus notas y estas parecían florecillas del de Asís. Su vida era una constante devoción, un sacerdocio, en donde todo lo bueno, lo buenamente humano, lo espiritualmente humano, se juntaba en feliz armonía. Quienes tuvieron la dicha de convivir con Tárrega, de escuchar en la intima reunión las armonías de su guitarra, pudieron comprender la grandeza de aquel hombre extraordinario. El recuerdo, muchas veces, casi siempre, purifica la memoria de los artistas y engrandece sus figuras, quitando en ellas las influencias deleznables de lo terrenal; pero con Tárrega sucede lo contrario: nunca el recuerdo llegará a decir la verdadera grandeza de alma de aquella sensibilidad magnífica, de aquel corazón de oro que era Tárrega como hombre, y de aquella sublime “inmaterialidad” de su ejecución alada, que llegaba a las mayores cumbres de lo difícil con una sencillez aparente tal, que parecía cosa de taumaturgia. Y no se crea que ello fuere realzado con la facilidad de ciertos artistas para la técnica, no; Tárrega luchaba, luchaba sin descanso, luchó hasta el último suspiro, con la materia rebelde, contra las cuerdas hostiles, los dedos perezosos, la humedad, el frío, el calor implacables; porque su arte era todo pureza, la máxima pureza, y quería hacer olvidar todo rastro de escoria material: la emoción tan solo, de corazón a corazón sin que nada terreno la desfigurase. ¿No hay en esto la más alta y noble cualidad de un artista sublime? Nada del despotismo estético que se impone a la admiración, ni del gesto teatral, ni de la soberbia interesada, ni del apetito de riquezas… Tárrega pudo ser muy rico y vivió y murió pobre; no porque dilapidase caudales, sino porque no los buscó. En su poética visión de la música, nunca pensaba que el arte pudiera ser una explotación. Su alma era así. Por eso sus audiciones tenían íntima unción, no eran espectaculares: al instante artista y oyentes quedaban presos de la misma emoción, y en “asisiana” sinceridad éstos, al escuchar a Tárrega, evocaban la reunión de aquellos pajarillos que abrían sus bocas, alargaban sus cuellos e inclinaban reverentes la cabeza hasta el suelo… Y el Santo se alegraba con ellos, maravillándose mucho de tanta multitud de aves y de su hermosa variedad y de su familiaridad y atención. “Por lo cual, devotamente, alababa al Creador.” No vaya, por lo dicho, a creerse que el arte de Tárrega fuere cosa íntima solamente y de cortos alientos. En sus obras, en su prodigiosa ejecución, aparecían el vigor de la raza, el desgaire popular, la fuerza de un temperamento que deslumbraba con claridades de sol meridiano, Por eso, junto a ideales Preludios, de íntimo sentir, tenía Jotas y temas populares de gran valentía. 483 Séanos permitido recordar lo que ya en otra ocasión dijimos de Tárrega: “La expresión que daba a su ejecución nacía de su exquisita sensibilidad y de su prodigioso mecanismo, del cual nunca hiciera alarde, pero con el que conseguía efectos de “colorido” increíbles… Recordando a los antiguos vihuelistas españoles, cambiaba de tono a veces alguna cuerda y adaptó el estilo polifónico, a la que no añadió cuerdas adicionales que la separasen del clásico modelo español de seis.” La tradición del arte de Tárrega, fielmente guardada por sus discípulos, hace que viva hoy en los grandes concertistas como Josefina Robledo, Miguel Llobet, Emilio Pujol… E. L. CHAVARRI 484 485 Ritmo: revista musical ilustrada: año XXIII, número 248, 1 de diciembre de 1952, p, 16. [s. fr.] Centenario Tárrega La Ciudad Condal se ha sumado a los actos conmemorativos del Centenario de Tárrega, descubriendo una lápida en la finca en que habitó el célebre compositor durante su estancia en Barcelona. Esta conmemoración está tomando caracteres nacionales, y son numerosas las Sociedades de conciertos que han organizado ya o preparan sesiones dedicadas al compositor español. 486 487 Ritmo: revista musical ilustrada: año XLIII, número 428, enero de 1973, p. 26. [s. fr.] 488 Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: año XXXVII, número 11153, 19 de septiembre de 1974, p. 3. [s. fr.] 489 Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: año XLIII, número 13017 – 21 de junio de 1980, p. 7. [s. fr.] 490 3.1. La música para guitarra de ELCH en su marco histórico (Fuentes periodísticas) Heraldo de Zamora: año XXXII, siglo II, número 10523 – 22 de noviembre de 1928, p. 1. José Subirá Nuestra literatura guitarrística Tuvo la literatura guitarrística un glorioso antecedente en nuestras obras del siglo XVI para vihuela, instrumento de cámara que a la sazón gozaba de tanto o mayor prestigio y popularidad que el piano hoy. Milán, Narváez, Mudarra, Valderrábano, Pisador, Fuenllana, Venegas de Henestrosa y Daza escribieron «libros de vihuela» donde hallaban albergue las muestras más características de nuestra música popular (romances y aires de danza). Todos esos Tratados están escritos en cifra y todos ellos tienen triple importancia: porque cultivan el acorde, con lo cual marcan la transición del régimen polifónico al armónico; porque presentan un primer esbozo de la orquesta moderna y por tanto de la música pura; y porque desarrollan la monodía acompañada, indicando así el verdadero camino a la producción dramática musical que habría de surgir en Italia pocos decenios después. Hacia fines del siglo XVI la vihuela pierde su importancia y la guitarra adquiere gran incremento al recoger esa herencia artística. El famoso doctor catalán Carlos Amat, autor de obras de Medicina que alcanzaron varias ediciones, escribe también un celebérrimo «Tratado de Guitarra» que fue reimpreso numerosísimas veces en castellano, catalán y valenciano, sirviendo de modelo a todos cuantos métodos posteriores pretendían y lograban enseñar a tocar dicho instrumento sin necesidad de profesor. La guitarra goza de singular boga durante el siglo XVII, no solo en España sino en las capitales de Francia, Inglaterra y Austria. Abundan entonces en nuestra península los tratadistas que, tras la exposición teórica, incluyen variadas muestras de «sones y danzas». Así Briceño acoge romances y seguidillas; Gaspar Sanz gallardas, folías, zarabandas, chaconas, jácaras, canarios, pasacalles, etc. Y Lucas Ruiz de Ribayaz, todos esos aires de danza, elegantes unos y plebeyos otros, así como también algunos más cuyos nombres hallamos hoy leyendo la literatura picaresca de Cervantes y de Quevedo. De igual modo Francisco Guerau acoge a la sazón ejemplos variados de nuestro folklore musical. En el siglo XVIII la guitarra pierde su secular tradición de instrumento noble y se vulgariza. Pero ahora, en manos de gente plebeya, se nutre, tanto o más que antes, de nuestra música popular. Recuérdese que ya desde antiguo, al recorrer nuestros soldados parte no pequeña de Europa, llevaban consigo ese instrumento de poco peso y no mucho volumen, de fácil técnica y aprendizaje sencillo, con lo cual divulgaron por doquier nuestra música peninsular, enquistándole incluso en lejanísimas tierras continentales. 491 Chaconas, zarabandas, folías y pasacalles proclamaban su abolengo puramente español al ser recogidos y utilizados por Lully, Romeau [sic], Vivaldi, Bach, Händel, Purcell y otros cien autores más, entre los cuales figuran algunos sobresalientes y no pocos notables. Cuando el pueblo se adueña de la guitarra, sustituye el tradicional punteado por el rasgueado sonoro. Aunque el único Tratado importante del siglo XVIII es el firmado por Santiago de Murcia y editado en 1714, no faltan desde entonces folletos encaminados a facilitar una formación guitarrística autodidáctica. Cierto que al plebeyizarse la guitarra fue sustituida por el arpa y el clave en los salones de moda; mas no es menos cierto que, a pesar de todo, aquel secular instrumento siguió conservando parte de su prestigio entre las personas de alta sociedad, porque daba siempre una nota pintoresca. En el último tercio del XVIII y albores del XIX, se destacan dos intérpretes notables: el Padre Basilio y el brigadier don Federico Moretti. Además de brillar el Padre Basilio como excelente organista y contrapuntista competentísimo, brilló como guitarrista no superado, merced al arte con que acompañaba tiranas, seguidillas y boleros; y dedicado a dar lecciones de guitarra; fueron discípulos suyos la reina María Luisa y el príncipe de la Paz. El brigadier español de origen napolitano don Federico Moretti compuso obras didácticas en italiano y en español y merced a esta labor ha pasado por ser el primero en metodizar el estudio de la guitarra. La buena tradición guitarrística se robustece en la primera mitad del siglo pasado. Resaltan entonces Sors, el español aclamado como operista en París, donde le admiraron Mehul [sic] y Cherubini; Miguel Carnicer, el hermano del ilustre compositor; Dionisio Aguado, Francisco de Borja Tapia, Julián Arcas y otros más. Sin embargo, la literatura para el instrumento deja mucho que desear, pues adopta por excepción la forma, en cierto modo universal, de la sonata, que difícilmente encuadraba en la índole del instrumento, o se circunscribe a lo típico nacional, haciéndolo con una consistencia estética exigua. Posterior a los guitarristas últimamente citados es Tárrega, insigne intérprete cuyas numerosas transcripciones privan del sello original a no pocas producciones extranjeras. Y de nuestros días son Sainz de la Maza, Segovia, Llobet –el feliz adaptador de canciones populares catalanas– Pujol y Fortea. Por otra parte todos estos intérpretes vienen escribiendo o solicitando de los compositores obras pensadas y escritas directamente para guitarra. Entre los que han acudido al llamamiento podemos citar a Falla, Conrado del Campo, Esplá, Turina, Moreno Torroba, el uruguayo Broqua, el brasileño Villalobos, Guridi, Halffter, Agustín Grau, Antonio José, el mexicano Ponce, etc. Merced a todos ellos se inicia en nuestro país y fuera de él un verdadero renacimiento de la literatura guitarrística, en cuyos frutos acaso descubra el porvenir tan óptima cosecha como el presente va encontrando en nuestra literatura vihuelística del XVI, gloriosa por igual para nuestra patria y para nuestro arte. José Subirá 492 493 El Sol: Diario de Madrid: 20 de diciembre de 1923, p. 6. Adolfo Salazar LA VIDA MUSICAL El nuevo arte de la guitarra y Andrés Segovia Ante un público tan abundante como lleno de expectación, reaparece el guitarrista Andrés Segovia en la Sociedad de Cultura Musical, después de un viaje en triunfo por tierras de América. Sabido es que el resurgimiento del arte de la guitarra, en el cual Segovia ha intervenido de un modo tan importante, llega en el momento actual a un punto de plenitud, como madurez artística y como interés público. De aquí la diversidad de perspectivas que ese arte –en lo que tiene de fuerte e intrínseca novedad– presenta a los músicos que miran hacia el futuro, al paso que los más complacidos por cualquiera de las formas pasadas o de sensibilidad más afín con ellas se encuentran igualmente halagados en los aspectos, tan varios, que en la guitarra concuerdan mejor con sus gustos preferentes. Por tal razón y por la de que el talento del Sr. Segovia es de una singular amplitud, que le permite practicar con igual perfección de resultado todas esas facetas del arte que cultiva, es por lo que puede confeccionar programas tan varios y tan completos. El de su recital de ayer contenía, a la vez, la música de autores españoles del pasado, del presente y del porvenir: los que miran de frente, sintiendo el momento en que viven; los que miran hacia atrás, lamentándose del error de haber nacido con retraso, y los que miran con alegría de corazón y entusiasta optimismo hacia el arte del porvenir –que sienten ya como presente. El paisaje clásico estaba formado por Luis Milán (cuya linda «Pavana» ha sido felizmente realizada para guitarra por el Sr. López Armán sobre una transcripción de Eduardo M. Torner), algunos deliciosos trozos de Sors –un moderno de su época–, mientras que la transición se iniciaba con Tárrega, Moreno Torroba, Llobet y Turina. El primero de ellos enfocando ese arte, sobre todo, desde el punto de vista instrumental, «creando», en parte, el nuevo instrumento que es la guitarra moderna, y los tres restantes buscando principalmente el reproducir en ella la música popular, más o menos adobada en formas «cultas». Así, mientras las canciones de Llobet apenas son sino una suave y dulce trascripción de dos canciones catalanas, Turina inicia lo que en estilo de los últimos tiempos del virtuosismo trascendente se hubiese titulado «Sevillanas de concierto», y Moreno Torroba con finos y graciosos aires de aroma castellano, se arregla de modo que puedan considerarse como «sonatina», aunque alguno de sus tiempos –el «allegro» final– sea, en rigor, un cuadrito perfectamente «naturalista». Solamente nos cumple advertir al Sr. Torroba el peligroso linde de esos trozos con el género bonito, «enjolivé», de la música para señoras. Y creo que no es esta, seguramente, la orientación favorable para un músico serio. El «nacionalismo» de esos compositores es, pues, el nacionalismo «directo» o de primera planta, intervenido por un deseo de plasmarlo en formas de tipo «artístico». En otro plano de esa tendencia está el «nacionalismo esencial» o sea el que realiza música de carácter universal por su dirección, y personal por su procedencia; tal ese «Homenaje a Debussy», de Manuel de Falla, que es hoy la gran página, la obra 494 invicta del arte nuevo de la nueva guitarra. Página que inicia el camino del nuevo «guitarrismo», como los «Preludios», de Debussy, iniciaron el del nuevo piano. Si música como las «piezas a cuatro manos» de Strawinsky han podido nacer merced a este antecedente glorioso, es gracias a la invitación que el «Homenaje», de Falla, hace a los músicos modernos, a los que miran «más allá» por lo que ha sido posible nacer a perlas del exquisito oriente, a pequeñas joyitas del más delicioso cincelado, como son las piececillas tituladas Peacock-Pie de Ernesto Halffter. Ya el título es una indicación de lo que se proponen y del concepto que las ha dictado y con que el admirable musiquito se dirige a sus auditores; indicación sutil que sólo se ofrece a los inteligentes, a las gentes de más fino espíritu que saben recogerla. Mayor delicadeza de música, más exquisito trabajo y más sutil ironía, no se repiten en la música contemporánea, sino en las mencionadas páginas de Strawinsky. Unas y otras son un aroma inasequible en demasía a muchas toscas sensibilidades que componen nuestro público y nuestro mundillo profesional. Cuando un artista de tan incisivo talento de temperamento tan avasallador de tanta audacia y de tan rico caudal técnico irrumpe en el inmóvil pantano de las profesiones musicales, sus habitantes, cínifes o batracios se sienten espantosamente soliviantados. Nos parece necesario advertirlo a ese artista, a quien su juventud no puede haber dotado de la necesaria experiencia. Rodéese de desinfectantes y encójase de hombros ante los conciliábulos, las pequeñas conjuras, los aullidos de los maestros Ciruela, los aspavientos de las avutardas; en fin: el coro consabido. No vale ese coro tanto como la franca opinión de los cuadrúpedos que ya le empieza a conceder sus sufragios. «Por los ladridos de los perros sabemos que caminamos», decía Goethe. ¡Bien venida sea la jauría! Adelante. Talento... y tiempo. Mi felicitación a Segovia por lo que en favor de su cultura espiritual revela la inclusión en su programa de estas pequeñas piezas, las primeras que responden a su llamada y a la de Manuel de Falla para el arte nuevo de la guitarra. Como regalo, Segovia tocó los últimos números interpretados de M. Torroba y Turina. Conmigo, ese artista tuvo la delicada atención de tocar, de un modo exquisito, una corta página, en la que procuré atar con el hilo más leve posible algunas florecillas campestres que una vez me ofreció en Granada Isabelita García Lorca, hermanita del poeta. He querido ahora devolvérselas, en otra forma, con análoga ternura. Adolfo Salazar 495 496 Las Provincias: diario de Valencia: año 95, número?, 27 de noviembre de 1960, p. 16. Hipólito Pío [Fuente: Hemeroteca de la BMCV] CONVERSANDO CON JOSEFINA ROBLEDO Un pequeño concierto y el recuerdo de Francisco Tárrega. Introductora de la guitarra de concierto en América Española. Aquel gran triunfo de su guitarra y España en el Coliseum de Buenos Aires. Por Hipólito Pío. Surgió la entrevista de una manera espontánea. Una coincidencia nos puso frente a frente a la notable guitarrista Josefina Robledo y a mí. Coincidimos en un tren, camino de Godella. Ella vive en aquella población desde hace años; yo iba a una gestión particular. Me habló de un trabajo mío en «ABC», en el que hablaba de Francisco Tárrega a los cincuenta años de su muerte. Para hablar con Josefina Robledo del arte de la guitarra, hay que contar con la presencia constante del maestro de Villarreal, en el recuerdo. Tal vez no haya yo entrevistado a ningún otro artista que guarde un respeto tan venerable a quien le enseñó las reglas del arte en que luego cosechó sus mejores triunfos, como esta gran discípula suya. Por eso es más apetecible esta conversación con la artista: porque está siempre exenta de la vanidad en que suelen ir envueltas las respuestas de todo triunfador que llega a olvidarse de que no es suyo sólo el mérito con que se le distingue. Nuestra primera parte –recuerdo del maestro– ha quedado cortada en el andén de la estación; pero con continuidad, para más tarde, en su casa, frente a unas copas de coñac y unas tazas de café. Y así sucede, que en su casa me encuentro media hora después. —Quedamos –me dice– en que quería oírme. —Así quedamos. La guitarra está allí, mimada como una hija. Es una guitarra que se ve veterana, «aculotada», como la pipa de espuma de un buen fumador que ha mejorado al paso de los años y al contacto acariciante de las manos virtuosas de la artista. Luego una voz suave: —Dos minuetos de Sor. Fernando Sor se formó en la escolanía de Montserrat y luego triunfó en París. Escribió mucha música y muy linda. Sor, al conjuro de las yemas de Josefina Robledo adquiere toda su máxima expresión emocional. Resultan breves obras para tan gran belleza. Después surge radiante el «Capricho Árabe», la obra de Tárrega que el maestro escuchó a Josefina cuando esta tenía ocho años. —«Capricho Árabe» —ha dicho ella. Ha sonado como un trémolo pianísimo. Y al interpretarlo, la guitarra parecía estar emocionada. Es aquello un pequeño concierto. Pequeño por lo reducido del auditorio –tres personas–. Pero grande por la calidad de las obras y de la ejecutante. Y para que no sea tan solo el maestro quien vive aquel momento con caracteres de homenaje surgen además de Sor, Visieé [sic], el gran vihuelista del siglo XVII, y Gaspar Sanz, de quien interpreta una zarabanda muy graciosa. Al terminar pido ratificación a la señora Robledo: 497 —Valenciana, ya sé. —Y de la parroquia de San Esteban, bautizada por derecho propio en la pila de San Vicente Ferrer. He pasado doce años recorriendo América por los cuatro costados: Argentina, Uruguay, Paraguay, el Brasil… y nunca he tenido que lamentar el más pequeño percance. — ¿Y ha dicho usted que América…? —Hasta que yo fui por allá, el arte de la guitarra era, más que popular, populachero. Fue ya en Buenos Aires, y en mi primer concierto, en donde el público se «volcó», como suele decirse, en forma de ponderación, y la prensa de la capital del Plata acusó el hecho de que la guitarra era un instrumento más de las orquestas, como lo fuera el arpa o la viola. En América empezaron a disputarse la música española clásica interpretada a la guitarra y yo recorrí –peregriné no pocas veces– en misión de arte español, llevando este latido de la patria hasta los ranchos platenses y sintiendo y agradeciendo el agasajo de aquellos españoles que allí afincaron, procrearon y en aquellas tierras, hijas mayores nuestras al lado del mar, hicieron patria española. —Su maestro fue Tárrega, ya sé. Pero ¿no hubo ningún otro? —Ninguno. Yo soy hija de José María Robledo y de Rafaela Gallego. Hija de esa sangre pero artísticamente lo soy de Francisco Tárrega, y él sólo fue, y todavía lo es, mi maestro: porque sus lecciones no han envejecido a través de los años. Él también me tenía como a tal y fui discípula suya desde los ocho años. Un día, cuando hubo de trasladarse a Barcelona, mi padre le preguntó: «¿Qué maestro le deja?». Y su respuesta fue así: «Ella sola ya toca lo que los mejores». Y luego, añadió: «Al verano, tráigamela a Barcelona». Mi pregunta de profano: —¿Es muy difícil tocar la guitarra? —Mucho; sí señor. —¿Cuándo se retiró como concertista profesional? —Cuando me casé. Mi marido me presentó el dilema: amor o conciertos. —Y usted eligió las cadenas. Reímos los dos e intervino el marido: —Es que yo no me avengo a ser divo consorte. Y ahora reímos los tres. —Tampoco yo he tenido apetencia de triunfos como base de mi vida –continúa ella–. Yo soy mujer de hogar. Me gusta mucho el arte, ¡ya lo creo! Gusto de él y uso de él como de una joya que no todos, aún los poderosos de la tierra, pueden poseer. —¿El mejor guitarrista? —El de todos los tiempos, Francisco Tárrega. —De los de hoy. —Alicio [sic] Díaz. Es un venezolano que le saca un sonido tan puro a la guitarra… Y toca con los dedos, no con las uñas. También Albor Maruenda, Carmencita González y ese joven guitarrista alcoyano, Rafael Rico, que ahora triunfa en París, son discípulos míos y tienen mi misma escuela. Es que ahora se suele «tocar de uña». Es más fácil. —Pero resulta el sonido menos puro. —Exactamente. Ni ellos ni Alicio [sic] Díaz «tocan de uña». 498 —¿Fue discípulo suyo Alicio [sic] Díaz? — Sí. Lo fue en aquellos días que se empeñaron en que me quedase en Buenos Aires a dirigir la cátedra de guitarra del Conservatorio que no pude aceptar sobre dar gran prestigio y estar muy bien remunerada. —¿Y por qué no lo hizo? —Era condición esencial renunciar a la patria española: hacerme argentina, y eso no quise hacerlo. —¡Le querían mucho los argentinos! —Aquello surgió después de un concierto a beneficio de la Cruz Roja Internacional, en el Coliseum. Intervenían en él los mejores artistas de que encontraban por entonces en la capital del Plata. Entre ellos se hallaba el gran Caruso, tan admirado del público bonaerense. La extensión del programa no permitía bisar y, por lo tanto, todos los que interveníamos en el concierto habíamos de interpretar una sola composición. Yo estaba francamente asustadísima, y no precisamente porque no tuviese confianza en mí misma, sino porque aquel salón es el segundo en capacidad de los teatros de Buenos Aires y suponía que había de perderse el sonido de mi guitarra entre tanto espacio y tantísimo público como se había congregado en él. Así las cosas, llegó el momento de mi actuación. Fue escuchada mi intervención con el mayor silencio. Alguien que observó todos los movimientos del público, hubo de registrar que ni un golpe de tos hubo de oírse. Al terminar mi actuación, una ovación prolongada y la petición para que repitiese, duró largo rato. La dirección del espectáculo, ante la insistencia del público, hubo de rogarme la repetición. Y repetí. Y ofrecí aquella ovación, la más grande que escuché en mi vida artística, la ofrecí, digo, a mi España. Solo dos repetimos en aquel concierto: Amelia Galli-Curci, la gran soprano, y mi guitarra española que pulsaba yo. Josefina recuerda aquello con visible emoción. Yo pretendo acallar sus recuerdos… —Aquel es uno de los muchos pasajes de su vida de artista, ¿verdad Josefina? —Sí. Pero es que en aquel –afirma– éramos dos: España y yo. Y triunfamos las dos. 499 500 Ritmo: revista musical ilustrada: año XXVIII, número 295 – junio de 1958, p. 19. Eduardo López–Chavarri Andujar Círculo de Bellas Artes. El Cuarteto Universitario de Cámara, formado por los jóvenes artistas Miguel de la Fuente, José Codoñer, Rafael Mas y Fernando Badía, ofrecieron un recital que incluía el estreno absoluto del Cuartettino [sic] de Eduardo López–Chavarri, además de obras de Corelli, Mozart, Boccherini, Bach y Chaikowsky. Del éxito arrollador obtenido por los jóvenes instrumentistas baste decir que hubo que repetir, a los pocos días, el mismo programa. 501 3.2. Un comienzo ambicioso. Miguel Llobet y la Sonata I para guitarra (Fuentes periodísticas) La Correspondencia de Valencia: año XXIII, número 7772 – 27 de julio de 1900, p. 1. [s.fr. Fuente: Hemeroteca Municipal de Valencia] NOTICIAS LOCALES En el Conservatorio de música dio anoche su anunciado concierto el Sr. Llobet, discípulo del maestro Tárrega. La concurrencia no fue muy numerosa, cosa que no debe llevar a mal el distinguido guitarrista, pues hallándonos en plenas fiestas, hay muchos sitios en los que repartirse el público. A no mediar esta causa, los aficionados a la música hubieran respondido de la misma forma que lo hacen siempre que desfila por el Conservatorio alguna celebridad musical. Tiene razón el maestro Tárrega al considerar al Sr. Llobet como su discípulo predilecto, como la tienen los que extreman los elogios hacia el joven guitarrista. Anoche dio pruebas palmarias. Domina el Sr. Llobet el instrumento y tiene temperamento de artista; así no es de extrañar que tan joven haya llegado por el propio esfuerzo de su talento y del estudio. En la ejecución del programa puso de relieve su indiscutible mérito y su prodigiosa habilidad, obteniendo ruidosas salvas de aplausos en la «Romanza» de Mendelsshon, en el «Nocturno» de Chopin, en el «Minueto» de Tárrega y en la «Jota» de Arcas. 502 503 Las Provincias: diario de Valencia: Año XXXV Número 12388 – 27 de julio de 1900, p. 2. [s.fr. Fuente: Hemeroteca Municipal de Valencia] En el Conservatorio / Concierto Llobet Los organizadores del concierto (no lo fue el Sr. Llobet) parece que no quisieron [que] nos enterásemos de aquel, pues nos enviaron la localidad más alejada del concertista que pudieron hallar. Por esto la primera parte del concierto no pudimos apreciarla con todo detalle, y gracias a la munificencia de amables amigos, pudimos luego saborear lo mucho y bueno que hiciera el artista. Se trata efectivamente de un artista en toda la acepción de la palabra. No es Miguel Llobet un guitarrista más que ejecuta con más o menos perfección obras difíciles en la guitarra: es un músico de talento y corazón que convierte la guitarra en orquesta especial e inesperada. No es posible figurarse, sin oírle, lo que hace este artista con el difícil instrumento a que se dedica. Continuador de los Sor y de los Tárrega, tiene Llobet condiciones que le colocan en la primerísima línea del arte; no es un vulgar ejecutante, sino un músico completo. Su educación artística es completa, conoce la música y los autores clásicos y modernos, está al tanto del movimiento musical contemporáneo; en suma, no es un mecanista, sino un artista. Su mecanismo «endiablado», como decía anoche un inteligente, su manera de vencer dificultades tenidas por imposibles, dando a la guitarra sonidos admirables de pureza y riqueza de intensidad, hacen de él algo que no se ve fácilmente. Pero sobre todo esto, que tantísimo vale, posee otra cosa que vale más: su talento y su alma de artista. No se tomen a exageraciones estos elogios, pues son realmente los que corresponden a Llobet. Quien conozca las dificultades inmensas que tiene la guitarra, tratada en estilo de concierto, no se extrañará de ver elogiar grandemente a quien ejecuta con absoluta corrección, seguridad pasmosa y sentimiento exquisito las obras más difíciles, no solo del repertorio de la guitarra, sino de la música en especial. La composición del programa revela ya el gusto depurado de Llobet. Los nombres de Beethoven, Mendelssohn, Chopin y Rubinstein figuraban en él: las obras que estos nombres llevaban al lado, fueron interpretadas a maravilla, con estilo y entero conocimiento de su carácter. Lo mismo cabe decir de los grandes maestros de la guitarra Sor y Tárrega; especialmente la música de este, la ejecuta Llobet con todo el cariño debido a su maestro. En la parte de ejecución, hizo cosas asombrosas, especialmente la jota de Arcas. Párrafo aparte merecen las canciones populares armonizadas por Llobet. Aquí se demuestra plenamente su exquisito y delicado gusto, su temperamento musical, que sabe expresar poéticamente el sentimiento que expresan. Las tres canciones están armonizadas con sobria belleza, y la impresión que producen es intensa. La filla del marxant es una delicadísima nota de sentimiento, así como Lo testament de n’Amelia es un sentido poema, y La filadora revela el más puro carácter pintoresco. 504 El Sr. Llobet demuestra ser un maestro, un músico de raza, como lo prueban cumplidamente estas composiciones. Joven como es, ha llegado ya, y su labor perfecta le coloca en el primer puesto, al lado del gran Tárrega. No hay que decir si las ovaciones que el público le dispensó fueron estruendosas y entusiastas. Tan grandes fueron como merecidas, y a no tener cuenta del cansancio, todo se hubiera repetido. Correspondió el Sr. Llobet a los aplausos, repitiendo algunos números y añadiendo algunos otros: tales al final de la primera parte una inspiradora gavota de Tárrega, y al final del concierto una grandiosa y humorística transcripción del popular dúo de los paraguas. 505 506 Boletín Musical de Valencia: 10 de agosto de 1900, pp. 1764–1765, Práxedes Gil–Orozco, Fuente (en línea): Miguel Llobet en el Conservatorio de Música De algún tiempo acá se hacían lenguas de un joven guitarrista barcelonés que cuando apenas contaba quince años de edad ya declaraba su maestro, el gran Tárrega, que era una esperanza del arte; y cuando escasamente habrá traspuesto los veinte, ya han dicho, a voz en grito, profesores y aficionados que le escucharon en audición particular, antes de ahora, haberse colocado a la altura del maestro. Parecióme exagerado este elogio porque conozco un poco la guitarra y porque estoy perfectamente enterado de la lucha titánica y sin tregua que viene sosteniendo desde sus mocedades el león del popular instrumento para llevar al límite de su pureza un mecanismo másculo en bravura, atrevido, casi temerario, hasta completar una escuela que no podrá seguir nadie como no iguale, ya que no exceda, al fundador, en facultades naturales, y asimismo empleando media vida para ponerse en el centro de su camino. Siendo Llobet tan joven, decía yo, serán apasionados los encomios; no hay tiempo suficiente en lo que lleva de existencia ese joven para hacerse completo cargo de lo que es y del trabajo que representa la escuela indicada por Aguado y perfeccionada por Tárrega, a menos que Llobet no se revele verdadero prodigio de los que tan de tarde en tarde aparecen. Ansiaba por tanto la ocasión de oír en público al joven guitarrista, porque del lado opuesto a mis consideraciones estaba la, para mí, muy respetable referencia de personas inteligentes que presentaban a Llobet en una línea archisuperior y con una categoría de eminencia indiscutible. La ocasión se ofreció el jueves 26 del pasado. Llobet se exhibía en el Conservatorio de Música de Valencia por primera vez. Al conservatorio fui y allí tuve la satisfacción de ver reunidos también a casi todos los profesores de guitarra y de bandurria de Valencia; a los dilletanti [sic] de siempre; a varios profesores de las clases del Conservatorio; a algunos representantes de la prensa; al noble crítico musical Sr. Vidal; a buen número de distinguidas señoras; al constructor de guitarras de Ciudad Real Sr. Arias; al constructor valenciano Sr. Ibañez y familia; allí estaban también el profundo maestro, el poeta de la guitarra, Martínez Toboso; el eminente bandurrista Carlos Terraza con su familia; los profesores Sres. Máñez, García y Loscos; los inteligentes aficionados Sres. Orero, Orellano, Corell, Aguilera, Auvans, Soria, Ibáñez hijos y muchos más que escapan a mi memoria y que siento no poder nombrar. Ante este público se dio a conocer Llobet con un programa numeroso y variado, en el que figuraban obras melódicas de algún mecanismo y obras de bravura. En unas como en otras se reveló Llobet perfecto guitarrista; tiene en realidad facultades extraordinarias que le permiten dominar con bastante holgura los pasajes y tránsitos más difíciles; ejecuta las escalas con gran celeridad y vigor, y se halla en http://guitarra.artepulsado.com/gifsyfo/imagenes/Llobet_Conciertos/19000810_BoletinMusicalValencia_Llobet.pdf http://guitarra.artepulsado.com/gifsyfo/imagenes/Llobet_Conciertos/19000810_BoletinMusicalValencia_Llobet.pdf http://guitarra.artepulsado.com/gifsyfo/imagenes/Llobet_Conciertos/19000810_BoletinMusicalValencia_Llobet.pdf 507 completa posesión de los secretos efectistas de la guitarra, de los que hace un acertado empleo. Oyendo a Llobet en algunas obras de mecanismo (de ejecución, entiéndase bien), no se puede prescindir de la comparación. Sin querer llega el recuerdo de Tárrega, y está Llobet tan influenciado por aquél en la manera, en el procedimiento, que hay momentos en que el espectador cree estar oyendo al maestro; la ilusión es completa. Como artista músico Llobet es correcto en decir, siente lo que expresa, posee el secreto de interesar al auditorio e su labor artística y sabe atraerse su voluntad y su aplauso; esto ya es mucho a su edad. Como intérprete de obras de autores extraños adaptadas a la guitarra, podrían hacerse algunos reparos. Opino yo (y lo declaro con sentimiento por tener que reconocer pobreza en un instrumento que me cuesta algunos desvelos), que el prurito de encajar obras de Beethoven, Rubinstein, Chopin, Mendhelsson [sic] y otros grandes compositores en un instrumento de las especiales condiciones de la guitarra, con ser muy grandes las facultades de un Tárrega o un Llobet, es exponer al instrumento a la declaración de insuficiencia. Las obras musicales, de cualquier autor que sean, o se tocan completas o no se tocan; por disimuladas que sean las mutilaciones, siempre aparecen a los oídos de un buen observador, y en el Conservatorio han de abundar observadores que coincidan con mi modesta opinión; y no basta decir que se debe sacar el mejor partido posible. El septuor de Beethoven, por ejemplo, es de imposible interpretación en una sola guitarra y en dos hay sus más y menos. Pero dejaré esto a cargo de quien lo hace y voy al objeto. Llobet se distingue mucho interpretando a Sor, Tárrega y Arcas, autores de obras ad hoc para la guitarra. Dadas las disposiciones que en Llobet concurren, no es aventurado pronosticarle un lugar privilegiado en el arte; ya posee la escuela, él es artista de talento; fáltale ahora independencia para formar personalidad artística; es necesario que sus espectadores digan que oyen a Llobet y no a Tárrega. Hay que hacer más que imitar. Hasta tanto huelgan los parangones en seco y en absoluto, que, con notoria injusticia para el maestro por excelencia, y faltando consciente o inconscientemente a la verdad, establecen los impresionistas de momento que aún no se han hecho cargo de que Tárrega es un genio creador, un reformista y un músico profundo, al que debemos todos reverenciar sombrero en mano. Los entusiasta aplausos tributados a Llobet, merecidísimos por cierto, le servirán de estímulo y es de esperar que prosiga en el camino tan discretamente iniciado para la formación de repertorio de propia cosecha. Las canciones populares catalanas armonizadas por Llobet, van admirablemente en la guitarra y ponen en evidencia que hay numen y buen criterio en el joven guitarrista para esperar nuevos emprendimientos de mayores vuelos. Mi enhorabuena más franca… ¡Benditas sean sus manos!... ¡Dios se las conserve por una eternidad y a mí que no me olvide!… Práxedes Gil–Orozco 508 509 510 La correspondencia de Valencia: año XXXVIII, número 16467 – 18 de septiembre de 1915, p. 2. [s. fr.] Noticias locales Se encuentran estos días reunidos en Valencia varios guitarristas notables, entre los que figuran los señores Llobet, Pujol, Segovia y Sirera. Dichos señores son sumamente agasajados por sus amigos y les deseamos grata estancia en esta. 511 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXX, número 11026 – 15 de marzo de 1923, p. 2. Corresponsal DE BURRIANA (…) La Asociación de Cultura Musical, que radica en Madrid y de la que es presidente el ilustre senador por esa Universidad don Rafael Altamira, ha creado la Delegación de Burriana, la que desde hoy está integrada por cien socios entusiastas de la buena música, los cuales contribuyen con una cuota mensual de seis pesetas y tienen derecho a disfrutar un concierto (como mínimum), cada mes, y de un pase para señora en todas las audiciones. Estos conciertos son privados, ya que sólo pueden asistir a ellos los asociados a esta delegación. El inaugural, que se celebro en el Salón Cine Requena el pasado día 9, corrió a cargo del eminente guitarrista Miguel Llobet, discípulo del llorado Tárrega, y constituyó un exitazo artístico (…). 512 513 La correspondencia de Valencia: diario de noticias: año XLVI, número 19051 – 11 de julio de 1923, p. 1. Leone LA CIUDAD Llobet y Chavarri Llobet, el concertista de guitarra, uno de los más fuertes temperamentos musicales de Cataluña, ha pasado unos días en la ciudad. Ha traído la guitarra Torres, que le ha acompañado en sus viajes por Europa y América, y que ha ofrecido el encanto de sus voces generosas a los auditorios más inquietos, exquisitos y diversos… Esa guitarra ha cantado para unos cuantos elegidos una Sonata de Chavarri. Obra todo aroma y color: canto popular. Llobet ha paseado desconocido, por nuestras calles, con su gesto un poco rígido de cómico inglés. Ha obsequiado a unos amigos con unas cordiales sesiones de arte y ha marchado, sin que la ciudad que tanto admiró a Tárrega haya conocido a su discípulo. LEONE 514 515 Ritmo: revista musical ilustrada: año III, número 32 - 15 de mayo de 1931, pp. 6-7. [s. fr.] El maestro Chavarri y su esposa Carmen Andújar, en Inglaterra De la reciente y feliz excursión artística realizada en Inglaterra por nuestros artistas Eduardo L. Chavarri y su esposa la eminente cantante Carmen Andújar, podemos dar aquí algunos extractos de prensa. La labor realizada por ambos ha tenido una grata finalidad, haciendo resaltar en el extranjero la música española, y especialmente la valenciana. Lo mismo en la importante estación de Radio de Londres, que en otras entidades y salas de conciertos, han sido vueltos a oír los dos artistas, señal evidente de que complaciera de veras su actuación. He aquí algunas de las referidas opiniones: “Daily Telegraphe”, 26 enero 1931: “Madame Carmen Andújar causó verdaderamente una muy favorable impresión en los conciertos de Princes Hall cantando las canciones españolas de Eduardo L. Chavarri, todas las cuales obedecen a los ritmos familiares del folklore musical español. Pero la última de la serie, una oda a los campos de Valencia, sorprendió profundamente por su notable lirismo. Madame Carmen Andújar accedió a la repetición de esta obra, no por mera “politesse”, sino ante los repetidos e insistentes aplausos del auditorio. Efectivamente, la artista hubo de salir cinco veces al proscenio.” “Bornet Press”, 24 enero 1931: “En los conciertos de Granville Hall, cantando la señora Carmen Andújar canciones italianas del siglo XVI al XVIIl, lució su simpático estilo, produciendo mucho placer en el auditorio. En la colección de canciones de Eduardo L. Chavarri brilló la señora Carmen Andújar, juntamente con el compositor, que se sentó al piano, e hizo gala deliciosamente de su sensibilidad en un excepcionalmente exquisito programa.” “Era”, 4 enero [febrero] 1931560: ''Madame Carmen Andújar hizo una hermosa y feliz elección, presentando las canciones españolas de Eduardo L. Chavarri, con las que ella demostró una gran seguridad de estilo vocal, así como un buen aliento y autoridad en el canto, además de una excelente impostación de voz. Esta voz es siempre sobremanera clara. 560 En realidad, la crónica apareció en el número del 4 de febrero de 1931 del semanario The Era, p. 9. Damos las gracias a Julio Gimeno por hacernos notar este error en la noticia publicada por Ritmo. 516 El maestro Chavarri usa el estilo nacional, y sabido es que ello dificulta el situar esta música desde un punto de vista internacional. Su composición sobre la huerta de Valencia, de más amplias y universales líneas, tiene todavía mayor derecho a perdurar”. “Manchester Guardian”, 13 [12] enero 1931561. Eric Blom, uno de los más nombrados críticos ingleses, dice: “El programa fue todo él muy interesante, y una buena pianista causó sobre todo una excelente y favorable impresión. Esta pianista fue María Gil, la cual ejecutó la parte solista del “Concertino” de Eduardo L. Chavarri para piano y orquesta de arco, con un gran sentido del estilo y sin la menor traza de artístico egotismo. La obra de Chavarri, tan limitada en pianísticas estratagemas como hermosa y de alto rango armónico, muestra a través de toda ella suma frescura y vigor de invención melódica en su estructura, y es de aceptar como una experiencia, y una posibilidad, para renovar el repertorio de los concertistas de piano”. * * * Las notas anteriores se completan con la sesión dada por Carmen Andújar, cantante, y Eduardo L. Chavarri, compositor, en la Radio de Londres. Además han sido solicitados la cantante y el compositor valenciano para tomar parte en los grandes festivales que se preparan en Mallorca para solemnizar el centenario de la estancia de Chopin en aquella isla, pues se cuenta con el concurso de Carmen Andújar para cantar obras de Chopin, y de Chavarri para dar una conferencia. También la Filarmónica de Valencia dará un concierto con estos artistas. * * * La importante entidad de Londres, Facultad de las Artes, en donde se han producido los más celebrados artistas del mundo, y en donde cantó Carmen Andújar, acompañada por la orquesta, dando las primicias de canciones españolas de Chavarri, ha nombrado a este miembro de Honor de la Sección de Música. 561 Existe igualmente un error en la fecha de esta otra crónica, aparecida en realidad el día 12 de enero de 1931 en The Manchester Guardian, p. 8. Damos las gracias a Julio Gimeno por percatarse de esta nueva imprecisión en la noticia de Ritmo. 517 518 519 Ritmo: revista musical ilustrada, año XXVII, número 287 – mayo-junio de 1957, p. 3. [s. fr. Noticia junto al editorial] MARISA ROBLES, de veinte años de edad, estrena en Valencia un concierto de López Chavarri, de ochenta y dos años Traemos a este destacado espacio tan extraordinaria noticia, por considerarla vinculada a la orientación musical que RITMO mantiene desde el primer año de su existencia, basada en un decidido homenaje a nuestros compositores y a nuestros intérpretes. A los pocos días de la interpretación por Marisa Robles, en Valladolid, del Concierto de Altisent, para arpa y orquesta, tiene lugar en Valencia, el día 29 de mayo, el estreno del Concierto del maestro Eduardo López Chavarri, también para arpa y orquesta, dedicado a la genial arpista, cuyo nombre se ha hecho ya célebre en España y cuya celebridad comienza a llegar a los Centros musicales de Europa y América. Eduardo López Chavarri, nacido en Valencia, el 31 de enero de 1875, ha tenido una de sus más grandes emociones al escuchar embelesado cómo Marisa Robles, con sus veinte años, daba vida sonora a la última composición a ella dedicada, realizándose así –precisamente en estos tiempos, en que parece imperar algo de egoísmo en nuestros jóvenes, que tanto tienen que aprender de los viejos– un homenaje de auténtica emoción y de categoría histórica musical, cuyo homenaje ha sido tributado por la más genial y famosa arpista de 1957, y siendo el homenajeado el decano de los compositores españoles actuales. Desde estas columnas, RITMO envía al maestro Eduardo López Chavarri el testimonio sincero de su admiración y afecto, y a Marisa Robles el aplauso más prolongado y efusivo por su bello gesto artístico, que brillará perennemente al correr de su vida, que auguramos gloriosa para ella y para España. 520 521 3.3. Andrés Segovia y la Suite (Fuentes periodísticas) Pujol, Emilio: “La Guitare”, en Lavignac, Encyclopédie de la Musique et Dictionnaire du Conservatoire (Deuxième partie). Paris: 1927. Disponible en línea: . pp. 1997-2035. [consultado en junio de 2021]. Ainsi que LLOBET, il possède un ascendant décisif sur les meilleurs compositeurs modernes, récemment acquis à la cause de la guitare. Ses compatriotes TURINA, CHAVARRI, MORENO TORROBA, SALAZAR, ARREGUI et l’Hispano-Argentin Carlos PEDRELL lui ont dédié des œuvres. A cet appoint hispanique s’ajoutent des essais, souvent réussis, de musique dans le caractère espagnol, des Français ROUSSEL, SAMAZEUILH, COLLET, etc. D’autres, œuvres de caractère non régional sont dues à PONCE, MIGOT, PETIT, TANSMANN et autres. 522 523 Las Provincias, diario de Valencia: año L, número 16020 – 16 de abril de 1915, p. 1. [s.fr.] CÍRCULO DE BELLAS ARTES El miércoles dio en el Círculo de Bellas Artes un interesante «recital de guitarra», el joven artista Andrés Segovia. Nutrida concurrencia, en la que se veían numerosas y bellas señoras, así como también muchos profesores y aficionados al instrumento en cuestión, escucharon atentamente al concertista. Este es muy joven, y ya muestra habilidad extraordinaria de ejecución. La rapidez y limpieza del mecanismo, la claridad en el fraseo, la bella sonoridad que obtiene, los timbres bien estudiados, todo hace de ello un ejecutante digno de atención. En ciertos momentos, la agilidad que demuestra es verdaderamente pasmosa. En la interpretación de las diferentes obras alcanzó grandes aplausos, y fue objeto de entusiastas felicitaciones. Además del programa que anunciamos, y que se ejecutó íntegramente, hubo de añadir Andrés Segovia nuevas obras al programa, para corresponder a la acogida que le dispensó el público. 524 525 El Debate: año VIII, número 2596 – 26 de febrero de 1918, p. 5. [s. fr.] NOTAS MUSICALES Concierto de guitarra por Andrés Segovia Hoy, martes, a las cinco y media de la tarde, se celebrará en la sala del Hotel Ritz un interesantísimo concierto de guitarra por el genial artista Andrés Segovia. He aquí el programa que dicho artista ejecutará: Primera parte: Serenata, Malats; Dos Preludios (primera audición), Estudio en la mayor, Tárrega; Granada. Preludio español (primera audición), Albéniz. Segunda parte: Sonata en «do» mayor (primera audición): Allegro, Andante, Minueto, Rondó; Sor Tercera parte: Minueto (primera audición), Mozart; Mazurka (primera audición), Chopin; Canzoneta, Mendelssohn. (…) NOTICIAS La Sociedad Nacional de Música dará un concierto el próximo día 27, a las cinco y media, en el Hotel Ritz, interpretando el siguiente programa la «Orquesta Valenciana de Cámara», que dirige el maestro Chavarri, y el pianista J. Nin. Primera parte. Hubert H. Parry, Suite de Lady Radnor (primera vez). R. Villar, Andante de la suite romántica; por la orquesta. Segunda parte. Juan Sebastián Bach, Concierto en “re” menor. Juan Cristian Bach, Concierto en “la” mayor; piano y orquesta. Tercera parte. Chavarri, Estival (de las Acuarelas) (primera vez). P. Tschaikowsky, Serenata. 526 527 Las Provincias, diario de Valencia: año LV, número 16528 – 11 de febrero de 1920, p. 2. CH. (Eduardo López–Chavarri) PRINCIPAL Primer concierto Segovia Se verificó en la tarde del lunes. Andrés Segovia es uno de los grandes guitarristas de la época presente. Su arte tiene las características de lo extraordinario. El noble arte de la guitarra es uno de los más preciados elementos del arte hispano. Su abolengo es ilustre; en el Renacimiento fueron los vihuelistas españoles primeras figuras en el mundo musical de entonces. Vihuelas, laúdes, eran formas varias de instrumentos análogos, y la guitarra española tuvo desde entonces singular valor. Mucho se equivocará el que piense que se trata de un instrumento de pocos recursos, de baja estofa y de música ínfima. La guitarra fue, en tiempos, lo que el piano actual, es decir, el instrumento de los salones, el más extendido, y no se limitaba a tañer simples acompañamientos, sino que se le consideraba como cantable y como polifónico; y los grandes maestros veían ejecutadas sus obras, ya en el clavecín, ya también en la vihuela o guitarra. Este carácter de instrumento “completo” que se basta a sí mismo, es lo que no saben ver muchas gentes, las cuales no tienen de la guitarra más idea sino que es un instrumento “para acompañar”. Y no es así; repitámoslo para desvanecer errores. Ha sido y es la guitarra instrumento que canta y se acompaña, como lo es el piano, como lo fueron sus antecesores laúd, theorba, y tantos otros que hasta formaron parte indispensable de las orquestas teatrales cuando se creó la ópera. Tiene la guitarra un inmenso campo musical en donde elegir su repertorio, porque viene a ser hoy, cuando tan difícil es hallar instrumento adecuado para ejecutar la música de los clavecinistas (no habiendo a mano fácilmente clavicémbalos), el más adecuado y perfecto substitutivo para interpretar tales obras; sus timbres, su extensión, sus medios, la hicieron ya, en los siglos XVI y siguientes, el instrumento que alternaba con el clavicémbalo. Hoy ha enriquecido su técnica con nuevos hallazgos, y se presta, por lo tanto, a curiosas interpretaciones modernas. Claro es que para interpretar la música debidamente en la guitarra, es preciso tener finura de espíritu y sensibilidad, buena inteligencia y exquisitez de oído, esta no solo para afinar bien, sino para hacer valer debidamente la gran riqueza de timbres que pueden obtenerse de una guitarra pulsada con conocimiento de causa. Todos los aficionados a la guitarra (los que la consideran como instrumento músico y no meramente como rasgueo acompañador) tienen esas facultades, y por eso constituyen el público ideal, que mejor se compenetra con el artista, sobre todo cuando este reúne las extraordinarias condiciones de Segovia. Andrés Segovia tiene unas facultades notabilísimas, y realiza prodigios de ejecución. Su sonoridad delicada unas veces, enérgica otras, siempre matizada, presenta curiosas efectos de “colorido”; y es que sabe sentir con singular fortuna las diferencias 528 de timbre, los muchos efectos de sonoridad que de la guitarra pueden obtenerse. Además siente la melodía con clara conciencia de la misma, para destacarla, para “cantarla” debidamente, procurando ponerla en primer término, cualquiera que sea el registro en que se halle. ¿Quién no verá en esto, así como en las exquisiteces de sonoridad, la escuela de su inmortal maestro el gran Tárrega? Y no hablemos de la ejecución, que a veces tiene rapideces admirables, y que siempre muestra la gran técnica que el afortunado Segovia posee. El carácter que da a la interpretación de las obras, prueba las excelencias de su temperamento musical. El arte de Segovia se ha depurado, y es de notar la variedad de sentimientos que exterioriza, lo mismo al ejecutar una adaptación de Bach, un minueto de Mozart o una Danza de Tárrega. El programa fue sencillamente admirable. El Preludio de Sor (el gran clásico) ya fue digno comienzo del concierto; a él siguió la Sonata del propio Sor, exquisitamente interpretada por Segovia. En la segunda parte estuvo feliz en Bourrée de Bach. Andante y Minueto de Mozart (deliciosos en la guitarra) y Romanza y Canzonetta de Mendelssohn. La tercera parte con su Allegro de Vieuxtemps, Danza de Tárrega, Danza de Granados y Preludio español de Albéniz (admirable y admirablemente ejecutado) cerraba la sesión. El auditorio no cesaba de aplaudir al artista, quien al finalizar cada parte había de presentarse muchas veces para saludar, y… para dar nuevas obras fuera de programa, entre ellas un Scherzo de Tárrega, que fue una delicia de obra y de interpretación. En resumen: un éxito brillantísimo, como lo merecen los méritos de la guitarra española, pulsada por un artista de la gran valía de Andrés Segovia. CH. 529 530 Las Provincias, diario de Valencia: año LV, número 16530 - 13 de febrero de 1920, p. 2. [s.fr.] ESLAVA.— A petición de numerosos admiradores del eminente guitarrista Andrés Segovia, la empresa ha decidido celebrar mañana sábado, a las seis de la tarde, una extraordinaria audición de despedida, ejecutando el señor Segovia lo más selecto de su repertorio. Para dar lugar a este concierto, no habrá en dicha tarde función de comedia. 531 La correspondencia de Valencia, diario de noticias, eco imparcial de la opinión y de la prensa: año XLIV, número 18350 - 12 de abril de 1921, p. 1. [s. fr.] Gacetilla musical — Andrés Segovia La guitarra Este instrumento, de íntima y deliciosa emotividad, ha tenido en Andrés Segovia un cultivador muy de gran público: Segovia es un artista de portentosas facultades, de fino y selecto temperamento, pero su virtuosísimo es desmesurado y su técnica bastante deficiente. Pudimos observar en los dos conciertos de los que hacemos nota que las obras habían cambiado bastante al ser vertidas por Segovia; las mismas ideas musicales con ritmos nuevos. La “Canzonetta” de Mendelsshon, y las obras de Tárrega –recordamos la linda “Pavana”– nos hicieron pensar que mal hace este artista dilapidar sus grandes condiciones y su temperamento, dando estas preocupadas y caprichosas versiones a obras todas de tonalidad clarísima y de tan pura dicción. De todos modos los amantes de este instrumento –popular y aristocrático por la gracia inefable de grandes artistas, que consagraron toda la emoción de su temperamento a depurar su escuela–, estuvieron de plácemes por la celebración de estos recitales. ¿No podrían venir a continuación Llobet y Pujol, dos grandes artistas de la guitarra? 532 533 Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20963 – 20 de diciembre de 1933, p. 5. E.L.CH. (Eduardo López–Chavarri) En el Conservatorio — ALBOR MALUENDA El concierto 30.º de la Asociación “Música de Cámara”, tuvo una grata novedad: la presentación de un joven guitarrista, casi un niño, mostró poseer excelentes condiciones de intuición y de temperamento para figurar entre los escogidos. Albor Maluenda, nacido en la Argentina, de familia valenciana, tiene condiciones privilegiadas para su vocación. Además de su innata musicalidad, posee una nota simpática y de excelente efecto: el fervor por el arte. En su espíritu juvenil es muy de alabar esa especie de íntima devoción con que Albor Maluenda se acerca al arte para practicarlo. Sus manos pulsan con toda facilidad la guitarra, y esto también es un elemento importante para un concertista, puesto que se adueña pronto del mecanismo y puede ejecutar las obras más difíciles si tiene las manos bien desarrolladas. Sobre todo, tiene una guía inapreciable en la insigne concertista Josefina Robledo, y ella es quien ha impuesto al joven Albor esa intensa religiosidad para la música. Es muy joven aun el novel concertista; pero cuando el tiempo, la experiencia, le vayan depurando el alma, comprenderá cada vez mejor la suerte que tuvo en hallar una directora de la valía de Josefina Robledo. La misma elección del programa, la elevación de las obras que en él figuran, la interpretación de íntima finura artística que mostró Albor Maluenda, todo ello indicaba bien a las claras la firme orientación de su maestra que sobre eso, maestra, es una refinada artista. El programa se fue desgranando con toda felicidad y el novel concertista iba mostrando las facetas de su talento y las muchas posibilidades artísticas que hay en él. La primera parte comenzó con Bach (Fuga, Double, Gavotte) y terminaba en el lindísimo minueto de Sor. El público fue escuchando cada vez con más interés al joven guitarrista, quien cada vez más dueño de sí iba mostrando sus cualidades positivas. En la segunda parte había doble interés: obras nuevas. Una fantasía de Palau, composición llena de carácter, de alto estilo, como si el joven maestro se hubiera siempre dedicado a la guitarra. El público la aplaudió con todo entusiasmo. Luego siguió el Final de una Suite de guitarra, de Chavarri, escrita para ejecución difícil y que, sin embargo, Albor Maluenda salvó con entero dominio de sí mismo, escuchando grandes aplausos. Siguió una Danza Española, de Granados, magistralmente transcrita por Josefina Robledo, y el arte del concertista culminó en esta obra: pureza de sonoridades, gracia, impresión de arte, en suma, que acabó de revelar al ejecutante. “Sevilla”, de Albéniz, terminó la parte. La tercera la integraban el poético y difícil “Sueño” de Tárrega, y la Sonatina de Moreno Torroba. Todas las obras fueron interpretadas cada vez mejor (y eso que el frío de la sala era muy grande obstáculo para ejecutar) y Albor fue 534 ovacionado cada vez con más entusiasmo por el público numeroso (y por lo extraño, dada la tarde fría que hiciera debe citarse el caso) que fue a oírle. Una felicitación al novel concertista, otra a su maestra, y… a “Música de Cambra”. E. L. CH. 535 536 La Correspondencia de Valencia, 14 de noviembre de 1938. [S.V. Miravet Lecha, La Música en Valencia durante la Guerra Civil (2017), p. 325]. Nuestra Sinfónica, cuya labor en estos momentos significa un factor de cultura y de gran interés moral para nuestra retaguardia, celebró el pasado domingo el quinto concierto de la primera serie de la presente temporada, con el mismo éxito que en los anteriores. Figuraba en el programa el estreno de la «Suite-Divertimento», del compositor y crítico de arte valenciano, Chavarri. 537 Las Provincias: diario de Valencia, año 60, número 18479 – 28 de abril de 1925, p. 1. E. L. Chavarri De arte Josefina Robledo da un recital de guitarra En la linda sala de Eslava se presentó el domingo por la tarde, ante la afición musical de Valencia, la concertista de guitarra Josefina Robledo. Tiempo ha fue a tierras de América, llevó a los grandes públicos el alma mediterránea y el arte maravilloso de su maestro Tárrega…, y triunfó Josefina en toda línea. Hoy vuelve a descansar un poco en su Patria; ruegos de amigos y aficionados fueron oídos, y la artista se ha presentado al pueblo. El palmario resultado no lo olvidará la artista, ni tampoco, claro está, sus oyentes. Estas líneas representan nada más que una impresión muy parcamente trazada; luego veremos por qué. Ante todo, debe decir el que suscribe que siente culto íntimo por la guitarra española, instrumento de confidencias, de horas nocturnas en jardines, de sonoridades dulcísimas… La guitarra triunfó en las mejores épocas de nuestro arte, acompañó los esparcimientos cortesanos en nobles alcázares, y… también en su especie de popular vihuela fue la que acompañó con sus sones, por ventas y posadas, el nacer de aquella portentosa creación del gran Cervantes. Y he ahí cómo Josefina Robledo ha venido a ser una encarnación legítimamente hispánica del alma del instrumento nacional. Su sensibilidad valenciana, su técnica admirable, dan a sus interpretaciones un encanto positivo. Josefina Robledo consigue que el público se olvide del momento y del lugar, se olvide del tecnicismo, y a veces hasta de la gentilísima artista, que suavemente, confidencialmente, inclinada sobre la sonora caja del misterio, evoca lejanías ensoñadoras. Y es que el público se siente penetrado por vibraciones de la guitarra (alma de sonido parecen), y despojándose de toda materialidad, goza la espiritual emoción evocada por la artista. El teatro estaba concurridísimo, y esta fue ya la primera sorpresa grata que tuvimos. Las ovaciones cariñosas y entusiastas se sucedieron con creciente entusiasmo. Josefina Robledo rindió culto a Tárrega en la primera parte: ¡hizo revivir el alma del genial guitarrista! Y como es también una notabilísima adaptadora, puso en el programa transcripciones realizadas con toda felicidad: ejemplo de ello, la «Leyenda» del que suscribe, de efecto insuperable en esta transcripción (gracias le sean dadas a Josefina Robledo), o la lindísima «Berceuse», de Ylinsky… Una hermosa sesión de arte, y un triunfo feliz para nuestra genial paisana, pues el público salió… pidiendo nuevos conciertos. E. L. CHAVARRI 538 539 3.4. Las Siete piezas para guitarra. Conexiones con Andrés Segovia y Rafael Balaguer (Fuentes periodísticas) Ritmo: revista musical ilustrada, año VI, número 89 – 1 de julio de 1934, p. 12. 540 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18602 – 19 de septiembre de 1925, p. 5. E. L. CHAVARRI Veraneo de artistas Josefina Robledo en Burjasot. – Tárrega – El jardín de los pinos – La puesta de sol y la guitarra soñadora. Mucho tiempo vivió Josefina Robledo fuera de España. Su espíritu gentil fue depurándose, su sensibilidad femenina se adiestró en sutiles matices de arte. Y al volver a su tierra, escondióse en familiar retiro. Allí fuimos a verla. Es en la montaña de Burjasot, cerca de los Silos; lugar un día casi desierto y hoy lleno de lindas casitas, desde las que puede verse la espléndida huerta valenciana. Se sube por las gradas de la antiquísima construcción, se entra luego en calle ancha, despejada y silenciosa. ¿No habéis sentido nunca el encanto de esas calles a todo cielo, llenas de luz y de soledad y de silencio? De lejos llegan rumores urbanos, tenues, sin la bárbara actualidad de la cercanía. Y con ellos, más perceptibles, vienen rumores de brisa del mar que pasó por campos floridos; y más cerca todavía, surge cantar de pájaros… En esa dulce soledad (tan cerca de las gentes, y sin embargo tan lejos) estudia incansable la selecta artista valenciana Josefina Robledo. Ir a su retiro, es sorprender una intimidad femenina, intimidad musical que tiene el encanto de la existencias sinceras, que por la palpitación del arte viven. Las alegrías de niños, atrás quedaron. La silueta del antiguo ermitorio, dorada por el sol de la tarde, levanta su cúpula esbelta entre árboles y bajo un cielo azul intensísimo. Es la paz de Valencia… Entre aquella suavidad de silencio se oyen de pronto voces tenues, armonías de ensueño… la voz de una hispánica guitarra. Es Josefina Robledo que en su dulce retiro trabaja. *** La casita tiene encanto acogedor. A la derecha, la salita de estudio ¡evoca tantas horas de arte! Allí los retratos y recuerdos del gran Tárrega, el maestro inolvidable; allí los testimonios elocuentes de grandes triunfos de la artista… Porque esa joven, modesta, silenciosa, que no sabe de «pose» ni de reclamos, ha tenido triunfos grandísimos… Allí también, testimonios de grandes maestros en admiración de la valenciana gentil. Y en otro lado libros de predilectas lecturas, libros de exquisita selección: Cervantes y Pereda, Tirso y Palacio Valdés, Rubén Darío, Rusiñol, Oscar Wilde… Afán, afán de lectura, que es una manifestación de la sed de arte que tienen los elegidos. El tiempo es aprovechado por Josefina Robledo de manera tenaz. No solamente ha de mantener su técnica portentosa con ejercicios diarios, sino que ha de ir formando programas. Ha tenido el buen acuerdo de estudiar las obras de los clavecinistas, que no sufren desvirtuamiento al interpretarlas en guitarra (antes bien, se aproximan mejor a su verdadero carácter), y a la manera de los grandes músicos de los siglos XVII y XVIII, 541 Bach, Couperin, Rameau… Josefina Robledo ejecuta esas obras la mayor parte de las veces como están escritas para el teclado, y aún hace el alarde de ejecutarlas a primera vista leyéndolas directamente en la forma pianística. Este detalle prueba la maestría de la artista valenciana. En contraste con lo anterior, estudia y transcribe con escrupulosa fidelidad obras modernísimas de las escuelas más avanzadas. Y al surgir de entre las cuerdas del hispano instrumento, esas obras extrañas aparecen luminosas, claras, comprensivas… y entonces acaba de apreciarse el instinto musical privilegiado de Josefina Robledo. *** En un pequeño jardín de la morada existen unos pinos enormes; a la hora del crepúsculo, cuando el sol poniente vuelve de oro sus centenarias copas, los pájaros se acogen al sitio en deliciosa algazara. Y entonces, al pie de los viejos troncos, en la frescura de la enramada, siéntase la artista y su guitarra empieza a desgranar melodías y armonías suavísimas, que suben a lo alto como perfume de sonidos, como íntima oración musical. Entonces los pájaros van cesando en su charla, y quedan atentos, escuchando aquella increíble maravilla, y las flores del jardín también parece que escuchan estirando sus pétalos, y por entre unos cipreses asómase también la luna para escuchar aquellos sones, que suavidades de su brillar de plata parecen… La artista Josefina Robledo es entonces la voz del alma valenciana, en su más íntima, femenina y noble palpitación. E. L. CHAVARRI 542 543 La Voz de Aragón: diario gráfico independiente: año VIII, número 1979 – 30 de enero de 1932, p. 10. [s. fr.] NOTICIAS DE TERUEL DIMISIÓN Ha dimitido el cargo de concejal y el de presidente de la Diputación don Rafael Balaguer, profesor de la Normal, recientemente trasladado a Castellón. La vacante en la Diputación trae de cabeza a los comentaristas, que no dan en el clavo sobre la persona que será designada para ocupar la vacante. Pronto saldremos de dudas. 544 545 Teruel (diario): año III, número 609 – 23 de noviembre de 1926, p. 3. [s. fr.] Santa Cecilia Anoche en el Aragón Hotel se reunieron en fraternal banqueta los músicos y amateurs que forman la «Rondalla del Casino», concurriendo, también algunos aficionados al divino arte. El motivo de la reunión era el celebrar la fiesta de Santa Cecilia, patrona de los músicos. Durante la comida y sobremesa reinó la más expresiva cordialidad y, como es natural, entre músicos hubo una gran armonía. Después del banquete la rondalla ejecutó algunas obras de su repertorio poniendo digno remate a la fiesta don Rafael Balaguer, director de la agrupación rondallística, y concertista estupendo de guitarra, dando una selecta audición. (…) 546 547 La Voz de Teruel: año IV, número 310 – 22 de abril de 1927, p. 1. [s. fr.] El centenario de Beethoven en Teruel Mañana sábado, se celebrará en Teruel el Centenario del fénix de la música Luis Van Beethoven. Será un acto sencillo, sin pretensiones en el cual lo único de grande es la buena voluntad de los organizadores y de los colaboradores Con elementos teruelanos se ha querido rendir este tributo a la memoria de aquel genio extraordinario y a ello ha contribuido principalmente el entusiasmo de bellas señoritas amantes del divino arte y que han puesto sus aptitudes a prueba, consagrando su estudio a las obras más encantadoras del gran músico. De los profesores nada hemos de decir. En Teruel tienen lo bastantemente consolidado su prestigio para que solo el enunciado de sus nombres baste. He aquí el programa: Primera parte Sonata 14. Claro de luna.― Señorita Rosa Ruiz (piano). Sonata 17.― Señorita Elena Samaín (id). Sonata 8. Primer tiempo.― Señorita Carmen Miguel (id). Segundo tiempo.― Don Rafael Balaguer (guitarra) Sonata 23.― Don Gonza[l]o Arenal (piano). Segunda parte Romanza en Fa.― Señorita Teresa Rico (piano); don Ambrosio García (violín). Septimino. Primero y tercer tiempo.― Señorita Pilar Burgos y don Ángel G. Arévalo (piano). Minuetto.― Don Rafael Balaguer (guitarra) Egmond Overtura.― Señorita Pepita Carreras (piano); don Ambrosio García (violín). (…) 548 549 La Voz de Teruel: año IV, número 311 – 25 de abril de 1927, p. 1. [s. fr.] El centenario de Beethoven Teruel se asocia al homenaje que con motivo de su primer centenario tributa el mundo entero a Luis van Beethoven. — La velada musical del sábado. — En Teruel hay elementos y entusiasmos para el arte. ¡Día de gran gala en el Teatro Marín! Expectación, curiosidad, reflejo del eco despertado por el clamor de la Prensa alrededor de la figura del gran músico de Bonn, muerto en 1827, tras una vida en que las musas del divino arte fueron las únicas consoladoras de su atribulado corazón. (…) Don Rafael Balaguer, que dedica sus plácidos ocios a la guitarra con un virtuosismo que sobrepasa a toda clase de devociones, interpretó el minueto del Septimino y el segundo tiempo de la Octava, en medio de un silencio religioso, demostrando una habilidad tanto mayor cuanto que es dificilísima la adaptación de la música de Beethoven a esta clase de instrumento. El retrato del gran músico (del que luego hablaremos) que presidía el acto, parecía sonreír ante la ejecución del señor Balaguer, como diciendo: ―¡Con esto, no había yo contado! (…) 550 551 Teruel (diario): año V, número 1224 - 28 de noviembre de 1928, p. 2. [s. fr.] TEATRO MARÍN (…) Para el próximo domingo se ha organizado una gran función extraordinaria y fuera de abono, en la que tomará parte la Compañía de comedias Aurora Redondo – Valeriano León, quienes pondrán en escena la obra de Muñoz Seca «La venganza de don Mendo»; habrá una parte de concierto con la cooperación del gran concertista de guitarra don Rafael Balaguer, que interpretará escogidas piezas musicales y también en esta función que ha sido organizada a beneficio del Comedor de Caridad, se presentará ante sus paisanos e[l] futuro «divo», tenor Alfonso Vizcaíno. Para este día es muy grande la demanda de localidades y por este motivo enseguida se servirán los encargos de entradas. Los señores abonados tendrán reservadas sus localidades a precio de taquilla, hasta el sábado por la tarde, pasado ese plazo, lo sobrante se pondrá a la venta. 552 553 Teruel (diario): año V, número 1227 - 28 de diciembre de 1928, p. 3. [s. fr.] (…) Otro número de la fiesta fue la actuación, como concertista de guitarra, de don Rafael Balaguer, quien generosamente aceptó la invitación que se le hiciera en obsequio a los pobres de Teruel. «Capricho árabe» y «Variaciones de Jota Aragonesa», ambas composiciones de Tárrega, fueron maravillosamente interpretadas por el señor Balaguer con su mágica vihuela. No es opinión exclusivamente nuestra –y nos alegramos porque así pudiera parecer parcial–, sino que es también opinión de un músico de Teruel que se hallaba a nuestro lado: el señor Balaguer puede considerarse como uno de los primeros guitarristas contemporáneos de España. ¡Qué primor y qué limpieza en la ejecución, qué naturalidad y qué dominio en las transiciones y qué emoción tan ajustada al momento musical! El silencio religioso con que el abigarrado y heterogéneo y rebosante público le escuchó, confirman el precedente juicio. Las ovaciones finales fueron unánimes y clamorosas. (…) 554 555 Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20898 – 05 de octubre de 1933, p. 14. [s. fr.] PROFESOR DE GUITARRA Ha sido nombrado profesor de guitarra del Conservatorio de Música, de Castellón, don Rafael Balaguer, director de esta Escuela Normal. 556 Heraldo de Castellón: año XLV, número 13833 - 18 de diciembre de 1934, p. 1. [s. fr.] El Conservatorio de Música y Radio Castellón a Paco Tárrega LA AUDICION DE ANOCHE. Reparada la avería, por cierto de manera magnífica, se repitió anoche la parte radiada el pasado viernes del Programa de homenaje a Tárrega, pero antes el director del Conservatorio de Música, don Abelardo Mus, dirigió unas efusivas palabras de hondo cariño y de profundo respeto al maestro de la guitarra, cuya obra elogió sentidamente, así como la escuela que logró dejar, anunciando que sobre esto hablaría después en nombre del Conservatorio el profesor de guitarra del mismo, don Rafael Balaguer. La segunda parte del concierto que siguió a estas elocuentes palabras del señor Mus (antes también habló elocuentemente el locutor de Radio Castellón) dio lugar a que los aventajados alumnos y alumnas Amparito Mas, José Prades, Tonica Roda y señorita Fernández, Josefina Salvador y Miguel Llansola, hicieran gala de sus dotes artísticas en las obras que les correspondieron. Miguelito Llansola logró un triunfo interpretando al piano la Danza oriental de que es autor y el locutor de Radio Castellón destacó el gran mérito de este muchacho, que especializado en el violín se ha improvisado también un gran pianista y además compone música tan inspirada como la que acababa de oírse. Prades, Montañés, Salvador y Llansola (cuatro violines) nos regalaron con otro número, brillantemente ejecutado y después la masa coral del Conservatorio cantó “El Molinero”. En el descanso de esta segunda parte a la tercera y última, don Rafael Balaguer, tan docto catedrático como guitarrista, hizo un estudio de Tárrega, conforme podía hacerlo un hombre de los vastos conocimientos musicales del señor Balaguer y terminó diciendo que el mejor Homenaje a Tárrega sería reunir toda su obra, invitando para ello principalmente a las autoridades de Villarreal y Castellón. Terminó la velada interpretando la Orquesta de Cámara del Conservatorio, “Danza Mora” y “Capricho árabe”, de Tárrega. La ejecución fue irreprochable, logrando esa Orquesta del Conservatorio y el Conservatorio mismo, por su intensa labor, un triunfo más. Fue el de anoche un tributo muy adecuado a la memoria de Tárrega y por la brillantez con que fue rendido felicitamos al Conservatorio de Música y a Radio Castellón, que conjuntamente lo rindieron. (…) 557 558 Heraldo de Castellón: año XLVIII, número 14476 - 19 de enero de 1937, p. 2. [s. fr.] TEATRO MUNICIPAL CONCIERTO A BENEFICIO DEL S. R. I. Mañana por la tarde darán un concierto los profesores del Conservatorio de Música de Castellón a beneficio del Socorro Rojo Internacional, con sujeción al siguiente programa: Primera parte: “Quinteto”, Boccherini (1743-1805). Allegro moderato. Adagio. Minuetto. Allegretto. Guitarra, Rafael Balaguer; violín 1º, Abelardo Mus; violín 2º, Matilde Aroca; viola, Vicente Asencio; violoncelo, Ismael Cerezo Segunda parte: “Estudio”, Chopin. “Danza del Molinero”, Falla. “Jota”, Larregta [sic]. Plano, Encarnación Mus. “Gavota”, Popper. (…) 559 560 Diario de Burgos: de avisos y noticias: año LIX, número 18111 – 14 de junio de 1949, p. 2. [s. fr.] Acto en el Círculo Católico de Obreros organizado por la CRUZADA ANTIBLASFEMA La Cruzada Antiblasfema de Madrid, celebró su anunciado acto el domingo a las 11,30 de la mañana, en el Círculo Católico de obreros. Pronunció un brillante discurso la fundadora de esta Obra, Excma. señora doña María del Pilar Rodríguez de Julián, quien animó a las mujeres burgalesas a continuar esta campaña moralizadora de costumbres, siendo muy aplaudida. A continuación el catedrático del Conservatorio de Música de Valencia, don Rafael Balaguer, dio un magnífico concierto de guitarra, interpretando obras de Tárrega, Albéniz, Sorts [sic] y Malats. El joven rapsoda José Ramón Sabaté, con su dicción admirable, recitó poesías de Rubén Darío, José María Pemán y Gabriel y Galán, recibiendo ambos artistas grandes ovaciones del selecto público, que llenaba el salón del Círculo. 561 562 Las Provincias: diario de Valencia: año LXXVIII – 4 de mayo de 1943, p. 14. E. L. CH. (Eduardo López–Chavarri) [Fuente: Antonio Ripollés Mansilla]. Concierto de guitarra, por Rafael Balaguer ¡Quién pensara que la guitarra volviese a adquirir el antiguo prestigio de gran instrumento musical! Muchas gentes habíanse acostumbrado a considerarla como cosa poco elevada. Tenían algún motivo. En la decadencia del siglo XIX, el «flamenquismo» se apoderó de la guitarra, y esta se aplebeyó de un modo indecible. Fue preciso que surgiere un sacerdote, en Andalucía precisamente, para que hiciere ver que la guitarra no era cosa de juerguistas ni de zarrapastrosos. Y es de recordar que toda una Sacra Católica Majestad Imperial como Carlos V, tañía sus cuerdas en ratos de ocio; y no fue ajeno a ella un duque de Gandía que ha subido luego a los altares. Como se ve, el instrumento español es de noble abolengo; y si un profesor de Filosofía puede tocar el piano, si un doctor en Medicina puede pintar cuadros sin desdoro, un profesor del Magisterio puede también pulsar las cuerdas del españolísimo instrumento. Tárrega antaño, hoy Josefina Robledo, Segovia, Pujol, Llobet, Sainz de la Maza,... muestran las grandes posibilidades de este instrumento, el más de salón regio que puede pensarse. Rafael Balaguer es un artista de primerísima categoría, de sensibilidad exquisita, de talento y comprensión completos, y así no es de extrañar que su aparición ante un auditorio haya producido la más grata impresión. Se ha tenido que vencer resistencia, para obligarle a dar este paso, pero el resultado no ha podido ser más palmario. El talento de Balaguer sitúale en privilegiado lugar entre los artistas españoles. Conocedor como pocos de los secretos y sonoridades del instrumento, no sólo es un ejecutante de agilidad evidente, sino que sabe buscar el «color», los mil matices que puede dar de sí una obra musical, y por ello sus ejecuciones son tan atrayentes. Lo repetimos: Balaguer tiene la inspiración del concertista y el talento del técnico. Ello se evidenció en el concierto del lunes en el coliseo Alcázar por la mañana. Con todo, se vio la sala llena por un público entusiasta, que tributó al artista muy cariñosos aplausos. Comenzó el programa con los grandes clásicos: Sors y Tárrega, y ya supo despertar el calor comunicativo de estas obras en los oyentes. Segunda parte: aquí mostró Balaguer no sólo su valía de intérprete (aquel Andante de Mozart fue momento cumbre del concierto), sino su maestría para dar a las obras de los clavecinistas y de los modernos una adecuada transcripción de la guitarra. No sólo Mateo Albéniz (principios del siglo XIX), sino los modernos Debussy y Mussorgski, tienen en Balaguer un inspirado transcriptor e intérprete. Después surgieron Turina, Sainz de la Maza, Granados, Albéniz, y... repeticiones pedidas por el público, la «Farruca» de Falla, ovaciones sin cuento. Un bello triunfo, en fin. E. L. CH. 563 564 Ritmo: revista musical ilustrada: año XV, número 172 – 1 de enero de 1944, p. 18. [s. fr.] Casa de los obreros de San Vicente Ferrer SECCIÓN DE CULTURA La asistencia a este concierto superó a las normales en el curso anterior, siendo en gran número las altas registradas de nuevos socios al celebrarse el segundo concierto, a cargo del guitarrista Rafael Balaguer. Después de los trámites que imponía la reorganización de la Orquesta Sinfónica de Valencia, pronto se ha llegado a un acuerdo, y en el local, la sala-teatro de la Casa de los Obreros, se han celebrado ya dos conciertos de dicha entidad sinfónica con la colaboración de José Bellver (pianista), en los que se ha llegado a cubrir el cupo de asistencia. En estos dos primeros meses del curso segundo se han dado, pues, cuatro conciertos en Amigos de la Música. Ya están anunciados y concertados varios conciertos más: Emilio Muriscot (piano), Serní (chelo), Capilla Clásica Valenciana, Férriz (trío), Mus (violín), Roca (piano), Giménez y Campos (arpa y flauta) y una conferencia sobre la vihuela (ilustrada con canto y guitarra) a cargo de Rafael Balaguer. (…) 565 566 Ritmo: revista musical ilustrada: año XVIII, número 212 – 1 de junio de 1948, p. 11. [s.fr.] En el domicilio particular de don Carlos Safránez dio un concierto de guitarra el profesor del Conservatorio de Música y Declamación de esta ciudad don Rafael Balaguer. 567 Ritmo: revista musical ilustrada: año XXIII, número 248 – 1 de diciembre de 1952, p. 7. [s.fr. El texto está extractado de Prat, Diccionario (1934), p. 38.] BIOGRAFÍAS de GUITARRISTAS Balaguer, Rafael.– Notabilísimo guitarrista español. El culto que hicieron del estudio de la guitarra aquellos distinguidos aficionados como el Dr. Francisco Paz, el literato J. Fola Igúrbide, el presbítero Francisco Corell, etc., es el mismo que cultiva el catedrático de la Normal de Maestros de Teruel (Aragón) , Rafael Balaguer. Si se le estima como hombre de vasta cultura, en alto aprecio se le admira como músico guitarrista. La op. 101 de “Gitare–Archiv” (Schott’s–Mainz, 1926), Siete piezas para Guitarra, su autor, el compositor valenciano Eduardo López Chavarri, en justo homenaje, las dedica a Rafael Balaguer. 568 569 Ritmo: revista musical ilustrada: año XL, número 405 – 1 de septiembre de 1970, p. 12. Pedro Deya 570 Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: año XXXIV, número 10191 - 18 de agosto de 1971, p. 7. C. Baztan 571 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXXII, número 11678 – 13 de mayo de 1925, p. 2. V. LL. P. TEATRO ESLAVA Josefina Robledo Si grande fue el éxito de nuestra paisana Josefina Robledo en los dos primeros conciertos de guitarra dados en el teatro Eslava, el tercero y último celebrado anoche constituyó algo así como una consagración definitiva elevada a la gentil artista por el corazón de los valencianos, a los que con su arte mago hizo gozar momentos de deliciosa sublimidad. Público selecto, efusividad franca, entusiasmo sin dobleces de ningún género, aplausos que sonaban mucho porque movían las manos impulsos que partían de lo más íntimo del pecho y por motivo el arte de Josefina Robledo, que es como vibraci6n de alma arrancada a la guitarra y difundida por el espacio con las inefables sonoridades que fijaron en el pentagrama el dolor, la angustia o la alegría de geniales compositores: ello es el conjunto y resumen del concierto de anoche. No sabemos si por ser la guitarra un instrumento genuinamente propio de nuestra patria, evocador por tanto de todo cuanto mueve nuestra sensibilidad en mayor grado, o porque fueron sus dulces sones como el arrullo cariñoso de nuestro primer sueño o porque a todo esto se une la prodigiosa magia de las manos brujas de Josefina Robledo , lo cierto es que pocas veces hemos sentido tan intensa emoción como anoche escuchando el «Claro de luna», de Beethoven, el «Sueño», de Tárrega, y las «Valencianas», de Salvador (obras estas dos últimas ejecutadas fuera de programa ante los insistentes y calurosos aplausos del público). Maravilloso el mecanismo de la Robledo en el «Trémolo», de Goltschalk [sic], y la «Jota aragonesa», de Tárrega, que se ovacionaron, como el «Andantino», de Sor, el «Minuetto», de Haydn, «Feuilles variées » y «Berceuse», de Schumann, «Romanza», de Rubinstein, y «Gavota», de Gluck, donde hizo gala de su exquisito gusto y delicadeza de dicción. Lo más interesante del programa era integrado (al menos para nosotros) por la tercera parte, en la que figuraba una composición titulada «Gitana», original del notable crítico musical y compositor valenciano Eduardo López Chavarri. «Gitana» es una obra en la que se juntan las bellezas de la melodía, de sabor netamente español y apropiado para el instrumento y las dificultades técnicas de ejecución, todo lo cual hace de ella una composición altamente estimable que se ovacionó muy merecidamente. La «Oriental», de Albéniz, la «Danza número 11», de Granados, y «La cajita de música», de Tárrega (esta también fuera de programa), dieron ocasión a los espectadores para aplaudir calurosamente, puestos en pie, a Josefina Robledo, que correspondió con las obras indicadas a las prolongadas muestras de afecto que se le tributaron, teniendo que comparecer al final del concierto y de cada una de sus partes, numerosas veces en el proscenio. 572 Lo repetimos: han sido tres soberbios [sic] audiciones de verdadero arte musical, los conciertos de Josefina Robledo que, con el de anoche, llevamos reseñados. V. LL. P. 573 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2567, 29 de noviembre de 1925, p. 4. [s. fr.] CONCIERTOS Segundo recital de Josefina Robledo Esta guitarrista dará una segunda audición con el siguiente programa: «Andantino» y «Minueto», Sors. «Dos preludios», «Danza mora» y «Recuerdos de la Alhambra», Tárrega. «Canción de cuna», Pujol. «Sonatina», Moreno–Torroba. «Gitana», Chavarri. «Cádiz», «Oriental» y «Asturias», Albéniz. Esta audición se celebrará en la Comedia el martes día 3 de noviembre, a las seis de la tarde. 574 Ritmo: revista musical ilustrada: año XVI, número 192 – 1 de diciembre de 1945, p. 37. [s. fr.] VALENCIA Noviembre 4.― La Rondalla del Centro Aragonés, de Valencia, dio un concierto en el Conservatorio, en el que interpretó un escogido programa a base de obras clásicas y modernas, que sirvió para poner de manifiesto la valía artística de este simpático conjunto por la excelente interpretación que dio al programa ejecutado. Director y rondallistas fueron sinceramente aplaudidos y felicitados. ―También en el Conservatorio, el día 7, el notable guitarrista García Yepes actuó bajo los acogedores auspicios de la Coral Polifónica Valentina, ofreciendo el siguiente programa: Estudio Brillante, de Alard–Tárrega; Gavota en forma de Rondó, de Bach; dos pavanas de Luis Milán; Sonata, de Scarlatti, y Capricho árabe, de Tárrega, todo ello en la primera parte. En la segunda fueron los tres tiempos de la delicada Sonatina, de Moreno Gans [sic]; Gitana, de Chavarri–Balaguer; Fantasía, de Palau, y Andaluza, de Sainz de la Maza. La fina sensibilidad del concertista tuvo ocasión de manifestarse en el transcurso del concierto, y así nos fue dable [sic] escuchar una acabadísima versión de todo el programa, culminando la calidad interpretativa en las dos composiciones de Chavarri y Palau, que fueron ovacionados al ser descubiertos entre el público, cuyos aplausos dedicaron, con sus felicitaciones, al joven guitarrista, que fue despedido con una cariñosa ovación. 575 576 3.5. Josefina Robledo, Emilio Pujol y la Sonata II (Fuentes periodísticas) La correspondencia de Valencia: diario de noticias: año XXX, número 10267 - 13 de noviembre de 1907, p. 2. [s. fr.] Las Provincias: diario de Valencia: año XLII, número 15048 – 14 de noviembre de 1907, p. 2. [s. fr.] [NOTA: Ambas noticias reproducen exacta e íntegramente el mismo texto] NOTICIAS LOCALES En el Conservatorio de Música se celebrará el sábado próximo, a las nueve de la noche, un concierto por la precoz y notable guitarrista Josefina Robledo, que interpretará el siguiente programa: Primera parte.– 1.º Andante de la sonata op. 13, Beethoven; 2.º Estudio en la mayor, Tárrega; 3.º Nocturno op. 9, núm. 2, Chopín; 4.º Serenata, Malats; 5 .º Menuet, Hayden; 6.º El Trémolo (estudio), Gottschalh [sic]. Descanso de 15 minutos. Segunda parte.–1.º Barcarola, romanza sin palabras núm. 6, Mendelshon [sic]; 2.° Canzoneta del cuarteto op. 12, Mendelshon; 3.º Fragmento de (Escenas pintorescas), Massenet; 4.º Mazurca, op. 33 núm. 4, Chopín; 5° Serenata española, Albéniz; 6.° Carnaval de Venecia, Paganini. Los precios, incluido el timbre móvil, son dos pesetas butaca y una entrada de galería. A los señores socios y damas protectoras se les hará una bonificación del 25 por 100 en las localidades y se expenderán en el Conservatorio. Se despachan localidades en los almacenes de música de los Sres. Sánchez Ferrís, Tena y en la guitarrería de D. Salvador Ibáñez, Bajada de San Francisco. El día del concierto estará situado el despacho en el Conservatorio. 577 578 579 La correspondencia de Valencia: diario de noticias: año XXX número 10269 – 15 de noviembre de 1907, p. 2. [s. fr.] NOTICIAS LOCALES Hoy han sido expuestas en algunos escaparates unas hermosas fotografías de la precoz y distinguida concertista de guitarra Josefina Robledo. Con este motivo llamaba la atención que dada su poca edad pueda haber llegado a ser una artista tan distinguida, después de haber sido algún tiempo aprovechadísima discípula del eminente maestro Tárrega, quien hace tiempo ya la emancipó de su dirección admirado de sus extraordinarias aptitudes. Por ello no es de extrañar haya verdadero interés en oír el concierto que dará Josefina mañana a las nueve en el Conservatorio, para cuya audición hay buen pedido de invitaciones–entradas en dicho Centro. 580 581 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XV, número 5901 – 16 de noviembre de 1907, p. 2. [s. fr.] En los escaparates de algunos comercios, fueron expuestas ayer algunas fotografías de la precoz artista, discípula del eminente Tárrega, Josefina Robledo, una de las primeras concertistas de guitarra. Sus extraordinarias aptitudes, llaman la atención, por lo cual no será nada extraño que esta noche asista numeroso público al Conservatorio, deseoso de admirar los excelentes conocimientos musicales que posee la niña Robledo, adaptados a tan difícil instrumento. 582 583 Las Provincias: diario de Valencia: año XLII, número 15052 – 18 de noviembre de 1907, p. 2. [s. fr.] EN EL CONSERVATORIO Concierto de Josefina Robledo Se verificó esta sesión en el Conservatorio, la noche del sábado. Es concertista una muchachita, una niña, que tiene en su alma las delicadezas infinitas del gran Tárrega, su maestro. Solo una discípula de Tárrega podría sacar aquellos sones ideales de la guitarra; solo el mecanismo impecable del genial maestro español podría crear esa escuela de la guitarra, en virtud de la cual se inmaterializa el sonido y se interpretan las más diferentes obras con poesía intensa. A mucho honor debe tener la señorita Robledo el poderse llamar discípula del mágico guitarrista. Cierto que la joven artista tiene también notabilísimas condiciones para brillar en su arte. Hay una bella sensación de ingenuidad, de pureza, en aquellas obras musicales interpretadas por la señorita Robledo. El programa era de prueba: obras de carácter clásico, otras románticas; esas transcripciones admirables que Tárrega hace de los grandes músicos, todo ello fue interpretado con una seguridad que llama la atención poderosamente, con una sencillez encantadora: aquellas manos pequeñas moviéndose sobre las cuerdas, hacían brotar maravillas de sonido. El programa se cumplió en todas sus partes, dando a las diferentes obras muy distintas interpretaciones, según su carácter requiere. Pero deben citarse, muy especialmente, aquellas composiciones que, por su gracia, por su encanto y sencillez, mas se avenían al carácter de la señorita Josefina Robledo. Así, el Menuet de Haydn, la Serenata de Albéniz, la Serenata de Malats (dichas ambas con una delicadeza exquisita) y como ejecución las dificilísimas Variaciones sobre el Carnaval de Venecia, extractadas de las famosas de Paganini. El público, entusiasmado de veras, ovacionó a la gentil ejecutante, colmándola de aplausos, haciéndola salir al estrado infinidad de veces. Y el programa casi resultó doble, pues la señorita Robledo no se cansaba de intercalar nuevas obras para corresponder a aquellas muestras de simpatía, elocuentes sufragios que eran otorgados a las excepcionales cualidades de la concertista y al honor de su gran maestro. 584 585 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XV, número 5904 – 19 de noviembre de 1907, p. 2. [s. fr.] MÚSICA SELECTA Una concertista notable Muy a pesar nuestro hemos diferido comunicar a nuestros lectores la grata impresión que nos produjo el sábado la fiesta musical celebrada en el Conservatorio, en la que obtuvo un legítimo triunfo la eminente concertista señorita Josefina Robledo. Desde el famoso Arcas hasta nuestros días, el estudio de la guitarra ha adquirido positivos progresos, lo mismo en sonoridad e interpretación de las obras musicales, como en la composición de los programas dedicados a tan dulce y a la par difícil instrumento. A Tárrega, delicado y soñador artista, débese gran parte esta transformación; y siendo discípula predilecta del maestro la señorita Robledo, ¿cómo extrañar el ruidoso éxito que la gentil concertista alcanzó el sábado último? Josefina Robledo posee tal dominio de la guitarra, que las escalas cromáticas, los arpegios y los acordes producen, ejecutados por ella, la sensación de que no manos femeniles, sino por virtud de complicado mecanismo adquieren los pasajes musicales sonoridad, vigor y brillantez pocas veces igualados. El programa, compuesto de música selecta, satisfizo a los más exigentes, formándolo entre otras composiciones las Variaciones sobre el «Carnaval de Venecia», inspiradas en las deliciosas de Paganini; la «Serenata» de Albéniz, la «Serenata» de Joaquín Malats, el «Menuet» de Haydn...; y todas las piezas produjeron inusitado entusiasmo a la numerosa y distinguida concurrencia que llenaba nuestro primer Centro musical. La Srta. Robledo, ya lo hemos dicho, electrizó a sus oyentes matizando, diciendo con singular arte y sentimiento aquellos fragmentos en los que el artista para producir la sensación que imaginara el compositor han de concurrir en el temperamento artístico, sensibilidad exquisita, verdadera vocación por la música, en fin. Todas estas cualidades reúne Josefina Robledo y de aquí los ruidosos aplausos que escuchó la adolescente concertista y las repetidas veces que hubo de presentarse en el estrado para recibir los plácemes del auditorio. Reciba la Srta. Robledo junto con nuestra admiración la más entusiasta enhorabuena por su triunfo, del cual puede mostrarse ufano su maestro D. Francisco Tárrega, cuyo nombre era muy elogiado entre los concurrentes. Y a propósito de Tárrega: ¿por qué no se organiza un concierto a cargo del celebrado maestro de la Srta. Robledo? Tienen la palabra los amigos y admiradores de Tárrega, que somos legión. 586 587 Las Provincias: diario de Valencia: año XLIV, número 15586 – 21 de mayo de 1909, p. 2. E.L.CH. (Eduardo López Chavarri). CRÓNICA MUSICAL IMPRESIÓN El día de la Virgen de los Desamparados tuve ocasión de escuchar una sesión de arte altamente notable. Ello fue improvisado, y tal vez por esta misma razón, pareció más grande el efecto que me produjo el caso; pues fue que el distinguido profesor Sr. Gallego – hermano político del inolvidable violinista Goñi– me hizo escuchar a una gentil artista, una niña que ejecuta en la guitarra selectas obras, y parece haber heredado la magia incomparable de su maestro Tárrega. Josefina Robledo se llama la niña que en el día de la Virgen hízome escuchar la música de su guitarra. ¡Oh! no creáis que se trataba de «guitarrerías» vulgares, cosa que el nombre de Tárrega hace imposible; ni tampoco se trata de una ejecución realizada pacientemente a fuerza de labor y paciencia. Es que se trata de un temperamento original, en esta jovencita, que al ejecutar la música parece recogerse en sí misma (¡al fin, discípula de Tárrega!) y ejecuta con devoción de arte, sin ostentaciones de acrobatismo, ofreciendo vibraciones sonoras con la ingenuidad de flor que da naturalmente su perfume. Aquella evocación del maestro Tárrega, hecha en día tan señalado por una niña artista, y en la tranquilidad de su casa, tenía no se qué suave encanto. El traje enlutado de la ejecutante, aumentaba la serenidad de la emoción; mientras las manos de la artista hacían brotar de las cuerdas suspiros de vibraciones, reinaba en la estancia dulce, tranquila emoción de bondad y poesía. Un momento hubo en que el aire trajo desde fuera hasta nosotros una ráfaga de extraña música: eran las campanas de la ciudad, que cantaban a la Patrona Virgen. Pero tan suave nos llegó el clamoreo, que más bien era un fondo de sonidos aterciopelado, suave, sobre el cual mecíanse las puras canciones de la discípula de Tárrega. Y el sol, que habla estado escondido, salió para alegrar la ejecución de aquellos minués antiguos y aquellas romanzas, y toda la música deliciosa que ejecutaba con su ingenuidad bellísima, la niña enlutada y de rostro de virgen italiana. E.L.CH. 588 589 Las Provincias: diario de Valencia: año XLVII, número 16856 – 20 de noviembre de 1912, p. 1. [s. fr.] Círculo de Bellas-Artes Concierto de Josefina Robledo La notable artista Josefina Robledo, discípula predilecta del inolvidable Tárrega, dio ayer el anunciado concierto en el Círculo de Bellas-Artes. Naturalmente que el éxito más lisonjero, completo, fue el que coronó la labor de la gentil guitarrista, cuya escuela y cuyas delicadezas de ejecución tanto nos hacían recordar a su eminente cuanto llorado maestro. Josefina Robledo es una progresión constante; representa una voluntad infatigable para el estudio y una labor de perfeccionamiento incesante. De aquí que sus cualidades musicales se depuran, no solo en el sentido de completar su técnica, sino en el de adquirir más sentimiento del arte y más comprensión de la belleza. La guitarrista ejecutó un dilatado programa, en donde había obras dificilísimas, tanto más cuanto que algunas son de adaptación casi imposible para la guitarra. Pero en todas sacó la joven ejecutante manera de lucir sus facultades. La primera parte comenzó con las obras serias: «Variación 4ª y 5ª y Minuetto de Septimino», de Beethoven; «Trémolo», de Gotschkalk [sic]; «Escenas pintorescas, núm. 2», de Massenet, y las bellas «Sevillanas», de Albéniz, que produjeron honda impresión. En la segunda parte se escucharon, con gran placer, dos Romanzas, de Mendelssohn; un «Largo», de Beethoven; «Berceuse» de Schumann, y «Loure», de Bach. En la tercera parte había las variaciones sobre el «Carnaval de Venecia», la lindísima «Serenata», de Malats, y la «Jota aragonesa», de Tárrega. No hay que decir, que en todas estas obras rayó a gran altura la gentil artista, que el público premió con calurosas ovaciones su notable labor, y que todavía hubo de añadir Josefina Robledo alguna obra al programa. 590 591 Las Provincias: diario de Valencia: año XLVIII, número 17178 – 09 de octubre de 1913, p. 1. J. M. Mustieles La reivindicación de la guitarra a propósito de una sesión de arte Ella ha sido una muchacha delgada, toda espíritu, sin casi sensación de sexo. Una muchacha artística de verdad, en toda la amplitud, en toda la reverencia que guardamos para esta palabra, tan a la ligera empleada y que en tan pocos temperamentos se aviene. Una muchacha toda sentimiento; una muchacha que vive de arte, de música, de versos. Se esfumó, perdiéndose casi la sensación que conservábamos de unas manos de magia sobre las cuerdas de una guitarra. Fue en un verano, hace algunos años, cuando el inmenso Tárrega nos dejó la sensación que se esfumó… que se esfumó entre la algarabía de los flamencos y las coplas de ciego, tan abusivamente acompañados por la guitarra. Nos parecía todavía más; nos parecía que la guitarra iba quedando para eso, para amenizar las juergas en los cafés madrileños, gemir su humillación en los tablados con las cantaoras de jondo, tan insustanciales como echás pa alante, o llorar por las calles las penas de un ciego que pide limosna. También la comprendíamos en el cuarto de un estudiante que vive en casa de huéspedes, en la trastienda de una botica y en el estudio de un pintor, como cosa decorativa. …Leyendas de guitarras moras; bellas leyendas de aprendices de filosofía y de latines, faranduleros a veces, errabundos siempre, que con sus guitarras bajo los manteos ganaron su yantar por las aldeas y corazones de mozas en hosterías; leyendas viriles baturras de guitarras épicas que impulsaron a guerras; leyendas sensuales andaluzas de guitarras con madroños que abrieron rejas floridas; historias poéticas de rondallas valencianas, que dejaron grandes pasiones en las vísperas de las fiestas y en que las guitarras sirvieron también para dirimir celos de mozos… Sensación de voces que rezan, esfumadas, igual a la muerte del artista de las manos de magia… Y ella, la obradora del milagro, ha sido una muchacha delgada, toda espíritu, sin casi sensación de sexo. Llamábala Tárrega su discípula predilecta, y el éxito de los conciertos que lleva dados, demuestra el porqué de aquella justa predilección. A los ocho años de ella comenzó sus lecciones y frecuentemente, al terminar uno de esos difíciles estudios de ejecución que tan limpiamente resuelve, una de esas obras clásicas de concierto, que tan esmerado gusto como agilidad requieren, el maestro solía besar las manos de la artista; “tú la única. Tú me sucederás…” Y Josefina Robledo, la única, parece, en efecto, haber heredado con la escuela del maestro, aquellas manos de magia. Y esta noche inolvidable, la noche de nuestra confesión, la del milagro, ella, con los labios pegados, con la mirada fija en las cuerdas ha hablado así: «Creo en Dios y en Beethoven… Clair du lune: «Amo una mujer frívola y superficial; amo una mujer bella y mundana, tan bella, tan mundana y tan frívola, que media entre los dos un abismo de sentimiento. 592 Mi dama solamente estima su belleza, el lujo de su tocado, el espejo que la refleja, las luces de sus fiestas, el murmullo y los coqueteos de sus saraos. Estima el campo porque en él organiza sus elegantes cacerías; estima las flores porque hermosean su busto; estima la música porque se baila a su compás. Amo una mujer bella y superficial. Dice que el arte es cosa de románticos y de bohemios, y dice que los románticos son enfermos, y dice que los bohemios son locos y vagos. No sabe del sentimiento de un alma recogida. No sabe que la belleza hace llorar. No sabe que hay amores que duran toda una vida. Siento dentro de mí el arte como dominador. Siento una fuerza imperativa que me arrastra a él y todo lo que viene de él. Creo en la superioridad del arte sobre todas las cosas. Sueño ofrecer mis sentimientos de artista a una mujer de alma gemela; pasar juntos por la vida abstraídos de la vida. Y amo, amo intensamente… Amo una mujer bella y superficial.» Y luego de esta impresión honda, la profunda emoción que siempre nos consigue el divino músico, siguió el minueto de su Septimino; entonces, reconcentrados en nuestra butaquita baja, a la tibia luz que predisponía, viajamos un poco. Íbamos con Wagner, atravesábamos las campiñas de Bohemia “el país privilegiado de los tocadores de arpa y de los cantantes nómadas.” Íbamos a Viena, a visitar al gran Beethoven, el divino sordo. En el camino nos cruzamos con una de esas orquestas ambulantes, tan frecuentes allí y tan típicas. Era bajo los árboles que bordeaban una carretera. Wagner tomó un violín… y a borde de un gran camino de Bohemia, sonó el Septimino… ¡oh, gran Beethoven! …Después triunfó el adaggio [sic] de la Patética. Sentíamos dentro de nosotros la caricia de unos versos, el rozar de unas alas, el suave adormecerse del corazón que sueña… Más tarde entonó Mendelssohn sus ritmos graves, su voz viril y persuasiva, la convicción de su arte. Y hubo luego una pieza de ejecución dificilísima: El trémolo de Gotschalds, que vibró limpiamente, cadencioso, susurrante. Se hizo forzoso el descanso, y nuevamente en su silla la artista, quiso descender en sublimidad, para darnos la emoción de nuestras regiones poetizadas. Y hay que agradecerle rendidamente la evocación que hace de cada país, de cada raza, de cada tipo, tan castizamente, tan netamente, con nimbo de gloria. Sus manos de magia, evocaron la maja del Alabaicín, morena y altiva, cuya blonda mantilla airosa, sombrea sus ojos moros. Princesa parecía y de princesa era aquel su andar menudito y gracioso… Debió ser en épocas de Goya, y tal vez la bella maja del Albaicín fuese la disputada en las barreras de las Plazas para brindarle sus toros un Pepe–Hillo audaz. Moriría la bestia, aplaudiría el público y la bella maja del Albaicín, sonreiría al matador y saldría con aquel su andar menudito y gracioso. Evocaron las típicas y pintorescas «fiestas de la Jota» con la faldilla amplia y corta ellas, sus pies ligeros al brincar, sus brazos airosos acompasando, sus mofletitas recargadas de sangre y sus labios sonreidores, como fruta madura. Ellos, fuerte y ágiles, con la vista glotona en la pareja y la lengua pronta para requiebrarla a una vuelta de la 593 danza. Y rasgó el aire la copla sentimental, el poema del pueblo… y allá bajo, en la calma de la noche, las torres del Pilar pintaban sombras sobre el Ebro famoso. Y luego fue Rosa María, la belleza de la Plana, la valenciana labradora, espléndida como sultana y triste porque llora amores, quien en el misterio de su reja de claveles nos decía una historia romántica, cuando aún se oía en la plaza del pueblo el estallar de los últimos cohetes… Josefina Robledo, toda espíritu, se inclina humilde. Ella, la heredera de las manos de magia, la reivindicación de la guitarra. J. M. MUSTIELES 594 595 Las Provincias: diario de Valencia: año 95, número [?], 27 de noviembre de 1960, p. 16. Hipólito Pío (Fuente: Hemeroteca de la BMCV) CONVERSANDO CON JOSEFINA ROBLEDO Un pequeño concierto y el recuerdo de Francisco Tárrega. Introductora de la guitarra de concierto en América Española. Aquel gran triunfo de su guitarra y España en el Coliseum de Buenos Aires. Por Hipólito Pío. Surgió la entrevista de una manera espontánea. Una coincidencia nos puso frente a frente a la notable guitarrista Josefina Robledo y a mí. Coincidimos en un tren, camino de Godella. Ella vive en aquella población desde hace años; yo iba a una gestión particular. Me habló de un trabajo mío en «ABC», en el que hablaba de Francisco Tárrega a los cincuenta años de su muerte. Para hablar con Josefina Robledo del arte de la guitarra, hay que contar con la presencia constante del maestro de Villarreal, en el recuerdo. Tal vez no haya yo entrevistado a ningún otro artista que guarde un respeto tan venerable a quien le enseñó las reglas del arte en que luego cosechó sus mejores triunfos, como esta gran discípula suya. Por eso es más apetecible esta conversación con la artista: porque está siempre exenta de la vanidad en que suelen ir envueltas las respuestas de todo triunfador que llega a olvidarse de que no es suyo sólo el mérito con que se le distingue. Nuestra primera parte –recuerdo del maestro– ha quedado cortada en el andén de la estación; pero con continuidad, para más tarde, en su casa, frente a unas copas de coñac y unas tazas de café. Y así sucede, que en su casa me encuentro media hora después. —Quedamos –me dice– en que quería oírme. —Así quedamos. La guitarra está allí, mimada como una hija. Es una guitarra que se ve veterana, «aculotada», como la pipa de espuma de un buen fumador que ha mejorado al paso de los años y al contacto acariciante de las manos virtuosas de la artista. Luego una voz suave: —Dos minuetos de Sor. Fernando Sor se formó en la escolanía de Montserrat y luego triunfó en París. Escribió mucha música y muy linda. Sor, al conjuro de las yemas de Josefina Robledo adquiere toda su máxima expresión emocional. Resultan breves obras para tan gran belleza. Después surge radiante el «Capricho Árabe», la obra de Tárrega que el maestro escuchó a Josefina cuando esta tenía ocho años. —«Capricho Árabe» —ha dicho ella. Ha sonado como un trémolo pianísimo. Y al interpretarlo, la guitarra parecía estar emocionada. Es aquello un pequeño concierto. Pequeño por lo reducido del auditorio –tres personas–. Pero grande por la calidad de las obras y de la ejecutante. Y para que no sea tan solo el maestro quien vive aquel momento con caracteres de homenaje surgen además de Sor, Visieé [sic], el gran vihuelista del siglo XVII, y Gaspar Sanz, de quien interpreta una zarabanda muy graciosa. Al terminar pido ratificación a la señora Robledo: 596 —Valenciana, ya sé. —Y de la parroquia de San Esteban, bautizada por derecho propio en la pila de San Vicente Ferrer. He pasado doce años recorriendo América por los cuatro costados: Argentina, Uruguay, Paraguay, el Brasil… y nunca he tenido que lamentar el más pequeño percance. — ¿Y ha dicho usted que América…? —Hasta que yo fui por allá, el arte de la guitarra era, más que popular, populachero. Fue ya en Buenos Aires, y en mi primer concierto, en donde el público se «volcó», como suele decirse, en forma de ponderación, y la prensa de la capital del Plata acusó el hecho de que la guitarra era un instrumento más de las orquestas, como lo fuera el arpa o la viola. En América empezaron a disputarse la música española clásica interpretada a la guitarra y yo recorrí –peregriné no pocas veces– en misión de arte español, llevando este latido de la patria hasta los ranchos platenses y sintiendo y agradeciendo el agasajo de aquellos españoles que allí afincaron, procrearon y en aquellas tierras, hijas mayores nuestras al lado del mar, hicieron patria española. —Su maestro fue Tárrega, ya sé. Pero ¿no hubo ningún otro? —Ninguno. Yo soy hija de José María Robledo y de Rafaela Gallego. Hija de esa sangre pero artísticamente lo soy de Francisco Tárrega, y él sólo fue, y todavía lo es, mi maestro: porque sus lecciones no han envejecido a través de los años. Él también me tenía como a tal y fui discípula suya desde los ocho años. Un día, cuando hubo de trasladarse a Barcelona, mi padre le preguntó: «¿Qué maestro le deja?». Y su respuesta fue así: «Ella sola ya toca lo que los mejores». Y luego, añadió: «Al verano, tráigamela a Barcelona». Mi pregunta de profano: —¿Es muy difícil tocar la guitarra? —Mucho; sí señor. —¿Cuándo se retiró como concertista profesional? —Cuando me casé. Mi marido me presentó el dilema: amor o conciertos. —Y usted eligió las cadenas. Reímos los dos e intervino el marido: —Es que yo no me avengo a ser divo consorte. Y ahora reímos los tres. —Tampoco yo he tenido apetencia de triunfos como base de mi vida –continúa ella–. Yo soy mujer de hogar. Me gusta mucho el arte, ¡ya lo creo! Gusto de él y uso de él como de una joya que no todos, aún los poderosos de la tierra, pueden poseer. —¿El mejor guitarrista? —El de todos los tiempos, Francisco Tárrega. —De los de hoy. —Alicio [sic] Díaz. Es un venezolano que le saca un sonido tan puro a la guitarra… Y toca con los dedos, no con las uñas. También Albor Maruenda, Carmencita González y ese joven guitarrista alcoyano, Rafael Rico, que ahora triunfa en París, son discípulos míos y tienen mi misma escuela. Es que ahora se suele «tocar de uña». Es más fácil. —Pero resulta el sonido menos puro. —Exactamente. Ni ellos ni Alicio [sic] Díaz «tocan de uña». 597 — ¿Fue discípulo suyo Alicio [sic] Díaz? — Sí. Lo fue en aquellos días que se empeñaron en que me quedase en Buenos Aires a dirigir la cátedra de guitarra del Conservatorio que no pude aceptar sobre dar gran prestigio y estar muy bien remunerada. — ¿Y por qué no lo hizo? —Era condición esencial renunciar a la patria española: hacerme argentina, y eso no quise hacerlo. — ¡Le querían mucho los argentinos! —Aquello surgió después de un concierto a beneficio de la Cruz Roja Internacional, en el Coliseum. Intervenían en él los mejores artistas de que encontraban por entonces en la capital del Plata. Entre ellos se hallaba el gran Caruso, tan admirado del público bonaerense. La extensión del programa no permitía bisar y, por lo tanto, todos los que interveníamos en el concierto habíamos de interpretar una sola composición. Yo estaba francamente asustadísima, y no precisamente porque no tuviese confianza en mí misma, sino porque aquel salón es el segundo en capacidad de los teatros de Buenos Aires y suponía que había de perderse el sonido de mi guitarra entre tanto espacio y tantísimo público como se había congregado en él. Así las cosas, llegó el momento de mi actuación. Fue escuchada mi intervención con el mayor silencio. Alguien que observó todos los movimientos del público, hubo de registrar que ni un golpe de tos hubo de oírse. Al terminar mi actuación, una ovación prolongada y la petición para que repitiese, duró largo rato. La dirección del espectáculo, ante la insistencia del público, hubo de rogarme la repetición. Y repetí. Y ofrecí aquella ovación, la más grande que escuché en mi vida artística, la ofrecí, digo, a mi España. Solo dos repetimos en aquel concierto: Amelia Galli–Curci, la gran soprano, y mi guitarra española que pulsaba yo. Josefina recuerda aquello con visible emoción. Yo pretendo acallar sus recuerdos… —Aquel es uno de los muchos pasajes de su vida de artista, ¿verdad Josefina? —Sí. Pero es que en aquel –afirma– éramos dos: España y yo. Y triunfamos las dos. 598 599 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18478 – 26 de abril de 1925, p. 2. [s. fr.] Concertista valenciana Josefina Robledo Existe en nosotros cierta corriente de simpatía y natural interés por conocer el arte de Josefina Robledo, guitarrista que en audiciones públicas dadas en la América española, fue apreciada como consumada artista, que sabe sacar al instrumento los mejores efectos. Despertó gran interés en todos los auditorios el modo como esta artista interpreta las composiciones más variadas de los diversos autores. Merece esta artista valenciana un comentario, que por requerir nuestra atención otras informaciones, no podemos dedicarle hoy. Pero señalaremos que su arte es digno de estima y constituye una fiel evocación del espíritu sutil y refinado de Josefina Robledo, que en el concierto de esta tarde en el coliseo de Eslava, dará muestras inequívocas de su valer. 600 601 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18479 – 28 de Abril de 1925, p. 1. E. L. CHAVARRI DE ARTE Josefina Robledo da un recital de guitarra En la linda sala de Eslava se presentó el domingo por la tarde, ante la afición musical de Valencia, la concertista de guitarra Josefina Robledo. Tiempo ha fue a tierras de América, llevó a los grandes públicos el alma mediterránea y el arte maravilloso de su maestro Tárrega…, y triunfó Josefina en toda línea. Hoy vuelve a descansar un poco en su patria; ruegos de amigos y aficionados fueron oídos, y la artista se ha presentado al pueblo. El palmario resultado no lo olvidará la artista, ni tampoco, claro está, sus oyentes. Estas líneas representan nada más que una impresión muy parcamente trazada; luego veremos por qué. Ante todo, debe decir el que suscribe que siente culto íntimo por la guitarra española, instrumento de confidencias, de horas nocturnas en jardines, de sonoridades dulcísimas… La guitarra triunfó en las mejores épocas de nuestro arte, acompañó los esparcimientos cortesanos en nobles alcázares, y… también en su especie de popular vihuela fue la que acompañó con sus sones, por ventas y posadas, el nacer de aquella portentosa creación del gran Cervantes. Y he ahí cómo Josefina Robledo ha venido a ser una encarnación legítimamente hispánica del alma del instrumento nacional. Su sensibilidad valenciana, su técnica admirable, dan a sus interpretaciones un encanto positivo. Josefina Robledo consigue que el público se olvide del momento y del lugar, se olvide del tecnicismo, y a veces hasta de la gentilísima artista, que suavemente, confidencialmente inclinada sobre la sonora caja del misterio, evoca lejanías ensoñadoras. Y es que el público se siente penetrado por vibraciones de la guitarra (alma de sonido parecen), y despojándose de toda materialidad, goza la espiritual emoción evocada por la artista. El teatro estaba concurridísimo y esta fue ya la primera sorpresa grata que tuvimos. Las ovaciones cariñosas y entusiastas se sucedieron con crecente entusiasmo. Josefina Robledo rindió culto a Tárrega en la primera parte: ¡hizo revivir el alma del genial guitarrista! Y como es también una notabilísima adaptadora, puso en el programa transcripciones realizadas con toda felicidad: ejemplo de ello, la «Leyenda» del que suscribe, de efecto insuperable en esta transcripción (gracias le sean dadas a Josefina Robledo), o la lindísima «Berceuse», de Ylinsky… Una hermosa sesión de arte, y un triunfo feliz para nuestra genial paisana, pues el público salió… pidiendo nuevos conciertos. E. L. CHAVARRI 602 603 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18490 – 12 de mayo de 1925, p. 5. [s. fr.] ESLAVA Concierto de Josefina Robledo Ayer por la noche se dio en este teatro el tercero y último concierto de los anunciados a cargo de la gran guitarrista Josefina Robledo, la genial artista que en su género es una de las primeras notabilidades mundiales. Para estar de actualidad, diremos que Josefina Robledo es una Fleta o Caruso en la guitarra… pero con una dosis de musicalidad íntima mayor que la de muchos divos. Y con sus gentiles manos, sus manos prodigiosas, el concierto de anoche fue una vez más un triunfo para la artista. Detallar es imposible: cada obra, cada autor, cada estilo son interpretados por Josefina Robledo con igual amor e igual devoción. La sencillez de Haydn, la intimidad de Sor, la sobria elegancia de Gluck o las airosas poéticas impresiones de Albéniz y Granados (sobriamente transcritas por Josefina Robledo para la guitarra, hasta el punto de que no pierden carácter, y aún obras hay que lo ganan), todo ello fue motivo para grandes aplausos, llamadas a escena sin fin, ovaciones admirativas. Acabó el concierto, y el público no se levantaba de sus asientos: querían más y más obras; así fueron surgiendo nuevas producciones de Tárrega (que Josefina Robledo interpreta con profunda devoción), y una inteligentísima transcripción de los «Aires valencianos» de Salvador… Una delicia de concierto y muchas satisfacciones para la gran artista. No sería justo dejar en el olvido al empresario señor Barber, quien nunca pierde sus aficiones a la buena música. Felicitémosle. 604 605 El Pueblo: diario republicano de Valencia: año XXXII, número 11678 – 13 de mayo de 1925, p. 2. V. LL. P. TEATRO ESLAVA Josefina Robledo Si grande fue el éxito de nuestra paisana Josefina Robledo en los dos primeros conciertos de guitarra dados en el teatro Eslava, el tercero y último celebrado anoche constituyó algo así como una consagración definitiva elevada a la gentil artista por el corazón de los valencianos, a los que con su arte mago hizo gozar momentos de deliciosa sublimidad. Público selecto, efusividad franca, entusiasmo sin dobleces de ningún género, aplausos que sonaban mucho porque movían las manos impulsos que partían de lo más íntimo del pecho y por motivo el arte de Josefina Robledo, que es como vibración de alma arrancada a la guitarra y difundida por el espacio con las inefables sonoridades que fijaron en el pentagrama el dolor, la angustia o la alegría de geniales compositores: ello es el conjunto y resumen del concierto de anoche. No sabemos si por ser la guitarra un instrumento genuinamente propio de nuestra patria, evocador por tanto de todo cuanto mueve nuestra sensibilidad en mayor grado, o porque fueron sus dulces sones como el arrullo cariñoso de nuestro primer sueño o porque a todo esto se une la prodigiosa magia de las manos brujas de Josefina Robledo, lo cierto es que pocas veces hemos sentido tan intensa emoción como anoche escuchando el «Claro de luna», de Beethoven, el «Sueño», de Tárrega, y las «Valencianas», de Salvador (obras estas dos últimas ejecutadas fuera de programa ante los insistentes y calurosos aplausos del público). Maravilloso el mecanismo de la Robledo en el «Trémolo», de Goltschalk [sic], y la «Jota aragonesa», de Tárrega, que se ovacionaron, como el «Andantino» de Sor, el «Minuetto», de Haydn, «Feuilles variées » y «Berceuse» de Schumann, «Romanza», de Rubinstein, y «Gavota», de Gluck, donde hizo gala de su exquisito gusto y delicadeza de dicción. Lo más interesante del programa era integrado (al menos para nosotros) por la tercera parte, en la que figuraba una composición titulada «Gitana», original del notable crítico musical y compositor valenciano Eduardo López Chavarri. «Gitana» es una obra en la que se juntan las bellezas de la melodía, de sabor netamente español y apropiado para el instrumento y las dificultades técnicas de ejecución, todo lo cual hace de ella una composición altamente estimable que se ovacionó muy merecidamente. 606 La «Oriental», de Albéniz, la «Danza número 11» de Granados, y «La cajita de música», de Tárrega (esta también fuera de programa), dieron ocasión a los espectadores para aplaudir calurosamente, puestos en pie, a Josefina Robledo, que correspondió con las obras indicadas a las prolongadas muestras de afecto que se le tributaron, teniendo que comparecer al final del concierto y de cada una de sus partes, numerosas veces en el proscenio. Lo repetimos: han sido tres soberbias audiciones de verdadero arte musical, los conciertos de Josefina Robledo que, con el de anoche, llevamos reseñados. V. LL. P. 607 608 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18498 – 21 de mayo de 1925, p. 3. [s. fr.] En el Ateneo Mercantil Recital de guitarra por Josefina Robledo El salón Gótico del Ateneo Mercantil se vio anoche concurridísimo. El solo anuncio de que la eminente guitarrista valenciana Josefina Robledo daba un recital, bastó para que los socios de dicha entidad y sus familias llenaran el local destinado para el concierto. Para la presentación de esta prodigiosa maga de la guitarra fue designado nuestro querido compañero señor López Chavarri, y nadie como él, una de nuestras prestigiosas mentalidades en la música, podía hacerlo con mayor propiedad y conocimiento. El señor Chavarri empezó por decir que la señorita Robledo no necesitaba presentación, ya que era conocidísima por el público valenciano, y que no se trataba precisamente de una gloria local, sino verdaderamente mundial. Después pasó a hacer un poco de historia sobre el origen de la guitarra, instrumento de cuerda genuinamente hispánico; dijo también que dicho instrumento no es plebeyo, como algunas gentes creen, sino por el contrario, de elevados personajes, que a través de los años lo han cultivado con especial predilección. Ensalzó el arte prodigioso de Josefina Robledo y dio a conocer a los concurrentes el gran temperamento musical de esta magistral artista de la guitarra. El señor Chavarri fue calurosamente ovacionado. La señorita Josefina Robledo, una vez terminada la presentación que de la misma hizo el señor Chavarri, subió al estrado, siendo recibida con grandes aplausos. Ya sabe nuestro público cuánto vale el corazón artístico de esta gentil valenciana, y cómo su prodigiosa técnica sabe ponerse al servicio del sentimiento de las obras en vez de querer lucir por sí sola y con efectismos exteriores. Una vez más anoche la musicalidad grande de Josefina Robledo triunfó de la masa. Lo mismo las delicadezas de Sor, que las modernidades de Ilynsky, las añoranzas de Granados, que las grandezas de Albéniz y las inolvidables obras de Tárrega, todo sirvió para que Josefina Robledo se mostrase artista maravillosa, como sentimiento y como realización. Su ejecución impecable produjo verdaderas ovaciones entusiastas a más no poder. Nuestra felicitación a Josefina Robledo y… al Ateneo, que así sabe tener en su recinto a los artistas de gran valer. 609 610 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18602 – 19 de septiembre de 1925, p. 5. E. L. CHAVARRI Veraneo de artistas Josefina Robledo en Burjasot. – Tárrega – El jardín de los pinos – La puesta de sol y la guitarra soñadora Mucho tiempo vivió Josefina Robledo fuera de España. Su espíritu gentil fue depurándose, su sensibilidad femenina se adiestró en sutiles matices de arte. Y al volver a su tierra, escondióse en familiar retiro. Allí fuimos a verla. Es en la montaña de Burjasot, cerca de los Silos; lugar un día casi desierto y hoy lleno de lindas casitas, desde las que puede verse la espléndida huerta valenciana. Se sube por las gradas de la antiquísima construcción, se entra luego en calle ancha, despejada y silenciosa. ¿No habéis sentido nunca el encanto de esas calles a todo cielo, llenas de luz y de soledad y de silencio? De lejos llegan rumores urbanos, tenues, sin la bárbara actualidad de la cercanía. Y con ellos, más perceptibles, vienen rumores de brisa del mar que pasó por campos floridos; y más cerca todavía, surge cantar de pájaros… En esa dulce soledad (tan cerca de las gentes, y sin embargo tan lejos) estudia incansable la selecta artista valenciana Josefina Robledo. Ir a su retiro, es sorprender una intimidad femenina, intimidad musical que tiene el encanto de la existencias sinceras, que por la palpitación del arte viven. Las alegrías de niños, atrás quedaron. La silueta del antiguo ermitorio, dorada por el sol de la tarde, levanta su cúpula esbelta entre árboles y bajo un cielo azul intensísimo. Es la paz de Valencia… Entre aquella suavidad de silencio se oyen de pronto voces tenues, armonías de ensueño… la voz de una hispánica guitarra. Es Josefina Robledo que en su dulce retiro trabaja. *** La casita tiene encanto acogedor. A la derecha, la salita de estudio ¡evoca tantas horas de arte! Allí los retratos y recuerdos del gran Tárrega, el maestro inolvidable; allí los testimonios elocuentes de grandes triunfos de la artista… Porque esa joven, modesta, silenciosa, que no sabe de «pose» ni de reclamos, ha tenido triunfos grandísimos… Allí también, testimonios de grandes maestros en admiración de la valenciana gentil. Y en otro lado libros de predilectas lecturas, libros de exquisita selección: Cervantes y Pereda, Tirso y Palacio Valdés, Rubén Darío, Rusiñol, Oscar Wilde… Afán, afán de lectura, que es una manifestación de la sed de arte que tienen los elegidos. El tiempo es aprovechado por Josefina Robledo de manera tenaz. No solamente ha de mantener su técnica portentosa con ejercicios diarios, sino que ha de ir formando programas. Ha tenido el buen acuerdo de estudiar las obras de los clavecinistas, que no sufren desvirtuamiento al interpretarlas en guitarra (antes bien, se aproximan mejor a su verdadero carácter), y a la manera de los grandes músicos de los siglos XVII y XVIII, Bach, Couperin, Rameau… Josefina Robledo ejecuta esas obras la mayor parte de las 611 veces como están escritas para el teclado, y aún hace el alarde de ejecutarlas a primera vista leyéndolas directamente en la forma pianística. Este detalle prueba la maestría de la artista valenciana. En contraste con lo anterior, estudia y transcribe con escrupulosa fidelidad obras modernísimas de las escuelas más avanzadas. Y al surgir de entre las cuerdas del hispano instrumento, esas obras extrañas aparecen luminosas, claras, comprensivas… y entonces acaba de apreciarse el instinto musical privilegiado de Josefina Robledo. *** En un pequeño jardín de la morada existen unos pinos enormes; a la hora del crepúsculo, cuando el sol poniente vuelve de oro sus centenarias copas, los pájaros se acogen al sitio en deliciosa algazara. Y entonces, al pie de los viejos troncos, en la frescura de la enramada, siéntase la artista y su guitarra empieza a desgranar melodías y armonías suavísimas, que suben a lo alto como perfume de sonidos, como íntima oración musical. Entonces los pájaros van cesando en su charla, y quedan atentos, escuchando aquella increíble maravilla, y las flores del jardín también parece que escuchan estirando sus pétalos, y por entre unos cipreses asómase también la luna para escuchar aquellos sones, que suavidades de su brillar de plata parecen… La artista Josefina Robledo es entonces la voz del alma valenciana, en su más íntima, femenina y noble palpitación. E. L. CHAVARRI 612 613 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2543, 10 de octubre de 1925, p. 4. S. (Adolfo Salazar) CONCIERTOS Josefina Robledo: una gran guitarrista Apenas ha comenzado la temporada y ya hemos escuchado un excelente recital de guitarra. No creemos aventurado suponer que este año va a ser pródigo en recitales de esta índole. Si es así, bien empezó el curso, y quien toca primero toca dos veces. Por dos conciertos valió, en efecto, el que ayer ofreció, en el domicilio de la A. de C. M., en la intimidad de un grupo de críticos, profesionales y aficionados de calidad, la señorita Josefina Robledo, discípula que fue del gran Tárrega cuando era muchachita. La señorita Robledo, desde entonces, ha llegado a convertirse en una gran artista, Si es poco conocida aún en España consiste en que aun cuando es española – valenciana–, ha vivido largos años en América. Diez años de concertista en el joven Continente le han proporcionado allá un vasto renombre, que ahora va a revalidar en la patria. La gran cualidad de Josefina Robledo es un rico, voluminoso, cálido sonido, de gran robustez y pastosidad: sonido redondo, denso, muy vario en color. Su técnica es ágil y nerviosa y su estilo presenta sabrosos contrastes. Sentimiento y emoción son otras cualidades notorias en esta concertista de vehemente y apasionado temperamento. Tocó muchas obras, de Tárrega especialmente; una preciosa «Gavota» de Glück transcrita por ella; dos agradables trozos del hispanista francés Henri Collet, un estudio de Cramer, otro de Ilinsky, la Sonatina de Moreno Torroba y dos trozos de positiva belleza de Eduardo L. Chavarri: uno, la “Leyenda del viejo castillo moro”, que aún nos agrada más en la transcripción de la señorita Robledo que en el original para piano, y un tiempo de “Sonata” excelente, hermoso trozo de música para guitarra. Pronto oiremos en público a la señorita Robledo. S. 614 615 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2562, 24 de octubre de 1925, p. 4. S. (Adolfo Salazar) CONCIERTOS Recital de Josefina Robledo Después de la sesión íntima que esta guitarrista valenciana ofreció hace días en el salón de una popular Asociación de música de cámara, se presentó ayer ante el gran público para revalidar los elogios que su primera actuación mereció de críticos y aficionados. En su recital de ayer Josefina Robledo escuchó aplausos en gran abundancia. Salvo tres obras ―Gluck, Beethoven e Ilinsky―, el resto eran españolas, y en este número incluimos el «Bolero» de Collet, de fina línea melódica. Sors, el gran clásico de la guitarra; Tárrega, el gran clásico de la época moderna en ese instrumento. Chávarri [sic], Malats, Granados y Albéniz componían el agradable programa que se prolongó en repetidos números de regalo. S. 616 617 El Sol: diario de Madrid: año IX, número 2567, 29 de octubre de 1925, p. 4. [s. fr.] CONCIERTOS Segundo recital de Josefina Robledo Esta guitarrista dará una segunda audición con el siguiente programa: «Andantino» y «Minueto», Sors. «Dos preludios», «Danza mora» y «Recuerdos de la Alhambra», Tárrega. «Canción de cuna», Pujol. «Sonatina», Moreno–Torroba. «Gitana», Chavarri. «Cádiz», «Oriental» y «Asturias», Albéniz. Esta audición se celebrará en la Comedia el martes día 3 de noviembre, a las seis de la tarde. 618 619 Las Provincias: diario de Valencia: año 60, número 18659 – 16 de diciembre de 1925, p. 2. A. García Monllor Notas mías y frases suyas Josefina Robledo, la ilustre mujer que innúmeras veces ha puesto con el movimiento de sus manos prodigiosas la belleza de una suavísima emoción en tantas multitudes distintas, acaba de cruzar frente a la mole pétrea del campanario que muestra sus formas ingentes y sencillas en esta plaza de la Constitución. Ha venido la muy célebre artista ―toda ella refinamiento espiritual― a recoger la ofrenda que, con espontaneidad verdaderamente unánime y rotunda, reunirá versallescamente a sus pies la original agrupación, integrada por habilísimos pulsadores de instrumentos de cuerda, Armónica Alcoyana, que vio en Josefina Robledo una orfebre maravillosa del sonido, una maestra sapientísima y vigorosa… Y, como maestra que es, los discípulos ―estos entusiastas discípulos suyos de Armónica Alcoyana― la respetan y admiran, y pronto ―quizás cuando se publique la presente croniquilla― le patentizarán, de un modo expresivo y correcto, su pleitesía vehemente y profunda. La gloriosa guitarrista, cuyos triunfos han repercutido tras los linderos fronterizos y costeros, tuvo aquí uno de sus más indiscutibles y grandes éxitos; desde entonces, sobre la mente y el espíritu colectivos de Armónica Alcoyana, gravitó incesantemente una evocación y un anhelo: haber gustado la ebriedad lírica que produce aquella pujante artista, y honrarse concediéndole una distinción cordial y efusiva. El deseo se ha realizado ya; en un pergamino debido a la firme y ágil pluma de Rosendo Satorre ―ante cuya vida se abren magnificentes perspectivas si no abandona la lucha― se consigna el nombramiento de Josefina Robledo como presidenta honoraria de Armónica Alcoyana. La entrega del pergamino, en el cual expande la gentileza de sus elogios un soneto, tendrá realización en un banquete, en que la referida entidad musical obsequiará a quien, desde ahora, se sabe más unida espiritualmente a esta. Pero antes de recibir el noble título, Josefina Robledo ha querido arrancar de su guitarra, como en voto de gratitud, las sorprendentes armonías que trazaron Albéniz, Gluck, Moreno Torroba… Mañana ―día 11 de diciembre―, la sensibilidad de los alcoyanos, que llenarán el teatro Calderón, conocerá toda una gama de sensaciones íntimas y puras. *** Mientras habla, examino con detenimiento a Josefina Robledo… Representa unos seis lustros, pletóricos de vitalidad. En sus ojos, negros y rasgados, surge de vez en cuando el fulgor del genio; la cabellera, peinada un poco arbitrariamente, deja resbalar una melena sobre la frente amplia y serena; sus manos pulidas, blancamente céreas, describen ademanes aristocráticos; su voz fluye mansa, dulce, y tiene tonalidades de sonrisas cariciosas; hay, en toda la figura de Josefina Robledo, una indefinible atracción, un encanto sugestivo. 620 ―¡Qué simpática es Armónica Alcoyana! ―me dice. ―Pues no me ha nombrado, ¡a mí!, nada menos que su presidenta de honor… Estoy muy satisfecha, contentísima. ¡Oh! Son muy buenos estos chicos, muy buenos, muy buenos… Estas dos últimas palabras las pronuncia con delectación; yo aseguraría que con cariño. ―Tárrega, el inmortal Tárrega, fue mi maestro ―sigue; ―él me ayudó desde mis comienzos; me alentó, me hizo artista. Yo le veneraba. Y le recuerdo siempre, siempre, como se recuerda todo lo que amamos mucho. La melancolía entenebrece un poco la faz femenina, en la que se adivina un honda voluntad. ―Cuando me inclino sobre mi guitarra, créalo, me olvido del público, hasta de mí misma: una suprema abstracción se posesiona de mi ser. Y toco con el nerviosismo, la fe y el fervor de mi niñez, ¡de siempre! Pero me gustaría tocar para mí sola, para mis amigos, en una recatada intimidad; el auditorio no comprende el valor, el sacrificio, el esfuerzo que ha costado adquirir un estilo personal, único. Como no lo comprende, ríe y bosteza desdeñosamente, indiferentemente. Y ello es tan doloroso, hiere tanto... Con sus dedos pulcros aparta de su sien derecha una melena rebelde y audaz; audaz y rebelde como su espíritu valeroso, que ha sabido imponerse y vencer. ―El señor Chavarri es un compositor de valía, pero su modestia exagerada le ha impedido llegar hasta el muy alto puesto que tiene merecido y conquistado. Y a una aseveración mía. ―Yo no soy modesta, nada modesta, está usted equivocado. Y, al decir esto, sus labios finos y bermejos entreábrense unos momentos para dejar en mis oídos el tintineo luminoso y confortante de una de sus inimitables risas. A mi corazón llega, divinizada. A. GARCÍA MONLLOR Alcoy, diciembre de 1925. 621 622 Las Provincias: diario de Valencia: año 61, número 18786 – 25 de Mayo de 1926, p. 6. [s. fr.] De Alcoy Josefina Robledo Ayer estuvo en esta ciudad la eminente guitarrista Josefina Robledo, con objeto de despedirse de los individuos que integran la agrupación de instrumentos de cuerda Armónica Alcoyana, de la cual es presidenta honoraria, antes de empezar su turné por América. 623 624 Las Provincias: diario de Valencia: año 62, número 19008 – 10 de febrero de 1927, p. 6. [s. fr.] LA DESPEDIDA DE LA GUITARRISTA SEÑORITA ROBLEDO Como anticipé, esta noche, en el teatro Calderón, se ha celebrado el concierto con que la notable guitarrista señorita Josefina Robledo se despedía del público alcoyano. En este concierto ha tomado parte la Sociedad La Armónica Alcoyana, a cuyo cargo ha corrido la tercera parte del programa. El público, que llenaba por completo el teatro, ha tributado una entusiasta manifestación de cariño a la distinguida concertista, que en breve contraerá matrimonio. También ha sido muy aplaudida La Armónica Alcoyana. 625 626 Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20685 – 28 de enero de 1933, p. 15. [s. fr.] En la Federación Industrial y Mercantil Josefina Robledo y el Cuarteto Valencia Bien puede estar satisfecha esta Federación por el alto nivel de sus manifestaciones artísticas, demostrando con ellas que está en el ambiente de modernidad y cultura que entidades como ella deben tener en nuestros tiempos. El hermoso salón de actos estaba lleno de un auditorio que con interés y suma atención al principio, luego con efusivo entusiasmo, fue siguiendo la sesión musical que se le ofreciera. Y esta fue de primer orden y de una calidad como pocas veces se daba en nuestras sociedades particulares. Ello fue porque el Cuarteto Valencia, conociendo las condiciones excepcionales de la predilecta discípula de Tárrega, Josefina Robledo, consiguió que esta dejase su voluntario alejamiento del público y volviese a ejecutar en la guitarra, en unión de los instrumentos de arco. Ello es música que, aun en el extranjero, resulta muy poco ejecutada. En España, casi enteramente nueva resulta. ¡Y qué curiosas, qué atrayentes resultaron las obras de referencia! El “Cuarteto”, de Haydn, una purísima filigrana, está hecho para la guitarra concertante, y el instrumento brilló a maravilla sobre el violín, viola y violonchelo con sordina. Su Interpretación fue por todo extremo feliz. Desde luego Josefina Robledo fue la artista de siempre, inspirada, maestra, artista de corazón y de talento, dignamente acompañada por Bel, Gil y Martínez. Bien demostró el público su complacencia ovacionando a la admirable guitarrista y a nuestros dignos “partenaires”. En la segunda parte oímos una interesantísima novedad: el “Cuarteto en fa” del joven compositor castellonense Vicente Asencio, escrito en homenaje a “los cinco” fundadores de la escuela moderna rusa. Obra que revela un fino temperamento musical, acaso predominantemente en homenaje a uno, a Rimsky, pero elevada de intención, con vuelo, días francos, sin insistir en el trabajo contrapuntístico, pero de un hermoso colorido instrumental. Ejecutada por el Cuarteto Valencia con pulcritud, emoción y bien matizada la obra de Asencio, fue aplaudidísima. En la tercera, un bellísimo “Quinteto”, de Boccherini, para guitarra y cuarteto de cuerda, volvió a dejar oír esta curiosa combinación en que interviniera la guitarra. Obra más concertante, con fusiones curiosas de sonoridades, produjo grata impresión. La obra es difícil de ejecutar, pero Josefina Robledo mostróse otra vez maestra, así como pusieron toda su atención los acompañantes, y la obra fue desarrollándose con creciente interés. Los aplausos que la coronaron probaban la emoción del auditorio, quien también tributaba a la guitarrista y al Cuarteto Valencia su grata ofrenda por el gran paso dado anoche y por las orientaciones de gran música realizadas a fuerza de convicción y de laboriosidad. El Cuarteto hubo de tocar fuera de programa el Andante del “Cuarteto en re”, de Borodin, y Josefina Robledo la “Serenata”, de Malats, y “Sueño”, de Tárrega. 627 Una velada de positivo valor artístico que, lo repetimos, viene a continuar la grata tradición de la Federación Industrial y Mercantil. 628 Las Provincias: diario de Valencia: año 62, número 19113 – 6 de octubre de 1927, p. 1. E. L. Chavarri Para los amantes de la guitarra Enciclopedia de la Música.― La guitarra, por Emilio Pujol UN TRATADO DE EMILIO PUJOL Grata sorpresa la que nos produce el joven artista, el concertista famoso, presentando en el gran libro enciclopédico la más completa, justa, atinada y atrayente historia de la guitarra que jamás se haya escrito. Emilio Pujol es de los continuadores del gran Tárrega. Con los Llobet, los Fortea, J. Robledo, y luego Segovia, Sainz de la Maza, se ha formado una pléyade de grandes artistas, que están en la consideración de los públicos extranjeros como lo puedan estar los mejores concertistas de otros instrumentos. Decimos esto porque en España todavía no sabe la ignorancia de las gentes distinguir el arte de un guitarrista del de un ciego de la calle; algo como si a Sorolla le diesen la importancia de un pintor de «carasetes» o de «cachirulos». El arte moderno de la guitarra vuelve a recuperar su esplendor de antaño, y todo ello nos lo hace ver Emilio Pujol, quien, además de famoso músico y famoso ejecutante, resulta un primoroso escritor y un historiador clarividente. Condiciones necesarias para figurar entre los escritores de la gran Enciclopedia. Emilio Pujol ha escrito un verdadero libro. Comienza por un estudio crítico e histórico de los orígenes y evolución del instrumento. Sagazmente busca en testimonios de poetas e historiadores, la primera vez que una cuerda en tensión vibró y cómo ello se hizo musical. Después las revelaciones de papiros, tumbas, pinturas murales de palacios, etc. (todo ello con numerosísimos e interesantes grabados), nos hacen ver las evoluciones de los instrumentos precursores de la guitarra a través de la historia. Ello es sugestivo en alto grado, y el autor nos va llevando por los misteriosos pueblos de Oriente en su vida musical hasta llegar a los árabes: y de allí, ¡a España! Esto le sirve para presentar las primeras citaciones literarias y musicales de la guitarra: las incomparables miniaturas de las Cantigas de Alfonso el Sabio y poesías del Arcipreste de Hita, etc. Y se establece enseguida la distinción entre guitarra latina y la morisca (con sus dibujos). Llega el Renacimiento y con él un libro inestimable: la «Declaración de Instrumentos de Bermudo» (año 1555). Escrito en castellano es un tratado de música y de instrumentación con preciadísimos detalles de la vihuela, la guitarra, su acorde y su técnica, incluso un grabado en el margen en el que se indican posiciones de los dedos. De aquí en adelante los tratados se suceden. Pero con terminología que solo un maestro iniciado puede descifrar. Y ello lo realiza Emilio Pujol de modo palmario, explicando con frases y notación actuales aquellas doctrinas. La guitarra ha destronado al antiguo laúd, y es instrumento de lujo: damas y galanes, príncipes, reyes, lo tañen. ¿Veis cómo estamos muy lejos del inmotivado desdén que los diletantes de música actuales quieren otorgar a ese admirable instrumento? 629 Siglo XVIII. El clavecín es rival terrible y parece obscurecer la guitarra. Pero renace al final del siglo. En España, Miguel García, que luego fue fraile y conocido por el P. Basilio, no dejó de cultivar el instrumento; y con él aparecen Moretti, Aguado y el gran Sor, que inicia el siglo XIX. Desde aquí, la guitarra española parece ir a revivir en París, en donde aún tiene un gran ambiente. Huerta, Fargas, el famoso Arcas, preparan la época moderna que parece resumirse en el insigne Tárrega, perfeccionador del instrumento, de la técnica y del estilo: un arte nuevo surge con ilimitados horizontes. Y en seguida todos los grandes artistas actuales, de que Emilio Pujol es uno de los representantes más ilustres. Pero hace más Pujol: no solo habla de maestros y de artistas: cita y transcribe sus métodos y sus temas. Habla luego de hombres célebres populares o artistas de la guitarra. Discute minuciosamente el instrumento y su factura (buena mención para la escuela valenciana), todo maravillosamente detallado, claro y siempre lleno de interés. Luego un tratado melódico de técnica guitarrística, desde la posición del instrumento y producción de sonidos, hasta digitaciones y efectos de colorido sonoro. Por último Pujol, sabiamente, sabe estudiar y aplicar los efectos populares, los del estilo gitano, baturro, etc., aplicables al arte. Y así nos da una idea total del gran instrumento español, haciendo ver que se puede considerar como instrumento polifónico, como interpretador de minués, zarabandas y obras clásicas, y hoy modernísimo, nuevo y original. Tal es la ofrenda que Emilio Pujol hace magistralmente a nuestra guitarra en la famosa Enciclopedia francesa de Delagrave. E. L. CHAVARRI 630 631 Las Provincias: diario de Valencia: año 65 número 19751 – 23 de enero de 1930, p. 2. Eduardo L. Chavarri DE ARTE PUBLICACIONES PARA GUITARRA. OBRAS DE PUJOL El renacimiento de este instrumento tan español es ya un hecho. Por doquier se dan conciertos, y los nombres de los grandes concertistas alcanzan justa fama y respeto en todo el mundo. Y si bien consideramos el caso, debemos enaltecer una vez más la memoria de aquel insigne castellonense, Tárrega, iniciador de este renacimiento universal. Entre sus discípulos figura uno de los más notables maestros actuales: Emilio Pujol. Varias veces ha sido citado dicho nombre en estas crónicas junto con los de Llobet, Segovia y otros. Pujol es un artista completo no sólo por ser un gran ejecutante, un concertista de primer orden, sino por ser hombre culto y de cultivado talento. Gracias a él la mejor historia de la guitarra se ha publicado en la Enciclopedia Lavignac. Gracias a él los grandes vihuelistas españoles del siglo de oro, aquellos cuyas músicas deleitaron los oídos de nuestros virreyes en el Palacio del Real, o Cervantes en sus aventuras por Andalucía, o los de Góngora y Lope por Sevilla, o Quevedo en Madrid… pues esos artistas han visto sus olvidadas obras puestas a moderna luz por Pujol, y ¡con cuánto garbo y autenticidad! Pero no es eso solo: Pujol es también compositor y en sus obras se juntan una legítima tradición de Tárrega y una moderna comprensión del arte. Por eso las recientes obras de Pujol publicadas por Eschig, son de gran valor para los profesionales y aficionados. Entre las obras de Pujol que acaban de ver la luz pública, señalemos las siguientes: Tres bellos Estudios de la más bella cepa del precursor. Una linda «Berceuse» que por sí sola revelaría a un maestro. Tres trozos españoles: Tonadilla, Tango y Guajira, de una elegancia y una sabrosa gracia, que contrastan con el poema de evocación andaluza «Sevilla». Y por último el sentido «Impromptu» en donde toda 1a delicadeza del artista se manifiesta de modo palmario. Pero aún hay más. Pujol ha hecho obra de divulgador artístico, y al frente de cada obra indica con admirable claridad las características de la escritura de guitarra; así, hasta los aficionados más modestos pueden interpretar cumplidamente las obras en cuestión. Y he ahí cómo Emilio Pujol, ejecutante, crítico, técnico, maestro, es siempre y sobre todo artista. Felicitémosle bien de corazón. EDUARDO L. CHAVARRI 632 633 Ritmo: revista musical ilustrada: año XXVIII, número 295 – 1 de junio de 1958, p. 19. Eduardo L. Chavarri Andújar Círculo de Bellas Artes.― El cuarteto Universitario de Cámara, formado por los jóvenes artistas Miguel de la Fuente, José Codoñer, Rafael Mas y Fernando Badía, ofrecieron un recital que incluía el estreno absoluto del Cuartettino de Eduardo López– Chavarri, además de obras de Corelli, Mozart, Boccherini, Bach y Chaikowsky. Del éxito arrollador obtenido por los jóvenes instrumentistas baste decir que hubo que repetir, a los pocos días, el mismo programa. 634 635 3.6. Las ediciones de UME: Intermezzo y otras obras publicadas póstumamente (Fuentes periodísticas) Las Provincias, diario de Valencia: año 67, número 20406 - 5 de marzo de 1932, p. 3. CH. (Eduardo López Chavarri). En la Filarmónica ANDRÉS SEGOVIA Ayer se dio el anunciado concierto cuya interpretación estaba confiada al gran guitarrista Andrés Segovia. Por vez primera el noble instrumento hispano se dejaba oír en esta sociedad, y a fe que ello sucedía con todos los honores y por mediación de uno de los más grandes artistas que hoy cultivan el difícil instrumento. Andrés Segovia es un artista insigne, un músico de extraordinaria sensibilidad, de gran cultura y de una técnica… definitiva. La formación de sus programas ya indican las altas cualidades del músico español, que figura entre las mayores celebridades de la actualidad mundial, gracias al hispano instrumento. Instrumento aristocrático, cultivadísimo en siglos pasados y de grandes tradiciones españolas. Para los valencianos debiera tener singular veneración. No serán muchos los que, al pasear por los jardines de los Viveros (el antiguo jardín del Real), sabrán que las “montañetes” de Elio están hechas con los escombros de un magnifico palacio que allí hubo (del tipo del de los Cirtes, o vulgarmente de la Audiencia antigua), palacio de Reyes, en donde se dieran grandes fiestas de poesía y de música, y en donde había un ilustre caballero que cultivaba con sin igual maestría el laúd y la vihuela española, la poesía y otras artes literarias, caballero cuyo nombre registra la historia: se llamaba don Luis Milán, y tanto en la corte valenciana como en la portuguesa, lució sus galas. Precisamente se han publicado las obras para guitarra y para canto del famoso compositor valenciano, y no son ajenas ellas a los programas de Segovia. Como se ve, la guitarra no es el instrumento plebeyo que una opinión vulgar puede creer. Y el concierto de ayer tarde demostraba la riqueza de matices, la variedad infinita de acentos, la nobleza de estilos, en la ejecución de obras de guitarra. Sólo necesita esta música un silencio, una atención verdaderamente musicales, so pena de perder tesoros de sonoridad y de emoción, de un valor musical increíble. Y en la tarde de ayer (nos duele confesarlo) las inoportunidades catarrales borraban infinitas riquezas... ¡y era una lástima! No es posible indicar en esta reseña las gallardías de ejecución y de interpretación que realizó Segovia en el desenvolvimiento del programa. En sus manos recobra la guitarra toda su nobleza y ofrece todas sus infinitas posibilidades: un verdadero instrumento polifónico, un verdadero instrumento poético. 636 Y es de ver con qué sentido de admirable musicalidad, presenta Segovia el estilo, la época de cada obra, el casticismo de la misma y la facilidad asombrosa en vencer serenamente, sencillamente, las mayores dificultades. Mirando tocar a Segovia parece que todo el mundo puede tocar en seguida la guitarra: no es posible mayor seguridad y facilidad técnicas. Acaso esto sea un perjuicio para el “virtuoso” formidable que es Segovia, porque todo en él parece sencillo, fácil y hacedero. Y luego, su arte para dejar en su plano respectivo las diferentes voces. Por ello hace tan atractivas obras del español Sanz (siglo XVII), como las “Canzone” de un antiguo manuscrito italiano traducido por Oscar Chilessotti [sic] (no de David Kellner, como por error se transmitió a la Filarmónica para su programa), o las graciosas piezas para laúd del gran J. Sebastián Bach. No menos felices las modernidades de Torroba, del distinguido maestro Ponce (americano de singular valía entre los compositores contemporáneos), de Turina, de Albéniz… Segovia fue aplaudido con entusiasmo, fue aclamado, fue ovacionado… Su triunfo era bien significativo en el ambiente de la Filarmónica, no habituado a esta clase de música. CH. 637 638 El Adelanto: Diario político de Salamanca: año 49, número 15146 – 10 de septiembre de 1933, p. 6. [s. fr.] RADIOFÓNICAS Recital de guitara a cargo de Josefina Robledo. “Preludio”, Bach; “Berceuse”, Illinsky; “Gavota”, Gluck; “Andante de la Suite para guitarra”, E. L. Chavarri; “Torre Bermeja”, Albéniz; “Sueño” (trémolo), Tárrega. 639 640 Las Provincias: diario de Valencia: año 68, número 20963 – 20 de diciembre de 1933, p. 5. E. L. CH. (Eduardo López Chavarri). En el Conservatorio ALBOR MALUENDA El concierto 30.º de la Asociación “Música de Cámara”, tuvo una grata novedad: la presentación de un joven guitarrista, casi un niño, mostró poseer excelentes condiciones de intuición y de temperamento para figurar entre los escogidos. Albor Maluenda, nacido en la Argentina, de familia valenciana, tiene condiciones privilegiadas para su vocación. Además de su innata musicalidad, posee una nota simpática y de excelente efecto: el fervor por su arte. En un espíritu juvenil es muy de alabar esa especie de íntima devoción con que Albor Maluenda se acerca al arte para practicarlo. Sus manos pulsan con toda facilidad la guitarra, y esto también es un elemento importante para un concertista, puesto que se adueña pronto del mecanismo y puede ejecutar las obras más difíciles si tiene las manos bien desarrolladas. Sobre todo, tiene una guía inapreciable en la insigne concertista Josefina Robledo, y ella es quien ha impuesto al joven Albor esa intensa religiosidad para la música. Es muy joven aun el novel concertista; pero cuando el tiempo, la experiencia, le vayan depurando el alma, comprenderá cada vez mejor la suerte que tuvo en hallar una directora de la valía de Josefina Robledo. La misma elección del programa, la elevación de las obras que en él figuran, la interpretación de íntima finura artística que mostró Albor Maluenda, todo ello indicaba bien a las claras la firme orientación de su maestra que sobre eso, maestra, es una refinada artista. El programa se fue desgranando con toda felicidad y el novel concertista iba mostrando las facetas de su talento y las muchas posibilidades artísticas que hay en él. La primera parte comenzó con Bach (Fuga, Double, Gavotte) y terminaba en el lindísimo minueto de Sor. El público fue escuchando cada vez con más interés al joven guitarrista, quien cada vez más dueño de sí iba mostrando sus cualidades positivas. En la segunda parte había doble interés: obras nuevas. Una fantasía de Palau, composición llena de carácter, de alto estilo, como si el joven maestro se hubiera siempre dedicado a la guitarra. El público la aplaudió con todo entusiasmo. Luego siguió el Final de una Suite de guitarra, de Chavarri, escrita para ejecución difícil y que, sin embargo, Albor Maluenda salvó con entero dominio de sí mismo, escuchando grandes aplausos. Siguió una Danza Española, de Granados, magistralmente transcrita por Josefina Robledo, y el arte del concertista culminó en esta obra: pureza de sonoridades, gracia, impresión de arte, en suma, que acabó de revelar al ejecutante. “Sevilla”, de Albéniz, terminó la parte. La tercera la integraban el poético y difícil “Sueño” de Tárrega, y la Sonatina de Moreno Torroba. Todas las obras fueron interpretadas cada vez mejor (y eso que el frío de la sala era muy grande obstáculo para ejecutar) y Albor fue ovacionado cada vez con más entusiasmo por el público numeroso (y por lo extraño, dada la tarde fría que hiciera debe citarse el caso) que fue a oírle. 641 Una felicitación al novel concertista, otra a su maestra, y… a “Música de Cambra”. E. L. CH. 642 Mediterráneo: Prensa y Radio del Movimiento: año XXXIV, número 10191 - 18 de agosto de 1971, p. 7. C. Baztán ÚLTIMA HORA Primera sesión del V Certamen Internacional de Guitarra “Francisco Tárrega” en Benicasim. En la que actuaron cuatro de los doce participantes seleccionados Ayer a las once de la noche dio comienzo la primera sesión del “V Certamen Internacional de Guitarra «Francisco Tárrega»”, organizado por el Ayuntamiento de Benicasim. Esta sesión se celebró en el “Bohío” y a la misma concurrió numeroso público, que llenaba totalmente el recinto. Formaban el Jurado, D. Leopoldo Querol, como presidente; D. Regino Sainz de la Maza; D. José Muñoz Molleda; D. Juan Pich Santasusana y D. Manuel Cubedo. No pudo asistir D. Rafael Balaguer, por encontrarse indispuesto. Actuó de presentador del acto el locutor de La Voz de Castellón, D. Enrique Casado, quien presentó a los cuatro participantes que iban a tomar parte en la sesión que previamente habían sido elegidos por sorteo entre los doce que habían superado la eliminatoria selectiva, celebrada anteriormente. El presentador anunció también que una conocida marca discográfica, había otorgado un premio a quien resultase vencedor de este Quinto festival, consistente en un contrato para grabación exclusiva de discos. Actuaron simultáneamente, de acuerdo con el sorteo, Carmelo Martínez Parrilla, de Guadix (Granada), que interpretó, además de las dos piezas obligadas –Sonata Heroica de Giulianni [sic] e Intermezzo, de López Chavarri–, “Variaciones sobre un tema de Mozart”, de Sors; “Zapateado”, de Sáinz [sic] de la Maza y “La Gran jota de Concierto”, de Tárrega. A continuación intervino José Pechuán, de la provincia de Valencia, que interpretó las obligadas y “Chacona” de Bach; “Minueto”, de Sors; Tarantela, de Castelnuovo–Tedesco y “Capricho Árabe”, de Tárrega. Seguidamente actuó el primer premio del pasado año, Miguel Barberá, quien además de las obligadas interpretó un preludio de Telemann; “Minueto”, de Sors; una obra en cuatro tiempos, de Tasmann [sic], finalizando su actuación con “Recuerdos de la Alhambra”, de Tárrega. Finalmente actuó Bienvenido Rodríguez Moreno, que además de las obras obligadas interpretó “Danza española” de Sanz; Dos minuetos, de Sors, una balada de Bacarisse y “Alborada”, de Tárrega. No podemos ofrecer una crítica exhaustiva de los cuatro participantes de ayer, porque ello sería dar una opinión anticipada al público, y hasta podría pensarse en una primera impresión de la calidad de los intérpretes, que pudiera tener influencia en el Jurado. Nada más lejos de ello. Queremos, eso sí, dejar constancia que hemos notado, respecto de los años anteriores un nivel de intérpretes –por lo menos de lo oído hasta ayer–, muy superior, que indudablemente va a dar trabajo al competente Jurado. 643 Una nota final para dejar constancia de la satisfacción que nos produjo ver formar parte del Jurado a nuestro Manuel Cubedo. C. BAZTAN 644 El día de Córdoba: diario digital: martes, 22 de julio de 2010- 05,00 hs. Antonio Torralba En línea: CULTURA Homenaje a la guitarra Programa: Salvador Bacarisse, ‘Preludio e Intermezzo’; Quintín Esquembre, ‘Vals brillante’, ‘Canción playera’, ‘Zapateado’; Vicente Asencio, ‘Tango de la casada infiel’, ‘Fandango del cañamelar’; Joaquín Turina, ‘Fantasía sevillana’; Óscar Esplá, ‘Tempo di sonata’; Eduardo López Chávarri, ‘Homenaje a Andrés Segovia’; Manuel de Falla, ‘Homenaje Le tombeau de Debussy’; Julián Bautista, ‘Preludio y Danza’. Fecha: lunes 19 de julio. Lugar: Teatro Cómico Principal. Media entrada. Interesante e infrecuente programa el que pudimos disfrutar el lunes en el Teatro Cómico Principal a cargo del excelente guitarrista alicantino Ignacio Rodes. Recogía, fundamentalmente, música de compositores españoles que, siguiendo el magisterio de Falla, intentaron trascender el nacionalismo haciéndolo convivir con las tendencias neoclásicas y vanguardistas que llegaban de Europa. Corrían los años 20 de la pasada centuria y, como esto coincidía con el empeño de la excelente pléyade de poetas de la época, a veces se conoce a algunos músicos de esta generación como “del 27” (otros la llaman también “de la República”). En ella se encuadran inequívocamente los madrileños Salvador Bacarisse (1898-1963) y Julián Bautista (1901-1961), protagonistas junto con el alicantino Óscar Esplá (1889-1976) de las obras más profundas y difíciles de la velada. En su interpretación Rodes hizo gala de su hondo conocimiento del repertorio, si bien no logró alcanzar la limpieza técnica que lo caracteriza y lo ha hecho famoso. Más deleitosa resultó la escucha del resto de las obras del programa. Si las primeras asombraban por su exigencia y densidad, las obritas de Manuel de Falla (1876- 1946) en homenaje a Debussy, de Vicente Asencio (1908-1979) en homenaje a Lorca y las simpatiquísimas de Quintín Esquembre (1895-1965), el autor de la famosa Si vas a Calatayud, llenaron el escenario de aquella virtud sin la que –Stevenson lo dijo– todas las demás son inútiles: el encanto. Brilló en los evocadores ritmos de danza de las piezas de los tres autores citados, pero muy especialmente en esa habanera lenta sobre la que se levanta Le tombeau de Debussy. Especial momento musical y cultural el que generó la España literaria y artística de aquellos años 20 en torno a la guitarra, gracias en buena parte a la citada obra de Falla y al esfuerzo y talento interpretativo de un guitarrista excepcional, Andrés Segovia. El linarense se esforzó en animar a los autores de su generación, la inmediatamente anterior a la del 27, a sumar esfuerzos en pro del instrumento. A esa Generación del 98 pertenecieron los otros dos autores del recital, Eduardo López 645 Chávarri [sic] (1871-1970) y Joaquín Turina (1882-1949). Con ellos también, Rodes nos hizo sentir “nacidos entre guitarras” como dejó escrito de los andaluces el poeta Miguel Hernández, el gran homenajeado en esta noche de homenajes. 646 5.2. Índice de ilustraciones 647 648 p. 4 p. 12 p. 28 Autorretrato (caricatura) de Eduardo López–Chavarri (1951) Titanes sex Valentini (Camí de l’alquería de Albors, 2019) Tarjeta de Eduardo López–Chavarri a Joaquín Rodrigo (E–Mjr) Valencia, 18 de diciembre de 1951 Eduardo López–Chavarri. Foto del Estudio Novella (s.f.) p. 30 Visita de José Iturbi al Conservatorio de Valencia tras la Guerra Civil p. 33 (Chavarri e Iturbi se dan la mano) Eduardo López–Chavarri y Carmen Andújar p. 35 Maurice Ravel y ELCH en Valencia (16–18 de noviembre de 1928) p. 39 Chavarri, al piano, con un grupo de jóvenes del coro de la p. 47 Sección Femenina (ca. 1943) Retrato de Joaquín Rodrigo (Manuel Moreno Gimeno, 1957) p. 55 Fraga Iribarne entrega a Chavarri la Cruz de Alfonso X el Sabio p. 60 (Madrid, 1967) De izquierda a derecha, los “cuatro magníficos”: p. 65 Segovia, Fortea, Llobet y Pujol “Al eminente crítico musical Sr. D. Eduardo López–Chavarri. p. 68 Su amigo y admirador. Francisco Tárrega. Valencia, diciembre, 1900” Contraportada del Minuetto de Schubert (arreglado por Tárrega) perteneciente p. 72 a la segunda colección de obras publicadas por Antich y Tena (1902) Portada de un ejemplar del Minueto de Tárrega perteneciente al tercer volumen p. 73 de las obras de Tárrega y último publicado durante su vida (Ed. Vidal Llimona y Boceta 1907). Tarjeta postal de Chavarri al hijo de Francisco Tárrega (1915) p. 77 Chavarri y Joan Lamote de Grignon en Valencia (1944), p. 82 cuando este era Director de la Orquesta Municipal de Valencia. [Fondo López–Chavarri, Biblioteca Valenciana] Tarjeta del hijo de Francisco Tarrega dedicada a Chavarri (1953): p. 83 “Felices Navidades y próspero año 1953.Mi más profundo afecto y reconocimiento” 649 Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Homenaje a Tárrega p. 85 (BV, sign. AELCH-pro-80-1) Detalle de la primera página de la ed. original (Antich y Tena) p. 88 del Preludio nº 1 de Francisco Tárrega Preludio nº 1 (cc. 1-4) Ed. Antich y Tena p. 88 Ms. del Homenaje a Tárrega, Preludio (cc. 1-4) p. 89 (BV, signAELCH-pro-80-1) Preludio nº 1 (final) Ed. Antich y Tena p. 89 Ms. del Homenaje a Tárrega, Preludio (final) p. 89 (BV, sign. AELCH-pro-80-1) Ejemplar de la edición original del Preludio nº 1 con dedicatoria autógrafa p. 91 a Walter Leckie Edouard Manet: Le chanteur espagnol (1860) p. 104 Auguste Renoir: Femme jouant de la guitare (ca.1897) p. 104 Pablo Picasso: Guitarra (collage, 1913) p. 105 Juan Gris: La guitare aux incrustations (1925) p. 106 Claude Debussy: Iberia, “Images” pour Orchestre nº 2, III. Matin d’un jour de fête (1905-1912), p. 88. p. 108 Alban Berg: Wozzeck (1918-1922), Acto II: “Wirtshausgarten”, cc. 480-485. p. 110 Kurt Weill: Die Dreigroschenoper (1928), Nr. 13 “Zuhälterballade”, cc. 1-5. p. 113 Kurt Weill: Dreigroschenoper (1928), Nr. 16 “Dreigroschenfinale”, cc. 1-3. p. 114 Programa del homenaje a Claude Debussy p. 120 (Madrid, 27 de abril de 1918) Carta de Manuel de Falla dirigida a Miguel Llobet pp. 123-124 (Madrid, 24 de agosto de 1920) Programa del concierto de Miguel Llobet p. 125 en el Palau de la Música Catalana (1923) Programa del concierto de Andrés Segovia en el Teatro de la Comedia pp. 136-138 de Madrid (4 imágenes), 1923. Notas al programa de José Subirá 650 Cabecera de la 1ª ed, de la Zarabanda lejana (UME, Madrid, 1926) p. 140 Stemma de las fuentes mss. de las Quatre Pièces Brèves de Frank Martin p. 142 (basado en otro de Jan de Kloe) Felicitación navideña de Chavarri a Marisa Robles (1957) p. 145 Frank Martin: QPB. Ms. original (1933), Prélude, cc. 15–16 p. 145 Frank Martin: Guitare pour orchestre (QPB). Ed. Urtext del ms. autógrafo p. 146 (1934), Prèlude, cc. 14–15 ELCH: Sonata II, AELCH-pro-440-3 (1925), c.1. p. 148 ELCH: Sonata II, AELCH-pro-440-1(1925), c.1 p. 148 ELCH: Sonata II, AELCH-pro-62-1 (1940), c.1 p. 148 ELCH: Sonata II, ed. MXE (1957), c.1 p. 148 Manuscrito autógrafo del Cuartettino (sic), AELCH-pro-63-1 (1957), c.1 p. 149 Manuscrito autógrafo del Quartettino, AELCH-pro-63-2 (1957), c.1 p. 149 Manuscrito autógrafo del Concierto para guitarra y orquesta (esbozo), p. 150 AELCH-pro-29 (s.f.), c.1 Tarjeta postal de Miguel Llobet a Chavarri (Barcelona, 3–III–1918) p. 192 Tarjeta postal de Miguel Llobet a Chavarri (Barcelona, 12–II–1923) p. 194 Detalle del borrador de la Sonata I (AELCH/pro 120–3) p. 194 con firma autógrafa y fecha de 1922 Detalle de una carta de Llobet a Manuel de Falla (Barcelona, 13–II–1923) p. 195 Tarjeta postal de Llobet a Chavarri (Barcelona, 23–II–1923) p. 196 Tarjeta postal de Llobet a Chavarri (Viena, 27–X–1924) p. 200 Programas de sala de los conciertos de Llobet en Innsbuck p. 201 (30 y 31 de octubre de 1924) Programas de sala de los conciertos de Llobet en Fráncfort p. 201 (20 de octubre y 11 de noviembre de 1924) Llobet y Segovia en la reunión de Múnich de la Asociación Guitarrística p. 203 (otoño de 1924) 651 Programa del concierto de Llobet en Dortmund (3 de octubre de 1924) p. 204 Programa del concierto de Llobet en Múnich (6 de noviembre de 1924) p. 204 Programa de dos conciertos de Llobet en Montevideo p. 205 (22 y 24 de mayo de 1925) Leyenda del Castillo Moro (transcripción para dos guitarras de Miguel Llobet. 1928, pp. 1 y 4, AMDMB) p. 207 Programa del concierto londinense de Llobet, Chavarri y Andújar p. 208 (27 de junio de 1930) Detalles de una carta de Oscar Cabot a Chavarri (1930) p. 209 Miguel Llobet (ca. 1920) p. 210 Detalle de una carta de Marisa Robles a Chavarri p. 212 (Madrid, 1 de enero de 1956) Detalle de la portada del ms. autógrafo del Concierto para arpa y orquesta p. 215 de arcos (AELCH/pro 28–1, 1958) Cartel del festival de 2008 Les Jeudis de la Guitare, de Ginebra p. 217 Sonata I, 2º mov., c. 1 (borrador autógrafo B, AELCH/pro 120–3) p. 218 Sonata I, 2º mov., c. 1 (ms. autógrafo AMDMB, 4–469–7–1–FA208) p. 218 Detalle del ms. autógrafo de Quartettino (BV, AELCH-pro-63-1) p. 219 Detalle del ms. autógrafo AELCH/pro 23–1 con dedicatoria a Andrés Segovia p. 221 (dic. 1923– enero 1924) Detalle de una carta de Segovia a Chavarri del 23 de octubre de 1924 p. 222 (BV: sign. AELCH-CR-2540) Detalle de una carta de Segovia a Chavarri (BV: sign. AELCH-CR-2540) p. 223 Andrés Segovia (1914) p. 225 Nota de Segovia a Chavarri (1920) p. 227 Las Provincias, 13 de febrero de 1920, (detalle de la p.2) p. 228 Andrés Segovia en su estudio madrileño, ca. 1920. Archivo Ragel, Madrid p. 229 Detalle de la anterior carta [de Segovia a Chavarri, 17 de enero de 1924] p. 230 con firma y fecha incompleta 652 Detalle del ms. autógrafo de la Sonatina de Chavarri, p. 231 conservado en el Museo Andrés Segovia de Linares. Programas de dos conciertos de Segovia en Austria p. 234 (Innsbruck y Graz. Octubre de 1924) Una tarjeta postal en la que se puede ver el Hotel Preussenhof en 1929 p. 234 Detalle de la segunda página del ms. AELCH/pro 23–4 p. 239 Detalle del ms. autógrafo de la Sonatina para orquesta (1934). p. 241 Sección de viento-madera, primera página Portada de la partitura ms. autógrafa de la Suite–Divertimento para orquesta p. 242 de ELCH (1934) Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Bolero para guitarra p. 243 (BV, sign. AELCH/pro 23–6) Ed. Urtext del Bolero para guitarra, cc.73-79 p. 245 Ed. Urtext del Bolero para orquesta (sección de cuerda, 4 imágenes), cc.73-95 p. 246 Ed. Urtext del Bolero para orquesta, cc.96-101 p. 247 Ed. Urtext del Bolero para orquesta, cc.102-107 p. 248 Detalle de una Nota de Segovia a Chavarri [enero de 1925] p. 280 Carta de B. Schott’s Söhne a Eduardo López-Chavarri p. 282 (Leipzig, 19 de octubre de 1926) Portada y contraportada de la ed. de las Siete piezas para guitarra (1926) p. 284 ELCH: Sonata I, 3er mov., cc.1-4 p. 288 I. Danza lenta, cc. 1-2 (Ed. Schott’s Söhne, 1926) p. 289 III. Fiesta lejana en un jardín, cc. 17-22 (ms. autógrafo) p. 289 III. Fiesta lejana en un jardín, cc. 52-54 (ms. autógrafo) p. 290 Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez, 2º mov. c.7 p. 290 Primera página de una carta de Rafael Balaguer a Andrés Segovia p. 293 (17 de noviembre de 1969) Primera página de una carta de Rafael Balaguer a Andrés Segovia p. 294 (20 de julio de 1974) 653 Reparto de ropas a los pobres por la Cruzada Infantil Antiblasfema p. 296 (Madrid, 01/01/1945) Anuncios en prensa de dos conciertos de Rafael Balaguer p. 297 (Castellón, 1937 y Burgos, 1949) Rafael Balaguer durante su actuación en el homenaje a Tárrega p. 299 organizado por la Sociedad villarealense Els XIII (1952) Miguel Llobet toca la guitarra frente a Andrés Segovia p. 300 y un grupo de aficionados (¿Barcelona? 1915) Programa del concierto de alumnos de guitarra del p. 303 Conservatorio Santa Cecilia de Roma (abril de 1957) Detalle de la cara de Segovia a Chavarri (BV, sign. AELCH-CR-2534) p. 326 Detalle del ms. autógrafo del Cuartettino [sic], 1er mov. p. 329 (BV, sign. AELCH-pro-63-1. p.1) Detalle del borr. autógrafo del Concierto para guitarra y orquesta, 1º mov. p. 329 (BV, sign. AELCH-pro-29. p.14) Josefina Robledo de niña p. 332 Fotografía de Josefina Robledo tomada durante su estancia en Brasil p. 336 Boletín Oficial de la República Argentina (1924): p. 338 Creación del Conservatorio Nacional de Música y Declamación Tarjeta Postal de Josefina Robledo a Chavarri (BV, sign. AELCH–CR–2226) p. 342 Tarjeta Postal de Josefina Robledo a Chavarri (BV, sign. AELCH–CR–2227) p. 345 Ricardo García de Vargas: p. 349 Ensayo histórico sobre la Iglesia Antigua de Godella (1956) Detalle del encabezamiento de un ms. autógrafo de la Sonata II de ELCH p. 351 (BV, sign. AELCH-pro-62-1) Detalle del final de un ms. autógrafo de la Sonata II de ELCH p. 352 (BV, sign. AELCH-pro-62-1) Verso y reverso de una Tarjeta postal de Emilio Pujol a Chavarri pp. 353-354 (Salzburgo: 5–X–1927) Verso y reverso de una Tarjeta postal de Emilio Pujol a Chavarri p. 356 (Praga: 26–VIII–1927) 654 Detalle de una Carta de Emilio Pujol a Chavarri p. 358 (Châtel–Montagne, Allier, 11-IV-1929) Primera página de la ed. MEX de la Sonata II para guitarra (París, 1957) p. 361 Detalle del final de un ms. autógrafo del Quartettino p. 362 (BV, sig.AELCH-pro-63-2. p.13) Borr. autógrafo del Concierto para guitarra y orquesta, 2º mov., cc.1-8 p. 387 (BV, sign. AELCH-pro-29. p.14) Andrés Segovia, acompañado de dos damas en 1933 p. 402 (Archivo de Elisa Romero Fernández, Toledo) Carmen Andújar con su hijo Eduardo (ca. 1933) p. 402 Detalles de la primera y segunda página del ms. autógrafo del p. 403 Andante tranqo (Intermezzo). BV, sign. AELCH-pro-58-2 Detalles de los mss. autógrafos del Preludio y Finale con sus fechas p. 404 de composición (BV, sign. AELCH-pro-75-1 y AELCH-pro-76-1) Detalle de la primera página del ms. autógrafo del III. p. 404 Finale E–LINas: sin número de catalogación Primera página del ms. autógrafo del II. Andante tranqo p. 405 (BV, sign. AELCH/pro 58–2) Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Preludio p. 405 (BV, sign. AELCH/pro 75–1) Detalle de la primera página de un ms. autógrafo del p. 407 Intermezzo (Andante tranqo), 1951 (BV, sign. AELCH/pro 59–2) Portada y primera página de la edición del Intermezzo, UME, 1967 p. 408 Portadas de las ediciones de Preludios a Valencia (1971) p. 411 y Tríptico de Homenajes (1972), UME Detalle de la primera página del ms. autógrafo del Preludio p. 411 (BV, sign. AELCH/pro 75–1) Primera página de la edición de II. A Francisco Tárrega, UME, 1972 p. 412 Contraportada el CD de Rubén Parejo “Reflejos” (2009) p. 413 655 5.3. Manuscritos autógrafos y ediciones originales 656 Homenaje a Tárrega: Preludio y Minueto para guitarra / por Francisco Tárrega. Transcritos para orquesta de arco por Ed. L. Chavarri. E–VAbv: AELCH/pro 80–1 (partitura) p.657 Homenaje a Tárrega / I – Preludio; II – Minueto / de Francisco Tárrega. Transcritos de la guitarra para orquesta de arco por Eduardo L. Chavarri. E–VAbv: AELCH/pro 80–2 (partitura) p.661 Homenaje a Tárrega: Preludio y minueto de Tárrega para orquesta de arcos. Orquestado por Ed. L. Chavarri. Arreglo para rondalla de bandurrias y guitarras por el propio autor.E–VAbv: AELCH/pro 219 p.668 III y Final / Bolero. E–VAbv: AELCH/pro 23–6. p.669 Suite (Divertimento) para orquesta: IV. Bolero E–VAbv: AELCH/pro 5–54 (partitura) p.672 I. Danza lenta E–VAbv: AELCH/pro 264–1 p.689 III. Fiesta lejana en un jardín E–VAbv: AELCH/pro 264–2 p.691 Siete piezas para guitarra: I. Danza lenta / III. Fiesta lejana en un jardín B. Schott's Söhne, Colección Moderne Spanische Gitarre–Werke / Musique moderne espagnole pour la guitare. Gitarre–Archiv / Archives de la Guitare; nº 101. Maguncia, Alemania. p.693 Sonata II pour guitare: Ier y IIº movs. Bibliothèque de musique ancienne et moderne pour guitare; nº 1218; ME 6865. Colección Emilio Pujol; Ed. Max Eschig; París, 1957. p.699 Cuartettino [sic] para 2 violines, viola y violonchelo / por Eduardo L. Chavarri. E–VAbv: 660846 AELCH/pro 63–1 p.708 Concierto para guitarra y orquesta: Ier mov. cc. 1-40 E–VAbv: 656162 AELCH/pro 29 p.716 657 658 659 660 661 662 663 664 665 666 667 668 669 670 671 672 673 674 675 676 677 678 679 680 681 682 683 684 685 686 687 688 689 690 691 692 693 694 695 696 697 698 699 700 701 702 703 704 705 706 707 708 709 710 711 712 713 714 715 716 717 718 719 5.4. Abreviaturas 720 ac. acompañamiento anón. Anónimo AMDMB Arxiu del Museu de la Musica de Barcelona. Fons Miquel Llobet asc. Ascendente BIVALDI Biblioteca Valenciana Digital BMCV Biblioteca Musical de Compositores Valencianos BNE /BDH Biblioteca Nacional de España / Biblioteca Digital Hispánica borr. borrador BV Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu BVPH Biblioteca Virtual de Prensa Histórica c./cc. compás/compases cap. capítulo Cat. BV Catálogo en línea de la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu Cat. 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Resumen/Abstract 736 737 Eduardo López–Chavarri Marco (1871–1970): obra guitarrística Introducción La figura del músico español Eduardo López–Chavarri Marco (1871–1970) ha sido estudiada desde diversas perspectivas acordes a su multifacética vida profesional, pero hasta la fecha no existía ningún trabajo de un mínimo calado dedicado a su obra para guitarra. Este hecho está en consonancia con la muy escasa difusión e inclusión de estas composiciones en el repertorio de concierto de los guitarristas. Síntesis El corpus guitarrístico de este compositor, que consta de un buen puñado de obras (algunas de altísima calidad) fue creado casi íntegramente entre los años de 1922 y 1932 y forma parte –a nuestro entender, destacada– del nuevo repertorio guitarrístico del Periodo de Entreguerras que surgió tras la irrupción del Homenaje de Manuel de Falla (1920) en el panorama musical de la época. En ese tiempo se produjo una reedición de aquella decimonónica guitarromanía parisina con la particularidad de que los autores del nuevo repertorio, por primera vez en la historia, no iban a ser los guitarristas. López–Chavarri, al igual que otros compositores que apenas conocían la guitarra, trató de asociarse con algunos de los más destacados intérpretes del instrumento. Sin embargo, esos guitarristas, por diversas circunstancias, no dieron justa difusión a las obras que componía para ellos y en pocos años esas obras quedaron olvidadas casi por completo. Este trabajo tiene varios objetivos, entre los que se cuentan: compartir toda la información disponible sobre las fuentes manuscritas e impresas del repertorio en cuestión; completar en base a este estudio un catálogo exhaustivo de la obra guitarrística de López–Chavarri; analizar pormenorizadamente cada una de estas obras, así como las circunstancias en las que se crearon; y publicar varias ediciones musicales a modo de muestrario metodológico con distintos procedimientos según el número y las características de las fuentes originales de cada composición. El trabajo incluye además una amplia colección de noticias, reseñas, crónicas, críticas, relatos y entrevistas de prensa relacionadas con nuestro compositor y con su vinculación con la guitarra. Por otra parte, el perfil biográfico de López–Chavarri se ha presentado hasta ahora de una forma casi hierática, idealizada en los aspectos más amables de su carácter pero desprovista de un contenido verdaderamente humano que lo haga más interesante desde el punto de vista histórico. Gracias a las pesquisas llevadas a cabo durante nuestra investigación se han hecho patentes inopinadamente algunos aspectos de la personalidad de este autor (ideológicos, temperamentales y sentimentales) que dibujan una renovada perspectiva del personaje y aclaran ciertos asuntos, relacionados con el relato de la gestación y evolución de su repertorio guitarrístico, que a priori aparecían menos claros. Las fuentes primarias de información incluidas en este trabajo (correspondencia, 738 crónicas periodísticas chavarrianas, anotaciones autógrafas en los manuscritos musicales, etc.) nos han servido para contrastar unos hechos históricos que objetivamente demuestran la rica y compleja personalidad de un hombre que, más allá de los tópicos del maestro reverenciado por todos, tuvo sus pasiones, sus devociones, pero también sus enfados y ataques de orgullo, como cualquier ser humano que se precie de serlo. López–Chavarri fue un artista imposible de clasificar por más que se le haya tratado de encasillar asociándolo a diversas generaciones y tendencias estéticas. La presente tesis doctoral se estructura en dos grandes bloques: el primero consta de un repaso a la trayectoria profesional y personal del autor, sus primeros acercamientos a la guitarra y un estudio analítico del entorno social y estético en que compuso sus obras para el instrumento. El segundo y más amplio está dedicado a la obra para guitarra de López–Chavarri e incluye un breve ensayo sobre la estética musical de estas obras y otro que aborda un problema compartido por buena parte del repertorio guitarrístico de Entreguerras: la proliferación de versiones para otros instrumentos o grupos instrumentales –realizadas por los mismos compositores– basadas en los originales guitarrísticos. Se contemplan aquí también los interrogantes que esas nuevas versiones pueden plantear a la hora de emprender la tarea de editar apropiadamente este repertorio. Conclusiones Hemos contrastado el estudio de la citada correspondencia de López–Chavarri con el de las fuentes manuscritas musicales, y tal colación, unida a la recopilación de testimonios sobre la recepción de las obras por el público y la crítica (que hemos conocido también gracias a los comentarios en la prensa de la época) han dado como fruto un relato coherente y completo del proceso histórico que llevó a la formación de este corpus. Las motivaciones, los estímulos, los desengaños y abandonos y, en fin, un amplio abanico de expresiones y emociones humanas han ido apareciendo durante la investigación para recrear una historia viva y apasionante. Tanto la información aportada por nuestro catálogo como el contenido historiográfico de esta tesis doctoral suponen una herramienta exhaustiva para resolver con la mayor diligencia y confianza cualquier futuro proyecto editorial relacionado con la obra guitarrística del compositor. 739 Eduardo López–Chavarri Marco (1871–1970): guitar works Introduction The figure of the Spanish musician Eduardo López–Chavarri Marco (1871–1970) has been studied from various perspectives according to his multifaceted professional life, but to date there has not been any comprehensive study dedicated to his guitar compositions. This fact is in line with the very low diffusion and inclusion of these compositions in the concert repertoire of guitarists. Synthesis The guitar corpus of this composer, which consists of a good handful of works (some of them of the highest quality) was created almost entirely between 1922 and 1932 and is part –an outstanding part, in our opinion– of the new guitar repertoire of the Interwar Period that arose after the dazzling appearance of Manuel de Falla’s Homenaje (1920) in the music scene of the time. At that time a reissue of that nineteenth-century Parisian guitarromanie took place, with the particularity that the authors of the new repertoire, for the first time in history, were not guitarists. López–Chavarri, like other composers who barely knew the guitar and its distinctive features, tried to associate himself with some prominent players of the instrument. However, these guitarists, due to various circumstances, did not give fair diffusion to the works composed for them and in a few years all these compositions were almost completely forgotten. Among the various objectives of this work stand out the following: raise awareness of all the information available about the manuscript and printed sources of this repertoire; based on this research, complete an exhaustive catalog of the guitar works of López–Chavarri; analyze in detail these compositions and the circumstances in which they were created; and complete several musical editions using different procedures (according to the number and characteristics of the original sources of the compositions in each case). This work also includes a wide collection of paper news, reports, chronicles, reviews and press interviews related to our composer and to his connections with the guitar. On the other hand, the biographical profile of López–Chavarri has so far been presented in almost a hieratic way, idealized and devoid of a more human and (from the historical point of view) more interesting content. Our investigations revealed unexpectedly some aspects of this author’s personality (ideological, temperamental and sentimental) drawing a renewed perspective of his character and clarifying certain issues, related to the historiography of his guitar repertoire, which initially seemed more confuse to us. The primary sources of information included in this work (correspondence, journalistic chronicles, autograph annotations in the musical manuscripts, etc.) have been considered to confirm some historical facts that objectively demonstrate the rich and complex personality of a man who –beyond the topics of the 740 revered Maestro– had his passions, his devotions, but also his anger and wounded pride incidents, like any human being. López–Chavarri was an artist impossible to classify, no matter how much he has been pigeonholed by associating him with several generations and aesthetic trends. This doctoral dissertation is organized in two main blocks: the first consists of a review of the professional and personal biography of the composer, his first approaches to the guitar world and, finally, an analytical study of the social and aesthetic environment in which his works for the instrument were created. The second and broader one is fully dedicated to the guitar work by López–Chavarri and includes a brief essay on the musical aesthetics of these pieces and another one that addresses a problem shared by a good part of the Interwar guitar repertoire: the proliferation of versions for other instruments and instrumental combinations (written by the composers themselves) based on the original compositions for guitar. The questions that these new versions may pose when undertaking the task of properly editing this repertoire are also considered here. Conclusion We have contrasted the study of the aforementioned correspondence of López– Chavarri with that of the musical manuscript sources, and such collation, joined with the compilation of testimonies on these works’ reception both by audience and critics (known through the information found in contemporary press) have resulted in a coherent and complete account of the entire historical process that led to the formation of this corpus. Motivations, encouragements, disappointments, abandonments and, in summary, a wide range of human expressions and emotions have appeared during this research to recreate a living and passionate story. Both the information provided by our catalog and the historiographical content of the present dissertation represent an exhaustive tool to deal with any future editorial project related to the composer’s guitar works with absolute confidence. Anteportada Portada Dedicatoria Autorretrato (caricatura) de Eduardo López–Chavarri (1951) Contenido Contenido 1. Introducción 1.1. Agradecimientos 1.2. Justificación del tema y marco de referencia 1.3. Objetivos 1.4. Metodología y fuentes 1.5. Estructura del trabajo 2. Eduardo López–Chavarri Marco y su relación con la guitarra 2.1. ELCH: Perfil biográfico y profesional 2.1.1. Personalidad de un artista e intelectual 2.1.2. Un liberal en una sociedad conservadora 2.1.3. El trauma de la Guerra Civil, fin de los días de vino y rosas 2.1.4. Apreciación de ELCH como compositor. Su obra para guitarra 2.1.5. Eduardo López–Chavarri, crítico musical 2.2. Francisco Tárrega: primer referente guitarrístico para ELCH 2.2.1. Valencia, meca de la guitarra “cortesana” 2.2.2. El encuentro con Tárrega en Valencia. Primeras reseñas y críticas en Las Provincias (1899–1901) 2.2.3. Las críticas de ELCH para Las Provincias en vida de Tárrega (1901–1908) 2.2.4. La amistad entre ELCH y Tárrega: Escritos y documentos 2.2.5. Homenaje a Tárrega para orquesta de arco 2.2.6. Análisis del manuscrito autógrafo del Homenaje a Tárrega (E–VAbv: AELCH-pro-80-1). Edición Urtext Ms. E–VAbv: AELCH/pro 80–1 Homenaje a Tárrega para orquesta de arco Edición Urtext Homenaje a Tárrega. Preludio y Minueto. I. Preludio Homenaje a Tárrega. Preludio y Minueto. II. Minueto 2.3. El resurgimiento de la guitarra entre finales del siglo XIX y 1920: un fenómeno europeo a) Debussy y el impresionismo musical b) La Segunda Escuela de Viena c) La guitarra en el Movimiento del Cabaré 3. La obra guitarrística de ELCH: cronología, personajes, transmisión y recepción del repertorio 3.1. La música para guitarra de ELCH en su marco histórico 3.1.1. Homenaje de Manuel de Falla (1920), catalizador del nuevo repertorio guitarrístico de Entreguerras 3.1.2. Chavarri, compositor para guitarra: una estética entre dos aguas 3.1.3. La multiplicidad de versiones en las composiciones para guitarra de Chavarri: un lugar común en el repertorio de Entreguerras 3.1.4. Catálogo de la obra guitarrística de Eduardo López–Chavarri 3.2. Un comienzo ambicioso. Miguel Llobet y la Sonata I para guitarra 3.2.1. Llobet, el heredero de Tárrega, debuta en Valencia 3.2.2. Primeros contactos epistolares y propuesta de colaboración 3.2.3. La Sonata I en una gira centroeuropea de Llobet (otoño de 1924) 3.2.4. 1930: Chavarri y Llobet se reencuentran en Londres 3.2.5. Las fuentes de la Sonata I: manuscritos, reinstrumentación y contrafacta 3.2.6. El redescubrimiento de la Sonata I. Perspectivas para una futura edición crítica 3.3. Andrés Segovia y la Suite: Sonatina, Arietta y Bolero 3.3.1. Segovia y Chavarri: una historia de aprecio artístico no correspondido 3.3.2. Primeros contactos: Segovia en Valencia y un posible encuentro en Madrid 3.3.3. Propuesta de colaboración: correspondencia y cronología 3.3.4. Las fuentes de la Suite: manuscritos originales y Suite–Divertimento para orquesta 3.3.5. Ediciones Urtext del Bolero para guitarra (piano) y para orquesta 3.4. Las Siete piezas para guitarra. Conexiones con Andrés Segovia y Rafael Balaguer 3.4.1. Orígenes de la composición: Andrés Segovia y el invierno de 1924-1925 3.4.2. 1926: Año de publicación de las Siete piezas para guitarra 3.4.3. Los ritmos de habanera y bolero en las Siete piezas para guitarra 3.4.4. Rafael Balaguer (Valencia, 1895–Madrid, 1979), dedicatario de las Siete piezas para guitarra 3.4.5. Ámbito de difusión de la obra. Interpretaciones históricas y grabaciones 3.4.6. I. Danza lenta y III. Fiesta lejana en un jardín: Edición crítica Siete piezas para guitarra I. Danza lenta / III. Fiesta lejana en un jardín Edición crítica I. Danza Lenta III. Fiesta lejana en un jardin Comentario crítico, variantes y observaciones 3.5. Josefina Robledo, Emilio Pujol y la Sonata II 3.5.1. La Sonata II: Fuentes manuscritas e impresos. Perspectivas para una edición crítica 3.5.2. Josefina Robledo, musa guitarrística de Chavarri 3.5.3. Josefina Robledo regresa a Valencia (1925) 3.5.4. Cronología de la Sonata II: Josefina Robledo debuta en Madrid 3.5.5. 1927, Josefina Robledo se retira de los escenarios. 1940, última revisión de la obra 3.5.6. Emilio Pujol y su papel en la publicación de la Sonata II (1957) 3.5.7. Quartettino: Edición Urtext del ms. autógrafo AELCH/pro 63–1 (I y II) Ms. E–VAbv: AELCH/pro 63–1 Cuartettino [sic] para 2 violines, viola y violonchelo (movs. I y II) Edición Urtext Cuartettino, I Cuartettino, II 3.5.8. El Concierto para guitara y orquesta: un proyecto fallido Ms. E–VAbv: AELCH/pro 29 Concierto para guitarra y orquesta 1er mov., cc. 1-40 Edición Urtext Concierto para guitarra y orquesta I 3.6. Las ediciones de UME: Intermezzo y otras obras publicadas póstumamente 3.6.1. 1932: Segovia regresa a Valencia. Nueva propuesta de colaboración 3.6.2. Tríptico: Preludio, Andante tranquillo y Finale ¿Otra suite de Chavarri malograda? 3.6.3. Las ediciones póstumas: Tríptico de Homenajes y Preludios a Valencia 4. Conclusiones 5. Apéndices 5.1. Fuentes periodísticas 2.1. Eduardo López–Chavarri: Perfil biográfico y profesional (Fuentes periodísticas) 2.2. Francisco Tárrega: primer referente guitarrístico para ELCH(Fuentes periodísticas) 3.1. La música para guitarra de ELCH en su marco histórico (Fuentes periodísticas) 3.2. Un comienzo ambicioso. Miguel Llobet y la Sonata I para guitarra (Fuentes periodísticas) 3.3. Andrés Segovia y la Suite (Fuentes periodísticas) 3.4. Las Siete piezas para guitarra. Conexiones con Andrés Segovia y Rafael Balaguer (Fuentes periodísticas) 3.5. Josefina Robledo, Emilio Pujol y la Sonata II (Fuentes periodísticas) 3.6. Las ediciones de UME: Intermezzo y otras obras publicadas póstumamente (Fuentes periodísticas) 5.2. Índice de ilustraciones 5.3. Manuscritos autógrafos y ediciones originales Homenaje a Tárrega: AELCH/pro 80–1 Homenaje a Tárrega: AELCH/pro 80–2 Homenaje a Tárrega: AELCH/pro 219 III y Final / Bolero: AELCH/pro 23–6 Suite (Divertimento) para orquesta. IV. Bolero: AELCH/pro 5–54 I. Danza lenta: AELCH/pro 264–1 III. Fiesta lejana en un jardín: AELCH/pro 264–2 Siete piezas para guitarra (I y III): B. Schott's Söhne Sonata II pour guitare (I y II movs.): Ed. Max Eschig Cuartettino [sic]: AELCH/pro 63–1 Concierto para guitarra y orquesta (I, cc. 1-40): AELCH/pro 29 5.4. Abreviaturas 6. Bibliografía 7. Resumen/Abstract