UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA Departamento de Análisis Geográfico Regional y Geografía Física LOS ESPACIOS FORESTALES DE LA SIERRA DE ANGANGUEO (ESTADOS DE MICHOACÁN Y MÉXICO), MÉXICO: UNA REVISIÓN GEOGRÁFICA MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR María Isabel Ramírez Ramírez Bajo la dirección del doctor Casildo Ferreras Chasco Madrid, 2001 ISBN: 84-669-1970-8 Universidad Complutense de Madrid FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DEPARTAMENTO DE ANÁLISIS GEOGRÁFICO REGIONAL Y GEOGRAFÍA FÍSICA TESIS DOCTORAL: Los espacios forestales de la Sierra de Angangueo (estados de Michoacán y México), México. Una visión geográfica. PRESENTA: María Isabel Ramírez Ramírez DIRECTOR DE LA TESIS: Dr. Casildo Ferreras Chasco Profesor Titular Abril 2001 A mi Diego, a mi Irene madre y a mi Irene hija. Aquí está el tiempo que les debo. El amor, lo han tenido siempre todo. A José Antonio, A mis padres y hermanos, los de sangre y los de espíritu, por tanto amor y tanto humor. Agradecimientos Quiero expresar mi agradecimiento a la Universidad Nacional Autónoma de México, que, a través de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico, me ha brindado los medios para la realización de los estudios y de esta tesis doctoral. Al Instituto de Geografía de la UNAM, por su apoyo para la obtención de la beca y por las demás oportunidades académicas que me ha dado; en especial al Dr. José Luis Palacio Prieto y al Dr. Mario Arturo Ortiz Pérez, quienes, además de grandes maestros, han sido buenos amigos. Al Dr. Casildo Ferreras Chasco, del Departamento de Análisis Geográfico Regional y Geografía Física de la Universidad Complutense de Madrid, por aceptar dirigir esta tesis y por su generosidad para compartir sus muchos conocimientos en el campo de la biogeografía. A los doctores Juan Córdoba, David Palacios y Eduardo Muscar, profesores de dicho departamento, así como a sus respectivos colaboradores, que en determinada etapa de la investigación me han facilitado instrumentos para llevarla a cabo. Al Dr. Joaquín Giménez de Azcárate y al Biól. Mario Pinto, por su agradable y enriquecedora compañía durante tantas jornadas de trabajo en campo y por colaborar con la parte más difícil para mí, la identificación florística de las especies, aspectos fundamentales de este estudio. Al Dr. Cuauhtemoc León, del Colegio de México, por su confianza a primera vista y por proporcionarme información documental, la imagen de satélite y algunos mapas digitales para la elaboración de éste trabajo. A mis amigas, las doctoras Concepción Fidalgo y Ruth Miranda, por sus valiosísimas sugerencias, muchas de las cuales no están reflejadas en este documento, pero que tengo muy en cuenta para aplicarlas en la brevedad posible; y, sobre todo, por animarme tanto en esta difícil recta final. A mis amigos Alejandro, Hermes y Susy, que, sin deberla ni temerla, han tenido que invertir varias horas en esta tesis. A toda mi familia, por tantos ejemplos de fortaleza, tanta confianza y cariño. A todos los amigos que han hecho de nuestros años en Madrid una etapa feliz y entrañable. A mis amigas y amigos de siempre, que ni todo lo largo de México ni ancho del Océano han conseguido separarnos ni un poquito. Y por último, pero en primer lugar, a la señora Guadalupe y a toda la familia Vieyra Medrano, por darles a mis hijos tanto amor y tantos cuidados en mis innumerables horas de ausencia, y a mí misma en las pocas de presencia. Infinitamente gracias. Contenido Índice de figuras 9 Índice de cuadros 12 Introducción 13 CAPÍTULO 1 Los elementos abióticos del paisaje 1.1. El relieve 24 1.1.1. Objetivo y método 24 1.1.2. El marco geológico regional 24 1.1.3. La geología de la Sierra de Angangueo 28 1.1.3.1 Estratigrafía 28 1.1.3.2. Litología 31 1.1.4. Morfometría del relieve 34 1.1.4.1. Altimetría 34 1.1.4.2. Análisis de la pendiente 36 1.1.4.3. Orientación de las laderas 38 1.1.5. Las morfoestructuras 38 1.1.5.1. Conjunto montañoso Chincua 38 1.1.5.2. Conjunto montañoso Colorado-Cedral 40 1.1.5.3. Conjunto montañoso Campanario-Rancho Grande 40 1.1.5.4. Conjunto montañoso Chivati-Huacal 42 1.1.5.5. Otras morfoestructuras 43 1.1.6. Las unidades geomorfológicas 45 1.1.6.1. Relieve volcánico 48 1.1.6.2. Relieve no volcánico 51 1.1.6.3. Planicies 52 1.1.6.4. Formas complementarias del relieve 52 1.2. El Clima 54 1.2.1. Objetivo y método 54 1.2.1.1. Fuentes de información 54 1.2.2. El clima regional 59 1.2.2.1. Fenómenos meteorológicos de verano 59 1.2.2.2. Fenómenos meteorológicos de invierno 60 1.2.2.3. Rasgos generales de los elementos del clima en México 61 1.2.3. Los elementos del clima en la Sierra de Angangueo 63 1.2.3.1. Temperatura 63 1.2.3.2. Precipitación 74 1.2.3.3. Balance hídrico 77 1.2.4. La clasificación bioclimática de la Sierra de Angangueo 80 1.3. Los suelos 84 1.3.1. Objetivo y método 84 1.3.2. Las propiedades del suelo 85 1.3.2.1. Propiedades físicas 85 1.3.2.2. Propiedades biológicas 89 1.3.2.3. Propiedades químicas 89 1.3.3. Principales tipos del suelos 92 1.3.3.1. Suelos de alteración bioquímica predominante 92 1.3.3.2. Suelos de alteración geoquímica 95 1.3.3.3. Suelos con edafoclima contrastado 96 1.3.3.4. Suelos poco evolucionados 97 CAPÍTULO 2 Los elementos bióticos del paisaje 2.1. La cubierta vegetal 99 2.1.1. Objetivo y método 99 2.1.2. Antecedentes 103 2.1.3. Ubicación biogeográfica 104 2.1.4. La composición florística 107 2.1.4.1. Las especies inventariadas 107 2.1.4.2. Formas biológicas 108 2.1.4.3. Afinidades fitogeográficas 110 2.1.4.4. Endemismos 112 2.1.4.5. Especies indicadoras de perturbación 113 2.1.5. Las formaciones vegetales 114 2.1.5.1. El bosque de pino de altura 116 2.1.5.2. Los bosques de oyamel 119 2.1.5.3. Los bosques mixtos 130 2.1.5.4. Los matorrales 135 2.1.5.5. Los pastizales 141 2.2. La fauna 143 2.2.1. Principales especies de vertebrados 144 2.2.2. La especie emblemática de la sierra: la mariposa monarca 146 2.2.2.1. El fenómeno migratorio 146 2.2.2.2. El hábitat de hibernación en México 147 2.2.2.3. Causas de mortalidad 150 CAPÍTULO 3 Los elementos antrópicos del paisaje 3.1. Objetivo y método 154 3.2. Conformación histórica de la región 156 3.3. Caracterización socioeconómica del territorio 161 3.3.1. Poblamiento 161 3.3.1.1. Distribución de la población 161 3.3.1.2. Densidad de población 164 3.3.2. Empleo 165 3.3.3. Educación 167 3.3.4. Vivienda 169 3.4. Cubiertas y usos del suelo 173 3.4.1. Uso forestal 173 3.4.2. Areas protegidas 179 3.4.3. Uso turístico 183 3.4.4. Usos agropecuarios 184 CAPÍTULO 4 Las unidades del paisaje de la Sierra de Angangueo 4.1. Conceptos y método 188 4.2. Las unidades de paisaje de la sierra y su entorno 190 4.2.1. Unidad de paisaje de la sierra 190 4.2.2. Unidad de los domos volcánicos 194 4.2.3. Unidad de los cañones 194 4.2.4. Unidad de la montaña no volcánica 195 4.2.5. Unidad de las mesetas de lava 195 4.2.6. Unidad del piedemonte coluvio-deluvial 197 4.2.7. Unidad del piedemonte de flujos piroclásticos 198 4.2.8. Unidad de los lomeríos orientales 198 4.2.9. Unidad de las planicies 199 4.3. Las unidades ambientales del sistema montañoso 199 4.3.1. Unidades ambientales de las laderas muy incididas 203 4.3.1.1. Con bosque de oyamel denso 203 4.3.1.2. Con bosque mixto denso 205 4.3.1.3. Con bosque de cedro denso 208 4.3.1.4. Con bosque de oyamel abierto 210 4.3.1.5. Con bosque mixto abierto 212 4.3.1.6. Con vegetación arbustiva 212 4.3.1.7. Con bosque de oyamel fragmentado 214 4.3.1.8. Con bosque mixto fragmentado 216 4.3.2. Unidades ambientales de las laderas escasamente incididas 216 4.3.2.1. Con bosque de oyamel denso 216 4.3.2.2. Con bosque mixto denso 219 4.3.2.3. Con bosque de oyamel abierto 219 4.3.2.4. Con bosque mixto abierto 222 4.3.2.5. Con vegetación arbustiva 222 4.3.3. Las unidades ambientales de los interfluvios cumbrales 224 4.3.3.1. Con bosque de oyamel denso 224 4.3.3.2. Con bosque mixto denso 226 4.3.3.3. Con bosque de cedro denso 226 4.3.3.4. Con vegetación arbustiva 228 CAPÍTULO 5 Dinámica y potencialidad del paisaje 5.1. Dinámica de las cubiertas del suelo, 1971-1994 230 5.1.1. Perturbación y pérdida de bosques 235 5.1.2. Recuperación de bosques 236 5.2. Estado de conservación de los espacios forestales 238 5.3. Propuesta de ordenamiento de los espacios forestales 241 5.3.1. Los espacios forestales en buen estado de conservación 242 5.3.1.1. Uso comercial controlado 244 5.3.1.2. Conservación y uso doméstico 244 5.3.2. Los espacios forestales muy perturbados 245 5.3.2.1. Recuperación natural 246 5.3.2.2. Recuperación inducida o cultivos perennes 246 5.3.2.3. Recuperación inducida inmediata 246 5.3.3. Los espacios forestales convertidos a otros usos 247 5.3.3.1. Usos no forestales aceptables 247 5.3.3.2. Reconversión a mediano plazo o cultivos perennes 247 5.3.3.3. Reconversión inmediata 248 Conclusiones 249 Bibliografía 254 Anexo 264 1-A. Datos meteorológicos 265 1-B. Evapotraspiración y balances hídricos 273 1-C. Índices y diagnosos bioclimática 278 2-A. Inventarios de vegetación 284 2-B. Listado de especies inventariadas 323 Índice de figuras Figura 0.1. Localización del área en estudio 18 Figura 1.1. Esquema metodológico del apartado del relieve 25 Figura 1.2. Localización de las provincias volcánicas de México y de los elementos tectónicos actuales del Pacífico 27 Figura 1.3. Mapa de unidades litológicas 30 Figura 1.4. Aspectos morfométricos del relieve 35 Figura 1.5. Mapa de unidades morfoestructurales 39 Figura 1.6. Vistas en tres dimensiones de los modelos digitales del relieve de los conjuntos montañosos 41 Figura 1.7. Mapa de unidades geomorfológicas 46 Figura 1.8. Esquema metodológico del apartado de clima 55 Figura 1.9. Localización de las estaciones meteorológicas cercanas a la Sierra de Angangueo 58 Figura 1.10. Distribución de la Temperatura media anual y de la precipitación total anual en México 62 Figura 1.11. Distribución anual de la temperatura en 5 estaciones tomadas como ejemplo 64 Figura 1.12. Gradiente térmico altitudinal 65 Figura 1.13. Distribución de la temperatura media mensual en los meses seleccionados 67 Figura 1.14. Distribución de la temperatura máxima promedio en los meses seleccionados 68 Figura 1.15. Distribución de la temperatura mínima promedio en los meses seleccionados 70 Figura 1.16. Promedio de la oscilación térmica diaria en los meses seleccionados 71 Figura 1.17. Mapa de periodos con riesgo de heladas 73 Figura 1.18. Precipitación mensual en milímetros registrada en las estaciones cercanas a la Sierra de Angangueo 75 Figura 1.19. Coeficiente de variación de las precipitaciones mensuales a lo largo de la serie registrada 76 Figura 1.20. Gradiente pluviométrico altudinal entre las estaciones que rodean la Sierra de Angangueo 77 Figura 1.21. Balances hídricos de algunas estaciones seleccionadas 79 Figura 1.22. Mapa de pisos bioclimáticos 82 Figura 1.23. Mapa de unidades edáficas 93 Figura 1.24. Composición fotográfica de algunos aspectos abióticos del paisaje 98 Figura 2.1. Modelo utilizado para el levantamiento de los inventarios florísticos 100 Figura 2.2. Mapa de localización de los sitios de inventario y verificación de cubierta del suelo 102 Figura 2.3. Mapa de las provincias florísticas de México 106 Figura 2.4 Principales familias presentes en la vegetación de la Sierra de Angangueo 108 Figura 2.5. Formas biológicas, según Raunkiaer, de la vegetación de la Sierra de Angangueo 109 Figura 2.6. Espaciomapa de las principales formaciones vegetales 115 Figura 2.7. Distribución altitudinal de las principales comunidades vegetales, según los datos del levantamiento de campo 116 Figura 2.8. Pirámide de vegetación del bosque de pino hartwegii 117 Figura 2.9. Pirámide de vegetación del bosque de oyamel puro 121 Figura 2.10. Pirámide de vegetación del bosque de oyamel-pino-encino 123 Figura 2.11. Pirámide de vegetación del bosque mesófilo 126 Figura 2.12. Pirámide de vegetación del bosque mixto 131 Figura 2.13. Pirámide de vegetación del matorral de Juniperus 136 Figura 2.14. Pirámide de vegetación del matorral de Baccharis 138 Figura 2.15. Espaciomapa con la ubicación de las colonias de Mariposa Monarca 149 Figura 2.16. Composición fotográfica de algunos aspectos bióticos del paisaje 153 Figura 3.1. Esquema metodológico del capítulo de elementos antrópicos 155 Figura 3.2. Mapa de distribución y densidad de la población en 1990 163 Figura 3.3. Mapa de distribución de la población económicamente activa en 1990 166 Figura 3.4. Mapas de distribución de la población analfabeta y bilingüe en 1995 168 Figura 3.5. Mapas de viviendas por localidad con una y dos habitaciones y piso de tierra en 1990 170 Figura 3.6. Mapas de viviendas por localidad con servicio de agua entubada y drenaje en 1990 172 Figura3.7. Condiciones del arbolado en relación con los límites de propiedad del suelo. Ejemplo de los cerros Chivati y Huacal 175 Figura 3.8. Mapa de cubiertas del suelo en 1994 178 Figura 3.9. Espaciomapa de los santuarios de la REBMM de la Sierra de Angangueo, en relación con los límites de propiedad y la cubierta del suelo 181 Figura 3.10. Composición fotográfica de algunos aspectos de la población y el poblamiento 186 Figura 3.11. Composición fotográfica de algunos aspectos de los usos del suelo 187 Figura 4.1. Esquema metodológico de la identificación de las unidades del paisajes de la Sierra de Angangueo 189 Figura 4.2. Mapa de las unidades de paisaje de la Sierra de Angangueo y su entorno 191 Figura 4.3. Superficie ocupada y porcentaje de cubierta del suelo por unidad de paisaje 192 Figura 4.4. Distribución de la población por sistema territorial 193 Figura 4.5. Densidad de población por sistema territorial 196 Figura 4.6. Mapa de unidades ambientales de la Sierra de Angangueo 201 Figura 4.7. Superficie ocupada y de cubierta del suelo de las unidades montañosas 202 Figura 4.8. Perfil altitudinal del bosque de oyamel 204 Figura 4.9. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con bosque de oyamel 206 Figura 4.10. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con bosque mixto 207 Figura 4.11. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con bosque de cedro 209 Figura 4.12. Composición gráfica corológica de las unidades ambientales de las laderas muy incididas con bosques de oyamel y mixto abiertos 211 Figura 4.13. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con vegetación arbustiva 213 Figura 4.14. Composición gráfica corológica de las unidades ambientales de las laderas muy incididas con bosques de oyamel y mixto fragmentados 215 Figura 4.15. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque de oyamel 218 Figura 4.16. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque mixto 220 Figura 4.17. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque de oyamel abierto 221 Figura 4.18. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque mixto abierto y vegetación arbustiva 223 Figura 4.19. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de los interfluvios cumbrales con bosque de oyamel 225 Figura 4.20. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de los interfluvios cumbrales con bosque mixto 227 Figura 4.21. Composición gráfica corológica de las unidades ambientales de los interfluvios cumbrales con bosque de cedro y con vegetación arbustiva 229 Figura 5.1. Esquema metodológico del capítulo de dinámica y potencialidad del paisaje 231 Figura 5.2. Mapas de las cubiertas del suelo de la Sierra de Angangueo en 1971 y 1994 233 Figura 5.3. Superficie ocupada por clase de cambio de cubierta del suelo, 1971- 1994 235 Figura 5.4. Mapa de cambios en las cubiertas del suelo en la Sierra de Angangueo, de 1971 a 1994 237 Figura 5.5. Mapa del estado de conservación de los espacios forestales de la Sierra de Angangueo 240 Figura 5.6. Propuesta de ordenamiento de los espacios forestales de la Sierra de Angangueo 243 Índice de cuadros Cuadro 1.1. Estaciones meteorológicas cercanas a la Sierra de Angangueo 57 Cuadro 1.2. Estaciones meteorológicas complementarias (Cuenca de México) 57 Cuadro 1.3. Frecuencia de días con heladas por mes 72 Cuadro 1.4. Datos de verificación de suelos en campo, presentados por INEGI (1978, 1979 y 1982) 86 Cuadro 1.5. Perfiles con descripción y análisis de laboratorio, presentados por INEGI (1978, 1979 y 1982) 87 Cuadro 1.6. Análisis de suelos de la zona en estudio hechos por Madrigal (1994) 90 Cuadro 2.1. Filiación fitogeográfica de las principales especies inventariadas en la Sierra de Angangueo 110 Cuadro 2.2. Presencia-abundancia de las especies del bosque de pino de altura, en relación con las demás formaciones vegetales 118 Cuadro 2.3. Presencia- abundancia de las especies del bosque ayamel puro, en relación con las demás formaciones vegetales 122 Cuadro 2.4. Presencia- abundancia de las especies del bosque ayamel con pino y encino, en relación con las demás formaciones vegetales 124 Cuadro 2.5. Presencia- abundancia de las especies del bosque mesófilo, en relación con las demás formaciones vegetales 128 Cuadro 2.6. Presencia- abundancia de las especies de los bosques mixtos, en relación con las demás formaciones vegetales 133 Cuadro 2.7. Presencia- abundancia de las especies de matorral de Juníperus, en relación con las demás formaciones vegetales 137 Cuadro 2.8. Presencia- abundancia de las especies del matorral de Baccheris, en relación con las demás formaciones vegetales 139 Cuadro 2.9. Presencia- abundancia de las especies del pastizal, en relación con las demás formaciones vegetales 141 Cuadro 2.10. Principales especies de vertebrados de la Sierra de Angangueo 145 Cuadro 3.1. Distribución de la población por tamaño de localidad 162 Cuadro 3.2. Superficie ocupada por cubierta del suelo en 1994 177 Cuadro 5.1. Superficie ocupada por cubierta del suelo en 1971 y en 1994 232 Cuadro 5.2. Matriz de transición de las cubiertas del suelo en 1971 a 1994, en hectáreas 234 Cuadro 5.3. Propuestas de ordenamiento de los espacios forestales de la Sierra de Angangueo 242 13 Introducción En las últimas décadas, la comunidad científica y la población en general han venido tomando cada vez mayor conciencia de los problemas ambientales que afectan al planeta y de la necesidad de tomar medidas para controlarlos y corregir sus efectos negativos. Esto se ha manifestado en la creciente producción de estudios teóricos y prácticos encaminados a poner de manifiesto dichos problemas, a analizar sus causas y consecuencias y a proponer acciones para disminuirlos. Conceptos como medio ambiente, ecología, ordenamiento territorial, planificación ambiental, desarrollo sostenible, etcétera, han cobrado un especial relieve. Todos ellos en torno a la idea de respetar a la naturaleza y de no sobrepasar su capacidad de regeneración y, al mismo tiempo, de hacer más equitativos los niveles de vida de la población mundial. Cada vez son más los que creen en el uso racional de los recursos naturales como medio para alcanzar un desarrollo equilibrado y socialmente más justo, necesario para que la humanidad pueda transitar hacia el futuro en este planeta. Esta misma preocupación y debate científico ha motivado el proyecto de investigación que aquí se presenta. Uno de los problemas ambientales que más preocupación ha despertado es la pérdida de la cubierta vegetal. El fenómeno de la deforestación se ha venido dando desde hace cientos de años, considerándose como una expresión de los procesos de civilización y desarrollo. En la actualidad dicho fenómeno ha alcanzado tales magnitudes que constituye un motivo de alarma, quedando las principales superficies cubiertas de vegetación natural, justamente, en países y regiones consideradas como menos desarrolladas. En México las mayores extensiones forestadas se encuentran en ambientes montañosos, lo que los ha convertido en sitios preferentes para la aplicación de políticas de conservación. Estos territorios montañosos tienen un alto valor ecológico, son fundamentales en el abastecimiento de las cuencas hidrológicas, así como, espacios productores de madera y de gran diversidad de plantas útiles, hábitat de fauna silvestre y sitios de especial atractivo turístico (Vargas, 1984; Melo y López, 1993). Socialmente, la montaña mexicana está habitada por una población campesina y mayoritariamente indígena que se considera la más atrasada y marginada del país. Debido a la penetración economías de mercado, esta población ha cambiado sus métodos tradicionales de explotación por otros que han acentuado su pobreza y propiciado su aculturación y despojo, además de un creciente deterioro ecológico de los frágiles ecosistemas de montaña (Jardel, 1990). 14 Estas áreas rurales siempre han estado en una situación de desventaja y desvalorización respecto a otras áreas productivas. Las actividades agropecuarias ocupan aproximadamente el 65% del territorio nacional: más de 50% dedicado a la ganadería, principalmente bovina de libre pastoreo, y 15% a la agricultura, básicamente de cuatro cultivos: maíz, frijol, trigo y sorgo (Carabias, 1990). Se considera que 23 millones de hectáreas de terrenos agropecuarios tienen aptitud forestal (SARH, 1994), y que esta cifra aumenta constantemente a un ritmo de casi un millón de hectáreas deforestadas cada año (Carabias, 1990; Jardel, 1990). Esta dinámica está propiciada por el funcionamiento institucional y por las políticas agropecuarias, que favorecen notoriamente a la producción de monocultivos y a la ganadería (Carabias et al, 1993; Paz, 1995). Por otra parte, los dos instrumentos básicos de la política forestal han sido las concesiones y las vedas. En las primeras, el empresario sólo trata de obtener ganancias rápidas que, además, no son reinvertidas en el bosque, sino que se transfieren a otros sectores económicos y regiones. Y las vedas, al plantearse como una prohibición que no da ninguna alternativa de aprovechamiento para los pobladores locales y que prácticamente los despoja de sus bienes, sólo han logrado el incremento de la desvalorización del bosque, que conlleva la tala y la comercialización clandestina (Jardel, 1990). Una de las áreas forestales de México que en los últimos años ha tenido mayor difusión nacional e internacional es la conocida como “Región de la Mariposa Monarca” (SEMARNAP-INE, 1995a y 1995b; SEMARNAP, 1997). Esta agrupa a aquellos sitios que, por sus características ecológicas específicas, son el hábitat de hibernación de dicha mariposa (Danaus plexippus L.) en México. Este insecto ha cobrado un protagonismo especial entre los demás elementos presentes en la región y desde principios de la década de los ochenta, cuando se consideró conveniente proteger la especie y su fenómeno migratorio, ha sido objeto de numerosos estudios científicos y reportajes en todo tipo de medios. Hasta poco después de 1990 esos estudios giraban en torno a la biología de dicho insecto y de su entorno más inmediato. Posteriormente se han publicado otros trabajos en los que se considera, además de esa parte tan importante de la fauna, la situación del bosque en general y a la población que vive en y de él. En estos últimos estudios se sostiene la necesidad de establecer políticas para el mantenimiento de la riqueza natural y cultural de la región. Por otra parte, se señala al “deterioro en la calidad y cantidad de los recursos naturales” como el principal problema que afecta a la región, donde el proceso más preocupante es 15 la deforestación; calculando su magnitud en un 0,6% anual para la región en su conjunto y del 1,3% para las áreas incluidas en la Reserva Especial de la Biosfera Mariposa Monarca (REBMM). De esta forma, se plantea la necesidad de una estrategia para la disminución y reversión de ese proceso de deforestación, en el que resultaría de utilidad “considerar el estado actual, la velocidad en la que se da dicho proceso y los factores que lo están determinando” (SEMARNAP, 1997). En consecuencia con esa necesidad, el objetivo del presente trabajo es contribuir al conocimiento de la estructura, funcionamiento y potencialidad de ese territorio, resaltando la relación entre la conservación de la biodiversidad y el aprovechamiento de los recursos naturales para el sostenimiento de los pobladores locales. Partimos de la hipótesis de que, conociendo el comportamiento, evolución e interacción de los elementos naturales y humanos que conforman cada porción del espacio, se pueden proponer tanto acciones de aprovechamiento como de conservación sobre un mismo territorio. Para abordar ese conocimiento se ha considerado adecuado aplicar una metodología “paisajista”, siguiendo la línea conocida como geoecología, ecología del paisaje o análisis de paisaje integrado. Esta corriente han tenido su origen en la geografía alemana de principios del siglo XX y su mayor impulso a partir de 1960 con los trabajos de geógrafos franceses y alemanes. En ella se considera al “paisaje” como la fisonomía que resulta de la combinación espacial de elementos físicos y de la acción humana, por lo tanto, objeto propio de la geografía (Bolós, 1975; Sala, 1983; Martínez de Pisón, 1983). En nuestro caso, hemos optado por seguir, en su planteamiento general, la propuesta metodológica del ”análisis del paisaje integrado” de Bertrand (1968), teniendo en consideración las modificaciones y mejoras introducidas por los geógrafos españoles a lo largo de varios años de aplicación (Bolós, 1975; Sala, 1983; Panareda, 1984; Ferreras y Meaza, 1990; Ibarra, 1993; García, 1994; Sanz, 1998). El método original se desarrolla en cuatro fases consecutivas de análisis y síntesis (Muñoz, 1998): 1) el inventario geoecológico, donde se realizan análisis sectoriales de los distintos componentes físicos, biótiocos y antrópicos del territorio, que vayan integrándose progresivamente y mantengan una misma escala de observación; 2) el establecimiento de la estructura corológica del territorio en estudio, que según la propuesta original debería enmarcarse en una taxonomía de validez global compuesta por niveles jerarquizados (zona, dominio, región natural, geosistema, geofacies y geotopo), donde se identifican las unidades del paisaje; 3) el análisis de las unidades de paisaje definidas, reconociendo su estructura, 16 fisonomía y las relaciones espaciales y temporales que entre ellas existen; y, 4) la síntesis estructural y dinámica del territorio en consideración. Para la ejecución de cada una de esas fases se han aplicado métodos específicos, que explicaremos más adelante en cada caso. De éstos podemos destacar, dado su peso en el contenido de éste trabajo, aquellos relativos a la metodología de la biogeografía. Entendiendo a ésta última como “geografía de los seres vivos y de los sistemas y paisajes bióticos que ellos configuran en el medio terrestre” (Meaza, 2000). Así mismo, todos los métodos de análisis y diagnóstico que consideran información espacial han sido aplicados en el entorno de sistemas de información geográfica (SIG), cuya utilidad, ampliamente demostrada, ya hemos discutido en estudios previos (Ramírez, 1995; Mas y Ramírez, 1996). Para esta investigación se han utilizado dos programas: ILWIS, para las aplicaciones de interpolación, sobreposición y modelado de escenarios; y ArcView, para tareas de reclasificación y presentación de la información. Para la aplicación de la metodología señalada se ha elegido un espacio que contenga los elementos suficientes que nos permitan alcanzar nuestro objetivo. Dicho espacio corresponde al conjunto montañoso ubicado en la parte oriental del estado de Michoacán y parte occidental del estado de México, al que se ha denominado como Sierra de Angangueo, por ser ésta la población principal incluida en la unidad montañosa. Esta sierra, comprendida entre las coordenadas 19º 26' y 19º 47' de latitud norte y 100º 06 y 100º 26' de longitud oeste, pertenece al Sistema Volcánico Transversal y está formada por otras unidades de menor magnitud conocidas como sierra Chincua, Rancho Grande y Campanario, y por los cerros Colorado, Cedral, Chivati y Huacal (Figura 0.1) A grandes rasgos, este conjunto montañoso se caracteriza por su relieve de origen volcánico compuesto por materiales andesíticos y basálticos del Terciario y Cuaternario, a partir de los cuales se han formado suelos profundos poco diferenciados de tipo andosol. Sobre estos suelos se desarrolla un ecosistema templado húmedo, expresado por la existencia de bosques densos de coníferas y bosques mixtos de coníferas y latifoliadas dominados por oyamel (Abies religiosa) y por pinos (Pinus sp. var.), encinos (Quercus sp. var.) y ailes (Alnus sp. var.). Estos bosques poseen una notable diversidad en la que conviven elementos florísticos de los reinos neotropical y holártico. Sobre esta base física se ha instalado una población dedicada, en su mayoría, a actividades agrarias, de las que destacan la agricultura de subsistencia y el aprovechamiento forestal. El poblamiento del área en estudio, iniciado hacia el año 1200-1500 d.C., se distingue por un 17 elevado número de pequeñas localidades dispersas alrededor de la sierra, habitadas por población mestiza e indígena que presenta elevados niveles de pobreza y marginación. La propiedad del suelo corresponde mayoritariamente a unidades de producción rural de asignación estatal, como son los ejidos (derechos de uso hereditarios) y las comunidades agrarias indígenas (acceso comunal para los adultos varones). Cerca del 10% de la superficie de la sierra se encuentra bajo protección oficial de la Reserva Especial de la Biosfera Mariposa Monarca (REBMM). Esto ha dado lugar, por una parte, a la apertura del espacio al uso turístico y, por otra, a la aplicación de medidas restrictivas del uso forestal en algunas propiedades. La parcialidad en el reparto de los beneficios económicos que esto ha traído consigo ha acentuado los conflictos por el uso de los recursos de este territorio. Estados Unidos de América Golfo de México O céano Pacífico Centroamérica MICHOACÁN ESTADO DE MÉXICO El Oro San Felipe del Progreso Tlalpujahua Senguio Aporo Irimbo Angangueo OcampoTuxpan Zitácuaro Villa Victoria Villa de Allende 2000 2000 30 00 30 00 Curvas de nivel cada 200 m. Fuente: Carta Topográfica, Angangueo E14A26, escala 1:50000, INEGI 350000 360000 370000 380000 350000 360000 370000 380000 21 50 00 0 21 60 00 0 21 70 00 0 21 80 00 0 2180000 2170000 2160000 2150000 Sierra de Angangueo Figura 0.1. Localización del área en estudio S .R A N C H O G D E . S .E L C A M PA N A R IO SIERRA CHINCUA C. CHIVATI C. HUACAL C. LAS CEBOLLAS C. BOLUDO C. PICACHO C. MIRADOR C. COLORADO C. CEDRAL H. Zitácuaro San Felipe Los Alzati Zirahuato El Paso Ocampo Angangueo Palizada San José del Rincón Aporo Senguio 19 Para abordar el conocimiento más detallado de este espacio hemos utilizado dos delimitaciones diferentes. La primera, a la que llamaremos área documental de estudio, se refiere a los límites regulares en los que se encuadra la sierra propiamente dicha y su entorno más inmediato. Ésta cubre una superficie aproximada de 1350 Km2, que ha sido considerada para la fase correspondiente al inventario geoecológico (Figura 0.1). Administrativamente, el área documental de estudio está conformada por 11 municipios: sólo el municipio de Angangueo está incluido en su totalidad y, de manera parcial, los municipios de Aporo, Irimbo, Juárez, Ocampo, Senguio, Susupuato, Tlalpujahua, Tuxpan y Zitácuaro, del estado de Michoacán; y Donato Guerra, El Oro, Ixtapan del Oro, San Felipe del Progreso, Villa de Allende y Villa Victoria, del estado de México (Figura 0.1). La segunda delimitación se corresponde con los límites naturales que distinguen a la unidad de relieve montañoso. Se ha considerado oportuno hacer esta diferenciación, por ser aquí donde se concentran los espacios forestales objeto de nuestro estudio. Sobre esta extensión, cercana a los 600 Km2, se ha llevado a cabo la investigación de campo, a través del levantamiento de 80 inventarios de vegetación. La exposición de los resultados de nuestro análisis estructurado en cinco capítulos. En el primero abordaremos los componentes abióticos del paisaje, identificando las características del relieve, del clima y de los suelos del área documental de estudio. El análisis del relieve, que considera su estructura litológica, sus características morfométricas y las principales morfoestructuras que estas forman, se sintetiza en la definición de las unidades geomorfológicas que tienen una expresión distintiva en el paisaje. Como resultados propios en este apartado presentamos una serie de mapas, destacando el de unidades geomorfológicas y los morfométricos. El segundo componente de la estructura geoecológica por analizar es el clima. Es este trabajo presentamos un breve repaso de los rasgos generales del clima en México y de los fenómenos que los producen, para luego centrar la atención en los principales elementos del clima de la Sierra de Angangueo, su disponibilidad hídrica y su clasificación bioclimática. Para ello, nos hemos servido de una serie de mapas y gráficos, generados a partir del cálculo de los valores termopluviométricos medios de las estaciones cercanas a la sierra y de otras estaciones de ecositemas montañosos similares. El último apartado del primer capítulo se refiere a los tipos de suelos comprendidos en el área documental de estudio. Nuestra labor en este tema ha consistido solamente en la recopilación, análisis y presentación de la información disponible para el espacio de la Sierra de Angangueo. 20 En el segundo capítulo se tratan los elementos bióticos del paisajes: la cubierta vegetal y la vida animal. El desarrollo del apartado referente a la vegetación constituye una de las partes fundamentales de nuestro trabajo, ya que en ella se distinguen y caracterizan las unidades fisonómicas de la vegetación de la sierra. En un primera parte se analiza la caracterización de la flora de la sierra en su conjunto, teniendo en cuenta las especies registradas en los inventarios de campo. La identificación de esas especies se ha realizado según la nomenclatura de “la flora fanerogámica del valle de México” de Rzedowski y Rzedowski y “la flora del Bajío” de Rzedowski y McVaugh (Pinto, 2000). En una segunda parte se explica la estructura y composición de las distintas formaciones vegetales identificadas en campo, para lo cual no hemos ayudado de una serie de gráficos, pirámides de vegetación, y de tablas sintéticas de los levantamientos de campo. En el apartado referente a la fauna se hace una enumeración de las principales especies animales que habitan en la sierra en estudio. Sólo en el caso de la mariposa monarca, y su fenómeno de migración e hibernación, se hace una exposición más detallada. Esto último debido, por una parte, porque este insecto es el elemento más emblemático, actualmente, del territorio en consideración; y, por otra, porque dado el interés científico y conservacionista que ha motivado su descubrimiento en estos bosques es también el elemento más estudiado. El capítulo tercero trata sobre los aspectos antrópicos del paisaje. En un primer apartado hacemos un breve repaso por los hechos históricos que han marcado las características sociales de la población y el poblamiento del área documental en estudio. Posteriormente, explicamos ese tipo de poblamiento y algunos aspectos dominantes sobre la educación, la vivienda y el empleo. Para ello nos hemos servido de la representación cartográfica de las principales variables censales que los definen. En este tercer capítulo se explican también los principales usos de la Sierra de Angangueo y su entorno más inmediato, haciendo referencia a su expresión espacial en un mapa de cubiertas del suelo. Estas cubiertas, junto con las unidades del relieve, representan los elementos más dominantes en la configuración del paisaje de nuestro territorio en estudio. Al final de cada uno de estos tres capítulos referentes al análisis sectorial de los elementos del paisaje presentamos una lámina de fotografías que ejemplifican algunos de los aspectos mencionados en el desarrollo del tema. 21 En el cuarto capítulo hacemos la delimitación y caracterización de las unidades de paisaje del área documental en estudio. En esta parte del trabajo tratamos de integrar todos los elementos previamente analizados, poniendo en realce aquellos que distinguen una porción del espacio de otra. A partir de la identificación de la unidad propiamente montañosa y forestal, concentramos nuestro análisis en las unidades ambientales que la componen. Dado el carácter dominante de la vegetación y el relieve en la definición de dichas unidades ambientales, para su explicación nos concentramos en la composición, estructura y fisonomía de la formación vegetal en relación con el relieve, señalando también aquellos otros elementos que, en su caso, llegan a ser diferenciadores. Lo anterior, así como su distribución corológica, lo ponemos ilustramos por medio de mapas, pirámides de vegetación y fotografías. En el último capítulo de la tesis, tratamos de sintetizar los resultados adquiridos en los análisis previos, mediante una evaluación de la dinámica del paisaje y del estado general de conservación de éste. A partir del diagnóstico anterior, diseñamos una serie de propuestas de ordenamiento de los espacios forestales de la sierra. Estas propuestas van encaminadas a la conservación, recuperación y aprovechamiento controlado de los recursos del bosque. En su diseño más que ambiciosos pretendemos ser prácticos, por lo que sólo se apuntan acciones que consideramos viables dadas las características y necesidades de la población que vive de estos bosques. 22 Siglas utilizadas frecuentemente: INE Instituto Nacional de Ecología INEGI Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática MDT Modelo Digital del Terreno REBMM Reserva Especial de la Biosfera Mariposa Monarca SEMARNAP Secretaria de Marina Recursos Naturales y Pesca SMN Servicio Meteorológico Nacional SVT Sistema Volcánico Transversal UNAM Universidad Nacional Autónoma de México María Isabel Ramírez Ramírez Los espacios forestales de la Sierra de Angangueo (estados de Michoacán y México), México. Una visión geográfica. 24 CAPÍTULO 1 Los elementos abióticos del paisaje En este primer capítulo se analizaran los elementos y factores del paisaje que proporcionan los materiales y la energía que sirven de soporte a la vida vegetal y animal y a las actividades humanas. Para su explicación se ha dividido en tres apartados: el primero referente a la composición y forma del relieve, el segundo relativo a las características del clima, y el tercero a los suelos. 1.1. El relieve 1.1.1. Objetivo y método El objetivo del presente apartado es analizar la estructura que ha dado origen al relieve actual, los materiales que lo conforman y las formas que lo definen. Al tratarse de una zona montañosa el relieve cobra especial importancia, ya que influye notoriamente en el desarrollo de la cubierta vegetal y, sobre todo, representa el principal condicionante para la ocupación y la actividad humana. Además, a la escala de análisis del presente trabajo, 1:50000 y 1:75000, resulta uno de los elementos más predominantes. La investigación de este tema se ha llevado a cabo tres fases relacionadas entre sí. La primera ha sido un análisis de la información bibliográfica y cartográfica de temas relativos a la geología y al relieve regional y local. De ésta cabe resaltar la escasez de trabajos a escala regional y la carencia absoluta a nivel local. La segunda parte ha sido el análisis morfométrico del relieve, a través del modelo digital del terreno generado en un SIG de formato en celdas (ILWIS). Y por último, la interpretación de las unidades geomorfológicas con base en fotografías 25 aéreas a escala 1:50000 y en la información obtenida de las fases anteriores (Figura 1.1). Figura 1.1. Esquema metodológico del apartado del relieve 1.1.2. El marco geológico regional La Sierra de Angangueo es parte de la provincia fisiográfica del Sistema Volcánico Transversal (SVT). Este sistema montañoso se extiende sobre la latitud 20º y atraviesa el centro de México, desde el Pacífico hasta el • Geología regional • Estratigrafía • Litología Digitalización Consulta bibliográfica Consulta cartográfica Fotografías aéreas 1:50000 Cartas topográficas 1:50000 Altimetría Pendientes Forma de las laderas Orientación de las laderas Morfoestructuras MDT Unidades litológicas Unidades geomorfológicas Interpretación Digitalización Digitalización Información de entrada Temas tratados Resultados propios Procesos 26 Golfo de México, a lo largo de más de 1000 kilómetros, constituyendo así uno de los mayores elementos de la geología del país (Figura 1.2). La actividad volcánica y tectónica de esta franja ha dado lugar a un gran número de cuencas endorreicas, con el consecuente desarrollo de lagos, lo que de da al paisaje geomorfológico una apariencia muy característica. El SVT tiene un trazado zigzagueante provocado por la presencia de un sistema fundamental de fragmentación ortogonal, con direcciones NW- SE y NE-SW en las fracturas (Mooser cit. pos. INEGI, 1990). Los grandes estratovolcanes (Nevado y Volcán de Colima, Nevado de Toluca, Popocaltepetl, Iztacihuatl y Pico de Orizaba), que alcanzan desde los 4000 hasta los 5650 msnm, están situados en los vértices meridionales. Mientras que, los principales centros mineros de la región, como Guanajuato, Pachuca y Tlalpujahua, quedan en los vértices septentrionales. Ferrari et al. (1990) dividen este sistema en tres partes: 1) la occidental, que corresponde a la triple unión de los rifts de Colima, Tepic-Zacoalco y Chapala; 2) la central, que abarca el campo volcánico de Michoacán y Guanajuato, de vulcanismo más reciente con orientaciones predominantes NNE-SSW y ENE-WSW; y 3) la oriental, donde se encuentran los mayores estratovolcanes, con alineamientos predominantes N-S y ENE-WSW. Lugo et al. (1985), apoyándose en Demant, coinciden en las dos primeras divisiones, pero separan la tercera en dos partes: una, las cuencas de México, Toluca y Puebla y, otra, el extremo oriental. El vulcanismo del SVT se relaciona con un sistema tectónico de subducción que se inició en el Oligo-Mioceno y que ha llegado hasta el Cuaternario (Demant y Robin, 1975; Demant, 1982). Su alineación, totalmente distinta de las demás unidades estructurales del país, es resultado de la historia reciente de la placa de Norteamérica sobre la cual se encuentra. Dicha historia está marcada por varias etapas: 1) la apertura progresiva de la fosa de Acapulco, como consecuencia del 27 desplazamiento entre la placa de América del Norte y la Placa Caribeña; 2) la desaparición a finales del Cenozoico de la Placa de Farallón, que fue la responsable del vulcanismo de la Sierra Madre Occidental; 3) el subsiguiente desarrollo de las Placas de Rivera y de Cocos, hacia el sur de México; y 4) un cambio de rotación de la Placa de Cocos en el Mioceno tardío. La Placa de Rivera ha sido la responsable del vulcanismo de la región occidental del SVT, mientras que la Placa de Cocos lo ha sido de la parte central y oriental del mismo (Demant, 1979 y 1982). Provincia de California Provincia de la Sierra Madre Occidental Provincia del Sistema Volcánico Trasversal Provincia Oriental 0 250 500 Km. Fuente: Demant y Robin, 1975. Estados Unidos de América MÉXICO Golfo de México O céano Pacífico Centroamérica Trinchera de América Central Figura 1.2. Localización de las provincias volcánicas de México y de los elementos tectónicos actuales del Pacífico 30º 25º 20º 15º 100º105º110º 95º 90º 30º 25º 20º 15º S istem a de San Andrés cturFra a de Clarión Rivera Tamayo de Clippera rtu tac oFr n 29 Dichos eventos sólo han provocado la fracturación y plegamiento de esta parte de la Placa de Norteamérica, lo que ha intervenido en la ubicación de los volcanes mas no en la génesis de los magmas. A lo largo de las fracturas de tensión los magmas suben con cierta facilidad, formando los campos volcánicos con un elevado número de aparatos. Por su parte, en las zonas de compresión la ascensión es más lenta, lo que facilita el establecimiento de cámaras magmáticas y los fenómenos de diferenciación magmática que han edificado los grandes estratovolcanes (idem.). En toda la provincia del SVT predominan los materiales calcoalcalinos: basaltos, andesitas, dacitas y riolitas (Demant, 1982; INEGI, 1990). Los cuales están sobrepuestos a un basamento pre-volcánico que llega a aflorar tanto al norte como al sur del arco volcánico. Las partes occidental y central del SVT se ubican sobre rocas formadas por el vulcanismo Cenozoico de la Sierra Madre Occidental (Ferrari et al., 1990), así como sobre las rocas más antiguas asociadas a la Sierra Madre del Sur, metamórficas, sedimentarias e intrusivas (Lugo et al. 1985). Por su parte, en las depresiones formadas por los rifts, generalmente de orientación N-S y NW-SE, se acumulan productos aluviales y lacustres (Demant y Robin, 1975) 1.1.3. La geología de la Sierra de Angangueo La disposición, concentración y edad de las diferentes estructuras del SVT hacen suponer que el vulcanismo en la zona ha sufrido migraciones a lo largo del tiempo geológico (Lugo et al. 1985). De esta manera, según se desprende de la bibliografía consultada (Demant y Robin, 1975; Demant, 1982; Palacio, 1985; Ferrari, 1990), la estructura geológica aflorante de la Sierra de Angangueo ha sido el resultado de tres fases de vulcanismo. La primera corresponde al Oligoceno-Mioceno inferior, la segunda al Mioceno medio y superior y la tercera al Plio-Cuaternario. Esta actividad volcánica se ha desarrollado sobre una zona de debilidad cortical expresada por la Fractura Taxco-San Miguel de Allende, de orientación general NNW-SSE (Demant, 1982; Lugo et al., 1985). 30 1.1.3.1 Estratigrafía a) Jurásico superior-Cretácico inferior El vulcanismo de esta región ha tenido lugar sobre un basamento de edad Jurásico superior-Cretácico inferior, del que afloran esquistos verdes fuertemente plegados y metarriolitas (Figura 1.3). Estas rocas posen un alto grado de mineralización, ligado al magmatismo ignimbrítico que las cubre, lo que ha dado lugar a importantes vetas de oro, plata y plomo en la zona de Tlalpujahua, El Oro y Angangueo (Palacio, 1985). b) Oligoceno-Mioceno inferior Sobre ese basamento Mesozoico, en el periodo Oligoceno-Mioceno inferior se desarrolló una primera fase volcánica. Esta se distingue por una potente serie de rocas calcoalcalinas, formada por la acumulación de andesitas, tobas y brechas, que posteriormente fue afectada por el plegamiento del Anticlinal de Tzitzio (al suroeste de la sierra, fuera del área en estudio) (idem.). A pesar de la amplia representatividad de los afloramientos de esta fase en el contexto regional, en el área en estudio fueron sepultados por materiales posteriores y actualmente no son visibles. c) Mioceno medio y superior La segunda fase de vulcanismo data del Mioceno medio y superior y se caracteriza por emisiones dacíticas e ignimbríticas, que corresponden con el magmatismo de la Sierra Madre Occidental y no con el del SVT (Silva, 1979 cit. pos. Palacio, 1985). En el contexto regional estas rocas no presentan el mismo nivel de fracturamiento que las del grupo anterior, por lo que se considera que son posteriores al plegamiento del Anticlinal de Tzitzio en el Mioceno inferior. En el área en estudio las dacitas tiene poca representatividad, sólo existen un par de domos aislados al este y oeste de la sierra. De esta etapa datan también ignimbritas (tobas 31 ácidas), localmente cubiertas por pumitas cuaternarias, que cubren una importante extensión a lo largo de toda la vertiente oriental de la sierra formando un amplio piedemonte (Figura 1.3). 33 d) Plio-Cuaternario La tercera fase volcánica se considera Plio-Cuaternaria, que es propiamente la edad del SVT (Demant, 1982). Prácticamente la totalidad del conjunto montañoso de la Sierra de Angangueo está formado por materiales de éste periodo (Figura 1.3). Aún así, se distinguen dos etapas en las emisiones: las pliocénicas y las cuaternarias. A las primeras corresponden importantes acumulaciones andesíticas que formaron un elevado número de edificios volcánicos de gran tamaño, donde aparentemente se presentaron escasas proyecciones de piroclastos. Las emisiones cuaternarias, de tipo basáltico, se caracterizan por la presencia de un cono escoriáceo asociado a un derrame lávico. Esto representa el evento más importante de la parte central del SVT. En el área estudiada, según Lugo et al. (1985), se presentan alrededor de seis volcanes de éste tipo por cada 100 km2. A esta fase Plio-Cuaternaria corresponden también una serie de depósitos fluviales y lacustres, distribuidos al pie de las vertientes de la sierra. Además, están presentes depósitos de piedra pómez, provenientes de emisiones del Nevado de Toluca (de hace 24 000 y 11 600 años), que en algunos sitios cubren a las ignimbritas miocénicas y que representan la última manifestación volcánica que ha afectado a la Sierra de Angangueo. 1.1.3.2. Litología De acuerdo con lo anterior, en la zona en estudio encontramos mayoritariamente rocas volcánicas de distinto grado de acidez y, en menor medida, rocas no volcánicas. a) Rocas volcánicas básicas 34 Los principales tipos de este grupo son los basaltos pliocénicos y cuaternarios. Son las rocas calco-alcalinas con menor contenido de sílice. Ambas unidades presentan un color pardo, negro o gris oscuro que se altera a tonalidades rojizas. Generalmente exhiben una estructura vesicular y en ocasiones contienen cristales de plagioclasas y olivino. Estas rocas, en general, poseen un fracturamiento que varía de moderado a intenso. Los basaltos cuaternarios son el tipo de rocas más ampliamente distribuido en la porción central del SVT y en el área estudiada forman la estructura de los cerros Chivati y Huacal y parte de la meseta que bordea al cerro Zirahuato. Por su parte, los basaltos terciarios forman los cerros Colorado, Espanta Vaca y Cedral, al noreste de la sierra (Figura 1.3). Junto con las unidades anteriores, es común encontrar unidades de brecha volcánica básica compuestas por fragmentos de lapilli y bloques de composición basáltica, producto de eventos eruptivos cuaternarios. Estas rocas presentan una coloración de gris oscuro a rojo, que cuando tienen un alto grado de meteorización cambia a pardo. Se encuentran de forma masiva o pseudoestratificada, generalmente semicompactadas y con fracturamiento escaso. En el área estudiada este tipo de roca suele encontrarse intercalado con basaltos, constituyendo una morfología muy irregular, debido al alto contenido de gases de los derrames y a la presencia de la brecha. Por último, encontramos unidades de tobas básicas, resultado del proceso de compactación de las cenizas volcánicas, asociadas a eventos piroclásticos cuaternarios, última actividad volcánica en la zona estudiada. Estas rocas se presentan pseudoestratificadas y con un color que varía de gris oscuro a claro, que al meteorizarse cambia a pardo. b) Rocas volcánicas intermedias Son las rocas predominantes en la Sierra de Angangueo, donde destacan las andesitas. Estas son de color gris oscuro que al 35 meteorizarse cambian a pardo rojizo, están compuestas por cristales, minerales y vidrio volcánico. Son rocas terciarias, anteriores a los basaltos en la secuencia volcánica calco-alcalina. Muestran un fracturamiento de moderado a intenso que origina bloques y lajas. Se presentan formando la estructura de las sierras Chincua, Campanario y Rancho Grande (Figura 1.3). Coincidiendo con el origen de las rocas anteriores, se encuentran formaciones de brecha volcánica intermedia, producto de erupciones terciarias. Estas están constituidas por fragmentos andesíticos, dispuestos de forma caótica, que poseen cristales alterados de augita y hematita, fuertemente cementados por una matriz de lapilli y ceniza de color pardo. En este grupo se pueden incluir las unidades de brechas sedimentarias y volcanoclastos. Las primeras están formadas por depósitos de fragmentos angulosos dispuestos caóticamente en una matriz arenosa, resultado de la destrucción por deslizamiento de laderas de fuertes pendientes en montañas volcánicas andesíticas. Por su parte, los volcanoclastos, entidad similar a la anterior, son depósitos no consolidados originados por los materiales de caída de las erupciones volcánicas terciarias. c) Rocas volcánicas ácidas En una línea temporal, posteriores a las riolitas y anteriores a las andesitas pliocénicas, encontramos unidades de dacitas. Estas rocas ácidas presentan un color gris, que varía de claro a oscuro. Al ser más resistentes, la meteorización y el fracturamiento han sido menores. Las tobas ácidas conforman una extensa unidad que data del Mioceno, presentan una composición principalmente riolítica compuesta por fragmentos del tamaño de lapilli, de color gris claro que se altera a pardo. Son las rocas de mayor contenido en sílice y marcan el inicio de la secuencia volcánica del área de trabajo. 36 d) Rocas no volcánicas Anteriores a las rocas volcánicas se encuentran esquistos y rocas metavolcánicas del Mesozoico, datadas por algunos autores como del Jurásico superior-Cretácico inferior. El esquisto es una unidad de color verde que se altera a pardo, en diferentes tonalidades. Presenta un fracturamiento de moderado a intenso y algunas de estas fracturas se encuentran rellenas de sílice y calcita. Estas rocas tienen la propiedad de romperse en hojas delgadas, por los que frecuentemente son utilizadas como material de construcción. Se presentan algunas unidades de diferentes magnitudes y formas del relieve bordeando la sierra (Figura 1.3). e) Depósitos recientes Por último, las unidades más jóvenes corresponden a los depósitos aluviales y a las alteritas cuaternarias. Los primeros son depósitos arenosos transportados por las corrientes de agua, que tienen una matriz arcillosa y están compuestos por feldespatos, cuarzo, pumicita y otros minerales. Debido a la juventud de zona, son unidades muy escasas, localizándose en algunos puntos de la vertiente norte y oeste de la sierra. Por su parte, las alteritas son el resultado de la meteorización in situ de tobas y basaltos. Forman unidades de color pardo-rojizo y espesor variable, dependiendo de las condiciones de fracturación y pendiente de la roca madre (Figura 1.3). 1.1.4. Morfometría del relieve La estructura litológica anteriormente descrita tiene una expresión geométrica que se puede explicar mediante la aplicación de diversos métodos morfométricos. Entendiendo a la morfometría como el análisis de las características cuantitativas de las formas del relieve, que se basa en la aplicación de diversos procedimientos matemáticos bastante generalizados (Lugo, 1989), en los que la unidad de referencia es la pendiente (Pedraza, 1996). 37 1.1.4.1. Altimetría Dentro de dichos métodos morfométricos, el análisis altimétrico del relieve suele ser uno de los primeros pasos en el conocimiento del un territorio. Cuando se expresa de manera clara la distribución altitudinal de la totalidad del área de interés, se pueden inferir o explicar las principales morfoestructuras, e incluso algunos de los procesos internos o externos que las hayan generado. En la representación cartográfica de la altimetría de la Sierra de Angangueo se han elegido rangos de 200 metros de altitud, suficientes para resaltar las dimensiones de las grandes estructuras geológicas que la componen. En términos generales, el área en estudio tiene una altitud promedio de 2600 msnm, cota que marca el nivel de base de la vertiente oriental y el inicio de la zona montañosa en la vertiente occidental (Figura 1.4-A). 39 En la porción central resalta la estructura montañosa pliocénica, compuesta por vulcanitas intermedias, dispuesta con una orientación NNW-SSE, la misma que presenta la fractura Taxco-San Miguel de Allende sobre la que se encuentra. Esta estructura montañosa alcanza una altitud de 3640 msnm. Muestra laderas asimétricas, que en su vertiente oriental tienen un desnivel de más de 600 metros, en aproximadamente cinco kilómetros, mientras que en su vertiente oeste la diferencia de altura es de más de 1000 metros, en esa misma distancia. Este mayor desnivel ha incrementado la potencialidad de los agentes erosivos, dando por resultado una vertiente más modelada e inclinada que la otra, lo que se expresa en el grado de irregularidad de las curvas de nivel. Como parte de la zona montañosa, en los extremos noreste y suroeste de la anterior estructura, se distinguen los derrames basálticos terciarios y cuaternarios. Los primeros tienen una altura de 500 metros y presentan un cambio de orientación en sentido NE-SW. Los derrames cuaternarios se sitúan a una altura de 800 metros sobre el nivel de base y muestran una mayor regularidad en las curvas de nivel, lo que denota menor modelado de sus vertientes. Al pie de la ladera oriental de la montaña, se presenta el piedemonte formado por depósitos ignimbríticos miocénicos. Este abarca un rango de 300 a 400 metros de altura a lo ancho de tres kilómetros, entrando en contacto con el nivel de base a los 2600 msnm y con la montaña a los 3000 msnm. Por su parte, la ladera occidental entra en contacto con su nivel del base a los 2200 msnm, donde también se encuentran numerosos domos volcánicos terciarios y cuaternarios. Estos volcanes tienen una altura promedio de 500 metros. Al sur de estos empieza la depresión de la Cuenca del Río Balsas, donde se pueden observar elevaciones menores correspondientes a los afloramientos rocosos del Mesozoico (Figura 1.4- A). 40 1.1.4.2. Análisis de la pendiente a) Pendientes Como se mencionó anteriormente, la pendiente es la unidad básica del relieve, su inclinación suele representarse en grados (entre 0 y 90º) o en porcentaje (relación entre altura y desplazamiento en la horizontal). Ciertos rangos de inclinación son característicos de algunas formas del relieve y condicionantes del uso del suelo. En la zona en estudio, de acuerdo con las pendientes, se distinguen tres grandes grupos de formas. El primero corresponde al bloque montañoso central y demás elevaciones aisladas, donde predominan las pendientes entre 10 y 30º. En la vertiente occidental de dicho bloque se localizan algunas laderas muy inclinadas con valores superiores a los 30º, e incluso algunos escarpes con más de 45º de inclinación (Figura 1.4-B). El segundo grupo pertenece al piedemonte que circunda a la sierra y a los edificios volcánicos aislados, así como y a los lomeríos orientales. Estas formas tienen una inclinación promedio entre 3 y 6º. Y por último, las zonas llanas, correspondientes a las llanuras aluviales, los valles intermontanos y los depósitos piroclásticos del pie del piedemonte oriental, donde las pendientes son menores de 3º de inclinación. b) Forma de las laderas Los cambios en los valores de las pendientes están dados por variaciones en la inclinación del terreno. Estas variaciones, que se pueden clasificar según su grado de inflexión en progresivas, cambios y rupturas, marcan segmentos con una forma geométrica determinada: recta, si la pendiente es constante; cóncava, si la pendiente es variable progresivamente creciente con la altura; y, convexa, si la pendiente es decreciente con la altura (Pedraza, 1996). En la figura 1.4-C se muestra la distribución de estas tres formas de las laderas en la Sierra de Angangueo. En ella no se aprecian grandes diferencias entre las distintas estructuras. Básicamente, las llanuras y los 41 valles intermontanos tienen una pendiente recta progresiva, mientras que las elevaciones muestran una mezcla homogénea de laderas convexas con concavidades asociadas al modelado fluvial, separadas del grupo anterior por una ruptura. Así mismo, esto nos permite ver el arreglo de los alineamientos presentes en la zona, que son predominantemente de orientación NE-SW y NW-SE. 1.1.4.3. Orientación de las laderas Debido a que el área en estudio considera un conjunto montañoso al completo, así como otras estructuras de menores dimensiones también en su totalidad, la distribución de laderas según su orientación se reparte homogéneamente en las todas las direcciones. Aún así, se puede apreciar cómo el modelado del conjunto central de la Sierra de Angangueo ha desarrollado una forma piramidal, formada por tres caras, una con orientación general al N-NE, otra cara al SW y una tercera al E (Figura 1.4-D). Este mapa también nos permite ver cómo el modelado del conjunto central ha sido más intenso que el de las demás estructuras circundantes. Ya que, en el primero se distinguen de forma más aguda las líneas de parteaguas entre las diferentes vertientes, mientras que en los segundos están más atenuadas. 1.1.5. Las morfoestructuras Con base en la información geológica y morfométrica hasta aquí descrita, se identificaron y delimitaron las grandes unidades del relieve presentes en el área en estudio (Figura 1.5), tomando en cuenta para su nomenclatura las cartas topográficas del INEGI. En los apartados siguientes se describen los aspectos que caracterizan a cada una de las 42 morfoestructuras definidas, dando mayor importancia a las unidades montañosas (Figura 1.5). 1.1.5.1. Conjunto montañoso Chincua Esta unidad se localiza en la parte NW de la sierra y está compuesta por materiales andesíticos terciarios muy modelados. En la parte más montañosa las pendientes predominantes son superiores a los 15º alcanzando frecuentemente los 35º en varias laderas, mientras que el piedemonte supera siempre los 5º. Según Palacio (1985), en esta zona la densidad de disección se acerca a los 4 Km por cada Km2, con cauces de alrededor de 200 metros de profundidad. 44 Presenta una estructura parcialmente radial, formada por ejes de diferentes orientaciones que confluyen en un centro localizado a los 3400 metros de altitud, a partir de un nivel de base de 2400 msnm. Podríamos dividir dicha estructura en dos partes: una mitad norte, compuesta por bloques de orientación NNE y NNW, resultado de antiguos derrames lávicos, donde incluso, en los más orientales, se pueden todavía apreciar los domos que les dieron origen; una mitad sur, compuesta por bloques de orientación ENE y SE, que denotan mayor actividad tectónica. En esta parte sur, el terreno es más abrupto y la red de drenaje está más encajada, como resultado de un mayor fracturamiento. Su eje principal presenta en la vertiente sur un escalón de falla de cerca de 300 metros, bajo el cual se ha formado un potente y estrecho piedemonte que se sobrepone a otro anterior de mayor longitud (Figura 1.6-A). 1.1.5.2. Conjunto montañoso Colorado-Cedral Este conjunto montañoso, localizado al oriente del anterior, está formado por múltiples edificios volcánicos terciarios, compuestos por rocas básicas, dispuestos sobre un eje orientación NE-SW. Se trata de edificios con una altura promedio de 400 metros, donde la meteorización ha sido escasa. Forman cerros de vertientes inclinadas, medianamente modeladas por procesos erosivos, lo cual se nota en la escasa construcción de valles erosivos y abanicos aluviales. Estos valles alcanzan profundidades que varían entre los 40 y los 100 metros (Palacio, 1985). En la mayoría de estos edificios volcánicos se pueden distinguir las coladas de lava y los conos que las originaron, aunque no los cráteres. Las pendientes predominantes oscilan entre 5 y 15º, alcanzando los 25º en algunas laderas y los 35ª en escasos puntos concretos (Figura 1.6-B). 1.1.5.3. Conjunto montañoso Campanario-Rancho Grande 45 Este bloque forma la mayor parte de la mitad sur de la Sierra de Anguangueo. Está compuesto por materiales andesíticos del Plioceno. Es un conjunto montañoso de relieve abrupto, con pendientes que oscilan desde los 10º hasta los 25º. En la vertiente occidental estos valores de pendiente con cierta frecuencia llegan a los 35º, incluso más, mientras que en la vertiente oriental eso sólo sucede en pocos sitios muy localizados. Figura 1.6. Vistas en tres dimensiones de los modelos digitales del relieve de los conjuntos montaños: A) Chincua, B) Colorado-Cedral, C) Campanario-Rancho Grande y D) Chivati-Huacal A) B) C) D) N N N N 47 Así mismo, en la vertiente este el desnivel es de aproximadamente 600 metros, mientras que en la oeste llega a alcanzar los 1300 metros. A pesar de la similitud en cuanto a materiales y pendientes, se ha diferenciado éste conjunto del conjunto Chincua, debido a sus distintos alineamientos, ya que el Campanario-Rancho Grande presenta un eje de orientación NW-SE sobre el cual se ubican todos los edificios volcánicos que lo componen. También se presentan evidencias de actividad tectónica, con múltiples fracturas de orientación general NE- SW y, en su parte más meridional, otras de orientación WNW-ESE. Así mismo, en el límite sur de la unidad se puede ver un escarpe de falla, de orientación N-S, donde han quedado expuestos materiales miocénicos a lo largo de sus más de 3 Km de longitud y 300 metros de desnivel. Todo lo anterior ha dado lugar a una red fluvial densa, de hasta 4 Km por Km2, donde con frecuencia se alcanzan los 300 metros de profundidad (Palacio, 1985). También se distingue un piedemonte que presenta una amplitud promedio de 1000 metros, especialmente en la vertiente occidental, ya que en la oriental debe haber quedado sepultado por las cenizas volcánicas que cubrieron esa zona hace 24,000 y 11,600 años (Figura 1.6-C). 1.1.5.4. Conjunto montañoso Chivati-Huacal Esta unidad se localiza en la parte SW de la Sierra de Angangueo. Es una de las estructuras más recientes del área en estudio. Está compuesta por derrames basálticos cuaternarios, escasamente modelados por la red torrencial. Estos presentan una morfología coladas lávicas asociadas al cono cinerítico que les dio origen. Los dos edificios volcánicos que la componen, parecen estar sobre una zona de debilidad cortical que se expresa por la línea de falla que se encuentra en la parte SE de la estructura. Este escarpe de falla probablemente se formó con anterioridad a la actividad del Huacal y del Chivati, ya que no parece haber afectado a estos edificios. Por su 48 parte, ha dejado expuestos los materiales andesíticos terciarios sobre los que yacen los mencionados volcanes. Las pendientes predominantes de este conjunto montañoso rondan los 10º en el lado del Chivati y los 15º en el Huacal, donde llegan a alcanzar los 25º en algunas laderas compuestas por materiales andesíticos. Así mismo, en los conos volcánicos que dieron origen a estos edificios muestran una pendiente de hasta 35º y en el escarpe de falla antes mencionado se superan los 40º. Los conos de estos dos volcanes presentan una alineación NW-SE, no así la totalidad de sus edificios, ya que el Chivati tiene una orientación ESE- WNW y el Huacal N-S. También difieren ligeramente en la altura respecto a su nivel de base, siendo de 700 metros en el primero y de 900 metros en el segundo. Este conjunto montañoso presenta una red fluvial incipiente, escasamente definida y cuya profundidad no rebasa los 30 metros. Así mismo, no se aprecian depósitos considerables provenientes de estos edificios (Figura 1.6-D). 1.1.5.5. Otras morfoestructuras En este apartado se han agrupado las unidades morfoestructurales no montañosas que circundan la Sierra de Angangueo y que se encuentran dentro de los límites del área de estudio documental. a) Elevaciones menores Esta unidad incluye a todos los domos volcánicos, terciarios y cuaternarios, que se distribuyen alrededor de la sierra. La mayor concentración de estos domos se localiza en la parte oriental del área en estudio (Figura 1.5). En esta zona predominan los edificios compuestos por materiales andesíticos, los cuales se distinguen por sus dimensiones y por un mayor 49 modelado de sus laderas. En la parte sur se hallan varios conos basálticos cuaternarios escasamente modelados. Así mismo, en el extremo oriental se pueden observar un par de conos dacíticos terciarios que, al estar compuestos por materiales muy duros, también presentan un escaso modelado de sus laderas. En esta unidad se pueden distinguir tres niveles de pendientes. Un nivel menor a 5º que corresponde con el nivel de base de los edificios volcánicos, otro entre 5 y 15º asociado a las coladas de lava, y un tercero entre 25 y más de 35º perteneciente al cono eruptivo. Los volcanes de esta unidad se encuentran alineados sobre ejes de orientación N-S y NW-SE. La mayoría de ellos alcanzan un altura, respecto a su nivel de base, en torno de los 300 metros, aunque los hay que llegan a los 500 (Cerro Prieto) y 700 metros (C. Zirahuato). b) Lomeríos orientales Esta estructura se localiza al pie de la vertiente oriental de la sierra. Es la unidad estratigráficamente más compleja del área de estudio. Está compuesta por ignimbritas ácidas provenientes de erupciones volcánicas del Mioceno medio, sobre las que probablemente se hayan depositado sedimentos pliocénicos y cubiertas por cenizas de las erupciones del Nevado de Toluca de hace 24.000 y 11.600 años. Dichos materiales se encuentran disectados por valles asimétricos de menos de 100 metros de profundidad, lo que da al relieve la apariencia de lomeríos. Estos presentan una orientación predominante hacia el E y NE, aunque también se aprecia otro de orientación S (Figura 1.5). Esta unidad presenta un desnivel promedio de 400 metros, con pendientes predominantes en torno a los 5º. Aún así, esta inclinación suele incrementarse en las partes más elevadas hasta superar los 10º y disminuir en la base, mientras que en las paredes de los barrancos con frecuencia excede los 20º, llegando incluso a rebasar los 35º. 50 c) Piedemonte Pelón-Cacique Esta unidad se ubica sobre el límite sur del área de estudio. Esta formada por flujos piroclásticos de composición ácida, provenientes de la actividad pliocénica de los cerros Pelón y Cácique (fuera del área de estudio). Se trata de una rampa de pendiente progresiva, en torno de los 5º, incidida por barrancos de escasa profundidad. La porción que entra dentro de nuestros límites de estudio, presenta un desnivel de más de 600 metros, el cual llega a los 800 metros al tocar la base de los mencionados cerros (Figura 1.5). d) Llanuras aluviales Debido a la juventud de las estructuras que se encuentran en el área de estudio, los mantos aluviales son muy escasos. Sólo encontramos este tipo de unidades, de dimensiones considerables, en la vertiente occidental y en el extremo NW de la sierra. Se trata principalmente de depósitos cuaternarios provenientes de las estructuras andesíticas aledañas. Las pendientes de estos depósitos no suelen exceder los 2º (Figura 1.5). e) Laderas montañosas no volcánicas Esta última se refiere a las estructuras compuesta por los materiales no volcánicos, principalmente esquistos y metarriolitas, del Mioceno. Su relieve es muy variado, ya que presenta formas que varían desde lomeríos hasta laderas montañosas con fuertes pendientes. Los fragmentos de esta unidad los encontramos principalmente al S y SW de la sierra, destacando por sus dimensiones éste último (Figura 1.5). Esta estructura halla muy modelada por los procesos erosivos, posee una red de drenaje densa que con frecuencia supera los 100 metros de profundidad. En el bloque más occidental las pendientes predominantes rondan los 10º de inclinación, llegando a alcanzar los 25º 51 en algunas laderas de valle. Por su parte, el bloque del centro-sur parece haber sido afectado por un fallamiento que ha provocado el levantamiento de su mitad oriental, con lo cual las pendientes se incrementan de 35º a 80º en el escarpe de la falla. De esta manera, el primer bloque presenta un desnivel de aproximadamente 300 metros, mientras que el segundo rebasa los 600 metros. 1.1.6. Las unidades geomorfológicas A partir de la información anterior y mediante la interpretación de fotografías aéreas (escala 1:50000), se han delimitado las unidades geomorfológicas, identificando sólo aquellas formas del relieve que tienen una clara diferenciación en el paisaje y que son reconocidas como tales en el terreno (Figura 1.7). 53 LEYENDA DEL MAPA DE UNIDADES GEOMORFOLÓGICAS RELIEVE VOLCÁNICO Relieve montañoso 1.1. Laderas denudativas escasamente incididas por la red torrencial 1.2. Laderas denudativas muy incididas por la red torrencial 1.3. Superficies denudativas de interfluvios cumbrales 1.4. Valles intermontanos Rampa de piedemonte 2.1. Piedemonte de flujos piroclásticos 2.1. Piedemonte coluvio-deluvial Elevaciones menores 3.1 Domos volcánicos de laderas con escaso modelado erosivo 3.2. Domos volcánicos de laderas modeladas por erosión 3.3. Mesetas de lava escasamente modeladas 3.4. Mesetas de lava modeladas 3.5. Lomeríos cubiertos por flujos piroclásticos RELIEVE NO VOLCÁNICO 4.1. Relieve montañoso muy modelado por erosión 4.2. Depósitos de jales mineros PLANICIES 5.1. Planicies aluviales (5.1) 5.2. Planicies lacustres (5.2) FORMAS COMPLEMENTARIAS DEL RELIEVE 6.1. Fondo de valle fluvial acumulativo 6.2. Valle fluvial de laderas montañosas 6.3. Valle fluvial en rampa de piedemonte 6.4. Valle fluvial con perfil transversal asimétrico 6.5. Cañones 6.6. Áreas acarcavadas 6.7 Escarpes de falla 6.8 Cráteres 54 1.1.6.1. Relieve volcánico a) Relieve montañoso Laderas denudativas escasamente incididas por la red torrencial (1.1) Es una unidad compuesta por basaltos cuaternarios, donde dominan procesos erosivos por escorrentía de flujo laminar y concentrado, pero que apenas han modelado el relieve original. Las pendientes de estas laderas oscilan alrededor de los 15º y la profundidad de disección, aún en la parte más baja, ronda los 30 metros. Laderas denudativas muy incididas por la red torrencial (1.2) Corresponde a las laderas de declives abruptos de las unidades montañosas, donde predominan las pendientes mayores a 25º y son frecuentes los taludes de 45º. Se expresan con una morfología en la que se asocian paredes rectas y laderas convexas de roca firme, compuestas por andesitas y basaltos terciarios. Dominan los procesos erosivos por arroyada superficial de flujo difuso y concentrado. En la parte más alta de esta unidad se tienen amplios circos de perfil cóncavo, indicadores de la rápida concentración del escurrimiento. Cuando éste último se concentra en corrientes de tercer y cuarto orden, la disección de la ladera alcanza entre los 100 y los 200 metros de profundidad, que en ciertos puntos llegan a los 300 metros. Localmente pueden observarse deslizamientos en las rupturas de pendientes y, por arriba de los 3000 metros, reptación del suelo por formación de agujas de hielo. Superficies denudativas de interfluvios cumbrales (1.3) Se refiere a las porciones montañosas de mayor altitud, a las superficies de los parteaguas principales. El relieve se sitúa por arriba de los 3000 metros de altitud y está conformado por interfluvios de superficies estrechas y suavemente convexas, limitadas ladera abajo por una clara ruptura de pendiente. En muchos casos están constituidas por antiguos derrames lávicos, probablemente de edad pliocénica, donde todavía 55 se conservan algunas estructuras de brecha volcánica, lo que indica que la acción de los agentes externos ha sido escasa. Valles intermontanos (1.4) Se refiere a valles anchos y poco profundos (menos de 100 metros) originados por la formación de edificios volcánicos a su alrededor. Muestran un fondo escasamente inclinado y vertientes con menos de 10º de pendiente. Destacan los procesos erosivos por escorrentía, tanto difusa como concentrada. Esta última ha dado lugar a la formación de cárcavas. b) Rampa de piedemonte Piedemonte de flujos piroclásticos (2.1) Son las rampas de piedemonte formadas por tobas y volcanoclastos, producto de diferentes fases eruptivas. A pesar de haberse agrupado en una unidad, se pueden distinguir tres rampas de características diferentes dentro de esta clase. La primera, probablemente la más antigua, se localiza en al sur de la sierra y corresponde a la actividad volcánica de los cerros Pelón y Cacique (fuera del área de estudio). En su parte superior está cubierta por un manto de sedimentos proluviales de edad reciente, formados por la acumulación de conos de deyección. En la porción media e inferior los materiales volcánicos están disectados por barrancos de 20 a 50 metros de profundidad, aunque los más importantes rebasan los 80 metros. De esta forma, el piedemonte adquiere una fisionomía de lomeríos bajos, con un relieve erosivo de barrancos. El segundo tipo se relaciona con las emisiones de los conos volcánicos localizados al oeste de la sierra. Estos flujos piroclásticos se encuentran alternando con las coladas de lava de esos mismos domos. El modelado de esta unidad ha sido muy escaso, siendo predominantes los procesos de escorrentía difusa. La erosión fluvial apenas ha logrado formar algunos valles, siendo los más importantes de carácter estructural 56 y no por modelado. Por último, en el extremo oriental del área en estudio, se encuentra una rampa escasamente modelada y ligeramente inclinada (menos de 3º), compuesta por antiguos sedimentos cubiertos por cenizas de las últimas fases eruptivas del Nevado de Toluca. Piedemonte coluvio-deluvial (2.2) Es una unidad muy compleja en la que se mezclan depósitos de detritos rocosos originados por procesos gravitatorios, con sedimentos producidos por la remoción y transporte de rocas meteorizadas. Es una unidad muy fraccionada en la que se pueden distinguir huellas de potentes y antiguos deslizamientos de tierras con asentamientos amplios del terreno. Otras veces la rampa ha sido desmembrada en bloques, por lo que la superficie se expresa a manera de mesas, limitadas por fuertes rupturas de pendiente. Actualmente, es común observar fenómenos de escurrimiento subsuperficial e infiltración con asentamientos generalizados del terreno. c) Elevaciones menores Domos volcánicos de laderas con escaso modelado erosivo (3.1) Son los domos volcánicos que aún conservan su aspecto original, ya sea por ser más recientes o por estar constituidos por rocas más duras. Dominan los procesos exógenos superficiales, donde las laderas son modeladas por el flujo de la escorrentía difusa y concentrada con remoción débil de suelos. Domos volcánicos de laderas modeladas por erosión (3.2) Estos domos han sido sustancialmente transformados por la actividad exógena, por haber estado expuestos durante más tiempo a los agentes meteóricos. La presencia de fracturamientos y las pronunciadas pendientes han favorecido la remoción de materiales, a través del escurrimiento concentrado en valles profundos y de carácter remontante ladera arriba. 57 Mesetas de lava escasamente modeladas (3.3) Esta unidad forma una superficie rocosa irregular y quebrada (malpaís), compuesta por basaltos de estructura primaria, lo que la hace muy permeable. El relieve acumulativo de estas lavas mantiene una estructura espacial homogénea y simple, aunque a nivel del terreno se observa bastante fraccionado. Mesetas de lava modeladas (3.4) Corresponde a coladas lávicas más antiguas y más meteorizadas que las anteriores, donde dominan los procesos de escorrentía laminar. La formación de suelos ha sido mayor y, aún en el terreno, su superficie se muestra más suavizada. Lomeríos cubiertos por flujos piroclásticos (3.5) Esta unidad se distingue del piedemonte de flujos piroclásticos por ser una estructura claramente independiente de los volcanes que actualmente forman la Sierra de Angangueo. Estos lomeríos están formados por materiales ignimbríticos miocénicos, sedimentos terciarios y cenizas cuaternarias, disectados por barrancos. Estos últimos parecen haber sido afectados por un cambio en el patrón de drenaje, ya que la mayoría de ellos presentan un perfil transversal asimétrico, con una ladera sur erosiva y una norte acumulativa. La rampa que forman estos lomeríos se puede dividir en una parte superior y otra inferior, ambas con pendientes entre 2 y 5º, separadas entre sí, y de las laderas abruptas de la sierra, por un escalón de más de 10º de inclinación. Actualmente son superficies denudatorias en las que dominan procesos erosivos por escorrentía difusa y concentrada. 1.1.6.2. Relieve no volcánico Relieve montañoso muy modelado por erosión (4.1) Esta unidad se refiere a laderas compuestas por materiales mesozoicos no volcánicos, esquistos, disectados por una alta densidad de torrentes. 58 Es una superficie denudatoria donde dominan los procesos de escorrentía y gravitatorios, especialmente en las zonas afectadas por fallas tectónicas. Las pendientes son siempre menores de 25º, excepto en los escarpes de las mencionadas fallas, donde se superan los 35º. Depósitos de jales mineros (4.2) Se refiere a colinas formadas por el hombre, mediante la acumulación de materiales residuales resultantes de la explotación de minerales útiles. Estas se localizan cercanas a la población de Angangueo, donde se explotaba oro y plata. Están constituidas por materiales finos en los que se observan procesos de escorrentía y hundimientos. 1.1.6.3. Planicies Planicies aluviales (5.1) Se refiere a las superficies amplias y llanas formada por la acumulación de aluviones que cubren por completo el lecho rocoso. Pueden ser antiguas terrazas de inundación, en algunos casos disectadas por un nuevo nivel en el lecho del río. Planicies lacustres (5.2) Es una unidad similar a la anterior, pero modelada por la acción de los cambios de nivel de los lagos. 1.1.6.4. Formas complementarias del relieve Fondo de valle fluvial acumulativo (6.1) 59 Se refiere a los fondos de valles donde se presentan procesos de sedimentación aluvial, socavación lateral y acreción de gravas y arenas. Valle fluvial de laderas montañosas (6.2) Señala los barrancos de disección lineal formados por el corte erosivo del talweg, donde dominan procesos de socavación y sufosión. Valle fluvial en rampa de piedemonte (6.3) Son valles de escasa profundidad, de fondo plano y móvil, donde predominan procesos de socavación lateral y aluvionamiento. Valle fluvial con perfil transversal asimétrico (6.4) Corresponde a valles de acumulación lateral asimétrica, una ribera erosiva y otra acumulativa, en los que se da una ligera disección lineal y socavación lateral. Cañones (6.5) Se refiere a barrancos amplios de más de 50 metros de profundidad, de paredes verticales y fondo plano acumulativo, donde se presentan procesos de disección lineal y socavación lateral. Áreas acarcavadas (6.6) Indica aquellas áreas donde actualmente se observan procesos activos de acarcavamiento, debidos a la acción de la escorrentía concentrada. Escarpes de falla (6.7) Señala los escarpes formados por la actividad tectónica de la zona. Cráteres (6.8) 60 Muestra los cráteres volcánicos que todavía se pueden distinguir en el relieve actual. 61 1.2. El Clima 1.2.1. Objetivo y método El objetivo de este apartado es identificar el comportamientos de los principales elementos del clima de la Sierra de Angangueo y su entorno inmediato. Con el fin de caracterizar el clima en función de su expresión en el paisaje, especialmente en la cubierta vegetal. Para entender el clima regional y los fenómenos meteorológicos que lo definen, se ha llevado a cabo una consulta bibliográfica y cartográfica, marcada también por la escasez de documentos, sobre todo recientes. Por su parte, el clima local se ha abordado, esencialmente, a partir del análisis estadístico de las bases de datos climáticas del Sistema Meteorológico Nacional (SMN). Como principales resultados se han elaborado una serie de mapas y gráficos que explican los fenómenos térmicos y pluviométicos de la sierra, así como su disponibilidad hídrica y su clasificación bioclimática (Figura 1.8). 1.2.1.1 Fuentes de información El análisis de los diferentes temas que se tratan en este capítulo se ha llevado a cabo en dos fases principales: una de revisión bibliográfica y otra de análisis estadístico de series climatológicas. En la primera fase se han consultado diversas publicaciones: 1) manuales de conceptos generales (Barry y Chorley, 1985; Fidalgo Hijano, 1988; Martín Vide, 1991; Fernández García ,1996), 2) documentos del clima de México (Mosiño y García, 1974; Rzedowski, 1981; Capel y Castillo, 1984 y Tamayo, 1990) y 3) algunos artículos en los que se hace mención a características climáticas propias de la Sierra de Angangueo (Enriqueta García, 1981; Calvert et al., 1983; Calver y Brower, 1986; y, García, 1997). En cuanto a cartografía se refiere, se han considerado las Cartas de efectos climáticos regionales, escala 1:250000, tanto para el periodo 62 comprendido de noviembre a abril, como de mayo a octubre, ambas publicadas por el INEGI. Esta revisión bibliográfica ha dado lugar a los apartados de clima regional y ha servido de base para entender los factores del clima local. Figura 1.8. Esquema metodológico del apartado del clima Información de entrada Temas tratados Resultados propios Procesos Análisis estadístico MDT Mapas de los elementos climáticos locales Fichas de normales climatológicas Extrapolación Mapa de Pisos bioclimáticos Clasificación bioclimática Gradiente térmico Gradiente pluvio- métrico Balance hídrico Consulta cartográfica Consulta bibliográfica Clima local Clima regional Bases de datos climáticas 63 En la fase de análisis estadístico, se ha tenido la dificultad del cubrimiento actual de estaciones meteorológicas. Ya que como en la mayor parte de las áreas de montaña del país, en la Sierra de Angangueo prácticamente no se cuenta con estaciones donde se registre el comportamiento del clima en diversas situaciones altitudinales y ambientales. De hecho, todas las estaciones que se encuentran en la zona se localizan en los llanos cercanos y sólo un par de ellas al pie de la sierra. Además, estas estaciones son sólo observatorios termopluviométricos. Para este estudio se han tomado en cuenta estaciones con registros de observación de periodos largos, procedentes de tres fuentes diferentes. La primera de ellas es información de la base de datos CLICOM, del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), proporcionada por el Instituto de Geografía de la U.N.A.M. Los periodos de observación cubren entre 1940 y 1961 hasta 1980 y 1995. A partir de la serie completa, mes a mes, de los años registradosde se elaboraron los cuadros con los valores medios de las normales climátologicas que se presentan en el Anexo 1- A. La segunda fuente corresponde a fichas de valores promedio ya elaboradas por el SMN, en las que se resumen los datos registrados entre 1951 y 1980. Y la última, para complementar el cubrimiento de la zona, los datos medios de precipitación y temperatura proporcionados por E. García (1981), según observaciones realizadas entre 1921 y 1960. Esta última fuente no se tomó en cuenta en la elaboración de los diversos cálculos, debido al desfase en los periodos de observación (Cuadro 1.1 y Figura 1.9). Debido a la inexistencia de datos meteorológicos en sitios propiamente de montaña en la Sierra de Angangueo, se complementó el análisis estadístico con estaciones que se encuentran dentro de la misma provincia ecogeográfica y que muestraran el comportamiento del clima en una serie altitudinal mayor. Para ello, se seleccionaron estaciones de las sierras que bordean el Valle de México, las cuales se ubican en sitios con substratos y formaciones vegetales similares a las de nuestra sierra (Cuadro 1.2). Los resultados obtenido del cálculo de los datos de estas estaciones se extrapolaron, mediante la utilización de un 64 Sistema de Información Geográfica (ILWIS), al territorio objeto de nuestro análisis. 65 Cuadro 1.1. Estaciones meteorológicas cercanas a la Sierra de Angangueo Fuente1 Años observado s Nombre de la estación Latitud Longitud Altitud IG SMM G P T MICHOACÁN Ciudad Hidalgo 19º 42’ 100º 32’ 2,020 PT 39 39 Dos Estrellas, Tlalpujahua 19º 48’ 100º 08’ 2,800 PT 15 15 Jungapeo 19º 27’ 100º 30’ 1,340 C 38 43 Laguna del Fresno 19º 49’ 100º 25’ 2,070 C 35 35 Maravatio 19º 53’ 100º 26’ 2,013 C 29 29 Presa Tuxpan, Tuxpan 19º 33’ 100º 29’ 1,771 C 20 20 San José, Contepec 19º 54’ 100º 18’ 2,100 PT 37 37 San Nicolasito, Maravatio 19º 55’ 100º 23’ 2,000 PT 16 18 Tepuxtepec 20º 00’ 100º 14’ 2,350 PT 54 40 Tlalpujahua 19º 48’ 100º 10’ 2,566 PT 17 14 Tuxpan 19º 33’ 100º 31’ 1,800 C 25 23 Zitácuaro 19º 26’ 100º 23’ 1,993 PT 40 40 ESTADO DE MÉXICO Oro, El 19º 50’ 100º 05’ 2,754 PT 11 8 Pueblo Nuevo, San Felipe 19º 34’ 100º 03’ 2,680 C 21 21 San Felipe del Progreso 19º 42’ 99º 58’ 2,550 C 22 22 Villa de Allende 19º 22’ 100º 08’ 2,380 C 24 9 Villa Victoria 19º 27’ 99º 59’ 2,680 C 20 28 1 Fuente de obtención de los datos: IG: Base de datos CLICOM, proporcionada por el Instituto de Geografía, U.N.A.M. SMN: Fichas del Servicio Meteorológico Nacional G: Datos proporcionados por Enriqueta García, 1981. C: Información completa (medias, mínimas, máximas, elementos y fenómenos especiales, etc.) PT: Sólo precipitación y temperatura media mensual Cuadro 1.2. Estaciones meteorológicas complementarias (Cuenca de México) Fuente1 Años observado s Nombre de la estación Latitud Longitud Altitud IG SMM G P T ESTADO DE MÉXICO Atlacomulco 19º 48’ 99º 53’ 2,526 C 25 25 Atlautla Repetidora T.V. 19º 07’ 98º 39’ 3,750 C 14 4 La Marquesa, Lerma 19º 18’ 99º 22’ 3,061 C 9 9 Río Frío, Ixtapalucan 19º 21’ 98º 40’ 2,980 C 23 23 DISTRITO FEDERAL Desierto de los Leones 19º 18’ 99º 18’ 3,220 C 26 26 Hda. Peña Pobre, Tlalpan 19º 18’ 99º 11’ 3,220 C 17 17 La Venta, Cuajimalpa 19º 20’ 99º 18’ 2,850 C 35 35 El Zarco 19º 17’ 99º 21’ 3,400 PT 5 5 1 Fuente de obtención de los datos: IG: Base de datos CLICOM proporcionada por el Instituto de Geografía, U.N.A.M. SMN: Fichas del Servicio Meteorológico Nacional G: Datos proporcionados por Enriqueta García, 1981. 66 C: Información completa (medias, mínimas, máximas, elementos y fenómenos especiales, etc.) PT: Sólo precipitación y temperatura media mensual 2000 2000 30 00 30 00 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 Villa de Allende 2.380 m Villa Victoria 2.680 m Pueblo Nuevo 2.680 m San Felipe del Prog. 2.550 m Dos Estrellas 2.800 m Tlalpujahua 2.566 m Tepuxtepec 2.350 m San Nicolasito 2.000 m Laguna del Fresno 2.070 m San José 2.100 m Maravatio 2.013 m Cd. Hidalgo 2.000 m Presa Tuxpan 1.771 m Tuxpan 1.800 m Jungapeo 1.340 m Zitácuaro 1.993 m Atlacomulco 2.526 m García, 1981 Fichas del Servicio Meteorológico Nacional Base de datos CLICOM FUENTE DE LOS DATOS Figura 1.9. Localización de las estaciones meteorológicas cercanas a la Sierra de Angangueo. 19º 15’ 19º 15’ 19º 30’ 19º 30’ 20º 20º 19º 45’ 19º 45’ 100º 30’ 100º 15’ 100º 100º 68 1.2.2. El clima regional México es un país con una climatología extremadamente variada. Se ubica entre las latitudes 14 y 33º N, dividido por el Trópico de Cáncer, con lo cual su mitad sur tiene dos veces al año al Sol en el cenit, mientras que la parte norte recibe siempre los rayos solares con cierto ángulo de inclinación. Por otra parte, es una franja continental relativamente angosta localizada entre el Océano Pacífico y el Océano Atlántico, por lo que la mayor parte del territorio goza del efecto termostático de los océanos. Pero el factor más determinante en el mosaico climático de México es su complicada orografía y su amplio rango altitudinal. En la mitad sur, por el lado del Atlántico, predominan los vientos alisios (vientos tropicales del este) y las perturbaciones tropicales (ondas del este, ciclones y tormentas tropicales), así como ponientes intertropicales por el lado del Pacífico. Por su parte, la porción subtropical del país se localiza dentro del cinturón de altas presiones del hemisferio norte, donde predominan los vientos del poniente. Otras de las principales masas de aire que afectan al país son las discontinuidades frontales llamadas “nortes”, masas polares que pueden ser de origen marítimo o continental (Capel y Castillo, 1984; Barry y Chorley, 1985) Todas las masas de aire mencionadas tienen una humedad, temperatura y presión específica y son las que originan el tiempo atmosférico particular de cada región. Esto último tendrá caracteres distintos según los factores locales que las canalicen, como los controles orográficos, y el origen de la masa, que puede ser del Atlántico tropical o subtropical, de la cuenca Ártica, del interior de Norteamérica o del Pacífico norte o tropical (Capel y Castillo, 1984). La zona en estudio tiene una latitud media de 19º 30’ y se ubica en el centro del país, como parte del sistema montañoso más elevado de México, con una altitud entre 1800 y 3700 metros. Por ello, se manifiestan tanto fenómenos meteorológicos propios de las zonas intertropicales, como otros típicos de latitudes medias. 69 1.2.2.1. Fenómenos meteorológicos de verano Durante la época cálida, el cinturón de altas presiones del Hemisferio Norte se desplaza hacia el norte y los vientos alisios son el fenómeno atmosférico predominante en todo el territorio mexicano. Estos vientos, originados por la alta presión subtropical del Atlántico Norte, llegan a México muy inestables y húmedos, provocando una invasión de aire tropical que entra por el Golfo de México. Esta invasión se hace en forma de una onda de calor seguida por una lengua de humedad que se mueve en dirección SE-NW a lo largo del país. Esto se manifiesta en que, después de un máximo en la temperatura, la humedad provoca un ligero enfriamiento del aire por evaporación de la lluvia, la cual cae de manera muy extendida por la propia actividad convectiva de la lengua de humedad (Mosiño y García, 1974; Capel y Castillo, 1984). En la zona centro del país, también pueden llegar a sentirse cambios de presión provocados por las perturbaciones tropicales que afectan al Golfo de México y, en menor medida, a las costas del Pacífico (ponientes intertropicales) (Idem.). 1.2.2.2. Fenómenos meteorológicos de invierno Durante el invierno, el cinturón de altas presiones que se localiza cerca de los 35º N se desplaza hacia el sur, quedando la parte norte de México bajo la influencia de la circulación del oeste, propia de las latitudes medias. En esta época suelen soplar estos vientos del poniente, secos y estables, que se dejan sentir sobre todo en la parte norte del país, pero también en sitios de elevada altitud de la región centro del país, como la Ciudad de México, e incluso en el sur, en Oaxaca (Mosiño y García, 1974) Frecuentemente esta corriente del oeste contiene una corriente de chorro (jet) que, junto con los Nortes del Golfo de México, son los principales fenómenos invernales que se presentan sobre el Sistema 70 Volcánico Transversal, llegando en ocasiones a coincidir, produciendo abundante precipitación (García, 1997). El jet, proveniente del Pacífico, es una corriente húmeda que suele alcanzar cierta intensidad. Mientras que los Nortes son invasiones de aire polar, frío y continental, que entran por el norte del Golfo de México con fuertes vientos de dirección NE, aunque también pueden provenir del Pacífico norte, en cuyo caso son más húmedos y menos fríos (Capel y Castillo, 1984). 1.2.2.3. Rasgos generales de los elementos del clima en México Como ya se ha señalado en los dos apartados anteriores, además de la localización del país dentro de dos franjas climáticas, el factor más importante para su diversidad de climas es la altitud de las diferentes regiones. De esto se desprende una distribución desigual de los elementos del clima. En la región central del país la insolación media anual muestra valores en torno del 60%. Situación que se traduce en un promedio de 120 a 150 días despejados al año. Estos valores de insolación potencial van disminuyendo hacia la parte este y sureste del país, menos de 50%, y aumentando hacia el noroeste, hasta 80% (Rzedowski, 1981). Debido a lo accidentado del relieve y a la elevada altitud de gran parte de México, la distribución de la temperatura parece seguir más bien rangos altitudinales que franjas latitudinales. De tal forma, prácticamente todo el Altiplano y los sistemas montañosos más elevados presentan temperaturas medias anuales entre 10 y 20ºC. A diferencia de los 20-25ºC que se alcanzan en las cadenas orográficas de menor altitud y los más de 25ºC que se presentan en la depresión del Balsas, las planicies costeras del sur, el Istmo de Tehuantepec y la Península de Yucatán (Figura 1.10-A). 71 La oscilación media anual de la temperatura en la zona centro muestra valores de entre 5 y 7º. Valores bajos si se consideran los más de 21º C que se registran en el extremo noroccidental de Sonora. En casi todo el país el mes más frío es enero. El mes más cálido varía de sur a norte. Presentándose desde marzo en algunas áreas de la frontera sur, en mayo para la mayor parte del territorio, en julio y agosto en la zona norte, e incluso hasta septiembre en algunos sitios de la Península de Baja California, donde existe fuerte influencia de una corriente marina fría (Rzedowski, 1981). Figura 1.10. Distribución de la temperatura media anual y de la precipitación total anual en México Estados Unidos de América Golfo de México O céano Pacífico Centroamérica Estados Unidos de América Golfo de México O céano Pacífico Centroamérica 20º 20º 20º 15º 10 º 15º 15º 20º 20º 15º 25º 20º 15º 15º 25º 20º20º 25º 20º 15º 25º 20º 20 10 10 20 40 2010 5 5 10 20 40 40 20 20 20 40 20 40 80 80 40 80 160 160 160 80 80 160 160 160 20 40 40 20 80 80 80 160 160 160 320 320 160 320 80 160 80 160 320 160 160 80 80 160 A) TEMPERATURA MEDIA ANUAL (ºC) B) PRECIPITACIÓN TOTAL ANUAL (cm) 160 320 Fuente: Rzedowski, 1981. Fuente: Rzedowski, 1981. 73 En cuanto a la precipitación se refiere, las zonas más húmedas corresponden a la vertiente este de la Sierra Madre Oriental, las llanuras costeras del sur del Golfo de México y las sierras de Oaxaca y Chiapas. En estos sitios se registran valores medios superiores a los 1500 mm anuales, llegando en algunos puntos a sobrepasar los 4000 mm, e incluso los 5000. En el Sistema Volcánico Transversal, la Sierra Madre Occidental y la Sierra Madre del Sur, la precipitación media anual oscila entre 800 y 1600 mm, llegándose a superar esta cifra en algunas de sus cimas. La zona seca se extiende a uno y otro lado de la Sierra Madre Occidental. En casi todo el Altiplano y la llanura costera del noreste la precipitación varía entre 200 y 500 mm, así como en un pequeño enclave localizado entre los límites de Puebla y Oaxaca. En las planicies costeras a ambos lados del Golfo de Cortés las lluvias no alcanzan los 200 mm anuales, inclusive en el extremo noroeste de Sonora no superan los 50 mm (Figura 1.10-B). Por ultimo, la distribución de la humedad relativa media anual presenta un patrón similar al de las precipitaciones, siendo más elevada en la zona del Golfo de México, más del 80%, y menor en la Península de Baja California, menos del 50%. 1.2.3. Los elementos del clima en la Sierra de Angangueo Del análisis de la información de las estaciones termopluviométicas antes mencionadas se desprende el contenido de los siguientes apartados. A pesar de que se han hecho los cálculos de los parámetros climáticos para todos los meses del año, para su presentación cartográfica se han seleccionado sólo cuatro meses: enero, el mes más frío y utilizado regularmente para ilustrar los fenómenos de invierno; julio, el mes más lluvioso y usado de manera general para mostrar los fenómenos meteorológicos de verano, y; abril y octubre , como épocas de transición entre los periodos cálido y húmedo y frío y seco. 74 1.2.3.1. Temperatura La temperatura es, junto con la precipitación, el elemento más representativo del clima de una región, que se presenta como resultado de factores astronómicos y geográficos particulares. En la zona en estudio predomina una temperatura media anual de 9ºC, por lo que se considera de condiciones térmicas semifrías (García, 1997). La distribución de las temperaturas a lo largo del año muestra un régimen térmico caracterizado por contrastes estacionales: una época, de máximo calor en los meses de primavera (principalmente mayo), que desciende ligeramente con la humedad del verano, hasta alcanzar su temperatura mínima en enero (Figura 1.11). Fuente: Cálculos propios Figura 1.11. Distribución anual de la temperatura media en cinco estaciones tomadas como ejemplo 0 5 10 15 20 25 E ne ro Fe br er o M ar zo A br il M ay o Ju ni o Ju lio A go st o S ep tie m br e O ct ub re N ov ie m br e D ic ie m br e ºC Jungapeo (1340m) Presa Tuxpan (1771m) San Nicolasito (2000m) Pueblo Nuevo (2680m) La Marquesa (3061m) Atlautla R. TV (3750m) 75 Lo anterior da como resultado una amplitud térmica anual que oscila entre 5 y 7 ºC en las estaciones más cercanas a la zona en estudio y entre 2 y 5 en las estaciones complementarias, de mayor altitud, que rodean la Cuenca de México. Lo cual confirma la disminución de la amplitud térmica con la altura y muestra el bajo índice de continentalidad del clima del centro de México. a) Gradiente térmico En zonas de latitud y proximidad al mar similar, el relieve es el factor que condiciona de forma más acusada la distribución de la temperatura (Fernández, 1996). En nuestra latitud, 19º 30’, la disimetría térmica entre vertientes no es considerable, habiendo poca diferencia en las formaciones vegetales y en la dinámica geomorfológica entre las diferentes laderas. No así el descenso de la temperatura con la altura, es decir, el gradiente térmico altitudinal, que se refleja con la presencia de diferentes pisos de vegetación. El gradiente altitudinal medio calculado para la zona de estudio es de 0,65ºC por cada 100 metros (Figura 1.12). No obstante, se han encontrado notables diferencias en los gradientes térmicos a lo largo del año y entre las dos cuencas hidrográficas presentes en el estudio. 76 Figura 1.12. Gradiente térmico altitudinal El cálculo en las estaciones de la Cuenca del Balsas, que drena la mitad sur y vertiente occidental de la Sierra de Angangueo, muestra un gradiente de 0,5 ºC por cada 100 metros de altura en los meses de verano, que se eleva hasta 0,8 ºC en los de invierno. Por su parte, en la Cuenca del Lerma, al noreste de la zona, y en la Cuenca de México el comportamiento se invierte: gradientes más bajos hacia finales de otoño e invierno, de 0,4 a 0,5 y más fuertes poco antes del verano, de 0,8. A pesar de las diferencias, todos los valores mencionados se consideran propios de zona de estabilidad atmosférica (Martín, 1991). Otro de los fenómenos térmicos provocados por el relieve son las inversiones térmicas. Estas suelen presentarse en zonas de montaña con topografía diferenciada, especialmente en condiciones de estabilidad atmosférica. Pero, debido a la carencia de estaciones meteorológicas en las laderas de la Sierra de Angangueo, no podemos demostrar su presencia en esta zona. Con los gradientes medios calculados por parámetro térmico, en cada uno de los meses seleccionados se calculó la distribución espacial de la temperatura en toda nuestra área montañosa. 1000 1500 2000 2500 3000 3500 4000 0 5 10 15 20 25 Temperatura media anual (ºC) A lti tu d (m ) Estaciones cercanas Cuenca de México 77 b) Distribución de las temperaturas La Sierra de Angangueo se caracteriza por sus temperaturas frescas. En el invierno, la temperatura media de las partes bajas de las vertientes no alcanzan los 12ºC, mientras que en las cumbres son menores de 6ºC. En el verano, estos valores medios se incrementan hasta 15ºC en la mitad inferior de la montaña y hasta 9ºC en las cumbres más elevadas (Figura 1.13). Las temperaturas más elevadas se presentan en los meses de mayo y abril, no obstante, en lo más alto de la sierra estas apenas alcanzan los 18 grados de máxima, predominando, por arriba de los 3000 metros, la isoterma de los 21ºC. El resto del año el comportamiento de las temperaturas máximas es muy similar, llegando a alcanzar los 15ºC por arriba de los 3200 metros y los 21º en las partes más bajas de la montaña (Figura 1.14). Escala aprox. 1:500 000 Fuente: Cálculos propios. Figura 1.13. Distribución de la temperatura media mensual en los meses seleccionados. TEMPERATURA MEDIA 9º12 º15 º15º 18º 18 º 9º 12º 15 º 12º 18º 18º 15º 12º 18 º 12º 9º 9º 12 º 9º 9º 6º 12º 15 º 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 ENERO ABRIL JULIO OCTUBRE Escala aprox. 1:500 000 Fuente: Cálculos propios. Figura 1.14. Distribución de la temperatura máxima promedio en los meses seleccionados. TEMPERATURA MÁXIMA PROMEDIO 15 º 18º21 º 21º 24 º 24 º 18º 18º 15 º 18º21 º 21º 24 º 24 º 18º 18º 18 º 21º24º 27 º 21º 27 º 30 º 21 º 21º 24º 15º 18 º21 º 18º21 º 21 º 24 º24 º 18º 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 ENERO ABRIL JULIO OCTUBRE 80 El mes más frío es enero, en este mes la temperatura mínima predominante oscila entre los 0 y los 3ºC, cubriendo toda la montaña por debajo de los 3100 metros y los valles del lado del Estado de México. Por arriba de dicha cota la temperatura mínima promedio es inferior a 0ºC. A pesar de que los meses de primavera son en términos generales más calurosos, es en los de verano cuando se presentan las temperaturas mínimas más suaves, entre 3 y 9ºC según se va descendiendo por la montaña, probablemente a causa del efecto termoregulador de la humedad (Figura 1.15). De lo anterior tenemos que, efectivamente, en los meses de primavera la oscilación térmica es mayor, con una amplitud de 16 a 18ºC por debajo de los 3.100metrosy hasta el pie de la Sierra y otras elevaciones menores, así como en los valles, más elevados, del lado oriental. Así mismo, en el verano la oscilación diaria es menor, predominando en casi toda la zona una amplitud de 10 a 12ºC, que sólo en las cumbres, por arriba de los 3.300 msnm, es menor de 10ºC (Figura 1.16). c) Heladas. De los apartados anteriores se puede inferir que, en el área en estudio los riesgos naturales ocasionados por condiciones de la temperatura sólo pueden ser las heladas, periodos en los que la temperatura es inferior a los 0ºC. Esto es muy importante para los estudios de vegetación y cultivos ya que permite conocer las épocas en las que las temperaturas son insuficientes para el desarrollo de ciertas plantas. Según el registro de días con temperatura menor de 0ºC, se manifiesta que en las estaciones del lado oeste de la Sierra la probabilidad de heladas es muy baja, incluso en el invierno. Mientras que, en las estaciones del lado oriental dicha probabilidad se incrementa especialmente de noviembre a marzo, llegando a ser muy alta de diciembre a febrero. En las estaciones de mayor altitud fuera del área de trabajo, pero en sitios de montaña cercanos, de características ecológicas similares a las nuestras, la frecuencia de heladas es aún 81 mayor, presentándose prácticamente todo el año, con valores más elevados en los meses de noviembre a marzo (Cuadro 1.3). Escala aprox. 1:500 000 Fuente: Cálculos propios. Figura 1.15. Distribución de la temperatura mínima promedio en los meses seleccionados. TEMPERATURA MÍNIMA PROMEDIO 6º 9º 9º 9º 9º 3º 3º 6º 6º 9º 9º 3º 6º 3º 9º 9º 3º 3º 6º 0º 0º 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 ENERO ABRIL JULIO OCTUBRE Escala aprox. 1:500 000 Fuente: Cálculos propios. Figura 1.16. Promedio de la oscilación térmica diaria en los meses seleccionados OSCILACIÓN TÉRMICA PROMEDIO DIARIA 14º 12º 12º 14 º 12 º 10º 10 º 12 º 12 º 16º 16º 18 º 18 º 16º 16º 18 º18º 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 2000 2000 30 00 30 00 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 ENERO ABRIL JULIO OCTUBRE 84 Cuadro 1.3. Frecuencia de días con heladas por mes Estación Altitud Ene Feb Mar Abr Ma y Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic CERCANAS Jungapeo 1.340 - - - - - - - - - - - - Presa Tuxpan 1.771 - - - - - - - - - - - - Tuxpan 1.800 3,7 1,5 0,3 - - - - - - 0,2 0,7 2,6 Maravatio 2.013 0,1 0,1 - - - - - - - - - - Laguna del Fresno 2.070 0,4 0,2 - - - - - - - - 0,3 0,1 Villa de Allende 2.380 3,2 3,8 2,1 0,6 - - - - - - - 1,3 Atlacomulco 2.526 25,8 21,0 11,9 1,6 0,5 0,3 - 0,1 0,9 6,4 15,4 23,0 San Felipe del Progreso 2.550 25,7 18,9 7,4 0,9 0,1 0,2 - - 0,3 4,9 16,9 22,7 Pueblo Nuevo 2.680 14,0 10,8 3,9 0,2 - - - - 0,3 0,2 6,2 8,6 Villa Victoria 2.680 12,0 11,0 4,7 1,0 - - - - - 0,1 3,0 7,9 COMPLEMENTARIAS La Venta 2.850 27,1 21,9 13,1 4,6 2,1 0,6 0,6 0,6 1,3 6,6 16,3 24,1 Río Frío 2.980 30,4 26,8 28,5 25,3 15,5 9,3 11,2 12,8 12,8 23,7 28,4 3- La Marquesa 3.061 24,3 21,6 24,1 18,1 7,6 1,9 0,9 1,5 0,4 9,0 20,9 23,7 Desierto de los Leones 3.220 28,1 23,3 13,3 4,1 1,3 1,3 1,0 0,7 1,0 5,6 17,5 25,0 Hacienda Peña Pobre 3.400 19,5 14,1 4,1 0,8 0,1 - 0,1 - - 1,7 9,3 15,9 Atlautla Rep. TV 3.750 27,2 27,8 29,3 23,2 23,2 17,3 22,0 23,5 21,7 25,7 26,0 27,8 Fuente: Anexo 1-A. Datos meteorológicos Mediante el cálculo del gradiente altitudinal, se ha obtenido que en la Sierra de Angangueo las heladas suelen ser muy frecuentes, en especial por arriba de los 2400 metros de altitud y en el mes de enero. Situación que queda señalada con la aplicación de los métodos de Walter y Lieth y de Papadakis para el cálculo de probabilidad de heladas (Fernández, 1996). A partir de dicha cota las heladas van siendo cada vez más frecuentes y durante periodos más largos. Sobre los 2800 metros, la probabilidad de heladas se extiende desde la segunda mitad del otoño y todo el invierno, llegando incluso a presentarse durante abril. Hacia los 3100 metros se mantiene lo anterior pero ya con heladas seguras durante el mes de enero. A partir de los 3200 las heladas son continuas durante todo el invierno y con probabilidades muy altas durante otoño y primavera. Esta situación se va incrementando hacia las cumbres (3600 msnm) donde las heladas son continuas desde el otoño hasta la primavera llegando incluso a presentarse en el verano (Figura 1.17). 0 5 10 Km. Figura 1.17. Mapa de periodos con riesgo de heladas PERIODOS CON RIESGO DE HELADAS SEGÚN MÉTODO DE WALTER Y LIETH A lti tu d ( m ) O N D E F M A M J J A S 3500 3400 3300 3200 3100 3000 2900 2800 2700 2600 2500 2400 2300 PERIODOS DE HELADA SEGÚN MÉTODO DE PAPADAKIS MEDIA DISPONIBLE MÍNIMA ESTACIÓN LIBRE DE HELADAS 2000 2000 30 00 30 00 350 000 350 000 360 000 360 000 370 000 370 000 380 000 380 000 2150 00021 50 0 00 2160 00021 60 0 00 2170 00021 70 0 00 2180 00021 80 0 00 Autora: Ramírez-Ramírez, María Isabel Fuente: Cálculos propios. Mínimo riesgo de heladas 1 mes de heladas probables 3 meses de heladas probables 5 meses de heladas probables 1 mes de heladas seguras 3 a 5 meses de heladas seguras 86 1.2.3.2. Precipitación Sabido es que la precipitación es el otro elemento climático que más influye en la conformación del paisaje. No obstante, su estudio resulta más complicado que el de la temperatura debido a la irregularidad con que se presenta, a la complejidad y variabilidad de los fenómenos que la producen. Así como a las carencias de los datos de las estaciones, que no especifican su duración e intensidad (aspectos fundamentales para algunos procesos geomorfológicos, el aprovechamiento por las plantas y los posibles daños a cultivos e infraestructuras). Según su precipitación, la Sierra de Angangueo tiene un clima de tipo subhúmedo, con régimen pluvial de verano y con escasa precipitación invernal, menor del 5% del total anual (García, 1997). La precipitación anual media en las estaciones que rodean la sierra oscila entre 800 y 960 mm, siendo la parte oriental, más elevada, ligeramente más húmeda que la oriental. El régimen pluviométrico es muy irregular, concentrando hasta el 90% de las precipitaciones (alrededor de 800 mm) en la mitad más húmeda del año (mayo- octubre), de los cuales el 85% corresponden a los tres meses de verano más junio (Figura 1.18). Otro elemento a considerar es la variabilidad mensual de las precipitaciones, es decir, la oscilación entre los valores mínimos y máximos registrados, la cual es notablemente mayor en los seis meses más secos del año. En enero, por ejemplo, la media aritmética de las precipitaciones, afectada por dichos valores máximos y mínimos, ronda los 20 mm, mientras que la mediana, el valor central de la serie, siempre resulta inferior a los 10 mm (Figura 1.18). Los valores de la desviación típica de la media muestran coeficientes de variación de las precipitaciones de 115 hasta 230%. Por su parte, en los meses más húmedos la diferencia entre la media y la mediana es mínima y el coeficiente de variación muy bajo y similar en todas las estaciones. Esto 87 mismo se repite en lo que se refiere a la irregularidad del total anual (Figura 1.19). 2000 2000 30 00 30 00 350 000 360 370 380 21 50 0 00 21 60 21 70 21 80 2150 000 2160 2170 2180 Figura 1.18. Precipitación mensual en milímetros registrada en las estaciones cercanas a la Sierra de Angangueo Villa Victoria, Mex. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D Pueblo Nuevo, Mex. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D Laguna del Fresno, Mich. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D Maravatio, Mich. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D San Nicolasito, Mich. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D 0 20 40 60 80 100 150 200 250 Jungapeo, Mich. E F M A M J J A S O N D 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D Presa Tuxpan, Mich. Tepuxtepec, Mich. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D San José, Mich. 0 20 40 60 80 100 150 200 250 E F M A M J J A S O N D Promedio mensual Mediana Precipitación mensual en milímetros 89 Figura 1.19. Coeficiente de variación de las precipitaciones mensuales a lo largo de la serie registrada. a) Gradiente pluviométrico En las estaciones consideradas no siempre existe una relación directa entre el incremento de la precipitación con la altura, ya que todas ellas se localizan en las llanuras que rodean a la Sierra y los valores de la pendiente no son muy acusados. Esta situación, en algunos casos, permite incluso gradientes pluviométricos negativos (Fernández, 1996). No obstante, de manera general, se ha encontrado que el incremento altitudinal propicia un aumento en las precipitaciones, ya que en los llanos del lado este de la Sierra, más elevados, la precipitación es ligeramente superior que la de los valles del lado oeste, de menor altitud. En estos términos, se calculó un incremento de precipitación anual de casi 7 mm por cada 100 metros de altitud (Figura 1.20) 0 50 100 150 200 250 E ne Fe b M ar A br M ay Ju n Ju l A go S ep O ct N ov D ic A nu al C oe fic ie nt e de v ar ia ci ón Pueblo Nuevo Villa Victoria Tepuxtepec San Jose Laguna del Fresno Maravatio San Nicolasito Presa Tuxpan Jungapeo 90 Figura 1.20. Gradiente pluviométrico altitudinal de las estaciones cercanas a la Sierra de Angangueo En esta zona montañosa tampoco se ha encontrado una disimetría pluviométrica notable debida a la orientación de las vertientes, ya que es afectada tanto por fenómenos circulatorios del este como del oeste (García, 1997). 1.2.3.3. Balance hídrico El balance hídrico, la diferencia entre precipitación y evaporación, es una medida esencial en los estudios medioambientales, debido a la incidencia del agua sobre la vegetación y cultivos, sobre las escorrentías y para satisfacer las diversas demandas humanas (Fernández, 1996). No obstante, suele haber una gran escasez de registros de dicha evaporación, que, además, con frecuencia son registros irregulares y poco confiables. Por ello, diversos investigadores han optado por calcular la evaporación a partir de los datos de precipitación y temperaturas, más frecuentes, de los que depende principalmente la evaporación (Fidalgo, 1988). y = 0.0669x + 720.77 R2 = 0.2557 700 750 800 850 900 950 1000 1000 1500 2000 2500 3000 Altitud (m) P re ci pi ta ci ón (m m ) 91 a) Evapotranspiración Uno de los cálculos de evaporación más aceptados y de fácil aplicación es el Thorthwaite, quien acuñó el concepto de “evapotranspiración”, para integrar los procesos de evaporación, físico, y de transpiración, fisiológico. Este destacado climatólogo definió la evapotranspiración como la cantidad de agua necesaria para la transpiración de una cubierta vegetal en una zona con agua suficiente. Pero, debido a que regularmente el suelo no dispone del agua suficiente para satisfacer la demanda de la evapotranspiración, se distinguió entre evapotranspiración potencial (ETP) y evapotranspiración real (ETR). La primera representa una superficie completamente cubierta de vegetación y sin límites en el consumo de agua, mientras que, la segunda está condicionada por las disponibilidades hídricas reales (Fernández, 1996). La cantidad de agua que el clima pone a disposición de las plantas es un fenómeno muy complejo. Existen muchos factores que intervienen tanto en la captación de la precipitación (estructura, densidad y textura de la vegetación, características edáficas y del relieve, cantidad y calidad de la precipitación, etc.) como en la evapotranspiración (condiciones atmosféricas, características fisiológicas de las plantas, disponibilidades hídricas, etc.). Por ello, la medición o cálculo de la evaporación, o evapotranspiración, sólo es una estimación aproximada (Fernández, 1997). Mediante el método propuesto por Thorthwaite, se ha obtenido que, en las estaciones consideradas para el presente estudio, la ETP se mantiene relativamente estable a lo largo del año, con valores entre 30 y 70 mm, para los meses de invierno y primavera, respectivamente. Esa última cantidad aumenta hasta alcanzar lo 100 mm en las estaciones por debajo de los 2500 metros. La ETR calculada se presenta ligeramente inferior a la ETP, excepto en los meses lluviosos donde es igual que aquella (Figura 1.21). b) Balances hídricos 92 El balance hídrico de las estaciones consideradas se llevó a cabo siguiendo también el método de Thorthwaite. Según datos presentados por Fernández (1996) y Fernández (1997), en suelos de texturas francas, como es nuestro caso, la capacidad de retención puede alcanzar los 250 mm. Pero, teniendo en cuenta que nuestra principal área de interés es de relieve montañoso, que favorece la escorrentía, se ha optado por considerado el límite estandarizo de los 100 mm. EVAPOTRANSPIRACIÓN REAL PRECIPITACIÓN EVAPOTRANSPIRACIÓN POTENCIAL DÉFICIT HÍDRICO GASTO DE LA RESERVA RECARGA SATURACIÓN Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m 300 Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m 300 Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 250 200 150 100 50 0 m m 300 Figura 1.21. Balances hídricos de algunas estaciones seleccionadas Presa Tuxpan, Mich. 1.771 msnm. Laguna del Fresno, Mich. 2.070 msnm. Pueblo Nuevo, Mex. 2.680 msnm.Tepuxtepec, Mich. 2.350 msnm. La Marquesa, D.F. 3.061 msnm. Desierto de los Leones, D.F. 3.220 msnm. Atlautla Repetidora TV, D.F. 3.750 msnm. Fuente: cálculos propios 94 Los balances resultantes muestran claramente las características de los climas de montaña de nuestro país. Por arriba de los 2500 metros de altitud, se distingue una época seca, comprendida entre los meses de noviembre a mayo, donde la ETR es mayor que la precipitación en aproximadamente 50%. En estos meses existe un déficit hídrico en que las plantas para su supervivencia hacen uso de la reserva hídrica del suelo. En cambio, de junio a octubre, se presenta una época lluviosa donde las precipitaciones superan ampliamente la evapotranspiración, bastando, teóricamente, los dos primeros meses de lluvia para que se recargue la reserva del suelo (Figura 1.21) 1.2.4. La clasificación bioclimática de la Sierra de Angangueo Existen diversas clasificaciones climáticas, diseñadas con diversos fines, entre las que destacan la de Thorthwaite y la de Köppen. Estas dos han sido las más utilizadas en México, especialmente la última de ellas, a raíz de las modificaciones que Enriqueta García realizó para el país en 1964 (García, 1981). De acuerdo con esa última propuesta, el en área de estudio se encuentran tres tipos de clima: 1) Semifrío subhúmedo, C(w2)(w)b’(1’), el cual abarca todo el conjunto montañoso; 2) Templado subhúmedo, C(w2)(w)b(1’), que cubre el pie de la sierra y las llanuras al oriente de ella; y 3) Templado subhúmedo, menos húmedo que el anterior, C(w1)(w)b(1’), en la porción más occidental del área. Todos ellos con régimen pluvial de verano y menos de 7º de oscilación térmica anual (García, 1997). Estas categorías climáticas no son suficientes para distinguir los pisos de vegetación que se observan en la Sierra de Angangueo, por lo que se buscó aplicar una clasificación que se aproximara más al contenido biológico de la zona considerada. Para ello se eligió la clasificación de Rivas Martínez, la cual trata de conciliar la zonificación latitudinal de los grandes bioclimas con la zonificación altitudinal de los territorios 95 fitogeográficos. Esta se estructura en cuatro niveles, dos que definen el bioclima y dos más el piso bioclimático (Fernández, 1997). Según los resultados obtenidos en los diversos índices calculados mediante el programa BIOCLI1 (Anexo 1-C), nuestra área en estudio queda incluida dentro del macrobioclima tropical, por estar ubicada entre los trópicos. Estos climas se caracterizan por un contraste térmico estacional nulo o moderado, un régimen de temperaturas positivas a lo largo del año, donde la precipitación del semestre más cálido supera a la del semestre más frío, presentándose un verano sin déficit hídrico. Así mismo, teniendo en cuenta sus características pluviométricas, se clasifica como un bioclima pluviestacional. En nuestra latitud ya se nota la influencia estacional de los anticiclones subtropicales, por lo que se presentan una estación seca y otra húmeda bien definidas, donde la precipitación anual y estival no son tan abundantes como en los bioclimas tropicales pluviales. En estos sitios, la vegetación madura adopta el aspecto de bosque de árboles modestos, en parte caducifolios y con las cortezas engrosadas para limitar la transpiración (Fernández, 1997). Dentro de este bioclima tropical pluviestacional, en el área en estudio se distinguen tres pisos bioclimáticos (Anexo 1-C). El primero corresponde al mesotropical subhúmedo, el cual se extiende sobre la parte oeste del área analizada, aproximadamente desde los 1500 a los 2400 metros de altitud, aproximadamente. Este piso coincide con la zona de mínimo riesgo de heladas, dónde la media de las mínimas absolutas del mes más frío no alcanza los 0º. Su temperatura media anual es de 16 a 18ºC y su amplitud media anual entre 5 y 7ºC. Este piso bioclimático cubre las llanuras aluviales, aprovechadas para cultivos de regadío y las elevaciones menores que no superan los 2400 msnm, cubiertas por bosques mixtos, donde predominan árboles de los 1 Programa BIOCLI: Bioclimas de la Tierra, versión 1.0, 1996. Autores: Salvador Rivas Martínez, Angel Penas Merino y Miguel Angel Luengo Ugidos. España. 96 géneros Quercus y Pinus, y por pastizales en la porción noroccidental de la Sierra (Figura 1.22). 98 El siguiente piso bioclimático se clasifica como supratropical subhúmedo, se distribuye, aproximadamente, entre los 2400 y 2800 metros de altitud. Este marca el inicio del piso de las heladas probables, de uno a tres meses, con temperaturas medias de las mínimas absolutas de enero en torno a –3ºC. La temperatura y la amplitud media anual son de 12 y 6ºC, respectivamente. En la vertiente occidenteal de la sierra, esta franja altitudinal coincide plenamente con la distribución de los bosques mixtos con predominancia de coníferas y codominancia de latifoliadas. Mientras que en el lado oriental abarca las llanuras elevadas y la parte baja del piedemonte, espacios muy antropizados cubiertos por cultivos de temporal. En tercer término encontramos el piso supratropical húmedo, a partir de los 2800 y hasta los 3600 metros, de características térmicas ligeramente inferiores que en el piso anterior, pero con cerca de 300 mm más de precipitación anual (alrededor de 1200 mm). Aquí, el periodo de heladas probables se extiende a cinco meses, y el de heladas seguras, sólo por arriba de los 3000 metros, de 1 a 3 meses según se sube en altitutud. Este piso bioclimático corresponde al de los bosques dominados por Abies, situación que se aprecia claramente en las vertientes norte y occidental, donde no ha sido tan perturbado por el hombre. Si nuestra sierra tuviera mayor altitud, se alcanzaría a apreciar un piso orotropical, ya que en las partes más altas se nota una transición hacia éste, caracterizada por bosques de Abies, de densidad y porte considerablemente menores respecto a los anteriores. Así como por la aparición de pinares de altura (Pinus hartwegii) y la presencia de especies propias de los pastos de alta montaña. 99 1.3. Los suelos 1.3.1. Objetivo y método En este apartado nos hemos propuesto identificar las propiedades y los tipos de los suelos de la zona en función de su potencialidad. El suelo funciona como medio de conexión entre los demás elementos abióticos y los bióticos, además de ser el sustento de la actividad antrópica. Si en otros apartados de éste trabajo se señala la escasez de trabajos particulares a la zona en estudio, aquí podríamos agregar que, de todos los elementos que conforman el paisaje de la Sierra de Angangueo el menos estudiado ha sido el suelo. Para abordar este tema han sido, se han consultado las cartas edafológicas, a escala 1:50000, publicadas por el actual INEGI, y el trabajo de Madrigal (1994) sobre la región forestal del oriente de Michoacán. Este último es el único autor que, aparte del INEGI, ha generado y analizado nueva información de los suelos de la región. Además, se ha tenido en cuenta el análisis de los suelos del Valle de México llevado a cabo por el mismo Madrigal (1967). La explicación de los resultados obtenidos de estas fuentes se ha hecho considerando las limitaciones y dificultades que implica la interpretación de análisis edáficos ajenos. Respecto a ello, conviene aclarar que, más del 70% de los puntos verificados por el INEGI se localizan sobre áreas cultivadas, mientras que Madrigal concentra su trabajo en las formaciones vegetales naturales, analizando sólo siete sitios dentro de nuestra área de estudio. 100 A partir de la información de las citadas fuentes se explican los dos subapartados de este tema, uno relativo a las propiedades de los suelos de la zona y otro a su clasificación. 1.3.2. Las propiedades del suelo 1.3.2.1. Propiedades físicas a) Profundidad De acuerdo con la clasificación de Wild (cit. pos. Madrigal, 1994) más del 90% de los puntos verificados tanto por el INEGI como por Madrigal son suelos profundos, ya que superan los 90 cm de espesor. El resto, limitados por la roca madre, el manto freático u otros factores, corresponde a suelos medianamente profundos (entre 30 y 90 cm). Aunque existen muy pocas muestras en las zonas propiamente montañosas, la cubierta forestal, dominada por Abies religiosa, indica que también allí se presentan suelos profundos (Madrigal, 1967). Según los datos de INEGI, el espesor del horizonte A oscila entre 8 y 100 cm, predominando los valores cercanos a 20-30 cm, mientras que el horizonte B suele rebasar los 70 cm de profundidad (entre 30 y 50 de espesor) (Cuadro 1.4 y 1.5). Por su parte, Madrigal (1994) señala valores de profundidad dentro de esos mismos rangos, donde se observa una relación inversa entre A y B, lo que indica diferentes grados de evolución de los distintos perfiles. Dicho autor también reporta un horizonte O (hojarasca y humus) de 1 a 11 cm de espesor. b) Textura 101 Los análisis texturales presentados por INEGI y por Madrigal demuestran que en la zona en estudio predominan los suelos francos, es decir, formados por una mezcla proporcionada de granulometrías. El horizonte A de estos suelos por lo general se clasifica como franco arenoso, mientras que en el horizonte B es común encontrar texturas franco limosas e incluso arcillosas, como resultado de la iluviación de materiales más finos procedentes del horizonte anterior (Cuadro 1.5) Cuadro 1.4. Datos de verificación de suelos en campo, presentados por INEGI (1978, 1979, 1982) Horizonte A Horizonte B Punto Altitud Profund. (cm) Espesor (cm) Reacc. al HCL Textura Estructura Tamaño Desarrollo Diagnós. Reacc. al HCL Textura Estructura Tamaño Desarrollo Arcilla Diagnós. Drenaje interno Tipo de suelo A35-3 1880 >100 29 nula media bloques fina moderado umbrico nula media bloques fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A35-6 1904 >100 33 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Acrisol ortico A35-1 1908 >100 24 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico exces.dren. Andosol ocrico A35-12 1920 >100 24 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula fina bloq.subang. fina moderado abundante argilico drenado Acrisol humico A35-5 1933 >100 24 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloques fina moderado moderada argilico muy drenado Acrisol ortico A35-7 1934 >100 17 nula fina bloques fina fuerte ocrico nula media bloques media fuerte abundante argilico drenado Acrisol ortico A35-9 1962 >100 27 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A35-13 2037 >100 13 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado moderada argilico drenado Acrisol ortico A25-68 2071 98 14 nula media bloq.subang. muy fina debil ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Cambisol eutrico A25-65 2160 >100 43 nula media bloques fina debil umbrico nula media bloques media debil cambico exces.dren. Andosol humico A25-57 2199 >100 23 nula media bloq.subang. muy fina debil ocrico nula media bloques media debil cambico muy drenado Andosol ocrico A26-56 2200 >100 10 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. media moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A25-8 2204 >100 70 nula fina masiva ocrico drenado Vertisol pelico A25-4 2206 >100 >100 nula fina masiva umbrico drenado Vertisol pelico A25-64 2226 >100 8 nula media bloq.subang. muy fina debil ocrico nula media bloq.subang. fina debil cambico exces.dren. Andosol ocrico A25-56 2238 >100 22 nula media bloques media debil ocrico nula media bloques fina debil cambico muy drenado Andosol ocrico A25-52 2280 >100 25 nula fina masiva ocrico mode.dren. Vertisol cromico A25-58 2298 >100 37 nula media bloq.subang. fina debil umbrico nula media bloq.subang. fina debil cambico exces.dren. Andosol humico A25-42 2302 55 24 nula media bloq.subang. fina debil umbrico mode.dren. Andosol humico A25-43 2308 >100 28 nula media bloques fina debil umbrico nula media bloques fina debil cambico exces.dren. Andosol humico A26-41 2330 >100 49 nula media bloq.subang. fina moderado molico nula media bloq.subang. fina moderado abundante argilico drenado Feozem luvico A25-28 2331 >100 20 nula media bloques fina debil ocrico nula media bloques fina debil cambico exces.dren. Andosol ocrico A26-43 2391 >100 24 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado abundante argilico drenado Luvisol cromico A26-35 2406 55 16 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A25-15 2468 >100 19 nula media bloques fina debil ocrico nula fina bloques fina moderado abundante argilico muy drenado Luvisol ferrico A25-36 2500 >100 33 nula media bloques fina debil umbrico nula media bloq.subang. fina debil cambico exces.dren. Andosol humico A26-6 2528 >100 16 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico muy drenado Andosol humico A26-34 2534 >100 14 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula fina bloques gruesa fuerte abundante argilico mode.dren. Luvisol cromico A25-16 2600 33 33 nula media bloq.subang. fina debil umbrico mode.dren. Andosol humico A26-1 2609 >100 13 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula fina bloq.subang. fina moderado abundante argilico drenado Luvisol ortico A26-2 2637 125 13 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula fina bloq.subang. media moderado abundante argilico drenado Luvisol cromico A26-4 2640 >100 24 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula fina bloq.subang. media fuerte abundante argilico drenado Luvisol ortico A26-40 2682 >100 41 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico nula media bloques fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A26-46 2690 >100 31 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico drenado Andosol humico A26-36 2700 39 11 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A26-19 2714 125 15 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico nula media bloques fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A26-22 2714 >100 26 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A26-27 2720 >100 23 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A26-48 2727 >100 26 nula media bloq.subang. fina debil umbrico nula media bloq.subang. fina debil cambico muy drenado Andosol humico A26-31 2735 >100 17 nula media bloq.subang. fina debil ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A26-44 2796 >100 20 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado muy drenado Andosol ocrico A26-29 2883 >100 15 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico drenado Andosol ocrico A26-49 2897 >100 15 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico A26-7 2904 >100 25 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A26-11 2925 >100 16 nula media bloq.subang. fina debil ocrico nula media bloq.subang. fina debil cambico muy drenado Andosol ocrico A26-51 2943 >100 26 nula media bloques fina moderado umbrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A26-18 2995 125 25 nula media bloq.subang. fina moderado umbrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol humico A26-61 3026 >100 50 nula media bloq.subang. media moderado umbrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico exces.dren. Andosol humico A26-26 3063 >100 20 nula media bloq.subang. fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado abundante argilico drenado Luvisol ortico A26-57 3153 >100 23 nula media bloq.subang. fina debil ocrico nula media bloq.subang. fina debil cambico exces.dren. Andosol ocrico A26-52 3237 >100 15 nula media bloques fina moderado ocrico nula media bloq.subang. fina moderado cambico muy drenado Andosol ocrico Cuadro 1.5. Perfiles con descripción y análisis de laboratorio, presentados por INEGI (1978, 1979, 1982) Hoja Punto Horizonte Profund (cm) % Arcilla % Limo % Arena Clase textural Color en seco Color húmedo Conduc. eléctrica PH % materia orgánica CICT % Satur. bases Na % Satur. Na K Ca Mg P 8 A 0-17 10 36 54 ma 7.5yr5/4 7.5yr4/2.5 <2 6.3 6.4 33.5 14 0.1 <15 0.7 3.1 0.8 3.8 B 17-70 8 44 48 c 7.5yr5/6 7.5yr4/6 <2 6.4 1.8 29.5 19.7 0.1 <15 0.9 3.1 0.7 3.5 14 A 0-24 2 34 64 ma 10yr5/3 10yr3/2 <2 6.4 10.5 48.3 30.4 0.1 <15 0.3 12.5 1.8 4.3 B1 24-58 2 40 58 ma 10yr5/4 10yr4/4 <2 6.3 3.6 36.8 22.5 0.1 <15 0.2 6.3 1.7 3.7 B2 58-80 2 36 62 ma 10yr5/4 10yr4/4 <2 6.2 2.6 32.5 16.3 0.1 <15 0.8 2.8 1.7 15 A 0-18 4 40 56 ma 7.5yr5/4 10yr3/2 <2 6.3 3.2 28.8 28.8 0.1 <15 0.6 4.4 0.9 5.7 B1 18-39 4 44 52 ma 7.5yr5/4 7.5yr3/2 <2 6.5 1.6 27.0 17 0.1 <15 0.4 7.5 1.8 3.4 B2 39-70 36 28 36 mr 5yr5/6 5yr3/4 <2 6.7 0.4 22.5 45.8 0.1 <15 0.6 6.8 2.8 3.2 20 A 0-26 4 40 56 ma 10yr5/3 10yr3/2 <2 6.5 13.3 40.8 25 0.1 <15 0.6 8.0 1.5 4.7 B 26-70 22 32 46 c 7.5yr7/4 7.5yr4/4 <2 5.9 1.0 22.5 42.7 0.5 <15 0.8 5.6 2.7 3.0 28 A1 0-43 18 30 52 c 10yr4/3 10yr3/2 <2 6.0 2.5 22.0 29.1 0.1 <15 0.2 3.8 2.3 2.3 A2 43-70 56 12 32 r 10yr6/2 10yr4/1 <2 6.3 0.4 36.0 >50 0.2 <15 0.3 12.5 7.8 37 A 0-25 22 34 44 c 10yr5/3 10yr3/2 <2 5.9 2.5 20.0 >50 0.1 <15 0.5 9.4 2.9 11.5 45 A1 0-21 18 42 40 c 10yr5/3 10yr3/3 <2 6.2 9.5 42.5 18.8 0.2 <15 0.2 6.0 1.6 5.5 A2 21-46 20 52 28 mi 10yr5/3 10yr3/3 <2 6.3 5.1 42.0 17.1 0.5 <15 0.1 5.0 1.6 8.2 B1 46-90 36 32 32 mr 10yr6/1 10yr3/1 <2 5.8 6.0 26.0 26.5 0.2 <15 0.1 5.0 1.6 47 A 0-36 8 42 50 c 10yr4/3 10yr3/2.5 <2 6.4 7.4 38.0 22.9 0.1 <15 0.2 5.3 3.1 5.0 B1 36-66 2 40 58 ma 10yr5/4 10yr4/4 <2 6.5 4.7 34.0 26.2 0.1 <15 0.2 5.4 3.2 3.2 B2 66-100 2 52 46 mi 10yr6/4 10yr4/4 <2 6.2 2.5 25.0 16 0.3 <15 0.1 3.1 0.5 55 A 0-28 4 34 62 ma 10yr4/2 10yr3/1.5 <2 5.9 2.9 32.8 11.3 0.1 <15 0.1 3.1 0.4 5.9 An ga ng ue o B 28-70 2 40 58 ma 10yr6/3 10yr3/2.5 <2 6.0 3.0 33.8 13.6 0.2 <15 0.1 3.1 1.2 3.0 1 A1 0-6 16 38 46 c 7.5yr5/4 7.5yr3/2 <2 6.0 5.3 13.3 >50 0.3 <15 0.3 5.6 1.8 0.7 A2 6-17 20 36 44 c 7.5yr5/4 7.5yr4/6 <2 5.6 1.0 8.0 <50 0.3 <15 0.1 1.3 1.0 0.3 B1 17-45 42 22 36 r 5yr5/6 5yr4/4 <2 5.6 0.5 12.3 <50 0.4 <15 0.2 1.3 2.2 0.1 53 A 0-27 8 46 46 c 10yr4/3 10yr2/2 <2 5.8 8.1 34.8 <50 0.4 <15 0.2 2.2 0.6 8.0 C d. H id al go B1 27-77 2 60 38 mi 7.5yr4/4 7.5yr3/4 <2 6.5 3.2 36.5 <50 0.3 <15 0.1 4.7 0.7 104 Las texturas francas están consideradas como las más favorables para la fertilidad edáfica (Cobertera, 1993), en la medida que favorecen la formación de estructuras, y éstas a su vez una mejor aireación, retención del agua y drenaje del suelo. c) Estructura La agregación de las mencionadas partículas texturales determina la estructura del suelo. En la Sierra de Angangueo predominan ampliamente estructuras de fragmentación compuestas por bloques subangulares. Estos son propios de los horizontes inferiores, pero aquí se presentan también en A, lo que indica un bajo porcentaje de humus en este horizonte. Este tipo de estructuras son intermedias en cuanto a la fertilidad del suelo (idem.). En el horizonte orgánico se presentan estructuras construidas formadas por grumos, debido a una mayor cantidad de coloide húmico (Cuadro 1.4). d) Pedregosidad y rocosidad Madrigal (1994) reporta valores de pedregosidad (fragmentos entre 2 mm y 25 cm de diámetro) muy bajos, que van de 0% en todo el perfil a 10% en el horizonte B. Excepto en dos perfiles, uno situado en un domo volcánico donde se alcanza un 60% en el horizonte A2 y otro en un valle intermontano donde se reporta 50% de pedregosidad en el horizonte B2. En cuanto a la rocosidad (fragmentos mayores de 25 cm de diámetro), se manifiesta una situación muy similar, ya que suele ser de 0% en la mayoría de los perfiles, excepto en los mismos dos ya mencionados donde alcanza 30 y 15%, respectivamente, en los horizontes inferiores. e) Drenaje 105 Los suelos de la zona en estudio no presentan problemas de drenaje, ya que incluso aquellos que presentan un contenido abundante de arcillas en el horizonte B están normalmente drenados, aunque se llega a presentar la situación de suelos excesivamente drenados. 1.3.2.2. Propiedades biológicas a) Materia orgánica En los suelos de la Sierra de Angangueo el contenido de materia orgánica se considera elevado. Según las fuentes citadas, en los horizontes A oscila entre 0,4 y 13,3%, en los horizontes B entre 0,5 y 4,7%, y alcanzan sus porcentajes máximos en los horizontes orgánicos donde llega hasta 21%. No obstante, teniendo en cuenta las propiedades físicas y químicas de estos suelos, se deduce que el proceso de humificación de esta materia orgánica es escaso (Cuadro 1.6). Cabe recordar que, una parte de la materia orgánica sufre un proceso de mineralización y otra de humificación. En el primero se generan compuestos inorgánicos solubles (como CO2) que pueden ser reorganizados en la humificación. Y en esta última se construyen las moléculas complejas de naturaleza coloidal que constituyen el humus en sentido estricto (Duchaufour, 1987) 1.3.2.3. Propiedades químicas a) PH del suelo Según INEGI, en los suelos de la zona se reportan valores de pH entre 5.6 y 6.7, por lo que se clasifican como ácidos a ligeramente ácidos. En este sentido, Madrigal (1994), utilizando el mismo método de determinación del pH, indica valores ligeramente menores pero que los siguen 106 clasificando dentro de los mismos rangos. En dichos valores no se aprecia ninguna relación entre el grado de acidez y los distintos horizontes. Cuadro 1.6. Análisis de laboratorio de suelos de la zona en estudio hechos por Madrigal (1994) Sitio* Horizonte Color (seco) Color (Húmedo) Arena (%) Limo (%) Arcilla (%) Textura % Saturación Capacidad de campo P.M.P. PH (con agua) Materia orgánica % Nitrógeno kg/ha Fósforo kg/ha Potasio kg/ha Calcio kg/ha Magnesio kg/ha C.I.C.T me/100g Clasificación O2 10YR 4/1 5YR 2.5/1 37.78 31.64 30.58 Migajón arenosa 108.0 23.44 12.74 5.6 12.93 323.0 Trazas 931.0 5672.0 1478.0 36.0 A1 10YR 4/2 5YR 2.5/1 65.78 21.64 12.58 Migajón arenosa 50.0 12.34 6.70 5.3 1.49 37.37 Trazas 720.0 2741.0 537.0 7.68 A2 10YR 7/3 10YR 5/3 6.78 19.64 12.58 Migajón arenosa 34.0 12.0 6.53 5.4 3.45 86.0 Trazas 1284.0 2284.0 134.0 11.70 B1 No. 14 Cerro Zirahuato, Zitácuaro. Msnm:2190 B2 Andosol húmico Con texturas francas O2 84.50 7.0 8.50 Areno migajosa 8.0 4.35 3.9 20.99 512.0 230.0 2406.0 648.0 43.40 A1 10YR 4/4 10YR 3/4 48.86 42.64 8.50 Franca 76.0 13.59 7.38 5.0 5.41 135.0 6.30 582.0 3427.0 576.0 14.22 A2 10YR 6/5 10YR 3/5 60.50 31.0 8.50 Migajón arenosa 58.0 11.85 6.44 5.1 1.88 47.15 6.30 592.0 1958.0 1008.0 7.16 B1 10YR 5/6 10YR 4/5 44.50 33.0 22.50 Franca 48.0 19.56 10.63 5.1 1.27 31.94 Trazas 672.0 2513.0 1584.0 11.54 No.7 El Aserradero, ocampo. Msnm:2630 B2 10YR 6/5 10YR 4/5 14.50 31.0 54.50 Arcillosa 48.0 36.14 19.64 5.1 0.91 22.81 Trazas 2200.0 2513.0 720.0 23.43 Andosol húmico con texturas francas y migajosas O2 10YR 3/4 2.5Y2/1 67.50 23.20 9.30 Migajón arenosa 100.0 11.10 6.0 5.0 10.4 260.0 Trazas 1680.0 3916.0 1656.0 24.52 A1 10YR 3/3 2.5Y2/1 53.50 37.20 9.30 Migajón arenosa 70.0 13.34 7.25 5.4 8.21 205.0 34.20 1164.0 4018.0 1040.0 20.14 A2 10YR 5/4 10YR 3/4 47.50 27.20 25.30 Mig. Arcillo aren. 48.0 20.19 1.97 4.8 2.12 53.24 18.90 1008.0 1827.0 864.0 14.24 B1 10YR 5/5 10YR 3/4 37.50 27.76 34.74 Migajón arcillosa 42.0 24.91 13.54 4.8 1.88 47.15 18.90 720.0 1436.0 864.0 17.36 No. 10 Rincón de Soto, Aporo. Msnm:2510 B2 10YR 6/5 10YR 4/5 29.50 25.76 44.74 Arcillosa 42.0 29.87 16.23 4.8 1.03 25.86 6.30 288.0 1615.0 864.0 19.60 Luvisol crómico con texturas migajosas O2 10YR 3/4 10YR 2/1 72.11 18.0 9.86 Migajón arenosa 126.0 10.30 5.60 4.8 17.25 431.0 Trazas 1224.0 4773.0 1680.0 37.0 A1 10YR 3/3 10YR 2/1 78.14 14.0 7.86 Areno migajosa 56.0 8.60 4.67 5.4 2.18 54.62 Trazas 1236.0 4600.0 288.0 7.16 A2 10YR 5/6 10YR 3/4 27.28 29.64 42.58 Arcillosa 40.0 29.46 16.01 5.7 1.15 28.75 Trazas 994.0 3231.0 940.0 19.10 B1 7.5YR 5/6 5YR4/6 47.78 33.64 18.58 Franca 44.0 17.43 9.47 5.9 0.28 7.18 Trazas 1433.0 3884.0 1478.0 7.76 No.11 El mayorazgo, Senguio. Msnm:2420 B2 Luvisol crómico con texturas migajon arenosas O2 10YR 3/6 10YR 4/5 78.50 13.0 8.50 Migajón arenosa 84.0 8.92 4.87 5.1 18.0 450.0 12.0 2200.0 4563.0 1224.0 4.82 A1 10YR 3/1 5YR 2.5 72.50 18.20 9.30 Migajón arenosa 76.0 10.30 5.60 5.7 11.31 282.0 Trazas 1915.0 4896.0 1800.0 5.60 A2 10YR3/3 10YR 3/1 48.50 42.20 9.30 Franca 88.0 14.14 7.68 5.5 4.13 10.30 Trazas 1456.0 3998.0 360.0 7.68 B1 10YR 5/4 10YR 3/2 72.50 18.20 9.30 Migajón arenosa 64.0 10.30 5.60 5.6 4.19 104.96 Trazas 1120.0 3549.0 360.0 12.10 No. 8 El Agostadero, Zitácuaro. Msnm:2840 B2 10YR 5/4 10YR 3/3 58.50 32.20 9.30 Migajón arenosa 62.0 12.54 6.81 5.1 2.73 68.48 Trazas 448.0 1468.0 432.0 9.18 Andosol húmico con texturas migajosas O2 45.78 39.64 14.58 Franca 16.27 8.84 5.1 3.79 94.87 6.90 13.18 A1 10YR 4/4 10YR 3/2 45.78 41.64 12.58 Franca 52.0 15.54 8.44 4.8 0.57 14.37 Trazas 560.0 2056.0 1075.0 16.30 A2 10YR 4/4 10YR 3/4 25.78 51.64 22.58 Migajón limosa 42.0 22.42 12.18 5.6 5.57 143.75 2.40 1622.0 4569.0 1209.0 9.94 B1 No. 12 La estanzuela, Tlalpujahua Msnm:2640 B2 Andosol ócrico con texturas francas O2 10YR 6/5 10YR 3/3 73.50 17.20 9.30 Migajón arenosa 116.0 10.14 5.51 5.5 19.16 479.0 2200.0 5099.0 1440.0 41.72 A1 10YR 3/2 5YR 2.5/1 43.50 47.20 9.30 Franca 72.0 14.94 8.12 5.4 8.76 219.0 2072.0 2513.0 584.0 21.24 A2 10YR 3/2 5YR 2.5/1 37.50 53.20 9.30 Migajón limosa 76.0 15.90 8.64 5.1 2.49 62.36 6.30 896.0 3606.0 504.0 8.70 B1 10YR 3/6 10YR 2/2 47.50 37.20 15.30 Franca 52.0 16.51 8.97 4.8 1.70 42.59 Trazas 261.0 2284.0 1512.0 9.40 No. 9 Llano de las Papas, Angangueo. Msnm:3120 B2 10YR 6/4 10YR 4/3 37.50 39.20 23.30 Franca 48.0 21.0 11.44 4.6 1.88 47.15 Trazas 392.0 2513.0 1296.0 12.96 Andosol húmico con texturas franco migajosas * Tipo de vegetación del sitio No. 14: Bosque de encino (Quercus) No. 7: Bosque de pino-encino (Pinus-Quercus) No. 10: Bosque de pino-encino (Pinus-Quercus) No. 11: Bosque de pino-encino (Pinus-Quercus) No. 8: Bosque de aile-pino (Alnus-Pinus) No. 12: Bosque de cedro (Cupressus) No. 9: Bosque de oyamel (Abies) 108 De acuerdo con Cobertera (1993), en los suelos ácidos (hasta pH 6) existe una buena solubilidad del hierro, pero puede presentarse insolubilidad de otros elementos nutritivos como calcio, magnesio, potasio y fósforo. Mientras que en los suelos ligeramente ácidos no suele haber problemas de solubilidad. b) Capacidad de intercambio catiónico total (CICT) Esta característica se refiere a la capacidad máxima de cationes (de elementos nutritivos) que un suelo puede absorber, la cual está en función de la composición húmica y arcillosa de los diferentes horizontes del suelo (Duchaufour, 1987; Cobertera, 1993). Los valores de CICT presentados por INEGI y por Madrigal difieren considerablemente, siendo mucho más elevados los primeros. De tal forma, se consideran más acertados los de Madrigal, quien, en suelos forestales, señala valores entre 20 y 40 miliequivalentes por 100 gramos de suelo (me/100g) en los horizontes húmicos. Valores que disminuyen entre 7 y 20 me/100g en los horizontes A y B, lo cual puede ser un indicativo de la escasa humificación de la materia orgánica en estos horizontes (Cuadro 1.6). En cambio, INEGI señala para éstos dos últimos horizontes valores propios del horizonte húmico (Cuadro 1.5), si, además, consideramos que en su mayoría se refieren a suelos de uso agrícola, estaríamos hablando de un exceso de absorción que provocaría deficiencias en la función nutritiva del suelo (Cobertera, 1993). c) Saturación de bases Esta propiedad de suelo señala las características químicas del complejo absorbente en relación con su pH. 109 Según nuestras fuentes, en la zona en estudio encontramos suelos desaturados y poco saturados, lo cual se expresa con valores que van del 11 al 88%, exceptuando al horizonte húmico donde se suelen presentar valores más altos. Esto indica que, en los menos saturados, pueden ser insuficientes algunos elementos nutritivos como magnesio, potasio, fósforo y calcio, aunque existe buena solubilidad del hierro. A pesar de la importancia que tienen las características químicas antes mencionadas para la valoración y clasificación de los suelos, varios autores han hecho notar que para áreas forestales arboladas son más importantes los factores físicos del suelo que los químicos (Madrigal, 1994). 1.3.3. Principales tipos del suelos Teniendo en cuenta que las observaciones de campo y los análisis químicos de los perfiles fueron hechos por otros autores, se optó por mantener las clases edáficas que ellos mismos determinaron. Por otra parte, varios de los parámetros necesarios para la aplicación de clasificaciones más recientes no fueron analizados por los autores consultados de la manera requerida. De tal manera, según la clasificación de la FAO-UNESCO de 1974, en la Sierra de Angangueo se distinguen ocho unidades edáficas distintas (Figura 1.23). Las cuales pueden ser reunidas en cuatro grupos, de acuerdo a los principales procesos que los originan (Duchaufour, 1987). 1.3.3.1. Suelos de alteración bioquímica predominante Este grupo se refiere a suelos de ciclo corto (de pocos miles de años), propios de zonas templadas y frías y de montañas húmedas de climas 110 más cálidos. En la Sierra de Angangueo encontramos dos clases pertenecientes a este grupo: andosoles y luvisoles. Los andosoles son suelos humíferos desaturados, se localizan especialmente en montañas húmedas sin un periodo seco acusado. Aquí la materia orgánica, que se descompone lentamente, tiende a acumularse y a favorecer un fuerte arrastre de las bases, lo que provoca la acidificación del suelo. Se sitúan sobre rocas volcánicas efusivas vítreas, como lavas, escorias y cenizas. Se trata de suelos con perfil poco diferenciado, pudiendo tener el horizonte A mucho espesor. Figura 1.23. Unidades edáficas 111 Estos suelos tienen buen drenaje y valores elevados de porosidad, permeabilidad, capacidad de retención del agua, punto de marchitamiento y capacidad de cambio (Duchaufour, 1987). Los andosoles de las montañas húmedas son propios de bosques y praderas, sobre todo los menos ácidos. La nutrición en fósforo y nitrógeno no es muy adecuada, principalmente en los andosoles ácidos, debido a la insolubilización parcial del fósforo por los alófanos y a la nitrificación que es muy lenta (Idem). En altitudes por debajo del piso donde se presenta la andosolización, al ser el clima más cálido, e incluso más seco, suelen presentarse unidades de suelos empardecidos o de suelos ferruginosos, según el clima sea más templado o más cálido. Dentro de esos suelos empardecidos, en la Sierra de Angangueo encontramos luvisoles. En general, estos se desarrollan sobre materiales de naturaleza y composición muy diversa. Son suelos bien drenados que se caracterizan por un humus mull moderadamente ácido, un perfil A(B)C o ABC y por contener cantidades suficientes de hierro libre o liberado por alteración. En ellos se ha llevado a cabo un proceso de lavado que hace que el horizonte (B) se subdivida en dos: el A2, empobrecido en arcilla y de color más claro, y el B1, enriquecido en arcilla y de color más vivo (horizonte argílico) (Duchaufour, 1987). Estos suelos se encuentran en equilibrio con el bosque de frondosas, en zonas de llanura, o bosque mixto, en las montañas bajas. Suelen tener buenas condiciones físico-químicas (textura media, drenaje moderadamente rápido, pH cercano a la neutralidad, elevado porcentaje de materia orgánica, capacidad de cambio mayor de 24 meq/100g, saturación de bases mayor del 50%). No obstante, en condiciones de fuertes pendientes, son muy susceptibles a erosionarse y, 112 además, pierden fácilmente sus propiedades nutritivas por el continuo lavado del perfil. Cuando su grado de acidez es mayor, estos suelos se dedican a un bosque mediocre, generalmente formado por resinosas poco exigentes, o a pastizales poco productivos (Duchaufour, 1987; D’Luna, 1995). 1.3.3.2. Suelos de alteración geoquímica Estos son suelos de ciclo largo (varios cientos de miles de años) preferentemente de regiones cálidas o templado cálidas, donde la alteración geoquímica es más intensa que en climas templados. Se desarrollan en las zonas tropicales e intertropicales, suficientemente húmedas para permitir el desarrollo de una vegetación leñosa, y sobre cualquier tipo de materiales, siempre y cuando permitan un buen drenaje. En este grupo tenemos un tipo de suelo ferruginoso, asociado también a los andosoles: Los acrisoles. Estos se distinguen por un perfil tipo ABC, con un horizonte B argílico donde son predominantes las arcillas de neoformación. La fertilidad de los acrisoles, al igual que la de los demás suelos tropicales, decrece al mismo tiempo que la capacidad de cambio y de la retención del agua, es decir, inversamente al grado de alteración. Además, la estructura se degrada a medida que aumenta la alteración, haciéndose demasiado masiva y mal aireada, o formando agregados endurecidos en B, inadecuados para retener el agua útil. Sobre los perfiles empobrecidos al máximo sólo puede prosperar el bosque higrófilo, debido a sus raíces muy profundas, entonces el ciclo biogeoquímico juega un papel muy importante concentrando en el 113 humus los nutrientes disponibles. Esto explica las prácticas de cultivo itinerante, acompañadas de desmontes por quema, que utilizan durante algunos años la pequeña reserva de nutrientes del humus; no obstante, estas prácticas favorecen la erosión y la denudación de los horizontes B, acompañados de su endurecimiento. Las técnicas modernas recurren a cultivos arbustivos (café y cacao) protegidos por grandes árboles, enriqueciendo periódicamente el suelo en materia orgánica y protegiéndolo del sol intenso mediante una capa de paja extendida sobre el suelo (Duchaufour, 1987). 1.3.3.3. Suelos con edafoclima contrastado Estos son suelos donde se presenta una alternancia de saturación por el agua y de desecación total de los perfiles, lo cual da como consecuencia la neoformación de arcillas, una fuerte humificación biológica y una descarbonatación de los horizontes humíferos. Estos procesos dan origen a la vertisolización (en climas tropicales y subtropicales) y al isohumismo del suelo (en climas templados y fríos). Según las fuentes consultadas, en la Sierra de Angangueo se presentan ambos casos. El primero de ellos, forma a los vertisoles, los cuales se distinguen por su alto contenido de arcillas expandibles (40-70%) neoformadas o heredadas. Debido a la alternancia de fases de expansión y retracción esas arcillas provocan movimientos “vérticos” que generan la homogeneización total del perfil hasta una profundidad en torno a 80 cm. Estos suelos resultan de las condiciones del clima general, así como de su entorno: medio confinado y material rico en bases. Los vertisoles son los suelos más fértiles de las regiones cálidas, no obstante sus malas condiciones físicas hacen que su trabajo resulte 114 difícil, debido a las grietas de retracción que desecan el perfil hasta zonas muy profundas. Por su parte, el proceso de isohumismo genera feozems. Estos son propios de zonas con clima templado y húmedo, intermedio de los climas en los que se desarrollan los otros dos tipos de suelos isohúmicos (chernosems, en climas fríos, y castañosems, en climas cálidos). Los feozems se desarrollan, principalmente, sobre sedimentos poco estratificados (loess). Se distinguen por un perfil A(B)C, con el horizonte A mollico y el B argílico. Poseen una estructura estable, elevada porosidad y capacidad de retención del agua, son ricos en materia orgánica y nutrientes y son ligeramente desaturados (pH entre 5.5 y 6). Estas propiedades físicas y químicas los hacen excelentes tierras de cultivos (ISSS-ISRIC-FAO, 1994). 1.3.3.4. Suelos poco evolucionados Por último, tenemos a los suelos caracterizados por un perfil AC de bajo grado de evolución y de alteración. La materia orgánica es escasa, el perfil poco coloreado, debido al escaso hierro libre, donde aún no se forman complejos órgano-minerales que formen una estructura y que caractericen una edafogénesis determinada. Pertenecientes a estos suelos, en la Sierra de Angangueo tenemos litosoles (actualmente llamados leptosoles), caracterizados por una pequeña capa de materia orgánica de poco espesor, que en pendientes demasiado fuertes puede no existir, e inmediatamente debajo la roca madre sin alterar o muy poco alterada. Estos suelos representan una fase inicial de suelos de climas húmedos o cálidos cuya evolución, hacia cambisoles, luvisoles o podsoles, está impedida por fenómenos de erosión o se encuentra sobre materiales muy recientes (Duchaufour, 1987). 115 Y con una cobertura muy escasa, encontramos regosoles y fluvisoles. Los primeros son suelos que representan la etapa inicial en la pedogénesis de materiales no consolidados muy recientes, en nuestro caso correspondientes a depósitos de jales mineros. Y los segundos, dispuestos en el lecho de algunos ríos, producto del acarreo de inundaciones o crecidas no muy antiguas. Figura 1.24. Composición fotográfica de algunos aspectos abióticos del paisaje Primer plano: coladas basálticas modeladas Segundo plano: ciudad de Zitácuaro sobre meseta de lava y valle de depósitos cuaternarios Tercer plano: montaña de rocas metamórficas del Mesozoico Piedemonte coluvio-deluvial del Asoleadero y el Rosario, Ocampo. Al fondo la nubosidad frecuente en las laderas de la montaña Lomerios de materiales ignimbríticos pliocénicos cubiertos por cenizas volcánicas Depósitos de jales mineros de las minas de Angangueo. Al fondo la Sierra Chincua Escarpe de falla de las laderas formadas por esquistos mesozoicos Domo volcánico cuaternario escasamente modelado Cárcavas en proceso de estabilización formadas en el piedemonte coluvio-deluvial F ot o: J . G im én ez d e A . F ot o: J . G im én ez d e A . 99 CAPÍTULO 2 Los elementos bióticos del paisaje En el presente capítulo se explicarán los elementos biológicos de la estructura geoecológica: la cubierta vegetal y la vida animal. El comportamiento natural de estos elementos depende principalmente de los abióticos, pero suele estar modificado por la acción humana, con lo cual, se genera una mayor diversificación y complejidad de su expresión en el paisaje. 2.1. La cubierta vegetal 2.1.1. Objetivo y método La vegetación es el principal elemento diferenciador del paisaje y el componente del territorio en el que se expresan todos los demás. De tal manera, el objetivo del presente capítulo es identificar las diferentes formaciones vegetales presentes en la Sierra de Angangueo y su distribución espacial. Entendiendo a la formación vegetal como una unidad con una fisonomía particular, la cual está dada por la estructura, organización y composición florística de las especies que la forman. Para el conocimiento de dichas composición y estructura, se ha seguido básicamente la propuesta metodológica de la biogeografía española (Ibarra y Yetano, 1989; Ferreras y Meaza, 1990; Ferreras y Fidalgo, 1991; Meaza, 2000). La cual se basa en los planteamientos de Bertrand (1966), con modificaciones inspiradas en los estudios fitosociológicos. El fundamento de estas dos metodologías radica en el inventario florístico y fisonómico que se lleva a cabo en campo. El modelo de inventario utilizado consta de tres partes: un encabezamiento en el que se anotan los datos del sitio de inventario; un 100 cuerpo principal en el que se listan las especies encontradas por punto inventariado, su dominancia por estrato y global, así como la estructura general del sitio inventariado; y, por último, un pie para observaciones generales respecto al uso y grado de conservación de la formación (Figura 2.1). No. Inventario Fecha Localidad Lugar Altitud UTM Orientación Pendiente Sustrato Suelo Area Inv. (m2) Formación Lista de especies Estructura Observaciones 5 4 3 2 1 Total 1 2 3 4 ... n Total recubrimiento No. de especies Observaciones generales Pastoreo Talas/tocones Incendios Turismo Fauna silvestre Figura 2.1. Modelo utilizado para el levantamiento de los inventarios florísticos Para la recogida de los datos de cobertura del suelo por especie, en cada uno de los estratos, se mantuvieron los índices de abundancia- dominancia propuestos por Bertrand (1966): 5 = 75 a 100% 4 = 50 a 75% 3 = 25 a 50% 2 = 10 a 25% 1 = menos de 10% + = ejemplar único 101 En cuanto a la estructura, se modificó levemente la altura de los dos estratos inferiores, subarbustivo y herbáceo/rasante, respecto a lo señalado por el mencionado autor. Esto, con la finalidad de ser más congruentes con las características de la vegetación herbácea de la zona. Los rangos estructurales quedaron de la siguiente manera: 5 = más de 7 metros (arbóreo) 4 = de 3 a 7 metros (arborescente) 3 = de 1,5 a 3 metros (arbustivo) 2 = de 0,75 a 1,5 metros (subarbustivo) 1 = menos de 0,75 metros (herbáceo, rasante y muscinal). Bajo este modelo, se llevaron a cabo 79 inventarios florísticos, presentados en el Anexo 2-A. La selección de los sitios se hizo considerando las diversas comunidades vegetales observadas en campo y diferentes grados de conservación de éstas. La superficie inventariada varió en función de la formación, siendo los valores promedio de 300 m2 para los pinares de altura, 600 m2 para los demás bosques, 150m2 en los matorrales y 30 m2 en los pastizales. Como se mencionó en la introducción de este trabajo, dichos inventarios sólo se realizaron en la unidad montañosa que corresponde propiamente a la Sierra de Angangueo. Lo anterior representa casi la mitad del área total considerada en el trabajo de gabinete, es decir, cerca de 600 km2. Aunque cabe aclarar que en 34 sitios más, distribuidos por el resto del área de trabajo, se verificó también el uso del suelo, tema que se tratará en el apartado correspondiente (Figura 2.2). Con los datos obtenidos en los inventarios se elaboraron una serie de tablas sintéticas comparativas por cada una de las formaciones identificadas, con el fin de caracterizarlas y de reconocer sus diferencias y similitudes con respecto a las demás. Para ello se utilizaron los índices de abundancia-dominancia antes señalados, aunados a los índices de presencia siguientes: 102 V = 75 a 100% IV = 50 a 75% III = 25 a 50% II = 10 a 25% I = menos de 10% 104 2.1.2. Antecedentes México, por su particular posición geográfica y su complejidad física, climática y topográfica, es considerado uno de los países de mayor biodiversidad del planeta. No obstante, el estudio de las características, dinámica y distribución de los ecosistemas, y de las especies vegetales y animales que los conforman, se encuentra aún en una fase incipiente. No tanto por la calidad y el nivel de conocimiento de los estudios ya elaborados como por la enorme cantidad de aspectos y elementos que quedan por tratar. Los primeros estudios de la vegetación en México se remontan a algunos códices indígenas y a ciertos tratados de las primeras décadas de la colonia, en los que se hace mención de algunas plantas, sus propiedades y sus usos. En siglos posteriores aparecieron las aportaciones taxonómicas y florísticas que Humboldt y Bonpland hicieron a principios del Siglo XIX. A mediados de ese siglo tomó un fuerte impulso gracias a los trabajos fitogeográficos de grandes exploradores biólogos como Hartweg, Liebmann, Berlandier, Seemann, Parry y Galleoti (Rzedowski, 1981). Durante el resto del siglo XIX continuaron los estudios fitogeográficos, hasta los primeros años del siglo XX en que se empezaron a estudiar las comunidades vegetales de algunos estados. A partir de 1930 los trabajos de la vegetación se incrementaron considerablemente, pero fue a partir de 1960 cuando han tenido su mayor desarrollo. Aún así, quedan extensas zonas por estudiar, especialmente de los estados de Guanajuato, Querétaro, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, México, Tlaxcala, Puebla y parte de la Sierra Madre Occidental (Idem.). Nuestra área concreta de estudio corresponde a una de esas zonas que no han sido suficientemente estudiadas. Las primeras menciones de las principales especies vegetales en la Sierra de Angangueo se hacen a partir del descubrimiento, por parte de la comunidad científica, en 1976, de los sitios de hibernación de la mariposa Monarca. 105 El primer estudio detallado de las comunidades vegetales de la región data de 1983 y fue llevado a cabo en el colindante Cerro Cacique, al sur de la Sierra de Angangueo (Ibarra, 1983). En 1984 el INEGI publica la carta de Uso del Suelo y Vegetación, Morelia E14-1, a escala 1:250000. En ella se muestra la distribución de las principales formaciones vegetales y se señalan los inventarios florísticos de algunos puntos representativos de éstas. En el marco de los estudios para la conservación de la mariposa, Espejo et al. (1992) publicaron un artículo sobre la composición florística y principales comunidades vegetales en la Zona Núcleo de la Sierra Chincua. Mismo tema que, a su manera, trabajaron Soto y Vázquez (1993) para los tres santuarios de mariposas que se ubican en la Sierra de Angangueo. Más recientemente, Madrigal (1994) publicó un libro sobre las características ecológicas de la región forestal del oriente de Michoacán, donde se incluye parte de nuestra área en estudio. En 1996, Mejía con su tesis de licenciatura aportó el listado florístico más extenso, hasta ese momento, para la totalidad de la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca (REBMM), donde también incluye a los santuarios ubicados en los cerros Pelón y Cacique, al sur, y Altamirano, al norte. Y por último, Giménez et al. (1999) y Pinto (2000) llevaron a cabo un estudio fitosociológico, en colaboración con el presente, que ha servido de base principal en la elaboración de nuestro trabajo. La escasez de trabajos acerca de la dinámica de la vegetación de la zona, se compensa en parte con estudios de ecosistemas y comunidades vegetales de características similares. De estos destacan los trabajos de Madrigal (1967 y 1970) sobre la ecología del bosque de oyamel (Abies religosa) en el Valle de México y la caracterización fitoecológica de los volcanes de Fuego y Nevado de Colima. Así mismo, aportan información los trabajos del grupo de Biogeografía de la Facultad de Ciencias, UNAM, sobre la Sierra Chichinautzin y Sierra Nevada, al sur y oriente de la Cuenca de México, respectivamente (Velázquez, 1994; Velázquez e Islebe, 1995; Almeida et al. (en prensa). 106 2.1.3. Ubicación biogeográfica La zona en estudio se incluye dentro del área fitogeográfica regional denominada “Megaméxico” (Rzedowski, 1991; Velázquez e Islebe, 1995), la cual se extiende desde el sur de los Estados Unidos hasta la depresión de Nicaragua. Es una amplia zona de transición florística y faunística entre los reinos Holártico y Neotropical, por lo que participan elementos de ambos reinos en proporciones similares. Se calcula que en ésta región existe una afinidad genérica del 95% y una alta proporción de elementos endémicos. La depresión de Nicaragua, que separa las montañas de Costa Rica de las de Guatemala, El Salvador y Honduras, marca un límite florístico muy claro, especialmente para las especies de clima templado o frío. Es el punto más meridional de la distribución de elementos holárticos como Pinus y Abies y el más septentrional de muchas plantas propias de las montañas sudamericanas. También lo es para las componentes de comunidades clímax de clima cálido, pero las especies neotropicales propias de vegetación secundaria o de sitios perturbados tiene una amplia distribución por todo México, Centro y Sudamérica, e incluso Las Antillas. Con base en el análisis de las afinidades geográficas, los coeficientes de similitud, los endemismos y la distribución de la flora de diferentes regiones del país, Rzedowski (1981) distingue 17 provincias florísticas, agrupadas en cuatro regiones, que hasta el momento siguen considerándose válidas. De éstas provincias, sólo dos están compuestas por especies básicamente del Reino Holártico, en otras once predominan ampliamente los elementos neotropicales y en cuatro más, la mezcla de elementos de ambos reinos es muy homogénea (Figura 2.3). La Sierra de Angangueo se localiza dentro de ese último grupo, en la provincia “Serranías Meridionales” de la región florística “Mesoamericana de Montaña”. Esta provincia abarca las zonas 107 montañosas del Sistema Volcánico Transmexicano y de la Sierra Madre del Sur. Al igual que el resto de la región florística, se caracteriza por un estrato arbóreo compuesto, casi en su totalidad, por especies de afinidad holártica superpuesto a un sotobosque con dominancia de componentes neotropicales, en el que abundan las herbáceas. Figura 2.3. Mapa de las provincias florísticas de México Estados Unidos de América MÉXICO Golfo de México O céano Pacífico Centroamérica 1 7 8 1 9 3 12 10 4 4 5 5 14 5 12 16 11 17 6 6 15 13 2 0 250 500 Km. Fuente: Rzedowski, 1981. 30º 25º 20º 15º 100º105º110º 95º 90º 30º 25º 20º 15º PROVINCIAS 1. California 2. Isla Guadalupe 3. Sierra Madre Occidental 4. Sierra Madre Oriental 5. Serranías meridionales 6. Serranías transistmicas 7. Baja California 8. Planicie costera del noroeste 9. Altiplanicie 10. Planicie costera del noreste 11. Valle de Tehuacán-Cuicatlán 12. Costa Pacífica 13. Islas Revillagigedo 14. Depresión del Balsas 15. Soconusco 16. Costa del Golfo de México 17. Península de Yucatán PACÍFICA NORTEAMERICANA MESOAMERICANA DE MONTAÑA XEROFITICA MEXICANA CARIBEA HOLARTICO NEOTROPICAL REGIONES REINOS 109 2.1.4. La composición florística 2.1.4.1. Las especies inventariadas Como parte de los resultados obtenidos de los inventarios, hemos encontrado 325 especies formando parte de la flora de la sierra, las cuales pertenecen a 159 géneros que se agrupan en 60 familias (no se han considerado musgos, hongos ni parásitas). Las familias con mayor número de especies son: compuestas con 80 especies (25% de los táxones reconocidos en campo), gramíneas con 35 (11%) y labiadas con 24 (6%). También aparecen muy diversificadas las polipodiáceas con 18 especies, solanáceas con 11, cariofiláceas, rosáceas y leguminosas con 10, así como pináceas con 9. Estas nueve familias agrupan el 65% de las especies registradas, otras siete familias (ciperáceas, ericáceas, escrofulariáceas, fagáceas, geraniáceas, rubiáceas y umbelíferas,) suman 12 % más y las 43 restantes sólo alcanzan el 23% (Figura 2.4, Anexo 2-B). Esas especies pertenecen también a un elevado número de géneros. Las compuestas presentes en la sierra se dividen en 23 géneros, de los que destacan Senecio (16 especies), Eupatorium (13), Stevia (10) y Gnaphalium (7). De los 16 géneros de las gramíneas, el más numeroso es Mulhembergia, con 6 elementos. Las labiadas sólo cuentan con 4 géneros, pero uno de ellos es el más rico de la sierra, Salvia con 17 especies, además de Stachys representado por 5 especies. También destacan por su variedad los géneros Quercus y Pinus, con 7 y 6 especies, respectivamente. El listado completo de las especies que forman la vegetación de la sierra puede encontrarse en el Anexo 2-B. 110 Figura 2.4. Espectro florístico por familias de las especies presentes en los inventarios de vegetación 2.1.4.2. Formas biológicas Según las observaciones realizadas en campo y la información proporcionada por algunos autores (Madrigal, 1967; Ibarra, 1983; Espejo, 1992 y Velázquez, 1993), el espectro biológico global de la vegetación de la sierra, según la clasificación de las formas biológicas de Raunkiaer, es propio de regiones templadas (Elhaï, presentado por Ferreras y Fidalgo, 1991). Sólo que, al tratarse de una zona montañosa tropical, las fanerófitas (plantas que conservan su porte habitual, aunque disminuyan sus funciones fisiológicas en la época menos favorable) son proporcionalmente más numerosas que en dicho espectro (Figura 2.5). El grupo más numeroso corresponde a las hemicriptófitas (plantas que en la estación desfavorable sólo mantienen las partes situadas al ras del suelo), con el 38% de las especies registradas. En este grupo destacan la mayoría de las especies de Senecio y otras compuestas como Gnaphalium, Hieracium y Stevia, los helechos (polipodiáceas), algunas gramíneas como Bromus, Muhlenbergia y Trisetum, y las rosáceas Lachemilla y Potentilla. Otras (45 familias) Compuestas Gramíneas Labiadas Polipodiáceas Rosáceas Solanáceas Pináceas Cariofiláceas Leguminosas Fagáceas Umbelíferas Geraniáceas Escrofulariáceas Ciperáceas Rubiáceas Ericáceas 111 Les siguen las fanerófitas con el 29%, categoría que abarca a todos los árboles (Abies religiosa, Pinus, Quercus, Alnus, Cleyera integrifolia, etc.) y arbustos (Acaena elongata, Baccharis, Eupatorium, Fuchsia, Senecio, Verbesina, etc.) y algunas pocas hierbas (Physalis, Rubus plinglei y Senecio). Figura 2.5. Formas biológicas, según Raunkiaer, de la vegetación de la Sierra de Angangueo El grupo siguiente, según su presencia, corresponde a las caméfitas (plantas que se adaptan a la estación desfavorable mediante la reducción de sus partes aéreas) las cuales alcanzan el 12%. Aquí encontramos arbustos como Salvia fulgens, S. microphylla y Solanum, además de herbáceas, entre las que destacan Castilleja, Festuca, Penstemon, Salvia y Stellaria. Siguen las terófitas (plantas anuales que subsisten en estado de semillas) con el 11%, destacando las hierbas de los géneros Arenaria, Bidens, Poa, Hemicriptófitas 38% Fanerófitas 29% Caméfitas 12% Terófitas 11% Geófitas 10% 112 Stachys, Trifolium y Vicia. Y por último las geófitas (plantas de las que sólo subsisten sus partes subterráneas, bulbos o rizomas, durante la época desfavorable) con 10%, donde sobresalen las orquídeas, algunos helechos y especies como Arracacia, Carex, Desmodium y Oxalis (Figura 2.5). 2.1.4.3. Afinidades fitogeográficas Como se ha mencionado anteriormente, la Sierra de Angangueo se localiza dentro de una provincia florística caracterizada por la mezcla de elementos holárticos y neotropicales. Por tal motivo, se ha considerado conveniente analizar la afinidad geográfica de las especies que componen su flora para conocer su situación particular. Lamentablemente no se ha podido contar con información de la afinidad geográfica de todas las especies inventariadas, por lo que no se puede hacer un diagnóstico preciso de la composición fitogeográfica de la sierra. Aún así, las referencias encontradas en la bibliografía consultada nos permiten conocer la filiación geográfica del 100% de las especies arbóreas, 70% de las arbustivas y 30% de las herbáceas. Además, si consideramos que en el sotobosque de los bosques de esta provincia florística la proporción de elementos neotropicales suele ser mayor (Rzedowski, 1981; Almeida et al., en prensa), podemos deducir que los datos presentados en la Cuadro 2.1 son suficientemente representativos. Aunque con toda seguridad la participación de elementos de afinidad con Sudamérica en los estratos arbustivo y herbáceo sería mayor que la señalada. Cuadro 2.1. Filiación fitogeográfica de las principales especies inventariadas en la Sierra de Angangueo Elementos Componente Familias arbóreos arbustivos herbáceos Total especies Gen. Esp. Gen. Esp. Gen. Esp. Templado Norte 18 9 23 4 5 13 22 50 113 Sur 5 - - 7 33 5 40 73 Asia 3 3 4 - - - - 4 Cálido Sur 3 - - - - 3 5 5 Las especies cosmopolitas no se han indicado en el cuadro anterior y sólo representan el 1% de las especies inventariadas. Entre ellas se encuentran Cerastium glomeratum, Capsela bursapastoris, Prunella vulgaris, Sonchus oleracerus, Urtica dioica y Vulpia myuros. Tampoco se han señalado los géneros de distribución global como Adiantum, Asplenium, Bidens, Gnaphalium, Poa, etc. a) Géneros de climas templados La gran mayoría de las especies registradas en la Sierra de Angangueo son propias de climas de templados a fríos y de húmedos a subhúmedos. Para este trabajo hemos clasificado los elementos florísticos según su afinidad a tres zonas que son: 1) al norte de México, pertenecientes al Reino Holártico, 2) al sur del país, correspondientes al Reino Neotropical y 3) de afinidad con Asia, del Reino Paleotropical. Filiación holártica. Este es el elemento fitogeográfico más notable de los bosques de la Sierra de Angangueo, ya que la gran mayoría de las especies arbóreas, ampliamente dominantes, tienen gran similitud con las de Estados Unidos y Canadá. Entre ellas destacan Abies religiosa, seis especies de Pinus y ocho de Quercus, además de Cupressus lusitanica, Crataegus mexicana y un par de especies de los géneros Alnus, Arbutus y Salix. Las especies arbustivas señaladas con esta afinidad son muy escasas, pero destacan por su presencia Juniperus monticola y Arctostaphylos discolor; además, se encuentran A. rupestris, Vaccinium geminiflorum y Holodiscus sp. Así mismo, la proporción de elementos del estrato arbustivo tampoco es muy elevada. Entre éstos últimos se localizaron seis especies de Muhlenbergia, tres de Cerastium y Penstemon y una 114 especie de géneros como Ceanothus, Chimaphyla, Mimulus, Phacelia, Sibthorpia, Tauschia y la parásita Arceuthobium abietis-religiosae. En la mayoría de los casos la afinidad sólo es genérica, ya que el endemismo a nivel de especie es muy elevado. Orofitos neotropicales. A pesar de que el número de familias y géneros presentes con esta filiación es considerablemente menor que en el anterior caso, el número de especies se incrementa debido a la presencia de varios géneros muy diversificados. Tal es el caso de las especies de Salvia (21), Senecio (19), Stevia (10) y Eupatorium (13), que en los tres primeros géneros poseen representantes tanto en el estrato arbustivo como en el herbáceo. También destacan por su frecuencia en la flora de la región las especies arbustivas de Baccharis (3), Cestrum y Fuchsia (2 de cada género) y Oreopanax (1). Dentro de las herbáceas sólo podemos añadir Tagetes coronopifolia, aunque sabemos que del 70% de las especies de este estrato, cuya filiación fitogeográfica no hemos podido determinar, un número muy elevado correspondería a este componente. Orofitos paleotropicales. La similitud con especies asiáticas resulta muy interesante por la gran distancia que actualmente separa a estas dos regiones, aún así, algunos de los elementos más representativos de los bosques mesófilos de montaña mexicanos tienen esta filiación. Este es el caso de los árboles de Clethra lanata y C. mexicana, Cleyera integrifolia y Symplocos prionophylla, elementos muy frecuentes en la flora de la región. b) Géneros de climas cálidos El componente florístico cálido esta muy escasamente representado en la flora de la sierra en estudio. En todo caso, las especies encontradas tienen afinidad con la flora Neotropical y aportan uno de los elementos herbáceos más comunes de las comunidades vegetales de la sierra: 115 Lachemilla procumbens, además de L. aff. sibbaldiaefolia, Didymaea floribunda y Cheilanthes sp. 2.1.4.4. Endemismos La riqueza florística de la sierra en estudio es muy elevada. El sistema montañoso en el que se encuentra funciona como una verdadera isla ecológica, donde la concentración de elementos endémicos es muy alta. El endemismo presente en la sierra en estudio corresponde, según la tipología de Rzedowski (1991), al de plantas abundantes de distribución restringida o casi restringida. Tal es el caso del Abies religiosa que sólo se localiza sobre el Sistema Volcánico Transversal (Ceballos, 1958; Miranda y Hernández, 1963), y de la mayor parte de las especies de Pinus (Critchfield y Little, 1966) y Quercus (Martínez, 1981) que se limitan al territorio mexicano, aunque en algunos casos alcanzan las serranías guatemaltecas. A esas coníferas se añade un importante número de especies neoendémicas pertenecientes a grupos evolutivamente muy activos, como Castilleja, Desmodium, Eryngium, Eupatorium, Lupinus, Muhlenbergia, Salvia, Senecio, Stevia y Verbesina, que junto con Quercus, forman parte de un importante centro de diversificación de especies localizado en nuestro país (Rzedowski, 1981 y 1991). Esto queda suficientemente corroborado con el elevado número de especies de algunos de estos géneros que hemos colectado en campo. También se han localizado elementos de géneros endémicos de México y Centroamérica, como Echeandia. Entre las malezas y plantas ruderales tenemos algunos ejemplos como Cosmos bipinnatus, Sicyos deppei y Lopezia racemosa, que dan testimonio de los muchos siglos de civilización y desarrollo agrícola de Mesoamérica. Además de plantas endémicas que actualmente son ampliamente cultivadas, como magueyes (Agave), zarzamoras (Rubus) y chías (Salvia) (Rzedowski, 1991). 116 2.1.4.5. Especies indicadoras de perturbación Llama la atención la gran diversidad de especies que se ha reconocido en los levantamientos de campo. En buena parte, esta diversidad actual se ha originado y mantenido debido a los impactos ocasionados por la intervención humana, a través de la tala, el fuego y el pastoreo (Madrigal, 1967; Ibarra, 1983 y Velázquez, 1994). Así tenemos que, cualquier perturbación en el bosque puede propiciar la penetración de especies que no correspondan a las características de la comunidad clímax o estimular el aumento de algunos componentes normales (Madrigal, 1967). En situaciones de alteraciones leves por tala o fuego, el bosque de Abies es invadido por especies arbóreas, como Pinus hartwegii, P. montezumae y Cupressus sp., o arbustivas, como Juniperus monticola. Estas especies se consideran poco agresivas, ya que pueden volver a ser desplazadas fácilmente por el oyamel cuando las condiciones le sean favorables. En estas mismas situaciones, algunos componentes normales del bosque de Abies, como Salix sp., Symphoricarpos microphyllus y Lachemilla procumbens, suelen incrementar notablemente su cobertura. En caso de alteraciones muy fuertes o de cambio de uso del suelo, las especies invasoras suelen ser Quercus sp., Alnus sp. o Pinus pseudostrobus, que en ocasiones van acompañadas por escasos individuos de P. leiophylla, P. montezumae y Arbutus xalapensis (Madrigal, 1967; Ibarra, 1983). Otras especies muy frecuentes indicadoras de perturbación por tala, fuego o pastoreo son Arbutus glandulosa y A. xalapensis, Acaena elongata y Baccharis conferta, además de las pertenecientes a los géneros Castilleja, Cirsium, Eryngium, Lupinus, Muhlenbergia, Penstemon, Ribes, Senecio y Stipa (Madrigal, 1967; Islebe y Velázquez, 1994). 2.1.5. Las formaciones vegetales 117 Uno de los elementos más representativos del paisaje mexicano son los bosques de coníferas, ya que estos se distribuyen sobre todas las cadenas montañosas del país. En el área de estudio encontramos, según la clasificación de Rzedowski (1981), bosques de Abies, bosques de Pinus, bosques de Cupressus y bosque mesófilo de montaña con predominancia de coníferas. También se han distinguido las comunidades secundarias clasificadas como matorrales de Juniperus y pastizales. Además, ocupando una importante proporción del área en estudio, se encuentran los bosques mixtos de Pinus-Quercus, categoría fuera de la clasificación anterior pero ampliamente aceptada por todos los autores consultados, incluso por el mismo Rzedowski (Rzedowski y Madrigal, 1977). En el presente trabajo los tipos de bosques se han clasificado teniendo en cuenta su aspecto en el terreno, el cual está dado principalmente por las especies arbóreas que los componen. Es decir, se utiliza una clasificación fisonómica, cuya unidad de estudio es la formación. De igual manera, los matorrales se han distinguido según la especie arbustiva predominante. Esto ha dado lugar a algunas diferencias, especialmente en los bosques, respecto a las asociaciones fitisociológicas definidas por Gimenez et al. (1999) y Pinto (2000) para la misma área de trabajo y los mismos puntos inventariados. Las formaciones vegetales definidas, que se tratarán a continuación, son 1) bosque de pino de altura; 2) bosque de oyamel, dividido en tres tipos, puro, en codominancia con pino y mesófilo; 3) bosque mixto, de pino, encino y aile; 4) matorral de Juniperus; 5) matorral de Baccharis; y, 6) pastizal (Figuras 2.6 y 2.7). Figura 2.6. Espaciomapa de las principales formaciones vegetales 0 5 10 Km. Autora: Ramírez-Ramírez, María Isabel Compuesto de color: Landsat TM6 4-5-7. A PQ C Q MT VS P Bosques de oyamel Bosques mixtos pino-encino-aile Bosques de cedro Bosques de encino Matorral subtropical Vegetación arbustiva Pastizal inducido FORMACIONES VEGETALES 350000 360000 370000 380000 21 50 00 0 21 60 00 0 21 70 00 0 21 80 00 0 350000 360000 370000 380000 2150000 2160000 2170000 2180000 Angangueo H. Zitácuaro San Felipe Zirahuato El Paso Ocampo San Luis Aporo Palizada Providencia San José del Rincón Senguio Q MT P PQ PQ PQ VS PQ PQ PQ A A VS PQ VS A PQ PQ C C A PQ A A P PQ PQ PQ PQ PQ A P VS 119 Figura 2.7. Distribución altitudinal de los principales tipos de vegetación, según los datos del levantamiento de campo. 2.1.5.1. El bosque de pino de altura Critchfield y Little (1966) distinguen 94 especies de pino en todo el mundo, de las cuales 37 se encuentran dentro del territorio mexicano. La mayoría de ellas son endémicas de esta región, que incluye también el norte de Guatemala. Aunque también hay especies propias de los Estados Unidos y Canadá que alcanzan las montañas mexicanas más septentrionales (P. ponderosa), y algunos pinos mexicanos que llegan al sur de Estados Unidos (P. leiophylla y P. cembroides). El bosque de altura, formado por Pinus hartwegii, se presenta de forma discontinua sobre las mayores elevaciones desde Chihuahua y Nuevo León (estados fronterizos del norte de México) hasta Guatemala y El Salvador. Este bosque constituye el piso que marca el límite de la vegetación arbórea, aunque P. hartwegii puede presentarse también a 3 6 0 0 3 5 0 0 3 4 0 0 3 3 0 0 3 2 0 0 3 1 0 0 3 0 0 0 2 9 0 0 2 8 0 0 2 7 0 0 2 6 0 0 2 5 0 0 B . (A ) A bi es B . (A -P ) A bi es B . m es óf ilo B . m ix to M at or ra l ( J) M at or ra l ( B ) P as tiz al P in o ha rtw . Al tit ud (m sn m ) 120 menor altitud acompañando a P. montezumae (Critchfield y Little, 1966; Islebe y Velázquez, 1994). En la Sierra de Angangueo se localiza solamente en la cima del cerro Picacho, en la sierra El Campanario. Forma manchones en la franja altitudinal de los 3500 a los 3620m (máxima cota del área en estudio), por arriba del bosque de oyamel y del matorral de enebro (Figura 2.7). Su distribución habitual es sobre laderas de fuertes pendientes, pero aquí también cubre la zona cumbral aplanada. Presenta una fisonomía poco estratificada en la que predomina el elemento arbóreo. Los árboles tienen una altura entre 10 y 15 metros y están dispuestos en formación abierta. El Pinus hartwegii es la única especie dominante, si bien, frecuentemente se encuentran elementos poco desarrollados de Abies acompañándolos. El estrato arbustivo, entre 1 y 3 metros, es muy escaso y disperso, donde los elementos más frecuentes son Juniperus monticola y Senecio angulifolius. Por último, el estrato herbáceo, menor de 75 cm de altura, lo ocupan principalmente gramíneas de los géneros Agrostis, Festuca y Bromus y compuestas como Stevia, Bidens y Senecio (Figura 2.8). Figura 2.8. Pirámide de vegetación del bosque de pino de altura No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 62 Ej. Las Mesas (EdoMex) 3490 msnm 20º NE 300 Andesita Litosol Pinus hartwegii Abies religiosa Juniperus monticola Otras Gramíneas Compuestas 121 Fitosociológicamente se ha identificado a esta unidad como asociación Oxalido alpini-Pinetum hartwegii, cuyas especies diagnósticas son Pinus hartwegii, Oxalis alpina, Bromus exaltauts, Stevia ovata y Senecio mexicanus, Geranium bellum y Vaccinium geminiflorum (Giménez et al., 1999; Pinto, 2000). En el cuadro 2.2 se muestran dichas especies diagnósticas, así como otras características de estos bosques, obtenidas a partir de los inventarios realizados en esta comunidad. También se puede observar que especies propias de los bosques de Pinus hartwegii, como Bromus exaltatus y Oxalis alpina, se presentan con cierta frecuencia en otros tipos de comunidades forestales. A pesar de su aspecto poco diversificado, es una unidad que ha presentado alrededor de 25 especies por inventario, teniendo en cuenta superficies entre 200 y 300 m2, lo cual se puede deber a la influencia del fuego que propicia la aparición de gramíneas (Madrigal, 1967). Las evidencias encontradas de este tipo de perturbaciones indican que los incendios han sido recientes y que han afectado principalmente al estrato arbustivo. En menor medida se han encontrado rastros de pastoreo de ovejas. Cuadro 2.2. Presencia-abundancia de las especies del bosque de pino de altura, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra * Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru s M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l 1 Pinus hartwegii V-4 I-1 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 2 Juniperus monticola V-1 III-1 II-1 I-1 V-5 III-1 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 3 Festuca tolucensis V-1 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 3 Oxalis alpina V-1 IV-1 III-1 II-1 I-1 III-1 3 Stevia ovata V-1 I-1 III-2 3 Agrostis tolucensis IV-2 I-1 III-1 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 2 Senecio mexicanus IV-1 I-+ I-+ 3 Bidens triplinervia IV-1 I-1 II-1 3 Cerastium nutans IV-1 I-+ II -1 3 Geranium bellum IV-1 I-1 3 Lupinus aschenbornii var.cervantesii IV-1 I-+ 122 3 Penstemon gentianoides IV-1 I-1 II -1 I-+ 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 3 Vaccinium geminiflorum IV-1 3 Cerastium orithales III-+ I-1 I-1 3 Cyperus divergens III-+ II-+ 3 Eryngium carlinae III-+ II-+ III-+ I-+ IV-1 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 2 Senecio salignus II-1 I-+ I-+ III-1 IV-3 2 Senecio cinerarioides II-1 I-1 IV-1 IV-2 3 Brachypodium mexicanum II-1 III-2 II-1 II-2 II -1 II -2 3 Geranium potentillaieolium II-1 I-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Senecio aff.aschenbornianus II-1 I-1 3 Tauschia nudicaulis II-1 3 Trisetum espicatum II-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario 2.1.5.2. Los bosques de oyamel En el territorio mexicano se localizan 8 especies diferentes del género Abies (oyamel), seis de las cuales son endemismos (A. religiosa, A. hickelii, A. oaxacana, A. duranguensis, A. duranguensis var. coahuilensis, A. mexicana) y dos más que tienen sus centros en territorios de los Estados Unidos y de Guatemala (A. concolor y A. guatemalensis, respectivamente) (Miranda y Hernández, 1963). Los abetos mexicanos, junto con A. bracteata que se localiza al sur de California, parecen ser la rama más evolucionada y más meridional de éste género en el mundo (Ceballos, 1958). En México, este tipo de bosque sobresale entre el conjunto de las comunidades vegetales dominada por coníferas. Tal hecho se debe a las particulares condiciones ecológicas en que se desarrollan y de cuya existencia son indicadores: lugares de clima subfrío húmedo, con suelos profundos bien drenados, tanto en superficie como en profundidad y en un piso altitudinal bien definido entre los 2400 y los 3600 m de altitud (Miranda y Hernández, 1963; Rzedowski, 1981). Existen similitudes florísticas, faunísticas, fisonómicas y ecológicas entre los abetales mexicanos y los de las masas forestales de las regiones septentrionales de Norteamérica y Eurasia. Esto hace suponer que los elementos de nuestros bosques tuvieron su origen a partir de la biota que entró por el norte del país en épocas de condiciones climáticas mucho más frías que las actuales. En la actualidad existen notables 123 diferencias en el comportamiento fenológico de ambas masas boscosas, ya que los abetales mexicanos no interrumpen sus actividades de fotosíntesis, absorción y transpiración a lo largo del año, si acaso, éstas sólo se ralentizan en el periodo más frío y seco. Por otra parte, siempre hay verdor en los niveles inferiores de la comunidad, incluso el periodo de floración de muchas especies frecuentes corresponde a los meses de invierno, como Senecio angulifolius, S. barba-johannis, Arbutus xalapensis, Eupatorium sp., Fuchsia sp. y Salvia sp., entre otras (Madrigal, 1967; Rzedowski, 1981). Este bosque en condiciones naturales suele ser denso, lo que crea situaciones de penumbra a niveles inferiores que limitan el desarrollo de los estratos arbustivo y herbáceo. Pero, debido a diferentes tipos de alteraciones o a condiciones abruptas del terreno, los árboles pueden estar más separados y permitir la entrada de luz al interior, con lo cual el sotobosque se desarrolla y diversifica más. En su estado clímax es un bosque monoespecífico, por lo que también la presencia localizada de árboles de los géneros Pinus, Cupressus, Quercus, Alnus, Arbutus, entre otros, sugiere algún tipo de perturbación (Madrigal, 1967; Nieto, 1994). En la Sierra de Angangueo hemos distinguido tres tipos de comunidades de oyamel: un bosque puro de Abies; otro de Abies religiosa en codominancia con Pinus pseudostrobus y Quercus laurina; y un tercero, similar al anterior pero con una elevada presencia de especies mesofíticas. Todos ellos son bosques bien estructurados y de una gran diversidad, con promedio de 30 especies por inventario, donde el incremento en el número de especies está en relación con impactos leves ocasionados por el aprovechamiento del bosque (Madrigal, 1967; Soto y Vázquez, 1993; Velázquez, 1994), más no con su explotación. a) Bosque de oyamel Este tipo de bosque se encuentra en un intervalo altitudinal entre los 3100 y 3500 metros. Forma ecotono con el bosque de pino de altura, que ocupa el piso superior, y con el enebral, que forma manchones en la misma franja altitudinal (Figura 2.7). Estos matorrales generalmente 124 forman una orla arbustiva que separan los pastizales del oyametal, por lo tienen toda la apariencia de ser una etapa de sucesión del bosque. Estos bosques se encuentran sobre pendientes entre 10 y 30º. El estrato arbóreo está compuesto por una sola especie, Abies religiosa, de árboles entre 25 y 30 m de altura. Ocasionalmente se encuentra acompañado por algún elemento de Salix paradoxa o Cupressus lusitanica, que pueden llegar a medir 8 y 25 metros de altura, respectivamente. Este estrato tiene una cobertura promedio entre 50 y 75%, alcanzando densidades en torno a los 500 árboles por hectárea. Existe un nivel arborescente escaso (10% de cobertura), compuesto principalmente por árboles jóvenes de las especies antes mencionadas, así como por arbustos de Senecio angulifolius y Ribes ciliatum que pueden alcanzar alturas de más de 4 metros (Figura 2.9). En esta unidad el estrato arbustivo (1,5 a 3 m) tiene una cobertura promedio menor de 25%, donde las especies más frecuentes son Senecio angulifolius, Cestrum thyrsoideum, Salvia fulgens, Fuchsia microphylla, Juniperus monticola y Symphoricarpus microphyllus. El estrato subarbustivo (0,75-1,5 m) tiene una cobertura menor del 10% y esta representado por elementos jóvenes o de poca talla de los estratos anteriormente mencionados. El estrato herbáceo (menos de 75 cm) esta dominado por Acaena elongata, Lachemilla procumbens, Stellaria cuspidata, Senecio callosus, S. tolucanus, S. sanguisorbae, Sibthorpia repens, entre muchas especies más, cubriendo aproximadamente entre el 50 y 75% de la superficie del suelo (Figura 2.9, Cuadro 2.3). 125 Figura 2.9. Pirámide de vegetación del bosque de oyamel puro. Giménez et al. (1999) identifican esta asociación como Galio uncinulati- Abietetum religiosae, caracterizada por Abies religiosa, Galium uncinulatum, Sibthorpia repens y Arracacia rigida. La mayoría de los demás elementos más frecuentes están citados por Madrigal (1967) como indicadores de la acción del fuego, pastoreo y tala. En especial, llama la atención la gran abundancia de Acaena elongata, asociada al pastoreo de ganado ovino. o 2.3. Presencia-abundancia de las especies del bosque de oyamel puro, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro * Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru s M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 2 Acaena elongata V-2 V-1 IV-2 II-1 V-1 V-2 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 3 Senecio callosus I-+ V-1 IV-+ IV-+ II-1 III-1 II -1 3 Cirsium erhenbergii V-+ IV-1 III-+ III-+ I-1 II -1 2 Cestrum thyrsoideum IV-1 V-1 IV-1 IV-2 II -1 II -1 2 Fuchsia microphylla IV-1 V-1 V-1 II-+ I-1 2 Salvia fulgens IV-1 V-1 IV-1 III-2 I-1 II -2 2 Symphoricarpus microphyllus IV-1 IV-1 II-+ III-1 V-1 IV-1 3 Oxalis alpina V-1 IV-1 III-1 II-1 I-1 III-1 3 Senecio sanguisorbae IV-1 IV-1 IV-1 II-1 I-2 III-1 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 3 Sibthorpia repens IV-1 V-1 V-1 IV-1 III-1 No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: Los Lobos (EdoMex) 3455 msnm 17 15º S 600 Andesita Andosol Abies religiosa Salix paradoxa Senecio angulifolius Juniperus monticola Compuestas arbustivas Compuestas herbáceas Gramíneas Rosáceas Otras especies 126 3 Stellaria cuspidata IV-1 V-1 III-+ IV-1 IV-1 III-1 3 Cerastium molle I-+ IV-+ II-1 II-+ III-1 II -1 IV-1 3 Galium uncinulatum IV-+ III-+ III-+ II-+ II -1 3 Geranium seemannii IV-+ V-1 III-+ IV-+ III-1 V-1 2 Eupatorium pazcuarense III-2 I-1 I-1 I-1 III-1 III-1 3 Brachypodium mexicanum II-1 III-2 II-1 II-2 II -1 II -2 1 Ribes ciliatum III-1 I-+ V-2 I-2 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 2 Baccharis conferta III-1 I-1 II-+ III-1 IV-1 V-4 2 Juniperus monticola V-1 III-1 II-1 I-1 V-5 III-1 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 3 Solanum demissum I-+ III-1 II-1 II-+ II -1 IV-1 I-1 3 Asplenium monanthes III-+ V-+ IV-+ III-1 I-1 I-1 3 Cystopteris fragilis III-+ II-+ II-+ III-+ I-1 I-+ 3 Galium aschenbornii III-+ III-+ III-+ II-+ I-1 I-1 3 Briophyta II-4 II-3 II -3 2 Stevia aff.subpubescens II-2 II-1 III-1 I-+ II -1 I-1 2 Eupatorium schaffneri II-1 I-1 II-1 2 Salvia gesneraeflora II-1 I-+ II-1 2 Senecio barba-johannis II-1 II-1 IV-1 2 Stevia bustamenta II-1 I-1 3 Cinna poaeformis II-1 I-2 I-1 I-1 3 Oxalis jacquiniana II-1 I-+ I-1 3 Stevia ovata var.ovata II-1 I-1 3 Trisetum virlettii II-1 IV-1 IV-+ III-1 3 Viola guatemalensis I-+ II-1 II-+ II -1 III-1 3 Castilleja arvensis II-+ I-+ II-+ I-+ 3 Eryngium carlinae III-+ II-+ III-+ I-+ IV-1 3 Penstemon campanalatus II-+ I-+ II-+ I-+ III-1 II -1 3 Stellaria media II-+ III-+ I-+ 1 Cupressus lusitanica I-2 I-4 I-1 3 Heuchera aff. orizabensis I-2 I-1 III-1 2 Buddleia americana I-1 I-+ II-1 I-+ I-1 2 Eupatorium petiolare I-1 2 Senecio cinerarioides II-1 I-1 IV-1 IV-2 2 Solanum nigrescens I-1 I-+ 3 Cerastium orithales III-+ I-1 I-1 3 Galium seatonii I-1 3 Stevia jorullensis I-+ I-1 I-+ 3 Stipa mexicana I-1 I-1 V-2 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario 127 b) Bosque de oyamel-pino-encino Esta formación ocupa un piso altitudinal por debajo del anterior, de 2900 a 3150 metros, que comparte con la parte más elevada del bosque mesófilo de montaña, con el matorral de Baccharis y también con el pastizal (Figura 2.6). También se encuentra sobre pendientes que oscilan entre 10 y 30º. La estructura es muy similar a la descrita en la formación anterior, aunque existen notables diferencias. Son bosques ligeramente más densos que los anteriores en todos los niveles. El estrato arbóreo tiene una cobertura entre 75 y 100%, donde, además del oyamel, se encuentran pinos (Pinus pseudostrobus) y encinos (Quercus laurina), además de otros árboles, como madroños (Arbutus glandulosa y A. xalapensis). Localmente también se pueden ver elementos de Salix paradoxa, Cupressus lusitanica, Styrax ramirezii e Ilex tolucana (Cuadro 2.4). Con lo cual, se tienen en realidad dos estratos arbóreos, uno mayor de 20 m compuesto por las coníferas y otro en torno a los 10 m formado por las latifoliadas (Figura 2.10). La densidad de árboles por hectárea oscila entre 500 y 700 elementos. Figura 2.10. Pirámide de vegetación del bosque de oyamel-pino Abies religiosa Pinus pseudostrobus Salix paradoxa Salvia elegans Compuestas arbustivas Compuestas herbáceas Gramíneas Otras especies No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 8 Santa Ana (EdoMex) 3050 msnm 25º W 200 Andesita Andosol 128 Cuadro 2.4. Presencia-abundancia de las especies del bosque de oyamel con pino y encino, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru s M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 1 Pinus pseudostrobus V-2 V-3 IV-3 I-2 2 Acaena elongata V-2 V-1 IV-2 II-1 V-1 V-2 2 Cestrum thyrsoideum IV-1 V-1 IV-1 IV-2 II -1 II -1 2 Fuchsia microphylla IV-1 V-1 V-1 II-+ I-1 2 Fuchsia thymifolia I-+ V-1 V-1 IV-1 2 Salvia fulgens IV-1 V-1 IV-1 III-2 I-1 II -2 2 Satureja macrosterma I-+ V-1 III-1 II-1 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 2 Verbesina oncophora V-1 III-1 3 Geranium seemannii IV-+ V-1 III-+ IV-+ III-1 V-1 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 3 Sibthorpia repens IV-1 V-1 V-1 IV-1 III-1 3 Stellaria cuspidata IV-1 V-1 III-+ IV-1 IV-1 III-1 3 Asplenium monanthes III-+ V-+ IV-+ III-1 I-1 I-1 1 Quercus laurina IV-2 IV-2 III-2 2 Arctostaphylos discolor I-+ IV-1 III-1 III-1 2 Arracacia atropurpurea I-+ IV-1 II-1 2 Symphoricarpus microphyllus IV-1 IV-1 II-+ III-1 V-1 IV-1 3 Cirsium erhenbergii V-+ IV-1 III-+ III-+ I-1 II -1 3 Senecio sanguisorbae IV-1 IV-1 IV-1 II-1 I-2 III-1 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 3 Trisetum virlettii II-1 IV-1 IV-+ III-1 3 Bidens serrulata I-+ IV-+ III-1 I-+ I-1 3 Senecio callosus I-+ V-1 IV-+ IV-+ II-1 III-1 II -1 1 Arbutus glandulosa III-1 I-+ II-1 2 Eupatorium glabratum III-1 II-1 I-2 I-1 2 Eupatorium mairetianum III-1 IV-1 IV-2 I-2 3 Bromus carinatus I-+ III-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Oxalis alpina V-1 IV-1 III-1 II-1 I-1 III-1 3 Salvia helianthemifolia III-1 II-1 II-1 3 Adiantum andicola III-+ IV-1 III-1 3 Chimaphyla umbellata III-+ III-+ I-1 3 Fragaria mexicana III-+ II-1 II-1 I-1 3 Galium aschenbornii III-+ III-+ III-+ II-+ I-1 I-1 3 Galium uncinulatum IV-+ III-+ III-+ II-+ II -1 3 Lupinus elegans I-+ III-+ II-+ 3 Salvia elegans II-2 III-2 II-2 I-1 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 1 Styrax argenteus var.ramirezii II-1 II-2 II-1 2 Archibaccharis asperifolia II-1 I-+ 2 Arracacia rigida I-+ II-1 IV-1 III-1 I-+ 2 Eupatorium rivale II-1 II-1 III-2 II -3 2 Juniperus monticola V-1 III-1 II-1 I-1 V-5 III-1 2 Senecio barba-johannis II-1 II-1 IV-1 2 Stevia aff.subpubescens II-2 II-1 III-1 I-+ II -1 I-1 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 3 Cerastium molle I-+ IV-+ II-1 II-+ III-1 II -1 IV-1 3 Salvia mexicana II-1 I-+ I-1 3 Salvia plurispicata II-1 II-1 3 Senecio roseus II-1 I-1 3 Smilax moranensis II-1 IV-+ V-1 I-1 3 Solanum demissum I-+ III-1 II-1 II-+ II -1 IV-1 I-1 129 3 Stachys coccinea II-1 II-+ I-1 I-1 3 Stevia incognita II-1 I-+ 2 Monnina schlechtendaliana II-+ II-+ II-1 3 Cystopteris fragilis III-+ II-+ II-+ III-+ I-1 I-+ 3 Dryopteris wallichiana I-+ II-+ II-1 I-1 3 Gibasis pulchella I-+ I-+ II-+ I-+ I-1 3 Psacalium peltatum II-+ I-+ I-+ I-+ I-1 3 Vicia americana var. americana II-+ I-1 I-+ I-1 I-1 1 Clethra mexicana I-2 II-1 III-1 Continuación... 2 Baccharis conferta III-1 I-1 II-+ III-1 IV-1 V-4 2 Brickellia sp I-1 2 Eupatorium bustamenta I-1 2 Eupatorium pazcuarense III-2 I-1 I-1 I-1 III-1 III-1 2 Eupatorium schaffneri II-1 I-1 II-1 2 Solanum cervantesii I-1 II-+ III-1 I-1 I-1 3 Aegopogon sp. I-1 3 Bidens ostruthioides I-+ I-1 III-1 I-+ I-1 I-1 3 Claytonia perfoliata I-+ I-+ I-1 I-+ III-1 II -1 3 Festuca amplissima I-+ I-1 II -1 3 Geranium potentillaieolium II-1 I-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Heuchera aff. orizabensis I-2 I-1 III-1 3 Hieracium abscissum I-+ I-1 I-+ I-+ I-1 3 Polystichum sp I-+ I-1 II-+ I-1 3 Stevia ovata var.ovata II-1 I-1 3 Stevia rhombifolia I-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario Los estratos arborescente y arbustivo no presentan grandes cambios, excepto un notable incremento en la frecuencia y abundancia de arbustos de Satureja macrosterma y Verbesina oncophora y la ausencia de Juniperus monticola. Las especies más frecuentes del estrato herbáceo tampoco varían mucho, aunque se dan algunos cambios de presencia y ausencia en las compañeras (Cuadro 2.4) Giménez et al. (1999) y Pinto (2000) no identifican este tipo de bosque como una asociación fitisociológica en particular. Según dichos trabajos, algunos de los muestreos realizados en esta comunidad se clasifican como correspondientes a la asociación anterior, Galio uncinulati-Abietetum religiosae, y otros como comunidad de pino- encino. c) Bosque mesófilo Según Rzedowski (1981), en México el bosque mesófilo de montaña corresponde al clima húmedo de altura. Ocupa sitios más húmedos que los típicos de bosques de Pinus y Quercus y más cálidos que los del 130 bosque de Abies pero más frescos que los que propician la existencia de los bosques tropicales. Existen diversas denominaciones que hacen mención de este bosque, en las que se hace referencia a su ubicación de altura, su humedad y su densidad (Idem.). Debido a sus particulares requerimientos climáticos, este bosque se distribuye de manera fragmentada y en zonas restringidas a lo largo del territorio mexicano. En la literatura consultada respecto a la vegetación de la zona en estudio, sólo Ibarra (1983) y Soto y Vázquez (1993) describen esta comunidad. El primero, que también la llama “bosque mésofilo de montaña”, la sitúa entre 2300 y 2600 m de altitud; mientras que los segundos, que la denominan “Upland cloud forest”, la ubican entre 2500 y 2750 msnm. No obstante, en los inventarios realizados en el presente trabajo se ha encontrado en una franja altitudinal más amplia, de 2600 a 3160 metros, aunque compartiéndola con todas las demás comunidades identificadas, excepto con el bosque de Pinus hartwegii (Figura 2.6). No parece haber ningún patrón en su orientación, pero resulta llamativo que, a pesar de su preferencia por cañadas y sitios protegidos (Madrigal, 1970; Rzedowski, 1981) en la zona del cerro Huacal se presenta en sitios con pendientes de 5º o menos. La composición y fisonomía son muy similares a las de las comunidades anteriores, identificadas también como bosques de oyamel (Figura 2.11). De hecho, Giménez et al. (1999) y Pinto (2000) la consideran como subasociación Galio uncinulati-Abietetum religiosae cleyeretosum integrifoliae, que difiere de la asociación por incorporar elementos mesófilos más termófilos procedentes de la vecina cuenca del Balsas. Las especies diferenciales son Cleyera integrifolia, Clethra mexicana, Cornus disciflora, Simplocos prionophylla, Styrax argenteus var. ramirezii y Smilax moranensis. Todos ellas son especies, o géneros, comunes de los bosques mesófilos de montaña del país (Rzedowski, 1981). 131 Figura 2.11. Pirámide de vegetación del bosque mesófilo En estos bosques, el número de especies por unidad inventariada aumenta a un promedio de 35 elementos. El estrato arbóreo, según la clasificación utilizada por Madrigal (1967) presenta seis especies constantes, cinco accesorias y nueve accidentales, alcanzando una cobertura entre el 90 y 100%, con lo cual se tienen densidades que superan los 800 árboles por hectárea. El resto de los estratos no cambian mucho, aunque es notorio el aumento de compuestas. A pesar de ser bosques en aparente buen estado de conservación, presentan muchos elementos indicadores de perturbación que, al igual que en las comunidades anteriores, sugieren una relación entre la diversidad de especies y el uso no excesivo de los recursos forestales (Cuadro 2.5). Dentro de esta comunidad se han localizado algunos pocos manchones donde predominan los cedros (Cupressus lusitanica). Según Rzedowski (1981), en muy pocos lugares de México las especies de Cupressus llegan a ser dominantes, pero frecuente se puede encontrarlas en convivencia con oyameles y a veces con pinos y con encinos. En la zona en estudio sólo se localiza una unidad importante en el cerro El Cedral. Es probable que en otro tiempo haya estado mejor representado, ya que en la actualidad, además de ser escaso, esta muy alterado (Madrigal, 1994). En los manchones observados existen muchas evidencias de tala selectiva reciente. Espejo et al. (1992) hacen referencia a esta unidad como “Bosque de Escuamifolios”. Ellos identificaron un pequeño manchón sobre los 2900 No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 22 C.I. C.Morales (Mich.) 2830 msnm 25º SW 300 m2 Andesita Andosol Quercus laurina Pinus pseudostrobus Abies religiosa Clethra mexicana Cleyera integrifolia Solanum cervantesii Salvia elegans Verbesina discoidea Eupatorium mairetianum Compositae Labiatae Fuchsia sp. Otras herbáceas 132 msnm en el arroyo El Zapatero de la sierra Chincua, acompañado por árboles como Alnus firmifolia y Salix paradoxa; arbustos de Senecio angulifolius y Eupatorium; y herbáceas representadas por Salvia, Sibthorpia y otras compuestas. En campo se ha podido observar que varias de las plantaciones y repoblaciones forestales se han hecho con Cupressus. Algunas de ellas han fracasado, sobre todo por causa de la técnica empleada, pero otras están en condiciones aceptables. Al respecto, Madrigal (1994) hace referencia a una plantación de cedro, comprendida en el área de distribución natural de la especie, con árboles de 80 años de edad. Aunque también señala que en ese sitio el renuevo esta dominado por Pinus pseudostrobus. Cuadro 2.5. Presencia-abundancia de las especies del bosque mesófilo, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo * Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru s M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 1 Pinus pseudostrobus V-2 V-3 IV-3 I-2 1 Cleyera integrifolia V-1 I-1 2 Fuchsia microphylla IV-1 V-1 V-1 II-+ I-1 2 Fuchsia thymifolia I-+ V-1 V-1 IV-1 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 3 Sibthorpia repens IV-1 V-1 V-1 IV-1 III-1 1 Quercus laurina IV-2 IV-2 III-2 2 Acaena elongata V-2 V-1 IV-2 II-1 V-1 V-2 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 2 Arracacia rigida I-+ II-1 IV-1 III-1 I-+ 2 Cestrum thyrsoideum IV-1 V-1 IV-1 IV-2 II -1 II -1 2 Eupatorium mairetianum III-1 IV-1 IV-2 I-2 2 Salvia fulgens IV-1 V-1 IV-1 III-2 I-1 II -2 2 Senecio barba-johannis II-1 II-1 IV-1 3 Adiantum andicola III-+ IV-1 III-1 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 3 Senecio sanguisorbae IV-1 IV-1 IV-1 II-1 I-2 III-1 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 3 Asplenium monanthes III-+ V-+ IV-+ III-1 I-1 I-1 3 Senecio callosus I-+ V-1 IV-+ IV-+ II-1 III-1 II -1 3 Smilax moranensis II-1 IV-+ V-1 I-1 3 Trisetum virlettii II-1 IV-1 IV-+ III-1 3 Salvia elegans II-2 III-2 II-2 I-1 1 Cornus disciflora I-1 III-1 I-1 1 Symplocos prinophylla I-1 III-1 2 Arctostaphylos discolor I-+ IV-1 III-1 III-1 2 Satureja macrosterma I-+ V-1 III-1 II-1 133 2 Stevia aff.subpubescens II-2 II-1 III-1 I-+ II -1 I-1 2 Verbesina oncophora V-1 III-1 2 Verbesina serrata III-1 I-1 I-1 3 Bidens ostruthioides I-+ I-1 III-1 I-+ I-1 I-1 3 Bidens serrulata I-+ IV-+ III-1 I-+ I-1 3 Bromus carinatus I-+ III-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 3 Echeandia leptophylla I-+ III-1 I-+ 3 Geranium potentillaieolium II-1 I-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Heuchera aff. orizabensis I-2 I-1 III-1 3 Cirsium erhenbergii V-+ IV-1 III-+ III-+ I-1 II -1 3 Chimaphyla umbellata III-+ III-+ I-1 3 Eryngium carlinae III-+ II-+ III-+ I-+ IV-1 3 Galium aschenbornii III-+ III-+ III-+ II-+ I-1 I-1 3 Galium uncinulatum IV-+ III-+ III-+ II-+ II -1 3 Geranium seemannii IV-+ V-1 III-+ IV-+ III-1 V-1 3 Gnaphalium oxyphyllum I-+ I-+ III-+ I-+ III-1 II -1 3 Pleopeltis macrocarpa III-+ I-+ 3 Salvia gracilis I-+ III-+ II-1 3 Stellaria cuspidata IV-1 V-1 III-+ IV-1 IV-1 III-1 3 Stellaria media II-+ III-+ I-+ 1 Pinus montezumae II-3 III-3 3 Briophyta II-4 II-3 II -3 1 Styrax argenteus var.ramirezii II-1 II-2 II-1 1 Alnus jorullensis sp jorullensis I-1 II-1 III-2 1 Arbutus xalapensis I-1 II-1 III-1 I-+ I-1 1 Clethra mexicana I-2 II-1 III-1 1 Ilex tolucana I-1 II-1 II-1 1 Quercus rugosa II-1 III-2 2 Arctostaphylos rupestris II-1 2 Arracacia atropurpurea I-+ IV-1 II-1 2 Baccharis heterophylla II-1 III-1 I-1 2 Buddleia americana I-1 I-+ II-1 I-+ I-1 2 Cestrum anagyris II-1 II-2 Continuación... 2 Eupatorium enixum II-1 II-1 2 Eupatorium glabratum III-1 II-1 I-2 I-1 2 Eupatorium rivale II-1 II-1 III-2 II -3 2 Eupatorium schaffneri II-1 I-1 II-1 2 Salvia gesneraeflora II-1 I-+ II-1 2 Senecio roldana II-1 I-1 3 Adiantum andicola aff. poiretii II-1 II-+ 3 Brachypodium mexicanum II-1 III-2 II-1 II-2 II -1 II -2 3 Dryopteris wallichiana I-+ II-+ II-1 I-1 3 Eryngium depeanum II-1 I-+ 3 Eupatorium oligocephalum II-1 3 Fragaria mexicana III-+ II-1 II-1 I-1 3 Oxalis alpina V-1 IV-1 III-1 II-1 I-1 III-1 3 Salvia helianthemifolia III-1 II-1 II-1 3 Urtica dioica II-1 I-1 2 Baccharis conferta III-1 I-1 II-+ III-1 IV-1 V-4 2 Monnina schlechtendaliana II-+ II-+ II-1 2 Rubus pringley I-+ II-+ III-1 2 Salvia microphylla II-+ 2 Solanum cervantesii I-1 II-+ III-1 I-1 I-1 2 Symphoricarpus microphyllus IV-1 IV-1 II-+ III-1 V-1 IV-1 3 Archibaccharis hieracioides I-+ II-+ 3 Castilleja arvensis II-+ I-+ II-+ I-+ 3 Cerastium molle I-+ IV-+ II-1 II-+ III-1 II -1 IV-1 3 Cystopteris fragilis III-+ II-+ II-+ III-+ I-1 I-+ 3 Festuca breviglumis II-+ 3 Halenia plantaginea II-+ 3 Lupinus elegans I-+ III-+ II-+ 3 Penstemon campanalatus II-+ I-+ II-+ I-+ III-1 II -1 3 Polypodium plebeium I-+ I-+ II-+ III-+ 3 Polystichum sp I-+ I-1 II-+ I-1 3 Prionosciadium macrophyllum II-+ 3 Salvia mexicana var.mexicana II-+ II-1 3 Senecio sinuatus I-+ I-+ II-+ I-1 3 Senecio suffultus I-+ II-+ I-+ I-1 134 3 Solanum demissum I-+ III-1 II-1 II-+ II -1 IV-1 I-1 3 Stachys coccinea II-1 II-+ I-1 I-1 3 Viola guatemalensis I-+ II-1 II-+ II -1 III-1 1 Cupressus lusitanica I-2 I-4 I-1 2 Terstroemia lineata I-2 IV-2 3 Iresine celosia I-2 II-1 1 Clethra lanata I-1 1 Pinus teocote I-1 1 Quercus crassifolia I-1 I-1 1 Quercus crassipes I-1 II-4 2 Archibaccharis hirtella I-+ I-1 III-1 2 Eupatorium ligustrinum I-1 2 Eupatorium pazcuarense III-2 I-1 I-1 I-1 III-1 III-1 2 Juniperus monticola V-1 III-1 II-1 I-1 V-5 III-1 2 Oreopanax xalapensis I-1 I-1 2 Stevia aff. hirsuta I-1 I-1 2 Stevia bustamenta II-1 I-1 2 Verbesina discoidea I-1 II-1 3 (enredaderas) I-1 II-1 I-1 III-1 3 Bidens triplinervia IV-1 I-1 II-1 3 Garrya longifolia I-1 3 Gnaphalium americanum I-+ I-1 I-+ I-1 III-1 3 Lagascea rigida I-1 3 Penstemon gentianoides IV-1 I-1 II -1 I-+ 3 Phacelia platycarpa I-+ I-+ I-1 II-1 II -1 III-1 III-1 3 Pleopeltis macrocarpa var.macrocarpa I-1 II-+ 3 Poa orizabensis I-1 I-1 I-1 I-2 3 Polypodium platylepis I-1 II-1 I-+ 3 Polypodium sp I-1 I-+ 3 Salvia iodantha I-1 I-1 3 Siegesbeckia jorullensis I-+ I-1 II -1 3 Vicia americana var. americana II-+ I-1 I-+ I-1 I-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario 2.1.5.3. Los bosques mixtos Los Pinus y Quercus, ya sean en bosques puros o mixtos, representan las comunidades vegetales más características de las zonas montañosas de México, en las que predomina clima templado a frío y subhúmedo. Es frecuente encontrar a estos dos géneros de forma independiente o mezclados formando comunidades estables, o como etapas de transición uno de otro o de comunidades de Abies o Cupressus (Rzedowski et al., 1977). Los pinares tienen una amplitud altitudinal conocida entre 150 y 4000 metros, mientras que la de los encinares va de cero hasta los 3000 metros, de tal forma que comparten un amplio intervalo entre los 150 y los 3100 metros. Por otra parte, ambos géneros penetran tanto hacia climas semiáridos como húmedos y aproximadamente con los mismos alcances. 135 Las relaciones mutuas entre encinares y pinares en México significan un problema complejo. Ambos géneros tienen preferencias ecológicas diferentes: los encinos (Quercus sp. var.) predominan sobre los suelos casi neutros, formados a partir de calizas, margas y lutitas, de la Sierra Madre Oriental y los pinos (Pinus sp. var.) sobre los suelos ácidos, derivados de rocas volcánicas, de la Sierra Madre Occidental y Sistema Volcánico Transversal. Así mismo, en algunos sitios se aprecia un cambio de predominancia entre Quercus y Pinus al pasar de una zona seca a otra más húmeda. Igualmente, la ocupación por pinares de laderas rocosas y de pendientes pronunciadas y de encinares en suelos más profundos, situaciones todas ellas que frecuentemente se invierten. Se debe tener en cuenta que ambos géneros están muy diversificados y que las preferencias y adaptaciones de las distintas especies hacen difícil toda generalización (Rzedowski, 1981). En la Sierra de Angangueo este es el tipo de vegetación predominante, cubre desde los 2400 hasta los 3000 m de altitud, compartiendo el rango con el bosque mesófilo y la parte más alta con otras comunidades (Figura 2.6). Con los inventarios realizados no se detectó ninguna preferencia en cuanto a orientación ni pendientes. Este bosque no es homogéneo en cuanto a su composición florística, ya que en algunos sitios predominan especies que en otros puntos no se observan. En el estrato arbóreo la única especie que se presenta en más del 50% de los sitios inventariados de esta clase es el Pinus pseudostobus. Otras especies arbóreas destacadas son Alnus jorullensis, A. acuminata, Quercus laurina, Q. rugosa, Q. crassipes, Arbutus xalapensis, Pinus montezumae, P. leiophylla, P. michoacana, Abies religiosa, Clethra mexicana, Styrax ramirezii, Crataegus mexicana y Prunus serotina var. capuli, entre otros. De tal forma, este estrato también podría dividirse en dos: uno entre 15 y 25 metros de altura compuesto por coníferas y otro entre 8 y 15 metros formado por latifoliadas. A pesar de su mayor diversidad, la cobertura de este estrato difícilmente supera el 75%, llegando a presentarse bosques francamente 136 abiertos, con menos de 40% de cobertura, por lo que su densidad suele ser entre 250 y 500 árboles por hectárea (Figura 2.12). Figura 2.12. Pirámide de vegetación del bosque mixto El resto de los estratos se empobrecen tanto en cobertura como en composición florística. Nuevamente, el estrato arborescente se compone de elementos arbóreos jóvenes y de arbustos de talla alta, que juntos apenas cubren el 15% del suelo. En el estrato arbustivo, también con 15% de cobertura promedio, las especies más frecuentes son elementos presentes en los diferentes tipos de bosques de oyamel (Cestrum thyrsoideum, Fuchsia thymifolia, Senecio angulifolius, Eupatorium mairetianum, E. rivale, Symphoricarpus microphyllus, Baccharis conferta, B. heterophylla, Salvia fulgens, Solanum cervantesii y Arctostaphylos discolor, entre otras). Se detectaron varias presencias nuevas y ausencias, pero nada especialmente sobresaliente (Cuadro 2.6). La característica más llamativa del estrato arbustivo de esta formación es que las compuestas dejan de ser dominantes, dando paso a una No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 78 5º E Bosencheve (EdoMex) 2870 msnm 1000 m2 Toba ácida Andosol Pinus montezumae Quercus laurina Alnus acuminata ssp. Arguta Cestrum thyrsoideum Cestrum orithales Eupatorium aschenbornianum Graminea Compositae Otras especies 137 mezcla de especies de las comunidades vecinas. Destacan por su presencia Smilax moranensis, Ternstroemia pringley, Rubus pringley, Stellaria cuspidata, Arracacia rigida, Bromus sp. y varios helechos de los géneros Asplenium, Adiantum, Polypodium, y Cystopteris. La cobertura de este estrato no alcanza el 50% (Figura 2.12). Giménez et al. (1999) no relacionan esta comunidad con ningún sintaxon, y consideran que buena parte de los inventarios de este grupo pudieron originarse por alteración del bosque de oyamel. Por su parte, Pinto (2000) propone una nueva asociación, Cestro thyrsoideo-Alnetum acuminatae, caracterizada por Alnus acuminata spp arguta, Cestrum thyrsoideum, Ternstroemia lineata, Eupatorium mairetianum, Rubus pringley, Baccharis heterophylla y Quercus rugosa. De tal forma, varios de los inventarios considerados en el presente trabajo como bosque mixto, pertenecerían a dicha asociación. Dentro de los inventarios agrupados en esta clase, se podrían diferenciar los realizados en bosques de Alnus y en bosque de Pinus, no obstante, no se han descrito de forma independiente por carecer de inventarios suficientes para caracterizarlos. Estos bosques pueden considerarse como comunidades secundarias de los bosques de oyamel, ya que, en circunstancias de grandes perturbaciones por fuego o tala y en campos de cultivo abandonados, pueden formarse bosques densos de Alnus, Quercus o Pinus (Madrigal, 1967; Ibarra, 1983). 138 Cuadro 2.6. Presencia-abundancia de las especies de los bosques mixtos, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to * M at or ra l d e Ju ni pe ru s M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l 3 Smilax moranensis II-1 IV-+ V-1 I-1 1 Pinus pseudostrobus V-2 V-3 IV-3 I-2 1 Alnus acuminata sp. arguta IV-2 2 Cestrum thyrsoideum IV-1 V-1 IV-1 IV-2 II -1 II -1 2 Eupatorium mairetianum III-1 IV-1 IV-2 I-2 2 Terstroemia lineata I-2 IV-2 2 Fuchsia thymifolia I-+ V-1 V-1 IV-1 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 3 Stellaria cuspidata IV-1 V-1 III-+ IV-1 IV-1 III-1 3 Geranium seemannii IV-+ V-1 III-+ IV-+ III-1 V-1 1 Pinus montezumae II-3 III-3 1 Alnus jorullensis sp jorullensis I-1 II-1 III-2 1 Quercus laurina IV-2 IV-2 III-2 1 Quercus rugosa II-1 III-2 2 Eupatorium rivale II-1 II-1 III-2 II -3 2 Salvia fulgens IV-1 V-1 IV-1 III-2 I-1 II -2 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 1 Arbutus xalapensis I-1 II-1 III-1 I-+ I-1 1 Clethra mexicana I-2 II-1 III-1 2 Arctostaphylos discolor I-+ IV-1 III-1 III-1 2 Archibaccharis hirtella I-+ I-1 III-1 2 Arracacia rigida I-+ II-1 IV-1 III-1 I-+ 2 Baccharis conferta III-1 I-1 II-+ III-1 IV-1 V-4 2 Baccharis heterophylla II-1 III-1 I-1 2 Rubus pringley I-+ II-+ III-1 2 Solanum cervantesii I-1 II-+ III-1 I-1 I-1 2 Symphoricarpus microphyllus IV-1 IV-1 II-+ III-1 V-1 IV-1 3 Adiantum andicola III-+ IV-1 III-1 3 Asplenium monanthes III-+ V-+ IV-+ III-1 I-1 I-1 3 Trisetum virlettii II-1 IV-1 IV-+ III-1 3 Cirsium erhenbergii V-+ IV-1 III-+ III-+ I-1 II -1 3 Cystopteris fragilis III-+ II-+ II-+ III-+ I-1 I-+ 3 Polypodium alfredii I-+ I-+ III-+ 3 Polypodium plebeium I-+ I-+ II-+ III-+ 1 Quercus crassipes I-1 II-4 2 Cestrum anagyris II-1 II-2 3 Brachypodium mexicanum II-1 III-2 II-1 II-2 II -1 II -2 3 Salvia elegans II-2 III-2 II-2 I-1 1 Arbutus glandulosa III-1 I-+ II-1 1 Crataegus mexicana II-1 1 Ilex tolucana I-1 II-1 II-1 1 Pinus leiophylla II-1 1 Prunus serotina var.capuli I-+ II-1 III-1 III-1 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 1 Styrax argenteus var.ramirezii II-1 II-2 II-1 2 Acaena elongata V-2 V-1 IV-2 II-1 V-1 V-2 2 Buddleia cordata II-1 II -2 2 Eupatorium enixum II-1 II-1 2 Meliosma dentata II-1 2 Monnina schlechtendaliana II-+ II-+ II-1 2 Satureja macrosterma I-+ V-1 III-1 II-1 2 Verbesina discoidea I-1 II-1 3 Asplenium commutatum I-+ I-+ II-1 3 Bidens anthemoides II-1 III-1 V-3 3 Bidens triplinervia IV-1 I-1 II-1 3 Fragaria mexicana III-+ II-1 II-1 I-1 3 Iresine celosia I-2 II-1 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 3 Oenothera purpusii I-+ II-1 I-+ 3 Phacelia platycarpa I-+ I-+ I-1 II-1 II -1 III-1 III-1 139 CContinuación... 3 Polypodium platylepis I-1 II-1 I-+ 3 Prunella vulgaris II-1 3 Salvia amarissima II-1 3 Salvia gracilis I-+ III-+ II-1 3 Salvia helianthemifolia III-1 II-1 II-1 3 Salvia mexicana var.mexicana II-+ II-1 3 Salvia mexicana var.minor II-1 III-2 3 Salvia plurispicata II-1 II-1 3 Senecio callosus I-+ V-1 IV-+ IV-+ II-1 III-1 II -1 3 Senecio sanguisorbae IV-1 IV-1 IV-1 II-1 I-2 III-1 3 Stevia monardaefolia II-1 3 Tagetes coronopifolia II-1 III-1 I-1 2 Fuchsia microphylla IV-1 V-1 V-1 II-+ I-1 2 Salvia lavanduloides II-+ 3 Adiantum andicola aff. poiretii II-1 II-+ 3 Cyperus divergens III-+ II-+ 3 Desmodium uncinatum II-+ 3 Galium aschenbornii III-+ III-+ III-+ II-+ I-1 I-1 3 Galium uncinulatum IV-+ III-+ III-+ II-+ II -1 3 Govenia capitalia I-+ I-+ II-+ I-+ 3 Lopezia racemosa I-+ II-+ II -1 3 Oxalis hernandezii II-+ 3 Penstemon roseus I-+ II-+ I-1 3 Pleopeltis macrocarpa var.macrocarpa I-1 II-+ 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 2 Eupatorium aschenbornianum I-3 1 Pinus michoacana I-2 1 Quercus arguta I-2 2 Eupatorium glabratum III-1 II-1 I-2 I-1 2 Solanum appendiculatum I-2 I-1 3 Cinna poaeformis II-1 I-2 I-1 I-1 3 Muhlenbergia diversiglumis I-2 III-1 3 Piptochaetium fimbriatum I-2 I-1 1 Cleyera integrifolia V-1 I-1 1 Cornus disciflora I-1 III-1 I-1 1 Cupressus lusitanica I-2 I-4 I-1 1 Quercus candicans I-1 1 Quercus crassifolia I-1 I-1 1 Quercus dysophylla I-1 2 Clematis dioica I-+ I-1 2 Eupatorium pazcuarense III-2 I-1 I-1 I-1 III-1 III-1 2 Eupatorium subinclusum I-1 2 Holodiscus argenteus I-1 2 Oreopanax xalapensis I-1 I-1 2 Senecio roldana II-1 I-1 2 Stevia aff. hirsuta I-1 I-1 2 Verbesina serrata III-1 I-1 I-1 3 Adiantum sp I-1 3 Agrostis tolucensis IV-2 I-1 III-1 3 Bromus carinatus I-+ III-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Cerastium orithales III-+ I-1 I-1 3 Dryopteris wallichiana I-+ II-+ II-1 I-1 3 Geranium potentillaieolium II-1 I-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Muhlenbergia nigra I-1 II -2 3 Nectuoxia formosa I-1 3 Polystichum sp I-+ I-1 II-+ I-1 3 Potentilla candicans I-1 II -1 III-+ V-3 3 Salvia iodantha I-1 I-1 3 Salvia purpurea I-+ I-1 3 Senecio aff.aschenbornianus II-1 I-1 3 Stachys coccinea II-1 II-+ I-1 I-1 3 Triglochin sp. I-1 I-1 3 Urtica dioica II-1 I-1 3 Zexmenia aurea I-1 I-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario 140 2.1.5.4. Los matorrales Estas formaciones son las menos documentadas en la bibliografía consultada. Solo Rzedowski (1981) e Ibarra (1983) hacen mención a ella como ”matorral de Juniperus”. Probablemente se deba a que no forman grandes masas y sólo se distribuyen formando orlas arbustivas, que aparentemente constituyen una etapa conducente al restablecimiento del bosque de Abies. Por su parte, Madrigal (1967) señala que en la parte más alta de distribución del oyamel, éste suele ser reemplazado por Juniperus monticola en caso de tala selectiva. En la Sierra de Angangueo hemos distinguido dos tipos de comunidades arbustivas, una dominado por Juniperus monticola y otra por Baccharis conferta. a) Matorral de Juniperus Este tipo de vegetación comparte el piso altitudinal del bosque monoespecífico de Abies, de 3100 a 3500 msnm, al cual se asocia. Suele estar sobre pendientes suaves en torno de los 5º y no parece tener preferencia por ninguna orientación. Esta unidad presenta en promedio 20 especies por inventario. En esta formación se pueden distinguir tres estratos. Un estrato arborescente escaso, de 10% de cobertura promedio, en el que destacan elementos de Ribes ciliatum, Abies religiosa y Prunus serotina var. capuli. Suelen ser elementos jóvenes, que muy rara vez se han encontrado en estado de madurez (Figura 2.13). El estrato arbustivo es muy denso, alcanza una cobertura del 100% y está ampliamente dominado por Juniperus monticola, acompañado por Symphoricarpus microphyllus, Acaena elongata, Baccharis conferta, Senecio cinerarioides, S. salignus y S. angulifolius. 141 El estrato herbáceo, que alcanza valores de cobertura entre 25 y 50%, está compartido especialmente por Lachemilla procumbens, Senecio tolucanus, Stellaria cuspidata, Sibthorpia repens y varias gramíneas (Cuadro 2.7). Pinto (2000) propone a esta unidad como asociación Symphoricarpo microphylli-Juniperetum monticolae, caracterizada por Juniperus monticola, Simphoricarpus microphyllus, Ribes ciliatum y Eupatorium pazcuarense. Figura 2.13. Pirámide de vegetación del matorral de Juniperus Esta es una unidad resultante y mantenida por perturbación de la vegetación original, aún así, en algunos sitios se encontraron evidencias de daños por fuego en la vegetación actual. No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 51 Ej. San Felipe de Jesús (EdoMex) 3235 msnm 10º NE 80 m2 Andesita Andosol Abies religiosa Juniperus monticola Cestrum thyrsoideum Compuestas arbustivas Otras especies 142 Cuadro 2.7. Presencia-abundancia de las especies de l matorral de Juniperus, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru s* M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l 2 Juniperus monticola V-1 III-1 II-1 I-1 V-5 III-1 1 Ribes ciliatum III-1 I-+ V-2 I-2 2 Acaena elongata V-2 V-1 IV-2 II-1 V-1 V-2 2 Symphoricarpus microphyllus IV-1 IV-1 II-+ III-1 V-1 IV-1 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 2 Baccharis conferta III-1 I-1 II-+ III-1 IV-1 V-4 2 Senecio cinerarioides II-1 I-1 IV-1 IV-2 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 3 Sibthorpia repens IV-1 V-1 V-1 IV-1 III-1 3 Stellaria cuspidata IV-1 V-1 III-+ IV-1 IV-1 III-1 1 Prunus serotina var.capuli I-+ II-1 III-1 III-1 2 Eupatorium pazcuarense III-2 I-1 I-1 I-1 III-1 III-1 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 2 Senecio salignus II-1 I-+ I-+ III-1 IV-3 3 Bromus carinatus I-+ III-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 3 Cerastium molle I-+ IV-+ II-1 II-+ III-1 II -1 IV-1 3 Claytonia perfoliata I-+ I-+ I-1 I-+ III-1 II -1 3 Geranium potentillaieolium II-1 I-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Geranium seemannii IV-+ V-1 III-+ IV-+ III-1 V-1 3 Gnaphalium oxyphyllum I-+ I-+ III-+ I-+ III-1 II -1 3 Penstemon campanalatus II-+ I-+ II-+ I-+ III-1 II -1 3 Senecio callosus I-+ V-1 IV-+ IV-+ II-1 III-1 II -1 3 Briophyta II-4 II-3 II -3 2 Cestrum thyrsoideum IV-1 V-1 IV-1 IV-2 II -1 II -1 2 Stevia aff.subpubescens II-2 II-1 III-1 I-+ II -1 I-1 3 Agrostis exarata II -1 3 Brachypodium mexicanum II-1 III-2 II-1 II-2 II -1 II -2 3 Erigenon galeottii I-+ II -1 I-1 3 Festuca amplissima I-+ I-1 II -1 3 Galium uncinulatum IV-+ III-+ III-+ II-+ II -1 3 Penstemon gentianoides IV-1 I-1 II -1 I-+ 3 Phacelia platycarpa I-+ I-+ I-1 II-1 II -1 III-1 III-1 3 Potentilla candicans I-1 II -1 III-+ V-3 3 Solanum demissum I-+ III-1 II-1 II-+ II -1 IV-1 I-1 3 Viola guatemalensis I-+ II-1 II-+ II -1 III-1 3 Cuphea aequiapetala var. hispidula II -+ II -1 II-1 3 Salvia concolor I-3 3 Senecio sanguisorbae IV-1 IV-1 IV-1 II-1 I-2 III-1 1 Pinus hartwegii V-4 I-1 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 2 Buddleia parviflora I-+ I-+ I-+ I-1 II -2 2 Solanum appendiculatum I-2 I-1 2 Solanum cervantesii I-1 II-+ III-1 I-1 I-1 3 Bidens serrulata I-+ IV-+ III-1 I-+ I-1 3 Brachypodium latifolium I-+ I-1 3 Cinna poaeformis II-1 I-2 I-1 I-1 3 Chimaphyla umbellata III-+ III-+ I-1 3 Dahlia mercki I-1 3 Dahlia scapigera I-1 3 Festuca rzedowskiana I-1 3 Fragaria mexicana III-+ II-1 II-1 I-1 3 Gibasis pulchella I-+ I-+ II-+ I-+ I-1 3 Hieracium abscissum I-+ I-1 I-+ I-+ I-1 3 Poa orizabensis I-1 I-1 I-1 I-2 3 Stachys eriantha I-+ I-1 II -1 3 Stevia ovata V-1 I-1 III-2 3 Stipa mexicana I-1 I-1 V-2 3 Valeriana densiflora I-1 143 3 Verbena recta I-1 I-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo. * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario b) Matorral de Baccharis El matorral dominado por Baccharis se ubica en un piso altitudinal entre 2800 y 3300 metros, mismo que ocupa el pastizal y buena parte de los diferentes tipos de bosques antes mencionados, excepto el de Pinus hartwegii. Suele estar en pendientes en torno a los 10º o superiores. Su estratificación es similar al de la unidad anterior, aunque su aspecto es más enmarañado. En el estrato arborescente, también muy escaso, con una cobertura menor al 10%, las especies más frecuentes son Abies religiosa, Prunus serotina var. capuli y Salix paradoxa. El estrato arbustivo es ligeramente menos denso que el anterior, aún así, alcanza valores superiores al 75% (Figura 2.14). La especie dominante es Baccharis conferta, frecuentemente en codominancia con Senecio salignus o S. cinerarioides y S. angulifolius. En todos los inventarios se ha reportado Acaena elongata, que en algunos sitios llega a ser el elemento dominante. Este estrato está más diversificado que en el matorral de Juniperus, se pueden encontrar varias especies de Salvia, Eupatorium, Solanum, Fuchsia y Verbesina, entre otras (Cuadro 2.8). No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 79 Bosencheve (EdoMex) 2805 msnm 3º W 100 m2 Toba ácida Andosol Baccharis conferta Symphoricarpus microphyllus Lachemilla procumbens Compuestas herbáceas Gramíneas Otras especies 144 Figura 2.14. Pirámide de vegetación del matorral de Baccharis En cambio, el estrato herbáceo y rasante es prácticamente igual que en el enebral. Aún así, se distingue un aumento en la abundancia de Lachemilla procumbens y de Geranium seemanii, el resto de las especies frecuentes mantiene el mismo comportamiento (Cuadro 2.8) Fitosociológicamente, se ha propuesto esta comunidad como asociación Geranio seemani-Baccharidetum confertae, donde las especies características son Baccharis conferta, Geranium seemanii, Senecio salignus, Salvia mexicana var. minor, Muhlenbergia diversiglumis, Brachypodium mexicanum y Buddleia parviflora (Pinto, 2000). Cuadro 2.8. Presencia-abundancia de las especies de l matorral de Baccharis, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru M at or ra l d e Ba cc ha ris * Pa st iza l 2 Baccharis conferta III-1 I-1 II-+ III-1 IV-1 V-4 2 Acaena elongata V-2 V-1 IV-2 II-1 V-1 V-2 3 Geranium seemannii IV-+ V-1 III-+ IV-+ III-1 V-1 2 Senecio salignus II-1 I-+ I-+ III-1 IV-3 2 Senecio cinerarioides II-1 I-1 IV-1 IV-2 3 Lachemilla procumbens V-1 V-2 V-1 IV-1 II-1 V-1 IV-2 2 Symphoricarpus microphyllus IV-1 IV-1 II-+ III-1 V-1 IV-1 3 Senecio tolucanus IV-1 IV-1 IV-1 IV-1 II-+ IV-1 IV-1 3 Solanum demissum I-+ III-1 II-1 II-+ II -1 IV-1 I-1 2 Senecio angulifolius IV-1 V-2 V-1 V-1 IV-1 III-1 III-2 3 Bromus exaltatus V-1 III-1 II-1 III-1 III-2 III-1 III-2 3 Salvia mexicana var.minor II-1 III-2 3 Stevia ovata V-1 I-1 III-2 1 Abies religiosa V-1 V-4 V-4 V-3 III-1 IV-1 III-1 1 Prunus serotina var.capuli I-+ II-1 III-1 III-1 1 Salix paradoxa II-1 III-1 II-1 IV-1 II-1 I-1 III-1 2 Eupatorium pazcuarense III-2 I-1 I-1 I-1 III-1 III-1 2 Eupatorium romboideum III-1 2 Juniperus monticola V-1 III-1 II-1 I-1 V-5 III-1 3 Bidens anthemoides II-1 III-1 V-3 3 Muhlenbergia diversiglumis I-2 III-1 3 Oxalis alpina V-1 IV-1 III-1 II-1 I-1 III-1 3 Phacelia platycarpa I-+ I-+ I-1 II-1 II -1 III-1 III-1 3 Senecio sanguisorbae IV-1 IV-1 IV-1 II-1 I-2 III-1 3 Sibthorpia repens IV-1 V-1 V-1 IV-1 III-1 3 Stellaria cuspidata IV-1 V-1 III-+ IV-1 IV-1 III-1 3 Tagetes coronopifolia II-1 III-1 I-1 3 Potentilla candicans I-1 II -1 III-+ V-3 2 Eupatorium rivale II-1 II-1 III-2 II -3 2 Buddleia cordata II-1 II -2 2 Buddleia parviflora I-+ I-+ I-+ I-1 II -2 2 Salvia fulgens IV-1 V-1 IV-1 III-2 I-1 II -2 3 Brachypodium mexicanum II-1 III-2 II-1 II-2 II -1 II -2 145 3 Muhlenbergia nigra I-1 II -2 2 Cestrum thyrsoideum IV-1 V-1 IV-1 IV-2 II -1 II -1 3 Cerastium molle I-+ IV-+ II-1 II-+ III-1 II -1 IV-1 3 Cerastium nutans IV-1 I-+ II -1 3 Cirsium erhenbergii V-+ IV-1 III-+ III-+ I-1 II -1 Continuación... 3 Claytonia perfoliata I-+ I-+ I-1 I-+ III-1 II -1 3 Cuphea aequiapetala var. hispidula II -+ II -1 II-1 3 Gnaphalium oxyphyllum I-+ I-+ III-+ I-+ III-1 II -1 3 Jaltomata procumbens I-+ II -1 3 Lopezia racemosa I-+ II-+ II -1 3 Penstemon campanalatus II-+ I-+ II-+ I-+ III-1 II -1 3 Senecio callosus I-+ V-1 IV-+ IV-+ II-1 III-1 II -1 3 Siegesbeckia jorullensis I-+ I-1 II -1 3 Stachys eriantha I-+ I-1 II -1 3 Vulpia myuros I-+ I-+ II -1 1 Pinus pseudostrobus V-2 V-3 IV-3 I-2 1 Ribes ciliatum III-1 I-+ V-2 I-2 2 Eupatorium mairetianum III-1 IV-1 IV-2 I-2 3 Bromus ciliantum I-2 1 Arbutus xalapensis I-1 II-1 III-1 I-+ I-1 2 Baccharis heterophylla II-1 III-1 I-1 2 Buddleia americana I-1 I-+ II-1 I-+ I-1 2 Eupatorium glabratum III-1 II-1 I-2 I-1 2 Fuchsia microphylla IV-1 V-1 V-1 II-+ I-1 2 Solanum cervantesii I-1 II-+ III-1 I-1 I-1 2 Stevia aff.subpubescens II-2 II-1 III-1 I-+ II -1 I-1 2 Verbesina cinerascens I-1 2 Verbesina serrata III-1 I-1 I-1 3 Asplenium monanthes III-+ V-+ IV-+ III-1 I-1 I-1 3 Bidens ostruthioides I-+ I-1 III-1 I-+ I-1 I-1 3 Blepharoneuron tricholepsis I-1 III-1 3 Brickellia secundiflora I-1 3 Bromus carinatus I-+ III-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Conyza schiedeana I-+ I-1 III-1 3 Cheilanthes sp I-+ I-1 3 Deschampsia elongata I-1 3 Erigenon galeottii I-+ II -1 I-1 3 Festuca hephaestophila I-1 3 Galium aschenbornii III-+ III-+ III-+ II-+ I-1 I-1 3 Gentiana ovatiloba spp. michoacana I-1 3 Geranium hernandesii I-1 3 Gnaphalium americanum I-+ I-1 I-+ I-1 III-1 3 Gnaphalium liebmannii I-1 I-1 3 Lachemilla aff. sibbaldiaefolia I-1 3 Oxalis jacquiniana II-1 I-+ I-1 3 Penstemon roseus I-+ II-+ I-1 3 Piptochaetium fimbriatum I-2 I-1 3 Piqueria pilosa I-1 3 Plantago linearis var.mexicana I-+ I-1 II-1 3 Poa conglomerata I-+ I-1 3 Poa orizabensis I-1 I-1 I-1 I-2 3 Psacalium peltatum II-+ I-+ I-+ I-+ I-1 3 Senecio roseus II-1 I-1 3 Senecio sinuatus I-+ I-+ II-+ I-1 3 Senecio suffultus I-+ II-+ I-+ I-1 3 Smilax moranensis II-1 IV-+ V-1 I-1 3 Stachys coccinea II-1 II-+ I-1 I-1 3 Stachys globosa I-1 II-1 3 Stevia iltisiana I-1 3 Sycios deppei I-1 3 Triglochin sp. I-1 I-1 3 Valeriana clematitis I-+ I-1 3 Verbena recta I-1 I-1 3 Vicia americana var. americana II-+ I-1 I-+ I-1 I-1 3 Vicia sp I-1 146 3 Viola humilis I-1 IV-1 3 Zexmenia aurea I-1 I-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario 2.1.5.5. Los pastizales De acuerdo con la SARH (1994), la clase Pastizal se refiere a aquellas áreas cubiertas principalmente por gramíneas, ya sea de manera natural, inducida o cultivada, cuyo principal uso es el pecuario. En nuestro caso se presentan sólo pastizales inducidos (INEGI, 1984), los cuales se ubican especialmente en la parte baja de la vertiente noroeste de la sierra y, en menor medida, en pequeños valles intermontanos. Estos últimos son los que han sido inventariados. Esta unidad debe su presencia a la intervención humana, que ha desprovisto al suelo de su cubierta original y ha mantenido la actual para su conveniencia. Los inventarios se han realizado en un intervalo altitudinal de los 2800 a los 3250 metros, en sitios con pendientes menores de 5º. Giménez et al. (1999) y Pinto (2000), en sus trabajos de fitosociología identifican esta comunidad como la asociación Trifolio amabilis- Bidentetum anthemoidis, cuyas especies características son Bidens anthemoides, Trifolium amabile, Potentilla candicans, Stipa mexicana, Sabazia humillis, Gnaphalium standleyi y Muhlenbergia ramulosa (Cuadro 2.9). Cuadro 2.9. Presencia-abundancia de las especies de l pastizal, en relación con las demás formaciones vegetales Es tra to pr ai nc ip al + Nombre científico Bo sq ue d e pi no d e al tu ra Bo sq ue d e oy am el pu ro Bo sq ue d e oy am el - pi no - Bo sq ue m es óf ilo Bo sq ue m ix to M at or ra l d e Ju ni pe ru M at or ra l d e Ba cc ha ris Pa st iza l * 3 Bidens anthemoides II-1 III-1 V-3 3 Potentilla candicans I-1 II -1 III-+ V-3 3 Stipa mexicana I-1 I-1 V-2 147 3 Trifolium amabile I-+ V-1 3 Carex brachycalama I-+ IV-1 3 Cerastium molle I-+ IV-+ II-1 II-+ III-1 II -1 IV-1 3 Commelina orchioides I-+ I-+ IV-1 3 Eryngium carlinae III-+ II-+ III-+ I-+ IV-1 3 Gnaphalium standleyi IV-1 3 Sabazia humillis IV-1 3 Viola humilis I-1 IV-1 3 Piptochaetium seleri III-2 3 Agrostis tolucensis IV-2 I-1 III-1 3 Blepharoneuron tricholepsis I-1 III-1 3 Carex townsendii III-1 3 Conyza schiedeana I-+ I-1 III-1 3 Cyperus seslerioides III-1 3 Gentianella mexicana III-1 3 Gnaphalium americanum I-+ I-1 I-+ I-1 III-1 3 Muhlenbergia ramulosa III-1 Continuación... 3 Phacelia platycarpa I-+ I-+ I-1 II-1 II -1 III-1 III-1 3 Sisyrinchium tenuifolium III-1 3 Viola guatemalensis I-+ II-1 II-+ II -1 III-1 3 Poa pratensis II-2 2 Sporobolus indicus I-+ II-1 3 Commelina tuberosa I-+ II-1 3 Conyza coronopifolia II-1 3 Cuphea aequiapetala var. hispidula II -+ II -1 II-1 3 Muhlenbergia curvula II-1 3 Plantago linearis var.mexicana I-+ I-1 II-1 3 Plantago tolucensis II-1 3 Potentilla rubra II-1 3 Senecio bellidifolius II-1 3 Stachys globosa I-1 II-1 3 Trisetum kochianum I-3 3 Hypoxis mexicana I-2 3 Poa orizabensis I-1 I-1 I-1 I-2 3 Agropyron aff. parishi I-1 3 Arenaria bourgaei I-1 3 Arenaria lycopodioides I-1 3 Bidens ostruthioides I-+ I-1 III-1 I-+ I-1 I-1 3 Brassica campestris I-1 3 Cardamine flaccida I-+ I-1 3 Cinna poaeformis II-1 I-2 I-1 I-1 3 Drymaria villosa I-+ I-1 3 Erodium cicutarium I-1 3 Geranium bellum IV-1 I-1 3 Geranium cruceroense I-1 3 Geranium potentillaieolium II-1 I-1 III-1 I-1 III-1 I-1 3 Gnaphalium canescens I-1 3 Gnaphalium inornatum I-1 3 Gnaphalium liebmannii I-1 I-1 3 Juncos ebracteatus I-1 3 Medicago polymorfa var. vulgaris I-1 3 Minuartia moehringioides I-1 3 Muhlenbergia minutissima I-1 3 Peperomia hispidula I-1 3 Salvia mexicana II-1 I-+ I-1 3 Sisyrinchium tolucense I-1 3 Solanum demissum I-+ III-1 II-1 II-+ II -1 IV-1 I-1 3 Stachys radicans I-1 3 Stachys repens I-+ I-1 3 Tagetes coronopifolia II-1 III-1 I-1 3 Trisetum altipuge I-1 3 Verbena teucriifolia I-1 3 Vicia americana var. americana II-+ I-1 I-+ I-1 I-1 3 Viola grahami I-1 + 1=Arbóreo, 2=Arbustivo, 3=Herbáceo * No se muestran los ejemplares únicos encontrados en sólo un inventario 148 149 2.2. La fauna Este apartado, más que la presentación de resultados propios de investigación sobre el tema, constituye un intento por acercarse al conocimiento de este componente del paisaje, tan escasamente tratado por los geógrafos. A decir de la escuela catalana de la ciencia del paisaje, la fauna no desempeña un papel destacado en los estudios de paisaje, ya que es un elemento en constante movilidad y que depende totalmente de otros elementos. Aún así, interesa conocer aspectos tales como especies en estado salvaje más significativas, densidad de población, endemismos y otros valores especiales. Lo cual puede ser de gran utilidad en propuestas de conservación y de ordenación territorial (Bolós, 1992). Por otra parte, es un elemento de especial importancia para el conocimiento global de los espacios forestales de la sierra en estudio. Esto, debido a que uno de sus componentes, la mariposa monarca (Danaus plexippus L.), en las últimas dos décadas ha propiciado notables modificaciones en el uso del suelo y en la actividad económica de parte de los pobladores de la zona y ha dado difusión internacional a este conjunto montañoso. Sin embargo, hablar de la fauna en su conjunto de la Sierra de Angangueo es una tarea muy difícil. Ya que, por un lado, las observaciones hechas en campo han sido muy aisladas y simplemente casuales, y, por otro, hay una carencia absoluta de publicaciones que lo hagan. Sólo existen trabajos, un considerable número de ellos, referentes a la biología y ecología de la mariposa monarca. Por tal motivo, a continuación se exponen dos apartados, en el primero se hará mención de las principales especies de vertebrados registradas en la sierra, sin particularizar en sus preferencias ambientales. Y en el segundo, se hace un breve repaso de lo expuesto por diversos autores respecto a la biología y conservación de la mariposa monarca. 150 2.2.1. Principales especies de vertebrados1 Al igual que la vegetación, la fauna de la sierra pertenece a la zona de transición biogeográfica entre los reinos Holártico y Neotropical. Dentro de los vertebrados, las clases mejor representadas son los mamíferos y las aves; también se encuentran reptiles y anfibios pero de forma más escasa. De los mamíferos destacan por su presencia el orden de los carnívoros, con diversas especies de las familias Canidae, Mustelidae y Procyonidae (coyotes, zorras, comadrejas, zorrillos, mapaches y cacomixtles) y el de los roedores, representados por las familias Cricetidae, Arvicolidae y Sciuridae (ratones y ardillas). Entre los mamíferos herbívoros destaca el Odocoleicus virginianus (venado cola blanca) de la familia Cervidae. Éste es actualmente una especie amenazada, ya que durante mucho tiempo ha sido importante fuente de alimento y trofeo de caza (Cuadro 2.7). El grupo más numeroso de mamíferos es el de los roedores, con cerca de veinte especies pertenecientes a 10 géneros. Entre estos, sobresalen los ratones del género Peromyscus, así como los géneros Microtus (ratones) y Sciurus (ardillas). La otra clase de vertebrados importante son las aves. Entre estas destacan las de la familia Icteridae (calandrias) y Corvidae (cuervos y chacharas). De octubre a febrero, la captura para venta de algunos elementos de estas dos familias esta permitida, excepto dentro de las zonas de protección de la mariposa monarca, la captura del resto de las aves está prohibida (Diario Oficial, 27-jul-1995). Otras especies sobresalientes son Falco sparverius (halcón), Pheucticus melanocephalus (tigrillo) y Glaycidium gnoma (lechuza) (Cuadro 2.7) 1 Información contenida en un documento interno proporcionado por el personal de la REBMM. El cual, carece de título, fecha y autor, por lo que no ha sido referido en la bibliografía de este trabajo. 151 Entre las especies reptiles, las más destacables por su presencia y peligrosidad para los hombres, el ganado y otros mamíferos son las víboras del género Crotalus. Y por último, se encuentran los anfibios, representados por ranas y sapos de los géneros Hyla, Rana y Ambystomidae. Cuadro 2.7. Principales especies de vertebrados de la Sierra de Angangueo Familia Nombre científico Nombre común* MAMÍFEROS CARNÍVOROS Canidae Canis latrans coyote Canidae Urocyon cinereoargenteus zorra Mustelidae Mustela frenata comadreja Mustelidae Mephitis macroura zorrillo Mustelidae Conepatus mesoleucus zorrillo listado Procyonidae Procyon lotor mapache Procyonidae Bassariscus astutus cacomixtle MAMÍFEROS HERVÍBOROS Cervidae Odocoleicus virginianus venado cola blanca MAMÍFEROS ROEDORES Cricetidae Peromyscus melanotis ratón de campo Cricetidae Peromyscus maniculatus ratón de campo Cricetidae Peromyscus spicilegus ratón de campo Cricetidae Peromyscus boylii ratón de campo Arvicolidae Microtus mexicanus ratón metorito Sciuridae Sciurus sp. ardilla AVES Corvidae Corvus corax cuervo grande Corvidae Cyanocitta stelleri azulejo, cháchara Falconidae Falco sparverius halcón Fringillidae Pheucticus melanocephalus pinzón Icteridae Icterus parisorum calandria palmera Icteridae Icterus galbula calandria de agua Icteridae Icterus bullockii calandria Icteridae Icterus abeillei calandria Paridae Parus sclateri Strigidae Glaycidium gnoma lechuza Turdidae Myadestes obscurus REPTILES Crotalidae Crotalus intermedius víbora Crotalidae Crotalus melossus víbora 152 Crotalidae Crotalus pusillus víbora Crotalidae Crotalus trisetiatus víbora de cascabel ANFIBIOS Ambystomidae Ambystoma mexicanum Hylidae Hyla arenicolor Hylidae Hyla bistincta Hylidae Hyla eximia Hylidae Hyla lafrentzi Ranidae Rana pipiens rana * Tomados de Alfonso y Arellano, 1989 y Velázquez, 1993. 2.2.2. La especie emblemática de la sierra: la mariposa monarca La mariposa monarca es un Lepidóptero perteneciente a la familia Nymphalidae y subfamilia Danainae. Corresponde al género Danaus, ampliamente distribuido en todo el mundo. Sus especies tienen preferencia por espacios abiertos y muy soleados, como sabanas, cauces amplios de ríos, praderas, áreas agrícolas y superficies boscosas alteradas (De la Maza, 1995). Danaus plexippus es una especie cosmopolita. Parece haberse originado en América del Sur durante el Plioceno. A partir de allí fue colonizando territorios más al norte hasta cubrir todo Norteamérica, donde se vio favorecida por la gran diversidad de asclepias (Montesinos, 1997). Esta mariposa ha sido una especie muy exitosa debido a su gran capacidad de distribución y adaptación, ya que puede desplazarse hasta 120 kilómetros en un día, tolera ampliamente los espacios abiertos y puede vivir entre el nivel del mar y los 2700 metros de altitud (De la Maza, 1995). No obstante, la población de mariposas migratorias, en su hábitat de hibernación en México, muestra predilección por ciertos ambientes montañosos, protegidos, frescos y húmedos, muy concretos. 2.2.2.1. El fenómeno migratorio 153 Millones y millones de mariposas monarca se pueden observar durante el verano a lo largo de las grandes llanuras del centro y este de Estados Unidos y sur de Canadá, coincidiendo con los límites del algodoncillo (Asclepia sp.), planta de la que se alimentan. Al llegar el otoño inician su viaje hacia el sur para escapar del frío letal de esas latitudes. Y en la primavera se les ve retornar de nuevo a su hábitat de verano. Su residencia de invierno había sido un misterio durante muchos años, hasta que en 1976 el científico canadiense Urquhart encontró, en los bosques de Abies del centro de México, los sitios donde las mariposas pasaban la época más fría del año. Posteriormente se supo que era sólo el grupo de mariposas del Este de las Rocallosas las que hacían anualmente el largo viaje entre los grandes lagos de Norteamérica y México central. Las del oeste de las Rocallosas pasaban el invierno en las costas de California (Brower y Walton, inédito) Además de la distancia de más de 4 mil kilómetros que recorren y los innumerables obstáculos que tienen que sortear, resulta especialmente interesante su comportamiento migratorio. Las migraciones de mariposas, que dejan y vuelven a su territorio de invierno, se llevan a cabo por descendientes que están separados de sus antepasados migrantes por tres o hasta cinco generaciones. De tal manera, la migración se realiza mediante mecanismos de orientación subyacentes heredados, sin ninguna oportunidad para el aprendizaje (Idem.). Las mariposas adultas que emergen entre los meses de septiembre y octubre pueden llegar a vivir 8 meses y presentan una supresión de la hormona juvenil (probablemente a causa de la duración del fotoperiodo), lo cual les provoca diapausa reproductiva y motiva la migración hacia el sur. Cerca de 100 millones de estas mariposas son las que, aprovechando corrientes de aire, viajan hasta los bosques de Abies de Michoacán y Estado de México, donde hibernan desde noviembre hasta marzo. Desde finales de febrero, cuando el calor comienza a ser más intenso, los órganos reproductivos maduran y los apareamientos y la emigración comienzan (Alonso y Arellano, 1989). Las 154 sobrevivientes dejan su lugar de invierno y viajan hacia la costa del Golfo de los Estados Unidos, donde ovipositan. Los adultos de esta nueva generación, que viven entre 3 y 5 semanas, se mueven más al norte y repiten proceso de reproducción varias veces hasta que se extienden sobre toda la región este de Estados Unidos y sur de Canadá (Brower y Walton, op. cit.). A pesar de lo numeroso de su especie, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), han considerado la migración de la mariposa monarca como “Fenómeno amenazado”. Ya que se trata de un fenómeno que agrupa a la gran mayoría de los elementos de la especie, por lo que ésta se vuelve muy vulnerable y puede presentar grandes y rápidos cambios de escala, con lo que podría afectarse gravemente o incluso extinguirse (Malcolm, 1993). 2.2.2.2. El hábitat de hibernación en México Durante el mes de noviembre, los cientos de miles de mariposas que llegan a México se van agrupando hasta consolidar, a principios de diciembre, las 20 colonias hasta ahora conocidas. En cada una de estas colonias se llegan a reunir entre 7 y 20 millones de mariposas por refugio (en contrapartida con las 95 mil y 40 mil que se han estimado en las dos mayores colonias de California). Estas agrupaciones utilizan entre 20 y 1700 árboles por refugio, lo que representa superficies de hasta 2,4 ha (Hoth, 1994; De la Maza, 1995). Las mariposas se perchan en las ramas o en los troncos de los árboles, y en ocasiones cubren completamente el árbol e incluso llegan a romper sus ramas (Alfonso y Arellano, 1989). La mitad de estos refugios conocidos se encuentran bajo protección oficial en la “Reserva Especial de la Biosfera Mariposa Monarca” (REBMM). En la Sierra de Angangueo se localizan 9 colonias, siendo dos de ellas, El Rosario y Llano del Toro, las más numerosas de todas. Así mismo, en esta sierra se encuentran 3 de los 5 santuarios que forman la REBMM, Chincua, El Campanario y Chivati-Huacal (Diario Oficial, 9-oct-1986) (Figura 2.15). Las 11 colonias restantes se encuentran en Los Azufres, al 155 noroeste de nuestra sierra; en el Cerro Altamirano, al norte; en el Cerro Pelón, al sur; y en el Nevado de Toluca, al sureste. Según los estudiosos de este fenómeno migratorio, las monarcas han elegido estas montañas del Sistema Volcánico Transversal porque se encuentran lo suficientemente al sur para minimizar el impacto de la mayoría de masas de aire frío provenientes del norte, muy frecuentes en la época de invierno. Y porque su clima fresco y húmedo es adecuado para evitar que se rompa la diapausa reproductiva. Esto también impide que se mezclen con las mariposas nativas no migrantes de la misma especie (Calvert y Brower, 1986). Las colonias regularmente se localizan en hábitats protegidos en valles estrechos, cerca de un manantial o a lo largo de una corriente de agua. Las colonias que no se localizan en el fondo de un valle lo hacen siempre a menos de 1 Km de distancia de alguna fuente de agua (Idem.). Estos sitios se encuentran entre los 2880 y los 3520 metros del altitud (Hoth, 1994), piso altitudinal correspondiente al bosque de oyamel (apartado 2.1.4.2). Los bosques densos en los que se localizan juegan un papel muy importante en la regulación del clima, mediante la reducción de las temperaturas extremas diarias, situación que no sucede en los sitios aledaños aclarados. Figura 2.15. Espaciomapa con la ubicación de las colonias de Mariposas Monarca 350000 360000 370000 380000 21 50 00 0 21 60 00 0 21 70 00 0 21 80 00 0 350000 360000 370000 380000 2150000 2160000 2170000 2180000 Elaboró: Ramírez-Ramírez, María Isabel Fuente de la ubicación de las colonias: Hoth, 1994 Compuesto de color: Landsat TM6 7-5-2. RESERVA ESPECIAL DE LA BIOSFERA MARIPOSA MONARCA (REBMM) Zona Núcleo Zona de Amortiguamiento UBICACIÓN DE LAS COLONIAS DE MARIPOSAS MONARCA ABIERTAS AL TURISMO CERRADAS AL TURISMO 0 5 10 Km. Angangueo H. Zitácuaro San Felipe Zirahuato El Paso Ocampo San Luis Aporo Palizada Providencia San José del Rincón Senguio 157 Así mismo, de algunos arbustos del sotobosque obtienen protección y alimento. Muestran preferencia por pendientes con una inclinación promedio de 25º, con lo cual la energía solar que reciben, necesaria para volar, es mayor que en laderas más horizontales. Además, el 75% de las colonias se forman en laderas orientadas al SW, relativamente más cálidas y secas (Calvert y Brower, op. cit.). Es decir, la insolación solar directa e indirecta, aumentada por una exposición SW y una pendiente favorable, permite a las mariposas calentarse suficientemente para volar cuando las temperaturas dentro del bosque están por debajo de los límites del vuelo. Al mismo tiempo que, este microclima fresco les permite satisfacer sus necesidades de conservación de energía (Idem.). 2.2.2.3. Causas de mortalidad Las tres principales causas de mortalidad de las mariposas monarca son las heladas, la depredación y, cada vez más, el impacto humano. El mayor peligro de heladas lo constituyen las fuertes tormentas invernales (apartado 1.2.1.3) las cuales causas grandes daños en la vegetación y consecuentemente sobre las mariposas perchadas en ella. Por ejemplo, en enero de 1981 hubo una fuerte tormenta donde se alcanzaron temperaturas de –5 ºC. En una de las colonias murieron aproximadamente 2,5 millones de mariposas en tan sólo una noche, miles de ellas cayeron al suelo quedando enterradas en la nieve. En el invierno 1991-1992 se presentó una situación muy similar. Afortunadamente para las mariposas, dichas tormentas invernales son ocasionales. Para las condiciones climáticas regulares han desarrollado adaptaciones conductuales para evitar las temperaturas de congelamiento, como son los densos agrupamientos y trepar a la vegetación baja en caso de caer al suelo y no ser capaces de volar. La 158 tolerancia de las monarcas a la congelación es en promedio de –3.3 ºC cuando están mojadas y de –7.7 ºC cuando están secas, temperaturas que rara vez se alcanzan en estas montañas (Calvert et al., 1983; Alonso et al., 1992). Para los depredadores, la monarca constituye una fuente alimenticia muy importante. Hay cerca de 10 millones de mariposas altamente compactadas por hectárea, que en ocasiones permanecen en el mismo lugar hasta 135 días, tienen un alto contenido de lípidos y permanecen inactivas durante las horas crepusculares y nocturnas. Las únicas especies que parecen alimentarse constantemente de esta mariposa son los ratones (Peromyscus melanotis), las calandrias (Icterus galbula abeillei) y los pinzones (Pheucticus melanocephalus). Los primeros llegan a depredar de 4 a 5% de la colonia durante todo el periodo de hibernación (aproximadamente 500000 mariposas), mientras que las aves mencionadas depredan en promedio 15 mil mariposas por día, llegando a comer en días fríos hasta 35 mil. La magnitud de la depredación es inversamente proporcional al tamaño de la colonia y de la agrupación (Brower y Calvert, 1985; Alonso y Arellano, 1989). Además de la depredación directa, las aves pueden ocasionar perturbación en la colonia y provocar la caída de mariposas al suelo, con lo cual quedan más expuestas al frío. Otra causa de muerte es el posible agotamiento de su reserva de lípidos, ya que han sido encontradas algunas mariposas muertas sin ningún daño físico aparente (Alfonso y Arellano, op. cit.). Por último, respecto al impacto humano, Brower y Walton (inédito), hablan de seis amenazas principales para la mariposa monarca y su fenómeno migratorio: 1. La degradación de los bosques de oyamel en los lugares de hibernación en México, causada por la intromisión humana constante, que lleva a la ruptura del microclima especializado que se necesita para que haya una hibernación exitosa. 2. El crecimiento de bienes raíces en California que invade la áreas costeras de hibernación. 159 3. La destrucción y ruptura de los recursos alimenticios de las larvas y las mariposas adultas, causado por la aplicación de herbicidas químicos. 4. La mortalidad directa de las monarcas que sucede por la aplicación de insecticidas químicos. 5. La pérdida generalizada de hábitats que ocurre por los cambios sucesionales naturales y los causados por la expansión de los bienes raíces 6. Los cambios causados por el hombre en la distribución de las asclepias de las que se alimentan las larvas, lo que ha resultado en una reducción de la toxicidad de las mariposas y, por ende, los índices de depredación en los santuarios de México se han incrementado, tanto por los pájaros como por los ratones. Llama la atención que 5 de esas 6 principales amenazas se llevan a cabo sobre territorio estadounidense, mientras que la presión internacional para la conservación de la mariposa se concentra sobre los santuarios mexicanos. Rama de oyamel con mariposas monarca Laderas con bosque denso de oyamel y matorral de Baccharis repoblando terrenos de un antiguo aserradero Interior del bosque de oyamel puro Árboles de oyamel cubiertos por mariposas monarcaRenuevo natural de Pinus pseudostrobus en un bosque mixto perturbado Bosque mixto de Alnus, Quercus y Pinus y claros con Baccharis Figura 2.16. Composición fotográfica de algunos aspectos bióticos del paisaje 154 CAPÍTULO 3 Los elementos antrópicos del paisaje Para concluir el análisis sectorial de los elementos que caracterizan a la Sierra de Angangueo, en este tercer capítulo se analizan los principales componentes del paisaje ocasionados por la intervención humana. Las acciones que el hombre realiza sobre el territorio tienen su reflejo espacial en las cubiertas del suelo, pero están determinadas por las condiciones y necesidades de la población. 3.1. Objetivo y método Por lo anterior, el objetivo del presente capítulo es identificar las principales características socioeconómicas de la población que habita alrededor de la Sierra de Angangueo, el aprovechamiento que esta gente hace de los recursos forestales con que cuenta y el reflejo de ello en las cubiertas del suelo. Lamentablemente existen muchas variables que las estadísticas oficiales, en las que nos hemos basado, no consideran y que quizás ilustrarían mejor la relación entre la gente y sus bosques. Como podrían ser datos sobre las estructuras de poder por unidad de producción, en nuestro caso mayoritariamente ejidos y comunidades agrarias indígenas, sobre las estrategias económicas familiares o sobre el aprovechamiento escolar, entre otros. La identificación de la totalidad de los límites de esos ejidos y comunidades para la zona en estudio, ha representado el mayor problema para esta parte de nuestra investigación. Ya que, al ser una unidad real de gestión de los recursos naturales tienen un impacto directo sobre el grado de conservación de los bosques, lo cual se percibe tanto en campo como por medios de teledetección. Pero al no contar con todas las delimitaciones no se ha podido hacer ningún tipo 155 de análisis general para demostrar esa hipótesis, sólo se ha podido señalar algunos casos a modo de ejemplo. El desarrollo de este capítulo se ha llevado a cabo en tres fases, correspondientes a los tres apartados en que se divide (Figura 3.1). La primera ha sido una consulta bibliográfica para conocer los principales acontecimientos históricos que han dado lugar a la ocupación humana de la zona. Esta información también es indispensable para entender el carácter y la situación actual de la población. Figura 3.1. Esquema metodológico del capítulo de elementos antrópicos Fotografías aéreas de 1994, 1:75000 Cartografía de vegetación y usos del suelo Censos de Población y Vivienda Consulta bibliográfica Caracterización socioeconómica Conformación histórica Usos del suelo Análisis estadístico Producción cartográfica Digitalización Foto- interpretación Poblamiento Empleo Educación Vivienda Cubiertas del suelo Información de entrada Temas tratados Resultados propios Procesos 156 En la segunda parte se lleva a cabo un análisis cartográfico de las variables censales que definen el nivel socioeconómico y la calidad de vida de la población del área en estudio, donde se pueden identificar las diferencias entre las zonas más marginales y las más desarrolladas. Todo ello con la intención de reconocer el papel de la población en la conformación del paisaje actual. Para ello, se han examinado 17 variables del XI Censo de Población y Vivienda y del Conteo de Población y Vivienda 1995 (INEGI, 1991 y 1996), través de una base de datos georeferenciada introducida en un SIG (ArcView). De estas se han cartografíado 12: una sobre el poblamiento, cuatro relativas a las ocupaciones económicas de la población, tres de niveles educativos y cuatro más de calidad de la vivienda. No se cartografiaron las variables que presentaban un alto grado de homogeneidad en todas las localidades. En la tercera parte, principal de este capítulo y fundamental para el estudio del paisaje de la zona, se presenta la cartografía de las cubiertas del suelo, señalando su distribución espacial y sus principales funciones. Para ello, se ha llevado a cabo el siguiente procedimiento: 1)interpretación de fotografías aéreas de 1994, a escala 1:75000; 2) elaboración de borradores sobre cartas topográficas 1:50000; 3) digitalización de los borradores; 4) edición del mapa previo en el entorno del SIG; 5) verificación en campo, 79 puntos con inventario de vegetación y 35 sin él; y 6) corrección y elaboración de mapa definitivo (Ramírez, 2001). Es importante señalar que las cubiertas forestales se dividieron en tres condiciones apreciables del arbolado: 1) bosques densos, formados por árboles cuyas copas se tocan (UNESCO, 1973); 2) bosques abiertos, árboles cuyas copas no se tocan entre sí pero que cubren por lo menos 40% de la superficie, pudiendo existir una sinusia herbácea (idem.); y 3) bosques fragmentados, aquellos que se encuentran afectados por actividades agropecuarias al grado de quedar sólo manchones de la vegetación forestal, distribuidos de manera homogénea sobre el terreno, a modo de mosaicos (SARH, 1994). 157 3.2. Conformación histórica de la región A pesar de su evidente importancia histórica, existe una casi absoluta carencia de documentos o estudios históricos de la región de nuestro interés. Los escasos datos que aquí se presentan han sido obtenidos de tres fuentes. La primera de ellas, son las monografías municipales elaboradas por la Secretaría de la Presidencia (S.P., 1985 y S.P., 1985a); la segunda, un estudio sobre los otomianos de Zitácuaro (Fabila, 1954); y la tercera, un folleto divulgativo de la zona arqueológica de Zirahuato (Peña, 1992). La información de allí obtenida se presenta ordenada según las grandes etapas históricas de nuestro país. a) Época prehispánica: Siglos X a XV Históricamente esta ha sido una región estratégica por la abundancia de sus recursos y, por lo tanto, muy conflictiva. Todos los municipios de la región han sido sitios de asentamientos indígenas desde épocas prehispánicas. Correspondían a una comarca de fronteras culturales y políticas entre el Imperio Azteca, al oriente, y el Imperio Purépecha, al occidente. Los primeros pobladores que la habitaron llegaron aquí antes del siglo X y eran, principalmente, individuos de las etnias otomí y mazahua. Durante el periodo Postclásico Tardío (1200-1500 d.C.), caracterizado en Mesoamérica por la presencia de pueblos con fuerte tendencia militarista, fue una región de constantes conflictos y movimientos migratorios. Por un lado, los purépechas, cuyo imperio estaba en pleno apogeo, sometieron a las poblaciones que ocupaban los territorios que actualmente pertenecen al estado de Michoacán, fijando aquí su frontera oriental. Lo cual se demuestra con las ruinas del centro ceremonial que aún permanecen en el Cerro Ziráhuato (Peña, 1992). Los purépechas avanzaron un poco más hacia el sureste de la Sierra de Angangueo, hasta lo que son ahora los municipios de Donato Guerra (Malacatepec) e Ixtapan del Oro, estado de México, pero no 158 alcanzaron a extender su dominio, sino que sólo convivían con las demás tribus que allí habitaban. Por su parte, hacia el año 1400, la zona correspondiente a los actuales municipios del estado de México fue conquistada por el Imperio Azteca (mexicas), y sus pueblos, junto con las grandes serranías, marcaron el límite con los purépechas. Esta situación obligaba a los grupos fronterizos a aliarse con uno u otro imperio. De esta manera, Fabila (1954) explica la presencia de grupos otomianos en la Sierra de Angangueo, como infanterías guerreras mexicas que, posiblemente, fueron colocados allí como guarniciones fronterizas. Por el contrario, Peña (1992) señala que, a raíz de la conquista mexica, algunos grupos otomianos entraron en conflicto con aquellos solicitando permiso a los purépechas para establecerse en su territorio. En ambos casos, el dominio indígena de la zona quedó completamente cortados al consumarse la conquista española. b) Conquista y Colonia: Siglos XVI a XVIII En la época de la conquista española, los naturales de la región participaron en la resistencia en contra de los españoles, incluso los purépechas de Zitácuaro se aliaron a los aztecas en defensa de la gran Tenochtitlan. No obstante, San Felipe del Progreso (anteriormente Sha- niñi, en mazahua “pueblo grande”), Tlalpujahua y Senguio fueron conquistados en la primera avanzada de los españoles e inmediatamente sus territorios fueron repartidos en encomiendas entre los conquistadores. A lo largo de todo el periodo colonial, los indígenas de estos valles sufrieron la hostilidad de los hacendados, quienes a través del tiempo despojaron a las comunidades de sus tierras, conformando grandes latifundios. Entre estos destacaban el Marquesado del Valle de Oaxaca, que se extendía desde Temascalcingo hasta Niñil (Villa Victoria), y la encomienda de la Taximaroa desde Zitácuaro y Jungapeo hasta parte de Maravatio y Contepec. 159 En 1540 el Rey Carlos V, a través de los frailes franciscanos, fundó el pueblo de San Lucas Aporo, sobre el anterior Aporo, “lugar de cenizas”, y lo cedió como gratificación a los naturales de Tlaxcala, por haber ayudado en la conquista. Ese mismo año, el virrey Antonio de Mendoza fundó la población de Maravatio (“lugar precioso”) para que sirviera como barrera contra los chichimecas (grupo guerrero mexica) y entregó toda la zona en encomienda (que incluía el actual municipio de Maravatio y la mitad del de Contepec). También a mediados del siglo XVI, los frailes franciscanos comenzaron a fundar templos y conventos y a conquistar espiritualmente a los habitantes indígenas. En 1558 los conquistadores encontraron las minas de Tlalpujahua, que ya eran explotadas por los indígenas, lo que motivó que en 1560 se recibiera una fuerte afluencia de españoles. A la población se le dio el título de Real de Minas de Tlalpujahua, que llegó a funcionar como Alcaldía Mayor, dependiente directamente del Virrey. A finales del siglo XVI y principios del XVII diversas epidemias, entre ellas la viruela, azotaron a los indígenas, causando grandes estragos en sus poblaciones, llegando prácticamente a extinguirse de algunos lugares como Contepec. Lo anterior, y la falta de mano de obra para el trabajo en las haciendas y en las minas motivó que se llevara a cabo una política de congregación de indígenas de las localidades cercanas, principalmente en Contepec y Tlalpujahua. Durante el siglo XVII se consolidó el sistema español de grandes latifundios, donde los indígenas fueron obligados a trabajar en haciendas y ranchos, quedando sus poblados originales muy reducidos. En estas épocas se producían grandes cantidades de trigo y maíz, además de ganado vacuno y porcino. A mediados del siglo XVIII la población indígena de los valles prácticamente se había perdido, quedando predominantemente conformada por mestizos. Los escasos grupos indígenas que aún permanecían fueron siendo desplazados hacia algunos pocos sitios de las laderas de la montaña. 160 También durante el siglo XVIII, se fundó la población de El Oro en virtud del hallazgo del fondo minero del dicho material. A principios del XIX se descubrieron alrededor de 10 filones más, con lo que comenzaron a llegar las grandes compañías mineras extranjeras (inglesas, alemanas y, posteriormente, estadounidenses). Y a finales de ese siglo, dentro de los terrenos de la Hacienda de Angangueo, se descubrieron nuevos yacimientos de minerales de cobre, oro y plata. c) Independencia: principios del Siglo XIX Durante la independencia ésta fue una de las regiones en las que el movimiento se vivió con mucha intensidad, prácticamente en todas sus poblaciones hubo participación apoyando a los insurgentes. Incluso, algunos de los precursores y principales líderes del movimiento eran originarios de aquí, como los hermanos López Rayón, de Tlalpujahua. Dentro de la región se establecieron varias fortalezas independentistas y se libraron muchas batallas, lo cual dejó como saldo una gran parte de las principales localidades destrozadas, además del abandono de algunas minas y haciendas. Zitácuaro fue una localidad de especial importancia para el movimiento independentista. Además de haber sido escenario de grandes campañas, el 19 de agosto de 1811 se estableció aquí la “Soberana Junta Nacional Americana”, que fue el primer gobierno insurgente del continente. Pero los que estaban en favor de la corona, deseando deshacer aquel gobierno, atacaron en varias ocasiones a la ciudad y el 12 de enero de 1812 fue incendiada y destruida por completo. A pesar de su implicación en el movimiento, las cosas no cambiaron mucho para la población en general, ya que el sistema hacendario se mantuvo sin grandes modificaciones. d) Reforma e Intervención Francesa: segunda mitad del Siglo XIX 161 Nuevamente, durante la época de la Reforma, los municipios de la región fueron escenario de enfrentamientos, ahora entre conservadores y liberales, pero la gran mayoría de la población apoyaba la causa liberal que encabezaba don Benito Juárez. Zitácuaro fue incendiada por segunda vez por los conservadores. Durante la guerra contra la intervención francesa también participaron en la defensa de la República, de lo que destaca el fuerte establecido en Donato Guerra y el grupo guerrillero que se formó en Zitácuaro, último punto de Michoacán en caer en poder del Imperio. Esto motivó que en 1865 la cuidad fuera atacada por el ejército belga, quien la incendió por tercera vez. Después de que los franceses fueron expulsados del país, don Benito Juárez decretó el calificativo de “Heroica” a la ciudad de Zitácuaro. e) Porfiriato y Revolución: finales del Siglo XIX y principios del XX Las grandes haciendas de la región continuaron siendo de las más prosperas del país, destacando las de Maravatio (primera localidad del estado de Michoacán a donde llegó el ferrocarril), Contepec y Epitacio Huerta. La minería estaba ya en su totalidad a cargo de empresas extranjeras, las cuales, prácticamente, no dejaban ningún tipo de beneficio en la propia región. Durante la revolución sus pobladores participaron activamente en la lucha agraria, apoyando a los maderistas, con el propósito de liberarse de la explotación de las haciendas. f) De 1915 a la actualidad La región fue una de las primeras en que se llevó a cabo el reparto ejidal de los grandes latifundios. Por otra parte, hacia 1930 comenzó el cierre de las principales compañías mineras de la región, con lo que se dio un éxodo de población a los principales centros mineros del país. Esto se tradujo en un fuerte deterioro económico de la zona, situación que permaneció hasta principios de la década de los 60. 162 La década de los 60 marcó la consolidación de un proceso nacional caracterizado por la industrialización de las principales ciudades del país (Cd. de México, Guadalajara y Monterrey), lo que trajo consigo una fuerte migración de la población rural hacia dichas ciudades. La población de Michoacán, caracterizada por ser una de las de menor renta per cápita del país, fue de las más representativas de dicho fenómeno social, migrando básicamente a Cd. de México y Guadalajara. Actualmente, Michoacán, junto con Zacatecas y Jalisco, representan las entidades con un mayor número de emigrantes, en buena parte ilegal, trabajando en los Estados Unidos de Norteamérica. 3.3. Caracterización socioeconómica del territorio 3.3.1. Poblamiento 3.3.1.1. Distribución de la población En las casi 136.000 hectáreas que ocupa nuestra área de estudio documental, están comprendidas 267 localidades de diversos tamaños. Estas pertenecen a 12 municipios y, por lo menos, a 119 núcleos agrarios. En 1990, en esas localidades habitaban 194.135 personas, distribuidas de forma muy irregular. En dicha fecha había en la zona 123 rancherías con menos de 300 habitantes, en las que vivían 15.796 residentes. Es decir, el 46% de las localidades agrupa sólo al 8% de los habitantes (Cuadro 3.1). Los poblados de este rango no presentan un patrón de distribución particular. Se localizan de manera más o menos homogénea alrededor de toda la sierra. Según se ha podido comprobar en campo, todos ellos son rancherías altamente dispersas y sin ningún tipo de infraestructura social, como escuelas, centros de salud o templos. Suelen contar con 163 red eléctrica, pero no cuentan con servicio de correos ni teléfonos. La mayor parte de ellos carecen de vías de comunicación transitables con autos normales (no aparecen en el mapa correspondiente), a pesar de que algunos se encuentran relativamente cerca de alguna carretera principal (Figura 3.2). Cuadro 3.1. Distribución de la población por tamaño de localidad Localidades Habitantes Tamaño de la localidad No. % No. % 300 y menos 123 46 15.796 8 De 301 a 1.000 111 42 58.813 30 De 1001 a 2.500 29 11 42.386 22 De 2501 a 5.000 3 1 10.157 5 Más de 65.000 1 0 66.983 35 Total 267 100 194.135 100 Fuente: INEGI, 1991 En el siguiente rango, el de poblaciones con 301 a 1.000 habitantes, en 1990 vivían 58.813 personas distribuidas en 111 localidades. Esto significa que el 30% de los habitantes de la zona estaban repartidos en el 42% de las localidades. Con un par de excepciones, se trata también de villas formados por pequeñas casas, asociadas a su parcela de cultivo, muy separadas entre sí, que, a diferencia de los anteriores, ya están comunicados por caminos de terracería y brechas transitables todo el año (Figura 3.2). En buena parte de estos lugares existe ya escuela rural y capilla religiosa, aunque siguen careciendo del resto de los servicios mencionados para las rancherías del rango anterior. Les siguen los pueblos donde se concentran entre 1.001 y 2.500 personas, con 29 localidades (11%) que agrupan a 42.386 habitantes (22%). Más de la mitad de estos sitios presentan las mismas características del grupo anterior en cuanto a aspectos y servicios se refiere. El resto, forma ya poblados concentrados, con una estructura urbana definida, en los que la calidad de la vivienda es mejor y existen todo tipo de servicios básicos de educación, salud, comercio y 164 comunicación. Algunos de estos pueblos, como Senguio, Aporo, y Ocampo, son, además, cabeceras municipales donde también se prestan servicios administrativos. La mayoría de estos lugares se encuentran comunicados por carreteras principales, y otros pocos lo están por caminos de terracería en buen estado (Figura 3.2). Cuentan con servicio de transporte público que los comunica con la ciudad de Zitácuaro o con los pueblos de El Oro y Villa Victoria (fuera del área en estudio). Figura 3.2. Distribución y densidad de la población en 1990 165 El siguiente rango es el de 2.501 a 5.000 habitantes, que, según el INEGI, ya se refiere a localidades urbanas, en el cual encontramos sólo a tres poblaciones (1%) que reúnen a 10.157 personas (5%). A pesar de que, de acuerdo con el número de pobladores, estas se consideran ya como urbanas, en el terreno las cosas son diferentes. Las localidades de Crescencio Morales y Guarda de la Lagunita son de aspecto similar a las del segundo y tercer rango: están formadas mayoritariamente por casas-parcela y cuentan sólo con escuela primaria, telesecundaria, unidad básica de salud, iglesia y alguna cabina telefónica. Están comunicadas con las carreteras principales a través de caminos de terracería, por los que también circula transporte público. Por el contrario, Angangueo, con sus casi 4.600 habitantes en 1990, sí es una localidad con estructura urbana dotada con todo tipo de servicios básicos. Esta cabecera municipal, además, durante siglos ha sido un centro de producción minera, por lo que presenta un centro histórico lleno riqueza arquitectónica. En las últimas décadas ha venido también aumentando su infraestructura para los servicios turísticos. Esta comunicada por medio de una carretera que la une con Zitácuaro y las principales poblaciones del Estado de México cercanas (Figura 3.2). Por último, y dando un gran salto en la escala de los rangos, tenemos a la ciudad de Zitácuaro, que concentraba en 1990 a 67.000 habitantes, es decir, al 35% de los pobladores de la zona en estudio. Evidentemente presenta una estructura bien definida, de tipo ortogonal, y cuenta con todo tipo de servicios. La oferta educativa, pública y privada, es muy amplia y alcanza hasta el nivel medio superior. Es el centro más importante de la región en la prestación de servicios de salud, tanto públicos como privados, siguiendo a las ciudades de Morelia y Toluca, ambas capitales de sus respectivos estados. Cuenta con varias opciones de servicios bancarios, turísticos y recreativos. Es el principal centro comercial regional, aquí se negocia con todo tipo de productos, desde los más básicos hasta algunos de lujo. Es, además, donde se concentra la producción agrícola y pecuaria de la región y desde su central de abasto se distribuye a los mercados de las poblaciones cercanas. 166 3.3.1.2. Densidad de población De acuerdo con la distribución de la población antes descrita, las áreas menos pobladas de la zona en estudio son las correspondientes a los municipios de Aporo y Senguio, en Michoacán, y Villa Victoria y Villa de Allende, en el Estado de México. En las porciones correspondientes a esos municipios, ubicados en los extremos noroeste y sureste del área en cuestión, predominan las localidades con 300 habitantes y menos y las de mayor tamaño no rebasan el límite de los 2.500 habitantes. Esto ha dado como resultado una densidad de población calculada entre 25 y 50 habitantes por Km2 (Figura 3.2). En los municipios de Ocampo, Tuxpan y Tlalpujahua, todos de Michoacán, se estima una densidad de población entre 51 a 100 habitantes por Km2. Aquí son mayoritarias las localidades que congregan alrededor de 1.000 pobladores. En los municipios de Angangueo, Michoacán, y San Felipe del Progreso, Estado de México, la concentración es mayor, tanto en número de habitantes por localidad como en número de localidades por superficie. De tal manera, se calculo una densidad entre 101 y 150 habitantes por Km2. Por último, en el municipio de Zitácuaro, donde se ubica el mayor núcleo urbano de la región, así como un elevado número de localidades en torno a los 1.000 habitantes, la concentración por unidad de superficie aumenta considerablemente. El cálculo resultante señala una densidad de más de 350 habitantes por Km2 (Figura 3.2). 3.2.3. Empleo Como se deduce del tipo de poblamiento descrito con anterioridad, estamos hablando de una zona eminentemente rural. Predomina la población que se dedica a actividades productivas primarias, como son 167 la agricultura, ganadería y silvicultura. En el 80% de las localidades el empleo en dicho sector primario es mayoritario, concentrando más de 75% de la población activa, excepto en las comunidades de la vertiente sur de la sierra, donde el porcentaje oscila entre 50 y 75%. En estos mismos sitios un pequeño número de habitantes ha señalado dedicarse a actividades terciarias, lo que en las poblaciones no urbanas se refiere a pequeñas tiendas de abarrotes o a la comercialización de alguna manualidad o excedente de su producción agropecuaria (Figura 3.3). 169 En las localidades cercanas a los núcleos urbanos, se incrementa de manera considerable la población que se dedica a actividades del sector secundario. La mayoría de esta gente se emplea en los múltiples aserraderos de la zona. También existen numerosos talleres donde se transforma la madera, así como talleres mecánicos y otros pocos donde se elaboran productos alimenticios y de vestir. En la zona cercana a Angangueo y en la perteneciente a los municipios de Tlalpujahua y El Oro, es también importante el trabajo en las minas, en algunos casos relativos a la extracción de materiales y en otros a nuevas prospecciones. En todas las cabeceras municipales es mayor el empleo en el sector de servicios. Así mismo, en varías localidades que se localizan sobre la carretera que comunica a Zitácuaro con Ocampo, destaca un grupo de poblaciones que se dedica a actividades comerciales y de prestación de servicios al turismo (Figura 3.3). 3.2.4. Educación El nivel educativo de los pobladores es uno de los mayores problemas de la zona. De manera general, toda ésta se caracteriza por los bajos índices de escolaridad, los elevados grados de ausentismo y deserción escolar, así como por la escasez de infraestructura humana y material para aminorar esa situación. Según el conteo de población y vivienda de 1995 (INEGI, 1996), un promedio de 20% de los niños en edad escolar, entre 6 y 14 años, declaró no saber leer ni escribir. Esta situación se incrementa en algunas localidades, de las más alejadas de los núcleos urbanos, hasta porcentajes entre 40 y 60% (Figura 3.4). La mayoría de estos niños han abandonado la escuela desde los primeros grados, asisten a ella con mucha irregularidad o nunca han ido a ella. Además, una buena parte de los niños que no se han considerado analfabetas, tienen dificultades para comprender lo que leen y para hacer operaciones matemáticas elementales. Por su parte, los niños escolarizados de las poblaciones 170 rurales suelen tener un nivel de conocimientos inferior al que deberían de poseer según el grado escolar oficial que cursan. Lo anterior se debe, por una parte, a que estos pequeños deben comenzar a colaborar en la economía familiar a muy temprana edad y, por otra, a la escasez y ausentismo del profesorado en las localidades más alejadas de los núcleos urbanos. 172 En el caso de la población de 15 años y más el porcentaje promedio de analfabetismo de la zona aumenta a 30%. Destacando nuevamente la diferencia entre las localidades urbanas, donde los valores son inferiores al 20%, y las localidades rurales, donde con frecuencia se alcanzan porcentajes superiores al 60%. Así mismo, llama la atención que los poblados con mayor índice de analfabetismo corresponden a aquellos con mayor nivel de indigenismo, evaluando éste en función de la población que habla lengua indígena además de español. Respecto a esto último, destacan la zona indígena del la vertiente sur de la sierra, perteneciente a municipios del estado de Michoacán, y las localidades ubicadas sobre los lomerios orientales, del estado de México (Figura 3.4). Todo lo anterior es el reflejo de muchos años de rezago educativo que sólo se puede subsanar con también muchos años de inversión en educación. 3.2.5. Vivienda En el terreno se pueden distinguir dos modelos principales de vivienda. El de las casas que conforman a los núcleos con una estructura urbana bien definida y el de las casas-parcela de las rancherías y pueblos dispersos. En ambos casos, siempre con excepciones. En unos y otros sitios se calcula una un promedio entre 5 y 6 habitantes por vivienda. Según el tamaño de la vivienda, en todos los núcleos urbanizados son minoritarias las casas con una o dos habitaciones incluyendo a la cocina (Figura 3.5). Aunque se trata, sobre todo, de casas humildes, estas suelen tener un salón, o equivalente, y uno o dos dormitorios, además de la cocina. La mayoría de éstas están construidas con ladrillo, de arcilla o de hormigón, o con adobe. En cambio, en las poblaciones formadas por casas dispersas predominan las chozas de dos o menos habitaciones que incluyen la cocina (Figura 3.5). El tipo de vivienda más frecuente en estos sitios es el formado por dos pequeñas chozas contiguas, una de las cuales sirve de 173 cocina y comedor y la otra de dormitorio para toda la familia. Estas también suelen tener cerca un pequeño granero y la letrina. 175 Esa misma distinción entre núcleos urbanos y poblados dispersos se mantiene, con sus respectivas excepciones, en otro parámetros más que indican la calidad de la vivienda. En el primer grupo es raro encontrar viviendas con piso de tierra, mientras que en el segundo pueden llegar a ser predominantes (Figura 3.5). Tanto en unas como en otras es común encontrar en viviendas humildes piso de hormigón alisado. Por su parte, los porcentajes de viviendas con techo de lámina de cartón, o de materiales de desecho, son muy bajos en toda la zona (INEGI, 1991). Aunque no sería apropiado relacionar esta variable con el grado de marginalidad de la localidad. Ya que, por una parte, es una zona donde abunda la madera, que puede llegar a ser tan accesible como la lámina de cartón; y, por otra, ha sido una práctica política muy recurrida la de proporcionar a la población láminas de asbesto (en muchos sitios prohibidas) o de metal. Aún así, llama la atención que los lugares donde este indicador es más elevado suelen estar muy cercanos a los núcleos urbanos más importantes, donde se puede tratar de asentamientos irregulares construidos de forma provisional. En cuanto a los principales servicios con que esas viviendas cuentan, la luz eléctrica es el de mayor cobertura, ya que poseen este servicio el 100% de las localidades y prácticamente la totalidad de las viviendas. Por el contrario, los servicios de agua potable y drenaje siguen siendo un privilegio de los núcleos urbanos. En la figura 3.6, donde se muestran las localidades con servicio de agua entubada, pareciera que éste tiene una amplia cobertura en más de la mitad de las localidades. Sin embargo, sólo en los núcleos urbanos sí se refiere a agua depurada corriente, disponible en los grifos del interior de la vivienda. Pero, en los poblados dispersos se trata de agua canalizada, a través de mangueras de plástico, desde algún manantial o arroyo hasta algún pequeño contenedor fuera de la vivienda. Los habitantes de la casa hacen uso del agua de ese contenedor para todas sus necesidades, y la que se escurre vuelve a tomar su cauce natural. 176 De tal manera, resulta más expresivo el mapa de viviendas con servicio de drenaje, donde se pone de relieve esa diferencia entre las localidades urbanas y rurales concentradas y las rurales dispersas. 178 3.4. Cubiertas y usos del suelo De acuerdo con Ribas (1992), el uso del suelo se refiere a las distintas intervenciones espaciales del hombre sobre el paisaje para adaptarlo a sus necesidades. El uso de un espacio dado depende, fundamentalmente, de la cubierta del suelo en ese momento (Ibarra, 1994) y, así mismo, tal uso puede dar como resultado un tipo de cubierta. Para el desarrollo del presente apartado conviene aclarar esos dos conceptos, cubierta del suelo y uso del suelo. Algunos autores como Mather (1986) y Meyer y Turner (1994), entre otros, han dejado muy claro la diferencia entre ambos: “cubierta del suelo” se refiere a la naturaleza o forma física de la superficie del terreno, que puede ser identificada visualmente en campo o a través de medios de percepción remota; mientras que, “uso del suelo” expresa el aprovechamiento o los fines económicos de esas cubiertas. La confusión radica en que algunas cubiertas llevan implícito un uso (cultivos / uso agrícola), aunque no siempre hay una relación directa (bosques / uso silvícola, conservación, recreación, etcétera). De tal forma, en esta sección se explicaran, con base en la bibliografía consultada y en observaciones de campo, las principales usos del suelo de la Sierra de Angangueo; pero, el análisis espacial se hará con relación a las cubiertas de ese suelo. A pesar de la trascendencia que ha adquirido la región en las últimas décadas, hay hasta ahora una carencia de cartografía de usos del suelo a escalas medias y detalladas y de fechas recientes, al menos publicadas con mediana difusión (Ramírez, 2001). Por lo que, una de las principales finalidades del presente trabajo es aportar información sobre ese tema a escala media, siendo ésta de la fecha más reciente posible. 3.4.1. Uso forestal 179 Como se ha visto en apartados anteriores, la ocupación de la zona data de hace cerca de 10 siglos. Desde entonces, sin duda, los bosques de la región han sido fuente constante de recursos. No se cuenta con registros de la situación de estos bosques en épocas prehispánicas, pero se sabe que a raíz del impulso agrícola, ganadero y minero desarrollado a partir de la colonia desaparecieron enormes extensiones forestales. Posteriormente, con el desarrollo ferroviario se perdieron más. En la década de 1930, con la Reforma Agraria, los bosques que aún permanecen en esta región fueron asignados a los campesinos que habitaban los pueblos y las haciendas de los llanos. Se delimitaron numerosos ejidos y se demarcaron las comunidades indígenas ya existentes. A partir de este momento se presentó una nueva fase de explotación. Todavía algunos de los campesinos de mayor edad dicen recordar que, cuando les entregaron las tierras, los bosques cubrían todas las laderas hasta llegar a los llanos (comunicaciones personales). En 1954, el antropólogo Fabila señalaba: “Como ha ocurrido en muchas zonas del país, desde hace mucho tiempo se ha explotado a las especies maderables en forma desconsiderada, pero tan exageradamente que no pocas montañas de la comarca ofrecen aspectos desolados y otras con grandes calveros. Esto no solamente se ha debido a las empresas madereras que han actuado en la comarca, sino también a los propios nativos que, no pudiendo completar sus presupuestos domésticos, aprovechan ciertos recursos naturales para venderlos en Zitácuaro y para el consumo en sus hogares, contribuyendo así a la deforestación...De acuerdo con los datos obtenidos en la zona, no se han recibido beneficios de importancia con la exagerada explotación de los bosques y sí muchos males; quienes se hicieron millonarios fueron los rapamontes.” En 1957, el profesor Marín, daba un testimonio muy similar y, lamentablemente, durante el desarrollo de esta investigación, la situación que se ha observado puede seguir definiéndose exactamente igual, siendo los bosques cada vez menos. Se puede afirmar que en la totalidad de los bosques de la Sierra de Angangueo se ha efectuado algún tipo de explotación silvícola. A lo 180 largo de todos los recorridos, y en los 80 puntos inventariados se han encontrado evidencias de aprovechamientos. Cabe apuntar que, en muchos sitios las condiciones del bosque son realmente buenas, aunque se puedan ver tocones de diámetro mayor que el de los árboles vivos, la diversificación de especies y estratos indican buena recuperación y manejo del bosque. 360000 365000 360000 365000 21 60 00 0 21 65 00 0 2165000 2160000 EJIDO EL PASOCOMUNIDAD INDÍGENA SAN CRISTOBAL EJIDO EL ASOLEADERO COMUNIDAD INDÍGENA DONACIANO OJEDA EJIDO EL ROSARIO EJIDO EMILIANO ZAPATA C. I. SAN FELIPE DE LOS ALZATI C . I . C U R U N G U EO Figura 3.7. Condiciones del arbolado en relación con los límites de propiedad del suelo. Ejemplo de los cerros Chivati y Huacal Bosque de pino-encino Bosque de oyamel Vegetación arbustiva Suelo desnudo Elaboró: Ramírez-Ramírez, María Isabel Compuesto de color: Landsat TM6 4-5-7 0 2 4 Km. 182 Por en contrario, en otros puntos abundan desperdicios de madera, por lo general sólo se aprovecha el 60% del árbol, más o menos descompuestos, la estratificación y diversificación son escasas o el aprovechamiento se da sobre elementos jóvenes debido a la ausencia de árboles suficientemente maduros. También se pueden encontrar con cierta frecuencia evidencias de la tala clandestina, ya que esta se suele llevar a cabo cerca de los caminos, sobre elementos jóvenes y generando aún más desperdicio. En muchos casos, es muy notorio en campo el paso de una propiedad a otra. La calidad y cantidad de los recursos están muy ligadas con el nivel de organización social del ejido o comunidad agraria a la que pertenezcan, lo que determina el grado de explotación del bosque. El mejor ejemplo de esta situación se puede observar en los bosques de los cerros Chivati y Huacal. El ejido El Paso posee uno de los mejores bosques de la zona y está rodeado por ejidos y comunidades indígenas cuyos bosques son de los más dañados (Figura 3.7). Además, al nivel de la Sierra, tales diferencias de las condiciones del bosque han dado lugar a un fuerte conflicto entre núcleos agrarios: unos temen que les roben sus árboles, otros los roban; unos se enorgullecen de la calidad y cantidad de sus recursos y otros los odian por ello. Y en esta lucha a veces hablan las armas. Este uso forestal tiene lugar en los sobre las diferentes formaciones forestales definidas en el capítulo anterior. En función de su superficie, y considerando el área de estudio documental, en primer término se tienen los bosques mixtos, los cuales, según las fotografías de 1994, cubren el 23% de dicha área. Están formados por mezclas muy diversas de los géneros Pinus, Quercus, Abies y Alnus. Se localizan sobre la mitad inferior de las laderas montañosas y sobre las vertientes de los domos volcánicos (Cuadro 3.2, Figura 3.8.). 183 Cuadro 3.2. Superficie ocupada por cubierta del suelo en 1994 Tipo de cubierta Hectáreas % VEGETACIÓN NATURAL Bosque de oyamel 16.701 12,3 abierto 570 0,4 fragmentado 75 0,1 Bosque mixto 30.593 22,6 abierto 2.502 1,8 fragmentado 3.746 2,8 Bosque de cedro 1.228 0,9 Bosque de encino 120 0,1 Vegetación arbustiva 3.112 2,3 Matorral subtropical 159 0,1 fragmentado 2.268 1,7 Pastizal inducido 5.976 4,4 CULTIVOS Agricultura de temporal 55.809 41,2 Agricultura de regadío 9.126 6,7 Plantaciones frutícolas 1.684 1,2 OTRAS CUBIERTAS Núcleos urbanizados 1.073 0,8 Superficies de agua 547 0,4 Sin cubierta 148 0,1 Área total 135.436 100,0 En segundo término se encuentran los bosques de oyamel, con más de 12% de la superficie en esa fecha, cubriendo la parte alta de la montaña. Estos se refieren a los tres tipos de bosques de Abies definidos en el capítulo anterior: de Abies puro, de Abies-Pinus-Quercus y bosque mesófilo. Cartográficamente, dentro de esta clase han quedado incluidos los pequeños manchones de bosque de Pinus hartwegii que se localizan alrededor de los 3600 metros, bordeando la parte suroeste de los pastizales que cubren la cima de la Sierra El Campanario (El Picacho) (Figura 3.8). En proporciones muy inferiores encontramos unidades de bosque de cedro (menos de 1% de la superficie total de estudio) y bosque de encino (apenas presente con 0.1%). El primero se desarrolla al noreste de la zona, en sitios de las mismas características que el bosque de oyamel, siendo la especie más difundida Cupresus lusitanica (cedro blanco). El bosque de encino se localiza en el extremo suroeste del área analizada, a una altitud promedio de 2000 metros, este bosque se 184 presenta en zonas de transición hacia climas más cálidos. En él predominan especies como Quercus obtusata, Q. castanea, Arbutus xalapensis, Styrax ramirezii y Ternstroemia pringlei, entre otros (Madrigal, 1994). Figura 3.8. Cubiertas del suelo en 1994 185 También como resultado de un uso forestal más intenso se encuentran cubiertas de vegetación arbustiva, las cuales cubren alrededor de 2% del área total. En todos los casos se trata de vegetación secundaria que ocupa sitios que han sufrido fuertes perturbaciones, predominando los enebrales (Juniperus monticola) y los matorrales de Baccharis, Senecio y Acaena. 3.4.2. Areas protegidas Como se ha indicado anteriormente, en la Sierra de Angangueo se incluyen 3 de los 5 santuarios que conforman la “Reserva Especial de la Biosfera Mariposa Monarca” (REBMM). Esto representa quizá el aspecto más influyente de la dinámica actual del paisaje de la sierra. En 1974 las tareas de investigación y marcaje de Urqhuart, científico canadiense, se vieron coronadas con el éxito, al descubrir las primeras colonias de hibernación de la mariposa monarca. En 1976 hizo público su descubrimiento en la revista National Geographic, pero él y su equipo se negaron a revelar la localización exacta de dichas colonias hasta que no se contara con un plan concreto de protección. No obstante, en ese mismo año, el equipo de la Universidad de Florida, bajo el mando del Dr. Calvert, basándose en informaciones generales señaladas por Urqhuart y en sus propias investigaciones lograron establecer esos sitios y los dieron a conocer. Con esto empezaron las primeras disputas, la llegada masiva de turistas y las presiones internacionales para conservar esas áreas (Martínez, 1996). Esas presiones hicieron eco en un grupo de empresarios e intelectuales mexicanos que, preocupados por la calidad estética del paisaje, se constituyeron en el grupo ecologista Monarca A.C. Esta asociación realizó las gestiones pertinentes para que en 1980 se declarara el área como “Zona de Reserva y Refugio de Fauna Silvestre”. No obstante éste decreto era muy impreciso y Monarca A.C. y los nuevos y multiples comités institucionales que se habían formado consiguieron en 1986 un nuevo decreto. En este segundo se declararon las “áreas naturales protegidas para los fines de migración, invernación y reproducción de la 186 mariposa monarca” (Diario Oficial, 9-oct-1986). Las cuales, posteriormente, se agruparon como “Reserva Especial de la Biosfera”, sin estar registrada como tal por la UNESCO. La REBMM difiere notablemente del resto de las áreas protegidas de su categoría de nuestro país. La “modalidad mexicana” de reservas de la biosfera, como señala Halffter (1992), parte del conocimiento de la situación socioeconómica de los habitantes de las áreas protegidas, en su mayoría campesinos indígenas, y de las limitaciones de los planteamientos tradicionales, restrictivos, de la conservación. Todas esas reservas deben su origen y desarrollo a un centro académico (excepto en Montes Azules, Chiapas, donde la mayor parte de los propósitos de la reserva no se han cumplido). El reto de dichas reservas no es encontrar los mecanismos para expulsar a las poblaciones locales, sino en determinar, apoyándose en el conocimiento científico, qué actividades y con qué intensidad son compatibles con la conservación de la biodiversidad. En cambio, la REBMM se creó bajo un planteamiento conservacionista clásico que condena cualquier posibilidad de aprovechamiento del bosque (Melo y López, 1989). No fue el resultado de las gestiones e investigación de un centro académico en particular, por el contrario, en su establecimiento participaron muy diversos actores con ideas muy particulares de lo que debía ser la conservación (Monarca A.C., SAHOP, SARH, SEDUE, Gob. Estado de Michoacán, Gob. Estado de México, XERCES Soc., WWF, UICN, Lepidopterist´s Society, Universidad de Florida, etc.), cada uno planteando sus propias propuestas y proyectos. En todas ellas resultaba evidente que no se partía de un diagnóstico de los recursos naturales ni de las relaciones socioeconómicas de la zona y que, mucho menos, no había participación alguna de los habitantes. Esta situación tuvo un claro reflejo espacial en la delimitación de la Reserva. En la Sierra de Angangueo, curiosamente, únicamente 2 de los 9 refugios se encuentran en “zona núcleo” (donde, en teoría, sólo se permiten tareas de investigación), 4 están en “zona de 187 amortiguamiento” (donde son posibles aprovechamientos, también en teoría, limitados y controlados) y 3 más fuera de la Reserva. Lo anterior, aunado al trazo de los límites de la Reserva, fuera de toda lógica natural o de propiedad de la tierra, nos sugiere el desconocimiento de la ubicación de los santuarios y de las características del medio al momento de decretar el área protegida. Los santuarios de la REBMM ubicados en la Sierra de Angangueo afectan a 37 núcleos agrarios: 27 ejidos, 6 comunidades indígenas y 4 propiedades privadas, lo cual ha sido una de las grandes dificultades para poder alcanzar acuerdos sobre su adecuada gestión (Figura 3.9). Figura 3.9. Ortomapa de los santuarios de la REBMM en la Sierra de Angangueo, en relación con los límites de propiedad y la cubierta del suelo 360000 370000 21 60 00 0 21 70 00 0 21 80 00 0 360000 370000 2160000 2170000 2180000 1. Ej. Arroyo Seco 2. Ej. Senguio 3. Ej. Segunda Fracción del Calabozo 4. Ej. Primera Fracción del Calabozo 5. Ej. Emiliano Zapata 6. Ej. San Francisco de los Reyes 7. Ej. San José Corrales 8. Rancho San Jerónimo Pilitas 9. Ej. Rincón de Soto 10. Ej. Hervidero y Plancha 11. Ej. Jesús de Nazareno 12. Ex-Hda. Chincua 13. Ex-Hda. Jesús de Nazareno 14. Ej. Cerro Prieto 15. Ej. Angangueo 16. Ej. Remedios 17. Ej. Santa Ana 18. Ej. Rosa de Palo Amarillo 19. Ej. El Rosario 20. Ej. Ocampo 21. Rancho Verde Sociedad Ejidal 22. Ej. San Felipe de Jesús 23. Ej. Las Rosas 24. Ej. Sauco y Zopilote 25. Ej. El Asoleadero 26. Ej. Las Mesas 27. Ej. Buena Vista Casablanca 28. Ej. Emiliano Zapata 29. C.I. San Cristobal 30. Ej. El Paso 31. Ej. Francisco Serrato 32. C.I. San Felipe de los Alzati 33. C.I. Curungueo 34. C.I. Carpinteros 35. C.I. Donaciano Ojeda 36. C.I. Francisco Serrato Zona Núcleo Zona de Amortiguamiento Colonias de mariposas Cerradas al turismo Abiertas al turismo RESERVA ESPECIAL DE LA BIOSFERA MARIPOSA MONARCA 0 5 10 Km. Elaboró: Ramírez-Ramírez, María Isabel Fuente de la ubicación de las colonias: Hoth, 1994 Compuesto de color: Landsat TM6 7-5-2. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 9 10 11 12 13 14 15 15 16 1817 19 19 20 21 22 23 24 2525 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 Angangueo San Felipe El Paso Ocampo San Luis Senguio 189 Eso mismo se repite en el resto de las montañas donde se ubican las 11 colonias restantes. Están bajo protección las 4 del Cerro Pelón (sólo 1 en zona núcleo) y la del Cerro Altamirano, quedando fuera las 6 localizadas en el Nevado de Toluca, Los Azufres y Mil Cumbres (Hoth, 1994). Los santuarios protegidos ubicados en estos sitios afectan a 17 núcleos agrarios más. Por otra parte, el fenómeno migratorio de la monarca y sus bosques de hibernación son el objeto de una fuerte lucha de poder entre diferentes actores. Los disputan distintos grupos al seno de una mismo núcleo agrario, entre ejidos, varias instituciones gubernamentales, los partidos políticos, diversos grupos conservacionistas nacionales e internacionales, empresas transnacionales a través de sus fundaciones y los mismos gobiernos de los tres países que tienen que ver con dicho fenómeno. Martínez (1996) expone varios ejemplos de algunas de esas luchas de poder. Así mismo, dicha autora demuestra la falta de acierto en la, casi, totalidad de proyectos que han intentado hacer partícipes a los pobladores. Estos han fracasado por muy diversos factores: desconocimiento de la organización social y costumbres de los habitantes; la intención de un control externo y vertical sobre los campesinos y sus recursos; corrupción en los diferentes niveles; apoyo a las mismas estructuras corporativas ejidales, cargadas de viejos vicios y problemas en su funcionamiento; concentración de los recursos en ciertos ejidos y en ciertas familias dentro de éstos, entre otros. Se manejan mucho dinero y muchos intereses, donde ha habido pocos ganadores, los que ya lo eran, y dos grandes perdedores: los bosques y los campesinos. Debido a la desinformación que rodeó la creación y función de la REBMM, algunos campesinos al enterarse (años después del decreto) de que les estaba vedado el uso de uno de sus escasos medios de subsistencia tuvieron una primera reacción: talar el bosque, para “aprovechar cuanto pudieran de él antes de que se los quitaran”. El caso más grave se presentó en el santuario Chivati-Huacal, en 1992 190 buena parte de la reserva fue talada e incendiada. Los campesinos cortaron tantos árboles que se produjo un fuerte excedente de madera, que la demanda regional no fue capaz de absorber. La madera que se vendió tuvo que ser malbaratada, en varios casos los aserraderos no cubrieron su importe y, al tratarse de una producción ilegal, no hubo mecanismos legales para reclamarlos (comunicaciones personales con campesinos de la Comunidad Indígena San Cristobal). Afortunadamente, no todos reaccionaron de la misma manera, pero en todos los núcleos agrarios que se visitaron, han sido comunes los comentarios acerca del sentimiento de despojo y engaño que sufren los campesinos. Con lo hasta aquí expuesto se antojaría cambiar el título del apartado al de “áreas desprotegidas”. En cuanto a su distribución espacial, en la Sierra de Angangueo la REBMM ocupa casi 9.500 ha, aproximadamente 30% de ellas de zona núcleo y 70% en zona de amortiguamiento. Los santuarios Chinchua y Chivati-Huacal abarcan en torno de las 2.900 ha cada uno y el Campanario 3.700 ha. Los tres poseen, en promedio, 30% de su superficie en zona núcleo y 70% en zona de amortiguamiento. 3.4.3. Uso turístico Dentro de las zonas protegidas existen dos puntos en los que se lleva a cabo un uso recreativo intenso: las colonias de mariposas del Rosario y del Llano del Toro y sus respectivas inmediaciones (Figura 3.9). El primero de ellos entró en función al momento de darse a conocer la ubicación de tal colonia. El número de turistas, nacionales y extranjeros fue creciendo paulatinamente y en la temporada 86-87, ya bajo el actual decreto de protección, se recibieron durante los 5 meses de la hibernación cerca de 30.000 visitantes. Esta cifra se fue incrementando hasta alcanzar los 70.000 en la temporada 89-90, y más de 100.000 en la 94-95. Estos visitantes generalmente se concentran en los fines de semana, llegándose a recibir más de 15.000 personas en un solo día (según datos proporcionados por la dirección de la REBMM, basados en 191 los libros de registro de cada temporada). De tal manera, a nivel del ejido, el turismo se ha convertido en la principal fuente de ingresos del Rosario, aunque estos se concentran sólo en algunas familias. La presión y las gestiones de los ejidatarios de Cerro Prieto, consiguieron que a partir de la temporada 96-97se abriera al turismo la colonia del Llano del Toro. Esto provocó una disminución en la demanda sobre la colonia del Rosario. Una parte de los turistas prefiere visitar la colonia de Cerro Prieto por tratarse de un bosque en mejores condiciones, aunque se tenga que caminar más de 2 km para alcanzarla. Otra parte sigue prefiriendo la del Rosario porque está prácticamente a un lado del aparcamiento y cuenta con un sendero más accesible. Recientemente, en la temporada 99-2000, la colonia de La Mesa, del lado del Estado de México, también se abrió al turismo. La apertura de estos sitios ha sido una nueva causa de conflictos entre los núcleos agrarios afectados por la REBMM. Algunos de ellos se consideran más afectados y no se les ha permitido la actividad turística y otros se sienten perjudicados sin siquiera tener colonias dentro de sus terrenos. 3.4.4. Usos agropecuarios Como se ha señalado en el apartado referente a las actividades económicas de los pobladores de la zona, los usos agropecuarios representan la principal fuente de ingresos para la mayoría de los habitantes. Estos ingresos son prácticamente de subsistencia, ya que casi no se generan casi excedentes que les permitan mejorar su nivel de vida en otros aspectos. Se comenzará este apartado citando nuevamente las palabras de Fabila (1954) y Marín (1957), por considerar muy significativo el hecho de que más de 40 años después la situación en el campo, para la población indígena, no haya mejorado gran cosa: 192 “Los nativos, relegados a las estribaciones de las montañas, especialmente los mazahuas, han tenido que cultivarlas por siglos en forma de monocultora, siendo de pendiente, lo que ha hecho que queden casi inutilizadas. Pero en realidad no solamente las de los indígenas, sino las de todos los agricultores, ya que en la región, debido al monocultivo, a la fuerte pendiente y a la erosión, se han empobrecido a tal grado que es prácticamente común en la comarca el sistema de “año y vez”; es decir, siembran un año maíz y trigo y luego dejan en descanso otro año dichas superficies para que se recuperen. Pero no sucede así, ya que la escasez de pastos obliga a meter en las rastrojeras a los ganados y con esto los animales destruyen lo que más tarde podría convertirse en materia orgánica y los suelos quedan sin defensa y más empobrecidos; no pocas veces queman las rastrojeras y los pastos” (Fabila, 1954). “Son varios los factores que concurren para que la agricultura regional conserve los primitivos implementos de trabajo. En primer lugar la falta de capital, pues son contadísimos los campesinos que han capitalizado, en segundo, la carencia de conocimientos técnicos modernos en la materia, y en tercer lugar, las condiciones topográficas del terreno” (Marín, 1957). Lo anterior se refiere a la agricultura de temporal, aquella condicionada a la precipitación pluvial, que se lleva a cabo en las áreas de pendientes fuertes para este uso. Pero, a pesar de la lamentable actualidad de esos comentarios, en campo se han podido comprobar algunas mejorías. Por ejemplo, se han diversificado un poco más los cultivos, además de maíz y trigo, también se siembra con cierta frecuencia, frijol (judía), haba, chícharo (guisante), avena, calabaza y especies forrajeras. De acuerdo con las posibilidades de cada campesino, se suelen agregar al suelo elementos nutritivos como nitrógeno, potasio y fósforo. Y algunos fondos de valle de estas zonas se han habilitado para el cultivo de regadío. Prácticamente la totalidad de la producción de estas tierras es de autoconsumo, rara vez se producen excedentes, que en caso de ocurrir, se venden entre los mismos habitantes de la comunidad. En las zonas más llanas, las cosas son ya muy diferentes. Sobre la mayor parte de las planicies aluviales, así como en buena parte de los depósitos de flujos piroclásticos, predominan las tierras con agricultura 193 de regadío. Aquí se cultivan de manera primordial maíz, frijol, avena, haba, trigo, tomate, chícharo y flores. Dentro de estas zonas en las que se dispone de agua para irrigación se pueden distinguir las aprovechadas para plantaciones frutícolas, donde se cultivan especies frutales perennes como aguacate, higo, manzana, pera, ciruela y granada china. Estos productos agrícolas se cultivan para su comercialización en mercados regionales, incluso algunos, como las flores, llegan a alcanzar mayor mercado (Merino, 1995; observaciones de campo). Por último, dentro de los usos agropecuarios de suelo, encontramos los pastizales. Estos se refieren a aquellas áreas cubiertas principalmente por gramíneas cuyo principal uso es el pecuario. En el área de estudio todos los pastizales son de carácter inducido y aprovechados para la producción de ganado de autoconsumo. En función de la superficie, destaca en primer término la agricultura de temporal, que ocupa 41% del área de trabajo. Le siguen la agricultura de regadío, con 10% del territorio analizado en 1994; los pastizales y las plantaciones frutícolas, con 4% y 1% respectivamente, en esa misma fecha. Mujer y niña mazahuas. Vestido típico (Comunidad Indígena Francisco Serrato, Mich.) Cuarto de cocina característico de las viviendas de los campesinos Niños que se ofrecen como guías de turista en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca Localidad de casas concentradas. San José del Rincón, Mex. Localidad de casas dispersas. Rosa de Palo Amarillo, Mex. Localidad de casas dispersas. El Rosario, Mich. Calle principal del núcleo urbano de Angangueo, Mich. F ot o: C .F er re ra s Figura 3.10. Composición fotográfica de algunos aspectos de la población y el poblamiento Figura 3.11. Composición fotográfica de algunos aspectos de los usos del suelo Extracción de madera de oyamel Extracción de madera de encino Familia sembrando en laderas de fuertes pendientesTerrenos de agricultura de temporal con algunas parcelas en descanso y pequeños surcos de escorrentía concentrada Mujer y niños pastoresGanadería de autoconsumo Aparcamiento y área de alimentación dentro del Santuario de Sierra Chincua Cabañas para turistas en Angangueo F ot o: J . G im én ez d e A . F ot o: C . F er re ra s 188 CAPÍTULO 4 Las unidades del paisaje de la Sierra de Angangueo En los tres capítulos anteriores se han explicado de forma independiente los diversos elementos naturales y humanos que convergen y caracterizan a la Sierra de Angangueo. El análisis progresivo de cada uno de ellos nos ha permitido identificar los principales caracteres de la fisonomía del territorio, así como distinguir las combinaciones de elementos que diferencian una parte del espacio de otra; esto es, acercarnos a la identificación de las unidades del paisaje. 4.1. Conceptos y método Al “paisaje” lo abordaremos en su carácter de objeto propio de la ciencia geográfica (Troll, 1950, en Mendoza et al., 1982; Bolós, 1975; Martínez de Pisón, 1983), donde se define como “la fisonomía que resulta de la combinación espacial de elementos físicos y de la acción humana” (Martínez de Pisón, 1998). Uno de los conceptos de paisaje más aceptado en la geografía española (Bolós, 1975; García, 1995; Muñoz, 1998) es el definido por Bertrand (1968), destacado impulsor de esta ciencia, quien señala: “el paisaje no es la simple suma de elementos geográficos diferenciados. Es una porción del espacio caracterizada por una combinación dinámica, por lo tanto inestable, de elementos físicos, biológicos y antrópicos que, actuando dialécticamente unos sobre otros, hacen del paisaje un conjunto único e indisociable en continua evolución”. En cuanto a la metodología, todos los autores consultados coinciden en dos puntos fundamentales: 1) la delimitación de las unidades del paisaje a través de las discontinuidades marcadas por componentes físicos y humanos que las definen, sobre todo los primeros; y 2) en la organización corológica y jerárquica de los paisajes de acuerdo con la escala espacial de análisis. No obstante, existen desacuerdos en cuanto 189 al orden o categoría de esos componentes y, sobre todo, en la denominación de las unidades de paisaje a cada escala determinada. Las escalas principales de jerarquización de los paisajes, en esos trabajos, se encuentran entre 1 y 100 Km2. Donde se delimitan, en primer término, unidades definidas por su componente morfoestructural y, en segundo lugar, por la combinación de su morfología y vegetación o cubierta del suelo. Lo cual corresponde con las escalas V y VI de Tricart y Callieux (1956, cit. pos. Ibarra, 1993); llamadas geosistemas o geocomplejos y geofácies por Bertrand (Bertrand, 1968; García, 1995); mesogeocora y geocora por Bolós (1992); o simplemente unidades (Sala, 1983; Sanz, 1998; Arozena, 2000), distinguiendo para su orden y explicación entre unidades del paisaje o naturales, a las del primer nivel (Troitiño, 1998; Sanz,1998) y unidades ambientales, a las de mayor detalle (Ibarra, 1993). En el presente trabajo hemos optado por esa última denominación, unidades de paisaje y unidades ambientales, porque nos parece más sencilla y comprensible para otros campos del saber, por lo que se facilita la difusión de los resultados. Además, porque nuestro interés es hacer una clasificación tipológica de paisajes y no taxonómica. La delimitación de las unidades de ambos niveles se ha hecho con base en la cartografía generada y descrita anteriormente. Donde se ha observado que los elementos que mejor definen las unidades de paisaje son las morfoestructuras y las cubiertas de suelo; mientras que a las unidades ambientales las delimitan la geomorfología y la vegetación (Figura 4.1). 190 Figura 4.1. Esquema metodológico de la identificación de las unidades del paisaje de la Sierra de Angangueo 4.2. Las unidades de paisaje de la sierra y su entorno Haciendo el análisis de los elementos que conforman el paisaje de la zona general de estudio, se puede afirmar que los grandes conjuntos del relieve son la base de la estructura territorial. Esto delimitan las unidades mayores del paisaje, perceptibles desde el terreno, y establecen su función dominante. La Sierra de Angangueo está rodeada por otras unidades claramente diferenciadas entre sí. Cada una de ellas corresponde a formas del relieve diferentes y con un potencial biológico propio, que determinan las particularidades de su uso humano. En el territorio considerado como área general de estudio se han reconocido nueve unidades de paisaje: dos en las que predomina la cubierta vegetal natural, 1) la sierra y 2) los domos volcánicos; dos en las que alrededor de la mitas de su cubierta natural ha sido afectada por actividades antrópicas, 3) los cañones y 4) la montaña no volcánica; cuatro donde sólo quedan pequeños manchones de la vegetación original, 5) las mesetas de lava, 6) el piedemonte coluvio-deluvial, 7) el Morfoestructuras Cubiertas del suelo Unidades de paisaje Unidades geomorfológicas Unidades ambientales Composiciones gráficas corológicas 191 piedemonte de flujos piroclásticos y 8) los lomeríos; y una ultima unidad totalmente modificada por el hombre, 9) las planicies (Figura 4.2). 4.2.1. Unidad de paisaje de la sierra La unidad territorial más destacada del área general en estudio, y principal objeto de nuestro trabajo, es la sierra. Ésta ocupa alrededor de 450 Km2 de superficie, que corresponden al total del conjunto de relieve volcánico montañoso, sea éste más o menos modelado. Es una unidad en la que predomina la cubierta vegetal natural. El 69% de su extensión está ocupada por bosques, donde aproximadamente la mitad corresponde a formaciones vegetales con dominancia de oyamel y la otra mitad a formaciones mixtas en las que destacan los pinos, encinos y ailes. Otro 9% de la unidad la cubren espacios forestales muy perturbados, provocados por un aprovechamiento forestal intensivo y por la apertura de pequeñas parcelas para cultivo itinerante. La superficie restante la ocupan pastizales inducidos de uso ganadero (5%) y extensiones de tierras de cultivo de secano de mayores dimensiones (17%) (Figura 4.3). Figura 4.3. Superficie ocupada y porcentaje de cubierta del suelo por unidad de paisaje Bosque mixto Bosque de oyamel Bosque de cedro Bosque de encino Matorral subtropical Bosque de oyamel perturbado Bosque mixto perturbado Vegetación arbustiva Matorral perturbado Plantaciones frutícolas Pastizal Agricultura de temporal Agricultura de regadío Urbano Otros 0 100 80 60 40 20 % U N I D A D E S D E P A I S A J E S ie rr as D om os vo lc án ic os C añ on es M on ta ña n o vo lc án ic a M es et as de la va P ie de m on te co lu vi o- de lu vi al P ie de m on te de fl uj os pi ro cl ás tic os Lo m er ío s P la ni ci es S ie rr as D om os vo lc án ic os C añ on es M on ta ña n o vo lc án ic a M es et as de la va P ie de m on te co lu vi o- de lu vi al P ie de m on te de fl uj os pi ro cl ás tic os Lo m er ío s P la ni ci es 0 500 450 400 350 300 250 200 150 100 50 2 Km U N I D A D E S D E P AI S A J E 194 La totalidad del paisaje montañoso pertenece al piso bioclimático supratropical inferior. Aproximadamente a partir de los 2700 metros de altitud va adquiriendo un mayor nivel de humedad y de frescor, que se expresa por la, cada vez mayor, predominancia del oyamel. Es una unidad muy escasamente poblada, aunque bastante aprovechada por los pobladores de los núcleos cercanos. En toda la unidad montañosa se localizan 32 localidades que agrupan a 11.000 habitantes (Figura 4.4). Casi la mitad de ellos viven en la población urbana de Angangueo (4.600 personas en 1990), donde se dedican especialmente a la minería y a los servicios. Las 6.400 personas restantes se distribuyen en 31 pequeñas rancherías, asociadas a los terrenos de cultivo, donde viven de 1 a 100 familias que se dedican básicamente a la producción agropecuaria de autoconsumo. Figura 4.4. Distribución de la población por unidad del paisaje 80.000 70.000 60.000 50.000 40.000 30.000 20.000 10.000 0 Po bl ac ió n to ta l 80 70 60 50 40 30 20 10 0 Núm ero de localidades Población total por unidad de paisaje Número de localidades por unidad de paisaje 195 4.2.2. Unidad de los domos volcánicos Otra de las unidades relativamente menos antropizadas la correspondiente a los domos volcánicos. Esta unidad territorial ocupa 100 Km2 dentro del área general en estudio y está formada por edificios volcánicos aislados, de dimensiones menores que los que componen a los conjuntos montañosos (Figura 4.2). Una proporción muy alta de su superficie está cubierta por espacios forestales: 70% por bosques mixtos densos, 10% por bosques muy perturbados y 5% por vegetación arbustiva forestal. Según se va descendiendo por el piso bioclimático mesotropical, estos bosques mixtos van presentando una mayor dominancia de encinos. El 15% restante de la unidad lo ocupan terrenos de uso agropecuario, siempre en las partes más bajas de los domos (Figura 4.3). El poblamiento sobre esta unidad es muy bajo, debido por una parte, a que está formada por edificios volcánicos de laderas muy inclinadas rodeados de terrenos más aptos para el establecimiento de la vivienda; y, por otra, a que algunos de estos terrenos son de propiedad privada. Aún así, en dos de los domos de pendientes más suaves y más modificados por el hombre se localizan dos pequeños poblados en los que, en 1990, se reportaron 600 y 200 habitantes, principalmente trabajadores del campo (Figura 4.4). 4.2.3. Unidad de los cañones Según ese mismo orden de grado de antropización, sigue el sistema territorial de menor dimensión de nuestra área general en estudio: los cañones. Estos ocupan sólo los 10 Km2 correspondientes a los barrancos profundos (más de 50 metros), de paredes verticales y fondos planos, encajados en materiales poco consolidados provenientes de erupciones volcánicas (Figura 4.2). 196 Aproximadamente la mitad de su superficie mantiene la vegetación natural, que pertenece a los llamados bosques de galería, donde predominan los Alnus y otras especies de comunidades riparias como Fraxinus, Salix y Populus, además de algunos elementos de Pinus y Quercus. La cubierta de la otra mitad de la unidad está muy modificada por el uso humano, formando un mosaico de vegetación natural muy perturbada y terrenos de uso aagrícola (Figura 4.3). Debido a sus características geomorfológicas, el poblamiento en esta unidad es completamente nulo. 4.2.4. Unidad de la montaña no volcánica A partir de este sistema territorial el grado de antropización es cada vez mayor. La montaña no volcánica dentro de nuestra zona de estudio cubre una superficie de 59 Km2 (Figura 4.2). Según su bioclima, mesotropical subhúmedo, debería de estar cubierta por algún tipo de vegetación natural: bosques mixtos, en el sector de mayor altitud, sobre suelos profundos de tipo acrisol; y matorrales subtropicales, en la zona de transición hacia un clima más cálido y seco, sobre litosuelos. Sin embargo, menos de la tercera parte de su extensión mantiene dicha vegetación en buenas condiciones (Figura 4.3). Un 42% de la montaña no volcánica está cubierta por bosques muy perturbados y matorrales fragmentados por espacios de agricultura seminómada. Los espacios continuos dedicados a usos agropecuarios ocupan casi otra tercera parte de la unidad, predominando la agricultura de temporal, condicionada a la precipitación pluvial (17%). Los fondos de los valles más amplios, cubiertos por depósitos provenientes de los materiales volcánicos de laderas más arriba, se aprovechan para los cultivos de regadío, tanto de cereales como de frutales. El poblamiento en esta unidad es también muy bajo. Sólo se localizan 2 localidades, una sobre un puerto y otra en fondo del valle más amplio, que agrupan a poco más de 800 habitantes (Figura 4.4) 197 4.2.5. Unidad de las mesetas de lava Esta unidad ocupa dentro de nuestra área en estudio una superficie de 55 Km2, correspondientes a las mesetas formadas por flujos de lava provenientes de eventos volcánicos de diferente antigüedad (Figura 4.2). Este sustrato, en combinación con un clima mesotropical subhúmedo, ha favorecido la formación de suelos tipo andosol en toda su extensión. Casi una tercera parte de ésta, relacionada con las coladas lávicas más recientes, está cubierta por bosques mixtos, con predominancia de especies de Quercus, de los cuales sólo una pequeña proporción se encuentran muy perturbados. Otra tercera parte la ocupan los cultivos no leñosos condicionados a la precipitación pluvial. Y en el tercio restante destacan los cultivos de regadío, en su mayoría de maíz, frijol, trigo y diversos frutales, y la concentración urbana de Zitácuaro (Figura 4.3). Dicha concentración urbana hace que esta sea la unidad de paisaje del área en estudio que agrupa al mayor número de población. En 1990 vivían en la ciudad de Zitácuaro cerca de 67.000 habitantes y 3.500 más se repartían en otras 13 localidades ubicadas sobre este mismo sistema territorial (Figura 4.4). De esta manera en dicha ciudad existe una densidad de población mayor de 7.500 habitantes por Km2, mientras que en el resto de la unidad la densidad ronda los 100 habitantes por Km2. En promedio, las mesetas de lava tienen una densidad de 1.288 habitantes por Km2 (Figura 4.5). 198 Figura 4.5. Densidad de población por unidad del paisaje 4.2.6. Unidad del piedemonte coluvio-deluvial En el área en estudio, este sistema territorial tiene una superficie de 140 Km2. Corresponde a la unidad geomorfológica de ese mismo nombre compuesta por detritos rocosos y sedimentos, originados por procesos gravitatorios y de remoción y transporte, respectivamente (Figura 4.2). Más de tres cuartas partes de su extensión están cubiertas por terrenos de usos agropecuarios. De estos cerca de 70% se dedican a la agricultura de temporal, con un elevado porcentaje de terrenos de agricultura seminómada y otro 30% a pastizales y agricultura de regadío, especialmente en la parte norte. En la cuarta parte restante permanecen algunos manchones de bosques mixtos densos mezclados con otros muy perturbados, tanto por el aprovechamiento forestal intensivo como por la apertura de tierras para el cultivo. La mayor parte de los bosques que permanecen en el piedemonte se localizan a partir de los 2.500 metros de altitud, sobre suelos de tipo luvisol y con un tipo de clima supratropical subhúmedo. Esto último se concentra, sobre todo, en la parte noroeste de la 199 población de Angangueo, donde la tendencia de los últimos 30 años ha sido la pérdida de bosques (Ramírez, 2001). El piedemonte es una de las unidades más antropizadas y también más densamente poblada. En 1990 habitaban en este espacio 23.500 personas distribuidas en 49 pequeñas localidades. De las cuales sólo Ocampo y El Paso, con 2.300 y 600 habitantes, respectivamente, presentan un núcleo urbano bien definido. Esto ha da por resultado, para dicha fecha, una densidad de población de 166 habitantes por Km2. Aunque este piedemonte es propiamente parte de la montaña, se ha considerado como una unidad aparte debido a que su grado de antropización es muy superior respecto a aquella; y porque las condiciones del relieve, aceptables para el aprovechamiento agrícola, y el nivel de poblamiento hacen muy poco factible que se pueda plantear como un área sujeta a reconvertirse en bosque. Pero sí sería conveniente considerarla como un área en la que se podrían aplicar otras técnicas y cultivos que mejorarían la utilización de suelo, como podrían ser las plantaciones leñosas. 4.2.7. Unidad del piedemonte de flujos piroclásticos En el área analizada esta unidad cubre una superficie aproximada de 260 Km2, correspondientes al piedemonte formado por cenizas y volcanoclastos producto de diferentes fases eruptivas (Figura 4.2). El grado de antropización de esta unidad es superior al de la anterior. Sólo 15% de su extensión permanece cubierta por bosques mixtos, una pequeña parte de ellos muy perturbados. El resto son terrenos dedicados a algún tipo de aprovechamiento agropecuario: el 55% de la unidad lo cubren cultivos de secano y un 25% más cultivos de regadío, de los cuales una quinta parte son de frutales (Figura 4.3). El poblamiento en este piedemonte es similar al anterior. Según el censo de 1990, en esta unidad vivían 46.000 personas repartidas en 78 poblados. Todos ellos de carácter rural formados por casas dispersas, 200 con excepción de Aporo, Zirahuato y Palizada que poseen un núcleo urbano bien definido. Con esto, se calcula una densidad de población para esa fecha de 127 habitantes por Km2 en todo el piedemonte piroclástico (Figura 4.5). 4.2.8. Unidad de los lomeríos orientales Esta unidad ocupa una extensión aproximada de 190 Km2, perteneciente a los lomeríos compuestos por materiales ignimbríticos miocénicos, cubiertos por piroclastos cuaternarios. Debido a la suavidad de sus pendientes esta rampa ha sido aprovechada casi en su totalidad para el cultivo de temporal (85%). Excepto en las laderas inclinadas de los barrancos, donde todavía se conservan bosques de oyamel y mixtos (15%) de los cuales casi una quinta parte se encuentran muy perturbados (Figuras 4.2 y 4.3). La agricultura de temporal es el uso actual dominante en estos lomeríos, a pesar de que las condiciones edáficas y climáticas no son las más apropiadas para ello. Se trata de andosoles y luvisoles, desarrollados en un tipo de clima semifrío, adecuados para el desarrollo de bosque y que presentan varias dificultades físicas y químicas para un buen aprovechamiento agrario. Esta una de las unidades más densamente pobladas y de poblamiento rural más antiguo. En 1990, en el conjunto de las 78 localidades ubicadas en estos lomeríos, se reportaron casi 46.000 habitantes. Lo cual ha dado por resultado una densidad de población de 242 habitantes por Km2 (Figuras 4.4 y 4.5). 4.2.9. Unidad de las planicies Por último, el sistema territorial más antropizado del área en estudio son las planicies, superficies formadas por la acumulación de aluviones que han cubierto por completo el lecho rocoso sobre el cual se asientan. En el territorio considerado ocupan cerca de 74 Km2, de los cuales 95% se 201 aprovecha para la producción agrícola, principalmente de cultivos herbáceos de regadío. En el 5% restante se encuentran los pequeños lagos naturales de Bosencheve, en el sureste de la zona, rodeados por sedimentos sin vegetación y un par de núcleos urbanos, Senguio y Emiliano Zapata, al noroeste de la zona (Figura 4.2 y 4.3). Estas planicies se encuentran principalmente del lado michoacano. En 1990 vivían en ellas 8.900 personas, repartidas en 19 localidades rurales y dispersas, exceptuando las dos poblaciones antes señaladas. La densidad de población de la unidad alcanzó en dicha fecha los 121 habitantes por Km2 (Figuras 4.4 y 4.5). 4.3. Las unidades ambientales del sistema montañoso Teniendo en cuenta la delimitación de las unidades del paisaje anteriores, se ha obtenido el área concreta para analizar las unidades ambientales de los espacios forestales de la sierra, objeto primordial de nuestro estudio. Por lo que, a partir de aquí concentraremos nuestro análisis en la superficie ocupada solamente por el área montañosa. La identificación e interpretación de las unidades ambientales se ha realizado teniendo en cuenta el siguiente supuesto teórico: la situación clímax de cualquier sitio, donde no existan limitantes climáticas o edáficas, es algún tipo de vegetación forestal (Ferreras, 1990). En este sentido, las unidades de paisaje que se distinguen dentro de una mismo una misma unidad de paisaje corresponden a sectores en los que se desarrolla una misma fase de evolución de dicha unidad. En cada una de ellas se pueden distinguir un potencial ecológico (físico) y una explotación biológica particulares (Bertrand, 1968). Por lo anterior, nos sumamos a la idea de que los componentes que mejor definen a los paisajes elementales son las unidades geomorfológicas y las cubiertas del suelo (Sala, 1983; Ibarra, 1993; Smiet, 1996; Sanz, 1998; Arozena, 2000). 202 De ese modo, las unidades ambientales de la Sierra de Angangueo han sido definidas mediante la combinación de los respectivos mapas de geomorfología y cubiertas del suelo. Cabe hacer notar que las formaciones vegetales representadas en el mapa de cubiertas no se corresponden con las formaciones explicadas en el capítulo de vegetación, en cuanto a su nivel de detalle. Esto no significa un problema metodológico, sino que es una cuestión de escalas, ya que las cubiertas del suelo se reconocieron por medio de fotografías aéreas a escala 1:75.000 e imágenes de satélite y las formaciones vegetales directamente en campo. Esta es una situación regular en este tipo de estudios, ya que “a ciertas escalas y en lugares determinados, los límites de una unidad biogeográfica o de un conjunto de ellas puede coincidir con los de una unidad de paisaje. En cambio, unidades inferiores de paisaje pueden no coincidir con las unidades inferiores biogeográficas” (Panareda 1984). En nuestro caso, como parte del sistema territorial de la montaña, se han identificado 23 unidades ambientales, pertenecientes a 3 formas del relieve y a 11 tipos de cubiertas del suelo. 8 de esas unidades corresponden a bosques en buenas condiciones de arbolado; 9 más a bosques muy perturbados; otras 5 a espacios de uso agrícola y pecuario; y una última que representa al núcleo poblacional de Angangueo (Figura 4.6). Como se indicó anteriormente, desde el punto de vista de su superficie, son muy predominantes los paisajes vegetales, no obstante, llama la atención la presencia de importantes extensiones de espacios agrícolas en condiciones del relieve francamente negativas para esta actividad (Figura 4.7). A pesar de que estas últimas se ubican sobre terrenos potencialmente forestales, no se tratarán a continuación de forma específica. Esto debido, por una parte, a que representan una etapa de perturbación humana extrema de las unidades ambientales clímax. Y por otra parte, porque carecemos de datos suficientes para analizar e interpretar su presencia y su dinámica socioeconómica. Bosque mixto Bosque de oyamel Bosque de cedro Bosque de oyamel perturbado Bosque mixto perturbado Vegetación arbustiva Pastizal Agricultura de temporal Urbano Figura 4.7. Superficie ocupada y porcentaje de cubierta del suelo de las unidades montañosas 0 100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 % Laderas muy incididas Interfluvios cumbralesLaderas escasamente incididas 0 400 350 300 250 200 150 100 50 2 Km Laderas muy incididas Interfluvios cumbralesLaderas escasamente incididas 205 4.3.1. Unidades ambientales de las laderas muy incididas 4.3.1.1. Con bosque de oyamel denso Esta es una de las dos unidades ambientales clímax y de mayor extensión de la Sierra de Angangueo. Ocupa 134 Km2, lo que significa el 36% de las laderas de relieve más modelado y el 29,6% del total del sistema montañoso (Figuras 4.6 y 4.7). Se ubica en la mitad superior de las laderas formadas por materiales volcánicos terciarios, andesitas y basaltos, de pendientes fuertes. Sobre la casi totalidad de dichas laderas se han desarrollado suelos de tipo andosol, de perfil poco diferenciado, profundos, ligeramente ácidos y bien drenados. Excepto en los escarpes y en algunas cimas en donde se presentan suelos poco evolucionados de tipo litosol, debido a las fuertes pendientes que propician una fuerte erosión. El elemento mesológico que define a la unidad parece ser el clima. Este se ha clasificado como supratropical inferior húmedo. El cual se caracteriza en este sitio por una precipitación total anual en torno de los 900 mm y por sus temperaturas frescas todo el año, donde, incluso en el mes más cálido, la media no supera los 15ºC. En los meses de invierno la probabilidad de heladas es muy elevada, especialmente por arriba de los 3000 metros de altitud. Aún así, las temperaturas mínimas extremas rara vez descienden de los –3ºC. A partir de un mismo tipo de relieve y de un mismo sustrato litológico y edáfico, las diferencias en la composición y estructura de los bosques de oyamel parecen estar dadas por los cambios en el clima debidos a la altitud. Lamentablemente carecemos de los registros climáticos que nos puedan confirmar el orden de estos cambios. En la mitad inferior de la unidad, por debajo de los 3000 metros, el estrato arbóreo suele estar más diversificado, llegando a encontrarse en algunos sitios bosques con más de 5 especies de árboles acompañando al Abies religiosa. La mayoría de ellas especies más mesófilas, de 206 condiciones más cálidas que el oyamel, localizadas sobre laderas protegidas. Conforme se va subiendo en altitud, se van perdiendo estas últimas, quedando los abetos sólo en codominancia con con Pinus pseudostrobus y algunos elementos de Quercus laurina (Figura 4.8). Figura 4.8. Perfil altitudinal del bosque de oyamel Pinus hartwegii Abies religiosa Pinus pseudostrobus Quercus laurina Cleyera integrifolia Arbutus xalapensis Clethra mexicana Juniperus monticola Senecio angulifolius Baccharis conferta Cestrum thyrsoideum Inventario 61 3500 metros Inventario 27 3151 metros Inventario 8 3050 metros Inventario 22 2830 metros 208 Hacia los 3200 metros de altitud se llega a un bosque monoespecífico de Abies religiosa. Y por último, hacia los 3500 metros empiezan a aparecer elementos de Pinus hartwegii, que en las cumbres más altas llegan a formar manchones de bosque de pino de alta montaña. Lo cual sugiere una transición hacia un tipo de clima más frío, orotropical, que no llega a expresarse plenamente debido a la altitud insuficiente de nuestra sierra. Por su parte, en los estratos arbustivo y herbáceo no existen diferencias muy significativas entre estos diferentes tipos de bosques, excepto la abundancia, que es mayor ladera abajo. (Figuras 4.8 y 4.9). Las laderas del bosque monoespecífico de oyamel son las que reúnen las características ambientales, umbría, temperatura e inclinación de la pendiente, que requieren las mariposas monarca para una hibernación exitosa. Dadas sus condiciones climáticas y de relieve, esta unidad ambiental carece por completo de poblamiento humano, no así de aprovechamiento por parte de éste. En todos los sitios recorridos, e inventarios registrados, se han visto evidencias de aprovechamientos forestales de diversas antigüedades. 4.3.1.2. Con bosque mixto denso Esta es la segunda unidad ambiental de mayor extensión de todo el sistema montañoso de la Sierra de Angangueo. Ocupa una superficie de 111 Km2, lo que representa el 24,7% de dicha unidad territorial y el 30% de las laderas más incididas por la red de drenaje. Se sitúa en la mitad inferior de dichas laderas, principalmente en la parte norte y sur de la sierra, a lo largo del piso altitudinal entre los 2400 y los 3100 metros, por debajo de la unidad de los bosques de oyamel (Figura 4.7y 4.10). Según los estudios en sitios ocupados por este tipo de formaciones forestales mixtas, se tienen aún ciertas dudas si son o no comunidades climax, pero han llegado a ser comunidades muy estables y ampliamente extendidas en nuestro país (Rzedowski y Madrigal, 1977). 209 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.9. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con bosque de oyamel SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE DE OYAMEL DE LADERAS MUY INCIDIDAS H ec tá re as No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 15 Los Lobos (EdoMex) 3340 msnm 25º SE 600 m2 Andesita Andosol 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 Abies religiosa Senecio angulifolius Otras arbustivas Lachemilla procumbens Compuestas herbáceas Gramíneas Otras herbáceas 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.10. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con bosque mixto SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE MIXTO DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE MIXTO Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE MIXTO DE LADERAS MUY INCIDIDAS H ec tá re as No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 49 Ej. E. Zapata (Mich) 3020 msnm 25º SW 900 m2 Andesita Andosol Pinus pseudostrobus Pinus montezumae Cupressus lusitanica Quercus laurina Quercus rugosa Otras arbóreas Compuestas arbustivas Labiadas arbustivas Otras arbustivas Otras herbáceas 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 212 La estructura litológica y edáfica de la unidad no cambia respecto a la anteriormente descrita, no así el factor climático. En ésta también se presenta un termotipo supratropical inferior, pero con un ombrotipo de menor humedad que en la de los bosques de oyamel. Las temperaturas siguen siendo frescas, aunque en promedio 3ºC más elevadas que en aquellos bosques. Las heladas son menos frecuentes y, aunque la probabilidad de que se presenten se extienden de 1 a 5 meses según la altitud, prácticamente sólo son seguras en el mes de enero. Como bosques mixtos se han agrupado diversas asociaciones vegetales, cuyo común denominador es la dominancia, o codominancia, de alguna o varias especies de Pinus, Quercus o Alnus. En los inventarios realizados hemos encontrado todas las combinaciones posibles, por lo que faltaría hacer un muestreo mucho más intensivo para poder caracterizar asociaciones específicas. Se trata de bosques, que sin dejar de ser densos, poseen una cobertura arbórea menos cerrada, de tal forma que luz llega con más facilidad a estratos inferiores dando lugar a un estrato arbustivo más desarrollado. El estrato arbóreo por lo regular presenta dos niveles, uno, mayor de 15 metros, formado por coníferas y otro, en torno de 10 metros, por latifolidadas (Figura 4.10). No existe tampoco ningún tipo de localidad dentro de los límites definidos para esta unidad. No obstante, en la parte norte incluye a varias unidades de cultivos y pastizales en las que se ubican algunas pequeñas rancherías de casas dispersas, donde viven algunas pocas familias en condiciones de marginalidad muy elevadas. El aprovechamiento de estos bosques es más intenso que en los anteriores, tanto en lo referente a la tala legal como a la clandestina, y es frecuente encontrar bosques muy dañados. 4.3.1.3. Con bosque de cedro denso 213 Esta unidad ambiental forestal ocupa aproximadamente 11 Km2, lo que representa sólo un 3% de las laderas muy incididas y 2,3% del sistema montañoso (Figura 4.7). Se encuentra en su totalidad sobre basaltos terciarios muy modelados, pero de pendientes menos inclinadas que las de las unidades anteriores. Se ubica en la parte NE del sistema montañoso, sobre el cerro el Cedral (Figura 4.11) Figura 4.11. C.G.C. de las LMI con bosque de cedro 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.11. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con bosque de cedro Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE CEDRO DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE CEDRO PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE DE CEDRO DE LADERAS MUY INCIDIDAS H ec tá re as No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 48 Ej. San Francisco de los Reyes (EdoMex) 3000 msnm 20º W 800 m2 Andesita Andosol Cupressus lusitanica Abies religiosa Pinus montezumae Pinus pseudostrobus Quercus laurina Verbesina oncophora Cestrum anagyris Compuestas arbustivas Fuchsia sp. Otras herbáceas 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 214 Los elementos mesológicos, edáficos y climáticos, son similares a los del bosque de oyamel: andosoles desarrollados en un clima templado y húmedo. Incluso su fisonomía y su composición florística es muy parecida, sólo se modifica el componente arbóreo principal, dominado en este caso por Cupressus lusitanica (Figura 3.11). Según Madrigal (1994) estos bosques son repoblaciones, de aproximadamente 80 años de antigüedad, que probablemente no representen una situación climax, ya que el renuevo presente está conformado casi exclusivamente por Pinus pseudostrobus. Carece de localidades dentro de la unidad, pero se nota un avance de la frontera agrícola sobre ésta asociado a las pequeñas poblaciones colindantes. 4.3.1.4. Con bosque de oyamel abierto Esta es una unidad ambiental muy reducida, ocupa sólo 5 Km2, lo que significa alrededor de 1%, tanto respecto al total del sistema montañoso como de las laderas más modeladas. Representa una etapa regresiva del bosque de oyamel denso provocada, en la mayoría de los casos, por perturbación humana. La unidad se divide en pequeñas superficies aisladas entre sí, las de mayores dimensiones presentan bosques con evidencias de haber sido incendiados o que se encuentran sobre sitios rocosos donde el desarrollo del suelo ha sido muy escaso. Además de esas superficies, representadas en el mapa, existen múltiples claros dentro de los bosques densos que corresponden a aprovechamientos forestales recientes (Figura 4.12). La composición florística es similar a la de los bosques densos. Pero, al ser la cobertura arbórea más abierta, permite la entrada de luz a niveles inferiores dando lugar a un estrato arbustivo más desarrollado. En éste último abundan especies como Baccharis conferta, Acaena elongata y varias especies de Senecio y otras compuestas (Figura 4.12). 215 Según lo observado en campo, es una unidad en aparente recuperación, con probabilidades de convertirse a mediano plazo en bosque denso, ya que el renuevo suele ser muy abundante. Figura 4.12. C.G.C. de las LMI con bosque de oyamel y mixto abiertos DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL ABIERTO CON BOSQUE MIXTO ABIERTO Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE MIXTO ABIERTO DE LADERAS MUY INCIDIDAS H ec tá re as SUPERFICIE DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL ABIERTO CON BOSQUE MIXTO ABIERTO 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas N No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 23 C.I. C.Morales (Mich) 2620 msnm 21º NW 100 m2 Andesita Andosol Quercus laurina Alnus jorullensis Clethra mexicana Salvia fulgens Eupatorium rivale Senecio angulifolius Otras arbustivas Otras herbáceas 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 Figura 4.12. Composición gráfica corológica de las unidades ambientales de laderas muy incididas con bosques de oyamel y mixto abiertos GUEST 216 4.3.1.5. Con bosque mixto abierto Esta unidad representa una etapa regresiva de la unidad ambiental de los bosques mixtos densos, provocada principalmente por un uso forestal intensivo. Se ubica hacia la parte más baja de las laderas, asociada a terrenos de uso agrícola, tanto del mismo sistema montañoso como de las unidades adyacentes. Es de dimensiones menores que la anterior, ocupando en su totalidad cerca de 300 hectáreas, es decir, menos del 1% de las laderas de relieve más modelado. La tala selectiva es uno de los métodos de explotación forestal que se llevan a cabo en la zona, lo que ha dado por resultado bosques muy aclarados, con una cobertura arbórea inferior al 40%. La madera de pino es de mayor demanda en la zona, por lo que en bosques afectados por la extracción de sus elementos suelen ser ocupados por bosques de ailes y encinos, en los que se presenta un abundante estrato arbustivo dominado por compuestas y labiadas (Figura 4.12). 4.3.1.6. Con vegetación arbustiva Esta unidad del paisaje montañoso de la sierra de Angangueo representa una etapa de sustitución de los bosques densos de oyamel y mixtos, resultante de la destrucción total de la vegetación original. En muchos casos es mantenida por una perturbación continuada, donde se presentan evidencias de fuego y pastoreo. En otros sitios, se encuentra en una etapa conducente al restablecimiento de los bosques originales, donde existe un buen renuevo de las especies forestales (Figura 4.13). En cuanto a su dimensión, es una unidad relativamente pequeña, 6 Km2, y dispersa en múltiples rodales que bordean a los bosques densos. Se trata de matorrales densos con una cobertura arbustiva cercana al 100% y coberturas subarbustiva y herbácea ligeramente menos densas. Las especies arbustivas dominan en los tres niveles de altura. 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.13. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas muy incididas con vegetación arbustiva SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON VEGETACIÓN ARBUSTIVA Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON VEGETACIÓN ARBUSTIVA H ec tá re as PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN MATORRAL DE BACCHARIS DE LADERAS MUY INCIDIDAS No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 56 Ej. Las Mesas (EdoMex) 3100 msnm 25º S 100 m2 Andesita Andosol 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 Abies religiosa Salix paradoxa Baccharis conferta Buddleia parviflora Senecio salignus Salvia fulgens Salvia minor var. minor Compuestas herbáceas Gramíneas Otras herbáceas GUEST 218 En la fotografía de figura 4.13 se puede ver un matorral de Baccharis conferta, acompañado de Senecio salignus y Acaena elongata, que ha cubierto la superficie abandonada de un antiguo aserradero. Otra situación muy similar queda reflejada en la pirámide de vegetación de esa misma figura, donde, además, empieza a notarse un renuevo forestal de Abies religiosa y Salix paradoxa y la presencia de más especies arbustivas propias de los bosques. 4.3.1.7. Con bosque de oyamel fragmentado Desde el punto de vista de su clasificación, ésta es una unidad muy compleja. Está formada por una mezcla de fragmentos de bosques y de terrenos de cultivo. La fracción forestal posee las mismas características descritas para los bosques de oyamel densos; mientras que, las parcelas de cultivo muestran un sistema de aprovechamiento de tipo seminómada, dado que las condiciones del relieve no permiten un uso agrícola continuado. Dicho sistema seminómada consiste en desmontar la parcela para sembrar unos pocos años, casi exclusivamente maíz; abandonarla algunas temporadas más, según la recuperación de terreno y las necesidades de sus propietarios; y quemar la vegetación surgida durante la etapa de descanso para volver a sembrar otros cuantos ciclos. Esto da lugar a un complejo mosaico formado por bosques, parcelas cultivadas, tierras abandonadas sin cubierta vegetal y otras abandonadas cubiertas por arbustos y renuevo forestal (Figura 4.14). Aunque los manchones de bosque se encuentran en relativo buen estado, esta unidad se considera de las más antropizadas, ya que al haber cambio en el uso del suelo en una parte de su superficie, la recuperación del bosque en esos sitios se hace más difícil. Además, según se ha venido observado, la tendencia general de la unidad es a perder cada vez más la fracción forestal. Figura 4.14. Composición gráfica corológica de las unidades ambientales de las laderas muy incididas con bosques de oyamel y mixto fragmentados BOSQUE MIXTO FRAGMENTADO BOSQUE DE OYAMEL RAGMENTADO BOSQUE MEXTO FRAGMENTADOL 360000 360000 370000 370000 380000 380000 21 60 00 0 21 70 00 0 21 80 00 0 2160000 2170000 2180000 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL FRAGMENTADO CON BOSQUE MIXTO FRAGMENTADO Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa SUPERFICIE DE LAS LADERAS MUY INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL FRAGMENTADO CON BOSQUE MIXTO FRAGMENTADO H ec tá re as GUEST 220 4.3.1.8. Con bosque mixto fragmentado En la parte central de la vertiente occidental de la sierra, entre los núcleos urbanos de Ocampo y Angangueo, ésta es la unidad del paisaje más dominante. Esta zona, junto con algunas superficies del extremo noroeste de la sierra, alcanzan 18 Km2 de bosques mixtos fragmentados por parcelas de cultivo. Estos terrenos de cultivo también son del tipo seminómada descrito anteriormente. En la figura 4.14 se puede ver a fisonomía de esta unidad de ambiental, en ellos se observan porciones de bosques densos de árboles maduros, parcelas cultivadas con maíz, parcelas abandonadas con evidencias de erosión superficial y concentrada y terrenos con una cobertura abierta de vegetación arbustiva y renuevo forestal. Es una unidad muy afectada por el uso humano, cuya presión, dadas las condiciones socioeconómicas de los pobladores de la zona, no parece que pueda disminuir a corto o mediano plazo. 4.3.2. Unidades ambientales de las laderas escasamente incididas 4.3.2.1. Con bosque de oyamel denso Esta es la unidad ambiental clímax de la parte más elevada de las laderas montañosas menos modeladas, compuestas por materiales basálticos del cuaternario. Ocupa actualmente una superficie aproximada de 7 Km2, lo que representa el 1.4% del sistema territorial montañoso (Figura 4.15). Se ubica a partir de los 2800 metros de altitud, donde se presenta un bioclima supratropical húmedo que, actuando sobre las rocas volcánicas, ha permitido el desarrollo de buenos suelos forestales de tipo andosol, profundos y bien drenados. Las características climáticas generales son similares a las de los bosques de oyamel de las laderas muy modeladas: precipitación total anual en 221 torno de los 900 mm, temperaturas frescas todo el año, con una media siempre inferior a los 15ºC, probabilidad de heladas durante todo el invierno y heladas seguras en el mes de enero. La estructura de la vegetación presenta algunas diferencias respecto a aquellos bosques, probablemente debidas a las características del relieve, que presenta menor pendiente, en torno a los 15º, y menor altitud, no rebasa los 3100 metros. Aunque también se pueden deber a cambios en el clima que no alcanzan a ser identificados con la red de estaciones con que se dispone. Los bosques de oyamel de estas laderas corresponden al tipo mesófilo descrito en el capítulo segundo de este trabajo: de sitios más húmedos que los bosques mixtos, pero ligeramente más cálidos que los bosques de oyamel puro. Son bosques densos muy diversificados en todos sus estratos. En el estrato arbóreo predomina Abies religiosa, abundan Pinus pseudostgrobus y Quercus laurina y son frecuentes Cleyera integrifolia, Clethra mexicana, Cornus disciflora, Simplocos prionophylla y Styrax argenteus var. ramirezii (Figura 4.15). También es muy abundante la enredadera Smilax moranensis, así como una densa cobertura de musgo. A pesar del buen estado de conservación de esta unidad ambiental, en todos los puntos inventariados y trayectos recorridos se han encontrado evidencias de aprovechamiento forestal y abundancia de especies vegetales indicadoras de perturbación. Esta es la unidad ambiental que mejor refleja la relación entre la conservación de los bosques y la propiedad del suelo, ya que la mayor parte de ella, la mejor conservada, corresponde exactamente con los límites de los terrenos del Ejido El Paso. Éste es uno de los pocos ejidos cuya población ha conformado un centro de población concentrado, permitiendo así la incorporación de servicios urbanos básicos. Además, presenta niveles de marginalidad relativamente menores, en cuanto a educación y calidad de la vivienda. Esto demuestra una mayor organización social de sus pobladores, ya que el ejido fue concedido 222 por las mismas fechas que la mayoría de la zona, a mediados de la década de 1930. Durante los meses de invierno, en el lado suroeste de la unidad se suelen agrupar un par de colonias de mariposas monarca. 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Figura 4.15. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque de oyamel PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE DE OYAMEL DE LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa H ec tá re as No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 11 Ej. El Paso 2860 msnm 5º N 400 m2 Basalto Andosol 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 Abies religiosa Pinus pseudostrobus Quercus laurina Cleyera integrifolia Cornus disciflora Otras arbóreas Salvia sp. Compuestas arbustivas Otras arbustivas Otras herbáceas GUEST 224 4.3.2.2. Con bosque mixto denso En la parte inferior de las vertientes compuestas por materiales cuaternarios escasamente modelados, aproximadamente por debajo de los 2800 metros, esta es la unidad de paisaje clímax, o paraclímax. Ocupa una superficie cercana a los 23 Km2, lo que representa casi la mitad de estas laderas y el 5% del total del sistema montañoso. Se desarrolla bajo un tipo de clima supratropical subhúmedo que ha dado lugar a andosoles, en la parte superior y en la mitad norte, y a acrisoles, en las laderas de orientación al sur. Esto último indica, por una parte, una mayor antigüedad de esta porción de la unidad y, por otra, condiciones térmicas ligeramente más elevadas. La composición y estructura de la vegetación, así como su aprovechamiento por parte del hombre, es muy similar a la descrita para las laderas muy incididas con este mismo tipo de bosque. En la pirámide de vegetación de la Figura 4.16 se representa un bosque típico de este tipo: un estrato arbóreo superior formado por especies de Pinus y Quercus; otro arbóreo inferior, de menor densidad, compuesto por especies más termófilas; estratos arbustivos muy abiertos, dominados por compuestas y labiadas; y un estrato herbáceo muy abierto y diversificado. 4.3.2.3. Con bosque de oyamel abierto Es una unidad del paisaje que representa una etapa regresiva de la unidad clímax de los bosques densos de oyamel. Ocupa cerca de 4 Km2, distribuidos en la parte central de las laderas escasamente modeladas, representando el 8% de éstas y el 1% de la totalidad de la unidad montañosa (Figura 4.17). Estos son bosques muy perturbados por la intervención del hombre, debido a un uso intensivo y excesivo del bosque. Lo cual ha dado lugar a un sistema muy frágil que se ha vuelto muy susceptible a otros factores 225 de perturbación, como son los incendios durante la época más seca del año. 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 Figura 4.16. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque mixto SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE MIXTO DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE MIXTO Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE MIXTO DE LADERAS ESCASAMENTE INCLINADAS H ec tá re as 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 32 C. I. Curungueo 2800 msnm 12º E 200 m2 Basalto Acrisol Quercus rugosa Pinus leiophylla Arbutus xalapensis Arctostaphylos discolor Eupatorium mairetanum Terstroemia lineata Salvia amarissima Otras herbáceas GUEST 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.17. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque de oyamel abierto Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL ABIERTO DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE DE OYAMEL ABIERTO PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE DE OYAMEL DE LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS H ec tá re as 31 C.I. D. Ojeda (Mich) 2600 msnm 25º NE 250 m2 Basalto Andosol No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 Abies religiosa Pinus pseudostrobus Quercus laurina Clethra mexicana Symplocos prionophylla Styrax ramirezii Cornus disciflora Teaceae Senecio angulifolius Otras arbustivas Polypodiaceae Iresine celosia Otras herbáceas GUEST 228 En la figura 4.17 se muestran dos ejemplos de estos bosques. En la pirámide de vegetación se representa uno de la parte sur de la unidad, en que la composición florística es muy diversificada y similar a la de los bosques densos, pero que difiere al presentar un estrato arbóreo superior muy abierto. Por su parte, el bosque de la fotografía, correspondiente a la porción más al norte de la unidad, muestra elementos jóvenes de Abies religiosa, muy separados entre sí, y un estrato arbustivo ocupado casi exclusivamente por Baccharis conferta. Ambos casos denotan una extracción selectiva de los elementos arbóreos de mayor interés económico. 4.3.2.4. Con bosque mixto abierto Esta unidad es una etapa de regresión de los bosques densos de las laderas escasamente modeladas por los agentes erosivos. Cubre una superficie de 2.5 Km2, lo que representa el 5% de dichas laderas y el 0,5% del conjunto montañoso. Se distribuye en la parte central del cerro Chivati y en el extremo sur del cerro Huacal (Figura 4.18). Es un bosque muy aclarado por causa de las actividades forestales que allí se llevan a cabo. La cobertura arbórea es inferior al 30%, donde predominan especies de Pinus, en un estrato arbóreo superior, y de Alnus y Quercus, en otro inferior. Esta situación de claridad ha dado lugar a un estrato arbustivo muy denso, en el que predominan compuestas y labiadas. Por su parte, las herbáceas donde predominan las gramíneas, tampoco superan el 30% de cobertura (Figura 4.18) 4.3.2.5. Con vegetación arbustiva Esta unidad ambiental ocupa una superficie de 7.6 Km2, representando el 16% de las laderas escasamente incididas y el 1,7% del conjunto de la montaña (Figura 4.18). La mayor parte de ella, la mitad superior de la unidad, se debe a una fuerte perturbación muy reciente, de 1992, provocada por la desinformación de sus propietarios respecto a la situación de sus bosques al ser integrados como parte del la Reserva de la Mariposa Monarca. Esta situación dio lugar a una extensa tala 229 inmoderada y clandestina que acabó por completo con la cubierta arbórea de más de 500 hectáreas. A raíz de esa extracción masiva, todos los años se han venido presentando incendios de diferentes magnitudes en esa superficie. 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 Figura 4.18. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de las laderas escasamente incididas con bosque mixto abierto y con vegetación arbustiva VEGETACIÓN ARBUSTIVABOSQUE MIXTO ABIERTO N Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa SUPERFICIE OCUPADA POR LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE MIXTO ABIERTO VEGETACIÓN ARBUSTIVA DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LAS LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS CON BOSQUE MIXTO ABIERTO CON VEGETACIÓN ARBUSTIVA PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE MIXTO ABIERTO DE LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS VISTA 3D DEL COMPUESTO DE COLOR TM6 7-5-2 PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE MIXTO ABIERTO DE LADERAS ESCASAMENTE INCIDIDAS H ec tá re as 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 72 Ej. Emiliano Zapata 2500 msnm 9º N 600 m2 Basalto Andosol Pinus sp. Quercus sp. Alnus sp. Eupatorium mairetianum Otras arbustivas Bromus exaltatus Otras herbáceas 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas GUEST 231 La perturbación de la mitad inferior de la unidad es más antigua, y en la actualidad parece estar en una etapa de recuperación, donde predomina el renuevo formado por Alnus arguta y Alnus jorullensis. 4.3.3. Las unidades ambientales de los interfluvios cumbrales 4.3.3.1. Con bosque de oyamel denso Esta es la unidad clímax de los de los interfluvios cumbrales localizados por arriba de los 2800 metros de altitud. Ocupa una superficie de 17 Km2, lo que significa casi 50% de los interfluvios y 4% de la totalidad del terreno montañoso (Figura 4.19). Esta unidad se caracteriza por sus pendientes suaves limitadas por una fuerte ruptura de pendiente que las separa de las laderas muy incididas. Está constituída por derrames de lava del Plioceno, donde ha sido escasa la acción de los agentes modeladores del relieve. En la mayor parte de la unidad se han desarrollado suelos profundos de perfil poco diferenciado de tipo andosol, pero en algunos puntos se llegan a encontrar afloramientos rocosos donde sólo se han llegado a formar litosoles. El clima sigue siendo del tipo supratropical húmedo, pero la presencia de especies propias de vegetación de altura puede indicar una transición hacia un termotipo más frío. La formación forestal que caracteriza a esta unidad corresponde al tipo de bosque de oyamel puro, descrito en el capítulo segundo de este trabajo. Este está formado por un estrato arbóreo, de cobertura inferior al 75%, dominado exclusivamente por Abies religiosa. En el estrato arborescente además de elementos jóvenes de oyamel, es común encontrar Ribes ciliatum o Salix paradoxa, así como elementos de Senecio angulifolius de talla elevada. El estrato arbustivo está ampliamente dominado por compuestas, de las que destacan especies de Senecio, Eupatorium y Stevia. En el estrato herbáceo las familias suelen estar más diversificadas y no hay ninguna especie que sea dominante en todos los sitios (Figura 4.19). 232 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.19. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de los interfluvios cumbrales con bosque de oyamel Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LOS INTERFLUVIOS CUMBRALES CON BOSQUE DE OYAMEL SUPERFICIE OCUPADA POR LOS INTERFLUVIOS CUMBRALES CON BOSQUE DE OYAMEL PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN BOSQUE DE OYAMEL DE INTERFLUVIOS CUMBRALES H ec tá re as No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 44 3315 msnm 8º E 600 m2 Andesita Andosol Abies religiosa Ribes ciliatum Senecio angulifolius Eupatorium pazcuarense Stevia subpubescens Cestrum thyrsoideum Fuchsia microphylla Stellaria cuspidata Otras herbáceas 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 GUEST 234 4.3.3.2. Con bosque mixto denso Esta unidad se distribuye sobre las cumbres de las coladas lávicas terciarias de la vertiente norte de la sierra y, en menor medida, de la vertiente sur. Donde ocupa una extensión de casi 7 Km2, representando el 20% de estas superficies de parteaguas y el 1,5% del conjunto de unidades montañosas (Figura 4.20). Toda la unidad posee un tipo de clima supratropical subhúmedo, que en las unidades de la parte norte ha dado lugar a suelos de tipo luvisol y en la sur a andosoles. En el bosque representado en la pirámide de vegetación de la figura 4.20 se muestra un estrato arbóreo cerrado, de más de 75% de cobertura, formado por Quercus crassipes en codominancia con varias especies de Pinus, Alnus jorullensis y Abies religiosa. Además, un estrato arborescente escaso, menos de 10%, compuesto por especies más mesofíticas, como Arbutus xalapensis y Clethra mexicana. El estrato arbustivo, cubre cerca de 50% del suelo y está dominado por Senecio angulifolius, otras compuestas arbustivas y la labiada Satureja macrosterma. Y, por último, un estrato herbáceo escaso sin ninguna especie dominante. 4.3.3.3. Con bosque de cedro denso Los bosques de cedro sobre interfluvios cumbrales ocupan menos de 2 Km2, con lo que sólo cubren el 5% de esta forma del relieve y menos de 0,5% de toda la superficie montañosa. Se ubican en la parte más elevada del cerro El Cedral, formado por basaltos terciarios (Figura 4.21) Esta unidad no ha sido verificada en campo pero, según las referencias que se tienen de ella, la fisonomía y composición florística de sus bosques son muy similares a las descritas para los bosques de cedro de las laderas muy incididas, señaladas anteriormente. 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 Figura 4.20. Composición gráfica corológica de la unidad ambiental de los interfluvios cumbrales con bosque mixto N DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LOS INTERFLUVIOS CUMBRALES CON BOSQUE MIXTO SUPERFICIE OCUPADA POR LOS INTERFLUVIOS CUMBRALES CON BOSQUE MIXTO Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa H ec tá re as 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 5 Ej. Jesús de Nazareno 2785 msnm 10º S 500 m2 Andesita Andosol Quercus crassipes Pinus sp Alnus jorullensis Abies religiosa Arbutus xalapensis Clethra mexicana Senecio angulifolius Compuestas arbustivas Satureja macrosterma Cestrum thyrsoideum Otras arbustivas Otras herbáceas GUEST 236 4.3.3.4. Con vegetación arbustiva Por último, tenemos a la unidad ambiental de los interfluvios cumbrales con vegetación arbustiva. Esta unidad de distribuye en pequeños manchones sobre la mitad sur de la sierra, donde cubren un poco más de 1 Km2 de superficie, lo que significa sólo el 3% de los interfluvios (Figura 4.21). Es una unidad asociada a los bosques de oyamel, se presenta en la mayoría de los casos formando orlas arbustivas entre dichos bosques y los pastizales de uso pecuario de esta zona. Por ello, parece corresponder a una unidad de perturbación, mantenida por las actividades humanas. Es una unidad arbustiva densa, con una cobertura del 100%, dominada por Juniperus monticola, en algunos casos acompañada por escasos elementos de Baccharis conferta o alguna especie de Senecio. También es frecuente encontrar algunos elementos arborescentes de especies forestales como Abies religiosa, Prunus serotina var. capuli o Ribes ciliatum. Existe en la mayoría de los casos un estrato subarbustivo formado por elementos jóvenes las especies antes mencionadas. En el estrato herbáceo dominan las rosáceas Lachemilla procumbens y Acaena elongata, acompañadas de gramíneas y otras familias. 360000 360000 370000 370000 380000 380000 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 2 1 6 0 0 0 0 2 1 7 0 0 0 0 2 1 8 0 0 0 0 40.000 35.000 30.000 25.000 20.000 15.000 10.000 5.000 0 Interfluvios cumbrales Laderas escasamente incididas Laderas muy incididas Figura 4.21. Composición gráfica corológica de las unidades ambientales de los interfluvios cumbrales con bosque de cedro y con vegetación arbustiva Brecha Camino de terracería Carretera pavimentada Agua Núcleos urbanos Localidades en zona montañosa Localidades en zona no montañosa DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE LOS INTERFLUVIOS CUMBRALES CON BOSQUE DE CEDRO CON VEGETACIÓN ARBUSTIVA SUPERFICIE OCUPADA POR LOS INTERFLUVIOS CUMBRALES CON BOSQUE DE CEDRO CON VEGETACIÓN ARBUSTIVA PIRÁMIDE DE VEGETACIÓN DE UN ENEBRAL DE INTERFLUVIOS CUMBRALES H ec tá re as 5 4 3 2 1 0 1 2 3 4 5 No. Inventario: Localidad: Altitud: Pendiente: Orientación: Superficie Inv.: Sustrato: Suelo: 7 Ej. Remedios (Mich) 3085 msnm 3º NE 100 m2 Andesita Andosol Abies religiosa Prunus serotina var. capuli Ribes ciliatum Juniperus monticola Baccharis conferta Lachemilla procumbens Acaena elongata Otras herbáceas 230 CAPÍTULO 5 Dinámica y potencialidad del paisaje El análisis de los elementos del paisaje y de las unidades ambientales específicas que estos conforman nos da las bases suficientes, de acuerdo con la escala de observación, para evaluar y proponer políticas de gestión de los recursos disponibles. Así mismo, al examinar dichas unidades ambientales, se han identificado evidencias de cambios recientes en muchas de ellas, unos en sentido positivo y otros en negativo. A modo de conclusión, en este último capítulo se presenta un análisis de la dinámica reciente del paisaje de la Sierra de Angangueo, que, aunado al conocimiento de las unidades ambientales que la conforman, nos permite hacer una evaluación general de su estado de conservación. De acuerdo con estos dos aspectos, además de otros factores determinantes para el aprovechamiento de los espacios forestales, se hace una propuesta de ordenamiento de este territorio (Figura 5.1). 5.1. Dinámica de las cubiertas del suelo, 1971-1994 La cubierta del suelo es el elemento del paisaje que se percibe de forma más directa. Sus cambios pueden ser apreciados a escala humana, es decir, en cuestión de años o décadas, por lo que representa el componente más dinámico de dicho paisaje. Por tal motivo, se ha considerado oportuno comparar las cubiertas del suelo de 1994, anteriormente descritas, con sus correspondientes de 1971(cubrimientos fotográficos más reciente y antiguo de que se dispone), para identificar las áreas actualmente en transformación y el sentido de éstas (Figura 5.2). 231 Figura 5.1. Esquema metodológico del capítulo de dinámica y potencialidad del paisaje. Fotografías aéreas de 1971 (1:50000) Cubiertas del suelo en 1971 Sobreposición de mapas digitales Dinámica de las cubiertas del suelo 1971-1994 Estado de conservación de los espacios forestales Ordenamiento de los espacios forestales Fotografías aéreas de 1994 (1:75000) Imagen Landsat TM6 de 1994 Capacidad de uso forestal Capacidad agrológica del suelo Ubicación de las colonias de mariposas Fotointerpretación Fotointerpretación Reclasificación Distancias Reclasificación Cubiertas del suelo en 1994 Pendientes Unidades ambientales Información de entrada Temas tratados Resultados propios Procesos 232 En función de la superficie total por tipo de cubierta, en cada una de las fechas consideradas, llama la atención la pérdida en las dos principales formaciones vegetales de la zona. Los bosques densos de oyamel perdieron 4% de su cobertura, poco más de 700 hectáreas, mientras que los bosques mixtos densos perdieron 155 hectáreas en esos 23 años (Cuadro 5.1). 233 Cuadro 5.1. Superficie ocupada por cubierta del suelo en 1971 y en 1994 Superficie en 1971 Superficie en 1994 Diferencia de 1971 a 1994 Tipos de Cubierta Hectáre as % Hectáre as % Hectáreas Bosque de oyamel 16.226 36 15.523 35 - 704 Bosque mixto 14.105 32 13.950 31 - 155 Bosque de cedro 1.193 3 1.182 3 - 12 Bosque de oyamel abierto 300 1 561 1 + 261 Bosque mixto abierto 277 1 489 1 + 212 Vegetación arbustiva 1.080 2 1.473 3 + 393 Bosque de oyamel fragmentado 40 0 72 0 + 32 Bosque mixto fragmentado 1.677 4 1.818 4 + 140 Pastizal inducido 2.748 6 2.306 5 - 441 Cultivo de temporal 7.007 16 7.263 16 + 257 Núcleo urbano 49 0 66 0 + 17 M á s a nt ro p iza d a s _ __ __ __ __ __ __ __ __ __ _M en os a nt ro p iza d a s Total 44.701 100 44.701 100 Teniendo en cuenta sólo los bosques densos (ya que los perturbados llegan a alcanzar niveles de deterioro muy altos) encontramos una pérdida de casi 900 hectáreas de 1971 a 1994. Esta cifra representa una tasa de deforestación anual de 0,1%, muy por debajo del 0,5% nacional (Carabias, 1990; Jardel 1990) y del 0,66% reportado por la SEMARNAP (1997) para el conjunto de la región dentro de la que está inmersa nuestra zona. Aunque cabría hacer notar que esas pérdidas se encuentran muy concentradas en determinados espacios. Resulta también de gran interés el incremento de superficie de bosques abiertos y fragmentados, así como de la vegetación arbustiva. Estas cubiertas se consideran como una perturbación del bosque y no como una pérdida. Ya que, al no haber un cambio total del uso, de forestal a agropecuario, y al permanecer especies propias de bosques, existe la posibilidad de su recuperación a mediano plazo. Estas clases perturbadas incrementaron notablemente sus respectivas superficies, 234 llegando en algunos casos a duplicarlas. De tal forma, las 3.370 hectáreas que había en 1971 pasaron a ser 4.410 hectáreas en 1994. Es decir, en conjunto, aumentaron su extensión casi 30% en dos décadas (Cuadro 5.1). Figura 5.2. Mapas de las cubiertas del suelo de la Sierra de Angangueo en 1971 y 1994 236 Estos cambios no han sido homogéneos en toda la zona, ni han llegado a cierta situación a partir de un mismo origen. En el cuadro 5.2 se presenta la matriz de transición que muestra las superficies por clases de cubierta en 1971 convertidas a clases distintas en 1994. Cuadro 5.2. Matriz de transición de las cubiertas del suelo de 1971 a 1994, en hectáreas O M C Oa Ma Of Mf V I T U O 418 97 4 521 81 264 M 73 179 49 401 86 317 C 24 21 Oa 237 6 13 Ma 7 40 4 59 Of Mf 99 18 60 V 338 211 10 3 99 26 I 124 274 15 28 32 30 69 17 T 58 240 33 16 242 74 O M C Oa Ma V Bosque de oyamel denso Bosque mixto denso Bosque de cedro denso Bosque de oyamel abierto Bosque mixto abierto Vegetación arbustiva Of Mf I T U Bosque de oyamel fragmentado Bosque de mixto fragmentado Pastizal inducido Agricultura de temporal Núcleos urbanizados Con los 44 tipos de transformaciones registrados en dicho cuadro se definió una leyenda de 6 clases, reunidas en tres grupos. Los dos primeros son relativos a los bosques, donde se intenta hacer un balance entre los procesos de perturbación y pérdida de superficies forestales y sus correspondientes transformaciones de recuperación. El tercer grupo corresponde a cambios no forestales, que incluye sólo al crecimiento urbano de la población de Angangueo (Cuadro 5.2 y Figura 5.3). 1994 1971 Clase 1 Clase 4 Clase 3 C. 2 Clase 5 C. 6 237 238 Figura 5.3. Superficie ocupada por clase de cambio de cubierta del suelo, 1971-1994. 5.1.1. Perturbación y pérdida de bosques Tanto Michoacán como el estado de México tienen gran tradición forestal. En la explotación maderera ocupan, respectivamente, el tercero y quinto lugar del total nacional (SARH, 1994), y respecto a la producción de resina ambos estados, junto con Jalisco, concentran prácticamente el total de la producción del país. Estas actividades, combinadas con malos manejos, han repercutido en la degradación y pérdida de considerables extensiones forestales. No obstante, lo que ha causado mayores problemas de deforestación ha sido el avance de actividades agropecuarias. En el área en estudio, los aprovechamientos silvícolas, sobre todo cuando han sido mal manejados, han causado daños de diferente magnitud en los montes (Méndez, 1987). Esto se refleja en los cambios 0 200 400 600 800 1000 1200 1400 1600 1800 2000 He ct ár ea s Pe rtu rb ac ión de bo sq ue s Ex pa ns ión de te rre no s ag ro pe cu ar ios so br e bo sq ue s d en so s Ex pa ns ión de te rre no s ag ro pe cu ar ios so br e bo sq ue s p er tur ba do s Re cu pe ra ció n d e bo s q ue s p er tur ba do s En re cu pe ra ció n p or ab an do no de es pa cio s ag ro pe cu ar ios Cr ec im ien to ur ba no Clase 1 Clase 2 Clase 3 Clase 4 Clase 5 Clase 6 239 por perturbación de bosques (Clase 1), que se refiere a aquellas coberturas densas que se han transformado en bosques abiertos y fragmentados y en vegetación arbustiva pero que no han modificado su uso. De 1971 a 1994, dichos cambios han ocurrido en 1750 hectáreas del sistema territorial montañoso (Figura 5.3). Los espacios más afectados por esta clase de cambios son los cerros Chivati y Huacal, incluyendo gran parte de la REBMM, y la vertiente SE de la Sierra Chincua, también afectando una porción de la zona de amortiguamiento de la reserva (Figura 5.4). Por su parte, en el periodo analizado, se han perdido 1070 hectáreas de espacios forestales debido a la expansión de terrenos agropecuarios, tres cuartas partes sobre bosques densos (Clase 2) y una cuarta parte más sobre bosques anteriormente perturbados (Clase 3) (Cuadro 5.2 y Figura 5.3.). En función de la pérdida de la cubierta boscosa, estos dos tipos de transformaciones son los más graves. Ya que, al haber cambio de uso cambian las características físicas y químicas del suelo y la recuperación del arbolado original se hace más difícil. En el caso de que se presente esa regeneración, los nuevos sistemas se vuelven más frágiles ante nuevas perturbaciones naturales o antrópicas. Estos cambios se encuentran en múltiples rodales de escasas dimensiones distribuidos por todo el conjunto montañoso, aunque son más numerosos en la mitad sur de éste (Figura 5.4). 5.1.2. Recuperación de bosques Existen varios factores que permiten la recuperación del arbolado de la zona, entre los que sobresale la regeneración natural, los manejos forestales adecuados y los programas de reforestación bien llevados. Todos ellos favorecidos por las condiciones climáticas y edáficas de la región, propias para el desarrollo forestal. Prácticamente en todos los sitios donde se han hecho los levantamientos florísticos y en los trayectos entre éstos, se han encontrado evidencias de aprovechamiento, de diferentes edades y en distintas condiciones del bosque. Esto nos ha permitido comprobar que cuando se maneja adecuadamente el 240 monte y sin sobrexplotarlo, pueden coexistir el aprovechamiento y la conservación de los espacios forestales. Lo anterior ha provocado, por una parte, cambios por recuperación de bosques perturbados (Clase 4), que corresponden a unidades de bosques abiertos, fragmentados y con vegetación arbustiva que han recobrado un arbolado denso. Y por otro lado, espacios en proceso de recuperación por abandono de espacios agropecuarios (Clase 5), donde se localizan superficies arboladas más o menos perturbadas en sitios recientemente usados con fines agropecuarios (Cuadro 5.2). Figura 5.4. Cambios en el uso del suelo de 1971 a 1994 (MAPA) 241 Estas clases deben interpretarse con cierto cuidado, ya que en campo se ha podido comprobar que corresponden a bosques con elementos arbóreos muy jóvenes o empobrecidos florísticamente. En el periodo de 1971 a 1994 las modificaciones por recuperación de bosques perturbados se registraron en 940 hectáreas, distribuidas por toda la sierra, con cierta concentración en la parte más elevada de El Campanario. Por su parte, los espacios en recuperación por abandono de espacios agropecuarios han sumado 1230 hectáreas y se localizan en un elevado número de sitios dispersos principalmente en la vertiente oeste de la sierra (Figuras 5.3 y 5.4). De estos dos últimos apartados se desprende que, en la Sierra de Angangueo existe una situación próxima al equilibrio. Esto se puede explicar por el hecho de que ha habido tanto áreas que han perdido sus bosques como otras que lo están recuperando. Donde resulta interesante constatar que, contrariamente a lo que cabría esperar, los espacios legalmente protegidos han sido los más perjudicados, mientras que otros que se han aprovechado adecuadamente se encuentran bien conservados. De acuerdo con la información anterior, podríamos afirmar que causan tanto daño a los recursos las restricciones y la desinformación, que suele haber en las áreas protegidas, como su sobreexplotación. Por otra parte, la alta dispersión y equivalencia de sitios con cambios inversos de pérdida y regeneración forestal puede significar la función general de esta área montañosa, que se basa en un sistema de aprovechamiento, abandono y regeneración de la cubierta vegetal natural. 5.2. Estado de conservación de los espacios forestales 242 El análisis de las unidades ambientales identificadas en el capítulo anterior nos ha permitido conocer el grado de conservación de los bosques de la Sierra de Angangueo. De acuerdo con las características del relieve, del clima y de los suelos, a la totalidad de este sistema territorial montañoso le correspondería una cubierta forestal densa, ya sea de bosques de oyamel o mixtos. Excepto en sitios muy concretos, como los litosoles de los escarpes de falla o los afloramientos rocosos de las cumbres, que a escala de este trabajo no son perceptibles. No obstante, las necesidades alimenticias y económicas de los propietarios de estos terrenos montañosos, predominantemente asociados en sistemas comunales rurales, han propiciado que en buena parte de la sierra haya desaparecido la cubierta forestal natural o se encuentre muy perturbada. Por otra parte, esta población rural se caracteriza por sus bajos niveles de educación y de calidad de vida, lo que, de alguna manera, les impide ver, o desarrollar, otras posibilidades para su subsistencia familiar. De lo anterior, y teniendo en cuenta las unidades ambientales y la dinámica de las cubiertas del suelo, se ha evaluado, de forma general, la situación actual de los espacios forestales de la sierra. Se determinaron sólo cuatro categorías, ya que la escala de trabajo y la información contenida en el inventario de campo realizado no nos han permitido considerar más variables. Dichas categorías son: 1) espacios forestales en buen estado, 2) en condición regular, 3) en malas condiciones y 4) terrenos convertidos a otros usos (Figura 5.5). Como se ha venido señalando, no se encontraron bosques que no hayan sido tocados por el hombre. No obstante, la mayor parte de la superficie de esta unidad montañosa está cubierta por bosques en buenas condiciones. En esta categoría se han agrupado las unidades ambientales de bosques densos que desde 1971 han permanecido en esta misma situación. 243 Como bosques en estado de conservación regular se han clasificado aquellos que en la actualidad poseen una cobertura densa, pero que están conformados por elementos muy jóvenes o que muestran evidencias de haber sido recientemente perturbados y se encuentran en fase de recuperación. Los espacios forestales en mal estado son aquellos que en 1971 presentaban una cobertura densa y que debido, principalmente, a la explotación de sus recursos en la actualidad muestran una cobertura muy perturbada, con un estrato arbóreo muy abierto o incluso sin él. 245 Así mismo, tenemos terrenos potencial, y recomendablemente, forestales que han sido totalmente desmontados para ser convertidos a parcelas de uso agrícola o pecuario. Algunos de ellos existen desde hace varias décadas y otros se han abierto en los últimos años. De esta manera, en la figura 5.5 podemos ver que los espacios forestales más dañados se distribuyen por toda la sierra, destacando la parte central de la vertiente occidental de la sierra, cercana a los núcleos urbanos de Angangueo y Ocampo. También existe cierta concentración en la zona del conjunto montañoso Colorado-Cedral, en el extremo noreste; en las partes más elevadas de El Campanario, en la zona central de la sierra; y, en la vertiente oriental, colindando con los espacios agrícolas del sistema territorial de los lomerios pliocénicos. 5.3. Propuesta de ordenamiento de los espacios forestales Por último, se ha diseñado una propuesta de ordenamiento de los espacios forestales de la Sierra de Angangueo. Para ello se ha tenido en cuenta tres elementos: primero, la evaluación del estado de conservación antes descrita; segundo, una clasificación de rangos de pendientes, de acuerdo con las propuestas de la capacidad agrológica del suelo (Mather, 1986) y la capacidad de uso forestal (INEGI, 1990); y, tercero, la ubicación de los sitios utilizados por las mariposas monarca para su hibernación (Hoth, 1994). Los demás elementos del paisaje descritos en capítulos anteriores no se han incorporado en el diseño de esta propuesta, ya que se ha demostrado que no presentan ningún factor limitante para el desarrollo del bosque. De esta manera, se proponen ocho políticas de ordenamiento del sistema territorial de la Sierra de Angangueo (Cuadro 5.3 y Figura 5.6) 246 Cuadro 5.3. Propuestas de ordenamiento de los espacios forestales de la Sierra de Angangueo Estado de conservación Pendientes Distancia a las colonias de mariposas Propuesta de ordenamiento Superficie (Hectáreas) > 20º < 2 Km Conservación y uso doméstico 12.265 Bueno < 20º > 2 Km Uso comercial controlado 17.257 - > 2 Km Recuperación natural 1.140 Regular - < 2 Km - < 2 Km Recuperación inducida inmediata 991 Malo - > 2 Km Recuperación inducida o cultivos perennes 3.655 < 7º > 2 Km Usos no forestales aceptables 2.482 > 7º > 2 Km Reconversión a mediano plazo o cultivos perennes 6.185 Convertido - < 2 Km Reconversión inmediata 825 5.3.1. Los espacios forestales en buen estado de conservación De acuerdo con la información obtenida en el análisis de las unidades ambientales, sabemos que la mayor parte de la cubierta vegetal de la sierra son bosques densos (entre 250 y 800 árboles por hectárea) formados completamente por especies aprovechables para usos económicos. En toda la unidad montañosa no existen grandes factores limitantes para su explotación y es una zona donde la recuperación natural es muy activa: Por todo ello es un espacio eminentemente de uso forestal. Por otra parte, desde finales del otoño y todo el invierno, en estos bosques se congregan 9 de las 20 colonias donde hacen su hibernación las mariposa monarca. Por lo cual, teniendo en cuenta el interés 247 nacional e internacional para la conservación del fenómeno migratorio de dicha mariposa, la Sierra de Angangueo es un espacio de un alto valor de conservación. 249 Considerando ambas cuestiones, para los bosques en buen estado de conservación se proponen dos políticas de manejo. Por un lado, se deberían permitir la utilización con fines comerciales, siempre y cuando sea controlada; y, por otro lado, mantener áreas de conservación donde se admita un aprovechamiento limitado de uso familiar, no comercial. 5.3.1.1. Uso comercial controlado Según la clasificación de la capacidad de uso forestal del INEGI (1990), sólo los terrenos con pendientes mayores de 35ª no son apropiados para albergar ningún tipo de aprovechamiento económico. En nuestra sierra estas inclinaciones se encuentran muy localizadas en los escarpes de falla y en algunos poco puntos más. Por lo tanto, exceptuando esos sitios, la totalidad de los bosques de este sistema montañoso son potencialmente aprovechables (Figura 5.6). No obstante, ese aprovechamiento debe de ser regulado por un plan de manejo forestal adecuado. Con la finalidad de no sobrepasar la capacidad de regeneración natural y de no alterar demasiado la estructura del bosque, haciéndolo más frágil ante posibles nuevas perturbaciones. 5.3.1.2. Conservación y uso doméstico Las políticas pasivas de conservación que se han venido llevando en esta sierra desde hace más de dos décadas no han sido capaces de frenar la pérdida y deterioro de los espacios forestales. Al contrario, han sido otra fuente más de dificultades para la ya débil estructura social y con ello la presión sobre el bosque ha sido aún mayor. De tal forma, los espacios destinados a la conservación deberían de ser superficies espacialmente más controlables en las que estuvieran permitido usos con fines domésticos. Es decir, actividades como recogida de leña, recolección de frutos, hierbas y hongos, e incluso 250 caza menor, con fines no comerciales, sino exclusivamente para satisfacer las necesidades alimenticias y de energía del núcleo familiar. Por ello, con base en los puntos de ubicación de las colonias de mariposas monarca reportados por Hoth (1994), se han calculado superficies de 2 Km de radio en torno a cada uno de esos sitios, que proponemos como espacios de conservación y uso forestal doméstico. Este radio se ha considerado adecuado ya que cubre tanto el rango altitudinal, como el posible desplazamiento de las colonias reportado por ese mismo autor (Figura 5.6). Las áreas protegidas actuales se encuentran bajo una Reserva de la Biosfera, aún no reconocida por la UNESCO, pero que no reúne las características propias de esa figura: haber sido originadas y estar controladas por un centro, o equipo, académico; haber partido del conocimiento de la situación socioeconómica de los habitantes locales e incorporar a estos en el diseño de las tareas productivas acordes con la conservación; y, no regirse sólo bajo planteamientos restrictivos (Jardel, 1990; Halffter, 1992). Por esto último, consideramos que esta figura de protección sigue siendo la más apropiada a las necesidades de conservación y aprovechamiento de la zona, pero que deben de replantearse los límites de acción y, sobre todo, los recursos humanos para su control e investigación. De acuerdo con la propuesta de ordenamiento del presente trabajo, las “zonas núcleo” podrían ser las superficies de 4 Km de diámetro antes descritas y la “zona de amortiguamiento” ajustarla a los límites de las propiedades, ejidos o comunidades, que contengan a dichas zonas núcleo (Figura 5.6). 5.3.2. Los espacios forestales muy perturbados Los aprovechamientos forestales la Sierra de Angangueo han provocado alteraciones en la estructura y composición de los bosques, máxime aquellos intensivos e incontrolados. Por lo que sería conveniente llevar a cabo políticas que restituyeran la cubierta vegetal densa de 251 aquellos sitios dañados. Tanto para evitar una mayor degradación del frágil ecosistema forestal, como para poder disponer de más recursos aprovechables en un futuro cercano. Según el grado de perturbación de esos terrenos y de su cercanía a las áreas propuestas para conservación, se plantean tres acciones de ordenamiento encaminadas a recuperar una cobertura arbórea densa: 1) recuperación natural, 2) recuperación inducida o cultivos perennes y 3) recuperación inducida inmediata (Figura 5.6). 5.3.2.1. Recuperación natural Como hemos señalado anteriormente, la capacidad natural de recuperación del bosque es muy elevada, siempre y cuando no se haya afectado demasiado la estructura edáfica. Así mismo, se ha podido comprobar que existen numerosos sitios que han sido explotados recientemente y que en la actualidad presentan un buen renuevo forestal. De tal manera, proponemos como superficies de recuperación natural a aquellas que en las fotografías de 1971 se hayan identificado como bosques abiertos, fragmentados o con vegetación arbustiva y que en las de 1994 parezcan tener una cobertura forestal densa. Es decir, en estos lugares sólo habría que evitar que se extrajeran sus recursos antes de estar suficientemente maduros (Figura 5.6). 5.3.2.2. Recuperación inducida o cultivos perennes Esta acción de restitución de la cubierta vegetal se sugiere para aquellos espacios perturbados recientemente. Es decir, que en 1971 aparecían como bosques densos y en 1994 carecían de cobertura arbórea o ésta estaba muy aclarada. Además, que se encuentren a más de 2 Km de distancia de las colonias de mariposas monarca. Ésta condición ocupa más de 3600 hectáreas, por lo que una replantación implicaría un coste económico muy elevado. Por ello, se 252 entiende que la recuperación de estas superficies se debe de plantear a mediano plazo, llevando a cabo acciones que aceleren la regeneración natural del arbolado o incentivando, en la medida de lo posible, plantaciones leñosas con fines comerciales. 5.3.2.3. Recuperación inducida inmediata Esta es una situación similar a la anterior, pero se trata de sitios perturbados que se encuentran dentro del radio propuesto para conservación y uso doméstico. Alcanzan una superficie aproximada de 990 hectáreas, por lo que una replantación sigue siendo una tarea muy costosa. Si consideramos un promedio bajo de 500 árboles por hectárea, se requeriría casi medio millón de plantas para reforestar. No obstante son áreas que deben considerarse como prioritarias y tratar de concentrar los recursos económicos y humanos disponibles en ellas. 5.3.3. Los espacios forestales convertidos a otros usos El último grupo de espacios potencialmente forestales se refiere a aquellos que han sido totalmente desmontados para transformarse en terrenos de uso agropecuario. A pesar de que todos los elementos ambientales son más favorables para usos forestales, las necesidades alimenticias y la falta de educación, visión y apoyo institucional han provocado la apertura de una extensa superficie dedicada a una producción, básicamente de cereales, de muy bajos rendimientos. Por ello, se debería evaluar el rendimiento de éstas áreas y diseñar programas encaminados a desarrollar usos económicamente más productivos y ambientalmente sostenibles. 5.3.3.1. Usos no forestales aceptables Aunque las condiciones edáficas en ningún caso son las óptimas para la producción de cultivos herbáceos, en algunos sitios las características del relieve lo permiten. De tal forma, según la propuesta de la 253 capacidad agrológica del suelo (Mather, 1986; INEGI, 1990), hemos considerado a las superficies con pendientes menores de 7º como sitios en los que se pueden permitir los usos agrarios. Esto es, de las casi 10.000 hectáreas que actualmente se dedican a dichos usos, sólo 2.500 hectáreas presentan condiciones adecuadas para ello. 5.3.3.2. Reconversión a mediano plazo o cultivos perennes Casi 7.000 hectáreas de terreno montañoso, con pendientes superiores a 7º y hasta rondar incluso los 20ª, se suelen emplear en el cultivo de cereales, especialmente maíz, cebada, avena y trigo. Además de los bajos rendimientos de esos productos agrícolas, esta práctica trae consigo un acelerado deterioro de la superficie edáfica, debido principalmente a procesos de compactación y erosión. Es difícil proponer un área tan extensa para reforestación a corto plazo; además, sin un trabajo profundo de educación y convencimiento de la población local, así como un atractivo proyecto económico alternativo, es poco probable que sea aceptada la reconversión forestal de esos espacios. Ya que los campesinos ven en la producción agrícola una forma “inmedita” y “segura” de satisfacer sus necesidades alimenticias, mientras que para ver los resultados de las plantaciones leñosas tienen que esperar varios años. De tal manera, sería conveniente considerar ambos proyectos, uno educativo, haciendo hincapié en la conservación de los recursos naturales, y otro de producción rural alternativa a los cultivos herbáceos, en los que se vayan incorporando poco a poco las diversas comunidades. 5.3.3.3. Reconversión inmediata Para finalizar, proponemos como áreas prioritarias para que se lleve a cabo una reconversión forestal, a aquellas que en la actualidad se 254 dediquen a usos agropecuarios y que estén dentro del radio de 2 Km a las colonias de mariposas. Estas superficies suman algo más de 800 hectáreas por lo que su reforestación, con cierto esfuerzo, sería posible en un corto plazo. Conclusiones A través del análisis paisajístico hemos podido concluir un diagnóstico de la estructura, funcionamiento y estado de conservación de los espacios forestales de la Sierra de Angangueo, que nos ha dado las bases para proponer acciones de aprovechamiento y protección sobre ese mismo territorio. Como hemos podido constar en el desarrollo del este documento, en el área en estudio predominan los espacios forestales, formados por bosques de oyamel y mixtos, bien estructurados y de una gran diversidad, que podemos calificar, de forma general, en buen estado de conservación. En ellos el incremento en el número de especies se puede relacionar con disturbios leves causados por el aprovechamiento del bosque, más no con su explotación. Sin embargo la tendencia de los últimos años, que hemos podido analiza, apunta hacia un proceso de pérdida de esos espacios. Haciendo un balance general de las cubiertas del suelo en 1971 y 1994, se ha comprobado que ha habido pérdida y perturbación de superficies forestales. Las dos principales formaciones de la zona han sido afectadas: los bosques de oyamel perdieron 4% de su extensión en dicho periodo y los bosques mixtos 2%; además hubo un aumento de bosques abiertos y perturbados de ambas formaciones, así como de superficies con vegetación secundaria. No obstante, la tasa anual de deforestación resultante en el sistema territorial de la Sierra de Angangueo ha sido de 0.1%, muy por debajo del 0.66% reportado para la región en su conjunto y del 0.5% calculado para el país. Dicha tasa sólo toma en cuenta las áreas totalmente deforestadas y no los bosques perturbados, aunque debido a la extensión relativa de éstos últimos tampoco aumentaría mucho más. Esta situación próxima al equilibrio se puede explicar por el hecho de que, ha habido tanto áreas que han perdido sus bosques como otras que lo están recuperando. Donde resulta interesante constatar que, contrariamente a lo que cabría esperar, los espacios legalmente protegidos han sido los más perjudicados, mientras que otros que se han aprovechado adecuadamente se encuentran conservados. Esto nos permite afirmar que, causan tanto daño a los recursos las restricciones y la desinformación, que suele haber en las áreas protegidas, como su sobreexplotación. Por otra parte, la alta dispersión y equivalencia de sitios con cambios inversos de pérdida y regeneración forestal puede significar la función general de esta área montañosa, que se basa en un sistema de aprovechamiento, abandono y regeneración de la cubierta vegetal natural. Donde probablemente una observación de mayor detalle podría aportar matices sobre la calidad de esa regeneración. Ese aprovechamiento se ha venido dando desde hace varios cientos de años, pero ha sido hasta la primera mitad del siglo XX a raíz de la repartición agraria, cuando estos espacios forestales montañosos, asignados en sociedades ejidales y comunidades agrarias indígenas, han sufrido una mayor presión por parte del hombre. El uso continuado de estos bosques ha dado como resultado un mosaico de cubiertas del suelo muy relacionado con la accesibilidad a los recursos y, al parecer, con el grado de organización de cada unidad agraria de gestión. Aunque la información de aspectos sociales disponible no ha sido suficiente para demostrar lo anterior, podemos afirmar que estamos hablando de una población con elevados niveles de pobreza y marginación. Y que son justamente ellos quienes ejercen la mayor amenaza sobre los bosques de la zona, no por falta de concienzación, sino porque su aprovechamiento ha sido hasta ahora la única alternativa que han visto para su subsistencia. En cuanto a las propuestas de ordenamiento que hemos planteado, podemos añadir que consideramos como positivo la recuperación de bosques por acciones institucionales de reforestación, pero que pensamos que sería socialmente más conveniente y biológicamente más rico concentrar esos esfuerzos institucionales en evitar la deforestación. En este mismo sentido, considero que la mariposa monarca, y la conservación de su fenómeno migratorio, no es el elemento más importante de la Sierra de Angangueo, pero si es el indicador más notorio de una relación armónica entre el uso y la conservación de los recursos naturales. “the primary problems are ones of conservation initiatives constantly thwarted by the anthropocentric considerations of sociology, politics and economics.” (Malcom, 1993) “La montaña no se puede proteger ni conservar contra los habitantes de la montaña. Eso es el problema del fracaso de proyectos turísticos, etc. que ni salvan la montaña por no ayudar a incrementar el ingreso de los pobladores” (Troitiño, en conferencia) “El aceptar e incorporar dentro de un programa conjunto de conservación a la población local puede ser la mejor forma de evitar ocupaciones caóticas” (Halffter, 1992) Un elemento muy importante para la determinación de políticas de manejo es la población local, sin embargo, en el presente trabajo las variables analizadas y la información disponible no han sido suficientes para relacionar con más detalles el estado de las unidades ambientales y las condiciones socioeconómicas de sus propietarios Respecto al método de análisis aplicado, podemos concluir que ha resultado de gran utilidad en la explicación de la relación de los componentes del medio natural, pero que presenta ciertas limitaciones para integrar aspectos antrópicos, como los culturales, económicos y políticos, que intervienen de forma indirecta pero muy eficaz en la conformación espacial. Por otro lado, la especialización del área de conocimiento de la que parte esta investigación ha favorecido el análisis del paisaje integrado dentro del campo de geografía física. Por tal motivo, sólo podemos recalcar que para acceder al conocimiento del paisaje, donde verdaderamente se integren los elementos y factores naturales y humanos que lo componen, se requiere de la participación interdisciplinaria y el análisis desde diferentes perspectivas. 254 Bibliografía ALMEIDA, L., HERRERA, A. Y CLEEF, A.M. (s/f) “Fitodiversidad y fitogeografía comparativa del bosque de coníferas del la ladera NW del Volcán Popocatépetl”, México, aceptado en: Acta Botánica Mexicana, México, en prensa. ALONSO M., A. Y ARELLANO G., A. (1989), “Mariposa Monarca. Su habitat de hibernación en México”, Ciencias, Nº 15, UNAM, México, pp 6-11. ALONSO M., A., ARELLANO G., A. Y BROWER, L.P. 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CETENAL (1976), Carta topográfica, 1:50000, El Oro de Hidalgo E-14-A-16, INEGI, Aguascalientes. 264 CETENAL (1976), Carta topográfica, 1:50000, Maravatio E-14-A-15, INEGI, Aguascalientes. CETENAL (1976), Carta topográfica, 1:50000, Villa de Allende E-14-A-26, INEGI, Aguascalientes. CETENAL (1976), Carta topográfica, 1:50000, Zitácuaro E-14-A-35, INEGI, Aguascalientes. DETENAL (1978), Carta Edafológica, 1:50000, Angangueo E14-A-26, SPP, México. DETENAL (1978), Carta Geológica, 1:500000, Ciudad Hidalgo E14-A-25, SPP, México. DETENAL (1979), Carta Edafológica, 1:50000, Zitácuaro E14-A-35, SPP, México. Dirección General de Geografía (1982), Carta Edafológica, 1:50000, Ciudad Hidalgo E14-A-25, SPP, México. INEGI (1983), Carta Geológica Morelia E14-1, escala 1:250 000, Dirección General de Geografía, INEGI, Aguascalientes. INEGI (1984), Carta de Uso del Suelo y Vegetación, Morelia E14-1, escala 1:250000, INEGI, Aguascalientes. INEGI (1988), Carta de efectos climáticos regionales Mayo-Octubre, Morelia E14-1, Escala 1:250000, Dirección General de Geografía, INEGI, Aguascalientes. INEGI (1988), Carta de efectos climáticos regionales Noviembre-Abril, Morelia E14-1, Escala 1:250000, Dirección General de Geografía, INEGI, Aguascalientes. SARH-UNAM (1993), Carta Forestal, Morelia E14-1, escala 1:250000, SARH, México. Secetaria de la Presidencia (1970), Carta de Climas, México 14Q-V, Escala 1:500000 Dirección de Planeación-UNAM. 264 Anexos 1-A Datos meteorológicos 1-B Evapotranspiración y balances hídricos 1-C Índices y diagnosis bioclimática 2-A Inventarios florísticos 2-B Listado de las especies inventariadas 265 Anexo 1-A. Datos meteorológicos Estación: Jungapeo, Jungapeo, Mich. Altitud: 1.340 m Latitud: 19º 27’ Longitud: 100º 30’ Periodo de observación: 1940-1988 Años observados: Temperatura: 43 Precipitación: 38 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 35,0 35,0 40,0 40,0 40,0 40,0 38,0 35,0 38,0 35,0 35,0 38,0 40,0 Año 1977 vs 1955 78-80 82-86 82-84 1983 77/83 1977 75/79 79/84 1983 vs Promedio de máximas absolutas 30,8 32,4 34,7 36,5 36,3 34,9 31,0 31,1 31,0 31,3 30,9 30,7 32,6 Promedio de máxima 27,9 29,8 32,0 33,6 33,3 30,0 27,9 28,2 28,0 28,7 28,7 27,9 29,7 Media 19,7 20,9 22,7 24,2 24,7 23,1 21,6 21,7 21,5 21,6 21,2 20,1 21,9 Promedio de mínima 11,4 12,1 13,4 14,8 16,1 16,1 15,3 15,2 15,1 14,5 13,7 12,3 14,2 Promedio de mínimas absolutas 8,2 9,4 10,5 12,0 13,4 13,8 13,2 13,2 13,1 12,3 10,8 9,4 11,6 Mínima absoluta 0,0 2,0 2,0 4,0 6,0 7,0 6,0 5,0 6,0 4,0 2,0 0,0 0,0 Año 1983 45/46 1972 1944 1946 vs vs 1946 44/45 1944 1942 43/61 vs Oscilación diaria 16,6 17,7 18,6 18,8 17,2 13,9 12,6 13,0 12,9 14,2 15,0 15,6 15,5 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 29,4 5,7 4,7 6,7 53,4 164,7 173,0 138,2 153,3 73,7 21,7 11,6 836,1 Máxima en 24 horas 67,0 20,0 21,0 73,0 180,2 140,0 195,0 72,0 77,0 65,0 59,0 66,0 195,0 Año 1980 1983 1968 1959 1976 1976 1977 1944 1984 1955 1940 1968 Jul-77 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC - - - - - - - - - - - - - Días con temperatura < -5ºC - - - - - - - - - - - - - Días con precipitación > 0 mm 2,0 0,9 0,5 1,3 5,3 15,7 18,9 17,5 15,9 7,3 2,3 1,2 88,9 Días con precipitación > 5 mm 1,4 0,4 0,3 0,7 2,8 9,1 9,3 7,7 8,4 3,8 1,1 0,6 45,6 Días con precipitación > 10 mm 1,0 0,2 0,2 0,3 1,7 5,3 5,2 4,1 4,4 2,4 0,7 0,4 25,9 Días con tormenta - - - - - - 0,1 - - - - - 0,2 Días con granizo - - - - - 0,1 0,1 0,1 - - - - 0,3 Días con niebla - - - - - - 0,3 0,1 - - - - 0,4 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios Estación: Tuxpan Presa, Tuxpan, Mich. Altitud: 1.771 m Latitud: 19º 33’ Longitud: 100º 29’ Periodo de observación: 1952-1982 Años observados: Temperatura: 20 Precipitación: 20 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 28,0 29,0 32,5 34,0 32,5 32,0 29,5 29,0 29,0 30,5 28,0 29,5 34,0 Año vs 56/82 1971 1953 1969 vs 1980 1960 58/59 1979 vs 1980 Abr-53 Promedio de máximas absolutas 26,7 27,5 29,6 30,9 31,5 29,8 26,9 26,6 26,8 26,8 26,8 26,4 25,8 Promedio de máxima 23,5 24,6 26,8 28,6 28,7 26,1 24,3 24,5 24,6 24,8 24,4 23,7 25,4 Media 15,0 15,8 17,5 19,5 20,6 20,3 19,1 19,1 19,1 18,6 17,0 15,7 18,1 Promedio de mínima 6,5 7,0 8,2 10,5 12,5 14,4 13,8 13,7 13,6 12,4 9,5 7,7 10,8 Promedio de mínimas absolutas 3,1 4,0 4,6 6,9 9,2 11,3 11,2 11,4 10,2 9,2 5,8 4,2 7,6 Mínima absoluta 0,0 1,0 0,5 4,5 5,0 9,0 9,0 10,2 6,0 6,0 3,2 0,0 0,0 Año 1976 1960 1972 71/77 53/79 55/74 56/77 1953 74/79 1969 1953 1975 vs Oscilación diaria 17,0 17,5 18,6 18,2 16,2 11,6 10,5 10,8 11,0 12,4 14,9 15,9 14,5 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 20,6 9,1 1,7 19,0 38,4 134,4 176,7 160,5 139,2 92,0 18,7 10,1 820,3 Máxima en 24 horas 65,9 39,2 7,2 62,0 36,2 64,2 82,4 61,8 66,4 103,0 22,0 25,0 103,0 Año 1980 1978 1954 1973 1972 1970 1972 1977 1981 1955 1976 53/58 Oct-55 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC - - - - - - - - - - - - - Días con temperatura < -5ºC - - - - - - - - - - - - - Días con precipitación > 0 mm 1,5 1,3 0,7 2,4 6,5 17,7 23,6 22,1 18,3 11,1 3,2 1,8 110,1 Días con precipitación > 5 mm 0,9 0,5 - 0,8 2,6 9,0 11,2 10,8 9,3 5,1 1,4 0,7 52,2 Días con precipitación > 10 mm 0,6 0,2 - 0,6 1,2 4,5 5,7 5,1 4,5 2,9 0,7 0,2 26,2 Días con tormenta - - - - 0,2 0,3 0,8 0,7 0,5 0,3 0,1 - 2,8 Días con granizo - - 0,1 - - 0,1 0,1 0,1 - - - - 0,3 Días con niebla 0,5 0,1 - 0,2 0,5 3,4 3,0 2,1 4,0 1,6 0,9 0,3 16,4 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 266 Estación: Tuxpan, Tuxpan, Mich. Altitud: 1800 m Latitud: 19º 34’ Longitud: 100º 27’ Periodo de observación: 1951-1980 Años observados: Temperatura: 23 Precipitación: 25 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURAS Máxima extrema 30,5 34,0 39,0 36,5 36,5 36,5 34,8 31,5 32,0 32,5 32,5 33,5 39,0 Año vs 72 77 77 vs vs 69 51 55 75 75 73 77 Promedio de máxima 25,2 26,4 28,2 29,9 30,1 27,7 26,5 26,7 26,7 26,9 26,3 25,7 27,2 Media 16,2 17,1 18,7 20,4 21,3 20,7 19,8 19,9 20,0 19,6 18,2 16,9 19,1 Promedio de mínima 7,3 7,8 9,3 11,0 12,6 13,8 13,2 13,2 13,3 12,4 10,1 8,2 11,0 Mínima extrema 2,0 0,0 3,0 3,5 5,5 5,0 6,0 6,0 6,0 4,0 2,0 1,0 0,0 Año 66 63 70 57 vs 51 55 55 55 52 53 56 63 Oscilación 17,9 18,6 18,9 18,9 17,5 13,9 13,3 13,5 13,4 14,5 16,2 17,5 16,2 PRECIPITACIÓN Media 13,9 4,8 8,9 21,9 52,9 163,0 181,7 159,4 144,8 81,9 20,4 70,6 861,2 Máxima mensual 151,0 33,5 40,0 184,0 163,8 280,2 342,0 269,0 238,0 203,0 101,6 56,1 342,0 Año 67 68 64 59 54 59 58 66 58 55 58 58 58 Máxima en 24 horas 62,5 20,0 26,0 53,5 43,5 65,0 68,0 51,6 47,0 102,2 26,2 31,0 102,0 Año 67 58 68 73 66 51 51 66 vs 55 76 53 55 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con lluvia apreciable 1,45 1,03 1,26 2,40 6,72 15,62 22,64 21,16 16,80 9,38 3,04 1,65 103,15 Días con lluvia inapreciable 1,45 0,61 0,65 1,07 2,88 1,85 1,76 2,48 2,96 2,96 1,16 0,95 20,78 Días despejados 22,91 21,80 24,92 20,59 15,16 6,25 2,24 2,56 4,76 11,38 17,00 18,82 168,39 Días medio nublados 4,33 3,65 2,96 4,18 6,40 7,11 7,00 6,68 6,72 8,53 6,52 6,04 70,12 Días nublado cerrados 3,75 2,80 3,11 5,18 9,44 16,62 21,76 21,76 18,44 11,03 6,56 6,08 126,53 Días con rocío 10,50 11,84 13,38 1- 7,20 3,66 1,20 1,56 2,80 8,96 12,04 12,95 96,09 Días con granizo - 0,03 0,07 0,14 0,32 0,33 0,45 0,28 0,24 0,03 - - 1,89 Días con helada 3,70 1,53 0,30 - - - - - - 0,16 0,75 2,59 9,03 Días con tormenta eléctrica 0,37 0,30 0,30 1,40 4,40 5,37 9,48 9,04 5,20 3,42 1,12 0,31 40,71 Días con niebla 0,08 0,03 - 0,11 0,48 3,00 3,75 2,64 2,52 0,84 0,54 0,27 14,26 Días con nevada - - - 0,03 - - - - - - 00,0 - 0,03 Fuente: Servicio Meteorológico Nacional Estación: Maravatio, Maravatio, Mich. Altitud: 2.013 m Latitud: 19º 53’ Longitud: 100º 26’ Periodo de observación: 1940-1984 Años observados: Temperatura: 29 Precipitación: 29 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 34,5 35,0 39,0 41,0 39,0 40,0 34,0 36,0 33,0 34,5 35,0 37,0 40,0 Año 1955 55/72 1972 1964 1983 53/54 vs 1961 44/57 1953 1953 1953 53/54 Promedio de máximas absolutas 28,7 29,6 31,9 33,8 34,4 33,3 30,0 29,3 29,1 29,4 29,3 28,0 30,5 Promedio de máxima 24,2 25,5 27,7 29,8 30,4 28,7 26,6 26,2 26,2 26,1 25,6 24,2 26,8 Media 14,5 15,6 17,6 19,8 21,2 20,8 19,5 19,2 19,3 18,1 16,5 14,7 18,1 Promedio de mínima 4,8 5,7 7,6 9,9 12,0 12,9 12,3 12,2 12,4 10,1 7,4 5,1 9,4 Promedio de mínimas absolutas 1,7 1,9 3,3 6,2 8,1 9,8 9,2 9,6 9,1 5,1 3,1 1,2 5,7 Mínima absoluta -1,0 -5,0 0,0 1,0 1,0 3,0 1,4 5,0 4,0 0,5 0,0 0,0 -5,0 Año 1972 1963 1945 1954 54/80 1953 28/60 1941 1948 45/47 40/80 vs Feb-63 Oscilación diaria 19,3 19,8 20,2 19,9 18,4 15,8 14,2 14,1 13,8 15,9 18,2 19,1 17,4 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 19,6 10,6 8,7 24,9 60,1 156,8 216,3 184,7 156,0 68,6 21,4 13,3 940,9 Máxima en 24 horas 44,0 21,5 38,0 51,5 48,0 83,5 117,0 66,0 72,0 53,0 42,5 25,0 117,0 Año 1958 1965 1966 1959 1946 1962 1962 1981 1959 1953 1943 47/80 Jul-62 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 0,1 0,1 - - - - - - - - - - 0,2 Días con temperatura < -5ºC - - - - - - - - - - - - - Días con precipitación > 0 mm 2,3 1,7 1,1 3,3 7,2 14,8 19,2 17,1 13,1 7,5 3,4 1,9 92,6 Días con precipitación > 5 mm 1,1 0,6 0,6 1,5 3,5 9,0 12,6 11,0 8,3 4,1 1,4 0,9 Días con precipitación > 10 mm 0,7 0,3 0,2 0,7 1,9 5,8 7,7 6,5 5,4 2,0 0,5 0,4 Días con tormenta 0,1 0,5 0,1 0,6 1,5 3,6 5,4 3,9 2,8 2,3 0,3 0,2 21,3 Días con granizo - 0,1 0,1 - 0,2 0,1 0,1 0,2 0,1 - - - Días con niebla 3,5 2,8 3,3 2,8 2,5 2,6 2,9 1,8 2,2 3,1 3,1 1,6 32,2 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 267 Estación: Laguna del Fresno, Maravatio, Mich. Altitud: 2.070 m Latitud: 19º 49’ Longitud: 100º 25’ Periodo de observación: 1947-1986 Años observados: Temperatura: 35 Precipitación: 35 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 31,5 32,0 33,1 36,5 36,0 37,0 34,0 31,0 29,0 29,5 30,0 30,0 37,0 Año 1953 1952 1948 1958 57/83 1973 1961 1982 vs 1949 49/50 1949 Jun-73 Promedio de máximas absolutas 26,5 27,2 30,2 31,5 32,2 30,9 28,3 26,6 26,6 27,0 27,0 25,8 28,3 Promedio de máxima 22,0 22,7 25,1 27,3 28,0 25,9 23,9 23,7 23,4 23,6 23,0 22,1 24,2 Media 13,1 14,0 16,2 18,4 19,7 19,2 17,9 17,7 17,5 16,4 14,6 13,5 17,4 Promedio de mínima 4,3 5,2 7,4 9,5 11,4 12,6 12,0 11,7 11,6 9,2 6,2 5,0 8,8 Promedio de mínimas absolutas 0,2 1,4 3,0 4,9 7,6 8,7 9,1 8,9 7,6 4,7 1,5 1,1 4,9 Mínima absoluta -5,0 -7,0 0,0 1,0 1,0 4,0 6,0 5,5 2,0 0,0 -2,0 -1,0 -7,0 Año 1966 1980 1965 59/60 1955 1973 vs 1961 1979 52/79 1966 69/75 Feb-80 Oscilación diaria 17,6 17,5 17,7 17,8 16,6 13,3 11,9 11,9 11,8 14,3 16,8 17,1 15,4 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 18,6 7,7 4,5 15,5 48,4 137,6 173,0 181,3 119,6 67,1 13,3 10,3 797,0 Máxima en 24 horas 46,0 26,0 20,0 41,0 54,5 75,0 53,5 65,0 47,0 66,0 27,0 28,0 75,0 Año 1958 1965 1951 1959 1953 1969 1958 1953 77/85 1959 1985 1947 Jun-69 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 0,4 0,2 - - - - - - - - 0,3 0,1 0,1 Días con temperatura < -5ºC - - - - - - - - - - - - - Días con precipitación > 0 mm 1,8 1,5 1,2 2,9 7,3 14,5 19,4 19,3 13,6 7,9 2,4 1,7 93,5 Días con precipitación > 5 mm 1,0 0,5 0,3 0,9 3,1 8,0 11,0 11,4 7,4 3,7 0,8 0,6 48,7 Días con precipitación > 10 mm 0,6 0,2 0,1 0,4 1,5 4,3 6,7 6,7 4,4 2,1 0,4 0,4 27,6 Días con tormenta 0,1 0,1 0,1 0,3 1,4 1,5 2,3 3,5 1,3 0,5 0,1 0,1 11,1 Días con granizo - - 0,1 0,1 0,1 0,1 0,1 0,3 0,1 0,1 0,1 - 1,1 Días con niebla 0,5 0,1 - - 0,4 1,9 2,6 3,8 3,5 1,4 0,5 0,1 14,8 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios Estación: Atlacomulco, Atlacomulco, Méx Altitud: 2526 Latitud: 19º 48’ Longitud: 99º 53’ Periodo de observación: 1951-1980 Años observados: Temperatura: 25 Precipitación: 25 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURAS Máxima extrema 27,0 29,5 31,0 34,0 34,0 32,5 27,0 29,5 29,0 29,5 29,0 27,0 34,0 Año vs 52 vs 75 75 54 vs 69 55 66 54 71 75 Promedio de máxima 21,2 22,9 25,2 27,1 26,6 24,2 22,4 23,0 22,2 22,6 22,3 21,2 23,4 Media 11,3 12,4 14,7 16,8 17,3 16,8 15,7 15,8 15,4 14,4 13,0 11,6 14,6 Promedio de mínima 1,1 1,9 4,3 6,6 8,1 9,5 9,0 8,7 8,6 6,3 3,8 2,1 5,9 Mínima extrema -3,0 -9,0 -1,0 0,0 1,5 3,0 4,2 2,9 0,0 -1,0 -3,0 -6,0 -9,0 Año 58 60 vs vs 65 59 54 55 74 vs 62 57 60 Oscilación 19,8 21,0 20,9 20,5 18,5 14,7 13,4 14,3 13,6 16,3 18,5 19,1 17,6 PRECIPITACIÓN Media 18,4 4,6 8,5 28,1 68,7 143,8 168,0 161,7 134,8 54,9 16,2 7,7 815,4 Máxima mensual 122,7 38,5 54,5 100,0 194,5 268,0 288,3 291,0 410,4 140,9 75,5 44,0 410,4 Año 58 75 66 59 68 59 63 65 58 59 64 58 58 Máxima en 24 horas 40,5 20,0 24,5 33,5 100,2 51,5 75,0 57,2 54,0 44,0 54,0 20,0 100,2 Año 58 75 51 59 68 53 63 61 62 66 64 71 68 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con lluvia apreciable 1,88 0,73 1,30 3,73 7,20 12,00 14,79 14,48 11,12 5,52 2,04 1,32 76,11 Días con lluvia inapreciable 1,00 1,19 1,80 3,96 3,40 3,84 5,12 4,33 2,88 2,58 2,30 2,16 34,56 Días despejados 10,61 11,73 9,00 5,84 5,08 4,07 2,00 1,60 3,04 7,64 9,16 9,60 79,37 Días medio nublados 10,50 9,80 12,69 12,30 10,92 6,96 4,20 5,88 6,24 8,12 9,92 10,04 7,57 Días nublado cerrados 9,88 6,73 9,30 11,84 15,00 18,96 24,79 23,52 20,72 15,24 10,92 11,36 178,26 Días con rocío - - - - - - - - 0,16 - - - 0,16 Días con granizo - - 0,03 - - 0,03 0,12 - 0,04 - - 0,04 0,26 Días con helada 25,76 21,00 11,92 1,61 0,52 0,26 - 0,04 0,92 6,44 15,36 23,00 106,83 Días con tormenta eléctrica - 0,07 0,03 0,30 0,16 0,34 0,91 1,08 0,76 0,12 0,12 0,04 3,93 Días con niebla 1,15 0,50 0,03 0,23 0,20 0,80 1,41 2,12 2,96 4,76 5,56 4,00 23,72 Días con nevada 0,11 - - - - - - - - - - - 0,11 Fuente: Servicio Meteorológico Nacional 268 Estación: San Felipe del Progreso, S. F. P., Méx Altitud: 2550 Latitud: 19º 42’ Longitud: 99º 58’ Periodo de observación: 1951-1980 Años observados: Temperatura: 22 Precipitación: 22 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURAS Máxima extrema 35,0 30,0 30,0 33,0 32,0 32,0 31,0 31,0 30,0 30,0 30,0 32,0 35,0 Año 59 vs 54 70 vs vs 67 64 64 60 60 58 59 Promedio de máxima 21,5 22,4 24,5 25,7 25,6 24,3 22,3 22,6 22,8 22,4 22,0 21,4 23,1 Media 11,4 12,5 14,6 16,1 16,9 16,8 15,7 15,8 15,8 14,6 13,1 11,6 14,6 Promedio de mínima 1,4 2,7 4,8 6,6 8,2 9,3 9,1 9,0 8,9 6,8 4,2 1,8 6,1 Mínima extrema -9,0 -5,0 -4,5 0,0 1,5 3,5 4,0 4,0 1,0 -3,0 -5,5 -8,0 -9,0 Año 66 vs 65 62 62 vs vs 65 74 65 61 63 66 Oscilación 20,1 19,7 19,7 19,1 17,4 15,0 13,2 13,6 13,9 15,6 17,8 19,6 17,1 PRECIPITACIÓN Media 12,5 4,3 7,7 22,4 55,9 153,5 190,9 190,6 158,4 68,4 16,6 10,6 891,8 Máxima mensual 100,5 24,0 37,5 81,5 112,0 264,5 258,5 349,0 351,5 166,5 76,5 61,0 351,5 Año 58 72 53 59 52 56 59 59 58 58 74 58 58 Máxima en 24 horas 31,0 24,0 26,5 30,0 41,5 58,0 56,0 57,5 72,5 33,0 62,0 31,0 72,5 Año 67 72 53 65 71 53 73 75 54 69 74 53 54 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con lluvia apreciable 1,76 1,00 1,77 3,86 6,22 13,54 17,54 17,90 13,13 7,22 2,33 2,08 88,35 Días con lluvia inapreciable 0,56 1,04 1,81 3,04 4,81 4,18 4,45 3,59 3,36 2,45 1,85 1,86 33,00 Días despejados 21,20 20,04 15,95 10,63 9,00 6,40 4,50 3,18 5,50 12,18 18,28 19,00 145,86 Días medio nublados 6,96 6,08 11,81 13,22 12,31 7,81 9,45 10,72 1- 10,54 7,42 8,39 114,71 Días nublado cerrados 2,84 2,16 3,22 6,13 9,68 15,77 17,04 17,09 14,50 8,27 4,28 3,60 104,58 Días con rocío 4,28 2,79 2,27 6,09 15,90 23,00 24,40 21,28 24,27 19,50 8,42 3,39 155,59 Días con granizo 0,12 0,18 0,27 0,40 1,09 1,36 1,04 0,86 0,59 0,18 0,09 0,17 6,35 Días con helada 25,68 18,95 7,45 0,90 0,13 0,18 - - 0,27 4,95 16,95 22,73 98,19 Días con tormenta eléctrica 0,16 0,25 0,40 1,23 2,86 3,85 3,76 3,68 2,77 1,04 0,52 0,26 20,78 Días con niebla 4,00 3,41 4,45 7,54 11,90 14,50 17,76 17,54 16,36 12,95 9,85 5,30 125,56 Días con nevada 0,12 - 0,09 - - - - - - - - - 0,21 Fuente: Servicio Meteorológico Nacional Estación: Pueblo Nuevo, S. F. P., Méx. Altitud: 2.680 m Latitud: 19º 34’ Longitud: 100º 03’ Periodo de observación: 1961-1986 Años observados: Temperatura: 21 Precipitación: 21 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 25,0 25,5 29,0 29,5 31,8 28,4 24,0 27,0 27,0 24,0 28,0 23,5 31,8 Año 1965 1981 1977 1979 1983 1983 73/74 1961 1972 vs 1973 1974 May-83 Promedio de máximas absolutas 21,5 22,5 25,5 26,9 27,3 24,7 21,8 22,6 22,4 22,3 22,1 22,2 23,5 Promedio de máxima 17,7 18,8 21,6 23,0 23,4 21,0 19,3 19,5 19,3 19,2 18,6 17,8 19,9 Media 9,0 9,7 11,9 13,8 14,9 14,7 13,9 13,7 13,7 12,4 10,5 9,6 12,3 Promedio de mínima 0,3 0,6 2,1 4,5 6,5 8,5 8,5 8,0 8,1 5,6 2,4 1,3 4,7 Promedio de mínimas absolutas -3,9 -3,3 -1,2 1,0 3,0 4,3 4,9 4,6 3,8 1,3 -2,1 -2,5 0,8 Mínima absoluta -7,5 -8,0 -5,5 -3,0 1,0 0,5 0,0 1,5 -3,0 -2,0 -5,0 -7,0 -8,0 Año 1983 1963 1983 1974 vs 1983 1975 1961 1974 1979 1966 75/82 Feb-63 Oscilación diaria 17,4 18,2 19,5 18,5 16,9 12,5 10,8 11,5 11,2 13,6 16,2 16,5 15,2 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 14,9 8,3 10,5 26,9 65,3 165,3 221,8 194,4 142,0 82,6 16,7 12,1 960,8 Máxima en 24 horas 27,2 16,2 20,3 33,0 35,0 66,0 50,0 56,4 44,5 47,2 35,0 28,9 66,0 Año 1964 1965 1967 1962 1985 1985 1983 1964 1980 1976 1976 1979 Jun-85 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 14,0 10,8 3,9 0,2 - - - - 0,3 0,2 6,2 8,6 44,3 Días con temperatura < -5ºC 0,2 0,6 - - - - - - - - - 0,3 1,1 Días con precipitación > 0 mm 2,9 2,5 2,3 5,1 10,7 18,3 22,3 20,8 15,5 9,9 4,1 3,1 117,3 Días con precipitación > 5 mm 1,0 0,5 0,8 1,8 4,3 10,5 14,0 12,6 9,0 5,3 0,9 0,7 61,3 Días con precipitación > 10 mm 0,4 0,1 0,2 0,7 2,2 5,7 8,1 7,3 5,2 3,1 0,2 0,4 33,7 Días con tormenta - - - - 0,1 0,4 0,4 0,7 0,1 0,1 0,1 - 1,9 Días con granizo - - - - - - - 0,1 - - - - 0,1 Días con niebla 1,0 0,4 - - 0,2 0,6 0,4 1,5 1,7 2,1 1,8 2,1 11,8 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 269 Estación: Villa Victoria (Presa), Villa Victoria, Méx. Altitud: 2.680 m Latitud: 19º 27’ Longitud: 99º 59’ Periodo de observación: 1961-1990 Años observados: Temperatura: 28 Precipitación: 20 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 27,5 24,5 29,5 29,0 30,0 27,5 25,0 25,0 25,5 26,0 25,5 24,5 30,0 Año 1978 vs 1977 1983 1983 1969 78/89 1977 1962 1981 1980 1977 May-83 Promedio de máximas absolutas 22,1 22,7 25,3 26,6 27,0 25,3 22,8 22,7 22,9 23,4 22,9 21,3 23,7 Promedio de máxima 18,1 19,2 21,5 23,1 23,4 21,4 20,2 20,5 20,3 20,5 19,6 18,4 20,5 Media 9,3 9,9 11,9 13,7 15,1 15,4 14,8 14,9 14,8 13,6 11,5 10,0 12,9 Promedio de mínima 0,5 0,6 2,2 4,4 6,9 9,4 9,4 9,3 9,3 6,8 3,5 1,7 5,3 Promedio de mínimas absolutas -3,5 -3,1 -1,4 0,5 3,3 5,1 6,3 6,3 5,1 2,2 -1,1 -2,4 1,4 Mínima absoluta -7,5 -8,0 -5,5 -5,5 0,5 2,0 2,5 3,0 -1,0 -1,0 -5,0 -7,5 -8,0 Año 1976 1976 1961 1978 1979 1983 1979 1978 1974 1971 1970 1975 Feb-76 Oscilación diaria 17,6 18,6 19,3 18,7 16,4 12,0 10,9 11,1 11,0 13,7 16,1 16,6 15,2 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 20,3 12,1 12,6 23,0 67,8 158,0 188,9 184,7 138,1 71,2 17,9 12,1 906,7 Máxima en 24 horas 51,5 26,5 42,4 35,6 44,3 48,0 97,0 49,2 47,0 46,4 22,7 25,2 97,0 Año 1980 1978 1988 1987 1986 1972 1971 1971 1980 1981 1961 62/79 Jul-71 EVAPORACIÓN Promedio del total mensual 94,4 119,6 177,7 185,0 164,3 120,9 106,0 106,1 101,4 103,4 88,6 80,2 1.447,6 Máxima en 24 horas 7,8 7,6 12,5 10,1 11,0 10,9 7,6 7,7 7,7 7,7 6,0 7,8 12,5 Año 1965 1973 1980 1961 1961 1969 1972 1982 1979 1980 1976 1967 Mar-80 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 12,0 11,0 4,7 1,0 - - - - - 0,1 3,0 7,9 39,7 Días con temperatura < -5ºC 0,4 0,5 - - - - - - - - - 0,1 1,2 Días con precipitación > 0 mm 2,7 2,7 2,7 4,5 10,8 19,2 24,4 22,8 17,8 10,7 4,3 2,9 125,4 Días con precipitación > 5 mm 1,0 0,8 0,8 1,7 4,7 11,3 13,3 13,0 9,5 4,9 1,3 0,7 63,0 Días con precipitación > 10 mm 0,5 0,4 0,3 0,8 2,1 5,8 7,0 6,7 4,7 2,4 0,4 0,3 31,3 Días con tormenta - - - - - 0,4 1,1 1,0 0,5 0,1 - - 3,2 Días con granizo - 0,1 - - - - 0,1 - - - - - 0,1 Días con niebla 9,0 4,4 1,2 0,3 0,8 2,2 2,8 3,9 4,1 9,5 11,7 11,7 61,5 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios Estación: La Venta, Cuajimalpa. D.F. Altitud: 2.850 m Latitud: 19º 20’ Longitud: 99º 18’ Periodo de observación: 1949-1985 Años observados: Temperatura: 35 Precipitación: 35 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 25,5 25,5 27,0 28,0 29,5 27,0 25,0 26,0 24,0 24,0 23,50 25,50 29,5 Año 1952 1951 vs 1949 49/50 1951 1950 1964 52/56 1949 1951 1951 49/50 Promedio de máximas absolutas 19,6 21,5 24,2 24,8 24,9 22,9 19,8 19,9 19,3 19,8 19,4 18,5 21,2 Promedio de máxima 15,9 17,4 20,0 20,5 20,1 18,5 16,8 16,9 16,0 16,2 16,11 15,5 17,5 Media 8,5 9,6 12,0 13,1 13,4 13,2 12,1 12,1 11,8 10,9 9,6 8,6 11,2 Promedio de mínima 1,1 1,9 4,0 5,6 6,7 7,8 7,4 7,3 7,6 5,5 3,04 1,67 5,0 Promedio de mínimas absolutas -2,7 -1,9 0,1 1,8 3,2 4,2 4,2 4,1 3,7 0,8 -1,41 -2,50 1,1 Mínima absoluta -9,0 -6,0 -4,0 -3,0 -2,0 0,5 0,0 0,6 -2,0 -4,0 -8,00 -8,00 -9,0 Año 1956 1983 1954 60/71 58/64 1965 64/63 1964 1979 1952 1953 1953 Ene-56 Oscilación diaria 14,8 15,5 16,0 14,9 13,4 10,7 9,4 9,6 8,4 10,7 13,08 13,79 12,5 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 13,1 10,3 14,0 42,2 93,6 208,2 269,1 266,5 231,1 100,4 21,8 9,6 1.279,8 Máxima en 24 horas 38,2 22,3 52,2 48,0 82,7 80,2 71,2 77,5 142,0 88,8 44,5 142,0 Año 1981 1965 1953 1962 1953 1974 1981 1960 1985 1976 1958 vs Sep-85 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 27,1 21,9 13,1 4,6 2,1 0,6 0,6 0,6 1,3 6,6 16,3 24,1 118,6 Días con temperatura < -5ºC 7,3 4,5 1,0 0,2 0,1 - - - - 1,2 3,2 5,9 23,5 Días con precipitación > 0 mm 1,8 2,1 2,7 6,8 11,4 17,3 23,3 22,2 19,2 10,5 4,0 2,4 123,6 Días con precipitación > 5 mm 1,8 2,1 2,7 6,8 11,4 17,3 23,3 22,2 19,2 10,5 4,0 2,4 123,6 Días con precipitación > 10 mm 0,3 0,1 0,2 0,6 1,9 5,5 6,4 6,4 5,1 2,1 0,3 0,1 28,9 Días con tormenta 0,4 0,7 0,9 2,6 4,6 6,7 10,4 10,5 7,4 4,1 1,8 1,0 51,3 Días con granizo 0,1 0,1 0,1 0,4 0,8 0,7 1,1 1,4 0,7 0,6 0,2 - 6,2 Días con niebla 1,0 0,9 0,4 2,2 4,0 6,4 10,2 9,4 11,2 6,4 2,2 1,1 55,3 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 270 Estación: Río Frío, Ixtapalucan, Méx. Altitud: 2.980 m Latitud: 19º 21’ Longitud: 98º 40’ Periodo de observación: 1961-1987 Años observados: Temperatura: 23 Precipitación: 23 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 23,0 26,0 26,0 27,0 29,0 25,0 26,0 26,0 22,0 23,0 23,0 22,0 29,0 Año vs 1975 vs vs 1974 vs 1980 1987 vs vs vs vs May-74 Promedio de máximas absolutas 20,4 21,8 24,0 25,1 24,8 22,6 20,8 20,7 20,8 21,3 20,9 20,0 21,9 Promedio de máxima 16,8 17,7 20,0 20,5 20,3 18,7 17,8 18,0 17,8 17,8 17,5 16,6 18,3 Media 7,1 8,0 10,0 11,0 11,8 11,7 11,0 11,0 10,8 9,6 8,3 7,3 9,8 Promedio de mínima -2,5 -1,8 -0,1 1,5 3,3 4,6 4,2 4,0 3,9 1,5 -1,0 -1,9 1,3 Promedio de mínimas absolutas -5,8 -4,9 -3,5 -2,5 -0,5 0,2 0,5 0,6 -0,5 -2,8 -4,3 -4,6 -2,3 Mínima absoluta -9,0 -9,0 -8,0 -6,0 -3,0 -3,0 -2,0 -2,0 -6,0 -8,0 -9,0 -8,0 -9,0 Año vs 1983 vs vs 1964 1980 vs 1961 1979 1979 1974 vs Feb-83 Oscilación diaria 19,3 19,4 20,1 19,0 17,0 14,1 13,5 14,0 13,9 16,3 18,5 18,5 17,0 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 12,7 13,2 18,6 45,3 106,9 179,3 180,6 167,7 150,9 73,3 12,9 11,3 972,6 Máxima en 24 horas 47,5 36,0 40,1 33,0 40,4 51,3 53,5 40,5 50,1 80,0 18,5 20,2 80.0 Año 1980 1983 1987 1986 1965 1979 1978 1969 1964 1976 1972 1976 Oct-76 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 30,4 26,8 28,5 25,3 15,5 9,3 11,2 12,8 12,8 23,7 28,4 3- 254,5 Días con temperatura < -5ºC 26,8 21,3 15,2 5,0 1,4 0,8 0,3 0,4 1,4 7,8 18,5 24,5 123.5 Días con precipitación > 0 mm 1,7 2,4 3,3 8,2 14,1 18,7 21,5 20,1 18,3 10,9 3,7 2,5 125,6 Días con precipitación > 5 mm 1,7 2,4 3,3 8,2 14,1 18,6 21,5 20,1 18,2 10,8 3,7 2,5 125,1 Días con precipitación > 10 mm 0,3 0,2 0,3 0,7 1,9 4,5 3,9 3,5 3,1 1,1 - - 19,7 Días con tormenta 0,1 0,2 0,3 1,4 3,4 2,3 1,2 1,6 2,0 1,0 0,1 - 13,7 Días con granizo - 0,1 0,2 0,5 1,0 0,3 0,3 0,3 0,3 0,2 0,1 0,1 3,5 Días con niebla 0,8 0,3 0,5 0,2 1,0 1,7 1,9 1,3 1,6 1,5 0,9 1,1 12,8 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios Estación: La Marquesa, Lerma, Méx. Altitud: 3.061 Latitud: 19º 18’ Longitud: 99º 22’ Periodo de observación: 1971-1986 Años observados: Temperatura: 9 Precipitación: 9 Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 23,0 23,0 25,0 27,0 28,0 25,0 21,0 21,0 22,0 21,0 21,0 25,0 28,0 Año 1982 1984 82/84 1983 1983 82/83 1976 1982 1982 1984 82/84 1972 May-83 Promedio de máximas absolutas 21,3 21,3 23,2 24,2 24,5 22,4 19,8 19,3 19,6 20,0 19,7 20,6 21,3 Promedio de máxima 17,0 17,7 20,0 20,9 20,8 18,7 16,8 17,1 17,1 17,2 16,8 16,7 18,1 Media 9,0 9,3 10,8 12,1 13,1 13,2 12,1 12,1 12,3 11,1 9,4 9,2 11,1 Promedio de mínima 1,1 0,8 1,7 3,2 5,3 7,7 7,4 7,1 7,6 5,1 1,9 1,6 4,2 Promedio de mínimas absolutas -2,7 -3,4 -2,5 -0,3 2,1 2,6 4,0 4,0 4,3 0,7 -2,1 -2,8 0,3 Mínima absoluta -6,0 -8,0 -7,0 -3,0 -0,5 -2,0 2,0 2,0 2,0 -6,0 -7,0 -6,0 -8,0 Año 1981 76/83 1976 80/83 1976 1980 78/80 1978 1980 1979 1979 1980 F-76/83 Oscilación diaria 15,9 16,9 18,3 17,6 15,4 11,0 9,4 10,0 9,5 12,1 15,0 15,1 13,8 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 28,3 11,7 18,3 45,8 82,4 259,7 244,2 248,2 196,9 73,3 17,2 13,9 1.239,9 Máxima en 24 horas 59,2 14,2 17,1 21,0 36,5 66,5 45,3 59,0 51,5 27,8 24,1 22,0 66,5 Año 1980 1983 1978 1980 1977 1977 1981 1977 1981 1983 1972 1976 Jun-77 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura< 0ºC 24,3 21,6 24,1 18,1 7,6 1,9 0,9 1,5 0,4 9,0 20,9 23,7 153,9 Días con temperatura < -5ºC 9,0 9,9 5,7 1,5 0,1 0,1 - - - 1,1 7,4 6,8 41,6 Días con precipitación > 0 mm 2,4 3,2 3,8 8,8 14,5 21,3 25,2 24,6 22,2 11,4 4,9 3,2 145,6 Días con precipitación > 5 mm 2,3 3,2 3,8 8,8 14,0 21,3 25,2 24,5 22,1 11,2 4,5 3,1 144,0 Días con precipitación > 10 mm 0,7 - 0,3 0,9 1,2 6,0 5,3 5,7 4,8 1,3 0,2 0,1 26,6 Días con tormenta - - 0,1 1,9 2,9 5,1 4,5 4,2 2,7 2,2 0,6 - 24,2 Días con granizo - - - 0,1 0,2 0,4 0,6 0,6 0,4 - 0,2 0,1 2,6 Días con niebla 1,9 0,7 0,6 0,6 0,4 3,4 2,6 3,6 5,6 4,6 2,3 2,1 28,3 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 271 Estación: Desierto de los Leones, D.F. Altitud: 3.220 m Latitud: 19º 18’ Longitud: 99º 18’ Periodo de observación: 1961-1987 Años observados: Temperatura: 26 Precipitación: 26 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 22,0 25,0 28,0 27,5 27,0 26,0 25,0 24,0 22,0 24,5 22,0 21,0 28,0 Año 64/87 1962 1975 1961 1961 1983 1972 1971 1966 1984 1986 61/80 Mar-75 Promedio de máximas absolutas 19,4 21,1 23,3 23,9 23,7 22,2 20,0 19,5 19,1 19,9 19,6 18,9 20,9 Promedio de máxima 15,3 16,9 19,0 19,7 19,3 18,0 16,3 16,2 15,8 16,1 16,1 15,3 17,0 Media 8,3 9,3 11,4 12,5 12,7 12,2 11,4 11,3 11,1 10,6 9,6 8,6 10,7 Promedio de mínima 1,3 1,8 3,8 5,2 6,0 6,5 6,4 6,3 6,4 5,0 3,1 1,9 4,5 Promedio de mínimas absolutas -1,66 -1,4 0,3 2,3 3,2 3,7 3,7 3,8 3,6 1,4 -0,2 -0,9 1,5 Mínima absoluta -6,5 -5,5 -5,0 -2,0 1,0 1,0 1,0 2,0 0,0 -1,5 -4,0 -4,0 -6,5 Año 1967 68/72 vs 1971 70/72 1974 1974 71/72 1975 1968 69/71 70/71 Ene-67 Oscilación diaria 14,0 15,1 15,1 14,6 13,3 11,5 10,0 9,9 9,3 11,1 13,0 13,3 12,5 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 16,6 12,9 16,6 41,9 97,8 217,7 272,4 284,2 240,0 93,1 15,4 12,5 1.321,0 Máxima en 24 horas 54,5 26 42 52,0 55,5 122 76 75 142,0 50 20,3 30,8 142,0 Año 1967 1983 1966 1962 1982 1985 1971 1979 1985 1976 1961 1968 Sep-85 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 28,1 23,3 13,3 4,1 1,3 1,3 1,0 0,7 1,0 5,6 17,5 25,0 122,3 Días con temperatura < -5ºC 3,7 3,3 0,6 0,2 - - - - - 0,2 1,5 3,2 12,5 Días con precipitación > 0 mm 2,8 2,8 3,9 7,8 14,2 19,6 25,4 23,5 21,3 12,0 4,8 2,8 141,0 Días con precipitación > 5 mm 2,8 2,8 3,9 7,8 14,2 19,5 25,4 23,5 21,3 12,0 4,8 2,8 141,0 Días con precipitación > 10 mm 0,3 0,2 0,2 0,5 1,7 4,7 5,9 6,9 5,5 1,9 0,1 0,1 27,9 Días con tormenta 0,2 0,3 0,6 1,2 2,1 2,7 3,6 3,8 1,8 0,3 0,4 0,2 17,3 Días con granizo 0,4 0,5 0,4 0,8 1,1 1,0 1,4 1,3 0,7 0,3 0,3 0,1 8,2 Días con niebla 0,4 0,1 0,4 0,9 0,6 1,9 3,1 2,6 3,5 2,9 1,0 0,7 18,1 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios Estación: Hacienda Peña Pobre, D.F. Altitud: 3.220 m Latitud: 19º 18’ Longitud: 99º 11’ Periodo de observación: 1961-1985 Años observados: Temperatura: 17 Precipitación: 17 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 27,5 28,5 32,0 32,0 32,0 31,0 26,0 33,0 27,0 29,5 29,0 29,5 33,0 Año 1985 1962 1973 1970 vs 1969 1962 1983 1973 1982 1964 1982 Ago-83 Promedio de máximas absolutas 25,0 26,6 28,7 29,8 30,5 28,7 24,7 25,0 24,1 24,9 25,1 24,9 26,5 Promedio de máxima 21,3 22,8 25,0 26,2 25,6 24,1 21,9 21,9 21,3 21,4 21,4 20,7 22,8 Media 12,2 13,3 15,5 17,0 17,5 17,6 16,2 16,2 16,0 14,9 13,3 12,2 15,2 Promedio de mínima 3,0 3,7 6,1 7,8 9,3 11,0 10,6 10,5 10,8 8,4 5,1 3,8 7,5 Promedio de mínimas absolutas -0,2 0,0 2,6 4,5 5,4 7,5 7,1 6,9 7,1 3,5 0,8 -0,1 3,8 Mínima absoluta -3,0 -3,5 0,0 1,5 1,1 5,0 1,2 4,5 4,5 0,5 -2,0 -3,0 -3,5 Año 1965 1961 vs 1966 1961 1966 1964 vs 1961 1967 1966 1963 Feb-61 Oscilación diaria 18,3 19,1 18,9 18,3 16,3 13,1 11,3 11,4 10,6 13,0 16,3 17,0 15,3 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 9,4 4,6 13,1 26,5 67,4 137,5 199,1 178,9 143,0 61,4 11,2 5,7 857,9 Máxima en 24 horas 45,0 18,7 30,5 37,6 35,5 72,1 55,1 57,0 51,8 63,1 37,3 9,9 72,1 Año 1967 1965 1966 1962 1972 1968 1961 1961 1969 1984 1973 1984 Jun-68 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 19,5 14,1 4,1 0,8 0,1 - 0,1 - - 1,7 9,3 15,9 65,6 Días con temperatura < -5ºC 2,1 1,1 - - - - - - - - 0,4 1,3 4,8 Días con precipitación > 0 mm 2,2 2,1 3,9 6,5 12,6 17,4 24,3 23,0 20,9 10,2 3,1 2,4 128,5 Días con precipitación > 5 mm 2,0 1,9 3,9 6,4 12,2 17,1 23,8 22,1 20,5 9,5 3,0 2,2 124,5 Días con precipitación > 10 mm 0,1 0,1 0,3 0,3 1,0 2,7 4,4 3,8 3,0 1,3 0,2 - 17,2 Días con tormenta 1,5 1,2 1,0 3,6 5,1 6,6 7,1 7,6 8,1 7,5 2,7 1,9 53,8 Días con granizo - - - 0,2 0,2 0,4 0,4 0,3 0,6 0,4 0,1 0,1 2,6 Días con niebla 2,4 1,8 1,9 3,6 6,5 9,3 10,4 11,8 11,2 9,0 4,8 5,1 77,6 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 272 Estación: Atlautla Repetidora T.V., Méx. Altitud: 3.750 m Latitud: 19º 07’ Longitud: 98º 39’ Periodo de observación: 1961-1987 Años observados: Temperatura: 4 Precipitación: 14 Parámetros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic Anual TEMPERATURA Máxima absoluta 17,5 19,5 20,0 24,5 15,0 18,0 12,0 15,0 16,0 14,0 12,0 16,0 24,5 Año 1970 1970 1970 1970 71/74 1983 1987 1987 1983 83/86 1971 83/86 Abr-70 Promedio de máximas absolutas 12,6 14,1 15,3 16,0 13,6 13,8 10,8 12,8 13,0 13,2 11,0 13,9 13,3 Promedio de máxima 8,9 9,2 9,6 11,0 10,0 9,3 8,5 9,3 9,3 9,5 9,6 9,3 9,5 Media 4,2 4,4 4,9 6,7 6,3 6,2 5,5 6,0 6,1 5,9 5,6 5,1 5,6 Promedio de mínima -0,5 -0,5 0,3 2,5 2,5 3,2 2,5 2,8 2,9 2,3 1,5 1,0 1,7 Promedio de mínimas absolutas -3,3 -3,9 -3,0 0,3 -0,3 1,2 0,8 0,6 0,8 -0,7 -0,5 -2,7 -0,9 Mínima absoluta -5,0 -9,0 -8,0 -1,5 -2,0 0,0 0,0 0,0 0,5 -4,0 -2,0 -6,0 -9,0 Año 71/76 1972 1987 1971 1974 1971 71/86 1986 1970 1983 1971 1969 Feb-72 Oscilación diaria 9,4 9,7 9,3 8,5 7,5 6,1 6,0 6,5 6,4 7,2 8,1 8,3 7,7 PRECIPITACIÓN Promedio del total mensual 4,4 2,8 11,3 36,8 80,3 152,7 158,8 156,2 141,0 59,2 21,5 8,9 833,7 FRECUENCIA DE ELEMENTOS Y FENÓMENOS ESPECIALES Días con temperatura < 0ºC 27,2 27,8 29,3 23,2 23,2 17,3 22,0 23,5 21,7 25,7 26,0 27,8 294,5 Días con temperatura < -5ºC 14,8 15,0 10,5 1,6 0,2 0,0 0,0 0,0 0,0 2,0 1,0 7,0 52,1 Días con precipitación > 0 mm 1,4 1,2 3,6 7,5 12,7 16,8 23,2 22,1 20,7 10,4 4,6 1,8 125,9 Días con precipitación > 5 mm 1,4 1,2 3,6 7,5 12,5 16,7 23,2 22,1 20,6 10,4 4,6 1,8 125,6 Días con precipitación > 10 mm 0,0 0,0 0,1 0,4 1,1 2,9 1,9 2,6 1,8 0,8 0,3 0,1 12,0 Días con tormenta 0,0 0,0 0,4 0,5 1,3 1,3 0,5 0,4 0,2 0,4 0,3 0,3 5,4 Días con granizo 0,3 0,0 1,0 1,7 3,2 1,7 1,0 0,7 0,8 1,2 0,9 0,6 13,0 Días con niebla 2,2 1,8 2,1 2,0 2,4 4,6 5,0 5,2 3,8 3,5 3,2 3,4 39,1 Fuente: Base de datos CLICOM. Cálculos propios 273 Anexo 1-B. Evapotranspiración y balances hídricos Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic N 11.0 11.5 12.0 12.7 13.1 13.7 13.2 12.8 12.3 11.5 11.2 10.8 K 0.95 0.90 1.03 1.06 1.13 1.14 1.14 1.10 1.02 0.99 0.93 0.93 N: Duración del día en el paralelo 20ª K: Coeficiente de correción En los balances hídricos: T: i: etp: ETP: P: P-ETP Σd: RU: VR: ETR: D: S: Temperatura media mensual Índice de calor Evapotranspiración no corregida Evapotranspiración corregida Precipitación mensual Déficit o superávit de agua Sumatorio del déficit Reserva útil Variación de la reserva Evapotranspiración real Déficit hídrico Superávit hídrico Estación: Jungapeo Altitud:1,340 Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 19.7 20.9 22.7 24.2 24.7 23.1 21.6 21.7 21.5 21.6 21.2 20.1 i 7.9 8.7 9.9 10.9 11.3 10.1 9.2 9.3 9.1 9.2 8.9 8.2 etp 64.1 75.1 91.8 107.6 113.8 95.7 81.3 82.6 80.6 81.6 77.5 67.9 ETP 61.0 67.3 94.8 113.7 128.5 108.9 92.6 90.8 82.5 81.1 72.3 63.3 P 29.4 5.7 4.7 12.3 53.4 164.7 173.0 138.2 153.3 73.7 21.7 11.6 P-ETP -31.6 -61.6 -90.2 -101.4 -75.1 55.8 80.4 47.4 70.8 -7.4 -50.6 -51.7 Σd -141.3 -203.0 -293.2 -394.6 -469.6 -7.4 -58.0 -109.7 RU 24.3 13.1 5.3 1.9 0.9 56.8 100.0 100.0 100.0 92.9 56.0 33.4 VR 9.0 11.2 7.8 3.4 1.0 -55.8 -43.2 0.0 0.0 7.1 36.9 22.6 ETR 38.4 16.9 12.5 15.7 54.5 108.9 92.6 90.8 82.5 80.8 58.6 34.2 D 22.6 50.4 82.4 98.0 74.1 0.0 0.0 0.0 0.0 0.3 13.7 29.1 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 37.1 47.4 70.8 0.0 0.0 0.0 Estación: Presa Tuxpan Altitud: 1771 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 15.0 15.8 17.5 19.5 20.6 20.3 19.1 19.1 19.1 18.6 17.0 15.7 i 5.3 5.7 6.7 7.9 8.6 8.3 7.6 7.6 7.6 7.3 6.4 5.6 etp 46.7 51.3 62.0 76.1 84.4 81.4 72.9 73.1 72.8 69.3 58.6 50.6 ETP 44.4 45.9 64.1 80.4 95.3 92.7 83.0 80.5 74.5 68.9 54.6 47.2 P 20.6 9.1 1.7 19.0 38.4 134.4 176.7 160.5 139.2 92.0 18.7 10.1 P-ETP -23.8 -36.9 -62.4 -61.4 -56.8 41.7 93.7 80.0 64.7 23.1 -36.0 -37.1 Σd -96.9 -133.7 -196.1 -257.5 -314.4 -36.0 -73.1 RU 38.0 26.3 14.1 7.6 4.3 46.0 100.0 100.0 100.0 100.0 69.8 48.2 VR 10.2 11.7 12.2 6.5 3.3 -41.7 -54.0 0.0 0.0 0.0 30.2 21.6 ETR 30.8 20.8 13.9 25.4 41.7 92.7 83.0 80.5 74.5 68.9 48.9 31.7 D 13.6 25.2 50.2 54.9 53.5 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 5.8 15.5 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 39.7 80.0 64.7 23.1 0.0 0.0 274 Estación: Tuxpan Altitud: 1800 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 16.2 17.1 18.7 20.4 21.3 20.7 19.8 19.9 20 19.6 18.2 16.9 i 5.9 6.4 7.4 8.4 9.0 8.6 8.0 8.1 8.2 7.9 7.1 6.3 etp 50.3 56.0 67.0 79.7 86.9 82.1 75.1 75.9 76.6 73.6 63.5 54.7 ETP 47.8 50.2 69.2 84.2 98.1 93.4 85.6 83.5 78.4 73.2 59.2 51.0 P 13.9 4.8 8.9 21.9 52.9 163 181.7 159.4 144.8 81.9 20.4 7.6 P-ETP -33.9 -45.4 -60.3 -62.3 -45.2 69.6 96.1 75.9 66.4 8.7 -38.8 -43.4 Σd -116.1 -161.5 -221.9 -284.2 -329.4 -38.8 -82.2 RU 31.3 19.9 10.9 5.8 3.7 73.3 100.0 100.0 100.0 100.0 67.9 44.0 VR 12.6 11.4 9.0 5.0 2.1 -69.6 -26.7 0.0 0.0 0.0 32.1 23.9 ETR 26.5 16.2 17.9 26.9 55.0 93.4 85.6 83.5 78.4 73.2 52.5 31.5 D 21.3 34.0 51.3 57.3 43.1 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 6.6 19.5 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 69.4 75.9 66.4 8.7 0.0 0.0 Estación: Zitacuaro Altitud: 1993 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 14.7 16.1 18 19.8 20.6 19.1 17.5 17.4 17.5 17.1 16.1 14.9 i 5.1 5.9 7.0 8.0 8.5 7.6 6.7 6.6 6.7 6.4 5.9 5.2 etp 47.4 55.6 67.8 80.2 86.0 75.3 64.5 63.8 64.5 61.9 55.6 48.5 ETP 45.0 49.8 70.0 84.7 97.1 85.7 73.5 70.2 66.0 61.5 51.9 45.2 P 14.7 7.2 29.3 11.7 42.4 168.0 208.4 177.6 178.5 77.1 25.2 13.1 P-ETP -30.3 -42.6 -40.7 -73.0 -54.7 82.3 134.9 107.4 112.5 15.6 -26.7 -32.1 Σd -89.1 -131.7 -172.5 -245.5 -300.2 -26.7 -58.8 RU 41.0 26.8 17.8 8.6 5.0 87.3 100.0 100.0 100.0 100.0 76.6 55.6 VR 14.5 14.2 9.0 9.2 3.6 -82.3 -12.7 0.0 0.0 0.0 23.4 21.0 ETR 29.2 21.4 38.3 20.9 46.0 85.7 73.5 70.2 66.0 61.5 48.6 34.1 D 15.8 28.4 31.8 63.8 51.1 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 3.3 11.1 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 122.2 107.4 112.5 15.6 0.0 0.0 Estación: San Nicolasito Altitud: 2000 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 13.8 14.8 17.3 19.3 20.4 20.4 19.0 18.6 18.7 17.4 15.9 14.4 i 4.6 5.2 6.5 7.7 8.4 8.4 7.6 7.3 7.4 6.6 5.8 5.0 etp 41.7 47.7 62.5 76.4 84.4 84.4 74.2 71.5 71.9 63.3 54.1 45.4 ETP 39.7 42.7 64.5 80.7 95.3 96.1 84.6 78.7 73.5 62.9 50.5 42.3 P 22.9 7.1 8.8 18.2 49.2 143.4 172.6 178.5 120.5 65.8 7.7 6.8 P-ETP -16.8 -35.6 -55.7 -62.4 -46.1 47.3 88.0 99.9 47.0 2.9 -42.7 -35.5 Σd -95.0 -130.6 -186.3 -248.8 -294.8 -42.7 -78.3 RU 38.7 27.1 15.5 8.3 5.2 52.6 100.0 100.0 100.0 100.0 65.2 45.7 VR 7.1 11.6 11.6 7.2 3.1 -47.3 -47.4 0.0 0.0 0.0 34.8 19.5 ETR 30.0 18.7 20.4 25.4 52.3 96.1 84.6 78.7 73.5 62.9 42.5 26.3 D 9.7 24.0 44.1 55.2 43.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 8.0 16.0 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 40.5 99.9 47.0 2.9 0.0 0.0 Estación: Maravatio Altitud: 2013 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 14.5 15.6 17.6 19.8 21.2 20.8 19.5 19.2 19.3 18.1 16.5 14.7 i 5.0 5.6 6.7 8.1 8.9 8.7 7.8 7.7 7.7 7.0 6.1 5.1 etp 43.7 50.0 63.0 78.3 88.7 85.8 75.6 74.0 74.3 66.1 55.6 44.7 ETP 41.5 44.7 65.1 82.7 100.2 97.6 86.1 81.4 76.0 65.8 51.8 41.6 P 19.6 10.6 8.7 24.9 60.1 156.8 216.3 184.7 156.0 68.6 21.4 13.3 P-ETP -21.9 -34.1 -56.4 -57.8 -40.1 59.1 130.1 103.3 80.0 2.8 -30.4 -28.4 Σd -80.7 -114.8 -171.2 -229.1 -269.1 -30.4 -58.8 RU 44.6 31.7 18.0 10.1 6.8 65.9 100.0 100.0 100.0 100.0 73.8 55.5 VR 10.9 12.9 13.7 7.9 3.3 -59.1 -34.1 0.0 0.0 0.0 26.2 18.2 ETR 30.5 23.5 22.4 32.8 63.4 97.6 86.1 81.4 76.0 65.8 47.6 31.5 D 11.0 21.2 42.7 49.9 36.7 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 4.2 10.1 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 96.0 103.3 80.0 2.8 0.0 0.0 275 Estación: Laguna del Fresno Altitud: 2070 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic 13.1 14.0 16.2 18.4 19.7 19.2 17.9 17.7 17.5 16.4 14.6 13.5 i 4.3 4.7 5.9 7.2 8.0 7.7 6.9 6.8 6.6 6.0 5.1 4.5 etp 41.7 46.4 59.3 73.0 82.1 78.8 70.1 68.8 67.1 60.5 49.9 43.8 ETP 39.7 41.5 61.3 77.1 92.7 89.7 79.9 75.6 68.7 60.1 46.5 40.8 P 18.6 7.7 4.5 15.5 48.4 137.6 173.0 181.3 119.6 67.1 13.3 10.3 P-ETP -21.1 -33.8 -56.8 -61.6 -44.3 47.9 93.0 105.7 51.0 7.0 -33.3 -30.5 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Atlacomulco Altitud: 2526 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 11.3 12.4 14.7 16.8 17.3 16.8 15.7 15.8 15.4 14.4 13 11.6 i 3.4 4.0 5.1 6.3 6.5 6.3 5.7 5.7 5.5 5.0 4.2 3.6 etp 39.0 44.6 57.2 69.4 72.4 69.4 62.9 63.5 61.2 55.5 47.8 40.5 ETP 37.1 40.0 59.1 73.3 81.8 79.0 71.7 69.9 62.6 55.2 44.6 37.8 P 18.4 4.6 8.5 28.1 68.7 143.8 168.0 161.7 134.8 54.9 16.2 7.7 P-ETP -18.7 -35.4 -50.6 -45.2 -13.1 64.8 96.3 91.8 72.2 -0.3 -28.4 -30.1 Σd -77.4 -112.8 -163.3 -208.6 -221.7 -0.3 -28.6 -58.7 RU 46.1 32.4 19.5 12.4 10.9 75.7 100.0 100.0 100.0 99.7 75.1 55.6 VR 9.5 13.7 12.9 7.1 1.5 -64.8 -24.3 0.0 0.0 0.3 24.6 19.5 ETR 27.9 18.3 21.4 35.2 70.2 79.0 71.7 69.9 62.6 55.2 40.8 27.2 D 9.2 21.6 37.7 38.1 11.6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 3.7 10.6 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 72.0 91.8 72.2 0.0 0.0 0.0 276 Estación: San Felipe del Progreso Altitud: 2550 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 11.4 12.5 14.6 16.1 16.9 16.8 15.7 15.8 15.8 14.6 13.1 11.6 i 3.5 4.0 5.1 5.9 6.3 6.3 5.7 5.7 5.7 5.1 4.3 3.6 etp 39.6 45.3 56.7 65.4 70.1 69.5 63.0 63.6 63.6 56.7 48.5 40.6 ETP 37.7 40.6 58.6 69.0 79.2 79.1 71.8 70.0 65.1 56.4 45.2 37.9 P 12.5 4.3 7.7 22.4 55.9 153.5 190.9 190.6 158.4 68.4 16.6 10.6 P-ETP -25.2 -36.3 -50.9 -46.6 -23.3 74.4 119.1 120.6 93.3 12.0 -28.6 -27.3 Σd -81.0 -117.3 -168.2 -214.8 -238.1 -28.6 -55.9 RU 44.5 31.0 18.6 11.7 9.2 83.6 100.0 100.0 100.0 100.0 75.1 57.2 VR 12.7 13.5 12.3 6.9 2.4 -74.4 -16.4 0.0 0.0 0.0 24.9 17.9 ETR 25.2 17.8 20.0 29.3 58.3 79.1 71.8 70.0 65.1 56.4 41.5 28.5 D 12.4 22.7 38.6 39.7 20.9 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 3.7 9.3 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 102.7 120.6 93.3 12.0 0.0 0.0 Estación Pueblo Nuevo Altitud: 2680 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 9.0 9.7 11.9 13.8 14.9 14.7 13.9 13.7 13.7 12.4 10.5 9.6 i 2.4 2.7 3.7 4.6 5.2 5.1 4.7 4.6 4.6 4.0 3.1 2.7 etp 35.5 38.7 49.9 60.1 66.2 65.2 60.6 59.6 59.4 52.7 42.7 38.3 ETP 33.8 34.6 51.6 63.5 74.8 74.2 69.1 65.6 60.7 52.3 39.8 35.7 P 14.9 8.3 10.5 26.9 65.3 165.3 221.8 194.4 142.0 82.6 16.7 12.1 P-ETP -18.8 -26.4 -41.1 -36.5 -9.4 91.2 152.8 128.8 81.2 30.2 -23.1 -23.6 Σd -65.5 -91.9 -133.0 -169.5 -179.0 -23.1 -46.7 RU 51.9 39.9 26.4 18.4 16.7 107.9 100.0 100.0 100.0 100.0 79.3 62.7 VR 10.7 12.0 13.5 8.1 1.7 -91.2 7.9 0.0 0.0 0.0 20.7 16.6 ETR 25.7 20.3 23.9 35.0 67.0 74.2 69.1 65.6 60.7 52.3 37.3 28.8 D 8.1 14.3 27.7 28.4 7.8 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.5 6.9 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 160.6 128.8 81.2 30.2 0.0 0.0 Estación Villa Victoria Altitud: 2680 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 9.3 9.9 11.9 13.7 15.1 15.4 14.8 14.9 14.8 13.6 11.5 10.0 i 2.6 2.8 3.7 4.6 5.4 5.5 5.2 5.2 5.2 4.6 3.5 2.9 etp 34.9 37.5 47.6 57.6 65.4 66.7 63.4 64.1 63.5 57.1 46.0 38.4 ETP 33.2 33.6 49.2 60.8 73.9 75.9 72.3 70.5 64.9 56.7 42.9 35.8 P 20.3 12.1 12.6 23.0 67.8 158.0 188.9 184.7 138.1 71.2 17.9 12.1 P-ETP -12.9 -21.5 -36.6 -37.8 -6.1 82.1 116.6 114.2 73.1 14.5 -24.9 -23.8 Σd -61.6 -83.0 -119.7 -157.5 -163.6 -24.9 -48.7 RU 54.0 43.6 30.2 20.7 19.5 101.6 100.0 100.0 100.0 100.0 77.9 61.4 VR 7.4 10.4 13.4 9.5 1.2 -82.1 1.6 0.0 0.0 0.0 22.1 16.5 ETR 27.7 22.6 26.0 32.5 69.0 75.9 72.3 70.5 64.9 56.7 40.0 28.6 D 5.5 11.0 23.3 28.3 4.8 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.9 7.3 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 118.1 114.2 73.1 14.5 0.0 0.0 Estación La Venta Altitud: 2850 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 8.5 9.7 12.0 13.1 13.4 13.2 12.1 12.1 11.8 10.9 9.6 8.6 i 2.2 2.7 3.8 4.3 4.5 4.3 3.8 3.8 3.7 3.2 2.7 2.3 etp 36.6 42.4 54.3 60.1 61.9 60.5 55.0 55.0 53.5 48.5 42.0 37.0 ETP 34.8 38.0 56.1 63.5 69.9 68.9 62.7 60.5 54.8 48.2 39.2 34.5 P 13.1 10.3 14.0 42.2 93.6 208.2 269.1 266.5 231.1 100.4 21.8 9.6 P-ETP -21.7 -27.7 -42.1 -21.4 23.7 139.3 206.4 206.0 176.4 52.1 -17.4 -24.9 Σd -64.0 -91.7 -133.8 -155.1 -17.4 -42.3 RU 52.7 40.0 26.2 21.2 44.9 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 84.0 65.5 VR 12.8 12.7 13.7 5.0 -23.7 -55.1 0.0 0.0 0.0 0.0 16.0 18.5 ETR 25.9 23.1 27.8 47.2 69.9 68.9 62.7 60.5 54.8 48.2 37.7 28.1 D 8.9 14.9 28.4 16.3 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 1.4 6.4 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 84.2 206.4 206.0 176.4 52.1 0.0 0.0 277 Estación Rio Frio Altitud: 2980 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 7.1 8.0 10.0 11.0 11.8 11.7 11.0 11.0 10.8 9.6 8.3 7.3 i 1.7 2.0 2.9 3.3 3.7 3.6 3.3 3.3 3.2 2.7 2.1 1.8 etp 34.8 39.0 49.3 54.2 58.4 57.8 54.4 54.4 53.6 47.5 40.6 35.7 ETP 33.1 34.9 50.9 57.3 65.9 65.8 62.0 59.9 54.9 47.2 37.9 33.3 P 12.7 13.2 18.6 45.3 106.9 179.3 180.6 167.7 150.9 73.3 12.9 11.3 P-ETP -20.4 -21.7 -32.3 -12.0 41.0 113.5 118.5 107.9 96.0 26.0 -24.9 -22.0 Σd -67.3 -89.0 -121.3 -133.4 -24.9 -46.9 RU 51.0 41.1 29.7 26.4 67.3 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 77.9 62.5 VR 11.5 10.0 11.3 3.4 -41.0 -32.7 0.0 0.0 0.0 0.0 22.1 15.4 ETR 24.3 23.2 30.0 48.6 65.9 65.8 62.0 59.9 54.9 47.2 35.0 26.7 D 8.8 11.8 21.0 8.7 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.9 6.6 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 80.9 118.5 107.9 96.0 26.0 0.0 0.0 Estación La Marquesa Altitud: 3061 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 9.0 9.3 10.8 12.1 13.1 13.2 12.1 12.1 12.3 11.1 9.4 9.2 i 2.4 2.5 3.2 3.8 4.3 4.3 3.8 3.8 3.9 3.4 2.6 2.5 etp 39.7 40.9 48.8 55.1 60.4 61.0 55.5 55.4 56.6 50.3 41.4 40.4 ETP 37.7 36.6 50.4 58.2 68.2 69.4 63.2 60.9 57.9 50.0 38.6 37.7 P 28.3 11.7 18.3 45.8 82.4 259.7 244.2 248.2 196.9 73.3 17.2 13.9 P-ETP -9.4 -24.9 -32.1 -12.4 14.2 190.2 180.9 187.3 139.0 23.3 -21.4 -23.7 Σd -54.5 -79.4 -111.5 -123.9 -21.4 -45.1 RU 58.0 45.2 32.8 29.0 43.2 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 80.8 63.7 VR 5.7 12.8 12.4 3.8 -14.2 -56.8 0.0 0.0 0.0 0.0 19.2 17.1 ETR 34.0 24.5 30.7 49.6 68.2 69.4 63.2 60.9 57.9 50.0 36.4 31.0 D 3.7 12.1 19.7 8.6 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 2.1 6.7 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 133.4 180.9 187.3 139.0 23.3 0.0 0.0 Estación Desierto de los Leones Altitud: 3220 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 8.3 9.3 11.4 12.5 12.7 12.3 11.4 11.3 11.1 10.6 9.6 8.6 i 2.2 2.6 3.5 4.0 4.1 3.9 3.5 3.4 3.4 3.1 2.7 2.3 etp 37.5 42.5 53.2 58.7 59.7 57.6 52.9 52.5 51.7 48.9 43.9 39.0 ETP 35.6 38.1 55.0 62.0 67.4 65.5 60.3 57.7 52.9 48.6 40.9 36.4 P 16.6 12.9 16.6 41.9 97.8 217.7 272.4 284.2 240.0 93.1 15.4 12.5 P-ETP -19.1 -25.2 -38.4 -20.1 30.4 152.2 212.1 226.4 187.2 44.5 -25.5 -23.9 Σd -68.5 -93.7 -132.1 -152.1 -25.5 -49.4 RU 50.4 39.2 26.7 21.8 52.3 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 77.5 61.0 VR 10.6 11.2 12.5 4.9 -30.4 -47.7 0.0 0.0 0.0 0.0 22.5 16.5 ETR 27.2 24.1 29.1 46.7 67.4 65.5 60.3 57.7 52.9 48.6 37.9 28.9 D 8.5 14.0 25.9 15.2 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 3.0 7.4 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 104.4 212.1 226.4 187.2 44.5 0.0 0.0 Estación Atlautla Repetidora TV Altitud: 3750 metros Ene Feb Mar Abr May Jun Jul Ago Sep Oct Nov Dic T 4.2 4.4 4.9 6.7 6.3 6.2 5.5 6.0 6.1 5.9 5.6 5.1 i 0.8 0.8 1.0 1.6 1.4 1.4 1.2 1.3 1.3 1.3 1.2 1.0 etp 35.6 36.3 39.7 49.8 47.4 47.3 43.2 46.0 46.2 45.5 43.5 40.8 ETP 33.8 32.5 41.0 52.6 53.6 53.8 49.3 50.6 47.3 45.2 40.6 38.0 P 4.4 2.8 11.3 36.8 80.3 152.7 158.8 156.2 141 59.2 21.5 8.9 P-ETP -29.4 -29.7 -29.7 -15.8 26.7 98.9 109.5 105.6 93.7 14.0 -19.1 -29.1 Σd -77.6 -107.3 -137.0 -152.8 -19.1 -48.2 RU 46.0 34.2 25.4 21.7 48.4 100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 82.6 61.7 VR 15.7 11.8 8.8 3.7 -26.7 -51.6 0.0 0.0 0.0 0.0 17.4 20.9 ETR 20.1 14.6 20.1 40.5 53.6 53.8 49.3 50.6 47.3 45.2 38.9 29.8 D 13.7 17.9 20.9 12.1 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 1.7 8.3 S 0.0 0.0 0.0 0.0 0.0 47.3 109.5 105.6 93.7 14.0 0.0 0.0 278 Anexo 1-C. Indices y diagnosis bioclimática JUNGAPEO, MICHOACAN (MEXICO) Altitud: 1340 m Latitud: 19 ° 27 'N Longitud: 100 ° 30 'W ----------------------- INDICES Y DIAGNOSIS BIOCLIMATICA ------------- Indice de termicidad........................ (It): 612 Indice de termicidad compensado............ (Itc): 612 Indice de continentalidad simple............ (Ic): 5.0 Indice de diurnalidad....................... (Id): 18.8 Indice ombrotérmico anual................... (Io): 3.18 Indice ombrotérmico seco bimestral........ (Iod2): 0.24 Indice ombrotérmico seco trimestral........(Iod3): 0.25 Indice ombrotérmico seco cuatrimestral.... (Iod4): 0.53 Indice de ombro-evaporación anual.......... (Ioe): 0.79 Indice de aridez anual..................... (Iar): 1.3 Temperatura positiva anual.................. (Tp): 2630 Temperatura negativa anual.................. (Tn): 0 Temperatura de la estación seca............. (Td): 678 Precipitación positiva...................... (Pp): 836 +--------------------------------------------Ê----------+ ¦ Nº ¦ P>4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P4T ¦P:2T a 4T¦P: T a 2T¦ P