UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE FILOLOGÍA Departamento de Filología Española II (Literatura Española) EL TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO: ESTUDIO Y EDICIÓN MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Julio Vidanes Díez Bajo la dirección del doctor Javier Huerta Calvo Madrid, 2003 cdsec Imagen colocada JULIO VIDANES DÍEZ EL TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO: ESTUDIO Y EDICIÓN TESIS DOCTORAL Dirigida por el Dr. Javier Huerta Calvo UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID Facultad de Filología Departamento de Filología Española II (Literatura Española) 2002 3 AGRADECIMIENTOS Debo agradecer en primer lugar al profesor Javier Huerta Calvo por haber confiado en mí para la realización de esta tesis doctoral que pretende ser una humilde colaboración a su gran proyecto de investigación sobre el teatro breve español desde el Siglo de Oro hasta el siglo XX. También deseo manifestar mi agradecimiento a la Biblioteca Nacional de Madrid–en especial al personal de la sala Cervantes–, a la Fundación Juan March, en cuya Biblioteca de Teatro siempre he recibido una cordial ayuda, a la Biblioteca y Hemeroteca Municipal de Madrid, al Institut del Teatre de Barcelona y al personal de la biblioteca de la Facultad de Filología de la UCM. Quiero agradecer muy especialmente a la Sociedad General de Autores y Editores que, a través de la Directora del Centro de Documentación y Archivos, me ha ofrecido una información y ayuda inestimables. Finalmente, deseo hacer constancia de la inapreciable y generosa ayuda que he recibido en todo momento por parte del personal del Centro de Proceso de Datos de la Universidad Complutense para resolver muchos problemas relacionados con el tratamiento de textos. 5 SUMARIO AGRADECIMIENTOS 3 PRESENTACIÓN 7 ABREVIATURAS 9 PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN AL TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO 11 I. VIDA Y OBRA DE TOMÁS LUCEÑO 13 I.1. Perfil biográfico 13 I.2. Tomás Luceño y su época 20 I.3. Refundiciones 29 I.4. Traducciones 37 I.5. Obras originales 40 SEGUNDA PARTE: TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO: ESTUDIO 51 II ANÁLISIS DEL TEATRO BREVE: Morfología 53 II.1. El sainete desde Ramón de la Cruz hasta Tomás Luceño 53 II.2. Estructura 69 II.2.1. Paradigma de acción 69 II.2.2. Paradigma de situación 70 II.2.3. Paradigma de personaje 72 II.3. Sainetes costumbristas sin acción 74 II.4. El tratamiento del espacio en los sainetes 76 II.4.1. Sainetes de espacio teatral 77 II.4.2. Ambiente madrileño 79 II.4.3. Ambiente rural 81 II.5. El tratamiento del tiempo en los sainetes 81 II.6. El recurso de la burla 83 II.7. Personajes 87 II.8. Lenguaje 99 II.8.1. Hablas populares y dialectales 101 II.8.2. Comicidad verbal 110 III. ASPECTOS DE LA REPRESENTACIÓN 137 III.1. Los sainetes de T. Luceño en el marco del género chico 137 III.1.1. Teatros por horas 138 III.1.2. Autores contemporáneos y géneros del teatro breve 143 III.2. Actores 157 III.3. Música 161 III.4. Gestos, movimientos, sonidos, vestuario y decorados 165 III.5. Crítica de prensa 175 6 IV. TEMÁTICA E INTERPRETACIÓN DE LOS SAINETES 185 IV.1. Temática 185 IV.1.1. El tema teatral en los sainetes 188 IV.1.2. Comentarios críticos de Tomás Luceño 191 IV.2. El teatro breve como representación de la sociedad 199 IV.3. La crítica social en los sainetes de Tomás Luceño 207 V. CONCLUSIONES 219 VI. BIBLIOGRAFÍA 221 VI.1. Publicaciones periódicas 221 VI.2. Bibliografía general 223 Apéndice: Noticia bibliográfica de refundiciones y traducciones 235 TERCERA PARTE: EDICIÓN 241 CRITERIOS DE EDICIÓN 243 NOTICIA BIBLIOGRÁFICA 245 TEXTOS ANOTADOS 253 Cuadros al fresco 255 El arte por las nubes 289 El teatro moderno 323 Un juicio de exenciones 351 ¡A perro chico! 371 Fiesta nacional 391 ¡Hoy sale, hoy!... 439 El corral de comedias 485 Ultramarinos 513 ¡Amén! o El ilustre enfermo 545 Las recomendaciones 577 Carranza y Compañía 625 Los lunes del “Imparcial” 671 La niña del estanquero 701 La comedianta famosa 743 ¿Cuántas, calentitas, cuántas? 777 Fraile fingido 819 ¡Viva el difunto! 845 El maestro de hacer sainetes o Los calesines 875 Un tío que se las trae... 909 Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII 945 La noche de “El trovador” 973 TABLAS MÉTRICAS 1009 APARATO CRÍTICO. REGISTRO DE VARIANTES 1019 ÍNDICE DE LÁMINAS 7 PRESENTACIÓN La presente tesis trata del estudio y la edición crítica de los sainetes originales de Tomás Luceño y Becerra (1844-1933). Este autor dramático es un digno sucesor de Ramón de la Cruz por su manera de escribir sainetes, siguiendo las pautas tradicionales del estilo clásico. Desde su primer estreno en 1870, Cuadros al fresco, hasta 1932, año de su último estreno, Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII, Tomás Luceño fue enriqueciendo la escena madrileña con su aportación dramática en forma de sainetes, zarzuelas y comedias, tanto originales y en colaboración, como adaptaciones de autores clásicos y traducciones de obras francesas. A lo largo de su vida fue adquiriendo una merecida fama de prestigioso sainetero. El teatro por horas se enriqueció literariamente con la producción de nuestro autor y la de otros coetáneos como Ricardo de la Vega, Javier de Burgos, Carlos Fernández Shaw, Miguel Ramos Carrión, José Estremera y, posteriormente, Carlos Arniches y los hermanos Álvarez Quintero. Hemos querido rescatar del olvido la obra de Tomás Luceño, iniciando nuestro estudio con unos datos biográficos, algunos de los cuales nos fueron proporcionados generosamente por su sobrino, don Álvaro Luceño (q.e.p.d.), hijo de Álvaro Luceño y Becerra, hermano de nuestro autor. A continuación, hemos relacionado su vida con la interesante y agitada época que le tocó vivir. Ofrecemos una clasificación de su extensa obra dramática, siguiendo unos criterios de autoría (refundiciones, traducciones y originales) y criterios genéricos (sainetes, revista, entremés, zarzuelas, comedias y tragedias). En el capítulo segundo, hemos realizado un análisis de los sainetes, centrando nuestra atención en el estudio de su estructura dramática, los aspectos costumbristas, el espacio, el tiempo, la burla, los personajes, y el lenguaje. 8 El capítulo tercero se ocupa de los aspectos relacionados con la representación de su obra dramática, en el contexto del género chico y el teatro por horas, ofreciendo información sobre actores, música, gestos, movimientos, sonidos y vestuario, y reseñando las críticas aparecidas en la prensa al día siguiente de sus estrenos más importantes. El capítulo cuarto se ocupa de la temática de los sainetes y la interpretación de los mismos en el contexto del teatro breve. El capítulo sexto ofrece una descripción bibliográfica de sus obras dramáticas, las publicaciones periódicas consultadas y una extensa relación de libros utilizados para el presente estudio. La edición crítica ocupa la segunda parte de la tesis y comprende los criterios de edición, la noticia bibliográfica, los textos anotados, las tablas métricas, el aparato crítico y un índice de láminas. Esperamos que tanto el estudio como la edición crítica de la obra de Tomás Luceño y Becerra sirvan para valorar su aportación literaria al teatro breve, de tan larga y rica tradición histórica. 9 ABREVIATURAS Obras originales AP ¡A perro chico! AV Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII A ¡Amén! o El ilustre enfermo C Carranza y Compañía CF Cuadros al fresco CCC ¿Cuántas, calentitas, cuántas? AN El arte por las nubes EC El corral de comedias EM El maestro de hacer sainetes o los calesines TM El teatro moderno FN Fiesta nacional FF Fraile fingido H ¡Hoy sale, hoy!... LC La comedianta famosa NE La niña del estanquero NT La noche de “El trovador” R Las Recomendaciones LI Los lunes del "Imparcial" U Ultramarinos JE Un juicio de exenciones T Un tío que se las trae V ¡Viva el difunto! 11 PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN AL TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO 13 I. VIDA Y OBRA DE TOMÁS LUCEÑO I.1. Perfil biográfico Tomás Luceño y Becerra nació en Madrid el 21 de diciembre de 1844 en la calle de las Fuentes y fue bautizado en la iglesia de San Ginés, parroquia donde celebró su boda Lope de Vega y fueron bautizados ilustres españoles como Quevedo y Goya. Sus padres fueron Manuel Luceño, juez de primera instancia y Juana Becerra, ambos naturales de Cáceres. Su madrina fue Isabel Becerra. En los siguientes versos cuenta cómo fueron sus primeros pasos por este mundo: Hasta cumplir cuatro meses no podían aguantarme; llorando pasaba el día la noche desgañitándome. Solamente cuando el ama me leía algún romance, o algún sainete de Vega, solía tranquilizarme.1 Nuestro autor pertenecía a una clase burguesa acomodada y dispuso de los medios necesarios para recibir una adecuada y completa educación. Es graciosa la anécdota en la que relata sus pinitos como autor dramático: Siendo muy niño, me sentí genio, y escribí una piececita que fue estrenada en un teatro guiñol, instalado a la entrada del paseo de Recoletos. La obra gustó muchísimo: el autor fue aclamado, y uno de los polichinelas, adelantándose al proscenio, dijo: —El juguete que hemos tenido el honor de representar es original de nuestro compañero D. Tomás Luceño.2 En el periódico El Liberal (16-III-1894) aparecen unos versos del propio autor, que nos hablan irónicamente de su vida académica: 1 Luceño (1889: 8). 2 Luceño (1905: 6). 14 Estudié para ingeniero con resultados brillantes... pero no me examiné, porque no iba nunca a clase, y porque las matemáticas nunca lograron entrarme; al llegar a los quebrados, sentía un horror muy grande. Después, para diplomático; para abogado, más tarde; para Estado Mayor, luego... y luego...el demonio sabe... El humor con que describe sus rasgos autobiográficos no fue bien entendido por el famoso crítico Yxart, quien achaca a los autores del género chico cierto grado de indolencia en lo que se refiere a sus estudios y trabajo.3 Terminada la carrera de Leyes, ingresa por oposición en la redacción del Diario de sesiones del Senado en mayo de 1870, donde llega a ser jefe-taquígrafo y redactor jefe hasta la fecha de su jubilación en 1911. Solía decir que copiaba los discursos de los oradores más elocuentes de Europa, y también de los peores. Cuenta Luceño que a uno de éstos le oyó decir: “Aquellos pobres soldados que salen cadáveres de La Habana y llegan a Santander y mueren.” (La Voz, 29-I-1933). Desempeñó cargos de confianza en la vida pública: trabajó para Luis González Bravo,4 ministro de la Gobernación; en el ministerio de Ultramar, fue secretario particular del duque de la Torre, del ministro Adelardo López de Ayala hasta 1879, y de otros seis ministros siguientes.5 Fue querido y respetado por todos, pues a su inteligencia se unía una conducta intachable y una gran bondad. 3 cfr. Yxart (1987). 4 González Bravo fue admirador y protector de Gustavo Adolfo Bécquer, quien le confió el manuscrito desaparecido de las Rimas. 5 cfr. Díaz de Escobar (1924: II, p. 136). 15 Jacinto Octavio Picón realiza, con grandes muestras de cariño y respeto, el siguiente retrato de nuestro autor, uno de los más interesantes y completos que se conservan: Su porte es grave, casi severo; sus largas patillas, que le dan aspecto de banquero injerto en capitán de navío; su fisonomía poco móvil; su modo de hablar calmoso y reposado, dejando caer despacio las palabras, como pensadas antes que dichas; toda su persona, al parecer reflejo de un carácter frío y flemático, forma contraste con la viveza de su entendimiento y la espontaneidad de su gracia. Sentado en el cuarto de un cómico o paseando en el vestíbulo de un teatro, pudiera tomársele por un señor grave y ceremonioso, obligado a pisar de mala gana sitios reñidos con sus inclinaciones y costumbres; pero en cuanto despliega los labios, la impresión que produce varía por completo. No alardea de chistoso; mas por mucho ingenio que tengan los que le rodean, siempre dice lo que a nadie se le ocurre, sacando partido lo mismo de las flaquezas humanas que de las imperfecciones o irregularidades del idioma, con tan rara originalidad que sus frases corren luego de boca en boca, tomando por derecho propio carta de ciudadanía en el lenguaje pintoresco que emplea la gente de bastidores. Habla poco, no murmura ni maldice de nadie, sus censuras no lastiman, sus burlas no hieren, sus críticas no mortifican, y dice cuanto quiere, sin que sus dichos tomen ese dejo amargo que en otros hombres parece vaho de malas pasiones removidas.6 Era un hombre menudo, correctamente vestido de levita y cubierto con uno de los últimos sombreros de copa que se vieron por Madrid. Tenía un rostro ancho y con unas largas patillas. Su apariencia era afable y candorosa y se comportaba siempre correctamente con todo el mundo. Sus decires eran ingeniosos y oportunos, adornados de una aguda pero inofensiva malicia. En su juventud le llamaban el Santito. Su expresión era feliz y su hablar, risueño y sencillo, calmoso y reposado. Fue un buen amigo y excelente compañero que aplaudió a todos en todos los estrenos. Su timidez peculiar le impedía asistir a muchos de sus propios estrenos. Su animada conversación era bien recibida y aplaudida en círculos, peñas y saloncillos de dramaturgos, actores y aficionados, muchos de los cuales gozaban de su amistad y consideración. Tenía facilidad para escribir versos humorísticos y anecdóticos, que publicó en periódicos y revistas de la época y que luego recopiló en dos libros: —¡Vaya entierro, chavó! ¡Si da grima de mirarlo; una caja a diez reales, un coche con dos caballos, y, por acompañamiento, un Simón medio borracho. 6 Picón (1894: 6). 16 —Mira, Liendres, no murmures... Eso no es de buen cristiano. ¡Quién sabe, cuando te entierren, si tendrás tú que ir andando!7 De su vida matrimonial, podemos decir que fue tranquila, apacible y sin hijos. Su mujer era natural de Tarazona de la Mancha, pueblo en el que pasó varios veranos y donde Tomás Luceño da nombre a una de sus calles. También se conservan unos versos de Luceño en los que explica la fórmula del morteruelo, enjundioso plato típico de esta región manchega: Coges hígado de cerdo y aves, lo rehogas con aceite y ajo frito; pero, por Dios, no lo comas, que todavía hace falta una multitud de cosas. Todo esto lo cueces mucho, porque de este modo logras deshuesar las aves y (procediendo en buen lógica) que se desmenuce el lomo y el hígado, el cual colocas dentro de un mortero limpio, le machacas, en buen hora, por un colador lo pasas, y en el caldo donde todas estas carnes han cocido, con mucha calma lo embocas; si te gustan las especias; con especias lo sazonas. Después rallas pan; lo echas en el caldo, se incorpora a las referidas carnes, y todo una pasta forma que secas in continenti en grandes tarros colocas, lo conservas algún tiempo, librándolo de las moscas; y si quieres te lo comes, que cada cual es muy dueño de su estómago y de su boca. (www.terra.es/personal/jviram/cstman.htm). En dos ocasiones formó parte de la Junta Directiva de la Sociedad de Autores, constituida el 16 de junio de 1899 y de la que fue uno de sus primeros asociados,8 junto a 7 Luceño (1889: 87). 8 cfr. González Peña (1998). 17 otros escritores con los que mantenía una rica y cordial relación de amistad y de colaboración profesional. Luceño fue uno de los mejores saineteros de su tiempo junto a Ricardo de la Vega y Javier de Burgos. Se le considera sucesor de Ramón de la Cruz en la creación de sainetes que reflejan las costumbres del pueblo madrileño. Desde que en 1870 estrenara, bajo la dirección del famoso actor Emilio Mario, su primera obra Cuadros al fresco en el Teatro Lope de Rueda de la calle Barquillo—antiguo Circo de Paúl—, centró todos sus esfuerzos en escribir sainetes según el patrón clásico de su ilustre antecesor. Al día siguiente de su primer estreno, los carteles y periódicos hablaban de Luceña o Cerceño en lugar de Luceño, de quien no se sabía nada, pues sólo tenía veintiséis años. En una época en la que el teatro se surtía de piezas cortas traducidas del francés, Luceño veló por la pureza y el españolismo del sainete, logrando que este género bufo volviera a disfrutar del favor del público. Con una sencilla y bien elaborada versificación nos fue pintando una serie de virtudes y defectos de los personajes y ambientes más populares de su Madrid natal. Su refinado sentido satírico, adornado con efectos cómicos y chistes inesperados, le impide utilizar recursos ilícitos y groseros. Sin caer en la tentación de escribir piezas de enredo, juguetes cómicos, ni otro tipo de obras, escribió sainetes de acuerdo con el patrón clásico y tradicional: se fija en un medio social, en una clase determinada, en una costumbre o en una diversión; escoge los tipos adecuados y los presenta, dibujándoles de una vez, casi aisladamente, sin más unión que su comunidad de origen y las afinidades propias de su índole. Sus sainetes presentan tipos cómicos, sueltos, desperdigados, sin lazo de unión. Fue un excelente poeta dramático, autor de numerosas comedias, zarzuelas y sainetes. Su obra está formada por piezas originales, realizadas por él solo o en colaboración con otros autores, refundiciones de autores clásicos, y traducciones y 18 arreglos de comedias francesas. Tomás Luceño fue un escritor prolífico que, además de sus muchas obras dramáticas, también publicó libros como Romances y otros excesos (1889) y Memorias...a la familia (1905), y colaboró en la redacción de La historia cómica de España9. El 20 de junio de 1910 donó generosamente a la Biblioteca Municipal de Madrid un número considerable de importantes obras.10 Disfrutó de una gran lucidez intelectual, y de una considerable capacidad de trabajo hasta los últimos días de su vida. Estuvo gravemente enfermo en dos ocasiones. En la segunda, después de recibir la extremaunción, Luceño alzó la cabeza y, sonriendo afablemente, dijo: “Ya me he puesto a bien con Dios. Ahora, con permiso de ustedes, voy a entrar en el periodo agónico”. Poco antes de morir escribió su epitafio en la revista Blanco y negro, en la serie de artículos que publicó durante varios años con el título “Mi teatrillo”: El día que yo me muera diré desde mi almohada: Aquí terminó el sainete. ¡Perdonad sus muchas faltas!11 Existe otra variante del mismo epitafio: Cuando yo esté en la agonía pronunciaré estas palabras: Aquí da fin el sainete, perdonad sus muchas faltas.12 Su amigo, el periodista Diego San José, escribió unos comentarios sobre su último encuentro con don Tomás Luceño: La última vez que le vi fue no más que hace tres días; no se encontraba bueno, y se acababa de acostar. 9 cfr. Taboada (1911). 10 cfr. registro de la Biblioteca Municipal, 20-VI-1910. 11 cfr. La Voz, 29-I-1933, p. 7. 12 Luceño (1889: 88). 19 –No te alarmes –me dijo–; es que la cama es mi elemento. ¡Bendito sea el que la inventó! Sin embargo, ya va siendo hora de que prepares mi artículo necrológico, porque el día menos pensado vienes a verme y te encuentras con que he salido...para no volver. Nos encargó mucho que cuando llegase el terrible trance, le procurásemos una extremaunción baratita, porque los tiempos no estaban para gastos, e insistió en su tema, conocido y expresado hace muchos años, de que no le enterrasen por la mañana, porque no le gustaba madrugar y era capaz de no ir... –Ten mucho cuidado con lo que digas en mi artículo necrológico, no me vayas a poner en ridículo. Mira, ¿por qué no lo haces ya y me lo enseñas? Me gustaría conocerlo. Desde luego, di que fui un alumno aplicado de D. Ramón de la Cruz, buen condiscípulo de Ricardo de la Vega, de Javier de Burgos y de Vital Aza; los cuatro nos queríamos mucho y nos alabábamos sinceramente nuestras mutuas obras, inspiradas siempre, como las de nuestro maestro, en el alma del pueblo y en la pintura de costumbres de la clase media, y como ejemplos míos te autorizo para que pongas, sin ruborizarme, con elogios rimbombantes: Ultramarinos, Amén o el ilustre enfermo, Cuadros al fresco y Carranza y compañía. (...) Y continuaba, porque el insigne viejecito estaba aquella tarde tan locuaz e ingenioso como tenía por costumbre. –Y para que no todo sea bombo, di que también he escrito muchas tonterías –Eso no, D. Tomás–protesté yo, y replicó él: –Sí, Dieguito, sí. He sido taquígrafo de las Cortes durante cincuenta años, y secretario político de varios ministros. Lo que no he sido es académico; claro es que de ello me consuelo con saber que tampoco lo fueron el autor del “Manolo” ni el de “La verbena de la Paloma”; pero en cambio, tengo una calle que lleva mi nombre, no en Madrid, sino en Tarazona de la Mancha, pueblo de mi mujer, donde hasta que ella murió, he ido a pasar los veranos. Pero Madrid me lo pondrá, ¿no lo crees así? Si la tienen Rodríguez San Pedro y Constantino Rodríguez, ¿por qué no he de tenerla yo?13 Víctima de una bronconeumonía, Tomás Luceño murió en Madrid en su casa de la Cuesta de Santo Domingo, nº 14, el 27 de enero de l933, a las seis de la tarde, cuando tenía ochenta y ocho años de edad. Fue enterrado en la Sacramental de San Isidro a las cuatro de la tarde del día siguiente, acompañado por sus familiares, amigos y personalidades relacionadas con el mundo del teatro. Entre la numerosa comitiva que acompañó al cadáver, rindiendo así un homenaje póstumo a la gloria del gran sainetero español, vimos a los Sres. Cabello Lapiedra, Monasterio Pascual Frutos, Carsi, Juste, Muro Lara, Aznar (D. Joaquín), Villa, Pérez Zúñiga, Ángel Lázaro y Acevedo, que ostentaban la representación de la Asociación de Actores y Artistas; Gabaldón, en nombre de los críticos de teatro; Ramos Martín, representando a la Sociedad de Autores; Romea, Álvarez Quintero (D. Serafín), Casero y otros que harían la lista interminable. El Ayuntamiento de Madrid y la Sociedad de Autores enviaron magníficas coronas. En los pliegos expuestos en la casa mortuoria firmaron las más salientes e ilustres personalidades de las letras españolas. Entre los firmantes figura, a pesar de su estado de salud, el ex-presidente del Consejo de ministros, D. José Sánchez Guerra. El acto de entierro de D. Tomás Luceño constituyó una grandiosa manifestación de duelo del pueblo de Madrid.14 13 El Liberal, 28-I-1933, p. 7. 14 La Libertad, 29-I-1933, p. 6. 20 La prensa madrileña (ABC, Ahora, El Alcázar, El Liberal, Informaciones, La Libertad, La Voz) se hizo eco del fallecimiento y publicó numerosos artículos, esquelas, fotografías y grabados sobre tan querido autor dramático. I.2. Tomás Luceño y su época Tomás Luceño vive una época en la que España experimenta la revolución Gloriosa (septiembre de 1968), el sexenio democrático (1868-1874), la Primera República (1873- 1874), la Restauración borbónica, el movimiento regeneracionista y la Segunda República (1931). Hemos podido comprobar que nuestro autor refleja muchos de estos acontecimientos históricos en su obra dramática. Por ejemplo, el reclutamiento de los quintos (Un juicio de exenciones), el desfile de los soldados que van a Cuba (Cuadros al fresco), las nuevas industrias en las ciudades (¡Hoy sale, hoy!...), los movimientos liberales y anarquistas (Un tío que se las trae) y los cambios de gobierno (Las recomendaciones y ¡Amén! o el ilustre enfermo). Luceño también sufrió en la Revolución de 1868 la condición de cesante, que tanto aparece en sus sainetes: En Gobernación serví cargos de modesta clase; vino la Revolución y me declaró cesante, que, por lo visto, no trajo más misión, ni más alcances, que los de quitarme a mí aquellos cinco mil reales (Romances, p. 9). La Revolución de Septiembre triunfó, como triunfa siempre la lógica, y pareciéndole mal que quien sirvió de escribiente a la reacción, siguiera ejerciendo tan alto cargo cerca del progreso, el nuevo Subsecretario me dejó cesante, sin decir siquiera que quedaba muy satisfecho del celo e inteligencia con que yo me había conducido. Este fue un golpe de muerte para la Revolución, la cual empezó a decaer, como todas mis obras dramáticas, a la segunda escena del primer acto.15 15 Luceño (1905: 6). 21 En Memorias... a la familia (1905: 51-61) comenta con escepticismo la forma que tiene el pueblo español de vivir estos acontecimientos políticos. Cuando Luceño empieza a ser conocido en el panorama teatral, no tienen cabida las exaltaciones políticas ni románticas; la sociedad se encuentra relativamente unida en torno a ciertos ideales que todos comparten, como se refleja en uno de sus sainetes: Aquí no hay ni una disputa, /todos rezan y trabajan, /todos nos queremos bien (T, vv 145-147). Atrás han quedado guerras civiles,16 pronunciamientos y luchas políticas. España ha pasado del absolutismo monárquico a la monarquía parlamentaria. Una sociedad capitalista de clases va sustituyendo a la vieja sociedad feudal. Sin embargo, la revolución burguesa no implicó una revolución industrial, pues el sector agrícola seguía siendo el impulsor de la economía. La alta burguesía acapara los puestos políticos, se va haciendo más conservadora y se enfrenta a los intereses de la baja burguesía y del pueblo. Luceño critica la incultura de algunos políticos: De todas estas frases, y de otras que pudiera añadir, la más notable, y cuyo sentido nunca he podido desentrañar, fue la siguiente, que me dijo en su despacho un ministro cuando yo servía en Fomento, hace, como dicen muchos, un porción de años: —Luceño, usted que es medio literato, afíleme usted este lápiz.17 También le incomodan los modales incorrectos y orgullosos de algunos personajes públicos que se relacionaron con él en el Ministerio y en el Senado: Soy algo vanidosillo, me cargan los personajes, porque cuando los saludo no se dignan contestarme, como si fuera difícil en este mundo de azares ser concejal, diputado, ministro o subsecretaire. (Léase como está escrito, que si no, no es asonante.)18 16 cfr. La noche de “El trovador”(cuadro 1º, escena 1ª): se vislumbra con ironía una tendencia antimilitar. 17 Luceño (1905: 87). 18 Luceño (1889: 11). 22 A los candidatos políticos como Carranza les da unos buenos consejos morales: Lograrás algunos votos de dos o tres mentecatos; pero no la estimación de todos los ciudadanos, porque ésa sólo se alcanza a fuerza de gran trabajo, de virtudes y otras prendas que Dios a ti te ha negado (CC, vv. 430-437). Mercedes, como mucha gente del pueblo, comenta: Político distinguido ha de ser, porque en tragar no se le ve descansar, ni siquiera por cumplir (A, vv. 558-562). Nos encontramos en un momento en el que la Restauración de la monarquía borbónica se está afianzando y en el que la sociedad burguesa busca su sitio y protagonismo. Luceño no oculta su pensamiento antimonárquico en anécdotas como la de Pacheco que soplaba un cuerno de caza para distraer a la gente cada vez que venía el monarca a visitar a su amante. (...)y Pacheco de Narváez, que rival no ha conocido en la ciencia de adular19 al Rey, de quien era íntimo, profesor de armas, y siempre tercero en sus amoríos, adquirió a peso de oro, que salió de su bolsillo, el cuerpo del animal tantas veces referido;(...) que por evitar Pacheco que el Monarca fuera visto, porque allí todas las tardes acudía muy solícito, a tratar con una dama, de negocios nada limpios, cogía un cuerno de caza y soplando de lo lindo, alborotaba la calle con aquellos resoplidos.20 Esta Restauración es una consecuencia natural e histórica de la revolución burguesa y liberal que se inició en el siglo de la Ilustración.21 El régimen de la Restauración se 19 cf. el sainete Adula y vencerás. 20 Luceño (1889: 120). 21 cfr. Trigo Ehlers (1984). 23 asienta en los años setenta con la proclamación del rey Alfonso XII, la Constitución de l876 y la liquidación de la tercera guerra carlista. La sociedad española vive una relativa pacificación y estabilidad y la clase media tiene tiempo y medios para dedicarse a temas sociales y culturales. Tomás Luceño, desde su puesto de taquígrafo del Senado, pudo vivir muy de cerca todos estos acontecimientos socio-políticos. Son muchas las anécdotas graciosas de su vida. En cierta ocasión, el ministro López de Ayala presentó a Luceño a una dama de la siguiente manera: –Aquí tiene usted a mi amigo Luceño, el hombre que ha escrito más tonterías en este mundo. –¿Es usted escritor?–inquirió la dama. A lo que Luceño respondió: -No, señora; soy taquígrafo.22 Desde el punto de vista literario, la novela histórica de origen romántico, en la que los protagonistas son reflejo de la ruptura con el mundo que les rodea, va perdiendo importancia. Tiene más éxito la novela histórica de aventuras, cuyo héroe se opone al mundo que le rodea, pero, al final, vence y llega a su destino. En este tipo de novelas, la historia es un pretexto para defender los ideales políticos contemporáneos. En la novela de aventuras históricas, destaca el triunfo del protagonista sobre su mundo circundante, que ha dejado de estar en conflicto con él.23 Los folletines o novelas por entregas tienen una fácil acogida entre el público femenino, la clase obrera y artesanal, y la pequeña burguesía.24 El mismo Ferreras llega a esta conclusión teniendo en cuenta los protagonistas (obreros, sirvientes, planchadoras, costureras, comerciantes y artesanos), los temas (el trabajo ejemplar, el amor, el adulterio, el matrimonio, los hijos abandonados, el patrono) y los ambientes (pobreza, miseria y hambre). 22 La Voz, 29-I-1933, p. 8: “Fallecimiento sentido”. 23 cfr. Ferreras (1989). 24 esto se puede comprobar en algunos sainetes como, por ejemplo, Carranza y Compañía. 24 Estos folletines tienen una fuerte carga de dualismo moral que facilita la formación de una falsa conciencia, apoyándose en el sentimentalismo y sin afrontar los problemas reales. Los valores que defienden son propios de la moral de la clases dominantes, el pactismo y el conformismo. La concepción tradicional sigue enfrentándose a la concepción liberal a lo largo de todo el siglo XIX. Los ideales de libertad, justicia y fraternidad, traídos por los ilustrados, y que están presentes en los sainetes de Luceño, siguen vigentes y suscitan la reacción de los poderes más conservadores. En el sector progresista y democrático, triunfa la filosofía krausista alemana sobre la utopía socializante francesa. Julián Sanz del Río, catedrático de Historia de la Filosofía de la Universidad de Madrid, divulga el krausismo a partir del año 1854. Los krausistas defienden un racionalismo liberal y reformista a través de un proceso evolutivo reforzado pedagógicamente.25 Sus principales valores son la tolerancia, la libertad, la honestidad intelectual, la responsabilidad y la dignidad de la persona. Están a favor de la libertad en el orden político y la propiedad privada en el orden socioeconómico. Estos ideales constituyen el tema de la moraleja de varios sainetes de Luceño como, por ejemplo, Cuadros al fresco y Un tío que se las trae. Baldomero Civilización no es esto... Es el trabajo constante, la unión de la humanidad en vínculos fraternales; la fábrica, el desarrollo de las ciencias y las artes; y es, finalmente, marchar mirando siempre adelante, que sólo con el progreso los pueblos pueden ser grandes. (T, v. 836-845). 25 cfr. La noche de “El trovador” (vv. 546-559): el maestro de García Gutiérrez desconoce la ortografía; y Un tío que se las trae: Braulia dice que lo primero es educar al pueblo, (v. 655). 25 El catolicismo se vinculó estrechamente con el absolutismo y con el carlismo. Perdida la guerra civil por los carlistas,26 el catolicismo se manifestó abiertamente hostil a la política liberal en todos los terrenos. Menéndez Pelayo afirma que Jaime Balmes y Donoso Cortés compendian el movimiento católico en España desde el año 1834.27 Tomás Luceño era un español católico, respetuoso con las tradiciones y ritos religiosos, y un liberal-conservador con una gran cultura y rica experiencia de la vida. (...) y en plena Semana Santa arrepentidos entramos, y con fervor religioso recorremos los sagrarios, y en plateadas bandejas, galantes, depositamos, lo que podemos y, a veces, lo que debemos, que hay casos en que uno se empeña por salir airoso del paso.28 Sin embargo, a pesar del catolicismo oficial de la sociedad española, no hemos encontrado ningún dato significativo relacionado con el hecho religioso en toda su obra dramática, salvo ligeras referencias a la asistencia al templo por parte de alguna mujer, por ejemplo en Ultramarinos. A veces se encuentran referencias irónicas al uso que se hace de la iglesia. Rita, a pesar de los malos tratos de su difunto marido, dice: Y ahí tiene usted lo que son las cosas; le amaba con frenesí, y hoy lloro como una loca su muerte, y voy a la iglesia y allí estoy dos o tres horas rezando por su descanso. (Ap.) Y viendo si las devotas tienen algo en el bolsillo que me sirva (CF, vv. 589-597). 26 cfr. La noche de “El trovador”: los madrileños no se toman en serio la guerra entre carlistas y cristinos (o guiris para los vasco-navarros). 27 cfr. Menéndez Pelayo (1962). 28 Luceño (1889: 52). 26 Lucía viene de misa, de confesarse y de hacer la penitencia y se queja de que su marido no ha preparado la lumbre para hacer el chocolate (U. v. 529). Un capellán rechaza airado El Motín pero compra gustoso La noche de novios (LI. vv. 74-76). María Ladvenant es asediada por los petimetres en la iglesia y cuando reza el padrenuestro no le da tiempo a pedirle a Dios que no le deje caer en la tentación (LC, vv. 357-368). En la Segunda República satiriza a monjas y frailes: Mira a chichito, /él solo se mete en casa /con la humildad de una monja; (...) parece un fraile que cena en casa de otra persona. (AV. vv. 22-32). También ridiculiza el uso supersticioso de ciertos signos religiosos: Trifón (Santiguándose al aparecer.) ¡Ea! en el nombre del padre, del hijo...Amén. Ya estoy dentro (FN, vv. 220-221). Rufino promete ir descalzo al cerrillo de San Blas si se cura el enfermo (A, II). El médico de un pueblo comenta: Si acaso dice la gente, dándoselas de cristiana: “se salvaron por los credos que a Dios rezamos en casa...” Con lo cual a Dios ofenden y al médico no le pagan (T, vv. 278-283). A partir de 1875, la filosofía positivista comienza a superar al idealismo krausista y al pragmatismo oficial. En los años ochenta, España va asimilando su pasado y afronta el futuro con mayor madurez. Esto se refleja en la producción literaria, pues la descripción estática del artículo y de la novela costumbrista va dando paso al análisis más objetivo de los problemas de las clases medias en la novela realista y naturalista. El régimen monárquico se va consolidando. El bipartidismo de conservadores y liberales va funcionando. La impronta canovista de los primeros años de la Restauración da paso a la tendencia más liberal de los años 80. Se consagran formalmente los grandes principios liberales con el juicio por jurado y el sufragio universal. Con el desarrollo económico, aumenta la población rural que llega a las ciudades buscando trabajo. Crece el número de obreros y se impone la libertad de asociación. Surge el socialismo español 27 como partido político y como central sindical (1879), adquieren fuerza los movimientos regionalistas en Cataluña, País Vasco y Galicia y los grupos anarquistas.29 España intenta una mayor aproximación a Europa. En la última década de la centuria, los ideales positivistas y europeos se van consolidando y mezclando con los del nuevo simbolismo. Al final, llega la guerra colonial y la pérdida de Cuba y Filipinas (1898).30 En este periodo hay continuidad entre la última etapa de la España isabelina, el sexenio liberal, la Restauración y la crisis de 1898.31 Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-1931) gobiernan los conservadores (Maura: 1904-1909) y los liberales (Canalejas: 1909-1912) y se producen varios cambios culturales importantes: crece el poder de la prensa, se estructura la enseñanza pública (ley Moyano de l857), la Institución Libre de Enseñanza (1876) adquiere prestigio e influencia, se crea el Ateneo (aunque se fundó en 1820, fue cerrado y reorganizado varias veces), se implantan los nuevos avances científicos y técnicos: teléfono, tranvía, electricidad, ferrocarril,32y sigue el oscurantismo de la Iglesia católica y el alto porcentaje de analfabetismo. Luceño era un gran defensor de la cultura y del uso correcto de la lengua oral y escrita. En el siguiente artículo ridiculiza las incorrecciones de algunos rótulos: Vino Pardiyo y Moscatel. —Hombre, ¿conque, por fin, ha venido Pardiyo? ¡Cuánto me alegro”!—le dije al dueño de la taberna, que estaba situada fuera de la Puerta de Alcalá. Dígale usted que salga, porque tengo que hablarle.33 29 cfr. el sainete Un tío que se las trae. 30 se hace referencia a estas dos colonias españolas en CF, FN, y A. 31 cfr. Tuñón de Lara (1985). 32 Tula está muy contenta del viaje que ha hecho en ferrocarril hasta Madrid (R., escena III). 33 Luceño (1889: 33). 28 Como buen representante del pensamiento ilustrado, no pierde la oportunidad de enseñarnos a hablar y a escribir correctamente: Volviendo a la ilación de mi asunto...Sí, señores, ilación sin ache, porque algunos de ustedes se figuran que viene de hilo, y no hay tales carneros; hilo es una cosa distinta de ilación, que significa orden progresivo y sintético de un discurso. Es que ya me voy cansando de aguantar reprensiones injustificadas. Y a este propósito recuerdo un insulto que me dirigió el Subsecretario de un ministerio en que yo servía hace muchos años. Al final de un informe que emití en determinado expediente, y antes de estampar mi firma, puse: “Vuecencia, sin embargo, se dignará de resolver lo que juzgue más oportuno.” —¿Usted sabe Gramática castellana?—me preguntó. —La conozco, aunque no sea más que de oídas, Sr. Subsecretario,—le contesté. —Dignarse de ...es un disparate. Como vuelva usted a reincidir le cuesta el destino. ¡Vaya unos escritores!—añadió con el mayor desdén.34 Más adelante condena la confusión lamentable que produce el excesivo e incorrecto uso de modismos como: no eche a mala parte; habla bajo porque las paredes oyen; es más sordo que una tapia; libre de todo compromiso; “memorias de mi tío; muchas gracias; devuélvaselas usted”; esto me lo dijo antes de morir. Tomás Luceño estaba muy orgulloso de su ciudad madrileña y de sus hijos ilustres. En un artículo hace hablar a dos estatuas: la de Francisco Piquer (capellán de las Descalzas y fundador del Monte de Piedad) y la del Marqués viudo de Pontejos (Corregidor de la Villa) para exaltar las maravillas monumentales de Madrid.35 Fue un hijo de su época, la cual conoció y amó como ninguno, y supo retratarla artísticamente en su rica y variada producción dramática. Tenía una especial habilidad para representar situaciones concretas y bien definidas, transmitiendo fácilmente a los espectadores la vida, el color y los movimientos reales más sencillos y graciosos de personajes típicos y de cuadros costumbristas. 34 Luceño (1905: 72). 35 cfr. Luceño (1889: 65-72). 29 I.3. Refundiciones Tomás Luceño solía comentar con sus amigos que había realizado refundiciones de obras clásicas con la noble intención de difundir estas joyas de la literatura española entre el pueblo: Ahora me ha dado por refundir obras del teatro antiguo. Esto me produce algún resultado pecuniario; pero ¡ay! cuántos palos y cuántas advertencias paternales de los críticos, no expresadas siempre en forma correcta y pía.36 Este anhelo responde al viejo lema de “enseñar deleitando”, que tan correctamente supo aplicar. Pretendía vulgarizar las obras clásicas, es decir, permitir que la gente disfrutara y aprendiera con los clásicos. A veces se quejaba de la incomprensión y desconocimiento de los críticos por su forma de refundirlos. No te olvides de mis refundiciones del teatro clásico, hechas, no por afán vanidoso de enmendar la plana a Lope, Tirso, Calderón y Moreto, sino con la noble intención de vulgarizar sus obras maestras entre el pueblo que no las conocía. No creo haberlo hecho mal del todo, porque soy un hombre muy escrupuloso de mi conducta, hasta el punto de que cuando en la vida o en mi despacho hago algo que no me deja satisfecho, no puedo dormir, y hasta ahora, si alguna vez Moreto, Calderón, Tirso o Lope se han mezclado en mis sueños ha sido para decirme: “¡Gracias, Tomás!”. Mira, esto no lo digas, porque pueden creer que me das tono. Yo te juro que es verdad; pero no lo digas, Dieguito. No tengo enemigos; pero pueden salirme.37 Los principales autores clásicos refundidos por Tomás Luceño fueron: Cervantes (Es de vidrio la mujer o El curioso impertinente), Lope de Vega (La hermosa fea, La moza del cántaro, El mejor alcalde, el rey), Tirso de Molina (Don Gil de las calzas verdes), Juan Ruiz de Alarcón (El examen de maridos), Calderón de la Barca (A secreto agravio, secreta venganza, El mayor monstruo, los celos), y Francisco de Rojas Zorrilla (Amo y criado y Lances de amo y criado, Don Lucas del Cigarral. En la edición de La niña del estanquero (R. Velasco, Madrid, 1897: 44), aparece el título Gori, gori o El portugués de Madrid, como sainete atribuido al mismo autor, refundición del entremés que escribió Luis Quiñones de Benavente en el siglo XVII. 36 Luceño (1905: 9). 37 El Liberal (28-I-1933, p. 7). 30 Zarzuelas Las zarzuelas compuestas por Tomás Luceño, lejos de las primeras obras del teatro lírico español del siglo XVII, siguen también el modelo de las escritas por Ramón de la Cruz en el siglo XVIII, mucho más realistas y populares. Estas zarzuelas líricas se representaban también en un solo acto, excepto Don Lucas del Cigarral, que tiene tres. En las cuatro zarzuelas que refundió predominan los rasgos cómicos sobre los dramáticos: -Don Lucas del Cigarral Refundición de la comedia de Francisco de Rojas: Entre bobos anda el juego, estrenada en el Teatro Parish el 18-2-1899. Después de despedir a unos cómicos de la legua en el zaguán de una venta, Isabel comenta con su criada Andrea cómo su padre Antonio la ha prometido en casamiento al viejo avaro Lucas. Cabellera, criado de éste, les habla mal de su dueño y muy bien de su primo Pedro, que es pretendido por Alfonsa, hermana de Lucas. Éste le encarga a Pedro que alabe la belleza de su prometida, a quien meses antes había salvado de un toro. Días más tarde, Pedro se cita con Isabel con la ayuda de Cabellera en el patio de un mesón de Illescas. Por la noche Luis galantea con Alfonsa creyendo que se trata de Isabel, mientras que Alfonsa cree que está hablando con Pedro. Isabel y Alfonsa imprecan celosamente a Pedro. El acto tercero transcurre en el cigarral de Lucas: unos cómicos representan un entremés sobre viejo rico casado con mujer joven, en el que Juan Rana38 hace el papel de Lucas. Éste se da cuenta del mensaje y cede y apadrina la boda de Isabel y Pedro, y de Luis con Alfonsa. 38 cfr. Cotarelo (1911: CLV-CLXIV), para conocer datos biográficos de Juan Rana. 31 -A estudiar a Salamanca Zarzuela en un acto, con música de José Mª Güervos y Vives Roig, estrenada en el Teatro Apolo el 10-V-1901. -El progreso evolutivo o Comestibles finos Zarzuela, con música de Roberto Jiménez Ortells, estrenada en el Apolo el 1-V-912. -El mejor alcalde, el rey Zarzuela de T. Luceño y E. Sierra, con música de Amadeo Vives. -Un tío vivo (sin localizar). -Comedias -Amo y criado El título original de la comedia en tres actos, original de Francisco de Rojas, era Donde hay agravios no hay celos y Amo y criado. Luceño la refundió en cuatro actos y fue estrenada en el Teatro Español el 6-3-1911. Sancho dice a su amo Juan que envió su retrato cambiado a su prometida Inés. Ambos ven que Lope desciende del balcón de ésta por la noche. Éste se había enamorado de Ana, hija de Alfonso de Alvarado y hermana de Diego, a quien mató por defender el honor de su hermana. Juan se declara a Inés y Ana cuenta todo y ataca celosa a Lope, con el que se reconcilia. Al final se aclara todo y se cumple el dicho: hay celos donde hay amor y donde hay agravios no hay celos. -Don Gil de las calzas verdes Comedia en tres actos, original de Tirso de Molina, refundida por Tomás Luceño, estrenada en el Teatro de la Comedia el 4-10-1902. 32 Juana está prometida con Martín, pero el padre de éste se compromete con el rico Pedro Belastegui para casarle con su hija Inés, que está enamorada de Juan. Pedro cambia su nombre por el de Gil, para que no sospeche Juana. Ésta se entera y va a Madrid disfrazada de Gil con unas calzas verdes. Inés y su prima Clara se enamoran de éste. Juana, con el nombre de Elvira, alquila una casa enfrente de la de Inés. Ésta le cuenta que Gil es su enamorado Miguel de Cisneros y que hay otro Gil de Albornoz. Quintana, criado de Juana, dice a Martín que Juana ha muerto y que la gente cree que su alma se ha encarnado en Gil. Inés acusa a Gil de que engaña a tres mujeres: a ella, a Clara y a Elvira. Gil le dice que en realidad es Elvira. Al final se disfrazan de Gil: Juana, Inés, Clara y Martín. Llega Diego, padre de Juana. Quintana aclara todo: Juana se desposa con Martín e Inés con Juan. -El examen de maridos o Antes que te cases mira lo que haces Comedia en tres actos, original de Alarcón. Inés dice a su criada Mencia que su padre le escribió antes de morir: “Antes de que te cases, mira lo que haces”; y por eso va a realizar el examen de maridos, con la ayuda de su amigo Beltrán y de su criado Ochavo. Acuden los condes pretendientes: Alberto, Juan de Guzmán y Guillén. Blanca, enamorada del marqués Fadrique, pretende, con la ayuda de su criada Clavela, que Inés le rechace y elija al conde Carlos. Éste desafía a todos los pretendientes pero se reconcilia con su amigo el marqués y le ayuda contra las calumnias. Carlos declara su amor por Dª Blanca e Inés se desposa con el marqués. -El imposible mayor Comedia en verso, dos jornadas, precedidas de prólogo, a imitación de una obra de teatro antiguo, estrenada en el Teatro de la Princesa el 7-4-1926. 33 Se cumple el dicho: El imposible mayor es guardar la honra de una mujer. Un hermano vigila la honra de su hermana pero es burlado. Ana ayuda a Félix a desposarse con Inés, a la que su hermano Juan quiere casar con Rojas. Tarugo, criado de Ana, se disfraza del guatemalteco Crisanto Arteaga, supuestamente enviado por una prima de Juan, con la excusa de que va a casarse con una hija de Félix de Alvarado. Tarugo introduce a Félix en la casa de Juan para que se encuentre con Inés. Otro día dice a Juan que Félix ha dejado embarazada a una mujer y que se la lleve a su casa. Juan accede; pero en realidad la mujer disfrazada es su hermana Inés. Al final permite el casamiento de Félix e Inés. -El licenciado Vidriera Comedia en tres actos, original de Agustín Moreto, estrenada en el Teatro de la Princesa en 1923. Carlos cuenta a su criado Gerardo que está haciendo méritos pra que el Gobernador Pompeyo le dé la mano de su hija Laura. El duque de Urbino pretende a Casandra, quien va a atacar la ciudad con el marqués Federico. Carlos coge prisionera a Casandra, pero todos creen que el mérito fue de Lisardo, a quien el duque concede la mano de Laura. Ésta y su criada Celia desprecian la pobreza de Carlos y Gerardo, aunque se aman. Carlos se queja a Casandra, pero es despreciado y éste da muestras de haber perdido el juicio y dice que es de vidrio. Todos le llaman “el licenciado vidriera” y anhelan su compañía. Carlos quiere evitar la boda de Laura y Lisardo, abandona su locura fingida y consigue que el duque le escuche y crea la verdad de los hechos. Éste destierra a Lisardo y destituye a Pompeyo. 34 -Es de vidrio la mujer o El curioso impertinente Novela de Cervantes, versificada y adaptada a la escena. Anselmo pide a su amigo Lotario que seduzca a su esposa Camila. Lotario dice que su mujer lo rechazó, pero Lotario dice que miente. Camila se da cuenta y dice a su doncella Leonela que cite a Lotario y llame a su marido para que sea testigo. Éste queda convencido de la virtud de su mujer y recrimina a Leonela por tener un amante. Ésta avisa a Anselmo para que evite la huida de su esposa con Lotario. Anselmo, consciente de haber sido deshonrado, escribe: “Es de vidrio la mujer, pero no se ha de probar si se puede o no quebrar porque todo podría ser.” Finalmente se suicida. -La hermosa fea Comedia en cuatro actos, original de Lope de Vega, estrenada en el Teatro Español en 1923. Ricardo, príncipe de Polonia, antes de llegar al ducado de Lorena, escribe una carta a Celia, prima de la duquesa Estela, diciendo que tiene que viajar a España. Se hace pasar por su secretario Lauro, que es acusado de traición a su señor. Éste dice a Estela que ama a Clara y que Ricardo la llama fea. Llega al palacio el verdadero Ricardo y Estela se da cuenta del parecido con Lauro. Por la noche Estela y Clara creen ser amadas por Lauro. Estela dice a Lauro que quiere casarse con Ricardo; éste se desposa con ella y da a Octavio la mano de Clara. -La moza del cántaro Comedia en tres actos de Lope de Vega, estrenada en el Teatro Español el 8-3-1902. María mata a Diego por haber ofendido el honor de su padre Bernardo; huye y vive encubierta como criada con el nombre de Isabel, aunque es perdonada por el rey. Ésta 35 rechaza a sus pretendientes: Blas, Lorenzo, Pedro y un indiano. María y Leonor pasan al servicio de Ana, viuda pretendida por un conde. Ésta acepta el matrimonio de Leonor con Martín y de Juana con María, una vez que Isabel dice que es María Portocarrero y Villegas. -Lances de amo Comedia lírica en dos actos y en verso, refundición de la que, con el título de Donde hay agravios no hay celos y Amo y criado, escribió Francisco de Rojas; música de Rafael Calleja. Fue estrenada en el Teatro Cómico el 7-11-1912. -El abanico de su majestad. Refundición de El abanico de lady Windermere de Oscar Wilde, estrenada en el Teatro Calderón el 23-6-1930. -Preciosilla que pasa Sainete en un acto y en verso, escrito sobre el pensamiento de una novela de Cervantes. En la edición de La comedianta famosa (R. Velasco, Madrid, 1908, p. 35), aparecen los títulos de otras dos obras refundidas: La discreta enamorada, basada en la obra de Lope de Vega, y Los Tellos de Meneses. Tragedias -A secreto agravio, secreta venganza Tragedia en tres actos de Pedro Calderón de la Barca, estrenada en el Teatro Español en 1912. 36 En un camino, Lope cuenta a sus amigos Juan y Manrique que el rey de Portugal le da permiso para desposarse con Leonor en Lisboa. Ésta está triste pues cree que su amado Luis de Benavides ha muerto, pero éste aparece vestido de mercader con una sortija de diamantes. Leonor le dice que es tarde, se lamenta y le rechaza. En la casa de Lope, Leonor recapacita y pide a su criada Sirena que diga a D. Lope que no quiere casarse y que le ayude a citarse con Luis. Éste acude y lucha embozado con Juan. Lope, para guardar su honor, finge y dice que en su casa no hay más hombres y que fue él quien luchó. Manuel de Sosa agravia a Juan de Silva pues dice que Lope no tiene honor. Éste pide al rey que le destine a África para conseguir más honor. Leonor escribe y cita a Luis para no tener que quejarse y disculparse, pues quiere ser fiel esposa de Lope. Éste cuenta que Luis cayó del barco en el que se dirigían a la quinta del rey. Luego se quema la casa de Lope y muere Leonor. Al final de la tragedia, Lope dice a su amigo Juan: “A secreto agravio, secreta venganza”. -El mayor monstruo, los celos Tragedia en tres actos de Calderón de la Barca. El tetrarca de Jerusalén, para evitar los augurios de un judío, arroja su puñal por la ventana y hiere a Tolomeo, antiguo pretendiente de su esposa Mariene. En Menfis, el emperador Octaviano no puede evitar la huida de Cleopatra y Marco Antonio, y se dirige a Jerusalén para apresar al tetrarca. Éste ve el retrato de su esposa en manos del emperador; intenta apuñalarle pero se interpone el retrato; encarga a Filipo que mate a Mariene. Ésta tiene celos de Libia y Tolomeo. Las autoridades de Jerusalén dan la bienvenida a Octaviano, quien perdona al tetrarca y deja que viva con su esposa Mariene. Octaviano ama y persigue a Mariene, pero ésta se resiste y cae el puñal del tetrarca en el suelo. Éste lo ve y lucha contra Octaviano, pero, al 37 intentar apuñalarlo, se interpone Mariene y muere. Desesperado y arrepentido, el tetrarca se arroja por la ventana. I.4. Traducciones Como otros autores contemporáneos y del siglo XVIII, Tomás Luceño realiza una serie de traducciones de comedias francesas, transformándolas y adaptándolas a su época. Ofrecemos a continuación una relación de títulos de dichas traducciones con sus correspondientes referencias bibliográficas, en su caso. -El rival de sí mismo Juguete cómico en tres actos y en prosa, escrito sobre el pensamiento de una obra extranjera, estrenado en el Coliseo imperial el 24-12-1908. Luciano Bernar cuenta a su amigo Esteban que sus padres lo casaron con Gabriela y que se ha cambiado de casa para alejarse de su amante Cecilia y de su madre Damiana. La criada Victoria anuncia la llegada de éstas, quienes le piden dinero y le dicen que han alquilado un apartamento cerca de su casa. Luciano se hace pasar por Peinador y Carvayales, un brasileño rico, para probar la fidelidad de su esposa y de su amante. El sablista Gustavo le chantajea por lo de su amante; también lo hacen dos nobles en representación del Barón de Tablada, quien dice que ha sido ultrajado por Damiana. Matilde se queda por la noche en casa mientras su amiga Gabriela se va al baile de la Gran Vía con su brasileño. Lo mismo hace Esteban, mientras Luciano está con Cecilia. Llega Tadeo, tío rico de América. Cuando Luciano y Gabriela se enteran de que serán herederos si están bien avenidos, desenmascaran a los chantajistas, a Damiana y a su hija Cecilia. 38 En la edición de La comedianta famosa (R. Velasco, Madrid, 1908:35), aparecen los siguientes títulos como obras traducidas del francés por Tomás Luceño: -La doncella de mi mujer Comedia en tres actos y en prosa, escrita sobre el pensamiento de una obra francesa, estrenada en el Teatro Principal de Zaragoza y en el Teatro de la Princesa el 24-12-1904. Nelly Rozier despide a su doncella Ernestina por culpa de su hermano Francisco y recibe a su amante Alberto Lebrunois, a quien dice que le vio con una mujer rubia en la calle. Éste quiere deshacerse de Nelly y le escribe anónimos previniéndola de su mujer Clemencia. Llega su antiguo amante Levirette pero le rechaza; también llega Luisa Godín, antigua doncella de Lebrunois y le da malos informes. Nelly se ofrece como doncella de Clemencia con el nombre de Antonia Pommier, para vengarse de Alberto, que abandone a su rubia amante Valentina y que sea fiel a su mujer. Llega del Congo el padrino de ésta, que es el marido huido de Gilberta (actual Nelly). Legris se arrepiente, llora y se reconcilia con su mujer, al reconocer su virtud. -Tartufo Comedia de Molière, refundida en cuatro actos y en verso, estrenada en el Teatro Cervantes de Málaga el 27-12-1913. Pernelle y su hijo Orgón son los únicos que defienden al “buen cristiano” Tartufo, en contra de su mujer Elmira, su cuñado Cleanto, sus hijos Damis y Mariana y la criada Dorina. Orgón había prometido la mano de su hija a Valere pero ahora se la ofrece a Tartufo y ésta obedece. Para desenmascarar al impostor urden la siguiente estratagema: que Elmira seduzca a Tartufo a cambio de que deje libre a Mariana. Damis denuncia la “infidelidad” de Elmira a Orgón. Tartufo reconoce su “culpa” y consigue el perdón del 39 marido y que éste se enfade con su hijo. Orgón es tachado de ciego por su familia. Todos son testigos de que Tartufo cae en la trampa e intenta seducir a Elmira. Aquel se disculpa diciendo que pretendía probar su virtud. Orgón pide perdón a su familia, pero Pernelle sigue convencida de la bondad de Tartufo, hasta que son desahuciados por éste, alegando que aquel firmó unas escrituras en su favor. Dos gendarmes vienen con Tartufo para apresar a Orgón por traición al rey. Cleanto y Dorina cuentan la verdad al rey. Tartufo es acusado de haber asesinado al padre de un gendarme. -En la calle de la amargura. Obras sin localizar: Lamentablemente, no hemos podido localizar toda la producción dramática de Tomás Luceño. Sin embargo, hemos encontrado algunas referencias en las portadillas de los impresos que hemos manejado, indicando que son obras del mismo autor. En la edición de ¡Amén! o El ilustre enfermo (R. Velasco, Madrid, 1890, p. 34) aparecen los títulos de los siguientes sainetes atribuidos al mismo autor: -¡Bateo, bateo!..., música de Julián Romea, estrenado el 14-X-1876 en el Teatro de la Comedia. -Enfermedades reinantes, estrenado en el Teatro Español. -[En]Los Portales de la Plaza, estrenado en el Teatro de la Comedia -Pavo y turrón, escrito con Javier de Burgos y con la música del maestro Nieto; estrenado en el Teatro Eslava. -Un domingo en el Rastro, música de los maestros Chueca y Valverde; estrenado el 12-II- 1885 en el Teatro Lara. 40 I.5. Obras originales En el siguiente cuadro presentamos las obras de Tomás Luceño que constituyen el objeto del presente estudio: veinte sainetes originales, una revista y un entremés, ordenados cronológicamente según la fecha de estreno: Título Género Tipo Obra Fecha Cuadros al fresco Sainete Original 1870/01/31 El arte por las nubes Sainete Original 1870/09/28 El teatro moderno Sainete Original 1870/12/17 Un juicio de exenciones Sainete Original 1879/02/20 ¡A perro chico! Sainete Original 1881/05/17 Fiesta Nacional Revista Original 1882/11/25 ¡Hoy sale, hoy!... Sainete lírico Original 1884/01/16 El corral de comedias Sainete Original 1885/10/15 Ultramarinos Sainete Original 1886/11/26 ¡Amén! o El ilustre enfermo Sainete Original 1890/04/08 Las Recomendaciones Sainete Original 1892/04/16 Carranza y Compañía Sainete Original 1893/03/07 Los lunes del "Imparcial" Sainete lírico Original 1894/02/03 La niña del estanquero Sainete lírico Original 1897/06/10 La comedianta famosa Sainete lírico Original 1907/12/03 ¿Cuántas, calentitas, Sainete lírico Original 1910/03/12 cuántas? Fraile fingido Entremés Original 1911/05/05 ¡Viva el difunto! Sainete Original 1916/03/20 El maestro de hacer Sainete lírico Original 1919/10/10 sainetes o los calesines Un tío que se las trae Sainete Original 39 Adula y vencerás o El Sainete Original 1932/04/28 caballo de FernandoVII La noche de “El trovador” Sainete Original sin estrenar 39 lamentablemente no hemos podido fijar la fecha de estreno, aunque sí aparece el nombre de los actores en el elenco de personajes en la edición que hemos manejado. 41 Argumento de las obras originales: 1. Cuadros al fresco Eloísa, tres meses después de conocer a Abelardo, se enfada con éste pues no quiere casarse antes de acabar los cinco años de carrera. Abelardo piensa en buscar a otra. Cosme, dueño de un puesto de café, sirve de fiado a un cesante. Tadeo, viejo verde, alardea de sus conquistas. Un barbero afeita al cesante pero éste huye sin pagar. Cornelio, padre de Eloísa, madruga para hacer la compra antes de que su mujer Ramona se despierte; pero ésta ha trasnochado con Salcedo en una casa de juegos. Éste intenta convencer a Manolillo, honrado jornalero, para que deje de trabajar y se asocie con él en el juego. La verdulera Nicolasa riñe con Anselma, antigua verdulera y actual criada de Tadeo. Cornelio las separa y después habla con Rita, vieja cleptómana, que roba una liebre a un criado; pero un pilluelo le pide la liebre a Rita. Un policía municipal multa a Andresito por hacer pis en la calle; pero Matilde, novia de Andresito, paga la multa. El cesante pide al municipal que intervenga en una riña, pero éste se marcha haciendo comentarios en contra del liberalismo. Finalmente, Nicolasa y un inválido contemplan un desfile de soldados que van a La Habana. 2. El arte por las nubes El joven dramaturgo Modesto lee orgullosamente su drama romántico. Lesmes, editor pobre, le exige que escriba romances más actuales. Luis, joven pintor, pide a su amigo Modesto que le deje vivir con él. Macallister, jugador, murgante y charlatán de feria, cuenta sus andanzas a Modesto y a Luis y contrata a este último como cabeza parlante. Ceferino, labrador aragonés, pregunta por su hijo Luis. Llega Carolina y 42 Ceferino galantea con ella sin saber que es la mujer de su hijo. Ceferino ataca a Macallister por la estafa de la cabeza parlante. Finalmente, todo se aclara y acaban reconciliándose. Ceferino invita a todos a cenar. 3. El teatro moderno En un café-teatro actúa Raimundo, hijo de Nicolás, quien va a inaugurar otro café- teatro. Socorro busca con su hijo a su marido Juan, que es memorialista. Nicanor pide a Ramón que recomiende a su hijo Felipe ante Nicolás. Restituta consigue que Lucas, maestro pobre, les invite a ella y a su hija Sinforosita. Un vendedor ofrece su mercancía. La bailarina Natalia riñe con Restituta y Sinforosa. Se representa una tragedia mientras los espectadores juegan a la lotería. El actor Raimundo es ayudado por su padre y el tablado se hunde. Ramón dice que el amo invita al público a jugar a la ruleta en otro cuarto. 4. Un juicio de exenciones Rosa pide a su madre que interceda ante su padre para librar de la mili a su novio en vez de a su hermano. Micaela y Crispín deciden quitar varios dientes a su hijo Antón para conseguir la exención de la mili, pero lo alistan. El sargento lee varias cartas de los que piden recomendaciones. El alguacil llama al Sargento para que talle a los quintos. Colás, novio de Rosa, finge ser mudo, pero cae en la trampa y habla. Un aldeano alega que ve poco pero se descubre que no sabe leer. Pedro alega que no da la talla. El alguacil dice que ha habido un motín en Madrid y que ya no hay alistamiento. Los declarados inútiles se ríen del alcalde. Éste declara que lo del motín era un truco para desenmascararlos. 43 5. ¡A perro chico!... Un empresario de un café-teatro, entusiasmado porque tiene un actor que remeda a los animales, habla con otro empresario fracasado. El traspunte llama a Cosme y Lucas, primer y segundo actor. El peluquero catalán Rufino habla con el traspunte, atiende al primer actor y recibe las quejas del segundo. El empresario da órdenes al jefe de la claque. Braulio, el apuntador, tiene que acoger en la concha a la mujer e hijo del traspunte y al ama del empresario. Elena y Rufino representan el drama. Cosme y Lucas se enfadan pero actúan como si fueran amigos. Celedonio, padre de la actriz se lleva a su hija. El público aplaude creyendo que es un final gracioso. Estalla un petardo y un agente pregunta por el autor. El empresario le presenta a los autores de la comedia. 6. Fiesta nacional Julián, portero de la escuela de toreo, lee una crítica periodística contra ésta y deja pasar gratis a Cornelio por ser aficionado a los toros. El Maestro habla con el viejo torero Manazas. Cuatro revisteros, El tío Jindama, El Toreo, El Tendido y El Enano cantan un couplet. Manazas enseña a Trifón a manejar la garrocha y a sufrir golpes. Remigia, madre de Rufina, coquetea con Trifón. Hay un acto académico donde se examina a los niños y se entregan los premios. Cornelio, marido de Remigia, golpea a Trifón. La mujer de éste, Dª Toribia, denuncia a un inspector la desaparición de su marido. Un señorito se ofrece a Manazas para ser monosabio. Los dos últimos cuadros representan una corrida de toros a la que acuden los personajes anteriores. Los mulilleros cantan. En la apoteosis final el toro voltea a los protagonistas de la academia taurina. 44 7. ¡Hoy sale, hoy!... Gregorio, dueño de una administración de lotería, recrimina a la voceadora de los números. Compran lotería: una cigarrera, un militar retirado, un papá supersticioso acompañado de su bebé, un chulo y una chula, dos guardias y un matrimonio de Móstoles. Unas billeteras cantan y venden lotería a Melitón y a Benigno, con la oposición de sus respectivas esposas. Canta un coro de serenos. Los jugadores de lotería van a la Casa de la Moneda. Canta un coro de cigarreras. Todos asisten al sorteo de la lotería de Navidad. Un coro de chicos canta para vender la lista grande de los premios. Al final, los perdedores van al Asilo del Pardo y un antiguo obrero da órdenes en su fábrica, que ha comprado con sus ahorros. 8. El corral de comedias Cristóbal, Luciano Comella y Juan de la Concha hablan mal de Leandro Fernández de Moratín y se enfadan porque el público aplaude su comedia, a pesar de haber pagado a la claque para boicotearla. Antonio, que piensa como Ramón de la Cruz, se burla de Narciso y la marquesita, fervorosos seguidores del torero Pedro Romero. Ramón de la Cruz y el Corregidor elogian la comedia de Moratín. Los tres críticos anteriores alaban hipócritamente a Moratín por su comedia y éste ensalza los sainetes de Ramón de la Cruz. 45 9. Ultramarinos El tendero Pablo, habla con sus dos dependientes, Mariano y Nicasio, que suelen discutir a menudo. Llegan a la tienda de ultramarinos varios clientes: Rufino, cochero que cuenta sus desdichas; Alfredito y Luisa, pareja de recién casados; el sereno Rodríguez; pero Antoñita, criada de once años, es la primera que viene a comprar con Tecla, su patrona; don Lino compra para su amante Rosa; Lucía, mujer de Lino, sospecha y discute con Rosa; un zapatero borracho pregunta por la dirección de su casa; dos cacos disfrazados de policías decomisan varios productos. Finalmente, don Pablo, desconsolado por lo mal que va su negocio, cierra el establecimiento y dice que se va a trasladar al centro de la ciudad. 10. ¡Amén! o El ilustre enfermo El presidente del Consejo de ministros está enfermo y recibe las visitas de personas interesadas. Miguel, ayuda de cámara, habla con el portero Lorenzo, que es su primo. Vienen a la casa tres médicos. Dos chulos meten ruido con un piano hasta que reciben una propina para que se larguen. Clotilde y Luisa se van enfadadas pues no les han dejado ver al enfermo. Un inspector de policía investiga una posible conspiración y sospecha de un desconocido, que resulta ser empleado de una funeraria, y de don Manuel, que busca la casa de un curandero. Un senador saca de paseo a dos hijos del enfermo para que se lo digan a su papá y le recomienden. Luis, secretario, se burla de los visitantes y dice que el Presidente ha sido destituido. 46 11. Las recomendaciones Mercedes despide a su buena criada pues tiene que contratar a otra recomendada, que es incompetente y descarada. Tula, hermana de Mercedes, viene a Madrid para solicitar una recomendación al ministro para su hijo Eduardo. En el ministerio, discuten dos porteros, Rufino y José. García, secretario del ministro, le lee las cartas de recomendación. Viene un general de la oposición a recomendar a un cesado y a su futuro yerno. Patro, Pura y José consiguen que el dinero de los maestros se destine a un hospital para perros. Viene Luque, portero de la Real Academia Española. El ministro atiende las recomendaciones del cacique Cardona y del diputado Rojas, y da otro destino a Eduardo. 12. Carranza y Compañía Carranza se presenta a las elecciones municipales y descuida los negocios de su tienda de regalos, que deja al cuidado de Ruperto, Lucas, Serafín y Motilón. Llegan varios dependientes: Lola y Soledad, jóvenes costureras; las señoritas Laura y Clotilde desean unos abanicos; Narciso, novio de Paquita; Sinforosa con sus hijas Patro y Petro, que se prueban unos guantes; un barón compra medias para su amante, pero es sorprendido por la baronesa. A la hora del cierre electoral sólo queda en la tienda un mendigo ciego. Al final, Felipe Carranza pierde las elecciones y es felicitado por sus dependientes, pues de esa manera podrá dedicarse más a su negocio y a su familia. 13. Los lunes del “Imparcial” Desfilan por el café “El Imparcial” varios personajes. La vendedora de periódicos Rufina busca novio para su hija Rosario, que baila un tango, con el acompañamiento de las jaleadoras. Un sablista es invitado por un capellán y por otro señor. Llegan Felipe, 47 marido borracho de Rufina. y doña Emilia con dos coristas. Rufina habla con el hijo de Celedonio, encerrado en el balcón por su madre, que tiene un amante. También habla de su hija con Anacleto, Tomasa y Antonia, viejas emperejiladas, con un barítono fracasado y con el cochero Antolín. 14. La niña del estanquero Flora y Jerónimo regentan un estanco por el que desfilan un flaco, un gordo, una señora, un jorobado, un cojo, una señorita, un sietemesino, un señor, una doncella, un soldado y un cartero. Flora desea que su hija Juanita triunfe como actriz, pero su padre se niega. Agapito dice a Irene y a sus tres hijas que se va solo al teatro pues no tiene dinero para todas; pero un admirador les da cuatro entradas a condición de que animen con la claque. Alfredo, pretendiente ignorado por Juanita intenta sabotear la representación de la zarzuela. En el café teatro intervienen el empresario, el tramoyista, el peluquero, dos actores y los abonados. El padre entra en el escenario y se lleva a su hija. El público aplaude. Un inspector de policía se lleva a los autores. 15. La comedianta famosa En el primer cuadro un alguacil quiere arrestar a una pareja de majos, pero un alférez dice al alguacil que le busca el Corregidor. Gorito, admirador de la famosa actriz, habla con ellos. En el segundo cuadro, un duque celoso coquetea con María Ladvenant, la comedianta famosa. El tapicero Gorito se disfraza de marqués para estar con María. Un marqués se disfraza de tapicero. María sospecha y trama un escarmiento. Encierra al marqués en un cuarto, con la excusa de que viene su mujer, y dice a su criada que traiga a la mujer y al suegro de Gorito. María encierra a Teresita en el lugar donde se supone que 48 está el marqués, para que Gorito sienta celos. Al final sale María, disfrazada de hombre, con Teresita, mujer de Gorito, y explica el embrollo. 16. ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Gregorio cuenta a Santiago sus amores pasados con la castañera Temeraria a quien desdeñó por casarse con Javiera, viuda de un carpintero. Domingo, criado de Javiera y Gregorio, discute con éste y le pide la paga. Los majos Macareno y Pintosilla echan en cara a Gregorio haber cambiado a la Paca por la Temeraria. Javiera prepara una fiesta y trama un escarmiento para su marido con la ayuda de sus amigas y actrices. Ubalda, vecina rica que se queja de su marido Luisito, deja un quinquet a Javiera para la representación. En la farsa, la Figueras, que hace el papel de Javiera y la Caramba, el de Temeraria, intentan apalear a Gorito, pero es defendido por su mujer Javiera. 17. Fraile fingido Francisco, marido de Casilda, invita a sus jornaleros antes de ir a trabajar al campo. Casilda se queda en casa con su tía Josefa y recibe la visita del estudiante que la pretende. Francisco vuelve y sospecha. Josefa se disfraza de fraile y convence a todos de que Casilda es una esposa fiel y piadosa que pidió confesión. Salen de la casa el estudiante, con el hábito de fraile que le ha dado Josefa, ésta y Casilda. El fraile bendice a todos utilizando palabras latinas y se va. 18. ¡Viva el difunto! La actriz María ensaya con otros actores El mayor monstruo los celos y rechaza a Robles para el papel de protagonista. Narciso dice que la Caramba se ha retirado de la escena y le dedican unos versos. Los comediantes prefieren las tragedias francesas a las 49 comedias antiguas. Cerezo, segundo marido de María, dice que el Corregidor prohíbe bailar seguidillas manchegas sin ver primero el ensayo. El cómico Máiquez, disfrazado del primer marido de María, a quien ésta creía muerto, discute con Cerezo y se lleva a María. Ésta se da cuenta de que no es su marido y el cómico dice que sólo quería demostrar que era un buen actor. María acaba contratándole y siguen todos ensayando. 19. El maestro de hacer sainetes o Los calesines Ramón de la Cruz habla con su tacaño amigo Marcos, quien se va a casar, y trama un escarmiento con la ayuda de los otros amigos de la casa de la novia. Cosme, padre de la novia, dice que va a invitar a unos toreros. El tapicero, el criado y el alquilador reclaman dinero al novio. Se apaga la luz y desaparecen todos. Ramón dice a Marcos que todo ha sido una farsa para denunciar la tacañería y que va a escribir un sainete sobre el tema. Vuelven todos y aclaman a Marcos, quien afirma que ya no va a ser tan avaro. 20. Un tío que se las trae El alcalde de un pueblo va a la ciudad para aprender las normas de la nueva civilización. Braulia, su mujer, es generosa con sus vecinos. Todos reciben y aclaman al alcalde, quien echa un discurso a favor de la libertad, la propiedad compartida y el amor libre. Un anarquista defiende la violencia. Varios vecinos se suben al ciruelo del alcalde. Otros vecinos anarquistas atacan a los que están en el árbol. Estalla una bomba y se produce el caos. El médico Baldomero calma a todos y defiende la buena civilización. Todos le eligen como nuevo alcalde. 50 21. Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII Una familia burguesa trama una burla para escarmentar a su amigo Pedro Girón, famoso por ser un adulador excesivo. Luis, marido de Irene, no quiere entrar en el juego; pero sí lo hacen los demás: sus hijas, Mercedes, Ana y Leonor; sus novios respectivos: Pepito, Abelardo y Narciso; y los criados Gregoria y Colás. Todos hacen creer a don Pedro que doña Irene ha dado a luz un bebé, que es en realidad un mono. Tras las consabidas adulaciones, dicen a don Pedro que todo era para que dejara de ser tan adulador. Éste se venga y comienza a decir improperios e insultos. Al final, todos quedan tan amigos y acaban bailando un vals. 22. La noche de “El trovador” Aunque no llegó a estrenarse, constituye un homenaje a El trovador de Antonio García Gutiérrez, semejante al que hizo a La comedia nueva o el café de Moratín en El corral de comedias. Es un cuadro de costumbres de la época del Romanticismo, en un acto y en verso. La acción transcurre en el día del estreno de dicho drama en el teatro Príncipe, dos años después de ser escrito y gracias a la recomendación de Espronceda. La enfermedad romántica cunde entre los jóvenes. Elena ama a Carlos Frías, pero su padre quiere casarla con Jacinto, hijo de un boticario. Vienen al estreno Mercedes y su hija Elisa que está orgullosa de tener la tisis. El alguacil Bermúdez y el acomodador Pedro alaban a los actores Latorre (Alfonso el Casto) e Isidoro Máiquez (Otelo y Pelayo). Asisten al estreno: Mesonero Romanos, Bretón de los Herreros y Fígaro. Por primera vez el público exigió que subiera al escenario el autor, quien fue cubierto con un capote de miliciano por Ventura de la Vega. Un sereno consigue que Juan no rapte a Elena, que a su vez había sido raptada por Jacinto. 51 SEGUNDA PARTE: TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO: ESTUDIO 53 II ANÁLISIS DEL TEATRO BREVE: Morfología II.1. El sainete desde Ramón de la Cruz hasta Tomás Luceño El sainete hunde sus raíces en una rica tradición literaria40 cuyos hitos más señalados son los dramas satíricos de la antigüedad, los mimos, las farsas, las pantomimas, El auto del Repelón de Juan del Encina (1469-1529), las farsas de Gil Vicente (1465-1536), las Farsas militares de Sánchez de Badajoz ((1479-1546), los pasos en prosa, que no acaban con baile y música, de Lope de Rueda (1505-1565), El examinador Miser Palomo de Hurtado de Mendoza (1586-1644), los entremeses con música y baile de Miguel de Cervantes (1547-1616), el teatro breve de Francisco de Quevedo (1580-1645), los sainetes en verso con baile, canción y música de Quiñones de Benavente (1589-1651) y los sainetes madrileños de Ramón de la Cruz (1731-1794). El entremés41 era un género dramático bien definido y tipificado: representación de risa y graciosa, que se entremete entre un acto y otro de la comedia para alegrar y espaciar el auditorio (Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias); representación breve, jocosa y burlesca, la cual se entremete de ordinario entre una jornada y otra de la comedia, para mayor variedad o para divertir y alegrar al auditorio (Diccionario de Autoridades). Por el contrario, el término sainete era un nombre genérico y vago que algunas veces se aplicaba al entremés, más comúnmente al baile y a los fines de fiesta. El Diccionario de Autoridades define el sainete como “intermedio que se hace entre la segunda y tercera jornada, cantado y bailado, y por eso llamado así, que por otro nombre se llama sainete.” 40 cfr. Asensio (1971). 41 cfr. Martínez López (1997). 54 El sainete era una breve pieza jocosa que pintaba costumbres, satirizaba vicios y errores y solía representarse al final de las funciones teatrales. A mediados del siglo XVIII se utilizaban indistintamente los términos de entremés (representado sobre todo en el primer intermedio) o sainete (más frecuente en el segundo intermedio); si se representaba al final se llamaba fin de fiesta. Coulon señala que ambos términos coexisten hasta 1769, fecha a partir de la cual se impone el llamarlos sainete, con lo que la palabra baile recupera su sentido inicial y se aplica exclusivamente a los intermedios bailados.42 La comicidad del sainete va evolucionando y diferenciándose de la del entremés clásico. De hecho, desde la comicidad más elemental basada sobre todas las variantes de los tradicionales aporreos, hasta la comicidad más elaborada del estudio de caracteres y costumbres presentados en el marco de una intriga llevada adecuadamente, el sainete pasa por todos los estadios intermedios entre la farsa y la comedia.43 Otro de los rasgos distintivos del sainete es que, a diferencia del entremés barroco, se escribe en versos con rima asonante y generalmente octosílabos. Mireille Coulon (1996: IX) aporta varios testimonios interesantes sobre la importancia de los géneros menores en los espectáculos teatrales del siglo XVIII y la buena acogida por parte del público. El sainete y la tonadilla sustituyen progresivamente al tradicional entremés y se acomodan mejor a las nuevas formas de pensar y a los gustos del público, quien a veces acudía al teatro atraído más por las obras cortas que por la propia comedia. Los empresarios se dieron cuenta de que era más rentable cambiar los sainetes que la comedia, pues los actores secundarios se aprendían más fácilmente su papel, la escenografía era menos costosa y los autores salían también más beneficiados al no necesitar tanto trabajo e imaginación para caracterizar a los personajes ni urdir una intriga completa. En este mismo estudio preliminar, Coulon destaca la copiosa producción de obras menores en la segunda mitad del siglo XVIII y pone como ejemplo que Ramón 42 cfr. Coulon (1985:31). 43 Coulon (1996: XIX). 55 de la Cruz escribió el 80% de su producción entre 1760 y 1780 y Sebastián Vázquez vendió cincuenta sainetes a las compañías madrileñas. La gran demanda de estos géneros menores y la rapidez de su elaboración hacen suponer que no todas las obras alcanzaban el mismo nivel artístico ni la buena acogida del público. Por ello, muchas de ellas han caído en el olvido o han desaparecido. Cotarelo (1911: CXVIII) señala que Francisco de Castro (¿?-1742) fue el principal entremesista de fines del siglo XVII y primeros diez años del XVIII. El actor que le sucedió en la compañía, José Rivas, recopiló cuarenta entremeses y diez mojigangas y fines de fiesta en el Libro nuevo de entremeses, intitulado: Cómico festejo. Castro adquirió fama como gracioso en los teatros madrileños y sus coetáneos le llamaban Farruco por su interpretaciones de personajes gallegos. El mismo Cotarelo resume el argumento de algunos de sus entremeses más valiosos como: La boda y los violines, El vejete enamorado, Lo que son las mujeres, El estudiante marqués, Cesto y sacristán, La burla del figonero, La burla del sombrero, El destierro del hoyo, El mundi novo, La casa puntual, La Nochebuena, El Garañón, Pagar que le descalabren y La burla de los títeres fingidos. Luzán (1737: 408) finaliza su relación histórica del teatro popular con Antonio Zamora y José de Cañizares, autores que Cotarelo adscribe a la época de decadencia del entremés. Antonio de Zamora (1662?-1728) escribió entremeses para acompañar a sus comedias y zarzuelas, así como loas y mojigangas para sus autos sacramentales y algunos bailes y fines de fiesta. Podemos encontrar en Cotarelo (1911: CXXII) el argumento de los siguientes entremeses: Las bofetadas, Los Apodos, El Jarro, Lo gurruminos, Las gurruminas, Pleito de la dueña y el rodrigón, El alcalde nuevo, Los ciegos de Serení y Las conclusiones. Desfilan por estos entremeses los personajes que configuran la 56 tipología más tradicional del teatro breve español: amantes envidiosos y apaleados, alcaldes bobos, abogados y jueces ridículos, estudiantes, sacristanes y esposas infieles. José de Cañizares44 (1676-1750) fue un autor culto y decoroso que ejerció el cargo de fiscal de comedias y del que se conservan nueve entremeses, dos bailes, dos fines de fiesta (El vizcaíno en Madrid y He de entrar) y tres mojigangas. Cotarelo (19l1: CXXIII) reseña las siguientes obras: Las pelucas (alegato contra la moda afrancesada), El ciego fingido (que se confabula con su suegro para sorprender a su mujer con tres amantes), El sayo de Benito, El chasco del sargento (burlado con la ayuda de un narcótico), El caballo (un bobo consigue la mano de su amada a base de dar brincos), La cuba (en donde se esconden dos galanes), El talego encantado (una niña ataca a los ladrones con la ayuda de unos diablillos) y La sombra y el sacristán (que remeda las acciones del marido, mientras éste cree que se trata de su sombra). Otro destacado autor de teatro breve de esta época fue Diego de Torres Villarroel (1694-1770), que sufrió la desintegración política, económica y religiosa de la España del siglo XVIII y que vivió frustrado como tantos pícaros reales o de ficción. Escribió el Entremés del médico sordo y el vecino gangoso; los sainetes Yo tengo de ir, La taberna de la puerta de Villamayor, El valentón, El duende (una mujer convence a su marido de que su amante es un duende), El poeta La ronda del uso y Los gitanos; fines de fiesta y villancicos para ser representados en los entreactos de sus comedias o en fiestas sociales. El duende y El valentón, donde aparece un viejo enamorado, nos remiten a los entremeses de Cervantes; mientras que en Los gitanos y La ronda del uso podemos ver algunos rasgos pintorescos de Quiñones de Benavente. Torres aporta innovaciones técnicas muy personales en el Sainete del poeta, cuya acción ocurre dentro de un teatro, y en Fin de 44 cfr. Aguilar Piñal (1981-1996: II, pp. 159-191). 57 fiesta para la zarzuela de Eneas de Italia, donde un personaje (él mismo) situado en la sala dialoga con los espectadores y con otros personajes. La versificación de sus sainetes es ágil y amena, aunque algunos críticos denuncian su prosaísmo, y utiliza a veces la silva de once pareados con algún heptasílabo. También suele incoporar con acierto canciones de tipo popular. Sus sainetes son frescos, jugosos y desgarrados y se encuentran llenos de sentimiento popular. Destacan tipos como Matamalas y Mamarras, fantoches hispanos deformados; Bartolo, alcalde que esconde a su mujer en un costal para que no le engañe con el sacristán; astrólogos, brujas, estudiantes, gitanos y caleseros. Sus diálogos son ricos en chanzas, gritos y desvergüenzas.45 Cotarelo completa su relación de autores de teatro breve con José Joaquín Benegasi (1707-1770), quien además de recopilar las obras de su padre en la colección Obras líricas jocoserias, escribe entremeses como La campana de descansar y El ingenio apurado; Juan Bautista Arroyo Velasco (El muerto antes de morir, Casa de los locos de Zaragoza, La mula de Plasencia, El astrólogo burlado, La burla de los lisiados, Sainete nuevo de los majos de Aravaca y gallego enredador); y Juan Bautista de Agramont y Toledo (1701?-1769?), autor de tonadillas, sainetes y entremeses como Darlo todo y no dar nada, La visita de la cárcel, Los sacristanes al pozo, Los gustos de las mujeres y Lo que pasan los maridos. En el siglo XVIII Ramón de la Cruz (1731-1794) crea el sainete moderno en España, basado en la representación de cuadros breves de tipo costumbrista, con cierto tono satírico e irónico. Posteriormente, el sainete va consiguiendo su autonomía respecto a las otras representaciones, como sugiere Valldaura: “La incorporación del elemento popular con sus rasgos característicos en la zarzuela en un acto fue la consecuencia de la creación del sainete lírico, ya que, si antes existieron los antecedentes que de él tenemos, nada tiene que ver con ese espléndido desenvolvimiento”.46 45 íbidem, (1969: 25). 46 García de la Vega (1959: 23). 58 El madrileñismo predomina en este tipo de sainete frente al regionalismo más propio de la zarzuela. El sainete decimonónico incorpora rasgos de la comedia como los temas melodramáticos y el final feliz, para satisfacer al público y alargar el espectáculo. Sala Valldaura afirma que la renovación que supuso el triunfo de don Ramón de la Cruz en las carteleras madrileñas se nos hace más evidente si comparamos sus piezas cortas con las de los autores de la primera mitad del siglo XVIII, aunque sería absurdo pensar que aquel hizo borrón y cuenta nueva. El teatro, y especialmente el teatro popular, se debe al público, que no admite cambios muy bruscos. No faltan, sin embargo, precedentes a la tarea innovadora de De la Cruz. De hecho, el teatro menor español de la centuria se inicia con Antonio de Zamora (1664?- 1728), autor de algunos entremeses con una riqueza escenográfica hasta entonces desconocida y cierta novedad en los tipos.47 Según este mismo autor, los rasgos innovadores del teatro de Ramón de la Cruz son el sainete de costumbres, la comedia en un acto, la preocupación escenográfica y la inquietud moral. Ramón de la Cruz eleva el nivel de los sainetes aprovechando las disposiciones del Conde de Aranda (1766-1773) para mejorar los teatros. René Andioc (1976), en su Teatro y sociedad en el Madrid del siglo XVIII, destacó la importancia del elemento visual en los espectáculos teatrales de esta época, aspecto que se recoge en las acotaciones de los sainetes, que describen los espacios teatrales cercanos a la realidad conocida por el público. En el teatro breve del siglo XVIII se valora el majismo popular para oponerse a los modelos afrancesados imperantes. Ramón de la Cruz actualizó y adaptó el teatro breve renovando el lenguaje, los personajes y los temas de los sainetes. El costumbrismo de Ramón de la Cruz no es puramente realista, pues su intención moral lo distancia de la tradición carnavalesca del teatro breve y de su deseo de imitar la realidad. El mismo Sala Valldaura afirma: Don Ramón refuerza la normalidad de quienes visten, se mueven o se comportan de un modo castizo y tradicional. Todo ello, claro está, con la deformación caricaturizadora, hiperbólica y degradatoria de estar buscando, sobre todo, la risa y también, aunque sólo secundariamente, la condena moral. Todo ello con la simplificación de un género que tiende al tipo y hasta al figurón, 47 Sala Valldaura (Ramón de la Cruz/Sainetes, 1996: XXXIII). 59 al cuadro generalizador, y que hereda un código conocido por todos, con situaciones, modos de hablar y personajes que todavía movían a la risa.48 Las burlas de su teatro breve se basan en una visión conservadora y nacionalista frente a las modas extranjeras y por eso tiende a identificar los valores de los majos con los de los antiguos caballeros españoles. Las principales innovaciones de los sainetes de Ramón de la Cruz se basan en el mayor número de decorados que intentan imitar la realidad, el incremento de versos y de actores que alargan la representación y el apoyo del público. Hay una variedad métrica en sus sainetes, aunque predomina el romance, que, por su naturalidad y fluidez, resulta ser más narrativo. También alterna las partes recitadas con las cantadas: tonadilla inicial y final, contradanzas, minuets y seguidillas manchegas. A veces utiliza la parodia para burlarse y también para hacer un homenaje a lo parodiado, sobre todo si se trata de obras clásicas. El gran acierto de Ramón fue relacionar sus sainetes con la realidad que él conocía. De la pura y casi exclusiva funcionalidad cómica del entremés se pasa a la moralización y casi realismo del sainete de Ramón de la Cruz, de quien se dice que madriñeliza los sainetes, pues sitúa la acción costumbrista en los barrios humildes de Madrid. Juan Fernández Gómez49 señala que, a lo largo de todo el siglo XVIII, podemos encontrar más de doscientos autores dedicados al género entremesil y al sainete moderno de clave costumbrista, entre los que destacan los ya reseñados y otros como: José López Sedano (1729-1801) que escribió La duda satisfecha, La casa de chinitas, La defensa de las damas, El sonrojo de los críticos y escrutinio de los vicios, El paje duende y El sainete de repente. Antonietta Calderone (1996: 181-208) subraya su manera de captar los temas sociales y de interpretarlos para el público con rigor literario. 48 íbidem (1996: XLII). 49 cfr. Fernández Gómez (1993: 689-715). 60 Uno de los dramaturgos más famosos y criticados por los ilustrados fue Luciano Francisco Comella (1751-1812), quien escribió unas cien obras. Este autor aparece parodiado como poeta en La comedia nueva o el café (Moratín) y en El corral de comedias (Luceño). Sus sainetes más conocidos son: La burla de las modas, La pradera del canal, El corralón, La locura de las modas, Las pelucas de las damas, El tabernero burlado, La prueba de los cómicos y El violeto universal. Emilio Palacios realiza un excelente estudio sobre el estilo de este autor en el contexto del teatro dieciochesco50. Otro autor dramático, aclamado por el pueblo pero también criticado por Moratín y Forner,51 fue el actor y apuntador Luis Antonio José Moncín52 (¿-1801?), quien escribió unas ochenta obras de teatro menor, de las que ocho son loas, dieciséis son fines de fiesta y cincuenta y siete son sainetes como Al maestro, cuchillada, La boda del tío Carmona, Los nobles ignorados y El criado embrollador. Moncín, Fermín del Rey, Manuel Fermín de Laviano y los reputados componentes de la llamada Escuela de Comella (Valladares de Sotomayor, Zavala y Zamora, Rodríguez de Arellano, con el propio Luciano Francisco Comella al frente) configuran la plana mayor del teatro popular en el último cuarto de siglo, contra quienes se estrelló inútilmente la voluntad reformadora de los neoclásicos.53 En esta relación de autores del teatro breve del siglo XVIII también queremos destacar a José Mor de Fuentes (1762-1848), en cuyos sainetes La bazofia, El logrero y el poeta y El egoísta o el mal patriota defiende lo español frente a lo afrancesado; Cándido María Trigueros (1736-1801), dramaturgo polémico que también escribió entremeses (Cada loco con su tema, Lengua de haca, El muerto resucitado, La comedia casera) y sainetes; Antonio Valladares y Sotomayor (XVIII) que fundó el Semanario Erudito y escribió sainetes como El adivino, La boda a la moda, Los caldereros, Los criados 50 cfr. Palacios (1998: 308-324). 51 cfr. Balcells (1996: 65-76). 52 cfr. íbidem (p. 287-307). 53 Palacios (1998: 287). 61 embusteros y El español afrancesado; María Rosa Gálvez de Cabrera (1768-1806), protegida por Godoy e imitadora de Moratín, que escribe obras de teatro breve como el fin de fiesta Un loco hace ciento; el famoso fabulista y dramaturgo Tomás de Iriarte (1750-1791) que escribió el sainete La librería y adaptó traducciones como El mercader de Smirna y La pupila juiciosa; y finalmente Gaspar Zavala y Zamora (XVIII), que fue otro conocido dramaturgo alicantino, autor de varias comedias en un acto y de sainetes como Las besugueras, El día de campo, Don Chicho, El soldado exorcista y El confitero y la vizcaína. Rosalía Fernández Cabezón (1996: 337-362) en su interesante estudio sobre “El mundo del trabajo en la comedia sentimental de Gaspar Zavala y Zamora” afirma que la economía y la laboriosidad son dos grandes valores defendidos por este autor y que fueron bien acogidos por los críticos ilustrados y por los espectadores. Alberto Romero Ferrer (2000:22) se queja del olvido del gran sainetero gaditano Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800) por parte de críticos e historiadores de la literatura y afirma como posibles causas: su fuerte carácter cómico, el tono populista de sus propias estéticas, o el protagonismo de lo “inferior”–auténticos ganchos teatrales–. En 1812, el periódico gaditano Conciso, de ideología liberal y contrario al afrancesamiento, edita una primera colección de sainetes de González del Castillo, en los que se aprecia la sátira del humor y el reflejo ridículo y exagerado de la realidad social de su época. La temática y la técnica de este sainetero gaditano son semejantes a las de Ramón de la Cruz. Ambos tuvieron que sufrir las críticas de los ilustrados al mismo tiempo que recibían el aplauso del público. González del Castillo retrató satíricamente a la sociedad con rasgos más exagerados y ridículos. 62 Romero Ferrer54 clasifica el teatro breve de González del Castillo en cuatro grupos: -Sainetes de costumbres. En El café de Cádiz ironiza sobre las tertulias y parodia La comedia nueva o el café (Moratín), Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (Padre Isla) y Los eruditos a la violeta (Cadalso). En La casa nueva y La casa de vecindad, el mismo autor censura satíricamente a nobles y clérigos que monopolizan injustamente el control de las casas de alquiler. -Sainetes de sátira social. Enfrenta a petimetres, abates y currutacos con majos, criados, peluqueros, médicos, boticarios, alguaciles y maestros de baile. Se ve la influencia de la Commedia dell´Arte y de Carlos Goldoni en sus sainetes: La boda del Mundo Nuevo, El cortejo sustituto, La mujer corregida, La maja resuelta, El marido desengañado, Los majos envidiosos. En este grupo destacan los sainetes protagonizados por el personaje del soldado: El recluta a la fuerza, El soldado Tragabalas y El soldado fanfarrón. -Sainetes que desarrollan el tema del “teatro dentro del teatro”. En El desafío de la Vicenta, Los literatos, El médico poeta y Los cómicos de la legua parodia el mundo literario relacionado con el ambiente teatral. -Sainetes de ambiente rural o urbano: La oposición campo-ciudad configura a los personajes y a la acción dramática de Felipa la Chiclanera, El lugareño de Cádiz, El robo de la pupila en la feria del Puerto, El chasco del mantón, El payo de la cara, El gato, Los zapatos y El maestro de la tuna. En este grupo incluye también sainetes relacionados con el mundo taurino: El día de toros en Cádiz, Los caballeros desairados y El aprendiz de torero. 54 cfr. Romero Ferrer (2000: 32-39). 63 El mismo Romero Ferrer (2000: 40-41) señala que un elemento aglutinador del teatro breve de González del Castillo es su nuevo uso del lenguaje dentro de las técnicas expresivas. La función de este lenguaje consiste en configurar cómicamente a los personajes en su entorno y contribuir a la veracidad costumbrista. A veces los personajes quedan definidos por sus propias palabras; otras, a través de conversaciones con otros agonistas; y finalmente, también a través de sus propias acciones. La caracterización de los personajes es muy estática y no precisa de elementos interiorizadores como los monólogos, soliloquios o largos parlamentos. La ironía, la parodia, la sátira y la burla también ayudan a reforzar esta caracterización. El nuevo lenguaje del sainete, la moda lingüística del cortejo, el gitanismo del majo, la caricatura onomatopéyica del abate o la cursilería lingüística del currutaco resultaban por sí solos unos potentes aliados de las intenciones cómicas en este tipo de teatro, pero también—como ocurre en mucha literatura de la época—constituían un fuerte reflejo social de la Ilustración, aunque desde la censura y la mirada poco complaciente de la “hipérbole”, la parodia y la caricatura.55 El desenlace final de muchos sainetes se produce con la llegada providencial de un personaje que pone paz en la escena y refuerza la enseñanza moral correspondiente. Sala Valldaura56 analiza los sainetes de González del Castillo aplicando la metodología formalista de Vladimir Propp y Tzvetan Todorov. Teniendo en cuenta los conceptos de función, composición y sintaxis de la acción, parte de una anormalidad previa a la situación inicial, que, según los motivos, el desarrollo de la acción y las bases semánticas (burlar, engañar, transgredir, pelear e insultar), va desembocando en una normalidad o anormalidad final. 55cfr. Romero Ferrer (2000: 41) 56cfr. Sala Valldaura (1994: 103-164); su tesis doctoral (1976) trata de González del Castillo. 64 Jesús Cañas Murillo (1996: 209-242) analiza los principales tipos que aparecen en los sainetes de González del Castillo: majos, criados, pajes, payos, petimetres, abates, usías y madamas, esposas, cortejos, amigos de la familia, visitas, soldados y cómicos. Finalmente defiende la tesis de que existe una poética del sainete que comparten Ramón de la Cruz y González del Castillo, a pesar de las divergencias destacadas por algunos críticos. Otro gran autor de teatro breve fue Bretón de los Herreros (1796-1873), quien cultivó varios géneros del espectáculo escénico: el monólogo, el pasillo, el sainete, la zarzuela, la comedia de carácter, de intriga, de costumbres y de circunstancias, el drama de espectáculo, el histórico, la tragedia, la magia, la loa y la farsa. Su primera gran obra, Marcela, fue acogida con gran regocijo por un público cansado de tutores celosos, de galanes llorones, de tíos indianos y de niñas seducidas, y hastiado de moral en prosa y de romanzones de a mil versos, y que aplaudió y aprendió de memoria las fáciles redondillas y las quintillas epigramáticas de la Marcela. Su primer biógrafo, el Marqués de Molins (1893: 21) destacó en su obra dramática la fecundidad inagotable, la rima fácil y riquísima, el gracejo original e inocente, los sucesos del día y los caracteres de los sujetos que trata, pertenecientes a la clase media, animados de pasiones templadas y retratados con ligeros rasgos. Su teatro nos ayuda a comprender bien la historia íntima, los usos, sentimientos y costumbres de aquella época, mucho mejor a veces que la novela y a la crónica. Este mismo biógrafo afirma que le afligía mucho la censura de los periódicos y la moda de despreciar como sainetones sus 65 comedias y desdeñarlas aquellos mismos que aplaudían desaforadamente inmundas farsas y groseros entremeses.57 Los componentes básicos de la poética de Bretón son: el efecto teatral, la verosimilitud, la intención moral, la comicidad y la habilidad versificadora y dialogística.58 Este autor busca ante todo que el público se divierta y supedita todos los demás valores de su teatro breve a este objetivo, sin caer nunca en lo grotesco ni en el mal gusto. No deja por ello de utilizar la sátira para censurar a la avaricia, el orgullo varonil, la coquetería femenina, la falta de sinceridad y la incompresión. En todo momento se hace cómplice con los espectadores a base de monólogos y apartes. Consigue la correspondiente verosimilitud o acercamiento a la realidad costumbrista teatralizando el texto literario, aunque los enfrentamientos verbales suplen muchas veces la verdadera acción dramática. El mayor grado de comicidad lo consigue con su lenguaje teatral, a base de chistes, metáforas y juegos de palabras. Domina la técnica teatral y surte a la escena española de obras autóctonas en una época donde predominan las traducciones, adaptaciones y reposiciones de entremeses y sainetes. Utiliza sobre todo el verso octosílabo agrupado en romances y redondillas. Escribió 103 obras teatrales, de las que 62 son traducciones y 10 refundiciones. Las principales obras de teatro breve que él mismo seleccionó para ser publicadas en 1883 son: El hombre gordo, Ella es él, El poeta y la beneficiada, El pro y el contra, El hombre pacífico, El novio y el concierto, Lances de carnaval, Pruebas de amor conyugal, Mi secretario y yo, Un francés en Cartagena, Los solitarios, Por no decir la verdad, Pascual y Carranza, A lo hecho, pecho, Aviso a las coquetas, La Minerva o Lo que es vivir en buen sitio, Frenología y magnetismo, El intendente y el comediante, Los tres ramilletes, Una ensalada de pollos y Por poderes. 57cfr. Marqués de Molins (1893: 6-27). 58cfr. Muro (2000: 18). 66 Miguel Ángel Muro acusa a Bretón de caer a veces en el sentimentalismo teatral: No es extraño con estos planteamientos, que cuando este teatro quiera ir un poco más allá del tópico galanteador, lo haga por el camino más fácil (para el autor y también para su público) y derive hacia la sentimentalidad melosa y el ternurismo, sentimientos que, cuando se extreman, y dado que la preparación sicológica previa del público no se ha dispuesto, acaban en una suerte de melodrama esquemático y carente de vigor (es lo que sucede en Ella es él y Pascual y Carranza, por ejemplo).59 Este mismo crítico dice que Bretón utiliza excesivamente los monólogos y los apartes para solucionar problemas técnicos de la dramaturgia. Pero por encima de eso, el teatro breve de Bretón posee un ritmo sosegado y, por lo general, sus obras no son pesadas. En la primera escena expone la situación; en las siguientes escenas confirma la trama inicial; y en los versos finales se despide y pide indulgencia. Los personajes se construyen con sencillez, se presentan en escena con rapidez y desarrollan la acción respetando las unidades de espacio y tiempo. Sus textos literarios son parcos en acotaciones y referencias al tono, la mímica, el gesto, el maquillaje y el peinado. Los accesorios no son relevantes y los decorados son simples y realistas. El sainete del siglo XIX continúa la tradición del género, pero el tiempo de representación dura casi una hora y tiene una mayor autonomía. Se siguen representando los ambientes madrileños más populares y alegres, por donde circulan y hablan los personajes típicos de la época, herederos de los sainetes dieciochescos. Los saineteros son sensibles a los gustos y sentimientos del pueblo y por eso el público acude al teatro para reírse de sí mismo y de la sociedad. El final moralizante de los sainetes es también fiel al estilo tradicional. Sin embargo, el género se adapta a los nuevos tiempos e incluye débiles intrigas amorosas y rasgos melodramáticos con final feliz, más propios de la comedia. Los sainetes de Tomás Luceño mantienen la tradición del siglo XVIII, que, a su vez, es herencia del teatro menor de los siglos XVI y XVII.60 El profesor Huerta Calvo 59 Muro (2000-29). 60 cfr. Romero Ferrer (1993: p. 28). 67 también afirma que “la rica tradición cómica del teatro español continúa boyante en el primer tercio del siglo sobre antiguos y nuevos patrones indistintamente.”61 Tomás Luceño es un escritor del siglo XIX y principios del XX, que ha asimilado y defiende en su obra dramática los postulados estéticos del siglo XVIII. En algunos de sus sainetes introduce ciertos principios de esta poética neoclásica. Por ejemplo, en la escena I de La comedianta famosa, María Ladvenant dice al duque: ...y quiero con un ejemplo probarte que naturaleza y arte van por un mismo sendero. Cuando en lienzo o en cristal, de manera magistral, se ve una rosa pintada, dice la gente admirada: ¡si parece natural! Pero si por creada en el jardín ves la rosa, cuanto más y más te agrada, porque la encuentras hermosa, dices: ¡parece pintada! Esto te ha de convencer de que arte y naturaleza hermanos tienen que ser, pues vinieron a nacer de una madre: ¡la belleza! (LC, vv.287-306). También en El corral de comedias encontramos lo que pudiera ser una declaración personal de la estética que rige la obra de Tomás Luceño, siguiendo el magisterio de los autores clásicos. El personaje de Ramón de la Cruz alaba la comedia de Moratín, pues sigue el ideal de belleza del arte clásico que consiste en imitar a la naturaleza: Aprobación, entusiasmo, delirio: la tal comedia será, mientras haya mundo, gloria y honor de la escena. ¡Qué sencillez de argumento, don Antonio! ¡Qué belleza en el diálogo! ¡Qué tipos todos los que allí presenta! Ninguno de ellos parece personaje de comedia, 61 Huerta Calvo (1985: p. 14). 68 pues son, hablando y sintiendo, la misma naturaleza (EC, vv. 637-648). A su vez, Leandro Fernández de Moratín alaba a Ramón de la Cruz y le anima a escribir en esta línea. Luceño llega a esta conclusión interpretando subjetivamente algunos hechos históricos: Todo ese cuadro, el buen Cruz en sus obras nos presenta con tanta verdad y gracia que, aunque en la forma modesta de sainetes, cumplen siempre la misión de la comedia, que es deleitar enseñando; él dice a su pueblo: “observa; todos estos son tus vicios y tus virtudes son estas; mis sainetes son tu espejo: si al verte en él te avergüenzas, no me eches a mí la culpa; tus desaciertos enmienda, y yo te presentaré digno de alabanza eterna.”(EC, vv. 822-847). Aunque la obra teatral de Tomás Luceño comenzó en 1870, sus sainetes no dejaron de representarse hasta su muerte. Nuestro autor es un fiel exponente del dramaturgo que tiene una gran cultura literaria y que conoce muy bien los gustos populares. Como Goldoni en Italia y Ramón de la Cruz en España, Luceño adapta y compagina la tradición literaria con la cultura popular, reflejadas ambas en su teatro breve, que es una verdadera escuela de costumbres y una tribuna de moralidad. Sabe que todos los espectadores quieren divertirse y que, si no lo consiguen, protestan. Abundan en sus sainetes las escenas típicas de los teatros por horas. A veces hace reflexionar al público sobre el problema del autor teatral, que tiene que ser fiel a las exigencias del arte dramático y de los espectadores.62 62 cfr. versos finales de El teatro moderno. 69 Tomás Luceño logra superar las circunstancias adversas propias del teatro breve y consigue una calidad literaria nada despreciable, debido, sobre todo, a su facilidad para la versificación y a su rico bagaje cultural y artístico, tan necesarios para elevar el nivel estético del arte dramático. II.2. Estructura El profesor Huerta Calvo distingue cuatro estructuras básicas en la composición del entremés: acción, situación, personaje y debate.63 Podemos aplicar este análisis en el estudio de los sainetes originales de Tomás Luceño. II.2.1. Paradigma de acción En este modelo agrupamos los sainetes donde la burla es el motor o núcleo argumental que hace actuar a los personajes que se enfrentan en la escena. El engaño o la burla sirven de elemento estructural de La comedianta famosa, ¿Cuántas, calentitas, cuántas? y Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII. La comedianta famosa se construye en torno a la lección que María Ladvenant quiere dar a sus admiradores. ¿Cuántas, calentitas, cuántas? se estructura en torno al escarmiento que Javiera, viuda de carpintero y casada en segundas nupcias, quiere hacer a su marido Gorito, quien está enamorado de una castañera. Para conseguir este objetivo, trama una farsa con la ayuda de sus amigas. Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII también se estructura en torno a la broma que una familia realiza a un amigo adulador. 63 cfr. Huerta Calvo (1995: cap. II). 70 En muchos sainetes se representan burlas y engaños, sin que éstos constituyan el motor de la acción principal. Por ejemplo, podemos citar: El arte por las nubes (“la cabeza parlante”), Un juicio de exenciones (el alcalde hace creer a los quintos que ya no tienen que ir a la mili), Fiesta Nacional (Manazas se burla de Trifón), Amén o el ilustre enfermo (el criado dice que el ilustre enfermo ha sido destituido), Carranza y Compañía (el azar impide que se cumplan los deseos de Carranza, quien no consigue ser elegido edil; los votantes y los clientes se ríen del protagonista). II.2.2. Paradigma de situación En muchos de los sainetes de Tomás Luceño predomina el paradigma II, basado en la estructura de situación. El componente predominante para la definición de este paradigma es la situación, considerada como suma del espacio y tiempo de la pieza, bien entendido que el tiempo no como factor de duración de la obra, sino en su aspecto histórico y ambiental.64 Cuadros al fresco fue el primer sainete que estrenó Tomás Luceño y el que mejor se encuadra dentro del paradigma de situación, pues representa un cuadro callejero del Madrid de la época. En un fresco amanecer y en una calle popular donde hay un puesto de bebidas, diversos personajes hablan e interactúan sin orden prefijado. La vida cotidiana del pueblo madrileño se representa con humor irónico y cierta carga de pesimismo. La frescura del cuadro costumbrista representado se interfiere con la de ciertos personajes que viven a costa de otros. En El teatro moderno Luceño nos presenta el ambiente de un café-teatro donde, por un precio reducido, la gente pasaba la tarde-noche viendo una representación, tomando un café, jugando a la lotería y charlando. Se consigue que la realidad se mezcle con la 64 Huerta Calvo (1995:59). 71 ficción, recurriendo al tradicional truco del teatro dentro del teatro. Esta misma situación de los cafés-teatro se repite en ¡A perro chico! y La niña del estanquero. La revista Fiesta nacional representa una ficticia universidad taurina en el cuadro primero. Aunque el paradigma de personaje estructura el cuadro segundo, donde los alumnos son examinados por un viejo Maestro del toreo, el resto de la obra sigue el modelo estructural de situación. Esta pieza es una de las más complejas de nuestro autor y supone una farsa en torno a la fiesta nacional del toreo, pues compara lo que ocurre en la sociedad con lo que acontece en el mundo taurino. Distintos personajes desfilan por la tienda de Ultramarinos: el dueño, los dos dependientes, el cochero de un simón, el sereno, la patrona y la criada de una casa de huéspedes, un marido que pretende los favores de una pantalonera, un pobre zapatero, un borracho, unos recién casados, un timador y un inspector de policía. El único motivo de este sainete es la descripción costumbrista de una tienda de ultramarinos de un barrio popular de Madrid. La estructura de situación en ¡Hoy sale, Hoy!...predomina sobre la estructura de personaje y la de acción. El dueño de una administración de lotería alienta a la voceadora y recibe a diferentes clientes, muestra representativa del pueblo madrileño: cigarrera, militar retirado, papá supersticioso, una pareja de chulos y un coro de billeteras. En la plaza mayor vemos a dos guardias, un matrimonio madurito y un coro de serenos. Camino de la Casa de la Moneda van a ver los números premiados: el papá, dos señoras, una familia elegante con su niño y su lacayito, un sordo y un coro de cigarreras. En la sala del sorteo, se les añade a los anteriores, un coro de chicos y un obrero. La acción se sitúa en Madrid el día del sorteo de Navidad. Todos confían en el azar para mejorar sus vidas. Al final se impone la moraleja: la solución está en el trabajo y el ahorro. 72 En Amén o el ilustre enfermo, también se impone la estructura de situación. Por la casa del Presidente del Consejo de Ministros, que está muy enfermo, desfilan los siguientes personajes: médicos, mujeres de la “buena sociedad”, inspector de policía, ayuda de cámara, criado, ayudante, doncella, chulos, secretario, hija, senador, niños, y hombre de la funeraria. Todos pretenden conseguir algún favor, pero no se relacionan entre ellos, ni existe otra estructura organizativa. La situación de un establecimiento de objetos de regalo también sirve para organizar la puesta en escena del sainete Carranza y Compañía. Desfilan por la tienda: matrimonio de barones, dos señoras elegantes, dos costureras, mozo de tahona, gallego y un mendigo. Los empleados de la tienda velan por el negocio más que su dueño, que está más preocupado por salir elegido edil. La situación de un café popular en una mañana cualquiera sirve de eje organizador de Los lunes del “Imparcial”. También reúnen las características de este paradigma de situación otros sainetes como: El corral de comedias, El maestro de hacer sainetes o Los calesines, ¡A perro chico! y La niña del estanquero. II.2.3. Paradigma de personaje La atención de estos sainetes se centra en la presentación de una serie de personajes tipificados ridículamente delante de un juez, árbitro o examinador que pone en evidencia sus defectos, provocando la risa de los espectadores. a) Revista de personajes En el El arte por las nubes podríamos atribuir el papel de juez atípico a un agricultor acomodado que viene a Madrid a visitar a su hijo, estudiante de pintura. Este padre juzga, desde su punto de vista conservador y realista, la vida precaria de los que quieren vivir del arte pero no consiguen más que hambre y miseria. El sainete ironiza 73 sobre los artistas (poetas, pintores y murgantes) que viven en las nubes, en un cuarto piso situado en un barrio pobre, y tienen que ser invitados a cenar por un campesino inculto. Un juicio de exenciones se encuadra con mayor pureza en el paradigma de personaje, pues los quintos de un pueblo de Salamanca tienen que someterse al examen médico y a las pruebas de un sargento antes de que el alcalde decida quiénes tienen que alistarse en el ejército. El público se ríe con las argucias ideadas por los jóvenes y sus familiares para librarse del alistamiento en el servicio militar. En Las Recomendaciones, el ministro de Fomento recibe a diferentes personas que solicitan su ayuda. Todo el mundo necesita recomendaciones para trabajar, aunque no sean las personas más indicadas. En realidad, el ministro, más que árbitro o juez, es víctima de su posición política y de los que desfilan por su despacho solicitando una recomendación. El final irónico de este sainete constituye una auténtica moraleja, pues, siguiendo la recomendación del portero, el ministro huye y rueda por las escaleras. b) El personaje del figurón El personaje principal de Un tío que se las trae es un alcalde de pueblo que viaja a la capital para conocer el mundo moderno y trasladar a su municipio los nuevos aires liberales sin leyes, sin normas morales y con violencia. El pueblo reacciona contra el alcalde y los anarquistas y elige como edil a un médico que defiende la buena civilización y el progreso. Éste es el único sainete que podemos encuadrar en este apartado. En otros sainetes aparecen personajes de figurón, que no acaparan toda la acción dramática. Por ejemplo: el ministro de Las Recomendaciones, la actriz en La niña del estanquero, el padre en El arte por las nubes, el viejo torero Manazas en Fiesta nacional, Carranza en Carranza y Compañía, Gorito en ¿Cuántas, calentitas, cuántas? y don Pedro en Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII. 74 II.3. Sainetes costumbristas sin acción Tomás Luceño, respeta el modelo estructural de los sainetes de su maestro y nos describe las costumbres del pueblo madrileño. Muchos de estos sainetes carecen de una unidad de acción o línea argumental concreta, a diferencia de la comedia clásica. Según Espín Templado, estos sainetes están formados en esencia por una sucesión de anécdotas, pretexto de una presentación de personajes-tipo, que no sufren entre ellos ninguna peripecia común, salvo la de coincidir en el mismo espacio escénico, el cual constituye el único nexo ilativo entre unos personajes y otros.65 En el único acto de estos sainetes, vemos cómo distintos personajes se relacionan y charlan en los lugares más castizos del Madrid de la época. El sainete es un género literario que consiste en abultar verdades y en acentuar rasgos cómicos, sin exagerar excesivamente la realidad. El sainetero, como el fotógrafo y el caricaturista, retrata seleccionando y desfigurando la realidad y manteniendo a la vez su parecido. El resultado de su trabajo ha de ser análogo a las imágenes reproducidas por esos espejos ondulados que reflejan los rostros alterando sus líneas, pero conservándolas todas En Cuadros al fresco, observamos los requiebros de dos enamorados, los apuros de un cesante hambriento y sablista, la actuación inútil de un sereno, un pobre barbero, los clientes de una casa de juegos, las pillerías de un golfo, la actuación honrada de un jornalero, las pendencias de dos verduleras, la vieja que engaña a un criado joven y que a su vez es engañada por un pilluelo, y la intervención de un guardia municipal que multa a un señorito, al que su novia saca del apuro. Como muy bien señala la metáfora del título literario, observamos unos cuadros o escenas populares en una mañana fresca de Madrid. 65 Espín Templado (1988: 287). 75 Al mismo tiempo, los personajes actúan con frescura y espontaneidad en medio de la calle y alrededor de un puesto de café al aire libre. En realidad, no ocurre nada especial que podamos considerar que sea motor de la acción dramática. Lo mismo podemos decir de otros sainetes que reflejan las costumbres a finales del siglo XIX: El arte por las nubes, El teatro moderno, ¡A perro chico!, Fiesta nacional, ¡Hoy sale, hoy!..., Ultramarinos, Carranza y Compañía, Los lunes de “El imparcial” y La niña del estanquero. Tomás Luceño conocía perfectamente la estructura y función del sainete tradicional; por ello su teatro breve constituye un verdadero cuadro de costumbres de su época, donde la acción dramática es mínima y sólo sirve como excusa para hacer reír y enseñar la lección moral que entraña su correspondiente moraleja. En los sainetes de Luceño, el argumento tiene una función secundaria; más bien se convierte en un pretexto para relacionar varias escenas costumbristas, a modo de variantes musicales del gran tema de la vida. Lo que interesa al autor es describir con humor una serie de cuadros pintorescos de un mundo idealizado, representando pequeños trozos de vida, ligeramente esbozados y nunca desarrollados. Mezcla realidad y fantasía en la configuración de espacios, tiempos y personajes, y ofrece un espectáculo total de humor, música, canción, baile y diálogos vibrantes, que era frecuentemente bien acogido por el público de su época. 76 II.4. El tratamiento del espacio en los sainetes Los espacios que vemos representados en los sainetes de Tomás Luceño son los que ocupan los personajes más populares en su vida corriente. Al tratarse de sainetes que se representan en un solo acto, la descripción del espacio se realiza brevemente en la acotación inicial. Las pocas variaciones del espacio se recogen en las acotaciones posteriores del principio de cada escena. El público reconoce fácilmente los espacios, bien sea por sus referencias literarias o por tratarse de lugares cercanos a su propia realidad. Sin embargo, la selección de los espacios, el esquematismo de su representación y la acumulación de tópicos son factores que matizan artísticamente el aparente realismo costumbrista de los sainetes Los principales espacios representan ambientes rurales (Fraile fingido, Un juicio de exenciones, Un tío que se las trae), y ambientes urbanos populares (Cuadros al fresco, ¡Hoy sale, hoy!), en interiores comerciales (Ultramarinos, Carranza y Compañía, La niña del estanquero), en casas pobres (El arte por las nubes), en casas ricas (Las Recomendaciones, Amén o el ilustre enfermo, Adula y vencerás), o en ambientes teatrales (El teatro moderno, ¡A perro chico!, El corral de comedias, La comedianta famosa, El maestro de hacer sainetes y La noche de “El trovador”). En este apartado vamos a analizar los tres espacios dramáticos más significativos de su teatro breve: el espacio teatral, el ambiente madrileño y el ambiente rural. 77 II.4.1. Sainetes de espacio teatral Lógicamente, los espacios de estos sainetes son aquellos donde tienen lugar las representaciones teatrales o sus ensayos preparatorios. Se diseña una segunda ficción dentro de la primera, que no lo es para los personajes pero sí para los espectadores, siguiendo el viejo modelo cervantino. El teatro dentro del teatro permite enseñar deleitando, disminuyendo el peso didáctico de la moraleja y reforzando la comicidad. Luceño emplea este recurso en nueve de sus sainetes: cinco de ellos están ambientados en el siglo XVIII (El corral de comedias, La comedianta famosa, ¿Cuántas, calentitas, cuántas?, ¡Viva el difunto! y El maestro de hacer sainetes o Los calesines) y los otros cuatro en el siglo XIX (La noche de “El trovador”, El teatro moderno, ¡A perro chico! y La niña del estanquero). En El teatro moderno el espacio es un café-teatro de un barrio madrileño de bajo nivel socio-económico. El pueblo acudía al café-teatro o al teatro siempre que podía. En un café-teatro había cuatro ámbitos: salón de café, escenario, camerino y salón de juego. Luceño escenifica en este sainete lo que ocurre en estos cuatro ámbitos, mezclando situaciones de forma intencionada. Esto provoca la risa del espectador e invita a reflexionar sobre las situaciones precarias de autores, actores y empresarios de estos locales. El escenario se situaba al fondo y a poca altura del suelo. En una puerta lateral había un letrero que decía: “Villar y Lotería”. En otra puerta se leía: “Se proive la en trada en no siendo hapator”. Luceño ironiza sobre el bajo nivel cultural de estos ambientes. Los versos finales dichos por Lucas, maestro pobre, invitan a reflexionar al público sobre el tipo de obras de teatro que podían escribir los autores de la época. 78 ¡A perro chico! y La niña del estanquero (que viene a ser una ampliación y mejora del sainete anterior) también recogen los ambientes de los café-teatros madrileños y representan escenas de teatro dentro del teatro. El café-teatro era uno de los lugares preferidos de los madrileños para divertirse junto con la plaza de toros,66 el frontón, los bares corrientes, la plaza pública y la orilla del río. Los cinco sainetes siguientes están ambientados en el siglo XVIII y constituyen una muestra de la fidelidad de Tomás Luceño al estilo tradicional de los sainetes de Ramón de la Cruz. El espacio de El corral de comedias representa las afueras del teatro Príncipe, antiguo teatro de Madrid, donde se va a estrenar La comedia nueva o el café, de Leandro Fernández de Moratín, un sainete de Ramón de la Cruz, un baile y seguidillas del olé. Las catorce escenas de este sainete ocurren en la calle, antes, en y después de dicha representación. Tomás Luceño escribió expresamente este sainete para la inauguración del Teatro de la Princesa y en homenaje al teatro ilustrado del siglo XVIII que no reniega de las tradiciones españolas. En La comedianta famosa, la acción principal tiene lugar en una especie de camerino o tocador de una famosa actriz, amueblado al estilo Luis XIV y que es una muestra del gusto afrancesado del siglo XVIII español. Anteriormente, en el cuadro primero, los personajes secundarios aparecen en una calle corta sin especificar. El espacio principal del sainete ¿Cuántas, calentitas, cuántas? es un taller de carpintería donde se improvisa un escenario para realizar una representación, con el fin de escarmentar a Gorito, marido de Javiera, que es dueña de la carpintería. 66 cfr. la revista Fiesta nacional. 79 El espacio de ¡Viva el difunto! es de nuevo el salón de la cómica María Ladvenant, donde recibe a los actores de su compañía. Este sainete se resuelve en un acto único y en una sola escena. El maestro de hacer sainetes o Los calesines también utiliza la técnica del teatro dentro del teatro, aunque se representa en el salón de una casa acomodada. II.4.2. Ambiente madrileño Tomás Luceño recupera el sainete de ambiente madrileño consagrado por Ramón de la Cruz, inspirándose en los artículos sobre estampas y personajes de Madrid de Mesonero Romanos y en su propia observación de la realidad, antes de que lleguen los más famosos saineteros Ricardo de la Vega y Carlos Arniches. Huerta Calvo (1994:12-13) afirma que en los sainetes de ambiente rural es posible topar con los personajes primitivos, mientras que los de ambiente urbano prefieren las figuras de moda y actualidad. La mayoría de los sainetes de Tomás Luceño están ambientados en los barrios más castizos de Madrid y son auténticos cuadros de género costumbrista. Tanto las viviendas (El arte por las nubes), y los lugares de trabajo (Ultramarinos y Carranza y Compañía) como las calles madrileñas (Cuadros al fresco, Hoy sale, hoy!... y ¿Cuántas, calentitas, cuántas?) sirven para circunscribir el espacio teatral de sus sainetes. El espacio madrileño se sitúa al aire libre en calles y plazas donde la gente habla, discute, se relaciona y se divierte espontáneamente. Algunas de ellas son muy conocidas: Pez, Carrera de San Jerónimo, Preciados, Castellana, Paseo del Prado, Paseo de Recoletos, Puerta del sol, Plaza Mayor, Sevilla, Peligros, Olivar, Huertas, Travesía de Moriana. También aparecen los nombres de cafeterías muy populares: Capellanes, Café de Madrid, Portento, Fonda de Lhardy y Fornos. Otros lugares frecuentados por el pueblo 80 son: Barrio de Lavapiés, Parque del Retiro, Puerta de Toledo, Guindalera y Pradera del Canal (donde eran frecuentes los desafíos). Los chiringuitos y tabernas son espacios privilegiados para la representación de escenas costumbristas como Cuadros al fresco y Los lunes de “El Imparcial”. El espacio interior de una administración de lotería es donde ocurre el cuadro primero de ¡Hoy sale, hoy!... El cuadro segundo tiene lugar en el espacio exterior de la Plaza Mayor de Madrid y el cuadro tercero, en el Paseo de Recoletos, cerca de la Casa de la Moneda. Finaliza el sainete con la imagen de los jugadores que se encaminan al asilo que contrasta con una fábrica que está al lado. ¿Cuántas, calentitas, cuántas? comienza en la calle, junto al típico puesto de castañas asadas, en recuerdo del castizo barrio de Lavapiés, que es el mismo espacio de Las castañeras picadas de Ramón de la Cruz. La segunda parte transcurre en el taller de carpintería acondicionado para una fiesta con parodia teatral. El arte por las nubes nos ofrece el espacio de una casa popular de Madrid, a diferencia de las casas burguesas de ¡Amén! o El ilustre enfermo, Las Recomedaciones y Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII. Fiesta nacional (parodia y homenaje a El día de toros en Cádiz de González del Castillo) empieza en una imaginaria escuela del toreo y termina en una plaza de toros, típico espacio de diversión y espectáculo del pueblo español. 81 II.4.3. Ambiente rural Tres de sus sainetes se sitúan en un pueblo sin especificar, pero brevemente encuadrado en las acotaciones: La plaza de un pueblo es el lugar preferido por los vecinos para charlar y divertirse; es ahí donde se representan las ocho primeras escenas de Un juicio de exenciones. Tras una mutación, las seis últimas escenas tienen lugar en el salón de plenos del ayuntamiento, donde se eligen los quintos para el servicio militar. Un pequeño huerto con casa, bodega y un ciruelo, en un pueblo imaginario de la época actual, es el espacio donde se juntan los paisanos para resolver los problemas de la nueva civilización que el alcalde quiere implantar a consecuencia del viaje que ha realizado a la ciudad (Un tío que se las trae). El espacio de Fraile fingido es un un corral grande, cerrado con una tapia no muy alta de una casa de campo en un pueblo salmantino del siglo XVIII. II.5. El tratamiento del tiempo en los sainetes A diferencia de los sainetes tradicionales, los de Luceño necesitaban más tiempo de representación. El tiempo externo de los sainetes sin música podía llegar a los cuarenta minutos. Los sainetes líricos duraban una hora aproximadamente. Tanto el espacio como el tiempo de estos sainetes tienen como función principal la de permitir el desarrollo de la acción. Las referencias temporales se recogen escuetamente en las acotaciones o se suponen implícitamente. Por ejemplo, en Cuadros al fresco se dice al principio que es de noche, y empieza a amanecer en la escena quinta. Amén empieza a las doce del día y termina al anochecer. En catorce de las obras estudiadas se especifica al principio que la 82 acción transcurre en la época actual. En los otros cinco se señala que estamos en el siglo XVIII. La acotación inicial de Teatro moderno concreta que la acción empieza a las siete y media de la noche, y concluye a las diez de la misma; ya que se trata del horario normal de los espectáculos teatrales. La unidad temporal suele ser una jornada entera o algunas determinadas horas del día, de la noche o del amanecer. Es curioso observar que en los sainetes de Luceño nunca se escenifica un tiempo dedicado al trabajo. Ultramarinos y Carranza y Compañía son los únicos sainetes que transcurren en dos lugares de trabajo. Algunos sainetes representan espacios y tiempos de trabajo: una tienda de ultramarinos (Ultramarinos), y un establecimiento de objetos de regalo (Carranza y Compañía), aunque los dependientes hacen de todo menos trabajar. En los sainetes de tema teatral, los que trabajan son los actores. Solamente en El arte por las nubes vemos que trabaja el autor de obras dramáticas, pero no le compensa económicamente. En ¡Hoy sale, hoy!..., el espacio final simula una fábrica, lugar de trabajo, fruto del ahorro, y alternativa a los juegos de azar y la lotería. La acción de los sainetes se desarrolla en tiempos de ocio, descanso, esparcimiento y diversión. En los sainetes de tema teatral, lógicamente, la acción transcurre al caer la tarde. Esto se puede comprobar en La noche de “El trovador” y en El teatro moderno, en cuya acotación primera se dice que la acción empieza a las siete y media de la noche y concluye a las diez de la misma. La acción de El corral de comedias comienza a las dos y media de la tarde y termina a las seis, horario frecuente de las funciones de teatro en aquella época. En otros sainetes el autor también critica las costumbres madrileñas, pero no hace referencia expresa al factor tiempo en las acotaciones. Implícitamente suponemos que en Las recomendaciones el cuadro primero transcurre en plena tarde, pues los 83 personajes están de tertulia mientras toman chocolate. El cuadro segundo transcurre durante la mañana del día siguiente en el despacho del ministro. Carranza y Compañía tampoco especifica datos temporales, pero se supone que la acción transcurre a lo largo de un día de elecciones municipales, en el horario comercial de apertura al público. Este dato también nos sirve para concretar el tiempo de acción de Ultramarinos. En ¡Amén! o El ilustre enfermo, se dice que estamos en la época actual, entre el mediodía y el anochecer, mientras el enfermo, protagonista ausente de la escena, está convaleciente y recibe las visitas de sus interesadas amistades. En ¡Hoy sale, hoy!..., la acción transcurre el día antes del sorteo de la lotería de Navidad, al atardecer, por la noche, y el mismo día del sorteo, por la mañana. II.6. El recurso de la burla Como señala Sala Valldaura (1994: 42), la burla y el engaño son recursos cómicos no lingüísticos junto a la ridiculización física o moral, la introducción de elementos insólitos y las referencias a la realidad. Este truco popular aparece en muchos sainetes de Tomás Luceño, aunque con ligeras variantes. La burla cumple una función expiatoria y se dirige a petimetres, majos, chulos, monosabios, gallegos, asturianos, catalanes, médicos, barberos, cesantes, inválidos, sordos, estudiantes, viejos, novios, comerciantes, verduleras, toreros, empresarios, vagos, jugadores y aduladores. En otros sainetes, la burla también tiene una importancia relevante: El arte por las nubes, Un juicio de exenciones, ¡Hoy sale, hoy!, Fiesta nacional, Fraile fingido, ¡Viva el difunto! y Un tío que se las trae. 84 a) Burla propiamente dicha En La comedianta famosa se critica a los hombres que requiebran a las artistas de teatro y se olvidan de sus esposas, costumbre muy generalizada y, por lo mismo, objeto de muchos comentrarios jocosos. Hacen creer a Gorito67que viene en una carroza la famosa actriz María Ladvenant, pero en realidad es el Corregidor. Esta actriz trama una burla que sirva de escarmiento a dos admiradores suyos: un marqués disfrazado de tapicero y un tapicero disfrazado de marqués, y que provoque a la vez los celos de un duque. Gorito, disfrazado de marqués, corteja a María. Ésta encierra al marqués bajo la amenaza de que viene su mujer y pide al duque que traiga a la mujer y al suegro del carpintero. Después encierra a la mujer de Gorito en la habitación donde se supone que estaba el marqués. Gorito siente celos cuando se entera por la criada. Al final, con la ayuda de la criada, del duque y de Teresita, esposa de Gorito, consigue su propósito. María Yo fui el Marqués. Gorito Pero, ¿y el Marqués de veras? María Antes de que Teresita se escondiese en esa pieza, como alma que lleva el diablo le hice bajar la escalera, diciéndole que aquí estaba buscándole la Marquesa (LC, vv. 839-846). En ¿Cuántas, calentitas, cuántas? se satirizan las riñas matrimoniales y se ridiculizan los casamientos desiguales: mujer rica y mayor que se casa con hombre pobre y más joven. Javiera, viuda de un carpintero acomodado, se casa en segundas nupcias con Gorito, quien deja de solicitar a una castañera, y pretende los amores de otra, apodada la Temeraria 67 Gorito es el mismo nombre del marido infiel de la carpintera Javiera en ¿Cuántas, calentitas, cuántas? 85 En Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII una familia burguesa trama una burla para reírse de un amigo que adula exageradamente. La burla consiste en hacer pasar a un mono por un bebé. El burlado se burla a su vez de los burladores. En este sainete y en otros como El maestro de hacer sainetes o Los calesines y La comedianta famosa, donde intervienen personajes de la clase media, el castigo de la burla es más civilizado y urbano. Macallister convence a Luis para ganar dinero fácil a costa del público, haciendo de cabeza parlante. El padre de Luis desenmascara esta burla, sin saber que se trata de su hijo, y se desencadena el viejo mecanismo del burlador burlado. Luis Entrando. ¡Socorro, favor, socorro! Ceferino A Modesto, que intenta contenerle. ¡Déjeme Vd. que le abra por la mitad la cabeza y veremos quién se engaña! Modesto Pero, señor, ¿qué ha pasado? Ceferino ¡Así al público se estafa! (AN, vv. 709-714). Luceño critica el viejo y picaresco afán por burlar la ley, según el dicho popular: “hecha la ley, hecha la trampa” en Un juicio de exenciones. D. Dimas Quiero intentar lo primero burlar la ley, que la gracia no está en cumplirla, consiste muchas veces en burlarla (JE, vv. 268-272). Al final, el alcalde se burla de los que han pretendido burlar la ley. Pascuala y Patrocinio, vendedoras de billetes de lotería, que se consideran mal pagadas, engañan a Benigno con una moneda falsa. Benigno Toma otra que me queda en el bolsillo. (Da otra moneda guardándose la falsa sin mirarla y volviendo a contemplar el décimo.) Patrocinio Ya que la Hacienda se lleva la cuarta, lo que yo digo... una tiene que ayudarse también (H, vv. 573-578). 86 Fiesta nacional es una revista en la que aparecen muchas situaciones de burla entre los personajes protagonistas. La ironía del autor respecto al mundo del toreo queda reflejada en el tono de chanza o burla que emplea en todo el espectáculo teatral. Un timador, disfrazado de teniente alcalde, decomisa productos que Pablo, dueño de la tienda, había conseguido de los matuteros.68 Timador A ver, saque usted al momento salchichón, pan y garbanzos y todo lo que usted tenga Pablo Si viene a decomisarlo, le advertiré, con respeto, que va a llevarse un gran chasco. Géneros como los míos no hay en Madrid (U, vv. 704-711). El secretario Luis dice a los visitantes aduladores que el Presidente del Consejo de Ministros ha sido cesado. Los aduladores (potenciales burladores) son burlados. Ceferino Adiós, Luisito. Siento la caída; pero, francamente, este Gobierno no podía seguir. A este hombre le faltaba la cabeza. Luis Y a usted le falta la nariz, porque no ha olido que esto fue una broma y que el Presidente sigue en su puesto y seguirá por muchos años (A, escena última). En ¡Viva el difunto! Máiquez, actor rechazado para un papel por María–actriz y directora–, se hace pasar por su marido difunto. María, que en un principio cae en el engaño, acaba dándose cuenta, pero reconoce su mérito artístico y le contrata para actor de El mayor monstruo, los celos. Cómico (...)Y yo, para demostrarte que es calumnioso tu fallo, aquesta farsa inventé, en la que bien he probado que soy capaz de sentir amores, celos y agravios... Ahora dirá el auditorio si merezco o no el aplauso. Antonia (A María, irónicamente.) Y tú, si el galán de invierno... puede servir en verano (V, vv. 732-741). 68 matuteros, personas que aprovechan la mañana para hacer contrabando. 87 Un tío que se las trae recoge la burla y escarmiento que un pueblo hace con su alcalde, quien desea introducir el moderno liberalismo en su municipio. El discurso lúdico o paródico aparece en todos los sainetes de Tomás Luceño estructurando la acción principal o enriqueciendo las diferentes escenas. Los diversos elementos costumbristas intercalados lúdicamente en las escenas sirven de elemento polifónico que enriquece el sentido festivo de los sainetes, frente a la unidad temática de la comedia tradicional. a) Burla amorosa La burla por motivos amorosos aparece muchas veces en el teatro breve de Tomás Luceño, pero siempre de forma anecdótica y no estructurante. Es un caso excepcional su único entremés Fraile fingido, pues la burla amorosa se erige en el motor predominante de la acción dramática, siguiendo los modelos del estilo más tradicional. Un estudiante tiene un encuentro amoroso con una joven esposa de un campesino viejo y rico. Éste les sorprende y, antes de vengarse, encarga al criado que avise a un confesor para que Dios les perdone y no vayan al infierno. La tía de la mujer se disfraza de fraile y luego pone el mismo hábito al joven estudiante para que pueda huir dando bendiciones a todos sin infundir sospechas. II.7. Personajes En este apartado pretendemos establecer una tipología de los personajes que intervienen en los sainetes de Tomás Luceño. La brevedad de los sainetes impide desarrollar en profundidad los caracteres. Más que personajes, son tipos o figuras predefinidas social y psicológicamente. A diferencia del entremés, los personajes de los sainetes han mejorado su condición social y están menos ridiculizados que en los géneros 88 teatrales mayores. El público percibe globalmente estos personajes-tipo, que siempre hablan y actúan según unos convencionalismos predeterminados. El personaje-héroe es el hombre vulgar, de pasiones, defectos y virtudes elementales, que resulta risible en extremo, pero que concita también la compasión y la identificación moral.69 La fuente de inspiración del teatro de Tomás Luceño siempre ha sido la clase popular. Los personajes de sus sainetes son gentes sencillas, que ocupan y protagonizan la escena, sin depender siempre de sus amos, como en la comedia clásica. Luceño se fija en un medio social, en una clase determinada, en una costumbre o en una diversión y escoge los tipos convenientes a su objeto. A continuación, los dibuja de una vez, casi aisladamente, sin más enlace de unión que su comunidad de origen y las afinidades propias de su índole. A este respecto, Margot Versteeg dice: Los personajes de rango inferior, los tipos barriobajeros, cuyas virtudes se ensalzan en los sainetes finiseculares, son unos antihéroes si los comparamos con los protagonistas del llamado teatro serio, a los que por otra parte parodian.70 La funcionalidad de los personajes-tipo respecto a la trama es siempre la misma: servir de excusa o soporte de la misma. El resto de los personajes están caricaturizados exageradamente para provocar rápidamente el mayor grado de comicidad posible. En los sainetes que representan la época del autor, los personajes protagonistas pertenecen a las clases más populares y artesanales. En los que representan épocas pasadas aparecen personajes de las clases sociales más acomodadas (petimetres, señoritos/as, madamas, esposas, maridos, cortejos, vejetes, amigos) y de las más populares (majos/as, criados/as, pajes, payos, cómicos). La denominación de los personajes también sirve para identificarlos más fácilmente y conseguir el beneplácito y la sonrisa del público. Los personajes se pueden clasificar según los siguientes criterios: 69 Huerta Calvo (1985: 85). 70 Versteeg (2000: 149). 89 1. Profesiones, oficios y ocupaciones: empresario, comerciante, patrona de casa de huéspedes, artista, actor/actriz, estudiante, maestro, alcalde, torero. Los antiguos payos del sainete dieciochesco son ahora el campesino del pueblo y los habitantes de la ciudad: jornalero, cafetero, barbero, peluquero, portero, soldado, policía, sereno, verdulera, castañera, criado/a, y cigarrera. Estos tipos son rudos y escasos de entendimiento, aunque muy prácticos y austeros. El sainete titulado Cuadros al fresco es uno de los más apropiados para estudiar y conocer los diferentes personajes representativos de la época. El cafetero, señor Cosme, sigue fiando la consumición a un cesante, que en la obra no tiene nombre propio, y a un sereno, que nunca hace nada que le comprometa (CF, escena III-IV). Un policía municipal multa a Andresito por hacer pis en la calle; pero Matilde, su novia, le paga la multa. El municipal critica el exceso de liberalismo, pero tampoco hace nada que le comprometa (CF, escena XXII). Un barbero, peligroso con la cuchilla, afeita al cesante, quien se va sin pagar. Cesante ¡Dios me socorra! Oye, en la esquina parado hay un perro que te mira hace ya bastante rato. ¿Es tuyo? Barbero Ca, no señor, sino que el muy condenado, porque le eché el otro día un pedacillo de labio, que le arranqué a un aguador, mientras le estuve afeitando, cree que todos los días voy a hacerle ese regalo (CF, vv. 273-285). La verdulera Nicolasa discute por envidia con Anselma, que es criada de don Tadeo y también fue verdulera. Finalmente asistimos a un desfile de soldados que se van a la Habana (CF, escena XIII). 90 Los criados y criadas cumplen la función de dar recados y noticias a los señores; hablan mucho, sin prudencia y con vulgarismos e incorrecciones; les gusta la buena comida y las fiestas. Son muy divertidas las pullas verbales entre Gregoria y Colás (AV, escena I). El criado Domingo no respeta a Gorito, pues sabe que quien manda en la casa es Javiera (CCC, escena II). Celedonia es una criada incompetente que ha venido recomendada y por eso se burla de su señora doña Mercedes (R, escena VIII). En Carranza y Compañía destacan los siguientes personajes: dependientes, costureras, mendigo, señorito enamorado, señoras, madre y dos hijas, barón, baronesa, ama y niño de cría, mozo de tahona y el dueño, que quiere ser concejal. Modesto es un joven escritor de dramas románticos, desechados por el público; Lesmes es un viejo librero y vendedor de romances. Luis es un joven estudiante de pintura, casado con Carolina, con quien tiene un hijo (AN). Los personajes de Teatro moderno son: Natalia, bailarina que ha perdido las pantorrillas para bailar el can-cán; Dolores, vendedora de fósforos; Nicolás, tabernero y empresario de café-teatro; Raimundo, actor y director de café-teatro; Ramón, camarero; Juan. memorialista, perseguido por Socorro, su celosa mujer; Eladio, estudiante y amante de Amparo, mujer casada con marido celoso; Don Lucas, maestro en Aranjuez que no cobra ni puede cerrar la escuela. En el sainete ¡A perro chico! y en La niña del estanquero volvemos a ver a los personajes de los teatros por horas: empresario en activo, empresario fracasado, traspunte, apuntador, protagonistas, actor-director, actores secundarios, jefe de la claque, tramoyistas, autores, padre de la actriz, agente de policía. El peluquero catalán Rufino hace el papel de cómico que vive siempre preocupado por cumplir con sus obligaciones (NE, cuadro 3º, escena II). 91 El alcalde, ayudado por el alguacil, el secretario, la maestra y los regidores, se propone alistar a los jóvenes quintos, que son examinados por el médico y tallados por el sargento (JE). Tomás Luceño satiriza irónicamente a los personajes que rodean el mundo del toreo en Fiesta Nacional: toreros retirados que enseñan a otros aspirantes, periodistas que escriben sobre toros, madres e hijos de aficionados a los toros, inspector de policía, contratista de caballos, abonado, practicante, monosabio, mulilleros, chulos, revendedores y gente del pueblo. 2. Condición social: vejete, esposo/a, viuda, novio/a, padre/madre. Los vicios de los vejetes masculinos son motivo de risa. El viejo rico don Tadeo invita al Cesante y presume de su éxito con las criadas jóvenes: Tadeo Ya se ve, como yo soy, aunque me esté mal decirlo, un viejo bien conservado... me dan cuanto yo las pido. Tengo ochenta y cuatro años y aparento treinta y cinco (CF, vv. 205-210). El marido viejo Francisco tiene siempre celos de su joven esposa Casilda, quien le engaña con un estudiante, mientras él se va a trabajar al campo (FF, escenas I, IV,VIII- XII). Los maridos son siempre responsables de sus negocios, de su casa y de su familia: Cornelio, marido de Ramona y padre de Eloísa, apacigua a Nicolasa y Anselma, mientras va a comprar para su mujer, antes de que se despierte. Las esposas necesitan siempre ser el centro de atención; son coquetas y caprichosas: Santiago critica a Gregorio por casarse por conveniencia con Javiera. Santiago (...)que el hombre debe ser libre y no depender de nada ni de nadie; y el sujeto que, cual tú hiciste, se casa 92 con mujer rica, dejando a su novia en la estacada sin más caudal que sus penas, sus fuelles y sus castañas, bien merece que le humille su esposa y que le eche en cara la comida que le da, el traje que le regala, el techo que le cobija, y hasta la luz y la cama (CCC, vv. 49-62). Socorro va con su bebé a buscar a Juan, memorialista de café-teatro, para llevarle un paraguas con la excusa de que está lloviendo, pero sólo le lleva un pañuelo grande: Socorro Además yo he venido no por mis celos; por hacerte un servicio, vine corriendo. Juan ¿Pues qué sucede? Socorro Que está lloviendo a mares (TM, 268-273). Toribia y sus hijos vienen del pueblo a Madrid para buscar a su marido Trifón que es alumno de la escuela de toreo. Al final también se aficiona a los toros pues cree que su marido va a triunfar (FN, escena X-XVIII-XX). Doña Rita, viuda cleptómana que roba una liebre a un criado y es robada, a su vez, por un pilluelo, acude a la iglesia a rezar por su difunto marido a pesar de que la maltrataba (CF, escena XVII). Dos novios se encuentran por la noche, ella en el balcón, vigilada por su padre, y él en la calle. Eloísa manifiesta con ironía y sarcasmo su frustración por no poder casarse. Después de tres meses de noviazgo, Eloísa pide el matrimonio. Abelardo pone la excusa de que le faltan cinco años más para terminar la carrera. Al final, Eloísa consiente en esperar. Abelardo piensa abandonarla, pues en tres meses ha tenido siete novias y todas le pedían boda. Eloísa Pues yo imagino que no, porque hace tres meses tienes amores conmigo, y aún nada me has hablado 93 de matrimonio, ¡clarito! ¿Qué, crees que soy yo tonta? Pues no lo soy, hijo mío. Y debo advertirte ahora, que si no estás decidido a casarte, te retires con la música a otro sitio (CF, vv. 39-44). Ceferino, padre de Luis, rico agricultor aragonés invita a los amigos de su hijo a cenar y a pasar una velada agradable (AN). Padres, abuelos y novias se afanan por conseguir la ansiada exención, recurriendo a la típica picaresca popular (JE). 3. Deficiencias físicas: inválido, ciego, sordo, cojo. Un inválido (cojo, manco y tuerto) de la tercera guerra carlista vitorea patrióticamente a los soldados y manifiesta su deseo de ir con ellos (CF, escena última). Un ciego es el único que se queda como responsable de la tienda de Carranza, pues todos se han ido a votar y Narciso está con su novia (C, escena XXII). Un sordo asiste al sorteo de la lotería nacional y sus intervenciones resultan ridículas (H, escena XXII). Diversos personajes con deficiencias físicas (un flaco, un gordo, un jorobado, un cojo y un sietemesino) acuden al estanco (NE, escena I). 4. Los que viven a costa de los demás: chulos/as, jugadores, pilluelos, mendigos, ladrones, matuteros, cucas, truhanes, prestidigitadores, murgantes, petimetres y abates. Los chulos madrileños del siglo diecinueve aparecen caracterizados con rasgos tópicos y son herencia clara de los majos del siglo dieciocho71. Parece que no trabajan y que están siempre de fiesta. Sus gestos, su vestimenta y su forma de hablar llaman 71 cfr. Rodríguez Solís (1889). 94 siempre la atención por su tono desafiante, sin llegar nunca a la maldad del rufián, y suelen oponerse a los señores de clase más alta. No siempre son respetados por las mujeres: Lorenza Y tengo un chulo de la vuelta de abajo... ¡Valiente puro! (H, vv. 658-660). Salcedo, chulo y jugador, intenta convencer a Manolillo para que deje su vida de jornalero y se pase al mundo del juego en su compañía. Manolillo ¡Soy honrado!... Salcedo No parece sino que yo no lo soy. Manolillo Y todo el que honra tiene quiere ganarse la vida con el sudor de su frente. Salcedo Déjate de tonterías, Manolillo, anda, vente y yo te daré otro traje mucho mejor, que tú eres simpático, y para el arte de gancho, precio no tienes (CF, vv. 428-438). Luceño reivindica la figura del chulo en el sainete: ¡Benditos chulos, bendita la gentuza de plazuela, sobre todo, cuando están hechos de mano maestra, por las dos autoridades únicas en la materia: por Don Ramón de la Cruz, o Ricardo de la Vega!.72 Silverio es el típico chulo y jugador que no trabaja y es cliente del café-teatro (TM). En ¡Hoy sale, hoy!, vemos a los personajes que participan en el gran acontecimiento popular de la lotería de Navidad: lotero, voceadora, vendedoras, chicos que venden lista 72 Luceño (1889: 96). 95 de premios, viuda triste y viuda alegre, cigarrera, aguardentera, chulo/a, señores/as, obreros, militar retirado, caballero, sordo, matrimonio de Móstoles, papá, paleto, señor gordo, guardia municipal, padres, hijos, lacayito y sereno. Ramona es un cuca que tras una noche de juego comenta los lances con Salcedo, señorito vago y jugador (CF, escena IX). Macallister, prestidigitador, murgante y truhán. El mismo Macallister nos presenta irónicamente al resto de los habitantes del edificio: un titiritero, un dentista francés, un actor de café-teatro, un picador, un sacristán y una vieja echadora de cartas (AN, vv. 310- 341). En Un juicio de exenciones vemos a los personajes típicos de un pueblo español, que también aparecen en Un tío que se las trae: alcalde liberal, alcaldesa, hija, médico y su mujer, boticario y su mujer, herrador, señorito, chicos, maestro y paisanos. Fraile fingido también sirve para contemplar a los personajes protagonistas de los entremeses antiguos: marido viejo, mujer infiel, estudiante amante, mozos y gente del siglo. Ultramarinos es el escaparate de los personajes de un barrio popular de Madrid: tendero, dependientes, cochero de simón, recién casados, sereno, criada, patrona de casa de huéspedes, esposo con amante, zapatero de viejo y cacos. En el café El Imparcial aparecen personajes parecidos. Rufina, vendedora de periódicos que busca novio para su hija, habla con la mayoría de los parroquianos: bailaora y jaleadores, capellán, sablista, marido bebedor, coristas, marido cornudo, mujer e hija con amantes, hijo maltratado, viejas emperejiladas, barítono, cochero, etc. (Los lunes de “El Imparcial”). ¡Amén! o el ilustre enfermo es un divertido sainete en el que vemos desfilar por la casa del Presidente del Consejo de Ministros, enfermo grave, a una serie de personajes 96 aduladores y solicitantes de recomendaciones: ayudante de general, médicos interesados, señoronas, senador, etc.También destacan otros personajes: inspector de policía, criado, ayudante de cámara, portero, joven pobre que pide a un médico que visite a su marido enfermo, doncella, chulos, mozo de la funeraria, hija e hijos. Los personajes que visitan al ministro de turno para solicitar una recomendación son: una señora rica, su hermana, su hijo, su marido, criadas, porteros, asistente, general, señoronas, cacique, diputado (Las Recomendaciones). En El teatro moderno contemplamos un cuadro de costumbres típico de los teatros modernos: los café-teatros. Luceño ironiza socarronamente sobre los personajes que asisten a estos espectáculos: Nicanor, que recomienda a su hijo Felipe para que sea contratado por Nicolás; Restituta, que busca novio para su hija Sinforosita; vendedor de pantallas, mujeres, soldados, aguadores, sastra, cerrajero, panadero, etc. En La niña del estanquero, volvemos a ver a los personajes que rodean al mundo de los teatros por horas. Flora y Jerónimo regentan un estanco. Su hija Juanita quiere ser actriz, pero su padre se opone. Alfredo, pretendiente de Juanita, típico estudiante vago, que está en quinto año de carrera porque ha repetido cinco veces el primer año (NE, escena IV). Asisten al espectáculo: un marido, su mujer y tres hijas, el pretendiente, tramoyistas, empresario, abonados, coristas, peluquero, actores, traspunte, apuntador y un inspector. Estos personajes también aparecían en ¡A perro chico! El corral de comedias sirve a Luceño para hacer un homenaje a Ramón de la Cruz y nos presenta a los personajes de su época: Leandro Fernández de Moratín, su criado, autores españoles enemigos y contrarios a la forma de escribir de Ramón, marquesita, corregidor, alguacil, torero, cómicos, etc. Interviene el abate Luciano Comella, culto, ridículo, presumido y falsamente erudito, que primero critica la obra de Moratín (escena IV) y luego la alaba hipócritamente y le aconseja que cambie el final (escena XIII). 97 Aparecen los petimetres, Narciso y la Marquesita, amantes del buen vivir y de la vida social, que son superficiales, vanidosos y seguidores de las modas; prefieren visitar al torero enfermo Pedro Romero que asistir al teatro de Moratín (escena VIII). También son petimetres. Pepito, Adelardo y Narciso, petimetres ataviados con modestia, son novios de las tres señoritas de la casa (AV). Luceño se burla de los petimetres porque tienen un pie en la aristocracia. Luisito, petimetre casado, dice: ¡sí, que el mundo es un fandango! Los antiguos cortejos estarían representados por Gorito, hombre casado que hace la corte a María Ladvenant (LC) y a la castañera Temeraria (CCC); por Lucas de Sandoval, maestro que viene a Madrid a reclamar su salario, de quien se quiere hacer invitar Dª Restituta y su hija Sinforosita (TM, escena IX); por Eladio, que huye del marido de su amante Amparo (TM, escena III); por Trifón, hombre casado que huye de casa para ser torero e intenta seducir a Remigia que está con su hija Rufina; por Gonzalo, novio de Juanita, que galantea con Irene y sus tres hijas a quienes regala cuatro entradas para el teatro (NE, escena II); por el Barón con su amante (CC, 815); por don Lino y su pantalonera (U, 496) y por Luisito que corteja a las castañeras (CCC, vv. 547). Anselmo corteja a su prima Celestina, mientras ésta acompaña a sus tres sobrinas cuando pasean con sus novios petimetres (AV, 284). En La Comedianta famosa vemos a los personajes típicos de los sainetes del siglo XVIII: María Ladvenant, maja, majo, esposa ultrajada, criada, tapicero, duque, marqués, alguacil, alférez y el corregidor. Juana y José utilizan el habla típica de los majos y majas. Personajes parecidos intervienen en ¡Viva el difunto! En ¿Cuántas, calentitas, cuántas? encontramos a los mismos personajes de las Castañeras picadas de Ramón de la Cruz: cómicas, castañeras, maja/o, petimetre/a, criado, carpintero, su mujer y un niño. Este autor es el protagonista de El maestro de hacer sainetes o Los calesines. Otros personajes son: novio avaro, criados, padre e hijas, 98 petimetres, tapicero y alquilador. Adula y te caerás nos vuelve a situar en el siglo XVIII para ver a un adulador y a una familia amiga que se burla de él. Jacinto Octavio Picón sintetiza magistralmente el cuadro de personajes que Luceño nos presenta en sus sainetes: Gente que madruga o trasnocha, en Cuadros al fresco; miedosos y pillos que quieren librarse de quintas, en Juicio de exenciones; tenderos de poco pelo y parroquianos de menos dinero, en Ultramarinos; fanáticos por la lotería y los toros, en ¡Hoy sale, hoy! y Fiesta Nacional; aduladores y lamerones políticos en Amén, o el ilustre enfermo; cómicos de café en el Teatro moderno y A perro chico; tramposos y cursis en Carranza y Compañía; y apasionados de la flamenquería y la juerga, en Los lunes del Imparcial; tales son algunos de los tipos que ha trazado con pocos y fieles rasgos, muchos de ellos de mano maestra, prestándoles el lenguaje que realmente usan y teniendo siempre un tacto exquisito y una habilidad extraordinaria para que, aun los más ruines desarrapados y bajos, salgan de sus manos tolerables y puedan pisar la escena sin perder originalidad ni carácter; labor mucho más difícil de lo que a primera vista parece, pues dados tales elementos, le es preciso a veces trazar un cuadro artístico limpio y agradable, con figuras repulsivas al buen gusto y contrarias a todo sentimiento de lo bello. 73 Luceño recurre a tipos ya conocidos y que el público podía identificar fácilmente, por su cercanía real o por sus referencias a autores pasados o contemporáneos. A veces también recurre a los estereotipos como el sereno asturiano o el criado gallego. Dado el carácter espectacular de los sainetes, el reparto de personajes era muy numeroso. El autor identifica a sus personajes por su nombre de pila74, su apodo (la Temeraria), el oficio (sereno, municipal y vendedor) o función (jaleadora) que desempeña en la obra o por sus relaciones familiares (madre, hija, novio y marido). Es fácil distinguir los personajes principales, los acompañantes y los secundarios ya que sus rasgos aparecen esbozados en las acotaciones y, sobre todo, están implícitos en los diálogos. Los personajes de los sainetes de Luceño, aunque herederos de los entremeses del barroco y de los sainetes dieciochescos, son un poco más dignos pues no exageran tanto los aspectos grotescos. Podemos aplicar aquí el juicio de Sala Valldaura: El sainete incluye relaciones de comicidad más cercanas al reírse-con que al reírse-de, bastante más a menudo que el teatro breve anterior.75 73 Picón (1917: 6). 74 muchos de estos nombres tiene un doble sentido irónico y un marcado origen popular. cfr. II.8.2. 75 Sala Valldaura (1996: XXXVIII). 99 II.8. Lenguaje El teatro breve de Tomás Luceño está caracterizado por dos rasgos íntimamente relacionados entre sí: el lenguaje y la comicidad. Nuestro autor sabe reproducir con realismo las expresiones más cómicas del habla popular, al mismo tiempo que consigue embellecer el estilo de sus sainetes con las más variadas figuras literarias. La belleza de su producción dramática radica pues en la conjunción de estos dos elementos inseparables: el lenguaje popular que da verosimilitud a los cuadros costumbristas escenificados y la amplificación o variación literaria de que hace gala en todos sus escritos. Naturaleza real y arte ideal se unen en la pluma de este insigne sainetero madrileño. La mayoría de los sainetes de Tomás Luceño han sido escritos en verso romanceado, siguiendo el estilo clásico de Ramón de la Cruz. Solamente utilizó la prosa en Amén o el ilustre enfermo y en algunas escenas de Fiesta nacional (VIII-IX y cuadro 6º), ¡Hoy sale, hoy! (XVI a XX y XXII), Las Recomendaciones (VIII a XII) y La niña del estanquero (I a VI del cuadro 1º). Luceño experimenta sobre formas populares del habla de Madrid antes que Arniches.76 La fuerza teatral de su palabra suplía otras carencias de la escena, propias de la precariedad del teatro por horas. Los personajes se distinguen más por lo que dicen que por lo que hacen. El lenguaje de sus sainetes es un remedo del habla del pueblo madrileño, centro de confluencia del resto de España. Para ello se sirve de todo tipo de incorrecciones fonéticas, morfológicas y semánticas que distinguen y enfatizan cómicamente el habla del pueblo. 76 cfr.Trinidad (1969) y Seco (1970). 100 Los personajes de Luceño utilizan un lenguaje espontáneo y natural, plagado de vulgarismos y de fuerza paródica. De esta forma conseguía conectar con el público pues la representación, a pesar de su brevedad, se hacía más verosímil. El público se reía con los juegos de palabras, los chistes y las caricaturas de los personajes. Según Manuel Seco, el lenguaje popular se caracteriza por la materialización y rebajamiento de las ideas, la expresividad enfática y afectiva, y por el sentido lúdico y cómico.77 El lenguaje es la principal herramienta de comicidad utilizada por nuestro autor en los diálogos de los personajes. A veces, apremiado por la duración del sainete y quizá debido a su poca experiencia teatral, utiliza excesivamente el monólogo como podemos comprobar en su primer sainete Cuadros al fresco: Abelardo (83-118), Tadeo (185-218), Salcedo (316-376), Rita (626-647), el municipal (780-800) y el cesante (817-824). También hablan directamente al público el cómico pobre (EC, vv. 1-56), Gorito (CCC, 140-159), la vendedora de periódicos (LI, vv. 33-73 y 522-585), el ministro (R, vv. 438- 471) y la romántica Elena (NT, 1-34). Son frecuentes los breves apartes dirigidos a los espectadores: Macallister (AN, 415-429) y empresario (AN, escena última). Bernardino (Aparte.) Dios te dé sabañones enconados y uñas romas que impidan que te rasques. Marcos (Volviéndose porque le ha oído.) Y a ti viruela negra y tabardillo... Y otra vez di más bajo los apartes (EM, vv. 235-238). 77 cfr. Seco (1970: 27). 101 II.8.1. Hablas populares y dialectales El lenguaje teatral es un elemento definidor del carácter del personaje.78 Oyendo hablar a los personajes, el público conoce su origen (gallego, catalán, aragonés), ocupación, nivel cultural y clase social a la que pertenecen. Tomás Luceño recoge las diferentes hablas dialectales que confluyen en Madrid, sobre todo las de menor condición social: criados, verduleras, serenos, policías, chulos y petimetres. Resalta la corrección y riqueza idiomática de los personajes que pertenecen a la clase media. Ofrecemos a continuación una recopilación de las formas lingüísticas79 más empleadas en sus sainetes, comenzando por las variaciones fónicas que con más frecuencia utilizan los personajes populares, con el fin de ambientar las escenas y provocar la risa. Las vocales átonas varían mucho más que las tónicas (osté AP, 188, vosté AP, 195). Se produce el cambio de timbre vocálico o disimilación de vocales átonas, confundiendo la e con la i (rispeto CF, 460, riverencia CF, 465, metá CF, 765, nenguna CF, 468, melicia JE, 90–por milicia–, cevilizado FN, IX, desimule H, 53, aligancia TM, 616, semos LI, 274). También se da la asimilación de vocales próximas (Grigorio H, 322). Es frecuente la metátesis de vocales (descudiado FN, 342). Se añaden vocales proteicas (aluego R, 311, asiéntense FN, IX, asujetarse FN, 312). A veces se cambia el lugar del acento para conseguir la rima asonante (kilometro JE, 242). Los tipos achulapados suelen relajar la [i] acercándola al timbre de la [e]. 78 Huerta Calvo (2000: 142). 79 para más información sobre el lenguaje en el teatro del género chico, ver Melero de Pablo (1978). 102 Se reduce el diptongo [ie] (pacencia NE, 563, concencia FN, 686), el [ue] (pus CF, 528), y el [au] (utosia LI, 267). Se diptongan vocales breves (cuociente H, 32). Hay diptongos incorrectos (depriesa LC, 244, priesa AV, 463, prudiencia FN, 155, andiamo FN, 611, alegraisos JE, 444, niervos JE, 475, satisfaición TM, 306, Alcobiendas NE, 434). Se modifican y diptongan los hiatos [ea, eo] (linial, cranio). Está muy generalizado el yeísmo, con la fricación de la [y] (cabayero H, 291). La letra [x] se pronuncia como /s/. Se pierden consonantes intervocálicas (coloraa CF, 472, rendía CF, 772, metío CF, 484, sentao CF, 543, seor JE, 353, señá TM, 215 ganao TM, 529, suprimío TM, 237, faltao TM, 678, pa FN, 25, pa ganame FN, 535, instruíos FN, 127, marío AN, 646, piazo H, 299 —pedazo, se cierra la [e] en [i]—, honraamente FN, 264, paece FN, 698, misté CF, 525,–por mire usted–, ties TM, 240–por tienes–, too FN, 131, y finales (mitá CF, 765, libertá CF, 778, sociedá AN, 345, verdá FN, 95, señó FN, 134, reló CF, 183 , Madrí CF, 764, escondé R, 267). Se pierden letras al trasladar el acento (señá por señora). Se suprime la r (pogreso). Se añaden consonantes: prótesis (desagero FN, 679) y epéntesis (reempujado—por repujado—CCC, 868, inlícito). Se pronuncia ustez H. 269, comodidaz LI. 294, curiosidaz. Se produce elisión por sinalefa (d’ahí H. 386, que l’haiga T. 758,) y contracción (samenesté FN. 83, pal). Es muy frecuente el apócope (Ruper C. 576, Sinfo C. 577). Se simplifican grupos consonánticos (alunos FN. 117, alúminos FN. 125, lición FN. 278, perfeto FN. 122, maníficamente FN, 264, satisfaición TM, 306 —añade diptongación—, ator TM, 290, ispetor LI, 250, lo aceto LI, 651). Se producen metátesis (presona CF, v. 681, frabico H, 52, catredáticos FN, 89, hermétricamente H, XXII, cadavre NE, 570, cuidiao LI, 699, gasnatazo, U, 736). Se cambian consonantes iniciales (gofetón CF, 500, güeno) y [n] por [s] (dende JE, 3). 103 Se confunden las consonantes líquidas [l] y [r] (venil CF, 471; un señorito que quiere hacer de monosabio dice: taldes, encuentlo, pelmitan, selvicio, cuidal, pelsonas, apaltalme, selé, otolgan, palabla, quielo, calela, genelosa, malcho, vestil, plecisamente, pleciosa FN, escena XIII). El mismo autor suele jugar con el sonido para provocar la risa, utilizando la aliteración. Por ejemplo: Patrocinio: Uno ¡Pero muy bonito! El treinta y tres mil trescientos treinta y tres. Melitón: ¡Qué entristecido me dejas! (H, vv. 484-487). El tempo y la entonación no se ven en la escritura. Pero, por las acotaciones y los comentarios de la crítica, podemos afirmar que la manera de hablar de los actores que representan personajes populares es lenta, campanuda, de tono seguro y tranquilo y con gestos graciosos y cachazudos. También observamos incorrecciones morfológicas. Son frecuentes el laísmo, la alteración de los pronombre personales (me se ha caído, te se LI, 265), la inclusión innecesaria de preposiciones (entoavía JE, 375, en jamás TM, 76, hazme de reír), la confusión de prefijos (dimpués CF, 681, inritarme H, 297), la sufijación incorrecta (tuertera AV, 501), los artículos para nombres propios (La Javiera CCC, 858, La Paca CCC, 416, La Figueras CCC, 601), la generalización del femenino en a (la sastra TM, 29, cuala CCC, 472), los arcaísmos (vuecencia FN, 867), la a proteica en el adverbio (aluego R, 311, alante A, escena XIII, alantre JE, 363), los imperativos incorrectos (alegraisos JE, 444, daros CF, 536, subir vosotros T, 748) y el mal uso de la conjunción (u es cosa AN, 662, u yo TM, 633). Se producen incorrecciones en las formas verbales (hayga T, 758, coza FF, 467, plazga CCC, 444, y orsequiarlas CCC, 440). 104 La mayoría de las palabras que utilizan los personajes pertenece al léxico oficial de la Academia Española, aunque su uso no sea muy frecuente. A veces vemos palabras o expresiones populares, pero no oficiales: cernícalo CF, 82, repulgos CF, 426, barbián CF, 677, gatera AN, 170, cisco AN, 578. Si han tenido una fiesta dicen que corrieron una flamenca AN, 283. Hay que ir al avío AN, 570 (a lo práctico) y correr al vapor AN, 58 (rápidamente) para que no le emplumen H, 128 (condenen). Encontramos muchas incorrecciones léxicas ( te suicido CF, 66, Castañazor TM, 542, arciprestes NT, 354—por cipreses—, superiorizan NT, 1006). En la jerga de los jugadores la cuca levanta un muertecito CF, 116 o juegan a la vaca CF. 304 y le toman el cuadro para desquitarse de la que ha ganado antes CF, 296. En la lotería el número diez es el tuerto TM, 666. Cuando hay enfrentamiento le dan a uno una felpa CF, 348, le rompen el bautismo AP, 434 o le santiguan CF, 84. En el bar, uno de la parroquia CF, 157 bebe aguardiente y dice que eso sí que es bala rasa CF, 137 y puede coger una turca TM, 282. El cesante quiere que le den un pase CF, 257 (afeiten). La bailarina Rosario no quiere casarse con un pelotari, pues después de casá puede encontrarse con una rasa o con una bolea que la espampane LI, 217-220. Abundan los latinismos: onibus —por omnibus— H, 420, quid H, 596, requiescant in pace A, XVI, Miserere C, 674, Tantum ergum C, 691 —por Tantum ergo—, rara avis NE, 180, busilis V. 36, inter nos A, VII y lapsus linguae H, 227— traducido erróneamente por “lazo en la lengua”—, consumatum est EM, 850. El latín macarrónico es un viejo recurso de comicidad: Ay qué ladrónibus, ay qué borráchibus, qué pinturéribus, qué marronácibus (FN, vv. 573-576). 105 También aparecen italianismos: dilletanti C, 696 y caro U, 96; los actores dicen las palabras inmorales en italiano AP, 246-264 y Lucía comenta de su padre Luciano Comella que en el idioma de Diantre no cede el puesto a cualquiera EC, 161; y muchos galicismos: chaquet AN, 294, Messieurs, Mesdames FN, 190, quinquet CCC, 727, la foucheaux JE, 362, vestidos a la dilniel CF, 766, madama CCC, 640, morceaux A, XVIII, bisteks C, 951, debuteada NE, VI, couplet NE, 331, oui, allons enfants A, XIX, demi- monde en el cuerpo AN, 244, claque AP, 227, bacarrat H, 759; galicismos incorrectos también son motivo de risa: Nicanor Ya lo sabes, no te dé vergüenza: pa ser ator lo primero es el despejo, la soltura, el san facon, (Pronunciándolo como está escrito.) que es el santo a quien en Francia se encomiendan con fervor (TM, vv. 290-293). Ceferino No se dice madame, se dice madam, hija mía. ¿No ves que la e es muda? Niña (Con tristeza.) ¿Es muda? ¡Pobrecilla! (A, escena XVIII). La deformación de las palabras mediante las etimologías populares también es un buen recurso para la comicidad. Socorro transforma requebrar (seducir) por re-quiebro (vuelvo a romper): y cuando pretenda el infame requebrar a alguna, yo le re-quiebro las narices, porque ya se las quebré hace dos días por otro delito igual (TM, vv. 207-214). Lucas transforma el “Valde” de Valdepeñas en Valde (balde, sin precio): Ramón Legítimo Valdepeñas. Lucas de Valde sólo, tal vez; Si quieres quitarle el Peñas...(TM, vv. 375-377). 106 Luceño satiriza la incultura de Pablo, dueño de una tienda de ultramarinos, quien corrige mal la buena ortografía de su dependiente Nicasio y le dice que la palabra calidad termina en z pues hace referencia a los garbanzos (U, vv. 65-70). Frecuentemente sus personajes emplean palabras técnicas o cultas, de poco uso entre el pueblo y no siempre utilizadas correctamente, lo que provocaba la esperada comicidad: Aunque parezco panoli, tengo, a Dios gracias, muy limpio el vidrio derecho H, 246-8, humero FN, XI, adúlteros FN, escena IX —por adultos y subalternos—, guarismo H, 508, “figúrese usted que el diestro sufrió la fractura del cuello quirúrgico del humero y una contusión en la parte posterior de la cresta iliaca” FN, XI. Felipe, un poco bebido, utiliza mal algunos cultismos: “estoy en mis cabales potencias”, “me han curado de primera intención” y “de segunda intención” LI, II. Se deforman las palabras: sobreasaron la causa R, VIII por sobreseyeron, gatuperio EM, 419 por vituperio, glándulas NE, escena III por góndolas. Resulta ridícula la parodia de los discursos protocolarios en boca de un viejo torero, actual Maestro de la Escuela de toreo FN, IX. El cochero Rufino habla así de los golpes que le pegó un diputado: Me causó una conmoción cerebral en este brazo U, vv. 53-54. El lenguaje sirve para ambientar y ayudar a los espectadores a situarse; con este fin, Luceño acentúa los vulgarismos típicos de la gente rústica del campo. El sainete Un juicio de exenciones está ambientado en un pueblo cualquiera de Salamanca y refleja el habla popular: dende que sé que Colás, bocholno, seor Alcalde, alantre, verdá y sus entrego. En El arte por las nubes todos los personajes utilizan un lenguaje culto menos Ceferino, campesino aragonés, que emplea el habla del pueblo cuyos rasgos ya hemos señalado: pérdida de consonante intervocálica y de final de palabra (mie usté, to, tie, cacho e gloria, marío), paragoge en la flexión verbal (vinistes), apertura de la [i] tónica 107 (mesma), cierre de la [o] átona ( u es cosa). Se observa la influencia del gerundivo francés (en viendo). El peluquero catalán Rufino dice home AP, 136, osté AP, 188, vosté AP, 195. Lucas, actor y director de escena en un café-concierto, manifiesta su incultura utilizando palabras como haiga pendencias AP, 226. El coro de serenos y Rodríguez utilizan el dialecto asturiano en el que sobresale el cierre de la [o] átona (apropiau H, 599, desnivelaus H, 602, Pablu, muertu, fiju, non fallezcu, ha habidu, fuegu, monrucutudo, todu, pelu, tamañitu, socororu, sobrevinu, piensu, premiu, reclamu, muchu...), la diptongación de la [e] tónica (paviesas), pérdida de consonante (dino) y consoñante añadida (non). Francisco, guardia bebido, habla como gallego cerrando la vocal átona (estu da la vida, chicu), así como su compañero Pedro (tiene jracia, quita d’ahí H, 386). Hablan también gallego: Lorenzo, el portero de Amén o el ilustre enfermo (comu, cun, amu, lu que, pur, sermuneo, dolurido, nun, puniendo, lu mismo, esu, encuntré, cuntestome, u yo y cuandu A, escena III), Domingo (todu, nun, garbu, largu, pur delante, modu, vengu, cun, caru, prefieru, asín CCC, escena VII) y Cayetano, mozo de tahona (recadu, en un momentu despachu, a usté nu le han reventadu, borrachu, merezcu, nun salga, tubillo, sacu, cargu, guapu, todu el destritu, navajazu, vetorioso, fideledaz, equidaz, dieme, porqui, gratetuz, votu, pra, curtedaz, curiosidaz, cadedato, cadedatura C, escena VIII). A veces encontramos andalucismos: jacer FN, 754, jaser FN, 546, jería FN, 564, jracia H, 386, jembra FN, 211. También hay gitanismos: gresca AP, 12, jindama FN, 154, gachó A, XII, camelo H, 730, panoli H, 247. Javiera, la mujer del carpintero, habla como el pueblo de Madrid: ya me estás ajando la bata, orsequialas, plazga, ustés, “naranjas de la China... y el que quiera saber más, a Salamanca”. El habla de las majas madrileñas lo encontramos en La comedianta 108 famosa, ambientada en el siglo XVIII. Juana y José dicen: seor ministro u corchete, que es análogo, u esbirro, que da lo mesmo u arguacil, Monicipio, tie, mesma. Lo mismo podemos decir de Pintosilla y Macareno en ¿Cuántas, calentitas, cuántas?: quedrá. ¡Hoy sale, hoy!..., sirve para oír las voces de los chulos y chulas de Madrid, a semejanza de los majos del siglo XVIII: ustez se recordará, hablao, ¡Que te eches un lapsus lingüe!, el demi-monde en el cuerpo, “aunque parezco panoli, tengo a Dios gracias muy limpio el vidrio derecho”, “si yo no me mamo el dedo”, cabayero, que yo juego de ocultis, cáyate, inritarme, bofetá, pus bien. Conviene recordar que estos chulos, más que rufianes, son chulos en tono menor. En Carranza y Compañía, el dependiente Serafín habla también como los chulos y dice: saca de los mosmis C, 136. Es curiosa la observación metalingüística sobre el habla que encontramos en Un tío que se las trae: Ceferino Observo que usted se expresa con perfección desusada; no dice usted ni venemos, ni tan y mientras, ni haiga. Braulia Es que he nacido en Castilla la Vieja; y allí se habla el castellano, mejor que en ningún punto de España. ¡Digo hasta psicología Ceferino ¡Anda, anda! Braulia Y en lugar de hombre de mundo, ¡hombre mundial! (T, vv. 161-172). Tomás Luceño recurre al refranero para titular algunas de sus obras originales o refundidas: ¡A perro chico... (todo son pulgas, pues con la pobreza es causa de hambre y todo tipo de calamidades), A secreto agravio, secreta venganza (la discreción y la prudencia favorecen la eficacia de las acciones), Lances de amo y criado o Donde hay agravios, no hay celos (pues los celos son producto del amor y los agravios del odio), El examen de maridos o antes que te cases, mira lo que haces (anima a las novias a conocer a sus futuros maridos sin ofuscarse por las apariencias), El mayor monstruo, los celos (pues hacen sufrir mucho). 109 La gente del pueblo utiliza muchos refranes, pues en ellos encuentra seguridad y les permite hablar ahorrando esfuerzo mental: “En menos que canta un gallo” (CF, v. 266) habla de la rapidez con la que se producen los hechos. “Madruga que se las pela” (CF, v. 356) se refiere a la diligencia con que empieza la jornada; también se dice “corre que se las pela”. “Donde menos se piensa salta la liebre” (CF, v. 695) da importancia al azar o la casualidad. “¡Si este Madrí es un belén!” (CF, v. 764): pues se encuentra uno de todo y a las personas más dispares. “Además, yo soy muy desgraciada en amores, y por lo tanto debo ser afortunada en el juego” (H, Escena XVII) es un dicho popular que sigue vigente. “El viento de Madrid mata a una bestia y no apaga un candil” (A, Escena IV); mata porque es muy frío y no apaga un candil pues tiene poca fuerza y apenas se le nota. “Por la boca muere el pez” (A. Escena IV) invita a pensar las palabras antes de decirlas. “Y el que quiera saber más, a Salamanca” (CCC. vv. 430-432) pues su universidad tiene mucha fama. “El casado casa quiere” (EM. v. 390); la asociación fonética de casado con casa relaciona los dos conceptos con el de seguridad para el futuro. “Y después, cada mochuelo a su olivo” (EM, v. 490); cada uno ha de ocuparse de lo suyo. También hay variaciones: “A palabras necias, oídos inhabitables” (NE, escena VI). 110 II.8.2. Comicidad verbal La comicidad del sainete se basa en la complicidad con el público para conseguir reírse con más que reírse de.80 Tomás Luceño utiliza diversos recursos del lenguaje para lograr esta comicidad que, lejos de ser negativa, siempre está al servicio del entretenimiento y de la corrección moral. Nos invita a contemplar su espectáculo teatral con una sonrisa comprensiva, basándose sobre todo en la acumulación de recursos verbales, equívocos y extrapolaciones lingüísticas. Nuestro autor adopta siempre una actitud respetuosa hacia personajes y público. Los versos que dedica a su amigo Esteso muestran su sentido de la comicidad: ¡Luis Esteso!...¡Qué prodigio! con su trabajo excelente gana dinero, prestigio y el cariño de la gente. Porque eso sí, es evidente; hace reír sin herir (que es el más sano reír) y solamente por eso soy admirador de Esteso y lo seré hasta morir (Esteso, 1913: 4). Las funciones del lenguaje en el teatro breve de Tomás Luceño podrían ser las que Sala Valldaura (1996: LXXI) destaca en Ramón de la Cruz: motor de la intriga, elemento caracterizador de los personajes, recurso cómico, herramienta satirizadora y vehículo de acercamiento al aplauso. Tanto el lenguaje verbal como otros lenguajes no verbales, buscan la risa y condenan tipos, personajes, defectos, nuevas costumbres y grupos sociales, utilizando diversos recursos de agudeza e ingenio. El público se ríe con las metátesis, galleguismos y catalanismos como si fueran defectos físicos. Las palabras afectadas, los galicismos e italianismos provocan la risa lo mismo que los tonos falsos y 80 cfr. Sala Valldaura (1996: XLIV). 111 los gestos afeminados. Luceño, consigue dar realismo al lenguaje teatral al mismo tiempo que teatraliza el lenguaje madrileño. Según la terminología de Manuel Seco (1970: 243-258), podemos decir que en la obra dramática de Luceño predomina la comicidad subjetiva, pues los personajes y situaciones se presentan como cosas de las que podemos reírnos. Sin embargo, en el amplio contexto de su vida literaria, el mismo autor hace gala de una comicidad objetiva, propia de un escritor siempre ingenioso. Destacamos a continuación las principales formas que utiliza para conseguir comicidad con el lenguaje: palabras con doble sentido, nombres propios con varios significados, piropos femeninos, insultos, rasgos groseros, chistes y otros recursos retóricos: 1. Palabras con doble sentido La dilogía facilita la comicidad jugando con el doble y equívoco sentido de las palabras. Tomás Luceño emplea frecuentemente el recurso de dejar una frase sin acabar y cambiar el sentido de la última palabra de la frase anterior. Un criado hace un aparte para reírse con el público de una vieja que le acosa en la calle y recurre al tópico de la momia para referirse a los estragos del paso del tiempo: ¡Adiós, pichona! Volveré...(las espaldas. ¡Vaya una momia!) (CF, vv. 691-693). Rosa manifiesta irónicamente su forma de ser y de comportarse con benevolencia cuando nadie le lleva la contraria y declara que tiene un carácter lo más apacible y bueno, cuando hacen lo que ella quiere (JE, vv. 63-64). Un aldeano alega que es burriciego; el médico intenta comprobar si puede ver las letras, pero finalmente aquel confiesa que no sabe leer (JE, vv. 370-384). Antonio se compadece irónicamente de su amigo empresario pues se ilusiona con el éxito económico de su futuro café-teatro: 112 Empresario (...) me voy a hacer millonario. Antonio Sí, millonario de deudas (AP, vv. 25-26). Un policía busca a los autores del petardo que ha estallado en el escenario y el público, cómplice con la confusión terminológica, se ríe de los autores del sainete: Agente ¿Qué escándalo es éste? (Al Empresario.) A ver, dígame usted sin reserva el autor o autores de... Empresario ¡Estos señores! Agente ¿Han perdido la cabeza o es que hay ya también petardos en prosa y en verso? ¡Simplezas! ¡Ustedes son los autores del petardo! (AP, vv: 498-510). Luceño utiliza frecuentemente el recurso del sin sentido como un elemento cómico más. El cliché “¿está usté?” pierde su significado cuando se repite muchas veces y cuando se responde “estamos los dos” (FN, vv. 103-104). El color rojo de la cara del viejo torero Manazas es aprovechado por Trifón en un aparte para hacer cómplice de su burla al público: Trifón Usté pica. Manazas Justo Trifón (Aparte.) ¡Es claro! ¡Ese color de pimiento! (FN, vv. 229-231). Posteriormente Manazas, después de enseñar varias lecciones brutales a Trifón, le dice que, pa picar, no hay más remedio que acostumbrarse a estas cosas (FN, vv. 335- 336). La popular devoción religiosa también es objeto de suave burla anticlerical: María Por la Virgen de la O. Gorito ¿De la O?...No te obedezco aunque me invoques la Virgen del abecedario entero (LC, vv. 419-421). Clotilde A ése le he conocido yo de tenor cómico en la compañía de Jesús. Luisa ¿De la compañía de Jesús? Clotilde Sí, de Jesús Martínez, director de escena del teatro de Tacón. (...). Figúrese usted que el otro día se encontró a un sacerdote amigo suyo.–“¿Cómo está usté?” le dice mi marido.–“Bien, gracias; ¿y la señora?” contesta el cura. Y mi esposo responde:– “Perfectamente; ¿y la de usted? (A, escena XIII). 113 Son frecuentes las palabras con fáciles alusiones sexuales que siempre eran bien acogidas por los espectadores, cómplices con este tipo de comicidad: Trifón ¡Cuerno! Manazas A eso es a lo que hay que agarrarse ( FN, vv. 265-266). Rufina comenta con picardía los usos amorosos de las jóvenes madrileñas y aprovecha la anfibología del término “villa madrileña”, sede de la corona real y ciudad libre para amar: ...porque en Madrid, como es coronada villa, hay cada...¡Dios me perdone, si es que pienso con malicia. (LI, vv. 432-435). El estudiante Perico y Casilda juegan con la llave de la casa (Mira cómo sube, mira cómo baja FF, 298), el viejo marido se lamenta (Yo ya no tengo escopeta ni tampoco municiones FF. 135), la tía, el mozo y el coro le recuerdan que es más que un borrego, pues (tiene en la cabeza lo mismo que todos en su situación FF, 545) y Casilda le dice a su tía (No tardes, porque ya el cerrojo cruje y va a caer en el primer empuje FF, 408). El cuerpo de la mujer es motivo de comentarios picantes en estos sainetes dirigidos a un público que pertenecía a una sociedad predominantemente machista: Manuel Me voy a suicidar, le dije a mi patrona, y empecé a acariciar... Miguel ¿A la patrona? (A, escena XXVII). Al viejo verde Agapito, la mujer que le gusta más es la propia...la propia de los demás (NE, escena VII). Gorito dice que María Ladvenant es un pasmo como actriz y como hembra otro pasmo. A lo que los petimetres José y Juana contestan estornudando porque se han quedado pasmados de oírle (LC, vv. 180-184). Angustias se enfada cuando su marido Melitón abraza a Lorenza y al preguntarle qué es lo que está haciendo, éste le contesta que una aproximación; Lorenza, a su vez, amenaza a Angustias con aproximarle un reintegro (H, escena XXII). Carranza Mis chicos, sin ropa; yo con este traje y el puesto; mi mujer medio desnuda, por no decir que está en cueros... Joaquín ¿Puedo verla?(Haciendo el movimiento de echar a andar). 114 Carranza acaba diciendo que ahora es imposible porque está presa...de un gran ataque de nervios (C, vv. 312-319). Lino se queja de que no puede haber armonía entre él y su mujer, pues ella no piensa más que en las cosas de arriba y él en las cosas de abajo (U, vv. 525-527). La madre de Juanita, actriz de café-teatro, teme por la honra de su hija y por eso nunca la deja sola cuando está actuando en este tipo de establecimientos de baja reputación (NE, vv. 67-70). Un revendedor anuncia que una señorita que debuta en el teatro es de las que están pidiendo que la pateen y la majen (NE, vv. 286-292). El enamorado Alfredito pretende a la hija de Flora, pero ésta se opone pues considera que no es un buen partido: Alfredito Hace dos meses traigo esta carta llena de fuego, ardiendo en frases de amor... Flora Sí, ya he notado que olía a chamusquina (NE, Escena VI). El descaro de la nueva criada provoca el estupor en la señora y la risa del público. Mercedes Que no suceda otra vez. Celedonia No, los cacharros que he roto ya no los vuelvo a romper (R, vv. 268-271). Esto recordaba a los espectadores el conocido enfrentamiento escenificado en La Gran Vía (1886) entre la criada (“Pobre chica la que tiene que servir”) y el ama (“Pobres amas las que tienen que mandar”). La incorrecta pronunciación (mitra por muestra) del secretario ministerial García es también causa de graciosa confusión: García “Con todo respeto pide que se le otorgue una mitra” Ministro ¡Una mitra! (Admirado.) García (Azarado y leyendo de nuevo.) No: “...una muestra de su rectitú y justicia, dándole colocación de Comisario en la Línea” (R., vv. 510-515). 115 Luceño suele deformar y crear derivaciones ridículas con nombres como el de la ciudad de Mula, el título de General, los estudios de Derecho, el embajador ordinario, Angustias, Dolores y la mesa del Congreso y otros apellidos: El General se presenta afirmando que es diputado por Mula y José dice en un aparte: Lo conocí en cuanto entraste (R, vv. 519-521). El Ministro dice: ¡Por Dios, General, no diga usted generalidades! (R, vv. 550-551). Ruperto ¿Pues qué estudia usted? Narciso Derecho. Ruperto Derecho...como una estatua; porque está usted todo el día sin moverse para nada (C, vv. 178-183). Lorenzo hace que Piñeiro suba por la escalera de los criados porque en la tarjeta decía “embajador ordinario”. Cuando Miguel dice que el enfermo ha pasado la noche con angustias y con dolores, Lorenzo aclara que ha comprendido que se trata de su mujer y su hermana (A, escena III). El Ministro dice a Lorenzo que hoy tienen que elegir la mesa del Congreso y éste le contesta que para elegir la mesa, puede ir la señora o él mismo, que también entiende de muebles (A, escena IV). Cuando Celestina pasea por la calle con sus sobrinas, las hijas de Luis Castaños, la gente dice: Ahí van las castañuelas y el pandero (AV, vv. 276-278). Patro dice:—A mí deme usted un buen drama– y Serafín contesta irónicamente que en su tienda no venden dramas; de esta forma critica los gustos de la gente que todavía prefería los dramones románticos y las óperas a las representaciones teatrales más verosímiles (C, vv. 760-763). Cornelio (cornudo para el público) no sabe que su mujer Ramona va por las noches a un tugurio y juega a “la vaca”; por eso dice inocentemente: Hoy no compro carne porque al pasar por la alcoba de mi mujer, entre sueños gritaba como una loca: “¡Maldita vaca! ¡Maldita sea mil veces la hora...” 116 Y esto es que ayer la hizo daño; así, aunque hoy no la coma (CF, vv. 620-625). Macallister dice que viven en el templo del arte, pues todos los de aquella pobre casa se dedican al arte (AN, vv. 300-365). El mismo Macallister comenta que practica tres artes: jugador, murgante y curandero (AN, vv. 415-429). Las intervenciones de Carolina, Modesto y Macallister son acordes con el sentido del sainete El arte por las nubes y provocan la comprensión y la sonrisa del público: Ceferino ¿Es Ud. también artista? Carolina Sí, señor, ribeteadora (AN, vv. 589-590). Modesto ¡Merced a grandes trabajos consiguió aquí cada cual elevar su arte! Macallister ¡Es claro! ¡No es posible a más altura, vivimos en piso cuarto! Ceferino Es verdad: de aquí a las nubes solamente falta un paso (AN, vv. 826-833). El público sonríe y se compadece de Ceferino cuando éste se queja de que su hijo sólo sabe pintar la cigüeña, pues le ha hecho abuelo antes de finalizar sus estudios (AN, vv. 519-524). La glotonería de Restituta es motivo de sátira, pues quiere comer con su hija a costa de un amigo, sin saber que éste no tiene dinero para invitarla: Restituta (Aparte.) Pide cosa que se pegue al riñón. Sinforosa Pues...me traerás riñones. Ramón Bien. ¿Salteados? Sinforosa No, señor, sin saltear ( TM, vv. 477-480). La ignorancia e inocencia de la joven novia Teresa es motivo de burla cuando, a la pregunta de cuántos pies tiene su novio, contesta que le parece que dos (JE, vv. 73-76). Un sargento finaliza el sainete y juega con el doble significado de “dar la talla” para la mili y para escribir obras de teatro (JE, vv. 480-485). Luceño no ingresó en la Academia española aunque tenía muchas ilusiones por conseguirlo y se mofa de los académicos cuando 117 vemos que Tecla compra dos cuarterones de lengua para un huésped académico (U, vv. 396-401) y a través de la pomposa forma de hablar que tiene Luque, portero de la RAE (R, vv. 854-979). Los madrileños que trabajaban en contacto con el público solían dar muestras verbales de su buen humor, como en el ejemplo donde se juega con la dilogía de la palabra lata: dar la lata (molestar) y dar la lata de sardinas (U, vv. 430-432). Lo mismo ocurre con el término apuntar las deudas en un cuaderno y apuntar con la escopeta para disparar (U, vv. 434-437). El cesante es un personaje frecuente en el teatro de esta época, que provocaba la compasión y la sonrisa cómplice del público: Rufino (Cesante.) No encuentro sitio donde firmar. ¡Ni en el papel hay vacante para mí! (...) “Rufino Suárez, el cual tiene ofrecido, si vuecencia se pone bueno, ir descalzo al cerrillo de San Blas.” ¡Así como así, voy descalzo a todas partes! (A, Escena II). Los políticos son satirizados en el teatro breve del siglo XIX, debido a la conocida alternancia en el poder entre conservadores y liberales. Sebastián y Antonio comentan que las enfermedades de garganta se extienden entre la gente política, sobre todo entre los diputados ministeriales, pues tragan tanto, que a la fuerza han de tenerla irritadísima (A, escena VII). Miguel dice que el enfermo es un alto personaje y un chulo le contesta que si es alto, mejor; pues así no llegará el ruido hasta él (A, escena XII). El hijo del Presidente del Consejo de Ministros dice a Ceferino que no se atreve a pedir más recomendaciones a su padre porque cuando le pidió para su profesor de latín una canongía, le contestó que los destinos vacantes se los tiene que dar a los sargentos (A, escena XIX). Carranza se ríe de que un político pone en las tarjetas ”exministro” con ese y se cree que lo está siendo (C, vv. 452-455). 118 La crítica a la subida de los precios era bien recibida por los espectadores. En este caso se aprovecha de la disemia “subir el pan” cuando Colás pide a Gregoria que diga en la tahona que suban el pan a la casa y ésta cree que se refiere a otra subida de precio del pan (AV, vv. 94-99). 2. Nombres propios con doble significado La denominación de los personajes es un viejo recurso teatral que sirve para conseguir la complicidad familiar de los espectadores, una fácil identificación y mayor grado de comicidad. Se trata pues de una auténtica onomástica parlante definidora de los personajes típicos por asociación o por contraste. Cornelio (cuernos) duerme mientras su mujer, Ramona, se divierte en una casa de juegos; Rita, viuda cleptómana que se irrita, se asocia con Santa Rita, patrona de los imposibles; Nicolasa (col) es una verdulera; Andresito es un “hombrecito” a quien su novia protege y defiende; Matilde es la “tilde” que siempre está encima del novio (cfr. CF). Modesto es un escritor orgulloso de sus dramas y que vive modestamente; Macallister (asociación fonética con macarra y listo) es un listillo que vive a costa de los demás; Luis Caballete es un pintor de caballete, sin fortuna ni futuro, semejante a un caballito; su joven esposa se llama Carolina (cariño); Ceferino Larraga Izquierdo Sánchez y Pinto viene hecho una fiera —en el fondo es un buenazo— de un pueblo aragonés a pedir cuentas a su hijo, que vive en Madrid (cfr. AN). Una bailarina que actúa en un café se llama Natalia, dulce y suave como la nata; Dolores (dolor y Lola) es una vendedora de fósforos; Raimundo se cree el rey del mundo, pues es actor de café-teatro; Silverio (silva, silvestre) es un chulo; Socorro viene celosa y con su hijo para “socorrer” a su marido Juan, que se esconde de ella en el café (cfr. TM). 119 Rosa es la hija casadera, que está como una rosa en flor; Tiburcia, maestra de pueblo, se puede asociar fonéticamente con burra (cfr. JE). Rufino es un “fino” peluquero catalán y amanerado; Narciso es el bello novio de Elena, como el nombre de la hermosa heroína de la Iliada (cfr. Ap). Dolores es la voceadora de la lotería de Gregorio, cuyos gritos producen dolor de cabeza; Amable es el nombre irónico de un militar retirado, grosero y cascarrabias; un hombre bueno, engañado por la vendedora de lotería, se llama Benigno; Ramona es una mujer jovial y de buena salud, que, como se diría vulgarmente, está “jamona”; su amiga Escolástica está siempre triste como la virgen santa Escolástica (cfr. H). Rosa es la joven y rubicunda pantalonera, amante de don Lino; Lucía tiene un nombre irónico, pues su cuerpo lucía antes, pero ahora ya está vieja para presumir; Nicasio es un dependiente con aficiones poéticas a quien nadie le hace caso (cfr. U). Adonis es el bello alguacil, amante de la marquesa (cfr. EC). Antonio La Olla es un médico matasanos que lleva a los enfermos a la hoya.81 A Pompeya, ciudad destruida por el Vesubio, le ha salido una erupción; Calixto es el inspector de policía que se pasa de listo (se asocia con ¡qué listo!). La funeraria se llama irónicamente “El sauce llorón” (cfr. A). Patrocinio, busca el patrocinio de todo el mundo a base de recomendaciones. Pura es otro nombre irónico pues también está muy recomendada. Luis Berrendo es el diputado por Toro (aquí se emplea la animalización). En el pueblo hay una Callejuela del Atún y un recodo de don Roque (cfr. R). Soledad es la joven sola que busca novio; Motilón es el criado inculto como los indios motilones (cfr. C). 81 aquí funciona la etimología popular. 120 3. Piropos femeninos El centro de atención de estos piropos es alguna parte especial del cuerpo femenino y se construyen a base de diminutivos, metáforas, comparaciones, eufemismos, e hipérboles. Ceferino se deshace en elogios ante la primera mujer que ve en Madrid, sin saber que se trata de su nuera, y le dice que, aunque es un bocadito muy dulce, no se lo come (AN, vv. 563-565), que es más guapa que una moneda de a cinco duros (AN, vv. 571-573) y que tie una mano que parece un terroncico de azúcar (AN, vv. 635-637). Cara, ojos, pestañas, caderas, labios y movimientos femeninos inspiran desde siempre a los galanteadores madrileños: Lucas ¿Quién te ha dado a ti esa cara? ¿Quién te ha dado a ti esos ojos? ¿Quién te ha dado esas pestañas que parecen, por lo extensas, las varillas de un paraguas? (CC, vv. 35-39). Ruperto admira las caderitas anchas y sandungueras que tiene Soledad (CC, vv. 115-117). Alfredo quisiera ser sobre para que la estanquera Juanita le estuviera pegando sellos todo el día (LI, Escena VI). Los andares insolentillos y el aparejo redondo de Agustina trastronan a Jerónimo desde los tobillos hasta el cerebro correlativamente (NE, cuadro 1º, escena IV). Gorito es el típico marido que se fija más en otras mujeres que en la suya y repite tanto los comentarios sobre su angelical amada Temeraria a su amigo Santiago que éste acaba por aprendérselos de memoria: Gregorio (Entusiasmado.) ¡Cuando anda!... Santiago (Sin dejarle acabar y como si de esto hubieran hablado muchas veces.) Hace retemblar el suelo al vigor de sus pisadas. Gregorio Sus ojos...¡que no son ojos! Santiago Más parecen dos escarpias, porque el sitio en que los pone los agujerea y taladra (CCC, vv. 14-20). 121 El Corregidor acude al teatro para ver los ensayos y los bailes con la excusa de controlar la moralidad y elogia a las mujeres respetando las reglas del decoro según el estilo clásico: Saludo a la buena gente... Sobre todo a este portento, de los públicos asombro y de Talía embeleso Me rindo ante tus donaires Polonia Rochel, que el cielo tan dulce voz darte supo, que cuando cantas, San Pedro su rostro asoma entre nubes y deja lo que está haciendo por escucharte (V, vv. 458-467). Los petimetres también galantean a las señoritas con un registro más coloquial como el de Pepito, que dice a Mercedes que la quiere más que a unos zapatos viejos (AV, vv. 307-308), o el de Abelardo a su novia Ana: “Aunque mi suerte me inquieta, por no tenerla sumisa, si rifas una sonrisa, guárdame una papeleta” (AV, vv. 412-415). 4. Insultos y expresiones despectivas Como señala Manuel Seco (1970: 230), los insultos son medios léxicos que resaltan la afectividad del hablante en sus manifestaciones de odio, desprecio, indignación, agresividad. Los insultos son expresiones despectivas exclamativas e independientes desde el punto de vista sintáctico. Muy a menudo, los defectos físicos son objeto de insulto como cuando Anselma dice a Nicolasa que es tan chata que parece que se han sentao en su cara (CF, vv. 541-543). Anastasia se ríe de las grandes dimensiones corporales de la verdulera Nicolasa (CF, vv. 519-523). Una maja dice al alguacil que es tan débil que, al perfil mirado, abulta menos que una peseta vista de canto (LC, vv. 32- 34). Para reírse de las narices de Fernando VII, los madrileños comentan que en la 122 plazuela dijeron en son de broma que hoy llegaban las narices y mañana su persona (AV, vv. 148-151). Narciso está tan pendiente de su amada que no se da cuenta de lo que dice cuando habla con un mendigo ciego: Narciso (Al pobre ciego.) Eche aquí un ojo. ¡Vuelvo pronto...no se vaya! Vase. Pobre ¡Que eche aquí un ojo, Dios mío... qué más quisiera mi alma! (Vase.) (C, vv. 1070-1073). Para llamar vieja a una señora se utilizan perífrasis exageradas y despectivas: Natalia llama vejestorio a Restituta y el año uno con guantes blancos y talma. (TM, vv. 640-642). Lucía va a dar parte al juez, para que lleven a la cárcel de mujeres por seducción de menores a Rosa, amante de su joven marido (U, vv. 578-581). Se ironiza sobre la vanidad presuntuosa de las jóvenes: Luis Me ha dicho esta mañana que piensa colocar primero al protegido de la más bonita. Las dos ¡Ay!...Muchísimas gracias. Luis A los pies de ustedes. Las dos Siento mucho que no sea usted la preferida (A, escena XIV). Es frecuente la deformación de palabras a base de disfemismos y asociaciones fónicas como calabaza por cabeza (C, vv. 58-59). Caramba, disfrazada de Temeraria, tilda a Gorito de tirano, cruel, mal hombre, monstruo, tarasca y grosero (CCC, vv. 925-926). Lucía dice a Rosa que es débil, desvergonzada e insolente! (U, vv. 563-564). En vez de decir “eres tonta de nacimiento” se utiliza el disfemismo reforzado con el sufijo en on para agrandar el insulto: —Eres tonta de nación —Y tú, antes de nacer (V, vv. 441-442). Otra forma de insultar es la animalización : Si bajara el borrego de mi esposo (C, vv. 574-575). —¿Lleva Vd. algún elefante?—¡Cuando le lleve a Vd. encima! (TM, vv. 523-524). Una criada de once años se queja: Estoy muy desengañada de los hombres, dan más vueltas... Decir hombre es decir trucha (U, v. 331-333). Un sargento considera que Pedro podrá servir en la milicia pa caballería más que para infantería (JE, vv. 415-419). Rufina ridiculiza a 123 Tomasa y a Antonia por lo mucho que se pintan y asegura que la más baja parece la basilisca—por basílica—de Atocha en lo revocada (LI, vv. 528-530). La vendedora de lotería dice con mucha gracia que Angustias es la pantera del Retiro (H, escena XI). 5. Rasgos grotescos Anselma está enfadada porque indultan a un infeliz y ya no puede asistir a su ahorcamiento durante la merienda (CF, vv. 555-561). El militarismo triunfante y el nacionalismo patriótico eran valores incuestionables en el género chico. Sin embargo, podría ser una excepción chocante la última escena de Cuadros al fresco donde vemos la situación grotesca de un inválido de guerra que, al contemplar un desfile militar, desea alistarse de nuevo para ir a Cuba: Nunca estuve más contento que oyendo silbar las balas en medio de los combates al grito de ¡Viva España! Por ella estoy tuerto, manco y cojo, y tengo la espalda abrasada de una vez en que al entrar por Navarra, me arrojaron agua hirviendo desde un balcón de la plaza (CF, vv. 835-840). El cuadro quinto de Fiesta nacional destaca por sus rasgos naturalistas y grotescos en la descripción de los caballos que intervienen en la corrida de toros. Felipe, marido de Rufina, está borracho y utiliza un lenguaje humorístico para criticar la monogamia (LI, Escena II). El paleto acomodado Roque dice que un casado de hace tiempo, no está mal que se divierta, que siempre la mesma cosa dicen que enfada y molesta (LC, vv. 741-744). Gregorio cuenta a su amigo cómo le desprecia su mujer Javiera llamándole galopín y ridiculizando su capacidad sexual: Precisamente hoy me ha dicho mientras me desayunaba: galopín, vaya y qué trato que le estás dando a la panza, 124 sin prestar utilidad ni a tu mujer ni a la casa, pues ni menear la cola sabes hacerlo con gracia (CCC, vv. 63-70). 6. Chistes Los chistes o juegos verbales abundan en el teatro breve de Tomás Luceño y se convierten en un medio muy eficaz para difundir los valores morales y políticos dominantes. Los chistes eran utilizados por la burguesía finisecular para implantar su propia ideología y juzgar críticamente a la sociedad española de la época. Luceño hace decir a uno de sus personajes: Todo aquel que chistes diga, busque el momento adecuado; que quien mucho lo prodiga concluye por ser cansado (AV, vv. 376-379) Los juegos verbales ejercen su mayor influencia cuando los personajes “buenos” emplean el mejor lenguaje y dicen los mejores chistes en su enfrentamiento con los personajes “malos”. Tadeo ¡Ah! vamos, no le había visto; es tan pequeño que apenas se distingue, amigo mío. (Le da D. Tadeo el cigarro, enciende el cesante y después le entrega la colilla, quedándose con el puro.) ¡Me gusta!...(Sorprendido y sin tomar la colilla.). (CF, vv. 226-229). Modesto: ¿Y comiste ya? Luis ¡Hombre, sí! Pero fue ayer (AN, vv. 142-144). Luis: ¿Y quién vivió en aquel cuarto cerrado? Macallister Un sepulturero que se murió y ya no vive (AN, vv. 358-359). Una señora es capaz de decir que caben en la Plaza de toros diez y ocho millones de personas (FN, escena XI). Se recurre al calambur “dehesa” por “de esa” cuando Toribia dice que compraremos una dehesa y Trifón contesta y de las otras (FN, escena XVIII). 125 Melitón, después de preguntar a un sordo, comenta con gracia madrileña que es como si se lo hubiera preguntado a la Cibeles (H, escena XIX). El público se ríe de la incultura del petimetre Narciso quien confiesa sin vergüenza que no sabe si “hacer” se escribe con h; y la Marquesa le contesta: ¡Hombre, sin ella! (EC, vv. 581-582). También produce risa la ignorancia unida al afán femenino de rebajarse la edad como cuando Petro afirma que es gemela de Patro o poco menos, porque le lleva dos meses nada más (C, vv. 534-536). La creación de palabras nuevas por derivación es un recurso cómico frecuente : Cuando Miguel afirma de uno que tiene sangre torera, Lorenzo le contesta diciendo que si es picador, será sangre picadora (A, escena III). Jerónimo se extraña de que un anónimo no tenga firma (NE, vv. 282-284). También resulta chistosa la ingenuidad hipócrita de Clotilde: ...y sobre todo un cuchillo que fue del Sultán de Joló, de un mérito extraordinario. El mango no es el mismo, porque se perdió en la travesía; y la hoja se la hemos puesto nueva porque la otra estaba mellada; pero es auténtico (A, escena XIII). 7. Otros recursos retóricos El buen hacer literario de Tomás Luceño también queda reflejado en los recursos retóricos que embellecen su discurso teatral y consiguen la comicidad esperada. Las figuras literarias más frecuentes en sus sainetes son: hipérbole, metáfora, alegoría, comparación, personificación, perífrasis, enumeración y anáfora. Son abundantes las expresiones hiperbólicas que utilizan los personajes sobre todo en ambientes menos cultos. Amable, militar retirado y cascarrabias, manifiesta su mal humor y oculta su torpeza de vista y movimientos después de tirar el tintero. (Cogiendo el tintero del suelo.) Pero, hombre, qué atrocidad; a usted sólo se le ocurre poner esa catedral ahí en medio (H, vv. 139-141). 126 La cigarrera Lorenza dice que la tagarnina82 huele tan mal que es capaz de matar a un toro (H, vv. 667-673). Doña Aldonza, mujer del Corregidor, está tan orgullosa de sus cualidades que es capaz de ocupar el trono de Dios cuando éste muere en Semana Santa (EC, vv. 209-214). La metáfora aparece muchísimas veces en las obras de Luceño como figura principal que enriquece el significado de las palabras y el léxico popular, favoreciendo la complicidad y la risa. Estas metáforas se caracterizan por su tendencia a concretar y materializar las ideas y los sentimientos, llegando a veces a infravalorarlos, con la caricatura, la alusión, la ironía y la animalización (bicho, burro, cochino, pantera). Cuando el Maestro dice que la letra con sangre entra, Manazas replica diciendo con temor que un toro es un alfabeto, pero quien va a torear es él (FN, vv. 152-155). En el salón del sorteo de lotería, un sordo utiliza metáforas frecuentes en este juego para nombrar algunos números como, por ejemplo, los patitos para nombrar al 22 (H, escena XII). Lorenza quiere comprar el número el treinta y tres de la lotería y pregunta a Gregorio si tiene la edad de Cristo (H, vv. 40-44). Miguel, ayuda de cámara, relata irónicamente una cogida de un toro y dice que éste enganchó al torero, le volteó, le recogió y se encariñó con él (A, escena III). Luisa, señora elegante, comenta con Clotilde que su tía la monja tiene unos ojos tan interesantes que sus compañeras no la llaman más que sor barbiana (A, escena XIII). Sinforosa presume tanto del bienestar de su casa que la considera una sucursal del cielo (C, vv. 569-571). Petro se burla del novio de su hermana Patro que es segundo teniente, de esos que en la bocamanga llevan dos galones muy estrechos y por eso los llaman comandantes de vía estrecha (C, vv. 626-632). El dependiente Ruperto recuerda sus deudas al barón, que suele ser remiso en pagarlas, y le dice que el piquillo que debe ya no es pico, sino águila (C, vv. 82 cigarro puro de pésima calidad. 127 838-842). Macareno compara la vergüenza con una capa que se le prestó a un amigo, pues se marchó con ella a Francia y se quedó desde entonces sin amigo y sin la capa (CCC, vv. 221-226). Luceño utiliza la alegoría para enriquecer la denotación de las palabras, dotándolas de significados más variados y profundos y recurriendo a la comparación y a la metáfora. Aparecen personajes masculinos y misóginos que comparan alegóricamente a la mujer con un toro, una perra y una perdiz: José se fía más de la nobleza de un toro que de las artimañas de una mujer: Un toro tie la ventaja de que dándole sin lidia va usted bien; mas la mujer nunca tuvo lidia fija. Cree usted que mira al trapo y mira a las pantorrillas, y después se tira al pecho, le engancha a usté y le derriba, y, cuando le tiene en tierra, le zarandea y le pisa, dirigiendo las cornadas, sin marrar la puntería, hacia el sitio de la ropa donde están sus simpatías, quiero decir al bolsillo, y allí no deja una miga. Por eso, cuando me hablan de boda, digo en seguida: mañana me casaré, mañana será otro día (LC, vv. 135-154). Santiago también prefiere cuidar a su perra porque es dócil y cariñosa, mientras que la mujer es más agresiva e interesada: Y yo la perra, que nos lame y nos halaga, en tanto que la mujer saca las uñas y araña en el bolsillo, unas veces, y otras veces en la cara del hombre (CCC, vv. 93-134). 128 Pero, a pesar de todo, no consigue convencer a su amigo Gregorio, quien le replica: (Suspirando.) Bendita sea, porque cuando no las saca es ángel del mesmo cielo con guedejas y con alas (CCC, vv. 135-138). Más adelante, Gregorio, contradictorio en su enamoramiento, dice que Temeraria es una perdiz a cuyo reclamo acudió confiado, pero, una vez en su poder, le destrozó: En su cuchitril metida y oculta entre las mamparas, a la perdiz se asemeja que en el puesto cobijada con acentos amorosos atrae al macho y le engaña... Eso mesmo hizo conmigo, me vio, cantó enamorada, celoso acudí al reclamo lleno de amor y esperanza, y al tenerme en su poder me destrozó la taimada, dejándome solamente los ojos para mirarla (CCC, vv. 143-156). El carpintero Gregorio y Santiago hablan de la Temeraria utilizando el léxico propio del campo semántico de este oficio: Gregorio Es la cuestión, don Santiago, que yo tengo aquí clavada (Señalando al corazón) la imagen de mi manola... Santiago Pues, Gregorio, a desclavarla. Y ya que eres carpintero, busca unas buenas tenazas, tira fuerte de la imagen y al arroyo con la carga. Gregorio Se me caen de las manos cuando cojo las tenazas para ese fin (CCC, vv. 93-103). El cuerpo de la comedianta María Ladvenant es un lugar de descanso para Gorito y por eso intenta cambiar de localidad y tener a cualquier precio asientos de preferencia en su pecho y con vistas al lado izquierdo (LC, vv. 408-418). 129 Se emplea la función metalingüística del lenguaje para relacionar alegóricamente una zarzuela con una confitería, donde los personajes son elementos de repostería: Juanita La acción pasa en una confitería y cada personaje es un dulce. Sale la yema de coco, que está enamorada de un bizcocho borracho, el cual se la pega con una onza de chocolate que no tiene vergüenza, porque es de a peseta...Yo hago de onza. Jerónimo Y yo voy a hacer de molinillo para deshacerte. Juanita (...) Hay un coro de azucarillos que sale huyendo de las cucharillas que quieren disolverlos (NE, cuadro 1º, escena V). Es graciosa la explicación alegórica que da Trifón para justificar su afición a los toros pues, cuando que era niño, hacía novillos, daba el quiebro a su madre, puntillaba con una caña a su padre y mató a un toro de un trabucazo (FN, vv. 290-307). Luceño expresa a veces su pensamiento relacionando dos o más ideas para facilitar la comprensión de los diálogos y provocar la risa. El recurso que utiliza más a menudo es la concreción material del segundo término de la comparación. Melitón está tan enfadado por su mala suerte que compara el bombo de los premios con una píldora de trementina y el otro con la media naranja de San Francisco! (H, escena XXII). Miguel dice a su primo Lorenzo que discurre en todo lo mismo que un colchón de muelles (A, escena III). Alfredo, pretendiente desdeñado por Juanita, manifiesta exageradamente su enfado: Hasta ahora he sido bueno y honrado, pero en vista de que la honradez es madre del aburrimiento, trataré de vengarme, y mi venganza caerá sobre ustedes como lava del Vesubio en la ciudad pompeyana (NE, escena VI). Las perífrasis sirven a nuestro autor para evitar expresiones vulgares o para embellecer el texto y provocar la risa a base de eufemismos. A Nicolás le faltan siempre ocho reales para tener dos pesetas (EC, vv. 30-32). Pablo dice que el mixto de Aranjuez sale a las siete y sesenta minutos (U, escena III). Sinforosa pregunta a Ruperto que cuántos peina y éste le contesta que no llega a peinar veinte (pelos) (C, vv. 582-585). 130 La colocación de palabras semejantes es un recurso que utiliza Tomás Luceño para enriquecer la escena, enfatizar los diálogos, alcanzar mayor grado de emotividad y conseguir la comicidad siempre esperada. Además de emplear un rico vocabulario, respeta la regla del decoro, pues hace hablar a cada personaje según su propia condición social y cultural. Abelardo se queja de que el padre de Eloísa le dice que es un calavera, algo aficionado al vino, jugador, desvergonzado y un perdido (CF, vv. 101-104). Salcedo describe el nerviosismo de Ramona cuando juega y para ello utiliza una acumulación de adjetivos, sustantivos y verbos de acción en los que se va incrementando la intensidad emotiva: Se pone tan sofocada, tan nerviosa y tan colérica, que se quisiera comer a la baraja, a la mesa, y a toda la sociedad que en la partida se encuentra. Se le tuerce la peluca, y la barbilla le tiembla; llora, reza, gruñe, ríe, o comienza a hacer promesas a los santos (CF, vv. 363-376). De la misma forma Ruperto habla del nerviosismo del comerciante Carranza el día de las elecciones municipales: Cada diez minutos viene y se dirige a la caja, con agitación la abre, con mano temblona saca un paquete de billetes en cantidades que espanta; sale, vuelve, no saluda, habla solo, no descansa (C, vv. 238-245). Nicolasa ironiza sobre el trato que se da al que debe y no paga, pues sólo se le dicen buenas palabras con riverencia y dulzura (CF., vv. 463-465). La cleptómana Rita enumera orgullosamente los productos que ha robado: pañuelos de algodón, cajas de rapé, llaveros, dedales, cortaplumas y papeletas de empeño (CF, vv. 635-639). 131 Macallister habla de los vecinos del inmueble, todos ellos artistas (AN, vv. 302-362) y describe las tres artes que practica (jugador de manos, murgante y curandero) (AN, vv. 415-429). Ceferino dice que no debe un cuarto y que posee cuatro majuelos, un monte y alguna que otra heredad (AN, vv. 512-514). Nicanor dice que su hijo Felipe ha actuado en el Trovador, Sancho García, el Rey monje, Sullivan, la Expiación, la Campana de la Almudina y la Esposa de un pintor y además sabe subir, bajar el telón, y podrá ser apuntador (TM, vv. 301-316). Emilia tampoco se queda corta cuando habla con orgullo de la experiencia de sus hijas como actrices en dos Arcas de Noé, dos Monaguillos, tres Dúos de la Africana, un Tumbón y un Gorro frigio (LI, vv. 357-362). El adulador D. Pedro recuerda a hombres históricos que han tenido nariz grande: Nerón las tuvo de a cuarta, Felipe cuarto, de a tercia, de a vara, Felipe quinto; y la del gran Julio César, más que nariz, parecía el aldabón de una puerta (AV, vv. 485-493). También enumera, para consolar a su interlocutor, a los que tuvieron grandes espaldas: Alarcón fue jorobado,/ jorobado el gran Mecenas; /el Cid, Pizarro y Colón, /cargados de espaldas eran (AV, vv. 522-526). Del mismo modo nombra a los chatos Séneca, Salomón, Lucano, Aquiles, que brillaron cual astros en su tiempo (AV, vv. 585-587). La actividad del peluquero catalán Rufino es inagotable: corre de aquí para allá poniendo bigotes, peras, postizos, barbas corridas y lunares (AP, vv. 141-144). Elena recuerda a Narciso que para actuar necesita el abrigo, la cajita de los polvos, el puñal y la diadema (AP, vv. 327-330). La poca calidad y baja consideración de los espectáculos de los café-conciertos puede quedar de manifiesto cuando Lucas nombra a los autores de la comedia utilizando apellidos muy corrientes: Gutiérrez, Sánchez, Rodríguez, Lambrea, Núñez, Pérez, Santa Marta, López, Martín y Perea (AP, vv. 491-496). Julián reivindica la tauromaquia como carrera 132 académica que debe estar a la misma altura y con el mismo prestigio que la medicina, la milicia y la clericatura (FN, vv. 25-29). Árnica, cloroformo, morfina, láudano, vendas, hilas, varios instrumentos, bisturí y serrucho son los elementos que el practicante de la plaza de toros necesita para atender a los heridos (FN, vv. 773-776). Los cuatro revisteros representan alegóricamente a los periódicos taurinos de la época: El Tío Jindama, El Toreo, El Tendido, y El Enano (FN, vv. 169-171). La aparición de Felipe Pérez en todas las publicaciones que Rufina vende puede sugerir una crítica contra el monopolio y la baja calidad de la prensa escrita (LI, vv. 576-584). El señor Amable se enfada por su mala suerte en la lotería y maldice contra los gordos, los flacos y toda la humanidad (H, escena XXII). El petimetre Narciso presume de lo que sabe y enumera las actividades propias de estos tipos dieciochescos: Yo no sabré matemáticas, yo no entenderé de letras, que sólo sirven de estorbo y dan dolor de cabeza; pero a bailar minuetes, a poner juegos de prendas y tener siempre al dedillo con exactitud perfecta el curso fiel de las modas nacionales y extranjeras (EC, vv. 585-595). Podemos conocer algunos productos de una tienda de ultramarinos a través de la relación que su dueño Pablo nos hace: garbanzos, higos, pasas y cacao (U, vv. 19-22). Esta enumeración se puede completar con la que nos ofrece Carranza para sobornar a sus electores: treinta bistecs con patatas, treinta raciones de queso, treinta botellas de Málaga y treinta cafés, con treinta gotas (C, vv. 950-956). El cochero Rufino tiene mala suerte y proyecta su enfado contra los coches y los caballos, el que inventó los simones, el que pensó en alquilarlos, las mujeres y los niños, los jóvenes y los ancianos (U, vv. 119-124). Tula presume de que su hijo sabe Derecho romano porque a ella le llama Agripina, a la 133 muchacha Lucrecia, y a su padre Bruto. (R, vv. 234-239). Las recomendaciones que avalan a Patro son la industria y el comercio, la aristocracia entera, la milicia, el clero y las clases productoras (R, vv. 718-722). La política, los toros y los espectáculos de Fiesta Alegre no son nada en comparación con el placer que Joaquín siente cuando tiene una colilla que culotar (C, vv. 258-261). Las contribuciones, las tarifas, el impuesto de consumos, y además otra porción de derechos (C, vv. 304-307) son motivo de las quejas de Carranza contra el gobierno. Más adelante afirma que, cuando sea concejal, ni pagará los impuestos, ni pagará las tarifas, ni pagará los derechos de consumos, y a muy poco que le apuren, ni al casero (C, vv. 326-331). Algunos elementos utilizados en los camerinos de los teatros del siglo XVIII son los que María pide: doce sillas de comedor, un espejo para el gabinete, una mesa pequeña de juego, sillones, dos cornucopias y tres sofás (LC, vv. 491-496). Santiago presume de que ni rey, ni Roque, ni Pepa son capaces de dominarle (CCC, vv. 124). Podemos encontrar una relación de licores de la época en los que Javiera utiliza para invitar a Macareno y a sus amigos: rosolí, boca de dama, aguardiente con canela, flor de cidra y franchipana (CCC, vv. 294-296). El enfrentamiento entre los partidarios del teatro clásico y los del teatro más popular se manifiesta en los gritos de los actores en contra de los autores barrocos: ¡Muera Calderón por falso! ¡Muera Lope, por insulso! ¡Por indecente, Moreto! ¡Y el gran Tirso, por frailuno! (V, vv. 275-278). El médico Baldomero manifiesta su punto de vista ilustrado sobre las características que debe tener la nueva civilización, opuesta a toda anarquía: el trabajo constante, la unión de la humanidad en vínculos fraternales, la fábrica, el desarrollo de las ciencias y las artes y marchar mirando siempre adelante (T, vv. 846-853). La repetición de palabras o secuencias morfológicas y sintácticas es un recurso frecuente en el lenguaje del teatro breve que sirve para enfatizar y enriquecer la 134 versificación. Por ejemplo, el coro de mulilleros canta en la plaza de toros siguiendo el ritmo marcado por el trote de las mulas: Con el vapuleo, con el triquitraque, corren las mulillas que es un disparate. Con el vapuleo, con el triquitrá, ¡que viva el mulillero de caliá! (FN, vv. 915-921). El dependiente Lucas está entusiasmado con Soledad y utiliza el recurso de la anáfora para dedicarle unos bellos piropos sólo empañados por el final prosaico de la comparación que utiliza: ¿Quién te ha dado a ti esa cara? ¿Quién te ha dado a ti esos ojos? ¿Quién te ha dado esas pestañas que parecen, por lo extensas, las varillas de un paraguas? (C, vv. 35-39). Un alguacil reivindica machaconamente su autoridad ante la maja Juana, quien le había abofeteado públicamente en el teatro: De manera, que ofendiste a tres en un solo acto; a mí, como autoridad, a mí, como ciudadano, y a mí, como alcalde, pues le estaba representando (LC, vv. 69-73). Gorito manifiesta con insistencia su nerviosismo y enfado al ver por un cerrojo lo que el marqués—en realidad es María Ladvenant disfrazada— hace con su mujer: ¡Que la abraza, que la abraza!/ ¡Que la aprieta, que la aprieta! ¡Que la estruja, que la estruja, que la besa, que la besa! (LC, vv. 831-834). Soledad proclama las excelencias del vino elaborado por su padre Arganzo y utiliza unos versos de larga tradición popular y muchas veces repetidos en fiestas populares: 135 Porque no sé qué demonios mi padre en el vino echa, que da calor al cobarde, al imprudente prudencia, al que es mudo le hace hablar, al que está triste le alegra, al necio convierte en sabio y al sabio le desespera (V, vv. 29-35). También encontramos las que Alfonso Reyes llamó jitanjáforas, o secuencias fónicas sin significado que sirven de soporte rítmico para la melodía: Por lo posítico, por lo pisático, por lo político y lo democrástico (FN, vv. 540-544). La supresión de sílabas al final de las palabras también refuerza el ritmo y lo ridículo de la escena cantada y bailada por los cuatro revisteros taurinos (FN, 202-209). La cantidad y calidad de todos estos recursos que hemos entresacado de los sainetes de Tomás Luceño son una muestra de su buen hacer literario y de su ingeniosidad para enriquecer formalmente este lenguaje teatral y dotarlo de la comicidad adecuada. 137 III. ASPECTOS DE LA REPRESENTACIÓN III.1. Los sainetes de T. Luceño en el marco del género chico Tomás Luceño cimentó su éxito como autor teatral en el llamado género chico, y más concretamente en el sainete de ambiente madrileño. Inicialmente, género chico era un término puramente descriptivo que hacía referencia a la brevedad de las obras. El género chico es una manifestación de la cultura popular con intereses mercantiles. Marciano Zurita (1920: 24) dice que el género chico no es necesario que sea zarzuela, sino que basta que tenga un acto y que se represente en función por horas. Este género nació en Madrid en 1868 con la “Gloriosa” y desapareció en 1929 con el cierre del teatro Apolo83, “catedral del género chico”. Su nacimiento, auge y decadencia coinciden con el sexenio revolucionario (1868-1974), en el que triunfa un teatro más espontáneo y popular, y la Restauración borbónica (1874-1931), culmen de la revolución burguesa. Sin embargo, a partir de 1910 comienza a apreciarse su decadencia.84 La estabilidad social y el progresivo crecimiento económico hicieron posible la demanda de diversiones entre las distintas clases sociales más o menos acomodadas. Esto se hizo más evidente en Madrid, donde abundaban los pequeños comerciantes y los empleados públicos. La real orden de 23-X-1868 suprime la censura de obras dramáticas, aunque precisa que los directores y empresarios de teatro serán responsables de los ataques a la moral y las buenas costumbres.85 Posteriormente, la real orden de 16-I-1869 decreta la libertad de los teatros. Durante la Restauración, el poder civil, la iglesia y el ejército van recuperando su protagonismo en la censura y en las funciones teatrales. 83 cfr. Ruiz de Albéniz (1953) y López Ruiz (1984). 84 cfr. Barrera (1992). 85 cfr. LC. 484: el Corregidor reprende al director de la compañía por las danzas y bailes obscenos. 138 III.1.1. Teatros por horas86 Don Francisco Arderius (1836-1886), después de visitar París y asistir a representaciones de operetas satíricas de temas clásicos, formó en Madrid una compañía de bufos87 que escenificaban operetas absurdas con gran éxito de público en el teatro El Recreo. Este modelo se fue extendiendo a muchas salas de Madrid.88 Destaca el teatro La Alhambra donde se estrenó La canción de Lola (1880). Pronto se aprovecharon del éxito del género chico otras salas89 como Variedades, Felipe, Recoletos, Príncipe Alfonso, Eldorado, Tívoli, Maravillas, Eslava, Princesa, Apolo, Mateo, Romea, Novedades, Moderno, Cómico, Martín, Recreo, Lope de Rueda, Calderón, Barbieri, Lara, Maravillas y La Comedia. Estos teatros contrataban los servicios de las principales compañías de Vallés, Riquelme y Luján (tres actores que interpretaron papeles del teatro breve de Tomás Luceño). Su primer repertorio en el Variedades incluía juguetes cómicos (La mujer de un artista, La voluntad de la niña, A partir con el diablo), zarzuelas (El estreno de un artista, Los dos ciegos, La vuelta del corsario) y parodias (Las damas de la Camelia). El teatro Felipe, fundado por Felipe Ducazcal e inaugurado por la compañía del teatro Variedades en mayo de 1885, estaba situado en el Paseo del Prado, cerca del Palacio de Correos y Telecomunicaciones. Se representaron: La Gran Vía y Los valientes de Javier de Burgos, ¡Al agua patos! de Jackson Veyán y Ángel Rubio, De Madrid a París, de Jackson y Chueca, y El chaleco blanco de Ramos Carrión y Chueca. Este teatro se trasladó a la calle Bailén y más tarde desapareció. 86 cfr. páginas web: galeon.com, nashwan.demon.co.uk y operone.de. 87 cfr. Huertas Vázquez (1993). 88 cfr. Amorós (1987: IV y VI). 89 cfr. Deleito y Piñuela (1949). 139 En el teatro Recoletos destacó el estreno de Los bandos de Villafrita, de Navarro Gonzalvo y música de Caballero, donde se ridiculiza a los políticos de la época. Se cerró en 1894 y posteriormente sufrió un incendio. El teatro Príncipe Alfonso comenzó como circo en 1863. Se representaron obras como: Certamen nacional, de Perrín y Palacios y música de Nieto; Trafalgar, de Javier de Burgos y música de Gerónimo Giménez; y Los voluntarios, de Iráizoz y Giménez. El teatro Eldorado estaba situado donde actualmente se encuentra la Bolsa de Madrid. Fue inaugurado en 1897 y clausurado en 1903, debido a un incendio. En el mismo sitio se construyó el Tívoli. Se estrenaron obras como El pobre diablo, de Celso Lucio, Quinito Valverde y Torregrosa; y El Barquillero, de López Silva y Chapí. El teatro Maravillas fue inaugurado en 1886 y en él se estrenó Las hijas del Zebedeo, con música de Chapí y libreto de Estremera. El teatro Eslava fue contruido en 1871 por Bonifacio Eslava, hermano de Hilarión Eslava, para salón de conciertos y almacén de instrumentos musicales. En 1873 José Leyva lo arrienda y reconvierte la planta baja en un gran café, muy popular en Madrid y citado en La Gran Vía. Se representaron durante algún tiempo obras del género chico: A la plaza, Ya somos tres, Torear por lo fino, De Cádiz al puerto, Cómo está la sociedad, Toros de puntas, Coro de señoras, etc. En 1894 el empresario Chapí estrena Flores de mayo, El moro Muza, Una aventura en Oriente y El Tambor de Granaderos. El Teatro de la Princesa fue inaugurado el 15 de octubre de 1885 por la compañía de Emilio Mario con la representación de la comedia Muérete y verás, de Bretón de los Herreros y el sainete El corral de comedias, de Tomás Luceño. Posteriormente fue comprado por María Guerrero y su marido Fernando Díaz de Mendoza. Fallecida la actriz, fue adquirido por el Estado español para ser Conservatorio de Música y 140 Declamación. En 1940 fue erigido en Teatro Nacional con el nombre de María Guerrero. Desde 1978 es sede del Centro Dramático Nacional. Uno de los teatros más importantes para el género chico ha sido el Apolo, inaugurado el 24 de noviembre de l873. Fue diseñado por dos arquitectos franceses, P. Chamberlot y F. Festau con los últimos adelantos técnicos y con capacidad para 1093 butacas y 36 palcos, repartidos en tres pisos. Exceptuando el Teatro Real, era el más grande y elegante de Madrid. La compañía del Apolo contó con famosos actores como Joaquina Pino, Isabel Bru, Pilar Vidal, Clotilde Perales, José y Emilio Mesejo, Ontiveros y Sanjuán. Pasados los años veinte, el Apolo dejó de ser representante del género chico pues le faltaban obras, autores, cómicos y músicos. El ambiente pintoresco de Madrid fue desapareciendo con las nuevas tendencias modernistas. El llamado teatro por horas90, que se inició en 1867, es una de las facetas más destacables de la escena contemporánea. Las costumbres nocturnas de la sociedad y la necesidad de abaratar los precios de las entradas transformaron los teatros en una modalidad de los cafés-concierto. Luceño nos habla de esto cuando Juanita, la niña del estanquero, debuta en el teatro Mateo, cuyo empresario manifiesta su orgullo por el espectáculo que ofrece: Por un perro chico, doy un sainete, dos zarzuelas y un drama; y he contratado (mucho dinero me cuesta), a los actores más célebres de la dramática escena.(...) Esta tiple la reservo, porque así me tiene cuenta para los viernes de moda, que habrá más concurrencia. 90 cfr. Membrez (1987). 141 En ese día daré un baile y cuatro comedias, pantorrillas de la Pérez y escote de la Nemesia. ¡Señores, por cinco céntimos, creo que no tendrán queja! (NE, vv. 397-420). Nicolás, otro tabernero y empresario, dice a su amigo el memorialista: El teatro es espacioso... hasta comedias de magia se pueden hacer en él. ¡Chico, va a ser una ganga! ¡Por tres cuartos, una copa de Valdepeñas y un drama! (TM, vv. 50-55). Luceño ironiza sobre la incultura de este memorialista de café-teatro, pues desconoce la existencia del dramaturgo Calderón y cree que se trata de un picador de fama que se ha metido a poeta (TM, vv. 108-111). En el siglo XIX se liberalizan los espectáculos y se encuentra en los teatros por horas una solución provisional al problema económico de estas empresas. El negocio de los cafés-teatro se extiende a los pequeños teatros e incluso a los coliseos y se pasa de los barrios bajos al centro de la villa. El público de los teatros por horas pertenecía a distintas clases sociales y prefería el arte chico en todas sus modalidades. El pueblo participaba de esta manifestación artística que consideraba suya. En un principio, parte de la opinión pública y de la crítica se oponía a los teatros por horas. Pero pronto, autores y músicos importantes supieron conectar con el gran público para ofrecer espectáculos que llenaban un vacío cultural. El fenómeno de los teatros por horas debe su aparición a una serie compleja de causas sociales, culturales e históricas, propias de finales del siglo XIX. 142 En el siguiente cuadro hemos recogido el nombre de los teatros donde se estrenaron las obras de Tomás Luceño: Título Fecha Estreno Teatro Ciudad Cuadros al fresco 1870/01/31 Lope de Rueda Madrid El arte por las nubes 1870/09/28 Variedades Madrid El teatro moderno 1870/12/17 Lope de Rueda Madrid Un juicio de exenciones 1879/02/20 La Comedia Madrid ¡A perro chico! 1881/05/17 Alhambra Madrid Fiesta Nacional 1882/11/25 Variedades Madrid ¡Hoy sale, hoy!... 1884/01/16 Variedades Madrid El corral de comedias 1885/10/15 Princesa Madrid Ultramarinos 1886/11/26 Comedia Madrid ¡Amén! o El ilustre enfermo 1890/04/08 Lara Madrid Las Recomendaciones 1892/04/16 Lara Madrid Carranza y Compañía 1893/03/07 Lara Madrid Los lunes del "Imparcial" 1894/02/03 Lara Madrid La niña del estanquero 1897/06/10 Apolo Madrid La comedianta famosa 1907/12/03 Zorrilla Valladolid ¿Cuántas, calentitas, cuántas? 1910/03/12 Apolo Madrid Fraile fingido 1911/05/05 Apolo Madrid ¡Viva el difunto! 1916/03/20 Princesa Madrid El maestro de hacer sainetes o los calesines 1919/10/10 Español Madrid Adula y vencerás o El caballo de Fdo. VII 1932/04/28 Beatriz Madrid 143 III.1.2. Autores contemporáneos y géneros del teatro breve91 En esta época triunfa el impresionismo pictórico, como manifestación estética de lo efímero, y en la prensa escrita se sustituye el artículo de fondo por los sueltos políticos y la doctrina por la noticia. Esto se debe a la necesidad de ahorrar fatiga y tiempo en medio de una existencia agobiante y desagradable. Esta tendencia se manifiesta tanto en el teatro como en el arte, la literatura y la propia ciencia, que también se empeña en popularizarse en compendios y extractos dosificados y breves. Este predominio o gusto por lo efímero es una constante en los periodos de crisis a lo largo de la historia de la humanidad. Los géneros clásicos han servido para la formación (paideia) del individuo al servicio del Estado. Cuando se cuestionan los valores tradicionales, como consecuencia de grandes catástrofes, triunfa la elegía como género transgresor. En la tragedia, se representan los conflictos con los antiguos valores generados por la épica. En la comedia, se relativiza todo lo anterior. En la elegía, el yo se enfrenta a la dictadura del Estado. La mímesis clásica encuentra su correlato objetivo en la naturaleza. La elegía se fundamenta en el correlato subjetivo de la literatura, la mitología y la vida cotidiana. Los fragmentos y antologías sustituyen a los libros totales. Se frivolizan y mezclan los elementos y los géneros. Lo bufonesco se basa en la mofa de normas, modelos y códigos. El pueblo desea vivir el momento presente e intenta recuperar el tradicional sentido de la fiesta teatral. 91 cfr. Espín Templado (1988) y Fernández-Cid (1975). 144 La aparición de los teatros por horas suscitó una demanda de obras que pudieran surtir los escenarios de esta nueva modalidad.92 Ya existía un repertorio de obras cortas que servían de preámbulo o fin de fiesta a las obras largas de los teatros de sesión completa, así como zarzuelitas en un acto que se habían desarrollado a la par que la zarzuela grande, desde mediados del siglo XIX. El principal repertorio consistía principalmente en traducciones del francés (Luceño realizó siete), zarzuelas en un acto, comedias breves y tragedias. En El teatro moderno, se ponen en evidencia algunos rasgos de los café-teatros. En principio podemos adscribir al género chico a toda obra teatral, con música o sin ella, en un acto, que se representa aisladamente, esto es, en funciones por horas.93 Espín Templado,94 basándose en un análisis convencional (tres unidades, personajes, lenguaje y estructura), distingue siete tipos de subgéneros dramáticos que se pueden enmarcar en el género chico: sainete (a veces lo llaman pasillo), zarzuela, revista, juguete cómico, parodia, comedia (lírica) y opereta. Tomás Luceño recuperó el sainete dieciochesco y lo incorporó dentro del llamado género chico. El sainete español resucita y aporta al género chico un caudal inagotable de costumbrismo castizo con ciertas dosis de realismo. El sainete es el género literario que más cultivó Luceño, rescatándolo del olvido desde Ramón de la Cruz y preparando el camino a Carlos Arniches. El estreno de Cuadros al fresco (1870) inicia la recuperación de este género tradicional por parte de nuestro autor. Su éxito clamoroso le animó a él y a otros autores a seguir cultivando este género literario. 92 cfr. Deleito y Piñuela (1946). 93 Zurita (1920: 11). 94cfr. Espín Templado (1988). 145 El historiador Zurita recuerda el encuentro entre Tomás Luceño y Emilio Mario, actor y director de este primer estreno en el Teatro Lope de Rueda de Madrid: –Bueno ¿y qué es esto? ¿Un drama, una comedia, una piececita? –No, señor. Es un sainete. –¿Ha dicho usted un sainete? –Sí, señor. He dicho un sainete. –Pero, vamos a ver. ¿Un verdadero sainete, a la antigua usanza española? –Sí, señor, sí; un sainete clásico. Ignoro si será bueno o será malo, aunque sospecho que malo, pero le aseguro que es absolutamente clásico, desde la cruz a la fecha. –¿Cómo se titula? –Cuadros al fresco.95 Los sainetes decimonónicos tenían mayor autonomía que los clásicos y constituían uno de los tres o cuatro espectáculos que ofrecían diariamente los llamados teatros por horas. Podemos considerar a Luceño como el tradicionalista del sainete, a Ricardo de la Vega, como el reformador del género y a Javier de Burgos, como el cronista de la burguesía cursi. La época que nos ocupa fue testigo de una verdadera pléyade de autores dramáticos que enriquecieron la escena teatral con obras que, aunque no siempre eran de gran valor literario, al menos satisfacían los gustos de los espectadores pertenecientes a distintas las clases sociales. Nuestro autor gozó de una excelente reputación como gran sainetero de su época. El crítico Díez-Canedo dijo de Tomás Luceño: Su labor consiste en un puñado de sainetes, que, con los de Vega y Burgos, dieron nuevo lustre al género en que otros autores han brillado después. Hoy, una oleada bufa invade nuevamente al teatro. Luceño no ha sabido desertar de su puesto: vuelve por los fueros de la gracia española.96 En Madrid Cómico, al pie de una caricatura hecha por Cilla, aparece la siguiente redondilla de José de la Loma: Señores, un paso atrás y en la mano los sombreros, que el rey de los saineteros será siempre don Tomás. 95 Zurita (1920: 18-19). 96 cfr. La Voz, 29-I-1933, p. 7. 146 –Pero hombre–dijo Luceño a este autor–, ¿qué va a decir ahora Ricardo? –Si Ricardo protesta–contestó De la Loma–le diremos que él es el emperador.97 Este es un buen ejemplo de su humildad y sencillez, y del profundo y siempre respetuoso sentido de la amistad de que solía hacer gala: Cuando estrena algún amigo, me alegro, si es que le aplauden, el necio me inspira pena y mucha envidia el que vale.98 Tomás Luceño escribe con otros colaboradores como Javier de Burgos (Fiesta Nacional, ¡Hoy sale, hoy!), Federico Reparaz99 (El rival de sí mismo, La doncella de mi mujer), L.R. Cortés (Tartufo), y Carlos Fernández Shaw100 (Don Lucas del Cigarral). El éxito de Ricardo de la Vega101 (1840-1909) supera al del restaurador del sainete, Tomás Luceño. A diferencia de éste, Vega y otros autores posteriores intentan relacionar entre sí a los personajes, como intérpretes de una acción entramada. Son muy conocidos sus sainetes líricos: ¡A los toros! (1877) y La canción de Lola (1880)—con la música de Chueca y Valverde—, El señor Luis el tumbón, Pepa la frescachona, De Getafe al Paraíso (1891)—con música de Barbieri—, La familia del tío Maroma, El año pasado por agua (1889), La verbena de la Paloma (1894) y Al fin se casa la Nieves (1895)—con música de Tomás Bretón—. Otros saineteros contemporáneos nacidos antes de 1865102 fueron: Salvador García Granés y Román (1840-1911); el gaditano don Javier de Burgos (1842-1902), a quien se le considera continuador del también gaditano González del Castillo (1763-1800), y que escribió Cádiz (1886), El baile de Luis Alonso, La boda de Luis Alonso y Los valientes; 97 cfr. La Libertad, 29-1-1933: “Muerte de un gran sainetero”. 98 Luceño (1889: 11) 99 nacido en Linares (1869) y muerto en Madrid (1924). 100 ver Fernández-Shaw, G. (1969) sobre la vida y obra de su padre Carlos. 101 era hijo del gran dramaturgo Ventura de la Vega (1807-1865) y de una cantante de ópera. 102 cfr. Íñiguez Barrena (1999:73-74). 147 José López Silva (1860-1925), quien escribió con Carlos Fernández Shaw (1865-1911) La Revoltosa; Juan Pérez Zúñiga (1860-1938); Miguel Ramos Carrión103 (1845-1915), quien escribió para Chapí, Caballero y Chueca los libretos de La mamá política, Los sobrinos del Capitán Grant, La tempestad, La bruja, Agua, azucarillos y aguardiente104 (1897); Miguel Echegaray105 (1848-1927), autor de El dúo de la africana, La viejecita, Gigantes y cabezudos; Vital Aza (1851-1912); Pablo Parellada y Molas106 (1855-1920); José López Silva (1860-1925), Felipe Pérez y González (1854-1910: La Gran Vía), José Estremera (1832-1895) y Francisco Flores García(1846-1917). Otros autores de teatro breve nacidos después de 1865 fueron: Joaquín Abati (1865- 1936), Celso Lucio y López (1865-1915), Carlos Arniches (1866-1943), Antonio Paso y Cano (1870-1958), Serafín (1871-1938) y Joaquín (1873-1944) Álvarez Quintero, Enrique García Álvarez (1873-1931) y Antonio Ramos Martín107 (1885-1970), investigado por Jae-Seon Kim (2002) en su tesis doctoral, autor que pone en escena momentos cómicos de la vida cotidiana madrileña en sainetes famosos como Pasacalle (1905), Los niños de Tetuán (1908), El sexo débil (1912), La cocina (1912) y La real gana (1915). En la época que nos ocupa, los autores, solos o en colaboración, debían atender la demanda de cantidad de teatros que exhibían diariamente dos o tres obras de vida efímera, la mayor parte. El trabajo de varios autores enriquecía las ideas, permitía componer más obras en menos tiempo y servía como atractivo comercial para empresarios y público. 103 Vital Aza y Ramos Carrión escribieron juntos Cada loco con su tema (1874) y El rey que rabió (1891) 104 en este cuadro veraniego destaca el enfrentamiento entre las chulas Pepa y Manuela. 105 era hermano de José Echegaray, premio Nobel de literatura en 1904. 106 Zurita (1920: 85) lo considera otro gran parodista, cuyo seudónimo era Melitón González. 107 era hijo de Miguel Ramos Carrión y colaboró con su hermano José Ramos Martín (1892-1974). 148 Luceño solía compartir sus tramas, situaciones, chistes y ocurrencias y buscaba la reacción y sugerencias de colegas expertos. En 1886, él y un grupo de autores se reúnen en el recientemente fundado Círculo Artístico-Literario y se comprometen a escribir un sainete cada uno, con el título forzado, en el término de treinta días, a condición de que aquel que en dicho espacio de tiempo no cumpliera, había de pagar, durante una semana, el almuerzo y la comida de todos nosotros. Verificado el sorteo, dio el resultado siguiente: A Ramos Carrión, le correspondió el título de El chaleco blanco. A Ricardo de la Vega, Bonitas están las leyes, o la viuda del interfecto. A Vital Aza, Su Excelencia. A Manzano, Las doce y media y...sereno. A Sinesio Delgado, La baraja francesa. A Sánchez Pastor, Mangas y capirotes. A Pedrosa, La pelota en el tejado. Y al que suscribe, El ilustre enfermo. El inolvidable Estremera quedó fuera del pacto, por haberle ocurrido pocos días después una desgracia de familia.(...) En casa de Estremera leímos los respectivos sainetes, nos aplaudimos con entusiasmo nosotros mismos. Pasado el tiempo necesario para ensayos, construcción de decoraciones, etc., fueron estrenadas en los teatros de Madrid aquellas obras inspiradas por la ambición de gloria y engendradas apresuradamente por el terror que nos produjera la idea de la manutención consabida.108 A partir del último cuarto del siglo XIX, los teatros suelen representar sainetes, pasillos, parodias, revistas y juguetes. Proliferan los autores y actores festivos, se renueva la música folclórica y se escenifican costumbres y dichos de las clases populares. Tanto en Francia como en España, los puritanos achacaban a sus gobiernos la corrupción literaria y moral de los teatros. Sin embargo, la crítica impresionista trató con más benevolencia los teatros chicos que daban placer a las masas populares. En el periódico El Liberal de l894, aparecieron, durante los meses de marzo y abril una serie de autobiografías de los más conocidos autores cómicos de la escena. 108 Luceño, 1905: 89-100. 149 Más de la tercera parte eran andaluces; el resto, madrileños, valencianos y aragoneses. José Ixart109 describe con cierto desdén los rasgos comunes de estos autores. Este tipo de escritores suele confesar con desenfado que, antes de dedicarse al teatro, no ha servido para nada en ninguna profesión, no sabe nada, no ha estudiado ni ha querido estudiar. Como decía Menéndez Pelayo, lo corriente en España era no saber nada o aparentarlo. Estos autores deciden tardíamente dedicarse a las letras, aun sabiendo que éstas no conducen a ninguna parte. Se quejan y toman a broma la situación precaria de quienes pretenden vivir de las letras. Reconocen que no han estudiado literatura, artes ni ciencias, pero valoran su chispa creativa. En realidad, la mayoría son o han sido empleados de oficinas de la Administración o escriben para divertir al público con juguetes cómicos, versos satíricos, almanaques, inscripciones de caricaturas y todo tipo de papeles volantes. artículos periodísticos, versos, memoriales o discursos. Todos ellos, ingeniosos de profesión, no se distinguen precisamente por el ingenio, ni tampoco por su optimismo vital. Los recursos literarios que utilizan no revelan una gran imaginación. El retruécano y el equívoco se convierten en el resorte supremo de la risa para los lectores candorosos. Emplean frecuentemente los juegos de palabras y la ecolalia o asociación de ideas dispares y contradictorias, producida por el sonido de voces. El mismo Ixart se queja del mal gusto literario de la mayoría de estos escritores que tienen escaso caudal de ideales y están sometidos a una continua y apremiante producción de piezas breves para alimentar el tan demandado teatro por horas. A pesar de la baja calidad de muchas de estas obras de teatro, no podemos negar que el público se divertía, evadiéndose de la desagradable realidad ambiental, el casticismo madrileño se consolidaba y los principios morales de la sociedad dominante se transmitían. 109 cfr. Yxart (1987). 150 Otro rasgo festivo de tales escritores consiste en realizar alusiones de color alegre relacionadas con el género femenino sin una especial ni refinada malicia. Unos se encomian en broma desmesuradamente. Otros se precian de modestos e incluso llegan a despreciarse, pretendiendo dar muestras de sinceridad y buen gusto. En todos ello, suele ser tónica general el pesimismo y el desencanto. Estos son los rasgos más generales de la vida aventurera de algunos escritores, arrebatados por el teatro breve, la gran tormenta nacional de finales del siglo XIX. Cuando se creó la Sociedad de Autores (1899) mejoró mucho la economía de los escritores, pues no tenían que vender sus obras a las compañías de teatro, sino que cobraban derechos de autor y representación, según sus cualidades personales y su prestigio literario. Para el crítico Ixart, en esta época de perpetuo periodo constituyente, sin un principio ni una institución estables, la producción literaria sólo deja tras de sí un montón de hojas volantes y de comedias endebles. Sin embargo, pasado el tiempo, otros estudiosos del género adoptan una actitud crítica más ecuánime y ponderada. Es notable mérito de Arniches haber sabido enlazar con la importante tradición sainetesca española que parte del entremés del Siglo de Oro (Luis Quiñones de Benavente), se renueva en el siglo XVIII merced a la figura de Ramón de la Cruz y prosigue en el siguiente con Javier de Burgos, Tomás Luceño y Ricardo de la Vega.110 Podemos encontrar mayor información sobre el éxito del teatro por horas en los estudios realizados por Francisco Íñiguez Barrena (1999: La parodia teatral), Luis Araquistain (1930: La batalla teatral) y en Madrid cómico. 110 Huerta Calvo (1985: 15). 151 El profesor Huerta Calvo divide la producción dramática del primer tercio del siglo XX en dos grupos: los autores vinculados a la transmisión comercial y los creadores de obras de calidad, más o menos contrarias al gusto reinante.111 Podríamos incluir a Tomás Luceño en el primer grupo, pues, aun defendiendo con los críticos de entonces la calidad literaria de su producción dramática, fue mucho mayor el reconocimiento que recibió del pueblo madrileño. La zarzuela tradicional va perdiendo protagonismo ante el éxito del sainete lírico y de la revista lírica, mucho más ligera y divertida. Juanita, que trabaja en un café-teatro, muestra su orgullo por ser actriz de zarzuela: Estaré aquí haciéndote compañía, pero no me pidas que despache, porque tengo que estudiar una zarzuela, que estrenamos esta noche (NE, cuadro 1º, escena V). La zarzuela112 es un género de teatro en que se alternan números musicales cantados u orquestales con otros hablados. Al menos un tercio del espectáculo debe pertenecer a la parte musical. Las voces se usan de forma parecida a la ópera italiana. Un famoso libretista de zarzuela fue el catalán Francisco Camprodón (1816-1870), quien escribió: Flor de un día, Una vieja, Los diamantes de la corona, El diablo en el poder, El relámpago y Marina. El malagueño Luis de Olona (1823-1863) escribió: La mensajera, El duende, Por seguir a una mujer, Buenas noches, señor Simón, El valle de Andorra, Catalina, El sargento Federico, El postillón de la Rioja, El juramento y Los magyares. También podemos reseñar a Luis de Eguílaz (1830-1874), autor de El molinero de Subiza, El salto del pasiego; Luis Mariano de Larra113(1830-1901), quien escribe zarzuelas 111 íbidem (1985: 10). 112 cfr. Muñoz (1946). 113 era hijo de Mariano José de Larra (1809-1837). 152 famosas como Las hijas de Eva (1862), La conquista de Madrid (1863)—con la música de Gaztambide—, El barberillo de Lavapiés (1874), Sueños de oro (1874) y Chorizos y Polacos (1876)—con la música de Barbieri—; Tomás Rodríguez Rubí (1817-): La trenza de sus cabellos, La hechicera e Isabel la católica); Antonio García Gutiérrez (1813-1884: El trovador, El grumete, La espada de Bernardo, Un día de reinado, El robo de las sabinas); y el dúo Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández Shaw (1893- 1965) autores de las siguientes zarzuelas: Doña Francisquita, Luisa Fernanda, La tabernera del puerto, La rosa del azafrán, La chulapona, La meiga, El dictador, La severa, Los flamencos, Mambrú se va a la guerra, La duquesa del candil, La Lola se va a los puertos, El gaitero de Gijón, Tiene mucha razón don Sebastián. A partir de 1870, se empiezan a representar zarzuelas en un acto: La vuelta del corsario y El estreno de una artista. Reconocidos músicos de zarzuelas grandes componen zarzuelas chicas, alegres y vivarachas: Chapí, Valverde, Chueca, Barbieri, Gaztambide, Salas, Arrieta, Oudrid114, Caballero y Rubio. Ninguna zarzuela grande adquirió tanto éxito como Los sobrinos del capitán Grant (1877) de Miguel Ramos Carrión y música de Manuel Fernández Caballero115 (1835- 1906). Las formas más populares de la zarzuela en un acto son la cómica pueblerina, la cómica histórica y la melodramática. Tomás Luceño escribió cuatro zarzuelas: A estudiar a Salamanca, Don Lucas del Cigarral, El progreso evolutivo y Un tío vivo. El sainete seguía entreteniendo (Los valientes, de Javier de Burgos y ¡Hoy sale, hoy!..., de Tomás Luceño), pero se buscaban formas nuevas. Para asignar género literario a Los lunes de “El Imparcial” Luceño recurre al viejo término de “pasillo cómico-lírico”; pero, en realidad, se trata de un sainete, pues utiliza los mismos temas, personajes y 114 Cristóbal Domingo Oudrid y Segura (1825-1877). 115 también compuso las zarzuelas El dúo de la africana, citada por Luceño, y Gigantes y cabezudos. 153 estructura. El término “pasillo” recuerda a los pasos de Lope de Rueda. Luceño denomina entremés lírico a Fraile fingido. Esta es otra muestra del conocimiento, respeto y veneración que nuestro autor tiene por los clásicos, para los que el entremés era el género paradigmático del teatro breve. Al sainete Un tío que se las trae, lo denomina satirilla en un acto y en verso. En 1883, Salvador Lastras, Andrés Ruesga y Enrique Prieto escriben un libreto que ofrecen a Chueca y Valverde: De la noche a la mañana. Se estrena con éxito en el teatro Variedades la que para algunos es la primera revista lírica. Sin embargo, no hay que olvidar que en 1882 Javier de Burgos estrena con Tomás Luceño, su amigo y colaborador, Fiesta nacional, que, aunque reúne muchos rasgos de los sainetes, puede considerarse como una revista. De forma irónica, la subtitulan “acontecimiento futuro, cómico-lírico, taurómaco”. Imitando el modelo de la revista francesa decimonónica, los dos autores revisan irónicamente el mundo taurino: toreros, aprendices, aficionados, espectadores y revisteros. Los números musicales más aplaudidos fueron los protagonizados por estos últimos, que eran los periodistas que escribían sobre toros. Luego vienen otros estrenos de éxito: Vivitos y coleando y La Gran Vía (1886). Esta última pasó del Felipe al Apolo donde estuvo cuatro temporadas. La revista es un subgénero muy especial y original, pero no tuvo continuidad en el siglo XX. En ella se pasaba revista, examen o inspección a los sucesos más destacados del año en una serie de escenas relacionadas por un personaje intérprete que explicaba al público lo que sucedía. Se solía caricaturizar a los personajes y personificar los acontecimientos más señalados. Se trataba de un espectáculo teatral donde se yuxtaponían 154 cuadros sueltos que a veces se entrelazaban con un ligero argumento. Estos cuadros se presentaban con grandes decorados y se alternaban con música y baile.116 La revista estaba muy emparentada con el periodismo satírico dedicado a la crítica política y social. Se utilizaba un tono satírico, frívolo y espectacular. Salvando las distancias, podemos relacionar la revista con los mimos de la antigüedad, la Nave de los locos y las danzas de la muerte medievales por ser piezas desdramatizadas y sin acción. Los libretistas de zarzuelas como Guillermo Perrín (1875-1923) y Miguel Palacios (1863-1920) también escribieron las revistas Certamen nacional y Cuadros disolventes, con música de Gerónimo Giménez117 (1854-1923). Estas revistas tuvieron éxito a pesar de que no utilizaban la sicalipsis ni el lenguaje soez, propio de este subgénero. Guillermo Perrín y Miguel Palacios escribieron libretos de zarzuelas conjuntamente para Bretón (El clavel rojo), Chapí (Pepe Gallardo), Manuel Fernández Caballero (El saboyano), Luna (La reina de los mercados), Nieto (El barbero de Sevilla), Gerónimo Giménez (La camarona, El general, El húsar de la guardia —en ésta también colaboró Vives—, y Amadeo Vives (Bohemios, La generala, La veda de amor y Miss Australia) Como complemento y alternativa del sainete y de la zarzuela chica, aparece otra nueva manifestación del género chico: la comedia lírica. Autores como José Jackson Veyán (1852-1935), Sinesio Delgado (1895-1928), Emilio Sánchez Pastor (1853-1935: El tambor de granaderos), Gabriel Merino y Pichillo (1862-1903), Celso Lucio y López (1865-1915), Félix Limendoux (1870-1908) y Fernando Manzano con el acompañamiento musical de Brull, Arnedo, Taboada, Sigler, Reig y Hernández, triunfan con obras como : El lucero del alba, El gran mundo, La baraja francesa...118 Tomás 116 cfr. Versteeg (2000). 117 también compuso La Tempranica, El baile de Luis Alonso y Las bodas de Luis Alonso. 118 cfr. Zurita (1920: 53). 155 Luceño también escribe dieciséis comedias, aunque la mayoría de ellas son refundiciones de autores clásicos. El 6 de diciembre de 1890 se estrena en el Apolo el sainete La leyenda del monje (con música de Chapí), que supone la aparición del gran continuador del género chico: el alicantino Carlos Arniches.119 Posteriormente estrena obras como El cabo primero, La banda de las trompetas, El Santo de la Isidra, La fiesta de San Antón, La sobrina del cura, La casa de Quirós, La señorita de Trévelez, Don Quintín el amargao, Es mi hombre, El tío miserias y Que viene mi marido. Arniches fue proclamado el “rey del sainete” y es considerado el máximo exponente del género chico. En sus más de doscientas obras podemos contemplar una fiel descripción costumbrista de Madrid. El juguete cómico se popularizó con las traducciones de los vaudevilles franceses antes de la implantación del teatro por horas pero se adaptó muy bien al género chico. No es tan costumbrista como el sainete ni suele reflejar el estilo de vida de la clase baja. Predominan los temas amorosos y de enredo entre la clase media. Posteriormente aparece la parodia teatral. Aunque Ramón de la Cruz fue autor de algunas parodias, se considera a Salvador García Granés el padre de la parodia española pues la dotó de vida y la puso de moda120. Se parodiaron obras conocidas como Don Juan Tenorio, La bohème y La verbena de la Paloma. Tuvieron mucho éxito: La marsellesa (El marsellés), La pasionaria (La sanguinaria), La balada de la luz (El balido del zulú). Tomás Luceño parodia la figura de El Trovador. Enrique López Marín (1868-1919) estrena triunfalmente Las africanitas, parodia de El dúo de la africana y Simón es un lila (Sansón y Dalila). 119 cfr. Ramos (1966). 120 cfr. Zurita (1920: 84). 156 Con la llegada del siglo XX, el género chico pierde dimensión crítica y va decayendo en favor de las varietés importadas de París. El empresario francés, M. Banquarel arrendó el Alhambra y lo transformó en Music Hall. Otros empresarios Más tarde triunfa la opereta (El rey que rabió, La manzana de oro, El diablo verde y Musetta), aunque este subgénero ya había precedido al género chico en los bufos madrileños de don Francisco Arderius. En 1910 se estrenó La corte del faraón, opereta de Guillermo Perrín y Miguel Palacios con partitura del valenciano Vicente Lleó121 (1870- 1922), que tuvo una gran acogida. Otras operetas de influencia vienesa fueron: La generala, El asombro de Damasco y El niño judío. El éxito del género chico continúa con los hermanos Álvarez Quintero (1871-1938/ 1873-1944) que llegaron a componer doscientas obras: Gilito, Esgrima y amor, El ojito derecho, La reja, El motete, El estreno, El genio alegre, El patio, El nido, Amores y amoríos, Malvaloca, La reina mora, La mala sombra, Los borrachos y El género ínfimo. La zarzuela de enredo y el sainete moderno son dos nuevas manifestaciones del género. En un principio, el género chico, debido a su vocabulario y escenas picantes, no era bien visto por la alta crítica, la opinión pública dominante y por autores consagrados como Jacinto Benavente (1909) y José Echegaray. Se decía que el género chico perjudicaba al arte dramático y a los intereses del gran teatro y atentaba contra las buenas costumbres. Pero todo el mundo reconocía su éxito popular.122 El prestigioso crítico catalán José Yxart ataca a los escritores de segunda fila que utilizan su verbalismo para hacer reír; pero dice: El sainete es la “única producción cómica que aspira a desentenderse de todo artificio y se realiza con una simplicidad, y con una ingenuidad aparente de medios escénicos, que le dan un valor artístico excepcional.”123 121 compuso la zarzuela La corte del faraón (1910). 122 cfr. Huerta Calvo (1985: 69). 123 Yxart (1987: II, p.77-158). 157 Unamuno (1944: 45-46) defiende al género chico y afirma que, con sus defectos y todo, el género chico es lo que queda de más vivo y más real, y en los sainetes es donde se ha refugiado algo del espíritu popular que animó a nuestro teatro glorioso. El género chico, como arte social y colectivo, influirá en el teatro y en el cine124 más popular y mercantilizado. Por ejemplo, es fácil ver la relación de este género con el astracán,125 con personajes y situaciones semejantes, aunque sin abusar tanto de los retruécanos. A principios del siglo XX, debido al éxito del cinematógrafo y del cuplé, el género chico fue perdiendo interés entre el público. Por ello, los autores dramáticos tuvieron que cultivar otros géneros como la comedia burguesa, la tragedia grotesca y el astracán. Sin embargo, Tomás Luceño siguió siempre fiel al sainete tradicional. III.2. Actores Los actores del teatro breve de Tomás Luceño tenían una merecida fama y eran reconocidos y aplaudidos por el público, aunque a veces representaran papeles inferiores a su categoría y prestigio, hecho que, más de una, vez agradece por escrito el mismo autor. Por ejemplo, Luceño cita a algunos actores famosos en ¡A perro chico! (vv. 48-51): Latorre, Romea, Valero, Guzmán, Teodora y Matilde. Su modo de interpretar se basaba en la acentuación de efectos cómicos, visajes, ademanes ridículos y gestos exagerados, propios de los habitantes de los barrios madrileños. El éxito de los sainetes dependía, más que de la espectacularidad de los montajes, del trabajo de los actores que eran capaces de hacer reír a su público, de actuar y cantar. Además de buenos cantantes, tenían que ser excelentes cómicos, capaces de dar vida a sus personajes tanto en las partes habladas 124 cfr. Ríos Carratalá (1997). 125 astracán: “Pieza cómica basada en la parodia del teatro, la dislocación del idioma mediante el juego de palabras como recurso básico, y que, en la opinión de la crítica, desde Díez.Canedo a Ruiz Ramón, es signo de una degeneración del gusto y de la sensibilidad del público en materia cómica” (Huerta Calvo, 1985: 16). 158 como cantadas. Tomás Luceño ironiza sobre la calidad de los actores de los café-teatros y la acogida del público en este mismo sainete: Empresario Yo no tengo en mi teatro ni Latorres, ni Romeas, ni me hacen falta, ni ya hay en Madrid quien los quiera. En cambio tengo un actor que vale un mundo; no creas, quizá no sepa leer ni escribir, pero remeda a todos los animales que Dios ha echado a la tierra, y en cuantas comedias hace, el chico se las ingenia de modo que venga a pelo algunas de sus lindezas.(...) Haciendo Don Juan Tenorio al acercarse a la reja de doña Ana, en vez de dar las palmadas que el poeta indica que deben darse, figurando que es la seña para que aquella se asome, relincha como una yegua; y chico, el público todo se entusiasma de manera que...vamos, jamás se ha visto ni Latorre, ni Romea aplaudidos de ese modo en su brillante carrera (AP, vv. 63-94). Los personajes protagonistas de los sainetes de Luceño fueron interpretados por actores de reconocido prestigio126 como los señores Vallés, Luján, Rochel, Carsí, Carceller, Viñas, Romea, Riquelme, Balaguer, Mendiguchía, Mesejo, Chicote, Alonso, Ortiz, Ruiz de Arana, Mínguez y las señoras Balbina Valverde, Rosario Pino, Felisa Herrero, Loreto Prado, Roca, Bárcena, Górriz, Mavillard, Cobeña, Miranda Blanco, Riaza, Alba, Bru, Alonso, y las hermanas Molina. En la representación de Fraile fingido actuó la famosa pareja formada por Enrique Chicote127 (1870-1958) y Loreto Prado (1863-1943), que para Carlos Arniches y el gran 126 cfr. Jurado de la Parra (1908). 127 cfr. Chicote (1944). 159 público constituían una verdadera gloria nacional. Estaban acompañados por los también célebres: María Aguilar y Emilio Alonso. El gran Emilio Mesejo (1864-1931), célebre por sus interpretaciones en La Gran Vía, La caza del oso, El monaguillo, La Czarina, El dúo de la Africana, Los descamisados, La banda de trompetas, La verbena de la Paloma, Agua, azucarillos y aguardiente, El barquillero y Doloretes, hizo los papeles de Lucas y Alfredo en La niña del estanquero y de Bernardino en El maestro de hacer sainetes o Los calesines. Sus padres eran cómicos de la legua. De la mano de su padre actuó en varias compañías del género chico. Desde 1890 trabajó para el teatro Apolo y bajo la dirección de los señores Arregui y Aruej consiguió los mejores triunfos. Durante un tiempo actuó en América y en Bilbao. En 1917 fue primer actor cómico del Teatro Español, donde hizo los graciosos de las comedias clásicas. Fue también presidente de la Asociación de Actores. Francisco Viñas (1863-1933) hizo el papel de Colás en Un juicio de exenciones. Este actor catalán triunfó con Lohengrin, La Africana, Cavallería, Lucía, Aida y Parsifal. Julián Romea y Parra128 (1848-1903) protagonizó los papeles de Antón Rata (Un juicio de exenciones), el peluquero Rufino (¡A perro chico!), Pablo, dueño de la tienda, (Ultramarinos) y Roque, maestro de escuela, (Un tío que se las trae) Juan José Luján (1831-1889) representó al señor Ceferino (El arte por las nubes), a don Trifón (Fiesta nacional) y a Melitón (¡Hoy sale hoy!). El señor Vallés es el maestro- director de la academia torera (Fiesta nacional) y el honrado obrero (¡Hoy sale, hoy!...). Ramón Rosell (1840-1898) es el viejo torero Manazas (Fiesta Nacional) y don Amable (¡Hoy sale hoy!). Riquelme es Macallister (El arte por las nubes) y don Lino (Ultramarinos). 128 sobrino de Julián Romea Yanguas (1816-1868), actor y director de teatro. 160 Juan Carcellé hace de enano, revendedor y mulillero en Fiesta nacional. Por su buena voz, el crítico de El Liberal lo reconoce como sucesor del famoso actor Pájaro. Ruiz de Arana hace de Rufino, cochero, y de Melchor, zapatero, en Ultramarinos; es el cacique Cardona en La recomendaciones y representa los papeles de Barón y Cayetano en Carranza y Compañía. La gran actriz Balbina Valverde (1840-1910) actúa en Un juicio de exenciones, ¡Amén! o El ilustre enfermo, Las recomendaciones, Carranza y Compañía y Los lunes de “El Imparcial”. Rosario Pino (1870-1933) hace los papeles de la criada Celedonia en Las recomendaciones, de Petro en Carranza y Compañía, de la cantaora Rosario en Los lunes de “El Imparcial” y de doña Juana en Don Gil de las calzas verdes. Según Díaz de Escovar y Lasso de la Vega, esta actriz malagueña dio al arte escénico un tono de modernidad exento de todo resabio profesional129. Irene Alba (1873-1930) hace el papel de Nicasia en Un tío que se las trae. Esta actriz fue hija del gran actor Pascual Alba y hermana de Leocadia, también famosa actriz. De niña actuó con su padre en Torear por lo fino, En las astas del toro y Caramelo. Comenzó a trabajar en el teatro Variedades a los catorce años. Posteriormente actuó en el Martín, la Zarzuela (El arca de Noé), el Felipe (El chaleco blanco) y el Apolo (El año pasado por agua). Hizo el papel de Casta en La verbena de la Paloma, junto a su hermana Leocadia ( la señá Rita) y Emilio Mesejo (Julián). En 1897 se va con su marido Manuel Caba Martínez a Buenos Aires, donde triunfa con La casa del placer, El chiripá rojo y Gabino el mayoral. En 1907 abandona el género chico y, como su hermana, se 129 cfr. Gómez García (1997: 659)). 161 pasa a la comedia actuando en La venganza de don Mendo y Los caciques. Trabajó también en el Calderón y en el Alcázar. Isabel Bru (1875-¿?) hizo el papel de Juanita en La niña del estanquero. Esta actriz valenciana, hija de cómicos, actuó desde niña como corista en zarzuelas como La bruja, El grumete y Catalina. Posteriormente triunfó en el género chico con El Tambor de granaderos. Después de trabajar dos años en el Eslava, ingresó en el Apolo donde triunfó junto a Luisa Campos y Joaquina Pino (actriz granadina famosa por sus interpretaciones en las obras de los hermanos Álvarez Quintero y en La Gran Vía, Meterse en honduras, Cádiz, La revista, La czarina. Fue la primera tiple del Apolo durante quince años. Estrenó otras obras como El dúo de la africana, San Antonio de la Florida, El cabo primero, Agua, azucarillos y aguardiente, La buenaventura, La gitanilla, Doloretes, El mal de amores y La reina mora.) III.3. Música La música es el elemento que diferencia el simple sainete hablado del sainete lírico. De hecho, Tomás Luceño estrenó primeramente algún sainete como La niña del estanquero y meses después los reestrena como sainete lírico, gracias al acompañamiento musical compuesto por Ruperto Chapí. La música, el baile y el canto tenían una excelente acogida entre el público del teatro breve y son herencia del baile entremesado del siglo de oro y de la tonadilla escénica del siglo ilustrado. El discurso musical era imprescindible en los sainetes líricos. La música cumple su función de ambientar, subrayar y divertir, pero apenas se habla de otras referencias sonoras como ruidos y pasos.130 La música siempre ha sido un elemento importante en el teatro breve (entremeses, jácaras, tonadillas...) y en la revista del siglo XIX de influencia francesa. Los números 130 cfr. op. cit. p. 33-42. 162 musicales tenían como principal finalidad la de divertir, pero también la de ambientar las escenas y enriquecer los débiles argumentos. Existe un paralelismo estructural e intertextual entre el discurso dramático y el musical, que se manifiesta sobre todo en el énfasis de los momentos cumbre. En los sainetes líricos de Luceño suele haber entre cinco y siete números musicales, que se distribuían en preludios (fandango para celebrar el primer aniversario de boda y el inicio de la siembra en FF, vv. 1-33), pasajes hablados (FF, escena 3ª), intermedios para mutaciones, bailes (seguidillas manchegas en V, vv. 514-530) y breves finales. La música servía para ambientar la escena, potenciar algunos actos dramáticos y para caracterizar ciertos personajes. El folclore popular–chotis, jotas, seguidillas, pasacalles y sevillanas– servía de inspiración a muchos temas musicales que eran reconocidos y memorizados fácilmente por el público, quien requería con insistentes aplausos la repetición de los números musicales más apreciados. La gente reconocía e identificaba en la música popular su propio patrimonio cultural al que se adhería fácilmente con la ayuda de los instrumentos músicales que provocaban resonancias y vibraciones corporales. El placer que sienten los espectadores con los bailes, canciones y acompañamientos musicales sirve de refuerzo para el fin moral de estas representaciones teatrales. A veces se citaban números musicales de otros sainetes conocidos como La Gran Vía (“Pobre chica, la que tiene que servir” U, 529). También encontramos referencias musicales de valses, polkas, mazurcas, habaneras y pasodobles y tangos (Rosario baila un tanguito acompañada por la cantaora LI, vv. 6-30). Muchas canciones de los sainetes líricos se oían en las calles y viviendas del Madrid más castizo. La utilización de ritmos folclóricos servía para reforzar la identidad nacionalista. El éxito de estos sainetes dependía muchas veces de la seducción ejercida por los números musicales. 163 Músicos importantes componen para los libretos de Tomás Luceño: Francisco Asenjo Barbieri (¡Hoy sale, hoy!), Joaquín Valverde Durán (Fiesta nacional), Federico Chueca y Robles (Fiesta nacional y ¡Hoy sale, hoy!, Un domingo en El Rastro), Tomás Bretón (Fraile fingido), Ruperto Chapí (La niña del estanquero), Gerónimo Jiménez (¿Cuántas, calentitas, cuántas?), Amadeo Vives (Don Lucas del Cigarral, A estudiar a Salamanca), Joaquín Valverde Sanjuán, “Quinito Valverde”,(Los lunes del “Imparcial”, El maestro de hacer sainetes o Los calesines), J. Albuger Cuenca (La comedianta famosa), José María Güervos (A estudiar a Salamanca), F. Costa (A secreto agravio...), Julián Romea (Bateo, bateo), Rafael Calleja (Donde hay agravios no hay celos, Lances de amo y criado), M.R. Jiménez Ortells (El progreso evolutivo o Comestibles finos) y Miguel Nieto (Pavo y Turrón). Uno de los más famosos compositores madrileños de está época era Francisco Asenjo Barbieri131 (1823-1894), autor de las partituras de: Jugar con fuego, Pan y toros, El barberillo de Lavapiés, Escenas de Chamberí, El Manzanares, Los diamantes de la corona, El diablo en el poder, El robo de las Sabinas, El Marqués de Caravaca, De Getafe al Paraíso o La familia del tío Maroma, ¡Hoy sale, hoy!..., El señor Luis, el Tumbón o Despacho de huevos frescos, Tramoya, Por seguir a una mujer, El rey Federico, El testamento azul y Un día de reinado. Otro gran músico fue el extremeño Joaquín Valverde Durán (1846-1910), quien colaboró con otros compositores famosos como Fernández Caballero, Torregrosa, Bretón y Chueca con quien realizó: La canción de Lola (1880), Cádiz (1886) y La Gran Vía (1886). Su hijo Joaquín Valverde Sanjuán132 (1875-1918) también compone obras famosas como La marcha de Cádiz (1896), y El iluso Cañizares (1905). 131 cfr. Casares Rodicio (1994). 132 compuso la célebre canción Clavelitos. 164 El compositor madrileño más popular del género chico era Federico Chueca y Robles (1846-1908), autor de La Gran Vía, Cádiz, La alegría de la huerta, El dos de mayo, Las mocitas del barrio, Agua, azucarillos y aguardiente, La caza del oso, El año pasado por agua, Bonito país, Los barrios bajos, El chaleco blanco, El capote de paseo, Los descamisados, El Bateo, Las zapatillas, El mantón de Manila y De Madrid a París. También dirigió el teatro Variedades y su orquesta y colaboró con Barbieri, Bretón y Valverde. Tomás Bretón (1850-1923), compositor salmantino de Guzmán el bueno, Los dos caminos, El viaje de Europa, El alma en un vilo, El bautizo de Pepín, El campanero de Begoña, El barberillo de Orán y Los húsares del Zar. Después de viajar por Viena, París e Italia, triunfa con Los amantes de Teruel, La verbena de la Paloma (1894) y La Dolores (1895). Otro excelente compositor fue el alicantino Ruperto Chapí (1851-1909), autor de La tempestad (1882), La bruja (1887), El rey que rabió (1891), La revoltosa (1897), El tambor de granaderos (1894), El puñao de rosas (1902) y La patria chica (1907). El músico catalán Amadeo Vives (1871-1932) también nos dejó conocidas composiciones como Bohemios, Viaje de instrucción, La balada de la luz, Polvorilla, La buenaventura, Doloretes, El tirador de palomas, Lola Montes, Su alteza imperial, La vendimia, La generala, La Villana, Talismán, Maruxa y Doña Francisquita. El éxito de Don Lucas del Cigarral, con el libreto de Tomás Luceño y Carlos Fernández Shaw, le sitúa entre los compositores más famosos. Gerónimo Giménez (1854-1923) fue un compositor sevillano de obras conocidas como Traflagar (1890), Los voluntarios (1893), El baile de Luis Alonso (1896), La boda de Luis Alonso (1897), La Tempranica (1900), El barbero de Sevilla, El húsar de la guardia y Los viajes de Gulliver. 165 III. 4. Gestos, movimientos, sonidos, vestuario y decorados El espectáculo de la comedia o del sainete empieza. Todo es teatro. El arte escénico participa de todas las artes y se diferencia de todas ellas; entra por los ojos como la pintura y la escritura, y se dirige a la inteligencia por los oídos, como la música y la poesía. Una de las principales diferencias consiste en que el efecto dramático es inmediato, casi repentino, sin retoque, sin revisión, ni atención mantenida. No se puede ampliar lo que no se entiende, ni repetir la mirada. Una vez producido el efecto, no puede prolongarse ni repetirse. Junto a la fuerza segura y pronta de la frase, de la acción, de las emociones, está el interés sostenido, la variedad, la sucesión de las mismas. Hay que acertar una y otra vez. El efecto teatral se transmite a un público con distintas facultades, con diferente atención y diversos gustos y humor. El espectáculo se dirige a un alma colectiva que tiene capacidad, sentimientos, prejuicios, distintos de los que los espectadores poseen individualmente, cuando se encuentran codo con codo en las sillas o butacas que los constituyen en un solo público. El teatro triunfa cuando la teoría es asimilada y el gusto nuevo filtra y empapa a todo un público. No hay posibilidad de rutina en el teatro. La belleza artística de un proscenio no es singular ni selecta. Todo, forma, fondo, pensamientos y pasiones, pertenece a una categoría común asumida por una sociedad constituida, llamada público, que acude al teatro porque necesita divertirse y aprender. En medio de estos convencionalismos, se representan las realidades humanas, vividas como ilusiones momentáneas y pasajeras. Ningún arte dispone para ello de medios plásticos más propios, más directos y naturales, y sin embargo, tampoco hay otro 166 que se desvíe más fácilmente de su fin. Al reproducir la realidad, ésta queda alterada y se añaden convenciones a una convención especial, o contrariamente, se crea una belleza propia y no imitada, que consiste en una visión ideal e independiente, decorativa o fantástica. Teniendo en cuenta todos estos elementos, un estudio del arte escénico nos obliga a reconsiderar los criterios de belleza teatral, que no coincide exactamente con la belleza literaria o plástica. Para ello habría que examinar las obras más aplaudidas y ver cuáles son los medios utilizados por autores, actores y auxiliares para agradar al público y qué efectos logran. A todo esto hay que añadir que la figura humana aparece en las tablas de manera mucho más real que en la escultura; pero el movimiento, el baile y las convenciones escénicas la vuelven a apartar de lo real. El poeta, el creador teatral, se ve dominado por todas estas convenciones y entrega su obra a tales auxiliares e intérpretes. Estos la achican, la recortan, la deforman para que resulte viable, representable y aceptada por el público. La comicidad verbal se refuerza con recursos no verbales de los actores como el aparte, la pausa, el énfasis, los gestos apropiados y los movimientos cómicos. La actuación de los actores se realizaba siguiendo las orientaciones que Luceño especificaba en sus acotaciones, sobre todo haciendo referencia a gestos, movimientos, sonidos y vestuario. 1. Gestos y movimientos En Cuadros al fresco se señala que el cesante se frota las manos por el frío (v. 118), bebe aguardiente haciendo gestos (v. 134), da dos chupadas con ansiedad muy marcada al cigarro de D. Tadeo (v. 230), se queda conmovido (v. 240) porque le dan un puro, desaparece corriendo (v. 292) y está desesperado (v. 819) por el hambre. Vemos al barbero, mientras afeita al cesante, que unas veces se arrodilla, otras le coloca la cabeza 167 casi debajo de su brazo, y, en fin, haciendo cuantos movimientos contribuyan a la propiedad de esta escena (v. 273). Un ciego tropieza con el cesante y el barbero (v. 289). El chulo Salcedo habla con el jornalero Manolillo quien se separa con indignación (v. 412) ante su propuesta deshonesta de jugar con él y se lamenta con tristeza (v. 447) por la injusticia de este mundo. Anselma se queja con disgusto (v. 552) de que hayan indultado a un infeliz. Un criado mira con extrañeza (v. 648) a Dª Rita. Ésta registra la cesta del criado sin que se aperciba (v. 668), logra una liebre (v. 683) y la contempla con entusiasmo (v. 693), le hace fiestas en la cara (v. 690), tapa la boca a un pilluelo y le coge el brazo (v. 704) para que no la denuncie. Andresito, poniéndose los quevedos y mirando hacia dentro (v. 716), intenta leer un letrero, se mete la mano en el bolsillo del chaleco (v. 719), reconoce su falta por hacer pis en la vía pública y huye precipitadamente (v. 762). Su novia Matilde, reparando en la gente (v. 747) y riéndose (v. 756), saca una peseta del porta-monedas y se la entrega al Municipal (v. 759). Éste, con malos modos (v. 769), y mirando al reloj (v. 798) finaliza su jornada laboral. La verdulera Nicolasa, cogiendo la cesta con furia (v. 777), dice con retintín (v. 778) refiriéndose al municipal. En El arte por las nubes, Lesmes se hace el ciego y, bajando la voz (v.34), pregunta si puede abrir los ojos y luego tropieza con Luis (v. 88). Modesto reivindica su conciencia de escritor con gravedad cómica (v. 68), y al final se aviene con resignación ( v. 81) y declara su humildad con timidez (v. 500). Estos dos últimos escuchan admirándose (v. 216) cómo Macallister ha perdido las dos medias sin quitarse los zapatos. Luis se dirige a éste, primero abrazándole (v. 232) y luego con frialdad (v. 234). Macallister se dispone a beber café tomando la cucharilla (v. 374) y acercándose a la mesa (v. 379). Luis se sienta en una silla sin respaldo y figura que ha faltado poco para caerse (v. 394) y, al ver a Carolina, le indica por señas que no diga una palabra (v. 559) a Ceferino, quien gesticula señalando debajo de la barba (v. 474) y la mira entusiasmado (v. 643). 168 Cuando llega el que cree que es su marido, acaba retrocediendo (v. 646), habla con ironía (v. 746) de la miseria de los asistentes y al descubrir a su hijo entre ellos termina retrocediendo asustado (v. 753); pero, reparando en el cuadro (v. 790) que le representa, reconoce el mérito de su hijo Luis, quien se pone la levita, las botas, coge el cuadro (v. 772), presenta a su esposa con temor (v. 779) y a su hijo con alegría (v. 800). Finalmente Macallister, en traje de murgante (v. 803), y Modesto, con orgullo (v. 826) abrazan a Ceferino (v. 820) como protector de las artes. En El teatro moderno el engreído actor Raimundo estrecha con desdén la mano de Silverio, no saluda a Juan el memorialista (v.77) a quien dice con pedantería (v. 80) que no le había conocido. Nicolás habla admirado (v. 99) a su hijo Raimundo y mirando a la puerta de la calle (v. 186) avisa a Juan de que viene, furiosa (v. 262), su mujer Socorro. El mozo de café Ramón habla con petulancia (v. 336); Sinforosita con sentimiento (v. 456) y la bailarina Natalia con alegría (v. 604), pero luego se pone furiosa (v. 632) contra Dª Restituta. En Un juicio de exenciones, Rosa habla con ironía (v. 20) y contesta como admirada de la pregunta (v. 73) que le hace su madre; Antón sale llorando (v. 87) porque no quiere ser soldado; la maestra Tiburcia hace ademanes como quien se prepara para hacer un gran discurso (v. 125) a favor de la mili y luego acaba horrorizada (v. 182) viendo cómo Antón acepta muy contento (v. 181) que su padre, con resignación (v. 182), le rompa los dientes para librarle de la mili. Resulta especialmente grotesca la acotación sobre la talla en la mutación después de la escena VIII: El sargento aparece midiendo a un mozo muy pequeño, al cual, para hacer llegar a la talla, pega grandes y exagerados puñetazos en el estómago, le estira el pezcuezo con fuerza y hace, en fin, cuantos movimientos cómicos sean necesarios para demostrar y criticar el rigor conque en estos casos se procede. Colás hace signos indicando que es mudo (v. 310) y acaba dándose 169 cachetes (v. 331) por haber hablado. El médico, tras probar con varios anteojos, acaba enfadado (v. 384) al conocer que el mozo no sabe leer. Pedro entra muy agitado, con la cabeza completamente afeitada, limpiándose el sudor después de recorrer veinte leguas con las alforjas cargadas de hierro para menguar su estatura (escena XI). Su padre Dimas hace ademán de reprenderle (v. 408). Entran en el salón varios jóvenes simulando deformaciones y enfermedades (escena XIII). El alguacil entra sofocado y contento (escena última) y anuncia que ha habido un motín y que no hay quintas. Esta broma sirve para desenmascarar a los quintos En A perro chico, el peluquero catalán Rufino dice alarmado (v. 161) que por qué le van a silbar; a éste se dirige enfadado (v. 211) el director de escena Lucas; el segundo actor Cosme hace un signo de desprecio (v. 225); el traspunte corre de un lado para otro (escena VIII). Elena interpreta en actitud trágica (v. 357) y acaba de rodillas (v. 397); Lucas y Cosme se pegan (v. 417), se abrazan (v. 417) y se quedan contemplando a Elena (v. 440), quien es cogida del brazo y sacada de escena por su irritado padre Celedonio (v. 477). El autor pide clemencia muy afligido (v. 502). En Fiesta Nacional, Julián dobla el periódico con coraje (v. 17); Cornelio se enfada sin poderse contener (v. 49) y al final dice, aparte con alegría (v. 72), que logró entrar; Trifón saluda alegrándose (v. 222), pregunta sin comprender (v. 260), exclama admirado (v. 265), realiza la acción de picar (v. 313), amenaza levantando el brazo (v. 318), forcejea con Manazas (cogen la garrocha por los extremos y se empujan, v. 326); éste enseña con calma y seriedad y como si hiciese una explicación (v. 332) y quitando de pronto la silla, Don Trifón cae de espaldas (v. 341) y luego ofrece el brazo (v. 400) a Remigia que pregunta con candidez (v. 396). Hay un movimiento de espanto en los concurrentes cuando el maestro habla de un miura y todos se limpian con el pañuelo cuando aquel lo hace (escena IX). Un inspector escucha contrariado (v. 414) a Toribia, 170 quien pregunta por su marido Trifón que ha huido de casa. Hay espanto general porque no hay billetes para los toros (v 373). Los caballos flacos y defectuosos producen la hilaridad del público (cuadro quinto). Manazas está escamado tras ver al practicante con el botiquín y se queda pensativo (escena XVII). En Hoy sale hoy, la voceadora se queda profundamente dormida (v. 4); la cigarrera Lorenza habla al lotero con zalamería (v. 73) y hace rápidamente un pitillo (v. 80); el viejo militar Amable tiene modales groseros (v.84), amenaza con un bastón, reprende y tropieza con un tintero que cae (v. 137); Gregorio habla con ironía (v. 122, 142 y 176), y con impaciencia (v.170); un papá supersticioso habla a su hijo con mucho mimo (v. 162) y hace fiestas al niño (v. 194); un chulo amenaza a una chula (v. 215 y 224); ésta habla con resolución (v. 292). 2. Sonidos y ruidos Los personajes hablan de verdad, no con signos mudos como en el poema; pero el arte escénico transforma esta realidad y la convierte en un hecho creativo y bello. El autor dramático selecciona aspectos de la realidad y los refuerza con signos visuales y acústicos. Los sonidos y ruidos se concretan escueta y brevemente en las acotaciones. Se oyen los ronquidos del sereno (CF, escena 1ª); Eloísa oye el ruido que hace su padre en la alcoba (CF, v. 67); las burras de leche hacen sonar sus campanillas al amanecer (CF, escena 4ª); se oye a lo lejos una marcha militar y todos contestan calurosamente al grito de ¡viva España! (CF, escena última). Oímos las voces y silbidos de los que han sido timados por Macallister (AN, escena IV) y un breve alboroto cuando Ceferino pega a los timadores de la cabeza parlante (AN, escena XIII). Los concurrentes de un café-teatro aplauden estrepitosamente (TM, escena 1ª); se oye el ruido que producen las bolas de lotería (TM, escena XII); los concursantes 171 se ríen cuando un chico viene con las pantorrillas de la bailarina Natalia y hay alboroto cuando Natalia y Restituta se enzarzan (TM, escena XVI). Todos se ríen de los gestos del sargento y hay alboroto general (JE, v. 300). En un café-teatro oímos que el traspunte está llamando a la puerta y gritando (AP, escena III); un prolongado aplauso antes de que actúe Elena, que es animada por su madre en voz muy alta (AP, escena IX); el ruido de las cadenas agitadas por Rufino (AP, v. 373); el aplauso repetido del público y las voces de los que aclaman a los autores para que salgan al escenario (AP, escena IX). En Fiesta nacional se oyen los porrazos y gritos de Cornelio antes de entrar en el salón académico (escena IX); las voces y los gritos exagerados de Toribia que busca a su marido (escena X); los gritos, silbidos y golpes de la plaza de toros (escena XVII); el griterío y la confusión con aplausos y toque de banderillas de la apoteosis final (cuadro 6º). La voceadora aparece gritando (H, v. 1-3) y voceando (H, v. 204) los números en la administración de lotería. Los que besan la mano de la niña del estanquero estornudan violentamente por causa del tabaco: Achist (NE, 84 y 669). 3. Vestuario y decorados También se hacen referencias breves sobre el vestuario de los actores. El viejo Tadeo viste con capa y, cuando se quita el sombrero, se le ve una peluca mal figurada (CF, escena V). Salen de una casa de juegos varias mujeres vestidas con ridícula elegancia. Ramona se presenta con talma encarnada, una rosa blanca en la cabeza y el peinado en desorden. Salcedo está vestido de señorito pero con aire de chulo y Manolillo con traje de jornalero (CF, escena IX). Cornelio tiene un gorro de terciopelo, una capa larga sin esclavina y un talego para la compra. Rita está vestida pobremente de luto (CF, escena XIV). Matilde aparece en traje de modista (CF, escena XXII). 172 El editor Lesmes viene en traje de mendigo ciego y con una guitarra a las espaldas (AN, escena II). Luis entra vestido pobremente, se quita las botas, las unta de negro con una pluma, se pone las zapatillas (AN, escena III) y se queda en mangas de camisa con los puños unidos al chaquet (AN, escena V); luego se disfraza con una peluca y una barba postiza para hacer de cabeza parlante (AN, escena IX). Macallister viene con su pantalón roto por la pierna (AN, escena IV). Ceferino aparece con traje de labrador aragonés (AN, escena VIII). Raimundo actúa en traje de Diego Marsilla con la espada desenvainada (TM, escena I); Eladio sale vestido de elegante cursi con capa (TM, escena III). Lucas viste traje de pobre y sombrero de copa, de forma completamente opuesta a la que en el día se use (TM, escena IX). Restituta y su hija Sinforosita vienen muy cursis con talmas encarnadas, guantes blancos y adornos en la cabeza: una flor en el peinado, la primera y un lazo verde, la segunda (TM, escena X). En Un juicio de exenciones vemos los diferentes disfraces para conseguir librarse de la mili: Regino sale con una tela verde cubriéndole los ojos y un palo en la mano, figurando ser casi ciego (escena VI); Antón Rata tiene el carrillo hinchado y un pañuelo en la cara (escena IX); Pedro tiene destrozado el traje (escena XI). En A perro chico, Cosme aparece vestido de guerrero; Rufino pinta las cejas con corcho quemado (escena V) y Elena actúa vestida de blanco, con el cabello suelto, pálida y con ojeras (escena VIII). Cornelio tiene grandes bigotes, traje claro, sombrero de jipijapa y un gran bastón (FN, escena II). Los revisteros imitan las viñetas de sus periódicos; El Tendido está disfrazado de chulo pobre y El Enano, de andaluz lujoso. Todos llevan grandes plumas de ave (FN, escena IV). Remigia y Rufina salen ataviadas con afectación de manolas ridículas (escena VII). Nicolás figura un guripa vestido de chulo pobre (escena IX). 173 Trifón sale vestido de picador, el padre Jacinto está vestido de seglar (escena XVIII) y el señorito se viste de monosabio con quevedos y guantes (escena XIX). El vestuario era cuidadosamente elaborado por sastres de importantes actores como el prestigioso Eusebio (Fiesta Nacional). Es importante el papel del disfraz en Fraile fingido. Josefa cuenta (mientras el coro de mujeres hace gestos de taparse los oídos) que el corregidor se disfraza de molinero para tener un encuentro amoroso con la molinera y, a su vez, el molinero se disfraza de corregidor para ir a la casa donde está la corregidora (FF, vv. 95-100). Al final Josefa se disfraza de fraile y después disfraza con el mismo hábito al estudiante para engañar al marido. Gorito y el marqués también se disfrazan (LC) También se concretan las características de los decorados en las acotaciones. La escenografía intenta representar la realidad como la arquitectura, el arte decorativo y la pintura, pero, a diferencia de ellos, el género teatral permite una nueva visión fantástica e imaginativa. Los decorados se encargaban a los mejores pintores escenográficos como Bussato (Fiesta Nacional y ¡Hoy sale, hoy!), Muriel (Corral de comedias y Ultramarinos), Moreno Carbonero (La comedianta famosa) y escultores como Benlliure (La comedianta famosa). Los espectadores identifican sin esfuerzo las calles, plazas, barrios y establecimientos que se representan con ayuda de decorados profusamente ambientados por las manos más expertas. De esta forma, el autor consigue más fácilmente que el público se sienta a gusto y se divierta. Para reflexionar sobre el arte dramático, tenemos que comenzar analizando con precisión todos los elementos que hacen posible la escena y la literatura dramática. En un teatro o espacio escénico, se representan múltiples y distintos espectáculos. 174 Primeramente, observamos dos grandes lugares enfrentados: el espacio semi- circular de la sala y el cubo del proscenio. El salón está iluminado: los espectadores ocupan la platea, los palcos y el paraíso. El telón está descorrido: a ambos lados contemplan los bastidores, pintados con los motivos más conocidos (edificios, calles, y salones); en el fondo, las telas y cortinas de los decorados; abajo, una tarima; arriba, las bambalinas que suben y bajan semejando un techo. Todo esto es artificial y es aceptado por una convención tácita. Los espectadores se dan la espalda y miran hacia el proscenio. Los diferentes espacios están iluminados con distintas tonalidades. En Teatro moderno, se especifica la decoración de un café-teatro de la época: En el fondo, el escenario sobre un tablao que distará poco del suelo. A la derecha, una puerta (segundo término) sobre la cual habrá un letrero que diga: “Villar y lotería”. A la izquierda (primer término) la puerta de la calle. A la izquierda (segundo término) una puertecita en la que, sobre un papel pegado en la misma, se verá escrito en gruesos caracteres: “Se proive la en trada en no siendo haptor”. Convenientemente colocadas, mesas y sillas de diferentes clases, procurando imitar en cuanto constituye la decoración, todo lo que de característico encierren los establecimientos de esta clase (escena I). El mismo autor sugiere en sus acotaciones la forma de decorar. Por ejemplo, en la escena IX de ¡A perro chico!..., dice en la acotación inicial: Una vez descorrido el telón, conviene que se vea la concha del apuntador, con éste, el niño, la mujer del traspunte y el ama; todo esto puede ser pintado. 175 III.5. Crítica de prensa Muchos sainetes de Tomás Luceño se estrenaron el día de la fiesta del sainete que la Asociación de la Prensa celebraba solemnemente cada año y a la que acudía lo más selecto de la sociedad madrileña, incluida a veces la familia real. Los periódicos se hacían eco de este acontecimiento con numerosos comentarios y críticas muy favorables a este género dramático tan bien acogido por el público madrileño. En el diario ABC aparecen las siguientes coplas alusivas a esta fiesta y que resaltan los valores castizos del pueblo español. Se acoge con regocijo la fiesta del sainete pues este género dramático ayuda a mantener el humor entre jóvenes y viejos en una época de crisis de valores, rememorando el clásico carpe diem. Se ensalza el acierto de mezclar el romance narrativo con las canciones populares en los diálogos de los personajes típicos: “COPLAS DEL DOMINGO. LA FIESTA DEL SAINETE Bien hayas tú, la Prensa madrileña, que organizaste fiesta de tal mérito; bien hayas tú, que a revivir te atreves lo castizo que pinta a un noble pueblo; nunca mejor organizar pudieras, tal fiesta de alegría en tales tiempos, que a buen seguro llega y en buen hora, a calmar los espíritus anémicos de jóvenes que lloran unas penas que no han tenido de tenerlas tiempo. Bien venida la fiesta del sainete; yo, el último de todos, la celebro; desfilen las manolas del Barquillo con los típicos majos y chisperos, salgan la Resalada y la Mochuela, Peluquín y el señor Alonso el Bueno, y mézclese el decir de los romances con las canciones de hoy; luzcan sus cuerpos las bellas comediantas de hoy en día; honren con su belleza y discreteo el antiguo corral de la Pacheca, y en un marco del arte tan espléndido luzcan el bien decir y las canciones, y a todos lleguen los alegres ecos. 176 Falta nos hace, sí, falta nos hace que con la fiesta clásica alegremos a una generación triste y llorosa, que de su larga vida en los comienzos vive amargada y llena de pesares, sin conocer del mundo los misterios. ¿Qué guardas, juventud, para el mañana, para los desengaños que da el tiempo...? Vive alegre hoy que vives ignorando, que, cuando sepas, vivirás sufriendo; organícense fiestas del sainete, óiganse tonadillas y rasgueos, vuelva la frase oculta y picaresca de manolos, de majos y chisperos; vuelva la España de pasados días, vuelva la España de feliz recuerdo; la juventud lozana que florece cante alegre a la vida; caminemos por el mundo cantando nuestras coplas, y alegrando con ellas a los viejos que son los que en sus años y en sus canas llevan las amarguras de los tiempos. Antonio Casero” (ABC, 6-05-1911) Tomás Luceño tuvo mucho éxito de público y crítica con sus sainetes. Sus estrenos eran fervorosamente aplaudidos y le reclamaba repetidas veces para que subiera al escenario, a lo que no siempre accedía debido a su timidez. De hecho, sus obras se representaban durante dos y tres semanas, lo cual no era muy frecuente en aquella época. A continuación, ofrecemos algunas críticas de sus sainetes más celebrados: ¡A perro chico! se estrenó el 17 de mayo de 1881 en el Teatro de la Alhambra, después de la representación de De Cádiz al puerto y Galeotito. Al día siguiente este sainete se representó en segundo lugar. Como tuvo poco éxito–sólo se mantuvo en cartelera cuatro días–lo modificó dando como resultado un nuevo sainete titulado La niña del estanquero, que se estrenó en el Teatro Español el 9 de abril de 1897. Posteriormente, el 10 de junio, se reestrenó como sainete lírico con el mismo título en el teatro Apolo. El programa era: Los trasnochadores, La niña del estanquero, Los autómatas y Filippo. Este espectáculo finalizó el 27 de junio por ser el último de la temporada. 177 La revista Fiesta Nacional se estrenó el 25 de noviembre de 1882 en el Teatro Variedades junto a Específico moral, En el cuarto de mi mujer y Luces y sombras. Un revistero taurino, orgulloso de sustituir a un crítico literario, escribió el siguiente artículo, no exento de ironía, con el seudónimo de Sobaquillo. En él alaba la gran actuación de Vallés, Rochel, Carceller y Luján en el papel de toreros en lo que, más que una representación, parece una corrida de toros. Le llama la atención el realismo, casi grotesco en algunas escenas, de la escenografía de Bussato y el acierto de la música de Chueca y Valverde. Las localidades estaban todas ocupadas. Había muchos escritores, empresarios, aficionados, aficionados a cuernos y aficionados a lo mismo. El teatro estaba brillante. ¡Ni en una corrida de beneficencia! Sacó el pañuelo el señor presidente; tocaron las trompetas, y empezó el desfile de la cuadrilla. La escena representa una galería de la Universidad taurina, asó, como suena. ¡Bonito telón! “Aula de estoque y muletas”...”Aula de banderillas”...”Aula de puya”...Y así sucesivamente. Trofeos taurinos, bustos de toreros célebres, inscripciones alusivas...Una de ellas tiene gracia: “A Julián Casas, conservador del arte.” Salen Vallés y Rochel; el uno de maestro en traje de calle, el otro de picador en la misma forma. Parecen dos toreros de verdad. Los dos caracterizan admirablemente sus papeles. Vallés ha echado la casa por la ventana. Eusebio, el sastre de las notabilidades del arte, le ha hecho un traje precioso. El calañés se lo han traído de Sevilla. Ayer mismo se compró el bastón, y luce unos brillantes en la pechera que ni Frascuelo...En fin, por no perder detalle, ¡se ha afeitado el bigote! Primer número de música. Los cuatro periódicos taurinos: El tío Jindama, El Toreo, El Tendido y El Enano. Cantan un cuarteto sumamente chusco, con el estribillo aquel de : monsieur, madame.../ matarile, rile, rile...Muchos aplausos, cigarros y sombreros. El maestro Barbieri, que asiste al espectáculo, exclama: –¡Buen toro, buen toro es el primero! Tras varios incidentes que verá el curioso lector, si asiste a las sucesivas representaciones– iba a decir corridas–se cambia la decoración y aparece el paraninfo de la Universidad taurina, que es un corral, en cuyo centro se ve el correspondiente estrado, con mesa, dosel y trofeos taurómacos. Se procede a la distribución de premios. Hay episodios cómicos, demasiado cómicos quizás, y muchos chistes, todos puntiagudos.(...) De pronto hay gran alarma. Se oyen fuertes golpes en la puerta del toril. Se abre y sale...un marido blandiendo el bastón. –¡Cornelio!–exclama aterrada la mujer, que está con Luján, aspirante a picador. Después de un cuadro que puede llamarse de relleno, viene otro que representa la calle de Sevilla en día de toros. La gracia de la obra empieza a decaer...Con todo, se aplaude mucho una canción callejera y chulesca que canta Rochel con acompañamiento. El estribillo, con aire de tango, es éste: Ahora que tengo chaleco/ con mi pantalón de pana/ ahora que tengo chaleco/ me falta la americana. ¡Emoción lírica en todos los espíritus delicados! También hizo repetir el público un coro de revendedores, cantado principalmente...por Carceller, que de esta hecha, queda declarado como sucesor de Pájaro. Luján va a debutar como picador y un señorito de la high life pide que le contraten de monosabio. Se le admite y pregunta: 178 –¿Dónde es mi sitio? –¡En la cuadra!– le responden. Como se ve, los chistes son que ni encargados al Lavi. El quinto cuadro es digno de un Zola con coleta. ¡Qué naturalismo aquel representa la caballeriza! Los pencos están allí junto a los pesebres, cada cual en estado de entregarla. Los hay cojos, los hay a medio vaciar; uno está apuntalado con tres estacas, otro sin cabeza...Aquello es horrible y cómico a la par. A mi lado se desmayó un caballero. ¡Era un veterinario sensible! Luján se despide de su familia–es decir, de la del personaje que representa,–y se dispone a la lid. El popular gracioso va vestido de picador. ¡Éxito completo! Un coro de mulilleros con mucho ¡soo! ¡soo! termina el cuadro. Quiero decir, la cuadra. La escena final hiere la cuerda sensible de los espectadores....Se ve el interior de la plaza de toros desde uno de los portalones. Suenan nuevas palmas y se presenta el señor Bussato, pintor escenógrafo, a recibir por segunda o tercera vez el aplauso de la concurrencia. No hay cigarros. Empieza la corrida. Rochel da una costalada tremenda y le sacan entre barreras, seguido de los alguaciles. Luján sufre una cogida, y le traen medio muerto...Detrás viene un presbítero, elevando al cielo piadosas preces. ¡Dios sobre todo! Se ven enseguida dos o tres lidiadores más por el aire, y cae el telón. La Fiesta nacional dará juego durante una buena parte de la temporada. El arte, como se ve, está de enhorabuena. Ya es hora de que a los grandes críticos literarios sustituyera este modesto y no bien comprendido sacerdote de la ciencia taurina. Sobaquillo.” (El Liberal, 26-XI-1882). ¡Hoy sale hoy!... se estrenó el 16 de enero de 1884 en el Teatro Variedades junto a Un cabo suelto, De la noche a la mañana y Segundo acto. El crítico de turno ensalza los valores de este sainete, en la línea de los anteriores, aunque se queja de cierta monotonía en alguna escena. Destaca el mérito de los músicos Barbieri y Chueca y el acierto del escenógrafo Bussato, que ha sabido decorar con realismo cuatros espacios madrileños. Nuestra enhorabuena más cumplida a los señores Luceño y Burgos y a los maestros Barbieri y Chueca por el éxito del sainete lírico ¡Hoy sale, hoy!...Todas las escenas gustaron y todos los cuadros fueron aplaudidos. La sátira contra la afición a la lotería, si no tan animada y de colores tan vivos como los que hicieron los señores Luceño y Burgos en Fiesta Nacional, resulta también muy graciosa y festiva, contribuyendo a darle un aire de simpática novedad la moraleja escenográfica,–si se nos permite la frase–con que termina el sainete. La obra está salpicada de chistes; tienen en esta ocasión perfecta e innegable oportunidad. Los tipos son muy cómicos y tomados del natural con gran acierto. Con todo, el carácter especial de ¡Hoy sale, hoy!... puede dar a alguna escena cierta monotonía, fácil de remediar con levísimas supresiones. La música, como de Barbieri y Chueca. Todos los números se hicieron repetir. El que obtuvo estos honores con más justicia fue el coro de los serenos. El pintor escenográfico, Sr. Bussato, ha pintado cuatro preciosas decoraciones: la que representa la Plaza Mayor, al amanecer; la que, con admirable perspectiva, figura la entrada de la calle Jorge Juan por Recoletos y la final, apoteosis del trabajo, arrancaron grandes aplausos. La empresa de Variedades ha ganado un buen premio, que el público, mejor pagador que el Estado, irá satisfaciendo durante muchas noches consecutivas (El Liberal, 7-I-1884). 179 Corral de Comedias se estrenó el 15 de octubre de 1885 en la inauguración del Teatro de la Princesa, a beneficio de la Real Sociedad de Beneficencia domiciliaria, junto a Muérete y verás e Intermedios con el sexteto. La crítica ensalzó sus valores literarios y costumbristas, en detrimento de una acogida menos ferviente que las anteriores por parte del público. Su nueva producción es más bien un trabajo de crítica literaria y costumbres que una obra teatral. No era fácil, por tanto, que el público, aun advirtiendo lo correcto de la versificación y lo imparcial y exacto de los juicios, se riere ni aplaudiere gran cosa. Con todo, llamó a la escena dos veces al señor Luceño (El Liberal, 16-10-1885). Ultramarinos se estrenó con éxito el 26 de noviembre en el Teatro de la Comedia, junto a La Señora de Matute, Segundo acto y ¡A vivir!. El autor estaba especialmente orgulloso de este sainete. El crítico resalta el realismo de los decorados de Muriel y los diálogos chispeantes y divertidos chistes de Luceño. Varios son los tipos que presenta el autor: el atrevido dependiente, un cochero, la pupilera, un zapatero y otros tipos dibujados a las mil maravillas. Los personajes fueron caracterizados notablemente por la señora Górriz, Romea, Riquelme, Balaguer y Ruiz de Arana, que se distingue por el tipo de cochero y el de un zapatero remendón que se dedica más al vino que al tirapié y a la lezna. (El Liberal, 27-X-1886). ¡Amén! o El ilustre enfermo se estrenó el 8 de abril de 1890 en el Teatro Lara, después de las representaciones de En visita, Su excelencia, y El sueño dorado. Tuvo mucho éxito pues se mantuvo en cartel hasta el 26 de mayo, última función de la temporada. Las Recomendaciones se estrenó el 16 de abril de 1892 en el Teatro Lara y duró hasta el 13 de mayo. Carranza y Compañía se estrenó el 7 de marzo de 1893 en el mismo Teatro Lara, junto a Entre parientes y El chiquitín de la casa. El crítico se queja irónicamente de que no podía oír todos los chistes a causa de las carcajadas continuas del público y destaca la actuación de varios actores. 180 Los tipos que desfilan ante el regocijado espectador están presentados de manera maestra. Aquel encargado del comercio de Carranza, aquellos dos dependientes–poeta el uno y alma sensible el otro–aquella señora de gran posición y sus hijas, Petra y Patro, que, si no son gemelas, se llevan sólo dos meses de diferencia en la edad; aquel panadero elector, gallego y con su hablita de gramática parda en materia de elecciones; y aquel petimetre que toma la tienda como punto de posición para sus escarceos amorosos, revelan el ingenio del autor y un espíritu de observación tan fino y delicado, como para sí lo quisieran muchos que se dan tono con eso. La ejecución, a la altura de su obra. Balbina Valverde, deliciosa como mamá de Patro y Petro; y Ramón Rosell, muy gracioso como dependiente mayor de la casa Carranza y Compañía. Y con la Valverde y Rosell, oyeron justísimos aplausos Pino, la Blanco, la Mavillard, las hermanas Molina y Ruiz de Arana, Mendiguchía, Manso y Ramírez. (El Liberal, 8-03-1893). Los lunes de “El Imparcial” se estrenó el 3 de febrero de 1894 en el Teatro Lara, junto a La ocasión la pintan calva, Ludovico y Ataúlfo y La señá Francisca, a beneficio de Balbina Valverde. Tuvo mucho éxito, pues se mantuvo en cartel hasta el 6 de abril. La comedianta famosa se estrenó en el Teatro Zorrilla de Valladolid el 3 de diciembre de 1907 y, posteriormente, en el Teatro Español de Madrid, el 11 de abril de 1908 en la Fiesta del sainete y a beneficio de la Asociación de la Prensa, después de la representación de Don Álvaro o la fuerza del sino. Llaman la atención los decorados del escultor Benlliure y del pintor Carbonero y la asistencia de la alta sociedad: El vestíbulo ofrecía aspecto de Museo y con decir que los decoradores fueron Benlliure y Moreno Carbonero, huelga decir que se derrochó arte y buen gusto. Soberbios tapices, entre ellos algunos de la historia del rey Midas, y otros representando retratos ecuestres de caballeros del siglo XVII pendían de las paredes, a lo largo de las cuales corría artística guirnalda de flores entrelazadas con luces eléctricas que dan un suave tono de luz. Sería difícil, si no imposible, citar los nombres de todas las damas que concurrieron a la fiesta, la inmensa mayoría con mantilla blanca o negra, pero mantilla al fin. Duquesa de Noblejas y marquesa de Aguiar... A las tres y media comenzó el espectáculo, rompiendo el fuego la compañía de Lara con el muy divertido sainete de Vital Aza, Ciencias exactas, interpretado a maravilla por la benemérita Valverde, la airosa Domus, ya con un pie en el matrimonio. Representóse luego, por la compañía del Español, el nuevo sainete de Luceño, La comedianta famosa. El sainete, compuesto con la habilidad y buen gusto de quien es maestro en el género, reproduce, en donosas escenas, una aventura galante del siglo XVIII, de la que es protagonista la comedianta Ladvenant, que trastornó con sus hechizos a petimetres y corregidores. El sainete tuvo feliz y adecuada interpretación, con las Señoras Roca, Salvador, señorita Bárcena y Bueno y Señores Mendiguchía, Codina, Allen Perkins, Díaz Carsi, Vargas, Urquijo y Cayuela. Siguió al estreno de La comedianta famosa, la representación del cuadro del Sainete, de la obra de los Quintero, El amor en el teatro, por la compañía de la Princesa. (...). (ABC, 12-04- 1908). 181 ¿Cuántas, calentitas, cuántas? se estrenó el 12 de marzo de 1910 en el Teatro Apolo en la fiesta del sainete y a beneficio de la Asociación de la Prensa y se mantuvo varias semanas en cartel. El vestíbulo del teatro se ambientó primorosamente con motivos alusivos al sainete. Los actores del Español representan ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Con grandes carcajadas se acogen las primeras escenas. Josefina Álvarez, admirable característica, “rompe el hielo” en su mutis, y una ruidosa salva de aplausos la obliga a presentarse a escena. Carmen Cobeña, deliciosísima, en su rudo altercado con Gregorio, el infeliz esposo de la Javiera, la dueña de la casa, bien caracterizada por la Sra. Las Heras. Concluye el sainete, que tiene mucho sabor a Ramón de la Cruz, y el público pide con insistencia la presentación de Luceño. Todo inútil. D. Tomás es hombre tímido y cuando estrena se va a más de doscientas leguas del teatro (El Liberal, 13-03-1910). (...) A la izquierda aparecía instalado un típico puesto de castañas con el título ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Con las castañas vendían también enyesados torraos, cañamones tostados y otras chucherías(...) (ABC, 13-03-1910). En el estreno de Fraile fingido el crítico vuelve a destacar la ambientación del vestíbulo y la actuación de Enrique Chicote y Loreto Prado con la música de Barbieri, que enfatiza escenas habladas y entretiene con bailes y canciones populares. Empezó la gran fiesta con el estreno de un sainete de Luceño y Bretón, Fraile fingido, interpretado por la compañía del Cómico. La obra, graciosa y correctamente dialogada, no es más que un pretexto para que Loreto Prado y Enrique Chicote luzcan su vis cómica inagotable. La parte musical, digna de la reputación del autor de La verbena, fue dicha de un modo notable por la excelente orquesta que dirige el maestro Sagi Barba. María Aguilar, encantadora con su rico traje de charra, cantó con arte exquisito, y Emilio Alonso, barítono de excepcionales aptitudes, dio a la parte lírica que corría a su cargo el relieve preciso. Loreto, inimitable e incomparable, y Chicote, probando una vez más que nada tiene que envidiar a nadie como director de privilegiadas condiciones (El Liberal, 6-05-1911). Comenzó el espectáculo con el estreno del entremés lírico, imitación de los antiguos, una deliciosa y clásica pintura costumbrista de la época, de tan atinado color como caracteres. Siguió la zarzuela cómica con fondo sainetesco, en un acto y cuatro cuadros, La suerte de Isabelita, original de Martínez Sierra y los maestros Giménez y Calleja (ABC, 6-05-1911). La moza del cántaro recibe también excelentes críticas. Con la florida comedia de Lope, de la que hizo una cuidadosa y acertada refundición Tomás Luceño, se presentó anoche, en el teatro Español, la distinguida actriz Pascuala Mesa. Su éxito no pudo ser más lisonjero. Sonaron los primeros aplausos, muy merecidos por cierto, a la terminación de la letrilla: “Aprended, flores, de mí lo que va de ayer a hoy”—que dijo la señora Mesa con apropiado acento, y se repitieron al finalizar los actos con igual color. Codina, más seguro que otras veces y mejor entonado. Muy bien Gatuellas, Manrique Gil, estudioso y acertado como siempre, y muy en lo suyo Miranda y Sepúlveda. (ABC, 15-11-1911). 182 ¡Viva el difunto! se estrenó el 20 de marzo de 1916 en el Teatro de la Princesa, como telón de fondo, una vez representada La malquerida de Jacinto Benavente. Después de la representación de La malquerida, se estrenó anoche en La Princesa un breve y chispeante sainete del venerable e ilustre D. Tomás Luceño, ¡Viva el difunto!, que tal el es título que el Sr. Luceño ha puesto a su nueva producción. Es una piececita basada en un episodio de la historia del gran comediante Isidoro Máiquez, un momento altamente cómico de las primicias del gran actor. Ambientes de gran sabor clásico, tipos y costumbres de la farándula, versos fáciles y graciosos y entretenido enredo, hacen al nuevo sainete de D. Tomás, merecedor del éxito y de los aplausos que anoche se le prodigaron y que hicieron salir repetidas veces al proscenio al veterano autor. En la interpretación se distinguieron las Sras. Salvador y Torres, señoritas Ruiz Moraga, Torres y Hermosa y los señores Codina y Carsi. A ambas representaciones de la noche asistieron los reyes D. Alfonso y Dª Victoria y los infantes Carlos y Dª Luisa y D. Alfonso y Dª Beatriz. (ABC, 21-03-1916). El maestro de hacer sainetes o Los calesines se estrenó en el Teatro Español el 10 de octubre de 1919 con El castigo sin venganza; la última representación fue el 23 del mismo mes. El imposible mayor se estrenó el 7-IV-1926. Días después, el periódico ABC recoge una sugerencia a favor de realizar un homenaje a Tomás Luceño: El escritor Sr. González Rigabert propone una velada en el teatro de la Princesa, en la que podría representarse la citada comedia y uno de los felicísimos sainetes de Luceño, que tanto contribuyeron a su valioso nombre. La idea nos parece muy justa, y, por nuestra parte, entendemos que cuanto se haga en honor de D. Tomás Luceño, es absolutamente merecido. (ABC, 1-05-1926). El estreno de El abanico de Su Majestad fue bien acogido por el público y la crítica. El público se asoció con todo cariño y respeto al homenaje organizado por la Empresa del teatro Calderón en honor de la venerable figura de D. Tomás Luceño, ilustre sainetero y excelente adaptador y refundidor de muchas obras de nuestros clásicos. En verdad, nos pareció justo este público agasajo que le fue dedicado anoche con motivo del estreno de una zarzuela suya. El abanico de Su Majestad, en la que ha colaborado Moya Rico y a la que ha puesto música el maestro San José, forzosamente alejado del teatro, aunque no sea merecedor de que se le tenga en el olvido. El abanico de Su Majestad, inspirado en la anécdota de El abanico de lady Windermere, de Oscar Wilde, es una zarzuela vestida a la española, escrita y musicada a la tradicional usanza de este género, al punto de que semeja cosa de aquel tiempo. Los autores, fieles a la tradición zarzuelera, la han respetado, conservando las maneras y el procedimiento en que fueron vaciadas obra como Jugar con fuego, Los diamantes de la corona y otras de su mismo tipo. 183 El maestro San José ha compuesto, a tono con aquel ambiente zarzuelero de la Corte de Carlos IV, donde ocurre la acción de El abanico de Su Majestad, dúos, romanzas e intermedios. Y en lo popular ha recogido y estilizado el baile de la zarabanda, una tirana y la jota, números que se repitieron. El abanico de Su Majestad, estrenado con buen éxito hace seis años en Barcelona, ha tenido también anoche, en Calderón, muy satisfactoria acogida. Por desgracia, los autores, que se hallan enfermos–el maestro San José lo está de gravedad–, no pudieron recoger desde el escenario los aplausos cordiales que el público les concedió. Felisa Herrero, como siempre, fue el mayor atractivo del conjunto. (ABC, 24-06-1930). Adula y vencerás o el caballo de Fernando VII fue el último estreno en vida del autor. Los críticos hicieron muchos elogios al mérito y la persona de Tomás Luceño, que a pesar de su avanzada edad, seguía deleitando a los espectadores con sus excelentes sainetes. Se valoró especialmente el ambiente, el tipo de personajes, la expresión de sus deseos y sentimientos; todo, en suma, trazado con esa mano del maestro que recuerda sus obras mejores. La Sociedad Linares Rivas celebró ayer en el teatro Beatriz, el lindo joyerito del barrio de Salamanca, su VI Fiesta del Sainete, con un programa sugestivo de verdad y de positivo valor artístico: estreno de un sainete–con tesis y todo en un acto y en verso, original nada menos que del maestro en el género D. Tomás Luceño, quien a los ochenta y ocho años de edad sigue cultivando la literatura dramática con igual lozanía que en sus mocedades, y que ya quisieran para sí mucho noveles; otro sainete, el de Sevilla y Carreño, música del maestro Serrano, Los claveles, y un fin de fiesta verdaderamente seductor por muchos conceptos. Adula y vencerás o el caballo de Fernando VII, la obra de Tomás Luceño– puesta en escena con gran propiedad y hasta con lujo de detalles y admirablemente interpretada por cuantos en el reparto intervinieron–es un tapiz goyesco, un rico cuadro de las costumbres españolas de los primeros años del siglo XIX en el que se censura “a esos hipócritas aduladores, que elogian cuanto ven, aunque sea muy malo, llevados del deseo de quedar bien con todos, lo cual hace que en muchas ocasiones queden en ridículo y se burlen de ellos los mismos que fueron favorecidos con la exagerada adulación, castigando así al personaje que los aduló tan descaradamente”. Tal es la tesis de la obra. De la realización del propósito no hay que hablar tratándose del sainetero tan ilustre como D. Tomás Luceño, a no ser para rendirle el merecido homenaje de admiración. Versificadas las escenas con facilidad, en todas ellas hay frases de ingenio y conceptos elegantes, aciertos de maestro, en fin de cuentas, que no son de extrañar tratándose de quien se trata, por lo que Adula y vencerás viene a enriquecer la labor literaria de tan experta pluma. Angelita Fernández, Pilarín San Román, Carmen Calderón, Carmen Miranda, Mercedes Manera y Manolita Serrano, con los Sres. Albertos, Maldonado, Escribano, Velasco, Arteaga y Moya, los felices intérpretes del sazonado fruto luceñesco, escucharon grandes ovaciones, que, modesta y admirativamente, declinaron en homenaje a D. Tomás Luceño. (ABC, 29-04-1932). 185 IV. TEMÁTICA E INTERPRETACIÓN DE LOS SAINETES IV.1. Temática En los sainetes de Tomás Luceño se tiende a defender los valores de la sociedad burguesa como familia, matrimonio, patria, honra, trabajo, paz, orden y moralidad. Estos valores son los que inspiran la temática en sus sainetes. A pesar de la débil transgresión literaria que suelen presentar, no existe una transgresión ética de las leyes sociales oficiales. Los sainetes de Luceño respetan la moral social establecida. El análisis de los textos evidencia la manipulación ideológica que se da en los argumentos y en la representación de los sainetes. Tras este análisis, podemos comprobar que el discurso, la mínima acción, los personajes, el espacio, el tiempo y la puesta en escena contribuyen a conseguir el objetivo de nuestro autor que, como Ramón de la Cruz, consiste en enseñar deleitando. Como señala Versteeg (2000: 147), el valor documental de los sainetes se convierte en un mito, ya que sus cuadros costumbristas esquemáticos y sesgados se alejan de la cruda realidad. El patriotismo, más que un ideal, se convierte en una manifestación conformista del pueblo. Los sainetes tienen semejanzas formales y de contenido con los cuadros de costumbres. La fábula tiene poca importancia; lo que se dice está relegado al cómo se dice. Los personajes de los sainetes defienden las costumbres y virtudes españolas y tienen sentimientos nobles, sencillos y apasionados. A pesar de todo, el éxito de los sainetes de Luceño se debe a las prácticas relacionadas con lo carnavalesco y a su discurso lúdico y alegre, que son manifestaciones evidentes de la cultura de la risa en el contexto de una transgresión autorizada. 186 Temas de los sainetes originales de Tomás Luceño, ordenados alfabéticamente: Título Tema ¡A perro chico! ambiente de un café-teatro ¡Amén! o -El ilustre enfermo adulación ¡Hoy sale, hoy!... lotería de Navidad ¡Viva el difunto! burla para conseguir trabajo de actor ¿Cuántas, calentitas, cuántas? amoríos, celos, burlas, escarmiento Adula y vencerás o El caballo de Fdo. VII adulación y burla Carranza y Compañía burguesía y poder político Cuadros al fresco costumbres del pueblo madrileño El arte por las nubes vida de artistas pobres en Madrid El corral de comedias comedia de Moratín El maestro de hacer sainetes o Los calesines avaricia y burla El teatro moderno café-teatro de barrio pobre Fiesta Nacional crítica al mundo taurino Fraile fingido seducción, adulterio, engaño La comedianta famosa requiebros, celos, burlas La niña del estanquero problemas de actriz de café-teatro La noche de “El trovador” “enfermedad romántica” Las Recomendaciones recomendaciones Los lunes del "Imparcial" costumbres del pueblo madrileño Ultramarinos costumbres del pueblo madrileño Un juicio de exenciones cómo liberarse de la mili Un tío que se las trae crítica al liberalismo en un pueblo 187 Las estructuras nominales predominan en los títulos de estos sainetes. Estos títulos nos remiten a los protagonistas de la obra (¡Amén! o El ilustre enfermo, Carranza y Compañía, El maestro de hacer sainetes o Los calesines, Fraile fingido, La comedianta famosa, La niña del estanquero, Un tío vivo y Viva el difunto) o contienen referencias costumbristas (Un juicio de exenciones, ¡Hoy sale, hoy!..., Lo lunes de “El Imparcial”), festivas (Fiesta nacional) moralizantes (Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII, Las recomendaciones) y metaliterarias (¡A perro chico!, ¡Amén! o El ilustre enfermo, Cuadros al fresco, El arte por las nubes, La noche de “El trovador”). A veces el autor añade un segundo título (Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII, ¡Amén! o El ilustre enfermo, El maestro de hacer sainetes o Los calesines) Los sainetes de Tomás Luceño absorben y transforman más de un discurso temático. Poseen una capacidad sintética y una intertextualidad temática intra y extraliteraria. La intertextualidad intraliteraria se refiere a obras anteriores (La niña del estanquero se relaciona con ¡A perro chico!), a la tradición dramática (la parodia del romanticismo en “La noche de “El trovador”, el estilo y los temas de Ramón de la Cruz aparecen en La Comedianta famosa, ¿Cuántas, calentitas, cuántas?, El maestro de hacer sainetes y Fraile fingido) y a la incorporación de géneros primarios (canciones y refranes en Fiesta nacional y La niña del estanquero y Fraile fingido). Hay rasgos de intertextualidad extraliteraria en las referencias a la actualidad (Cuadros al fresco, Las recomendaciones, Carranza y Compañía) y en las sátiras de costumbres (¡Hoy sale, hoy!..., Los lunes del “Imparcial” y Adula y vencerás). La brevedad de los sainetes es otro de los condicionamientos que influye poderosamente en los temas tratados y en la estructura de los mismos. 188 IV.1.1. El tema teatral en los sainetes Tomás Luceño utiliza de forma magistral el género literario de la loa para introducir dos sainetes: El maestro de hacer sainetes o Los calesines y Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII. Las dos loas permiten captar la benevolencia del público hacia el autor, los actores y la propia obra que se va a representar, sirviéndose de una sencilla y graciosa alegoría. En muchos sainetes, el teatro es el tema principal que enlaza la línea argumental de las diferentes escenas. Una vez más recurre al truco del teatro dentro del teatro y es una muestra de la preocupación de los dramaturgos por la situación escénica en nuestro país. Luceño utiliza la parodia para criticar los dramones románticos (como hace Ramón de la Cruz en el Manolo) o las representaciones de los cafés-teatro. Vamos a analizar estos aspectos teniendo en cuenta la época ilustrada y la actual. a) La época de Ramón de la Cruz El autor sitúa el sainete El corral de comedias en la famosa jornada literaria del estreno de La comedia nueva o El café de Leandro Fernández de Moratín, en el teatro Príncipe. En este sainete, de título metaliterario, asistimos a la controversia sobre distintas formas de hacer teatro: la de Luciano Comella, la de Moratín y la de Ramón de la Cruz. Estos dramaturgos son personajes del sainete de Luceño, quien también aprovecha para satirizar el amaneramiento de los petimetres y afrancesados así como la excesiva afición a los toros. Al final del espectáculo, Moratín alaba la nueva forma costumbrista de los sainetes de Ramón de la Cruz. 189 El personaje central de La comedianta famosa es María Ladvenant, gran actriz del siglo XVIII. Después de una bien trabada acción de enredo, la protagonista proclama la moraleja en los últimos versos, en defensa de las actrices cómicas de la época: La comedianta famosa, aunque alegre y desenvuelta, no ha de dar su mano sino a aquel que la merezca (LC, vv. 859-862). Esta misma actriz vuelve a ser protagonista del sainete Viva el difunto, donde se prepara la representación de El mayor monstruo, los celos. El cómico Máiquez simula ser el difunto Colás, marido de María, y representa una escena de celos y pasión. Tomás Luceño aprovecha esta obra para describir minuciosamente el ambiente teatral del XVIII, y para criticar las malas traducciones de las comedias francesas en detrimento de las clásicas españolas. Los personajes y la acción de Las castañeras picadas de Ramón de la Cruz aparecen en lo que sería una segunda parte de ficción: ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Javiera maltrata a Gorito y no permite que éste siga flirteando con la castañera Temeraria. Para ello, monta un espectáculo teatral (teatro dentro del teatro) para escarmiento de Gorito. Una vez más, vemos recreado el ambiente costumbrista de majos y petimetres madrileños. 190 b) La época vivida por el autor En el sainete El arte por las nubes Tomás Luceño critica las preferencias teatrales del pueblo y la situación calamitosa en la que vivían los autores dramáticos que no se sometían a los gustos del público y de los empresarios. Ceferino, típico labrador aragonés, rescata a Luis, su hijo pintor, y a su nuera de las nubes del arte en las que viven, e invita a todos a cenar opíparamente. En la escena primera se satirizan los dramones con finales rimbombantes que se escribían en aquella época. El editor rechaza un drama escrito por Modesto y le propone que escriba sobre temas socio-políticos para satisfacer los gustos y las demandas del público. El teatro moderno se estrena cuando se multiplican los café-teatros en los barrios más populares de Madrid. En estos lugares, actores de poca categoría representan malamente algunas escenas de dramas románticos. Se muestra la degeneración social y económica de la escena madrileña, al mismo tiempo que resalta la necesidad que tiene el pueblo de asistir al teatro. Esta es una de las causas del posterior triunfo del teatro por horas. En los últimos versos de despedida, el autor nos ofrece su reflexión: ¿para qué tipo de público tiene que seguir escribiendo? Se escenifican los problemas y el ambiente de uno de los múltiples cafés-teatro a los que acude el pueblo bajo de Madrid. Luceño ironiza sobre los dramones románticos: Colás “Una tormenta en le mar/ en cuyas revueltas ondas perece un tirano rey, con manto, cetro y corona, o el castigo merecido/ o su conducta ominosa porque se casó diez veces/ viviendo sus diez esposas.” Como el título es muy largo, la función no será corta. (AP, vv. 114-123). El autor critica los teatros de aficionados, los bajos precios del teatro por horas, la manipulación que el empresario hace del público sirviéndose de la claque, el desorden de los actores, el despotismo del primer actor y la colaboración de muchos autores en una 191 misma obra. En la escena siete del sainete comienza la función teatral. En la última escena se mezcla lo representado en el drama con la vida real representada en el sainete. El público aplaude a rabiar tras el final efectista, pues desconoce las causas de tal coincidencia. Tomás Luceño retoma este mismo tema de crítica teatral en una obra posterior, La niña del estanquero, que estrena primero sin música y luego con la música compuesta por Chapí. El tema del teatro dentro del teatro aparece en el tercer y último cuadro. Se critica el enriquecimiento rápido de empresarios, el descoco de actrices, el fraude al público, los desenlaces estrambóticos y la múltiple autoría de comedias. Espín Templado resalta que, en esta obra, se ven tres tipos de sainetes: presentación de personajes en torno al estanco, acción de enredo amoroso en la calle, y teatro dentro del teatro. IV.1.2. Comentarios críticos de Tomás Luceño En un principio, Luceño confiesa que nunca supo hacer comedias, pero a continuación hace una verdadera declaración de su principios estéticos como dramaturgo: Sistema de hacer comedias Pero mi ambición consiste en aprender a imitar los deliciosos sainetes que dieron nombre inmortal al ilustre don Ramón de la Cruz, que a la mitad del siglo anterior naciera para ridiculizar las costumbres y los vicios de su inculta sociedad, por medio de estas obrillas que alguien suele despreciar. (...) Música. Yo escribo los sainetes de esta manera: cojo papel y pluma como cualquiera; pienso en tipos, los chistes, las escenas y doy principio. 192 Continúa explicando su sistema de hacer comedias y relata cómo acude a sus amigos, Ramos, Vital Aza y Estremera, para pedirles su opinión y consejo: Decoración en la tienda (pongo por caso) dos puertas en el foro y una de paso; varios costales de garbanzos, y encima queso de Flandes. ¡Mal empiezo, caramba! Nada; no sigo sin consultarlo antes con un amigo. Y busco a Ramos, a quien debo consejos, todos muy sanos. Si el trabajo le gusta que llevo hecho, me retiro a mi casa tan satisfecho. Primera escena; Sale Don Policarpo con doña Tecla: viene juntos del brazo muy cariñosos... Esto no es verosímil si son esposos... Nada, no sigo sin consultarlo antes con otro amigo. —¿Está don Vital Aza? —Salió a paseo. —Pues de aquí hasta que venga Ea, otro atasco... no me meneo.(...) ignoro si es mojama buen castellano. Guardaré los papeles en la escalera, voy a ver qué me dice Pepe Estremera. Que es literato y está en punto a lenguaje muy enterado. Hablado. Y con esta incertidumbre y con esta vaguedad, y siempre desconfiado, con razón para mi mal, invierto en cada sainete 193 un año y a veces más. Yo consulto a todo el mundo, mareo a la humanidad, y para saber si un chiste buen efecto causará le ensayo ante mis amigos mintiendo muy formal que se lo oí en un discurso a Martos o a Castelar.133 Más adelante confiesa que antes lee los sainetes escogidos de Ramón, Ricardo de la Vega, Javier de Burgos, Sinesio Delgado y Quiñones de Benavente, a quien conoce de memoria. Sin dejar de ser crítico, agradece la buena acogida del público: La emprendo, en mis ratos de ocio, a porrazos con el arte: quiero decirte que escribo sainetes insoportables, escasos de gracia, lánguidos, sin novedad, sin enlace, con tipos sueltos que entran, y tipos sueltos que salen, sin que al final haya novio que con su novia se case ni se resuelvan problemas políticos ni sociales. El público los escucha sin llegar a impacientarse, y yo, desde aquí, le envío mil gracias por sus bondades.134 Aparentemente Luceño no se toma muy en serio, se ríe de sí mismo y se somete humildemente al juicio benevolente del público. Ceferino El autor se conceptúa, francamente, uno de tantos, y demanda tu indulgencia si no merece un aplauso. (AN, vv. 858-861). Parece ser que no estaba muy de acuerdo con el papel que desempeñaba la claque: Las Empresas creen asegurar y defender sus intereses pagando aplaudidores de oficio, cuya misión no es otra que la de celebrar, por medio de manifestaciones de toda clase, cuanto oyen y ven en escena.(...)De ahí vienen los escándalos que se producen en los estrenos, y que mientras la claque grita desesperadamente: “¡¡¡Que salga, que salga!!!” el público, indignado, exclame: 133 Luceño (1889: 101-106). 134 íbidem (1889: 10). 194 “¡¡¡Que no, que no!!!” siendo causa todo esto de que muchísimas veces, al observar que la obra sigue en el cartel durante cien noches, se pase uno semanas enteras pensando, lleno de preocupación: “Seré tan estúpido que lo que yo creía un disparate sea un modelo de perfección y belleza?.”135 En El teatro moderno Luceño pide consejo y ayuda al público, que es quien puede mejorar las condiciones de vida y el nivel estético de los autores; ya que de éste depende que siga escribiendo buenos sainetes o piececillas para los café-teatros. Lucas El autor de este sainete te pide humilde consejo: y es que fielmente le digas si ha de seguir escribiendo para ti, cuya indulgencia reclama en este momento, o para el público alegre que, sin reparar defectos, aplaude todas las noches en los cafés de este género. (TM., . vv. 707-716). En la escena última de Un juicio de exenciones, el autor, como solía hacer Ramón de la Cruz, pide perdón al público si no ha conseguido divertirlo y promete mejorar. En El corral de comedias, vemos la oposición literaria que había en el siglo XVIII en España entre dos bandos: por una parte los que hacen dramas terroríficos y espeluznantes tragedias (Juan de la Concha, Luciano Comella y Cristóbal Cladera) y por otra, los que buscan una forma nueva de hacer comedias, respetando a los clásicos españoles (Leandro Fernández de Moratín, apoyado por Ramón de la Cruz.). Esta última posición es la que defiende Tomás Luceño. El abate Cristóbal Cladera, poeta y crítico influyente de la época, rechaza la comedia nueva del afrancesado Moratín: Moratín es un babieca ¡si no sabe ni la a! Lo diré todo: ayer tarde me aseguró don Cleofás en casa de la marquesa viuda de Madagascar, que es traducción su comedia de un drama antiguo alemán (EC, vv. 241-248). 135 ibid. p. 18. 195 Más adelante utiliza la preterición para seguir hablando mal de Moratín y sugiere que sus obras las escribió un fraile que murió. Estos tres enemigos de Moratín pretenden seguir el gusto popular español. Sin embargo, la tonadilla española, en la obra de Moratín, es pitada por el público. Finalmente, actúan hipócritamente ante él: alaban su obra, aplaudida por todos, pero le sugieren que cambie el final. Los petimetres Narciso y Marquesita prefieren visitar a un torero enfermo que asistir al estreno de la comedia de Moratín, a quien no conocen. Luceño ironiza sobre su incultura y superficiliadad. Narciso (...) Chico, no me da rubor; lo confieso sin vergüenza; no sabré si “hacer” se escribe con h... Marquesita ¡Hombre, sin ella! Narciso Bueno: por eso te digo que lo ignoro, y no me pesa. Yo no sabré matemáticas, yo no entenderé de letras, que sólo sirven de estorbo y dan dolor de cabeza; pero a bailar minuetes, a poner juegos de prendas con exactitud perfecta el curso fiel de las modas nacionales y extranjeras, te aseguro que, sin miedo, se las apuesto a cualquiera. (EC, vv. 579-596). También Antonio Comella lamenta la incultura de los españoles: ¡Oh pueblo de pan y toros, Dios te dé lo que merezcas! (EC, v 625). En la escena última de Carranza y Compañía, Luceño promete repetir el sainete al día siguiente con el permiso del público y si no ha quedado contento. En ¡Viva el difunto!, ambientada en el siglo XVIII, el comediante Robles critica el teatro español del Barroco y es apoyado por los otros comediantes, menos por María Ladvenant, que prefiere representar El mayor monstruo...: Además, confesar quiero que tengo un odio profundo al teatro antiguo español, 196 por embrollado y obscuro. Dame tragedias francesas de las que están hoy en uso, celebradas y aplaudidas por las gentes de buen gusto, y verás con qué entusiasmo mis papeles ejecuto... (Con desprecio.) ¡Lope y Calderón han muerto! ¡Bien están con los difuntos! (V, vv. 261-272). En Ultramarinos, Luceño ironiza sobre la afición de Pablo, dueño de la tienda por los folletines de los periódicos, como tanta gente de la clase media: (Se coloca detrás del mostrador y empieza a leer La Correspondencia de España.) Ahora al mostrador; y yo, en tanto que empieza a venir la gente le voy a dar un repaso al folletín; es precioso y ya me va interesando (U, vv. 80-84). Nuestro autor era hijo de un juez de primera instancia, motivo con el que le gustaba bromear: Andresito ¡Pues sería cosa de ver metido en el Saladero a todo un hijo de un juez! (CF, vv. 730-731). Tomás Luceño y Becerra escribe en sus sainetes dedicatorias y palabras de agradecimiento que constituyen un buen reflejo de su personalidad, de su humor y humildad reticente, al mismo tiempo que indican las buenas, sinceras y cordiales relaciones que mantenía con actores, autores y amigos en general. El arte por las nubes A mi queridísimo hermano Álvaro. Aunque vale tan poco la humilde producción que te dedico, yo te ruego la recibas con el mismo deseo, buena voluntad y cariño, con que te la ofrece tu afectísimo hermano. Sainete mío pero que está a disposición de ustedes. Era el segundo que yo había escrito. En el primero me fue bastante bien, porque el público se mostró galante y compasivo, me dejó pasar y en algunas escenas aplaudió. Es decir, que el diestro escuchó palmas, lo cual le sirvió de estímulo para proseguir en el camino de perdición y de amargura en que ha continuado y en el que piensa morir. Era el teatro Variedades en aquella época, y aún mucho tiempo después, el predilecto del pueblo de Madrid. La compañía—excelente para el género que cultivaba—se componía—hablo de las partes principales—de Pepe Vallés, Luján, Ruesga, Lastra, Juanita Espejo, actriz de entendimiento privilegiado. de gracia natural, y de Concepción Rodríguez, característica 197 reposada, de buena imaginación, discretísima en todos sus papeles, porque cuando tenía que decir algún chiste verde, lo deslizaba por sus labios con tales delicadezas y precauciones, que lo verde resultaba de color rosa, el público lo celebraba y las mejillas de las jóvenes espectadoras permanecían inalterables, porque el rubor no había encontrado un huequecillo por donde traslucirse. El teatro moderno Al distinguido primer actor cómico, don José García, dedica este sainete, en prueba de sincera amistad y profundo agradecimiento. Un juicio de exenciones Dos palabras. El autor de este humildísimo sainete, cumple el deber de dar las gracias más expresivas, a todos los actores que en él han tomado parte; en primer lugar, porque con su acertado desempeño consiguieron que el público lo recibiese con agrado; y en segundo, porque siendo la generalidad de ellos primeros actores, se han encargado de papeles muy inferiores a la categoría que, con tanta justicia, ocupan hoy en la difícil y honrosa carrera del teatro. Ultramarinos Al señor D. Pedro Novo y Colson, teniente de navío de segunda clase y autor dramático de primera. Su verdadero amigo. ¡Amén! o El ilustre enfermo A Pepe Estremera, excelente escritor y amigo. Mira Pepe: Esta obrilla, que te dedico con mucho gusto, porque te profeso verdadera amistad, ha sido recibida por el público y la prensa de Madrid con una benevolencia tan grande, que, a poco más, raya en injusticia. ¡Dios se lo pague, y me conceda cien años de vida para agradecérselo con todo mi corazón! Con esto quiero decirte, que aunque el sainete no vale nada, no llega a ti tan desamparado como si hubiera obtenido un éxito en relación con su importancia. De todos modos, sufre resignado esta dedicatoria, porque antes que yo haga un sainete digno de tu talento, necesito nacer tres veces y, francamente, con una basta, porque esto ya está visto. Te quiere muy de veras tu admirado amigo. Tomás. P.D. Si ves a Vital Aza, dale, en mi nombre, las gracias más expresivas, por el interés y acierto con que , accediendo a mis súplicas, ha dirigido los ensayos del sainete. Ha sido una prueba de amistad que nunca olvidaré. Las recomendaciones Al Excmo. Sr. D. Tirso Rodrigáñez y Sagasta. Testimonio de respeto y gratitud de su verdadero y antiguo amigo. Los lunes del “Imparcial” A la eminente actriz, Doña Balbina Valverde. Testimonio de admiración y amistad verdadera de El Autor. ¡Viva el difunto! A la memoria del que fue mi entrañable amigo Don Miguel Ramos Carrión, que honró con su talento la literatura dramática española.(Al final del sainete) Y no hablemos más, señores. Cumplo, con mucho gusto, la obligación de expresar mi agradecimiento a los notables actrices y actores que han representado, de manera maravillosa, este sainetillo, desempeñando papeles, algunos de ellos, muy inferiores a su bien ganada categoría en la honrosa carrera del teatro. Al talento, a la buena voluntad de todos y a la dirección inteligente del prestigioso actor D. Felipe Carsi, se debe, sin duda alguna, el éxito alcanzado. Si yo así no lo reconociera y confesara, sería una mala persona. Y, francamente, mal autor sí, pero mal sujeto, no. 198 Prólogo al libro de Diego San José (1928). ¡Mira que pedir un prólogo a este anciano “venerable” que tiene un pie en el sepulcro y está si cae o no cae; o mejor dicho, caído para nunca levantarse! ¿Qué prestigio tengo yo, ni qué méritos contraje para convertirme en crítico de tu labor admirable, que todo el mundo celebra y con entusiasmo aplaude? (...) Todo lo cual me decide, aunque medroso y cobarde, a servir de pregonero a tan ilustrado vate. (...) Chisperos, majas, manolos, toreros y comerciantes, gentes de elevada alcurnia y gentes de baja clase. (...) Los altivos Moratines, (...) Don Ramón de la Cruz Cano, sainetero imponderable; Comella, “gran dramaturgo”, el cual, por muy pocos reales, surtía los coliseos de dramas espeluznantes.(...) En fin, toda aquella España retrógrada e ignorante, con sus vicios, sus costumbres, agudezas y donaires, la pintas tú de tal modo, con exactitud tan grande que bien pudiera creerse, sin temor a equivocarse, que quien compuso este libro trató a dichos personajes, y que al escribir la obra los tuvo a todos delante. Y aquí concluyo. Al que juzgue mi prólogo detestable, le referiré este cuento –me parece que es de Iriarte– Un andaluz desahogado, pasando algo distraído, con el bastón hizo ruido en la reja de un letrado. Éste le dijo enfadado: “¡Ay qué gracia, qué primor...! Y el chusco, que era de humor, y sin correrse el maldito, dijo alargando el palito: “Pues hágalo usted mejor. 199 IV.2. El teatro breve como representación de la sociedad El teatro menor (en cantidad, no en calidad) o breve (en un solo acto), son denominaciones que sirven para identificar las múltiples manifestaciones más o menos extraoficiales del pueblo en la plaza pública o en el teatro y que eran permitidas por el orden y la ideología oficiales. El mérito de Luceño no consiste sólo en haber sabido imitar el estilo clásico de los sainetes de Ramón de la Cruz, sino en haber sido capaz de adaptar aquel sentido paródico y satírico a la actualidad que él y sus espectadores vivieron. El arte de Luceño es representativo de su pueblo madrileño y de la época que vivió: finales del siglo XIX y principios del XX. El teatro breve goza de una rica y larga tradición arraigada en la historia de la literatura y en la cultura popular; además, tiene menor duración que las otras representaciones dramáticas y posee una marcada comicidad, que facilita la conexión con la realidad del espectador. Estos son los dos principales rasgos que lo distinguen del resto de las composiciones dramáticas. Lo divertido y picante de sus tramas, el carácter transgresor de sus temas, lo anárquico de sus desenlaces, el pintoresquismo de los personajes y, sobre todo, la radical teatralidad de su lenguaje hacen de él un canto a la libertad y la imaginación.136 La comicidad de este tipo de teatro se alcanza deformando la realidad y subrayando los aspectos grotescos de los ambientes populares. En sus obras no hay una descripción encorsetadamente realista de la época que vivió, sino su propia interpretación artística de esa realidad. La bondad natural del autor, su visión inteligente de las cosas y su humor no le permitían escribir para herir sino para provocar la risa y la sonrisa. 136 Huerta Calvo (2001: 7). 200 A veces su teatro puede resultar escéptico, pero nunca será mal intencionado. Gracias a la mágica influencia de la escena, la realidad se estiliza y se convierte en una nueva realidad. Luceño es hijo de su época y, como persona ilustrada, escribe para enseñar y divertir a sus contemporáneos. En sus sainetes suele retratar brevemente rasgos costumbristas, que cobran vida con sus graciosos diálogos, siempre rápidos y acertados. De esta forma, los espectadores perciben enseguida los efectos jocosos de la representación y disfrutan fácilmente con ellos. Teniendo en cuenta los estudios de Zima,137 podemos considerar el universo como un conjunto de lenguajes colectivos llamados sociolectos. Cada sociolecto tiene su vocabulario propio y establece unas oposiciones pertinentes que se manifiestan a través del discurso. Según esto, veríamos las tramas de los sainetes como una manifestación discursiva de un determinado sociolecto. Los conceptos o clasemas engloban un conjunto de términos o isotopías que se subordinan entre sí. Por ejemplo, el clasema honrado lleva consigo la idea de decencia, hombre de bien y que tiene buen corazón. Estos conceptos funcionan por oposición. Las oposiciones más frecuentes en el teatro breve de Luceño son: pobre-rico (Un juicio de exenciones); honrado-no honrado (Cuadros al fresco); realista-idealista (El arte por las nubes); joven-viejo (Fraile fingido); y hombre-mujer (La comedianta famosa).138 Tomás Luceño, como la mayoría de los autores de sainetes, considera natural que se den estas oposiciones semánticas y acepta, siempre con humor, el modelo actancial maniqueo y exento de ambivalencias. Todo ello justifica la utilización de clichés y la simplificación de tipos y escenas. Los espectadores reconocen fácilmente estos clichés y ello facilita el consumo masivo de obras escritas para el teatro por horas. 137 cfr. Zima (1985). 138 cfr. el sainete ¡Hoy sale, hoy! 201 La comparación y el contraste que los espectadores hacen entre lo que ven en el escenario y la realidad que viven es causa de comicidad irrisoria. Son frecuentes las sentencias que reflejan valores del contexto social, propio de la ideología pequeño- burguesa de la época de la Restauración: familia (Las recomendaciones), trabajo (¡Hoy sale, hoy!...), matrimonio (¿Cuántas, calentitas, cuántas?), patria (Cuadros al fresco), honra (Ultramarinos). Destacamos algunas sentencias como: “hay ciencias que adelantan que es una barbaridad”, “hay que distinguir”, “también la gente de pueblo tiene su corazoncito”, “hay que comprimirse” (por reprimirse). Siguiendo está tónica, Romero Ferrer139 reflexiona sobre la intencionalidad ética del sainete moderno y afirma que la presentación de clichés asegura la verosimilitud y credibilidad del discurso ideológico y favorece la manipulación del texto en la argumentación y en la representación. Los espectadores aceptan el realismo de las figuras gracias al discurso popular y al habla castiza. Esto mismo lo consigue Luceño seleccionando y simplificando los espacios costumbristas con la ayuda de breves acotaciones. Si bien en el siglo XVIII el majismo se oponía al movimiento ilustrado liberal y racionalista, en el sigo XIX, fracasada la Ilustración, los poderes fácticos se aseguran el apoyo popular asumiendo la defensa de lo castizo. Tomás Luceño recoge la herencia del tradicional majismo y casticismo de los sainetes neoclásicos. Para no enfrentarse a los problemas de la España finisecular, se ofrece un mundo idealizado y optimista de gente del pueblo.140 En vez de reflejar los movimientos revolucionarios, contemplamos el papel insignificante desempeñado por un pueblo pacífico.141 139 cfr. Romero Ferrer (1993). 140 cfr. el sainete Cuadros al fresco. 141 cfr. Un tío que se las trae. 202 Soslayando los problemas políticos y sociales, se dramatizan superficialmente pequeñas cuestiones morales.142 En definitiva, los espectadores son invitados subliminarmente a respetar las instituciones existentes (Un tío que se las trae). A pesar de lo dicho, Tomás Luceño satiriza irónicamente vicios y costumbres de la sociedad de su época porque está convencido de que la forma literaria del teatro breve educa y divierte más y mejor que la representación del fondo problemático de las grandes cuestiones socio-políticas. Los personajes están más preocupados por lo material y efímero que por los valores espirituales y eternos. El enfrentamiento festivo de estas dos visiones del mundo y de la vida enraiza con la popular tradición carnavalesca, relacionada con la literatura culta por el crítico ruso Bajtín. La idea del mundo al revés aparece en varias ocasiones. Por ejemplo, en La comedianta famosa, el marqués se disfraza de tapicero y el tapicero auténtico, de marqués; también hay disfraces en Fraile fingido, en El maestro de hacer sainetes o Los calesines, en El arte por las nubes y en Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII. No cabe duda de que hay ciertas concomitancias entre el esperpento valleinclanesco, definido en Luces de Bohemia, y los sainetes de esta época: Los esperpentos de Valle presentan una galería de personajes sainetescos, un ambiente sainetesco, un mundo en apariencia sainetesco.143 Esta misma tesis es defendida por Huerta Calvo: Géneros de carácter ínfimo como la parodia, el vodevil, la revista, la zarzuela bufa o el sainete sirven de base a la creación del esperpento valleinclanesco.144 La imbecilidad humana y las heces de la vida social salen a escena provocando la risa sin causar repugnancia y hastío. 142 cfr. El arte por las nubes. 143 Muñiz (1969: 25). 144 Huerta Calvo (1985: 10). 203 Para corroborar esto, ofrecemos a continuación fragmentos de algunos sainetes en los que se representan algunas facetas más significativas de aquella sociedad: los opositores, el ejército, la hipocresía, la moralidad, los vagos, los aficionados a los juegos de azar, los matuteros, la corrupción, la justicia, y la delincuencia en los barrios periféricos Mucha gente del pueblo quiere conseguir una plaza por oposición, aunque sea de sepulturero, como único medio de asegurarse el futuro y conseguir estabilidad económica en aquella sociedad tan cambiante: Macallister Un sepulturero que se murió y ya no vive. Luis ¡Es natural; lo comprendo! ¿Sacarán a oposición su plaza? Macallister Tal vez. Luis Me alegro; así que a concurso llamen, de seguro me presento (AN, vv. 358-364). Luceño se ríe de cómo funciona el escalafón en el ejército, dando una vez más muestras de su transigente antimilitarismo. Crispín ¡Eso digo yo! Y ahí tienes al hijo de la Francisca. Va pa diez años que sirve al rey, y según noticias, cabo segundo interino le han hecho de un golpe. Antón ¡Atiza! Micaela Eso es proteger a un hombre (JE, vv. 45-150). El afán de aparentar sigue vigente entre la gente sin recursos, a semejanza del hidalgo arruinado de El Lazarillo de Tormes: Macallister (Riéndose ) ¡Los puños de la camisa se los lleva el chaquet puestos! (AN, vv. 293-294). 204 Tecla, patrona de casa de huéspedes, es una respetable señora que no se da cuenta de que no hace lo que predica y ve en los demás los defectos que no es capaz de ver en ella misma en el trato que da a su criada de once años. Tecla Vaya con la tal Ruperta. Después que yo la trataba como trato a todas ellas, con dulzura y con respeto... que lo diga la pequeña. (A Antoñita) ¡Tenga usted cuidado, estúpida, que se va a caer la cesta! (...). No señor, (A Antoñita) ¡Vamos , acémila! Pero, ¿qué es eso, no puede usted levantar la cesta? (U, vv. 354-419). Se cuestiona la moralidad y la buena fama de las actrices de los teatros por horas, pues tenían que hacer muchos méritos para sobrevivir y triunfar, a costa de ser manipuladas por todo el mundo. Celedonio Nada, nada, no consiento que mi hija salga a escena Ese baldón no caerá sobre mi familia. Esa mancha yo no la tolero. (...) Prefiero morirme de hambre a pasar por la vergüenza de que la chica sea cómica. Sí señor. Enhorabuena que la hubieran ajustado en un teatro de veras, que la profesión de actriz es honrada, mas en estas reuniones de aficionados al arte de hacer comedias, digo que no me acomoda (AP, vv. 442-460). Como en otros sainetes, se denuncia la vagancia, el despilfarro y la afición a los juegos de azar, tan generalizados en la sociedad finisecular, en contraste con los que madrugan, viven de su salario y ahorran: Melitón Diga usté, y ¿dónde se juega? Obrero Aquí en la corte, en la plaza de San Martín, casa nueva: se llama “Caja de Ahorros.” Melitón ¿Qué? (Con extrañeza) 205 Obrero Desde el año sesenta en ella he depositado, cada vez que se sortea la lotería, el importe de un décimo, y hoy me entregan una cantidad que asciende a muchísimas pesetas, con las que voy a poner una fábrica, que sea base de mi bienestar, si Dios me ayuda en la empresa. No hay premio grande, más grande, téngalo usted muy en cuenta, que el trabajo y el ahorro (H, vv. 772-789). En la acotación final se dice que van entrando, profundamente abatidos, al Asilo del Pardo, don Amable, don Melitón, doña Escolástica, doña Ramona y el sordo; todos ellos, jugadores de lotería. A la derecha se ve una fábrica con grandes máquinas de vapor en movimiento y varios atributos del trabajo. El obrero, que aparecía anteriormente como trabajador honrado y ahorrador, ahora da órdenes a otros dependientes. Los matuteros y comerciantes siempre están dispuestos a sacar el máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo, burlando el espíritu y la letra de la norma escrita para todos los ciudadanos: Rodríguez Hoy no puedo; celebramos una junta a las diez los matuteros para tratar de negocios correspondientes al gremio. (...). Pablo Pues eso está muy mal hecho: ¡autoridad por la noche y por el día ratero! Tu proceder es indigno y ya mi amistad te niego! Mas si no te comprometes tráeme dos o tres pellejos de vino.(...). y si hay jamones baratos te cuelas con un par de ellos (U, v. 284-306). La justicia es lenta e incapaz de solucionar por sí sola todos los problemas de aquella sociedad en crisis y desanimada: 206 Inspector formarán causa los reos y cuando estén sentenciados, dentro de cinco o seis meses, o, todo lo más, de un año, entonces se los devuelven (U, vv. 761-768). Pablo, dueño de una tienda, denuncia la delincuencia generalizada en los barrios periféricos y busca una mayor seguridad en los barrios más céntricos y civilizados: “esta tienda se traspasa”, que no quiero más belenes ni servir a gente baja. Me voy a mudar al centro, si hoy no es posible, mañana (U, vv. 798-802). Nuestro autor, que vivió la Primera República española, modifica y adapta su anterior sainete, Adula y te caerás, y estrena en plena Segunda República Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII, para criticar a los aduladores e ironizar sobre la monarquía borbónica, situando la acción a principios del siglo dieciocho. Los sainetes de Luceño responden a los nuevos gustos del público, como lo hiciera Ramón de la Cruz, pero también es fiel a las fórmulas estéticas de la tradición literaria, que se basan en la presentación de personajes-tipo en un marco esquemático y desde un punto de vista costumbrista. No es nada fácil para un hombre ilustrado como Tomás Luceño, que vive en una sociedad finisecular en crisis y en la que los ideales románticos han quedado agostados por un desaforado realismo, escribir obras de teatro que representen a la sociedad que él conoce, respetando los ideales clásicos y los principios de excelencia moral. Gracias a la comicidad pudo salir siempre airoso de este dilema artístico y vital, sin hacer concesiones al melodrama. 207 Los autores del género chico tienen una especial dificultad para responder conjuntamente a las exigencias del arte y a los requerimientos del público, condensador de costumbres y de tradiciones. Podemos considerar al género sainetesco como heredero de una doble tradición literaria y popular, la del teatro breve del barroco y de la ilustración, y la de los cuadros costumbristas reflejados en la prensa, que intentan representar objetivamente la sociedad de la época.145 IV.3. La crítica social en los sainetes de Tomás Luceño Tomás Luceño, buen observador de la realidad que le rodea, sabe transformar teatralmente los cuadros costumbristas. La contemplación de sus obras teatrales supone un alivio y un recreo para el espíritu. Cuando ridiculiza personajes y situaciones no pretende herir sino corregir y mejorar, sin caer en los excesos del sermón moralizante. Al igual que Ramón de la Cruz, Tomás Luceño satiriza los defectos humanos mostrando su simpatía con los personajes cuya moralidad critica. Los autores de sainetes, pertenecientes a una clase media o media alta, describen cuadros costumbristas con una perspectiva casticista. De esta forma, ofrecen una serie de mitos que parecen creados por el mismo pueblo. No suelen aparecer manifestaciones de la miseria social como enfermedad, prostitución y mortandad. Aunque en las acotaciones se hace referencia a “nuestros días”, el contexto social no es actual sino que se presenta mitificado. Entre otros mitos, podemos destacar: el del pobre honrado, la mujer española, la sociedad preindustrial de la España finisecular, el patriotismo y el regionalismo. En los sainetes madrileños siempre triunfan los pobres honrados. 145 cfr. Mesonero Romanos (1991). 208 Luceño, imitando a Ramón de la Cruz, nos presenta dos majos rumbosos (Pintosilla y Macareno ) en ¿Cuántas, calentitas, cuántas? (XVIII) y otros dos (Juana y José) en Cuadros al fresco (XIX). En ellos vemos cómo se burla del afrancesamiento artificial de tipos y costumbres de su época y cómo rescata para el teatro los usos y hábitos de la clase popular madrileña, sirviendo así de apoyo moral y didáctico a la causa de los reformistas ilustrados. Al fracasar estas reformas, lo que antes era transgresor se convierte en aliado cultural e ideológico del nuevo poder. Contra la zarzuela grande y la ópera extranjera, se defienden espectáculos menores, supuestamente más españoles. A pesar de la transgresión literaria que supone el protagonismo de lo inferior, los sainetes no se oponen a los convencionalismos sociales imperantes. Podemos aplicar a los sainetes de Tomás Luceño las afirmaciones que Eugenio Asensio hace del entremés: Respondiendo a los mismos instintos antisociales, el entremés, amparado por sus festivos privilegios, nos brinda este cuadro: justicia apaleada, padres engañados, maridos burlados, ingenuos chasqueados, en una palabra, vacaciones morales.146 Todos los dramaturgos de su época, una vez conseguida la aceptación de su obra por el empresario teatral, tenían que leerla en presencia de los actores. Aunque en 1868 fuera suprimida la censura, los directores y los empresarios teatrales eran responsables de los ataques a la moral y a las buenas costumbres. Durante la Restauración se controló más la censura, el funcionamiento de los teatros y la aplicación de impuestos. 146 Asensio (1971: 34). 209 Tomás Luceño, según el lema de la Poética de Luzán, busca y consigue “hacer amable la virtud y aborrecible el vicio”, critica con humor los vicios de la sociedad en la que vive, procurando no ofender excesivamente y defendiendo valores positivos como: amor, justicia, autoridad, libertad, dignidad, trabajo y honradez. Ve con simpatía las flaquezas sociales y morales de sus contemporáneos y propone la risa como medio de corregir y liberar sentimientos. En la mayoría de sus sainetes vemos a la gente charlando, divirtiéndose y pasando el tiempo desenfadadamente. Las referencias al trabajo son escasas e irónicas a pesar de que los personajes pertenecen a las clases menos pudientes. Un buen ejemplo de esto es Fiesta Nacional, revista sobre la fiesta taurina, donde se ridiculiza una Escuela de toreo que ha sido aprobada por el Gobierno y se relaciona de forma alegórica el mundo taurino con la sociedad contemporánea. En el primer cuadro se satiriza el mundo del toreo, que intenta elevar su nivel cultural y organizar la apertura de una universidad taurina, lugar sagrado donde se conservan, respetan y transmiten los saberes taurinos. Maestro ¡Sí señor!; y los demás compañeros catedráticos, lo mismo. ¡Verdá! (FN, vv. 86-89). Trifón Y dígame usté, ¿es verdad que están hoy aquí aprendiendo la tauromaquia, personas formales y hombres de mérito? Manazas Sí, señor: hay abogados y militares y médicos y periodistas y cómicos y músicos y arquitectos. Ayer se ha matriculado un cura de regimiento (FN, vv. 232-241). 210 En el segundo cuadro, se parodia un acto universitario de entrega de premios y se satiriza el comportamiento de alumnos y profesores, aunque se realice en un ambiente taurino (FN, escena VIII). Luceño parodia los discursos académicos, en boca de incultos toreros, y la manipulación de los exámenes orales, a beneficio del catedrático (FN, escena IX). En el tercer cuadro se desarrolla una anécdota argumental basada en el hecho de que una esposa busca a su marido, que ha huido de casa para matricularse en la universidad taurina con el fin de realizar el sueño de su infancia. El cuarto cuadro se sitúa en la calle de Sevilla, donde está el despacho de billetes para una corrida de toros. Se critica el problema de las colas y los revendedores. En el quinto cuadro la sátira se vuelca en las ganas del pueblo por contemplar cogidas y en todos los personajes que respaldan esta actividad: toreros, empresarios, aprendices, público, revisteros, abonados, alguacil y autoridades. El cuadro final titulado Apoteosis, tiene lugar en la plaza de toros, donde todos los toreros son cogidos por el toro. Existe un paralelismo entre las cornadas recibidas en la plaza de toros y las que se sufren en el mundo real. El autor critica la poca profesionalidad de los personajes del toreo y la afición excesiva del pueblo por el mundo del toreo, en detrimento de otras manifestaciones culturales, escenificando alegóricamente personajes y situaciones. Luceño también nos brinda una fuerte crítica socio-política en Las recomendaciones, Carranza y Compañía, Amén o el ilustre enfermo y ¡Hoy sale, hoy!, Cuadros al fresco y ¡Viva el difunto! 211 Su juicio crítico se vierte sobre los siguientes elementos: optimismo irreal, enchufes, poderes fácticos, recomendaciones, brutalidades, diputados, caciques, políticos, policías, serenos, funcionarios, ministro, maestros, aduaneros, impuestos, poetas, incultura, barón, aduladores, senadores, cesante, superstición y soborno. Se ironiza sobre el optimismo irreal de Tula por su viaje en tren hasta Madrid: Tula Mira: el tren ha venido sin retraso; no ha habido choque ni robo: donde nos hemos bajado a comer, hemos comido perfectamente y barato sin que nos dieran ni una moneda falsa a cambio. ¿Qué más?...No vais a creerlo... Muy finos los empleados de toda la línea...(R., vv. 80-90). Eduardo es condecorado injustamente en lugar del primo que le salvó la vida. Como él no tenía padrinos, quien le recomendara, me dieron a mí la cruz (R., vv. 206-208). Mercedes deja claro quién tiene el poder en España y cómo hay que acudir a las personas más influyentes para conseguir lo que uno se propone (R., vv. 212-215). Patro especifica y proclama quiénes son los poderes fácticos del país: Venimos recomendadas por la industria y el comercio por la aristocracia entera, por la milicia y el clero, por las clases productoras (R., vv. 718-722). Cardona va a pedir recomendación al público, pero Tula se interpone para decirnos lo que constituye la moraleja del sainete y del autor: ¡No más recomendaciones, por Dios! Que una vez se haga en este mundo justicia seca, y que caiga quien caiga. Si no te gustó, demuéstralo (Al público) en la forma que te plazca. Y aquí da fin el sainete; no perdonéis nuestras faltas (R., vv. 998-1005). 212 Se ridiculizan las brutalidades de los niños de pueblo, a través de los recuerdos de dos amigos de la infancia: el cacique Reyes y el ministro (R, cuadro 2º, escena VIII). Rufino, portero 2º, acusa a José, portero 1º, de llevarse los caramelos destinados a endulzar la boca de los padres de la patria (R, vv. 388-395). Se critica a los diputados de las Cortes, cuya libertad está manipulada por el poder ejecutivo: Rojas No diré esta boca es mía. Cardona No, si la boca no es de usted; la boca de los diputados ministeriales es del Gobierno (R., cuadro 2º, escena X). Tula se lamenta y critica el poder económico y político de los caciques. Acéptala, hijo mío. ¡Que para vivir en España, no hay más remedio que hacer lo que manden los caciques! (R, cuadro 2º, escena XII). En este mismo sainete, se satiriza la hipocresía de los políticos: El ministro saluda cortés y pomposamente a su peor enemigo y cede a sus chantajes, a condición de no ser atacado verbalmente en las Cortes (R, cuadro 2º: III). La prensa local es ridiculizada desde Madrid: Tula Hay una revista quincenal que se llama El eco del ganado vacuno. Su voz llega a todas partes (R., cuadro 2º, escena VIII). Se destina el dinero asignado a los maestros para cuidar a los perros abandonados, a petición de unas señoronas de la sociedad protectora de animales: Ministro ¡Un momento! Oiga usted: la cantidad destinada a los maestros, es necesario emplearla en un hospital de perros. García ¿Y de perras? Ministro (A las dos) Eso, ustedes lo dispondrán (R, vv. 808-813). Se vuelve a criticar la situación de los maestros de primera enseñanza, en la época donde estaba generalizado el dicho de “pasar más hambre que un maestro de escuela”: 213 Lucas No hija, me examiné de profesor de primera enseñanza, y salí bien. Me mandaron a un lugar que está cerca de Aranjuez y allí llevo más de un año luchando a más no poder con el noble Ayuntamiento que no me paga ni un mes. Me debe ya tres mil reales y he venido a pretender que me paguen o me dejen cerrar la escuela (TM, vv. 554-566). Se ironiza sobre la incontinencia pedagógica de la profesora de niñas y se encomia su sentido patriótico (JE). Se ridiculiza el hecho de que un comerciante acomodado se presente a las elecciones para ser concejal para conseguir su propio beneficio: Ruperto ¿El amo? El amo está en Babia. Tiene hace un año la tienda por completo abandonada. Le ha dado por figurar y ser hombre de importancia. Ahora quiere a todo trance ser concejal (C, vv. 219-225). Nos reímos de la manera que tiene un municipal de no comprometerse ante una pelea callejera, que pretende no ver y de la que procura alejarse, muy al contrario de lo que debe ser su oficio, siempre al servicio de la sociedad: Cesante ¡Por Dios, venga usted a poner entre aquella gente paz! (...) Municipal No los veo. Cesante Desde aquí... más abajo del billar. Municipal Yo no soy de este distrito, allí está el municipal (CF, vv. 801-816). Este mismo municipal se queja del liberalismo reinante, que sobrepasa las normas de la moral tradicional y se acerca al anarquismo, pues hay libertad para todo, pero no para robar (CF, vv. 792-798). 214 Los serenos, muchos de ellos de origen asturiano, realizaban sus funciones de una manera rutinaria, y sin comprometerse en exceso, a pesar de que, como empleados públicos, siempre tenían que estar dispuestos para ayudar a los ciudadanos en las noches madrileñas: Nos llaman los serenos y ese es un nombre mal apropiáu, porque precisamente, siempre marchamos desniveláus.(...) Siempre que un señorito de la vecindad, quiera entrar en su casa (...) ya puede reventarse a gritos y verá, que sufre un desengaño, porque lo menos en seis meses o en un año, no lo logrará (H, vv. 596-617). Denuncia la corrupción generalizada entre los funcionarios y el pueblo, pues, con ocho mil reales, uno se podía librar de ser alistado para el servicio militar (JE, vv. 15-20). Los funcionarios quedan en entredicho por su adocenamiento e inutilidad, a pesar de que deben estar siempre al servicio de la Administración del Estado, pues viven del erario público: Ministro ¿Él ha hecho algo notable...que le distinga?... General Él ha hecho en todas partes lo que hace en la oficina. Ministro Pues la de Carlos tercero. ¡Precisamente es la misma que se da siempre, a los que no han hecho nada en la vida! (R., vv. 650-657). Los funcionarios de aduanas hacen la vista gorda ante los productos de contrabando cuando pueden conseguir un beneficio personal. Ruperto Con ironía Sí, de cuando usted mamaba. Joaquín Tiene usted razón, de cuando me hicieron vista de Aduana. (C, vv. 271-273). 215 Carranza critica los excesivos e injustos impuestos oficiales a los contribuyentes (C, vv. 304-311) y por eso quiere ser concejal para no pagar impuestos ni tarifas y moralizar el ayuntamiento (C, vv. 326-333). El mozo de tahona Cayetano, a quien Carranza intenta comprar su voto, justifica su afición a la bebida: si bebo, es cuando quiero hablarle a un amigo claro (C, vv. 370-371). Luceño ironiza sobre las ínfulas poéticas de un dependiente sensible: Lucas ¡Si es que yo he nacido poeta y sufro mucho en silencio! ¡Si me dejaran volar!... Patro Pues vuele usted. Lucas Es horrendo tener un alma sensible y dedicarla al comercio.(...) Serafín ...es poeta el pobrecillo. Ayer escribió un soneto... si le viera usted...capaz de resucitar a un muerto. Lucas Se llama: “¡Cómo me pican los sabañones!” (C, vv. 656-709). A veces se ridiculiza la incultura popular, su ignorancia y mal gusto: Lucas no sabe qué obra pondrán en el teatro, si Otelo o El moro de Venecia (C, 720-722). Sinforosa prefiere el teatro que tiene más numeroso el sexteto (C, 685). Serafín explica su visión de lo churrigueresco: Serafín Sí: es algo churrigueresco. Laura Y diga usted, ¿por qué se llama así a todo lo que es feo? Serafín Porque en el siglo pasado hubo en Madrí un arquitecto que se llamaba Churruca... el que construyó, por cierto, la fachada del Hospicio (C, vv. 785-792). El autor satiriza a un barón, viejo verde, personaje muy típico en los sainetes, y que es incapaz de valorar objetivamente la realidad: Barón Me ocurren cosas que pasman: hago la mar de conquistas, y muchas veces en casa me miro al espejo y digo: Señor, ¿qué hay en esta cara? 216 ¿Qué hay en este cuerpo? ¿Qué hay en mi conjunto que llama la atención del sexo débil, que me abruma y me embaraza? Ruperto ¿Qué ha de hacer? Que es usted rico, generoso con las damas, (idiota) y hombre de chispa, (memo) de talento y gracia (C, vv. 815-827). Don Lino, otro viejo verde y ciego ante la realidad, sisa a su mujer en beneficio de sus amantes, incapaz de detectar que es objeto de manipulación y burla por parte de éstas. ¡Como hago tantas conquistas necesito esos piquillos! Claro...estando todavía en la edad de las pasiones, las muchachas me electrizan. Tengo una pantalonera, Nicasillo, que es divina. A Dios le llama de tú... Y a mí también. (...) Dame una lata enseguida, que ya es tarde y mi mujer habrá salido de misa. Es claro, lo que yo digo, no puede haber armonía entre ambos: ella no piensa más que en las cosas de arriba y yo en las cosas de abajo. ¡Ya ves tú qué tontería! (U, vv. 492-528). Amén o El ilustre enfermo es otro maravilloso sainete donde se satiriza el vicio de los visitantes aduladores: senador, general, gobernador y duquesita, que acuden a la casa del enfermo para arrancarle dádivas y prebendas. Vemos cómo un duro se convierte en dos reales: Doncella Miguel, de parte de la señora, que dé usted un duro a esa gente y que se vaya. Miguel (Llamando aparte a Lorenzo) Toma, dales cuatro pesetas y que se larguen. Lorenzo (Aparte al Chulo 1º, y guardándose dos pesetas) Ahí tienen dos pesetas y ya estáis aquí de más. Chulo 2º ¿Cuánto te ha dao? Chulo 1º Dos reales (A, escena XII). Clotilde utiliza privadamente, sin rubor ni escrúpulo, el carruaje de su primo, el subsecretario, “pues lo paga el Estado” (A, escena XIII). 217 Se critica la corrupción de los médicos que, por atender a los ricos, no visitan a los enfermos pobres (A, VIII). También se cuestiona su competencia en las escenas VII, IX y XV. Desconocido Pero esos médicos, ¿qué hacen? Lorenzo Nada; por eso está mejor (A, escena XV). Luceño, taquígrafo del Senado, se ríe de los senadores, a quienes conocía muy bien. Ceferino Sentarme, no, hija mía, porque como soy senador, en cuanto me siento me quedo dormido (A, escena XVIII). La acotación de la escena XXVII describe irónicamente a Manuel como mal vestido, aspecto entre revolucionario y cesante. Se critica el vicio de la lotería y la superstición de la gente que juega (H), y la del que no sube a un simón porque tiene el número trece (U). También se critica el soborno generalizado: Marqués Nunca faltan, criados o vecinos que, sobornados, digan los secretos (LC, : vv. 561-562). El bailarín Cerezo critica la hipocresía de los censores: Cerezo El señor Corregidor nos prohíbe que bailemos las seguidillas manchegas sin ensayarlas primero delante de él, pues le han dicho muchos que bailar la vieron fuera de aquí, que es un baile escandaloso y obsceno. (...). Corregidor Al Rey y a la aristocracia debes atender primero (V, vv. 447-487). Siguiendo el estilo tradicional, todos los sainetes, acaban de una forma semejante ofreciendo una moraleja al público. Esto se puede comprobar en el siguiente ejemplo: Ceferino Y aquí terminó el sainete. Perdona, público amado, si estos artistas de pega distraerte no alcanzaron. El autor se conceptúa, francamente, uno de tantos, y demanda tu indulgencia si no merece un aplauso” (AN, vv. 854-861). 219 V. CONCLUSIONES Tomás Luceño (1840-1933) fue un importante autor dramático español que enriqueció los escenarios de su época con obras originales (sainetes, zarzuelas, revista y entremés), importantes refundiciones del teatro clásico y valiosas traducciones de obras de teatro francesas. El sainete es un género literario recuperado para la escena española por don Tomás Luceño y Becerra, siguiendo el modelo de don Ramón de la Cruz, y que tuvo un gran éxito popular a finales del siglo XIX y principios del XX. El éxito de su obra radica en su identificación con el pueblo madrileño, en sus rasgos cómicos y satíricos y en sus cuadros costumbristas cercanos a la realidad espacio-temporal que él vivió, sin perder de vista el referente neoclásico y su consiguientes moralidad, basada, más que en la selección de los personajes, en la manera de criticarlos, en los diálogos y en los finales de su obras breves. La proliferación de obras dramáticas para surtir la gran demanda de los llamados teatros por horas condicionó la baja calidad de muchas obras del teatro breve y el correspondiente desprecio y olvido de la crítica imperante. Sin embargo, autores, como Tomás Luceño, y sainetes, como los recogidos en este estudio, contribuyeron a elevar el nivel de calidad de este género, tan arraigado en la tradición literaria y en la cultura popular. El carácter costumbrista de estos sainetes nos permite conocer la intrahistoria de la época vivida por nuestro autor, a través de sus personajes más típicos y de los espacios populares, conocidos por el gran público. Sus obras dramáticas recuperan los valores populares, garantizando la carcajada del público, en una época difícil e inestable, y 220 representando cuadros costumbristas graciosos que finalizan con la consabida moraleja ilustrada. Las obras de teatro breve de Tomás Luceño se caracterizan por sus referencias literarias, su humor y su realismo, rasgos que fueron bien apreciadas por los espectadores de su época, por la crítica teatral y por los autores contemporáneos. El teatro breve de Tomás Luceño responde a los cánones estéticos neoclásicos en lo que se refiere a la fundamentación de su poética (la belleza del arte se encuentra imitando a la naturaleza) y a su finalidad (enseñar deleitando). Por ello, sus sainetes conllevan una moraleja que defiende los grandes valores de la clase media a la que pertenecía nuestro autor. Los principales rasgos que definen el teatro breve de Tomás Luceño son su costumbrismo y su comicidad, basada principalmente en la riqueza lingüística y en la caracterización de personajes y cuadros, que se representan en la escena entrelazados a través de una mínima acción dramática. La mayoría de las obras de Tomás Luceño representan espacios madrileños de la época que él vivió o del siglo XVIII, época vivida por su modelo literario don Ramón de la Cruz. El tiempo que representan estas obras es el dedicado principalmente al ocio y a la diversión en cafés-teatro, teatros, universidad taurina, establecimientos comerciales, calles, plazas y viviendas. Nuestro autor dramático, Tomás Luceño y Becerra, estuvo ampliamente respaldado por los mejores autores, actores, músicos, directores y escenógrafos del momento, al tiempo que siempre fue bien apoyado por la crítica de prensa de la época. 221 VI. BIBLIOGRAFÍA VI.1. Publicaciones periódicas Estas publicaciones has sido consultadas en la Hemeroteca municipal de Madrid según la fecha de estreno de las obras de Tomás Luceño, desde 1870 a 1932. ABC, Madrid. Blanco y Negro, Madrid. La Época, Madrid. El Heraldo de Madrid, Madrid. La Ilustración española y americana, Madrid. El Imparcial, Madrid. El Liberal, Madrid. Madrid cómico, Madrid. Mundo gráfico, Madrid. Nuevo mundo, Madrid. El teatro, Madrid. Villa de Madrid, Madrid. 223 VI.2. Bibliografía general -AGUILAR PIÑAL, Francisco, Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII, 10 vols., Madrid, C.S.I.C., 1981-2001. -ÁLVAREZ BARRIENTOS, Joaquín y RODRÍGUEZ SÁNCHEZ DE LEÓN, Mª José, eds., Diccionario de literatura popular española, Salamanca, 1997. -AMORÓS, Andrés, (ed.), La zarzuela de cerca, Madrid, Espasa-Calpe, 1987. ––––––, Luces de candilejas. Los espectáculos en España (1898-1939), Madrid, Espasa- Calpe, 1991. -ANDIOC, René, Teatro y sociedad en el Madrid del siglo XVIII, Valencia-Madrid, Fundación Juan March-Castalia, 1976. -ARAQUISTÁIN, Luis, La batalla teatral, Madrid, Mundo Latino, 1930. -ARIAS DE COSSÍO, Ana Mª, Dos siglos de escenografía en Madrid, Madrid, Mondadori, 1991. -ARNICHES, Carlos, El alma popular de España, Madrid, Impreso Perman, 1942. -ASENSIO, Eugenio, Itinerario del entremés. 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Refundición de la comedia de Don Francisco de Rojas [Zorrilla] Entre bobos anda el juego, original de Tomás Luceño y Carlos Fernández Shaw. Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1899. 102 pp. Fundación Juan March: T-19-Luc. 1.2 Zarzuela de Carlos Fernández Shaw y Tomás Luceño. Acto 3º. Autógrafo firmado por Tomás Luceño 29 hoj., 4º, s. XX. Nacional: 21.3601 1.3 Zarzuela en tres actos y en verso. Refundición de la comedia de Don Francisco de Rojas [Zorrilla] Entre bobos anda el juego, original de Tomás Luceño y Carlos Fernández Shaw. Música del maestro Amadeo Vives y Roig. En La novela teatral, 235 (1921), Madrid, Prensa española, 1921, 32 pp. Empieza: Dejad la faena Acaba: Don Lucas del Cigarral! Nacional: T/ 26.912 236 -Comedias 2. Amo y criado 2.1 Comedia en tres actos, original de D. Francisco de Rojas [Zorrilla] con el título Donde hay agravios no hay celos y amo y criado, refundida en cuatro por Tomás Luceño. Madrid, R. Velasco, 1911. 33 pp. Empieza: O es que estás endemoniado Acaba: y tu criado el autor. Fundación Juan March: T-Enc-14. 2.2 Comedia en tres actos, original de D. Francisco de Rojas [Zorrilla], refundida en cuatro por Tomás Luceño. En La novela teatral, 351 (1923). Madrid, Prensa popular, 1923. 33 pp. Empieza: O es que estás endemoniado Acaba: y tu criado el autor. Nacional: T/ 27.551 3. Don Gil de las calzas verdes 3.1 Comedia en tres actos, original de Tirso de Molina, refundida por Tomás Luceño. Madrid, R. Velasco, 1903. 90 pp. Empieza: Gran compasión del asno es la que tienes... Acaba: del audaz refundidor. Fundación Juan March: T-19-Luc. 3.2. Comedia en tres actos, original de Tirso de Molina, refundida por Tomás Luceño. En La novela teatral, 238 (1921), Madrid, Prensa popular, 1921, 32 pp. Empieza: Gran compasión del asno es la que tienes... Acaba: del audaz refundidor: Nacional: T/ 26.915 4. El examen de maridos o Antes que te cases mira lo que haces Comedia en tres actos, original de [Juan Ruiz de]Alarcón [y Mendoza], refundida por Tomás Luceño. Madrid, José de Urquía, ed., 1923, colección “La novela Teatral”, nº 355. 24 pp. Empieza: Ya que tan sola has quedado Acaba: si os adoraba con ellos? Nacional: T/ 27.547 237 5. El imposible mayor Comedia en verso, dos jornadas, precedidas de prólogo, a imitación de una obra de teatro antiguo. Madrid, Empresa gráfica, 1926, colección “Biblioteca teatral selecta”, nº 3 extraordinario. 30 pp. 20 cm. Empieza: Tú me dirás la razón Acaba: que no cumplió su deber Fundación Juan March: T-19-Luc 6. El licenciado vidriera Comedia en tres actos, original de Don Agustín Moreto[y Cavanna], refundida por Tomás Luceño. En La novela teatral, 358 (1923), Madrid, Prensa popular, 1923, 24 pp. Empieza: ¡Viva nuestro Duque! Acaba: y aplausos para Moreto. Nacional: T/ 27.545 7. Es de vidrio la mujer o El curioso impertinente Novela de Cervantes, versificada y adaptada a la escena por Tomás Luceño. p. 35-60, 20 cm. Empieza: Tan pronto como Lotario Acaba: porque todo podría ser... Fundación Juan March: T Enc 302 8. La hermosa fea Comedia en cuatro actos, original de Lope[Félix] de Vega[Carpio], refundida por Tomás Luceño. Madrid, Prensa popular, 1923, colección “La novela teatral”, nº 359. 25 pp. Empieza: Mi señor agradece vuestro celo Acaba: la “Hermosa-fea” Nacional: T/ 27.543 9. La moza del cántaro Comedia en tres actos, original de Lope de Vega, refundida por Tomás Luceño. En La novela teatral, 248 (1921), Madrid, Prensa popular, 1921, 24 pp. Empieza: Es cosa la que ha pasado Acaba: ¡Bien es que perdón merezca! Nacional: T/ 26.944 238 10. Lances de amo Comedia lírica en dos actos y en verso, refundición de la que, con el título de Donde hay agravios no hay celos y Amo y criado, escribió Don Francisco de Rojas[Zorrilla]. Libro de Tomás Luceño. Música del maestro Rafael Calleja. Madrid, Sociedad General de Autores Españoles, 1912. 70 pp. Empieza: Cantaremos bajito Acaba: y tu criado el autor. Nacional: T/ 37.090 11. Preciosilla que pasa Sainete en un acto y en verso, escrito sobre el pensamiento de una novela de Cervantes. Autógrafo. Letra de fines del siglo XIX, 37 hs., Empieza: “Ese tabladillo...” Instituo del Teatro de Barcelona: 82.549 Tragedias 12. A secreto agravio, secreta venganza 12.1 Tragedia en tres actos de Don Pedro Calderón de la Barca, refundida por Tomás Luceño. Barcelona, Biblioteca “Teatro Mundial”, 1915. 63 pp. Empieza: Eterno dure ese laurel divino Acaba: También vencerá en la guerra. Fundación Juan March: T-Enc-19. 12.2 Tragedia en tres actos de Don Pedro Calderón de la Barca, refundida por Tomás Luceño. En La novela teatral, 251 (1921). Caricatura de Antonio Viergo (El sastre de Campillo), por Tovar, en la cubierta, Madrid, Prensa popular, 1921. 20 pp. Empieza: ¡Eterno dure ese laurel divino Acaba: También vencerá en la guerra! Nacional: T/ 26.947 13. El mayor monstruo, los celos Tragedia en tres actos de Calderón de la Barca, refundida en cuatro por Tomás Luceño. En La novela teatral, 245 (1921), Madrid, Prensa popular, 1921, 24 pp. Empieza: Hermosa Mariene Acaba: el mayor monstruo del mundo! Nacional: T/ 26.941 239 2. Traducciones 14. El rival de sí mismo Juguete cómico en tres actos y en prosa, escrito sobre el pensamiento de una obra extranjera, original de Tomás Luceño y Federico Reparaz. Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1909 73 pp., 20 cm. Empieza: Señor: ahí está el señorito Esteban. Acaba: Peinador y Carvayales! Nacional: T/ 22.837 15. La doncella de mi mujer 15.1 Comedia en tres actos y en prosa, escrita sobre el pensamiento de una obra francesa por Tomás Luceño y Federico Reparaz. Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1905. 85 pp. Fundación Juan March: T-19-Luc 15.2 Comedia en tres actos y en prosa, escrita sobre el pensamiento de una obra francesa por Tomás Luceño y Federico Reparaz. Barcelona, Biblioteca “Teatro mundial”, 1914. 90 pp. Empieza: ¡Pst!...¿Pst!...¡Augusto! Acaba: la doncella de mi mujer!) Fundación Juan March: T-19-Luc 16 Tartufo Comedia de Molière, refundida en cuatro actos y en verso por Tomás Luceño y L.R. Cortés. Barcelona, Biblioteca “Teatro Mundial”, 1916. 76 pp. 20 cm. Empieza: Yo me marcho de esta casa Acaba: la religión verdadera. SGAE: 459/ 9914 241 TERCERA PARTE: EDICIÓN 243 CRITERIOS DE EDICIÓN La presente edición del teatro breve de Tomás Luceño reúne veintiún sainetes originales, clasificados según el orden cronológico de representación, desde 1870 a 1932. Hemos podido utilizar los manuscritos de Cuadros al fresco, Carranza y Compañía, Los lunes de “El Imparcial” y Adula y te caerás. También hemos manejado los dos textos mecanografiados de Fraile fingido y Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII, ya que no hemos conseguido ediciones impresas de los mismos. Tanto de los sainetes manuscritos como del resto de los sainetes objeto de este estudio, existen primeras ediciones, cuya descripción ha quedado reflejada en esta tesis. Para completar este trabajo, hemos añadido la referencia bibliográfica del resto de la producción dramática de Tomás Luceño, que consta de comedias, zarzuelas y tragedias refundidas o traducidas de la lengua francesa. Las notas a pie de página pretenden facilitar la comprensión de los textos, sobre todo cuando se trata de palabras en desuso , términos de argot, extranjerismos y referencias históricas. Los textos han sido actualizados ortográficamente, aunque se han respetado las voces populares, vulgarismos y otras palabras que se presentan en letra cursiva. 245 NOTICIA BIBLIOGRÁFICA Hemos elaborado el asiento bibliográfico completo de la fuente de cada sainete, señalando los datos referentes a las fuentes manuscritas, mecanografiadas e impresas en la descripción bibliográfica de las mismas. 1. Cuadros al fresco l.l Juguete cómico en un acto y en verso, por Tomás Luceño y Becerra. Autógrafo de puño y letra firmado por el autor. 26 hojas, 4º, Año 1870 (M.C.) Empieza: [“Sí, Eloísa, te confieso”] Acaba: [“¡Que viva el honor de España!”] Nacional: 14.56811 1.2 Juguete cómico147 en un acto y en verso, original de Don Tomás Luceño y Becerra. Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1870. 33 pp. Empieza: Sí, Eloísa, te confieso Acaba: Que viva el honor de España. Nacional: T/8952 1.3 Juguete cómico en un acto y en verso de D. Tomás Luceño. Madrid, E. Cuesta, 1879. 35 pp. Empieza: Sí Eloísa, te confieso Acaba: Que viva el honor de España. Nacional: T/26490 147 Juguete cómico, rectificado por “sainete” en Teatro Moderno, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894. 246 1.4 Juguete cómico en un acto y en verso de T. Luceño. En Teatro moderno, v. 4, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894. Prólogo de Octavio Picón. Ilustraciones de Ángel Lizcano. pp. 45-90. Empieza: Sí, Eloísa, te confieso Acaba: Que viva el honor de España. Fundación Juan March: T-19-Luc 2. El arte por las nubes Sainete original y en verso de D. Tomás Luceño y Becerra. Madrid, Impr. Española, 1871. 32 pp. Empieza: ¡Oh, qué final más sublime! Acaba: si no merece un aplauso. Nacional: T/11286 3. El teatro moderno Sainete original y en verso de Don Tomás Luceño y Becerra. Madrid, Impr. Española, 1871. 32 pp. Empieza: “Arma anhelada! Acaba: en los cafés de este género. Nacional: T/5813 4. Un juicio de exenciones Sainete original y en verso de Tomás Luceño y Becerra. Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1879. 21 pp. Empieza: Le digo a usted que esta noche Acaba: Tal vez pueda corregirse. Nacional: T/6501 5. A perro chico! Sainete original y en verso de Tomás Luceño y Becerra. Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1881. 22 pp. Empieza: Muchachos, vamos, vivitos, Acaba: ¡Con bien poco se contenta! Nacional: T/6580 247 6. Fiesta nacional Acontecimiento futuro, humorístico, cómico-lírico, taurómaco, en un acto, dividido en seis cuadros, en verso y en prosa, original de los señores D. Tomás Luceño y D. Javier Burgos. Música de los maestros Chueca y Valverde. Madrid, M.P. Montoya, 1882. 46 pp. Empieza: Señores, vayan entrando, Acaba: nunca llegarás. Nacional: T/291 7. Hoy sale, hoy!... Sainete lírico en un acto, dividido en seis cuadros, en verso y en prosa, original de los señores Don Tomás Luceño y Don Javier de Burgos. Música de los maestros Barbieri y Chueca. Madrid, M.P. Montoya, 1884. 47 pp. Empieza: Hoy es el último día Acaba: a ver si allí nos hospedan! Nacional: T/9539 8. El corral de comedias Sainete original y en verso de Tomás Luceño. En Teatro moderno, v. 4, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894. Prólogo de Jacinto Octavio Picón. Ilustraciones de Ángel Lizcano. Fotograbados de Páez. pp. 1-43 Empieza: ¡Siempre corriendo! No sé Acaba: perdonad las faltas nuestras. Fundación Juan March: T 19 Luc 9. Ultramarinos 9.l Sainete original y en verso de Tomás Luceño. Madrid, R. Velasco, 1886. 34 pp. Empieza: ¡Seis golpes y dos repiques! Acaba: perdonad sus muchas faltas. Nacional: T/ 4109 9.2 Sainete original y en verso de Tomás Luceño. En Teatro Moderno, v. 4, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894 Prólogo de Jacinto Octavio Picón. Ilustraciones de Ángel Lizcano. pp. 91-135. Fundación Juan March: T-19-Luc 248 10. Amén! o El ilustre enfermo 10.1 Sainete en un acto y en prosa, original de Tomás Luceño. Madrid, R. Velasco, 1890. 33 pp. Empieza: Si no bastan ochenta carros de arena... Acaba: perdonad sus muchas faltas. Nacional: T/3480 10.2 Sainete en un acto y en prosa, original de Tomás Luceño. En Teatro Moderno, v. 4, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894. Prólogo de Jacinto Octavio Picón. Ilustraciones de Ángel Lizcano. pp. 137-182 Fundación Juan March: T-19-Luc 11. Las recomendaciones 11.1 Sainete en un acto, dividido en dos cuadros, en verso y en prosa, original de Tomás Luceño, Madrid, R. Velasco, 1892. 47 pp. Empieza: Pero ¿tiene usted de mí Acaba: no perdonéis nuestras faltas. Nacional T/ 4139 11.2 Sainete en un acto, en verso y en prosa, original de T. Luceño. En Teatro Moderno,v. 4, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894. Prólogo de Jacinto Octavio Picón. Ilustraciones de Ángel Lizcano. pp. 183-244, 20 cm. Fundación Juan March: T-19-Luc 12. Carranza y Compañía 12.1 Sainete en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. Autógrafo firmado 49 hojas, 4º, l. del s. XIX. Empieza: Mira estos pespuntes.¿Dónde Acaba: perdona sus muchas faltas. Nacional: 1439510 12.2 Sainete en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. Autógrafo firmado. 49 hojas, 4º, l. del siglo XIX. Empieza: Mira estos pespuntes. ¿Dónde Acaba: perdona sus muchas faltas. Nacionl: 14.3873 249 12.3 Sainete en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1893. Empieza: Mira estos pespuntes. ¿Dónde Acaba: perdona sus muchas faltas. Fundación Juan March: T Enc 554 12.4 Sainete en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. En Teatro moderno, v. 4, Madrid, Viuda de Hernando y Compañía, 1894. Prólogo de Jacinto Octavio Picón. Ilustraciones de Ángel Lizcano. p. 245-304, 20 cm. Empieza: Mira estos pespuntes. ¿Dónde Acaba: perdona las muchas faltas. Fundación Juan March: T 19 Luc 13. Los lunes del “Imparcial” 13.1 Pasillo cómico-lírico en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. Música del maestro D. Joaquín Valverde (hijo). Autógrafo firmado. Letra del siglo XIX. 25 hoj., 4º, l. del siglo XIX. Empieza: Señores, les recomiendo Acaba: perdón pa nuestras faltas. Nacional: 14.4772 13.2 Pasillo cómico-lírico en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. Música del maestro D. Joaquín Valverde (hijo). Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1894. 31 pp. Empieza: Señores: les recomiendo Acaba: perdón para nuestras faltas. Nacional: T/13762 14. La niña del estanquero 14.1 Sainete en tres cuadros, en prosa y en verso, original de Tomás Luceño. Madrid, R. Velasco, 1897 34 pp. Empieza: ¿Pero, qué diablos hacéis con las cartas, que Acaba: y perdonando las nuestras. S.G.A.E.: 269/6370 250 14.2 Sainete lírico en tres cuadros, en prosa y verso, original de Tomás Luceño. Música del maestro Ruperto Chapí. Madrid, R. Velasco, 1897. 43 pp. Empieza: ¡Dios mío, ya son cerca de las seis! Juanita, Acaba: y perdonando las nuestras. Nacional: T/20873 15. La comedianta famosa Sainete de Tomás Luceño. Madrid, Sociedad de autores españoles, 1908. 34 pp. Empieza: ¡Eso es no tener vergüenza! Acaba: Perdonad las faltas nuestras. Sociedad General de Autores Españoles: 329/7718 16. Cuántas, calentitas, cuántas? 16.1 (Segunda parte de Las castañeras picadas de D. Ramón de la Cruz) Sainete original y en verso de Tomás Luceño,. Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1910. 40 pp. Empieza: Sí, don Santiago, no puedo Acaba: ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Fundación Juan March: T 19 Luc 16.2 (Segunda parte de Las castañeras picadas, de D. Ramón de la Cruz) Sainete original y en verso de Tomás Luceño. En La novela cómica, 18 (1917). Título [¿Cuántas, calentitas, cuántas?, ¡Viva el difunto!]. Prólogo de Jacinto Octavio Picón.(pp.1-9). Grabados . Madrid, Cándido Alonso y Compañía, 1917. pp. 11-40 Empieza: Sí, don Santiago, no puedo Acaba ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Nacional: T/ 47348 17. Fraile fingido Entremés lírico, imitación de los antiguos, letra de Tomás Luceño y música del maestro Bretón. Texto mecanografiado, 1911. 12 pp. Empieza: Francisco nos convida Acaba: me llamas a mí! Instituto del Teatro de Barcelona: 75652 251 18. ¡Viva el difunto! 18.1 Sainete (sin pretensiones de histórico) original y en verso de Tomás Luceño. Madrid, Sociedad de Autores Españoles, 1916. 30 pp. Empieza: Y no hablemos más, señores. Acaba: reina en Jerusalem? Su monarquía... Nacional: T/ 27061 18.2 Sainete (sin pretensiones de histórico) original y en verso de Tomás Luceño. En La novela cómica, 18 (1917). Título [¿Cuántas, calentitas, cuántas?, ¡Viva el difunto!] Madrid, Cándido Alonso y Compañía, 1917. pp. 41-64 Empieza: Y no hablemos más, señores. Acaba: reina en Jerusalem? Su monarquía...” Nacional: T/47348 19. El maestro de hacer sainetes o los calesines Sainete original de Tomás Luceño. En Los Contemporáneos, 572 (1920). Título [El maestro de hacer sainetes o Los calesines, Un tío que se las trae]. Madrid, Imp. de Alrededor del Mundo, 1920. pp. 1-12 Empieza: Dios guarde a vuestras mercedes Acaba: perdonad sus muchos yerros. Fundación Juan March: T 19 Luc 20. Un tío que se las trae Satirilla en un acto y en verso, original de Tomás Luceño En Los Contemporáneos, 572 (1920). Título [El maestro de hacer sainetes o Los calesines, Un tío que se las trae]. Madrid, Imp. de Alrededor del Mundo, 1920. pp.13-24 Empieza: ¡Traiga usted, madre! Acaba: de gente civilizada. Fundación Juan March: T 19 Luc 21. Adula y te caerás 21.1 Sainete original de T. Luceño. Autógrafo firmado. Letra fines siglo XIX. l h. + 27 fols., 4º. Empieza: [“Ven aquí, pillo, granuja”] Acaba: [“sus faltas no perdonad.”] Nacional: 213602 252 21.2 Sainete original y en verso de Tomás Luceño. Autógrafo firmado. Letra fines siglo XIX. 27 hs. por las dos caras. 215x150. Empieza: [“Ven aquí, pillo, granuja”] Acaba: [“sus faltas no perdonad”.] Instituto del Teatro de Barcelona: 82.548 22. Adula y vencerás o el caballo de Fernando VII Sainete con tesis y todo, en un acto y en verso, original de Tomás Luceño. Texto mecanografiado, 18--, 46 hojas. Se adjunta loa: “Adula y vencerás” (A telón corrido.) (Al público.). 3 hojas. Empieza: Ven aquí, pillo, granuja Acaba: nuestras faltas perdonad. Fundación Juan March: T 19 Luc 23. La noche de “El trovador” Cuadro de costumbres de la época del Romanticismo, en un acto y en verso, original de T. Luceño. (Este sainete original no llegó a estrenarse.) Autógrafo firmado. 27 hoj., 4º l. del s. XIX. Empieza: Sí, sí; te quiero muchísimo Acaba: la noche de “El Trovador” Nacional: 14.38515 253 TEXTOS ANOTADOS 255 Cuadros al fresco SAINETE EN UN ACTO Y EN VERSO 256 PERSONAJES DOÑA RITA, viuda DOÑA RAMONA, cuca148 ELOÍSA NICOLASA, verdulera MATILDE ANSELMA, criada CESANTE DON TADEO MANOLILLO, jornalero ABELARDO UN INVÁLIDO SALCEDO DON CORNELIO, esposo de doña Ramona ANDRÉS UN CRIADO COSME, cafetero AGENTE DE POLICÍA BARBERO UN CIEGO UN SERENO UN PILLUELO Jugadores, cucas y gente del pueblo. 148 cuca (habla popular), astuta. 257 La escena en Madrid: época, la actual. ACTO ÚNICO Calle. En el fondo de una casa con un balcón, en cuyas vidrieras se refleja bastante claridad; a la derecha, primer término, otra casa con balcón también, y a la izquierda, segundo término, un puesto de café, aguardiente y buñuelos.149 Es de noche. ESCENA PRIMERA Eloísa en el balcón de la casa de la derecha, Abelardo150 en la calle, el señor Cosme arreglando el puesto, y el sereno sentado y dormido en el dintel de la puerta de la casa de enfrente. Antes de empezar el diálogo, se oyen por breves instantes los ronquidos del Sereno. ABELARDO Sí, Eloísa, te confieso que te adoro con delirio. ELOÍSA ¡Y yo a ti! Si comprendieras cuánto, te quedabas bizco.151 ABELARDO Entonces no me lo digas, 5 que sentiría muchísimo que me ocurriera tal desgracia; guarda el secreto. (Breve pausa.) ELOÍSA (Suspirando.) ¡Ay! ¡Bien mío! ABELARDO (Id.) ¡Ay! ¡Encanto de mi alma! ELOÍSA ¿Por quién suspiras? ABELARDO Suspiro 10 por tu amor (Ap.) y por mi capa; no puedo con este frío; me voy a quedar más tieso, que un lacayo de servicio. Mira, ¿no crees prudente, 15 puesto que ya hemos tenido un ratito de palique,152 que me marche? Son las cinco... 149 buñuelos, masa de harina batida y frita en aceite. 150 Abelardo (1079-1142) fue profesor de Eloísa (¿-1164), con la que se casó en secreto y tuvo un hijo. En venganza, Abelardo fue castrado. Siguieron amándose aun llegando el uno a ser abad y la otra abadesa de sus respectivos conventos. 151 en esta escena dialogan dos novios con ironía y mal humor 152 palique: Conversación sin trascendencia. 258 ELOÍSA Sospecho que no me quieres, que estás mal al lado mío. 20 ¡Ingrato! te estás burlando de mi amor; lo he conocido. Sé que tienes otra novia, sí, lo sé porque te han visto la otra noche en Capellanes 25 con ella; tú ibas vestido con un manto muy raído y más viejo que el pedir prestado. ABELARDO ¡Vuelta a lo mismo! 30 ELOÍSA Abelardo, ¡eres un pez!... ABELARDO ¡Eloísa! ya te he dicho mil veces que a nadie quiero más que a ti. ELOÍSA Pues yo imagino que no, porque hace tres meses 35 tienes amores conmigo,153 y aún nada me has hablado de matrimonio, ¡clarito! ¿Qué, crees que soy yo tonta? Pues no lo soy hijo mío. 40 Y debo advertirte ahora, que, si no estás decidido a casarte, te retires con la música a otro sitio. ABELARDO Pero hija mía, ¡por Dios! 45 ELOÍSA Si vienes con fin torcido, nada lograrás; que soy honrada, ¡nací en Trujillo!... ABEL Deja al menos que termine la carrera. ELOÍSA No es preciso; 50 es tanto lo que te quiero, que con gusto me resigno a que tus padres nos tengan en su casa... 153 tienes amores conmigo, me cortejas. 259 ABELARDO Un sacrificio es ese que me demuestra 55 que sientes por mí un cariño... ELOÍSA ¿Cuándo acabas la carrera? ABELARDO Muy pronto: me faltan cinco años, mas ya sabes tú que soy un muchacho listo, 60 y, en un año, estudiar puedo todo lo que otros en cinco. ELOÍSA Bien, esperaré ese tiempo, y, si una vez transcurrido no me cumples tu palabra, 65 sin más ni más te suicido.154 ABELARDO ¡Qué barbaridad! (Se oye dentro ruido y Eloísa escucha un breve rato.) ELOÍSA En la alcoba de mi padre siento ruido... Y anda en la mesa de noche... Hasta luego, Abelardito. 70 Ya lo sabes, ve al Café de Madrid, al mismo sitio de siempre; con disimulo te haces el encontradizo, pagas la cena a mamá 75 para que no esté de hocico, y no dudes un momento de mi amor... ABELARDO Oye, ¡ángel mío! ELOÍSA ¡Ahora me voy a ganar la gran paliza del siglo! 80 (Se retira Eloísa.) ABELARDO Súfrelo todo por mí. Hasta luego... UNA VOZ (Dentro, que figura ser la del padre de Eloísa.) ¡Adiós, cernícalo!155 154 te suicido: solecismo coloquial 155 cernícalo, (habla popular), ignorante y rudo. 260 ESCENA II Dichos, menos Eloísa. ABELARDO El día que me le encuentre en la calle, le santiguo.156 ¡Es un padre este papá 85 de padre y muy señor mío! Y la niña no es maleja,157 pero ya, desde que ha dicho que pensemos en la boda, me gusta menos; y opino 90 por dejar el puesto a otro y largarme; sí, está visto, en amor soy desgraciado... Siete novias he tenido en tres meses, y a las siete 95 se las ocurrió lo mismo. El padre de ésta es un hombre que debe de ser muy listo; me vio una vez y, al instante, a fondo me ha conocido. 100 Dice que soy calavera, algo aficionado al vino, jugador, desvergonzado... en fin, que soy un perdido. Y es verdad, nunca tengo 105 un cuarto ni a quien pedírselo. Pero, en cambio, soy en trampas extremadamente rico. Aquella es casa de juego; (Fijándose en la casa de enfrente.) el aspecto es de lo mismo; 110 esa luz que se distingue a través de los visillos, y el ver dormido en la puerta al sereno, son indicios... Voy a subir, y si puedo, 115 levantaré un muertecito158 de poco, de cuatro duros... o mejor será de cinco. 156 le santiguo (jerga), le doy una paliza. 157 la niña no es maleja, lítote de tono cariñoso. 158 levantaré un muertecito: (jerga), jugaré. 261 (Entra en la casa, cuya puerta le abre el sereno: éste la deja abierta y se va por la izquierda.) ESCENA III Cesante, que sale por la derecha, frotándose las manos y con muestras de sentir mucho frío: se dirige a la mesa del señor Cosme. CESANTE159 Dios guarde a usted, señor Cosme, COSME Hola, amigo, ¿viene ya 120 a tomar el desayuno? CESANTE Sí, señor; ¡qué atrocidad! Hace un frío insoportable. COSME Un poquillo... CESANTE Luego, están 125 los bancos de la plazuela tan fríos, que es por demás. No pude en toda la noche un momento descansar. Pero ¿qué es esto, Dios mío? Siento así como humedad 130 en la pierna izquierda. (Mirándose.) ¡Ah, vamos! algún perro que al pasar... COSME Tome usted una copita y entrará en calor. (Le da una copa de aguardiente, y el cesante la bebe haciendo gestos.) CESANTE ¡Ajaá! (Después de haber bebido.) ¡Caramba! Tiene más grados 135 que un teniente general. Esto sí que es bala rasa.160 COSME Pica un poquillo. 159 cesante: funcionario que cesa de trabajar en el Ministerio cuando otro partido político sube al poder. Luceño también sufrió la condición de cesante. 160 bala rasa: aguardiente que quema. 262 CESANTE Es verdad. Al principio escuece un poco; pero luego... escuece más. COSME Ahí tiene usted el café... 140 (Se le sirve en un vaso pequeño.) CESANTE Siento un apetito tal, que si tuviera otro cuarto le tomaría con pan. COSME No lo deje usted por eso, 145 que ya me lo pagará. (Le pone en el plato medio panecillo.) (Ap.) ¡Infeliz! Me dan más pena estos pobres de gabán,161 que los que de oficio imploran la pública caridad. 150 CESANTE Tiene usté un café excelente, y la leche es regular, y sobre todo, en el precio no cabe más equidad. Dos cuartos café con leche, 155 y tres si se toma pan. ¿Tendrá usted mucha parroquia?162 COSME Sí, no me puedo quejar; y ahora que intento reformas en el puesto, acudirá más gente... 160 CESANTE ¡Hola! Tal vez va usted la mesa a ensanchar, o ¿a comprar otro servicio? COSME Justamente, y además, tengo apalabrado a un chico 165 que toca el arpa, y vendrá mientras almuerza la gente. CESANTE ¡Hombre, bien! A no dudar, va usté a hacer un gran negocio. COSME ¡Ya lo creo! 161 pobres de gabán: cesantes 162 parroquia (habla popular), clientela. 263 CESANTE Y mucho más 170 si ajustara una pareja que aquí bailase el can-can.163 COSME Puede ser que con el tiempo lo haga. CESANTE Y ¿qué hora será? COSME Precisamente hacia aquí 175 viene el sereno. CESANTE ¡Es verdad! ESCENA IV Dichos y el sereno, que sale por la derecha, y después de haber llegado pausadamente a la mitad, se detiene y, con voz bronca y fuerte, canta la hora haciendo muchos gorgoritos, pero sin que se le entienda una palabra. CESANTE ¿Le ha entendido usted? COSME Yo no. Siempre me sucede igual. Los serenos de Madrid son una calamidad. 180 Y eso que a mí, sean las dos o las tres, igual me da. (Se oye a lo lejos la campanillas de las burras de leche.)164 Ese es el mejor reló; pronto de día será. (El sereno da un soplo a la luz del faro, y se acerca a la mesa del señor Cosme; éste le sirve café, y después se va el sereno.) ESCENA V Dichos, don Tadeo, fumando y con capa. TADEO ¡Cuando digo que esa chica 185 me va a trastornar el juicio! 163 can-cán: Luceño hace alusión a las actividades de los café-teatros populares. 164 burras de leche: todas las mañanas venían cargadas de leche fresca para ser vendida. 264 Vamos, parece mentira que a pegar no haya podido los ojos, pensando en ella. Ya pronto vendrá; me ha dicho 190 que va a la compra temprano, y yo, como soy tan pillo, je, je, me dije: “Tadeo, (Riéndose.) mañana ten cuidadito con madrugar, porque tienes 195 que hablar con tu dulce hechizo.” Francamente, las criadas (Empieza a amanecer.) son mi ramo favorito... Je, je, están tan frescotas, y tienen unos carrillos, 200 y unos ojos, y unas... Vamos con calma, don Tadeito, no se sofoque usté así, que parece usté un chiquillo. Ya se ve, como yo soy, 205 aunque me esté mal decirlo, un viejo bien conservado... me dan cuanto yo las pido. Tengo ochenta y cuatro años y aparento treinta y cinco, 210 gracias a mi peluquero, que me fabricó un postizo excelente; nadie dice que este pelo no es el mío. (Se quita el sombrero y se le ve una peluca muy mal figurada.) Je, je, si soy el demonio; 215 tenía un pelo hermosísimo; me di aceite de bellotas, y todo se me ha caído. CESANTE (Acercándose con una colilla de cigarro en la mano, que apenas se distingue.) ¿Caballero? TADEO ¿Qué se ofrece? (Ap.) Ya se escapó del asilo 220 este pobre; ¡es imposible el tenerlos recogidos! CESANTE ¿Me hace usté el favor del fuego? 265 TADEO ¿Para qué? CESANTE Es muy sencillo; para encender mi cigarro. 225 TADEO ¡Ah! vamos, no le había visto; es tan pequeño que apenas se distingue, amigo mío. (Le da don Tadeo el cigarro, enciende el cesante y después le entrega la colilla, quedándose con el puro.) TADEO ¡Me gusta!... (Sorprendido y sin tomar la colilla.) CESANTE ¡Dispense usted; como soy tan distraído! 230 (Deshacen el cambio, después de dar el cesante dos chupadas con ansiedad muy marcada al cigarro de don Tadeo.) ¡El tabaco que usted fuma es un tabaco magnífico! Si quisiera usted decirme a qué hora y en qué sitio tirará usted la colilla 235 de ese cigarro...; lo digo porque, francamente, iría a cogerla. TADEO (Aparte.). ¡Pobrecillo! Vaya, tome usted y fúmelo a mi salú. (Saca la petaca y le da un cigarro puro.) CESANTE (Conmovido.) ¡El treinta y cinco 240 me declararon cesante, y desde entonces no he visto un puro entero en mis manos! ¡Dispense usted si me admiro! TADEO Ya se sabe, no se puede 245 en este país maldito ser empleado... CESANTE Si tal; ser empleado es magnífico; lo que no se puede ser es cesante. No me aflijo; 250 266 tengo la seguridad de que en viniendo los míos...165 ¿Ve usted qué perdido estoy? Pues estaré más perdido. ESCENA VI Dichos y barbero, que sale por el fondo derecha. BARBERO ¿A quién le dejo la cara 255 como el papel? CESANTE Con permiso, voy a que me den un pase,166 que parezco un capuchino; ¿usted gusta? TADEO Muchas gracias, que no le desuellen vivo 260 me alegraré. ¿Dónde diablos se habrá esa chica metido? (Vase.) ESCENA VII Dichos, menos don Tadeo. CESANTE Oye, Sisí; ven acá, prepara al punto los trastos de matar, y en un momento... 265 BARBERO En menos que canta un gallo... (Coloca un banquillo con asiento de tela en el suelo, y saca una de las navajas que llevará en el bolsillo de la chaqueta.) No se siente usted con fuerza que está recién encolado. (Se sienta el cesante, se quita el sombrero, que coloca entre las piernas, y saca del mismo un pañuelo azul grande, poniéndosela la manera de paño de barba.) CESANTE ¡Demonio! A ver si me cortas las narices. 165 se refiere al hecho histórico de los varios cambios de gobierno entre conservadores y liberales. 166 que me den un pase (habla popular), que me afeiten. 267 BARBERO ¡No es pa tanto! 270 Además, teniendo yo el instrumento en la mano, no hay miedo. (Empieza a afeitarle. Unas veces se arrodilla, otras le coloca la cabeza casi debajo de su brazo, y, en fin, haciendo cuantos movimientos contribuyan a la propiedad de esta escena.) CESANTE ¡Dios me socorra! Oye, en la esquina parado hay un perro que te mira 275 hace ya bastante rato. ¿Es tuyo? BARBERO Ca, no señor, sino que el muy condenado, porque le eché el otro día un pedacillo de labio, 280 que le arranqué a un aguador mientras le estuve afeitando, cree que todos los días voy a hacerle ese regalo. 285 CESANTE ¡Ay, Dios mío! No prosigas. (Queriéndose levantar.) BARBERO ¿Por qué no, si pronto acabo? ¿Le hace daño la navaja? CESANTE No; ¡ah! ¡oh! ¡uh! ¡Qué manos te dio el Señor! BARBERO Se entusiasma conmigo... ESCENA VIII Dichos y un ciego que sale por el primer término izquierda, y tropieza con el cesante y el barbero. CIEGO ¡A cuartito, a cuarto!... 290 (Vase por la derecha.) 268 CESANTE (Levantándose precipitadamente, y tapándose la barba con el pañuelo.) ¡Animal! Buena la has hecho. ¡Socorro, que me desangro! (Desaparece corriendo.) BARBERO ¡Y se marcha sin pagar! Ya verás tú si te alcanzo. 294 (Coge el banquillo y echa a correr tras el cesante.) ESCENA IX Salen de la casa de juego varios jóvenes, mujeres vestidas con ridícula elegancia, y Salcedo y doña Ramona. Desaparecen todos en distintas direcciones, menos estos últimos que bajan al proscenio.167 RAMONA (Con talma168 encarnada, una rosa blanca en la cabeza y el peinado en desorden.) Te digo que no me voy sin tomarla el cuadro,169 ¡ea! SALCEDO (Vestido de señorito, pero con aire de chulo.) Mira, márchate a dormir. y déjate de quimeras, que, si se entera la gente..., 300 es una mala vergüenza... Además, ella no tuvo la culpa, dio el juego quiebra, y ¡es claro! en el cuarto golpe perdió la vaca.170 RAMONA Si es mema 305 esa mujer; tú, figúrate que la dije: –Micaela, ¿quieres hacer una vaca conmigo?– Corriente, venga, me contestó, y la entregué 310 veinte reales en pesetas. 167 proscenio: parte anterior del escenario entre el borde y los bastidores. 168 talma: capa corta o esclavina. 169 tomarla el cuadro (jerga), desquitarme. 170 vaca (jerga), juego de cartas. 269 Ten cálculo, juega siempre a las sotas, que Manguela las sabe amarrar muy bien y suele echarlas en puerta. 315 Consiguió darle tres golpes a la vaca, de manera que yo tenía bastante para pagar la deuda perentoria: un polisón171 320 y otra dentadura nueva. Quise retirarme al punto, pero vi sobre la mesa una sota con un rey, y yo la dije: aquí es ella, 325 mételo todo a la sota, y nos armamos; y ésa..., como ha tenido en palacio empleadas a su abuela y a su mamá, puso el rey 330 como de respeto en prueba. Y por más que yo grité esa postura no juega, fue tarde, porque el banquero había ya dado vuelta 335 a la baraja, y ¡es claro! apareció la primera la sota; vamos, la ahogo en cuanto baje. SALCEDO Más cuenta 340 te tiene marcharte a casa, que son ya las seis y media, y si tu pobre marido, al levantarse, se encuentra sin ti, y llega a saber 345 que por las noches le dejas solo y te vas a jugar, ¡te va a pegar una felpa!...172 RAMONA ¡Es verdad! me estoy portando con él de inicua manera. 350 No creas, que muchas veces me remuerde la conciencia, sobre todo, cuando pierdo... Sí, me marcho antes que venga a la compra; el infeliz 355 171 polisón: armazón o almohadilla que se ponían las mujeres para ahuecar la falda por detrás. 172 felpa (jerga), paliza. 270 madruga que se las pela por traerme de la plaza todo lo mejor que encuentra. Si ves a esa chica, dila173 que la ajustaré las cuentas. (Vase.) 360 ESCENA X SALCEDO Nunca estoy yo más contento que cuando pierde esa necia. Se pone tan sofocada, tan nerviosa y tan colérica, que se quisiera comer 365 a la baraja, a la mesa, y a toda la sociedad que en la partida se encuentra. Se le tuerce la peluca, y la barbilla le tiembla; 370 llora, reza, gruñe, ríe, o comienza a hacer promesas a los santos, y si gana de cumplirlas no se acuerda. ¡Digo, que es cosa de ver 375 incomodada a esa plepa!174 ESCENA XI Salcedo y Manolillo, que sale por la derecha en traje de jornalero.175 SALCEDO Manolillo, anda con Dios; no saludas a la gente. MANOLILLO No te había visto, dispensa. SALCEDO ¿Dónde vas? MANOLILLO A donde siempre, 380 a trabajar; es muy tarde y no puedo detenerme. SALCEDO ¿Vas muy lejos? 173 el laísmo es usual en el autor y en el habla popular de los sainetes. 174 plepla: persona llena de achaques. 175 diálogo entre un pobre y honrado jornalero y un chulo, aficionado al juego. 271 MANOLILLO Más allá de Chamberí. SALCEDO Oye, detente un momento; ¿cuánto ganas? 385 MANOLILLO Muy poco; a razón de siete reales diarios. SALCEDO ¡Pero hombre! y ¿tienes valor?... MANOLILLO ¿Qué quieres? Y ¡ojalá que no me falten! SALCEDO ¡Eres un pobre inocente! 390 ¿Voy yo bien vestido? MANOLILLO Sí. Un marquesito pareces; ¿tienes tal vez una vieja que te... SALCEDO ¡Ca! Y si tú quieres vestir como yo, gastar 395 y tener un duro siempre en el bolsillo, hazme caso y puede ser que te alegres. MANOLILLO No acierto... SALCEDO (Bajando la voz.) Me dan un duro por cada joven que lleve 400 a jugar en ese cuarto principal que veo enfrente. Ya sabes lo que es Madrid, y fácilmente se puede engañar a diez o doce 405 al día; y aquí me tienes que yo sería de oro... sí, de oro, si no fuese porque lo que aquí se gana en otra parte se pierde. 410 ¿Conque aceptas, Manolillo? MANOLILLO ¡Eso es decir que pretendes!... (Separándose con indignación.) 272 SALCEDO ¡Ya verás qué vidas pasas! MANOLILLO Quita, quita, no te acerques a mí, que tu infame aliento 415 es fácil que me envenene. Ser tu amigo me sonroja, si a tu lado alguien me viese, tal vez creyera que soy como tú, falso y aleve.176 420 Si me encuentras otro día, no me saludes ¿lo entiendes? Antes que ser un perdido quiero mil veces la muerte. SALCEDO Chico, ¡parece mentira! 425 con qué repulgos177 me vienes... No eres poco escrupuloso... MANOLILLO ¡Soy honrado!... SALCEDO No parece sino que yo no lo soy. MANOLILLO Y todo el que honra tiene 430 quiere ganarse la vida con el sudor de su frente. SALCEDO Déjate de tonterías, Manolillo; anda, vente y yo te daré otro traje 435 mucho mejor; que tú eres simpático, y para el arte de gancho, precio no tienes. MANOLILLO Adiós, infame, es en vano que trates de corromperme. 440 Si tú y otros como tú en la cárcel estuviesen, la juventud fuera otra. SALCEDO A mí no pueden prenderme; vestido de caballero, 445 nadie a sospechar se atreve... Si fuera de ti... 176 aleve: alevoso, traidor. 177 repulgos: aires finos. 273 MANOLILLO ¡Es verdad! (Con tristeza.) El mundo ha buscado siempre al malvado en este traje, sin que quiera convencerse 450 de que hay muchos como tú que a la sociedad pervierten.178 (Vase por la izquierda.) ESCENA XII SALCEDO Por su bien se lo decía; a mí, que el diablo le lleve me importa un bledo.179 Está visto 455 el bien nunca se agradece. (Vase.) ESCENA XIII Anselma, que sale por la izquierda con cesta en el brazo, y Nicolasa por la derecha también con cesta llena de hortalizas. NICOLASA Buenos días, doña Anselma. ANSELMA Dios te guarde, Nicolasa. ¿Quieres decirme por qué con tal rispeto me tratas 460 que me llamas doña? NICOLASA Sí... Tengo razones fundadas. Como está en moda hace tiempo tratar con buenas palabras, con riverencia y dulzura 465 a aquel que debe y no paga... Y soy tu inglesa,180 lo cual no me hace nenguna gracia, por eso... ¿me entiendes ya? 178 en esta escena se defiende el dicho de “pobre pero honrado”. 179 bledo: nada. 180 inglesa (habla popular), acreedora, prestamista. 274 ANSELMA ¡Que si te entiendo! Anda, anda 470 que te veo de venil y me pongo coloraa. ¿No lo ves? miá qué sofoco que se me sube a la cara. Mira, mira, ya los niervos...181 475 Y si hubiera una butaca cerca de mí, pueda ser hasta que me desmayara. NICOLASA Pero como no la hay, es claro, que no te desmayas. 480 ¿Sabes lo que estoy pensando? ¡Que estás cada vez más guapa desde que no vendes coles y te has metío a criada! ANSELMA ¿De veras? NICOLASA Como lo oyes. 485 Y ayer me han dicho en la plaza, que tanto tu amo te quiere que muy pronto serás ama. ANSELMA ¡Puede ser! Y ¿vendes muchos? NICOLASA Así, así, una miaja... 490 y estoy mu triste porque no eres ya mi parroquiana. La única que no me debe un cuarto eres tú... ANSELMA ¡Caramba!... 495 estás muy provocativa y yo no estoy para chanzas. ¿Sabes por qué no te pago? pues porque no tengo gana... Si buscas un gofetón182 500 que se perdió esta mañana aquí, yo te le daré y estamos en paz. 181 niervos: metátesis 182 gofetón: bofetón. 275 NICOLASA ¡Hay calma pa escucharte! Si no fuera porque hace cuatro semanas 505 que salí de la Galera183 y no quedé arregostada184 para ir otra vez, hoy mismo de tu moño fabricaba un bisoñé185 pa taparle 510 al amo tuyo la calva. ANSELMA Pus mira, yo que no he estao en ese sitio pensaba dar motivo para verlo, y creo que no se pasa 515 el día sin que consiga mi gusto. NICOLASA Con verlo basta. (Deja la cesta en el suelo.) ANSELMA ¿Es que me vas a pegal? NICOLASA ¡Es que sí! ANSELMA ¡Pero muchacha! Para reñir, debes darme 520 lo que me llevas de alta. ¿No ves que soy muy chiquita y tú eres grande? NICOLASA ¡Que lástima! ¿No sabes que aunque pareces pequeñita, eres mu larga?... 525 ANSELMA ¡Vaya, pues pega primero! NICOLASA ¡Pega tú! ANSELMA ¡Si no mirara! NICOLASA Pus no mires, que la vista para pegar no hace falta. 183 la Galera, la prisión. 184 arregostada: a gusto. 185 bisoñé: media peluca que cubre la parte anterior de la cabeza. 276 ESCENA XIV Don Cornelio, con gorro de terciopelo, capa larga sin esclavina186 y un talego en la mano derecha; doña Rita, vestida pobremente de luto. CORNELIO (Interponiéndose.) Vamos, vamos, haya paz 530 entre dos ruines, ¡caramba! RITA No os maltratéis, hijas mías; que Dios a todas nos manda que como hermanos vivamos en paz y en eterna calma. 535 Vamos, daros un abrazo y un beso. NICOLASA ¡Un beso! Ya baja. ANSELMA Vete tú por tu camino, y tú por el tuyo, anda. NICOLASA Sí, me voy porque si no, 540 me la bebo... ¡Si eres chata! ANSELMA Mira quién habló, y parece que se han sentao en su cara.187 (Vase Nicolasa.) ESCENA XV Dichos, menos Nicolasa. ANSELMA No se escapará, que hoy por fortuna, en la Pradera 545 de Guardias, ahorcan a uno, y ella irá con Antoñeja, el trapero, y de seguro que allí le salto las muelas. CORNELIO Allí no la encontrarás; 550 dice La Correspondencia188 que indultan a ese infeliz. 186 esclavina: capa pequeña o gran cuello postizo. 187 se han sentao en su cara: perífrasis popular para llamarle chata. 188 La Correspondencia: periódico sensacionalista de la época. 277 ANSELMA (Con disgusto.) ¿Me lo dice usté de veras? CORNELIO Pero chica, ¿te disgusta? ANSELMA ¡Tengo una sombra más negra! 555 Yo, que pensaba esta tarde llevar allí la merienda y pasar alegremente el rato... ¡maldito sea! Basta que piense una cosa 560 pa que no salga derecha. (Vase.) ESCENA XVI Dichos, menos Anselma. RITA ¿Pero ha visto usted qué gente? CORNELIO Hay que dejarlas, señora, tan pronto andan a la greña189 como van juntas de broma. 565 Casi todas la mañanas, cuando yo voy a la compra, veo escenas semejantes; por eso, ya no me chocan. RITA Usted vive solo ¿eh? 570 CORNELIO Estoy casado, señora. RITA ¡Por muchos años! CORNELIO Mil gracias. Y quiero tanto a mi esposa, que porque no se moleste hago una porción de cosas; 575 como barrer la cocina, planchar y lavar la ropa, rizarla el pelo, y también la suelo limpiar las botas. RITA Entonces se encontrará 580 con usted como en la gloria. 189 andan a la greña: riñen y se tiran del pelo. 278 No era mi difunto así, que un día, por poca cosa, porque me encontró enredando en el cajón de su cómoda, 585 tal bofetón me arrimó, que estoy desde entonces sorda. CORNELIO ¡Qué barbaridad! RITA Y ahí tiene usted lo que son las cosas; le amaba con frenesí, 590 y hoy lloro como una loca su muerte, y voy a la iglesia y allí estoy dos o tres horas rezando por su descanso. (Ap.) Y viendo si las devotas 595 tienen algo en el bolsillo que me sirva. CORNELIO Pues muy tonta es usted en encomendarle a Dios, cuando tan penosa fue para usted su existencia. 600 RITA ¡No importa, amigo, no importa! CORNELIO ¿Y hace mucho que murió? RITA Veinticuatro años. CORNELIO ¡Sopla! Y en ese tiempo ¿no pudo acostumbrarse a estar sola? 605 RITA No señor, que necesito mucho, de un varón, la sombra. CORNELIO (Ap.) El cuerpo es lo que quisieras; ¡no estás tú mala gazmoña!190 Con el permiso de usted. 610 me retiro. Hice mi compra, y no quiero que me riña, si tardo mucho, mi esposa. Hasta otro día. RITA ¡Id con Dios! 190 mala gazmoña: que afecta escrúpulos y virtudes que no tiene. 279 CORNELIO (Registrando en el talego.) Acelgas y zanahorias, 615 bacalao... ¿Se me olvida que comprar alguna cosa? ¡Carne! Hoy no compro carne porque al pasar por la alcoba de mi mujer, entre sueños, 620 gritaba como una loca: “¡Maldita vaca! Maldita sea mil veces la hora...” Y esto es que ayer la hizo daño; así, aunque hoy no la coma... 625 (Vase don Cornelio, dejando caer un pañuelo que recoge doña Rita con el mayor sigilo.) ESCENA XVII DOÑA RITA Si yo quisiera, podría ganar la vida cosiendo, mas tengo tal afición y tanto amor a lo ajeno,191 que... vamos, no estoy tranquila 630 hasta que no lo poseo. Y eso que hace quince días que en cuantos bolsillos meto la manos, no hallo un real. Tengo en casa un cofre lleno 635 de pañuelos de algodón, cajas de rapé, llaveros, dedales y cortaplumas, y papeletas de empeño.192 Si esto sigue así, no hay más; 640 el mejor día me muero: y no es eso lo peor, sino que voy al infierno derecha, si es que le hay, que yo, francamente, creo 645 que, al fin y al cabo, en la gloria todos juntos nos veremos. 191 habla de su cleptomanía con eufemismo. 192 la viuda reconoce y justifica su cleptomanía. 280 ESCENA XVIII Doña Rita y el criado, que sale por la derecha con una cesta grande en el brazo. RITA ¿A dónde vas, buen mozo? CRIADO (Mirándola con extrañeza.) Voy hacia casa. RITA ¿Tan pronto? CRIADO (Ap.) Nunca he visto 650 vieja más rara... No la conozco... RITA ¿Sabes que eres muy guapo? CRIADO (Ap.) ¡Me echa piropos! En mi pueblo me han dicho 655 que aquí hay marquesas que enamorarse suelen de nuestras prendas. Bueno estaría... Pero esta no es marquesa; 660 tiene una pinta... RITA Se conoce que ricos son tus señores, porque llevas la cesta con provisiones 665 que hay para un año. CRIADO Pues no sé si con ellas se dará abasto.193 (Doña Rita empieza a registrar la cesta del criado sin que éste se aperciba.) Sirvo en ca de un fondista de los mejores, 670 y acuden a su casa mil señorones, que, aunque no pagan, quieren que se les sirva lo mejor que haiga. 675 193 dar a basto: hacer todo lo necesario. 281 Hoy tendremos un día barbián,194 flamenco, porque hay tres desafíos, boda y entierro. Y, como es moda,195 680 dimpués de todo esto, van a la fonda. RITA (Después de haber logrado de la cesta una liebre que oculta debajo del mantón.) Entonces, vete, corre, no te detengas... CRIADO Y digasté196 ¿A qué debo 685 la dicha esta, de haberla hablao? RITA Te lo diré mañana; ven más temprano. ¡Adiós, pillín del alma! 690 (Haciéndole fiestas en la cara.) CRIADO ¡Adiós pichona! volveré... (Ap.) las espaldas. ¡Vaya momia! (Vase.) ESCENA XIX Doña Rita, contemplando entusiasmada la liebre. RITA ¡Qué hermosa eres! ¡Donde menos se piensa 695 salta la liebre! (Se dirige a fondo y la detiene un pilluelo.) 194 barbián (habla popular), desenvuelto, simpático, gallardo. 195 como es moda: como es costumbre. 196 digasté: diga usted. 282 ESCENA XX Dicha y pilluelo. PILLUELO Ahora mismo viene usté conmigo a aquella taberna, y me ha de dar la mitad de la liebre; y si se niega, 700 llamo al muchacho y le digo que la robó de su cesta. RITA (Queriendo ocultar la liebre.) Pero, chico, tú deliras... PILLUELO ¿Que deliro? ¡Eh! (Llamando al criado.) RITA (Tapándole la boca y cogiéndole de un brazo.) ¡Ten la lengua! Maldito, permita Dios 705 que veneno se te vuelva. (Vanse por el fondo, pero sin que el pilluelo suelte la liebre.) ESCENA XXI Andresito, vestido muy elegante en traje de mañana; municipal, detrás de él; después, gentes del pueblo, que los rodea, y Nicolasa. MUNICIPAL ¿Caballerito? ANDRESITO ¿Qué ocurre? MUNICIPAL Nada, que me entregue usted medio duro. ANDRESITO No comprendo; yo medio duro ¿por qué? 710 MUNICIPAL Dispénseme la pregunta, pero usted ¿sabrá leer? 283 ANDRESITO Sí, señor; y de corrido. MUNICIPAL Pues entonces, lea usted lo que dice en la fachada 715 de esa casa. ANDRESITO (Poniéndose los quevedos197 y mirando hacia dentro.) Veamos, pues. (Leyendo.) “No se permite fijar carteles...” MUNICIPAL Siga. ANDRESITO (Continúa leyendo.)”Ni hacer...” Es verdad, amigo mío, (Metiéndose la mano en el bolsillo del chaleco.) me ha cogido usté en la red. 720 Pero debo a usted advertirle que yo no sé si tendré... MUNICIPAL No importa; quiere decir que, si a usted lo mismo le es pasar un día en la cárcel, 725 de pagar, se evita usted. ANDRESITO ¡Qué horror! ¡No faltaba más! ¡Pues sería cosa de ver metido en el Saladero198 a todo un hijo de un juez!199 730 MUNICIPAL Allí hay de todo; hay personas que habrá visto alguna vez frecuentando la tertulias de un barón o de un marqués...200 ANDRESITO Tome usted una peseta 735 (Le da una peseta.) en plata; espérese usted... Ahí van dos reales201 en décimas... es decir que le di seis... 197 quevedos: anteojos. 198 El Saladero: antigua prisión madrileña instalada donde antes había un saladero de carne. 199 Tomás Luceño era hijo de un juez de primera instancia. 200 el municipal se ríe irónicamente de Andresito. 201 real, moneda equivalente a veinticinco céntimos. 284 MUNICIPAL Faltan cuatro. ANDRESITO Sí, es verdad, que seis y cuatro son diez. 740 (Se registra los bolsillos.) Pues, hijo, siento decirle que no tengo... ESCENA XXII Dichos y Matilde, en traje de modista. MATILDE ¡Pero Andrés, está usted con esa calma!... ¡Hombre, me parece bien!... Y hace una hora esperándole 745 pa que me lleve al taller... ANDRESITO ¡Cielos, mi novia! MATILDE (Reparando en la gente.) ¿Qué es esto? ¿Qué ha podido suceder, que se encuentra rodeado de gente? MUNICIPAL Cálmese usted. 750 Es que este caballerito acaba de cometer de urbanidad una falta, y estoy esperando a que me entregue los cuatro reales 755 que faltan para los diez. MATILDE (Riéndose.) ¡Ah! ya adivino, ¡qué risa! ANDRESITO ¡Por Dios! no se ría usted. ¡Yo me desmayo, Dios mío! MATILDE (Sacando una peseta del portamonedas, y entregándosela al municipal.) Ahí va. MUNICIPAL Tome usté el papel. 760 (Le entrega un papel.) 285 ANDRESITO (Abriéndose paso entre la gente.) Hasta otra vista, señora... ¡Qué vergüenza! (Huye precipitadamente.) MATILDE ¡Escuche usted! (Vase riéndose en la misma dirección de Andresito; la gente que les rodeaba se esparce en distintas direcciones, menos Nicolasa, que se coloca en la mitad de la escena, y se queda mirando al sitio por donde desapareció Andresito.) ESCENA XXIII NICOLASA Vamos, misté que es un gracioso... ¡Si este Madrí es un belén!202 La mitá de los que van 765 vestidos a la dilniel,203 como dicen los franceses, nunca tiene un calé. ESCENA XXIV Nicolasa y municipal, que sale por la izquierda. MUNICIPAL Y usted, ¿qué hace aquí parada? (Con malos modos.) NICOLASA Toma, pus bien claro está; 770 estoy pará ...porque estoy rendía de tanto andar. MUNICIPAL Pues descanse en otro lado; aquí estorba el paso. NICOLASA ¡Ya! Como fuera la Pascuala, 775 no le habría de estorbar... MUNICIPAL ¡Silencio, desvergonzada! 202 belén, pues es un lugar donde se encuentra todo tipo de gente. 203 dilniel, (por dernière: último), galicismo: a la última moda. 286 NICOLASA (Cogiendo la cesta con furia.) Y ¡dicen que hay libertá! (Con retintín.) ¿Quién quiere comprar guindillas? (Vase.) ESCENA XXV MUNICIPAL No se las puede aguantar. 780 Siempre en lucha estoy con ellas, y ni una vez se verá que a relucir no me saquen lo de que “no hay libertad”. Y no son ellas las únicas, 785 que casos se han dado ya de decirle a un panadero: “amigo, venga ese pan, porque está falto de peso y no es nada regular 790 que así engañe usted al público”. “No lo entrego, voto a san... que para eso tenemos un gobierno liberal, y hay libertad para todo”. 795 Sí, suelo yo contestar, tiene usted razón, la hay; pero no para robar. (Mirando el reloj.) ¡Hola! son la siete y veinte; me retiro, que hora es ya... 800 ESCENA XXVI Dichos y cesante, que sale por la derecha, con la cara vendada. CESANTE ¡Por Dios, venga usted a poner entre aquella gente paz! MUNICIPAL ¿Qué sucede? CESANTE Que dos hombres en la plazuela se están dando cada navajazo 805 que tiembla el mundo; y es tal la rabia con que pelean, que yo los fui a separar, 287 y si me descuido un poco, vamos, me abren en canal. 810 Mire usted qué navajazo me dieron en el gabán. (Se vuelve de espaldas, y se le ve roto el gabán desde el cuello a los faldones.) MUNICIPAL No los veo. CESANTE (Colocándose más cerca de los bastidores,204) Desde aquí... más abajo del billar. MUNICIPAL Yo no soy de este distrito, 815 allí está el municipal. (Vase.) ESCENA XXVII CESANTE Hoy no gano para sustos... No hay que dudarlo, yo vivo de milagro; ¡si tuviera (Desesperado.) a mano algún cachorrillo!... 820 (Transición.) le vendía o le empañaba, porque ya siento apetito. (Mirando a todas partes.) ¿Dónde estará el de orden público? ¡Ya le veo! (Echa a correr hacia la derecha, y tropieza con el barbero, que sale.) ¡Mi asesino! (Huye aterrorizado, y el barbero le sigue corriendo.) 204 bastidores: piezas de tela o papeles pintados puestos en un armazón de madera con que se forma la decoración lateral en el escenario del teatro. 288 ESCENA ÚLTIMA Se oye a lo lejos una marcha; la gente se agolpa hacia el segundo término derecha y entre aquélla se verá a Nicolasa; un inválido cojo, tuerto y manco, atraviesa corriendo la escena y se coloca entre la gente: este cuadro ha de presentarse animadísimo. NICOLASA Chicas, mirad los soldados 825 que se marchan a La Habana. ¡Qué buenos mozos son todos! ¡Ay pobrecillos! ¡Qué lástima! Señor inválido, ¿qué, al verlos no se entusiasma? 830 INVÁLIDO ¡Voto a un cañón! ¡Quién pudiera acompañarlos! Mi alma se llevan tras sí; ¡mi dicha fue pelear por la patria! Nunca estuve más contento 835 que oyendo silbar las balas en medio de los combates al grito de “¡viva España!” Por ella estoy tuerto, manco y cojo, y tengo la espalda 840 abrasada de una vez en que al entrar por Navarra,205 me arrojaron agua hirviendo desde un balcón de la plaza. (Se oye la música más cerca.) Ya se acercan; ¡hijos míos! 845 ¡Que viva el honor de España! Todos contestan calurosamente a este viva y, después de salir por la derecha Salcedo, atado codo con codo y detrás un municipal, cae el telón.206 FIN 205 en la tercera guerra carlista. 206 en esta imagen se escenifica la moraleja final del sainete. 289 El arte por las nubes Sainete original y en verso 290 PERSONAJES CAROLINA, ribeteadora207 MACALLISTER, prestidigitador y murgante208 EL SEÑOR CEFERINO, labrador aragonés LUIS, pintor MODESTO, escritor EL SEÑOR LESMES, ciego La escena en Madrid, época la actual 207 ribeteadora: la que tiene el oficio de poner cintas para reforzar y adornar el borde de los vestidos. 208 murgante: músico que toca en las puertas de las casas para recibir algún obsequio. 291 ACTO ÚNICO Habitación pobre en un piso cuarto de una casa de vecindad. Muebles viejos y desvencijados. A la derecha del espectador, una mesa con tintero, varios papeles y una botella de barro. Puertas laterales y en el fondo. ESCENA PRIMERA Modesto, con un manuscrito en la mano. MODESTO ¡Oh, qué final más sublime! ¡Respira terror y furia! Ayala, García Gutiérrez y Bretón,209 no cabe duda, son, comparados conmigo, inocentes criaturas. 5 Vamos, cuanto más le leo, más me entusiasmo. ¡Si es mucha mi disposición! (Leyendo.) “El rey — ¡Malvada, infame, perjura! 10 La reina — ¡Monstruo feroz, los infiernos te confundan! El rey — ¡No tienes vergüenza, o al menos lo disimulas! Pídeme perdón. —¡No quiero! — 15 Di que le aborreces. —¡Nunca! ¡Pues muramos! — El rey saca la daga210 que lleva oculta, se hiere en el pecho y cae; los cortesanos se asustan, 20 la reina se acerca al rey, y entonces éste la estruja contra su seno, y la hunde la daga por la cintura. A un tiempo los dos expiran, 25 y el príncipe de Minusa alza los brazos al cielo, y estas palabras pronuncia: ¡Ya murió papá y mamá! Señor: ¡préstame tu ayuda!” 30 209 Ayala, Adelardo López de Ayala (1828-1879), dramaturgo representante de la alta comedia García Gutiérrez, Antonio García Gutiérrez (1813-1884), dramaturgo romántico. Bretón, Manuel Bretón de los Herreros (1796-1873), drmaturgo más realista y cómico. 210 daga, arma blanca de hoja corta y guarnición. 292 ESCENA II Modesto y el señor Lesmes en traje de mendigo, ciego y con una guitarra colgada a la espalda. LESMES Buenos días don Modesto. MODESTO ¡Hola! (Ap.) Este es mi editor. LESMES ¿Se ha concluido el romance? MODESTO Si tal; ya se concluyó... (Se dirige a la mesa y busca el romance entre los papeles.) LESMES (Bajando la voz.) ¿Puedo abrir los ojos? MODESTO Sí. 35 LESMES (Abriéndolos.) Saludo a la luz del sol. MODESTO Lo que me admira es que usted no dé cada tropezón... LESMES ¡Quia! Cuando llevo los ojos cerrados, ando más mejor.211 40 ¡Y es natural, la costumbre! Todas la mañanas yo recorro Madrid a ciegas sin el tropiezo menor, y con los ojos abiertos 45 no sé a la Puerta del Sol. MODESTO (Después de haber encontrado el romance.) Aquí está. LESMES Léame usted. MODESTO (Leyendo.) “Lance horrible que ocurrió con tres fieras encantadoras y el conde de Monteflor...” 50 211 más mejor, vulgarismo redundante. 293 LESMES (Interrumpiéndole.) No siga Vd., D. Modesto; no me conviene. MODESTO ¿Que no? LESMES Al público ya no agradan asuntos que dan horror. Si quiere Vd. que le compre 55 alguna composición, ha de tratar de política, y la venderé al vapor.212 Hable mal de los ministros aunque sea sin razón; 60 diga Vd. que el mismo diablo de tal modo la enredó, que va a dar esto algún día un estampido feroz. Insulte Vd. a los carlistas, 65 al Terso, a Napoleón y nos haremos muy pronto capitalistas los dos.213 MODESTO (Con gravedad cómica.) ¡No puede ser, mi conciencia!... LESMES (Marchándose.)214 ¡Pues abur!215 MODESTO (Deteniéndole) ¡Por San Antón!... 70 Escúcheme Vd. un momento. LESMES No hay necesidad, que yo tengo más de mil poetastros siempre a mi disposición, y si a Vd. no le acomoda... 75 MODESTO Dígame Vd., ¿qué hago yo si vinieran los carlistas? LESMES Pues sencilla es la razón: entonces escribe usted romances a su favor, 80 y habla mal de los caídos. 212 al vapor (habla popular), rápidamente. 213 Lesmes habla de los gustos del público de la época. 214 Luceño habla de los gustos populares en el teatro. 215 abur: del vasco agur, que significa adiós. 294 MODESTO (Con resignación.) ¡Me avengo! LESMES Sin remisión, que esté para luego. (Dirigiéndose a la puerta.) MODESTO Bien. Señor Lesmes, un favor ¿Quiere usted darme seis reales 85 a cuenta? LESMES Sí, ¿por qué no? (Ap.) Pobrecillo es buen muchacho y con gusto se los doy. (Le entrega el dinero que saca de un bolsillo de estambre216 verde; después va a salir y tropieza con Luis que entra vestido pobremente, pero con sombrero de copa y levita. Debajo del brazo lleva un cuadro de regulares dimensiones y en la otra mano un estuche que figura ser de pinturas.) LUIS (Entrando.) ¡Bruto! LESMES ¡Servidor de usted! (Vase.) LUIS ¡No ha sido mal pisotón! 90 ESCENA III Dichos, menos el señor Lesmes. MODESTO ¡Mi queridísimo amigo, a estas horas por aquí! ¿Qué te ocurre? LUIS ¡Mil desgracias que han de dar conmigo fin! Mi patrona en este instante 95 me acaba de despedir porque la debo seis meses;... ¿Habrá mujer más ruin? Ayer escribió a mi padre refiriéndole las mil 100 216 estambre, hebras largas de lana. 295 calaveradas que hice desde que estoy en Madrid. Le cuenta que estoy casado, que tengo ya un chiquitín, que jugué los veinte duros 105 que me mandó para Ruiz el sastre, y a más, le dice que soy como un adoquín de bruto, porque no sé más que comer y dormir; 110 que no pinto más que puertas y esas muy mal... MODESTO (Interrumpiéndole.) ¡Ay, Luis, tiene razones sobradas, no la debes desmentir! ¡Tú pintastes esa mesa 115 y se ha desteñido! LUIS ¿Sí? Como la pinté de balde, pues,...no me quise lucir. Ya ves, si mi padre viene, dime, ¿qué va a ser de mí? 120 Vengo a que me ampares tú, quiero contigo vivir; de lo que gane pintando, parte será para ti. MODESTO ¿Y tu esposa? LUIS Por fortuna 125 llegó anoche de Guadix un hermano suyo y quiere que la permita vivir con él hasta que se aclare mi situación. MODESTO ¡Infeliz! 130 ¿Has traído tu equipaje? LUIS ¿Pues no estás viendo que sí? La caja de las pinturas, estas zapatillas y el retrato de mi esposa 135 que está a medio concluir; mas si tú quieres, al punto lo arreglaré para ti. 296 MODESTO No por cierto, temo más a tu pincel que a un fusil. 140 LUIS (Después de haberse quitado las botas y puéstose las zapatillas.) Ya estoy en traje de casa. MODESTO ¿Y comiste ya? LUIS ¡Hombre, sí! Pero fue ayer. MODESTO ¡Ya comprendo! ¡Con eso querrás decir que tienes hambre! LUIS ¡Un poquillo! 145 MODESTO Lo mismo me pasa a mí. ESCENA IV Se oyen dentro voces y silbidos, y entra precipitadamente por el fondo Macallister, que trae en la mano una caja en la cual figuran encerrarse los cachivaches propios de un jugador de manos ambulante. MODESTO ¿Qué te sucede, qué es eso? MACALLISTER ¡Qué quieres que me suceda, lo de siempre, desventuras! Servidor de usted. LUIS Muy buenas. 150 MACALLISTER (Sentándose.) ¡Ay! ¡Yo me muero del susto! Dame agua..... MODESTO En la botella no hay una gota; si quieres, se la pediré a la Petra, nuestra vecina. MACALLISTER ¡Por Dios, 155 Modesto, no abras la puerta; que si entran aquí, me matan! 297 MODESTO ¡Pero qué te ocurre, cuenta! MACALLISTER Estaba haciendo mis juegos de manos en la plazuela 160 y al ir a escamotear por la manga una peseta se me escurrió de tal modo que cayó al suelo. ¡Qué gresca de frases epigramáticas217 165 llovió sobre mí! Y no es esa la peor de las desgracias; quise coger la moneda, pero a mí se adelantó un muchachuelo, un gatera,218 170 y cogiéndola me dijo con la mayor desvergüenza: “¡ésta me la llevo yo para que otra vez aprenda!” Todos con risas y burlas 175 celebraron la ocurrencia y yo me quedé ¡figúrate! sin honor y sin peseta.219 El honor era lo menos, porque con él no se almuerza. 180 Calmada un poco la bulla saqué un bote de la esencia con que curo los dolores reumáticos en las piernas y así al público le dije: 185 “¡Caballeros: al que quiera curarse, que a mí se acerque y, al punto, sano se queda!” Salió del corro un paleto cojeando, “a ver si ésta, 190 dijo el pobre, de una vez hace Vd. que no me duela.” Le senté en la caja y dile tres unturas...220 ¡Ni por esas!; se le aumentaba el dolor 195 por instantes, y en la pierna se le fue formando un bulto más grande que una camuesa.221 De pronto lanzó un quejido, 217 epigramáticas: satiricas, agudas. 218 gatera: ratero. 219 típica escena picaresca de “burlador burlado”. 220 unturas: ungüentos. 221 camuesa: variedad de manzana. 298 se levantó y con tal fuerza 200 me arrimó dos puñetazos en mitad de la mollera,222 ¡qué los sentí en los tobillos! Entonces la concurrencia comenzó a darme empujones, 205 los chicos a tirar piedras; ¡yo emprendí a correr, y todos detrás de mí! De una tienda salió un perro y se llevó entre los dientes la tela 210 (Enseñando el pantalón roto por la pierna.) que aquí falta; y para término de mis desdichas inmensas, me ha sucedido una cosa ¡imponderable, estupenda!... ¡He perdido, sin quitarme 215 los zapatos, las dos medias! MOD. Y LUIS (Admirándose.) ¡Hombre! MACALLISTER No debe extrañaros pues no las llevaba puestas; acababa de comprarlas en la Lencería nueva. 220 ¿Cesó el ruido? MODESTO Sí, abramos (Abre la puerta.) MACALLISTER ¡Ay! ¡Virgen de la Almudena! MODESTO Este joven desde hoy (Presentando a Luis.) vive en compañía nuestra. Luis Caballete; es pintor 225 de historia. LUIS (¡De historia... negra!) MACALLISTER Venga esa mano, me doy por ello la enhorabuena; ¡yo también soy un artista desgraciado! La etiqueta 230 es fórmula que me aburre, tratémonos con franqueza... 222 mollera: parte alta de la cabeza. 299 ¡Desde hoy, de tú! LUIS (Abrazándole.) ¡Qué me agrada! MACALLISTER ¿Tienes ahí una peseta? LUIS No. (Con frialdad.) MACALLISTER ¿Y en tu casa? LUIS (Haciéndose el desentendido.) ¿En mi casa? 235 Todos tan buenos se encuentran. MACALLISTER ¡Si no hablo de tu familia! LUIS ¡Ah! vamos, ¿de la moneda? Chico no tengo un céntimo. (Ap.) ¡Caspita! Temprano empieza. 240 MODESTO (A Luis.) Hoy vamos a celebrar tu venida. (A Mac.) Pon la mesa aquí en medio, que ahora voy al café de las Estrellas a decir que suban uno 245 para los tres. MACALLISTER ¡Buena idea! LUIS ¡De desayuno me sirve! ¿Qué hora es? MACALLISTER Las tres y media, tiene el reló de la Plaza Mayor, pero ése no es regla; 250 va siempre más atrasado que tren de recreo. LUIS (A Modesto.) ¡Apriesa! ¡Que tengo más apetito que seis maestros de escuela!223 MODESTO (Mirándose el calzado.) ¿Se conoce que está rota 255 la botina?224 223 en esta época se decía que pasas más hambre que un maestro de escuela. 224 botina: calzado que pasaba algo del tobillo. 300 LUIS ¡Hombre a la legua! Se te ve el dedo meñique... y gracias que llevas media. Trae el tintero: (Mod. se lo da.) verás cómo al momento se arregla. 260 Coloca el pie en esta silla (Le unta la bota con una pluma que habrá mojado en el tintero.) ¿Lo ves? ¿A que no blanquea? MODESTO (Con alegría.) ¡Es verdad! Ya sé el remedio. (Mirándose las botas.) ¡Ni sacadas de la tienda! (Vase.) ESCENA V Luis y Macallister. MACALLISTER ¿Ves qué chico tan guapote 265 es nuestro amigo? LUIS ¡Sí, es cierto!... ¡Y a más, ha tenido ahora un rasgo de hombre de genio! MACALLISTER Siempre me está convidando, yo, por lo mismo, le quiero; 270 ¡oh! ¡Le profeso un cariño desinteresado y bueno! LUIS ¿Pero él puede convidar a menudo? MACALLISTER Chico, es cierto que no puede con frecuencia 275 el infeliz hacer esto; pero yo sí te aseguro que cuando tiene dinero, en tres minutos lo gasta, lo gastamos... LUIS ¡Ya comprendo! 280 301 MACALLISTER La última vez que le tuvo, hará cosa de año y medio, ¡corrimos una flamenca!225 en fin, baste decir esto: yo en la fonda me dormí, 285 desperté en el Saladero226 al otro día, y la mona227 aún se encontraba en mi cuerpo. Ven, ayúdame a poner la mesa; quita el tintero. 290 LUIS Espérate no me manche mi chaquet228 porque es el nuevo. (Se queda en mangas de camisa, y los puños de ésta, han de quedar unidos al chaquet, que coloca sobre una silla. La parte de camisa que se le vea ha de aparecer destrozada y vieja.) MACALLISTER (Riéndose.) ¡Los puños de la camisa se los lleva el chaquet puestos! LUIS Es que mi chaquet y mis puños 295 se quieren hasta el extremo de no poder separarse unos del otro un momento (Colocando la mesa en medio de la escena.) MACALLISTER ¡Has de saber, Luis amigo, que te encuentras en el templo 300 del arte! LUIS (Mirando a todas partes.) ¿Por qué lo dices? MACALLISTER (Conduciendo a Luis a la puerta del foro y señalando con la mano según marcan los versos.) Ven y lo irás comprendiendo. Todos los que aquí vivimos229 somos artistas y, excepto nosotros tres, que ya sabes 305 225 flamenca: juerga. 226 Saladero, cárcel de Madrid. 227 mona: borrachera. 228 chaquet: (galicismo), chaqué, prenda exterior de hombre a modo de chaqueta, que a partir de la cintura se abre hacia atrás formando dos faldones. 229 comienza aquí una descripción irónica de los habitantes de la casa. 302 somos artistas de mérito, lo demás, puede decirse que ninguno vale un céntimo. En aquel cuarto de enfrente habita un titiritero, 310 que le ha contratado Price para limpiar los jamelgos. Más allá vive un dentista francés, que ayer tarde, viendo que de un tirón no arrancaba 315 la muela a un caballero, tiró una vez con tal fuerza que ambos vinieron al suelo. En este piso inmediato vive un actor, ¡de los buenos!... 320 ¡Ayer noche le silbaron en el café del Portento! ¡Vive con un picador, que solo pica en invierno en caballitos de mimbre, 325 y otras veces en un cesto! ¡Al fin y al cabo es artista! LUIS Justamente. MACALLISTER En el del centro, el sacristán de la iglesia que cerca de aquí tenemos... 330 ¡También ése es un artista cual puede ser el primero, porque toca... la campana, que no es menudo instrumento!230 Y para que nada falte 335 habita, pared por medio de nosotros, una vieja que a todos nos trae revueltos porque sabe echar las cartas y siempre con tal acierto 340 que cuanto anuncia sucede... ¡Chico, yo la tengo un miedo! Y no creas, que a su casa acude lo más selecto de la sociedá a saber 345 suerte. Sin ir más lejos, ayer vino una marquesa y antes de ayer un banquero. Naturalmente que todos 230 el sacristán era un personaje frecuente en los entremeses barrocos. 303 entran aquí con misterio; 350 unos al amanecer, y otros de noche; lo siento porque, chico, en este cuarto hay ciertos seres funestos que por las noches me abrasan 355 y así es que me desvelo. LUIS ¿Y quién vivió en aquel cuarto cerrado? MACALLISTER Un sepulturero que se murió y ya no vive.231 LUIS ¡Es natural; lo comprendo! 360 ¿Sacarán a oposición su plaza? MACALLISTER Tal vez. LUIS Me alegro; así que, a concurso llamen, de seguro me presento. MACALLISTER (Con alegría.) ¡Bravo, ya viene el café! 365 LUIS (Id.) ¡Yo, ya me estoy relamiendo! ESCENA VI (Dichos y Modesto que figura hablar desde la puerta del foro con el mozo del café.) MODESTO Traiga Vd.; dentro de un rato si quiere, puede volver. (Entra con el servicio de café y le232 coloca sobre la mesa.) No quise dejarle entrar porque no viese... (Señalando a los muebles.) MACALLISTER Muy bien; 370 si se fija en el mueblaje se me figura que no es capaz de dejarnos solos 231 que se murió y ya no vive, pleonasmo chistoso. 232 el leísmo es frecuente en estos sainetes. 304 hasta tomar el café. (Tomando la cucharilla.) ¡La cucharilla es de plata!... 375 LUIS ¡Oh! ¡Sí, de plata de ley!... A diez reales233 la docena las he visto yo vender. MODESTO (A Luis.) ¡Tú el primero, eres el huésped y es muy justo!... LUIS (Acercándose a la mesa.) Tomaré 380 un sorbito, y lo demás para nosotros. MACALLISTER ¡Muy bien! (Luis va a coger una silla y le detiene Macallister.) MACALLISTER ¡No cojas ésa, por Dios, que se ha descompuesto ayer! (Luis intenta coger otra.) MACALLISTER Ésa menos, que está rota 385 todo lo más hace un mes. (Luis quiere tomar otra.) MODESTO ¡Ésa tampoco! ¡Canastos!... Decid cual. MACALLISTER Espérate. (Entra por la puerta de la derecha y sale con una silla sin respaldo, que coloca junto a la mesa.) Esta es la más sana. LUIS ¡Hombre, y está sin respaldo! MACALLISTER Ten 390 mucho cuidado, no vayas a recostarte y te des un porrazo y además tires al suelo el café. (Luis se sienta, va a recostarse y figura que ha faltado poco para caerse.) 233 real: moneda equivalente a 25 céntimos. 305 ¿No lo dije? ¡Has el favor 395 de no olvidarte!... LUIS (Levantándose.) ¡Pardiez! ¡Antes que me rompa el alma, prefiero tomarlo en pie! MACALLISTER (Separando de la mesa a Modesto y llevándole con mucho misterio al proscenio. Luis se queda tomando el café.) ¡Se me ha ocurrido una idea! Tengo abajo desde ayer 400 habitación preparada en el cuarto de Manuel, para poner la cabeza parlante, y el caso es que no encuentro en todo el barrio 405 como no lo pague bien ninguno que, de cabeza, quisiera hacer el papel. ¡Éste es listo, si lo crees prudente, díselo a ver! 410 MODESTO Bueno! MACALLISTER Esta tarde empezamos porque hay tiempo hasta las diez de sacar a algún dinero que a todos nos vendrá bien. (Modesto se acerca a Luis y habla con él en voz baja.) MACALLISTER (Al público.) ¡Yo de trabajar no paro, 415 practico tres artes, tres! Por el día jugador de manos y, antes de ser de noche, cojo el flautín voy a la calle del Pez 420 me reúno a otros murgantes,234 y empezamos a correr por la coronada villa tocando, ¡pero tan bien!... que se tapan los oídos 425 cuantos nos llegan a ver. Además curo dolores 234 murgantes, los que dan la lata y molestan con música y ruido, a cambio de propinas. 306 reumáticos en los pies y en las piernas; ya lo saben, el que suela padecer... (Indicando que puede subir.) LUIS ¡Con mucho gusto! MACALLISTER ¿Te agrada? 430 LUIS ¡Ya lo creo! MACALLISTER Entonces ven y te pintaré al momento... LUIS (A Mod.) Si viniera mi mujer dila que me han colocado. (A Mac.) ¿Con qué sueldo? MACALLISTER Con el diez 435 por ciento de las ganancias. LUIS Ya lo oyes. MODESTO Está bien. (Vanse Luis y Mac. por la puerta de la izquierda.) ESCENA VII MODESTO Macallister es el mismo demonio. Con el placer se le ha olvidado tomar 440 los tres dedos de café que le corresponden; bueno, yo me tomaré los seis. (Se dirige a la mesa y vierte en la taza algunas gotas de café.) ¡Caramba, con el sorbito de Luis! Si llegan a ser 445 dos sorbos, no deja gota... En el azúcar también metió la mano; descuida que no lo harás otra vez. 307 ESCENA VIII Modesto y el señor Ceferino que entra por el foro en traje de labrador aragonés. CEFERINO Dios guarde a usted. MODESTO Muchas gracias. 450 CEFERINO ¿D. Modesto Rubinán vive aquí? MODESTO En este momento, con usted hablando está CEFERINO ¡Qué torpe soy! En la cara 455 lo he debido adivinar; su rostro de Vd. revela por completo su maldad. ¡Voy a romperle a Vd. el alma! MODESTO Me gusta, así, sin hablar. 460 CEFERINO Sí; primero se la rompo, después hablaré, cabal.235 ¡Soy aragonés! MODESTO Me alegro. CEFERINO Aunque le cause pesar, también lo soy. MODESTO Adelante. 465 CEFERINO Tengamos la fiesta en paz. Leyendo Las Novedades236 la otra tarde en mi lugar, vi una noticia, que a poco me cuesta una enfermedad. 470 Tratándose de un pintor muy joven, que en el canal se disparó cuatro tiros salvo la parte... (Señalando debajo de la barba.) 235 cabal: exacto, honrado. 236 Las Novedades, periódico de la época. 308 MODESTO ¡San Blas! CEFERINO Pues bien, me dije, mi chico 475 es algo bruto en verdad, además pintor, y joven... ¿Si a él se referirá este suelto? Tomo el tren, llego a Madrid, y al llegar, 480 me encuentro a un paisano mío que marcha esta noche allá y me llevaba esta carta (Enseña una carta.) de doña Tecla Sanjuán, la patrona del muchacho; 485 y, en ella, cuenta me da de que Vd. le está perdiendo, de que es Vd. un criminal y de que Vd. fue la causa de su boda. Con que ya 490 lo sabe Vd., señor mío, o me entrega el caporal o juro por Espartero... MODESTO Déjese Vd. de jurar. Aquí no ha venido, Luis, 495 y sabe Dios si vendrá. Si es que quiere Vd. esperarle... (Le ofrece la silla sin respaldo.) CEFERINO ¡Por la Virgen del Pilar que me ofrece Vd. una silla!... ¿No hay otra entera?... MODESTO No tal. 500 (Con timidez.) ¡En la casa de un artista, todo respira humildad! CEFERINO ¿También Vd..? Le aseguro que ese decidido afán de llamarse artista, muchas 505 penas le ha de costar. Habrá días que no coman... MODESTO ¡Y aun semanas! 309 CEFERINO ¡Claro está! ¿Me ve Vd. a mí que parezco un lugareño, un patán?237 510 Pues, a Dios gracias, no debo un cuarto, y tengo además cuatro majuelos,238 un monte y alguna que otra heredad. Por ser artista, ha venido 515 Luis hace un año o más; ¿y qué ha sacado en sustancia? me ha gastado un dineral, sabe pintar... la cigüeña,239 si es que ha aprendido a pintar. 520 ¡Y sobre todo casarse, y hacerme abuelo además! ¡Esto ya me desespera, me saca de quicio!240 MODESTO ¡Bah! ¡Eso debiera a Vd. hacerle 525 Dichoso! CEFERINO ¿Dichoso? ¡Quia!... Mie usté que soy como pocos; ni bebo, ni sé jugar, ni fumo... en fin, soy un hombre honrado a carta cabal. 530 Mas tengo, y ¿quién no las tiene? ¡Dos faltas: aparentar que soy joven y el gustarme las mujeres; mas de tal manera, que en viendo una 535 yo no sé lo que me da! Y es de familia; a mi padre le sucedió siempre igual; a mi abuelo... no digamos, tuvo revuelto el lugar; 540 pues ¿y el padre de mi abuelo?... y si a hablar voy del papá del abuelo de mi padre nunca podría acabar. 237 patán: rústico, zafio, grosero. 238 majuelos: viñas. 239 la cigüeña: en el habla popular la cigüeña trae los niños a la familia. 240 sacar de quicio: exasperar, hacer perder la calma. 310 Ahora quiere usté decirme 545 Don Modesto Rubinán, ¿con un nieto a qué muchacha podré en el pueblo engañar? MODESTO ¡Calle! ¡Miren el vejete! CEFERINO Cada vez me gustan más. 550 Una sola en este mundo me ha llegado a empalagar: ¡Mi difunta que Dios tenga en gloria y en santa paz! ESCENA IX Dichos y Carolina que entra por el foro. CAROLINA Muy buenas tardes, Modesto; 555 ¿dónde está Luis? MODESTO Cierra el pico que éste es su padre. CEFERINO (Levantándose.) ¡Qué hermosa es esa mujer, Dios mío! ¿Es su esposa?241 MODESTO ¡Sí señor! (Macallister y Luis atraviesan la escena; éste lleva una gran peluca que le cubre hasta los hombros y una barba postiza, También muy larga. Luis, al ver a Carolina, le indica por señas que no diga una palabra.) CAROLINA (Ap. a Modesto.) ¿A dónde va mi marido 560 de esa facha? MODESTO Lo sabrás cuando se marche este tío. CEFERINO No se asuste Vd. señora, que aunque es Vd. un bocadito muy dulce, no me lo como... 565 241 su esposa: aprovechando la ambiegüedad del su, se produce una confusión cómica de la que el público es cómplice, ya que Ceferino cree que Carolina es esposa de Modesto. 311 (Ap.)Ya me olvidé de mi hijo, de mi padre, de mi madre, y, en fin, de to lo nacido. Otra. Pues, si este es mi flaco, ¿tengo la culpa? Al avío.242 570 Señora, es Vd. más guapa que una moneda de a cinco duros. CAROLINA ¡Ay! ¡Qué desvergüenza! CEFERINO ¿Lo ve Vd.? ¡Si se lo he dicho! Ya se me había olvidado 575 que era terreno prohibido MODESTO (Ap. a Carolina.) ¡Yo voy a avisar a Luis antes que aquí se arme un cisco!243 CAROLINA No tardes. MODESTO ¡Vuelvo al momento! (Vase.) ESCENA X Carolina y el señor Ceferino. CEFERINO (Ap.) ¡Otra! pues vaya un marido 580 que sabiendo lo que soy nos deja solos. Pues digo, si ahora sucede un desastre, ¿Tengo la culpa? Imagino que este esposo se parece 585 a otros muchos que yo he visto. Tome Vd. asiento señora. (Ap.) Ésta debe ser muy lista. ¿Es Vd. también artista? CAROLINA Si señor, ribeteadora 590 CEFERINO ¡Canastos! en esta casa residen las artes. CAROLINA Sí; para estar todos aquí falta un pintor. 242 al avío: a arreglarse, a lo práctico, útil. 243 cisco (habla popular), alboroto, jaleo, bulla. 312 CEFERINO Pues no pasa media hora, según creo, 595 sin que venga a completar un cuadro tan singular mi chico Luis; si le veo poco estará con ustedes. CAROLINA ¿Es Vd. su padre? CEFERINO Justo. 600 CAROLINA ¡Ay! pues tengo mucho gusto... ¿Cómo está doña Mercedes su hermana de Vd..? CEFERINO ¡Tan tiesa! CAROLINA ¿Y sigue mejor la tía? CEFERINO Ya está bien. CAROLINA No pasa un día 605 sin que los nombre en la mesa. CEFERINO ¿Come con él?... CAROLINA Justamente; ¡si es mi esposo! CEFERINO ¡Santa Rita! CAROLINA (Turbada.) Si es mi esposo... quien le invita a que coma diariamente. 610 CEFERINO ¡Ah! vamos, de otra manera lo entendí... Y ¿Vd. ha visto al chiquitín? CAROLINA Sí, es más listo ¡Y más mono! CEFERINO ¡Así me muera! CAROLINA ¡Vida mía! ¿Qué delito 615 cometió al venir al mundo para?... CEFERINO Señora, me fundo en mil razones que omito. 313 CAROLINA Vd. es su abuelo además. CEFERINO Los que vienen de improviso, 620 sin pedirme a mí permiso, no son mis nietos jamás. Conque así no arme un embrollo, y por Dios, no me alborote, no consiento ningún mote... 625 ¡Vaya! cuando soy un pollo como aquí dicen. CAROLINA ¡Sí, a fe! muy pocos años tendrá... ¿Ha entrado Vd. en quintas ya? CEFERINO ¿Se está chanceando244 Vd.? 630 (Ap.) ¡Cuando digo que su esposo me ha puesto en el precipicio! ¡Ea! ¡Ya he perdido el juicio otra vez! Es muy hermoso su semblante. ¡Y tie una mano 635 que parece un terroncico de azúcar y es chiquitico su pie! ¡No me encuentro sano! (Se queda contemplando el pie de Carolina.) CAROLINA ¿Traigo luz? ¡Voy en un vuelo!... CEFERINO ¿Para qué? CAROLINA Enseguida salgo. 640 ¡Habrá Vd. perdido algo cuando tanto mira al suelo! CEFERINO (Entusiasmado.) ¡Cacho e gloria! CAROLINA ¡Ay! ¡Dios mío! CEFERINO ¡No me puedo contener!... Por buenas no ha de querer; 645 voy a abrazarla. (Corre hacia Carolina y ésta desaparece por la puerta del foro a tiempo de entrar Modesto.) (Retrocediendo.) ¡El marío! 244 chancear: bromear. 314 ESCENA XI Modesto y el señor Ceferino. MODESTO ¡Hombre si no fuera Vd. un anciano! CEFERINO ¡Dale bola! Me olvidé que era casada; también ella parece boba, 650 no me lo recuerda al ver que se agravaba la cosa. Pero en fin, nada ha ocurrido, si Vd. quiere me perdona, y si no coge una tranca,245 655 y al que más pueda... MODESTO (Ap.) Una broma sería que me zurrase246 por lo que a mí no me importa. Es usted padre de Luis y eso me detiene. CEFERINO Ahora 660 le pregunto yo: ¿ese chico habrá de venir, u es cosa de que vaya yo a buscarle por esas calles? MODESTO ¡No es hora ya de que venga! CEFERINO ¡Pues bueno! (Se sienta.) 665 No le dejo a sol ni sombra hasta que me entregue al chico. MODESTO (Ap.) Es muy capaz; lo que importa es alejarle, y después ya se arreglarán la cosas. 670 Si quiere Vd. encontrarle, váyase Vd. sin demora a la Carrera de San Jerónimo, y en la fonda de Lhardy y espérele Vd. 675 Le gustan mucho las ostras y como allí son tan buenas, 245 tranca: estaca, garrote. 246 zurrase: pegase, riñera. 315 por las tardes a estas horas suele ir a contemplarlas desde la calle. CEFERINO ¡Zambomba! 680 ¡Cuando digo que mi chico de un reventón se malogra! (Vase.) MODESTO Este viejo del demonio ha venido a entorpecer nuestra dicha; casi toda 685 la gente del Avapiés, ha entrado a ver la cabeza parlante; ¡Esto marcha bien, en tres días nos ponemos las botas! ¡Ay! Justo es... 690 ¡Bastante anduve descalzo! Y ese tío ha de volver, y entonces será preciso que Luis se arroje a sus pies... Quiere decir que mañana 695 en su lugar me pondré, seré una cabeza nueva... ¡Si es que puedo contener la risa, que yo lo dudo pues se oye cada sandez!247 700 Voy a escribir el romance que luego vendrán a por él. (Se dispone a escribir.) ¡Caramba! ¡Yo siento frío!... Pues señor, me abrocharé... (Intenta abrocharse la levita y se encuentra sin botones. Contando los ojales.) ¿Ojales?... están completos, 705 Botones... me faltan seis; esos tenía la levita el día que la compré. 247sandez: tontería. 316 ESCENA XIII Carolina, Luis, Macallister y el señor Ceferino que salen precipitadamente por la puerta del foro, Luis lleva sobre los hombros la mesa que sirvió para el espectáculo de la cabeza parlante. Carolina y Modesto sujetan al señor Ceferino que quiere arremeter con Macallister. Breve alboroto. LUIS (Entrando.) ¡Socorro, favor, socorro! CEFERINO (A Mod. que intenta contenerle.) ¡Déjeme Vd. que le abra 710 por la mitad la cabeza y veremos quién se engaña! MODESTO ¿Pero señor, que ha pasado? CEFERINO ¡Así al público se estafa! MACALLISTER ¡Se le volverá el dinero! 715 CEFERINO ¡Ni quiero, ni me hace falta! CAROLINA ¡Qué ha ocurrido! CEFERINO Que al bajar vi mucha gente parada ante una puerta del patio; pregunto, y una muchacha 720 me dice que por dos reales al público se enseñaba una cabeza tan bien hecha y con tal semejanza a una de carne, que a todas 725 las preguntas contestaba. Entro y veo una cabeza sobre una mesa. ¡Caramba! ¡Esta cabeza, exclamé, parece de carne humana! 730 ¿Pero dónde están los pies y el cuerpo? ¡Por Santa Paula que esto es cosa del demonio! —Esta cabeza es la pasta– me dice ese botarate (Por Mac.) 735 dándose más importancia que un diputado en las Cortes el primer día que habla. 317 Yo apuesto a que es verdadera, pues yo pongo porque es falsa, 740 me contestó. ¿Sí? Corriente, pues vamos a ser quién gana. Arremetí con la mesa y enarbolando la tranca empecé a dar garrotazos 745 a esa cabeza de... pasta (Con ironía.) en cuyo rostro se ve la miseria retratada. A ese pobre le pido perdón; pero a ese canalla... (Por Mac.) 750 LUIS (Que durante los anteriores versos y ayudado de Mac. se ha ido despojando de la mesa, de la peluca y la barba.) ¡Perdónele Vd. también padre mío! (Mac., sin ser visto, se retira por la puerta de la derecha.) CEFERINO (Retrocediendo asustado.) ¡Virgen Santa! ¿Eres tú? ¡Jesús, Jesús! ¡Quién en tal cosa pensara! ¿No te avergüenzas? ¿El hijo 755 de Ceferino Larraga, Izquierdo Sánchez y Pinto hallarse como tú estabas? ¡Un completo saltimbanqui!...248 ¡Pero estás dado a la trampa! 760 LUIS Sí, padre, desde hace tiempo debo a todo el mundo. CEFERINO ¡Basta! Ya estoy tranquilo; juré de un golpe romperte el alma y faltó poco; ¿verdad 765 hijo mío? LUIS ¡Sí, caramba!... ¡Me ha partido Vd. una oreja! CEFERINO Mejor así no se escapa de tu memoria el castigo. 248 saltimbanqui: titiritero, equilibrista. 318 CEFERINO Ponte la levita y anda, 770 que nos vamos esta noche en el primer tren que salga. (Luis se pone la levita, las botas y coge el cuadro.) Vinistes, que daba gloria y por Cristo que te marchas más delgado que un caballo 775 de alquiler... En fin... y gracias que acudí a tiempo, si no te encuentro con la mortaja. A propósito: ¿y tu esposa? LUIS (Con temor.) Esta joven... CEFERINO ¡Santa Bárbara! 780 ¿No era esposa de Modesto? ¡O es de los dos! MODESTO ¡Fue una chanza! CEFERINO ¡Ah, vamos! pues ya comprendo por qué Vd. no se enfadaba. 785 ¡Venid aquí; yo os perdono! (Los abraza.) Ésta es muy buena muchacha, la quise abrazar y huyó; muchas se quedan paradas. (Reparando en el cuadro.) Y ¿este retrato, hijo mío? (Le contempla.) 790 ¡Pues si es el mío! ¡La barba, la mesma nariz! ¡Cabales! ¡Picarillo, lo guardabas para el día de mi santo. Ven aquí; ¡te calumniaba 795 la patrona!... ¡No eres torpe, este cuadro es una alhaja! LUIS Necesito concluirlo. (Ap. a Carolina.) ¡Si estarás bien retratada! CEFERINO ¿Y el chico? CAROLINA ¡Vale un tesoro! 800 LUIS (Con alegría.) ¡Ya dice abuelo! 319 CEFERINO ¡Mal haya! ¡Decidle que mata Dios si pronuncia esa palabra! ESCENA XIV Dichos y Macallister en traje de murgante con un flautín viejo en la mano. MACALLISTER ¿Me perdona Vd. a mí? CEFERINO ¡Hombre! En fin, venga esa mano. 805 ¿Dónde va Vd. de esa facha249? MACALLISTER En busca de algunos cuartos. Soy director de una murga y antes de las ocho vamos a felicitar a un joven 810 que se casó hace dos años y esta mañana su esposa ha dado a luz cinco vástagos.250 Es un chico muy decente y tal vez nos dé..... (Indicando dinero.) CEFERINO ¡Un trancazo! 815 Yo quiero obsequiar a ustedes esta noche, y ahora vamos a cenar. MACALLISTER ¿Voy yo también? CEFERINO Sí, señor. MACALLISTER ¡Venga un abrazo! (Le abraza.) MODESTO (Abrazándole.) ¡Usté protege las artes! 820 LUIS ¡Para ministro del ramo no tiene usté precio! 249 facha: aspecto. 250 vástagos: retoños, descendientes. 320 CEFERINO ¡Justo! Pondría especial cuidado en premiar a los artistas verdaderos, no a los falsos 825 (Con intención.) ¡Como algunos que conozco! MODESTO (Con orgullo.) ¡Merced a grandes trabajos consiguió aquí cada cual elevar su arte! MACALLISTER ¡Es claro! ¡No es posible a más altura, 830 vivimos en piso cuarto! CEFERINO Es verdad: de aquí a las nubes solamente falta un paso. ESCENA ÚLTIMA Dichos y el señor Lesmes. LESMES ¿Está el romance? MODESTO Amiguito, me fue imposible acabarlo; 835 (Por el señor Ceferino.) el señor tuvo la culpa. LESMES Pues me pagará los daños y perjuicios. CEFERINO ¿Quién es éste? MODESTO El que me compra el trabajo. Es casi, casi, otro artista; 840 vende romances. CEFERINO ¡Ya caigo! ¡También le invito a cenar! LESMES Lo acepto con mucho agrado 321 CEFERINO (Ap.) ¿Esta noche la echo a perros? (Señalando a los demás.) LESMES (Ap. a Mod.) ¿D. Modesto: y si me canso, 845 de ser ciego? MODESTO Abre los ojos y se finge Vd. borracho; yo les diré que es costumbre de Vd. cuando está empinado. CEFERINO Vamos señores, que es tarde. 850 Ciego, cójase a mi brazo. LESMES (Cogiéndose.) ¡Dios se lo pague hermanito, es Vd. humanitario! CEFERINO Aquí terminó el sainete. Perdona público amado 855 si estos artistas de pega distraerte no alcanzaron. El autor se conceptúa, francamente, uno de tantos, y demanda tu indulgencia 860 si no merece un aplauso. FIN 323 El teatro moderno SAINETE ORIGINAL Y EN VERSO 324 PERSONAJES DOÑA RESTITUTA NATALIA, bailarina de café DOLORES, vendedora de fósforos SOCORRO SINFOROSITA DON LUCAS NICOLÁS, tabernero RAIMUNDO, actor de café ELADIO, estudiante de Veterinaria SEÑOR JUAN, memoralista RAMÓN, mozo de café.. UN VENDEDOR de pantallas SEÑOR NICANOR, padre de FELIPE SILVERIO, chulo UN CHICO Concurrentes, soldados moros, mozos de café, etc. Las escena es en Madrid, y en la época actual. 325 ACTO ÚNICO Café teatro en uno de los barrios más apartados del centro de la capital. En el fondo, el escenario sobre un tablao que distará poco del suelo. A la derecha, una puerta (segundo término) sobre la cual habrá un letrero que diga: “Villar y lotería”. A la izquierda (primer término) la puerta de la calle. A la izquierda (segundo término) una puertecita en la que, sobre un papel pegado en la misma, se verá escrito en gruesos caracteres: “Se proive la en trada en no siendo haptor” Convenientemente colocadas, mesas y sillas de diferentes clases, procurando imitar en cuanto constituye la decoración, todo lo que de característico encierran los establecimientos de esta clase. La acción empieza a las siete y media de la noche, y concluye a las diez de la misma. ESCENA PRIMERA Al levantarse el telón, aparecen sentados en la primera mesa de la derecha el Sr. Juan y el Sr. Nicolás; en la mesa de la izquierda Dolores y Silverio. En las restantes, parroquianos de distintas clases, entre los cuales se hallarán mujeres, soldados y aguadores. En el escenario pequeño, aparece Raimundo en traje de Diego Marsilla251 con la espada desenvainada; detrás de él, tres o cuatro soldados moros. RAIMUNDO “¡Arma anhelada! ¡Mi diestra te empuña ya! Ella al triunfo te encamina. ¡Rayo fue de Palestina, rayo en Valencia será!” 5 (Baja el telón, pero sin que llegue a correrse por completo, hasta que el mozo del café sube al escenario y, tirando de él, hace que baje del todo. Los concurrentes aplauden estrepitosamente y vuelve a alzarse el telón presentándose Raimundo a recibir los aplausos.) NICOLÁS Pero, hombre, ¿has visto a mi chico con qué perfección trabaja? JUAN ¡Ya, ya! Va a ser el actor más celebrado en España. NICOLÁS ¿Qué va a ser? Mejor dijeras 10 que lo es ya... ¡Tiene una gracia! 251 Marsilla: don Juan Diego Martínez Garcés de Marsilla, personaje de Los amantes de Teruel, drama romántico de Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880). 326 JUAN A propósito: ayer noche me regaló una butaca el traspunte252 del teatro Español. Se hacía el drama 15 La aldea de San Lorenzo. Tal vez diga una embajada; pero tuve que salirme a la mitad, no me hallaba tan a gusto como aquí. 20 ¡Qué cómicos y qué damas! ¿Tú ya sabes que Valero tiene adquirida la fama de eminente! Pues sin duda puedes decir en voz alta 25 que vale tu chico más cien mil veces. NICOLÁS ¡Cosa clara! Así lo han asegurado doña Ruperta la sastra, el cerrajero de enfrente 30 y el panadero de casa.253 JUAN ¡Y el chico se hará valer! NICOLÁS ¡Pues ya lo creo! ¡Si gana nueve reales y la cena! Como es director, le pagan 35 más que a ninguno. JUAN ¡Es verdad! NICOLÁS Lo que me admira y me extraña es que hay quien dice que el arte dramático se nos marcha. Yo no pienso de ese modo. 40 Por cualquier parte que vayas, ves un teatro... Y ¿qué es esto? Pues una prueba bien clara de que el teatro español adquiere más importancia. 45 Sin ir más lejos, ya sabes que dentro de dos semanas abro la taberna. 252 traspunte, apuntador que previene a cada actor cuándo ha de salir a escena y las primeras palabras. 253 ironiza sobre la crítica que respalda la categoría de aquellos actores. 327 JUAN ¡Justo! NICOLÁS Hice en ella una obra mana.254 El teatro es espacioso... 50 hasta comedias de magia se pueden hacer en él. ¡Chico, va a ser una ganga! ¡Por tres cuartos, una copa de Valdepeñas y un drama! 55 JUAN ¡Trabajará en él tu hijo! NICOLÁS Pues es claro que trabaja. Y el amo de este café se va a condenar de rabia. JUAN Si me dejara mi esposa, 60 me ajustarías de barba.255 NICOLÁS Díselo. JUAN Lo que es a mí, con bien poco me pagabas. Con tres reales y una copa, más contento que unas Pascuas.256 65 ESCENA II Dichos y Raimundo, que sale por la puerta del escenario en el mismo traje con que se le vio en la escena. A excepción de un karrik en mal uso que llevará sobre los hombros: mira a uno y otro lado con desprecio; los circunstantes se fijan en él y hablan en voz baja en señal de admiración. SILVERIO (Sin levantarse del asiento.) Anda con Dios, no saludas a los pobres; y hay motivo... Desde que eres comediante no quieres hablar conmigo. Pues tú dirás lo que gustes, 70 pero no eches en olvido dos duros que te presté la noche de San Isidro. 254 mana: maravillosa. 255 me ajustarías de barba: contrato de camarero. 256 más contento que unas Pascuas, expresión popular que hace alusión a la fiesta religiosa de Pascua de Resurrección, con la que finalizaba el ayuno y la abstinencia de los cuarenta días anteriores. 328 RAIMUNDO Aunque yo sea un artista estimado y aplaudido 75 del público, en jamás,257 nunca, desprecio yo a mis amigos. (Estrecha con desdén la mano de Silverio.) Ahora vuelvo. (Se dirige a la mesa de Nicolás. Éste le abraza y le hace sentar. Raimundo no saluda a D. Juan.) NICOLÁS ¡Ven aquí! ¡Siéntate un rato, hijo mío! ¿No saludas a D. Juan? 80 RAIMUNDO (Con pedantería.) No le había conocido... ¡Me trato con tanta gente! JUAN No es extraño; ya me imagino que los actores tendrán millares de conocidos. 85 ¡Es Vd. un actor en regla! RAIMUNDO Hace un momento me han dicho que, en el drama de esta noche, no tengo rival. JUAN ¡De fijo! RAIMUNDO ¡Oh! Es el de Diego Marsilla 90 mi papel más favorito! ¡En la escena en que aparezco sujeto al árbol, admiro! El drama, no vale mucho; pero yo, con mi exquisito 95 criterio, le quité un acto, un poco de otro, y ha sido la supresión tan discreta, que no se nota. NICOLÁS (Admirado.) ¡Hijo mío! ¡Tengo miedo a tu talento! 100 ¿Conque anoche hubo silbidos? Sí señor, y con justicia. 257 en jamás, (expresión popular), jamás, nunca. 329 Figúrese Vd. que hicimos La vida es sueño, una obra que ensayé por compromiso; 105 fue exigencia inoportuna de parroquianos antiguos. JUAN Y ¿de quién es ese drama? RAIMUNDO De un tal Calderón. JUAN ¡Magnífico! ¡Calderón el picador 110 a poeta se ha metido!258 (Continúan hablando, y cuando sea conveniente durante el diálogo que sigue, se levanta Raimundo, se acerca a la mesa de Silverio, habla un momento con él, y después de abrazar a algunos parroquianos, se entra por la puerta del escenario.) ESCENA III Dichos y Eladio que sale vestido de elegante cursi con capa, debajo de la cual lleva un lío grande que enseñará oportunamente. Sale mirando a todas partes con sobresalto. ELADIO ¡Desde que sé que me busca el marido, no descanso!... y yo me encuentro en el caso 115 de oponerme, como creo que haría cualquier cristiano. Y que anda tras mí, no hay duda, que así me lo dice Amparo. (Leyendo una carta.) “...Además, me ha sorprendido 120 puesto al cuello tu retrato, y ha jurado no volver a casa, aunque tarde un año, sin romperte alguna cosa. Porque no te rompa algo 125 te lo aviso, ve al café ¡de recuerdos siempre gratos! y entrega al mozo mis cartas. 258 señal de la incultura del memorialista. 330 ¡No más belenes, Eladio! Si salgo de éste con bien, 130 es que Dios hace un milagro. Huye, pues, de ese vampiro y hasta el sepulcro. Tu Amparo.” No lo siento por su amor, que, por cierto, era bien rancio: 135 el angelito pasaba ya de los cincuenta años. Lo siento, porque, a su costa, iba al café y al teatro... y, en fin, soportar podía 140 otra infinidad de gastos propios del que aspira a ser profesor veterinario. En esta carrera estoy sumamente adelantado. 145 Lo digo porque, una vez que tuvo jaqueca Amparo, la traté con una untura especialísima, y... ¡vamos! la sentó perfectamente, 150 mejor que mano de santo. RAMÓN Téngalas Vd. muy buenas, caballero don Eladio. Sé que debe Vd. entregarme... ELADIO (Sacando un lío de cartas exageradamente grande y entregándoselo al mozo.) Ahí van sus cartas, retrato, una trenza desteñida (Dándole una trenza.) y ya más blanca que el mármol. 155 Me quedo con la cadena y el reló por... conservarlos como recuerdo. ¿Lo entiendes? RAMÓN ¡Ya lo creo! Estoy al cabo de la calle, ¿aquel reló 160 que me mandaba empeñarlo cada dos días? ELADIO El mismo; sigue preso y maniatado. 331 Difícilmente podré indultarle, si no alcanzo 165 que se apasione de mí otra vieja y me dé cuartos. RAMÓN Lo conseguirá bien pronto, que ese género averiado, ya sabe Vd. que en Madrid 170 anda siempre muy barato. ELADIO Adiós, no venga el marido... que me busca sable en mano...(Vase.) ESCENA IV Dichos, menos Eladio Se oyen dentro murmullos y el ruido que produce el bombo que contiene las bolas de la lotería, cuando se va a empezar el juego. VOZ (Dentro.) ¡Ahora se rifa el reló! RAMÓN Oye, Silverio; si quieres 175 no encontrarte sin cartones, ya estás subiendo; que ahora se rifa el reló. SILVERIO Dolores, catorce cuartos me faltan para dos reales. DOLORES Entonces 180 dame acá la calderilla y toma. (Cambian el dinero.) No te acalores si pierdes y pague yo tu mala sombra. ¿Lo oyes? SILVERIO No me tienes poco miedo. 185 Choca. (Alargando la mano.) DOLORES ¡Quita de ahí mal hombre! (Vase Silverio.) 332 ESCENA V Dichos, menos Silverio. NICOLÁS (Mirando a la puerta de la calle.) Ya tienes a tu mujer mirando desde la puerta; ¿sabes que estás divertido? JUAN Cállate, si no hay paciencia. 190 ¿Pues no ha dado en tener celos? NICOLÁS ¿Celos de ti? ¡Pues es buena! JUAN ¡Ya ves el cuadro que estoy para enamorar doncellas! Memorialista más pobre 195 ni más feo, no se encuentra... Poco tardará en entrar a buscarme. NICOLÁS Como fuera mi mujer, yo te aseguro que la curaba de veras. 200 ESCENA VI Dichos y Socorro que entra por la puerta de la derecha, vestida pobremente, con un pañuelo a la cabeza y un niño en brazos. SOCORRO ¡No los veo!... Son las ocho. ¡Ah! Ya sé yo dónde está. En la calle de Preciados, sin duda viendo bajar las modistas; sí, a estas horas 205 salen del taller, cabal. Ahora mismo voy allí; llego, me pongo detrás de él y, cuando pretenda el infame requebrar259 210 a alguna, yo le re-quiebro las narices, porque ya se las quebré hace dos días por otro delito igual. RAMÓN Muy buenas, señá Socorro. 215 259 requebrar: dirigir lisonjas a una mujer. 333 SOCORRO Muy buenas. ¿Has visto a Juan? Hace un momento me dijo que aquí venía a jugar un ratito a la baraja con el señor Nicolás 220 el tabernero; y ni a él ni al otro pelafustán260 que le pervierte, los veo. NICOLÁS (Dando un fuerte puñetazo en la mesa y levantándose furioso.) ¡Canastos! No sufro más. Ven aquí, dile a tu esposa 225 si yo te pervierto, Juan... SOCORRO ¡Ah! ¿Pero estabais ahí?... JUAN No te enfades Nicolás, ya sabes tú lo que es ésta que la lengua se le va 230 y dice mil desatinos sin poderlo remediar. NICOLÁS Si no fuera tu mujer, le había mandado ya, de un pescozón, a la torre 235 de Santa Cruz. SOCORRO Hombre, quia; si la han suprimío, ¿cómo me había Vd. de mandar? NICOLÁS Me voy porque no respondo... Si ties la felicidad 240 de quedarte alguna vez viudo, venme a buscar; pero, entretanto, ya sabes; no cuentes con mi amistad, que yo no quiero perderme 245 por un... más vale callar. (Vase.) 260pelafustán: despreciable, pelagatos, desocupado. 334 ESCENA VII Dichos, menos Nicolás. JUAN (Con ironía.) ¿Estás contenta, hermosa? ¡Malditos celos! SOCORRO ¿Me ha faltado ese hombre y estás tan serio? 250 JUAN Si es que le sobra razón para insultarte; si me abochornas... ¿No ves que a todas partes tenaz me sigues, 255 creyendo que las novias las tengo a miles? Y no reparas que estamos ya muy viejos para esas danzas 260 Tienes cincuenta años. Yo... SOCORRO (Furiosa.) ¡Ciento veinte! JUAN ¡Mejor! Confiesa entonces que no hay mujeres que, con mis años, 265 escuchen mis requiebros con mucho agrado. SOCORRO Además yo he venido no por mis celos; por hacerte un servicio, 270 vine corriendo. JUAN ¿Pues qué sucede? SOCORRO Que está lloviendo a mares. JUAN ¿Y qué, si llueve? SOCORRO Que el sombrero te mojas 275 y te he traído el paraguas... JUAN (Reparando que Socorro no lleva paraguas.) ¿En dónde? (Con ironía.) ¿En el bolsillo? 335 SOCORRO Pues, justamente, el pañuelo de yerbas 280 que usas tú siempre. (Sacando del bolsillo un pañuelo grande.) JUAN Eres turca...261 en fin, vamos. (Toma el pañuelo y se cubre con él el sombrero.) Y el pobre niño, se habrá mojado todo; ven ángel mío. 285 (Cogiendo en brazos al niño.) Mira, ¡qué risa!; (Besándole.) tú eres quien mis pesares tan solo alivias. (Vanse.) ESCENA VIII El señor Nicanor y Felipe. NICANOR Ya lo sabes, no te dé vergüenza; pa ser ator, 290 lo primero es el despejo, la soltura, el san facon,262 (Pronunciándolo como está escrito.) que es el santo a quien en Francia se encomiendan con fervor. RAMÓN ¡Buenas noches! NICANOR ¡Hola, chico! 295 ¿Y el amo? RAMÓN Ha poco salió. Ya no tardará en venir. Siéntese Vd., Nicanor. NICANOR No puedo, que ya es la hora de cerrar el bodegón. 300 Aquí te dejo al muchacho; di al amo que haga el favor de admitirle de galán en compañía. Yo respondo bajo palabra 305 que ha de dar satisfaición a todos los parroquianos... 261 turca (habla popular), borracha. 262 san facon, (galicismos), sans façon, sin cumplidos. 336 Sabe hacer el Trovador Sancho García, El Rey monje,263 Sullivan, La Expiación, 310 Campana de la Almudina y La Esposa de un pintor. ¿Y qué más sabes, Felipe? FELIPE Subir, bajar el telón, y así que me suelte un poco 315 podré ser apuntador. NICANOR Ya lo sabes; es un estuche. Él solito lo aprendió, sin ir al Conservatorio... Digo... miento, que fue dos 320 días, y los condiscípulos, y además el profesor, tal envidia le tomaron al ver la disposición que presentaba, que, al fin, 325 de asistir allí dejó. RAMÓN Bueno, bueno, yo hablaré al amo... NICANOR Gracias, Ramón. RAMÓN Ahora se vendrá conmigo; veremos al director 330 de escena, que está jugando al tute,264 y entre los dos arreglarán los asuntos propios de su profesión. NICANOR ¿Le tomará el amo? RAMÓN Sí, 335 en diciéndoselo yo... (Con petulancia.) NICANOR Pues hasta luego. FELIPE ¡Adiós padre! RAMÓN ¡Buenas noches, Nicanor! NICANOR (Ap. a su hijo.) 263 El Trovador (1866) y El Rey monje (1837) son dramas románticos de Antonio García Gutiérrez (1813-1884). Sancho García (1842)es otro drama romántico de José Zorrilla (1817-1893) 264 tute, juego de cartas. 337 Oye; si hablaseis de cuartos, no hagas el primo, ¡ por Dios!... 340 Si no te da cinco reales y de cenar, di que no. (Vanse en distintas direcciones.) ESCENA IX D. Lucas. Sale por la derecha en traje de pobre; las prendas todas de su traje, incluso el sombreo de copa, de forma completamente opuesta a la que en el día se use. LUCAS Son las nueve menos cuarto... ¿Querrán Vds. creer que estoy en ayunas? Vamos, 345 me causa pena cruel separarme así, de pronto, de esta moneda tan fiel, (Enseñando dos reales.) que hasta el último momento quiso estar en mi poder, 350 En Madrid se va el dinero que es un gusto: en tren express... ¿Qué digo yo? ¡Más de prisa! Cuando vine de Aranjuez sin pararnos un instante, 355 más de dos horas tardé. Parece mentira; vine todo lo más hace un mes, traje sesenta y dos reales y se han ido sin saber 360 cómo y cuándo. Mañana, no hay otro remedio, iré a la puerta de la iglesia a pedir para comer. Y, si me llevan al Pardo,265 365 mejor; porque allí podré dejar algo de mis carnes, que ahora estoy hecho un tonel. ¡Mozo, mozo! RAMÓN ¿Qué se ofrece? LUCAS ¿Sirven aquí de comer? 370 RAMÓN Sí señor. 265 Pardo, asilo madrileño de El Pardo. 338 LUCAS Entonces tráeme medio par de huevos. RAMÓN Bien. ¿Quiere Vd. que traiga vino? LUCAS Francamente; por querer... RAMÓN Legítimo Valdepeñas. 375 LUCAS De Valde sólo, tal vez; Si quieres quitarle el Peñas... RAMÓN No señor, no puede ser. (Vase.) ESCENA X Doña Restituta y Sinforosita muy cursis con talmas encarnadas, guantes blancos y adornos en la cabeza. Doña Restituta con una flor en el peinado y Sinforosita con lazo verde. RESTITUTA Ven que te arregle la talma.266 Hija con qué poca sal 380 te colocas los prendidos; ¡cuando yo era de tu edad!... ¡Calle! no había reparado ¿de dónde has ido a sacar este lazo tan precioso! 385 SINFOROSITA Fue chalina267 de papá y después corbata tuya, y ahora, ya ves... RESTITUTA ¡Es verdad!... Veo que eres económica, circunstancia principal 390 por la que, sin duda alguna, fácilmente encontrarás un hombre que te conduzca, lleno de orgullo, al altar. 266 talma: capa corta o esclavina. 267 chalina: chal, echarpe, lana sobre los hombros y espalda de las mujeres. 339 SINFOROSITA Si Dios la oyera, ¡qué dicha! 395 Pero los hombres, mamá, de tal manera se han puesto, que hay que irlos a buscar. Sólo la quieren a una, y no con sinceridad, 400 accediendo a sus caprichos y siendo mártir, no más. RESTITUTA Yo por ti me sacrifico; siempre de aquí para allá, a la Castellana, al Prado, 405 al paraíso268del Real, a los cafés... ¡qué se yo! Por conseguir el afán que tengo de colocarte, vamos era yo capaz 410 de dar veinte años de vida! SINFOROSITA ¡Tiene Vd. sesenta ya! Luego, ese maldito vicio, insoportable y fatal! A todos mis novios, sin 415 que se pueda exceptuar uno solo, les pidió dinero prestado! RESTITUTA ¡Bah! ¿Lo dices porque Enriquito te fue con el cuento, ya, 420 de que le pedí tres duros hace dos días? SINFOROSITA Cabal. RESTITUTA Pues mira, fue por tu bien; yo te quise regalar una toalla de Venus; 425 mejor dicho, la mitad, la otra mitad para mí, que la necesito ya. Y ese fue el motivo, ¿entiendes? SINFOROSITA Y ¿qué ha venido a lograr? 430 Que me quedé sin toalla, sin novio y sin... 268 paraíso: lugar más alto y barato de los teatros. 340 RESTITUTA ¿Callarás?... Sinforosita, lo que hago está bien hecho y en paz. SINFOROSITA Esa es otra; ¿cómo quiere 435 que a nadie llegue a inspirar un amor sincero y puro, con ese nombre fatal? ¡Sinforosa! De seguro, que si pretende buscar 440 en el calendario, un nombre más feo, no le hallará. Llámeme, cuando haya gente, Lágrima, Elisa, Pilar. RESTITUTA Bueno, mujer, no te enfades; 445 que arrugas mucho la faz! ¡Ay! ¡Qué maña criatura! Te has colocado el lunar en un sitio inoportuno; nadie en él reparará. 450 Mañana, si es que tu padre (Fijándose en la cabeza de Sinforosita.) cobra su paga mensual, voy a comprarte una trenza de pita, porque esta ya va declarando en voz alta 455 que es de estopa. SINFOROSITA ¡Sí, es verdad! (Con sentimiento.) RESTITUTA Pero qué veo, aquel es (Por D. Lucas.) D. Lucas de Sandoval, un pretendiente que tuve recién casada; verás 460 cómo al punto nos convida. D. Lucas ¿cómo le va? LUCAS ¡Mi querida Restituta, qué inmensa felicidad! ¿Cómo Vd. por estos sitios? 465 RESTITUTA Hoy no nos toca el Real y hemos venido un ratito a matar el tiempo. LUCAS ¡Ya! 341 RESTITUTA (Sentándose con Sinforosita.) Nos sentaremos, ¡Muchacho! (Llaman.) LUCAS (Ap.) Me partió por la mitad. 470 ¿Vds. gustan? RESTITUTA Mil gracias, ahora vamos a tomar. LUCAS ¿Esta señora, es su hermana? (Por Sinforosita.) RESTITUTA ¡Es mi hija! SINFOROSITA (Aparte.) ¡Qué animal es este señor! RAMÓN ¿Llamaban? 475 RESTITUTA Niña, qué quieres tomar? (Ap.) Pide cosa que se pegue al riñón. SINFOROSITA Pues... me traerás riñones. RAMÓN Bien. ¿Salteados? SINFOROSITA No señor, sin saltear. 480 RESTITUTA A mí, chocolate con picatoste.269 RAMÓN ¡Bien está! LUCAS (Ap.) ¡Ay Dios mío de mi alma! menudo berenjenal es éste. Dos reales tengo, 485 los acabo de mirar y resultan ser más falsos que el alma de Satanás. Ni lo que he tomado yo voy a poderlo pagar. 490 A perro flaco, las pulgas no pueden dejarle en paz. 269 picatoste: pan tostado con manteca o frito. 342 ESCENA XI Dichos y vendedor de pantallas.270 VENDEDOR ¿Compra Vd. una pantalla? SINFOROSITA ¿A ver, a ver? ¡Qué bonita! LUCAS (Ap.) Ya se le antojó, ¡Dios mío! 495 VENDEDOR Son de madera muy fina, hechas con esta navaja. (Enseñándola.) También las hago a la vista del que quiera, por si duda. LUCAS ¡Nadie dice que es mentira! 500 VENDEDOR ¿Quiere Vd. comprar un grillo con su jaula? (Sacándola del bolsillo.) LUCAS ¡Santa Brígida! ¡Grillos en el mes de Marzo!; me parece a mí que es grilla. VENDEDOR ¿Y este gatito de Angora? 505 (Sacando uno del bolsillo.) SINFOROSITA ¡Qué precioso, mamá, mira! LUCAS ¡Si ese gato es de Alcorcón! VENDEDOR Oiga Vd., tío Canillitas, no me desmienta Vd. a mí porque le rompo la crisma.271 510 Ya que Vd. comprar no quiera, deje vender. LUCAS Si la niña tiene ya gato de Angora. RESTITUTA Está Vd. errado Luquitas. No le tiene. 270 pantallas: viseras. 271 le rompo la crisma (habla popular), le descalabro, le rompo la cabeza. 343 LUCAS Bien señora; 515 le tendrá esta noche misma porque yo que tengo tres le daré dos. RESTITUTA ¡No sabía!... VENDEDOR Cómpreme Vd. este perrito de lanas. LUCAS ¡Por Santa Rita!... 520 Pues ni la casa de fieras más animales cobija. ¿Lleva Vd. algún elefante? VENDEDOR ¡Cuando le lleve a Vd. encima! (Vase.) ESCENA XII Se oye dentro el ruido que producen las bolas de la lotería cuando se está jugando. Una voz pronuncia con mucha lentitud y dividiéndola por sílabas los siguientes números. (Dentro.)¡Sesenta y cuatro! 525 ¡Cincuenta y dos! ¡Noventa! ¡El uno! (Se oye un fuerte golpe que figura darse sobre una mesa y otra vez que dice:) ¡Alto, chavó! (Sale Silverio y se dirige a la mesa de Dolores.) DOLORES Habrás ganao, ¿ es verdad? SILVERIO Por poquito no hago quinta; 530 el ochenta me faltaba y salió el uno. DOLORES ¡Qué risa! ¿Lo ves? ¿pa qué juegas, di? Yo estoy aquí todo el día pa ganame una peseta 535 que tú por la noche tiras. ¿Que haces que no ganas nunca? SILVERIO Perder; ¡la cosa es sencilla! 344 ESCENA XIII Dichos y un chico con retratos en la mano. CHICO Retratos de hombres ilustres: El Tato, Napoleón, 540 Cúchares, Prim y Frascuelo, Sagasta y Castañazor. RAMÓN Oye muchacho, ¿has traído el tabaco? CHICO Sí señor. RAMÓN ¿Me traes mucho? CHICO Dos paquetes 545 de colillas; estas son las que recogí en el Prado. (Le da un paquete.) RAMÓN Bueno. CHICO En la Puerta del Sol cogí estas otras. (Le da otro.) RAMÓN Corriente. ¡Ya te pagaré! CHICO Con Dios. (Vase.) 550 RAMÓN Luego, vendo este tabaco por habano superior. ESCENA XIV Dichos menos el chico. RESTITUTA ¿Sigue. Vd. siendo organista? LUCAS No hija, me examiné de profesor de primera 555 enseñanza, y salí bien. 345 Me mandaron a un lugar que está cerca de Aranjuez y allí llevo más de un año luchando a más no poder 560 con el noble Ayuntamiento que no me paga ni un mes. Me debe ya tres mil reales y he venido a pretender que me paguen o me dejen 565 cerrar la escuela. RESTITUTA ¡Eso es! ¿Y se resolvió el asunto? LUCAS ¡Ah! Sí señora, ¡muy bien! Ni puedo cerrar la escuela, ni me pagan. Ya ve Vd... 570 RESTITUTA (Ap.) ¿Qué dirás que se me ocurre? SINFOROSITA (Ap.) Lo que yo pienso a mi vez; que en lugar de convidarnos este señor, vas a ver cómo somos las paganas.272 575 RESTITUTA Pues, hija, lo sentiré porque solamente llevo en el bolsillo papel. SINFOROSITA ¿Mamá, billetes de Banco, (Con extrañeza.) estando a fines de mes? 580 RESTITUTA No, hija mía, si es un décimo atrasado. SINFOROSITA ¡Ya; pensé! ESCENA XV Dichos y Natalia que sale con un lío de ropa en la mano. NATALIA Pues señor, yo juraría que las metí en el pañuelo. ¿Se habrán quedado en el coche? 585 272 las paganas (habla popular), las que pagan. 346 No. ¿Y en casa de Consuelo? Bien puede ser; que parece aquella casa un infierno, todo tan oscuro y tan... Vamos, yo me desespero; 590 siempre que voy a esa casa, pierdo algo, sin remedio. DOLORES ¿Qué te sucede, Natalia? NATALIA Cállate, mujer, si esto es para volverse loca. 595 He perdido hace un momento las pantorrillas273 y hoy me hacen falta sin remedio; figúrate tú que bailo el catorce mil doscientos 600 can-can,274 y pronto es la hora. DOLORES Si es que quieres, yo te presto las mías. NATALIA (Con alegría.) ¿También tú tienes?... DOLORES Pero son de carne y hueso. NATALIA Para bromas estoy yo. 605 ¿Y qué hacer? No hay otro medio que lucir por esta noche mis patitas de jilguero. ESCENA XVI Dichos y el chico de las fotografías que trae en la mano unas pantorrillas sumamente abultadas. CHICO ¿De quién es esto? NATALIA (Cogiéndolas.) Son mías. ¿Dónde demonios estaban? 610 273 pantorrillas, pantorrilleras o calcetas gruesas para abultar las pantorrillas. 274 can-cán (galicismo), baile francés de la época. 347 CHICO En la puerta del café, me las encontré tiradas. (Los concurrentes se ríen, pero con especialidad y llamando la atención doña Restituta y Sinforosa.) NATALIA Anda, anda, cómo se ríen; ¿serán de la aristocracia? DOLORES Qué torpe que eres, mujer, 615 ¿no lo dice su aligancia? NATALIA Ustedes dispensarán señoras; pero mi hermana se empeña en decir que ustedes son de una clase elevada, 620 porque llevan colorete, pelo postizo y alhajas, que se conoce que son finas, imitando a falsas. Yo, sostengo lo contrario: 625 que son cursis desgraciadas que para ahorrarse la cena que deben tomar en casa, salen en busca de un primo que las alimente... ¡Vaya! 630 Ahora, quisieran decirme quién tiene razón? ¿Mi hermana, u yo?275 (Doña Restituta se levanta de la silla y se dirige furiosa a Natalia que la espera impasible.) SINFOROSITA No se comprometa usted, que es gente muy mala. RESTITUTA Yo soy toda una señora 635 y usted una desvergonzada. NATALIA Marizápalos.276 RESTITUTA ¡Perdida! (Se agarraron por brevísimos momentos y las separa don Lucas. Breve alboroto que se calmará así que se oiga tocar una campana en extremo cascada.) 275 estos versos son un buen ejemplo de la forma de insultar de las chulas madrileñas. 276 marizápalos: danza femenina en compás de dos por cuatro; aquí se toma como insulto. 348 RAMÓN ¡Señores, que empieza el drama! ¡Ocupen todos su sitio! NATALIA ¡Vejestorio, eso la salva! 640 Es usted el año uno con guantes blancos y talma. (Vase con Dolores por la puerta del escenario.) RESTITUTA ¡Qué gentuza! ¡Yo me ahogo! (Al mozo.) ¡Tráeme sardinas en salsa que el señor las pagará! 645 LUCAS ¡Me gusta la confianza! ESCENA XVII Dichos el señor Juan y Socorro, que se sientan a ver la función en la mesa de Silverio. Se descorre el telón del teatrito, en cuya escena aparece una decoración de bosque, y Raimundo en el traje que vistió anteriormente atado a un árbol. Su actitud ridículamente trágica y su voz descompasada. RAIMUNDO “Infames bandoleros que me habéis a traición acometido, venid y ensangrentad vuestros aceros: la muerte ya por compasión os pido.” 650 VOZ DENTRO ¡Cincuenta y uno! (Ruido de bolas.) RAIMUNDO “Nadie llega, de nadie soy oído” VOZ ¡Cuarenta y tres! RAIMUNDO “Vuelve el eco mis voces parece que goza en mi dolor y me escarnece” 655 VOZ ¡Cuarenta y ocho! ¡Setenta y seis! RAIMUNDO “Enemigos villanos, los ricos dones del monarca moro, no como yo, darán en vuestras manos: 660 tienen quien los defienda. 349 Mas por Jaime avisados en mi casa estarán; pronto, azorados con mi tardanza... Sí, ya se aproxima gente. ¿Quién es?” 665 VOZ ¡El tuerto!277 RAIMUNDO “Monstruo, por cuya voz ruge el abismo, vuelve y di que es engaño todo lo que te oí. (Forcejea para desatarse.) Lazos crueles, ¿Cómo me resistís? ¡Ligan cordeles 670 al que hierros quebró! ¿No soy el mismo? ¡Ah! no. Mujer fatal, cortos instantes me quedan que vivir, si no has mentido; pero, permita Dios, que mueras antes! ¿Quién va? DENTRO ¡Marsilla es éste! 675 Aquí por este lado, caballeros. RAIMUNDO ¡¡¡Padre!!!” ESCENA XVIII Dichos y el señor Nicolás que sale precipitadamente. NICOLÁS ¡Quién te ha faltao! ¡Creí que demandabas auxilio! RAIMUNDO “Desatadme”. 680 (Hace esfuerzos para desatarse del árbol y, de repente, la parte del tablao que le sostiene se hunde con estrépito. Todos acuden a socorrerle y cae el teloncito.) ESCENA XIX Dichos y Ramón que sale con agitación. RAMÓN Señores, hagan ustedes el favor de dispensar; así que arreglen las tablas otra vez empezarán. 277 tuerto: (jerga), nombre con el que se conoce al número diez entre los jugadores de lotería. 350 LUCAS ¿Pero cómo ha sido eso? 685 RAMÓN ¡La cosa más natural!... ¿No ve usted que ese tablado sirvió seis años o más de cama de matrimonio al amo y al ama? LUCAS ¡Ya! 690 ¿Se ha lastimado el artista? RAMÓN No. LUCAS Pues lo siento de verdad, que, aunque se muera, muy poco el arte en él perderá! RAMÓN El que quiera entretenerse 695 hasta que vuelva a empezar la función, puede subir; que en el cuarto principal, agradecido mi amo a la excesiva bondad 700 del público distinguido que asiste aquí sin cesar, ha establecido desde hoy (Bajando la voz.) con reserva y con lealtad el juego de la ruleta. 705 (Todos aplaudiendo con entusiasmo levantándose de los asientos y dirigiéndose sin excepción a la la puerta de la calle.) ¡Bravo, bien, vamos allá! LUCAS (Al público.) El autor de este sainete te pide humilde un consejo: y es que fielmente le digas si ha de seguir escribiendo 710 para ti, cuya indulgencia reclama en este momento, o para el público alegre que sin reparar en defectos aplaude todas las noches 715 en los cafés de este género. FIN 351 Un juicio de exenciones SAINETE ORIGINAL Y EN VERSO 352 PERSONAJES DOÑA TIBURCIA, maestra de niñas. DOÑA TERESA ROSA, su hija DOÑA MICAELA SARGENTO ANTÓN RATA EL SEÑOR CRISPÍN ALCALDE COLÁS MÉDICO PEDRO PABLO DON DIMAS, herrador REGINO ALGUACIL SECRETARIO DEL AYUNTAMIENTO ALDEANO 1º ÍDEM 2º ÍDEM 3º ÍDEM 4º Dos regidores que no hablan. Mozos y mozas del pueblo. La escena en un pueblo de España: época actual. 353 ACTO ÚNICO Plaza del lugar; a la izquierda la Casa-Ayuntamiento. Derecha e izquierda entiéndase siempre la del espectador. ESCENA PRIMERA. Doña Teresa y Rosa, que salen por la derecha. ROSA Le digo a usted que esta noche no he dormido ni un momento. Dende278 que sé que Colás entra en quintas, no sosiego. Esto de amar a un muchacho 5 hace diez años y medio, y perder las proporciones279 más ventajosas del pueblo por él, y luego salir para remate del cuento, 10 con que tiene que marcharse a servir en el ejército... vamos, que me desespera; y si usted no encuentra un medio para librar a mi novio 15 de ser soldado, me muero. ¡Discúrralo usted, por Dios! TERESA Hija mía, hay uno y bueno. ROSA Pues dígale usted. TERESA El dar ocho mil reales. ROSA (Con ironía.) Me alegro: 20 pues ése yo le tenía discurrido hace ya tiempo. Si mi padre que es tan rico le quisiera hacer un préstamo... TERESA En eso están ya tratando, 25 y no se ponen de acuerdo por pequeñas diferencias consistentes en el rédito. Una peseta por duro le da tu novio, mas creo 30 que tu padre quiere un duro 278 dende: desde. 279 proporción, partido, conveniencia u oportunidad en una unión o matrimonio. 354 por cada peseta: en eso están las dificultades; pero vendrán a un arreglo, pues como tú ves, la cosa 35 es de poco más o menos. ROSA Vamos, mi padre no quiere perderse, por lo que veo. TERESA Hija mía, hay que tener presente que ese dinero, 40 para ganarlo tu padre ha invertido mucho tiempo; y eso que es el herrador más laborioso y más diestro de cuantos aquí conocen, 45 bien que es él solo en el pueblo; y el dar una en la herradura y ciento en el clavo, han hecho que vengan aquí a servirse los señores de más peso 50 que hay en el lugar. También debes comprender que a Pedro, tu hermano, le cupo entrar en el presente sorteo y necesita librarle. 55 ROSA Pues hace muy mal en eso; que libre a mi novio que es un muchacho de más mérito. Mi hermano es un avestruz que siempre me está riñendo, 60 y mientras vivamos juntos, ¡será la casa un infierno! Y eso que tengo un carácter lo más apacible y bueno, que no me meto con nadie 65 cuando hacen lo que yo quiero. TERESA Cálmate, que todavía no llegó el caso al extremo de declararle soldado. Hoy verá el ayuntamiento 70 si reúne las condiciones que se exigen para ello. ¿Cuántos pies280 tiene tu novio? 280 pie: medida de longitud equivalente a 28 cm. 355 ROSA (Como admirada de la pregunta.) Dos, me parece. TERESA No es eso. quiero decirte si llega 75 a la talla. ROSA ¡Ya lo creo! Como que es el mejor mozo que se pasea en el pueblo. TERESA ¡Ea!, entremos sin tardar, que pronto darán comienzo. 80 (Entran en el Ayuntamiento.) ESCENA II Antón Rata, el señor Crispín, doña Tiburcia y doña Micaela, por la derecha. ANTÓN (Llorando exageradamente.) ¡Ay, Dios mío de mi alma, esto me cuesta la vida! CRISPÍN Hombre, ¿te quieres callar? ¡Mira que llevo unos días que no sé cómo me tengo 85 y no te rompo la crisma! ANTÓN (Llorando.) ¡Yo no quiero ser soldado!... CRISPÍN Otra vez, ¡vuelta a las mismas! MICAELA Y dice bien, sí señor. ¡Si aborrece la melicia! 90 ¿por qué ha de cargar ahora con el chopo? CRISPÍN Es muy sencilla la razón; porque le cupo la suerte. ANTÓN No, la desdicha dirá usted. 356 MICAELA ¡Eres un monstruo! 95 Cualquiera en tu caso haría un sacrificio con tal de que esta criaturita se librase del servicio de las armas. CRISPÍN Si no hay guita281 100 (Indicando dinero.) para dar ocho mil reales, que es la mejor medicina, ¿qué quieres que haga? MICAELA Morirte, y entonces se libraría por ser hijo de viuda. 105 CRISPÍN Ve buscando otra salida, que esa no me gusta mucho: y ojo con esas bromitas, porque, si llego a enfadarme, puede ser que no entre en quintas282 110 ¡por ser hijo de viudo! Conque vamos deprisita a entrar, que habrán empezado. TIBURCIA (Con mucha gravedad.) Yo, aunque algo resentida porque no me habéis pedido 115 consejo, siendo madrina del muchacho, y además autoridad en la villa, por mi sagrado carácter de profesora de niñas, 120 voy a dar mi parecer con rigurosa justicia. Para ilustrar la cuestión y sentar bien las premisas, os voy a hacer una historia 125 muy ligera de las quintas. (Hace ademanes como el que se prepara a pronunciar un gran discurso.) Antes de la creación... 281 guita, dinero. (Viene de guita, cuerda larga; de ahí la idea de algo que no se acaba). 282 entrar en quintas, ir a la mili. Antiguamente, la quinta parte de la población se alistaba en el ejército. 357 CRISPÍN Tiburcia, por Dios, no sigas, porque, si vas a contarnos las cosas ya sucedidas 130 desde esa fecha hasta hoy, no concluyes en tu vida. Haz el favor de tomarlo desde algo después y aprisa, que estamos haciendo falta 135 ahí enfrente. TIBURCIA No te aflijas: prescindiré de la historia y voy derecha a la miga, que consiste en declarar que si yo, en vez de ser hija 140 de Eva, fuese muchachito, ningún modo escogería de vivir más que el servicio... ¡Si es la mejor canongía!...283 CRISPÍN ¡Eso digo yo! Y ahí tienes 145 al hijo de la Francisca, Va pa diez años que sirve al rey, y según noticias, cabo segundo interino le han hecho de un golpe. ANTÓN ¡Atiza! 150 MICAELA Eso es proteger a un hombre. CRISPÍN Vamos, y eso no te anima? ANTÓN Ni mucho menos. TIBURCIA Te dan sin que te falte ni un día de comer y de vestir, 155 buen calzado y ropa limpia, dinero para tabaco, horas para hacer visitas... Si hay revolución y ganas, te dan un grado enseguida, 160 y si pierdes te dan otro también; conque ahora avisa si quieres mayores gangas284 en esta pícara vida. 283 canongía: renta o prebenda que tenía el canónigo de una catedral. 284 gangas, negocio ventajoso. 358 ANTÓN Y, si me rompen un brazo, 165 ¿qué me darán, madrinita? MICAELA Si tienes mucha influencia, permiso para que pidas una limosna. Ea, basta de semejantes pamplinas,285 170 que ya he descubierto un medio cuya eficacia está vista. Dicen que, faltando a uno cuatro o seis dientes de arriba, como no puede morder 175 el cartucho, le eliminan del servicio. Conque así (A Crispín.) coge la horma286 enseguida, y a hacerle la operación. CRISPÍN Mujer, ¡por María Santísima! 180 MICAELA (A Antón.) ¿Te conformas? ANTÓN (Muy contento.)¡Ya lo creo! MICAELA Pues adentro. TIBURCIA (Horrorizada.) ¡Santa Brígida! CRISPÍN (Con resignación.) ¡Vamos a romperte el alma para librarte de quintas! (Vanse derecha.) ESCENA III SARGENTO ¡Qué país! ¡Cuánta ignorancia! 185 ¡Qué salvajes, qué zopencos!287 ¡Aquí todo el mundo quiere ser en absoluto el dueño de su voluntad, y hacer lo que cuadre a su deseo; 190 285 pamplinas: tonterías, obsequios inoportunos. 286 horma: molde. 287 zopenco: torpe, tosco. 359 y siempre en mengua288 y desdoro,289 en menoscabo y desprecio del que honradamente ejerce la autoridad y el gobierno! Porque saben que yo soy 195 en esta villa, el sargento nombrado para medir a los muchachos del pueblo a quienes les ha tocado ser incluidos en sorteo, 200 no me dejan descansar haciéndome indignos ruegos. Nada menos que estas cartas. me han escrito. (Enseñando un gran paquete.) En ellas leo proposiciones que afrentan 205 al que es moral y severo. (Leyendo.) “¡Hágame usted el favor de no estirar a mi nieto cuando le talle, porque tie el cogote muy enfermo, 210 pues padece esparavanes290 dende que era pequeñuelo. En cambio, si usted consigue que el chico libre, le ofrezgo ser con usted agradecido. 215 (Dando intención a la palabra.) Y no digo más.” (Deja de leer.) ¡Te veo!... Aunque tu nieto levante cuatro pulgadas291del suelo, voy a hacer que, en un minuto, crezca dos metros y medio. 220 Esta otra así se explica. (Leyendo otra carta.) “Muy apreciable sargento: mi hijo tiene cuatro pies como yo; y, por lo que veo, exige la ley que tenga 225 cinco. Creo que, con esto, se salvará de la quinta si usted no se opone a ello. A fin de que disminuya en estatura, he dispuesto 230 288 mengua: deshonra. 289 desdoro: vergüenza. 290 esparaván: cojera producida por un tumor en la corva. 291 pulgada, unidad de medida de unos 23 milímetros. 360 que se afeite la cabeza y que ande por esos cerros diez y seis leguas diarias sin reposar un momento. El cansancio natural 235 en virtud de este jaleo, y el ir cargando con más de treinta arrobas292 de peso, bastará para que dé un bajón tan estupendo, 240 que le falte pa llegar a la talla un kilometro. Sobre todo si usted quiere... Conque así, no hablemos de ello: sírvame usted, y le aseguro 245 que empués nos entenderemos. (Deja de leer.) Y esto a mí, a mí, que soy de rectitud un modelo, que, siendo una vez alcalde, a mis padres metí presos, 250 por una disputa horrible que entre los dos promovieron, sobre que no había una luna más clara que la del pueblo. Ya los compondré yo a todos. 255 ESCENA IV Dichos y el alguacil, que sale del ayuntamiento. ALGUACIL Por amor de Dios, sargento, que hace dos horas que están esperándole ahí dentro, y por la falta de usted no han podido dar comienzo. 260 SARGENTO Voy allá, que tengan calma, que el caso no es para menos. (Entran ambos en el ayuntamiento.) 292 arroba: medida de peso entre 11 y 121 kilos. 361 ESCENA V D. DIMAS Ya habrá principiado el acto, vamos a ver en qué para. Mi chico estará a estas horas 265 en camino; no me falta dinero para librarle; pero, en fin, ¡cosas de España!... Quiero intentar, lo primero, burlar la ley; que la gracia 270 no está en cumplirla, consiste muchas veces en burlarla. ESCENA VI Dicho y Regino, que sale del ayuntamiento con una tela verde cubriéndole los ojos y un palo en la mano: figura ser casi ciego. DIMAS Adiós, Regino: supongo que te habrán reconocido y que te habrán declarado 275 inútil para el servicio. REGINO Pues supone usted muy mal, don Dimas, porque me han dicho que veo, y me han declarao útil. Hasta otro ratito. 280 DIMAS ¡Que sea todo por Dios! REGINO (Con resignación.) Sí, más pasó Jesucristo! (Vase derecha.) ESCENA VII Dichos y Pablo, que sale también del ayuntamiento. Este personaje ha de figurar un mozo muy grueso, de muy buen color y con las señales más evidentes de que disfruta una salud perfecta. PABLO ¡Don Dimas, venga un abrazo! DIMAS ¡Vayan aunque sean doscientos! Hombre, me alegro ver uno 285 que esté conforme y contento con su suerte; no va a haber un soldado en el ejército español más bien plantao, 362 más sanote y más derecho... 290 PABLO ¡Ca! ¡Pues ahora con esas me sale usted!... Si no es eso: si me han declarado inútil... DIMAS ¿Inútil tú? PABLO Ya lo creo. ¡Pues bien a la vista está! DIMAS (Irónicamente.)Sí. 295 PABLO Por enfermo del pecho. (Vase dando saltos de alegría.) ESCENA VIII D. DIMAS Pues señor, vamos andando, ¡ahora sí que no lo entiendo! (Entra en el ayuntamiento.) MUTACIÓN Interior del salón principal del ayuntamiento, con puertas laterales. En el foro una mesa: sentados a ella el alcalde, los regidores y el secretario; a un lado y a otro filas de bancos que ocupan mozos y mozas del pueblo; entre ellos doña Teresa, Rosa, Colás y detrás Dimas. En segundo término estará la talla. El sargento aparece midiendo a un mozo muy pequeño, al cual, para hacerle llegar a la talla, pega grandes y exagerados puñetazos en el estómago, le estira el pescuezo con fuerza y hace, en fin, cuantos movimientos cómicos sean necesarios para demostrar y criticar el rigor conque en estos casos se procede. El médico aparece mezclado con la demás gente del pueblo. Reina mucha animación y algazara. Todos ríen al ver los esfuerzos del sargento. ALCALDE ¡Silencio, señores!...¡Tengan más compostura y respeto! 300 ALD. 1º ¡Si ése es enano y no da la talla! ALCALDE Eso lo veremos, y corresponde decirlo únicamente al sargento. 363 SARGENTO (Después de haber estirado al mozo hasta llegar a la talla.) Éste, por la talla, es útil. 305 ALCALDE (Alboroto general.) Pues al siguiente. ¡Silencio! SECRETARIO Número dos, Colás Mínguez. TERESA A ti te llaman, ve presto. (Dando un empujón a Colás.) COLÁS (Se levanta del banco, hace una profunda reverencia al pasar por delante de la mesa, se coloca en la talla y le mide el sargento sin dificultad.) ALCALDE Tú no tendrás exención que poner; ¿verdad martuerzo? 293 310 COLÁS (Hace signos indicando que es mudo.) ALCALDE Hombre, parece mentira!... ¿Mudo tú? ¡Eso está bueno! ¡Si toda la vida has sido el más parlanchín del pueblo! No sufrió poco tu padre 315 porque tenías el empeño de ser comediante... Vamos, pase a reconocimiento. (Al médico.) MÉDICO (Cogiendo de la mano a Colás y llevándole al primer término derecha.) Ven acá, hombre, ven acá. Me das pena, lo confieso; 320 un muchacho como tú, sin poder echar requiebros a las chicas, es bien triste. Tú me dirás al momento, de qué te quedaste mudo? 325 COLÁS (Después de mirar fijamente al Médico.) De un susto, señor. (Algazara y risas.) MÉDICO (Riéndose.) ¡Me alegro! ROSA ¡Animal! ¿Pa qué has hablao? 293 mastuerzo: cernícalo, grosero. 364 ALCALDE Útil. ¡Y además, sujeto al castigo que la ley impone a los embusteros 330 en estos casos! COLÁS ¡Maldita sea mi lengua! (Dándose cachetes.) TERESA ¡Mostrenco! A ti sólo se te ocurre... COLÁS No insulte usted, que a usted debo el bocholno, que usted fue 335 la que me dio este consejo. TERESA Mas te dije que no hablases, por nada del mundo, ¡necio! ROSA Vámonos, madre, que ya no tengo interés en esto. 340 TERESA Mujer, que falta tu hermano. ROSA Que falte, me importa un bledo lo demás, siendo soldado mi novio. (Vase con Colás por la izquierda.) TERESA Pues yo me quedo. SECRETARIO Número tres, Antón Rata. 345 ESCENA IX Dichos, el señor Crispín, doña Micaela, doña Tiburcia y Antón Rata; éste con un carrillo hinchado y un pañuelo por la cara: al hablar silbará las eses como aquel a quien le falta parte de la dentadura. Entran por la izquierda inmediatamente después de haber pronunciado el secretario el nombre de Antón Rata. ANTÓN ¡Aquí está un piazo! CRISPÍN ¡Qué a tiempo hemos llegado! 365 ALCALDE A tallarle. CRISPÍN Señor Alcalde, se puede dejar a un lado ese trámite porque bien claro se ve 350 la alzá294 de mi hijo. ALCALDE Que pase a decirnos su exención, si la tiene. ANTÓN Seor Alcalde, yo no puedo, aunque quisiera, ser quinto, mientras me falten 355 catorce dientes de arriba y abajo cuatro cabales, porque entonces ¿cómo puedo morder el cartucho? ALCALDE ¡Ah cafre! si ahora ya no es necesario 360 morder cartuchos. ¿No sabes que el sistema la foucheaux (Pronunciando la palabra tal como está escrita.) no se carga por alantre sino por atrás? Conque útil y pasemos adelante. 365 CRISPÍN ¿Me alegro? ¡Si te lo estaba diciendo! (A Antón.) MICAELA Y TIB. ¡Ay Virgen Madre! ANTÓN ¡Ay mis dientes; y qué lástima, tan hermosos y tan grandes! (Vanse doña Tiburcia y doña Micaela.) ESCENA X Dichos, menos doña Micaela y doña Tiburcia. MÉDICO ¿Tú dices que ves muy poco? 370 (Llevando al proscenio al aldeano primero.) ALD. 1º ¡Como que soy burriciego!295 294 alzá: altura. 295 burriciego, cegato. 366 MÉDICO (Dándole unos anteojos que saca de una caja en que hay varios.) A ver si puedes leer. (Le da un libro abierto.) ALD. 1º (Después de fijarse mucho en el libro.) Ni una palabra. MÉDICO (Dándole otros anteojos.) Y ¿con éstos? ALD. 1º Pues mire usted, francamente, con estos entoavía menos. 375 MÉDICO A ver ahora. (Le da otros.) ALD. 1º Tampoco. MÉDICO Pues entonces no comprendo. ¿No es vista cansada? ALD. 1º Sí. MÉDICO Pues a la fuerza, con estos tienes que leer. ALD. 1º No tal: 380 lo mismo que con aquellos; ni aunque traigan los anteojos mejores del universo. Si no sé leer... MÉDICO (Enfadado.) Por vida... Haberlo dicho, ¡mastuerzo!296 385 (Le da un empujón y desaparece confundiéndose entre los demás.) ESCENA XI Dichos y Pedro, que entra muy agitado con la cabeza completamente afeitada: viene destrozado de traje como el que ha andado a pie y corriendo veinte leguas. Trae unas alforjas cargadas de hierro que producirán gran ruido al dejarlas en el suelo. PEDRO (Limpiándose el sudor y dirigiéndose a D. Dimas.) Buenos días. ¿Me han llamado? 296 mastuerzo, hombre necio y torpe. 367 DIMAS Ahora van a pregonar tu número. TERESA Chico, vienes echando el bofe!297 PEDRO ¡Ya, ya! como que tengo en el cuerpo 390 veintiséis leguas, y aún más. Por consejo de mi padre llevo diez días de andar catorce leguas diarias, y hoy hice un esfuerzo tal 395 por ser el último día, que anduve diez leguas298 más. Ya creo que de ésta no soy soldado, es verdá, pero reviento y me marcho 400 derecho a la eternidad. DIMAS Pero el caso es que has menguado. SECRETARIO (En alta voz.) Pedro Encina y Romeral. PEDRO ¡Presente! (Se dirige a la talla, le miden y resulta que es mayor que aquella.) SARGENTO Útil: si le sobra mucho más de la mitad. 405 (Desesperación en D. Dimas y doña Teresa.) ALCALDE ¿Tienes exención, muchacho? PEDRO (Con ira) ¡Sí señor! ALCALDE Pues dinos cuál. PEDRO Que mi padre es un zopenco. (D. Dimas hace ademán de reprenderle.) ¡Toma! ¡Y digo la verdad! Protesto: el sargento ha dicho 410 que me sobra la mitad, y tanto peca de menos lo mesmito que de más; luego, no puedo ser quinto. 297 echa el bofe: muy cansado, que respira mal. 298 legua, medida de longitud equivalente a 5,572 kms. 368 SARGENTO Hombre, no seas animal, 415 que, si para infantería no puedes aprovechar, lo que es pa caballería de seguro servirás. (Risa general.) ESCENA XII Dichos, menos D. Dimas, Pedro y doña Teresa. ALCALDE ¿De manera que no falta 420 ninguno ya? SECRETARIO No señor. ALCALDE ¿Cuántos soldados nos piden? SECRETARIO Ocho. (El alcalde levantándose de la mesa con los regidores, yendo al proscenio y dando un fuerte golpe en el suelo con la vara. La gente le rodea con curiosidad.) ALCALDE Pues es un baldón299 para el pueblo el darles cuatro solamente, y ¡vive Dios! 425 que yo he de sacar los ocho o reviento, ¡sí señor! A ver, Secretario, abra usted esa habitación. (El secretario entra por la primera puerta derecha.) y que salgan los inútiles, 430 que aquí mismo quiero yo nuevo reconocimiento. 299 baldón, (cultismo), vergüenza. 369 ESCENA XIII Salen de la puerta de la derecha los aldeanos primero, segundo, tercero y cuarto. El primero con la cabeza torcida y un hombro más alto que otro. El segundo con muletas. El tercero fingiendo que tiene un cáncer en la nariz. El cuarto con aspecto de loco. ALCALDE Señor doctor; ¿usté está seguro de que esta gente no puede servir al rey? 435 MÉDICO Seguro: mas si usted quiere, por mí, que vayan. ALCALDE No es eso: procure usted entenderme. MÉDICO Pues bien, yo respondo de ello, porque minuciosamente 440 los reconocí, y supongo que usted no querrá ofenderme... ESCENA ÚLTIMA Dichos y el alguacil que sale por la izquierda muy sofocado y contento. ALGUACIL Señores, gran novedad; alegraisos, ¡vive el cielo! Se ha sabido que en Madrid 445 ha habido un motín300 tremendo, que han triunfado los revoltosos, y lo primero que han hecho ha sido decir que ya no hay quintas en nengún pueblo. 450 ¡Conque así todos sois libres! (Alegría general. El de la muletas las tira al suelo y se pone a bailar con los demás enfermos que dan señales del mayor júbilo rodeando al alcalde. Esta escena debe ser muy animada. El alcalde contempla a todos con gran satisfacción.) ENF. 2º Señor Alcalde, ¡qué bien se la hemos pegado! Mire, ya no padezco de gota. (Tirando las muletas y dando brincos.) ENF. 3 ¡Mi cáncer en las narices 455 con agua y jabón se quita. 300 motín, en el siglo XIX se produjeron en España varios motines y levantamientos. 370 ENF. 1º Mi cabeza ya está firme, y mis hombros son iguales: to fue mentira, ¡hay que rirse! (Riéndose estrepitosamente.) ENF. 4º Yo, a Dios gracias, no estoy loco, 460 y me parece imposible que se la haya usted tragao: ni siquiá pa alcalde sirve. ALCALDE ¿Conque todo fue un embrollo? ENF. 1º Y mayúsculo. ¡Hay que rirse! 465 (Como antes.) ALCALDE ¿Sí? Pues tened entendido, galopos301 y almas ruines, que lo de Madrid fue farsa que inventé por persuadirme de vuestro engaño: que allí 470 no ha habido tales motines, que la quintas continúan y que vosotros, caribes,302 desde aquí vais a la cárcel. Mañana, si Dios se sirve 475 darme salud, sus entrego en caja. Conque seguidme, sargento. SARGENTO Espere usted un poco, porque voy a despedirme. Si este sencillo sainete 480 no consiguió divertirte; su autor, con profunda pena, que le perdones te pide, pues, si no llega a la talla que tú justamente exiges, 485 para el honroso servicio de las letras, no te irrites; que con estudio y constancia, tal vez pueda corregirse. FIN 301 galopos: golfos, pilluelos. 302 caribes: salvajes, brutos. 371 ¡A perro chico! SAINETE ORIGINAL Y EN VERSO 372 PERSONAJES: ELENA, actriz DOÑA MILAGROS MUJER DEL TRASPUNTE RUFINO, peluquero JEFE DE LA CLAQUE EMPRESARIO DON LUCAS, actor DON ANTONIO DON CELEDONIO PEPE, traspunte DON COSME, actor NARCISO BRAULIO, apuntador AUTOR 2 AGENTE DE POLICÍA SECRETA AUTOR 1º UN NIÑO Autores y tramoyistas. La escena en Madrid. Época actual. 373 ACTO ÚNICO La escena dividida. La parte de la izquierda (del espectador) figura el interior del escenario de un teatro de quinto orden; en el fondo dos puertas practicables. La parte de la derecha, el exterior del escenario, cuya decoración ha de ser de cárcel, con un banco de piedra y un cántaro de agua. El telón de boca, en el fondo. La acción, al empezar el sainete, se supone momentos antes de dar principio la función que va a representar en dicho teatro. ESCENA PRIMERA Empresario, D. Antonio y tramoyistas. EMPRESARIO Muchachos, vamos, vivitos, a decorar bien la escena y con cuidado; esta noche hay que hacerlo todo en regla: la función inaugural 5 tiene que salir perfecta. Mañana todo Madrid, conocerá por la prensa que se ha estrenado el teatro, y si la desgracia hiciera 10 que hoy el público quedase descontento, buena gresca303 se armaría contra mí; y en ese caso la empresa tronaba, y todos nosotros 15 nos quedábamos por puertas (Examinándolo todo.) No falta ningún detalle. ¡Marchamos a toda vela! ¡Ay, Dios mío! yo no sé dónde tengo la cabeza. 20 ¡Tantas cosas!... pero en fin, en cambio la recompensa va a ser pingüe,304 en cuatro meses, si es que el diablo no lo enreda, me voy a hacer millonario. 25 303 gresca: (gitanismo y adalucismo generalizado), disputa, riña, pendencia. 304 pingüe: graso, abundante. 374 ANTONIO Sí, millonario de deudas. Ten cuidado, que no sabes, infeliz, lo que te pescas: no me desoigas, que yo soy viejo en esta materia. 30 Empresario de teatros diez años sirven de prueba para ver la utilidad que tales negocios dejan. Ya me ves, esta es la hora 35 en que si alguien se acerca y me dice: “voy a ahorcarte o me das una peseta.” tengo que bajar sumiso y obediente la cabeza, 40 y decirle: “corte usted, amigo, por donde quiera, porque, aunque me vuelva mico,305 no puedo dar la peseta”. Y eso que las compañías 45 que yo formé eran muy buenas. Yo he tenido contratados a Latorre y a Romea,306 a Valero y a Guzmán, a Teodora y a la reina 50 de las actrices, Matilde que aunque hoy no pise la escena, como diga: “aquí estoy yo” ya sabemos dónde llega. Pues si con tales actores 55 he perdido una riqueza, ¿qué harás tú que has contratado esos artistas de pega que son sólo aficionados, que no pisaron la escena 60 en toda su vida, y que nadie conoce en la tierra? EMPRESARIO Ganar mucho más que tú que tuviste la torpeza de olvidar tus intereses 65 por cuidar el arte, ¡ea! Yo no tengo en mi teatro ni Latorres, ni Romeas, ni me hacen falta, ni ya hay en Madrid quien los quiera. 70 305 mico: aturdido. 306 Romea fue actor en cuatro sainetes de Luceño (JE, AP, U, T). 375 En cambio, tengo un actor que vale un mundo; no creas, quizá no sepa leer ni escribir, pero remeda a todos los animales 75 que Dios ha echado a la tierra, y en cuantas comedias hace el chico se las ingenia de modo que venga a pelo alguna de sus lindezas. 80 Haciendo Don Juan Tenorio, al acercarse a la reja de doña Ana, en vez de dar las palmadas que el poeta indica que deben darse, 85 figurando que es la seña para que aquella se asome, relincha como una yegua; y chico, el público todo se entusiasma de manera 90 que... vamos, jamás se han visto ni Latorre, ni Romea aplaudidos de ese modo en su brillante carrera. ¡Y hasta le arrojan coronas! 95 ANTONIO ¡Un cabezón de serreta307 le echaría yo! ¡No prosigas ponderando las bellezas de tus actores, porque ya me falta la paciencia! 100 ¡Me marcho, no quiero oírte; y permita Dios que pierdas hasta la camisa! (Vase por la izquierda muy desesperado.) 307 serreta: media caña de hierro de forma semicircular y con dientes en los bordes, que se sujeta al cabezal de las caballerías. 376 ESCENA II EMPRESARIO Gracias; antes ciegues que tal veas. Por supuesto que se engaña; 105 él no sabe que mi empresa es una serie acabada de combinaciones, hechas con un ingenio y un tacto que no se ocurre a cualquiera. 110 Por cinco céntimos doy un baile, un drama y tres piezas, y además con el billete daré un bono, al que lo quiera, para ver el apartado 115 de los toros, ¡gran idea! (Al traspunte.) Ve avisando a los actores porque la hora se acerca! (Vase izquierda.) ESCENA III Traspunte, acercándose a los cuartos de D. Cosme y D. Lucas y llamando a la puerta, según indica el diálogo. TRASPUNTE A ver el barba308 qué dice; don Cosme, ¡las ocho y media! 120 COSME (Dentro.) Estoy listo hace ya rato: di al peluquero que venga. TRASPUNTE El primer actor de fijo no estará, ¡tiene una flema!...309 (Llamando a su cuarto.) Don Lucas, cuando usted guste. 125 LUCAS (Dentro.) Ten un poco de paciencia, que soy el primer actor y puedo hacer lo que quiera. TRASPUNTE Es verdad, para eso gana de sueldo quince pesetas 130 cada tres meses. ¿A dónde se habrá metido el babieca310 del peluquero? ¡Rufino! (Gritando.) 308 barba: actor de teatro que hace papeles de hombre maduro y viejo. 309 flema: calma, cachaza. 310 babieca: bobo. 377 ESCENA IV Dicho y Rufino, que sale precipitadamente. Ha de hablar con acento catalán muy marcado. RUFINO ¿Te quieres callar la lengua? ¡Pues no metes pocas voces! 135 home, pues el que te oyera creería que yo era sordo o que estaba en Alcobendas. Buena noche llevo, estoy que me duele la cabeza, 140 correr de aquí para allá poniendo bigotes, peras, postizos, barbas corridas, lunares... y es tal la gresca que estos cómicos me arman, 145 que no hago nada a derechas. Ahora le puse a la dama unos bigotes de a tercia, y al galán cuatro lunares por debajo de una ceja. 150 Yo no puedo, me reviento; y luego, como la empresa se ha empeñado en que yo haga un papel en la tragedia, ya sabes, el carcelero 155 que custodia a la princesa, estoy que no puedo más. TRASPUNTE ¡Una silba más tremenda te vas a llevar, en cuanto te presentes en escena!... 160 RUFINO (Alarmado.) Hombre, no acierto por qué... TRASPUNTE Por hablar en esa lengua. RUFINO ¿En catalán? ¿Quién conoce que yo soy de aquella tierra? ¿Por este ligero acento?... 165 Verás cómo no lo observan. Pero en fin, ¿qué me querías? TRASPUNTE Que va a empezar la comedia y aún están por arreglar aquellas dos eminencias. 170 (Señalando a los cuartos de Lucas y Cosme.) 378 RUFINO ¡Enseguida voy! ¡Qué gente! Chico, hablando con franqueza, yo he estado catorce años sirviendo a actores de cuenta, y no me han dado que hacer 175 lo que la cuadrilla esta; porque sabrás que no son de esos artistas de veras que trabajan con talento y dan honra a nuestra escena. 180 TRASPUNTE Tienes razón, pero déjate de filosofías y entra en el cuarto de don Cosme, que hace ya rato te espera, y después vístete pronto. 185 RUFINO Bueno, home, ten paciencia. (Va a entrar en el cuarto de D. Cosme y se presenta éste vestido de guerrero.) ESCENA V Dichos y D. Cosme. COSME ¡Vamos hombre, ya me canso! RUFINO Osté dispense, hay faenas que no dejan reposar; hoy ya me duelen las piernas. 190 COSME ¿Traes la barba? RUFINO Sí, ésta es. (Le pone una de esas barbas que parecen vendas...) Barba, de traidor, espesa. Ahora, si a usté le parece, le voy a pintar las cejas. (Se las pinta con corcho quemado.) Porque ya sabrá vosté 195 que el traidor en las tragedias, debe de311 sacar la cara lo mismo que una pantera. (Sigue arreglándole.) 311 debe de, (incorrección), debe. 379 ¿Conque la obra de hoy, según me han dicho, se estrena? 200 COSME Cierto, y que vale un tesoro, porque está escrita a conciencia. RUFINO De seguro que hoy no habrá ni un espectador siquiera en los teatros principales 205 de Madrid; claro, por fuerza, porque todo aquel que ame con sinceridad las letras, ha de darle a este teatro la debida preferencia. 210 ESCENA VI Dichos y D. Lucas, que sale de su cuarto vestido de paje de Isabel la Católica. LUCAS (Enfadado.) ¡Rufino, Rufino, veo que te portas con decencia!... ¡Antes de servirme a mí, que soy director de escena, te entretienes con actores 215 de tercer orden! Pues cuenta conque de seguir así voy a quejarme a la empresa. (A Cosme.) Y tú, deberías guardarme aquella justa obediencia 220 que se guarda en todas partes a artistas de mi carrera. Ya buscaré la ocasión de que ajustemos las cuentas. Por hoy me basta lo dicho, 225 no quiero que haiga pendencias. (Indica a Rufino que le siga a su cuarto; Cosme hace un signo de desprecio y se pone a hablar con la demás gente que habrá en el escenario.) 380 ESCENA VII Dichos y empresario. EMPRESARIO (Al traspunte que con el jefe de la claque estarán en escena.) Dile al jefe de la claque312 que le espero aquí, que venga. TRASPUNTE Ahí está. EMPRESARIO Me alegro; oye. (El Jefe de la claque se prepara para recibir órdenes.) Al presentarse en la escena 230 la primera dama, antes de que pronuncie una letra, un aplauso atronador; no se te olvide, y ordena también a toda tu gente, 235 que cuando diga “no hay fiera como mi amante”, que entonces llame al autor con vehemencia; al primer galán aplausos; al traidor, a ése... protestas, 240 murmullos, en fin, el caso es que el hombre se convenza de que no sirve: no quiero que trabaje aquí. ¿Te enteras? JEFE ¡Sí señor, descuide usted! 245 EMPRESARIO Escúcheme otra advertencia, Hay en el acto tercero, al principiar, una escena muy inmoral: dicen cosas que francamente, avergüenzan. 250 Si, como espero, allí el público se encoleriza y protesta, hacerle callar a aplausos para que cese la gresca. Tener cuidado, pues temo 255 que el drama se venga a tierra. 312 claque: gente que, por aplaudir, asiste gratis al espectáculo 381 JEFE Hay un medio de evitarlo, eficaz sobremanera, y es haciendo, que al llegar los actores a esa escena, 260 la digan en italiano, porque siendo en esa lengua, permite el público excesos que en español no tolera. EMPRESARIO ¡Tienes razón! JEFE Y pasado 265 ese peligro, que vuelvan a declamar todo el resto en español. EMPRESARIO ¡Gran idea!... Voy a hacerles ese encargo. JEFE Por nosotros nada tema. 270 Yo soy jefe de la claque más prudente y más discreta... Si no fuera por nosotros no hubiesen hecho carrera muchas notabilidades 275 que hoy se encomian313 y celebran. Ya se ve, tanto aplaudir, tanto alborozar, es fuerza que al fin el público diga: “Puede ser que no lo entienda, 280 y esto que yo creo malo será una cosa muy buena”. Yo estoy tan acostumbrado a aplaudir con gran vehemencia todo cuanto, malo o bueno, 285 a mis ojos se presenta, que esta mañana vi a un hombre que zurraba a su parienta en la calle, y yo, pensando que asistía a una comedia, 290 empecé a aplaudir diciendo: “que se repita esa escena” EMPRESARIO Es natural, ¡la costumbre! 313 encomian: alaban, elogian. 382 JEFE Y el amor a mi carrera, que es barata y además 295 muy saludable e higiénica. Yo antes tenía unas manos como las de una muñeca, y vea usted el desarrollo que han adquirido; a la fuerza, 300 de tanto aplaudir se hinchan. (Enseña unas manos descomunales.) EMPRESARIO ¡Que monstruosidad! Pues, ea, a tu sitio, que ya pronto vamos a empezar. (Gritando.) ¡A escena! (Vase el jefe de la claque.) ESCENA VIII El traspunte corre de un lado para otro; salen de sus cuartos D. Cosme, D. Lucas y Elena; ésta vestida de blanco y con el cabello suelto, pálida y con grandes ojeras. Detrás de ella doña Milagros y Narciso. Por otro lado sale Rufino vestido de carcelero con unas grandes llaves y un farol en la mano. Esta escena muy animada, pero sin desorden. Braulio, el apuntador sale corriendo con un manuscrito en la mano; también salen la mujer del traspunte y un ama de cría gruesas. TRASPUNTE Apuntador, a tu concha.314 305 BRAULIO ¡Allá voy! TRASPUNTE Escucha, espera. Mi mujer no encuentra sitio y ver la función desea; hazme el favor de llevarla a la concha que se meta 310 allí contigo, ya ves, abulta poco, no es gruesa. BRAULIO Si no vamos a caber. ¡Qué abuso! TRASPUNTE Hombre, dispensa, yo te serviré otro día. 315 MUJER DEL TRASP. No he de ser a usted molesta, me encogeré. 314 concha: dispositivo colocado en el escenario para ocultar al apuntador de la vista del público. 383 BRAULIO (Resignado.) ¡Bueno, bien! (Se preparan a marcharse.) NIÑO Mamá, mamá, ¿no me llevas? (A la mujer del traspunte.) ¡Mira que lloro! MUJER DEL TRASP. Este niño no mete bulto. BRAULIO ¡Que venga! 320 EMPRESARIO Ama, vaya usted a la concha con Braulio. BRAULIO ¡Por Santa Tecla, que vamos a reventar, señor! EMPRESARIO ¡Calle y obedezca! BRAULIO ¡Bueno, pero no respondo!... 325 (Aplausos en el público: desaparece Braulio con el ama, mujer y niño.) EMPRESARIO ¡Que el público se impacienta! ELENA (Preparándose para salir a escena y dirigiéndose a Narciso.) Téngame usted el abrigo; de este sitio no se mueva; la cajita de los polvos, el puñal y la diadema. 330 Todo me lo tiene usted para sacarlo a la escena cuando le avise. NARCISO ¡Está bien! ¡Qué delicia tan suprema es ser novio de una actriz 335 en estos teatros! TRASPUNTE (A la gente que anda estorbando por allí.) ¡Fuera! 384 ESCENA IX Entra Elena en escena y se recuesta en el banco. Doña Milagros y Narciso le arreglan el vestido y se colocan después en lo que figura la primera caja de bastidores. Se levanta el teloncito y, antes de que Elena empiece a hablar, se oye un prolongado aplauso. Los actores, que toman parte en el dramita, representarán de espaldas al verdadero público. Una vez descorrido el telón, conviene que se vea la concha del apuntador, con éste, el niño, la mujer del traspunte y el ama: todo esto puede ser pintado. MILAGROS (Desde la primera caja de bastidores y dirigiéndose a Narciso.) Ya ve usted, eso es señal de que agrada su presencia. ¡Ya verá usted en cuanto hable! ¡Si vale un mundo mi Elena! 340 (En voz muy alta.) Hija mía, no te cortes (Ap.) ¡Es la pobre tan modesta! esa arruga del vestido... baja la mano derecha... antes de empezar a hablar 345 reza diez credos, y piensa en que si haces fiasco315 morimos en la miseria; ten valor, que si no gustas el hospital nos espera. 350 (A Narciso.) La estoy animando. NARCISO Sí, ¡con palabras halagüeñas! TRASPUNTE Señora, cállese usted. MILAGROS No me da la gana, ea. Es hija mía. TRASPUNTE Ahora no, 355 que mientras esté en escena no es hija de nadie. ELENA (Se levanta y dice en actitud trágica:) ¡Cielos! ¿Estoy dormida o despierta? ¿En dónde me encuentro, en dónde? 360 315 fiasco: chasco, fracaso. 385 ¡Ah, sí! Mi mente recuerda que en este lugar inmundo hace diez años, mis penas me tienen ¡triste de mí! ¡consumiendo mi existencia! 365 ¿Por qué razón me prendieron? ¿Qué hice que lo mereciera? ¡Ser adúltera! ¿Y es eso causa justa y verdadera?... ¡Oh, no! Porque si a eso fuéramos... 370 detén, Dios santo, mi lengua, que iba a decir unas cosas que vale más no saberlas. (Rufino agita las cadenas para que hagan ruido.) Siento ruido de cerrojos, de llaves y de cadenas... 375 Será el cruel carcelero que hacia este sitio se acerca a traerme la comida, sí, la comida compuesta de agua y pan, ¡es mi alimento 380 hace ya diez primaveras! NARCISO Pensamiento delicado y de mucha trascendencia. ¡Diez años a pan y agua, se habrá comido libretas 385 la niña! RUFINO (Entrando en escena precipitadamente.) ¡Viven los cielos que para esto no hay paciencia! He sabido que tu amante corre hacia aquí con la idea de robarte del castillo. 390 Escucha bien mi advertencia. Mira lo que vas a hacer; si das un paso siquiera, orden de tu esposo tengo de cortarte la cabeza 395 y mandarle tu cadáver disecado a la frontera ELENA (De rodillas.) ¡Oh, no! ¡Protege mi fuga y oro tendrás! 386 RUFINO ¡Calla, necia! ¿Te figuras que yo ignoro 400 que no tienes dos pesetas? ELENA Mi amante es rico. RUFINO ¡Hablaremos!... ELENA Te hará enterrar en monedas. (Muy marcado.) ¿Dejarásme que me vaya? RUFINO Duro soy como una piedra, 405 mi honradez es de diamante y no hay precio que la tuerza. Por aquí no entrará un alma (Transición.) menos de cinco pesetas. (Desaparece de escena. Todos los que están entre bastidores le abrazan y le dan la enhorabuena.) ELENA Mi amante a salvarme viene, 410 vuelvo a mi banco de piedra, y así como desmayada aguardaré su presencia. (Se sienta y queda abstraída.) ESCENA X D. Lucas y D. Cosme durante la escena anterior habrán estado hablando en voz baja y acaloradamente. COSME ¡Pues bien, en eso comprendo que careces de vergüenza! 415 ¡Te voy a romper el alma! LUCAS Eso será si te dejan. VOCES Que se matan, que se matan. (Confusión. D. Lucas y D. Cosme se pegan. Quieren separarlos y no pueden. El traspunte se acerca precipitadamente y dice:) TRASPUNTE Señores, a escena, a escena. (Se reponen y entran en escena abrazándose tiernamente.) 387 COSME ¡Amigo del alma mía! 420 si la sangre de mis venas algún día te hace falta pídemela. Deja, deja, que te dé un beso en la frente de agradecimiento en prueba. 425 ¿Con qué podré yo pagarte, pues la ocasión me presentas de ver a mi dulce amada? Dame otro abrazo. LUCAS (Se abrazan.) Cuarenta si tú quieres. Desde niño 430 mi corazón te profesa una amistad santa y pura, franca, leal, verdadera. (Ap.) Voy a romperte el bautismo316 cuando salgamos de escena. 435 COSME ¡Gracias.! LUCAS Edelmira, duerme; esperaré a que despierte, sufra la grata impresión de encontrarte en su presencia. ¡Entre tanto aquí estaremos 440 contemplando su belleza! (Se quedan contemplándola.) ESCENA XI Sale por la izquierda D. Celedonio muy sofocado y detrás el empresario tratando de detenerle. CELEDONIO Nada, nada, no consiento que mi hija salga a escena. Ese baldón no caerá sobre mi familia. Esa 445 mancha yo no la tolero. Cesante estoy, que en la Deuda el ministro no ha dejado ni uno solo para muestra. Prefiero morirme de hambre 450 a pasar por la vergüenza de que la chica sea cómica. 316 romperte el bautismo: sinécdoque (bautismo por crisma, unción en la cabeza): romper la cabeza. 388 Sí señor. Enhorabuena que la hubiesen ajustado en un teatro de veras, 455 que la profesión de actriz es honrada, mas en estas reuniones de aficionados al arte de hacer comedias, digo que no me acomoda. 460 Aquí me planto, y en viéndola la cojo, como a su madre, esa ridícula vieja, y me la llevo a casita, y allí las doy una felpa317 465 para que otra vez no hagan sin mi permiso simplezas! EMPRESARIO ¡Hombre, que me pierde usted! CELEDONIO ¡Qué me importa que se pierda! ¿Dónde está su cuarto? ¡Estoy 470 para reventar! ¡Elena! (A voces.) TODOS ¡Silencio! EMPRESARIO ¡No chille usted, que si el público se entera... CELEDONIO ¡Que se entere enhoramala! MILAGROS ¡Hombre, que ya está en escena! 475 CELEDONIO ¿En escena? ¡Miserable, ahora verás tú! (Entra precipitadamente en escena: Doña Milagros, Narciso y el empresario detrás: D. Celedonio coge del brazo a Elena y la saca diciendo muy irritado:) ¡Muñeca! (El público aplaude estrepitosamente: cae el teloncito. En la confusión desaparecen D. Celedonio con su esposa e hija.) EMPRESARIO ¡Perdido soy! ¡Qué conflicto! Pero señor, ¿quién creyera? 317 felpa: paliza. 389 (Voces en el público: “El autor, el autor”.) 480 TRASPUNTE El público está llamando al autor, y es porque piensa que lo que aquí ha sucedido pertenece a la comedia. ¡Este final ha hecho efecto! 485 EMPRESARIO ¡Salga el sol por Antequera! (Al traspunte.) Arriba el telón. Y usted (A Lucas.) diga de quién es la pieza. (Al traspunte.) Y tú busca a los autores, que ahí estarán. (Se levanta el telón.) LUCAS (Haciendo una cortesía antes de hablar.) La comedia 490 que hemos tenido el honor... está arreglada a la escena por los señores Gutiérrez. Sánchez, Rodríguez, Lambrea, Núñez, Pérez, Santa Marta, 495 López, Martín y Perea. (Voces: “que salgan, que salgan”. Sale de escena D. Lucas, se mete entre bastidores y saca en una fila cogidos de la mano a los autores expresados, hacen varias cortesías y se baja el telón. Óyese el ruido de un petardo) ESCENA XII Dichos y agente de policía secreta. GENTE ¿Qué escándalo es éste? (Al empresario.) A ver, dígame usted sin reserva el autor o autores de... (Empresario señalando a los autores.) EMPRESARIO ¡Estos señores! AGENTE ¡Aprieta! 500 ¡Pues señor, eche usté gente! ¿Al Saladero? AUTOR 1º (Muy afligido.) ¡Clemencia! 390 Yo no puse nada más que los versos a una escena. AUTOR 2º Yo los puntos y las comas. 505 AGENTE ¿Han perdido la cabeza o es que hay ya también petardos en prosa y verso? ¡Simplezas! ¡ustedes son los autores del petardo! EMPRESARIO ¡Santa Tecla! 510 Acabara usted, buen hombre. No señor, ni quien sospecha... Yo pensé que usted quería enterarse de quién fuera el autor, no del petardo. 515 sino del drama o comedia que ahora acaba de estrenarse y por eso dije que eran... AGENTE Corriente, de todos modos, presos, quieran o no quieran. 520 EMPRESARIO ¿Qué delito han cometido? AGENTE ¡Escribir una comedia llena de barbaridades! EMPRESARIO Si por eso se prendiera, ¡cuántos autores habría 525 sentenciados a cadena! (El agente se lleva presos a los autores.) ESCENA ÚLTIMA Dichos, menos el agente y autores. EMPRESARIO No hay más, se los lleva a todos, y el más criminal se deja, que es el autor del sainete... (Al público.) A no ser que le concedas, 530 no aplausos sino perdón... ¡Con bien poco se contenta! FIN 391 Fiesta nacional ACONTECIMIENTO FUTURO HUMORÍSTICO, CÓMICO-LÍRICO, TAURÓMACO, EN UN ACTO, DIVIDIDO EN SEIS CUADROS, EN VERSO Y PROSA 392 PERSONAJES REMIGIA DOÑA TORIBIA UNA CHULA RUFINA SEÑORA 1ª SOBRINA 1ª SEÑORA 2ª SOBRINA 2ª UNA SEÑORITA EL MAESTRO-DIRECTOR DE LA ACADEMIA DON TRIFÓN EL ENANO REVENDEDOR 1º MULILLERO 1º MANAZAS DON CORNELIO CONTRATISTA DE CABALLOS INSPECTOR EL TENDIDO UN SEÑORITO EL TIO JINDAMA EL PADRE JACINTO EL TOREO UN ABONADO JULIÁN UN PRIMO DON ROQUE UN ALGUACIL AUTORIDAD COMPETENTE FIDEÍTO CABALLERO 1º ÍDEM 2º NICOLÁS NIÑO 1º ÍDEM 2º ÍDEM 3º ÍDEM 4º ÍDEM 5º revendedores, señoras, caballeros, mulilleros, monosabios, etc. La acción en Madrid. 393 ACTO ÚNICO CUADRO PRIMERO La universidad taurina. Decoración corta. Sala de paso en la escuela de tauromaquia. Corredores o pasillos que se pierden al fondo con varias puertas entreabiertas, viéndose el interior de las aulas, donde habrá barreras como en la plaza de toros. En los trechos, de puerta a puerta, bustos o retratos de toreros, y sobre las mismas, letreros que dicen: “Aula de muleta y muerte”, “Aula de puyas", “Aula de banderillas”. La Entrada de la calle, por la izquierda. Por la derecha, se supone el interior del establecimiento. Al levantarse el telón, se ve un grupo de gente que va desapareciendo por la derecha. ESCENA PRIMERA Julián, un portero y varios caballeros y señoras. JULIÁN Señores, vayan entrando, que pronto va a dar comienzo la solemnidad. (Al portero que se queda el último.) Muchacho, bajo de318 ningún pretexto al que no traiga billete 5 le dejes pasar adentro. (Vase el portero.) Vamos a ver lo que dice hoy la prensa. (Saca un periódico.) Por supuesto, hablará mal de la escuela, como siempre... ¿qué estoy viendo? 10 (Lee.) “Y en nombre de la cultura, de la moral, del progreso, en voz alta protestamos de ese célebre decreto que ha dado vida en España 15 a la escuela de toreo”. (Doblando el periódico con coraje.) Vamos, que yo no me explico cómo permite el Gobierno... Pues hombre, lo que yo digo y too el que tenga dos dedos 20 en su sentido común... si ya es un arte completo la tauromaquia, por qué no ha de tener su colegio 318 bajo de (incorrección), bajo. 394 pa que uno aprenda el oficio 25 como el que estudia pa médico, pa melitar, pa escribano o pa marino o pa clérigo. ¡Cuánta ignorancia! ESCENA II Julián, don Cornelio, por la derecha, con grandes bigotes, traje claro, sombrero de jipijapa319 y un grueso bastón de caña en la mano. CORNELIO (Saliendo con sigilo como si procurase no ser visto.) (Ap.) Que quieran que no quieran, yo me cuelo. 30 (Reparando en Julián.) ¡Por vida de!... JULIÁN Buenos días. (Volviendo la cara.) ¿Dónde va usté, caballero? CORNELIO (Ap.) ¡Maldita contrariedad!... ¿Puede usted en un momento oír dos palabras? JULIÁN Y cuatro. 35 CORNELIO Pues sepa usted, que yo llego de Manila... JULIÁN Sí señor. CORNELIO Y no he traído más objeto que asistir hoy a esta fiesta que tiene a Madrid entero 40 regocijado. JULIÁN Muy bien. CORNELIO Y logrado mi deseo de llegar hoy a la corte, para entrar aquí, no encuentro billete. 319 sombrero de jipijapa, típico del Ecuador, hecho con hojas de una planta llamada bombonaje. 395 JULIÁN ¿No tiene usté 45 billete? CORNELIO No. JULIÁN Pues lo siento, pero no va usté a encontrarlo ni a poder entrar. CORNELIO (Sin poder contenerse.) ¿Que no entro? JULIÁN No. CORNELIO (Ap.) ¡Por encima de ti y de todo un regimiento! 50 JULIÁN Imposible, han repartido ya más billetes que asientos, y no va a caber el público en el salón de los premios, ¡y eso que el corral es grande! 55 CORNELIO ¿El corral? (Ap.) ¡Qué contratiempo! Pero... no habrá un rinconcillo donde yo pueda de lejos ver... JULIÁN No es posible. CORNELIO (Ap) ¡Maldita sea tu estampa! JULIÁN Y considero 60 que es usté digno de entrar, porque se está conociendo, que es usted aficionado a toros. CORNELIO Soy el primero de Madrid. JULIÁN Ya se conoce. 65 CORNELIO ¡Y a más, partidario acérrimo de esta escuela! JULIÁN (De pronto.) ¡Se acabó! 396 CORNELIO ¿Eh? JULIÁN Que aunque me comprometo y me perjudico, voy a procurarle a usté un puesto 70 reservado, en cierto sitio que yo sé. CORNELIO (Aparte con alegría.) Logré mi objeto. JULIÁN Estará usté un poco incómodo, pero todo va usté a verlo y a oírlo. CORNELIO Con eso me basta. 75 JULIÁN Bien: váyame usté siguiendo con sigilo. CORNELIO De puntillas. JULIÁN Y callado. CORNELIO Como un muerto. JULIÁN (Dirigiéndose hacia la izquierda.) (Ap.) ¡Este hombre es bueno y boyante!320 CORNELIO (Siguiéndole.) (Ap.) ¡Ay, como yo sienta el hierro! (Vanse.) 80 ESCENA III El Maestro y Manazas, por la derecha. MAESTRO Conque, compadre del alma, ya estamos en el terreno y samenesté quedar con honra. MANAZAS No hay que hablar de eso, compadre, yo estoy seguro 85 de que los dos quedaremos en su sitio. 320 boyante: próspero. 397 MAESTRO Sí señor: y los demás compañeros catredáticos, lo mismo. MANAZAS ¡Verdá! MAESTRO Y les demostraremos 90 a todos esos que escriben hablando mal del Gobierno y de esta escuela, que todo es cuestión de pataleo. MANAZAS ¡Verdá! MAESTRO Y envidia. MANAZAS ¡Verdá! 95 MAESTRO Y otras cosas que no quiero decir yo. MANAZAS Ni yo tampoco. MAESTRO Hace ochenta años lo menos, ¿está usté?, que esta Academia se puso en el matadero 100 de Sevilla y la quitaron, ¿está usté?, nuestros abuelos, por ser brutos. ¿Está usté? MANAZAS Estamos los dos. MAESTRO Y luego se ha hablado de esto en las Cortes 105 del Senado, y hubo un trueno grande... ¡por vía e321 San Carlos! y después, un caballero muy barbián,322 de esos que tienen sangre torera en el cuerpo, 110 ¡viva Santa Ana!... escribió con mucho pesqui un proyecto sobre corridas de toros, ¡que es el primer documento del siglo! 321 via e (supresión deconsonante intervocálica), por vida de. 322 barbián (habla popular), gallardo, desenvuelto. 398 MANAZAS ¡Y se armó la gorda! 115 MAESTRO Pero la escuela se ha abierto pa honra nuestra, y los alunos que se educan aquí dentro, van a demostrar hoy mismo por primera vez al pueblo 120 de Madrid, lo que es el arte tauromáquico perfeto. Verá usté, qué bien quedamos. MANAZAS Diga usté, compadre, y ellos? MAESTRO ¿Quién? MANAZAS Los alúminos. MAESTRO Pero, hombre, 125 ¿les falta pa ser toreros algo? ¿No son instruíos y no son listos y diestros, y de mucho corazón; y no saben como el credo 130 too el arte de Pepe-Hillo y toas las obras de texto de nuestra universidad? MANAZAS Sí, señó, sí; pero temo que... porque siempre las cosa 135 son dos cosa... y donde menos se piensa, salta la liebre, pues... y como uno ya es viejo... ¿Usté me comprende a mí? MAESTRO Y no. MANAZAS Qué torpe se ha vuelto 140 usté; pues esta mañana, que la tomé, por supuesto, he visto encerrar los bichos que los discípulos nuestros van a lidiar esta tarde... 145 MAESTRO Sí, señó. MANAZAS Y hay dos berrendos323 de cinco yerbas. 323 berrendo: toro con manchas de colores variados y distintos del el resto de la piel. 399 MAESTRO ¿Y qué? MANAZAS Compadre, que, pa un estreno de esta clase, sobra yerba. MAESTRO Pues amigo, no hay remedio; 150 la letra con sangre entra. MANAZAS Un toro es un alfabeto, y usté no va a torear, pero, yo, que salgo al ruedo... MAESTRO ¡Ah, ya!... ¿Hay jindama?324 MANAZAS Hay prudiencia, 155 porque si hoy me da un becerro un revolcón... ya usté ve, lo que se dirá. MAESTRO ¡Silencio! Porque hacia aquí se dirigen cuatro de los revisteros 160 más célebres de la corte, y si oyen hablar de miedo, después en letras de molde lo dicen al mundo entero. ESCENA IV Dichos, el tío Jindama, el Enano, el Toreo y el Tendido, que salen por la izquierda. (El Tío Jindama y el Enano, deben imitar, perfectamente, en el traje, las viñetas de los periódicos que representan. El Tendido, saldrá de chulo pobre, y El Toreo, de andaluz lujoso. Todos llevan en la mano grandes plumas de ave. Cantado el “couplet”, vanse con el Maestro por la derecha.) Música. LOS CUATRO Somos los revisteros325 165 que no tienen rival; nunca estamos de acuerdo en decir la verdad. 324 jindama: miedo. 325 revisteros: personas que escribes revistas en un periódico. Ejemplo: revistero taurino. 400 -Soy El Tío Jindama, -El Toreo soy yo, -El Tendido me llaman, -y El Enano yo soy. 170 LOS CUATRO Este es un ofí- que no es necesá- ni ser periodís- 175 ni ser literá- Basta con decir- que la presidén- aunque se equivocó- siempre estuvo bien. 180 Ya llevamos todo escrito antes de ir a la función; que con el oritín, que con el oritón, antes de ir a la función. 185 Y si acaso sucediese algo de particular, como allí todo es lo mis- ya está escrito de antemá- Messieurs, Mesdames, 190 matarile, rile, rile. Messieurs, Mesdames, matarile, rile, lá. Siempre estamos reñidos y en perpetua cuestión, 195 sobre cuál sale antes de acabar la función. JINDAMA Yo a los cinco minutos. TOREO Yo a los tres nada más. TENDIDO Yo al salir de la plaza. 200 ENANO Y yo al ir a empezar. LOS CUATRO A las dos y me- vamos al Sui- y tomamos ca- si lo paga un pri. 205 Salimos volán- hasta la Cibé- porque en el tranví- cuesta mucho me. 401 Si se sienta a nuestro lado 210 una jembra de mistó, que con el oritín, que con el oritón, ya no vemos la función. Y si acaso toma varas, 215 como suele suceder, nos guardamos las cuartillas y le hablamos en francés. Messieurs-Mesdames, etc. ESCENA V Manazas y don Trifón, por la derecha TRIFÓN (Santiguándose al aparecer.) ¡Ea! En el nombre del padre, 220 del hijo... Amén. Ya estoy dentro. MANAZAS Dios guarde a usté. TRIFÓN (Alegrándose.) Buenos días. (Ap.) ¡Hombre, ¡qué feliz encuentro! Dígame usted, ¿el señor director de este colegio?... 225 MANAZAS No soy yo, pero es lo mismo. TRIFÓN ¡Ah, vamos!, ¿será usted miembro del claustro de profesores? MANAZAS Pues, yo soy... TRIFÓN (Interrumpiéndole.) ¿A que lo acierto? Usté pica. MANAZAS Justo. TRIFÓN (Aparte.) ¡Es claro!... 230 ¡Ese color de pimiento!... Y dígame usté, ¿es verdad que están hoy aquí aprendiendo la tauromaquia, personas formales y hombres de mérito? 235 MANAZAS Sí, señor: hay abogados y militares y médicos y periodistas y cómicos 402 y músicos y arquitectos. Ayer se ha matriculado 240 un cura de regimiento. TRIFÓN ¿Es posible? MANAZAS Ya se ve, como no se corre el riesgo de una cornaa. TRIFÓN ¿No? MANAZAS El que aprende aquí, sale más torero 245 que el mismo Guillén. TRIFÓN ¿Guillén?... Pero, si mal no recuerdo a Guillén lo mató un toro. MANAZAS Eso hace ya mucho tiempo y fue en la plaza de Ronda. 250 TRIFÓN Justamente. MANAZAS Pues por eso. Hoy ya la cuestión varía, porque en el arte moderno se ha adelantado y... por fin, que hoy se enseña aquí el toreo 255 de un modo que no es posible: saliendo de este colegio con buena nota, se puede decir... digo, ya lo creo que se puede decir. TRIFÓN (Sin comprender.) ¿Qué? 260 MANAZAS ¿Cómo qué? Que no hay berrendo que lo coja a uno. TRIFÓN ¿Que no? MANAZAS Que no; y se gana el dinero honraamente y a esportones326 y como uno quiere. 326 a esportones: en abundancia. 403 TRIFÓN (Admirado.) ¡Cuerno! 265 MANAZAS A eso es lo que hay que agarrarse. TRIFÓN ¡Jesús! ¡Si nuestros abuelos levantarán el testuz!...327 Digo, la cabeza!... Pero, diga usté, señor... MANAZAS Manasas 270 TRIFÓN ¿Manazas? MANAZAS (Presentando las dos manos.) Porque las tengo pa castigar a los toros como usté las está viendo. TRIFÓN ¿Y dice usté que se gana mucho?... MANAZAS Cincuenta mil pesos328 275 en seis meses. TRIFÓN Diga usté, ¿y aquí le quitan el miedo a uno? MANAZAS A la cuarta lición no hay quien sepa lo que es eso. TRIFÓN ¿A la cuarta?... Y diga usté, 280 si yo, pongo por ejemplo, me quisiera dedicar al oficio... MANAZAS Pué usté hacerlo maníficamente. TRIFÓN ¿Sí? Pero, a mi edad, ¿con mi cuerpo? 285 MANAZAS Digo, pues si tiene usté una planta de torero que quita el sentido. 327 testuz:nuca de las reses. 328 peso: moneda imaginaria equivalente a quince reales de vellón. 404 TRIFÓN Hombre, eso dicen en mi pueblo. Y yo tuve desde niño 290 grande afición al toreo: me mandaban a la escuela y hacía novillos329, me acuerdo; y chuleaba a mi familia, le daba a mi madre el quiebro, 295 y cuando estaba mi padre en la butaca durmiendo, me acercaba despacito y en el mismo cerebelo, ¡paf! le daba la puntilla 300 con una caña; por cierto que una vez le di tan fuerte que a poco le descabello. ¡Ah, y una vez maté un toro de seis años!... Por supuesto, 305 de un trabucazo; ¿esta hazaña me puede servir de mérito? MANAZAS Se pondrá en el expediente. TRIFÓN ¿Y podré yo en poco tiempo ser picador? MANAZAS Toma, en cuanto 310 sepa usté manejá un penco330 y asujetarse en la silla... TRIFÓN ¿Pero y lo de aquí? (Acción de picar.) MANAZAS Pues si eso se aprende en una semana. TRIFÓN ¿Está usté seguro de ello? 315 MANAZAS ¿Usté es fuerte? TRIFÓN ¡Como un roble! y tengo un brazo de hierro; y ¡de un puñetazo!... (Levantando el brazo.) 329 hacer novillos: dejar de ir a donde se tiene obligación o costumbre de acudir. 330 pencos: Caballo flaco y de poco valor. 405 MANAZAS Basta: espérese usté un momento que le voy a usté a tentar331. 320 TRIFÓN ¿A tentarme? MANAZAS Es lo primero que con los becerros se hace y con los alunos nuevos. (Se dirige al rincón y coge la garrocha.) Agarre usté esa garrocha332 bien con el brazo derecho 325 y haga usté fuerza. (Cogen la garrocha por los extremos y se empujan.) ¡Ajajá! ¡Vaya usté apretando!...¡Recio!... TRIFÓN (Haciendo un esfuerzo.) No puedo más. MANAZAS ¡Con coraje! Con todo el peso del cuerpo... ¡buena puya!...333 Ahora de pronto 330 se viene el caballo al suelo. (Suelta de pronto Manazas la garrocha y cae don Trifón.) TRIFÓN Caramba, ¡qué atrocidad! MANAZAS (Con calma y seriedad y como si hiciese una explicación.) Esa es la caída de pecho. TRIFÓN Y de boca y de narices. (Levantándose.) MANAZAS Pa picar no hay más remedio 335 que acostumbrarse a estas cosas. TRIFÓN ¿Y quién se acostumbra a esto, hombre? MANAZAS Si no ha sido nada; vamos a la silla. TRIFÓN Eso; 331 tentar: palpar, explorar, ensayar, probar. 332 garrocha: vara larga rematada en punta o con un arpón de hierro. 333 puya, punta acerada de la garrocha. 406 (Refiriéndose a una silla que pide a Manazas.) una silla. MANAZAS (Acercando una silla.) Hay ocasiones 340 en que nos coge el berrendo descuidado, y... (Quitando de pronto la silla. Don Trifón cae de espaldas.) ¡Cataplum! TRIFÓN ¡Ay! MANAZAS Cayó usté al descubierto; no se mueva usté. TRIFÓN (En el suelo.) Pero, hombre, si aunque quiera, ya no puedo. 345 MANAZAS (Ayudándole a levantar.) Estas primeras liciones son pa preparar los huesos. TRIFÓN ¿Para prepararlos? MANAZAS Sí. Mañana, con más sosiego, dará usté otro par de golpes, 350 y listo. TRIFÓN (Aparte.) (Bueno es saberlo) ESCENA VI Los mismos y Julián. JULIÁN (Desde la puerta.) Señor Juan, que van a dar las doce; que ya está lleno el salón. MANAZAS Voy. JULIÁN Enseguida; que va a llegar al momento 355 la autoridad competente, y está esperando el maestro. 407 MANAZAS Di que voy. (Vase Julián.) Con su permiso. TRIFÓN Abur. MANAZAS Sepa usté que quiero servir a usté. TRIFÓN Muchas gracias. 360 ¡Usté picará! (Medio mutis.)) TRIFÓN Hasta luego. MANAZAS (Echándose la garrocha al hombro y yéndose.) (Ap.) Haciendo esta propaganda, ¿cuando morirá el toreo? (Vase.) ESCENA VII Don Trifón, que va a seguir a Manazas. Doña Remigia y Rufina, por la derecha, muy deprisa y ataviadas con afectación. REMIGIA Anda, niña. RUFINA ¡Voy, mamá! REMIGIA (A don Trifón.) Escuche usted, caballero: 365 sabe usted si vamos bien por aquí al salón de premios? TRIFÓN (Volviéndose.) ¿Eh? REMIGIA ¿Qué miro? TRIFÓN (Ap.) ¡Es mi conquista de anoche! REMIGIA (Ap.) ¡Es el forastero del café del El Imparcial! 370 TRIFÓN Señora, cuánto celebro!... REMIGIA Igualmente. TRIFÓN ¡Señorita!... (Saludando.) 408 TRIFÓN (Aparte por Remigia.) ¡Es una mujer de mérito! REMIGIA (Ap.) Le fleché ¿Si usted quisiera marcarnos el derrotero?... 375 RUFINA ¡Mamá, que es tarde! REMIGIA (Ap.) Muchacha, ¡qué poquísimo talento te ha dado Dios! Como anoche le dije, no conocemos a nadie en Madrid; vivimos 380 solas. TRIFÓN (Ap.) Pues, señor, me atrevo. Usted es viuda. REMIGIA Casada. TRIFÓN (¡Vaya por Dios!) REMIGIA Pero tengo a mi esposo en Filipinas. TRIFÓN (Ap.) ¡Ah! REMIGIA Ya usted ve si está lejos 385 el pobrecito... RUFINA Mamá, (Sin poderse contener.) que es muy tarde. REMIGIA Ésta, en habiendo diversión... TRIFÓN Naturalmente. REMIGIA Y como hoy le dan un premio a su novio... TRIFÓN ¡Hola! REMIGIA De modo 390 que si se casa corriendo, póngase usté en su lugar. 409 TRIFÓN ¿Yo? REMIGIA Le juro a usted que vengo por darla gusto. TRIFÓN (Con intención.) Pues hoy se lo da usté al mismo tiempo 395 a otra persona. REMIGIA (Con candidez.) ¿De veras? TRIFÓN (Ap.) ¡Pero qué partido tengo! Si me permiten que yo las acompañe, prometo decírselo. REMIGIA Señor mío 400 no hallo inconveniente en ello. TRIFÓN (Ap.) ¡Esto se llama tener muleta y brazo y derecho! (Ofreciéndole el brazo.) Pues aquí me tiene usté a sus órdenes. REMIGIA Acepto. (Tomando el brazo.) 405 RUFINA (Aparte a Remigia.) ¡Ay mamá, tienes un gancho! REMIGIA (Ap.) ¡Calla! TRIFÓN (Ap.) Está en el archipiélago. (Vanse por la derecha; Rufina delante.) MUTACIÓN CUADRO SEGUNDO. El Paraninfo. Corral a todo foro cerrado por una tapia semicircular que avanza por los costados. Alrededor barrera. En el centro una plataforma y sobre ésta, la mesa presidencial con sillones. Sobre la mesa, y colgados en la tapia una cabeza de toro disecada con dos banderillas de lujo, una a cada lado del morrillo y entre dos grandes moñas. A la derecha, en primer término, la que se supone puerta del toril, con una ventanilla en medio. Al verificarse la mutación aparece la escena llena de gente de todas las clases de la sociedad. Sillas ocupadas a derecha e izquierda, dejando calle en medio para dirigirse a la presidencia. En la primera fila de la derecha, y de espaldas al chiquero, don Trifón, doña Remigia y Rufina. Mucha animación. A la izquierda, y en un banco, varios niños. 410 ESCENA VIII Los personajes arriba indicados y Fideíto, don Roque y Nicolás, sentados entre la concurrencia. Después Julián. CABALLERO 1º (Al segundo.) Le repito a usted que aquí se cometen injusticias como en todas partes. Mi hijo ha debido obtener premio con más razón que su sobrino de usted. En los últimos exámenes mató un utrero334 de dos medias estocadas soberbias. CABALLERO 2º Y yo vuelvo a decir a usted que fueron atravesadas. CABALLERO 1º Pero hombre, si se tiró por derecho. Figúrese usted que el señor (Por don Tifón.) es el toro: le citó en corto y le dio en la misma cruz. (Al hacer el movimiento de estocada le da en el cogote a don Trifón.) TRIFÓN ¡Animal! CABALLERO 1º ¡Caballero dispense usted!... REMIGIA ¿Qué ha pasado? TRIFÓN Este señor que, por lo visto ha tratado de descabellarme y en cuanto lo repita le doy un bajonazo.335 CABALLERO 1º ¡Eso lo veríamos! TRIFÓN ¿Sí? ¡Pues vamos a verlo! (Se prepara a acometerle: Caballero primero se defiende: promuévese alguna confusión que se calma al salir Julián que dice en tono solemne:) JULIÁN Señores: la Autoridad competente y el Tribunal de exámenes entra en el Paraninfo. (Se calma el desorden y todos se sientan) 334 utrero: ternero entre dos y tres años. 335 bajonazo, estocada muy baja. 411 ESCENA IX (Aparecen con gravedad la autoridad, el Maestro y Manazas que ocupan la presidencia; los concurrentes se levantan. Marcha la orquesta.) MAESTRO (Viendo que los concurrentes permanecen de pie.) Asiéntensen ustedes. AUTOR (Agita el pañuelo y suena el toque de la salida del toro.) ¡Ábrese la sesión! Tiene la palabra el señor Director de la Academia. MAESTRO (En pie desde la presidencia y con gravedad cómica.) Señores: al verme ante este concurso tan... concurrente... la verdad, estoy... embarazado. REMIGIA ¡Agua! TRIFÓN ¿Sola o con azucarillo? MAESTRO Yo no sé hablar, pero sé matar y cumplir con mi obligación porque esa es la parte apogea336 de mi terreno. Si ahora mismo se presentara un toro de Miura... (Movimiento de espanto en los concurrentes.) me causaría menos espanto que ustedes. (Pausa.) Cuatro años antes de la creación, ya se conocía en España el arte tauromáquico. (Aprobación.) Nada hay más elevado que los cuernos. Hablen si no los de la luna; dígalo el cuerno de la abundancia! MANAZAS ¡Que lo diga! MAESTRO El hombre, ante todo, debe ser torero. (Asentimiento.) La vida nos la pasamos toreándonos los unos a los otros. ¿Sabéis cuál fue el primero que lidió reses bravas en la Era presente? REMIGIA Don Trifón, ¿cuál es la Era presente? TRIFÓN La del Mico, señora. MAESTRO Este silencio me indica que no lo sabéis. Yo tampoco; por eso os lo preguntaba. (Aparte a Manazas.) Compadre, estoy conmovido; se me seca la dentadura. 336 apogea (cultismo), la parte más alta 412 MANAZAS A ver; la limoná (Julián pone sobre la mesa un vaso con vino que bebe el Maestro, el cual se limpia los labios con el pañuelo. Todos los personajes sacan sus pañuelos y se limpian también.) MAESTRO (A Manazas.) ¿En qué iba, compadre? MANAZAS En la limoná. MAESTRO Pues bien... la... por... (A Manazas por lo bajo.) (Ap.) Búsqueme usté un finá compadre. MANAZAS (Ap.) ¿Un finá?... Pues... he dicho. MAESTRO (En alta voz.) He dicho. (Aplausos unánimes y entusiastas.) MAESTRO (A Manazas.) ¡Que digan luego que España no es un país cevilizado! MANAZAS ¡España es un país culto y clero! (A uno de los niños que con otros estará sentado en un banco de la izquierda.) Vamos a ver, señorito Iturrigurri: ¿qué entiende usted por marronazo?337 NIÑO 1º (Levantándose y en voz alta.) La suerte en que tanto se distingue usía. MAESTRO (Haciendo como que apunta la nota en un papel.) Notablemente aprovechado. (Murmullos de aprobación en los concurrentes.) MANAZAS (Figurando que lee en la lista de alumnos.) Señor Ladrón de Güevera... NIÑO 2º ¡Presente! MAESTRO (Interrumpiéndole.) Güevara, querrá usted decir. MANAZAS (Fijándose de nuevo en la lista y enseñándola al Maestro.) Pues entonces, aquí le falta una h... (Al niño 2º) ¿En qué se conoce un toro mogón?338 NIÑO 2º ¡En los cuernos! 337 marronazo: marrar o fallar alguna suerte del toreo; ejemplo, la de varas. 338 toro mogón: si le falta un asta o está despuntada. 413 TRIFÓN ¡No, que será en el rabo! MAESTRO (Abriendo un libro que habrá sobre la mesa y leyendo en él.) Página 30... Capítulo 120... “De las suertes en la cabeza”. Dígame usted, señor Retinto: ¿cuál de los cambios es el más difícil? NIÑO 3º ¡El de billetes! MAESTRO ¡Muy bien! Y, diga usted, señor Bermúdez: ¿cuál es el torero mejor del universo actual? NIÑO 4º Usía. MAESTRO ¡No siga usted, ¡sobresaliente! (Hace como que apunta la nota en el papel) (A la autoridad.) Esos son los conocimientos que yo enseño. MANAZAS (Al mismo niño, que continuará de pie.) Y, ¿qué entiende usted por alternativa? MAESTRO (Interrumpiéndole.) Compare, no pregunte usted una palabra sobre esa cuestión, porque, hasta que las Cortes lo resuelvan, no se sabe nada en definitiva. (Se sienta el niño 4º.) MANAZAS Señor García, qué entiende usted por mona? NIÑO 5º Hay varias clases: una que se coloca en la pierna derecha, y otra que se sube a la cabeza. (Aprobación en el tribunal y en la concurrencia.) MANAZAS ¿Cuál de las dos usan los picadores? NIÑO 5º ¡Ambas! MANAZAS ¡Perfetamente este chico tiene un gran porvenir! MAESTRO Ya habéis visto los adelantos de la infancia; ahora vamos a repartir los premios a los adúlteros339 que van a trabajar en la corrida de esta tarde. Premio de muleta y capote, señor don Cirilo Mogón, joven de lenguas (Sale Cirilo, sietemesino muy elegante.) CIRILO ¡Servidor! (Se acerca al tribunal.) 339 adúlteros: deformación de adultos subalternos que yudan en la corrida de toros. 414 MAESTRO Como premio a sus estudios, se le adjudica el primer capote que usó el célebre Montes. ¡Que la Providencia le haga digno de él! (Le coloca sobre los hombros un capote viejo lleno de agujeros, por entre los cuales da la mano a los concurrentes que le felicitan.) Desde hoy, será usted conocido por el sobrenombre de “Fideíto”. (Aprobación en el público.) MAESTRO Premio del salto de la garrocha. Don Roque Marín, ex- diputado a Cortes (Ap.) alias Pelota. (Sale don Roque, hombre grueso, bajo, rechoncho, que anda con mucha dificultad: se acerca a la mesa y le entregan una garrocha excesivamente alta: la gente va a felicitarle: el hombre se halla conmovido.) MAESTRO Esta garrocha le sirve a usted para dar un salto de la derecha a la izquierda sin detenerse en el centro. ROQUE ¡Qué honor tan extraordinario! ¡Voy corriendo a comunicárselo a mi familia! (Apoya la pica en el suelo y dando un verdadero salto de la garrocha, desaparece.) MAESTRO El premio de Caballero en Plaza, lo ha obtenido don Nicolás Sánchez (alias Peinado) NICOLÁS ¡Presente! (Este personaje figura un guripa,340 vestido de chulo, pobre, lleno de jirones: es decir, que contraste la profesión de Caballero en Plaza con su aspecto.) MAESTRO (Entregándole unas espuelas enormes.) Éstas son las espuelas que usó el Cid Campeador cuando era niño. (Las recoge Nicolás y vuelve a su sitio. Se oyen grandes porrazos en la puerta del toril, como si quisieran derribarla. Don Trifón se levanta aterrorizado y dice:) TRIFÓN Señores: en este toril debe haber341 un toro encerrado que pugna por derribar la puerta. El resoplido lo he sentido en mis orejas. (Grito general: todos se ponen de pie sobre las sillas. El Maestro dice desde su sitio y en voz muy alta:) Señores: no asustarse que estoy yo aquí. 340 guripa: granuja o golfo. 341 debe haber (incorrecto), debe de 415 (Se abre la puerta del toril en medio de la confusión y espanto y sale don Cornelio muy sofocado, y dirigiéndose con el bastón levantado a don Trifón. La gente se interpone.) REMIGIA (Desmayándose en brazos de don Trifón.) ¡Mi marido! RUFINA (Ídem en los de Fideíto.) ¡Mi padre! TRIFÓN ¡El filipino! CORNELIO ¡Seductor, infame, muere! (Cuadro: don Cornelio golpea a don Trifón.) MUTACIÓN CUADRO TERCERO Señas particulares. Decoración corta. Antesala en una inspección de vigilancia. ESCENA X El inspector saliendo deprisa por la derecha con sombrero puesto y bastón. Después doña Toribia. INSPECTOR Pues señor, se me ha ido el día sin saber cómo... las dos (Mirando el reloj.) menos cuarto y a las tres 410 da principio la función, voy corriendo... TORIBIA (Por la izquierda, muy sofocada y decidida.) Buenas tardes. ¿Está el señor inspector de policía? INSPECTOR (Contrariado) (Ap.) (Por vida... otra nueva detención) 415 ¿Qué le pasa a usted, señora? TORIBIA ¿Es usted acaso? 416 INSPECTOR Yo. TORIBIA Me alegro mucho. INSPECTOR Adelante. que hoy tengo una ocupación de importancia... TORIBIA Señor mío, 420 pues me hará usted el favor de escucharme por la buena (Movimiento de ira del inspector.) o por la mala, si no. Yo vengo a pedir justicia. Yo vengo aquí a armar un Dos 425 (Levantando la voz cada vez más.) de Mayo.342 INSPECTOR ¡Señora! TORIBIA Sí. Porque me sobra razón. INSPECTOR Pero... TORIBIA Estoy desesperada. INSPECTOR Bueno, pero... TORIBIA ¡Estoy atroz! INSPECTOR ¿Pero quiere usté explicarse?... 430 TORIBIA Yo he llegado de Chinchón hoy con toda mi familia, que está en ese corredor esperándome... ahora mismo va usté a conocerla. (Va a salir y la detiene el inspector.) INSPECTOR No; 435 hable usted. TORIBIA Vienen mis cuatro hijos de mi corazón, mi primo, mis dos sobrinas, 342 Dos de Mayo, en recuerdo del inicio de la guerra de independencia contra los franceses (2-V- 1808) 417 mi hermana y mi director espiritual... INSPECTOR ¡Demonio! 440 TORIBIA A apoyar mi pretensión, por una horrible desgracia que no puede ser mayor. INSPECTOR ¿Pero, qué es ello? TORIBIA ¿Qué es ello? Pues es... tengo una opresión... 445 ¿Ay!... le diré a mi familia que venga aquí. (Vuelve a querer salir.) INSPECTOR No por Dios. Basta y sobra con usté. TORIBIA Pues es el caso, señor que mi marido, el marido 450 más bueno y trabajador de este mundo, hace unos ocho días, sin decir adiós, se ha escapado de su casa. INSPECTOR ¿Por qué? TORIBIA Eso digo yo, 455 y el alcalde y mi familia y toda la población. INSPECTOR ¿Pero, está en Madrid? TORIBIA Lo han visto aquí en la Puerta del Sol. (Grito exagerado.) ¿Se habrá vuelto loco? INSPECTOR ¿Loco? 460 Pero hay alguna razón que justifique... TORIBIA Hay un dato que me llena de terror. La víspera de su marcha dormía como un lirón 465 y hablaba; yo me acerqué y decía a media voz 418 soñando: ¡me matriculo! INSPECTOR ¿Eh? TORIBIA Luego he sabido yo por un muchacho del pueblo 470 que hace muy poco llegó, que un matriculado, es un marinero. ¡Qué horror! ¿Querrá mi marido irse por esos mundos de Dios? 475 ¡Yo no puedo consentirlo! INSPECTOR ¿Cómo se llama? TORIBIA Trifón. INSPECTOR ¿Edad? TORIBIA Cincuenta y tres años. INSPECTOR ¿Estatura? TORIBIA De un grandor343 regular. (Apuntando las señas.) INSPECTOR ¿Barba? TORIBIA Ni un pelo. 480 INSPECTOR ¿Ojos? TORIBIA Celestes. INSPECTOR ¿Color? TORIBIA Verde. INSPECTOR ¿Tiene alguna seña particular? TORIBIA Sí, señor; el pie derecho, más grande que el izquierdo. INSPECTOR Se acabó. 485 343 grandor: tamaño 419 TORIBIA ¿Eh? INSPECTOR Qué voy a dar mis órdenes y caerá ese desertor. TORIBIA ¿De verás? INSPECTOR Sígame usted. (Echa a andar. Doña Toribia le sigue y desaparecen por la izquierda.) TORIBIA Este hombre es mi salvación. INSPECTOR Deprisa. TORIBIA Bendita sea 490 la madre que lo parió. MUTACIÓN CUADRO CUARTO ¡No hay billetes! Calle de Sevilla. A la izquierda, el despacho de billetes de la Plaza de Toros. Al foro, la calle de Alcalá. ESCENA XI Aficionados 1º y 2º, señoras 1ª Y 2ª, una chula, una señorita, señoras, caballeros y gente del pueblo, formando gran cola a la puerta del despacho. CHULA ¡Pero cuándo querrá Dios que abran ese maldito despacho! ¿A que me quedo sin billete después de haber pasado aquí toda la noche? SEÑORA 1ª ¡Y que ha sido buena la maldita! ¡No nos ha caído mal chaparrón! SEÑORA 2ª Y no sé cómo no han encontrado la manera de cubrir la Plaza. CHULA ¡Como no sea poniéndola boca abajo! 420 SEÑORA 1ª Yo creo que habrá billetes para todos, porque me han dicho ¡que caben en la Plaza diez y ocho millones de personas! CHULA No ha dicho usté más porque la ha faltao la respiración. SEÑORA 2ª ¡Dios quiera que no haya cogidas! SEÑORA 1ª Dios quiera que las haya, que para eso paga uno su dinero? ¡La del domingo pasado fue buena! Yo he leído el parte facultativo y he comprendido perfectamente la gravedad de la herida. Figúrese usted que el diestro sufrió la fractura del cuello quirúrgico del humero y una contusión en la parte posterior de la cresta iliaca. CHULA Quedamos enterados. ¡Vaya usté a saber dónde se tiene la cresta y el humero! (Óyese un gran bullicio de voces y aclamaciones.) ESCENA XII Dichos, Manazas, don Trifón y acompañamiento. VOZ (Dentro.) ¡Viva el picador del siglo! TODOS ¡Viva! (Aparecen por la derecha Manazas y D. Trifón. Este último viene acompañado de muchos hombres que le victorean, mujeres, niños y gente del pueblo que estaba en el Paraninfo. Al llegar a la mitad de la escena se detienen.) TRIFÓN ¡Basta, basta, amado pueblo! MANAZAS ¡Pero qué ovación tan gorda! TRIFÓN Ya os lo he dicho, quiero hacerme 495 digno de la gracia honrosa del tribunal, que a propuesta de este héroe de la garrocha, en sustitución del Chato, que tiene una pierna rota, 500 me ha nombrado picador. 421 MANAZAS Ya veréis qué bien se porta. ¡El señor es un fenómeno! TRIFÓN ¡Muchas gracias! MANAZAS No es lisonja, que yo sé lo que usté vale. 505 Dará usté con su presona el gran gorpe. TRIFÓN ¿Será fuerte? (A Manazas.) MANAZAS ¡Hombre, si hablo de otra cosa! TRIFÓN (Ap.) (Es que...) MANAZAS (Ap.) Ya que por chiripa, y gracias a mi parola, 510 ha usté una ganga, no se me achique usté ahora. TRIFÓN (Ap.) (Eso sí que no) Señores, aunque yo tengo mi historia de picador... MANAZAS ¡Como naide! 515 TRIFÓN O esta tarde me destroza un toro, o pongo más varas que hay desde aquí a California. MANAZAS ¡Olé! ¡Viva don Tifón! TODOS ¡¡Vivaa!! TRIFÓN (¿Diga usté, y la ropa?) (A Manazas.) 520 MANAZAS (Ap.) No se apure usté por eso, que en dándome a mí seis onzas yo le presto un traje mío, y va usté a está hecho una rosa. TRIFÓN (Ap.) ¡Corriente! MANAZAS Y ahora no falta 525 más que tomar cuatro copas, y que aprenda usté a cantar el puruntuntún. 422 TRIFÓN ¿Qué cosa es esa? MANAZAS ¿El puruntuntún? ¡La canción más salerosa 530 y más torera del mundo! TRIFÓN Pues hombre, que yo la oiga. TODOS ¡Que la cante! MANAZAS De seguía, aunque hoy no estoy bien de gola.344 Música. MANAZAS Der peyejo de un cabéstribus 535 se hizo una levita un gátigo, CORO ¡Ja, ja, ja, ja! MANAZAS Y el pícaro se reía, al verse tan curritáquibu, Por lo pisítico, 540 por lo pisático, por lo político y lo democrástico. Y ahora, caballeros, prestarme atención, 545 y a jaser345 conmigo lo que jago yo. MANAZAS Puruntuntún, puruntuntún. TODOS Puruntuntún, puruntuntún. MANAZAS Ahora que tengo chaleco, 550 con el pantalón de pana. UNOS ¡Pana! OTROS ¡Pana! OTROS ¡Pana! 344 gola: garganta. 345 jaser (andalucismo), yacer. 423 TODOS Pana. MANAZAS Ahora que tengo chaleco 555 me falta la americana. OTROS ¡Cana! OTROS ¡Cana! TODOS Cana. MANAZAS ¡Ay! ¡Una rata me ha mordío en er mesmo pantalón! ¡Qué bien pica Calderón! (Acción de picar) TODOS ¡Qué bien pica Calderón! (Ídem) Ande usté con él, 560 tío camastrón, es usté un borracho, es usté un tumbón!346 MANAZAS La jería es del tamaño de la raja de un melón! 565 TODOS ¡¡¡Uh!!! MANAZAS De la raja de un melón. TODOS Puruntuntún, puruntuntún, etc. MANAZAS Un maleta picó un tóribus, le rajó de arriba a bájibus. TODOS ¡Ja, ja, ja! 570 Y al pícaro le tiraron seis arrobas de patátibus. Ay que ladrónibus, ay que borráchibus, que pinturéribus, 575 qué marronácibus. MANAZAS y ahora caballeros prestadme atención, etc. 580 TODOS Puruntuntún, etc. MANAZAS Ahora que tengo chaleco, etc. 346 tumbón, (habla popular), holgazán. 424 ESCENA XIII Dichos y señorito vestido a la moda, pero exageradamente. SEÑORITO Muy buenas taldes, Manazas. ¡Don Tliflon! Feliz la hola en que los encuentlo a ustedes. Vengo, si no se incomodan, a pedir que me pelmitan 585 pol Dios, la altísima honla de estar hoy a su selvicio, de cuidal de sus pelsonas, de no apaltalme de ustedes en toda la lidia, es cosa, 590 vamos, que selé dichoso si es que ustedes me la otolgan. En una palabla, quielo sel monosabio; ¡no es bloma! pienso seguir la calela 595 paso a paso. MANAZAS ¡Usté le toma a su servicio! TRIFON ¡Corriente! SEÑORITO Glacias, alma genelosa. Me malcho al punto a vestil; plecisamente mi novia 600 la malquesa del Cencelo, me ha hecho una blusa pleciosa de mono sabio, y deseo que ella misma me la ponga. ¿Conque hasta luego? TRIFÓN ¡Hasta luego! 605 SEÑORITO ¡Glacias! Señoles, qué honla! (Vase muy contento.) 425 ESCENA XIV Dichos, menos el señorito. MANAZAS ¿Va usté estando satisfecho del oficio? TRIFÓN ¡Carambola! ¡Si tengo hasta secretario! ¡En mi vida he visto otra! 610 ¿Conque andiamo? MANAZAS Andamio pues, que aún hay que hacer varias cosas. Señores, hasta después; ¡hoy me corono de gloria! TODOS ¡¡¡Vivaa!!! 615 (Le siguen todos, menos los que estén en la cola. Se abre enseguida la ventana del despacho y aparece un hombre que cuelga un gran cartelón que dice: “No hay billetes”. Espanto general.) CHULA ¡Ay qué salero! SEÑORA 1ª ¡No hay billetes, ni vergüenza! CABALLERO 1º ¡Ni revendedores! Música. (Revendedor 1º y Coro de revendedores, que salen dando muestras de mayor abatimiento. Mientras canta el revendedor 1º, imitan los demás sus actitudes.) REVENDEDOR 1º ¡La mayor injusticia que lamentamos, 620 es dejarnos cesantes en nuestro cargo. Porque si bien se piensa, todos comprenderán, que somos en la calle 625 de gran necesidad! ¡Siempre nosotros 426 proporcionamos buenas butacas, mejores palcos! 630 ¿Y, tras tantos sacrificios, qué venimos a sacar? ¡Triplicar los capitales sin tener el capital! Anoche llevamos 635 a dos señoritos por cuatro butacas doscientos realitos. Allí está el despacho que vayan a ver; 640 verán que a nosotros nos llevan a diez. TODOS Es una injusticia esta supresión, yo no sé qué quiere, 645 ni en qué está pensando el gobernador. REVENDEDOR 1º Ya no tiene remedio lo que está hecho, y por eso nos damos 650 golpes de pecho. Pero algún señorito lo sentirá también, porque no irá a los toros dejándolo a deber. 655 Todas las noches en el Retiro, generalmente hemos perdido. Y si algo se ha ganado 660 en tan triste profesión, sólo ha sido con fatigas y con mucha exposición. El día de estreno de Mil y una noches 665 llegaban al Circo corriendo los coches. Bajaba la gente por localidad... ¡Si no es por nosotros 670 no pueden entrar! 427 TODOS Pues la mayoría de la población, sienten en el alma, que se lleve a cabo 675 tal resolución. (Vanse todos por el foro derecha, muy tristes.) MUTACIÓN CUADRO QUINTO ¡Llegó la hora! La cuadra de caballos de la plaza de toros, viéndose muchos de aquellos animales extremadamente flacos o defectuosos, a fin de que a la presentación del cuadro promuevan la hilaridad del público. ESCENA XV Contratista y abonado que salen por la izquierda. CONTRATISTA Hombre, asómese usté aquí, que quiero que se convenza de que yo no desajero. ABONADO Está la cuadra repleta. 680 CONTRATISTA ¡Y qué animales!... Usté, que es hombre de inteligencia como el primero, podrá decir si hay sobre la tierra contratista de caballos 685 que me aventaje en concencia. Mírelos usté despacio. (Mostrándole los caballos.) ABONADO Sí señor, son de primera. CONTRATISTA Ni pintados los hay más bonitos. ABONADO ¿Y qué le cuestan 690 a usted? 428 CONTRATISTA Muy caros; me sale cada uno... echando la cuenta así por encima... lo menos a treinta reales. ABONADO ¿De veras? ¿Pero son de carne y hueso? 695 CONTRATISTA ¿Cómo de carne? Esas fieras que está usté mirando, al pronto paece que no se menean, pero en cuanto les arriman con furia las dos espuelas, 700 (Exagerando con la acción lo que describe.) y les pega un mono sabio dos palos en la cabeza... y otro por detrás le atiza diez o doce que le duelan, todos esos animales... ABONADO ¿Corren? 705 CONTRATISTA No tanto; pero echan a andar. Hace mucho tiempo que no salen a la arena caballos con esa estampa: mírelos usté de cerca. 710 ABONADO ¡Magníficos! CONTRATISTA Ya lo creo. esta corrida me cuesta un dineral; pero yo, que al fin vivo de estas fiestas y hoy es de las más solemnes, 715 he dicho que aunque me pierda, no pienso cobrar... ABONADO ¡Bien hecho! CONTRATISTA Más que lo que me parezca. ABONADO ¡Hola, aquí viene Manazas! 429 ESCENA XVI Dichos y Manazas, vestido de picador y algo borracho, saliendo por la izquierda. MANAZAS Pues señor, es la primera 720 vez que a mí me pasa esto. Se me ha dío la cabeza y el miedo no se me va. CONTRATISTA ¡Señor Juan! MANAZAS Hola, muy buenas (Volviéndose.) tardes; ¿conque ya está listo 725 todo? CONTRATISTA Mire usté la muestra; ¡estos sí que son caballos! MANAZAS Bien, hombre, bien (A cualquiera cosa le llama este mozo caballos) ¡Vaya unas bestias 730 que hay aquí! ABONADO ¡Son superiores! CONTRATISTA Verá usté qué jaca negra va usté a sacar al paseo. ¡Quiera Dios que no se muera antes! ABONADO ¿Antes? MANAZAS ¡Hombre! CONTRATISTA Sí; 735 porque ya estaba dispuesta en el corral y le ha dado una convulsión tremenda. ¡Qué lástima de animal! MANAZAS (Ap.) ¡Ojalá que a mí me diera 740 otras convulsión ahora! (Gritos y voces dentro.) ABONADO Ya el público se impacienta. 430 CONTRATISTA Señores, y cómo está la plaza, no cabe en ella ni un grano de trigo. MANAZAS (Ap.) ¡Estoy 745 lo mismo que al que le olean) CONTRATISTA ¡Ay! Manazas, con qué gusto se va usté a ver en la arena hoy! MANAZAS ¡Desfigúrese usté! ABONADO ¡Y la ovación que le espera 750 picando, entre sus discípulos, después de tan larga fecha de no salir a la Plaza! MANAZAS Se puede usté jacer cuenta. CONTRATISTA Vamos, sin función de toros 755 no comprendo yo en la tierra que haya gusto, ni alegría, ni felicidad completa. ABONADO Pero, ¿quién no se entusiasma con todo lo de esta fiesta? 760 (Aparece por la izquierda el practicante de medicina, seguido de dos mozos que conducen en unas angarillas347 una gran caja de caoba, sobre la cual se lee la palabra “Botiquín”.) CONTRATISTA Hasta los preparativos los corazones alegran. ESCENA XVII Dichos y el practicante. PRACTICANTE ¿Voy bien a la enfermería por aquí? MANAZAS ¿Qué cosa es esta? (Escamado.) ¡Caracoles!... 347 angarillas: parihuelas, dos varas que sostienen un tablero para transportar algo. 431 CONTRATISTA (Al practicante señalándole hacia la izquierda.) Sí señor; 765 salga usté por esa puerta. De usté en la pared de enfrente y lo llevarán a ella. PRACTICANTE Gracias. ABONADO ¿Y qué viene ahí dentro? PRACTICANTE Los recursos de la ciencia. 770 MANAZAS Los preparativos esos que decía usté que alegran. PRACTICANTE Viene árnica,348 cloroformo, morfina, láudano, vendas, hila... varios instrumentos, 775 bisturí, serrucho... MANAZAS (¡Aprieta!) Un serrucho, y ¿para qué? PRACTICANTE Para cortar una pierna o un brazo o lo que haga falta. MANAZAS ¿Lo que haga falta? (¡Canela!) 780 PRACTICANTE Vaya, hasta luego, señores. (Vase seguido de los mozos por la derecha) MANAZAS ¿Hasta luego? ¡No lo quiera Dios! CONTRATISTA (Volviéndose a Manazas.) Pues con eso en la plaza, se tranquiliza cualquiera. (Óyense nuevas voces, gritos, silbidos y golpes.) ABONADO La cosa se anima, voy 785 a asomarme a la barrera. (Vase por la izquierda.) CONTRATISTA Y yo a preparar los jacos349 porque el momento se acerca. (Ídem.) 348 árnica: planta medicinal. 349 jaco, caballo pequeño y ruin. 432 MANAZAS (Qué se habrá quedado pensativo.) Y yo... ¿qué voy a hacer yo? a beberme otra botella. 790 (Vase por la derecha.) ESCENA XVIII Aparecen por la derecha D. Trifón vestido de picador y rodeado de doña Toribia, el padre Jacinto vestido de seglar, sobrina primera y segunda, un primo y tres niños. TORIBIA Me has convencido Trifón. TRIFÓN Y se convence cualquiera; hija, figúrate tú, veinticinco mil pesetas que me darán esta tarde. 795 TODOS ¡¡¡Jesús!!! TRIFÓN ¡Cuándo las hubiera ganado en el pueblo yo! TORIBIA Compraremos una dehesa. TRIFÓN Y de las otras. PRIMO Y a mí, primo, me darás aquella 800 cantidad que te presté. SOBRINA 1ª ¡Ah, tío! y a mí y a ésta nos dará usté un dote. TRIFÓN ¡Vaya! PADRE JACINTO Y yo dispondré una fiesta religiosa, para dar 805 gracias a la Providencia. TORIBIA Trifón, se merece el Padre Jacinto que le protejas; no se aparta de mi lado el pobre, desde tu ausencia. 810 TRIFÓN Gracias. 433 P. JACINTO ¡Consolar al triste es lo que el señor ordena! TORIBIA ¡Ah! esposo, y ¡desde mañana estos niños a la escuela tauromáquica! He resuelto 815 que sigan esa carrera. Yo quiero que éste me pique y éste me mate. (Señalando a dos de los niños que han salido.) TRIFÓN ¡Qué idea tan oportuna! PRIMO Oye, primo; y yo sigo con la mesma; 820 pero, y si te coge un toro? TRIFÓN ¿A mí? ¡Facilillo fuera! TORIBIA ¡Estúpido! No has oído que sabe todas las reglas del arte, para lo cual 825 se ha fundado la Academia? PRIMO ¡Prima, mientras no haiga otra pa que los toros aprendan!... TRIFÓN ¡Hoy pico yo a un elefante! TORIBIA Sí, hijo, como si lo viera. 830 ESCENA XIX Los mismos y el señorito, vestido de monosabio, quevedos y guantes, saliendo por la izquierda. SEÑORITO Muy buenas taldes, señoles. TRIFÓN Venga usté acá, buena pieza. ¡Presento a usté a mi familia! SEÑORITO ¡Oh! ¡Tengo una veldadela honla!... TRIFÓN ¡Mi monosabio! 835 434 TODOS ¡¡Su mono!! SEÑORITO Señoles, con esa estlema distinción, voy a salil al ledondel de la ciencia: que ya que no pueda yo, 840 pol cilcunstancias maléficas, sel tolelo, he de ayudal a que el alte se englandezca!! Vamos, y ¿qué tal estoy? TRIFÓN Muy bien. SEÑORITO En cuanto me vean 845 las chicas, van a tilalme tabaco y floles! TRIFÓN (Ap.) ¡Y piedras! SEÑORITO Va a comenzal la colida. TRIFÓN Es verdad, que el tiempo vuela. TORIBIA Ea, pues, querido esposo, 850 que salgas bien de tu empresa. NIÑOS ¡Adiós, papá! TRIFÓN Que aprendáis a tener mucha vergüenza viéndome a mí. NIÑOS Sí, señor. PRIMO Primo del alma, ¡que tengas 855 mucha suerte! SOB. Tío, adiós. PRIMO Oye, y si te sucediera algo, como es rigular, ¡que te coja en hora buena! PADRE JACINTO Yo creo que no haré falta. 860 TRIFÓN Gracias. 435 P. JACINTO Pero si la hiciera, me tendrá usted a su lado hasta el fin de su existencia. TRIFÓN ¡Que no lo permita Dios! PADRE JACINTO Es por si lo permitiera. 865 TORIBIA Señor caballero... mono, servidora de vuecencia.350 ESCENA XX Los mismos. El contratista por la izquierda. Después doña Remigia del brazo de don Cornelio, Rufina, a poco Manazas y el alguacil, y por último, los mulilleros por la izquierda. CONTRATISTA ¡Don Trifón llegó la hora! (Gritos dentro.) TORIBIA ¡Corramos a la meseta! (Vanse todos menos contratista y Trifón, por la izquierda.) TRIFÓN ¡Dios mío! que salga un toro 870 de libras y de cabeza y valiente y recargado, que lo voy a echar por tierra. CONTRATISTA ¡Así me gustan los hombres! ¡Al corral! TRIFÓN ¡Lo dicho, ea! 875 ¡Hoy pongo una pica en Flandes351 o no me dejo coleta! (Vanse por la derecha.) (Aparecen por la izquierda doña Remigia y Rufina vestidas de manolas ridículas y D. Cornelio que trae del brazo a doña Remigia.) REMIGIA ¡Hijo, voy a echar los hígados! CORNELIO ¿Y si la función empieza? RUFINA Papá, ¿dónde está el telón 880 metálico? 350 vuecencia: vuestra excelencia. 351 poner una pica en Flandes: hacer algo importante y costoso como pagar el dinero para mantener un soldado en Flandes. 436 REMIGIA ¡Que me alegra verte ya civilizado! CORNELIO Me acuso de mi torpeza y de mis celos ridículos; y para darte una prueba, 885 te prometo, vida mía, matricularme en la escuela tauromáquica. REMIGIA Cornelio. mereces que yo te quiera. RUFINA ¡Pero cómo huele a toro! 890 (Aplausos y gritos dentro.) CORNELIO Corramos a ver la fiesta. (Vanse atropelladamente por la derecha Manazas y el alguacil, que le tira del brazo para que ande) ALGUACIL ¡Anda, Manazas! MANAZAS Pero hombre, ¿a qué viene tanta priesa? ¿Vamos quizá a arguna boda? ALGUACIL ¡Anda! MANAZAS ¡Llegó la más negra! 895 (Vanse por la izquierda.) ESCENA XXI Música. Mulilleros. Salen corriendo por la izquierda. TODOS Somos los mulilleros más afamados que hay en Madrid, ole con olé y olá; el que quiera verdades 900 que venga acá. Al salir con las mulillas, damos el opio y es la chipé, 437 ole con olé y olá; el que aquí no se alaba 905 hace muy mal. Taranlanlá, taranlanlá, arre puliá, arre gitana, que el clarín suena 910 para enganchar. Arre puliá, arre gitana, vamos corriendo a trabajar. Con el vapuleo 915 con el triquitraque, corren las mulillas que es un disparate. Con el vapuleo con el triquitrá, 920 que viva el mulillero de caliá! MULILLERO 1º Vámonos a la plaza que la cuadrillas llegaron ya, no digan los espadas 925 que las mulillas no están. TODOS ¡Vamos allá! MULILLERO 1º Nosotros con gracia sacamos del ruedo, caballos muy malos 930 y toros muy buenos; y en cuanto los monos tienen enganchao, decimos: ¡señores, esto se ha acabao! 935 Tordilla, gitana, arre para alante, levanta los pies; y al dar dos trallazos y oír cuatro voces 940 empiezan a coces y aquello es correr. Y al salir corriendo todas las mulillas como disparadas 945 por el redondel, damos un porrazo contra la barrera, y nos llevan presos 438 sin saber por qué. 950 vamos allá... porque si no corres nunca llegarás. (Vanse todos corriendo por la derecha.) MUTACIÓN CUADRO SEXTO Apoteosis Interior de la plaza de toros de Madrid, vista desde el corral de caballos. A derecha e izquierda, los costados de los tendidos; enfrente, lo que “técnicamente” se llama el “callejón” en el fondo, los palcos, gradas y demás localidades de la plaza. Toda la acción de este cuadro se supone entre barreras y parte en el redondel. Al verificarse la mutación, figura que ha comenzado la corrida. Griterío, confusión, voces de “no lo entiende usted; no lo entiende usted”, etc. El Maestro, el Alguacil y algunos monosabios, entre barreras, mirando con gran atención a la plaza. Sale Manazas al redondel figurando que va a caballo; pero sin que a este picador, lo mismo que a don Trifón, se les vea más que medio cuerpo; no es preciso que se vea el caballo. Manazas pone una puya y después de un grito de horror del público, le sacan por entre barreras dos monos sabios, conduciéndole a la enfermería. Enseguida don Trifón se dirige a uno de los tendidos y tira su sombrero, diciendo: “vaya por la de ustedes señores”. Aplausos, entusiasmo. D. Trifón hace como que remata la suerte; se oye otro grito de espanto y le sacan por entre barreras otros dos monosabios, en la forma que antes a Manazas. El público grita: Picadores, Picadores. Se oye el toque de banderillas, y el Maestro toma un par que le entrega el encargado de ellas; salta al redondel e inmediatamente se le ve por el alto dos o tres veces, como si el toro le acometiera y le volviera a recoger. Gritos de terror, escándalo, confusión, etc. etc. Cae el telón rápidamente. Este cuadro debe ser muy animado. Durante él y cuando los Directores de escena lo crean conveniente, puede verse saltar desde el redondel a la barrera y viceversa, a Fideíto y a don Roque, vestidos de toreros, a quienes un poco antes que al Maestro, también les coge el toro, y se los ve por el aire. La contrafigura del Maestro, procúrese que esté bien imitada, para que desde luego comprenda el público que al que ve en el espacio es al Director de la Academia. FIN 439 ¡Hoy sale, hoy!... SAINETE LÍRICO EN UN ACTO, DIVIDIDO EN SEIS CUADROS, EN VERSO Y PROSA 440 PERSONAJES DOÑA ESCOLÁSTICA (viuda triste) LORENZA (cigarrera) DOÑA RAMONA (viuda alegre) DOÑA ANGUSTIAS PATROCINIO (vendedora de billetes de la Lotería) PASCUALA (id.id) AGUARDENTERA UNA SEÑORA ELEGANTE CHULA VOCEADORA OBRERO DON MELITÓN BENIGNO GUARDIA 1º DON GREGORIO PRESIDENTE DON AMABLE SORDO CHULO352 UN PAPÁ CABALLERO NICOLÁS (paleto) UN SEÑOR GORDO GUARDIA 2º UN CHICO (vendedor de décimos) UN NIÑO UN LACAYITO Billeteras. Serenos. Chicos de la lista grande. Cigarreras. Coro general y acompañamiento. La acción se supone en Madrid el día anterior al sorteo de la Lotería de Navidad. Época actual. 352 chulo, (del árabe, chulamo, muchacho), altivo, jactancioso; por extensión, que abusa de las mujeres. 441 ACTO ÚNICO CUADRO PRIMERO ¡Puntos... y comas! Telón corto. Interior de una Administración de Loterías. A la izquierda del espectador, un mostrador sobre el cual habrá un tintero grande, billetes de lotería, décimos sueltos y cartas. En la pared del fondo varios cuadros figurando que contienen los números premiados en dicha Administración, en sorteos anteriores. A derecha e izquierda, a una altura conveniente y en un cuadro también, la lista grande del último sorteo. Una lámpara encendida colgada del techo. Puerta al fondo que da a la calle. Derecha e izquierda, entiéndase siempre la del espectador. ESCENA PRIMERA Al levantarse el telón aparece Don Gregorio cerca de la puerta del fondo, alentando a la voceadora que está sentada en el escalón de espaldas al público. VOCEADORA (Gritando.) ¡Hoy es el último día de billetes!... GREGORIO ¡Con más brío! VOCEADORA (Gritando más.) ¡Hay décimos a cincuenta pesetaaas! GREGORIO Así; ¡clarito! (Yéndose hacia el mostrador. La Voceadora se queda profundamente dormida.) Pues señor, no vamos mal; 5 ¡a esta hora tengo vendidos casi todos los billetes! La verdad es que el oficio, si ofrece alguna ganancia es en este mes bendito, 10 aunque a costa de disgustos, de trabajo y sacrificios. (Examinando las cartas que tiene sobre el mostrador.) Es ya mi correspondencia mayor que la de un ministro. 442 "Señor administrador. (Leyendo una.) 15 Respetado señor mío: mándeme usted seis billetes, tres de ellos correlativos, y dígame en qué consiste que los pares no han salido 20 en este sorteo”. Nones; lo que es yo no te lo digo, porque no lo sé. ¡Qué idiotas! ¡Se oye cada desatino! (Leyendo otra carta.) “Remítame cuatro décimos 25 de un número, a su capricho, pero que multiplicado el millar por veinticinco y dividido el producto por la decena...(Qué lío...) 30 y sacando la mitad del cuociente353 conseguido, dé una cantidad que sea múltiplo de treinta y cinco”. ¡Que te conteste el demonio 35 si entiende este laberinto! En cuanto a estos otros... bien o mal, ya quedan servidos. ESCENA II Don Gregorio, la voceadora en la puerta durmiendo, y Lorenza (cigarrera)354 LORENZA Buenas noches. (Acercándose al mostrador.) GREGORIO Servidor. LORENZA ¿Tiene usté la edad de Cristo? 40 GREGORIO Tengo algunos años más. Pero ya te he comprendido. Tú quieres el treinta y tres; ¿no es esto? 353 cuociente: cociente. 354 cigarrera, trabajadora en la fábrica de tabacos de la calle de Embajadores, fundada en 1809, y que llegó a contar con 800 cigarreras. 443 LORENZA Cabal: ¡el mismo! Un décimo. GREGORIO Toma. LORENZA Vaya. 45 (Sacando el dinero del bolsillo del delantal.) Dos duros en perros chicos, uno en grandes, tres en oro: son de veintiuno y cuartillo; el resto en medias pesetas. Véalo usté despacito, 50 por si hubiese alguna falsa, aunque yo no las frabico. Diga usted, y desimule: ¿cuánto es lo que yo percibo si me toca el gordo? GREGORIO Eso 55 no es muy difícil decirlo. ¡Lo juegas tú sola! LORENZA No. Lo juego con veinte amigos, con ochenta compañeras de la fábrica, un sobrino, 60 con el administrador que es un señor muy finísimo, y le gusta jugar siempre con nosotras, mis dos primos, el comisario de incendios 65 y el inspector del distrito. GREGORIO ¿Y qué parte llevas tú? LORENZA Dos reales, o mejor dicho, uno, porque he dado el otro esta mañana a un vecino. 70 GREGORIO Pues te tocan cinco mil reales. LORENZA ¡Valiente pellizco!... (Con zalamería.) Vamos, ¡ya será otra cosa si usted quiere!... GREGORIO Con permiso, tengo que hacer y es muy tarde. 75 444 LORENZA Espere usted, señor mío... Yo no fumo; pero traigo siempre pa cualquier amigo tabaco y papel, y hago así... y aquí está el pitillo. 80 (Saca tabaco y papel de uno de los bolsillos del delantal y hace rápidamente un pitillo, que da a don Gregorio.) Conque pasado mañana vendré a cobrar. GREGORIO Convenido. LORENZA Señor don... Lotero, adiós, salú... GREGORIO Lo mismo te digo. (Vase Lorenza.) ESCENA III Don Gregorio, don Amable, militar retirado, modales groseros. Entra precipitadamente, se acerca a una de las listas que, como ya se ha dicho, habrá en la pared, y se le oye murmurar exageradamente como quien va leyendo en voz baja los números que aquella contiene. Figura ser muy corto de vista y, de cuando en cuando, se detiene como si encontrara el número que busca, da una patada en el suelo y vuelve a mirar la lista sumamente contrariado, viendo que no está allí el número que jugó. Don Gregorio figura estar entretenido en ordenar sus papeles, hasta que al fin se fija en don Amable. AMABLE ¿La del último sorteo 85 es esta lista? GREGORIO Sí tal. AMABLE No veo ni una palabra; (Acercándose mucho a la lista.) dé usted un poco de gas. GREGORIO ¿Así? (Se levanta con mucha calma y acercándose al contador del gas da más luz.) AMABLE (Siempre con malos modos.) No tanto, caramba, que me va usted a cegar! 90 ¡Un poco menos! GREGORIO (Ap.) (¡Qué hombre!) 445 AMABLE (Repasando la lista.) ¡Doce mil cuatro!... ¡aquí está! Digo, no, si es el cuarenta! ¡Maldita casualidad!... (Muy incomodado y amenazando a Don Gregorio con el bastón. Don Gregorio no le hace caso.) ¡Como no me haya tocado, 95 a alguno le va a pesar! (Leyendo de nuevo la lista.) Dos mil... Es un uno y yo creí que éste era un cero!... (A don Gregorio.) ¡Gas! Si lo hacen a propio intento; 100 si no se pueden mirar estas listas oficiales... (Dirigiéndose a don Gregorio.) Hombre, venga usted acá. ¿Este es un cero, o es uno? GREGORIO (Acercándose a la lista y contemplándola con don Amable.) ¿Quiere usted decirme cuál? 105 Este es un uno. AMABLE ¿Es un uno? Bien, me quiero cerciorar. (Vuelve a mirar la lista.) No me fío, porque ustedes interesados están en que no le toque a nadie. 110 GREGORIO (Ap.) (Jesús, ¡qué barbaridad!) AMABLE Llevo veinte años jugando y ya no hago el primo más. Esto no es tener vergüenza, decoro, ni caridad. 115 Yo, que soy el parroquiano más antiguo, ni un real, (Como reprendiendo a don Gregorio.) y otros que por vez primera... a ésos les suele tocar. ¡Ah, don Gregorio! ¡Con Dios! 120 No somos amigos ya. 446 GREGORIO (Con ironía.) Don Amable, siento mucho... AMABLE ¡Y ya no vuelvo a jugar en mi vida! GREGORIO ¡Lo celebro! AMABLE Este un juego inmoral. 125 GREGORIO Cuando no toca. AMABLE Un abuso que se debiera cortar. Si juego más, que me emplumen.355 (Yéndose.) GREGORIO (Aparte.) Pues pronto te emplumarán. AMABLE (Va a salir, se detiene a la puerta y vuelve al mostrador.) En fin, déme usted dos décimos 130 por última vez. GREGORIO Allí van. AMABLE Presénteme usté un montón que quiero escoger. GREGORIO (¡San Blas!) (Poniendo varios décimos sobre el mostrador.) Elija usted, don Amable. AMABLE Sin mirarlos... al azar. 135 ¡Vuelvo la cara y aquellos que señale, me los da! (Vuelve la cabeza, y al extender el brazo para escoger los números, tropieza con el tintero, que cae al suelo.) ¡Estos dos! GREGORIO ¡Dios de mi vida! (Cogiendo el tintero del suelo.) 355 emplumen, expresión popular, alusiva a los emplumados antes de ser quemados en la hoguera. 447 AMABLE Pero, hombre, qué atrocidad; a usted sólo se le ocurre 140 poner esa catedral ahí en medio. GREGORIO Usted dispense. (Con ironía.) (Aún le tendré que rogar...) AMABLE (Mirando uno de los décimos que intentó coger antes.) El noventa... No lo quiero, porque es muy mala señal 145 cuando un tintero se vierte. ¡Abur! ¡Voy hecho un caimán! GREGORIO (Aunque no volvieras nunca). AMABLE (Después de repasar, otra vez la lista, vase, tropezando antes con el papá que entra al mismo tiempo.) ¡Qué mala sombra! (Vase don Amable.) ESCENA IV Don Gregorio y un papá con un niño de pecho en los brazos PAPÁ ¡Animal! (A don Amable.) 150 Buenas noches. (A don Gregorio.) GREGORIO Buenas noches. PAPÁ ¿Quiere usté hacerme el favor de ponerme aquí un puñado de décimos? ¡Porque yo quiero jugar el que escoja 155 mi niño! ¡Gloria de Dios! Si me cae la lotería (Al niño.) te he de comprar un tambor. GREGORIO Precisamente aquí hay... (Al niño, invitándole a que coja un décimo.) PAPÁ Con tu manita, pichón. 160 Coge uno. Aquí, mira, mira ¡qué bonito! GREGORIO (¡Esto es atroz!) 448 PAPÁ Es que le dará vergüenza... (Con mucho mimo.) ¡Anda rico!... ¡Anda bribón! ¿Si se asustará del gorro? 165 (A don Gregorio con tono de súplica.) Quítesele usted, señor. Es sólo por un momento GREGORIO Sí, hombre, sí. (¡Qué profesión ésta!) (Quitándose el gorro y dejándolo sobre el mostrador.) PAPÁ Coge el ciento quince, ¡hermoso! (Breve pausa, hasta que ambos se convencen de que el niño no entiende lo que le dicen.) GREGORIO (Con impaciencia.) Será mejor 170 que lo coja usté: es el modo de que acabe esta función. PAPÁ (Con calma.) Pues es raro, porque en casa le he estado ensayando yo, y cogía cuanto hallaba 175 a mano. GREGORIO (Irónicamente.) ¡Qué diversión! PAPÁ ¡Es muy listo! ¡Sabe mucho! GREGORIO ¡Sí, se conoce!... PAPÁ Pues no ha cumplido los tres meses. GREGORIO ¿Tres meses? PAPÁ Si es un mamón 180 todavía; por lo tanto, ¿qué quiere usted que haga? GREGORIO ¿Yo?... ¡Yo no quiero que haga nada! Eso usted. 449 PAPÁ (Cogiendo un décimo y pagándolo.) Tiene razón. Tome usted doscientos reales. 185 (Queriendo que el niño coja el décimo.) Agárralo... Entre los dos lo llevaremos a mamá. ¡Ay! Me dice el corazón que nos va a tocar un premio; ¿qué dices tú, ruiseñor?... 190 GREGORIO ¿A que no dice que sí? PAPÁ ¿A que no dice que no? ¡Mire usted qué cara pone!... Abur. (Vase haciendo fiestas al niño.) GREGORIO Vaya usted con Dios. ESCENA V Don Gregorio y la voceadora. GREGORIO (Dirigiéndose a la voceadora que ha vuelto a quedarse dormida.) Y aquella mujer callada... 195 ¿Se habrá dormido de nuevo? ¡Dolores! ¡Dolores!... VOCEADORA ¿Qué? (Despertando.) GREGORIO Mujer, ¿vienes para esto? VOCEADORA ¡Hoy es el último día de billeteees!...(Voceando.) GREGORIO ¡Más de recio! 200 Mira, levántate y grita ahí fuera; lo más derecho será que estés tú derecha. (La empuja fuera de la puerta.) VOCEADORA ¡Quién quiere el gordo! (Voceando.) GREGORIO ¡Eso! ¡Eso! (Volviendo al mostrador.) ¡Cuidado con la mujer 205 si tiene pesado el sueño! 450 ESCENA VI Don Gregorio, un chulo y una chula. CHULO Pues ya verás si lo paga, porque lo legal es eso. Servidor de ustez. (A don Gregorio.) GREGORIO Felices. CHULO ¿Quiere ustez oír un momento? 210 (Don Gregorio se acerca al chulo.) Ustez se recordará que pa el último sorteo, vine a comprar a esta tienda, casa u establecimiento, u como se llame... GREGORIO Sí, 215 (La chula va a hablar y el chulo la interrumpe amenazándola.) CHULO ¡Caya, o te doy en los sesos! (Volviéndose a don Gregorio.) Ustez se recordará vuelvo a decir... (A la chula que quiere hablar.) ¡Que te suelto!... Déjame hablar, porque yo siempre que me manifiesto, 220 me expreso con claridad y con mucho miramiento; porque tengo mis principios y sé bien lo que me pesco. (Nueva amenaza a la chula que pretende interrumpirle otra vez.) Que ya has hablao bastante. 225 ¿Y sabes lo que te ruego? ¡Que te eches un lapsus lingüe!...356 (La chula da muestras de extrañeza al oír esta frase.) Un lazo a la lengua, eso es lo que quiero decirte si no entiendes flamenco. 230 Ustez se recordará... (A don Gregorio.) 356 lapsus lingüe (latinismo), equivocación, cambio de palabras sin confusión de pensamiento. 451 GREGORIO Sí señor, ya me recuerdo. CHULO Que el otro día yo y ésta compramos...digo, compremos un décimo. GREGORIO Sí, señor. 235 CHULO (A la chula.) ¿Lo ves?... (A don Gregorio.) Pues ahora me encuentro conque ha salido premiado con seis duros. GREGORIO Lo celebro: démelo usted y enseguida le abonaré su dinero. 240 CHULO Es el caso, que esta chica que es mi novia... GREGORIO ¡Yo me alegro! CHULO Y que parece que tiene el Demi-monde en el cuerpo, quiso quitarme el billete; 245 pero yo, que, aunque parezco panoli357 tengo a Dios gracias muy limpio el vidrio derecho..., comprendí que ésta quería cobrarlo y después comérselo... 250 Conque yo me defendí, y ésta, que es mujer de nervio y muy bruta (y no lo digo por alabarla...) GREGORIO Lo creo. CHULO me lo partió en dos pedazos; 255 yo tiré del otro medio y ella entonces rompió el suyo... y yo, al ver lo que había hecho, dije: “pues ni tú ni yo...” La cogí por el pescuezo 260 y se lo hice tragar. 357 panoli (gitanismo), bobo, tonto. 452 No todo, porque yo tengo buen corazón y no quise que se lo tragara entero; pero el número que falta, 265 ése le tiene en el cuerpo. Saca el billete. (La chula saca del pecho un décimo muy roto.) ¿Es verdad que esto no es impedimento para que lo pague ustez? GREGORIO Señor; y a esto llaman décimo! 270 (Contemplando el décimo que presenta al público.) ¡Imposible! Tome usted, yo no puedo pagar esto, tiene usted que recurrir a la Dirección, al Centro; y si desde allí me mandan 275 que le abone, entonces bueno. CHULO ¡Ca, hombre, ca!... Si eso no pasa, si yo no me mamo el dedo. si eso que ustez dice, son plataformas; si yo tengo 280 olfato y sé distinguir los hombres, de los sujetos. O me lo paga usté ahora... o la quebranto a ésta un hueso, porque ella tiene la culpa 285 de lo que está sucediendo. GREGORIO No la quebrante usted nada que no consigue con eso... CHULO ¡Y a todo esto tu callaa!... (Volviéndose de pronto a la chula.) Dile algo a este cabayero358 290 para ver si le convences... CHULA Pus bien...(Con resolución.) CHULO (Conteniéndola rápidamente) Si hablas te reviento. No sigas; cáyate ya, porque me estoy presumiendo que si hablas, vas a inritarme, 295 358 cabayero (yeísmo), caballero. 453 y te va a servir de almuerzo mañana este otro piazo. (Volviéndose a don Gregorio.) Que yo esto así no lo dejo. Voy a alzarme ante el ministro de Marina o de Fomento. 300 Sí, señor, que me alzaré. (Dando un empujón a la chula.) ¡Alza tú!... (A don Gregorio.) ¡Nos alzaremos! (A la chula, que quiere hablar otra vez.) ¡Que te calles! ¡Abur! (A don Gregorio.) ¡Hombre! ¡siempre paga el pato el pueblo! (Vanse.) GREGORIO Vayan ustedes con Dios: 305 ¡y que haya que aguantar esto! (Mirando el reloj.) Las once y media; por suerte me sobran muy pocos décimos. (Va al mostrador.) Haré el paquete y a escape a la Dirección con ellos. 310 (Recogiendo los décimos.) Ahora, conque en esta casa toquen tres o cuatro premios mayores, y el gordo en este numerito que yo juego (Sacando un décimo del bolsillo.) de ocultis, ¡me armo! A cerrar 315 la puerta...(Se dirige al foro.) ¡Pero qué veo! Billeteras, ¡ay, qué gusto! ¡Éstas vienen por el resto! ESCENA VII Don Gregorio, coro de billeteras que sale por el foro. MÚSICA CORO Buenas noches, don Grigorio, ya nos tiene usted aquí 320 perseguidas y acosadas por las gentes de Madrid. Vengan todos los billetes que reserve en el cajón, que nos hacen mucha falta 325 pa ganarnos el turrón. 454 GREGORIO (Distribuyendo décimos y recogiendo el dinero que le dan las billeteras.) ¡Vayan los que quedan! CORO Tome usté la guita. GREGORIO ¡Que haya mucha suerte y buenas propinas! 330 CORO De eso, don Grigorio, nada hay que advertir a las billeteras que tiene usté aquí. Yo, por calles y plazas (Al público.) 335 gritando voy: “¡Aquí va el premio gordo! ¿a quién se lo doy?” A cualquier señorito que yo me acerque, 340 por más serio que sea, le hago que juegue. Y me protegen los señorones, y con cariño me hablan de tú todos los socios de la Farmacia, 345 los del Casino y el Veloz-Club. Porque me acerco, muy decidida, saco del pecho, pronto, el papel, y se lo paso por los bigotes, diciendo, luego, con mucho aquel: 350 “Vamos, señorito, que le va a caer este premio gordo, tómemelo usté. Tómemelo usté, 355 que le va a caer!” (Desaparece rápidamente el coro, y don Gregorio se retira por la izquierda.) MUTACIÓN 455 CUADRO SEGUNDO Echar el pego Plaza Mayor de Madrid. Es de noche. ESCENA VIII Dos guardias de orden público y una aguardentera. GUARDIA 1º Oye, chica, echa dos copas, que estamos muertos de frío. (La aguardentera llena dos copas, que presenta al guardia 1º, el cual invita a su compañero a que beba primero.) Toma. GUARDIA 2º (Con mucho cumplimiento cómico.) Bebe tú primero. GUARDIA 1º No seas pesado, Francisco. 360 GUARDIA 2º No seas testarudo, Pedro. GUARDIA 1º ¿Qué apuestas a que reñimos? AGUARDENTERA Beban los dos a la par. (Con las dos copas en la mano.) GUARDIA 1º Bueno, transijo. GUARDIA 2 Transijo. (Beben.) GUARDIA 1º ¡Ajajá! ¡Cómo conforta! 365 GUARDIA 2º Estu359 da la vida, chicu. GUARDIA 1º ¿Tomamos otra copita? GUARDIA 2º Dilo tú. GUARDIA 1º Yo no lo digo. GUARDIA 2º Ni yo. 359 estu (dialecto asturiano), se cierra en u la o final átona. 456 AGUARDENTERA (Impaciente.) Vaya, ¿echo la copa? GUARDIA 1º Éste tiene que decírtelo. 370 GUARDIA 2º Éste tiene que pedírtela. AGUARDENTERA Pues no son ustedes finos que digamos. GUARDIA 1º No me gusta llevar la contra a un amigo. (Al guardia 2º.) ¿Bebemos? GUARDIA 2º Lo que tú quieras. 375 AGUARDENTERA ¡Eso va a durar un siglo! GUARDIA 1º Pues se acabó. GUARDIA 2º Se acabó. GUARDIA 1º Di cuánto es lo consumido. AGUARDENTERA Veinte céntimos. (Los dos guardias pretenden pagar.) GUARDIA 2º (Conteniendo al 1º.) ¿Qué es eso? ¿Vas a ponerme en ridículo? 380 GUARDIA 1º Voy a pagar. GUARDIA 2 Tú no pagas: yo soy el que te convido. GUARDIA 1º Tiene jracia; ¡quita d'ahí! AGUARDENTERA ¿Se están quedando conmigo?... GUARDIA 1º Pero si yo tengo gusto 385 en pagar. GUARDIA 2º No lo permito. GUARDIA 1º Te llevo a la prevención si pagas. 457 GUARDIA 2º Lo mismo digo. AGUARDENTERA Pero hombre, tengan ustedes un poco de patriotismo. 390 GUARDIA 1º ¡A ver!... AGUARDENTERA Que me dé cada uno diez céntimos, y al avío. GUARDIA 2º Bueno; eso ya es otra cosa. Me convengo. GUARDIA 1º Ya está dicho. GUARDIA 2º Aquí está mi perro grande. 395 GUARDIA 1º Ahí van mis dos perros chicos. (Pagan los dos a la aguardentera.) AGUARDENTERA (¡Que he de tropezar yo siempre con éstos en mi camino!) ¡Vaya... abur! GUARDIA 1º Adiós, muchacha. AGUARDENTERA Y gracias. (¡Y cuatro tiros!) (Vase.) 400 ESCENA IX Guardias 1º y 2º. GUARDIA 1º Pues, como te iba diciendo, mañana ya somos ricos. GUARDIA 2º Conque si nos toca el gordo, ¿qué nos toca? GUARDIA 1º Veinticinco y veinticinco... (Haciendo cuentas por los dedos.) GUARDIA 2º (Después de una pausa breve.) Cincuenta. 405 GUARDIA 1º Bueno. Y ciento, repartidos entre veinticinco... 458 GUARDIA 2º A cuatro. GUARDIA 1º Y cuatro por veinticinco... GUARDIA 2º Ciento. GUARDIA 1º Claro. Pues nos tocan... (Después de meditar un breve rato.) Verás cómo te lo digo... 410 (Vanse despacio, como echando la cuenta.) ESCENA X Doña Angustias, don Melitón, por el fondo de la izquierda, tipos de pueblo. MELITÓN Ven; ya estamos en la Plaza Mayor. ANGUSTIAS ¡Ay, esposo mío! MELITÓN ¿Qué tienes? ANGUSTIAS Que ya no puedo con mi fe de bautismo. Desde las diez de la noche, 415 que bajamos del maldito ónibus,360 hemos andado más de diez leguas. Te sigo, no sé como. MELITÓN Y, ¿qué me cuentas a mí si yo estoy molido? 420 Pero, hija, no hay más remedio; ese viaje repentino ha sido de inspiración; y reventamos hoy mismo o atrapamos los dos números 425 que entre sueños hemos visto. Tú el mil uno. ANGUSTIAS ¡Y tú el cuarenta! ¡Qué dos números tan lindos! MELITÓN Y que el premio gordo cae en uno de ellos, de fijo. 430 360 ónibus (latinismo, de omnibus -para todos-), vehículo de transporte para varios viajeros. 459 ANGUSTIAS ¡Ay!... Después del tiempo que mantenemos un vicio que nos ha costado tanto dinero y tantos suspiros, justo es que nos ilumine 435 Dios. MELITÓN ¡Como ahora ha sucedido! ANGUSTIAS Sí; Melitón, sí, mi sueño de antes de anoche, aquel grito que di cuando en el cogote me tirastes el pellizco 440 y yo desperté diciendo: ¡me cogió el toro Dios mío!... ¡y eras tú!... MELITÓN Y que está probado; en soñando con los bichos esos, o que llueve mucho, 445 como yo soñé el domingo, con dos o tres chaparrones, es anuncio positivo: ¡dinero de lotería! ANGUSTIAS Así dicen. MELITÓN ¡Segurísimo! 450 Por eso daba yo en Móstoles anoche saltos y brincos apenas llegó la carta de don Canuto, y supimos que el mil uno y el cuarenta 455 era posible adquirirlos en Madrid; por eso, esposa, a la Corte hemos venido. ANGUSTIAS ¿Y si no los encontramos? MELITÓN ¿Olvidas que nos han dicho 460 en una administración que los dos los vende un chico que a las doce de la noche aún los pregonaba a gritos?... ANGUSTIAS ¡Ay, Virgen de las Angustias, 465 si los hubiera vendido! 460 MELITÓN Me da el corazón que no, y por eso te suplico que saques fuerzas. ANGUSTIAS ¿De dónde? MELITÓN ¿De dónde? De cualquier sitio. 470 (Se disponen a marchar, pero se detienen al oír la voz de Pascuala.) PASCUALA (Dentro.) El último que me queda. ¡Hoy sale!... ANGUSTIAS ¡Cielos benditos! ¿Oyes? MELITÓN Oigo. (Dirigiéndose hacia donde oyó la voz.) ¡Lotería! PASCUALA ¡Voy corriendo! ¡Patrocinio! ¡Patrocinio, ven aquí! 475 PATROCINIO Voy enseguida. ANGUSTIAS ¡Qué miro! ¡Son dos chicas! ESCENA XI Dichos, Patrocinio y Pascuala, con décimos en la mano. MELITÓN Bien, espérate, pudiera haber ocurrido... (Acercándose a las billeteras con ansiedad.) ¿Qué números llevas? PATROCINIO Uno. MELITÓN ¿Uno? PATROCINIO ¡Pero muy bonito! 480 El treinta y tres mil trescientos treinta y tres. MELITÓN ¡Qué entristecido me dejas! 461 PATROCINIO ¡Pues si es el gordo! PASCUALA ¡Cómprelo usté y se hace rico! (Se acercan mucho a don Melitón cada una por un lado.) PATROCINIO ¡Que no me queda más que éste! 485 PASCUALA ¡Méteselo en el bolsillo! MELITÓN Mujer, que me haces cosquillas! PATROCINIO Tome usted. MELITÓN ¡Qué par de ojillos y qué cara tan graciosa! PASCUALA Dénos usté dos realitos 490 para buñuelos. MELITÓN ¿Buñuelos? (¡Ay! ¡si no hubiera venido mi mujer!...) (Mirando hacia donde se ha quedado doña Angustias.) PATROCINIO Conque ¿los quiere usted?... MELITÓN ¿Yo?... ANGUSTIAS Melitoncito, ¿has dado con algo? MELITÓN Sí. 495 Con un número distinto del que buscamos. PASCUALA (A Patrocinio.) (Ay, mira: ¡la pantera del Retiro!) MELITÓN ¡Y que me va gustando! ANGUSTIAS ¡Qué! MELITÓN El número; es de los míos. 500 462 Un treinta mil. ANGUSTIAS Quita allá. ¡Eres lo más... viciosísimo! PATROCINIO ¿Compra usté el décimo o no? ANGUSTIAS No nos gusta el guarismo.361 PASCUALA ¿El qué? ANGUSTIAS Buscamos dos números 505 que nos trastornan el juicio. El mil uno y el cuarenta. PATROCINIO (A Nicolasa.) Los que va vendiendo el hijo de la tía Gregoria. ANGUSTIAS y ¿Qué? MELITÓN ¿Dónde? ANGUSTIAS ¿Cuándo? MELITÓN ¿Tú lo has visto? 510 PATROCINIO Hace poco iba gritándolos por la calle de Peligros. ANGUSTIAS ¡Ay, Melitón! MELITÓN ¡Ay, Angustias, y no haber aquí vehículos ni tranvías! ANGUSTIAS ¿Y qué hacemos? 515 MELITÓN Hija, tomar el camino. Anda, corre, vuela. (Empujándola.) ANGUSTIAS ¡Espérate!... Esta noche echo los hígados. (Vanse.) 361 guarismo (cultismo), número. 463 ESCENA XII Patrocinio, Pascuala. Después Benigno con el cuello de la levita levantado y señales de sentir mucho frío. Música que acompaña al diálogo hasta el final. PATROCINIO (Gritando.) ¡El treinta y tres mil trescientos treinta y tres!... BENIGNO ¡Estaba escrito! 520 Desde las seis de la tarde está sonando en mi oído ese número; parece que me está diciendo el pícaro: “Cómprame”. Doce horas llevo 525 sin poder darlo al olvido; y a las seis de la mañana, cuando a casa me retiro, harto ya de trabajar, muerto de fatiga y frío 530 por ganar esta miseria que llevo aquí, ese maldito número viene a ponerse en mitad de mi camino. PATROCINIO ¡El treinta y tres mil trescientos 535 treinta y tres!... BENIGNO ¡Parece un grito providencial!... (Después de meditar un instante.) Yo lo compro... Y... ¿qué vas a hacer Benigno? Si no llevas más que quince duros y mañana mismo 540 tienes que pagar dos meses de casa, y comprarle al niño zapatos, y hay que comer y... ¡no, no!... ¡Fuera un delito!... (Echa a andar.) PATROCINIO El último que me queda: 545 ¡Caballero! (Dirigiéndose a Benigno. Nicolasa queda algo retirada.) NICOLÁS (En voz baja a Patrocinio.) ¡Ve con tino! 464 PATROCINIO ¡Cómpreme usté este décimo! BENIGNO ¡No, vete! PATROCINIO ¡Que éste de fijo es el premio gordo! BENIGNO ¡Vete! PATROCINIO ¡Qué número más bonito! 550 Estos son cincuenta mil duros. BENIGNO ¡Déjame diablillo! PATROCINIO El treinta y tres mil trescientos... BENIGNO Treinta y tres; ¡si ya te he oído! PATROCINIO ¡Un millón! BENIGNO ¡¡Un millón!!... ¡Vete! 555 PATROCINIO Que mañana es usté rico. Tómelo usted... sin propina; ¡sin propina señorito! BENIGNO Es que... (Cogiendo el décimo.) ¡A ver! PATROCINIO ¡Sale premiado!... BENIGNO Bueno, basta... (Decidiéndose y pagando.) Toma, cinco 560 duros, y otros, cinco, diez. (Mientras Benigno contempla el décimo con avidez, Patrocinio y Nicolasa se hablan rápidamente.) PATROCINIO ¡Pascuala! PASCUALA ¡Qué quieres! PATROCINIO ¡Vivo! Dame la moneda falsa 465 PASCUALA Toma. PATROCINIO Toma. (Da a su compañera una de las monedas que acaba de recibir de don Benigno. Pascuala desaparece.) ¡Señorito!... (Llamándole y probando el sonido de la moneda en el suelo.) BENIGNO ¿Qué? PATROCINIO Suena mal la moneda. 565 BENIGNO Es buena. PATROCINIO ¡No tiene brillo! BENIGNO Sí, mujer. PATROCINIO Pues no me gusta. BENIGNO Es muy buena, te lo afirmo. PATROCINIO Pues no la quiero. BENIGNO Toma otra que me queda en el bolsillo. 570 (Da otra moneda guardándose la falsa sin mirarla y volviendo a contemplar el décimo.) PATROCINIO (Aparte.) Ya que la Hacienda se lleva la cuarta, lo que yo digo... una tiene que ayudarse también. (Vase.) BENIGNO Si saldrá, ¡Dios mío! (Se guarda el décimo y vase por la derecha.) 466 ESCENA XIII Guardias 1º y 2º atravesando lentamente la escena. GUARDIA 2º Bueno, ¿y a mí qué me toca? 575 GUARDIA 1º Pero, ¿no me has entendido? Cinco por ocho, cuarenta: llevo cuatro y sobra un pico que se reparte entre todos. GUARDIA 2º De manera que salimos... 580 GUARDIA 1º Si nos toca el premio grande... (Después de meditar un rato y de echar como antes cuentas por los dedos.) saldremos... tan complacidos. (Vanse.) ESCENA XIV Un chico. Después doña Angustias y don Melitón, luego coro de serenos. CHICO (Sale corriendo y detrás de él don Melitón y doña Angustias.) El mil uno y el cuarenta, ¡hoy sale!... MELITÓN ¡Muchacho! (Vase detrás.) ANGUSTIAS ¡Chico!... (Cae al suelo.) ¡Ay! ¡Llegó mi última hora! 585 ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Auxilio! (Se levanta y vase cojeando por donde se fue don Melitón.) ESCENA XV Música. Coro de serenos.362 Salen por diferentes términos hasta quedar colocados frente a público en el proscenio. CORO Somos los vigilantes que por las noches van por ahí; somos los vigilantes 590 que no vigilan y ese es el quid. 362 serenos, desde 1765, los serenos encendían y cuidaban el alumbrado público, cantaban la hora y el estado del tiempo; posteriormente pasaron a ser celadores de calles y barrios. Muchos de ellos eran asturianos. 467 Nos llaman los serenos y ese es un nombre mal apropiau, 595 porque precisamente, siempre marchamos desnivelaus. No nos asusta el agua y despreciamos el chaparrón, 600 porque llevamos todos impermeables de peleón. Siempre que un señorito de la vecindad, quiera entrar en su casa, 605 (y esto no es guasa, que es verdad,) ya puede reventarse a gritos y verá, que sufre un desengaño, 610 porque lo menos en seis meses o en un año, no lo logrará. Sereno, ¡socorro! Que matan a un hombre; 615 que a aquella vecina la quieren robar. (Al público.) ¿Ustedes se piensan que en cuanto lo oímos sacamos los chuzos363 620 y vamos allá?... Esa es la equivocación del que se lo crea así: lo que hacemos es marcharnos dos kilómetros de allí. 625 (Se oyen dos campanadas en el reloj de la torre.) ¡Las seis y media! ¡Qué tarde es! Hay que acostarse, marchemos pues; que está empezando 630 a clarear, y estos faroles 363 chuzo (de suizo), palo armado con pincho de hierro para defenderse. 468 ¡hay que apagar! (Abren la puertecilla de los faroles y los apagan a compás de orquesta.) UNOS Fu, fu, fu, fu. OTROS Fu, fu, fu, fu. 635 TODOS Somos los vigilantes que por las noches van por ahí; pero en cuanto amanece ya no pensamos 640 más que en dormir. (Vanse muy despacio hasta la mitad de la escena y echan de pronto a correr en distintas direcciones.) MUTACIÓN. CUADRO TERCERO. ¡Juego! Telón corto, Paseo de Recoletos, viéndose al fondo izquierda parte de la Casa de la Moneda. ESCENA XVI El papá con el niño en brazos. Éste lleva el décimo en la mano. PAPÁ Ahora veremos si es verdad que Dios protege la inocencia. ¡Agárralo bien, hijo mío!... De buena gana la metería en el bombo para que escogieras este número. (Vase.) ESCENA XVII Doña Ramona y doña Escolástica, de luto y pobremente vestidas, por la derecha. Son dos personas ridículas; la primera de aspecto jovial, la segunda muy afligida siempre. RAMONA Vamos a ver. ¿Por qué cree usted que no nos va a tocar la lotería, doña Escolástica? ESCOLÁSTICA Porque yo tengo muy mala sombra. Hace muchos años que mis negocios no marchan bien. Hasta la casa de 469 huéspedes que hemos puesto juntas, va de capa caída. Sí, señora, todas son desgracias. Tengo mi expediente de viudedad, en clases pasivas, sin resolver hacer diez años y medio. Quiero ver al ministro y no me recibe, por más que digo que soy la viuda del general Daoíz y Velarde; pero no me creen. ¡Quién se lo iba a figurar!...El ministro que es de mi mismo pueblo, que cuando niños teníamos la misma edad, aunque no sé, ¡porque yo he estado fuera mucho tiempo!... RAMONA Abrigo una esperanza muy grande. Tenga usted entendido que el otro día maté una araña con la mano izquierda, y esta es señal infalible de lotería. Además, yo soy muy desgraciada en amores, y por lo tanto debo ser afortunada en el juego. ESCOLÁSTICA Dichosa usted, que siempre está contenta. ¡Yo, toda mi vida derramando lágrimas! RAMONA Ya verá usted qué casita vamos a comprar en la Guindalera. A real el pie... ESCOLÁSTICA Si es tan grande como el de la estatua de Mendizábal, no me parece caro. RAMONA Déme usted el décimo, que quiero recrearme otra vez en el número... ¡Es de lo más simpático!... ESCOLÁSTICA ¿El décimo? Pues si se lo di a usted al salir de casa. RAMONA ¿A mí?... ¿Está usted chiflada, señora de Daoíz y Velarde? ESCOLÁSTICA ¡Le digo a usted que no! RAMONA Yo no lo tengo. (Registrándose en el bolsillo.) ESCOLÁSTICA Ni yo tampoco. RAMONA Usted lo ha perdido. ESCOLÁSTICA ¿Lo ve usted? Si no se me puede entregar ningún documento importante. Yo no he visto cabeza como la mía. (Llevándose las manos a las cabeza) ¿Qué es esto? ¡Ay, Dios mío!... Tiene usted razón, yo lo tengo, aquí está. Esta mañana, al rizarme el pelo, me hice los 470 papillotes364 con un papel que vi en el tocador y sin duda es el décimo. ¡Mírelo usted! (Se alza el velo y enseña los papillotes con que lleva cogido el cabello.) RAMONA ¡El mismo! No se le quite usted. Quiere decir que si nos toca la lotería, le presenta usted la cabeza al Director de Rentas. (Vanse.) ESCENA XVIII Caballero elegante, señora, niño zangolotino365 y lacayito. Procúrese que la estatura del niño no guarde relación con la del lacayito. Este debe ser extraordinariamente más pequeño que aquel. SEÑORA Es preciso que dejes de jugar a la lotería. Este vicio ha tomado en ti tal incremento, que nos va a arruinar. Entonces no sé qué va a ser de nosotros y de esta pobre criatura, (Por el Niño.) en cuya educación hace falta que nos ocupemos. Tiene doce años y todavía no sabe leer. NIÑO (Con resolución estúpida.) Pero sé escribir. CABALLERO Me enamora su candidez. Déjale que se desarrolle, que se distraiga. Yo a su edad jugaba como él. SEÑORA Lo peor es que también juegas ahora. (Irónicamente.) CABALLERO Ya no hay más remedio. Es la única manera de ver si recupero mi fortuna. Entremos al sorteo, que no tengo calma para esperar a la lista grande. SEÑORA ¡Goliat! (Al lacayito, que se quita el sombrero como para recibir órdenes). No se aparte usted mucho de estos sitios y no suelte al niño de la mano, no sea que le coja algún coche. (El Lacayito hace una reverencia, se pone el sombrero, coge al Niño de la mano y se lo lleva por la derecha. El caballero y la señora se van en dirección a la Casa de la Moneda.) 364 papillotes, rizo de pelo formado y sujeto con un papel. 365 zangolotino: muchacho que quiere o a quien se quiere hacer pasar por niño. 471 ESCENA XIX Sordo por la derecha. Después doña Angustias y don Melitón. SORDO ¡Cincuenta mil duros! ¡Dios mío! ¡Cincuenta mil reales!... Me contento con veinticinco mil. (Mirando al cielo.) Ya ves que no soy ambicioso. No pido más que lo preciso para pagar lo que debo. No. Pagar lo que debo sería pedir demasiado... Nada, no le pago a nadie. ¡Y pensar yo que sería feliz con quinientos duros!... ¡Qué quinientos duros! Con dos mil reales salía yo mañana de todos mis compromisos... ¡Ya lo creo! y con cincuenta duros también. La cuestión es sacar algo... ANGUSTIAS Caballero, caballero, por dónde se entra a la sala de extracciones.366 (Tropezándole en un hombro.) SORDO ¿Eh? MELITÓN Que dónde se juega a la lotería. SORDO ¿Eh? MELITÓN ¿Que cuál es la sala del sorteo? (Gritando.) SORDO Sí señor, éste es el paseo. (¡Algo! ¡Algo o me suicido!) (Vase izquierda.). MELITÓN Como si se lo hubiera preguntado a la Cibeles. Vamos hija, no nos faltará quién nos enseñe el camino. ANGUSTIAS ¡Y los billetes! ¡No los pierdas, por Dios! MELITÓN ¿Perderlos? ¡Primero te pierdo a ti! Estaría bueno, después del trabajo que nos ha costado alcanzar el chico. (Medio mutis.) 366 extracciones (cultismo). 472 ESCENA XX Dichos, Agustín (paleto) que sale por la derecha. AGUSTIN ¡Señor Melitón! ¡Señá Angustias! MELITÓN Agustinico, tú también por aquí? ¿Vienes a la timba367 nacional? AGUSTIN He llegado anoche de Móstoles a buscar el cinco mil... El administrador del pueblo no tenía más que el diez y ocho mil y el doscientos catorce, y como esos no salen nunca, no los he querío. MELITÓN Has hecho bien... Y sobre todo, en aquel pueblo no puede tocar la lotería; ¿no ves que allí no hay ferrocarril? AGUSTIN Ni telégrafo. ANGUSTIAS No perdamos tiempo. Vamos a ver si damos con la sala del sorteo. No te olvides de entrar con el pie derecho, Melitón. MELITÓN ¿Con el pie derecho? (Mirándose los pies.) ¡A ver cuál es? ¡Quiera Dios que no se me olvide! (Vanse todos por la izquierda, echando siempre delante el pie derecho.) ESCENA XXI Lorenza y coro de cigarreras por derecha. Música. LORENZA Y CORO Entre ochenta compañeras este décimo jugamos, y en tocándonos el gordo, ya no hacemos más cigarros. 645 Porque estamos en el mundo hartas ya de estornudar, con el polvo del tabaco de la Hacienda Nacional. 367 timba: juego de azar. 473 LORENZA Soy la espalillaora 650 de más salero, que en la fábrica nuestra gana dinero. Y tengo un chulo de la vuelta de abajo... 655 ¡Valiente puro! ¡Olé y olá, aquí to es positivo del pelo al pie! LORENZA y CORO ¡Olé y olá 660 porque en las cigarreras todo es verdá! LORENZA Cuando mi Curro mata y es malo el bicho, tiro una tagarnina368 665 desde el tendido. ¡La huele el toro y ni con la puntiya muere más pronto! Olé y olé, etc. 670 LORENZA y CORO Olé y olá, etc. MUTACIÓN CUADRO CUARTO Burlote de preferencia Sala donde se celebra el sorteo. Puertas en primeros términos. Al foro, sobre un tabladito, una mesa con tapete, escribanía y papel. A una altura conveniente un dosel con un retrato que figura ser el del jefe del Estado. A la izquierda, cerca de la mesa presidencial, el bombo de los números que entran en el sorteo; este bombo debe ser de un tamaño colosal; a la derecha otro bombo que figura contener las bolas de los premios. Este bombo ha de ser pequeñísimo, de modo que llame la atención, desde luego, la inmensa diferencia que existe entre su tamaño y el del grande. Al levantarse el telón se supone que hace mucho tiempo que empezó el sorteo y que está a punto de terminar. Los bombos son movidos por dos hombres, y las bolas, que de aquellos caen, las recogen dos niños, quienes las van colocando alternativamente en unos alambres derechos que habrá en una mesita, delante de la Presidencia. Bancos a derecha e izquierda, ocupados por multitud de concurrentes y por las personas que indica el diálogo. 368 tagarnina: cigarro puro de mala calidad. 474 ESCENA XXII Doña Escolástica, doña Ramona, señora, caballero, papá, en los bancos de la izquierda. Don Melitón, sordo, doña Angustias, Lorenza, don Amable, chulo, en los de la derecha. Después un señor gordo y Agustín. ESCOLÁSTICA Dígame usted, (Al papá.) ¿ha salido el premio grueso? PAPÁ Yo no lo sé; como no lo haya oído el niño... (Sale el señor gordo y va a sentarse al lado de Lorenza.) LORENZA Aquí no cabe usted, ¡buen hombre! GORDO Pues hágase usted más allá, ¡señora! (Queriendo sentarse.) LORENZA ¿Quién quiere el gordo? VARIOS ¡Yo! ¡Yo! ¡Aquí! ¡Aquí! LORENZA ¡Pues ahí va! (Empuja al gordo y cae éste sobre las personas sentadas enfrente. Risas. Se sienta el gordo y sale Agustín por la izquierda, cruza la escena y al decir: “A la par de Dios, señores...”, se fija en el dosel, se santigua arrodillándose con respeto y se sienta cerca de don Melitón. Risas.) NIÑO 1º ¡Noventa! (Sacando una bola del bombo grande después de haber sido éste agitado por un hombre.) NIÑO 2º (Sacando otra del pequeño.) ¡Diez mil pesetas! AMABLE (Muy desesperado.) ¡Maldita sea mi estampa; el que no quise tomar porque se vertió el tintero! (Risas y desorden.) PRESIDENTE (Dando un campanillazo.) ¡Silencio, señores: aquí no se permite ninguna manifestación! MELITÓN Aquí no se permite más que tragar saliva. AMABLE Y bilis. SORDO ¿Ha dicho el setenta? (A don Melitón.) MELITÓN No señor, el noventa. SORDO ¡Ah! ¡El cincuenta! ¿Pero es el cincuenta pelado? 475 MELITÓN Hasta ahora yo no le he visto la melena. SORDO (Repasando un montón de décimos que tendrá sobre las rodillas.) Cincuenta, cincuenta, cincuenta... ¿Aquí está? ¿Con cuánto? (A don Melitón.) MELITÓN ¡Con diez mil pesetas! SORDO (Muy contento.) ¡Con cien mil pesetas! ¡Vivan las Rentas Estancadas! Iré poniendo aparte todos los que me salgan premiados. (Echa uno en el sombrero que tendrá en el suelo.) CABALLERO Que se pronuncien con más claridad los números. NIÑO 1º ¡Mil!... (Sacando otra bola.) ANGUSTIAS ¡Ay! (Creyendo que van a cantar su número.) NIÑO 1º ¡Dos! MELITÓN Por un número, ¡cómo ha de ser! (Abraza fuertemente a Lorenza.) NIÑO 2º ¡Dos mil quinientas pesetas! ANGUSTIAS (Viendo que don Melitón abraza a Lorenza.) Pero ¿qué haces, desvergonzado? MELITÓN ¿No lo ves?... ¡Una aproximación! ANGUSTIAS Quítate de ahí, que tú eres muy aficionado a ciertas aproximaciones... (Cambian de asiento quedando doña Angustias al lado de Lorenza.) LORENZA Y yo también, señora, y ¡es muy fácil que le aproxime un reintegro! CHULO ¡Mucho ojo, señores, que anda por la atmósfera una bofetá, y puede ser que alguno cargue con ella! AMABLE (Con ironía.) Señor presidente, ¿se puede saber por qué no ha salido ni un once mil siquiera? PAPÁ Tiene razón ese caballero, o se tira de la cuerda para todos, o ... (Risas y alboroto.) PRESIDENTE Eso es una ofensa para el Tribunal. (Sigue el desorden.) 476 VARIOS ¡Silencio! ¡Fuera! ¡Orden! GORDO Señores estemos calladitos, porque de lo contrario, se va a enfadar el señor Presidente, y no nos va a tocar a nadie. (Risas.) AMABLE ¡Yo tengo derecho a protestar! ¡Pido que salga el once mil doscientos!... (Risas.) NIÑO 1º ¡Once mil doscientos!... (Sacando bola.) AMABLE ¡Basta! ¡Ése es! NIÑO 1º ¡Veinticuatro!... AMABLE ¡No me sirve! NIÑO 2º Dos mil quinientas pesetas. ANGUSTIAS (A Lorenza.) ¡Pero cómo huele usted a rapé, señora! ¡Achist! (Estornuda.) MELITÓN ¡Calla! Pues es verdad. ¡Achist! (Id.) AMABLE ¡Achist! (Id.) LORENZA Me voy a otro sitio, porque son ustedes la crema de la cursilería. (Se levanta yendo a sentarse al lado de doña Escolástica y de doña Ramona: acto continuo todos los de aquel lado estornudan estrepitosamente. Risas.) TODOS ¡Achist! LORENZA Señor Presidente, que cierren las ventanas porque están hermétricamente abiertas y estos señores se costipan. (Risas.) PRESIDENTE ¡Orden! ¡El que alborote será expulsado de la sala! Continúe usted. (A niño 1º.) NIÑO 1º ¡Quinientos ocho! NIÑO 2º ¡Ochenta mil pesetas! SORDO ¿Qué número? (A don Melitón.) 477 MELITÓN (Incomodado.) ¡El novecientos mil! (¿Por qué jugará a la lotería estando sordo?) SORDO ¡Ése no le tengo! NIÑO 1º ¡Nueve! ESCOLÁSTICA Pido que se me enseñe el número, porque puede ser un seis al revés. SORDO Ha dicho el cuarenta y nueve. ¡Qué bien oigo! ¡Luego dirán que soy sordo! ESCOLÁSTICA (Examinando la bola que un hombre le entrega después de bajar de la presidencia.) Yo creo que es un seis, aunque muy usado. RAMONA (Cogiendo la misma bola que pasa después a Lorenza y luego a la señora.) Para mí es un nueve desvanecido. LORENZA Yo no entiendo de números, pero me parece que es un cuatro. SEÑORA ¡De todas maneras es un dígito! (Burla y risas en todos.) TODOS ¡Es un nueve! ¡Es un nueve! (El hombre recoge la bola y vuelve a su sitio.) NIÑO 2º ¡Dos mil quinientas pesetas! NIÑO 1º ¡Doscientos catorce! MELITÓN Agustín, ¡que bárbaro has sido y yo también! AGUSTIN Don Melitón, ¡y eso que no hay ferrocarril! NIÑO 2º ¡Ciento cincuenta mil pesetas! (Movimiento general. Los niños repiten tres veces el número y el premio.) TODOS ¡Ah! ANGUSTIAS ¡El segundo premio en Móstoles!...¡Yo me muero! ¡Ah! (Se desmaya en brazos de don Amable.) MELITÓN ¡Y en nuestra casa que es donde está la administración! 478 AGUSTIN ¡Maldita sea la carretera de Extremadura! (Vase desesperado.) AMABLE ¡Que la den éter! SORDO ¡El siete! Aquí está. (Echando otro décimo en el sombrero.) MELITÓN ¡Qué éter ni qué ocho cuartos; esto no se la quita como no la den un premio! ¡Esperen ustedes! ¡El cuarenta! ANGUSTIAS ¡Mi número! (Volviendo en sí.) SORDO ¡El ochenta! ¡Otro de los míos! (Nuevas risas y alboroto.) PRESIDENTE ¡Que suspendo el acto, señores, que lo suspendo! MELITÓN (A don Amable).¡Pero si no es posible que le toque a nadie! ¡Si el bombo de los premios parece una píldora de trementina369 y el otro la media naranja de San Francisco! NIÑO 1º ¡Ciento cuarenta y dos! SORDO ¡El veintidós! ¡Los patitos! ¡También le tengo! NIÑO 2º ¡Dos mil quinientas pesetas! MELITÓN ¡Nada! ¡Ni un céntimo! ¡Ése para el Gobierno! NIÑO 1º ¡Diez y ocho mil! NIÑO 2º Dos millones quinientas mil pesetas... (Exclamación general. Todos repiten: el gordo, el gordo.) MELITÓN ¡Para Móstoles! ¡Malditas sean las capitales de provincia! ANGUSTIAS ¡Hemos tenido el gordo dentro de casa, y no lo hemos visto! AMABLE Malditos sean los gordos, los flacos y toda la humanidad. GORDO (Levantándose furioso.) Eso de los gordos, lo dice usted por mí? 369 píldora de trementina: de pequeño tamaño. 479 CHULO Eso de los flacos, reza conmigo? (Amenazando a don Amable. Con este motivo todos se levantan a poner paz; promuévase confusión y escándalo.) PRESIDENTE (Agitando la campanilla y tratando inútilmente de restablecer el orden.) ¡Ha terminado el sorteo! TODOS Ni a mí, ni a mí. SORDO (A don Amable.) ¡Casi todos los míos premiados! AMABLE ¡Déjeme usted en paz! (Todos salen en desorden y disputando acaloradamente.) MUTACIÓN CUADRO QUINTO La contraria La misma decoración del cuadro tercero. ESCENA XXIII MÚSICA Coro de chicos, vendedores de la lista grande. I Por un perro chico vendo esta lista general, con los números premiados del sorteo Nacional. 675 Pasa un rato delicioso, de seguro, el comprador, al mirar en esta lista el billete que jugó. ¡Sí! 680 Tenemos la certeza ¡Sí! (Porque esta es la verdad) de que todas estas listas, casi siempre vienen mal. 685 ¡Sí! ¡Pero la cosa es fácil! ¡Sí! ¡Muy fácil de arreglar! Si es un ocho el que hay delante, 690 lo coloca usted detrás. Vamos voceando por las callejuelas corre, que te corre, 480 calles y plazuelas; 695 y las abuelitas salen al balcón, diciendo: “¡Muchacho... la lista!”. “¡Señora, ya voy!” Y bajan la escalera 700 pensando en el turrón, y al ver que no les toca las da una convulsión. II Una vez se ha dado el caso de tener un aguador 705 el dos mil trescientos uno, cuyo número jugó. Al comprarnos esta lista lo vio escrito en el papel, y bailando de alegría 710 fue a decirlo a su mujer. ¡Sí! La dijo: “Niculasa, ¡Sí! sin más apelación, 715 es preciso que te compres un refajo y un mantón”. ¡Sí! Se fueron a la fonda ¡Sí! 720 se fueron al café, y gastaron en dos horas el salario de aquel mes. Pero el otro día, cuando fue a cobrar, 725 se llevó un camelo370 más que regular; porque el caballero administrador le dijo: “Pero, hombre, 730 borrico, si el uno es un dos”. Y lleno de coraje por la equivocación, armó una pelotera 735 y fue a la prevención. (Vanse pregonando: “La lista grande”.) 370 camelo (gitanismo), engaño, cuento, mentira. 481 ESCENA XXIV Doña Angustias y don Melitón por la izquierda. Después obrero por el mismo sitio. MELITÓN Ea, hicimos la jugada; creo que estarás contenta. ¡Ya no tenemos ni un cuarto! ANGUSTIAS ¡Que a decir eso te atrevas 740 cuando tú tienes la culpa! MELITÓN ¿Yo? Tu afición sempiterna a ese vicio, es la que ha dado al traste con nuestra hacienda. ANGUSTIAS ¡Ay, Melitón! Ambos somos 745 responsables de la adversa situación en que nos vemos. ¡Maldita mil veces sea la pícara lotería! (Aparece el obrero, que se detiene a oír el diálogo.) MELITÓN Es una farsa completa, 750 un saca dineros, un... ANGUSTIAS ¡Y aún me dirán que el que sueña con toros!... MELITÓN ¡Estoy bramando! Es más noble la ruleta y el bacarrat...371 Ya lo creo, 755 mujer, y el treinta y cuarenta. ANGUSTIAS ¡Y el monte! ¿Y habrá quien diga, Melitón, sobre la tierra que ha conseguido alcanzar un premio? MELITÓN ¡Ni uno siquiera! 760 OBRERO (Aproximándose.) No es verdad, y usté dispense el que yo así me entrometa. A mí me ha tocado el gordo. 371 bacarrat, (del francés, bacará), bacará, juego de naipes. 482 ANGUSTIAS Y MELITÓN ¿A usted? OBRERO Y a todo el que quiera jugar a la lotería 765 que da una ganancia cierta enriqueciendo a los pobres. MELITÓN Diga usté, y dónde se juega? OBRERO Aquí en la corte, en la plaza de San Martín, casa nueva: 770 se llama “Caja de Ahorros”. ANGUSTIAS Y MELITÓN ¿Qué? (Con extrañeza.) OBRERO Desde el año sesenta en ella he depositado, cada vez que se sortea la lotería, el importe 775 de un décimo, y hoy me entregan una cantidad que asciende a muchísimas pesetas, con las que voy a poner una fábrica, que sea 780 base de mi bienestar, si Dios me ayuda en la empresa. No hay premio grande, más grande, téngalo usted muy en cuenta, que el trabajo y el ahorro... 785 Conque, salud y paciencia. (Vase por la derecha.) ESCENA XXV Dichos, menos el obrero. ANGUSTIAS Y después de escuchar esto, di, ¿qué recurso nos queda, Melitón? MELITÓN Hija, el que a todos los que en este mundo juegan, 790 y por buscar el desquite se quedan sin dos pesetas! Ir al Asilo del Pardo, a ver si allí nos hospedan! (Vanse demostrando abatimiento.) MUTACIÓN 483 CUADRO SEXTO ¡Elijan.! Música en la orquesta. A la izquierda la fachada del Asilo del Pardo372, por cuya puerta van entrando profundamente abatidos don Amable, don Melitón, doña Escolástica, doña Ramona y el sordo. A la derecha una fábrica con grandes máquinas de vapor en movimiento y varios atributos del trabajo. El obrero en el centro de ella como dando órdenes a dos o tres dependientes que aparecerán allí. CAE EL TELÓN 372 Nota del autor: Donde no sea conocido este Asilo, puede sustituirse su fachada por la de otra Casa de Beneficencia más popular en la provincia. 485 El corral de comedias SAINETE ORIGINAL Y EN VERSO 486 PERSONAJES DOÑA ALDONZA MARÍA CHAVES (cómica de sesenta años de edad) MARQUESITA LUCÍA MORATÍN DON RAMÓN DE LA CRUZ DON LUCIANO COMELLA (poeta) DON CRISTÓBAL CLADERA (abate) DON ANTONIO NARCISO NICOLÁS (cómico) MARTÍNEZ (ídem) DON JUAN DE LA CONCHA (poeta) CORREGIDOR AGAPITO ADONIS (alguacil) HOMBRE 1º UN ALGUACIL (no habla) PETIMETRES, PETIMETRAS Y GENTE DEL PUEBLO. La escena en Madrid, 7 de Febrero de 1792. Empieza la acción a las dos y media de la tarde y termina a las seis. 487 ACTO ÚNICO Fachada principal del Teatro del Príncipe en 1792. A cada lado de la puerta principal una ventanilla pequeña con un letrero en la parte alta de las dos. En el de la derecha dice: Despacho de billetes de hombres, y en la otra: Despacho de billetes de mujeres. En sitio oportuno, un pequeño cartel anunciando La comedia nueva o el café, de Moratín, por la compañía de Rivera; sainete de Cruz y baile, seguidillas del olé. En la puerta del teatro, no hay más que un hombre del pueblo recogiendo las entradas que le entregan los espectadores al entrar. ESCENA PRIMERA Nicolás, de cómico pobre. NICOLÁS ¡Siempre corriendo! No sé cómo el diablo me la enreda, que no empiezo a comer nunca menos de las doce y media; y por más que me propongo 5 dejar de dormir la siesta, en cuanto acabo, comienzo a sentir una pereza que, si no duermo una hora vamos... soy un hombre a tierra. 10 Me levanto, y mi costumbre es ir a dar una vuelta para oír lo que en las Gradas de San Felipe se cuenta. De esta manera me informo 15 de todas las ocurrencias que han sucedido en España y en las Cortes extranjeras, porque allí se sabe todo con tal verdad y certeza, 20 que, pensando lo contrario de lo que la gente aquella refiere, me entero al punto de cuanto pasa en la tierra. Así vengo echando el bofe 25 a cumplir con mi tarea; porque ya habrán comprendido al ver mi facha y mi fecha, que soy cómico de oficio, 488 que a mi pobre faltriquera373 30 le faltan siempre ocho reales, para tener dos pesetas, y que tengo obligación de vender, si hay quien los quiera, asientos de barandilla, 35 gradas, palcos y lunetas, y que muchas tardes hago un papel en la comedia. Si por desventura silban la que esta tarde se estrena, 40 por más que es de Moratín,374 que sabe lo que se pesca, se acaba la compañía y comienza la miseria; no teniendo otro remedio, 45 por más que me cause pena, que colocarme un anuncio, que diga en letras muy gruesas: Aquí se alquila un estómago con asistencia o sin ella. 50 Vamos al despacho. ¡Apolo,375 ten de nosotros clemencia! ¡Si consigues que hoy aplaudan de Moratín la Comedia,376 te regalo dos asientos 55 para que bajes a verla! ESCENA II María Chaves, vestida con elegancia exagerada y cursi; Lucía y Martínez. MARTINEZ Yo no vuelvo con vosotras a ninguna parte ¡ea! En peinaros solamente, tardáis tres horas y media: 60 373 faltriquera: bolsa atada a la cintura. 374 Moratín, Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), dramaturgo neoclásico español. 375 Apolo, apóstrofe dirigida a Apolo, dios griego de la música y la poesía. 376 La comedia nueva o El café (1792) 489 MARÍA De mí, en rigor, te aseguro que no puedes tener queja. Mujer que menos se arregle que yo no la hay en la tierra, pues siempre salgo a la calle 65 como estoy en casa. LUCÍA Apenas he hecho esperar: habéis ido a casa a las once y media, y a las dos y diez minutos ya me teníais compuesta. 70 Hoy es día de venir al teatro de etiqueta. Como que se hace una obra del mejor de los poetas; según él mismo asegura, 75 aunque no haya quien lo crea. MARÍA Pensar que hoy a don Leandro de Moratín y otras hierbas, van a arrimarle una silba descomunal y estupenda, 80 es una satisfacción para mí, de las primeras. MATÍNEZ ¡Qué pensamientos tan ruines, mujer! Y, si la comedia, como puede fácilmente 85 suceder, está bien hecha y merece aplauso, ¿a qué esa intención tan perversa? Ya ves, yo soy director del otro Corral, y fuera 90 muy razonable querer que silbaran la comedia. Pero, si el hombre, en efecto, vale, y el arte prospera, todos a la vez ganamos. 95 MARÍA ¡Manuel, no digas simplezas! No puede tener talento... y voy a darte una prueba. Cuando llevó a tu teatro su detestable comedia 100 El viejo y la niña,377 y quise 377 El viejo y la niña (1786), no representada hasta 1790 por prohibición eclesiástica. 490 hacer yo, por ser mi cuerda, la dama joven, me dijo manifestando sorpresa: ¿Cómo pretende usté hacer 105 un papel que representa una niña candorosa, inocente, pura y bella de quince años? Eso es bien claro llamarme vieja. 110 Y el hombre que me calumnia de tan inicua manera no puede tener chispa de talento en su cabeza. ¡Ofenderme a mí, a una cómica 115 de mi nombre y de mis prendas; a mí, a María Chaves, La Zoronguita! En Vallecas, por mi gusto, habían de oírse los silbidos que le esperan. 120 LUCÍA Mi padre, que es el mejor de todos nuestros poetas, (y yo lo sé porque él mismo me lo dice con frecuencia) sostiene que Moratín 125 es muy duro de mollera; como que tarda dos años en hacer una comedia; y mi padre, en cuatro noches, compone cinco tragedias. 130 Anoche, sin ir más lejos, estaba el pobre de vena, ¡Y, si no es por mí, concluye dos óperas de las serias! MARTINEZ ¡Por tu culpa! ¿Pues qué hiciste? 135 LUCÍA Es en él costumbre añeja dictarme desde la cama; apaga la luz y cierra los ojos; yo, en la otra alcoba, coloco tintero y mesa, 140 y escribo lo que me dice... y corrijo alguna escena. (Con petulancia.) A la una empezó a dictarme, y, a eso de las cinco y media, me preguntó: ¿dónde vamos? 145 Yo dije: donde usted quiera, pues me he quedado dormida 491 y no he escrito ni una letra. ¡Si no me encierro en mi cuarto, no me atiza mala felpa!378 150 MARTINEZ ¡Pues, mira, razón tenía! ¡La partida es de las buenas! Yo no niego que es tu padre, el buen Luciano Comella,379 una notabilidad 155 en las artes y en las ciencias; conforme digo una cosa digo otra. MARÍA ¿Y en las lenguas? Sobre todo el italiano, no hay quien como él lo posea. 160 LUCÍA ¡En el idioma del Diantre380 no cede el puesto a cualquiera! (Entran en el teatro.) ESCENA III Doña Aldonza, el Corregidor, Adonis, de alguacil, y alguacil 2º. Aquel muy feo, con semblante de idiota. ALDONZA Corregidor, yo supongo que, en la tarde que te espera, darás de tu discreción 165 y talento clara muestra. Hoy habrá toros y cañas en el coliseo; gresca, silbidos, voces, insultos, provocaciones, pendencias, 170 y todos aquellos medios que el vulgo soez emplea, siempre que aparece un genio que se opone a sus tendencias. Los chorizos y polacos. 175 tienen la lucha dispuesta, unos en favor, y otros en contra de la comedia de Moratín. Conque a ver 378 me atiza mala felpa (de felpa, tela parecida al terciopelo), no me pega en la piel. 379 Luciano Francisco Comella, según Alborg, representante del peor teatro de la época, ridiculizado, junto con Zavala, por Leandro Fernández de Moratín 380 Diantre: Dante. 492 cómo te portas. Es fuerza 180 que para que el Rey don Carlos, (El Corregidor y Adonis se quitan el sombrero.) que sabiamente gobierna el reino, vea que tú tienes valor y entereza, lleves por lo menos hoy 185 a la cárcel ciento treinta. CORREGIDOR Sabes que, cuando presido el Corral de las Comedias, hay orden, pues no me aparto del plan que tú me aconsejas. 190 Tus principios y virtudes, y otra infinidad de prendas que te adornan, son mi guía en el cargo que a la excelsa bondad de don Carlos cuarto 195 (que Dios conserve y proteja), (Vuelven a descubrirse el Corregidor y Adonis.) he merecido hace tiempo, por más que yo indigno sea de tal honra... ALDONZA ¡Indigno, no! que el que unido a mí se encuentra 200 en matrimonio, no es mucho que por tal razón merezca los puestos más elevados de la nación. Considera que yo soy, como no ignoras, 205 legítima descendienta de la casa de Quirós, después de Dios, la primera. Tanto, que en Semana Santa, juzgo, con razón completa, 210 que, muerto Dios, como está vacante su trono, es fuerza que a mí corresponda el mando de cielo y tierra. CORREGIDOR ¡No lo dudo! ALDONZA ¡A ver, Adonis! 215 (Adonis se aproxima y va echando en los pañuelos, que sucesivamente le presenta doña Aldonza, las esencias que ésta indica.) 493 Echa aquí un poco de esencia de clavel. Aquí, de rosa, y en éste un poco de menta. No te apartes de mi lado por lo que ocurrir pudiera. 220 (Aparte.) ¡Qué guapo es! ¡Me enamora su semblante y su presencia! CORREGIDOR A Juan, que no se menee con el coche. ALDONZA ¡Espera... espera! (Deteniendo a Adonis, que ha intentado marcharse.) (Al Corregidor.) Se me ha olvidado decirte 225 que he dispuesto que se vuelva para asistir al entierro del conde de Hierbabuena. Ya que tú no puedes ir por tus urgentes tareas, 230 que al menos te representen el cochero y las dos yeguas. Es lo mismo. CORREGIDOR Ciertamente: ¡ellos suplen mi presencia! ¡Corregidora, mi brazo, 235 que ya la hora se acerca! (A Adonis.) Conque, a prender; cuantos más cojáis, mayor recompensa.381 . Quiero que haya en el teatro más silencio que en la iglesia. 240 (Entran en el coliseo. El hombre que está en la puerta hace una profunda reverencia.) 381 el poder oficial protege el teatro de los afrancesados. 494 ESCENA IV Don Cristóbal,382 de abate, don Luciano Comella y Juan de la Concha. CRISTÓBAL Moratín es un babieca: ¡si no sabe ni la a! Lo diré todo: ayer tarde me aseguró don Cleofás en casa de la marquesa, 245 viuda de Madagascar, que es traducción su comedia de un drama antiguo alemán. COMELLA ¡Sí, traducción! DON JUAN ¡Traducción! COMELLA Si él no tiene habilidad, 250 si él no sabe, si él no ha sido de nuestro corro jamás, ni nunca nos ha traído sus obras a examinar.383 CRISTÓBAL Si yo quisiera decir 255 lo que... pero bueno está.384 COMELLA ¡Oiga! ¿Pues qué ha sido? Vaya, díganos usted... CRISTÓBAL No tal. No. Yo le estimo y no quiero que por mí le falte el pan. 260 Yo soy muy sensible. Soy filósofo y tengo ya escritos catorce tomos que tratan de humanidad, beneficencia... Si ustedes 265 me prometieran callar... (Le rodean todos con mucho misterio.) DON JUAN Hable: un secreto entre tres es muy fácil de guardar. 382 Cristóbal Cladera, escritor y crítico mallorquín muy influyente en su época. 383 los dramaturgos españolistas critican el teatro de los afrancesados. 384 reticencia: don Cristóbal tiene ganas de murmurar pero se hace de rogar. 495 CRISTÓBAL Pues bien... Señores, el caso es que ese cisne inmortal, 270 imprime lo que no es suyo, todo es hurtado y... ¡qué más! sus comedias celebradas que tanta guerra nos dan, son obras de un religioso 275 de aquí, de la Soledad. Dióselas para leerlas (nunca el fraile hiciera tal), no se las quiso volver, murióse el fraile, y andar... 280 COMELLA Lo que yo no le perdono y no olvidaré jamás es que ha llegado a creerse (¡si no lo quiero pensar!) que es superior su talento 285 al mío! TODOS ¡Qué atrocidad! (Con asombro cómico.) CRISTÓBAL ¿Pero eso es cierto? COMELLA ¡Certísimo! Decid: ¿cuándo llegará a escribir una comedia con un argumento igual 290 a aquella que yo compuse, La defensa de Milán, o por otro nombre: Siempre es heroico y leal contra su sangre y su raza 295 por la patria pelear. CRISTÓBAL ¿Pues dónde me deja usted mi tragedia de años ha? El título solamente, hace a un poeta inmortal: 300 La mujer más penitente, espanto de caridad; la hermana más venerable de la Iglesia universal, correspondiente a la orden 305 tercera de San Froilán, hija de humildes pastores, pero ejemplo de piedad, 496 perseguida de magnates y nacida en Alcalá. 310 ¿Se acuerda usted cómo acaba? COMELLA ¡No me tengo de acordar! CRISTÓBAL Bajando desde los cielos en nubes de oro y cristal la santa. Y cuando se encuentra, 315 del espacio a la mitad, entona en voz muy suave la seguidilla final pidiendo perdón y aplauso por tanta barbaridad. 320 (Movimiento de extrañeza en los otros dos.) Me he equivocado, señores. ¡Por tanta incomodidad!... DON JUAN ¿Y a mí en el género cómico hay quien me pueda igualar? Ayer acabé una pieza 325 que se denominará: (Los toros salmanquinos son muy malos de lidiar.) Sale la plaza y se corren seis..., pero seis de verdad. 330 El asunto es de primera, y, como llegue a gustar la tal obrita, es seguro que muchos me imitarán. COMELLA En fin, que somos, los tres, 335 personas de calidad, y que tenemos derecho indudable a murmurar de Moratín: ¡pues nos sobra mérito y autoridad! 340 CRISTÓBAL Yo he pagado cien personas, cuya misión es gritar desde la primera escena hasta después del final. COMELLA Perfectamente, me alegro: 345 la cuestión es evitar que la comedia se acabe, y hacer que la autoridad ponga mano en el asunto; y, viendo que el principal 350 497 autor de ello es Moratín, le prenda, y sin más ni más, le destierre a lo más lejos de España... a Ciudad Real, que, para volver de allí, 355 trabajo le ha de costar. (Se oyen aplausos en el teatro.) DON JUAN ¿Qué ruido es ése? Escuchemos. (Se aproximan los tres a la puerta del teatro y escuchan con gran curiosidad.) COMELLA Oigamos. ¡Qué atrocidad! CRISTÓBAL ¿Eso es que aplauden, muchacho? HOMBRE 1º (Con ironía.) ¡Con la manos nada más! 360 CRISTÓBAL ¡Imposible, a no estar locos! DON JUAN Entremos. HOMBRE 1º Se acabó ya el primer acto. CRISTÓBAL ¡Aún es tiempo; en el segundo caerá! (Éntranse.) ESCENA V Agapito, humildemente vestido. AGAPITO Ya se acabó el primer acto, 365 y voy corriendo a la celda del padre Estala, que allí sé que don Leandro espera que le lleven la noticia de si gusta su comedia. 370 Le voy a dar un abrazo, un beso, un tirón de orejas, porque no he visto en mi vida una cosa más perfecta. ¡Qué don Hermógenes! ¡Vamos!, 375 si hace reír a la piedras con aquellos latinajos que a cada momento suelta. 498 Don Eleuterio, no hay duda, es don Luciano Comella, 380 con sus dramas terroríficos y espeluznantes tragedias. ¿Y el tal don Pedro? ¡Qué hombre, con qué talento se expresa! Y aquel infeliz mancebo, 385 mozo del café. ¡Qué acémila! ¡Pues no dice que él también querría escribir tragedias! ¡Qué zopenco! Y vaya un nombre, Pipí-pipí. ¡Qué rareza! 390 Ese nombre no es cristiano. (Reflexionando un momento.) Pues, señor, vamos a cuentas, que puede ser... ¡Yo me llamo Agapito! La comedia se supone en un café, 395 y, según todas las señas, es el de San Sebastián, donde yo sirvo. (Alarmado.) ¡Canela! Ahora recuerdo que siempre que don Leandro allí entra, 400 me dice, Agapipi, buenas te las de Dios. Nunca emplea para llamarme mi nombre, como Cristo nos enseña. Luego es decir, que Pipí, 405 ¡aquel sandio,385 aquel babieca,386 soy yo! Eso no está bien; una broma así no está bien; una broma así es muy seria. Voy a decirle ahora mismo que quite de la comedia 410 ese personaje, y que todo el público celebra su obra; pero le enfada, y contra ello protesta, que se burle de un sujeto 415 de tan estimables prendas. (Vase por la derecha.) 385 sandio, necio o simple. 386 babieca (de baba), persona floja y boba. 499 ESCENA VI Don Cristóbal, Comella y Juan de la Concha. CRISTÓBAL Esto ya no puede ser. DON JUAN Para esto ya no hay paciencia. COMELLA Aplauden el primer acto, que no vale una peseta, 420 y al hacer la tonadilla, que en su género es perfecta, como escrita por nosotros y mi hija, se arma gresca, y de los palcos y gradas, 425 del patio y de la cazuela,387 gritan como descosidos, y silban que se las pelan. CRISTÓBAL Envidia. Conspiración de Moratín. ¡Nos detesta! 430 Señores, una pregunta: ¿Somos o no buenos poetas? ¿Tenemos o no talento? COMELLA ¿Muchísimo? ¿Quién lo niega? CRISTÓBAL Pues a realizar el último 435 esfuerzo; que aún nos queda el acto segundo. En él lograremos que perezcan, hundiéndolos para siempre, Moratín y su comedia. 440 Recorramos velozmente, ya que nos coge tan cerca las Gradas de San Felipe, la Fontana y Covachuela, y traigámonos de allí, 445 con halagos y promesas, cuanta gente se halle a mano, con la condición expresa de que hoy en el teatro armen la marimorena.388 450 COMELLA ¡Aprobado! 387 cazuela, sitio de teatro, a que sólo podían asistir las mujeres. 388 marimorena: bronca, riña. 500 DON JUAN Es excelente, y como de usted la idea. COMELLA Si hay que dar dinero, eso correrá de vuestra cuenta. CRISTÓBAL Usted lo paga, no es cosa 455 de cumplidos la materia. (Vanse deprisa.) ESCENA VII Moratín y Agapito. MORATÍN ¿Conque dices, Agapito que la obra va gustando? AGAPITO Sí, señor, y ha habido vivas, elogios y mucho aplauso; 460 y siempre que los chorizos389 querían armar escándalo, con protestas sofocaban sus gritos desaforados. La aprobación es completa. 465 MORATÍN Bien sabe Dios que trabajo por ennoblecer el arte, lleno de fe y entusiasmo; y si algún día consigo que se levante el teatro 470 de la postración en que Comella y sus partidarios le tienen, no habrá en el mundo hombre más afortunado que yo. AGAPITO Señor Moratín, 475 le voy a ser a usted franco; hay solamente una cosa, que creo que no ha gustado. MORATÍN Dime cuál es, y te ofrezco que he de quitarla en el acto, 480 pues del público los juicios los respeto y los acato. AGAPITO Me refiero al personaje 389 chorizos: ladrones. 501 de Pipí... pues todo el patio ha comprendido al instante 485 que soy yo, y como es tan bárbaro y dice tantas sandeces, y yo soy más ilustrado, el público ha comprendido que está mal hecho el retrato. 490 Quite usté ese personaje, y apuesto diez contra cuatro a que así queda su obra un trabajillo acabado. MORATÍN ¡Pobre Pipí! No te ofendas 495 y entremos, que ansío tanto ver el término dichoso, o tal vez el desgraciado de mi obra, que no me deja respirar el sobresalto. 500 AGAPITO Vamos allá, que muy pronto concluirá el segundo acto. (Yéndose.) Pero no le dé usted vueltas, ese personaje es falso. (Entran en el teatro.) ESCENA VIII La marquesita, del brazo de Narciso, ambos muy petimetres y compuestos y don Antonio, bien vestido. NARCISO Te digo que estoy en brasas 505 y abochornado, Marquesa. ¡Pedro Romero... el espada más famoso de la tierra, hallarse postrado en cama hace ya semana y media, 510 y aún no haberle visitado! ¡Vamos, es una vergüenza! MARQUESITA Tú no le has faltado en nada, pues yo he suplido tu ausencia, estando por tarde y noche 515 sentada a su cabecera, dándole las medicinas, consolando su tristeza y leyéndole a ratitos, a fin de que se durmiera, 520 la historia de Carlos quinto en latín. 502 NARCISO Bueno; pero esa caridad y buen cuidado, por tu parte, no compensan el placer que al gran torero 525 le he de dar con mi presencia. Luego, el diablo del Obispo, mi tío, me tuvo en Cuenca ocupado en sus negocios más de lo que yo quisiera; 530 pero al saber la catástrofe, busqué un coche de colleras,390 me puso al punto en camino, y en jornadas de tres leguas sin detenerme a comer, 535 ni a cenar, ni a dormir siesta, con la rapidez del rayo en dos semanas y media me puse en Madrid. ¡Ya ves cuál sería mi impaciencia! 540 D. ANTONIO Señores, yo también soy aficionado a las fiestas de toros, y de Romero soy un amigo de veras; pero esta tarde no puedo... 545 vengo a ver una comedia que, según lo que se dice, es una obra maestra, y siento no acompañarlos... Luego iré... NARCISO ¿Tienes vergüenza? 550 ¡La salud del gran discípulo de Costillares, te inquieta menos que el ver una obra de Moratín! MARQUESITA ¡Qué rareza! Si el gran Romero sucumbe, 555 ¿quién en su lugar nos queda? Y, en cambio, si a Moratín se lo llevase Pateta,391 ¿faltarían escritores para hacer malas comedias? 560 390 colleras: adorno en el collar de los caballos. 391 se lo lo llevase Pateta: se muriera, se lo llevara el demonio. 503 NARCISO No he visto en mi vida un hombre tan mezquino en sus ideas. Presumes de sabio, y eres una nulidad completa. MARQUESITA Como que al fin pertenece 565 a la honrada clase media, que no se distingue en nada, ni brilla en ninguna esfera. NARCISO Aprende de mí, que soy el encanto de la buena 570 sociedad, y en todas partes me aplauden y me celebran. Dilo tú, que eres testigo: ¡con qué gracia y gentileza bailé la gavota392 en casa 575 de nuestra ilustre parienta! ¡Qué sextas y que trenzados qué elegancia en las piruetas! Chico, no me da rubor; lo confieso sin vergüenza; 580 no sabré si "hacer" se escribe con h... MARQUESITA ¡Hombre, sin ella! NARCISO Bueno: por eso te digo que lo ignoro, y no me pesa. Yo no sabré matemáticas, 585 yo no entenderé de letras, que sólo sirven de estorbo y dan dolor de cabeza; pero a bailar minuetes,393 a poner juegos de prendas 590 y tener siempre al dedillo con exactitud perfecta el curso fiel de las modas nacionales y extranjeras, te aseguro que, sin miedo, 595 se las apuesto a cualquiera.394 D. ANTONIO (Ap.) (Voy a divertirme un rato a costa de esta pareja.) Vamos, me doy por vencido y me confieso un babieca. 600 392 gavota: danza entre dos personas. 393 minuet: danza francesa del siglo XVIII de movientos lentos y elegantes. 394 retrato fiel del petimetre. 504 Pero no acompaño a ustedes a esa visita funesta porque... (Afligiéndose por grados, pero cómicamente.) ¡Si no puedo hablar, si me embaraza la pena!... El ilustre enfermo... ¡Oh, cielos! 605 ¡Es muy fácil que ya sea espíritu que a este mundo pérfido no pertenezca! NARCISO (Horrorizado.) ¡Qué dices! ¡Ha muerto acaso! MARQUESITA ¿Y tienes alma tan negra 610 que nos das esa noticia sin prepararnos siquiera? D. ANTONIO No sé si será verdad: al menos eso se cuenta. NARCISO No perdamos un instante. 615 MARQUESITA ¡Ay Virgen de la Almudena!395 Si la vida tan preciosa de Romero me conservas, te ofrezco ayunar tres veces y hacerte quince novenas. 620 (Vanse precipitadamente.) ESCENA IX D. ANTONIO ¡Cómo van! Se lo han creído. (Riéndose a carcajadas.) Cuando sus padres se mueran, de fijo no llorarán su muerte con tanta pena. ¡Oh pueblo de pan y toros, 625 Dios te dé lo que merezcas! (Se dirige al teatro, y D. Ramón de la Cruz le sale al encuentro.) 395 Virgen de la Almudena, patrona de Madrid. 505 ESCENA X Dicho y don Ramón de la Cruz. D. RAMÓN ¿Adónde va don Antonio? D. ANTONIO Bien claro está, a la Comedia. D. RAMÓN ¡Voto al diablo! Y a qué hora vuestra merced se descuelga. 630 En este momento acaba. D. ANTONIO ¡Por vida de!... Esos babiecas me han detenido diciendo necedades y simplezas. ¿Y qué ha pasado? ¡Por Dios, 635 dígalo al pie de la letra! D. RAMÓN Aprobación, entusiasmo, delirio: la tal comedia será, mientras haya mundo, gloria y honor de la escena. 640 ¡Qué sencillez de argumento, Don Antonio! ¡Qué belleza en el diálogo! ¡Qué tipos todos los que allí presenta! Ninguno de ellos parece 645 personaje de comedia, pues son, hablando y sintiendo, la misma naturaleza.396 Lucha ha habido; pero al fin la victoria ha sido nuestra. 650 D. ANTONIO ¡Ay, don Ramón de la Cruz, qué alegría tan inmensa recibo! D. RAMÓN ¡Ya se acabaron las tremebundas tragedias de princesas deshonradas, 655 de muertos, de sangre y guerra! D. ANTONIO Y ya podremos traer, sin que el decoro padezca, nuestras hijas al teatro. D. RAMÓN ¡Sí señor, y a nuestras nietas! 660 Moratín, con su talento 396 el ideal de belleza clásica consistía en imitar a la naturaleza. 506 señala una nueva senda, y desde hoy el teatro será imagen verdadera y exacta de las costumbres 665 de la sociedad moderna; y criticará sus vicios y ensalzará sus grandezas.397 D. ANTONIO ¡Un abrazo, pues los dos pensamos de igual manera! 670 ¡Viva Moratín! D. RAMÓN ¡Que viva! ¡Y al que le pese, que muera! (Empieza a salir más gente del teatro, y entre ellos el Corregidor, doña Aldonza y Adonis con alguaciles.) ESCENA XI Dichos, doña Aldonza, Corregidor, Adonis y alguaciles, don Ramón y don Antonio tropiezan con ellos, que salen del teatro. CORREGIDOR Señores, vayan con Dios. ¿Qué dicen de la comedia? D. RAMÓN Que nos ha maravillado. 675 ALDONZA Un poco de inexperiencia y languidez. No es extraño en un escritor que empieza. Yo creo que si se aplica, es fácil que haga carrera. 680 Por supuesto, se ha salvado esta tarde su comedia, porque he venido con éste a ejercer la presidencia. A todo aquel que gritaba 685 le mandaba mi pareja de alguaciles, y a la cárcel. CORREGIDOR Entre varones y hembras ciento siete. ALDONZA ¿Ven ustedes? Así el orden se conserva 690 en cualquier parte. ¿Y aquel 397 en estos versos se resume el ideal del teatro clásico. 507 embozado hasta las cejas que gritaba: "que fusilen al autor de esta comedia", le has cogido? ADONIS Sí, señora (Turbado.) 695 ALDONZA ¡Pues traedlo a mi presencia, que quiero saber quién es y echarle una reprimenda! Ustedes serán testigos. D. RAMÓN. y Estamos a la orden vuestra 700 D. ANTONIO ADONIS (Aparte.) Le cogí, pero el tunante me propinó tal puntera, que me hizo caer de bruces, y se escapó; mas es fuerza a fin de que no me quiten 705 el destino, irme a la puerta del patio, y al primerito, sin reparar en quien sea, le echo la garra, y lo traigo cogido de las orejas. 710 (Vase en dirección al teatro; tropieza con Moratín que sale, y le coge de un brazo, después de los versos que siguen.) ALDONZA (Al Corregidor.) A este muchacho le debes dar hoy una recompensa. ADONIS Aquí está. (Presentando a Moratín.) MORATÍN ¡Bárbaro, suelta! ¡Corregidor! CORREGIDOR ¡Moratín, mil veces enhorabuena! 715 Retiraos. (A Adonis y alguaciles.) ALDONZA ¡Te has lucido! (A Adonis.) ¡Quítate de mi presencia! (Vanse Adonis y alguaciles.) 508 ESCENA XII Dichos, menos Adonis y alguaciles. CORREGIDOR ¡Reciba usté el parabién, es usted un gran poeta! ALDONZA Su producción no parece 720 la de un escritor que empieza. Allí se ven grandes dotes, y sobre todo experiencia. MORATÍN Gracias, señores. CORREGIDOR Ahora cuidado con que se duerma 725 en los laureles y... a otra. (Dándole la mano.) ALDONZA A otra que valga más que ésta. (Vanse.) ESCENA XIII Salen izquierda don Cristóbal, don Luciano y Juan de la Concha, seguidos de alguna gente del pueblo. LUCIANO (Abrazando a Moratín.) ¡Vítor, Moratín! Celebro la ovación. ¡Obra maestra! CRISTÓBAL Con toda el alma me alegro. 730 CONCHA Eso es escribir comedias. CRISTÓBAL Hemos aplaudido todos a rabiar; mire la muestra, las manos despellejadas (Enseñando las manos.) y con la garganta seca 735 de gritar: (Atragantándosele la frase.) ¡Viva el autor! Es que ahora, aunque quisiera, no puedo decirlo. MORATÍN (Aparte a Cruz.) ¡Es claro, la envidia que se lo veda! 509 CRISTÓBAL Al corral hemos traído 740 pagadas más de doscientas personas para que aplaudan su ya famosa comedia. Esto le dará a entender nuestra amistad verdadera. 745 MORATÍN Estoy muy agradecido. LUCIANO Voy a hacerle una advertencia, que supongo atenderá, pues no soy lego en la escena. El final debe variarlo. 750 MORATÍN Usted dirá. LUCIANO No me llena lo de que don Eleuterio de ser autor se arrepienta. Debe dispararse un tiro y morir. MORATÍN ¡Muy buena idea! (Con ironía.) 755 COMELLA La hermanita, envenenarse, y la mujer del poeta, meterse monja: y el otro, don Hermógenes, que sea el que quede contemplando 760 los cadáveres en tierra, y aproximándose al público le diga: ¡qué consecuencias arrastran los que ambicionan apartarse de su esfera! 765 (Todos los que le oyen dan señales de aprobación.) MORATÍN ¡Mil gracias: desde mañana el final de mi comedia será ése! D. RAMÓN ¡Ya lo creo! que don Luciano Comella sólo habla para decir 770 filosóficas sentencias. LUCIANO ¡Ya lo ve usté, en un instante he improvisado la escena! 510 ESCENA XIV Dichos, marquesita y Narciso, que vuelven muy contentos. MARQUESITA Plácemes y enhorabuenas (Colocándose en medio de todos.) recibamos, pues a todos 775 por igual nos interesan los bienes que sobre España Dios esparce a manos llenas. NARCISO No olvidaré yo este día. MARQUESITA ¡Estoy loca de contenta! 780 Moratín, venga un abrazo. Otro el abate Cladera. NARCISO Hombre, no apriete usted tanto. (Interponiéndose.) CRISTÓBAL Si pertenezco a la iglesia y no importa. NARCISO Por lo mismo. 785 MORATÍN ¡De modo que usted también ha asistido a mi comedia? MARQUESITA No tal: ¡buena estaba yo esta tarde para fiestas! ¡Es que Romero se hallaba, 790 como quien dice, a las puertas de la muerte, y fuera ya de todo riesgo se encuentra! NARCISO ¡Se ha salvado! MORATÍN ¡Lo celebro! NARCISO (Con énfasis.) ¡La noticia es de primera! 795 ¡Señores: sangre española corre por todas mis venas, y mientras Dios nos conserve a don Luciano Comella para hacer obras dramáticas, 800 que ilustran tanto la escena; y a Romero toreando 511 con valor y gentileza, no envidio a ningún país de todos los de mi tierra! 805 Vámonos. (A la Marquesita y a los demás.) LUCIANO Es usté un sabio. (Dándole un golpecito en el hombro.) ¡Moratín, chúpate esa! (Vanse todos, excepto Moratín, don Antonio y don Ramón, que los ven alejarse con amargura.) ESCENA ÚLTIMA Moratín, don Antonio y don Ramón de la Cruz. MORATÍN Con ver a ese currutaco,398 a su ilustre compañera, al abate don Cristóbal 810 y a don Luciano Comella, puede usted decir que ha visto a la sociedad moderna. Esos tipos dibujados con exactitud perfecta 815 mezclados con los manolos399 y chisperos400 en sus fiestas; los Grandes, enamorando con ridículas finezas a la manolas, que siempre 820 los humillan y desdeñan. Todo ese cuadro, el buen Cruz en sus obras nos presenta, con tanta verdad y gracia que, aunque en la forma modesta 825 de sainetes, cumplen siempre la misión de la comedia, que es deleitar enseñando; él dice a su pueblo: "observa; todos estos son tus vicios 830 y tus virtudes son éstas; mis sainetes, son tu espejo: si al verte en él te avergüenzas, no me eches a mí la culpa; tus desaciertos enmienda, 835 398 currutaco, muy afectado en el uso riguroso de la moda. 399 manolo, mozo del pueblo bajo de Madrid, que se distingue por su traje y desenfado. 400 chispero, herrero, hombre del barrio madrileño de Maravillas, donde había muchos herreros. 512 y yo te presentaré digno de alabanza eterna." D. RAMÓN ¡Don Leandro, su cariño le hace hablar de esa manera! MORATÍN ¡Mi cariño y la justicia! 840 Buen Cruz, a mis brazos venga que si Madrid hoy prodiga elogios a mi comedia, lo debo a usted, pues sus obras me inspiraron, y la senda 845 del teatro nacional me enseñaron todas ellas. D. RAMÓN (Muy contento y abrazando a Moratín.) Dios le premie y le bendiga por frases tan lisonjeras. De aquí a la botillería 850 de Canosa, que está cerca yo convido a refrescar a cuanto usarcedes quieran, no pasando de seis reales, se entiende. D. ANTONIO ¡Brava ocurrencia! 855 (Van a marchar, y los detiene don Ramón.) D. RAMÓN Pero antes, justo es decir lo que en todo fin de fiesta. (Quitándose el sombrero y dirigiéndose al público.) Aquí se acaba el sainete, perdonad las faltas nuestras. 513 Ultramarinos SAINETE ORIGINAL Y EN VERSO 514 PERSONAJES DOÑA TECLA (ama de huéspedes) ROSA (pantalonera) DOÑA LUCÍA LUISA ANTOÑITA (criada de once años de edad) DON PABLO (amo de la tienda) RUFINO (cochero) EL SEÑOR MELCHOR (zapatero de viejo) RODRÍGUEZ (sereno) DON LINO NICASIO (dependiente de la tienda) UN TIMADOR ALFREDITO UN INSPECTOR MARIANO (dependiente) AYUDANTE DEL TIMADOR La escena en Madrid. Época actual. 515 ACTO ÚNICO Tienda de comestibles en un barrio extremo de Madrid. Puerta al foro: a la izquierda un escaparate con los artículos propios de estos establecimientos. A la derecha, primer término, mostrador. A la izquierda, primer término también, una mesita con una silla. Sacos de arroz, garbanzos y judías, etc., esparcidos por la escena de modo que no estorben la acción. Detrás del mostrador Nicasio escribiendo. EL Señor Pablo colocando en el escaparate los géneros que marca el diálogo y Mariano entregándole los que le va pidiendo aquél. Ambos están de espaldas al público. Empieza a amanecer. Óyese el ruido de las campanillas de las burras de leche. Suenan seis golpes y dos repiques cerca de la tienda y una voz que dice: ¡El burreroooo! que es contestada, a poco rato, por otra mujer. ¡Ahora bajo, pero no mire usted! ESCENA I EL señor Pablo, Mariano y Nicasio. MARIANO ¡Seis golpes y dos repiques! Pues cuando esté incomodado el vecinito, si quiere coge el cielo con las manos. PABLO No lo creas: si es el cura 5 que habita en el piso bajo; como la casa es moderna, la distribución de cuartos es con arreglo a la moda; hay primero piso bajo, 10 encima bajo segundo, bajo tercero, más alto, subes cincuenta escalones y estás en el cuarto bajo. MARIANO Bien dicen, que cada día 15 se sabe algo nuevo PABLO Claro. (Contemplando con gozo el escaparate.) ¿Has visto un escaparate mejor puesto en todo el barrio? Mira: formando la base de los demás, los garbanzos. 20 Sobre ellos, así... esparcidos higos, pasas y cacao... ¡Esto es elegancia y gusto! 516 No lo dudes Mariano, los artículos comibles, 25 muchos antes que en el estómago, deben entrar por los ojos. El Champagne (Mariano le acerca una botella.) hay que anunciarlo con la majestad debida por ser artículo caro. (Leyendo la etiqueta.) A ver: precio fijo, un duro: 30 pero si es para llevarlo (Sigue leyendo la etiqueta.) dos pesetas. Me parece que no le hay ya más barato. Mi tienda, por el surtido tan numeroso y variado, 35 no parece que se encuentra lo que se dice pegando con la puerta de Toledo, y casi, casi en el campo. (A Nicasio) ¿Y los anuncios? NICASIO Ya están. (Nicasio deja de escribir, salta por encima del mostrador y se acerca a don Pablo presentándole dos cuartillas de papel atravesadas cada una por una caña de cortas dimensiones.) Fíjese usted bien, don Pablo; 40 me han salido dos quintillas de cuatro versos. PABLO (Con asombro.) ¡Canario! NICASIO (Leyendo con pretensiones.) “Aunque me esté mal decirlo soy garbanzo sin igual; parroquiana, si me pruebas, 45 no te hartas con un costal”. PABLO (Admirado.) ¡Perfectamente! NICASIO El segundo está mejor acabado. (Leyendo.) “Soy de buena calidad, comerme sin regodeos. 50 soy blando como el coral... 517 También se venden fideos”. (Con orgullo.) ¿Pegan bien? PABLO ¡Divinamente! ¿Pero son suyos? Me escamo... Yo recuerdo una comedia 55 que vi cuando era muchacho en donde había unos versos parecidos. (Como queriendo recordar.) ¡Ah! ¡Ya caigo! “Los amantes de Teruel”. ¿Ves? ¿De ahí los has copiado? 60 NICASIO (Muy enfadado.) Si no son míos, permita Dios que cuando esté expirando la salud me falte... ¡Vaya, después de tanto trabajo! PABLO Bien; pero aquí hay un defecto 65 y es conveniente enmendarlo... La palabra calidad termina en z, muchacho, ¿no comprendes tú que hace referencia a los garbanzos? 70 (Marcando mucho la z de la palabra “garbanzos”.) NICASIO (Dudando.) Me extraña: de ortografía mire usted que entiendo algo. (Quitándose de repente la pluma que habrá tenido detrás de la oreja.) Toma, toma; pues si he escrito con la pluma de Mariano. ¡Ya decía yo!... (Se dirige al mostrador, hace como que enmienda el escrito y se lo presenta de nuevo a don Pablo.) PABLO ¡Qué cabeza! 75 ¡Al fin escritor! Veamos: están bien... Ponlos en sitio que los lea el parroquiano a primera vista. (Nicasio los coloca dentro del escaparate.) 518 Ahora al mostrador; y yo, en tanto 80 que empieza a venir la gente, le voy a dar un repaso al folletín; es precioso y ya me va interesando... (Se coloca detrás del mostrador y empieza a leer La Correspondencia de España.)401 Vamos a ver cómo acaba: 85 (Leyendo.) “El Conde sigue parlando con su gran madre, que tiene en desorden los caballos; un bello joven remonta la escalera; lleva el hábito 90 de campiña y en la puerta suenan golpes espaciados. La Duquesa está seriosa y colocando la mano gacha402 sobre las rodillas 95 del Conde, dice: mi caro,403 qué hora tiene él. Y entonces contesta el Conde, sacando su muestra: las once horas gran madre, si no me engaño.” 100 “Se continuará mañana.” Muy bien... (Repasando el periódico.) A ver si trae algo. (Leyendo otra vez.) “Hoy han llegado a Madrid los antiguos diputados Ruiz y Pérez, con divisa 105 verde y azul; son hermanos de aquellos que tanto juego dieron el lunes pasado.” (Asombrado.) ¡Qué atrocidad!... ¡Toma, toma!... Si me he comido de un salto 110 dos columnas... Cuando digo... que estoy del todo chiflado... 401 La Correspondencia de España., periódico de la época. 402 gacha, blanda, como la masa blanda de las gachas. 403 caro (italianismo), querido. 519 ESCENA II Dichos y Rufino de cochero, entra muy desesperado. RUFINO ¡Buenos días! PABLO ¡Buenos días! RUFINO (A uno de los dependientes.) Dame un panecillo largo con un cuarterón404 de queso; 115 y si me das cuatro palos en mitad de la cabeza te lo agradezco y te abrazo. PABLO ¿Qué pasa? RUFINO Malditos sean los coches y los caballos, 120 el que inventó los simones,405 el que pensó en alquilarlos, las mujeres y los niños, los jóvenes, los ancianos... PABLO ¿Y nada más? RUFINO Sí, señor; 125 y todo el género humano. Hace lo menos dos meses que no sé lo que es un cuarto.406 “Cochero, a la Castellana; pero no, que me he fijado 130 en el número; es el trece y va a sucederme algo”. “Oye Simón, dice otro, me vas a llevar volando... No quiero ya, que es el número 135 de mal agüero407 y me escamo”. Y así se me pasa el tiempo, siendo lo peor del caso, que si alguien me toma el coche lo disfruta sin pagarlo. 140 404 cuarterón, cuarta parte de un todo. 405 simones: coches de don Simón, fmoso alquilador de coches de caballería. 406 cuarto, antigua moneda de cobre equivalente a tres céntimos. 407 agüero, (metátesis de augurio), presagio, pronóstico 520 PABLO Pues ayer en tu berlina408 iba gente. RUFINO Un diputado con la mujer de un ministro, que en Atocha me tomaron. A las doce nos pusimos 145 en movimiento y al rato se presentó su excelencia y la emprendió a bastonazos, rompiéndome409 los cristales y dándome a mí de palos. 150 PABLO ¡Qué atrocidad! RUFINO Sí, señor; y buenos, y más de cuatro. Me causó una conmoción cerebral en este brazo. Por supuesto que después 155 del lance, se evaporaron. Yo pregunté a un polizonte410 que quién me abonaba el gasto y me respondió que el Nuncio,411 y se fue tan campechano. 160 Al pasar por Fornos sacan a un señor muy bien portado que quiso cenar de gorra y le hicieron mil pedazos la cabeza... “Alto el coche, 165 me dice un guardia; volando a la casa de socorro con este pillo.” Llegamos... y ya no pido el importe porque sé que no han de dármelo; 170 pero saco mi cartera y apunto: Diciembre, cuatro; me debe el Nuncio un servicio en Madrid y otro en el Prado.412 Dígame usted si ahora debo 175 renegar de los caballos, maldecir a los simones... 408 berlina, coche cerrado de dos asientos. 409 rompiéndome, uso incorrecto del gerundio con valor de futuro. 410 plizonte, (despectivo), agente de policía. 411 Nuncio, representante del Papa. 412 Prado, Paseo del Prado. 521 PABLO Y a todo el género humano. Si ya me lo has dicho antes; no hace falta enumerarlo. 180 RUFINO En fin: vamos a almorzar y paciencia. Antes un trago. (Se acerca a la mesita de la izquierda y se dispone a almorzar.) ESCENA III Dichos, Alfredito y Luisa, sietemesinos en traje de camino, elegantes, pero muy exagerados. Entran con precipitación y toda esta escena la llevan con rapidez. ALFREDITO (Acercándose al mostrador.) Deprisita que es muy tarde. (Don Pablo y los dependientes se preparan a servirle.) Una botella de Ojén.413 LUISA Hombre, no; que escuece mucho 185 y dan ganas de toser. Es mejor anís del mono. ALFREDITO Bueno, del mono también... Queso manchego, dos kilos. LUISA Manchego no, de Gruyère.414 190 ALFREDITO (Impaciente.) Lo mismo da; pastas finas. LUISA (A don Pablo.) No se las despache usted; son mejores los bizcochos para tomar el café. PABLO (Dejando de despachar) Vamos, decídanse ustedes. 195 ALFREDITO Que se va a marchar el tren, no seas tan caprichosa, que nos quedamos a pie. LUISA (Enfadada.) Bueno, compra lo que quieras que yo no lo he de comer. 200 PABLO Vamos, no hay que disgustarse. 413 botella de Ojén, aguardiente con anís y azúcar. (Ojén es un pueblo de Málaga) 414 Gruyère: queso suizo. 522 LUISA Si es éste; calcule usted que hace una hora nos hemos casado aquí en San Andrés, y mire usted qué principio 205 tiene mi luna de miel. Si hoy me llevas la contraria dime tú: ¿Qué harás después? ALFREDITO (Con cariño.) ¿Después?... Eso, en el camino, despacio lo pensaré. 210 (A don Pablo.) Diga usted. ¿A qué hora sale el mixto415 para Aranjuez? PABLO Siete y sesenta minutos. ALFREDITO Anda, me alegro, ¿lo ves? Ya no llegamos. LUISA Si tal: 215 en un coche de alquiler nos plantamos en un verbo. ALFREDITO (Sacando el reló.) Ocho menos dieciséis. Además es necesario lo que nunca suele haber, 220 que es un caballo que corra mucho. RUFINO (Dejando precipitadamente de almorzar y levantándose del asiento.) Servidor de usted. Vengan los líos.416 (Coge las maletas y demás enseres que llevan Alfredo y Luisa.) Son pocos. ALFREDITO Hombre cuántos han de ser, si somos recién casados; 225 (Con malicia.) ya se aumentarán después. 415 mixto, tren mixto, con mezcla de vagones para pasajeros y mercancías 416 líos: envoltorios. 523 RUFINO (Echa a correr hacia la puerta del foro dejando antes en el mostrador su botella de vino, el queso y el pan.) (A don Pablo.) Aquí le dejo el almuerzo que yo pronto volveré. No olvide que está pagado. PABLO ¡Bueno! ALFREDITO (Cogiendo del brazo a Luisa y saliendo apresuradamente con Rufino.) Servidor de usted. 230 (Vanse Rufino, Alfredo y Luisa.) ESCENA IV Dichos y Rodríguez que aparece en la puerta y entra después de haber apagado de un soplo la luz del farol que llevará pendiente del chuzo. RODRÍGUEZ Señor Don Pablu, buen día. PABLO Hola Rodríguez, muy buenos. ¿Qué tal ha sido la noche? RODRÍGUEZ Muy mala: cuando no he muertu bien puedo decir a usted 235 que de fiju non fallezcu mientras viva. (A Mariano.) El chocolate. Marianín, (Bebe una copa de aguardiente que le sirve Mariano.) ha habidu un fuegu monrucutudo, en la tienda de Nicolás el barbero. 240 Ya todu aquello es paviesas. ¡Se le ha quemado hasta el pelu! PABLO Pues habrá sido muy poco; es más calvo que San Pedro. RODRÍGUEZ Digo el del escaparate. 245 PABLO Siendo así, ya lo comprendo. RODRÍGUEZ ¿He dejadu tamañitu a todo el barrio? PABLO ¡Lo creo! 524 RODRÍGUEZ Penetré como un valiente en el establecimiento 250 y encontréme desmayada una mujer en el suelo; estaba medio desnuda y ardíale todo el cuerpo. Yo sin mirar el peligro, 255 en mi capote la envuelvo, cargu con ella, a la casa de socorru me la llevo y a los médicos de guardia con gran cuidado la entrego; 260 pero amigo, yo non tuve la culpa del contratiempo que sobrevinu. PABLO ¿Murió? RODRÍGUEZ Ca, non, señor, ni por piensu; resultó que la señora 265 a quien salvé del incendio, era una de esas muñecas que tienen los peluqueros. PABLO (Riéndose.) Hombre, ¡el lance es muy gracioso! RODRÍGUEZ Pero mi comportamiento 270 es dino de que me den en recumpensa algún premiu. A mi primo Bonifacio, por salvar en otro fuego a un señor que estaba ya 275 carbonizado, lo dieron en pagu de semejante hazaña, la cruz de mérito naval... Yo creo tener a esa misma cruz derecho. 280 PABLO (Aparte.) ¡Qué estúpido! RODRÍGUEZ ¿La reclamu? PABLO Hombre, yo no entiendo de eso. Bebe la última copa y a descansar. RODRÍGUEZ Hoy no puedo; 525 celebramos una junta 285 a las diez los matuteros,417 para tratar de negocios correspondientes al gremio. PABLO (Con sorpresa.) ¿Te dedicas al matute, Rodríguez? RODRÍGUEZ Pues ya lo creo: 290 hay que ganarse la vida. PABLO (Con gravedad.) Pues eso está muy mal hecho: ¡autoridad por la noche y por el día ratero! ¡Tu proceder es indigno 295 y ya mi amistad te niego! (Le vuelve la espalda con desprecio; pero en seguida le dice con afabilidad.) Mas si no te comprometes tráeme dos o tres pellejos de vino. RODRÍGUEZ ¡Con mucho gusto... abonando los derechos! 300 PABLO Hombre, no; ¡qué cosas tienes! RODRÍGUEZ Como dice usted qui es feo eso del matute. PABLO (Con gravedad otra vez.) Sí: lo repito y lo sostengo. (Transición como antes.) Y si hay jamones baratos 305 te cuelas con un par de ellos. RODRÍGUEZ Vamos, como todos; muchu sermón y ande el movimiento. (Disponiéndose a pagar.) ¿Qué se debe? PABLO (Dándole golpecitos en el hombro.) Cuando cumplas mis encargos, hablaremos. (Vase el sereno.) 310 417 matuteros: rateros que introducían géneros burlando las aduanas por la mañana. 526 ESCENA V Dichos y Antoñita, criada de once años de edad, que aparece en el dintel de la puerta desde donde dice las primeras palabras. Lleva pañuelo a la cabeza y una cesta descomunal, que no esté en relación con su estatura. ANTOÑITA ¿Ha venido mi señora? PABLO (Con extrañeza.) ¡Tu señora! ANTOÑITA Doña Tecla: una patrona de huéspedes, parroquiana de esta tienda. PABLO No la he visto por aquí. 315 Tardará poco. ANTOÑITA (Entrando.) Pues mientras, váyame usted despachando. PABLO (Con ironía.) ¿Te se418 ha olvidado la cesta? ANTOÑITA (Muy enfadada.) Le advierto que no me gustan las bromas. PABLO Mujer, dispensa... 320 Despáchala tú, Nicasio, y haz porque quede contenta. ANTOÑITA (Dejando la cesta sobre el mostrador.) Chocolate, media libra de lo mejor, de a peseta. NICASIO (Metiendo en la cesta el chocolate.) Superior. (Tocándole la cara.) ¿Sabes que tienes 325 un palmito419 de primera? ANTOÑITA (Retirándose con dignidad cómica.) Estése usted quieto, vaya; busque usted quien le divierta. NICASIO Chica, qué genio me gastas. 418 te se (incorrección gramatical), se te. 419 palmito: cara agraciada de la mujer. 527 ANTOÑITA El de los días de fiesta. 330 Estoy ya desengañada de los hombres... dan más vueltas... Decir hombre es decir: trucha. NICASIO (Con ironía.) ¿Las quería usté en conserva? (Siguen hablando en voz baja.) ESCENA VI Dichos y doña Tecla, la patrona de huéspedes pobres. Tiene muy mal genio y se dirige furiosamente a don Pablo. TECLA Felices. PABLO Dios guarde a usted. 335 TECLA Me tiene usted muy contenta. Si así se porta con una parroquiana de mis prendas y que paga puntualmente... PABLO (Aparte.) A los diez meses de fecha. 340 TECLA Dígame usted lo que haría con una mujer cualquiera. PABLO Es decir, que la criada que la envié no era buena TECLA No señor; usted me dijo 345 que era fiel, limpia y discreta, y he tenido que plantarla de patitas en la acera. Y gracias a que he tomado ayer mismo esta doncella (Por Antoñita.) 350 que me sirve para todo... aunque es verdad que me cuesta tres duros cada dos meses.. Vaya con la tal Ruperta. Después que yo la trataba 355 como trato a todas ellas, con dulzura y con respeto... que lo diga la pequeña. (A Antoñita.) ¡Tenga usted cuidado, estúpida, que se va a caer la cesta! 360 528 En alhajas solamente me ha robado una riqueza; vaya usted contando: una preciosísima pulsera, imitación de azabache, 365 que me costó tres pesetas; un medallón guarnecido de esmeraldas y de perlas, que de noche, y de algo lejos, daban un chasco a cualquiera. 370 En fin, hasta se ha llevado (y esto no habrá quien lo crea), una colección de ligas católicas. PABLO ¡Doña Tecla (Como dudando.) y qué es eso! TECLA Es un periódico que se publicó en Valencia 375 y del que fue Director mi marido, que Dios tenga.. PABLO ¿Pero ha muerto? TECLA ¡De raíz! PABLO ¿Y a qué edad? TECLA A los ochenta: 380 cuando más le sonreía el porvenir. PABLO Friolera... TECLA Cuando tenía seis meses enfermó de una rabieta, y desde entonces no tuvo el infeliz hora buena. (Afligiéndose.) 385 Desgraciado... En fin, patatas... (Pausa, como esperando a que don Pablo la despache.) despácheme usted, ¿en que piensa? PABLO ¿Pero qué es lo que usted quiere? TECLA Hombre, no sea usted babieca. ¿Está usted sordo? Patatas. 390 529 PABLO Dispense usted, Doña Tecla; Yo creí que como término a la historia de sus penas exclamaba: en fin, patatas. TECLA ¿Hay fiambres? PABLO Cuantos quiera. 395 TECLA Entonces póngame usted dos cuarterones de lengua. Tengo un huésped de académico y me gustará que vea que aunque patrona, también 400 entiendo de esa materia. ¿Chorizos de confianza, tiene usted? PABLO No: de etiqueta; francamente, son muy malos y el crédito de mi tienda 405 es ante todo. TECLA Sardinas en lata... ¿Pero son frescas? PABLO (Dándole la lata.) Superiores: yo respondo. TECLA Pues quédese usted con ellas; (Va a colocarla en la cesta y se arrepiente y se la da a don Pablo.) no me conviene llevarlas, 410 porque cuando son muy buenas se las comen enseguida mis huéspedes. PABLO ¡Ay, qué pelma! ¿No se ofrece nada más? TECLA No señor, (A Antoñita.) ¡Vamos, acémila! 415 (Antonia va a levantar la cesta y no puede.) Pero, ¿qué es eso, no puede usted levantar la cesta? ANTOÑITA No señora, pesa mucho. 530 TECLA ¡Cómo está el servicio! Venga. (Coge la cesta y saca de ella un sombrero de copa muy apabullado y se lo entrega a la criada.) Este sombrero ahora mismo... 420 sombrerería de Huertas. que le pasen bien la plancha y que esté a la diez y media. Diga usted que es de don Roque, el Senador por Palencia. 425 Nada más: ya le conocen; tienen con él varias cuentas. (Vase la criada cantando: “Pobre chica, la que tiene que servir...” de La Gran Vía.) PABLO ¡Qué señora más cargante! (Doña Tecla se dirige a la puerta y de repente vuelve al mostrador.) TECLA ¿Sabe usted que no estoy cierta de si le he dado la lata? 430 PABLO ¡Ay, sí señora, completa! TECLA Ea, pues, hasta otro rato; apúntelo usted a la cuenta. (Vase.) PABLO Está bien; el mejor día se me acaba la paciencia 435 y en vez de apuntar disparo y no vuelves a mi tienda. (Don Pablo hace como que toma nota en un libro y se retira por la puerta que habrá detrás del mostrador.) ESCENA VII Mariano y Nicasio solos en el mostrador. Aquél empieza a enredar en el cajón del azúcar y a comerse algunos terrones. NICASIO Marianito, estáte quieto y no andes en el azúcar, que por comer golosinas 440 estás como una lechuza... Voy a decírselo al amo, no me vaya a echar la culpa, 531 MARIANO ¡Mejor: yo le contaré que te levantas a oscuras 445 por la noche y que le coges chocolate y aceitunas para dárselos después a ese tipo de Tiburcia, que es tu novia! 450 NICASIO (Amenazándole.) ¡Si no callas!... MARIANO ¿Pero crees que me asustas? Le voy a decir también, para que te dé una zurra, que no estás matriculado en ninguna asignatura, 455 y que en vez de ir al Fomento vas con esa pelindrusca. NICASIO Que no consiento que nadie le falte a esa criatura (Le da un coscorrón.) MARIANO ¡A mí tú! Ya te has caído. 460 ¡Hortera, bribón, granuja! (Luchan breves instantes sin salir del mostrador. En la pelea caen debajo de éste: se oyen los cachetes; hay momentos en que no se ve a los dependientes. Entra don Lino, se queda impasible viéndolos pelear sin tratar de separarlos. Don Lino lleva dos talegos,420 la jarrita de la leche y un mimbre con cuatro o seis buñuelos.) ESCENA VIII Dichos y don Lino. LINO (Con mucha calma.) Suplico a ustedes que acaben pronto, porque tengo prisa. (Los dependientes dejan de pegarse.) MARIANO Disimule usted, don Lino (Llorando.) han sido unas palabrillas 465 entre yo y mi compañero. 420 talegos, saco, bolsa de lienzo. 532 LINO Con franqueza: yo no sirva de estorbo... si han concluido, a despacharme enseguida; pero si no, continúen, 470 que yo volveré otro día. MARIANO Vaya, ¿qué es lo que usted quiere? LINO ¿Cómo andamos de judías? MARIANO Se han subido. LINO ¡Caracoles! En fin, echa media libra. 475 Nada de kilos, ni granos; no entiendo esa algarabía. Un cuarterón de lentejas; pero ¿sabes? de las finas, que mi mujer está anémica 480 y el doctor que la visita se empeña en que ha de comer siempre cosas nutritivas. Me pondrás en un papel cualquiera, una cuentecita, 485 pues mi esposa se figura que la siso...421 y no es mentira. MARIANO (Escribiendo.) Lentejas, catorce céntimos. LINO Por veinte, y en las judías aumenta también un poco. 490 ¡Como hago tantas conquistas necesito esos piquillos! Claro... estando todavía en la edad de las pasiones, las muchachas me electrizan. 495 Tengo una pantalonera, Nicasillo, que es divina. A Dios le llama de tú... y a mí también. NICASIO ¡Hola! LINO Mira: 500 como tú eres reservado no importa que te lo diga. 421 sisar: sustraer unas monedas. Antiguo tributo sobre los comestibles. 533 En este talego llevo su compra, y aquí la mía. Pon en el de ella, una lata o dos de merluza frita 505 en aceite, que sea buena. En este otro, media libra de bacalao del más malo, porque es para mi familia. Dos bollos de cinco céntimos 510 a mi mujer... Pastas finas, queso de bola, que sea del mejor, para Rosita. Mi mujer, que no sospecha de todo esto ni pizca, 515 por no saber, hasta ignora lo de... (De repente y bajando un poco la voz.) ¿Tenéis aquí harina lacteada? MARIANO Sí, señor. LINO Dame una lata enseguida, 520 que ya es tarde y mi mujer habrá salido de misa. Es claro, lo que yo digo, no puede haber armonía entre ambos: ella no piensa más que en las cosas de arriba 525 y yo en las cosas de abajo. ¡Ya ves tú que tontería! ESCENA IX Dichos y doña Lucía, de luto, aspecto de gazmoña, rosario, devocionario, etc. LUCÍA ¡Gracias a Dios! LINO (Ocultando uno de los talegos.) ¡Mi mujer! LUCÍA Pero, hijo mío, ¿qué haces, dónde te metes? Después 530 de oír misa y confesarme y cumplir la penitencia de seis credos y diez salves, que recé por el camino 534 viendo los escaparates, 535 subo a casa y no hay siquiera lumbre para el chocolate. ¡Ay, Lino! voy sospechando que te entretienes con alguien. LINO (Aturdido.) No lo creas; el afán 540 de comprar casi de balde, para que no te incomodes, fue causa de que tardase. Mira: yo vuelvo enseguida. (Quiere irse y doña Lucía le detiene.) LUCÍA Podemos ir juntos, ¡trae! 545 (Le quita el talego donde hace la compra para su novia y lo registra.) ¡Cómo pesa!... ¡Calambres! (Figura que ve en el talego lo que indica el diálogo.) ¡Ay cuánto te lo agradezco! LINO (Turbado.) ¡Ha sido por obsequiarte! LUCÍA (Sigue registrando.) ¡Hígado de bacalao! (Horrorizada.) ¡Para quién es esto, infame! 550 LINO ¡Como es vigilia! LUCÍA (Sacando un paquete.) Y harina lacteada... ¡Miserable! (Continúa registrando con mucha agitación.) ¡Aquí hay gato! LINO No mujer, es una liebre muy grande... como es tu santo. 555 LUCÍA Ahora sí que comprendo tus maldades. 535 ESCENA X Dichos, Rosa desde la puerta. ROSA ¡Pero hombre, me traes la compra o no! ¡Qué salero tienes! LINO ¡Tableau!422 (Como está escrito.) ROSA Por esperarte se me ha pegado el aceite, 560 y tan y mientras tú aquí entregado al sexo débil. LUCÍA ¡La débil lo será usted, desvergonzada, insolente! ¡El señor es mi marido 565 desde el año treinta y siete! ROSA Pues buen provecho le haga y que Dios se lo conserve. LINO (A su mujer.) Cálmate. ROSA Yo vengo aquí por lo que me pertenece, 570 que es mi talego. (Quiere quitárselo.) LUCÍA Este es mío. ROSA Pues me gusta; que si quieres... (Se lo quita.) LUCÍA (A Lino.) ¡Cuando lleguemos a casa te diré cuántas son siete! LINO Si ya lo sé... tres y cuatro: 575 por eso no te molestes. ROSA Con que, abur. LUCÍA Voy a dar parte al juez, para que la lleven por seducción de menores a la cárcel de mujeres. 580 422 tableau (galicismo), cuadro, escena, tablón. 536 ROSA Me las guiyo; pero quiero que sepa usted mayormente que si le hice caso, fue por la portera del nueve, que me habló por él; lo cual 585 que para que le admitiese me dijo: “como una prueba de que es persona decente te diré que es viudo”. LINO Vamos, la razón es de los fuertes. 590 ROSA Además, me he resistido cuanto resistirse debe una mujer que se estima en todo lo que merece, esto es, dos días con sus 595 dos noches correspondientes. LUCÍA ¡Monstruo!... ¡Vampiro! (Acometiéndola.) ROSA Otra vez. (Ídem.) no vuelva a comprometerse. LINO ¡Para cuándo son tus rayos Temístocles!423 LUCÍA ¡Falso, aleve!424 600 ROSA Yo me marcho a mis negocios. Abur, y usted me dispense. ¡Cómo está la juventud en el siglo diez y nueve! (Vase.) ESCENA XI Dichos menos Rosa. LUCÍA ¿Te has fijado en mi conducta? 605 LINO (Conmovido.) Ofrezco ser para siempre un casto Susano.425 423 Temístocles, estadista griego (528-562 a.C.) 424 aleve: traidor. 425 casto Susano, hace referencia a la casta Susana, personaje bíblico famoso por su castidad. 537 LUCÍA (Con gravedad.) Escucha; mi programa de hoy es éste: Ahora, a casa: allí a almorzar como dos que bien se quieren, 610 que sin tener el estómago bien repleto, no se puede alborotar todo un barrio como yo deseo ¿entiendes? Después, escándalo en gordo, 615 tanto que se oiga en el puente de Vallecas; ¡luego abro el balcón del gabinete, tomo carrera y me tiro! LINO (Aparte.) ¡Ay, si tuviera esa suerte! 620 LUCÍA (Casi llorando.) Y cuando venga el juzgado (que vendrá indudablemente) a levantar mi cadáver, diré sin compadecerme de ti, que tú sólo has sido 625 el motivo de mi muerte. (Se dirige a la puerta, seguida por Lino.) LINO ¡Señor, por piedad, que cumpla su programa textualmente! (Vanse.) ESCENA XII Melchor, zapatero de viejo completamente borracho, Nicasio, Mariano, que no han desaparecido de la escena y don Pablo, que poco antes de terminar ésta habrá vuelto a colocarse detrás del mostrador. MELCHOR A los pies de usted, Don Pablo... ¿Quiere usté hacerme el favor 630 de decirme dónde vivo? PABLO Vamos, éste la pescó de mañana. ¿No lo sabes hombre? MELCHOR ¿Que no lo sé yo? Mejor que usté. Pero quiero 635 que me haga usted el favor de decírmelo... lo exijo... 538 PABLO Pues aquí cerca, en el dos de esta calle. MELCHOR ¿Lo ve usted? Si no hay equivocación: 640 a la derecha los pares, porque así lo manda Dios; los impares a la izquierda ¿no es eso? Pero señor... y ésta ha sido mi matanza, 645 desde que tengo razón: ¿por qué han de estar a la izquierda los nones? Sería mejor todos en la misma acera, para evitar confusión, 650 porque hay momentos en que uno no sabe cuál de las dos es la derecha... por mucha que sea su educación. Una copita. PABLO Pero, hombre, 655 no te da vergüenza. MELCHOR No; ¿usted conoció a mis padres? Pues ninguno de los dos la tuvo, y yo no soy menos que ambos. PABLO Por amor de Dios, 660 vete a casa, que tu esposa estará con el temor consiguiente, y es preciso, siquiera por compasión, que salga de ese cuidado. 665 MELCHOR ¿De su cuidado? Si no hay de qué. ¡Bueno estaría con más años que Sansón! Me tiene muy resentido y sin causa... porque yo 670 soy con ella consecuente y firme como un reloj. 539 El día en que nos echaron en San Luis la bendición, en vez de darla un abrazo 675 la di una tunda feroz; desde entonces a la misma hora... la misma función. Si quiere más consecuencia que avise. PABLO Vamos, Melchor; 680 ¡qué temprano la has cogido! MELCHOR Eso de temprano, no; la cogí ayer por la tarde y me ha tomado afición! PABLO ¿Y has pasado bien la noche? 685 MELCHOR Vaya, con un inspector que me parece que estaba mismamente como yo. ¡Me ha dado la gran jaqueca!... Empeñado el buen señor 690 en saber lo que pensaba respecto a la dirección de los globos, y hasta que se lo dije, no paró. Me voy a casa derecho, 695 es decir, derecho... no. Y diga usted, ¿dónde vivo? (Pablo hace un movimiento de impaciencia.) ¡Ah! en el número dos. Los pares a la derecha; ¡vaya una numeración! 700 De seguro que en Marruecos está arreglado mejor. (Desaparece tambaleándose y cantando una copla a elección del actor que haga este papel.) 540 ESCENA XIII Mariano, Nicasio, Pablo y timador disfrazado de teniente alcalde con su ayudante. Ambos tipos, raros. El timador lleva bastón de autoridad. TIMADOR426 (Dirigiéndose a D. Pablo con malos modos.) A ver, saque usted al momento salchichón, pan y garbanzos y todo lo que usted tenga. 705 PABLO Si viene a decomisarlo,427 le advertiré, con respeto, que va a llevarse un gran chasco. Géneros como los míos no hay en Madrid. 710 TIMADOR ¡Bien, veamos! Eso mismo dicen todos y luego hay cada gazapo...428 (Don Pablo pone sobre el mostrador varios trozos de salchichón y los artículos que indica el diálogo.) Corte usted una raja. Don Pablo corta un poco de salchichón. (Comiéndosela.) ¡Hombre!... ¡Pero tiene usted descaro! 715 Este salchichón amarga y es más duro que un zapato. (Dándole al ayudante otro pedazo.) ¿No es cierto? AYUDANTE (Después de comérselo.) Dice usted bien; se traga, mas con trabajo. TIMADOR Venga un vaso de aguardiente; 720 de Valdepeñas, de algo, a ver si hacemos que pase. PABLO ¡Pero, señor, si no es malo! 426 timador, persona que roba con engaño. 427 decomisarlo, pena de prendimiento de una cosa, en que incurre el que comercia con géneros prohibidos. 428 gazapo, hombre astuto 541 TIMADOR ¡Silencio! (Le entrega todo el salchichón al ayudante y éste se lo guarda en los bolsillos de la americana.) (Cogiendo varios panecillos y examinándolos.) ¡Y es éste el pan que usted despacha! Está falto 725 de peso. (Al ayudante.) ¡Guárdese usted estos panecillos largos! (El ayudante los guarda en la americana, de manera que queden a la vista del público.) (Cogiendo un paquete.) Café de Matías López... ¿Será bueno? (Va a desenvolverlo; pero se arrepiente y se lo da al ayudante.) Por si acaso guárdese usté estos paquetes; 730 también van decomisados. (Fijándose en el almuerzo que dejó el cochero sobre el mostrador.) Este vino y este queso de seguro serán malos. (Se lo entrega al ayudante.) ¡Yo le ajustaré las cuentas! ¡Y éste es el comercio honrado 735 de Madrid!...! (Yéndose.) PABLO (Saliendo tras él.) ¡Pero señor, que no lo ha visto despacio! TIMADOR ¡Volveré! PABLO Si esto no es justo. ¡Y diga usted! ¿A quién reclamo? TIMADOR (Bruscamente.) ¡Al Nuncio! RUFINO (Sale con gran desesperación.) Precisamente 740 yo le he servido hace un rato. (A don Pablo.) Mire usted qué medio duro de aquellos recién casados. PABLO (Sofocado.) ¡Déjame en paz, bueno estoy para negocios extraños! 745 542 RUFINO Mi almuerzo. PABLO Sí, búscale, también lo han decomisado. ¡Ahí tienes la autoridad! RUFINO (Acercándose al timador y a su ayudante, que se habrán quedado a la puerta arreglando los artículos que se llevaban.) ¡Ese! Ahora que reparo, si este señor es el mismo 750 de Fornos: pues si es un caco.429 (Quiere sujetarle y echan a correr; va a seguirles y le detiene el inspector que sale.) INSPECTOR (Desde la puerta.) No apurarse, que los guardias los pondrán a buen recaudo. (Mirando hacia la calle.) Ya los han cogido... pronto a la prevención. PABLO ¡Canastos! 755 ¿Pero no es Teniente Alcalde? INSPECTOR Si es un timador, Don Pablo. ¡Se ha dejado usté engañar! PABLO ¡Por vida del rey de bastos! Pero me devolverán 760 los géneros. INSPECTOR Pues es claro; aunque es forzoso que antes se queden en el juzgado: formarán causa a los reos y cuando estén sentenciados, 765 dentro de cinco o seis meses, o, todo lo más, de un año, entonces se los devuelven. PABLO ¡Ya comprendo... apolillados! ¡Quiere decir que de todas 770 maneras soy el pagano! 429 caco, ladrón que roba con destreza. 543 (Se oyen en la calle gran ruido de silbidos, gritos y dos tiros no muy cercanos. Todos se dirigen con gran curiosidad a la puerta, por donde entra don Lino muy asustado.) ESCENA XIV Dichos y don Lino. INSPECTOR ¿Qué ocurre? (Todos rodean a don Lino.) LINO No hay que asustarse, (Sobresaltado.) señores, que ya no es nada. Don Pablo, haga usté el favor 775 de darme un vaso de agua. Un matutero a caballo, que quería entrar430 dos cajas de petróleo y tres pellejos de vino y, ¡claro!, los guardias, 780 aunque parezca increíble, eran de opinión contraria; se enredan a tiros, y él, viéndose sin esperanza, echa al galope y arroja 785 al suelo cuanto llevaba; pero las cajas malditas, no sé por qué circunstancia, caen dentro de una berlina de punto, al golpe se inflaman... 790 RUFINO (Aterrorizado y echando a correr.) ¡Mi coche! El número trece. Era el fin que te esperaba. (Vase.) INSPECTOR Pues yo me marcho enseguida porque estaré haciendo falta. (Vase con don Lino.) 430 entrar (galicismo, entrer), introducir. 544 ESCENA ÚLTIMA Don Pablo y los dependientes. PABLO (A Nicasio.) Y tú pon en un papel, 795 pero en prosa lisa y llana, un letrero en que se lea “esta tienda se traspasa”, que no quiero más belenes ni servir a gente baja. 800 Me voy a mudar al centro, si hoy no es posible, mañana. (Al público.) Y ahora ustedes disimulen, señores, la confianza... y aquí se acaba el sainete, 805 perdonad sus muchas faltas. FIN DEL SAINETE 545 ¡Amén! o El ilustre enfermo SAINETE EN UN ACTO Y EN PROSA 546 PERSONAJES CLOTILDE LUISA UNA JOVEN DEL PUEBLO BAJO UNA VOZ DE MUJER MERCEDITAS, hija del Presidente del Consejo de Ministros LA DONCELLA DE S.E LA SEÑORITA DEL PRINCIPAL IZQUIERDA DON CEFERINO, senador AYUDANTE DEL GENERAL PÉREZ DON RUFINO SUÁREZ, cesante UN DESCONOCIDO DON MANUEL, enfermo LORENZO, portero DON CALIXTO, inspector de policía DON SEBASTIÁN, médico y diputado DON ROQUE SÁNCHEZ, médico LUIS, secretario particular de S.E DON MIGUEL, ayuda de cámara DON ANTONIO, médico DON EDUARDO, médico CHULO 1º CHULO 2º UN LACAYO UNO DE ORDEN PÚBLICO OTRO ID. ID UNA NIÑA, hija del Presidente UN NIÑO, hijo del Presidente 547 ACTO ÚNICO Portal de casa grande adornado con todo el lujo posible. En el foro la puerta de la calle. A un lado y a otro, escalera que conduce a los cuartos principales, que estarán dando frente al público, con su correspondiente barandilla en lo que figura descanso. El principal derecha es donde vive el Presidente del Consejo. A la izquierda, en el portal, una mesa o velador pequeño con recado de escribir y un pliego grande de papel lleno de firmas. Cuando no perjudique al diálogo, una pareja de orden público paseará por delante de la puerta, sin entrar en el portal hasta que la acción lo reclame. La portería está a la derecha, con su correspondiente trampilla practicable. La escena en Madrid. Época actual. Empieza a las doce del día y termina al anochecer. Por derecha e izquierda, la del espectador. ESCENA PRIMERA El inspector hablando con los dos de Orden público que están a la puerta, don Miguel, de levita y pantalón negros, grandes patillas y aspecto de hombre importante. Baja por la escalera de la derecha y se pone a hablar con Lorenzo, portero, que llevará un mandil a rayas, y que estará limpiando la bola dorada del principio de la escalera. INSPECTOR Si no bastan ochenta carros de arena, que traigan ciento. Lo principal es evitar el ruido de los coches, y, si a pesar de eso no se consigue, prohibid el paso a los carruajes. ¡Tengo que estar en todo! (Los guardias se van. Dirigiéndose a don Miguel y a Lorenzo.) Ya ven ustedes el interés con que cuido de la salud del Presidente. ¡Me parece que si me dan un ascenso, me lo he sabido ganar! Ahora voy a la botica, y después a decir al maestro Trullás que venga a cortar el pelo a los niños de su excelencia. Adiós. (Vase por el foro.) MIGUEL Hasta luego. (Sigue hablando con Lorenzo.) ESCENA II Don Miguel y Lorenzo, que siguen hablando en voz baja; don Rufino Suárez, de aspecto humilde, con sombrero de copa y levita, entra pausadamente y, acercándose al velador, dice: RUFINO Soy el hombre más desgraciado del mundo. En cuanto pretendo un destino, o cae el gobierno o se muere el que ha de dármele. (Fijándose en la lista que habrá sobre la mesa.) No encuentro sitio donde firmar. ¡Ni en el papel hay vacante para mí! A ver si en este huequecito... (Coge la pluma para firmar.) 548 ¡Dios mío!... haced que no se muera, y si se muere, que deje firmada mi credencial; y si no la deja firmada, que vaya al purgatorio para que sepa lo que es este mundo. (Leyendo.) “El enfermo continúa lo mismo”. Me extraña que no esté mejor después del soneto que le escribí ayer. Firmaremos. (Escribiendo en la lista.) “Rufino Suárez, el cual tiene ofrecido, si vuecencia se pone bueno, ir descalzo al cerrillo de San Blas”. ¡Así como así, voy descalzo a todas partes!... (Firma y se va por el foro.) ESCENA III Dichos, menos don Rufino. MIGUEL Cuando te traje del pueblo te hacía yo más listo; pero voy viendo que discurres en todo lo mismo que un colchón de muelles. LORENZO ¡Gracias, Miguelín! MIGUEL ¿Ves? Otra necedad. ¿A qué me llamas Miguelín? ¿No estás viendo que todo el mundo me llama don Miguel? ¿Crees tú que a un ayuda de cámara del señor Presidente del Consejo de Ministros, se le debe llamar Miguelín? LORENZO Hombre... comu431 eres mi primo, y de pequeño te llamaba así, pur eso... Por lu demás... desimula, don Miguel. MIGUEL Todavía no has aprendido a conducirte con las personas, como es debido. El otro día trataste con muy malos modos al Embajador de Portugal. LORENZO Miente si fue cun esa embajada al amu. Lu que sucedió fue que me dio una tarjeta que decía: “Piñeiro, embajador ordinario...” y díjeme yo: pues, si es ordinario, que suba pur la escalera de los criados; y por ella le encaminé. Pero déjate de sermuneo, y dime cómo está el amu. Yo me intereso verdaderamente por su salud, porque si se muere, tú dejarás de tener tanta mano cun él, y te echarán a la calle. Y lo que es enfermo de verás, me parece que lo está el infeliz. El médico me dijo esta mañana que tenía una calentura de cuarenta grados sobre el nivel del mar. 431 Lorenzo habla con acento gallego, cerrando las oes átonas. 549 MIGUEL ¡Gracias a Dios que has dicho algo que tenga sentido común! Pues, hoy está un poco más aliviado; y aunque ha pasado la noche con angustias y con dolores... LORENZO Comprendido. Con tu mujer y tu hermana. MIGUEL ¡Lorenzo! no seas animal, ¡por Dios! LORENZO ¡Ah! Vamos, sí; dolurido y angustiado. MIGUEL Realmente la enfermedad es poca cosa; pero le conviene figurar que está grave, con el fin de que le sirva de pretexto para dejar el Gobierno, porque está ya cansado de mandar. LORENZO Como yo de obedecer. MIGUEL Oye; si me llaman, estoy en el principal interior, en casa de don Lucas. LORENZO ¡Ah! ¡Sí!; el profesor de piano... de manubrio. MIGUEL Voy a ver cómo está su hijo. Ahora está allí el médico, y él me dirá si es cosa de cuidado. LORENZO Pues, ¿qué le ha ocurrido? MIGUEL Percances del oficio. El pobre muchacho se ha metido a picador de novillos, y eso sí, tiene sangre torera, como ahora se dice. LORENZO Si es picador, será sangre picadora. MIGUEL Ayer salió por primera vez, y al poner la primera puya, le enganchó el toro, le volteó, le recogió... en fin, se encariñó con él... LORENZO ¿Y a eso le llamáis encariñarse? MIGUEL Y no le ha dejado un hueso sano. ¡Y en qué ocasión! Ahora que el amo, por recomendación mía, le iba a hacer cartero. LORENZO ¿Y por qué no haces que le den esa plaza a mi primo Antolín? Es chico listo, y para el correo interior sirve. Él nun sabe las calles, pero las cartas que lleven señas que no sepa, las vuelve a echar al correo y así sale del paso. 550 MIGUEL Conténtate con la posición que te he dado, y no te metas a protector de nadie. ¡Cuántos gobernadores cesantes quisieran ocupar tu puesto! Vuelvo pronto. LORENZO Anda cun Dios, Miguelín. MIGUEL ¡Eh! LORENZO Vaya cun Dios, don Miguel. Hazte cuenta que no he dicho nada. (Vase Miguel por la escalera de la izquierda.) ESCENA IV LORENZO Me va puniendo en cuidado la salud del Presidente, porque el día que él cierre el ojo, nosotros tenemos que cerrar la boca. Si yo tuviera segura una colocación mejor que ésta, ya me daba lu mismo que sanara comu que no sanara; y esu que, como bonachón y campechano, lu es. La otra tarde le encuntré en la escalera, y le dije: —Señor, nun salga vuecencia que hace mucho aire, y el viento de Madrid mata a una bestia y no apaga el candil. —Creí que rodaba la escalera de risa. —No hay más remedio, —cuntestóme; —hoy tenemos que elegir la mesa del Congreso. —A lo cual díjele yo: —Pues para elegir la mesa, que vaya la señora, u yo, que también entiendo de muebles. —Y vuelta a reírse el pobrecillo... Voy a ponerme la librea432 y luego a subir El Motín. ¡Qué risa le va a dar cuandu vea la caricatura! Le pintan de gran uniforme cun orejas de caballo y tirando de un carro de mudanza. ¡El demonio son los periodistas! Antes voy a darle un repasón a La Correspondencia. Me gusta mucho leer todos los días “el crimen de anoche y el desfalco de Cuba”. (Entra en la portería, y se sienta a leer.) ESCENA V Dichos y ayudante del general Pérez, vestido de uniforme. Se dirige a la escalera de la izquierda, y cuando ha subido dos o tres escalones, se detiene y dice: AYUDANTE Portero. (Pausa.) ¡Portero! LORENZO ¿Qué hay? (Sin dejar de leer.) 432 librea: traje de criado. 551 AYUDANTE ¿En qué piso vive el señor Presidente? LORENZO (Sin dejar de leer.) En el principal, hombre, en el principal. Estás trayendo todos los días el carbón, y nun sabes el cuarto. AYUDANTE Pero, ¿con quién habla usted? LORENZO (Dejando de leer, y saliendo de la portería.) Usted dispense, señor. Es que tiene usted la misma voz del carbonero, y por esu le confundí. Vive en el principal. ¿Quiere el señor que le acompañe? AYUDANTE No hace falta. (Lorenzo entra en la portería. El ayudante sube y llama en el principal de la izquierda. La campanilla no suena.) Estas campanillas me azaran de un modo horrible. No me atrevo a llamar fuerte por temor de armar un escándalo; y si llamo flojo, no suena. ¡Tiraré un poco más! (Se oye un campanillazo tremendo y el ladrido de un perro de Terranova.) ¡Adiós! ¡Ya se alborotó el perro del Presidente! ESCENA VI Dichos y la señorita del principal de la izquierda. SEÑORITA (Abriendo la puerta.) ¿Qué se le ofrece a usted? Pase usted adelante. (El perro sigue ladrando.) ¡Calla Boulanger!433 AYUDANTE Venía... Pero, señora, por Dios, que calle ese animalito. SEÑORITA No tenga usted cuidado. No muerde más que al que no conoce. AYUDANTE Pues haga el favor de presentarme. SEÑORITA (Figurando que pega al perro.) ¡Toma! (Se oye el alarido del perro, que se aleja.) AYUDANTE Soy el ayudante del general Pérez, y vengo a saber cómo sigue... SEÑORITA ¡Ah! Sí... muchas gracias; y dígale usted que está mejor. 433 Boulanger (galicismo, panadero). 552 AYUDANTE ¿Qué ha tenido? SEÑORITA Una niña muy hermosa que ha dado a luz esta mañana. AYUDANTE ¡Señora..., por Dios!... Si yo pregunto por el señor Presidente. SEÑORITA ¡Ja, ja! ¡Tiene gracia! Es en el cuarto inmediato. (Éntrase y cierra la puerta.) AYUDANTE ¡Pues no me he llevado mal susto! ¡Qué atrocidad! ¡Tendría que ver! (Llama en el de la derecha, y después de hablar en voz baja con el ordenanza que sale a abrir, vase.) ESCENA VII Don Sebastián y don Antonio, médicos, bien vestidos. ANTONIO (En el foro.) Pase usted. SEB. De ninguna manera, señor La Olla; usted primero. ANTONIO ¡No faltaba más! Usted es el médico de cabecera. SEB. Pero, usted, en cambio, es un distinguido profesor llamado a la consulta. ANTONIO Como usted quiera. (Entran en el portal.) SEB. Pues, como le iba diciendo a usted, con la vida que trae este señor, y con su temperamento nervioso, no sé cómo no ha dado un estallido. Toda su enfermedad está en la garganta. Como habla tanto, y tan mal, en las Cortes, se le ha presentado una angina catarral que no me gusta; de esas que nosotros llamamos anginas de oradores, producida por el abuso del aparato vocal. ANTONIO He curado muchas a esos que venden específicos en carretela.434 SEB. Las enfermedades de garganta parece que se extienden entre la gente política. ANTONIO Sobre todo entre los diputados ministeriales. 434 carretela, coche de cuatro asientos, con caja poco profunda y cubierta plegadiza. 553 SEB. Es natural; tragan tanto, que a la fuerza han de tenerla irritadísima. ANTONIO Pues, la dolencia de este señor, es preciso combatirla. SEB. Pues la combatiremos. ANTONIO Y la venceremos. SEB. ¡Y el Presidente se restablecerá! ANTONIO Pese a quien pese. Porque su existencia es preciosa para el país. SEB. Y para nosotros. ¡Figúrese usted si le salvamos la vida!... ANTONIO Todo le parecerá poco para pagarnos. SEB. En dinero no será mucho, porque estos señores lo pagan todo en especie. ANTONIO ¿Cómo en especie? SEB. En distinciones honoríficas. Yo no me escapo sin una gran cruz; y a usted ya le estoy viendo con la cabeza en ferrocarriles..., porque una plaza de consejero en esas Compañías es una ganga. Y aquí, para inter nos,435 yo sólo podría sacar adelante al ilustre enfermo; pero, como además de médico, soy diputado de oposición, me pareció que la familia estaba... así, un poquillo escamada; y entonces dije: “yo no hago nada sin traer a consulta una eminencia en esta clase de enfermedades... a don Antonio La Olla”. ANTONIO Muchas gracias. SEB. A lo cual accedieron todos, y en particular la suegra del Presidente, que me dijo en seguida: “Doctor, no ande usted con miramientos: A la olla, a la olla”. ANTONIO Repito las gracias. Le reconoceré con mucho cuidado, y después acordaremos el tratamiento. SEB. En cuanto al tratamiento,436 el primer día le di vuecencia; pero me le apeó al instante. 435 inter nos ( latinismo), entre nosotros. 436 se juega con el doble sentido de la palabra tratamiento. 554 ANTONIO Si no me refiero a eso, por Dios... SEB. Perdone usted, don Antonio... si es que estaba distraído. A mi juicio, lo primero que debemos dar es la estrignina.437 ANTONIO Es lo que procede, siendo usted, diputado de oposición (Se dirigen a la escalera de la izquierda.) ESCENA VIII Dichos y una joven del pueblo bajo que entra por el foro. JOVEN (Dirigiéndose a don Sebastián.) Don Sebastián, por la Virgen del Carmen, que hace tres días no va usted por casa, y aquel hombre se me está muriendo. SEB. Estoy sumamente ocupado. La salud del Presidente es antes que todo. JOVEN Eso es; y a los demás que nos parta un rayo. SEB. Si lo que tiene tu marido no es nada. JOVEN Pues lo que yo veo es que no puede resistir los dolores, y que se está dando de coscorrones contra la pared. SEB. Bueno, bien; que siga así hasta que yo vaya, y no tengas cuidado. (Vase la joven por el foro y don Sebastián y don Antonio suben pausadamente la escalera.) ESCENA IX Lorenzo, un desconocido, que sale por el foro y con mucho sigilo, se acerca a la portería y dice: DESC. Portero... LORENZO (Saliendo del cuchitril438 ya con librea y gorra de informe.) ¿Qué hay? DESC ¿Ha muerto ya el Presidente? LORENZO ¡Hombre! ¡Qué barbaridad! Nin lleva trazas. 437 estrignina, estricnina, veneno de uso medicinal. 438 cuchitril (de cochitril, pocilga); habitación estrecha y desaseada. 555 DESC. ¿Que no? (Con mucha extrañeza.) LORENZO Comu que está más aliviado. DESC. ¡Qué contrariedad! Pero ¿no lo asiste don Sebastián Menéndez? LORENZO El mismo. DESC. ¿Cuántas visitas le ha hecho? LORENZO Dos. DESC. Pues, no le dé usted vueltas, a la tercera cae. Hasta luego (Vase corriendo.) LORENZO ¡Eh! Buen hombre... Sí, sí; échale un galgo. En cuanto venga el inspector le digo lo que sucede, porque este mucito me va escamando. (Entra en la portería.) ESCENA X Don Sebastián, don Antonio, que han subido ya y les ha abierto la puerta la doncella, pero ninguno de los dos quiere entrar antes que el otro, y se pasan gran rato haciéndose cortesías y cumplidos. DONCELLA (Saliendo a la puerta del principal.) Señores: el enfermo se va empeorando. Hagan ustedes el favor de dejarse de cumplimientos y de pasar pronto. (Los dos continúan haciéndose reverencias, hasta que, al cabo de un rato, entra primero don Antonio. Entre tanto, por la escalera de la izquierda, han bajado don Miguel y don Eduardo; éste de aspecto humilde, pero no derrotado. ESCENA XI Don Miguel, don Eduardo y Lorenzo. EDUARDO (A don Miguel.) El porrazo fue tremendo. Yo no sé, todavía, si ha traído las narices a casa, o si se las ha dejado en el redondel. La verdad es, que los picadores debían llevar los huesos numerados, y así, al reconocerlos, sabríamos, los médicos, el que les faltaba. MIGUEL ¡Lo peor es la pierna, que se le ha quedado tan encogida! 556 EDUARDO Eso no me da cuidado. Pronto haremos que vuelva a su posición natural. Por de pronto, haga usted el favor de disponer que lleven esta carta a donde dicen las señas. La pobre familia no tiene por quién mandarla, y, por eso, le doy a usted esta molestia. MIGUEL De ningún modo. Lo que me sobra a mí es gente. Treinta guardias de orden público hay en la calle, para lo que se ocurra en casa. EDUARDO Gracias; y hasta luego (Vase foro.) MIGUEL Vaya usted con Dios. (Se asoma a la puerta.) A ver... uno. (Se presenta uno de orden público.) Lleve usted esta carta a don Roque Sánchez, médico, Olivar, 21; y si está en casa, que venga enseguida. GUARDIA (Tomando la carta.) Está bien. ¿Quiere vuecencia algo más? MIGUEL Nada, usía; que vuelvas pronto. LORENZO Lu menus se ha creído que eras el ministro de Marina. ESCENA XII Lorenzo, don MigueI y chulos 1º y 2º que se paran delante de la puerta con un piano de manubrio. Chulo 2º se pone a tocar, produciendo un ruido y una desafinación muy grandes. Al poco rato, la doncella de S.E. que se asoma a la barandilla. LORENZO (Saliendo a la puerta precipitadamente.) Silencio, granujas... a ver si os calláis. (Cesa el ruido.) CHULO 1º (Entrando.) ¿Y por qué? Si es nuestro oficio. LORENZO Porque hay enfermo. CHULO 1º Pues me alegraré que se alivie. MIGUEL Es que el enfermo es un alto personaje. CHULO 1º Pues si es alto, mejor; así no llegará el ruido hasta él. DONCELLA (Asomándose al descansillo y en voz baja.) Miguel, de parte de la señora, que dé usted un duro a esa gente y que se vaya. (Se entra.) 557 MIGUEL (Llamando aparte a Lorenzo.) Toma, dales cuatro pesetas y que se larguen. LORENZO (Aparte al chulo 1º, y guardándose dos pesetas.) Ahí tienen dos pesetas y ya estáis aquí de más. CHULO 2º (Acercándose al 1º.) ¿Cuánto te ha dao? CHULO 1º Dos reales. CHULO 2º ¡Ay, qué gachó!439 Dentro de media hora volvemos a tocarle la Marsellesa, a ver si acaba de una vez, (Vanse por el foro. Lorenzo entra en la portería y Miguel se ha subido a casa del Presidente.) ESCENA XIII (Doña Clotilde y doña Luisa, señoras muy elegantes, de alguna edad, pero bien conservaditas. Salen de casa del Presidente.) LUISA Es una grosería que no tiene nombre. Venimos con el mayor interés a saber cómo sigue, y ni su mujer ni su hija nos dejan pasar a la alcoba. CLOTILDE Parece mentira que se den tanta importancia... ¡y conmigo que los he conocido, con un trapo atrás y otro alante, como suele decirse! LUISA Pues yo, sin ningún trapo, hija mía. Cuando vino a Madrid este hombre, y mi marido fue a verle, ¿cómo dirá usted que le recibió? CLOTILDE Vaya usted a saber... LUISA Pues sin más ropa que un gorro griego y unos tirantes. CLOTILDE ¡Ave María Purísima! ¿Y el danzante del secretario? A ése le he conocido yo de tenor cómico de la compañía de Jesús... LUISA ¿De la compañía de Jesús? CLOTILDE Sí, de Jesús Martínez, director de escena del teatro de Tacón. 439 gachó (gitanismo), hombre; gachí, en femenino. 558 LUISA ¡Ah! Eso es otra cosa. Por supuesto, que de estos desaires, tenemos la culpa nosotras, que venimos a visitarlos. Yo me marcho. (Besándola.) He tenido tanto gusto... CLOTILDE Espérese usted un poco. Mi coche no tardará en venir y yo la llevaré a donde usted quiera. LUISA ¡Ah! ¿Y tiene usted carruaje? CLOTILDE Es de mi primo el subsecretario, pero como lo paga el Estado, lo usamos toda la familia. Ahora ha ido al Instituto a recoger a mi hijo; después irá al Congreso a llevar a mi marido, luego por mi prima que tiene que ir a tiendas, y más tarde vendrá por mí. LUISA Pues crea usted que compadezco... CLOTILDE ¿A quién, a nosotros? LUISA No, a los caballos que paga la nación (y a la nación que paga los caballos.)440 Pero, diga usted, ¿qué vamos a hacer tanto tiempo en el portal? CLOTILDE Pues, hija mía, ¿qué hemos de hacer? Murmurar un poco, que bien se lo merecen. LUISA Si es para eso, entonces me esperaré con mucho gusto. CLOTILDE De todos modos, yo he de volver a la noche, porque este señor me inspira un interés grandísimo, y sentiría que se nos malograra sin firmar el nombramiento de mi marido para Intendente de Cuba. LUISA ¿Pues no me ha dicho usted que había venido chiflado de Filipinas? CLOTILDE Eso sí, completamente; pero chiflado y todo, es diputado a Cortes... y si viera usted qué bien habla... Algunos párrafos, hasta le salen en castellano. LUISA ¿Y en qué consiste la chifladura? Porque yo se lo he preguntado a muchos y nadie ha sabido contestarme. 440 Luisa utiliza la figura literaria llamada de retruécano. 559 CLOTILDE La de mi esposo es de las más raras que yo he visto. Le ha dado por ser excesivamente amable y ceremonioso con todo el mundo. A mí me hace pasar unos ratos terribles. Figúrese usted que el otro día se encontró a un sacerdote amigo suyo. —“¿Cómo está usté?” le dice mi marido. —“Bien, gracias; ¿y la señora?”, contesta el cura. Y mi esposo responde: —“Perfectamente; ¿y la de usted?” LUISA ¡Tiene gracia! ¡Ja, ja! CLOTILDE El sofocón grande fue el que ayer pasé aquí. Estaba la sala llena de visitas; se acerca la hija del Presidente y le dice: —“¿Conque mañana es su santo de usted?” Y mi esposo, por echárselas de galante, responde: —“Sí, señora, y el de usted”. —“¡El mío! ¡Sí yo me llamo Mercedes y usted Policarpo!” —“No importa. Es que todo lo que es mío, es de usted también.” Todavía se están riendo. LUISA ¡Ya lo creo! Por Dios... si eso es muy gracioso. ¿Y es verdad que le ha traído al Presidente grandes regalos de Filipinas? CLOTILDE Eso sí; espléndidos. pañuelos de Manila, veladores441 maqueados,442 colmillos de elefante... y sobre todo, un cuchillo que fue del Sultán de Joló, de un mérito extraordinario. El mango no es lo mismo, porque se perdió en la travesía; y la hoja se la hemos puesto nueva porque la otra estaba mellada; pero es auténtico. Yo misma los voy a traer después, y si está usted aquí podrá verlos. LUISA Ya lo creo. Yo no dejo de venir a preguntar por su estado hasta que me sirva en lo que le he pedido. CLOTILDE ¿Pues qué le ha pedido usted? LUISA Una pequeñez. Que a mi esposo, que le sienta muy mal esto, lo traslade a Lugo; y que a mi primo, que le sienta muy mal aquello, me lo coloque en Madrid. Pero, si no nos dejan verle, serán inútiles nuestras gestiones. CLOTILDE En cambio, a la duquesita la permiten que no se aparte de la cabecera. Es claro; tiene que mostrarse agradecida, porque si su marido es coronel, se lo debe al Presidente. 441 veladores: mesita redonda de un solo pie. Candelero de madera. 442 maqueados: con laca o barniz. 560 LUISA ¿Quién era aquel que estaba en mangas de camisa, batiendo unas claras de huevo, en la cocina? CLOTILDE Don Pedro Núñez, capitán general de los ejércitos nacionales. LUISA ¿Y el que probaba las medicinas y daba friegas al enfermo? CLOTILDE El gobernador de Barcelona, que por ese medio quiere ganarse una gran cruz. LUISA Pero ¡cuánta adulación, hija mía! A todo el que viene aquí, le trae algún interés. No así a nosotras, que venimos espontáneamente y sin otro móvil que la salud del ilustre enfermo. (Se presenta en el foro un lacayo de librea.) LAC. Señora... CLOTILDE Ahí está el coche. ¿Viene usted? LUISA Sí; me dejará usted en el convento. CLOTILDE ¿Cómo?... LUISA Tengo que ir a ver a mi tía la monja. CLOTILDE La conozco. ¡Y qué hermosa es, por cierto! ¡Qué ojos tiene tan interesantes! LUISA Como que las demás compañeras no la llaman más que sor barbiana443. ESCENA XIV Dichas y don Luis que sale de casa del Presidente y se dirige a la puerta de salida; las dos señoras le detienen. CLOTILDE Luisito... ¿Qué ocurre? ¿Se ha puesto peor? LUIS No, señora; todo lo contrario. LUISA ¡Ay!... Respiro. 443 barbiana, desenvuelta, gallarda. 561 CLOTILDE ¡Qué susto tan horrible! He creído otra cosa. LUIS Pues tranquilícense ustedes. Adiós. No me puedo detener. Voy al Ministerio de la Guerra a un asunto urgente. CLOTILDE Le llevaremos a usted en el coche. LUIS Muchas gracias. Ya sé de lo que van a hablarme. Ahora no puede ocuparse el Presidente de las recomendaciones de ustedes. CLOTILDE Pero ¿quién pretende eso? LUISA ¡Ave María Purísima! Lo primero es su salud. LUIS Me ha dicho esta mañana que piensa colocar primero al protegido de la más bonita. LAS DOS ¡Ay!... Muchísimas gracias. LUIS A lo pies de ustedes. (Vase por el foro.) LAS DOS Siento mucho que no sea usted la preferida. (Vanse por el foro.) LORENZO ¡Jesús! ¡Qué par de cutorronas! ESCENA XV Lorenzo y el desconocido, que entra con el sigilo de siempre. DESC. (Al portero, que habrá salido de su cuchitril.) ¿Ha recaído, verdad? Ahora no me negará usted que está peor. LORENZO Pues, sí, señor, se lo niego a usted. Se encuentra mucho más aliviado. DESC. Usted me engaña; usted está comprado por alguien para ocultarme la verdad. LORENZO No, señor, no oculto nada. DESC. Pero, esos médicos, ¿qué hacen? LORENZO Nada: por eso está mejor. 562 DESC. No hay más: tiene que morir a la fuerza. LORENZO Naturalmente; por su gusto no ha de ser. DESC. Pues la gente dice por ahí que este hombre no sale de hoy. Las tropas están en los cuarteles, la policía se agita, y todo hace creer que la revolución ha de estallar muy pronto. Cuando esto sucede, es que el enfermo se va; y como no me tenga usted al corriente de todo, se ha de acordar de mí. (Vase corriendo y tropieza con el inspector que entra.) ESCENA XVI Inspector y Lorenzo. LORENZO Llega usted a tiempo. INSPECTOR ¿Qué sucede? LORENZO Ese hombre que acaba de salir, ha venido ya dos veces a preguntar por el amu; y en cuanto le digo que está mejor, se enfurece. Para mí, trae muy malas intinciones. INSPECTOR ¡Qué me vas a decir a mí! Estoy harto de saber que se conspira contra la vida de su excelencia y contra el orden social. Sé el número y el cuarto donde se reúnen los perturbadores. LORENZO ¿Y la calle? INSPECTOR Eso es lo único que me falta averiguar. LORENZO ¡Pues es una friolera!444 INSPECTOR Sé igualmente que para que le abran a uno la puerta de la casa, es preciso decir amén. He recorrido todos los números 60 de Madrid, he llamado en todos los pisos bajos, he dicho amén... LORENZO Y le habrán contestado Jesús. INSPECTOR No; me han dado con la puerta en las narices. El jefe de la revolución está en Madrid hace dos días. Le he visto llegar por la estación del Norte; pero después se me ha escabullido. He dado parte a mis superiores, y se están tomando todo género de precauciones, y se ha puesto en 444 friolera (habla popular), cosa de poca monta, usado irónicamente. 563 juego toda la policía. Ahora que digo juego, me marcho a escape al Casino a decir que los voy a sorprender esta noche, y en seguida vuelvo. LORENZO ¡Jesús, qué hombre! ¡No descansa un momento! INSPECTOR (Muy preocupado, como hablando consigo.) A esos pájaros del amén, si los cojo, no les arriendo la ganancia. Codo con codo, y al abanico. Ya me estoy gozando en lo que van a pasar allí... si es que los coge sin dinero. Por supuesto, que yo los fusilaría y requiescant in pace...445 LORENZO Amén. INSPECTOR (Alarmado, y como volviendo en sí.) ¿Eh?... ¡Ah!... ¿Eres tú? Ten cuidado con esa palabra, porque hoy la considero subversiva. Hasta luego... No; antes voy a decir al señor Presidente un secreto que acabo de descubrir. Mucho ojo; y en cuanto vuelva ese hombre que viene con tanta frecuencia, me avisas. Amén, ya les daré yo el amén. (Sube la escalera, se encuentra en el descansillo con Merceditas y don Sebastián, que salen de casa del Presidente, saluda y entra.) ESCENA XVII Merceditas y don Sebastián, en el descansillo. A poco don Antonio. SEBASTIÁN Yo le encuentro mucho mejor. MERCEDITAS Y yo también, y eso que ayer me llevé un susto tremendo, porque estuvo muy amable con todos; pero desde que hoy he visto que a mi mamá la ha llamado estúpida y al secretario alcornoque, he dicho: ¡mi padre se salva! Por supuesto, ¿nada de alimentos? SEBASTIÁN Puede comer de todo, por Dios, no le den ustedes café, porque una excitación nerviosa nos traería grandes perjuicios. (Se despide y baja la escalera. Sale don Antonio, y antes de despedirse dice a Merceditas.) ANTONIO Lo menos en seis días no puede tomar alimento. Si pide café, le dan ustedes cuanto quiera, porque una excitación ahora, tal vez fuera nuestra salvación. (Baja 445 requiescant in pace (latinismo), descansen en paz. 564 la escalera, se une a don Sebastián que le está esperando, y se van por el foro. (Conviene, para no estorbar a los personajes que salen enseguida, que bajen por la escalera de la izquierda.) MERCEDITAS Pues cualquiera sabe lo que se le debe dar a mi padre. LORENZO (Saliendo de la portería con telegramas y periódicos.) Vamos a entregar los telegramas que vinieron anteanoche. Desde el lunes los voy a subir por semanas para no hacer tantos viajes. (Va a subir la escalera, se encuentra con que van a bajar don Ceferino y los niños, y se detiene hasta que estos personajes han bajado. Después sube, entrega los papeles a Merceditas y baja otra vez, metiéndose en la portería.) ESCENA XVIII Merceditas, asomada a la barandilla, don Ceferino, que sale de casa del Presidente con una niña y un niño muy elegantemente vestidos. CEFERINO Vamos, niños, vamos a paseo. (A Merceditas.) Descuide usted. Van conmigo lo mismo que si fueran con su padre. MERCEDITAS No sabe usted, don Ceferino, cuánto agradecemos sus atenciones. CEFERINO Me gustaría que supiera el señor Presidente que los saco de paseo todas las tardes, que los llevo en mi coche, y que, a la vuelta, los meto en casa de Lhardy y los convido a pasteles y a Jerez. Por lo demás, yo mismo los traeré, porque no me fío de nadie. (Van bajando la escalera.) MERCEDITAS Que no deis guerra a don Ceferino. Los lleva usted al Retiro; se sienta usted allí, y que corran por donde quieran. CEFERINO Sentarme, no, hija mía, porque como soy senador, en cuanto me siento me quedo dormido. MER. Hábleles usted en francés, que la institutriz les ha prohibido que hablen en español. CEFERINO ¡Hola, hola! ¡Ya tan ilustraditos! 565 MER. Lo que es Enrique devora la gramática francesa. NIÑA El otro día, si no se la quita papá, se la come. CEFERINO ¿Y en qué te andas ya?. NIÑO En Télemaque ne pouvait se consoler.446 CEFERINO ¡Muy bien! ¿Y tú, hermosa? NIÑA En morceaux447 escogidos, que me ha traído madame. CEFERINO No se dice madame, se dice madam, hija mía. ¿No ves que la e es muda? NIÑA (Con tristeza.) ¿Es muda? ¡Pobrecilla! CEFERINO ¿Y la otra niña, no quiere salir de paseo? MER. Está delicadilla. Le ha salido una erupción, y como se llama Pompeya, estamos con mucho cuidado. CEFERINO Me parece muy bien. ¡Ese sí que es el colmo de la precaución! MER. Que los traiga usted mismo, ¿eh? CEFERINO Estas alhajitas no se las entrego yo a nadie Que no se le olvide a usted decir al papá que vengo por ellos todos los días, y... MER. Sí; y que los convida usted a pasteles, etc., etcétera... CEFERINO Hasta luego, ¿eh? MER. Adiós. (Los niños la tiran besos con las manos y ella a los niños. Don Ceferino, como distraído, le tira también un beso a Merceditas.) ¡Adiós, ricos! (Entrando y cerrando la puerta.) 446 Télemaque ne pouvait se consoler, Telémaco no podía consolarse. Eusebio Blasco había estrenado El joven Telémaco: pasaje mitológico-lírico-burlesco, en dos actos y en verso, que fue editado en Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1872. 447 morceaux (galicismo), trozos. 566 ESCENA XIX Don Ceferino y los niños. CEFERINO (Acariciando a los niños.) ¡Rica!... ¡Precioso!... ¿Quién me quiere a mí? NIÑOS Yo. CEFERINO ¿A quién le gustan más los pasteles? NIÑOS A mí. CEFERINO ¿Quién le va a decir a papá que me haga Consejero del Estado? NIÑO y Ésta (Los dos con rapidez). NIÑA Éste CEFERINO Los dos a un tiempo, y así haréis más fuerza. NIÑO Yo no me atrevo, porque le he pedido para mi profesor de latín una canongía, y me ha dicho que los destinos vacantes se los tiene que dar a los sargentos. CEFERINO Pero, ¡qué salidas tenéis! No he visto niños más despejados que vosotros. Programa de hoy: de aquí a casa de Lhardy; tomamos unos pastelillos y una copita de Jerez... NIÑA Una copita de Jerez, cada uno. CEFERINO Es claro. Luego al Retiro. NIÑO Y allí un vasito de leche con un mojicón.448 NIÑA Con un mojicón... cada uno. CEF. Sí, hermosa. (¡Qué afición tiene a especificarlo todo!) Jugáis un ratito, y después... NIÑA Otro vaso de leche con otro mojicón. CEFERINO Y antes de llegar a casa... un cólico. 448 mojicón: bizcocho o golosina de mazapán. 567 NIÑA ¿Para los tres? CEFERINO No, hija mía, un cólico para cada uno. De todos modos, estad tranquilos, que por mojicón más o menos no he de quedar mal. Así como así, el que da más mojicones en esta vida es el que gana. Allons à la proménade?449 NIÑOS Oui, oui. CEFERINO Allons, enfants.450 (Vanse por el foro cantando la “Marsellesa”. Don Ceferino lleva de las manos a los niños.) ESCENA XX Don Roque, viejo y no bien vestido, con una caja electro-medicinal en la mano: un guardia. ROQUE (Desde la calle y figurando que mira el número de la casa.) Número 60. Aquí es, no cabe duda. GUARD. (Sin entrar.) Sí, señor, sí: yo mismo le he llevado a usted la carta. ROQUE (Fijándose en el guardia.) Es verdad. ¿Y quién se la entregó a usted? GUAR. El mayordomo de su excelencia, que vive ahí en ese principal... (Señala a la derecha y vase.) ROQUE Muchas gracias. (Entra en el portal.) ESCENA XXI DON ROQUE ¿Quién había de decirme, que a mis años me iban a llamar para asistir nada menos que a un personaje de esta importancia? ¿Por dónde habrá sabido este señor que yo soy una eminencia, cuando he sido siempre tan modesto, que no se lo he confesado a nadie? La verdad es que mi talento no es un grano de anís, mi reputación tampoco es un grano de anís, y la cuenta que voy a ponerle... tampoco va a ser un grano de anís. Desde que me he dado a la electricidad, el éxito en mis operaciones es brillante. El caso es que mi compañero, sólo me dice 449 allons à la promenade, vamos de paseo. 450 allons enfants, vamos niños. 568 en su carta que traiga la máquina eléctrica, pero no me indica el sitio en que he de aplicar los reóforos.451 Eso corre de mi cuenta. Subamos, que el gran estadista se halla pendiente de mis conocimientos científicos. (Sube, llama y entra en casa del Presidente.) ESCENA XXII Luis y don Sebastián, por el foro. LUIS Las imprudencias de este inspector, no sabe usted a dónde nos han conducido. Todo Madrid está creyendo que la revolución se viene encima. SEB. A mí me han dicho que el que ha de ponerse al frente de ella, está en Madrid hace dos días. LUIS Pues yo acabo de averiguar que el que ha llegado hace dos días, procedente del Escorial, de girar una visita al cuartel de carabineros jóvenes, es el Ministro de la Guerra; pero como este inspector lleva tres días en su destino y no le conoce, se le ha antojado que era el jefe de los revolucionarios. Ha hecho cundir la alarma, se han tomado precauciones militares, y resulta que hace dos días el Ministro de la Guerra se está persiguiendo a sí mismo, y tomando precauciones contra sí propio. SEB. ¡Cuánto me alegro! Todo eso va a servirme para referirlo en la sesión de mañana y poner en ridículo al Gobierno. LUIS Muchas gracias: con eso acaba usted de matar a mi jefe. SEB. Hombre, no me acordaba de que era médico... y estaba hablando como diputado. LUIS Ese es el inconveniente de tener dos naturalezas. ESCENA XXIII Dichos, el desconocido por el foro y Lorenzo que sale de la portería en cuanto ve a éste. DESCONOCIDO (Muy contento.) Buenas tardes, señores. El ver a ustedes con esa cara de mal humor, me indica que ha muerto ya!... ¡Por fin! (Con alegría.) 451 reóforos (tecnicismo), cada uno de los dos conductores que establecen la comunicación entre un aparato eléctrico y un origen de electricidad. 569 LORENZO Pues, no señor, no ha muerto. DESC. Entonces esto es una burla... volveré. (Medio mutis.) LORENZO (Deteniéndole.) Eh, amiguito, quieto. ¡Usted va a cantar ahora mismo! DESC. ¡Hombre, cantar habiendo enfermo!... LORENZO Oiga, señor mío: ¿qué quiere decir amén? DESC. ¡Así sea! LORENZO ¿Todavía con bromitas? Hagan ustedes el favor de no dejarle salir de aquí, hasta que yo avisé a don Calixto, para que se lu lleve al Gobierno civil pur conspirador. DESC. ¡Por conspirador! ¡Eh, poco a poco, señores! Yo no soy más que un dependiente de una sociedad funeraria, titulada “El Sauce llorón”, y por si hacía falta, he venido tantas veces. TODOS ¡Qué barbaridad! DESC. Yo no falto a nadie. ¿Está mejor su excelencia? Pues quiere decir que aquí sobra uno. (A don Sebastián.) ¡Doctor, no me le abandone usted, por Dios! (Vase precipitadamente.) ESCENA XXIV Dichos, el inspector, que saca a empujones a don Roque de casa del Presidente. Detrás don Miguel. INSPECTOR Esa es una infamia. Usted no saldrá de esta casa sin decir las intenciones que traía. ROQUE Señores, por Dios, que yo he venido con el noble propósito de salvar la vida de su excelencia. (Bajando.) INSPECTOR Sí, y le ha soltado una descarga eléctrica que a poco más se nos marcha por el balcón. ROQUE Yo he seguido las órdenes del médico de cabecera. SEB. ¡Las mías! 570 ROQUE Yo no me dirijo a usted para nada. INSPECTOR Señor Secretario, no hay que ponerlo en duda; la conspiración está descubierta: los jefes son éstos. LUIS (A don Sebastián.) ¡Pero es posible, don Sebastián!... SEB. Expliquémonos con calma, porque de lo contrario... vamos a perder el juicio. INSPECTOR (A don Roque.) A ver, ¿cómo justifica usted?... ESCENA XXV Dichos y don Eduardo por el foro EDUARDO (Dirigiéndose a don Roque.) ¡Ah! ¿Usted aquí? ¿Supongo que habrá usted cumplido su misión? INSPECTOR ¿Otro? ¡Ya van cayendo! EDUARDO y Pero... SEB. INSPECTOR ¡Silencio! Vamos por partes (A don Roque.) ¿Con qué derecho ha penetrado usted en la alcoba del señor Presidente? ROQUE En virtud de esta carta. En ella se me dice que venga enseguida a la calle del Pez, que es ésta, número 60, que es éste, cuarto principal... (Señalando al cuarto principal derecha.) EDUARDO Que no es ése, mi querido don Roque, sino el cuarto principal interior. MIGUEL Pues ya está comprendido: yo mandé la carta por un guardia de orden público. ROQUE (Muy triste.) ¿De modo que no he sido llamado para asistir al señor Presidente del Consejo de ministros? EDUARDO No; para asistir al Berengena, picador de novillos embolados. ROQUE Pues me parece que aquí el embolado he sido yo. (Vanse don Roque y don Eduardo por al escalera de la izquierda.) 571 ESCENA XXVI Dichos, menos don Roque y don Eduardo. LUIS Me parece, don Calixto, que está usted tocando el violón. INSPECTOR Me parece, don Luis que lo que está sucediendo es motivo muy fundado para levantar sospechas. LUIS ¿Y esos demagogos que se reúnen a la voz del amén, ha dado usted con ellos? INSPECTOR Esta noche caerán en mi poder. Sé fijamente dónde se reúnen, y he de traérselos a usted a todos para que no dude de mi actividad. ESCENA XXVII Dichos, don Manuel, mal vestido, aspecto entre revolucionario y cesante. Se acerca a la puerta del cuarto bajo izquierda y llama. VOZ MUJER (Desde dentro.) ¿Quién es? MANUEL ¡Amén! LUIS (A los tres con quiénes está hablando.) ¿Han oído ustedes? VOZ Aquí no vive nadie de ese apellido. MANUEL Pero, señora, mire usted que estoy desesperado. ¿Diciendo amén, no puede usted abrirme? ¿Si habré equivocado la palabra? INSPECTOR (Cogiendo de un brazo a don Manuel y llevándole en medio de la escena.) Oiga usted, señor mío, ¡por qué ha dicho usted amén! LUIS ¿A qué ha venido usted a esta casa? INSPECTOR ¡Ustedes se reúnen allí! MANUEL Debe ser en otra parte: habré confundido las señas. ¿Usted las sabe? INSPECTOR Sí, señor. 572 MANUEL Pues haga usted el favor de llevarme, porque el asunto urge. INSPECTOR Usted se viene conmigo al Gobierno civil por conspirador. MANUEL ¡Ah! ¿Por eso? Pues antes voy a confesar a ustedes todo lo tremendo del plan. INSPECTOR Eso, eso. MANUEL (Con misterio.) Yo padezco de horribles dolores de estómago. Cómo los médicos me han dicho que no tome otra cosa más que líquidos, llevo dos años alimentándome sólo de aguardiente. Y, no estoy seguro, pero me parece que de ahí viene esta irritación. LUIS ¿Se está usted burlando de nosotros? MANUEL ¡Dios me libre! Esta mañana me desperté con agudas punzadas: quise desayunarme, y ¡nada! SEB. No se lo permitiría a usted el estómago. MANUEL No, señor, la falta de recursos. Me voy a suicidar, le dije a mi patrona, y empecé a acariciar... MIGUEL ¿A la patrona? MANUEL No: ¡”la idea de quitarme de en medio!”. Yo conozco, dijo la patrona, a un médico que no sabe medicina...” SEB. (¿Si seré yo?) MANUEL “Cura todos los males sin receta. Dice una oración, y poniendo la mano sobre el sitio dolorido, desaparece el mal.” A mi patrona le ha curado un dolor que le corría todo el cuerpo... LUIS (¡A que tenemos otro del “Sauce llorón!”) MANUEL En la calle del Pez, 60 duplicado, y ahora me figuro que este es 60 sin duplicar, cuarto bajo, vive ese hombre, de quien todos dicen que es santo. El Gobernador le persigue porque ejerce la medicina sin título. No admite en su casa más que personas conocidas y que no puedan comprometerle. Llame usted a su puerta, diga usted amén nada más, y le dejarán el paso libre. 573 INSPECTOR (Amenazándole.) Si no fuera mirando que es usted un desgraciado... LUIS (Al inspector.) Y usted otro, hoy mismo quedaba usted cesante. Está visto que el único perturbador del sosiego público es usted. INSPECTOR Poco a poco: yo no me fío. Vamos al 60 duplicado, y como en realidad ese curandero no sea un santo, ya puede usted encomendarse a Dios. (Vanse el inspector y don Manuel: éste empujado por el primero.) SEB. Oiga usted, don Luis; para que se calmen los temores que ha infundido ese desgraciado Inspector, lo mejor será que anuncie usted a todos que el señor Presidente está muy aliviado y que puede recibir a sus amigos. (Sube, seguido de Miguel, a casa del Presidente.) ESCENA ÚLTIMA Luis, doña Luisa, doña Clotilde y don Ceferino con los niños: éstos traen algunos juguetes. El lacayo con cajas y objetos. Todos entran con alguna agitación y rodean a don Luis. CLOTILDE Vengo muerta, Luisito. ¿Es verdad que el Presidente está gravísimo? LUISA A mí me han dicho que acaba de morirse. CEFERINO Pues a mí que hoy era la misa de cabo de año. LUIS Todo lo contrario. Tengo el gusto de anunciarles que se encuentra ya perfectamente y que desde hoy empieza a recibir visitas. CLOTILDE ¿De manera que podemos verle? LUIS Cuando ustedes quieran. LUISA ¡Qué felicidad! Lo que he sufrido mientras ha estado enfermo, sólo Dios lo sabe. CLOTILDE Paulino, (Al lacayo.) usted delante. (A don Luis.) Son los regalos que mi esposo le ha traído de Filipinas. (Empiezan a subir la escalera.) 574 CEFERINO (Dirigiéndose, con los niños, a la escalera.) Quiero dejaros en la misma alcoba de vuestro papá, para que vea que no os abandono un instante. Decidle que yo os he comprado estos juguetes. ¡Y tú, monín no te olvides de aquello! LUIS (Me parece que acabo de hacer una barbaridad. Cada uno va a hablarle de sus pretensiones y le van a volver loco. ¡Ah! ¡Qué idea!) Señores: aunque el ilustre enfermo tendrá mucho gusto en recibir a ustedes, les suplico que no le hablen de política, porque hace dos horas que ya no es Presidente del Consejo de ministros. (Todos se quedan estupefactos en la escalera, y luego empiezan a descender, acercándose a don Luis.) CLOTILDE ¿Qué dice usted? ¡Es posible! CEFERINO (A los niños, dejándolos en el comienzo de la escalera). Vosotros subid solitos, que ya tenéis edad para ello. CLOTILDE ¿Y se sabe a quién han nombrado en su lugar? LUIS (Como vacilando.) Al general Álvarez. CLOTILDE ¿Al general Álvarez? (A Paulino, que ya habrá llegado al cuarto principal) Paulino, baje usted enseguida... y lleve usted todo eso a casa del general Álvarez. Dígale usted que mi esposo le ha traído ese recuerdo de Filipinas (Vase con doña Luisa y el lacayo.) CEFERINO Adiós, Luisito. Siento la caída; pero, francamente, este Gobierno no podía seguir. A este hombre le faltaba cabeza. LUIS Y a usted le falta nariz, porque no ha olido que esto fue una broma y que el Presidente sigue en su puesto y seguirá por muchos años. CEFERINO ¿Es de veras? ¿No ha caído? Niños... niños... (Echando a correr; tropieza en la escalera, y cae.) ¡Yo sí que he caído! (Se levanta y sube corriendo hasta que alcanza a los niños, que han llegado al descansillo de la escalera. Luis, riéndose, sube tras ellos.) LORENZO (Saliendo de la portería y como dirigiéndose a los que se fueron por el foro.) ¡Vayan, benditos de Dios, que ya volverán mañana! Lo que estoy diciendo siempre: 575 (Al público.) este mundo es una farsa... Y aquí da fin el sainete; perdonad sus muchas faltas. Antes de bajar el telón aparecen los chulos del organillo, y después de decir los últimos versos Lorenzo, tocan desaforadamente “La Marsellesa”. FIN DEL SAINETE 577 Las recomendaciones SAINETE EN UN ACTO DIVIDIDO EN DOS CUADROS, EN VERSO Y PROSA 578 PERSONAJES TULA PATRO MERCEDES CELEDONIA (criada) PURA RAMONA (criada) MINISTRO GENERAL CARDONA AGUSTÍN LUQUE GARCÍA EDUARDO PÉREZ DON ANTONIO ANSELMO REYES DON JOSÉ (portero mayor) RUFINO (portero segundo) PEDRO ROJAS BONIFACIO La escena en Madrid. Época actual. 579 ACTO ÚNICO CUADRO PRIMERO Telón corto de sala. Algunas sillas y una mesa pequeña a la derecha. Puerta al foro. Derecha e izquierda, siempre las del espectador. ESCENA PRIMERA Doña Mercedes y Ramona. RAMONA Pero ¿tiene usted de mí alguna queja, señora? MERCEDES Nada de eso: siempre has sido ordenada y económica. Si alguna vez te he reñido, 5 tú no has abierto la boca, y por eso, en todas partes, puedo, con razón de sobra, decir que no me ha salido la criada respondona. 10 Guisas muy bien y repasas divinamente la ropa, y en cuanto a planchar, lo mismo que la mejor planchadora. Pero no puedes seguir 15 en mi casa, por ahora; mi hermana Tula, que viene con su familia de Loja, trae consigo una muchacha que aunque no es muy hacendosa, 20 viene muy recomendada por Don Anselmo Pantoja, a quien debemos favores de esos que, si las personas son agradecidas, quedan 25 grabados en la memoria. RAMONA Está bien, me iré al instante, (Llorando.) ya que mi presencia estorba; pero usted, que al fin y al cabo no tiene nada de tonta, 30 se hará cargo de que es triste que a la que tan bien se porta, se la eche de casa, como si una fuese cualquier cosa. 580 MERCEDES No, mujer, la que se va (Acariciándola.) 35 por algo que la deshonra, no sale de la manera que tú. ¡Por Dios, reflexiona que te llevas mi cariño, mi amistad... y, no seas boba, 40 no te aflijas, la paleta452 ya verás, a la tres horas de estar en Madrid, se cansa, se aburre y descorazona, comprendiendo que no es 45 para ella esta Babilonia. RAMONA Ahí queda el baúl, me voy (Afligida.) a buscar quien lo recoja. Si entre tanto quiere usted registrarle... MERCEDES Me incomoda 50 que pienses de esa manera; yo conozco a las personas y no te juzgo capaz de una acción tan bochornosa.. RAMONA Un beso a la señorita (Despidiéndose.) 55 y al señor muchas memorias. MERCEDES (Besándola cariñosamente.) Adiós, mujer, que no dejes de venir... (Vase Ramona.) ESCENA II DOÑA MERCEDES Pobre Ramona, tan servicial y tan buena... Con seguridad la otra 60 será una zafia, una torpe que no sabrá ni la jota. (Suena la campanilla con mucho estrépito.) ¡Ya están aquí! Bonifacio, abra usted, antes que rompan la campanilla. Esta gente 65 se figura que una es sorda. (Se ve cruzar a Bonifacio en dirección a la puerta.) 452 paleta (habla popular), persona rústica. 581 ESCENA III Tula, Eduardo y Celedonia, en traje de camino. Don Antonio y Bonifacio, Este y Celedonia se dirigen a la segunda lateral derecha, con maletas y mantas de viaje, saliendo y entrando cuando lo indique el diálogo. TULA ¡Mercedes! (Abrazándola y besándola.) MERCEDES ¡Tula! ¡Sobrino! (Ídem a Tula.) EDUARDO ¡Tía! MERCEDES ¡Querido Eduardo! TULA Sírvenos el desayuno (A Bonifacio.) 70 en seguida, Bonifacio; tenemos que hacer muchísimo. MERCEDES ¡Y sin descansar un rato! TULA ¿Descansar? No hay que perder un minuto. MERCEDES ¿Es para tanto? 75 TULA Ya hablaremos... ¡Qué viaje! Si los asuntos que traigo me salen tan bien, de fijo no hay ser más afortunado. MERCEDES ¿Es posible? TULA Mira: el tren 80 ha venido sin retraso; no ha habido choque, ni robo: donde nos hemos bajado a comer, hemos comido perfectamente y barato, 85 sin que nos dieran ni una moneda falsa en el cambio. ¿Qué más?... No vais a creerlo... Muy finos los empleados de toda la línea.453 453 el autor adopta una actitud irónica al exagerar el optimismo de Yula, alabando lo que no suele ser usual. 582 MERCEDES ¡Calla, 90 por Dios, no exageres tanto! Se ve que eres andaluza a la legua. TULA No te engaño. (Se oye dentro gran ruido como de haberse roto cacharros.) MERCEDES (Corriendo aterrorizada a la puerta.) ¡Ay, Dios mío! ¡La vajilla que me la han hecho pedazos! 95 ESCENA IV Dichos y Bonifacio, que sale apresuradamente y al encuentro de doña Mercedes, Bonifacio trae varias jícaras454 de chocolate en una bandeja, que pone sobre la mesita. BONIFACIO (Sobresaltado y balbuceando.) Yo no he tenido la culpa de nada de esto, señora, que fue la recomendada de don Anselmo Pantoja. TULA (Riéndose.) ¡Pues ha entrado con buen pie! 100 MERCEDES (Disimulando su disgusto.) ¿Ha sido ella?... No importa. ¡Sin duda la turbación, el deseo de... son cosas naturales! ANTONIO (Aparte a Tula, pero de modo que lo oiga doña Mercedes.) No hagas caso, porque está que se la ahoga 105 con un cabello. (Se sientan a tomar el chocolate.) MERCEDES ¡Por Dios, Antonio, que me sofocas! 454 jícaras, vasijas pequeñas de loza para tomar el chocolate. 583 EDUARDO No se apure usted, que yo prometo comprarla otra si me dan, al fin, la cátedra 110 de derecho en Barcelona, ANTONIO ¿En eso estamos? ¡Pues, hombre, fuera injusticia notoria después de unos ejercicios tan brillantes! TULA ¿Y qué importa, 115 si en España es el favor el que resuelve las cosas? Este hizo oposiciones a una cátedra de historia, vacante en el Instituto 120 provincial de Zaragoza; no sé lo que le pasó pero no dio pie con bola... Dijo que Carlos tercero nació antes que Mahoma, 125 que Colón fue primo hermano de doña Juana la loca... EDUARDO Confieso que estuve torpe, pero no dije esas cosas, mamá. TULA Pues muy parecidas. 130 Si bien es verdad que ahora se ha lucido y ha logrado que el Tribunal le proponga en primer lugar y en único al Ministro que los nombra. 135 ANTONIO Pues entonces, hija mía, comprende que está de sobra toda recomendación. MERCEDES Mas, por si acaso, no estorban. TULA Por eso no ha de quedar, 140 porque me traigo de Loja la mar de cartas, escritas por todas cuantas personas tienen cerca del Ministro influencia. 584 ANTONIO ¡Hola, hola! 145 MERCEDES ¡Y traerás del diputado!... TULA ¿De quién? ¿De Perico Rojas? ¡Qué disparate! Ése es el que me pone furiosa, porque sé que está en Madrid 150 con el cacique Cardona, ante el cual todo Gobierno cede, transige y se postra. ANTONIO ¡Qué vergüenza! TULA Es natural, ¿No ves que es hombre de mosca? 155 Ambos tienen interés en favor de otra persona. Así, pues, desde este instante pongo manos a la obra. Me voy a arreglar un poco. 160 (Se levantan de la mesa.) ANTONIO ¡Tú mandas y punto en boca! TULA Ahora vamos a palacio, que hay Consejo, y a la hora en que bajen los Ministros, vosotros me dejáis sola, 165 me acerco... le doy tres cartas... si es caballero las toma. ANTONIO ¡Puede ser que las rechace! TULA Cuando esté almorzando, otra. Después en el Ministerio, 170 seis más... no me quedo corta. (A Bonifacio.) Entre tanto, tú le llevas a don Regino Bedoya, académico de número de la Academia Española, 175 esta carta, en la que un tío suyo, que reside en Loja, le pide que hable al Ministro por nosotros. 585 BONIFACIO Voy, señora; pero antes... (Indicando que tiene que recoger las jícaras.) TULA No pierdas tiempo; 180 que las quite Celedonia, así se irá acostumbrando... No tardo ni un cuarto de hora. (Vase por la derecha.) ESCENA V Dichos, menos Tula. MERCEDES (Fijándose en una insignia que lleva Eduardo en el ojal de la levita.) ¿Conque estás condecorado y no has dicho una palabra? 185 Está bien. EDUARDO Es que a estas cosas yo no les doy importancia. ANTONIO ¿Y qué acción ejecutaste para merecer tan alta recompensa? EDUARDO Francamente, 190 tío, no hice casi nada. Me estaba bañando en Cádiz, y, sin comprender la causa, de pronto perdí terreno y comencé a tragar agua. 195 “Socorro” –grité– “Me ahogo” – Porque en efecto, me ahogaba; – y el hijo de mi tío Lucas, que me vio desde la playa, se arrojó al mar y después 200 de lucha desesperada, con peligro de su vida me libró de una desgracia. MERCEDES ¡Qué susto! ANTONIO ¡Le premiarían acción tan humanitaria! 205 586 EDUARDO Como él no tenía padrinos, ni quien le recomendara, me dieron a mí una cruz.455 ANTONIO ¿Y a él? EDUARDO Yo le di las gracias. Hasta luego, que mi madre 210 ya debe estar aviada. (Vase por la izquierda.) ESCENA VI Doña Mercedes y don Antonio. MERCEDES ¿Ves? ¿Te convences ahora de que una buena influencia vale más que la justicia y tiene siempre más fuerza? 215 ¿Tú los acompañarás? ANTONIO ¿Pues qué he de hacer? A la fuerza; pero te debo advertir que no paso de la puerta del Ministerio, ¿lo entiendes? 220 Que ha pasado ya la época de sufrir humillaciones, de tolerar caras serias y de consentir que a uno le miren con displicencia, 225 como diciendo: “no hay nadie que mi posición merezca” MERCEDES Vamos, hijo, que también tú vas echando una lengua... ESCENA VII Dichos, Tula y enseguida Eduardo. TULA Ya estoy aquí preparada 230 a la lucha. ANTONIO Cuando quieras 455 el autor critica las condecoraciones con padrinos. 587 EDUARDO ¡Por mí, andando! TULA ¡Ven acá que eres un pozo de ciencia! (Abrazándole con cariño, y dirigiéndose a los demás.) Sabe derecho romano más que el mismo Julio César. 235 Es una risa allá en Loja: cuando estamos en la mesa a mí me llama Agripina,456 a la muchacha Lucrecia,457 y a su padre Bruto.458 ANTONIO (Con ironía y como reconviniéndole con cariño.) ¡Hombre, 240 eso es no tener vergüenza! MERCEDES ¿Vendréis a almorzar? TULA Veremos ¡Mas si tardamos, almuerza, que yo a casa he de venir con la credencial459 o muerta! 245 MERCEDES Que le hables al alma ¿oyes? TULA ¡La cuestión es que la tenga! EDUARDO Adiós, tía. MERCEDES Adiós, sobrino. ANTONIO Hasta luego. MERCEDES (A don Antonio.) ¡Y tú, modera, si es posible, esos alardes 250 que tienes de independencia! ANTONIO ¡Seré mudo, es lo mejor, para que no haya quimeras! (Vanse los tres.) 456 Agripina (15-59), nieta de César Augusto, se casó con su tío, el emperador Claudio. Murió por orden de su propio hijo Nerón. 457 Lucrecia Borgia (1480-1519), hija de Rodrigo (el papa Alejandro VI) y hermana de César. En su corte de Ferrara reunió famosos artistas, escritores y eruditos. Se murmuró sobre su reputación. 458 Bruto (84-43 A.C.), participó en la conjura contra Julio César. 459 credencial, documento que acredita o recomienda. 588 ESCENA VIII Doña Mercedes, y enseguida Celedonia. Ésta ha de hablar con marcado acento andaluz, muy calmosa y pareciendo que se burla de doña Mercedes. MERCEDES ¡Celedonia! CELEDONIA Buenos días. MERCEDES Ya puede usted recoger 255 la mesa. CELEDONIA Con mucho gusto, puesto que lo manda usted. MERCEDES Me ha roto usted dos soperas. CELEDONIA Es verdad, cómo ha de ser: o tiene fin en el mundo 260 y las soperas también. MERCEDES Y un jarrón, que era recuerdo de mis padres. CELEDONIA Ya lo sé, mie usté que si levantaran la cabeza, puede ser 265 que los pobres der disgusto la volvieran a escondé. MERCEDES (¿Me estará tomando el pelo?) Que no suceda otra vez. CELEDONIA No, los cacharros que he roto 270 ya no los vuelvo a romper. MERCEDES Despacito: ahora dos jícaras y las otras dos después. (Vase Celedonia con las jícaras, y vuelve.) No salgo de mi extrañeza. ¡Qué muchacha tan soez! 275 Si no fuera porque viene recomendada, yo sé lo que hoy mismo hacía con ella... (Sale otra vez Celedonia.) Y a todo esto, oiga usted, 589 no hemos hablado de cosas 280 que nos importa saber. ¿Usted guisa? CELEDONIA ¡Ya lo creo! Aunque no lo hago muy bien porque no es esa mi cuerda, siempre se podrá comer 285 lo que yo guise; y si no con el tiempo aprenderé. MERCEDES Es natural, y entre tanto se ayuna y lo mismo es. (Me gusta su desparpajo.) 290 ¿Al menos sabrá usté hacer un chocolate? CELEDONIA ¡Señora, y dos si se empeña usted! MERCEDES ¿Tiene usted novio? CELEDONIA ¡Una miaja!460 MERCEDES ¿Y está en Madrid? CELEDONIA Hace un mes, 295 y vendrá a verme a menúo, como es natural. MERCEDES Muy bien: vendrá, si se lo consiento, que no lo consentiré, y hoy mismo al señor Pantoja 300 voy a escribirle que usted no me conviene. CELEDONIA Lo siento, pero no lo va a creer, y además va a resentirse porque dirá, y dirá bien, 305 que sus recomendaciones no las quiere usté atender. Esto es hablar en confianza y como persona fiel, que si me muerdo la lengua 310 aluego me va a escocer. 460 miaja (andalucismo), migaja, pequeña cantidad, poco. 590 MERCEDES Con franqueza, como dos (Con ironía.) amigas de la niñez. Y si me quieres llamar de tú, lo admito también. 315 CELEDONIA ¡Caramba, doña Mercedes, eso es muy de agradecer! (Señalando a la mesa.) Ea, pus coge de ahí, no se nos vaya a caé. No seas torpe, de ese lao. 320 MERCEDES (Remedándola con ironía muy marcada.) Ya voy, ten carma, mujer, anda pa allá, no resbales, y vaya a quebrarte un pie. ¡Dios mío! ¡Malditas sean las influencias, amén! 325 (Vanse llevando entre las dos la mesa.) MUTACIÓN CUADRO SEGUNDO Escena dividida. A la derecha del espectador, el despacho, amueblado con gran lujo, del ministro. Puerta lateral derecha, que da a las oficinas: otra en el foro, que figura ser la de la calle; y a la izquierda de ésta y en el foro también, otra puerta que da a un gabinetillo. A la derecha una mesa grande con papeles, expedientes, etc., etc., y su correspondiente sillón ostentoso y regio. A la izquierda, antesala con retratos al óleo; todos del mismo tamaño; representan los de los personajes que han sido ministros. Divanes, sillas, butacas, un velador en medio con periódicos. etc., etc. A la izquierda primer término, la puerta de la calle; a la derecha, la que comunica con el despacho de S.E., en el foro otra puerta. ESCENA PRIMERA. El ministro en su despacho, leyendo un periódico. Don José y Rufino, porteros, de gran uniforme. Rufino, con un plumero limpiando ligeramente los muebles y pasándolo por encima de los retratos. JOSÉ Vaya un modo de limpiar. Trae, no sirves para nada. (Le coge el plumero.) A los retratos, así, con suavidad, se les pasa el plumero por encima; 330 de otro modo los arañas. Mira, por si no los sabes, 591 cosa que a mí no me extraña, porque eres muy avestruz. RUFINO ¡Don José! JOSÉ No he dicho nada. 335 RUFINO ¡Eso es faltarme al respeto! JOSÉ Está bien; si es que te enfadas porque te insulto, me callo, porque a mí, siempre, por malas se me lleva a cualquier parte, 340 ¡por buenas soy un Veragua!461 RUFINO Bueno, ¿qué iba usté a decirme? JOSÉ Que estos retratos reclaman atención, porque son todos de personas de importancia, 345 que han desempeñado el cargo de Ministro en esta casa. (Señalando a un cuadro.) Mira: éste ha sido un bendito... buen mozo, de hermosa lámina; recibió cuatro puyazos 350 de una señora muy guapa, y a ella debió la cartera y otra infinidad de gangas. (Señalando a otro.) Éste fue muy desgraciado. Sin tener culpa de nada, 355 le metieron en un lío, del que no pudo salir, gracias a que acudió muy a tiempo y sobreasaron 462 la causa. (Ídem a otro, y golpeándole en la cara con el plumero.) Aquel fue un bribón, no hay más 360 que fijarse en esa cara. Fue Ministro cuatro días, y... maldita sea su estampa, en cuanto entró, me dejó cesante de una plumada. 365 Ni en pintura puedo verle. Mírale. (Encarándose con el retrato.) 461 Veragua (Veraguas es una provincia de Panamá), bueno, sumiso. 462 sobreasaron: sobreseyeron. 592 ¡Bárbaro! ¡Mandria!463 ¡Siempre que paso le insulto y él no responde palabra! RUFINO Hombre, la lengua de usted, 370 no es lengua, es una navaja. A los muertos y a los pobres les da usté unas puñaladas que yo entiendo; pero en cambio, cuando el Ministro le llama, 375 hace usté unas cortesías y pone usted, una cara, como diciendo. “¡Señor, deme usté una bofetada, que viniendo de su mano 380 me favorece y ensalza!” ¡Bajo, adulador!... JOSÉ (Encolerizado.) Rufino, ten en cuenta con lo que hablas, porque a grosero, ni tú ni ninguno me aventaja; 385 ¡para eso he sido portero del Congreso tres semanas! RUFINO ¡Y le echaron en seguida por no servir para nada, y porque los caramelos 390 que el presupuesto pagaba para endulzar el gaznate de los padres de la patria, a casita, en los bolsillos, por libras se los llevaba! 395 JOSÉ ¿Quieres callar, insolente? RUFINO ¡Aprenda de mí! JOSÉ ¡Ya baja! RUFINO Que hablo al ministro lo mismo que a un igual. ¡Pues no faltaba otra cosa! Los dos somos 400 hombres y, aunque en otra escala, su obligación es tratarme con respeto. En dos palabras yo se lo daré a entender. 463 mandria, inútil, vago. 593 JOSÉ Hombre, ¿a que no? RUFINO ¡Anda, anda! 405 Y soy capaz de decirle con muchísima arrogancia: “Señor, si es que a su excelencia mi proceder no le agrada, lo mejor es que presente 410 la dimisión, y se vaya”. (El Ministro toca el timbre.) Ya está llamando, entre usté. JOSÉ Ahora no me da la gana. Entra tú. RUFINO Con mucho gusto. Si no se me encoge el alma. 415 ¡Ministros a mí! Lo mismo que me bebo un vaso de agua. (Entra en el despacho del ministro y antes de hablar le hace una cortesía muy respetuosa y exagerada sin levantar la cabeza hasta que el ministro le habla.) ¿Ha llamado su excelencia? MINISTRO ¡Sí, hombre! Toma esa carta, que la lleven en seguida. 420 RUFINO Iré yo mismo a llevarla; las órdenes de vuecencia (Con mucha humildad.) son para mí muy sagradas. ¿Quiere vuecencia algo más? (Recogiendo la carta.) MINISTRO Sí, de paso, que me traigan 425 el almuerzo. RUFINO Iré en persona por él, que los ordenanzas son torpes, y no quisiera que vuecencia se enfadara. Su salud para nosotros... 430 MINISTRO (Enfadado.) Bueno, cállate, ya basta. Cumple lo que yo te mando sin replicar. 594 RUFINO En el alma sentiría que vuecencia me retirase su gracia. 435 (Hace una profunda cortesía y sale del despacho diciendo en la antesala a don José.) Ya le he dicho cuatro frescas; conmigo no quiere chanzas. (Vase.) MINISTRO Desde que nací, pensando en ser Ministro, y hoy, puede que diera dinero encima 440 por salir del Gabinete. Pero, ¿y quién me sustituye, si en España se carece en absoluto de hombres de mi talla y de mi temple? 445 Y cuidado que las noches me las paso casi siempre sin dormir, dando mil vueltas y barajando en mi mente los nombres de las personas 450 ilustres que España tiene, para ver si encuentro alguna de dotes sobresalientes que pueda, si hay una crisis, en mi cargo sucederme... 455 pero nada, no hay ni una, de mis méritos, se entiende. Por esta razón, me duermo diciendo constantemente: “para jardines Valencia 460 y para ministros éste”. (Señalándose a sí mismo.) Así, pues, me sacrifico por ti, patria, ¿qué más quieres? ¡Pero no abuses de mí, que mi salud se resiente, 465 y si me muero, no sabes, desdichada, lo que pierdes! (Transición.) Esto no quita, que yo diga delante de gente que quiero dejarlo, pero 470 sólo por cumplir... GARCÍA (Dentro.) ¿Se puede? MINISTRO Adelante. 595 ESCENA II Dichos, García con varios papeles figurando expedientes. GARCÍA Buenas noches. MINISTRO ¿Noches? (Sonriéndose.) GARCÍA Digo, buenos días. Dispense usté. MINISTRO Yo no sé en qué consiste, García, 475 que cuando habla usté conmigo de tal modo se le excitan los nervios, que muchas veces, francamente, desatina. GARCÍA (Atortolado.) Señor, es verdad; la causa 480 voy ahora mismo a decírsela. Cuando me encuentro delante de un fenómeno... MINISTRO (Como reprendiéndole.) ¡García! GARCÍA Fenómeno de talento... MINISTRO No digo que sea mentira; 485 pero sepa usté; que yo tengo por norte en mi vida, descender hasta el nivel del que me habla. GARCÍA Lo sabía. MINISTRO Bueno, ¿qué me trae usté? 490 GARCÍA Asuntos de la oficina... MINISTRO A despacharlos. Procure tener la lengua expedita. Despacito y sin turbarse. 596 (El ministro se sienta en la poltrona y García en frente de él. García, siempre azorado y confuso, desata los expedientes, y como han de temblarle las manos, se le caen al suelo multitud de papeles que recoge lleno de turbación.) ¡Hombre, por María Santísima! 495 Beba usted un poco de agua. a ver si se tranquiliza. GARCÍA (Cada vez más nervioso y desconcertado, coge el tintero en lugar del vaso, y se dispone a beber.) Muchas gracias. Con permiso... MINISTRO (Conteniéndole y aterrorizado.) ¡Que se bebe usted la tinta! GARCÍA ¡Es verdad! Crea usted que esto 500 no me sucede en la vida más que cuando estoy delante... MINISTRO (Interrumpiéndole.) Sí; de un fenómeno... Siga, o, mejor dicho, comience a darme cuenta sucinta 505 de los negocios. GARCÍA (Cogiendo un pliego grande que figura una solicitud.) Instancia de Antonio Luque y Bonilla, ex sargento, procedente del arma de infantería. (Leyendo, pero siempre tembloroso.) “Con todo respeto pide 510 que se le otorgue una mitra.”464 MINISTRO ¡Una mitra! (Admirado.) GARCÍA (Azarado y leyendo de nuevo.) No: “... una muestra de rectitú y justicia, dándole la colocación de Comisario en la línea...” 515 464 mitra, (toca alta), dignidad de arzobispo u obispo). 597 (El ministro hace signos como diciendo ¡eso es otra cosa!, y siguen hablando en voz baja como si García continuara despachando con él los demás asuntos.) ESCENA III Dichos, General en la antesala Don José durante la escena anterior habrá estado leyendo periódicos y arreglando algunos muebles. Cuando entra el General, don José está sentado. El General da un bastonazo en el velador y asusta a don José. GENERAL ¡Portero! JOSÉ ¡Qué atrocidad! ¡Vaya un modo de anunciarse! GENERAL ¡Soy General! JOSÉ (Haciendo una cortesía.) ¡Ay, vuecencia perdone! GENERAL Y si no bastase, soy diputado por... Mula. 520 JOSÉ (Ap.) Lo conocí en cuanto entraste GENERAL Y quiero ver al Ministro, conque en el momento pásale... (Le entrega una tarjeta.) JOSÉ Ahora está muy ocupado. GENERAL Mejor, para que descanse. 525 (Don José entra en el despacho del ministro, y entrega a éste la tarjeta después de hacerle una profunda y ridícula cortesía. Entre tanto el General se pone a mirar los cuadros de la antesala.) MINISTRO (Levantándose rápidamente después de leer la tarjeta.) ¡Sí es mi mayor enemigo! Dile enseguida que pase. (Don José hace otra cortesía, descorre la cortina de la puerta del despacho, y la sostiene hasta que entra El General. 598 JOSÉ Pase vuecencia. GENERAL (Abrazando al ministro, que se habrá levantado para recibirle.) ¡Don Roque! MINISTRO (Abrazándole con efusión.) Don Lucas Marín y Sánchez, el general más valiente 530 de todos los generales, el que me dice en la Cortes un montón de atrocidades... GENERAL Y el que en privado le estima, aunque en público le falte. 535 Son deberes de partido... MINISTRO Ayer me dio usted la tarde, cuando dijo usted que yo era un ministro de hojaldre, que no tenía vergüenza... 540 GENERAL Política. MINISTRO Ya se sabe, y que siempre he sido un necio... GENERAL Político. MINISTRO No se afane; si ya sé que los insultos que en sesión suelen cruzarse 545 son desvergüenzas... políticas que no resienten a nadie. Bueno, ¿en qué puedo servirle? GENERAL Sentiría, molestarle. MINISTRO ¡Por Dios, General, no diga 550 usted generalidades! (Con amabilidad exagerada.) ¿Me deja usted que un momento con este señor despache? Me quedan muy pocos asuntos, y así podré dedicarle 555 después el tiempo que quiera. GENERAL Sí, señor. 599 MINISTRO (A García.) Pues adelante. (El General se sienta en un diván que habrá algo distante de la mesa.) ESCENA IV Dichos, Patro, Pura, elegantes, algo exageradas, pero no cursis. Don José levanta el portiers de la puerta del foro de la antesala, dejándolas pasar. JOSÉ Siéntense ustedes, señoras; el Jefe tiene visita. PATRO Está bien. No pretendemos 560 que le avise usté enseguida. Yo sé muy bien lo que son ministros, porque soy hija de uno que lo fue, y es fácil que vuelva a serlo algún día. 565 JOSÉ ¿Sus nombres? PATRO Dígale usted que está aquí la Marquesita del Dengue con la señora Duquesa de Hojacaída. JOSÉ Perfectamente. Si mientras 570 quieren estar distraídas, aquí hay periódicos. PATRO Bueno, les echaremos la vista. (Se sientan junto al velador.) PURA ¿Usted lleva mucho tiempo sirviendo en esta oficina? 575 JOSÉ Ya lo creo. Hoy mismo hace veinte años y nueve días. PURA ¿Y no ha estado usted cesante nunca? JOSÉ Una temporadilla muy corta. Este mamarracho 580 (Señalando al retrato de antes.) tuvo la culpa maldita. A estas horas estará 600 purgando sus picardías. PATRO ¡Si no ha muerto! JOSÉ ¿Usted lo sabe? PATRO Vive y bebe todavía. 585 ¡Si es mi padre! JOSÉ No, no es éste, el otro, el de la perilla. ¡Este señor era un ángel! ¡Pues poco que me quería! (Siguen hablando en voz baja y repasando periódicos.) GARCÍA (Leyendo una instancia.) “Un empleado, moderno 590 en esta Secretaría, pide un año de licencia con todo el sueldo”. MINISTRO ¡Magnífica pretensión! Mi General, en este caso, ¿qué haría 595 usted? GENERAL Antes de todo, en el acto pediría antecedentes, y si era buen funcionario... MINISTRO (A García.) Pues diga. GARCÍA ¡Debo confesar a usted 600 que no viene a la oficina, que si viene no trabaja, y si trabaja algún día, todo lo embarulla y todo lo vuelve patas arriba! 605 MINISTRO ¿Qué es eso de patas, hombre? (Enfadado.) ¡Me gusta la palabrita! GARCÍA Bueno, quise decir piernas. (Aturdido.) 601 MINISTRO Y yo que usted, pantorrillas. Bien: como yo no tolero 610 gentes que tomen a risa los destinos, ahora mismo mande usted la cesantía a ese señor. GENERAL Muy bien hecho; ante todo la justicia. 615 MINISTRO ¿Cómo se llama? GARCÍA Don Luis Gutiérrez y Quintanilla. MINISTRO Nada, cesante. GENERAL ¡Imposible! (Con mucha energía.) Precisamente venía a pedirle a usté el ascenso 620 para esa persona. GARCÍA (¡Atiza!) MINISTRO ¿Pero usted le recomienda? (Con extrañeza.) GENERAL Sí, señor; es cosa mía. Si le deja usted cesante... (Amenazándole.) MINISTRO ¡Hombre, parece mentira (Con amabilidad.) 625 que me haya usté a mi creído capaz de acción tan indigna! ¿Usted le protege? GENERAL Sí. MINISTRO Pues no hablemos más; García, asciéndalo usté. GENERAL Un millón (Abrazándole.) 630 de gracias muy expresivas MINISTRO ¿Va usted contento de mí? GENERAL ¡No lo olvidaré en mi vida! MINISTRO ¿Es decir que ya podré 602 sentarme todos los días 635 en el banco azul, sin que me busque usted las cosquillas? GENERAL ¡Ya lo creo; desde hoy ¡no diré esta boca mía! MINISTRO Adiós, a la Generala 640 y a las dos Generalitas, mis recuerdos. GENERAL Una idea, ya que nombra usté a mis hijas. La mayor se casa pronto con ese que usted quería 645 dejar cesante, y deseo darle una buena noticia. ¿Podría usted proponerle para una Gran cruz? MINISTRO Durilla (Reflexionando.) es la cosa... ¿Él ha hecho algo 650 notable... que le distinga?... GENERAL Él ha hecho, en todas partes lo que hace en la oficina. MINISTRO (Después de haber estado reflexionando un breve rato.) Pues la de Carlos tercero. ¡Precisamente es la misma 655 que se da siempre, a los que no han hecho nada en la vida! GENERAL Es usté un gran hombre. MINISTRO Gracias. GENERAL No hay en toda la política un Ministro más decente 660 ni más sabio...(Ap.) ¡Ni más lila!465 Ahora le suplico que no me tome antipatía, si en las Cortes le dirijo alguna que otra pullita.466 665 Mi partido me ha encargado que hoy en la sesión le diga 465 lila: tonto. 466 pullita: puyita, puyazo. 603 que es usté un hombre funesto que a la nación perjudica. MINISTRO Y ¿usted lo dirá? (Poniéndolo en duda.) GENERAL ¿Qué hacer? 670 Lo exige la disciplina... Mas... como particular le profeso amistad íntima. MINISTRO Ya entiendo: como político usted me rompe la crisma, 675 y como particular va por la unción467 enseguida. GENERAL Con mucho gusto... ¡Eso es! Conque adiós; Señor García... (Le da la mano al ministro y García se levanta y hace una cortesía.) MINISTRO Que vuelva usted por aquí. 680 GENERAL Ya vendré con menos prisa a recomendarle a usted una porción de cosillas. (El ministro le acompaña hasta la puerta de su despacho, y no se aparta de ella hasta que el General ha cruzado la antesala y ha desaparecido.) MINISTRO Quiera el cielo, que al bajar te rompas una costilla. 685 Cuando quiero resolver algún asunto en justicia, una recomendación me sale al paso y lo evita, y siendo, como soy, bueno, 690 aquí me estoy todo el día haciendo barbaridades a que los demás me obligan. ¿Falta mucho? GARCÍA No, señor. Los maestros solicitan 695 que se les pague. 467 unción, los cristianos moribundos reciben el sacramento de la extrema unción. 604 MINISTRO Es muy justo, y es necesidad prevista por mí: que se pague a todos. GARCÍA (Levantándose, saludando y retirándose con todos los papeles.) Está bien. MINISTRO ¡Pero deprisa! ¡Gracias a Dios que hice al fin 700 una obra meritísima! ESCENA V Ministro, Patro, Pura y don José que entra en el despacho. JOSÉ Señor. MINISTRO ¿Qué ocurre? JOSÉ Ahí están dos señoras... MINISTRO Al momento que pasen, porque muy pronto he de marcharme al Congreso. 705 (Don José les indica que pasen al despacho, lo cual hacen después de haber levantado el portier don José.) PATRO ¡Señor Ministro! MINISTRO ¡Señora! PURA Don Roque, cuánto celebro!... MINISTRO Muchas gracias, ¿Cómo va? PURA Muy buenas... ¿y usted? MINISTRO ¡Muy bueno! ¿Y las niñas? PATRO Tan traviesas, 710 muchas gracias. MINISTRO Pues me alegro. 605 PATRO Gracias. ¿Y usté y sus hermanas? MINISTRO Sin novedad y contentos, mil gracias; ¡pero por Dios, tomen ustedes asiento! 715 PATRO Gracias. (Sentándose.) PURA (Indicando que se siente entre las dos.) Gracias. Aquí. MINISTRO ¡Qué gracioso que está el tiempo! PATRO Venimos recomendadas por la industria y el comercio, por la aristocracia entera, 720 por la milicia y el clero, por las clases productoras... MINISTRO Bien, por todo el universo. (Atajándola.) PATRO Firmadas por personajes importantes de esos centros, 725 estas cartas le entregamos... (Patro le entrega un paquete descomunal de cartas, y Pura, otro igual; el ministro las coge asombrado, y las pone sobre la mesa.) que puede usted ir leyendo. MINISTRO Doy a ustedes mi palabra... (Ap.) de echarlas todas al fuego. PATRO La sociedad, a la que 730 con honra pertenecemos, nos ha dado una misión caritativa en extremo, y le corresponde a usted prestarnos apoyo y medios. 735 Usté es muy buena persona. MINISTRO Eso dicen en mi pueblo. (Con seriedad cómica.) PATRO Y no será indiferente a los dolores cruentos de esos seres desvalidos. 740 MINISTRO Me está usted enterneciendo. Y, ¿en qué puedo yo servir, 606 señora, a esos caballeros? PATRO La sociedad, a la que... MINISTRO Con honra pertenecemos... 745 PATRO Quiere que usted nos ayude, vamos, que nos dé dinero para edificar en breve un hospital, donde a esos desgraciados se les dé 750 luz, abrigo y alimento. MINISTRO ¡Es una idea evangélica! PATRO Por de pronto, evitaremos el espectáculo horrible que nos están ofreciendo 755 ésos que por las mañanas les echan el lazo al cuello. MINISTRO ¿Pero, cómo, a los mendigos los cogen por ese medio? PATRO Señor Ministro ¡Por Dios! 760 hablábamos de los perros. PURA Somos de la sociedad protectora de... MINISTRO Ya entiendo, de animales y plantas. Pues, señoras mías, siento 765 dejar a ustedes plantadas PATRO ¡Es posible! ¡No lo creo! ¡Don Roque! ¿No es usted padre? MINISTRO ¿Yo? No, señora, ni perro. (Levantándose.) PATRO (Como resentida y preparándose a marchar.) Dispense usted, si abusando 770 de su bondad... 607 MINISTRO Nada de eso; pero el Gobierno no puede disponer de un solo céntimo. Precisamente no ha mucho, y a costa de un gran esfuerzo, 775 he dado orden para que se les pague a los maestros de escuela. PATRO Pero, ¿por qué no aplican ese dinero al hospital, y otro día 780 les pagan a los maestros? Si ya están acostumbrados a no comer, y estoy viendo que en cuanto coman dos días no resisten al tercero. 785 MINISTRO Señoras, advierto a ustedes que hablan con un hombre serio. PATRO Pues nosotras no cejamos. Es decir, que buscaremos (Con ironía.) otras personas a quienes 790 no tenga usted más remedio que servir. MINISTRO ¡Lo dudo mucho! Pronto de vuelta estaremos acompañadas de todo el Senado y el Congreso, 795 y si por acaso usted no se ablandase, traeremos una recomendación, para usted de mucho peso. MINISTRO Si no es justo lo que piden... 800 PATRO (Con marcadísima ironía.) ¿Conoce usté a Luis Berrendo, que es diputado por Toro... gracias a usted? MINISTRO ¡Ya lo creo! (Confuso.) PATRO Pues a su esposa. 608 MINISTRO (Ap) ¡Ay Dios! ¡Ya tienen hospital los perros! 805 García... García... PATRO (Despidiéndose.) Conque... PURA Señor Ministro... (Ídem.) MINISTRO ¡Un momento! (A García que sale.) Oiga usted: la cantidad destinada a los maestros, es necesario emplearla 810 en un hospital de perros. GARCÍA ¿Y de perras? MINISTRO (A las dos.) Eso, ustedes lo dispondrán. PATRO Por supuesto. ¡Adiós, hombre generoso, ministro sabio y experto! 815 PURA El día que en que se abra tan piadoso establecimiento, es preciso que nos honre con su presencia. MINISTRO Lo ofrezco. PATRO ¡Oh! Con cuánta gratitud 820 van a ladrarle los perros... (Mirando maliciosamente a García.) y las perras. MINISTRO ¡Pero, en cambio, me morderán los maestros! PATRO Que siga usted bien, y gracias. PURA Gracias. MINISTRO ¡Oh! ¡No las merezco! 825 Muchos besos a las niñas. PATRO Gracias. Dé usted mis afectos a sus hermanas. 609 MINISTRO Mil gracias. ¡A su papá mis recuerdos, (A Patro.) (A Pura.) y a su tío! PURA Gracias. PATRO Gracias (Yéndose.) 830 MINISTRO Gracias... (a Dios que se fueron.) ESCENA VI Ministro, García y Rufino, que aparece en la puerta izquierda. RUFINO ¿Entro el almuerzo, señor, o almuerza en el gabinete? MINISTRO Déjelo usted ahí; ya voy, a no ser que se presente 835 alguien a recomendarme que de ningún modo almuerce. Usted puede retirarse, García, a menos que quede... GARCÍA el asunto de la cátedra 840 de Barcelona. Es muy breve. El Tribunal le propone que nombre a Eduardo Pérez, calificado por todos como el más sobresaliente. 845 MINISTRO Pues a nombrarle en seguida, que es justo. Precisamente tengo aquí catorce cartas, que una señora, a la nueve, cuando subía a Palacio, 850 me disparó como un cohete. (Entregándole las cartas que sacará de todos los bolsillos.) Ya está servida. ¡Por fin hago una cosa decente! (Se dirige al gabinete.) 610 ESCENA VII Dichos, don José y Luque, portero. En el momento en que el ministro va a pasar al gabinete, entra en el despacho don José, que ha estado hablando en voz baja momentos antes con Luque, que vestirá muy modestamente chaquet o americana y gorra con galón plateado e iniciales A-E; muy pulcro y atildado. JOSÉ ¡Señor!... Dispense vuecencia. MINISTRO ¡Hola! ¿Qué es lo que sucede? 855 JOSÉ Ahí está un hombre que trae una carta y que pretende, porque así se lo han mandado, dársela personalmente. MINISTRO Bueno; pregúntele usted. 860 que de parte de quién viene. JOSÉ De don Regino Bedoya. MINISTRO Que pase inmediatamente. (Con resignación.) LUQUE (Muy cumplido, con la gorra en la mano.) A las órdenes, señor, de vuecencia, digno miembro 865 del Gabinete que rige el desventurado reino de España, antes Hispania, aunque en muy remotos tiempos. (Movimiento de asombro en el ministro.) Traigo aquí para vuecencia 870 una carta de un sujeto, no sólo docto y eximio, si que también de altos méritos, lo cual no empece que a mí me distinga con su aprecio. 875 MINISTRO (Nuevo gesto de asombro y de estupefacción.) (¿Será Menéndez Pelayo disfrazado de portero?) Está bien; venga. 611 LUQUE Señor, ante todo, cumplir debo con lo mandado, a saber: 880 para que vea el deseo de que vuecencia le sirva, hágase cargo primero de que de su puño y letra viene escrito todo el texto, 885 pues ya su excelencia sabe que no es extraño, ni nuevo, el que uno escriba la carta y otro firme. Sin ir más lejos, Aspasia, antigua matrona, 890 sabia y hermosa en extremo, escribía las arengas que dirigía a sus pueblos. Pericles, el orador más famoso entre los griegos... 895 ¿Será Periclés? Algunos sostienen que debe serlo; otros Pericles...mas yo, dicho sea con respeto, opino que ni Pericles 900 ni Periclés. MINISTRO (Impaciente.) Bueno, bueno. Déme usted la carta, lo otro después lo averiguaremos. LUQUE (Entregándole respetuosamente la carta. Mientras el ministro la lee, sigue diciendo.) Es lógico que los hombres de Estado tengan mal genio; 905 ¡siempre ocupados y siempre mareados por el incienso de la adulación, que es vicio que corroe el universo! En China–me sale al paso 910 y lo cito como ejemplo– la adulación ha llegado a su más alto apogeo. 612 Estornuda el Rey, y los cortesanos al momento 915 sueltan su estornudo como testimonio de respeto; los mandarines lo oyen y dicen: “estornudemos, no vayan los cortesanos 920 a creer que es un desprecio”. Por lo cual, cuando estornuda el Emperador supremo, un estornudo espantoso recorre todo el Imperio, 925 de la Tartaria al Pacífico, de... MINISTRO (Interrumpiéndole.) Madrí a Navalcarnero; ya lo sé; sólo de oírle voy ya sintiendo mareos. Dígale usté a don Regino 930 que puede estar satisfecho, que nombraré a Eduardo Pérez. LUQUE Pondré en su conocimiento lo que vuecencia traslada al mío. Señor, le beso 935 la mano y si por ventura en algo servirle puedo, ya lo sabe su excelencia; Agustín Luque; portero de la Academia Española... 940 de la Lengua... (Como rectificándose.) MINISTRO ¡Ahora lo entiendo! (Como burlándose de él, pero con seriedad.) ¿Y cuándo acaban ustedes el Diccionario? LUQUE Va lento; aún estamos en la jota. MINISTRO ¿En la jota?... Pues me alegro. 945 LUQUE Celebraré que vuecencia sea muy pronto académico. MINISTRO Gracias, pero ahora ando mal de ortografía y no puedo... 613 LUQUE ¡Que siempre ha de estar vuecencia 950 dando pruebas de su ingenio! MINISTRO Vaya, me voy a almorzar. (Vase.) LUQUE Señor; que derrame el cielo sobre vuecencia diez lustros de bienandanzas sin cuento. 955 (Sale del despacho, y al salir le dice don José.) JOSÉ ¿Es muy buen hombre, verdad? LUQUE Varón sabio e integérrimo. Y su carácter es plácido. JOSÉ Ya ves tú si será bueno que escribe aduanas sin h 960 LUQUE Hace bien; es lo correcto. JOSÉ No señor; aduanas, ¿no es un ramo o departamento de Hacienda? LUQUE Nadie lo duda. JOSÉ Pues si hacienda, majadero, 965 se escribe con hache, “aduanas” una hache está pidiendo. LUQUE ¿La pide? No se la des, y haz caso, de mi consejo. JOSÉ ¡Pero, chico, cuánto sabes! 970 LUQUE Estimo el alto concepto que tienes de mí, colega: ¿será cólega? Yo creo que ni colega, ni cólega, porque si viene del griego... 975 ¿Tú sabes griego? JOSÉ Yo no. LUQUE Pues haces mal. Yo, Gobierno, se lo exigiría a todo portero de Ministerio. (Vanse por la izquierda.) 614 ESCENA VIII Tula y Reyes; hombre ordinario del pueblo, con levita y sombrero de copa anticuados. Después don José. Tula y Reyes salen por el foro de la antesala. REYES Pero ¿te figuras tú que la recomendación de un Juez municipal suplente no es nada para un Ministro? Además, ya sabes que nos hemos criado juntos. TULA (Bajando la voz.) ¿Y qué tales entrañas tenía? REYES Atravesadillas, pero ya se le habrán enderezao. TULA ¿Y de vergüenza, cómo andaba? REYES Poca, y esa muy disimulá. Mira, no te olvides de darle tratamiento. TULA Si me concede el nombramiento de mi hijo, le daré alteza, pero si me lo niega le llamaré de tú. REYES Lo peor es que no hay nadie que le pase recado. Por supuesto, que en cuanto le digan quién soy, me manda entrar. JOSÉ (Saliendo.) ¿Qué desean ustedes? REYES Ver al señor Ministro. JOSÉ Pues no le puedo pasar recado... TULA El señor es amigo suyo de la niñez, y si sabe que ha estado aquí y usted le ha impedido la entrada, le va a dejar cesante. JOSÉ ¿A mí? Quisiera verlo. Es decir, no, no quisiera verlo; pero, en fin, yo cumplo con pasarle el recado. ¿A quién anuncio? REYES Dígale usted que está aquí Anselmo Reyes. (Don José entra en el gabinetito donde se supone que el ministro está almorzando.) TULA Como comprenderás es para mí cuestión de amor propio, porque si le dan la plaza al recomendado de Cardona, ¿con qué cara me presento yo en Loja? 615 REYES Es verdad, mujer; pero no tengas cuidado, que me parece que hemos de vencer en la demanda. JOSÉ (Saliendo del despacho del ministro.) Dice que no le conoce a usted... que debe usted venir equivocado... (Mirándole con desprecio.) Ya decía yo... REYES (Irritado.) ¿Que no me conoce? Hombre, déjeme usted entrar, porque le voy a dar un coscorrón a ver si me recuerda. TULA No te sofoques... habrá almorzado fuerte. (Hablan acaloradamente entre sí. Entre tanto sale el ministro del gabinete.) MINISTRO Nada, que no me dejan un momento de tranquilidad... Anselmo Reyes, Anselmo Reyes... (Como queriendo recordar el nombre.) REYES (A don José.) Dígale usted que soy el que le quitó la novia el año 61, y el que le dio una paliza que le tuvo en cama dos meses... a ver si así... JOSÉ Bueno. REYES Añádale usted que cuando estaba convaleciente, recayó porque le pegué con la guitarra en la mollera. (Habla en voz baja con Tula.) JOSÉ (Al ministro con mucho respeto.) Excelentísimo señor: ¡dice ese hombre que fue el que le quitó a vuecencia la novia el año 61, y el que le pegó después con la guitarra en la mollera! MINISTRO Ya lo creo que me acuerdo: como que todavía me duele cuando va a llover. Si es Guirlache, hombre, que pase... JOSÉ (Con respeto a Reyes.) Señor de Guirlache, que pasen ustedes. REYES ¿Lo ves? Ya lo sabía yo... Es que nadie me conoce en el pueblo por mi nombre. (José descorre el portiers468 y les abre paso.) MINISTRO (Abrazándole.) ¡Guirlache de mi corazón! REYES (Abrazándole también.) ¡Cabeza de chivo de mi alma!... 468 portiers (galicismo), portière, portier, cortina. 616 MINISTRO (En voz baja.) Hombre, por Dios, que no te oigan los porteros, porque me van a llamar por ese nombre. (Saludando a Tula.) Señora... REYES Tulita Gómez, nuestra paisana... MINISTRO Tengo mucho gusto y me considero muy honrado. TULA La honrada soy yo, señor Ministro. MINISTRO De ninguna manera, yo soy el honrado. REYES Ea, basta de cumplidos... El honrado no es ninguno de los dos. MINISTRO Puedo disponer de poco tiempo; pero, siéntense ustedes... (Les ofrece sillas y se sientan, quedando en medio Reyes.) REYES ¡Pero, hombre, qué cambiado estás! Cuando éramos pequeños ni tenías bigote, ni perilla... MINISTRO (Con ironía.) Ni cincuenta y dos años que tengo ahora. REYES Parece que te estoy viendo... ¿Te acuerdas de Pepito Jiménez? MINISTRO No recuerdo... REYES Sí, hombre, aquel que te rompió las narices de un puñetazo. MINISTRO ¡Ah, sí, sí! Era muy gracioso... REYES ¿Y de su hermano Ceferino? MINISTRO A ese no le conocí. REYES ¿Cómo que no? Aquel que, jugando, te tiró al estanque de tu huerta. TULA (Ap.) A este Ministro le ha pegado todo el mundo... MINISTRO ¡Ya caigo! Y que luego me pusisteis debajo de una higuera para que me secase. 617 REYES ¡Justo! Y qué atracón de brevas te diste mientras te traían la ropa. Desde entonces dije yo: “este chico va a ser Ministro de Fomento”. MINISTRO ¿De modo que todo el que de chico come brevas, es después Ministro de Fomento? REYES ¡Infalible! MINISTRO Entonces, aquel que le guste la merluza, será luego Ministro de Marina Y ¿a qué debo esta visita tan agradable? REYES (A Tula.) Dilo tú... Yo recomiendo su pretensión como si fuera mía. TULA Señor Ministro, yo tengo un hijo, estudioso, aplicado, de grandísimo talento... en fin, ha estado muchas veces expuesto a ser concejal. MINISTRO ¡Pobrecillo! TULA Se llama Eduardo Pérez... abogado. MINISTRO No siga usted... opositor brillante a la cátedra... TULA El mismo. MINISTRO Pues es inútil toda recomendación. TULA (Alarmada.) ¿Qué dice usted? MINISTRO Que yo soy amante de la justicia... y que he dado las órdenes para que se extienda el nombramiento a favor de su hijo de usted. TULA (Levantándose con muestras de agitación.) ¡Pero, es posible! ¡Y yo que le tenía a usted por un danzante! MINISTRO (Interrumpiéndola.) Pues soy más de lo que usted cree. TULA ¿Más danzante? MINISTRO Quiero decir que soy algo más digno y elevado que danzante. MINISTRO Ea, ya sabes lo principal. Vamos a decírselo al chico, que estará esperando. 618 TULA Señor Ministro; siempre tendrá usted en mí una servidora muy agradecida. Yo haré que la prensa de Loja se ocupe de este rasgo de justicia. MINISTRO ¡Hola, Hola! ¿En Loja hay ya periódicos? REYES ¡Ya lo creo! TULA Hay una revista quincenal que se llama El eco del ganado vacuno. Su voz llega a todas partes. MINISTRO Ya lo creo; desde aquí parece que le estoy oyendo. REYES (Despidiéndose.) Y ahora, como despedida, voy a darte una noticia que te va a satisfacer mucho. MINISTRO Venga. REYES El Ayuntamiento en masa ha dispuesto poner tu nombre a una calle del pueblo. TULA Justo, sí, señor; lo que antes llamaban callejuela del Atún, le van a llamar ahora “Recodo de don Roque”. MINISTRO (Conmovido.) Muchas gracias, muchas gracias... Adiós, señora... Adiós, Recodo... digo, adiós, Guirlache. TULA ¿Por qué no será usted Ministro eternamente? MINISTRO ¡Haré todo lo posible por servir a usted! (Se marchan hablando en voz baja y dando muestras de alegría.) ESCENA IX El ministro, dirigiéndose al gabinete de donde salió. MINISTRO ¡Pero, señor, cómo se pasa la vida! Tan joven como era yo cuando empecé a almorzar y ya no puedo con los años. (Entra en el gabinete.) Cardona y Rojas, precedidos de don José, que los conduce resueltamente al despacho del ministro. JOSÉ Ustedes no necesitan que le pase recado. (Don José entra en el gabinetito y Cardona y Rojas en el despacho.) 619 CARDONA (A Rojas.) Y usted a callar... como si estuviera votando en las Cortes... no diga usted más que sí o no, que para eso le ha sacado a usted diputado. ROJAS No diré esta boca es mía. CARDONA No, si la boca no es de usted; la boca de los diputados ministeriales es del Gobierno. ESCENA XI Dichos y el ministro, que sale del gabinete. MINISTRO (Con alegría.) ¡Señores y milores!469 ¡Amigo Cardona! CARDONA ¿Estaba usted almorzando? MINISTRO No, señor; nada de eso; además, ya pronto será la hora de cenar y empalmaré. CARDONA (Presentándole.) El señor Rojas, diputado por el mismo distrito por donde usted es senador. MINISTRO Tengo mucho gusto... Me extraña no haberle visto nunca por el Congreso. CARDONA Se lo he prohibido yo. Le he encargado que huya de las malas compañías. MINISTRO ¡Usted siempre de tan buen humor! (Se sientan.) CARDONA Al grano. Usted ya sabe que soy amigo y defensor del Gobierno. El Gobierno me dijo: “quiero que salga senador por Loja el Ministro de Fomento, y usted salió...” Me costó mucho dinero. MINISTRO ¡Es verdad! Nunca se lo podré pagar. CARDONA Eso ya lo sabía yo. Cuando el Gobierno quiere que saque diputado a una persona determinada, yo pongo en juego todos mis recursos y ese sujeto sale diputado, así sea el adoquín más grande de la tierra. ¿No es cierto, don Pedro? ROJAS (Levantándose de la silla y como si votara en las Cortes.) Rojas, sí (Se sienta.) 469 milores (anglicismo), mis señorías. 620 CARDONA Yo tengo un sobrino que es una maravilla... Va para poeta. MINISTRO ¿Va para poeta? Pues me alegraré que llegue sin novedad. CARDONA No podemos dejarle solo un instante, porque en cuanto nos descuidamos escribe un drama. MINISTRO Los compadezco a ustedes. CARDONA Con todos estos elementos, ¿sabrá el chico derecho romano? MINISTRO Hombre, lo ignoro. (A Rojas.) Señor Rojas, ¿sabrá el chico derecho romano con todos esos elementos? ROJAS (Levantándose como antes.) Rojas, no; digo, sí. MINISTRO (No sabe ni siquiera lo que vota...) CARDONA Pues bien: ha hecho oposiciones a una cátedra de la Universidad de Barcelona, y sus ejercicios han sido... MINISTRO ¿Brillantes? CARDONA Hombre, la verdad es que nadie sabe cómo han sido, porque no contestó una palabra. MINISTRO ¿Y qué quiere usted que haga yo? CARDONA Pues nombrarle catedrático de la Universidad de Barcelona. MINISTRO ¿Pero qué dirían el país y la prensa, si yo no nombrase al único que me ha sido propuesto por el Tribunal? CARDONA (Levantándose.) Aquí sobramos, don Pedro. ROJAS (Suplicante.) Hágame usted el favor, señor ministro, de nombrar al sobrino del señor Cardona: mire usted que es un chico que no sirve para nada, que no entiende una palabra de la asignatura y yo le ofrezco a usted que no irá un día a clase. 621 MINISTRO Hombre, con esas cualidades me hace usted titubear... ¡Pero, no, es imposible! He dado orden para que extiendan el nombramiento a favor de don Eduardo Pérez. CARDONA ¡Al hijo de mi prima Tula Gómez!... Hemos concluido. Pasado mañana son las elecciones municipales... le juro a usted que todos los candidatos del Gobierno serán derrotados y formaremos un Ayuntamiento de oposición. MINISTRO ¡Por Dios y María Santísima! (Ap.) ¡Este hombre me va a comprometer! Espere usted un momento. ¡García! ¡García! (Llamando.) GARCÍA (Saliendo con una credencial en la mano.) Señor Ministro... MINISTRO ¿Qué trae usted ahí? GARCÍA La Credencial a favor de don Eduardo Pérez, por si quiere usted fírmala. MINISTRO Rómpala usted inmediatamente y extienda usted otra a nombre del sobrino del señor... GARCÍA Pero si el sobrino de este caballero ha sido el peor de todos en las oposiciones. MINISTRO ¡Pues por eso mismo! ROJAS Un momento. A mí me consta que el hijo de Tula es un joven de relevantes méritos, y sería una injusticia no recompensarle de alguna manera. MINISTRO Yo creo lo mismo, señor Cardona. CARDONA No me opongo y voy a dar a ustedes una solución muy acertada. Déle usted la plaza de catedrático de historia de Zaragoza. GARCÍA Nada más natural: precisamente cuando hizo oposiciones dijo que Carlos III fue asesinado por Favila. MINISTRO (Este hombre dispone de mi departamento como si fuera el jefe.) Inmediatamente vengan los dos nombramientos, que voy a firmarlos a escape. 622 CARDONA Señor don Pedro; vaya usted a casa de la modista por los vestidos de mi mujer, y de paso a la sastrería de Salustiano Bernáldez por mi gabán de pieles... que para eso es usted diputado. ROJAS ¡Con mucho gusto, señor Ministro! (Despidiéndose.) MINISTRO Hasta luego. ROJAS (Aparte con tristeza cómica.) ¡Cuántas humillaciones por un acta de diputado! (Vase izquierda.) MINISTRO Sólo por usted soy yo capaz de faltar a la justicia. CARDONA Contento me tiene el Gobierno. En este mes no me han mandado ustedes más que veinte credenciales. Casi todos mis parientes están sin colocar. MINISTRO ¿Todavía? CARDONA Además, hace tres meses que estamos clamando porque nos pongan ustedes un ramal, y como si no. MINISTRO La verdad es que lo tienen ustedes bien merecido... (Siguen hablando en voz baja.) GARCÍA (Presentando dos pliegos al ministro.) Aquí tiene usted, señor Ministro: la credencial del sobrino y la del señor Pérez. MINISTRO (Sentándose.) Las firmaré y me marcharé corriendo al Congreso. CARDONA No se detenga usted mucho, que por ahí dicen que hoy cae el Ministerio. MINISTRO ¡Caracoles! (Levantándose de un salto.) CARDONA ¿Pero usted no sabía nada? MINISTRO Ni una palabra. Si los únicos que no sabemos cuando hay crisis somos los Ministros... ¿Y se dice quién sale? CARDONA En primer lugar, usted... después... MINISTRO (Todo esto con mucha rapidez.) No siga usted, que los demás no me importan nada. A ver, mi sombrero, mi bastón... el coche. ¡Pero no es posible, si no ha nacido 623 quien me sustituya!... (Mas por si acaso, voy ahora mismo a buscar una buena recomendación para no salir del Ministerio.) Adiós, Cardona, que venga usted por aquí... que nos veamos, sobre todo en este despacho, que es lo que nos conviene a los dos. (Se dirige a la puerta de la antesala.) JOSÉ (Interponiéndose y evitando respetuosamente que salga por allí el ministro.) Señor; perdone Vuecencia que le recomiende que baje por la escalera reservada, porque en la antesala hay gente y le van a detener. MINISTRO Ésta es la única recomendación que hoy me han hecho a favor mío. (El portero le abre la puerta de la escalera reservada, y ambos bajan precipitadamente.) ESCENA XII Cardona; Tula y Eduardo. Estos dos entran por la puerta del foro de la antesala. TULA Pasa, hijo, pasa. Verás qué amable es el Ministro. CARDONA Queridísima Tulita. (Saliendo del despacho del ministro.) Dame un abrazo. ¡Tú por este sitio! (Entran todos en el despacho del ministro.) TULA ¡Vengo a recoger la credencial de Eduardo! EDUARDO Por esta vez se ha llevado usted chasco. Estoy nombrado para Barcelona. CARDONA Estás equivocado: para esa plaza está nombrado mi sobrino, y aquí llevo la credencial. Esta es la tuya, para Zaragoza. (Dándosela.) EDUARDO ¿Cómo? Yo no admito un cargo que no he de desempeñar dignamente. TULA Pero... CARDONA No seas tonto; desempéñalo como puedas y convéncete de que todavía debes darme las gracias. Si en lugar de mandarte a Zaragoza hubiera pedido que fueras a Fernando Poo, allí te habría enviado el Ministro. 624 TULA Acéptala, hijo mío. ¡Que para vivir en España, no hay más remedio que hacer lo que mandan los caciques! (Se oye un gran estruendo y se acercan todos a la puerta por donde salió el ministro con don José y sale éste apresuradamente por ella.) ESCENA ÚLTIMA Dichos y don José. JOSÉ ¡Señores, por Dios, un médico 980 que ha ocurrido una desgracia! TULA ¿Qué ha sido? JOSÉ Que su Excelencia en este momento acaba de rodar las escaleras, de lo cual yo soy la causa, 985 que porque saliera antes, y creyendo que acertaba, le recomendé que, al irse, fuera por la reservada. TULA Toma recomendaciones. (Con júbilo.) 990 ¡Castigo del cielo, anda! CARDONA ¡Pobre hombre!, vamos corriendo a ver qué es lo que le pasa; pero, antes ya que de re- comendaciones se trata, 995 es justo recomendarnos a la bondad extremada... (Por el público.) TULA ¡No más recomendaciones, por Dios! Que una vez se haga en este mundo justicia 1000 seca, y que caiga el que caiga. Si no te gustó, demuéstralo (Al público.) en la forma que te plazca. Y aquí da fin el sainete; no perdonéis nuestras faltas. 1005 (Marcándolo mucho y muy enfadada.) FIN 625 Carranza y Compañía SAINETE EN UN ACTO Y EN VERSO 626 PERSONAJES DOÑA SINFOROSA BARONESA PATRO PETRO DOÑA LAURA CLOTILDE SOLEDAD LOLA AMA DE CRÍA PAQUITA (niña mendiga) UNA CHULA CARRANZA (dueño de la tienda) DON RUPERTO (dependiente) BARÓN CAYETANO (mozo de tahona) DON JOAQUÍN LUCAS (dependiente) SERAFÍN (dependiente) NARCISO MOTILÓN. (dependiente) POBRE 1º POBRE 2º Una que pasa besando a su hijo. La acción en Madrid. Derecha e izquierda, las del actor. 627 ACTO ÚNICO Tienda de objetos de fantasía en uno de los sitios más céntricos de Madrid. Puerta al foro, y a un lado y otro de la misma un escaparate muy grande, ocupado por numerosos objetos propios de estos establecimientos. Gran mostrador que venga desde el fondo, por ambos lados, a los dos primeros términos, derecha e izquierda. Aparato de luz eléctrica que pende del techo. Al lado izquierdo, dentro del mostrador, una puerta que comunica con las habitaciones interiores, con una gran cortina. En esta decoración ha de resplandecer el lujo más refinado y exquisito. Muebles raros y caprichosos, esparcidos convenientemente. ESCENA PRIMERA Don Ruperto y Lucas, dependientes, muy compuestos y elegantes. Lola y Soledad, costureras, modestamente vestidas. Lola está entregando la ropa blanca, que indicará el diálogo, a don Ruperto, que estará en el mostrador de la izquierda, y Soledad en el de la derecha, haciendo lo mismo con Lucas. Don Joaquín, sentado en cualquier sitio de la tienda, y abstraído echando humo a una boquilla. Serafín, dependiente también, detrás del mostrador de la derecha, en último término, leyendo un libro. Motilón, en el de la izquierda, sin hacer nada. RUPERTO (Examinando atentamente la ropa blanca que le entrega Lola.) Mira estos pespuntes.470 ¿Dónde has aprendido estas mañas? Fíjate: entre punto y punto cabe un carro de mudanza. ¿Cuándo caerás de tu burro? 5 LOLA ¿De mi burro? ¡Tiene gracia! ¿Cómo he de caer, si yo casi siempre voy a pata? RUPERTO (De mal humor.) Es que no ponéis cuidado; que pensáis sólo en jaranas,471 en los novios y otras cosas 10 que os perjudican y dañan, y queréis que la labor ella solita se haga. ¡Cómo está la juventud! LOLA ¿Que cómo está? Buena, gracias. 15 ¿Y la familia de usted? 470 pespuntes: costuras. 471 jaranas: juergas. 628 RUPERTO Sí, ¡vente con patochadas!472 (Tirando la labor con muy malos modos.) Lo siento mucho, pero esta labor hay que rechazarla. (Continúa examinando la ropa blanca, dando muestras de desagrado.) LUCAS (A Soledad, muy cariñoso y sonriente.) Mira, hija mía, la nesga473 20 no me gusta, y estas mangas son cortas, es decir, una, porque la otra es más larga. Estos ojales, pimpollo, más que ojales son ventanas 25 por las que puede pasar la estatua de Mendizábal.474 SOLEDAD ¡Qué atrocidad! ¡Por supuesto que será sin la peana475! No lo puedo hacer mejor. 30 LUCAS (Bajando la voz y con mucha ternura.) Lo que no puedes, ingrata, es quererme, cuando yo suspiro por tus miradas. SOLEDAD ¿Me da usted la cuenta? LUCAS (Con dulzura cursi.) Dime: ¿Quién te ha dado a ti esa cara? 35 ¿Quién te ha dado a ti esos ojos? ¿Quién te ha dado esas pestañas que parecen, por lo extensas, las varillas de un paraguas? SOLEDAD Ocurrencias de mis padres. 40 LUCAS Me estás destrozando el alma. (Cogiéndole una mano y con pasión.) Sí, lucero matutino. 472 patochadas: tonterías. 473 nesga: pieza triangular en una prenda de ropa en la parte que necesita más anchura de la que permite la tela. 474 Mendizábal: Juan Álvarez Mendizábal (1790-1853), político y financiero español, fue jefe de Gobierno y ministro de Hacienda. 475 peana: apoyo o pie de una figura. 629 SOLEDAD Matu... ¿qué? LUCAS De la mañana. Es que yo he nacido poeta. RUPERTO (Suspendiendo el examen de la labor de Lola y en tono guasón.) Pues esa es una desgracia; 45 porque la forma poética ya sabes que está llamada a largarse, como tú si insistes en esas mañas. En cuanto entra aquí una joven 50 ya empiezas a enamorarla, a suspirar, y a decirle que quisieras tener alas, que el mundo no es para ti, que el mostrador te rechaza, 55 que has nacido para algo... Pues te quedarás en nada. LUCAS (A Soledad.) No le hagas caso. Es que tiene enferma la calabaza. (Indicando que Ruperto está chiflado.) RUPERTO Como Serafín. A ése 60 le da por cosas más altas: por la oratoria. Y el Círculo Mercantil es quien lo paga. ¡Pronuncia cada discurso, que deja caer de espaldas! 65 (Figurando que imita a Serafín cuando pronuncia un discurso.) “El déficit no se enjuga..." Enjúgate tú la baba: "El comercio agonizante..." Es claro: con esas latas, en vez de vivir dos meses, 70 le matáis en dos semanas. SERAFÍN (Dejando de leer.) Pues aquí dice Bastiat, economista de fama, que la Economía es del Comercio prima hermana. 75 (Leyendo.) "Dadme un duro" —añade luego— "y en catorce horas escasas, a interés compuesto, os doy cuatro millones." 630 RUPERTO ¡Caramba! Yo digo más, y no sé 80 de esa ciencia una palabra. Dadme un duro, y en la vida le volvéis a ver la cara. (Serafín y Lucas se ríen a carcajadas. A Motilón, dándole un pescozón.) Y tú, ¿para qué has nacido? MOTILÓN (Lloriqueando.) ¿Yo? Para bestia de carga. 85 RUPERTO Pues lo serás; hijo mío, que yo te protejo, y basta. (A Lola, y refiriéndose otra vez a la ropa.) Esta pretina476 no sirve. No te la tiro a la cara porque estoy bien educado, 90 que si no, te la tiraba. (Arrojándosela a la cara.) LOLA (Recogiéndola y metiéndola en un pañuelo.) ¡Esté usted toda la noche dándole a la aguja, para que después, sin miramientos, me ponga usted colorada! 95 RUPERTO ¿Qué murmuras? LOLA No murmuro; es que maldigo mi estampa. Aliviarse. (Yéndose muy incomodada por el foro, y llevándose la ropa.) RUPERTO Anda con Dios. (A Soledad.) Niña, basta ya de charla, que hay trabajo, y no me gusta 100 la gente desocupada. ¿Qué se te debe? SOLEDAD (Pasando al sitio en que está Ruperto.) Pues cinco pesetas, costura y plancha. 476 pretina: correa o cinta usada como cinturón. 631 RUPERTO (Sacando dinero del cajón.) Ahí tienes un duro. (Soledad le hace saltar sobre el mostrador y mira mucho el duro para convencerse de que no es falso.) ¿Es malo? ¿Quieres otro? SOLEDAD Bueno. RUPERTO ¡Vaya! 105 (Le da otro. Soledad lo coge y se prepara a marcharse sin devolver el primero.) SOLEDAD Con Dios, y que usted se alivie. RUPERTO (Malhumorado.) ¡Si a mí no me duele nada! ¡Que te llevas los dos duros! SOLEDAD Como usted me preguntaba si quería otro, y le quiero, 110 lo admití sin repugnancia. RUPERTO En el caso de que el uno fuera falso. No eres manca. SOLEDAD ¡Verdad que lo que usted dé!... (Le tira el duro sobre el mostrador y se va.) RUPERTO (Contemplándola con picardía y regocijo.) ¡Qué caderitas más anchas 115 y sandungueras477 que tiene el diablo de la muchacha! ESCENA II Dichos, doña Laura y Clotilde, muy elegantes. Se dirigen al sitio en que está Serafín leyendo. Éste, al verlas, deja el libro y se dispone a servirlas, lo cual ha de hacer siempre con exagerada amabilidad. CLOTILDE ¿Abanicos? SERAFÍN Sí, señora. CLOTILDE Saque usted. (Volviéndose de espaldas para sacar más cajas. Motilón les ha puesto sillas y queda en el mostrador de la derecha.) 477 sandungueras: graciosas, simpátics. 632 SERAFÍN Esta mañana hemos recibido un gran 120 surtido de clases varias. ¿Quiere usted sándalo, ébano, palo de rosa... de nácar? LAURA Los veremos todos. SERAFÍN Bueno: siéntense. ¡Ah! Me olvidaba... 125 ¿Es para viuda... soltera? CLOTILDE No, señor; para casada. SERAFÍN ¿De cuántos años? CLOTILDE De treinta, dos meses y tres semanas. Hemos debido traer (Con ironía.) 130 la cédula.478 SERAFÍN No hacía falta; pero a veces es preciso saber ciertas circunstancias. (Doña Clotilde y Laura abren y cierran los abanicos y los examinan con detenimiento.) LAURA Los quisiéramos mejores, aunque fuesen caros. SERAFÍN (A Motilón.) Saca, 135 de los mosmis,479 que ahí están, debajo de esas corbatas. MOTILÓN (A Lucas en voz muy baja para que no lo oigan los demás.) ¿De los mosmis? ¿Y qué es eso? LUCAS De los mismos, papanatas.480 (Pegándole.) (Motilón coge una caja, se la presenta a Serafín, y éste a la señoras, que siguen abriendo y cerrando abanicos, dándoselos a Serafín, echándose aire con ellos y haciendo gestos de disgusto. Serafín va amontonando cajas y abanicos conforme avanza la acción del sainete.) 478 cédula: documento oficial, en este caso, de nacimiento. 479 mosmis: mismos. 480 papanatas: fácil de engañar, bobo. 633 NARCISO (Haciendo como que habla por señas con una señorita a quien se supone en un balcón de enfrente. Este personaje aparece en la puerta y se coloca de espaldas al público desde las últimas palabras de Lucas a Motilón.) ¿A las siete? ¡Qué feliz! 140 ¿Que suba? ¿No? ¡Ya!... Pensaba... Has hecho una be. ¡Ah! ¡Que sudas cuando tu padre está en casa! Como se asome tu primo al balcón, no miro nada 145 y desde aquí le disparo un tiro, y a ti, por falsa, otro que te deje seca lo mismo que una calandria.481 ¿Que no sea bruto? Lo soy; 150 y a mucha honra, ¡caramba! ESCENA III Dichos, Mendigo 1º a la puerta MENDIGO Caballero, ¡Una limosna por Dios y la Virgen santa! NARCISO Perdone, hermano... Te adoro. (Dirigiéndose a donde se supone que está el balcón.) MENDIGO Para pan. NARCISO ¡Dale, matraca!...482 155 Yo tomaré los billetes para el estreno de Eslava. MENDIGO Que no me he estrenado. NARCISO Hombre... ya le he dicho que no hay nada. ¿No ve usted que está estorbando? 160 MENDIGO Si, señor; y ésa es la causa de no irme, a ver si me da algo para que me vaya. 481 calandria: máquina para prensar o satinar telas o papel. 482 dale matraca: moléstale. 634 NARCISO No vivo, sin ti; y a Dios le pediré, si no me amas, 165 que me dé una pulmonía o que de un rayo me parta. MENDIGO ¡Que Dios le conceda a usted lo que le pida! NARCISO ¡Ay qué lata! Tome usted. (Le da dinero.) MENDIGO Dios se lo pague. 170 Señorito, hasta mañana. (Vase.) ESCENA IV Dichos, menos el mendigo 1º NARCISO ¡Ay, don Ruperto! ¡Qué pobres! (Sigue de espaldas al público.) ¿Pero por qué no trabajan como hacemos todos? RUPERTO Todos... menos usted. NARCISO Pues se engaña, 175 que a estas horas he asistido a cinco clases. RUPERTO ¡Caramba! ¿Pues qué estudia usted? NARCISO Derecho. RUPERTO Derecho... como una estatua; porque está usted todo el día 180 sin moverse para nada; y más de cuatro señoras van a entrar, y las espanta. NARCISO No es cierto. RUPERTO Luego, si usted hiciera gasto en la casa, 185 menos mal. 635 NARCISO ¿Si?... Pues por eso no quedará. Una corbata. RUPERTO Aquí tiene usté... a elegir. (Sacando una caja.) NARCISO Acérqueme usted la caja, porque de aquí no me muevo; 190 que si se asoma y repara que no estoy, se va a enfadar, y si la veo enfadada me pego un tiro. RUPERTO ¡Hombre! ¡Usted parece que anda de caza! 195 Está usted pegando tiros a todas horas. (Don Ruperto se dirige a la puerta con una caja de corbatas, que presenta a Narciso.) ESCENA V Dichos, Paquita y mendigo 2º en el fondo. MENDIGO 2º ¿No hay nada para un pobrecito ciego y sordo como una tapia? NARCISO ¡Se asoma! Vuelva usted luego. (Al mendigo.) 200 PAQUITA Que vuelva usted luego. (Gritando al oído del mendigo.) NARCISO Anda; márchate de aquí. La verde, (A don Ruperto.) que significa esperanza. ¿Tiene usted cambio de mil pesetas? MENDIGO 2º ¿Qué dice, Paca? 205 (Bajando la cabeza a la altura de la niña para que ésta le repita a gritos lo que dice Narciso.) PAQUITA Que si puede usted cambiarle mil pesetas. (Gritándole al oído.) 636 MENDIGO 2º ¡Santa Bárbara! ¡Qué atrocidad! ¡Eso es burlarse de la desgracia! NARCISO ¡Toma, si a ti no te digo! 210 (Le da dinero y vanse el pobre y Paquita.) (Mirando al balcón.) Ahora vuelvo, que me llama. (Vase.) ESCENA VI Dichos, menos Narciso, pobre y Paquita. RUPERTO Luego me la comprarás, porque de ésta no te escapas. Ya que conviertes la tienda en campo de tus hazañas, 215 te ha de costar el dinero. JOAQUÍN Pero lo que a mí me extraña es que el amo lo permita. RUPERTO ¿El amo? El amo está en Babia.483 Tiene hace un año la tienda 220 por completo abandonada. Le ha dado por figurar y ser hombre de importancia. Ahora quiere a todo trance ser concejal. (Durante el parlamento que sigue, da a Motilón unas cuantas facturas; éste las coge, como igualmente una caja con correa de las que se usan para llevar objetos, y vase por el foro, después de haberse puesto la gorra, que sea de las llamadas de plato, con una C. y Cª encima de la visera.) JOAQUÍN ¡Buena ganga! 225 ¿Y qué adelanta con eso? RUPERTO ¡Figúrese usté! Adelanta el quedarse sin un cuarto, porque la cosa está clara. 483 está en Babia: Babia es una región de León a donde acudían los reyes para cazar, lejos de las luchas e intrigas cortesanas. También se dice que estaban en Babia los pastores transhumantes que pasaban los inviernos en Extremadura recordando con nostalgia la tierra de Babia. Cfr. Llamazares, Julio, En Babia, Seix Barral, Madrid, 1991, pp. 9-12. 637 Como nadie le conoce, 230 la elección, si ha de ganarla, ha de ser a fuerza de oro, de promesas y esperanzas. Hoy es, como usted ya sabe, el día de la batalla. 235 Pues antes de amanecer ya estaba fuera de casa. Cada diez minutos viene y se dirige a la caja, con agitación la abre, 240 con mano temblona saca un paquete de billetes en cantidades que espanta; sale, vuelve, no saluda, habla solo, no descansa; 245 y, en fin, que desde que ha entrado la política en la casa, no me cabe duda, el mismo demonio metió la pata. JOAQUÍN ¿Y su mujer? RUPERTO Su mujer, 250 ¡pobrecilla! avergonzada; y, es natural, porque dice que su familia es cristiana y jamás ha habido en ella un concejal! JOAQUÍN ¡Tiene gracia! 255 No hay mortal sin chifladura, aunque la mía es bien cándida. Yo, teniendo una boquilla que culotar,484 ¡viva España! Ni política, ni toros, 260 ni Fiesta Alegre,485 ni nada. (Levantándose de la silla y dirigiéndose al mostrador en que está Ruperto.) En uno de estos bolsillos llevo casi siempre varias que me traen a la memoria fechas para mí muy gratas. 265 Ésta, cuando me casé; 484 culotar: ennegrecer una pipa con humo al usarla. 485 Fiesta Alegre: nombre del frontón que había en el Paseo de Recoletos; en vasco, Jai Alai. 638 (Va sacando sucesivamente las boquillas que indica.) cuando creí que enviudaba; cuando tuve el primer chico; cuando entró a mandar Sagasta; y ésta... ya no lo recuerdo. 270 RUPERTO (Con ironía.) Sí, de cuando usted mamaba. JOAQUÍN Tiene usted razón, de cuando me hicieron vista de Aduanas.486 ¿Han venido algunas nuevas? RUPERTO ¡Ya lo creo! Y de Alemania. 275 Novedad verdad. (Marcándolo mucho.) JOAQUÍN ¿A verlas? (Joaquín se dirige al otro mostrador.) LUCAS Todavía no están marcadas. RUPERTO No importa. Ponle lo justo, lo que nos cuestan, y basta, Erre y jota. (Que es lo mismo 280 que dos duros más en cada boquilla. Las aficiones es necesario explotarlas) (Don Joaquín pasa al lado donde está Lucas: éste saca un cajón con boquillas, que examina aquél con avidez.) ESCENA VII Dichos, Carranza, por la puerta de la izquierda, figurando que habla con alguien que está dentro. CARRANZA Bueno: yo haré lo que quiera, que en mi casa soy el dueño. 285 JOAQUÍN ¡Don Felipe!... CARRANZA Adiós, amigo. JOAQUÍN ¿Qué le ocurre a usted? ¿Qué es eso? CARRANZA Mi familia, que va a dar conmigo en el cementerio. 486 vista de aduanas: mamaba o sustraía productos en la Aduana. 639 RUPERTO Tu familia, que se empeña 290 en que no pierdas el seso y atiendas a tus negocios, que debe ser lo primero. CARRANZA ¡Me gusta! Ten entendido de hoy para siempre, Ruperto, 295 que el llevar veintidós años en esta casa, no creo que te autorice a meterte en lo que te estás metiendo. ¡Vaya! Figúrese usted (A don Joaquín.) 300 que anda tan mal el comercio, que hay que vender por noventa lo que nos cuesta uno y medio; que entre las contribuciones las tarifas, el impuesto 305 de consumos, y además otra porción de derechos, el comerciante no tiene sobre qué caerse muerto, y yo tendré que morirme 310 de pie, lo cual es molesto. Mi situación—le decía— se empeora por momentos: mis chicos, sin ropa; yo, con este traje y el puesto; 315 mi mujer medio desnuda, por no decir que está en cueros... JOAQUÍN ¿Puedo verla? (Haciendo el movimiento de echar a andar.) CARRANZA Ahora, imposible. Si está presa... JOAQUÍN (Alarmado.) ¿Pues qué ha hecho? 320 CARRANZA (Riéndose.) ¡Hombre por Dios! Digo presa de un gran ataque de nervios, nada más que porque en estas elecciones me presento concejal, cuando lo hago precisamente por ellos. 325 Porque siendo concejal, ni pagaré los impuestos, ni pagaré las tarifas, 640 ni pagaré los derechos de consumos, y a muy poco 330 que me apuren, ni al casero. Además, mi afán es mora- lizar el Ayuntamiento487. CLOTILDE (Viendo un abanico.) ¡Qué avestruz... tan mal pintado! Yo creí que era un jilguero. 335 CARRANZA Me voy a ver cómo va la elección. Conque hasta luego. (Al irse le sale al paso Cayetano, hombre del pueblo, pero bien vestido. Es gallego.) ESCENA VIII Dichos y Cayetano. Pronunciación marcadamente gallega. CAYETANO Buenos días, don Felipe. CARRANZA Buenos días, Cayetano. CAYETANO Me alegro de verle bueno, 340 porque estoy hace un gran rato pra entrar aquí, y como siempre veo el comercio ocupado, he sentido curtedaz para darle a usté un recadu. 345 CARRANZA ¿De parte de quién? CAYETANO De un ser- vidor que besa su mano. CARRANZA Hombre... ahora estoy muy deprisa. CAYETANO En un momentu despachu; es una curiosidaz 350 que está revoloteyando por todo mi cuerpo, y quiero que usté me saque del paso. Dígame usté, don Felipe: ¿a usté nu le han reventadu 355 alguna vez? Cun franqueza... como si fuera su hermano. 487 el autor satiriza a la doble moral de los políticos. 641 ¿Que le han reventadu? Bueno. ¿Que no? Pues éste que traigo, (Enseñándole un grosísimo bastón.) tráigolo yo aquí con el 360 objeto arriba indicado. CARRANZA Dígame usted lo que quiere, pero en términos más blandos, CAYETANO Baje usted la voz, que ni estoy sordo ni borrachu 365 y yo merezcu respeto porque soy buen ciudadano y trabajo honradamente y honradamente lo gasto; y si bebo, es cuando quiero 370 hablarle a un amigo claro. Yo soy mozo de barriga de la tahona488 de don Paco. Don Paco es, como usted sabe, el candedato contrario 375 de usted, y como nun salga concejal el señor Paco, le doy a usted un recorrido desde el tubillo hasta el cráneo de la cabeza, que tienen 380 qui introducirle en un sacu si han de llevarle a jurar al Ayuntamiento el cargu. Conque su candedatura ya la está usted retirando. 385 CARRANZA Eso al cuerpo electoral, que es el que me ha designado. CAYETANO Es que pra mí no hay más cuerpo que este cuerpo que me traigo. (Blandiendo el garrote.) Mire usted que aunque de Vigo 390 soy muy chulo y soy muy guapu, que me mire usted de enfrente, que me mire usted de lado. CARRANZA Vamos, déjeme usté en paz. A mí me ha dicho su amo 395 que no ambiciona ese puesto. 488 tahona: panadería. 642 CAYETANO Pues pur eso está empeñado todu el destrito en sacarle vetorioso: porque, es claro, por lo mismo que no quiere, 400 desempeñará su cargo con fideledaz, equidaz y aseo... porque es aseado. CARRANZA ¡Hombre... venga usted acá!... (Aparte a Ruperto.) (Lo que éste busca son cuartos) 405 Tome usted cuarenta reales para que se eche usted un trago. CAYETANO (Con dignidad cómica.) Eso es para mí una ofensa; y a un elector de mi rango, el darle dinero, es darle 410 pur la espalda un navajazu. En fin, vengan los dos duros. Mas conste que no me ablando ni me vendo... y si le votu porqui he de votarle... lu hago 415 por gratetuz. CARRANZA ¡Se comprende! CAYETANO Ahora, dieme esa mano. (Con risa estúpida.) ¿Lo ve usté cómu la gente hunrada se entiende hablando? CARRANZA Cierto, cierto. Ea, a votar. 420 CAYETANO Pero, por Dios y los santos, que conste que no me vendu. CARRANZA ¡Ya se sabe! CAYETANO (Ap.) Y no le engaño, porque le tomo el dinero y luegu votu a mi amu. (Vase.) 425 643 ESCENA IX Dichos, menos Cayetano. JOAQUÍN ¡Tiene gracia! CARRANZA ¿Lo ve usted? (A Joaquín) (A Ruperto) ¿Te convences, viejo raro? Con dinero se consigue todo en el mundo. RUPERTO No tanto. Lograrás algunos votos 430 de dos o tres mentecatos; pero no la estimación de todos los ciudadanos, porque ésa sólo se alcanza a fuerza de gran trabajo, 435 de virtudes y otras prendas que Dios a ti te ha negado. CARRANZA ¡Ah! ¿No ha vuelto todavía con las cuentas el muchacho? Me va a hacer falta dinero. 440 RUPERTO ¿A que no te trae un cuarto? ESCENA X Dichos, Motilón con la caja y las facturas. CARRANZA Ya viene aquí, ¿Me traerás veinte mil reales lo menos? MOTILÓN (Malhumorado y tirando una a una sobre el mostrador las cuentas conforme va diciendo nombres.) ¡Ca! No, señor. ¡Si en Madrid no hay nadie que tenga un céntimo! 445 Don Pedro Sánchez no estaba en su casa, porque ha muerto de repente... un primo suyo que residía en Oviedo. Cruz... ese señor que ha sido... 450 644 CARRANZA Sí, ministro de Fomento (A don Joaquín.) En las tarjetas se pone "exministro" el majadero; pero lo pone con ese y cree que lo está siendo. 455 MOTILÓN Que ya vendrá por aquí. Don Sebastián... me ha devuelto los guantes y las corbatas, diciéndome que ni éstos son guantes, ni éstas corbatas. 460 (Sacando de la caja varios guantes y corbatas destrozados.) RUPERTO ¡Claro! Después de año y medio... MOTILÓN También vendrá por aquí a que le vuelva el dinero. De lo contrario, no vota a favor de usted. CARRANZA Ruperto: 465 ya lo oyes... Cuando venga devuélvele... RUPERTO ¡Por supuesto! ¿Sabes que con la política vamos a echar muy buen pelo? CARRANZA ¿Y los demás? MOTILÓN ¿Los demás? 470 (Tirando las facturas sobre el velador.) Se alegran que esté usted bueno. JOAQUÍN ¡Qué escándalo! CARRANZA Ea, adiós. JOAQUÍN Que si triunfa usted, yo espero... CARRANZA Encargo a París hoy mismo una boquilla de mérito 475 con mi busto de tamaño natural. RUPERTO ¡Echa! 645 JOAQUÍN La acepto. Me voy con usted, que ya en su elección me intereso. Concejales como usted 480 honran al Ayuntamiento. CARRANZA Usted me conoce. JOAQUÍN (A Lucas.)¡Ah! Cuatro boquillas me llevo. Ya las pagaré. RUPERTO (Con mucha ironía.) ¿Usted vota por Felipe? JOAQUÍN ¡Ya lo creo! 485 RUPERTO Pues entonces, no las pague. Es suficiente con eso. CARRANZA ¡Mamarracho! si la baba se te va a caer en viendo que me hacen teniente alcalde, 490 o quizá alcalde primero. RUPERTO (En tono muy burlón.) Adiós... Cubas... Da expresiones mías al doctor Esquerdo.489 (Vanse Carranza y don Joaquín.) ESCENA XI Dichos, menos Carranza y don Joaquín. SERAFÍN (A doña Clotilde.) Suba usté un poco, señora. CLOTILDE Baje usté algo. SERAFÍN ¡Si no puedo! 495 CLOTILDE Pues yo no subo. SERAFÍN Pues yo no bajo ni un sólo céntimo. 489 Cubas y el doctor Esquerdo, fueron ediles madrileños. 646 Alárguese usté algo más. CLOTILDE Encójase usted primero. SERAFÍN Vamos, se lo dejo en ocho. 500 CLOTILDE En cinco, y es trato hecho. SERAFÍN Se lo doy en lo que marca: siete cincuenta. LAURA ¡Qué terco! SERAFÍN Pero, señora, ¿usted cree que estoy mal con mi dinero? 505 CLOTILDE Pues vamos a ver los otros. SERAFÍN (Aparte a Lucas.) (Lucas, ven aquí un momento, que yo ya estoy mareado y voy a caerme al suelo) Con el permiso de ustedes. (A ellas.) 510 LUCAS (Muy amable.) Vamos a ver si yo tengo mejor mano. Ya verán cómo al fin nos entendemos. (Sigue despachando y discutiendo en voz baja.) ESCENA XII Dichos y doña Sinforosa, Patro y Petro, lujosamente vestidas. SINFOROSA Muy buenas tengan ustedes. RUPERTO Felices. Cuánto celebro... 515 SINFOROSA Venimos a lo de siempre, a dejar aquí el dinero. RUPERTO Sin las clases opulentas, ¿qué sería del comercio? (Doña Sinforosa se sienta al lado izquierdo.) PETRO (A doña Sinforosa.) Mientras haces esas compras, 520 para no perder el tiempo, Serafín puede probarme 647 los guantes. SERAFÍN (Preparándose a servirla, y colocando sobre el mostrador la almohadilla que se usa para poner guantes.) En el momento. PATRO Yo también los necesito, porque éstos están muy viejos. 525 RUPERTO (A Motilón.) Sirve tú a esta señorita; anda . (Motilón pasa a la derecha del mostrador.) PATRO No, señor: prefiero que Serafín me despache. SERAFÍN Bien; pero a las dos a un tiempo... es imposible. PETRO Es verdad: 530 sírvame usté a mí primero. PATRO (Con marcada ironía.) Sí; que al fin y al cabo eres la mayor. PETRO No es verdad eso, porque ambas somos gemelas. SERAFÍN ¿Gemelas? PETRO O poco menos, 535 porque le llevo dos meses nada más. SERAFÍN (Ap.) (¡Pues no lo entiendo!) ¿Y de qué color los guantes? PETRO Yo, blancos. PATRO ¿Sí? Pues yo negros. Y haces mal en elegirlos 540 blancos, porque no teniendo vestido de seda, harás un papel de lo más feo... PETRO Serafín, no haga usted caso: diga usted que sí le tengo. 545 648 PATRO Diga usted que no. PETRO Mamá, regáñela usted. SINFOROSA (Que habrá estado hablando en voz baja con don Ruperto.) ¿Qué es eso? ¿Empezáis ya? PETRO Yo no soy. SINFOROSA Patro, deja en paz a Petro. (A don Ruperto.) ¿La ve usted así? Pues se adoran 550 las dos; pero con extremo. En casa es una delicia... siempre de broma y jaleo. Coge la badila490 Patro y le da con ella a Petro 555 en las narices, y Puri, la más chica, va corriendo detrás, y con las tenazas a Boni, el niño pequeño, le pellizca las orejas 560 o le chamusca los pelos. Segis, que es el medianito, no puede vivir sin Petro. Ayer le tiró una fuente de ensalada de pimientos 565 que, si no es por Celes, cae sin decir Jesús al suelo. Todo por puro cariño. RUPERTO ¡Se comprende! Según eso, su casa de usted será... 570 SINFOROSA Una sucursal del cielo. Y a Dios pido me conserve para solaz y contento, a Boni, a Segis, a Celes a Patro, a Puri y a Petro. 575 Créamelo usté, don Rúper. RUPERTO Doña Sinfo, no lo niego. SINFOROSA Y como voy para vieja... 490 badila: paleta con plancha pequeña y mango largo para atizar el fuego. 649 los hijos son mi consuelo. RUPERTO ¿Vieja? ¡Ca! ¡Qué tontería! 580 SINFOROSA Sí; que los cuarenta peino. RUPERTO Entonces, yo soy más joven. SINFOROSA ¿Cuántos peina usted? RUPERTO No llego a peinar veinte. SINFOROSA (Con asombro) ¿Veinte años? RUPERTO (Quitándose el gorro y dejando una calva con poquísimo pelo.) No, señora: veinte pelos. 585 SINFOROSA Vamos a nuestro negocio, que aún no he dicho a lo que vengo. (Durante el diálogo precedente y el que sigue, Serafín prueba guantes a Patro y cuando el diálogo lo indique, Lucas a Petro, figurando que sostienen una conversación muy animada.) Mire usté, se trata de un muchacho amigo nuestro que se casa, y yo quisiera 590 regalarle algún objeto de gran valor, elegante, de novedad y de mérito pero, francamente, que me cueste poco dinero. 595 RUPERTO ¿Cuánto quiere usted gastarse? SINFOROSA Tres duros... o tres y medio si lo mereciese. RUPERTO (Como vacilando.) Entonces... Espere usted a ver si encuentro... (Buscando objetos que presentarla.) ¿El novio es de confianza? 600 SINFOROSA A mí no me importa eso. Será a la novia en tal caso. RUPERTO Si le tratan hace tiempo... 650 SINFOROSA ¡Ah! RUPERTO Porque ayer han llegado unos calzoncillos... SINFOROSA Petro, 605 ¿tú sabes cómo anda el novio de ropa blanca? PETRO De cuellos y de puños, decentito; de lo demás... LUCAS (A Motilón.) Tú, mastuerzo... (A Clotilde y Laura.) Con permiso... ven acá. 610 Entretanto iré sirviendo a esta señorita yo, que trae priesa, según creo. (Por Patro.) (Motilón se dispone a despachar a Clotilde y Laura.) LAURA Y éste, ¿cuánto? (Cogiendo un abanico.) MOTILÓN Seis pesetas. LAURA ¿No puede ser algo menos? 615 MOTILÓN Si me cuesta más, señora. Es abanico de precio. (Continúa despachándolas.) LUCAS (Probando los guantes a Patro.) ¡Qué mano más diminuta! Como de un niño pequeño. ¡Ay, quién fuera militar! 620 (Suspirando con exageración.) PATRO ¿Pero por qué dice usté eso? (Suspirando como antes.) LUCAS ¡Ay! Porque los militares tienen un partido inmenso entre ustedes, y su novio será capitán lo menos. 625 PATRO ¡Ca! No, señor: ¡si ahora empieza! Segundo teniente... de ésos que en la bocamanga llevan dos galones muy estrechos. 651 PETRO (Burlándose.) Como que han dado en llamarlos, 630 con muchísimo salero, comandantes de vía estrecha. PATRO Mamá, regañe usté a Petro, porque me está avergonzando. SINFOROSA Dejadme en paz. (A Ruperto.) El tintero 635 no me llena. RUPERTO (Que habrá puesto ya sobre el mostrador multitud de objetos.) Es de metal finísimo todo esto, y la hoja del cuchillo, mire usted, de asta de ciervo. SINFOROSA Eso ya tiene... Quisiera 640 una cosa de provecho... algo que le fuera útil. RUPERTO Pues, señora, yo no acierto. ¡Ah! Puede usted regalarle dos docenas de pañuelos 645 para frac... o estos tirantes (Presentándole una caja donde figura que hay tirantes.) bordados, de mucho mérito. SINFOROSA ¿A ver? ¡Si no sabe una cómo acertar! Oye, Petro, ¿gasta tirantes? PETRO ¿Acaso 650 sé yo cómo va por dentro? LUCAS (Después de haber puesto un guante a Patro.) Éste ya está. Ahora el otro. ¡Ay! (Suspirando.) PATRO Lucas, por lo que veo usté está malo. LUCAS ¡Ay! Lo peor es que decirlo no puedo. 655 ¡Si es que yo he nacido poeta y sufro mucho en silencio! 652 ¡Si me dejaran volar!... PATRO Pues vuele usted. LUCAS Es horrendo tener un alma sensible 660 y dedicarla al comercio. SERAFÍN ¿Ustedes todas las noches continuarán asistiendo al Teatro Real? PETRO Antes muertas que faltar. ¡Si procedemos 665 de los músicos más célebres que ha habido en el extranjero! Nuestra pasión es la música. Papá, que es muy circunspecto, nos riñe cantando, y 670 cantando le respondemos. Ayer rodó la escalera y se dio un golpe tremendo. Pues cantando el Miserere491 nos participó el suceso. 675 Tiene una voz tan suave... canta con un sentimiento... Anteayer enternecía. SERAFÍN No era el caso para menos. ¿Y cuando el Real se cierra 680 qué hacen ustedes? PETRO Meternos en un teatro de piezas. SINFOROSA Pero siempre prefiriendo aquel teatro que tiene más numeroso el sexteto. 685 Y eso que ya la afición va en España decayendo. Antes moría un amigo, y daba gusto. ¡Qué entierro! ¡Qué funerales! ¡Qué tiples 690 cantaban Tantum ergum492! Y ahora ni a misa mayor. 491 Miserere: famoso poema religioso que se canta en los funerales de la religión cristiana. 492 Tamtum ergum: poema religioso que exalta el sacramento de la eucaristía. 653 Yo, si voy, es en mi pueblo, porque allí tocan el dúo de los "paraguas". RUPERTO (Ap.) (¡Zopencos!) 695 SERAFÍN (A Patro, como está escrito.) ¿Usted será dilletanti también? PATRO ¿Quién, yo? Ni por pienso. A mí déme usted un buen drama. SERAFÍN Hija, de eso no tenemos. PATRO Quiero decir, que un buen drama 700 a la óperas prefiero. LUCAS Usté es de los míos. SERAFÍN Sí: ahí donde le está usted viendo es poeta el pobrecillo. Ayer escribió un soneto... 705 si le viera usted... capaz de resucitar a un muerto. LUCAS Se llama: "¡Cómo me pican los sabañones!" PATRO Lo siento porque a mí también me pican 710 y muchas noches no duermo. LUCAS No, señora: si ése es el título del soneto. SINFOROSA ¿Y qué función hacen hoy en el Español? LUCAS No puedo 715 decírselo a usted, porque no está todavía resuelto. He visto el cartel, y dice, en letras gordas por cierto, que hacen Otelo o el moro 720 de Venecia,493 y yo sospecho 493 Otelo o El moro de Venecia (1604), tragedia de William Shakespeare (1564-1616). 654 que una de las dos será. SINFOROSA (A Ruperto.) Este chico es muy despierto. RUPERTO Instruidísimo. ¡Si usted le viera fregar el suelo!... 725 SINFOROSA Ea; ¿estáis ya? (Levantándose.) PATRO Falta poco. SINFOROSA Pues mire usté, don Ruperto, francamente, me parece carísimo todo eso. Siento mucho la molestia. 730 RUPERTO No, señora, nada de eso. Estamos acostumbrados... (A que nos tomen el pelo.) SINFOROSA (A Patro y Petro.) Que tenemos hoy muchísimo que hacer... que va a faltar tiempo. 735 Desde aquí a Apolo, a pedir tres butacas, que hay estreno. LUCAS ¿Van ustedes? PETRO Sí; el autor es un chico a quien queremos. ¡Qué gusto si le patean! 740 Es cuando más me divierto. SINFOROSA Después, a pedir a López, que le han hecho consejero del Norte, cuatro billetes de primera, para Oviedo; 745 que, siendo amigo, no es cosa de que nos cueste el dinero. PATRO No olvide usted que mañana se inauguran los conciertos. SINFOROSA Ya he pedido a Manconelli 750 que nos mande un entresuelo. PETRO Y los toros el domingo. SINFOROSA Tu padre corre con eso, 655 porque es amigo de Miura desde que era muy pequeño, 755 y su familia le quiere como si fuera uno de ellos. Tendremos palco, de fijo. Le digo a usted, don Ruperto, que en estas chicas me gasto 760 un capital. RUPERTO (Con ironía.)¡Ya lo creo! SINFOROSA Un capital...494 (Ap.) en saliva, porque estoy siempre pidiendo. (Vanse las tres, despidiéndose con muchos cumplimientos.) ESCENA XIII Dichos, menos Sinforosa, Patro y Petro. RUPERTO Pues, señor, lo que es el día se nos presenta muy bueno. 765 De seguir así, no hay duda, mejor será que cerremos: y el caso es que con estar aquí de pie tanto tiempo, me he quedado frío.. A ver 770 si en la puerta me caliento. (Sale del mostrador, se dirige frotándose las manos a la puerta del foro; queda de espaldas al público, y las frases que pronuncia a continuación figura que se refieren a las personas que van pasando por la calle. A una que pasa besando a su hijo.) Quisiera ser ese niño a quien va usted dando besos... ¡Vaya usted con Dios, morena! ¡Bendito sea ese cuerpo! 775 UNA CHULA (Que pasa rápidamente.) ¡El demonio del hortera, se está cayendo de viejo! RUPERTO ¡Pues todavía soy joven... (Riéndose, como si le hiciera gracia lo que dice.) comparado con mi abuelo! 494 capital, se utiliza el recurso de emplear la misma palabra con otro sentido. 656 ¡Adiós, hermosa... ¡Qué carnes! 780 (Con pasión.) ¡Las gordas son mi embeleso! (Frotándose las manos y dirigiéndose al mostrador.) Ea, ya he entrado en calor; voy otra vez a mi puesto. CLOTILDE Éste es un poco ordinario. SERAFÍN Sí: es algo churrigueresco.495 785 LAURA Y diga usted, ¿por qué llaman así a todo lo que es feo? SERAFÍN Porque en el siglo pasado hubo en Madrí un arquitecto que se llamaba Churruca... 790 el que construyó, por cierto, la fachada del Hospicio. CLOTILDE ¡Ah, sí! ¡Tiene usted talento! SERAFÍN No, señora... la afición... es que estoy siempre leyendo 795 y se me pega muchísimo. (En este momento le pega Ruperto un cachete a Motilón.) MOTILÓN Y a mí también... y no leo. ESCENA XIV Dichos y el barón. BARÓN Señores... RUPERTO Señor barón, ¿como está usted? BARÓN Bueno, gracias. Y guapo, y joven, y airoso. 800 ¡Si parece que no pasan por usted los años! BARÓN Pues no me cabe duda, cada año tengo más edad, y conforme el tiempo avanza 805 se va uno haciendo más viejo 495 churrigueresco: estilo recargado del barroco español, atribuido erróneamente a José Benito de Churriguera (1665-1725), escultor y arquitecto que utiliza el rigor y la simetría en sus obras. 657 RUPERTO ¡Viva el ingenio y la gracia! En cuanto abre usted la boca dice una... (perogrullada.)496 Comprendo que sea usted 810 ídolo de las muchachas, que le adoren las solteras... BARÓN Y mucho más las casadas. Crea usted me veo negro. Me ocurren cosas que pasman: 815 hago la mar de conquistas, y muchas veces en casa me miro al espejo y digo: Señor, ¿qué hay en esta cara? ¿Qué hay en este cuerpo? ¿Qué hay 820 en mi conjunto que llama la atención del sexo débil, que me abruma y me embaraza? RUPERTO ¿Qué ha de haber? Que es usted rico, generoso con las damas, 825 (idiota) y hombre de chispa, (memo) de talento y gracia... ¿Y a qué debemos la honra?... BARÓN Se puede decir que a nada. ¿Tiene usté ahí mil pesetas? 830 RUPERTO Sí, señor; ¡pues no faltaba!... BARÓN Démelas, usté. RUPERTO Eso no, porque me hacen a mí falta. Si no fuera así, enseguida, porque todo se arreglaba 835 con unirlas a la cuenta que tiene usté en esta casa. (Con ironía.) BARÓN ¡Pillín! ¡Vaya una manera tan fina y tan delicada de recordarme el piquillo!... 840 RUPERTO ¡Si ya no es pico, si es águila! ¡Señor Barón!... yo lo siento... BARÓN Bien: pues déme usté una caja 496 perogullada: verdad que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla. 658 de medias de seda azules... no: mejor es... encarnadas; 845 se las pagaré en el acto. RUPERTO En ese género raya a gran altura esta tienda; ¡no hay otra igual en España! Si a su señora de usted 850 las amarillas le agradan... porque son de última moda. BARÓN ¿Mi señora? (Con malicia.) RUPERTO ¡Ah, ya! Basta. (Con picardía.) BARÓN ¿Que las lleven al momento muy cerca de aquí? A la plaza... 855 (Bajando la voz y hablándole al oído.) RUPERTO Descuide usted. ESCENA XV Dichos, la Baronesa con el ama de cría, que lleva un niño en brazos. BARONESA ¡Maridito! BARÓN (¡Ay, mi esposa! ¡Virgen Santa!) BARONESA ¡Cuánto me alegro de verte! ¿Qué haces aquí? BARÓN Pues compraba... RUPERTO (Anticipándose como para sacar del apuro al barón.) Estas medias para usted. 860 BARONESA Te lo agradezco en el alma. Pero me extraña que tú, que no te fijas en nada... BARÓN Pues ahí tienes tú, me fijo. BARONESA Está bien: vengan, y gracias. (A Ruperto.) 865 Que las pongan en el coche. (Don Ruperto se las entrega a Motilón, y éste sale por el foro, volviendo al poco rato.) 659 BARÓN ¿Y tú a qué vienes? BARONESA El ama, que se la ha antojado un pañuelo de seda grana. RUPERTO Los tengo, y de clase extra. 870 BARONESA ¿A ver? Siéntese usted, ama. AMA ¡Quiero crecer! (Con muy mal gesto y desabrida.) BARONESA (Aparte al barón.) Ahí la tienes con un hocico de a cuarta, porque ha visto unos pendientes de oro con esmeraldas, 875 y no he querido comprárselos por razones que se callan. RUPERTO ¿Es hijo de usted? (Refiriéndose al niño.) BARONESA Sobrino; el chiquitín de mi hermana. RUPERTO ¡Ah! BARONESA Yo chicos, no los quiero 880 ni me hacen ninguna falta: dan muchísimo que hacer, (Mirando con intención al ama.) y sobre todo las amas. Debieran nacer los niños con la carrera acabada. 885 AMA (Con mal gesto.) Y además con el canuto de la licencia en la faja. RUPERTO (Que ha sacado cajas de pañuelos.) Tiente usté el género; vea la clase; los hay a rayas y lisos. (La Baronesa los examina.) BARÓN (Acercándose al ama y contemplando al niño.) ¿Está durmiendo? 890 660 AMA (Siempre malhumorada.) Sí, señor: cuando nun mama es que duerme. BARÓN (Retirándose.) ¡Bueno, bueno! (El mejor día nos mata.) BARONESA (Después de haber escogido los pañuelos.) Estos dos (Al ama.) ¿Quiere usted más? AMA Otros cuatro... ésos se rajan 895 en seguida... son baratos y nun sirven para nada. BARONESA ¿Y cuánto? (A Ruperto) RUPERTO Ochenta. pesetas... para usted. BARONESA (Levantándose) Si no rebaja, no los llevo... son muy caros. 900 RUPERTO Señora, si es lo que marcan. Se los doy a usted de balde, si en otra parte los halla más baratos. (Frotando los pañuelos y haciéndolos una pelota.) Seda pura, no tienen de algodón nada. 905 BARONESA Si no los encuentro en otra tienda, volveremos... ¿Ama? ¿Y tú dónde vas ahora? (Al Barón.) BARÓN Al Congreso, porque Cánovas me ha encargado que no falte. 910 BARONESA ¿Vas a hablar al fin? (Con asombro.) BARÓN (Con petulancia.) ¡Anda, anda! y a derribar al Gobierno. BARONESA ¿A derribarle? ¡Qué lastima me da el Gobierno! ¡No dura, de fijo, ni una semana! 915 Adiós. (A don Ruperto.) 661 BARÓN (Acercándose al ama y dando un beso al niño.) ¡Un beso! AMA (Muy bajo para que no lo oiga la baronesa.) Nun tienes vergüenza nenguna. BARÓN ¡Calla! (Vanse.) (Cuando desaparecen, todos se echan a reír.) ESCENA XVI Dichos, menos barón, baronesa y ama. RUPERTO ¡Pobre Barón! Cuando menos el infeliz lo esperaba, ¡cataplum! LUCAS ¡Si está Madrid 920 que arde!... ¡Si cada casa es un lío! RUPERTO Por si vuelve, le prepararé otra caja. (Saca otra de la estantería.) ESCENA XVII Dichos y el barón, que entra muy agitado BARÓN Don Ruperto, ¿ha visto usted lo ocurrido? RUPERTO De eso hablaba. BARÓN ¿Tiene usted más medias? RUPERTO Todas las que a usted le dé la gana. 925 ¿Le gustan éstas? BARÓN ¡Preciosas! Mándelas usté a la plaza... 662 ESCENA XVIII Dichos y la baronesa. BARONESA ¿Me he dejado la sombrilla aquí? RUPERTO Sí, señora. (Entregando a la Baronesa la sombrilla, que habrá dejado antes olvidada.) BARONESA ¡Calla! ¿Otra vez tú? ¿Pues qué haces? 930 BARÓN (Turbado.) Nada, hija mía: compraba más medias... Las amarillas me parecían muy claras, y he venido, porque éstas, como ves, son encarnadas; 935 y así tienes los colores de la bandera de España. BARONESA ¡Vengan! ¡Qué obsequioso eres! ¡No hay en el mundo una alhaja como tú! Adiós, don Ruperto. 940 BARÓN Hasta luego... hasta mañana, quise decir. BARONESA (Con intención a don Ruperto.) Tenga usted las azules preparadas... porque de seguro vuelve... en cuanto me deje en casa. (Vanse.) 945 ESCENA XIX Dichos y Carranza, apresuradamente y dirigiéndose al mostrador. CARRANZA (A Ruperto.) Dame quinientas pesetas, pero en el momento; anda: necesito veinte votos y hay que pagarlos; despacha. (Entra Ruperto en la puerta izquierda. A Motilón.) Y tu, corriendo, al café... 950 treinta bistecs con patatas, treinta raciones de queso, 663 treinta botellas de Málaga y treinta cafés, con treinta gotas... y todo en volandas 955 al colegio electoral... Travesía de Moriana. (Vase Motilón por el foro.) ¡Hoy comen mis electores más que en catorce semanas! RUPERTO (Que ha salido con billetes que da a Carranza.) Nos vas a arruinar, Felipe: 960 con el dinero que sacas, no digo yo concejal, ¡se puede ser hasta Papa! CARRANZA ¡Qué revolcón va a llevar el señor Paco! Ese mandria497 965 se figura que con ser honrado y moral, le basta para vencer... y no entiende que siempre en estas campañas quien no tiene una peseta 970 se suele quedar a pata. (A Ruperto.) ¿Vosotros habréis votado? RUPERTO ¿Quien?... Lo que es yo, no pensaba... CARRANZA ¿Cómo que no? ¡Pues me gusta! ¡A ver!...y esos papanatas 975 ¿qué hace aquí? A votar a escape... (Dándoles papeletas a los tres.) ¡Pues tendría gracia que por tres votos perdiera la elección! Cierra la caja (A Ruperto.) y andando: ustedes lo mismo. 980 RUPERTO Pero, entonces, ¿quién despacha quedando esto solo? CARRANZA Yo. (Ruperto entra en la puerta de la izquierda.) Y con noticias exactas venid pronto, que os aguardo. SERAFÍN Yo ya estoy. (Poniéndose el sombrero.) 497 mandria: inútil. 664 LUCAS Pues por mí, en marcha. (Ídem.) 985 Ahí quedan ésas señoras. CARRANZA Yo las serviré. RUPERTO (Que ha salido un momento antes, le dice desde la puerta del foro.) ¡Carranza! que yo me lavo las manos, que juro en Dios y en mi alma que es una barbaridad 990 lo que haces. CARRANZA Bueno, basta. RUPERTO Que tu negocio está aquí, dentro de tu misma casa. (Vanse los tres, haciéndose señas de que Carranza debe de estar chiflado. Durante las escenas anteriores ha oscurecido, y Carranza en este momento oprime el botón de la luz eléctrica y se ilumina la escena.) ESCENA XX Carranza, Clotilde, Laura. Después Narciso por el foro. CARRANZA (Dentro del mostrador de la derecha, y desde aquí al final muy nervioso y distraído.) ¿Conque ustedes lo que buscan son abanicos? CLOTILDE Y es lástima. 995 no hallar uno que nos guste. CARRANZA ¡Ya lo habrá! LAURA ¿Y éste, qué marca? CARRANZA (Sin darse cuenta de lo que dice, después de haber mirado la etiqueta del abanico.) ¡Seis mil duros... que me cuesta la elección! 665 LAURA (Cogiendo el abanico, y asombrada.) ¡Quién lo pensara! ¡Pues yo no le encuentro el mérito! 1000 CARRANZA ¡Perdone usted! ¡Si no estaba en lo que hacía! LAURA ¡Ah! CARRANZA (Mirando otra vez la etiqueta del abanico.) Éste... M y H... ¡Tiene gracia!... Pues no lo sé. (¡Qué vergüenza!) (Viendo a Narciso en la puerta, y volviendo un poco la cabeza.) ¡Ay, don Narciso me salva! 1005 Escuche usted, don Narciso, M. y H, ¿cuánto marca? NARCISO (Sin moverse de la puerta.) Diez pesetas. Si la H está después, no hay rebaja; es lo que nos cuesta... vamos 1010 lo que le cuesta. (Mirando al balcón.) ¡Ay, me ama! ¡Que me ama, don Felipe! CLOTILDE ¿Y éste? (Por otro abanico.) CARRANZA (A Narciso.) ¿Jota entrelazada con la R? NARCISO ¡Cinco duros! Han llegado esta semana. 1015 LAURA ¿No los tiene usted de blonda?498 CARRANZA Sí, señora... ¿Dónde estaban?.. Don Narciso... ¿los de blonda?... NARCISO Están en la quinta tabla. (Muy contento y figurando que habla con su novia.) ¿Que suba otra vez? ¡Monísima! 1020 498 blonda: encaje de seda en las mantillas. 666 CARRANZA No suba usted, que hace falta. NARCISO Hasta luego. (Sin hacerle caso, desaparece.) CARRANZA ¡Soy perdido! (A las señoras.) Ya sé. ¡Verá usted elegancia! (Coge una caja y la abre.) Son tirantes... ¡Ay Dios mío! Yo no sé lo que me pasa. 1025 (Coge otra, y la abre.) ¡Éstos son... blonda riquísima! ¡Digo, no...si son elásticas! LAURA (Levantándose.) No se apure usté... otro día volveremos con más calma. CLOTILDE Será mejor... Hoy tenemos 1030 LAURA mucha prisa... Hasta mañana. (Vanse por el foro.) ESCENA XXI Carranza, después Narciso. CARRANZA Estoy a los pies de ustedes. Pues con cuatro parroquianas como estas dos, no me queda vida para despacharlas. 1035 (Paseándose muy agitado.) ¡Qué angustia, qué incertidumbre!... No, la verdad es que tardan... Si triunfo, no cabe duda, la satisfacción me mata; y si me derrotan, doy 1040 un estallido de rabia. ¡Arruinado para siempre! No no; ¡si está trabajada la elección con un acierto y con una diplomacia!... 1045 Yo, de mi puño y mi letra, para que no me engañaran, puse mi candidatura, la repartí por las casas, y escribí las circulares, 1050 667 exponiendo mi programa: "Moralidad y... adoquines." ¡Y esta causa es muy simpática! (Asomándose a la puerta.) Nada, no vienen... Me voy aunque deje abandonada 1055 la tienda... porque el asunto es de altísima importancia. Yo rogaré a algún vecino... (Viendo a Narciso que aparece de nuevo y entra en escena.) ¡Don Narciso de mi alma! NARCISO No me quiere... yo creí... 1060 CARRANZA ¡Por Dios y la Virgen santa! Quédese usté aquí un momento; ¡vuelvo enseguida! NARCISO ¿Qué pasa? CARRANZA Mi elección... estoy inquieto... ya debe estar terminada... 1065 NARCISO Vaya usted tranquilo, que yo me quedo aquí de guardia. (Vase Carranza precipitadamente.) ESCENA XXII Narciso, que en cuanto se va Carranza, empieza a hablar por señas con su novia: aparece el pobre 2º. POBRE ¡Señorito, una limosna al ciego! NARCISO ¡Ay, una carta! (Mirando al balcón.) Allá voy. (Al pobre.) Eche aquí un ojo. 1070 ¡Vuelvo pronto... no se vaya! (Vase.) POBRE ¡Que eche aquí un ojo, Dios mío... qué más quisiera mi alma! (Vase.) 668 ESCENA ÚLTIMA Salen muy alborozados, abrazando a Carranza, don Joaquín, don Ruperto, Serafín, Motilón. A poco Narciso. RUPERTO Sí, hombre, sí, enhorabuena...499 Un abrazo. CARRANZA (Conmovido.) ¿No me engañas? 1075 ¿Pero es posible? RUPERTO Es posible. CARRANZA ¡Dios escuchó mis plegarias! Serafín, Lucas, Ruperto... (Los abraza.) Mi esposa... voy a llamarla... (Se dirige a la izquierda.) RUPERTO (Deteniéndole.) Espera... Como yo y todas 1080 las personas que te tratan sabíamos que iba a ser la ruina de tu casa el que salieras triunfante, mi enhorabuena te daba 1085 porque has quedado vencido y derrotado. CARRANZA (Desvaneciéndose.) ¡Ay... me faltan las fuerzas... no puedo más! (Entra Narciso, y con los demás, acude a Carranza.) RUPERTO ¿Qué es esto?... ¡Que se desmaya! ¡Felipe! NARCISO ¿Qué ha sucedido? 1090 JOAQUÍN (A Motilón.) Corre, trae un vaso de agua. RUPERTO No... que traigan un bastón de teniente alcalde, para ponérsele en las narices a ver si vuelve. ¡Carranza! (Llamándole.) 1095 CARRANZA (Volviendo en sí.) ¡Ay! No temas que pregunte dónde estoy, como en los dramas! 499 enhorabuena: porque si hubiera sido elegido, se hubiera arruinado. 669 ¡Ya sé que estoy en mi tienda, que tendré que traspasarla, que me he quedado arruinado! 1100 JOAQUÍN ¡Pobre señor, me da lástima! RUPERTO (Con energía.) No hay tal pobre, ¡qué demonio! (A Carranza.) Tu mujer, que es una santa, y yo, que le ando muy cerca, hemos cuidado con maña 1105 de exagerarte el estado financiero de tu casa, y trabajando con fe aún podremos levantarla. CARRANZA (Abrazando a Ruperto.) ¿De veras?, ¡Dios te lo premie! 1110 ¡Me vuelves al cuerpo el alma! ¡Pero habré tenido votos! RUPERTO No te sirven para nada; que en tu fiebre concejil, y llevado por el ansia 1115 del triunfo, en las papeletas has puesto... mira: (Enseñándole una de las papeletas.) "Carranza y Compañía...” ¡Este nombre en el Censo no constaba! CARRANZA (Llevándose las manos a la cabeza.) ¡Derrotado... y en ridículo! 1120 ¡No he podido hacer más planchas! ¡La lección ha sido dura, pero sabré aprovecharla! (Como tomando una resolución.) Desde hoy, ¡muera la política! ¡Aquí no ha pasado nada! 1125 670 NARCISO (Impaciente, porque al principio de esta escena Motilón habrá cerrado la tienda, para que los transeúntes no se enteraran de lo que en ella ocurría.) Ruperto, que abran la tienda, que si mi novia me llama... RUPERTO Tenga usted paciencia, joven. Ya la abriremos mañana (Al público.) si tan ilustre senado 1130 no protesta ni se enfada, y de este humilde sainete perdona las muchas faltas. FIN 671 Los lunes del “Imparcial” PASILLO CÓMICO-LÍRICO EN UN ACTO Y EN VERSO 672 PERSONAJES RUFINA (vendedora de periódicos) ROSARIO (cantaora de café) DOÑA EMILIA (madre) DOÑA TOMASA LA MUJER DE DON CELEDONIO UNA CANTAORA UNA JALEADORA DOÑA ANTONIA CORISTA 1ª CORISTA 2ª CAPELLÁN DE REGIMIENTO FELIPE (marido de Rufina) UN BARÍTONO DE CAFÉ UN SABLISTA DON ANACLETO DON CELEDONIO UN SEÑOR (que compra El Globo) ANTOLÍN (cochero) PARROQUIANO 1º PARROQUIANO 2º UN VIEJO CHULO UN CABALLERO UN MOZO DE CAFÉ UN NIÑO Parroquianos, mozos de café, transeúntes. 673 ACTO ÚNICO Calle céntrica de Madrid. A la derecha del espectador, un café con ventanas muy grandes para que el público pueda enterarse perfectamente de lo que pasa dentro. Al levantarse el telón, aparecen en el tabladillo Rosario, una cantaora, una jaleadora y un tocaor de guitarra; óyense muchos aplausos, mucha jarana, muchos viva tu madre. Rufina, con gran atención, escuchando muy cerca de la ventana. Rufina representa unos sesenta años de edad; viste con pobreza, pero curiosita y apañada; lleva un gran delantal con exagerados bolsillos, a los cuales asoma multitud de periódicos; en las manos y bajo el brazo, Correspondencias, Heraldos, Ideales, décimos de lotería, libros pequeños en rústica, etc., etc. A la izquierda del espectador, decoración de calle; en primer término, fachada de casa con puerta y balcón practicables. En tercer término, un coche de alquiler en forma que no se vea el caballo. El cochero aparece sentado en el pescante.500 En el café, mesas con servicios y en medio el tabladillo para el baile y cante. ESCENA PRIMERA. Rufina en la calle oyendo el jaleo del café. Dentro del café, Rosario, una cantaora, una jaleadora, un tocaor de guitarra, el capellán de regimiento, un viejo chulo, parroquianos 1º y 2º, mozos de café. El sablista en la puerta del café, por la parte de la calle, acechando a los que entran y salen. El cochero en el pescante. JALEADORA501 Señores: les recomiendo una miajita de juicio y prudencia, porque ahora se va a bailar un tanguito502 de úrtima moa; ha llegado esta mañana en el mixto. 5 (Música.) CANTAORA Una joven llamada Pepilla que habitaba en Ciempozuelos, se encontró conque el novio una tarde le mandaba unos buñuelos. 10 ¡Ah!... Pero el novio que era un pillín y guillado503 de profesión, fue también tan gran adoquín que el azúcar se le olvidó. 500 pescante, asiento exterior desde donde el cochero gobierna los caballos. 501 jaleadora: que anima con palabras y palmas a los que cantan y bailan. 502 tanguito, baile argentino. 503 guillado: loco. 674 Y decía: Jesús María, 15 ¡ay qué memoria tan desdichá, si me pasa esto en otro día me da la Pepa de puñalás! ¡Qué cara que tiene! ¡Qué bonita está enfadá! 20 ¡Qué resalada! Y es porque no quiere lo que está sin completar; prefiere nada. Tiene dinamita 25 dentro de su corazón, y al estallar, al que coja estando cerca lo manda a la eternidad. CORO ¡Qué cara que tiene, etc. 30 (Durante la música, baila Rosario un tango.) (Hablado.) (Al concluir la música, todos aplauden y unos dicen ¡Olé! y otros ¡Viva tu madre!) RUFINA (Después de escuchar el canto y jaleo del café, dirigiéndose desde la calle a los concurrentes, sin ser escuchada por ellos, con ironía.) ¡Doy a ustedes muchas gracias, señores, Dios se lo pague! (Al público.) Cada vez que oigo gritar: ¡Olé, que viva tu madre! Como Rosario es mi hija, 35 me dan ganas de acercarme y decirles: caballeros, son ustedes muy amables, y sólo por complacerles viviré cien navidades. 40 Pero eso no puede ser; la infeliz, como es un ángel, (Por su hija.) no quiere ¡y lleva razón! que sepan que soy su madre; lo que ella dice: “yo tengo 45 una carrera brillante, y usté un oficio; el vender periódicos por las calles; lo cual, que aunque no rebaja, 675 como dijo el otro, a nadie, 50 no da ni categoría, ni lustre, ni... facultades. Y no vaya usté a pensar que no la quiero... esa parte... que si a mí antes de nacer 55 me dejan escoger padres, los escojo a ustedes; pero comprenda usté que es muy grande la distancia, entre un artista y un vendedor ambulante”. 60 ¡Y que el oficio está bueno! (Pasa un transeúnte por el foro.) (Voceando.) ¡Heraldo!... Para que ande y le saquemos... (Pasa otro transeúnte.) (Voceando.) ¡Pondencia!... algunas utilidades; 65 ¡es preciso que haiga crímenes, y suicidios y catástrofes, y, por desgracia, llevamos un mes sin ningún desastre! Si no es por lo de Melilla, 70 (Con mucha intención.) que no ha podido estirarse más de lo que se ha estirado, me hubiera muerto de hambre. (Sale el capellán del café y se dirige a la calle.) El Motín. (Acercándose al capellán.) CAPELLÁN (Enfadado y rechazando el periódico.) ¡Desvergonzada! ¿No está usted viendo mi traje? 75 RUFINA (Ofreciéndole un libro pequeño en rústica.) “¡La noche de novios!” CAPELLÁN (De mejor humor que antes y cogiendo el libro.) Para leer antes de acostarme. ¿Cuánto es? RUFINA Una peseta. CAPELLÁN Tome usted diez perros 504grandes. (Paga a Rufina y al retirarse le sale al encuentro el sablista.) 504 perro, antigua moneda de diez céntimos de peseta. 676 SABLISTA Caballero, usted dispense 80 que me atreva a molestarle. Son las doce y no he comido. Yo soy un pobre cesante que ha ocupado posiciones altísimas, importantes... 85 pero negocios... CAPELLÁN (Sin dejarle concluir.) Bien, basta... Pero como es muy probable que si yo le doy dinero enseguida se lo gaste en vicios... CAPELLÁN ¡Oh, nada de eso, 90 créame usted, que tengo hambre! CAPELLÁN Vamos al café de enfrente; le pagaré un chocolate... SABLISTA Prefiero café con media. CAPELLÁN (Ya a la puerta del café.) Con media será... adelante; 95 yo llamo al mozo y yo mismo le pago. SABLISTA ¡Es usted mi padre! (Abrazándole.) (Entran en el café; el capellán llama al mozo y le paga; el sablista se sienta a tomar el café con media tostada que le sirve el mozo. Rufina, que entre tanto ha vagado por la calle, unas veces hablando con Antolín, y otras ofreciendo los periódicos a los transeúntes, cuenta el dinero que le dio el capellán y dice:) RUFINA Me parece que me ha dado de menos un perro grande. Me gusta... voy a pedírselo. 100 (Se dirige al café y se detiene después de haber contado nuevamente el dinero.) Digo, no, qué disparate, si sobran tres... Pues entonces lo mejor será callarse, así aprenderá el gachó pa otra vez... (Voceando.) Dominicales. 105 (Sale el capellán del café y cruza la escena.) Dencia, Liberal, El Globo. 677 (Mirando al café.) Vamos, por fin, el cesante sacó raja. Me da pena; siempre manejando el sable... Desde que amanece Dios 110 ahí se planta, y ya se sabe al que pasa... ¡zas!... sablazo505 y tente tieso. ¡Qué afanes no pasará el infeliz sufriendo tanto desaire! 115 Ya me ha contado su historia cien veces... ¡Un personaje! ¡Ha sido gobernador en Filipinas... y alcalde de un pueblo de allí que tiene 120 un nombre... así... muy chocante!... (Como queriendo recordar.) “Cagayán...” (De pronto y como queriendo disculparse.) ¡Y dicho sea sin querer faltar a nadie! Pero, amigo, a su mujer le dio por joyas y trajes, 125 por montar mucho a caballo, a él por montar en carruaje, y a los tres meses tuvieron al fin los dos que apearse; y soy capaz de apostar, 130 a que de aquellos lugares se han venido a pie los pobres, por no tener para el viaje. (Voceando.) ¿Quién quiere el gordo? ¡El catorce pelado, mañana sale! 135 Y su suegra es millonaria, pero no le da... dos reales, y se pone furiosísimo cuando se acuerda. Esta tarde se acercó a mí, y con los ojos 140 que parecían saltársele, me dijo: “Oiga, Rufina: usted, que todo lo sabe, ¿qué pena tiene el que mata a su suegra?” “¡Por Dios, cálmese; 145 pena, ninguna... al contrario, una alegría muy grande!” 505 dar un sablazo: obtener, con frescura, algo de otra persona. 678 Esto le ocurre a menudo; luego acaba por rogarme que le dé una perra chica,506 150 y yo, que tengo un carácter que me pierde, porque no puedo ver necesidades, le digo siempre: “No tengo; el que quiera que lo gane”. 155 (En este momento las cantaoras y el tocaor suben al tabladillo; se produce mucha animación entre los parroquianos, y dice la jaleadora.) JALEADORA Que va a cantar la Rosario, caballeros, a callarse. (Música.) ROSARIO Todas las penas del mundo no igualan con esta mía, que se me pasa llorando 160 toda la flor de mi vía. ¡Ay!... Un día he preguntado a la violeta, ¡que ya! a la violeta, si para el mal de amores, 165 ¡jo y ja! había receta, ¡ja y jo! ¡elé, olé! había receta, ¡que ya! Me ha respondido, 170 que para el mal de amores, ¡jo y ja! nunca la ha habido, ¡ja y jo! ¡elé y olé ha! 175 nunca la ha habido jamás. ¡Viva mi gracia, viva mi sal, vivan las niñas 180 de calidad! Y ahora, señores, atención, que ahí va, un bailecito que os gustará. 185 506 perra chica, antigua moneda equivalente a cinco céntimos de peseta. 679 CORO ¡Viva su gracia, viva su sal! etc. (Rosario baila. Todos aplauden.) (Hablado.) PARROQUIANO 1º Rosario, por mi salud esta copita... ROSARIO (Bebiendo)Al instante... con mucho gusto... allá va. 190 PARROQUIANO 2º ¡No me hagas a mí un desaire y toma! (Dándole una copita.) ROSARIO (Bebiendo.) ¡Por la salud de todos los circunstantes! VIEJO ¡Pues, hija, yo no soy menos, que, aunque anciano, tengo sangre! 195 (Ofreciéndola otra copa.) ROSARIO ¿Le iba yo a usté a despreciar? No diga usted disparates, que por usté, no una copa, me bebo yo hasta un estanque. (Beben todos con alegría. Bullicio y algazara.) RUFINA (Con júbilo maternal.) ¡Ya van treinta y dos, pero ella, 200 nada, sin emborracharse! Es una santa... No es extraño que todo aquel que la trate la considere y la quiera... y algunos para casarse. 205 ¡Ha tenido proposiciones, todas de altos personajes! ¡Ha estado ya si se casa o no con un pelotari!507 Pero, como ella decía: 210 “¡Qué bruta que es usté, madre! ¿No comprende usté que puedo, después de casá, encontrarme con una rasa o con una bolea 508que me espampane?” 215 ¡Ahora tiene un novio... un pillo, 507 pelotari, jugador de pelota vasca. 508 rasa y bolea, son dos formas de lanzar la pelota al frontón. 680 con más pobreza y más hambre! Tenor de zarzuela chica,509 que el otro día en la calle me la dio de bofetás, 220 que a poco me la deshace. Como que me dijo el médico: “señora, debe usted darle gracias a Dios; si conforme es tenor, ese bergante,510 225 de zarzuela chica, es tenor de zarzuela grande, la deja en el sitio.” ESCENA II Dichos y Felipe, que sale por la izquierda, tambaleándose, en mangas de camisa, con la chaqueta al hombro; trae una venda en la cabeza y la gorra torcida. RUFINA (Fijándose en él.) ¡Anda! ¡Ya la ha cogido su padre! (Se acerca a Felipe muy furiosa, y cogiéndole por los hombros le sacude a uno y otro lado.) ¡Maldita sea!... ¡Felipeee!... 230 FELIPE (Borracho, pero grave y como si todo lo que dice, fuera una sentencia.) No hay que tambalearme que el vino debe estar quieto; si no, se vuelve vinagre. RUFINA ¿De dónde vienes? (Irritada y gritando.) FELIPE ¿De dónde? De la nada, ¿no lo sabes? 235 Yo soy barro, tú eres barro, es barro el señor alcalde, barro el café que ahí despacha, y barro todo el que nace. 509 zarzuela chica, zarzuela de una hora, típica del género chico en los teatros por horas. 510 bergante: pillo, granuja. 681 ¿Discurro bien?... Pues entonces 240 es que estoy en mis cabales potencias y tú no tienes opción a recriminarme (Riéndose.) RUFINA ¿De qué te ríes, mastuerzo?511 FELIPE Del ispetor de esta calle, 245 que al pronto parece un bruto y después... es de Getafe. ¿Pue no dice que el primer hijo que tuvo su madre se llamó Segundo? Eso, 250 —le he dicho— es un disparate: el primer hijo, se llama primero en todas las partes del globo... ¿Discurro bien? RUFINA Como la pata de un catre.512 255 FELIPE Gracias en nombre de la pata... pero no te alarmes, no estoy bebido, que estoy más firme y más arrogante, a Dios las gracias, que el Gran 260 Capitán, que en paz descanse. Si no, que me hagan la utosia... Anda, llama a un practicante RUFINA ¿Te has caído? (Arreglándole la ropa.) FELIPE Sí, mejor. ¿Te se importa? Todo cae. 265 ¿No has caído tú también? RUFINA ¡Morral! FELIPE ¿No ha caído el ángel que se cayó en el Retiro?513 Pues todos semos iguales. Mira, ponme un alfiler 270 porque también se me caen los pantalones. 511 mastuerzo: cernícalo, despreciable. 512 catre: cama plegable. 513 Retiro: en el parque del Retiro hay una estatua dedicada al ángel caído. 682 RUFINA (Poniéndole un alfiler a la parte de atrás, en la cintura.) ¡Adán! FELIPE No insultes a nuestro padre común... de dos... que por él estás vendiendo Imparciales... 275 En la casa de socorro han estado muy amables; me han curado de primera intención, pero en la calle me ha atropellado, al salir, 280 una mula del encuarte514 y me han llevado otra vez al mismo sitio, a curarme de segunda intención, ¿oyes? Y si acaso no es bastante, 285 me curarán de tercera sólo porque no te enfades. RUFINA (Empujándole cerca de la puerta de la casa.) Siéntate aquí. FELIPE (Resistiéndose.) Estoy muy bien; es comodidaz. RUFINA (Sentándole a la fuerza.) ¡Estáte quieto y duerme, hasta que yo 290 te diga que te levantes! (Se sienta en el suelo y a poco se queda dormido y roncando. Rufina vuelve al proscenio y se le acerca el señor que habrá salido del café.) UN SEÑOR ¿Tiene usté El Globo del Jueves? RUFINA ¿Es atrasao, verdad? UN SEÑOR Sí, señora. RUFINA Pues entonces entre estos debe de estar. 295 (Echándose la mano atrás, pero sin marcarlo mucho.) Los atrasaos... pa acordarme me los pongo siempre atrás. 514 encuarte: caballería de refuerzo que se añade a ls que tiran de un vehículo para subir una cuesta. 683 (Le da el periódico, el señor lo paga, y antes de que éste desaparezca, se le interpone el sablista que ha tomado ya su café y vuelve a campaña.) SABLISTA (Este personaje, al dar el sablazo, tiene la costumbre de hablar al oído y en voz baja a su víctima.) Caballero, usted dispense que me atreva a molestarle... A estas horas no he comido: 300 yo soy un pobre cesante. UN SEÑOR (Metiéndose la mano en el bolsillo.) ¿Es verdad lo que usted dice, o es que quiere usté engañarme? SABLISTA Señor, se lo juro a usted. Me estoy cayendo de hambre. 305 UN SEÑOR (Le va a dar dinero y se arrepiente.) Tome usted... no, no señor, es mejor que le acompañe y que delante de mí se tome usté un piscolabis,515 que muchos piden limosna 310 y luego es para achisparse.516 SABLISTA (Con dignidad cómica.) Le perdono a usté esa ofensa porque va usté a convidarme. (Entran en el café.) UN SEÑOR (Llama al mozo, y dirigiéndose al sablista.) Café con media tostada... ¡No pago más que dos reales! 315 (Sale el mozo, el señor le da el recado, le paga y vase. El mozo sirve el café al sablista.) RUFINA (Voceando al ver que cruzan transeúntes.) El Madrid-Cómico, con artículo de Taboada, y versos de Pérez Zúñiga. El Ideal, con la carta del Duende. 515 piscolabis :(familiar) comida ligera entre comidas principales. 516 achisparse: emborracharse. 684 ESCENA III Dichos, doña Emilia y coristas 1º y 2º. Salen por la izquierda y cruzan la escena metiéndose en el café, muy cursis y muy sospechosas. Al entrar en el café se sientan en el velador cerca de aquel en que estén los parroquianos 1º y 2º. RUFINA (Al verlas pasar.) Las consabidas. 320 No, lo que es ésas, no faltan: son coristas de ambos sesos, yo no sé dónde trabajan; pero lo que sé es que tienen muy poca instrucción primaria, 325 como dijo el otro; vienen con esa señora anciana que abre la boca y se cena de un bocado todo el mapa. Sobre todo, si les cae 330 algún primo que lo paga; si no toman un café pa las tres y hasta mañana: a la señora, le dan el platillo y santas pascuas. 335 (Mientras ha dicho Rufina los anteriores versos, las coristas y doña Emilia se han sentado; el Parroquiano 1º se acerca, las saluda y llama al Mozo; éste acude y sirve café. Fijándose en el grupo.) ¡Qué suerte tienen!...Apenas han entrado, cayó un primo. MOZO (Sirviendo, con las cafeteras, a doña Emilia.) La blanca es la leche. EMILIA Gracias. Que se vierta en el platillo, porque si no, no me luce. 340 (El mozo va haciendo lo que marca el diálogo.) Bueno... eche usted dos deditos de café en el vaso... ahora en esta copa un poquito de leche... Es mi costumbre; si no lo hago así, lo mismo 345 que si no tomara nada. CORISTA 1ª ¡Ay, yo tengo unos vahídos! (Suspirando.) CORISTA 2ª ¡Y yo otros! (Ídem.) EMILIA ¡Ya lo creo! 685 (Al parroquiano 1º.) ¡Si han trabajado muchísimo! Función por tarde y por noche. 350 PARROQUIANO 1º ¡Claro, como es día festivo!... EMILIA Aquí, donde usted las ve, tienen ya estos angelitos dentro del cuerpo, dos Arcas de Noé, dos Monaguillos, 355 tres Dúos de la Africana, un Tumbón y un Gorro frigio.517 RUFINA ¡Qué barbaridad!... ¡Milagro que no han dado un estallido! Los voy a tomar el pelo 360 y a divertirme un ratito. (Entra en el café y se acerca a la mesa en que están sentadas. Presentándole el décimo al parroquiano 1º.) ¡El mil doscientos ochenta! Mírele usted qué bonito. Tómemele usted... le toca como tres y dos son cinco. 365 PARROQUIANO 1º No, señora. RUFINA Pues, ahí queda. PARROQUIANO 1º ¡Qué pesadez!... No le admito. No juego a la lotería aunque me peguen un tiro. EMILIA Hace usted perfectamente, 370 que yo sé por un vecino, que no les toca más que a los que han sido ministros. RUFINA Señora, y usted dispense, no diga usted desatinos. 375 La lotería le toca a cualesquiera individuo con tal que juegue... a los tontos les toca más que a los listos... eso es verdad... Ande usted, 380 que le va a tocar de fijo. Ahí se lo dejo en el pecho.... 517 ...Gorro frigio: son nombres frecuentes de la zarzuela chica. 686 (Metiéndoselo en el pecho a doña Emilia.) EMILIA Mire usted que lo hago añicos. ¡Ay, qué tenaz! RUFINA (Con intención.) ¡Las tenazas son ustedes! Señorito, 385 ande usted... Si es que no tiene dinero, yo se lo fío. PARROQUIANO 1º ¿Nos quieres dejar en paz? RUFINA Va usté a rabiar de lo lindo al verle en la lista grande 390 premiado. PARROQUIANO 1º No, no te digo que allí no salga; en las listas que pregonáis dando gritos hay muchos números, que luego en la oficial no he visto. 395 RUFINA ¡Qué cosas me trae usted!... Pues tenga usted entendido que esas listas, son mejores que la oficial, señorito... porque salen antes y 400 tienen el papel más fino. EMILIA (Dando un grito descomunal.) ¡Ay! PARROQUIANO 1º y CORISTAS ¿Qué es eso? EMILIA Nada, nada. Estén ustedes tranquilos, no es nada; es el corazón que acaba de darme un brinco. 405 Eso es señal que nos toca. Venga el décimo, Luisito... entre todos lo jugamos; páguelo usted. PARROQUIANO 1º Ahora mismo. (Paga el décimo a Rufina.) (¡Lo jugamos entre todos 410 y lo pago yo solito!) 687 ESCENA IV Dichos, don Celedonio y su mujer. El primero sale del portal de su casa, primer término izquierda; levanta la cabeza, ve a su mujer en el balcón y se despide de ella con la mano dos o tres veces antes de volver la esquina. MUJER Adiós, hijo mío. CELEDONIO Adiós, hija mía. Que te acuestes pronto; no estés intranquila. 415 Si el enfermo muere, vuelvo enseguidita. Si es que sigue grave, entonces, mi vida, pasaré la noche 420 en su compañía. MUJER ¡Quiera Dios que vuelvas a casa en seguida! ¡Adiós, hijo mío! CELEDONIO ¡Adiós, hija mía! 425 (Vase por la izquierda.) ESCENA V Dichos, menos don Celedonio y su mujer. RUFINA (Que ha salido antes del café y presenciado el diálogo anterior.) Todas las noches lo mismo. Abelardo y Eloísa... (Con burla.) ¡Se quieren la mar!... Pero ella en cuanto él vuelve la esquina se asoma otra vez, y entonces 430 entra el novio de la niña... o el de ella.. porque en Madrid, como es coronada villa, hay cada... ¡Dios me perdone!, si es que pienso con malicia, 435 que yo soy buena cristiana desde que era pequeñita, y confieso mi pecado; los domingos voy a misa. 688 ESCENA VI Dichos y la mujer de don Celedonio y un niño, al que saca al balcón, regañándole y pegándole. El niño llora rabiosamente. MUJER Por inquieto y malo 440 así te castigo has de estar dos horas aquí encerradito. NIÑO ¡Si yo no he hecho nada! (Llorando.) MUJER ¡Vaya con el niño! 445 ¡A callar!... ¡Me gusta! (Hace mutis, dejando al niño encerrado en el balcón.) RUFINA ¿Qué es eso, Pepito?... NIÑO ¡Que todas las noches me pasa lo mismo! RUFINA ¿Te ponen al fresco 450 como a los botijos?... Díselo a tu padre. NIÑO ¡Ya quise decírselo, y mi madre, entonces, me tiró un pellizco! 455 RUFINA ¡Pobre criatura! Si cuando yo digo... (Voceando.) ¡El Cencerro!... Y luego... (Imitando a la mujer de don Celedonio.) “¡Adiós, hijo mío!” Como me encuentro demás 460 la mayor parte del día, estoy enterada de los milagros y la vida de cada uno, y a veces me divierto y me da risa 465 de cosas que se me ocurren, y me hacen gracia a mí misma. 689 ESCENA VII Dichos y don Anacleto, que sale por la izquierda, muy bien vestido y muy gordo. RUFINA (Al verle entrar en el café.) ¡Ya está ahí don Anacleto! ANACLETO ¡Adiós, señora Rufina! (Desde la puerta.) RUFINA ¿Se viene a pasar el rato, 470 (Con ironía.) eh? ANACLETO Sí, a echar una canita... RUFINA ¿Una canita? Yo creo que es un mechón. ANACLETO ¡Qué Rufina! ¡Cuándo dejará usted de tener esa lengüecita! 475 (Entra en el café.) RUFINO ¡Qué melón!... Es escribano, y hace guiños a mi chica... No, no se duerme en las pajas, pero se duerme en las vistas, que lo he visto yo, y a mí 480 nadie me gana a pupila. ESCENA VIII Dichos, doña Tomasa y doña Antonia, que salen por la izquierda, viejas, emperejiladas518 y ridículas. RUFINA ¡Vayan ustedes con Dios! Está bien... así se pasan sin saludar a los pobres. ANTONIA Señora Rufina... TOMASA ¡Calla, 485 no habíamos reparado! 518 emperejiladas: acicaladas, arregladas para ir al baile. 690 RUFINA Pues mire usted, me extrañaba no verlas hoy. Como es lunes, día que la aristocracia ha señalao pa venir 490 al café a darse importancia, me dije: Algo les ocurre, al ver que tanto tardaban. TOMASA Hoy para mí es un día triste. Mi marido, que Dios haya, 495 hace un año que murió, y por enjugar mis lágrimas hemos estado de fonda; después hemos ido a Eslava a ver un par de funciones: 500 luego hemos estado en casa de mi primo... el pobre está si se marcha o no se marcha al otro mundo. RUFINA ¿Está enfermo? No, señora; es a la Habana. 505 Como había otros amigos, personas de confianza, se nos ha pasado el tiempo jugando en la sala a los prohibidos. RUFINA ¡Qué escándalo! 510 TOMASA ¡No señora; es a la banca! He ganado tres pesetas, pero dos de ellas son falsas. RUFINA Pues lárgueselas al mozo, que también ellos las largan... 515 TOMASA No nos crea usted capaces que somos muy delicadas... Hasta luego. RUFINA Lo que son ustés es un par de alhajas. Cada vez más elegantes, 520 más jóvenes y más guapas. LAS DOS Adiós. (Entran en el café.) 691 RUFINA Parecen ustedes dos reinas... mal comparadas. Eso sí, siempre risueñas... al entrar, todos exclaman: 525 “Ya están aquí las alegres comadres... de Salamanca. Y se pintan hasta el cielo de la boca... La más baja parece la basilisca519 530 de Atocha en lo revocada. Cada una ochenta años; pero ochenta en cada pata”. (Voceando al ver pasar a un transeúnte.) “¡Blanco y Negro, con poesías de Ramos y Vital Aza!”520 535 A estas horas, nadie sabe si son viudas o casadas, o solteras o... ninguna de las tres cosas... o varias. La Tomasita me ha dicho 540 que su esposo se fue al África, que allí murió de repente... Mentira. Por sonsacarla, la dije: “¡Válgame Dios, señora, me da usted lástima! 545 ¿De que murió?” (Imitando la voz de la persona a que se refiere.) “De su muerte natural: una mañana se lo almorzaron los cafres con gabán y con polainas.” (Su voz.) ¡Qué barbaridad! ¿Y a eso 550 muerte natural le llama? “Sí, señora, y con razón; del que con salvajes anda, la muerte más natural es ésa”. Y no se engañaba. 555 “Y ahora no puedo casarme otra vez, porque me falta la fe de viuda, y por más que he escrito ya varias cartas a los salvajes, no quieren 560 por lo que veo, mandármela”. Y dije yo para mí: “No estás tú mala salvaja”. 519 basílica: basílica. 520 Ramos Carrión y Vital Aza: célebres saineteros y amigos de Tomás Luceño. 692 Pues doña Antonia... yo digo mi verdad, no le va en zaga. 565 Tiene un novio... es un bandido, sin religión ni crianza. Es bajo de las Salesas, y dice que, cuando canta en el entierro de alguna 570 persona a quien estimaba, que canta graciosamente... ¡Vamos, que cantar con gracia cuando se muere un amigo, es preciso tener alma! (Voceando.) 575 “El primer número de El Caballero de Gracia, por Felipe Pérez... La Revista de Salamanca, con poesías de Felipe 580 Pérez.. La Guía de España, también por Felipe Pérez; El Enano, El Tío Jindama, por el mismo don Felipe...” ¡Este señor no descansa! 585 ESCENA IX Dichos y el barítono, que sale por la izquierda dirigiéndose al café, muy deprisa; al ver a Rufina se detiene. BARÍTONO Yo no sé si llego tarde... Rufina, ¿ha cantado ya la tiple? RUFINA Hace dos minutos. ¡Pero qué barbaridad, qué agitación! BARÍTONO Como tengo 590 un talento colosal, no porque esté yo delante, lo mismo digo detrás de mí, no me dejan ni un momento descansar. 595 Hoy canto en las Calatravas, mañana canto en Milán, pasado en Valladolid, y al siguiente en Alcalá. 693 RUFINA Irá entonces por los aires, 600 si es que quiere ser puntual. BARÍTONO A este café viene gente sólo por oírme... RUFINA (Ap.) (Graznar) BARÍTONO Porque la chica que canta flamenco, cargando va, 605 y todo el que tiene oído artístico y musical, prefiere un voz hermosa como la mía... ¡Ah!... (Probando la voz.) Y eso que la chica es guapa, 610 pero muy guapa, ¿verdad? RUFINA Toda a su madre. BARÍTONO ¿Quién es? RUFINA La mujer de su papá. (Con ironía.) BARÍTONO ¡Qué ojos tiene, qué mejillas, qué nariz y qué lunar!... 615 Sobre todo, ¡qué pendientes de perlas y de coral! ¡Nadie sabe lo que valen! RUFINA Sí, en el Monte de Piedad; como la chica es honrada, 620 sé que los lleva a empeñar varias veces. BARÍTONO (Con cierta tristeza.) ¿Es honrada? RUFINA Sí, señor. BARÍTONO ¡Fatalidad! ¡Nada hay completo en el mundo! Pero ya se enmendará. 625 RUFINA ¿Y a qué viene todo eso? BARÍTONO Perdone usted... es verdad. Viene, a que me fíe usted, por favor, otro Imparcial. 694 RUFINA Me debe usted treinta y cinco. 630 BARÍTONO Y uno más, ¿qué más le da? RUFINA Tome usted. BARÍTONO Es que se ocupa de mi personalidad... porque la prensa en España es muy justa y muy veraz 635 Y quiero ver lo que dice (Entrando en el café.) Hasta después... Aquí está. (Leyendo.) “Todo sordo que desee el oído recobrar, que no falte ningún lunes 640 al café del Imparcial... con oír breves instantes a don Antonio Bernar, bajo-Krup, se garantiza su curación radical”. 645 ¡Y a esto llaman prensa, a esto! ¡Qué modo de calumniar! (Entra en el café y saluda a algunos parroquianos.) RUFINA ¡Antolín! (Al cochero.) ANTOLÍN ¿Qué se le ocurre?, RUFINA Nada; que me estoy durmiendo. ¿Quiere usted que le convide 650 a medio café? ANTOLÍN Lo aceto. (Baja del pescante.) RUFINA Con la condición de que me convide usté a otro medio. ANTOLÍN Entendido... Como todas las noches: un café entero 655 entre los dos. RUFINA Justamente. 695 ANTOLÍN Andando... Pero le advierto, que si Felipe despierta, vamos a tener jaleo. RUFINA ¿El Santón de la puntilla? 660 Está siempre hecho un pellejo. ANTOLÍN Voy por el café. (Medio mutis.) RUFINA Si quiere que tranquilos le tomemos, baje usté el alquila. ANTOLÍN (Bajando el alquila.) Abajo. Se puede decir que es nuestro 665 todo el coche, y que a ocuparle ya nadie tiene derecho. (Otro medio mutis.) Esté usted a la mira del caballo... que tiene un genio... RUFINA Una fiera pa el descanso. 670 Que vuelva usté pronto... ANTOLÍN ¡Bueno! (Entra Antolín en el café y sale al poco rato con un servicio de café; se sienta en el estribo del coche y toman el café, Rufina en el vaso y él en una de las cafeteras.) ESCENA X Dichos, un caballero y el sablista, que habrá hecho mutis un poco antes por la izquierda, y viene ahora detrás de este caballero, a quien habla en voz baja y acosándole. Salen los dos por la izquierda. CABALLERO No me fío... Si usted quiere para comer, es preciso que coma usté en mi presencia. SABLISTA (Ap.) ¡Voy a reventar, Dios mío! 675 696 (Entran en el café, el caballero llama al mozo, le indica lo que quiere, le paga y se va, atravesando la escena por la izquierda y dejando al sablista en el café; el mozo le sirve café con media tostada; el sablista; cuando no le ven, guarda la media tostada en un papel; durante la escena anterior han salido las cantaoras al tabladillo.) CANTAORA ¿Pero no canta usté hoy? (Al barítono.) BARÍTONO ¿Que si no canto? Ahora mismo. Y nada menos que el aria del Profeta. (Sube al tabladillo.) CANTAORA ¡Qué fastidio! Cante usté una cosa alegre. 680 VIEJO Hombre, sí, algo verdecito. BARÍTONO Señores, es denigrante que un artista peritísimo en vez de músicos clásicos, prefiera músicos cínicos. 685 Pero, en fin, por complacerles, con gusto me sacrifico. (Toma la guitarra al tocaor y se prepara a cantar.) (Música.) Con una atención muy grande escuchen esta canción, la cual, ha sido premiada 690 en la última Exposición; y aunque yo soy un cantante de muchísimo valor, a cantar voy estas coplas solamente por favor. 695 Rosita y Juan se casaron y al cuarto de hora cabal, a Juan, Rosa le decía: ¡cuidiao que eres animal! Pin, pun, zaragata y pun, 700 zaragata pun, zaragata pun, y to porque el buen Juanillo la dio cuatro bofetás. 697 Al día siguiente, Rosa estaba de buen humor, 705 y tenía los carrillos igual que el almazarrón.521 Pin, pun, zaragata y pun. zaragata pun, zaragata y pun. Señales de lo que Rosa 710 pasó la noche anterior. sí, señor; sí, señor. ¡Pin, pun, zaragata y pun, pun, pun! II Un viejo muy verde quiso 715 casarse con Soledad, pero antes fue a consultarlo con su primo Nicolás. Pin, pun, zaragata y pun, 720 zaragata y pun, zaragata y pun. Y el primo dijo riendo, a mí no me importa na; el día que ustés se casen será para mí mejor, pues así tendremos todos 725 muchísma satisfacción. Pin, pun, zaragata y pun, zaragata y pun, zaragata y pun. Y al mes de haberse casado el viejo se separó. 730 Sí, señor, sí, señor. ¡Pin, pun, zaragata y pun, pun, pun! (Al concluir todos aplauden, Rosario y todos los cantaores bajan del tabladillo y se preparan para irse a la calle.) (Hablado.) ROSARIO Hasta mañana, señores; cada mochuelo a su olivo. 735 ANACLETO ¿Se va usted sola? ROSARIO (Por una de las cantaoras.) Con ésta, que lleva el mismo camino. 521 almazarrón: de almagre, óxido de hierro, rojo. 698 PARROQUIANO 2º Pues yo también. TODOS Y yo, y yo. Si todos somos vecinos. Además, la educación 740 impone a los bien nacidos, no abandonar a las damas ni un instante. ROSARIO ¡Jesucristo! ¿Se ha figurado usté acaso que va usté a vivir conmigo? 745 TODOS Vamos todos, vamos todos. PARROQUIANO 1º ¡Mi brazo! PARROQUIANO 2º ¡Mi brazo! BARÍTONO (Ofreciéndosele y abriéndole paso entre los demás.) El mío... porque es mi hermana en Apolo. ROSARIO ¿Apolo es uno bajito que viene ahí?... Yo no tengo 750 na que ver con ese tío. (Cogiéndose del brazo de don Anacleto.) Me agarro de usté, que al fin me parece usté el más digno por su edá y sus circunstancias, (A los demás.) y porque él mismo me ha dicho 755 que es jubilao y a mí los jubilaos son individuos que me inspiran gran respeto por lo mucho que han servío. (Risas.) (Salen todos. Rosario del brazo de don Anacleto, seguidos de todos los concurrentes.) RUFINA (A Antolín al verlos cruzar.) Mire usté mi chica, paece, 760 por lo bien acompañada, vamos, la misma princesa de Asturias de Dinamarca. ¡Bendita seas! Los trae a todos hechos guayaba; 765 pero luego no hay de qué. 699 ANTOLÍN Hace bien. RUFINA Claro... ni agua. El que se quiera casar con ella, como Dios manda, norabuena.522 FELIPE (Que se ha levantado con mucho trabajo y acercándose a Rufina; sigue borracho.) No exageres, 770 Rufina, y vamos a casa. (Cogiéndola del brazo.) Dame el brazo, que la moda exige que el hombre vaya cogido de su parienta; lo cual que a mí me hace gracia, 775 porque paece que el marido va borracho. RUFINA (A Antolín.) Hasta mañana. (Van a echar a andar y se detienen al oír una voz.) VOZ (Dentro.) ¡Rufinaa!... ¿Tienes ahí algún Ideal? RUFINA (Registrando sus papeles y bajando al proscenio.) Aguarda. (Muy alto, dirigiéndose hacia donde sonó la voz.) Voy a verlo... (Al público.) Tengo uno, 780 pero no hay oro en España para comprarle, porque le llevo siempre en el alma; el ideal de agradarte... Y si no he estado acertada 785 en la elección de estas cuatro escenas mal hilvanadas, el autor y yo imploramos perdón para nuestras faltas. TELÓN 522 norabuena: enhorabuena. 701 La niña del estanquero SAINETE LÍRICO EN TRES CUADROS, EN PROSA Y VERSO 702 PERSONAJES DOÑA FLORA, estanquera JUANITA DOÑA IRENE ASUNCIÓN ROSA EMILIA AGUSTINA, criada lugareña PETRONILA, criada de los estanqueros. LA MUJER DEL TRASPUNTE AMA DE CRÍA DON COSME DON JERÓNIMO, estanquero DON AGAPITO LUCAS GONZALO ALFREDO RUFINO, peluquero INSPECTOR EMPRESARIO CARTERO REVENDEDOR PARROQUIANO 1º TRASPUNTE PARROQUIANO 2º IDEM 3º AUTOR 1º ÍDEM 2º BRAULIO, apuntador Un señor gordo. Un señor flaco. Una señora flaca y alta. Una señora gorda y baja. Una criada. Un soldado. Un cojo. Un jorobado. Un niño. Tramoyistas. Abonados. Coro general y comparsas. La acción en Madrid. Época actual. 703 ACTO ÚNICO CUADRO PRIMERO Estanco. A la izquierda mostrador grande. En el foro la puerta de la calle; a la derecha el buzón, pegado a la pared, y un poco más allá un diván. Anuncios propios de esta clase de establecimientos; a las habitaciones interiores se entra por una puertecita que habrá detrás del mostrador; sobre éste un cestillo con cigarros de diez céntimos. Un escaparate junto a la puerta del foro. ESCENA PRIMERA Flora y don Jerónimo detrás del mostrador. Los personajes que siguen van entrando conforme indica el diálogo. (Música.) FLORA ¡Dios mío, ya son cerca de las seis! Juanita, baja pronto, que se acerca la hora del correo, y va a empezar la batalla de todos lo días. (Entra por el foro un señor flaco y muy alto y se dirige al mostrador.) FLACO Déme usted un cigarro de los más chicos, porque estoy aprendiendo a fumar y quiero empezar por poco (La estanquera le da un cigarro pequeñín. El señor flaco lo enciende y vase.) GORDO (Por el foro y muy agitado.) Pronto, pronto, un cazador de Partagás de los más grandes, porque acabo de almorzar y si no fumo inmediatamente se me atasca el alimento. (Le da la estanquera el cigarro, le enciende el gordo y dando grandes chupadas desaparece por el foro.) SEÑORA (Muy bajita y muy gorda, llevando de la mano un niño muchísimo más alto que ella y con traje infantil.) Con permiso de usted voy a dejar al niño aquí, porque he salido de tiendas y el pobrecillo se cansa. FLORA No hay inconveniente. (Aparte.) Estas señoras que se dejan los niños en cualquier parte, me dan muy mala espina. Siéntate allí, galán. (Se sienta el niño frente al mostrador y saca de una enorme petaca un cigarro grandísimo que enciende y fuma.) 704 SEÑORA (Muy flaca y alta.) ¿Podrían ustedes darme razón de una buena doncella y decirme al mismo tiempo si aquí se reciben avisos para burras de leche? FLORA No, señora: ni conocemos a ninguna doncella, ni nos tratamos con ninguna burra de leche. SEÑORA (Muy flaca y alta.) Ustedes dispensen y gracias. (Vase.) FLORA No se merece. JOROBADO (De la clase baja, con periódicos.) Una cajetilla de a veinticinco, pero que no tenga más que tabaco, porque ayer me encontré una ficha de dominó en uno de los pitillos. FLORA (Dándole una cajetilla.) Toma hombre, a ver si te encuentras hoy una baraja. UN COJO ¿Tiene usted la bondad de decirme si es falso este billete? (Le entrega uno a la estanquera: ésta lo mira al trasluz.) FLORA ¿Dónde le han dicho a usted que es falso?... COJO En el Banco. FLORA ¿Qué entienden allí de estas cosas?... Dígales usted de mi parte que ya quisieran tener muchos como éste. JOROBADO ¿A ver? Es falso, pero está mejor hecho que los que ellos hacen ¿Me lo vende usted al peso?...(Vanse discutiendo el cojo y el jorobado.) SEÑORITA (Seguida amorosamente de un sietemesino.) Haga usted el favor de dejarme en paz. SIETEMESINO Señora: yo vengo a comprar tabaco y no tengo la culpa de que se interponga usted en mi camino. SEÑORA ¿Es tiempo de certificar? FLORA Yendo de prisa sí, señora. (Coge la carta, la pesa y la pone los sellos correspondientes.) Dos noventa... pero, ¿qué lleva dentro que pesa tanto? 705 SEÑORA Unos tirantes, un retrato mío del día en que enviudé, una funda de un paraguas y dos varas de cañamazo. (Le entregan la carta y apartándose del mostrador continúa discutiendo con su perseguidor.) DONCELLA ¡A la estanquera, indicando a un soldado que sale con ella) ¡Déle usted un cigarro de diez céntimos! (Se lo da al soldado y éste lo enciende.) SOLDADO ¡Se estima! DONCELLA Y ¿cómo andas de picadura? SOLDADO (Rascándose.) Mu mal. DONCELLA Pues déle usted una de picao. SOLDADO ¿Qué será de ti cuando yo te farte en el mundo? DONC. Cuando tú me fartes te rompo el arma. (Marcándolo. Después de pagar, quédanse hablando donde no estorben.) FLACO (Entrando.) ¿Me he dejado aquí unos lentes?... FLORA (Mirando por cima del mostrador.) No, señor: ¿en dónde los llevaba usted? FLACO En los ojos; pero en cuanto toso, se me caen. (Sigue buscando.) SEÑORA (Baja y gorda) Ya estoy de vuelta... (Al niño.) ¿Pero qué es esto, infame? ¿Estás fumando? (Le pega.) FLACO No le pegue usted, señora, que lo mismo habrá usted hecho a su edad. SEÑORA (Baja y gorda, que no había reparado en el señor flaco y fingiendo amabilidad.) Señor don Lesmes, tanto gusto... (Se saludan y siguen hablando.) SEÑORA (Alta y flaca.) Aquí estoy otra vez a decir a ustedes que si no tienen inconveniente les traeré un anuncio de una profesora de lenguas vivas, para que lo pongan en el escaparate. GORDO Otro cigarro de los más largos, porque si no fumo detrás del café, me da hipo...¡Señora doña Clotilde, usted, por aquí! 706 (Saludando a la señora alta con mucha afectación, y continúan hablando con toda ceremonia. En esto entran muchas señoras y señores, llevando cada cual una carta en la mano; se abalanzan al mostrador, disputándose los puestos; entregan las cartas a los estanqueros; estos les ponen sellos; se oye el murmullo que producen las voces de las mujeres y de los hombres, figurando que todos exigen que se les sirva primero que a los demás.) JERÓNIMO (Agitado y convulso, acercándose a la puerta que hay detrás del mostrador y gritando.) Juanita, baja, que es la hora de certificar y nos haces falta. JUANITA (Dentro.) Ahora voy, que me estoy vistiendo y primero es mi adorno personal que todos los parroquianos del mundo. FLORA (Figurando que pone los sellos en las cartas que le van presentando tumultuariamente.) Seis cincuenta... Dos cuarenta... Una treinta... Anden ustedes de prisa, que en dando las seis cierran el despacho. (El reloj del estanco da las seis: óyese un grito general y huyen apresuradamente las mujeres y los hombres, y todos los demás personajes que hay en el estanco, excepto doña Flora y don Jerónimo, que caen de bruces sobre el mostrador. El cartero, que habrá salido momentos antes, continúa su tarea de recoger las cartas del buzón, terminando cuando el diálogo lo indica.) (Hablado.) JERÓNIMO ¿Pero qué diablos hacéis con las cartas, que todos los días se está quejando la prensa de que los repartís con retraso? CARTERO Porque es imposible otra cosa, don Jerónimo. Somos pocos carteros y mal retribuidos. Yo le aseguro a usted que solamente en calzado se me va el sueldo. Desde mañana voy a dejar los zapatos en las porterías y a subir descalzo a repartir las cartas... Mire usted... mire usted, no acaban de salir... ¡Claro, hoy es día de San José, y como es raro el que no tiene la probalidad de llamarse Pepe,523 no bajarán de cuarenta mil las 523 Pepe: a los José se les llama Pepe, pues en los calendarios ponía: San José, p.p. (padre putativo). 707 tarjetas!...¡No he acabado de repartir las del año pasado, y ahora cargue usted con todas éstas!... FLORA Tenga usted paciencia, Román, que más pasó Jesucristo por nosotros. CARTERO (Cerrando el saco y dando por terminada su tarea.) Sí, pero no fue cartero... Hasta después. JERÓNIMO Que Dios te dé salud... y alpargatas... (Vase cartero por el foro.) ESCENA II Dichos, menos el cartero. A su tiempo parroquiano 1º. JERÓNIMO Pero, ¿dónde está ese demonio de Juanita, que no la he visto el pelo en toda la tarde? FLORA Se está componiendo, porque no quiere presentarse en público sin el aparato que su interesante juventud requiere. JERÓNIMO La verdad es que la chica es una hermosura completa. FLORA Así era yo a sus años; porque no me negarás que la niña es un vivo retrato de su madre. JERÓNIMO Y de su padre. FLORA De ti no tiene nada absolutamente. JERÓNIMO Quítale las narices y lo demás es mío. FLORA Cierto: si le quito las narices se quedará horrorosa, y entonces indudablemente se parecerá a ti. Por lo demás, es un talento deshecho... En las comedias que hacen en el piso tercero, es la que más brilla...¡Como que la tira el teatro de una manera atroz! JERÓNIMO ¡Así la tirara de una vez, y la dejase sin sentido!... ¡Malditas sean las comedias... porque con su afición tiene descuidado el estanco, que es su presente y su porvenir! FLORA Pues como yo tuviera la seguridad de que nuestra hija servía para tiple ligera, no tardaba en hacer que la 708 contratasen; porque mira que hay cada tiple por ahí, que cuando canta, ¡parece una gatita en el mes de Enero! JERÓNIMO ¡Estás loca... contratar a Juanita... nada menos que la hija de un estanquero de la Carrera de San Jerónimo! FLORA Y de una estanquera de la misma calle. JERÓNIMO ¡Si hubieras tenido juicio alguna vez, creería que le habías perdido! FLORA ¡Pero ven acá, hombre de Dios!... Si presentara tales disposiciones que pudiéramos hacer de ella otra Patti, ¿te disgustaría? JERÓNIMO ¡Antes la pegaba un tiro!... Además, su abuela, desde el cielo, la maldeciría, porque era una santa y tenía horror a las cómicas. “Si alguna vez, me dijo, pisa mi nieta las tablas de un escenario, haz cuenta que la desheredo.” Esto me lo dijo antes de morir. FLORA Pues a mí me dijo después de muerta, que no te hiciera caso... Ahí tienes la Patti, con un magnífico hotel de París, otro en Londres y otro en Garrovillas; rodeada siempre de ayudas de cámara, de secretarios... y cada vez que abre la boca... PAR. 1º (Entra precipitadamente, de modo que no deje acabar la frase a Flora. ) Una cajetilla de veinticinco. FLORA (Sacando una del cajón y dándosela.) Ahí tiene usted (El parroquiano echa un duro sobre el mostrador, y Flora, después de mirarle y de hacerle saltar recogiéndole otra vez en la mano, dice:) No me gusta este duro... es sevillano. PAR. 1º ¿Pero en qué lo ha conocido usted? FLORA (Haciendo saltar de nuevo el duro.) En el acento... ¿No ve usted qué mal suena? PAR. 1º A ver esta peseta. FLORA (Mirándola.) Filipina... no vale más que treinta y dos cuartos. PAR. 1º Pues déme usted cigarros filipinos y tómela usted por todo su valor. 709 FLORA ¡Eso es una utopía! PAR. 1º No sé qué clase de moneda es esa... En fin, ahí van cinco perras chicas, y abur. FLORA ¡Gracias a Dios que nos entendemos! (Vase el parroquiano.) ESCENA III Dichos, menos el parroquiano 1º, enseguida parroquiano 2º FLORA Pues sí...la Patti ha llegado a reunir la mar de millones... En su palacio de Turquía tiene jardines y un lago como los de Venecia, con sus glándulas524 y todo... y cada vez que abre la boca... PAR. 2º (Dirigiéndose al buzón como para echar una carta, que no introduce en él hasta que el diálogo lo indique.) ¿Es hoy correo de Cuba? FLORA Sí, señor. PAR. 2º ¿Y cuánto tarda en llegar a la Habana? FLORA Quince días. PAR. 2º ¿Y en volver? FLORA Veinte. PAR. 2º ¿Y por qué tardan más a la vuelta? FLORA (Enfadada.) Porque les coge cuesta arriba. (Parroquiano 2º echa la carta y vase.) ESCENA IV Dichos, menos el parroquiano 2º. A su tiempo Agustina. FLORA Y ¿cuál es el origen de la Patti? Pues ni siquiera sus padres fueron estanqueros, sino unos tristes violines. JERÓNIMO ¿Violines? Si a mí me han dicho que tocaban los platillos en una murga. 524 glándulas:por góndolas. 710 FLORA Más a mi favor... Quiere decir entonces que sus padres fueron unos tristes platillos... y ahora échale guindas; no hay nadie en el mundo que gane el dineral que ella. Cada vez que abre la boca... AGUSTINA (Sin dejar terminar a Flora.) Buenas tardes... Que me dé usted nueve cigarros escogidos de a diez céntimos, que son para el caballero de la barba. JERÓNIMO Las señas son mortales; ¡apenas entran aquí caballeros con barba! FLORA (Haciendo como que recuerda.) ¡Sí, sí... es un caballero que... tiene barba, me parece que negra! AGUSTINA Sí, señora; antes la tenía blanca, pero le dijo a su mujer: “Mira, es preciso que todos los días me arranques una cana si y otra no, y a fin de año esas menos tendré”. JERÓNIMO ¡Muy bien pensado! (Escogiendo los cigarros de un cestillo que habrá sobre el mostrador.) AGUSTINA ¡Ah! Que tengan pecas, que estén blanditos por la punta, y que no sean de ésos... ¿cómo dijo?... prudentes. JERÓNIMO ¿Prudentes? (Con mucha sorpresa.) AGUSTINA De esos que arden por dentro y por fuera no se les conoce. JERÓNIMO Eso no puede saberse hasta que se fuman. AGUSTINA Pues pruébelos usted antes, porque si no me van a regañar. JERÓNIMO Ahí los tienes, mujer. AGUSTINA ¡Ea, con Dios! (Vase después de pagar.) JERÓNIMO (Aprovechando la distracción de Flora.) Él te conserve esos andares tan insolentillos... Éstas del aparejo redondo me trastornan desde los tobillos hasta el cerebro correlativamente. 711 ESCENA V Dichos, menos Agustina. Enseguida Juanita, y después parroquiano 3º. FLORA ¿De qué estábamos hablando? ¡Ah! Sí, de que cada vez que la Patti abría la boca... JUANITA (Que aparece muy ataviada por la puerta que hay detrás del mostrador.) Buenas tardes, papá... vengo a decirte... JERÓNIMO (Interrumpiéndola.) Espérate, hija mía, porque hace dos horas que me está queriendo decir tu madre lo que le pasa a la Patti cada vez que abre la boca, y aún no lo sé. FLORA. Pues nada, hombre, que cada vez que abre la boca... JERÓNIMO Suelta un gallo. FLORA Bien, pero esos se los pagan aparte. JUANITA Estaré aquí haciéndote compañía, pero no me pidas que despache, porque tengo que estudiar una zarzuela, que estrenamos esta noche. JERÓNIMO ¡Buena será! JUANITA Preciosa; el autor es un bedel de la Universidad; (Dirigiéndose a Flora.) aquel joven que cantó la otra noche una romanza compuesta por él y titulada “Los exámenes de Enero”. (A don Jerónimo.) Y la zarzuela es de lo más nuevo y original. La acción pasa en una confitería. y cada personaje es un dulce; sale la yema de coco, que está enamorada de un bizcocho borracho, el cual se la pega con una onza de chocolate que no tiene vergüenza, porque es de a peseta... Yo hago de onza. JERÓNIMO Y yo voy a hacer de molinillo para deshacerte. FLORA Pero si se te va a caer la baba, hombre. Solamente por oír la música se puede subir. JERÓNIMO ¿Es de otro bedel? JUANITA No, señor; la música está tomada de aquí y de allá, como en las zarzuelas normales. Hay un coro de azucarillos que sale huyendo de las cucharillas que quieren disolverlos, verás qué bonito. (Leyendo.) 712 “Somos los azucarillos que damos gusto al paladar, pero la cucharilla traidora nos quiere despedazar. Chist... chist... Vámonos por aquí. Chast... chast... Vámonos por allá. Endulzamos el agua con mucha sal”. JERÓNIMO (Horrorizado.) ¿Que endulzan el agua con sal? JUANITA Quiere decir que la endulzan con mucha gracia. (Sigue leyendo.) “Y damos a la garganta frescura sin igual. La onza. Frescura sin igual. El calabacín. Frescura sin igual. El mojicón. Frescura sin igual. Todos. Frescura sin igual. PAR. 3º (Entra, dirigiéndose a Juanita, la cual no le hace caso y continúa leyendo.) ¿Han venido las brevas de Cabañas? JUANITA (A Flora y sin soltar el libro.) En el rincón de la derecha (Leyendo.) “Frescura sin igual, frescura sin igual”. FLORA (Haciendo saltar la moneda que le ha entregado parroquiano 3º después de haber cogido dos brevas del cajón que Flora le ha presentado.) No me gusta el sonido. (Entrega la moneda a Juanita para que la examine: ésta la toma maquinalmente, abstraída como está con el libro; la ve de reojo y dice:) JUANITA Tiene hoja, pero es buena; (Leyendo.) “frescura sin igual”. PAR. 3º (Yéndose por el foro.) ¿Qué le pasará a esta gente?... Yo creo que están de aquí. (Indicando chifladura. Vase foro.) JUANITA “Chist, chist, vámonos por aquí”. JERÓNIMO (Cogiendo la capa y el sombrero con desesperación y abriendo la trampilla del mostrador.) Chas, chas, yo me marcho por acá a tomar el aire. Frescura sin igual 713 hace falta para escribir semejantes simplezas. Ésta es la última comedia que haces, porque mañana subo y echo por el balcón a toda la compañía, incluso al bedel, y, si es preciso, a la Universidad entera. (Vase desesperado.) ESCENA VI Flora y Juanita, luego Alfredito. FLORA No le hagas caso: a palabras necias oídos inhabitables. Tú aplícate, y cuando él vea que ganas muchos miles de duros, será el primero en cerrar el estanco y en dedicarse a padre de tiple, que es una profesión muy descansada... viviremos todos de tu sueldo, y ya verás qué bien vas a pasarlo. JUANITA (Con ingenuidad.) Y ustedes mejor ¿Y habrá sospechado algo? Se figurará que voy a debutar esta noche en el teatro Mateo? FLORA Ni por asomo. Lo principal es que debutes, y una vez debuteada tendrá que aguantarse. ¿Y qué tal, cómo te encuentras, has hecho escalas hoy, has llegado al sol? JUANITA Ya lo creo, y le he dejado atrás. Esta mañana, mientras me estaba peinando, he dado un re agudo que va a producir un escándalo. FLORA Pues, hija, yo no lo he sentido. JUANITA. Porque le he dado en voz muy baja para que papá no se enterase. FLORA ¿Y qué se habrá hecho de aquel danzante?... JUANITA (Sin prestar atención.) “Yo soy la ensaimada muy bien amasada. Coro. Ella es la ensaimada. muy bien amasada. Y doy alimento, abrigo y contento en la vecindad”. No sé a quién te refieres. FLORA Sí, mujer: a aquél estúpido que se pasaba las horas enteras a la puerta del estanco sin decirte siquiera por ahí te pudras. 714 ALFREDO (Que habrá aparecido un poco antes de estas frases y pasado un rato contemplando a Juanita desde la puerta.) ¡Por ahí se pudra usted, Juanita!... (A Flora y ya cerca del mostrador.) Ahora no dirá usted que soy un estúpido. Son ustedes muy crueles conmigo: me paso aquí todo el día dando quejas al viento y sin ir a clase... FLORA ¿Pero en qué año está usté de la carrera? ALFREDO En el quinto año. FLORA Entonces acabará usted pronto. ALFREDO No, señora, me falta mucho todavía; porque aunque estoy en quinto año, no estoy en quinto año; es que el primer año lo he repetido cinco veces. FLORA Pues es usted una buena proporción. ALFREDO Ustedes acabarán por matarme... Hace dos meses traigo esta carta llena de fuego, ardiendo en frases de amor... FLORA Sí, ya he notado que olía a chamusquina. ALFREDO Y hoy traigo además esta caja de dulces. FLORA Para que vea usted que yo no soy ya tan cruel como usted me juzga, Juanita, admítele los dulces pero la carta de ninguna manera. (Juanita le toma la caja y la guarda en un cajón del mostrador.) ALFREDO ¿No quiere usted tomarla de buen grado? Pues será a la fuerza. (Con resolución.) Déme usted un sello del interior. JUANITA A eso no puedo negarme, ¿verdad, mamá? (Cogiendo la carta.) FLORA No, hija mía: porque en este caso el señor es público y hay que servirle. ALFREDO (A Juanita, que ha cogido un sello, y pegándole en el sobre, humedeciéndole antes con los labios.) Humedézcalo usted bien para que no se caiga. (Suspirando.) ¡Ay! ¡Quién fuera sobre para que me estuviera usted pegando sellos todo el día! FLORA Bueno, ya está usted servido: puede usted retirarse. 715 (Alfredo echa la carta en el buzón y vuelve al sitio del mostrador.) ALFREDO Este es un establecimiento público y tengo derecho a estar en él... FLORA Mientras compre usted algo, pero no de charla. ALFREDO Bueno... pues déme usted dos cigarros de diez céntimos. FLORA Tome usted. (Dándoselos.) ALFREDO Ahora... otros dos. FLORA Podía usted haber pedido cuatro de una vez. (Se los da.) ALFREDO Ahora una cajetilla de cuarenta. JUANITA (A su madre.) Ésas están ahí. (Señalando a un sitio distante del mostrador.) ALFREDO (Rápidamente a Juanita, mientras doña Flora busca la cajetilla.) ¿Va usted mañana a misa? JUANITA Sí, señor. (En voz baja.) ALFREDO ¿A qué hora? JUANITA No lo sé. ALFREDO ¿A qué iglesia? JUANITA Tampoco. ALFREDO Pues allí nos veremos. JUANITA Con mucho gusto. FLORA ¿Se ofrece algo más? (Entregándole la cajetilla.) ALFREDO Un fósforo. FLORA Aquí no vendemos fósforos sueltos. ¿Qué, quiere usted comprar cien cerillas una a una? ALFREDO (Compungido y después de pagar.) Adiós, Juanita, adiós, doña Flora... Ustedes se acordarán de mí... Hasta ahora he sido bueno y honrado, pero en vista de que la honradez es madre del aburrimiento, trataré de 716 vengarme, y mi venganza caerá sobre ustedes como lava del Vesubio en la ciudad pompeyana. (Vase dando muestras de desesperación.) FLORA (Recogiendo las monedas que habrá dejado Alfredo sobre el mostrador y contándolas rápidamente.) ¡Llámale, que aquí falta un real! (Va Juanita a salir tras él, y doña Flora vuelve a contar el dinero, todo esto con suma rapidez.) No le llames, que sobra una peseta. ESCENA VII Dichos y don Agapito, viejo verde, muy teñido y pretencioso. (Música.) AGAPITO (Dirigiéndose al mostrador.) Buenas tardes, doña Flora FLORA Buenas tardes, tenga usted. AGAPITO Siete cajas de diez céntimos. FLORA (Dándoselas.) Siete cajas. AGAPITO Quiero ver si mi colección completo 5 de figuras de mujer. Formo yo colecciones de estas cajitas, porque tienen adentro sus estampitas. 10 Retratos de mujeres tan vaporosas, que al mirarlas yo siento la mar de cosas. (Suspirando.) Soy un hombre en extremo 15 bien educado y de las buenas formas apasionado. (Con tristeza.) ¡Pobre de mí; la afición la conservo completa, 20 el compás le perdí! FLORA y ¡Pobre señor; JUANITA la afición la conserva completa y el compás le perdió! 717 AGAPITO Sin mujeres, la vida 25 no tiene encantos; yo las debo..., en reserva, muy buenos ratos Pero la que de todas me gusta más 30 es la propia... la propia de los demás. Porque, según afirman tontos y sabios, siempre lo ajeno ha sido 35 muy buen bocado. ¡Pobre de mí; la afición la conservo completa, el compás le perdí! FLORA y ¡Pobre señor; 40 JUANITA con el pelo teñido y sin dientes y hablando de amor! (Vase don Agapito.) ESCENA VIII Dichos y Gonzalo, que entra con gran agitación. (Hablado.) GONZALO Vengo aquí echando el pulmón, (buenas tardes, doña Flora) a decirlas que ya es hora. 45 JUANITA ¡A qué tanta agitación! Si trabajo en la tercera y tengo tiempo sobrado. GONZALO El programa se ha cambiado, debutas en la primera. 50 Hace poco la otra dama, una actriz de relumbrón, ha tomado un sofocón y se ha metido en la cama. Conque avíate enseguida: 55 la escena te llama a voces, donde te esperan mil goces que harán dichosa tu vida. FLORA (Nerviosa y llena de confusión.) Voy a prepararlo todo. 718 ¡Dios nos tenga de su mano! 60 JUANITA (Empujando a su madre hacia la puerta, que está detrás del mostrador.) No gastes el tiempo en vano, tú vas bien de cualquier modo. Trae mi abrigo de color y mi mantilla de encaje, y a la criada, que baje 65 a cuidar del mostrador. FLORA (Haciendo mutis.) Que es mal augurio preveo el ocurrido incidente... Me muero allí de repente como te den un meneo. (Vase.) 70 ESCENA IX Dichos, menos Flora. GONZALO (Cogiendo tiernamente la mano de Juanita.) ¡Meneo!... Loca aprensión. Van a aplaudirle a rabiar desde que se alce el telón hasta que vuelva a bajar. Y yo sé de buena tinta 75 que te van a echar palomas atadas con una cinta. JUANITA (Bajando modestamente los ojos.) No vengas con esas bromas... ¡Quién tan pronto ha de pensar! GONZALO Ya ves tú si lo sabré 80 siendo yo el que las va a echar. Con ese fin las compré. JUANITA (Con zalamería.) No en balde te di mi amor. GONZALO Deja que estampe en tu mano... (La besa la mano y suelta un estornudo.) ¡Achist! JUANITA ¡Jesús! GONZALO (El olor 85 de andar con tabaco habano.) 719 ESCENA X Dichos, Flora y Petronila. Aquella muy ataviada y con las prendas que le indicó Juanita, a la cual ayuda a ponérselas. Esta escena un poco precipitada. FLORA (A Petronila.) Ya lo sabes; le dices a mi marido, que a comprar unas cosas hemos salido. 90 Si al cerrar el estanco pide la cena, aquí tienes la llave de la alacena, (Dándosela.) donde guardado tiene 95 jamón, quisquillas, percebes, aceitunas y criadillas. PET. ¡Bueno, señora! FLORA Le adviertes que vendremos 100 a última hora. Ya sabe dónde estamos. PET. ¿En el tercero? FLORA Adviértele, asimismo, que en el ropero, 105 está, por si la quiere, la ropa lista. (A Juanita.) La llave guardo para que no se vista, y aunque se vuelva mico 110 no da con ella, y así se queda en casa con la doncella. (Dando un profundo suspiro.) ¡Vamos andando! (A Gonzalo y Juanita, que echan a andar delante cogidos del brazo.) Si ustedes llevan miedo, 115 yo voy temblando.(Salen todos.) MUTACIÓN 720 CUADRO SEGUNDO Calle corta ESCENA PRIMERA Don Agapito, doña Irene, Asunción, Rosa y Emilia; toda ella gente cursi, pero no muy grotesca. Las niñas y la mamá con sombreros descomunales. Salen por la izquierda. (Música.) AGAPITO Yo soy un empleado de Marina que asiste a la oficina a ganarse el sustento diariamente. ROSA En lo cual hace usté perfectamente. 120 AGAPITO Tengo doce mil reales. ¿He dicho doce? ASUNCIÓN, ROSA y Sí. EMILIA AGAPITO Pues no cabales; porque hay que deducir, y bien lo siento, la enorme cantidad de once por ciento, que por tirana ley está mandado 125 que descuenten al mísero empleado. Diez mil seiscientos reales y un piquillo, es lo que viene a entrar en mi bolsillo. IRENE Más una perra chica, que ya es algo. AGAPITO Pues a esa perra chica échala un galgo. 130 Es el caso que a mí me es imposible (Ap.) ( y que me hacéis la vida irresistible) con frecuencia llevaros al teatro. Reparad que sois cuatro y que habréis de escoger, desde mañana, 135 o comer una vez a la semana o dejar de asistir a las funciones que dan en los teatros por secciones;525 fuera de que el pudor y la moral 525 secciones: por sesiones. 721 me gritan que en llevaros hago mal; 140 que en las obras modernas se deslizan frases que al más corrido escandalizan. ASUNCIÓN Yo te juro, papá, por lo más santo... Por mi cariño, pues te quiero tanto, si dicen algún chiste algo subido, 145 hacer como que no lo he comprendido. IRENE No lo dejes por mí, que estoy casada, y no me debo de asustar por nada. AGAPITO También yo soy casado, y los oigo y me pongo colorado; 150 la decencia, el decoro y el respeto, en todo estado debe ser completo. Conque no hablemos más... ea, a casita, que yo voy a ver una funcioncita. EMILIA ¿Es decir, que tú mandas una cosa 155 y haces otra distinta? Muy hermosa y muy sana encontramos la teoría, si no fuese una insigne tontería. IRENE Con el ejemplo debes enseñar, porque si no, es inútil predicar. 160 (Dirigiéndose a sus hijas.) No hay otra, como yo, tan desgraciada. ASUNCIÓN Si no has nacido tú para casada, convéncete, mamá. IRENE No tengo duda. AGAPITO ¿Pues para qué has nacido? IRENE Para viuda. EMILIA O esta noche al estreno todas vamos, 165 o al domicilio juntos nos marchamos. AGAPITO ¡Qué fortuna es ser padre de familia! Escuchadme Asunción, Rosa y Emilia; y tú también, esposa dominante que te gusta llevar la voz cantante. 170 ¿Quién en su casa manda?... Dilo, Irene. IRENE El que paga la casa. 722 LAS TRES Y nos mantiene. AGAPITO Me complace razón de tal juez. ¿Veis cómo por la boca muere el pez? Si satisfago yo estas atenciones, 175 debo solito ir a las funciones. En Fornos me esperáis a la salida, que allí a la tres va gente distinguida, y tomad si queréis un piscolabis. IRENE ¡Cuando digo que tú eres rara avis! 180 ¿No comprendes, esposo majadero, que va a costarte mucho más dinero? Yo tomaré bisteck. ASUNCIÓN Y yo, riñones. ROSA Y chocolate yo, con mojicones. EMILIA Yo chuletas, jamón, y criadillas, 185 langostinos, café... AGAPITO (Encolorizándose.) ¡Y albondiguillas! ¿Qué atrocidad? ¡El diablo que os aguante! ¡Comeros, si queréis, un elefante! Ni una palabra más, hasta después; quedamos en que en Fornos a las tres. 190 (Invocando al cielo.) ¡Principio salvador de autoridad, gracias a mi tesón y terquedad tu prestigio en mis manos no se pierde!... (Aparte con regocijo.) Y no va a ser mal verde el que me voy a dar... ¡Adiós, parienta! 195 (Adoptando una actitud cómica.) (¡Infeliz la que caiga por mi cuenta!) (Vase derecha.) ESCENA II (Dichas y Gonzalo con capa, y figurando que debajo de ella oculta alguna cosa.) (Hablado.) GONZALO Mi señora doña Irene, la reina de las jamonas, con unas niñas tan monas, ¿por estos lugares viene? 200 723 IRENE Gonzalito San Quintín, modelo de hombres galantes... ROSA De todos los elegantes el último figurín. IRENE Mi esposo, —y cuenta que yo 205 no quiero inferirle agravios—, con la miel entre los labios ahora mismo nos dejó. Dijo que iba a convidarnos al teatro de ahí enfrente; 210 se incomodó de repente y se marchó sin llevarnos. EMILIA ¡Ya ve usted, qué iniquidá! ASUNCIÓN ¡Ya ve usted qué desconsuelo! ROSA Yo le arrancaría el pelo 215 si no fuera mi papá. GONZALO Son dichosas, según veo; yo soy novio de la actriz que hoy en clase de aprendiz debuta en el coliseo, 220 y me sobran, por mis males, pues no hallé quien las quisiera, dos butacas de primera y ocho entradas generales. Si la mamá lo consiente, 225 cuatro entradas las regalo. IRENE Por lo visto, don Gonzalo, no conoce usté a mi gente. Mas no puedo autorizar tal acto... soy buena madre, 230 y los preceptos del padre yo debo ratificar. EMILIA (A Gonzalo.) Aunque ella diga esas cosas, usted nos da las entradas. IRENE ¿Ve usted qué bien educadas. 235 qué humildes y qué modosas? 724 ASUNCIÓN Y antes que baje el telón, a Fornos corriendo vamos, y una vez allí, cenamos, como es nuestra obligación, 240 que es muy justo obedecer las órdenes de papá; que el pobre ha tenido la bondad de darnos el ser. IRENE (Como volviendo de su acuerdo.) Desairarle no es prudente. 245 ¿Y se casa usté? GONZALO Al instante. Si la dan sueldo bastante, me caso al día siguiente. IRENE (Reparando en el bulto que lleva debajo de la capa.) ¿Qué es eso? GONZALO Una palomita. Y si usted fuese tan buena 250 que la arrojase a la escena al aparecer Juanita... IRENE Con mucho gusto, por Dios... (Coge la paloma.) GONZALO (Sacando otras dos.) Y estas dos para después. ASUNCIÓN ¡Qué preciosas! (Se las coge.) IRENE (Haciendo mutis con todos los demás.) (Ap.) (De las tres 255 me como lo menos dos.) (Vanse.) ESCENA III Don Jerónimo, muy furioso, con una carta en la mano. Quiero leerla otra vez, porque no paso a creerlo. (Leyendo.) “Su niña de usted debuta en el teatro Mateo; si la aplauden, la contratan, 260 aunque usted se oponga a ello; visto lo cual, se han reunido en junta los estanqueros, 725 resolviendo, sin debate, expulsarle a usted del gremio, 265 y que publiquen mañana con orla negra este acuerdo, (Pronunciando como está escrito.) Le Fígaro y el The Times, El Enano y El Toreo”. ¡Qué vergüenza... un apellido 270 de tan ilustre abolengo!... ¡Verse un García en carteles de teatro! ¡Esto es horrendo!... ¡Y para mayor baldón, de un teatro en el que han puesto 275 la butaca a perro chico y el anfiteatro a céntimo! (Leyendo otra vez.) “Su niña de usted...” la mato. “debuta”, la rompo un hueso. Y a la imbécil de mi esposa 280 la hago así con el pescuezo. (Estrujando la carta.) Lo chocante de este anónimo es que, según lo que veo, no tiene firma. ESCENA IV Dicho y revendedor, que sale al encuentro de don Jerónimo. REVENDEDOR ¿Butacas?... ¡Buena fila, caballero! 285 Se va usted a divertir: función nueva, teatro nuevo; debuta una señorita de esas que salen pidiendo que las pateen... He visto 290 un ensayo y no hay remedio. se la majan.526 JERÓNIMO (Aterrorizado.) ¡Se la majan! Hasta el vocablo es grosero. (Vase sin hacer caso del revendedor.) REVENDEDOR. ¿Qué mosca le habrá picado? (A Alfredo que saldrá muy ensimismado 526 majan, golpean. 726 por la izquierda.) ¿Señorito? ALFREDO (Con malos modos.) No la quiero. 295 Déjeme usted. REVd. ¿También éste? Hoy anda el barrio revuelto. (Vase izquierda.) ESCENA V ALFREDO Estoy muy satisfecho de mí mismo. Otro cualquiera rómpele el bautismo a su rival triunfante; 300 mas yo soy un tunante y esta tarde le he escrito a don Jerónimo un expresivo y contundente anónimo. El hombre está que trina, le he observado muy bien desde la esquina. 305 Ahora se va al teatro, y allí arma, produciendo entre todos grande alarma, un escándalo gordo, y yo me río porque redunda en beneficio mío. Mas por si acaso duda o se arrepiente 310 y que Juanita cante al fin consiente, con mucha precaución aquí me guardo horrible y terrorífico petardo, para hacerle estallar en el momento en que esté el auditorio más contento. 315 Que esto es brutal a nadie se lo niego: pero el amor es ciego, y a veces con un crimen repugnante, aspecto se le da de interesante. ¡A la venganza, pues, me apresto ansioso, 320 que ya cansado estoy de hacer el oso! (Vase desesperado.) MUTACIÓN 727 CUADRO TERCERO527 La escena dividida. La parte de la izquierda del espectador figura el interior del escenario de un teatro de quinto orden: en el fondo dos puertas practicables, que dan acceso a dos cuartos de actores. La parte de la derecha el exterior del escenario, con decoración de cárcel, un banco y un cántaro de agua. El telón de boca, en el fondo, de modo que al ser descorrido ha de verse de cara al público figurado y al apuntador en su concha, con el niño, la mujer del traspunte y el ama de cría. La acción se supone, momentos antes de dar principio la función, que va a representarse en dicho teatro. ESCENA PRIMERA Empresario, coro de tramoyistas, poniendo la decoración, y algún comparsa que otro vestido con traje de época. Música TRAMOYISTAS Con tres docenas de clavos, un martillo y un formón, se pone en estos teatros cualquiera decoración... 325 porque el público que asiste, con muy poco se contenta... y lo que está bien escrito es lo que más le revienta. Con dos canciones picantes 330 y un couplet contra el Gobierno, se va después a su casa tan alegre y satisfecho. ¡Baja tú esa bambalina! ¡Fija bien el bastidor! 335 ¡El banquillo en este lado! EMPRESARIO En éste será mejor, para que la tiple oiga más cerca al apuntador. (Voces del público y taconeo.) El público se enfadó. 340 ¡Vamos, vivitos, vivitos! que se empiece la función. (Metiéndoles prisa.) TRAMOYISTAS Con tres docenas de clavos, un martillo y un formón, se pone en estos teatros 345 cualquiera decoración. 527 algunas escenas de este cuadro están tomadas de otro sainete del mismo autor: ¡A perro chico! 728 ¡Pon, pon, pon, pon! EMPRESARIO ¡Señoritas, del coro, vamos abajo! SEÑORAS (En trajes caprichosos.) No es preciso, que todas 350 hemos bajado. ABONADOS Deje usted que la contemple con frenética ilusión. No se tape usted el seno, porque oculta lo mejor. 355 SEÑORAS Me da rubor. aunque siempre salgo a escena más desnuda que vestida, no me inquieta que en mis formas ponga el público la vista. 360 Pero aquí, y un hombre solo, me produce gran temor, y se asoman a mi rostro los albores del pudor. ABONADOS Es el caso extraordinario. 365 SEÑORAS ¿Qué quiere usted?, cada una tiene su alma en su armario. Y el ser del coro no quita que una sea decentita. ABONADOS En todas partes los abonados 370 son unos seres privilegiados; y el empresario nos dijo ayer que estas interioridades tenemos derecho a ver. SEÑORAS Pues en las suyas él mandará, pero en las nuestras se guardará. 375 ABONADOS Un solo beso en la mano, no será mucho exigir. SEÑORAS (Alargando la mano.) Eso sí. Mas no le dejo 380 pasar de ahí. 729 ABONADOS (Besándolas.) ¡Qué feliz, qué feliz. aunque me impida pasar de aquí! Hasta después... 385 SEÑORAS Que aplauda usted... ABONADOS Pues ya lo creo, con gran placer; y si no bastan las manos, aplaudiré con los pies. 390 (Volviendo a besarlas la mano y haciendo mutis.) ¡Ay, qué feliz! ¡Ay, qué feliz! aunque no pueda pasar de aquí. (Vanse por la izquierda.) (Hablado.) EMPRESARIO (Examinándolo todo.) No falta ningún detalle; 395 marchamos a toda vela. Voy a hacerme millonario si al fin realizo mi idea. Por un perro chico, doy un sainete, dos zarzuelas 400 y un drama; y he contratado (mucho dinero me cuesta), a los actores más célebres de la dramática escena. Uno tengo que hace el perro 405 como el hijo de una perra, y una tiple con un par de pantorrillas tan gruesas, que va a admirar extasiada la juventud madrileña. 410 Esta tiple la reservo, porque así me tiene cuenta, para los viernes de moda, que habrá mejor concurrencia. En ese día daré 415 un baile y cuatro comedias, pantorrillas de la Pérez y escote de la Nemesia. ¡Señores, por cinco céntimos, creo que no tendrán queja! 420 730 (Al traspunte, que desde el principio del cuadro habrá andado por la escena figurando que activa los preparativos para el comienzo de la función.) Ve avisando a los actores, porque la hora se acerca. (El empresario se dirige a mirar por el agujero del telón y después desaparece: no importa que repita con frecuencia esta operación, siempre que no estorbe al diálogo.) TRASPUNTE Don Lucas, ¿está usted listo? (Llamando con los nudillos a la puerta de la derecha.) Que son ya las ocho y media. (Llamando en la misma forma a la otra puerta del foro.) Don Cosme, cuando usté guste. 425 COSME (Desde dentro y con voz desentonada.) Ten un poco de paciencia, que soy el primer actor y puedo hacer lo que quiera. TRASPUNTE ¡Peluquero! ¡Peluquero! (Gritando.) ESCENA II Dichos y Rufino, peluquero de teatros: lleva en la mano varios postizos y enseres propios de la profesión: habla con acento marcadamente catalán. RUFINO ¿Quieres callarte la lengua? 430 Pues no atizas pocas veces; home, pues el que te oyera, creería que era yo sordo o que estaba en Alcobiendas. ¡Buena noche llevo... astoy, 435 que maduele la cabeza! Ahora le puse a la dama unos bigotes de a tercia, y al galán cuatro lunares por debajo de una ceja; 440 y es porque estoy aturdido y no hago nada a derechas. Además, si no lo sabes, debes de tener en cuenta que también hago un papel 445 en el drama que se estrena. 731 El actor que abría de hacerle ha dado aviso a la empresa que está con la dentición... vamos con dolor de muelas... 450 ESCENA III Dichos y don Lucas, vestido de mallas LUCAS (Con muy malos modos.) Yo me canso de esperarte. ¿Traes la barba? RUFINO (Enseñándole una.) ¡Y bien espesa! Barba de traidor... Ahora voy a pintarle las cejas. (Le pinta unas cejas exageradas, con corcho quemado.) porque ya sabrá vosté 455 que el traidor en las tragedias, debe de sacar la cara como la de una pantera... ESCENA IV Dichos y don Cosme, que sale de su cuarto, en traje de época, pero sin nada a la cabeza, a fin de que pueda observársele una calva tremenda. COSME (Con modales groseros a Rufino.) Rufino, tu obligación no cumples como debieras; 460 antes de servirme a mí, que soy director de escena, con más gloria y más laureles que pelos en mi cabeza, te entretienes con actores 465 que no valen tres pesetas. (Movimiento de cólera en Lucas. Rufino deja de aviar a Lucas y se apresura a poner a don Cosme una peluca de gran melena.) LUCAS Don Cosme, que tengo hijas... COSME Ha hecho usted mal en tenerlas... En fin, ya vendrá ocasión de que ajustemos las cuentas. 470 732 Por hoy me basta lo dicho; no quiero que haiga pendencias. (Don Lucas hace un signo de desprecio y se aleja, y yendo a hablar con los que formarán algunos grupos en escena.) ESCENA V El traspunte, que corre de un lado a otro, Juanita y doña Flora; la primera vestida de blanco, y con el cabello suelto, aparece muy pálida y con ojeras marcadísimas. Rufino, vestido ferósticamente de carcelero, con grandes llaves, cadenas gruesas y un farol en las manos. Apuntador con el ejemplar preparado. La mujer del traspunte, y un ama de cría, ambas excesivamente gruesas, y Gonzalito, con un bastón muy grueso. TRASPUNTE Apuntador, a tu concha. APUNTADOR Allá voy... TRASPUNTE Escucha, espera. Mi mujer no encuentra sitio, 475 y ver la función desea: hazme el favor de llevarla a la concha, y que se meta allí contigo. Ya ves, abulta poco, no es gruesa. 480 Y el niño también. APUNTADOR Corriente. (Resignado.) TRASPUNTE Y el ama. APUNTADOR Como tú quieras... ¡Pero como llore el niño le hago tragar la comedia! (Vanse todos juntos por la derecha. Se oyen aplausos como indicando impaciencia en el público: todos los personajes se preparan a ocupar sus puestos.) JUANITA (A Flora.) La cajita de los polvos... 485 (Se embadurna la cara de blanco.) El puñal y la diadema. (Se los entrega a su madre.) Ahora voy a santiguarme treinta veces. 733 EMPRESARIO (Que no se aparta de Juanita ni de Flora.) Buena es esa; con una vez basta y sobra, que el público se impacienta. 490 GONZALO Yo me voy a las butacas, y si hay alguien que protesta, FLORA le da usted un garrotazo que le parta la cabeza. GONZALO Garrotazo al que no aplauda; 495 es la única manera de hacer que el público trague las obras que no son buenas. (Vase Gonzalo. Juanita entra en la parte que figura el exterior del escenario y se sienta en el banco. Flora le arregla el vestido y el pelo, y se coloca con todos los personajes que se hallan en escena entre bastidores. Se levanta el teloncito, y antes de que Juanita empiece a cantar se oye una salva de aplausos. Juanita, lo mismo que los demás personajes que toman parte en el drama, representa de espaldas al “verdadero” público; en la concha del apuntador se ve a éste, al ama, al niño y a la mujer del traspunte. Después del aplauso, un rato de silencio.) FLORA (Desde los bastidores.) Esa arruga del vestido: baja la mano de derecha... 500 no te cortes, habla claro; mira que si te patean te va a deshacer tu padre. (Al empresario.) ¡La estoy animando! EMP. Buena manera; ¡cállese usted! 505 (Música.) JUANITA ¡Ay, mísera de mí, qué desgraciada nací! ¿por qué te conocí y a tu pasión vehemente respondí? 734 Recuerdo con horror 510 la noche en que fingiendo casto amor, entró mi seductor y puesto de rodillas a mis pies... el reloj de la torre dio las tres... Como siempre a la tres va la vencida, 515 a las tres me encontraba ya rendida ¡Ay Dios, ay Dios, qué pura y qué inocente era a las dos! Mi esposo confiado y cazador marchóse del castillo sin temor, 520 y al regresar, trayéndome un venado, vio que mi rostro estaba colorado, comprendiendo, llorando de amargura, que el caso no tenía compostura. Mi hermoso doncel 525 partió en su corcel y no sé a estas horas qué ha sido de él. A mí me encarcelaron presurosa por ser de mi marido infiel esposa. 530 Y en este cautiverio castigan mi adulterio; mas pronto moriré, que no hay aguante para escuchar decir a cada instante, que el nombre de mi esposo está ultrajado, 535 ¡como si fuera ese un gran pecado! ¡Qué desgraciada nací!... Ven por mí, ven por mí! ¿Por qué te conocí y a tu ardiente pasión correspondí? 540 (Hablado.) JUANITA (Levantándose y en actitud trágica.) ¿Estoy dormida o despierta? ¿En dónde me encuentro, en dónde? ¡Ah, sí! Mi mente recuerda que hace diez años estoy en esta mazmorra presa. 545 ¿Por qué razón me prendieron? ¿Qué hice que lo mereciera? ¡Ser adúltera! ¿Y es eso causa que valga la pena?... 735 ¡Oh, no! Porque si a eso fuéramos... 550 Detén, Dios santo, mi lengua, que la lengua es imprudente cuando no se la sujeta. (Aplausos estrepitosos, Rufino, entre bastidores, agita una cadena.) Siento ruido de cerrojos, de llaves y de cadenas... 555 Ya la comida me traen, la comida, sí, compuesta de agua y pan; es mi alimento hace ya diez primaveras. FLORA (Al empresario y demás gentes que habrá por allí.) Diez años a pan y agua, 560 ¡si habrá comido libretas! (Todos la hacen señas de que calle.) TRASPUNTE (A Rufino empujándole.) ¡A escena! RUFINO (Entra en escena dando traspiés.) ¡Viven los cielos que para esto no hay pacencia! He sabido que tu amante corre hacia aquí con la idea 565 de robarte del castillo... Ascucha bien mi advertencia. Orden de tu esposo tengo de cortarte la cabeza y mandarle tu cadavre 570 disecado a la frontera. JUANITA (De rodillas.) ¡Oh, no! Protege mi fuga y oro tendrás. RUFINO Calla, nesia, que todo el oro del mundo no taladra mi concencia. 575 JUANITA Mi amante es rico... RUFINO Hablaremos (Vacilando.) JUANITA Te hará enterrar en monedas... (Muy marcado.) ¿Dejarásme que me fugue? 736 RUFINO (Con energía.) Duro soy como una piedra, mi honradez es de diamante, 580 y no hay precio que la tuerza. (Señalando trágicamente a la puerta.) Por aquí no entrará un alma... (Transición.) menos de cinco pesetas. (Desaparece de escena, todos los que están entre bastidores le abrazan, mientras el público aplaude, llamándole al proscenio; sale, hace unas cuantas cortesías, y le echan tres palomas, que recoge, y entra con ellas entre bastidores. Vuelven a felicitarle.) JUANITA (Acercándose a los bastidores y en voz baja.) ¡Mamá, se han equivocado, son para mí esas palomas! 585 RUFINO ¡No hay tal: que son para mí! EMP. Por Dios, no griten ahora que van a entrar en lo más importante de la obra. (Viendo que forcejea, por quedarse con las palomas Flora y Rufino.) Yo te entregaré el importe 590 de la tres. (Las suelta Rufino.) Corre con todas (A un dependiente que habrá por allí.) y márchate a las butacas y échalas cuando esté sola Juanita. (Vase el dependiente.) JUANITA (Acercándose a los bastidores.) Mi amante a salvarme viene, vuelvo a mi banco de piedra, 595 y así como desmayada aguardaré su presencia. (Se sienta y queda como abstraída. Lucas y Cosme han estado disputando momentos antes en voz baja.) LUCAS Todo lo que estás diciendo 737 no lo repites ahí fuera. Te voy a romper el alma. 600 COSME Eso será si te dejan... (Se arremeten y los demás tratan de separarlos.) VOCES ¡Que se matan, que se matan! TRASPUNTE (Acercándose a ellos apresuradamente.) Señores, ¡a escena, a escena! (Se reponen y entran en escena abrazándose tiernamente.) (Música) COSME (Abrazando a Lucas.) Amigo querido de mi corazón 605 deja que te abrace con toda efusión. (Te voy a romper el alma cuando se baje el telón.) La sangre de mis venas 610 estoy pronto a derramar, si algún día te hace falta para tu felicidad. Déjame besar tu frente radiante de majestad. 615 LUCAS (Que me has mordido, gatera.)528 Nunca te podré pagar la ventura que te debo contemplando a esta beldad. Dame otro abrazo. COSME Cuarenta. 620 Desde mi más tierna edad te profesa el alma mía un cariño fraternal. LUCAS (Ap.) (Cuando salgamos de escena, no van a ser bofetás.) 625 LOS DOS El que quiera saber lo que vale una tierna y constante amistad, que se fije un minuto siquiera en estos ejemplos que al mundo le dan el infante don Luis de la Cerda 630 528 gatera: ratero. 738 y el sobrino del Gran Capitán. Hablemos bajito que empieza a roncar, y es prueba que duerme con tranquilidad! 635 COSME (Acercándose a un lado de los bastidores.) Vasallos del infante, alerta estad. CORO (Dentro.) Alerta estamos todos, disfruta sin temor, los vasallos y los nobles, 640 no tienen más misión que guardar las espaldas al amo y dejarle tranquilo gozar del amor. COSME (A Lucas, contemplando a Juanita.) Tenéis muy buen gusto. ¡Es linda de veras! 645 LUCAS Mira, qué narices, fíjate en las cejas. Sus ojos, luceros; su boca, carmín; su frente, alabastro; 650 sus dientes, marfil. ¿Verdad que sí? COSME Sí, sí, sí. LUCAS ¿Verdad que no hay en el globo 655 belleza mayor? COSME No y mil veces no. LUCAS Y si tú a mal no lo llevas voy a imprimir en su mano un ósculo soberano, 660 símbolo de mi pasión. COSME Bésala sin impaciencia, y por si te da vergüenza fingiré que no lo veo... Satisface tu deseo 665 y fía en mi discreción. 739 LUCAS. (Enternecido.) ¡Qué gran corazón, Humilde como la oveja y noble como el león! (La besa en la mano y estornuda.)529 (Hablado.) FLORA Las cajetillas de a treinta (Entre bastidores.) 670 tienen eso... un olorcillo que trasciende a cuatro leguas. LUCAS Mientras que duerme mi amada, contemplemos su belleza. ¡Qué bien dijo aquel que dijo 675 que el sueño es la imagen cierta de la muerte, y que la muerte al sueño le anda muy cerca! FLORA Pensamiento delicado aunque no haya quien lo entienda. 680 (Se quedan Cosme y Lucas contemplando a Juanita en actitud trágica, mientras tiene lugar la escena que sigue.) ESCENA VI Dichos y don Jerónimo, que sale desesperado por la izquierda, llevando en la mano un revólver. JERÓNIMO (Gritando.) ¿En dónde está el empresario? Yo quiero verle; que venga, para saltarle ahora mismo de un tiro la tapadera de los sesos. EMP. (Conteniéndole; los demás le rodean.) Poco a poco, 685 y a ver si guarda prudencia; usted no tiene derecho... FLORA (Sujetando a don Jerónimo.) ¡Jerónimo, no te pierdas! 529 estornudo, provocado por el olor que tiene la niña en la mano. 740 JERÓNIMO (Gritando cada vez más.) ¡Soy el padre de Juanita! EMP. ¿Su padre usté? ¡Aunque lo sea! 690 No tiene padre ni madre mientras que se halle en escena. JERÓNIMO (Exaltado y desasiéndose de los que le sujetan.) ¡En escena! ¡Desgraciada! ¡La muerte hallarás en ella! (Entra precipitadamente en la escena. Los demás personajes quédanse estupefactos sin atreverse a pasar delante.) JUANITA (Aterrorizada al ver a don Jerónimo.) ¡Mi padre! JERÓNIMO Tu padre, sí, 695 que se muere de vergüenza y te arranca de estos sitios, porque antes que esclava, muerta. (La coge fuertemente de un brazo y la saca de la escena: el público aplaude con estrépito; cae el teloncito. En la confusión desaparecen don Jerónimo, Flora y Juanita.) EMPRESARIO (Llevándose las manos a la cabeza.) ¡Perdido estoy! ¡Qué catástrofe! ¡Pero, señor, quién creyera!... 700 (Voces en el público: “¡el autor, el autor!”.) TRASPUNTE (Que ha estado observando por el agujero del telón.) ¡El público está llamando el autor; y es porque piensa que lo que ha pasado aquí pertenece a la comedia! Este final ha hecho efecto. 705 EMP. (Resueltamente.) Salga el sol por Antequera. (Al traspunte.) Arriba el telón. Y usted (A Cosme.) diga de quién es la pieza. (Al traspunte.) Y tú busca a los autores, que ahí estarán. (Se levanta el telón.) 741 COSME (Haciendo una reverencia al público antes de hablar.) La zarzuela 710 que hemos tenido el honor está arreglada a la escena por los señores Gutiérrez, Sánchez, Rodríguez, Lamprea, Núñez, Pérez, Santa Marta, 715 López, Martínez, Lumbreras, Menéndez, Álvarez, Ponce, Castro y Antón de Perea. (Voces:) “¡Qué salgan, que salgan!” COSME (Haciendo señas al público de que guarde un rato de silencio.) De estos diez y seis señores que han traducido la pieza, 720 los tres primeros no pueden salir, porque se hallan fuera, y el cuarto le es imposible por no tener... ropa negra. Saldrán doce, si es que caben 725 todos juntos en la escena... si no, saldrán por secciones para que ustedes los vean. (Voces en el público “Sí, sí; que salgan que salgan!” Sale Cosme de la escena y saca en una ola cuatro autores cogidos de la mano; y después y en la misma forman saca otros cuatro y finalmente otros cuatro, todos ellos una vez ante el público hacen sus respectivas cortesías en medio del entusiasmo del auditorio y estando en esto se oye el tremendo ruido del estallido de un petardo: prodúcese confusión y baja el teloncito.) ESCENA VII Dichos y un inspector, que entra precipitadamente. INSPECTOR A ver... ¿qué escándalo éste? (Al empresario.) Dígame usted sin reserva 730 el autor o autores de... EMPRESARIO (Señalando a los autores.) Estos señores. INSPECTOR (Asombrado.) ¡Aprieta! Pues señor, eche usted gente... 742 ¡Al abanico! AUT. 1º ¡Clemencia! ¡Yo no escribí nada más 735 que los versos de una escena! AUT. 2º ¡Yo los puntos y las comas! INSPECTOR ¿Han perdido la cabeza, o es que también hay petardos en verso? Vamos a cuentas. 740 ¿Ustedes son los autores del petardo? EMPRESARIO ¿Quién sospecha? Son los autores del drama. INSPECTOR ¡Ah, ya!... (Con decisión) De toda maneras a la cárcel... que es delito 745 escribir una comedia llena de barbaridades. EMPRESARIO ¡Si por eso se prendiera!... (El inspector desaparece precedido de los doce autores.) ESCENA ÚLTIMA Empresario y Rufino. EMPREARIO (Contemplando con pesar la salida de aquellos personajes y dirigiéndose a Rufino, que seguirá vestido de carcelero.) ¡No hay más, se los lleva a todos! RUFINO Y al más creminal se deja; 750 al autor de este sainete, digno de que se le prenda... COSME (Al público.) A no ser que una vez más le dispenses tu indulgencia, disimulando sus faltas 755 y perdonando las nuestras. TELÓN 743 La comedianta famosa SAINETE 744 PERSONAJES MARÍA LADVENANT530, cómica JUANA, maja TERESITA, esposa ultrajada VICENTA, criada de María.. GORITO, tapicero. DUQUE MARQUÉS SEÑOR JOSÉ ALGUACIL ALFÉREZ SEÑOR ROQUE CORREGIDOR La acción en Madrid. Siglo XVIII. Derecha e izquierda, las del espectador. 530 nació en Valencia (1741) y murió en Madrid (1767); extraordinaria y famosa actriz, admirada, entre otros, por Cadalso, Moratín y Jovellanos. 745 ACTO ÚNICO CUADRO PRIMERO Calle corta ESCENA PRIMERA Salen por la derecha, Juana de maja rumbosa, y el señor José de majo, con el alguacil. ALGUACIL (Sofocado.) ¡Eso es no tener vergüenza! JUANA ¿Acaso sirve de algo esa diosa? ALGUACIL ¡Irá a la cárcel por injuria y desacato! JUANA ¿A la cárcel?... Seor ministro, 5 u corchete,531 que es análogo, u esbirro,532 que da lo mesmo, u arguacil, que para el caso aunque personas distintas, es un sólo escarabajo, 10 ¿me habla como ser que piensa, u me habla como empleado del Monicipio? Porque no sabiendo con quién trato, a preguntas que me hagan 15 soy una estatua de mármol. ALGUACIL (A José.) ¡Mande usted a la señora que guarde silencio! JUANA Alto; porque yo no soy señora, (Ap.) (en buen hora lo digamos) 20 soy maja, y me considero muy honrada con mi rango. Por el pronto, este señor ni es mi padre, ni mi hermano, ni mi marido siquiera. 25 531 corchete: funcionario de justicia encargado de prender a los delincuentes. 532 esbirro: alguacil 746 ALGUACIL (Con burla.) ¿Maridos tú?... ¡Ni pintados! JUANA Pues, mire usted, cinco tuve, y tres murieron ahorcados... ALGUACIL (A José.) Que la mande usted callar, que se burla, y no reparo 30 en que es sexo débil. JUANA Débil usted, que al perfil mirado, abulta menos que una peseta vista de canto. JOSÉ (Con gravedad.) Yo soy un hombre de bien, 35 y hombre... de carrera, ¿estamos? ALGUACIL ¿Qué es usted? JOSÉ El cachetero533 de la cuadrilla de Cándido, y doy lo mismo el cachete a una res, que a un escribano; 40 por cuya causa y motivo, en mi presencia no aguanto que se ofenda a una señora... (A Juana.) Y usted dispense el dictado que la doy, más los objetos 45 de algún modo hay que llamarlos. ¿Qué es lo ocurrido? Pues nada, si se va a mirar despacio; que ella estaba en la cazuela y que yo estaba en el patio 50 de las lunetas; me vio, yo la vi... ALGUACIL Y armó el escándalo porque cuando estaba el público más que atento, embelesado oyendo a la Ladvenant, 55 que es un ángel declamando, ésta (Por la maja.) gritó: señor Pepe, 533 cachetero: el que apuñala a las reses. 747 donde sabe usted le aguardo, porque le tengo que hablar de un asunto reservado. 60 ¡Que lo diga, que lo diga! dijo el público mirando al gallinero; subí para sacarla arrastrando, y me dio tres bofetadas 65 tan sonoras, que pensaron los oyentes, que la casa se había venido abajo. De manera, que ofendiste a tres en un solo acto; 70 a mí, como autoridad, a mí, como ciudadano, y a mí, como alcalde, pues le estaba representando. JOSÉ (A la maja.) ¿Hubo intención de faltarle? 75 JUANA De ningún modo; al contrario; yo quería regalarle, y no teniendo regalo más próximo, le obsequié con lo que tenía a mano. 80 ESCENA II Dichos y alférez por la derecha. ALFÉREZ Rufino, el corregidor está por ti preguntando y aturdiendo el coliseo con gritos descompasados. ¡Tu honor por los suelos anda! 85 ALGUACIL (Echando a correr.) ¿Sí?... Pues voy a levantarlo y sacarle brillo, que el honor y los zapatos, todo el que tenga decoro con brillo debe llevarlos 90 por de fuera, aunque por dentro estén agujereados. 748 Y, pues por orden real, tiene todo buen soldado facultad para prender 95 a cierta clase de pájaros, llévelos usté a la cárcel. ALFÉREZ Descuida, que irán atados. ALGUACIL Y yo iré luego a decir el por qué los ha llevado. 100 (Vase derecha.) ESCENA III Dichos menos alguacil. JOSÉ (Dando la mano al alférez.) ¡Seor alférez! ALFÉREZ Seor José; soy su amigo. JUANA Y yo su amiga; que el ejército español no tuvo nunca en sus filas, oficial más caballero, 105 ni que honre más la milicia. ALFÉREZ Ni en todo el globo terráqueo, (Incluyendo las Vistillas.) nació una maja más maja que la que tengo a la vista. 110 JOSÉ (Muy calmoso.) Bueno, y en ese reparto de flores y de alegrías, ¿no hay para mí alguna cosa? JUANA ¿Qué más flores que esta lila que cuanto más pisoteas 115 más te quiere y se encanija? ALFÉREZ (A José.) ¿Cuándo es la boda? JOSÉ (Con resolución.) ¡Mañana!... (Transición.) 749 Mañana534 será otro día. (Con calma.) Mire usted, don Pablo, a mí ya me ve usté en las corridas. 120 Capeo medianamente y pongo mis banderillas unas veces más abajo, y otras veces más arriba; pero todo es toro, ¿estamos? 125 y en él las dejo prendidas. Las reses bravas, a mí ni me asustan ni intimidan, porque si el toro es un bruto, yo, dejando hipocresías 130 a una parte, lo soy más, y aquí está quien lo atestigua. (Por Juana.) JUANA No te hacen falta testigos, sobra con que tú lo digas. JOSÉ Un toro tie la ventaja 135 de que dándole sin lidia va usted bien; mas la mujer535 nunca tuvo lidia fija. Cree usted que mira al trapo y mira a las pantorrillas, 140 y después se tira al pecho, le engancha a usté y le derriba, y cuando le tiene en tierra le zarandea y le pisa, dirigiendo las cornadas, 145 sin marrar la puntería, hacia el sitio de la ropa donde están sus simpatías, quiero decir al bolsillo, y allí no deja una miga. 150 Por eso cuando me hablan de boda, digo enseguida: mañana me casaré, mañana será otro día. 534 chiste frecuente al finalizar la frase utilizando la misma palabra con otro sentido. 535 utiliza una alegoría entre el toro y la mujer. 750 ESCENA IV Dichos y Gorito con un cartucho de dulces, una corona pequeña de laurel y un ramo de flores en la mano. GORITO ¡Señores: muy buenas tardes! 155 JUANA ¡Gorito, seas bien hallado! GORITO ¿Saben si la Ladvenant ha salido del teatro? JOSÉ La comedia ha concluido y no tardará. GORITO La traigo 160 esta corona, estos dulces, mi corazón y este ramo. JUANA ¿Tanto la quieres? GORITO ¿Quererla? Eso es poco, la idolatro: es la cómica más linda 165 que Dios puso en un tablado. Es un ángel cuando canta, un ángel representando, un ángel cuando se ríe, y un ángel si vierte llanto. 170 JUANA (Con sorna.) ¡Pues angelitos... al cielo! GORITO Esto digo, respetando de otras mujeres los méritos... (A Juana.) ¡Si es que te ofendo, me callo! Mas no negaréis que todos 175 los que frecuentan su trato, aseguran que María Ladvenant, raya más alto que el sol cuando está en el cénit. JOSÉ Baja un poco. GORITO Pues no bajo, 180 ¡que es un pasmo como actriz y como hembra otro pasmo! 751 JOSÉ y (Estornudando.) JUANA ¡Achist! GORITO ¡Jesús! ¿Qué os sucede? JUANA Que ya nos hemos pasmado con oírte... Y considera 185 que si nos sigues pasmando, no va a haber en toa la corte flor de malva pa curarnos. (Juana, dirigiéndose al primer término derecha.) Señores, ya viene aquí. Ésta es su silla de manos. 190 GORITO ¡Me casaría con ella si no estuviese casado! He de ver si la conquisto; hoy empezará el asalto. JOSÉ ¿Ella te conoce? GORITO Soy 195 el mueblista del teatro desde ayer, y claro, es pronto para que se haya fijado en mí; pero he discurrido un medio que, a no dudarlo, 200 ha de darme, antes de mucho, un soberbio resultado. (Mirando el primer término derecha.) Hagamos calle, que vienen el sol y todos los astros con que Dios desde los cielos 205 ilumina nuestros pasos... (Cada vez con más entusiasmo.) Bien se ve que es valenciana, pues según llega, aspiramos el aroma de la rosa y el perfume del naranjo. 210 (Aparece una silla de manos con las cortinillas corridas y llevada por dos hombres del pueblo. Los interlocutores la dejan paso, acercándose con muestras de alegría Gorito y haciendo lo que indica el diálogo.) GORITO ¡Que viva la Ladvenant! 752 JUANA, JOSÉ y ¡Viva cuatrocientos años! ALFÉREZ GORITO (Echando los objetos por la ventanilla.) ¡Toma estos dulces, que son de tu carácter retrato!... ¡El laurel, para tus sienes 215 y para tu pecho el ramo! CORREGIDOR (Sacando la cabeza por la ventanilla.) ¡Señores: les doy las gracias por todos los agasajos! ¡Que viva la Ladvenant mientras haya mentecatos! 220 (Vase sin apearse de la silla.) GORITO ¡Maldito! ¡El Corregidor! ALFÉREZ (Riéndose.) ¡No ha estado mal este chasco! JOSÉ ¡Gorito, ha sido una broma!... JUANA Que yo mesma te he jugado. ¡A eso quedan reducidos 225 el sol y todos los astros! ¡Vamos detrás de la silla! GORITO Vamos, sí, que yo no paro hasta que me lleven preso o me vuelva los regalos. 230 (Vanse riéndome por donde hizo mutis el Corregidor.) MUTACIÓN CUADRO SEGUNDO Sala amueblada al estilo Luis XIV. Las paredes cubiertas de damasco de seda, colgaduras, canapés, espejos, retratos al óleo, uno de ellos de María con corona de laurel encima. Puerta al foro y cuatro laterales. De éstas, tres tienen colgaduras; la del segundo término derecha no tiene más que el bastón de donde se cuelgan. El canapé en primer término derecha. 753 ESCENA PRIMERA El duque por el foro. María, vestida lujosamente con mantilla blanca, le sale al encuentro por primera derecha. Vicenta detrás. DUQUE (Amorosamente.) ¡María! MARÍA ¡Jesús, qué presto, señor Duque; la comedia acaba ahora mismo y ya su merced aquí se encuentra! DUQUE Porque te adoro, María, 235 no concibo la existencia, sin estar donde tú vives, sin vivir donde tú alientas. MARÍA Pues me han dicho en el ensayo una cosa que, al ser cierta, 240 la amistad con que le estimo en odio trocar pudiera. DUQUE ¡Habla por Dios, que la duda me ofende! MARÍA No tan depriesa, porque antes he de quitarme 245 la mantilla... Escucha y piensa. (Vicenta le quita la mantilla y hace mutis por la primera derecha.) La otra tarde, mientras yo daba orgullosa, en la escena, a El Médico de su honra536 interpretación perfecta, 250 según me lo demostraba galante la concurrencia, con tus amigos hacías una vergonzosa apuesta. Ellos, teniendo de mí 255 justa y favorable idea, me juzgaban invencible, y tú, dando rienda suelta a la vanidad, tan propia de quien vive en alta esfera, 260 dijiste: mañana mismo he de traer clara muestra 536 El médico de su honra: drama de honor conyugal de Calderón de la Barca (1600-1681) 754 de que esa mujer es mía, pues basta que yo lo quiera. Esto es decir que tu amor, 265 o es capricho o es soberbia. DUQUE Aunque esto capricho fuese, como tu voz asegura, sano el juicio no tuviese aquel que una vez te viese 270 y no amase tu hermosura. Que Dios al crear tu ser puso todo su saber, que al mundo logró asombrar, y aunque luego quiso hacer 275 de belleza otro ejemplar, su intento quedó burlado, no hallando fácil camino, pues que se encontró agotado todo el material divino 280 por haberlo en ti empleado. MARÍA Yo bien quisiera escucharte lenguaje más natural. DUQUE Mi amor es siempre leal y en lo que digo no hay arte, 285 que el arte... es artificial. MARÍA Eso no, que en esta parte padeces error, y quiero con un ejemplo probarte que naturaleza y arte 290 van por un mismo sendero. Cuando en lienzo o en cristal, de manera magistral, se ve una rosa pintada, dice la gente admirada: 295 ¡si parece natural! Pero si por Dios creada en el jardín ves la rosa, cuanto más y más te agrada, porque la encuentras hermosa, 300 dices: ¡parece pintada! Esto te ha de convencer de que arte y naturaleza hermanos tienen que ser, pues vinieron a nacer 305 755 de una madre: ¡la belleza!537 DUQUE (Con entusiasmo y cogiéndole una mano.) Al altar he de llevarte, y allí Dios será testigo... MARÍA (Soltando una carcajada.) Déjame reír, que todo cuanto oíste fue fingido: 310 son versos de una comedia cuyo estudio me es preciso. Mas como son tus visitas frecuentes hasta el fastidio, y quitan tiempo a mi estudio, 315 tengo que ensayar contigo todo pasaje de amores, de celos y de suspiros. ¿Verdad que me sé el papel? DUQUE ¡Monstruo, infame, basilisco! 320 (Con desprecio.) ¡Cómica al fin! MARÍA No será tan denigrante el oficio, cuando quieres, nada menos, que te admita por marido. ESCENA II Dichos y Vicenta por el foro con un ramo de flores en la mano. VICENTA Señora, el Marqués de Túnez 325 solicita su permiso... y le ofrece aqueste ramo. DUQUE (Queriendo arrebatársele.) ¡Venga! VICENTA (Defendiéndole.) Señor, no me ha dicho que es para usía el presente. MARÍA (Coge el ramo que le entrega Vicenta.) DUQUE ¿Tú le admites? 537 para los clásicos, la belleza del arte consiste en imitar a la naturaleza. 756 MARÍA Sí, le admito. 330 DUQUE ¿Luego a ese hombre recibes? MARÍA Luego a ese hombre recibo, que a la que vive del arte no le están mal los amigos. DUQUE ¡Pues adiós! (Medio mutis.) MARÍA ¡Hasta otro día! 335 DUQUE No, hasta el día del juicio. MARÍA ¿Del juicio de quién?... ¿Del tuyo? Entonces me tranquilizo que desde aquí a que lo tengas... DUQUE Daré muerte a ese individuo. 340 MARÍA Antes debes preguntarle si se deja, que no es fino quitar a un hombre la vida sin contar con su permiso. DUQUE ¡Hasta la tumba! (Mutis por el foro.) MARÍA (Yendo al proscenio.) Más triste 345 ya no puede ser mi sino... sufrirle en vida, y después ir a la tumba conmigo. (Por el duque.) ESCENA III María hace señas a Vicenta como indicándole que diga al marqués que pase. MARÍA ¡Esto no es vivir, Dios santo! ¡Ya no puedo más, Señor! 350 ¡Éste, que le duele el alma, esotro que el corazón!... Y qué más, hasta en la iglesia, lugar bendito por Dios, no me falta un petimetre 355 que distraiga mi atención. Un padre nuestro completo 757 jamás mi labio rezó, pues no me dejan llegar al final de la oración, 360 donde está lo que hace falta que pida con más fervor: aquello de “no me dejes caer en la tentación”; de manera que si caigo, 365 no tengo la culpa yo; ¡es que no me dejan tiempo de que se lo pida a Dios!538 ESCENA IV Dicha y Gorito. Éste viene vestido con lujo. Aparece en el foro con el sombrero en la mano, y haciendo una reverencia grotesca se coloca a una prudente distancia de María. GORITO María, por tu ingenio peregrino, pronto, fecundo, ameno y soberano, 370 eres digna al loor de aquel que sienta por sus venas correr el amor patrio. La crítica contigo es impotente, pues no pudo jamás hincarte el diente, y al ver que nadie como tú declama, 375 comedianta famosa te proclama. MARÍA Señor Marqués, muchas gracias, ¿son de usarced esos versos? GORITO Para ti me los dictaron el corazón y el cerebro; 380 (Con énfasis.) y eso que el cuidar mi hacienda y el entenderme con ciento y más de administradores (pues ese número tengo de fincas) me obstaculizan 385 el escribir, mas te ofrezco un soneto de los más grandes que se conocieron. MARÍA Señor, no hay soneto grande como tampoco pequeño. 390 ¿No sabe ucé que catorce versos dicen que es soneto? 538 se refiere al acoso que sufrían las cómicas por parte de los admiradores. 758 GORITO Lo dicen, mas son hablillas a las que no hay que dar crédito. MARÍA ¿Y a qué debo esta visita? 395 GORITO (Siempre con petulancia.) Soy apasionado vuestro, y por veros a diario nunca falto al coliseo. Fui abonado a las lunetas, después a los aposentos; 400 mas, para mi admiración, todo me parece lejos. Y hoy he dicho: voy a ver si consigo a cualquier precio, (Marcándolo.) a cualquiera, pues sabéis 405 que más de cien fincas tengo... MARÍA Y cien administradores... GORITO ¡Justo! Voy a ver si puedo cambiar de localidad, repito que a cualquier precio 410 (Con mucha ternura y acercándose cada vez más a María.) ¿Asientos de preferencia no tenéis en vuestro pecho? Uno dadme y si es posible con vistas al lado izquierdo. (Se tambalea y cae de rodillas sobre una banqueta.) MARÍA (Sosteniéndole.) ¡Que os caéis! GORITO (Fuera de sí.) Sí, ya he caído 415 y continuaré en el suelo hasta que me deis el sí por el que suspiro y muero. MARÍA (Riéndose y queriendo levantarlo.) Por la Virgen de la O. GORITO (Resuelto.) ¿De la O?... No te obedezco 420 aunque me invoques la Virgen del abecedario entero. (Con entusiasmo.) 759 ¡Corresponde a mi pasión y mil dichas te prometo! (De pronto y olvidándose de que se finge marqués sigue de rodillas.) Yo te forraré los muebles, 425 les pondré pelote nuevo, barnizaré los armarios y adornaré tus espejos. (Levantándose rápidamente.) Pero por Dios, Mariquita, ¿quieres decir quién te ha hecho 430 esta banqueta de mármol que se me clava en los huesos? He de hacerte una de plumas, que en Madrid no hay tapicero que lleve menos que yo. 435 MARÍA (Sorprendida.) ¿Qué decís? GORITO (Aparte.) ¿Seré mostrenco? Ya me vendí. (Alto.) Que no hay en Madrid un tapicero más barato que el que yo, para mi servicio, tengo. 440 MARÍA Ahora que habláis de mis muebles me está esperando ahí dentro el mueblista del teatro. GORITO (Dando un respingo.) ¿El mueblista?...¡Eso no es cierto! MARÍA ¿Por qué? GORITO (Azorado.) ¡Porque no es posible! 445 ¡Aunque se empeñe el infierno! ¿Cómo se llama? MARÍA Gorito. GORITO (Aturdido.) ¿Sí?... Pues que pase al momento (Aparte.) (Y si él es Gorito, entonces, ¿quien seré yo? Allá veremos, 450 iré a casa a preguntárselo a mi mujer y a mi suegro). 760 MARÍA (A Vicenta que aparece en el foro.) Que entre ese hombre. VICENTA Aquí está. ESCENA V Dichos y el marqués, de hombre del pueblo. Se expresa con respeto y cortedad. MARQUÉS ¿Hay licencia? GORITO (Echándole los lentes.) Hayla, mancebo. MARÍA (Aparte.) (Buena figura) ¿Os llamáis?... 455 MARQUÉS Antolín, que humilde os beso... MARÍA ¿No sois Gorito? MARQUÉS Yo, no. GORITO (Aparte y muy contento.) Es claro, no podía menos. MARQUÉS Soy su oficial. GORITO (Aparte alarmado.) ¿Mi oficial? ¡Si yo oficiales no tengo! 460 MARQUÉS (A María.) El cómico Nicolás de la Calle, galán nuestro... galán de la compañía quise decir, ayer mesmo fue a la tienda estando yo; 465 allí habló con el maestro y le encargó que viniese; mas él no puede y yo vengo a ver qué muebles queréis. GORITO (Aparte.) ¡Pero cómo está mintiendo! 470 MARQUÉS Gorito casó hace poco... 761 GORITO Verdad, y tengo por cierto que su mujer es muy linda. MARQUÉS ¡Lindísima, ya lo creo! (Con maliciosa intención.) ¡Dígamelo usted a mí! 475 GORITO (Aparte.) ¿Qué querrá decir con eso? MARQUÉS Que hecho un tonto, contemplándola, me paso días enteros, GORITO (Muy alarmado.) ¿Y ella qué hace? MARQUÉS Sonreírse cuando está en casa el maestro... 480 y cuando sale, jugamos unas veces a escondernos... GORITO (Siempre azorado.) ¿Y otras?... MARQUÉS Pues... a sopla, vivo te lo doy. GORITO (Sin poderse contener.) ¡Mentís! MARQUÉS (Con ira reprimida.) ¿Que miento? MARÍA (Reprendiendo a Gorito.) ¿En mi casa? GORITO ¡Perdonad! 485 Decir quise y decir quiero que el mundo está pervertido. MARQUÉS ¡Y el gremio de tapiceros sobre todo!...¡Qué cabezas que tienen algunos de ellos! 490 MARÍA (Al marqués.) Necesito doce sillas de comedor, un espejo para el gabinete, una 762 mesa pequeña de juego; sillones, dos cornucopias539 495 y tres sofás; advirtiendo que a tres mil reales no llegue, siendo de lujo todo ello. GORITO ¿Tres mil reales? ¡Es poquísimo! MARQUÉS (Como respondiendo a la mirada que le ha dirigido María en son de pregunta.) Con tres mil reales amueblo 500 el real palacio del Pardo y aún gano. GORITO Gran majadero, ¿qué pones por doce sillas, forrándolas, por lo menos, de red de Inglaterra? MARQUÉS (Vacilando como el que no entiende de estas cosas.) Pongo... 505 ¡treinta reales! GORITO ¡Ni con ciento hay bastante!...¿Y por la mesa de nogal? MARQUÉS (Confuso.) ¡De... nogal!... GORITO Cierto. MARQUÉS Pero... ¿ha de ser de nogal? GORITO Hombre, ¿no me estás oyendo? 510 MARQUÉS Pues... doce reales. GORITO ¡Atiza! te cuesta más el tablero. ¿Y por los sofás? Contesta. MARQUÉS Siendo tres, pondré lo menos sesenta reales. GORITO ¡Qué imbécil! 515 539 cornucopias: marcos dorados con espejo y con soporte para velas. 763 MARQUÉS (Conteniendo la irá.) Apeadme el tratamiento, y sabed que en esta casa tendría un placer inmenso en trabajar no de balde sino poniendo dinero. 520 ¡Qué más honra que servir a la hermosura y al mérito! MARÍA (Aparte.) (Lenguaje impropio parece de tan humilde sujeto). (Al marqués.) Usted le dará un repaso 525 a todos mis aposentos, me dirá lo que hace falta y lo trataremos luego. Llegó de estudiar la hora. (Indicando mutis.) GORITO (Haciendo una cortesía ridícula.) ¡Yo me pongo a los pies vuestros! 530 MARQUÉS Y yo cumpliré sus órdenes honrándome mucho en ello. MARÍA (Aparte y haciendo mutis por primera derecha.) Confusa me voy, ¡mas yo descubriré aqueste enredo! (Gorito, con mucha cortesía, levanta la cortina para que pase María.) ESCENA VI Dichos menos María. MARQUÉS (Cogiendo violentamente de un brazo a Gorito y trayéndole al proscenio.) ¡Ven aquí, majadero, ruin persona, 535 tú no eres marqués, eres un necio! GORITO Puedo ser las dos cosas, que ambas se puede ser a un mismo tiempo. Pero tampoco tú, juro a mi nombre, eres un tapicero, 540 sino un malvado, que, traidor, penetra en honrado aposento. 764 MARQUÉS (Irritado.) Mañana, cuando el sol por el Oriente asome su primer rayo de fuego, en la Pradera del Canal te aguardo, 545 lleva pistola, que pistola llevo... y a seis pasos... GORITO ¿A seis?... Como si quieres que sea a cuatrocientos; que yo no me acobardo; pero escucha: Yo soy un caballero, 550 tú eres un menestral,540 y me rebaja el batirme contigo. MARQUÉS ¡Tienes miedo! GORITO Mi dignidad me veda. MARQUÉS ¿Tú no sabes que yo soy el Marqués, tú el tapicero? GORITO Pues la mesma razón existe entonces 555 y a la cara te vuelvo el argumento. ¿Cómo tu honor habrá de permitirte cruzar las armas con tan ruin sujeto? (Cambiando de tono.) Mas, ¿por dónde ha sabido su excelencia que es impropio de mí el traje que llevo? 560 MARQUÉS Nunca faltan, criados o vecinos que, sobornados, digan los secretos. ESCENA VII Dichos y Vicenta con unas colgaduras. VICENTA De parte de mi señora que cubra usted esa puerta. (Por la segunda derecha.) (El Marqués toma las colgaduras y mira con asombro a Gorito.) GORITO (Al marqués.) Idiota, ¿qué estás mirando? 565 (A Vicenta, que se retira por la segunda derecha.) A escape. Trae la escalera. 540 menestral, persona que gana de comer en un oficio mecánico. 765 MARQUÉS (Irritado y en voz baja.) Si no fuera por lo que es, te arrancaba las orejas. (Sale Vicenta acompañada de un mozo que trae una escalera y la coloca cerca de la segunda derecha.) VICENTA Aquí está. GORITO (Al marqués con malos modos.) Vamos, vivito. MARQUÉS (Encaramándose en la escalera y aparte a Gorito.) Me las pagarás. GORITO (Empujándole brúscamente.) ¡Arrea! 570 (Vicenta y el mozo vanse foro.) MARQUÉS (Ya en la escalera y haciéndose un lío con la tela.) ¡Pero quién entiende esto! ¿Qué hago yo con esta tela? GORITO ¡Levantad la colgadura! No he visto mayor torpeza... El bastón por las anillas... 575 Corredlo todo a la izquierda... No, a la derecha es mejor. MARQUÉS (Completamente aturdido.) ¿Cuál es mi mano derecha, que ya no lo sé? GORITO ¡Más vale que lo corráis a la izquierda! 580 MARQUÉS ¡Corrido te veas tú como novillo de feria! (No pudiendo dominar ni la tela ni el bastón, cae todo a tierra.) ¡Al suelo! ¡Bien hecho; ahora que lo coloque mi abuela! (Baja precipitadamente.) GORITO ¡Bien se conoce que sois 585 un tapicero de pega! Traed acá. Yo la pondré. 766 ¡Fíjese en ello vuecencia! (Coge del suelo la colgadura, y subiéndose en la escalera la coloca.) Lo primero es el bastón. ¿Lo veis?... ¡No es arco de iglesia! 590 La colgadura y las borlas con cierto donaire puestas... ESCENA VIII Dichos y María por la primera derecha. MARÍA ¿Está ya? (Viendo a Gorito en la escalera y al marqués contemplándole desde el suelo, suelta una carcajada.) Pero, ¿qué es esto? ¡El marqués en la escalera! (Al marqués.) ¿Y usted, mano sobre mano, 595 contemplando a su excelencia? GORITO (Aún en la escalera y aturdido.) ¡Si no sabe ni clavar en un mueble una tachuela! MARQUÉS (Irónico.) El señor sabe de todo. Con la misma competencia 600 con que baila una gavota,541 carga con un mueble a cuestas y le hace a usté una mudanza. GORITO (Orgulloso y refiriéndose a la manera como ha puesto la colgadura.) ¿Está bien así? MARÍA De perlas. (Sigue riéndose.) GORITO (Preparándose a bajar.) Déme usted su blanca mano 605 para que baje. MARQUÉS (Adelantándose rápidamente y presentándole la suya.) ¡No, ésta que es al cabo más robusta! 541 gavota: danza entre dos. 767 GORITO (Bajando y haciendo contorsiones por el dolor que le produce la fuerza con que el marqués le oprime la mano.) Bárbaro, que me las aprieta (Ya en el suelo.) Señora, yo me retiro: muy presto daré la vuelta. 610 En el sarao542 de esta noche espero franca respuesta a mi consulta, por ser negocio que me interesa. MARÍA (Acompañándole hasta la puerta.) No faltéis, por si es preciso 615 barnizar alguna mesa: mejor lo sabréis hacer que quien saberlo debiera. (Mirando al marqués irónicamente. Vase Gorito.) ESCENA IX María y marqués. MARÍA (Aparte.) El primer toro está ya despachado, a la primera. 620 De cuidado es el segundo; mas dos pases de muleta y un volapié aprovechando, le han de hacer morder la tierra. (Se sienta en el canapé y lee en un libro que antes habrá cogido de cualquier parte.) MARQUÉS (Empieza a medir el pavimento por pasos, como echando cuentas de las dimensiones de la alfombra.) Cuatro de ancho, por ocho 625 de largo... Sí, esa es la cuenta. (Fijándose en la alfombra) Esta alfombra, por lo usada, está pidiendo otra nueva... y es lástima, que el dibujo es muy lindo... Con licencia, 630 542 sarao, reunión nocturna de personas para divertirse con baile y con música. 768 obra tan maravillosa quiero admirarla de cerca. (Se echa a los pies de María y queda de rodillas contemplándola.) MARÍA (Levantándose rápidamente.) ¡Me levantaré si estorbo! (Aparte.) Primer pase de muleta. (El marqués trata de contenerla, cogiéndole amorosamente una mano.) MARQUÉS Oh, no, celestial María. 635 Ya realicé cuanto era mi más dorada ilusión. la de admiraros de cerca. No me rechacéis ingrata que, aunque soy de humilde esfera, 640 os haré feliz. MARÍA ¿Feliz? No os toméis esa tarea, que ya lo soy más que nadie. ¿Habrá dicha más completa que ver rendido a mis plantas, 645 de humillación dando pruebas, al mismo que en el Diario (allí para que se viera) me llamó cómica fría, desgarbada, torpe y necia, 650 por adular servilmente a Sebastiana Pereira, cómica que, más humana que yo, galanes obsequia, para los cuales un “no” 655 jamás pronunció su lengua? (Aparte.) ¡Descabello a pulso, linda me ha salido la faena! MARQUÉS Yo no soy, os lo aseguro, quien vuestro recelo piensa. 660 MARÍA ¿Para qué son los oídos y para qué son las puertas? 769 Es inútil, todos creen muy fácil hacer comedias, y ya veis, ni para cómico 665 puede servir vuecelencia. Y ahora, descubierto todo, Marqués, haced la fineza, de entrar en mi tocador; yo os sacaré cuando pueda, 670 porque va a venir mi duque y no conviene que os vea. MARQUÉS (Entrando en la primera derecha.) Esto me huele a esperanza. MARÍA (Empujándole.) Ahí estad (Ap.) (hasta que vengan las mulillas a arrastraros.) 675 (Echando la llave que estará puesta, y guardándosela.) Así, corrida completa, con encierro y todo; ahora suceda lo que suceda. ESCENA X María y el duque que aparecerá por el foro, apercibiéndose de que María ha encerrado en su tocador al marqués. Desde aquí hasta el final, lo más rápido posible. DUQUE (Contemplándola tristemente.) ¡Lindo! ¡Mujer desleal! MARÍA (Con naturalidad.) ¡Duque, a buena hora llegas! 680 DUQUE ¡El cielo aquí me ha traído para vengar mis ofensas! MARÍA ¿Nada más que para eso? Pues no le desobedezcas, y principia el alboroto 685 en cuanto a ti te convenga, que ya me encuentro cansada de celos y de sospechas, de amantes desengañados y de pretendientes pelmas. 690 ¡Quiero ser libre! DUQUE (Con intención.) ¡Lo eres! 770 MARÍA ¡Duque, reprime tu lengua, que insultos a una mujer Dios castiga con más penas que si a él fuesen dirigidos! 695 ¡Ya ves si nos considera! DUQUE Ese infeliz tapicero, que traidoramente encierras, es casado. MARÍA Dios le dé numerosa descendencia. 700 Y a ti te encargo memorias de mi parte a su parienta. DUQUE Ella y su padre han venido conmigo a pedirte cuentas, y a que su adúltero esposo, 705 compasiva le devuelvas. MARÍA ¿Están aquí?...¡Pues que entren! (El duque se va por el foro.) ¡Se devuelve el casco, ea! (¡Gran burla se me ha ocurrido, quiero ver si así escarmientan!) 710 (Aparece Vicenta por la segunda derecha.) Escucha, coge la llave que corresponde a la puerta de mi tocador, y da salida a la otra escalera, y di al Marqués verdadero... 715 (Le habla al oído.) Y al fingido, cuando vuelva, le das a entender. (Le habla al oído otra vez.) ¡Supongo que has de hacer bien la comedia! VICENTA Pues ya lo creo, señora; ¿qué mujer no sabe hacerlas? 720 (Vase por la segunda derecha.) 771 ESCENA XI María, duque y Teresita, en traje humilde. Por el foro. Los acompaña el tío Roque, de paleto acomodado, con el sombrero puesto. DUQUE Pasa, Roque. ROQUE (Asombrado ante María.) ¿Aquesta es la cómica? DUQUE Sí. ROQUE ¡Arrea! No es extraño que mi yerno se haya perdido por ella, que si yo me la encontrara, 725 pueda ser que me perdiera. MARÍA (Malhumorada.) Quítese usted el sombrero que está usted en casa ajena. ROQUE (Sin quitárselo.) Gracias, es comodidad. MARÍA (A Teresita que ha entrado gimoteando.) Y usted, niña, ¿qué desea? 730 TERESITA Llorar. MARÍA Pues empiece usted cuando mejor le parezca. TERESITA (Con llanto entrecortado y algo grotesco.) Lo que hace usté está mal hecho. Santo y muy bueno que tenga los cortejos a millares, 735 los amantes por docenas... ¡Santo y muy bueno también que los más casados sean, pero no recién casados, porque hay mucha diferencia!... 740 ROQUE Un casado de hace tiempo, no está mal que se divierta, que siempre la mesma cosa dicen que enfada y molesta... 772 TERESITA Mientras que un recién casado 745 es como plancha de cera, que lo que en ella se graba, por siempre grabado queda. (Llorando de pronto y casi escandalizado.) ¡Ay, Gorito!, ¿qué te habrán grabado a ti en la conciencia? 750 MARÍA Niña, no alborote usted, (Al duque y a Roque.) y ustedes háganse cuenta de que hay escrito un letrero en el dintel de esta puerta, (Señalando a la primera derecha.) que dice en forma bien clara: 755 “La Ladvenant, aquí enseña a los casados, moral, y a los solteros, prudencia”. (Mirando con intención al duque.) Y tú, niña encantadora, cuyas lágrimas me apenan, 760 verás rendido a tus plantas a tu marido... TERESITA (Suspendiendo el llanto y con infantil alegría.) ¿De veras? ¿Rendido? (Breve pausa.) ¿Pero, rendido de qué? MARÍA ¡De tanta simpleza! TERESITA ¡Deje usted que la dé un beso! (La besa.) 765 ROQUE Y yo otro. (Inténtalo y María le rechaza.) MARÍA Ustedes vengan a ocultarse aquí: saldrán cuando prudente lo crean. (Mete al duque y a Roque por la segunda izquierda. A Teresa.) En mi tocador está Gorito... yo abro la puerta 770 (Llevándose a Teresita y preparándose a abrir la puerta primera derecha.) TERESITA ¡Y entro y le doy un abrazo! 773 MARÍA ¡Y hasta, si quieres, le besas! ¡Cuantas más caricias, más fácil es que se arrepienta! (Empuja a Teresita, la hace entrar, cierra y echa la llave. Muy gozosa.) Ahora, a terminar la farsa 775 por mi habilidad compuesta. La comedianta famosa me llama el vulgo, y lo acierta, que en público y en privado, hago muy bien las comedias. 780 (Vase corriendo por la segunda derecha.) ESCENA XII Vicenta y Gorito, por el foro VICENTA (Fingiéndose muy afligida, casi llorando.) ¡Ay! ¡Señor marqués, la Virgen le trae!.... ¡Cosa como ella! GORITO (Alarmado.) ¿Se ha puesto mala María? VICENTA ¡Eso, señor, nada fuera! GORITO ¿Se ha muerto? VICENTA ¡Mucho peor! 785 GORITO ¿Qué es peor? VICENTA ¡Morirse a medias! (Bajando la voz.) Ese joven tapicero no conoce la vergüenza. GORITO Lo sé. VICENTA Tampoco ha venido a arreglar sillas ni mesas: 790 a quien él quiere arreglar es a mi señora. GORITO Esa me la tenía tragada, que no soy niño de teta. 774 VICENTA Y no se llama Antolín, 795 porque es la persona mesma de Gorito. GORITO ¡No es posible! VICENTA Y en esta casa se encuentra su mujer. GORITO (Alarmado y dando un salto hacia atrás.) ¿Su mujer dices? VICENTA Sí, señor, su padre y ella, 800 han insultado a mi ama poniéndola como nueva; y no pudiendo sufrir tanta y tanta desvergüenza, a Gorito y a su esposa 805 los encerró en esa pieza (Por la primera derecha.) diciendo: mientras no hagáis las paces, no abro la puerta. GORITO (Echándose mano a la cabeza y paseándose vertiginosamente.) ¿Honor, dónde te me has ido? ¡Ahí están hace hora y media! 810 ¡Y paces que tardan tanto, deben quedar muy bien hechas! GORITO (Echando a correr muy desesperado, se pone a mirar por la cerradura de la puerta primera derecha. Vase Vicenta segunda izquierda.) ¡No veo, no veo!.. ¡Está por dentro la llave puesta! (Gritando.) ¡Teresita, soy tu esposo! 815 ¿Abre, por Dios? Y usted sea, seor marqués, más compasivo, no abuse de la flaqueza. (Aterrorizado.) ¡Huy! ¡Siento ruido de besos! ¡Toda mi sangre se hiela! 820 (Forcejeando por abrir la puerta.) ¡Y la puerta que no cede! 775 ¡Qué bien hace de tercera, que en encubrir liviandades se complace y se recrea! (Al volver la cara como para pedir socorro, se encuentra con el duque y Roque, que aparecen por segunda izquierda, riéndose a carcajadas.) ROQUE Pero Gorito, ¿eres tú? 825 ¡Tan majo!... ¡Quien lo dijera! GORITO ¡Hay que lavar nuestra honra! ROQUE ¡Al Manzanares con ella, y allí, a fuerza de lejía, la pondremos como nueva! 830 GORITO (Volviendo a mirar por la cerradura. Fuera de sí.) ¡Que la abraza, que la abraza! ¡Que la aprieta, que la aprieta! ¡Que la estruja, que la estruja, que la besa, que la besa!... (Casi llorando y a voces.) ¡Yo me arrepiento, perdón! 835 ESCENA ÚLTIMA Dichos y María, vestida de hombre, en traje parecido al del marqués, abre la puerta primera derecha y aparece con Teresita de la mano. Estupefacción en todos. MARÍA ¡Palabra sagrada es ésa; que a la palabra “perdón” siempre se la abren las puertas! TODOS ¡María! MARÍA Yo fui el marqués. GORITO Pero, ¿y el marqués de veras? 840 VICENTA Antes de que Teresita se escondiese en esa pieza, como alma que lleva el diablo le hice bajar la escalera, diciéndole que aquí estaba 845 buscándole la marquesa. 776 GORITO Teresita, de rodillas... (Se echa a sus pies.) TERESITA (Burlona.) Alce del suelo vuecencia que por mí está perdonado... Mas como otra vez me ofendas, 850 con marqués de carne y hueso me encierro y no abro la puerta. (Se abrazan amorosamente y con Roque forman grupo aparte como si hicieran comentarios a lo ocurrido.) DUQUE (Cogiendo con cariño la mano de María.) Y a mí, ¿no me dices nada? MARÍA Sí, que has ganado la apuesta; que esta mujer será tuya. 855 (Por sí misma. Movimiento de alegría en el duque. Transición en María.) Tuya. Cuando yo lo quiera, porque antes de resolverme, me has de probar tu firmeza. La comedianta famosa, aunque alegre y desenvuelta, 860 no ha de dar nunca su mano sino a aquél que la merezca. (Cogiendo las manos de todos.) Y ahora digamos humildes y haciendo una reverencia: TODOS “Aquí da fin el sainete, 865 perdonad las faltas nuestras.”(Telón.) FIN DEL SAINETE 777 ¿Cuántas, calentitas, cuántas? ORIGINAL Y EN VERSO SAINETE 778 LA FIGUERAS, cómica DOÑA UBALDA, señora mayor JAVIERA, carpintera LA CARAMBA, cómica PINTOSILLA, maja PETIMETRA 1ª ÍDEM 2ª ÍDEM 3ª MACARENO, majo DOMINGO, criado DON SANTIAGO, hombre grave GREGORIO, carpintero LUISITO, petimetre casado DON SISEBUTO, señor mayor PETIMETRE 1º ÍDEM 2º UN NIÑO Acompañamiento de majos y majas. La acción en Madrid, 1800. 779 ACTO ÚNICO Taller de carpintería con algún lujo. Puertas laterales y una al foro. Sillas en buen número y una mesita en primer término derecha. En el ángulo izquierda, unas cortinas grandes formando pabellón, para que, llegado el caso, figure el telón del pequeño escenario donde han de representar. En medio de la sala, una araña que pueda ser subida y bajada para encender las velas cómodamente. Al levantarse el telón, además de don Santiago y Gregorio, aparece Domingo arreglando la sala, quitando el polvo a las sillas, etcétera, etc. Entra y sale según convenga a la acción. Derecha e izquierda las del espectador. ESCENA PRIMERA Don Santiago, Gregorio y Domingo. GREGORIO Sí, don Santiago, no puedo sufrir más esta desgracia. SANTIAGO Tú te la buscaste. GREGORIO Cierto, a nadie debo achacarla, que la culpa es sólo mía. 5 SANTIAGO Entonces tu mal aguanta. GREGORIO ¡Maldito dinero! SANTIAGO ¡Amén! GREGORIO ¡Es el veneno del alma! SANTIAGO Y del cuerpo. GREGORIO Yo era pobre... SANTIAGO Ya lo sé. GREGORIO Más que las ratas... 10 A una castañera quise... SANTIAGO (Con enfado.) Hombre, sí, la Temeraria, castañera de taberna, buena moza... GREGORIO (Entusiasmado.) ¡Cuando anda!... 780 SANTIAGO (Sin dejarle acabar y como si de esto hubieran hablado muchas veces.) Hace retemblar el suelo 15 al vigor de sus pisadas. GREGORIO Sus ojos... ¡que no son ojos! SANTIAGO Más parecen dos escarpias,543 porque el sitio en que los pone lo agujerea y taladra. 20 GREGORIO (Ponderando.) ¡Honrada!... SANTIAGO ¡Como ninguna! Y madruga más que el alba, y el alba sale muy tarde porque le da envidia, y rabia de ver a tu castañera, 25 tan hermosa y tan bizarra, gritar al son de sus fuelles: ¿cuántas, calentitas, cuántas? ¿No es esto? GREGORIO Sí, señor, eso. Mas, ¿cómo sabe?... SANTIAGO Repara 30 en que siempre que me ves (y me ves cada semana siete veces) con la misma cantinela me empalagas. GREGORIO Déjeme usted concluir. 35 SANTIAGO ¡Concluye, tendré cachaza!544 GREGORIO Ella me cobró afición... SANTIAGO Y tú la cobraste... plata, pues llegó a darte dinero, que no debiste tomarla; 40 eso deshonra a cualquiera, eso envilece y rebaja... ¡No hablemos más!... 543 escarpias: piropo popular utilizando una metáfora. 544 cachaza: flema, frialdad de ánimo. 781 GREGORIO Su merced con mucho rigor me trata. SANTIAGO Más mereces... Yo soy hombre 45 formal; aprendí en las aulas, o, mejor dicho, en los libros que nos vinieron de Francia, que el hombre debe ser libre y no depender de nada 50 ni de nadie; y el sujeto que, cual tú hiciste, se casa con mujer rica, dejando a su novia en la estacada sin más caudal que sus penas, 55 sus fuelles y sus castañas, bien merece que le humille su esposa y que le eche en cara la comida que le da, el traje que le regala, 60 el techo que le cobija, y hasta la luz y la cama. GREGORIO Precisamente hoy me ha dicho mientras me desayunaba: galopín, vaya y qué trato 65 que le estás dando a la panza, sin prestar utilidad ni a tu mujer, ni a la casa, pues ni menear la cola545 sabes hacerlo con gracia. 70 SANTIAGO Y tú, ¿qué hiciste? GREGORIO Callar. SANTIAGO Y comer. GREGORIO ¡La cosa es clara! Su merced, ¿qué hubiera hecho? SANTIAGO ¿Yo? Coger las rebanadas, el chocolate y la leche 75 y estampárselo en la cara. GREGORIO No puede ser: es muy bruta y tiene una fuerza bárbara. 545 cola: chiste grotesco muy propio del teatro breve. 782 SANTIAGO Pues, Gregorio, aguanta el mirlo porque ya poco te falta. 80 Cuando empiece la comedia que aquí tenéis preparada, sales, haces un saludo, dices con firmeza y calma el romance que te he escrito, 85 propio de las circunstancias; se avergüenza tu mujer al ver cómo la retratas poniéndola en evidencia, te pide perdón, te abraza 90 y aquí da fin el sainete, disimulad nuestras faltas. GREGORIO Es la cuestión, don Santiago, que yo tengo aquí clavada (Señalando al corazón.) la imagen de mi manola... 95 SANTIAGO Pues, Gregorio, a desclavarla. Y ya que eres carpintero, busca unas buenas tenazas, tira fuerte de la imagen y al arroyo con la carga. 100 GREGORIO Se me caen de las manos cuando cojo las tenazas para ese fin. SANTIAGO Pues yo sé de un instrumento que arranca las piedras aunque se oculten 105 debajo de las montañas. GREGORIO ¿Y cuál es? SANTIAGO ¡La voluntad! GREGORIO ¿La voluntad?... No está en casa; se me escapó, y hace tiempo vive con la Temeraria.546 110 SANTIAGO ¡El hombre es libre! GREGORIO ¡Ojalá! 546 Temeraria es Genara en Las castañeras picadas de Ramón de la Cruz. 783 SANTIAGO Aprende de mí, que nada me domina. (Medio mutis.) ¡Abur, Gregorio! GREGORIO ¿Volverá? SANTIAGO No doy palabra, porque tengo una perrilla 115 con síntomas... GREGORIO Pues que salga sin novedad. SANTIAGO Y no quiero separarme de su cama; no duermo hace siete días solamente por cuidarla. 120 GREGORIO (Con burla.) ¡El hombre es libre! SANTIAGO ¡Me gusta que aprendas esa palabra! GREGORIO (Irónicamente.) ¡A usted nada le domina! SANTIAGO (Con firmeza.) ¡Ni rey, ni Roque, ni Papa! GREGORIO A mí una mujer, y a usted... 125 SANTIAGO (Dando un fuerte golpe en el suelo con el bastón.) ¡Nadie! GREGORIO (Con ingenuidad.) Una perra de aguas. De modo que entre mujer y perra escojo por ama la mujer. SANTIAGO547 Y yo la perra, que nos lame y nos halaga, 130 en tanto que la mujer 547 Santiago manifiesta su actitud misógina, como José, amigo de Gorito en La comedianta famosa. 784 saca las uñas y araña en el bolsillo, unas veces, y otras veces en la cara del hombre. GREGORIO (Suspirando.) Bendita sea, 135 porque cuando no las saca es ángel del mesmo cielo con guedejas y con alas. (Vase foro don Santiago; le acompaña hasta la puerta Gregorio, y después baja al proscenio.) ESCENA II Gregorio y Domingo que aparecerá después de haber entrado y salido para seguir arreglando la habitación. GREGORIO (Que debe dar a este monologuillo algunos tonos románticos y tiernos, sin exagerarlos.) ¡Imposible! ¡No la olvido! ¡Su voz de mí no se aparta!... 140 Aún entre sueños la oigo. ¡Cuántas, calentitas, cuántas! En su cuchitril metida y oculta entre las mamparas, a la perdiz se asemeja 145 que en el puesto cobijada con acentos amorosos atrae al macho y le engaña... Eso mesmo hizo conmigo, me vio, cantó enamorada, 150 celoso acudí al reclamo lleno de amor y esperanza, y al tenerme en su poder me destrozó la taimada, dejándome solamente 155 los ojos para mirarla... ¡Maldito el día en que oí! ¿cuántas, calentitas, cuántas? (A Domingo.) ¿Qué estás haciendo, animal? DOMINGO (Con mucha calma.) Animal... puner la sala 160 en la forma que ha ordenadu la que yo tengu pur ama. 785 GREGORIO El amo soy yo, avestruz. DOMINGO548 (Como antes.) Avestruz, mira y repara que el amu de una vivienda 165 es solu aquel que la paga. GREGORIO ¡Yo la pago! DOMINGO (Con sorna.) ¡Me da risa! ¿Cun qué, si no tienes blanca; si has venidu al matrimonio trayendo pur toda gala 170 un trapu atrás y otro alante, y los dos se clareaban? GREGORIO (Irritado.) ¡Soy cabeza de familia! DOMINGO (Con desprecio.) Dirás más bien... calabaza. Y mientras que no trabajes 175 para sostener tu casa, ni ayudes a tu mujer a sobrellevar la carga, serás mirado por todos como caldo sin sustancia, 180 que non sirve para caldu nin tampoco para agua. GREGORIO (Encolerizado.) ¡Vete de aquí, te despido! DOMINGO Pues págame la soldada... GREGORIO Que te pague mi mujer. 185 DOMINGO Gregorio, hablemos en plata... Las cuentas es cun el amu cun quien tengu que ajustarlas... GREGORIO Mi mujer corre con todo. 548 Domingo, como el loco-bufón en El rey Lear y Clarín en La vida es sueño, son criados que dicen las verdades a sus amos. 786 DOMINGO (Con socarronería.) Tú mesmu caes en la trampa. 190 Pues si ella corre con todo, tú no correrás con nada; por consiguiente, non corres con despedirme de casa. (Hace un signo de desprecio y sigue arreglando la sala.) ESCENA III Dichos y el Macareno con la Pintosilla, de majos rumbosos; él, sin capa, por el foro. MARCELO ¡Buenas tardes! GREGORIO ¡Macareno!... 195 Pintosilla, ¡tú tan guapa! PINTOSILLA ¿Y tu mujer? GREGORIO Allá dentro. PINTOSILLA Pues vamos a saludarla. GREGORIO ¿Os ha convidado? MACARENO Sí. GREGORIO (Muy expresivo.) ¡Me alegro que honréis mi casa! 200 PINTOSILLA ¿Tu casa?... ¡Será la de ella! GREGORIO ¡Mujer, no hagas que a la cara se me suba la vergüenza! PINTOSILLA ¿Y qué es vergüenza? ¡Calandria!549 MACARENO (Viendo que Gregorio titubea.) El hombre ha de responder 205 con hechos, no con palabras. PINTOSILLA La vergüenza es una cosa que Dios desde el cielo manda y que una vez en la tierra busca su albergue en el alma: 210 por eso el que alma no tiene... 549 calandria: se finge enferma para que la mantengan en el hospital. 787 GREGORIO (Con ingenuidad.) ¡No tiene vergüenza!... MACARENO (Con rapidez.) Basta: lo que la parte confiesa no necesita probanza. Alma, tú no la tuviste 215 al casarte con la Paca, y en la mitad de la calle dejando a la Temeraria, con lo demás... Es un hecho que está más claro que el agua. 220 De modo que de vergüenza estás como yo de capa, que se la presté a un amigo, se marchó con ella a Francia y me quedé, desde entonces, 225 sin amigo y sin la capa. PINTOSILLA Pero responde, arrastrao, ¿quién te aconsejó esa infamia? GREGORIO El hambre, que puede mucho. MACARENO ¿No comías? GREGORIO Sí, castañas. 230 Por sopa castañas crudas; en vez de principio, asadas, y para postre cocidas... Eran ya muchas castañas. PINTOSILLA ¡Mal hombre! GREGORIO (Haciendo cruces con los dedos.) Juro por éstas 235 que me pesa, y si mañana, pongo por ejemplo, Dios dispusiera de la Paca, la negra ropa de viudo por la de novio trocara 240 el mesmo día, llevando al altar a mi serrana... para darla allí mi nombre. 788 ESCENA IV Dichos y Javiera, mujer frescota, de buen ver, algo jamona. Se presenta de repente saliendo por la derecha. JAVIERA Es lo que podías darla, gandul, que lo que es de mí 245 si esperas herencia u manda550 estás errado. MACARENO Y no lleves a ofensa la comparanza. GREGORIO Javiera, no te sofoques, que si te da un mal me matas, 250 y si te mueres ya pueden irme haciendo la mortaja. Aquesto mesmo decía a los amigos... (Por la Pintosilla y por el Macareno.) MACARENO ¡Palabra! JAVIERA (Con sorna.) Te veo. Si cuando el cura 255 me dijo aquella mañana, “¿queréis por esposo a don Gregorio,” pienso una miaja y en vez de decir “sí quiero”, a secas, como Dios manda, 260 le digo, “sí quiero, padre, pero es que un rayo le parta;” a estas horas fuera yo la más dichosa de España. PINTOSILLA No te repudras, Javiera, 265 que tu salud se quebranta... MACARENO Y que si hoy no tienes hijos puedes tenerlos mañana y una madre es una madre. GREGORIO (Vanidoso.) ¡Y un padre!... MACARENO (Con desdén.) Un padre... no es nada 270 muchas veces. 550 manda, legado de un testamento. 789 JAVIERA Dices bien, hoy es día de jarana551 y de jopeo:552 hace un año que me casé y tengo gana 275 de celebrarlo y volcar el cofre por la ventana. ¡Os preparo una sorpresa!.... MACARENO Oye (y ésta es mi matanza). Si de tu boda maldices y arrepentida te hallas, 280 ¿por qué al hacer hoy un año la celebras? JAVIERA No pensaba que en la cabeza tuvieses en vez de sesos badana: es porque al llevar casados 285 un año, eso menos falta de vivir juntos... MACARENO La Biblia, bien en rústica u en pasta, no podría estar ni más razonable ni más clara. 290 JAVIERA Pasad a esa habitación, donde tenéis preparada toda clase de licores; rosolí,553 boca de dama, aguardiente con canela, 295 flor de cidra554 y franchipana. MACARENO (Señalándose el estómago.) ¿Y no hay algo que se pegue?... JAVIERA Bueno fuera que faltara... Solamente para mí han matado cinco vacas 300 en el propio matadero 551 jarana: diversión bulliciosa; engaño, burla. 552 jopeo: (meneo de la cola al huir la zorra); andar de calle en calle o de casa en casa. 553 rosolí: licor de aguardiente,azúcar, canela, anís e ingredientes olorosos. 554 cidra: fruta del cidro, semejante al limón. 790 PINTOSILLA ¡El que lo tiene lo gasta!... JAVIERA Mi difunto lo ganó trabajando... Era una alhaja. (Mirando con intención a Gorito.) ¡Si yo pudiera volverle 305 al mundo! GREGORIO Pues mira, Paca; mándale un recado, puede que ahora le encuentren en casa. (La Pintosilla y el Macareno vanse primera derecha.) ESCENA V Javiera y Gregorio. JAVIERA ¡Oye una cosa, petate!555 GREGORIO ¿Qué es lo que quieres, petata? 310 JAVIERA Que subas al principal y digas a doña Ubalda que te preste aquello, ¿sabes? y enseguidita lo bajas con cuidado: ¡si lo rompes, 315 no te pongas a distancia de que yo pueda estamparte aquestos cinco en las napias,556 porque te los planto! GREGORIO (Con burla fina hasta el final de la obra.) ¿Ves? Tú no sabes lo que ganas 320 cuando estás amable... Tienes otros ojos y otra cara. ¡Si hasta pareces joven! JAVIERA (Alterándose por grados.) Gregorio, deja las chanzas y haz presto lo que te digo. 325 GREGORIO ¡Lo que oyes, estás más guapa! 555 petate, embustero y estafador. 556 napias: narices. 791 JAVIERA Mira, Gregorio, que ya me estás ajando la bata, (Esta es una frase de la época. No quiere decir que este personaje salga con bata.) y sabes que no me gustan a mí las prendas ajadas.557 330 ¡Vete o te zumbo! GREGORIO Ya voy. ¡Por buenas soy una malva! (Haciéndole una caricia en la barbilla, que ella rechaza con desdén. Aparte y haciendo mutis por el foro, después de dar un profundo suspiro.) ¿Cuántas, calentitas, cuántas? ESCENA VI Javiera y Domingo; éste por la primera derecha JAVIERA ¡Domingo! DOMINGO ¿Qué quieres? JAVIERA Ven. 335 (Bajando la voz.) ¿Hiciste mi encargo? DOMINGO ¡Vaya! Esta mañana tempranu cuando fui para la plaza. JAVIERA ¿Qué te dijo? DOMINGO Non lu sé. porque mientras que me hablaba 340 caíame pur la boca una hebra asín de larga. JAVIERA Pero bien: ¿qué la dijiste? DOMINGO Non recuerdo una abra. (Entusiasmado.) ¡Qué talle, qué dentadura, 345 qué nariz y qué garganta! 557 ajadas: estropeada, aviejada, deslucida. 792 JAVIERA ¿Pero al fin la viste? DOMINGO ¡Todu... lo que se diga nun basta para dar completa idea de su garbu y de su gracia! 350 ¿Se puede entrar?...— Adelante. Entro y la veu tumbada en un largu camapé todu forrado de grana558. Hallábase sin peinar; 355 el pelu a la desbandada caíala todu suelto pur los hombros y la espalda; y pur delante del rostru aun caíale otra mata, 360 costándola gran trabajo sacar pur ella la cara; de modu que más que cómica parecía una gitana hablando tras de la reja 365 cun el dueño de sus gracias. ¿Qué traes, Domingo? me dijo. Vengu de parte del ama a que su merced conteste a lo que de ella demanda. 370 Pues dila que la Figueras cumple siempre sus palabras; que tengo una escena escrita por un poeta de fama, escena que he de decir 375 en unión de la Caramba, que con mucho gusto irá a representar la farsa. Corriente, yo respondí. Ahora, en nombre de mi ama 380 que me lo encargó, perdone que mande en esta embajada embajador tan pequeño para persona tan alta. “Pues dila tú de mi parte 385 que en eso está equivocada: pequeña es la lengua y sirve de embajador a las almas”. Soltómela de ese modo; no hay otra más campechana. 390 558 grana: paño fino de color rojo. 793 JAVIERA ¿Y nada más ocurrió? DOMINGO (Suspirando.) ¡Nada más, por mi desgracia! JAVIERA Está bien: me voy adentro, por si alguna cosa falta. (Vase primera izquierda.) DOMINGO ¡Ay, qué niñas de los ojos: 395 para mí que son pintadas! ESCENA VII Dicho y Gregorio, que aparece en la puerta del foro trayendo en las manos, envuelto de manera que no se vea lo que es, un objeto grande, viene muy azorado y cuidadoso de que no se le caiga al suelo. GREGORIO ¡Domingo! DOMINGO ¡Qué quieres, hombre! GREGORIO Por la Virgen, corre y llama a mi mujer. DOMINGO Me parece cosa imposible. GREGORIO ¿Qué pasa? 400 DOMINGO Que estoy así como aquel a quien no le da la gana. GREGORIO Mira que se cae al suelo. DOMINGO Poco me da que se caiga. GREGORIO Que es objeto de valor, 405 que no es nuestro, es de la Ubalda, que nos le presta esta noche, y si se rompe, nos mata. DOMINGO (Ayudándole a sostener un objeto.) Trae acá... ¿Sabes que pesa? GREGORIO Aprieta, que se resbala... 410 DOMINGO Yo no me atrevo a moverme. 794 GREGORIO ¡Yo menos! (Quedan los dos como petrificados.) DOMINGO (Gritando.) ¡Señora Paca!... GREGORIO (Ídem.) ¡Paca!... DOMINGO ¿Quieres desatarlo? GREGORIO ¡Sí, cualquiera lo desata! ¡Me ha dicho que no lo toque 415 ninguno más que la Paca! DOMINGO ¿La Paca tan solo? GREGORIO Sí, que ella sabe manejarla. DOMINGO ¡Pues entonces grita fuerte! GREGORIO (A voces)¡¡Pacaaa!! DOMINGO (Ídem)¡¡Pacaa!! ESCENA VIII Dichos y Javiera, por la primera derecha. JAVIERA ¿Qué hay con Paca? 420 GREGORIO Aquí tienes a dos hombres... JAVIERA ¿Dos hombres dices? Rebaja la parte correspondiente al sujeto que me habla... ¿Qué ocurre? DOMINGO ¿Qué hacemos de esto? 425 JAVIERA Ya sé lo que es: mucha calma... (A Gregorio, indicándole la parte de arriba.) Sujeta tú por aquí: (A Domingo.) Y tú por debajo... anda. (Invitándolos a que se vayan por la segunda derecha.) ¡Mucho cuidado, por Dios! 795 DOMINGO (En camino de la puerta.) ¿Pero qué es esto? JAVIERA Naranjas 430 de la China... Y el que quiera saber más, a Salamanca. DOMINGO (Desapareciendo con Gregorio por la puerta indicada.) El viaje es caru, prefieru quedarme con la ignorancia. (Vanse.) ESCENA IX La Javiera, y la Pintosilla, por la primera derecha. PINTOSILLA ¿Pero, Javiera, no vienes? 435 Los concurrentes extrañan tu ausencia y tienen motivo. JAVIERA ¿Habrá gentes más ingratas? ¿Qué más puedo hacer por ellas que traerlas y orsequialas 440 y después dejarlas solas para que murmuren y hagan de todo mi ser, aquello que más les convenga y plazga? ¿Hiciera más una madre? 445 PINTOSILLA Como no quedó ya nada por decir de ti, se aburren. JAVIERA Presto vendrá la algazara. PINTOSILLA ¿Qué has preparado? JAVIERA Comedia. PINTOSILLA ¿Y vienen cómicos? JAVIERA ¡Vaya! 450 Y además Gregorio tiene para este caso estudiada una relación: el dice que es suya, más yo, con maña, he descubierto que es cosa 455 discurrida y amasada 796 por don Santiago, el vecino, poeta de a real la vara, que quiso ser mi cortejo y a mí no me dio la gana. 460 Con la cómica Figueras, vendrá también La Caramba, a representar las dos un paso que tendrá gracia. PINTOSILLA ¿Sabes que es función de forma? 465 JAVIERA ¡Digo! PINTOSILLA Tan sólo faltaba que avisases al Infante. JAVIERA ¿Para qué? PINTOSILLA A que nos tocara la zampoña, porque dicen que es maestro en manejarla. 470 JAVIERA Guardo para fin de fiesta una sorpresa. PINTOSILLA Di cuála. JAVIERA Ya lo verás: necesito que tú me ayudes. PINTOSILLA Pues manda. (Abriendo los brazos.) Aquí están mis cuatro cuartos 475 dispuestos a hacerse rajas por ti, si el caso te apura. JAVIERA Oye, sin perder palabra. Cuando estéis todos sentados, tú de pronto te levantas 480 y volviéndote hacia mí, los brazos puestos en jarras, me dices: pero ¿qué es esto, no hay luces en esta casa? ¡Javiera, trae un candil 485 que aquestas velas no bastan! 797 ESCENA X Dichos y doña Ubalda, por el foro. Ésta es una mujer fresca y guapetona, como la Javiera, pero representa mucha más edad que Luisito, su marido, en cuyo brazo se apoya; habla con dejadez y se muestra muy antojadiza y fastidiosa. Apenas entra, le ofrecen una silla, que acepta en seguida; de modo que queda colocada entre Luisito, (joven, elegante, vestido con casaca y calzón blancos y chupa amarilla), y Javiera y la Pintosilla. UBALDA ¡Ave María Purísima! JAVIERA (Saliendo al encuentro.) ¡Mi señora doña Ubalda! ¿Cómo vamos de salud? UBALDA (Sentada ya y con débil voz.) Javiera, no valgo nada... 490 Siento vahídos, congojas, escalofríos y ansias... Yo no estoy buena... PINTOSILLA (Con amabilidad.) Aprensión. UBALDA Unas veces me dan ganas de llorar... JAVIERA (Cariñosamente.) Pues llore usted. 495 que aquel que llora descansa. UBALDA ¡Otras veces de reír! JAVIERA ¡Pues ríase a carcajadas! LUISITO ¡Sí, que el mundo es un fandango! UBALDA (Afligida.) ¡Ay, qué bruto, qué palabras! 500 (Mirándole con fijeza.) Quítese usté esos calzones, múdese usté de casaca, parece usté un huevo frito con su yema y con su clara. (Rabiosa.) Desnúdese usté, bergante...559 505 559 bergante, pícaro, sinvergüenza. 798 LUISITO (Con mansedumbre.) Pero, hija mía, repara que ahora estamos de visita y por mucha confianza que se tenga... UBALDA (Nerviosa.) Majadero, mira que si no te marchas 510 ¡te muerdo!... (Se ríen la Javiera y la Pintosilla.) LUISITO (A la Javiera.) No, no se ría, que me muerde, doña Paca, la conozco bien... (A Paca.) Ahí queda. (A Ubalda.) Dame la llave del arca en donde tengo la ropa. 515 UBALDA (Le da una muy grande.) Toma y no revuelvas nada. Cuidado, que están encima mi jubón560 y tres enaguas, la basquiña561 de verano y mis dos mantillas blancas; 520 debajo de eso, la colcha de boda; luego las sábanas que nos regaló el indiano cuando vino de Caracas... Tu ropa que está debajo 525 de todo eso, las sacas sin tocar a lo de encima... ¡Que no me urgues, majagranzas!562 LUISITO Pondré el arca boca abajo y desclavaré la tabla... (Medio mutis.) 530 UBALDA Espera: dame el pañuelo... (Va a dárselo Luisito y lo rechaza.) antes el rapé... no, daca,563 el abanico... ¡Qué angustias! (Abanicándose.) Javiera, siento que el alma se me sale por la boca... 535 LUISITO (Aparte.) ¡Dios mío, que se le salga! (Vase foro.) 560 jubón: vestidura que cubre desde los hombros hsta la cintura, ceñida y ajustada al cuerpo. 561 basquiña: falda negra. 562 majagranzas: tosco, patoso, pesado, necio. 563 daca: (da y acá) dame acá. 799 ESCENA XI Dichos menos Luisito. UBALDA ¡Este marido es muy bestia! JAVIERA Yo creí que era una alhaja. UBALDA Se casó por el dinero, como en el día se casa 540 la mayor parte. JAVIERA De ese color tengo yo una falda. UBALDA Yo le tomé por un pez, pero me ha salido... PINTOSILLA ¡Rana!... UBALDA ¿Rana?... ¡Sí, sí, un besugo 545 con muchísimas escamas! ¡Tiene un cortejo! JAVIERA y PINTOSILLA ¡Qué escándalo! UBALDA ¡Una castañera zafia! ¡Y se da cada atracón! JAVIERA ¿Qué dice usted? UBALDA ¡De castañas! 550 ¡Pero dejemos a un lado estas flaquezas humanas! Me he tomado la licencia de bajar... JAVIERA Ésta es su casa... UBALDA Porque habiéndote prestado... 555 JAVIERA Cállese usted, doña Ubalda, que no lo sabe ni ésta. (Por la Pintosilla.) UBALDA Pues tú me entiendes, y basta. 800 PINTOSILLA En la boca del estómago tengo ya el misterio. JAVIERA Calma, 560 que a su tiempo lo sabrás. UBALDA Hija, no te digo nada, porque si se rompe es cosa que no quiero ni pensarla... Como ese objeto no existen 565 más que dos en toda España: uno le tiene Godoy y otro la beata Clara... (Afligiéndose.) ¿Lo ves?... Ya empiezo a afligirme. Vámonos a la otra sala. 570 JAVIERA ¿Pero por qué llora usted? UBALDA ¡Si yo lo supiera, Paca! Pues lloro, porque no sé por qué lloro... (Rompe otra vez a llorar.) Si bajara el borrego de mi esposo... 575 Serenándose. ¿Lo ves? Ahora me dan ganas de reír, porque el vocablo me ha hecho muchísima gracia. (Se coge del brazo de la Javiera, la cual con la Pintosilla la acompaña hasta la primera derecha.) ESCENA XII Dichas, menos doña Ubalda. JAVIERA ¡La compadezgo! PINTOSILLA Yo no. De quien me da mucha lástima 580 es del marido... ¡Mía tú que aguantar a esa tarasca!564 ¡Porque le da un susto al miedo! JAVIERA ¡Pero tiene mucha plata! PINTOSILLA Oye, si de plata fuese 585 la torre de la Giralda, ¿cargarías tú con ella? 564 tarasca: monstruo de Tarascón (Francia). 801 JAVIERA Yo no, porque me aplastaba. PINTOSILLA Pues eso tienen las ricas, que con tanto peso aplastan 590 a aquel que carga con ellas... JAVIERA (Con recelo.) ¿Eso es por mí? ESCENA XIII Dichos y Domingo por el foro y muy alborozado. DOMINGO Señá Paca. JAVIERA ¿Qué sucede? DOMINGO ¡Peru, qué ojos, qué barbilla y qué garganta! Una pierna pude verla 595 y si la otra la iguala la digo que no hay mujer más bellamente formada. JAVIERA Pero, ¿qué dices podenco?... DOMINGO Después de darle las gracias, 600 diréla que la Figueras, con la señora Caramba están ahí. JAVIERA Pues que pasen... DOMINGO Hanme dicho que no pasan hasta el momento precisu... 605 Oiga; ya tiene en la sala el entrapujado bulto que me entregó doña Ubalda. Encargóme que pur Dios lo cuide, porque en España 610 no hay más que dos como ése... PINTOSILLA (Empujándole.) ¡Sí, ya lo sabemos, anda! DOMINGO Uno lo tiene Godoy y otro la beata Clara. (Vase foro.) 802 ESCENA XIV Dichos y Luisito con casaca, chupa, y calzón negros. LUISITO ¿Dónde está la insoportable 615 de mi mujer? PINTOSILLA En la sala... LUISITO ¿Cuándo dará un reventón? JAVIERA (Reconviniéndole afectuosamente.) ¡Vamos, don Luis! LUISITO ¡Ay, sí, Paca! La mujer que es vieja y rica y con un joven se casa, 620 si no se muere a los cuatro días de hallarse casada, ¡es que no tiene vergüenza!... ESCENA XV Dichos y doña Ubalda, siempre cogida del brazo de alguien, petimetras 1ª, 2ª y 3ª, petimetres 1º y 2º, don Sisebuto, señor sesudo y grave; Macareno y acompañamiento de majos y majas en número conveniente, y uno o dos guardias de Corps. UBALDA (A Luis.) Ya era hora, papanatas.565 ¿Pero qué es eso? ¿De luto 625 estando yo buena y sana? Eso es decir que deseas mi muerte y que te preparas... LUISITO (Con afectada tristeza.) ¿Morirte? ¡Si cada día me pareces más bizarra! 630 UBALDA (Irritada.) Suba usted a desnudarse otra vez... 565 papanatas: hombre simple y crédulo. 803 LUISITO ¡Dale, matraca!566 ¡Que me voy a constipar con tanta y tanta mudanza! MACARENO Señores, ¿hemos venido 635 a reír o a armar jarana? JAVIERA Dice bien el Macareno. A su sitio, doña Ubalda. (Esta se coge del brazo de su marido y se sienta; la colocación de todas las figuras queda al buen criterio del director de escena.) Macareno, sirve de algo y coloca a estas madamas567 640 donde quieran. PET. 1ª A nosotras el mejor sitio que haiga, que al fin somos gente fina. PET. 2ª Y, si a mano viene, honradas. MACARENO Petimetras, a callarsen. 645 PET. 1ª Me gusta la confianza. SISEBUTO Le advierto a usted que yo he sido... MACARENO Sí, empleado en la casa de la Moneda: la hacía y después se la guardaba. 650 PET. 1ª Yo nací en buenos pañales, y mi madre, que Dios haya, crió a la que crió a la que después fue ama del ama de Carlos Cuarto. 655 Vea usté, pues, con quién trata. MACARENO (Le hace un signo de desprecio y se dirige al petimetre 2º.) ¿Y su mercé es Arzobispo? 566 matraca, burla o chasco para reprender. 567 madamas: de madame, señora. 804 PET. 2º Yo sirvo en la Real yeguada de Aranjuez y pertenezco a la Real veterinaria, 660 y en Caballerizas reales tuve la Real confianza, porque allí, sin mi permiso, no se gastó un real de plata. MACARENO ¡Pues realmente su mercé 665 viene a ser plaza montada! (A los demás.) Irsen colocando. (A la Pintosilla.) Tú al lado de estas madamas. PET. 3ª Poco a poco: no me siento en cualquiera parte, vaya. 670 (A la Pintosilla.) Sepa yo quién es usted. PINTOSILLA ¿Pues no lo dice mi facha? La sultana de Marruecos, ¡viuda de Jamalajámala! JAVIERA (Que ha estado conversando con unos y con otros.) Se han sentado estos señores 675 sin decir una palabra, y ustés que tienen un pie dentro de la aristocracia son las que más alborotan. PET. 2ª ¿Un pie?... Está usté equivocada: 680 tengo los dos. PINTOSILLA (Con resolución.) Yo, los cuatro... hablo por mí y por la Paca. PET. 2ª Sobre todo, si esta gente no alborota ni se enfada, la razón bien se adivina 685 (Mirando a todos con desdén.) ¡porque es gentuza ordinaria! TODOS (Levantándose y promoviendo tumulto.) ¡La ordinaria será ella!... MACARENO (Imponiéndose a gritos.) ¡Señores, prudencia, calma! 805 Hagamos como se hace en los teatros de España. 690 Cada sexo con el suyo SISEBUTO Lindamente, eso me agrada. MACARENO (Juntando a los petimetres con las petimetras.) Estas madamitas, juntas, y don Sisebuto vaya con ellas y haga el papel 695 de dueña celosa y rancia... (Los coloca juntos: los demás lo hacen ellos mismos y se restablece el silencio. A la Javiera.) Ahora empieza la función cuando a ti te dé la gana. PINTOSILLA (Poniéndose de pie.) Pero, señores, ¿qué es esto, no hay luces en esta casa? 700 Javiera, trae un candil que aquestas velas no bastan. JAVIERA (Haciendo una seña a Domingo indicándole que se dirija a la sala.) ¡Domingo! DOMINGO (Como resistiéndose.) ¿Y si se me rompe?... UBALDA (Levantándose y con cierta ingenuidad.) Antes te rompas tú el alma... Ya sabes que como ése 705 no hay más que dos en España: uno le tiene... TODOS (Con guasa) ¡Godoy! UBALDA Y otro... TODOS (Ídem)¡La beata Clara!... (Risas y jolgorio.) DOMINGO (Haciendo mutis y como obsesionado todavía por la idea de siempre.) ¡Qué caderas, qué pechamen; no hay otra mejor formada! 710 806 ESCENA XVI Dichos y don Santiago, por el foro. SANTIAGO Saludo a ustedes con todo respeto y buena crianza. ¿No hay luneta para mí? JAVIERA Para usted, toda la sala, y si le parece poco 715 se le cuelga de la araña. TODOS ¡Que le cuelguen, que le cuelguen! (Risas y animación.) SANTIAGO ¡Lo agradezco; no hace falta! (Se sienta donde convenga. Sale Domingo trayendo con las mayores precauciones un enorme quinquet568 con tubo largo de cristal; todo ello muy tosco, porque figura ser de los primeros que se conocieron en España; esto justificará el asombro y admiración con que todos los concurrentes se acercan a examinarle, arrebatándose unos a otros los primeros puestos para hacerse cargo de aquella, para ellos, máquina infernal y complicada. Esta escena tiene que ejecutarse con rapidez para que no decaiga el sainete. Los sitios más cercanos al quinquet, que Domingo habrá puesto sobre una mesa, son ocupados por don Santiago y doña Ubalda. Una vez todos agrupados a la mesa, Domingo quita solemnemente la tela conque trae envuelto el quinquet.) PINTOSILLA Ave María Purísima, (Asombrada.) ¿qué es aquesto? SISEBUTO ¡Santa Bárbara!... 720 (Acercándose.) ¡Chiste más raro!... Esto es, por lo que se ve una lámpara de nueva invención. UBALDA Tan nueva que ahora empieza a usarse en Francia. MACARENO Los diablos son los franceses; 725 ¡señores, lo que adelantan! BALDA ¡Esto es un quinquet! TODOS ¡Quinquet! 568 quinquet: lámpara de petróleo. 807 SANTIAGO (Con petulancia.) El autor así se llama: Monsieur Quinquet. SISEBUTO ¡Será un sabio! MACARENO ¡Vaya un tío con agallas! 730 LUISITO (A varios concurrentes que enredan en la llave del quinquet para que suba y baje la luz.) Señores: quietas las manos; no tocar ¿eh? PET. 1ª Lo que pasma es ver la luz y no ver el sitio de donde salga. PET. 2ª El canuto de cristal 735 es lo que a mí más me encanta. (Examinándolo todo: va a tocar el tubo y petimetra 1ª le aparta la mano con rapidez) ¿Y para qué sirve esto? PET. 1ª No toques, que se dispara. (A petimetre 2ª.) ¿No es verdad, usted? PET. 2º (Confuso.) No lo sé. Estoy aturdido, Laura. 740 ¡Sacándome de mis yeguas, en lo demás hombre al agua! PET. 1º Es asombroso: yo apuesto (A Macareno.) a que su precio no baja de mil onzas.569 MACARENO (Dándome la mano con gravedad.) Esos cinco: 745 puso usté el dedo en la llaga. SISEBUTO Yo digo, ¿y cómo se enciende? MACARENO Yo digo ¿y cómo se apaga? 569 onza: duodécima parte de una moneda antigua. 808 PET. 1º (A la Pintosilla.) ¿Y quién mete la torcida? PINTOSILLA Y diga usted, ¿quién la saca? 750 SISEBUTO Don Luis, si nuestros abuelos la cabeza levantaran, ¿qué dirían? LUISITO ¡Que era cosa por el demonio inventada! JAVIERA A su sitio cada cual 755 que la comedia es muy larga y hay que dar principio; voy adentro a ver si despachan. PET. 3ª Diga usted, ¿no hay sinfonía? JAVIERA ¡Sí, al fin de la jornada! 760 PET. 1ª Una novedad es ésa. JAVIERA Todo lo es hoy en mi casa, porque a mí las novedades me divierten y entusiasman. (Vase por la primera izquierda.) ESCENA XVII Dichos menos Javiera. Todos van a ocupar sus asientos. Se oye sonar una campanilla indicando que va a empezar la función. MACARENO Callarse, que da principio. 765 (Se descorre la cortina y aparece Gregorio: suena un aplauso.) GREGORIO (Representando.) Petimetres y madamas, gala de Villa y Corte de nuestro amado monarca. (Al decir esta palabra, todos se levantan, hacen una reverencia y vuelven a sentarse.) Compañeras de taller que del oficio sois gala, 770 y... gala... de la familia y gala. 809 PINTOSILLA Adiós, ya se atasca. (Risas en todos.) SANTIAGO (Levantándose del asiento y gritando como queriendo ayudar a Gregorio.) Y gala del hemisferio. GREGORIO ¡Eso es, no me acordaba! Y gala... MACARENO Con uniforme 775 quedrá decir... (Risas) PINTOSILLA ¡Hombre, calla! (Voces de todos lados imponiendo silencio.) GREGORIO Señores, si me interrumpen no vuelvo a decir palabra. PET. 1ª ¡Prosiga usted, señor Máiquez! PET. 2º ¡Y no haga usté caso, Talma! 780 GREGORIO Empezaré nuevamente. (De carretilla.) Petimetres y madamas, gala de la Villa y Corte de nuestro amado monarca. Compañeros de taller 785 que del oficio sois gala... Soldados, niños, mujeres... PINTOSILLA (A voces y con ironía.) ¡Esos pagan media entrada! VOCES ¡Silencio, a la calle!... (Griterío.) GREGORIO (Suplicando.) Un poco de piedad para el que habla... 790 ¡Yo soy solo, ustedes muchos; cobardía y no arrogancia es atreverse conmigo y vencer en la batalla! (Aplausos generales y alegría ya en silencio, dice:) ¡Voy a empezar otra vez! 795 VOCES ¡No, no, fuera, basta, basta! (Nuevo tumulto.) 810 SANTIAGO (Levantándose y con toda solemnidad.) Señores: soy de opinión, atento a las circunstancias y al estado del espíritu en que el cómico se halla, 800 que deje filosofías aparte y hoy sólo haga una sustancial mención... GREGORIO (Sin dejarle concluir y resueltamente.) ¿Sí? Pues esta es la sustancia. Señores: hoy hace un año 805 que me casé con la Paca, hoy hace un año que he muerto, ni soy hombre, ni soy nada. (Aplausos y risas, Luis, entusiasmado, sube a tablado y en medio de la mayor algarabía abraza a Gorito y después vuelve a ocupar su sitio.) Como ella es rica y yo no, ella ordena y ella manda. 810 Me hace ir a la plazuela a comprar por la mañana, yo con la cesta detrás, ella delante, a distancia, con la mantilla caída 815 y la basquiña muy alta como diciendo: se admiten postores a la subasta. (Nuevas y prolongadas risas.) Si a la fuente de la Teja nos vamos de cuchipanda, 820 les dice a los convidados: “yo soy aquí la que paga, este chucho570 es mi marido nada más; pero yo el ama del dinero, por que al fin 825 lo gano y él no lo gana. (Aplausos.) De ropa, no hay qué decirlo, si no sois ciego, miradla: de un jubón suyo que fue después forro de casaca 830 y antes paño de fregar la escalera de la casa, me hizo a mí esta chaquetilla tan estrecha y apretada 570 chucho (familiar), como un perro. 811 que si hablo fuerte, se abre 835 y si estornudo se rasga. (Estornuda, se vuelve de espaldas al auditorio y se le ve un rasgón en la espalda: risas y jolgorio.) ¡Oh, padres, que tenéis hijos, hijos que tenéis hermanas, hermanas que tenéis novios, novios que tenéis cuñadas!, 840 sea el amor quien os lleve al altar, no la esperanza de bienes, al cuerpo buenos, pero muy malos al alma. (Aplausos.) Ahora, decid, petimetres, 845 ahora, decidme, madamas, y demás gente juiciosa a la fiesta congregada, qué debo hacer yo con ella... Aconsejadme...” TODOS (A una voz.) ¡¡Matarla!! 850 (Aparece en seguida la Figueras vestida con traje parecido al que durante la obra ha llevado Javiera; de modo que todos crean al pronto que es ésta: nueva algazara.) FIGUERAS Atención, Senado ilustre, porque en todo pleito o causa si no se oye a las dos partes la sentencia es infundada. GREGORIO (Asombrado.) ¡Pero yo veo visiones 855 o es Javiera! FIGUERAS Más templanza: que la que visiones ve es la sujeta que habla. UNOS ¡Viva la Javiera! OTROS ¡Vivaaa! FIGUERAS Amigos, oíd con calma. 860 (A Gregorio.) 812 Di, Gregorio, ¿qué te has hecho de aquella capa de grana y del traje de tisú571 que mi difunto llevaba en la procesión del Corpus 865 y en la de Semana Santa? ¿Qué del espadín de puño reempujado de oro y plata? (Va a hablar Gregorio y le contiene la Figueras.) No respondas, que yo traigo la respuesta preparada... 870 (Marcándolo mucho.) ¡¡Bebértelos!! (Aplausos.) GREGORIO ¡Oye, mira!... FIGUERAS (Sin dejarle acabar.) ¿Y qué has hecho de las arras que en la iglesia te entregué en señal de ser tu esclava y que en monedas constantes 875 eran cien reales medallas? (Gregorio va a replicar y ella le contiene.) No contestes, que también yo te lo diré... Jugártelas. ¿Y mi mantilla de blonda? ¿Y el collar de perlas?... GREGORIO (Atajándola.) ¡Falsas!... 880 FIGUERAS ¡Finas y muy finas, digo porque has de saber, panarra, que las perlas si son perlas y tienen nombre de alhajas, es porque están en mi cuello 885 y de él su valor alcanzan! TODOS (Aplaudiendo.) ¡Bien dicho! FIGUERAS ¡Te las jugastes en Gilimón a la tabas o alguna las lucirá vendiendo a gritos castañas! 890 (Aplausos.) 571 tisú: tela de seda con hilos de plata y oro. 813 Con un marido que juega y otras veces se emborracha y viene al hogar desnudo con deudas y sin alhajas, ¿qué debo hacer, auditorio? 895 PINTOSILLA (A voces.) ¡Hartarle de bofetadas! FIGUERAS (A Gregorio.) Pues saca un lápiz y apunta que yo no podré contarlas. (Va a emprenderla con él a mojicones, y se presenta de pronto, e interponiéndose, la Caramba, vestida de castañera, maja rumbosa, y contiene a la Figueras.) CARAMBA Detente, ofendida esposa, no le zurres la badana. 900 que aquesta empresa, Javiera, para mí estaba guardada. TODOS (Con mucha algazara.) ¡La Temeraria... la mesma! CARAMBA (Románticamente conmovida.) Sí, yo soy la Temeraria, la maja de Lavapiés 905 y de Gorito la maja: la que, sufriendo en la calle la nieve, el viento y el agua, Dichosa con sus amores, tranquila en sus esperanzas, 910 (Con ternura.) para Gorito vivía, para Gorito alentaba. (Aplausos.) Yo, abrasándome en el puesto al calor de mis castañas, y él abrasándose vivo 915 con aguardiente de Holanda. (Aplausos.) ¿Cuántas veces al caer la tarde, yo, estenuada, con la fatiga en el pecho y deshecha la garganta 920 de tanto y tanto gritar ¿cuántas, calentitas, cuántas? iba a levantar el puesto 814 para marcharme a mi casa y tú, tirano, cruel, 925 mal hombre, monstruo, tarasca, de mis generosas manos recogías las ganancias; y dándome un empujón en la silla me sentabas 930 obligándome, grosero, sin piedad para mis lágrimas, a gritar. (Conmoviéndose y casi llorando.) Parroquianitos, ¿cuántas, calentitas, cuántas? GREGORIO (Aterrorizado.) ¿Pero quién eres? CARAMBA ¿Quién soy? 935 ¿No lo ves?... ¡La Temeraria! Sino que el tiempo y las penas desfiguraron mi cara... ¿Y tú qué me has dado en cambio? Ahora lo verá la sala, 940 sala primero de amigos, después de audiencia que falla. (Mirando adentro) Sal, galán. (Aparece un niño de tres o cuatro años.) Di quién es éste... ¡Dilo, cordero! NIÑO (Abrazándose a Gorito.) ¡Mi papá! (Grandes carcajadas.) CARAMBA Ya desembuché, señores, 945 lo que me podría el alma: ahora que jueguen las manos. (Se abalanza a él y le zurra: la Figueras lo mismo.) FIGUERAS ¡Infame, toma castañas! (Se promueve un gran alboroto de carcajadas y de burlas. Gregorio salta del escenario a refugiarse, todo espantado entre el público: unos le defienden y otros permiten que le peguen la Figueras y la Caramba que han salido tras de él. En este tumulto cae al suelo el quinquet y se hace añicos. Doña Ubalda y Luis desaparecen horrorizados sin que 815 nadie lo note. Antes de esto, ha salido Javiera vestida lujosamente, se supone que es el traje que llevó a su casa la Figueras y que ha cambiado por el de Javiera.) JAVIERA (Poniéndose delante de Gregorio para que no le peguen más.) Cese el fuego: es mi marido y el que le toque me agravia. 950 Para broma fue bastante. GREGORIO (Cada vez más absorto y fijándose en su mujer.) ¿En dónde estoy, qué me pasa? Su merced, ¿quién es? JAVIERA Yo soy la que con bandera blanca trae el indulto del reo 955 que iban a matar mañana. SANTIAGO (Con gran prosopopeya y entonación sentenciosa.) ¡Uno han matado aquí mismo! (Señalando el sitio en que está el quinqué hecho trizas.) ¡¡El quinquet de doña Ubalda!! TODOS (Tapándole la cara con horror.) ¡Qué espanto! MACARENO ¡Ya sólo quedan otros dos en toda España! 960 ESCENA ÚLTIMA Dichos y Luisito que entra con precipitación. LUISITO ¡Vecinos: vengo aturdido!... ¡Qué alegría... doña Paca! (La abraza fuertemente.) ¡Don Santiago! ¡Macareno! (Les abraza fuertemente.) ¡Pintosilla! ¡La Caramba! (A ésta más fuerte todavía.) TODOS ¿Qué sucede? 816 LUISITO ¡Mi mujer... 965 no acierto con la palabra! En fin... que tiene ustedes un servidor... JAVIERA (Llevándose las manos a la cabeza.) ¡¡Lo esperaba!!... ¡El ver roto su quinquet precipitó la jornada! 970 SISEBUTO Creo que todos debemos subir a felicitarla. LUISITO (Invitándoles a salir.) ¡Lo agradecerá... vayamos! (Con entusiasmo) ¡Señores, una monada! ¡Ya sabe decir quinquet! 975 PINTOSILLA ¡De oírselo a doña Ubalda! (Se dirigen todos en animado grupo al foro, menos Javiera y Gregorio que quedan en el proscenio.) JAVIERA (A Gregorio.) ¿Te enmendarás? GREGORIO No lo dudes: la lección me salió cara. JAVIERA ¿Trabajarás? GREGORIO ¡Cómo un negro! JAVIERA ¿Seguirás bebiendo? GREGORIO Ni agua. 980 JAVIERA ¿Seguirás jugando? GREGORIO (Con resolución.)Sí... (Transición amorosa.) pero contigo y en casa! JAVIERA (Cogiéndole del brazo.) ¡Que nos vean de bracete, en señal de paz firmada! 817 GREGORIO (En voz alta y con orgullo.) ¡Paso a la feliz pareja! 985 MACARENO (Gritando con burla.) ¿Cuántas, calentitas, cuántas? (Les dejan el paso libre: ellos salen triunfalmente por entre todos, se oyen algunos vivas al matrimonio y cae el telón.) FIN DEL SAINETE 819 Fraile fingido ENTREMÉS LÍRICO, IMITACIÓN DE LOS ANTIGUOS 820 CASILDA JOSEFA FRANCISCO ESTUDIANTE UN MOZO Labradores y labradoras. La acción en un pueblo de la provincia de Salamanca siglo XVIII 821 ESCENA I Corral grande, cerrado por una tapia no muy alta con puerta al foro. En el primer término izquierda, puerta que da acceso a la bodega; en el primero derecha, la casa con puerta y rejas practicables. Es de día: mozos y mozas bailando y bebiendo. Casilda, Josefa y Francisco, obsequiando a todos con vino y bollos. Un mozo toca la guitarra a cuyo son bailan los demás. Alegría y animación en todos. (Música.) CORO Francisco nos convida hoy en memoria de que hace un año justo que fue su boda. Venga el fandango 5 antes de ir a la siembra que pide el campo. ¡A ver muchacha cómo lo bailas! ¡A ver tú mozo 10 cómo lo cantas! MOZO Forosa se está peinando y adornándose la cara y Arsenio la está esperando a la puerta de la casa. 15 Ay Forosa, Forosa, Forosa, que el cochero en el coche te monta.572 CORO Ay Arsenio de mi corazón cuida, que el cochero es un pillastrón. MOZO Un arriero en un mesón 20 llamaba por que le abrieran, y al fin llamó tantas veces que le abrieron la cabeza. Eso hace la niña de mi corazón, 25 al llamar al suyo le da un coscorrón. TODOS ¡Viva la alegría! ¡Viva el buen humor! FRANCISCO Otra copa, chicos (Reparte algunas.) 30 (Al mozo.) ¡Toma cantador! 572 escena cómica de signo grotesco 822 TODOS ¡Viva la alegría! ¡Viva el buen humor! (Se divide el corro en grupos y hablan unos con otros.) FRANCISCO (Aparte a Casilda.) Hoy hace un año, Casilda mía, que de rodillas ante el altar 35 juré quererte con toda el alma, juré guardarte fidelidad. CASILDA (Con tristeza.) ¡Ay es verdad! Y yo lo mismo juré aquel día, (Ap.) ¡qué mal, Dios mío, hice en jurar! 40 ¡Ay quién pudiera verse ya libre pues al buen viejo no puedo amar! FRANCISCO Yo soy muy bruto. 45 CASILDA Ya lo sospecho. FRANCISCO Si lo sospechas me haces favor, pues yo te daba por convencida; 50 gracias, esposa, por tu opinión. (A los grupos.) ¿Pero qué es esto, ya nadie baila? ¿Vuestra alegría se acabó ya? JOSEFA Es al contrario, sobrino mío, 55 me preparaba para cantar. FRANCISCO Venga una historia de las que cuentas en el invierno junto al hogar. JOSEFA Tengo una nueva, pero es picante y las mocitas se asustarán. 60 ELLAS Pues los oídos nos taparemos ELLOS No lo creemos. 823 JOSEFA Voy a empezar. (Las mozas se tapan los oídos.) De una bella molinera un viejo Corregidor, quiso alcanzar los favores 65 y veréis lo que pasó.573 ELLAS (Destapándose los oídos.) Eso, bien puedo escucharlo sin ofensa ni pudor. JOSEFA Y una noche en que el marido de la casa se marchó... 70 UNAS A OTRAS Tapa, tapa, que ya veo lo que al fin aconteció. (Se tapan los oídos.) JOSEFA Y una noche en que el marido de la casa se marchó de puntillas entró en ella 75 el señor Corregidor. Dejando a la puerta de la habitación, la chupa, el sombrero, casaca y calzón. 80 ELLAS ¡No quiero escucharlo, el caso es atroz! (Destapándoselos.) Pero, en fin oigamos cómo terminó. JOSEFA En esto el marido 85 a casa volvió y viendo la chupa, casaca y calzón, se puso esta ropa, y fuese veloz 90 adonde vivía el Corregidor. ELLOS El suceso tiene la gracia de Dios. 573 el encuentro de la molinera y el Corregidor está en la tradición popular, en El sombrero de tres picos (Alarcón, P.A., 1874, estrenado como ballet en 1919 con música de Falla y decoración de Picasso), La molinera de Arcos (Casona, A. 1947) y La pícara molinera (Tena, T.L.). 824 ELLAS (Tapándose los oídos.) Yo no quiero oírlo, 95 qué profanación; pero, en fin, sepamos cómo terminó. JOSEFA La corregidora al verle, creyó 100 que era el molinero el Corregidor... le coge y le mete en su habitación, y para probarle 105 ternura y amor le da sus caricias con toda ilusión. ELLOS Tiene mucha gracia la equivocación. 110 JOSEFA Y aquí se concluye la historia de amor de la molinera y el Corregidor. ELLOS El campo nos espera 115 CASILDA Pues idos presto. MOZO El carro con la mula ya está dispuesto.. CORO Acábese la fiesta, hay que ir al campo 120 que es el que nos mantiene si lo labramos. (Empiezan a marcharse.) Vayamos presto que hay que sembrar el trigo para cogerlo. 125 FRANCISCO ¡Adiós esposa mía! CASILDA ¡Abur, marido! FRANCISCO Hasta luego Josefa. JOSEFA Con Dios, sobrino Vuelve temprano. 130 825 CASILDA No descuides la siembra y hazla despacio. FRANCISCO (Amoroso.) ¡En tu pecho quisiera sembrar cariño! CASILDA (Rechazándole con disimulado desdén.) ¡Que te están esperando! 135 CORO ¡Vamos Francisco! FRANCISCO Voy receloso CORO ¡Cuanto más presto salgas vendrás más pronto! (Vanse foro, quedando Casilda y Josefa.) ESCENA II Casilda y Josefa. CASILDA (Dando voces hacia el sitio por donde se fue su esposo.) Marido que vuelvas pronto; 140 ya sabes que verte quiero... pero entre cuatro... JOSEFA ¡Casilda, estás dada a los infiernos! ¿Tú sabes lo que es vergüenza? CASILDA De oídas... JOSEFA ¡Así lo creo! 145 ¡Tú marido es un bendito! CASILDA ¿Por ventura te lo niego? JOSEFA ¡Con toda el alma te quiere! CASILDA ¡Porque yo me lo merezco! Fíjate en aquesta cara, 150 que es un pedazo de cielo, por fuera dice alegría y es pura gloria por dentro. Mi talle es gentil y airoso... fíjate en el contoneo... 155 (Se pasea graciosamente.) 826 JOSEFA Barco de vela pareces movido por dulce viento, que es el amor quien le empuja, el que le agita el deseo, la duda quien le detiene 160 quien le echa a pique los celos. CASILDA Tengo veinte primaveras mi esposo sesenta inviernos; ¿por qué has de extrañar que huya del frío y me arrime al fuego? 165 JOSEFA El fuego puede abrasarte... CASILDA Y enfriarme puede el hielo; y entre el frío y el calor, el calor, tía, prefiero, porque muriendo abrigada 170 se siente la muerte menos. Además aunque a la vista algo ligera parezco, ¡sé muy bien, lo que es pudor!... ¡No sabes cuánto me alegro! 175 CASILDA Y si me gustan las bromas con los zagales del pueblo, y con algún estudiante que de aquí no está muy lejos, es sólo por divertirme 180 porque al cabo considero que los hombres han nacido para ser juguetes nuestros. JOSEFA ¡Para jugar con nosotras es para lo que nacieron! 185 Tú, mira bien lo que haces, no vengas después diciendo como acostumbras ¡ay tía, sácame de aqueste enredo! Cuenta con que fue tu padre 190 honrado; honrado tu abuelo, tu madre honrada también, y yo, si mal no recuerdo, honrada fui. No te olvides de que una vez repartieron 195 diez premios a la virtud entre las chicas del pueblo, y yo estuve muy a punto de que me dieran el décimo. 827 CASILDA ¡Tía, yo que tú me iba! 200 JOSEFA ¿Sí? Pues yo que yo me quedo. CASILDA ¿Qué quieres hacer aquí? Vete a cuidar del puchero. JOSEFA (Con ironía marcándolo mucho.) Tienes razón, porque huele a quemado ... Pero vuelvo. 205 ¿Esperas visita? CASILDA A nadie. JOSEFA ¿A que hay joven de por medio? CASILDA Él lo dirá, mas no temas: mi honor quedará en su puesto. JOSEFA (Ap.) Por si se muda de sitio 210 he de ponerme al acecho. (Vase izquierda.) ESCENA III (Música.) Casilda y estudiante , que asoma la cabeza cautelosamente por la puerta del foro, sin entrar hasta que el diálogo lo indica. ESTUDIANTE Casilda ¿estás en casa? CASILDA Eso parece. ESTUDIANTE ¿Se marchó tu marido? CASILDA Sí, pero vuelve. 215 ESTUDIANTE ¿Me dejas que te diga lo que te quiero? CASILDA No tengo inconveniente si acabas presto. ESTUDIANTE Pues adelante. 220 ¡Saludo al sol divino! 828 CASILDA Yo, al estudiante. ESTUDIANTE Ya sabes que me sorprende el alba pensando en ti. CASILDA Ya sabes que lo agradezco 225 pero no paso de ahí. ESTUDIANTE Pues es una tontería el vivir siempre penando, pudiéndonos divertir, Casilda, de cuando en cuando. 230 CASILDA ¡Soy casada! ESTUDIANTE ¡Eso no es nada! CASILDA ¡Soy honrada! ESTUDIANTE ¡Eso es peor! Porque dicen 235 prenda mía, que el honor es el suegro más tirano del amor. ESTUDIANTE ¿Me dejas que te abrace? 240 CASILDA No, que es pecado. ESTUDIANTE ¡Nadie aquí nos contempla! CASILDA ¡Dios, en lo alto! ESTUDIANTE ¡Lo sentiría por si acaso pudiera 245 morir de envidia! CASILDA ¡Vete ya, estudiantillo! ESTUDIANTE ¡No, sin besarte siquiera en una mano! CASILDA ¡Es condenarme! 250 ESTUDIANTE Hazte la distraída, y así no pecas. CASILDA Está bien, me distraigo 829 y haz lo que quieras. (La besa la mano.) ESTUDIANTE ¡Ya te he besado! 255 CASILDA Besas tan bien, que apenas si lo he notado. (Hablado. Con música en la orquesta.) ESTUDIANTE (Queriendo acometer a Casilda.) Ea, no admito más esperanzas; en sed de amores 260 mi ser se abrasa... CASILDA (Corriendo hacia el pozo.) La medicina tengo cercana. Corro por ella... ESTUDIANTE ¿Qué haces?... ¡Aguarda!... 265 CASILDA (Cogiendo el cubo de agua y echándosele encima.) ¡Toma, Perico antes que ardas!... ESTUDIANTE Con esa burla mi amor inflamas, y un estudiante 270 de Salamanca, plaza que sitia, plaza que gana. CASILDA La fortaleza bombas dispara... 275 ¡Abur, Perico, y hasta mañana! (Entra y cierra la puerta violentamente, echando la llave por dentro.) (Durante esta escena corre tras Casilda. Unas veces la alcanza entre sus brazos y otras consigue escaparse Casilda hasta ganar la puerta.) ESTUDIANTE (Desesperado y tratando de echar la puerta abajo.) ¡Maldición! Se me ha escapado, pero no le ha de valer... Con voluntad y firmeza, 280 830 ¡no queda muralla en pie! (Golpeando la puerta.) (Música.) CASILDA (En la ventana.) Seor licenciado ¡que Dios guarde a usted! ¡Me muero de risa! ESTUDIANTE ¡Ja, ja, yo también! 285 CASILDA Ya, tu palomita voló al palomar... ¡Rabia, rabia, rabia!... ¡No la cogerás! ESTUDIANTE Alto tiene el vuelo 290 este gavilán. ¡Guarda, guarda, guarda, que él te cogerá! CASILDA (Coqueteando con la llave.) ¡Esta llavecita es mi salvación! 295 ESTUDIANTE ¡Es la llavecita mi condenación! CASILDA (Tirándola a lo alto y recogiéndola entre sus manos.) ¡Mira cómo sube, mira cómo baja! ESTUDIANTE ¡Ya verás que risa 300 como se te caiga! CASILDA (Volviendo a tirar la llave y a recogerla entre las manos.) ¡Perico, a la una! ¡Perico, a las dos! ¡Esta llavecita es mi salvación! 305 ESTUDIANTE Ya verás qué treta te preparo yo! (Casilda sigue tirando la llave.) ¡Es gracioso el juego! ¡Tírala otra vez! 831 CASILDA No hay inconveniente 310 ¡Otra vez y cien! ¡Perico, a la una! ¡Perico, a las dos! (Perico coge un puñado de trigo y lo arroja a la cara de Casilda, la cual, no pudiendo coger la llave, la deja caer al suelo.) CASILDA ¡Ay, válgame el cielo! ¡Al suelo cayó! 315 ESTUDIANTE (Tirando la llave al alto y haciendo el mismo juego que antes Casilda.) ¡Casilda a la una! ¡Casilda a las dos! CASILDA (Angustiada.) ¡Devuelve esa llave! ESTUDIANTE ¡Ahora mismo voy! (Entra precipitadamente en la casa.) ESCENA IV (Hablado.) Francisco en la puerta con el mozo, el cual trata de contener a su amo que quiere abalanzarse violentamente a la puerta. FRANCISCO (Forcejeando.) ¡Déjame! MOZO ¡Que no y que no! 320 FRANCISCO Que un hombre en mi casa está. MOZO No todo entero, que yo sólo he visto la metá. FRANCISCO Presuroso y aturdido entró , y es de maliciar... 325 Andrés ¿a qué habrá venido? MOZO (Con ironía). ¡A convidarte a cenar! FRANCISCO ¡Yo he de matarlos al punto y enterrarles al contado con mi honor que es ya difunto! 330 832 MOZO ¡Dios le haya perdonado! FRANCISCO (Retrocediendo.) ¡Pero no; cristiano soy y en cuenta debo tener que si los mato le doy dos almas a Lucifer, 335 porque en pecado mortal morirían ellos dos! MOZO Y eso estaría muy mal para los ojos de Dios. FRANCISCO Márchate, Andrés, al convento 340 pronto, que van a cerrar y di que venga al momento quien los pueda confesar, porque una vez confesados y hallándose ya contritos 345 los vas a ver desplumados igual que dos pajaritos. La escopeta de Colás tráete al paso. MOZO No tie balas... 350 FRANCISCO Pues vete por la de Blas... MOZO Dos tiene, pero muy malas... Busca en los camaranchones574 la tuya, que está completa. FRANCISCO (Con tristeza.) ¡Yo ya no tengo escopeta 355 ni tampoco municiones! (Haciendo mutis derecha 2º, término.) ¡Honor que así te deslizas y haces amarga mi suerte, aunque roto y hecho trizas, yo he de saber componerte! (Vase.) 360 (Al ir a hacer mutis por foro el mozo le sale al encuentro Josefa, la cual detiene el mozo llevándosele al proscenio.) 574 camaranchones: desván debajo del tejado. 833 ESCENA V Josefa y mozo. JOSEFA Todo lo que habéis dicho os he escuchado, porque al verle llegar tan sofocado, vine corriendo aquí desde mi casa para saber lo que en la vuestra pasa. Vete al convento, puesto que él lo quiso, 365 no traigas ningún fraile, no es preciso. MOZO ¿Pues qué locura tu magín575 intenta? JOSEFA ¡Eso no es de tu cuenta! Basta y óyeme bien lo que te digo que pidas a fray Pedro, que es mi amigo 370 (Con leve malicia.) y algún favor que otro le he prestado, un hábito de fraile, y escapado vuelves aquí, porque la industria mía quiere evitar tristezas este día. MOZO Josefa, eres el diablo; 375 ¡miedo me da cuando contigo hablo! Pues huye de mi vista y obedece sin replicar, que ya presto anochece MOZO (Ya en la puerta.) ¿Y qué me vas a dar si no replico? JOSEFA Una albarda muy maja... a tu borrico. 380 (Vase mozo.) ESCENA VI Josefa y Casilda , que sale muy acongojada a la ventana. CASILDA ¡Ay tía de mi alma, tía, tía! JOSEFA (Levantando la vista.) ¡Presa en tus redes, ya, pía, y repía, que me vas a matar a desazones por no escuchar atenta mis sermones! ¿Qué te ha pasado, necia? 575 magín: imaginación. 834 CASILDA ¡Nada grave! 385 Que me puse a jugar con una llave, la llave se cayó. JOSEFA ¡Ah! Comprendido; y a la vez te caístes tú del nido. Mas cuenta lo siguiente, si se puede contar. 390 CASILDA Sí, que es decente... Ante todo te juro, por mi viejo, que soy de la honradez el claro espejo. (Cruzando las manos y besándoselas.) Míralas... Por la Virgen del Rosario. JOSEFA ¡Pues cualquiera diría lo contrario! 395 CASILDA Entró el estudiantillo tan furioso como perro rabioso; quiso cogerme, pero yo más lista por lograr que no diera con mi pista al granero me acojo; 400 tranca, llave y cerrojo echo violentamente y me resguardo. Mi salvación de tu piedad aguardo... Que en ello va mi honor, tía, repara... JOSEFA ¡Permita Dios te salgan en la cara 405 tantos granos como hay en el granero! Retírate, infeliz, salvarte espero. CASILDA No tardes, porque ya el cerrojo cruje, y va a caer en el primer empuje. (Se retira precipitadamente.) ESCENA VII Josefa y mozo con un hábito metido en un pañuelo. MOZO ¡Aquí le tienes ya! JOSEFA (Quitándolo precipitadamente.) ¡Venga en seguida! 410 MOZO ¿Pero qué vas a hacer? JOSEFA ¡Calla la boca! (Empieza a desenvolver el bulto.) 835 MOZO ¡Una bala perdida! ¡Nada, se ha vuelto loca! JOSEFA (Empezando a ponerse el hábito.) ¡Méteme el brazo por aquesta manga! MOZO (Ayudándola pero sin acertar a vestirla.) ¿Sabes lo que barrunto?... 415 JOSEFA (Sin hacerle caso.) Y las dos hacia arriba me remanga que más grande que yo era el difunto. (Viendo que en vez de meterle el brazo por la manga se le mete por la capucha.) ¿Pero qué haces?... Escucha. No vi tal majadero. ¡Si aquesta no es la manga, es la capucha! 420 ¡No cambies de agujero! (Metiéndole la manga por las narices.) Ésta la manga es. MOZO ¡Ya! JOSEFA ¡La derecha! (Vuelve a tratar de vestirse.) El tiempo no perdamos; anda pronto (Enseñándole la otra mano.) ¡Esta la izquierda es! MOZO ¡Desde esta fecha has de volverme tonto! 425 (Le coloca el hábito dejando lo del pecho en la espalda y viceversa.) JOSEFA ¡Animal, si las mangas has trocado! MOZO ¡Con tantas advertencias me confundo! JOSEFA ¡Y lo de alante, atrás has colocado! MOZO ¡Todo tiene remedio en este mundo! (Deshacen lo hecho y queda vestida Josefa poniéndose el cordón a la cintura.) JOSEFA ¡Corre y busca a tu amo, papanatas! 430 MOZO (Contemplándole y haciendo medio mutis.) ¡Pareces un frailuco hecho y derecho! 836 JOSEFA ¡Mejor dirás un saco de patatas! MOZO Compóntelas con él y buen provecho. (Figurando que ve venir a Francisco, el cual aparece por la derecha, armado de una escopeta de dos cañones.) ESCENA VIII Josefa y Francisco. FRANCISCO Padre de mi alma (De rodillas.) Compasión tened. 435 Mi esposa... JOSEFA (Deteniéndole.) ¡No sigas porque ya lo sé! FRANCISCO ¡Con otro me falta! JOSEFA ¿Con otro? FRANCISCO Si a fe... JOSEFA (Simulando inquietud.) Habla, necesito 440 que te expliques bien. Porque si con otro faltó a su deber, eso es que con uno te faltó otra vez. 445 FRANCISCO Por Dios, padre mío no seáis cruel... Para consolarme aquí os llamé y vaya un consuelo 450 el de su merced... JOSEFA (Dirigiéndose rápidamente hacia la puerta.) ¡Entro a confesarlos!... FRANCISCO ¡Pero pronto y bien!... 837 JOSEFA En los mandamientos rígida seré 455 porque habrán faltado lo menos a seis... Pero tú, entre tanto, ¿qué piensas hacer? FRANCISCO (Apuntando como si fuera a disparar.) Al salir... catite.576 460 JOSEFA ¡Una estupidez! Porque a los infiernos irás con Luzbel y en caldera de agua revuelta con pez, 465 cocerá tus carnes. FRANCISCO ¡Que las coza y qué! ¡Te hará tajaditas que se ha de comer! FRANCISCO ¡Trabajo le mando 470 si me ha de roer! JOSEFA ¡Y hará con tus huesos, mondándolos bien, palillos de dientes, para su mujer! 475 FRANCISCO Vamos, padre mío entre su merced. Ya sabéis qué pago me da esa mujer. ¡Yo que fui con ella 480 un borrego fiel! JOSEFA ¡Modestias a un lado, porque yo bien sé que más que borrego llegastes a ser! (Medio mutis.) 485 Oye: sin mi aviso no dispares, ¿eh? (Ap.) ¡No vaya este bruto a asarme la piel! (Entra en la casa.) 576 catite: cachete, puyazo mortal. 838 ESCENA IX Francisco y aldeanos en la puerta. (Música.) CORO Pero Francisco, 490 ¿qué te sucede? ¿por qué del campo tan presto vuelves? ¿Es que Casilda mala cayó? FRANCISCO (Preocupado.) ¡No! 495 ¡Es mi desgracia mucho mayor! CORO ¿Ha muerto, acaso? FRANCISCO ¡Peor, peor! Otra es la causa, 500 de mi dolor CORO ¿Es que la mula se te murió? FRANCISCO ¡Esa sería pena mayor! 505 CORO Cuenta, Francisco, no temas nada. que tu secreto nadie sabrá. FRANCISCO ¡Mi honor ha muerto! 510 CORO ¡Qué necedad! ¡Yo creí que sería otra cosa de más novedad! Hace tiempo se dice y se cuenta por todo el lugar, 515 que Casilda es ligera de cascos, (y es muy natural). FRANCISCO Con cautela en mi casa hace poco a un bulto vi entrar. CORO ¡Bah! 520 839 FRANCISCO Y a Casilda y al bulto ahora mismo los voy a matar. CORO ¡Ah! FRANCISCO A un vecino pedí la escopeta; también ordené... 525 CORO ¿Qué? FRANCISCO Que un hermano viniera primero CORO Pero... FRANCISCO Y a los viles amantes confiese CORO Y ese ... 530 FRANCISCO Así vengo el ultraje celoso... CORO Oso... FRANCISCO ¡A los dos criminales castigo! CORO ¡Digo! FRANCISCO Y aunque mueran así, del infierno... 535 CORO ¡Cuerno! FRANCISCO ¡Tal vez luego se pueden salvar! ¿Qué tal? CORO ¡Muy mal! 540 FRANCISCO ¿Cómo? (A una mitad.) CORO ¡Muy mal! FRANCISCO Pero... (A la otra.) CORO ¡Muy mal! ¡Lo primero, matarlos a palos, después, confesar! 840 FRANCISCO (Desesperado.) ¡Yo no sé que tengo en esta cabeza! CORO Lo mismo que todos, 545 en tu situación. Ten mucha paciencia, ten mucha prudencia que no eres tú solo en la población. 550 FRANCISCO (Preparándose para disparar.) ¡La puerta se abre! CORO Apúntalos bien. FRANCISCO ¡Veréis mi venganza, sangrienta y cruel! CORO ¡Dispara, Francisco! 555 FRANCISCO (Dispara y no sale el tiro.) Voto a Belcebú (Tira al suelo la escopeta.) ¡Está descargada! CORO (Riéndose en son de burla.) ¡Pues cárgala tú! ESCENA X (Hablado.) Aparecen en la puerta el estudiante, vestido de fraile, Josefa y Casilda. Asombro general especialmente en Francisco. ESTUDIANTE ¡Qué vas a hacer, desgraciado! ¡Venido al mundo en mal hora! 560 ¿Vas a dar muerte traidora a quien, necio, has ultrajado? CASILDA ¡Y a quien tus infamias llora! JOSEFA ¡A la mujer más honrada. más pura y más recatada 565 que ha nacido en el lugar!... FRANCISCO ¡Quién lo había de pensar! 841 MOZO ¡Francisco, no somos nada! ESTUDIANTE (Siempre solemne.) ¡En su mujer presumía pecado torpe, tremendo! 570 ¡Qué diréis que estaba haciendo! Pues rezando con su tía. JOSEFA (Sin poder contener la risa aunque disimulándola.) ¡Y con lágrimas pidiendo al cielo por tu salud, que no sabes merecer! 575 ESTUDIANTE (Cogiéndole violentamente y echándole a los pies de Casilda.) De rodillas, por haber puesto en duda la virtud de tan íntegra mujer CASILDA (Lloriqueando.) ¡La pena me ha de matar! FRANCISCO (Muy meloso.) No llores, esposa mía. 580 Perdón te quiero implorar... ¡Pero, padre, yo vi entrar un hombre! JOSEFA (Adelantándose.) ¡Era su tía! ESTUDIANTE ¡De virtud, otro modelo! FRANCISCO ¡Siempre fuisteis mi consuelo!... 585 ¡A todos pido perdón. (Al estudiante.) ¡Y a vuesarced, compasión! ESTUDIANTE ¡Hijos, en nombre del cielo os bendigo, y a más ver! (Todos se arrodillan como preparándose a recibir la bendición.) FRANCISCO (Suplicante.) ¡Quédese, Padre, a comer 590 y verá qué bien lo pasa! JOSEFA (Invitándole a que se vaya.) ¡Déjale, que ya en tu casa no le queda más que hacer! 842 (Música.) Coro, Casilda y Francisco, acompañando al estudiante hacia la puerta del foro.) TODOS ¡Que viva el Padre! ESTUDIANTE (Echando bendiciones.) ¡Adiós, adiós! 595 ¡A todos bendigo, con santa efusión! TODOS ¡Adiós, adiós! UNOS A mí la mano (Se la besan) OTROS ¡A mí el cordón! 600 ESTUDIANTE ¡A todos bendigo con santa efusión! ¡Adiós! (En la puerta y frente al público.) TODOS ¡Adiós! (Se va el estudiante.) CORO (Volviendo al proscenio y rodeando a Josefa Casilda y Francisco.) En Paco y Casilda renazca la calma. 605 Dormid ya tranquilos. FRANCISCO, CASILDA y JOSEFA (Muy contentos.) ¡No ha pasado nada! MUJERES (Llevándose aparte a Casilda y Josefa con mucho misterio.) Como tengo olfato de perro pachón el fraile me ha dado 610 malísimo olor CASILDA (Desentendiéndose y yendo a unirse al coro.) ¡A bailar muchachos! JOSEFA (Id.) ¡Eso es aprensión! 843 CORO En Paco y Casilda renazca la calma; 615 pudo pasar mucho y no pasó nada... HOMBRES (Llevándose al proscenio a Francisco y bajando la voz.) ¡Si otra vez de celos vuelves a sufrir, (Blandiendo los garrotes.) no llames al fraile 620 me llamas a mí! Fin del entremés y del autor del libro. 845 ¡Viva el difunto! SAINETE 846 PERSONAJES MARÍA, comedianta ANTONIA PRADO, ídem POLONIA ROCHEL, ídem LUISA RIVERA, ídem UNA CRIADA COMEDIANTE 1º CORREGIDOR CEREZO, bailarín ROBLES, comediante NARCISO, petimetre CODINA, comediante PULIDO, ídem RAMOS, ídem Cuatro guitarristas La acción en Madrid, último tercio del siglo XVIII. Derecha e izquierda, las del espectador. 847 ACTO ÚNICO Sala en casa de la cómica María. Puertas al foro y laterales: muebles y cuadros de la época. De una de las paredes pende un retrato pintado al óleo de hombre mal encarado con barba cerrada. Sentados en el canapé que habrá a la izquierda del foro, Cerezo, Robles y Codina; en sillas cerca del canapé, Polonia y Luisa; Pulido y Ramos en pie detrás de éstas. María, sentada a la derecha a un extremo del escenario, y Antonia, de pie, en medio. A la derecha del foro y junto a la pared habrá una mesita con tintero, pluma de ave y varios papeles. ANTONIA (Declamando con algún amaneramiento.) Y no hablemos más, señores. Soy, pa que ustedes lo sepan, Soledad, hija de Arganzo,577 el amo de la taberna más celebrada del mundo 5 y de todas sus afueras. Porque no sé qué demonios mi padre en el vino echa, que da valor al cobarde... MARÍA (Levantándose rápidamente de su asiento y yendo adonde está Antonia.) Ten más fuego, más desgaire,578 10 más brío y más gentileza. Dirige una miradita sonriente y picaresca que recorra el coliseo desde el patio a la cazuela. 15 Al andar, muéstrate airosa y procura que en las vueltas te descubran lo que resta. (María dirá lo que sigue con desenvoltura y coquetería.) Siéntate, fíjate en mí... 20 Lo dirás de esta manera. (Antonia se sienta junto a Polonia y Luisa.) “Y no hablemos más, señores. Soy, pa que ustedes lo sepan, Soledad, hija de Arganzo, el amo de la taberna 25 más celebrada del mundo y de todas sus afueras. Porque no sé qué demonios mi padre en el vino echa, 577 Arganzo: su hija dio nombre al actual barrio madrileño de la Arganzuela. 578 desgaire: desaire, desaliño. 848 que da valor al cobarde, 30 al imprudente prudencia, al que es mudo le hace hablar, al que está triste le alegra, al necio convierte en sabio y al sabio le desespera, 35 porque no da en el busilis aun a pesar de su ciencia... Pero no sólo el vinillo a las gentes interesa, que algo pueden estos ojos 40 (Con mucha coquetería.) que matan si pestañean, y algo también este cuerpo (Contoneándose graciosamente.) que al andar se balancea al aire de los murmullos de asombro con que le asedian... 45 Así me paso la vida dando a mis cortejos guerra y trayéndolos a todos por servirme de cabeza...” (Aplauden los cómicos menos Antonia.) CEREZO (A Antonia.) Aprende a decir las cosas 50 con donaire y gentileza. MARÍA (A Antonia.) ¿Te has enterado? ANTONIA Si tal. Pero has de tener en cuenta que este papel le tenía la Caramba, y en su ausencia 55 me le has repartido a mí que no valgo lo que ella... Ella gana veinte reales diarios; yo, diez apenas. ¿Vas a pedir por diez reales 60 una ejecución perfecta? MARÍA (Dando una patadita en el suelo.) ¡Caramba con la Caramba! ¿En dónde estará esa necia que ya falta a tres ensayos? 849 NARCISO (Petimetre a la última moda, entrando muy alborotado por el foro.) ¿Dan ustedes su licencia? 65 MARÍA Adelante... NARCISO Buenas tardes. (Encarándose con María.) No se ponga usted tan seria, madama, porque la traigo una noticia tremenda. (Todos se levantan y le rodean.) ¡La Caramba ha muerto! TODOS (Falsamente afligidos.) ¡Ha muerto! 70 MARÍA ¡Qué dolor! (Transición cómica.) ¿Cuándo la entierran? Será muy pronto, ¿verdad? NARCISO No lo sé. Cuando se muera... (Murmullos de contrariedad en todos, dejando solo a Narciso, el cual trata de evitar que se aparten de él y consiguiéndolo.) Les digo a ustedes que ha muerto... Ha muerto, para la escena. 75 MARÍA Eso está diciendo siempre, no más que porque la asciendan de sueldo. NARCISO Presten oídos, que ahora sí que va de veras. (Vuelven a rodearle llenos de curiosidad.) La otra tarde, paseando 80 por el Prado, con aquella soltura y aquel descoco y aquel mover de caderas que todos consideramos estímulo a la licencia, 85 nublóse el cielo y de pronto estalló horrible tormenta. Asustada cobijóse en un convento allí cerca, y en el momento de entrar 90 (casualidad como ella) un capuchino en el púlpito con voz tenebrosa y hueca, clamaba contra el teatro 850 como lugar de insolencias, 95 antro579 de perversidades y trono de la impureza... (Asombro en todos.) La ceñuda faz del fraile, la oscuridad de la iglesia, el relámpago que anuncia 100 que el rayo viene ya cerca, la aterrorizan de modo que el sagrado templo deja corre veloz a su casa y en amargo llanto envuelta 105 se desprende de sus joyas, rasga sus ropas más nuevas y el cuerpo que antes lucía basquiña y jubón se seda, hoy cubre andrajosamente 110 tosco sayal de estameña; se da de disciplinazos y ¡no come ni se acuesta! (Nuevo asombro de todos.) MARÍA ¡Sí que es de pasmo el suceso! POLONIA ¡Miren que no comer ella 115 cuando diez grandes de España le han servido de merienda, y andaba en coche hasta en casa para no ajar su belleza! (Risas.) NARCISO Excuso decir a ustedes 120 que las musas madrileñas no han estado ociosas. Ya venden versos por docenas dedicados a la cómica... Allá van los míos. MARÍA Tenga 125 caridad, porque es muy tarde y hay que ensayar la tragedia... NARCISO (Sacando un papel.) Son breves, aunque profundos... TODOS ¡Que los lea, que los lea! 579 antro: cueva, lugar oscuro. 851 NARCISO (Sentándose en una silla que habrá junto a una mesa con recodo de escribir, a la derecha del foro, y leyendo:) Tú, que del orbe entero fuiste asombro... 130 MARÍA Alto. Del orbe asombro nunca ha sido. NARCISO (Borrando.) Pues pondremos de Europa. MARÍA Aún es mucho. LUISA ¡Qué bien nos da a entender que fue su amigo! NARCISO (Borrando.) ¿Es mucho?... Pues de España. MARÍA Francamente; eso es sacar las cosas de su quicio. 135 Quitaremos de España, que no quiero molestias de amor propio en mis amigos; y pondremos del modo subsiguiente: (Borrando y escribiendo.) “A la que asombro de Madrid ha sido”. ¿Qué os parece? POLONIA Muy mal. De eso a ponerla 140 a la altura del sol, no va un comino.580 MARÍA En Madrid no hay quien sepa ni que vive. NARCISO (Borrando.) ¡A la que asombro de su barrio ha sido! MARÍA Menos mal, aunque creo que exagera... NARCISO ¿Dice usted que exagero?... Pues lo quito... 145 y pongo en su lugar de aqueste modo: (Borrando, algo contrariado.) A la que asombro de su calle ha sido. MARÍA (Enfadada.) ¡Eso, jamás! NARCISO ¿Por qué? MARÍA Sencillamente, 580 comino: pequeño, sin importancia. 852 porque vive en la calle que yo vivo... (A su gente, levantándose.) A ensayar, y a una parte chirigotas...581 150 NARCISO Un instante... Ya tengo el adjetivo para dar gusto a todos. (Leyendo.) Epitafio. “Tú, que asombro de nadie nunca has sido!” MARÍA Eso es más razonable. TODOS ¡Viva el poeta! NARCISO (Muy satisfecho.) ¡Trabajo me costó, mas ya está escrito! 155 (Levantándose y guardando los papeles. A María.) No crea usted que a ella sólo escribo versos; también mi rica vena a usted dedico. En la función de ayer, cuando usted muere, víctima del puñal del asesino, esta quintilla me surgió de pronto. 160 Verá qué inspiración y qué prodigio. (Declamando.) “¡Qué alegría, qué alegría que me produce María cuando se muere en escena, y subo a verla en seguía 165 y me la encuentro tan buena!” MARÍA ¡Venga esa mano!...¡Eso es improvisar de lo lindo! (Le da la mano.) LUISA Ríase usted de Cervantes... ¡Vaya una quintilla, amigo! 170 (Ídem.) CODINA ¡Es usté un Lope en pequeño! (Le abraza.) NARCISO Se estima el diminutivo. PULIDO Calderón, una sardina, si le comparan contigo. (Ídem.) 581 chirigotas: bromas. 853 POLONIA Garcilaso de la Vega 175 al lado de usté, un mosquito... NARCISO Y tú una abeja punzante, (En voz baja y apartándola de los demás.) en cuya miel me deslío, empalagándome el dulce aroma de tus suspiros. 180 ¿Quedamos en que me amas? POLONIA ¿Quién lo duda?... ¡Con delirio! (Con sorna.) NARCISO Mas procura que no llegue de mi padre a los oídos que eres mi novia, porque 185 si sabe, por un descuido, que soy novio de una cómica, me asesina. POLONIA Pues el mío, (Alzando la voz y con mucha ironía.) si averigua que soy novia de un necio, me pega un tiro. 190 TODOS Bien contestado. NARCISO Señores, ¿he dicho algún desatino? (Queda cuchicheando con los cómicos y al poco rato desaparece por el foro.) CEREZO (Se levanta, se pone el sombrero y la capa que tendrá en una silla, y se acerca a María.) ¿Quieres algo? MARÍA ¿Adónde vas? CEREZO Mujer, ¿pues no te lo he dicho? Casa del Corregidor, 195 que me ha mandado un aviso... MARÍA Alguna majadería... 854 CEREZO Eso propio me imagino; pero es juez de los teatros, jefe nuestro, y por lo mismo 200 hay que estar en todo instante obediente a sus designios. ¡Conque, abur! MARÍA Hasta después, ¡y ya estás aquí, vivito! Menea esas piernas. CEREZO Por eso 205 no ha de quedar, pues que vivo de moverlas, porque soy el gran bailarín del siglo. (Vase por el foro, María se dirige al sitio en que los cómicos forman grupo.) MARIA Ramos, Pulido, Robles y Codina, a ensayar la tragedia, pues deseo 210 que salga tan perfecta y acabada que el entusiasmo llegue hasta los cielos. Es la escena final la más difícil... Empecemos por ella. (A Robles.) Este es tu puesto. (Lo coloca en medio de la escena.) Acabas de observar galas y joyas 215 en desorden, tiradas por el suelo. Son estas prendas de tu amada esposa, y están de aqueste modo, porque huyendo de la estancia salió, pues Otaviano entró en el aposento 220 con el fin de lograr traidoramente sus apetitos ciegos. En ti han de dominar celos y agravios, tremenda lucha estallará en tu pecho... Primero, mucha calma... poco a poco 225 ha de irse tu sangre enardeciendo, hasta que al fin, el juicio ya perdido y de cólera ciego, rompes en ira, y, cruel, prometes vengar esos agravios y esos celos...582 230 ¿Te sabes el papel? ROBLES De punta a cabo. Memoria y voluntad ambas las tengo; aptitudes no sé, porque los años 582 Luceño refundió en 1921 la tragedia El mayor monstruo los celos de Calderón de la Barca. 855 nubes son del más claro entendimiento. Haremos la probanza, 583y si no sirvo 235 otro ocupe mi puesto. (Se sientan todos, formando semicírculo. María a un extremo, sentada en una silla.) ROBLES (En medio.) “En mi misma casa entro, mas tan turbado y confuso, que siendo mío el tesoro que aquí existe y aquí busco, 240 parezco ladrón cobarde que roba lo que no es suyo.” MARÍA (Interrumpiéndole.) Al llegar aquí, una pausa; te quedas absorto y mudo, y enseguida exclamarás: 245 “¡Con cuánta razón descubro!...” ROBLES (No dejándole terminar.) Aguárdate; una advertencia, porque yo también discurro. ¿Dices que mudo me quede? MARÍA Cabal. ROBLES Pues si quedo mudo, 250 cómo he de exclamar después: “¡Con cuánta razón descubro!” Si estoy mudo, hablar no puedo, y si hablo, ya no estoy mudo. MARÍA El donaire me ha hecho gracia... 255 ¿Mas sabes lo que presumo? Que, en efecto, ya no tienes facultades ni recursos para tan grande papel... ROBLES Ya lo dije y no lo oculto... 260 Además, confesar quiero que tengo un odio profundo al teatro antiguo español, por embrollado y obscuro. Dame tragedias francesas584 265 de las que están hoy al uso, celebradas y aplaudidas 583 probanza: demostración. 584 los malos actores prefieren tragedias francesas al teatro antiguo español. 856 por las gentes de buen gusto, y verás con qué entusiasmo mis papeles ejecuto... 270 (Con desprecio.) ¡Lope y Calderón han muerto! ¡Bien están con los difuntos!... (A los cómicos.) ¿Compañeros, digo bien? POLONIA ¡Gallardamente lo expuso! LUISA ¡Muera Calderón, por falso! 275 ANTONIA ¡Muera Lope por insulso! CODINA ¡Por indecente, Moreto! PULIDO ¡Y el gran Tirso, por frailuno! MARÍA ¡Qué horrible profanación!... (Aterrorizada.) Idos de aquí todos juntos, 280 que me va a dar un soponcio de oír tan viles insultos. ROBLES ¿Despedidos? MARÍA (Con firmeza.) Despedidos. ROBLES (Tratando de calmarla.) Aguarda... Todo en el mundo tiene arreglo, si se quiere 285 no pasar por testarudo. (A los cómicos. Aparte.) Esto de perder el pan debemos mirarlo mucho... (A María.) No hagamos El mayor monstruo. Si me autorizas, yo busco 290 otra comedia más fácil y de más bello conjunto, (Con desdén.) Aunque sea de Alarcón ya que te da por los cultos. MARÍA (Con terquedad.) Ha de ser El mayor monstruo. 295 ROBLES ¿En qué te fundas? 857 MARÍA Me fundo en que María Bermejo, que méritos nunca tuvo, representa esa tragedia en la que cifra sus triunfos. 300 Y quiero yo demostrarla que de mi talento al suyo la misma distancia media que desde Cádiz a Burgos; que si Iriarte y Jovellanos 305 y otros poetas del vulgo la ensalzan y divinizan, yo sé calzar el coturno585 mejor que ella, y de la gente cultivada soy orgullo. 310 ROBLES (Resignadamente.) Corriente... toma el papel que yo de grado renuncio. (Se le da.) Y después de lo ocurrido creo que aquí sobra uno, y que ése uno soy yo. 315 MARÍA Tú lo has dicho... ¡La del humo! (Indicándole la salida.) ROBLES ¡Quiera Dios que el teatro antiguo sea para ti el verdugo! (Vase foro.) MARÍA (Ya nerviosa en exceso.) ¡Dios mío! ¿Dónde encontrar en Madrid un comediante 320 que papel tan importante se atreva a desempeñar? Ramos, Codina, Pulido? ¿no estáis viendo lo que pasa? CODINA (Sin levantarse de la silla y desabridamente.586 María, no estoy en casa. 325 MARÍA Ramos... RAMOS (Lo mismo que Codina.) También he salido. (Va a dirigirse a Pulido y éste la contesta sin dejarla exponer su pretensión.) 585 calzar el coturno: usar de estilo alto y sublime. 586 desabridamente: desagradablemente. 858 Pulido... PULIDO Son ruegos vanos. El papel es muy violento... Requiere a cada momento gritar, levantar las manos; 330 y en su celosa pasión arrancarse el pelo, herir a su esposa y concluir tirándose del balcón... Vamos, que no puede ser... 335 Nací para amar sin celos; no sé arrancarme los pelos ni matar a mi mujer... MARÍA (A las cómicas.) Vosotras, glorias del arte, (Con cierta ironía.) prez587 y orgullo del proscenio, 340 ¿para cuándo es vuestro ingenio? ANTONIA Yo bien pudiera salvarte... Hoy un cómico ha venido de Granada... ¡Es un primor! MARÍA (Desconfiada y con ironía.) ¿Y quién es ese señor? 345 ANTONIA ¿Ese señor?... ¡Mi marido!... (Risas en todos los cómicos y cómicas.) MARÍA (Muy asombrada.) ¿Tu marido? ANTONIA (A los cómicos.) Ese desprecio vuestra envidia da a entender... MARÍA Pero, ¿te atreves, mujer a proponerme ese necio? 350 ¡Isidoro! ¡Buena alhaja! No entrará en mi compañía, que le silban a porfía donde quiera que trabaja. (Con burla.) De Toledo, poco ha, 355 tuvo que salir huyendo, porque el infeliz haciendo 587 prez: precio, honra, fama. 859 de moro, y viéndose ya del público despedido, la escena sola dejó 360 y a escape a Madrid partió de moro Tarfe vestido. (Más risas en todos.) Sería cosa de ver su estampa de Fierabrás con el turbante hacia atrás 365 y el jaique588 a medio caer. ANTONIA Eso que tú has referido hace tiempo que pasó. Con fe después estudió y es, justamente, aplaudido. 370 MARÍA Lo será fuera de aquí, donde de arte nadie entiende; mas, pobre de él, si pretende que le ajusten en Madrid. Le tienen por meliloto, 375 su declamar entristece y su voz débil, parece salir de un cántaro roto. Le dicen galán de invierno por ser frío en el hablar; 380 ni celos sabrá expresar, ni ningún afecto tierno. Guarda, pues, tu esposo amado para mejor ocasión... ANTONIA María, mal corazón 385 muestras para el desgraciado. Algún día ha de llegar en que tu afán le prefiera, y entonces, tal vez, no quiera contigo representar. 390 MARÍA (A una criada que aparece por primer término derecha con un canastillo tapado con una tela blanca como si llevara ropa dentro.) ¿Están preparados ya los trajes? CRIADA Aquí los llevo... También el vestido nuevo 588 jaique: especie de vestidura mora que sirve para cubrirse de noche y para vestirse de día. 860 en el azafate589 va; que la señora Duquesa 395 de Alba tiene interés en que esta tarde lo estrenes. MARÍA (Poniéndose la mantilla.) No sé cómo agradecer a tan ilustre señora su excesiva esplendidez 400 para conmigo. Ella quiere que en el vestir quede bien, y desde hoy en mis comedias dice que me he de poner sus vestidos y sus joyas... 405 ANTONIA No es bondad, orgullo es; pues sabe que la Condesa de Benavente, anteayer prestó a Josefa Figueras, para no sé qué papel, 410 con sus más ricos vestidos, joyas de inmenso valer. Y por competir con ella, humillando su altivez, te regala de ese modo. 415 Conque si lo piensas bien, no es que te admire, es que quiere en la contienda vencer. MARÍA Me has echado un jarro de agua de la cabeza a los pies. 420 Mi amor propio has ultrajado, vengando así de una vez a tu esposo... Enhorabuena, que no en vano eres mujer. (Estrechando la mano de Antonia.) ANTONIA De modo más persuasivo 425 (Marcándolo.) pienso que me vengaré... Y te lo juro, María, por la memoria de aquel (Señalando al retrato que hay colgado en la pared.) que fue tu primer marido... 589 azafate: cestilla con perfume de mujer. 861 MARÍA (Con tristeza.) Y mi tirano también... 430 Mas deja en paz al difunto que harta su desgracia fue morir remando en galeras con los cautivos de Argel. ANTONIA ¡Pues abur!... (Se dirige al foro.) MARÍA ¿Te vas picada? (Con sorna.). 435 ANTONIA (Irónica.) Antes gozosa... Ya ves, haciéndote reverencias como las que hacen al rey... (Con mucha ironía, doblando las corvas y recogiéndose el vestido por los extremos laterales.) Primero una, luego otra y la tercera después. 440 (Estas reverencias las va haciendo pausadamente y ganando terreno hasta llegar a la puerta del foro; claro que burlescamente.) MARÍA Eres tonta de nación... ANTONIA (Haciendo la última reverencia.) Y tú, antes de nacer...(Vase foro.) MARÍA Bájate con todo eso que allá voy yo. CRIADA Bien está. (Vase y al mismo tiempo entra Cerezo desesperado y seguido de tres o cuatro guitarristas. María se ha dirigido antes al tocador como para darse la última mano.) MARÍA ¿Qué ocurre? ¿Qué significan 445 esas maneras, Cerezo? CEREZO El señor Corregidor nos prohíbe que bailemos las seguidillas manchegas sin ensayarlas primero 450 delante de él, pues le han dicho muchos que bailar las vieron fuera de aquí, que es un baile escandaloso y obsceno. 862 MARÍA (Preparándose a marchar.) Que venga cuando le plazca; 455 está muy en su derecho. (Sale el Corregidor, grave y de bastante edad. Al parecer, todos le saludan respetuosamente.) CORREGIDOR Saludo a la buena gente... (Fijándose en María y echándola el lente.) Sobre todo a este portento, de los públicos asombro y de Talía590 embeleso 460 (María hace una cortesía.) (A Polonia ídem.) Me rindo ante tus donaires Polonia Rochel, que el cielo tan dulce voz darte supo, que cuando cantas, San Pedro su rostro asoma entre nubes 465 y deja lo que está haciendo por escucharte... POLONIA (Haciendo una reverencia.) Se estiman elogios que no merezco. CORREGIDOR Y a ti, Luisa Ribera, habré de contarte un cuento... 470 Cuando ayer tarde bailabas, diste un salto tan resuelto que a poco enseñas la liga. ¿Esto es pudor, es respeto? LUISA (Ingenuamente y con respeto.) ¿He de bailar con sotana, 475 señor? CORREGIDOR Pues mira, te advierto que si lo repites, doy en la cárcel con tu cuerpo... Y no irás sola, que acaso (Mirando intencionadamente a Cerezo.) te acompañe algún mastuerzo, 480 que en lugar de poner bailes interesantes y honestos, al auditorio le ofrece danzas y bailes obscenos. 590 Talía: musa de la comedia. 863 CEREZO (Con humildad.) ¡Señor, el pueblo los pide! 485 CORREGIDOR Pues no hagas caso del pueblo... Al Rey y a la aristocracia debes atender primero... Ea, vamos a ensayar el dichoso baile nuevo... (Refunfuñando.) 490 ¡Las seguidillas manchegas!... ¡Hasta el titulo es grosero! MARÍA Con el permiso de usía me marcho y aquí le dejo. ¡Que Dios en buena salud 495 le mantenga! (Le hace reverencia.) CORREGIDOR Y a ti el cielo te conserve los hechizos que en tu lindo rostro ha puesto... (Vase María y la Criada.) (A los hombres.) Y vosotros, comediantes, a trabajar y a ser buenos, 500 en justa correspondencia del paternal miramiento conque los poderes públicos cuidan de vuestros derechos... ¡Ya se os entierra en sagrado!... 505 ¿Queréis más, faranduleros?591 CODINA (Con respetuosa ironía.) Ya le daremos a usía las gracias, después de muertos. RAMOS (Ídem.) Yo, cuando usía se muera, iré con gusto al entierro. 510 (Vanse los cómicos.) CEREZO Cuando usía lo disponga... 591 faranduleros: cómicos, teatreros. 864 CORREGIDOR ¡Vamos a ver!... ¡Dad comienzo! (Al son de las guitarras bailan graciosamente Polonia y Luisa, tocando las castañuelas. Durante el baile el Corregidor se muestra entusiasmado, haciéndolo notar a Cerezo por medio de ostensibles ademanes.) CORREGIDOR (Levantándose enloquecido de la silla.) ¡Lindo, lindo, entusiasmado! ¡Enhorabuena, Cerezo! ¡Qué elegancia al bracear, 515 qué airosos los movimientos! ¡Cómo las piernas, guardando el equilibrio del cuerpo, en complicados enlaces ligeras se van moviendo!... 520 Si no fuese autoridad, en este mismo momento era capaz de quitarme casaca, chupa y sombrero, y al son de las castañuelas 525 bailar el baile manchego... ¡Nunca gocé tal deleite! Si hay en la gloria festejos, de fijo que “las manchegas” será el baile predilecto. 530 CEREZO Pero, ¿quién le dijo a usía que era inmoral? CORREGIDOR Buen Cerezo, nadie jamás me lo dijo. CEREZO (Extrañado.) ¿Nadie? CORREGIDOR Es que soy manchego, (Muy alegre.) y por solazar mi alma 535 con el baile de mi pueblo, te dije que antes que el público querría en tu casa verlo... A bailarlo en el teatro cuando quieras: lo consiento. 540 CEREZO ¡Que viva el Corregidor! TODAS ¡Que viva! CORREGIDOR Adiós; ¡hasta luego! 865 (Se va muy regocijado a hacer mutis por el foro y se encuentra con María, que entra precipitadamente, muy descompuesta, y alterada se arroja en los brazos de Cerezo. Espanto en todos.) MARÍA ¡Miguel, por Dios, ampárame en tus brazos, que me amenazan otros con matarme! ¡Señor Corregidor, vuestra justicia 545 sirva de muro a esta inocente mártir! CEREZO (Muy acongojado.) ¿Qué te ocurre? CORREGIDOR ¿Qué es eso, actriz famosa; qué altera tu belleza incomparable? MARÍA (Sobresaltada y mirando aterrorizada hacia la puerta.) ¡Deje vuestra merced que me reponga, que en mi cuerpo no hay ya gota de sangre! 550 (Dando un grito.) ¡Ay! Aquí está; su paso tenebroso mi corazón traspasa. CORREGIDOR (Esparciendo la vista.) ¡No veo a nadie! (Temblando.) ¡Cálmate, por favor; que nos asustan más tus gritos que el diablo que llegase! Narra el suceso y cuenta con mi apoyo, 555 que al fin y al cabo casi soy tu padre, pues, siendo el protector de los Teatros, algo te toco. CEREZO Con razón hablasteis... MARÍA (Entre sollozos y lágrimas.) Estaba yo en escena interpretando en La hija del aire 560 el papel de la dama, con aquella inspiración y arte que el auditorio generoso y noble con entusiasmo aplaude, cuando veo salirse de su asiento, 565 en medio del tumulto delirante, un hombrachón, que en destemplado tono, grita: “las pagarás, mujer infame. Hoy mismo has de morir entre mis manos, al viento dando tus postreros ayes.” 570 Me fijo en tan diabólica figura, 866 abro los ojos para no engañarme, al principio vacilo, luego adquiero la horrible convicción de que el bergante era... No quiero pronunciar su nombre... 575 CORREGIDOR No le des importancia, porque el lance promovido será por algún cómico que del otro corral allí enviasen, con el siniestro fin de que, turbada, a recitar los versos no acertases 580 y echarás a perder de la tragedia el más bello pasaje. MARÍA (A Cerezo.) No era cómico, no, Cerezo amigo; y si amigo te llamo, no lo extrañes, ¡que ya no eres mi esposo!... CEREZO (Alarmado.) ¡Caracoles! 585 ¡María, vuelve en ti, no disparates! MARÍA (Con grandes aspavientos.) ¡Mi difunto marido era aquel hombre! CORREGIDOR ¿El difunto Colás, que en paz descanse? MARÍA Ya no descansa en paz, que volvió al mundo para que los demás no descansasen. 590 CEREZO Imposible, María; no te goces en afligir mi espíritu cobarde... ¡No puede ser; lo digo una y mil veces!... COM. 1º (Apareciendo en el umbral de la puerta del foro, cogiendo violentamente de la mano a María. Esta escena, en tono trágico.) ¡Sí puede ser, pues que me veis delante! TODOS (Retrocediendo aterrorizados.) ¡Jesús! (Polonia y Luisa huyen despavoridas por el foro.) COM. 1º (De majo, desarrapado y con barba. Bruscamente y sin soltar a María.) Ya estoy aquí, mujer perversa, 595 adúltera, malvada, miserable, sin pudor, sin entrañas, vivo ejemplo de leonas hambrientas y salvajes... hembra, por fin, ansiosa de caricias 867 maldecidas de Dios por ilegales. 600 CEREZO (Queriendo acercarse a él, pero retrocediendo por miedo.) Ilegales, no tal, que está casada de Dios en la presencia venerable con testigos y todo. COM. 1º (Sin hacerle caso.) ¡Fuera, chucho... que aquí no eres tú nadie! (A María.) ¿Qué has hecho de mi honor? ¿Diste al olvido 605 caricias que de mí solicitaste? Creyéndome difunto y sepultado en los profundos y revueltos mares, ¿a otro diste la mano?... Pues yo vengo a beberme su sangre (Cerezo da un repullo)592. 610 y a arrancar de raíz esa vil lengua (Por María.) que dijo sí ante sagrada imagen. MARÍA Colás, por compasión, que me destrozas, que tus uñas me hieren. COM. 1º Tú clavaste las tuyas en mi honor y no tuviste 615 para mí una oración en los altares. (Se dispone a sacar un puñal.) ¡Vas a morir! (María se arrodilla y exhala un grito exagerado.) CORREGIDOR ¿Qué vas a hacer?... Advierte (Muerto de miedo, tiembla, quiere acercarse al comediante y retrocede.) que soy autoridad y he de llevarte, si en tus planes persistes, a que expíes el crimen en la cárcel. 620 (Siempre que el Corregidor habla al comediante le presenta en alto el bastón, para que vea que es autoridad.) CEREZO (Al comediante 1º, con altanería, pero temiendo ser agredido por él.) ¡Soy su esposo legítimo y honrado! COM. 1º A borbotones sube ya mi sangre a mis débiles sienes, y los celos en ruda tempestad mi pecho invaden. 592 repullo: muestra de sorpresa, respingo. 868 (A María.) Este agudo puñal será en tu seno 625 huésped terrible que tu vida acabe. ¡Muere!... (Espanto en todos, que tratan de evitar el golpe. María permanece de rodillas, aterrorizada.) ¡Mas no; levántate, infelice; (Arroja el puñal al suelo.) quiero ser yo quien tu existencia salve! (Muy trágico.) “Matar pude, vencedor de ti sola; pero así 630 he vencido a ti y a mí, que es la victoria mayor”. (Levantándola bruscamente del suelo.) A cumplir tus deberes de casada... A cenar y a dormir, que ya es muy tarde. MARÍA (Sollozando.) ¡Desdichada de mí!... COM. 1º (Al Corregidor.) ¡Usía perdone: 635 mas el derecho se halla de mi parte! CEREZO (Queriendo acometerle con el puñal que ha recogido del suelo.) ¡Muerta la quiero ver!... CORREGIDOR (Conteniéndole.) Tente, Cerezo. El Código le ampara... ¡Resignarse! El primer matrimonio es el vigente, el segundo no vale. 640 COM. 1º (Con mucho respeto.) Es de usía ilustrísima esta casa... y cuantas veces quiera puede honrarme con su presencia. CORREGIDOR Gracias... Voy ahora a dar cuenta a la junta de este lance, para que sepa que volviste al mundo, 645 por si quiere de nuevo contratarte... CEREZO (Lloriqueando al Corregidor.) ¿Y yo qué hago ahora, don Antonio? CORREGIDOR Pues bailar seguidillas como antes, tocar las castañuelas y dar tus piernas y tu llanto al aire. 650 869 COM. 1º (A Cerezo con malos modos.) ¡Ya tardas en salir! Ésa es la puerta... CEREZO (Compungido.) Abur, María... MARÍA (Muy afligida.) Abur. CEREZO ¡Que Dios te ampare! (Rompiendo a llorar.) ¡Y que pasen ustedes buena noche! COM 1º (A María.) El lecho nos espera...¡Anda delante! (Le da un empujón violento y desaparece con ella por el primer término derecha, no sin que María dirija a Cerezo una última cariñosa mirada. Éste, afligido y lloroso, vase hacia el foro con el Corregidor y le salen al encuentro Antonia, Polonia y Luisa muy agitadas, seguidas de Pulido, Codina y Ramos. Todos rodean al Corregidor y a Cerezo.) ANTONIA Señor Corregidor, vengo confusa. 655 POLONIA Yo más viva que muerta... ¿Qué ha pasado? LUISA ¿Ha muerto ya María?...¡Pobrecilla! ¡Sin alma queda el arte del Teatro! CODINA Dicen que la atizó golpe tan fuerte que la partió la nuez en dos pedazos. 660 PULIDO Yo le he visto en la mano una navaja, y la cabeza de ella en la otra mano. RAMOS Y la iba blandiendo lo mismo que si fuera un incensario. Yo creo que está grave y no se cura, 665 si el Divino Señor no hace un milagro. CORREGIDOR Aquí no ha muerto nadie, a Dios las gracias, y estamos ya demás... Ábranme paso, y todos tras mí, que no hay derecho a perturbar la paz de un hombre honrado. 670 POLONIA (A Cerezo.) Pobre Cerezo, se quedó viudo viviendo su mujer... ¡Valiente chasco! 870 CEREZO (Lloriqueando.) Ya no debe decirse el muerto al hoyo y el vivo al bollo, pues en este caso el bollo es para el muerto, porque el vivo 675 se marcha derechito al camposanto. (Rompe a llorar cómicamente.) LUISA (Con las demás, que rodean a Cerezo.) No te aflijas, Cerezo, que en el mundo hay sobra de mujeres. ANTONIA Más de cuatro conozco yo que se hallan muertecitas por tus reales pedazos... 680 (Riéndose.) Y una de ellas, el día de San Roque, cumple setenta años. (Óyese dentro un grito aterrador de María, que sale a poco, perseguida por cómico 1º, el cual trae una barba en la mano. María corre a buscar amparo en Cerezo y en el Corregidor, que forman grupo con los demás.) MARÍA ¡Socorro!... Que aqueste hombre no es mi esposo, es un malvado. ¡Vedle la barba postiza! 685 CORREGIDOR (Tratando de acercarse, pero sin realizarlo, muerto de miedo, y como antes, presentándole el bastón.) Date al rey. COM. 1º (Tirando al suelo la barba y el sombrero.) Al mesmo diablo me diera yo, que mis planes por tierra me los ha echado. (Amenazador.) Pero no se acerque nadie, que antes de ponerme mano 690 soy capaz de darme muerte, por necio y por confiado. CORREGIDOR (A María, como interrogándola.) ¿María?... MARÍA Yo le diré a vuestra merced el caso... Mandóme poner la mesa 695 para cenar, y entretanto 871 que yo cumplía sus órdenes, convulsa y lloriqueando, acercóse a mí violento, mi talle asió de sus brazos... 700 Trata entonces de besarme, yo, furiosa, le rechazo, retrocede con el fin de tomar impulso, y rápido como tigre que pretende 705 saciar sus instintos bárbaros, lánzase de nuevo a mí; caemos al suelo ambos, y al ir a clavar mis uñas en sus ojos de leopardo, 710 doy, sin querer, en su barba, ésta se desprende, y hallo, en vez de esposo legítimo, un hombre de mí ignorado... Esto ocurrió en menos tiempo 715 que hais tardado en escucharlo... CORREGIDOR ¿Quién eres? (En son de amenaza.) TODOS ¡Sí, que lo diga! COM. 1º (Cada vez más exaltado.) ¡Un comediante ultrajado! MARÍA (A los que la rodean.) ¡Juro que nunca le he visto! COM. 1º Pero dijeron tus labios 720 que yo era un galán de invierno, frío como el propio mármol y que el público me llama el cómico voz de cántaro; incapaz, por consiguiente, 725 de expresar celos y agravios. Y yo, para demostrarte que es calumnioso tu fallo, aquesta farsa inventé, en la que bien he probado 730 que soy capaz de sentir amores, celos y agravios... Ahora dirá el auditorio si merezco o no el aplauso. 872 ANTONIA (A María, muy irónicamente.) Y tú, si el galán de invierno 735 puede servir en verano... TODOS ¡Viva Isidoro! CORREGIDOR (Con extrañeza.) ¡Isidoro!... COM. 1º Máiquez, señor, que postrado a vuestras plantas, os pide noble protección y amparo..( Se arrodilla.) 740 Quiero en Madrid trabajar... CORREGIDOR Quedas servido en el acto. Y puesto que Antonio Robles está ya viejo y cansado, tú el sucesor podrás ser, 745 que tengo fe en tu trabajo. (Le ayuda a levantarse.) MARÍA (Con entusiasmo.) Y los dos aspiraremos a ser honor del teatro español... sin traducciones. COM. 1º O con ellas,593 siempre y cuando 750 se trate de obras maestras, dignas del público aplauso, que el arte es universal. CORREGIDOR (Con regocijo.) ¡Bien sentido y bien hablado! MARÍA (A cómico 1º.) ¡Valiente susto me diste! 755 CEREZO Tu ingenio envidio y alabo, que has fingido lindamente. COM. 1º (Aparte a Cerezo y llevándoselo a un extremo.) Y gracias, Cerezo hermano, que se me cayó la barba, porque si no... 593 Luceño traduce obras maestras francesas. 873 CEREZO (Aparte a cómico 1º y poniéndole la mano en la boca.) ¡Sella el labio! 760 Con los puntos suspensivos me doy por notificado, porque a veces el silencio equivale a un diccionario. (Volviéndose a los demás.) Amigos: Ya que el difunto 765 por fin no ha resucitado, y el fingido no me aparta de la mujer a quien amo, gritemos: ¡Viva el difunto! TODOS ¡Viva! COM. 1º Y goce muchos años 770 de esta buena compañía que me favorece tanto. (Al Corregidor.) Si usía nos lo permite dará principio el ensayo, que El mayor monstruo los celos,594 775 merece estudio y cuidado. (A Cerezo.) La tonadilla y el baile ensaya tú en ese cuarto (Por el de la primera izquierda.) para no estorbar. Nosotros en éste, María, vamos, 780 da tus órdenes, y haremos lo que fuere de tu agrado. MARÍA Corriente. Yo aquí me siento. Aquesta silla es el banco. (A Polonia, Antonia y Pulido.) Lesbia, Sirene y Filipo 785 en el foro, conversando. (A cómico 1º.) Y tú, que eres el Tetrarca, aquí, de pie a mi lado. La escena es a las orillas del mar. Comienza. COM. 1º Empezamos. 790 (A los demás.) 594 Luceño escribió una refundición de esta tragedia. 874 A ver, jóvenes y viejos, mucha atención, y fijaos... ved cómo este comediante, a quien tenéis por tan malo, interpreta su papel 795 de Gobernador romano. (A María.) “Hermosa Mariene, (Empieza a bajar el telón.) a quien el orbe de zafir previene ya soberano asiento, como estrella añadida al firmamento, 800 no con tanta tristeza turbes el rosicler595 a tu belleza. ¿Qué deseas, qué quieres, qué envidias, qué te falta, tú no eres, amada gloría mía, 805 reina en Jerusalén? Su monarquía...” (Sigue declamando, pero apagan su voz el ruido de las castañuelas y la música del baile, que suenan dentro donde figura que están ensayando.) FIN DEL SAINETE 595 rosicler: rosa. 875 El maestro de hacer sainetes o Los calesines 876 PERSONAJES DOÑA ISIDORA DOÑA REMEDIOS CRIADA LUQUITAS PETIMETRA 1ª ÍDEM 2ª DON RAMÓN DE LA CRUZ DON MARCOS DON AGAPITO BERNARDINO DON COSME DON PEDRO CRIADO TAPICERO UN ALQUILADOR DE TRAJES 877 ACTO ÚNICO CUADRO PRIMERO Calle corta. Sale D. Ramón de la Cruz (bien vestido) por la izquierda. Hace una reverencia ante el público, y dice: DON RAMÓN Dios guarde a vuestras mercedes y les dé salud completa... Y ya que lo puede todo, les revista de paciencia para escuchar, sin enfado, 5 el sainete que hoy se estrena. Yo soy Ramón de la Cruz, aficionado a las letras, autor de varias obrillas que el público me celebra 10 Cuando me aplaude agradezco en el alma sus finezas, y cuando me silba inclino, con humildad, mi cabeza, y aquella noche mi pluma 15 otro sainete enjareta;596 que yo moriré vencido, pero moriré en la brecha, porque el luchar es decoro y el huir es desvergüenza. 20 Salgo a referir un cuento, que al caso viene de perlas... Óiganlo vuestras mercedes y apliquen la moraleja. En un pueblo de Vizcaya, 25 cristiano por excelencia, apostó un despreocupado, a que en Viernes de Cuaresma era capaz de comerse, en donde todos le vieran, 30 una tortilla de un huevo y rico jamón compuesta. ¡Comer carne en Viernes Santo! —exclamó la concurrencia. ¡Escarnio, profanación! 35 ¡Dios castigará esa ofensa! Mas llegado el sacro día el hombre con silla y mesa 596 enjareta: que hace algo deprisa. 878 en la mitad de la plaza altanero se presenta. 40 Pausadamente se pone al cuello la servilleta y dispónese a empezar la sacrílega merienda. Mas no bien abre la boca 45 estalla horrible tormenta, con su natural cortejo de rayos y de centellas. La gente abandona el sitio de mortal espanto llena; 50 y el réprobo, que en la plaza desamparado se queda, levanta al cielo la vista y exclama de esta manera: ¡Señor, por una tortilla 55 de un huevo se arma tal gresca!597 ¡Pues si llega a tener dos, arrasáis la villa entera! Aquesto es para rogaros que escuchéis sin impaciencia 60 esta producción humilde escrita sin más idea que castigar la avaricia, pecado que Dios condena. En esta farsa he seguido 65 de un cuento viejo las huellas; pero es el diálogo mío, mío el plan de las escenas, y los chistes, si los hay, también son de mi cosecha. 70 Bien mirado, original no existe nada en la tierra, porque hasta el primer pecado que de original se precia, fue una mala traducción 75 que hicieron Adán y Eva. Para acabar. Si al sainete, tu beneplácito niegas, no hagas estallar tus iras, en gritos que al aire atruenan, 80 no se presente el autor y exclame de esa manera: ¡Por un sainete en un acto armas tal marimorena!598 597 gresca: disputa. 598 marimorena: bronca, riña. 879 Pues si llega a tener dos 85 asesinas al poeta. Me parece que más clara no puede ser la indirecta. Y puesto que ya el avaro hacia este sitio se acerca, 90 comencemos el sainete y lo que haya de ser, sea. (Sale por la izquierda Marcos con Bernardo. Aquél bien vestido, éste con capa.) MARCOS Hola, Ramón, amigo, ¿aquí te encuentro? RAMÓN Siendo tu boda hoy, muy justo era en busca tuya ir, para decirte 95 que mi afecto mil dichas te desea. La novia creo que es rica. MARCOS ¿Rica, dices? Más que rica, Ramón, es opulenta. Don Pedro Calesines fue su abuelo, 100 ¡potentado virrey de las Américas! Hasta el traje que ves me ha regalado. RAMÓN Yo tomara el obsequio por ofensa. MARCOS ¿Por qué? ¿Si ése es su gusto tengo yo más que hacer que complacerla? 105 La boda celebramos en su casa, allí tiene capilla bien dispuesta. Es claro que al casarme haré que la capilla desaparezca porque consume mucho 110 en aceite y en velas. En la comida también haré rebaja, en lugar de un doblón, que ahora da ella, yo daré a la criada siete reales, y si hay convidados, dos pesetas. 115 RAMÓN ¿Y para qué apiñar tanto dinero? MARCOS Para guardarlo en arca nunca abierta. RAMÓN (Con pena.) ¡Sigues avaro! MARCOS Y moriré lo mismo. 880 RAMÓN ¡Flaca naturaleza! 120 De otro modo soy yo que doy al pobre todo aquello que puedo. MARCOS ¡Norabuena! Mas si te lo agradece que ahora mismo me muera. 125 RAMÓN Por eso es más loable el dar sin esperar la recompensa, porque se ve en la dádiva mayor desprendimiento y más nobleza, Tú prestas con usura y es delito. 130 Y sobre todo, oye esta advertencia: ¿Te cobra a ti Dios algo por la vida que pródigo te presta? De balde te la da, y aún te regala un mundo de placer y de belleza. 135 ¡Dios quiera que no gastes en botica tu mal ganada hacienda! MARCOS No haré tal, porque pienso morirme de repente; con la idea de no gastar ni un real en medicina... 140 RAMÓN Te doy las buenas tardes y ahí te quedas. (Con enfado.) MARCOS Pues yo no te las doy, que te las presto, porque ha sido el no dar mi único tema. RAMÓN Eres incorregible... dame un polvo. MARCOS No lo gasto. 145 RAMÓN (Sacando una tabaquera.) ¿Y el mío? MARCOS (Tomándolo.) Bueno; venga. (Estornuda.) Achist... Dame el pañuelo. RAMÓN (Asombrado.) ¿No lo traes? MARCOS Aquí en la faltriquera. 150 Mas no lo quiero usar, porque el lavarlo, mucho dinero cuesta. (Ramón le da el suyo.) 881 RAMÓN ¡Qué lastima me das! Por el dinero capaz te juzgo de cualquier torpeza... Oye, Marcos, ¿si el diablo te comprase 155 por dinero tu alma, se la dieras? MARCOS Si la pagase bien... RAMÓN Sella tu labio, que escucharte no quiero tal blasfemia. Vas a morir ahogado en tus millones. 160 MARCOS Si con ellos me entierran puede ser que a la vida resucite al ver que van conmigo mis riquezas. Te juro por San Bruno599 que esto creo. RAMÓN De San Bruno no sé por qué te acuerdas 165 cuando es un rival tuyo. MARCOS No comprendo... RAMÓN Y un rival de temible competencia. Él da el ciento por uno y tú al contrario, das uno y cobras ciento cuando prestas. 170 Si el rédito no bajas, verás cómo de toda tu parroquia se apodera. MARCOS ¡Bravo por el donaire, amigo mío! es digna de tu ingenio esa agudeza. RAMÓN A la boda me doy por convidado. 175 MARCOS ¡Con mucho gusto te veré a mi mesa... pero antes de ir, come en tu casa! RAMÓN No echaré en saco roto la advertencia. (Vase Ramón por la derecha y Marcos hace señas a Bernardino para que se acerque.) MARCOS Oye, muchacho, que instruirte quiero de cómo en la comida has de portarte. 180 Mas primero conviene a mi propósito el referirte aquí, muy al detalle, cuanto el avaro de Molière encarga al criado, en un caso semejante. 599 San Bruno (1030-1110), obispo alemán fundador de la orden benedictina de los cartujos. 882 "El vino has de servir con gran mesura; 185 de la mitad del vaso nunca pases; la otra mitad de agua, pretextando que el vino puro causa enfermedades que convierte a los hombres en idiotas, como por ti lo sabes.” 190 BERNARDINO Agradezco señor, la comparanza. MARCOS Justicia nada más. No es elogiarte. Cuando sirvas vianda apetitosa y quieran repetir, sin alterarte quitas la fuente, cual si distraído 195 no oyeras el pedido que te hacen. No mudes los cubiertos con frecuencia. En los primeros platos, uno baste. Luego el cubierto de uno al otro pones; el del otro, después que lo quitares, 200 se lo plantas, limpiándolo por cima, al que del otro veas más distante. En los platos siguientes el mismo juego haces; a cada cual volviendo 205 el cubierto de antes. (Bernardino indica que lo va entendiendo.) Antes que se me olvide... De los dulces todos los que sobraren hoy mismo al confitero se los llevas por si a mitad de precio los tomase. 210 BERNARDINO ¿Y yo no he de probarlos? MARCOS ¡Ya lo creo! Estaría muy bien que te olvidase. Me sirves uno, yo me como medio, y luego el otro medio lo repartes entre tú y la muchacha. De ese modo 215 ambos podréis decir a lo que saben. BERNARDINO (Resueltamente.) Yo a la mesa no sirvo. No la sirvo, señor, aunque me maten. MARCOS Tú dirás la razón. 883 BERNARDINO Estos calzones tienen un gran cuchillo en cierta parte, 220 y como han de advertirlo, es cosa cierta que de mí y de usarced han de mofarse MARCOS Muy sencillo, procura andar de espaldas. BERNARDINO ¿Y si andando hacia atrás tropiezo y cae un mueble que más valga 225 que los calzones que me hiciera el sastre? MARCOS Puedes servirnos con la capa puesta para ocultar el roto. Al que lo extrañe le decimos que sufres de tercianas600 y que el frío te entra por las tardes. 230 BERNARDINO Todo por no comprarme unos calzones que cuestan nueve reales. MARCOS Con esa cantidad, como tres días, y aun sospecho que algo ha de sobrarme. (Se dispone al mutis.) BERNARDINO (Aparte.) Dios te dé sabañones enconados 235 y uñas romas que impidan que te rasques. MARCOS (Volviéndole porque le ha oído.) Y a ti viruela negra y tabardillo...601 Y otra vez di más bajo los apartes. (Vanse derecha.) (Salen por la izquierda D. Pedro y petimetras primera y segunda, las cuales visten con elegancia, llevando sombreros de calesín. Responden siempre por señas con mucha coquetería.) PEDRO (Abrazando a Agapito, que ha salido por la derecha.) ¡Oh, amigo don Agapito, muy señor mío y mi dueño, 240 esperanza de los padres, de las solteras consuelo, y amparo de las viudas, pues que las casa de nuevo antes que al difunto lleven 245 a enterrar al cementerio. 600 tercianas: fiebres que se repiten cada tres dís. 601 tabardillo: insolación, tifus. 884 (Agapito corresponde al abrazo.) ¡Mire usted estas criaturas! (Las niñas hacen una reverencia.) ¡Ni un novio para un remedio; hay una sequía atroz, no llueve un tonto del cielo! 250 Sin comer se pasa el día (Por la pequeña.) La noche haciendo pucheros. No la distraigo con nada. Su cara es un cementerio. AGAPITO Sepamos sus cualidades, 255 a ver si hallamos remedio. PEDRO Pues le diré que son buenas. De hacendosas un modelo. Mas no las mande coser, que el coser les da mareos. 260 (Señas de las niñas afirmando lo que su padre dice.) No las mande usted bordar, porque se pinchan los dedos. (Señas de las niñas.) Ni las mande usted tampoco que frían un par de huevos, porque el humo del aceite 265 al subir hasta el cerebro las ensancha las narices y queda un rostro muy feo... No conocen el descanso, aborrecen el sosiego. 270 Pero no las mande usted que limpien mesas ni espejos, pues las manos se estropean con los zorros602 y el plumero. No se le ocurra mandarlas 275 dos veces a los paseos con el mismo traje; no; han de llevar uno nuevo, porque el amor y el vestido en dos días se hacen viejos 280 (Las niñas asienten a cuanto dice el padre.) 602 zorros: utensilio para sacudir el polvo. 885 Pero mándelas usted que vayan al Coliseo, o se asomen al balcón cuando pasa un regimiento (Señas de las niñas de que eso sí.) Mándelas usted bailar 285 un minué o un bolero tocando las castañuelas mientras rasguea el maestro... Mándelas usted... AGAPITO (Atajándole.) Por Dios, ponga usted punto don Pedro 290 No me haga usted más encargos que ya bastantes me ha hecho. Por de pronto, a la mayor hay que casarla primero; que el arroz y la mujer 295 si se pasan, valen menos. ¿Son ricas? PEDRO Pobres, no son. Yo me dediqué a mis tiempos a contratista de víveres para las tropas del Reino. 300 Y aunque me quitó el negocio un ministro, so pretexto de que mientras yo engordaba enflaqueaba el ejército, no quedé mal. AGAPITO (Apuntando en un librito.) ¡Millonarias! 305 ¿Y por qué hacen esos gestos? ¿Son mudas? PEDRO ¡Ojalá Dios! Es que han hecho juramento a San Antonio bendito de no hablar durante el tiempo 310 que permanezcan solteras. AGAPITO ¡El sacrificio es cruento! MARCOS Sólo de día y de noche ya despiertas o ya en sueños dicen: "¡Yo quiero marido! 315 886 Y no cesa el gimoteo hasta que su madre exclama: ¡Ahora va padre por ellos! Tráigame, pues, dos maridos sin reparar en el precio; 320 si están baratos, baratos, si caros, los pagaremos. AGAPITO ¿Sabe escribir? PEDRO Poca cosa... AGAPITO ¿Y de ortografía? PEDRO De eso... medianamente. Ayer 325 le vi escribir "zagalejos"603 con c... Hasta las obleas de rubor se conmovieron. AGAPITO Venga esa mano. Casada la va usted a ver al momento. 330 El novio es un bello joven trabajador en extremo Todo vergüenza y honor, en fin, un hombre completo. PETIMETRA (Con vehemencia.) ¿Completo?...¡Que venga pronto! 335 AGAPITO ¡Ya rompió. Gracias al cielo! AGAPITO (A petimetra 1ª, pero abrazado a don Pedro.) ¡Tal vez en esta semana habrá quien le llame suegro! (Alegría en petimetra 1ª) Madamitas... a sus pies. (Cortesía de ella.) PEDRO Y yo los suyos le beso, 340 y por si me quedo corto me alargo a besarle entero. (Se va Agapito por la derecha.) PEDRO (A petimetra 1ª.) Bueno, ¿qué dices ahora? 603 zagalejos: falda debajo de la que queda a la vista. 887 PET. 1ª (Con júbilo.) Yo digo: ¡marido tengo! PEDRO (A Petimetra 2ª.) ¿Y qué se te ocurre a ti? 345 PET. 2ª (Triste.) ¿A mí? ¡Que marido quiero! ¡Porque enterrarme con palma604 me ha de hacer muy mal efecto! (Se van por la izquierda.) CUADRO SEGUNDO Sala decente. Cuatro puertas (dos a cada lado) y una al foro. A la izquierda de éste un arcón viejo. A la derecha segundo término una mesa preparada para comer. BERNARDINO ¡Ya casados están! Dios los ampare y les dé todo aquello que merezcan. 350 CRIADA ¡Lo que es nuestra señora buen marido se lleva! Viejo, roñoso, sin cariño a nadie. BERNARDINO ¿Y eso a mí me lo cuentas que a sus órdenes sirvo hace tres años 355 y conozco muy bien todas sus tretas? CRIADA Te dará buen salario. BERNARDINO No, ninguno. Me paga con arreglo a la tareas. Por hacerle le cama cinco cuartos. Uno, cuando le rasco las dos piernas, 360 pero si es el picor en una sola me rebaja un ochavo de la cuenta. (La criada se hace cruces.) Por despertarle, un cuarto, mas si él solo sin que entre yo a llamarle se despierta, el cuarto no me paga argumentando 365 que trabajo no hecho no se premia. Y no quiero seguir, pues me da grima hacer la relación de sus miserias. 604 palma: la palma es signo de virginidad en la religión cristiana. 888 ¡Qué más! En un viaje que hizo a Burgos en alquilada mula flaca y vieja, 370 para no gastar cuartos en el pienso al llegar a una venta, del jergón que en la cama le ponían sacaba el alimento de la bestia. (Acaban de poner la mesa.) Silencio, que parece que la novia 375 (Mirando a la primera izquierda.) de vestido cambió y aquí se acerca seguida del esposo, del hermano de los dos convidados y la suegra. (Salen por la izquierda doña Remedios, jamona muy aceptable vestida con lujo. Llora cómica y exageradamente, apoyada en el brazo de Isidora, joven, guapa y elegante; don Marcos, don Agapito, don Ramón y Luquitas (catorce años de edad) tratan de consolarla) MARCOS (Con fingida dulzura.) No llore usted de esa suerte, que aflige a la gente toda 380 y más que día de boda parece noche de muerte. Vamos... No eche usted en olvido que usted también se casó y a su madre abandonó 385 por seguir a su marido. REMEDIOS (Llorando siempre cómicamente.) ¿Pero me vais a dejar? ISIDORA (Abrazando fuertemente a su madre.) ¡Mamá, por Dios! (A don Marcos muy apurada.) ¡Que se muere! MARCOS (Contrariado pero sin descomponerse.) El casado casa quiere 390 Y nadie debe estorbar... REMEDIOS (Llorando todavía.) ¿Juntos no hemos de vivir? MARCOS ¡Cómo ha de ser!... No se aflija. REMEDIOS (Llorando.) ¡Vivir sin ver a mi hija! ¡Antes prefiero morir! 395 889 LUQUITAS (Abrazando también a Isidora.) ¡Yo, sin estar a su lado! ¡Antes me quito la vida! (Encarándose con don Marcos.) Su mercé es un parricida mucho peor... un cuñado. REMEDIOS (Cada vez más abrazada a su hija.) Yo no me aparto de ti. 400 ISIDORA Ni yo de ti, madre mía. LUQUITAS (Abrazando a ambas.) Ni yo de ambas. MARCOS Vaya un día el que me están dando a mí. CRIADA ¿Yo no ver a mi señora? 405 Su mercé anda equivocado, que soy su fiel servidora. Nunca de mí tuvo quejas. ¡Imposible abandonarla! ¿Quién va a vestirla y calzarla? 410 ¿Quién va a arquearla las cejas? ¿Quién sus piernas torneadas pintará con tanto agrado la tarde en que baje al prado llevando medias caladas 415 MARCOS Ea, ya me pongo serio. Calla, que estoy aturdido. ¿Quién, digo yo, me ha metido en aqueste gatuperio?605 ISIDORA (Con gravedad cómica.) A mi honor nunca manchado 420 ofende esa exclamación; y aunque en sacrosanta unión nuestros cuerpos se han juntando las almas vivir podrán sin el conyugal consorcio 425 y ante un discreto divorcio nuestras penas cesarán. 605 gatuperio: corrupción de vituperio: enredo, chanchullo. 890 REMEDIOS Bien haces hablando así, que has nacido en noble cuna; (A Marcos.) no se crea usted que es una 430 cualquiera de por ahí. (Con orgullo.) Que yo soy hija de un Par. MARCOS No envidio la condición pues yo soy hijo de un non que es más digno de estimar. 435 REMEDIOS Mi padre fue un gran señor, pero tuvo mala suerte. El pobre se dio la muerte por un puntillo de honor. Se suicidó por el juego 440 mas fue tanta su decencia que antes compró licencia para usar armas de fuego. Valiente entre los valientes 445 alcanzó gran nombradía (Con ampulosidad.) Se llamó don Juan García admiración de las gentes. Mató a muchos protestantes perdió una mano en Lepanto y el manco de que hablan tanto 450 es mi abuelo, no es Cervantes. LUQUITAS La gente a mi hermana estima y alguien, al verla tan guapa, le arroja al suelo la capa para que pase por cima 455 Y dicen, ¡viva tu madre! MARCOS Y en cambio dicen también, después que a su madre ven, ¡maldito sea tu padre! LUQUITAS ¡Nieta del gran Calesines! 460 Calesín es vuestro suegro (Con orgullo.) Y yo Calesín. MARCOS Me alegro. LUQUITAS Y si hacen chiquitines Calesines tendrá usté. 891 MARCOS Mucho me temo que al fin, 465 aun con tanto Calesín tengamos que andar a pie. AGAPITO Señores ¡paz y armonía! MARCOS ¡No podré con tantos gastos! RAMÓN Para tirarse los trastos 470 es muy pronto todavía. Una idea y no liviana se me acaba de ocurrir. Señalen para reñir dos días a la semana; 475 porque bien aprovechados hay lugar en esos días de decirse perrerías y quedar tan desahogados. Jurándose mutuamente 480 no volver a regañar hasta que lleguen a entrar en la semana siguiente. REMEDIOS (Sentándose a la mesa.) ¡Un aplauso a don Ramón! ISIDORA ¡Con gusto paso por ello! 485 MARCOS (A Ramón). Me ves con el agua al cuello y me das un chapuzón. RAMÓN Abrazaos; a comer y a mirarse sin recelo. MARCOS Y después, cada mochuelo 490 a su olivo. Esto ha de ser. REMEDIOS Pero, cuánta grosería hay que aguantar por un hijo. (A Ramón.) ¿Usted los tiene? RAMÓN De fijo no lo afirmo todavía. 495 REMEDIOS ¡Qué rareza!...¿Cómo es eso? 892 RAMÓN Escuchen con atención... voy a dar la explicación de tan extraño suceso. (Le rodean todos.) Mi mujer, con devoción 500 le pidió a San Cayetano que nos diera sucesión. Y él, compasivo y humano, a los diez meses siguientes un niño nos vino a dar 505 que era encanto de las gentes y alegría del hogar. Mas os juro por mi fe, que a veces dudo y me espanto porque a estas horas no sé 510 si es hijo mío o del Santo. (Risas.) ISIDORA ¡Vaya un hombre con salero! REMEDIOS Por eso Madrid le aclama y todo el mundo le llama el ilustre sainetero. 515 ¿No es verdad? don... Agapito (A Agapito.) AGAPITO ¡De ese nombre hay una plaga! REMEDIOS Yo le llamaré don Aga o si usted quiere don Pito. (Van a sentarse a la mesa y retroceden al ver a Cosme que entra por el foro.) REMEDIOS ¡Mi marido! ¡Qué alegría! (Le abraza.) 520 ISIDORA ¡Mi padre! (Ídem) LUQUITAS Un beso. COSME (A Isidora.) ¡Oh placer! ¡que nos volvemos a ver! Venga otro beso, hija mía. (Fijándose en los demás y abrazándolos.) Yerno, Agapito, Ramón. un abrazo... (A Marcos.) MARCOS (Fingiendo.) Y apretado. 525 893 COSME (Estrujándole.) ¡Qué gordo y qué colorado! MARCOS (Ídem.) ¡Con cuánta satisfacción! (De repente.) ¿Por mucho tiempo? COSME Ahí es nada. Aquí la dicha encontré; 530 con vosotros pasaré una larga temporada. Tan larga, que si me apura aquí estaré complacido hasta que Dios sea servido 535 de abrirme la sepultura. (Gesto de horror en Marcos.) Y mira el suegro que tienes. Para no serte gravoso, quiero que vivas ocioso, vengo a administrar tus bienes. 540 MARCOS ¿La maldición del gitano, no la sabes? COSME No la sé. MARCOS Pues oiga y se la diré, que encierra un precepto humano. Maldijo a uno diciendo, 545 que Dios te haga señor y a mí tu administrador. ¿Lo entendéis bien? COSME Bien lo entiendo De citas andas muy mal 550 y caso yo no te haré tu dinero aumentaré. MARCOS O el tuyo, que no es igual (Se sienta a la mesa Cosme.) Con qué descaro se sienta. COSME ¡Ya no hay nadie más dichoso! 555 ¡con mi hija y con su esposo!... Voy a comer por cuarenta. 894 MARCOS Mi deber es evitarlo antes que daño te haga que a tu edad eso se paga 560 COSME ¡No, si no pienso pagarlo!... Ya se me iba a olvidar: Oye, que decirte quiero que al gran espada Romero he convidado a cenar. 565 AGAPITO Y hoy, que ha llegado a esta villa, procedente de Trujillo, el espada Pepe-Hillo, vendrá y con él su cuadrilla. MARCOS Pues vamos a ser felices. 570 RAMÓN Y aquel picador novel que perdió en el redondel de un porrazo las narices me ha prometido venir si la narices parecen. 575 Ya lo ves, todos ofrecen a tus bodas concurrir. REMEDIOS Y si en la plaza Romero brinda un toro a mi persona, le echas una pelucona 580 de las de Carlos tercero. ISIDORA Y, como a mí, Pepe-Hillo me ha de brindar otro toro otra pelucona de oro le tiras de tu bolsillo. 585 COSME Y como a ti Costillares un toro te ha de brindar a ese le tienes que echar... MARCOS (Interrumpiéndole.) Las peluconas a pares. ¡Peluconas a porfía! 590 Está bien, según la traza aquello, más que una plaza, será una peluquería (A Ramón.) 895 Ya, que me brinde una vara el picador que tú dices, 595 porque tendría narices que hasta un chato me brindara. Nada, no admito toreros, su presencia me incomoda... toreros en una boda 600 son peligrosos agüeros. COSME (Muy alegre.) Pero aquí nunca se ve en la mesa la pitanza.606 MARCOS No extrañe usted la tardanza, que yo se la explicaré. 605 Como aquí nadie sabía que estaba usted al llegar he mandado ir a comprar un huevo y una sandía. COSME ¡Viva el lujo y quien lo trujo! 610 MARCOS Yo sé tirar el dinero. ISIDORA Muy bien... Yo en mi casa quiero más que salud que haya lujo. (Preparándose a comer muy animados. Marcos continúa de pie.) MARCOS Por no manchar el sillón, que es de fino terciopelo, 615 coloco en él mi pañuelo y encima aqueste almohadón. (Lo hace.) (El almohadón lo ha cogido de encima de una silla, y el papel lo ha sacado de uno de los bolsillos de la casaca.) El papel, para envoltorio puede servirme algún día; echarlo a perder sería 620 un despilfarro notorio. Pues la razón aconseja, si el papel quiero salvar sobre el mismo colocar esta servilleta vieja! (La coge de la mesa.) Y hecho lo que os anuncié... 625 606 pitanza: ración de comida para pobres. 896 ISIDORA Te sientas y se acabó. MARCOS ¿Sentarme? ¡Eso sí que no!, que quiero comer de pie. Y tendré, a más del sillón limpios para mi consuelo 630 la servilleta, el pañuelo, el papel y el almohadón. RAMÓN ¡Bravo por la economía! ISIDORA Menos tacaño te quiero. CRIADA (Por el foro.) Señora; un hombre grosero 635 ver quiere a su señoría. ISIDORA Más tarde podrá pasar que yo el verle no rehúyo. TAPICERO (Entrando muy malhumorado.) El que viene por lo suyo no está obligado a esperar. 640 MARCOS (Asombrado.) ¿Por lo suyo? TAPICERO Por lo mío. Esos tapices flamencos sillas, mesas, canapés, y cuanto se halla aquí dentro. ISIDORA (Con zalamería.) No os alarméis, amor mío, 645 que estéis tranquilo os ruego. Para alhajar este cuarto se los alquilé, queriendo ver si después encontraba muebles de más alto precio. 650 Esperad hasta mañana. (Al tapicero.) TAPICERO Ni un instante esperar puedo, que se agotó mi paciencia. MARCOS (Con asombro.) Don Agapito, ¿qué es esto? 897 AGAPITO ¡Qué ha de ser! ¿No lo veis ya? 655 ¿Qué os importan trastos viejos, si ha de comprar vuestra esposa un mueblaje más moderno? MARCOS (A Isidora.) ¿Es cierto que has de comprarlo? ISIDORA Sin duda. MARCOS ¿De tu dinero? 660 ISIDORA Tú no tendrás que pagar ni un cuarto. MARCOS Entonces, me avengo (Al tapicero.) Desvalijadme la sala y marchar con viento fresco. 665 AGAPITO ¿La razón habéis perdido? ISIDORA Eso yo no lo consiento. MARCOS Cargad con todo al instante. TAPICERO Voy por un mozo, ahora vuelvo. 670 Me llevaré los que pueda, porque....(Con intención.) los de carne y hueso, son muebles para quemados y no dan ningún provecho. (Marcos hace un signo de desprecio y al fin se sienta. La criada se va con el tapicero.) MARCOS Comamos, si es que nos dejan. 675 (A D. Cosme.) Don... Calesines, ¿qué es esto? BERNARDO (Entrando.) Un criado del marqués de Astorga. MARCOS ¿Pues a qué efecto? 898 CRIADO (Grosero, por el foro.) A efecto de que el abuso no puede durar más tiempo. 680 El abuso continuado toma de delito cuerpo; al delito sigue el crimen, y al crimen el escarmiento. MARCOS Este es el padre Feijos607 685 con redecilla y chaleco. ¿Y ese discurso a qué viene? CRIADO Viene el discurso, a que vengo por el servicio de mesa, 690 que lo reclama su dueño. (Se levantan todos.) ISIDORA Pero advierta usted, buen hombre... CRIADO Buena mujer, nada advierto; y si algo advierto es que a ustedes les gusta mucho lo ajeno. 695 REMEDIOS ¡Insolente! MARCOS ¡Deslenguado! De hablar así no hay derecho. CRIADO Pero lo hay de llevarme todo el servicio al momento. 700 Hasta los albaricoques (Por los que habrá sobre la mesa.) que también prestados fueron. Conque, así, alzad el tabanque.608 MARCOS (A Luquitas.) Calesinitos, ¿qué es esto? LUQUITAS No hay que apurarse. La flota ya está en Cádiz, y preveo 705 que la plata de Isidora vendrá con el cargamento. REMEDIOS Vendrá, pero no en un barco, que harán falta tres, lo menos. 607 Feijos: Fray Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), monje benedictino y ensayista español que escribió Teatro crítico universal (1727-1739) y Cartas eruditas y curiosas (1742-1760). 608 tabanque: rueda de madera que mueve con el pie el alfarero para hacer girar el torno. 899 MARCOS (Resignado.) Está bien; cargad con todo, 710 y esa flota esperaremos. (Recoge el criado en una cesta el servicio de mesa incluso el mantel, y vase por el foro.) MARCOS (A Ramón. Y tú dile a Pepe-Hillo y usted a Pedro Romero (A Cosme.) si aquí han de cenar, que venga cada cual con su cubierto, 715 y de regalo de boda que nos traigan un becerro. ALQUILADOR (Dentro.) ¿Se puede pasar? MARCOS Ay, Dios Este viene por el suelo, que también será prestado 720 y tendré que devolverlo. ALQUILADOR Beso las manos a todos. MARCOS Aquí no hacen falta besos, sino que diga a qué viene sin etiquetas. ALQUILADOR Pues vengo 725 a cobrar los alquileres de cuatro vestidos nuevos: uno, el de doña Isidora; otro, el de doña Remedios, y otro el de zangolotino (Por Lucas.) 730 y otro, por último, el vuestro. MARCOS (Furioso y dirigiéndose al grupo que forman Isidora, Remedios, Ramón, Cosme, criada y Bernardino.) ¿Estamos en una boda o en los montes de Toledo? ¿Quiere decir, que este traje que tan bien me sienta al cuerpo, 735 me lo tendré que quitar? ¡Quitadme el alma primero! 900 ALQUILADOR ¿El alma? No quiero estorbos, que después de todo, temo que también sea alquilada 740 y me la reclame el dueño. A desnudarse la gente. RAMÓN Justo es que os llevéis lo vuestro. Mas yo del señor respondo; (Por Marcos.) os dará el traje a su tiempo. 745 ALQUILADOR ¿Respondéis de los demás? (Pausa.) ¿Calláis? RAMÓN Cuando no contesto es igual que si dijera que no. ALQUILADOR Pues no hablemos de ello; repito que a desnudarse. 750 MARCOS (A Isidora.) ¿Nieta del manco, qué es esto? ISIDORA (Bajando humildemente los ojos.) Enamorada de vos, para merecer su aprecio aqueste lujo he fingido. MARCOS (Horrorizado.) ¿Qué habéis dicho? ISIDORA (Sin levantar la vista.) Lo que es cierto. 755 MARCOS ¿Indiana acaso no sois? ISIDORA Ni lo fui, ni pienso serlo. MARCOS ¿Y la flota de la plata? ISIDORA Se hundió en el mar de mi enredo. MARCOS ¿Y el dote? ISIDORA No fui dotada, 760 más que de amor hacia el vuestro. MARCOS ¿Luego os he de mantener? 901 ISIDORA Siendo vuestra esposa, cierto; MARCOS (Invocando al cielo.) ¿Dios mío? Mandadme un rayo que me parta por en medio. 765 ¡Yo os pagaré lo que sea! ALQUILADOR No estoy aquí para esto. Las escenas de familia no me importan. Conque, al vuelo o si no, yo los desnudo 770 sin guardarles miramientos. MARCOS (Conteniéndole al ver que el alquilador se dirige a quitarles la ropa. Ramón se interpone también.) ¿No veis que eso es inmoral? ALQUILADOR Lo inmoral tiene remedio. Apaguen todas las luces y cuando tengan ya puestos 775 los trajes con que vestían antes de alquilar los nuevos, yo me llevaré los míos... Y aquí se acabó mi cuento. MARCOS Acudiré a la justicia 780 en vista del atropello. ALQUILADOR La justicia abajo aguarda, pues quiere llevarse presos a todos, sin perdonar al señor casamentero, 785 que es el causante de todo. MARCOS (Resueltamente.) ¿Sí? Pues a obscuras quedemos, (Apaga la luz y el teatro queda completamente a obscuras, hasta el punto de que no pueda verse lo que en el escenario pasa.) A mis años, qué vergüenza. ¿Es decir, que después de esto, he de mantener a todos? 790 COSME No hay que afligirse, mi yerno, Yo soy de poco comer. 902 MARCOS Si lo que coméis es vuestro. (Desaparecen todos.) ¿Sabéis lo que he pensado? Oídlo bien y entendedlo: 795 que tan presto estéis vestidos con vuestros harapos viejos os plantéis en el arroyo y si te vi no me acuerdo. (Silencio absoluto.) ¿Os calláis? La banderilla 800 parece que os hizo efecto. Isidora... ¿No respondes? Cuñado... ¿No estás oyendo? Don Cosme, ¿no ve que le hablo? ¿A qué viene tal silencio? (Pausa.) 805 ¿Mudos todos? Yo sabré (Impaciente y enérgico) descifrar este misterio. A ver; luces... Bernardino, criados, criadas, presto. (Gritando segunda derecha. Aparece la criada trayendo un candelabro con dos velas encendidas.) CRIADA ¿Con quién habla su mercé? 810 MARCOS (Que ha cogido el candelabro a la criada; y como para ver mejor a los personajes que se fueron, dirige la luz hacia el sitio en que suponía que aquellos estaban. Desde aquí al final todo muy rápido) ¿Con quién he de hablar, con esos sinvergüenzas? (Se encuentra con que no hay nadie.) ¡Cielo santo, estoy soñando o despierto! CRIADA (Tristemente y cogiéndole el candelabro para ponerlo sobre la mesa.) Lo que sucede es verdad, ¡Ojalá que fuera sueño! 815 MARCOS (Horrorizado.) ¿Qué me dices? 903 CRIADA Vuestra esposa con su madre y vuestro suegro y el niño, a la hora presente van camino de Toledo. Llevan los trajes robados 820 y han dejado aquí los viejos. MARCOS ¿Robados?...¡Virgen Santísima! ¡Me espantas con ese verbo! (Corriendo hacia segunda derecha gritando.) Bernardino, Bernardino Corra a escape al cementerio 825 y di que me abran un hoyo en donde entierren mi cuerpo con una losa que diga: "¡Aquí yace un majadero!” BERNARDINO (Dentro.) Se me han llevado la capa 830 y los calzones lo mesmo y es salir en calzoncillos vergüenza. MARCOS Pues sal sin ellos. (Fuera de sí se prepara a dirigirse al sitio en que está el arca.) Voy a registrar el arca; esta es la llave, probemos. 835 (Saca del bolsillo una llave y al acercarse al arca se detiene lleno de zozobra.) Mas no, ¡Qué horrible martirio! A medida que me acerco el alma dice que están mis doblones en Toledo. (Afligido.) ¡No serán albaricoques 840 los que se coman con ellos! Ea, valor, (Se acerca para abrirla. Grito de espanto.) ¡Entreabierta! (Frenético.) ¿Habrán dejado algo dentro? (Se resuelve a abrir el arca y a hacerlo surge de ella don Agapito. Aterrorizado.) Don Pito... ¿qué hace usted aquí? AGAPITO (Sinceramente.) Ya lo veis; tomando el fresco. 845 904 MARCOS (Lleno de ansiedad.) ¡Explicaos, por Dios vivo! ¿Está con vos el dinero? AGAPITO Conmigo están cuatro cuartos que son los que siempre llevo. MARCOS (Cayendo sobre un sillón.) ¡Consumatum est! ¡El crimen 850 no pudo ser más horrendo! ¡Ya no hay duda! Voy a dar al mundo el último aliento. AGAPITO Será lo único que deis, pero no sin cobrar rédito. 855 (Aparece Ramón por el foro.) RAMÓN (Muy alegre.) ¡Enhorabuena! MARCOS (Cayendo en brazos de Ramón.) ¡Ay Ramón! Ramón, dejáronme ciego, que el dinero era mis ojos y ya sin ojos no veo. El dinero era mi alma 860 y ya el alma no la tengo. Si mi corazón latía latía por el dinero. Los latidos cesarán, se derrumbará mi cuerpo 865 que nadie puede vivir en este mundo de necios, sin alma, sin corazón y sin ojos; porque entiendo que ojos, corazón y alma 870 no son nada sin dinero. RAMÓN (Más alegre abrazándole.) Mi enhorabuena repito. MARCOS Eres cruel en extremo. Unido me ves a una cuadrilla de bandoleros 875 y me dedicas tus plácemes 905 RAMÓN Porque ya estás libre de ellos. ¡Los ilustres Calesines para nosotros han muerto! MARCOS Pero mi esposa, ¿quién era? 880 RAMÓN ¿Tu esposa? ¡Pues un bolero!609 MARCOS (Haciendo ascos.) ¡Un bolero! ¡Virgen Santa! ¡Y yo que la he dado un beso! RAMÓN Sosiega. Es una mujer que baila de hombre. MARCOS Sosiego. 885 RAMÓN Por eso todos la llaman por remoquete el Bolero. MARCOS ¿Y mi suegra? RAMÓN La Tirana. ¡Cómica que admira el Reino! MARCOS ¿Y el padre? RAMÓN Chinita, el cómico. 890 ¡No hay otro de más salero! MARCOS ¡Así le salen los hígados y se los echen a un perro! ¿Y el cura que me casó? RAMÓN Traspunte y banderillero; 895 comparsa cuando es preciso y sacristán de un convento. En fin, cómicos y cómicas me han sacao de este empeño; y como a la perfección 900 pude llevar el enredo, he de escribir un sainete con este mismo argumento. Si me lo silban, paciencia; si no, servirá de ejemplo 905 a los tacaños que creen que la dicha es el dinero. 609 bolero: mujer que baila de hombre. 906 MARCOS (Con alegría.) ¿De manera que no estoy casado? RAMÓN ¡Quién piensa en ello! MARCOS ¿Y el talego de mis onzas? 910 RAMÓN (Presentándoselo; lo ha llevado oculto detrás de la espalda sujeto con una mano.) Aquí le tienes... Completo. Dale un abrazo. MARCOS (Arrebatándosele.) ¿Un abrazo? y dos millones de besos. (Lo acaricia con avidez.) ¡Encanto de mis entrañas de mis ojos embeleso! 915 RAMÓN ¿Volverás a ser avaro? MARCOS Desde hoy juro ser espléndido. derrochador, generoso... ¿Qué más?... Hasta mujeriego. (A Agapito.) A ver, venga una muchacha, 920 urdidor de casamientos. AGAPITO (Presentándole el cuaderno.) En esta lista, escoged. MARCOS (Cerrando los ojos y poniendo un dedo en la lista.) A ciegas hallarla quiero. Ésta... AGAPITO Anduvo usted acertado... La hija menor de don Pedro... 925 Aviado va, don Marcos. MARCOS Y de este día en recuerdo, me compraré un calesín, para salir de paseo con mi esposa que usará, 930 en verano y en invierno, sombrero de calesín. Y yo y hasta el calesero hemos de llevar también 907 de calesín los sombreros. 935 ¡Mueran los hombres avaros! TODOS ¡Mueran! (Entrando y abrazando a Marcos. Al empezar a decir don Marcos que va a comprarse un calesín, etc., etc., aparecen agrupados en la puerta Isidora, Remedios, Cosme, Luquitas, el tapicero, el alquilador y el criado; éste con la cesta al brazo, en que se llevó el servicio de mesa. Todos oyen, sin ser vistos por don Marcos, cuanto éste dice respecto de su arrepentimiento. Después de decir don Marcos su relación acerca de la compra del calesín, entran alborozadamente aquellos personajes ya citados, rodean a don Marcos, le abrazan y éste corresponde.) MARCOS ¡El derroche empiezo! REMEDIOS ¡Viva don Marcos el noble! MARCOS (Muy alegre y abrazándoles.) ¡Y vivan siglos enteros las cómicas y los cómicos 940 más famosos de estos reinos! No se hable ya del asunto y a la mesa nos sentemos para comer de verdad. RAMÓN No, señor, porque primero 945 tiene que bailarse aquí un fandango puro y neto para celebrar el fin que ha tenido este suceso. (Signos de aprobación en todos preparándose a bailar. Pueden los personajes del sainete o boleros y boleras traídos al efecto. Mientras se disponen, don Marcos llama aparte a don Ramón y le dice sigilosamente.) MARCOS Supongo que pagarás 950 de tu bolsa este bureo,610 que yo no cambio una onza así me corten el cuello. 610 bureo: juerga. 908 RAMÓN (Tristemente, a Marcos y aparte.) Árbol que nace torcido jamás se verá derecho. 955 (Volviéndose a los demás en tono alegre.) ¡Conque a bailar, con la gracia que recibisteis del cielo! (Bailan doña Isidora con Luquitas. Cuando se crea conveniente se oye a doña Remedios gritar:) ¡Que viva Madrid y viva Don Ramón el sainetero! (Todos la secundan con entusiasmo y dicen dirigiéndose al público.) Y aquí da fin el sainete 960 perdonad sus muchos yerros. (Bailan de nuevo hasta que cae el telón. Don Marcos lo presencia todo sentado sobre el arcón de sus onzas.) FIN 909 Un tío que se las trae... SATIRILLA EN UN ACTO Y EN VERSO 910 DOÑA BRAULIA, alcaldesa ANTONIA, su hija DOÑA LIBRADA, mujer del médico DOÑA NICASIA, mujer del boticario JOSEFA FELIPE, alcalde DON BALDOMERO, médico DON HIPÓLITO, boticario VICENTE, herrador ANARQUISTA CEFERINO, señorito del pueblo CHICHINABO, chico de 12 a 14 años LESMES, ídem BLAS, hombre del pueblo PREGONERO DON ROQUE, maestro de escuela La acción en nuestros días, y en un pueblo imaginario que pudiera llamarse Calandria. Derecha e izquierda, las del espectador. 911 ACTO ÚNICO Pequeño huerto, con casa a la derecha. A la izquierda una fachada con letrero sobre la puerta que diga: “Bodega”. En último término izquierda, un árbol. ESCENA PRIMERA (Braulia, en una silla baja, haciendo encaje en una almohadilla grande de esas que sirven para hacer puntilla. Antonia, de pie, viéndola trabajar, y a su lado Ceferino.) ANTONIA (Queriendo quitar a su madre la almohadilla.) ¡Traiga usted, madre! BRAULIA (Resistiéndose.) No quiero; ¿lo entiendes? ¡Más claro agua! ANTONIA Pues no está bien, madre mía, que mientras usted trabaja, yo esté mano sobre mano, 5 sin ocuparme de nada, BRAULIA Esta puntilla será el adorno de la sábana. que en el día de tu boda has de lucir en la cama; 10 y tengo yo a vanidad que las gentes, al mirarla, digan: vaya unas manitas que tiene la señá Braulia. CEFERINO ¡Esta es una madre, Antonia! 15 ANTONIA ¡No es madre, que es una santa! CEFERINO Por eso me convendría para suegra... BRAULIA ¡Muchas gracias! Por mí no hay inconveniente; ¡si ella quiere, santas Pascuas! 20 CEFERINO ¡Pues, Antonia, ésta es mi mano! (Se la da.) ANTONIA. (Dándole la suya.) ¡Y ésta es la mía! 912 CEFERINO ¿Te allanas, según eso, a ser mi esposa? ANTONIA ¿Su esposa? ¡No estoy tan falta de las luces naturales 25 que los sentidos aclaran! CEFERINO ¿No te he dicho "ésta es mi mano”? ¿No me has dicho tú espontánea, sin que te obligara nadie, "ésta es la mía”? ANTONIA Sí. CEFERINO ¡Basta! 30 Entre personas decentes equivale a dar palabra de próximo casamiento. ANTONIA Como usted me la alargaba diciéndome: "ésta es mi mano", 35 yo creí, si estaré en Babia, que era como una noticia que usted me participaba; y para que viese usted que yo tampoco era manca, 40 le dije: "y ésta es la mía." CEFERINO ¡La ocurrencia tiene gracia!... ¿De modo que esos ojillos en que el cielo se retrata, y esa boquita que tiene 45 la abertura necesaria para dar pronta salida a los suspiros del alma, ¿van a ser de un ruin pastor, que apedrea cuando habla, 50 imbécil, acostumbrado sólo al trato de las cabras, a la caricias del perro, y a los cabritos que saltan?... ANTONIA ¿Pues no son también de Dios? 55 O ¿quién los hizo? ¿La trampa? 913 Bien a bien que usted se bebe la leche que dan las cabras, y si en invierno le ponen para abrigarse en la cama 60 la piel de algún corderillo, dígame usted, ¿la rechaza? CEFERINO ¡Ya verás qué garrotazo te arrima si te desmandas! ANTONIA Mié usted; con no desmandarme 65 está la cosa arreglada. CEFERINO ¡Tú mereces más! ANTONIA ¿Más qué?... ¿Más de un garrotazo?...¿Gracias! BRAULIA Usted dirá que es meterme en camisa de once varas... 70 Pero ¿de qué vive usted? CEFERINO Me mantienen mis hermanas. BRAULIA ¿Y por qué no estudia usted? CEFERINO Porque el estudio me carga. BRAULIA Aprenda usted un oficio. 75 CEFERINO ¿Trabajar?... ¡Eso rebaja! BRAULIA (A Antonia.) ¡Pues, hija, no desperdicies una proposición tan alta, porque no todos los días se presentan estas gangas! 80 ESCENA II Dichos y Josefa por el foro, con un jarra en la mano. JOSEFA ¡Buenos días! BRAULIA ¡Buenos días! ¿Qué traes, Pepa? 914 JOSEFA ¡Traer, nada! Antes bien vengo a llevarme un cuartillo en esta jarra, ¿A cómo da el vino? BRAULIA A ocho 85 JOSEFA ¿A ocho?...¡Bebida cara! cuando baje, volveré que andamos muy mal en casa. (Medio mutis.) BRAULIA Entra y di que te despachen y que no te cobren nada. 90 JOSEFA (Entrando en la bodega.) ¡En el cielo le hallará muy bien medío y sin agua! ESCENA III Dichos y Blas que sale de la bodega trayendo una bota de vino. BLAS (A Braulia.) Llevo un azumbre611 al fiao, pero si es que usted se enfada... (Riéndose estúpidamente.) entonces llevaré dos... 95 ¿Ve usted?...¡Ya he dicho una gracia! Yo hago de reír las tripas en cuanto hablo una palabra, ¿Me le llevo? BRAULIA ¡Sí, hombre, sí! ¡Buen provechito te haga! 100 BLAS ¡Viva usted mil años! BRAULIA ¡Bueno! BLAS ¿Le paecen pocos? Pues vayan mil y quinientos... BRAULIA ¿Y a qué quiero yo vida tan larga? 611 azumbre: medida de capacidad equivalente a dos litros. 915 BLAS Pues para fiarme vino 105 mientras yo no diga "basta". (Se ríen.) ¿Lo ve usted? ¡Si en cuanto abro la boca, suelto una gracia! (Medio mutis y bebiendo.) ¡Este trago, por ustedes! ¡Estotro por mi madrastra 110 que está pa salir del paso (Riéndose.) y quiera Dios que no salga! ¡Ya tienen ustedes risa lo menos pa tres semanas! (Vanse foro.) ESCENA IV Dichos menos BLAS. BRAULIA ¡Qué idiota! CEFERINO Pues a lo tonto 115 come, bebe y no trabaja. ANTONIA ¡Ya lo creo!... (Con intención.) ¡A éste también le mantienen sus hermanas! BRAULIA (Levantándose y dando la almohadilla a su hija, que se va por la izquierda entrando en la casa.) Va usted a probar de mi vino... Mosto puro, aquí no hay trampa. 120 Así tengo una parroquia de todo el pueblo envidiada, y lo vendo a cualquier precio. CEFERINO ¡Pues lo que es hoy, nadie paga! BRAULIA ¿Pero usted vive en el limbo?612 125 CEFERINO ¡Pudiera ser, doña Braulia, y en ese caso ya sabe en dónde tiene su casa! BRAULIO Hoy es un día de fiesta para toda esta comarca. 130 612 limbo: estado adonde van los muertos sin beatitud ni condenación. 916 CEFERINO Ante todo, no la extrañe que no sepa una palabra de lo que sucede; he estado con mis amigos de caza un mes, y en esto se funda 135 la razón de mi ignorancia. BRAULIA El alcalde, mi marido, hace tiempo gobernaba este lugar, con aquella suavidad y tolerancia 140 que en justicia se merecen todas la gentes honradas, llegando a ser este pueblo una verdadera Jauja. Aquí no hay una disputa, 145 todos rezan y trabajan, todos nos queremos bien... ¿Qué más?... Hasta las cuñadas al besarse, no se muerden: la suegra a su yerno abraza, 150 le hace platitos de dulce y cosquillas en la barba. Si hay elecciones votamos a quien el gobierno manda: al candidato, los votos 155 aquí no le cuestan nada; a veces hasta le damos dinero porque se vaya... ¡Después se fumiga el pueblo y cada cual a su casa! 160 CEFERINO Observo, que usted se expresa con perfección desusada; no dice usted ni venemos, ni tan y mientras, ni haiga. BRAULIA Es que he nacido en Castilla 165 la Vieja; y allí se habla el castellano, mejor que en ningún punto de España. ¡Digo hasta psicología si se tercia!... CEFERINO ¡Anda, anda! 170 BRAULIA Y en lugar de hombre de mundo, ¡hombre mundial! 917 CEFERINO (Con tristeza.) ¡Doña Braulia, no me amargue usted la vida que es, de por sí, bien amarga! 175 BRAULIA Volvamos, pues, a mi historia, que interesa por lo extraña. Ya sabe usted que hace tiempo, de la capital cercana vienen algunos periódicos 180 que aquí leemos con ansia, porque nos traen noticias que entretienen y que agradan... Pero, amigo mío, han dado, cuando de este pueblo hablan, 185 en decir que somos unos salvajes, bestias de carga, que la civilización aquí jamás tuvo entrada. En su dignidad herido 190 se reunió el pueblo en la plaza, buscó al alcalde y le dijo; "Alcalde, que nos infaman; civilización queremos, vete corriendo a buscarla." 195 A lo cual gritó mi esposo: "hechos y pocas palabras; ¿Civilización queréis? Pues os la traeré sin falta". Civilización buscando 200 lleva en Madrid tres semanas. (Sacando una carta del bolsillo.) Por lo que en ésta me dice ha debido de encontrarla. (Leyendo.) “Mañana jueves” (Por hoy.) vuelvo al lugar de mi alma 205 a implantar la civiliza- (Volviendo la primera hoja de la carta.) ción, con que tanto soñaban... Que salga el Ayuntamiento y todo el pueblo en tartanas a esperarnos; que den vivas 210 hasta caerse de espaldas, que se entusiasmen, por ser de gentes civilizadas el entusiasmarse mucho, aunque no sepan la causa". 215 918 (Guardándose la carta.) Por esta razón, a todos los que vienen a mi casa, les doy el vino de balde de tan buenísima gana, que bien justo es celebrar 220 el hecho que nos ensalza, de convertir, una aldea salvaje en civilizada. CEFERINO Puesto de todo al corriente de manera tan exacta 225 ahora vamos a probar el vino de sus tinajas! BRAULIA ¡Límpiese usted el hocico! CEFERINO (Sacando el pañuelo rápidamente y limpiándose la boca.) Pues qué, ¿se me cae la baba? BRAULIA ¡Ahora no, pero al catarlo 230 puede ser que se le caiga! (Van a entrar en la bodega y se detienen al ver llegar por el foro a doña Nicasia y don Hipólito.) ESCENA V Dichos, doña Nicasia y don Hipólito. NICASIA (A Braulia.) ¿Pero qué hace usted aquí; cómo no corre y abraza al que nos trae el progreso desterrando la ignorancia? 235 ¿Usted sabe la alegría, usted sabe la algazara, usted sabe el entusiasmo que reina en todas la almas? ¿Sabe usted que el automóvil 240 en que su marido viaja es de noventa caballos. lo cual que no se me alcanza en dónde van a meterlos?... Hija, no sabe usted nada. 245 919 BRAULIA Todo lo sé, sí señora. ¿pero qué quiere que haga? NICASIA Pues gritar ¡viva mi esposo! BRAULIA Pues, ¡viva su esposo! Vaya. NICASIA ¡El de usted! ¡Tampoco sabe 250 que hay comisiones nombradas que van a esperarle al puente con bandurrias y guirnaldas? HIPÓLITO Una comisión del Clero ha salido esta mañana. 255 BRAULIA ¿Una comisión del Clero?... ¡Si en el pueblo de Calandria no tenemos más que un cura! NICASIA Pues ese va con su ama; dice que representando 260 a todo el Clero de España. ESCENA VI Dichos, doña Librada y don Baldomero, muy contentos por el foro. LIBRADA (Abrazando y besando a Braulia.) ¡Ya llegó, ya llegó al fin! ¡Vengo loca, doña Braulia! ¿De modo que don Felipe trae lo que nos hace falta? 265 BALDOMERO (Con gravedad.) ¡Si no nos trae algo más! LIBRADA ¡Tus rarezas, te las guardas! BALDOMERO ¡Es que soy un hombre serio y no tolero esas farsas! 920 BRAULIA Vamos, usted se figura 270 que nos trae alguna máquina que mate a la humanidad sin médicos ni tisanas y como usté es médico, es claro, la competencia le alarma: 275 BALDOMERO El hablar mal de los médicos, es muy vulgar, doña Braulia, y además, de ser injusto, con perdón, no tiene gracia. Se nos muere algún enfermo 280 y entonces todos propagan la noticia, como cosa nunca vista y desusada; pero salvamos a veinte, y entonces todos se callan, 285 y en favor de nuestra ciencia no se escucha una palabra. Si acaso dice la gente, dándoselas de cristiana: "se salvaron por los credos 290 que a Dios rezamos en casa..." Con lo cual a Dios ofenden y al médico no le pagan... LIBRADA ¡Eres el mismo demonio con cuernos!... BALDOMERO Esa palabra, 295 no me ofende a mí, es a ti a quien lastima y agravia! BRAULIA ¡Vamos, señores, por Dios! ¡si alguno los escuchara!... LIBRADA ¡Yo quiero que sea creyente! 300 BALDOMERO Y lo soy, ¿a qué te afanas? Y rezo a Dios, mas le rezo gratis, sin pedirle nada. CEFERINO (A Librada.) ¿Y riñen ustedes mucho? LIBRADA (Con naturalidad.) Lo que se puede. 921 HIPÓLITO (Con sencillez.) Yo, en casa, 305 armo también mis trifulcas... NICASIA Enseguida se le pasan... ESCENA VII Dichos y Vicente en el foro. BRAULIA (Al ver a Vicente.) ¡El herrador! ¡Bien venido! VICENTE ¡Qué herrador ni garambaina!613 Los que hierran son ustedes 310 que están con esa cachaza, mientras el lugar entero arde en bulla y en jarana! Hoy todo el mundo pronuncia la seductora palabra. 315 ¡Civilización repite el eco a larga distancia; civilización se oye en el valle, en la montaña, en la llanura, en el río, 320 en el bosque, en la cañada! Hasta en el nido las aves abriendo su pico exclaman: "¡civilización, alcalde, o te picamos la vara!" 325 Y en cuanto a mí, a liberal nadie en el lugar me gana! (Agitando el sombrero.) ¡Viva don Carlos! TODOS (Amenazándole.) ¿Qué es eso? VICENTE (Reponiéndose y con irónica calma.) ¡Don Carlos... Rodríguez y Alba; nuestro cura, que ha mandado 330 que repiquen las campanas! VOCES (Dentro.) ¡Qué viva el Alcalde, viva!... ¡Viva el pueblo de Calandria! BRAULIA (Yendo al foro.) 613 garambaina: adorno de mal gusto, tontería. 922 ¡Qué alegría!...¡Es el progreso que se nos mete por casa! 335 (Braulia se dirige aceleradamente hacia el foro uniéndose a los demás. Doña Librada, Baldomero, Nicasia e Hipólito, quedan en el proscenio.) HIPÓLITO (A Nicasia, aparte.) ¡A ver si te civilizas! NICASIA ¿Yo?... No veo la ventaja. ¿Qué más civilización que ser dueña de mi casa, llevando yo los calzones 340 y usando tú mis enaguas? (Se unen al grupo del foro.) LIBRADA (Aparte a Baldomero.) Y esto ¿nos traerá provecho? BALDOMERO (Irónicamente.) ¿Quién lo duda?... Ahora me pagan los enfermos; mas después ni un cuarto verás en casa, 345 que el no pagar es muy propio de gentes civilizadas. (Se van al foro.) VOCES (Dentro.) ¡Que viva el Ayuntamiento! BRAULIA (Dirigiendo su voz al sitio en que está la casa.) ¡Hijaaa! ANTONIA (Saliendo de la casa.) ¡Desde la ventana del granero yo lo he visto! 350 (Ya en el foro.) ¡Del automóvil le bajan! (A Baldomero.) ¡Y le montan en su burro! VICENTE ¡Viva el burro de Miranda! ¡Vivaaa! BALDOMERO (Afectando gravedad.) ¡Señores; por Dios! digamos las cosas claras: 355 el burro no es sólo mío, le compré a medias con Braulia, 923 VICENTE ¡Viva la mitad del burro de Baldomero Miranda! ESCENA VIII Dichos y don Felipe (el alcalde) que viene en hombros de varios aldeanos. Este alcalde no ha de ser el tradicional paleto de capa de pana pardo, sino un hombre de limpio aspecto, vestido a la moderna, con sombrero de hongo cuya ala delantera trae bajada, y los pantalones levantados por abajo, como antes se llevaban cuando el piso estaba mojado, y como ahora se usan aunque esté seco. Gritos de entusiasmo, bullicio, ruido de campanas, etc. Chichinabo y Lesmes, chicos del pueblo, Blas, anarquista, pregonero y Josefa vienen entre los que acompañan al alcalde, el cual se apea al aparecer por el foro. FELIPE ¡Basta de aplausos ya, bravos pecheros!614 360 El corazón de júbilo me llenan los vítores que halagan mis oídos. como el canto del ave en la alameda. BLAS ¿Nos traes lo que pedimos? FELIPE ¡Sí! BLAS ¡Pues viva! 365 BRAULIA ¡Felipe tú estás mal de la cabeza! ¿El pantalón alzado, cuando hace tiempo de primavera, y ni agua, ni barro, hay en el suelo que mancharte pudieran? 370 FELIPE ¡No empieces a decir vulgaridades! De civilización es clara muestra llevarlo así, porque en Madrid lo he visto. BALDOMERO ¡Tienes razón, por algo se comienza! (Se sube el pantalón, haciendo lo mismo todos los hombres que están en escena.) ANTONIA (A Felipe.) Y tan bajada el ala del sombrero. 375 ¿Es por el sol? 614 pechero: que paga atributos, plebeyo. 924 FELIPE No seas majadera, aunque nublado esté se baja el ala, porque la sombra da sobre las cejas, se extiende hacia los ojos, y el semblante toma un tinte suave que interesa. 380 BRAULIA ¿Tan coquetones son allí los hombres? FELIPE ¡Mucho más que las hembras! HIPÓLITO Coqueteemos, pues, ya que lo exigen las costumbres modernas. (Se baja el ala del sombrero y los demás lo mismo.) ROQUE (Presentándole a Chichinabo y a Lesmes.) La juventud del pueblo te saluda. 385 CHICHINABO (Quitándose la gorra.) ¡Y humilde te venera! (Señalando a don Roque.) El maestro nos dice a cada instante y la moral enseña que se guarde respeto a los ancianos, si no por su saber, por su experiencia; 390 que las canas indican, casi siempre, amargos sufrimientos y hondas penas... LESMES (Quitándose el sombrero.) Y aquél que ante el dolor no se descubre tiene entrañas de fiera... (Esta breve relación la dicen como aprendida de memoria en tono escolar.) BALDOMERO (A don Roque, abrazándole.) ¡Muy bien, don Roque, su alto magisterio 395 con honra desempeña! ROQUE (Con modestia.) Lo que a mí me enseñaron yo lo enseño. ¡Eso lo hace cualquiera! 925 FELIPE ¡Valiente majadero está el don Roque: no mandaré mis hijos a su escuela!... 400 (Con desprecio.) ¡Respeto a la vejez!...¡Cursilería! (A todos.) ¡Oíd mi bando sobre la materia! (Hace seña al pregonero: éste da un redoble en el tambor y todos se disponen a escuchar.) PREGONERO (Pausadamente y con solemnidad.) Por mandato del Alcalde, a todo el pueblo se ordena, que aquel que se encuentre un viejo 405 en el campo o en la aldea al punto le dé la muerte, y que lleve su pelleja al Ayuntamiento, en donde se le dará recompensa. 410 (Desaparece el pregonero.) ROQUE (Llevándose las manos a la cabeza y huyendo.) ¡Qué horror! TODOS ¡Qué barbaridad! HIPÓLITO ¿Te ha parido una pantera?... FELIPE (Serenamente.) ¿Civilización queréis? ¡Civilización es ésta! ¡Mueran los viejos, que sirven 415 de obstáculo a toda empresa que representa cultura y renovación de ideas! ¡Vivan los jóvenes! NICASIA (Que será una mujer vieja, pero compuesta, se acerca a Felipe y dándole la mano dice:) ¡Gracias! FELIPE ¡Muera el matrimonio! 420 TODOS (Con entusiasmo.) ¡Muera! 926 FELIPE ¡Europeicémonos todos! JOSEFA (A Blas.) ¿Qué es eso? BLAS Como no sea que nos lavemos la cara... ¡pero yo no entro por ésas! 425 BRAULIA ¿Qué me dices, hija mía? ANTONIA ¡Que me he quedado tan fresca, que mi padre es un tío vivo! BRAULIA ¡Pero que da muchas vueltas! y marea a todo el mundo. 430 ANARQUISTA (Que ha permanecido sin ser visto entre la multitud, se abre paso y se coloca en medio.) ¡Todos quietos, nadie tema que turbe esta alegría ni que estropee la fiesta! (Extrañeza en todos.) ¡Señores... soy anarquista!... FELIPE (Abrazándole.) ¡Por muchos años! TODOS ¡Que muera! 435 FELIPE (Interponiéndose.) ¡El hombre es libre y al serlo es dueño de sus ideas pudiendo a la faz del mundo proclamarlas y extenderlas! ¡Esto es ser civilizado! 440 (Movimiento de conformidad en todos. Al anarquista.) ¡Hable usted enhorabuena! ANARQUISTA (Con amabilidad como si lo que dijera fuese la cosa más natural del mundo, sin los aspavientos terroríficos de los anarquistas de teatro.) ¡No hay que asustarse, que somos gente de paz y conciencia, de sentimientos honrados, de alto pensar, de alma tierna! 445 927 ¡Amamos la humanidad, y sólo en provecho de ella queremos su destrucción, que se derrumbe, que muera! Que no quede de su paso, 450 por el mundo una molécula. Mas como la sociedad no quiere morir por buenas de ahí que empleemos suaves procedimientos de fuerza... 455 ¿Quieren ustedes más lógica? BALDOMERO No señor, basta con esa. BRAULIA Pregunta: ¿Qué harán después de la destrucción? ANARQUISTA Respuesta: ¡Dar al pobre lo que es suyo! 460 BRAULIA Pues, no quedando en la tierra ser viviente, no habrá pobres... ANARQUISTA ¡Los haremos... que es tarea para nosotros muy fácil! FELIPE ¿Y a qué viene usted? ANARQUISTA Atienda. 465 Seis compañeros y yo llevamos dos meses cerca, corriendo por los caminos, donde parar no nos dejan, persiguiéndonos a palos 470 como si fuéramos fieras. Nos hace falta un local en que tratar, con reserva, de un asunto algo importante a la causa; y como quiera 475 que la civilización en este lugar hoy entra, creo que usted nos dará para reunirnos licencia. FELIPE (Muy cariñoso.) ¡Con mil amores!...¡Dudarlo 480 es inferirme una ofensa! 928 ANARQUISTA (Al pueblo.) ¡Dulces brisas de progreso hoy vuestras sienes orean! ¡El anarquismo os saluda y, de gratitud en prueba, 485 hará estallar una bomba en el pueblo, clara muestra de que estáis civilizados y vivís a la europea! (Pausa.) ¿No me dais siquiera un "viva"? 490 BLAS (Cimbreando el garrote.) ¿Te tiene la mesma cuenta que en vez de un "viva" te demos dos palos en la cabeza? ANARQUISTA (Mirándole con desprecio.) ¡Qué pocos libros te habrán calentado la mollera! 495 BLAS Yo no tengo más que dos: el azadón y la tierra: estos libros dicen "pan" y los tuyos "sangre y guerra". ANARQUISTA (Con desprecio y compasión.) ¡Humilde y mísero pueblo, 500 la luz te hiere y te ciega! ¡Tinieblas son tus amores!... ¡Morirás en las tinieblas! (Vase foro, mirando a todos con altanería.) ESCENA IX Dichos menos anarquista. Todos se agrupan alrededor de Blas, felicitándole por lo que acaba de decir. BALDOMERO (Abrazando a Blas.) ¡Vaya un par de banderillas! VICENTE (Ídem.) ¡Has estado que ni Maura!615 505 HIPÓLITO ¡Choca! 615 Maura: Antonio, Maura Montaner (1853-1925), político conservador español. 929 NICASIA ¡Choca! CEFERINO ¡Choca! BRAULIA ¡Y... choca! BLAS ¿Pero he dicho alguna gracia? FELIPE Has dicho una tontería, pero, en fin, hay que premiarla. BLAS ¿Y cómo? FELIPE ¡Con un banquete! 510 BLAS ¿Y qué es eso? FELIPE ¡Majagranzas! Banquete es una comida, en que comes y no pagas, y yo que la inicio, como y tampoco pago nada... 515 ¡A otra cosa!...¡Chichinabo! (Se le acerca Chichinabo.) Di a los chicos de Calandria que les traigo estos juguetes. TODOS (Con curiosidad.) ¿A ver, a ver? FELIPE (Sacando del bolsillo muchas navajas que entrega a Chichinabo y a Lesmes.) Son navajas. Con ellas se juega al toro, 520 y a quien ligero no anda, aquel que de toro hace le abre un portillo en la panza... Así se juega en los pueblos cultos... Con otra ventaja... 525 ¿Qué hacéis aquí los zagales si no os quiere una muchacha?... ¡La dejamos! FELIPE ¡Qué bien dicen que os consume la ignorancia!... ¡En todo pueblo ilustrado 530 a la mujer que rechaza proposiciones groseras de su novio, se la mata! 930 CHICHINABO y ¡Muy bien hecho! LESMES BALDOMERO (Con ironía.) ¡Eso es ser noble! HIPÓLITO ¡Y valiente! CEFERINO ¡Y tener alma! 535 FELIPE También traigo otro juguete. CEFERINO (Todos se agolpan junto a Felipe que saca de bolsillos unos botes de hoja de lata.) Son botes de hoja de lata. Tienen dentro dinamita y otra porción de sustancias. Los chicos juegan con ellas, 540 se las tiran al que pasa, cuando va más descuidado, y es la cosa más salada verlas estallar, causando ¡infinidad de desgracias! 545 (Se las da a Chichi y a Lesmes.) LESMES (A Chichi.) Oye tú, se me ha ocurrido colocar una en la cuadra del que cobra los consumos. FELIPE ¡Bien hecho! CHICHI ¡Y otra en la cama del notario, que está enfermo!... 550 Hoy se pone bueno. LESMES ¡Anda! (Vase con Chichi.) 931 ESCENA X Dichos menos Chichinabo y Lesmes. FELIPE ¡Ahora la bomba final! TODOS ¿Otra? FELIPE ¡Pero muy simpática! He leído en un diario que el mundo no será nada, 555 mientras que la propiedad no se divida y reparta. Es decir, que todo sea de todos. BRAULIA ¡Virgen Sagrada! ¿De manera que lo nuestro 560 lo que costó tantas ansias ganar y guardarlo debe pasar a manos extrañas? BLAS (Remedando a doña Braulia.) ¿Es decir que porque soy un pobre y no tengo nada, 565 me voy a morir de hambre mientras usted se regala? FELIPE ¡La propiedad es un robo dicen! BALDOMERO (Con ironía) ¡Sí, que se reparta! CEFERINO ¡Que se reparta!... Yo soy 570 un vago; no tengo gana de trabajar, y me gusta dormir diez horas diarias. ¿Pues hay algo más hermoso que estar tumbado en la cama 575 y que le lleven a uno la parte que se reparta? VICENTE En mi opinión... 932 FELIPE La opinión de usted no nos hace falta porque usté siempre está errando 580 cuando hierra y cuando habla. ¿Y el doctor y el boticario? HIPÓLITO El boticario se calla: mientras no recete el médico, la botica está parada. 585 BALDOMERO Pues el médico que tiene su cabeza firme y sana, protesta y no da su voto a estas bromas tan pesadas. FELIPE Pues yo, alcalde, determino 590 que aquí el ensayo se haga; si sale bien; la doctrina sin dilaciones se implanta, se hace el reparto y vivimos hechos unos patriarcas. 595 Y para dar una prueba de imparcial, quiero que se haga el ensayo en algo mío. BRAULIA (Aparte a su hija.) ¡Nos arruina! FELIPE Verbigracia. Ese frondoso ciruelo (Por el del foro.) 600 cuyo fruto al pueblo causa envidia, desde hoy de todos ha de ser; ¡quien tenga gana venga a comer del ciruelo siempre y cuando que le plazca! ¡Hacedlo saber así! BLAS ¡Ahora me voy a la plaza 605 a dar tan buena noticia!... BALDOMERO y ¡Sí, sí, hay que propagarla! VICENTE BLAS (Corriendo hacia el foro.) ¡Viva el ciruelo de la 610 civilización! (Vase foro corriendo.) 933 FELIPE ¡Me agrada ese nombre que le ha dado propio de las circunstancias! VICENTE (Medio mutis.) ¡Beso a usted la mano, alcalde! FELIPE ¿Beso?... Es una antigualla 615 que ya no se dice beso, sino estrecho. VICENTE ¡Lo ignoraba! Pues bien: estrecho su mano Y en su virtud, doña Braulia, a usted la estrecho los pies. 620 ¡Y aquí no ha pasado nada! (Vase foro.) BALDOMERO (A doña Librada.) Toma el brazo. FELIPE (Interponiéndose.) ¡Poco a poco! La cultura nos demanda que el hombre vaya del brazo de la mujer; prueba clara 625 de que el hombre ya decae y la mujer se levanta. BALDOMERO Por lo cual llegará un día en que, si el mal no se ataja, la mujer irá a la guerra 630 y el hombre quedará en casa. HIPÓLITO (A su mujer.) ¡Esto se llama progreso! NICASIA (Ofreciéndole el brazo. Apóyate, Santavaya; mas sin dormirte en la suerte, que eres pesado y me cansas. 635 LIBRADA (Ofreciéndole su brazo.) ¡Este brazo espera órdenes! BALDOMERO (Cogiéndose del brazo de su mujer.) (Aparte.) ¡Voy a seguirle en la farsa! (Alto.) ¡Aplaudo la moda, así se vigorizan las razas! 934 HIPÓLITO (Haciendo mutis.) ¡Y así... parezco un enfermo 640 que a tomar el sol le sacan! CEFERINO (Aparte a Antonia al dirigirse con sus padres a la casa.) ¡Vendré esta noche a la reja! FELIPE (Que lo ha oído y sin inmutarse) La molestia es excusada, porque ella irá a la de usted, que hasta en eso se adelanta. 645 CEFERINO Es usté un sabio. FELIPE ¡Se estima! CEFERINO ¡Merece usted una estatua! Voy a decir que le tomen medida, y que se la hagan. (Vase foro.) ESCENA XI Dichos menos Ceferino. BRAULIA (Con recelo.) Marido; ¿qué te propones? 650 ANTONIA (A su padre.) Pero usted ¿qué fin se lleva? FELIPE (Fingiendo naturalidad.) La dicha del pueblo, hacer que entre en la vida moderna. ¿No lo quiere? ¿No lo pide? BRAULIA Sí, mas no entra de cabeza... 655 ¡Lo primero es educarle! FELIPE Pues ya le mando a la escuela, que la escuela es el ciruelo: ¡Verás qué bien los enseña! (Vanse, entrando en la casa.) 935 ESCENA XII Chichinabo y Lesmes. Estos aparecen por detrás de la tapia trepando por el árbol. Primero Chichinabo. Luego Blas. Después el pregonero. LESMES ¡Bueno te vas a poner 660 el cuerpo! CHICHINABO (Sentándose en las ramas.) ¡Porque se puede! ¡Estoy en mi propiedad! LESMES (Que ha subido ya.) ¡Y yo en la mía! CHICHINABO ¡No mientes! (Arrancando una ciruela y enseñándosela a Lesmes.) ¿Qué te dice esta ciruela? LESMES Como decir mayormente 665 na me dice... CHICHINABO Pues a mí me está diciendo "comedme", y puesto que me lo dice me la como. LESMES ¡Que aproveche! Yo traigo este costalillo: 670 las que no pueda comerme las echo en él. CHICHINABO Mi talego es mucho mejor que ése y no se descose. LESMES ¿Cuál? CHICHINABO La barriga: y como llegue 675 a llenarla, to el ciruelo me llevo a casa en el vientre! ¡Qué bien que sabe el comer sin trabajar!, ¿verdad, Lesmes? LESMES ¿Quién sería el inventor 680 del trabajo? 936 CHICHINABO Un indecente. BLAS (Que aparece trepando por la parte izquierda del árbol.) Aquí estamos tos. CHICHINABO ¡Blasillo! ¿Tú también? ¿Pues a qué vienes? BLAS Si hay ciruelas en el árbol y ves que subo, ¿a qué quieres 685 que sea? ¿Para afeitarme o a comer las que pudiese? ¡Vaya una sandez!616 (Como pidiendo, auxilio.) ¡La mano! CHICHINABO (Sin dársela.) Pues ya que hablas de sandeces, ¿no sería una sandez 690 que yo la mano te diese para que tú te comieras lo que yo puedo comerme? (Viendo al pregonero que trepa detrás de Blasillo.) Anda, anda, y el pregonero también... PREGONERO ¿Pues no soy cristiano? ¿No es el ciruelo de todos, según he dicho en el bando? 695 CHICHINABO (Tratando de impedir que suban.) ¡A defender nuestra hacienda! LESMES (Sin moverse.) Yo no puedo, Chichinabo, que se cimbrea esta rama, y si hago fuerza me caigo y está debajo la noria... 700 BLAS (A quién tira el pregonero de los pies para que se escurra.) Pregonero: no seas bárbaro Si me tiras de los pies voy a darme el gran porrazo. 616 sandez: tontería. 937 PREGONERO ¡Y a mí qué! Si to el que quiere subir, anda reparando 705 en que puede hacer perjuicio al que está encima... ¡pachasco! en su vida medrará y siempre estará debajo. BLAS ¡Que sea enhorabuena: veo 710 que estás ya civilizado! ESCENA XIII Dichos en el árbol ocultándose para no ser vistos de los que vengan. Por tercer término salen Hipólito y Nicasia, trayendo entre los dos una banasta grande que colocan al pie del árbol. Luego Josefa. Después Librada. NICASIA Para dulce de ciruela, ciruelas nos hacen falta: conque sube y desde arriba las echas en la banasta. 715 (Hipólito se prepara a subir y se detiene al ver a Josefa que viene tirando de un carrito.) JOSEFA Buenas tardes. NICASIA ¡No te duermes! JOSEFA ¡Pa todos, habrá, Nicasia! Me he traído este carrico, y en cuanto lo llene, a casa, porque el domingo hay mercado 720 y he de venderle en la plaza. LIBRADA (Con una criada, que trae al brazo una cesta, y en la mano una caña larga. Con ironía.) No habéis madrugado poco. Cualquiera al veros pensara que aún estabais en ayunas y que el hambre os apretaba. 725 HIPÓLITO Por lo visto, a ti también el apetito te llama... ¡O vas de pesca! 938 LIBRADA Un poquito de mesura en las palabras, que si vengo por ciruelas 730 para el postre de mi casa es porque el ciruelo es mío. CHICHINABO (Gritando desde el árbol.) ¡Y mío, doña Librada! (Todos los de abajo se sorprenden mirando a los de arriba.) BLAS ¡Y mío, recontra! LESMES ¡Y mío! NICASIA (Aterrorizada.) ¡El hijo de mis entrañas! 735 HIPÓLITO (Amenazándole.) ¡Mira que de un gasnatazo te hago yo bajar! LESMES ¡Bajaba! ¡Suba usted por mí; veremos cuál de los dos es quien baja! NICASIA ¡A tu padre esa insolencia! 740 LESMES ¡La gente civilizada no tiene padre ni madre! ESCENA XIV Dichos y anarquista, con don Vicente, don Roque, Ceferino y varios lugareños armados de garrotes y hondas.617 VICENTE ¡A cañazos y a pedradas hagamos bajar a todos! ANARQUISTA (Blandiendo un garrote.) ¡Que lo nuestro nos estafan! 745 CEFERINO ¡Cargad las hondas, muchachos, y prevenid las estacas! 617 en esta escena hay violencia física similar a la que se escenificaba en los antiguos entremeses, aunque aquí varía el contexto y la finalidad. 939 TODOS (Amenazando.) ¡Abajo! CHICHINABO ¡Subir vosotros! ¡Ahí va una ciruela Claudia! ¡Que abra la boca la médica, 750 veréis cómo se la traga! (Le tira una que no le da.) LIBRADA ¡Bárbaros! NICASIA ¡Salvajes! HIPÓLITO ¡Bestias! ROQUE (Suplicante.) ¡Hijos, un poco de calma! ¡El maestro os lo suplica! CHICHINABO ¿Maestro?... ¡Pues a su calva, 755 pa que esté más reluciente! (Le tira una ciruela que cae a los pies de don Roque.) ROQUE (Casi llorando.) ¡Que va a haber sangre! CHICHINABO ¡Qué l'haiga! (Tira al grupo.) ANARQUISTA ¿Que l'haiga?... Pues tus narices las has de ver coloradas! (Le tira una piedra que figura darle en las narices.) CHICHINABO ¡Ay, Dios! ¡Me las ha deshecho! 760 ¡Venganza, chicos! LOS DEL ÁRBOL ¡Venganza! CHICHINABO (Al Anarquista.) ¡Ahora voy a espachurrarte con tus mesmísimas armas! ¡Ahí va una bomba explosiva! (Le arroja una de las latas que le dio el alcalde en escena anterior. Se oye una detonación enorme, cayendo la lata más allá del grupo, en forma que se comprenda que no ha causado daño a nadie: 940 pero los de abajo, llenos de terror, se agolpan hacia el sitio en que está la bodega.) TODOS LOS DE ABAJO ¡Locos, infames, canallas! 765 ANARQUISTA (Tembloroso e irritado.) ¡Esto es un crimen, señores! ¡Se necesitan entrañas para soltar una bomba entre personas honradas, que no han hecho daño a nadie 770 ni tienen culpa de nada! HIPÓLITO ¿Pues qué es lo que hacéis vosotros? ANARQUISTA ¡No gastar pólvora en salvas! ¡Esto es salvajismo puro! ¡Ni en Marruecos! VICENTE ¡En España 775 lo están ustedes haciendo siempre que les da la gana! ANARQUISTA ¡Pero es nuestro oficio! VICENTE (Enfurecido.) ¡A él! ¡Muchachos, rompedle el alma! (Arremeten contra el anarquista y le hacen huir. De entre toda esta confusión surge Ceferino en la copa del árbol, a donde nadie lo ha visto subir.) CEFERINO (Gritando.) ¡Roma es mía! ¡las ciruelas 780 están por mí!... ¡Santa Bárbara!... ¡Esta rama se menea! ¡Socorro, que caigo al agua! (Cae del árbol y se oye el ruido del chapuzón. Gritos de espanto: se agolpan todos al sitio en que está la noria, quedando como estáticos, contemplando lo que se supone ocurre dentro de la misma. Pregonero, Blas, Chichinabo y Lesmes, que han bajado precipitadamente del árbol, se unen a los que están al pie de la noria. Lesmes trae un pequeño chichón y Chichinabo viene tapándose las narices, que figura sangrarle.) 941 NICASIA ¡Qué horror! LIBRADA (Gritando.) ¡Que va a perecer! 785 HIPÓLITO (A voces en la boca de la noria.) ¡Sobrino, no te acobardes; nada, si sabes nadar, y si no sabes, no nades! LIBRADA (Dirigiéndose a los jóvenes.) ¡No hay un joven que se tire a ver si puede salvarle! BLAS (Echándose para atrás.) ¡Tengo reúma, y el agua 790 pudiera perjudicarme! JOSEFA ¡Pues anda tú, pregonero! VICENTE (Empujándole, viendo que se resiste.) ¡Que seas tan pusilánime! PREGONERO (Rehuyendo tenazmente.) ¡Yo no, que es canalejista y va a reñirme el alcalde! 795 LIBRADA (A Lesmes.) ¡Anda tú, que eres valiente! TODOS (Empujándole). ¡Sí, sí! LESMES No quiere mi madre (A su madre.) No, ¿verdad?...Y un hijo debe obedecer a sus padres. ROQUE (Quitándose la americana.) Señores: allá va el viejo, 800 que es inhumano y cobarde ver cómo un hombre se ahoga y no acudir a salvarle. (Se arroja a la noria. Momentos de terror, contemplando la lucha que figura sostener don Roque para salvar a Ceferino.) 942 VICENTE ¡Bien lucha el anciano, bien! BLAS ¡Pa mí que le salva! VICENTE (Gritando) ¡Agárrele 805 por la cintura!... ¡Eso es! ¡Se agarró; no se le cae! ¡Cárgueselo usté a la espalda! NICASIA ¡Pasó el peligro... ya sale! TODOS ¡Viva el maestro de escuela! 810 ¡Vivaaaa! (Sale Ceferino de la noria aturdido, y chorreando agua. Todos le rodean.) CEFERINO ¡Milagro el salvarme! ¡Maldito sea el ciruelo, el que lo plantó, y su padre, y la civilización 815 que hoy ha traído el alcalde! NICASIA ¿Te has asustado? CEFERINO No sé. LIBRADA ¿Te habrá hecho daño el bañarte? CEFERINO ¡Ya lo veremos! NICASIA ¿Llevabas calzoncillos? CEFERINO ¡Es lo probable! 820 VICENTE Pero ¿por qué no nadabas, hombre? CEFERINO ¡Por no rebajarme a trabajar! BLAS ¿Y el anciano? CEFERINO ¡No me ocupé de salvarle! BLAS Hizo bien...¡Que los ancianos 825 estorban en todas partes! ¡Al único que nos queda voy ahora mesmo a matale! 943 (Medio mutis. Sale por la derecha tercer término Baldomero, y detiene a Blas.) ESCENA ÚLTIMA Dichos y don Baldomero. Luego Felipe. BALDOMERO (A Blas.) ¡Alto! ¡Déjale vivir! ¡Falta en el pueblo nos hace 830 un viejo, que si otra vez en la noria un joven cae, bueno será que haya siempre un viejo para salvarle! FELIPE (Asomándose a la puerta, entreabiéndola y gritando en son de burla.) ¿Queréis civilización? CHICHINABO (Cubriéndose las narices todavía con el pañuelo.) ¡Quiero narices, alcalde! 835 BLAS ¡Te has burlado de nosotros! (Tirándole una ciruela que da en el marco de la puerta. El alcalde la cierra violentamente.) ¡Toma, pa civilizate! TODOS ¡Muera, a la noria con él! (Hacen ademanes de acometer para derribar la puerta. Don Baldomero se interpone para impedir la arremetida.) BALDOMERO ¡Basta!... ¡No seáis salvajes! VICENTE ¡Queremos serlo! TODOS ¡Sí, sí! 840 HIPÓLITO Lo queremos, que ignorantes hemos vivido felices y sin envidiar a nadie. 944 BALDOMERO ¡Oídme sin impaciencias y no digáis disparates! 845 Civilización no es esto... Es el trabajo constante, la unión de la humanidad en vínculos fraternales; la fábrica, el desarrollo 850 de las ciencias y las artes; y es, finalmente, marchar mirando siempre adelante, que sólo con el progreso los pueblos pueden ser grandes! 855 ¿Queréis esto? TODOS (Con firmeza.) ¡Lo queremos! VICENTE ¡Y que seas tú el alcalde! BALDOMERO ¡Lo seré! (Resueltamente.) TODOS ¡Que viva el médico! ¡Viva! BLAS ¡Y que viva más que nadie, 860 pero que no nos vesite en nuestras enfermedades! (Todos ríen la ocurrencia.) BALDOMERO (Al público.) ¡Aquí, público y señor, ha terminado la sátira! Aunque no te haya gustado 865 esperamos que la aplaudas, porque la indulgencia es propia de gente civilizada. FIN DE LA OBRA 945 Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII Sainete con tesis y todo en un acto y en verso, original de Tomás Luceño 946 “Adula y vencerás” (A telón corto.) (Al público.) Con el debido respeto, saludo a vuestras mercedes; beso la mano a los hombres y los pies a las mujeres. Salgo a referir un cuento. 5 Procuraré ser muy breve, que aun lo bueno, cuando es largo ocurre frecuentemente, que acaba por aburrir al que lo escucha o lo lee. 10 Paso a cumplir lo ofrecido. Fijaos atentamente que el cuento moral encierra y ser oído merece: “En la iglesia de un lugar 15 celebrábase una fiesta a la Virgen del Pilar, claro que humilde y modesta, sin salir de lo vulgar. Una misa dijo el cura; 20 rezó el pueblo en los altares; cohetes hubo en la altura y regalos a millares a la Virgen santa y pura. Un pobre “titiritero” 25 mal vestido y sin dinero, su frente al cielo elevó, y así a la Virgen habló: “¡Oh Virgen! Yo te venero con inmenso frenesí, 30 pues la primera oración que en mi niñez aprendí salió de mi corazón para consagrarle a ti. Y es tanta la idolatría 35 con que te brindo mi amor, que creo, si alumbra el día, es sólo por el fulgor que tu mirada la envía. Yo bien quisiera obsequiarte 40 espléndida largueza, pero es tanta mi pobreza que tan sólo puedo darte suspiros, llanto y tristeza. Mas, sin embargo, aquí tengo 45 947 guardados en mi bolsillo seis bolas, con que entretengo a mujeres y a chiquillos, cuando a las aldeas vengo. Bolitas de cristal rojo 50 que al aire con fuerza arrojo y casi tocan el cielo, y en mis manos las recojo antes que lleguen al suelo”. Y enseguida de rezar 55 a la Virgen del Pilar, con una y otra bolita ante la imagen bendita hizo el juego malabar. —“¡Escarnio, profanación, 60 pecado de irreligión!”— gritó la gente alarmada. —“¡Fuera de aquí, alma taimada, perjuro, mal corazón!”— Y cuando se disponía 65 la plebe tumultuosa, entre infernal gritería, a castigar la herejía con mano nada piadosa, la Virgen tendió la diestra 70 y, de bondad dando muestra, les dijo: —No le hagáis nada; que su alma es pura y honrada como puede ser la vuestra. Dejadle, pues me entretiene; 75 complaciéndome además, la buena fe con que viene... y aquel que da lo que tiene, no está obligado a dar más”. Un grito ensordecedor 80 de alabanzas y de amor resonó fuerte en el templo... Sirva pues, esto de ejemplo al incrédulo señor, para que desde hoy aprenda 85 y, en su buen juicio, comprenda que a Dios siempre satisface, más que el valor de la ofrenda, la intención con que se hace.” El autor de aquesta obrilla 90 que hoy a tu sanción ofrece, hace de titiritero: Las bolas, son sus sainetes y, tú, público ilustrado, 948 que también tu parte tienes, 95 serás la Imagen sagrada, siempre afable y sonriente, que admite con regocijo todo lo que le prometen. Cuando es buena la intención 100 y el ademán reverente. Dicho lo cual, me retiro para que la fiesta empiece, pidiendo a Dios que nos tenga de su mano y no nos deje, 105 que todo aquel que trabaja es digno de que le premien. No tengo más que deciros; Adiós, pues, y buena suerte. (Mutis.) Adula y vencerás El autor trata en este sainetillo de censurar a esos hipócritas, aduladores, que elogian cuanto ven, aunque sea muy malo, llevados del deseo de quedar bien con todos, lo cual hace, que, en muchas ocasiones, queden en ridículo y se burlen de ellos los mismos que fueron objeto de exagerada adulación, castigando así al personaje que los aduló tan descaradamente. PERSONAJES DOÑA IRENE DOÑA CELESTINA MERCEDES, la novia de Pepito ANA, novia de Abelardo LEONOR, novia de Narciso GREGORIA D. PEDRO D. LUIS PEPITO NARCISO ABELARDO COLÁS La acción en Madrid. Año 1814. Derecha e izquierda, la del actor. 949 ACTO ÚNICO Sala-Comedor. Cornucopias, cuadros, uno de ellos representará un retrato de militar, camilla a la derecha y un canapé con dos sillones a la izquierda. ESCENA I Gregoria y Colás en la puerta del foro, mirando hacia arriba. GREGORIA (A voces.) Ven aquí pillo, granuja. Así las patas te rompas y caigas rodando al patio lo mismo que una pelota ¿Lo estás viendo?... Hasta parece 5 que de nosotros se mofa rascándose la cabeza y abriendo un palmo de boca. COLÁS ¡Maldito mono! GREGORIA (A gritos.) ¡Verás como vaya por la escoba! 10 ¡Te aseguro! COLÁS No te irrites. Mira que si se incomoda viene y te tira un mordisco donde primero te coja. Yo usaré maneras suaves 15 porque igual que las personas son los monos, que agradecen la educación y las formas. (Gritando.) Venga usted acá, lindo mozo, ¿dónde irá que mejor coma? 20 No sea usted animal chichito... ¿Lo ves? Sus pasos acorta y él solo se mete en casa con la humildad de una monja; y, porque de usté lo llamo, 25 me da gracias con la gorra... La adulación siempre vence, con ella todo se logra. GREGORIA ¿Cómo se había escapado? 950 COLÁS Verás: Hablando con Rosa la dije: Mira a chichito 30 con qué afán come las sopas: parece un fraile618 que cena en casa de otra persona. Al oírme, dio un chillido, y, haciendo trizas la soga, 35 saltó al tejado de enfrente. Sin duda tomó a deshonra el que yo le comparara con un fraile: No me choca porque el bergante del mono 40 es liberal y los odia. En fin, enciende el brasero, que ya se acerca la hora de que vengan de la calle las niñas con los tres posmas619 45 de novios, que más que a ellas tienen amor a su bolsa, porque son unos pobretes. Hoy he sabido que compran los panecillos a plazos 50 porque andan muy mal de mosca. (Indicando dinero.) y comen de postre, la última cucharada de la sopa. GREGORIA Y uno de ellos hasta lleva (Ap.) (en mi vida he visto otra) 55 los zapatos alquilados, y, porque no se le rompan, cuando sale, anda quedito como aquel que tiene gota. Ha ido con ella su tía, 60 que, a pesar de ser jamona, no le falta su cortejo. COLÁS Si la conozco de sobra. Tiene un ojo de cristal aunque apenas se le nota, 65 porque la niña postiza la mueve, igual que la otra. En un vaso de cuartillo por la noche lo coloca. Una vez, se lo tragó 70 y a muy poquito se ahoga. 618 fraile: en la Segunda República española se cantaba:”Si supieran los curas y frailes..” “ 619 posmas: pesado en su manera de obrar. 951 GREGORIA (Siempre con misterio.) Yo les he visto abrazarse y él decía: —Ya era hora de que llegase a la meta de mis ilusiones todas. 75 ¡Él quiso decir metá! Yo dije: —¡Virgen de Atocha, si la metá es un abrazo, la otra metá no es católica! COLÁS Yo les he visto besarse. 80 GREGORIA (Con asombro.) ¿Y qué le dijo la tonta? COLÁS “Cuidado con la pintura” No se le ocurrió otra cosa. (Con zalamería.) ¿Quieres que te dé un abrazo? GREGORIA Si con la metá te conformas... 85 COLÁS (Abrazándola.) Estás más guapa que ayer. GREGORIA Agradezco la lisonja. Es que, por ser hoy mi santo, quiero celebrarlo en forma, y me he lavado la cara. 90 ¿Verdad que parezco otra? COLÁS Dejémonos de palique y vamos a lo que importa. Cuando bajes a la calle, pásate por la tahona 95 y di que suban el pan... GREGORIA Yo no les digo tal cosa porque lo han subido ayer dos cuartos en cada onza. COLÁS Si yo no te hablo del precio. 100 ¡Si serás bobalicona! También tienes que traer para el flan de la señora, una docena de huevos. 952 GREGORIA Diré que me los escoja 105 pequeñitos, porque así entrarán más... COLÁS Bien, Gregoria. Discurriendo, eres la estatua de doña Juana la loca. (Abrazándola con efusión.) Esta noche al Coliseo, 110 que la función es preciosa. Se llama...Espérate un poco que es preciso hacer memoria. (Deteniéndose brevemente como para pensar en el título.) “Una tormenta en el mar en cuyas revueltas ondas 115 perece un tirano rey, con manto, cetro y corona, o el castigo merecido o su conducta ominosa porque se casó diez veces 120 viviendo sus diez esposas.” Como el título es muy largo, la función no será corta. GREGORIA Pues yo juro, por la salud de mi padre, que esté en gloria, 125 que yo no voy al teatro ni atada con una soga, porque he visto los carteles y dicen en letras gordas: “Dando fin con las manchegas”620 130 y eso a mí no me acomoda que soy manchega y no quiero que den fin de mi persona. COLÁS (Poniéndole la mano en la frente.) Chica, te bullen los sesos de lo bien que reflexionas. 135 GREGORIA Sabrás que hoy es un gran día. La gente anda medio loca porque llegó del destierro la realísima persona de Fernando, el deseado, 140 que a España ha de hacer dichosa 620 la esposa de Tomás Luceño era de Tarazona de la Mancha. 953 colocando en cada calle seis conventos y diez horcas.621 COLÁS ¿Tú le has visto? GREGORIA Y bien cerca. ¡Valiente cara de torta! 145 Y, como chato, no es... COLÁS Esa no es falta, que es sobra. GREGORIA Por cierto, que en la plazuela dijeron en son de broma que hoy llegaban las narices 150 y mañana su persona. (Entra por el foro don Luis, señor mayor, simpático, limpito y bien vestido; estará siempre de mal humor.) LUIS ¿Qué hacen ustedes aquí? (A Gregoria.) Adentro, a fregar los platos... (A Colás.) Y usted, váyase a cuidar del mono y del papagayo... 155 ¿Ha venido alguien a verme? COLÁS (Con miedo.) Un señor, ni alto, ni bajo... LUIS ¿Dijo cómo se llamaba? COLÁS (Siempre con temor.) Lo dijo y se me ha olvidado. LUIS ¿Y dónde vive? COLÁS También 160 lo dijo, pero es el caso que sólo recuerdo el número mas no la calle, ni el cuarto. Número doce. LUIS Anda y dile que luego iré a visitarle. 165 GREGORIA ¿Quiere su merced la tila? LUIS Para tila está el tinglado. 621 ironía propia de los republicanos. 954 ¡Quiero reventar! COLÁS (Temblando.) Nosotros que no seamos obstáculo. (Paseándose por la escena) LUIS ¡Estoy que muerdo!... COLÁS Los dientes 170 los tiene usted en el despacho. Si para morder le sirven, enseguida se los traigo. Voy por ellos... LUIS Que se marchen ustedes, es lo que mando. 175 COLÁS (Aparte, haciendo mutis por segunda izquierda con Gregoria.) Nos llama de usté, hoy nos pega porque tengo averiguado que el día que está más fino suele estar más ordinario. (Vanse.) D. LUIS ¿Por dónde andará mi esposa?... (A primera izquierda.) 180 ¡Irene, Irene!, ¿qué haces? (Aparece Irene, guapetona, con canas prematuras.) IRENE ¿Qué te ocurre? ¿A qué esas voces? ¡Tanto alborotar!... ¿No sabes que cuanto más grites, menos ganas me dan de escucharte? 185 LUIS (Dando un golpe en el suelo con el bastón.) ¡Vengo irritado! IRENE Ya creo que fuiste así a bautizarte. LUIS He visto entrar al monarca, sonriente, dulce afable...(Irónico.) IRENE Pues no, que iría gruñendo, 190 como irías tú, si entrases. LUIS He visto una multitud de gente de todas clases que gritaba: ¡Viva el Rey! 955 IRENE Iba a gritar: ¡Viva Sánchez!... 195 LUIS Detrás del coche, mostrando alegría en el semblante, los diputados a Cortes que a la Patria dan su sangre... De pronto, un señor mayor 200 paso a codazos se abre; quita del coche un caballo, se pone su carruaje y en lugar del animal pide al pueblo que lo enganchen. 205 Esto es ser un gran patriota. Grita uno, y otro añade: Jacas así necesita la Nación para ser grande. IRENE No des importancia al caso 210 sería algún botarate. LUIS ¡Era don Pedro Girón! IRENE ¿Has olvidado que el lema a que rinde vasallaje es "Adula y vencerás"? 215 Lo dijo aquí la otra tarde. Un caso: A nuestra criada, que estaba sin arreglarse, con todo el cabello suelto, la cara igual que un tomate; 220 hinchada con un flemón difícil de reventarse, tuvo el valor de decirla. Petronila: eres la imagen de la Virgen de Murillo, 225 no me canso de admirarte. Si vive el pintor famoso, de un pescozón lo deshace. LUIS Pues no te digo si llega a estar la Virgen delante. 230 IRENE Por lo cual hemos pensado, con el fin de castigarle, una burla que le sirva de lección y en adelante para adular, se contenga 235 en términos razonables. Los novios de nuestras hijas 956 hoy van a desfigurarse. Uno de ellos se pondrá unas narices muy grandes; 240 otro, una joroba, y otro de tuerto ha de transformarse. Ya verás cómo don Pedro dice, en su adular constante, que ser tuerto, jorobado, 245 y tener narices grandes, más bien que defectos físicos es ventaja imponderable. LUIS Me alegro. Mas no contéis conmigo. Fuera humillante 250 que a mis años se me viera en tales farsas mezclarme. Camino hacia los setenta... IRENE Pues que lleves buen viaje. LUIS Por eso fuera mi gusto 255 vivir sin tratar a nadie. IRENE Pues yo pienso de otro modo: Yo quiero alegrías, bailes, jarana, conversación, para que Madrid proclame 260 que en nuestras tertulias reina buen humor, ingenio y arte... ¿Te saco la ropa negra? LUIS ¿Para qué? IRENE ¿Ya te olvidaste? de que hoy entierran al párroco 265 de las Descalzas Reales? LUIS Ya te he dicho que no quiero ir al entierro de nadie. Si acaso, iré al mío, y eso, porque no podré excusarme. 270 (Entran por el foro Celestina, con los petimetres, Mercedes, Ana y Leonor, todas ellas vestidas con lujo. Se quitan las mantillas y las dejan por allí. Vienen acompañadas de Narciso, Pepito y Abelardo, petimetres ataviados con modestia. Este último es el de los zapatos alquilados; andará despacito, pero sin exagerar la nota para no 957 hacerse monótono. Pepito y Mercedes cuchichean aparte.) CELESTINA (A Luis.) Vengo aburrida, hermano, no me mandes otra vez con tus hijas de paseo, pues por todos los sitios que pasamos nos señalan burlones con el dedo, y exclaman entre risas y chacotas: 275 Ahí van las castañuelas y el pandero. Claro, como te llamas Luis Castaños, Castañuelas de mote las han puesto, y el pandero, soy yo. Como comprendes, no estoy para sufrir tales denuestos. 280 LUIS Me hago cargo, mujer, pero no dudes que quien puso el apodo no era lerdo. CELESTINA Me han llevado detrás toda la tarde. ANA Acompañada de su primo Anselmo y hablándole bajito... CELESTINA Censurando 285 Los trajes que lleváis tan deshonestos. Casi se os ve el tobillo. ¿Eso es decoro? ANA Como es cuchichear con los cortejos. De todo me enteré con disimulo porque yo siempre tengo 290 un ojo en la sartén y otro en las gatas; que hay que andar por el mundo muy despierto. LEONOR Y, al despedirse, le besó la mano. ANA Y no la supo mal tan fino obsequio, que en vilo la dejó como el que dice: 295 ¿Quiere usted repetir? CELESTINA (A Irene) ¿Oyes tú esto? IRENE El valor de los besos está en baja. Su gran circulación les quitó precio. LUIS (A Celes.) Descuida, tomaré mis precauciones. PEPITO (A Mercedes.) No sé cómo decirte que te quiero; 300 busco un piropo, y ninguno hallo 958 digno de su belleza y de sus méritos. IRENE ¿Usted quiere decirle uno precioso? PEPITO Doña Irene del alma, ése es mi anhelo. IRENE Pues oiga...(Le habla al oído.) PEPITO (Con terror.) Por Dios... ¡Es un insulto! 305 IRENE Que es lo contrario, demostrarlo puedo. PEPITO (Con miedo.) Pues, en fin, allá va: ¡Bella Mercedes!, (Oscilando sin atreverse a decirlo.) te quiero más que a unos zapatos viejos. (Protestas y asombro en todos.) ANA ¡Ese piropo es una vergüenza! NARCISO ¡Yo lo castigaré! ¡Soy un caballero! 310 ABELARDO Ese piropo, no cabe duda del chirumen622 salió de un majadero... TODOS (Enfurecidos.) Ese piropo... IRENE (Conteniéndolos.) ¡Basta!... Ese piropo es emblema de amor puro y sincero. (Invita a todos que le escuchen y le rodean con misterio) Un esposo que estaba enamorado 315 de su propia mujer, cortés y atento, como Pepito a Mercedes, dijo un día: “¡Te quiero más que a unos zapatos viejos!” Ella se enfureció. MERCEDES (Irritada.) Muy justamente. IRENE (Indicando que le dejen hablar.) Y acordando los dos dar un paseo, 320 la referida esposa quiso lucir sus zapatitos nuevos. En los primeros pasos, con orgullo, contemplaba al andar sus pies pequeños. pero apenas habían 325 622 chirumen: inteligencia. 959 llegado a Recoletos, llorosa y angustiada se detiene, lívida de color, falta de aliento. ¿Qué te ocurre? Pregúntala el marido. (Fingiendo la voz angustiosa de la mujer.) Pasar de aquí no puedo. 330 Los pies se me han hinchado. Como el calzado es nuevo, y el material es fuerte, los dolores que sufro son tremendos. ¿Qué venturosa fuera 335 si aquí tuviera mis zapatos viejos! Y el marido la dijo: ¿A quién más quieres en este mundo? ¿A mí? ¡Ay, no por cierto, que más que a ti, yo quiero en este instante 340 a mis zapatos viejos! Pues míralos aquí, los he traído para que cese tu dolor intenso y demostrarte de manera cierta que no ha sido 345 inferirte un agravio mi requiebro. (Aplausos en todos.) ¿El cuento apliqué bien? PEPITO (Con alborozo.) Divinamente. IRENE Porque prueba de modo claro y cierto que las pequeñas cosas de la vida 350 tienen, a veces, un valor inmenso. Y que esta frase, en la ocasión ya dicha, amor significaba y no desprecio. (Asentimiento en todos.) PEPITO (A Mercedes.) ¿Estás ya satisfecha? MERCEDES Y orgullosa de tener una madre con talento. 355 PEPITO (Señalando a Irene..) De tal Concha, tú eres digna parte. MERCEDES (Amorosa y agradecida..) ¡En piropos, sí que eres lisonjero! LUIS (A Narciso.) ¿Usted no dice nada?... 960 ¿Tan falto está de ingenio? NARCISO Digo que, si me olvida 360 despreciando mi afecto, ¡soy capaz de pegarme cuatro tiros en mitad del cerebro! Del disparo primero, yo le juro ¡que me salto la tapa de los sesos! 365 LUIS Sobran los otros tres. NARCISO Se los regalo. LUIS Muchas gracias, que le haga buen provecho. NARCISO Perdone su merced; ha sido un chiste. LUIS Perdono. Mas el chiste no le veo. NARCISO Porque será usarcé corto de vista. 370 LUIS ¿Otro chiste? ¡Dios mío, esto es horrendo! ¡Que nos guste pasar por ocurrentes, más que por hombres sabios y discretos? Oiga usted dos palabras al oído a modo de consejo. 375 (Se lo lleva a un extremo de la sala.) Todo aquel que chistes diga, busque el momento adecuado; que quien mucho lo prodiga, concluye por ser cansado. Un ejemplo he de poner, 380 útil en todos sentidos. ¿Se atrevería a comer nueve merengues seguidos? NARCISO No tal; me empalagaría. Pretenderlo fuera vano 385 y no lo resistiría el estómago más sano. LUIS Pues para no empalagar y ser gracioso y ameno, procure usted evitar 390 ser el merengue noveno. NARCISO Me trata usted con rigor y no es bien que lo soporte, que al fin, soy un redactor 961 del Diario de la Corte.623 395 (Luis hace un gesto de duda. Narciso saca un periódico del tamaño de una cuartilla y lee con cierta solemnidad.) “En la calle del Reló se alquila un piso barato”... ¡Aquesto lo escribo yo! ¿Soy o no soy un literato?... LUIS (Malhumorado.) Adiós, no quiero enfadarme. 400 Me retiro a estotra pieza. IRENE ¿Y a qué vas? LUIS (Furioso.)Pues a tirarme por el balcón de cabeza. (Vase segunda izquierda.) ABELARDO Pues yo no me quedo así; que soy hombre de talento, 405 y tengo un piropo aquí... (Señalando a su frente.) que, si lo callo, reviento. Mil veces más ingenioso que los vuestros. IRENE A probarlo. ABELARDO Y, de un modo venturoso, 410 ahora voy a demostrarlo. (A Ana.) “Aunque mi suerte me inquieta, por no tenerla sumisa, si rifas una sonrisa, guárdame una papeleta”. 415 (Muestra de aprobación en todos.) ANA Piropo tan delicado no salió de tu mollera... ABELARDO Permiso el autor me ha dado para usarlo cuando quiera. (Ademanes y gestos en todos, como diciendo: Ya lo sospechábamos todos. Aparece Gregoria por el foro con un enorme brasero que coloca bajo la camilla.) 623 Tomar Luceño era taquígrafo del Senado. 962 TODOS (Con alegría.) ¡El brasero! PEPITO (Declamando.) ¡Dios te alabe! 420 Tu misión, de las más santas, pues, con tu calor suave, das abrigo a nuestras plantas. NARCISO (Arrebatando la badila624 a Gregoria.) Y tú, badila, piadosa, que sin ti, lumbre no habría, 425 pues, estando siempre ociosa, el carbón se apagaría, recibe con alegría, aquesta salutación, ya que en servirnos te excedes... 430 Y en prueba de mi aserción, con el permiso de ustedes voy a dar un escarbón. (Se levantan todas dando un grito de terror. Se acercan Irene y Celestina para evitar que escarbe. Abelardo le quita la badila dándosela a Gregoria y vase.) COLÁS (Entra por el foro y dice en voz baja y precipitadamente.) ¡D. Pedro, el adulador subiendo la escalera! 435 (Mutis por el foro.) IRENE (A los hombres.) A disfrazarse y nosotras adentro, que no nos vea. (Hacen mutis Irene y Celestina por la primera derecha. Ana, Leonor y Mercedes ayudan respectivamente y muy presurosas a sus novios a ponerse las narices postizas y la joroba, que no ha de ser muy exagerada; y Pepito cierra un ojo para simular que está tuerto. Las narices, las saca Narciso de la chupa, y Abelardo, de un bolsillo de la casaca, una pequeña almohadilla. Don Pedro aparece delante y Colás levanta la cortina para que pase y le recoge el sombrero que coloca sobre una silla. Don 624 badila: paleta de hierro para mover y recoger la lumbre en chimeneas y braseros. 963 Pedro es un señor respetable y bien vestido. Colás, que ha de tener figura ordinaria, contesta con mucho respeto a las preguntas de don Pedro.) PEDRO (Contemplando a Colás, sin acabar de entrar.) Colás, eres todo un hombre, de aristocráticas prendas. En tu árbol genealógico 440 hay, sin duda, una princesa. COLÁS Treparé por ese árbol a ver si topo con ella. PEDRO Siempre has demostrado ingenio. Admiro tus agudezas. 445 (Reparando en las damiselas y en los galanes que se han replegado a un lado de la sala. Echándoles el lente.) ¡Oh, no había reparado! Creí estar solo...Muy buenas; beso los pies a tan lindos ejemplares de belleza. (Volviéndose a los hombres.) Y a estos galanes simpáticos, 450 (Aparte.) más feos que una tormenta, (Alto.) les rindo mi acatamiento y mi amistad toda entera. (Cortesía mística. Don Pedro se sienta en el canapé, invitado por los demás. Ellas hacen lo mismo. Los galanes, detrás, en el respaldo.) MERCEDES Ya le hemos visto tirando del coche... LEONOR ¡Con qué destreza! 455 ANA ¡Llamaba usted la atención! ¡Un caballito de veras! ABELARDO El coche y vuestra merced parecían una pieza. PEDRITO ¿Vieron ustedes al Rey, 460 con qué gracia madrileña le dijo al cochero: Arréale que ya es tarde y tengo priesa? Cuando a Palacio llegamos, hinqué la rodilla en tierra, 465 964 y le dije: ¡Oh, Rey magnánimo! si mi ruin sangre deseas, clava tu espada gloriosa en mis fernandinas venas. Lo de fernandinas fue 470 un escopetazo... En prueba, —respondió—de que agradezco lo de fernandinas, cuenta con la primera vacante que en Caballerizas tenga. 475 Además de darte plaza, te regalaré unas riendas. PEPITO (A los demás.) ¡Tirando de coches regios muchos han hecho carrera! PEDRO Y ¿cómo no han ido ustedes 480 a tan simpática fiesta? NARCISO Con estas napias tan grandes, (Triste.) ¿cómo queríais que fuera? PEDRO Aprensión. ¡No son tan largas! Es más: ¡aunque así lo fueran, 485 narices largas denotan sangre azul, alta nobleza! Nerón las tuvo de a cuarta, Felipe cuarto, de a tercia, de a vara, Felipe quinto; 490 y la del gran Julio César más que nariz, parecía el aldabón de una puerta. PEPITO Pero ¿usted se ha dedicado a medir narices regias? 495 PEDRO ¿Y usted tampoco asistió? PEPITO ¿A dónde de esta manera, si un tuerto hace mal de ojo y huyen de él hasta las piedras? PEDRO (Mirándole con fijeza.) ¡No os aflijáis! Si, hasta creo 500 (Mirándose fijamente a la cara) que os agracia la tuertera. Acuérdese usted, si no, de la Princesa de Éboli, mujer hermosa, 965 sin embargo de ser tuerta. Y hasta en verso fue elogiado 505 el ojo de la Princesa. PEPITO Eso me lo dice usted por consolar mi tristeza. Tiene usted un alma noble. PEDRO No merezco esa fineza. 510 Son los ojos con que usted me mira. Mejor dijera el ojo con que usted mira, porque con los dos no cuenta. El hombre es hijo de Dios 515 y sus obras se respetan... ABELARDO Yo no soy hijo, que soy hijastro, pues me condena a caminar por la vida con esa joroba a cuesta. 520 PEDRO Tampoco esa es desventura. Para su consuelo sepa que Alarcón fue jorobado, jorobado el gran Mecenas; el Cid, Pizarro y Colón, 525 cargados de espaldas eran. Además, tenga presente que, como hay la creencia de que, tocando jorobas, (Le toca la joroba.) se obtienen dichas inmensas, 530 al jorobado le abrazan (Lo abraza.) las gentes y hasta le obsequian. Por lo cual, en vez de pésame, doy a usted la enhorabuena. (Sale Gregoria por la izquierda con una taza, plato y cucharilla de mano.) MERCEDES ¿Es el caldo? GREGORIA Sí, señora. 535 MERCEDES Bueno... Mas si está dormida déjala, que el sueño es vida, y da lo mismo a otra hora. Si acaso el pequeño llora, su tía, que es quien le mece, 540 lo cogerá. (A don Pedro.) Es tan llorón 966 que como a llorar empiece se lleva así, de un tirón hasta que Dios amanece. GREGORIA Hay que alimentarlo más. 545 El apetito ha perdido y puede darle un colás que lo deje sin sentido, según ha dicho don Blas que ahora se acaba de ir. 550 MERCEDES Colapso, debes decir. Colás es una sandez. GREGORIA Ya lo sé para otra vez, por eso no hay que reñir. MERCEDES Si el hipo no se le quita, 555 un poquito de bayeta pones en su frentecita. (A don Pedro.) ¡No sabe soltar la teta! Político distinguido625 ha de ser, porque en tragar 560 no se le ve descansar, ni siquiera por cumplir. NARCISO ¡Rasgo ingenioso ha tenido! PEDRO ¡Es mucha imaginación! ¡Me entusiasma su talento! 565 Mas ¿de quién es el portento que vino aquí de rondón? ¿No merezco explicación? LAS TRES ¡De mi madre! PEDRO (Levantándose.) ¡Qué alegría! ¡Claro, joven todavía! 570 ¡Suceso satisfactorio! (Aparte.) ¡Vaya con el vejestorio! ¡Qué callado lo tenía! CELESTINA (Por primera izquierda con un niño de pecho en brazos, muy arropadito.) 625 sátira. 967 De parte de mi hermana, aquí le traigo para que le conozca, este muñeco. 575 PEDRO (Contemplando y acariciando muy exageradamente.) Divino, encantador...¡como sus padres! ¡Oh, qué rostro tan bello! ¡Dejádmelo besar! (Ap.) ¡Dios de mi vida! ¡Si en el mundo no hay otro más feo! (Alto.) Boquita de piñón; la necesaria 580 para que salgan de tu tierno pecho suspiritos de amor; porque, no hay duda, has de ser más galán que Gerineldo.626 (Le besa otra vez.) CELESTINA (Fingiendo disgusto.) ¿Verdad que la nariz es muy pequeña? PEDRO Para él, tiene bastante...Chatos fueron 585 Séneca, Salomón, Lucano, Aquiles; y brillaron cual astros en su tiempo. Otro besito y mil. (Aparte.) ¡Es horroroso! CELESTINA Este niño tan lindo que ha de ser más galán que Gerineldo, 590 (Levantándolo en alto.) es... el mono chonguito que de las Filipinas nos trajeron. (Descubre al mono, que lo habrá traído vestido con sus mantillitas y gorro a manera de papalina. Después, lo arroja entre bastidores.) PEDRO (Cayendo sobre el canapé, cubriéndose el rostro con ambas manos, como abrumado por la vergüenza.) ¡Jesús!... IRENE No se enfade usted. La burla que le hemos hecho, sana intención ha tenido. 595 CELESTINA Fue sólo con el objeto de quitarle esa mancha de adular, venga o no a tiempo ABELARDO Tiene usted nuestra amistad. 626 Gerineldo: famoso amante del romancero español. 968 PEPITO Nos inspira usted respeto. 600 MERCEDES Que nadie de usted se ría es nuestro mayor deseo. PEDRO (Conmovido y enjugándose las lágrimas) Está bien. Agradecido, variar de conducta debo. (Resuelto.) Desde hoy, fuera adulaciones. 605 La verdad seca. ¿No es esto? (Señal de asentimiento en todos.) ¡Pues allá va!627 (A Irene.) Estupefacto al saber su alumbramiento, me dije, muerto de risa, Pero, Dios mío, ¿qué veo? 610 ¿Cómo una mujer tan vieja nos ha salido con esto? IRENE (Enfurecida.) ¡Qué insulto!... LAS CHICAS ¡Qué grosería!... CELESTINA Y la educación ¿don Pedro? PEDRO (A Irene.) Segunda verdad. Cuidado 615 con estos pimpollos tiernos, (Por ellas.) pues nada tendrá de extraño que por lograr casamiento, ellos se escapen con ellas o ellas se vayan tras ellos. 620 LAS CHICAS (Alborotadas.) ¡Eso ataca nuestra honra! NARCISO ¡Somos unos caballeros!... ABELARDO Y yo, hablando clarito, os digo que sois un necio. PEDRO Es usted un antipático, 625 como estos dos majaderos. (Por ellos.) Y entiendo, que si su novia dice quererlo, es creyendo que es usted rico y está 627 se inicia una típica escena de burlador burlado. 969 muy delicado de pecho. (Protestas.) LUIS (Por segunda izquierda, con Gregoria que se une a los demás para curiosear.) ¿A ver? ¿Qué escándalo es éste? 630 PEDRO Ya lo sabréis a su tiempo. (A Celes) Y usted, trabaje y no viva a costa de un hombre recto. (Por Luis.) que mi admiración merece por su honradez y talento. 635 TODOS ¡Otra adulación! LUIS ¡No; ahora está hablando muy en serio! IRENE (Empujándole con los demás hacia el foro.) ¡A esta casa no volváis! PEDRO (Soltando la carcajada.) ¡De risa estoy que reviento! ¿No me han jugado una burla? 640 Pues yo otra burla les juego y rindiendo a la verdad el debido acatamiento (Con solemnidad.) declaro que nunca vi (Por ellos.) más cumplidos caballeros 645 (Por ellas.) ni mujeres más lindísimas que estos ángeles del cielo. (A Irene y a Celestina.) Y en cuanto a ustedes, que son dos acabados modelos de belleza y de agudísimo ingenio. 650 IRENE (A todos) ¿Lo veis? Cuando no exagera da gusto oír a D. Pedro. COLÁS (Por el foro, muy agitado.) Un señor muy bien portado, con muchas cruces al pecho y una gran banda, pregunta 655 por usía... (A don Pedro.) PEDRO No sospecho... 970 LUIS ¿Bandas y cruces? Entonces no será nadie, don Pedro. COLÁS ¡Viene de parte del Rey! TODOS ¡¡¡Del Rey!!!...(Asombrados.) PEDRO (Corriendo hacia el foro.) Yo salgo a su encuentro. 660 (Todos le siguen. Desde aquí al final, muy rápido.) ¡A estas horas soy Ministro! LUIS O a estas horas sois cochero. PEDRO (Abrumado por los abrazos y con mucha pomposidad.) Don Pedro Girón, sin duda, hoy Ministro de Fomento, ofrece a ustedes su cargo 665 en el dicho Ministerio, y aunque ya tiene “Excelencia”, les apea el tratamiento. COLÁS Pues...abur, Perico. TODOS (Más abrazos.) ¡¡Adiós!!... LUIS Acompañarte no puedo 670 hasta el zaguán, el reúma hoy me tiene medio muerto. PEDRO Eso no es nada, don Luis, porque reumáticos fueron, Sócrates, Plauto, Ovidio 675 y los tres murieron viejos. LUIS (Empujándole en dirección a la puerta del foro.) Bueno: bien ved que os esperan (Desapareciendo con Colás por el foro.) PEDRO ¡¡Que viva Fernando séptimo!!... (Todos contestan agolpándose a la puerta del foro y le despiden agitando los pañuelos. Al poco tiempo se oye un golpe estruendoso.) 971 MERCEDES (Muy agitada con Gregoria.) Llama a Colás y que suba para explicarnos qué es ello. 680 GREGORIA Se dice colapso, ama. (Gritando por el foro.) Colapso, que subas presto. COLÁS (Por el foro, muy apresurado.) Señores: Una desgracia horrible, un caso tremendo. Cuando don Pedro bajaba, 685 la negrita del tercero, subía y le echó un piropo diciéndola: ¡Ojos de cielo, me casaría contigo si me encontrase soltero! 690 Quiso abrazarla y la negra le empujó, le tiró al suelo y rodó las escaleras una por una hasta ciento. IRENE (Con interés.) ¿Y se hizo daño? COLÁS Un chichón 695 del tamaño de un sombrero. Mas, limpiándose la ropa, exclamó:–El caso no es nuevo porque el rey Wamba y Viriato de una escalera cayeron 700 y magullados y todo conquistaron sendos reinos. LUIS (Bajando con todos al proscenio.) Quien adular se propone, con tanta exageración, en ridículo se pone 705 y es del mundo diversión. Mi lema no he de variar; lo seguiré hasta morir. Esto es: Vivir sin pedir y medrar sin adular. 710 Pero medrar con mesura, pues todos sabemos ya que quien sube a gran altura más cerca del rayo está. (Muy alegre.) 972 Ahora un minué... LEONOR ¡Qué horror! 715 PEPITO Eso es antiguo, don Luis. MERCEDES Un vals será lo mejor, baile nuevo, que en París está haciendo gran furor. LUIS Corriente; queda aprobado. 720 Y yo, con toda humildad, diré a este ilustre Senado: (Por el público.) El sainete ha terminado, nuestras faltas perdonad. Celestina toca el piano; los novios bailan con sus parejas, con mucho comedimiento, esto es, muy separados. Doña Irene, don Luis y los criados los contemplan. Irene y don Luis sentados en el canapé, Gregoria y Colás detrás de ellos en pie. Después de un breve rato baja el telón...y Dios sea con todos. FIN DEL SAINETE y puede ser que del mundo 973 La noche de “El trovador” Sainete original y en verso 974 PERSONAJES Pilar Elena Rufina Mercedes Elisa Leonor Dª Ramona Áurea Adelina Manuela Don Juan El señor Pedro El capitán Pifia D. Antonio Bermúdez Don Carlos Jacinto Celestino Don Ceferino Policarpo Enrique Luciano Alejandro Celador de mármol Sereno Poeta 1º Poeta 2º Un niño Espectadores y transeúntes 975 ACTO ÚNICO CUADRO 1º Sala decentemente amueblada. Puertas laterales y al foro. Un balcón en primer término ante el cual figura Elena que habla con una persona que está en la calle; en el quicio de la puerta que está al lado del balcón una jaula con un canario, colgada. ESCENA 1ª ELENA Sí, sí, te quiero muchísimo y te querré mientras viva. Mis padres ya se avendrán; tengo una idea magnífica. Les hablo muy poco: estamos 5 reñidos; causas políticas. Ellos son muy liberales y como yo soy carlista... naturalmente la guerra civil arde en familia. 10 Pero ¿qué es eso, te enfadas frunces el ceño?...¡qué risa! Ja, ja, ¿no te llamas Carlos? ¿No te amo más que a mi vida? Pues a la fuerza he de ser 15 naturalmente carlista, no de Carlos de Borbón pero sí de Carlos Frías, bravo comandante y dueño y señor del alma mía. 20 No temas: es un imbécil. Mis padres me martirizan y se empeñan en casarme. Él es de buena familia y rico con muchas tierras 25 de pan llevar en Castilla, pero aunque fueran de pan o traer lo mismo sería. Esta noche voy al Príncipe; a las seis estás en la esquina 30 y te mandaré una carta con instrucciones precisas. Adiós que viene mi padre. ¡Hasta después! 976 ESCENA 2ª Elena y don Juan JUAN ¡Qué haces niña! 35 ELENA (Dirigiéndose al canario.) Dichoso tú, pajarillo, que cuando, amante, suspiras por tu dulce esposa, encuentras tu pasión correspondida. Feliz que no te sujetan 40 los lazos de la familia; que la familia es trasunto de traición y alevosías. ¡Decir padre es decir monstruo! JUAN Se agradece, señorita. 45 ELENA Vuela, vuela y deja ya tu cárcel férrica y sombría! JUAN Poco a poco: es un canario que me da muy buenas crías y es por todos los conceptos 50 un buen padre de familia. ¡Vaya! Tu romanticismo nos va a producir la ruina. Desde que te has consagrado con febril monomanía 55 a leer esas novelas que Dios confunda y maldiga, tu razón, antes completa, se pierde y desequilibra, y todo porque has creído 60 verdad esa retahíla de amantes deseperados, de jóvenes doloridas que se fugan con sus novios a un desierto en el que habitan 65 suspirando eternamente y con la barba caída. Piensa en que vas a casarte muy pronto; que en la familia la misión de la mujer 70 no es lo que tú te imaginas, sino ayudar a su esposo, consolarle en sus desdichas y dar hijos a la patria 977 que harto de ellos necesita 75 hoy que bastardas pasiones la perturban y la agitan. ELENA ¡Hijos yo! ¡Qué ordinariez! La madre que en algo estima su decoro nunca debe 80 de tener hijos ni hijas. JUAN La máxima no tendrá sentido pero es bonita. ¿Qué más quieres? Vas a unirte a un muchacho que te estima, 85 hijo del dueño de una de las mejores boticas; y que en cuanto cierre el ojo su padre, cosa ciertísima, porque de la muerte ni 90 los boticarios se libran, será vuestra la farmacia para que os deis la gran vida. ELENA ¡Qué horror, siempre el vil metal! JUAN Todo lo vil que tú digas 95 mas su vileza ennoblece, embellece y civiliza. Tanto tienes, tanto vales. ELENA Bien. Déjeme usted tranquila que me siento venturosa 100 cuando recorre mi vista las obras de Bouchardys de Lord Byron y... JUAN ¡Otros lilas! que aunque los quemasen vivos ¡bien poco se perdería! 105 ELENA (Levantándose, leyendo.) “Bárbaro, salvaje, impío, que en mi dolor te extasías! JUAN Elena, si es alusión... ELENA Son las quejas de una niña que por un pastor sencillo 110 fue engañada y seducida. (Vase.) 978 ESCENA 3ª Don Juan y Pilar. PILAR Ya estoy de vuelta. JUAN Me alegro. PILAR ¿Qué sucede? JUAN Que no hay más que o morir o resignarse; no tiene cura su mal. 115 PILAR Tú no sabes, inocente, de la misa la mitad. Si no es esta casa sola; si es todo Madrid, que está inficionado del virus 120 romántico sepulcral. Las niñas del entresuelo, ¡eso es el delirio ya! ¡Querrás creer que hasta beben vinagre por figurar 125 que están tísicas de tanto padecimiento moral! Vengo de verlas flacuchas melancólica la faz, con ojeras prolongadas, 130 negras como el cordobán. ¿Y los novios? Allí quedan sentados en el sofá con la barba junto al pecho suspirando sin cesar 135 con unas caras de hambre... Porque no me negarás que, aunque dicen que es la cara espejo del alma, ¡ay! Juan, la cara es siempre el espejo 140 del estómago. JUAN Si tal. PILAR Y las simples de las niñas no se quedaban atrás devolviendo los suspiros con toda puntualidad. 145 —¡Qué vida tan miserable!— —¡Ay! yo me quiero matar.— —¡Ay! el suicidio, el suicidio 979 ese es mi bello ideal—. Y yo, viendo que ninguno 150 salía de este cantar dije, señores, adiós, que se alivie la mamá. He venido por si ustedes nos quieren acompañar 155 al palco, vamos al Príncipe, beneficio de Guzmán. Se estrena un drama llamado ¡El trovador!—Es verdad. Un sainetón detestable 160 de un recluta que ahora está en Leganés aprendiendo la táctica militar. Y entonces la más raquítica exclama:—iremos allá 165 porque habrá silba y las silbas hacen mi felicidad. JUAN Palco más aprovechado... PILAR Con razón le llaman ya entre las gentes el cuadro 170 de las lanzas. JUAN No está mal. Yo, con ir cuando a Pepita Díaz la toque bailar la cachucha628 me conformo. Es una divinidad. 175 Bailando tiene un talento en las pantorrillas. PILAR ¡Ya! JUAN A mí, dame una mujer que sienta el arte. PILAR ¡Es verdad! Pero yo no te la doy; 180 te la buscas tú y en paz. (Vase Juan.) 628 cachucha: baile popular de Andalucía, en compás ternario y con castañuelas. 980 ESCENA 4ª Pilar y Elena. ELENA Cuando tú quieras; por mí... PILAR Pero tú estás en tu juicio ¡Qué arrugas! Vaya un tocado. Sin duda tus enemigos 185 se han dado cita esta noche para hacerte los prendidos. ELENA Del exterior ornamento ya sabes que no me cuido. Del alma que es pura esencia 190 dicen Horacio y Esquilo... De Esquilo, tú no sabrás una palabra, de fijo. PILAR ¡Cómo que no! Sí lo sé. Esquilo fue aquel que dijo: 195 ¿esquilo el perro, señor? ELENA ¡Qué ignorante Dios te hizo! Instrúyete. Te daré con mucho gusto mis libros. PILAR Ignorante y todo, sé 200 lo que tú nunca has sabido; que es gobernar una casa zurzir unos calzoncillos y poner como cualquiera, si a mano viene, un cocido 205 ELENA ¡Cuánta prosa, cuánta prosa! Y a todo esto, Jacinto sin venir. PILAR ¿Pero le quieres? ELENA Como la flor al rocío. PILAR Hija, me estás aturdiendo 210 con ese lenguaje híbrido. ELENA Desengáñate, mamá, el mundo es para mí chico. 981 PILAR Pues hija, ya buscaremos la manera de añadirlo. 215 ELENA Tú debiste darme a luz en la Edad Media, en el siglo de los trovadores. PILAR Tienes razón, perdona el descuido. Otra vez será: hasta luego 220 me voy porque necesito consultarle al tocador algunos detalles nimios; que siendo función de gala irá un público escogido 225 y yo quiero demostrarle que aún tengo mis atractivos. (Vase.) ESCENA 5ª Dicha y Jacinto. JACINTO ¿Se puede? ELENA Pues ya lo creo. Cuán fiel es mi corazón; me anunciaba tu presencia 230 con dulcísimo rumor. JACINTO Aquí me tienes ardiendo en volcánica pasión. ¿Me permites que en tu mano imprima un ósculo? ELENA ¡No! 235 Permitírtelo no puedo; pero si esa es tu ilusión y me le das cuando esté descuidada, entonces yo... me aguantaré y hasta es fácil 240 que te otorgue mi perdón. ¿Tú me amas? JACINTO Ya lo creo ELENA Dame una prueba de amor. JACINTO ¿Quieres la luna? 982 ELENA La quiero JACINTO Vuelvo enseguida. ELENA No, no, 245 que te conozco. Óyeme. Hoy vamos al Trovador. Es natural que al salir se produzca confusión... pues bien, ¡quiero que me robes! 250 JACINTO ¿Hay locura más atroz? Hoy, que el alumbrado público se halla en todo su esplendor; además de eso, tus padres ven con gusto nuestra unión. 255 ELENA No importa, que yo he leído una novela de Scott que dice que amor sin penas, sin fugas, ni agitación no puede ser amor puro. 260 JACINTO ¿Y a dónde te llevo yo? ELENA A un desierto en que vivamos sin más testigos que el sol y las fieras. JACINTO ¡Ay, qué miedo! ELENA ¡Cobarde! JACINTO ¡Pero, por Dios! 265 En un desierto no puedo ejercer mi profesión... ¿No ves que allí no hay botica como en la puerta del sol? ELENA ¡El cierzo de la ignorancia tu inteligencia tronchó! 270 ¡O el rapto que mi alma ansía o renuncia a nuestra unión. (Vase.) 983 ESCENA 6ª JACINTO Voy a ser tan inocente que deje que se me escape teniendo más peluconas 275 que arenas el Manzanares. La robo, estoy decidido; la robo, sí, pero antes, en prueba de mi honradez, pido permiso a los padres. 280 ESCENA 7ª Dicho y D. Juan. JACINTO Tengo que hablar con usted de una cosa importantísima. JUAN Pues déjalo para luego porque ahora viene visita. ESCENA 8ª Dichos, Dª Rufina, Mercedes, Elisa, Policarpo y Luciano. MERCEDES Con permiso. JUAN Buenas tardes. 285 Estoy a los pies de usted. ELISA ¡Jacintito!... JACINTO ¡Bella Elisa! RUFINA Amiga de la niñez, ha venido por dos meses a la corte y si no es 290 abusar de los caracteres de ustedes, vendrá también al palco. JUAN Pues ya lo creo, tendremos un gran placer. MERCEDES Como ella no ha presenciado 295 ninguna silba, justo es que asista a la de esta noche. 984 POLICARPO Y va a ser buena, pardiez. LUCIANO El drama, según noticias, está escrito con los pies. 300 ELISA Y en cambio los de otros poetas que escriben con brillantez las empresas los rechazan y no los quieren hacer. Porque usted es todo un vate. 305 LUCIANO Son los ojos con que usted... Vate no...soy un vatito si acaso... ELISA Si acaso, ¿eh? Pues Larra y Bretón le envidian porque valen menos que él, 310 y Ventura de la Vega ni pintado en la pared. JACINTO (Ap.) Porque le pide dinero enseguida que lo ve. POLICARPO ¡Ay, qué pequeña es la vida! 315 MERCEDES ¡Ay, el mundo es muy cruel! ¡No existe amor! POLICARPO Sí existe. El que yo le tengo a usted. ¿Quiere usted que me suicide aquí mismo y a sus pies? 320 JUAN ¡No! Que está usted en mi casa y alguien pudiera creer... ¿Usted no será romántica? RUFINA Nací en Cabeza del Buey y no es extraño que sienta 325 el romanticismo arder en mi espíritu. JUAN No veo la razón, pero allá usted. 985 RUFINA Y el que ha de ser mi marido piensa como yo también: 330 él es pobre y yo soy rica y tan grande su amor es que he querido renunciar a mi riqueza y él me ha dicho, ¡no vida mía 335 rica y todo te querré y cuanto más rica, más! JUAN Eso se llama querer. RUFINA Y he tenido muchos novios. JUAN Bien se lo merece usted. 340 RUFINA El año pasado estuve en relaciones con seis, todos ellos militares, el que menos coronel. Y por eso desde el día 345 en que el escuadrón se fue me llaman a mí la viuda del Regimiento del Rey. ELISA Cabeza del Buey, ¡qué pueblo tan prosaico! RUFINA Sí ¿eh? 350 Pues tiene ya dos teatros, confitería y un juez y además un cementerio que da gusto estar en él, rodeado de arciprestes629 355 mucho más altos que usted. ESCENA 9ª Dichos y Pilar. PILAR Tanto bueno por mi casa. MERCEDES Rufinita de Pinillos. ELISA Con nosotras viene al palco contando con su permiso. 360 629 arciprestes: por cipreses. 986 PILAR Por Dios, si todos cabemos. RUFINA Yo, llevada del antiguo refrán de que un convidado convida a ciento, le he dicho a mi hermano que si quiere 365 puede venir con su amigo Sánchez, el cual, a su vez, ha invitado a dos sobrinos. ESCENA 10ª Dichos y Elena. ELENA Por mí, cuando ustedes gusten. ELISA ¡Qué guapa! ELENA Y tú, ¡qué monísima! 370 ELISA Como yo sé que me quieres, voy a darte una noticia que ha de llenarte de júbilo. ELENA Dime cuál es. ELISA Que estoy tísica. y voy a morirme pronto. 375 ELENA ¿De veras? ¡Ay, cuánta envidia me das! ELISA Y mi novio ha dicho que publicará poesías en el Eco del Comercio a la muerte de su Elisa. 380 ELENA ¡Qué feliz! ELISA Y me ha ofrecido, si le cae la lotería, gastarse el dinero en una sepultura vitalicia para los dos y pegarse 385 un tiro aquel mismo día. ELENA Eso es amor. Ahí lo tienes. JACINTO Del mío no desconfía. Estoy resuelto a robarte. 987 ELISA ¿Te van a robar? Oh dicha. 390 Venga esa mano, Abelardo. Dame tú un beso Eloísa. JUAN Que se hace tarde. TODOS ¡Sí, sí! LUCIANO Ya la hora se aproxima de ir al teatro a escuchar 395 ripios y majaderías. JUAN Señores, El trovador nos está esperando. Viva la nueva escuela romántica que las almas purifica. 400 CUADRO 2º Pasillo de los palcos en el teatro del Príncipe. A la derecha del espectador una puerta sobre la cual se lee: Paso a las lunetas. ESCENA 1ª Áurea, Enrique y el señor Pedro. ÁUREA ¿Ha muerto ya mucha gente? PEDRO Lo que es hasta este momento todos parece que están muy alegres y muy buenos. Al fin morirán todos 405 de fijo. ÁUREA ¡Cuánto me alegro...! (Vase.) PEDRO Y el público; pero ese morirá de aburrimiento. Anda, anda; a cada palabra un aplauso, a cada verso 410 un bravo. Si en vez de ser de un recluta, es de un sargento la tal comedia, el teatro se había venido al suelo. 988 ESCENA 2ª Dicho y el señor Bermúdez. PEDRO ¡Hola, alguacil! ¿Qué te pasa? 415 BERMÚDEZ Que estoy rendido y que vengo a echar aquí un cigarrillo porque bien me lo merezco. ¡Vaya una noche! PEDRO Es verdad. BERMÚDEZ No me ha dejado un momento 420 el señor Corregidor que preside el Coliseo. Alguacil, al escenario a decir que empiecen pronto. “Alguacil, dile a Latorre 425 que declame más ligero o lo multo. Alguacil vuelve al escenario corriendo y dile a Pepita Díaz que no mueva mucho el cuerpo 430 cuando baile la cachucha porque me ataca a los nervios.” PEDRO Hablando de todo un poco, ¿te gusta el drama? BERMÚDEZ ¡Qué entiendo yo de esas cosas! A mí 435 nunca me preguntes eso. PEDRO Pero bien, ¡el de esta noche te complace! BERMÚDEZ Hombre, comprendo que es inferior a la Pata de Cabra. PEDRO Tienes talento 440 BERMÚDEZ Pero la gente se explica. Una cosa no podemos negar, que los pobres cómicos, la verdad, lo están haciendo que da gloria. 989 PEDRO Que da grima, querrás decir. Pero si esto, más que compañía, es una cuadrilla de bandoleros. Desengáñate, Bermúdez, para mí, después de muerto 450 Isidoro Máiquez,630 ya se acabaron los maestros. Chico, era un monstruo, no puedes figurarte con qué fuego se expresaba en los pasajes 455 ya terribles o ya tiernos. En fin, el público todo le contemplaba supremo, dudando si era comedia escrita por un ingenio 460 o si era la verdad misma aquello que estaba viendo. Ya no hay cómicos, Bermúdez. BERMÚDEZ Latorre también es bueno, y en el drama Alfonso el Casto 465 está hecho un Casto completo. PEDRO ¿Dónde vas a compararle con Máiquez en el Otelo? ¡Qué noche aquella en que vino a verle Fernando séptimo, 470 que el señor tenga en su santa gloria si ha llegado a tiempo. BERMÚDEZ Pues ¿qué sucedió? PEDRO Se hacía el Pelayo a teatro lleno. El rey estaba en un palco 475 con la reina Amalia atentos a la escena y sin perder del drama un solo concepto. Llega por fin el instante de decir aquellos versos: 480 —Y escrito está en el libro del destino que es libre la nación que quiere serlo.— Yo no sé de qué manera expresó Máiquez aquello. Lo que sí puedo decirte 485 es que el público, frenético, 630 Isidoro Máiquez: La comedianta famosa recoge una anécdota de la vida de este famoso actor. 990 estalló en vivas y aplausos arrojándole al proscenio las damas sus abanicos y los hombres sus sombreros. 490 ¿Qué más? Hasta dos palomas con sendas cintas al cuello. Cogiólas Máiquez y entróse y más pálido que un muerto dijo a los que le cercaban: 495 “me han perdido compañeros. Ved al rey cómo me mira, tiene de mi gloria celos, y no tardaré en sufrir de su envidia los efectos.” 500 A los diez minutos Máiquez salía para el destierro. Así premiaba aquel rey a los hombres de talento... Aplaudid, aplaudid bárbaros 505 adiós; voy a ver qué es eso. ESCENA 3ª Pedro y Dª Ramona. RAMONA ¡Acomodador! PEDRO ¿Qué hay? RAMONA ¡Hombre, por la Virgen santa!, que cae aceite en el palco de arriba, y toda me mancha. 510 Mire, usted cómo me he puesto el sombrerillo y la falda. PEDRO Si no puede ser, señora; si cada cinco semanas limpio los quinqués. RAMONA Si tiene 515 usted tan limpia su alma avisa usted al infierno que le preparen la causa. (Vase.) ESCENA 4ª PEDRO Ahora que me iba gustando... Hombres, esta escena no es mala. 520 Por supuesto, el desenlace 991 a cualquiera se le alcanza. El conde de Luna, es claro, con Dª Leonor se casa; al Trovador le darán 525 una cantidad alzada para que se compre ropa y se remiende la capa y aquí da fin el sainete perdonad sus muchas faltas. ESCENA 5ª Dicho, Ceferino y Alejandro. CEFERINO Dependiente, abra usted aquí ALEJANDRO ¿Hay mucha gente? PEDRO Un anciano dos señoras con tres niñas y tres jóvenes escuálidos. CEFERINO ¡Qué gusto, vamos a estar 535 como tres en un zapato! ESCENA 6ª Manuela, Celestino y D. Antonio. MANUELA Le digo que es la verdad pura y neta. La comedia que esta noche aquí mismo representan es de Antonio García631 540 el chico que iba a la escuela de Chiclana cuando usted era maestro. ANTONIO ¿Te empeñas? Lo creeré pero permite que me haga cruces, Manuela. 545 MANUELA ¿Y por qué? ANTONIO Porque aquel chico no puede escribir comedias. Si era tan torpe que nunca conseguí de él que aprendiera la ortografía. Jamás 550 631 Antonio García Gutiérrez (1813-1884): Estrenó El trovador en 1836—luego transformada en ópera por Verdi—; también escribió Juan Lorenzo y Venganza catalana. 992 pude entrarle en la cabeza que ayer se ponía con ache y que hoy se ponía sin ella. Por esa razón no puedo desechar de mí esa idea. 555 MANUELA ¿Cuála? ANTONIO Que no estando yo al lado de ese babieca, ¿quién será el que haya puesto las aches a sus comedias.? CELESTINO Pues mire usted, a pesar 560 de no estar usted a su vera le ha salío que se chupa usted los deos con ella. Nos la leyó en el cuartel al cabo, a mí y a un trompeta 565 y mereció nuestras palmas. ¡Ya ve usted si será buena! ANTONIO ¡En verso! CELESTINO Eso no se sabe hasta que se represente. ANTONIO ¡Qué bárbaro, el mejor día 570 sale con una tragedia! MANUELA ¿Quién despacha? PEDRO ¡Celestino! CELESTINO ¡Señor Pedro! PEDRO Habla en voz baja que está la gente escuchando con tanto interés el drama, 575 que una mosca que pasase se oiría volar en la sala. MANUELA A eso venimos nosotros PEDRO ¿A volar? CELESTINO Quien tal pensara. A ver también la función. 580 993 MANUELA La cazuela está cuajada de mujeres y no cabe lo que se dice ni un alma. ANTONIO Los asientos de tertulia atestaos, en fin no hay nada. 585 CELESTINO Búscanos un rinconcillo, esta chica es su paisana. ANTONIO Y yo fui su profesor de modo que si hoy alcanza un triunfo, a mí me lo debe, 590 que le enseñé la gramática. PEDRO Vengan ustedes aquí. Tú delante, usté a la espalda, conmigo tú. Es un delirio, la gente está alborotada. 595 No perdamos ni un instante. ¡Calladitos, eh! Otra salva de aplausos. Esto es de oro. ANTONIO Dígame usted, camarada. ¿Por casualidad el público 600 no ha notado algunas faltas de ortografía? PEDRO ¡Silencio, que es el fin de la jornada! (Aplausos dentro.) CUADRO 3º Interior de los tres palcos. Pilar, Rufina, Elena, Jacinto, Elisa, Luciano, Mercedes, Policarpo, don Juan, don Ceferino, Alejandro, Áurea, Adelina, Enrique, señora 1ª y un niño. ESCENA 1ª ÁUREA Es preciosa la comedia. 605 ENRIQUE ¡Qué lástima que esté escrita en español cuando hay tantos idiomas que en armonía, sonoridad y frescura al nuestro superiorizan. ADELINA Debió escribirlo en la lengua 610 de Voltaire, que es muy fluida. 994 ÁUREA O en el idioma del Diantre que es lengua más expresiva. CEFERINO Con el permiso de ustedes voy un rato a las lunetas 615 a ver qué dicen del drama. ALEJANDRO Pues yo voy a la cazuela en donde tengo la esposa de un amigo, una morena que está diciendo comedme. 620 JUAN ¿Lo dice? Pues a comerla y que de salud le sirva si es que no se le indigesta. CARLOS (De uniforme.) Estoy a los pies de ustedes ADELINA ¡Carlitos! CARLOS ¡Áurea, Adelina! 625 ENRIQUE Pero ¡qué es esto, muchacho! ¿Cómo tú aquí? Yo te hacía en el Norte combatiendo contra las huestes carlistas. CARLOS He venido en comisión 630 y además a otras cosillas. ÁUREA Eso es que se casa usted. ADELINA Cuente usted. ¿Y la novia es rica? CARLOS Para mí vale un tesoro. ADELINA ¿Le quiere? CARLOS ¡Más que a mi vida! 635 PILAR ¿Con quién hablas? ELENA ¡Oh!, creí que eras tú el que me decías... JACINTO Yo no: si en toda la noche he dicho esta boca es mía. 995 CARLOS ¡La guerra! Va para larga 640 ¡Si vieras cuántas fatigas! Pero luchamos con fe y al oír viva Cristina, nuestro espíritu abatido se fortalece y reanima. 645 ENRIQUE Oye, oye, y esa cruz laureada ¿qué significa? CARLOS Que cumpliendo mis deberes puse en peligro mi vida. ¿Y ustedes qué hacen? ADELINA ¿Nosotras? 650 Pasarlo divertidísimas. ENRIQUE Y mientras lucháis vosotros en pro de la dinastía y regáis con vuestra sangre los campos de las provincias 655 nosotros nos divertimos murmurando en comandita de la marcha de la guerra y del general que os guía. CARLOS Eso es tener patriotismo 660 ENRIQUE Tú no sabes qué delicia es murmurar de vosotros al calor de la camilla. RAMONA ¿Te gusta mucho, hijo mío? NIÑO Pues ya lo creo; y qué guapa 665 es la que hace de Leonor. RAMONA ¿De veras? NIÑO De buena gana me la comía. ELISA ¿Y Manrique? ¡Qué figura tan simpática! Ése sí que merecería 670 comérsele. 996 RAMONA Me hace gracia. Pero ¿es que no habéis comido antes de salir de casa? PILAR Oye, Juan. ¿Quién es aquel que está en la fila novena 675 bajito con anteojos y de cara tan risueña? JUAN ¡Ah! Mesonero Romanos.632 El autor de las Escenas matritenses. El Curioso 680 parlante. Saluda Elena... dice que estás muy bonita. PILAR ¿Y el otro que está a la izquierda? JUAN Es Bretón de los Herreros, el autor de la Marcela 685 y el que está detrás es Fígaro.633 PILAR Ese dicen que es poeta de los mejores. JUAN Su fama, ya lo creo, es europea. Tiene ya veintisiete años 690 y no hay mortal que no sepa de memoria sus artículos. PILAR Hombre, mira a la platea de enfrente. El capitán Pifia. Hazle señas de que venga. 695 JUAN Estas señoras que quieren PILAR conversación más amena. MERCEDES ¿Le llaman Pifia? JUAN Es un mote que le han puesto y él lo lleva con gusto sin enfadarse; 700 al contrario, le recrea. No tiene más aficiones que el billar y las comedias. Viene temprano y durante 632 Mesonero Romanos (1802-1882): su seudónimo era El curioso parlante. 633 Fígaro: seudónimo de Mariano José de Larra (1809-1837), autor de Macías. 997 la función no pestañea 705 pero en cuanto se equivoca un actor, que es con frecuencia, da con el suelo y con voz gruesa dice ¡Pifia! eso no vale, vuelva usted a empezar la escena, 710 y es claro, el público aplaude celebrando la ocurrencia. ESCENA 2ª Dichos y el capitán Pifia. PIFIA Señoras, tengo el honor... JUAN Mi capitán, ¿cómo estamos? PILAR Ya lo hemos visto aplaudir. 715 PIFIA Señores, es mi entusiasmo tan grande, que hoy tengo a orgullo ser militar. JUAN No es extraño, como el autor pertenece al ejército... PILAR Y acaso 720 a su escuadrón. PIFIA ¡Ojalá fuera mi subordinado porque así premiar podría su talento extraordinario haciéndole mi asistente 725 hoy mismo! JUAN Varón magnánimo que así sabe honrar el ingenio con tan generosa mano. ELENA Aquí estamos todos locos. PIFIA Y lo que es yo, delirando, 730 al punto de que teniendo temperamento linfático siento que el romanticismo en mi espíritu hace estragos. 998 RUFINA ¡Ay! Yo tengo el corazón 735 hecho un merengue de blando y si se hallara en Madrid el pretendiente a mis mano, le hacía que me robase. JUAN Ya la robará...(los cuartos.) 740 POLICARPO Eso de que hablen en prosa y luego en verso es tan raro... Porque en sociedad, señores, no se habla así, seamos francos. O se habla en prosa o en verso 745 pero no con intervalos. MERCEDES El trovador que lucha con su dama entre los brazos y hace huir a los del conde es un tipo legendario. 750 PILAR Digno de escaquearse. ELISA ¿Y el desafío del acto primero a la luz velada de la luna? RUFINA ¿Y el relato de la guitarra al contarle 755 cómo chamuseó a su hermano? PIFIA ¡Y haber tenido este drama la empresa más de dos años sin querer representarle creyendo que era muy malo! 760 PILAR ¿Es posible? PIFIA Hasta los cómicos al autor calificaron poco menos que de idiota y gracias a que del caso se enteró Espronceda634 y fue 765 a hablar con el empresario. Eso es horrible y ustedes perdonen si es que me exalto pero, tocándome al arte, pierdo los estribos. 634 José de Espronceda y Delgado (1808-1842): poeta romántico español. 999 TODOS ¡Bravo! 770 JUAN Continúe usted, no sabe con qué gusto le escuchamos. pifia Porque decir de cualquiera ese que va ahí es fulano de tal, eso no es ser nada, 775 a lo sumo es ser un árbol más en la frondosa alameda y en el cual nadie hizo alto. Pero pasar cinco lustros desconocido, ignorado, 780 y en una noche lograr que un público frío y harto de placeres se conmueva y se interese, ya es algo; y alcanzar que al otro día 785 en la calle o en el Prado diga la gente aquel es el escritor que aclamamos anoche, aquel que nos tuvo suspensos y entusiasmados, 790 eso es ser mucho, es nacer es devolver aumentado al autor de nuestros días al que a este mundo nos trajo por un apellido obscuro 795 un apellido preclaro. TODOS ¡Bravísimo, capitán! PIFIA Señores...debo ser franco... Todo esto acabo de oírselo a Larra, y yo se lo encajo 800 al primero que me encuentro. Conque adiós y hasta otro rato. Estoy a los pies de ustedes. PILAR Sabe usted que le estimamos. (Vase Pifia.) 1000 ESCENA 3ª Dichos, don Ceferino y Alejandro. PILAR ¿Qué se dice por ahí? 805 CEFERINO Callen ustedes, ¡si vengo asombrado, si no cabe esta idea en mi cerebro! PILAR Pero ¿qué es lo que sucede? CEFERINO Que el público está resuelto 810 antes de que acabe el drama a pedir con todo empeño que salga el autor a escena porque quiere conocerlo, y tributarle su aplauso. 815 TODOS ¡Qué honor! LUCÍA ¡Si nunca se ha hecho tal cosa! PILAR Pues ni que fuera López de Vega o Moreto. ELENA Nunca ha salido un autor. TODOS ¡Jamás! ELENA Pues sea el primero 820 el pobre quinto que supo merecer tal privilegio. ALEJANDRO La agitación es tremenda. Sobre todo el bello sexo alborotado; las jóvenes 825 están armando un jaleo con sus novios, que no sé el fin que va a tener esto. Todas quieren ser robadas al salir del Coliseo 830 o envenenarse y morir como Lucrecia. ELENA ¡Oh, portento del romanticismo...tuyo es el triunfo! 1001 ELISA ¿Estás oyendo? Si esta noche no me robas 835 cuenta con que te aborrezco. MERCEDES Usted hará lo que quiera mas yo a mi casa no vuelvo. PILAR Busque usted a mi marido, no le dé el mal pensamiento 840 de robar a la Pepita y llevársela a un desierto para que le baile allí la cachucha y el bolero. PIFIA Porque decir de cualquiera 845 ese que va ahí es fulano de tal, eso no es ser nada! A lo sumo es ser un árbol... soy de ustedes muy rendido servidor. Empieza el acto. 850 Luego seguiré...Señoras... Enrique... ENRIQUE Que nos veamos. PIFIA Esto es precioso CEFERINO ¡Sublime! Vuelvo pronto. PIFIA Le acompaño. “Porque decir de cualquiera 855 ese que va ahí es fulano de tal, eso no es ser nada... CEFERINO Silencio que ya ha empezado, PILAR Bonita decoración. RUFINA Es la torre en que está preso 860 Manrique. (Fuertes toses.) PILAR Pero qué toses... no se oye nada. VOCES DENTRO ¡Silencio! (Un niño llora estrepitosamente.) 1002 OTRA VOZ ¡A la inclusa! JUAN Esa cazuela que parece un gallinero. UNA VOZ ¡Quiquiriquí! PILAR Ya cesaron. 865 ¡Gracias a Dios! (A Juan.) Los gemelos porque tengo la aprensión de que oigo mejor con ellos. MANRIQUE (Dentro.) “¡La vida! ¿Es algo la vida? Un doble martirio, un yugo. 870 Llama, que venga el verdugo con el hacha enrojecida. Que venga, yo entregaré mi cuello sin resistir lo quiero, anhelo morir, 875 muy pronto te seguiré!” (Bravos estrepitosos, aplausos y entusiasmo.) VOCES ¡El autor! ¡El autor! (Que parten de todos lados, incluso de los palcos. Gran ovación en fin, cuando figura que aparece García Gutiérrez. Fin del cuadro) CUADRO 4º Fachada exterior del Teatro del Príncipe. ESCENA 1ª Sereno y celador del barrio. SERENO Mucho tarda en acabar. CELADOR Sí, para rato tenemos. El drama ya ha concluido. 880 falta la pieza. Te advierto que hay que estar con mucho ojo porque se queja el gobierno de que en este barrio es donde se registran más sucesos 885 desgraciados. SERENO No hace mucho si no es por mí, un caballero que del segundo arrojóse se rompe el alma en el suelo. 1003 Lo vi tirarse y me dije 890 ¿Sí?, pues te salgo al encuentro. Alcé el chuzo y le pinché en qué sitio no me acuerdo... morirá en el hospital, pero sin lograr su objeto 895 que era suicidarse. CELADOR ¡Bravo! Ese es el único medio de evitar que los suicidios vayan tomando incremento. También hay que vigilar 900 los portales; que van siendo muy repetidas la fugas de niñas con sus cortejos. La primera parejita que te inspire algún recelo 905 el alto. Si no contesta, montas la pistola y fuego. ESCENA 2ª Dichos, Enrique, Áurea, Adelina. ADELINA Yo me siento mala. ÁUREA y yo. El corazón me da saltos. La muerte del trovador 910 mi espíritu ha conturbado. ENRIQUE Cuando lleguemos a casa tomarás éter. ÁUREA No, láudano vitriolo, cualquier substancia que me envenene en el acto 915 como a Leonor. (Vanse.) ESCENA 3ª Doña Ramona y un niño. RAMONA ¡Calla, estúpido! ¿Pues no dice el monicaco que quiere robar al ama de cría del cuarto bajo? (Vanse.) 1004 ESCENA 4ª Poetas 1º y 2º. POETA 1º ¿Que es original? ¿Y qué? 920 ¿Que hay elegancia en la frase? ¿Y qué? ¿Que tiene la obra argumento interesante? ¿Que la versificación es muy correcta y muy fácil 925 y las escenas en prosa dignas de Miguel Cervantes? Todo eso es verdad, pero hay varón para que lo llamen al proscenio? ¿Pues qué dejan 930 a los autores notables? POETA 2º ¡Y cómo ha salido el pobre! ¿Se ha fijado usted en el traje? POETA 1º Sí, con chaqueta amarilla y su gorra. POETA 2º Usted no sabe 935 que si no ha salido a escena enseñándonos las carnes, ha sido porque Ventura de la Vega635 al presentarse le cubrió con su capote 940 de miliciano. POETA 1º Es notable. Yo que Ventura, le dejo a ver si le daba un aire. Compañero, hasta mañana. POETA 2º Adiós y que usted descanse. 945 (¡Este infeliz, lo que tiene es más envidia que hambre!) POETA 1º (¡Qué más quisiera que verse en un caso semejante!) 635 Ventura de la Vega (1807-1865): comediógrafo español, autor de El hombre de mundo (1845). 1005 ESCENA 5ª Elisa, Elvira, Mercedes, del brazo de Jacinto, Policarpo y Luciano, recatadamente aparecen y cruzan la escena: después celador y sereno.) SERENO Van a caer seis de un golpe. 950 (Corre tras ellos) CELADOR Hoy me gano yo el ascenso. ESCENA 6ª Don Juan, Pifia y Ceferino. JUAN Señores, ustedes son mis amigos, y yo espero que he de merecer de ustedes un gran favor. PIFIA Yo me ofrezco 955 a sus servicio. CEFERINO Igual yo. JUAN Es que mi plan es tremendo, escandaloso, increíble; pero, amigos, no hay remedio. El cáncer puede curarse 960 al principio, pero luego la medicina es inútil y ya están demás los médicos. Mi Elena es víctima del romanticismo moderno. 965 El trovador ha acabado de exacerbar su cerebro y por lo que yo he podido traslucir, tiene el proyecto de fugarse en cuanto acabe 970 la función y yo pretendo, que cuando crean tener realizado su deseo, los sorprendamos y entonces su conducta reprendiendo 975 en público, sea el escándalo pronto y eficaz remedio. PIFIA Ahora mismo me sitúo a la puerta y cuando ellos vayan a escaparse doy 980 1006 un gran porrazo en el suelo con el sable y digo ¡Pifia!, los cojo por el pescuezo y los traigo a la vergüenza pública para escarmiento. 985 ESCENA ÚLTIMA Óyese dentro gran algazara, el pito del sereno y últimamente un tiro lejano. Con todo esto coincide la salida de multitud de espectadores del teatro entre los cuales aparecen Pilar, Rufina y Alejandro; luego sereno, Elena, Carlos, Policarpo, y Luciano, Elisa y Mercedes. SERENO No hay que asustarse, señores. Aquí están los arrapiezos. JUAN ¡Qué vergüenza! PILAR ¡Hija del alma! JUAN ¿Pero explícame qué es esto? ¡Desgraciada! Te has fugado 990 con un paisano y te veo que vuelves aquí con un comandante de ligeros. CARLOS Yo lo explicaré pues soy la causa de este suceso 995 y acostumbro en todas partes a reponder de mis hechos. Seré muy breve. Los vi y salí al punto a su encuentro. Al robador le robé 1000 la prenda que yo más quiero y cuya mano le pido con amor y con respeto. JUAN ¡Bien por la niña romántica! PIFIA El novio es un caballero 1005 y un valiente, lo demuestra la cruz que lleva en el pecho. JUAN Vamos a casa y allí todos con calma... VOZ (Dentro.) ¡Sereno! ¡Que se escapa su mujer 1010 de usted, venga usted corriendo! 1007 SERENO No caerá esa breva...En fin por si es verdad, voy a verlo. (Vase muy despacio.) JUAN ¡Cuándo podré yo olvidar la noche del trovador! 1015 ELENA Ni nosotros. CARLOS ¡Ya lo creo! PILAR Ni habrá ningún español que no recuerde esta noche con grata satisfacción. (Al público.) Y ya que al arte dramático 1020 hoy un poeta nació regalándole una joya de tan inmenso valor, al autor de este sainete otorgarle tu perdón... 1025 ¡Que no recuerde con pena la noche de “El trovador”. FIN 1009 TABLAS MÉTRICAS Orden de versos Estrofa nº v. l. Cuadros al fresco (1 acto y 28 escenas) 1-118 romance í-o 118 119-184 romance á 66 185-262 romance í-o 78 263-294 romance á-o 32 296-376 romance é-a 92 377-456 romance é-e 80 457-543 romance á-a 87 544-561 romance é-a 18 562-625 romance ó-a 64 626-647 romance é-o 22 648-696 seguidilla compuesta 7-5 49 697-706 romance é-a 10 707-762 romance é 56 763-768 romance é-e 6 769-816 romance á 48 817-824 romance í-o 8 825-846 romance á-a 22 2. El arte por las nubes (1 acto y 15 escenas) 1-30 romance ú-a 30 31-90 romance ó 60 91-146 romance í 56 147-264 romance é-a 118 265-366 romance é-o 102 367-449 romance é 83 450-554 romance á 105 555-646 romance í-o 92 647-682 romance ó-a 36 683-708 romance é 26 709-803 romance á-a 95 804-861 romance á-o 58 3. El teatro moderno (1 acto y 19 escenas) 1-65 romance á-a 65 66-111 romance í-o 46 112-173 romance á-o 62 174-186 romance ó-e 13 187-200 romance é-a 14 1010 201-246 romance á 46 247-288 seguidilla compuesta 7-5 42 289-342 romance ó 54 343-378 romance é 36 379-492 romance á 114 493-524 romance ía 32 525-528 cuarteta ó 4 529-538 romance í-a 10 539-552 romance ó 14 553-582 romance é 30 583-608 romance é-o 26 609-646 romance á-a 38 647-680 silva 34 681-706 romance á 26 707-716 romance é-o 10 4. Un juicio de exenciones (1 acto y 14 escenas) 1-80 romance é-o 80 81-184 romance í-a 104 185-262 romance é-o 78 263-272 romance á-a 10 273-282 romance í-o 10 283-345 romance é-o 63 346-369 romance á-e 24 370-385 romance é-o 16 386-419 romance á 34 420-432 romance ó 13 433-442 romance é-e 10 443-450 romance é-o 8 451-489 romance í-e 39 5. ¡A perro chico! (1 acto y 13 escenas) 1-522 romance é-a 522 6. Fiesta nacional (1 acto, seis cuadros, 22 escenas) 1-164 romance é-o 164 165-219 octavillas é-o 55 220-407 romance é-o 188 Siguen las escenas ocho y nueve que están en prosa. 408-491 romance ó 84 Sigue la escena once en prosa. 492-534 romance ó-a 43 535-580 letrillas con música 46 581-676 romance ó-a 96 677-895 romance é-a 220 896-954 letrillas con música 59 1011 Sigue la escena veintidós en prosa. 7. ¡Hoy sale, hoy!...(1 acto, 6 cuadros y 26 escenas). 1-84 romance í-o 84 85-149 romance á 65 150-194 romance ó 45 195-316 romance é-o 110 317-324 cuarteta asonantada 8 325-354 romancillo ía-ía 30 355-585 romance í-o 231 586-591 sextilla 4 592-640 cuarteta asonantada 51 Siguen las escenas 16 a 20 en prosa. 641-648 cuarteta asonantada 8 649-670 copla 22 Sigue la escena 22 en prosa. 671-735 cuarteta asonantada 65 736-793 romance é-a 123 8. El corral de comedias (1 acto y 15 escenas) 1-240 romance é-a 240 241-364 romance á 124 365-456 romance é-a 92 457-504 romance á-o 48 505-854 romance é-a 350 9. Ultramarinos (1 acto, y 15 escenas). 1-182 romance á-o 182 183-230 romance é 48 231-310 romance é-o 80 311-448 romance é-a 138 449-462 romance ú-a 14 463-528 romance í-a 66 529-557 romance á-e 29 558-629 romance é-e 72 630-703 romance ó 74 704-771 romance á-o 68 772-806 romance á-a 35 10. Amén o el ilustre enfermo (1 acto y 28 escenas en prosa) 1012 11. Las recomendaciones (1 acto, 2 cuadros y 13 escenas). 1-64 romance ó-a 64 65-95 romance á-o 31 96-183 romance ó-a 88 184-211 romance á-a 28 212-253 romance é-a 42 254-325 romance é 72 326-471 romance á-a 146 472-515 romance í-a 44 516-557 romance á-e 42 558-701 romance í-a 144 702-831 romance é-o 130 832-979 romance é-e 148 Siguen las escenas de la 8 a la 12 en prosa. 980-1005 romance á-a 26 12. Carranza y Compañía (1 acto y 23 escenas). 1-283 romance á-a 283 284-337 romance é-o 54 338-441 romance á-o 104 442-797 romance é-o 356 798-1133 romance á-a 336 13. Los lunes de “El Imparcial”(1 acto y 10 escenas). 1-233 romance í-o (y letrillas con música) 233 234-324 romance á-e 91 325-411 romance á-a 87 412-439 romance í-a 28 440-467 romancillo í-o 28 468-481 romance í-a 14 482-585 romance á-a 104 586-671 romance á 86 672-789 romance í-o y letrillas con música 118 14. La niña del estanquero (1 acto, 3 cuadros y 21 escenas) Las seis primeras estrofas están en prosa. 1-42 romancillo é 42 43-70 redondilla abrazada 28 71-86 romance á 16 87-116 seguidilla simple 30 117-196 pareado 80 197-256 redondilla abrazada 60 257-297 romance é-o 41 1013 298-321 pareado 24 322-333 cuarteta asonantada 12 334-342 tercerillas 9 343-364 cuarteta asonantada 20 365-367 tercerilla 3 368-371 pareado 4 372-374 tercerilla 3 375-376 pareado 2 377-380 cuarteta 4 381-383 tercerilla 3 385-386 pareado 2 387-429 cuarteta 43 430-603 romance é-a 174 604-607 cuarteta 4 608-609 libre 2 610-613 cuarteta 4 614-619 sextilla 6 620-623 cuarteta 4 624-625 libre 2 626-631 sextilla 6 632-635 cuarteta 4 636-637 libre 2 638-661 cuarteta 24 662-665 pareado 4 666-669 cuarteta 4 670-674 quintilla 5 675-680 sextilla 6 681-756 romance é-a 76 15. La comedianta famosa (1 acto, 2 cuadros y 13 escenas) 1-100 romance á-o 100 101-154 romance í-a 54 155-230 romance á-o 76 231-324 romance é-a 94 325-348 romance í-o 24 349-368 romance ó 20 369-453 romance á-o 85 454-534 romance é-o 81 535-562 cuarteta asonantada 28 563-866 romance é-a 304 16. ¿Cuántas, calentitas, cuántas? (1 acto y 18 escenas) 1-986 romance á-a 986 1014 17. Fraile fingido (1 acto y 12 escenas) 1-4 seguidilla 4 5-7 soleá 3 8-15 copla 8 16-19 pareado 4 20-33 copla y estribillo 14 34-43 romance á-a 11 44-51 octavilla 8 52-61 copla real 10 62-114 copla 53 115-139 seguidilla asonantada 25 140-210 romance é-o 71 211-230 seguidilla asonantada 20 231-234 copla 4 235-239 quintilla 5 240-243 seguidilla asonantada 4 244-246 tercerilla 3 246-254 seguidilla asonantada 8 255-257 tercerilla 3 258-277 romancillo á-a 20 278-281 romance é-e 4 282-301 cuarteta asonantada 20 302-319 sextilla 18 320-347 cuarteta 28 348-352 quintilla 5 353-356 redondilla 4 357-360 cuarteta 4 361-388 pareado 28 389-391 tercerilla 3 392-409 pareado 18 410-413 seguidilla 4 414-421 cuarteta 8 422-433 serventesio 12 434-517 coplas 84 518-540 coplas (con eco) 23 541-544 copla 4 545-550 sextilla 6 551-558 copla 8 559-562 redondilla 4 563-568 sextilla 6 569-572 redondilla 4 573-578 sextilla 6 579-583 quintilla 5 584-585 pareado 2 586-593 cuarteta 8 594-621 coplas 28 1015 18. ¡Viva el difunto! (1 acto y 1 escena) 1-129 romance é-a 129 130-161 romance í-o, endecasílabo. 32 162-166 quintilla 5 167-208 romance í-o 42 209-236 romance é-o, endecasílabo. 28 237-318 romance ú-o 82 319-394 redondilla abrazada 76 395-442 romance é 48 443-542 romance é-o 100 543-633 romance á-e 91 634-637 redondilla abrazada 4 638-659 romance á-e 22 660-811 romance á-o 152 19. El maestro de hacer sainetes o Los calesines (1 actro, 2 cuadros y 1 escena) 1-178 romance é-a 178 179-202 romance á-e 24 203-206 cuarteta asonantada 4 207-238 romance á-e 32 239-348 romance é-o 110 349-378 romance é-a 30 379-386 redondilla 8 387-391 quintilla 5 392-404 redondilla 12 405-407 tercerilla 3 408-635 redondilla 228 636-947 romance é-o 172 20. Un tío que se las trae (1 acto y 15 escenas) 1-349 romance á-a 349 350-393 romance é-a 44 394-639 romance á-a 246 640-649 romance é-a 10 650-681 romance é-e 32 682-701 romance á-o 20 702-773 romance á-a 72 774-858 romance á-e 85 1016 21. Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII (1 acto y 1 escena) Loa 1-14 romance é-e 14 15-89 quintilla 75 90-109 romance 20 sainete 1-152 romance ó-a 152 153-179 romance á-o 27 180-270 romance á-e 91 271-319 romance heroico é-o 49 320-375 silva 56 376-383 romance á-o 8 384-411 cuarteta 28 412-415 redondilla 4 416-423 cuarteta 8 424-433 quintilla doble 10 434-534 romance é-a 101 535-554 quintilla 20 555-558 cuarteta 4 559-573 quintilla 15 574-592 silva 19 593-702 romance é-o 110 703-706 cuarteta 4 707-710 redondilla 4 711-714 cuateta 4 715-724 quintilla 10 22. La noche de “El trovador” (4 cuadros, 26 escenas) 1-111 romance í-a 111 112-181 romance á-a 70 182-227 romance í-o 46 228-272 romance ó-o 45 273-280 romance á-e 8 281-284 cuarteta í-a 4 285-356 romance é-e 72 357-368 romance í-o 12 369-400 romance ó-a 32 401-506 romance é-o 106 507-530 romance á-a 24 531-536 romance á-o 6 537-571 romance é-a 35 572-603 romance á-a 32 604-613 romance í-a 10 614-623 romance é-a 10 624-663 romance í-a 40 664-673 romance á-a 10 1017 674-712 romance é-a 39 713-804 romance á-o 92 805-844 romance é-o 40 845-858 romance á-o 14 859-868 romance é-o 10 869-876 redondillas 8 877-907 romance é-o 31 908-919 romance á-o 12 920-949 romance á-e 30 950-1013 romance é-o 64 1014-1027 romance ó-i 14 1019 APARATO CRÍTICO. REGISTRO DE VARIANTES Incluimos en este apartado las variantes encontradas en los diferentes textos autógrafos, mecanografiados e impresos de los que hemos podido disponer gracias a la colaboración de las bibliotecas reseñadas. Una vez contrastados los textos, hemos corregido, actualizado y fijado los términos más correctamente Texto original Corregido 1. Cuadros al fresco Portadilla: autógrafo: tachado: Sainete en verso y original debajo: Juguete cómico en un acto y en verso impreso: Juguete cómico en un acto y en verso En la edición de El corral de comedias, se dice que donde pone juguete debe decir sainete. Pero en realidad se trata de un auténtico sainete. Tanto en el texto autógrafo como en el impreso, no aparecen muchos signos de exclamación e interrogación iniciales y se incluyen tildes no diacríticas en palabras monosílabas. v. 4: autógrafo: vizco impreso: bizco bizco vv. 57-58: autógrafo, tacha: “hasta que ellos se resignan a tenerte a tí consigo.” v. 205: ya se ve como yo soy, ¡Ya se ve! Como yo soy, v. 219: Caballero? ¿Caballero? v. 222: recojidos recogidos v. 232: autógrafo: ¡es un tabaco magnífico! impreso: es un tabaco magnífico! ¡es un tabaco magnífico! 1020 v. 238: autógrafo: a cojerla a cogerla v. 301: autógrafo: verguenza vergüenza v. 362: autógrafo, tacha “vieja” necia v. 376: autógrafo, tacha “vieja” pepla v. 435: trage traje v. 436: tu tú v. 473: Miá que sifico Miá qué sofoco vv. 491-492: autógrafo: estoy mu triste, por qué no eres ya mi parroquiana. impreso: estoy mu triste; por qué estoy mu triste porque no eres ya mi parroquiana? no eres ya mi parroquiana. Escena XI: autógrafo, tacha “jornalero” Manolillo Escena XIV: autógrafo: (acotación) Dichos Dichos impreso: no aparece “Dichos” v. 540: autógrafo: sinó impreso: si no si no autógrafo: Después de Escena 15ª, Escena 17ª Escena 16ª v. 615: autógrafo: zanaorias impreso: zanahorias zanahorias v. 629: autógrafo e impreso: ageno ajeno v. 675: autógrafo: qu’haiga qu’haiga impreso: que haiga vv. 829-830: ¡Qué, /al verlos no se entusiasma! ¡Qué!/ ¿Al verlos no se entusiasma? 2. El arte por las nubes 1021 v. 25: espiran expiran vv. 613-614: Sí, es mas listo/¡y mas mono! Sí, es más listo/ ¡y más mono! Acotación después del v. 394: á faltado ha faltado 3. El teatro moderno v.281: Eres turca Eres terca 9. Ultramarinos v.47: (Admirado.) Perfectamente. (Admirado.) ¡Perfectamente! v.62: espirando expirando v.71: Me extraña. de ortografía ¡Me extraña! De ortografía v.73-74: Toma, toma; pues si he escrito ¡Toma, toma; pues si he escrito con la pluma de Mariano. con la pluma de Mariano! v.109: ...¡Toma, toma... ...¡Toma, toma!... v.119-124: (Sin signos de admiración.) (Entre signos de admiración.) v.190: Gruyere Gruyère v.232: Hola, Rodríguez, muy buenas ¡Hola, Rodríguez, muy buenas! v.247-248: ¡He dejadu tamañitu ¡He dejadu tamañitu á todo el barrio? a todo el barrio! v.264: Cá ¡Ca! v.329: Chica, qué genio gastas. ¡Chica, qué genio gastas! v.374: ¡Doña Tecla (Como dudando.) ¡Doña Tecla! (Como dudando.) y qué es eso! ¿y qué es eso? v.381: Friolera... ¡Friolera!... v.386: Desgraciado...En fin, patatas... ¡Desgraciado...En fin, patatas!... v.403: tiene usted? ¿tiene usted? 1022 v.415: Vamos, acémila. ¡Vamos, acémila! v.461: Ya te has caído ¡Ya te has caído! v.494: Claro ¡Claro! v.523: Es claro ¡Es claro! v.539: ¡Ay Lino! voy sospechando ¡Ay, Lino! Voy sospechando v.551: ¡Para quién es esto, ¡infame! ¿Para quién es esto? ¡Infame! v.569: Cálmate ¡Cálmate! v.590: Vamos ¡Vamos! v.635: ¿Que no lo se yo? ¿Que no lo sé yo? vv. 641: Si no hay equivcación: ¡Si no hay equivocación! v.656-657: Pero, hombre, ¡Pero, hombre! ¿No te da no te da vergüenza. vergüenza? vv. 668-669: Bueno estaría, ¡Bueno estaría ¡con más años que Sansón! con más años que Sansón! v.687: Vaya, con un inspector ¡Vaya! Con un inspector v.724: Pero señor, si no es malo. ¡Pero, señor, si no es malo! v.738: Si esto no es justo. ¡Si esto no es justo! v.780: de vino y, claro, los guardias, de vino y ¡claro!, los guardias, v.791: ¡Mi coche! El núumero trece. ¡Mi coche! ¡El número trece! 12. Carranza y Compañía Disponemos de dos manuscritos autógrafos idénticos y dos ejemplares impresos en distintas ediciones. Manuscritos: Sólo hay acotaciones para indicar los nombres de los personajes. En el reparto de personajes no aparece una chula ni una que pasa besando a su hijo. En la primera acotación del acto único, sólo se dice: Tienda de objetos en uno de los 1023 sitios más céntricos de Madrid. En la acotación de la escena primera, sólo aparecen los nombres de los personajes incluyendo a Narciso. No hay más acotaciones. vv. 1 y 8: No hay acotaciones. v.9: pensais solo pensáis sólo v.10: nóvios novios v.12: quereis queréis v.27: estátua estatua v.51: enamorarlas enamorarla v.53: decirla decirle v.68: agonizante agonizando v 102: Qué se te debe? ¿Qué se te debe? v.105: Vaya ¡Vaya! v.114: Verdad que lo que usted dé... ¡Verdad que o que usted dé!... Escena II Acotación primera: Doña Laura y Clotilde v.140: A las siete? ¿A las siete? v.145: balcon balcón v.186: Sí? ¿Sí? Escena VI Primera acotación: Dichos, menos Narciso. v.219: El amo? ¿El amo? v.227: Figurese! ¡Figúrese! v:250-252: Y su mujer?/Su mujer,/pobrecilla! ¿Y su mujer?/Su mujer, pobrecilla! Escena VII 1024 Primera acotación: Dichos, Carranza. v.288: Mi familia, que va a arder Mi familia, que va a dar Escena VIII Primera acotación: Dichos, Cayetano. v.345: recado recadu v.348: deprisa de prisa (error del impreso). v.365: borracho borrachu v.370: y si bebo, es cuando quiero y si bebo en cuanto quiero v.375: el candidato contrario el candedato contrario. v.383: al Ayuntamiento el cargo. al Ayuntamiento el cargu. v.394: déjame déjeme v.402: fideledaz (14.3873), fidelidaz(1439510) con fideledaz v.411: navajazo navajazu v.417: dieme usté esa mano. dieme esa mano. Escena X Primera acotación: Dichos, Motilón. vv. 456-461: no está en manuscrito. MOTILÓN: Que ya vendrá por aquí v.481: haran al Ayuntamiento. honran al Ayuntamiento. Escena XII Primera acotación: Dª Clementina Dª Sinforosa 578-579: Clementina Sinforosa Escena XIII Primera acotación: Clementina Sinforosa Escena XVI Primera acotación: Ama de cría. Ama. 1025 v.945: no está escrito en cuanto me deje en casa v.1015: no está escrito han llegado esta semana Escena XXI Primera acotación: Carranza y Narciso. Carranza, después Narciso. Escena XXII Narciso, pobre 2º. Narciso, que en cuanto se va Carranza, empieza a hablar por señas con su novia: aparece el pobre 2º. Escena última Carranza, Don Joaquín, Don Ruperto, Serafín, Salen muy alborozados Motilón, Lucas. abrazando a Carranza, Don Joaquín, Don Ruperto, Serafín, Motilón. A poco Narciso. v.1121: plancha! planchas! Al final aparece la palabra Telón (No aparece la palabra Telón) 13. Los lunes del “Imparcial” Manuscrito: No aparecen los tres fragmentos recitados con música, ni la final: vv. 7-30, 158-192 y 688-733. 14. La niña del estanquero El estreno de este sainete fue en el teatro Español el 9-4-1897. Está formado por cuadro primero ( nueve escenas), cuadro segundo (cinco escenas) cuadro tercero (ocho escenas). El estreno del sainete lírico con el mismo título fue en el teatro Apolo el 10-6-1897. Está formado por cuadro primero(diez escenas), cuadro segundo (cinco escenas) y 1026 cuadro tercero(ocho escenas). El texto hablado coincide en las dos versiones, tanto en prosa como en verso. La segunda versión incluye el texto recitado con música en las siguientes escenas: cuadro primero(I, VII), cuadro segundo (I), cuadro tercero(I-V: vv. 506-540 y vv. 604-669). 16. ¿Cuántas calentitas , cuántas? En la edición de 1910, las acotaciones están en formato más pequeño. En la edición de 1917, las acotaciones están en cursiva, no hay elenco de personajes y se incluyen ilustraciones. Hay un error de numeración: después de la escena XV viene otra vez el número XV y debe ser el XVI. 17. Fraile fingido En este ejemplar mecanografiado, no aparecen los signos iniciales de exclamación ni de interrogación. Se omiten muchas tildes. El tipo de letra de las acotaciones es el mismo que el resto del texto. Personages Personajes vv. 8-11: A ver muchacha/ como lo bailas! ¡A ver muchacha/ cómo lo bailas! A ver tu mozo/ como lo cantas! ¡A ver tú, mozo/ cómo lo cantas! Acotación después del verso 297: recojiéndola recogiéndola Acotación después del verso 302: recojerla recogerla Acotación después del verso 313: coje-cojer coge-coger v.379: sino si no v.423: perdmos perdamos Acotación después del verso 451: Dirijiéndose Dirigiéndose 1027 v.516: lijera ligera 18. ¡Viva el difunto! Edición de 1916: v.11: dirije dirige v.457: Saludo a la buena gente CORREGIDOR Saludo a la buena gente En la edición de l9l7, las acotaciones están en cursiva, no hay elenco de personajes y se incluyen ilustraciones. v.370: justamente (escrito sin comas) justamente (entre comas) v.456: CORREGIDOR v. 806: Jerusalem Jerusalén 21. Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII En un principio, Tomás Luceño escribe el sainete Adula y te caerás, con once escenas, del que se conservan dos autógrafos firmados idénticos. En el manuscrito 21.3602, el autor escribe la siguiente nota: “He sacado la segunda, corrigiendo y suprimiendo en otros. No sé si con tantas correcciones habré dejado peor el sainete; aunque pero que estaba...” Posteriormente, el 29-4-1932, en plena Segunda República española, se estrena la última y definitiva versión que lleva el título arriba indicado, con una sola escena, y que se acomoda mejor a la nueva condición socio-política. Este último sainete incluye una loa declamada a telón corrido y con alegoría. A continuación aparece una breve explicación de la intención del autor. En el elenco de personajes, desaparecen Antón y Mariano y sustituyen los nombres de Manolito por Abelardo y Fermín por Colás. Acto único. En la primera acotación se añade el retrato de militar. En la escena primera se suprime la bronca de Gregoria a 1028 Fermín y se añaden chistes sobre monjas y frailes. También se excluyen las referencias a un ganadero de toros y a una obra de teatro religioso. Se añaden los requiebros amorosos entre Gregoria y Colás y la llegada de Fernando VII, el deseado, con ironía republicana. En la acotación después del verso 170, se resalta la diferencia entre el lujo de las señoritas y la modesta vestimenta de los petimetres. En el relato que don Pedro hace de su encuentro con el rey, se acentúan los rasgos irónicos. También se amplifica su discurso adulador, enriqueciéndolo con referencias históricas y la caída final de don Pedro. El sainete finaliza con un vals, propuesto por Mercedes, a cambio del minué sugerido por don Luis. 22. La noche de “El trovador” Después del verso 110, comienza la escena 2ª y debe ser la 3ª. En la acotación de la escena 8ª del cuadro 1º aparece Elena y debe decir Elisa. La última frase del cuadro 2º la dice Pedro (aparece Ant. tachado). Hemos puesto tilde a los pronombres interrogativos indirectos(quién, cuánto, qué), palabras esdrújulas (dirigiéndose), Máiquez (no Mahiquez), Hemos corregido varias veces la conjunción causal (por que) por porque. I. Tomás Luceño, autor dramático Certificado de defunción Tomás Luceño fotografiado por Alfonso Última foto de Luceño y su esquela Caricatura de Luceño ÍNDICE DE LÁMINAS 1. Don Tomás Luceño, autor dramático. 2. Certificado de partida de bautismo. 3. Certificado de defunción. 4. Don Tomás Luceño fotografiado por Alfonso 5. Fotos de autor del Ahora y La Voz 6. Página del ABC, 29-1-1933. 7. Última foto del autor y su esquela. 8. Página de El Alcázar 9. Página de Villa de Madrid 10. Caricatura de T. Luceño en Memorias...a la familia (1905: 5) ÍNDICE PRESENTACIÓN ABREVIATURAS PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN AL TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO I. VIDA Y OBRA DE TOMÁS LUCEÑO I.1. Perfil biográfico I.2. Tomás Luceño y su época I.3. Refundiciones I.4. Traducciones I.5. Obras originales SEGUNDA PARTE: TEATRO BREVE DE TOMÁS LUCEÑO: ESTUDIO II ANÁLISIS DEL TEATRO BREVE: Morfología II.1. El sainete desde Ramón de la Cruz hasta Tomás Luceño II.2. Estructura II.3. Sainetes costumbristas sin acción II.4. El tratamiento del espacio en los sainetes II.5. El tratamiento del tiempo en los sainetes II.6. El recurso de la burla II.7. Personajes II.8. Lenguaje III. ASPECTOS DE LA REPRESENTACIÓN III.1. Los sainetes de T. Luceño en el marco del género chico III.2. Actores III.3. Música III. 4. Gestos, movimientos, sonidos, vestuario y decorados III.5. Crítica de prensa IV. TEMÁTICA E INTERPRETACIÓN DE LOS SAINETES IV.1. Temática IV.2. El teatro breve como representación de la sociedad IV.3. La crítica social en los sainetes de Tomás Luceño V. CONCLUSIONES VI. BIBLIOGRAFÍA VI.1. Publicaciones periódicas VI.2. Bibliografía general Apéndice: Noticia bibliográfica de refundiciones y traducciones TERCERA PARTE: EDICIÓN CRITERIOS DE EDICIÓN NOTICIA BIBLIOGRÁFICA CRITERIOS DE EDICIÓN NOTICIA BIBLIOGRÁFICA TEXTOS ANOTADOS Cuadros al fresco El arte por las nubes El teatro moderno Un juicio de exenciones ¡A perro chico! Fiesta nacional ¡Hoy sale, hoy!... El corral de comedias Ultramarinos ¡Amén! o El ilustre enfermo Las recomendaciones Carranza y Compañía Los lunes del “Imparcial” La niña del estanquero La comedianta famosa ¿Cuántas, calentitas, cuántas? Fraile fingido ¡Viva el difunto! El maestro de hacer sainetes o Los calesines Un tío que se las trae... Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII La noche de “El trovador” TABLAS MÉTRICAS APARATO CRÍTICO. REGISTRO DE VARIANTE ÍNDICE DE LÁMINAS