297 Copyright: © 2024 Rosario Cebrián Fernández. This is an open access paper distributed under the terms of the Creative Commons License, (CC BY-NC-SA 3.0), which permits unrestricted use, dis- tribution, and reproduction in any medium, provided the original author and source are credited. SAGVNTVM (P.L.A.V.) 56, 2024: 297 - 312 ISSN: 0210-3729 ISSN online: 2174-517X DOI: 10.7203/SAGVNTVM.56.28347 Texto recibido el 23/02/2024 Texto aceptado el 20/05/2024 ROSARIO CEBRIÁN FERNÁNDEZ Resumen En la excavación del vertedero constructivo del anfiteatro de Segobriga (2011-2013) se documentaron restos de una inhumación infantil, de 5-7 años de edad, entre los materiales de desecho que colmataron un área periurbana situada entre la muralla y el muro exterior del edificio para espectáculos hacia el 70 d.C. Junto a ellos, se recuperaron algunos objetos personales y pequeños amuletos, de marcado simbolismo protector y tradición fenopúnica. A priori parecía tratarse de un entierro ocasional –sepultura primaria– fuera de una de las áreas cementeriales urbanas, pero la falta de conexión anatómica del material antropológico y la cronología aportada por los amuletos no descarta que se trate de una sepultura secundaria. Estas dos hipótesis que planteamos, a partir del análisis de la documentación arqueológica, permiten también una reflexión sobre las sepulturas fuera de las necrópolis segobrigenses. Palabras clave: Enterramiento, inhumación infantil, amuletos, creencias funerarias, época romana. Abstract During the excavation of the amphitheatre in Segobriga (2011-2013), the remains of a child burial, aged 5-7 years, were documented. They were found among the waste materials that filled, around 70 AD, a periurban area located between the city wall and the outer ring of the building. Linked to them, some personal objects and small amulets were recovered, presenting a marked protective symbolism framed in the Phoenopunic tradition. A priori it seemed to be an occasional burial –primary grave– outside one of the urban cemetery areas. However, the lack of anatomical connection in the anthropological material and the chronology provided by the amulets do not allow us to exclude the possibility of a secondary burial. These two hypotheses, based on the analysis of the archaeological documentation, offer us the opportunity to reflect on the burials outside the necropolis of Segobriga. Key words: Burial, infant inhumation, amulets, funerary traditions, Roman period. Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología, Facultad de Geografía e Historia (Universidad Complutense de Madrid), C/ Profesor Aranguren s/n, 28040 Madrid. marcebri@ucm.es ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5560-1191 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? Remains of a child burial with amulets found in a periurban landfill in Segobriga: primary or secondary burial? 298 Rosario Cebrián Fernández INTRODUCCIÓN1 En los últimos decenios del s. I a.C. la comunidad de los segobrigenses, citada por Plinio (Nat Hist. 3-25) como estipendiaria del conventus Carthaginensis y caput Celtiberiae (Cabeza del Griego, Saelices, Cuenca), inició un intenso proceso de renovación de su espacio urbano, que comenzó con la construcción del forum y prosiguió, a lo largo del s. I d.C., con la edificación de teatro y una gran plaza con funciones religiosas, anfiteatro, unas nue- vas termas y un edificio exclusivo para las transacciones comerciales (Abascal y Almagro-Gorbea 2012). Este proceso fue financiado por los beneficios, públicos y pri- vados, obtenidos de la explotación de las minas de lapis specularis y su comercialización por el Imperio como cristal de ventana. El proyecto de monumentalización significó una transformación casi integral de la ciudad, que terminó a mediados del s. II d.C. con la edificación ex novo de un circo (Ruiz de Arbulo et al. 2009). Al construir el anfiteatro segobrigense en la falda N del cerro, su sector meridional cimentó en la roca y una buena parte del muro del balteus, las gradas de la ima cavea y el podium se tallaron también en ella. Su incorporación al espacio urbano obligó a realizar cambios urbanísticos im- portantes, como demoler un tramo de la vieja muralla, des- viar la que había sido hasta entonces la cloaca principal de la ciudad y diseñar un sistema de acceso a la summa cavea de la gradería sur. Todo esto obligaba al terraplenado pre- vio del área comprendida entre la muralla y el muro exte- rior del anfiteatro (Cebrián y Hortelano 2016: 142). La excavación realizada en esta área demostró que se trataba de un relleno coetáneo, de más de 900 m3 de tie- rras de distinta composición y procedencia, que se co- rrespondía con un vertedero vinculado a la construcción del edificio para espectáculos y, por tanto, formado en un breve intervalo de tiempo. Su importancia radica, por un lado, en la homogeneidad cronológica de los materiales recuperados en su excavación, que fecha el vertido y el anfiteatro en los primeros años bajo Vespasiano y, por otro, en el elevado conjunto de materiales importados del Mediterráneo occidental y productos exóticos llegados desde su extremo oriental, que dan cuenta de la vida eco- nómica en la ciudad en esa fecha. En este contexto se recuperaron los restos de una in- humación infantil que, a priori, parecía tratarse de un en- tierro ocasional en un vertedero urbano, como es el caso de la niña enterrada en una gran montaña artificial junto al puerto exterior de Baelo Claudia (Bernal y Vargas 2019: 297-300), donde se acumulaban los residuos de las industrias haliéuticas. Sin embargo, las circunstancias del hallazgo, la parcialidad y desconexión anatómica del ma- terial antropológico recuperado y la cronología aportada por los objetos que llevaba el niño-a sugieren más bien que se trata de una deposición secundaria, esto es, unos restos procedentes, tal vez, de la demolición o reforma de una edificación urbana o suburbana, en la que los traba- jadores pudieron hallarlos, y posteriormente trasladarlos al vertedero junto con los desechos de los materiales de construcción. Estas dos hipótesis que planteamos, a partir del análisis de la documentación arqueológica, permiten una reflexión sobre las sepulturas fuera de las áreas ce- menteriales comunitarias en Segobriga. Por la escala de edad de la muerte (5-7 años), determinada a partir del estudio de los restos dentales, este infante tuvo que reci- bir sepultura en una necrópolis, aunque con un ritual di- ferente al de los adultos (Sevilla Conde 2012: 211). Este depósito anómalo del cadáver constituye un hallazgo sin- gular en la ciudad, pues ni siquiera es comparable, por su ubicación fuera de necrópolis urbanas, a la aparición de diez inhumaciones en urnas y bajo tegulae, junto al lien- zo exterior del tramo de muralla situado detrás del teatro (Losada y Donoso 1965: 49-53). EL HALLAZGO DE LA INHUMACIÓN INFANTIL EN EL VERTEDERO DEL ANFITEATRO Los trabajos arqueológicos desarrollados en el anfi- teatro y su entorno entre los años 2011-2013, en el marco de un proyecto de consolidación y adecuación de la ca- vea sur para su uso en espectáculos de carácter cultural, nos brindó la oportunidad de documentar un gran vertido de tierras y materiales en una zona pública de la ciudad, concretamente, en el espacio comprendido entre un lien- zo de la muralla y el muro exterior del anfiteatro. La su- perficie sobre la que se actuó medía 135 m2, con una lon- gitud máxima de 38 m lineales, medidos a lo largo del muro exterior del anfiteatro entre los dos extremos de contacto con la muralla, y una anchura máxima de 6,10 m, medidos transversalmente al tramo central de la mura- lla. La potencia máxima de excavación superaba los 6,70 m desde la cota más elevada de los rellenos superficiales hasta la más baja, situada en un sondeo realizado para localizar la salida de aguas de la cloaca situada debajo del kardo maximus (fig. 1). Desde el inicio de su excavación se apreció la homoge- neidad de los materiales cerámicos aportados por los relle- nos que, salvo en muy contadas ocasiones y siempre en los 299 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? niveles vegetales, correspondían a dataciones del s. I d.C. No se identificaron fosas, silos u otro tipo de alteraciones del paquete estratigráfico, excepto aquel sondeo arqueoló- gico previo realizado en la campaña del año 1986 (Alma- gro-Gorbea y Lorrio 1989: 128-145) y las relacionadas con los robos, en época moderna, de la sillería de dos de los vomitorios de acceso a la summa cavea del anfiteatro. El desarrollo de la excavación demostró que el con- junto correspondía a un vertido sincrónico de rellenos relacionados con la construcción del graderío sur del an- fiteatro, lo que supuso el terraplenado del espacio que quedó entre la antigua muralla y el nuevo edificio para espectáculos. De esta manera, se consiguió sobreelevar la cota de circulación hasta igualar la de la calle junto a la muralla con la de los vomitorios de entrada a la parte alta de la cavea sur. Con esta finalidad constructiva, se había creado un vertedero público en la ciudad de Segobriga hacia el año 70 d.C., que debió colmatarse en un lapso muy corto de tiempo y de manera simultánea a la edificación del muro del anfiteatro (Cebrián y Hortelano 2017: 152). Los dese- chos vertidos fueron, principalmente, elementos proce- dentes de demoliciones de construcciones urbanas y toda clase de objetos inservibles para su reutilización, como cerámicas de mesa, común y lucernas rotas, objetos sin- gulares, como un estrígilo fragmentado, o varias narices de máscaras teatrales, junto a numerosas ánforas vacías. El paquete estratigráfico de este vertido estaba for- mado por 33 niveles de relleno (fig. 2). Uno de estos ni- veles (UE 16025) estaba compuesto por tierra arenosa y suelta, de color blanquecino, con abundantes raíces, que presentaba áreas de gravilla fina y piedras medianas. Se Fig. 1. Situación de Segobriga y planimetría general del yacimiento con ubicación del vertedero del anfiteatro. 300 Rosario Cebrián Fernández situaba junto a la muralla en el lienzo más occidental, a una cota de -2,50 m con respecto a la coronación conser- vada. En la parte más alta de este nivel se encontraron los restos incompletos de una inhumación infantil, que que- dó cubierta por otro relleno (UE 16024) formado por adobes disgregados, también con raíces y escasas piedras pequeñas (fig. 3). Los restos esqueléticos se encontraban fuera de su posición anatómica, en un área que se exten- día 50/60 cm de longitud y 25/30 cm de anchura. En tor- no a ellos sobresalía en este nivel un fragmento de ánfora (inv. 11-16025-1355), correspondiente a la pared, hom- bro e inicio del asa de una Dressel 2/4 rota en dos peda- zos. De producción tarraconense, esta pasta homogénea, tonalidad rojiza y engobe de color blanco/crema, y su cronología se sitúa entre los últimos decenios del s. I a.C. y la siguiente centuria. Fig. 2. Perfil estratigráfico E-O del área excavada con indicación de la unidad estratigráfica (UE 16025) donde se hallaron los restos de la inhumación. Fig. 3. Lugar de hallazgo de los restos de la inhumación infantil junto al lienzo exterior de la muralla en el vertedero. Con el fin de no suspender los trabajos arqueológicos, se decidió dejarla sin excavar momentáneamente, prosiguiendo con la excavación de los vertidos. 301 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? Durante el proceso de excavación no se localizaron evidencias de una fosa o estructura funeraria, por lo que este fragmento anfórico constituye el único elemento ex- terno con el que podría relacionarse la sepultura. El ente- rramiento se halló muy alterado por factores postdeposi- cionales difíciles de precisar, que determinan la conser- vación diferencial del esqueleto (inv. 11-16025-1356) y puede explicar que la mayor parte de los restos óseos hallados pertenezcan al lado derecho del cuerpo (fig. 4). Se trata de un infante, de sexo indeterminado, cuya edad se establece entre 5 y 7 años, ya que en el momento de la muerte comenzaba a emerger el m1. De él se han conser- vado 42 fragmentos del cráneo, 22 piezas dentales, 13 costillas –dos de ellas izquierdas–, las dos clavículas, el omóplato izquierdo, el húmero y el cúbito derechos, 2 vértebras cervicales, 12 vértebras dorsales y 4 lumbares, el sacro y el ala derecha de la pelvis, y el fémur y la tibia derechos (fig. 5). El peso total de los restos óseos recupe- rados es de 70,20 g. No se aprecian en ellos signos de una muerte violenta o de patologías evidentes, siendo lo más reseñable la aparición de un proceso diagenético que en- negreció los dientes.2 Entre estos restos óseos se encontraron varios obje- tos de ajuar personal que se asocian al enterramiento (fig. 6). Uno de ellos es una aguja incompleta de una fíbula, por lo que es posible que, el niño-a fuera enterra- do vestido. El fragmento pertenece a una fíbula de char- nela, en concreto al orificio de ensamblaje para el paso del eje, que unió la aguja con la cabeza de la fíbula, y el inicio de la aguja, que es de sección circular (fig. 6,1). Este sistema de cierre, característico de época altoimpe- rial, puede remontarse a la segunda mitad del s. I a.C., en la que se fechan los primeros ejemplares de fíbula de Alesia (tipo 21a), en el 52 a.C., y de Aucissa (tipo 22), a partir del 30-15 a.C. (Feugère 1985: 306 y 323). El resto de los objetos se asocian a la protección mágico- religiosa del niño-a y su sepultura, a los que dedicamos el siguiente apartado. Fig. 4. Material antropológico y ajuar funerario descubierto en el vertedero, que fue reunido tras la excavación sobre el fragmento anfórico hallado junto a ellos. Fig. 5. Restos esqueléticos documentados en el vertedero del anfiteatro segobrigense. 302 Rosario Cebrián Fernández EL AJUAR FUNERARIO. LOS OBJETOS DE CARÁCTER APOTROPAICO Una de las particularidades de las sepulturas de indi- viduos infantiles en época romana es la aparición de ob- jetos destinados a protegerlos de los maleficios y de todo tipo de males. Portar amuletos o joyas ayudaba a anular el mal de ojo, gracias a las virtudes que proporcionaban su forma y material (Dasen 2003: 179). Estos amuletos eran cuentas de collar, cascabeles, monedas, lúnulas y falos -e incluso dientes de animales (Plinio, NH, XXVIII, 257-258)-, que, elaborados en materiales naturales, como el ámbar, coral o azabache, llegaban a adquirir poderes mágicos (Baills-Barré y Tirel 2017: 186). Se conocen con el nombre de crepundia –del verbo crepare, hacer ruido–, y se llevaban colgados de alhajas y, por tanto, perforados, o introducidos en capsae junto al difunto (Martin-Kilcher 2000: 66-67). El carácter apotropaico o mágico no es inequívoco para todos estos objetos, pero su aparición en las sepultu- ras de infantes muertos prematuramente –ante suum diem (Sevilla Conde 2010-2011: 199)– evidencia los lazos pa- rentales y su pertenencia al grupo familiar. Los amuletos los y las acompañaban desde su nacimiento hasta el final de su infancia, cuando ellos recibían la toga virilis y ellas se casaban (Dansen 2003: 183). En la excavación de los restos de la inhumación del vertedero segobrigense se encontraron los huesos en asociación física con los objetos personales y amuletos, lo que nos hace pensar que pudieron pertenecer al difunto/a. Se trata de un brazalete de bronce, un colgante en forma de piña/racimo de uva de fayenza y tres cuen- tas de este mismo material cerámico, de acabado exte- rior vítreo. Las cuatro piezas debieron estar colgadas de un collar elaborado en un cordón de material perecedero, que no se ha conservado. En cuanto al brazalete (inv. 11-16025-1357) está rea- lizado a partir de un hilo o alambre de bronce, de sección circular, cuyos extremos se han doblado para crear un cierre ajustable al brazo o muñeca. Corresponde al Grupo III, establecido por H. E. M. Cool (1983: 121) para los brazaletes con cierre de nudos corredizos y, dentro de él, se adscribe al subgrupo III-A, de cierre simple. Propone una datación entre la segunda mitad del s. II y el IV, aun- que considera que la aparición del tipo puede adelantarse. En este sentido, los anillos galos con el mismo sistema de cierre, tipo 6b de H. Guiraud (1989: 193), son más fre- cuentes en el s. I d.C., pero tienen una cronología amplia, desde el s. I a.C. hasta época tardorromana (fig. 6,2). Las tres cuentas de fayenza son de color azul opaco, dos azul turquesa y una azul cobalto (inv, 11-16025-1360 a 1362). Miden, respectivamente, 1,8 cm, 1,5 cm y 1,4 cm de diámetro (figs. 6,3; 6,4; 6,5). Corresponden al tipo es- férico gallonado –perla costolata a melone, Melonenper- len, melon beads– y presentan perforación longitudinal (Feugère 1989: 188; Riha 1990: 79-83). Su color azul vivo propició su uso como amuleto contra el mal de ojo y normalmente solo se llevaba una (Pfäffli 2013: 51). El origen de la fayenza se encuentra en el Imperio Nuevo egipcio, donde comienza su producción como emulación de piedras preciosas azuladas (Nicholson 2012: 11). Los centros de producción de estas cuentas gallonadas de fa- yenza se situaron en Egipto y el Levante, pero algunos autores han planteado la presencia de talleres en otras re- giones occidentales, tomando en consideración su impor- tante dispersión, debido al valor mágico que se les atribu- Fig. 6. Objetos personales y amuletos de la inhumación infantil. 1. Fíbula. 2. Brazalete. 3-5. Cuentas de collar. 6. Colgante en forma de piña/ racimo de uva. 7. Amuleto de hueso con representación de un felino. 303 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? yó en época romana (Riha 1990: 80-82). Estas cuentas, fabricadas en fayenza y vidrio, se difundieron amplia- mente por todas las provincias imperiales y fueron espe- cialmente comunes en la segunda mitad del s. I d.C., aun- que pueden encontrarse al menos hasta el s. III (Drechsler 2017: 158). En momentos anteriores, el tipo monocromo gallonado lo encontramos en el ámbito peninsular desde los ss. VII-VI a.C. y aparece en Ibiza y Formentera en torno a los ss. V-IV a.C. (Ruano 1996: 65). Una de las sepulturas de la necrópolis del Puig des Molins presenta una cuenta de fayenza gallonada, fechada en el tránsito entre el s. V y el IV a.C. (Mezquida 2016: 795-796). En particular, los hallazgos de este tipo de abalorios fabricados en fayenza en Segobriga son escasos. La po- pularidad de estas cuentas en época romana no tuvo por qué ser la misma en todas las regiones, tal y como apunta E. Riha (1990: 82), citando el ejemplo de las numerosas tumbas del cantón del Tesino (Suiza), donde solo en una tumba se encontraron dos cuentas de este tipo. Algo pare- cido sucede en los cementerios segobrigenses en los que son infrecuentes. Por ejemplo, en la necrópolis norocci- dental se excavaron 76 incineraciones y tres inhumacio- nes, pero solo en una de ellas se encontró una cuenta de collar gallonada (inv. 07-9657-012). Se trata de una de las cremaciones –tumba 40– situada en el espacio funera- rio, delimitado por dos muros junto al ustrinum colecti- vo, que ha sido datada por los materiales cerámicos halla- dos en su excavación en época flavia o inicios del s. II d.C. (Cebrián y Hortelano 2016: 90). Del área de la ne- crópolis proceden siete ejemplares más. Cinco de ellos (inv. 06-9359-066-001, 06-9408-84-1, 06-9657-012, 07- 9573-037-069, 08-9869-004) se localizaron en los relle- nos de nivelación para su construcción, lo que impide su asociación a tumbas de esta necrópolis, que estuvo en uso desde época tardoaugustea hasta mediados del s. II, cuan- do fue destruida durante los trabajos de edificación del circo3. Una sexta cuenta (inv. 06-9400-232-332) se halló en un nivel superficial y la última se encontró en el relle- no interior que niveló el recinto para conseguir una su- perficie regular sobre la que se practicaron diez crema- ciones en aquel espacio funerario (Cebrián y Hortelano 2016: 58-59). De este mismo material es el colgante en forma de piña/racimo de uvas (inv. 11-16025-1359) (fig. 6,6). Este tipo de amuleto, de raigambre fenopúnica, con represen- tación de frutas, tales como racimos de uvas y dátiles (López-Grande 2007: 70), surgirá en el repertorio egip- cio durante el Reino Nuevo –circa 1550-1069 a.C.–. En origen debió encarnar a Tanit como diosa de la fecundi- dad, siendo a partir del s. VII a.C. cuando los racimos de uvas se difundirían como amuleto hacia Cerdeña, Carta- go4 y península ibérica (Castelo 2001: 117). Su presencia en las necrópolis púnicas de Ibiza está constatada, que- dando englobado en el tipo 5.2 de Mª. J. López-Grande et al. (2014: 486-489). El tipo iconográfico ha sido definido como piña, raci- mo de uva y dátiles o, simplemente, “montón de granos” en alusión a las ofrendas hechas a los difuntos (Fernández y Padró 1986: 74). F. Velázquez (2004: 567-568 y lám. 110, fig. 5 a 10) estableció en su tesis doctoral una clasifi- cación tipológica para este amuleto, atendiendo a su as- pecto formal. Al tipo J.2.2. –tipo de piña– corresponde nuestro amuleto, que presenta una forma triangular en cuyo interior se disponen los granos ordenadamente en el plano horizontal. Su parte superior central es más ancha y redondeada, a modo de tallo, que se encuentra perforada para ir colgado. Su cara posterior es plano-convexa. Su datación llega a época romana y está fabricado en fayen- za. Los hallazgos son escasos, con solo tres ejemplares catalogados por F. Velázquez (2004: 569-570), dos proce- dentes de la necrópolis de Bembla en Túnez (Cintas 1946: 143, fig. P. 144) y otro de Ibiza (Vives 1917: 106, n. 645, lám. XXXVIII.28; López-Grande et al. 2014: 488, n. 540). El amuleto segobrigense es idéntico al hallado en la necrópolis del Puig des Molins, tratándose de piezas fa- bricadas a molde5. Hemos localizado otras seis piezas en la colección del MAH Musée d’art et d’histoire de Gine- bra, fabricadas también en fayenza, una de los cuales es igual a nuestro ejemplar (inv. 018116)6. La datación pro- puesta se sitúa en época ptolemaica (332-30 a.C.)7. Junto a estos objetos, se documentó una figurilla de un felino tallada sobre hueso (inv. 11-16025-1358). La pieza mide 3,5 x 1,5 x 1,3 cm y se conserva rota longitu- dinalmente en dos fragmentos (fig. 6,7). Representa de manera esquemática a una figura leonina echada. La par- te principal de la pieza es su rostro, cuyos rasgos se repre- sentan de forma muy detallada. Por el contrario, quedan sin definir las extremidades. De manera realista, en la cara frontal se ha diseñado su rostro, de frente aplanada, ojos sesgados, fosas nasales amplias y fauces abiertas con colmillos visibles. Alrededor de la boca se han prac- ticado unas incisiones que dibujan los bigotes. En las ca- ras laterales se han marcado las orejas y debajo varias lí- neas incisas sugieren el pelaje del animal. No presenta ninguna perforación para ser colgado. En la iconografía religiosa del Antiguo Oriente se relaciona a una diosa innominada con el león. Su rela- ción con la egipcia Sekhmet lleva a su representación 304 Rosario Cebrián Fernández con cabeza leonina, cuyo culto se extenderá hacia Occi- dente8 a lo largo del I Milenio, documentándose sobre, entre otros, los denominados estuches porta-amuletos (Belén y Marín Ceballos 2002: 172-173). Su imagen es también ampliamente documentada, desde Mesopota- mia hasta la costa mediterránea, como animal guardián de templos y palacios. Su simbolismo es de naturaleza funeraria, pues se le asigna ese papel de guardián, tam- bién del sepulcro (Fantar 2021: 342-345). En Egipto se usaron amuletos representando un león, sobre todo, su parte delantera, pues en los Textos de los Sarcófagos fue prescrito como necesario para iniciar el viaje al más allá (Velázquez 2004: 466). Se fabricaron amuletos con su imagen desde el período predinástico hasta el período tardío y época ptolemaica, no solo en Egipto, sino tam- bién en Nubia y el Levante mediterráneo (Herrmann 1994: 121-122, n. 618 a 627). El león es también uno de los componentes del ajuar funerario púnico (Fantar 2021: 345, fig. 11). En algunas sepulturas de individuos infantiles de época romana se encuentran pequeñas figu- rillas de animales, que generalmente son interpretadas como juguetes utilizados por ellos en vida (Augenti 2016: 199). Sin embargo, su función sigue siendo objeto de debate, pues en algunas tumbas debieron utilizarse como ofrenda y no como juguete (Pfäffli 2013: 112). Con este carácter votivo se han interpretado otros amu- letos como uno de ámbar con forma de lepórido, encon- trado en una tumba de la necrópolis italiana de Voghenza (Pupillo 2007: 327); u otro procedente de un enterra- miento infantil en Nîmes (Manniez 2005: 43), ambos fechados en época altoimperial. En la antigüedad, algunas especies de animales se asociaron a ideas religiosas, entre las que claramente se encontraba el león. Su imagen fue muy popular en la ico- nografía romana por su simbolismo en el ámbito funera- rio, en la que su representación tuvo un carácter apotro- paico en las tumbas que debía custodiar por su fiereza y valor. En este contexto, su representación escultórica presentaba siempre la boca abierta, dejando ver los pode- rosos colmillos, en una actitud amenazante, de atemori- zar a los malos espíritus y a los saqueadores de tumbas, en su calidad de protector de la sepultura (Noguera 2012: 340). Esta expresión del rostro felino con las fauces abiertas se reproduce en la figurilla de hueso encontrada entre los restos de la inhumación infantil de Segobriga, que obtendría así su función como amuleto, aludiendo a las características propias del animal -fuerza y fiereza- como guardián de la sepultura. Una aproximación crono- lógica la puede proporcionar la comparación con la re- presentación en piedra procedente de contextos funerarios segobrigenses, en la que la serie de estelas decoradas con gorgoneia y leones echados con las fauces abiertas en las acróteras se datan en época augustea e, incluso, en la pri- mera mitad del s. I d.C. (Noguera 2012: 343). El vínculo entre la tumba y el infante difunto debe buscarse en los objetos que usó en vida, depositados jun- to a él en la sepultura, y en aquellos que fueron introdu- cidos intencionadamente durante el entierro, con el fin de asegurarle una protección especial. No sabemos si los objetos encontrados entre los restos óseos en el vertedero segobrigense constituyeron el total del ajuar funerario del inhumado o si, por el contrario, son solo una parte de él. Es posible que esté completo, si tomamos en considera- ción que las tumbas de niños-as presentaron escasos ob- jetos, cuyo número variaba según se tratase de neonatos, lactantes, niños-as de 3 a 6 años o mayores de esa edad, en función de ritos particulares que reflejaban el crecien- te apego de los padres y el grado de integración social que fueron alcanzando conforme cumplieron años (Da- sen 2003: 288). DOS HIPÓTESIS INTERPRETATIVAS PARA LOS RESTOS DE LA INHUMACIÓN: ¿ENTERRAMIEN- TO PRIMARIO O SECUNDARIO? Las circunstancias del hallazgo y la falta de conexión anatómica del material antropológico recuperado en el vertedero del anfiteatro invitan a considerarla una sepul- tura secundaria, es decir, cuyo entierro original no corres- ponde a este lugar. A pesar de ello no podemos descartar, concluyentemente, que se trate de un enterramiento im- provisado en un área no funeraria. En el caso de una deposición inicial, se debe aceptar que se produjeron procesos postdeposicionales que han impedido conocer el ritual funerario y la conservación completa del esqueleto. Estos mismos procesos, que afectaron a la forma en la que quedaron enterrados los restos inhumados hasta su hallazgo en la excavación, habrían impedido también conocer la manera en la que se colocó el cuerpo del niño-a fallecido y la posición original de los objetos que llevaba. Si se tratase de un enterramiento primario, se podría vincular con la sepul- tura el fragmento anfórico localizado junto a los restos óseos (ver fig. 4). En este caso, quizás en el momento en el que se llevó a cabo el entierro debió cogerse la pieza del vertedero, en el que las descargas diarias de niveles de relleno con materiales anfóricos fueron numerosas 305 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? hasta su colmatación. La pieza pudo ser seleccionada para tapar entonces la cabeza, tórax y parte del abdo- men del niño-a, por la marcada carena del hombro, que creaba un espacio interior amplio para tal menester, mientras el resto del cuerpo quedaría tapado con una fina capa de tierra. Si corresponde a un enterramiento en posición pri- maria, este se llevó a cabo fuera de un área funeraria y, por tanto, se trataría de una actividad ilícita que debió hacerse veladamente. En este caso, el lugar elegido den- tro del vertedero para el enterramiento permitía que pu- diese pasar desapercibido al quedar oculto por su situa- ción junto a la vertical de la muralla. Con ello, el familiar o familiares que hubieran participado en el entierro se asegurarían de que nadie se diese cuenta y que, rápida- mente, quedase cubierto por nuevas derramas de tierras. Plantear la manera en la que el familiar o familiares ac- cedieron al interior del vertedero para el entierro del ni- ño-a, puede resultar especulativo, pero consideramos interesante plantear las diversas posibilidades existen- tes. La apertura de esta área de desechos urbanos duran- te las obras finales de acondicionamiento del anfiteatro se llevó a cabo con el edificio en construcción. Este es- pacio quedaba a más de 5,50 m bajo el nivel de circula- ción de las entradas proyectadas desde la calle de acceso a la ciudad desde el N, desde la cual se había planificado su relleno y por lo que el acceso a su interior solo pudo realizarse desde ella. El alzado del tramo de muralla, que delimitaba el vertedero por el S, había sido ya desmon- tado cuando se construyó la puerta N, pero ahora se des- mochó nuevamente para enrasar el nivel de la vía con el de los vomitorios 3º y 4º de entrada a la gradería de la summa cavea (Cebrián y Hortelano 2020: 73-74). Por otro lado, durante el proceso de excavación se pudo do- cumentar que las descargas de vertidos se realizaron, principalmente, desde los extremos E y O, pues muchos de los rellenos presentaban inclinación. En los niveles más bajos y en la zona central parece que las capas se fueron aplanando para regularizar el terraplenado y fa- vorecer nuevas derramas. Con todo, es posible que el familiar o familiares entrasen por uno de los extremos del vertedero, seguramente el O, que permanecía más oculto a los posibles transeúntes que pudieron circular por la calle. Después, pudieron bajar por la rampa for- mada por el último vertido del día. Sin embargo, para poder considerarlo un enterra- miento en posición primaria, los restos óseos deberían haberse documentado articulados in situ. Puede que la acción de algún animal, depredador o carroñero hubiera hecho desaparecer parte de los restos humanos al poco tiempo de haber sido enterrado, pero ello sigue sin expli- car la razón por la que ninguno de los huesos hallados guardaba posición anatómica. Una explicación plausible para este hecho la podría- mos encontrar en que los restos esqueléticos hallados en la excavación fueron trasladados desde su ubicación ori- ginal junto a tierras y otros materiales, tratándose enton- ces de una inhumación en posición secundaria. Ello signi- ficaría que el material antropológico no es coetáneo al vertedero, procediendo de un depósito inicial en un mo- mento cronológico anterior. El nivel estratigráfico en el que se hallaron los restos de la inhumación ha aportado un conjunto numeroso de producciones cerámicas de carác- ter doméstico -terra sigillata gálica, cerámica de paredes finas, lucernas, cerámica común, cerámica rojo pompeya- no, cerámica pintada de tradición indígena, de cocina, morteros centroitálicos, dolia- y ánforas -vinarias de la península itálica (Dr. 2/4), del Mediterráneo oriental (ro- dias), de las costas tarraconenses (Pascual 1) y del S de la Bética (Dr. 28, Haltern 70); de salazones y salsas de pes- cado de la Bética (Dr. 14, Beltrán 2B), olearias del valle del Guadalquivir (Oberadern 83) y contenedores de dáti- les de la costa sirio-palestina (carrot amphora)-, inclu- yendo algunos materiales constructivos, tales como pintu- ra mural, ladrillos rectangulares (101), romboidales (88) y semicirculares (4). También se hallaron evidencias de ac- tividad textil, que inferimos a partir de la presencia de ocho pesas troncopiramidales de telar, una de ellas con grafito [T]etiuni(a)e. De este nivel procede también una basa de una columna de terracota y un fragmento escultó- rico de una pequeña estatuilla femenina desnuda, posible- mente Venus, que debieron pertenecer a un larario o altar familiar de una casa. Por último, se documentó parte de un estrígilo9 y un segundo fragmento escultórico corres- pondiente a la muñeca de una mano. Ese carácter mixto de la composición de los niveles –espacios domésticos y/o de servicio– es una constante en los rellenos documentados en el vertedero, por lo que el origen concreto de la mayor parte de los vertidos, tam- bién del que contenía los restos de la inhumación infantil, resulta difícil de precisar. Independientemente del lugar de donde procedieran estos restos óseos, creemos que de- bieron hallarse en el marco de particulares trabajos de derribo o reforma de una edificación, y que fueron trasla- dados al vertedero y echados junto con el resto de los escombros y materiales constructivos, sin que vislumbre- mos si los operarios participantes llegaron a apercibirse o no de ello. En este sentido, la datación del ánfora vinaria 306 Rosario Cebrián Fernández también admite pensar que se reempleó como contenedor del enterramiento primario, y que resultó roto en el mar- co de aquellos trabajos. La hipótesis de un enterramiento secundario parece explicar mejor la cronología de los objetos que forman parte del ajuar personal del infante difunto, pero tampoco aquí encontramos datos concluyentes. Para alcanzar la datación de estos objetos es necesario establecer la fecha en la que pudieron convivir todos ellos. La clave se en- cuentra en el colgante en forma de piña/racimo de uva, cuya datación no parece sobrepasar los años finales del s. I a.C., mientras el resto de las piezas puede situarse cro- nológicamente en esta centuria. Este amuleto de “tipo egipcio” no es muy habitual en el Mediterráneo occidental. En la península ibérica está documentado en la necrópolis de Villaricos (Astruc 1951: 21, n. 58 y 533, lám. VIII, 13 y XLII, 23) y en Ibiza (Román Ferrer 1913: lám. XCVII, XCVIII y C; Vives 1917: n. 644, lám. 38, 29; Gómez Bellard 1984: 117; Fernández y Padró 1986: n. 227-229, lám. XIV), con una iconografía –tipo J.2.1 de Velázquez (Fig. 110, Fig. 5 a 7)– que se sitúa cronológicamente entre los ss. VI-V a.C. (Velázquez 2004: 569-570). Sin embargo, para el modelo iconográfico -tipo J.2.2- al que corres- ponde la pieza segobrigense se baraja finales del s. I a.C. como fecha ante quem para los dos ejemplares pro- cedentes de la necrópolis de Bembla en Túnez, siendo así uno de los amuletos púnicos más tardíos (Velázquez 2004: 183). Por su parte, los otros dos amuletos compa- rables de Ibiza (López Grande et al. 2014: 488-489) y el MAH de Ginebra (Walther 1875: 513) no pueden datar- se a partir de un contexto arqueológico al carecer de procedencia precisa. La propuesta cronológica de la inhumación infantil encontrada en el vertedero del anfiteatro se fundamenta así en la datación aportada solamente por el conjunto de amuletos localizados en una tumba de la necrópolis tune- cina (Cintas 1946: 144). Creemos que la datación del en- terramiento puede situarse en época augustea o tiberiana, tomando en consideración la posible perduración de la pieza a inicios de época imperial. De Segobriga procede un segundo amuleto de fa- yenza, que representa un pene no erecto con los testícu- los y la zona del pubis, en la que se señala el vello me- diante grupos de mechones. En la parte superior, conserva el inicio de una argolla para la suspensión de la pieza (inv. 08-12005-055-002). Sus dimensiones son 1,8 x 1,1 x 0,9 cm y está realizado a molde, tal y como se desprende del reborde que presenta su cara posterior y las burbujas en su superficie (fig. 7,1). Se halló en uno de los rellenos de nivelación del circo, concretamente en el terraplenado de la vía funeraria para conseguir la horizontalización de la arena. Es probable que el con- texto original del amuleto se encuentre en una de las tumbas de la necrópolis noroccidental pero no es segu- ro. El relleno donde se halló (UE 12005) estaba com- puesto por tierra arenosa y compacta, de color rojizo, en el que están presentes materiales de derribo como frag- mentos de teja curva, nódulos de cal, piedras y casquijo de color blanquecino. El vertido directo de tierras sobre las cremaciones, la retirada de las estelas de su empla- zamiento original y el desmantelamiento de los monu- mentos funerarios provocó la mezcla de materiales de la necrópolis con otros procedentes de los rellenos de ni- velación de la vía sepulcral. Esta es la razón por la que las piezas más antiguas se sitúan en época augustea y las más modernas a principios de la segunda mitad del s. II d.C. (Ruiz de Arbulo et al. 2009: 65-70). Este he- cho no contribuye a obtener una datación concreta para el amuleto, aunque aporta una fecha post quem fijada en época augustea para su uso. Entre los amuletos egipcios de la antigua colección de Fouad S. Matou de la Univer- sidad de Friburgo (Suiza) se encuentra una pieza idénti- ca, para la que se considera una datación en época ro- mana (Mueller-Winkler 1987: 49, n. 260, taf. XIV). El mejor paralelo cronológico se sitúa en una sepultura infantil en el interior de un ánfora Haltern 70 de un área funeraria excavada en Iulia Traducta, fechada en época flavia. Su ajuar personal estaba formado por una cuenta tubular de pasta vítrea y un amuleto fálico de fayenza (Portillo et al. 2021: 81)10 idéntico al nuestro. Ambos amuletos debieron salir de talleres especiali- zados en la producción de objetos de fayenza y llegar a través del comercio mediterráneo a lo largo del s. I d.C. Para cronologías altas, conocemos varias fábricas en sue- lo egipcio, como la de la colonia griega de Naucratis o la de Menfis, que trabajaron entre el 600 y el 575 a.C. en el Mediterráneo oriental –en Egipto, costa sirio-palestina, Chipre e incluso el Egeo– (Barcat y Kousoulis 2019: nota 5) o los centros de Tharros, Cartago y Etruria para las mismas fechas en el Mediterráneo occidental (Ciafaloni 1995: 503), pero desconocemos otros talleres donde pu- dieron fabricarse amuletos en época romana. Los tipos iconográficos de los dos amuletos segobri- genses están muy alejados culturalmente, a pesar de que tuvieron la misma función protectora contra el mal de ojo. El amuleto en forma de piña/racimo de uva podría relacionarse con el mundo mágico-religioso púnico, 307 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? mientras el amuleto fálico tiene su origen a finales de la época helenística y, sobre todo, altoimperial (Herrmann y Staubli 2010: 131, n. 74, Abb.3). La población romana debió adquirir los amuletos de inspiración egipcia para un uso personal y eficaz contra sus creencias supersti- ciosas en materiales, más o menos exóticos, como fue la fayenza, pero desconocía el papel que antaño habían te- nido en la religiosidad funeraria egipcia (Muñoz Pérez 2021), reinterpretados por la cultura fenopúnica y difun- didos por el Mediterráneo occidental como simples amuletos para la vida. El hallazgo de los restos inhumados en el vertedero segobrigense plantea una última cuestión relacionada con los enterramientos fuera de las áreas cementeriales en Segobriga. Las razones que llevaron a este entierro, sea cual sea el lugar del depósito primario, en una zona no autorizada para ello son, a todas luces, desconocidas, si bien no fueron infrecuentes en el mundo romano (Baills-Barré y Tirel 2017: 178). La asiduidad de muertes infantiles, principalmente de neonatos, y su estatus infe- rior entre la comunidad (Vaquerizo 2001: 48) provocaron que sus ceremonias fúnebres estuvieran más cercanas al ámbito doméstico y que, en ocasiones, se optase por “deshacerse” discretamente de sus restos mortales (Guy y Masset 1997: 38). ¿HUBO ENTERRAMIENTOS INFANTILES EN “SITIOS PROHIBIDOS” EN SEGOBRIGA? Desde finales del s. I a.C., la ciudad de Segobriga tenía ya organizada las necrópolis en torno a las vías principales de entrada y salida del espacio urbano (Ce- brián 2019) y conocemos por la epigrafía que los infan- tes se enterraban en ellas. Las inscripciones procedentes de la excavación de la necrópolis noroccidental eviden- cian el entierro de niños-as desde edades tempranas, como Aurelius Turranus (CIL II2 13, 432), que murió a los 2 años y 9 días o [---]liu[---] ? [P]hoebus (CIL II2 13, 485), que lo hizo a los 4 años. Con la misma edad murió también Caletyche, una niña de origen griego (CIL II2 13, 427), que debió recibir sepultura en la mis- ma área cementerial. También pudo ser enterrado en una necrópolis segobrigense, Nugio (CIL II2 13, 921) a los tres años de edad, según se indica en un texto hoy perdi- do, copiado por L. de Lucena en el s. XVI. A pesar de su parcialidad, estos datos indican que, al menos, el grupo de edad menor de 3 años no está representado epigráfi- camente en las necrópolis de la ciudad, dejando de lado el caso de Aurelius Turranus, pues murió al mismo tiem- po que su madre, razón por la que fue enterrado en la misma sepultura. La investigación actual ha demostrado que no todos los difuntos recibieron sepultura en estas necrópolis ur- banas (Blaizot et al. 2003), señalando la sutil frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos que de- bió existir en la Antigüedad, a pesar de que la ley de las Doce Tablas establecía la prohibición de entierros en Roma en el interior del recinto amurallado (Vaquerizo 2023: 42). Fuera de este precepto debieron quedar las sepulturas infantiles, tal y como demuestran los hallaz- gos de enterramientos en espacios de vida en distintas regiones europeas durante la Edad del Hierro y la época romana (Baills-Barré 2016: 178). Un trabajo reciente (Andújar y Blázquez 2021) ha recogido los casos hispa- nos de enterramientos en áreas no funerarias entre épo- ca tardorrepublicana y bajoimperial, revelando que la edad de los individuos hallados en ellas no alcanzó el año de vida y que murieron, mayoritariamente, en el pe- ríodo perinatal. Este grupo de infantes era, en ocasiones, inhumado en la casa familiar, bien bajo el alero del tejado, bajo el pavimento o en el vano de la puerta (Sevilla Conde 2010- 2011: 199-200). A esta costumbre de enterramientos de niños-as menores de 40 días intra pomerium aludió Ful- gencio, en la Expositio sermonum antiquorum a finales Fig. 7. Amuletos procedentes de la necrópolis noroccidental de Segobriga. 1. Amuleto fálico de fayenza. 2. Antebrazo y mano con la palma extendida de hueso. 3. Bulla de plata. 308 Rosario Cebrián Fernández del s. V d.C., con el nombre de subgrundaria (Baills- Talbi y Dasen 2008: 600). En Segobriga solo contamos con ejemplos de esta práctica funeraria en las estructuras domésticas de reocupación del foro, datadas en el s. V. El solar de la basílica pasó a ser aprovechado para el esta- blecimiento de pequeños departamentos habitacionales que ocuparon su franja oriental y ambas aedes, en los que recibieron sepultura unos pocos niños-as, algunos bajo el alero del tejado (fig. 8). En época romana, algunas deposiciones de neonatos se llevaron a cabo fuera del ámbito doméstico, en espe- cial, en zonas periurbanas, junto a talleres o almacenes o junto a las murallas11. Es el caso de los diez enterramien- tos de recién nacidos enterrados a lo largo del pomerium de Segobriga. Se encontraron en el año 1963 al exterior del lienzo de muralla situado al este del teatro. En el tra- mo N-S se hallaron cuatro urnas agrupadas, siguiendo la línea de la muralla, una de las cuales contenía pequeños huesos en el interior, mientras en el tramo NO-SE se lo- calizaron cinco urnas más, una también con restos óseos en su interior, junto a una inhumación infantil12. Esta úl- tima presentaba el cuerpo sobre tegula en posición decú- bito supino y un as de Augusto de la ceca de Segobriga entre los pies (Abascal et al. 2008: 64, n. 94). Sobre la cubierta de tegula se halló un vaso cerámico que consti- tuyó su ajuar (Losada y Donoso 1965: 51-53). La mayor parte de las urnas no se encontraron en su posición origi- nal, apareciendo volcadas y rotas. El estudio de estos enterramientos segobrigenses pre- senta ciertos problemas de interpretación al carecer de una buena parte de los datos inherentes al propio registro arqueológico (Cebrián 2021: 300), si bien el modo de en- terramiento en el interior de recipientes cerámicos es el más frecuente en contextos no funerarios de época altoim- perial. Estos se distinguen, asimismo, por la ausencia de ajuar funerario (Baills-Barré y Tirel 2017: 181-183). En territorio galo se ha observado que existe, además, una cierta preferencia por agrupar las sepulturas en una zona concreta, sobre todo, próxima a estructuras lineales, como en zanjas que separan la pars rustica de la pars urbana de las villae, en la cuneta de una calle o vía o junto al muro interior o exterior de la cerca de un asentamiento rural. A partir de este hecho, N. Baills-Barré (2016) ha planteado la noción de límite que parece desprenderse de estas ubi- caciones13 que, quizás, debamos entenderlas como zonas reservadas al entierro de los niños-as más pequeños. Ello significa que no tuvieron la consideración de “sitios pro- hibidos” por el simple hecho de estar fuera del o de los espacios funerarios comunitarios. Esta exclusión de los niños-as muertos antes de 1 año de las necrópolis explica bien los enterramientos infanti- les al pie de la muralla, pero no el de los restos de la in- humación hallada en el vertedero del anfiteatro, una cria- tura fallecida a la edad de 5-7 años. La presencia de niños-as de 3 y 4 años enterrados en una de las áreas ce- menteriales de la ciudad obliga a considerar que se trate de un enterramiento esporádico. Quizás la falta de espa- cio funerario en una necrópolis urbana o la voluntad de evitar los gastos del sepelio –incluida la cremación– po- drían explicar este entierro en el seno de una familia que, con su acción, abandonó su alma y su recuerdo al no po- der practicar en un cementerio los ritos anuales de carác- ter funerario establecidos (Remesal 2002). CONCLUSIONES Los contextos urbanos con material antropológico ex- cavados en Segobriga corresponden a enterramientos de neonatos, en posición primaria, documentados a los pies de Fig. 8. Inhumación infantil depositada y cubierta por imbrices halla- da junto al muro de una vivienda tardorromana, construida sobre los restos de la aedes meridional de la basílica forense. 309 Los restos de una inhumación infantil con amuletos hallada en un vertedero periurbano de Segobriga ¿enterramiento primario o secundario? la muralla en época augustea y en viviendas de época tar- dorromana. Sólo los restos esqueléticos de este infante in- humado de sexo indeterminado, que vivió entre 5 y 7 años, hallados en el vertedero del anfiteatro parecen correspon- der a una sepultura en posición secundaria por las razones que ya hemos expuesto. Los ejemplos de deposiciones pri- marias en estos espacios destinados al almacenamiento de residuos en Hispania son infrecuentes en el período tardo- rrepublicano y altoimperial, pero están documentados. Al- gunos vertederos suburbanos acogieron sepulturas de for- ma puntual, como en Baelo Claudia entre el 70/50-40 a.C. (Bernal y Vargas 2019: 297-300), o enterramientos menos esporádicos, como en Augusta Emerita durante la segunda mitad del s. I d.C. (Acero 2022: 205). Más comunes fueron a partir del s. IV d.C. en los denominados vertederos in urbe, como en Corduba, Hispalis y Valentia (Ruiz-Bueno 2017: 411), en una práctica que caracterizó el modelo de ocupación de la ciudad tardoantigua. A pesar de las carencias que presentaba el registro ar- queológico de los restos de esta inhumación infantil, el estudio del depósito de objetos que los acompañaban ha permitido proponer su datación en época augustea/tiberia- na. Este depósito incluye amuletos con un marcado sim- bolismo protector, usados con fines mágico-religiosos. Para esta cronología no contamos con información sobre sepulturas en las necrópolis urbanas, que permitan com- parar los objetos de tipo profiláctico que llevaban los ni- ños-as y con los que fueron enterrados. Si bien en la pri- mera mitad del s. I d.C. se ha datado una de las cremaciones de la necrópolis noroccidental –tumba 52- (Cebrián y Hortelano 2016: 100-103, fig. 139.24), que presenta un amuleto de hueso, en forma de mano abierta con los dedos extendidos y dos incisiones en el antebra- zo14 (inv. 07-9761-021). Mide 2,5 cm de longitud y no presenta ninguna perforación para ser colgado, por lo que debió suspenderse mediante un hilo metálico enrollado a la pieza (fig. 7,2). Corresponde al tipo D.5.1.1. Brazo o antebrazo y mano mostrando la palma de la mano exten- dida, establecido por Velázquez (2004: 394, lám. 83, fig. 3). Portarlo en vida ahuyentaba los malos presagios y era válido para ser llevado en el tránsito al más allá. De origen oriental, su área de dispersión se encuentra por todo el Mediterráneo occidental, estando presente en las necrópo- lis púnicas del sur peninsular y de Ibiza (Velázquez 2004: 390-399). Otros amuletos infantiles se han hallado des- contextualizados en esta necrópolis, localizados en los rellenos de nivelación del circo, pero que originalmente debieron formar parte del ajuar de alguna de las tumbas de infantes. Entre ellos se encuentra una bulla (inv. 07-9676- 082-039) y el colgante fálico al que ya nos hemos referi- do, más característico del mundo itálico (fig. 7,3). Los paralelos nos indican que los amuletos que porta- ba el niño-a de la inhumación descubierta en el anfiteatro de Segobriga resultan de la tradición oriental. Estos obje- tos de carácter personal serían ofrecidos por sus padres para que le protegiese hasta llegar a la edad adulta, enten- diéndose como un testimonio relativo al ámbito de las creencias familiares. Al tratarse de producciones egipcias o imitaciones realizadas en talleres del Mediterráneo oc- cidental, cabe considerar tanto que pudieron haber llega- do a la ciudad a través del comercio como que fueron traídos por la propia familia venida desde el extranjero. NOTAS 1. La publicación es parte del proyecto PID2022-137051NB- I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/ FEDER, UE. 2. El estudio de los restos óseos humanos es inédito y fue realiza- do por Sergio López Medel, al que queremos agradecer los da- tos presentados aquí. 3. Del relleno de amortización de una zanja (inv. 08-12080-82) con materiales de época julioclaudia en el entorno del circo pro- cede otra cuenta de collar y una última pieza se localizó for- mando parte del nivel de amortización de la aedes meridional de la basílica forense (inv. 05-10049-124-116), fechado en épo- ca tardoantigua. 4. El amuleto en forma de racimo de uva/piña se encuentra a la vez en Cartago y Naucratis. Para Vercoutter (1945: 277-278), los colonos griegos del delta del Nilo crearon o hicieron crear a los artesanos locales, este tipo de amuleto de fayenza que llegó a Cartago. Del lote de 518 amuletos procedentes de las prime- ras excavaciones en Naucratis conservado en el British Mu- seum, un grupo de 13 están realizados en fayenza. Uno de ellos representa un racimo de uvas (Masson 2018: 47, nota 298). 5. En la colección de los Musées Royaux d’Art et d’Histoire de Bélgica se conserva un lote de moldes para la fabricación en serie de amuletos y colgantes hallados en Amarna (Egipto) y fechados entre el 1349-1333 a.C. Uno de ellos se utilizó para la fabricación de amuletos en forma de racimo de uvas. Recupe- rado de: https://www.carmentis.be/eMP/eMuseumPlus?service =ExternalInterface&module=collection&lang=fr&object Id=76748 (consulta: 29-01-2024) 6. Otro ejemplar procede de una tumba de inhumación de una ne- crópolis gaditana, cuya cronología se sitúa en época republica- na (Muñoz Pérez 2016: 403). En la publicación no hay una imagen que permita la identificación del tipo iconográfico por lo que no podemos asegurar que corresponda al tipo J.2.2 de Velázquez. 310 Rosario Cebrián Fernández 7. Recuperado de: https://www.mahmah.ch/collection/recherche? search_api_fulltext=Grappe%20de%20raisin (consulta: 05-01- 2024). Nº inv. 018125 (Walther, 1875: 514); 018115, 018116, 018117, P0872 (Walther, 1875: 513) y 018124 (Walther 1875: 514) 8. El equivalente de Sekhmet en el Mediterráneo occidental fue Astarté gracias a sus virtudes como valiente guerrera (Taoufik 1990: 167). 9. En algunas sepulturas hispanas se han hallado estrígilos for- mando parte del ajuar funerario, como en una de las tumbas de la necrópolis Bonjoan de Ampurias (Almagro Basch 1953: 163) o en la necrópolis de la calle Quart de Valentia (García- Prosper y Guérin 2002: 207), datadas en época tardorrepubli- cana. La difusión de este instrumento se vincula a la fase rela- cionada con la romanización y se relaciona con la cultura griega. Su aparición en tumbas romanas muestra la importan- cia ideológica que tuvieron estos objetos, pero cuyo significa- do permanece aún incierto. 10. Las imágenes de la cuenta y el amuleto realizadas por C. Aguilar de Rueda han sido publicadas en el periódico Europa Sur-Alge- ciras, de fecha 15 de marzo de 2023. Recuperado de: https:// www.europasur.es/algeciras/amuletos-egipcios-orientales-solar- avenida-Marina_0_1765923896.html (consulta: 29-01-2024). 11. Sobre las prácticas funerarias de las inhumaciones infantiles y su problemática, puede verse el extenso trabajo de F. Gusi y S. Muriel (2008) y el de F. Cortesão (2018/2019) para el caso par- ticular de Augusta Emerita. 12. Con frecuencia, el estado de conservación de los esqueletos de neonatos no es muy bueno e incluso, a veces, han desapa- recido por agentes externos, como el estancamiento y la circu- lación del agua o la acción de animales. Este hecho ha servido para explicar la ausencia de niños-as menores de 1 año en las necrópolis, pero la evidencia arqueológica revela que este grupo de edad fue enterrado en espacios domésticos (Blaizot et al. 2003). 13. Esta noción también se encuentra en las necrópolis comunita- rias, pues con frecuencia se entierra a los bebés en zonas reser- vadas, cerca del recinto funerario (Allain et al. 1992). 14. Para F. Velázquez (2004: 395), las incisiones en torno a la muñe- ca parecen representar pulseras. Estas incisiones se documentan con frecuencia en la modalidad de amuleto que presenta la mano abierta con parte del antebrazo, como en nuestro caso. BIBLIOGRAFÍA ABASCAL, J.M.; ALMAGRO-GORBEA, M. (2012): Segóbriga, la ciudad hispano-romana del sur de la Celtiberia. La ciu- dad romana en Castilla-La Mancha (G. Carrasco, coord.), Cuenca, 287-330. ABASCAL, J.M.; ALMAGRO-GORBEA, M.; CEBRIÁN FER- NÁNDEZ, R.; HORTELANO UCEDA, I. (2008): Segobriga 2007. Resumen de las intervenciones arqueológicas, Cuenca. ACERO PÉREZ, J. (2022): Los vertederos y la eliminación de los residuos sólidos en Augusta Emerita (Mérida, España), De Roma a Gades. La gestión, eliminación y reutilización de residuos artesanales y comerciales en ámbitos portuarios marítimos y fluviales, Actas del Workshop Internacional (Roma, 2019) (D. Bernal, A. Contino, R. Sebastiani, dirs.), Oxford, 185-214. ALLAIN, J.; FAUDUET, I.; TUFFREAU, M. 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