DOCUMENTOS DE TRABAJO U.C.M. Biblioteca Histórica ; 04/05 De exámenes, ramilletes y simples incógnitos: la obra farmacéutica de fray Esteban Villa en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla Mar Rey Bueno Universidad Complutense de Madrid __________________________________________________________________ En el panorama científico español del siglo XVII destaca, por la importancia de su producción escrita, la figura de fray Esteban Villa. Regente de la botica del Hospital de San Juan de Burgos, burgalés de origen, dedicó gran parte de su vida a la farmacia, tanto la práctica diaria entre morteros y alambiques como la disertación teórica a través de las cinco obras que publicó, patrimonio literario que le convierten en uno de los autores farmacéuticos más destacados del siglo XVII. La Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla conserva entre sus fondos la totalidad de los escritos salidos de la pluma de Villa. Fray Esteban Villa, regente de la botica de San Juan de Burgos Nacido en Briviesca (Burgos), fray Esteban Villa tomó el hábito de la Regla de San Benito en 13 de agosto de 1616, en el Monasterio de San Juan de Burgos. En el Directorio, regla y advertencias que se hacen a los abades que serán de este Real Monasterio de San Juan de Burgos se describe a fray Esteban como un hijo ilustre de la casa, filósofo y teólogo, dedicado a la facultad de la espagiria, de la cual dice “salió aventajado”. Igual descripción nos hace el padre fray Bernardo de Palacios en su Historia de la Ciudad de Burgos, al decir de fray Esteban que fue un gran filósofo y químico, administrando del mejor modo la botica de su Hospital1. La actividad desarrollada en la botica del Hospital de San Juan de Burgos puede reconstruirse a partir de varias fuentes documentales. Hasta comienzos del siglo XVII, la fuente principal de información es la constituida por el llamado Libro Becerro, memoria de la comunidad benedictina de San Juan, que comenzó a redactarse a mediados del siglo XVI a partir de la documentación registrada en los archivos del monasterio2. Dado que el Becerro tiene 1613 como fecha límite, la reconstrucción de la historia interna de la botica debe buscar otras fuentes de información, entre las que destacan, para el siglo XVII, los datos aportados por el mercedario fray Bernardo de palacios en su Historia de la Ciudad de Burgos, de sus familias y de su Santa Iglesia 1 JIMENO JIMENO, Pascual (1934), “La antigua y famosa botica del Hospital de San Juan Evangelista, de Burgos”, Anales de la Academia Nacional de Farmacia, 3 (1), pp. 62-82 (la cita en p. 66). 2 Libro Bezerro o Dietario de este real, pontificio monasterio de San Juan Baptista, de la Ciudad de Burgos, orden de N.S.P. Benito, en que se describen las fundaciones, principios, cosas memorables y, ademas, noticias pertenecientes a los priores, abades, e hijos ilustres que en el han florecido, asi en virtud como en gracia. Pese a que el códice puede darse por perdido, si existe constancia de la información en él guardada, puesto que en 1730 los propios monjes actualizaron su contenido en lo que se conoce como Tomo primero, cuya información llega hasta 1613, y que fue descubierto y publicado por Mauro Muñoz: El becerro del monasterio de San Juan de Burgos (Burgos, 1950). 1 (1729)3, donde se dedican varias páginas al monasterio, sus dependencias más nobles, los monjes más insignes y los aspectos que él consideró más sobresalientes en materia de gestión interna, espiritualidad y cultivo de las letras y de las artes. Mayor importancia tienen, sin lugar a dudas, todos los documentos manuscritos que pertenecieron a la botica, consultas, inventarios y relaciones diversas, que han permanecido sin ser catalogados, hasta fechas muy recientes, en el Archivo Municipal de Burgos4. Se desconoce la fecha exacta de fundación de la botica de San Juan. Por la documentación manuscrita conservada se sabe que, hasta mediados del siglo XVI, fue un boticario seglar el encargado de elaborar los medicamentos necesarios en el hospital benedictino5. La regencia de la botica cambia en 1553 cuando el abad de San Juan, fray Alonso Zorrilla, decidió pedir al General de la Orden, fray Bartolomé de Alvear, le enviase por boticario de San Juan a fray Tomás de Paredes, de quien había oído grandes halagos. Natural de La Nava-Campos (Palencia) profesó en Santa María de Frómista en 1536. Antes de su ingreso en la orden benedictina había estudiado el arte de boticaría con gran reconocimiento por parte de sus maestros. A él se deben todos los aposentos construidos encima de la oficina, dedicados a estancias de los criados, así como una amplia solana para desecar y conservar las abundantes plantas y drogas. Adquirió una huerta para el cultivo de hierbas medicinales y dotó la botica con numerosos instrumentos. Fue uno de los boticarios más reputados de Burgos y se encargó de transformar la botica de San Juan en una de las más destacadas de la ciudad6. Murió el 5 de marzo de 1573, dejando una botica perfectamente dotada y un fraile boticario experto a su frente, fray Esteban de Mañaria, oriundo de Vitoria y nacido en Osorno, que aprendió el oficio de boticario de manos de Paredes, oficio del que se examinó en Madrid. Se ordenó fraile en San Juan en 1572 y, antes de cumplirse un año, falleció su maestro, al que sustituyó al frente de la botica. Prosiguió sus buenos quehaceres y consiguió numerosos privilegios para la botica, falleciendo en 1615, tras más de cuarenta años de ejercicio farmacéutico. Su sucesor fue fray Esteban Villa, regente de la botica desde 1616 hasta 1660. Para entonces, la botica de San Juan era una de las más reputadas de España, a decir del ya mencionado fray Bernardo de Palacios: “porque ha tenido monjes famosos que la han administrado y han sido muy prácticos en este arte, así por el gran conocimiento de las yerbas y abundancia de drogas que recogieron, como por saber hacer las mezclas y medicinas con mucho primor. Asi la mayor parte de la ciudad, y muchas de sus comunidades, gastan las medicinas de ella, como también muchos lugares de la comarca; pero lo más singular de esta botica está en que cuando falta alguna medicina en alguna de las ciudades de nuestra España ya se sabe que si en alguna parte se ha de hallar ha de ser en la de San Juan, de Burgos. Hase visto por experiencia 3 El original se conserva, manuscrito, en el Archivo Municipal de Burgos y se publicó, entre 1946 y 1949, en el Boletín de Estadística Municipal de Burgos, números 294-329. 4 Documentación conservada en el Caja de San Juan 4/. Un estudio detallado puede consultarse en Miropolio general y racional de botica (1680) de fray Esteban Núñez (Estudio introductorio y edición crítica de Miguel López Pérez y Mar Rey Bueno), Burgos, 2003, pp. 15-24. 5 Consulta sre. La propiedad de la Botica de S. Juan. AMB, S. J.-4/2. 6 Memorial sobre dudas, que hubo entre el Monasterio, Hospital, y Botica, cuia es esta, cuios los Caudales de su fundacion, a quien tocan, quando hai muerte de Boticario, que effectos tiene la Botica, que juros casas, y hacienda, para surtirse, y de quien los hubo: hizose en año de 1660. AMB, S. J.-4/5. 2 venir desde Madrid, en enfermedades de algunos Reyes, y hallar lo que deseaban”7 El volumen de trabajo llegó a ser tal que Villa contó con la ayuda de otros frailes a los que ejercitó en el arte farmacéutico. La buena práctica de fray Esteban Villa hizo que consiguiese numerosos privilegios para su botica, ampliando el huerto dedicado al cultivo de plantas medicinales y reuniendo una importante biblioteca, que alcanzó los seiscientos ejemplares dedicados a aspectos científicos8. La producción escrita de fray Esteban Villa A lo largo de su vida fray Esteban publicó cinco obras, fruto directo de su práctica diaria al frente de una botica tan prestigiosa como la que regentaba, y que le convirtieron en uno de los autores farmacéuticos más destacados del siglo XVII. La primera, Examen de boticarios (Burgos, 1632)9, estaba claramente orientada hacia los pretendientes a iniciarse en la práctica farmacéutica. Dividido en tres partes, incluía una relación de autores y textos de interés para el boticario, una transcripción y comentario de las obras de Dioscórides y Mesué, las reglas que se habían de seguir en la elección y conservación de simples y en la confección de medicamentos compuestos, para terminar con la resolución de las dudas planteadas en la elaboración de los compuestos más usuales10. Tabla 1: Examen de boticarios (Burgos, 1632). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA Granada Biblioteca Universitaria 1681 León Biblioteca Pública del Estado FA.2171 Madrid Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla Biblioteca Nacional Real Academia Española MED 3871 R-4700 20-XI-34 Nueva York Hispanic Society 598 Valencia Biblioteca de la Facultad de Medicina D-297 Zaragoza Biblioteca Universitaria 1346 Tabla 2: Examen de boticarios (Zaragoza, 1698). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA Bethesda National Library of Medicine WZ 250 1590 Londres Wellcome Library 41015/C Valencia Biblioteca Histórica Universitaria Y-67/45 (4) 7 La cita aparece recogida en JIMENO (1934), p. 72. 8 Lamentablemente, nada sabemos de dichos ejemplares. Jimeno sólo pudo encontrar cinco obras: la Cronica Herbarum, Florum Seminum (1571), de Nicolás Wincklero; el Triunfo de María Santísima (Sevilla, 1655), de fray Benito de la Serna; la Farmacopea Schrodero Hoffmanniana (Génova, 1687), compilada por Iohannes Jacobus Mangetus, la Flora española (Madrid, 1762), de José Quer y la Farmacopea matritense (Madrid, 1762). Según su opinión: “es de creer que al abandonar los monjes el convento llevaran con ellos sus mejores libros”. JIMENO (1934), p. 80. 9 Existe una edición facsímil, editada por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Burgos (Burgos, 1990). 10 SÁNCHEZ MOSCOSO, Angustias (1965-66), “Examen de Boticarios de fray Esteban Villa”, Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Farmacia, 63, pp. 93-100; 64, pp. 147-152; 65, pp. 21-33; 66, pp. 81-86 y 67, pp. 117-122. 3 Su segunda obra fue el Ramillete de plantas (Burgos, 1636). Comparada con la primera el Ramillete pasa por ser una ampliación y profundización de las cuestiones allí planteadas. También dividida en tres partes, la primera trataba de las plantas en general; la segunda, se dedicaba a aclarar las dudas que pudieran aparecen en el uso de determinados simples; y la tercera, escrita a modo de recetario de todos los compuestos usuales de la época, con las aclaraciones más necesarias11. Tabla 3: Ramillete de plantas (Burgos, 1637). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA Gijón Biblioteca Pública del Estado RS. 20/230 Londres British Library 546.g.15.(3) 452.a.4. Madrid Biblioteca Histórica Municipal Biblioteca Nacional Biblioteca del Real Monasterio del Escorial Jardín Botánico R-476 R-39513 M14-II-27 115-VI-83 24-XIII-10 A VIL Toledo Biblioteca Pública del Estado 4-14227 Upsala Bibliotheca Walleriana 9982 Tabla 4: Ramillete de plantas (Burgos, 1646). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA León Biblioteca Pública del Estado FA.2215 Madrid Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla Biblioteca Nacional Biblioteca del Palacio Real Real Academia Nacional de Medicina FOA 2890 (1) U-3822 N-6-6(1) VIII-12896 XIV-1458 10-1 Bib.25(1) Santo Domingo de Silos Biblioteca Monástica En su tercera obra, titulada Libro de simples incógnitos en la Medicina (Burgos, 1643), estudia aquellos simples que no se utilizaban en medicina por haber cambiado de nombre, haber caído en desuso o por ignorancia de las personas que debían emplearlos. Tabla 5: Libro de los simples incógnitos en la medicina (Burgos, 1643). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA Bethesda National Library of Medicine WZ 250 V712L Madrid Biblioteca de Farmacia del Palacio Real Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla Biblioteca Nacional Biblioteca del Palacio Real Real Academia Española N-6-5(1) MED 3806 R-34568 IX-9403(1) 17-VI-17 París Bibliotheque Nationale de France 8º.Fe11271 Santiago Biblioteca Universitaria III-5990 Esta obra presenta una continuación, titulada Segunda parte de simples incógnitos en la Medicina (Burgos, 1654), de fuerte carácter teológico aplicado a la terapéutica12. 11 El único estudio dedicado a esta obra es el de F. Javier BLANCO JUSTE (1942), "El libro de fray Esteban Villa Ramillete de plantas", Anales de la Real Academia de Farmacia, 8 (III-2), pp. 145-154. 12 Ambas fueron editadas, en forma facsimilar, por el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Burgos (Burgos, 1995). 4 Tabla 6: Segunda parte de los simples incógnitos en la medicina (Burgos, 1654). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA Bethesda National Library of Medicine WZ 250 V712L Madrid Biblioteca de Farmacia del Palacio Real Biblioteca del Palacio Real Real Academia Española Real Academia Nacional de Medicina N-6-5(2) IX-9403(2) 17-VI-16 9-1 Biblioteca 29(5) Santiago Biblioteca Universitaria III-16117 Su última obra, aparecida en 1647, es el Libro de los doze Príncipes de la Medicina (Burgos), una de las primeras obras españolas de historiografía médica13, donde Villa realiza una biografía de los doce médicos más importantes, desde su punto de vista, para la historia de la medicina: Apolo, Centauro Chirón, Esculapio, Hipócrates, Aristóteles, Dioscórides, Galeno, Rasis, Avicena, Averroes, Mesués y Arnaldo de Villanova. Tabla 7: Libro de la vida de los doce príncipes de la medicina (Burgos, 1647). Ejemplares conservados. CIUDAD BIBLIOTECA SIGNATURA Londres British Library 1168.c.4. Madrid Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla Biblioteca Nacional Real Academia Española Real Academia Nacional de Medicina MED 2305 MED 2306 MED 2307 2-48466 14-X-36 15-1 Biblioteca 13 Nueva York Hispanic Society 598 París Bibliotheque Nationale de France 8º T8. 8 Upsala Bibliotheca Walleriana 9981 Zaragoza Biblioteca de la Facultad de Medicina 1346 Los conocimientos precisos para un boticario Las dos primeras obras de Villa ofrecen una información de primera mano sobre la formación intelectual y técnica de un boticario español del siglo XVII. A lo largo de ambos escritos Villa insiste en la necesidad de formación del boticario, en concreto, la necesidad de los conocimientos herbolarios, pilar básico de un preparador de medicamentos que desee ejercer correctamente su arte. La terapéutica del siglo XVII continuaba siendo mayoritariamente vegetal, de ahí la importancia que tiene el conocimiento preciso de las plantas utilizadas en las preparaciones medicinales, aspecto al que Villa dedica un capítulo completo de su Ramillete de plantas, diferenciando las dos perspectivas desde las que un boticario podía aproximarse al mundo vegetal “Consta, pues, este conocimiento de dos como parciales; sin los quales ninguno puede tener perfecta, y entera noticia de las Plantas, porque el uno se termina al de la virtud, y facultad que tiene; y el otro, al de su forma, y 13 Fue utilizada por Juan Torre Valcárcel para componer un capítulo histórico incorporado a su Espejo de la filosofía y compendio de toda la medicina (1668). Granjel la considera un claro antecedente de la historiografía médica española: GRANJEL, Luis S. (1981), “Conocimiento histórico de la medicina española”, en: La medicina española antigua y medieval, Salamanca, pp. 13-26. 5 figura, y assi los que pretendieron ser insignes en esta profession, e historia herbaria (…) entrambos conocimientos adquirieron”14 Historia natural y materia médica son, pues, aspectos claves en la formación de un boticario si bien, tal y como señala Villa a continuación, se han dejado de lado progresivamente, conduciendo a una ignorancia generalizada de la identificación de las plantas medicinales y la recolección personalizada de las mismas en jardines y campiñas próximas a la botica “y no se contente solo con la leccion de los libros, sino salga a los campos (ya que las Republicas no cuydan como en Pavia de tener huerto publico, donde se crian para el reparo de la salud) (…) a conocerlas, y verlas, si quiere salir de dudas que no allanan los que sin averlas visto hazen Historias, y escriven algunos barbarismos con arto perjuizio de la vida (…) y el que por la ocupacion en otras cosas a que se debe atender en esta edad tan corta, no pudiere indagar el conocimiento de todas (que parece impossible) procure al menos el de aquellas, que son mas necessarias a la salud, y estan en uso para nuestro remedio”15 No podía quedar el Ramillete sin una parte que tuvo indudable trascendencia en la historia de la botánica, a saber, la importancia que tenían los astros, equinoccios y horas del día en la recogida de las plantas. La influencia de los astros en las virtudes terapéuticas de las plantas medicinales era evidente para todo interesado en el mundo vegetal. La astrología, como medio de predecir el porvenir, de definir el carácter de un hombre, de ayudar a la medicina y como concepción general del mundo, es sin duda alguna la herencia más evidente que el mundo moderno recibió de la antigüedad. A este tema se dedica un capítulo completo: “Si se han de observar las influencias de los Astros al tiempo de coger las yervas”. Si bien reconocía que eran muchas las autoridades eclesiásticas y civiles que desaconsejaban considerar la astrología como la madre de todas las ciencias, concluía diciendo que "carece de toda duda que los astros tienen muchas y diversas virtudes, por lo cual se deben observar sus influencias, para que las plantas obren con más eminencia; afirmar lo contrario sería decir que cuando el sol alumbra no es de día"16 La obra de Villa nos ofrece una información de primera mano sobre las creencias astrológicas de médicos y boticarios, aseverando sus afirmaciones con varios ejemplos. Así, recogía la costumbre de los labradores que, tras siglos de experiencia, habían comprobado cómo sembrando en luna creciente obtenían mejores cultivos, de la misma forma que árboles y viñas debían ser podados en luna menguante, para evitar ser 14 VILLA, Esteban (1646), Ramillete de plantas, Burgos, Pedro Gómez de Valdivielso, p. 6vº. 15 VILLA (1646), p. 7. Entre los autores mas recomendados por Villa para adquirir conocimientos teóricos botánicos, se encuentran Dioscórides y sus comentaristas (Ruel, Mattioli y Laguna), los naturalistas del siglo XVI y los autores españoles que, como Monardes, describieron las plantas venidas del Nuevo Mundo. 16 VILLA, Esteban (1646), Ramillete de plantas, Burgos, Pedro Gómez de Valdivielso, p. 15vº. En concreto, el boticario benedictino dedica dos capítulos de su obra a la astrología y el mundo vegetal: el capítulo sexto, titulado "Si se han de observar las influencias de los Astros al tiempo de coger las yervas" (pp. 12vº-18) y el séptimo, "Como se han de observar las influencias de los Astros para la colección de las plantas" (pp. 18-20). 6 comidos por la polilla. Dos eran las circunstancias a observar, según este fraile boticario, a la hora de recolectar hierbas con efectos medicinales: la circunstancia del tiempo y la hora planetaria. Las plantas siempre debían ser recogidas estando el cielo sereno. Respecto a la hora planetaria, se debía considerar el planeta que influía en cada hora: puesto que cada astro ejercía su influencia en un grupo de plantas determinado, era fundamental determinar la hora planetaria correcta para que cada ejemplar ejerciese toda su virtud. Las horas astrológicas se dividían en diurnas y nocturnas y cambiaban todos los días, de ahí que Villa recomendase a los herbolarios la elaboración de un horario astrológico, por parte de algún especialista en la materia, con la finalidad de recoger las plantas en su momento oportuno, a fin de conseguir la máxima efectividad terapéutica. La obra de un novator Los siglos XVI y XVII fueron testigos de una nueva forma de entender la terapéutica, asociada a la aplicación de prácticas químicas en la elaboración de medicamentos. La reorientación terapéutica de la alquimia medieval y la asociación de sus prácticas al arte de boticarios ayudaron a conocer métodos de trabajo muy especializados, conocidos por unos pocos y rodeados por oscuras exposiciones en obras aún más oscuras. Gracias a la experimentación de médicos y boticarios a lo largo del siglo XVII, nació una nueva doctrina, la química, cuyos primeros pasos vendrían de la mano de profesionales de la salud. Las prácticas químicas asociadas a la elaboración de medicamentos fueron observadas como símbolo de renovación y, consecuentemente, se vieron atacadas frontalmente por los sectores conservadores de la medicina oficial. Frente a las situaciones observadas en otros países, donde las disputas en torno al uso de medicamentos químicos ocuparon los años finales del siglo XVI y principios del XVII, la historiografía nos dice que España permaneció ausente de esta batalla hasta bien entrado el siglo XVII. Los estudios realizados a lo largo del siglo XX han defendido la existencia de un movimiento de renovación, llamado novator, dedicado a defender la introducción de las doctrinas modernas en la Península17. Como abanderado de este nuevo movimiento de renovación se ha destacado la figura de Juan de Cabriada, médico valenciano que en su Carta filosofica, medico-chymica (Madrid, 1687) abogaba por la experimentación centrada en tres tipos de saberes: anatómicos, prácticos y químicos, con especial incidencia en estos últimos18. 17 LÓPEZ PIÑERO, José María (1969), La introducción de la ciencia moderna en España, Barcelona y LÓPEZ PIÑERO, José María (1979), Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, Barcelona. 18 Entre los principales estudios de López Piñero, dedicados a Cabriada, destacan: “Juan de Cabriada y las primeras etapas de la iatroquímica y de la medicina moderna en España”, Cuadernos de Historia de la Medicina Española, 1963, 2 (2), pp. 129-154; “Carta filosófica, médico-chymica (1687) de Juan de Cabriada, punto de partida de la medicina moderna en España”, Asclepio, 1965, 17, pp. 207-214; “La “Carta filosófica, médico-chymica de Juan de Cabriada, manifiesto del movimiento renovador de la medicina española”, Medicina moderna y sociedad española, siglos XVI-XIX, Valencia, 1976, pp. 177- 189 y “Juan de Cabriada y el movimiento novator de finales del siglo XVII. Reconsideración después de treinta años”, Asclepio, 1993, 45 (1), pp. 3-53. 7 No fue, sin embargo, Juan de Cabriada el primero en resaltar la importancia de la química para la práctica médica. Casi cuarenta años antes, fray Esteban Villa hizo la primera defensa radical de la terapéutica química, convirtiéndose así en un adelantado de la renovación médica española. Dicha defensa se encuentra en el Libro de los simples incógnitos de la medicina, al tratar de las quintaesencias aplicadas en terapéutica: “porque del uso de semejantes extractos se siguen dos provechos muy grandes, el uno eficacia en la medicina, el otro que no es necessario dar della mucha cantidad, porque parece que el alma o espiritu de la cosa, reside en una gota: Seria muy conforme a razon, que los temidos depusiessen todo el recato y miedo que suelen tener tan grande, quando no se atreven a ordenarlos, aunque vean morirse los enfermos, con que los privan a vezes de los mayores auxilios que tiene la chimica para vivir”19 Los intereses espagíricos de fray Esteban, entendiendo por espagiria la aplicación de prácticas químicas a la elaboración de medicamentos, aparecen en todas sus obras, aumentando las referencias según pasan los años. Así, en el Examen de Boticarios, dedica las páginas finales de la obra a citar las aguas destiladas más comunes en las boticas y la forma correcta de realizar las destilaciones en alambiques de vidrio al baño María20 mencionando, entre los libros que debe tener el boticario como propios de su arte, algunos textos básicos de la práctica destilatoria, como son los escritos de Conrad Gesner, autor de Thesaurus Euonymi Philiatri, de remediis secretis, liber physicus, medicus, et partim etiam chymicus... (Lugduni, 1555) la obra más completa sobre arte destilatoria publicada en la Europa del siglo XVI; Philipp von Ulstadt, autor de Coelum philosophorum. Seu de secretis naturae (Friburgo, 1525) manual que recoge toda la tradición alquímica medieval aplicada a la preparación de destilados, elixires y quintaesencias; Johann Jacob Wecker, espagirista de la segunda mitad del siglo XVI, autor de numerosas obras dedicadas a este tema, entre las que destacan Antidotarium generale (Basileae, 1580), Antidotarium speciale (Basileae, 1581) y De secretis libri XVII (Basileae, 1588) objeto de numerosas ediciones a lo largo de los siglos XVI y XVII. Por último, Villa cita a Diego de Santiago, único autor español de un tratado impreso de arte destilatoria, Arte Separatoria y modo de apartar todos los licores, que se sacan por via de Destilación: para que las Medicinas obren con mayor virtud, y presteza (Sevilla, 1598). Mayor espacio se dedica al tema de la espagiria en la segunda obra de Villa, el Ramillete de plantas, donde se refiere a las aguas y aceites medicinales obtenidos por destilación, si bien será en su tercera obra, el Libro de simples incógnitos en medicina (Burgos, 1643), donde haga una defensa de la práctica química, planteando la necesidad de abrir nuevas vías de investigación y no servirse exclusivamente de lo comentado por los autores clásicos. Indica las diversas formas de obtener quintaesencias, basándose en las enseñanzas de Giambattista della Porta, cuya obra Magiae naturalis sive de miraculis rerum naturalium (Nápoles, 1569) lleva un apéndice dedicado a la 19 VILLA, Esteban (1643), Libro de simples incógnitos en la medicina, Burgos, Pedro Gómez de Valdivielso, p. 112. 20 Fue este un tema muy controvertido en la España de finales del siglo XVI, hasta tal punto, que el protomédico de Felipe II, Francisco de Valles, dedicó su última obra a comentar la correcta elaboración de las aguas destiladas, para evitar envenenamientos posteriores. REY BUENO, Mar (2004), "El Informe Valles: los desdibujados límites del arte de boticarios a finales del siglo XVI (1589-1594)", Asclepio, LVI (1). 8 destilación21. Termina recomendando no sólo las quintaesencias vegetales, sino las obtenidas del reino mineral, tan vilipendiadas por los tradicionalistas, al considerarlas venenos: “Porque quien podra negar la virtud tan loable del vitriolo, que aunque por si solo ofende al estomago, su quinta essencia como (como dize Porta) le conforta, y despierta la gana de comer, y haze otros efectos admirables que refiere Ulstadio, Laguna, Paracelso, Monardes y otros, porque deshaze la piedra, quita la sed y mata las lombrizes, echando della algunas gotas en el liquor que mas a proposito pareciera, y tomada en vino blanco cada dia por las mañanas es muy buena para enflaquezer a los gordos. Por lo qual merecio entre los mismos alquimistas el renombre de gran medicina por este enigma: ‘Visitabis Inferiora Terrae Rectificando Invenius Occultum Lapidem Veram Medicinam’. En que cada diccion comiença por las letras del nombre vitriolum (…) Y quien podra negar tambien la virtud tan grande del balsamo de romero y semejantes, y quien del extracto de la canela, anis, clabo y otros podra negar finalmente sus excelencias, sin faltar al remedio de infinitos achaques importunos dexados solo a beneficio de la naturaleza”22 Sus obras más atrevidas, en cuanto a espagiria se refiere, son las dos últimas. En el Libro de las vidas de doze príncipes de la medicina (1647) dedica más de veinte páginas a disertar sobre algunos secretos de la Chimica23, aceptando la posibilidad de que se pueda obtener oro por transmutación alquímica y mostrándose favorable a las prácticas químicas aplicadas a la medicina, para terminar defendiendo el misterio que siempre ha rodeado a la química y que tanto ha sido criticado desde los sectores tradicionalistas, como símbolo de falsedad: “El arte no es mui facil, ya porque trata de materia, que como tan remota a los sentidos esta en las entrañas de la tierra; y ya porque fuera desto, no se trata como en otras por el estilo comun, de secreto tan admirable, sino por enigmas y rodeos, para que el uso della en ningun tiempo fuesse pretendido de la gente ignorante, y para dar en que entender a los mas agudos, y assi se piden los metales y minerales, por characteres, como se vera en Osvaldo al fin de su libro”24 Si Villa considera posible la transmutación metálica, se manifiesta contrario a la existencia de un elixir vitae o panacea universal, la otra de las promesas quiméricas ofrecida por los alquimistas medievales. Para Villa, la inmortalidad sólo se puede lograr por medios diabólicos: 21 VILLA (1643), pp. 113-114. 22 VILLA (1643), pp. 112-113. 23 Aprovechando la biografía de Arnaldo de Villanova y la polémica sobre si fue o no capaz de elaborar oro por procedimientos alquímicos. VILLA, fray Esteban de (1647), Libro de las vidas de doze Principes de la Medicina, Burgos, Pedro Gómez de Valdivielso, pp. 109-119vº. 24 VILLA (1647), pp. 116-116vº. Cuando menciona a Osvaldo se refiere a Oswald Croll, uno de los seguidores más destacados de las doctrinas paracelsistas y autor de la Basilica chimica continens philosophicam propria labrum experimenta confirmatam descriptionem et usum remediorum chymicorum, Frankfurt, Gottfried Tampack, 1612. 9 "pues dexando aparte lo que ha hecho naturaleza con algunos; que de viejos se han renovado, como se vera en Del Rio, lib. 2. q. 23. de sus magias, y que el demonio puede revelar secretos para esto, en los autores de la Chimica se traen hartos, como la quinta esencia del oro, agua ardiente, y otros que resiste a la putrefaccion de los humores, con que no se llega tan apriesa a los umbrales de la senectud; y mas si en ella se conservan los vivientes racionales sin pecado, y con templança y uso de los alimentos mas conveniente por contrariedad al temperamento, seco y frio, que acarrean los años. El que no se persuadiere de lo dicho, consulte los Autores que trata de la materia; y en particular a Marsilio lib. de tuen. val. t. y Teophrasto Paracels. lib. de vita longa. tom. 6. pag. 106. y hallara bastantes fundamentos y reglas, para que los viejos vivan mas, con el uso de la leche, o con sangre de moços bien acomplexionados, porque los quiere mamones, quando ia estan sin dientes como los niños, que suelen manar, hasta que les comiençan a salir, pero ultimamente con todas estas diligencias moriremos, porque nacimos para esso despues del pecado, y porque el alimento no dexa tan buena sustancia, como la que se pierde por accion del calor natural, que consume el humido radical de todos los miembros”25 Un éxito editorial La importancia de la obra del boticario benedictino fray Esteban Villa en el desarrollo y renovación de la terapéutica española del siglo XVII queda de manifiesto en el elevado número de ejemplares que se vendieron de sus obras. Así, treinta años después de su muerte, seguían reimprimiéndose y generando beneficios para la botica del Hospital de San Juan, que se transformó en principal punto de venta de unos textos que eran requeridos por boticarios de procedencias diversas. En el inventario que se hizo el año 1694 ante el abad, fray Plácido Larriategui, por los padres fray Esteban Bretón y fray Jerónimo Bretón, entrante y saliente de la botica, figuran cuatrocientos ejemplares del Ramillete de plantas y otros tantos de La vida de los doce príncipes de la medicina y De simples incógnitos, a los que hay que añadir las Tarifas de medicamentos de 1680, elaboradas por el sucesor de fray Esteban Villa, fray Esteban Núñez, que se entregaban con los citados libros26. 25 VILLA, Esteban (1654), Segunda parte de simples incógnitos en la medicina, Burgos, Pedro Gómez de Valdivielso, pp. 2vº-3. 26 ARNAIZ BONILLA, Alejo (1981), Las afamadas boticas burgalesas de los Hospitales de San Juan y San Julián y San Quirce (Barrantes), Burgos, pp. 31-33. 10 DOCUMENTOS DE TRABAJO U.C.M. Biblioteca Histórica ; 04/05 De exámenes, ramilletes y simples incógnitos: la obra farmacéutica de fray Esteban Villa en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla Universidad Complutense de Madrid La obra de un novator