UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID FACULTAD DE DERECHO TESIS DOCTORAL MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Amancio Landin Carrasco Madrid, 2015 © Amancio Landin Carrasco, 1974 Estudio criminológico sobre la multirreincidencia Amancio Land£n Carrasco I u 530 E S T U D I O C R I M I N O L O G I C O S O B R E L A M U L T I R R E I N C I D E N C I A TESIS DOCTORAL Director; Dr. D. Carlos Mg Landecho Velasco (S.J.) Facultad de Derecho - Universidad Complutense Madrid, 1974 INDICE GENERAL C A P I T U L O I PROPOSITO Y PLAN DE TRABAJO PAginas Del Derecho a la Criminologia ........... 9 La^jnulti^^re^ .......................... I3 Tipo de delito elegido ........ 20 Desideratum . . . ................................ 25 Ver^^^^^escuch^^ . .. 31 Técivic^^^de^^^la^ 39 Plan^^de^^]^^ .............................. 46 Idea y resultado ............. 47 C A P I T U L O II ENTREVISTAS CASO NQ 1 . CASO NQ 7 . CASO NQ 3 • CASO NQ 4 CASO NQ 5 " CASO NQ 6 CASO NQ 7 CASO N 9 8 . . CASO NQ 9 • • CASO n q 10 . CASO NQ 1 1 , CASO NQ 1 2 . CASO NQ 13 • CASO NQ 14 . CASO N 2 15 • CASO N2 16 . 53 58 63 74 78 85 94 103 109 114 120 126 130 136 142 151 CASO N9 17 CASO NQ 18 CASO N9 19 CASO Nô 20 C A P I T U L O III RESULTADOS Y CONSIDERACIONES I. ASCENDENCIA Resultados f) Los hermanos . ë) Los amigos . . . Pâginas 160 166 169 174 a) Salud flsica y mental de los parientes con- sangulneos... ......................... 182 b) CarActer de los padres ..................... I83 c) Vicio y delincuencia de consangulneos .... 184 Consideraciones ........ 185 II. INFANCIA Y JUVENTUD Resultados Zonas de procedencia y de residencia .... 190 Legitimidad ................................ 190 Profesiôn de los padres y economla familiar 191 Moralidad y religiôn ..................... 192 Los padres (afectividad. autoridad, cohe— - siôn familiar) ............................ 193 ............................. 198 201 Maestros, instrucciôn y vida escolar ...... 202 Conflictos, fugas ......................... 206 Traba.io ..... 210 Sucesos que de.iaron huella 212 Pâginas Consideraciones ............................... 21 3 215 b c d e f g h i j k 1 m n o P 217 Zonas de procedencia y de residencia ...... Legitimidad .................................. Los padres. Cohesiôn familiar .............. 218 Hermanost amigos, maestros ..... ........... 233 Economla, moralidad, instrucciôn ......... 236 Conflictos, fugas, internados .............. 242 Traba.jo ................................. 248 Sucesos que de.iaron huella ................. 250 111. EL INDIVIDUO, HOY Resultados a) Datos générales (edad, talla, peso, fac— clones, complexiôn, estado y ndmero de hi jos) ..................................... 252 Salud flsica y mental .................... 256 Generalidades caracterolôgicas .......... ^57 Capacidad intelectual ..... ......... 262 Voluntad .................... ........ . 264 Egoismo y altruismo ........... .......... 265 Labilidad ............................ . 267 Agresividad .............................. 268 Afectividad ............................... 269 Sexualidad .... ........................... 271 Laboriosidad ............................ . 275 Ideas morales, religiosas y pollticas ... 277 Arte ...................................... 279 Déportés .................................. 280 Vicios ..... ......................... 280 Permeabilidad a la influencia a.iena ...•• 281 Pâginas q) Economla, vinculacion familiar, amistades, solidaridad social y capacidad de adapta-- ciôn ........................... 282 r) Desideratum.......................... 284 s) Auto valor aciôn ............................... 286 ^onsideracio^ ..................................... 288 Datos générales (edad, complexiôn, etc.) .... 288 Salud mental ......................... 298 Generalidades caracteroldgicas .............. <326 Capacidad intelectual ................ . 334 Voluntad .................................. . 345 Egoismo y altruismo .......................... 350 Labilidad ..................................... 357 Agresividad ............................... 362 Af ectividad ......................... . 367 Sexualidad .................................... 372 Laboriosidad .................................. 385 Ideas morales, religiosas y pollticas 388 Arte. Déportés ........................ 391 V i c i o s ........................................ 393 Permeabilidad a la influencia a.iena 399 Economla. Vinculaciôn familiar .............. 401 Amistades. Solidaridad social .............. . 4 0 I Capacidad.de adaptacidn ...................... 401 Desideratum..... ............................ . 409 Autovaloraciôn ....................... . 4 II IV. EL DELITO Resultados a) La primera transgresiôn , Edad del suieto 414 Pâginas b) Causas y môviles de su conducts delictiva 415 c) Estado anlmico al tiempo de la comisiôn .. 418 d) Delincuencia individual o colectiva. acti­ va o pasiva ................................ 419 e) Arrepentimiento .......................... 420 f) Infracciones cometidas e infracciones cas- tigadas ................................. 421 Consideraciones La primera transgresiôn. Edad del su.jeto •••• 423 Causas y môviles de la conducta delictiva ... 427 Estado animico al tiempo de la comisiôn .... 441 Delincuencia individual o colectiva, activa o pasiva .................... 452 Arrepentimiento ......................... 456 Infracciones cometidas e infracciones castiga- das ............................................ 458 V. VIDA PENITENCIARIA Resultados a) Experiencias y resultados ........... 462 b) Aceptaciôn de la pena ..................... 468 c) Capacidad de correccién ................... 473 d) Reincorporaciôn social .................... 478 e) El tratamiento eficaz, segùn el delincuen- te ............... 480 Experiencias y resultados ............... 483 Aceptaciôn de la p e n a ..... .................. Capacidad de correcciôn .................. 487 489 Reincorporaciôn social ...... 492 El tratamiento eficaz, segün el delincuente VI. INTERPRETACION DE CADA CASO Generalidades . . . Caso nô 1 ( A . A . A . ) Caso ns 2 (B.B.B.) Caso nS 3 (C.C.C.) Caso nQ 4 (D.D.D.) Caso nQ 5 (E.E.E.) Caso nQ 6 (F.F.F.) Caso nQ 7 (G.G.G.) Caso nQ 8 (H.H.H. ) C aso nQ 9 (I.I.I.) Caso nQ 10 C J * J • J • ) Caso nQ 11 (K.K.K.) C aso nQ 12 (L.L.L.) Caso nQ 13 (M.M.M.) Caso nS 14 (N.N.N,) Caso nQ 15 (0.0.0.) C aso nQ 16 (P.P.P.) C aso nQ 17 (0.0.0.) Caso nQ 18 (R.R.R. ) Caso nS 19 (S.S.S.) Caso n2 20 (T.T.T.) C A P I T U L O IV Pâginas 494 498 500 504 508 514 518 521 524 526 530 532 534 537 538 540 542 546 549 550 553 556 CONCLUSIONES Pano»râmica^j?eal^^de^^la^^mi^^ 561 Diversidad etiolôgica ......................... 562 Explicaciôn de con.junto ..... 565 Pâginas Notas^^sobr^_^e3^^ 575 Realidad y legalidad .......................... 581 BIBLIOGRAFIA ............... 592 C A P I T U L O I P R O P O S I T O Y P L A N D E T R A B A J O Del̂ JDerechô ^̂ â l̂̂ ^̂ Ĉ El tema y la pretensiôn de estas pâginas no son hijos del azar. Familiarizados con la disciplina juridico-penâl por — una larga dedicaciôn, hemos querido adentrarnos en el meollo de la delincuencia para contribuir a su conocimiento y a su contenciôn. Un planteamiento desnudo de miras inmediatas nos llev6 a una primera conclusion: Sin sustraer un solo gramo al peso - especifico del Derecho Penal, résulta évidente que, al menos en su prépondérante faceta normativa,.no es arma absolutamen te eficaz para llevar a feliz término la lucha contra el cr^ men. Al atender a la protecciôn de los bienes juridicos, co- mo finalidad esencial, esta rama del Derecho estudia el bino raio delincuente-delito mâs como realidad regulable, clasifi- cable y reprimible que como fenômeno evitable ̂̂ \ Podrâ ob- jetarse que la pena busca la correcciôn individual y la pro- filaxis colectiva; pero -ademâs de que la Penologia se haya desplazado hacia la periferia del Derecho Penal- si la gene- ralidad de los tratadistas coinciden en définir la pena por su caracter retributivo, no se muestran tan acordes en el mo ( 2 )mento de determinar sus fines (1) Hace cuarenta ahos, escribia Luis JIMENEZ DE ASUA: "El - derecho punitive clâsico y expiatorio va muriendo y estâ a punto de caer en la fosa que él mismo fue cavando por su falta de eficacia en la luoha contra el delito". (0 - estado perigoso. Nova formula para o tratamento penal e preventive. Sao Paulo, 1933, pâg. 179) (2) Sobre la variedad de fines atribuidos a la pena, ver, - por ejemplo, Quintiliano SALDANA (Madrid, 1931), pôgs. - 35 y ss.; José ANTON ONECA, La prevenciôn general y la -- prevénciôn especial en la teoria de la pena (Salamanca, 1944); Eugenio CUELLO CALON, La moderna penologia (Barce lona, 1958), pâgs. 20 y ss; Antonio BERISTAIN, S.I., Fi­ nes de la pena (importancia. dificultad y actualidad del Sin entrar ahora en bizahtinismos suscitados por quienes - -como algunos représentantes del Movimiento de Defensa Social- abogan por una justicia des.iuridizada. atenta s61o a la reali­ dad fisiopsicolôgica es lo cierto que nuestro prop6sito - esclareced&f queria centrarse en el hombre, en el delincuente vivo. Y si aspirabamos a desvelar ciertos factores de la delin cuencia, valiéndonos para ello de una investigacidn empirica, no hay duda de que caiamos en la ôrbita de esa ciencia balbu— ciente, desdibujada e impetuosa quecse llama Criminologia. Porque de eso se trataba: De hacer una averiguaciôn sobre - un organisme palpitante, no una recopilaciôn bibliogrâfica de gabinete. Pretendiamos centrar nuestra mirada en up género con creto de criminalidad, para ascender hasta sus origenes y vis- lumbrar sus remedies. Cualquier lucubraciôn abstracta, sôlo am parada en la especulaciôn, nos parecia inaceptable para quie--- nes se sientan urgidos por la lucha contra la delincuencia. Al amparo de la opiniôn de HENTIG, y mâs aùn con referenda a Es- tema). en "Rev, Gral. de Legislaciôn y Jurisprudencia", to mo XLIII, nov. 1961, pâgs. 602 y ss.; Luis JIMENEZ DE ASUA, Tratado del Derecho Penal, tome II (Buenos Aires, I9 6 4), - pâgs. 14 y ss.; José M# RODRIGUEZ DEVESA, Derecho Penal es- pàhol. Parte General (Madrid, 1971), pâg. 709 y ss.; Juan - DEL ROSAL, Tratado de Derecho Penal Espanol (Parte General), vol. II (Madrid, 1972), pâgs. 408 y s s.; Edmu,bdO; MEZGER, - Tratado de Derecho Penal (Madrid, 1935), tomo II, pâgs. 343 y ss.; Sofo BORGHESE, La filosofia délia pena (Milân, - 1 9 5 2 ), pâgs. 83 y ss.; Sir Walter MOBERLY, The Ethics o f — Punishment, (Londres, 1968), pâgs. 43 y ss.; Stanley E. — GRUPP, Theories of punishment (Bloomington-Londres, 1971), en que se recopilan textos de César BECCARIA, Herbert MO— RRIS, Enrico FERRI, Sheldon GLUECK, Norval MORRIS, Jerome HALL, etc. (;1) Michelangelo PELAEZ, Introduccién al estudio de la Crimino­ logia (Buenos Aires, 1966), pâg. 209. I paAa, pensamos que para compensar la negligencia en el estudio de las distintas especies delictivas no basta el conocimiento( 1 )de la literatura, sino que es preciso el contacte con el ob jeto mismo. Hace unos cuantos lustres, aseguraba POLLITZ que quien acier te a ponderar todos los factores que contribuyen a la génesis del crimen, tiene ya elementos bastantes en que apoyar una ac- ciôn represiva de la criminalidad, y no una acciôn utôpica, sd̂ (2 )no algo prâcticamente viable . Desde entonces.se han sucedi do en Europa y en Norteamérica, aunque con distintos matices, estudios, encuestas e investigaciones que, reparando en las — disposiciones heredadas y adquiridas por el delincuente, asi - como en su mupdd circundante, dieron valiosisimo impulse a la Criminologia. Sin embargo ^qué empresas de este mismo orden se llevaron a cabo en nuestra patria? Podriamos contestar con pa- (3)labras del penalista y criminôlogo Juan del ROSAL , que son al mismo tiempo una confesiôn y una incitaciôn: "Quizâ séria - conveniente decir que una investigaciôn biolôgicocriminal de - la delincuencia en Espafla no se ha verificado hoy por hoy sobre ni siquiera en ningun delito en particular, al menos con ins— trumentos de trabajo y con el rigor cientifico exigido por up fentmeno tan complejo y tan sutil, y a la par de tanta repercu siôn sociolôgica, como la criminalidad. De modo que el campo - se halla virgen en este como en otrœ muchos terrenos". (1) Hans Von HENTIG , Estudios de Psicologia Criminal (Madrid» 1 9 6 2 ), tomo I, pâg. 9 . Manuel LOPEZ-REY y ARROJO entiende por investigaciôn criminolôgica "tanto la experimental co­ mo la analitica, y no la simple publicaciôn de trabajos o tratados de caracter puramente compilatorio, en los que se reproduce mâs o menos hâbilmente lo que otros han hecho o dicho". (Teoria y Prâctica én las Disciplinas Pénales, en Cuadernos "Criminalia"; México, I960, pâg. 50). (2) Paul POLLITZ, Psicologia del delincuente (Barcelona, 1933) p. 209. (3) Xraducciôn y notas de la Biologia Criminal, de Franz EXNER La pregunta que EXNER se hace, "^por qué cometen delitos unas personas y por qué no los cometen otras?", no puede ser ( 1 )contestada satisfactoriamente por el Derecho Penal • Como tampoco puede explicarnos la insuficiencla Intimidativa de - ( 2 )la pena , el lastre bîolôgico de la personalidad criminal (3)o el valor causal de la circunstancia humana, ya sea fa­ miliar, escolar o sencillamente social. Esa es la razôh por la cual, interesados en aquella tarea, afrontamos un estudio criminolégico con los exiguos medios de que hemos podido dis poner. (Barcelona, 1957), pâg. 89. Los ahos transcurridos desde que el Prof, del ROSAL emitié este juicio pueden haber - debilitado las razones de su noble reproche, pero toda-- via es indudable su validez. En fecha mâs reciente (1968), escribiô el mismo penalista: "Consigne el saber crimino­ légico llamar la atenciôn seriamente al mupdô penal, en- claustrado en la simbologia que dépara un cédigo penal, para que se acerque y himanice la aplicaciôn de la figu— ras delictivas, abstractamente conceptuadas y que requie ren un proceso de individualizaciôn en el instante de su puesta en prâctica". (Tratado de Derecho Penal, vol. I, pâg. 52). (1) Ob. cit., pâg. 25. (2) En 1 9 5 8, el Departamento Federal de Prisiones, de EE.UU., decia en su informe: "Si el fin de la pena larga privati tiva de la libertad es intimidar a otro delincuente po— tencial, no puede ser demostrado que tenga el mâs minimo efecto en cuanto a la disminucién de las cifras del deli to"(Federal Prisions 1957, Washington, D.C., 1958, pâg. 3, citado por MIDDENDORFF). (3) Este término evoca al filôsofo espahol que, equiparando tal circunstancia a lo que en el âmbito criminolégico — llamamos mundo circundante, subrayé su valor definitivo en la integraciôn de la personalidad. En alguna de las - obras de ORTEGA Y GASSET (ver El Espectador, seleccién - Salvat; Madrid, 19&9, pâg. 50) se leen pârrafos como ês- te, tan oportuno cuando queremos justificar nuestro de— seo de sortear el dogmatisme para bucear en los hechos, en la vida de este hombre, no vagamente en la del hombre: "Los organismes por la cultura creados -ciencia o moral, Estado o Iglesia- no tienen otro fin que el aumento y po La multirreindidencia Un fin tan concreto exigia una delimitaciôn del campo de -- trabajo. A menos de conformarse con una mera divagacién, era - preciso determinar el tipo de delincuente sobre el que habrian de recaer nuestras pesquisas. Entre las muchas clasificaciones tipolégicas -cuya artificiosidad, por otra parte, es siempre - innegable- la de SEELIG nos ofrecia el aliciente de descansar sobre una base combinada, tomando en cuenta no s6lo las singu— laridades caracterolôgicas del individuo sino también su espe­ cial forma de actuar es decir, su modo de ser y su modo - de conducirse. Ahora bien, una clasificaciôn semejante podria constituir - un instrumente nada desdehable al contrastar y encauzar resul­ tados, pero no un punto de partida eficaz para el estudio de - un sector de la criminalidad. La previa determinaciôn de tipos humanos obligaria a un pre-juicio comprometedor, que acaso no - respondiese luego a la hipôtesis inicial. Por eso hemos prefe- rido apoyarnos en una realidad inequivoca y fijarnos en una es pecie de delincuente definida por su actividad externa y mani- fiesta. tenciaçiôn de la vida. Pero acontece que esas construccio- nes instrumentales pierden, a veces, su conexiôn con la vi da elemental, se declaran independientes y aprisionan en-- tre sus muros la vida misma de que proceden. El rio se -- abre . un cauce, y luego el cauce esclaviza al rio". (l) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia (Madrid, 1958), — pâgs. 70 y ss. El profesor germano establece estos ocho ti pos criminolôgicos principales: Delincuentes profesionales refractarios al trabajo, delincuentes contra la propiedad por escasa capacidad de resistencia, delincuentes por agre sividad, delincuentes por falta de dominio sexual, delin— cuentes por crisis, delincuentes de reacciones primitivas, delincuentes por conviccion y delincuentes por falta de -- disciplina social. Por supuesto, el autor admite el entre- cruzamiento de tipos, que da lugar a variados subtipos. aCuâl, pues, séria el tipo humano que protagonizase nuestra tarea? Si deseàbamos colaborar modestamente en el esfuerzo por dilucidar el porqué y el remedio de la criminalidad, ^dônde e^ taba mâs manifiesta la tendencia al crimen que en la multirrein cidencia? El hombre que conculca una y otra vez la ley penal, y recibe sucesivamente los castigos establecidos, es un palpa­ ble exponente de personalidad criminosa y, al propio tiempo, - de la inutilidad correctiva de las penas padecidas. Asi, el — multirreincidente atrajo nuestra atenciôn. La multirreincidencia, sin embargo, es un concepto directa- mente enlazado con el Derecho, no con la Criminologia, Convie- ne, pues, trazar sus perfiles para conocer el campo en que he­ mos de desenvolvernos. Es bien sabido que nuestra legislaciôn distingue la reincidencia genérica de la especifica, dando pa- 80 a la reiteraciôn y a la reincidencia propiamente dicha. En la primera se incide en una infracciôn cuya naturaleza es aje- na a la de otra u otras, de determinada gravedad, cometidas y castigadas anteriormente; en la reincidencia, por el contrario, se comete un delito de igual clase al ya sancionado ̂̂ \ La — multirreircLdencia, aunque sea objeto de consider aciôn en algu- (2)nos preceptos positivos , no aparece definida en nuestros - textos légales. Habrâ que atenerse, por tanto, a una norma — orientadora que nos permita enfocar con cierta precisiôn el ob jeto de nuestro estudio. Empecemos por aclarar que no vamos a atenernos con rigor a los clichés légales. A los efectos de nuestra iàvestigaciôn, - (1) "Hay reiteraciôn, cuando al delinquir el culpable hubiere sido castigado por delito a que la Ley seriale igual o mjS— yor pena, ô por dos o mâs delitos a que aquélla sehale'pena menor". "Hay reincidencia, cuando al delinquir el culpable estuviere ejecutoriamente condenado por otro w otros deli­ tos comprendidos en el mismo titulo de este Côdigo" (art. 9, nfi 14 y 15> del Côdigo Penal). (2) Por ejemplo, en los artlculos 61, nB 6, 516* nO 3 y 530 -- serâ multirreincidente el que haya incurrido no menos de très veces en infracciones de la misma naturaleza. Haremos, pues, caso omiso à determinadas exigencias normativas que nos pare- cen mâs formales que esenciales, de tal suerte que no dejare- mos de considerar como ihultirreincidentes a quienes hayan si­ do castigados por hechos tipificados en compilaciones pénales distintas o en distintos titulos del propio Côdigo, por dis— tintas jurisdicciones ^^^ y hasta por tribunales extranjerosj^^ siempre que sus transgresiones caigan en la esfera penal pro- puesta. Iremos todavia mâs allâ en el momento de elegir a los mul- tirreincidentes objeto de investigaciôn, ponderando también - las manifestaciones delictivas ocultas en la llamada cifra ne- gra, cüya realidad puede constarnos personalmente por confe— siôn de su mismo autor. La cifra negra estâ integrada por las infracciones pénales que no llegan a conocerse o a castigarse, infracciones que por su fabulosa extensiôn desvirtuan el signi ( 3 )ficado de tantas estadisticas criminales. MIDDENDORFF con creta asi el perfil de esa criminalidad escurridiza: "La expe riencia enseha que muchos de los hechos punibles no son descu biertos, que de los descubiertos hay a su vez muchos que no - son denunciados, que de los autores que llegan a ser conoci— del Côdigo Penal, y 190, 411, 412, 439 y 442 del Côdigo - de Justicia Militar. (1) A modo de ejemplo: Ciertos ; delitos de fraude, sanciona- dos en el art. 403 del Côdigo de Justicia Militar; otros de pirateria, de baraterie o de fraude previstos en la — Ley Penal y Disciplinaria de la Marina Mercante (arts. 9, 54, 64 y ss.) y de apoderamiento definido en la Ley Penal y Procesal de la Navegaciôn Aérea (art. 39). (2) El Côdigo Penal espahol valora, a efectos de la reinciden cia especifica, las condenas impuestas por tribunales ex- tranjeros, pero &dlo por falsificaciones de moneda y por delitos relativos a la prostituciôn (arts* 289 y 452 bis, f) (3) Wolf MIDDENDORFF, Sociologia del delito (Madrid, 1961), — dos hay muchos que no son capturados o no se puede demostrar su culpabilidad, y, finalmente, de los autores de que tiene notidia la fiscalia solo una parte llega a su vez al juicio oral ante el Tribunal, y algunos juicios orales terminan con una absoluciôn por falta de pruebas" Pues bien, si aigu nos de nuestros entrevistados nos revelan la comisiôn de de­ litos por los que nunca llegaron a ser perseguidos, esa ac— tuaciôn criminosa serâ valorada por nosotros para considerar a sus autores como multirreincidentes, a efectos de realizar el estudio propuesto. Podriâ objetarse que, si no nos atenernos a un estricto - significado juridico de la reincidencia, no hay razôn para - llamar multirreincidente al hombre objeto de este trabajo. - pâgina 51. (1) Por su misma naturaleza, la zona o cifra negra es inde— terminable. Pese a ello, algunos autores se esfuerzan en llegar a datos aproximados. Von WEHNER, citado por MIDDEN DORFF (ob. cit. pâg. 52), estimé que en 1956 se descubrie ron en Alemania 1.630.675, y quedaron sin descubrir 8 .8 0 6 .2 4 1 . Hay delitos, como el aborto, las estafas y los hurtos, que estân en cabeza de la cifra negra. Los detec tives al servicio de unos grandes almacenes de Chicago - sorprendieron durante un semestre a 1.576 personas come- tiendo hurtos, y sôlo 137 de ellas fueron formalmente de nunciadas (ob. cit. pâg. 57). No todos los delitos se denuncian; pero entre los de­ nunciados y los sancionados hay una abrumadora diferen-- cia. Aunque pueda caber la hipérbole y hasta la jactan— cia, he aqui lo que confiesa un antiguo profesional del robo: "Yo no sê lo que dicen las estadisticas, pero yo - diria que sôlo es detenido uno de cada quinientos auto-- res de robos con fuerza en las cosas" (HENTIG, ob. cit. pâgs. 113 y 114). HEINDL, citado por SEELIG (Ob. cit. pâg. 257), estima que sôlo se cas tiga uno de cada cien delitos cometidos - por delincuentes profesionales. La cifra negra, también llamada cifra o delincuencia Nuestra explicaciôn quizâ no sea convincente, pero si prâcti ca. Taies delincuentes son siempre multirreincidentes de he­ cho ; sin embargo, séria dificil vestirles con el uniforme — elaborado por otras denominaciones harto imprecisas y discu- tidas. Se habla de delincuentes h'abituales, prof esionales, - constitucionales, natos, crônicos, de estado, persistentes, con tendencia o predisposiciôn dominante, inadaptàdos socia­ les, perverses instintivos, incorregibles, vagabundos reacios al trabajo, etc. cuâl es, con absolute rigor, la diferen- cia entre unos y otros tipos? Los criminôlogos suelen distinguir la habitualidad de la profesionalidad,destacando en la ultima un ejercicio de acti vidades delictivas como medio normal de vida No obstan- oculta, varia segün la naturaleza del delito objeto de - estudio. Sobre este problema trata por extenso la obra - de Roger HOOD y Richard SPARKS Problemas clave en Crimi­ nologia (Madrid, 1970), pâgs. 11 a 79. (1) Luis JIMENEZ DE ASUA y José ANTON ONLCA diferencian habi tualidad, reincidencia, prdesionalidad, predisposiciôn e incorregibilidadI "El hâbito criminal es costumbre adqui rida por la repeticiôn de actos delictivos y facilidad - para realizarlos, como consecuencia de la prâctica en es te ejercicio"; pero no basta con la repeticiôn de infrac ciones; "es preciso que esta insistencia constituya cos­ tumbre y se incorpore al modo de ser o de obrar del suje to". El mero reincidente puede ser un delincuente ocasio nal, al caer mâs de una vez en el delito "por la renova- ciôn de las circunstancias externas que produjeron el es timulo". El profesional es especie del delincuente habi­ tuai; "aqui la costumbre va unida al lucro, y constituye un modo de vida, un oficio que se ejerce, previo aprendi zaje". En la predisposiciôn entran el hâbito y la profe- siôn; la predisposiciôn puede declararse con un solo de­ lito y aûn antes de cometerlo, "y asi como en la crimina lidad profesional influye primeramente el ambiente, los inclinados a delinquir pueden serlo por disposiciôn con­ genita". La incorregibilidad y la habitualidad no son lo mismo; "el hâbito se desarraiga por la educaciôn, sobre te, disienten con frecuencia al delimitar la delincuencia cr6 nica ^^^ y diferenciarla de las otras denominaciones al uso. todo en la juventud" (Derecho Penal conforme al Côdigo de 1 9 2 8 , Madrid, 1929, pâgs. 450-451). El loable esfuerzo de esta distinciôn teôrica sôlo séria ûtil tras un perfecto conocimiento de la personalidad del delincuente. Y, aün - asi ^cômo discernir nitidamente habitualidad y tendencia, tendencia e incorregibilidad, y profesionalismo y habitua lidad cuando el hâbito se transforma en modus vivendi? Jean PINATEL, al sehalar las diferencias entre el pro­ fesional y el habituai, se adhiere a las conclusiones del III Congreso International de Criminologia, celebrado en Londres en 1955, segun las cuales el delincuente profesio nal actua con una organizaciôn metôdica, utiliza una téc- nica delictiva mâs depurada y présenta un mayor grado de maduraciôn criminal; por el contrario, en ei habituai se advierte una inadaptaciôn social que, ante cualquier difi cultad de la vida, le hace caer en el delito sin mayor re sistencia, y ello a causa de los graves trastornos de su inteligencia o de su caracter (Pierre BOUZAT y Jean PINA­ TEL. Traité de Droit Pénal et de Criminologie, Paris, — 1 9 7 0 , tomo III, pâgs. 3 8 7-3 8 8). Pero insistimos en que — las diferencias, e incluso las interferencias, entre unos y otros (habituales bien organizados o profesionales con anomalias psiquicas) son tan sutiles que sôlo podriamos - aproximarnos a una distinciôn relativamente vâlida tras - ahondar seriamente en el estudio de su personalidad. El profesor José BELEZA DOS SANTOS, por su parte, vin­ cula la habitualidad a la peligrosidad: "Habituales son - los delincuentes que, habiendo mostrado persistencia en - cometer crimenes -en el sentido mâs genérico de la pala— bra- deben por esto ser considerados peligrosos, esto es, respecto de los cuales podemos razonablemente prever que continuarân cometiendo infracciones criminales, si no fue ran tomadas medidas que eliminen o neutralicen ese peli— gro (Tratamento e libertaçao de delincuentes habituais, - ÿ>âgs. 1 y 2). Edmund MEZGER identifica habitualidad y ten dencia morbosa, psicopâtica (Tratado de Derecho Penal, — tomo I, pâg. 3 8 5). (1) Stephan HURWITZ, Criminologia (Barcelona, 1956), pâg. 425. La confusiôn afectô también a las normas positivas; véase, si no, cômo en algun precepto legislative germano se hablaba in- ( 1 )distintamente de profesionales y de habituales , y cômo el art. 546 bis h) del vigente Côdigo Penal espahol, al tratar - de la receptaciôn, vincula la estimaciôn de la habitualidad a la existencia de determinada profesionalidad: "Se reputan ha­ bituales, a los efectos de este capitule, los reos que fueren duehos, gerentes o encargados de tienda, almacén, industria o establecimiento abierto al publico". Por eso es explicable que el desaparecido profesor QUINTA- (2 )NO RIPOLLES , al comentar el articule 415 de nuestro cita­ do ordenamiento, en el que se prevén ciertas penas para los - facultatives causantes de aborto y para los no titulados habi tuales de ese delictivo quehacer, escribiese: "Estime de to-- dos modes que quien habitualmente se dedica a cualquier acti­ vidad, licita o ilicita, es normal que lo haga como forma de vivir y obtenciôn de algûn proVecho, constituyendo en este — sentido la habitpalidad una especie de profesionalidad no ti- tulada". El mismo QUINTANO, después de advertirnos que la ha­ bitualidad no aparece definida en parte alguna del Côdigo Pe­ nal espahol, en sus comentarios en torno a los aspectos psico lôgicos y etiolôgicos de la delincuencia patrimonial, dice — agudamente: "El asunto ofrece subidisimo interés en los casos, cada vez mâs abundantes, de delincuencia infantil y juvenil, en que el robo surge como un sucedâneo del juego, del déporté y hasta de fallidos o desviados sentimientos de heroismo"..., (1 ) Franz Von LISTZ, Tratado de Derecho Penal (Madrid, 1917), tomo III, pâgs. 274 y 342. (2 ) Antonio QUINTANO RIPOLLES, Tratado de la Parte Especial del * Derecho Penal (Madrid, 1962-19&7), tomo I, pâg. 5 6 8 . Se advierte la sutileza de una diferencia tan difusa. ̂ Para quienes quieran cuadricular las actividades délie-- y concliiye opinando que este género de delincuencia "merece- ria, mâs bien que el dictado de habitualidad. el de amateu— rismo" ̂̂ ̂ . Por creer que la multirreincidencia es un fenômeno normal en la esfera de la criminalidad y que, por otra parte, sus - causas no son ünicas e inequivocas, seguiremos el consejo de FINKELBURG -que calificaba la delincuencia como "el fracaso colectivo del hombre"- y nos guardaremos de considerar el — ( 2 ).multirreincidente como un ser de especial constitucién Hablarân en primer lugar los hechos, y a través de ellos as- cenderemos a la personalidad de sus autores. Tipo de delito elegido En la realidad criminolôgica hay dos elementos dignos de especial atenciôn: El delincuente y el delito. Ante la nece- sidad de concretar caminos y metas, resolvimos fijarnos en - el delincuente crônico, en el multirreincidente. Ahora se ha cia preciso determinar la especie de infracciôn que habria - de centrar nuestra mirada. El deseo de alcanzar conclusiones utiles, y la parquedad de la muestra humana que iba a poner- se a nuestro alcance, nos inclinaron hacia los delitos en -- que incidia la preferente actividad ilegal de aquella clase tuosas dentro de unos limites tajantes, resultarâ dificil, en nuestra actual sociedad de pluriembleo, définir la -- profesionalidad cuando la delincuencia sea un medio mâs de incrementar los ingresos. En este sentido, N. POLSKY apunta que ciertos delitos contra la propiedad se pres- tan a ser simultaneados, como una fuente de ingresos, - con un trabajo honrado (Hustlers, beats and others, ci- tado por HOOD, ob. cit.« pâg. 1)8). ( 1 ) Ob. cit. . tomo II, pâg. 89»̂ (2) POLLITZ, ob. cit.. pâg. 20. de delincuentes. De esta forma, y en terminologia de NUVOLO NE el encuentro de las constantes subjetivas y psiqui­ cas con las objetivas y juridicas podria acercarnos al meo llo del problema. Los datos estadisticos mostraban el interés de détermina dos delitos patrimoniales, concretamente los hurtos y los - robos con fuerza en las cosas, que presentan una doble y — sustanciosa particularidad: Constituyen la esfera penal mâs frecuentada por los delincuentes profesionales y, por otra parte, sus autores se agrupan en un tipo criminolégico de - significaciôn précisa y unitaria. El profesor QUINTANO hiao una sencilla y realisima clasificaciôn criminolôgica de las apropiaciones lucrativas mâs tipicas y "naturales": "a) de apoderamiento subrepticio, comprensiva de los hurtos y aun de los robos con fuerza en las cosas; b) del de astucia, eu yo paradigma es la estafa, y c) de la violenta, compleja de lo patrimonial y personal agresivo, que por eso mismo osten ta variedades rigurosamente aparté en la mayoria de los ca­ sos". Al razonar esta distinciôn, el mismo penalista expli- caba que el hurto y el robo con fuerza en las cosas, en la generalidad de los ordenamientos positivos, son infracéio— nés équivalentes, "constituyendo una singularidad de la le­ gislaciôn espahola su separaciôn morfolôgica y nominal". — Los presupuestos personales, reales y aun sociolôgicos son prâcticamente idénticos; el robo con fuerza es una mera va­ riedad cuantitativa, no cualitativa, del hurto. Ambas infrac ciones son subrepticias, contra lo que sucede en el robo — con violencia en las personas, en el que se da un enfrenta- miento agresivo "con claras afinidades hacia la criminali— dad de sangre". El ladrôn violçnto acepta el riesgo de ma— (l) Citado por PELAEZ, ob. cit.. pâgs. 57 y 58. tar o dé herir para conseguir el lucro, mientras que el no vio lento, si bien carece del sentimiento de probidad, conserva el ( 1 )de piedad ; La preferencia del delincuente crônico por aquellos delitos patrimoniales es bien conocida. El acopio de datos, relativos a los mâs diverses paises, séria elocuente e interminable. Bâŝ tenos algun botôn de muestra. En Dinamarca, en la década de — los ahos treinta, el 22% de los reincidentes eran reos de in— fracciones contra la propiedad, el 20% habian cometido delitos ( 2 )sexuales y el 18% eran autores de agresiones corporales . - En la Repiiblica Federal Alemana, durante el aho 1953, el 26% - de la criminalidad total estaba representado por reincidentes ( 3 )y multirreincidentes de delitos de hurto . SEELIG nos infor ma ^ q u e alrededor del 90% de los delincuentes habituales pe ligrosos, internados en las penitenciarias alemanas, son reos de delitos patrimoniales y que, en 1940, el 33% de los re clusos de la prisiôn de Graz respondia a los por él clasifica- dos como "delincuentes profesionales por aversiôn al trabajo". Los datos procedentes de paises y sistemas mâs afines al — nuestro -como Italia, Francia y Portugal- tienen muy parecida significaciôn, si bien el deseo de no indigestar al lector con excesivo acopio de cifras nos recomienda remitirle a los traba (1) Antonio QUINTANO RIPOLLES, ob. cit.. tomo II, pâgs. 82, 83 y 10b. En sentido muy semejante se expresan Von HENTIG y - SU traductor espahol, ei profesor José Ma RODRIGUEZ-DEVESA (6b. cit., pâgs. 109 y 196). (2) HURWITZ, ob. cit., pâg. 4 2 3 . (3) MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la prognosis criminal -- (Madrid, 1970), pâg. I0 3 . (4) Ob. cit., pâgs. 75 y 289. , (5) Iguales conclusiones recoge Teobaldo CASANOVA, con relaciôn a Puerto Rico y a gran numéro de paises europeos (Estudios estadisticos del crimen. Madrid, 1967, pâgs. 336 y ss.). jos de FERRI, PINATEL, COLY y BELEZA DOS SANTOS, entre otros^^^ Comprobaremos, con referenda a ahos mâs o menos proximos, que el porcentaje de criminales cronicos es muy superior en las in fracciones contra la propiedad y que, dentro de estas, el hur­ to y el robo con fuerza gozan de indiscutible preferencia. Pero vayamos a nuestras propias estadisticas: A fines de — 1 9 7 0, Ultimo aho del que poseemos datos precisos, estaban re— cluidos en los establecimientos penitenciarios de Espaha un to ( 2 )tal de 7 . 8 3 9 hombres condenados por delitos o faltas ; de - Ips cuales, 3*192 habian delinquido por primera vez (40,71%), 2 . 3 9 9 eran reincidentes especificos (3 0,60%), 836 estaban afec tados por la agravante de reiteraciôn (1 0,66%) y 1 . 4 1 2 eran — multirreincidentes (18,01%). Ello quiere decir que, de esos — 7 . 8 3 9 varones que cupiplian condena, 4 . 6 4 7 eran reincidentes ge nericos (59,28%). Entre tales reincidentes, 3*455 (74,34%) eran responsables de delitos patrimoniales, segün la siguiente dis- tribuciôn: - Robo con homicidio o con lesiones ........ 41 - Robo con fuerza en las cosas ................ 2.233 - Hurto . ............... 687 - Estafa ....................................... 319 - Otros delitos contra la propiedad .......... 175 (1) Enrico FERRI, Sociologia criminals (3- ediciôn, Torino, -- 1892), pâgs. 1 4 8, 149, 1 5 0, 7 5 1, etc. Jean PINATEL, Crimi­ nologie (tomo III del Traité de Droit Pénal et de Crimino­ logie « por Pierre BOUZAT y-, Paris, I9 6 3), pâgs. 125 y ss. J.L. COLY, Le Centre d 'Orientation de Fresnes, citado por PINATEL. José BELEZA DOS SANTOS, Récidivistes et délinquants d * habitude, en la Revue de Science Criminelle et de Droit Pénal Comparé, Paris, 1954, pâgs. 687 y siguientes. (2) La poblaciôn penal ascendia a 13*890 varones y hembras, pe ro prescindimos de éstas y de los simples detenidos, proce sados, sometidos a medidas de seguridad y castigados por - Como puede advertirse, los reincidentes genéricos condena dos por delitos de robo con fuerza en las cosas y por deli— tos de hurto ascienden a 2.920, es decir, el 62,8% del total de delincuent®® primaries. En el afio 19&9, de los 7.029 varones penados que se halla ban en las prisiones espanolas, 2.791 eran delincuentes pri­ maries (39,71%); 2 .2 7 1, reincidentes (32,31%); 6 1 6 , reiteran tes (8,76%), y 1.351, multirreincidentes (19,22%). Es decir, que de los 7 . 0 2 9 hombres sentenciados habia 4 . 2 3 8 incursos - en reincidencia genérica (60,29%). Entre esos recluses con - antecedentes penales, mas del 75% -exactamente, 3 .2 4 2- extin guian penas por delitos contra la propiedad, segün la siguien te distribuciôn numérica: - Robo con homicidio o lesiones .......... 2 5 - Robo con fuerza en las cosas ............ 2.194 - Hurto ............................. 640 - Estafa .................................. 230 - Otros delitos patrimoniales ...... 153 En suma, los reos de robo con fuerza en las cosas y de -- hurto totalizaban 2.834, lo que supone el 67% de los reinci­ dentes genéricos.^^^ Las cifras correspondientes al ano anterior (1968) expre- san la misma realidad, en cuanto ponen de manifiesto la enor me densidad de reincidentes, y concretamente de reos de hur- tos y de robos con fuerza en las cosas. Los varones penados eran 6.104; de ellos, 2 .4 IO delincuentes primaries, 1.852 — infracciones administrativag. (Ver Memoria de la Direc— cion General de Instituciones Penitenciarias. Madrid, -- 1971). (1) Memoria de la Direccidn General de Instituciones Peniten ciarias. Madrid, 1970. reincidentes, 568 réitérantes y 1.274 multirreincidentes. Los incursos en reincidencia genérica, pues, se elevaban a 3*694 (60,55%), de los cuales 2.796 (75,77%) eran responsables de - delitos contra la propiedad: 24 de robo con homicidio o lesio nés, 1.793 de robo con fuerza en las cosas, 605 de hurto, 225 de estafa y 149 de otras infracciones contra la propiedad. De tal forma, los reincidentes genéricos incursos en robos con - fuerza y en hurtos, 2.398 en total, suponian un 64,9% de los reclusos no primarios ̂̂ \ Desideratum Sin embargo, los medios de que vamos a valernos (entrevis-- tas, estudio de antécédentes y anâlisis de informes) son insu ficientes para llegar a conclusiones radicales. Aqui se afron ta un trabajo eminentemente experimental, de cuyo valor habla remos lineas mas adelante. Ahora nos interesa, al tiempo que confesar la limitaciôn de nuestro arsenal operative, explicar la causa de esa limitaciôn y esbozar el sistema deseable. En primer término, la aspiracion de que este trabajo cons- tituyese una tesis doctoral vedaba la posibilidad de una ta-- rea en equipo. Por extensa y profunda que fuese la prépara--- cion del investigador, jamas podria abarcar seriamente los — disperses conocimientos necesarios para aprehender la persona lidad de cada hombre. La intuiciôn, la perspicacia, la agude- za analitica y la capacidad de sintesis son cualidades inapre' ciables para el crimindlogo, pero no lo son todo. (1) Memoria de la Direcciôn General de Instituciones Peniten- ciarias. Madrid,,1969. Jesûs ALARCON y Angel MAHCO (La inteligencia en los de­ lincuentes espaholes, Madrid, 1968) examinaron a los 350 delincuentes juveniles que pasaron durante aho y medio por El procedimiento adecuado requerirla un trabajo en comün, con una correcta distribuciôn del campo de acciôn y una la-- bor coordinadora a cargo de un jefe o director ̂̂ \ Tal em— presa, que nosotros sepamos, no ha sido acometida en Espaha en el âmbito privado. Ello exigiria generosisimas ayudas es- tataleg, al estilo de las otorgadas a tantos estudiosos euro peos y norteamericanos. Porque no se trata solamente de exa- minar a los recluidos en establecimientos penitenciarios, y de examinarles por expertes en endocrinologla, psiquiatria, psicologia, sociologia, moral, didâctica y criminologia, si- no de comparar los grupos criminales con otros de ciudadanos no delincuentes, en los que se den circunstancias constitu-- cionales y ambientales de aproximada significaciôn. Ademâs, la informacidn extracarcelaria de cada recluse es tarea lar- ga, ingrata y costosa, que exige una dedicaciôn sostenida y casi abnegada. Con lo dicho se vislumbra el punto de arranque para una - labor efectiva. El método deberâ ser multidisciplinario: bio lôgico, psicolôgico y sociolôgico, si bien los dictâmenes -- fragmentarios de cada especialista h’abrân de someterse a una elaboraciôn global y aglutinante. Porque el hombre no es un poliedro conformado en facetas aisladas, de perfiles.inconmo vibles, sine un ovillo en cuyo interior se entrecruzan, fu-- ( 2 )sionan e integran mil tendencias y cualidades el Reformatorio de Carabanchel, y encontraron que el 87% eran delincuentes contra la propiedad, en su inmensa ma- yoria autores de robos con fuerza en las cosas y de hur9 tos. El 54% de los 350 delincuentes eran reincidentes. (1) HOUCHON, Guy: La metodologia criminoldgica y el trabajo de equipo interdisciplinario, en "Revista Internacional de Polltica Criminal", editada por las Naciones Unidas, ns 2 3 , 1 9 6 5, pâgs. 37 y ss. (2) Bernardo F. CASTRO FEREZ, en su ponencia Relaciones en-- Si en el campo privado, como ya hemos dicho, no se intenté en Espaha un estudio serio y sistemâtico de la personalidad - criminal, no sucede lo mismo en el âmbito pûblico. Es justo - destacar la inquietud de que en los ultimos ahos ha dado mues tra la Direcciôn General de Instituciones Penitenciarias. En 1967 se creô la Central de Observaciôn Penitenciaria, que ac- tualmente funciona en una de las alas del Centro de Detenciôn de Hombres de Madrid (Carabanchel). A la Central llegan pre— ceptivamente los reclusos, de cualquier provincia espahola, - cuyas observaciones y clasificaciones, a efectos de tratamien to penitenciario, resulten diflciles o dudosas para los équi­ pes de observaciôn de los establecimientos de procedencia, — asi como todos los calificados de psicôpatas, homosexuales o déficientes mentales, para una mayor garantia de tal califica ciôn. tre la investigaciôn cientifica y la ensehanza de la Cri­ minologia, presentada en el VI Congreso Internacional de Criminologia, celebrado en Madrid (septiembre de 1970), - se expresa asi: "En el fondo, por tanto, la H a v e maestra de la Criminologia es el examen de la personalidad del de lincuente: hacia el interior por el examen clinico, hacia el exterior por la entrevista. La fusiôn de ambos elemen- tos es lo que yo denominaria "exploraciôn clinica" o diâ- logo entre el investigador y el delincuente, sobre las — causas y motivaciones internas y externas del crimen y la comprobaciôn clinica de que taies causas existieran orgâ- nica y sociolôgicamente hablando" (Informaciôn Juridica. Ministerio de Justicia, nS 307; Madrid, 1970). En el primer Congreso Internacional de Criminologia, - celebrado en Roma, en 1938, se aprpbô una recomendaciôn en la que se decia: "El método a adoptar para el estudio de la personalidad del delincuente,deberâ ser totalitario y unitario, es decir, estar informado por el criterio de la descomposiciôn analitiça y la recomposiciôn sintética de la personalidad" (Atti del 1 s Congresso Internazionale di Criminologia. Roma, 1938, vol, I, pâg. Il6). La tarea que aqui se desarrolla, pues, no es compléta, no comprende a todos los internados en los distintos estableci­ mientos nacionales, ni tiene otra finalidad inmediata que la aportaciôn de una prognosis, la determinacion del centro pe­ nitenciario de destino y la fijacién del tratamiento mas ade cuado. Pero quien conozca el funcionamiento de la Central, - o lea con atenciôn las publicaciones que en torno a su labor empiezan a salir a la luz ̂̂ \ advertirâ, aparté de la gene- rosa dedicaciôn con que alli labora un excelente equipo de - especialistas (psicôlogo, endocrinôlogo, jurista-criminolô— gico, pedagogo, sociôlogo, moralista y psiquiatra), las enor' mes posibilidades que como precedente y como instrumento ofre ce a nuestra Criminologia Clinica. A medida que los equipos locales de observaciôn se vayan nutriendo don nuevos especia listas, segûn la meta anunciada, puede esperarse una amplia- ciôn dê objetivos, de forma que los frqtos de esa labor se - dejen sentir en el conocimiento de las causas y remedies del delito. Es necesario reconocer que un estudio complete sobre el - tema deberia tomar en consideraciôn la multirreincidencia fe- menina. Sin embargo, los inconvenientes para investigar en - esta parcela son en nuestro case de tal magnitud que el es— fuerzo nunca se veria compensado por el resultado. Si no fal taron dificultades para dialogar con hombres recluidos, es - (1) Un sistema de trabajo en el estudio de la personalidad - criminal (Madrid, 1970), en el que colaboran los profeso res ALARCON BRAVO, CASTILLON MORA, GARCIA RUIZ, GONZALEZ ALVAREZ, MARCO PURON, RODRIGUEZ GAÜDUL, TORRES SANCHEZ y VELASCO ESCASSl. En realidad, el contenido de los informes de esta Cen tral se ajusta a los fines que PINATEL asigna a la Crimi nologia Clinica: diagnôstico, pronôstico y tratamiento - de un delincuente (ob. cit.. tomo III, pâg. I3 )* lôgico suponer que se multiplicasen al pretender entrevistar a mujeres. Los dos centros penitenciarios en que se autoriza ron nuestras visitas estaban exclusivamente destinados a hom bres. Entre ambos establecimientos, y durante casi un aho, - solo conseguimos dialogar con veinte internos. Si se hubiera tratado de un centro para mujeres, ordinariamente con mucha menos poblacion penal, las posibilidades de entrevistas ape- nas se vislumbrarian. ^De qué nos hubieran servido dos o — très biograflas femeninas? Cuanto menor sea el numéro de ca- sos estudiados, mayor sera la preponderancia del factor alea torio. Si hemos de dar crédite a quienes investigaron seriamente en la delincuencia femenina, podemos adeptar la afirmaciôn - de que la mujer participa en la criminalidad profesional en muy pequeha medida, entre otras razones porque la prostitu—I , ciôn y ciertos delitos sexuales compensan o absorben en las hembras aquella actitud antisocial El joven refractario al trabajo atiende a sus necesidades econômicas por el cami- no de la delincuencia patrimonial; la joven inadaptada, me— nos dotada biolôgicamente para la actividad delictiva, adop­ ta un% papel pasivo y se réfugia en el comercio carnal. Actualmente parece advertirse una evoluciôn o una mayor - precisiôn en la correspondencia apuntada, de tal forma que - del genérico paralelismo delincuente habituai = prostituta 4 se tiende al mas especifico vago o habituai pasivo = prosti­ tuta . La mujer, en los ultimos decenios, viene participando (l) Wolf MIDDENDOKFF, Teoria y prâctica de la prognosis cri­ minal (Madrid, 1970), pâgs. 150 y 151. Ernesto SEEL16, - ob. cit.. pâginas 284 y 285J HURWITZ, bb. cit. , pâg. 295; etc. con mucha mayor actividad en la vida laboral y social, y pese a ello sigue practicamente marginada de la delincuencia cro— hica. El fenomeno podria hacernos pensar razonablemente que - su ausencia en aquella estera criminosa tiene up fundamento - mas biolôgico que ambiental. Benigno DI TULLIO notô muchas ve ces que la prostituciôn habitual y profesional "servia para - representar un claro y preciso équivalente de una criminali— dad habituai y profesional", y concluye afirmando que la ver- dadera prostituciôn -no la ocasional- "surge siempre sobre la base de una constituciôn anormal defectuosa e irregular, que puede considerarse un équivalente de aquella de tipo delincuen cial". La criminalidad crônica de la hembra es notablemente menor que la del varôn, al menos en el âmbito geogrâfico de nuestro interés, donde la mujer no alcanzô todavia un grado considéra ‘ , (2) , - ble de emancipaciôn . Las estadisticas oficiales son côn— cluyentes: En 1968 h'abia entre la poblaciôn reclusa espahola 935 hombres multirreincidentes de delitos de robo con fuerza en las cosas y de hurto, mientras que el numéro de mujeres -- multirreincidentes en iguales infracciones era sôlo de 1 3, es decir, el 1,4% de la cifra correspondiente a los varones. En 1969, los hombres multirreincidentes en aquellos delitos eran (1) Tratado de Antropologia Criminal (Buenos Aires, 1950) pâgs. 285-286. (2) Alfonso SERRANO GOMEZ escribe: "La menor delincuencia en la mujer viene determinada, en general, por su menor par- ticipaciôn en la vida social y su poca capacidad de deci- siôn (...) Este menor contacto con el mundo exterior nos demuestra su menor variaciôn fenotipica. Aqui se explica el poco valor que tiene la herencia en el delito y si el mundo exterior". (Delincuencia juvenil en Espaha; Estudio criminolôgico; Madrid, 1970, pâg. 69). A esta ûltima afir maciôn podrian oponerse las consideraciones anotadas en - el pârrafo anterior. 1.005, y las mujeres en iguales circunstancias sumaban 17. La elocuencia de las cifras ̂̂ ̂ pone de manifiesto la escasa im- portancia, en nuestro suelo, de la habitualidad femenina en las infracciones contra la propiedad, y disculpa la omisiôn de su estudio en este trab.âjo. Ver, escuchar, comprender En nuestro intento por palpar el mundo del crimen y ahon-- dar en sus raices -y con las limitaciones a que ya se ha he— cho menciôn-, no se nos ofrecia otra oportunidad que la entre vista. La prueba se circunscribiô a un pequeho numéro de ca— SOS: veinte hombres. Sin embargo, al realizarse por un solo - entrevistador, que utilizô los mismos môdulos y criterios corn parativos, sus observaciones acaso no carezcan de la unidad y el equilibrio deseables. La encuesta social, que necesariamen te exigiria un trabajo en grupo, nos hubiera proporcionado un( 2 )panorama mas amplio y complementario, pero no tan hondo La justificaciôn de la entrevista queda esbozada en las 1^ neas iniciales de este capitule. Las conclusiones a que lie— guemos -sea cual fuere el valor que se les concéda- no podian apoyarse en la pura especulaciôn, ni tampoco en los trabajos llevados a cabo en comunidades ajenas a la nuestra, ya que es to ultimo equivaldria a negar diferencias somâticas, psicolô- gicas y ambientales que pueden condicionar determinadas parti (1) Memoria « de la Direcciôn General de Instituciones Peniten ciarias, relativas a los ahos 1968 y 1969 (Madrid, 1969 y 1970). (2) El anâlisis de los casos individuales, por razôn del acen to cargado sobre el individuo y sobre su situaciôn parti­ cular, puede penetrar en los problemas sociales con mayor profundidad, aunque con menor amplitud, que las encuestas sociales (PELAEZ, ob, cit.. pâg. 128). I cularidades criminologicas. En la citada obra de ALARCON, co­ mo premisa para enfocar la labor de la Central de Observaciôn, se parte de la falta de "investigaciones que puedan servir de base a una teoria sociolôgica de la delincuencia espahola, -- puesto que muchas de las investigaciones sobre factores de la misma estân basadas en trabajos realizados en otros paises y, por lo tanto, en variables sociolôgicas que no son aplicables a nuestra sociedad" Por otra parte, habia que huir de la mera reflexiôn, porque la Criminologia estudia fenômenos rea- les, es una ciencia empirica que utiliza métodos inductivos y que, al decir de SEELIG, no ha de cultivarse en un gbbinete; las simples operaciones mentales no pueden revelarnos la esen cia del delito; es necesario "interrogar a la vida misma" y - (2)atenerse rigurosamente a la experiencia Conocer al delincuente; y para conocerle, verle, escucharle y tratar de comprenderle. En el fondo de su mente, en los en- tresijos de su modo de pensar, de querer y de actuar palpita la explicaciôn de su conducta. El estudio de la personalidad, en opiniôn de ALVAREZ VILLAR, avanza por dos cauces: el psico métrico (o atomista) y el biogrâfico (o totalista). "Son dos potentes rios que cada dia aportan mâs agua al embalse comûn del conocimiento del hombre y que es muy probable que algun - (3)dia confluyan en el mismo delta" . Por la indole personal de nuestra tarea, hubimos de elegir el segundo procedimiento -biogrâfico o totalista-, procurando dejar constancia objeti- va de cada relato que asi podrâ servir para futuras y — (1) ALARCON y otros autores, ob. cit., pâg. 54. (2) Ernesto SEELIG, ob. cit., pâg. 27. (3) Alfonso ALVAREZ VILLAR, Psicodiagnôstico clinico. Las téc- nicas de la exploraciôn psicolôgica {Madrid, 1967), pâg. 201. (4) Nos hemos esforzado en no merecer el reproche de PINATEL: mâs complétas exploraciones de la personalidad de cada entre vistado. Mâs adelante hablaremos del sistema utilizado en nuestros contactes con los multirreincidentes. Anticipemos y explique mos ahora la ausencia de tests y de grupos humanos comparati vos. Sobre el valor de los tests para la exploraciôn de la - personalidad se han expuesto muchos y muy distintos criterios. El citado ALVAREZ VILLAR, por ejemplo, dice con desmedida — ironia que "se ha pretendido que el Rorschach diagnostica to do, desde la vida sexual de una persona hasta su manera de - cepillarse los dientes", cuando, segûn él, "sôlo nos brinda una informaciôn muy general y que contrasta con la riqueza - que nos proporciona una historia clinica" ̂̂ \ Pero no son - pocos los autores que expresan su confi,anza en este mismo — sistema exploratorio ; criminôlogos de t^anto prestigio y expe riencia como los esposos GLUECK afirman que "el test de Ror^ chach, entre los psiquiatras y psicôlogos que lo han utili­ zado para sus investigaciones, se acepta generalmente como - un poderoso instrumento para determinar la estructura del ca / 2 ̂râcter y la dinâmina de la personàlidad" ; y los doctores CODON y LOPEZ SAIZ califican el citado psicodiagnôstico pro^ yectivo como "la prueba psicolôgica de mâs prestigio mundial" (̂3) "En la mayor parte de las obras criminolôgicas se ofrecen biografias que apoyan criterios générales preconcebidos. Y para leerlas con fruto es necesario averiguar cuales - son las teorias bâsicas preferidas por sus autores" (Ob. citt, tomo III, pâg. 37) (1) Ob.iCit., pâg. 304* Y ahade mâs adelante, hablando de es te mismo test proyectivo: "En general, el delincuente -- suele arrojar resultados normales, y tanto mâs normales cuanto mâs peligroso sea" (pâg. 315). (2) Sheldon y Eleanor GLUECK, Unraveling Juvenile Delinguen- C3L (Cambridge, Massachusetts, 19&4), pâg. 57. (3) José Mfl CODON e Ignacio ̂ QPEZ SAIZ, Psiquiatria Juridico sin duda es mas numerosa la ndmina de estudiosos que adO£ tan una postura comedida y cautelosa. Para DI TULLIO, "en el examen del delincuente, el uso de los tests mentales, como - igualmente el de los otros tests, constituye una indagacidn. complementaria y de contralor (sic), que puede prestar una - cierta eficacia s61o cuando sea necesario fijar cuantitativa mente aquella anormalidad que se ha podido ya revelar a tra- vés del exâmen clinico anamnestico y del propio interrogato- rio" FERRACUTI, luego de referirse a la controversia en tre las escuelas psicologicas europeas, orientadas hacia la intuicidn y el verstehen ("comprender"), y las escuelas anglo sajonas inclinadas al positivisme logico y a los enfoques — operatives, opina que esta aparente dicotomia se puede recon ciliar provechosamente en Criminologia "si se usan los ins— trumentos objetivos psicologicos como una forma de cotejar - las hipotesis psiquiâtricas de verstehen, y si los dates re- cogidos en entrevistas se controlasen por medio de instrumen tos cuya confiabilidad y validez no estén inevitàblemente l_i (2)gados a la habilidad personal del examinador" . Los "rors Penal y Civil (Burgos, 1968), tomo I, pâg. 205. (1) Benigno DI TULLIO, ob. cit., pâg. 3 6 5. Mâs adelante sena la la eficacia del Rorschach para conocer las caracteris ticas psicologicas ligadas especialmente a la vida ins-- tintiva, a la afectividad, al erotismo y aun a la capaci dad intelectual (pâg. 3 6 5), si bien concluye diciendo — 6ue "al presente aparece bien claro que el uso de los — : tests en general, especialmente en el estudio del delin­ cuente, no puede tener sino una importancia muy relativa y limitada" (pâg. 3 6 8). i (2 ) Franco FERRACUTI, Los "tests" de personalidad utilizados para el diagnôstico de los delincuentes mentalmente anor­ males « el "XI Curso Internacional de la Sociedad Interna cional de Criminologia" (Madrid, I9 6I-I9 6 2 ), pâg. 293* En términos de parecida significaciôn se expresa Chris chachistas", segûn BELL, consideran esta têcnica proyectiva co mo un método "que requiere aûn perfeccionarse mucho y que debe emplearse con tanta precauciôn como entusiasmo" ̂̂ ̂ ; y mâs ade lante escribe; "Todo hombre es un libro abierto para quien sa- be leerlo. Séria demasiado presuntuoso declarar que las técni- cas proyectivas nos ensenan cdmo leer la vida de un hombre. — Ello implicaria dejar sin reconocer su debido crédite a otros métodos que han promovido y extendido nuestros conocimientos de psicologia. Sin embargo, entre los instrumentes que se hallan a nuestra disposiciôn en psicologia, son las técnicas proyect_i vas las mâs promisorias para el pronto diagnôstico de la perso ( 2 )halidad" . RESTEN usô el test de Rorschach y cree que su -- tilidad prâctica en las cârceles résulta limitada: "Nos ha sor prendido la pobreza de las respuestas obtenidas, pobreza que, sin duda, se debe a la frecuencia de la. oligofrenia, aunque -- también, por otra parte, son consecuencias del estado depresi- vo en que se encuentran la mayoria de los presos y de la acti­ tud de defensa que adopta el inculpado, cuyo primer movimiento (3)gg de desconfianza al ponérsele ante un test" Del ûltimo pârrafo transcrite se infiere la existencia de - ciertas dificultades, ajenas al propio test, pero reales en el exâmen de reclusos. La utilizaciôn de taies pruebas en ambien- tes carcelarios exige, pues, una maestria siguiar. Por algo el peritisimo DI TULLIO, refiriéndose a las técnicas proyectivas, dice "que si pueden facilitar preciosas indicaciones psicodiag nôsticas, pueden también conducir, en manos no exportas, a gra tian DEBUYST, Los valores vividos por los criminales (Ma-- drid, 1 9 7 0), pâginas 20 y 21. (1 ) John E. BELL, Técnicas proyectivas. Exploraciôn de la dinâ- mica de la personalidad (Buenos Aires, 19&4), pâg. 85* (2 ) Ob. cit.. pâg. 2 4 6 . (3) René RESTEN, Caractérologie del criminal (Barcelona,19&4), vés errores y a generalizaciones peligrosas" ̂̂ \ También el P. LANDECHO considéra que los reclusos no son fiables en los tests no proyectivos (y salva, por tanto, de su reparo al — Rorschach), porque mienten, no tienen confianza en el exami­ nador, rehiàyen la confidencia y su vida afectiva estâ embota ( 2 )da por el régimen penitenciario . A los inconvenientes -- apuntados hay que anadir la larga duraciôn de ciertas prue-- bas: el ya citado FERRACUTI, después de recomendar para de-- terminados fines no menos de cinco tests, dice que "la admânis tracién de todas las pruebas que alcancemos requiere un prome dio de très a seis horas por exâmen; sin embargo, es dificil llegar a un conocimiento vâlido y suficientemente profundo - (3)del sujeto sin usar tantos reactivos" Por nuestra parte, faltos de una valiosa experiencia en - la utilizaciôn de los tests, sôlo podiamos aportar un razona ble entusiasmo, inûtil, por supuesto, para acrecentar el ya relative valor de las técnicas referidas. Ademâs, la postura acechante y reservada de los entrevistados ante pruebas de - oscura significaciôn, asi como la larga duraciôn de las mis- mas -incompatible con el ûnico sistema de trabajo autorizado- eran otras tantas circunstancias que nos recomendaban abando nar intentes de esta indole. Y asi déterminâmes prescindir - de los tests y afrontar el coloquio, con ânimo de ahondar to do lo posible en las zonas personales de mayor interés crimi nolôgico. pâgina 1 0 0. ' (1) Benigno DI TULLIO, Principles de criminologia clinica y - psiquiatria forense (Madrid, 1966), pâg. 2 3 6 . (2) Carlos Mâ LANDECHO, S.J., Psicologia criminals (Madrid. — 1 9 6 7 ), pâgina 1 2 2. (3) Franco FERRACUTI, ob. cit.. pâg. 294» El hecho de no haber utilizado en este trabajo grupos hu­ manos de referencia (ya de individuos no delincuentes, ya de condenados por infracciones de tipo distinto al elegido) obe dece a diversas razones. En primer término, résulta prâctica mente insuperable la dificultad de hallar personas con igua­ les caractères heredados, iguales aptitudes personales e iguales ambientes familiares, laborales y sociales; y si no existe una rigurosa semejanza entre los elementos compara-- bles icômo acentuar, sin riesgo de error, el valor criminé— geno de tal o cual circunstancia? En segundo lugar, el reduci do numéro de personas que podrian componer los supuestos gru pos (en esta làbor individual no cabe una auscultacién masi- va) haria muy aleatorias las conclusiones estadisticas obte­ nidas de su examen, salvo en upânimes y muy problemâticas — coincidencias. Finalmente, para la composicion de grupos corn parativos se tropieza con muy serios escollos, entre los cua les estân la dificultad para investigar las particularidades intimas de personas en libertad, la frecuente resistencia de éstas a someterse a un examen introspective y la diferente - actitud con que los hombres libres y los reclusos se someten a la entrevista.^^^ Naturalmente, habremos de dar una interpretaciôn personal ( 2 )a la autobiografia de nuestros hombres . En este punto se (1) "En el estudio de nuestros grupos de referencia nos he-- mos encontrado en condiciones muy diferentes. Ello hace, sin duda, que las comparaciones sedn mâs aleatorias, aun que nos parece imposible evitar semejante inconveniente al comparar un grupo de delincuentes que, por definiciôn, se encuénttan en una situaciôn particular con otro grupo"... "Vemos, por tanto, que las condiciones en que se desenvql vieron las entrevistas fueron muy diferentes. Sin embar­ go, no debe olvidarse que los dos ultimos grupos no cons tituyen en el présenta trabajo mâs que grupos de referen cia«(DEBüYST, ob. cit. pag. 21, 22). (2) Tal interpretâciôn no pretenderâ agotar el anâlisis de - hace necesario pedir un margen de crédite. Quedan aqui, reco gidos con la mayor fidelidad de que fuimos capaces, los da-- tos y observaciones en que se funda nuestra opiniôn; pero — hay gestos, silencios, carraspeos, dubitaciones, alteracio— nes, matices expresivos, en fin, que resultan intraducibles al lenguaje escrito y que, sin embargo, sirven al observador para elaborar el cuadro complete. Toda interpretâciôn, como ROF CARBALLO ha dicho refirién­ dose al psicoanâlisis, es un tanto violentadora, pero el en­ trevistador no debe inquietarse por ello ni silenciar su au- téntica impresion. Porque "si no ejerce esta violencia no - llega a comprender absolutamente nada y la realidad se desli za, inaprensible, entre sus dedos. Es menester, pues, acep-- tar una interpretâciôn, a sabiendas de que otras no sôlo pue den ser, a su manera, también exactas, sino complementarias ( 1 )de la primera" , Ahora bien, interpretar no es siempre clasificar; hemos - de insistir en que no estamos ante una ciencia aséptica, pr£ cisa y deductiva, sino ante un mundo de vaguedades y alterna tivas. Oliver LA FARGE, prologuista de una obra del antropô- logo norteamericano Oscar Lewis, al mostrar su desconfianza hacia los anâlisis estadisticos aplicados a determinadas ciencias sociales, opina que cuanto mâs estudiamos la infini ta variedad del ser humano, mâs évidente se hace la imposibi^ lidad de reducirlo a la rigidez del dato matemâtico, aunque nos ayudemos de modernos computadores. En cierta parte del - proceso -dice- deberâ existir la interpretâciôn surgida de - cuantos datos se recojan en las entrevistas. La puerta - quedarâ abierta a la observaciôn y opiniôn de los estudio SOS. (l) Juan ROF CARDALLO, Violencia y ternura (Madrid, 1967), - pâg. 1 6 3 . la observaciôn del individuo, acompahada de todas las debili- dades de su emociôn y sus prejuicios ̂ \ Emociôn y prejuicios que a nosotros, hombres al fin, tam-- bién nos afectan. Si pretendiamos ver, escuchar y comprender, sôlo un afân de identificaciôn podria abrirnos el camino. La norma teresiana de las Moradas era, incluso en este trabajo, un campanillazo muy oportuno: "No estâ la cosa en pensar mu— 12)cho, sino en amar mucho". Como también lo era la conside­ raciôn paulina a los de Corinto, y que la santa de Avila trae (3)a colaciôn: "La ciencia hincha; sôlo la caridad edifica". Técnica de la entrevista Iniciâbamos la marcha por up camino sin huellas, Al margen de las experiencias oficiales a que nos hemos referido, y de los ensayos que hayan podido llevarse a cabo en los centros - de ensehanza criminolôgica, creemos que en Espaha no se habia acometido desde la esfera privada un trabajo de este género;^^ La dificultad para entrevistar a los multirreincidentes en libertad era insuperable. Para ello serian necesarias unas pes quisas laboriosisimas, una localizaciôn individual y una cita cuya espontânea aceptaciôn resultaba mâs que dudosa. Aûn pen- sando en sujetos recluidos, tampoco serian fâciles, sin otra ayuda que nuestro entusiasmo, los desplazamientos, en canti— (1) Oscar LEWIS, Antropologia de la pobreza. Cinco familias. (México, 1969), pâg. 11. (2) SANTA TERESA, Las Moradas. moradas cuartas, capitulo pri- mero. Ed. Espaha-Calpe, S.A. (Buenos Aires, 1942), pâg. 49. (3) SAN PABLO, I Epistola a los Corintios, 8,1. (4) Sobre estudios semejantes, llevados a cabo en Europa, ver PELAEZ, ob. cit.. pâg. I3I. dad y oportunidad imprévisibles, a los establecimientos pe­ nitenciarios repartidos por las provincias espanolas, aunque quizâ fuese el de Puerto de Santa Maria, por su especial de­ dicaciôn, el que pudiese depararnos mayor caudal )iumano para el proyectado estudio. Hubimos, pues, de concretar nuestras miras a las prisio— nes de Madrid y sus aledahos. Inicialmente solicitâmes de la Direcciôn General de Instituciones Penitenciarias un permise para llevar a cabo varias entrevistas, siempre que fueran vo luntariamente aceptadas, entre los multirreincidentes o habi tuales de delitos contra la propiedad, internados en los va­ ries centros de Madrid o sus proximidades, dependientes de - aquella Direcciôn (Centro de Detenciôn de Carabanchel, Sana- torio PsiquiâtcLco, Hospital Penitenciario, Centro de Cumpli- miento de Alcalâ, Centro de Ocana, etc.). Nuestra solicitud, quizâ por falta de precedentes o por yna explicable cautela, fue cortesmente desestimada, alegândose una preteneiôn exce- sivamente amplia, asi como el respeto que merecen los reclu­ sos en aquellos derechos no afectados por*la condena. Mientras esperâbamos un momento favorable para reiterar - la peticiôn, encarrilamos nuestros pasos hacia el estableci- miento titulado Prisiones Militares de Madrid, con sede en - Alcalâ de Henares y dependiente del Ministerio del Ejéréito. Fue una decisiôn feliz, porque a la generosa acogida de su - director se sumaba la existencia de una heterogénea poblaciôn reclusa en la que no faltaban algunos delincuentes crônicos contra la propiedad. A lo largo del aho 1970, y en muy repe- tidas visitas, pudimos interrogar a diez hombres alli inter­ nados. Al tiempo qie avanzâbamos en esta tarea, instamos nuevamen te del Ministerio de Justicia el permise antes denegado. Es­ ta vez concretamos mucho mâs nuestra aspiraciôn, nuestro eues tionario, el nûmero de entrevistas deseadas y los estableci­ mientos en que podrian realizarse. La comprensiôn y el buen sentido se abrieron paso, y fuimos autorizados para interro­ gar, sin presencia de funcionarios, a diez delincuentes hab^ tuales internados en la Central Penitenciaria de Observaciôn, situada en edificio anejo al Centro de Detenciôn de Hombres de Carabanchel (Madrid). En esta dependencia no existia en— tonces tal numéro de multirreincidentes, por lo que hubimos de esperar, durante el ya citado aho, la presencia de delin­ cuentes de esta clase. Ha de recordarse que la Central de Observaciôn no es un - establecimiento de detenciôn o de cumplimiento de condenas, sino un organismo de estudio e informaciôn, por el que pasan, durante un periodo que rara vez excede de dos meses, los sen tenciados cuya observaciôn y clasificaciôn resuite dificil o dudosa para los equipos de los centros de procedencia. Ademâs, y de modo preceptivo, la Central recibe también a los clasi- ficados originariamente como psicôpatas, homosexuales o defi^ cientes mentales ̂̂ \ a fin de confirmar con rigor tales diagnôsticos. Puede decirse, pues, que hemos observado a casi todos los multirreincidentes que pasaron por ambas dependencias a lo - largo de un aho. La poblaciôn reclusa de Prisiones Militares nunca llegô en aquel periodo a mucho mâs de 150 hombres; la Central de Observaciôn, por su parte,^ sôlo disponia de 44 -- celdas individuales. La escasa proporciôn de sujetos multirre incidentes hacia de todo punto imposible el muestreo desea-- (l) ALARCON, ob. cit.. pâg. 10. ble, atendiendo a la zona geogrâfica de procedencia, econo- mi a domestica, edad, cultura, âmbito laboral, salud, tempera mento, inteligencia, etc. Las circunstancias, por el contra rio, nos imponian un censo humano irremediablemente aleato- rio sobre el que, ademâs, gravitaban las siguientes particu laridades: En los examinados en Prisiones Militares, sus -- condiciones fisicas, a tono con su aptitud para el servicio de las armas, y su edad, puesto que todos eran soldados (el mayor de los multirreincidentes tenia 27 ahos); en los estu diados en la Central de Observaciôn, su edad menos limitada (el mayor habia cumplido 37 ahos), su dificultosa clasifica ciôn criminolôgica y su posible incidencia en la psicopatia, la homosexualidad o la oligofrenia. El azar, en todo caso, rigiô la condiciôn de nuestros entrevistados. ^Cuâl ha sido el procedimiento para conseguir estas suma rias autobiografias? Me présenté a cada uno de los internos como un jurista deseoso de estudiar el latido humano de la reincidencia, de conocer de cerca las causas de este género de criminalidad, de abogar por un tratamiento menos mecânico y mâs eficaz, de comprenderles y de colaborar desde la esfe ra privada a la contenciôn de aquella enfermedad social. Hi ce ver, en fin, a cada interlocutor la oportunidad que se - le presentaba para contribuir generosamente, con un relato sincero, al conocimiento y remedio de situaciones tan desd_i chadas como la suya. Insist! siempre, antes de iniciar el diâlogo, en que la i entrevista deberia ser rigurosamente voluntaria. Me mostréI exageradamente respetuoso con la dignidad y la libertad de los internos, y les hice comprender mi independencia y des- conexiôn con los âmbitos policiales, judiciales y peniten-- ciarios. Para convencerles de mi falta de curiosidad hacia las circunstancias concernientes a su ûltimo delito (cuan­ do aûn no habia recaido sentencia), les rogue que no alu— diesen siquiera a tal infraccidn, aunque, salvo rara exce£ ciôn, todos confiaron en quien parecia comprenderles, y no repararon en hacer confidencias espontâneas y nada leves. A traves de experiencias ajenas, no ignorâbamos que la especialisima disposiciôn del recluso aconseja abandonar - ciertos medios que exigen o presuponen una colaboraciôn muy activa o una vigilante contenciôn expresiva por parte de - quien no confia plenamente, y desde el primer momento, en la inocuidad de sus manifestaciones ̂̂ \ Renunciamos, pues, y por motivos que ya fueron explicados, al uso de tests, - asi como de câmaras fotogrâficas y de magnetôfonos. Pedimos a los reclusos que nos hiciesen una sintesis -- Ibiogrâfica. Su modo de aceptar nuestra invitaciôn -que ni uno solo rechazô- fue muy distinto. Algunos se disparaban complacidamente en el relato; otros, por el contrario, pre ferian empezar respondiendo a preguntas concretas. En todo caso, y de la manera mâs imperceptible, procurâbamos obte- ner de sus historias los datos de mayor interés criminolô­ gico, entre ellos: Delincuencia, salud mental y otras par­ ticularidades de ascendientes y consanguineos; mundo cir-- cundante de su infancia y juventud; ambiente familiar, so­ cial y laboral en la actualidad; referencias personales, caracter, temperamento, salud, afectividad, agresividad, - aptitudes, ssxualidad, idéales, vicios, capacidad de co--- rrecciôn, diversiones, autovaloraciôn, permeabilidad; géne sis de las primeras transgresiones, içentimiento de culpabi^ lidad, vida delictiva, experiencias penitenciarias y su — (1) ALARCON, ob. cit.. pâgs. 42-43, y DEBUYST, ob. cit., - pâg. 21. propia opiniôn en torno a las causas de su desvio y a - los posibles remedios. En cuanto a la veracidad de sus manifestaciones cabe - toda suerte de hipôtesis. Al margen de los relatos, hemos hecho ccndbar en cada entrevista nuestra impresiôn personal, sin duda susceptible de error. Ahora bien, piensa cuerda- mente quien opina que también la mentira estâ provista de sentido y es exponente o proyecciôn de una personalidad^^ \ En todo caso, para no coartar la espontaneidad de nuestros interlocutores, adoptamos una actitud de interés, ingenüi dad y comprensiôn que facilité mucho la tarea. No contra- deciamos, no reprochâbamos; sôlo hemos solicitado aclara- ciôn cuando existian datos contradictorios o inaceptables que imposibilitaban una adecuada interpretâciôn. Hemos procurado corroborar o contrastar nuestras obser vaciones -ya terminada la entrevista- con las del perso-- ( 2 )nal de los centros penitenciarios . En la Central de - Observaciôn se nos proporcionô un elemento de inestimable valor; el informe relative a Casi todos los entrevistados en aquella dependencia, hecho por el excelente equipo de (3)especialistas a que ya nos hemos referido . Ha sido eu (1) "Hay personas que creen en la posibilidad de que el - psicoanalista se deie engahar por las mentiras de sus enfermes. Esto es completamente imposible: toda ment^ ra es fantasia. Y nosotros tratamos precisamente las fantasias". C.G. JUNG, Teoria del psicoanâlisis (Bar­ celona, 1 9 6 9 ), pâg. 73* (2 ) No parece necesario afirmar que nunca hicimos uso, -- con este personal, de las confidencias recibidas de - los reclusos. A la generosa actitud de estos ultimos no podiamos menos de corresponder con obligada discre ciôn. (3) Es un deber muy grato hacer constar aqui nuestro reco rioso y halagador comprobar la sustancial coincidencia en tre la generalidad de las conclusiones gle un grupo de ex- pertos y las de quien solo se valio de su intuiciôn y de su personal capacidad de observaciôn y enjuiciamiento. En el lugar oportuno, proporcionaremos la sintesis del infor me de la Central. No anotaremos en el texto de las entrevistas los nom-- bres ni las verdaderas iniciales de los reincidentès, si­ no unas sigias arbitrarias. De igual manera, omitimos cua_l quier precisiôn que pudiera permitir una fâcil identifica ciôn personal. No obstante, hemos archivado los datos de nuestros interlocutores por si fuese procedente cualquier comprobaciôn. nllunca se nos limité el tiempo de las visitas, ni el nu( 1 )mero de éstas en relaciôn con cada recluso . Se lleva- ban a cabo por la tarde, después del descanso que sigue a la comida principal, y a veces, ante el insistente deseo de nuestro interlocutor, se prolongaban dos horas y aun - mâs. Los datos se recoglan en escritura de caractères nor maies, si bien con signos convencionales que permitian la necesâria velocidad. Hemos procurado anotar con la posible exactitud las expresiones de cada sujeto, aunque enlazân- nocimiento a este equipo, y especialmente a su direc­ tor, el endocrinôlogo don Luis CASTILLON MORA, y al - jùrista y criminôlogo don F. Javier GARCIA RUIZ. (1) DEBUYST, por ejemplo, nos dice que para sus entrevis­ tas sôlo disponia de una hora y cuarto si eran reclu­ sos, y media hora si se trataba,de no delincuentes — (ob. cit., pâg. 22). dolas gramaticaimente a fin de hacerlas fâcilmente legibles, sin detrimento de su verdadero contenido. Al regresar de cada visita, en fresco y sin pérdida de -- tiempo, mecanografiâbamos nuestras notas, transcribiéndolas con rigurosa fidelidad. Ello explica -esfuerzo inquisitive, tensiôn emocional, velocidad caligrâfica, distancia recorri­ da y urgencia mecanogrâfica- que algunas de aquellas jorna-- das vespertinas resultasen fatigosas. Solo en una ocasiôn en trevistamos en una misma tarde a dos reclusos; su recuerdo - fue suficiente para no reincidir en el empeno. La actitud de nuestros interlocutores fue tan varia como su idiosincrasia. Acaso prédominé el que mostraba en princi­ ple cortedad o recelo y, a medida que progresaba en su narra ciôn, se tornaba expresivo, locuaz y abierto. Muchos fumaban i sin descanso, otros se esforzaban por dominar su emociôn, en 1ocasiones defendieron su intimidad mental con una mâscara de pédante frialdad; solamente uno se batiô hasta el fin tras - una barricada de monosilabos. En cada caso, anotaremos nuestras observaciones margina-- les. Ahora bien, salvo rarisima excepciôn, hemos advcrtido - en los entrevistados una complacencia en su relato, en el es fuerzo introspective sugerido por nuestras preguntas. Ante - alguien que mostraba un interés real por conocer y compren-- der sus meandros, parecian querer prologar la disecciôn de - su vida y de sus sentimientos, como si aquello fuese un des- àhogo placentero, una catarsis liberadora. Ello explica que en la generalidad de los casos el recluso agradeciese nues-- tra atenciôn y nuestras palabras de consuelo y de esperanza. I El esqueleto de nuestro estudio, aparté éstas pâginas in- troductorias, estarâ constituldo por el texto de las entre­ vistas realizadas, con observaciones marginales o comple— mentarias que permitan estimar todo su valor. Posteriormen te se desarrollarâ un capitulo de resultados y considera-- ciones, en el que se condensarâ un juicio estimative e in- dividualizado, seguido de los razonamientos que cada mate­ ria sugiera en torno à los factores hereditarios, la infan cia y juventud de càda sujeto, su mundo circundante actual y sus experiencias penitenciarias. En el capitulo de conclu­ siones intentaremos un esbozo etiolôgico, con referencia - al grupo estudiado, y procuraremos discurrir acerca de los cauces adecuados para un tratamiento eficaz. No puede extranar que el ropaje bibliogrâfico de esta - monografia aluda preferentemente a la realidad de determi-( nadas naciones. Los datos que mâs pueden interesarnos, pa­ ra ilustrar nuestro problema concreto y ponderar el valor de conclusiones ajenas, son los de paises con mentalidad - y modos mâs afines a los celtibéricos. Por razones racia­ les, histôricas y geogrâficas, Italia, Francia y Portugal se encuentran en este caso. Idea y resultado iQué correspondencia y armonia habrâ entre la idea mo-- triz de estas pâginas y los resultados finales? Cualquier afirmaciôn es prematura. Nos esforzaremos en llegar al ve- nero de ciertas conductas humanas, para tratar de aplicar la ley causal. Nada ocurre sin razôn suficiente; las mis-- mas causas producen los mismos efectos, si bien la natura- leza unitaria del hombre dificulte considerablemente la di secciôn y valoraciôn de los elementos desencadenantes de - su actividad. Al decir de MIDDENDORF, siempre quedarâ una parte del ser humano incognoscible y, por lo tanto, no men (1)surable El hecho de que nuestras observaciones tengan un apoyo in tuitivo nos hace esperar mâs de un reproche. Cuando lineas - atrâs hablâbamos de nuestro desiderâtum, quedô pergehado el plan ideal, con base en un equipo multidisciplinario. Ahora bien, los dictâmenes fragmentarios, conteniendo datos biolô- gicos, psicolôgicos o sociolôgicos, habrân de someterse a -- una elaboraciôn global y sintetizadora en la que, sin duda, prevalecerân criterios humanlsticos e intuitives, mâs que -- formulaciones mecânicas. La computadora no puede sustituir - al médico ni al criminôlogo. La suma de valores heterogéneos requiere en nuestro caso upa operaciôn mental adobada con la experiencia y el trato humano. Si creyésemos lo contrario, in curririamos en la ipgenuidad de que MARANON acusaba a muchos enciclopedistas: se mostraban tan ferozmente racionalistas, tam apasionadamente contraries a las supersticiones, que caian sin remedio en la supersticiôn de la ciencia. La intuidiôn tiene su valor. MIDDENDORF, en la obra ûlti- mamente citada, termina con estas palabras: "Comoquiera que el desarrollo de procedimientos estadisticos mâs fines es -- muy caro, y este método alcanza ûnicamente su mâs alto grado de probabilidad durante corto tiempo, habria que pensar si - no bastarla una mejora de la prognosis clinica intuitiva, por ejemplo, con una mejor formaciôn de los peritos, porque la aplicaciôn del procedimiento estadistico lleva consigo, - sobre todo, el peligro de inhumanidad, que es inherente a to ( 2 )da ciencia objetiva y exacta" . ; (1) Ob. cit., pâg. 95* (2) Teoria y prâctica de la prognosis criminal, pâg. 192. DI TULLIO discurre sobre el coloquio y dice que es "de Kn el panorama historiée y actual de la Criminologia se advierte tal cdmulo de enmiendas, incertidumbres y contra- dicciones que es explicable la tentacidn de hacer nuevas - andaduras, marginando conclusiones ajenas, a fin de estu— diar nuestra realidad vigente -hie et nunc- aligerados de prejuicios. No hay en ello el menor desdén hacia quienes se esfuerzan por otros senderos. La verdad, en expresidn de — fray Benito FEIJOO, es mâs fâcil de hallar "buscândola mu- chos y por opuestos rumbos, que pocos siguiendo siempre un camino" ̂̂ \ Nos acercaremos al delincuente con respeto y con humil- dad. Respeto a unos valores del espiritu que, en mayor o - menor medida, yacen en todo ser pensante. La humildad viene exigida por mâs de un motivo: La calda del delincuente, en' I gran nûmero de casos, es consecuencia de un temperamento, de un ambiente o de una disposiciôn solo superables por mé todos o voluptades singulares. En la médula de nuestra con ciencia podemos hallar inclinaciones o sentimientos, cuan- (2)do no acusadoras experiencias, que nos hermanan al reo Por otra parte, criminalidad real y criminalidad oficial no van siempre por el mismo sendero; esta accede a la estadis^ gran importancia en el campo criminolôgico, ya que, — precisamente a través de él, se realiza el encuentro - del examinador y el sujeto, y se vienen a establecer - entre ellos relaciones directas, que son, generalmente, tanto mâs eficaces cuanto mâs estâ provisto el examina dor de experiencia y de capacidad instintiva” (Princi­ ples de criminologia clinica y psïquiatria forense, -- pâg. 211). (1) Teatro critico, "Guerras filos6ficas", tomo II, disc.I. (2) "Desde un punto de vista teôrico, cuando menos, es ev^ dente que todo hombre, por el mero hecho de serlo, no es tan sôlo un delincuente en potencia, sino que en él existe un germen de disposiciôn a la criminalidad. El delito es el hombre". (Octavio PEREZ-VITORIA, prôlogo tica en virtud de una sentencia firme; aquélla, integrando la cifra negra a que nos hemos referido, a veces ni siquiera fue denunciada. Humildad, pues, al pensar que no estan todos los que son, y que es interminable la tropa de personas oficial— mente inmaculadas que ban caido y caen, minuto a minuto, en - difamaciones ̂̂ \ falsedades, negligencias, malversaciones, - perjurios, abortos, contrabandos, cohechos, fraudes y otra -- suerte de figuras definidas en los textos penales. Esa misma virtud tiene que inspirar nuestras conclusiones. Porque, en definitiva, aspramos a labrar una piedra, un si--- liar, no una catedral. Sobre el cahamazo de las entrevistas - realizadas, debemos admitir que otras personas puedan tejer - conclusiones distintas o mâs sutiles. En todo caso, quedarâ co mo aportacidn sustancial el testimonio biogrâfico de nuestros multirreincidentes. a la Criminologia de HURWITZ, pags. 0 y ?)• MIRA Y LOPEZ, por su parte, escribe: "Puede decirse que el delito se encuentra preformado en todos los sujetos, - hasta el punto de que con seguridad no existe una sola -- persona que no haya realizado, en mayor o en menor grado> acciones que teôricamente son delictivas" (Manual de Psi- cologia juridica, Buenos Aires, 1945; Pag. 279)* DI TULLIO cree "que el asi llamado demonio orgânico -- por alguno, o bestia Humana por otros, dormita en el fon- do de todo individuo" y puede despertar incitado por est^ mulos individuates o sociales (Tratado de Antropologia Cri­ minal , Buenos Aires, 1950; pag. 22). (l) QUINTANO, Cob. cit., tomo II, pâg. 74) recuerda una amar- ga conclusion de RAMON Y CAJAL, quien aseguraba que el ro bo es licito cuando se cuenta con la suficiente habilidad personal o con la tolerante desidia de la sociedad o de - ciertos fupcionarios, y terminaba preguntândose: Si no — fuese asi ^habrla tantos millenaries? No pocas veces nos asaltô el temor de llegar a resulta- dos inciertos, errôneos o anodinos, a afirmaciones semejan tes a las de otros investigadores. Sin embargo, nos incli- namos por seguir una direcciôn de resonancias hegelianas: en ocasiones merece la pena correr el riesgo de equivocar- se. Porque, en todo caso, no puede negarse la verdad de -- nuestra experiencia. Vamos a emprender un camino tanto por la meta como por el camino mismo. Las conclusiones tendrân asi su raiz en el conocimiento del hombre. C A P I T U L O I I E N T R E V I S T A S C A S O NS 1 A.A.A.- De 2a aflos de edad, natural de X. provincia de Ponteve- dra; 1*70 de estatura, peso proporcionado. En Prisiones Militarestde Alcalâ de Henares, desde hace un aflo y o-- cho meses; procesado en la .jurisdiccidn de Marina por supuesta malversacidn de 30.000 pts. Cometid anterior- mente sels robos con fuerza en las cosas o hurtos de A nero. si bien s61o fue condenado por un delito de hurto. Aspecto de hombre Agil. complexiOn normal, facciones co rrectas. pelo rubio tirando a pelirroio. Poco acento re gional, expresidn suelta. Parece contener sus emociones. Inteligencia despierta. No es excesivamente sincere; al menos se call6 una infraccidn cometida anteriormente, am que no fue penada: sustraccidn de un vehlculo, conduc-- ci6n sin carnet y atropello de una persona (1). N a d en una aldea de Galicia, cerca de la costa. Mis padres se llevabanbien; eran pobres. Mi padre trabajaba de cantero y atendla unas pequeffas tierras que daban algo para nosotros y para mantener al cerdo. Mi madre trabajaba mucho para sacarnos adelante. Me a- cuerdo de cuando coda el pan de malz para toda la semana. Eramos nueve hermanos; el mayor es una mujer, que ya esté casada, y el se gundo soy yo. Los dltimos creo que son gemelos, pero yo no los co- nozco. Anduve dos ados a la escuela, sobre los seis o siete aflos;pero me aprovechd poco, porque muchos dlas me escapaba para jugar o pa ra ir al monte a por piRas y sacar unas perras. La verdad es que aprendl a leer y a escribir cuando ingresé en la "mill". Mi padre casi no me hablaba. Bueno, yo no era un pedazo de pan; pero él no me perdonaba una. QuizA por ser el mayor de los varones, (1) FigurarAn en letra curaiva laa impreaionea y loa datoa anota- dos por el autor en el memento mismo de la entreviata* siempre me estaba riRendo. Creo que el sentla preferencia por el segundo de los varones, 21 meses mâs joven que yo. Claro que mi hermano era mâs obedientes y trabajador que yo; él ya hizo la 'tal- li" y ahora es un hombre de provecho. Mi madre y mi padre siempre discutian por los tratos que me daba mi padre. Un dla, cuando yo ténia 16 aRos, mi padre me dio unas bofeta- das por llegar tarde a casa - cosa que hacia yo con frecuencia - y entonces decidi largarme. Fui a Marin y embarqué en un pesque- rito que salia a la mar por poco tiempo. Empecé a ganar algun di nero y a tomarle gusto. Aproveché un viaje por mar a La CoruRa y alli me enrôlé en un barco mayor que iba al Gran Sol. Entonces empezaron mis calamidades. Ganaba mucho mâs dinero del que necesitaba, pero nunca mandé nada a casa. Ni siquiera les avisé de donde estaba. Me junté con compaReros que sabian mucho de la vida, casi todos casados, y empecé a frecuentar casas de mujeres. El dinero se me iba a manos llenas y me quedaba sin na­ da. Después de navegar varios aRos, le tomé gusto a la vida de tie rra y me coloqué de camarero en La CoruRa; era un oficio que se me daba muy bien y ganaba mucho. Claro que seguia gastando, casi todo con mujeres que encontraba en los clubs. Cuando yo ténia 19 aRos estuve viviendo con una que ténia très aRos mâs; pero ésa ça si no me costaba nada; mâs bien era ella la que me daba lo que ^ naba con otros hombres. Con lo que ella me daba y con lo que yo ténia me iba a otros clubs de mâs lujo y buscaba otras mujeres. &Que si eran las compaRias? ;Qué sé yo! Un poco las compaRias y otro poco lo que uno lleva dentro. Nunca pensé en la necesidad de ahorrar una peseta. Algunas veces, cuando yo sabia que habia fiestas o bailee por cerca de mi pueblo, cogia un taxi y me iba allâ, pero nunca me a- cerqué a la casa de mis padres. Vi en los bailee a alguno de mis hermanos y hermanas, y les di hasta siete y ocho mil pesetas a ça da uno, porque las ténia frescas y no me importaba gastarlas. Ya debla yo de andar por la edad de ingresar en quintas, pero no habia recibido citacidn ninguna, porque aunque llegase a mi ca sa, nadle sabia alli mi direcciôn. La dueRa del bar donde yo tra­ bajaba era una mujer de unos cuarenta aRos; estaba muy contenta conmigo, y me dijo que le gustaria que después de hacer el servi- cio volviera a emplearme en su negocio. Me aconsejô que volriese a mi casa para ver a mis padres y enterarme de cuando ténia que ingresar en filas. Al fin me fui un dia a X, cerca de mi pueblo, donde vivia mi hermana la mayor, ya casada. Yo no queria que me viesen mis padres, pero ella y el marido insistieron tanto que a- lié me llevaron. jlmaginese, después de cuatro aRos! Total, que ya habian avisado de la Ayudantia de Marina y me tu ve que incorporar. Me tocô ir al Cuartel de Instrucciôn de Carta­ gena, y de alli, por una recomendaciôn de un pariente mio, me man daron a Madrid. Estuve destinado en X; alli habia un marinero ca- talAn que me ayudô a terminar de aprender a leer y escribir bien. Pero tuve algun tropiezo y fui a dar a la Carteria de X. Como ma­ ne jaba cuartos, pasô lo que pasô. iPor qué? Pues no sé. Aqui habia mâs ocasiones para hacer lo mismo que en La CoruRa. En un baile conoci a una chavala de 20 a- Ros, de Jaén, y me gastaba el dinero de la Carteria con ella, que me llevaba a un apartamento por cerca de la avenida de Barajas.Tarn bién anduve con otras. Nunca bebi mucho. No podia. Siempre que me emborrachaba me da­ ban luego unos ataques; caia redondo, perdia el conocimiento y me despertaba al dia siguiente deshecho y sin fuerzas. Eso me empezô allâ por los nueve o diez aRos, porque en mi tierra los rapaces beben desde muy pequeRos. En La CoruRa me llevaron a un hospital por otro ataque. La ûltima vez que me pasô fue hace un mes, por la Navidad. Aqui nos dan sôlo una botella de cerveza, pero yo An. guardandolas hasta tener cuatro, y me las bebi todas, con la co- pa de coRac que aqui nos dieron por la fiesta del dia. Quise be- ber porque habia venido mi padre a verme desde Galicia y yo esta-_ ba muy amargado de que me viera preso. Después de beber me cai ccn tra una pared, me di un golpe muy fuerte y me quedé sin sentido. No sé de nadie de mi familia a quien le den estos ataques. Claro que como hace tantos aflos que falto de casa...Le dije a mi padre que no volviera mâs. Es pobre y le cuesta mucho el viaje; ademâs, para vernos en el locutorio, sin poder darnos un abrazo... Tanto por parte de padre como por parte de madre tengo varios tios alcohôlicos, borrachos de verdad. Un primo mio, hijo de un hermano de mi padre, vivia en X y se dedicô al delito por todo lo alto; robô coches, tiendas, joyerias; pero no sé que le dieran a- taques. Cualquiera sabe c6mo soy yo. Pues mire, yo tengo voluntad para lo que sea un trabajo inmediato; porque siempre fui trabajador,pe ro nunca ahorré ni pensé en lo que vendrâ maRana. No soy demasia- do cariRoso, aunque aprecio a los que me quieren. Tampoco soy pe- tengo leén, pero cuando^la razén discuto como el que mâs. Yo sé que sirvo para camarero, porque se me daba muy bien el o- ficio, y tampoco la mar se me daba mal, aunque es un trabajo muy duro. Pero, ya ve, si yo ahora estuviese en libertad y pudiese em pezar una vida nueva, escogia la canteria. Es el oficio de mi pa­ dre. Yo trabajé algo de cantero con él, cuando era muy joven; aque llo de dar forma y pulir la piedra con el cincel y la maceta es lo que mâs me gustaria hacer en el mundo. Cuando llegué por primera vez a La CoruRa estaba sin dinero.Su­ bi a bordo de un barco para pedir trabajo, y alli, en un sitio don de no habia nadie, vi un billete de mil pesetas y me lo llevé.Por aquello me impusieron cuatro meses de arresto. Lo hice porque a- quel dia no ténia qué corner ni sitio donde dormir. En otras oca- siénes también robé dinero; siempre dinero. Unas seis veces habré robado, pero nunca me descubrieron ni me denunciaron. Entonces ya no lo hacia por necesidad; es que me gustaba gastar mâs de lo que ganaba. En CoruRa me desgracié yo la vida, ganando y gastando a mi aire, sin nadie que me parase. iQué es lo mejor.de mi? Lo mejor es mi deseo de hacer el bien a los demâs. Ya ve, ahora el mayor ideal de mi vida séria sacar de la pobresa a mis padres y mis hermanos| llegar alli con buenos bi lletes verdes y decirles: ”\Se acabaron las c a l a m i d a d e s ! Em cam* bio, no sabria decir qué es lo peor de mi. No sé si por la manera cdmo viviamos en mi casa, o por lo que fuera, yo no recibi ninguna instrucciôn religiosa. No sé nada de eso. Las veces que robé nunca senti miedo de nada. C A S O NO 2 y De 26 aRos de edad, natural de Madrid; 1*74 de estatu­ ra, peso proporcionado. Desde hace un aRo y siete me­ ses se encuentra en Prisiones Militares, de Alcalâ,en prisiôn preventive, procesado por varios delitos de ro bo. Cometiô mas de 40 robos con fuerza en las cosas o hurtos de dinero. Fue condenado por 6 robos con fuerza y por una tentative de robo en casa habitada. Poco musculado. facciones agradables, gesto simpâtico. Abierto, con deseos de colaborar. Inteligencia despier ta. sosegado, con un punto de fanfarrôn. Se expresa se rena y correctamente. buscando la palabra mâs adecuada. iQaé quiere que le diga de mi? Son tentas cosas que no sé por donde empezar. Pienso mucho; pero no sé ni cômo soy ni qué tengo en la cabeza. Digame usted el orden por el que he de hâblerie,por­ que si no me armo el taco. Si, mis padres son muy normales y se llevan muy bien. Mi padre es oficial administrative de la Renfe y mi madre se distrae desde hace pocos aRos con un puesto en el mercado de X. Naci en Madrid y sôlo somos dos hermanos: yo y una hermana dos aRos menor. %Ahi estâ el asunto! Los psiquiatras se empeRan en que todo viene de mi relacién con mi hermana, cuando yo creo que nos llevamos bien y que nuestro trato siempre fue normal. Que si insultarnos alguna vez,que si algun tirén de coletas; pero nada mâs; lo de todos los niRos. Tengo el bachillerato elemental terminado. Hice hasta cuarto curso en un colegio de religiosos, pero no pude seguir alli por­ que de vez en cuando robaba alguna cosilla (lâpices, gomas de bo rrar y cosas por el estilo) y terminaron echândome por haber roba do un cruceiro, una moneda brasileRa que era de un compaRero. Yo iba adelantado, porque siempre fui dispuesto para el estudio; te­ nia entonces 13 aRos. Mis padres se llevaron el disgustazo fenomenal y me metieron en una academia mixta. Pero cuando ténia 14 aAos me escapé de casa, hasta que a los ocho dias me fui acercando para que me viera al— guien de la familia, y enseguida me pescaron y volvi con mis pa­ dres. Durante los dias de escapatoria aproveché cualquier descui- do para robar cosillas y dinero en tiendas, porterias y lecherias, Habré robado dos docenas de veces; quizâ mis, quizé menos; ya ni me acuerdo. Un tio mio, policia, le recomendé a mi padre que me metiera en un correccional de menores, y asi lo hicieron. Me pasé alli seis meses, y mientras tanto fui haciendo algo de 4^ y 5^ de bachille­ rato, porque ya le dije que cuando quiero estudiar se me da bien. Léo un libro entero y cojo enseguida el asunto, y ademâs tengo bue na memoria. Al salir, trabajé de botones en una tienda elegante de antigUe- dades, en la calle de X; pero aquello no me gustaba, porque andaba siempre de aqui para allâ y hasta me hacian cargar muebles. Luego me emplée de ayudante de un fotégrafo, y ahi ya iba la cosa mejor, porque la fotografia siempre me gusté. Cuando ténia 16 aRos me fui un verano a un campamento del Tren­ te de Juventudes, en RiaRo, por la provincia de Leén. Mi familia veraneaba en Alicante, y cuando volvi de RiaRo a Madrid me encon- tré solo, y la libertad me hizo polvo. &Para qué vamos a entrar en detalles? Intenté robar en una casa desocupada; los vecinos oyeron ruido y me engancharon con un manojo de llaves. Como ténia poca e- dad y era la primera vez, me impusieron 5*000 pesetas de multa o un arresto de quince dias. Por entonces yo robaba lo que fuera. Un compaRero del correc­ cional de menores me habia enseRado a abrir puertas y otros tru- cos; y en cuanto me veia solo,echaba mano a cualquier cosa.Luego, a lo mejor, lo tiraba todo o echaba el dinero en la hucha de una capilla. Asi cometi otros hurtos, pero no se supo y no me castiga- ron. La tercera vez que me llevaron preso, en octubre de 1962, fue por un montén de robos. Tendrla yo los 18 aRos. En realidad me co gieron por ocho delitos, cada uno con su causa distinta. Très de ellas terminaron con absoluciôn por falta de pruebas; en otras cua­ tro me aplicaron la eximente incompleta de enajenaciôn mental y me cayeron varios meses por cada robo, en total 30 meses; y por la dl tima causa me salieron 5 aRos, 4 meses y 21 dias, sin ninguna ate- nuante. A fin de cuentas, entre indultos, redencién de penas por el trabajo y libertad condicional, vine a cumplir très aRos de pre sidio por todo. Los pasé entre el Hospital Psiquiâtrico Penitencia rio, la Prisién Provincial de Carabanchel y el Pénal de OcaRa. Dos psiquiatras me vieron varias veces; mis padres guardan los infor­ mes y dicen algo asi como que tengo una neurosis de vanidad. Yo no creo nada de eso, pero ya ni sé lo que tengo. Cuando me metieron en la cârcel ya ténia novia. La pobre se lie v6 una sorpresa de miedo. Ella confié en mi y esperé a que saliera libre. Entonces busqué trabajo para casarme, y estoy seguro de que si me caso no hubiera pasado lo que pasé; pero no nos quisimos con formar con poco,y... A los 24 aRos me fui a la "mili". Hice los très meses de ins- truccién en el C.I.R. de Alcalâ. Como tengo habilidad para caer bien a la gente, consegui ir destinado al Regimiento de Sanidad de El Pardo, y de alli me mandaron al Hospital X, en la calle X, muy cerca de mi casa. Estaba como queria; con poco servicio y po cas guardias; de modo que empezé otra vez la dichosa libertad.Me encontré a un amigo de otros tiempos y me propuso que sacâsemos unas pesetas juntos. El amigo ése era casado, pero sin cinco; ahora estâ en la Pri sién Provincial. Se dedicaba a robar coches...; ganas de compli- carse. Total, que durante los meses de febrero y marzo de 1968 nos dedicamos a robar coches todas las noches. Entonces conoci a una niRa en un club. La niRa ténia muchos "aires" - también mi novia los ténia - y me decidi y todo se lié. Yo a mi novia la respeté siempre, pero durante très meses me acos taba de vez en cuando con la otra, aunque por las tardes seguia saliendo con mi novia. Ella es una chica de convicciones. El final de aquello fueron diez o doce robos por los que estoy ahora proce­ sado, y las causas todavla sin ver. No; una causa ya se vio y me impusieron un aRo de presidio. Veremos lo que sale de las demâs.En total creo que tengo seis reincidencias. No sé de ningun pariente mio anormal ni alcohôlico. Mi familia es muy normal. Yo bebo mâs bien mucho, pero no me hace daRo.En cam bio nunca tomé una droga, y tengo la convicciôn de que ni siquiera por inhibirme la tomarla, y eso que aqui podria uno desearlo. Gasto el dinero con toda facilidad. Nunca hice déporté. Soy muy tranquilo y jamâs me peleo. Yo hasta diria que no es dificil sino dificilisimo discutir conmigo. Con simpatia es fâcil llevarme has­ ta donde sea. Eso de la correccién..., pues, verâ, Yo no quiero pensar, yo e- vito pensar a fondo en si debo corregirme, porque es tanto lo que tengo que esperar para salir de aqui...En cambio, lo que si pienso es en casarme, porque estoy convencido de que en cuanto me case no vuelvo mâs a los malos pasos. A mi el tiempo que he pasado en prisién me ha destrozado la mo­ ral. Lo digo con toda mi aima. Hoy veo con indiferencia a un tio que cometiô una violacién o un asesinato; y antes me daban asco. Mi moral es ahora mucho mâs ancha. Las penas anteriores no s61o fueron inütiles para evitar los nuevos delitos, sino contraprodu- centes. Aunque materialmente, sélo materialmente, sali dispuesto a no reincidir para no volver alli ni disgustar a mi novia y a mi familia. Luego, para trabajar otra vez en libertad, no tuve pegas, porque siempre oculté mi vida anterior. Lo mejor de mi es el buen humor, cuando no me lo amargan. Tem- bién sé estudiar y tengo una asimilacién que no tienen otras per­ sonas. Y lo peor es lo golfo que soy; soy un sinvergUenza. ^Que si senti miedo al delinquir? No sé; verâ usted: &Qué sen- tirâ el soldado cuando avanza? Pues una cosa asi, entre miedo y entusiasmo. Si se complican las cosas, viene el miedo. Y luego, siempre me pasé, viene la desilusién. En un momento dado, cuando robaba los coches, noté que me temblaba una pierna o cualquier o- tra cosa, y que estaba emocionado. Pero, al final, simpre mueha desilusién. Ya le dije que mis padres son normales. Mi padre es un buenazo; eso es: un buenazo. Quiere ser autoritario, pero todo se le va por la boca. Pero no creo que eso sea un defecto. Ademâs, conmigo no fue nunca duro porque soy el ünico de la casa que sabe llevarlo. C A S O Ng 3 C.C.C.- De 22 aRos, natural de Leén; 1*68 de estatura, mâs bien delgado, moreno. En Prisiones Militares desde hace aRo y medio, procesado por varios delitos de robo con fuer­ za en las cosas y otro de robo a mano armada. Cometié dos delitos de desercién y mâs de 20 hurtos de uso y ro bos con fuerza. si bien sélo fue castigado por très de ellos. Locuaz; habia con sosiego. si bien al principio se ré­ sisté a llamar a las cosas por su nombre. Se expresa con cierta suavidad. sin llegar al afeminamiento. As­ pecto de hombre âgil. Poca firmeza de caracter. Al fi­ nal de la entrevista habia a borbotones y parece since- ro. sin que esta impresién rechace la posibilidad de al­ guna fantasia. Inteligencia normal. Resentido contra la sociedad. Admiracién obsesiva por su madre. Soy de Leén, pero como si no fuera de alli. No volvi nunca y no me acuerdo de nada. Somos dos hermanos; bueno, hermanastros. El o- tro es 12 aRos mayor que yo. Mi madre servia como cocinera en Leén y...,bueno, creo que no estaba casada cuando me tuvo a mi, ni cuan do tuvo a mi hermano. Cuando nacié mi hermano ténia ella 16 aRos. Después, a los 28, me tuvo a mi, pero de otro seRor que tampoco e- ra su marido. Supongo que es asi, por lo que ella me conté. Me me- tié en la inclusa de Leén, pero no me acuerdo de nada. La prueba de que me queria es que cuando yo ténia 4 aRos me sacé de alli y me trajo para Madrid. Primero vivi unos meses en la misma casa don de estaba ella de cocinera, pero luego no pudo ser y me metié en un colegio de hermanos. Creo que lo hizo por medio de la Proteccién de Menores. Mi hermano se crié con unos tios mios, hermanos de mi madre,que viven en X. No es que nos llevemos mal; nunca vivimos juntos. Pero alguna vez que pasé unos dias con mi madre, parece que andaba celo 80 de mi. To siempre tuve mucha curiosidad por conocer a mi padre, y es­ tuve tentado a ir a un pueblo de Avila, donde tiene un bar. Pero, de otro lado, tengo el temor de que sea un hombre muy simpâtico y me arrastre con él, y asi parece que molesto a mi madre y que el cariRo que le diese a él se lo restaria a ella. Porque ella es lo que mâs quiero del mundo y por nada quiero hacerla sufrir. Asi que nunca he ido a verlo y sigo con esa curiosidad. En el colegio estuve aproximadamente desde los 5 hasta los 13 aRos, mâs o menos. Hice toda la enseRanza primaria y, después,el ingreso en bachillefato. Empecé el primer curso y no lo terminé, porque me escapé. Ya verâ. Venia al colegio un peluquero, ya un hombre, de bigotito, y cuando yo tendria 6 6 7 aRos me empezô a tocar por aqui y por a- lli, y a pedirme que le tocase. También se lo hacia a otros, por­ que me lo contaron después. A mi me lo hizo dos veces, pero ya me enseRô el camino, y entonces empezamos a hacernos lo mismo unos cuantos chicos de mi edad. Después, a los 9 aRos o por ahi, me a- cuerdo muy bien que nos ibamos a una boardilla del colegio cuatro o cinco chicos y haciamos las cosas mâs raras. Nos desnudâbamos,y nos vestiamos con cosas viejas o con lo que fuese, de hombres de la Edad de Piedra, de indios y blancos o de verdugos y ladrones - lo que veiamos en las peliculas - y nos poniamos a pegarnos puRe- tazos y cinturonazos. A veces nos dâbamos latigazos, como dicen que hacen los santos para que Dios les perdone sus pecados; pero fuerte, bien fuerte, y con aquel dolor yo por lo menos sentia co­ mo un placer sexual. Luego terminâbamos tocândonos unos a otros. Entonces, también me acuerdo que oi un ruido extraRo en el dor- mitorio de un profesor, y como no tenia techo me subi con cuidado para ver lo que era, y résulta que estaba con otro chaval encima de la cama, los dos desnudos. Habia un profesor que a mi me tra- taba con mucho mimo. Me echaba el brazo por el hombro y me tocaba: "Pulanito por aqui y fulanito por allâ". Varias veces me enseRô fo tos de mujeres desnudas. Pero a mi los hombres mayores me daban mâs asco que los de mi edad, y nunca pudo hacerme nada. Alli nos obligaban a ir a misa y rezar el rosario todos los dias, que es lo peor para una religidn, porque termina uno cogiéndole as­ co. Bueno, habia hermanos muy buenos; me acuerdo de uno viejecito y de otros varios que siempre querian llevarme por el camino del bien, y me hablaban de mi madre. Yo quiero a mi madre mâs que a na da en el mundo, y a p%%sar de eso no puedo contenerme y le doy el disgusto. El profesor aquél, tan sobdn, era un canalla. Debia estar resen tido porque yo no hacia lo que él andaba buscando y me castigaba cuanto queria. Algunos se ponian histéricos pegando; yo creo que para ellos era un placer. Pues el profesor aquél me mandé un dia al castigo de la campana. En un piso alto habia una campana para avisar a comer, a misa y a otras cosas. Tiene una cuerda muy lar- ga, que atraviese dos o tres pisos hasta abajo. Y uno tenia que estar arriba, debajo justo de la campana. Y cuando tocaban habia que apretarse los oidos para que no reventasen con el ruido. Ese dia de la campana tendria yo I3 aRos. Entonces me entré una cosa, porque me parecié la mayor injusticia, y esperé hasta la no- che. Poco a poco me fui colando y , después de romper un cristal,a- bri la puerta del despacho del director, que era muy buena perso­ na. El armario estaba abierto y ténia una cartera con mucho dine­ ro, que pesaba bastante. Aquella noche lo conté en la calle y te­ nia 14*000 pesetas. Y también robé un misai, porque siempre tuve la ilusién de seguir la misa por un misai, como hacian los herma­ nos. Bueno, pues me colé hasta la imprenta y por un garaje me fui a la calle. Hasta entonces sélo habia cogido borradores y lâpices, porque también me los cogian a mi; pero en aquel momento senti el deseo de vengarme por la putada que me habian hecho. Fuera me encontré sentado en un banco a un chico de unos 17 a- Ros. Me dijo si podia darle algo de comida,porque también se ha­ bia escapado de casa. Yo le dije lo que habia hecho y fue cuando contamos el dinero. Pasamos la noche andando y sentândonos, y al dia siguiente compramos pan y chocolate. El me llevé a casa de un seRor mayor; y el seRor, que no sé quien era, nos dejé estar alli dos o très dlas y nos guardô el dinero. Yo, por la noche, cuando me acostaba, simpre me acordaba de un pantalôn y un jersey nuevolque me habia regalado mi madre y que lo ténia guardado en el cole gio. Y al dia siguiente, sin saber por qué - a lo mejor es porque me los habia dado mi madre, y a dla la quiero mâs que a nadie -, volvi al colegio para coger aquella ropa. Entré de noche, por el mismo sitio por el que me habia escapado, y, ;zasl, cogi el panta 16n y el jersey sin que nadie me viese. Ténia tantisimo sueRo que me meti a dormir en un cuarto donde habia un colchén, en el que nadie entraba nunca. No sé qué hora séria, pero me despertaron a tortazos; me dieron un palizén tremendo y me llevaron al Reforma- torio. Primero estuve dos aRos en el Reformatorio de Menores de X. Y fijese si siempre estuve bien mirado que primero me encargaron de la seccién de niRos, luego de la de adolescentes y al final de la de jévenes. Mi naturaleza estaba inclinada a la homosexualidad y por lo menos tuve tratos con tres invertidos. Porque, mire: Todos los internados deben ser malos, pero meter a un chico en un refor matorio es perderlo para toda la vida. La prueba es que tanto en la Prisién de Carabanchel, como en la de Murcia, como aqui mismo siempre me encontré las mismas caras del Reformatorio. Alli estuve encargado de mâquinas en el taller de carpinteria, y en una sierra mecAnica perdi el dedo anular de la mano izquier- da &Ve? Fue la vispera de salir y estuve siete dias en un hospi­ tal viendo las mayores calamidades. ;Lo que yo he pasado! Por entonces ténia yo 16 aRos y me vine a X, Mi madre habia con seguido comprar una casita; es pequeRita, pero tiene su jardin y todo. Y me mosquée con mi madre de la cosa mâs tonta. Yo no sé,ni quiero saber..., aunque mi madre es muy buena. Habia un seRor que iba mucho por casa y besaba a mi madre en la mejilla. A lo mejor le pedia yo un bocadillo y me decia: "Aguarda, niRo, que estoy a- tendiendo a fulanito". Me reventaban aquellas preferencias por un extraRo.. ,y yo sospechaba y, total, que me volvi al Reformatorio y le dije al director lo que habia. Y como nunca me habian quita- do del cuadro de honor, pues me admitié. En aquella otra etapa estuve primero de segundo secretario de la seccién de jévenes, y luego de primer secretario. Habia un chi co que me caia bien y le llevaba a mi habitacién, porque yo como secretario ho dormia en el dormitorio genez^al. Pero yo siempre me he cansado de todo. Mi ûnico gusto fijo es mi madre. Y por eso,des pués de aquél, tuve trato con otro, otro y otro... Un dia me encontré un cuadro. ;Vaya cuadro! Entré en el piso de arriba y al ehtreabrir la puerta de un cuarto me veo que tenian a un chico de 15 aRos desnudo encima de la cama, atado de pies y manos a los barrotes, en forma de aspa, mirando para arriba, y,a su lado, dos profesores desnudos. Ver aquello, quedarme asombrado y salir corriendo para abajo fue todo uno. Y no dije nada, porque si lo dices el que lleva las de perder eres té. Un dia vi a un chaval castigado de plantén, y me dijo que un profesor, de los que yo habia visto con el chaval desnudo, le ha­ bia mandado estar alli por no querer acostarse con él. Me fui al director y se lo dije; y aquel dia también se lo dije al profesor: "A usted le va a caer el pelo y algo mâs". Porque la hipocresia es lo que mâs me ha reventado toda la vida. Entonces, sin motivo ninguno, le quité a otro profesor, que no ténia culpa ninguna, 12.000 pesetas. Yo sabia donde estaban, por­ que tenian confianza en mi y me mandaban hacer compras y podia sa lir a la calle. Me descubrieron porque me compré un reloj y se mos quearon. Le preguntaron a mi madre si me lo habia regalado y, como ella dijo que no, me llevaron a la seccién de castigo. Pues, ya ve, yo seguia estando bien visto. Laprueba es que en la seccién de castigo me hicieron encargado, y era el que cuida- ba de los demâs. Un dia le abri a unos chavales y se me olvidé la Have en la puerta. Dos de ellos se escaparon, y no puede imagina^ se lo que fue aquello. Sali corriendo para atraparlos; al pasar r por la Prisién de Carabanchel se lo dije a la policia que estaba de guardia y se vinieron dos conmigo. Corri mâs que ningun dia de mi vida. Pero no los perdi; se metieron en el "Metro" suburbano y cuando me vieron se tiraron a la via y se metieron por el tdnel. Entonces mandaron parar todos los trenes y yo me tiré detrAs de ellos, pero los guardias no se atrevieron por miedo al tren. To­ tal, que los enganché, aunque me dieron una pedrada tremenda en el pecho., Bueno, pues mire lo que son las cosas, Empecé a cavilar y a ca- vilar, y como yo soy buen compaRero les dije un dla a aquellos dos: "Yo fui el que os enganché, pero hoy os vais a escapar conmigo ".Les abri la puerta y nos largamos. Yo ténia 18, y me fui a casa de mi madre. Ella, preocupada, me llevé otra vez al Reformatorio; pero el director le dijo que no me admitia, porque yo estaba alli vo- luntario y no por otra cosa. El trabajo no me tiraba nada, y eso que sabia hacer muchas co­ sas. Asi,que arreglé los papeles y me fui voluntario a Paracaidis tas del Aire, en Alcantarilla. Alli habré dado doce saltos. A los seis meses me dieron permise y decidi no volver, porque habia de- jado una deuda en el cuartel y no podia pagarla. Esa fue mi prime ra desercién. A los pocos meses me cogié la policia en Madrid. Me tiré a robar para vivir. Ademâs, aunque tuviera dinero no podia pasar sin ro— bar; es como una aficién que no sé de donde me ha venido. Lo hacia con dos muchachos conocidos del reformatorio, y me salié la fama de que era buen ladrén, fama asquerosa y répugnante, que ademâs yo creo que no era cierta. No eran robos espéciales; llevâbamos herra mientas y procurâbamos no forzar nada. Lo haciamos en tiendas, fâ bricas, almacenes y asi; antes robâbamos un coche para ir, cargar y volver. Es muy fâcil; con un cortauRas es suficiente. &Cuantos robos? {Puf! Muchos, muchos, muchos...Fijese: en una sola noche hicimos catorce. Viviamos bien. Yo ténia un piso alquilado para mi. Me compré ropas de cama y otras cosas, porque a mi me gusta vivir bien.Alli sélo vivia yo; porque hay gente que se dedica a eso, lo gasta tp do y luego vive a cuenta de los demâs. Aquello era sélo mio,aun­ que alguna vez venianellos a dormir. Casi todo el dinero se me i- ba en los clubs nocturnos, pero no de mujeres sino de invertidos. Va la gente habituai. También van mujeres invertidaa. Pero quiero decirle que yo tomé cariRo a una chica e intenté acoatarme con e- lla; era buena y queria ayudarme; pero todo fue sin resultado,por - t ,mâs que puse yo y puso ella de su parte. Fijese a lo que lleva el vicio. Me cogié la Policia en un bar. Me hicieron hablar a fuerza de palos y salié lo de la desercién y tres robos. A mi madre no la habia visto para nada, aunque me acordaba siempre de ella. Ingre­ sé en Carabanchel, en prisién preventiva, y alli pasé aRo y pico. Nunca me imaginé lo que podria ser una prisién; aquello es un an- tro de corrupcién. Habia de todo; le llamaban a uno de todo. Alli se aprende todo lo malo del mundo, y por eso hice todo lo demâs, con armas y hasta con muertos. Cosas buenas, pocas se aprenden;pe ro los compaReros te meten en la cabeza que todo es fâcil, que con armas hay mâs seguridad y que ése es el ünico camino para vivir. Como aun no ténia antecedentes, por los tres robos me salieron A7', 10 y 6 meses. Entonces cogi un indulto particular por el tiem­ po que aun me quedaba y me trasladaron a la Prisién de Murcia, en espera de que me juzgaran por la desercién. Alli estuve unos ocho o diez meses, y después me pusieron en libertad provisional. En la cârcel de Murcia estuve de ordenanza y de jefe de llaves. Alli no se veia tanta maldad, quizâ por ser una cârcel pequeRa. Pero yo seguia con ese vicio que no puedo resistir y tuve tratos con varios muchachos. Al salir de la cârcel me présenté en el Regimiento de Alcahta- rilla. Pero la gente no es comprensiva para el que sale de prisién y lo tratan como una rata asquerosa. Ni siquiera me dejaron venir a ver a mi madre, que hacia tanto tiempo que no la veia. Fue ella desde Madrid a verme y ni me dejaron salir a la calle con ella.Es taba yo que echaba lumbre. Me pelaron al rape y me mandaban siem­ pre a fregar perolas. iQué iba a hacer yo? Deserté otra vez y me vine a Madrid, aunque no fui a casa de mi madre para no disgus— tarla. Entonces volvi a dedlcarme al robo, pero con mâs rabla toda— via, por haberme amargado tanto. Y es que no tienen psicologia contigo; porque los delincuentes somos muy sensibles, y en cuan­ to recibimos un desplante enseguida pensamos que es por lo peor. Trabajé con otros conocidos del reformatorio y de la cârcel. Tendria yo 20 aflos. Al principio dormia en una pensién. Uno de los compaReros era vitoriano y nos propuso robar en una buena joyeria de su pueblo, que conocia muy bien. Total, que robamos un "Seat- I50O" y nos fuimos allâ. Habiamos encontrado armas en otro coche robado y llevâbamos para lo de Vitoria una pistola del 22, un re­ volver "Coll" del 22, una pistola del 9 largo y un "Winchester" telescépico del 22. Alli era un poco comprometido el alojarse, y entonces nos hicimos pasar como indivlduos de la "E.TiA.", y nos proporcionaron sitio en una casa. El de Vitoria les llevé regalos a sus padres, de lo que habiamos robado; incluso un abrigo de pie- les. Por la noche estuvimos alternando en varios clubs, y el de Vitoria salié bastante bebido. Al pasar delante de una "butic" se empeRé en robar alli. Yo le dije que no, que ibamos a por la joye ria, pero para que no armase un escândalo le dejamos a él solo. Y lallâ va! Ni llaves, ni narices. Dio un golpe tremendo y aparecié un coche de patrulla. Cuando empezaron a disparar, el de Vitoria sacé la pistola, pero le metieron un tiro en la cabeza y quedé muerto contra la puerta. Nosotros conseguimos romper el cerco dis parando al aire, y nos metimos en la carretera; dejamos el coche detrâs de una arboleda y robamos un "Morris" que habia cerca y pudimos llegar a Madrid. Esto fue el Ultimo dia de julio de I968 y nos cogieron el siete de agosto siguiente en X. Y la verdad es que no se nos pasaba por la cabeza usar aquellas armas; todo era por decir que ibamos armados, como en las peliculas. Fijese: yo sélo pensaba en mi madre, pero no queria verla. En­ tonces pensé en ir hasta su casa, escrlbirle una postal y echârse la por debajo de la puerta, para que supiera que estaba bien y no sufriera por mi. Fuimos hasta cerca de su casa con otro coche ro­ bado y -{la puRetera suerte!- no nos escribia ningun boligrafo. Nos fuimos a ver si encontrâbamos alguno y pasamos por delante de una tienda nueva, de confecciones. Nos dijimoss"Aqui hay dinero". Dejamos el coche delante; era de noche; el portai de enfrente es­ taba cerrado. Abrimos la puerta de la tienda y salié un perro la- drando. Y, sin saber cémo ni cémo né, nos soltaron una descarga de metralleta. Era una pareja de la Guardia Civil que debia estar de ronda y se habria parado a echar un pitillo en el portai de enfren te. Yo fui el ünico herido; una bala me recorrié todo el cuero ca- belludo, pero sin entrarme en el hueso. Aqui tiene la cicatriz.Cuam do me volvié el sentido estaba yo en la Casa de Socorro. Desde en­ tonces estoy en esta prisién. No sé. En los delitos mâs bien soy activo, porque era yo el que planeaba y mandaba a todos; pero en el vicio mio soy como pasivo; bueno, aunque siempre elijo y propongo, me gusta el papel de la mu jer. La religién, al principio, me parece qu|e obré bien conmigo;pero luego né, porque todo lo hacian obligatorio y me la hacian tragar por narices. Para mi influyé muchisimo ver que algunos profesores hacian todo lo contrario de lo que predicaban. Porque mucho golpe de pecho y mucho hablar, pero luego caian como caian. No conozco a la familia de mi padre; y en la de mi madre no sé de que haya anormales, ni alcohélicos, ni delincuentes. Pero tengo un primo carnal que es también invertido. Siempre tuve buena salud, a no ser algunos catarros de bron— quios. Pero nunca me gusté trabajar; y eso fue porque en el Refijr- matorio me lo imponian por narices, sin ganar ni cinco. Facultades no me faltan; hice cursos de pintor, de carpintero y de radiotéc- nlco. Puse de mi parte lo posible por evitarle disgustos a mi madre, pero no lo pude conseguir. Cuando me cogieron la ültima vez, vino a verme mi madre; lloré cuanto quiso al vérme esposado y sangrando. lY sabe lo que se me ocurrié hacer? jEcharme a reir! Por dentro,si me abren, no saldria mâs que pena; hubiera inundado de pena toda la provincia. Pero me doy cuenta de una cosa rara, y es que nunca he llorado. Ni madre me recuerda muchas veces aquella carcajada mla y no se la explica; pero ella sabe que la quiero. Debe sospechar algo de lo mio, porque cuando viene a verme, los domingos, me trae el "Play Boy" con fotos de mujeres desnudas. Las veo con gusto, porque son fotos muy bonitas, pero no me tientan nada. En cambio, aqui las estoy pasando negras por mis tentaciones. Tengo la voluntad muy floja. Voy por la calle en plan decente, pero de pronto las ganas de cometer algo malo pueden sobre mi.En cambio aqui tengo una voluntad de miedo y aguanto unas tentaciones muy fuertes, pero muy fuertes... En Carabanchel me hicieron un test de inteligencia y daba un coeficiente mâs bien alto. Yo no soy agresivo, soy contrario a la \violencia. Mâs bien soy muy afectuoso, sobre todo cuando me tratan bien. Eso si, soy muy nervioso. Pero me adapto a todos los ambien- tes y a todas las situaciones. Prueba de ello es que, con los se- tenta y tantos aRos de condena que me piden por varios delitos,aün soy alegre y tengo buen humor. Creo que soy generosoj lo doy todo. Hice bastante déporté. Me gusta la natacién, pero mâs aun las carreras a pie; sobre todo las de medio fondo, de 5.000 metros y las de campo través. En el reformatorio hice mucho ejercicio, y ga né dos medallas de plata en los campeonatos nacionales. Mi mayor deseo, mi mayor ideal, séria que me gustase una mujer, casarme con ella y darle cuarenta nietos a mi madre y la felicidad que ahora no tiene..., si me lo permite la sociedad. La pobre no tiene ningun nieto, porque mi hermano el mayor se casé con una mu jer esteril. La politica siempre me atrajo y hasta me apasiona. Perteneci al Frente de Juventudes y, aunque ahora parece que no se lleva, yo soy falangista. Lei muchas cosas de José Antonio y le admiro por su ca racter enérgico. No me gusta el alcohol. Las dogas ni las probé ni espero probar las nunca. Lo mejor de ml es que soy alegre y buen compaRero.&No le conté I (lo de la fuga del Reformatorio con los dos a quienes yo habia en- ganchado? Y lo peor que tengo es haber sido delincuente, Yo en la soledad ya me dije: "Esto se acabô". Aunque mi volun­ tad es floja, pondré de mi pahte lo posible para no caer, Y eso por darle alegrla a mi madre. Le digo la verdad: por darle un mi­ nuto mAs de vida a mi madre, me dejarla fusilar. Para ml es una diosa. Mire, yo aun creo en Dios, y todas las noches sigo rezando mis tres avemarias. Una por mi madre, otra para que le diga a su Hijo que se acuerde de ml, y otra para que cuando esté en libertad no vuelva a caer mâs. Creo que no me dejo llevar por las influencias ajenas. Cuando rde verdad me propongo una cosa, me digan lo que me digan, la hago por encima de todo. Lo que mâs me duele es que la sociedad no le acoja a uno como el padre del hijo prddigo. Ocurre todo lo contrario. Vas a traba­ jar, vas a sacar un pasaporte, y si has tenido un tropiezo:"^^in­ cidente! {Eres un reincidente!". Como si uno fuera un perro o una fiera sin sentimientos...FIjese, por ser reincidente, me aplicaron la Ley de Vagos y Maleantes y me pusieron un aRo y seis meses de privaciôn de libertad; y, al terminar, por si fuera poco, 3 aRos de destierro. 0 sea, que esos tres aRos no podré estar cerca de mi madre. iCual séria el sistema, el remedio para hombres como yo? No sé. Nunca lo he pensado. C A s 0 Ng 4 D.D.D.- De 26 afios, natural de Madridt 1*63 de eatatura. peso proporclonado; moreno; aspecto atlético* Nacido en el céntrico barrio de X. En prlsldn preventive, en Priaio n^s Militares de AlcalA, procesado por hurto de automd- yil y homicidio por imprudencia. Condenado Jinteriormen- te.por siete hurtos o robos con fuerza en las cosag, a un total de 4 afios de presidio. Cometid mAs infraccio- nes de igual clase, que no fueron perseguidas. Nervioso. Se express con cortedad. en frases breves;s6- lo responde a preguntas concretes. Parece un idealists, Sus afirmaciones son tarantes y vigorosas. Es timido, aunque rotundo y firme en sus respuestas. Muy serio.Pa­ rece absolutamente sincero. >. r.Soy el segundo de ocho hermanos. La primera es une chics, ya casada, que me lleva dos afios. Tengo un hermano de 19 afios que es novillero y gana para vivir. Quizâ sea yo el preferido de mis pa­ dres. Vienen todos los domingos a verme. Mi padre tiene un bar- restaurante en la calle de X, de Madrid, y vive decorosamente.Mi madré y él se llevan bien. Ya digo que quizâ soy el mimado de ca­ sa ; tal vez por eso llegué a lo que soy. Tengo el bachillerato elemental, con revAlida. Ingresé muy jo- ven en la Academia de Automovilismo del Ejército, en Getafe, y por ahi vinieron mis desdichas, desde que aprendi a conducir. Mi pa­ dre no era duro conmigo; s61o me pegô una vez en mi vida y lo re- cuerdo muy bien. Fue a los 13 aflos; entonces, no sé bien por qué, me escapé a Segovia con un amigo y estuvimos alll très dias. Mi intencidn era volver, y lo hice voluntariamente. Dormimos a la in temperie porque era verano, y comlamos bocadillos y golosinas,has- ta que se nos acabaron las 300 pesetas que llevAbamos. Me gusta estar con la gente con la que tengo confianza. Con mis hermanos siempre me he llevado bien. De todas formas, soy algo a- pocadillo y me embarazo cuando hay gente extrada. Cuando cometi el primeiç delito ya ténia novia, y sigo ÿon ella. Es la ünica que me aguantd, y por ella no soy peor. Nos escribimos todos los dias. I ' ,1La verdad es que yo era flojo de voluhtad, pero ahora creo que la tengo mâs fuerte. Soy trabajador. No me peleo con facilidad, porque me parece que soy tranquilo para eso. Chillo y discuto,pe­ ro no busco pelea. Eso si, me aferro a mi opinidn y quiero llevar la razdn aunque no la tenga. No sé; creo que no soy egoista ni generoso; no sé explicarlo de otra manera. Mi sexualidad es completamente normal; habré te- nido los deseos de todo el mundo, pero siempre respeté a mi novda. Bueno, puedo decirle que, por el cariMo hacia ella o por lo que fuera, nunca me acosté con ninguna mujer. En los delitos que cometi,siempre tuve el papel pasivo. Otros proponian y ordenaban, y yo me iba con ellos. Sentia un poco de miedo antes de hacerlo; mientras lo cometia estaba nervioso; y después no sentia nada. Pero, eso si, comprendia la idiotez de hacer una cosa por la que podia purgar dos aflos de cârcel. Claro que luego me olvidaba de lo que podia costarme y volvia a hacerlo. Soy bastante trabajador y, desde luego, sirvo para camarero;^o vi cuando trabajé en el negocio de mi padre (al ofrecerle tabaco negro. me dice que prefiere el suyo y saca un paquete de tabaco rubio). Tengo aficién a la miîsica moderna. Creo en Dios, desde luego, pero mi fe no es demasiado grande y no sirvié para frenarme. Mi mayor ideal, hoy por hoy, es casarme. ^Déporté? Pues, si, hice bastante. Sobre todo balonmano, natacién y gimnasia. Mi padre me instalé unas anillas en casa e hice mucho ejercicio. Bebo tal vez fflucho, aunque nunca cometi un delito borracho, porque a eso no Ue go nunca o casi nunca. En cambio, jamés probé las drogas. Lo mejor de mi es la forma de sentir. No sé si me entiende.Yo, por ejenfplo, veo llorar a ml hermano y lloro también. Slento como mfas las penas de los demâs. Ahora ml mayor sentimiento es la muw te del chico que venla conmigo cuando ocurrid el accidente por eli ’ que estoy en la cArcel. Habia pasado bastante tiempo desde que ha bia cumplido la 'ultima condena, y un dlà volvl a dejarme llevar por las ganas de coger un coche y conducirlo. Llevé a ml novia en él; ella no sabla que era robado. Después de dejarla, encontré a un compaAero del cuartel y le invité a dar un paseo. Me gustaba correr, y choqué contra el pretil de un puente. El pobre muchacho, inocente de todo, muriô a mi lado. Antes me dejaba llevar por esas cosas, por lo que vela y por los compafieros que querian meterse en jaleos, Pero ahora es dis- tinto; estoy seguro de que no caeria mâs en eso. Me persiguieron al mismo tiempo por siete causas distintas.Seis de ellas por robos de coches y otra por el robo en un comercio.Bi total me impusieron cuatro aAos de cârcel, y los pasé en Caraban- chel y en OcaAa. La verdad es que tomé parte en otros robos de coches que nunca se supieron. Ya le he dicho que en la "mill" aprendi a conducir. Me gustaba mucho. Unos amigos, paisanos, me propusieron robar coches, y me dejé llevar por aquel gusto. La primera vez que lo hice tenla 18 aAos. Entonces no sentia ningun remordimiento, porque no lo con- sideraba como un delito; al fin y al cabo, yo conducla mâs o me- nos tiempo y luego abandonaba el coche sin llevarme nada. A mi el tiempo que pasé en la cârcel me sirvié como escarmien- to; prueba de ello es que pasé aAo y medio sin volver a las anda- das. Creo que los otros reclusos no influyeron en mi para hacerme peor ni mejor. Pero, desgraciadamente, después de aquel tiempo ha- ciendo normalmente la "mili", tuve la mala idea de coger otro co­ che. Era un domingo por la tarde y habia bebido poco.No lo hacia por "fardar", sino porque me gustaba conducir. Y todo terminé... * I elSi, el robo en establecimiento fue una cosa distinta. Me vi me- tido en él por los mismos amigos con quienes robaba los coches.Me hablaron de que Iban a robar y que ténia que aconpaftarlea s61o pa ra conducir el coche. Pero,cuando llegamoa al gitio, uno de ellos se rajé, y entonces me convencieron para que le sustituyera yo.Ha­ bia que darse prisa. Yo también sentia como deseo de pasar aquel riesgo; el riesgo me gusta; y ademâs que^ria saber cémo operaban los otros. Era una curiosidad. No sé. Fue de noche y usamos una Have falsa. En total sacamos unas 30.000 pesetas. c A s 0 Ng 5 E.E.E.- De 25 afios; natural de Orenae; 1*59 de estatura; peso proporclonado. Musculado; rostro cuadrado; bien parec do; pelo trlgueAo. En prisiôn preventive, en Prisiones Militares de AlcalA de Henares, procesado por un supues to delito de desercién. Autor de varias falsificacio- nes y estafas, asi como de muchos robos con fuerza en las cosas, por cinco de los cuales fue condenado. No tiene acento regional; se expresa bien, quizâ por haber traba.jado como linotipista. Inteligencla normal. No muylocuaz; habla a veces con alguna réserva, aunque al final parece abrirse confiadamente. Es mejor que me pregunte usted, y yo le contesto. Naci en Oren- se, en la misma capital. Fui el unico hermano del primer matrimo- nio de mi padre. Mi madré muriô cuando yo ténia aflo y medio, no sé de qué, y mi padre me mandé entonces con mi abuela materna a una aldea de aquella provincia. Era muy vieja y muy buena. Estuve con ella hasta los sels aAos, y luego volvi a casa de mi padre, cuando él se casé otra vez, cuatro aAos después. A mi abuela la hice ra- biar bastante, porque yo no era un santo. Me acuerdo que estando en su casa robé un carro pequeAo a unos chlquillos vecinos nues- tros, y cuando supieron que lo ténia yo me dieron una paliza. En la casa de mi padre viviamos él, su mujer, mi abuela y la madré de mi madrastra. Al aAo, nacié una niAa, la dnica del nuevo matrimonio. A ella la trataban con mucho cariAoj pero yo nunca tu­ ve cariAo, mâs que de mi abuela, que se murié pronto. Si no me fal tara mi madré, yo no hubiese hecho tantas tonterias... Yo soy cariAosoj la gente me aprecia siempre; les entro y me hago enseguida amigos. Pero ya le digo que yo no era un santo.An- daba siempre sin una perra, y donde veia un duro me lo llevaba.Mi madrastra envenenaba a mi padre contra mi. Una vez le faltaron très cientas pesetas, que guardaba detrâs de un espejo, y me achacé a ml el robo, cuando no era cierto. Mi padre me peg6 hasta cansarse, y yo me encaré con ella y le dije: "Te mato; te he de matar". Y que nos mal que mi padre se interpuso, porque si no le pego. r Mi padre era un esplritu aventurero. Anduvo trabajando en Cuba y en Estados Unidos, y nos enseAaba fotos de allâ. Era encargado de una serreria y se iba defendiendo. En la época de la escasez hizo mucho estraperlo y contrabando con Portugal. Una vez lo co- gieron y estuvo quince dias arrestado. Es viejo; tiene mâs de 60 affos, y yo creo que no quiere saber nada de mi. El y la mujer se llevan muy mal; no es que se pegasen, pero siempre andaban pelean do y con palabras fuertes, sobre todo cuando él bebia; porque le gusta mucho beber, aunque no llegase borracho todos los dias. Mi madrastra, aunque yo no habia cometido ningun delito, influ yé con mi padre para que me mandase a un reformatorio, y al fin lo hizo. Yo habia estudiado en Orense hasta el segundo curso de bachille rato; pero a los 14 aAos me llevaron al Reformatorio de Osera.Estâ en el monasterio, pero los frailes no tenian nada que ver con él. El director era el pârroco, y los profesores o vigilantes eran pal sanos. Alli aprendi bueno y malo; me enseAaron algo de tipografia, que luego me sirvié para colocarme en una imprenta. Con los compa fieros, y a aquella edad, aprendi las malicias naturales. Aparté de eso, también pasé muy buenos ratos. Sobre los 15 aAos, al verme tan sujeto, tratado duramente y pasando hambre, me escapé con o- tro chico hacia el monte. Nos acogieron en una casa del campo y estuvimos alli trabajando durante très dias. Luego nos fuimos a Orense,y alli dieron con nosotros y nos llevaron otra vez a Osera. El castigo para los que se escapaban era de abrigo. Un vigilante me dio 300 palos en el culo y en las piernas, debajo de una ducha fria. Después nos poniamos de rodillas, y los internos mayores nos daban un bofetén con una mano y otro con la otra. Algunos salian que no se les conocia, con la cara como un balén. Ahora el Refor­ matorio estâ en el mismo Orense y ya no es asi, pero antes si. Ml padre me sac6 del Reformatorio, después de pasar en él aAo y medio. En Orense empecé a trabajar de aprendiz de tipégrafo.Cuan do tenla 16 aAos, encontré a un compaAero del Reformatorio. Esta­ ba yo muy cabreado por lo mal que me trataban en casa y por las cosas que pasaban alli. Aquel compaAero éra mayor que yo y ya ha­ bia estado en la cârcel. Me propuso hacer unos robos, y en total hicimos très o cuatro, en almacenes, y conseguimos unas 4*000 pe­ setas; pero nos cogieron a los pocos dias. A mi me salieron cua­ tro condenas de un mes y un dia cada una, y las cumpli en la câr­ cel de Orense. La influencia de la cârcel es tremenda para mi y para todos; alli habia muchos carteristas y me enseAaron muchas cosas. Al salir, fui otra vez a la misma imprenta y empecé a falsifi- car rifas, entradas y cosas asi, para sacar unas pesetas. Pero lo que me dejé mâs dinero fue la falsificacién de la franja roja que rindica el premio en las cajas de cerillas de peseta. Por cada fi’an ja nos dabas cinco duros en los estancos. Entonces, otro conpaAe- ro y yo nos fuimos a Madrid, y habia muchos dias de sacar dos y très mil pesetas. También estuvimos en Barcelona; tendria yo unos 18 aAos. Al cabo de mucho tiempo nos descubrieron y nos costé o- tra temporada en la cârcel. La verdad es que las compaAias del re­ formatorio y de la cârcel también me inclinaban a aquello. En Barcelona me cogieron una vez por indocumentado y me metie- ron un mes de arresto gubernativo. Al salir, me junté con otros a- migos e hicimos muchos robos en establecimientos y sitios asi;aun­ que algunas veces, cuando estaba bebido, entré hasta en casas ha- bitadas, trepando por las caAerias. Porque yo era muy âgil; habia hecho mucho ejercicio en "La Ciudad de los Muchachos" de Orense. Fui fundador de ella, y alli hasta le robé unas pesetas al padre director, que era un santo,pero necesitaba dinero para escaparme y lo busqué donde me era mâs fâcil. Bueno,! pues en Barcelona me cogieron por un simple robo con fractura en un establecimiento, y como era reincidente me metie- ron 6 aAos de presidio, jTotal por una cosa de dos o très mil pe- setae! Pasé una aAo en la cârcel de Barcelona, y cuatro aAos en 0- caAa. El amblente alll es desastroso, por donde se qulera mlrar.El masoqulsmo, el sadismo y la homosexualidad estân a la orden del d£a. Y, a pesar de todo, yo me sentia dlstinto de ellos y sali nuevo o casi nuevo, arrepentido y asqueado de aquella gente. En OcaAa lle­ gué a ser encargado de talleres de imprenta; porque es un sitio donde se puede aprender fâcilmente un oficio. Estoy saltândome muchas cosas, pero ya volveré atrâs, y listo. En Barcébna, cuando me dedicaba a aquella vida, trabajaba en una e- ditorial como linotipista, de 8 de la maAana a 2 de la tarde; ga- naba bastante, pero después me metla en golferlas. Ândaba por ba­ res y clubs. Conoci a una chica, que no era mujer pûblica; tenla 17; y estuve medio afto viviendo con ella en un apartamento. Tam­ bién se me ofrecié alguna mujer de la vida para darme dinero;pero a ml no me va el plan de chulo; prefiero alternar. tDe OcaAa sali en el aAo 67, cerca de los 23 aAos, y me fui a Orense, a trabajar en la imprenta. Pero antes me costé mucho tra- bajo que me admitieran, y hasta me ofreel como peén de aIbaAil. Que ria de verdad cambiar de vida; pasé mucha hambre y mucho frlo; pe­ ro siempre me rechazaban por haber estado en la cârcel. En mi casa habla un ambiente de hostilidad hacia ml, y eso que con mi media hermana me llevaba bien, pero ya de mayor cambié y era mâs retrai- da conmigo. Tenla que hacer el servicio militar, y eso que mi padre, por ser yo hijo dnico y él sexagenario, pudo haberme librado; pero no quiso; se desentendié completamente y me reventé. Estuve en el C.I.R. de Parga y luego me enganché en Paracaidistas y estuve en Âlcalâ, en Murcia y en Las Palmas. En total hice 19 saltos, algu­ nos de ellos nocturnos. En Las Palmas deserté sin intencién de hacerlo, cuando llevaba 16 meses de "mili". Sélo querla pasar unos dias fuera y volver des pués. Falté a diez listas y me cogieron en Barcelona. Cuando esca pé estaba arrestado y bebido. Por eso estoy esperando aqul mi sen- tencia. Ml rellglén,..Bueno, yo no creo en Dios. Porque yo pregunto&La Biblia, quién la escriblé? Nombres. Y ningun hombre puede saber si hay o noihay Dios. Yo en eso tengo mis ifleas. Si Dios existiese y fuese infinitamente bueno no podrian consentir tanta injusticia. Puede ser que haya algo, pero ^quién puede decir cual es la reli- gidn verdadera? En la cârcel me hicieron una prueba de coeficiente mental y da- ba bastante bueno. Mi voluntad yo creo que es normal, pero soy has tante nervioso. También soy jovial y alegre, y no me creo insocia­ ble. El trabajo me gusta, siempre que no me cojan de primo y esté bien pagado. Tengo temperamento pacifico; si puedo evitar una pe­ lea, lo hago. Pero, si me veo acorralado, soy agresivo. Soy bas— tante discutidor, sobre todo cuanto tengo la razén, y a veces aun­ que vea que la plerdo. En la cuestién sexual creo que soy uno de tantos. Me gustan las mujeres como a cualquiera, con mâs o menos temperamento. Alguna vez, pocas, me vi acosado por invertidos. Y,quizâ por el ambiente o por falta de desahogo, tuve alguna caida de ese tipo, como ele- mento activo, no pasivo. Pero, desde luego, prefiero mil veces a las mujeres. No me tengo por egoista ni por prédigo; un tipo normal. Eso si, paso con facilidad de la alegria a la tristeza. También, creo yo, soy buen compaAero. Como delincuente siempre fui activo, no pasivo. Quiero decir que yo proponla lo que habla de hacerse; quizâ porque casi siem­ pre me tocé ir con gente poco inteligente, y habia que pensar por ellos. Me cuesta adaptarme a situaciones nuevas, porque me gusta cono- cer bien a la gente antes de confiarme. Otros se van del brazo con el primero que aparece, pero yo no soy un "cara". Mis aptitudes son los oficios de pintor y de tipégrafo, en la linotipia. Y mis aficiones, el cine y toda clase de déportés, so­ bre todo el hockey y el fdtbol. Jugué mucho e hice mucho ejercido. ^Mi mqyor ideal? Se lo digo râpidoî Casarme, tener una vida desahogada, tener hijos y educarlos para que nunca sean como yo fui. Yo creo que en mis ideas religiosas no influyô para nada el am­ biente, En politica soy completamente indiferente, y del arte prac tiqué y me gusta el dibujo artistico. Ya le dije antes que tengo verdadero afân por corregirme. No soy como algunos de esta misma prisién, que ya estân planeando al- gun golpe para cuando salgan de aqui. I Mi salud siempre fue bastante buena. Tengo desde hace mucho » tiempo gastritis, pero nunca fui a un médico. Mis vicios son el tabaco y el beber mucho, aunque pocas veces me haya emborrachado, entre otras cosas porque sé que tengo mal vino. También probé u- nas cuantas veces las drogas, sobre todo en Barcelona y en Las Palmas. Fumé cigarrillos de grifa; le dan a uno dko una embria- guez agradable, de paz; como si flotara en el aire. Pero un piti- llo no hace nada; hay que fumarse dos o très para pasar un par de horas en las nubes. Ahora que no cojl vicio ni costumbre. Lo mejor de ml, lo mejor de ml...,quizâ sea la generosidad.Mi­ re, alguna vez que robé y luego supe que la vlctima era una per­ sona necesitada, le devolvl lo robado por algun procedimiento in- directo para que no me denunciase. Y lo peor de ml es la falta de responsabllldad. Cuando cometia los delitos no sentia miedo. A veces disfrutaba con el riesgo, y hasta me decla a ml mismo: "Qué tlo mâs bueno soy". Aquello me excitaba, y cada vez procuraba hacerlo de manera mâs perfects.) Entonces no sentia el arrepentimiento; pero ahora si que lo siento. Creo que en la mala vida que yo hice influyé la falta de mis padres, la pobreza en que vivi y una gran inclinacién al delito. c A s 0 Ng 6 F.F.F,- De 23 aAos de edad, 1*65 de estatura, flaco, moreno.Ca- sado y padre de un hijo. Entrevlstado en Prisiones Mill tares, donde extingue una condena de 1 aAo y 6 meses de presidio, por un delito de robo con fuerza en las cosas, y estâ procesado por supuesto delito de trâfico de es- tupefacientes. Fue castigado por diez faltas de hurto. Cometié, al menos, quince robos con fuerza en las co­ sas y muchos delitos de trâfico de estupefacientes;fue condenado por uno de estos ültimos y por el robo cuya pena cumple actualmente. Es feucho, superficial, parlanchin, clnico y fanfarrén; No parece inteligente, ni muy sincero; en algunas oca- !siones miente. Es rencoroso y se cree vlctima de una so ciedad que no le permite vivir a su aire. Nacl en Madrid, en el mismo barrio del Rastro. Soy hijo dnico. Mi padre murid hace cinco aAos en un accidente de moto, cuando él tendria alrededor de 40. Mi madré tenla unos 5 aAos mâs que mi pa dre. Mi padre era empleado de la Fâbrica Nacional de Moneda y Tim­ bre. Y, ya ve usted que injusticia, ahora no puedo entrar a traba jar alll por tener antecedentes pendLes. Por las tardes, y a ratos sueltos, también atendla mi padre una tienda de calzado que tene- mos en la calle de X. Ml madré es la que mâs estaba en el negocio; pero también es profesora de piano. Entre ellos siempre se lleva­ ron normalmente. Econômicamente se defendlan bien. Yo prâcticamente no he Ido al colegio; no se me apetecla, y por aquello de ser hijo unico toda la casa giraba a mi alrededor y se hacia siempre lo que yo querla. Me han consentido siempre; jamâs me negaron un capricho y siempre me he llevado el gato al agua.En la vida recibl una bofetada de mis padres, porque yo no daba moti- VO para ello. Eran muy carlfiosos conmigo. Puea, como le decfa, yo no Iba al colegio, y mi madre consiguid que un cura viniera a darme algunas clases a casa. Aprendi poco; a leer, a escribir y las cuatro réglas. De chaval nunca tuve ocu- paciôn fija. Si acaso, iba por la tienda y echaba una maneja, mar- cando precios, colocando cajas en la estanterla o lo que fuera;pe ro poco tiempo; un par de horas. Vamos, como si fuera un aprendiz, pero sin caracter fljo. Luego me iba por ahi, con los amigos. Mis padres no me decian nada y bastaba que les mintiese, diciendo que iba a dormir a casa de un amigo, para faltar de casa algunas no— ches. La primera vez que me detuvieron fue en el "Metro" de la Puer- ta del Sol, por indocumentado. Ya vé usted, si hay derecho. Si yo no trabajaba, pues séria porque no lo necesitaba. Y si mis padres querian mantenerme a su costa, pues eran muy dueftos &no?. Total, que me metieron 30 dias de arresto en la Prisién de Carabanchel, por la Ley de Vagos y Maleantes. No comprendo como puede meterse a un chaval de 16 aAos en la cârcel; porque asi ya no hay quien haga carrera, ni la podrâ hacer nunca. Poco a poco, se habitda uno a estar en la cârcel, una y otra vez, y termina uno tomando todo aquello de cachondeo. Desde que me pusieron en libertad ya no levanté cabeza, porque me eché unos amigos como nunca habia conocido; entiéndame, los cp noci en la cârcel. Alli te da la impresién de que si no eres un delincuente no sabes andar por la vida. Te preguntan al llegart &Por qué estâs aqui?". "Pues, por indocumentado". "^Y no te da vergOenza? Eres un gilipollas. Aqui sélo se viene por robar o por matar". Asi, asi le hablan a uno alli. Resultado, que me han hecho polvo, porque teniendo lo que tengo en la ficha ya no se puede ha­ cer nada en la vida. Primero me dediqué al robo y al hurto, en tiendas y almacenes, aprovechando que habia algun montante abierto, o cosa asi, pero pro curando siempre que fuese sin fractura, por si me cogian no me sa- liera mucha pena. Habré cometido unos quince |Vaya usted a saber! Tuve oportunidades para meterme en atracos, pero no quise, no me iba. Pero vi que robando se pierde el tiempo, porque casi no da na­ da. En cambio con el contrabando de drogas se gana mucho mâs, y me dediqué sélo a eso. Recorrl muchas ciudades: Valencia, Mâlaga, Sevilla, Barcelona, Tarragona, Zaragoza, San Sebastiân, Toledo y otras mâs cerca de Ma­ drid. Me dedicaba sobre todo a la grifa. Me iba a Mâlaga una vez por semana y sacaba en cada viaje diez o quince mil pesetas libres. Compraba las pastillas de grifa y ganaba el doble al venderlas a un agente o a los clubs de Madrid o de donde fuese. Porque en los clubs hay mucha golferia &sabe usted? Y cada vez habrâ mâs. Porque la juventud quiere ganar mâs y vivir bien. Se me­ te uno en un club con 50 pesetas y no tiene ni para empezar; y,cla­ ro, hay que sacarlas de donde se pueda. Yo, de ml aficién a estas cosas, siempre echaré la culpa a aquel arresto que me metieron a los 16 aAos. Tanto la policia, como los juzgados, como la sociedad, me han tratado mal. Dinero es lo que quieren; con dinero estâ todo arreglado. Cuando ténia entre 17 y 18 aAos sélo pasaba algun que otro dia con mis padres. Vivia en pensiones o donde fuera. Tuve varios apar- tamentos en la provincia de Mâlaga, cambiando de uno a otro para que no me pudieran enganchar fâcilmente. En alguno de ellos hasta tuve piscina y pagaba 15.000 pesetas mensuales; claro que en invier- no son mucho mâs baratos. En Mâlaga vivi entre aAo y medio y dos aAos con una chavala, una mujer püblica; tendria ella los 19 aAos y la conoci en un club de Torremolinos. Andaba mareândome que se queria casar, que se queria casar; pero yo no tragaba, entre otras cosas porque ya ténia mi no­ via en Madrid. Total, que la niAa aquella va y me delata a la Poli­ cia. Y eso que yo no la molestaba mayormeiite, ni le impedia rela— cionarse con otros hombres. "Té sigue tu vida", le decia yo. Le re- galé toda la ropa y gasté muchos miles con ella; claro que también ella me presté unas miles de pesetas cuando me hicieron falta; y luego, cugndo se las devolvla, me las cogfa o me las dejaba; segdn. Cuando me cogieron en Mâlaga, mi padre, que aun no habla muerto, > : mandé un abogado allâ y consiguié que me dejasen libre con una flan za de 2 5 . 0 0 0 pesetas. Me vine para Madrid y aqui me condenaron a 5 aAos y nueve meses de prisién por trâfico de estupefacientes, y a una multa bien grande, que pagé mi padre. A la cârcel no fui, qui­ zâ por ser "blanco", o sea, por no haber sido castigado antes por otros delitos. Pasé unos cuatro meses en Madrid y después volvi a Mâlaga en bus ca de la chica que me habia denunciado. No es que le fuera a hacer nada; sélo darle un par de tortazos y ponerla a cavilar. Pero no la encontré, porque se habia escapado con un amiguete mio. Tendria yo 20 aAos, ya habia muerto mi padre, y empecé a traba- » jar otra vez el contrabando en la zona de Mâlaga, entre gente del Puerto y los clubs nocturnos. Pero como la Policia me ténia ficha- do, cai enseguida. Resultado, que ml madre volvié a soltar otras 2 5 . 0 0 0 de fianza y me dejaron en libertad provisional, pero aun no se vio la causa. Ahora estoy esperando que se resuelva y, ademâs, estoy cumpliendo otra condena por un robo que hice en la "mili". En total tuve hasta ahora diez juicios de faltas, por hurto,pe­ ro siempe me salieron multas que pagaban mis padres. Ya me dice mi madre: "Contigo nos arruinamos". Mi madre viene continuamente a verme desde Madrid. Me trae comi- da y golosinas, porque aqui la comida, con no ser mala, no me gus­ ta mucho. Como estoy en la cocina, ya sé lo que hay para el dia si guiente, y si no me gusta pongo una conferencia a mi madre y ella me manda por alguien lo que sea, para que coma a mi gusto. Cuando me pusieron en libertad provisional, me fui a Valencia y trabajé en una fâbrica de cerâmlca, en las obras de desviacién del rio y en algunos huertos. Tuve oportunidad de meterme en lios, pe­ ro no quise. De alli volv' a Madrid, porque en mavn de te- nia que ingreaar en el servicio militar. Fui al C.I.R. (Centro de Instruccién de Reclutas) de Alcalâ y alli tuve una mala tentaciôn. I ^Habia una mâquina tragaperras y cometi la tonteria de abrirla y lie varme 500 pesetas que habia en moneda. Las guardé en la taquilla y me las localizaron enseguida. Fijese, sélo por eso me echaron en Consejo de Guerra 18 meses de presidio, que estoy cumpliendo ahora. No me quejo de esta cârcel, porque los militares son buenos chava- les, pero siempre te juzgan con mâs rigor que en la calle. Seguro que en la calle lo hubiera arreglado con una multa. A ver si ahora, cuando saïga, me dejan cambiar de vida. Yo quie ro cambiar, pero no me dejan tranquilo; no me dan una oportunidad. Fijese que hasta la Policia fue ahora por mi casa para preguntar si no habia vuelto del servicio y por donde andaba. La ünica oportuni­ dad para mi salvacién es que cambie el régimen pol’itico en Espa- Aa; porque,ese dia,seguro que desaparecen todos los papeles, y en- ' ftonces voy por el mundo limpio de antecedentes. Cuando üali la primera vez de Carabanchel, va para ocho aftos,co noci a mi novia y segui con ella hasta ahora. Otros dicen que la novia les hace cambiar, pero a mi no me pasé eso. Y es porque la pobre es mâs tonta que un pan. Cuando yo estaba en el C.I.R. se quedé embarazada y me dijo que queria que nos casâramos. Yo ya es­ taba en esta prisién y le dije: "Mira que no te vas a casar con un santo". Total, que nos casamos aqui, en la prisién, justo el dia antes de que naciera el nifto. Es un crio muy majo; tiene ahora ocho meses. Cada vez que me lo traen se me saltan las lâgrimas. Mi mu­ jer trabajé muchos aAos en una fâbrica de galletas, pero ahora vi­ ve con mi madre. A mi novia, igual que a mis padres, siempre le menti mucho para hacer lo que me daba la gana. Muchas noches, a las diez, en cuanto la dejaba en su casa, salia como un loco a gastarme las pesetas en los clubs. Cuando no ténia dinero se lo pedia a mi madre y siempre me lo daba# ponia alguna pega, pero me lo daba. Yo no soy muy bebedor; a lo sumo, dos copas. No me gusta el al- cohol, aunque me emborraché varias veces. Eso si, cuando invito a unas rondas, pago a los demâs para que sigan bebiendo y no digan que soy un "rasca". ^Principios morales? No sé... Tengo poca voluntad y soy muy ner­ vioso. En el trabajo no me gusta estar sujeto sin hacer nada, como en la tienda. Pero trabajé bastante de pulidor en una fâbrica de a- luminio. Siempre tuve buena salud. Mis parientes, por lo menos los que conozco, también son sanos. No sé que haya habido enfermos menta­ les ni alcohélicos en mi familia. Me peleo poco y no me gusta nada discutir, porque como soy muy nervioso temo perder la cabeza y coger una navaja o cualquier otra cosa y hacer un disparate. Ultimamente, siempre me gustaba andar con navaja en el bolsillo, pero nunca la he sacado. ! Yo me tengo por cariAoso y zalamero; la gente me estima. Sexual- mente creo que soy normal; desperté a esas cosas hacia los 14 aAos. Una vecina nuestra de 22 aAos, cuando yo ténia 16, me empezé a bus- car y tuve trato con ella varias veces. Luego también supe muchas cosas por la golferia que hay en Madrid. No me explico como dejan que haya cines por la maAana. Creo que es la ünica capital del mun­ do en que pasa eso. Ahi se meten todos los golfos, y hay maricones que te ofrecen dinero por dejarte tocar un poco. Yo alguna vez me dejé por sacar unas pesetas, pero nunca llegué a mâs con ellos. Ca­ da vez habrâ mâs golferia entre los jüvenes, porque quieren gastar lo que no tienen y se aprovechan de los maricas para sacarles los cuartos. Ya le dije que en un sitio un poco elegante le cobran a uno un disparate por respirar. Mi humor es un poco raro. Desde hace muchisimos aAos siempre me pasa lo mismo, y es que todos los dias me levante de mala leche y no hay quien hable conmigo; pero luego me cambia el caracter y me paso el dia cantando o de chistes. Creo que no soy egoista, porque me dan pena las cosas de los de mâs. Cuando cometi delitos, siempre proponia yo, porque no me dejo arrastrar. A pesar de que buscaba gente mayor para meterme en lios, siempre les dije: "Aqui mando yo". Eso si; me cuesta mucho adaptarme a una vida nueva o a circuns- tancias distintas de las que yo deseo. No creo que yo tenga una aptitud especial para el trabajo. Mi mayor aficién es conducir coches y pisar fuerte el acelerador; es lo dnico que me gusta; es mi locura mayor. Precisamente por eso, habré robado media doceria de coches; sélo por eso; y los dejaba intactos. Mi mayor ideal es la libertad y vivir solo o con mi familia. Y mi mayor ilusién es transformar la zapateria de mi madre en un club con quince niAas. Porque en nuestro barrio no hay ningun club1 nocturno y séria un buen negocio. Ademâs, toda la casa y el séta- I Ino son de nuestra propiedad. Pondria quince nlAas, con dos o tres que hicieran de encargadas, y que alternasen con la clientela.Por­ que es que la tienda de zapatos es un follén; hay que ir a hacer las compras a Elche y por ahi; y ademâs me la pueden robar. Para mi, tener un club, ademâs de un trabajo séria una diversién, casi una juerga, porque alternaria con las nlAas..., en plan de amistad. Yo sentia miedo al cometer los robos, pero sélo al empezar y al terminar. Mientras lo hacia, notaba que me temblaban las manos y los brazos, pero actuaba sin miedo; vamos, creo yo. Al salir vol via a sentir miedo, hasta que comprobaba que no me habian visto. Para mentir tengo una cosa que me traiciona, y es que con cier- tas personas me pongo Colorado, Colorado, y se me nota que no digo la verdad. La religién no influyé para nada en mi conducta; ni para bueno ni para malo. Creo en Dios porque dicen que existe; claro que yo no lo he visto. En cambio tengo fe en la Virgen de los Desampara- dos,de Valencia. Tampoco los amigos creo que hayan influido en las cosas que hice. La politics me trae sin cuidado. Con el déporté me pasa otro tanto; nunca hice déporté; a lo mâs, nadyr un poco. El arte no me gusta, ni la mdsica. Leo con gusto la novelas policiacas, pero tam­ poco influyeron en ml, porque siempre acaban mal para el delincuen­ te. Bueno, pues verâ. En cuanto a mi correccidn, yo creo que si de verdad quisiera podrla corregirme; pero es que no encuentro en ml ese deseo y, por otro lado, tampoco el régimen en que nos tienen aqul le anima a uno a cambiar de modo de ser. No sé si me explico. Por eso tengo miedo que, cuando me suelten, el ambiente de la li­ bertad me lleve otra vez a la historia de siempre. A lo mejor, soy capaz de tirarme un aAo sin caer ni irme de juerga; pero a lo me­ jor vas un dia a un club y te lias. 0 ves abierto un montante de una tienda, o un coche con un tocadiscos o una maleta, y es tan fâ cil hacerse con dinero que..., yo qué sé. Aunque vendl mucha grifa, no soy aficionado a drogarme. Lo hice alguna vez por curiosidad, pero sin enviciarme. Después de fumar un par de pitillos eres otra persona. Lo malo es que a ml me dio una vez por golpear un reloj de puisera contra una columna, hasta dejarlo hecho cisco, y por eso no volvl con el asunto. Por mâs que pienso, no sé decir qué es lo mejor ni lo peor de ml. Puede ser que no me conozca bastante. A ml lo que me eché a perder fue la cârcel. No sé si la socie­ dad, cuando sali, me recibié bien o mal; creo que fue indiferente. En cambio, la Pcücla me molesté mucho; simpre sospechando de si me habla metido en esto o en lo otro. Claro que yo no me dejo detener tan fâcilmente. Si quieren pasar a mi casa y llevarme, han de ve— nir con una orden juédicial. Si me preguntan cual es la causa de que yo haya llevado la vida que llevé, aparté de las cosas que aprendi en la cârcel, dirla que no lo sé. Porque la verdad es que yo me dejo influir muy poco. Comprendo que la ley tiene que castigar al que delinque; pero yo remediaba lo que pasa separando siempre a los jévenes que en­ tran en las cârceles, y los colocaba por edades, para que no se contagiasen. Y luego, tratarlos con cariAo. c A s 0 Ng 7 , i ' ■ G.G.G.- De 27 aAos; natural de La CoruAa; 1*74 de estatura,mâs ;bien delgado; casado y padre de tres hijas; cara alar- gada, nariz aguileAa, pelo trigueAo, o.jos claros. Entre- yistado en Prisiones Militares, de Alcalâ de Henayes, procesado por un delito de desercién. No _es un rjeinci- dente en el sentido legal, aunque çomeHé no menos de dos hurtos, una apropiacién indebida, dos fa 1 s i H c ^ i o - nes y dos estafas. Fue castigado ya por ot̂ ra desercién. Aspecto noble, ademanes de cierta distincién, Inteli- g e n c Se_^presa correctamente ; c o m i e n la charla con cierta réserva, hablando lo estrictamente preciso. Sin llegar a la locuacidad, termina diarlando mucho mâs abiertamente. Somos cuatro hermanos; dos varones y dos chicas. Vamos alternan- do de sexo; la mayor es una mujer, funcionaria de la Administra— cién Local; el segundo es un varôn y se dedica a representaciones comerciales; la tercera es otra chica, que también trabaja, y el ultimo soy yo. Naci hace 27 aAos en La CoruAa, capital. Mis padres se entienden bien, aunque es inevitable que a veces haya algun disgustillo. Mi padre trabajé en el comercio, pero las cosas no marchaban entonces muy bien; ahora es apoderado de dos firmas industriales y ya va mejor la economla de casa. Mi padre es muy ordenado, y yo creo que el ambiente de mi familia era normal. Yo tengo la mania de escaparme; todo lo arreglaba escapândome. Eran escapatorias pequeAas; volvia a las pocas horas; pero en cuan­ to ténia alguna complicacién buscaba la forma de huir de casa. Yo acostumbraba a coger algun dinero del monedero de mi madre; como mis hermanos no tenian ese vicio, siempre que faltaba cualquier cosa llevaba yo las culpas. Una vez, tendria yo cinco o seis aAos, faltaron unos pendlentes de ml madre. Yo no tenla que ver con el asunto; pero ml padre desconfié de ml y no se le ocurrié mejor re- medio, para que yo me confesara autor de aquello, que llamar a un policia amigo suyo. Me dejé solo con él, y no se me olvidaré nunca la forma tan dura de interrogarme y la bofetada que me dio cuando insistl en que yo no habla sido. Aquello me revolvié el estémago y sélo deseaba encontrar una puerta abierta para largarme de casa. Quizâ fue la primera vez que pensé en escaparme. A veces he pensado que muchas cosas las hice por resentimiento contra los que me crelan un golfo. "Total me han de echar la culpa a ml; pues, al menos, que me la echen con razén"; y hacia alguna tonteria. Aparté de eso, creo que sobre ml influyé todo el mundo; para bien o para mal; porque soy incapaz de decir que né, aunque sepa que obro mal. Hice el bachillerato elemental y estudi'e también el 5® curso, en un colegio de religiosos, pero luego lo dejé. Aprendi mecanogra fia y alguna otra cosa; trabajé con mi padre, por aquello de que no anduviera muy suelto, y a los 18 aAos hice y aprobé unas oposi- ciones a auxiliar administrative de un Banco. Bueno, volviendo al bachillerato, le diré que habla un profesor civil en el colegio que era una bestia. Un dia, por retrasarme en cumplir un castigo escrito, me dio una paliza enorme con una vara de tojo. De tirarme de las orejas me hizo grietas en los lébulos y llegué sangrando a casa. Sin embargo, nunca lloraba cuando me arreaban fuera de casa. Entonces cogl antipatla a los profesores, quizâ porque uno de ellos asediaba a los chicos con fines carna— les. Eso siempre me dio un asco tremendo. Cuando ingresé en el Banco tendria 18 o 19 aAos, y fui destina- do a Madrid. Como en mi casa nos ataban muy corto en eso de salir de noche, al llegar a Madrid y verme con dinero, empecé a salir de juerga, a beber mucho mâs de la cuenta y a buscar mujeres en bares y locales nocturnos. Yo ya ténia experiencla sexual. Ademâs, a los 16 aAos y hasta que me fui a Madrid, estuve liado en La CoruAa con una prostituta bastante mayor que yo; la conoci en un bar, y al fi­ nal me daba dinero para mis gastos. En Madrid también tuve dos o tres llos con chicas; eso duré al­ gunos meses, y también me daban dinero. Pero me cansaba pronto de ellas. Y, mire lo que son las cosas: en todo ese tiempo, durante siete aAos, tuve novia en La CoruAa. Era dos aAos mayor que yo.La verdad es que estaba enamorado, y no sé como hacia compatible eso con el trato con otras mujeres. Con aquella novia sélo al final tu­ ve relaciones Intimas. Precisamente en una de esas ocasiones, cuando la llevé a un pi- so vaclo que era de mis tlos, y del que tenlamos nosotros las H â ­ ves, cogl un reloj y algunas otras cosas para vender todo y hacer- le un regalo a ella. Mi padre se enteré y pudo recuperarlo todo. El me daba poco dinero, pero cuando me vela metido en alguna his­ toria fea, siempre pagaba lo que fuese y procuraba tapar todo.Bue­ no, yo creo que entre los hijos me preferla a ml. En Madrid, con aquella vida, empecé a tener deudas con los com- paAeros del Banco y de juergas. Mi padre me giré 15.000 pesetas pa ra comprar unas acciones, porque sabla que yo iba a la Boisa, y me las gasté en divertirme. Quizâ por el dolor de conciencia o por mfe do a la reaccién de mi padre, un dia, sin saber por qué, me largué del Banco y no volvl mâs. Tendria entonces 20 aAos. Al enterarse de que habla desaparecido y cambiado de pensién, vinieron mis pa­ dres y me localizaron en otra pensién en la que habla vivido tiem­ po atrâs. Cuando llamaron a la puerta, estaba yo en mi habitacién y conoci la voz de mi padre; y, por esa mania mla de escaparme, a- brl una ventana y me dejé caer al tejadillo de un hotel contiguo; pero un primo mlo se fue detrâs de ml y me cogié. A pesar de todo, mi padre se contuvo y no me pegô, El pagé todas mis deudas y yo prometl no volver a las andadas. i Volvl al Banco y me destinaron a Vigo. Pero ya me miraban de ma nera distlnta, porque sablan lo de las deudas. Pese a todo lo que habia pasado, antes de salir para Vigo le quité la carters a un compaAer^ de pensién, con unas 3.000 pesetas.El interesado lo su- po y no n̂ e denuncié; pero también le tocé a mi padre cargar con la devolucién. Ya con 21 aAos, estando en Vigo, falsifiqué un cheque y lo co- bré, a través de un pariente que no estaba en el ajo, en una sueur- sal del Banco en que yo trabajaba. Y también se descubrié; fueron 18.000 pesetas que, como siempre, pagé mi padre para que no me de- nunciaran; pero me echaron para siempre. Volvia a casa, y mi padre, que no vivia pensando en mi manera de ser, me llevé a un psiquiatra. No sé lo que le habrâ dicho a mi padrej una vez ol algo asi como que yo tenla dos personalidades.Me traté con unos especfficos y me hacia escribir cosas. Yo tenla la impresién de que todo aquello no servla para nada y terminé por no1 volver a la consulta. También le dijo a mi familia que lo que me- Ihacia falta era un régimen de disciplina muy duro. Quizâ por eso, y quizâ porque me gustaba la aventura, me présen­ té voluntario a Paracaidismo del Ejército de Tierra. Dl unos 22 saltos. Estuve en Murcia, en Alcantarilla y después en Alcalâ.Aqul pedl voluntario para irme a Africa, cuando los llos del Aaidn, ani- mado por una pandilla de muchachos, pero no me dejaron ir y me des tinaron a oficinas, porque sabla de eso. Y después de casi un aAo de portarme bien, empecé a frecuentar el pelotén de castigo, por emborracharme, por devolver la bofetada de un cabo y por otras co­ sas parecidas. Luego me destinaron a Leganés, a la Subinspeccién de Paracaidis­ tas y de la Legién, en oficinas. Alll empezé a gustarme una chica que iba a visitar a su hermano, destinado en la misma unidad. Por estar con ella en Madrid, falté a varias listas, y entonces me cas- tigaron a volver a Alcalâ. Pero no me présenté. Me puse en la ca- rretera y haciendo auto-stop llegué a Barcelona, adonde se habla ido la chica, que trabajaba alll en una tienda. Estaba enamorado y dlspuesto a casarme. Pasé algun tiempo en Barcelona, como mes y medio, y nos fuimos a Salamanca para casar- nos, porque mi novia estaba en estado y era de alll. Esto era en ;1965; tenla yo unos 22 aAos cuando me casé. Mi mujer me convencié j y me présenté voluntariamente en Alcalâ, donde me ingresaron en Prisiones Militares. A los tres meses me pusieron en libertad pro visional y volvl a mi unidad. La primera vez que me hablan destinado de Alcalâ a Leganés, en­ tré en un almacén de vestuario del cuartel de Alcalâ y me llevé u- nas prendas de vestir, para ir con ropas nuevas. Pasados unos me­ ses, se descubriô que faltaban muchas prendas y se supo que yo e- ra uno de los que se hablan llevado cosas. Pero a ml me echaron la culpa de lo mâs gordo, cuando sélo llevé ropa para ml. En fdbre ro de 1 9 6 6, cuando aquella acusacién iba creciendo, mi mujer dio a luz una niAa en Madrid, y no me dieron permiso para ir a verla 1 )ni para el bautizo. Entonces volvl a desertar, quizâ por rabia de lo del permiso y quizâ por temor a que me culpasen de todo el ro­ bo de ropas; pero sobre todo por esto éltimo. Me fui otra vez a Barcelona. Por no tener documente nacional de identidad, y a veces por no saber catalân, no consegul trabajo en ninguna oficina. Tuve que ponerme a descargar camiones en un mercado. Pasé alll un ano y medio que no se me olvidarâ nunca; a- 111 nacié nuestra segunda hija. En la vida sudé tanto; pasaba ham­ bre; apenas dormla unas horas y no ganaba ni para comer. Estaba desesperado; sin embargo, no hice caso a las propuestas que me hi­ cieron para robar. Volvimos otra vez a Salamanca, acercândonos a la familia de mi mujer, y alll trabajé en una oficina y haciendo apuntes para los estudiantes. En los primeros meses de 1969, o sea, del aAo pasado, nacié nuestra tercera hija. Como hubo ciertas riAas con mis sue- gros, tuvimos que irnos de su casa y alquilar una para nosotros. Me vi tan agobiado para comprar muebles ,y una televisién, que hice unos chanchullos en la contabilidad de la oficina, para quedarme con unas pesetas; pero me descubrieron y perdl el trabajo. Me fui a Orense, solo. Ml padre y ml mujer me convencleron pa­ ra que fuese a trabajar a Madrid, donde habla mâs campo, y asl lo hlce, Pero volvl a Orense y luego a Vigo, para trabajar un mes en las cosas de ml hermano. For entonces ml padre slempre me Inslstla para que volvlese a consultarme con un pslqulatra. En septlembre de I9 6 9 , hace casl clnco meses, me cogleron en Vigo por la desercldn y vine otra vez a Frlslones Mllltares de Al calA, pasando por las cârceles de Vigo, Corufla y Le6n,en compafila de muchos presos civiles. Ml mujer repartld las nlflas con la fa- mllla y se vino a Madrid para estar cerca de ml. Ahora slrve en casa de una buena famllla y vlene a verme slempre que puede. Ml blsabuelo paterno tuvo una gran fortuna y la tlrd en el jue go y en las juergas.Tamblên a un hermano de ml padre le gustahan mucho las faidas y el juego; un buen dla abandond a su mujer y a sus cuatro hljos, se marchd a Amérlca y.nunca volvld a saberse de él. Ml famllla dice que yo soy como ël; y la verdad es que en Ma­ drid tamblén jugué bastante dlnero. Ml hermano es muy bebedorjen camblo ml padre no prueba ni gota.Tamblén sé que un hermano de ml madré era muy mujerlego y bebedor; tuvo très hljos naturales. Ml salud es buena; no tuve enfermedades raras. Me gusta mucho trabajar; no me Importa estar hasta las tantas con el trabajo, y ademés me gusta hacerlo bien. Yo era el preferldo de ml padre, pero ml madré preferla a ml hermano. Ella es més desconflada y menos afectuosa que ml padre. A ml el matrlmonlo no me arreglé del todo, porque en Barcelona, después de casado, segul yendo de juerga y bebblendo alguna vez, y hasta me fui con mujeres.For esa razén tuve algunos dlsgustos con ml mujer.Ahora es desconflada y parece que estâ slempre vigilante. En Orense,ml padre me llevé a otro pslqulatra,y recuerdo que me dljo que tenla una pslcopatla como una catedral;que los médlcos podlan ayudarme poco,que era yo el que tenla que hacer el esfuerao y que podla llegar a ser un hombre normal.Aén ahora slgo tomando las medlclnas que él me mandé: Florinal, Dlnestlle B-6, Nemactil y otra que no recuerdo; tamblén me mandé suspender la beblda. Antes, en Salamaqpa, ml padre ya me habla llevadq a otro pslqulatra; ése no me dljo nunca lo que tenla, pero tamblén me receté unos especlfl- cos y me dljo que no podla probar nl una cerveza. Creo que tengo poca voluntad; mâs bien nlnguna. En camblo, soy muy nervloso y excitable. Tamblén soy muy peleén, aunque no busque nunca la pelea. Me gusta dlscutlr, pero si estoy equlvocado, lo re- conozco. Soy afectuoso, aunque comprendo que en algunos momentos dlsgusto a las personas que qulero. Cuando hago clertas cosas no plenso en esas pecsonas; no sé por qué. Sexualmente ful bastante lanzado. Desde muy nlffo me gustaba tener novlas y camblar con frecuencla, para conqulstar otras. No, no soy un don Juan, pero se me dan bien las mujeres. Los marlcas me busca- ron varias veces, y algunas veces aparenté Interesarme, pero lo ha- cla para partlrles luego la cara, porque les tengo verdadero asco. Ml primer contacte con una mujer fue a los 14 é 15 afios; era una de las varias novlas que me echaba. Ml caracter es muy variable. Paso pronto de la melancolla a1 hi en humor. Aunque soy afectuoso, no soy zalamero. Nl me gusta demostrar el carlBo que slento por mis padres o por ml mujer. Slento como una æ pecle de vergüenza de mis sentlmlentos y emoclones, y, aunque me corn padezca de las penas ajenas y hasta procure remedlarlas, hago lo po- slble por dlslmular ml lâstlma. Me parece..., no sé, no sé explicarlo. Creo que soy demaslado generoso. Cuando yo adqulrl tantas deudas en Madrid, al principle de llegar al Banco, la verdad es que tamblén a ml me deblan mucho dlnero, pero nunca reclamé nada. Mâs que pres- tar, daba puanto me pedlan y nl volvla a qcordarme del asunto. Cuando salla de juerga, era yo el que proponla. Dlgo "vamos" y nos vamos. Aunque a lo mejor vlene otro y me lleva por dondo él quie- re, porque me dejo convencer ensegulda. ' Me adapto bastante bien a las sltuaclones. En Barcelona, por e- jemplo, trabajé como un salvaje; pero sabla que no tenla mâs camlno que aquél o robar, y preferl matarme trabajando. Tengo facllldad para el trabajo de administrative, pero creo que valdrla mâs para vendedor, porque slrvo para hacer el artlculo y con vencer a la gente. Mis aflclones son los déportés, sobre todo la nataclén. La prac- tlqué mlentras estuve en La Corufia. Tamblén me gusta la fllatella, el clne y las novelas dramâtlcas. Del arte, se me daba muy bien el dlbujo, pero lo abandoné. Y de miîslca, me gusta con paslén la zar­ zuela; en camblo no me gusta nada la müslca moderna. A ml padre tam­ blén le guSta mucho la zarzuela. « Ml mayor deseo, ml Ideal, es demostrar a ml mujer y a mis hljas que puedo camblar y hacer cosas mucho mejores de las que hlce hasta ahora. Creo en Dlos, pero no en todo lo que dlcen de rellglén. La In-- fluencla de alguna cosa que vl en el coleglo no fue beneflclosa,aim que hubo profesores que me dejaron buenos recuerdos. Sln embargo,re- zo por las noches, pero no qulero que lo sepa nadle; no sé por qué. En Vlgo, cuando me detuvieron, hablé con un capellân que me gustô mucho y me confesé con él, después de muchos afios sln hacerlo. Y me senti muy contento, como si me qultasen una carga tremenda. Creo que me podré correglr. Todo me dice que esto no puede se— gulr asl, que yo valgo para la vida como cualquler otro hombre. Fumo mucho; dos cajetlllas dlarlas. Y, ya vé usted, a pesar de que he bebldo muchlslmo, la beblda no me gusta. Bebla sobre todo cuando estaba deprlmldo. Pensé muchas veces en encontrarle expllca- cién a eso, y creo que bebla cuando habla obrado mal, qulzâ para dar me valor o para vencer el remordlmlento. En Madrid probé una droga, y lo consldero una tonterla. Fumé sels o slete clgarrlllos de qulf. Al principle me daban euforla, me rela mucho, y luego sentla mucha hambre. Lo mejor de ml es el carlho que tengo a ml mujer y a mis hljas. Y lo peor es que a veces me olvldo de ese carlBo y hago lo que ha­ go..., bebo, plerdo un empleo... C A s 0 NS 8 H.H.H.- De 28 aflos de edad; 1*78 de estatura, pesa algo mâs de 80 kilos. Natural de Zaragoza, mâs tarde domiciliado en Barcelona. Grasiento, poco musculado, pelo hlspidp^, mo- renOj_ pjos azules, ore.jas abiertas y oblicuamente caidas; nariz de papagayo, no grande y ligeramente tuerta; bpfq. Entrevistado en la Central de Observacién de Madrid (Ca- rabanche1 ) Fue condenado anteriormente por dos delitos de robo con fuerza^ en J[̂ as cosas, uno de hurto, uno de quebrantamiento de condena y otro de allanamiento de mo- rada; actualmente estâ procesado por la supuesta comisiAi de otro delito de robo. Cometié buen nümero de robos y hurtos, tanto en Espafla como en Alemania* por los que no fue perseguido ni condenado. Aspecto nada hermoso. Habla buscando cautelosamente las palabras adecuadas y de.jando ver su escaso vocabulario y su corta instruccién. Inteligencia ligeramente inferior a la normal. Parece hombre de pocas ideas, pero equivo- cadas, y dificil de rehabilitar . No sé c6mo empezar, porque no sé lo que le interesa de mi. Pero le contaré algo de mi vida,y luego me preguntad usted lo que quiera. N a d en Zaragoza, pero mi famllla se fue pronto a Barcelona. So- mos clnco hermanos, todos hombres, y yo soy el mâs joven. En Barce­ lona simpaticé con un muchacho alemân, cuando yo tendrla alrededor de 16 afios. Era un chico honrado y le Invité a que viviese unas se- manas en ml casa. Yo estaba entonces de aprendlz de barman. El caso es que el chlco aquél volvlé a Alemania, y para corresponder conml- go me Invité a pasar una temporada con su famllla, en Dttseldorf. Yo era casl un chlquillo y se me présenté una vida cas! descono- clda. Como la famllla mla no me tlraba nada, me quedé en Alemania y trabajé durante afio y medio en una fâbrica de envases de hojalata. Alii empecé a padecer mil tentaciones sexuales y a drogarme con ma­ rihuana. La droga suplia mi deseo sexual y lo satisfacla; todo el dinero era poco para ella, y me dediqué a robar lo que podia. Yo no sé, pero quizâ fue a causa de la marihuana que terminé por exhi- birme desnudo, hasta que un dia me pescaron asi y me echaron de A- lemania. Tendrian entonces 19 aüos, o cerca de los 20. De vuelta a Barcelona, traté de vivir con mi familia, pero no nos entendiamos; no era posible, a pesar de que aun vivia mi madre . A1 final me séparé de ellos y me tiré a robar para poder vivir.No se me ocurrié intentar trabajar porque quizA estaba viciado por la Vida fâcil de Alemania; alii no descubrieron ni uno solo de los ro bos que cometi. A los 21 afLos, por un robo, entré por primera vez en la cârcel y sali cuando me aplicaron la libertad condicional; estuve cerca de un aüo. Dos meses después de salir, como no me decidia a traba­ jar, me engancharon por desocupado y me encerraron por aplicarme la Ley de Vagos y Maleantes; a los cinco dias me escapé, pero an­ tes de 24 horas me pillaron en San Sebastiân y volvi a Barcelona. Casi de una manera seguida, al descubrirse varios robos, estuve cua tro anos largos en la cârcel. Robaba coches; bueno, lo que habia dentro; robaba en establecimientos y también en algunas casas habi tadas. Pero cuando entraba en las casas no era con el deseo de 11e- -xarme cosas; alli no robaba nada; sôlo me imaginaba cosas raras y me provocaba una satisfaccién sexual. En total creo que he tenido cuatro condenas: Una de 6 meses; o- tra de 2 ahos, 4 meses y un dia; otra de 6 aAos y un dia, y otra, aun pendiente, para la que me piden 7 aAos. Mi madre muriô hace unos cinco ahos, de un tumor cerebral; tenfa 58 anos. Mi padre se dedicô siempre a la compraventa de coches usa- dos; pero anduvo en muchos jaleos de Juzgados y estuvo varias veces en la cârcel. Mi padre ténia una querida, y quizâ por eso habia mu cha tirantez entre mi madre y él. Tanto que mi padre casi no venia por casa, y puede decirse que fue mi hermano el mayor el que hizo de padre. Todos mis hermanos son normales y trabajan en oficios honrados. Sôlo uno tuvo algo que ver en el robo de una cartera cuaa do ténia 14 ahos; pero luego se casô y es un hombre como todos,aun­ que de soltero era un gamberro. Entre los hermanos nos llevamos muy mal, sin ningun carifio. Y mi madre, la pobre, era como un sargento; autoritaria y mal encarada; quizâ por culpa de mi padre. Mi familia era de clase media, pero de economia muy modesta y sin ninguna instrucciôn. Todo eso es lo que hizo que yo, al volver de Alemania, quisiera independizarme. Yo tengo poca instrucciôn; entre unas cosas y otras, habré asistido cuatro aAos al colegio.Mi padre y un hermano mio son tuberculoses crônicos, y yo, antes de los 14 afios, tuve très lesiones pulmonares. En casa no eran religiosos. De todas formas, mi madre me ensefiô a rezar, pero dejé de hacerlo pronto. Antes de irrae a Alemania, en tre los 14 y los 16 afios, trabajé honradamente de aprendiz de barman. Desde que volvi a Espafla, mis amigos siempre fueron delincuen- tes, ahora que ninguno influia demaslado sobre mi. Empecé robando lo suficiente para vivir en una pensiôn; pero después sacaba bas­ tante y alquilé un apartamento, y ténia buena ropa, tocadiscos y otras cosas. El dinero lo gastaba en clubs y cabarets. Buscaba dro- gas, concretamente, marihuana, pero en Barcelona sôlo encontraba kifi y grifa, que no me proporcionaban la misma satisfacciôn. Yo me considero inteligente. En cambio, tengo voluntad para al­ gunas cosas, pero para otras no quiero ni pensar. Soy poco nervio- 80 y me tomo todo con bastante tranquilidad. Trabajar, la verdad, no me tira nada, no me gusta. Soy poco violento y no me gusta nada discutir. Me creo cariftoso, y quizâ lo sea por contraste, porque en mi casa no encontré ningun carifio. Ya le dije que mi sexualidad se despertô en Alemania de una ma­ nera brutal. Yo no sabia entonces lo que era una mujer. La marihua na que fumaba debiô de contribuir a la explosiôn, y alli empecé a conocer a algunas mujeres; sôlo migeres, porque la inversiôn sexual no ea mi campo. En Barcelona vivi maritalmente con cinco o sais chlcas del amblente que yo frecuentaba; yo slempre tuve autoridad so­ bre ellas y nunca les consent! que se fueran con otros, pero yo tam- poco me iba con otras. Me salieron muy caras. Tengo una cosa rara, y es que me parece qué camblo facllmente de personalidad; y lo mismo puedo ser un hombre regular, que bueno, que perverse. Eso si, soy egoists al cien por cien, aunque no por eso de­ jo de ser generoso cuando tengo dinero, quizâ porque no me costd nin­ gun esfuerzo ganarlo. En mi vida de delincuente comet! delitos yo solo y con otros com- pafteros; pero no sabria decir si fui jefe o mass, si mandé yo o me de jé llevar. Quizâ yo sirva para mandar; pero en esas ocasiones manda el que tenga mâs pasta, y yo no andaba muy sobrado. Soy de los que se adaptan fâcilmente a todas las situaciones y a cualquier clase de vi­ da. La verdad, si hay que decir la verdad, yo no tengo ideas religio- sas,ni morales, ni politicas. Todo eso me resbala. iDice usted cual serfa mi ideal, mi mayor deseo en este mundo?Pues que me quieran todos, todos. Nunca hice ningun déporté, ni me gusta el arte, ni la musica lige- ra. Bueno, me gusta la musica romântica. Me daba por las drogas, pero en cambio el alcohol no me gusta. Ya le dije que preferla la marihua­ na al kifi y la grifa; estos me producian melancolla, tristeza y co­ mo ganas de estar solo para concentrarme. Mi mejor cualidad es la simpatia. Y lo peor que tengo es la perver- si6n en que me hace caer la droga; porque si hoy me viese en Madrid, en libertad y con la cartera bien repleta, antes que buscar una mujer, antes que buscar nada, me iria a comprar drogas. Pero quiero aclararle una cosa: La primera vez que yo robé no fue por la droga; fue antes de conocerla. Estaba yo en Alemania, tendria 17 arlos, y un amigo siciliano me animé a cometer un robo en un estan- co de Düsseldorf. Detrâs de aquel robo vinieron otros muchos. Pero la primera vez no fue la droga; fue la envidia de ver que otros mu- chachos disfrutaban de cosas que no estaban a nuestro alcance. Yo no tuve nunca una época determlnada para dellnqulrj lo mismo lo hacla en verano que en Invlerno. No sé lo que es el sentlmlento de culpabilldad, nl siqulera el arrepentlmiento. Yo creo que la so- ciedad es hipécrita y siempre descarga el palo sobre el mâs débil.Y por eso procuraba valérmelas de modo que nadie me explotase viviendo de mi trabajo. Mis experiencias en las cârceles creo que mâs bien me perjudica- ron que me beneficiaron. Aunque soy bastante impermeable para todo lo que me rodea, no cabe duda que en las cârceles hay malos ejemplos, falta de ética y muy poca cultura. Quizâ porque yo sea dificil, pero los cinco o sels afios que pasé en prisién no me prepararon para hacer una vida honrada. Trabajé algo cuando estaba preso, pero la verdad es que no me amoldo al trabajo. iQuiere saber la causa de la vida que hice, la culpa de lo que yo soy? Para mi sélo hay una causa: Mis padres. Y si tuviera que proponer yo mismo el remedio para casos como el mio, diria que en la cârcel tiene que haber mucho tacto, mucha simpa­ tia y mucho cuidado de adaptar el tratamiento a cada clase de hombre. & & Resiimen del informe de la Central de Observacién Tipologia: 6-4-1 (Su padre ténia una querida; dos de sus hermanos estuvieron encarcelados por contrabando). Muy fumador; también fuma griffa. Normocrino, con tendencia a hipertiroideo. Erotismo alto-nor mal. Aptitudes mentales bajas, de poca consistencia. Escala de Alexan der C.I.P.: 67. No emotivo. Inactivo. Secundario. Epiléptico cortical comprobado electroencefalogrâficamente (este tipo suele presentar caracteristicas antisociales mâs intensas que los centroencefâlicos). , Cultura muy elemental. Introvertido. Poco impresionable. Previsor y cauteloso. Obstinado. Orgulloso. Irritable. Hedonista. Parece un amoral* Fomenta la Indlsclpllna de los demâs y él "esconde la mano", Le apodan acertadamente "El Ameba", Actualmente observa buena conducta penitenciarla, si bien con an- terioridad se portaba mal. Calificacién criminolôgica, tipo I. Delincuente profesional re- fractario al trabajo. Pasivo. Capacidad criminal media-alta. Egocen- trismo, labilidad y agresividad, altos. Adaptabilidad social, media- baja. Peligrosidad, media-alta. Pronéstico, desfavorable. C A S O N9 9 1.1.1.-De 21 afios de edad. natural de X« en la provlncla de Zaragoza; 1*5.1 de estatura, 60 kilos de peso. Pelo tri- gueRo, o.ios claros y pequeflos. boca grande, nariz roma. ore.jas en asa; facciones mongoloïdes y aspecto general simiesco; cuellicorto. Entrevistado en la Central de Ob­ servacién, de Carabanchel. Cumple actualmente una conde- faa de 4 afios y 4 meses de presidio, por robo con fuerza en las cosas; estâ procesado, y pendiente de juicio, -- por otro robo de igual clase. Anteriormente fue condena­ do por otros dos delitos de robo con fuerza en las co— sas. Habla muy poco, en una .jerga oscufa; siempre sonriente. Su edad mental no parece sobrepasar los 10 afios. Pare— ce sincero, aunque no alude a alguno de los delitos por los que ya fue condenado. Naci en X, por alli, por Zaragoza; como un casual, porque pq dia nacer en cualquier parte. Pero entonces nuestro carro esta­ ba alli. Andâbamos con el carro de aqui para allâ, y parâbamos poco en cada sitio; unos cinco dias o asi; hasta que venia la - Guardia Civil y nos hacia seguir; pero no somos gitanos. Ya mis abuelos vivian asi. Andâbamos très o cuatro carros juntos, to-- dos de familial Mi padre y mi madre arreglaban cacharros de co- bre, soldaban asas, laflaban platos y fuentes, arreglaban para-- guas y cosas asi. En nuestro carro vivian mis padres y los ocho hermanos que éramos. La mayor se murié, no sé de qué, y ahora - somos très mujeres y cuatro hombres; ÿo hago el tercero de todos Mi padre tendrâ por ahi los 48 afios, y mi madre no sé; es mâs joven. Yo no conoci abuelos, pero vivian como nosôtros. Cuando yo era pequeRo no parâbamos, andâbamos por todos los pueblos de allâ, de donde somos: Tudela, Zaragoza, LogroRo, Calahorra, Nân jera, Miranda de Ebro, Haro, Vitoria, Tafalla, Olite... Yo aprendi el oflcio de ml padre, El nunca estuvo en la cârcel; sélo una vez estuvo dos semanas, por los documentos o algo asi. En cambio ya estuvo por dos veces en un sanatorio de esos, como una casa de locos; ahora estâ en uno que hay en Bermeo. Y es que cuan­ do bebe y se emborracha, se pone furioso, y ataca a todos y rompe todo y se cabrea por nada. Y eso que cuando estâ normal se lleva bien con madre. Yo le escribi hace poco y ya le dije;"Beba usted menos y coma mâs", porque si no... Cuando yo era chico, mis amigos eran casi siempre de la familia, porque andâbamos varios carros juntos. Siempre me llevé a buenas con mis hermanos y con todos. Mis padres entories se trataban peor, pero ahora ya se entienden mejor. Claro que es mi madre la que tie­ ne autoridad en la casa. Cuando tenla yo 14 afios, dejamos el carro y nos fuimos todos a vivir a una cueva en X, en Navarra. Alli estuve yendo al colegio por cuatro afios, y aprendi a leer y escribir y las cuentas, y tam­ bién hice la Primera Comunién. Claro que viviamos pobremente, pero todos andâbamos bien de salud, aunque a ml siempre me dolié mucho la cabeza. Entonces nos divertiamos entrando en las huertas a co- ger fruta y yendo al cine o al frontén. Después, sobre los 18 afios, nos fuimos los padres y hermanos a vivir a Bilbao, a un barrio que llaman X, y alquilamos una casa que costaba 400 pesetas al mes. Padre y madre andaban a los trapos y a la chatarra, y yo me coloqué de peén albaflil en una obra, y gana- ba 1 . 5 0 0 pesetas a la semana. Aunque mandaba mâs mi madre, ninguno de mis padres tania mayor autoridad. Si en el mundo hubiese los muy listos, los corrientes y los ton- tos, pues yo...séria de los muy listos. Yo, si; tengo, tengo fuerza de voluntad; cuando me lo propongo, lo hago. No soy muy nervioso, pero si alguien me tira con mala leche, entonces me da como una sa- cudida de los nervios. A ml todos me llaman por el mote que me sa- caron, pero eso no me cae mal, porque en casa me llaman igual. Soy asi, mâs bien callado y triste, porque pienso mucho en la familia. El trabajo lo hago bien y trabajo con gusto. Con los des- conocidos soy peleén y me gusta discutir; pero me encariflo con los demâs. De la cosa sexual, pues, no sé; me di cuenta muy tarde;has­ ta el aRo pasado no me fijé que me tiraba; pero nunca estuve con mujeres; eso, yo solo. Yo no sé si cambio o no cambio fâcil de caracter. Puede que sea egoista; no sé; yo no suelto mientras no suelte el otro. La primera vez que fui a la cârcel ténia 17 afios. Estaba en X, trabajando en una casa de labranza; el amo me daba de comer. Un dia que salié, entré en la casa y me llevé 4*000 pesetas que encontré en un armario. Me echaron 50 meses y fui a Leén a cumplirlos; pero me pillé uno de esos que llaman de "la cuantia" y sali a los seis meses. La segunda vez que me mebleron fue en Bilbao, el 14 de enero del afio pasado. Era domingo, a las once de la mafiana; iba yo por la calle, vi una joyeria y, no sé cémo, le di una patada a la puer- ta para robar. Una mujer que estaba en el balcén del segundo piso me vio y avisé a la Policia y me cogieron enseguida. Lo hice sin pensar ni nada; yo llevaba enteras las 1.500 pesetas que habia co- brado el dia anterior, porque mi madre no me habia pedido nada. Y me echaron otros 50 meses de condena, y ya llevo como dieciseis. Las cosas malas las hice siempre solo; nunca obedeci a otros.Yo creo que no me cuesta hacerme a una vida o a otra, y siempre me le­ vante a mi hora. Lo que mâs sirvo es para hojalatero, que me ensefié mi padre.No tengo aficién o asi, ni pienso en religién ni en politics; no me gusta de eso. De déporté, sélo algunas partidas de frontén cuando chico. Y de arte y mdsica y eso, nada; no sé. Vicios, pues ya ve, fumar bastan­ te. Y bebo mucho, sobre todo "Kas" y gaseosa; pero cosas de vino y eso, ni probarlo; no me gusta nada. No sé lo que son las drogas. No sé; me parece que no soy capaz de corregirme de lo malo que hlce; porque no lo pienso; es como un arranque que no entlendo. iLo mejor que tengo yo? Pues..., no lo sé; aunque lo plense, no lo sé. Y lo peor es la cârcel; haber entrado aqul. Y eso que los compafieros de aqul creo que no pueden nada sobre mi, que no me in- fluyen. iLo que mâs desearia del mundo,si estuviera en libertad? Pues, tener un piso y casarme con una novia que me eché ultimamente en Bilbao...Aunque ya sabe usted que las mujeres son asi; tan pronto estân con uno como con otro. No sé bien lo que me llevé a los robos. En Arnedo, por la Rioja, sé que estaban en fiestas y yo no tenia dinero y queria divertirme. Y la otra vez, en Bilbao, a lo mejor fue por lo mismo; pero a lo me­ jor no, porque yo tenia dinero. Lo hice todo sin pensar. No me acuer- do si los dos robos fueron por la misma época del afio. A mi los compafieros no me influyen, pero el trato de la cârcel me hizo peor..., porque dejar a mi madre y eso...No sé; me parece que estoy peor que antes. Después de los delitos me dio como una cosa aqui, en el corazén; como de pena por lo que hice. Aqui,en la cârcel, no sé, me da que no saqué nada dtil. Cuando saiga no sé cémo me recibirân, pero no tengo miedo a que me reciban mal. La culpa de los robos no la tuvo nadie; no puedo echârsela a na­ die mâs que a mi. Me daba un pronto, y es como aquel que dice "me tiro al rio", y se tira. Si me dicen cual séria el remedio para muchachos como yo, pues, nada. Que los pongan a trabajar; que hagan cualquier cosa. & & &■ Resumen del Informe de la Central de Observacién Tipologia 4-4-2 (Padre alcohélico). Hipertiroideo. Craneopatia metabélica. Erotismo bajo-normal. Aptitudes mentales déficientes. Escala Alexander C.I.P.: 53* Edad mental de 9 a 10*5 afios. Aptitu des psicosomâticas déficientes. Emotividad y actividad médias. Pri mario. Polaridad combativa. Constitucién displâsica (ni atlético, ni asténico, ni picnico). Débil mental, con responsabilidad muy limitada. Analfabeto (ignora quien descubrié América). Mi ente o no sitiîa bien los hechos. Se entusiasma e indigna con facilidad. Impulsivo, indécise, irreflexivo. Vive contento con su suerte. No le preocu- pa el futuro. En condena anterior se le aplicé la atenuante de ena- jenacién mental incomplets. Calificacién criminolégica: Tipo I, delincuente profesional re- fractario al trabajo ("quinqui"). Capacidad criminal media-alta. Egocentrismo, labilidad y agresividad, altos. Adaptabilidad social, baja-muy baja. Peligrosidad, media-alta. Pronéstico, desfavorable. C A S O NQ 10 J.J.J.- De 34 afios de edad. natural de Cérdoba. 1*60 de estatura. 55 kilos de peso. Pémulos anchos. moreno. entrece.io muy poblado; ore.jas despegadas. mâs la derecha que la izquier- da. Entrevistado en la Central de Observacién de Caraban­ chel; extingue una medida de seguridad. de très afios de internamiento. impuesta por aplicacién de la Ley de Va­ gos y Maleantes. Fue condenado anteriormente por varias faltas de hurto. cuatro delitos de hurto y uno de amena- zas; sufrié. ademâs, varios internamientos por aplica­ cién de la Ley de Vagos y Maleantes. Parlanchin. pedigüefio. sonriente. elemental. No parece tener inconveniente en faltar a la verdad cuando pueda favorecerle o divertirle. Su edad mental no sobrepasa los 12 afios. Naci en Cérdoba, capital, en 1935, y me echaron al torno ^sabe usted? Asi que me criaron las monjas, y a los siete afios me fui al Colegio de la Merced, también de monjas. Nunca supe de mis padres, ni de hermanos ni de parientes. Primero me llamaban Expésito de ape- llido, pero luego el cura me cambié el nombre. Se puso asi para dar- me la bendicién, y va y me dice; "En el nombre del Padre y del Hijo y del Espiritu Santo, tû te vas a llamar Fulano de Tal y Tal". Y asi me llamo ahora, pero no sé por qué me pusieron esos apellidos. Fui a clases hasta los 16 afios, y aprendi a leer y a escribir pa­ ra mi avio. También me ensefiaron en el colegio el oficio de barbero, para que pudiera ganarme la vida. A los 16 afios me fui voluntario a un Regimiento de Artilleria, y estuve très afios de trompeta; alli me porté bien y nunca me castigaron por cosas gordas. Pero después,cuan do me licencié, me fui por ahi, a Barcelona, Valencia, Zaragoza,Ali­ cante, Mâlaga, San Sebastiân, Bilbao, y vivia de lo que saliera; lo mismo me llevaba una cartera, que un reloj, que un transistor, que lo que pillara. La Guardia Civil y la Policia me cogieron muchas veces por indo- ; cumentado, y luego me aplicaban la Ley de Vagos y Maleantes. Tam­ bién me echaron unas ocho o diez condenas, pero siempre por cosas pequefias, cometidas en Barcelona y en Valencia. La condena mâs lar­ ge que tuve fue de cuatro afios de cârcel, por llevarme unas cosi- ■ ■ . [ lias de una joyeria. Total, que entre unas cosas y otras vine a es- l tar unos doce afios en la cârcel. Y esto ya no es vida ^comprends usted? Voy para los 35 afios, y otros que se criaron conmigo estân casados y viviendo bien. Pero claro... !' I:Entre 1954 y 1957 estuve en la Legién, en el Tercio Duque de Al­ ba, y luego en un destacamento en Sidi Ifni. También fui corneta y me porté bien; tanto que me dijeron que podia haber llegado a sar­ gento o a brigada; pero no quise quedarme, y por mi mala cabeza es­ toy aqui. I Cuando era legionario abri una cartilla de ahorros y junté 14000 r pesetas. Me fui a Sevilla y por ahi, y empecé a vivir a gusto,hasta | que me las gasté. Luego, claro, ya no tuve mâs remedio y empecé a robar, hasta ahora. Yo no conoci padres ni nadie de familia. Las monjas me criaron muy bien, y me daban buenos consejos para que aprendiese un oficio y me casase; pero yo era un rompecabezas y no hacian bueno de mi. En cambio, ya ve, uno de los que se criaron alli conmigo es cura, y otros estân empleados en bancos o tienen buenos oficios. Y cuando me encontré con alguno y me acerqué para pedirle veinte duros, me decian: "^Y es que tû no puedes ganarlo igual que nosotros?". Pero yo nunca tuve amigos y vivi a lo loco. Aqui mismo, en la cârcel, prefiero estar solo que acompafiado. Si estuviera completa- mente solo hasta me iba a encontrar a gusto; sobre todo si hay si­ tio para jugar al frontén. Me gusta mucho, pero siempre te estân quitanto en sitio y uno termina repodrido. Mire, esta herida de la mano me la hice contra la pared del frontén. Mis aficiones son los toros, los hailes, ir a las casas de putas y a las ferias; pero el cine no. Siempre tuve buena salud, sélo que a veces tengo reuina en la cadera, pero es que recorri tantos cami- nos de dla y de noche, y me quedé a dormir por tantas cunetas, que ahora las pago. En algunos sitios trabajé como barbero, y en otros como peén de albaflil, con menos de mil pesetas por semana; pero siempre por poco tiempo. Yo no sé por qué, pero preferla ganar la vida mâs fâcil. No sé, no sé si soy inteligente. Soy muy nervioso, sobre todo cuando tomo unas copas; pero no créa que me las cojo gordas como pianos. Yo sé que con cinco copas del vino de mi tierra, que pega fuerte y es el que me gusta, ya estoy cumplido, y de ahi no paso. Casi siempre soy alegre; claro que en la cârcel né, porque esto es como un hospital, y los compafieros son provocadores y peleones. En cambio a ml no me gusta pelear, ni discutir, y nunca anduve en llos de navajazos. Tengo voluntad; ya lo creo. Aqul, para no aburrirme, pido que me dejen hacer la limpieza, y hay que ver qué bien la hago. Es la ver­ dad, yo soy trabajador; lo que pasa es que me someto mal por no ha­ ber tenido padres. En cambio no soy carifioso con la gente; nunca tu ve amigos; prefiero la soledad. No noté ganas sexuales hasta los 16 o 18 afios. Mientras estuve en el colegio de las monjas, trabajaba, obedecla, iba de aqul para allâ, pero no notaba nada de eso. Por primera vez estuve con una mû jer a los 22 afios; luego ya fui con zorras. Una vez me buscé un ma- ricas en un cine, pero llamé al acomodador y le dije que me estaba molestando, y le llamaron la atencién. Tuve una novia casi dos afios y la consegul de todo; pero como supo mis pasos por la cârcel,pues me dejé y ahora estâ casada con otro. Cambio bastante de humor. Y no soy egoista; lo mismo me da tener un duro que no tenerlo; lo que mâs envidio de la gente es la buena ropa; yo ando mal vestido con esto, pero fljese que limpio llevo to do. Cuando tuve algo, di a los demâs, porque soy de muy buena volin tad. Las plllerlas que hice, siempre las hice solo, Ya le digo que no soy de buscar amigos por aqul y por allâ, que luego van a lo suyo.Me adapto a cualquier vida con facilidad, porque tengo buen acomodo. Si pudiera trabajar, trabajarla de barbero, porque puede uno sa- car una peseta y es oficio bonito. Mi aficién, ya se lo dije, es el ! cante, el baile, los toros y el teatro. He oido cantar a Juanito Val- derrama, a Pepe Pinto, a la Nifia de la Puebla y a otros asl. De arte no sé nada, pero tocaba con mafia la trompeta de pistones y el tambor. Ahora que la trompeta desgasta mucho y hace falta mantenerse bien; por eso no la toco. Las monjas me ensefiaron las cosas de la religién. Y hace unos me­ ses, después de llevar très afios en la cârcel, o cerca de ellos,con­ fesé y comulgué; y voy a misa los domingos. Asl siempre dirân "!Qué buen chico!". Pero el asunto no me preocupa mucho; ni rezo nada. La polltica tampoco me gusta, pero cuando mataron a Kennedy hablaba con los compafieros de la cârcel de esto y de lo tro ^Comprende? Pues, si; los déportés me gustan. Me gusta el juego de pelota,el fdtbol y la gimnasia. Soy capaz de aguantar cinco partidos de fdtbol seguidos, y cuando puedo hago déporté, porque luego duermo mejor.Ins truccién no tengo mucha; me apafio para leer y escribir, pero de mul- tiplicar y eso, poco, poco; ya no eStoy yo para eso. Me creo capaz de corregirme, siempre que me busquen una coloca- cién y encuentre alguien que dé la cara por ml. Mi vicio sélo es fu­ mar, porque no sé ni lo que son las drogas. El vino me gusta, pero nunca me emborracho. Lo mejor de ml es la buena salud; y lo peor, no lo sé. En ml no influyeron los amigos, porque no los tengo. Lo que mâs desearia del mundo, después de la libertad, es encontrar trabajo, tener un trapo que ponerme, una cama para dormir y un jornal para poder ir a un baile o a los toros. &Cual fue la causa de mis delitos? !Yo qué sé! Serâ porque no ten­ go el valor de hacer un atraco o pegar una pufialada, como hacen o— tros, y me conforme con un transistor o con doscientas o trescientas pesetas. Y es que no encuentro trabajo, y robo por necesidad. No me quieren dar trabajo porque no tengo documente de identidad. Y no lo saco porque si un dla apafio 20 duros me los gasto en comer o en una cosa que me tire mucho, pero no me los voy a gastar en un carnet de identidad. Cuando me llevo algo que no es mio no slento nada de particular. A lo mejor, si lo que me llevo era de un obrero, pienso que el pobre hombre habrâ tenido que sudar lo suyo para ganarlo. Pero luego me cl vido, porque nadie me va a compensar el sentimiento. Y hay que ver el trabajo que da vender lo que se coge por ahi. Primero hay que sa­ ber donde esté el "pera", que es el que compra lo robado, y luego re sulta que te da una miseria por un reloj de oro. !Nadie sabe lo que uno pasa! La cârcel no me sirvid de nada; porque,como no trabajo en un ofi­ cio pagado, salgo sin un ahorro para cuando quiera buscarme la vida en libertad. Aqul no aprendi a ser mejor, porque ademâs hay compafie­ ros que te lo hacen pasar muy mal. Mi miedo es que al salir libre, dentro de mes y pico, no me acomode bien; parece como si todo dios te mirase con asco. A lo mejor me retiro al campo y vuelvo a la ciu- dad cuando ya me haya acostumbrado un poco. La causa de todo lo que hice..., no sé. A lo mejor fue por no te­ ner el valor de ir a una Comisarla y contar todo lo que me pasa, pa­ ra que me ayuden. 0 por no haber tenido padre ni madre que estuvie- ran siempre encima de ml. !Qué sé yo! El remedio para los hombres como yo es tratar a cada uno como lo necesite, y decirles lo bonita que es la vida de la gente honrada. & & & Resumen del informe de la Central de Observacién Tipologia 3-5-3• Normocrino. Erotismo normal-bajo. Aptitudes mentales déficientes. Edàd mental, once afios. Aptitudes psicomo- trices muy déficientes. No emotivo, primario, muy colérico. Atlético, hiperestésico, oligofrênico, reacciones primitivas. Abûlico. Sin sentimientos morales, por incapacidad para sentirlos y comprenderlos. Analfabeto. Extrovertido. Ignora los meses y dias del afio. Se deja arrastrar por cualquiera. Ingresé diez veces en prisién. Ma­ la conducta penitenciarla. Calificacién criminolégica: Tipo I, refractario al trabajo. Pa­ sivo. Autor de hurtos y vago. Capacidad criminal muy alta. Egocen­ trismo, alto. Labilidad y agresividad, muy altas. Indiferencia afectiva, media-alta. Adaptabilidad social, muy baja. Peligrosi­ dad, alta-muy alta. Pronéstico,muy desfavorable. C A S O N8 11 K.K.K.- De 19 afios. natural de Salamanca. 1*70 de estatura. 57 kilos de peso. Mlope desde los 5 afios (7 y 11 dioptrlas) Moreno; facciones muy normales. Entrevistado en la Cen-- tral de Observacién de Carabanchel. Cumple una condena de seis afios y un dia de privacién de libertad como au­ tor de un delito de hurto y de otro de imprudencia terne- raria. Anteriormente fue castigado por un delito de robo y très de hurto. También estuvo sometido a un interna— miento por aplicacién de la Ley de Vagos y Maleantes.Ac­ tualmente estâ procesado. y pendiente de sentencia. por otro supuesto delito de hurto. Parco en el hablar; inteligencia despierta; se expresa correctamente; observador; su silencio parece escudo de su timidez o de su orgullo; apreciaciones contradicto— rias. No parece manifestar admiracién ni gran afecto ha­ cia sus padres. Oculté alguno de sus internamientos. Pregdnteme y yo contestaré; lo prefiero. Naci en Salamanca y fui­ mos cinco hermanos. Las otras cuatro son hembras; alguna ya estâ ca­ sada y las demâs trabajan. Yo soy el mâs chico y el dnico varén.Mi padre tiene 60 afios y mi madre algo menos; no lo sé exactamente.Mi padre trabajaba como empleado del Ayuntamiento, de consumero, en las casillas de arbitrios municipales. Alli, en Salamanca, cuando ténia seis o siete afios, sufri un ac­ cidente de automévil que me dejé una impresién enorme. Volviamos a la capital, de noche, y conducia un tio mio. El coche se fue de la carretera y volcé. Una prima mia, que iba a mi lado, se murié; ten­ dria 3 afios. Mi tia, la mujer del conductor, también résulté heri­ da, y yo me rompi un brazo. Mis padres notaron la huella tan fuerte que me dejé aquel accidente. Cuando yo tenla 7 afios, nos vlnlmos todos a vivir a Madrid. Al principio yo noté la crisis econémica de la familia, pero poco a po­ co las cosas se fueron equilibrando y conseguimos no pasar privacio- nes. Mis padre cogieron una porterla en una casa de vecindad bastan­ te céntrica, y altt siguen todavia. Ellos o mis hermanas vienen a me todas las semanas. Ni mis padres ni los ascendientes que yo conozco han tenido en­ fermedades mentales, ni han sido bebedores. En casa todos se que-- rian. Mis padres no fueron nunca autoritarios con mis hermanas, y menos afin conmigo, que soy el benjamin y el mâs mimado por todos. Yo he tenido amigos, tanto en Salamanca como en Madrid, pero nun­ ca amigos muy intimos. Es cosa que nunca me gusté. La verdad es que prefiero la soledad a la compafiia. Estudié hasta cuarto curso de bachillerato, pero no me gustaban los estudios y los dejé a los 15 afios. Claro, mis padres se lleva- ron el disgusto, pero yo hice lo que queria. Me atraia mucho la me- cânica y preferla trabajar en un taller. Hice los cursos de Maestria Industrial y me coloqué después como aprendiz de tornero. Mi salud siempre fue buena. El ambiente de mi casa creo yo que era normal. En el aspecto moral, era una casa cristiana, como la fa­ milia media espafiola, aunque sin exageraciones por parte de nadie. En mi casa se empefiaron en que yo siguiese estudiando y no lo consi- guieron, pero eso no dio lugar a ningun conflicto serio. Mi princi­ pal diversién por entonces era el cine. Intelectualmente creo que soy normal. Mi voluntad es bastante fuerte. Eso si, soy muy nervioso y excitable. No soy precisamente un caracter alegrej tampoco triste; mâs bien serio. El trabajo me gusta lo normal; si es de mi agrado, lo tomo como una distraccién. No soy agresivo,ni camorrista, ni discutidor. Me tengo por demasia- do carifioso. Sexualmente me destapé a los 15 afios, quizâ de una manera un po­ co violenta. A esa misma edad tuve trato con una chica, de manera ocasional. Después también estuve con alguna mâs, también de paso y sin interés; muchachas de mi edad. Ningun invertido intenté nada conmigo. Creo que no cambio fâcilmente de caracter. Mi egoismo es el co- rriente, y lo mismo mi generosidad. Pero le repito que no me gusta demaslado intimar con la gente; quizâ porque soy muy carifioso y te- mo entregarme demaslado. No éfe ; pero soy bastante introvertido. Nunca cometi un delito yo solo. Aunque haya actuado solo, era parte de un plan que habian hecho otros. No era yo quien mandaba y planeaba todo. Yo, simplemente, me dejaba llevar. Tardo mucho en adaptarme a las situaciones que se me presentan, como tardo mucho en entregarme a los amigos. Creo que tengo aptitudes para la Mecânica. Mi mayor aficién es el aéromodélisme. Para la religién, la moral y la politica soy en cierto modo indiferente. Hice la primera comunién y en casa me en­ sefiaron a rezar; pero cada vez lo fui haciendo menos. Ahora no voy a misa ni rezo. Creo en Dios y me siento cristiano, pero no caté— lico. Los déportés que mâs he practicado son la nataclén y el moto— cross, pero nunca en competiciones. De arte me gusta la pintura abstracta; delante de un cuadro abstracto me recreo imaginando la idea que inspiré al pintor y las que el cuadro puede sugerirme a mi. Soy capaz de corregirme; sin la menor duda. Es mâs, creo que ya antes de mis caidas estaba corregido; no sé cémo explicârselo. No me gustaba hacer lo que hice. La dnica idea que llevaba era juntar dinero para poner yo un taller mecânico, aunque fuese muy pequefio. Yo sabia que trabajando honradamente eso séria imposible, por mu­ chos afios que ahorrase. Y cuando los amigos me hablaron del asunto, pues me dejé ir... No tengo vicios; ni siquiera fumo. Me gusta beber, pero sin pa- sarme de la raya; nunca me emborraché. Las drogas ni las conozco. Las mujeres me gustan bastante, pero es lo natural. iQué es lo mejor de ml? Alguna vez me hlce yo esa pregunta y sen­ ti miedo a contestarla. Quizâ lo mejor que yo tenga sea mi manera de ser papa los demâs; mi caracter; porque me dejo llevar por ellos sdlo por complacerles, para que se desahoguen en ml mismo. Lo peor de ml no sabria decirlo. Creo que no me dejo influir demaslado por los demâs. Claro que esto quizâ se contradiga con algo de lo que he dicho; no sé. Si es- tuviese en libertad y me preguntasen cual era mi mayor deseo dlrla que tener un taller propio. Creo que me juzgaron tres veces. La primera, cuando tenla yo 17 afios, fue por un hurto de una moto "Lambreta", y me impusieron un arresto de tres meses, que cumpll Integramente. Nos hablamos puesto de acuerdo tres amigos para comprar o robar vehlculos en mejor o peor uso; quitâbamos las mejores piezas de unos y otros y montâbamos un vehlculo nuevo, distinto; era como una estafa, y procurâbamos venderlo lo mejor posible. La segunda vez también fue por llevarme una moto, y me salieron cuatro meses de arresto. Y la dltima vez, por el hurto de un coche, me impusieron 6 afios y un dla, porque ademâs habla reincidencia. Mientras cometla los delitos sentla mucho miedo a que me descu- brieran; me temblaba todo el cuerpo. Los cometla en cualquier épo­ ca del afio. Y la verdad es que siempre senti el remordimiento de lo que habla hecho; no era una cosa exagerada, pero siempre me do­ lié la conciencia. Ahora llevo en la cârcel unos trece meses. Creo que mi permanen- cia aqul no hizo nada en mi favor. Dése cuenta de la edad que ten­ go; aqul viene lo peor, y lo que se puede aprender de los compafie­ ros no es nada bueno. Todos los que entran se dedican a fantasear y a decir que hicieron esto y lo otro. Unos lo hicieron de verdad ; ( y presumen de eso, y otros se lo inventan para dârselas de machos y no ser menos. Claro que la cârcel tuvo para ml una cosa dtil, y es que me hlzo ver la Importancia que tiene la llbertad y el mal que me hice a m£ mlsmo y a los demâs, incluyendo a ml familia. Pienso mu cho en ml famllla; sobre todo en mis hermanas; mâs adn que en mis pa­ dres. Nunca tuve mledo a que cuando conslgulese la llbertad me mlrasen con malos ojos; qulzâ porque soy jâven y tengo poca experlencla. No sé; creo que todo se ha de olvldar y que yo me arreglaré. La causa principal de ml mala vida, lo que con mâs fuerza me 11e- v6 a esos delltos fue ml afân de Independencla y mis ganas de sobre- sallr sobre los demâs. Mis padres crelan que yo habla torcldo ml vi­ da al cortar los estudlos, y yo estaba empehado en tener pronto un taller para demostrarles que podla ser algulen en la vida* ^Cômo remedlar el asunto de los reincidentes? No sé; no sabrla contestar. Eso es muy dlflcll. Hay que saber mucho y ver mucho.Qul­ zâ dlrla que se preocupasen mucho de los que vuelven de la cârcel a la vida de llbertad; porque no saben andar por el mundo, y si se ven apurados puede que no encuentren otro camlno que volver a robar. & & Resumen del Informe de la Central de Observaclén Tlpologla 1-3-6 (Sheldon). Leptosomâtlco-atlétlco (Kretschmer). Normocrlno con tendencla hlpertlroldea. Erotlsmo alto-normal. Apti tudes mentales buenas. Escala Alexander C.I.P.: 96. Sentlmlento de Inferlorldad por su gran mlopla (7 y 10 dloptrlas). Psiqulâtrlcamente normal, aunque tuvo una crisis puberal a los 15 ahos. Introvertldo, depreslvo, medltabundo, débll de carâcter. Sus sentlmlentos morales no aparecen antes del dellto slno después, en forma de^temor y remordlmlento, aunque él trata de contrarres- tarlos amparândose en razones utllltarlas. Reza cuando slente temor i J * Buena conducta penltenciaria. Delicuente profesional refracta- rlo al trabajo. Actlvo. Precoz multirreincidente. Quizâ comenzd por una crisis puberal, aunque en la actualidad encaja mejor en el tipo I. Capacidad criminal media-alta. Egocentrismo, labilidad afec.tlva y agresividad, altos. Adaptabilldad social, media-alta. Peligrosldad, media-alta. Prondstico, desfavorable. C A s 0 Ng 12 L.L.L.- De 20 afios de edad, natural de X, provincia de Bada.joz; dice medir 1*40 de estatura, pero mide al menos 1 *8 0 ; 70 kilos de peso; moreno ; f rente huida, o.ios vivos .gran des y muy oscuros. Entrevistado en la Central de Obser- vacidn de Carabanchel. Cumple dos condenas. que suman ocho aAos de reclusidn, por dos delitos de robo. Fue condenado anteriormente por un delito de robo y otro de hurto de uso. Ademâs, estâ pendiente de sentencia en dos causas que se le siguen por un delito de hurto de uso y otro de robo. Apenas habla espontâneamente; todo hay que sacârselo con traba.io. pese a su buena voluntad. Cortlsimo de ex- presidn. Su nivel mental ronda la oligofrenia. Se rubo- riza fâcilmente. y habla poco y dulcemente. Naci en un pueblo de Extremadura, pero a los siete ahos me vi­ ne con mi familia a Madrid, al barrio de Tetuân. En el pueblo,mi padre era melero y mi madré modista. Somos cuatro hermanosj yo soy el mayor y las otras son todas nihas. La mayor trabaja de asisten- ta y las otras van al colegio. En Madrid, mi padre cambid de ofi- cio y se hizo soldador; trabaja en la construccidn. Aqul tiene la foto de todos; se la hicieron hace afto y medio. No conozco abuelos, ni tios ni nadie de la familia que fuesen delincuentes ni estuviesen mal de la cabeza. Sdlo yo, que tengo ataques epilépticos desde los 12 ahos. Yo me llevo bien con todos los de casa; mis padres también se llevan bien entre ellos y con nosotros; y los hermanos también nos llevamos normal. Yo, entre Extremadura y Madrid, fui unos nueve aflos al colegio, pero no de bachiller. Trabajé de cerrajero casi très aflos. Después aprendl a condu- cir y hacla con una furgoneta el reparto de una panaderla. Me en- Beîiô un primo mlo. Cuando era muy joven conocdt a un par de amlgos que tienen mucha culpa de lo que me pasa. Con uno de ellos cornet! el primer hurto de un coche y algunos robos mâs. Antes de los 16 ahos me cçgiô el Tribunal de Menores, pero por causa de los ata­ ques no me echaron pena y sdlo me mandaron a un colegio especial, el de San José, aqul, en Carabanchel. Lo diriglan unos frailes, y conmigo se portaron bien; me dejaban salir todos los domingos. Ténia yo 16 ahos cuando vine por primera vez a la cârcel de Ca­ rabanchel; fue porque nos cogieron a dos robando en una tienda,des pués de romper la puerta con una palanqueta. Nos pescd el sereno, y a mi me echaron cinco meses de cârcel. Al salir empecé a trabajar de cerrajero, pero me encontré a los mismos chavales y volvi a cometer en pareja algunos robos.En uno de ellos, también en una tienda, el sereno nos dio el alto yyenganchd al otro muchacho, que fue el que me denuncid; entonces me echaron ocho ahos, que son los que estoy cumpliendo. Entre una cosa y otra, también nos cogid un policia secreto cuando ibamos a llevarnos una moto, y me salieron très meses de prisidn. Yo, menos en lo de los ataques, tengo buena salud. Soy bastan- te tranquflo, menos cuando me atacan los nervios. Me parece que soy voluntarioso; claro. El trabajo sdlo me gusta un regular. Soy pe- ledn, eso si, y muy discutidor; pero no lo hago por gusto. Creo que soy cariffoso con las personas. Empecé a notar la sexualidad a la edad de todo el mundo. Nunca anduve con ningun invertido.Tu­ ve très o cuatro novias, y las respetaba; pero me fui algunas ve- ces con mujeres que lo hacen por dinero. Soy muy igual en mi caracter; mâs bien alegre. Ni tacaho ni desprendido, aunque doy con facilidad lo que tengo. Cuando robé en compahia no sé si mandata el otro o mandata yo; puede ser que mandâsemos los dos. Mi compahero de la ültima vez era cuatro me­ ses mayor que yo. Era un término medio de inteligencia - como yo, que soy del montén -, pero le admiraba porque me trataba bien y ténia buen habla conmigo. Me adapto a todo con facilidad. Sirvo para la cerrajeria; pero nunca tuve aflciones de esas que tienen otros. De religidn, de mo­ ral y de pplitica no tengo ideas; no es cpsa que me haya gustado. Mi madre nos llevaba a misa y nos enseffab^ a rezar cuando éramos pequehos; pero eso lo dejé por completo. Nunca hice ningun déporté, salvo jugar algdn partido de fdtbol cuando era chaval. De arte no entiendo nada, ni me gusta. Nuca pro- bé drogas; y alcohol no tomo, porque cuando lo probaba, yendo con los amigos a los bares, notaba que me caia muy mal y tenia muy mal vino. Yo no sé si soy capaz de corregirme; lo que sé es que cuando es­ té en llbertad seré lo mejor que pueda. Pero, claro, reconozco que me dejo llevar bastante por los amigos, que tienen influencia so­ bre mi. >Lo mejor de mi es el trabajo, y lo peor que tengo son los ata- ques que me dan. Lo que mâs deseo del mundo, cuando esté en liber- tad, es olvidar todo lo pasado y ponerme a trabajar como un hombre honrado. Casi no me acuerdo de los primeros delitos que cometi. Tendria yo diez ahos y aprovechâbamos el descuido de los taxistas para co- gerle algo de la caja de la recaudacién; con lo que sacâbamos nos ibamos al cine o comprâbamos tonterias. Una vez me escapé de casa, pero por poco tiempo. Cuando ya fui un poco mayor, lo que buscaba con los robos era sacar dinero para gastarlo en mujeres o en es- pectâculos. Mientras cometia los delitos no sentia nada de parti­ cular, y no me acuerdo si sélo lo hacia en una época del aho o en todas. Alguna vez senti arrepentimiento de lo que habia hecho, pe­ ro no era lo corriente; casi siempre olvidaba todo pronto. El paso por la cârcel le perjudica a uno, porque a la salida la gente le mira de otro modo. For el delito que ahora cumplo lle­ vo unos cuatro aflos en prisién, y creo que las compahias de los muchachos que estân aqui dentro no influyeron para hacerme peor. A lo mejor ocurre lo contrario: que salgo mejor de lo que entré, porque escarmenté. Pues yo no sé cuales fueron las causas de todo lo malo que hi­ ce, pero quizâ fueron los malos amigos con los que me junté, Y el remedio para muchachos como yo..., eso es muy dificil saberlo. & & & Resumen del informe de la Central de Observacién Tipologia 4-5-3 (Sheldon). Ataques epilépticos desde los doce ahos. Normocrino. Erotismo medio-bajo. Aptitudes mentales médias. Escala Alexander, C.I.P.: 82. Nivel intelectual bajo, sin llegar a oligofrénico. Atlético. Isotlmico. Amorfo. Influible. Enequético. Introvertido. Apâtico. Sentimientos morales infantiles. Buena conducta penitenciaria. Delincuente profesional refracta- rio al trabajo. Capacidad criminal, alta. Egocentrismo, alto. La­ bilidad, muy alta. Adaptabilidad social, baja. Peligrosidad, tien- de a alta. Pronéstico desfavorable. f I' c A s 0 Ng 13 M.M.M.- De 17 afios de edad, natural de X, provincia de Toledo.do- miciliado en Madrid desde los très meses de edad. Faccio- nes normales, moreno. mide 1 * 6 5 de estatura, pesa 52 ki­ los. Entrevistado en la Central de Observacién de Cara­ banchel. Extingue una condena de cuatro ahos de presidio por complicidad en un robo. Fue castigado anteriormente por la comisidn de otros très delitos de robo y actual- mente esté procesado por un delito de robo de uso. Inteligencia normal. Habla con cierta vergüenza de sus delitos y no los confiesa todos. Parece muy curioso. va- nidoso y algo fantâstico. Habla sin exceso de contencidn. En el transcurso de la charla da lectura a un pequeho re- lato escrito por él. acaso buscando Animes o aplauso; el relato - que es pobre de léxico y casi tan pobre de ideas - se centra en la situacién desdichada de un hombre priva- do de llbertad. Naci en la provincia de Toledo, pero me vine a Madrid con la fami­ lia cuando sélo ténia très meses. Yo soy el mayor de cuatro herma­ nos, varones todos. Mi padre es oficial albahil y tiene 46 ahos. Mi madre tiene 40. Vivimos siempre modestamente, pero sin privarnos de lo necesario, porque mi padre trabaja mucho y mi madre es muy apa- hada. En casa todos nos llevamos bien, tanto mi padre con mi madre, co­ mo mis hermanos entre si y con mis padres. Mi padre se fue a traba­ jar a Suiza para sacar un jornai mejor; estuvo alli en total cinco ahos, cuando yo andaba entre los 9 y los 14* Mis padres no son se- veros con nosotros, aunque tampoco demasiado dulces. Fui al colegio durante siete ahos, pero no estudié nada de bachi- llerato. Yo intimaba dificilmente con los amigos; puede decirse que sélo tuve un amigo intimo, pero no creo que haya influido nunca so- bre ml, aunque el primer delito lo cometimos juntos. Hace dos aflos y pico, cuando yo tenia 15> tuve una impresidn muy fuerte que nunca se me olvidarâ. Mi hermano mâs chico, que de- bla andar por los 8 meses, tuvo un ataque terrible. Cada vez que recibla un golpe, le daba como un ataque, como una excitacidn ner- viosa que no le dejaba romper a llorar; parecla que se nos morla ahogado. Aquel dla tardé mâs que nunca y, por fin, empezé a llorar y se pasé horas y horas gritando. Le llevamos a la Cllnica de la Paz y estuvo internado varias semanas. Ahora aun le siguen dando esos ataques, pero no le cuesta tanto romper a llorar. En mi casa no vivimos preocupados por el miedo a las normas morales. Es una casa corriente, sin exageraciones. Yo ahora no tenla ningun amigo Intimo, desde hace dos aflos que rompl con a- quel del que le hablé. Empecé a trabajar a los 13 aflos, de apren diz de fontanero, y no me iba mal, porque a los 14 sacaba yo 1.400 pesetas semanales y otras chapucitas que me hacla por mi cuenta. Mis diversiones eran el cine y, cuando podla, los toros. Flje- se si me gustarân los toros que a los 14 aflos me escapé de casa y me pasé très meses de maletilla. Estuve en Avila, en Medina del Campo, el Palma de Mallorca, en Formentor y en Valencia. Aquello me gusta un rato. Tengo un recuerdo extraordinario; de verdad que si pudiera volverla a largarme; y es que, ademâs, me siento con facultades para el toreo. Antes de aquello habla hecho yo otra cosa muy gorda. Tenla yo 13 aflos y, aprovechando un permiso de mi padre, que habla venido a disfrutar desde Suiza, le robé de un armario 20.000 pesetas.Me las gasté en pocas semanas con mi amigo Intimo, en taxis, restau­ rantes, cines y cosas asl. Mi padre se dio cuenta de quien le ha­ bla llevado el dinero y me dio una leccién que no se me olvidarâ. Ni me denuncié ni me pegé; sélo después me dijo una cosa que des­ pués recordé muchas veces: "Si no vuelves pronto a tu trabajo y dejas de hacer el golfo, terminarâs encerrado en la cârcel". Y ya ve usted si tuvo razén. Me creo de Inteligencia media. De voluntad iqué le diria? Pues, me parece que es fuerte, o normal; pero luego siempre me lian,por­ que todo me lo ponen de color de rosa. Mi temperamento creo que es pacifico y tranquilo, aunque a veces me excito sin que yo sepa el porqué de esos contrastes. Soy serio, pero con tendencia al buen humor. Las cosas me suelen preocupar mucho. Me gusta el trabajo; muchas veces estaba deseando que llegase la maflana para irme al taller; quizâ sea porque me desagrada no tener la mente ocupada en algo. Note el apetito sexual entre los 15 y los 16 aflos, pero es cosa que no me cuesta gran trabajo aguantar. No tuve ninguna novia ni estuve en plan Intimo con ninguna mujer. Tampoco intenté nada con­ migo ningun marica; y si lo hace pincharla en hueso, porque creo que eso es lo Ultimo de la vida. I No cambio fâcilmente de humor. Soy muy reconcentrado en ml mis- ]mo, y quizâ por eso tardo mucho en darme a los amigos. No creo que sea egoista; la prueba es que, como mis padres vienen a verme cada très dlas, siempre reparto lo que me traen con los compafleros que no reciben visita. Los mismos funcionarios de Prisiones se dan cuenta y me lo dicen. Los delitos que cometi los hice siempre en compaflla de otros. Y no es que no me décida yo solo; es que va uno mâs animado, como en otro mundo. Ni soy yo el que lleva a los demâs ni me dejo lle­ var por ellos; pero de todas formas me gusta que me manden, siem­ pre que sean hombres con cabeza, porque asl hay menos responsabi- lidad. Los que actuaron conmigo eran siempre los mismos amigos,que habla conocido en el trabajo. Yo no frecuentaba otros ambientes; no me gusta nada ir a bares ni a clubs. En el Ultimo delito inter- vinimos cinco chicos de mi edad. Ahl me castigaron sin culpa; yo sélo habla intervenido en el robo de un coche para ir a Valencia con los otros, pero no tomé parte en el robo de Valencia; y ya ve, me echaron cuatro aflos por complicidad y porque tenla anteceden— tes. A otro chico le salieron nueve, pero es que era mayor de 18 aflos. Tuve que pasar por algunas cosas en la vida y pienso que sirvo para adaptarme, que me adapto con facilidad a todo. Mi mayor apti- (tud en el trabajo es la fontanerla. Y mis aficiones son la filate- lia, aunque ya la dejé, y escribir algunas cositas, como novelas y asl. Tengo aqul una cosa que escribl hoy después de comer &Quie- re que se la lea? La polltica y esas cosas no me gustan. Mi ideal es salir de aqul y ponerme a trabajar; bueno, lo que hace un muchacho normal en la calle. Creo en Dios y voy a misa, pero no me interesa introducirme en la religién, meterme muy a fondo. En casa nos haclan ir a misa; sobre todo mi madre. Casi no hice déporté; algunos partidos de fdtbol, como todos los chavales. Bueno, me gusta el tiro con arco, y tengo uno en ca­ sa, que me lo compré mi padre. iSi soy capaz de corregirme? Pues a ml me parece que si; que si me lo propongo, si. Y desde el dla que entré aqul, me lo propuse. Puede decirse que no tengo vicios, porque s61o fumo dos o tres pi- tillos al dla. No me gusta la bebida, y de drogas no quiero saber nada, porque soy de los que opinan que a la larga destrozan la sa­ lud . Lo mejor de ml es mi buen caracter, y lo peor es que me dejo in- fluenciar. Por el ambiente, por lo que sea, terminan convenciéndo- me. Sin embargo, ya ve usted, a veces pienso que yo no me dejo con- vencer tan pronto, porque soy muy cabezdn, y si me lo propongo agu£n_ to en mis trece. Lo que mâs deseo del mundo es tener salud para continuar la vi­ da. Eso es lo que pido: salud. Muchos de los que estân aqul dentro no tienen mâs deseo que ser ricos. Yo me arreglarla con salud y con un trabajo bien retribuido. I' Tenla yo 16 aflos cuando hice mi primer delito, un robo en una tienda de electrodomésticos, con la fractura de una luna; por aque­ llo me pusieron seis meses de cârcel. El segundo delito, que es por el que estoy aqul, lo cometi el mismo dla en que cumplla los 17 aflos; fue el robo del coche, en Madrid, con el que luego fuimos a Valen­ cia, para que mis compafleros robasen en un establecimiento; me pu­ sieron cuatro aflos de presidio y ya llevo casi uno cumplido. &La causa de todo? Pues de j arme convencer por un grupo de amigos. En el fondo, lo que habla era un ansia de dinero para conseguir asl la independencia. Mientras estaba cometiendo un robo sentia mucho miedo a que pu- dieran pescarnos; y después de cometido siempre senti arrepentimien to. Estaba arrepentido por varias causas: porque me consideraba un mierda, un golfo; porque habla prometido a mis padres no robar mâs y, también, por el temor a que me descubrieran. f Mi estancia en la cârcel tuvo buenos y malos efectos. Aqul apren de uno lo que es la vida y lo desgraciados que son todos los compa­ fleros; pero también se pierde la costumbre y el gusto por el traba­ jo. Piensas que ya eres un desdichado para toda la vida, por el con cepto que la gente se ha de formar de tl. Ademâs, la calafla que hay aqul te hace salir mâs bruto y mâs idiota que cuando entraste. Noto que este ambiente influye mucho en ml. Prueba de que no me arreglé, a pesar de mis deseos, es que hace unos meses falsifiqué unos vales con los que pagamos en la cârcel, por un valor de 4 . 3 0 0 pesetas.Lo hice casi por distraerme, uno a uno, los mayores de 50 pesetas, y luego consegul pasarlos con la ayuda de un compaflero. Menos mal que el jefe que me descubrié se porté como un padre, y sabiendo mi edad no me mandé al Juzgado, porque podla costarme unos cuantos aflos mâs en presidio. Es la verdad. A pesar de todo, yo espero que mis padres me reciban bien y que todos los demâs me acepten. Nadie es santo y creo que no me trata- » i rân mal. La causa de todo fue el pensar poco en lo que hacla. Para ml el remedio serlan mandarme a un establecimiento de externos, como el de Liria. Aquello es otro ambiente; trabaja uno fuera y puede ganar un jornal, ganar la confianza de los jefes y también la mla. Aqul no es posible; siempre lo mismo; todos los presos estân siempre ha- blando de las mismas cosas. & & Resumen del informe de la Central de Observacién Tipologia 4-4-2. Normocrino. Erotismo bajo. Actitudes homosexua- les. Aptitudes mentales buenas; escala Alexander, C.I.P. 93. Emotivo; primario. Polaridad combativa.,Réserva. Angustia. Sen- timiento dq inferioridad e inseguridad. Abdlico, sin llegar a psi- cépata; apt̂ o para que prenda en él la homosexualidad. Narcisista; acicalado; llamativo en el vestir. Le aburre toda distraccién intelectual. Influible por los demâs. Apenas tiene sen­ timientos morales. Mala conducta penitenciaria. Calificacién criminolégica: Tipo I. Delincuente profesional refractario al trabajo. Activo. Multirrein­ cidente precoz. Capacidad criminal, alta. Egocentrismo, labilidad, agresividad e indiferencia afectiva, altos. Adaptabilidad social, baja. Peligrosidad, media-alta. Pronéstico desfavorable. c A s 0 Ng 14 N,N,N,- De 17 aflos de edad. natural del barrio de Vallecas. en Madrid, mide 1*69 de estatura y pesa 60 kilos; pelo tri- gueflo. Entrevistado en la Central de Observacién, de Ca rabanchel. Extingue actualmente dos condenas de dos aflos de presidio cada una, por robo de uso de un vehiculo y por robo en un establecimiento comercial. Al propio tdem po esté procesado y pendiente de fallo por supuesto de­ lito de robo de uso de un automévil. Anteriormente fue procesado por tres delitos de robo, si bien salié ab- suelto por falta de pruebas. Por otra parte, sufrié va una condena por delito de robo. Antes de los 16 aflos, cometié dos robos, por los que estuvo internado en una Casa Tutelar de Menores. Facciones finas, agradables. Timido; muy corto de expre- sién; reacciones mentales lentâs; edad mental inferior a la cronolégica. Personalidad comple.ja e inmadura. Toda la familia somos de aqui, de Vallecas. Mi padre tiene 42 aflos, y mi madre 3 8. Yo soy el mayor de los tres hermanosj el que me sigue es un chico de 16 aflos (le llevo 14 meses) y la dltima es una nifla de I3 aflos. En la familia nos llevamos bien. Mis padres también, aunques an­ tes no tanto, porque mi padre bebia muchlsimo y, como trala poco dinero, mi madre le regaflaba y andaban a la gresca. De todas mane- ras, no creo que mi padre esté alcoholizado, porque ya hace como tres aflos que dejé de beber tanto. Al principio mi padre trabaja- ba como cargador de camiones, apaleando tierra o lo que fuerajpero ahora es peén de albaflil y no anda tan matado. Mi madre atendia a la casa, pero a veces también asistia a alguna familia o lavaba la ropa. Total, que no nos faltaba de comer; pero era una economia mo desta. Entre los hermanos nos llevamos bien, y también con mis padres. No sé si fueron duros o blandos con nosotros. Mi madre era dura conmigo; me regaflaba y me pegaba mucho. Mi padre pegaba menos, pe- ' fro cuando empecé con los robos se armaba de correa y me ponla la : Ipiel caliente. En otras cosas, en cambio, eran mâs bien blandos. Mi padre siempre prefirié a la nifla, quizâ por eso de ser nifla o de ser la mâs chica. Y mi madre me preferla a ml, ^Quien preferla al del medio? Pues, no lo sé; claro que ese es de cuidado; golfo como él solo; mi hermano tiene mucha culpa de las cosas que a ml me pasan. Porque me présenta a sus amigos, y un poco por aqul y otro poco por alll, y terminan engatusândome. Yo tuve bastantes amigos, pero no Intimos. Muchos amigos de mi hermano se hicieron luego amigos mlos, y como casi todos eran la- drones, pues me metlan en robos y cosas asl. Yo también tuve algu­ nos amigos sélo mlos, chavales simpâticos y corrientes, que nunca hicieron qada malo. Fui unos seis aflos a la escuela del Estado y aprendl para ban- dearme. Siempre anduve bien de salud. En mi casa de eso de la mo- ralidad, pues no sé, eran descuidados. Cuando tenla doce aflos me puse a trabajar en un taller de "motos", porque me gustaba la me- cânica; pero sélo estuve alll como medio aflo, porque no tenla la edad, y al fin me largaron. Después empecé de aprendiz en una en- cuadernacién y de alll pasé a trabajos de imprenta. La mayor impresién que recibl de chaval fue a los once aflos.Iba yo camino de casa y un motorista chocé de frente contra un camién. Bueno; quedé espachurradito, el pobre; con toda la sesada y el pe­ lo pegados al capé del camién. Yo me quedé paralizado, sin reaccio nar, blanco como el papel, hasta que un seflor me empezé a gritar y a darme bofetadas para que saliera del pasmo. Empecé a correr hasta llegar a mi casa y estaba de una manera rara; mi madre me preguntaba qué me pasaba; pero yo, no sé por qué, no quuerla con- tarle nada* v: I' Mis diversiones, hasta casi hace un aflo que estoy aqul, eran pa- lear con los amigos o con la novia, ir al baile los sâbados y domin- fos, y sobqe todo ir al cine. Las pellculap que mâs me gustan son las cémicas; las de aventuras y policiacas, no tanto. Yo de inteligencia me considero una cosa media. Y voluntad tengo la suficiente para pensar una cosa y hacerla. No es que sea muy ner Tioso, pero a veces..., no sé, soy un término medio. Mi modo de ser es serio, pero con tendencia a la alegrla. El trabajo me gusta, aunque a veces sea pesado hacer siempre lo nismo y lo mismo. En mi trato con la gente no soy ofensivo; nunca ne quise partir la cara con los chavales; si he podido evitar la pe lea, la he evitado. No, no me gusta enfollonarme con nadie, ni dis- cutir. Yo creo que le cojo râpidamente cariflo a la gente. Eso de ia fuerza sexual, ya ve, no lo hè notado hasta hace poqul- simo tiempd. Empecé a los 16 aflos largos, y fue aqui, en la cârcel; ce once meses a esta parte. Aqui también hày algun maricas, pero a ni ninguno intenté llevarme por ese camino; no sé si es porque soy Tergonzoso, pero eso no me va. Desde los 14 aflos tuve novia; nos di- nos algun besito y nada mâs, porque ya le dije que yo sentia como tn niflo. Y aun la quiero y me acuerdo mucho, mucho, de ella. Rompi- nos porque yo dejé de escribirle para que no supiera donde estoy; me caba vergüenza. Pero pienso en ella, y ella también debe de acordar- se mucho de mi porque va por casa de mi madre a preguntarle cémo e^ toy, y alguna vez, algun domingo, se quedé a dormir alli. Mi madre la engafla, y le dice que estoy trabajando fuera. Yo no cambio con facilidad de manera de ser, pero he notado que tengo dos caractères. Aqui soy bueno y me gustan las cosas legales; pero en la calle soy mâs inquieto, mâs revoltoso, y termino yéndome con los golfos. Me parece que soy generoso> que doy de lo que ten­ go ; vamos, que no soy demasiado egoista, aunque sea un poco concen- % trado. Cuando cometi robos con otros, siempre me dejé llevar y mandar; porque,no sé..., yo soy asi. Al principio no quiero, y luego, poco a poco... Pero yo no mando nada. Me cuesta mucho hacerme a situaclones y a personas nuevas. Lo he notado^ en los camblos de cârceles y en otros sitiosj cuando veoI caras nueyas y cosas nuevas, no sé, no me hago. Lo que creo que harla mejor son trabajos de imprenta, sobre to­ do con mâquinas. No tengo ideas ni idéales; bueno, tengo algunas, pero né, prefiero no pensar. Leer..., poco; alguna novela de aven­ turas, como Cristébal Colén o cualquier personaje asi. En casa somos catdlicos, pero sin practicar. Una prima mia, que tiene ahora 20 aflos, se empeflé en que yo hiciese la Primera Comu- nidn, cuando yo ténia 12 aflos, y la hice. Iba algunas veces a misa los domingos, con la novia. Hay veces que rezo de noche; me ensefla ron en el colegio. Aqui en la prisién no me ha gustado nunca ir a confesar ni cosas de ésas. Creo en Dios y no creo; lei algunas co­ sas de la'Biblia, pero no alcanzo eso; no me preocupa. 3 De déporté sélo hice algo de gimnasia en el Reformatorio de Me­ nores. El arte no me interesa; no me llama la atencién; ni siquie- ra la mdsica de baile. He pensado mucho en si soy capaz de corregirme y hacer una vida normal. Y después de lo que he pasado creo que ya tengo voluntad para decir "no lo hago", y no hacerlo. Mi vicio es el tabaco; fumaré un paquete diario. De otras cosas, nada; ni de drogas. Me gusta tomar unas copas, pero nunca he dado traspiés. De lo que hacia mi padre, nada. Lo mejor que tengo es el buen caracter. Y lo peor es que me jun to fâcilmente con malas personas y me dejo llevar por ellas; bueno, siempre que no me fuercen. Lo que mâs deseo es la libertad, claro. Y después, encontrarme con mis padres y casarme con la novia que he tenido. Estuve varias veces en el reformatorio y en la cârcel. A los 14 aflos cometi un robo en un establecimiento, de dinero y cosas, y el Tribunal de Menores me castigé. Después, cuando casi ténia 15, vol- cvi a robar y volvieron a castigarme; en total estuve como aflo y mê dio internado, y tengo muy mal recuerdo; alli me fue muy mal. Luego estuve tres veces en la cârcel. La primera, por tres ro­ bos hechos en compaflia de otros chavales, cuando yo ténia 16 aflos; no hubo pruebas contra mi y sali absuelto. La segunda vez, por un robo pequeflo que hice yo solo, me echaron mes y medio de cârcel,Y la tercera vez robamos un coche en Madrid y con él nos fuimos a ro bar a Valencia. Ahi si que fui engaflado por los demâs; yo no sabia que el coche era robado, y si hubiera tenido mâs valor me hubiera bajado en el camino. Entre los compafleros estaba mi hermano y al­ gunos amigos suyos. Me pusieron dos aflos de presidio por lo del co­ che y otrps dos por el robo de la tienda de Valencia. Yo lo dnico que he sentido cuando robaba era miedo a que me co- gieran. Lo hacia en cualquier época del aflo. Y el caso es que, des­ pués de hacer cualquier cosa de ésas, siempre sentia arrepentimien­ to, como una vergüenza de ser asi. Del reformatorio y de la cârcel salgo peor de lo que entré, a mi parecer, por las cosas que le oye uno a los compafleros. Bueno, la verdad es que sali peor del reformatorio que de la cârcel;alli conoci a chavales que luego los encontré en la calle y me junté a ellos para volver a las andadas. Eso me pasé, precisamente, con un chaval de mi edad al que usted entrevisté ayer. Ese si que me pare­ ce dificil que cambie; es..., bueno, tiene labia y es como es. Aun me faltan tres aflos para salir, pero siento miedo y vergüen za de cémo me recibirân cuando me pongan en libertad. Puede que el haber estado en la cârcel no me impida trabajar. No sé; quién sabe. La vez anterior, cuando quise buscar trabajo, nadie me lo queria dar !Qué sé yo! La culpa de lo que me pasa y de cémo soy me la echo a mi mismo; aunque mi hermano, que es mâs sinvergüenza que yo, fue el que me empujd a todo. Ya ve, aun siendo mâs pequeflo, me empieza a dar vueltas y me 11a. El estâ ahora en el Reformatorio, por el robo de Valencia.; - h s > Claro, yo tengo que seguir preso, pero lo mejor para ml serla Ï que me metiesen en un establecimiento abierto o semiabierto. Por- f?,. que le dejan salir a uno a la calle y trabajar; y asl me dan otra vez una confianza. Yo creo que asl me recuperaba. & Resumen del informe de la Central de Observacién Tipologia 2-4-5* Normocrino de tendencia hipertiroidea. Erotis­ mo bajo. Aptitudes mentales, buenas. Escala Alexander C.I.P.: 100. Leptosomâtico, introvertido, anestésico (poco emotivo). Abdli­ co. Narcisista. Fama de homosexual pasivo. Afeminado. Poca formacién moral, si bien tiene vergüenza. Comulgé una vez en la vida. Alta capacidad criminal. Alto egocentrismo. Alta labilidad afec tiva. Alta agresividad. Baja adaptabilidad social. Peligrosidad media-alta. Pronéstico desfavorable. C A S O Ng 15 0.0.0.- De 21 aflos de edad, natural de Almeria. Mide 1*70 de estatura; pesa 62 kilos. Moreno, facciones muy correc­ tes . dentadura perfecta. Uflas largas y puntiagudas. En­ trevistado en la Central de Observacién, de Carabanchel. Extingue actualmente una condena de seis aflos de presi­ dio por la comisién de dos delitos de robo flleva cum- plidos cuatro aflos v medio). Con anterioridad fue con­ denado a penas cortas por la comisién de tres delitos o faltas de hurto, uno de apropiacién indebida y un hur» to de uso de automévil. En la actualidad estâ procesa­ do por tres supuestos delitos de hurto de uso y uno de robo. Antes de cumplir los 16 aflos cometié varios hur- tos de vehiculos, por lo que frecuenté los reformato­ ries. Estuvo sometido a un internamiento por aplicacién 1 de la Ley de Vagos y Maleantes. Sincerot aunque inicialmente reservado, sobre todo en lo que respecta a su tendencia dominante. Inteligencia muy despierta. Buena expresién. El gesto con que acce­ de a la entrevista tiene algo de cinismo y presuntuosi- dad. Empieza de.jândose preguntar y concluye hablando es- pontâneamente y con agrado. Naci en Almeria. Somos dos hermanos; el otro es un varén que me lleva mâs de tres aflos. Mi padre tiene unos cincuenta y tantos aflos, casi sesenta; no lo sé. Mi madre murié, pero debia de ser mâs jéven que èl. Creo que tendria 34 cuando se murié; yo tenla once aflos. Verâ, entre mi padre y mi madre no habia acuerdo; tanto, que se separaron judicialmente cuando yo tendria cuatro o cinco aflos. El juez me mandé a ml con mi madre y a mi hermano con mi padre.Yo casi no tuve contacte con ninguno de los dos, porque mi madre,que vivla con una hermana soltera y con mi abuelo, padecla de ataques epilépticos y andaba continuamente entrando y saliendo del manico- mio, Recuerdo muy bien aquellos ataques, aunque yo era muy chico, Habia meses que le daban cuatro y cinco, y alguno me cogid a mi 3 solo. Al principio me impresionaban mucho, pero luego no tanto. Mi padre es mecânico electricista, y la situacién econémica, pues, claro, no era muy desahogada, Yo empecé a escaparme de casa de mi madre - si puede decirse que era aquélla la casa de mi madre- alrededor de los nueve o diez aflos, Precisamente, cuando ella se murié en el manicomio llevaba yo varios dias escapadoj me cogié la Guardia Civil en Granada y me llevé a Almeria; alli me enteré de su muerte, Entonces pasé a vivir con mi padre y mi hermano, pero por muy poco tiempo, porque a los pocos dias ya me habia escapado otra vez. Me cogian y me llevaban a casa, pero no tardaba en vol­ ver a escapar. Por eso mi padre, sin saber ya qué hacer, me metié a los doce aflos en un reformatorio. Pero no remédié nada, porque también del reformatorio me escapaba una y otra vez. Al fin y al cabo, es lo normal. En el primer reformatorio habré estado cosa de un aflo. De alli pasé a otro de régimen mâs fuerte, en Orihuela, en donde habré es tado otro aflo, y del que también me escapaba, casi siempre hacia Almeria, pero sin ir a la casa de mi padre. Como veian que era ca si un incorregible, me mandaron a un nuevo reformatorio mâs seve- ro, a 8 kilémetros de Valencia; pero no consiguieron nada, porque en los dos aflos que estuve alli me escapé bastantes veces. Una de ellas me présenté en la casa de mi padre y estuve alli como seis meses; incluso empecé a trabajar en una fâbrica de rétulos lumi- nosos. Ya después, cansado de tanto reformatorio, me interesaba tener buena conducta para ganarme la libertad, y lo consegui. Llamaron a mi padre, cuando yo tendria alrededor de los 16 aflos, y me deja- ron volver con él. En los reformatories asisti a clases e hice un curso de âprendizaje en la Escuela de Formacién Profesional. Al llegar a Almeria empecé a cometer hurtos y robos, principal- mente de coches. Precisamente el dia en que yo cumplia los 16 aflos me cogieron por llevarme una "moto" y me pusieron quince dlas de arresto. Pero al salir segui en mis trece, y habré vuelto a la câr­ cel unas cuatro o cinco veces por cosas parecidas. Siempre me im- ponlan penas pequeflas, porque lo que me llevaba eran "motos", pero sin intencidn de quedârmelas, sélo para ysarlas y luego dejarlas. Ya le dije que alll trabajé en una fâbrica de rétulos. Un dla me mandaron a cobrar un talén y me quedé con el importe; eran die- ciseis mil pesetas. Me denunciaron y pasé tres meses en la cârcel por el delito de apropiacién indebida. Bueno, como yo ya era dema­ siado conocido de la Policia y me molestaban por cualquier cosa, decidl largarme de Almeria. Tendria yo los 17 aflos. Anduve por Madrid, por Barcelona, por Valencia y por muchas cdu dades de la costa, viviendo como podla. Pero a los 17 aflos y medio volvl a Almeria. Andaba yo en una "moto" robada, y un amigo me pi, dié que le llevase hasta un establecimiento de bebidas propiedad de su padre. Asl lo hice; le esperé, volvié a montarse en mi "moto" y le dejé en no sé donde. Total, que por aquel acto inocente me metieron en la condena que ahora cumplo; no digo yo que no lo mere- ciese por otras cosas, pero no por una que no cometi. Por lo vis- to, el muchacho aquél robé botellas, o efectos, o dinero en el bar de su padre; en total fue un importe que no llegaba a las dos mil pesetas. El padre denuncié el delito, y cuando supo que andaba su hijo por medio, retiré la denuncia contra el hijo, pero dejé que siguiese el asunto contra ml. Y ya ve usted: sin comerlo ni beher- lo, me metieron por el robo 6 aflos de presidio, de los que ya cum pli cuatro aflos y medio. Asl es la vida. No sé de anormalidades en mis abuelos y tlos; aunque, eso si, un hermano de mi madre, que era marinero, murié ahogado en Almeria porque se cayé al agua durante un ataque como los que le daban a mi madre. Adn era un hombre joven. A mi hermano apenas lo he conocido; nunca tuve confianza con él, ni ahora nos escribimos nunca. Yo creo que en el trabajo,aun­ que algo vago, es un muchacho normal; estâ soltero y creo que es filgo raro en el aspecto sexual. Con ml padre me llevo bastante bien y me parece que me quiere mâs que a mi hermano. Hasta los doce aflos puede decirse que no tuve amigos. Precisamen te me escapaba quizâ para hacerlos, para conocer algo o alguien nue ô. Despues he tenido muy pocos amigos, y entre esos pocos quizâ no encontré nunca lo que yo deseaba. Siempre he sido yo el que se en- tregé a ellos, y nunca al contrario. Yo..., no sé cémo explicarle; ]o que queria era formar una unidad con el amigo. Quizâ no buscase en él algo que admirar; para eso bastaba yo. Yo me ofrecla como corn flemento de lo que a él pudiera faltarle: elegancia, buen trato,sim patia... De salud siempre anduve bien. Claro que por mi aspecto, o quizâ por falta de ejercicios violentos, soy poco musculado, poco atléti- (O, y puede ser que esto me haga considerar fisicamente débil. No recuerdo lo que era mi casa en el aspecto religioso, porque prâcticamente no he tenido casa. Mi padre me parece un hombre nor- nal, mâs bien tirando a bueno; y mi madre no sé ni cémo era. Puede tecirse que yo me formé a mi mismo, que me guié por mis propias ten dencias. Hay ciertos trabajos que me gustan; pero son los que suponen una obra personal, en los que uno ponga su personalidad y su gracia. En la prisién de Teruel, que es donde estoy, hacia con gusto trabajos de talla, de imitacién de antigüedades, de modelismo naval y cosas isi, en las que uno puede lucir su habilidad personal. En cambio,no ne gustaba el trabajo de los rétulos porque resultaba una cosa muy mtinaria. Mis diversiones principales,aparté de frecuentar algun bar o club un poco especial, eran y son el cine y la lectura. Me gusta toda cia se de cine, siempre que sea bueno. Y leo todo lo que caiga en mis nanos, ya sea literatura, historia, biografia y hasta libros de re- Ligién; toÜo, todo lo leo con gusto. Ml madre no recuerdo que fuese una mujer autoritaria conmigo; quizâ su enfermedad le impedia ser como debiera. Tampoco mi padre me parece un hombre duro, aunque le sobraban razones para serlo; en eso es un tipo medio. De mi aptitud para el trabajo ya le hablé, Pero eso no quiere decir que yo piense trabajar algun dla en esto o aquello. A ml no me gusta nada el trabajo racionalizado, y cuando saiga no pienso buscar trabajo. Por ml ya pueden ir preparando la Ley de Vagos y Maleantes para aplicârmela inmediatamente, como ya hicieron en una ocasidn. Pienso hacer un trabajo, si se le puede llamar asl, muy mlo, muy personal; si tiene aceptacién, lo ofreceré, y si no en- cuentro quien lo acepte viviré como pueda. En cuanto a mi inteligencia, no me considero inferior a nadie; y esto no quiere decir que me crea superior a todos, porque me co nozco bifn y sé mis limitaciones. Con mi voluntad puedo hacer lo que quiera, aunque esto es muy arriesgado decirlo; tengo mis mi— ras, mis aspiraciones, a las que llegué como consecuencia de un largo razonamiento y teniendo en cuenta mi tendencia personal. &Esto? Si, es un tatuaje que me coge buena parte del pecho.Me lo hice estando en libertad, siguiendo un dibujo hecho por ml.Es un murciélago; lo elegl porque es un animal nocturno, y también a ml me gusta la noche. Mi temperamento es un poco particular. No tengo tendencia a la alegrla; mâs bien a la melancolla y a la anoranza de cosas que no tuve y pude haber tenido. Quizâ sea de reacciones nerviosas, aunque en casos aislados. Procure siempre evitar las peleas, aunque a veces desearla con toda el alma atacar; pero conozco mis limitaciones flsicas y pro euro aguantarme. ^Carinoso? Pues, verâ: Es muy dificil que me en- carifle con una persona. Por ciertas causas, yo selecciono mucho a la gente de mis preferencias; siento muchos deseos de querer a alguien, pero antes de demostrârselo quiero tener la seguridad de saberme correspondido. Ml sexualidad se despertd entre los 9 y los 10 aflos. Sentia el deseo de acercarme a otra persona y llegaJ? al acto carnal. A los 13 aflos estuve por primera vez con una mujer; era mayor que yo,pe­ ro fue por mi iniciativa, Después, sobre los 15 aflos, sufrl como un frenazo, como un deseo de mirar hacia atrâs, a una tendencia homosexual que habla notado en mi siendo muy pequeflo, aunque yo comprendla que aquello no era normal. Hasta los 15 aflos tuve rela- cién Intima con algunas mujeres, pero después ya no. Sélo me inte- resaban los hombres, sin que nadie me empujara a ello. Sélo desem- peflo en esta relacién un papel femenino, pasivo. En este aspecto conocl a muchos hombres, aunque la verdad es que yo buscaba uno solo, el ideal, que quizâ no encontré nunca. Mi caracter no parece muy désignai, aunque en la realidad pue­ da ser muy variable. Digo esto porque cuando me hacen la minima, con mala intencién, salto como si me tocasen un resorte. Pero en- seguida procuro ocultar mi reaccién y dominarme, porque quiero ser fiel al caracter ideal que me tracé, que es mâs dulce, mâs feme­ nino. No me creo egoista, aunque sea un introvertido; pero son cosas distintas. Cuando yo actiîo como "chica" lo doy todo, no tengo na­ da mlo. Pero, en cambio, puedo encerrarme mucho tiempo en mi mismo. Yo encuentro, quizâ por mi inclinacién, que la pasividad es mi me­ jor defensa. También en los delitos cometidos con otros he sido siempre ele­ ments pasivo, me dejo llevar por la iniciativa de otros muchachos, y me parece que esto tiene que ver con mi tendencia sexual. No sé si me explico bien; pero para cazar ratones hay que meterse entre ellos, hacerse como ellos, para sacarles lo que uno quiere. Y a ml me interesaba conocer a aquellos muchachos por ver si encontra- ba mi ideal. Mi capacidad de adaptacién es fâcil en lo que se refiere a las cosas, pero dificil cuando se trata de personas. FIjese usted, en alguno de los establecimientos en que estuve recluido por vez pri­ mera, llegué a estar quince dlas sin decir a nadie una sola pala- bra; me llamaban "el mudo". Sin embargo, si encuentro alguien que vale, segun mi concepto, me entrego completamente. Mis aficiones, dejando aparte todo lo que le dije, son la mdsi- 1ca clâsica; comprendo que no entiendo nada de ella, pero me siento muy a gusto cuando la oigo. Y también la lectura del tema que sea. En materia de religién, de politics o de moral no me someto a nadie ni a nada. Después de darle muchas vueltas al asunto, yo ten go mi propia moral. Y mi moral es ésta: Sélo es bueno aquello que me bénéficié a ml. Los déportés no me gustan; por obligacién practiqué algunos en los reformatorios, pero prefiero mil veces coger un libro. Y de arte siento inclinacién y hasta he practicado algo de talla, pin- tura y dibujo. Y la verdad es que no lo hago mal. c ^Posibilidades de correccién? Bueno, séria largo de hablar. En principio creo que podria dominarme. Pero, por otra parte, mi vida delictiva no fue mâs que un medio de aparentar algo y conseguir asi conocer y tratar de cerca a los compafleros de robos. Y es que mi tendencia me inclina a buscar el amor de otra persona y a vivir de él, sin preocuparme de mi propio trabajo. Fumo poco y bebo poco alcohol. Conozco algunas drogas, aunque no me envicié. Probé en cigarrillos el kifi, que es como no fumar nada; si acaso, produce un poco de asfixia. Y también mastiqué hachich, y me daba como una excitacién y una tranquilidad, alter- nando. También algunos médicos jévenes, amigos, me pusieron algu­ na inyeccién, no sé de qué, pero ésas sélo eran como excitantes sexuales. Todo fue sin buscarlo y no me dejaron mayores ganas de repetir, También he ido a muchos bares y clubs de gente especial; pero eso no me costaba nada, porque era joven y podla permitirme hacer­ lo a cuenta de los demâs. En cambio me gastaba mucho dinero en veŝ tir, porque me gustaban las prendas un poco raras, un poco femeni- nas, y llevar cosas muy modernas..., y eso cuesta mucho. Lo mejor de ml es la sinceridad. Entiéndame, a veces no tlene uno mâs remedio que engaflar a los demâs, pero eso no tlene nada que ver c^n engaflarse a si mismo; eso me parece despreciablej yo soy sincei^o conmigo mismo y procuro serlo con los demâs. Y lo peor de ml es el odio que siento, por tiempo y tlempo, a todo el que me ofende. Me parece que no soy muy permeable a las Influencias extradas; quizâ es que yo mismo me convenzo de que los demâs no pueden alte- rar mi manera de pensar. ^Lo que mâs deseo? ^Lo que yo pedirla a Dios si bajase a pre- guntarme lo que mâs quiero? En ese caso•..(tiembla ligeramente la voz del entrevistado y se humedecen sus ojos) le dirla: "Llévame contigo"...Quizâ esa contestacidn no responda a mi modo de pensar, pero creo que contestarla asl porque todas las aspiraciones huma- nas se alçanzarlan al lado de Dios. Pensé muchas veces en la causa de mis delitos. Es diflcil saber- lo, pero creo que lo que yo buscaba era un sustitutivo de la fami- lia que nunca tuve; querla encontrar mi familia en un grupo de mu- chachos que se entendieran bien. Cuando cometl algun delito lo dnico que noté fue miedo a que me sorprendieran. Y después de cometido nunca senti el peso de la culpa ni el arrepentimiento. Y es que, para ml, el fin justifica los medios. En las cârceles, en los reformatories, tuve muchas experiencias Utiles. Ahora, en relacién con mi tendencia, ya sé perfectamente lo que quiero y lo que me conviene. Los companeros de las cârceles no influyeron demasiado sobre ml; es cierto que aqul se coge mâs vicio, pero al fin y al cabo uno termina por ser lo que siempre ha sido. Yo no me arrepiento de lo que he hechoj, y para mi vuelta a la sociedad no creo que lo que hice haya de influir demasiado en mi incorporacidn a la vida libre. El recuerdo de ml padre, o el deseo de volver a verlo o de es- tar con él, no me tira nada. El que viva su vida y yo viviré la mia. Todos los meses nos escribimos, pero lo hacemos por pura for­ mula. En cambio mi hermano no me escribiô jamâs, ni yo a él; es asl; no me tira nada. La explicacién de todo lo mlo, de todo lo que me ocurre, creo que es una sola: mi tendencia sexual. ^Remedio para ml? Para buscar un remedio tiene que haber antes un mal que remediar, y yo no considero que lo mlo sea un mal. & & Resumen del informe de la Central de Observacién Por haber sido trasladado o licenciado este recluso antes de su compléta observacién, sôlo se han podido obtener los siguien- tes datos criminolégicos: Conducts penitenciaria, buena. Calificacién criminolégica, ti- po I, delincuente profesional refractario al trabajo. Activo. Ego- centrismo alto. Labilidad muy alta. Agresividad media-alta. Indi- ferencia afectiva media-alta. C A S O N9 16 P.P.P.- De 25 afios de edad. natural de Segovia. 1,63 de estatu- ra y 56 kilos de peso. Moreno, facciones regulares.o.jos saltones. Entrevistado en la Central de Observacidn. de Carabanchel. Lleva cumplidos nueve meses de una condena de 5 afios de presidio por un robo de 54.000 pesetas en la ca.ja del establecimiento en que prestaba servicios como camarero. Anteriormente fue castigado. con penas cortas, por cuatro delitos de robo y dos de hurto. An­ tes de cumplir los 16 anos cometid pequenos robos y bur tos. y estuvo internado en reformatories de menores. Limitado de expresiôn; edad mental no superior a los 13 aftos. Timido. Reservado en cuanto a los primeros deli— : ]tos cometidost de los que rehuye hablar. Parece tener una sensibilidad muy acusada para ciertas preguntas y consideraciones relativas a su afectividad. Nacf en Segovia, de una familia modesta. Somos siete hermanos, cuatro varones y très hembras; creo que si ; si, si. Yo soy el ma­ yor, y el que me sigue es otro vardn. Conocl a mis cuatro abuelos, y son muy normales. Mi padre murid el afio pasado, a los 53 afios, de una angina de pecho. Mi madre tie ne 45 anos. Un tlo mlo, hermano de mi padre, es alcohdlico; se em- borrachaba continuamente, aunque ahora ya no tanto. Y a mi madre le dan con frecuencia ataques epilêpticos; se cae redonda y le co- gemos el dedo del medio para que no cierre los puhos, y le metemos algo en la boca para que no se muerda la lengua; echa mucha espu- ma por la boca. También le ponemos pahos frlos en la frente y un trapo con vinagre en la nariz, para que respire el olor ése. Mi padre trabajaba de pedn albanil en construcciones militares. Claro, sacaba poco y vivlamos "asl asl". Mi madre nos atendla a nosotros y lavaba la ropa para otra gente. Elios no se llevaban muy bien, por lo menos cuando yo era chico; luego me parece que ya se arreglaban un poco mejor. Y es que mi padre se iba a la taberna cuando cobraba, y a mi madre le entregaba el jornal muy mermado; y por ahl venlan los llos ̂ sabe usted? Los hermanos nos llevâbamos bien, normal. Pero yo con mi padre no me entendla. Y es que él le daba todo el carino y las preferen- cias al segundo de nosotros, a otro varén. Mi padre ténia el caræ ter mâs duro, pero mi madre era la que repartia "leha" entre nos­ otros; se quitaba la zapatilla y nos sacudla con ella. No sé por qué se inclinaba mâs mi padre por mi hermano; la verdad es que yo, por un lado, era el mâs sinvergCtenza y, por otro, también era el que mâs ayudaba en casa. A ml esa preferencia de mi padre no me gustaba nada, y por eso me escapé de casa dos veces: Una, a los 13 afios, y otra, a los 17» La primera vez me fui a Madrid y estu- ve un mes sirviendo en una cervecerla, hasta que me descubrié la Guardia Civil y me llevé otra vez a Segovia. Y la segunda vez,cuan do tenla 17 ahos, también me vine a Madrid y me enganché en un ban derln de la Legién. Estuve cinco afios en el Tercio, en la I3 Bande ra "General Mola", casi siempre en destines de camarero, que es el trabajo que mâs me gusta. En Segovia asistl a la escuela pdblica desde los 3 hasta los 11 afios. No sé muchas cosas, pero mal o bien sé defenderme &sabe usted? En todas partes tuve amigos, pero siempre preferl tener va­ ries y andar con unos y con otros que no hacerme Intimo de uno so­ lo. Siempre tuve facilidad para coger enfermedades; hasta la virue- la tuve. De chaval sangraba mucho por la nariz, y una vez, vivien- do en Segovia, me llevaron a un hospital y tuvieron que hacerme una transfusién, Cuando tenla yo 14 afios y estaba internado en un correccional, también me llevaron a un hospital de Valladolid, y alll me dijeron que tenla un poco de hemofilia. Otra vez, en Se— govia, le dijeron a mi madre que me hablan encontrado un "soplo sistélico" en la misma punta del corazén; pero eso s61o me moles­ ta cuando subo muchas escaleras o hago una cosa muy violenta. A mi madre le gustaba ir a misa, y nos decia a nosotros que fu^ semos, pero sin apurarnos mucho. En cambio mi padre era mâs reza- gado. IA1 dejar la Escuela, a los 11 6 12 ahos, empecé a trabajar. Pri- imero estuve unos tres meses de lazarillo de un ciego, vecino nues- tro, que vendla el cupdn y sacaba un buen jornal. Era un viejo de muy mala leche. Yo le llevaba por las calles y por los bares. Del ciego no aprendf nada bueno ni nada malo. Después me dieron empleo en una barberla, para barrer, limpiar los pelos de los clientes con un cepillo y ayudarles a ponerse la americana o la gabardina. Y asi estuve cerca de un aflo, pero no aprendi el oficio porque era yo muy chaval. De ahl fue la escapa- da a Madrid, que ya le dije, sobre los 13 afios. Cuando me hicieron volver a casa, mi padre me llevô a los de la Proteccidfi de Menores y me metieron en un reformatorio de Vallado­ lid. Alii nos trataban muy mal; no se aguantaba. Nos juntamos va- rios chavales y , a los cinco meses de estar yo alii, nos escapamos. Yo llegué andando a Segovia, comiendo lo que podia, y entonces em­ pecé a robar, animado por los compafleros. Pero también me cogieron en Segovia y volvi al reformatorio. Escapé otra vez y robé cosas pequehas; entonces entré por primera vez en un Juzgado y en una cârcel. Volvi mâs tarde a Segovia y me coloqué de pinche en una cons- truccién, para traer agua, tabaco y cosas asi a los albafliles.Des­ pués cambié y entré en una pasteleria, de recadero, para llevar el género del obrador a la tienda y a los hoteles, que encargaban muchas tartas ^sabe usted? A los 17 ahos fue cuando me escapé de casa y me enrôlé en la Legién. Pasé los cinco afios en Sidi-Ifni, y alli me fue bastante bien; quizâ porque soy noble, me cogiô carino el capitân y me die­ ron destinos de camarero. Cuando dije que me queria licenciar, un oficial se me ofrecié para darme clases y examinarme para sargen- * • to, pero me tiraba la familia y estaba deseando volver a verla.Por entonces tendria yo veintidds o veintitrés afios. Habia ahorrado unas miles de pesetas, y de Africa me fui a Ca- narias. Estuve en Las Palmas, Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote. En total, un aflo o algo mâs. En Las Palmas consegui un empleo de camarero en un "riigth club", después en un restorân y al final en un hostal. Se me daba bien lo de camarero; no tuve queja. Creo que aquella vida no influyd para nada en mi manera de ser. En Teneri­ fe, por culpa de una sopa de pescado, cogl una intoxicacién terri­ ble, que se me agarré al "celebro" y al estémago; estuve mes y me­ dio en un hospital y no me dejaban mover la cabeza. Quedé tan dé- bil, tan débil, que pedi auxilio al Estado y me dieron billete pa­ ra volver a Segovia. Eso fue a los 24 afios o casi a los 25. Empezé a trabajar en Segovia de pedn albaflil, pero estaba tan ' < débil que un dia, al hacer un esfuerzo, empecé a vomitar sangre y resultd ser del estdmago. Tuve una hemorragia grandfsima y me pu- sieron no sé cuantos frascos de sangre. Otra vez entré en el hos­ pital y alli me operaron de dos dlceras de duodeno y me sacaron un cacho de estdmago tan grande como esta mano. Al salir me coloqué en una fâbrica que hace tuberias de goma y otras cosas distintas, y alli estuve medio afio. Pero como por en­ tonces se murid mi padre del corazdn, y en mi casa habia mucha ne- cesidad, empecé a trabajar como un bârbaro. Al salir de la fâbri­ ca echaba unas horas trabajando en lo que fuera; y los sâbados y domingos hacia de camarero en una sala de baile. Alli fue donde tuve la mala idea de robar. Habia bebido mucho y se me ocurrid a mi solo, no sé cdmo. Fui a la caja y me llevé 54.000 pesetas. La mayor impresidn de mi vida la tuve cuando estaba en el re­ formatorio de Valladolid, cuando se cayeron desde el piso 14 de una obra el padre y los dos hijos que trabajaban alli. Fue cerca del reformatorio; y un cura que fue adonde estaban los muertos meI pidid que le aguantase el caldero del agua bendita; les destapd la cara para bendecirlos y aquello no eran cabezas ni nada. Me que dé bianco y me tiré siete dlas sin poder corner. Bueno, yo siempre le tuve pânico a los cementerios. Es una co­ sa que me pone terror. Cuando murid mi padre me quedé impresiona- »dlsimo, y eso que ya era yo un hombre, porque fue hace algo mâs Ade un afio. Pero lo que mâs destrozado me dejd fue la catâstrofe de San Rafael, el afio pasado, cuando se derrumbd el edificio aquél. Muchas de las vlctimas eran de Segovia y las llevaron a la capilla del cementerio. Aquel dia iba yo acompafiando a mi madre para visi- tar la tumba de mi padre, y me encontré con las cajas destapadas; algunas tenian dos personas: la madre y un hijo. Aquello me dejd un recuerdo que no me va a dejar ir nunca mâs a un cementerio. Las diversiones que mâs me gustan son el baile y el cine, sobre todo si hay escenas fuertes de amor. También me gustan mucho las mujeres, como le pasa a todos los hombres, aunque yo creo que un poco exagerado. Yo creo que de inteligencia estoy por el medio de lo normal de todos los hombres, pero tirando hacia arriba. De voluntad soy muy débil, seguramente porque soy un poco timidoj ya vé usted, prefie ro pasarme sin cualquier cosa, por mucho que la esté deseando,con tal de no pasar la vergüenza de pedirla. Noto que soy muy nervioso; me excito por cualquier cosa. Y en mi manera de ser tiendo mâs a la tristeza que a otra cosa. El tra­ bajo se me da, lo hago con gusto. Y no me gusta discutir con na— die, ni pelearme; procuro evitarlo siempre, pero si el otro insis­ te hago frente a lo que saïga. Me encarifio enseguida con todos y enseguida olvido las regafii- nas y las peleas que pueda tener. La cosa sexual me empezé a los 13 afios, cuando escapé de casa la primera vez. Andaba yo rondando por un bar que habia en Atocha, y una chica de unos 25 afios me llevé a su casa; yo no sé si le di pena o lo que fuera; ella debia ser una mujer de la vida y fue la primera vez que tuve un contacte de esos. Luego conocl a otras que lo hacian por dinero. En Las Palmas tuve üna novia, pero en plan formai; yo la respetaba porque me gustaba para casarme, y la fami­ lia de ella me queria; pero cuando estuve tan enfermo la dejé por- : Ique no veia claro lo de casarme. En el Tercio se me insinué algun marica, pero me lo sacudi porque a mi, como a cualquier hombre,me gusta mâs una mujer. En Tenerife tuve durante algun tiempo una que- rida, que trabajaba en un cabaret; pero nada de chuleo. Yo trabaja ba en lo mio y ella vivia de lo suyo, aunque entonces no iba con otros. Aquello lo dejé porque a ella le daba por emborracharse y no podia aguantarla. El humor se me cambia con facilidad. A lo mejor me levanto de buenas y poco después ya estoy triste, sin saber por qué. Muchas veces hasta me cabreo conmigo mismo por ser asi. ^Generosidad? Yo, si alguien viene a las buenas, soy capaz de privarme d© lo que sea y darlo. Y eso que no soy de decir cosas ni de mucho hablar, quizâ porque tengo algo de timidez. Los primeros robos que hice, al escapar del reformatorio, fue- ron con otros chavales; a mi no se me ocurria nada, pero me deja- ba llevar por ellos. En cambio la dltima vez robé solo. Aunque soy callado, creo que me hago enseguida a los cambios de ambiehte, a las cosas nuevas; porque en la vida ya tuve que pa­ sar por muchos sitios distintos. De todos los trabajos el que mâs me gusta es el de camarero. Me gusta leer cosas variadas, de gue- rra y de aventuras. Y también ver la televisién. De politica y de moral no sé nada, no me meto en nada. Lo ünico que pienso es que si tengo que tirar por ahi, pues me voy por ahi; que tengo que tirar por allâ, pues por allâ. Mientras no me faite a mi el pan, lo demâs me tiene sin cuidado. La religigién no la veo muy bien; y es que cuando me escapé del reformatorio me tuvie­ ron quince dias a pan y agua, y por las noches, un hermano de los que llevaban aquello nos daba unas palizas que no se me olvidan. Por eso le tengo tirria a la religién desde entonces. Me gusta hacer glmnasla y jugar al fdtbol. También jugué bas­ tante al ping-pong en el reformatorio, y hasta tengo una copa que gané en unos campeonatos. De arte no entiendo; eso si, me gusta el cante flamenco...Hay que ver cémo cantan Rafael Farina y Marifé de Triana. No sé si es por estar aqul dentro o por lo que sea, pero yo creo que soy capaz de corregirme; porque estoy en la idea de ahorrar al­ go, irme al extranjero y montar un bar por mi cuenta. Es la ilusiAi de mi vida. Mis vicios son que me gustan las mujeres y que fumo mucho; no soy capaz de privarme; y es que el tabaco me calma los nervios. Las drogas no las tomé nunca, y eso que en la Legién me ofrecie— ron, pero es cosa que no me tenté. Lo mejor de ml es la bondad. Y lo peor, no ser egoista; porque si fuera un poco egoista no me hubieran pasado las cosas que me pasaron. Me parece que soy fâcil de influir y de convencer por los de— mâs, y seguramente es por lo bueno que soy. ^Mi mayor deseo en este mundo? Poner un negocio de bar y traba­ jar. Es la mayor ilusién de mi vida; ya se lo he dicho. Pero es para trabajar leh? No para estarme de sefiorito viendo como se mue- ven los demâs. Mis primeros robos los hice sobre los 16 afios, cuando me esca­ pé del reformatorio con los otros chavales. Me arrastraron y me dejé llevar. Ademâs, tenlamos necesidad de comer. Robamos cosas de comer y algun dinero en quioscos y alguna tienda de Zamora y de por alll. El robo grande, el que hice yo solo, fue por lo que yo habia bebido, porque de otra manera no me lo explico. A mi no me faltaba lo necesario; ya habia terminado mi trabajo y volvla a casa, cOn unas copas de mâs; entré en un bar y volvi a beber un par de cuba-libres; y entonces se me fijé la idea y volvi al es­ tablecimiento donde hahdà estado de camarero y forcé la caja. Me cogieron enseguida, y el fiscal me pidid 12 aftos y un dia; pero luego me echaron sdlo cinco aftos. Y es que mi madre consiguié un certificado de un médico que decia que yo no estaba bien de la cabeza. La verdad es que yo nunca noté nada de la cabeza; eso si, me duele mucho, pero nada mâs. Cuando volvi de la Legién me llevé mi madre al manicomio de Segovia para que me reconociesen, pero no sé que me encontrasen nada. También el el hospital de Vallado­ lid me dijeron que ténia anemia cerebral, pero eso no quita para que yo sea normal. Cuando cometia algun delito no noté nada raro, sélo mucho ner- viosismo. El Ultimo no sé por qué lo hice; por mâs que me rompo la cabeza no sé como me dio aquella idea de volver casi desde mi casa hasta el sitio donde trabajaba y abrir la caja. En la cârcel no me fue ni bien ni mal. Puede ser que, como yo trabajaba tanto, esto haya sido un descanso para mi; ahora estoy mâs gordo, eché mâs carne. Aqui estâ lo peor de cada familia, pero no me influyen mucho. Yo me encuentro con ganas de cumplir pronto, ponerme a trabajar y olvidarme de todo esto. Dicen que va a haber pronto un indulto; lo dice el periédico. Cuando saïga me da a mi el "aquél" de que voy a encontrar difi- cultad para vivir en libertad; que voy a estar cohibido con los amigos y la familia. Ya veremos. Pues, verâ: La causa de todas las cosas malas que hice creo que fue la injusticia de mi padre; la diferencia del carifto con que nos trataba a mi hermano y a mi. Yo notaba que me faltaba al­ go en casa; el carifto. A mi se me despreciaba. ÎCualquiera sabe el remedio para mi y para los que estân aqui dentro! Pero yo creo que la mitad de los que estamos en la cârcel es porque nos ha faltado un carifto. Y la otra mitad llevan lo ma­ lo en la sangre. Tendrian que estudiarlos a todos, y a los prime­ ros darles carifto y confianza; y a los 10 y 1 8, per- dieron a su madre antes de cumplir los dos anos de edad; el segundo fue abandonado en upa inclusa y los otros dos igno— ran la causa de los fallecimientos maternos. La madre del n@ 8 muri6 a los 58 ahos a consecuencia de un tumor cerebral; - su padre y uno de sus hermanos son tuberculosos crônicos y el propio multirreincidente padeciô antes de los 14 ahos tres - lesiones pulmonares. El padre de nuestro entrevlstado n9 16 falleciô a los 53 ahos de una afeccién cardiaca. MAs significativas parecen las observaciones relativas a las anomalias mentales de los parientes consanguineos de los multirreincidentes incluidos en nuestro estudio. Asi, en -- seis casos (20%) se han advertido manifestaciones anormales que se concretan en la siguiente forma: El padre del nS 9 , a quien la bebida provoca reacciones furiosas (es alcohôli- co), se halla recluido en un sanatorio psiquiAtrico. El pa­ dre del n9 14 es alcohélico. La madre y un tio mAterno del n9 1 5, ya fallecidos, eran epilépticos (su dnico hermano es, como él, homosexual). La madre del nS 16 es epiléptica, y - un hermano de su padre es alcohôlico. Un tio paterno del n9 18 es, probablemente, epiléptico. Y la madre del nS 19, que sufrio varias intervenciones quirûrgicas en el crâneo, es - epiléptica. b) Carâcter de los padres Por supuesto, los datos obtenidos no permiten hacer un es­ tudio caracterolôgico paterno y materno; en todo caso, se re- fieren al juicio filial, no del todo fiable, pero sustancioso, eoncretado en la personal relacién padres-hijo. No obstante, las observaciones darân pie para las consideraciones que har^ mos en el momento oportuno. Aunque la nota dominante sea la blandura con que los padres trataron a sus hijos (casi un 50%), résulta diflcil sistemati zar las singularidades de cada caso; por ello preferimos resu mir los rasgos que corresponden a los ascendientes de los vein te entrevistados. Caso n9 l.-Su padre era severo con él; apenas le hablaba. Te­ nia preferencia por otro de sus hijos. Caso nS 2.-Padre blando, un "buenazo". Caso n9 3 .-Madre soltera, con dos hijos de distinto padre y - varios amantes. Su hijo se criô en un orfanato. Caso n9 4 .-Padre blando. Caso n9 5»-Huérfano de madre desde los I8 meses. Padre aventu rero, violento y poco afectivo. Caso nS 6.-Padres carihosos y blandos, que consintieron todos los caprichos de su ûnico hijo. Caso n9 7 .-Padres normales. Caso n9 8 .-Padre poco afectuoso, madre muy severa y poco afec tuosa. Caso n9 9»-Quizâ por enfermedad mental del padre, no hay armo nia entre padre y madre. Caso n9 10.-Inclusero. No conociô a sus padres. Caso nS 11.-Padres blandos, le mimaron siempre. Caso n9 12.-Padres normales. Caso nS 13 ,-Padres blandos. Caso nfi 14»“Madre severa, pero entre sus cuatro hijos muestra preferencia por el multirreincidente. Padre alcoho lico. Caso n9 1 5.-Padres poco autoritarios (madre epiléptica). Caso n@ 1 6 .-Padres duros y autoritarios, aunque faltos de equi dad en su afecto hacia los hijos. Caso n9 1 7.“Padre duro y madre blanda. Caso nS 18 .-Padre blando. Caso nS 19.-Padre camorrista, avaro, cruel (madre epiléptica). Caso nS 20.-Madre muy afectuosa y blanda. Hijo de soltera. Pa­ drastro desvinculado y dominante. c ) Vicio y delincuencia de los consanguineos Tampoco resultan notables los datos correspondientes a este epigrafe, aunque merezcan ser anotados: Caso n2 1.-Varios hermanos de su madre son alcoholicos. Un prî mo carnal, por linea paterna, es delincuente habi-- tual contra la propiedad. Caso n9 3 .-La madre, soltera, ha tenido dos hijos de distintos padres y tiene actualmente un amante. Un primo del interesado, por linea materna, es homosexual, como el propio éntrevistado. Caso n2 5 .-Su padre es muy bebedor, se dedicô al contrabando y al mercado negro y sufriô un arresto carcelario. Caso n 2 7 ,-Un bisabuelo por linea paterna, jugador y mujeriego, dilapidé una considerable fortuna. Igual actitud ob servé un hermano de su padre, que abandoné para siem pre a su mujer y sus cuatro hijos. Su ûnico hermano varôn es muy bebedor. Un hermano de su madre, bebe­ dor y mujeriego, es padre de tres hijos naturales. Caso n2 8.-Su padre abandoné a la familia para vivir aon una - amante; se dedicaba a la compraventa de coches usa dos y, como consecuencia de esta actividad, estuvo varias veces en la cârcel. Uno de sus hermanos va- rones observé de soltero mala conducta, y a los 14 ahos participé en el hurto de una cartera. Dos de sus hermanos estuvieron encarcelados por contraban do (dato de la Central de Observacién). Caso n2 9 .-Su padre es alcohélico. Caso n2 1 4.-Su padre es alcohélico. Su ûnico hermano varén es delincuente habituai. Caso nS 15*-Su ûnico hermano es (como él) homosexual. Caso n9 1 6.-Su padre es bebedor. Un tio por linea paterna es (como él) alcohélico. Caso n2 1 9.-Su padre, muy camorrista, estuvo en la cârcel por motivos politicos. Consideraciones Aun siendo asequible el estudio de la personalidad de los ascendientes del delincuente, no parece tan fâcil determinar cuales sean los elementos caracterolégicos heredados por este ûltiiho ni, mâs concretamente, los que decidieron o favorecderon su carrera criminal. Por otra parte, entre caracter congénito y caracter heredado hay diferencias que no pueden olvidarse^^^; Ip cpngénito puede ser o no heredado, como lo asimilado en el ambiente paterno puede no obedecer a factores congénitos. (1) George A. MILLER, acaso por una simplificadora intencién didâctica, parece englobar en un solo concepto los carac­ tères congénito y heredado, al distinguirlos del caracter adquirido. (Introduccién a la Psicologia, Madrid, 1972, - pâg. 4 6 6). Todos los intentos para descomponer en elementos aislados los factores que condicionan cada vida delictiva resultan, se gûn HURWITZ, sumamente teôricos; taies factores se encuentran entrelazados de manera inextricable, y su separaciôn en unida des independientes es un artificio s61o ûtil para alcanzar d^ ( î )to8 provisionales . De igual modo, MIDDENDORFF nos previe- ne contra la fâcil atribucién de ciertas conductas antisocia­ les a inclinaciones recibidas por via consanguinea; el crimi­ nal creciô a veces en un medio extraordinariamente desfavora­ ble, y es "dificil, por no decir imposible, separar mundo cir ( 2 )cundante y disposiciôn" . Résulta, pues, explicable la eau tela de quienes engloban la génesis de la conducta criminal - sin hacer puntualizaciones prâcticamente indemostrables, al - modo de RESTEN cuando, en torno al alcohol como factor crimi- néé'eno,- escribe: "El menor sufre intensamente la influencia - del etilismo hereditario, por una parte en el aspecto somâti- co a causa de las anomalias degenerativas transmitidas por la ascendencia, y por otra, en razôn de las condiciones particu- larmente desastrosas de educaciôn y de ejemplo creados por un ( 1)ambiente familiar alcohélico" No falta, entre nosotros, quien considéré prâcticamente ino perante la aportaciôn consanguinea. SERRANO, por ejemplo, al tratar de la criminalidad femenina, dice que la menor delin-- cuencia de la mujer viene determinada, en general, por "su me (1) Stephan HURWITZ. Criminologia (Barcelona, 195b), pâg. 327. (2) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la prognosis crimi nal (Madrid, 1970), pâg. I3 8 . (3 ) René RESTEN, Caracterologia del criminal (Barcelona, 1964) pâg. 1 1 9 . nor participacion en la vida social y su poca capacidad de de cisiôn". Este menor contacto con el mundo exterior -asegura - el autor citado- nos demuestra la menor variaciôn fenotipica de la mujer, y asi se explica "el poco valor que tiene la he- rencia en el delito y si el mundo exterior" ̂̂ ̂ Tal argumento parece encerrar una contradicciôn. Si SERRANO afirma que la - pasividad delictiva femenina obedece no solo a su limitada re laciôn social, sino también a 'feu poca capacidad de decisiôn" esté inclinândose hacia la conocida tesis ya aludida en nues­ tras pâginas iniciales, de que los condicionamientos biolôgi- cos de la mujer suponen, si no una rigurosa ineptitud crimi— nal, al menos una insoslayable contenciôn para gran nûmero de delitos. Por otra parte, aquella afirmaciôn simplifica 16, 17, 18, 19, 20) manifiestan no haber tenido nunca ver daderos amigos; dicen preferir la soledad y la reserva; que - salen con unos y otros, pero llegan diflcilmente a la intimi- dad. No obstante, la generalidad confiesa haber aprendido de amigos o companeros sus habilidades delictivas y , por otra -- parte, la mayoria cometieron en grupo las infracciones, ani-- mândose y arropândose reciprocamente. En lugar oportuno pres- taremos atenciôn a este género de delincuencia. h) Maestros, instrucciôn y vida escolar. Caso n2 1.-Cuando ténia alrededor de 7 ahos, sus padres le en viaron a la escuela; su régimen escolar duré dos - ahos, pero sin fruto alguno porque no asistia y se iba al monte, para coger pihas y ganarse unas pe— rras. En realidad no aprendiô a leer y escribir -- hasta que ingresô en el servicio militar. Apenas - tiene instrucciôn, Caso nfi 2.-Estudiô hasta 5~ curso de bachillerato y tiene el bachillerato elemental, con revâlida. A los 13 -- ahos fue expulsado de un colegio de religiosos por haber cometido un hurto. Un aho después fue inter­ nado en un reformatorio, donde permaneciô seis me- ses. Tiene aptitud para los estudios. Caso nô 3'-Inclusero hasta los 4 ahos. Permaneciô entre los 5 y los 13 ahos en un internado de religiosos. Hizo toda la ensehanza primaria y el ingreso en bachi— llerato. Fue corrompido por un barbero del interna do y se escandalizô por la torpe actitud de aigu— nos profesores, aunque también recuerda a otros — con cariho y admiraciôn. A los 13 ahos ingresô en un reformatorio. o • Caso nS 4 .-Hizo el bachillerato elemental, con revâlida, y - posteriormente ingresô en la Academia de Automovi^ lismo del Ejército. Caso nô 5»-Estudiô hasta 2ô curso de bachillerato. Posterior mente, a los 14 ahos, ingresô en un reformatorio donde aprendiô elementos de tipografla. Caso nô ô.-Hijio ûnico y consentido, no quiso ir al colegio; sus padres le trajerôn a casa un sacerdote con el que aprendiô a leer y escribir y las cuatro reglas aritméticas. Esa fue toda su instrucciôn. Es lige ramente retrasado. Caso nô 7«-Estudiô en un colegio de religiosos hasta S- cur­ so de bachillerato. Mâs tarde, a los 18 ahos, — appobô unas oposiciones para auxiliar administra- tivo de banca. Dice recordar con antipatla a sus maestros; uno de ellos, profesor civil, por retra sarse en cumplir un castigo escrito, le diô una - paliza brutal, hasta agrietarle los lôbulos de -- las orejas; otro asediaba a los chicos con fines çarnales. Caso nô 8.-Pese a haber asistido durante cuatro ahos a una - escuela, y quizâ por su limitada inteligencia y - su extraha personalidad, posee muy poca instruc-- ciôn. Caso nô 9.-Nacido en una familia ambulante, iniciô su vida - escolar a los 14 ahos. Asistiô cuatro ahos a una escuela, donde dice que aprendiô a leer, escribir y las cuatro reglas aritméticas. (El informe de - la Central de Observaciôn hace constar que es anajL fabeto). Padece una évidente deficiencia mental. Caso nô 10.-Es un déficiente intelectual. Criado en una in— clusa, asistiô a clases hasta los 16 ahos; sabe - leer, escribir y sumar, pero no aprendiô a multJ^ plicar. Recuerda la bondad de las monjas que le criaron y los buenos consejos que de ellas reci- biô. Caso nS 11.-Hasta los 15 ahos estudiô bachillerato, que aban donô en 42 curso. Como le gusta la mecânica y as piraba a montar un taller propio, hizo los cur-- sos de Maestria Industrial. Caso nS 12.-Retrasado intelectual (es epiléptico). Asistiô - durante nueve ahos a una escuela de ensehanza -- primaria, pero su instrucciôn es elementalisima. Un Tribunal de Menores, a causa de su personali­ dad, dispuso su internamiento en un reformatorio, atendido por religiosos. Caso nô 1 3.-Asistiô al colegio desde los 6 a los 13 ahos de edad, pero no iniciô siquiera los estudios de b^ chillerato. Le gusta escribir relates o pequehas narraciones, que no tienen calidad alguna. Caso nô 1 4.-Durante seis ahos asistiô a la escuela piiblica y tien instrucciôn primaria. A los 14 ahos fue in­ ternado por vez primera en un reformatorio. Fade ce un retraso mental. Caso nô 1;5.-Recibiô instrucciôn primaria. A partir de los 12 ahos empezo a frecuentar los reformatories, en - los cuales asistiô a clases e hizo un curso de - formaciôn profesional. Le gusta mucho la lectura. Caso nô 1 6.-Asistiô a la escuela publica entre los 3 y los - 11 ahos; tiene instrucciôn elemental. A los 13 - ahos fue internado en un reformatorio de menores. Es un retrasado intelectual. Caso nô 1 7 .-A los 6 ahos fue a una escuela publica por poco tiempo; aprendiô a leer y escribir "y algo de — cuentas". A los doce o trece afios le internaron en un reformatorio, donde permaneciô aho y medio. Caso nS 1 8 .-N0 recibio instrucciôn alguna hasta los 13 ahos, en que ingresô en un internado especial (se tra- ta de un déficiente mental), del que se fugaba con frecuencia. Alll aprendiô a leer un poco. — Sin embargo, cuando se incorpore al servicio mi­ litar no sabla leer. Caso nS 19.-Entre los 8 y los 12 ahos asistiô a la escuela, pero no aprendiô las cuatro reglas aritméticas. Lee y escribe con dificultad. En la cârcel hizo un curso de electricista. Caso nS 20.-Desde los 8 hasta los 14 ahos estuvo interno en un orfanato. No tenla inclinaciôn por los estu-- dios y los abandonô cuando cursaba el primer aho de bachillerato.En el orfanato no se portaron -- mal con él; los profesores eran buenos; recuerda a alguno con admiraciôn, y a otros con respeto o Con indiferencia. Los datos anotados, aun teniendo en cuenta la escasa in— formaciôn recogida sobre maestros y vida escolar, pueden re- sumirse en la siguiente forma: - Analfabetos: 2 (casos nô 9 y 18). - Con instrucciôn muy escasa: 11 (casos nô 1 , 6 , 8, 10, 12,. 1 3 , 1 4 , 1 5, 1 6, 17 y 1 9). - Iniciaron el bachillerato: 4 (casos nô 3, 5 , 11 y 20). - Revàlidaron el bachillerato elemental: 3 (casos nô 2, 4 y 20). - Cursos de aprendizaje Ibboral: 5 (casos nô 4 , 5 , 11, 15 y 19). - Auxiliar administrativeî 1 (caso nS 7). - Recuerdan buenos maestros: 2 (casos nô 10 y 20). - Recuerdan maestros corruptores: 2 (casos nô 3 y 7), - Recuerdan maestros crueles: 2 (casos nô 3 y 7). - Educados en inclusas o internados: 4 (casos nô 3, 10, 12 y 20). - Ingresados en reformatories: 8 (casos nô 2, 3, 5, 12, 1 4, 1 5, 16 y 1 7). i) Conflictos. Fugas. Caso nô l.-Es epiléptico. Ante lo que él juzgaba una actitud severa y hostil por parte de su padre, que sentia preferencia hacia otro hermano, y después de reci bir unas bofetadas paternas por regresar tarde a casa, a los 16 ahos huyé de su casa, y no volvio hasta varies ahos después, cuando estaba a punto de entrar en quintas. Caso nô 2.-A los 13 ahos le expulsaron del colegio por come- ter pequehos hurtos. A les 14 ahos se escapô de - su casa, sin motive que recuerde, y permaneciô — ocho dias ausente, al cabo de los cuales se acer- cô para que le vieran y le ordenasen volver. Poco después su padre solicité su internamiento en un reformatorio de menores, en el que permaneciô du­ rante 6 meses. Caso nô 3 .-Hijo de soltera, inclusero y homosexual, déspués - de corrompido en un internado, a los 13 ahos, co- mo represalia por un castigo injusto, robô 14.000 pesetas y se fugô de aquel establecimiento. A re- sultas de ello permaneciô dos ahos en un reforma­ torio. Puesto en libertad, y disgustado por las - preferencias de su madré hacia un amante, solici- to reingresar en el mismo reformatorio, del que se se fugô con varios muchachos dos ahos mâs tarde, - Después de ingresar, como voluntario en Paracaidis tas del Ejército del Aire, cometiô dos deserciones, ademâs de otros muchos delitos. Caso nS 4.-A los 13 ahos recibiô la primera bofetada de su pa dre, y reaccionô fugândose de casa con otro amigo, para volver espontâneamente très dias después. Caso nô 5.-Muriô su madré cuando él ténia 18 meses de edad, y su padre lo mandô a la casa de su abuela materna. Volviô a la casa paterna cuatro ahos mâs tarde, -- cuando su padre contrajo nuevo matrimonio. Se lle­ vaba mal con su madrastra jy con su padre, quien re solviô internarlo en un reformatorio cuando ténia 14 ahos. Un aho después se fugô con otro compahero, pero fueron hallados y recibieron un tremendo cas­ tigo corporal. Caso Nô 7.-"Yo tengo la mania de escaparmej todo lo arreglaba escapândome. Eran escapatorias pequehas; volvia a las pocas horas; pero en cuanto ténia alguna com-- plicaciôn buscaba la forma de huir de casa". Acos- tumbraba, siendo muy niho, a coger dinero del mone dero de su madré; un dia, teniendo unos 6 ahos, -- faltaron unos pendientes de su casa. El padre, de^ confiando de él, llamô a un policia amigo para que lo intimidase a preguntas; el policia, al ver que el chico no confesàba (en realidad era inocente) - le diô una bofetada. Aquella fue la primera oca-- siôn en que concibiô la fuga como soluciôn inmedia ta a sus conflictos. Bastantes ahos después segui- ria apelando a la huida para zanjar situaciones -- desagradables. En el servicio militar cometiô deli tos de deserciôn; Caso nô 8 .-Es un epiléptico cortical. No habla el menor afecto familiar. Su padre vivia con una amante y estuvo va rias veces en la cârcel. El interesado se fugô de - un establecimiento donde cumplla una medida de segu ridad impuesta por aplicaciôn de la Ley de Vagos y Maleantes. Caso nô 10.-Capacidad intelectual déficiente. Inclusero, de pa dres desconocidos. A los 7 ahos saliô de la inclu- sa e ingresô como interno en un colegio de monjas. A los 16 ahos ingresô voluntariamente en el Ejérc^ to. Caso nô 12,-Retrasado mental y epiléptico. Sin que precise la causa rii la edad, quizâ poco después de cumplir los 10 ahos, se escapô de su domicilie por poco tiempo. Antes de los 16 ahos fue internado por el Tribunal de Menores en un reformatorio. Caso nô 1 3 .-Cuando ténia 14 ahos se escapô de su casa y estuvo très meses viajando por distintas provincias como "maletilla". Caso nô 1 4.-Su padre era un alcohôlico, y a causa de ello y de la pobreza en que vivlan, habia frecuented alterca dos conyugales. Tiene un hermano menor, con gran - inclinaciôn al delito, que le empujô por el mal ca mino. A los 14 ahos ingresô ôor* vez primera en un reformatorio, al que volveria otra vez hasta comple tar una permanencia total de aho y medio. Caso nô 1 5 .-Sus padres estaban separados judicialmente. Vivia con su madré, qiléptica y sujeta a frecuentes hos- pitalizaciones. A los 9 ô 10 ahos de edad empezo a escaparse de su domicilioj a los 11 ahos muriô su madré. A los 12 fue internado por vez primera en un reformatorio; luego permaneceria mucho tiempo en es J tabléeImlentos de esta clase, de les que se fugô - repetidas veces. Es homosesual. Caso nô 16.-Padre alcohôlico y madré epiléptica. A causa de la preferencia que su padre mostraba hacia otro herm£ no, se fugô dos veces de su domicilioj una a los - 13 ahos (con un mes de ausencia, y regreso forzado por la Guardia Civil) y otra a los 17 ahos, para - engancharse en la Legiôn, de donde volviô pasados cinco ahos. Su padre, después de la primera escapa da, gestionô su internamiento en un reformatorio, del que se escapô dos veces. Es alcohôlico y hemo- filico. Caso nô 1 7 .-Paso mucha hambre en su infancia. Cuando tenla 12 ô 13 ahos cometiô un robo de productos alimenticios y, como resultado, permaneciô medio aho en un re-- formatorio. Su larga carrera delictiva registrarla después 18 ingresos en prisiôn. Caso nô 1 8 .-Es analfabeto y oligofrénico. Su madré muriô cuan­ do el chico tenla up aho. No tuvo amigos. A los 13 ahos le internaron en un colegio especial, del que se escapô en muchas ocasiones. Una vez incorporado al Ejército, cometiô un delito de deserciôn. Caso nô 1 9 .-Madré epiléptica y padre duro y camorrista. A cau­ sa de los malos tratos paternos, se escapô de su - domicilio très o cuatro veces, después de cumplir los 12 ahos. El interesado es alcohôlico. Caso nô 20.-Hijo natural, no reconocido. A los 8 ahos, como — consecuencia del matrimonio de su madré, fue inter nado en un orfanato, de donde saliô 6 ahos después. Una slntesis de los datos anteriores ofrece la siguiente pa norâmica: - Fugas del hogar, del Internado o de la mlllcla: I3 (casos nô 1 , 2; 3, 4, 5, 7, 8, 12, 1 3, 15, 1 6, 18 y 19). - Ingresados en reformatories : 8 (casos nS 2, 3, 5, 12, 14, 15, 16 y 17). - Educados en inclusas o internados: 4 (casos nS 3, 10, 18 y - 20) . - Falta de armonia familiar; 5 (casos nô 5 , 8, 14, 15 y 19). - Faltos o separados de padre o madre: 7 (casos n@ 3j 5, 8 , 10, 1 5, 18 y 2 0). j ) Traba.io En un estudio relativo a multirreincidentes que, casi sin - excepcion, podrian a primera vista calificarse como delincuen- tes profesionales refractarios al trabajo, nuestros datos no - van a referirse ahora a su laboriosidad ni a su calidad labo-- ral. En todo caso, anotaremos las aptitudes de nuestros entre- vistados o sus ocupaciones laborales, solo ejercidas de forma desordenada e intermitente, y referidas al tiempo de su adoles cencia, es decir, al de su primer contacte con el mundo del — trabajo. Caso nô l.-Le gusta el trabajo de cantero, aprendido de su pa­ dre. A los 16 ahos se enrolo como marinero en un -- pesquero de altura. A los 19 ahos, ya desembarcado, empezo a trabajar de camarero. Caso nô 2.-A los 15 ahos se empleo de botones en una tienda de antigüedades, y después trabajé como ayudante de fo tégrafo. Caso nô 3.-En el reformatorio trabajé en las mâquinas de un ta lier de carpinterla. En libertad siempre viviô de - sus actividades delictivas. Caso nô 4.-Tiene aptitud para el ofioio de camarero, que co- nocié en el bar que posee su padre. Estudiantej - ingresô muy joven en la Academia de Automovilismo del Ejército, donde aprendiô a conducir. Caso X1Ô 5»-A los 16 ahos trabajô como aprendiz de tipôgrafoj y mâs tarde, como linotipista. Caso nô p.-Hijo ûnico y consentido; ni estudiô ni trabajô — nunca. Caso nô 7.-Después de estudiar hasta 5® curso de bachillera­ to, ingresô en un Banco como auxiliar administra- tivo. Caso nô 8 .-A los 16 ahos trabajô en Alemania, en una fâbrica de envases de hojalata; antes, en Espaha, habla - sido aprendiz de barman. liuego viviô del producto de sus robos. Caso nô 9.-Conocla el oficio paterno, de soldador y lahador. Trabajô como mozo de labranza y como peôn de alba hil. Caso nô lO.-Conoce el oficio de barbero. Desde los 16 a los 22 ahos estuvo en Cuerpos militares. Caso nô 11.-Estudiô bachillerato hasta los 15 ahos. Trabajô después como aprendiz de tornero. Caso nô 12.-Trabajô inicialmente como cerrajero, y después - conduciendo una furgoneta de reparto de pan. Caso nô 13.-Empezô a trabajar a los 13 ahos como aprendiz de fontanero, y a los 14 ahos ya tenla un buen jor- nal. Caso nô 14.-A los 12 ahos empezô a trabajar en un taller de motocicletas; luego lo hizo en un taller de en-- cuadernaciôn y en una imprenta. Caso nô 15.-A los 14 ahos se colocô en una fâbrica de rôtulos. Después, y pese a sus vàriadas aptitudes, no vo3̂ viô a trabajar. Caso nô 16.-Desde los 12 ahos se dedicô a menesteres muy va- i riados: lazarillo de clego, mozo de peluquerla, pinche de la construcclôn, recadero de pastele— rfa y, finalmente, camarero. Caso nô 17.-Trabajô de camarero, de peluquero, de peon de — soldador y de cargador. Caso nô 18 .-Desde los 13 ahos trabajô como aprendiz de esca- yolista, de fontanero y de pintor. Caso nô 19.-Fue peôn de albahil, monaguillo, friegaplatos y electricista. Caso nô 20.-Desde los 14 ahos fue aprendiz de carpintero, bo tones en una galeria de antigüedades, mozo de -- farmacia, dependiente de ferreterla, aprendiz de electricista, dependiente èn una tienda de teji- idos, botones de un hotel, empleado en una fâbri­ ca de tintas y ayudante de laboratorio en una fâ brica de cervezas. k) Sucesos que dejaron huella. Sin entrar en la significaciôn de estos datos, consignare mos algunos sucesos que produjeron una impresiôn perdurable en algunos de nuestros entrevistados: Caso nô 3 .-Entre los ô y 7 ahos fue iniciado en el onanismo por un peluquero del internado; alrededor de los 10 ahos aorprendiô a un profesor pederasta corrom piendo a un niho. Caso nô 5.-Antes de cumplir los 6 ahos, por hurtar a otros - nihos un carro de juguete, recibiô una paliza. Caso nô 7.-Entre los 6 y los 7 ahos fue injustamente culpado del robo de unos pendientes de su madre; un poli­ cia, amigo de su padre, le interrogé con gran du- reza y le diô una bofetada por insistir en su ino cenci ^ * i J * Caso nô 11.-Entre los 6 y los 7 ahos presenciô un accidente de carretera, en el que perdiô la vida una pri­ ma suya. Caso nô 1 3.-A los 15 ahos tuvo una impresiôn muy fuerte, al ver que su hermano menor sufriô un ataque nervio so que le impedia romper a llorar y le provoca- ba una asfixia. Caso nô 1 4 .-A los 11 ahos vio como un motorista se mataba - al chocar de frente contra un camiôn. El intere sado sufriô una reacciôn paralizante,de la que no saliô hasta que un transeunte le gritô y gol̂ peô en la cara. Caso nô 1 6.-Alrededor de los 13 ahos’, viô los cadâveres de dos obreros, padre e hijo, que se hablan caido desde el piso 140 de una casa en construcclôn, y pasô una sémana sin poder corner. Ahos después tuvo otra fuerte impresiôn al encontrarse, en un cementerio, con los cadâveres destapados de las victimas de un derrumbainiento. Caso nô 20.-Cuando ténia seis ahos viô cômo un automôvil - atropellaba a un niho; después, hasta los 14 -- ahos, sohaba frecuentemente ser la vlctima de - aquel accidente y resultar destripado por las - ruedas de un coche. Côhsideraciones El hombre actuante no puede estudiarse como un ser diso- ciado y aséptico. Sobre su conducts gravitan factures biolo gicos, pero su cualidad gregaria y su inmadurez inicial le imponen servidumbres modeladoras y condicionantes. Junto + al panorama estrictamente congénito, es preciso contemplar el âmbito cambiante y multiforme que puede ahormar su acti­ tud social. *< 4. *+ • En un trabajp esencialmente pragmâtlco parece prudente - huir de posturas radicales y apriorlsticas que desvirtuarian la deseable objetividad. Debemos ahondar en las posibles -- causas exogenas de la criminalidad, pero sin caer en afirma ciones que invalider otro género de circunstancias détermi­ nantes. DUFFY y HIRSHBER, por ejemplo, aseguran que "si bien no se nace criminal, es durante los ahos en que se forma el caracter cuàndd el individuo puede adquirir una mentalidad criminal, tal vez incluso en su primera infancia" ̂̂ ̂ ; y aun que la segunda afirmacién pueda ser defendible, parece arries gado suscribir la primera. La incursion en el tema apuntado séria inacabable y aje- na ahora a nuestro intento. Pero debp decirse que, en:gene­ ral, la estimaciôn de los condicionamientos mesolôgicos no siempre se entiende como excluyente de las disposiciones in natas. Asl, el profesor MIRA atribuye a la educâciôn una -- ( 2 )virtud rectifidadora de tendencias congénitas . ROF CAR- BALLO, por su parte, ante la disyuntiva de si la agresivi-- dad humana es constitutional o es reactiva, afirma que hay > un error inicial al concebir al hombre como un ser aislado (1) Clinton T. DUFFY y Al HIRSHBER, Crimen y sexo (Barcelo­ na, 1 9 0 8) pâg. 1 0 5. (2) Emilio MIRA Y LOPEZ, en su Manual de Psicologla Jurldica (Buenos Aires, 1945), escribla; "El individuo al nacer contiene en si todas las tendencias delictivas, puesto que trata de satisfacer sus necesidades vitales sin te- ner en cuenta para nada el perjuicio que ello pueda oca sionar en el medio que le rodea. Solamente la lenta y - penosa acciôn coercitiva de la educacion le irâ ensehan do que su conducta ha de resultar siempre de un compro­ mise, de una transacciôn entre la satisfacciôn de sus - necesidades y las de los demâs (...) Este aprendizaje - depende, como es natural, de varios factores: el medio en que se realiza, la técnica de la ensehanza, la capa­ cidad discriminative del sujeto, la fuerza o intensidad de sus insti* * >s, (pâg. 124)• que luego se junta con el grupo social. Porque el hombre, des de su nacimiento, es terminado o acabado de constltuir en su mâs profundas estructuras por la acciôn tutelar de alguien - del grupo, e incorporado a este grupo como parte de su trama. "Todo ser vivo en el momento de nacer estâ necesitado de com- pletarse. Lo que le compléta injertândose sobre él y acaban- do de constituirle es el grupo s o c i a l " A h o r a bien, esta concepciôn unitaria, sintética y real del hombre no signifi- ca que el patôlogo y pensador espahol eche en saco roto el - valor de la disposiciôn congénita, aunque concéda preponderan cia a esa sutil simbiosis afectiva de la primera infancia, - que él llama urdimbre constitutiva: "Estas réglas o programai I previo de toda vida no son exclusivamente hereditarias, sino que se preparan en los primeros meses y ahos de la existen-- cia por una relaciôn transaccional con los seres que tutelan la vida infantil"^^^. Zonas de prodedencia y de residencia Para la etiologla y la prognosis criminal, el lugar de -- procedencia y de residencia del sujeto tiene un interés que (3)atrajo la atenciôn de muchos tratadistas . Estadisticamen te parece demostrado que, en general, la criminalidad de la gran ciudad supera la proporciôn registrada en la pequeha -- ciudad, y que la criminalidad de esta ultima es mayor que la (4)de la zona rural . Cierto que para determinado tipo de de (1) Juan ROF CARBALLO, Violencia y ternura (Madrid, 1967), - pâg. 15-1 6 . (2) Ob. cit. pâg. 22. Entiende ROF por relacion transaccio-- nal la que se establece entre dos sistemas de causas que se influyen constante y reciprocamente (pâg. 2 3). (3) Ver Wolf MIDDENDORFF, Teorla y prâctica de la prognosis criminal (Madrid, 1970), pâg. 126. . ; I • 1 , ■ 1 \ 21Ô. litos, como los de lesiones corporales graves, la balanza - ( ’ puede Incllnarse en favor del campo; pero en la clase de in fraccion que centra nuestro trabajo el porcentaje favorece decldidamente a los grandes nücleos urbanos. La gran ciudad es excelente lugar para el cultivo y des- arrollo de determinadas tendencias criminales. La disipaciôn, el vicio, el anonimato, la probable impunidad, las colectiyi dades maleantes, la proliferaciôn de locales nocturnos, la ostentaciôn sin escrûpulos, la facilidad para traficar con objetos adquiridos ilicitamente o para realizar negocios os euros son circunstancias que ejercen sobre el hombre incli- nado al delito un atrattivo y una incitaciôn especiales. Pe*ro en nuestro caso, y con respecto a las observaciones que inmediatamente resumiremos, résulta singularmente acer- tada la afirmacion de EXNER: "Muchos no se han convertido - en delincuentes porque son habitantes de la urbe, sino que han llegado a ser habitantes de la gran ciudad porque son - delincuentes" ^^\ En el campo, y aun en las pequehas pobla ciones, la llamada cifra negra se mantiene en niveles muy - bajos; las infracciones se denuncian, los ciudadanos se co- nocen reciprocamente, la policia ejerce sobre el grupo so— cial una vigilancia efectiva, la identificaciôn de objetos sustraldos es mâs fâcil y la receptaciôn o la coartada ofre cen sérias dificultades. Quienes pretendan hacer carrera de lictiva habrân de buscar cosecha e impunidad alll donde la aglomeraciôn humana facilite el acceso a los bienes ajenos, y su râpido aprovechamiento, y dificulte la identificaciôn y aprehensiôn del culpable. (1) Ob. cit., pâg. 3 8 7. Ci. I Entre nuestros entrevistados hemoa encontrado una enorme mayoria de residentes en ciudad (19). Y aunque sôlo 6 nacie ron en Madrid, son 17 los que ejercieron actividades ilega- les en Madrid o Barcelona, A primera vista pareceria razona ble pensar que esa mayoria de residentes madrilehos obedece al hecho de que los centros penitenciarios donde se realiza ron las entrevistas estân prôximos a la capital espahola -- (Alcalâ de Henares y Carabanchel)j sin embargo, de los diez hombres recluldos en la prisiôn militar alcalalna sôlo 5 na cieron en Madrid; y entre los diez entrevistados en la Cen­ tral de Observaciôn de Carabanchel (a la que afluyen reclu­ ses de todas las provincias) solamente encontramos un madr_i leho de nacimiento. i I Legitimidad El nacimiento légitimé o ilegltimo es circunstancia que se ha juzgado de manera muy diversa como factor criminôgenq. Algunas estadlsticas suecas, inglesas y alemanas pare-- cen sehalar entre los hijos ilegltimos una mayor proporciôn de delincuencia, y especialmente de reincidencias. Ahora bien, no parece que la procedencia extramatrimonial, por si misma, pueda gravitar adversamente sobre el sujeto; no existe una déterminante biolôgica que afecte de modo par ticular al fruto de este tipo de relaciôn. Por eso nos pare cen muy atinadas las consideraciones de HURWITZ y de MIDDEN ( 2 )DORFF cuando apuntan que la amenaza de perversiôn no -- (1) Ver Stephan HURWITZ, Criminologla (Barcelona, 1956), -- pâg. 330 y ss. (2) HURWITZ, ob. cit. pâg. 331. MIDDENDORFF, ob. cit. pâg. 124. 218. surge de la propia llegitimldad, sino de otras circunstan­ cias que frecuentemente la acompahan: condiciones econômi- cas dificiles, reproches y prejuicios sociales, ausencia - del padre o presencia de un padrastro desvinculado, e in- ternamientos en inclusas u. orfanatos que diflcilmente pue­ den suplir el ambiente formativo de un hogar normal. Esa - posible carencia de vlnculos afectivos familiares, con su inevitable impacto sobre el esplritu del niho, serâ.;sin du da la herida que deje mayor cicatriz. Entre nuestros 20 hombres, sôlo très nacieron fuera de matrimonio legltimo (casos nô 3, 10 y 20), y los très vivie ! Iron mâs o menos tiempo en inclusas, orfanatos o internados. Los padres. Cohesiôn familiar Casi parece innecesario, por évidente, resaltar la tras- cendencia de la labor paterna en el futuro del hijo. Pero - esa labor puede ser positiva o negativa, afortunada o desdi chada, lo cual impone una cautelosa prevenciôn ante frecuen tes generalizaciones que atribuyen a la desapariciôn de los padres, o a sus desaciertos, el descarrlo de los hijos. Si las perturbaciones que en la sensibilidad infantil ocasiona la falta de padres -o su mal ejemplo- fuesen irréversibles, nuestras estadlsticas criminales mostrarlan un abrumador -- porcentaje de huérfanos, incluseros e hijos de delincuentes. Aunque resuite imprescindible una tarea analltica, la va loraciôn ultima ha de hacerse de manera global. No todos -- los nihos poseen capacidad o aptitud semejantes, ni reaccio nan de igual manera a los mismos estlmulos. La capacidad de reflexiôn o la prematura madurez de unos y la insensatez o 4- 4 y . el desequillbrio afectlvo de otros p^^den suplir la falta de alguno de los padres o neutralizaf cualquier influencia beneficiosa. Por otra parte, puede ocurrir que una tutela supletoria y amorosa consiga en el niho abandonado un efec to compensator. Quizâ por ello, DEBUYST considéra imposi-- ble atribuir la criminalidad de ciertos delincuentes a la mera ausencia materna. ̂̂ ̂ RESTEN nos hace notar que la delincuencia Infantil exis te también en el seno de familias que no presentan elemen- ( 2 )to alguno de perturbaciôn . Pero podrlâ opinarse que - ese benéfico ambiente hogareho es a veces nada mâs que apa rente. Por supuesto, hay factores congénitos adversos que pueden afectar solamente a uno de los descendientes, pero ello no justifica sin mâs la exculpaciôn paterna. Digamos que ho haÿ oficio mâs dificil que el de padre o madre. Sobre la frecuente falta de preparaciôn formadora, - por parte de los padres, y aun sobre una posible ineptitud intelectual para la educacion del niho, pesa una tarea su­ til, tenaz, ingrata, abnegada y agotadora. No todos los h_i jos responden a un mismo patrôn. La labor paterna constitu ye un problema de psicologia aplicada; y lo dificil no es sôlo el diagnôstico, la calificaciôn de cada vâstagp, sino la determinaciôn del tratamiento adecuado a cada uno y su correcta aplicaciôn. Y es bien sabido que, aun después de - heroicos empehos, la tendencia filial desborda a veces to-- das las previsiones y desvelos paternos. Por eso, refirién (1) Christian DEBUYST, Los valores vividos por los crimina- les (Madrid, 1970), pâg. 36. (2) René RESTEN, Caracterologia del criminal (Barcelona, - 1964), pâg. 41‘ donos a nuestro tema, nos atrevemos a pensar que la crimina­ lidad tiene una explicacion mâs compleja que la centrada ex­ clusivamente en el medio familiar. La disciplina familiar, equilibradamente ejercida, se ha puesto de manifiesto como principal!simo factor educativo. - Pero no puede confundirse la disciplina con la severidad, la intransigencia, la irritabilidad o el despotisme. HURWITZ ad- vierte que tan perniciosa es la excesiva laxitud o la suave indiferencia como el empleo de métodos éducatives demasiado rigides, psicologicamente insensibles e incomprensivos, o -- los bruscos virajes, alternativas y contradicciones que des- (1)orientan la mentalidad del hijo. El propio autor recoge - las experiencias de BURT, quien incluye la disciplina defi-- ciente entre las circunstancias, personalraente observadas, - que presentan mâs estrecha conexiôn con el delitoj hasta el punto de que esa deficiencia se encuentra con una frecuencia cinco veces mayor entre los nihos delincuentes que entre los (2)no delincuentes Elemento primordial de esa disciplina, ya se ejerza en el âmbito familiar como en el social, es el ejemplo. Los padres habrân de comenzar por someterse a las normas que predican. Su desequillbrio psicolôgico, su alcoholismo, su insociabili lidad, su desarmonla conyugal, su falta de afecto o de labo­ riosidad dejarân una funesta impronta en el esplritu del ni­ ho. JUNG destaca que la maleabilidad del aima infantil es el axioma angular de toda pedagogla, y recuerda que, en opinion muy sostenida, la neurosis es el resultado de los influjos - caracterolôgicos de los padres sobre los hijos. El psiquia-- (1) Ob. cit., pâg. 353. (2) Cyril BURT, The Young Delinquent, Londres, 1945. Citado por HURWITZ. CCI tra sulzo habla también del paralelismo inconsciente que se da con frecuencia entre padres e hijos, y que solo se expli^ ca por una imitaciôn muy intensa o por una identificaciôn^^^ De ahl la importancia del ejemplo. Un producto frecuente de la falta de disciplina es el ni­ ho mimado « en cuya entraha psicolôgica palpita un elemento gravemente perturbador. El mismo JUNG, después de afirmar — que muchisimos neurôticos fueron antaho nihos mimados, dice que estas personas entran luego en la vida con las mismas - exigencias de simpatia, amabilidad, cariho y rapido éxito lo grados sin esfuerzo, tal como fueron acostumbrados por su - \ / madre desde su mâs tierna infancia: "Hasta enfermes de gran( inteligencia son incapaces, en taies casos, de comprender - desde un principle que deben sus diffcultades en la vida, y su neurosis por ahadidura, al hecho de que arrastran consi- (2 )go su actitud afectiva infantil". Lo interesante para nosotros es saber si esa condiciôn - puede conducir a una actitud antisocial. En opiniôn de ROF CARBALLO hay una agresividad de niho sobreprotegido, que se acumula inconscientemente en el hijo criado con afecto apa- rentemente excesivo, y que termina por darse cuenta de que se ha convertido en instrumento u objeto de tensiones emo— cionales insatisfechas de la madre. Aqui el exceso de ternu ra desencadena una agresividad que no es manifiesta, iracun da y destructora, como la del niho con carencia afectiva, - (3)sino sorda y reprimida, pero no por ello menos real . Eh (1) Carlos Gustavo JUNG, Teoria del psicoanâlisis (Barcelo­ na, 1969), pâg. 79. (2 ) Ob. cit., pâg. 81. (3) Ob. cit., pâgs. 139 - 140. 222 . Ifin, cree el mismo autor que tanto la madre que no diô afec to como la que lo proporcionô en forma excesiva -en realidad porque para ella el niho representaba no un nuevo ser, sino la forma de satisfacer impulses neurôticos profundos- agrie- ta en sus fundamentos la futura existencia del hombre, crean do zonas de menor resistencia que acaban por manifestarse^*^. En nuestra opiniôn, el mimo no debe atribuirse siempre a exceso de afecto; en él puede haber,simplemente, ineptitud - paterna, tolerancia irreflexiva, debilidad de esplritu o una cômoda inhibiciôn, mâs prôxima a la negligencia o al egoismo que al auténtico amor. El propio ROF debiô entenderlo asl -- * >cuando habla de afecto "aparente" o de satisfacciôn de "im--I pulsos neurôticos". En todo caso, résulta curioso y signifi- < !cativo que la generalidad de los autores que discurren sobre este tema se refieran a la actitud de la madre, y no a la del padre. Algunos criminôlogos con larga experiencia penitenciaria nos hablan de delincuentes plenamente convencidos de que, hî cieran lo que hicieran, su madre siempre les disculparla y - apoyarla; y en el fondo, no les importaba la opiniôn de na-- die mâs. "Entre los mâs empedernidos delincuentes que he co- nocido, habla una gran proporciôn de hombres que en su infan cia fueron excesivamente mimados por su madre (...) Por otra parte, también habla entre ellos muchos que en su nihez fue­ ron castigados con excesivo rigor por madrés implacablemente (2)severas". Estas observaciones de DUFFY y HIRSHBER no ha- cen sino evidenciar el pernicioso influjo de toda desviaciôn afectiva o disciplinaria. (1) Ob. cit., pâg. 175. (2) Ob. cit., pâg. 133‘ 1 Con su habitual ponderacion, y luego de tratar extensa-I mente sobre el tema, el criminologo belga Christian DEBUYST concluye diciendo que, en cuanto afecta al grupo de delin­ cuentes por él estudiado, la situacién privilegiada del n_i no mimado no explica por si misma la conducta ilegal. Si -- los padres, dandoles todos los gustos, transformaron a sus hijos en pequehos despotas y les incapacitaron para admi-- tir la presencia y las exigencias de otras personas, ello no significa que hayan creado un pequeho delincuente. Com- probo el citado autor que los antiguos nihos mimados fue-- ron imperméables al clima escolar y se mostraron totalmen- te desguarnecidos ante el compromise profesional; pero in- )siste en que los factores mesolôgicos y constitucionales - se interfieren de forma que no es posible disociarlos cla- 4. (1)ramente De signo opuesto al problema del hijo mimado, pero de - estimable virtualidad,es el del niho menospreciado. No que remos sehalar con este adjetivo al niho falto de afecto -- -aspecto sobre el que pronto discurriremos-, sino al deses timado, desdehado, desatendido o reprobado por sus padres. Del mismo modo que el exceso de mimo no équivale siempre a un exceso de afecto, la desestimaciôn no significa necesa riamente desamor, sino falta de diligencia o de habilidad; hay como una descalificaciôn, a veces tppica o sistemâtica, que incide dahosamente en el desarrollo psicolôgico infan­ til. Un entusiasta criminôlogo canadiense, el padre MAILLOUX, se refiere sin duda a este supuesto cuando habla de la "in fluencia déterminante que ejerce sobre la evoluciôn psico- (1) Ob. cit., pâg. 114 y 115. 224 social del njtrlo el retrato anticipado que sus padres hacen de su fu^ura identidad". Muchos padres no se recatan al expresar su humillaciôn y su disgusto por hàber traldo al raundo una -- "oveja negra"; y MAILLOUX tiene la impresiôn de que, en los - jôvenes reincidentes por él entrevistados, aquella actitud pa terna da lugar muchas veces a un presentimiento que précipita la cristalizaciôn de su carrera delictiva. Hay como un hechi- zo que produce una identificaciôn negativa. El nino se siente ewpujado a llevar a cabo lo que sus padres no cesan de repro­ bar "con desdichada insistencia", antes que a cumplir sus ra- zonables mandates. ̂̂ ̂ Es^oportuno, àL tratar del nino menospreciado, recordar los frecuentes casos de aparente falta de equidad afectiva. El nî fto tiene de la justicia una nocion excesivamente matemâtica, y no es infrecuente que su sensibilidad le empuje a contabil_i zar, dia tras dia, las diferencias de atenciones o cariflosas expresiones recibidas de sus padres, con relaciôn a sus herma nos. Porque tampoco es raro que los padres, con évidente lige reza, tengan preferencias entre sus descendientes y, lo que - es peor, las manifiesten sin disimulo. No es que se pueda, en el campo crimonolôgico, atribuir a esas faltas de equidad un valor decisivo; pero cuando son abiertas y reiteradas consti- tuyen upa causa de humillaciôn y de dolor que, en nihos h^per sensibles, pueden determinar un resentimiento de imprevisi--- bles consecuencias. La falta de armonia entre los padres, que una veces origi- na constante tensidn familiar y otras desemboca en la separa- cion matrimonial o en el derrumbamiento del hogar, es circuns (1) Noël MAILLOUX, O.P., Délinquance et répétition compulsive, en Contributions à l'étude des sciences de l'homme. NG 6 (Montreal, IÇbS), pâg. 73* 225. tancla que puede contrlbuir a la deformaclôn de los hijos. Se gûn estadlsticas francesas recogidas por DEBUYST entre - los nlMos que presentan trastornos del caracter, un 65,6% son descendientes de padres separados, mientrae que entre 69.000 escolares de Paris ese porcentaje es solamente del 11,8. Sin embargo, no todas las anomalîas de aquel 65,6% son imputables a la disociacién familiar; s61o un 20,5% de la citada propor- ciôn se atribuye a la referida causa. Todavia se discute si en el descarrio de los hijos tiene - mâs fuerza déterminante el divorcio de los padres o las gra-- ( 2 )ves discordias existentes en el hogar . En el primer caso, a la ausencia de uno de los padres se suma un permanente re-- proche hacia el supuesto culpable; en el segundo, la constan­ te tirantez conyugal actüa perniciosamente sobre el inmàduro espiritu del nino, sometiéndolo a tensiones que pueden dejar ( 3 )una amarga huella . La cuestién, enfocada desde un punto - de vista practice, podria iuzgarse bizantina. ^Bastarla la re mota amenaza de un hijo criminal para imponer a los futures - contrayentes lin diligente estudio de su compatibilidad? &Com- prenderian todos los matrimonies el valor de la abnegaciôn co mo antidote contra la delincuencia de los hijos? £,No caen to­ das estas previsiones en la parcela de la perfeccion indivi-- (1) Ob. cit., pâg. 1 1 9. (2) HURWITZ, ob. cit., pâg. 338. (3 ) Membre tan conocedor de la aventura humana como Arnold J. TOYNBEE escribiô en un reciente articule: "Es notorio que una de las causas del comportamiente desordenado de mu-- chos jovenes de hoy es el clima de inseguridad en que han crecido, motivado por una falta de armonia entre sus pa-- dres. Este puede tener repercusiones psicolôgicas dévasta doras sobre los hijos, que pueden quedar traumatizados pa ra toda la vida". (;Ad6nde nos lleva la revolueiôn sexual?, en Los domingos de A B C , Madrid, 28-VI-1970). dual y religiosa? Convengamos, al menos, en que el factor de la armonia conyugal no deja de tener interés para el estudio etioldgico del crimen y para el tratamiento del criminal. La falta de afecto es quiza el peor de cuantos males co— rroen la misiôn paterna y la cohesiôn familiar. Un afecto — hondo y bien entendido podria neutralizar muchos de los fac- tores negatives hasta ahora tratados. Si el amor es la razon y fundamento de la union conyugal, y dnico bâlsamo eficaz pa ra sus dificultades, no es mener su importancia -como reflejo del vinculo inicial- en las relaciones paternofiliales. Cla­ re esté que sobre la expresiôn afectiva gravitan muchos con- dicionamientos endôgenos y exôgenos, sociales e individuales. Las reacciones temperamentales de los padres, su capacidad - intelectual, las desviaciones caracterôlôgicas del hijo, la situacion econômica familiar y otras muchas circunstancias - pueden modelar las manifestaciones del amor paterne. Sin em­ bargo, cuando ese auténtico afecto palpita en el substrate - de la actitud tutelar -afecto que es comprensiôn, generosi-- dad y sentido trascendente- se cuenta ya con el mâs valioso elemento para estructurar la personalidad del nine. Hay como una simbiosis paternofilial -o, mâs propiamente, maternofilial- que desde el memento mismo del nacimiento ope ra la transfusiôn amorosa, y que a lo largo de los primeros ahos se perfecciona y robustece. Por eso decia el profesor - ALBERCA que la conciencia ética del hombre, sus valores, es- tân haciéndose desde que nace, "y si los primeros pasos son( torcidos, eso producirâ o no anormalidades o enfermedades, pe ro, por lo pronto, cuartea los cimientos de la construcci6n"(^^ La delincuencia, la irreligiosidad, la falta de sentimiento del deber y de un ideal, la psicopatia, en fin, arrancan a - (l) R. ALBERCA LORENTE, Psicopatias y delincuencia. en 2Lî — menudo -en opinion del desaparecido psiquiatra espaflol- de defectos afectivos tramados en los primeros tiempos de la vida. Otros autores puntualizan mas los efectos criminôge- nos de este factor y sehalan su especial significacidn en la reincidencia ̂̂ \ (2)ROF CARBALLO resume el alegato de Asley MONTAGU, -- contrario a calificar la agresividad como condicion radi-- cal y primigenia del hombre, y para quien la experiencia - de la antropologia cultural ensena que siempre que se sa-- tisfacen las necesidades bâsicas del nino, si este es ver- daderamente amado y sometido tan s61o a un minimo de frus- traciones, jamas se vuelve agresivo y , en cambio, se des-- arrolla como persona equilibrada y cooperadora dentro del sistema social. El propio ROF, por su cuenta, opina que el hombre no nace de la agresividad o, al menos, no nace s61o de la agresividad, sino que nace fun|d ament aiment e de la — ternura. "Quiéralo o no el nino, ha de ser como los demâs van a hacerle. De manera forzosa, si quiere subsistir y tê ner inteligencia para desenvolver su vida, ha de ser mode- lado a través de la ternura, tal como han sido modelados - en la tradicion de la tribu o de la familia sus progenito- res. Su visiôn del mundo, sus reacciones primarias ante -- las cosas, sus reflejos mâs primitives, sus hâbitos, sus - creencias, su disciplina, sus inhibiciones van a ser las - que los demâs le inculquen, no mâs tarde en el periodo de ensehanza o de iniciaciôn religiosa, sino desde el primer momento « con ese lenguaje indeleble y secreto de las prime^ Curso Internacional de la Sociedâd Internacional de Cri" minologia (...) Los delincuentes mentalmente anormales (Madrid, 1 9 0 1-1 9 6 2), pâg. 53-55. (1) MIDDENDORFF, Ob. cit.. pâg. 124. (2 ) Ob. cit.. pâg. 121. ras caricias. Es decir, con el lenguaje de la ternura" Ahora bien, el agudo patdlogo nos previene también contra una sobrevaloraciôn de la simbiosis madre-niflo j porque a la anti^ gua ceguera por esta situacidn inicial del hombre,parece su- ceder, en la bibliografia psicoldgica, psicoanalitica y psi- cosomâtica, una insistencia desmedida que tiende a convertir la en explicaciôn de los mâs diversos trastornos. Y ahade — que résulta puéril, para determinar el influjp de la caren-- cia materna o la falta de afecto en las conductas psicopâti- cas, esquizofrénicas y delictivas, analizar estadlsticamente la presencia o ausencia de taies conductas en hogares que tu vieron o no madré; porque el concepto de "madré" es mâs su-- til y complejo que la mera presencia de una mujer procreado- ra; ésta puede ser en ocasiones mâs perturbadora que formado ra, y la ausencia materna pudo ser compensada por una perso­ na âvida de ejercer una amorosa tutela o por un ambiente fa- (2)miliar propicio. Entiende STORR que la posiciôn de un recién nacido es hu­ miliante; no puede alimentarse por si mismo, ni trasladarse de un lugar a otro, ni controlar sus secreciones, ni prote-- gerse contra el peligro o el dolor; su vida estâ en manos -- ajenas. Y si el aspecto malo de la madré supera su aspecto - (1) Ob. cit., pâg. 1 3 8, 1 3 9. El propio ROF, en otro lugar — (Signosen el horizonte, Madrid, 1972) sostiene que s61o se heredan "posibilidades de desarrollo", y que la reali zaciôn de estas posibilidades depende primordialmente de lo que hay en el ambiente; hasta el punto de que aûn ciertos retrasos mentales infantiles, de apariencia -- irrevocable, ceden cuando el nino pasa de un ambiente -- sin afecto a otro con amor y comprensiôn (pâgs. 123 y -- 1 2 4). Para ROF, todo depende en el hombre del amor que - recibe en la relaciôn primigenia y fundamental (pâg. 253)» (2) Ob. cit., pâgs. 173 y 1 7 7. bueno, es posible que el nifio se convierta en una persona -- que jamâs pueda confiar en el amor de otra, ya que temerâ — que la que parece amarle se convierta en alguien que le odie y que pueda destruirle. Para este psicoterapeuta, la conduc- ta psicopâtica puede explicarse, al menos en parte, por un - escaso desarrollo de vlnculos emocionales. Aunque los defec­ tos genéticos puedan contribuir a esta anormalidad, "no hay duda de que una elevada proporciôn de psicôpatas proceden de hogares en los que hay carencia de afecto". Y mâs adelante - ahade que las personas psicopâticas no responden al castigo en parte porque son impulsivas y les falta previsiôn, pero - principalmente porque no desarrollaron los vlnculos afecti-- vos ̂̂ \ De la relaciôn psicopàtia^multirreincidencia habla- remos en momento oportuno. Los criminôlogos suelen apuntar la pérdida temprana del - padre o de la madré como un elemento muy significativo en el camino hacia el delito. En una edad tierna, tan abierta a in flujos y sugestiones, el joven ha de adquirir defectuosamen- te su pasto espiritual, que en el mejor-de los casos puede - ( 2 )ser inocuo . EXNER, citando a KERSCHER, recuerda que el - niimero de huérfanos précoces entre reos reincidentes es mu-- cho mayor que en otra clase de delincuentes, aunque no por - ello el profesor muniqués desoonozca el valor de la disposi- ciôn criminôgena, como potencia sometida al influjo de cir— (3)cunstancias externas. Estamos refiriéndonos ahora a la muerte de alguno de los padres, y no al ya tratado problema de los hogares deshechos. (1) Anthony STORR, La agresividad humana (Madrid, 1970), pâgs. 149, 150, 183 y 186. (2) Paul POLLITZ, Psicologia del delincuente (Barcelona, 1933) pâg. 1 6 4. (3) EXNER, ob. cit.. pâgs, 355 y 3 5 6 . 230. bien por abandono, bien por falta de armonia o de afecto. Aun que los resultados puedan en ocasiones ser los mismos, convi^ ne considerar separadamente ambos supuestos. El fallecimiento de alguno de los progenitores no supone necesariamente la existencia de un mal ejemplo, de una tension emocional, de -- una deformaciôn afectiva o de un reproche filial. En cambio, es fâcil que lleve consigo la presencia de una madrastra into lerante o un prâctico abandono de la proie. No son pocos los hijos que, al desaparecer uno de sus padres, pierden de hecho el asiduo contacte con el superviviente. La madré viuda, acu- ciada por su situaciôn econômica, busca un trabajo que la aie j a de su hogar. Los propios huérfanos se sienten urgidos a co laborar en el sostenimiento de la familia, a abandonar su ins truccién y a incorporarse prematuramente al mundo laboral. En estrecha conexiôn con este tema estâ el de la educacién en or fanatos o internados, al que habremos de referirnos mâs adelan te. Parece ser que el papel de la madré, como vertebradora de la personalidad filial, es mâs importante que el del padrej^^ al menos, con relaciôn al desarrollo de ciertas parcelas del espiritu cuya desatenciôn puede dar paso al sentimiento de - abandono, a la insensibilidad afectiva y a la agresividad. - Esa ausencia materna puede tener diferentes repercusiones - segün sobrevenga durante los cinco primeros ahos o mâs tar^- ( 2 )de . DEBUYST, después de entrevistar a muchos reclusos, - dice que en algunos de ellos, que vivieron una primera infan cia desordenada, advirtiô una tendencia a considerar todos - los acontecimientos desde el ângulo del abandono ."Los deli- (1) Mibhel RICHARD, Los dominios de la Psicologia (Madrid, 1972), I, pâg. 91. ' (2) DEBUYST, ob. cit., pâgs. 26, 3 6 , 75 y 144. tos que han cometido les parecen de poca importancia en com- paraciôn con el daho que les ha causado la ausencia de su ma dre. Toda su personalidad se encuentra como sensibilizada a la privaciôn de cariho, de modo que este sentimiento se ha - hecho un prisma a través del cual perciben la realidad. Su - actitud refuerza, sin duda, la dureza y la indiferencia que manifiestan respecto a los demâs, ya que al exigir siempre - mâs les hace ciegos a los verdaderos gestos de afecciôn de - que son objeto." Ese traumatismo puede dar lugar a la llama- da neurosis de abandono. ̂̂ ̂ El tema de la precoz emancipaciôn del joven présenta face tas irtuy semejantes a las que acabamoà de examinar. Aqui hay como una pérdida de padre o de madré a la inversa, como un - abandono filial y no paterno, cuyas motivâciones suelen cru- zarse con algunas de las circunstancias ya tratadas. En aigu nos casos la emancipacion es consecuencia de la desidia, la desarmonia o el desafecto paternos; en otros surge como libe racién de problemas econômicos; puede ser también manifesta- ciôn de una personalidad anormal, de la indisciplina familiar e, igualmente, de malos ejèmplos o desvinculaciones mâs o me nos profundas. Por supuesto, la emancipaciôn puede ser real aun sin abandono del hogar. (1) Ob. cit., pâgs. 37 y 38. El mismo DEBUYST cita al psicoa halista inglés J. BOWLBY (Forty four juvenile thieves), quien encontré que el 6l por 100 de ladrones habituales afectivamente indiferentes han estado separados de su ma dre en el curso de los cLnco primeros ahos. Entiende aquel psicoanalista que las circunstancias genéticas no son es ppcificas de la delincuencia y, por el contrario, la au­ sencia de la madré es el factor especlfico del robo. La actitud de la madré, en este lîltimo aspecto, tiene Una importancia que se corresponde con su papel polarizadôr de - la afectividad y aglutinante de voluntades con tendencia cen trlfuga, Algunos autores catôlicas exponen su preocupada re- puisa ante la desvalorizaciôn del oficio de madré de familia. Aparté situaciones desgraciadas o de acuciante necesidad, es timan que "pocas mujeres catôlicas casadas pueden desempehar una profesiôn después del matrimonio sin anunciar con ello - su fracaso como mujeres y como catôlicas". Porque una cosa - es que una mujer esteril distraiga su ociosidad con una ocu- paciôn, y otra, muy diferente, poner en una profesiôn el in­ terés fundamental de la vida. "La mujer que se casa intentanI do a toda costa conservar su propia profesiôn, o que rehusa absolutamente dependen de su marido, no conoce ni el signif_i cado de matrimonio cristiano ni siquiera del verdadero amor humano. Si ella esté enamorada de alguien, es de si misma".^^^ En lugar oportuno nos ocuparemos de las emancipaciones no definitivas, subitas y violentas, originadas por fugas o por internamientos decretados por tribunales. Ahora nos referi-- mos tan sôlo al temprano alejamiento del hogar, o a la posi­ tiva insumisiôn filial, que rompe el vinculo modelador. No - puede afirmarse que el crecimiento fuera del seno familiar - sea causa eficiente de muchas carreras criminalesj rompimien to con el hogar y delincuencia son signos de inadaptaciôn in dependientes. Pero, como dice HURWITZ, la existencia libre y desordenada, consecuencia frecuente de la emancipaciôn premaj ( 2 )[ tura, favorece el desarrollo de las tendencias criminales. (1) Eugene BOYLAN. 0. Cist. R.: El Amor supremo, tomo II (Ma drid, 1957), pâg. 199. 233. Repltamos aqui que entre nuestros entrevistados encontra- mos 9 casos de padres blandos y sin autoridad, 7 de falta de equidad afectiva, 6 de falta de afecto, 6 de falta de armo-- nia conyugal, 7 de padres alcohôlicos, licenciosos o perver­ ses, 3 de madrés epilépticas, 3 de hijos naturales o ilegiti- mos, 4 de individuos educados en inclusas u orfanatos y 3 de huérfanos de madré antes de cumplir los dos ahos. Ahora bien, las particularidades anotadas se interfieren, confunden y sobreponen de tal forma que sôlo una sintesis de cada caso puede iluminar el panorama. Ello resultaria fâcil a quien lea el texto de las entrevistas; alli advertirâ que la falta de armonia puede coincidir o resultar de una falta de afecto, pero también puede ser consecuencia de una enfer- medad, un vicio o una estrechez econômica. La falta de disci^ plina no dériva sôlo de la blandura paterna, sino de la des­ armonia conyugal y de las continuadas ausencias de una madré que trabaja fuera del hogar. La emancipaciôn precoz puede re sultar de un exceso de mimo o de una falta de afecto. En suma, ha de notarse que de los veinte casos efetudiados sôlo en dos (los nûmeros 7 y 12) no encontramos sérias anoma lias atribuibles a los padres. Y de esas dos excepciones, el n2 7 (en cuyos padres se advierte, al menos, una falta de -- equidad afectiva) fue tratado médicamente como psicôpata, -- mientras que el caso n5 12 padece ataques epilépticos. Por - supuesto, el valor criminôgeno de esas anomalias es discuti- ble y de muy distinta entidad en cada caso. Hermanos, amigos, maestros. Si la funciôn de los padres, como rectores e inspiradores de la familia, es de vital importancia en el desarrollo de - 234 las tendencias filiales, no cabe decir lo mismo respecto a los hermanos, amigos y maestros. Es cierto que entre estos ûltimos puede haber elementos perniciosos y déformantes,pe ro es probable que otros puedan influir sobre el joven de manera beneficiosa, con lo que ambas fuerzas parecen com-- pensarse. Sin embargo, cuando el hermano, el amigo o el -- maestro tiene una personalidad singularmente sugestiva y - dominadora, y el joven interesado es un espiritu maleable o con tendencia antisocial, la relaciôn entre ambos puede abrir cauces hacia el delito. Ahora bien, si el sujeto pasivo de esa influencia care- ce àe solidez intelectual o sufre una propensiôn al crimen, su desvio ho ha de imputarse ûnicamente a los factores exô genôs. Por otra parte, en las crecientes actividades délie' tivas en grupos, se da una espontânea y casi inevitable -- cohesiôn de elementos don tendencia pareja -mâs que una -- prepotencia seductora-, de forma que, salvo excepciones, - la criminalidad colectiva hace verdad el viejo refrân cas tellano "Dios los cria y ellos se juntan". Quien se une al grupo es, con frecuencia, hombre de formaciôn familiar de- fectuosa o de inclinaciôn personal al delito. Mâs adelante dedicaremos nuestra atenciôn a la citada delincuencia colec tiva. El numéro de hermanos y el lugar que el delincuente ocu pa entre ellos son datos utilizables como posibles circuns tancias criminogenéticas. Algunas estadisticas europeas se halan una correlaciôn entre la amplitud de la familia y el delito, asi como un mayor indice de reincidencia cuanto ma yor es el ndmero de hermanos. ̂̂ ̂ Y se quiere hallar una - (1) HURWITZ, ob. cit., pâgs. 347 y ss. 235 justificaciôn a tal hecho por razôn^ no sôlo de las dificu^ * atades econômicas consecuentes a una prole numerosa, sino — por la desatenciôn directa de los padres respecto a cada -- vâstago. El caso cortrario, es decir, el del hijo unico, tiene Igual o mayor interés, si bien por distintas razones, Aqui el origen del mal no se atribuye a la falta de vigilancia o a la escasez de medios, sino a la excesiva tolerancia, eli- minadora de toda disciplina mental y excelente campo de cul̂ tivo para la aparicion de la neurosis. Es el supuesto del - hijo mimado, aL que nos hemos referido al tratar de la disci plina familiar. Las opiniones estân muy encontradas en lo que afecta a - la relaciôn entre el orden de los nacimientos y el desarro­ llo de una conducta delictiva. Algunos criminôlogos creen - ver uh mayor riesgo antisocial en el hermano mayor, el her­ mano menor y el hijo unico. Otros, por el contrario, opinan que el lugar ocupado entre la descendencia no tiene signif_i caciôn criminogenética ̂̂ \ Entre nuestros veinte entrevistados (que no son simples delincuentes, sino multirreincidentes), encontramos 7 primo génitos, 7 benjamines y 2 hijos unicos. De uno de los cua-- tro casos restantes (el nS 9) carecemos de datos, y los otros très (n9 l, 4 y 17) ocupan el primer lugar entre los vâstagos varones. El numéro de hermanos en la familia del - entrevistado oscila entre nueve y uno, con una media de 4,9. Sôlo uno de los multirreincidentes (el n914) atribuyô a in- (1) HURWITZ, ob. cit., pâg. 349. 236. fluencia de un hermano menor sus actividades delictivas. Cuatro entrevistados (casos nS l, 3, 12 y I3) aluden expre samente al pernicioso influjo de las amistédes. Y dos (casos n9 3 y 7) conocieron a maestros corruptores, si bien sôlo en un caso (el n5 3) puede existir relaciôn entre la actitud del maestro y la iniciaciôn de la carrera criminal. Economia, moralidad, instrucciôn Nadie podria asegurar, sin manifiesta temeridad, que la ca rencia de cada uno de estos très valores tenga la misma efic^ cia para explicar la apariciôn del delito; pero tampoco es dî flcil que se registre un déficit de los très elementos en la gestaciôn de la personalidad criminal. La economia débil o, mejor aôn, la miseria puede ser fac-- tor decisivo de ciertos delitos, tan recordados por los pena- listas al estudiar el estado de necesidad. Pero debemos traer a la memoria dos cosas: En primer lugar, que nuestra atenciôn se dirije ahora a las circunstancias ambientales que pudieron llevar al joven a una vida marginada de la ley, concretamente, al medio econômico en que el muchacho iniciô su vida delicti­ va, sin que de momento nos interese el nivel patrimonial del delincuente adulto. En segundo lugar, hemos de recordar que - no estamos tratando del delincuente en general, sino del mul- tirreincidente en determinadas infracciones contra la propie- dad. Aunque la mayor parte de nuestros entrevistados vivieron - en el seno de familias de economia modesta y aun pobres, son contados los que trataron de justificar su descarrio por la - miseria que los rodeaba. Por el contrario, la mayor parte co- meten las sustracciones para satisfacer caprichos o papa sos- tener una vida de holganza y vicio. En términos generates, - nuestros multirreincidentes podrian clasificarse a primera - vista como delincuentes profesionales por aversiôn al traba- i o , y, como dice SEELIG, la miseria que invocan los represen tantes de este tipo es de poca importancia y sôlo constituye la mayorla de las veces un eslabôn intermedio en la cadena - causal; su peculiar personalidad no les empuja a buscar un - medio de vida honrado y estable.^*^ Cosa distinta, y de interés y dificultad nada escasos, es conocer hasta qué punto el nivel patrimonial de la familia - es déterminante de otros hechos que directa o indirectamente favorezcan la génesis del delito. Por ejemplo, si la pobreza exige a los padres muchas horas de trabajo y de ausencia del hogar, con la consiguiente desatenciôn de la proie; si esa - escasez obliga a una prematura integraciôn laboral de los h^ jos, con el abandono de la escuela; si los apuros econômicos impiden la râpida y adecuada profilaxis cuando surgen los -- primeros sintomas de una personalidad antisocial. El hecho de vivir en grandes poblaciones puede influir también en el valor criminôgeno de la pobreza. La relativa - necesidad, acentuada por el visible despilfarro comôn entre ciertos grupos de la gran ciudad, acaso incite con mâs fuer­ za al enriquecimiento râpido e ilicito que la compartida po­ breza de tantas familias en zonas rurales. HURWITZ, resumiendo las experiencias y opiniones sobre e^ te tema, dice que existe compléta conformidad en que la mayo ria de los jôvenes delincuentes proceden de hogares muy modes (l) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologla (Madrid, 195#), pâg. 2 4 1. tos o pobres, si bien en muchos hogares de igual condiciôn no se produce la delincuencia. Pero -ahade el jurista y crî minôlogo danés- el aspecto prâctico del problema no consis­ te en averiguar si existen personas que, a pesar de facto-- res ambientales desfavorables, permanecen dentro de la ley, sino si las personas eonvertidas en delincuentes en un me— dio desfavorable, hubieran emprendido el mismo camino de ha ber vivido un ambiente mejor. Y concluye afirmando que to-- das las investigaciones confirman que la pobreza y sus con­ secuencias presentan una peligrosidad muy elevada. Podria pensarse si la excesiva abundancia econômica no - es también un elemento criminôgeno; algunos casos conocidos pueden abonar esta hipôtesis, y no por ello perderia la po­ breza su virtualidad. No séria la fortuna en si misma el — factor déterminante, sino la indisciplina psicolôgica conse cuente al despotisme o los excesos de todo orden que pudie- ran emanar de la riqueza. Estamos ante um supuesto muy pare cido al del niho mimado. Pero, cihéndonos a nuestro tema, h^ mos de recordar que tratamos de estudiar a multirreinciden­ tes en delitos patrimoniales; y no suele ser éste el género de infracciones preferido por los opulentes. Podemos tratar como términos sinônimos la moralidad y la religiôn propia del ambiente que formé a nuestros entrevista dos; son disciplinas o virtudes normalmente inseparables en nuestro suelo. De ambas cabrla esperar un encauzamiento rti co de la conducta personal, ya que las apelaciones al bien comôn no suelen tener eco en pals tan ihdividualista como - el nuestro. Para MENENDEZ PIDAL, "el espahol propende a no sentir la solidaridad social sino tan sôlo en cuanto a las (1) Ob. cit., pâg. 345* ventajas inmediatas, desatendiendo las indirectas, mediatas o lejanas. De ahi bastante indiferencia para el interés ge­ neral, déficiente comprensiôn de la colectividad, en contras te con la viva percepciôn del caso inmediato individual, no sôlo el propio sino igualmente el ajeno".^^^ No es del caso averiguar ahora si nuestra espiritualidad -con el posible influjo de las très religiones monotelstas que aqul convergieron- es auténtica y popular, o si es for- mularia o supersticiosa; nuestro objetivo se cifra no en un pueblo sino en el hogar de cada delincuente. Las pequehas - localidades y las zonas rurales parecen mâs propicias a la con servaciôn, si no de las esencias éticas y religiosas -relatif vamente independientes de la densidad humana-, si al menos de la honra, la fama o el buen nombre, proyecciôn externa - del honor. Pero ya hemos visto que la, generalidad de las ac tividades antisociales que nos ocupan^nacieron o se manifes taron abiertamente en la gran ciudad. Aqul las tradiciones familiares, el respeto por los intereses ajenos, el amor al prôjimo y la ultima perfecciôn no encuentran muchas veces - campo propicio. El hombre no es lo que es, sino lo que apa- renta ser, y el éxito econômico suele dar la medida del va­ lor individual. Por otra parte, las familias obreras inmi-- grantes buscan habitaciôn en barrios mlseros, frecuentados por gente que no brilla por sus preocupaciones morales y re ( 2 )ligiosas . Ello no significa que estas virtudes, cuando (1) Ramôn MENENDEZ PIDAL, Los espaholes en la historia y en la literatura (Buenos Aires, 19511), pâg. 40. (2) Aunque carezca de valor cientlfico, no resistimos el de éeo de reproducir un pârrafo del malogrado psiquiatra y novelista Luis MARTIN SANTOS, que a su intuiciôn litera ria unia un notable conocimiento de ciertos ambientes; "Los lamentables habitantes de estos barrios no mostra- estân seriamente arraigadas en la familia, no puedan practi- carse e influir sobre el comportamiento individual de cada - miembro; pero parece évidente que las urgencias por cubrir - necesidades vitales y el ambiente disoluto, apremiante y des personalizado de la gran ciudad no son el mejor caldo de cu^ tivo para el desarrollo de aquellos valores. En cuanto a la instrucciôn de los delincuentes, estudiada como posible factor antisocial, ha de decirse lo mismo que - de otras circunstancias: es arriesgado ponderarla con riguro sa independencia. Las estadlsticas suelen anotar entre los - grupos criminales upa mayor proporciôn de analfabetos o semi ban en sus manos callosas los estigmas de los peones no calificados, sino que preferian ostentar sus cuerpos en actitudes grâciles y favorecedorafe con pretensiones de - sexo ambidextramente establecido y comercialmente explo- tado. Usaban a este fin de pantalones ajustados con cre- malleras en las pantorrillas y de los debidos conocimien tos folklôricos y rltmicos. Pero cuando pasaba la edad - adecuada, sin haber conseguido colocaciôn estable en los entresijos del vicio de la ciudad, la ve.iez les despro-- veia hasta de las mâs miseras particulas de encanto y sô lo la mendicidad (ya muy reprimida por una sociedad emi- nentemente progresiva) o bien la busca podia evitarles - la total extinciôn y el encogimiento del cuerpo en el -- frlo total externo-interno de la madrugada. No llegaban a habitar estos parajes personalidades ricamente desarro lladas taies como carteristas, mecheras, descuideras, pa lanquistas, palquistas o espadones, sino subdelincuentes apenas comenzados a formar, que muy a menudo para toda - la vida quedaban subformados bien por falta del necesa-- rio nivel mental, bien por falta de la estabilidad de ca racter necesaria. Eran, pues, gentes de un bronce apenas moldeado los que, entre blasfemias y hasta con posibles fatigas retribuidas de tiempo en tiempo (como cargar ca- miones o llevar carbôn a un hotel), nurica conseguîan un estatuto estable y permanecian exilados tanto de la so-- ciedad que sôlo a si misma se admite, como de las infra- sociedades que bajo aquélla se constituyen inventândose côdigos de honor ininteligibles, lenguajes, gestos y pro visorias asambleas constituyentes". (Tiempo de silencio. Editorial Seix Barrai, S.A. Barcelona, 19&9, pâg. 118). analfabetos que entre el resto de los ciudadanos.^^^ Lo difl cil es precisar si la ignorancia figura entre las causas o - los efectos de la inclinaciôn al delito. Cosas distintas son el adelantamiento escolar y el compor tamiento en la escuela. El primero de ellos puede estar me-- diatizado por una incapacidad intelectual, y aûn por graves necesidades familiares que obligan al nino a trabajos que le apartan de la escuela. El mal comportamiento puede ser conse cuencia de una personalidad psicopâtica, o también del resen timiento originado por burlas y reproches de companeros y -- maestros a causa de una inteligencia déficiente. Acaso esta realidad hizo decir a HURWITZ: "Como quiera que una educaciôn escolar limitada y una escasa asistencia a la escuela depen­ den dp manera principal de las condiciones econômicas y per- sonales, no se puede negar la posibilidad de que los verdade ros factores pertinentes se encuentren en dichas condicio^-- En modo alguno queremos negar con lo dicho el valor social de la ensehanza, incluso en campo de la profilaxis delictiva. Sin embargo, a este ultimo fin resultan mâs estimables el es (3)piritu de convivencia y la formaciôn del caracter, fomen tados a la sombra de la escuela, que la mera acumulaciôn de conocimientos. (1) EXNER, ob. cit., pâg. 372. (2) Ob. cit., pâg. 359. (3) La escuela "sirve de aprendizaje para el paso del egocen trismo al sociocentrisme" (ver: Jesûs ALARCON BRAVO y -- otros. Un sistema de trabajo en el estudio de la persona­ lidad criminal, Madrid, 1970, pâg. 4 6 . Hemos dicho mâs atrâs que de nuestros veinte entrevista­ dos, 8 son hijos de familias modestas, 7 de padres pobres, 4 disfrutaron de una economia familiar media y uno es i n d u sero, de padres desconocidos; por tanto, el 75% procedian - de hogares modestos o pobres. Como también se anoté oportu- namente, 19 de ellos residieron y delinquieron en la ciudad, y 17 lo hicieron en Madrid y Barcelona. Sôlo très de los -- multirreincidentes (nS 1, 16 y 17) dicen haber cometido su primer delito por hambre o por necesidad, si bien dos de -- ellos lo hicieron con ocasiôn de una fuga; por el contrario, la generalidad afirman haber robado para gastarlo en burde- les, espectâculos, drogas, etc. Ninguno de los entrevistados creciô en un hogar donde se observasen cuidadosamente normas morales o religiosas; 10 - pertenecen a familias relativamente normales, 7 a familias amorales o indiferentes y 3 (hijos no legitimos) se educa-- ron en crfanatos. Finalmente, recordemos que en el grupo estudiado hay dos analfabetos, 11 con instrucciôn muy escasa, 4 iniciaron los estudios de bachillerato y 3 revalidaron el bachillerato ele mental. Bueno serâ anticipar que, segûn nuestra estimaciôn, 8 de ellos (40%) padecen una deficiehcia intelectual de dis tinto grado. Conflictos, fugas, internados El término conflicto es demasiado amplio para denominar el primordial motivo de tensiôn que puede influir en la per sonalidad del niho y del adolescente. Porque conflictos son las dificultades, las penas, las aversiones, las enfermeda- des, la pobreza, la falta de afecto, las desgracias, las ene mistades, las persecuciones y, en fin, otros maies a ' los - que en parte ya nos hemos referido. Ahora aludimos a las si­ tuaciones adversas que gravitan sobre el menor, con suficien- te fuerza para deprimirle y aûn deformarle. Pero quizâ el — peor de los maies que puede sufrir el niho es la pérdida del amor raaterno o paterno, bien por muerte o ausencia de los pa dres, por enajenaciôn o por simple carencia afectiva, expre- sada en malos tratos, en faltas de equidad, en dejaciûn de - deberes o en abandono del hogar. La generalidad de las adver sidades halla un bâlsamo y hasta una compensaciôn en el com- prensivo amor de los padres; cuando éste no existe, el menor se encuentra como desnudo bajo un cielo hostil. Muchos de los supuestos apuntados fueron objeto de examen en paginas anteriores, como también lo fueron o lo serân otras particularidades que pueden llevar a la situaciôn con-I flictiva (enfermedades fisicas y mentales, homosexualidad, - alcoholismo, incapacidad intelectual, etc.); ésta se manjfLes^ ta muy a menudo en la huida, o en la comisiôn de irregulari- dades que determinan finalmente un internamiento. La frecuencia de la fuga en la nihez o la adolescencia de los delincuentes, y en particular de los habituales, es un - hecho que atrajo la atenciôn de muchos criminôlogos. Suele - verse en la huida una expresiôn de personalidad anormal, muy relacionada con la inestabilidad vital y laboral. SEELIG, al describir al delincuente profesional refractario al trabajo, dice que comete casi siempre irregularidades escolares (no- villos, propension a la mentira, pequehos hurtos), a los que sigue a menudo la fuga de la casa paterna. "El vagabundear - sin rumbo fijo dias y hasta semanas epteras o el repetido -- abandono del aprendizaje o la colocaciôn, muestran frecuente mente la inconstancia instintiva (necesidad funcional de cam biar) y la interna inconsistencia (falta de sentimientos va- lorativos ético-sociales) de estos hombres, propiedades que unidas a poca alegria por el traba.jp (incapacidad para la - vivencia del placer de la funciôn y del resultado del traba jo) constituyen las disposiciones raices de la aversiôn al trabajo crônica".^^^ También para Bruno CORMIER la historia de un delincuente habituai suele empezar por fugas o escapadas durante el pe- riôdo de latencia o al comienzo de la pubertad. Lo mâs im-- portante, en ôpiniôn del psiquiatra canadiense, no es el he cho de fugarse, sino que este acto expresa una necesidad ur gente de levantar el campo y de alejarse. Para el interesa­ do no es una fuga sino un traslado. Nota la precisiôn de ir se porque para él el medio familiar es malo y persecutor; - pero después, cuando se siente solo, la casa abandonada se le aparece bajo otro enfoque, comienza a sonar con una casa que np corresponde a la que él abandqnô y, en ocasiones, -- vuelve a ella. Segûn el mismo CORMIER, el jpven marcha porque se siente rechazado, perseguido, pero también por sus sentimientos -- agresivos contra los padres. Después, lejos de la familia, la agresiôn cede su lugar a la tristeza, y la imagen de la familia se transforma. Es frecuente que en el transcurso de la fuga surjan la ansiedad y la angustia centradas en las - figuras paternas. Si el padre es valorado como un agresor, el niho se erige en defensor de la madré y torna al hogar - ( 2 )para desempehar este papel. (1) SEELIG, ob. cit., pâg. 77 y 78. ' (2) Bruno CORMIER, Les états dépressifs et les actes délic­ tueux, en Annales Internationales de Criminologie, aho 1970, volumen 9, nS 2 (Paris, 1971), pâgs. 401 y 402. Mustafâ HIJAZI relaciona el hecho de la fuga con el robo de automôviles -transgresiôn tan frecuentemente cometida -- por nuestros entrevistados-, y después de referirse a los - conflictos domésticos que suelen determinar la huida, dice que "en coche, la relaciôn de fuerzas se invierte. El que - era dominado pasa a ser dueno. Ademâs, irse lejos équivale al nacimiento de una nueva personalidad. El muchacho que -- era desgraciado en su casa ha muerto; ha nacido otro mâs li bre, mâs indépendante". El humanista y patôlogo espahol ROF CARBALLO ptetënde al canzar la causa remota de esta sdbita desvinculaciôn con el hogar, y estima que el ansia peregrinante se explica por -- una carencia amorosa en la etapa vital que él llama de la - urdimbre constituyente. El muchacho busca "la sombra mater- * * ( 2 )na que estuvo ausente en la primera aurora de la vida" Dicho de otra manera, ese anhelo de leiania, de bûsqueda de la urdimbre ausente -tan visible en los hippies, en los ma- letillas y en gran parte de nuestros entrevistados-, es co- (3)mo un regreso al cuenco maternai. (1) Mustafâ IIIJAZI, Délinquance juvenile et réalisàtion de soi (Paris, 1Ç66), pâg. 2 5 1 . (2) Juan ROF CARBALLO, Signos én el horizonte (Madrid, 1972), pâg. 245. (3) Id. Id., pâg. 437. En otro lugar, el propio ROF nos ha- bia dicho que "todo aventurero errante responde a la ne cesidad sécréta e insoslayable de restahar en la urdim­ bre constitutiva un trastorno de esta funciôn de hori-- zonte". Y,mâs adelante, atribuye a la falta de calor ho gareho o afecto materno los "trastornos complejos de la personalidad que hacen que la conducta se desorganice, no quede bien integrada, determinan que la motilidad -- sea desordenada, hiperactiva e ineficaz y, muy a menudo, destructora" (Violencia y ternura. pâgs. 37 y 119). Prescincliendo de las modalidades de la fuga, as! como de las razones psicolôgicas que puedan determinarla, para nos- otros esa actitud constituye un sintoma mâs o menos precoe de desasimiento y de descompromiso social ̂̂ \ Con la huida, el muchacho expresa una insensibilidad afectiva y , por otra parte, un anticipado desprecio de la ley, representada en -- aquel momento por las normas que rigen la disciplina fami-- liar. Deciamos que los auténticos conflictos del futuro delin­ cuente crônico suelen tener su término inmediato en un in-- ternamiento. No puede afirmarse que el ambiente del interna do (colegio especial, correccional, casa tutelar) sea deter minante de la carrera criminal. El joven que ingresa en uno de estos establecimientos ya manifesté una inadaptaciôn inî icial. No obstante, en la enredada madeja de circunstancias fcriminôgenas, es posible que alguno de los hilos esté vincu lado a la permanencia del delincuente en un correccional. - Nos atreveriamos a afirmar que, en términos generates, los internados son un mal sustitutivo del ambiente familiar; el joven se instruye en el colegio o en el internado, pero se forma en el hogar. El internado es en ocasiones un mal nece sario, remedo de la tutela paterna; y cuanto mâs tierna sea la edad del menor, mâs abierto estarâ a posibles deformacio nés. Es elocuente la unanimidad con que los hombres del grupo (1) Mans Von HENTIG, sin entrar en la explicaciôn y signify caciôn de la fuga, la juzga como desencadenante de la - delincuencia patrimonial. "El joven que por cualquier - razôn abandona la casa, se coloca a si mismo en una si­ tuaciôn de necesidad que sôlo puede salvar mediante pe­ quehas sustracciones". (Estudios de Psicologia Criminal, I, pâg. 33). examinado hablan del pernicioso influjo ejercido sobre ellos por el ambiente del correccional. Dentro trabaron relaciôn - con muchachos perversos, maestros de vicio y malas artes; -- fuera ya del reformatorio, el encuentro con caras alli cono- cidas era preludio de nuevas caidas. Ello no significa que - el apartamiento del nino o del joven delincuente no deba ha- cerse en establecimientos adecuados, pero si que los siste-- mas vigentes han de ser objeto de ponderadisimo estudio. Hoy por hoy, pese a los esfuerzos realizados, la estancia en co- rreccionales parece ser un estigma premonitorio de una vida irregular. En el cuidadoso examen clinico llevado a cabo por DEBUYST, advierte qua la evolucion hacia la delincuencia fue mâs gra­ ve cuando el niho se vio privado de la compahia materna y se 1 encontrô solo en un centro de correcciôn o en una colonia de (1 ) : vacaciones. Los que fueron tutelados por el juez o tribu­ nal de menores, o detenidos en correccionales, corroboran el clâsico circulo vicioso: "cuando salen del correccional se en cuentran mâs indefensos que antes, mâs rebeldes y, psicolôgi ( 2 )camente, menos aptos que nunca para rehacerse seriamente" Opina el profesor belga que el ambiente autoritario e imper­ sonal de estos establecimientos refuerza la imagen que los - jôvenes tienen del mundo exterior y de quienes detentan la - autoridad; tal ambiente acentua peligrosamente la idea de un mundo hostil, con frecuencia injusto, que inclina al joven a optar definitivamente por una conducta antisocial, a sus ojos justificada. En razonamiento muy semejante al ya referido de MAILLOUX, (1) Ob. cit., pâg. 122. (2) Ob, cit., pâg. 270, cree DEBUYST que en torno a estos muchachos se créa un aura de "delincuente tipo", incorregible, de tal forma que al in teresado se le impone un "papel" y se le reduce a una imagen mitica, lo que le hace acumular un enorme rencor contra esa sociedad clasificadora, Ahos enteros en tal ambiente de re­ proche consolida su indiferencia afectiva y le hace imper— meable a toda sugestiôn beneficiosa. ̂ ̂ ̂ Como hicimos notar oportunamente, entre nuestros multirrein cidentes 5 crecieron en un ambiente falto de armonia familiar, 4 se educaron en inclusas o internados, 7 vivieron en su in fancia faltos o separados de padre o de madré, 13 se fuga-- ron una o varias veces del hogar, del internado o de la mi- licia, y $ pasaron por reformatorios. Trabajo La referenda a las actividades laborales va a limitarse ahora al momento de la adolescencia, a la toma de contacte con el mundo del trabajo y a la postura que el futuro mùlti-- rreincidente adopta ante el compromise con la sociedad. El anâlisis de cada caso apenas nos va a deparar sorpresas; es tamos, casi sin excepciôn, ante el tipo criminolôgico que - SEELIG llama "delincuente profesional refractario al traba- ( 2 )jo" . nombres que adoptan una forma asocial de vida, de- (1) Ob. cit., pâgs. 284 y 285* (2) Ob. cit., pâgs. 74 y ss. Cierto que, en consideraciôn a matices ya apuntados pâginas atrâs, y concretândonos a nuestros entrevistados, creemos mâs precise el adjetivo habituai que el de profesional. votos de la picaresca, vagos, inestables, trotamundos, faltos de consistencia ética y a menudo psicopatas, no pueden mos-- trarse sino como irréductibles a la perpétua disciplina del trabajo. Ahora bien, esta aversion es solamente la caràtula de factores menos visibles, entre ellos la salud fisica, las anomalias caracterolôgicas que conducen a la inestabilidad y las limitaciones de la capacidad intelectual. Para DEBUYST, que estudiô detenidamente la reacciôn indi­ vidual de un grrupo de delincuentes, algxinos de ellos enfoca- ron la época del trabajo como un periodo que ponia fin a las tareas y fastidios de la escuela, como una placentera emanc_i paciônj otros la viefon como la lle^rada de su condiciôn de - adultos, a la que accedian asombrosamente indefensos, y juz- gaban el trabajo como una in^rata necesidad de la que solo - podia escapar mediante la conducta antisocial. Pero muchos - i asocian elementos de ambas reacciones, sumando su afân de -- emancipaciôn y la nefraciôn a un esfuerzo de por vida, lo que en realidad ya estaba latente en su comportamiento familiar y escolar. El ejercicio profesional se caracterizarâ, asi, - por la inestabilidad, inevitable consecuencia de una persona lidad desadaptada. En resumen, el profesor belga ̂̂ ̂ regis-- tra en sus delincuentes una inadaptacion al oficio y una ne- gativa a someterse a sus exigencias. La normalidad laboral estâ condicionada por diversos fac- : I tores. Con relaciôn al grupo por nosotros estudiado, pueden ) , seflalarse las siguientes particularidades : 3 hombres son ep_i (1) DEBUYST, ob. cit., pâgs. 263, 2Ô5, 273 Y 279. lépticos (casos nS l, 8 y 12), 3 fueron calificados como psî côpatas o neurôticos (n2 2, 7 y 16), y hemos estimado que — hay 8 retrasados o déficientes mentales, très de los cuales estân incluldos en las anteriores calificaciones (nS 6,8, 9, 10, 12, 14, l6 y 18). En total, pues, las referidas anomalias afectan a 11 casos (55%)» No es fâcil sintetizar nuestras observaciones en cuanto - al enfrentamiento del adolescente con el mundo del trabajo. Ya hemos visto que 11 de ellos arrastran un lastre mental que, sin duda, influye sobre sus aptitudes y su estabilidad profesional; 3 entrevistados prâcticamente no han trabajado nunca (casos n9 3, 6 y 15). La nota general en los restantes es su escasa calificaciôn laboral y su gran inestabilidad, - reflejada no solo en la intermitencia del trabajo sino en el numéro de oficios desempenados (3,5 oficios de media); caso extremo es el nS 20, que a los 23 anos de edad trabajô ya co mo aprendiz de carpintero, botones en galeria de antigUeda-- des, mozo de farmacia, dependiente de ferreteria, aprendiz - de electricista, dependiente de comercio de tejidos, botones de hotel, empleado en una fâbrica de tintas y ayudante de la boratorio en una fâbrica de cervezas. De esa dispersiôn de - quehaceres es fâcil deducir la limitada preparaciôn profesio' nal de los interesados y su descompromiso con uno de los prin cipales deberes que impone la vida en sociedad. Sucesos que dejaron huella Ocho de nuestros multirreincidentes recordaron algun acon tecimiento que les impresionô de manera singular durante su ninez. En cuatro casos (ne 11, 14, 16 y20) se trataba de acc^ dentes sangrientos y mortales, en dos (ne 5 y 7) se hacia rc ferencia a malôs tratos recibidos por los entrevistados en - circunstancias ©spéciales, uno (nS 3 ) recordaba escenas de corrupcion de menores,y otro (nS 1 3) nos hablaba de su inol vidable impresion ante el ataque nervieso de un hermano me- nor. Cualquier opinion sobre el posible efecto de tales acon- tecimientos carecerla, en nuestro caso, de todo valor, Pero aun en el supuesto de que fuésemos expertes en psicologia - profunda, nuestro juicio no pasaria de una hipôtesis perso­ nal e incontrastable. Por otra parte, acaso las vivencias - conscientes de nuestros multirreincidentes -que no fueron - psicoanalizados, sino entrevistados- sean pura anécdota sin virtualidad etiologica; es muy posible que sobre su ânimo y su future influya menos un choque pslquico instantâneo que una situaciôn permanente ̂̂ \ como puede ser la falta de ar monla familiar, la carencia afectiva o la ausencia de los - padres. (1 ) Recordemos aqui el capitule primero, titulado "De la -■ teoria traumâtica a la teoria din&mica", de la obra de C.G. JUNG Teoria del psicoanâlisis (Barcelona, 1969), ■ pâgs. 17 ÿ ss. î- III. EL INDIVIDUO, HOY Resultados y a) Datos générales (edad, talla, peso, facciones, pelo, com-' j 'I plexidn, estado y nûmero de hijos). Recogeremos en el siguiente cuadro algunos datos de nues- tros entrevistados, susceptibles de anotar sucintamente. Pe­ ro antes hemos de sehalar el limitado valor de las observa-- ciones que ofrecemos bajo la voz "complexidn". No es éste el lugar oportuno para historian la atencidn que la Antropolo- i- gia Criminal presta a las particularidades anatdmicas y mor- ; foldgicas del delincuente, como factores influyentes en su -, trayectoria antisocial o expresivos de su tendencia. Basta-- ( 1 )rla recordar dos hitos, César LOMBROSO y Ernesto KRETSCH (2)MER , para evocar la trascendencia de aquella coniente cientifica. En nuestro caso, faltos de capacidad profesional 3',. para una observacidn bioldgica, e imposibilitados aun de exa j: ■' minar al desnudo la anatomla de los multirreincidentes (las vicisitudes y circunstancias de nuestras entrevistas fueron referidas en las primeras paginas), solamente pudimos consig nar las observaciones hechas a la vista de sus proporciones aparentes, longitud de las extremidddes superlores, estatura, peso, aspecto de la cabeza y cuello, y desenvoBura de movi-- mientos.: 4 Por otra parte, habiendo adoptado una clasificacidn tri— : partita (adiposo■ musculoso y oblongo), que sin pretensldn - K —̂-----(1) L ’huomo delinquente, MilAn, 18?6 y ediciones aucesivas : (2) Conetitucidn y carActer. Madrid, 1947» : V . & cientifIca pudiera aproximarse a la muy conocida de KRETSCH MER, resultaba harto dificil hallar en nuestro grupo estruc 0:: ^ turas corporales (no otra cosa queremos significar con el - término "complexion") que respondiesen rotundamente a cada uno de esos tipos. En la generalidad de los casos se trata* ba de individuos de complexidn mixta o indefinible, a los - que hubimos de situar en el grupo o grupos que nos parecie- ron mAs afines a sus apariencias corporales, aunque en aigu na ocasidn su falta de carecterlsticas definidas nos llev6 a calificarles simplemente de "normales". Repetimos, pues, que nuestra personal calificacidn carece de firmeza. Junto a ella, y entre paréntesis, consignâmes la probable califi- cacidn segûn la tipologla de KRETSCHMER, para lo cual nos - hemos ayudado en unos cuantos casos de los datos proceden-- tes de laCentrel de Observacidn, datos a los que hay que con­ céder verdadero crédite. S61o en un caso (el n@ 13) se ad+^ vierte una clara contradicciôn entre la nota de laCentrd. de Observaciôn y la nuestra; pero, aun a sabiendas de que el - errer es nuestro, hemos preferido mantener la verdadera im- presidn r^cogida en la entrevista. 3l T3 L I i ?L 1 ) O H* O 0 &O SI to to co to to H*to VI va Cn H* va H* H» H» I-» H* t-*N#ON va 00 On ON va ONOO en o 00 CO O NO o o O' ON Cn On ON O N© o to e?N to O > > 11 n X > 11 oq 4 PI (P oq M4 4 (P 4 Q 4 9pi P» 9 PI 9 PI Pi a a et M a 00PI pi (P o » p» •o* o* 9 4 o*H M (P PI (P H >(P

lO to S3 OO V/1 On K> On Cri On On en vO OO OO CJ »TJ O H*NPDao o o o* a 9 g* * 9M H Oq t I O O 3 o* c ^H* co H O O (î st P V H & O O O 00 00 M ° 90» N 'P» w cf* d*• H C O OOO m 10 0 9C 9 P) H P»N Ho et 00 o p) et H*(pN et H*oo 2 sW o 9 H« O01 H Sr o o00 o 5 V P»N H et I s-s-S'9 9 « I H- O 0 9 1 P) H Hiio M OO O O 9 9 oqp)« 0 et H* ' O P* O et W H|(PN !| P)N P* et Hfiw H» O 9 S gI p. 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" 10,entre 1,65 y 1,70 mts. 5, entre 1,53 y 1,64 mtAs 5, entre 1,71 y 1,80 mts. Peso. entre 52 y 80 kgms. » 12 delgados. 6 proporcionados. 2 ligeramente gruesos. Facciones “ 7 agradables. 7 regulares o feas. 6 normales. Pelo “ 13 morenos. 6 trigueüos. 1 rubio-pelirrojo. Complexion “ 6 musculosos (atléticos de K.) 6 normales-oblongos (con caractères leptosomAt^ ticos de K.) 2 oblongos (leptosomâticos de K.) 2 normales (un atlético-picnico y un plcnico-lep tosomâtico de K.) 1 normal-adiposo (picnico-leptosomAtico de K.) 1 adiposo (picnico de K.) 1 normal-musculoso (atlético de K.) 1 atipico (disp&sico de K.) b) Salud fisica y mental Ï: K- En nueve multirreincidentes se advirtieron pprticularida- des anotables. El mal comicial no résulta manifiesto sino en tres casos (nfi 1, 8 y 12) que, por cierto, nada tienen que ver con los otros cuatro que mostraron probables anteceden— tes consanguineos epilepticos (n@ 15, l6, 18 y 19). Quedan - marginados aqui los débiles mentales, a quienes habremos de referirnos mâs adelante. Caso nfi l.-Desde los 9 6 10 aHos sufre ataques epilépticos. Caso n& 2.-Acudi6 a la consulta de varios psiquiâtras, y pa- rece que alguno de ellos diagnosticd una neurosis. En sentencia anterior se le aprecio la atenuante de enajenacidn mental incomplete. Caso n9 7.-Visit6 a varios psiquiatras y le trataron como — psicopata. Caso nS 8.-Es un epiléptico cortical, comprobado electroence falogrâficamente en la Central de Observacidn. Pa decid tres lesiones pulmonares antes de cumplir - los 14 afios. Caso n@ 9'-Desde muy nifio sufre fuertes cefaleas (es un dé^- bil mental, hijo de alcohdlico) y padece una cra- neopatla metabdlica (dato de la Central de Obser- vacidn). En condena anterior se le aplicd la ate­ nuante de enajenacidn mental incomplete. Caso n# ll.vTiene una acusada miopia desde los 5 afios (7 y - |: 11 dioptrias), que détermina, segûn la Central - de Observacidn, un sentimiento de inferioridad. Segûn la propia Central, aunque es normal psiouia i tricamente, pasô "una crisis puberal a los 15 — !?■ afios". I Caso n@ 12.-Padece ataques epilépticos desde los 12 afios. I I:j Caso n9 16.-Hemofllico y alcohdlico crdnico. Discreta cnaneo patla metabdlica (dato de la Central de Observa­ cidn) . Sufrid una reseccidn gastrica como conse­ cuencia de dos ûlceras. Padecid fuertes cefaleas y visitd a psiquiatras. En sentencia anterior se le atribuye "carga vital psicopâtica y retraso - ' mental de grado medio", por lo que se estimd èn su favor la atenuante de perturbacidn mental in­ complete. Caso n# 1 9.-Alcohdlico crdnico. En resumen, 9 de nuestros entrevistados presentan las si­ guientes taras: 3 epilépticos (casos n2 1, 8 y 12), 3 neurd- ticos o psicdpatas (nS 2, 7 y id), 2 alcohdlicos crdnicos -- (n2 16 y 1 9, el primero de los cuales, también hemofilico, - contado ya como psicdpata), uno victima de fuertes cefaleas, con craneopatia metabdlica (n2 9 ) y uno con fuerte miopia y transitoria crisis mental sin especificar (n2 11). c) Generalidades caracteroldgicas. Con independencia de otros datos de distinta aignificacidn crimindgena, que se recogerân en las pâginas siguientes, en este eplgrafe consignaremos nuestra impresidn sobre algunas particularidades de la personalidad de cada uno de nuestros entrevistados, taies como nerviosismo, humor, intro o extra- versidn, fantasia, sinceridad, vanidad, timidez, modales o - r ■: locuacidad. I: Caso n2 l.-No demasiado sincero, ya que no relatd una de las infracciones cometidas (sustràccidn de un vehlcu- ̂ lo con el que atropelld a una persona). Aunque po 5 co afectivo, en un momento de la entrevista, al - recordar a sus padres, parece contener su emocidn. -■i" Insumiso e insolidario, ignora o desprecia cual-- Î f;, | 3 IIf y serenamente, buscancb las palabras mâs adecuadas. Caso nfi 3 .-Muy nervioso. Alegre. Parece inclinado a la fanta r sla. Poca firmeza de caracter. Se express con quier norma moral o social. Se expresa con correc ci6n y soltura. Caso nfl 2.-Sincero, muy tranquilo, simpâtico, fanfarrdn y ha bilidoso. Propende al buen humor. Se expresa bien gran plasticidad, y.también con una delicadeza — que no llega a afeminamiento (es homosexual). La pasion por su madre -estribillo constante de su - relato autobiogrâfico- hace pensar en un complejo de Edipo. Caso n& 4«-Poco locuaz, tlmido, nervioso, sincero, muy serio, sentimental, idealista. Se expresa con dortedad, en frases breves, firmes y rotundas. Le gusta el riesgo. Caso nS 5*-No muy locuaz; se expresa ^^en. Manifiesta cierta reserva inicial, aunque después habla mâs confia- damente. Es jovial, alegre, nervioso y sociable. Le gusta el riesgo. Caso n@ 6.-Muy nervioso, superficial, mimado, clnico, menti- roso, fanfarrdn y rencoroso. Acusa a la sociedad por no dejarle vivir a su aire. Humor muy voluble. Caso n2 7 .-Se expresa correctamente, con ademanes de cierta distinciôn. Sin ser locuaz, a medida que avanza - en su relato va hablando mâs abiertamente. Muy -- nervioso y excitable (psicdpata). Gusta de la aven tura. Humor muy variable.Siente pudor de sus emo- ciones. Sincero. Caso nfi 8.-Tranquilo. Habla cautelosamente, buscando las pa­ labras adecuadas y dejando ver su escaso vocabula rio y su corta instruccidn. Introvertido, poco im presionable, hedonists, insociable, previsor, or- gulloso, irritable y obstinado. Caso nfi 9*-Limitadlsimo de intellgencia y de instruccidn, ha bla muy poco y en una jerga oscura. Parece since­ ro, aunque se calla alguno de los delitos anterio res. Desconfiado, imprevisor, indeciso, impulsive e irreflexivo. Introvertido y con tendencia a la tristeza. Caso nfi 10.-Muy nervioso (especialmente cuando bebe), no emo tivo, muy colérico, ligero, alegre, extravertido y parlanchln; no parece tener inconvénients en - faltar a la verdad cuando pueda convenirle o, — » simplemente, divertirle. Irreflexivo; segûn su - propia expresidn, vivid "a lo loco". Es receloso y prefiere la soledad; acaso porque su escasa in teligencia atrae las burlas de los demâs. Caso nfi ll.-Parco en el hablar; se expresa correctamente. Ob I servador. Su silencio parece escudo de su timi— dez o de su orgullo. En su charla manifiesta apreciaciones contradictorias. Ocultd alguno de sus internamientos. Introvertido, depresivo. Pre fiere la soledad. Muy nervioso y excitable. Ni - alegre ni triste; serio. Caso nfi 12.-Cortlsimo de expresidn, habla poco y dulcemente; todo hay que sacârselo con trabajo, pese a su -- buena voluntad (es un retrasado ^lental y ppilêp- tico). Se ruboriza con frecuencia. Nervioso, ale gre, introvertido y apâtico. Caso nfi 1 3.-Habla sin exceso de contencidn, aunque con cier­ ta vergtienza de sus delitos, sin confesar todos. Curioso, vanidoso y algo ÇantÂstico. Escribe pe- quehos relatos, muy mediocres. Abûlico. Se angus tia ante los problemas. Sentimientos de inferio­ ridad e inseguridad. Caso 1(9 14.-Tlmido, vergonzoso y muy corto de expresidn. Reac clones mentales lentas. Personalidad compleja e - inmadura. Serio, con tendencia a la alegrla. Abû­ lico, introvertido, poco emotivo, narcisista y af& minado. Caso nfi 15«-Gesto inicial entre clnico y presuntuoso. Empieza dejândose preguntar y concluye hablando espont— neamente y con agrado. Muy sincero, aunque en la primera parte de su relato se mostrd reservado, - sobre todo en cuanto a su tendencia dominante (es homosexual). Obstinado, melancdlico, cauteloso, - introvertido, muy rencoroso, firme en sus ideas. Buena expresidn. Uhas largas y puntiagudas. Domi­ na su irascibilidad. Caso nfi 16.-Limitado de expresidn. Reservado en cuanto a los primeros delitos cometidos, de los que rehuye ha­ blar. Tlmido y caHado. Emotivo y muy nervioso (psicdpata). Propende a la tristeza. Nada rencoro so, extravertido. Caso nfi 17.-Locuaz. Poco convincente cuando explica los mdvi- les de sus caldas. Rehuye el tema de sus delitos y no particularize su nûmero ni sus circunstancias. Se exalta al hablar de lo injuste que es la socie ciedad. Reservado. Poco nervioso. Tiende a la aie grla. Caso nfi 18.-Cortlsimo de expresidn (acaso por su debilidad — mental), tartamudo, receloso, mirada huidiza. Ha­ bla tan oscuramente y en un tono tan bajo que es diflcil entenderle; hay que explicarle varias ve- ces el sentido de las preguntas mâs elementales. Muy nervioso; humor muy voluble. Caso nfi 19*-Actitud inicial cortada y expectants, con palidez, que eupera pronto y comiensa a hablar atropella- ? iy damente. Voz enérgica y convincente. Introverti- y do. Muy nervioso (es alcohdlico e hijo de epilép i I tica). Alegre, aunque cae con facilidad en la me lancolla; impresionable, sincero y vanidoso. Caso nfi 20.-Se expresa bien. Correcte en su trato. Parece es forzarse por penetrar en su pensamiento y contes tar sinceramente. Observador, cauto, tranquilo, con propensidn a la alegria. I". i?i %$ I f:f : f ; '■"v33 En resumen, hemos hallado: Sinceros, 6 (nfi 2, 4, 7, 15, 19 y 20). Poco sinceros, 8 (nfi 1, 6, 9, 10, 11, 13, l6 y 17)* Fantasiosos, 2 (nfi 3 y I3). Nerviosos, 11 (nfi 3, 4, 5, 6, 7, 10, 11, 12, I6, 18 y 19). Tranquilos, 5 (nfi 2, 8, 14, 17 y 20). Orgullosos o vanidosos, 8 ( nfi 2, 6, 8, 11, 13, 14, 15 y 19). ! Introvertidos, 8 (nfi 8, 9, 11, 12, 14, 15, 17 y 19). Extravertidos, 2 (nfi 10 y I6). Timidos, 6 (nfi4, 11, 12, 14, I6 y 18). Locuaces, 4 (nfi 10, 13, 17 y 19). Parcos, 3 (nfi 11, 16 y 18). Con buena expresidn, 8 (nfi 1, 2, 3, 5, 7, 11, 15 y 20). Con mala expresidn, ô (nfi 8, 9, 12, 14, I6 y I8). Alegres, 8 (nfi 2, 3, 5, 10, 12, 17, 19 y 20). Tristes, 3 ( nfi 9, 15 y 16). Serios, 3 (nfi 4, 11 y 14). Volubles, 3 (nfi 6, 7 y 18). Rencorosos u obstinados, 3 (nfi 8, 15 y 17). Irreflexivos, 2 (nfi 9 y 10). Recelosos, 4 (nfi 8, 10, 15 y I8). î A':'/. I d) Capacidad intelectual Las circunstancias en que se deAarrollaron nuestras entre vistas no permitieron,o no hicieron aconsejable, la utiliza- ci6n de tests. Nuestro juicio, pues, nace de la simple obser vacidn directs e intuitiVa. En ocho casos aportaremos los da tos de la Central de Observacidn, que en general coinciden - con los nuestros (y ello. füe haXagador para nosotros), si — bien haremos constar alguna discrepancia que sin duda pone - de manifiesto nuestro error: i I î lo cnvO OO ^ O ' Cn ^ Co N3 •-»(Qh Ln w K> »— OO NO OO V4 MH H H m M O'a 0 0 C j . to *o *0 H* H* H* O M- a a MH* a (ÎH- 3 O O Cj. H H O' OO o > > o H O > o H g H rtj r m o C3 > r e) Voluntad En este eplgrafe, como en otros que siguen, ofrecemos datos #-1/ no comprobados, ya que proceden de los relatos autobiogrâf ico s* i " ! En ocasiones no fue posible que nuestros entrevistados définie I “ Isen los perfiles de su voluntad. En todo caso, he aqui sus ma- i nifestaciones o nuestra personal impresidn; Caso n9 1.-Solo para algunas cosas, como el trabajo inmediato. Caso nS 2.-S6I0 para algunas cosas. Caso nfi 3.-Müy débil. Caso nfi 4.-Débil. Caso nfi 5.-Normal. Caso nfi 6.-Ninguna. Caso nfi1 7. -Ninguna. ■t Caso nfi 8.-Solo para algunas cosas; para otras prefiere no pen sar. Caso nfi 9*- Normal. , Caso nfi 10.-Normal. ■ Caso nfi 11.-Normal. . Caso nfi 12.-Normal. - Caso nfi 13•-Normal; Caso nfi 14.-Normal. Caso nfi 15.-Fuerte. ' Caso nfi 16.-Muy débil. Caso nfi 17.-Muy débil. Caso nfi 18.-Normal. i Caso nfi lÇ.-S6b para algunas cosas. Caso n9 20.-S6I0 cuando le interesa mucho una cosa. En resumen: Normal, 8 casos. ' Sdlo para algunas cosas, 5* Muy débil, 3* Ninguna, 2. Débil, 1. Fuerte, 1. f) Egoismo y altruismo o generosidad No es necesario insistir en la reserva con que deben aco- gerse los datos provenientes de los interesados, y sin posi- bilidad de comprobaciôn por nuestra parte. Estimacidn distin ta merecen los procédantes de la Central de Observacidn. Caso nfi l.-Es dadivoso y hasta prddigo. Falto de previsidn e incapaz de ahorrar. Caso nfi 2.-Muy generoso; a veces depositd lo robado en la hu cha de una iglesia. Caso nfi 3»“Generoso. Caso nfi 4.-Normal. hCaso nfi 5.-Normal, si bien en alguna ocasidn devolvid lo ro­ bado, cuando supo que era de una persona necesita da. Caso nfi 7.-Muy generoso; da cuanto le piden. Caso nfi 8.-Cuando tiene dinero, es generoso, porque no le — costo esfuerzo ganarlo. Auqque, al propio tiempo, se confiese "egoista al cien por cien%. Caso nfi 9*-No es generoso. Para la Central de Observacidn, - su egocentrismo es muy alto. Caso nfi 10.-Se considéra generoso. Segdn la Central de Obser vacidn, su egocentrismo es alto. Caso nfi 11.-De su relato se deduce que es normal, pero a jud̂ cio de la Central de Observacidn su egocentrismo es alto. ICaso nfi 12.-Da con facilidad lo que tiene; la Central de Ob­ servacidn considéra que su egocentrismo es alto. Caso nfi 1 3 .-Se describe como normal; para la Central de Obser j"- :f vacion su egocentrismo es alto. .■# Caso nfi 14»-Segun la Central de Observacidn, su egocentrismo !? es alto. I Caso nfi 1 5.-"En plan de chica lo doy todo" (es homosexual). - j ̂ iPara la Centml de Observacidn su egocentrismo es 1 : alto. ; ■ Caso nfi 16.-Dice ser generoso; segdn la Central de Observa--- !cion su egocentrismo es alto. i . fCaso nfi 1 7 .-De su relato parece deducirse que es normal; la - Central de Observacidn opina que su egocentrismo es alto. Caso nfi 1 9.-Muy generoso. Caso nfi 20.-Normal. I. Es decir, que entre los 18 delincuentes de que tenemos da­ tos, encontramos los tipos siguientes, segdn su propio relato, rectificado en algunos casos por las calificaciones de la Cen tral de Observacidn:^^^ Muy generosos, 4 (n® 1, 2, 7 y 19). Generosos, 1 (nfi 3 )« Normales, 3 (nfi 4, 5 y 20). Egoistas, 10 (nfi 8 , 9, 10, 11, 12, I3 , 14, 15, 16 y 17). (1 ) Por supuesto, egocentrismo y egoismo no son términos sind nimos. El primero debe interpretarse como la exagerada — %: exaltacion de la propia personalidad, mientras que el ego V ismo équivale al excesivo amor que uno se tiene a si mis- I mo y que se traduce en descuido hacia los demâs. No obs— tante, el caracter pragmâtico de este trabajo y los pun— tos de contacte entre los excesos de la propia exaltacidn y del amor propio nos aconsejan englobar aqui ambos con-- ceptos.%: : : g) Labilidad Caso nfi 5.-Pasa fâcilmente de la alegria a la tristeza. Caso nfi 6.-Pasa fâcilmente de la alegria a la tristeza. Caso nfi 7.-Pasa fâcilmente de la alegria a la tristeza. Caso nfi 8.-Sus inclinaciones varian rapidamente, y lo mismo se siente normal, que bueno, que perverso. Caso nfi 9*“Segdn la Central de Observacidn, su labilidad es - muy alta. Caso nfi 10.-Cambia fâcilmente de humor. Segdn la Central de - Observacidn, su labilidad es muy alta. Caso nfi 11.-No cambia de humor con facilidad. Para la Central de Observacidn, su labilidad es muy alta. Caso nfi 12.-Su caracter no sufre grandes alteraciones. Para - ! la Central de Observacidn,^ su Ihbilidad es muy al̂ ta. , Caso n? 1 3 .-A veces se excita sin ningpna razdn aparente. Se­ gdn la Central de Observacidn, su labilidad es a^ ta. Caso nfi 1 4 .-No cambia fâcilmente de manera de ser, pero cree tener dos caractères diferentes. Para la Central de Observacidn, su làbilidad afectiva es alta. Caso nfi 1 5 .-Para la Central de Observacidn, su labilidad es - muy alta. Caso nfi 16.-Cambia muy fâcilmente de humor. Para la Central - de Observacidn, su Ihbilidad es muy alta. Caso nfi 1 7 .-No cambia de humor con facilidad. La Central de - Observacidn estima que su labilidad es muy alta# Caso nfi l8.-Pasa fâcilmente de la aleg,ria a la tristeza. Caso nfi 1 9 .-Cambia fâcilmente de humor,. i-: Caso nfi 20.-Su carâcter no se altera fâcilmente. f En resumen, de los lo entrevistados que sportan datos so-- #' ’S ifl bre el particular, 15 son inestables de humor, de afectividad o de caracter (casos n& 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 1 3# 14, 15, l6, 17, 18 y 1 9) y uno es estable (caso n# 20), h) Agresividad Caso nfi l.-Discutidor, no agresivo. Caso nfi 2.-Poco discutidor, no agresivo. Caso nfi 3.-No agresivo. Caso nfi 4.-Discutidor, tozudo, no agresivo. Caso nfi 5.-Discutidor, tozudo, no pendenciero; pero si se vei ' ' . acorralado es agresivo. Caso nfi 6.-No es discutidor ni pendenciero, porque teme a sus j nervios. Lleva navaja, aunque nunca la usô. Caso nfi 7.-Muy discutidor y agresivo. Caso nfi 8.-Nada discutidor y no agresivo. Caso n? 9.-Discutidor y agresivo. ^ Caso nfi 10.-Dice no ser discutidor ni agresivo; sin embargo, para la Central de Observacidn su agresividad es muy alta. Caso nfi 11.-Segûn él, no es nada discutidor ni agresivo; pero la Central de Observacidn califica su agresividad como muy alta. Caso nfi 12.-Es discutidor y agresivo, pero -dice- "no lo hago por gusto". Caso nfi 13*“No se considéra discutidor ni agresivo; pero la - Central de Observacidn califica su agresividad de alta. ( M 'T Caso nfi 14*“Segdn él, no es discutidor ni agresivo; pana la - " Central de Observacidn su agresividad es alta. Caso nfi 15*“No busca pendencias, porque conoce la limitacidn> l. de su fuerza fisica (es homosexual); pero tiene - impulsos agresivos, que sabe contener. Para la — Central de Observacidn, eu agresividad es media-ai V r Caso nfi 16.-Dice no ser rencoroso; que no le gusta discutir ni i pelear, pero que si le atacan hace frente "a lo - que saiga”. Segdn la Central de Observacidn, su - Ë agresividad es alta. Caso nfi 1 7 .-Se tiene por no discutidor ni agresivo; pero la - Central de Observacidn estima qqe su agresividad es alta. Caso nfi 1 8.-No es discutidor ni agresivo. Caso nfi 1 9.-Muy agresivo; sus nervios le impiden discutir se- renamente. Caso nfi 20.-Nada discutidor ni agresivo. En resumen: Agresivos, 11 (casos nfi 7, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17 y 1 9). No agresivos, 9 (casos nfi 1, 2, 3 , 4 , 5, 6, 8, I8 y 20). Discutidores, 6 (casos nfi 1, 4 , 5, 7, 9 y 12). No discutidores, 12 (casos nfi 2, 6, 8, 10, 11, 13, 14, 15, 16, 17, 18 y 20). ij Aféctividad CasÔ nfi l.-No se juzga demasiado caridoso; siente afecto y pe na hacia los padres, aunque estuvo cuatro ados sin darles noticias de su paradero ni ayudarles con al̂ go de lo mucho que le sobraba. Caso nfi 2.-Parece muy poco afectuoso. Caso nfi 3 .-Dice ser afectuoso (es homosexual). Nunca llord. - Es hijo de soltera, y su afectividad estâ exagera- damente orientada hacia su madre. Caso nfi 4 .-Muy afectuoso, impresionable y sentimental. Caso nfi 5 .-Se considéra afectuoso, sociable y buen compadero. Caso nfi 6.-Se juzga caridoso y zalamero. î ff.; M:, ' Caso nfi 7•-Afectuoso, pero no zalamero, aunque a veces se ol- . i ' ■ vida de las personas a quienes quiere y las disgus ta con su mal comportamiento (es psicdpata). Se avergüenza de manifester sus sentimientos y emocio nés. Caso nfi 8.-No siente afecto alguno hacia su familia; dice que, ^ : quizâ por contraste, es caridoso con otras perso— nas. Caso nfi 9.-Es caridoso con la familia y con la gente amiga. f Caso nfi 10.-No se encarida con nadie (es inclusero). Caso nfi 11.-Dice ser muy caridoso; piensa mâs en sus cuatro - hermanas que en sus padres. No manifiesta admira- cion ni gran afecto hacia estos iSLtimos. Caso nfi 12.-Caridoso. Caso nfi 1 3 .-Dice ser afectuoso con sus padres y recordarles - mucho; pero la Central de Observacidn califica su indeferencia afectiva como alta. Caso nfi 1 4 .-Caridoso. Caso nfi 1 5.-Domina y régula sus inclinaciones afectivas. No - siente carido hacia su padre ni hacia su ûnico — hermano. Segdn la Central de Observacidn, su ind^ ferencia afectiva es media-alta. Caso nfi 1 6 .- Dice encaridarse pronto con todos. Para la Cen— tral de Observacidn, su indiferencia afectiva es muy alta. Caso nfi 17*-Se cree caridoso, sobre todo para los que le ha— cen bien. V Caso nfi 1 8 .-No se encarida con nadie, especialemnte con quie- > nés le zahieren. f Caso nfi 19«-Los demâs le juzgan caridoso. % Caso nfi 20.-Afectuoso para quienes quiere "de verdad". En reaumen, hemos hallado el siguiente cuadro: f I I # Muy afectuosos, 2 (casos nfi 4 y 11). I Afectuosos, 10 (nfi 3, 5, à, 7, 9, 12, 14, 17, 19 y 20). Poco afectuosos, 2 (nfi 1 y 2). Nada afectuosos, 6 (nfi 8, 10, 13, 15, l6 y 18). j ) Sexualidad Caso nfi l.-A los 16 ados empezo a frecuentar los prostlbulos. A los 19, estuvo amancebado durante medio ado con una ramera, a la que explotaba. Posteriormente v^ vio en el mismo plan con otras mujeres vinculadas a la prostitucidn. Caso nfi 2.-Cuando tenia 24 ados, hizo vida intima durante — tres meses con una muchacha que frecuentaba loca­ les nocturnos, y esta relacidn le impulsd a come-I ter varios delitos contra la propiedad. Al propio ! tiempo seguia saliendo con su novia, con la que - nunca tuvo acceso carnal. Caso nfi 3*-A los 7 ados fue idiciado en el onanimmo por un - peluquero. Poco después realizaba actos de mastur bacidn y masoquismo con otros nidos de su mismo - internado. Manifiesta haberse escandalizado por la actitud corruptora de algunos profesores. Después de los 13 ados, inicia en un reformatorio activi- dades homosexuales, en las que persiste hasta el extremo de ser absolutamente incapaz de una rela­ cidn heterosexual. Caso nfi 4«-Despertd normalmente a la sexualidad y tuvo los - deseos comunes a la generalidad de los hombres. - Tiene novia desde hace varios ados. Cumplid los - 26 ados de edad y nuança tuvo comercio carnal con mujer. I If I Caso nfi 5.-A los 17 ados vlvio durante seis meses con una — .si':" amante de su misma edad. Acosado por invertidos, tuvo alguna caida como elemento activo, aunque pre fiere la relaciôn heterosexual.: - Caso nfi 6.-Despert6 sexualmente a los 14 ados. A los 16, coha t-i bitô por ver primera con una mujer de 22. En aigu nas ocasiones se dejô tocar por invertidos para - conseguir dinero. A los 18 ados, teniendo novia - en Madrid, viviô maritalmente durante casi dos — ados con una ramera, en Mâlaga. Caso nfi 7.-Tendencia erôtica muy acusada. A los 14 ados yaciô con una novia; a los l6 estuvo amancebado con una prostituta mayor que él; posteriormente hizo vida marital con varias mujeres püblicas, de las que - recibla dinero. Repetidas veces fue infiel a la - mujer con quien se casô y de la que tiene tres h^ jos. Caso nfi 8.-A los 16 ados se despertô su sexualidad de manera explosiva. A la misma edad empezo a drogarse con marihuana, satisfaciendo asi sus impulsos erôti— COS, y se iniciô en la prâctica del exhibioionis- mo. Después de los 20 ados viviô maritalmente con varias rameras, a las que entregaba dinero. Alla- no algunas viviendas no para robar, sino para ha- cerse con prendas u objetos e imaginarse situacio nés que satisfacian su libido. Segdn la Central - de Observaciôn, su erotismo es alto-normal. Caso nfi 9*-No despertô a la sexualidad hasta los 20 ados. Noï, . tuvo trato intimo con mujeres. La Central de Ob-- servaciôn califica su erotismo como bajo-normal. I ■ Caso nfi lO.-Advirtiô la inclinaciôn erôtica entre los 16 y - los l8 ados. A los 22 tuvo acceso carnal con fàu- jer por primera vez; posteriormente frecuentô -- prostlbulos. Para la Central de Observacidn, su erotismo es normal-bajo. Caso nfi 11.-Despertô a la vida sexual, quizâ un poco violen- tamente, a los 15 ados, edad en que cohabitô con ura muchacha. Posteriormente tuvo intimidad con - otras mujeres. A juicio de la Central de Observa ciôn, su erotismo es alto-normal. Caso nfi 12.-Notô su fuerza sexual "a la edad de todo el mun­ do”. Tuvo tres o cuatro novias, a las que siem— pre respetô; pero alguna vez cohabitô con prosti tutas. Segun la Central de Observaciôn, su ero— tismo es medio-bajo. Caso nfi 1 3.-Despertô sexualmente entre los 14 y los 15 ados. Domina sin gran esfuerzo sus tendencias carnales. Nunca cohabitô con mujer. Para la Central de Ob­ servaciôn, su erotismo es bajo y tiene actitudes < homosexuales (narcisista, acicalado). Caso nfi 1 4.-Hasta los I6 ados, estando en la cârcel, no des­ pertô sexualmente. No tuvo trato intimo con mu— jer. La Central de Observaciôn, ademâs de hacer constar que es afeminado y que tiene fama de ho­ mosexual pasivo, estima que su erotismo es bajo. Caso nfi 15*-Sus inclinaciones sexuales empezaron a manifes— tarse a los 9 ados. A los 13 cohabitô por vez prî mera con mujer, y repitiô la experiencia varias veces hasta los 15 ados. A esta ultima edad sien te una desviaciôn hacia una tendencia homosexual advertida siendo muy pequgdo. A partir de enton- ces actûa pasivamente sôlq con hombres, aunque - sin hallar el compadero ideal que él sodaba. Caso nfi lÔ.-Notô su inclinaciôn sexual a los 13 ados, edad - en que cohabitô con una ramera. Posteriormente - estuvo en prostibulos y, mâs tarde, tuvo una aman te, también mujer publics, de la que no recibia I : dinero. Cree que su fuerza sexual es mayor de lo normal. Para la Central de Observacidn su erotis mo es normal-alto. Caso nfi 1 7 .-A los 9 afios empezo a notar su tendencia sexual, con bastante fuerza. A los 15 aAos cohabité con una mujer mucho mayor que 61; luego tratô con ra meras y fue amante de una de ellas durante tres afios, sin sacarle dinero. Actualmente tiene no— !'■ via, con la que hizo vida marital durante un aho y de la que tuvo una hija. Va a casarse en la -- propia prision con la citada novia. Caso nO 18.-Despertô sexualmente a los 20 ô 21 ahos, y tuvo una relaciôn intima con prostituta. Entre sus — compafieros de prision tiene fama de homosexual. Caso nfi 1 9.-Noté su inclinacién sexual à los 11 ahos. Dos — ahos después cohabité con una mujer de 2 7 , y tu­ vo después relaciones intimas con varias. A los 17 ados estuvo amancebado con una ramera. Dos o tres veces tuvo trato con homosexuales, como su- jeto activo y mediante precio. Su erotismo es al to. Caso nfi 20.-Noté su inquietud sexual a los 15 afios, con bas- tante fuerza. Un afio después tuvo por ver prime­ ra relaciones heterosexuales y se aficioné a fre cuentar prostibulos, a pesar de que tenlà novia y la respetaba. V . ' • En resumen: i-':-f Despertaron sexualmente antes de los 12 afios — 4 (casos nfi - ÿ 3, 1 5, 17 y 1 9 ). Despertaron después de los 16 afios " 4 (Nfi 8, 9# 10, 14 y 18). No tuvieron relaciôn heterosexual « 4 (nfi 3> 4» 13 y 14)« Cohabitaron en prostibulos - 13 (n& 1, 2, S» 6 , 7 , 8 , 1 0, 11, 1 2 , 1 6, 1 7, 19 y 2 0 ). Estuvieron amancebados = 9 (n@ 1, 2, 5, 6 , 7, 8 , l6 , 17 y 19). Confesaron relaciones homosexuales * 5 3, 5, 6 , 15 y 19). Homosexuales pasivos declarados = 2 (n@ 3 y 15). Exhibicionista y fetichista = 1 (n& 8 ). Erotismo alto, 2 (n@ 7 y 19). Erotismo normal-alto, 7 (n2 1 , 3 , 8 , 1 1 , lb, 17 y 20). Erotismo normal, 4 (nfi 2, 5, 6 y 15). Erotismo normal-bajo, 4 (nfl 4, 9, 10 y 12). Erotismo bajo, 3 (n2 13, 14 y I8 ). k) Laboriosidad Ya hemos dicho que casd todos nuestros multirreincidentes podrian ser incluidos, en un primer intento de calificaciôn, dentro del grupo criminol6gico de delincuentes profesionales refiactarios al trabajo, aunque entendemos que su adjetiva--- cion como profesionales no es la m^s adecuada. Sin embargo, y habiéndonos referido ya a los quehaceres desempehados por cada uno de ellos, hemos de dejar constancia de su idea per­ sonal sobre su propia laboriosidad, ahadiendo alguna observa ci6n que permita ponderar tal autovaloracion. Caso n& l.-Le gustaria ser, como su padre, cantero. Caso n& 2.-Sin haber hecho manifestaciôn express al respecto, parece inclinarse a la ociosidad. Caso n* 3 .-El trabajo ”no le tira nada", porque en el refor- matorio "se lo imponian por narices", sin darle - jornal alguno. Quizâ por eso decidié enrolarse en Paracaidismo. Le fue aplicada la Ley de Vagos y - Maleantes. Caso nfi 4*-Laborioso; le gusta el trabajo de camarero (su pa dre es dueho de un bar). Caso nfi 5 .-Le gusta el trabajo de pintor o linotipista, siem pre que no le "cojan de primo". Caso nfi 6.-No le gusta estar sujeto. No tiene ningüna apti— tud especial. Le fue aplicada la Ley de Vagos y - Maleantes. Caso nfi 7*-Le gusta el trabajo de administrâtivo y tiene apti tudes para vendedor. Caso 8.-No le gusta el trabajo. Le fue aplicada la Ley de Vagos y Maleantes. Caso n@ 9 .-Le gusta trabajar como hojalatero, oficio que le enseflo su padre. Caso nfl lO.-Trabajô como barbero y peon de albaHil, pero pre* fiere "ganar la vida mâs fÂcil". Le fue aplicada la Ley de Vagos y Maleantes. Caso nfi 11.-Le gusta el trabajo, si es de su agrado. Le fue aplicada la Ley de Vagos y Maleantes. Caso nfi 12.-El trabajo s61o le gusta "un regular"; sin embar go, dice que "lo mejor de mi es el trabajo" (es epiléptico y tiene un bajo nivel mental). Caso n& 1 3.-Le gusta el trabajo, quizâ porque siempre quiere I tener la mente ocupada en algo. Caso nfi 1 4 .-Le gusta el trabajo de imprenta, "aunque a veces sea pesado hacer lo mismo y lo mismo". Caso N# 1 5.-Le gustan algunas tareas que supongan una crea-- cion personal, pero no el trabajo racionalizado. Tiene el propôeito de no trabajar nunca. Le fue i f I; fe aplicada la Ley de Vagos y Maleantes. Caso nfi 16.-Le gusta trabajar. Caso n* 1 7.-Le gusta trabajar, y lo hace cantando, aunque se , , ■ .trate de cargar un camiôn. Prefiere el oficio de peluquero "porque es una cosa mâs personal". Caso nfi 1 8 .-Le gusta tnabajar. Le fue aplicada la Ley de Va­ gos y Maleantes. Caso nfi 1 9*-Le gusta trabajar.de electricista. Le fue aplica da le Ley de Vagos y Maleantes. Caso nfi 20.-Es laborioso, si el trabajo le gusta. Le fue apl^ cada la Ley de Vagos y Maleantes. En resumen: Se consideran laboriosos, 10 (n& 1, 4 , 7, 9, 13, 14, 16, 17, 18 y 1 9 ). S6I0 fn ciertas condiciones, 4 (nS 5,^11, 12, y 20). Se consideran no laboriosos, 6 (n® 2, 3, 6, 8, 10 y 15). Les fue aplicada la Ley de Vagos y Maleantes, 9 (n® 3, 6, 8, 10, 11, 1 5, 18, 19 y 20). 1) Ideas morales, religiosas y politicas En el capitule Infancia y juventud hablamos ya de la mo- ralidad y religién de los multirreincidentes, referidas al ambiente familiar y a su proyecciôn sobre cada interesado. - Ahora se trata de conocer las tendencias morales, religiosas, y politicas en el hombre ya desvinculado de su primer hogar. I Caso n® l.-Acaso por carecer de instrucciôn, no parece ha-- ber pensado nunca en estas materias. Caso n® 2.-Por efecto del ambiente carcelario, su moral "es muy ancha". ; Caso n® 3»“Los malos ejemplos de ciertos profesores le apar I taron de la religién, aunque reza todas las no— ches. Es falangista y admira a José Antonio Pri­ mo de Rivera. V Caso n® 4»“Cree en Dios, pero esta fe no tiene resultados - prâcticos.>' ■ Caso n® S.-Ateo. Politicamente, indiferente. Caso n® 6.-No tiene ideas morales. Cree en Dios relativamen mente, pero tiene fe en la Virgen de los Desampa rados. Desea un cambio de régimen politico en Es pafia, porque considéra que es la ünica forma de que desaparezcan sus antecedentes pénales. Caso n® 7.-Cree en Dios, aunque "no en todo lo que dicen de f religiôn"; y reza, pero nq quiere que lo sepa na die. Caso n® 8.-Carece de ideas de esta indole. Es un hedonists I y amoral. Caso n® 9.-Hizo la Primera Comuniôn, pero hoy no tiene creen cias religiosas ni morales. Caso n® 10.-Va a misa para que lo juzguen como "un buen chî co". No reza. Carece de moral. Caso n® 11.-Se siente cristiano, pero no catélico. Cree en Dios, pero no reza. En lo demâs, indiferente. Caso n® 12.-No tiene ideas de esta indole. "No es cosa que me haya gustado". Caso n® 1 3 .-Cree en Dios y va a misa, "pero no me interesa introducirme en la religiôn, meterme muy a fon- do". No le gusta la poli^ica. Caso n® 1 4 .-Prefiere no pensar en CBpoa temas. Cree y no -- cree en Dios. Hizo la Primera Comuniôn a los 12 J . ■f ados, porque se empeAo una prima suya, ocho ados 3: mayor que él. r Caso n® 1 5 .-Resume asl sus ideas: "Solo es bueno lo que me bénéficia a mi". Case n® l6.-Aborrece la religiôn desde que unos religiosos le hicieron objeto de un severo castigo. En —f f cuanto a moral o politica, "mientras no me fal te el pan, me tiene sin cuidado". Caso n® 1 7 .-Cree en Dios, pero en cuanto a religiôn, moral o politica, "nada de eso me llama la atenciôn". Caso n® 1 8 .-Indiferente a todo. Caso n® 19*-Comulgo varias veces porque le obligaba la fa- milia o la novia, pero no cree en Dios. No en- tiende de politica. Caso n® 20.-Cree(pe Dios existe, pero "no es como nos lo - pintan". Es indiferente en estas materias. En términos aproximados, estos datos pueden resumirse - asi : Indiferentes en moral, 20. Indiferentes en religiôn, 20. Indiferentes en politica, I8 . Falangistas, 1 (caso n® 3 ). Opuestos al régimen actual (para conseguir la destrucciôn de sus antecedentes), 1 (caso n® 9 ). m) Arte Çôlo siete de nuestros veinte entrevistados manifesta- ron inclinaciôn por alguna de las siguientes abtes: Cas6 n® 4*-Musica moderns. Caso n® 5*-Dibujo artistico. Caso n® 7.-Dibujo y müsica de zarzuela. Case n® ll.-Pintura abstracts. ï: -%.. y Caso n® 15*-Talla y modelismo naval. Caso n® 1 7.-Ballet clâsico, armônica y guitarra. Caso n® 20.-Müsica moderns (es cantante premiado en varios concursos). n) Déportés Diez de Auestros entrevistados practicaron los siguien­ tes déportés: Caso n® 3.-Nataciôn, carreras pedestres de medio fondo y - campo a través. Caso n® 4•-Balonmano, nataciôn, gimnasia de anillas. Caso n® 5 .-Muy cultivado fisicamente. Hockey y fûtbol. Caso ni 7*-Nataciôn. Casj n® lO.-Fütbol, frontôn y gimnasia. Caso n® ll.-Nataciôn y motocross. Caso n® 1 6.-Gimnasia, fûtbol y ping-pong. Caso n® 1 7.-Fûtbol, nataciôn, ciclismo, patinajè, boxeo. Caso n® 1 9.-Algo de boxeo. Caso n® 20.-Algo de fûtbol y de nataciôn. o) Vicios Caso n® 1.-Mujeriego; frecuenta locales nocturnos; viviô - amancebado. Caso n® 2.-Muy bebedor; frecuenta locales nocturnos; estu­ vo amancebado.• i Caso n® 3 *-Homosexual pasivo; frecuenta locales nocturnos. Caso n® 4 .-Muy bebedor. s Caso n® 5 .-Muy bebedor; fumô grifa, sin enviciarse; viviô amancebado. Caso n® 6.-Fumô grifa (era txaficante), sin enviciarse; vi­ viô amancebado* I Caso n® 7*-Mujeriego. Muy bebedor, aun sin gustarle mucho el alcohol, que ingerla para luchar contra la depresidn. Jugador. Muy fumador. Fum6 quify, - sin enviciarse. Viviô amancebado. Caso n® 8.-Muy fumador. Exhibicionista y fetichista. Se - droga desde los 16 ahos con marihuana y estA - enviciado. Viviô amancebado. Caso n® 14*-Muy fumador. Caso n® 15•-Homosexual pasivo; frecuenta locales noctur— nos. Fumô quif, sin enviciarse. Caso n® 16.-Muy bebedor (alcohôlico); mujeriego; viviô — amancebado. Caso n® 17•-Mujeriego; viviô amancebado. Caso n®.19r-Mujeriego y muy bebedor,(alcohôlico); viviô - amancebado. , Caso n® 20.-Mujeriego. En resumen: Mu.jeriegos o que vivieron amancebados, 10 (casos n® 1, 2, 5, 6, 7, 8, 1 6 , 17, 19 y 20). Homosexuales, 2 (n® 3 y 15). Muy bebedores, 6 (n® 2, 4, 5, 7, l 6 y 19). Muy fumadores, 3 (n® 7, 8'y 14). Toxicômanos, 1 (n® 8). Se drogaron, sin enviciarse, 4 (n® 5, 6, 7 y 15). Jugadores, 1 (n® 7). p) Permeabilidad a la influencia ajena ' I Los datos sobre la fortaleza de ânimo de nuestros de­ lincuentes ; habituales, frente al influjo de otros hombres, también proceden princlpalmente de sus propias manifesta- . '! ciones. He aqui el resumen: j I Influibles, 7 (casos n® 2, 4, 12, 13, 14, l6 y 19). I No influibles, 10 (casos n® 1, 3, 5, 6, 8, 9, 10, 15, 17 j y 18). j Relativamente influibles, 2 (casos n® 11 y 20). | Muy influibles, 1 (caso n® 7). q) Economia. vinculaciôn familiar, amistades. solidaridad social y capacidad de adaptaciôn. Recogemos bajo este epigrafe datos correspondientes a |f conceptos heterogéneos, pero que caben fâcilmente en una I tabla explicativa y simplificadora. Por supuesto, estas - i obsprvaciones se refieren no a los primeros aüos del mul- tirreincidente sino a su historia actual. ?o* Aw 2 2 o (î a a (ï H*m fi* et '• fi* ena gas s 3 G S S 2 s: % 2 G 0 0 O 0 0 0 0 (fi 0 (fi Oa a 0* a a a a a G a G(fi (fi 3 (fi (fi (fi (fi 3 H. 3GO « (fi 00 % 00 00 fi) (fi fi» (fi et et et et et et fi* fi) fi* fi* fi) fi* ?o* A a H*fi) (m g. Bfi)M %MetO. IO ? ?a H*fi* ?a (fion etfi* ?a (fi00etfi* S S %(fi (fi (fia a aH* H* H*fi) fi) fi) wos o(m (M irq asfi) fi) fi) o3 3 3 %0. 0. 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Tal cualidad, denominada por aquel Cen­ tro "adaptabilidad social”, se estimô asi en los reclusos alli entrevistados: Caso n® 8.-Media-baja. Caso n® 9'-Baja-muy baja. Caso n® 10.-Muy baja. Caso n® 11.-Media-alta. Caso n® 12.-Baja. Caso n® 1 3.-Baja. Caso n® 1 4.-Baja. Caso n® 1 5 .-Sin datos. ! Caso n® 16.-Media-baja. Caso n® 1 7 .-Sin datos. r ) Desideratum Caso n® 1,-Sacar de la pobreza a sus padres y sus hermanos.— Desearia dedicarse a la canteria (oficio paterno). Sin embargo, parece muy desvinculado de su hogar. Acaso su epilepsia pudiera explicar las contradic- ciones observadas. Caso n® 2.-Casarse con su novia actual y no volver a delin-- quir. Caso n® 3.-Casarse y darle cuarenta nietos a su madré (es ho­ mosexual, incapaz de relaciones heterosexuales). Caso n® 4 .-Casarse con la novia que tiepe desde hace varios - ahos. "Es la unica que me aguantô, y por ella no - soy peor". Caso n® 5 .-Casarse y tener hijos que no sean como él fue. < Gaso n® 6.-Alcanzar la libertad para vivlr solo o con su fa milia (madre, esposa y un hijo), y transformar la tienda materna en un club nocturno con quince "n^ has". y alternar con ellas. Caso n® 7.-Demostrar a su familia (padres, hermanos, mujer y tres hijas) que es capaz de cambiar y de hacer co sas mejores. Caso n® 8.-Que le quieran todos. Caso n® 9.-Disponer de un; piso y casarse con su novia. Caso n® 10.-Trabajo, ropa, cama y un jornal para poder ir al baile o a los toros. Caso n® 11.-Tener un taller mecAnico propio. Caso n® 12.-01vidar lo pasado y trabajar como un hombre hon- rado. Caso h® 13.-Salud, libertad y trabajo, Caso n® 14•-Encontrarse con sus padres y casarse con su no— via. Caso n® 1 5.-Que Dios le llevase con El, "porque todas las as piraciones humanas se alcanzarAn al lado de Dios". Caso n® 16.-Irse al extranjero y establecerse en un bar pro­ pio. Caso n® 1 7 .-Tener un hogar para su mujer y su hija. Caso n® 1 8 .-La libertad. Caso n® 1 9 .-Tener una mujer, un hijo y un hogar. "Si me hu— biese casado a los 15 ahos no me hubiera pasado todo lo que me paso". Caso n® 20.-Trabajo, para que nada le faite a los suyos (mu­ jer y una hija). ; I tEn resumen: Casarse y ordenar su vida, 8 (n® 2, 3, 4, 5# 9, 14, 17 y 19). Trabajo, 4 (n® 10, 12, I3, y 20). Poaeer una induatria, 3 (n® 6, 11 y 16). • (: Sacar de la pobreza a los padres, 1 (n® 1). Libertad, 1 (n® l8). Enmendarse, 1 (n® 7)• Sentirse querido, 1 (n® 8). Irse con Dios, 1 (n® 15). s) Autovaloracion En el siguiente cuadro queda reflejada la idea que cada uno de nuestros entrevistados tiene de sus mayores virtudes y defectos. (7Ï G G G G m HA G lO HA HA H g g g O H G g W O nO oo ■VI HA W G g g H p* G G c 3 p" g g 3 HA 0 3: G G r Çp O 3 H G S • g vO 3 w g g 0 3 G O 3 O o 3 a % Ong a 3 3 g •• G G p« 3g 3 fi# P* g G CL O 0 g H P" 0 p 3 N>H 3 3 3 g G a g 9 O a a 0 0 0 g p* 0 g g g 3 H CL a co 3 • G CL o. g 3a 3 g H g • 0g to Q. 0 X % P" HA \0 3 G G On (fî HA to 3 p* H H 33 o W g < g ga 3 G 3 H ap. lO fi# a 0 H gg 3 0 g 0 g3 HA to nO g a a G 3a Ln 3 G O 0g HA % g 0 3 3 N> 0 g P« < HA G (m 3 0 0 HA % oo g g g g HN.W 3 3 p" p* < N HA g Ono. g3 NO 0 3 p g 3 lO W . 0 • ag g • g HA p* p*a a CLSm/ G g g '« g CL HG H p* PN 3g 00 453 P" en 3 3 lO • 3 HA lO N» •fin W en OO HA l-A co HA œ r r m r ' r r ' G r ' œg g H ogl-l) 3g g (fi g . _H* H 3 G H g gG G o g G H‘ (fig g o g o«3 3 g g (fi O C_l.G *d g H* Gg g 3 9O 3ga a (fi a 3 3 (ï(fi3'g(fi’dG'« 3 H- g g g a o ag ô H* (fi < ( f i O ( f i 3 3 3 L n M o ^ H^3 m G H-H O g H» g H 3/->03 H* H G g w 3 G3 g g (fi. o g ^ i o H *G 9 3 tJ 3 3 On g O «• gH* g /-N CL N* I-* HA 3 g o loCL HA H H Y K) ̂ %-S H* H lO HA P HA HA HA HA HA HA HAG en 4>h co M HA G G w CO G Wg g 3 3 g H G g G G H g>O P" 3 3 g G3 3 g g G g*a O 3 3 0 3g g 3p. 3 O O P» a• P" g g 0 ga 3 3 gg g g p- oa o g a 0G G g ag g a G3 3 • M• • g g 3g gg H l Og CL sg»g r G G g g o G g g 3 H g G gg a 3 g GH 3 g.H 3 3 g 3CL 3 gH*g3 G O Og a ag.g Gg3 ggGgao Gg3Ggg en •G co to HA G G w G G co G W G m 0 g H O g 3 g G 3 Gg P* g g P« g g G N aQ p« a g G G 3 g gP a o 3 3 g g g g 0 G 3 0 g o m 3 g g 3 g 3 3 G 3 0g G G g 0 p» G G G p* g A g < g 3 0 ag n G p* • a g g P" G a a 0g 0 g g 3 g G 3 a a 3 gg 45 • % % o 3 3 0 gg G g 3a g A 3 3 G Cj. 0 p' P*g 3 g 3 g G 3g g% G g n p*g o (m G 3 3 g 0g 0 3 g O 0G g P* a P‘ g g*-i. 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Ahora vamos a contemplar al multirreincidente en su madurez antiso— cial, con su estructura humana definida, conformado por su pro pia biologia y por las influencias de que fue receptor, para - discurrir sobre el complejo mundo de la personalidad criminal. Datos générales (edad, complexion, etc.) Es un fenômeno fâèilmente comprobable el incremento de las' cifras générales de la delincuencia en torno a una edad que os cila entre los 20 y los 30 ahos. Se dice que la culminaciôn de las tendencias antisociales en dicha edad, la posterior y len- ta declinaciôn hasta los 40 ahos y el râpido descende de la — criminalidad hasta su prâctica desapariciôn en la vejez, res— ponden a la marcha normal de cualquier actividad dependiente - de la vitalidad humana. CORMIER précisa las distintas fases de la carrera criminal, a lo largo de las cuales el adolescente se transforma en un de lincuente adulto mâs especializado, para limitar después sensi^ blemente su actividad ilegal "hasta el extremo de que encontre mos en las penitenciarias muy pocos criminales persistentes ma (2)yores de 40 ahos". Ahora bien, para este psiquiatra cana— - (1) HURWITZ, Criminologie. pAgs. 277-279. (2) Bruno M. CORMIER, Les états dépressifs et les actes délic-- tueux, en Annales Internationales de Criminologie> aho 1970 vol. 9i n® 2 (Paria, 1971), pâg. 397. dlense tal fenômeno no se explica por la declinaciôn de la vi­ talidad humana, sino por el hecho de que los delincuentes habi tuales -pese a importantes factores que impidieron el desarro­ llo de una infancia, una adolescencia o una vida adulta normal- son siempre capaces de un crecimiento psicolôgico y empcional, y que, a falta de un tratamiento cientificamepte adecupdo, "la# experiencias de la vida les pqrmiten corregir o reqmpla^ar ^or macioneq patolôgicas ppr mâs ĉepta1ç||Leq pa^p e^lpy pr ^a^ ra la spciedad en que vivpn",^*^ ^ï) Id. Id. Aunque se trate de una cita de longitud poco usual, nos pa rece oportuno recoger con mâs extensiôn las observaciones - de CORMIER sobre la relaciôn edad-habitualidad. Al descri- bir la carrera de los reincidentes habla de un période de saturaciôn. que normalmente se inicia alrededor de los 30 ahos y que, en general, se caractérisa por la presencia de malestar, ansiedad, angustia, agitaciôn y depresiôn. "Este estado depresivo se caractérisa por la agitaciôn y no por una inhibiciôn psicomotriz. Visto en profundidad, asisti-- mos de hecho, muy tarde en la vida, a la resoluciôn de la posiciôn depresiva. Los delincuentes persistentes deben en tonces renunciar a sus sentimientos de omnipotencia qub;-- les permitian considerar las cosas buenas o malas segûn — sus propios criterios. Consiguen en este période lo que no pudieron conseguir en los ahos de formaciôn, es decir, el descubrimiento de que las cosas o los individuos no son ni exclusivamente buenos ni exclusivamente malos, que se pue- de ser objeto de sentimientos ambivalentes y que se pueden tener hacia los demâs sentimientos similares, sin sentirse por eso en un estado de defensa en el que sea necesario — atacar o protegerse contra persecuciones reales o imagina- rias. En resumen, aprenden a estar deprimidos normalmente. Este proceso de normalizaciôn puede ser acelerado por una ayuda exterior, y aunque no sea éste el objeto de nuestro trabajo, queremos mencionar de paso las implicaciones cli- nicas de estas observaciones. Cuando los llamados delin-- cuentes habituales, multirreincidentes o delincuentes per­ sistentes llegan a los 25 ô 30 ahos, suelen ser desechados. Este abandono llega en el preciso momento en que ellos em- piezan a preguntarse sobre el sentido de su vida. Tal aban dono e#i hasta cierto punto, comprensible. En efscto, si - au vida fue un fraeaso, los ssfuersos de quienes trptaroo El endocrinôlogo espahol CASTILLON, con una larga y entu- slasta dedicaciôn criminologiea, afirma que "en todoa los pos la delincuencia disminuye con la edad, pero esta desapa- de ayudarles han fracasado también. Sin embargo, las per sonas que trabajaron con ellos quizâ no pudieron percatar se claramente de que el verdadero problema no residia en la repeticiôn de actos delictivos, sino en que taies ac— tos, de hecho, eran slntomas de un proceso de maduraciôn y de socializaciôn lento, defectuoso y retardado. Este de fecto de maduraciôn tuvo consequencias en varias esferas, pero su mayor fallo ^ue el no haber permitido que el de--. lincuente aprendiese a estar dqprimido normalmente. Este fallo se corrige eventualmente en las experiencias de la vida adulta, sobre todo durante el periodo de saturaciôn que acabamos de escribir. No todos, por supuesto, tienen éxito. Ya hemos indicado que cierto nûmero de delincuen— tes persistentes se convierten en psicôticos crônicos; -- otros pasan por upa fase psicôtica aguda; pero, para la - r gran mayoria, creemos que el periodo de saturaciôn es un estado de crisis que la mayor parte de las veces se atra- viesa sin ayuda. Si hasta ahora hemos padedido la tenta— ciôn de desechar a los delincuentes habituales, nuestra - postura ahora, después de conocer lo que ocurre en el pe­ riodo de saturaciôn, deberia inclinarnos a mirar hacia — atrâs, como ellos, y a hacer un inveùtario de los fraca— SOS que hemos sufrido en su tratamiento. A la vista de — esc inventario resultaria évidente que hemos abandonado - toda esperanza en un periodo 6n el que, por supuesto, no es posible prévenir el desarrollo de una carrera criminal, pero en el momento en que puede ser abreviada y, sobre to do, en que se puede favorecer una mejor reintegraciôn en la sociedad. Si se les deja solos, la mayoria de los de— lincuentes se supera mejor o peor. Ya hemos dicho que al- gunos se tornan psicôticos crônicos, pero otros no tienen mejor suerte. Cuando examino a un criminal persistente de bastante edad, diganios de 40 ahos, que vuelve otra vez a la cârcel, advierto que por lo general no es ün delincuen te habituai, sino un preso habituai, es decir, un hombre para quien la criminalidad no estâ al servicio de una psĵ cogénesis criminal, antes bien, es un medio de volver a - vivir en el marco de la sociedad penitenciaria, el ûnico lugar donde puede ser un buen ciudadano. Ello no quiere - decir que los presos crônicos no amen la libertad, sino - que no saben cômo vivir en libertad" • (Ob. cit.. pâgs. - 405-406). I I' ricion es casi total en el meso y ectomoffo a partir de los CO ' & à , 50 ahos" . Como hemos visto, esta atenuaciôn cronolôgica de la criminalidad se explica por los autores de manera dlferen te. POLLITZ y MIDDENhORFF, por ejemplo, no ven otra ra%6n — que el natural debilitamiento de la actividad fisica, conse- cuencia del decrecimiento de las energias vitales, visible - de manera especial en los fiditos que implican una potentc - acometividad o que son una expresiôn de la conçienqia de la(2)propia personalidad. 1̂ 0 falta quien argumente de forma menos radical, al razo- nar sobre las relaciones entre edad y delincuencia. Asi, EX- NER, al estudiar la delincuencia juvenil, opina que el carac ter incomplete, débil y dûctil del adolescente es mâs sensi­ ble a las influencias del mupdo circundante que el del hombre adulto, y por ello cree que en la criminalidad del joven ha de atribuirse mâs valor criminôgeno a los sucesos del mundo externe: errores de educaciôn, seducciones, relaciones pern^ ciosas, etc.; pero, ahade el profesor alemân, "este no con— tradice que la edad juvenil esté caracterizada por détermina (3)dos cambios biolôgicos". Asi,pues, parece ponderar tante factores psicolôgicos como semâticos. Por otra parte, cuando SEELIG discurre sobre las influencias de la edad y el sexe - en la delincuencia, dice que si se divide a los condenados - (1) Luis CASTILLON, Aspectos biolôgicos en el estudio de la delincuencia, en Revista de Estudios Penitenciarlos. n® 1 8 8, Madrid, enero-marzo, 1970, pâgs. 211-275* (2 ) Paul POLLITZ, Psicologia del delincuente, pâg. 55, y — Wolf MIDDENDORFF, Sociologla del delito. pâg. 289. (3) Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg. 282. por edades, de cinco en cinco ahos, se observa que, tanto en los penados masculines como en los femeninos, el grupo mayor es el de 20 a 25 ahos. "Pero mientras que en los hombres des pués de este mâximo la curva desciende enseguida bastante râ pidamente, la criminalidad femenina desde esa edad hasta los 50 ahos disminuye de modo apenas perceptible". ^ De las afirmaciones de los autores ûltimamente citados pue de deducirse que résulta aventurado dar por cierta una rigu- rosa correlaciôn entre las cimas de la vitalidad y de la ac­ tividad delictiva. Mâs aün si se tiene en cuenta, aparté de esa sostenida criminalidad de la mujer a lo largo de su de— clive biologico, que algunas transgresiones (injurias, incen dios, falsedades, desacatos, etc.) apenas exigen movilidad o esfuerzo fisico y que, contra lo que parece natural, la comĵ siôn de determinados delitos de caracter sexual asciende pro porcional y significativamente en hombres que dejaron atrâs ( 2 )las fronteras de la juventud y de la madurez. Por ello -- nos inclinamos a estimar que, en términos générales, la de— clinaciôn de la actividad delictiva responde conjuntamente a una enervaciôn de la vitalidad y a una maduraciôn psicolôgi- ca. Si fuese acertada tal conclusiôn (y de no existir expli- caciones biolôgicas mâs convincentes), habria de pensarse — que la sazôn mental de la mujer se produce con mayor lenti— tud que en el hombre, y, ademâs, que la delincuencia sexual del varôn provecto es sintoma de up deterioro psicolôgico. Al recoger nuestras observaciones sobre la complexion o - estructura corporal de los entrevistados, adoptamos unos sen fiillos términos (adiposo, musculoso y oblongo) que pudieran (1) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminolpgla. pâg, 286. (2) EXNER, Ob. Cit.. pig. 285. Si f ,4":I aproximarse a los de la clasificaciôn de KRETSCHMER. Y como el psiquiatra germano estableciô una cierta correspondencia entre cada uno de sus biotipos y un determinado temperamen- to, no parece inoportuno, apoyândonos en el propio autor y ( 1 )en sus glosadores, sintetizar en el siguiente cuadro lo que nos interesa de sus conclusiones: Tipo norfôlôgico Estructura porporal Temperamento Plcnico Predominio de los diâmetros transversales sobre los Ion gitudinales. Formas redonde adas, panlculo adiposo, eue llo corto y macizo. Ciclotimico: Extrover' ! ' ' tido, hablador, fran­ co, alegre, epicûreo, melancôlico, activo, prâctico. (En la psi- copatia, cicloide; en la psicosis, maniaco- depresivo). Atlético Gran desarrollo oseo y mul- cular, hombros anchos, for­ ma ovoidal recta del rostro Viscoso(o enequético) Entre flemâtico y ex- .plosivo, receloso,lèn to, reservado, tenaz, egocéntrico. (En la - psicopatia, epileptoi de; en la psicosis, - epiléptico). Leptosomâa Preponderancia de los diâ— metros longitudinales sobre los transversales. Estrecho escuâlido, nuez saliente, - cuello y brazos largos, pâ- lido. Esquizotimico: Reaccio tiCQ nés nluy desiguales; - ,cambia râpidamente de humor; poço comunica- tivo; a veces despôti^ co, colérico, seco y taciturno; brutalmen- te egoista o exagera- damente sacrificado y sentimental. (En la - psicopatia, esquizoi- de; en la psicosis, - esquizofrénico). (1) KRETSCHMER oo afirma una riguroaa relaciôn entre forma - conetitucional y carâcter, aino una afinidad, comproba-- S:: . . ' Iÿf En nuesto cuadro de resultados hemos incluido algunos datos ix procedentes de la Central de Observaciôn. Entre ellos figura - una calificaciôn biolôgica de cada delincuente hecha segdn la tipologia de SHELDON, lo que nos aconseja recordar que esta ti 4 (1)pologia se expresa en tres cifras correspondientes a la in cidencia del sujeto en cada uno de estos tres grupos: endomor- fos (o viscerotônicos. con predominio visceral, amantes de la vida cômoda), mesomorfos (o somatotônicos, desarrollados de es queleto y mûsculos, enérgicos) y ectomorfos (o cerebrotônicos. de estructura larga y frâgil, inhibidos). Aun habiendo una cia ra correspondencia entre esta clasificaciôn y la de KRETSCHMER, al utilizar una puntuaciôn relativa a cada uno de los grupos, la de SHELDON ofrece un panorama mâs preciso de las individus- lidades estudiadas. Ahora bien, lo que mâs nos interesa aqui es saber si deter­ minados signos somâticos guardan una relaciôn directs con las conductas anormales; o, mâs concretamente, si a una précisa es tructura corporal corresponde una definida actitud delictiva. En caso afirmativo, podria pensarse en una tendencia constitu- cional a determinado género de criminalidad. No olvidemos, sin embargo, que el mundo de los seres normales estâ poblado de -- honrados ciudadanos incluibles en cualquiera de los tres biotj^ pos kretschmerianos. Las inciertas o contradictorias conclusiones a que llegaron cuantos estudiosos quisieron comprobar, de manera pragmâtica. ble estadisticamente, entre tipo somâtico y temperamento. | (Ver Ernest KRETSCHMER, Constituciôn y carâcter; EXNER, ob. i cit.. pâgs. 247 y ss.; SEELIG, ob. cit., pâgs. 206 y ss. ; [ HURWITZ, pâgs. 137 y ss., etc.). j (1) W.H. SHELDON, Les variétés de la constitution physique de | 1 'homme (Paris, 1950), pâgs, 36 y ss. las teorlas de los grandes inciadores,nos traen a la pluma las palabras de ASCHAFFENBURG citadas por EXNER "Tan- tas veces como se ha comenzado un nuevo dominlo de las in- vestigaciones criminoantropologicas se ha repetido siempre el mismo juego. Primero, se sienta la afirmacion de que es caracterlstico para el delincuente una forma determinada de perturbaciôn; después se manejan los comprobantes de que - se encuentran las mismas manifestaciones también en los no criminales y, finalmente, queda como resultado que en tod<) caso las anormalidades son algo mâs frecuenteg en los de­ lincuentes". Es évidente que no existe un tipô somâtico de delincuen te, pero parece cierto igualmente que los hombres con de— terminados signos corporales caen con mâs frecuencia en — cierta clase de delincuencia. GORING, por ejemplo, asegurô que la constituciôn fisica del delincuente, expresada so— bre todo por la estatura y por el peso, se muestra clara— mente inferior a la de los no criminales. Y RIEDL hallô — que entre 300 ladrones y estafadores habia un porcentaje - de leptosomâticos mucho mâs alto que de atléticos (situa— dos en ultimo lugar los picnicos), mientras que en los reos de lesiones corporales iban en cabeza los atléticos, con - muy notable diferencia sobre los leptosomâticos, tras los( 2 )cuales figuraban los picnicos. El propio KRETSCHMER concluyô que los picnicos constitu yen un grupo relativamente menor dentro de la totalidad de la delincuencia, respecto a los demâs tipos constituciona- les, asi como que son escasos entre los reincidentes. Ya - (1) Ob. cit.. pâg. 244. (2) EXNER, ob. Cit.. pig.. 245-249 I. . ■ ■ •ft:.-. con referenda a la criminalidad crônica, el Pi LANDECHO es i, . -f cribe que las escuelas constitucionalisticas, siguiendo la tipologia kretschmeriana y luego de los pertinentes estudios f ,estadisticos, llegaron a la conclusion de que la tasa de , reincidencia era muy diversa en cada uno de los tipos: muy fuerte en los leptosomâticos, media en los viscoso-atleti— cos é infima en los picnicos, y, por otra parte, que las ta ras hereditarias eran mucho mâs fuertes en los atléticos -- ( 1 )que en los tipos restantes . SEELIG, al describir la crim^ nalidâd persistante por aversiôn al trabajo, dice que en el multirreincidente "se encuentra unido con frecuencia un al­ to grado de torpeza afectiva con una hiperirritabilidad; por esta naturaleza contradictoria y falta de equilibrio corres ponde la mayoria de los delincuentes profesionales al tipo temperamental del esquizotimico (en el sentido de KRETSCH— MER) y, en lo que concierne a la estructura corporal. predo minan los tipos de constituciôn atlética y leptosomâticos - en una proporciôn algo mayor que en el total de la pobla-- , (2 )ciôn . Abilio de MOURA, médico dd. Centro de Observaciôn de Ooimbra, después de observar a 223 reclusos, afirma que el circulo esquizotimico-leptosomâtico participa en la rein cidencia con el nûmero mâs elevado de delincuentes, mostrân dose el ciclotimico-picnico con una propension tres veces - menor que los reclusos de aquel grupo a la repeticiôn de — sus actos criminosos; los atléticos viscosos ocupan un lu— gar intermedio, en la tendencia a reincidir, a poca distan- cia de los leptosomâticos. Para el propio MOURA, en los de- litos de hurto (con los que engloba robos, estafas, falsifi cacbnes y apropiaciones indebidas) se observa un predominio de leptosomâticos, seguidos a corta distancia por los atlé- (1) Carlos Maria LANDECHO, S.J., Psicologia Criminal, pâg.82. (2) Ernesto SEELIG, Tratado de Crimipolog^a. pâg. 79• M: 'g: ? (1) l: ■ ■ ■ ' S' •V- |. ticos y figurando muy en ultimo lugar los picnicos . Otros I criminôlogos hacen una diferenciaciôn mâs particularizada y I encuentran entre los autores de robos mayor nûmero de atlétj^ cos; entre los reos de hurto, mâs leptosomâticos, y entre los culpables de fraudes, mâs picnicos. Por el contrario, no fa^ tan estudiosos que nieguen haber encontrado relaciôn alguna entre el tipo moffolôgico del delincuente y ia pqturaleza ($e( 2 )la infracciôn cometida Benigno DI TULLIO desarrolla el concepto del delincuente constitucional, predispuesto a la criminalidad como consecuen cia de una particular estructura de la personalidad y de la presencia en ella de especiales caracteristicas fisio-psiqui cas. Esas caracteristicas determinan una mayor inclinaciôn - al delito y una menor capacidad inhibitoria, que se traducen en la precodidad antisocial, en la gravedad de las transgre- (3)siones y en la reincidencia . Pero como la teoria del an— tropôlogo italiano no tiene su ûnico fundamento en la comple xiôn o estructura corporal, sino tambiém en particularida— des psiquicas, habrâ de ser considerada mâs adelante. El resumen de nuestros datos, ya consignado oportunamente, ofrece las siguientes particularidades: (1) Abilio de MOURA, Constituçâo e delinquència. en "Boletim de Administraçâo Penitenciâria e dos Institutos de Cri- minologia" (Lisboa), n® 22, primer semestre de 1968, pâg. 143-202. (2) HURWITZ, ob. cit.. pâg. 144-146. (3) Benigno DI TULLIO, Tratado de AntroPologia Criminal (Bue nos Aires, 1950), pâgs. 56 y ss. f I. En cuanto a la edad. sôlo 2 multirreincidentes (10#) son mayores de 30 ahos. Trece (65#) tienen edades que oscilan - L: entre los 17 y los 26 ahos. En cuanto a la talla y el peso. registramos 15 (75#) que miden menos de 1,70 metros, y 12 (60#) delgados. En cuanto a la complexion, aparecen 8 (40#) con rasgos - atléticos, 10 (50#) con rasgos leptosomâticos, 4 (20#) con rasgos picnicos y uno displâsico (0,5#)• La suma de estos - porcentajes es superior a 100, porque tres de nuestros mul­ tirreincidentes presentan caractères mixtos. Estos resulta­ dos apoyan las conclusiones ofrecidas por RIEDL, KRETSCHMER y LANDECHO, a que acabamos de referirnos, en relaciôn con - la preponderancia de leptosomâticos entre ladrones y reinci dentes. Por el contrario, y aunque el nûmero de delincuen— tes examinados no permite hàcer afirmaciones tajantes, nues tros resultados no parecen corroborar la hipôtesis de una - preponderancia de taras hereditarias en los atléticos, ya - que entre los entrevistados con ascendientes alcohôlicos, - delincuentes, psicôpàtas o epilépticos (casos n® 1, 5, 7, 8, 9, 14, 15, 1 6, 18 y 1 9 ) aparecen 5 con rasgos leptosomâti— cos, 4 con rasgos atléticos, 2 con rasgos picnicos y uno -- displâsico. (l )Salud mental Las taras mentales en el pequeho grupo de delincuentes - entrevistados son tan visibles que forzosamente reclaman — (1) Habida cuenta de su escasa significaciôn en los delin— cuentes examinados, no hemos de referirnos a las anoma- llas flsicas sino cuando puedan incidir en la salud men tal, Tampoco trataremos aqui de alteraciones mentales - I fI una atencion preferente. Kuestro descohadmiento del tema nos lleva a cogernos de la mano de qulenes respaldan sus afirma- clones con la autoridad de su quehacer profesional. Cierto - que en ocasiones se generaliza en exceso o se adscriben los autores, en su afân simpiificador, a una o dos formulas que todo lo explican. Asi, DUFFY y HIRSHBER, con una larguisima experiencia penitenciaria en la célébré prisiôn norteamerica na de San Quintin, afirman que "raro es el crimen al que no se le pueda atribuir como causa alguna anormalidad sexual" si bien, paginas adelante aseguran: "mostradme una prisiôn - y yo 08 mostnaré a mi vez una poblaciôn penal que en un 90% - ( 2 )estarâ compuesta de enfermos mentales” . Sin que, por cier to, discriminen los tipos criminolôgicos de la poblaciôn alu dida. Mâs comedidos, MORRIS y HAWKINS -profesores de Crimino logia en las Universidades de Chicago y Sidney, respectiva— mente^ no se expresan tan radicalmente como los que sostie— nen aun que todos o, al menos, la mayoria de los delincuen— tes son psicolôgicamente enfermos o anormales, y que el tra- tamiento psiquiâtrico es la panacea para resolver cualquier problems penolôgico; perocpinan que la Psiquiatrla tiene re- servado un papel principallsimo en el tratamiento del delin- (3)cuente y en la protecciôn de la comunidad . Y,ya ehcarri-- originadas por el alcoholismo o la toxicomania, que se— rân consideradas al hablar de los vicios. Igualmente, re servamos para el epigrafe sobre capacidad intelectual — nuestnas consideraciones en torno a la oligofrenia. (1) Clinton T. DUFFY y Al HIRSHBER, Crimen y sexo (Barcelona, 1968), pâg. 9. (2) Ob. cit.. pâg. 71. (3) Norval MORRIS y Gordon HAWKINS, The honest politician's guide to crime control, en ”The University of Chicago -- Press" (Chicago, 1970), pâg, 200-201. lando el tema hacia la multirreincidencia, el doctor LÂGUIA opina que gran nûmero de individuos, no tan anormales como para ser calificados de irresponsables y exentos de pena — por el juzgador, pero si lo bastante perturbados y necesita dos de especial tratamiento, ingresan en prisiones comunes de las que salen mâs antisociales y anormales, dando lugar al grave problems de la delincuencia habitual^^^. Ahora bien ^se caracteriza el delincuente anormal, o lo­ co moral, por un modus operandi que permits distinguir su - conducts de la del delincuente vulgar? 0, mejor aun &hay en el môvil inmediato o en el factor desencadenante de su ac-- cion antisocial alguna caracteristica que denuncie su anoma lia mental? El padre de la Medicina Legal espafiola. Pedro - MATA, sintetizaba sus razonamientos en esta expresiva frase: ' i "El crimen del loco no tiene historia; el del cuerdo si la ( 2 )tiene"; pero se referia, sin duda, a la tajante dicotomia psicôtico-hombre sano. Y hemos de anticipar que nuestra aten ci6n no va a detenerse en la psicosis, auténtica enfermedad mental, sino en esos estados intermedios y en ocasiones po- co aparentes, como la psicopatia, la neurosis y la epilep— sia que no impiden el acceso a las cârceles y que pueblan - en considerable proporciôn el censo de la delincuencia habi tuai. El psiquiatra espaflol MIRA, quizâ partiendo de aquella - conclusion de MATA, da respuesta a nuestra anterior pregun- ta: El delincuente vulgar persigue siempre con su delito -- (1) Dr. Alberto LAGUIA ARRAZOLA, Homosexualidad y delincuen­ cia mentalmente anormal, en "XI Curso Internacional de la Sociedad Internacional de Criminologia", pâg. 3 8 8. (2 ) Jesûs ALARCON y otros, Un sistema de traba.io en el estu- dio de la pereonalidad criminal (Madrid, 1970), pâg, 38. î : I una utilidad ob.ietiva, mientras que el llamado loco moral en cuentra solamente un provecho sub.ietivo. en el placer que le proporciona realizar algo "que sabe que no debe realizar". - Por eso no es raro observar que, una vez cometido el delito, - no se aproveche de las vehtajas que este le proporciona. Con sideradardesde este punto de vista, MIRA entiende que la ps^ cologia del loco moral es marcadamente antibiolôgica, al pa-(l)so que la del delincuente vulgar es solamente antisocial . Aflade que la locura moral "en realidad deberia ser designada con el nombra de psicosis perversa". Y, como prueba de que - V - ' se estâ refiriendo a las anomallas antes apuntadas, asegura que si la perversiôn moral es permanente, no se halla justi- ficada por un factor ambiental (sin una utilidad primitiva— mente biolôgica) y el sujeto no sufre ninguna otra psicosis, "no hay miedo de que apliquemos el nombre de locos morales o de psicoticos perÿersos a otros enfermos mentales ni de que lo utilicemos para designar la vulgar sinvergüencerla". Con- cluye MIRA afirmando que la psicosis perversa es de un pro— nôstico absolutamente desfavorable, "pues no puede esperarse crear en el sujeto la fe moral mediante razonamientos ni cas tigos. En realidad se trata mâs de un defecto que de una en­ fermedad de la personalidad; pero nadie puede poner en duda (2 )su existencia" . Ignoramos si, después de los lustros transcurridos desde que se publico el trabajo de MIRA, desarrollados entre tantof los conceptos de la Patopsicologia de Kurt SCHNEIDER, la no- menclatura del psiquiatra espaflol es o no reprochable. Pero f-. 'para nosotros sus observociones tienen el mayor interés. En (1) Emilio MIRA y LOPEZ, Manual de Psicologia Jurldica (Bue­ nos Aires, 1945) pâg. 110. (2) Ob. cit.. pâg. 113. gran parte de los relatos autobiogrâficos recogidos en este trabajo vemos, mâs que "la vulgar sinvergüencerla", la trans gresiôn absurda, veleidosa, irreflexiva, sûbita o gratuita; hombres que se ppropian de lo ajeno para satisfacer un afân irrazonable, sin prevision ni provecho, o delincuentes que actûan en forma casd explosiva, no para atender una necesi- dad, y con el conocido riesgo de un nuevo ingreso en prisiôn. El propio MIRA, concretândose a los "delincuentes recidi vistas incorregibles", asegura que su mayor contingente estâ integrado "por casos decididamente psiquiâtricos (epilépti-- cos, esquizofrénicos, paranoicos, etc.) y mâs precisamente - por débiles mentales profundos" incapaces dexeeducaciôn. Ÿ propone para ellos un tratamiento preventivo y disgregante: la esterilizaciôn sexual (mediante ligaduras) y el sometimien to a una estricta vigilancia médica; porque no es posible de ( 1 )jar en libertad a estos auténticos invâlidos sociales . La suspicacia de esa vinculaciôn entre habitualidad criminal y anomalla mental es comdn a muchos criminôlgos; DELEZA DOS — SANTOS, por ejemplo, tras hacer una atinada diferencia entre delincuentes habituales y delincuentes pluriocasionales (que sôlo delinquen en momentos crlticos de su vida: desempleo, - influencia ajena, etc.), preconiza la vigencia de las conclu siones aprobadas por el Congreso Penal y Penitenciario cele- brado en La Haya, en 1950. Y esta asamblea expresaba asi su preocupaciôn respecto a las anomallas de que venimos hablan- do: "Los habituales deben ser sometidos a detenida observa— (2 )ciôn social, psicolôgica y psiquiâtrica". (1) Ob. cit., pâg. 3 2 6 . (2 ) José BELEZA DOS SANTOS, Tratamento e libertacao de delin- quentes habituais; separata del "Boletim da Administraçâo Penitenciâria e dos Institutes de Criminologie" (s.â.), pâg, 31-32. La sostenida y directlsima atenciôn hacia los hombres que pueblan los centros penitenciarios, y también hacia la singu larizada personalidad del multirreincidente, debia conducir a la elaboraciôn del concepto de delincuente constitucional, ampliamente desarrollado por el fecundo DI TULLIO. Afirma el psiquiatra italiano la existencia de una preddsposicion a la delincuencia en general, "consecuente a una particular estruc tura de la personalidad del delincuente, y a la presencia en ella de especiales caracteristicas fisiopsiquicas, capaces - de favorecer el desarrollo de reacciones criminosas".^*^ Pe­ ro, ya con relaciôn a la criminalidad crônica, manifiesta V-. que los delincuentes constitucionales mâs graves, eon tenden cia a la precocidad y a la habitualidad criminal, "presentan generalmente desviaciones y deficiencias psiquicas tan gra— - ves, que rinden como muy dificultosa y discutible la aplica- ciôn de las leyes pénales en general, y de aquellas basadas( 2 )sobre el criterio de la imputabilidad moral en especial, por lo que considéra que tal género de delincuentes sôlo deberia ser sometido a medidas de seguridad. Y nos ofrece DI TULLIO una elocuente observaciôn personal: entre los reclusos exami nados durante cuatro ahos en las cârceles de Roma, todos los "reincidentes de robo con daAos, asi como reincidentes de ro bo con temperamento obsesivo y los reincidentes de robo pato logico" presentaban un morbo hereditario grave por neuro-psi (3)copatias y alcoholismo. Aûn faite de otras especificacio- nes, el dato es revelador. El canadiense MAILLOUX, que investigô detenidamente la de lincuencia crônica, sostiene que "si nos esforzamos por com- (1) Benigno DI TULLIO, Tratado de AntroPologia Criminal (Bue nos Aires, 1950), pâg. 56. (2) Ob. oit.. pifr. 614. (3) Ob. cit.. p4g. 125. prender en profundidad el significado de una insuperable com pulsion a repetir actos reprobados por la propia conciencia del reincidente, advertiremos pronto que gravitan sobre éste fuerzas inconscientes que anulan el seüorio del juicio moral y le impiden ejercer sobre la conducta una influencia normal# Como el neurôtico, el delincuente tiene la vaga sensaciôn de ser juguete de una fatalidad inaprensible, y de que obedece a déterminismes de los que jamâs podra escapar"^*^. Y autori dad tan reconocida como Jean PINATEL, al exponer y comentar el informe presentado por el P. MAILLOUX al VI Congreso Inter nacional de Criminologia, celebrado en La Haya en 1Ç60, admj^ te que "la delincuencia habituai refleja un estado patolôgi- co, anâlogo quizâs a los que hemos podido explorar hasta aho ra, pero teniendo lugar en una esfera completamente distinta de la personalidad. Ahora bien, entiepde el profesor francés que I4 Criminologia debe llevar su investigaciôn por un cami no que sea el suyo, para elaborar una interpretaciôn teorica del comportamiento del delincuente mâs estrechamente vincula da a los métodos de prevenciôn y reeducaciôn. "Los delincuen tes habituales -escribe PINATEL-, aunque presentando una con diciôn patolôgica, no pueden ser descritos si nos referimos ünicamente a los tipos psicopatolôgicos ya definidos (...) - el campo de las medidas de defensa social de orden curativo de (1) Noël MAILLOUX, O.P., Le fonctionnement du surmoi chez le délinquant habituel, en "Contributions à 1'étude des — sciences de l ’homme", n@ à (Montreal, 19&5), pâg. 6 8 . El P. LANDECHO condensa el pensamiento de MAILLOUX diciendo que, para el agustino canadiense,, la delincuencia habi— tuai es sintoma de una condiciôn patolôgica latente; esa ràiz psicopatolôgica es distinta de la debilidad mental, de la neurosis o de la psicopatia (LANDECHO, Psicologia Criminal. pâg. 24). ' be englobar no s61o a los anormales relevantes de tipos psi copatolôgicamente definidos, sino también a los delincuentes habituales"^^ \ Las anteriores palabras de PINATEL abren la puerta sobre un panorama de perspectivas insospechadas. Parecen decirnos que no es preciso, para acreditar la anomalia mental de un - delincuente crônico, adscribirlo a un tipo determinado de -- anormalidad psiquiâtrica. Es un paso mâs respecto a la teoria del delincuente constitucional de DI TULLIO; ya no séria ne- cesaria la existencia de morbos hereditarios por neuropsico- patias o alcoholismo, de que nos habla el maestro italiano. El simple hecho de la habitualidad criminal revelafia, como ôpinaba MAILLOUX, una condiciôn patolôgica mâs o menos com— pleja, que puede no encajar en la oligofrenia, la neurosis o la psicopatia. Y no faltan intentos de aproximar las normas de derecho - positive al ultimo criterio expuesto. La penalista norteame- ricana Helen SILVING, al elaborar un proyecto de moderno Cô- digo Penal para Puerto Rico, redacta asi su articule 60 (li­ bre primero de la parte general): "La criminalidad habituai es la repeticiôn de la conducta delictiva por parte de un su jeto que sufre una incapacidad mental (...) El tratamiento - del delincuente habituai se someterâ a las normas de la inca pacidad mental". Y en el articule 61 previene que los multi- rreincidentes "serân destinados a una instituciôn especial - para delincuentes habituales o a cualquier otra instituciôn o secciôn concebida para delincuentes inacapacitados, segûn (1) Jean PINATEL, discurso inaugural del XI Curso Internacio­ nal de la Sociedad Internacional de Criminologia (Madrid, 1961-1962), pâg. 33. determine el Tribunal, previa la oportuna averiguaciôn". ^ No obstante lo expuesto, el deseo de caminar sobre terre no ya explorado nos inclina a penetrar en las posibles rela clones de la multirreincidencia con algunas anormalidades - conocidas y catalogadas psiquiatricamente, como la psicopa­ tia y la epilepsia. La inicial definiciôn que de los psico- patas nos proporciono SCHNEIDER no es suficiente para perf^ lar o diferenciar su naturaleza, ya que repara mâs en los - efectos que en la esencia de la anomalia: "personalidades - anormales que sufren por su anormalidad, o que por ella ha- cen sufrir a la sociedad". Aunque a renglôn seguido arlada: "Para esto, el ünico concepto esencialmente cientifico por el que nos regimôs esfel de considerar a la personalidad -- anormal como una variaciôn que se aparta del término medio. Nos es permitido incluir aqui, entre las personalidades anor maies, las disposiciones anômalas de los instintos vitales,( 2 )en especial de los sexuales" . Y mâs adelante escribe que las personalidades anormales deben considerarse rigurosamen ( 3 )te ajenas a las psicosis ciclotimicas y esquizofrénicas Pero el mismo SCHNEIDER advierte el peligro de que la impre cisiôn definidora haga demasiado escurridizo el término — "pâicopàtaV cuyo sentido "tiende a extenderse mâs allâ de - los limites correspondientes"^^^, y por eso aconseja que — tal denominaciôn se reserve para el trabajp cotidiano de la clinica, y que fuera de él se utilice parcamente y con una especificaciôn inmediata. (1) Helen SILVING, Constituent elements of crime (Springfield, Illinois, 1967), pâgs. 169-170. (2) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologia clinica (Madrid, 1951), pâgs. 16-17. (3) Æd. id, pâg. 34. (4) Id. id. pâg. 63. A juicio del doctor ALBERCA, mâs bien que como una anorma lidad situada entre la salud y la enfermedad mental, se pro­ pende a considerar la psicopatia como una enfermedad^*^ in— crustada entre la neurosis y la psicosis. Y opina que, si — bien el papel de la disposiciôn no deja de ser relevante, es dificil admitir que las psicopatias sean anormalidades cerra das, escuetamente condicionadas por la disposiciôn y defini- tivamente ajenas a la enfermedad, "a no ser que estemos dis- puestos a excluir también del âmbito de la enfermedad a las ( 2 )psicosis endôgenas y las neurosis" Para ahondar en la naturaleza de la psicopatia, y puesto que las nuevas definiciones son imprecisas, se hace necesa— rio conocer sus caracteristicas, sus modos de manifestarse y sus diferencias con otros estados de anormalidad psiquica. - Con referencia al psicôpata delincuente, los McCORD entien— den que es un ser asocial, de instintos primitivos, agresivo, impulsivo, falto de ligazôn afectiva con el entorno y caren- ( 3)te de sentimientos de culpabilidad . ALBERCA, incluyendo - (1) Asi lo ha visto un grupo de investigadores que ofreciô - la siguiente definiciôn: "La personalidad psicopâtica es una enfermedad mental résultante de una disfunciôn inna- ta, o adquirida premàturamente por el individuo, proce-- diendo también de relaciones paternofiliales deformadas". Los mismos autores aceptaron el hecho de que la psicopa­ tia se basa en enfermedades orgânicas cerebrales, neuro­ sis, psicosis o graves desôrdenes de la personalidad, pe ro que tiene una expresiôn de conducta pspécifica. (W. - BROMBERG, Psicologia de la delincuencia, Madrid, 1963, - pâg. 84). (2) R. ALBERCA LORENTE, Psicopatias y delincuencia, en "XI - Curso Internacional de la Sociedad Internacional de Cri­ minologia" (Madrid, 1961-1962), pâg. 53» (3) LANDECHO, Psicologia criminal, pâg. 114. entre los psicôpatas a los lâbiles, perversos sexuales, epi- lépticos afectivos, fanâticos y fanfarrones, estima que todos estos tipos estân rozando el circulo de las psicosis, de las que a menudo realizan como formas abortivas, indciales o in- complétas; y que a todos ellos caractepizan très rasgos esen ciales: la afectaciôn de las funciones profundas (instintivi dad, afectividad, impulsion, etc.); la preservacion, en 11— neas générales, de la inteligencia y la permanencia del tras (1 )torno. El propio psiquiatra espaüol recoge las opiniones de ASCHAFFENBURG y de SCHOLZ; para el primero, el psicôpata, brutal en sus actos asociales y en sus crlmenes, présenta co mo delincuente las siguientes caracteristicas: fria premedi- taciôn, frecuente reiteraciôn del mismo tipo de delito, des- precio hacia la razôn ajena e incapacidad para el trabajo y la vida en comôn. SCHOLZ hace una clara precisiôn: el psicô­ pata conoce perfectamente las leyes morales; las ve, pero no(2)las siente, y por eso no subordina a ellas su conducta ROJAS BALLESTEROS, catédrâtico de Psiquiatrla de la Uni-- versidad granadina, considéra que la psicopatia, a causa de su primario trastorno de la afectividad, hace dificil, aun— que no imposible, la integraciôn social; las dificultades y conflictos que el psicôpata expérimenta o promueve en el te- rreno sexual provienen de su dificultad de contacte social; y sostiene que las perversiones estân frecuentemente condi— cionadas por el obligado alejamiento de las relaciones interTi)sexuales a causa de un constitucional rçtraimiento afectiyo. (1) ALBERCA, ob. cit., pâg. 43» | (2) Ob. cit.. pâg. 44. | (3) Luis ROJAS BALLESTEROS, El psicôpata como sujeto delicti- | yo, en "XI Curso Internacional de la Sociedad Internaçio nal de Criminologia" (Madrid, 1961-1962), pâg. 555* El también espatlol SUAREZ MONTES concreta de este modo las notas que caracterizan la personalidad psicopâtica: "asocia bilidad, falta de fijacion afectiva y actitud de satisfac-- cion de necesidades egolstas incapaces de controlar"^^^. -- STORR, por su parte, entiende que el psicôpata deja de res­ ponder al castigo, o de ser disuadido por él, en parte por­ que es impulsivo y le falta prevision, pero principalmente porque no desarrollô los vinculos de afecto corrientes para con sus semejantes; en consecuencia, por creer que, recipro camente, nadie le valora ni estima, no le importa perder la( 2 )aprobaciôn de una sociedad de la que se considéra desligado. En suma, los rasgos caracteristicos de esta anomalia pa­ recen apuntarse asi: Falta de afectividad, impulsividad a - tono con instintos primitivos, hedonismo, egoismo, agresivi^ | dad, carencia de sentimientos de culpabilidad, falta de pre visiôn, insensibilidad moral, sexualidad conflictiva, fre— cuente preservacion de su capacidad mental, permanencia de su trastorno, y, como resultado de todo ello, propensién a la conducta antisocial. Ya como delincuente, se dibujan pa­ ra el psicôpata las siguientes notas diâbLntivas: brutalidad en sus actos asociales, premeditaciôn, reincidencia, despre cio de la ley y de los intereses ajenos, e incapacidad para el trabajo y para la vida en comun. Por supuesto, los ras— gos aqui sintetizados, segûn el criterio de los autores ci- tados, pueden ser objeto de precisiôn y discusion; personal^ (1) Rodrigo Fabiân SUAREZ MONTES, Psicopatia y responsabili- dad, en "XI Curso Internacional de la Sociedad Interna­ cional de Criminologia" (Madrid, 1961-1962), pâg?: 644* (2) Anthony STORR, La agresividad humana (Madrid, 1970), — pâg. 186. mente estimamos que acaso no deba generalizarse la nota de brutalidad -aunque se dé la indiferencia afectiva-, ni pare cen siempre demasiado compatibles la premeditaciôn para el delito con la impulsividad instintiva y la falta de prévi­ sion. El conocimiento del origen de la psicopatia podria ser - muy dtil, y hasta necesario, para estudiar su reversibili— dad. SUAREZ MONTES considéra que puede tener origen biolôgi co-constitucional o simplemente fisiolôgico; pero asegura - que también hay psicopatias de etiologia sociolôgica: "Hay psicopatas que podxan no haberlo sido, si en su vida hubie- sen encontrado factures sociologicos distintos"^^^. SCHNEI­ DER discurre asi: "Las personalidades anormales son varian­ tes congénitas, basadas las mâs de las veces en la disposi­ ciôn, ampliamente transformables sin embargo mediante el — desarrollo y las oscilaciones de su fondo no vivenciable y, ademâs, por la influencia ejercida por el destino, por vi— vencias, en el sentido pâs amplio de este término. No se -- puede equiparar sin mâs el concepto de disposiciôn con el - de disposiciôn hereditariaV Y paginas adelante, después de elaborar una clasificaciôn de las psicopatias, puntualiza - que el hipertimico y el desalmado lo serân toda su vida, pe ro que el inseguro de si mismo, el necesitado de estimaciôn. el asténico o el abûlico pueden evolucionar con el tratamien (2 )to • El penalista espaflol RODRIGUEZ DEVESA, luego de cal^ ficar la psicopatia como un estado anormal de la personali- (1) Ob. cit., pâg. 6 4 5 . Ernesto SEELÏG, por el contrario, - afirma que "la psicopatia es siempre congénita y hered^ taria" (Tratado de Criminologia. pâg. 220). (2 ) Ob. cit.. pâg. 35 y 59. dad, y no como una enfermedad, dice que la ciencia médica es tâ de acuerdo en que estas anomallas, congénitas o adquiri— das, "se caracterizan por su persistencia; su tratamiento es mâs bien educative que curativo"^^^. ROJAS BALLESTEROS expo- ne la insistencia de los autores en el caracter permanente de los trastornos psicopâticos, pero objeta que con gran fre— - cuencia se interpréta esto como condiciôn invariable de los mismos, "lo que es motivo de error, pues la psicopatia no es cosa hecha, sino que, como el hombre, es algo que siempre se (2 )estâ haciendo" Las anteriores opiniones nos llevan de la mano a conside­ rar cômo responde el psicôpata al castigo o al tratamiento. Para STORR, los jôvenes psicôpatas muestran una falta de res puesta a la sanciôn o, mâs bien, respond an de modo opuesto al esperado por los padres y maestros. En opiniôn de este psi— quiatra, el psicôpata potencial reacciona al castigo con un aumento de agresividad y no con una modificaciôn de su com— portamiento, circunstancia por la que râpidamente se le con- (3)sidera incorregible . SUTHERLAND, después de significar la existencia de tipos criminales o cuasi-criminales y de abo— gar por la individualizaciôn de las medidas penitenciarias, recuerda las palabras que ADLER escribiô refiriéndose espe-- cialmente a los psicôpatas delincuentes: "Castigar a un tipo asi (..-*) es aumentar su fracaso mâs que fortalecer sus de— fensas. Es como administrar alcohol a un paciente atacado de (1) José Maria RODRIGUEZ DEVESA, La concepciôn bipolar de la enfermedad mental, en "XI Curso Internacional de la So-- ciedad Internacional de Criminologia" (Madrid, 1961-1962), pâg. 5 2 5. (2) Ob. cit., pâg. 5 4 7 . (3 ) Anthony STORR, ob. cit., pâg. I8O. ; delirium t r e m e n s " A L B E R C A no confia en determinados valo- res de la pena y, por otra parte, parece asignar un importan te papel al factor aleatorio. Lo caracteristico en el psicô­ pata -dice el que fue prestigioso profesor de la Universidad de Murcia- no es la diversidad, sino la reiteraciôn del mis­ mo tipo de delito; y con la reiteraciôn, la escasa eficacia de la intimidaciôn. Y aflade: "es cosa sabida que el psicôpa­ ta reacciona, en términos générales, ante una situaciôn de - otra manera que el normal, y que algunos delincuentes con — rasgos psicopâticos por lo menos mejoran inusitadamente en - ( 2 )la cârcel porque alii no tienen necesidad de decidir" . Lo que no nos aclara el alienists espaAol es la persistencia de esa mejoria cuando el recluso abandons el rêgimen carcelario. VELASCO ESCASSI, tan familiarizado con la personalidad anor­ mal penitenciaria, escribe que entre los tratadistas es casi unânime la opiniôn de que las psicopatias, si son muy graves, anulan o al menos limitan la imputabilidad; pero que las tres posibilidades que la ley ofrece (responsabilidad total, res— ponsabilidad atenuada y exenciôn) son malas. "El ideal seria la condena indeterminada y el ingreso del psicôpata en un es tablecimiento especial, del que no pudiera salir sin las dé­ fi)bidas garantias de su resocializaciôn" . Prescindiendo del alcance que quiera darse a esa "condena indeterminada", ello signifies que no es la pena la medida que el citado alienis­ ts considéra indicada para rehabilitar o corregir al psicôpa ta. (1) Edwin H. SUTHERLAND, Principles of Criminology. 3® ed. - (Chicago, Filadelfia, Nueva York, 1939), pâg. 591. (2) ALBERCA, Psicopatias y delincuencia, pâg. 62, 6 3 . (3Ï José VELASCO ESCASSI, Los problemas psiquiâtrico-foren-- ses de las personalidades psicopâticas, en "Revista de - Estudios Penitenciarios", n# 189 (Madrid, abril-junio, - 1970) pâg. 3 3 4. Se han hecho varias clasificaciones de la personalidad psicopâtica, que no sirven sino para acentuar determinada cualidad sobresaliente en la anomalia del sujeto. SCHNEI­ DER distinguiô los psicopatas hipertimicos, los depresivos, los inseguros de si mismos, los obsesivos, los fanâticos, los necesitados de estimaciôn, los lâbiles de ânimo, los explosivos, los desalmados, los abûlicos y los asténicos. Pero advirtiô que esta clasificaciôn no tiene otra base - que la atenciôn a determinados rasgos dominantes, y que - no es frecuente el hallazgo de un tipo puro, razôn por la cual la mayoria de las veces se limita el citado autor a la mera designaciôn de "psicôpata". Acaso lo mâs interesante para nosotros sea conocer las relaciones entre psicopatia y multirreincidencia. MIDDEN DORPF nos recuerda la investigaciôn de FREY, sobre una se1 lecciôn de l60 jôvenes delincuentes, tras la cual asegurô la existencia de estrechas conexiones entre la delincuen­ cia infantil y la posterior criminalidad de los multirrein cidentes, afladiendo que todos los multirreincidentes, con muy pocas excepcdonés, son psicôpatas y criminales preco— (2)ces r ',. SEELIG considéra que la mayoria de los delincuen— (1) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologia clinica, pâgs. 37-58. De los abûlicos dice que "se entregan sin resistencia alguna a todos los influjos, son personas sugestiona- bles (...) mas lo que mediante las buenas influencias se les proporciona, no dura mucho. Una vez en liber-- tad, son victimas del primero con quien se tropiezan y les cuenta cualquier historia. Su aspecto social es el de la inestabilidad" (pâg. 50). (2) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la prognosis - criminal. pâg. 79. Segûn FREY, atendiendo a la clasificaciôn de SCHNEIDER, el porcentaje de psicôpatas multirreincidentes se des compone asi: abûlicos, 42,4%; desalmados, 23,9%; nece tes profesionales refractarios al trabajo, a causa de su ca racter desviado de lo normal, que les prédestina a vivir -- marginados de la sociedad, caen en el muy extenso concepto de los psicôpatas.^^^ El experimentado DI TULLIO, a cuya — teoria del criminal constitucional ya nos hemos referido, - afirma que "la inmensa mayoria de los reincidentes, y por - ello, de los criminales habituales o profesionales, presen-(2)tan, generalmente, una personalidad anômala o psicopâtica". Continua diciendo que entre taies individuos, definidos en Psiquiatrla como psicôpatas o sociôpatas, y los que él lla­ ma criminales constitucionales no hay ninguna diferencia -- sustancial. Recuerda el maestro ikaliano que, segûn diverses autores, el porcentaje de psicôpatas entre los criminales - habituales llega al 80% (VERVAECK) y aun al 100% (STUMPFL), y termina insistiendo en que puede asegurarse, con base en los estudios de SCHNEIDER, STUMPFL, RIEDEL, KRETSCHMER, EX- NER, etc., que los delincuentes habituales son generalmente (3)personalidades psicopâticas. sitados de estimaciôn, 19,5%; explosivos, 8,7%. Y, estu diando los tipos mixtos de psicôpatas, la proporciôn es la siguiente: desalmado-necesitado. de estimaciôn, 29,7%; necesitado de estimaciôn-abûlico, 2 5,9%; abûlico-explo- sivo, 11,1^, y abiilico-desalraado, 7,4% (LANDECHO, Psico­ logia Criminal, pâg. 46). (1) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia, pâgs. 79-80. (2) Benigno DI TULLIO, Principios de Criminologia Clinica y Psiquiatrla Forense (Madrid, 1966), pâg. 6 4 . (3 ) id. id., pâgs. 66, I85 y 187. Ver también SEELIG, Trata­ do de criminologia, pâg. 221. El mismo DI TULLIO habia escrito que el delincuente cons titucional con orientaciôn neuro-psicopâtica "a diferen cia de cuanto sucede en el de orientaciôn hipoevolutiva, es sobre todo la exuberancia de las fuerzas instintivas y de las disposiciones afectivas, concerniendo especial mente la excitabilldad y la emocionabilidad, que determi na el desarrollo de tendencies variadas a la indiscipli Con e.iemplar objetividad, EXNER^^^, después de advertir que la psicopatia (entendida por el profano como una enfer­ medad, mientras que el psiquiatra la enfoca como una mera - anormalidad o degeneraciôn del caracter, que incide en la - vida afectiva y volitiva) estâ muy necesitada de una limita ci6n précisa, atribuye a su desdibujado concepto el hecho - de que los porcentajes de psicôpatas hallados por distintos autores entre los delincuentes habituales sean tan diferen- tes (desde el 40% de RIEDL hasta el 99% de STUMPFL). Para - el profesor muniqués, no todo delincuente de estado es un - psicôpata. A la afirmaciôn de MICHEL, de que la psicopatia ofrece la clave para la comprensiôn de la delincuencia, él responde que lo necesario, entonces, es la clave para la comprensiôn de la psico&atia. Los rasgos caracterolôgicos - que inclinan al psicôpata hacia la delincuencia, también de terminarân una tendencia en el individuo normal. EXNER dice que séria sencillisimo atribuir las anormalidades psicopâti cas a una raiz comôn y buscar el defecto fundamental que ca racteriza la delincuencia de estado; quienes lo intentaron hicieron hincapié en la falta de abnegaciôn y de capacidad de amar, asi como en la "pobreza animica". El criminôlogo - germano concluye escribiendo: "En el terreno de la vida sen timental brotan las fuentes de esta delincuencia de estado, y aqui se esconde el punto de diferenciaciôn del grupo total de la delincuencia ocasional. Esta peculiaridad de la vida sentimental toma, en muchos casos, el grado de una anormal^ na, a la prepotencia, a la agresividad y a la violencia" £n ellos se encuentra "mâs que ias anomalies de carac-- ter hipoevolutivo y mâs que notas de groseria y de infe rioridad biolôgica, anomalies y disfunciones a cargo del sistema nervioso y del aparato endocrino-simpâtico"• -- (Tratado de Antropologia Criminel, pâg. 441). (1) Franz EXNER, Biologie Criminal, pâgs. 327 y sa. dad psicopâtica del caracter. A menudo asocia también ella, con una deficiencia en el terreno de la vida intelectual o -en ciertos casos- con anormalidad de la esfera instintiva, alcanzando en ambos casos, por ello, peligrosidad especial'.'^^ ̂ Sin apartarnos de la relaciôn entre psicopatia y habitua lidad criminal, y puesto que este trabajo se consagra a de­ terminados delincuentes contra la propiedad, traemos aqui - una interesante observaciôn de DI TULLIO, quien, en las co­ munes tendencias al robo, distingue dos mecanismos diferen- tes: En uno, la inclinaciôn delictiva es expresiôn de una - hipoevolucion psiquica, de un instinto no sublimado social- mente; en el otro, esa tendencia se desarrolla sobre parti- culares fenômenos afectivos "que se encuentran especialmen- mente en los delincuentes constitucionales de orientaciôn - neuro-psicopâtico y psicopâtico (sic), reincidentes especi- ficos por raterias, robos con dafios, robo en albergues y es tafas en general (...) Mientras en el primer caso el robo m se desenvuelve con el caracter de un acto reflejo instinti- vo, que viene habitualmente cumplido en estado de leve per- turbaciôn emotiva, en el cual prevalece aquel sentido del - gozo que acompaha toda satisfacciôn de las fuerzas instinti^ vas, en el segundo caso él se desarrolla sobre la base de un estado emotivo que es siempre mâs o menos intenso y es acom( 2 )paHado generalmente de fenômenos de tipo bbsesivo ansioso". En suma, los mecanismos propios del delincuente inclinado - al robo corresponden generalmente a individuos de escaso — desarrollo intelectual o a personalidades de afectividad — anômala. (1) Id. id., pâg. 337. (2) DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâ&s. 234- 235. Esas ultimas caracteristicas son las que dan a este gêne ro de delincuencia un tono pobre, una falta de corresponden cia entre riesgo y resultado. La imprevisiôn propia de indi viduos mentalmente inmaduros o desequilibrados conduce a — exitos muy pasajeros y, en definitiva, a largos periodos de encarcelamiento. El psiquiatra francés MICHAUX, al referir- se al psicôpata, pone de manifiesto su incapacidad para con vertirse en un maestro de la delincuencia. Porque lo que ca racteriza a un criminal de monta es la habilidad para pla— near su actividad ilegal, prévenir los acontecimientos y — permanecer impune; un sujeto asi sôlo excepcionalmente cae en manos de la justicia. El anormal mental, por el contra— rio, no se somete a un planeamiento meditado y a una organi zaciôn previsora. "Sin duda ésa es la razôn de que en las - prisiones se encuentre una proporciôn considerable de anor­ males mentales, mientras que los criminales organizados ape nas se ven. La mayor parte de los delincuentes habituales - se reclutan entre los anormales mentales, los desequilibra­ dos; ellos son, en efecto, candidates a la reincidencia y - sucesivamente enviados a la cârcel y al hospital psiquiâtri Perfilando un poco mâs la naturaleza de la psicopatia, y su interés en el âmbito forense, el profesor ALBERCA decia que "en esta época, todavia racionalista, nuestra admiraciôn por la funciôn de las capas altas és impresionante, sobreco gedora y tendenciosa. No nos deja ojos para ver la valia de otras funciones ocultas y modestas. Todavia en Derecho ape- nas cuenta nada que no sea la inteligencia, la voluntad, la conciencia, para cuyos defectos guardamos todos los respe-- . tos. Pero también, la afectividad, la impulsion, la instin- (1) Le6n MICHAUX, Psychiatrie (Parle, 1965), p4g. 1152. tividad, la espacializaciôn y la temporalizacion son cali- dades humanas, sus fallos dignos de consideraciôn, y su cul tivo tan digno de mimo como el de su inteligencia".^^^ A modo de slntesis, y apoyândonos en criterios de médi— COS y criminôlogos, podriamos decir que la psicopatia es — una anomalia de ciertas actividades mentales, caracterizada principalmente por la impulsividad instintiva, la inestabi­ lidad emocional, la insensibilidad moral, la imprevisiôn, - la tendencia a una conducta antisocial reincidente, la inca capacidad laboral y la falta de fijaciôn afectiva y de sen­ timientos de culpabilidad. Su origen, poco conocido, pudie­ ra atribuirse a un déficit constitucional, a una razôn fi— siolôgica, a un factor sociolôgico o a una oscura detenciôn del proceso de maduraciôn emocional.,Su diferencia con la - psicosis y la psiconeurosis estriba en que el psicôtico se evade del mundo de la razôn para refugiarse en la fantasia, el neurôtico lucha por reconstruir su descompuesto mundo in terior, mientras que el psicôpata se deja llevar, con abso- luto menosprecio del prôjimo, por impubos instintivos. En-- tre los delincuentes habituales suele hallarse un porcenta­ je muy elevado de personalidades psicopâticas, para cuya co rrecciôn el castigo o la simple intimidaciôn resultan medi­ das ineficaces. No es fâcil, ni acaso posible, hallar una aceptable défi (l) Ob. cit.. pâgs. 55-66. Cuando ALBERCA habla de "espacia lizaciôn" y de "temporalizaciôn" alude a la tendencia - del psicôpata a referirlo todo al aqui y al ahora, inca paz de objetivar y prévenir otros espacios y otros tiem pos. Por otra parte, sostiene que quien confunda impul- siôn y voluntad no distingue entre la fuerza y su discj^ plina. niciôn de la epilepsia. Su etiologia y hasta sus mecanismos y su sintomatologia ofrecen aun muchas incôgnitas. Se habla de una inhibiciôn de ciertos centros frenadores, que hace - posible el desencadenamiento de la actividad automâtica y - desordenada de los centros motores. Se piensa que aquella - inhibiciôn puede ser consecuencia del espasmo de las arte— rias de la corteza cerebral, con vasoconstricciôn, caudado por upa lesiôn cicatrizal de la corteza. Sin embargo, cuan­ do se quiere perfilar el âmbito de esta enfermedad ha de acu dirse, mâs que a una definiciôn précisa, a la enumeraciôn - de sus sintomas y caracteristicas. Al decir de DEBUYST, las^crisis convulsivas son el ele— mento mâs espectacular y visible de la epilepsia; pero es— tas suspensiones sûbitas de la conciencia, con sus reaccio- ' nés incontroladas, se manifiestan a veces de manera menos - aparente. De tal forma, la ausencia de crisis no basta para descartar la posibilidad de reacciones epilépticas en cier­ tos sujetos. Algunas conductas automâticas y "ausencias" pue den considerarse como équivalentes de la crisis^^^. Para es te mismo autor belga, la personalidad epiléptica se caracte riza por la variabilidad y la inestabilidad del humor, expre sadas a veces por reacciones explosivas. El doctor JUARROS - decia due el epiléptico es un enfermo de reacciones violen­ tas, desproporcionadas; hombre de conceptos générales y no de ideas concretas; terco, tenaz, egocéntrico, pegajoso, moles( 2 )to, taciturno y de humor inestable. El también espaflol - MIRA habla de que los sujetos de pereonalidad explosiva son (1) Christian DEBUYST, Los valores vividos por los crimina­ les . pâgs. 2 2 7-2 2 8 . (2 ) Dr. César JUARROS, Los senderos de la locura (Madrid, - 1929), pâg. 115-116. epilépticos latentes, aun cuando no sufran verdaderos ata- ques del mal comicial(crisis convulsivas). Son frecuentes en sus antecedentes familiares los casos de jaqueca, de al coholismo^^^, de psicopatia y de sifilis. En su infancia - se registran a menudo fugas del domicilio paterno, y no es raro que presenten accesos de dipsomania, durante los cua- les ingieren grandes cantidades de liquides, espirituosos(2) o no . DI TULLIO sefiala, entre los rasgos peculiares del epi-- léptico, las tendencias a la avidez, la lujuria, la prepo- ( 3 )tencia y la agresividad ; y puntualiza mâs adelante que el epileptoidismo se distingue, dejando aparté varias dis­ funciones vegetativas y nerviosas, por la irritabilidad, - la inestabilidad afectiva, la inquietud psicomotora y la - / . \ impulsividad . En opiniôn de ANTY, lo que domina durante I todas las formas de epilepsia es la inestabilidad caracte- rolôgica del individuo. Su humor es muy variable, con ten­ dencia a las impulsiones o a las manifestaciones explôsi-- vas. En el piano intdectual, las modificaciones estân sub- rayadas por un retardo del pensamiento y de la actividad - de slntesis psiquica. A medida que el sujeto avanza en edad, naufraga en un estado de deterioro epiléptico. Se — ven entonces, mâs claramente aûn, los dos polos caracteris ticos: de un lado, là impulsividad, y de otro, la desorga- nizaciôn de las actividades intelectuales, con importantes (1) Segûn el profesor argentino E.F.f. BONNET, el acoholis mo crônico es el fîictor prépondérants entre los ascen-- dientes, progenitores y colaterales de estos enfermos. Ver 42 Congres International de Criminologie. La Haya. 1950. Actes, pâg? 154. (2) Emilio MIRA Jf LOPEZ, Manual de Psicologia Jurldica. -- pâgs. 221-222. (3) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antronbloeie Criminal, - Pig> 449. (4) Id. id. p6p. 5 2 8 . trastornos de la memoria que terminan en la bradipsiquia - (lentitud mental) y en un estado lindante con el embota--- miento estupoBoso.^^^ Aunque no se hayan concretado las causas de la epilep— sia, parece aceptada la posibilidad de su transmisiôn here ditaria. Asi tratan de demostrarlo algunas estadisticas, co ( 2 )mo las citadas por HURWITZ , segûn las cuales la frecuen cia de esta enfermedad en los hijos de epilépticos es del 11%, mientras que en la poblaciôn geheral es de un 0 ,3%* - Para SCHNEIDER, la epilepsia genuina no es una enfermedad de etiologia bien delucidada, sino tan sôlo un sindrome neu rolôgico de una dolencia desconocida; ocupa, por tanto, una posiciôn especial frente a las demâs formas de enfermedad. "Con respecto a la ordenaciôn psicolôgica esto no constitu ye sin embargo un obstâculo, ya que (2)consecuencia de la enfermedad. El también psiquiatra ga lo Leôn MICHAUX hace una aguda distinciôn entre los facto­ res que determinan la actitud del delincuente epiléptico: Este enfermo estâ notablemente provi/sto de todas las parti culafidades que conducen a la delincpencia. La impulsivi-- dad es su nota mâs sobresaliente. Sus crisis, como sus trastornos psiquicos, hacen de él un prototipo de inadapta do social. Llega a la delincuencia tanto por el ancho cami no de sus trastornos caracteristicos e intelectuales como por el sendero de su conformaciôn social; es decir, que de linque por motivos dependientes de su estado patolôgico y también de su inadaptacion social. "Esta inadaptaciôn se - traduce ante todo por la fuga. Taies fugas no entran, de - ninguna manera, en el marco del automatisme epiléptico, de sus équivalentes ni de los périodes de confusiôn pre y post (1) Michel ANTY, Manual de Psiquiatrla. pâg. 173* (2) L. COTTE y L. THEVENIN, Le vol pathologique (en "Exa— men de personnalité et Criminologie", de Marcel COLIN, con la colaboraciôn de Paris, IÇhl), pâg. 122. criticos. Son conscientes, mnésicas, motivadas. Pueden ser atribuidas a diverses mécanismes, a debilidad intelectual, pero sobre todo a perturbaciones del caracter. Estas ûlti- mas pueden depender del fonde caracteristico permanente de la epilepsia, cuya nota esencial es la inestabilidad, o — también de la inadaptacion social, engendradora de anoma— lias secundarias del caracter. Los delitos mâs diverses re presentan la reacciôn delvepiléptico ante el complejo de - inferioridad debido a su enfermedad y a la falta de una or ganizaciôn social apropiada".^^^Algunas investigaciones, co (2)mo la de CONRAD citada por EXNER , muestran que un 13% - de los hijos de enfermes de epilepsia hereditaria fueron - castigados por la comision de delitos, mientras que en los epilépticos traumâticos solo un 3,3%\de sus descendientes llegaron a la delincuencia. La primera de dichas cifras es notablemente superior a la de la poblacion normal. No ha de ocultarse que para otros autores, como HURWITZ, no hay base para afirmar que los epilépticos presenten una tendencia delictiva sustancialmente mayor que la poblacion en general; solo admiten que ciertas formas de esta enfer­ medad inclinan a actos de violencia, cometidos en estados de obnubileciôn asociados con fobias y durante los perio-- (3)dos de depresion . Igualmente reservados se muestran los espaholes CODON y LOFEZ SAIZ, quienes advierten que para - atribuir a la dipsomania, a la piromania, a la cleptomania o a la poriomania (tendencia irresistible e inmotivada a - (1) Leôn MICHAUX, Psychiatrie, pâgs.*1154-1157. (2) Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg. 219. (3) Stèphan HURWITZ, Criminologia. pâg. l68. la fuga) un origan epiléptico, los deseos han de presentar- se de manera sûbita, impulsiva y, ademâs, debe darse algûn otro sintoma propio de la énfermedad^^^. Para estos psiquia tras el epiléptico puede cometer toda clase de infracciones, pero en general sus delitos llevan el marchamo de la impul­ sion inconsciente; no obstante, sèAalan que "las constitu— clones ictafines (caracter epiléptico) pueden observarse en personas sin ataques, pero siempre se pueden observar conco (2 )mitancias hereditarias con la epilepsia". Es oportuno recordar que entre nuestros 20 entrevistados encontramos 3 epilépticos (casos n@ 1, 8 y 12), 3 neuroti-- cos o psicopatas (n@ 2, 7 y I6 ), 2 a^cohôlicos crônicos (n2 16 y 1 9), uno con fuertes cefaleas y craneopatia metabôlica (nS 9 ) y uno que padeciô una crisis mental sin especificar (nfi 11). Por otra parte, hay 4 con antecedentes consanguineos epi lépticos (nS 15, I6 , I8 y 19), ajenos a los très reclusos - que padecen el mal comicial (nS 1, 8 y 12). En la biografia de estos 7 individuos (como en la de todos los neurôticos, psicôpatas y alcohôlicos) se registran fugas del hogar o •«•+ del establecimiento en que estaban internados. Generalidades caracterologicas I Como portico al estudio de ciertos rasgos personales que (1) Dr. José Maria CODON y Dr. Ignacio LOPEZ SAIZ, Psiquia- tria Juridica Penal y Civil, I, pâg. 357• (2) Id. Id.. I, pâg. 346 y 362. pueden estar relacionados con la crimlnogénesLs hemos hecho re ferencia a determinadas particularidades que, si bien menos - rotundas y definidoras, contribuirân a una mâs acabada panorâ mica de cada sujeto. Nerviosismo, humor, intro y extraversiôn, fantasia, sinceridad, vanidad, timidez, obstinaciôn, previ--- sion, simpatia o locuacidad son cualidades que consolidarân - el marco dentro del cual se dibujen atributos a los que se — viene reconociendo un mayor valor criminôgeno: egocentrismo, afectividad, labilidad, agresividad, etc. Pero antes de seguir adelante no parece inûtil aclarar el contenido de conceptos de muy frecuente uso, como son persona- lidad, carActer y temperamento. Entiéndase que no tràtamos de dogmatizar, sino de fijar el alcance de nuestras propias refe rencias. j Al término personalidad suele dârséle un amplio significa- do, si bien acentuando su sentido individualizador; séria en­ tonces como la diferencia que conforma a cada persona y la dis tingue de las demâs. Pero, en un deseo de mayor precision, — suele descartarse de este concepto lo puramente material, de tal forma que la personalidad équivale al conjunto de caracte res psiquicos que distinguen a cada individuo y le dan pecu— liaridad, o, dicho de otro modo, el conjunto de los modos ca­ racteristicos de sentir, pensar y obrar propios de cada indi­ viduo. Con un criterio mâs dinâmico, EXNER entiende que la -- personalidad es "aquello en que deviene la disposiciôn en el correr del tiempo bajo el influjo con^inuo del mundo circun-- dante"f^^ SEELIG, mâs unitario en su qfân, y acaso discrepan- do de jLos que mecanizan ideas tan sutiles y pretenden reducir (l) Dr. Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg. 69. este concepto a una fôrmula matemâtica (herencia + disposlclo nés adquiridas + mundo circundante = personalidad), dice que la personalidad no es una simple suma de disposiciones arbi-- i trariamente colocadas, sino "una estructura configurada por - complejos de disposiciones, que estân en una relaciôn entre - si y se reunen para constituir los "rasgos esenciales" del — hombre"f^^ Kurt SCHNEIDER -como otros psiquiatras- ofrece un concepto de la personalidad mâs limitado, al independizarla - de la inteligencia y de ciertos mecanismos corporales; distin gue en el ser psiquico individual très complejos de faculta-- des: la inteligencia, la vida de los sentimientos, instintos e impulsos corporales (vitales) y la personalidad: "Esta abar (2 )ca los sentimientos y tendencias no corporales y la voluntad". En la misma linea parece manifestarse el doctor ALBERCA cuan­ do escribe: "Llamamos personalidad a yn amasijo de impulsio— nés, instintos, afectos y quereres, que, asentando sobre lo - corporal, se dirige impetuoso, en parte hacia la inteligencia, en parte hacia el espiritu, que han de domarlo y encauzarlo - (3)cada uno a su modo" . Quedan aqui marginados de la personally dad, como ajenos al "amasijo" definido, tanto la inteligencia como el espiritu. El anâlisis y critica de taies conceptos es tarian aqui fuera de lugar. No son pocas las definiciones del caracter. en vigente cir culaciôn. Muchas de ellas, fâciles de hallar en cualquier ma- (1 ) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia, pâg. 203• Este - autor recuerda la existencia de varias esteras de la per­ sonalidad, segdn su importancia pbra el conjunto, y la — , atribuciôn a las disposiciones aipladas de un determinado "valor de posiciôn" en la constituciôn de la estructura - dé la personalidad. (2 ) SCHNEIDER, Patopsicologia clinica, pâg. 3 3 . (3) R. ALBERCA, Psicopatias y delincuencia, pâg. 54* nual, lo estiman como la suma total de las particularidades de un Iindividuo, valoradas segûn las ideas morales de un sis tema social; como el conjunto de valores permanentes de una persona, y en especial de su sentido de lo bueno y de lo ma- lo; como las cualidades que moralmente diferencian a una per sona de las demas; o como el modo de ser peculiar y privati­ ve de cada persona por sus cualidades morales. Para POLLITZ, el carâcter estâ constituido por los influjos de la educacidn y los principles o normas de conducta que de ella dimananf^^ Otros autores, en cambio, al définir el caracter prescinden de su vinculaciôn ética. HURWITZ, por ejemplo, dice que es - "el selle psiquico dominante de una persona, tal como se ma­ nif iesta normalmente en su conducta en las relaciones esen—( 2 )ciales" . Tras el aislamiento de los factores constitutie- vos del cafâctcr, llevado a cabo por la escuela de Groninga, (HEYMANS, WIERSMA, le s e n n e , etc.) se nos proporciona un — concepto mâs precise y descriptive: el carâcter estâ consti­ tuido por très propiedades fondamentales: emotividad, activiy dad y resonancia, a las que pueden afladirse una lista indif^ (3)nida de otras disposiciones suplementarias. La emotividad es el estado de conmociôn psicosomâtica que sufren ciertos in dividuos bajo influencia de sucesos que objetivamente tienen una importancia minima (sus correlaciones son la inestabili­ dad de humer, la impulsividad, la demostratividad, la intole rancia, la compasion, el fervor religiose y la mendacidad); la actividad es la condiciôn que permite a un individuo trans formar el obstâculo que se opone a suiacciôn en estimulo pa- (1) Paul POLLITZ, Psicologia del deliftcuente. pâg. 94* (2) Criminologia. ÿ)âg. I3 6 . (3) René RESTEN, Caracterologia del criminal. pâg. 6 6 . ra consumar tal acciôn (se corresponde con la ocupaciôn con­ tinua, el fiel cumplimiento del deber, la fortaleza ante las contràriedades, la independencia, la alegria, el optimisme, la observaciôn y la habilidad manual); por ultime, la reso— nancia lleva a distinguir a los sujetos primaries (de reac-- ciones râpidas, Membres brillantes, superficiales) de los se cundarios (de reacciones lentas, con excitaciones nerviosas probngadâs, Membres series,fries), divisiôn que corresponde sustancialmente con la de extravertidos e introvertidos, he- cha por JUNG. La idea de temperamento estuvo siempre subordinada a la - de complexion o constituciôn, es decir, a la base somâtica e ineludible del sujeto. Asi, en las antiguas teorias hiÿ>ocrâ- ticas, se atribuia el temperamento al predominio de uno de -I los cuatro humores (bilis, atrabilis, sangre y flema), de lo que resultaban individuos biliosos o coléricos, atrabiliarios( 2 )o melancôlicos, sanguineos y flemAticos. Hoy se habla de escalas sicoestêsica, comprendida entre los polos sensible y friô, y diatésica, entre los polos alegre y triste; o también de ciclotimicos y esquizotimicos, en lenguaje.de KRETSCHMER^^^ pero estas distinciones temperamentales guardan siempre direc ta relaciôn con la estructura corporal. No se contradicen, - pues, las actuales tendenciai^2on la tradicional idea de que (1) Id. id., pâgs. 66-70. (2) José Maria LOPEZ^PIÎÎEIRO y otros, Constituciôn y persona­ lidad (Madrid, 1966), pâgs. 21, 48 y ss. (3) Christian DEBUYST, Los valores viyidos por los crimina-- les, pâg. 171. , I (4) Por supuesto, en la antigua teoria sôlo se atendia a la e^citabilidad afectiva, mientras que actualmente se en-- tiende por temperamento la combinaciôn de sensibilidad, tono afectivo, tempo psiquico y expresiôn motriz (Ver — SEELIG, ob. cit.. pâg. 206). el temperamento es la constituciôn particular de cada indi­ viduo, como resultado del predominio fisiolôgico de un sis- tema orgânico o de un humor; aunque en otras ocasiones^^^la definiciôn pusiera de manifiesto la subordinaciôn del carâc ter al temperamento (manera de ser propia de la individual! dad biolôgica de cada persona, que influye sobre el carâcter) En sintesis, y huyendo de precisiones rotundas, en estas paginas entenderemos que la personalidad -sin que veamos ra zôn para prescindir de lo somâtico- engloba las particular! dades propias del carâcter y del temperamento, al igual que el carâcter tiene mayor amplitud que el temperamento* Este Ultimo émana de la base constitutiva y condiciona parcial--( 2 )mente el desarrollo del carâcter, que en un sentido estric to fluye del mundo circundante, Asi, pues, para nuestras re ferencias la personalidad es la integraciôn de los rasgos - somàticos y psiquicos que distinguen a un ser humano de los (g)demâs ; el carâcter es el con.junto de las cualidades psi quicas de cada hombre, y en especial de las que son indepen dientes de su constituciôn; y por temperamento entenderemos la suma de inclinaciones psiquicas de un individuo, determi nadas por su constituciôn. (1) J. ROGERIO y V. FELIU, Psicologia General (Madrid, 1933) pâg. 1Ô2. (2) De ahi lo que RESTEN llama grâficamente "substrato fi-- siolôgico del carâcter". (Ob. cit., pâg. 76) (3) El psicôlogo norteamericano Gordon W. ALLPORT dice, con razôn sobrada, que no hay definiciones correctas o inco rrectas; los términos solamente pueden ser definidos de un modo ûtil para propôsitos determinados. Y a renglôn seguido, el profesor de Harvard da esta definiciôn: "Per sonalidad es la organizaciôn dinâmica, en el interior - del individuo, de los sistemas psicofisicos que determi nan eu conducta y su pensamiento caracteristicos" ( ^ - personalidad. Su configuraciôn y desarrollo; Barcelona, 1966, pâg. 47). J Ya en el terrene criminolôgico, es iraprescindible escu- driflar paciente y sistemâticamente la personalidad del de­ lincuente. Solo asi podrâ apuntarse a un tratamiento efi--- caz; porque en la individualizaciôn de este tratamiento es tà el éxito de cualquier medida penitenciaria. La explica- ciôn de muchas multirreincidencias podria encontrarse en - un razonamiento del P. LANDECHO, apoyado en la opiniôn de PINATEL: Aunque el ambiente o el sistema punitive aplica- do al delincuente nos parezca lôgico y propicio, de nada - servirÀ si no tiene su base en el estudio individual de ca da personalidad. "Lo contrario equivaldria a pensar que va mes a curar una enfermedad por el solo hecho de que ingre- se en el sanatorio adecuado" . f ̂ De igual forma -ya no pa­ ra aplicar medidas, sino para construir hipôtesis crimino- lôgicas-, la pretendida individualizaciôn debe llevarnos a desconfiar de las generalizaciones; el mismo LANDECHO nos dice que el anâlisis de la personalidad por métodos psico- métricos no diô hasta ahora los resultados apetecidos a -- causa de un error de sistema: se han querido fijar los ras go8 del delincuente en general, cuando la realidad es que (2)no existe un tipo unitario de delincuente. En el marco de nuestro tema, resultan, por ejemplo, de interés las conclusiones de RESTEN, puesto que délimita el ârea de sus observaciones. Y, asi, nos dice que entre los autores de delitos contra la propiedad hallô un porcentaje de tipos caracterôlôgicos nerviosos (3 8,5%), apâticos (27,5%) y amorfos (1 6,5%) considérablement® superior a otros (no - (1) Carlos Maria LANDECHO, Esquemas de Clinica Criminolôgi- ca, pâgr.55, y EXNER, Biologia Criminal, pâg. 319. (2) LANDECHO, Psicologia Criminal, pâg. 115. I ^ " «.T» <■" encontrô ningün sentimental, ningün pasional, ningûn flemâ tico y sôlo un 1% de sanguineos) y también superior al de la poblacion no delincuente. Aclaremos que el tipo nervio- 80 (emotivo-inactivo-primario) se distingue por la incons- tancia, el gustp por las diversiones y excitantes, las dis posiciones estéticas y la mendacidad; los rasgos del apâti co (no emotivo-inactivo-secundario) son la introversiôn, el egoismo, el rencor y el amor a las costumbres; y la conduc ta del amorfo (no emotivo-inactivo-primario) incide en la negligencia, el despllfarro, la pereza, la fndiferencia y el hedonismo. ̂̂ ̂ En nuestras observaciones relativas a las ya apuntadas generalidades del carâcter, destacan las siguientes notas: - Nerviosos, 11 (casos nfi 3, 4, 5, 6, 7, 10, 11, 12, l6, l8 y 19). - Poco sinceros y fantasiosos, 9 (nfi 1, 3, 6, 9, 10, 11, 13, 16 y 17). - Alegres, 8 (nfi 2, 3, 5, 10, 12, 17, 19 y 20). - Orgullosos o vanidosos, 8 (nfi 2, 6, 8, 11, 13, 14, 15 y - 19). - Introvertidos, 8 (nfi 8, 9, 11, 12, 14, 15, 17 y 19). Adviértase la coincidencia de estos rasgos con algunos - de los descritos al hablar de los tipos nervioso y apâtico. En cuanto a los nerviosos (que en nuestro grupo alcanzan un 55%), el citado RESTEN recuerda investigaciones en las que (l) René RESTEN, Caracterologia del criminal, paginas 131-132 y 303-304. se acreditô que el 28,2# de estos individuos sufre trastor nos mentales, cuando su proporciôn en ral es inferior a otros varios tipos. nos mentales, cuando su proporciôn entre la poblaciôn gene* (1) Capacidad intelectual La oligofrenia es la manifestaciôn de diferentes estados anormales expresados en un defecto de la inteligencia. Aun­ que ese defecto parece en términos générales cuantitativo, acaso no haya razones demasiado firmes para asegurarlo. Se- gôn HURWITZ, por ejemplo, no puede afirmarse que la diferen cia entre oligofrenia y psicopatia esté en que aquélla afec te a la inteligencia, mientras que la psicopatia se manifies te en el carâcter, porque no existe una absoluta separaciôn(2)entre estos elementos psiquicos. En el terreno de la delincuencia, es fâcil que el obser- vador lego califique o identifique la inteligencia por el - éxito del golpe delictivo; vendria a confundirse asi la au- dacia y hasta la impulsividad con la capacidad mental. Ya - POLLITZ nos pone en guardia al advertir que "se confunde muy a menudo esta ratoneria astuta con una alta capacidad de — comprensiôn, tomando por talento esa gramâtica parda, esa - argucia, ese bajo ingenio que, como la experiencia demuestra, (3)es la base del éxito en la comisiôn del delito". Mejor - hariamos, inversamente y como luggo veremos, en desconfiar de la claridad mental de quienes una y otra vez encuentran entre los barrotes de una celda el término de sus repetidas etapas delictivas. (1) Id. id., pâg. 132 y 171. (2) Stephan HURWITZ, Criminologia. pâg, l82. (3) Paul POLLITZ, Psicologia del delincuente. pâg. 195» La inteligencia es la suma de disposiciones y realizacio nés del pensamiento en cuanto a su aplicaciôn a las tareas prâcticas y teôricas de la vida. Partiendo de este concepto, para SCHNEIDER no es forzoso que un sujeto puéril sea oligo frênico, porque existen individuos que poseen una elevada - inteligencia, sobre todo teôrica, y que con frecuencia son infantiles en su vida instintiva y en su personalidad. Tam- poco cree que haya de ser necesariamente oligofrénico un su jeto primitive, designando asi a las personalidades toscas, poco diferenciadas, o también aquéllas que reaccionan a las vivencias de un modo insensate y con pânico. Y afirma que - una oligofrenia oongénita équivale a una demencia "cuando - es referible a procesos morbosos o malformaciones". ̂̂ ̂ En sentido muy parejo, DI TüLLIO, al sehalar los perfiles de - su "delincuente constitucional con orientacion hipoevoluti- va", lo define como aquel que por causas hereditarias o con génitas, y también por causas adquiridas especialmente en - la infancia, présenta escaso desarrollo de caractères fun-- cionales y psiquicos de mayor dignidad evolutiva; pero afSa- de que no debe identificarse la hipoevoluciôn con el infan­ tilisme, porque éste se distingue por la persistencia de ca racteres infantiles, que ûnicamente guardan directa relaciôn con la criminalidad cuando asumen un aspecto y una trayecto ( 2 )ria francamente degenerativos. De todo elle deducimos que no deben equipararse, sobre todo en el campo criminolôgico, oligofrenia y puerilidad. El niho, por el mero hecho de ser lo, no es un receptâculo de tendencias perversas o antiso-- ciales. El hipotético y aséptico trasplante de una mentali- (1) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologia clinica, pâg. 103, 106, 108 y 109. (2) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologla Criminal. — pâg. 424* dad infantil a un organismo adulto no deberia producir, co­ mo resultado inmediato, un sujeto criminal. Ni el adulto — que padece de antiguo una oligofrenia estâ forzosamente 11a mado a la delincuencia. Hay una serie de complejas interfe- rencias y condicionamientos que debilitan sus recursos inh^ bitorios y pueden facilitar su càlda, pero ello no basta pa ra atribuir al oligofrénico una predestinacién antisocial. Muchos investigadores seAalan, entre los delincuentes, - una gran proporciôn de "casos limite" (o retrasados menta-- les), es decir, sujetos que, sin alcanzar un coeficiente — normal de inteligencia, no pueden ser considerados débiles mentales. Y atribuyen este nivel fronterizo a factores com­ plejos relacionados con la insuficiencia de instrucciôn, la procedencia rural, la falta de calificaciôn profesional y la impregnaciôn etilica, hereditaria o personal. En cierta for ma se piensa en una atrofia de las funciones intelectuales por falta de ejercicio, una astenofrenia. ̂̂ ̂ que correspon­ de a la atrofia muâcular de muchos inteledtuales. ROF CARBA LLO, recordando los estudios de STEVENS y HEBER, destaca el papel decisive que el ambiente familiar desempefla en la sub normalidad. La experiencia educativa puso de manifiesto que muchos retrasos mentales, de apariencia irrevocable, cedie- ron cuando el niho pasô de un ambiente sin afecto a otro en el que hallô amor y comprensiôn. Y no es que el amor pueda remediar las oligofrenias originadas por alteraciones gené- ticas o por lesiones cerebrales, pero si puede solucionar - el problema de esa legiôn de "retrasados mentales cultura— les" que, desde su primera infancia, no recibieron estimu— los afectivos ni los aprendizajes elementales que constitu- (1) RESTEN, ob. cit.. pâg. 111. yen la base de la inteligencia.^*^ Existen varios procediraientos para medir o graduar la de ficiencia intelectual. Los mâs conocidos son los que propor (2)cionan la edad mental y el C.I., o cociente de inteligencia. La edad mental se détermina segdn la aptitud para resolver ciertos problemas adecuados a nihos normales de una edad — concreta (si bien no es demasiado fâcil independizar la mera facultad razonadora de los conocimientos adquiridos por el ' estudio, ni aun el razonamiento lôgico y abstracto del prâc tico y superficial). El cociente intelectual se halla divi— diendo la edad mental por la edad cronolôgica y multiplican i do el resultado por cien; la edad cronolôgica de los mayo— res de 15 ahos se reduce siempre a 15, por entenderse que - i'mâs allâ de esa edad el desarrollo de la inteligencia es — I prâcticamente nulo. Por otra parte, la tradicional divisiôn j psiquiâtrica de la deficiencia (debilidad mental, imbecili- dad e idiotismo) viene aplicândose con sinfin de variantes, (3)de las que podria dar idea el siguiente cuadro-resumen , con su equivalencia en Cociente intelectual: (1) Juan ROF CARBALLO, Signos én el horizonte 124-126. Y — ahade: "Un niho nacido en medio de la pobreza o abando- nado por sus padres, o humillado y rechazado sistemâti­ camente por la sociedad, fracasado en la escuela, mal - alimentado, etc., cae en el circule vicioso infernal de lo que yo llamo frustraciôn constitutiva". (2) Ver Michel RICHARD, Los dominios de la Psicologia (Ma— drid, 1972), I, pâgs. 73 y ss. (3) La Organizaciôn Mundial de la Salud ha propuesto en 1954 un cuadro de insuficiencia muy semejante al que -- aqui recogemos. Ver Michel RICHARD, Los dominios de la Psicologia. I, pâg. 207* GRADO DE INTELIGENCIA G. I. Normal 90 — 110 Torpe 80 - 89 Casi débil 70 - 79 Débil 50 - 69 Imbécil 20 - 49 Idiota 0 19 otra equiparacion usual, entre deficiencia mental y edad cronolôgica, con inclusiôn de casos intermedios o retrasa-- dos intelectuales, es la siguiente: CALIFICACION EDAD CRONOLOGICA Retrasado Débil mental Imbécil Idiota Menor de 14 anos Menor de 12 ahos Menor de 7 ahos Menor de 3 ahos Tanto la debilidad mental como el simple retraso suelen entrahar defectos de caracter. Las dificultades de adapta- cion no tienen su dnico origen en la limitacion intelectual, sino "por la desviada actitud emocional y volitiva que se( I )produce en quienes siempre hacen un papel ridiculo". gunos investigadores hallaron en los subdotados una marca- da impulsividad y, en consecuencia, una propension al deli ( 2 )to; otros, como RESTEN, destacan que las dificultades - de una calificaciôn profesional les empujan al vagabundeo, a la inseguridad material y, en ocasiones, a la delincuen- (1) HURWITZ, ob. cit.. pâg. l87* (2) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la prognosis cri­ minal. pâg. 6 7 . cia contra la propiedad, apuntando también la posibilidad de que la atrofia de la funciôn moral esté relacionada con la - atrofia de la funciôn intelectual.^M Michel ANTY, refirién- dose al débil intelectual de tipo medio (cuya edad mental es inferior a los 11 ahos), dice que su relativa memoria y su - facultad para adquirir determinados automatismos pueden encu brir sus escasas posibilidades reales. Este sujeto defiende mal sus intereses y siempre estâ en desventaja en el pensa-- miento abstracto; prevé mal las consecuencias de sus actos - y las reacciones de los demâs; es muy sugestionable y acepta pasiva e ingenuamente las proposiciones ajenas. Esta suges— tionabilidad y su anhelo de goce inmediato le llevan a parti ( 2 )cipar fâcilmente en las bandas de jôvenes desviados. Acaso con radicalismo excesivo, DI TULLIO afirma que cual quier delito contra la propiedad estâ ligado, ante todo, "a un proceso de regresiôn y también de infantilisme, dado que, en los primeros ahos de la vida, el instinto de posesiôn do- (3)mina sobre toda otra actividad". Esa regresiôn es la que, en opiniôn de R E S T E N , h a c e que el delincuente con un bajo nivel intelectual y con un campo de conciencia muy angosto, se obceque tras de su proyecto delictivo y no alcance a ver el aspecto inmoral e ilegal de su conducta ni las consecuen­ cias que de ella habrân de derivarse. Al discurrir sobre es­ te mismo tema, el criminôlogo dânés HURWITZ manifiesta que - el interés criminolôgico se centra en el primer grado de de- (1) René RESTEN, Caracterologia Criminal, pâgs. 28 y 143* (2) M. ANTY, Manual de Psiquiatrla, pâg. 193* (3) Benigno DI TULLIO, Principios de Criminologia Clinica y Psiquiatrla Forense. pâg. 303* (4) Ob. cit.. pâg. 76. ficiencia, en los débiles mentales, ya que imbéciles e idio- tas, cuando no estân incapacitados para la ejecucion de la - generalidad de los delitos a causa de su misma ineptitud, se hallan sometidos a medidas de hi^iene publies; y piensa que los débiles con defectos de carâcter tienden primeramente a cometer robos. Sus actos delictivos no son, a menudo, mani— festaciones de una tendencia hereditaria, sino el resultado de humillaciones y hurlas, o bien meros accidentes del vaga­ bundeo que, a su vez, es una expresiôn de su incapacidad pa­ ra el trabajo y de su inferioridad social. Luego de haber axaminado a 350 delincuentes juVeniles (comprendidos entre los l6 y los 21 ahos) en el Reformatorio de Carabanchel, el psicôlogo ALARCON BRAVO y el sociôlogo — MARCO PURON encontraron que la media de inteligencia de aquel grupo es inferior a la de la poblaciôn no delincuente, si -- bien np conceden a esta diferencia valor criminogenético por estimar que tampoco existe un tipo unitario de delincuente. Registraron un 8,3% de déficientes mentales, mientras que en la poblaciôn general espahola el porcentaje (excluidos los - retrasos mentales o casos limite) oscila entre un 2 y un 4%. Segun los mismos autores, el conjunto de los sujetos examina dos tienen menos inteligencia abastracta o lôgica y mâs inte ligencia util o prâctica; por el contrario, los reincidentes mostraron mâs facultades de razonamiento lôgico que los delin cuentes primarios, hecho que los autores atribuyen a la esco laridad a que aquéllos fueron sometidos en reformatories y - cârceles^*^. RESTEN (quizâ recordando que para BIZE la pre— (1) Jesûs ALARCON BRAVO y Angel MARCO PURON, La inteligencia en los delincuentes espaholes (Madrid, 1968), pâg. 29 y 6 6 . disposiciôn antisocial nace de la suma del retraso mental + retraso escolar + disociaciôn familiar) escribe: "se puede - decir que, de un modo general, la capacidad intelectual sola mente ejerce una influencia complementaria en la criminogéne sis"^*^. Sin embargo, el propio criminôlogo francés examiné la inteligencia de un grupo de 6l delincuentes, con el si--- guiente resultado: CALIFICACION NUMERO DE CASOS PORCENTAJE PORCENTAJE EN LA POBLACION GENERAL Inteligencia nor mal 15 24% 45% Casos limite 27 46% 17% Débiles ligeros 17 27% 2,7% Débiles acusados 2 3% 0,30% Es decir, que encontrô una inteligencia dos veces menor - que la normal entre la poblaciôn general, un nûmero de casos limite très veces mayor y un nûmero diez veces mayor de déb^( 2 )les ligeros y de débiles acusados. Y al resumir sus obser vaciones hace notar que, si uno de cada dos delincuentes tie ne una edad mental "limite", también es verdad que el 85% de los penados siguiô una escolaridad insuficiente, que el 8 0% carece de calificaciôn profesional y que, en conjunto, son - individuos psicolôgicamente inmaduros que presentaban una — frustraciôn moral que corre pareja con la frustraciôn inte— lectual. Los autores estadounidenses, ingleses y holandeses estiman que el poocentaje de débiles mentales entre los cri- minales es très o cuatro veces mayor que entre la poblaciôn general. (3) (1) René RESTEN, Caracterologia del criminal, pâg. 28. (2) Id. Id., pâgs. 110-111. (3) Id. id., page. Ill, 141-143- iQué ocurre entre reincidentes y multirreincidentes? Puede pensarse razonablemente que si la limitacion intelectual de— termina una restricciôn del campo laboral, con su natural in- cidencia econômica, no es dificil que el sujeto tarado sufra dificultades que le inclinen a la haraganeria y al delito pa­ trimonial. También cabe suponer que el hecho de dejarse atra- par una y otra vez, después de cometida la infracciôn, se de- ba a una incapacidad previsora, hija o hermana del retraso o la debilidad mental. Por eso no sorprende que, segdn observa­ ciones danesas, tanto las medidas refprmadoras normales como los castigos se hayan mostrado ineficaces para combatir la — reincidencia de los retrasados mentales, e, igualmente, que - no menos del 80% de los jôvenes delincuentes. retrasados come- (1 )tiesen posteriormente nuevos delitos. Hay buen nûmero de - estadisticas que manifiestan con suficiente elocuencia el gran desnivel intelectual que existe entre delincuentes prima rios y reincidentes. Como botones de muestra, damos aqui los resultados obtenidos por dos investigaciones criminolôgicas. VERVAECK, que examiné a mil reincidentes y mil primarios, ha­ llô lo siguiente: (2) NIVEL INTELECTUAL MUY BIEN REGULAR DEFECTUOSO DECADENCIA INTELECUTAL 1.000 delincuentes pri­ marios 1.000 delincuentes rein cidentes 7,5% 3,3% 57,2% 32,3% 31,7% 47,3% 3,6% 17,1% Y A. SCHMID y SCHNELL, que estudiaron a quinientos sujetos (1) HURWITZ, ob. cit.. pâg. l88. (2) EXNER, Biologia Criminal, pâg. 308. El propio autor, en el mismo lugar, ofrece otras estadisticas de semejante signi ficaciôn. de cada grupo, ofrecen este resultado: INTELIGENCIA BUENA SÜFICIENTE MALA 500 500 delincuentes primarios delincuentes reinciden 18,6# 60,7% 20,7% tes 13% 52% 35% Los autores de estas estadisticas coinciden en sehalar que el grupo de reincidentes de mâs discrete nivel intelectual es tâ integrado por estafadores y falsificadores, mientras que - los autores de sustracciones ocupan un lugar mâs bajo.^*^ En opinion, ya recordada, del profesor MIRA, el mayor con­ tingente de multirreincidentes incorregibles, incapaces de — adaptarse âl régimen de establecimientos penitenciarios, estâ constituido por epilépticos, esquizofrénicos, paranoicos, etc., pero, sobre todo, por débiles mentales profundos, no suscepti bles de una reeducaciôn por el trabajo; por ello les considé­ ra como invâlidos sociales y propone que sean recUidos y este ( 2 )rilizados. DI TüLLIO se expresa en forma menos pesimista; cree que los que él llama "delincuentes constitucionales con orientacion hipoevolutiva" pueden ser reeducados, al menos en el sentido de su utilizaciôn social. Y explica que su precociy dad y reiteraciôn delictuosas son, muchas veces, consecuencia de las desfavorables condiciones ambientales en que viven, de tal manera que su predisposiciôn antisocial se transforma fâ- (3)cilmente en habitualidad delictiva. (1) Id. id., pâg. 3 1 1. (2) Emilio MIRA y LOPEZ, Manual de Psicologia Juridica. pâg. 326. ■ ^ (3) DI TüLLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg, 436. Entre nuestros entrevistados, la calificaciôn intelectual se distribuye asi: - Normal-alta, 1 (caso n2l5)« - Normal, 11 (casos nfi 1, 2, 3, 4, 5, 7, 11, 13, 17, 19 y 20), - Normal-baja, 5 (nfi 6, 8, 12, 14, y l6). - Baja, 3 (nfi 9, 10 y 18). Equiparamos nuestra anotaciôn normal-baja a los casos "IdL mite'o de retraso del intelecto, cuya edad mental oscila en­ tre los 12 y los 14 ahos; la calificaciôn baja corresponde a la debilidad, o grado mâs leve de la oligofrenia o deficien- cia, équivalente a una edad mental de 10 a 12 ahos. En suma, hemos hallado 8 multirreincidentes (40#) cuyas - facultades razonadoras no alcanzan la normalidad. Y por l o ­ que pudieran tener de ilustrativos, si no de explicatives, - damos algunos datos correspondientes a cada uno de estos su­ jetos. Inteligencia baja Caso nfi 9.-Hijo de padre alcohôlico. Por hacer vida ambulan­ te, no acudiô a la escuela hasta los 14 ahos. Caso nfi 10.-Pue abandonado en una inclusa. Caso nfi 18.-Perdiô a su madré cuando ténia un aho. Hasta los 1;3 ahos no asistiô a la escuela. Es analfabeto. Inteligencia normal-baja Caso îfi 6.-Falta absoluta de disciplina familiar (es hijo dni co) y escolaridad. Caso nfi 8.-Criado sin afecto familiar. Es epiléptico cortical. Caso nfi 12.-Es epiléptico. Caso nfi 1 4.-Hijo de padre alcoholico y madre severa. Caso nfi 1 6.-Hijo de madre poco afectiva y epiléptica, y de pa dre bebedor, Voluntad Acaso la referenda a la voluntad -la voluntad de los mul­ tirreincidentes, se entiende- no merecia un epigrafe indepen- diente. Ya se defina como la potencia que mueve a hacer o no hacer alguna cosa, ya como la facultad de gobernar libre y e- conscientemente los actos, ya se equipare al libre albedrio, lo cierto es que sus manifestaciones estân condicionadas por multitud de factores que han sido o serân estudiados en este trabajo. La pura voluntad no puede ser objeto de disecciôn. - Se puede intentar una médiciôn mâs o menos précisa de la ca­ pacidad intelectual, pero la ponderaciôn de la facultad voli­ tiva solo cabe como estimaciôn conjunta de la personalidad. - La inteligencia, los hâbitos, el temperamento, las situacio-- nes dramâticas y otras muchas circunstancias internas y exter nas, con la colaboraciôn no siempre holgada de la libertad in dividual, trazan el cauce por el que han de discurrir los acontecimientos. De ahi que se exprese como capacidad de que- rer la realizaciôn del delito o (fe resistir los impulsos que -- llevan a él, la voluntad merecerâ una atenciôn dispersa en d_i ferentes epigrafes de este trabajo (uno de ellos se titula -- permeabilidad a la influencia ajena) y en la serie de referen cias a la abulia, la inmadurez psicolôgica, la autorrepresiôn, la falta de resistencia, la debilidad mental, los mecanismos de inhibiciôn, la impulsividad, el automatisme, etc. Séria ocioso recordar aqui la interminable discusiôn entre deterministas y liberoarbitristas, venida de los campos reli- gioso y metafieico al terreno juridico. Nuestra posiciôn no - puede estar en ningupo de los extremos: Ni la paradisiaca,teo rica y aséptica libertad volitiva, ni el tremendismo determi— nista de quienes definen la criminalidad como el resultado de las condiciones sociales y econômicas^*^, o escriben que "la ciencia niega el libre albedrio, la ciencia demuestra hasta - la evidencia que los delitos son causados por factores inter­ nos y externos sobre los cuales el individuo no tiene poder - (2 )alguno" . ALIMENA tratô de integrar las escuelas clâsica y (3)positiva, acomodando exigencias juridicas y psicolôgicas ; VON LISZT condena los radicalismos de las concepciones pura-- mente biologicas o puramente sociolôgicas, que negaban papel alguno a la influencia personal sobre las propias inclinacio­ nes, y entiende el delito como resultado de condiciones subj^ tivas y de influencias externas a la naturaleza del hombre^^^; MEZGER dice que la controversia en to^no a la libertad de que rer es ajena al concepto de culpabilicjad penal, por no tener ésta un sentido ético sino juridico, pero rechaza tanto el de terminismo como el indeterminismo dogmâtico y se déclara par- (5)tidario de un determinismo del conocimiento critico; ; CUE- LLO GALON opina que, segun el espiritu de los côdigos espaho­ les y muchos extranjeros, la responsabilidad penal nace de -- una voluntad consciente (expresiôn en3A qie œ involucran poten cias intelectiva y volitiva), mâs o menos condicionada o li— (1) Enrique FERRI, Los hombres y las cârceles, pâg. 60. (2) Luis MOLINARI, El ocaso del Derecho Penal, pâg. 94» (3) Bernardino ALIMENA, Notas filosôficas de un criminalista, (Madrid, 1913), pâg. 2l8. i (4) Franz VON LISZT, Tratado de Derecho Penal, tomo II (Ma— drid, 1 9 1 6), pâgs. 8 y ss. (5 ) Edmundo MEZGER, Tratado de Derecho Penal, tomo II (Madrid, 1 9 3 5), pâgs. 12 y ss. bre^*^; EXNER se inclina por un indeterminismo relativo, en el que se conjugan las influencias.de la disposiciôn y del - (2 )mundo circundante con la libre elecciôn subjetiva; SEELIG piensa que los defectos de la motivaciôn del querer criminal estân condicionados por la estructura de la personalidad al tiempo del acto y, por tanto, la mayor parte de las causas parciales especificas del delito residen en las disposicio-- nes criminôgenas del fenotipo, ahadiendo que no puede encon­ trarse una caracteristica comûn a todos los delincuentes, siy (3 )no a un tipo concreto de delincuente ; RODRIGUEZ DEVESA, - en fin, dando por supuesto que la polémica es filosôfica y - no juridica, considéra que la culpabilidad hunde sus raices en la idea de libertad humana, y que "el concepto de liber-- tad en que se basan las leyes pénales es mâs bien negativo. Consiste en la ausencia de coacciôn. Çs libre el que no actûa coaccionado".^^^ La discusiôn, insistimos, podrâ tener valor metafisico y juridico, pero «carece de interés para una investigaciôn cri- (1 ) Eugenio CUELLO GALON, Derecho Penal, 4^ ediciôn (Barcelo na, 1 9 3 7), tomo I, pâg. 312. Recordemos, al hilo de esta opiniôn en que se funden voluntad e inteligencia, el cri terio de DI TULLIO: "La voluntad estâ mâs fuertemente li gada a la vida afectivo-sentimental que a aquélla inte-- lectual; y esto porque, en general, el individuo e s t â — llevado a actuar mâs como siente que como piensa" (Trata­ do de Antropologia Criminal, pâg. 429). (2 ) Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg. 62. (3 ) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia, pâg. 214. (4) José Mi RODRIGUEZ DEVESA, Derecho Penal Espanol, dos vo- lûmenes. Parte General (Madrid, 1971), pâg. 352. En el - mismo sentido, RESTEN escribe que el Yo dispone de la -- elecciôn "y es en esta elecciôn donde reside su libertad y, por lo tanto, su responsabilidad. Se comprende que, - cuanto mâs se restringe la elecciôn, mâs débil es la — responsabilidad" (Ob. cit.. pâg. 93)* minolôgica. Ciertamente, el objeto de la Criminologia estâ dblimitado por la normativa juridico-penal, que define las - actuaciones humanas delictivas, pero su objeto nada tiene - que ver con la determinaciôn tipolôgica, el juicio de repro che, el castigo o la reparaciôn de los efectos del delito. El fin principal de la Criminologia, con palabras de PELAEZ, "es el de extraer del estudio a fondo del carâcter sintomâ- tico del crimen su explicaciôn mâs compléta y exhaustiva po sible; estudiar c6mo y por que causas y motivos se determi­ nan las condiciones subjetivas que de cualquier modo influ- yen sobre la direcciôn de la voluntad contraria a la norma; establecer de qué modo llega determinado sujeto a la résolu ciôn criminal"^ ^ . Es, en suma, la comprensiôn de la perso­ nalidad del delincuente, a través del estudio de la génesis y la dinâmica del delito. Pero en las ciencias del hombre se van abandonando los esquemas explicativos demasiado rigidos; no se piensa ya que un suceso deba tener una sola causa. Mâs que explicar se pretende comprender; la causa se transforma( 2 )en condiciôn o, mejor aûn, en condiciones. Pues bien, la voluntad es, en este terreno, una condiciôn muy condicionada. En las ciencias naturales pueden utilizar se métodos explicativos que fallan al enfrascarse en los pro cesos mentales del hombre; aqui hemos de apoyarnos en la -- comprensiôn y la explicaciôn de un conjunto de circunstan— cias. Podemos estimar que en el delincuente de estado ps es pecialmente frecuente la abulia o la "debilidad de la volun (3)tad", pero ello responde a una valoraciôn global de la - (1) Michelangelo PELAEZ, Introduoiôn al estudio nologia, (Buenos Aires, 1966), pâg. 67» (2) Id. id.. pâg. 109. (3) EXNER, ob. cit.. pâg. 337. de la Crimi- personalidad y no a un anâlisis especifico de tal potencia. Del estudio de la disposiclon y del mundo circundante -y de los métodos de prognosis- podemos deducir una probabilidad, pero no una certeza. Como nos recuerdan EXNËR o LANDECHO, - en el hombre orlado por una serie de circunstancias crimino genas hay una predisposicion, no una predestinaciôn al deli to.(') Si aceptamos esa ultima afirmaciôn, también compartida - (2 )por los esposos GLUECK, advertiremos que es especialmen- te adecuada a lo que entendemos por libertad o voluntad. Es ésta un factor etéreo e inmensurable, que navega a impulso - de otros muchos elementos, y que en la criminalidad cronica se manifiesta siempre como una potestad déformé, inûtil pa­ ra gobernar con acierto, o como una facultad debilitada, in capaz de poner en juego recursos inhibitorios eficaces. Su valoraciôn ha de realizarse, fundamentaimente, de manera ne gativa, es decir, ponderando la importancia de las tenden— (3)cias o impulses que actûan sobre ella. Después de cuanto queda expuesto, no es necesario insis- tir en el escaso valor de nuestra apreciaciôn, o la de cada (1) EXNER, ob. cit., pàg, 210 y Carlos Maria LANDECHO, Psi- cologia Criminal, pag. 81. (2) Sheldon y Eleanor GLUECK escriben que "debe consolarnos el hecho de que en la delincuencia no hay una predesti­ naciôn, sino un destine. Y, probablemente, el destine - puede modificarse en muchos cases mediante una pronta e inteligente interveneiôn” (Unraveling Juvenile Delinquen­ cy, Cambridge, Massachusetts, 19&4, pâg. 289)* (3) Ya hemos dicho que, segün el profesor ALDERCA, los que confunden impulsion y voluntad no distinguen entre la - fuerza y su disciplina (Psicof)atiae y delincuencia. p6g, 66. uno de los entrevlstados, con relaciôn a su voluntad* Oportu namente hemos anotado estos resultados: Voluntad fuerte, 1 caso. Voluntad normal, 8 casos. S61o para algunas cosas, 5 casos* Volundad débil, 1 caso. Voluntad muy débil, 3 casos. Ninguna voluntad, 2 casos. Es decir, que el 55% de los multirreincidentes se manifes taron con una voluntad inferior a la normal, Por la rela--- cion que puede guardar con la solidez de la voluntad, parece oportuno recordar el resultado del examen de otros aspectos de la personalidad de nuestros veinte hombres: El 100# se -- mostraron indiferentes en moral y religion; al ser pregunta- dos por su desideratum, solo el 45# expres6 el anhelo de ca- sarse y enmendarse; por ûltimo, el 50# se manifesté permea-- ble a las influencias ajenas. Egoismo y altruismo Ya estâ dicho que no identificamos egoismo y egocentrismo; en el primero hay un exceso de amor de si mismo, en el se-- gundo hay una desmedida exaltacion de la propia personalidad. Como tampoco son términos semejantes epicureismo y orgullo. No obstante, habida cuenta de las notas que les son comunes, y ante el carActer experimental de este trabajo, agruparemos egoismo y egocentrismo en un solo concepto. Por otra parte, las voces que rotulan este epigrafe estân estrechamente uni- das a otros términos, de los que a veces no es fâcil distin- guirlas: en el egoismo puede haber hedonismo, interês, taca- heria, narcisismo, vanidad, orgullo, soberbia, comodidad, -- frialdad, egolatrla, indiferencia o desprecio; como el al--- truismo puede expresar generosidad, beneficencia, caridad, desinterés, afectividad, abnegacion, prodigalidad, filantro pla, bondad, estoicismo o longanimidad. Cuando el P. MAILLOUX estudia la conformacion psicolôgi- ca del delincuente habitual, dice que el sujeto estA anclA- do en una disposicion narcisista que le impide vincularse a personas que se le ofrezcan en actitud amistosa y confiden­ te. De tal forma, résulta casi impermeable a cualquier in— fluencia educadora y obliga, si se quiere actuar sobre él, a utilizar técnicas de tratamiento muy especiales. Pero lo mas grave, segûn el criminôlogo canadiense, es que ese nar­ cisismo encierra al individuo en un estado de inmadurez — que le incapacita para percibir su valor inalienable y tras cendente como persona humana, pese a los extravlos de su con ducta. Con esta manera de ver las cosas, su yo se confunde - con su conducts y se encuentra juzgado y enmarcado por si - mismo. Consciente de sus numerosas caîdas, se valora como - la encarnaciôn del mal o, si se quiere, como malhechor por naturaleza.^^^ Sègün esta interpretaciôn, en el multirrein- cidente actûa una mezcla de vanidad y de ceguera determinis ta. La autobiografla de algunos de nuestros entrevistados - ilustra la opinion aqui expuesta. Recuerda HURWITZ que entre los rasgos prédominantes del psiquismo criminal siempre se concediô importancia al egois mo y la vanidad (junto a la perversidad, la debilidad, la - holgazanerla y el audaz afan de aventuras), y entiende que el egoismo sin escrdpulos va unido a la conocida teoria del atavismo, segûn la cual el carâcter criminal supone una re- (1) No*él MAILLOUX, O.P., Le fonctionnement du surmoi chez - le délinquant habituel, pâg. 69. gresiôn a la mentalidad del hombre salvaje; los sentimientos altruistas corresponderlan a un nivel de evolucién cultural ulterior. Para el criminôlogo danés es lôgico preguntarse si la vanidad criminal, mâs que un fenômeno primario, no es una compensaciôn frente a un sentimiento de inferioridad, es de­ cir, una manifestaciôn de la universal necesidad humana de - valoraciôn del yo, de tanta importancia en la conducta délie tiva como en la moral. El egocentrismo estâ para PINATEL (con la labilidad, la - agresividad y la indiferencia afectiva) en el nûcleo de la - personalidad criminal. Aparté de su tendencia a referirlo to do a si mismo, el egocéntrico ëe defiende de su frustraciôn acusando a los demâs de envidia o de despecho; en su yo heri- do tienen cauce libre la côlera y la desesperaciôn violentas; la susceptibilidad, la suficiencia y el autoritarisme del — egocéntrico dan paso al disimulo, a la bellaqueria, a la do-i-(2)minaciôn y al despotisme. Ante este argumente del profe-- sor gale cabria pensar que suficiencia y autoritarisme no — concuerdan aparentemente con la mentalidad del débil intele£ tuai, tan proclive a la delincuencia; pero él mismo se anti­ cipa al posible reparo, escribiendo mâs adelante que de los débiles "casi podrla decirse que son egocéntricos en estado pure, ya que también la incapacidad para valorar la persona­ lidad ajena constituye una de sus caracterlsticas esenciales. La debilidad, cuando se asocia a una orientaciôn mitomanlaca, (3)conduce a un superegocentrismo generador de antisoclalidad". Pese a esta opiniôn, no parece descabellado pensar que resul ta mâs prudente no hacer generaliaaciones radicales, e i n d u so sospechar que en la delincuencia dejL débil mental juegan (1) Stephan HURWITZ, Criminologla. pâg. 226. (2) Jean PINATEL, Criminologie (ed. 1970), pâgs. 589-590. (3) Id. id.. p4g. 596. un papel mâs déterminante otros rasgos personales, como la inconsistencia psicolôgica, la labilidad y la indiferencia afectiva. De gran interês juzgamos la conclusion del propio PINATEL cuando ffirma que en el egocentrismo del delincuente estâ la raiz de su autolegitimaciôn; a sus ojos no se consi^ dera culpable de su actitud antisocial, sino vlctima de la sociedad, de los gobernantes, de los jueces, de la hipocre- sla universal o de la influencia de otros sujetos; tal sen­ timiento liberatorio no sôlo expresa su escasa nociôn de la propia culpa, sino que constituye un heraldo de su prôxima reincidencia. La lectura de nuestras entrevistas puede, - igualmente, confirmer la aguda observaciôn del autor fran— cés.(^> Uno de los grandes motores de la actividad humana, cuyas ralces se enlazan con los instintos de conservaciôn, de re- 'producçiôn y de poder, es la propia estima; porque el hom— bre tiende a permanecer, a multiplicarse y a dominer (y de- jamos de intento el afân de perfecciôn sobrenatural),pero - el instrumente para lograr esos fines es su misma persona. La exaltaciôn mâs o menos engahosa de su individualidad pa­ rece allanar el camino al que se siente empujado; esa exal­ taciôn se llama orgullo, vanidad, egoismo o egocentrismo, y cuando dériva hacia el desamor o el menosprecio del prôjimo se transforma en egotasmo o soberbia. En el multirreinciden- te se nos antoja ver, como HURWITZ sosteni-a,* una compensa­ ciôn frente a un sentimiento de inferioridad, pero ehtende- mos que no hay razôn para no aceptar ese resarcimiento como un fenômeno primario. El delincuente habituai, consciente - de su incapacidad para alcanzar determinadas virtudes, tra- ta de neutralizarla menospreciando a cuantos las ostentan. (1) Id. id.. p6g. 598. acusândoles de falsarios y ventajistas; su hedonismo, al no verse gratuitamente satisfecho por una sociedad despiadada, le incita a operar fuera de la ley y conseguir unos bienes en los que materialize orgullosamente su capacidad vital, su personal valia. El mundo gira ya en torno a sus inmediatos deseos; los intereses ajenos y el bien comAn no existen; con mayor p menor disimulo, todos roban, todos engafian; la câr- cel es un lugar abierto para los débiles o los desdichados a quienes la sociedad atrapa como victimes propiciatorias. Saben que existe la virtud -la han visto de cerca en la fa- milia, en la escuela, en el trabajo-, pero su egoismo exha­ la una permanente cortina de:humo que sôlo se disipa cuando los golpes y los ahos ponen cierto orden en su mente. Ahora bien, acaso el ansia de exaltaciôn personal sea un poderoso resorte para lograr un tratamiento cor,rectivo eficaz; pero para topnar el orgullo en elemento rehabilitador es preciso subir hasta los Altimos peldahos de la individualizaciôn o especializaciôn a que MAILLOUX se referia. El altruismo es la antitesis del egoismo. &Puede existir ese generoso sentimiento en el delincuente habituai? Près— cindamos aqui de la amorosa inclinaciôn hacia los seres mâs prôximos, casi integrados en la propia individualidad del - sujeto, aunque queridos por él con évidente subordinaciôn a su misma personalidad. Y no olvidemos que cuando GAROFALO - quiso formular un concepto social del delito lo definiô co­ mo un ataque a los sentimientos altruistas de la comunidad.^^^ (1) R. GAROFALO entiende por delito la violaciôn de los sen timientos altruistas fundamentaies. de piedad y probidad, cuando afectan al término medio en que son poseidos por una comunidad, y que son indispensables para la adapta- ciôn del individuo a la sociedad. (La Criminologie. Pa­ ris, 1888, pâgs. 34 y 35). Ahora bien, nadie ignora la liberalidad de muchos delincuen- tes habituales,^^^ rasgo que podrla identificarse con la ge- nerosidad; y si esta ültima implica capacidad de amar ^c6moI pueden casar el "buen corazôn" con la criminalidad crônica, por otra parte tan despectiva para el bien ajeno? Después de estudiar a un gruÿ>o de muchachos multirreinci­ dentes en delitos patrimoniales, el P. MAILLOUX opina que, - en cuanto estos sujetos se autocalifican como delincuentes - natos, les résulta imposible la tranquila posesiôn de un ob- jeto, aunque lo hubiesen adquirido honradamente. Tienen la - impresién de que en realidad no les pertenece; es como si lo hubiesen robado, y estân convencidos de que, si fuesen sor— prendidos en su posesiôn, se les culparla de ello. No es sor prendente, entonces, su impulso irresistible a repartir cuan to roban o poseen "apresurândose a saçar provecho antes de - que se lo quiten o despilfarrando con prodigalidad para evi- tar el riesgo de ser cogidos en falta". Y termina el agusti- no canadiense con una interpretaciôn psicoanalltica: "A la - luz de una moral paradôjica, con la que nos ha familiarizado el estudio del inconsciente, los habituales se consideran ex- cusados al despojar al prôjimo de aquello que ellos mismos - (2 )no podrian poseer sin sentirse culpables". Es decir, que la prodigalidad no responde en el multirreincidente a genero sidad sino a temor a la represiôn. HENTIG apunta la posibilidad de que algunos criminales — tengan un concepto no evolucionado de la propiedad, y por — ) eso hacen participar a los demâs de su botln, lo mismo que -I el primitive salvaje repartis la caza. Ganan con ello una p£ (1) Paul POLLITZ, Psicologla del delincuente. pâg. 197* (2) NoBl MAILLOUX, Le fonctionnement du surmoi chez le délin­ quant habituel, pâgs. 70-71* pularidad entre su grupo (delincuentes, receptadores, prosti tutas) que lleva a la exaltaciôn egocentrista. En algdn caso, cree el profesor de Bonn que se unirlan el instinto de hur— tar y el afân de gastar en un slndrome psicolôgico, e inclu­ se se pregunta si el auténtico ladrôn robarla aun en el caso de que no pudiera disipar lo r o b a d o . D e tal forma, ve en esa actitud una versatilidad -o labilidad, dirlan otros- que guarde relaciôn con la inmadurez psicolôgica, pero no con la ternura. En la misma llnea, SEELIG opina que el delincuente profesional refractario al trabajo, ademâs de una acentuada torpeza afectiva, tiene un elevado afân de notoriedad que le lleva a realizar actes arriesgados o singulares con los cua- les dar testimonio de sus posibilidades. "De la misma raiz - animica surge también la prodigalidad que frecuentemente se observa en ellos, especialmente el pa^o de gasto hecho por - amigos y ppostitutas en locales nocturnes, porque creen que (2)de esta manera crece su reputaciôn en el mundo en que viven. En suma, la habituai prodigalidad del delincuente crônico -manifestada con unos bienes de los que acaso, por su gratu^ ta adquisiciôn y por su anormal procedencia, nunca se sintiô verdadero dueho- no parece corresponder a un espiritu altrui^ ta, generoso o afectivo. Se trata mâs bien de una forma de - exaltaciôn personal, del deseo de borrar un rastro acusato— rio o, quizâ, de un testimonio de su labilidad. Entre 18 multirreincidentes de los que tenemos datos he< mos encontrado: (1) Hans Von HENTIG, Estudios de Psicologia Criminal, I, pâg. 102. (2) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologie, pâg. 79# 4 muy generosos 1 generoso 3 normales 10 egolstas. Sin embargo, este resultado hay que tomarlo con absoluta reserva. En primer lugar, porque las observaciones de diez de los entrevistados se basan en su propio relato, y ellos materializan el sentido de la generosidad y la confunden — con la simple prodigalidad. En segundo lugar, porque debe - ponderarse el hecho elocuente de que todos los reclusos (ocho en total)conceptuados por la Central de Observaciôn -cuyo cuadro de especialistas goza de un prestigio largamente me- recido- fuerôn alii calificados como poseedores de un egocen trismo alto. No seria extraflo, pues, que todos los componen tes de nuestro grupo de estudio pudieran merecer la misma - calificaciôn; si muchos de ellos nos han dicho "doy todo lo que tengo", ninguno afirmô "me sacrifice todo lo que puedo". Labilidad Si el adjetivo lâbil sugiere gramaticalmente, ademâs de un objeto frâgil, caduco o débil, algo que se desliza con - facilidad, el sentido criminolôgico de la labilidad es igual^ mente evasivo y resbaladizo. Para sintetizar el contenido - de este término, algunos autores lo identifican con la impre visiôn, otros con la inestabilidad, la volubilidad o la in­ consistencia; pero quienes hablan extensamente de la labili­ dad la caracterizan como un complejo de particularidades — tan diversas que dificilmente pueden encerrarse en un solo vocablo. PINATEL nos recuerda: Que la labilidad, después de co--~ rresponder inicialmente a imprevisiôn, en el campo de la clj[ nica psiquiâtrica vino -segûn M. BIZE- a expresar los contl- nuos cambios de profesiûn o de patrono, las modificaciones - injustificadas de actitud y la versatilidad de las opiniones. Que desde el punto de vista psicoanalitico, M.D. LAGACHE iden tifica la labilidad con una serie de rasgos propios de la in madurez personal del delincuente: incapacidad para renunciar a la satisfacciûn inmediata (aun a riesgo de una sanciôn ca­ si segura) e insuficiencia de juicio, de autocrltica, de do- minio emocional y de utilizaciûn de las experiencias vividas. Que, en el aspecto psicolôgico, para M.R.B. CATTELL en aque- 11a expresiôn se concretan los rasgos caracterlsticos del de lincuente con tendencia a la inestabilidad afectiva, slntoma de una pobre organizaciôn dinâmica del yo y de una voluntad mal integrada. Por ûltimo, que los esposos GLUECK, enfocando la criminalidad con un sentido sociolôgico, destacaron dos - rasgos esenciales: la inestabilidad afectiva del delincuente (o inconstancia en las emociones) y la labilidad, que se iden tifica con su carâcter impulsive.^^^ Ante este intrincado panorama, el mismo PINATEL trata de fijar los elementos definidores de la labilidad: La persona­ lidad lâbil es la ppuesta a la personalidad dominada por los hâbitos, y estâ muy vinculada al humor cambiante y fâcilmen- te sugestionable, Très conceptos integran la labilidad: l£ - falta de inhibiciôn (voluntad insuficiente para frenar la -- tendencia a obrar, ligereza, imprevisiôn, irreflexiôn, suge^ tionabilidad); la falta de solidez, equiparable a la falta - de consistencia o de cohesiôn interna de la personalidad y a la inestabilidad (sujetos vivos, môviles, cambiantes, inquie (1) Jean PINATEL, Criminologie (ed. 1970) pâg. 603* tos, agradables, subjetivos, a veces mendaces y poco forma- les, con tendencia a los actos sûbitos e irreflexivos, incon secuentes, influlbles, acomodaticios, inconsistentes), y la primariedad, segûn las conexiones entre solidez y resonancia apuntadas por RESTEN (individuos de reacciones r&pidas, se - consuelan y reconcilian muy pronto, buscan siempre nuevos -- amigos y nuevas impresiones, fâciles de convencer, superfi-- ciales, contradictories, sexualmente desordenados, prôdigos, impuntuales y mendaces). En suma, el sub-inhibido, segûp la psicologia clâsica; el sub-sôlido. seg^n la experiencia bio- -constitucional, y el primario « segûn la caracterologia, res ponden a la nociûn de la labilidad.^^^ PINATEL asegura que "la labilidad se encuentra en la ma-- I t yor parte de los delincuentes, sean cuales fueren los tipos a que pertenezcan. Este rasgo psicolôgico, pues, puede consi derarse como uno de los elementos que componen el nûcleo cen (2)tral de la personalidad criminaly Aûadamos que, a pesar - de la variedad de facetas incluidas en el rasgo descrito, el notable criminôlogo fiancés, en otros lugares de la misma — (3)obra, identifica la labilidad con la imprevisiôn. La anterior descripciôn del hombre lâbil encaja casi con (4)exactitud en los rasgos senalados por la caracterologia para el mecanismo nervioso (inconstancia, sentimientos môvi­ les, vivos y cambiantes; gusto por las diversiones y excitan tes; disposiciones estéticas; mendacidad; ausencia de objet vidad), al que RESTEN atribuye, ademâs, la inestabilidad afec (1) Id. Id., pâg. 6 0 4-6 0 6. (2) Id. id., pâg. 611. (3) Id. id., pâg. 475 y 619. (4) René RESTEN, Caracterologia del criminal, pâg. 303, tiva, el diletantismo, las dificultades de inserciôn fami­ liar, social y profesional, el desaliento y la falta de re- sistencia para los esfuerzos.^^^ La coincidencia no puede - sorprender, ya que se ha dicho que aproximadamente un ter— cio de los delincuentes contra la propiedad, la integridad corporal y la honestidad estân condicionados por el mecanis mo nervioso (emotivo-inactivo-primario). En el mismo rasgo de labilidad, tal como lo describe PI­ NATEL, parecen estar incursos algunos de los tipos psicopâ- ticos de SCHNEIDER, entre ellos el hipertimico, el inseguro de si mismo, el lâbil de ânimo y el abûlico. De los abûli-- cos, por ejemplo, dice el autor citado que "se entregan sin resistencia alguna a todos los influjos, son personas suges tionables (...) lo que mediante las buenas influencias se - i les proporciona, no dura mucho. Una vez en libertad, son — vlctimas del primero con quien se tropiezan y les cuenta -- cualquier historia. Su aspecto social es el de la inestabi- ( 2 )lidad". También SEELIG, cuando habla de las peculiarida- des del carâcter de los delincuentes profesionales por aver (3)siôn al trabajo, se refiere a su inestabilidad psicopâtica. EXNER, a su vez, considéra que la volubilidad es "el signo de carâcter mâs destacado en la mayor parte de los delin--- cuentes reincidentes g r a v e s " . Y Benigno DI TULLIO, luego de afirmar que los sujetos con tendencia al robo son gene-- ralmente reacios a toda forma laboral llcita y honesta, re­ cuerda que su ineptitud moral para el trabajo estâ muchas - veces reforzada y sostenida por una falta de idoneidad fi— (1) Id. id.. pâg. 172. (2) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologia clinica. pâg. 50. (3) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologla. pâg# 80. (4) Franz EXNER, Diologia criminal, pâg# 447, sio-pslquica, revelada especialmente a través de. manifesta- clones de inestabilidad e indisciplina.^ Si la labilidad -llâmesela también imprevisiôn, incons-- tancia, inestabilidad o versatilidad- se entiende en el am- plio sentido descrito por PINATEL, es indudable que cubre - el retrato psicolôgico de todos nuestros entrevistados, La - imprevisiôn es manifiesta en cuantos, incapaces de obtener ensenanzas de la propia experiencia, soportan una y otra — vez aprehensiones, juicios y penas. La inestabilidad, ya sea en el trabajo, en el estudio, en los afectos, en el carâc-- ter o en los deseos, résulta palpable en la delincuencia — crônica. Y lo mismo ocurre con la falta de inhibiciones, la falta de solidez y , en ocasiones, con la primariedad. Ante la imposibilidad de anotar en nuestro cuadro de re­ sultados todos los factores que conforman la labilidad (dis tribuidos, realmente, en conceptos y eplgrafes distintos), sôlo nos hemos referido alii a la inestabilidad del humor o del carâcter. La conclusion es que, de los 16 entrevistados que aportaron datos, no menos de 15 merecen la calificaciôn de lâbiles. Pero analizando con mayor amplitud la actitud y la perso nalidad de los 5 que inicialmente quedaron marginados (ca­ ses ns 1, 2, 3, 4 y 20), observâmes las siguientes particu­ laridades: (l) DI TULLIO, Tratado de Antropôlogia Criminal, pâg. 233* Caso nfi l.-Insumiso, insolidario, débil de voluntad, indife- rente moral, incapaz de aceptar la disciplina es- colar. Se fugô de su hogar. Caso n@ 2.-Voluntad débil, vago, influlble, abandonô los es­ tudios, se considéra un golfo, indiferente moral. Se fugô de su casa. Caso n2 3.-Voluntad débil, nervioso, indiferente moral, le - fue aplicada la Ley de Vagos. Se fugô de un inter nado. Caso nS 4.-Abûlico, tlmido, obstinado, indiferente moral, in fluible, muy bebedor, imprevisor y amante del — riesgo. Se fugô de su casa a la edad de 13 aflos. Caso nS 20.-Voluntad débil, sin capacidad de inhibiciôn, in­ flulble, imprevisor, indiferente moral. Abandonô los estudios; le fue aplicada la Ley de Vagos. - Antes de los 20 ahos habl^ desempehado no menos de nueve oficios, todos con distintos patronos. A la vista de estos datos, no parece expuesto afirmar que todos los multirreincidentes entrevistados entran en el ex­ tenso campo de la labilidad. Agresividad En el mundo anglosajôn, y también en el âmbito de los ne- gocios, viene dândose a la palabra agresividad un significa- do que no responde al filolôgico tradicional. Asl, por indus trial, gestor o financiero agresivo se entiende un hombre -- con espiritu de iniciativa, tenaz, decidido, emprendedor, in trépido y tesonero, un hombre, en fin, con gran firmeza de - carâcter. Nada de eso, o no precisamente eso, queremos expre sar nosotros con el término agresividad. Si pisamos terreno criminolôgico, con esa palabra significamos la acometividad. la propensiôn a ofender, cuando el resultado de la acciôn pre tendida estâ tipificado en los côdigos punitivos. Ciertamente que autores con la autorldad de PINATEL aceptan para este con cepto aquel amplio sentido: "La agresividad tiene por funciôn vencer y eliminar los obstâculos que dificultan el camino de las accLones humanas"^^^. Sin embargo, a los fines de este es­ tudio la agresividad tiene para nosotros un significado mâs - restringido: es acometividad, que en ocasiones puede expresar se por el esfuerzo tenaz, pero que también puede manifestarse de manera sûbita, impremeditada o pasiva. De ningûn modo puede considerarse superada la discusién en torno al origen de la agresividad humana. ^Es ésta un instin­ to primario, parte intégrante de nuestra naturaleza o, por el contrario, una reacciôn ante determinada situaciôn adversa? - Contra el conocido y freudiano instinto de muerte o "impulso tanâtico" se levantan hoy muchas voces, a las que hace eco el espahol ROF CARBALLO. Segûn Lauretta BENDER, por él citada, - el nino interpréta toda ausencia del necesario apoyo como una agresiôn, como una privaciôn, que desencadena un sentimiento de frustraciôn y una respuesta agresiva; la mayor parte de (1) Jean PINATEL, Criminologie (ed. 1970), pâg. 612. (2) Aunque refiriéndose a sus mecanismos y no a su etiologla, PINATEL recuerda la quizâ excesivamente simplista expli— caciôn de L. BOVET, quien calificaba el sentimiento de in seguridad como el comûn denominador criminôgeno en la de­ lincuencia infantil. La inseguridad produce la angustia, que a su vez détermina una descarga de agresividad, de la qî e se dériva un sentimiento de cAlpabilidad, y tal senti miento conduce nuevamente a la angustia, con lo que se — cierra el circule vicioso angustia-agresividad-culpabili- dad-angustia, considerado por BOVET como uno de los aspec tos psicolôgicos mâs constantes del problems de la delin­ cuencia, y especialmente de la juvenil. (PINATEL, ob. cit# pâg. 6l8). los nihos con impulsos vlolentos procédé de hogares donde no hubo suficiente protecciôn afectiva o donde existla entre — personas mayores una continuada situaciôn conflictiva; las - formas mâs graves de violencia son aquellas en que, por de— fectuoso desarrollo del aparato muscular o por defectos con- génitos o adquiridos en el sistema nervioso centràl, el niho se vuelve dolorosamente consciente de su insuficiencia, refpr zadora de la agresividad.^ Y ROF ahade por su cuenta que - si se satisfacen las necesidades bâsicas del niho, si éste - es verdaderamente amado y sometido tan sôlo a un mlnimo de - frustraciones, jamâs se vuelve agresivo, sino que se desarro 11a como persona equilibrada y cooperadora dentro del siste- . 1 (2 ) ma social. I También ALBERCA parece inclinarse por el origen reactivotde la agresividad, cuando escribe que "la delincuencia, la - irreligiosidad, la falta de sentimiento del deber y de un — ideal, la psicopatla, en fin, aixancan a menudo de defectos - (3)afectivos tramados en los primeros tiempos de la vida". - DI TULLIO se muestra mâs ecléctico, ya que en la raiz de la indisciplina, la prepotencia, la agresividad y la violencia parece encontrar una "exuberancia de las fuerzas instintivas (4)y de las disposiciones afectivas". Sin embargo, se ha hecho notar en muchas ocasiones que no conviene exagerar la importancia criminôgena del ambiente fa miliar desfavorable, ya que también salen delincuentes de h£ gares perfectamente normales, donde no se advierte ningôn — (1) Juan ROF CARBALLO, Violencia y ternura. pâg. 118-119* (2) Id. id.. pâg. 121. (3) R. ALBERCA LORENTE, Psicopatias y delincuencia. pâg. 55 (4) DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg. 441# elemento perturbador.^^^ STORR empieza por afirmar que no — existe una prueba convincente de que la respuesta agresiva - sea, a nivel fisiolôgico, menos instintiva que la respuesta sexual, Admit e asl, al hablar de "respuebta", una agresivi— dad reactiva, pero cuya base estâ en la propia constituciôn. Por eso no cree que el cine o la literatura de la violencia tenga consecuencias funestas o suscite despliegues de violen cia en los nihos, a no ser que éstos estén predispuestos de antemano a la agresividad. En suma,y aunque concéda a esta - palabra el amplio significado a que antes nos hemos referido, entiende el psicoterapeuta inglés que la agresividad es un - impulso tan innato, tan natural y tan poderoso como el sexo, y que la teoria contraria -respuesta a la frustraciôn- no es (2)defendible a la luz de la investigaciôn biolôgica. I I Sin duda, la base experimental es aûn escasa para situarI . . con rigor el alveo de la agresividad; acaso la xealidad res— ponda al maridaje de una tendencia congénita y una adversi— dad mesolôgica. Por eso nos parecen atinadas, humildemente - atinadas, las palabras que Ana Freud -hija del creador del - psicoanâlisis- pronunciô en Viena recientemente: "Antes de - llegar a una formulaciôn de una teoria de la agresividad, de bemos esperar a que nuestros estudios cllnicos nos permitan (3)conocerla mucho mejor". Otra cuestiôn es saber si la agresividad, entendida como tendencia a la acometividad, es una caracterlstica comân a - (1) René RESTEN, Caracterologia del criminal, pâg. 41* (2) Anthony STORR, La agresividad humana. pâgs. 45, 88 y 190. (3) ROF CARBALLO, Signos en el horizonte. pâg. 466. los delincuentes del grxipo criminolôgico objeto de nuestro estudio; Si la agresividad es una cualidad propia de cUan— tos muestran una actitud antisocial o delictiva, no cabe du da que la poseen los autores de hurtos y de robos con fuer­ za en las cosas, pero también corresponderla a los responsa bles de abortos y cohechos, a los exhibicionistas y aûn a - los automovilistas imprudentes. A nuestro juicio no puede - atribuirse la agresividad a un sujeto por el mero hecho de ser delincuente, sino después de conocer seriamente su per­ sonalidad e identificar los factores expresivos de aquella tendencia. HENTIG distingue a estos efectos las modalidades del robo: "El apoderamiento violento despierta la resisten­ cia del despojado y sôlo ofrece perspectivas de éxito al — mâs fuerte, mientras que la sustracciôn furtiva bordea este ( 1 )escollfo. Estâ abierta al débil". • tEntre los hombres que componen el grupo de nuestro estu­ dio pueden, por supuesto, encontrarse sujetos de gran agre­ sividad. Pero no ha de olvidarse que entre ellos hay débiles y retrasados mentales, epilépticos, alcohôlicos, toxicôma-- nos, fetichistas que buscan en el apoderamiento una retribu ciôn sexual, delincuentes pasivos que operan frecuentemente a remolque de una voluntad ajena. Cuando se les pregunta el porqué de sus caidas responden de una manera variada: rabia por cuanto le hablan amargado, mayor facilidad pas ir vivien do, curiosidad, amor al riesgo, un arranque incomprensible, el hambre, el deseo de drogarse, la bebida. Pero de la con- sideraciôn global de todas sus caractprlsticas no parece — que la agresividad sea condiciôn comûp al género de criming lidad por ellos cultivado. En todo caso, puede haber indife (1) Han Von HENTIG, Estudios de Psicologia Criminal (Madrid, 1 9 6 2), pâg, 59» rencià o menosprecio hacia el interês ajeno y hacia la norma jurldica, lo que no équivale necesariamente a agresividad. Entre nuestros entrevistados hemos encontrado 11 agresi— vos, es decir, el 55% (casos nS 7, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 1 6 , 17 y 19). De esos 11 hay 7 (69#) criados en un ambiente anômalo, ya por falta de afecto, de equidad afectiva o de armonia conyu- gal, por ser hijos de padres alcohôlicos, licenciosos o per- versos, por ser huérfanos de madré antes de los dos ahos de edad o, finalmente,por haber sido criados en inclusas u or- fanatos. Los cuatro restantes presentan las siguientes parti cularidades: el nS 11 fue mimadisimo por sus padres, el nS 12 es retrasado mental y epiléptico, el n2 13 es hijo de padres blandos y el n2 17 (padre duro y madré blanda) creciô en el seno de una familia pobre y pasô mucha hambre en su nihez. Afectividad Ya en el capitule consagrado a la infancia y juventud nos hemos ocupado del papel esencial que en la construcciôn del hombre desempeha el afecto. Alli hablâbamos de la afectividad familiar y primigenia; aqui hablaremos de la que se manifiês ta en el delincuente maduro. Pero résulta forzoso volver la vista atrâs, porque es muy posible que la frialdad sentimen-I 3 tal de hoy haya nacido entonces. Recordemos el pensamiento - de ROF. Incluso los zoôlogos observan alteraciones biolôgi-- cas en los animales con up defectuoso "troquelado", es decir, con una experiencia temprana irregular, falta de caricias, - No résulta, pues, extraho que la carencia de ternura en la - faae inicial de la vida humana tenga conaecuencias para la - conformaciôn futura, "Todo depende en el hombre del amor que recibe, de esa relaciôn primigenia, fundamental. Todo, empe- zando por su futura relaciôn con el prôjimo, por su capaci— dad para amar y ser amado. DI TULLIO no puntualiza el origen de la afectividad, aun­ que sostiene que si un individuo presents, por su especial - constituciôn anômala o degenerativa, una escasa emocionabili dad, el desarrollo de su vida afectiva y sentimental résulta necesariamente limitado, con grave daho de su propia eleva-- (2)ciôn moral y espiritual. Y, si bien se refiera; a la homo- sexualidad, el doctor ARASA escribe que la antropologia ac— tual impone cada vez con mâs firmeza el siguiente razonamien' to: lo que nos hace falta no es meramente una "educaciôn se- (3)xual" sino una educaciôn de la afectividad total. Con ello sehala su posiciôn respecto a la procedencia del caudal afec tivo. Sin perjuicio de volver sobre ello oportunamente, es - curioso recordar ahora que nuestros dos ûnicos entrevistados homosexuales confesos. los casos n& 3 y 15, se criaron en am biente nada propicio para la efusiôn materno-filial: el pri­ mero, hijo de soltera, fue depositado en una inclusa; el se­ gundo, era hijo de una epiléptica, frecuentemente internada en hospitales psiquiâtricos y separada judicialmente de su - marido. Los efectos de la inicial falta de ternura van mucho mâs allâ de una aséptica frialdad afectiva: ROF explica asi este (1) Juan ROF CARBALLO, Violencia y ternura, pâg. 12; y Sig­ nes en el horizonte, pâg. 253»I . (2 ) DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg. 430. (3) Francisco ARASA, Antropologia de la homosexualidad, en - "Folia Humanistica", nS 73 (Barcelona, 1969), pâg, 1. mecanismo: ante este defecto de la "urdimbre constitutiva", el hombre carece de confianza bâsica y busca un responsable de su carencia; paradôjicamente, se hace culpable a si mis­ mo (si no me aman es porque no soy digno de ser amado. por­ que soy despreciable); finalmente, como consecuencia de ëu doble convicciôn (el mundo no es de fiar y yo soy un misera­ ble) , se enrôla en una actitud sado-masoquista expresada en dos direcciones: la agresividad y un morboso afân por sufrirl^^ He aqui una argumentaciôn digna de tener en cuenta cuando - se trate de alcanzar el meollo de muchas delincuencias crô- nicas. Menos consistente, aunque no exenta de interês, nos parece la hipôtesis de BOWLBY, citada por DEBUY6T. El inve^ tigador inglés, después de estudiar a un grupo de 44 jôve— nés ladrones, encuentra upa estrecha relaciôn entre la au— sencia de la "buena madré" y la frialdad afectiva; piensa - que la separaciôn o indiferencia materna es causa de que — las satisfacciones de la libido no se encuentren asociadas a su objeto normal, que es la madré; esa insatisfacciôn le lleva al individuo hacia los objetos en tanto que pueden ser poseidos, el mundo de las cosas le proporciona un cierto — placer que compensa las frustraciones résultantes de la au­ sencia materna; el contacte humano no tendrâ para el niho - sino un significado muy pobre, toda vez que no vivip la su­ bordinaciôn a otra persona, en el momento en que su persona lidad habia de modelarse; se satisfarâ conforme a sus incl^ naciones, o sea, por el robo. Y llega asi a la conclusiôn -harto discutible a nuestro juicio- de que la ausencia de - ( 2 )la madré es el factor especifico del robo. (1) ROF CARBALLO, Violencia y ternura, pâg. 3 6 . (2) DEBUYST, Los valores vividos por los criminales, pâgs 38-39. Cuando DI TULLIO explica que la voluntad humana estâ mâs ligada a la vida de los sentimientos que a la actividad ra- zonadora, ahade que éste es el motivo por el cual "en la gé nesis de la criminalidad, la importancia mayor concierne — siempre a la estera instintivo-afectiva".^^^ Y confirmando este parentesco entre aquella carencia sentimental y la cri- minaliddd, el P.. LANDECHO, apoyado en PINATEL, dice que los que estudian el problema, ya desde el punto de vista psiquiâ trico como del constitucional, sociolôgico o psicolôgico, - suelen afirmar que la indiferencia afectiva es una de las - notas caracterlsticas del delincuente. Cierto que antes ad­ vierte que la observaciôn sôlo es vâlida para los delincuen tes profesionales, por cuanto los ocasionales no suelen res (2)ponder a un tipo psicolôgico unitario. El propio autor - espahol nos recuerda en otro lugar la opiniôn de HEUYER, — quien situa la carencia de cordialidad o de inclinaciôn al prôjimo en la entraha de la actitud antisocial, afirmando que la inintimidabilidad y nocividad de la personalidad delin— cuente tienen su base en cuatro factôres: egocentrismo, la- (3)bilidad, agresividad e indiferencia afectiva. Si en el delito hay una infraestimaciôn de la felicidad y de los intereses ajenos, no es bxtrafto que cuando se tra- (1) Ob. cit., pâg. 4 2 9 . (2) Carlos Mâ LANDECHO, Esquemas de Clinica Criminolôgica. pâgs. 19 y 2 4 . PINATEL escribe que, desde los distintos ângulos de en- foque de la Criminologla, "hoy se emplean indiferente— mente las expresiones insensibilidad moral o indiferen­ cia afectiva para designar el rasgo psicolôgico que se traduce por una falta de inhibiciôn susceptible de per- mitir la consumaciôn de un acto que lleva consigo un su frimiento para el prôjimo". (Criminologift, ed. 1970, — pâg. Ô22). (3) LANDECHO, Psicologia Criminal, pâg, 115# ta de buscar un elemento que defina o singularice la crimi­ nalidad crônica se sehale la incapacidad de amar, junto a - la pobreza animica. EXNER considéra que es imposible concr£ tar las caracterlsticas del delincuente de estado, pero — cree que hay algûn rasgo comûn a todos ellos: "En el terre­ no de la vida sentimental brotan las fuentes de esta delin­ cuencia de estado, y aqui se esconde el punto de diferencia ciôn del grupo total de la delincuencia ocasional"•^^^ Las anteriores palabras del maestro alemân nos llevan a una consideraciôn que serâ objeto de mâs amplio desarrollo. En la moderna Criminologla se pretende aislar los elementos comunes a la delincuencia, y se sehalan como factores esen­ ciales el egocentrismo, la labilidad, la agresividad y la -( 2 )indiferencia afectiva. Cada uno de estos componentes en­ cierra una larga serie de conceptos, muchas veces variables y mal perfilados; pero -y esto es lo importante- existe en­ tre gran parte de elbs un nexo que acaso periiitiese elabo-- rar una hipôtesis mâs sintética y mâs real. Si las expresio nés de la labilidad sôlo se interfieren parcialmente con la vida afectiva, piénsese, en cambio, en las concordancias — psicolôgicas que pueden apuntarse en las manifestaciones del egocentrismo, de la agresividad y de la carencia afectiva. En el egocentrismo, la exaltaciôn propia desemboca necesa-- riamente en el menosprecio del bien ajeno; la acometividad inherente a la agresividad se traduce en desapego hacia el prôjimo; y en la indiferencia afectiva hay un desamor que - mantiene inmovilizado el mecanismo inhibitorio. Cabria, — pues, preguntarse si al menos para la criminalidad crônica (1) EXNER, ob. cit.. pâg. 337. (2) Ver p. ej., PINATEL, ob. cit.. pâg, 589 y es. no séria mâs atinado reducir aquellos très componentes cri- minôgenos a uno solo que los comprendiese: la carencia sen­ timental o, si se quiere, el deseguilibrio afectivo. No — otro parece el alcance de aquella opiniôn de EXNER. De las manifestaciones de nuestros entrevistados hemos - obtenido los siguientes datos: - Muy afectuosos, 2. - Afectuosos, 10. - Poco afectuosos, 2. - Nada afectuosos, ô. Nunca insistiremos bastante en la reserva a que obliga - la procedencia de estas calificaciones (el propio interesa- do), cuando no exista procedimiento para contrastarlas fiel mente. La significaciôn agresiva y antisocial del delito es un punto de partida nada desdehable para llegar a un juicio acertado sobre los sentimientos afectivos de quien reincide una y otra vez. Recordaremos que de los relatos autobiogrâ- ficos también dedujimos la existencia, en el grupo estudia- do, de un 55# de agresivos, un 50# de egolstas y un 90# de capacidad de integraciôn social escasa o dudosa. Sexualidad Aunque los delitos cometidos por nuestros entrevistados tengan carâcter patrimonial, no deja de ser interesante co­ nocer las particularidades de su sexualidad, en ocasiones - entrelazada con su vida delictiva. En opiniôn de DEBUYST -- -infiiilda por la corriente freudiana-, la sexualidad informa la totalidad del ser y no es simplemente el producto del — funcionamlento de determinadas glândulas.^*^ En todo caso, la estera sexual es una importante manifestaciôn del indi­ viduo, que contribuye al conocimiento de su personalidad y aûn de las motivaciones de ciertas actividades. Hombres con la larga experiencia de DUFFY y HIRSHBER, - rectores durante muchos lustros de prisiones estadouniden- ses, aseguran que la sexualidad informa prâcticamente toda la delincuencia. "Estoy convencido de que raro es el crimen al que no se le pueda atribuir como causa alguna anormali- dad sexual. La sexualidad, ya sea de manera évidente u ocul^ ta, impulsa al hombre a cometer toda clase de crimenes". — Piensan estos autores que los delincuentes estân tortura-- dos, âbrmentados, obsesionados por tensiones, inquietudes, visiones, angustias y apetitos venéreos, y sostienen que - el 90# de los hombres recluldos en las cârceles de Estados Unidos estân alli por no haber sabido enfrentarse con este problema. Y al entrar en el anâlisis de algunos tipos cri- minolôgicos, escriben: "Era raro el falsificador que no hu biera cometido algûn otro delito, generalmente de indole - sexual. Casi todos estuvieron en malas rebciones con su p£ dre o con su madré y, a veces, con ambos; o bien se habian criado en hogares desunidos o muy pobres, o bien estuvie— ron internos en algûn correccional. No recuerdo que ningu­ no de ellos fuera totalmente normal sexualmente ni que hu- (2)biese gozado de una infancia normal y sin preocupacionesl' No,hemos de ocultar que las anteriores generalizaciones nos parecen un tanto ambiguas y efectistas, aunque encie-- (1) Christian DEBUYST, Los valores vividos por los crimina­ les. pâg. 3 0 8 . (2 ) Clinton T, DUFFY y Al HIRSHBER, Crimen y sexo (Barcelo na, 1 9 6 8), pâgs. 9, 10 y 33# rren su parte de verdad. Séria diflcil, en cuanto a nuestros entrevistados, calificar de sexuales los factores criminôge nos que en todo caso estân relacionados con la afectividad. Hay, por supuesto, multirreincidentes que caen en desviacio nés carnales que merecerân nuestra atenciôn, por su conexi- dad con su vida antisocial; porque, como escriben COTTE y - THEVENIN, "los perversos sexuales no tienen cabida en un es tudio consagrado al robo, sino en la medida en que su per-- versiôn les lleve a la comisidn de ciertos tipos particule— res de robo; el fetichista, por ejemplo, sustrae prendas in teriores de mujer, a las que rodea de un valor erdgeno elec tivo",^^^ Reiteramos, sin embargo, que entendemos la vida - sexual del sujeto como una expresiôn mâs de la personalidad, y por eso hemos explorado las manifestaciones del instinto carnal de todos los entrevistados. La edad en que despiertan las tendencies manifiestas pa- rece un Indice de mayor interés que el comienzo de las rela clones heterosexuales, ya que éstas pueden estar condiciona des por diverses circunstancias ajenas al sujeto; asl, es - bien sabido que resultan mâs précoces entre la clase obrera -y quizâ en las zonas rurales- que en otros estratos socia- ( 2 )les. Ahora bien, el comienzo precoz de la relaciôn hete­ rosexual, especialmente en ambientes lupanarios, déforma en el hombre el sentido mâs valioso del amor y su idea acerca del papel integrador de la mujer. Marahôn decia que las — uniones prematuras daban frecuentemente lugar a fracasos, - porque la meta del hombre inmaduro no era "una mujer" dife- (1) L. COTTE y L. THEVENIN, Etudes de criminologie clinique (por Marcel COLIN, con la colaboraciôn de -), pâg. 126. (2) DEBUYST, ob. cit.. pâg. 303. renciada, sino "la mujer" genérica, como tal sexo;^^^ y aria dla en otro lugar que es cosa distinta querer a una mujer - (afân de posesiôn, interesado) y amarla, para servirla y no (2)para servirse de ella. En todo caso, y aunque RESTEN ob- tuvo la impresiôn de que entre los delincuentes menores la (3 )sexualidad es precoz, nosotros no podemos afirmar lo mis^ mo respecto al grupo entrevistado. Entendiendo por sexuali­ dad normal del varôn la que empieza a manifestarse entre — los 12 y los 15 ahos, de 10 hombres que delinquieron con se guridad antes de los 16 ahos (casos ns 2, 3, 5> 7, 12, 13* 1 5 , 1 6, 17 y 1 9) s61o 4 despertaron prematuramente, es de— cir> entre los 7 y los 11 ahos (casos nô 3 , 1 5 , 1 7 y 19). - En cambio, si tenemos que hacer constar una clara concordan cia entre precocidad sexual y buen nivel intelectual, y, a la inversa, entre retraso sexual y limitaciôn intelectual. Tal observaciôn se expresa en el siguiente cuadro: CASOS NS EDAD EN QUE SE MANIFESTO CALIFICACION INTELECTUAL Sexualidad 3 7 ahos Normal precoz 15 9 ahos Normal-alta 17 9 ahos Normal 19 11 ahos Normal Sexualidad 8 16 ahos Normal-baja tarâla 9 20 ahos Baja 10 1 6 - 1 8 ahos Baja 14 16 ahos Normal-baja 18 20-21 ahos Baja En mâs de una ocasiôn se ha sehalado la falta de madurez (1) Gregorio MARANON, Amiel (Buenos Aires, 1946), pâgs. 66 y 6 7. (2 ) Vocaciôn y êtica (Madrid, 1953), pâg. 20. (3) René RESTEN, Caractérologie del criminal, pâg. 121. afectiva de los frecuentadores de prefetlbulos. ̂ ^ En tal sen­ tido, nosotros registramos 13 casos, es decir, el 655̂ del to­ tal de los entrevistados, si bien no debe olvidarse que entre los 20 multirreincidentes hay dos homosexuales declarados (nS 3 y 1 5) y très individuos de erotismo anormalmente bajo (nS - 13, 14 y 18). Entre aquellos 13 sujetos, 9 de ellos vivieron amancebados con rameras; esta cifra, matizada por el escaso - erotismo o la homosexualidad de otros 9 entrevistados, résul­ ta particularmente expresiva. Por eso nos parece muy acertadas las palabras de SEELIG: "El rufiân représenta uno de los ti— pos mâs usuales en la delincuencia profesional por aversiôn - (2)al trabajo". En cuanto a la precisiôn de cual es factor y cual consecuencia, turbulencia sexual o habitualidad criminal, cabria argumentar que son mayoria los hombres amancebados que no conculcan la ley penal; sin embargo, parece evidente la re laciôn entre delincuencia crdnica y concubinato con mujer pd- blica. La inmadurez psicolôgica y la inadaptaciôn social del multirreincidente le inclinan a buscar refugio, y hasta una - oscura exaltaciôn de su machismo « en el ambiente lupanario, - donde la mujer, que en general padece una deficiencia pslqui- (3 )ca, acoge favorablemente la presencia de un "protector", - vinculo precario con los impulsos de su fondo afectivo. Quizâ los citados DUFFY y HIRSHBER atribuyesen esta tendencia del - delincuente habituai a una falta de acomodacidn amorosa, por­ que, al defender el sistema de visitas conyugales para aliviar las tensiones erôticas de los reclusos , escriben: "Las perso nas peor adaptadas son las primeras en rebelarse contra la so ciedad. Y no hay nadie peor adaptado sexualmente que el rein­ cidente". (1) DEBUYST, ob. cit.. pâg. 307. (2) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia. pâg, 94* (3) Stephan HURWITZ, pâg, 212, (4) Clinton T. DUFFY y Al HIRSHBER, Crimen y sexo, pâg, 264 Necésarlamente habremos de referirnos a algunas desviacio nés sexuales que afectan a nuestros entrevistados, a fin de estudiar la conexiôn entre taies anomallas y su pertinaz corn portamiento antisocial. Pero antes hemos de precisar que, co mo dice FRIEDLANDER, el perverso no posee, contra la qoiniôn corriente, "demasiada sexualidad". A causa del miedo que ex­ périmenta ante el acceso carnal con una mujer (y mâs adelan- te hablaremos del posible origen de este temor), el indivi— duo es incapaz de mantener una relaciôn sexual natural, y si expérimenta el deseo de alguna gratificaciôn erôtica, sôlo - puede obtenerla en forma anormal. Pero ello no quiere decir que su instinto o erotismo sea mâs fuerte que en la generally dad de los hombres; "en rigor, en la mayoria de los casos, es mâs débil". ̂̂ ̂ I En cuanto al origen de la homosexualidad hay gran divers! dad de opiniones, que también difieren segûn el tipo de per- versiôn. Los espaholes CODON y LOPEZ SAIZ nos recuerdan que son muchos los autores que interpretan la homosexualidad co­ mo una anomalia constitucional, dificilmente corregible y — que, PIGA, por su parte, afirma rotundamente que los inverti ( 2 )dos son irresponsables de su anormalidad. El profesor ARA SA, aunque sin tanta firmeza, se manifiesta en favor de un - origen endôgeno o, al menos, de una clara predispûsLciôn ac£ lerada por circunstancias mesolôgicas. Asi, dice que la edad materna suele ser superior de lo normal para los homosexua-- les. Recuerda que GLATER demostrô que los "probandos" en gene (1) Kate FRIEDLANDER, Psicoanâlisis de la delincuencia .1uve- nil (Buenos Aires, I9 6 1), pâg. 229. (2 ) José Maria CODON e Ignacio LOPEZ SAIZ, Psiguiatria Juri- dica Penal y Civil, II, pâg. 607* En igual sentido se expresa CH. VIBERT, en Manual de Medicina Legal y Toxicolôgia. I, pâg. 362-363. ral son los mâs tardlos de los hermanos, y que para SLATER la inversiôn sexual es heterogénea, pero un grupo importante de la misma se debe a aberraciones cromosômicas. Sigue ARASA di ciéndonos que un S0% de pederastas révéla en su historia al­ guna psicopatia hereditaria; y entiende que no cabe suponer tan sôlo un origen exôgeno, determinado por sucesos de la — temprana infancia, sino también una causa endôgena, expresa- da por disposiciones hereditarias. "Mas también el origen -- exôgeno es de conducciôn constitucional, a base de alguna -- disposiciôn nerviosa. Existe algûn hecho psicocerebro-pâtico, o psicopâtico, que afecta al componente psicolôgico." Ahade luego que la mayoria de los homosexuales aman solamente a -- una mujer; su madré; como ésta es inaccesible, renuncian por completo al sexo femenino y se dedican al hombre. Pero tam-- bién una antipatia extrema hacia la madré puede conducir a - la homosexualidad; ello ocurre cuando la madré no otorga el carino esperado, y entonces, en la madré odiada, se detesta a todas las mujeres. Y, finalmente, asegura que el terapeuta no puede esperar éxito alguno cuando el uranismo tenga rai— ces genéticas o cuando no se advierta en el sujeto un deseo franco de repudio.^^^ La generalidad de los psicoanalistas tratan de dar una ex plicaciôn exôgena al fenômeno de la pederastia, auôque el -- prudente JUNG, como aseveraciôn previa al estudio de la im-- portancia etiolôgica de la sexualidad infantil, exprese su - aversiôn hacia las reglas de valor universal y escriba que - "una teoria constitucional extrema séria tan falsa como una (2 )teoria unilateral del medio ambiente." Ello no contradice (1) Francisco ARASA, Antropologia de la homosexualidad. en - "Folia Humanistica", VII, nS 73 (Barcelona, enero 1969), pâg. 1-1 1. • (2) C,G, JUNG, Teoria del psicoanâligia. pâg#, 21 y 173, Su preferencia por la bûsqueda del origen de ciertas neuro­ sis en el retraso del desarrollo afectivo o, mâs concreta— mente, en la supervivencia anacrônica de una fase infantil del desarrollo de la l i b i d o . L a profesora FRIEDLANDER, - antes citada, observa que, por régla general, en todos los homosexuales se encuentra una fijaciôn muy intensa a la ma­ dré, una temprana relaciôn intima con ella, asi como una -- identificaciôn con la propia madré, en vez de con el padre, hacia el final del periodo edipico; entiende que la ausencia del padre durante la fase edipica (a partir de los 3 ahos) constituye un factor ambiental frecuente en la historia de los invertidos, y que esa ausencia, en momento tan importan te, permite un desarrollo desmedido de los deseos sexuales en torno a la madré y priva al niho de la oportunidad de — identificarse con el padre, lo que copstituye un elemento - (2)significative en la renuncia a los deseos edipicos. Tam­ bién ROF, cuando valora la ausencia del padre, opina que da lugar a la agresividad violenta contra todo orden tradicio- nal, contra toda paternidad, y, por otro lado, la excesiva identificaciôn de la madré origina una feminizaciôn del hom (3)bre y un peligro de homosexualidad. Es interesante la observaciôn de DRAPKIN -y aplicable a alguno de nuestros casos, como sehalaremos en una explica-- ciôn final-, segün la cual hay individuos que cuando no pue den oanalizar su libido en una parafilia (forma abenante de la actividad sexual, como la sodomla), intentan explorar la (1)Id,id. , pâg. 75. Recordemos que este autor desposee a la libido de su exclusiva significaciôn sexual, para enten- derla como "aquella energla que se manifiesta en el pro- ceso de la vida, y que nosotros percibimos subjetivamen- te como un. afân y un deseo". (id. id., pâg. 64). (2)Kate FRIEDLANDER, ob. cit.. pâgs. 230 y 233. (3)Juan ROF CARDALLO, Violencia y ternura. pâg. 61. via heterosexual; pero este tipo de experiencia suele termi- nar en impotencia psicdgena, que viene a constituir una reac ci6n defensiva ante la posibilldad de cometer el incesto, — tan temido como deseado; toda mujer représenta entonces, pa­ ra el parafllico, la figura incestuosa ambivalente. Esta -- reacciôn defensiva puede encontrarse en quienes recurren a - la homosexualidad, al fetichismo, al exhibicionismo o a la - escoptofilia para evitar el representado incesto. El propio alienista, en cuanto a la fuente de la perversiôn, dice que la cllnica psiquiâtrica demuestra que entre los autores de - delitos sexuales hay muy pocos psicdpatas, por muy anormal - que sea su tendencia; y ello porque la mayoria de los parafl licos caen en el grupo de las neurosis, y no de las psicopa- tlas. El psicdpata -afirma- no expérimenta angustia, mientras que el parafllico padece generalmente una angustia excesiva; el psfcdpata es tan sdlo uno de los tfpos de delincuentes se xuales, pero no el ûnico.^^^ Como una disensidn de este pare cer podrla interpretarse la opinidn del catedrâtico granadi- no ROJAS BALLESTEROS, para quien la psicopatia, por su prima rio trastorno de la afectividad, dificulta gravemente la in- tegracidn social y , en consecuencia, la actividad sexual. — "Las perversiones -escribe- estân frecuentemente condiciona- das por un obligado alejamiento de unas relaciones interse-- (2)xuales a causa de un constitucional retraimiento afectivo." DI TULLIO, aunque en relaciôn con algûn tipo especial, recuer da a ciertos ladrones cuya actividad predatoria "mâs que a - un estado de hipoevoluciôn biopslquico general, estâ ligada (1 ) Israel DRAPKIN S., Los delincuentfes sexuales, en "XI Cur so Internacional de la Sociedad Internacional dé Crimino logla", pâg. 2 04-2 0 6. (2 ) Luis ROJAS BALLESTEROS, El psicôpata como sujeto delicti- VO, en "XI Curso Internacional de la Sociedad Internacio nal de Criminologia", pâg. 555* a una estructura fisiopslquica en la que se encuentran per­ versiones instintivas, perturbaciones.afectivas y fenômenos psiconeurôticos." Estos sujetos experimentan "sensaciones ca racterlsticas de placer, que se acentûa, especialmente, du­ rante el hurto, y que a veces adquiere un contenido netamen te erôtico. En algunos casos, segûn observaciones persona-- les, el estado de erotismo lleva a ser tan intenso que pro- voca, durante o inmediatamente después del delito, el fenô­ meno de la erecciôn y hasta la eyaculaciôn. Estos mismos fe nômenos han sido encontrados por nosotros en numerosos cri- minales reincidentes especificos de hurto con fractura o hur to en las c a s a s " . S C H N E I D E R , por su parte, tras définir la psicopatia, escribe: "Nos es permitido incluir aqui, en­ tre las personalidades anormales, las disposiciones anôma— (2)las de los instintos vitales, en espepial de los sexuales." 1Como ocurre en otras parcelas de la personalidad humana, lo probable es que tampoco deban admitirse en este terreno generalizaciones dogmâticas. Se impone el estudio individua lizado, tanto para saber si la desviaciôn estâ determinada por una anormalidad psiquica como para puntualizar la espe- cie de esa posible anormalidad. Segûn SEELIG, no puede decir se que un pervertido, en cuanto tal, sea un enfermo mental o un psicôpata, aunque a la sombra de algunas psicosis y — (3)psicopàtias puedan desarrollarse perversiones sexuales; y Kate FRIEDLANDER estima que la vieja hipôtesis de que los homosexuales son degenerados no explica por qué muchos de - ellos no acusan otros signos de inferjLoridad y son con fre- (4)cuencia miembros ûtiles de la comunidpd. El doctor CORRA (1) Benigno DI TULLIO, Principios de Crimindbgia Clinica y Psiguiatria Forense, pâg. 3H« (2) Kurt SCHNEIDER, Fatoûsicologia clinica. pâg, 17, (3) Ernesto SEELIG, ob. cit. . pâg. 139, (4) Kate FRIEDLANDER, ob. cit.,, pâgs. 224^225* ZE, profesor de la Sorbona, sehala las profundas diferencias entre los individuos en cuanto a su comportamiento homose-- xual, y asi como en unos es una manifestacion de agresividad y perversidad, en otros lo es de ansiedad o de tendencia psi cotica, pudiendo en ocasiones constituir la pederastia como una actividad salvadora que se opone al avance de la psico— sis y permite un equilibrio r e l a t i v e . E n cuanto a la diver gencia sobre si es la neurosis o mâs bien la psicopatia el - germen de la homosexualidad, cabria recordar algunas opinio­ nes recogidas pâginas atrâs, al tratar de la salud mental de nuestros entrevistados, segûn las cuales se propende a consi derar la psicopatia como una enfermedad incrustada entre la ( 2 )neurosis y la psicosis, o se entrecruzan psicopatias y -- psiconeurosis como explicacion de ciertas actividades delic- (3)tivas crûnicas. ( Los norteamericanos DUFFY y HIRSHBER se muestran extrema- damente radicales al tratar de la relaciôn entre delincuen-- cia y sexo, y concretamente entre delito y uranismo. Para -- ellos, de todo malhechor que no sea homosexual activo se pue de afirmar que es un violador en potencia; todos los presos son homosexuales en potencia, y la mayoria de los pederastas son presos probables; finalmente, opinan que todo delito co- metido por un homosexual, cualquiera que sea su naturaleza o su gravedad, puede ser atribuido directamente a su anomalia sexual, originada a su vez por acontecimientos de la infan— (4)cia profundamente encerrados en el subconsciente. Pese a (1) Dr. Jacques CORRAZE, Les dimensions de l'homosexualité - (Toulouse, 1 9 6 9), pâg. 2 4 4 . (2) R. ALBERCA, Psicopatias y delincuencia, pâgs. 43 y 53* (3 ) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg* 234-235. (4 ) Clinton T. DUFFY y Al HIRSHBEK, Crimen v sexo. pâg. 43- 45 y 178. que en determinados casos puedan estar justificadas estas conclusiones, insistimos en nuestra desconfianza hacia te- sis tan générales como carentes de un serio soporte experi^ mental. Decir que todos los presos son homosexuales en po­ tencia es hacer una afirmaciôn arbitraria, imprecisa e im­ probable. El hecho de que el ûnico de nuestros entrevistados exhi- bicionista sea a la vez el ûnico fetichista nos inclina a tratar conjuntamente de ambas desviaciones. A esta clase - de sujetos, sea cual fuere el tipo de delito cometido, la incluye SEELIG en el grupo criminolûgico de "delincuentes por falta de dominio sexual", aunque no realicen ninguna de las transgresiones que los cûdigos colocan en el capitule de delitos contra la honestidad.^^^ El profesor germano — distingue entre los exhibicionistas al que obedece a un im pulso sûbito del que prémédita su acciûn; en el primer ca­ so puede existir un estado crepuscular epiléptico, mientras que en el segundo suele haber un estado de debilidad neurû tica sexual, agudizado frecuentemente por el alcoholismo - (2)crônico, y que da lugar a continuas reincidencias. A diferencia de otras anomalias sexuales, segûn PELLE-- GRINI el fetichismo puede ser una perversiûn adquirida, — aunque no se deba excluir por ello la importancia predispo nente de psicopatias o taras hereditarias. Cree el propio autor que, en la mayoria de los casos, se trata de conexio nés mnemônicas con actitudes propias o ajenas, o con obje- tos que fueron causa directa o indirecta de una voluptuosi dad intensa (aunque sôlo sea afectiva) o de un reflejo con (1) SEELIG, ob. cit., pâg. I3 8 . (2) Id. id., pâg. 145. dicionado, semejante a aquel por el cual el recuerdo o la presencia del alimento agradable hace aumentar la secre-- ci6n del jugo gâstrico; pero entiende que el fetichismo - también puede formar parte de una neurosis obsesiva de an gustia, cobrando asi un carâcter morboso.^^^ Kate FRIED— LANDER explica el exhibicionismo como un fuerte temor de castraciôn, déterminante de una regresiôn; el exhibir el ôrgano masculine, junto con el susto que ello provoca en el observador femenino, sirve para reasegurarse de que — los génitales estân intactes; y cree que, en los fetichis tas, ese mismo temor conduce a la fijaciôn en un objeto, (2)el fetiche, que es siempre un simbolo fâlico. Prescin- diendo de la interpretaciôn psicoanalitica relativa a la mecânica de la perversiôn, los espaholes CODON y LOPEZ — SAIZ consideran que el verdadero fetichista es un ser anor̂ ' mal, y que el exhibicionismo, tan comûn en algunos oligo- frénicos, paraliticos générales, epilépticos y especial— mente ciertos tipos de psicôpatas, es con frecuencia una (3 )manifestaciôn impulsiva, reveladora de una anormalidad. Anotaremos, como sintesis del panorama expuesto en los resultados. que entre nuestros 20 multirreincidentes, 4 - despertaron sexualmente antes de los 12 ahos, mientras — que otros 4 lo hicieron después de cumplir los 16 (el ni­ vel intelectual de estos ûltimos es sensiblemente inferior al del conjunto). La gran mayoria frecuentô prostlbulos y (1) Rinaldo PELLEGRINI, Sexuologla (Madrid, 1968), pâgs. 639-6 4 0. (2) Kate FRIEDLANDER, ob. cit.. pâg. 230. (3) José M§ CODON p' Ignacio LOPEZ SAIZ, Psiguiatria Jurldi- ca Penal y Civil. II, pâg. 603 y 604* 9 de ellos vivieron amancebados con rameras. Cinco confesa ron relaciones homosexuales, si bien sôlo dos se manifesta^ ron como pederastas pasivos incorregibles; uno de los en— trevistados (epiléptico cortical) confesô actividades exhi bicionistas y fetichistas. El erotismo del conjunto propen de hacia un nivel normal-alto. Laboriosidad A nadie extraharâ que la laboriosidad brille por su au­ sencia en un grupo criminolôgico que, en términos genera-- les, puede incluirse en el tipo que SEELIG llamô de "delin cuentes profesionales refractarios al trabajo". La propia naturaleza del bien jurldico violado, sumada a la labili— dad que afecta a esta clase de delincuentes, por fuerza d£ be indicar una caracterlstica aversiôn hacia la virtud de que estamos tratando. Recuérdese que la labilidad ha de in terpretarse como una falta de hâbito, una incapacidad para la previsiôn o una inestabilidad vital, y piénsese, al pro pio tiempo, que el gusto por la actividad laboral va siem­ pre del brazo del orden , la previsiôn y la continuidad. Como sehala EXNER, cuando existen (sobre todo en los — grandes centres urbanos) verdaderas facilidades para apren der un oficio o profesiôn, la falta de calificaciôn profe­ sional ha de atribuirse en muchos casos a un déficit de vo luntad o de constancia, que encierra un elevado peligro de criminalidad.^^^ No obstante, pueden existir otros facto— res coadyuvantes, taies como la incultura y la inmadurez - psicolôgica, influidos a su vez por circunstancias de di— versa indole, como la limitaciôn intelectual o la epilep— (1) Franz EXNER, Biologia criminal, pâg, 393 300. sia. RESTEN, ademâs de sehalar que el 80^ de los delincuen tes carece de calificaciôn profesional, y que esa carencia es prâcticamente absoluta en los reincidentes, estima que estos individuos "presentan una frustraciôn moral que co— rre pareja con la frustraciôn intelectual; la atrofia de - la funciôn moral parece estar en relaciôn con la atrofia - de la funciôn intelectual".^^^ Cuando SEELIG describe al "delincuente profesional re— fractario al trabajo", con tempranas manifestaciones en el escaso rendimiento escolar y las fugas de la casa paterna, apunta ya la aludida relaciôn de este tipo criminolôgico - con la labilidad: "El vagabundear sin rumbo fijo dias y -- hasta semanas enteras o el repetido abandono del aprendiza^ je o de la colocaciôn, muestran frecuentemente la incons— tancia instintiva (necesidad funcional de cambiar) y la in terna inconsistencia (falta de sentimientos valorativos — ético-sociales) de estos hombres, propiedades que unidas a poca alegria por el trabajo (incapacidad para la vivencia del placer de la funciôn y del resultado del trabajo) cons^ tituyen las disposiciones raices de la^aversiôn al trabajo* ( 2 )crônica". Y en ese mismo maridaje vagancia-labilidad — abunda DI TULLIO al afirmar que los sujetos con tendencia al robo son en general reacios a toda forma de trabajo li- cito y honesto, ahadiendo que su falta de aptitud moral pa ra el trabajo estâ muchas veces reforzada y sostenida por una falta de idoneidad, incluso fisio-pslquica, "revelada especialmente a travês de caractères de la inestabilidad y (1) René RESTEN, Caracterologia del criminal, pâgs. 142, - 143 y 298. (2) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia. pâg, 78, de la indisciplina". ̂ ^^ Esta ineptitud de que habla el maestro italiano puede e de sus ascendientes. Permeabilidad a la influencia a.jena Estas consideraciones obedecen al hecho de que los compo— nentes de nuestro grupo de estudio fueron preguntados sobre - el tema aqul enunciado. Hay que reconocer, sin embargo, que - es éste un terreno sdlo adecuado para hipdtesis poco demostra bles. Y ello, en primer lugar, porque no tenemos otra fuente informativa que las manifestaciones de los propios multirrein cidentes (a veces dubitativas, inexactes o precipitadas), y, en segundo têrmino, porque se trata de una materia sutil e in mensurable que, ademâs, nos engolfarla en la debatida eues-— tiôn de la prioridad criminôgena de la disposiciôn (heredada o adquirida) o del mupdo circundante. Cabria decir, en todo caso, que de una manera general pare ce mâs susceptible de influencia el delincuente joven que el maduro,^^^ y el menos que el mâs inteligente. Pero tampoco pue de olvidarse el papel que représenta la disposiciôn indivi--- dual, la contextura psicoldgica y, especialmente, la labili-- dad, factor este ültimo que imprégna la personalidad del cri­ minal crdnico. La relaciôn entre juventud y maleabilidad, no obstante, puede apoyarse en la certeza de que, como vimos — oportunamente, la actividad antisocial del delincuente perti- naz déclina con el transcurso de los ahos juveniles, hasta — desaparecer casi completamente. hacia los 40, quizâ a causa de (1) En este sentido, ver EXNER, ob, cit. ■ pÀff* 282 una enervaciôn de la vitalidad y de una maduraciôn mental. También cabe sospechar una mayor receptibilidad de influen clas externas en los delincuentes pasivos, es decir, los que actûan de modo subordinado e instrumental, como meros ejecu-- tantes de inspiraciones ajenas. Ahora bien, en la criminali-- dad crônica, tema que centra este trabajo, no puede decirse - que el sujeto maleable,se trate de un delincuente pasivo, de un oligofrénico o de un joven de gran receptibilidad, tenga - menor entidad y significaciôn criminolôgica que el multirrein cidente activo y de mayor iniciativa personal. El censo de la delincuencia persistente se nutre de unos y otros sujetos, y, en fin de eu entas, podrla estimarse -al igual ĉ ue se ha dicho respecte al alcoholismo o los estupefacientes- que la fâcil - sumisiôn a la influencia nociva ajena no es sino el mecanismo que pone de manifiesto una latente y peligrosa tendencia anti social. Entre nuestros 20 entrevistados, 10 se consideran influi— bles en mayor o menor grado (casos nS 2, 4> 7, 11, 12, 13, 14, 1.6, 19 y 20). Sus edades oscilan entre los 17 y los 27 ahos; entre ellos estân los très mâs jôvenes del grupo (nS 11, 13 y 1 4). No se aprecia, en cambio, correspondencia entre recepti­ bilidad e incapacidad intelectual, ya que en la lista de in-- fluibles no figura ninguno de los très débiles mentales y s<5- lo se cuentan 3 (ns 12, 14 y 16) de los 6 retrasados. Por el contrario, se observa una clara correlaciôn entre influibles y delincuentes pasivos; la generalidad de estos maleables son transgresores pasivos o activos-pasivos; excepcionalmente fi­ gura entre los diez uno solo (caso nfi 7) de los 7 delincuen— tes activos comprendidos en el grupo de los 20 entrevistados. Economla. Vinculaciôn familiar. Amistades, Solidaridad social. Capacidad de adaptacidn. Por razones prâcticas hemos anotado juntamente algunos con ceptos dispares, aunque es manifiesto que todos ellos hacen - referenda a la posiciôn del individuo en el seno social y a su relaciôn con el entorno mesolôgico. Anticipemos que el crî terio de muchos autores situa en lugar secundario la influen­ cia del medio sobre la actividad delictiva, para subrayar, en cambio, la mayor importancia de la disposiciôn personal. Para DI TULLIO, aun reconociendo una criminalidad de naturaleza am biental, en la gran mayoria de los casos esta delincuencia — "estâ siempre ligada a particulares condiciones biolôgicas, - mâs o menos esenciales";^^^ entiende qpe el ambiente no actda por si mismo, sino a través del factor individual, y, por otra parte, estima que los delincuentes habituales o profesionales suelen ser individuos en quienes existe una predisposiciôn — (2)constitucional al delito. La situaciôn econômica puede tener verdadera importancia - en la criminalidad general. La miseria o la pobreza genera a veces reacciones que caen en la esfera penal. Por eso no es - extrano que en algunas estadlsticas générales se haga constar que el 10% de los transgresores se encontraban en situaciôn - (3)de paro laboral o atravesaban una crisis econômica adversa. Pero el problema es distinto cuando esa delincuencia sdbita - u ocasional se transforma en una actividad crônica. Recorde— (1) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg. 89. (2) Id. id., page. 80 y 199. (3) Stephan HUKWITZ, ob. cit.. pAg. 368. mos el absolute desamor al trabajo, y aun a cualquier réglmen ordenado de vida, visible en los multirreincidentes; de ellos podrla decirse que estân en paro casi perpetuo. En nuestras - entrevistas se pone de manifiesto que la situaciôn econômica de estos sujetos pasa por mementos de gran desahogo (algunos llegaron a arrendar buenos apartamentos, incluse con piscina), pese a lo cual su llnea delictiva sigue una marcha inaltera-- ble. Pero es que, ademâs, la mayoria de los entrevistados con fiesan que ansiaban el dinero para disiparlo en locales noc­ turnes y en otros gastos innecesarios, cuando no atribuyen — sus caldas al hecho de haber dispuesto de cantidades de dine­ ro desproporcionadas a su edad y condiciôn. Corn distinta es que pueda existir una relaciôn indirects -> « entre economla y habitualidad criminal. Si bien no creemos — que la pobreza determine de modo inmediato la multirreinciden f.cia, puede condicionarla parcialmente, al limitar por impera­ tives inaplazables la atenciôn de los padres hacia la forma— ciôn moral y social de los hijos, al impedir un tratamiento - eficaz de desviaciones tempranas o al imponer al nixlo una pre matura incorporaciôn laboral. QUINTANO RIPOLLES entiende que el tôpico de la miseria co­ mo elemento criminôgeno tiene, como todos los tôpicos, algo - de verdad, pero que no debe exagerarse su virtualidad, limita da a pequenos y caracterlsticos latrocinios. Y opina que de - otro modo no se comprenderla el constante aumento de la crimi nalidad patrimonial (movida por la q^etencia de lujo) comprobaI ble por las estadlsticas de la mayoria de los j>âlses, pese al innegable mejoramiento de los niveles de vida én las clases - humildes y m é d i a s . S e a como fuere, y aun cuando la apeten- (1) Antonio QUINTANO RIPOLLES, Tratado de la Parte Emoecial - del Derecho Penal. II, pâgs. 76-77* cia econômica pueda calificarse como fin inmediato de la de­ lincuencia crônica, no parece que tal actitud antisocial ten ga como causa la miseria o la necesidad invencible. El multi rreincidente, antes de someterse a una ordenaciôn vital y de agotar sus posibilidades laborales, prefiere dejarse llevar por el lucrative y arriesgado juego de la delincuencia; aqui, la aventura, la imprevisiôn y el descompromiso ofrecen un ex celente terreno de expansiôn a su labilidad. Es indudable que la pobreza puede estar determinada por - anomallas de la personalidad, y que el sujeto afectado puede caer en la habitualidad criminal; pero en este caso la nece­ sidad econômica no es causa déterminante de la delincuencia, sino condiciôn, môvil o factor. Contra quienes piensan que — las deficiencias crematisticas son causa principal de la mul tirreincidencia, siempre se podrâ esgrimir el conocido argu- ' . fmento de que muchas familias pobres llevan una vida honrada, mientras que en familias relativamente florecientes se dan - casos de habitualidad criminal. Al hablar ahora de vinculaciôn familiar queremos referir- nos al hogar actual, al del multirreincidente maduro. En lu­ gar oportuno estudiamos ya la cohesiôn de la familia durante la infancia del future delincuente; entonces discurrimos so­ bre la pérdida o la ausencia de los padres, la disciplina do méstica, el ejemplo paterno, el niho mimado, el sobreprotegi do, el menospreciado, la falta de armonia entre los padres, la afectividad anormal y la emancipaciôn precoz de los hijos. La naturaleza de las relaciones familiares de hoy, en el ho­ gar del hombre ya marcado por antecedentes carcelarios, pue­ de tener sus ralces en las circunstancias que caracterizaron (1) HURWITZ, ob. cit.. pâg. 369-370. el ambiente de su ninez, e incluso, tratândose de individuos jôvenes, es posible que no se hayan apartado del circule fa­ miliar que sirviô de marco a sus primeros afios. Pero otras - veces el sujeto creô e inspirô su propio hogar o, por el con trario, adoptô una rigurosa independencia respecte a la gen- te de su sangre. Por esa razôn hemos querido aportar a este trabajo el date relative a la actual tônica familiar del muJL tirreincidente. La conducta del delincuente habituai es un reflejo de su particular afectividad, de su egocentrismo, de su descompro­ miso social, de su inhibiciôn laboral. No puede extrahar, -- pues, que las relaciones con su familia estén matizadas por las anomallas de su personalidad. Por otra parte, su vida -- irregular se ve continuamente fustigada por los reproches de■ I quienes con él conviven, y de esta forma se crean tensiones( domésticas, disputas y conflictos que ofrecen una panorâmica poco risuena de su identificaciôn familiar. Las amistades actuates del multirreincidente suelen ser un testimonio de su idiosincrasia y de su gênero de vida. — Las opiniones respecte a la influencia de las malas compahlas difieren notablemente. Para HURWITZ esa influencia presupone siempre una cierta disposiciôn criminal, y considéra que sô- lo puede hablarse con alguna seguridad de conexiôn entre ma­ los amigos y criminalidad cuando el sujeto observô buena con ducta hasta el momento de relacionarse con las supuestas corn pahlas perniciosas; pero ahade que en muchos casos la elec— ciôn e imitaciôn de malos companeros dçben considerarse como slntomgs de una anormalidad que es la verdadera ralz de la - depravaciôn. Por otra parte, el mismo HURWITZ précisa que la importancia de las malas compahias disminuye en los casos de criminalidad pertinaz, ya que los reincidentes trabajan so-- los con mâs frecuencia que los principiantes.^^^ Sin embargo, la delincuencia crônica y colectiva no puede ignorarse; ni — tampoco el ascendiente inmediato de multirreincidentes con mji yor iniciativa sobre otros camaradas. El P. MAILLOUX, que con tanta penetraciôn estudiô el comportamiento de los delincuen­ tes habituales, supone en ellos una persistente gravitaciôn - de la desconfianza y la suspicacia de los demâs; este difuso sentimiento les obsesiona continuamente, no logran liberarse de la sensaciôn de estar siempre vigilados y del deseo de -- huir cuando se encuentran a un policla; y ese mismo sentimien to, dice MAILLOUX, "no les permite sentirse a gusto sino en - compahla de camaradas con quienes coincidieron en centros de ( 2 )rehabilitaciôn", De tal forma, parece que la reuniôn de ma leantes y sus actividades ilegales conjuntas responden a una tendencia antisocial, mâs que a la decisiva influencia del in dividuo perverso sobre el normal e inocente. La presencia en nuestro grupo de gran nâmero de individuos que dicen no haber tenido nunca amigos verdaderos, induce a - una exploraciôn de su intimidad psicolôgica. Segiîn STORR, hay personas a quienes résulta muy diflcil amar y ser amadas; anhe lan el amor, pero sienten una desconfianza tan profunda hacia los demâs que cualquier relaciôn Intima les parece peligrosa. Estos sujetos, que no son sino psicôpatas esguizoides, tratan de mantener sus relaciones humanas a un nivel superficial, o se refugian en un aislamiento que les defienda del amor y del odio, sentimientos que no estân para ellos claramente diferen (3)ciadost El origen del conflicto puede estar en la primige- (1) Stephan HURWITZ, Criminologla, pâgs. 3 6 2-3 6 3. (2) Noël MAILLOUX, O.P., Le fonctionnement du surmoi chez le délinquant habituel, pâg. 70. (3) Anthony STORR, La agresividad humana. pâg, 146. nia relaciôn materno-filial; si el aspecto malo de la madré supera su aspecto bueno, acaso el nino se convierta en una - persona frla, retraida e indiferente que jamàs confie en el amor de otra, por temor a que el ser que parece amarle se con vietta de pronto en alguien que le odie y pueda destruirle.^^^ La humillaciôn es para ellos la degradaciôn dltima; y humi— llaciôn es el fracaso, la dependencia e incluso el hecho de (2)recibir, en vez de dar. Pues bien, recordando que la for­ ma psicopâtica esquizoide responde al tipo morfolôgico lepto somâtico, es curioso observar que entre nuestros 20 entrevis tados, como hicimos notar oportunamente, hay 10 con rasgos - leptosomâticos. Mâs concretamente, de los 20 hombres estudi^ dos, 9 manifestaron de forma expresa no haber tenido autêntd^ COS amigos, ademâs de su preferencia por la soledad y la inco municaciôn; de esos nueve individuos (casos nQ 10, 11, 1 3, - 1 5 , 1 6, 1 7, 18, 19 y 2 0) siete presentqn una complexiôn lep- tosomâtica y dos (nQ 10 y 19) tienen rasgos atléticos. Los amigos y companeros también pueden ejercer una influen cia maléfica de modo indirecto, al arrastrar al individuo a ambientes disolutos, en los que se hacen gastos desproporcio nados a los ingresos obtenidos llcitamente. Alguno de nues— tros entrevistados fue elocuentisimo, al apuntar, para reme- dio de la criminalidad habituai, la conveniencia de perse--- guir la prostituciôn y de prohibir el funcionamiento de sa­ las nocturnas. Bueno es recordar que al menos 11 hombresdel grupo estudiado eran asiduos de locales nocturnes y lupana-- res, que 9 estuvieron amancebados con rameras y ^ue 5 proba­ ron estupefacientes. La maypr o menor solidaridad social de los multirreinci-- dentes viene expresada por su continuada actividad ilegal. - (1) Id. id.1 pâg. 1 5 0. (2 ) Id. id.. pâg. 1 5 2. El delito del transgresor crdnico constituye no sdlo un menos^ precio de los intereses individuales sino un atentado contra los principios en que descansa la convivencia humana; hay en él tanto una infraestimacidn del interés privado como del bien estar de esa empresa comiln a la que llamamos sociedad. Sea o no enteramente responsable de su actitud, el delincuente habi tuai es un ser socialmente descomprometido e insolidario, cua lidad vinculada a sus ideas morales y politicas, a su afecti­ vidad, a su egocentrismo, a su labilidad y a su agresividad. Recordemos que en nuestro grupo la indiferencia moral era ab- soluta, mientras que la indiferencia polltica alcanzaba un — 90%. En cuanto a los otros factores aludidos, nuestras cifras ofrecen un valor muy dudoso, por basarse en las manifestacio­ nes de los propios interesados. ' I La facilidad o dificultad de adaptacidn a situaciones nue- i j vas no parece un rasgo significative en el estudio de la ten­ dencia criminal. Cierto que si en la multirreincidencia son - notablemente mâs numerosos los hombres de complexiones lepto- somâtica y atlética, y que a éstas corresponde un temperamen- to despdtico, seco y taciturne, o receloso, reservado y ego— céntrico, podrla pensarse que taies sujetos son menos acomoda bles que los plcnicos a ambientes o situaciones poco frecuen- tes. Como ya hemos anotado, estos âltimos son tipos extraver- tidos, francos, alegres, activos y prâcticos, que participant en la delincuencia crônica patrimonial en proporciôn muy esca sa. Sin embargo, una afirmaciôn en aquel sentido parece dema- siado aventurada. No debe olvidarse, ademâs, que el censo de los ciudadanos honestos estâ lleno de leptosomâticos y atléti­ cos, como de hombres mal dispuestos a un cambio de costumbres. Con ello no queremos negar interés criminolôgico al conocimien to y estudio de esta faceta de la personalidad; el tratamien­ to de la delincuencia habituai tiene como meta un cambio de - 4 U O . mentalidad y de actitud, con la consiguiente mutaciôn de hâ- bitos y de ambientes; las medidas rehabilitadoras serân tan­ to mâs eficaces cuanto mâs seriamente se conozcan las parti- cularidades de cada individualidad^ Recordemos que entre nuestros veinte entrevistados 7 se - desenvolvian en una economla media, 8 en una economla modes- ta y 4 en una economla pobre. La vinculaciôn con su hogar actual era normal en 6 casos, nula en 7, escasa en 4, dudosa en 2 y especial en 1. Los amigos de 15 entrevistados eran también delincuentes; 2 tenlan amigos normales; 2 no tenlan amigos y uno no aportô datos. Sôlo 4 multirreincidentes (casos nS 1, 3, 12 y 13) hî cieron expresa alusiôn al pernicioso influjo de sus amistades. La solidaridad social se muestra escasa en 11 individuos, dudosa en 7 y normal en 2.^^^ La capacidad de adaptaciôn a situaciones nuevas parece — normal en 9 casos y escasa en 8 casos (très entrevistados no aportaron datos). (1) Segûn la Central de Observaciôn, la medida de la "adapt& bilidad social" de los diez multirreincidentes alll en— trevistados; se distribuye en la forma siguientez - Media-alta, 1 (caso n9 11). - Media-baja, 2 (casos nQ 8 y 16). - ûàja, 3 (casos nS 12, 13 y 1 4). - Baja-muy baja, 1 (caso nS 9). - Muy baja, 1 (caso nS lO). - Sin datos, 2 (casos nS 15 y 17). Desiderâtum La expresiôn del mâs vehemente deseo de un individuo no constituye, por si misma, un dato suficiente para calificar su personalidad. No obstante, si conocemos otros rasgos de su idiosincrasia, el desiderâtum del sujeto puede resultar de gran utilidad para corroborar una hipdtesis interprétatif va. Ciertamente, la fiabilidad del dato, procedente del mis mo entrevistado, es sôlo relativa, pero no ha de olvidarse que la subitaneidad de las preguntas y la prontitud con que solian ser contestadas apenas dejaban margen al câlculo in- teresado o malicioso. La respuesta a la pregunta sobre el mâs ferviente deseo : # puede no tener, en la generalidad de los casos, una signifi icaciôn aparente e inmediata; pero, a la vista de los restan tes datos individuales, se hace necesario un intento de in- trospecciôn que de manera indirecta nos lleve al hallazgo - de un sentido congruente. Asi, si uno de los componentes de nuestro grupo (caso n5 3 ) dice que su mayor anhelo es casa£ se y darle cuarenta nietos a su madré, puede manifester, no sôlo su ansia de vencer una pertinaz homosexualidad, y una impotencia heterosexual de probable origen psicolôgico, si­ no también aportar un dato mâs en torno a un supuesto com-- plejo de Edipo. En los muy comunes deseos de casarse y de — sentirse queridos, pueden confirmer nuestros entrevistados una antigua carencia afectiva que aûn pretenden superar. Uno de nuestros hombres (caso n@ 15) manifiesta que si Dios le promet^ese accéder a un solo deseo, le^pediria que le lleva se con El; conocidos otros rasgos personales, cabe interpr^ ter que este sujeto, homosexuel, carente en su infancia y - juventud del necesario afecto (su madré, epiléptica, vivla separada de su marido y faUeciô prematuramente) siente gra- vitar sobre si una arraigadlsima inclinaciôn amoral y antiso cial; la existencia de Dios, manifestada por aquella oferta, constituirla para él la dnica posibilidad de liberarse de su tendencia y hallar la felicidad. Dejando estos ejemplos, para ensayar mâs adelante la in— terpretaciôn individual de cada caso, insistamos ahora tan - sôlo en el valor sintomâtico que el desider&tum puede tener para trazar los peffiles de la personalidad.^^^ El resumen de nuestras observaciones ofrece el siguiente panorama: - Casarse y ordenar su vida, 8 casos. - Encontrar un trabajo, 4 casos. - Poseer una industrie, 3 casos. - Ayudar a sus padres, 1 caso. - La libertad, 1 caso. - Enmendarse, 1 caso. - Sentirse querido, 1 caso. - Irse con Dios, 1 caso. (l) Pensamos que el mayor y mâs auténtico deseo puede tener sus raices en el dltimo estrato del hombre, tal como lo concibe José Marla CABODEVILLA: "Todos nos esmeramos en presentar socialmente nuestro mejor semblante, lo cuida mos, lo acicalamos; si un dla comienza a descascarillar se esa mâscara, si empezamos a hurgar en la vida Intima de cualquièra de nuestros prôjimos, es seguro que la — rqalidad nos ofrecerâ un aspecto mucho mâs deplorable y las intenciones se nos revelarân médiocres o quizâ ini- cuas. No obstante... &Por qué no seguir ahondando? Yo - pienso que después, casi enseguida, Ibamos a hallar un estrato espléndido, un sistema de vetas de precio ines­ timable; pienso que también el pecado représenta en el aima una capa de muy poco espesor y aproximadamente tan Autovaloraciôn Cob este dato se trata de conocer la opiniôn de cada in­ dividuo respecto a sus mejores y sus peores cualidades. Su fiabilidad, como la expresiôn del desiderâtum, es sôlo rela^ tiva, pero al referirse a términos opuestos permite un con­ traste estimative. Tiene, sin duda, un valor complementario para trazar los perfiles de la personalidad y ayuda a corro borar el juicio sobre rasgos como la capacidad intelectual, el egocentrismo, la afectividad y el sentido moral y social. Resultados significatives son, por ejemplo, el hecho de que un excesivo orgullo no permita al sujeto localizar en su in terior algo digne de llamarse "lo peer", o que considéré la buena salud como su caracteristica mâs eminente. La pregunta sdbita y la contestaciôn râpida, en torno al dato de que aqul se trata, pueden parecer inadecuados para conocer seriamente la realidad. Parece, en efecto, que mu— somera como aquélla en que florecen las buenas formas - clvicas. La verdad de un hombre no hay que esperar en— contraria al nivel de su honesta reputaciôn social, pe­ ro tampoco en ese banco intermedio, de Indole muy pobre, que una convivencia prolopgada, una observaciôn tenaz y frla, ponen de manifesto, ni siquiera alll donde descien de la mirada escrutadora de la propia conciencia. Hay - debajo un subsuelo, hay un niîcleo soterrado, de oro, — aromas y huesos de la infancia, un esplendor que perraa- nece intacto y segün el cual queremos indefectiblemente aquello que Dios quiere, nuestro bien; lo que sucede es que no sabemos lo que queremos (...) Estos très estadios en el conocimiento del hombre -conocimiento de su apa-- riencia correcta, de sus maldades, de su fondo Ultimo y por todos ignorado- tiene bastantie similitud con el or- dén cronolôgico que los misterios'del rosario expresan; misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. Es un orden - en el tiempo, pero es un tiempo que acaba desembocando en la eternidad" (La impaciencia de Job. Estudio sobre el sufrimiento humane. 2fl éd., Madrid, 1967, pâg. 24ll* chas personas normales necesitarlan horas, y adn dlas> para responder objetivamente a la cuestiôn. Pero ha de aclararse que lo que se pretende es una respuesta espontânea y subje- tiva, capaz de mostrarnos un aspecto mâs de la interioridad personal; por otra parte, el dar mucho tiempo para componer la contestaciôn, tratândose de sujetos desinteresados de la finalidad cientifica perseguida y con un natural afân de eau sar buena impresiôn o de buscar un juicio favorable, es tan to como facilitar la oportunidad para una respuesta sofisti cada o demasiado cautelosa. En suma, lo que se haya podido perder en hondura y precisiôn se ha ganado en autenticidad. La ppreciaciôn del multirreincidente en cuanto a sus ma- yores virtudes y defectos, aûn considerada con prudente re-► U serva, puede ser Util para determinar su tratamiento, al — permitir la utilizaciôn de resortes en que apoyar una tarea j rehabilitadora eficaz. Nuestros entrevistados senalaron asi sus virtudes: - Bondad, afectividad o generosidad: 8 casos. - Buen humor, buen carâcter o simpatla: 5 casos. - Lo ignoran: 3 casos. - Laboriosidad: 2 casos. - Buena salud: 1 caso. - Sinceridad: 1 caso. - Propôsito de enmienda: 1 caso. (La suma excede de 20 porque uno de ellos, el nô 19, apun tô como sus mejores rasgos la bondad y la laboriosidad). La peor cualidad de nuestros multirreincidentes, a eu pr2 pic juicio, se refleja en el siguiente resumen; Su pasado delictivo; Lo ignoran: Dejarse influir: La pasidn por las drogas: La falta de responsabilidad: Los ataques epilépticos: El rencor hacia sus ofensores: La falta de egoismo: La falta de voluntad: Sin datos: 5 casos. 5 casos. 3 casos. 1 caso. 1 caso. 1 caso. 1 caso. 1 caso. 1 caso. 1 caso. 414. IV. EL DELITO Resultados a) La primera transgresiôn. Edad del sujeto. Clase de infraccidnCaso nS Edâd al cometer la primera infraccidn 1 16 afios Hurto de 1.000 pesetas. 2 13 afios Hurto de objetos en el colegio. 3 13 afios Hurto de 14*000 pesetas. 4 18 afios Hurto de automôvil. 5 Mucho 16 antes de afios los Hurtos. 6 16 afios Robos y hurtos en tiendas y aima cenes. 7 Mucho 16 antes de afios los Hurtos de dinero a su madré*. 8 17 afios Robo en un estanco. 9 ; 17 afios Hurto de 4*000 pesetas en la ca­ sa de su amo. 10 19 afios Hurtos y robos. 11 17 afios Hurto de una motocicleta. 12 10 afios Hurtos de pequefias cantidades. 13 13 afios Hurto de 20.000 pts. a su padre. 14 14 afios Robo de dinero y objetos en un - establecimiento. 15 Mucho antes de los Sin datos. 16 afios 16 13 afios Hurtos de comestibles y pequefias cantidades de dinero. 17 12 afios Hurto de comestibles. 18 Sin datos Sin datos. 19 15 afios Hurtos de dinero en una sacristia. 20 Sin datos Sin datos. En resumen, 10 delinquieron por primera vez entre los 10 y los 14 afios (n2 2, 3, 5, 7, 12, 1 3, 1|, 1 5 , 16 y 17), 8 lo hi cieron entre los 15 y los 19 afios (nS 1, 4, 6, 8, 9, 10, 11 y 19) y no tenemos datos de los dos restantes. El primer delito cometido (delito o falta, ya que la precisiôn es inopérante a los fines de este trabajo), hurto o robo con fuerza en las co sas, responde al tipo criminolôgico elegido. 4 A 3 • b) Causas y môviles de su conducta delictiva Dos aclaraciones previas: Los datos anotados no responden a una interpretacidn del autor, que habrâ de hacerse mâs ade lante, sino a las manifestaciones de los propios entrevista­ dos. Por otra parte, no se trata aqui de anticipar una dis— tincidn tedrica entre causa y môvil, pero damos a la causa - un sentido mâs hondo y remoto mientras el môvil tiene un sig' nificado mâs consciente p inmediato. (P 0 IV # 0 f i 0 • G fi -p 0 <44 -p CD •n f i f i cd >» 0 Xi > fi a Cd Ci •H G Xi. -p cd 0 p fi t3 bO fi Cd •H •H bo >. +) CO CO0 0 • cd Cd G bfl 0 Xi cr CO cd 0 fi -P 0 •H fi co rP f i0 0 0 0 XJ X "fi 13 0 0 CO fi co G vd Nd fi Xi G

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CO o> 41P, c) Estado animico al tiempo de la comisidn Caso nS l.-Jamâs sintid miedo cuando cometla algdn delito. Caso n2 2.-Una sensaciôn parecida a la que debe sentir el sol. dado que avanza hacia el enemigo: miedo y entusias, mo, temblor y emocidn. Caso nfi 3•-Resentimiento hacia quienes le habian ofendido, ra bia por haber conocido situaciones injustas. En — otras ocasiones, actuaba saboreando el delito como una aficiôn o un placer.' Caso nfi 4*“Disfrutaba con el riesgo que suponla su actitud — ilegal. Caso nfi 5.-No sentia miedo, disfrutaba con el riesgo y, en el transcurso de la ejecuciôn delictiva, se animaba - y comentaba interiormente: "Qué tlô mâs bueno soy". Caso nfi ô.-Antes y después de realizar los actos propios del delito, sentia miedo. Durante la ejecuciôn notaba temblor de brazos y manos. Caso nfi 7,-Sin datos, Caso nfi 8.-Cuando allanô algunas casas habitadas no lo hizo - por apoderarse de objetos, sino por satisfacer de un modo fetichista su sexualidad. Caso nfi 9,-En el momento de la comisiôn, no piensa; es "como un arranque" incompresible; "es como aquel que di­ ce 'me tiro al rlo', y se tira", Caso nfi 10.-Sin datos. Caso nfi 11.-Siente mucho miedo y temblor de todo el cuerpo. Caso nfi 12.-Sin datos. Caso nfi 13»-Mucho miedo a que pudieran sorprenderle. Caso nfi 14.-Miedo a que pudieran cogerle. Caso nfi 15.-Miedo a ser sorprendido durante la ejecuciôn del delito. Caso 16,-Muchë excitaciôn nerviosa# Caso nfi 1 7 .-Miedo a que le cogieran. Caso nfi 1 8.-Sin datos. Caso nfi 1 9.-Su mente sôlla estar alterada por el alcohol. "Iba cargadete; necesitaba la euforia del vino". Caso nfi 20.-Miedo, nerviosismo y temblor general. En resumen, la actitud psicoldgica de nuestros entrevista­ dos, en el momento de la ejecuciôn material del delito, se — sintetiza asi: - Miedo o nerviosismo, 8 (nfi 6, 11, I3 , I4 , 15, I6 , 17 Ÿ 20), - Entusiasmo o placer, 4 (nfi 2, 3, 4 y 5)* - Nunca sintiô miedo, 1 (nfi 1). - Excitaciôn carnal, 1 (nfi 8). - Impulse repentino, 1 (nfi 9)• ’ - Obnubilaciôn alcohôlica, 1 (nfi 19). I - Sin datos, 4 (nfi 7, 10, 12 y 18). d) Delincuencia individual o colectiva, activa o pasiva Caso Nfi DELINQUE SOLO 0 ACOMPANADO ACTUA FOR INICIATIVA PROPIA 0 AJENA 1 Solo Propia 2 Solo y acompahado Propia y ajena 3 Acompanado Propia 4 Acompahado Ajena 5 Acompanado Propia 6 Acompahado Propia 7 Solo Propia 8 Solo y acompahado Propia y ajena 9 Solo Propia 10 Solo Propia 11 Acompahado Ajena 12 Acompahado Propia y ajena 13 Acompahado Ajena 14 Acompahado Ajena 15 Acompahado Ajena 16 Solo y acompahado Propia y ajena 17 Acompahado Ajena 18 Acompahado Propia y ajena 19 Acompahado Ajena 20 Solo y acompahado Propia y ajena Resumen: - Delincuencia colectiva, 12 (nfi 3> 4> 5> 6, 11, 12, 13> 14, 15, 17, 18 y 19). - Delincuencia individual, 4 (nfi 1, 7, 9 y 10). - Delincuencia individual y colectiva, 4 (nfi 2, 8, 16 y 20). - Delincuencia activa, 7 (nfi 1, 3, 5, 6, 7, 9 y 10). - Delincuencia pasiva, 7 (nfi 4, 11, 13, 14, 15, 17 y 19). - Delincuencia activa y pasiva, 6 (nfi 2, 8, 12, 16, 18 y 20). e) Arrepentimiento Caso nfi l.-No expresa, ni parece haber experimentado, senti­ miento de su propia culpabilidad o de arrepenti-- miento. Caso nfi 2.-Luego de cometer delitos,no sentia sino simple — desilusiôn. Caso nfi 3.-No se hace reproches a si mismo, sino a la injus-' I ticia y la hipocresia de la sociedad. Caso nfi 4.-No sentia remordimiento porque no comprendia la - maldad de la sustracciôn de un coche, si luego de usarlo lo abandonaba sin llevarse nada; aunque -- veia la insensatez de exponerse, por un hurto asi, a pasar varios ahos en la càrcel. Caso nfi 5.-Nunca se arrepintiô de sus delitos después de ha- berlos cometidoj pero si ahora, que estâ en la câr cel. Caso nfi 6.-No siente arrepentimiento; cree que la sociedad - ha sido injusta con él. Caso nfi! 7.-Cuando habia obrado mal, bebia para darse valor y superar su remordimiento. Caso nfi 8.^ O ^ Ln<^Co to t ^ O v O Z > a. a a to ̂o O oo cr S3 a a u cr o H* O* to oj vi cn •*«4 to' O M ’v i c n O ' C n t O i ^ O' La imprecisiôn del nilmero de infracciones cometidas por ca da uno de los multirreincidentes, que va desde un mlnimo de 4 hasta mâs de 40, no permite hacer un resumen de los datos an- teriores. Los robos con fuerza en las cosas y los hurtos figu ran a la cabeza de las actividades ilegales del grupo. El ndme ro de infracciones por las que cada sujeto fue perseguido osci la entre 2 y 1 3, si bien constituyen mayoria (12 casos) los - que fueron objeto de persecucidn por haber participado entre 5 y 7 veces en la comisiôn de delitos o faltas* Consideraciones La primera transgresiôn. Edad del sujeto. Mâs que en la general coincidencia entre la naturaleza de la primera infracciôn cometida por el delincuente habituai y las realizadas en su posterior actividâd criminal -consecuen- cia explicable de la aptitud o inclinadiôn inicialmente mani­ festada-, hemos de reparar en la significaciôn de la precoci- dad delictiva. Son muchos los criminôlogos que han advertido una clara concordancia entre precocidad y multirreincidencia, lo que les ha inclinado a desentranar la naturaleza de tal -- r e l a c i ô n . S e g u n datos ofrecidos por HURWITZ, si mâs del 25^ de los reclusos générales fueron denunciados en edad temprana, (2)la proporciôn de précoces entre ladrones y multirreincidentes sobrepasa el 42%. Las estadlsticas recogidas por EXNER reve-- lan que aproximadamente la mitad de los delincuentes tenaces fueron condenados antes de cumplir los 18 ahos, y las dos ter ceras partes del conjunto de taies individuos sufrieron penas (3)antes de los 21 ahos. Resultados muy similares se deducen (1)Ver Carlos M# LANDECHO, PsicologIa criminal. pâg. 91 (2) Steph’an HURWITZ, Criminologla. pâg. 334. (3) Franz EXNER, Biologla criminal, pâg. 347. ( 1 )de las investigaciones anotadas por MIDDENDORFF y por PINA- (2)TEL. EXNER parece atribuir al delincuente precoz una especial — tendencia a la criminalidad. Si existen manifestaciones delic- tivas "disposicionales" o al menos profundamente arraigadas — -dice-, se mostrarân generalmente tan pronto como el joven — abandone la escuela y se ponga a prueba ante la vida. "Si, por el contrario, en estos ados se ha conducido sin queja y s61o - posteriormente se hace delincuente, entonces existe la probab^ lidad de que han sido dificultades externas las que originaria mente trajeron al mal camino a los no dispuestos desfavorable- (3)mente'.' En sentido semejante, DI TULtIO senala como caracte- rlsticas de su delincuente constitucional "el mayor impulso o inclinaçîidn o predisposicidn al delito/, y la menor capacidad - inhibitoria o de resistencia en general, que se traduce des--- pués, pçâcticamente, en los caractères de precocidad en el de- lito, de la gravedad del delito y de la reincidencia en el mis mo delito". VELASCO ESCASSI ha observado que los sujetos de temperamen- to esquizotimico-leptosomâtico propenden al inicio precoz de - su criminalidad, mientras que los ciclotimicos-picnicos tien-- den a desencadenar su actividad criminosa a una edad mâs avan- (1) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la prognosis crimi­ nal , pâg. 105. (2) Jean PINATEL, Les aspects statistiques du récidivisme, en Revue de Science Criminelle et de Droit Pénal Comparé, ene ro-marzo 1955, p6gs. 110 a 121. Cita una estàdistica de — Mlle. Badonnel, segun la cual el 43,5^ de habituales hablan comletido su primer delito antes de los 18 ahos; y el 18,2% lo habian realizado entre los 18 y los 21 ahos (pâg. Il8). (3) EXNER, ob. cit.. pâg. 346. (4) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg. 74. f ft zada. Esta observacidn, que apunta la existencia en el delin-'̂ft--- cuente precoz de factores crimindgenos individuales ajenos al% : r medio, concuerda en términos générales con el hecho,ya resal- tado anteriormente, de una preponderancia de individuos con - rasgos leptosomâticos en el conjunto de los multirreinciden— t:- tes. Cuando MIDDENDORFF se refiere a los trabajos de FREY nos recuerda que, para éste, en el 85% de los jdvenes la crimina- k lidad es sdlo un fendmeno transitorio de desarrollo, mientras ! que el 15^ restante corresponde a los criminales précoces, de los que un 25% no son resociables y se convierten mâs tarde - en multirreincidentes, asegurando ademâs que todos los multi- rreincidentes incorregibles son generalmente psipdpatas y cri • 1 (1 ) minales précoces. Parece, segün la anterior apreciacidn, que hay que distin- guir la simple delincuencia juvenil de la verdadera criminal! dad precoz, en la que sdlo una determinada proporcidn estâ — abocada a la multirreincidencia y, por otra parte, que el mul̂ tirreincidente incorregible es casi siempre psicdpata y crimi nal precoz. En tal sentido, el P. LANDECHO escribe que, segdn los estudios combinados de BRAUNECK, FREY, GLUECK y MCCORD, - el delincuente precoz y multirreincidente parece presentar un influjo notablemente mâs fuerte del factor bioldgico, mientras el factor socioldgico actda con mâs fuerza sobre el delincuen te profesional, es decir, el delincuente ocasional que por re (2)peticidn de actos delictivos cae en la pertinacia antisocial. También SEELIG, aun sin matizar esa diferencia entre el multi rreincidente y el profesional, destaca |La delincuencia precoz como slntoma frecuente e importante de posterior criminalidad ft-.: (1) MIDDENDORFF, ob. cit.. pâg. 79. (2) Carlos Mi LANDECHO, Esauemas de clinica criminoldgica, — pâg. 39. profesional, si bien sdlo cuando la precocidad se présenta uni da a la ociosidad crdnica, y no cuando la infraccidn del menor es propia de los delincuentes por crisis o por reacciones pri- mitivas.^ ̂ ̂ Si la generalidad de los multirreincidentes fueron infracto res précoces -afirmacidn coincidente con nuestras propias ob-- servaciones-, séria de gran interés averiguar si la proporcidn de multirreincidentes es mayor en los précoces que en los tar- dios o no précoces. Quienes afrontaron el estudio del problems desde el ângulo de los delincuentes tardios, aseguran que en - estos lîltimos el porcentaje de criminales crdnicos es notable- ( 2 )mente inferior al registrado entre los précoces. Pero para corroborar con seguridad la supuesta relacidn precocidad-multi^ rreincidencia habria que investigar partiendo del delincuente precoz, a fin de conocer la proporcidn en que cayd en la crimi nalidad:habituai. Tal estudio présenta graves inconvenientes, no sdlo por la laboriosa tarea exploràtoria en torno a cuantos fueron sometidos en edad tierna a los tribunales o juzgados de menores, sino principalmente porque cabe suponer que la "cifra negra" âLcance proporciones exageradas cuando el infractor es - casi un nino y suscita la conmiseracidn de quienes hubieran po dido denunciarle. Podria argüirse la conveniencia de despre-— ciar la "cifra negra" para ponderar solamente las vicisitudes de cuantos fueron sometidos a medidas correccionales, ya que - tenemos la seguridad de que éstos fueron infractores précoces; pero no ha de olvidarse la posibilidad de que gran parte de — los intégrantes de la "cifra negra" se hubiesen sustraido de - ' Ila corr^ente que empezaba a Hevarles hacia la criminalidad per sistenté; es mâs, no séria del todo irrazongble suponer que el ■ .n, , -... (1) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia, pâg. 78. (2) MIDDENDORFF, ob. cit.. pâg. 106. paso de los précoces por establecimientos de correccidn haya obrado en ellos como factor adverso. Aigunos autores hallaron que el 6 7 ,6% de los jôvenes criminales précoces internados en ciertos establecimientos reincidieron antes de la mayorla de edad, mientras que entre los no précoces la proporcidn de rein( 1 )cidentes se reducla a la mitad. Tales datos, sin embargo, no bastan para elaborar conclusiones firmes respecto a la re­ lacidn de que estamos tratando. Ademâs de la delincuencia prematura, otros investigadores valoran, para la elaboracidn de un prondstico criminoldgico - individual, la precocidad de distintas manifestaciones que -- consideran mâs o menos vinculadas a la personalidad criminal, como la impudicia, la corrupcidn sexual, la inactividad, la - ( 2 )frialdad afectiva, la anormal obstinacidn o el vagabundeo. De los 18 multirreincidentes de quienes tenemos datos, 10 (55^) cometieron su primera infraccidn entre los 10 y los 14 ahos, mientras que los 8 restantes lo hicieron entre los 15 y los 19. Nuestra observacidn coincide con las de DI TULLIO, — - quien puso de relieve la precocidad de habituales y profesio- nales, significando que sus primeras manifestaciones delicti- vas se registraban "con mayor frecuencia en la época que va - (3)de los diez a los catorce ahos". Causas y mdviles de la conducta delictiya I La variedad de enfoques utilizados en el estudio de la cri ̂ : mino&énésis exige, para alcanzar el minimo rigor expositive, (1) Id. id.. pâg. 107. (2) Id. id., pâg. 127 y 154. i (3) Denlngo DI TULLIO, Tratado de Antropologla Criminal, pâg. 663 una previa puntualizacidn terminoldgica. La autoridad de PINA TEL nos inclina a tener muy enccuenta sus precisiones: La cau­ sa es una condicidn necesaria, sin la cual no hubiera podido manifestarse un comportamiento; claro estâ que se harla preci so individualizar la relacidn entre causa y efecto, lo que no suele suceder sino al final de un estudio, razdn por la cual la causa debe entenderse generalmente como una hipdtesis de - trabajo. La condicidn proporciona solamente ocasiones o estl- mulos suplementarios. Asi como para algunos la causa es esen- cialmente de orden objetivo, el mdvil tiene naturaleza subje- tiva. El mdvil estâ precedido e influldo por el factor, y md­ vil y causa pueden confundirse en ocasiones. El factor crimi- ndgeno es, con palabras del propio autor francés, "todo ele— mento objetivo que interviene en la produccidn del fendmeno - criminal". El indice -que tiene un alcance clinico, pero no - necesariamente un valor etioldgico- es un slntoma o signo que permite o facilita un diagndstico criminoldgico. Mientras que el mdvil es de orden interno, y se confonde con la tendencia o la pasidn, el motivo es la razdn intelectual que ilumina d^ terminado proceso; sin embargo, la Psicologia moderna distin­ gue entre mdvil consciente (razdn muy personal de actuar) y - mdvil inconsciente, que es la motivacidn propiamente dicha, en la que se integra el conjunto de necesidades de las que el su jeto no es consciente, pero bajo cuya influencia estâ llamado a actuar. Ahade PINATEL que la nocidn de factor crimindgeno - es muy vaga, y mâs aun la de factor déterminante, porque todos los factores suelen estar asociados a las causas o a los mdvi. lee.(') Con un criterio que no contradice el ahora expuesto, Alfon so SERRANO, al distinguir las causas de los mdviles, escribe (1) Jean PINATEL, vol. III del Traité de Droit Pénal et de — Criminologie (Parie, 1970), pâge. 67-69 y 432-433* que aquéllas "son multiples y determinan la personalidad cri- minoldgica del autor, con mayor o menor predisposicidn al de­ lito", mientras que los mdviles determinan la actuacidn délie tiva en cada caso c o n c r e t e . RESTEN cree que la asociacidn de los factores es muy importante y que en la prâctica no — existen factores crimindgenos aislados, si bien casi siempre une de ellos adquiere una relevancia especial y se convierte( 2 )entonces en déterminante. Un parejo espiritu simplificador anima a RODRIGUEZ DEVESA cuando estima preferible hablar de - factores y no de causas del delito, porque la investigacidn - en cada caso concreto de la causa, entendida como relacidn de necesidad entre dos eventos,"es casi imposible, ya que no se sabe nunca si se ha intercalado un miembro intermedio descono (3)cido". PELAEZ recuerda la corriente actual segün la cual - se tiende a excluir del âmbito de las ciencias del hombre to­ do esquema explicativo de tipo causal, porque un suceso no se produce nunca por upa sola causa, y si reconocemos que cada - suceso es hijo de varias causas concomitantes, "entonces el - concepto de causa pierde su si#nificado y se identifies con - el concepto de condicidn". (1)Alfonso SERRANO, Delincuencia .juvenil en Espana (Madrid, - 1970), pâg. 143. (2) René RESTEN, Caractérologie del criminal, pâg. 153* (3) José Maria RODRIGUEZ DEVESA, Derecho Penal Espahol, Parte General, pâg. 69. (4) Michelangelo PELAEZ, Introduccidn al estudio de la Crimi­ nologia, pâg. 109. Y ahade que durante mucho tiempo los - crimindlogos buscaban las causas del delito como se bus— can las causas de un fendmeno fisico, segün una concepcidn puramente mecanicistaj pero el delito es el resultado de una situacidn muy compleja, por lo cual es dificil aislar las causas que lo determinan (pâg. 110). Wolf MUDENDORFF anota la actual propensidn de crimind- logbs y socidlogos a evitar la palabra causa, para susti- tuirla mâs modestamente por una relacidn funcional (func- La imprecisidn terminoldgica es acusada por muchos autores, entre ellos LOPtZ-REY, para quien los crimindlogos hablan in- distintamente de causas, factores y motivos, cuando lo acerta do séria hablar de "conducta como un proceso complejo".^^^ A veces esa ambigUedad se atribuye a la distinta procedencia de los estudiosos. Asi, para LÉAUTE, los cultivadores de la cri­ minologia clinica, que frecuentemente son médicos, llaman cau­ sa a la serie de acontecimientos que conducen al sujeto a la comisidn del delito, aunque esté condicionada por un hecho in' clâsificable (por ejemplo, la coincidencia de un dolor de ca- beza con una a^eria de automdvil), de forma que la falta de un esquema idéntico impide admitir una causa general de la delin cuencia; mientras que los crimindlogos générales, entre los - que abundan los juristas, se sitûan al nivel de las grandes - unidades, comparan el conjunto de los delincuentes con el con junto de los no delincuentes, buscan los trastornos mâs fre-- cuentes en el grupo de los criminales e identifican esos tras tornos con las causas de la delincuencia, cuando realmente se ria necesario distinguir entre las causas del crimen y los — trastornos anejos, a veces muy importantes, que afectan tanto (2)a los criminales como a los que no lo son. El ya citado Michelangelo PELAEZ considéra muy equiVoco — identificar hoy la criminologia con la simple etiologia crim_i nal de carâcter naturalistico; lo que interesa es iluminar una tional relationship) entre dos hechos, sin afirmar que la seriacidn consecutiva signifique coetâneamente una causa- lidad en el sentido de las ciencias riaturales (Sociologia del; delito, pâg. 2 4 8). , (1 ) Manuel LOPEZ-REY y ARROJO, Teoria y Prâctica dn las Disci­ plinas Pénales» en Cuadernos Criminalia (México, I9 6 0), - pag. 6 4 . (2) Jacques LEAUTE, Conclusion, en Le traitement des délinquants Quatrième Congrès français de Criminologie, Strasbourg 10 -12 octobre 19Ô3 (Paris, I960), pâg, 296, , situacidn individual y social, es decir, conocer el punto de vista del sujeto y de la sociedad para comprender primero el delito y después al delincuente. A las investigaciones sobre las causas del delito, se ahade actualmente la investigacidn mucho mâs importante de los motivos; porque, si es necesario el examen causal-explicativo, lo es mucho mâs el comprensivo de los motivos del obrar criminoso, por cuanto sin una valo- racidn de los motivos no es posible captar plenamente el pro ceso volitivo del hombre. Afirma el propio autor que, mâs — que de causacidn, hay que hablar de comprensidn total del fe ndmeno delictuoso, lo que résulta de mucho mayor alcance que la simple etiologia del crimen; en suma, la investigacidn — criminoldgica supone la coexistencia de métodos explicatives (1)y comprensivos. Séria inoportuno hacer aqui un recuento circunstanciado - de los tendmenos, factores o condiciones a los que los auto­ res atribuyeron carâcter crimindgeno; entre otras razones, - porque a lo largo de este trabajo se han hecho muchas conside^ raciones en tal sentido* Pero no parece inadecuada una breve panorâmica que nos recuerde la magnitud del tema. Superado el inicial impetu lombrosiano, que sehald el na- cimiento de la moderna Criminologia y que destacaba, como — causa del crimen, los componentes hereditarios y bioldgicos del individuo, la generalidad de los autores rechazan la mo- nocausalidad para aceptar, como explicacidn de la criminali- (2 )dad, la concurrencia de muy diverses factores. Las disen- siones se centran ya en la simple preponderancia de los ele- (1) PELAEZ, ob. cit. . pâg. 111-115* (2) Wolf MIDDENDORFF, Sociologia del delito. pâg. 247. ‘ A; k. I r mentos constitucionales o de los mesoldgicos, de los condicio namlentos individuales o de los sociales, de la disposicidn - personal o de la influencia del mundo circundante. en una pa­ labra, de si el criminal, preferentemente, nace o se hace. Aun que crimindlogos como EXNER afirman que no puede descubrirse, ni aun para el delito mâs grave, un signo somâtico especlfico, otros creen en una "afinidad" comprobable estadisticamente.^^^ De. manera reiterada se ha subrayado la incidencia,en los de— lincuentes, de las anomalias mentales paternas, asi como la - conexidn entre psicopatia y multirreincidencia; pero lo que - no parece definitivamente aclarado es si la psicopatia es un fendmeno de exclusive origen bioldgico o si, por el contrario, (2 )estâ vinculado a condiciones ambientales. Los estudios rea lizados sobre gemelos monocigdticos, pese a su constitucidn - hereditariamente idéntica, no condujerpn a resultados conclu- yentes respecto a la semejanza de sus pctitudes sociales; cier to que puede afirmarse la herenda de constituciones psicopâto Idgicas, pero no una predisposicidn directa a la delincuencia. Si hay una frecuencia mucho mayor de psicdpatas entre los de­ lincuentes crdnicos que entre los ooasionales, y mayor en és­ tos que entre la poblacidn normal, nadie afirmaria que delin- (3)cuencia y psicopatia son términos équivalentes. Aün ciertos factores o incitaciones cuyo origen parece ne- tamente mesoldgico podrian, a nuestro entender, estar influi- dos por disposiciones individuales. El hecho de que un eleva- (4)r do porcentaje de delincuentes se enbriague para delinquir, o caiga en la habitualidad alcohdlica, puede estar relaciona- 1 (1 ) Franz EXNER, Biologia criminal, pâg. 246 y 24#. (2 ) Stephan IIURWITZ, Criminologia. pâg. 104-107. (3) HURWITZ, ob. cit.. pâgs. 121, 124, 194, 195, 219, 220 y 221. (4) Id. id., pâg. 3 1 1. do con su propia constitucidn. La falta de cualificacidn pro­ fesional, como bien apunta EXNER, no responds siempre a mera hdlgazanerla, sino, muchas veces, a una inestabilidad enraiza- da en la disposicidn;^^^ y el mismo autor sehala cdmo la de-- lincuencia de los multirreincidentes no disminuyd en determi- ( 2 )nadas coyunturas sociales prdsperas, por lo que la tan in- vocada visidn atenuatoria de la "necesidad" o de la "miseria", como hecho proveniente del mundo circundante, pierde virtual! dad. Pero aun cuando esa necesidad fuese real, siempre cabria argumentar, con HENTIG, que los tarados mentales y los débiles de espiritu son fâcilmente postergados en la lucha por la vi- (3)da y caen antes que otros en dificultades econdmicas, por lo que la razdn de su actitud irregular no debe buscarse sdlo en su contorno social sino también en su nücleo interno. Lo - mismo podria decirse respecto a la inmàdurez psicoldgica de - (4)que nos habla RESTEN y a la inadapt^cidn familiar o social estudiada por,EXNER.^^^SOBEJANO dice que la juventud padece - fundamentaimente el agobio de dos problemas: el sexo y el di- nero,^^^ y RESTEN sostiene que la fuente de la energia crimi­ nal hay que situarla en un excedente de la libido, entendida no en el estricto sentido sexual que le daba FREUD, sino en - (7)su amplia significacidn junguiana; sea como fuere, la ex— (1)EXNER, ob. cit.. pâg. 410. (2) Id. id., pâg. 152. (3) Hans Von HENTIG, Estudios de Psicologia Criminal, pâg. 52. ftJ (4) René RESTEN, ob. cit.. pâg. 297. ft (5) EXNER, ob. cit.. pâg. 3&4. (6) "El sexo plantea una lucha continua entre el mandate del instinto y la norma moral... El dinero coloca al aima dé- I bil del adolescente ante esta alternativa: o permanecer - ft honrado en la estrechez o medrar participando en el pacto convenido por los vividores". Gonzalo SOBEJANO, Novela es- pahola de nuestro tiempo. (Madrid, 1970), pâg. 200. (7) RESTEN, ob. cit.. pige. 29 y I6 3 . ft plicacidn de las conductas desviadas podria buscarse tanto en f t . el fondo individual como en el social. Igual resultado obtene mos al meditar sobre lo que ROF llama la batalla por la iden- I tidad -en la que juegan el amor propio desmedido, la codicia I desenfrenada, la necesidad insaciable de estimacidn y el domift (l)I nio sojuzgador del prdjimo-, o al considerar el afân de au ‘ tovaloracidn, de buscar un sentido a la existencia, esto es, de realizar el propio yo, al que tan perspicazmente se refie- V re HIJAZI, para quien el delincuente, por la pobreza interior i de su mundo, siente una exagerada apttencia hacia los signos ' ( 2 ) de prestigio material. Hemos hablado de pugna y conexiôn entre dos conceptos: dis posicidn y mundo circundante. Ciertos autores, sin embargo, - atendiendo al hecho de que la personalidad es el resultado de la superposicidn de très elementos (herencia, disposiciôn ad-c quirida y mundo circundante), distinguen la llamada seudo-he- rencia« vinculada a la disposicidn ddquirida y explicada por una maduraciôn anormal del individuo, lo que sucede en el pro ceso constitutivo de la personalidad, durante los primeros me ses o ahos de la vida. Es la carencia de afecto o de ternura ( 3 )en la urdimbre constitutiva, de ROF , a veces manifestada a travês de la orfandaz precoz, que EXNER anota por su elocuen- te frecuencia entre m u l t i r r e i n c i d e n t e s , y cuyo estudio atrae las preferencias del departamento psiquiâtrico de la espahola Central de Observacidn: "Quizâ lo que investiguen con mayor - detenimiento sea el inicio de los procesos de socializacidn a ■ (1) duân ROF CARBALLO, Violencia y ternura, pâg. 156. 'à ^(2) Mustafâ IIIJAZI, Délinquance .juvenile et réalisation de soi^ pâg. 280-2§2. (3) ROF CARBALLO, ob. cit., pâgs. 12, 21, 22, 35-39. (4) EXNER, ob, cit.. pâg. 355• i ft: ift travée de las relaciones madre-hijo. Interesândonos, ante to do, en nuestro quehacer, la asocialidad, si la relacidn ma-- terno-filial queda frustrada o es frustrante, entonces hay - que temer un elevado porcentaje de antisocialidad para el fu r ' - , ' Inmersa en los conceptos de que venimos hablando, y con - lazos que la ligan a todos ellos, estâ la idea del delincuen te constitucional o de estado, tal como la conciben, por ejem plo, DI TULLIO y EXNFR. El primero de ellos afirma la exis— tencia de una predisposicidn constitucional a la delincuen-- cia, debida a una particular estructura de la personalidad, con base no sdlo en caracteristicas fisio-psiquicas hereda-- das o congénitas, sino en estimulos exteriores que operan es pecialmente durante la infancia, aunque el crimindlogo ita-- (2)liano destaque la preponderancia de Iqs factores bioldgicos. Para EXNER, el delincuente de estado, ;a diferencia del oca— sional, muestra en su vida sentimental una peculiaridad enla zada en muchos casos con una anormalidad psicopâtica del ca­ râcter, frecuentemente asooiada con deficiencias intelectua- les e instintivas, que puede manifestarse, entre otras for-- mas, como una "pobreza de sensibilidad" o como una "debili-- (1)dad de la voluntad". De aquel desvelo por sehalar la preponderancia de determi nados factores, ya fuesen constitucionales o mesoldgicos, pa (1) Jeisüs ALARCON y otros. Un sistemalde trabajo en el estu­ dio de la personalidad criminal, pâg. 39. (2) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâgs, 56, 74, 80, 89, 162, 165, 199 y 4%4; y Principles de Cri­ minologia Clinica y Psiquiatria Forense, pâgs. 6 4 , 66, - 1 5 3, 185 y 187. (3) EXNER, ob. cit. . pâg. 337. i samos hoy a la teoria de la uniôn, que considéra el delito à': como un producto de la disposicidn, el mundo circundante y ( 1 )ft el desarrollo de la personalidad, sin que sea fâcil des- componer esa trilogla genética para analizar y precisar el rango etioldgico de cada elemento. Tanto la constitucidn coft ' ' ~ mo el ambiente, dice HURWITZ, se caracterizan como factores( 2 )dinâmicos que actûan mutuamente, y no puede afirmarse — que éste o aquel grupo de elementos enddgenos o exdgenos sea (3)de definitiva importancia causal en la delincuencia. Pa­ ra SEELIG, lo especlficamente criminal de un hombre no pro­ cédé de disposiciones independientes, sino de una détermina (4)da combinacidn de ellas. RESTEN opina que en la prâctica no existen factores crimindgenos aislados, y que la dinâmi- ca criminal se despliega bajo el efecto de instigaciones re petidas y combinadas, sin ordenacidn jerârquica,^^^ Y del - mismo modo que JUNG, refiriéndose al origen de la neurosis, asegura que una teoria constitucional extrema séria tan fal sa como una teoria unilateral del medio a m b i e n t e , E X N E R sehala que conceptualmente pueden separarse esos dos polos, aunque en la prâctica forman un todo inseparable, "pues la disposicidn gana su significacidn a través de su planteamien to en las vivencias del mundo circundante; pero lo que se - vive en el mundo circundante y cdmo se vive, depende esen— (7)cialmente de la disposicidn de la personalidad". La dis- (1) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y Prâctica de la Prognosis Cri­ minal . pâg. 117. (2) HURWITZ, ob. cit., pâg. 59. (3) Id. id., pâg. 456. ■ (4) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia, pj%. 214. (5) RESTEN, ob. cit., pâg. 152-153. (6) C.G. JUNG, Teoria del psicoanâlisis, pâg. 21. (7) EXNER, ob. cit., pâg. 41. K V f t . I posicidn somâtica y psicoespiritual y las condiciones del mun : do circundante operan y se inteffieren indistintamente,^^^ -- aunque el profesor germano admite una diferenciacidn cuantita tiva; "estâ claro que la personalidad, con sus signos caract^ rlsticos, permanece en todo delito como un factor decisivo, y, de otro lado, que el delito es siempre una respuesta de esta personalidad a una circunstancia externa determinada. No se - ( 2 )trata de esto o aquello, sino de mâs o menos". Algunos investigadores llegan a precisar la proporcidn en que la actitud criminal se ve influida por la disposicidn o - (3)por el medio. A estas puntualizaciones podria oponerse el pensamiento de PELAEZ; la realidad criminoldgica es muy com— pleja, parece irréductible a toda exigencia de precisidn y de certeza, porque es una sintesis de aspectos personales y so­ ciales; la mayor parte de los problemas criminoldgicos const tuyen un todo dificilmente divisible, y esta unidad se opone a cualquier intento de examen analitico para inclinarse hacia (4)la sintesis, elemento esencial de la Criminologia. Pero es (1) Id. id., pâgs. 406 y 408. (2) Id. id., pâg. 3 2 5. EXNER, en el mismo lugar, manifiesta - que en el delincuente de ocasidn preponderan los factores mesoldgicos, mientras que los enddgenos privan en el de— lincuente de estado; si bien aclara a rengldn seguido que este iSltimo no tiene que ser siempre reincidente, aunque estâ amenazado de serlo. (3 ) David LUND y Hans W. GRUHLE asignan un 12% a los delincuen tes por constitucidn, un 40% a los del grupo mixto const tucidn-mundo circundante y un 4 8% a los delincuentes sdlo empujados por la influencia del medio. (HURWITZ, ob. cit. I pâg. 6 4 ). Tales datos, resultado de una investigacidn so^ bre un grupo criminoldgicamente heterôgéneo, tienen un va lor meramente anecddtico. (4 ) Michelangelo PELAEZ, ob. cit. , pâg. 99» El mismo autor es pahol, doctorado y afincado en Italia, escribe: "Debe sub rayarse la reciprocidad de perspectives entre los aspec-- toB Individuales y sociales de la realidad criminoldgica, que, ademâs, como antes declamos, en muchisimos casos résul­ ta dificil distinguir lo congénito de lo adquirido, lo here- ditario de lo mesoldgico. HURWITZ, por ejemplo, hace notar - que si los parientes de reincidentes presentan una proporcidn de criminalidad superior a la de los familiares de delincuen tes ocasionales, ello puede deberse a factores ambientales - desfavorables, que acaso crearon una tradicidn criminal. Tampoco puede concederse un valor absoluto y especlfico a -- ciertos rasgos temperamentales de los delincuentes, porque - esos mismos rasgos se encuentran en ciudadanos honrados. Asi lo hicieron notar, entre otros, SEÊLIG y CASTILLON. Segdn eŝ te dltimo, determinadas caracteristicas temperamentales o de la personalidad dependen del predominio endocrine y de su in tervencidn en las emociones, a través de sus conexiones neu- rofisioldgicas o neurovegetativas, pero estos rasgos, hiper o hipofunciones, se observan en multitud de personas que na- ( 2 )da tienen que ver con la delincuencia. ^Resultarâ, entonces, desmedida la preteneidn de sehalar la causa del crimen, o al menos hacerlo en términos rotundos y sin una cuidadosa delimitacidn del campo investigado? Hace mâs de cuatro lustros, cuando Norval MORRIS estudid seriamen te la criminalidad crdnica, afirmd la imposibilidad de aiean zar ninguna conclusion etiolOgica fundamental con relacidn a la delincuencia persistente, ya que ni la propia etiologia — del delito habla sido determinada. "Podrlamos -ahade- aislar alguna diferencia causativa, pero es seguro que no consegui- porque tal reciprocidad condiciona toda la impostacidn - metodoldgica de la criminologia. Y si se acepta esta re­ ciprocidad de perspectivas, ya estâ curada una de las — mâs graves llagas que han afligido a la criminologia: la parcialidad y la unilateralidad" (ob. cit.> pâg. 101). (1) HURWITZ, ob. cit.. pâg. 88. (2) SEELIG, ob. cit.pâg. 215, y ALARCON y otros autores, cit.. pâg. 32. f ( 1 )rlamos determinar la causa de tal criminalidad". SEELIG entiende que el afân por encontrar una caracterlstica comün a todos los delincuentes es un camino metodoldgicamente equi vocado; las investigaciones masivas sobre un material no se-ft / leccionado no pueden conducir al fin apetecido, y por eso - articula una tipologia criminoldgica, dnico sistema para (2)llar rasgos esenciales caracterlsticos de cada grupo. La opinidn de POLLITZ es mâs radical; el hallazgo de la causa presupone el serio conocimiento de la personalidad criminal, y por ello considéra que "todo intento de concretar précisa y caracteristicamente, mediante delimitaciones esquemâticas, los aspectos de una personalidad, que por su mismo carâcter ha de ser algo individual, no puede conducir mâs que al -- (3)error". EXNER, si bien considéra que no puede establecer se nada de valor general en cuanto al grado de influencia - que la disposicidn o el mundo circundante ejerce sobre el - criminal, deja la puerta entreabierta a indagaciones mâs es pecificas: "El examen del autor en particular y de cada uno de los tipos de autor ha de conducir a resultados completa- mente diferentes"^^^. Luego de un paciente y atinado estu-- (1) Norval MORRIS, The habituai criminal (London, 1950, — pâg. 28. Un leve reparo al razonamiento del autor britâ nico; no parece que la precisidn etioldgica del delito, como realidad genérica, deba précéder necesariamente a la determinacidn de las causas de la habitualidad crimi nal, sobre todo si para esta Ultima se opera en un te— rreno bien deslindado, ya que la multirreincidencia es un fendmeno mâs concreto y accesible para la investiga­ cidn. (2) SEELIG, ob. cit., pâg. 214. (3) Paul POLLITZ, Psicologia del delincuente. pâg. 188. (4) EXNER, ob. cit.. pâg. 69. dio sobre 33 casos de delincuencia grave, DEBUYST. comprobd, incluso entre los homicidas o los autores de robos -que cons^ tituian los grupos mâs especificos-, diferencias notables - en la conducta y en la manera de vivir los acontecimientos y los contactos con el prdjimo; y piensa el profesor belga que quienes tienen una idea clara y simple del joven adulto criminal quedarân desilusionados, quizâ, ante esta diversi- dadj pese a ello, DEBUYST cree que sus 33 delincuentes for­ man un grupo preciso, con caracteristicas propias. Por nuestra parte, queremos llevar a cabo un intento de explicacidn. La palabra causa, en el sentido de condicidn - necesaria que le da PINATEL, nos parece inapropiada y ridi- culamente ambiciosa para este empeno. Se trata de compren-- der, explicar o interpretar determinada conducta, su porqué o su cdmo, sus factores o sus condiciones, englobando en — ellos los conceptos mâs o menos discernibles de causa, moti vo y motivacidn. Pero no habremos de partir del grupo, sino del individuo como realidad dramâtica, esto es, como uni— dad Humana capaz de interesar y conmover profundamente, pa­ ra contemplar finalmente el conjunto de nuestros hombres y averiguar si hay entre ellos una comunidad de caracteristi­ cas o inclinaciones. X X X Recordemos las causas y mdviles delictivos mâs frecuente mente sehalados por nuestros entrevistados: (l) Christian DEBUYST, Los valores vividos por los crimina» les, pâg. 357. I : t Causas Influencia ajena, 8 casos* Falta de padres o irregular! dades en el afecto familiar, 7 casos. Exceso de libertad o de dine ro, 4 casos. Tendencia al delito, 3 casos. Afân de independencia o bue- na vida, 3 casos. Amargura o resentimiento, 3 casos• Mdviles Poder frecuentar prostlbu- los, 6 casos. Hambre o necesidad, 4 casos. Gastar mâs de lo que podlan, 4 casos. Amor al riesgo o la aventu ra, 4 casos. Envidia, venganza o resen­ timiento, 3 casos. Estado animico al tiempo de la comisidn (el paso al acto) No puede negarse el interés que para la Criminologia en- cierra el estudio de la personalidad del delincuente, como presupuesto de su actitud irregular, personalidad en la que confluyen la disposicidn subjetiva y las influencias del mê dio social. Pero, como dice RESTEN, no todos los individuos afectados de frustracidn intelectual, o los nacidos en fami lias desunidas, caen en la delincuencia. Aquellos factores abonan el terreno, condicionan la criminalidad, pero no la determinan.^^^ Falta aün la transgresidn material, el paso al acto. Muchos crimindlogos han intentado dar una explicacidn ge i nérica del paso al acto, referida al estado animico del de­ lincuente y al juego mental que le conduce a la caida. A ta les hipdtesis, mâs o menos Idgicas e ingeniosas, sdlo puede (l) René RESTEN, Caractérologie del criminal, page. 145-146. concedérseles un valor relativo, especialmente cuando, lejos de centrarse en determinados tipos criminoldgicos, pretenden elaborar un esquema de valor universal. Las especiales condi clones de nuestras entrevistas no nos han permitido intentar la introspeccidn de cada sujeto en relacidn con cada uno de sus delitos; a lo sumo obtuvimos datos générales sobre la si tuacidn animica al tiempo de la realizacidn delictiva, que - podrâ analizarse para intentar una sintesis parcial. De mane ra concrets, la dinâmica del ültimo delito cometido -el que cada individuo podria recordar con mayor fidelidad- quedd de intento, muchas veces, al margen de nuestra bdsqueda; y ello porque, al tratarse frecuentemente de transgresiones pendien tes de juicio, quisimos evitar hasta la menor suspicacia res pecto al alcance de nuestras entrevistas. Entre las explicaciones de la mecânica psicoldgica duran­ te la perpetracidn, puede recordarse la de SEELIG, quien di^ tingue cronoldgicamente las siguientes fases: impulso crimi- nd^éno peculiar, falta de inhibicidn por ausencia de senti— mientos sociales ético-juridicos; falta de inhibicidn por la esperanza de no ser descubierto; en ocasiones, esperanza de la pena (seguridad de la cârcel contra el hambre y el frio, ansia de inmolarse por una idea, etc.), y relagâcidn de los frenos que actüan sobre los impulsos instintivos.^*^ HURWITZ nos recuerda que el juego de los diversos factores en el momen to del paso al acto delictivo se formulé con la siguiente -- ecuacidn: en la que C es el crimen, T las tendencias, S la situacidn y ( 2 )R la resistencia. Y el mismo profesor se detiene en el — (1) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia. pâgs. 210-214* (2) ShBphan HURWITZ, Criminologia. pâgs. 384, 385, 387, 390 y î f examen de las situaciones delictivas internas (predisposicidn. î pslquica, anterior y simultânea a la comisidn material) y ex ternas (causa objetiva y posibilidad de perpetracidn), los - factores dinâmicos (ansia de algo) y estâticos (falta de re­ sistencia) , situaciones preparadas y casuales, asi como las situaciones peligrosas capaces de suprimir las inhibiciones (embriaguez, exaltaciones multitudinarias). RESTEN, antes de tratar por extenso de la dinâmica criminal, y de dar una in- terpretacidn adaptada a cada uno de los tipos caracteroldgi- cos (nervioso, sentimental, colérico, apasionado, sanguineo, flepiâtico, amorfo y apâtico), resume asi las corrientes clâ- sica y psicoanalitica en relacidn con el mecanismo productor del delitps En la concepcidn clâsica se hace hincapié en el aspeèto negative, que proviene de la disminucidn de la capa­ cidad moràl, resultando asi la imposibilidad de que el indi­ viduo se oponga a la manifestacidn de una criminalidad laten te. En la concepcidn analista se cargp el acento en un super avit de energia o de libido, incapaz de encauzarse correcta- mente, y que por ello desemboca y se agota en conductas anti sociales o agresivas; esas conductas son "autoagresivas" euan do se manifiestan a través de sintomas neurdticos o mediante el suicidio, y son "heteroagresivas" cuando se dirigen con—( 1 )tra otras personas o contra sus bienes. Para PINATEL, que estudia detenidamente el paso al acto, no es fâcil encontrar una caracteristica comün a todos los - criminales, y entiende que los investigadores que afrontaron y 391. También EXNER parte de la diferencia entre la situa­ cidn externa del hecho, como situacidn del mundo circun dante en que se concibe y ejecuta la decisidn delictiva, y la situacidn interna, es decir, el estado animico del individuo al decidir el hecho y ejecutarlo (Biolohia — Criminal, pâgs. 420 y 423). (1) RESTEN, ob. cit.. pâgs, 151.y ss. este tema se refieren mâs bien a las modalidades de la rea- 'ft'■ft lizacidn delictiva que al desencadenamiento del acto propia mente dicho. El eminente crimindlogo francés sehala, como - fases dinâmicas internas del delito, la valoracidn moral -- del acto (con el consiguiente juego de inhibiciones, segdn los sentimientos personales), la representacidn del posible castigo (oscilacidn entre el deseo y el temor, esperanza de no ser descubierto, oscuro sentimiento de autopunicidn y de seo de ser descubierto, imprevisidn relativa al aspecto pe­ nal de hecho), la crisis de aceptacidn del acto (condiciona da por dificultades de ejecucidn,por pulsiones violentas — que le incitan a perseverar y muestran la agresividad y la- bilidad del sujeto) y, finalmente, la indiferencia afectiva que permite la materializacidn del delito, condicidn Ultima y mâs importante, ya que no bastan el egocentrismo, la labi lidad y la agresividad si no se combinan con dicha indiferen cia. Los rasgos de egocentrismo, labilidad, agresividad e - indiferencia afectiva, que condicionan el paso al acto, no actiîan de forma aislada sino asociada; constituyen el nücleo de la personalidad criminal, y cùalesquiera otros rasgos psi. coldgicos del delincuente son meras variables que no estân vinculadas al paso al acto, sino a las modalidades de ejecu cidn. "El crimen -afirma PINATEL- es un acto humano y los - criminales son hombres como los otros, pero se distinguen - de los demâs porque el paso al acto es la expresidn de una diferencia de nivel, cuantitativo y no cualitativo, entre - su psiquismo y el de los no delincuentes*"^^^ I 1 La articulacidn cronoldgica del paso al acto, tal como - la explica PINATEL, puede parecer arbitraria. Cabria decir (1) Jean PINATEL, Traité de Droit Pénal et de Criminologie* (Parle, 1970), III, pâge. 471-476. i;: I 'I ■i ::ft" que la indiferencia afectiva no opera como un resorte final, sino como un factor permanente, como una cualidad inherente a la personalidad y que la influye con anterioridad a la eje cucidn, incluso en los trâmites de aproximacidn y plantea— - | miento. Por otra parte, el orden en que, segün él, se desarro | lia el paso al acto, constituye una hipdtesis que quizâ no - siempre se vea fielmente secundada por la realidad; asi, en el supuesto de perpetraciones sübitas, casi explosivas, como ! algunas de las manifestadas en nuestras entrevistas, pueden desaparecer las fases preliminares (valoracidn moral del ac­ to, representacidn del castigo) o enlazarse de tal forma que | operen indistinta y simultâneamente. La afirmacidn de que el criminal se distingue del que no lo es por la diferencia cuan- ' titativa de su psiquismo, expresada en el momento del paso - I al acto, es sin duda la mâs radical e interesante del profe­ sor gglo. Ante ella podriamos preguntarnos si las reacciones del hombre normal son cualitativamente iguales a las del psi cdpata, el fetichista o el epiléptico (la pregunta sobrarla, claro estâ, si se parte de que taies conductas son expresidn de la cualidad humana); pero ha de admitirse, aunque ello — pueda parecer un exceso de formalisme, que el paso al acto - es la ünica frontera que délimita el mundo de la delincuen-- cia. El conocimiento dinâmico del paso al acto, tanto en su as pecto externe (situacidn) como en el iiterno (estado animico), tiene un interés que va mâs allâ de lo puramente especulati- (l1vo. En primer lugar, el juzgador sacarâ consecuencias — prâcticas para ponderar la culpabilidad y peligrosidad del - (1) EXNER, ob. cit., pâgs. 418 y 419; Michelangelo PELAEZ, - Introduccidn al estudio de la Criminologia. pâg. 112. ft I sujeto, las circunstancias modificativas de la responsabili .I dad, su grado de participacidn en los hechos y hasta la ca- 'S ' , IlfIcacidn penal de los mismos, especialmente tratândose de •1 .. ■ figuras delictivas que exijan una intencidn especlfica. De ft igual modo, el crimindlogo hallarâ en la perpretracidn de-- lictiva datos Utiles para conocer la estructura biopslquica del delincuente, adentrarse en el estudio de los mdviles, - elaborar un prondstico y establecer las bases de un trata-- miento. Muchos de los multirreincidentes por nosotros examinados se han referido a sus reacciones pslquicas en el momento de la realizacidn del delito, reacciones que constituyen un sin toma mâs de su personalidad y que merecen una consideracidn general. La mayor parte confesaron sentir nerviosismo y mie- do a ser descubiertos, hasta el extremo de advertir el tem­ blor de las extremidades o del cuerpo entero; ambos senti— mientos, no sdlo compatibles sino a veces dificilmente dife renciables, son naturales en un sujeto consciente de la ile galidad de su acto, del mal ajeno que su conducta provoca, de la posible e imprévisible reaccidn inmediata del perjudi cado y de las consecuencias pénales de su actividad. El ner viosismo y el miedo, pues, son reacciones que sin duda afec tarlan a la generalidad de los ciudadanos honrados que caye sen en la tentacidn de cometer un delito contra la propie— dad. Sin embargo, no pensarlamos lo mismo cuando el nervio­ sismo -como ocurre en alguno de nuestros multirreincidentes- se asocia con el entusiasmo, y no con el miedo. Harto expresivo de la excitacidn padecida por el ladrdn en casa supuestamente habitada, es este relato verldico re- cogido por HENTIG: "Saltô a la una y media de la madrugada una cerca. Inesperadamente cayd sobre un montdn de carbdn. Rigide, por miedo a que le hubiesen oido, escuchd atentamen te durante cinco minutes enteros. Entonces oy6 aproximarse unos pasos lentos, firmes. Se aplastd contra el muro. Pare- cia como si las rodillas se ^licuasen* bajo él. Los pasos - se perdieron a lo lejos, y le volvieron las fuerzas. Se des liz6 sin ruido hasta la ventana. No estaba cerrada. Pulgada a pulgada levantô el marco. Pénétré por alli. Redoblaban — sus oidos, y el ruido parecla llenar la casa. Hasta pasados diez minutes no se obligé a si mismo a deslizarse hacia -- arriba por la escalera. Llegé a una puerta. Estaba cerrada, pero con la H a v e puesta. *Con infinita precaucién, hice gi rar la Have, y cuando terminé de dar la vuelta en la cerra dura, el silencio de la casa parecié romperse en mil peda— zos...' Espéré hasta que disminuyeron las palpitaciones de su corazén, Luego abrié despacio, muy lentamente, la puerta. Presipné hacia arriba, segün alguna vieja régla de los de-- lincuentes, para disminuir el roce de los goznes. Dentro no se oye nada. Tan pronto como el que duerme espire el aire, darâ un paso.^^^ La tensién es insoportable, hasta que se - percata de que la habitacién estâ vacla... *Retrocedl y me sentéren la escalera, temblando de excitacién; sabla que -- esa noche no podla ir mâs lejos. Estaba flsicamente enfermo. Me estremecla de frlo, cogl de la percha un abrigo y un som brero. Demasiado agotado para cuidarme de precauciones, hi- ( 2 )ce girar con ruido el cerrojo de la puerta y sali fuera..." (1) El mismo HENTIG anota una norma sabida de antiguo por - los habituales del crimen; Al deslizarse por un dormito r^o habitado, hay que dar un paso cuando el durmiente - espira el aire, y quedarse quieto cuando aspira; porque parece que los que duermen oyen mejor al inspirar. Y -- ahade que este régla no resuelve lo que ha de hacer el delincuente si hay en la habitacién una parej a y no re.s pira a compâs. Estudios de Psicologia Criminal, I, pâg. 149. (2) Id. id., pâg. 152. Con referenda a nuestros multirreincidentes, siguen en importancia cuantitativa a quienes notaron miedo o nerviosis mo durante la perpetracidn, los que experimentan en ese mo­ mento sentimientos de entusiasmo o de placer, bien solos o bien asociados con otro género de sensaciones. Résulta cu-- rioso el hecho de que todos los individuos dltimamente refe ridos se encontrasen haciendo el servicio militar al tiempo de la entrevista, y que, salvo uno del que no tenemos datos, también advirtiesen un efecto placentero en el curso de la ma terializacidn delictiva cuantos voluntariamente se habian en rolado en fuerzas paracaidistas. Aunque ambos puedan ser -- proyeccidn de una personalidad andmala, es necesario distin guir el sentimiento ahora aludido, propio del buscador de - emociones que afronta gustosamente una situacidn arriesgada, de aquel otro consecuente a un impulso erdtico, uno de cu-- yos ejemplos hemos encontrado en nuestras entrevistas (caso ns 8), y del que sehalaron precedentes HENTIG y DI TULLIO. Sin perjuicio de detenernos oportunamente en el anâlisis — del dltimo caso aludido, debe recordarse aqui que los auto­ res citados ven en la referida tensidn satisfactoria un ras go de singularidad caracteroldgica, y el maestro italiano - la interpréta como sintoma de hipoevolucidn psiquica (acto reflejo instintivo, en estado de leve perturbacidn emotiva, matizado por el gozo que acompaha a toda satisfaccidn de — las fuerzas instintivas) o como rasgo de un estado de delin cuencia constitucional vinculada a la neuro-psicopatia. El Iapoderamiento ilegal de vehiculos de motor parece re- velar, en el psiquismo de sus autores, unas caracteristicas iii 1 (1) Hans Von HENTIG, ob. cit., pâgs. 99-100j Benigno DI TU­ LLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâgs. 229, 234, 2351 2 3 6, y Principios de Criminologia Clinica y Psiauia- | tria Forense, pâg, 311# especiales. El acto de poner en marcha y someter a la propia voluntad una mâquina veloz e inasequible, que habitualmente constituye un signo de capacidad econdmica y de éxito social, viene a representar una ilusoria conquista del poder, una sa tisfaccidn del afân de fuga y de libertad, un falso hallazgo de les valores personales. Algunos de nuestros entrevistados, ajenos a la esencia patrimonial de su infraccidn, ponen el - acento en el hecho de poder "pisar fuerte", de buscar emocio nés o de "rajar" al volante del coche robado. Merece citarse la interpretacidn que ofrece HIJAZI en — cuanto al estado anlmico del autor de robos de coches, al — tiempo de la comisiôn. El joven ladrdn se valoriza por su ac to, encuentra en el robo varias oportunidades para realizar- se: circular en un vehiculo costoso, pasearse y ver mundo co mo un ser privilegiado, sentirse al nivel de los triunfado— res, circular a gran velocidad y poner en juego su vida, lan zar un suspiro de alivio por haber salido victorioso, demos- trar sus aptitudes de buen conductor, dominar la mâquina y - adquirir una fuerza suplementaria. El muchacho, al menos mo­ ment âneamente, cambia de mundo y borra asi su imagen de ser desventurado, sustituye su pobre existencia por otra dotada de prestigio material, de excitacidn y de audacia. En el sim bolismo psicoanalitico, dice HIJAZI, el coche es el sustitu- to de la mujer. Las dificultades sexuales que ciertas perso­ nas tienen para asumir su papel viril se manifiestan en sus suehos por la dificultad para dominar su coche. Uno es dueho de su coche, que le acoge y le obedece, sin rehusar jamâs, y asi sç compensa la frustracidn sufrida en un contacte inter subjetivo. Finalmente, recordando que el mundo del delincuen te es pobre y falto de toda fuente de riqueza interior (cau­ sa de que se sobrevaloren los signes de poder material), HI­ JAZI piensa que en el paso al acto hay un doble procesot De un ladoi el sujetc trata de abolir la triste imagen de su — existencia; y en segundo lugar, mediante su delito abre las puertas a un mundo nuevo. Asi devuelve o conquista, a través de la aventura, un sentido a su existencia, es decir, se -- realiza. En resumen, el delincuente protesta contra el re— chazo de la sociedad, forzândola a reconocerle, al menos co mo un elemento peligroso; y, ademâs, brilla por sus éxitos a los ojos de sus semejantes, ocupando un lugar calificado( 1 )en la sub-cultura de la delincuencia. Es up fendmeno muy frecuente, ya no s61o en el momento - del paso al acto, sino en otras etapas de la vida del delinf cuente, su celo auto.justificador. Unos lo expresan con la - frase "total, siempre me habrian de èchan la culpa", otros alegan la hipocresia que inspira la organizacidn social, mu chos creen ser victimas de una oligarquia explotadora y -- otros, en fin, entienden que es preciso enrolarse en una de 1las dos categorias que componen el género humano: despojado res y despojados. El ladrdn, pues, se siente situado en el mismo bando del juez; el descubrimiento del delito es un ac cidente desdichado, y la cârcel, un arbitrio defensive in-- ventado por los grandes despojadores, a quienes sirve el — gran aparato teatral llamado justicia. Pero ese deseo de — justificarse, que en el paso al acto puede operar como dis- parador de la accidn ilicita, maniflesta a nuestro entender, no un irremediable deterioro de la personalidad, sino un es crdpulo razonador, sintoma de una latente sensibilidad moral, Util quizâ como fundamento de un esfuerzo rehabilitador. — HENTIG entiende que se ha prestado poca atenciôn a este pro ceso mental tortuoso, con que el ladrdn arguye su inocencia o atepda su culpa y diluye las dltimas inhibiciones antes - (l) Mustafâ HIJAZI, Délinquance .juvenile et réalisation de soi, pâgs. 2 4 0, 2 5 2, 280-2 8 2, de iniciar el d e l i t o ; p a r a nosotros, insistimos, es un auto matismo defensive que révéla la existencia de un rescoldo mo­ ral y cierto equilibrio de la actividad razonadora. El citado criminôlogo alemân se detiene a considerar algu- nas manifestaciones de esa reaccidn justificadora y afirma — que, frente a la condena del mundo, el ladrdn se ampara en la idea de una misidn punitiva igualadora y cuasi moral, colabo- rando a su manera lucrativa en la defensa de un orden mundial "decente". De modo anâlogo, algunos chantajistas "castigan" a (2)los homosexuales por sus vergonzosas inclinaciones. La in- tuicidn de CELINE, el conocido médico y literato francés, di^ curre sobre este punto por boca de cierto personaje autor de unas raterias: "Ciertamente nosotros estamos acostumbrados a admirar todos los dias a inmensos bandidos que viven en la — opulencia, y cuyas historiés se revelan, tan pronto como uno las examina de cerca, como un largo crimen renovado cada dla; pero esas gentes gozan de gloria, de poderlo, de tal manera - que sus fechorias quedan consagradas por las leyes, mientras que a todo lo largo de la historié que se conoce..., todo nos demuestra que una faite venial, y sobre todo cuando se trata del misero alimente, ya se trate del pan, del jamdn o del que so, atrae sobre el culpable, infaliblemente, el oprobio for— mal, el rechazo categdrico de la comunidad, los mayores casti/ gos, la deshonra automâtica y la vergUenza inexplicable. Esto sucede por dos razones: primero, porque el autor de taies fal tas es generalmente un pobre, y la pobreza es un estado que - implica ya una indignidad capital; segundo, porque su acto — comporta una especie de tâcito reproche a su comunidad. El ro bo del pobre viene a ser una recuperacidn maliciosa del indi- (1) HENTIG, ob. cit.. pâg. 92. (2) Id. id.. pA*. 92. !; ! viduo... Por eso la represiôn de los pequenos delitos se ejer ce, bajo todos los climas, con un rigor extremo, no s61o como‘ ■ f medio de defensa social, sino también, y sobre todo, como una recomendacidn severa a todos los desgraciados para que se queA; I den en su sitio y en su casta, bien tranquilos, gozosamente - I"/ resignados a morir a lo largo de los siglos, indefinidamente, ( î )de miseria y de hambre." Como Ÿa hicimos constar, de los 16 entrevistados que pro— porcionaron dates sobre su estado animipo durante la ejecuciôn delictiva, 8 sintieron miedo o nerviosismo, 4 experimentaron entusiasmo o placer y otros 4 obraron en momentos de excita— cidn carnal, obnubilacidn alcohdlica o como consecuencia de - impulses repentinos. Delincuencia individual o colectiva, activa o pasiva Los conceptos de este epigrafe pueden mezclarse, pero no - confundirse. El delincuente individual suele ser active, obrar por propia iniciativa, pero puede también ser instrumente de un inductor que no participa materialmente en el hecho crimi­ nal. El delincuente colectivo obra unas veces por propia de— terminacidn, y otras por instigaciôn ajena. El criminal acti­ ve puede delinquir en soledad o promover la actuacién delicti^ va de un grupo, como el delincuente pasivo -ya quedô dicho- - puede operar individual o colectivamente. Pâginas atrâs hemos dicho que las amistades o compahlas — del multirreincidente suelen expresar su idiosincrasia y su - (1) Louis Ferdinand CELINE, Via.ie al fin de la noche (Buenos Aires, 1970, pAg. 58. género de vida. La influencia djena presupone cierta disposi- cidn criminal; quien imita al depravado, sea un individuo o - un grupo, obra empujado por su propia calidad Intima. Y tam— bién recordâbamos el pensamiento del P. MAILLOUX, para quien los delincuentes habituales, obsesionados por la sospecha de estar contlnuamente vigilados, s61o se sienten a gusto en com paAia de camaradas con los que coincidieron en centres peni-- tenciarios, por lo que parece que la agrupacidn de maleantes responde a su tendencia antisocial, y no a la influencia del sujeto perverse sobre el inocente.^^^ Sin embargo, sea cual fuere el motive que los une, no pue­ de negarse el valimiento o predominio que unos ejercen sobre otros al caler de ese contacte. Lo que, segün HURWITZ, ofrece particular interés en estes grupos es el afân de imitacidn, - la desaparicién de las inhibiciones bajo la influencia del — I ejemplo de individuos mâs enérgicos y audaces, el deseo de sen tirse admirado por los companeros, amén del sentimiento de — proteccidn o de dispersion del riesgo, que émana de una tarea (2 )compartida por varias personas. Para EXNFR, lo mâs impor-- tante es el "mundo valorativo ético, con caractères inverti— dos, en el que viven estos seres". Tal vez se reunieron por - curiosidad, pero, una vez agrupados, se encuentran bajo un -- pernicioso influjo que afecta seriamente a sus convicciones y (3)a su modo de vivir. Cuando HURWITZ sintetiza los resultados de diversas inves- tigaciones sobre la influencia de las malas compahlas, dice - que "la importancia de ese factor disminuye en los casos de - (1) Noël MAILLOÜX, O.P., Le fonctionnement du surmoi chez le délinquant habituel, pâg. 70. (2) Stephan HURWITZ, Criminologia. pâg, 3&2* (3) Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg, 406. ï criminalidad persistante,ya que los reincidentes trabajan so los con mâs frecuencia que los principiantes".^^^ Esta afirma ciOn hay que interpretarla con cierto cuidado. Hablando del - mismo tema, EXNER comenta la necesidad de asociaciOn por par­ te del delincuente, pero no precisamente del ocasional, sino del delincuente de estado y del profesional, ya que el prime­ ro évita toda relaciOn con el ambiante criminal, o en todo ca (2)so no lo busca, porque "él no pertenece a dicho mundo". — Los resultados de nuestro estudio parecen dar la razdn al pro fesor alemân, ya que, de 20 multirreincidentes, 12 delinquie- ron siempre colectivamente y 4 lo hicieron unas veces solos y otras acompafiâdos, esto es, 16 sujetos (80^) actuaron en gru­ po. Lo que sin duda quiso expresar HURWITZ es que el reinci-- dente, a medida que gana edad y experiencia, consciente del - peligro de la asociacidn con individuos impulsives y bisoHos, (3)tiende a delinquir en soledad. En la prâctica es quizâ mâs fâcil hallar una diferencia ca racteroldgica entre el delincuente activo y el pasivo que en­ tre el individual y el colectivo. El delincuente activo, se— gün EXNER, interviene con vigor en el mundo circundante, mol- dea sus circunstancias vitales y opone resistencia al influjo extrano; el pasivo ofrece escasa resistencia y es influible - en todos los sentidos; entre los delincuentes de estado acti­ ves abundan los profesionales del crimen, individuos de espe­ cial vitalidad, insensibles, afanosos de notoriedad, explosi­ ves y fanâticos; entre los delincuentes de estado pasivos de (4)cuentan la mayoria de los habituales. débiles de carâcter. (1) HURWITZ, ob. cit.. pâg. 3&3. (2) EXNER, ob. cit., pâg. 404» (3) Asi se deduce de los dates ofrecidos por el propio HURWITZ, ob. cit.. pâg, 3 6 4 . (4) EXNER, ob. cit.. pâg. 341, 342. .1; A' f | En el grupo de reincidentes por nosotros estudiado hemos hecho las siguientes observaciones: a) La generalidad de los sujetos delinquieron colectivamente, ya que hay 12 que no actuaron sino en grupo, mientras que 4 lo hicieron indistintamente solos o en grupo; en suma, - como ya hemos dicho, 16 individuos (80^) se asociaron para llevar a cabo su actitud ilegal. b) Las agrupaciones de estos individuos tenlan un carâcter — provisional e inconsistente; mâs que "sindicatos del cri-- men" o que grupos de auténticos profesionales y especially tas, semejaban pandillas de vagos, buscavidas e inadapta— dos. c) De los 8 multirreincidentes capaces de delinquir indivi--- dualmente (casos n@ 1, 2, 7, 8, 9, 10, 16 y 20), 7 pertene cen al grupo de los que padecen anomallas mentales o debi- lidad intelectual (ns l, 2, 7, 8, 9, 10 y l6). Por otra — parte, de 13 entrevistados que delinquieron por propia ini ciativa (n9 1, 2, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 12, l6, 18 y 20), 9 estân afectados de las anomallas mentales o intelectua— les mencionadas (nQ 1, 2, 7, 8, 9, 10, 12, l6 y 18). De la dltima observacidn se desprende que, al menos en el grupo estudiado, sobre la multirreincidencia individual y so­ bre la activa gravitan especialmente factores de disposicidn personal, fâcilmente indentificables. A un resultado semejan­ te parece haber llegado DEBUYbT, luego de examinar un grupo - de 33 delincuentes, toda vez que anotô la existencia de un ma yor porcentaje de desequilibrados o de individuos con graves f lagunas afectivas entre los sujetos que actuaron solos ô, a - / 2 )I lo sumo, en parejas. Con ello no tratamos de atribuir mayor (1) Christian DEBÜYST, Los valores vivides por los criminales, pâg. 300. 456. gravedad a la delincuencia activa e individual que a la pasi­ va y colectiva. Es dificil, quizâ imposible, discernir la pe- ligrosidad de cada una de estas manifestaciones ilegales, por que para la comunidad acaso resuite tan danosa la maleabili-- dad del delincuente pasivo o la actitud de los criminales aso ciados (bien que estas asociaciones no se dén en zonas rura-- les) como la del sujeto que delinque en soledad o por propia iniciativa. Enfrascarse en esa discriminaciôn cualitativa sé­ ria tanto como discutir la primacla del huevo o de la gallina. Sin embargo, para elaborar una prognosis y, sobre todo, para determinar un tratamiento eficaz, es de la mâxima utilidad co nocer esas formas de actuacidn criminal, tan conectadas con - la personalidad del delincuente. Recordemos que entre nuestros veinte hombres hemos hàllado: - 12 delincuentes en colectividad, - 4 delincuentes individuales, - 4 que delinquieron solos y acompahados, - 7 delincuentes actives, - 7 delincuentes pasivos, ^ 6 delincuentes actives y pasivos. Arrepentimiento El arrepentimiento, entendido como el pesar del mal causa do, parece un sentimiento revelador de cierta capacidad mo-- ral y afectiva, pero parece también una reaccidn impropia de quien viene incidiendo una y otra vez en infracciones pena-- les. Sin embargo, nadie se atreverla a negar -ni en el terre no legal ni en el religioso- la posibilidad de que el trans- gresor se duela tras cada una de sus continuas caldas. Cosa i I distinta es ponderar la hondura y efectividad de ese pesar; a este respecte, es significative el hecho de que entre los factores estimables para un prondstico criminal figure la - "ausencia de un sincere arrepentimiento y vergUenza en la - primera c o n d e n a " , p e r o que no se considéré este mismo — sentimiento en las posteriores. Nada tiene que ver la reali dad y sinceridad del arrepentimiento con la escasa persis— tencia del mismo, ni con la fuerza de los factores détermi­ nantes de la nueva infraccidn; y ha de recordarse que la la bilidad -imprevisidn, volubilidad, inconsistencia, inestabi^ lidad- es sin duda el rasgo mâs visible y comün én la perso nalidad criminal. A los datos facilitados por nuestros multirreincidentes no se les puede concéder un crédite absolute; se trata de - un sentimiento intime, s61o comprobable si se exteriorizà - en la forma prevista por nuestra ley, como requisite para - la estimacidn de una circunstancia atenuantei cuando el su­ jeto activo repara o mitiga los efectos de su delito, da sy tisfaccién a la vlctima o confiesa inmediatamente a la auto ridad su infraccidn. Por otra parte, y utilizando términos religiosos, no tendrian el mismo valor significative la con tricidn y la atricién, es decir, el pesar por el propio mal cometido (menosprecio de la norma legal y del bien ajeno) y el simple temor a las consecuencias pénales del delito. Para MAILLOUX, el habituai, de una manera inconsciente, se deja coger por la justicia, y durante un corto periodo - admite su culpa; pero en cuanto cree haber "pagado su deuda", ( 2 )cae en una especie de delirio narcisista, muy contagibso. (1) Wolf MIDDENDORRF, Teoria y prâctica de la prognosis cri­ minal t pâg. 127. (2) Noel MAILLOÜX, O.P., Le fonctionnemet du surmoi chez le délinquant habituel, pâg. 72. Ahora bien, esa posible reaccidn, mâs que un arrepentimiento, es un sentimiento de culpabilidad, al que dedicaremos mâs ade lante nuestra atencidn. El verdadero arrepentimiento, dolor o pesar por la propia conducts, parece estar vinculado a la afectividad, a la ggresi vidad y a las particularidades mentales e intelectuales del - sujeto. Sin embargo, los datos que se deducen de nuestras ob­ servaciones no permiten elaborar un cuadro expresivo y con--- gruente: - Entre los 20 entrevistados, sdlo 6 dijeron haberse arrepen- tido después de delinquir (casos nfi 9> 11, 13, 14, 19 y 20). - De esos 6 individuos, 5 pertenecen al grupo de los 12 que - se cpnsideran afectuosos (el ns 13 se manifesté como nada - afectuoso). - De esos mismos 6 multirreincidentes que dicen haberse arre- pentido, 5 pertenecen al grupo de los 11 agresivos (la ex— cepcidn es el nS 20). - Cuatro,de los 6 sujetos a que nos venimos refiriendo,perte­ necen al grupo de los 10 egolstas. - En cuanto a anomallas mentales o intelectuales, entre esos ô individuos sdlo cabe anotar que el n9 11 pasd una crisis puberal, el n9 19 es alcohdlico y los nQ 9 y 14 tienen una capacidad intelectual inferior a la normal. : ( Infracciones cometidas e infracciones castigadas El tema del enunciado nos lleva a tratar de la llamada ci- fra negra, ya considerada por nosotros en el capltulo inicial de este trabajo. La cifra negra. también llamada criminalidad oculta, zona oacura o Indice de ocultacidn, oomprende laa in- fracciones pénales que no Hegan a conocerse o a castigarse, bien porque no son descubiertas, bien porque adn descubier- tas no son denunciadas, bien porque a la denuncia no sigue la identificacidn y aprehensidn del autor o, simplemente, - porque no puede probarse su participacidn en el delito. La enorme cantidad de delitos cometidos y no sancionados, cuyo alcance numérico no es posible fijar, desvirtda los da tos générales de la estadistica criminal. Ciertamente que - la cifra negra varia segdn el tipo de infraccidn; entre el homicidio y el aborto provocado, entre el atentado contra - la autoridad y el falso testiminb, o entre el abordaje mali cioso y el cohecho, hay a estos efectos una notable diferen cia. Con évidente exageracidn se ha dicho que la Criminolo­ gia no présenta una imagen verdadera del delito, porque es una ciencia que sdlo examina a los delincuentes torpes y ey tdpidos que se dejan apresar;^^^ en realidad, sdlo cabrla - tal reparo en cuanto a ciertos datos cuantitativos, pero — quedarlà indemne el valor del estudio de la personalidad - del delincuente y de las particularidades ajenas al alcance numérico de la criminalidad. No faltan intentos para sehalar los limites de la cifra negra. En Estados Unidos, por ejemplo, se hizo circular en­ tre gran numéro de personas sin antecedentes pénales un cuey tionario con una lista de 49 delitos; el 91% de los interro gados confesaron haber cometido, después de cumplidos los 16 aflos, yna o varias de aquellas infracciones, que de haber - sido descubiertas les hubiera supuesto una pena privativa - * . (2 ) ' de la libertad. Estos datos no pasan de ser una mera -- (1) Stephan HURWITZ, Criminologia, pâg. 33» (2) Wolf MIDDENDORFF, Sociologla del delito. pâg. 56-57* s: I orientacidn, ya que estân condicionados por el fador aleato- rio y por la fiabilidad del grupo elegido. Lo mismo ocurre - con otra informacidn segdn la cual, en determinado periodo - de tiempo, la policla privada de unos grandes almacenes des- cubrid la comisiôn de 1.576 hurtos, de los que sôlo 137 fue- ron objeto de denuncia formai; lo que no sabremos nunca es - el ndmero de sustracciones que aquella policla no descubriô.^*^ Con relaciôn a los delitos en los que hemos fijado nuestro - interés, se calcula que las infracciones de los criminales - ( 2 )profesionales descubiertos y castigados no llegan al 1%; - otros estiman que la cifra de delitos de hurto y de robo san el (4) (3)cionados no excede del 5% de los cometidos; por el contra rio, hay quien hace bajar esa proporciôn a un 0 ,2%* La pretensiôn de fijar la cifra negra résulta vana, por— que ni el propio delincuente, al menos cuando es habituai, - puede recordar y concretar el numéro de sus acciones delicti vas. Su vida estâ identificada de tal forma con la actividad ilegal que ésta résulta un episodio cotidiano, normalmente - falto de especial relieve para ser registrado por la memoria; ademâs, existe un atisbo de pudor o un inconsciente mécanis­ me defensive que, salve en sujetos muy desvergonaados, jac— tanciosos o desalmados, atenüa su esfuerzo mental indagato-- rio. En términos générales, cuando hemos^ querido concretar el ndmero de delitos cometidos, nuestros entrevistados con-- t (1) Id. id.t pâg. 57. (2) HURWITZ, ob. cit., pâg. 42, y Ernésto SEELIG, Tratado de Criminologia, pâg. 257. (3) HURWITZ, ob. cit., pâg. 43. (4) Hans Von HENTIG, Estudios de Fsicologla Criminal, pâgs, 113-114. testaron con imprecisiôn:";Quién sabel", "muchos", "por lo me nos 10". Ante esta realidad no es posible ofrecer un resumen indicative. Alguno (caso nS 2), sancionado por 7 infracciones, confesd haber cometido mâs de 40; otro (nQ 5) castigado por 7 y que vivid durante algdn tiempo, y con holgura, de ciertas - falsificaciones en las cajas de fdsforos, manifestd haber rea lizado "muchos" delitos; otro de nuestros hombres (nQ 6) fue castigado por 13 actos punibles, pero cree haber perpetrado - no menos de 25» En fin, nuestros veinte hombre fueron perse— guidos por un numéro de infracciones que oscila entre 2 y 1 3, constituyendo mayoria (12 casos) los que lo fueron entre 5 y 7 veces; y confesaron haber cometido desde no menos de 4 a -- mâs de 40, utilizando a veces las expresiones "muchos" o "no sé'̂ . Los robos con fuerza en las cosas y los hurtos figuran a la cabbza de las actividades ilegales del grupo. V. VIDA PENITENCIARIA Resultados a) Experiencias y resultados Dentro del capltulo consagrado a determinadas particular! dades que se manifiestan con posterioridad a la actividad de lictiva, y concretamente relacionadas con el periodo carcela rio, anotaremos aqui, con la posible exactitud, la experien­ cia penitenciaria de cada entrevistado asi como los efectos que sobre su actitud ha conseguido el cumplimiento de la pe­ na. Afirmar la absoluta inutilidad de las penas ya extingui- das, por cuanto no impidieron la nueva reincidencia, es qui­ zâ una conclusiôn demasiado simplista. Volveremos mâs adelan te sobre el tema, y nos limitamos ahora a indicar que los re sultados que aqui se van a resehar son los proporcionados por el mismo multirreincidente. Caso nfi 1.-Entre condenas y prisidn preventiva, sufrid 2 ahos de privacidn de libertad, Después de extinguir su primera condena, cometiô al menos 5 sustracciones por las que no fue perseguido. Caso nfi 2.-Entre un internamiento en una casa tutelar de me- nores, varias condenas y la actual prisidn preven tiva, estuvo recluido un total de 3 arios. Dice -- que los periodos de reclusidn le "destrozaron la moral", que los compafieros del correccional le en seharon a abrir puertas y otras habilidades pro— pias de delincuentes, y, en suma, que la cârcel - fue para él contraproducente. Caso nfi 3.-Estuvo 5 aftos recluido, entre el reformatorio y la cârcel. Es homosexual. Manifiesta que "meter a un chico en un reformatorio es perderlo para toda la vida", que la cârcel es "un antro de corrupcidn" donde "se aprende todo lo malo del mundo" y que - "los compaHeros te meten en la cabeza que todo es fâcil, que con armas hay mâs seguridad y que ese es el ünico camino para vivir." Caso nfi 4.-En total, sufrid 4 arios de reclusidn. Dice que sus companeros de cârcel no influyeron sobre él, que el régimen penitenciario le fue Util para escar— mentar y que, desde su Ultima salida de prisidn - hast a su nueva caida, permanecid afio y medio sin delinquir. Caso nfi 5.-Pasd 1 ano y medio en un reformatorio de menores, y mâs de 5 anos y medio en distintas cârceles, lo que hace un total de mâs dç 7 anos de privacidn - de libertad. Dice que en el reformatorio fue cas­ tigado con gran severidad, si bien aprendid el — oficio de tipdgrafo; que "la influencia de la câr cel es tremenda para mi y para todos; alli habla muchos carteristas y me enseharon muchas cosas", "el ambiente alli es desastroso por donde se quiy ra mirar. El masoquismo, el sadismo y la homose— xualidad estân a la orden del dia. Y a pesar de - todo, yo me sentia distinto de ellos y sali nuevo o casi nuevo, arrepentido y asqueado de aquella - gente". Caso nfi 6.-Sufriô varias penas pecuniarias y pasd en la câr­ cel un ndmero de meses no precisado. "No compren- do c6mo puede meterse a un, chaval a los 16 afios - en la cârcel, porque asi ya no hay quien haga ca­ rrera, ni la podrâ hacer nunca. Poco a poco se ha bitûa uno a estar en la cârcel, una y otra vez, y termina uno tomando todo aquello de cachondeo,~De& de que me pusieron en libertad ya no levanté caby za, porque me eché unos amigos como nunca habia - conocido; entiéndame, los conocl en la cârcel. — Alli te da la impresiôn de que si no eres un delin cuente no sabes andar por la vida. Te preguntan - al llegar "^Por qué estâs aqui7y "Pues, por indo- cumentado", Y no te da vergUenza? Eres un gili- pollas. Aqui sdlo se viene por robar o por matar". Asi, asi le hablan a uno alli. Total, que me han hecho polvo, porque, teniendo lo que tengo en la ficha, ya no se puede hacer nada en la vida". "Yo, de mi aficidn a estas cosas, siempre echaré la cul pa a aquel arresto que me metieron a los 16 ahos. Tanto la Policia, como los Juzgados, como la So-- ciedad, siempre me trataron mal. Dinero es lo que quieren; con dinero estâ todo arreglado". Caso nfi 7*-Aunque cometid muchas infracciones, quedaron impu nés y no tiene otra experiencia penitenciaria que 3 meses de prisidn militar, por un delito de de-- sercidn, y 5 meses de prisidn preventiva, también en establecimiento militar, donde fue entrevista­ do. Caso nfi 8.-A los 20 anos fue expulsado de Alemania, por exhi* bicionismo. De regreso a Espaha, por la comisidn de diverses delitos de robo, cumplid un total de 7 anos de presidio. Estima que la cârcel, lejos - de corregirle, le perjudicd y no le prepard para vivir honradamente en libertad. Caso nfi 9*“En total, pasd 2 anos en la cârcel. Aunque los — companeros de reclusidn no influyeron sobre él, - considéra que salid del establecimiento peniten— ciario peor que cuando habla ingresado* I ' ÿZ . 'II Caso nfi 10.-Sus distintas privaciones de libertad suman 12 -A:' . I afios. "Yo nunca tuve amigos y vivl a lo loco. -- Aqui mismo, en la cârcel, prefiero estar solo — que acompafiado. Si estuviera completamente solo hasta me iba a encontrar a gusto ; sobre todo si hay sitio para jugar al frontôn. Me gusta mucho, pero siempre te efetân quitando el sitio, y uno - termina repodrido". "La Cârcel no me sirvid de - nada; porque como no trabajo en un oficio pagado, salgo sin un ahorro para cuando quiera buscar cd mo vivir en libertad". Caso nfi 11.-Su tiempo de cârcel asciende a 1 aflo y 8 meses. "Ahora llevo en la cârcel unos 13 meses. Creo -- que mi permanencia aqui no hizo nada en mi favor. Dése cuenta de la edad que tengo (19 aflos); aqui viene lo peor, y lo que se.puede aprender de los companeros no es nada bueno. Todos los que entran se dedican a fantasear y a decir que hicieron es to y lo otro. Unos lo hicieron de verdad y presu men de ello, y otros se lo inventan para presu-- mir de machos y no ser menos. Claro que la câr-- cel tuvo para ml una cosa ûtil, y es que me hizo ver la importancia que tiene la libertad y el — mal que me hice a mi mismo y a los demâs, inclue yendo a mi familia". Caso nfi 12.-En total, 4 anos de privacidn de libertad. Esti­ ma que las compahias de la cârcel no le hicieron peor, y que su reclusidn le sirvid para escarmen tar. Caso nfi 1 3 .-Estuvo 1 afio y medio recluido (tiene 17 anos). - "Mi estancia en la cârcel tuvo buenos y malos — efectos. Aqui aprende uno lo que es la vida y lo desgraciados que son todos los compaheros; pero 400 Æ f también se pierde la costumbre y el gusto por el trabajo. Piensa uno que ya es un desdichado para toda la vida, por el concepto que la gente se ha de formar de tl. Ademâs, la calaha que hay aqui te hace salir mâs bruto y mâs idiota que cuando entraste. Noto que este ambiente influye mucho - en mi. Prueba de que no me arreglé, a pesar de - mis deseos, es que hace unos meses falsifiqué -- unos vales con los que pagamos en la cârcel, por valor de 4*300 pesetas". "Aqui no es posiblej -- siempre lo mismo; todos los presos estân siem-- pre hablando de las mismas cosas". Caso nfi 14*-Entre el reformatorio y la cârcel, estuvo reclui do 1 ano y 7 meses (tiene 17 anos). "Del reforma torio y de la cârcel salgo ,peor de lo que entré, a mi parecer, por las cosas que le oye uno a los companeros. Bueno, la verdad es que sali peor del reformatorio que de la cârcel; alli conoci a cha vales que luego los encontré en la calle y me — junté a ellos para volver a las andadas". Caso nfi 15«-Pas6 4 anos en reformatories y 5 en establecimien tos penitenciarios, que hacen 9 aftos de privacidn de libertad. Es homosexual. Cree que el ambiente carcelario no conformé su manera de ser y de pen sar. "En las cârceles, en los reformatories, tu­ ve muchas experiencias étiles". "Los compafteros de las cârceles no influyeron demasiado sobre mi; es cierto que aqui se coge mâs vicie, pero al -- . fin y al cabo uno termina por ser lo que siempre ha sido". Caso nfi 16.-Entre reformatorio y cârcel, permanecié mâs de 2 aftos recluido. Cree que el ambiente carcelario - no fue para él perjudicial ni beneficioso* .A I: I Caso nfi 17*-Estuvo internado en reformatories e ingresd 18 ve ces en prisidn (tiene 37 anos), permaneciendo re­ cluido un ndmero de aftos que no ha querido preci- sar. Estima que en el reformatorio no le hicieron mejor. "De mi vida en las cârceles saqué cosas ma las y cosas buenas. Para ml fue contraproducente porque me encontré muy mala gente, de una calafta peor que la mla, que me enseftaron cosas que no — eran para hacerme mâs santo, Y la parte dtil de - la cârcel es que me ha hecho ver que la mala vida ; no conduce a nada, no le hace a uno ser feliz; se deja uno los mejores aftos en la cârcel sin ningu- na compensacidn". Caso nfi 18.-Como consecuencia de 6 condenas por hurtos y ro— bos, y de un internamiento por aplicacidn de la - Ley de Vagos y Maleantes, permanecid recluido un ndmero de aftos que no ha podido determinar. Cree que en la cârcel no mejord, sino que empeord. Caso nfi 19•-Permanecid mâs de 20 meses privado de libertad. - "La cârcel me cayd bien. Yo creo que sali mejor - de lo que entré; entre otras cosas, hice un curso de electricista que me préparé mejor para la vida. Al salir de la cârcel estuve cuatro meses sin be- ber ni robar, hasta que me tropecé otra vez con - los compafteros de prisidn y me dejé llevar por — ellos." Caso nfi 20.-Estuvo 11 meses en prisidn. "La cârcel me fue muy dtil. Después de todo el tiempo que aqui he pasa- do pensando, y después de tjodo lo que sufri con - la separacidn de mi mujer y mi hija, salgo mâs ma duro y mâs fuerte". He aqui un resumen de las experiencias y los resultadost I:' I; Î ExperienciasI - El tiempo de reclusidn de cada components del grupo oscila entre 8 meses y 12 aftos. - La mayoria de los 20 entrevistados (11) estuvieron reclui- dos no menos de 2 aftos. - 7 estuvieron entre 2 y 5 aftos (casos nfi 1, 2, 3, 4, 9, 12 y 1 6). - 6 estuvieron menos de 2 aftos (casos nfi 7, 1 3, 1 4 , 19 y 20) . - 4 estuvieron mâs de 5 aftos (casos nfi 5, 8, 10 y 15)« - 3 no aportaron datos (casos nfi 6, 17 y 18). Resultados - 7 individuos consideraron perjudicial su reclusidn (casos ne 2, 3, 6, 8, 9, 14 y 18). - Otros 7 estimaron que los efectos fueron, al mismo tiempo, perjudiciales y beneficiosos (casos nfi 5, 10, 11, 1 3 , 1 5, 16 y 1 7). - 4 opinaron que los efectos fueron beneficiosos (casos nfi 4, 12, 19 y 20). - 2 no aportaron datos (casos nfi 1 y 7). b) Aceptacidn de la pena El talante o disposicidn con que se recibe y cumple la pe na estâ, sin duda, vinculado al arrepentimiento consecuente- a là perpetracidn delictiva (del que ya hemos tratado) y tarn bién ai sentimiento de culpabilidad, mâs duradero, hondo y - consciente que la reaccidn de pesar inmediata al delito. Es­ ta relacidn explica que en las palabras de nuestros entreviy tados se confundan a veces las manifestaciones de esos senti mientofl. 469. I Caso nfi l.-Es epiléptico, y explica asi là razdn de su vida delictiva: "Un poco las compaftlas, y otro poco - lo que uno lleva dentro". "En Corufta me desgrà— cié yo la vida, ganando y gastando a mi aire, — ..' sin nadie que me parase". Caso nfi 2.-"Estoy convencido de que en cuanto me case no — YUelVO mâs a los malos pasos". "Lo peor es lo — golfo que soy; soy un sinvergüenza". Caso nfi 3*-Se muestra resentido contra las injusticias de - la sociedad, y en algunos casos explica sus deli tos como reaccidn sdbita ante tales injusticias. "Me tiré a robar para vivir; ademâs, aunque tu— viera dinero no podia pasar sin robar; es como - una aficidn que no sé de donde me ha venido". — Tras un corrective militar, desertd y "entonces volvl a dedicarme al robo, pero con mâs rabia to davla, por haberme amargado tanto. Y es que no - tienen psicologla contigo"... Caso nfi 4*-"No sentia ningdn remordimiento, porque no lo — consideraba como un delito; al fin y al cabo yo conducla mâs o menos tiempo y luego abandonaba - el coche, sin llevarme nada". "Pero, eso si, com prendla la idiotez de hacer una cosa por la que pôdla purgar dos anos de cârcel". "Ahora mi ma— yor sentimiento es la muerte del chico que venla A conmigo cuando ocurrid el accidente por el que - estoy en la cârcel". "Antes,me dejaba llevar por 'v> esas cosas(...) Pero ahora es distinto; estoy se guro de que no caerla mâs en eso". Caso nfi 5*-Su ideal es "tener hijos y educarlos para que — nunca sean como yo ful". "Tengo verdadero afân - por corregirme". Cuando delinqula no expérimenta ba pesar o arrepentimiento, "pero ahora si que - ? lo siento". "Lo peor de ml es la falta de responsy bilidad". "En la mala vida que Jro hice influyd la falta de mis padres, la pobreza en que vivl y una gran inclinacidn al delito". Caso nfi 6.-No acepta su responsabilidad ni la justicia de su castigo. Se cree vlctima y perseguido de la socie­ dad. "A ver si ahora, cuando saiga, me dejan cam— biar de vida. Yo quiero cambiar, pero no me dejan tranquilo; no me dan una oportunidad. Fljese que - hasta la Policla fue ahora por mi casa para pregun tar si no habla vuelto del servicio, y por ddnde - andaba". Caso nfi 7.-La aceptacidn de la pena como natural resultado de su mal comportamiento parece deducirse de estas pa labras: "Mi mayor deseo, mi ideal, es poder demos- trar a mi mujer y mis hijos que puedo cambiar y ha cer cosas mucho mejores de las que hice hasta aho­ ra". Caso nfi 8.-"No sé lo que es el sentimiento de culpabilidad, - ni siquiera el arrepentimiento. Yo creo que la so­ ciedad es hipdcrita y que siempre descarga el palo sobre el mâs débil. Y por eso procuraba valérmelas de modo que nadie me explotase viviendo de mi tra­ bajo". "Si hoy me viese en Madrid, en libertad y - con la cartera bien repleta, antes que buscar una mujer, antes que buscar nada, me irla a comprar — drogas". Caso nfi 9.“Parece aceptar la pena como resultado de una fata- lidad. "La culpa de los robos no la tuvo nadie; no puedo echârselo a nadie mâs que a ml. Me did un — pronto, y es como aquel que dice "me tiro al rlo", y se tira". I: C Caso ttfl lO.-Sufre un retraso mental y parece un insensible, pero no un resentido. "Por mi mala cabeza estoy aqui". "Yo era un rompecabezas y no haclan bueno de mi". "Nunca tuve amigos y vivl a lo loco". En cuanto a su actuacidn delictiva no manifiesta — ningdn pesar, "porque nadie me va a compensar el sentimiento. Y hay que ver el trabajo que da ven der lo que se coge por ahl... ;Nadie sabe lo que uno pasa!" Caso nfi 11.-"No me gustaba hacer lo que hice". "Siempre me - dolid la conciencia". Caso nfi 12.-Aunque rara vez sintid arrepentimiento por los — delitos cometidos, dice que la cârcel le sirvid de escarmiento. Caso nfi 13«-Tras la comisidn de los delitos, siempre se arry pintid. Si se lo propone, se cree capaz de corry girse; y dice habèrselo propuesto desde que ingry sd en prisidn, pero lo cierto es que en el p r o ~ pio establecimiento ha cometido un delito de fal̂ sificacidn. Caso nfi 1 4.“Siempre se arrepintid y avergonzd de haber delin quido. "He pensado mucho en si soy capaz de co— rregirme y hacer una vida normal". "Mi hermano - tiene mucha culpa de las cosas que a mi me pasan"* "Lo peor es que me junto fâcilmente con malas — personas y me dejo influir por ellas". Caso nfi 1 5.“Después de cometido un delito "nunca senti el py so de la culpa ni el arrepentimiento. Y es que, para ml, el fin justifica los medios". Caso nfi l6.-Atribuye el origen de su descarrio a la injusti­ cia con que le tratd su padre. Y dice: "Yo me — creo capaz de corregirme". "Me encuentro con ga- nas de cumplir pronto, ponerme a trabajar y olv^ darme de todo esto". Caso nfi 1 7 .“El hambre "fue lo que me lanzd a mi a robar". Per manecid 27 meses en la cârcel por un delito que - no habia cometido él, sino unos companeros suyos: "Por no chivarme, aguanté; pero ellos no dieron - la cara. No comprendo cdmo la Justicia puede te— ner a un muchacho en prisidn mâs de dos aftos por una cosa que no hizo. Aquello me ha dolido muchi- simo". "Cuando cometi algdn delito senti miedo a que me cogiesen, y casi siempre me arrepentia dey pués; pero las circunstancias, que me las conozco yo solo, me obligaban a delinquir una vez y otra vez"."Me acuerdo que en Mâlaga me pasé una vez — dos dias sin probar bocado, muerto de hambre, y - terminé por echar mano a lo que no era mid". "4,A quién echaria la culpa de io que yo he sido? A la guerra y a lo que trajo la guerra; a la pobreza - de mi casa, al hambre que he pasado". Caso nfi 1 8.-(Es un débil mental). No recuerda si alguna vez - sintid pesar o arrepentimiento por los delitos co metidos. Caso nfi 19.“ "Bebo mucho; parece que lo necesito para andar -- por la calle, para trabajar y para todo; es una - necesidad (...) la verdad es que me emborrachaba cuanto podia, casi todos los dias. Me es dificili simo sujetarme; no puedo pasar sin eso". "Creo — que no soy capaz de corregirme; sdlo me corregi-- ria si alguien supiese quitarme de la bebida." '- "Después de robar siempre sentia arrepentimiento, y hasta lo sentia antes de hacerlo, pero no sé, - obraba a lo loco, con la arrancada del vino". Caso nfi 20.-"Eso se acabd; tengo toda la vida por delante pa­ ra ser como Dios manda", "Siempre que hice algo - malo me senti culpable". "Lo peor de mi es que me faltd voluntad en ciertos momentos. Pero ya no me faltarâ mâs". Los datos recogidos pueden resumirse asi: - Aceptan la pena con conciencia de su culpabilidad, 8 (casos nfi 2, 5, 7, 11, 13, 14, 16 y 20). - Aceptan la pena como un azar del juego por ellos emprendido, o como una fatalidad, 8 (casos nfi 1, 4, 9, 10, 12, 15, l8 y 19). - Reputan la pena como el artificio de una sociedad injusta o hipdcrita, 4 (casos nfi 3, 6, 8 y 17). c) Capacidad de correccidn Recordemos que los datos recogidos en este capitule respon den a las manifestaciones de los propios delincuentes. No oby tante, consignaremos entre paréntesis.la opinidn de la Central de Observacidn respecte a los recluses entrevistados en este es, tablecimiento. Caso nfi l.-Sin datos. Caso nfi 2.-Prefiere no pensar si puede o no corregirse, aun— que tiene la esperanza de que un future matrimonio encauce su vida. Caso nfi 3.-Desea enmendar su conducts, pero no ignora que su voluntad es muy débil. Se dijo a si mismo: "esto - se acabd", sdlo por darle esa alegria a su madré. Caso nfi 4.-Estâ seguro de que no volverâ a delinquir, pero — también sabe que es hombre con poca fuerza de volun tad. Caso nfi 5.-Tiene verdadero afân por corregirse, "y no como — otros de esta prisidn, que ya estân planeando un - golpe para cuando estén en libertad". ip Caso nfi 6,-"A ver si ahora, cuando saiga, me dejan cambiar de rC vida. Yo quiero cambiar, pero no me dejan tranqui- lo; no me dan una oportunidad". "Mi mayor ilusidn es transformar la zapateria de mi madre en un club con quince niflas (...), ademâs de un trabajo, sé­ ria una diversion, casi una juerga, porque alterna ria con las niflas. . • en plan de amistad". "Yo creo que si de verdad quisiera podria corregirme, pero es que no encuentro en mi ese deseo, y, por otro - lado, tampoco el régimen de reclusidn en que ahora estoy me inclina al propôsito dé cambiar de modo - de ser. Por eso tengo miedd que, cuando me suelten, el ambiente de la libertad me lleve otra vez a co- meter alguna falta". Caso nfl 7•-"Mi mayor deseo, mi ideal, es poder demostrar a mi mujer y mis hijas que puedo cambiar". "Creo que me podré corregir. Todo me dice que esto no puede se- guir asi, que yo valgo para la vida como cualquier otro hombre". Caso nS 8 .-"Tengo voluntad para algunas cosas, pero para otras no quiero ni pensar". "Soy egoista al cien por cien". "Lo peor que tengo es la perversidn que me hace -- caer en la droga; porque si hoy me viese en Madrid, en libertad y con la cartera bien repleta, antes - que buscar upa mujer, antes que buscar nada, me — iria a comprar drogas". "No sé lo que es el senti- j Y miento de culpabilidad, ni siquiera el arrepenti— % % miento". (Central de Observacidn: Capacidad crimi- j nal, media-alta; peligrosidad, media-alta; pronôs- % ■ ? tico, desfavorable). [ Caso nfl 9*-"No sé, me parece que no soy capaz de corregirme - de lo malo que hice; porque no lo pienso; fue como g: - un arranque que no entiendo"* (Central de Observa- % ' i f / J • cidn: Capacidad criminal, media-alta; peligrosi­ dad, media-alta; prondstico, desfavorable). Caso nfl 10.-"Me creo capaz de corregirme, siempre que me bu^ quen una colocacidn y encuentre alguien que dé - la cara por mi". (Central de Observacidn: Capaci dad criminal, muy alta; peligrosidad, alta-muy - alta; prondstico, muy desfavorable). Caso nfl 11.-"Soy capaz de corregirme; sin la menor duda. Es mâs, creo que ya antes de mis caidas estaba co— rregido; no sé cémo explicârselo. No me gustaba hacer lo que hice". (Central de Observacidni Ca­ pacidad criminal, media-alta; peligrosidad, me— dia-alta; pronéstico, desfavorable). Caso nfl 12.-"Yo no sé si soy capaz de corregirme; lo que sé es que cuando esté en libertad seré lo mejor que pueda. Reconozco que me dejo llevar bastante por los amigos; que tienen influencia sobre mi". — (Central de Observacién: Capacidad criminal, al­ ta; peligrosidad, tiende a alta; pronéstico, des favorable). Caso nfl 13»-"iSi soy capaz de corregirme? Pues a mi me pare­ ce que si; que si me lo propongo, si. Y desde el dia que entré aqui, me lo propuse". "Lo peor es que me dejo "influenciar". Por el ambiente, por lo que sea, terminan convenciéndome". "Prueba de que no me arreglé, a pesar de mis deseos, es que hace unos meses falsifiqué unos vales con los — que pagamos en la cércel, por valor de 4*300 pe­ setas. Lo hice casi por distraerme, uno a uno, - los mayores de 50 pesetas, y luego consegui pa— sarlos con la ayuda de un compahero". (Central de Observacién: Capacidad criminal, alta; peligrosi dad, media-alta; pronéstico, desfavorable). IS h' II Caso nfi 14*-"He pensado mucho en si soy capaz de corregirme y hacer una vida normal. Y después de lo que pasé - V creo que ya tengo voluntad para decir "no lo hago", y no hacerlo". "Lo peor es que me junto fâcilmen- te con malas personas y me dejo influir por ellas; bueno, siempre que no me fuercen". (Central de Ob servacién: Capacidad criminal, alta; peligrosidad, media-alta; pronéstico, desfavorable). Caso nfi 1 5«-"A ml no me gusta nada el trabajo racionalizado, y cuando saïga no pienso buscar trabajo. Por ml ya pueden ir preparando la Ley de Vagos y Maleantes para aplicârmela inmediatamente, como ÿa hicieron en una ocasién". "^Posibilidades de correccién? - Bueno, séria largo de hablar. En principle creo - que podria dominarme. Pero, por otra parte, mi vĵ da delictiva no fue mâs que un medio de aparentar algo y conseguir asl conocer y tratar de cerca a los companeros de robos (es homosexual)". "Yo no me arrepiento de lo que he hecho". (Como conse— cuencia de su traslado, la Central de Observacién no emitié informe de este recluse). Caso nfl 1 6 .— "No sé si es por estar aqul dentro o por lo que - sea, pero yo me creo capaz de corregirme; porque estoy en la idea de ahorrar algo, irme al extran- jero y montar un bar por mi cuenta. Es la ilusién de mi vida". "Me encuentro con ganas de cumplir - pronto, ponerme a trabajar y olvidarme de todo es ; to". (Central de Observacién: Capacidad criminal, r alta; peligrosidad, media-alta; pronéstico, desfa vorable). Caso nfl 1 7 .-"Tengo la plena seguridad de que me corregiré, de , [que ya estoy corregido. Si me dan facilidades, va » . ïmes, si no me lo impiden, seré un hombre distinto. 1 # ' I ^Y sabe usted por qué? Pues por mi hija; sobre to do, por mi hija." (Por haber sido trasladado o lîwi cenciado antes de su complete exâmen, la Central de Observacién no emitié informe de este recluse)• Caso nô 18.-Sin dates. Caso nfl 19»-"Creo que no soy capaz de corregirme; sélo me co- rregiria si alguien supiese quitarme de la bebida". Caso nfl 20.-"Estoy seguro de mi compléta correccién. Llevo — aqul bastantes meses y tuve mucho tiempo para pen sar en ml y en los mlôs. Llegué a la conclusién - î ;v de que, con mi mujer y mi hija, no necesito dema- siado para ser feliz". "Eso se acabé; tengo toda la vida por delante para ser como Dies manda". — "Me falté voluntad en ciertos momentos. Pero ya - ? no me faltarâ mâs". "Llevo muchos meses pensando en eso y creo que nadie podrâ arrastrarme". "Sal- A go mâs maduro y mâs fuerte". Los datos anteriores, segdn su procedencia, pueden resumir se asl: Segdn los propios entrevistados - De escasa o dudosa correccién, 6 (casos nfi 2, 3, 4> 10, 12 y 14). - Creen en su correccién, 6 (casos nfl 5, 7> 11, 16 , 17 y 20). - No creen en su correccién, 6 (casos nfl 6, 8, 9, 13f 15 y 19). - Sin datos, 2 (casos nfl 1 y 18). / ,, Sëgdn la Central de Observacién La capacidad criminal y la peligrosidad de todos los indi viduos alll entrevistados y calificados oscilan entre las no tas de "media-alta" y "muy alta". Finalmente, he aqul los — pronéstico* sobre su posible correccién: J'i ■ - Pronéstico desfavorable, 7 (casos nfl 8, 9# 11, 12, 13, 14 y 16). - Pronéstico muy desfavorable, 1 (caso nfl 10). - Sin calificar, 2 (casos nfl 15 y 17). d) Reincorporacién social No nos referimos aqui a la capacidad de integracién o de - solidaridad social, aspecto que ya estudiamos en el capitule titulado El individuo. hoy. Se trata ahora de conocer las di- ficultades que pueden surgir ante el excarcelado en el memen­ to de su reintegracién a la comunidad libre. Nuestros dates - proceden de los propios interesados. Caso nfl l.-Sin datos. Caso nfl 2.-"Para trabajar otra vez en libertad nunca tuve pe— gas, porque siempre oculté mi vida anterior". Caso nfl 3#-"La gente no es comprensiva para el que sale de — prisién, y lo tràtan como una rata asquerosa". "No tienen psicologia contigo; porque los delincuentes son muy sensibles y, en cuanto recibimos un des— - plante, enseguida pensâmes que es por lo peor". — "Lo que mâs me duele es que la sociedad no lo aco- ja a uno como el padre del hijo prédigo". "Vas a - trabajar, vas a sacar un pasaporte, y si has teni- do un tropiezo Reincidente ! ; Eres un reincidente I' ; {Como si fueras un perro o una fiera sin sentimien tosi" V Caso nfl 4.-Sin datos. Caso nfl 5.-"Me costé mucho trabajo qu^ me admitieran, y hasta me ofreci como peén de albahil. Queria de verdad - | cambiar de vida; pasé mucha hambre y mucho frie; - ' pero siempre me rechazaban por haber estado en la cârcel". î f Caso nfi 6.-No parece que haya experimentado dificultades pa­ ra encontrar trabajo, aunque se queja de las sus- picacias que su anterior conducts delictiva des— pierta en la Policia. Caso nfl 7.-Sin datos. Caso nfl 8.-Sin datos. Caso nfl 9.-No parece haber tenido que enfrentarse con dificujL tades -ni hoy las teme- para encontrar txabajo y - reincorporarse a la vida en libertad. Caso nfl 10.-(lngres6 diez veces en la cârcel). "Salgo sin un ahorro para cuando quiera buscar c6mo vivir en - libertad". "Mi miedo es que al salir libre, den- i; tro de mes y pico, no me acomode bien; parace co mo si todo dios te mirase con asco. A lo mejor - me retiro al campo y vuelvo a la ciudad cuando - ! ya me haya acostumbrado un,poco". Caso nfl 11.-"Nunca tuve miedo a que cuando esté en libertad me miren con malos ojos; quizâ porque soy joven y tengo poca experiencia. No sé; creo que todo - j y. se ha de olvidar y yo me arreglaré". Caso nfl 12.-"A la salida la gente me mirarâ de otro modo". Caso nfl 13«-"Espero que mis padres me reciban bien y que to­ dos los demâs me acepten; nadie es santo y creo que no me tratarân mal". Caso nfl 14*-"Aûn me faltan très ahos para salir, pero siento miedo y vergüenza a cémo me recibirân cuando me pongan en libertad. Puede que el haber estado en la cârcel no me impida trabajar. No sé; quién sa be. La vez anterior, cuand? quise buscar trabajo nadie me lo queria dar %Qué se yo!". Caso nfl 15*-"Yo no me arrepiento de lo que he hecho, y para i mi vuelta a la sociedad no creo que lo que hice haya de influir demasiado en mi incorporacién a la vida libre". "A mi no me gusta nada el trabajo racionalizado, y cuando saïga no pienso buscar — trabajo". Caso nfl 1 6.-"Cuando saïga me da a mi el aguél de que voy a en contrar dificultad para vivir en libertad; que — voy a estar cohibido con los amigos y la familia* Ya veremos". Caso nfl 1 7 .-"Al que sale de prisién le es dificilisimo encon­ trar trabajo. "No hay, no hay, vuelva maAana"... Pero iqué como yo hasta mahana? &Dénde duermo? — Eso es lo que no ve mucha gente. Me acuerdo que - en Mâlaga me pasé una vez dos dias sin probar bo- cado, muerto de hambre, y terminé por echar mano a lo que no era mio". Caso nfl 18.-No tuvo dificultades para encontrar trabajo. Caso nfl 1 9 .-No parece haber pasado por dificultades. "Al sa-- i lir de la cârcel estuve cuatro meses sin beber ni robar, hasta que me tropecé otra vez con los com­ paneros de prisién y me dejé llevar por ellos." Caso nfl 20.-"Quizâ tenga en la calle algün inconveniente para encontrar trabajo, pero todo se arreglarâ". El resumen de estas manifestaciones puede hacerse como si­ gne: - No tuvieron o no temen dificultades, 9 (casos nfl 2, 6, 9, - 11, 13, 15, 18, 19 y 20). - Tuvieron dificultades, 4 (casos nfl 3, 5, 14 y 17). - Temen dificultades, 3 (casos nfl 10, 12 y lô). - Sin datos, 4 (casos nfl 1, 4 , 7 y 8). e) El tratamiento eficaz, segdn el delincuente. Caso nfl l.-Sin datos. Caso nfl 2,-"Estoy convencido de que en cuanto me case no vuei i I-ï I: V O mâs a los malos pasos". Caso nfl 3.-"^Cuâl séria el sistema, el remedlo para hombres co, mo yo? Nunca lo he pensado," Caso nfl 4.“Sin datos. Caso nfl 5.-Sin datos. i Caso nfl -"Comprendo que la ley tiene que castigar al que de- linque; pero yo remediaba lo que pasa separando — siempre a los jdvenes que entran en las cârceles y los colocaba por edades, para que no se contagien. Y luego, tratarlos con cariflo". Caso nfl 7.-Sin datos. Caso nfl 8.-"Si tuviera que proponer yo mismo el remedio, dirla que en la cârcel tiene que haber mucho tacto, mucha simpatia y mucho cuidado de adaptar el tratamiento a cadâ clase de hombre". , Caso nfl 9*-"Si mè dicen cuâl séria el remedio para muchachos - como yo, pues nada. Que los pongan a trabajar; que hagan cualquier cosa". Caso nfl 10.-"Tratar a cada uno como lo necesite, y decirles lo bonita que es la vida de la gente honrada". Caso nfl 11.-"Si me preguntasen cémo arreglaria yo el asunto de los reincidentes creo que no sabria contestar. Eso es muy dificil. Quizâ diria que se preocupasen mu­ cho de los que vuelven de la cârcel a la vida de - libertad; porque no saben andar por el mundo, y si se ven apurados puede que no encuentren otro cami- no que volver a robar". Caso nfl 12.-"Eso es muy dificil saberloV» Caso nfl 1 3«-"Para mi el remedio séria mandarme a un estableci- ï: " miento de externes, como el de Liria. Aquello es - otro ambiente; trabaja uno fuera y puede ganar un jornal, ganar la confianza de los jefes y también f ■■■ la mia, Aqui no es pobLble". I ; j I Caso nfl 14*“"Lo mejor para ml. serla que me metiesen en un esta blecimiento abierto o semiabierto* Porque le dejan salir a uno a la calle y trabajar; y asl me dan — c'l' ' ' 'otra vez una confianza. Yo creo que asl me recupe- Ip raba". •I' ' ■ Caso nfl 15*-Dice que la explicacidn de su multirreincidencia - no es otra que su homosexualidad. Y afladet Reme­ dio para ml? Para buscar un remedio tiene que haber antes un mal que remediar, y yo no considero que - lo mlo sea un mal". Caso nfl 16 .-"iCualquiera sabe el remedio para ml y para los — que estân aqul dentroI Pero yo creo que la mitad - de los que estamos en la cârcel es porque nos ha - faltado un cariflo. Y la otra mitad llevan lo malo en la sangre. Tendrlan que estudiarlos a todos, y a los primeros darles cariflo y confianza; y a los otros meterles a la fuerza por el buen camino, co­ mo se pudiese". Caso nfl 17.-"La verdad es que ya se estâ haciendo mucho. Por - mi edad sé cémo estaban las cosas antes y cémo es­ tân ahora. Esto cambié mucho, mejoré mucho. Ahora hay educadores, gente que es mâs humana. Yo veo — que ahora se nos trata con mâs lâstima, con mâs hù manidad. Y eso que hay aqul gente encerrada que de berla estar en la calle,y al contrario". , Caso nfl l8.-"^El remedio para reincidentes como yo? No sé. A - lo mejor los meterla en un colegio". % Caso nfl 19«-"6E1 remedio? No crea que no lo pensé muchas veces y lo hablé con los compaheros de prisién. Fljese, aunque vaya contra ml, yo qreo que la cosa se arre glaba bastante si en la cârcel, cuando entramos la primera vez, nos pusieran de trabajos forzados, a picar piedra 14 horas diariaa; eso no se le iba a olvidar a nadie fâcilmente. Y también habia que quĵ tar las salas de fiestas y perseguir a los que vi— ven ese ambiente; porque toda la delincuencia empie^ za por ahl: por querer ir bien vestidos y andar he- chos unos senoritos, sin dar golpe". Caso ni 20.-"Yo no sé qué diria si dentro de diez afios me pre-- guntasen la causa de todo lo que me paéé y el mejor remedio para que gente como yo no caiga en lo mismo. Quizâ dijese que la causa es un afân excesivo por - vivir bien, por vestir bien y por irse con mujeres. Y como remedio se me ocurre que deberla animarse a los chicos, decirles que se puede ser feliz apren— diendo a ganar cosas por el propio esfuerzo; y todo eso hacerlo con mucha comprensién, amablemente, de forma que ellos vean que todo se hace por ayudarles". En resumen, la opinién de nuestros entrevistados sobre el po sible remedio de la multirreincidencia se cifra asi: - Un tratamiento adaptado a cada personalidad, 5 (casos nO 8, - 10, 1 6 , 17 y20). - Un régimen de semilibertad, 2 (casos nfl 13 y 14)• - Separacién de jévenes y maduros, 1 (caso nfl 6). - El matrimonio, 1 (caso nfl 2). - La proteccién a los excarcelados, 1 (caso nfl 11). - Trabajos forzados y prohibicién de locales nocturnos de espar cimiento, 1 (caso nfl 1 9). - Lo ignoran, 4 (casosnfl 3, 9, 12 y 18). - Sin datos, 5 (casos nfl 1, 4, 5, 7 y 15). Consideraciones Ejperiencias y resultados Hefflos dioho que afirmar la inutilidad de lae penae ya extig guidas por el delincuente crdnico, en vista de su ineficacia para evitar la nueva reincidencia, nos parece una conclusion precipitada. Para alcanzar la verdad serla precise saber si el cumplimiento de una sancidn privativa de la libertad -apar te de interrumpir la carrera criminal del sujeto, al separab­ le de la comunidad libre- modéré, en mayor o menor grade, los hâbitos o inclinaciones antisociales del individuo. Hay, sin embargo, una cosa cierta: la pena no es un arma déterminante 0n la lucha contra la multirreincidencia. Tras esta afirma— cién surge una pregunta de no escaso interés. ^Puede obrar - el période de reclusién como estimulo o escuela para el deli to7 Es decir ^puede el aparente remedio transformarse en in- citacién al crimen? En el capitule Infancia y juventud, al discurrir sobre — los internamientos correccionales de los menores, escribia— mes que el ambiente del reformatorio no puede considerarse - causa déterminante de la carrera criminal, por cuanto el mu- chacho que ingresa en uno de estos establecimientos puso ya de manifiesto su inicial inadaptacién. Elle no quiere decir que la influencia del reformatorio o de la cârcel sea en to, do caso beneficiosa para su ulterior actitud. Los relatos de nuestros entrevistados son muy expresivos, como lo son las - experiencias de DEBUYST, para quien el clima autoritario e - impersonal del internado refuerza la imagen que los jévenes tienen del mundo exterior y de los que detentan la autoridad; tal ambiente acentda la idea de una sociedad hostil, con fre cuencia injusta, que empuja al muchacho hacia una conducta - antisocial, a sus ojos justificada.^^^ Pero no sélo ha de valorarse el influjo del régimen derra- (1) Christian DEBUYST, Los valorem vividos Por los crimina— les, pâgs. 270-271. do, sino el del contacte inmediato y asiduo con otros delin­ cuentes* Entre nuestros multirreincidentes, con relacidn a - los primeros périodes carcelarios, se oyen expresiones como éstas: "me destrozaron la moral"; "m^ter a un chico en un re formatorio es perderlo para toda la vida"; "es un antre de - corrupcidn"; "se aprende todo lo malo del mundo"; "alli habia muchos carteristas, y me ensefiaron muchas cosas" ; "alli te - da la impresién de que si no eres un delincuente no sabes an dar por la vida"; "aqui viene lo peor,,, todos se dedican a fantasear... para presumir de machos"; "la calaha que hay -- aqui te hace salir mâs brute y mâs idiota que cuando entras- te"; "aqui no es posible; siempre lo mismo; todos los presos estân siempre hablando de las mismas cosas"; "salgo peor de lo que entré... por las cosas que le oye uno a los compafie— ros. Bueno, la verdad es que sali peor del reformatorio que de la cârcel; alli conoci a chavales que luego los encontré en la calle, y me junté a ellos para volver a las andadas"; "me encontré muy mala gente, de una calaha peor que la mia, que me enseharon cosas que no eran para hacerme mâs santo". El agustino canadiense P. Noël MAILLOUX resume asi sus im presiones, hijas de una gran experiencia, respecte al habi­ tuai encarcelado: "En cuanto adquiere el sentimiento de ha-- ber ipagado su deuda*, se apodera del delincuente una espe-- cie de delirio narcisista, por otra parte, extremadamente -- contagioso. Le incita a relatar, con grandes exageraciones, sus hazahas reales o imaginarias, a sus camaradas, que no da rân crédite a taies historias, pero compartirân muy satisfe- chos su mérbida exaltacién. A partir de estas fantasias deli rantes; el delincuente, comprometido a afrontar de nuevo la horrorosa certeza de recaer en sus hâbitos anteriores y de - revivir las congéjas de una culpabilidad deprimente, élabora con detalle un plan de 'crimen perfecto', que le permitirâ - proseguir su carrera sin dejarse prender jamâs, Fâcilmente - se comprende que, si no se utiliza algdn medio terapéutico pa ra ayudarle a tomar contacte con la realidad, ese preso se — convertir^ en una fuente de contaminacién particularmente vi- rulenta para sus companeros jévenes y sin experiencia*"^ ^ \ no parece apoyarse este relate en las manifestaciones de alguno de los hombres de nuestro grupo? Ahora bien, las generalizaciones son recursos impropios de un estudio serio. Estamos con quien opina que la conducta del excarcelado depende de su actitud psiquica, y que tal actitud estâ influida esencialmente por las experiencias vividas du-- (2)rante su reclusién. Pero ello no es todo; aceptar la abso- luta primacla causal del ambiente carcelario sobre el futuro comportamiento del liberto equivaldria a negar la existencia de factores criminégenos intransferibles. Junto a las expresiones de multirreincidentes que destacan la nociva influencia de la cârcel, hay que recordar otras no menos elocuentes: "Los companeros de las cârceles no influye- ron demasiado sobre mi; es cierto que aqui se coge mâs vicio, pero al fin y al cabo uno termina por ser lo que siempre ha - sido" (caso nS 15). Cuando un entrevistado quiso precisar la razén de su conducta ilegal, dijo espontâneamente: "jQué sé - yo! Un poco las compahias, y otro poco lo que uno lleva den— tro" (caso nS 1). Y tampoco falta quien en su relato deja ver. (1) P. MAILLOUX, Le fonctionnement du aurmoi chez le délin­ quant habituel, pâg. 72. También Bruno CORMIER opina que el criminal persisten- te alimenta la esperanza de llevar a cabo, cuando consiga la libertad, el delito que le harâ rico y, por supuesto, | que no se descubrirâ nunca (Les états dépressifs et les - actes délictueux, pâg. 403). ; (2) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la Prognosis Crimi-; nal, pâg,, 46, 1 al propio tiempo, el beneficioso efecto del régimen privati­ ve de libertad y el dahoso influjo de las amistades bêchas - en la prisién: "Al salir de la cârcel estuve cuatro meses — sin beber ni robar, hasta que me tropecé otra vez con los — compaheros de prisién y me dejé llevar por ellos" (caso nfl • 19)* Recordemos que 11 de nuestros 20 multirreincidentes estu- vieron recluldos no menos de 2 ahos. Siete consideraron perjudicial su reclusién; 7 estimaron que los efectos fueron, al mismo tiempo, perjudiciales y bene ficiosos; 4 opinaron que los efectos fueron beneficiosos, y 2 no aportaron datos. Aceptacién de la pena Aunque a veces se enlacen la aceptacién de la pena, el — sentimiento de culpabilidad y el arrepentimiento, parece con veniente precisar el contenido de cada una de estas très ex­ presiones. La pena puede aceptarse por conciencia de la pro- pia culpa; pero también puede recibirse sumisamente, como un azar o un riesgo de la aventura que el delincuente emprende de modo espontâneo. Entre el sentimiento de culpabilidad y el arrepentimiento vemos diferenciæ cuantitativas y cualitativas; el arrepenti­ miento es simple pesar inmediato por el mal causado, deseo - de revivir determinado momento para rectificar una conducta que nos avergüenza o nos displace. En el sentimiento de cul­ pabilidad, el arrepentimiento se prolonge y abonda; no es un dolor mâs o menos superficial y momentâneo, sino una autocon denacién, un juicio sereno y adverso emitido por la propia - conciencia, de tal forma que nos consideramos merecedores de reproche y de castigo. La pesadumbre del arrepehtido. puer-"' de ser hija del temor a las consecuencias pénales del delito, mientras que el sentimiento de culpabilidad siempre tiene su origen en el enjuiciamiento ético de la propia actitud. Por supuesto, esa conviccién de la propia culpa, aun sien do mâs consistante que el arrepentimiento -porque no nace de una impresidn, sino de un raciocinio- llega también a desva- necerse. A ello se refiere el ya citado MAILLOUX cuando opi­ na que el delincuente habituai, convencido subconscientemente de su sinrazôn, apenas se résisté a dejarse atrapar por la - justicia; el sujeto admite durante un cierto periodo su cul­ pabilidad, pero cuando cree haber "pagado su deuda" torna a ’ (1) pensar con fruicién en su carrera delictiva. Los relatos de nuestros entrevistados no tienen la nitidez suficiente para calificar con exactitud sus sentimientos. En lugar oportuno discurrimos ya acerca del arrepentimiento, co mo reaccién inmediata âl delito. Aqui, ante el temor de incu rrir en imprecisiones engahosas, hemos preferido englobar — aquellas otras particularidades, de que venimos tratando, b^ jo la rdbrica "aceptacién de la pena". ^Qué importancia prâctica puede tener la aceptacién de la pena? A esta pregunta contesta DEBUYST, tras recordar que pa ra algunos juristas el criminal no tiene otro remedio que so portar el castigo. Piensa el proEesor belga que muchos delin cuentes perciben la condena como una injusticia, y todo el - 1 periodo de prisién puede estar dominado por este sentimiento. La cuestién, desde el punto de vista terapéutico*es esencial, ya que, de la mano de SANTO TOMAS, cree que "una sancién no ''À :; (1) Ob. cit.. pâg. 72. I sirve para nada si el que es objeto de ella es incapaz de - aceptarla". ̂ La conclusion es diâfana; ningdn enfermo se somete espontâneamente a curacidn si no empieza por recono- cer su enfermedad. Si el recluso parte, no ya dé su inocen- cia, sino aün de la injusticia o de la hipocresla que inspi ra todo el sistema penal, habrâ al menos que intentar, si as, piramos a un tratamiento positivo, una accién persuasiva — que hinque firmemente los cimientos de]proceso corrective. Entre nuestros veinte entrevistados, sélo 8 parecen ace£ tar la pena con conciencia de su culpabilidad; otros 8 la - aceptan como un azar del género de vida por ellos elegido; finalmente, 4 la padecen como una injusticia o como el art^ i . i ficio de una sociedad farisaica. Capacidad de correccién Ha de tenerse en cuenta, como observacién previa, que — los datos recogidos oportunamente como resultado de las en- trevistas no responden a nuestro personal parecer, sino a - la versién de cada uno de los multirreincidentes. El deter- minar la capacidad de correccién, por otra parte, es una ta rea demasiado séria y comprometida para tentar a quien no tr^ baje asociado con un grupo de expertes. Sin embargo, a la vista de los informes de la Central de Observacién radicada en Carabanchel, el pronéstico en torno al grupo criminolégico examinado es muy sombrlo. De los 10 delincuentes crénicos alli entrevistados, y marginando a — dos que no fueron calificados, todos merecieron un pronésti^ (1) Ob. cit.. pâg. 331. ifywr • CO desfavorable. ^Puede extranar tan oscuro augurio tratândo- se de delincuentes jévenes y habituales de delitos contra la propiedad? Cuando SEFLIG describe el tipo de criminal profe-- sional refractario al trabajo (y todos los visitados en aque- 11a Central fueron incluidos por ella en este tipo), después de sehalar eu forma asocial de vida, asegura que el pronésti-(1) CO es desfavorable. Pero es que, ademâs, no estamos ante - una manifestacién ilicita casual -como puede ser el homicidio 0 la injuria-, sino ante delitos de tendencia, en los que pal̂ pita una inclinacién subjetiva a la reiteracién de esa condu£ ( 2 )ta. Ello explica que en la prâctica de la prognosis los -- criminélogos coincidan al sehalar el grave Indice de incorre- (3)gibilidad en los autores de delitos patrimoniales. La escasa eficacia del castigo podria ser aducida por quie nés explican la multirreincidencia como manifestacién de una personalidad psicopâtica, A este respecte cabe recordar las - palabras de STORR, cuando escribe que los jévenes piscépatas no responden al castigo o, mâs bien, responden de modo ppues- tb al esperado por padres y maestros. "El psicépata potencial reacciona al castigo con un aumento de agresividad y no con - una modificacién de su comportamiento; por esa razén, râpida- itente se le considéra como incorregible ". Y penetrando en la esencia de este género de actitudes, el citado psiquiatra an^ de que las personas psicopâticas dejan de responder al casti­ go, o de ser disuadidas por él, en parte porque son impulsi— (1) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminolôgla. pâg. 75• (2) Ver, por ejemplo, Edmundo MEZGER, Ti^atado de Derecho Pe-- nal,* I, pâg. 296, y José Mâ RODRIGUEZ DEVESA, Derecho Pe­ nal Espahol, I, pâg. 330. (3) Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la Prognosis Crimi- nal, pâg. 1 3 1. I:.:,- 4 7 1 . I: vas y les falta previsién, pero principalmente porque no des- arrollaron los vlnculos de afecto corrientes para con sus se- mejantes.^^^ Atendiendo al aspecto meramente sintomâtico, otros autores establecen estrechas conexiones entre la criminalidad precoz y la posterior criminalidad de los multirreincidentes, y aseguran que todo delincuente crônico incorregible es, sal- ( 2 )VO escasisimas excepciones, psicépata y criminal precoz. ^Nos darla tal hipétesis derecho a "arrojar la esponja", - esto es, a abandonar la bdsqueda de posibles sistemas correc- tores? Ya hemos observado que la delincuencia persistence tie ne en el tiempo una vigencia limitada; llega una edad en que, bien por pérdida de ciertas aptitudes flsicas o bien por un - proceso de maduracién anlmica, la actitud antisocial entra en una via de mayor sosiego, hasta llegar a una absoluta inacti- vidad. ^No cabrla, pues, el hallazgo de un tratamiento capaz de acelerar o anticipar aquella madurez? Sin adelantar cuanto habremos de decir por extenso, deje- mos al menos constanoia del criterio de hombre tan experimen­ tado como DI TULLIO. Para el maestro italiano, también los de lincuentes constitucionales deben ser reeducados, al menos pa ra su propia utilizacién social; porque muchas veces la expli cacién de sus desvlos hay que buscarla en el pésimo ambiente en que han crecido, y por ello es posible provocar en taies - sujetos, pese a su predisposicién al delito, una benéfica re- (3)accién. (1) Anthony STORR, La agresividad humana, pâgs. 180 y 186. (2) MIDDENDORFF, ob. cit.. pâg. 79. (3) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologla Criminal, pâgs 436 y 720. Segdn nuestros mismos entrevistados, 6 se muestran como de escasa o dudosa correccién, otros 6 creen en su posible correc, cién, mientras que 4 se juzgan incorregibles. Dos sujetos del grupo no nos proporcionaron datos. Segdn la Central de Observacién, y con referencia a los 8 individuos calificados (de los 10 alli entrevistados por nos- otros), 7 ofrecen un: pronéstico desvaforable, y uno, muy des­ favorable. Reincorporacién social No puede decirse que las manifestaciones de nuestro grupo de multirreincidentes respecto a las dificultades que se opu- sieron a su reintegracién a la sociedad -tema de este epigra-I fe- sean desalentadoras. Sin embargo, las nuevas y mdltiples i caidas de los excarcelados evidencian el fracaso de su inser- cién en la comunidad libre. Algunos de estos hombres, con experiencia carcelaria, mani^ fiestan temor ante el panorama de su futura libertad. Dicen, por ejemplo; "Mi miedo es que al salir (...) no me acomode — bien; parede como si todo dios te mirase con asco" (caso nûme ro 10); "A la salida la gente me mirarâ de otro modo" (caso nfl 12); "me da a mi el aguél de que voy a encontrar dificultad - para vivir en libertad" (caso nfl l6). Otros, por supuesto, ha cen referencias mucho mâs concretas a los inconvenientes que experiméntaron anteriormente para encontrar trabajo, tras -- abandonar la prisién. Ignoramos si es mâs fiable el testimonio de quienes dicen no haber hallado dificultades en su reincorporacién -y luego tornaron a delinquir- o el de los que relatan una triste expe^ i ,ki Ilv 493 riencia o manifiestan sus temores. En todo caso, si pretende mos llevar a cabo un estudio con fines prâcticos, ese senti­ miento de inseguridad no debe de pasarnos inadvertido. &Mie- do a qué y por qué? Puede ser un temor a la propia debilidad, a la atraccidn de determinados sehuelos, a la ineptitud labo ral, a la repulsa de la familia o de la sociedad, a la respon sabilidad de las determinaciones esponténeas, a la nueva cali da y a tantas cosas mâs* El liberto es, muchas veces, un desvalido, un repatriado con buena carga de suspicacias, cuyas adversidades pueden ha eerie desear, mâs o menos conscientemente, el retorno a la - prisién. Si la pena es algo mâs que retribucién y escarmien- to, si su razén de ser es el bien comiln, ha de ser completa- da con instituciones tutelares o regimenes de libertad pro-- gresiva que permitan al sujeto ganar o reconquistar paulati- namente un puesto en la sociedad y la confianza en si mismo. Son conocidos los intentos hechos en tal sentido, pero, al - menos entre nosotros, el panorama invita a una larga tarea. Los relatos de los hombres de nuestro grupo hacen pensar que aiîn no ha desaparecido el estado de cosas al que SUTHERLAND se referia hace mâs de très decenios: "Un delincuente 'bajo palabra' afirmé que durante un mes le habian surgido, por lo menos, cuatenta proposiciones para infringir la ley, pero no habia encontrado una sola oportunidad para un trabajo honra- do".^^^ El hombre habituado a la rutina del penal -escriben DUFFY y HIRSHBER, avalados por una experiencia de 35 afios co mo funcionarios de prisiones-, aun odiândola, debe accéder a la libertad de una manera repentina. Si se va acostumbrando gradualmente a valerse por si mismo, tendrâ muchas mâs proba (1) Edwin H. SUTHERLAND, Principles of Criminology (New York, 1939), pâg. 588. bilidades de resolver satisfactoriamente los problemas de su adaptacién a la vida libre; un cambio brusco puede determinar su reincidencia. Muchos libertos, de modo subconsciente, han vuelto a delinquir con el dnico objeto de entrar nuevamente - ( 1 )en la cârcel. Buscan asi la seguridad del techo y del sus­ tente, y huyen, el propio tiempo, de la responsabilidad de ’go bernar su propia vida. En modo alguno queremos decir que la nueva caida deba atrj^ buirse siempre a la falta de tutela en el periodo postcarcela rio; pero la existencia de otros factores criminégenos no nos exime de encarecer la importancia de esa proteccién. Entre nuestros veinte entrevistados/ 9 no tuvieron o no tje men dificultades para su reincorporacién social, 4 tuvieron - dificultades, 3 temen tenerlas cuando alcancen la libertad, y 4 no ofrecieron datos. El tratamiento eficaz, segdn el delincuente No irâ muy descaminado quien piense que las contestaciones de los multirreincidentes, respecto al tratamiento correctivo mâs conveniente, lejos de proporcionar un arsenal de auténti- cos remedies, constituye un indicio de su intimidad psicolégi ca. En termines générales, la labilidad caracterlstica de este grupo criminolégico entorpece una honda y personal meditacién sobre el tema. Priva en estos hombres la desidia, la imprevi- (1) Clinton J. DUFFY y Al HIRSHBER, Crimen y sexo. pâg. 217. slén y la inercia. Por otra parte, la escasa capacidad inte- lectual de algunos de ellos, asi como la enervante pasividad del pensamiento abstracto de la generalidad de estos indivi­ duos, no constituyen el terreno mâs propicio para que surja la idea luminosa, ni aun el afân por explorar los caminos de la redencién* No puede sorprender, pues, que el 45^ de los - entrevistados omita toda referencia a un tratamiento adecua- do o manifieste que ignora cuâl pueda ser. Nos atrevemos a pensar que dos delincuentes de nuestro -- grupo (casos nfl 1 3 y 1 4) no fueron sinceros, al opinar que - el remedio de su vida irregular era un régimen de semiliber­ tad, como el que desde hace unos ahos se ensaya con éxito en gdn establecimiento penitenciario espahol. Estos muchachos - buscaban, posiblemente, una solucién inmediata al riguroso - internado a que estaban sometidos. Mâs veraces juzgamos a — cinco que propusieron un tratamiento apropiado a la persona­ lidad de cada multirreincidente, uno que propugnaba la sepa- racién entre presos jévenes y maduros, uno que consideraba - de gran valor la proteccién de los encarCelados,y otro para quien el matrimonio sehalé el fin de sus aventuras delicti-- vas. Sin embargo, gané a todos en espontaneidad, y también - en contundencia, el entrevistado (caso nfl 1 9) para quien to­ do se arreglaria si al hombre que ingresa por vez primera en la cârcel se le pusiera "de trabajos forzados, a picar pie— dra durante 14 horas diarias", porque "eso no se le iba a oJ. vidar nunca"; medida que el propio individuo cree que deberia compietarse con la supresién de los locales nocturnos de es— parcimiento y con la persecucién de "los que viven ese am— - biente; porque toda la delincuencia empieza por ahi: por que rer ir bien vestidos y andar hechos unos sehoritos, sin dar golpe." 4 7 V . Estas respuestas, insistimos, valen mâs como proyeccién de una personalidad que como solucién terapéutica; pero llegado el momento de discurrir extensamente acerca del tratamiento, bueno serâ recordarlas y buscar lo que pueda haber en ellas - de aprovechable. No hay que perder de vista la posibilidad de que la refe­ renda a los remedios adecuados a cada caso individual, hecha por algunos de los hombres de nuestro grupo, sea un recurso - para evitar el enfrentamiento con el problema, Lo vâlido, en todo caso, seria concretar las modalidades de cada tratamien­ to; y mientras no se haga tal precisién, es llcito sospechar que aquellas referencias generalizadas son un fâcil quiebro - a la realidad; tanto como si el multirreincidente nos dijese: "Que no me traten a contrapelo, sino benignamente, sin violen tar mis deseos; a ver si logran convencerme de lo< hermosa *^4 que es la vida de los hombres honrados". En todo caso, el valor de la opinién del delincuente res-- pecto a su tratamiento estâ condicionado por el propio senti­ miento de culpabilidad, tan unido a la idea que el criminal - tiene del delito. Es sabido que, para algunos psicélogos y -- psicoanalistas, el delito debe considerarse en el piano de -- los valores constmidos por el delincuente y que pueden justi- ficar a sus ojos la accién prohibida. De tal forma, si el de­ lito es la agresién de un individuo, miembro de un grupo, — "contra los valores de ese grupo", y asi toda accién criminal( 1 )viene a resultàr una traicién, habrla que determinar hasta qué punto cada uno de nuestros multirbeiùcidentes se considé­ ra parte de ese grupo supuestamente traicionado. ^No es posi­ ble que muchos de ellos hagan una dicotomia de la comunidad y (1) Michelangelo PELAEZ, Introduccién al eatudio de la Crimi- nolQgfa. pig. 40. se inserten en la fraccién de los infortunados, para quienes el ataque contra el patrimonio de los satisfechos es la jùs- ta cofflpensacién de una iniquidad? ^Cuâl seria, en tal caso, el valor de su opinién respecto al tratamiento correctivo de su actitud antisocial? r k VI. INTERPRETACION DE CADA CASO " S ■ ■■ ' Generalidades Serla fécll y descomprometido llegar al final de estas pâgi nas sin ofrecer la interpretacién de cada uno de los casos — aqui estudiados. Y hasta resultaria licito y discreto que excu sâsemos tal interpretacién alegando nuestra falta de especial! zacidn rigurosa. Sin embargo, una hipétesis poco corrects, pe­ ro fundada, vale mâs que el silencio.^^^ Decia LOPEZ-REY que - la investigacién criminolégica es tanto la experimental como - la analitica, y no la simple publicacién de trabajos compilato rios, en los que sélo se reproduce, mâs o menos hâbilmente, lo / 2 ̂que otros han hecho o dicho. Procuraremos no merecer ese re proche. Pero, a fin de no involucrar términos que siendo conexos no son sinénimos, olvidaremos de momento causas, motives y facto­ res para hablar de explicaciones. Interesa ahora destacar las circunstancias que puedan explicar la desviacién social del in dividuo, e interesa también superar el parcial enfoque causa— (3)lista de los criminélogos clinicos (la causa es la serie de acontecimientos que llevan al delito) y de los criminélogos ge nerales (la causa es el conjunto de trastornos mâs comunes en- (1) "No es necesario que las hipétesis sean perfectamente co­ rrect as; es suficiente que puedan guiar a juiciosas selec- ciones de hechos, las cuales, a su vez, sugerirân otras hdi pétésis sobre el orden existante entre los hechos mismos - (Michelangelo PELAEZ, Introduccién al estudio de la Crimi- nologia. pâg. 89). (2) Manuel LOPEZ-REY Y ARROJO, Teoria y prâctica én las disci­ plinas pénales, pâg. 50. (3) Jacques LEAUTE, Le Traitement des délinquants, pâg. 296. tre los criminales que entre los ciudadanos honrados)» para - detenernos en las singularidades que pueden configurer la per sonalidad de cada delincuente crdnico. No serâ fAcil, por supuesto, hallar asi un comdn origen de la multirreincidencia. Ni toda actitud antisocial nace en el mismo venero, ni todos los criminales persistentes manifies— tan sus tendencies de manera uniforme. Hablando de los delin- cuentes constitucionales con orientacidn mixta, DI TULLIO de- cia que no s61o son los mâs numerosos sino también los mâs p^ ligrosos, y ello confirma que "el carâcter de la gravedad del fendmeno criminoso es, en general, directamente proporcional a la multiplicidad y complejidad de sus factures causales". Pero es que, ademâs, une exp]Licaciôn no équivale a un tajante( 2 )postulado etiolôgico. Ciertas anomalies pueden operar como factures crimindgenos; sin embargo, no se concluye por ello - que seen causa de la criminalidad (no todos los psicdpatas, - homosexuales o epilépticos son delincuentes). Ahora bien, la (1) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminel. pAg. 483. (2) El término explicacidn sustituye a la voz interpretacidn con que, por razones prâcticas, rotulamos este epigrafe. La interpretacidn tiene, ademâs, une resonancia psicoana- litica que no debe envolver nuestra sencilla tarea. En to do caso, y sdlo en cierto modo, le comprenderia aquel as- pecto "mayéutico" que el Dr. ROF CARBALLO seBala a la fun cidn interpretative: "Mâs que hermeneusis. que descifra— miento, o mejor, ademâs de desciframiento, la interpreta­ cidn es, con arreglo a la vieja metâfora platdnica del Tee- t e t o , mayéutica". (Signos en el horizonte. pâg. 309). En suma, el psicoanalista, con sus interpretaciones, ayuda a parir. Esa modeste colaboracidn al, parto no puede negarse en nuestro contacte con los multirreincidentes; pero de - ningün modo explicaremos la actitud de los entrevistados buscando factures que no seen especificos y conocidos, ni estableceremos hipdtesis abstractas o preconcebidas. interaiuso un severo castigo. C.Ç.C. reaccioné robando en un despaëho 14*000 pesetas y hu yendo del colegio. Permanecid dos aAos en un reformatorio, y como sentia incli naciénes homosexuales, tuvo tratos de esta Indole con varios muchachos. El amor y la admiracidn hacia su madre es un estribàllo cons tante de su conversacidn. A los l6 aAos salid del reformatorio y fue a ver a su madre, pero al advertir que vivla con un amante pidid reingresar - voluntarlamente en el reformatorio, donde pasd otros dos — aAos. Volvid a practicar la sodoraia, sucesivamente, con mu­ chos jdvenes; "Pero yo siempre me he cansado de todo. Mi — dnico gusto fijo es mi madre". pig. 644• Kurt SCHNEIDER, P.top.ioologi. c l i n i c . p4g*. 35 r 59. - Dice que tanto en el colegio como en el reformatorio encon tr6 a profesores cometiendo actos carnales con muchachos, lo que le produjo una gran impresidn. - En la segunda etapa de reformatorio robd 12.000 pesetas a un profesor. - Como no le gusta nada trabajar, ingresd en Paracaidismo, - pero desertd varias veces y, durante su ausencia de filas, robd muchas veces (en una sola noche cometid catorce robos). "Aunque tuviera dinero no podia pasar sin robar; es como - una aficidn que no sé de donde me ha venido". - Casi todo el dinero lo gastaba en clubs de invertidos. En una ocasidn tratd de cohabitar con una muchacha, pero, a - pesai* de su interés por superar su tendencia anormal, no pu do consumar el acto. - Después de desertar, participé en robos con armas, en compa Aia de individuos que habia conocido en el reformatorio y en la cârcel. Al ser detenido por la fuerza pûblica, en — flagrante delito, recibid un balazo en la cabeza, su madre fue a verle, cuando estaba esposado y sangrando, y ante el llanto materno reaccioné echândose a reir. Interiormente es taba muy apenado, "pero me doy cuenta de una cosa rara, y es que nunca he llorado". - En los delitos opera como elemento activo, pero dice tener la voluntad muy floja. "Voy por la calle en plan decente, pero de pronto las ganas de cometer algo malo pueden sobre mi". , - Es mûy nervioso y propenso al buen humor. - Su ideal aeria poder caaarae y darle cuarenta nietoe a au madre, Le guataria oorregirae para darle eaa aatiafaccidn a su madre. "Le digo la verdad: por darle un minuto mâs de alegiria a ml madre me de j aria fusil ar. Para ml es una dio- sa". - "Yo aün creo en Dios, y todas las noches sigo rezando mis très avemarlas. Una por mi madre; otra para que le diga a su Hijo que se acuerde de ml, y otra para que cuando esté en libertad no vuelva a caer mâs". - Un primo carnal, por parte materna, es también homosexual. Intento explicativo: Al margen ya de la desviacidn sexual de C.C.C., résulta - manifiesta una intensa fijacién a la médre, fijacidn que lie ga a reprimir su curiosidad por conocer y tratar a su padre, ante él temor de que se deterioren sus lazos afectivos con - aquélla. Se ratifies aqul el parecer de Kate FRIELANDER cuan do afirma que en todos los homosexuales se da una anormal vin culacién a la madre, asi como una identificacidn con ella, y no con el padre, al final del perlodo edlpico.(l) Nuestros dos homosexuales declarados (casos n@ 3 y nfilS) carecieron de relacién con el padre. En el primer caso, se - trataba de un inclusero; en el caso h@ 15, hay separacién ju dicial de los cdnyuges, y este sujeto se entregô a la custo- dia materna. La propia autora citada seAala la ausencia del padre durante la fase édlpica (a partir de los 3 aAos) como un factor ambiental frecuente en la historia de los homosexua les; los deseos sexuales del niAo se desarrollan exagerada-- mente en torno a la madre, y la falta del padre le impide — (2)identificarse con él y renu^czar asi a los deseos edlpicos. (1) Kate NRIËDLANDER, Psicoanâlisia de la delincuencia juvé­ nile pâg, 230, (2) Ob, cit.. pâg. 233. Recordemos la opinidn de ROF, para quien la excesiva identi- ficacidn con la madre alumbra una agresividad violenta contra todo orden tradicabnal, y especialmente contra toda paterni— dad, asi como una feminisacidn que puede desembocar en homo­ sexualidad . ̂ ̂ ̂ No hemos de repetir aqul lo dicho al tratar en términos - générales de la sexualidad, pero conviene recordar algunas - consideraciones de ARASA, quien seAalaba el hecho de que los sodomitas suelen ser los mâs tardlos de los hermanos (como - ocurre a nuestros entrevistados n@ 3 y 15)• Estima también - que un grupo importante de pederastas deben su desviacién a aberraciones cromosdmicas y que la mitad de estos sujetos re velan algüna psicopatla hereditaria (la madre del n& 15 era epiléptica, y el padre del n@ 3 nos és desoonocido, si bien el caso nfi 15 tiene un hermano sodomita y el n9 3 sabe que - también un primo hermano es homosexual). Por supuesto, hay - uranismos endégenos y exdgenos, pero aun estos ültimos requie ren ciertas condiciones consitùcionales, "a base de alguna - disposicién nerviosa". Y, finalmente, ARASA cree que la mayo rla de los homosexuales aman a una sola mujer, su madre; y - como ésta es inaccesible, renuncian al sexo femenino y se de ( 2 )dieaa al hombre. Precisamente en el apuntado temor al inceso ve DRAPKIN el fracaso de algunas experiencias heterosexuales, La posibili­ dad o el miedo de cometer el inceso, simultâneamente temido (3)y deseado, concluye en una impotencia psicdgena, tan elo- (1) Juan ROF CARBALLO, Violencia y ternura. pâgs. 60-Ô1. (2) Francisco ARASA, Antropologia de la sexualidad. pâg. 8-11. (3)Israel DRAPKIN S.. Los delincuentes sexuales. en "XI Cur- 80 Internacional de la Sociedad Internacional de Crimino logla", pâg#, 204-206, cuentemente relatada por C.C.C. Seria discutible si la conmocidn de este sujeto, al descu­ brir sdbitamente una relacidn homosexual de ciertos profeso— res, déterminé o activé su sodomla o su rebeldia antisocial. Nos inclinamos por la negativa, ya que antes habia sido inicia do en el onanismo y tenia experiencia de ciertas manifestacio nes carnales compartidas con otros muchachos. Cabe también — sospechar un exceso de fantasia en el relator, pero no ha de olvidarse una interesante opinién de JUNG, expuesta al hablar de la neurosis: "La experiencia demuestra que las fantasias - pueden tener una accién casi tan traumâtica como los mismos 4 (1)traumatismes sexuales". En la actitud y en la individualidad psicolégica de C.C.C. se advierte claramente un circule vicioso, que sélo podria — romperse ante una fortaleza mental y un equilibrio que no pa- recen caracterizar al interesado. Veamos: el amor y la extra- ordinaria fijacién a la madre le conducen al fracaso hetero­ sexual; su inversién desemboca en impulses delictivos X"No po dia pasar sin robar", "de pronto las ganas de cometer algoima lo pueden sobre mi") cuya meta es la participacién en reunio- nes de invertidos; comprends su anormalidad y trata de supe— rarla, no sélo con el frustrado encuentro femenino, sino con oraciones en las que vuelve a ocupar lugar preferente el amor hacia su madre. Las ya citadas impulsiones delictivas, su confesado nervio sismo, la ausencia de un auténtico hogar en los primeros aAos de la vida (tan determinants para el desarrollo de la afecti- • 1 vidad), su homosexualidad, la risa ante su madre en un momen- to dramâtico (^quizâ la satisfaccién que le produjo verla su- (1) C.G, JUNG, Teoria del D#ico#oâli#i#. pâg. 26, frir por él?) y el hecho de no haber llorado nunca son expre­ siones de una personalidad andmala, que encuentra en el deli­ to su cauce de actuacidn. Cae fuera de nuestro propdsito determinar si C.C.C. puede: entrar en el circulo de la neurosis o de la psicopatia. El cu rioso podrâ volver sobre las opiniones de DRAPKIN, ROJAS BA-- LLESTEROS, DI TULLIO, SCHNEIDER, CORRAZE, SEELI6 y FRIEDLAN- DER, expuestas en las consideraciones acerca de la sexualidad. En todo caso, repetimos, los trastornos del mundo interior de este sujeto se proyectan en una grave inadaptacidn social. Caso n9 4 (D.D.D.) Datos significativos: - Nervioso; se expresa de manera cortante, en frases breves y sdlo responds a preguntas concretas.^ I - Es el segundo hermano de ocho, y el primer vardn entre ellos. Es el preferido, el mimado; "tal vez por eso llegué a lo — que soy". - A los 13 aAos -la primera y dnica vez que le pegd su padre- se fugd del hogar y estuvo ausente tres dias, regresando vo luntariamente cuando se le terminé el dinero que se habia - llevado. - Es apocado y se siente embarazado cuando hay gente extraAa. - Su novia "es la dnica que me aguantd y por ella no soy peor. Nos escribimos todos los dias". No tuvo contacto carnal con ninguna mujer. - Se cree trabajador. En ..los delitos actué siempre de forma - pasiva. Su mayor ideal es casarse. - Bebe mucho, si bien casi nunca se emborracha. - Es muy sensible a las penas ajenas. Su mayor sentimiento es ahora la muerte del compaAero de cuartel a quien invité a - dar un paseo en un coche robado. "Me gustaba correr y cho­ qué contra el pretil de un puente". - Le persiguieron por siete robos o hurtos, la mayor parte de automéviles. "La verdad es que no sentia ningdn remordimien to, porque no lo consideraba como un delito; al fin y al c^ bo yo conducia mâs o menos tiempo y luego abandonaba el co­ che sin llevarme nada". - El tiempo que pasé en la cârcel le sirvié como escarmiento; los otros reclusos no influyeron sobre él para hacerle me— jor Ai peor. - Le güsta el riesgo y disfruta mucho conduciendo. "Por ahi - vinieron mis desdichas, desde que aprendi a conducir". - Tiene titulo de bachiller elemental. La posicién econémica familiar es desahogada. - "Me aferro a mi opinién y quiero llevar la razén aunque no la tenga". Intento explicativo: Nuestro deseo de centrar la explicacidn sobre circunstan— cias pfâcticamente inequivocas frena la exposicién de ciertas hipétesis que, al menos en este caso, no parecen del todo gra tuitas.* &Hay en D.D.D. rasgos de un temperamento enequético, pegajoso, reservado, tenaz, egocéntrico, que unidos a su cons titucién atlética permitirian considerarle como un epileptoi- de? Un exâmen electroencefalogrâfico -al que no fue sonetido- quizâ no* hubiera podido proporcionar una respuesta ütil* Al hacer una diseccién de su personalidad no puede olvidar se su nerviosismo, su timidez, su expresidn cortante, su in— clinacidn por la bebida y esa obstinacién manifestada tanto - en sus palabras ("me aferro a mi opinién y quiero llevar la - razén aunque no la tenga") como en su "impermeabilidad" a la influencia del ambiente carcelario. Podria objetarse que esta ûltima cualidad es un signo de fortaleza o madurez/psicolégi­ ca, pero tal supuesto se contradice con otras manifestaciones del interesado, quien expresa actitudes pendulares: ausencia de sentimiento de culpabilidad y manifiesto deseo de corre-- girse, amor por el riesgo y sumisién a las iniciativas ilega- les ajenas, sentimentalisme y frialdad afectiva. El egocentrismo de D.D.D. es évidente;en su relato se es— conde, entre la confesada timidez, una exaltacién de su perso nalidad. Su afectividad es primitive, superficial. La fuga a los 13 aAos corrobora los dos illtimos rasgos aludidos. El sen timiento por la muerte de su acompaAante, mâs que como un sin toma de afectividad, podria interpretarse como manifestacién de esa obstinada pegajosidad caracteristica, ya aludida. Aque lia muerte, mâs que la desaparicién del ser querido, es el — origen de un nuevo fracaso personal y de una larga reclusién. D.D.D. dice: "Veo llorar a mi hermano y lloro también. Siento como mias las penas de los demâs". Pero participa en buen nd- mero de delitos, sin atisbo de remordimiento ni la menor con- miseracién para las victimas. "No sentia nada. Eso si, compren dia la idiotez de hacer una cosa por la que podia purgar dos aAos de cârcel". No padece necesidades econémicas; pero su — gusto por coger un volante o, simplemente, su curiosidad por participar en un robo pueden mâs que su respeto hacia el pré- jimo. Al margen de cualquier calificacién psiquiâtrica, mu­ chos autores hubieran incluido a D.D.D. en el grupo de los — llamados sociépatas. El interesado es consciente de cierto desamparo para ven­ eer sus tendencies• Siente la falta de una autoridad capaz de reprimir y evitar sus desafueros. "Quizâ soy el mimado de ca­ sa; tal vez por eso llegué a lo que soy". Al abandonar los eŝ tudios, insensible aün a sus deberes sociales, entra en una - etapa de mayor independencia y toma gusto al manejo de automé viles; "por ahi vinieron mis desdichas, desde que gprendi a - conducir". El sistema disciplinario de la milicia no puede su plir ni sustituir a la autoridad ética familiar. Acaso D.D.D. se aferra entonces al simbolo autoritario de una novia virtuo sa, fuerte y paciente, capaz de dar sentido y rectitud a su - vida. "Mi mayor ideal hoy es casarme", y confiesa también: — "Es la ünica que me aguantü y por ella no soy peor". El amor por el riesgo que manifiesta este sujeto, asi como el hecho de que la mayor parte de sus delitos tuviesen como - meta la conduccién de automéviles, podria hacernos pensar que su conducts se limita a un inocente desahogo, apenas pondera­ ble como manifestacién antisocial. Sin repetir lo dicho pâgi- nas atrâs en relacién con el robo de coches, es oportuno re­ corder el pensamiento de LEGGERI: El automévil, desde un pun- to de vista psicolégico, no modified cualitativamente la pro- yeccién de la criminalidad; sélo condicioné su aspecto cuant^ tativo, al aumentar las posibilidades de expresién antisocial. Aunque el vehiculo de motor haya transformado el aspecto exte rior de la criminalidad, la esencia antropolégica de la con­ ducts delictiva permanece invariable.^^^ En resumen, entendemos que en la personalidad de D.D.D. se funden un temperamento muy singularizado, poco normal, procli (1) Giorgio LEGGERI, Modificazione délia criminalité ad opera del veicolo a motore (Aspetti psicologici). en "Quaderni - di Criminologia Clinica", faac. IV, oct-dic. 1968 (pâg. 169) i ‘ kve a la asocialidad, con una formacidn familiar inadecuada pa ra neutralizar sus tendencia. Caso n9 5 (E.E.E.) Datos significatives: - E.E.E. es hijo dnico del primer matrimonio de su padre. La madre murid cuando el niAo tenia aAo y medio, momento en — que su padre lo envié al domicilio de su abuela materna, en otra localidad. - Cuando ténia 6 aAos, al casarse nuevamente su padre, volvié a la casa paterna. Un aAo después nacié la dnica hija del - nuevo matrimonio. "A ella la trataban con mucho cariAo, pe­ ro yb nunca tuve cariAo, mâs que el de mi abuela, que se mu rié pronto. Si no me faltara mi madre yo no hubiese hecho - tantas tonterias". - "Yo no era un santo, Andaba siempre sin una perra, y donde veia un duro me lo llevaba"^ - Su padre gûstaba de la aventura; estuvo en la cârcel por — conbabando; se llevaba mal con su segunda mujer y era muy - bebedor. - A los 14 aAos fue internado en un reformatorio, por inicia- tiva de su padre. De alli se escapé un aAo después y sufrié por ello un severisimo castigo corporal. - De vuelta a su casa, disgustado por lo mal que lo trataban, cometié varios robos en compaAia de un ex-compaAero del re­ formatorio. - Asociado con otros individuos, cometié. mnohos robos y falsi fioAoiones; gané mucho dinero y durante medio aAo vivié — amancebado con una muchacha. - No cree en Dios, porque si existiese "y fuese infinitamen te bueno no podia consentir tanta injusticia". - Le gusta trabajar y conoce bien el oficio de linotipista. - Se considéra tozudo y agresivo, si se ve acorralado. - Siempre actud como delincuente activo. - Su ideal es casarse y educar a sus hijos de forma que nun ca sean como él fue. - Es muy bebedor, si bien procura no emborracharse porque - tiene "mal vino". - Al delinquir no sentia miedo, se excitaba y disfrutaba -- con el riesgo, y se decia a si mismoi "qué tio mis bueno soy". - "Creo que en la mala vida que yo hiçe influyé la falta de mis padres, la pobresa en que vivi y una gran inclinacidn al delito". Intento explicativo: Para valorar la posible influencia de sus ascendientes, hubiera sido interesante conocer la causa de la temprana — muerte de su madre. Sin embargo, sabemos que, al igual que el propio E.E.E., su padre gustaba de la aventura, se dedi- c6 al contrbbando y era muy bebedor. El despego con que tra td a su dnico hijo vardn no le retrata como paradigma de — hombre afectivo. El egocentrismo, la agresividad y la indiferencia senti­ mental de este sujeto tienen su raie, ya no en la falta de la madre, sino en la imposibilidad de compensacién o sustitu cidn afectiva en el propio hogar. El padre y la madrastra, - indiferentes cuando no hostiles, le posponen a la hija habi- da en el segundo matrimonio. No hay oportunidad para que la simbiosis amorosa de los primeros aAos conforme)isu carâcter y su identificacidn social. E.E.E. se fuga del reformatorio y vaga de una regidn a otra, quizâ, como apunta ROF CARBALLO al referirse a este inquieto peregrinar, en "un intento in— consciente de buscar a la madre en la lejania".^^^ El propio multirreincidente comenta: "Si no me faltara mi madre yo no hubiese hecho tantas tonterias". Pero, repetimos, a la ausen cia materna ha de aAadirse la indiferencia paterna. Fue su - mismo padre quien le internd a los 14 aAos en el reformate-- rio. La fuga, el vagabundeo y el latrocinio son la expresidn de su definitiva rupturq con el orden social que su padre re presentaba. Al afân de aventuras une E.E.E. un expresivo sosiego du­ rante la comisidn del delito, aparté de su indudable condi— cidn de delincuente activo. Aquella conducts ilegal le pla— cia hasta el extremo de enorgullecerse interiormente de sus dotes criminales: " ; Qué tio mâs bueno soy!". No nos atreveria mos a interpretar esta complacencia como un rasgo caracteris tico de una inclinacidn antisocial heredada o congénita; pe­ ro bueno es recordar que para DI TULLIO, si bien hay muchos jdvenes que roban por motivos ocasionales o ambientales, hay otros que manifiestan en el modo de robar un estado constitu cional, una tendencia especifica, "cuya satisfaccidn es acom paAada generalmente de un sentimiento mâs o menos relevante de placer y de gozo, tanto que, en algunos de ellos, el robo(2)constituye un équivalente del juego". (1) Juan ROF CARBALLO, Violencia y ternura. pâg, 38, (2) Benigno 01 TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal. p4g< 229. En cualquier caso, la desamparada infancia de E.E.E., ca- rente de los amores materno y paterno, y quizâ una base cons titucional enlazada con la personalidad paterna, inclinan a no juzgarle muy descaminado cuando él mismo quiere desentra- Aar la razén de su conducts: "La falta de padres, la pobreza (sin que ésta sea a nuestro juicio déterminante) y una gran inclinacidn al delito". Caso ng 6 (E.F.F.) Datos significativos: - F.F.F. es parlanchin, superficial, cinico y fanfarrdn. En ocasiones miente. Es rencoroso y se cree victima de una so ciedad que no le permite vivir a su aire. - Es hijo dnico de un matrimonio con pesicidn econdmica des- ' ahogada. Nunca fue al colegio porque no le apetecia, "y — por aquello de ser hijo dnico toda la casa giraba a mi al- rededor y se hacia siempre lo que yo querla. Me han consen tido siempre; jamâs me negaron un capricho". - A los lô aAos cumplid un arresto de un mes, por aplicacidn de la Ley de Vagos y Maleantes; después, en compaAia de -- gente conocida en la cârcel, se dedicd intensamente a ro— bar y hurtar."Pero vi que robando se pierde el tiempo, por que casi no da nada. En cambio con el contrabando de dro— gas se gana mucho mâs, y ya me dediqué a eso sdlo". - A partir de los 17 aAos, sdlo en raras ocasiones vivid con los padres. Tuvo varios apartamentos alquilados en la zona de Mâlaga y alli vivid amancebado con una chica, que termi nd denunciândole. - Los psdres pagaron varias multas y fianças, de considéra— ble cuantia, como consecuencia de las actividades del hijo. - F.F.F. dice que quiere cambiar de vida, pero que no le de- jan tranquilo ni le dan una oportunidad. Cree que el dnico recurso para su salvacidn es un cambio de régimen politico, *borque ese dia seguro que desaparecen todos los papeles y entonces voy por el mundo limpio de antecedentes". - Es nervioso, poco inteligente y de humor variable. Su lar­ go noviazgo no le hizo cambiar; contrajo matrimonio en la cârcel, un dia antes de nacer su primer hijo. - No se siente inclinado al trabajo. "Mi mayor aficidn es — conducir coches y pisar fuerte el acelerador; es lo dnico que me gusta; es mi locura mayor. Precisamente por eso ha- bré robado como media docena de coches; sdlo por eso; y — los dejaba intactes". - "Mi mayor ideal es la libertad y vivir solo o con mi fami-- lia. Y mi mayor ilusidn es transformer la zapateria de mi madre en un club con quince niAas". - Apenas cree en Dios, pero tiene fe en la Virgen de los Des apparados, de Valencia. - "Yo creo que, si de verdad quisiera, podria corregirme, pe ro es que no encuentro en mi ese deseo". - Aunque dice que la cârcel le echd a perder, después afirma que se deja influir muy poco. Intento explicativo El abandono formativo de que fue objeto, por parte de unos padres extremadamente blandos y complacientes, impidid a F.F.F, porfilar su encuadre ético y social. No concibe, desde niAo, A Otra ley que su capricho, y ello abona un hedonismo que se - conjuga con el menosprecio del interés ajeno y una sobreesti, macidn propia exagerada. Tenemos, asi, un prototipo de delin cuente crdnico, incapaz de sentimientos de culpabilidad, de arrepentimiento y de correccién inmediata. Aunque ignoremos ciertas particularidades heredadas o — constitucionales, F.F.F. nos parece un multirreincidente en cuya actitud gravitan de manera especial los factores mesold gicos. Pero esta opinién no descarta la posibilidad de ten-- dencias congénitas y muy personales; no todos los muchachos carentes de adecuada formacién adoptan una postura tan radi- calmente agresiva. Por supuesto, nada puede afirmarse sin — disponer de datos que no estuvieron a nuestro alcance. En to do caso, aunque su nerviosismo o su escasa inteligencia (o, si se quiere, su posible psicopatia) no oscurezcan su discer nimiento, nuestro sujeto, responsable de sus desafueros, no lo es en cambio del desarrollo de ese egocentrismo y ese des compromise que le identiflean con el asocial persistente. Su probable inclinacidn al delito pudo hàberse contenido con un adecuado proceso educative. Hay una gran avidez en F.F.F.; avidez de bienes y quizâ - de admiracidn. Su menguada apariencia fisica, su escasa inte ligencia y su incapaeidad para hacerse admirar por sus cuali dades humanas explican, sin duda, ese afân por "conducir co­ ches y pisar fuerte el acelerador". Es, segün su expresidn, "lo dnico que me gusta; es mi locura mayor". En la velocidad ostentosa, en el dominie de una mâquina poderosa, compensa - subjetivamente y de modo inmediato sus limitaciones persona­ les. Recordemos la opinidn de HIJAZI, para quien cierto tipo de ladrdn de automéviles, con exagerada tendencia a los sig­ nos de prestigio material, encuentra en este delito la ocasidn de realizarse; obliga a la sociedad, al menos, a considerar- le como un elemento audaz y peligroso, y escala un lugar cal^ ficado en la eub-cultura de la delincuencia.^^^ Caso nS 7 (G.G.G.) Dates significatives: - "Tenge la mania de escaparme; tede le arreglaba escapéndeme, Eran escapaterias pequeüas; velvia a las pecas heras; pere en cuante ténia alguna cemplicacidn buscaba la ferma de — huir de casa". - A les 16 afies estuve amancebade, cen una prestituta bastan- te mayer que él, de la que recibia dinere. Esta experiencia se repitid después varias veces mAs. - Desde muy nifle tuve el hàbite de cemeter pequeftas sustraccio nés. - G.G.G. cree que se dejd influir per tede el munde, perque - es incapaz de decir que ne^ aupque sepa que ebra mal. - Al censeguir emplearse en un Bance, y verse cen dinere y 1^ bertad, empezô a abusar de la bebida y a buscar mujeres en lecales necturnes. Sus gastes excesives le impulsaren a ce­ meter hurtes, aprepiacienes indebidas y falsificacienes. - A instancias de su padre, acudid a la censulta de varies -- psiquiatras, que le diagnesticaren una psicepatia, le pres- cribieren un tratamiente y le recemendaren ne prebar el al- cehel. - Desertô des veces de la unidad de Paracaidistas en la que - se habia enrelade veluntariamente. (1) MustafA HIJAZI, Délinquance juvenile et réalisation de sei. pAga. 240, 251, 252, 281 y 282. - Entre sus ascendientes paternes y maternes hay varies indi- vidues bebederes, mujerieges y jugaderes, une de les cuales abandend definitivamente a su mujer y sus cuatre hijes. - G.G.G. se considéra generese, muy nerviese y excitable, pe- ledn y afectuese, "aunque en algunes mementes disguste a — las personas que quiere. Cuadde le hage ne piense en elles; ne sé per qué". - Cree ne tener la mener fuerza de veluntad. Su carâcter es - muy variable; pasa prente de la melancella al buen humer. - "Ye era el preferide de mi padre, pere mi madré preferia a mi hermane. Ella es mâs descenfiada y menes afectuesa que - mi padre". - Ne le gusta manifester el carizio que^siente hacia sus padres y su mujer; se averguenza de sus sentimientes y emecienes. Reza tedas las neches, pere ne quiere que le sepa nadie. - Su mayer desee es peder demostrar a su mujer y a sus très - hijas que puede cerregirse y ser un hembre mueho mejer. - Pese a haber bebide muchlsimo, no le gusta la bebida. Debla para luchar centra la depresidn, cuande habfa ebrado mal, - quizâ para darse valor e para superar su remerdimiente• - "Le mejer de ml es el carihe que tenge a mi mujer y mis hi­ jas. Y le peer es que a veces me elvide de ese cariAe y ha­ ge le que hage..." Intente explicative: En las pequeAas y frecuentes fugas de G.G.G,, asl cerne en sua deaercionea, nos parece ver, ademAa de una prueba de in— conaiatencia paicoldgica y de ineatabilidad, un dominante de- seo de ocultacidn. La huida sirve para encubrir sus problemas Inmediatos, para zafarse de una realidad ingrata, para eludir lor reproches que pueda suscitar su deleznable voluntad. Es - un sujeto tan inseguro de si mismo que oculta incluse senti— mientes nada censurables. Igual que la fuga, el alcehel (que ne bebe per guste) es un medie de escenderse de si prôpie, de ahegar sus depresienes e de rechazar su remerdimiente. También prefiere ecultar sus sentimientes mâs intimes. Y - aqui recerdames la epinidn de ROF, para quien la huida tiene cerne causa remota una carencia ameresa en la etapa vital y — primerisima del nihe.^^^ De ser asi, habriames de interpreter esa vergaenza per las prepias expresienes de cariAe ceme un - temer a la falta de cerrespendencia, al rechaze, acase funda- de en el latente recuerde de una experiencia remota. Perque - ! ne han de elvidarse aquellas palabras de G.6.G.: "Mi madré — preferia a mi hermane. Ella es mâs descenfiada y menes afec-- tuesa que mi padre". En este sujete se suman muches rasges prepies de una indi- vidualidad andmala: Precoddad y avidez sexual (intente cempen saterie, quizâ, de una carencia de ternura materna), afectivi^ dad apenas esbezada, velubilidad, imprevisidn, agresividad, m& leabilidad y abulia. Tal cenjunte de cualidades, expresivas - de una incensistencia psicelôgica y de la psicepatia diagnes- ticada (cen casi> segures antecedentes familiares), desembeca en su indiferencia per les intereses de la cemunidad. Case ng 8 (H.H.H.) : Dates significatives: - H.H.H. es grasiente, pece musculade y fee. Parece poce int^ ligente y diflcil de réhabiliter. La Central de Observacidn (1) Juan ROF CARBALLOi Signes en el horizonte. pâg, 245* comprobô electroencefalogrâficamente que se trata de un epi léptico cortical, y seAald que este tipo suele presenter ca racterlsticas antisociales mâs intensas que los epilépticos centroencef âlicos• Su padre vivia con una amante y estuvo varias veces en la - cârcel.Su madré "era como un sargento; autoritaria y mal - encarada. Los cinco hermanos, todos varones, se llevaban muy mal; dôs de elles estuvieren encarcelados per contrebande. H.H.H. ne siente cariAe per sus familières. "Mi padre y un hermane mlô son tuberculoses crdnices, y ye, antes de les 14 aAes, tuve très lesienes pulmenares". Antes de les 20 aAes, empezd a dregarse cen marihuana, su— pliende y satisfaciende per esa via sus ansias sexuales. — Quizâ a causa de esta drega, termind per exhibirse desnude. Viciade per la vida fâcil, no intentd trabajar y cemetid — gran nümere de robes. Algunes de elles, en casas habitadas, ne tuvieren finalidad lucrativa: "S61e me imaginaba cosas - raras y me prevecaba una satisfaccidn sexual". Se considéra pece nerviese, pece violente y "egeista al cien per cien". Vivid marital y sucesivamente cen cince e seis mujeres, a - las que prehibia frecuentar etras cempaAias. Ne tiene ideas religiesas, morales ni peliticas. Su mayer - desee es que le quieran tedes. Si se viese en libertad y cen dinere, antes que buscac una mujer se iria a cemprar marihua na "Ne sé le que es el sentimiento de culpabilidad, ni siquie- ra el arrepentimiento. Yo cree que la fociedad es hipdcrita y que siempre descarga el palo sobre el mâs débil. Y por eso procuraba valérmelas de modo que nadie me explotase viviendo de mi trabajo". - "2̂Que yo diga las causas de mi extravio? Pues, para ml, una sola: mis padres". Intente explicative: La epilepsia diagnesticada a H.H.H. en la Central de Obser- vacidn nos parece un date de gran valer para cemprender su cen ducta delictiva. La referenda hecha a esta enfermedad al ex— plicar la actitud desviada de A.A.A. nos aherra reiteracienes; recerdemes selamente que la imprenta caracterelegla del epilé£ tice se manifiesta per la avidez, lujuria, agresividad, impul- sividad, deserganizacidn intelectual e inestabilidad afectiva. Pere, fundamentalmente, este enferme es un clare ejemple de — inadaptacidn social, mâs intensa, al parecer, en la epilepsia cortical, ceme la que H.H.H. padece. Las anermâlidades psiceldgicas de H.H.H. apenas necesitan - subrayarse. 5uple y satisface sus apetencias sexuales fumande marihuana. Es exhibicienista declarade y, sin duda, fetichista. DI TULLIO observé en delincuentes censtitucienales, especial— mente en ladrenes reincidentes especlfices, fenémenes erétices "mâs e menes intenses, que, en algunes de les cases mâs graves, se manifiestan per la ereccién y hasta la eyaculacién"•^^^ La (1) Benigne DI TULLIO, Tratade de Antrepelegla Criminal, pâg. 236. Aunque DRAPKIN dice que en algunes cases el exhibicienis me y el fétichisme se explican per una impetencia psicége- na, cuande teda mujer représenta para el parafliiâe la fi­ gura incestuesa ambivalente, quizâ ne sea éste el case de Guya hateroaexualidad cubra largoa capltuloa de au vida (larael DRAPKIN, Los delincuentes sexuales. oA*. 205). Notas destacadas de la personalidad de H.H.H., sean o no - determlnadàs por la epilepsia, que le empujan hacia el campo HENTI6 escribe que la satisfaccién de ciertos ladrones se aproxima a un proceso de orgasme pslquico o nerviese, si bien cenfiesa ne cenecer les fenémenes fisielégices — concurrentes. Las ebservacienes de DI TULLIO, y las nues- tras en penen de manifeste la realidad de taies - fënémenes (Hans Ven HENTIG, Estudies de Psicelegla Crimi­ nal. vol. I, pâg. 100). (1) DI TULLIO, Principios de Criminelogla Clinica y Psiquia— tria Forense. pâg. 311* (2) José M* CODON e Ignacio LOPEZ SAIZ, Psiquiatria Juridica Penal y Civil, vol. II, pâgs. 603-604* (3) René RESTEN, Caracterologia del criminal, pâg. 32. t actividad predatoria de estos sujetos, segdn el criminélogo - ilitaliano, mâs que a una hipoevolucién general, "estâ ligada a ■una estructura fisiopsiquica en la que se encuentran perver— siones instintivas, perturbaciones afectivas y fenémenos psi- ( î )coneurdticos". Como seAalamos en lugar oportuno, CODON y - LOPEZ SAIZ estiman que el exhibicionismo y el fetichismo son(2)manifesteciones de anormalidad. Por otra parte, deben te— nerse en cuenta las cerrelaciones de la tuberculosis con cier (3)tas desviaciones sexuales, ya que la predisposicién aso­ cial de epiléptico declarado, puede resultar estimula da por las très lesiones pulmonares padecidas antes de cumplir los 14 aAos. Ademâs de sus cualidades constitutives propias, sobre la - actitud de este individuo pueden graviter ciertos factores he reditarios (la asocialidad paterne y la escasa afectividad ma terna son indicios nada despreciables), asi como circonstan­ ciés mesolégicas que bien pudieran ser consecuencia de aqué— Dos (ausencia de lazos sentimentales entre los hermanos). it de la crifflinalidad persistante y de diflcil remedio (la Cen­ tral de Observacién did un pronéstico desfavorable), son su aversién al trabajo, su egocentrismo, su imperioso deseo de estupefaqientes, su insensibilidad moral, su agresividad y - su falta de arrepentimiento y de sentimientos de culpabili— dad. Caso nS 9 (l.I.I.) Datos signifieativos: - Las facciones y el aspecto general de I.I.I. son simiescos. H'abla Una jerga oscura, es analfabeto, y su edad mental no sobrepasa los 10 aAos. Segûn la Central de Observaciôn, pa­ dece una craneopatla metabélica, es un débili mental y su — responsabilidad es muy limitada. En condena anterior se le aplicé la atenuante de enajenaciôn mental incompleta. - Sus abuelos y sus padres eran "quinquis" ambulantes, dedica dos a pequeAas reparaciones, que se desplazaban y vivlan - en carros. Pueron ocho hermanos. Su padre es alcohélico y esté internado en un esthblecimiento psiquiâtrico. - Es peleôn y nervioso. Se considéra muy listo. No noté su - inquietud sexual hasta los 20 aAos. - En alguno de los robos, al menos, delinquié de una manera impulsiva, automâtica, y sin estar necesitado de dinero: - "No sé cémo", "Lo hice sin pensar ni nada". "Me parece que no soy capaz de corregirme de lo malo que hice; porque no lo pienso; fue como un arranque que no entiendo". "Me dié un pronto, y es como aquél que dice 'me tiro al rio', y se tira". - Siempre delinquié solo y cree que sus smigos y los compaAe rom de oArcel no influyeron sobre 61. Intento explicative: Nada extraAo séria que la vida ambulante de los primeros aAos de I.I.I., y su influençia en la adaptacién social del grupo familiar a que pertenecia, visiasen la posterior ima- gen de sus vlnculos con la comunidad. Pero aün olvidando — los efectos de su prolongada condicién errâtica, y hasta — ese genérico diagndstico de "craneopatla metabélica", hecho en la Central de Observaciôn, y que no nos permite conocer la realidad y las consecuencias de su mal, el nilcleo de eu al quier explicaciôn en torno a la conducta de este sujeto es- t6, a nuestro entender, en su debilidad mental. No ha de olvidarse que la oligofrenia, si bien se mani— fiesta por un defecto de la inteligencia, puede determiner anomalies del carâcter; no falta, incluso, quien la equj. ( 2 )pare en determinados casos a una auténtica demencia. Igual. mente, se advierte en muchos subdotados una marcada impulsif ( l)vidad, con la consiguiente propensiôn al delito, circuns tancia que tan claramente concurre en el modus operandi de I.I.I., acaso résultante de un desmedido instinto de pose— sién, propio de mentalidades infantiles e inseguras. DI TU­ LLIO, refiriéndose al delincuente constitucional, describe un tipo cuya tendencia al robo es consecuencia de una hipo- evoluciôn pslquica, de un instinto no sublimado socialmente;/ .\ el delito es en este caso un acto reflejo instintivo. - Por supuesto, no dudarlamos en incluir a I.I.I. en tal gru- po. La estimacién en anterior sentencia de la atenuante de - (1) Stephan HURWITZ, Criminologla. pâg. 186. (2) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologla clinica. pâgs. 108-109. (3) Wolf MIDDENDORFF, Teorla y prâctica de la prognosis cri­ minal. pâg. 67. (4) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologla Criminal, pâg. 234, 235. enajenaciôn mental incompleta, el parecer de la Central de - Observaciôn respecto a la limitada imputabilidad de este in­ dividuo, su ifflpulsividad criminal (acreditada también por su delincuencia solitaria) y el notable retraso con que apare— cieron sus inclinaciones erôticas son realidades que inducen a seAalar la oligofrenia de I.I.I., matizada por el especial ambiente de su infancia, como principal explicaciôn de sus - caidas. Caso ng 10 (J.J.J.) Datos significativos: - Nos parece que su edad mental no sobrepasa los 13 aAos — (para la Central de Observaciôn es de 11 aAos). Ligero, - mendaz, analfabeto y muy diflcil de corregir. - Fue criado en una inclusa y no conoce a sus padres. - A pesar de conocer el oficio de barbero, "vivla de lo que saliera; lo mismo me llevaba una cartera, que un reloj, - que un transistor, que lo que pillara". Sufriô unas diez condenas, muchas detenciones y varios internamientos por aplicaciôn de la Ley de Vagos y Maleantes (tiene 34 aAos y pasô mâs de 12 recluldo). - Nunca tuvo amigos; le gusta la soledad. No es afectuoso. Siempre delinquiô solo. - Es muy nervioso y colérico. No notô el ansia sexual hasta los 16 ô los 18 aAos. - En la cârcel va a misa los domingos, para que digan que es un'"buen Chico"; pero no reza nada. - "Me oreo capaz de corregirme, eiempre que me busquen una colocaciôn y encuentxe alguien que dé la cara por ml". (An tes habla dicho que cuando trabajô lo hizo por poco tiem- po, ya que "preferia ganar la vida mâs fâcil"). - 'Lo que m&a desearla en el mundo, después de la libertad, es encontrar trabajo, tener un trapo que j>pnerme, una ca- ma para dormir y un jornal para poder ir a un baile o a - los toros". - Nunca sintiô arrepentimiento, "porque nadie le%a a compen sar el sentimiento". Intento explicativo: En el nücleo de la inclinaciôn delictiva de J.J.J. pare- cen bullir tanto su deficiencia intelectual como la falta - de verdadero hogar. Al tratar del caso n& 9 (I.I.I.) hici— mos referenda -que no hemos de repetir ahora- a las anoma­ lies caracterolôgicas del oligofrénico y a ciertos refXejos instintivos, y quizâ defensivos. En la personalidad de J.J.J. debe valorarse también, co­ mo deciamos, su condiciôn de inclusero. No roba de manera - impulsiva, pero si obsesiva, évida, impremeditada e inhâbil; como un ser rapaz cuya vida dependiese, minuto a minute, de su agudeza predatora. Esa incapacidad para identificarse — con sus congénères, su desentendimiento del reste del mundo, su agresividad, su indiferencia afectiva (desconoce el arre pentimiento), su ansia materialista (el ideal por él confe- sado apenas roza el mundo del espiritu) y quizâ su labili— dad pueden ser consecuencia de la falta de vinculos paterno filiales, o de'cualquier otra relacién humana con capacidad supletoria. Pero no ee poeible deecomponer eee binomio explicativo y ponderar cada une de eus elemento#. Primitivisme y asocial^ dad; Bean factores enddgenos o ex6genos, juegan confusamen- te en la actitud de J.J.J. Caso ng 11 (K.K.K.) Datos significativos: - Es el menor y ünico varôn de cinco hermanos. Sus padres, que no fueron autoritarios con ninguno de sus hijos, pre- ferian y mimaban a K.K.K. - Prefiere la soledad a la compaAia, y no le gusta intimar con nadie. Es muy nervioso y excitable. Se considéra muy cariAoso. - La Central de Observaciôn lo juzga introvertido, depresi- vo.y débil de carâcter; psiquiâtricamente lo considéra — normal, aunque advierte que tuvo una crisis puberal a los 15 aAos. - Nunca cometiô un delito él solo; siempre lo hizo con otros muchachos, en actitud pasiva. "Me dejo llevar por ellos - sôlo por complacerles, para que se desahogen en mi mismo". - Se cree capaz de corregirse, porque nunca le gustô delin- quir. Sôlo pretendia juntardinero para poner un taller me cànico, porque sabia que trabajando honradamente no le se ria posible. Por eso se dejô arrastrar cuando los amigos le propusieron cometer algunos robos. - "La causa principal de mi mala vida, lo que con mâs fuer­ za me llevô a esos delitos fue mi afân de independencia y mis ganas de sobresalir sobre los demâs. Mis padres creian que yo habia torcido mi vida al no seguir estudiando, y - yo estaba «mpeAado en tener pronto un taller para demostrar les que podia ser alguien en la vida". Intento explicativo: El origen de la tendencia delictiva résulta a veces de diflcil precisiôn; y asl ocurre en el caso que ahora estu- diamos. Porque si es verdad que se trata de un sujeto inma duro, inseguro de si mismo, excesivamente consentido duran te su infancia, maleable y vlctima de una crisis psicolôgi ca puberal, ninguno de estos factores, considerados indivi^ dualmente, parece tener entidad bastante para determinar - la carrera delictiva de K.K.K. ^Représenta, quizâ, la suma de todas esas circunstancias el impulse de su persistente actividad ilegal? En el capitule dedicado a la infancia y la juventud nos hemos referido a la falta de disciplina familiar, como una de las realidades mâs estrechamente lelacionadas con la crdL (i)minalidad. - Destacâbamos que la sobreproteoiôn, el mime excesivo, desencadena una agresividad sorda y reprimida — que conduce a la creaciôn de zonas de muy escasa resisten- ( 2 )cia. En el caso de K.K.K., a la tolerancia de los padres debe sumarse la muy probable de las cuatro hermanas, todas mayores que él, y de cuya tierna actitud parece hablarnos el relato del interesado: "Pienso mueho en mi familia; so­ bre todo en mis hermanas; mâs aün que en mis padres". La - inmadurez psicolôgica de K.K.K. y la inseguridad de sus ac titudes pueden ser una consecuencia de la falta de modela- do en sus primeros aAos. A lo largo de su charla autobiogrâfica, K.K.K. recuerda varias veces la época de sus 15 aAos. Es, al parecer, el - (1) Ver Stephan HURWITZ, Criminologla. pâg. 353* (2) Juan ROF CARBALLO, Violencia y ternura. pâgs. 139, 140 y 175. momento de la crisis puberal a que alude la Central de Ob­ servaciôn. Entonces abandona los estudios, proporcionando un disgusto a sus padres, y se inclina por la mecânica. — También entonces se "destapa" sexualmente, quizâ de manera un poco violenta. Llega asi al distânciamiento de los pa­ dres, en quienes personaliza el constante, dolorido y mudo reproche por el camino elegido. Y se afana por afirmar el acierto de su elecciôn, y su propia valia para situarse y triunfar. Asi, el orgullo del muchachito consentido -resen tido consigo mismo- busca acomodo en el campo de la delin­ cuencia. K.K.K. podria encasillarse, con arreglo a la tipologia de SEELI6, entre los delincuentes contra el patrimonio por escasa fuerza de resistencia (carentes de inhibiciones, ca paces de arrepentirse, faltos de sentimientos ético-socia­ les) o entre aquellos que delinquen en momentos de crisis psicolôgica (conflicto puberal, tendencia depresiva). Sin embargo, aunque participe de algunas caracteristicas comu- nes a «varios grupos, nos parece mâs acertado calificarle como lo hizo la Central de Observaciôn: delincuente profe- sional refractario al trabajo (con las réservas que el ad- jetivo "profesional" merece). Porque son évidentes su for­ ma asocial de vida y, sobre todo, su aversiôn al trabajo. Aun cuando manifieste que abandonô los estudios por su de­ seo de montar un taller mecânico, la verdad es que no per- severô en el esfuerzo cotidiano, sino que eligiô el atajo de la delincuencia patrimonial, donde privan las artes del picaro y no las virtudes del hombre ordenado y laborioso. Como se sabe, SEELIG asigna a los delincuentes profesio nales refractarios al trabajo ciertas peculiaridades del - carâcter, como el sentimiento de inferioridad, el afân de notorledad, la irritabilidad y la torpeza a f e c t i v a . A l - gunoa de esos rasgos pueden atribuirse a este reincidente, pero séria necesaria una observaciôn mâs prolongada para - determinar con mayor justeza, no sôlo su encuadramiento — criminolôgico, sino las circunstancias déterminantes de su comportamiento. Caso ng 12 (L.L.L.) Datos significatives: - Cortlsimo de expresiôn; su nivel intelectual ronda la — oligofrenia. Padece ataques epilépticos desde los 12 aAos - No le gusta trabajar; es nervioso, peleôn y discutidor. Tiene "muy mal vino". - Inducido por dos amigos, empezô a delinquir hacia los — diez aAos. No sabe si serâ capaz de corregirse y recono- ce que se deja influir fâcilmente por los demâs. - Normalmente no se arrepentla de los delitos cometidos, y olvidaba pronto la anormalidad de su conducta. - Lleva cuatro aAos en prisiôn y cree que el ambiente car- celario no le ha hecho peor. - Carece de ideas morales, religiosas o politicas. - Es el mayor de cuatro hermanos; lap .otras très son muje­ res. Intento explicativo: Sin olvidar el valor que en la conducta de L.L.L. pudie ra tener un poeible relajamiento de la autoridad paterna, (1) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologla. pâg. 74 y ss# la explicaciôn de su criminalidad y de su incapacidad de in tegraciôn social radica en esos dos factores que conforman su modo de actuar: retraso mental y epilepsia. Las referen- cias hechas en este capitule a ambas anomalias nos ahorran nuevas consideraciones. Entre las caracteristicas criminolôgicas seAaladas por - la Central de Observaciôn a este individuo, destaca su muy alta labilidad, que, unida a un alto egocentrismo y una ba- ja adaptabilidad social, no permite pronosticar una fâcil - correcciôn. Caso ng 13 (M.M.M.) Datos significatives: - M.M.M. es el mayor de cuatro hermanos, todos varones. Su padre estuvo ausente en Suiza, cuando el interesado ténia entre 9 y 14 aAos de edad. - Su hermane mâs joven sufre ataques nerviosos <̂ e naturale- za no precisada. - A los 13 aAos, aprovechando un permise que disfrutaba su padre, sustrajo a éste 20.000 pesetas que se gastô en po- cas semanas, con otro amigo, en taxis, restaurantes y di- versiones. - Sus padres no eran severos con él, ni siquiera autorita— ries. - A los 14 aAos se fugô de su domicilio y durante cuatro me ses hizo vida de maletilla. - Se cree tranquilo, "aunque a veces me excito sin que yo - #*pa el porqué de eeoe contraetee", "Lae ooeae me euelen 53V preocupar mucho". "Soy muy reconcentrado en ml mismo y qu^ zâ por eso tardo mucho en darme a los amigos". - En los delitos actda pasivamente. Se deja influir fâcil­ mente • - Después de robar, siempre sintiô arrepentimiento. - Segdn la Central de Observaciôn, su erotismo es bajo, tie ne actitudes homosexuales y es un abülico, sin llegar a - psicôpata. El pronôstico és desfavorable. Intento explicativo: En el caso de M.M.M. no hay aparentemente graves anoma— lias que puedan esclarecer su criminalidad. Es un delincuen te precoz, pertinaz y dificilmente corregible, cuya indife­ rencia sentimental no ofrece dudas; pero del relato autobio grâfico no resultan circunstancias que expliquen claramente su inclinaciôn antisocial. Existen, sin embargo, ciertos rasgos, hasta ahora sôlo - esbozados, cuyo conocimiento pudiera mostrarnos la raiz de su conducta. Nos referimos concretamente a esa abulia, "sin llegar a psicôpata", de que nos informa la Central de Obser vaciôn (acaso relacionada con sus inexplicables exitaciones, los ataques nerviosos de su hermano y su propia tendencia a la preocupaciôn y el ensimismamiento), y, por otra parte, a probables defectos formativos. En cuanto a estos dltimos, - pueden recordarse la escasa autoridad ejercida por sus pa­ dres y la larga ausencia del padre en un pals extranjero — (entre los 9 y los 14 aAos de edad de M.M.M.), con posible; influençia en su indisciplina, su egocentrismo y su confor- maciôn afectiva. Caso nf 14 (N.N.N.) Datos significativos: - A nuestro juicio, N.N.N. padece un ligero retraso mental, Segdn la Cental de Observaciôn es abülico, narcisista, afe minado y tiene fama de homosexual pasivo. - Su padre "bebia muchlsimo y, como trala poco dinero, mi ma dre le regaüaba y andaban a la gresca". N.N.N, es el primo génito entre très hermanos; su padre preferia abiertamente al mâs joven de los hijos, una niAa, mientras que su madré preferia al propio N.N.N. En el aspecto moral, sus padres "eran mâs bien descuidados". El interesado hizo la Primera Comuniôn a los 12 aAos, por iniciativa de una prima suya. - No notô la tendencia sexual hasta los 16 aAos, estando en la cârcel. - Se deja influir fâcilmente y siempre actuô como delincuen­ te pasivo. - El primer delito por ql que ingresÔoen un reformatorio fue un robo én una tienda, cometido a los 14 aAos. - Después de delinquir siempre sintiô arrepentimiento o ver- gUenza de su conducta. - Dice que su hermano (que tiene actualmente l6 aAos y estâ en un feformatorio, por ladrôn) le empujô por el camino — del delito. Intento explicativo: No hallamos en la personalidad de N.N.N. singularidades a las que rotundamente pueda atribuirse un valor criminôgeno. Su retraso mental, au abulia, au falta de identificaciôn ao- cial, asi como la influençia que directa o indirectamente pue dan haber ejercido sobre él sus pariantes consanguineos, no - parecen, si se consideran separadamente, suficientes para ex- plicar el comportamiento de un muchacho de 17 aAos sobre el - que pesan dos internamientos decretados por Tribunales de Mè­ neras a causa de dos robos, procesamientos por cuatro robos y très condenas por otros tantos delitos de la misma Indole. — Sin embargo, el juego de aquellas circunstancias ofrece esta realidad. No conocemos el grado del alcoholismo paterno ni su graVi- taciôn genética sobre la descendencia (recuérdese que el üni­ co hermano varôn de N.N.N. sufre un internamiento por su par- ticipaciôn en un robo), pero los efectos de su vicio en el âm bito hogareAo y en la formaciôn de los hijos son manifiestos: reducciôn de ingresos, disputas conyugales, malos ejemplos, - necesidad de que la madré trabaje fuera de casa y, en defini- tiva, disociaciôn familiar. Por otra parte, el interesado nos habla del descuido moral de su hogar y de las abiertas preferen cias afectivas de cada uno de sus padres. Debemos recordar la disparidad existante entre nuestra im- presiôn y el informe de la Central de Observaciôn, con rela-- ciôn al nivel intelectual de N.N.N. Para la Central, las apti^ tudes mentales de este sujeto son buenas, mientras que nosotros las situamos por debajo de lo normal. No hemos de defender — una impresiôn intuitiva frente a una calificaciôn obtenida -- con mâs rigor técnico, pero queremos seAalar una coincidencia que pudiera apoyarnos: Las tendencias sexuales del interesado se manifestaron con cierta tardanza, fenômeno comün en la gene ralidad de los débiles y retrasados intelectuales del grupo - estudiado. En cuanto a su posible inmadurez razonadora, nos remitimos a las conéideraciones hechas en el epigrafe sobre capacidad - intelectual; y muy concretamente a cuanto alll se dice de los efectos del retraso sobre el carâcter, del "delincuente cons­ titucional con orientaciôn hipoevolutiva" de DI TULLIO y de - las taras intelectuales originadas por defectos afectivos o - impregnaciones etilicas de los padres. Insistimos, pues, en que las irregularidades que matizan - la vida y actuaciôn de N.N.N. no parecen, por si solas, deter minantes de su conducta. Pero la compleja interacciôn de los rasgos seAalados, unida quizâ a algdn otro factor desconocido, desemboca en una multidelincuencia para cuyo remedio no cabe un pronôstico favorable. Caso ng 15 (O.O.O.) Datos significatives: - Despierto de inteligencia y sincero, rayando a veces en el- nico. - Sus padres se separaron judicialmente cuando el interesado ténia cuatro o cinco aAos. 0.0.0. fue entregado al cuidado de su madré, que padecia muy frecuentes ataques epilépticos y que falleciô a los 34 aAos, en un hospital psiquiâtrico, cuando 0.0.0. ténia 11 aAos de edad. Un tio suyo, hermano - de su madré, muriô ahogado, en el curso de un ataque epilép tico. - Alrededor de los 9 aAos empezô a escaparse de su casa. Cuan do muriô su madré y pasô el niAo a la casa paterna, siguiô fugândose con tanta frecuencia que su padre solicitô su in­ ternamiento en un reformatorio. Estuvo sucesivamente, hasta los 16 aAos, en treq establecimientos de esta clase, de los que continuô escapando gran nümero de veces. > A los 16 aAos, ya en libertad, empezô a cometer una larga se rie de delitos contra la propiedad y a recorrer gran nümero de ciudades* Es introvertido, rencoroso y melancôlico. Se confiesa homose xual pasivo, tendencia que notô siendo muy niAo y que le do­ mina desde la edad de 15 aAos. "Mi moral es ésta: sôlo es bueno aqu&lo que me bénéficié a - mi". "Mi vida delictiva no fue mâs que un medio de aparentar algo y conseguir asi conocer y tratar de cerca a los compaAeros - de robos. Y es que mi tendencia me inclina a buscar el amor de otra persona y a vivir de él, sin preocuparme de mi pro— pio trhbajo". "Lo mejqr de mi es la sinceridad (...) y lo peor de mi es el odio que siento, por tiempo y tiempo, a todo el que me ofen- de". Al integrarse en grupos de muchachos delincuentes, lo que — buscaba era un sustitutivo de la familia que nunca tuvo. Después de delinquir nunca sintiô el peso de la culpa ni — arrepentimiento. "Y es que, para mij el fin justifica los me dios". No siente gran afecto por su padre, y menos aün por su ünico hermano, mayor que él y, probablemente, homosexual. "La explicaciôn de todo lo mio, de todo lo que me ocurre, — creo que es una sola; mi tendencia sexual.-^Remedio para mi? Para buscar un remedio tiene que haber antes un mal que reme diar, y yo no considero que lo mio sea un mal". Intento explicativo: He aqui un ejemplo mâs, y muy expresivo, de lo dificil que résulta diferenciar nitidamente las particularidades constitu cionales de las mesolôgicas como factores criminôgenos. 0.0.0. es un delincuente crônico, sin sentido de su propia culpa, sin capacidad para el arrepentimiento, dominado por una tendencia sexual anômala, cuya correcciôn a corto plazo séria absurdo - esperar. Puede haber heredado de su madré rasgos caracterolô- gicos que le inciten a una vida irregular, pero no ha de des- cartarse la existencia de inclinaciones résultantes de una n^ Aez dura y aflictiva, vivida en un hogar deshecho. La entidad de la epilepsia materna, que obligaba a frecuen tes hospitalizaciones de la enferma (muerta a los 34 aAos en un establecimiento psiquiâtrico), résulta subrayada por el he cho de que un hermano de ésta falleciese ahogado en el curso de un ataque del morbo comicial. Los linderos de esta enferme dad, y aün su propia esencia, son todavia desconocidos, pero sus efectos se manifiestan en perturbaciones que pueden trans mitirse a los hijos^^^. No fitan autores que hayan seAalado - la influençia de la epilepsia hereditaria en la criminalidad ( 2 )de la descendencia. Entre aquellas perturbaciones se ha — destacado la inadaptaciôn social del enfermo y su inestabili- (3)dad, que a nosotros se nos antoja ver reflejadas en 0.0.0. por su temprano y persistente gusto por la fuga. El sindrome neurolôgico de la madré influye, sin duda, en el fracaso de su vida conyugal y en la final disgregaciôn fa- (1) Ya hemos dicho que para Francisco ARASA la mitad de los - pederastas revelan à ^ n a psicopatla hereditaria (Antropo- logia de la sexualidad. pâgs. 8-11). (2) Ver Franz EXNER, Biologla Criminal, pâg. 219* (3) Léon MICHAUX, Psychiatrie, pâgs. 1154-1157. miliar. Y esta amarga realidad influirâ igualmente en la defec tuosa maduraciôn de la proie. La tensiôn y la hostilidad entre los padres, coronadas por la separaciôn judicial, no permiten un normal desarrollo de la ternura y la afectividad. Ademâs, - al haber sido encomendado O.O.O. a los cuidados de su madré, - frecuentemente enferma y ausente, el niAo careciô no sôlo de -( 1 )persona capaz de atraer su afân de identificaciôn, • sino tam bién de mentor que encauzase su sentido ético y social. 0 .0.0. atribuye el origen de su sodomia al resultado de una tendencia aparecida en la niAez, reiterada y triunfante en la adolescencia. Por entonces se fugaba frecuentemente, y su homo sexualidad hallô cauce en el seno de grupos de delincuentes, - entre quienes deseaba encontrar el hogar y el amor que nunca - tuvo. Aquel origen y este encauzamiento resultan muy verosimi- les. RICHARD escribe que en la adolescencia -ese extraordina— rio proceso de maduraciôn flsica, sexual y psicolôgica- renace (2)bruscamente el conflicto edipiano que parecia ya vencido; y quizâ el defectuoso desarrollo de la afectividad sea un grave obstâculo para resolver adecuadamente el enfrentamiento inte­ rior. Por otra parte, en cuanto a la büsqueda de un hogar su— pletorio, ROF CARBALLO nos recuerda, para explicar lo que es - la anti-urdimbre. cômo algunos niAos incluseros se apoyan reci procamente formando una comunidad masculina o "fraternidad vi­ ril", sustitutiva de la madré. También 0.0.0., y probablemente alguno de sus compaAeros, buscaba lo que ROF llama "la solida- (3 )ridad de los desvalidos, el apiAamiento protector", si bien (1) Kate FRIEDLANDER hace notar que la ausencia del padre en - la fase edlpica es frecuente en la historia de los homose­ xuales (Psicoanâlisis de la delincuencia juvenil. pâg. 233) (2) M. RICHARD, Los Dominios de la Psicologla. II, pâgs. 39-41* (3) Juan ROF CARBALLO, Signes en el horizonte. pâgs# 226-227* su büsqueda estaba matizada por una desviaciôn sexual. La homosexualidad, que en opiniôn de este sujeto explica to talmente su delincuencia, no es para nosotros una particular! dad déterminante, sino un factor receptivo y proyectivo de ano malias y tendencias antisociales. La enfermedad materna y el - adverse escenario familiar conformarân su vida; y harân posi-- ble el desarrollo de cuatro rasgos calificadores: egocentrismo ("sôlo es bueno aquello que me bénéficié a ml"), labilidad -- (inestabilidad, fugas), agresividad e indiferencia afectiva (descompromiso social, rencor, falta de sentido de culpabili— dad, incapacidad para el arrepentimiento y despego de los famd^ liares mâs Intimes). Caso ng 16 (P.P.P.) Datos significatives: - P.P.P. es hije de madré epiléptica. Su capacidad intelectual es normal-baja. Segün la Central de Observaciôn, se trata de un alcohôlico crônico y hemofllico, en el que aprecia ademâs una discreta craneopatla metabôlica. Inadaptado social, muy nervioso, excitable, extravertido, de carâcter extremoso e - inconstante. En sentencia anterior se le aplicô la atenuante de perturbaciôn mental incompleta y se declarô que "posee — una carga vital psicopâtica y retraso mental de grado medio". - Se criô en un hogar pobre. Eran siete hermanos, y su madré - tenla que hacer trabajos extrafamiliares. La aficiôn del pa­ dre a la bebida daba lugar a frecuentes altercados conyuga— les. - La manifiesta preferencia de su padre por otro hermano deter minô dos fugas de P.P.P. de su hogar, una a los 13 aAos y — otra a los 17. - Tras la primera escapada, el padre interesô su ingreso en - un reformatorio, de donde huyô en dos ocasiones. Cometiô — sus primeros robos a los 13 aAos, con ocasiôn de su primera fuga del reformatorio. - La segunda escapada de su casa fue para enrolarse en la Le- giôn, en cuyas filas permaneciô durante cinco aAos. - Respecto a ideas politicas y morales, formula asl su postu- ra: "Mientras no me faite a ml el pan, lo demâs me tiene — sin cuidado". - "Me parece que soy fâcil de influir y de convencer por los demâs; y seguramente es por lo bueno que soy". - El Ultimo delito -un robo de 54*000 pesetas en el bar donde trabajaba de camarero- lo cometiô él solo, bajo el influjo de bebidas alcohôlicas. - Cree que la causa de toda su conducta delictiva fue la in— justicia con que le tratô su padre. "Yo notaba que me falta ba algo en casa, el cariAo". - "iCualquiera sabe el remedio para ml y para los que estân - aqui dentrol Pero yo creo que la mitad de los que estamos - en la cârcel es porque nos ha faltado un cariAo. Y la otra mitad llevan lo malo en la sangre". Intento explicativo: Cuanto hemos dicho â. tratar de explicar la criminalidad de 0 .0.0. (caso nfi 15), en relaciôn con la epilepsia de la madré, es aplicable a P.P.P. También aqui, el carâcter del hijo pue­ de reflejar perturbaciones provenientes de la enfermedad ma­ terna. A ello hay que aAadir su retraso intelectual, unido a una anormalidad que sus juzgadores llamaron "carga vital psi, copâtica", y a un alcoholismo crônico, probable efecto -mas que origen- de sus taras psiquicas. Nuestras anteriores refe rencias a esos trastornos de la personalidad son aplicables a este caso. Reiteramos, sin embargo, nuestra creencia de que la vida delictiva de P.P.P., como la de otros muchos multirreinciden tes, no es sôlo la expresiôn de irregularidades constitucio- nales, sino el resultado de una compleja interacciôn de fac­ tores endôgenos y exôgenos. Bien es verdad que algunos de -- los factores que aqui llamamos exôgenos pueden tener su ülti ma raiz, su causa verdadera, en manifestaciones de anomalias connaturales. Asi, la falta de cariAo que P.P.P. reprocha a su padre acaso sea real, pero podria responder a la errônea interpfetaciôn de una mente limitada, o también a la falsa - apariepcia con que, a los ojos de P.P.P., se présenta la des estimaciôn paterna de sus pobres aptitudes. En uno u otro C£ so, volvemos al inevitable juego de lo congénito y lo adqui- rido; sea cual fuere el origen de las disensiones entre sus padres (pensemos en las desviaciones psiquicas résultantes - de la epilepsia), sea o no verdadero el desamor paterno, es­ tas circunstancias visiblemente ambientales pueden ettar en- lazadas con particularidades constitucionales. Vemos, en fin, la criminalidad de P.P.P. como el resulta­ do de una suma de sipgularidades heterogéneas: epilepsia ma­ terna, retraso mental, alcoholismo crônico, trastornos del - carâcter (nerviosismo, inestabilidad, abulia) y daAoso influ jo del medio familiar. Justo es reconocer que la deficiencia discursiva de P.P.P. no le impide centrar discretamente, con una fôrmula elemen­ tal y expresiva, el problema de la delincuencia; "la mitad - de loe que eetamoa en la cârcel ee porque noe ha faltado un cariüo. Y la otra mitad llevan lo malo en la aangre". Caso ng 17 (Q.Q.Q*) Dates significatives: - Tiene 37 aHos de edad; aparté de algün internamiente decre tade per Tribunales de Menores, ingresô 18 veces en prisidn y fue cendenade per diez délités (siete de rebe, une de — aprepiacidn indebida, une de atentade centra agente de la - auteridad y une de dafles) • Cuando cemetid su primera infrac ciôn ténia alrededor de diez aAes. - Intrevertido. Rehuye la referenda a su vida delicti va. Se exalta al hablar de lo injusta que es la seciedad. - Creciô en un hogar pobre, donde eran nueve e diez hermanos. "Tedes les demâs sen personas decentes y henradas. Ye soy - el garbanzo negre". Atribuye al hambre sus primeras activi- dades delictivas. - Erotisme alto y precez. Vivi6 amancebade cen una ramera. — Desde hace 3 aAos tiene una novia 16 anos mâs jeven que él, cen quien va a centraer matrimenie en la misma prisiôn y de la que ha tenido recientemente una hija. - "Mi veluntad es bastante fleja". "Tenge la plena seguridad de que me corregiré, de que ya estey cerregide. Si me dan - facilidades, vamos, si ne me lo impiden, seré un hembre dis tinte. ^Y sabe usted per qué? Pues per mi hija; sobre tede per #i hija". Su mayor desee es tener un hegar para su mu— jer y su hija. - Casi siempre se arrepentla de les délités cometidos; "pero la# circunstanciasi que me la# conozco yo #oio, me oblige— ban a delinquir una ves y otra ve#, Porque he paeado mucha necesidad; al que sale de prisiôn le es dificilisimo encon trar trabajo". - Echa la culpa de sus actividades delictivas "a la guerra y a lo que trajo la guerra; a la pobreza de mi casa, al ham­ bre que he pasado". Intente explicative: Cenfesamos nuestra incapacidad para seAalar, a la vista - del relate de Q.Q.Q., las particularidades que podrian explj^ car sus andanzas delictivas. Este individue, entrevistado en la Central de Observaciôn, ne fue objete del habituai infor­ me de este establecimiento. Y la mera entrevista -durante la cual prefiriô no detenerse demasiade en las circunstancias - que redearen sus actividades ilegales- ne arreja luz sobre - el objete de nuestra bdsqueda. Sin duda se dan en él, cen la prolengada inmadurez que su edad y su comportamiente revelan, les rasgos caracteristicos del verdadero delincüente: egocentrismo, labilidad, agresiv^ dad e indiferencia afectiva. Y la crônica persistencia en su actitud ratifies la autenticidad de taies rasgos. La pobreza de su hegar ne explica per si sela su delincuen cia; el reste de sus muches hermanos "son personas decentes y henradas". Dates ponderables son su precedidad criminal y sexual, su intreversiôn y su abulia, pere no permiten llegar a cenclusienes que quizâ ne puedan alcanzarse sin un estudio multidisciplinarie de su personalidad. ' . 1 Caso nS 18 (R.R.R.) Dates significatives: - Cortisimo de e%pr*#iôn, tartamudo, daaoonfiado e inaincero, Es oligofrënico; hay que expllcarle varias veces el senti- do de las preguntas mâs elementales; su edad mental no lie ga a los 10 aAos. - Sus padres murieron jôvenes, pero R.R.R. ignora las causas de los fallecimientos. También muriô hace un aAo una de — sus dos hermanas, y el interesado ignora igualmente de qué. Sabe que a un hermano de su padre "le daban ataques al es- tômago". - No fue al colegio hasta los 13 ahos, edad a la que ingresô en un internado especial; pese a ello, es analfabeto. Se - fugô muchas veces del colegio, y ahora se encuentra en pr^ siôn preventive por haber desertado de las filas militares. - Es muy nervioso. No se encariha con nadie. Hasta los 20 6 21 aAos no noté tendencies sexuales. Entre los demâs reclu SOS tiene fame de homosexuel. Intente explicative: No contâmes en este caso con el valioso informe de la Cen tral de Observacién, ya que R.R.R. fue entrevistado en Pri— siones Militares; pero la anormalidad mâs destacada de este multirreincidente, la oligofrenia, puede explicar su conduc­ ts asocial. Séria muy interesante disponer de dates sobre su ascendencia (que no hemos podido obtener) y sobre la natura- leza de su propia limitacién. No obstante, la deficiencia de su intelecto (estimamos que su edad mental es inferior a 10 aAos) tiene entidad suficiente para iluminar el origen de su criminalidad. Ya hemos advertido en lugar oportuno que no todo débil — mental estenta predisposiciones criminales, lo cual no sign^ fies que la oligofrenia ge manifieate siempre por simple pue riiidad, infantilisme o primitivismo.^^^ Hay ciertas oligo- ( 2 )frenias que equivalen a verdaderas demencias; no suponen dnicamente un defecto cuantitativo de la inteligencia, sino (3)también una perturbacidn de otros elementos psiquicos. - Por otra parte, el déficiente mental, dejando a un lado los posibles defectos de su carâcter, tiene dificultades de ada& tacién social résultantes de circunstancias ajenas a su li- mitacidn, como el temor al ridiculo, al abuso de los mejor dotados y al rechaze laboral; de ahi nace la inseguridad en si mismo, la tendencia al vagabundeo y la caida dn raterias que remedian de modo inmediato la subsistencia. Ni adn al tratar de R.R.R. considérâmes despreciable el papel que en su criminalidad puede haber desempehado el mar CO ambiental de sus primeros ados. Porque no puede asegurar se que la evoluciôn de ciertas oligofrenias sea absolutamen te ajena al tratamiento formativo del niflo,^^^ especialmen-1 te cuando la carencia no tenga su origen en alteraciones ge néticas o en lesiones cerebrales; piénsese, por ejemplo, en la importancia del automatisme como elemento de valoracién y encauzamiento en la educacidn moral, afectiva y social. R.R.R. perdiô a su madré cuando ténia un ado, y no asis- tiô a una escuela hasta haber cumplido los 13 ados. De es— (1) Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal. — pâg. 4 2 4 . (2) Kurt SCHNEIDER, Patop&icologia clinica. pâg. 103, 10b, 108 y 1 0 9. (3) Stephan HURWITZ, Criminologia, pâg..l82.; Para René RESTEN, la atrofia de la funcién moral pue de estar relacionada con la atrofia de la funcién inte- lectual (Caracterologia Criminal, pâgs. 28 y 143)* (4) Ver ROF CARBALLO, Signes en el horizonte. pâg, 124-126. tos hechos, teniendo en cuenta que su padre era un modesto obre ro de la construccidn y que al muchacho lo crié una hermana su ya ^asada y madre de seis hijos), puede deducirse la falta de un régimen educative adecuado a su anormalidad. Caso ns 19 (S.S.S.) Dates significatives: - Muy nervioso e impresionable; introvettido; parece muy sincjB ro. Inteligencia despierta. - Es el menor de otho hermanos. Su padre era duro, avaro y ca- morrista; parecia disfrutar haciendo el mal. Su madre padê-- cia de ataques epilépticos, y fallecié en un hospital des-— pués de haber sufrido varias intervenciones quirürgicas en - la cabeza, cuando el interesado ténia 17 ahos. "Como mi pa-- dre no le daba bastante, ténia que trabajar de asistenta, -- con todos los que éramos en casa. Yo creo que se murié de — las broncas que ténia con mi padre". - Quizâ a causa de los malos tratos paternes, se fugé très o - cuatro veces de su casa. - Es alcohélico crénico. "Parece que lo necesito para andar — por la calle, para trabajar y para todo; es una necesidad". - Es peleôn; las discusiones le arrebatan y pasa fâcilmente a la agresién. I - Precocidad sexual y erotismo muy alto. A los 17 ahos vivié - amancebado con una ramera. - Cometiô los primeros robos a los 15 ahos; actéa como delin— cuente pasivo; se deja influir fâcilmente; "no sé decir que -no " • -’■Me gusta ser mâs chulo que nadie e ir ’rajando’ por la ca­ lle; sobre todo si hay nihas, me gusta ’un rato’ presumir delante de ellas al volante de un coche robado". - "Creo que no soy capaz de corregirme; sôlo me corregiria - si alguien supiese quitarme de la bebida. Nunca probé las drogas, pero no fue por.falta de ganas; es que no he teni­ do ocasién". - Su mayor deseo es tener una mujer, un hijo y un hogar. — "Creo que si me hubiese casado a los 15 ahos no me hubiera pasado todo lo que me pas6". - Para delinquir necesita estar ligeramente bebido. "Después de robar siempre sentla arrepentimiento, y hasta lo sentia àntes de hacerlo, pero no sé, obraba a lo loco, con la arran cada del vino". - Cree que la causa de su delincuencia se reparte entre los malos tratos del padre, el exceso de dinero que tuvo en la adolescencia y el vicio de la bebida. - Opina que la multirreincidencia se remediaba condenando a los delincuentes primarios a picar piedra durante 14 horas diarias; "eso no se le iba a olvidar a nadie fâcilmente. Y también habla que quitar las salas de fiestas y perseguir a los que viven ese ambiente; porque toda la delincuencia empieza por ahi; por querer ir bien vestidos y andar hechos unos sehoritos, sin dar golpe". Intente explicative: Volvemos a encontrar en S.S.S. la posible relacién entre epilepsia materna y multirreincidencia. Entendemos, en este caso -como an los ya eatudiadoa-, qua la personalidad dsl hi jo acusa anomallas caracterolôgicas résultantes de la enfer- medad de la madre (y nétese que hablamos sôlo de epilepsia, porque ignorâmes la naturaleza del mal cerebral que exigiô - varias intervenciones quirürgicas y que la llevaria a la muer te)• Cabe preguntarse si taies perturbaciones afectan normal mente a toda la proie; séria poco serio dar una contestaciôn carente de un respaldo estadistico, pero ahi esté, en la rei terada tendencia criminal de S.S.S. y de otros muchos como - él, una grave desviaciôn cuyo origen hemos de buscar en he— chos ciertos. El profesor EXNER, tan cauteloso en el momento de extraer conclusiones, afirma que no puede demostrarse una relacién hereditaria entre dolencias mentales y criminalidad, (1 )salvo cuando se trata precisamente de la epilepsia genuina. cuâl puede ser la proyeccién de la enfermedad materna en el carâcter de S.S.S.? Desde el nerviosismo hasta la abu­ lia, pasando por su alto erotismo y el precoz descompromiso con la comunidad, manifestado en sus repetidas fugas. Es mâs, al amparo de la opinién de algdn psiquiatra, podria creerse que también su alcoholismo crénico estâ enlazado con la anor malidad de la madre: segiln las estadisticas de David LUND, - ( 2 )recogidas por HURWITZ, el etilismo no suele causar defec­ tos mentales en la descendencia, en cambio muchos alcohélicos descienden de padres psiquicamente déficientes. Sea cual fuere la raiz del alcoholismo, estamos ante un v^ cio que no opera como circunstancia accesoria y ocasional en la criminalidad de S.S.S. Ya DI TULLIO hizo notar la diferen cia entre el delincüente comdn, que recurre a la bebida para vencer sus escrüpulos y neutralizar el efecto intimidador de la ley, y el delincüente constitucional, cuya predisposicién (1) Franz EXNER, Biologie Criminal, pâg, 219* (2) Stephan HURWITZ, Criminologia. pAga. 109-111» al delito sôlo résulta sensibilizada y acentuada por el al- ( 1 )cohol. El etilismo de S.S.S. estâ metido en lo hondo de su personalidad, la conforma y esclaviza ("lo necesito para andar por la calle, para trabajar y para todo; es una nece­ sidad"), hasta el extreme de que el propio entrevistado se cree incapaz de superar su inclinaciôn al delito, salvo "si alguien supiese quitarme de la bebida". Pero tampoco en el caso de S.S.S. pueden olvidarse, al - menos como coadyuvantes al delito, los factores externes. - En sus recuerdos, y acaso en su actitud social social, pal- pitan una infancia triste, pobre y conflictiva, las graves tensiones entre sus padres, la desdichada suerte de su ma— dre, la maldad paterna y la carencia de una afectividad bien cimentada. El permanente anhelo de equilibrio sentimental - puede traslucirse en algunas de sus afirmaciones: "Dicen — que soy carihoso y quizâ tienen razôn". "Corazones como el mlo hay pocos en mi familia". "Mi deseo mâs grande séria te ner una mujer, un hijo y un hogar. Debe ser maravilloso"• Caso ns 20 (T.T.T.) Datos significatives: - T.T.T. es hijo de soltera, no recnnocido por su padre. -- Cuando ténia 8 ahos, al contraer matrimonio su madre (con un individuo que no era su padre), fue internado en un or fanato, donde permaneciô hasta cumplir los 14 ahos. - Al salir del orfanato trabajô sucesivamente en una carpin terla, una tienda de antigttedades, una farmacia, una fe— rreteria, un taller eléctrico, una tienda de tejidos, en (1) Benigno DI TULLIO, Principio de Criminologia Clinica y Psiouiatria Forense. pâg, 153* un hotel como botones, en una fâbrica de tintas, nuevamen- te en una carpinteria y en el laboratorio de una fâbrica - de cerveza. - Se casô cuando ténia alrededor de 21 ahos, y es padre de - una niha. "Estoy enamoradisimo y sôlo siento no haber teni^ do cabeza para haberles evitado todo lo que pasaron por mi". - Se considéra carihoso y nada nervioso ni agresivo. - A partir de los 16 ahos se dejô dominar por una fuerte ten dencia sexual: "No me llegaba todo lo que juntaba para ir con mujeres de la vida, que me sacaban lo que ganaba y mâs. Eso fue lo que me perdiô; me arrastraba aquello, como un - idiota, y por ahi empezaron mis delitos". - Después de haber pensado mucho sobre ello durante el tiem- po de encarcelamiento, cree estar seguro de su compléta co rrecciôn. Tras la comisiôn de los delitos, siempre se sin- tiô culpable y arrepentido. - "Las causas de lo que hice no puede concretarlas, porque - no fueron siempre las mismas. Las primeras veces era para tener dinero e irme con zorras; lo de la moto fue porque - me quedaba lejos el sitio del trabajo, y las otras veces - debiô de ser por amargura de que los mios no me acogian — bien". - "La cârcel me fue muy ütil. Después de todo el tiempo que aqui he pasado pensando, y después de todo lo que sufri -- con la separaciôn de mi mujer y mi hija, salgo mâs maduro y mâs fuerte". Intente explicative: Sin duda, son viaiblea en T,T,T, notas que le identifican Como delincüente habitual. Obsérvese, por ejemplo, la inesta bilidad psiqqica expresada por el ndmero y variedad de pues- tos laborales en los que probô fortuna. El hallazgo de un — oficio adaptado a su gusto (auxiliar de laboratorio en una - fâbrica de cerveza) no interrumpiô, por cierto, el curso de sus actividades delictivas. Âdemâs de la labilidad, son pa— tentes su egocentrismo y su. frialdad afectiva: delinqula pa­ ra gastar en burdeles el producto de sus sutracciones, por - lograr mayor comodidad en sus desplazamientos al lugar de tra bajo o por desahogar su encono contra la familia. Ahora bien, en nuestro intento de explicaciôn individual, mâs que subrayar la existencia de los rasgos caracteristicos de la criminalidad (ya manifestados por la persistente acti­ tud del sujeto), tratamos de sehalar su posible origen. En el presente caso parece advertirse un grave fallo en - la maduraciôn y encauzamiento de la afectividad de T.T.T., - acaso debido a su particular filiaciôn y a las especiales re laciones con su madre, coronadas por el internamiento del hi jo en un orfanato, cuando aquélla contrajo matrimonio, del - que hàbrian de nacer otros dos hijos. El niho hubo de perci- bir, desde el noviazgo de su madre, el inicial distanciamien to de ésta, consumado con la posterior ausencia de su hogar. La madre, al aceptar la nueva situaciôn, no sôlo le privaba de su contacte directe, sino que paulatinamente le restaba - su atenciôn afectiva -hasta entonces privilégié exclusive de T.T.T.- para repartirla entre très personas mâs. No parece - probable que en aquel establecimiento encontrase el niho sis temas o personas capaces de compenser su trauma sentimental y de atraer su afôn de identificaciôn. La salida del internado da lugar a que se manifieste su - desequilibrio afectivo. El trato prematuro y continuado con rameras engafla su anhelo de reclproca estimacidn, hasta el extreme de sacrificar a ese espejismo amoroso el producto - de su trabajo y, finalmente, su normal integraciôn en la so ciedad. El hâbito del delito y su inestabilidad psiquica — contribuyen a enervar su sensibilidad, oscureciendo el hori zonte de una rehabilitaciôn, sôlo vislumbrada tras un difi- cil reajuste afectivo, al que parece apuntar su desiderâtum. C A P I T U IV C O N C L U S I O N E S Panorâmica real de la multirreincidencia Lejos de nosotros el optimisme de quienes aspiran a ela- borar una perfecta disecciôn de las causas de la delincuen­ cia habituai. Los conocimientos para afirmar resueltamente la decisiva influencia de determinados factores son todavla insuficientes, aunque no falten opiniones encontradas y par ciales. Nuevas investigaciones, pacientes y objetivas, irân iluminando los caminos de la Criminologia, ciencia a la que hay que reconocer el mérite de haber estimulado pna visiôn mâs racional de los problemas relacionados con el delito. Hemos querido explicar la multirreincidencia de un grupo concrete, intentando comprender la personalidad del delin— cuente a través de sus etapas vitales; pero el resultado — muestra, como ya anticipaba PELAEZ, que es necesario abando ( 2 )nar los esquemas explicatives demasiade rigides. Y ello no sôlo porque, al decir de SEELIG, estâ negado a nuestro - conocimiento comprender plenamente en su totalidad indivi— (3)dual la personalidad del hombre, sino porque, aùn dentro de un grupo criminolégico relativamente homogéneo, existen factores,caracteristicas y motivaciones tan dispares que ha cen extremadamente dificil la determinacién de notas comu— nés. Pero los obstâculos para encontrar una etiologia précisa no pueden paralizar la marcha de la Criminologia. El hombre (1) Stephan HURWITZ, Criminologia, pâgs. 456-459* (2) Michelangelo PELAEZ, Introduccién al estudio de la Cri- minologia, pâgs. 67 y 109. (3) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia. pâg. 209* que trata de extinguir un incendio no sôlo se interesa por conocer con exactitud el origen del fuego, sino por atajar- lo y vencerlo. El afôn del criminôlogo por hallar resortes curativos y defensives dieron ya considerables frutos, y — ello viene a constituir un estlmulo y una esperanza para — quienes siguen inquiriendo el recôndito manantial de la de­ lincuencia. Diversidad etiolôgica La génesis de la delincuencia, y concretaraente de la ha- bitualidad criminal, se explica por los investigadores de - manera muy diversa. Vimos en su momento que un grupo de au- tores daba a los factores sociales y ambientales una impor- (2)tancia d e c i s i v a , m i e n t r a s que otros muchos atribuian ma­ yor influencia a los elementos internos y constitucionales. No falta tampoco quien opine que la interferencia entre cir cunstancias mesolôgicas y endôgenas impide disociarlas cla- ( 3 ) *ramente. (1) Ver, por ejemplo. Clinton T. DUFFY y Al HIRSHBER, Cri­ men y sexo, pâg. 105; Emilio MIRA Y LOPfcZ, Manual de - Psicologla Jurldica. pâg. 124; Juan ROF CARBALLO, Vio- lencia y ternura, pâgs. 15 y 16, I38 ÿ 139; y Signes - en el horizonte, pâgs. 123, 124 y 253; Carlos Gustavo JUNG, Teoria del psicoanâlisis. pâg. 79; R. ALBEkCA LO RENTE, Psicopatias y delincuencia. pâgs. 53-55; MIDDEN DORFF, Teoria y prâctica de la prognosis criminal, pâg. 124; Anthony STORR, La agresividad humana. pâgs. 149, 1 5 0, 183 y 1 8 6 . (2 ) Ver Carlos Mâ LANDECHO, Psicologla criminal, pâg. 26; Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal. - pâg. 8 9 , etc. etc. (3 ) Christian DEBUYST, Los valores vividos por los crimina­ les , pâgs. 114-115; Wolf MIDDENDORFF, Teoria y prâctica de la prognosis criminal, pâgs. 117 y I3 8 ; C.J. JUNG, Teoria del psicoanâlisis. pâgs. 21 y 173} Sbephan HURWITZ, Criminologia. pâgs. 59 y 456; Ernesto SEELIG, Tratado - de Criminologia. pâg. 214; etc. El resultado de nuestra investigaciôn no permite, en cuan to al citado problema, hacer afirmaciones concluyentes. An— tes bien, résulta manifiesta la variedad de posibles explica ciones criminogenéticas. Veamos algunas: - Al menos el 50% de los componentes de nuestro grupo (ya — que très de ellos no nos proporcionaron datos) pusieron de manifiesto la existencia, entre sus padres o parientes con sangulneos, de determinadas anomalias (alcohôlismo, epile£ sia, agresividad o indiferencia afectiva). - Por lo que atahe a la complexiôn, un §0% tienen rasgos lep» tosomâticos, mientras que el 40% se inclinan a la conforma ciôn atlética, ocupando los picnicos un lugar muy distante. - Entre los 20 entrevistados hay 3 oligofrénicos o débiles - mentales y 5 que sufren retraso intelectual; es decir, que las facultades razonadoras del 40% del grupo no alcanzan la normalidad• - Prescindiendo de 4 indivlduos descendientes o parientes -- consangulneos de epilépticos, las anormalidades mentales - de los propios componentes del grupo ascienden al 50% (3 - epilépticos, 3 neurôticos o psicôpatas, 2 alcohôlicos crô- nicos, uno con fuertes cefaleas y craneopatia metabôlica y uno que padeciô una crisis mental sin especificar). - El déficit cultural del grupo puede cifrarse en un 65% (il indivlduos con instrucciôn muy escasa y 2 analfabetos). - En cuanto a posibles defectos formativos de diferente natu raleza, referidos al ambiente de la nihez, anotamos entre nuestros entrevistados 9 casos de padres blandos y sin au- toridad, 6 de padres sin afecto, 6 de falta de armonla con yugal paterna, 7 de padrea alcohôlicos, licenciosos o per- versos, 3 de madrés epilépticas, 3 de hijos naturales o -- ilegltimos, 4 de indivlduos educados en inclusas u orfana- tos y 3 de huérfanos de madre antes de cumplir los dos ahos* - Como dato sintomâtico, recordamos que trece de nuestros -- hombres (65%) se fugaron del hogar familiar. - Sôlo 4 hombres de nuestro grupo ( 20%) aludieron expresamen te al pernicioso influjo que sobre ellos ejercieron sus -- amigos. - En cuanto a la capacidad patrimonial familiar, siete (35%) de nuestros entrevistados crecieron en un ambiente pobre y ocho (40%) lo hicieron en una economla modesta; pero sôlo - très (15%) manifiestan haber delinquido por hambre o por - necesidad. - Ocho individuos (40%) sufiieron uno o varios internamientos en reformatories de menores. - Diecinueve entrevistados (95%) residieron y delinquieron - en grandes capitales, aunque sôlo quince (7 5%) nacieron en ciudades. Sin necesidad de insistir en consideraciones ya expuestas, los datos anotâdos bastan para sugerir la dificultad de una Clara discriminaciôn entre el valor de los elementos biolôg_i COS y el de los mesolôgicos. Pensemos, por ejemplo, que la - influencia del alcoholismo o de la indiferencia afectiva de los padres puede ejercerse por via hereditaria o por convi— vencia doméstica; las conductas del oligofrénico, del retra- sado del epiléptico pueden responder igualmente a taras — constitucionales y a razones de inadaptaciôn social (menos-- precios, burlas, relegaciones); la defectuosa integraciôn — del psicôpata y del neurôtico puede enraizarse en predisposi clone# congénlta# y en remoto# tra#torno# de #u formaclôn — afectiva; la gran urbe puede operar como eatlaulo ambiental de sus propios habitantes o como imân de delincuentes consti^ tucionales forasteros... ^Podria, no obstante, intentarse la formulaciôn de carac­ teristicas comunes a la criminalidad habituai aqui estudiada? Explicaciôn de con.iunto Antes de ensayar una explicaciôn genérica de la delincuen cia crônica, referida a los autores de hurtos y de robos sin violencia en las personas, conviene puntualizar las notas co munes halladas en este tipo criminolôgico: - Diecinueve de nuestros entrevistados (95%) proporcionan da tos reveladores de que su niflez discurriô en un ambiente - familiar anômalo, por alguna de estas circunstancias: fal­ ta de equidad afectiva o de afecto paternos; falta de auto ridad paterna; padres alcohôlicos, licenciosos o perversos; filiaciôn natural o ilegitima; internamiento en inclusas u offanatos; carencia de padre o de madre; falta de armonia conyugal entre los padres, y epilepsia materna. El caso nfi 12, ûnico individuo cuyo relato no permite - incluirle en el grupo descrito, es un epiléptico, retrasa- do mental, que se fugô de su domicilie alrededor de los 10 ahos y que ingresô en un reformatorio de menores por haber delinquido antes de los dieciseis. - Todos los componentes del grupo (100%) se muestran indife- rentes en materia moral o religiosa; ninguno de ellos se - educô en un hogar donde la religiôn o la moral se observa- sen diligentemente. - En relacién con el lugar que el multirreincidente ocupa en tre su# hermanos, es curioso anotar que los 19 que nos ofrg cen datos (100%) son primogénitos (siete), benjamines (si£ te), unigénitos (dos) o primeros hijos varones (très). El término precocidad es relative e imprecise. No obstante, si admitimos que es delincüente precoz el que delinque an­ tes de los 20 ahos, todos los componentes de nuestro grupo merecen tal calificativo. De los 18 sujetos que nos proper cionaron datos, diez (55%) cometieron su primera infracciôn entre los 10 y los 14 ahos, mientras que los ocho restan— tes (45%) lo hicieron entre los 15 y les 1 9 * En conjunte, puede decirse que los componentes del grupo - entrevistado no sienten inclinaciôn hacia el trabajo. Esta particularidad se advierte no tante por su incapacidad pa­ ra ocuparse continuadamente en algunas tareas cuanto por - la escasa calificaciôn laboral de cada sujeto. Ciertamente, y como luego puntualizaremos, el defecto sehalado tiene su raiz en diversas anomallas de la personalidad. La mitad de nuestros raultirreincidentes no se consideran - egocéntricos, porque en ocasiones son dadivosos (especial- mente con el producto de sustracciones illcitas); confun— den as! generosidad y prodigalidad, oponiendo esta fusiôn de conceptos al de egocentrismo. Como ya hicimos notar, si muchos de ellos nos han dicho "doy todo lo que tengo", nin guno afirmô "me sacrifice todo lo que puedo". La simple y pertinaz actitud delictiva supone un menosprecio del "tû" y una exaltaciôn del "yo", tan comûnmente ligada al narci- sismo. No dudados, pues, en afirmar el egocentrismo de to­ dos los entrevistados. Ateniéndonos al concepto de labilidad expuesto por PINATEL^^^ (1) Jean PINATEL, Criminologie (ed. 1970), pâgs. 6 0 3-6 0 6 . en el que se agrupan rasgos como la imprevisiôn, la impul- sividad, la inconsistencia, la inestabilidad, la inconstan cia, la a b u l i a la falta de inhibiciones para dominar - las apetencias inmediatas, es manifiesto que los veinte — componentes de nuestro grupo son sujetos lâbiles. No identificamos la indiferencia o menosprecio hacia los - intereses del prôjimo y hacia la norma jurldica con la agre sividad. Por esa razôn, sôlo hallamos en los entrevistados un 55% de sujetos agreavos, si bien estimamos que la tota­ lidad del grupo se caracteriza por su débil afectividad. En este mismo terreno, y con relaciôn a la inmadurez — ( 2 )afectiva que se atribuye por algunos autores a los fre- cuentadores de prostlbulos, hemos de recordar que, si près cindimos de dos homosexuales declarados y de très indivi— duos de erotismo anormalmente bajo, un 86,6% de los hombres de nuestro grupo estân en aquel caso, y la mayor parte de los que integran esa proporciônrvivieron amancebados con - (3)rameras. Aunque pueda advertirse entre nuestros entrevistados una - gran preponderancia de formas de delincuencia colectiva y pasiva, en el relato autobiogrâfico queda menos clara la - actividad o pasividad del sujeto que su actuaciôn indivi— dual o asociada. Dieciseis multirreincidentes (80%) delin­ quieron colectivamente, y los cuatro que sôlo actuaron in- (1) Kurt SCHNEIDER, al desarrollar el concepto del psicôpata abûlico, dice que su caracterlstica social es la inesta­ bilidad (Patopsicologla clinica, pâg. 50). (2) Christian DEBUYST, Los valores vividos por los crimina— les, pâg. 3 0 7. (3) Ernesto SEELIG, (Tratado de Criminologia. pâg. 94) escri biô que "el rufiân représenta uno de los tipos mâs usua- les de la delincuencia profesional"* dividualmente sufren alguna perturbaciôn psiquica (epilep­ sia, psicopatia y limitaciôn intelectual); ello permitirla pensar que sobre esta delincuencia crônica y solitaria in- fluyen preferentemente factores biolôgicos. Todas las agru paciones en que se integaban mestros multirreincidentes te nlan un carâcter provisional; mâs que sociedades de autén- ticos profesionales, eran pandiüas circunstanciales de va- (1 )gos e inadaptados. (1) Acaso resuite ütil ofrecer en esta nota, a modo de râpi- da visiôn de conjunto, las Caracteristicas mâs destaca— das de cada uno de los multirreincidentes entrevistados. frescindiremos de las notas comunes a todos ellos, como el ambiente familiar anômalo, la indiferencia moral y -- afectiva, la precocidad criminal, la escasa calificaciôn laboral, el egocentrismo y la labilidad: Epiléptico, analfabeto, fugado. Psicôpata, fugado. Inclusero, homosexual, hijo de soltera, fu­ gado . Epileptoide, fugado. Criado sin madre, agresivo, fugado. Retrasado mental, agresivo. Psicôpata, agresivo, fugado. Epiléptico, retrasado mental, agresivo, fu­ gado, drogadicto, exhibicionista y fetichis ta. Oligofrénico, impulsivo, craneôpata, hijo - de alcohôlico. Oligofrénico, inclusero, agresivo. Padeciô una crisis puberal. Epiléptico, retrasado mental, fugado. Sin otros datos que los comunes. Fugadot. Retrasado mental, alcoholismo paterno. Homosexual, hijo de epiléptica, criado sin madre, fugado. Retrasado mental, alcohôlico, psicôpata, hi jo de epiléptica, fugado. Sin otros datos que los comunes. Oligofrénico, criado ain madre, fugado. Alcohôlico, nervioso, hijo de epiléptica, fugado. Hijo de soltera, educado en un orfanato* - Caso nS 1 : - Caso nQ 2: r Caso nQ 3: — Caso n@ 4: - Caso nS 5: - Caso n5 6 : - Caso nQ 7: — Caso nô 8: - Caso n9 9: _ Caso nQ 10: - Caso nS 11: - Caso n9 12: - Caso nQ 13: - Caso nS 14: - Caso n@ 15: - Caso nfi 16: — Caso nfi 17: - Caeo nfi 18% - Caso nfi 19: Caso nfi 20: Intentemos ahora, en pocas llneas, una explicaciôn gené- rica de la multirreincidencia a que nos venimos refirxendo. No parece posible precisar rotundamente el distinto gra­ de de influencia ejercida sobre el delincüente pertinaz por la disposiciôn o por el ambiente. Algunos autores aseguran que el transgresor precoz y habituai estâ notablemente in— fluide por factores biolôgicos, ̂ ̂̂ mientras que los factores sociales gravitan con mâs fuerza sobre el profesional (o de (2)lincuente ocasional que por repeticiôn de actes delictivos cae en la criminalidad crônica); lo dificil, por no decir - imposible, es distinguir en la prâctica el precoz del tar— die (recuérdese la importancia de la "cifra negra"), el oca sional del predispuesto y, en suma, el habituai del profe— sional. La dificultad para descomponer las circunstancias - criminôgenas jes insuperable, porque sôlo excepciohalmente - obran con rigurosa independencia, aunque una de ellas pueda tener relevancia especial. Cada actitud es el resultado de va rias causas o condiciones de distinta naturaleza. La aparen te preponderancia de un factor, llâmese oligofrenia, epile£ sia o labilidad, no permite atribuirle en exclusiva determi nada conducta criminal (no todos los oligofrénicos, etc., - son multirreincidentes, ni siquiera delincuentes). La cons- tituciôn, el ambiente y el desarrollo de la personalidad ac tûan conjunta, reclproca ^ indistintamente, integrando un - complejo dinâmico inseparable. Ahora bien, si sabemos cuales son los distintos factores que entran en juego, acaso podamos inferir de su presencia (1) Carlos M* LANDECHO, Esquemas de Clinica criminolôgica, pâg. 39. (2 ) Ver Antonio QUINTANO RIPOLLES, Tratado de la Parte Espe­ cial del Derecho Penal, tomo II, pâg. 8 8 . L una explicaciôn de la criminalidad persistente. No menos de 1 4 , entre nuestros 20 h o m b r e , c o n o c e n anomallas pslqui— cas de sus ascendientes o las padecen ellos mismos (epilep­ sia, psicopatia, limitaciôn intelectual); pero tal estigma no es sino una condiciôn que necesita, para determinar la - conducta antisocial, el fermento mesolôgico. El ambiente en que crecieron estos hombres, por las irregularidades afecti vas, la ausencia de disciplina o el descuido moral, favore- ce el deterioro de la personalidad del muchacho y, por fin, su desviaciôn social. La escasa calificaciôn laboral del grupo, asl como el va gabundeo y la fuga de muchos de sus miembros, muestran una inconsistencia e inestabilidad internas que estân en rela— ciôn con la inferioridad psiquica y la indisciplina social, esta ûltima favorecida en el seno de la familia o de la en­ tidad sustitutiva. La actitud antisocial, a la vez, eviden- cia insensibilidad afectiva y un incipiente desprecio de la ley y de los intereses comunes por ella tutelados. La caren cia afectiva (de tal forma vinculada al egocentrismo y a la agresividad que en muchas ocasiones pueden confundirse) y - (2)la atonla moral suponen un déficit de la vida sentimental (1 ) Recordemos que para el profesor MIRA la vulgar sinver— gUencerla es una "psicosis perversa" (Manual de Psicolo­ gla Jurldica, pâgs. IIO-II3 ); para FREY, casi todos los multirreincidentes son psicôpatas y criminales précoces (MIDDENDORFF, Teofla y prâctica de la prognosis crimi— nal, pâg. 79); para DI TULLIO, la mayorla de los habi— tuales son personalidades anômalas p psicopâticas (Prin- cipios de Criminologia Clinica y Psiquiatrla Forense, - pâg. 6 9 ), y para MICHAUX, la mayor parte de los habitua les se reclutan entre los desequilibrados (PsychiatdLe. pâg. 1 1 5 2). (2 ) Segûn RESTEN, cuanto mâs débil es la emotividad de un - sujeto tanto mâs restringida es su funciôn moral (Carac­ terologia del criminal, pâg. ISO). EXNER considéra que la delincuencia de estado brota y son en gran parte ajenas a toda determinacién subjetiva.^^^ En su intimidad, el multirreincidente suele huir de todo es fuerzo introspective, de todo enfoque objetivo, y opta por ampararse en una idea determinista, de predestinaciôn perso nal o de autolegitimaciôn (la sociedad es hipôcrita e injus ta), que le permite soportarse y hasta exaltarse a si mismo; se trata, quizâ, de una compensaciôn frente a un sentimien- to de inferioridad, que el delincüente trata de neutralizar con la sublimaciôn de sus éxitos materiales inmediatos y de su "machismo". En cuanto a la edad del delincüente al cometer la primera transgresiôn, si bien afirmamos que todos nuestros entrevis tados delinquieron precozmente, no podemos asegurar que to­ do delincüente precoz sea un multirreincidente. Sin embargo, opinamos que en la delincuencia tardla puede haber una mayor influencia del medio extrafamiliar, mientras que en la cri­ minalidad precoz desempehan un papel prépondérante los fac­ tores biolôgicos y las relaciones paternofiliales (o su ré- gimen sustitutivo). Este ültimo razonamiento no se opone al hecho de que el delincüente precoz, aun nacido en zonas ru­ rales, busqué la gran ciudad como escenario de sus andanzas, . ünico en que su carrera antisocial no quedarâ prematuramen- te interrumpida. El caudal de limitaciones de origen biolôgico y social - que pesan sobre este individuo desemboca en su falta de inhi en el terreno de la vida sentimental (Biologia criminal, pâgs. 6 6 , 185, 187 y 337). Recordemos lo dicho al relacionar la pobreza afecti­ va, la frecuentaciôn de prostlbulos y el amancebamiento con rameras. (1 ) No negaiAos, al hablar asl, todas las posibilidades de - un adecuado sistema formativo, durante la infancia y la juventud. biciôn (abulia, imprevisiôn), su falta de solidez (inconsis tencda, irreflexiôn, inestabilidad) y su primariedad (rapî dez de reacciones, fluctuaciôn de afectos y sentimientos, - prodigalidad), notas definidoras de la labilidad,^^^ que es para nosotros el rasgo mâs visible de la multirreincidencia. La inestabilidad, componente de la labilidad, es la expre—( 2 )siôn social de la abulia y una de las notas mâs singula (3)res del delincüente crônico, estrechamente unida, ademâs, a su ineptitud para alcanzar un nivel aceptable en el ejer- cicio profesional. El delincüente habituai es un sujeto psicolôgicamente in (4)maduro; el paso de los ahos lo ahorma a la comunidad. Pe ro la inmadurez es un término genérico^^^ que no ilumina -- los entresijos de su personalidad. Como también son concep­ tos genéricos la inintimidabilidad y la nocividad, elemen— tos fondamentales de la capacidad c r i m i n a l , fâcilmente - observables a posteriori y que no aclaran la génesis del de lito. Las taras psiquicas y los defectos formativos ya referi­ dos permiten afirmar la inferioridad biolôgica y la inadap- (7)taciôn social de la generalidad de los multirreinciden— tes. Es verdad que un pequeho porcentaje de nuestros entre- (1) Jean PINATEL, Criminologie, pâg. 604-606. (2) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologla clinica. pâg. 20. (3) Ernesto SEELIG, Tratado de Criminologia. pâg. 80; Franz EXNER, Biologia criminal, pâg. 447 y Benigno DI TULLIO, Tratado de Antropologia Criminal, pâg. 2 3 3 , (4) Giacomo CANEPA, Evolution de la personalité antisociale et délinquance, pâg. 36O; Bruno M. CORMIER, Les états - dépressifs et les actes délictueux, pâgs. 4 0 5-4 0 6 . (5) René RESTEN, Caracterologia del Criminal, pâg. 30. (6) Carlos M* LANDECHO, Esquemas de clinica criminolôgica. pâg 11 . (7) Mustafa HIJAZI, Délinquance juvenile et réalisation de - vistados no présenta estigmas psiquicos aparentes. como no los presentaria, con anterioridad al brote de su enfermedad, quien padeciese una psicopatia o una neurosis exôgéna;^^^ - pero la grave influencia que en su conducta ejerce el medio es prueba, salvo en casos excepcionales, de una indudable - y anterior pobreza mental. No puede decirse que este ser, - biolôgicamente mal dotado y socialmente desviado, sea vict^ ma de una predestinaciôn, pero sufre una predisposiciôn a - (2)la vida delictiva, una tendencia a la que dificilmente - puede oponerse. En modo alguno estamos afirmando la inimputabilidad del multirreincidente. El conoce la maldad de su conducta, -co- mo conoce sus deberes sociales- aunque no la sienta; pero - su predisposiciôn quebranta notablemente sus recursos inhi- bitorios. ^Se trata, entonces, de un psicôtico, un psicôpa­ ta, un neurôtico o un oligofrénico? Cualquiera de esas cat£ gorias podria incluir a determinados delincuentes habituales. (3)Sin embargo, estimamos qon MAILLOUX y PINATEL, entre otros. soi, pâg. 281 (1 ) Rodrigo Fabio SUAREZ MONTES, Psicopatia y responsabili- dad, pâg. 6 4 5. (2 ) Sheldon y Eleanor GLUECK, Unraveling Juvenile Delinquen­ cy , pâg. 289; Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg. 210; Carlos Mâ LANDECHO, Psicologia criminal, pâg. 81. (3) Noël MAILLOUX, Le fonctionnement du surmoi chez le dé-- linquant habituel, pâg. 6 8 ; Jean PINATEL, discurso inau gural del XV Curso Internacional de la Sociedad Interna- cional de Criminologia. pâg. 3 3. El propio MAILLOUX expresô'en un congreso celebrado en i9 6 0 , en La Haya, su convicciôn de que la delincuen­ cia crônica era sintoma de una condiciôn patolôgica sui géneris (4^ Congres International de Crimindbgie. La — Haya I960. Actes, pâg. 278). -'/4 que en el terreno criminolôgico es precise desligar la nociôn del multirreincidente/de cada una de las calificaciones psi— quiâtricas conocidas, tan imprecisas, por otra parte. El de-- lincuente crdnico, para cuya correcciôn resultan ineficaces - las penas reiteradas, révéla con su pertinacia una personali- dad socialmente patolôgica, inadaptada, desequilibrada, cuyas raices estân en su propia disposiciôn biolôgica (congénita o adquirida) y en carencias o cerrpres formativos. No es extrafio que el nexo entre unos y otros rasgos, la co mün ascendencia de determinadas caracteristicas y la impreci- si6n de algunos conceptos puedan oscurecer esta panorâmica ex plicativa de la multirreincidencia. Se impone, pues, una sin- tesis de nuestro pensamiento: El multirreincidente aqui estudiado es un individuo social­ mente anormal, cuyas taras biolôgicas (connaturales o sbbreve- nidas) y formativas le inclinan a la precoz y repetida comi-- si6n de infracciones patrimoniales. Durante su .juventud, la - pena es un medio ineficaz para contener su predisposiciôn an^ tisocial.^^^ Los rasgos mâs visibles de su inferioridad psi-- quica son la labilidad (inestabilidad, abulia, imprevisiôn, - inconsistencia), la indiferencia afectiva, la pobreza sentimen­ tal, la atonia moral y la falta de calificaciôn para el traba- jO" (l) El profesor de Criminologia de la Universidad de Londres, Hermann MANNHEIM, al perfilar el concepto de los crimina- les mentalmente anormales, dice que "podria definirse es­ ta categorla de delincuentes como ’individuos sobre los - que no ejercen influencia las sanciones normales' y a los que, por esta razôn, deben aplicarse otras medidas" (The criminal law and mentally abnormal offenders, en '4“ Con­ gres International de Criminologie. La Haye I960. Actes", pâg. 481). Notas sobre el tratamiento No entra en nuestro propôsito discurrir por largo acerca de los sistemas correccionales. Materia tan compleja exigi- ria, contra nuestra indigencia de conocimientos teôricos y prâcticos, una séria dedicaciôn a la abnegada tarea de ree- ducar delincuentes crônicos. Nos limitaremos, pues, a unas breves consideraciones que son corolario de las ya apunta— das. Y hemos de anadir que esta limitaciôn no significa de^ dén hacia el valor y la importancia del tratamiento. Por el contrario ^no desembocan aqui todos los esfuerzos por cono- cer la significaciôn del delito y la personalidad del delin cuente? ^No es éste el dltimo y quizâ el mâs arduo peldano para alcanzar uno de los fines esenciales de la Criminolo-- gia? Hay una verdad en la que no es necesario insistir: la pe na reiterada y agravada no es un remedio eficaz para conte­ ner la criminalidad de determinados individuos. Los senti— mientos de côlera, agresividad y venganza de algunos crimi- nales se ven correspondidos por la sociedad, segiln expresi- vamente recuerda el psiquiatra canadiense C O R M I E R , c o n - (1) Bruno M. CORMIER, Les états dépressifs et les actes dé­ lictueux; "La depresidn de los criminales se expresa — por la côlera, la agresividad y la venganza; la socie— dad, frecuentemente, fesponde mediante sentimientos del mismo gênero" (pâg. 413)* "Los criminales y la gente -- honrada se tratan reciprocamente como 'buenos" y 'malos', y ni unos ni otros comprenden verdaderamente lo que ocu rre entre ellos. La sociedad no advierte que estâ depri mida ante los ataques de los delincuentes (...) En las relaciones entre estas dos colectividades, los que obe- decen las leyes y los que las conculcan, los criminales son frecuentemente quienes comprenden mejor lo que ocu- rre. En efecto, los no criminales, conscientes de sus - derechos pero no de sus responsabilidades y deberes, in fligen castigos con tal sentimiento de omnipotencia que el criminal debe aceptar su reforma gin rechistar, Cuan i sentimientos del mismo género. De nada sirve que la indigna- da sociedad multipliqûe el rigor de la pena aplicable a cier tos sujetos. Nuestro enfermo social puede ser un psicôpata - -lo es, muchas veces-, y ya STORR advirtiô que el psicôpata potencial reacciona al castigo con un aumento de agresividad y no con una modificaciôn de su comportamiento;^*^ ADLER es- cribiô que imponer una pena a uno de estos individuos es co­ mo administrar alcohol a un paciente atacado de delirium tee ( 2 )mens, y ALBERCA, ademâs de atribuirles una tendencia a — reiterar el mismo delito, se muestra excéptico en cuanto a -(3)/la utilidad correctiva de la pena. La conformaciôn psicolôgica del criminal persistante, ma- nifestàdà por su reincidencia y por la inutilidad de las pe­ nas anteriores, nos lo présenta como un hombre impermeable a los procedimientos correctives normales, y por eso es necesa rioiutilizar para su educaciôn técnicas muy e s p e c i a l e s . - Elio nos lleva a la archidefendida necesidad de la individua lizaciôn de la medida correctors, que previamente exige un - do el castigo falla, es muy grande la tentaciôn de castj^ gar aun mâs severamente. Estos dos grupos humanos, que son parte de una misma sociedad, tienen ciertamente pro- blemas de coexistencia. Ningdn programs de reeducaciôn - tendrâ sentido mientras no convengamos en que el crimi— nal, tanto como el ciudadano honrado, forma parte de la sociedad y en que ambos tienen, lo quieran o no, proble- mas comunes, problemas de coexistencia. Los justos serân entonces espaces de reconocer que su côlera . no es just cia, sino el sintoma de su depresiôn y de su decepciôn" (pâg. 4 1 4 ). (1) Anthony STORR, La agresividad humana. pâg. I8 0 . (2 ) Ver Edwin H. SUTHERLAND, Principles of Criminology, pâg. 5 9 1 . (3 ) R. ALBERCA LORENTE, IbLcopatias y delincuencia. pâgs. 62 y 63. (4) Ver NoBl MAILLOUX, O.P., Le fonctionnement du surmoi chez le délinquant habituel, pâg. 69. 577. riguroso conocimiento de la personalidad del delincuente.^^^ Porque, aun sin defender en términos absolutes la posibi- lidad de resocializar a todos los multirreincidentes, muchos de ellos son susceptibles de mejora o de correcciôn. Los es- posos GLUECK, tan avezados al trato con criminales de todo - tipo, creen en la tendencia personal al delito; pero sostie- nen que esa tendencia puede en muchos casos modificarse me— (2)diante un pronto y adecuado tratamiento. Incluso las con- ductas desviadas de ciertos psicôpatas (como el inseguro de si mismo, el necesitado de estimaciôn, el asténico y el abü- lico) son susceptibles , segdn SCHNEIDER, de evolucionar fa- (3)vorablemente al amparo de una medida oportuna. Nada impor ta al fin social que ese tratamiento, como dice RODRIQUEZ DE VESA, sea mâs bien éducative que curativo; lo interesante para la comunidad es eliminar el peligro de nuevas caidas de lictivas. Ya hablamos de cômo la delincuencia persistente, - bien por la pérdida de vitalidad o por un proceso de madura- ciôn métal, decrece a medida que el transgresor envejece.^^^ Quienes se esfuerzan por hallar sistemas eficaces de reeduca ciôn habrân de afrontar la posibilidad de anticipar cuanto - sea posible esa maduraciôn. Sus elementos déterminantes, aün (1) Ver Carlos Mâ LANDECHO, Esquemas de Clinica Criminolôgi- ca, pâg. 55; Franz EXNER, Biologia Criminal, pâg. 3I9 , y José BELEZA DOS SANTOS, Tratamento e libertaçâo de delin- quentes habituais, pâg. 25 y ss. (2 ) Sheldon y Eleanor GLUECK, Unraveling Juvenile Delinquen­ cy , pâg. 2 8 9 . En el mismo sentido se expresa Benigno Di TULLIO, Antroôologia Criminal, pâg. 436 y 720. (3 ) Kurt SCHNEIDER, Patopsicologia clinica, ÿ)âg. 35 y 59. (4 ) José Mfi RODRIGUEZ DEVESA, La concepciôn bipolar de la en- fermedad mental, pâg. 5 2 5 * (5) Luis CASTILLON, Aspectos biolôgicos ën el estudio de la delincuencia. pâg. 211-275. en estado embrionario, palpitan ya en la personalidad del su jeto, y se hace necesario forzar su germinaciôn. En este sen tido, nos parece oportuno recordar la larga cita de un traba jo de CORMIER, hecha pâginas atrâs, al referirnos a la edad del multirreincidente;^^^ Alrededor de los 30 ados, los de— lincuentes habituales llegan a un "periodo de saturaciôn" ca racterizado por malestar, ansiedad, angustia, agitaciôn y de presiôn. Descubren entonces que las cosas o los individuos - no son rotundamente buenos ni rotundamente malos y, por tan­ to, que no hay que adoptar una perpétua postura hostil o de- fensiva contra persecuciones reales o inaginarias. Aprenden, pues, a estar deprimidos normalmente; pero este aprendizaje puede estimularse y acelerarse mediante una ayuda exterior. Es triste que los criminales persistentes sean desechados, - como incorregibles, alrededor de los 25 6 30 ados, précisa— mente cuando ellos empiezan a preguntarse por el sentido de su vida. Y termina este autor afirmando que el sujeto de 40 - ados que vuelve a la cârcel no es ya un delincuente habituai, sino un preso habituai; la criminalidad es para él un medio para tornar a la prisiôn, el ünico lugar donde puede ser un buen ciudadano. "Ello no quiere decir que los presos crôni— COS no amen la libertad, sino que no saben cômo vivir en li- bertad". ̂ . De momento no nos interesa saber si ese tratamiento debe llamarse pena o medida de seguridad. Ni tampoco si, como pro ponia MIRA para los reincidentes incorregibles, debe aplicar se a estos invâlidos sociales una medida preventiva y disgre gante: esterilizaciôn sexual (no definitive) y sumisiôn a es (1) Bruno M. CORMIER, Les états dépressifs et les actes délie tueux, pâgs. 4 0 5-4 0 6 . (2) Bruno M» CORMIER, ob. cit.. pâgs. 405-406, tricta vigilancia médica.^^^ Ahora bien, parece prudente des- echar radicalismes y concepciones globales. Aün en el caso de que la persistencia delictiva no sea fâcilmente modificable, el ensayo de nuevos procesos reeducativos y el internamiento del multirreincidente cumplen una doble y saludable funciôn. Pensamos que en el criminal pertinaz hay elementos cuyo signo puede modificarse positivamente mediante un tratamiento indi¥ vidualizado y hâbil. Por ejemplo, el egocentrismo presupone - una capacidad de orgullo o de amor propio sobre la que acaso pueda sustentarse una reacciôn constructiva; y el afân de au­ to justif icaciôn, tan corriente entre nuestros entrevistados, parece descubrir un rescoldo de sentido moral, ütil también - como punto de partida de un proceso iteeducativo. Complemento de cualquier sistema de reeducaciôn social son las instituciones extrapenitenciarias de ayuda y orientaciôn al liberto, y aun a los padres y tutores de muchachos desca— rriados. Es cierto que taies organismes tienen existencia le­ gal en muchos paises, pero su efectividad real es mâs que du- dosa. Las posteriores caidas del multirreincidente deben atribuir se a su personalidad anômala, pero no es absurdo pensar que - (1) Emilio MIRA Y LOPEZ,-Manual de Psicologia Juridica, pâg. 110. A este respecte, Jacques LEAUTE dice que "no ha side - encontrado aün ningün remedio especifico de la delincuen­ cia. La investigaciôn criminolôgica consiste en probar — los tratamientos médicos, psicolôgicos, psiquiâtricos o - psicoanaliticos que lograron atenuar o curar ciertos tra^ tornos que afectan también a los no delincuentes (...) Es ta forma de actuar es la ünica posible mientras no alcan- cemos la panacea especificamente anticriminal". Y ahade - que es necesario üistinguir "entre causa del crimen y tras tornos anejos, a veces muy importantes, que afectan tanto a los criminales como a los que no lo son* Si los remedies son los mismos, es que los maies a que atiende el trata-- la mediaciôn de una entidad protectora hubiera podido conse- guir, en muchos casos, una fellz readaptaciôn a la vida en - l i b e r t a d . B a s t a n t e s hombres del grupo entrevistado refie- ren las grandes dificultades que, una vez excarcelados, hu— bieron de vencer para encontrar trabajo. Otros exprèsaron su temor al panorama inmediato de la libertad: "Parece como si todo dios te mirase con asco" (caso nS lO); "à la salida la gente me mirarâ de otro modo" (caso n@ 1 2 ); "voy a encontrar dificultad para vivir en libertad" (caso ns 16). Son recelos mâs o menos justificadôs, pero ciertos, y es cuerdo pensar - que esa depresiôn del ânimo clama por una ayuda de la comuni dad en que taies sujetos van a integrarse. Por supuesto, nin guno de nuestros veinte hombres aludiô siquiera al funciona- miento de organismes protectores del excarcelado. ^Es necesario ponderar la conveniencia de esta clase de - miento standard son probablemente los trastornos no esp^ cificos, deformados por la conmociôn del arresto, de la condena y de la prisiôn. Si los remedies no han hecho di^ minuir la criminalidad, es porque no contribuyen verdade ramente a la lucha contra el crimen sino de rebote: su— primiendo o reduciendo los obstâculos que se oponian al robustecimiento de las fuerzas morales necesarias para - dominar los factores criminôgenos". (Le traitement des - délinquants, pâgs. 2 9 8-3 0 0). (1) A este género de entidades se referia Pedro DORADO MONTE RO cuando, en los primeros ahos de este siglo, hablaba - de "las beneméritas sociedades de patronato de reos cum- plidos que tanto abundan ya por doquiera (menos en Espa- na), favorecidas y subvencionadas por los mismos gobier- nos, y cuyo fin es protéger al penado moral y material— mente a su salida de la cârcel (...) instituciones que - no se proponen castigar los delitos ya cometidos, sino - impedir que se cometan otros nuevos. atajando sus causas" (El Derecho protector de los criminales. tomo I, pâg. 370, Madrid, 1915). instituciones? Tras el cumplimiento de penas privativas de la libertad y de internamientos tutelares, resultan indispensa— bles para apoyar al individuo en el dificil trânsito hacia su reinserciôn s o c i a l . L a actividad de taies centros, regidos por personal con preparaciôn y vocaciôn probadas, tiene un am plisimo cauce: Consultas a familiares de nihos y jôvenes con tendencias antisociales, alojamiento y colocaciôn de indivi— duos excarcelados o que hayan estado sometidos a medidas de - seguridad, orientaciôn psicolôgica a estos mismos sujetos y a sus familiares, colaboraciôn para estimular la armonia y el - entendimiento en el seno de las familias, ayuda para la asis- tencia a centros de ensehanza laboral y cualquier otra gestiôn encaminada a la profilaxis del delito. Realidad y legalidad Hemos estudiado algunos aspectos légales de la multirrein­ cidencia y hemos intentado aproximarnos al conocimiento de la personalidad del delincuente crônico, autor de delitos patri­ moniales concretos (hurtos y robos con fuerza en las cosas). Tal realidad pone de manifiesto una tendencia al delito, hoy favorecida quizâ por las incitaciones de la llamada sociedad de consumo y por la desmedida concentraciôn humana en determ^ nadas urbes. ^Cuâles son, en Espafia, los instrumentos légales para contener esa pertinacia antisocial? El articulo 10, nS 1 5 , del Côdigo Penal considéra circuns- tancia agravante la reincidencia, entendiendo que existe "cuan (1 ) Los delegados especiales de la autoridad, a que se refie- re la Ley de Peligrosidad y Rehabilitaciôn Social, de 4 - de agosto de 1970, ejercen funciones de vigilancia obliga toria, con carâcter tutelar y protector (art. 5, n@ 2), - pero su naturaleza no coincide con la de las institucio— nés a que nos estâmes refirlendo. do al delinquir el culpable hubiere sido ejecutoriamente con denado por otro u otros delitos comprendidos en el mismo ti- tulo de este Côdigo". El articulo 6l del propio cuerpo legal, que establece ciertas normas para aplicar las penas en cons^ deraciôn a las circunstancias atenuantes o agravantes apre— ciadas por la sentencia, dispone que cuando concurriere una agravante deberâ imponerse en su grado mâximo la pena senala da por la Ley; y en la régla 6â prescribe: "Cualquiera que - sea el niîmero y entidad de las circunstancias agravantes, — los Tribunales no podrân imponer pena mayor que la seAalada por la Ley en su grado mâximo, salvo en el caso de que concu rra la agravante decimoquinta del articulo 1 0, en el que se aplicarâ la pena superior en uno o dos grados, a partir de - la segunda reincidencia, en la extensiôn que aquéllos esti— men conveniente".^̂ ^ Al margen del sistema estrictamente punitive, la Ley de - Peligrosidad y Rehabilitaciôn Social, de 4 de agosto de 1970, que vino a derogar la de Vagos y Maleantes de 1933, contem— pla la posibilidad de aplicar medidas de seguridad a "los — condenados por très o mâs delitos, en quienes sea presumible la habitualidad criminal, previa expresa declaraciôn de su - peligrosidad social" (articulo 4). Aunque no define la habi­ tualidad criminal, parece identificarla con la probabilidad de que el sujeto vuelva a incidir en actividades criminosas. (1) No hemos de examinar aqui la armonia o la prelaciôn en— tre esta régla y otras que contiene el mismo Côdigo en - articules posteriores. Asi, el 511 faculta al Tribunal - para castigar el robo con pena superior en un grado a la sehalada legalmente, en atenciôn a los antecedentes del delincuente . El articulo 516, nS 3, establece para el - hurto la pena superior en un grado "si el culpable fuere dos veces reincidente". También el articulo 530 prescri­ be pena superior en un grado para los culpables de esta- fa que fueren "dos veces reincidentes en el mismo o seme jante especie de delito". Y si bien impone al Juôz "la investigaciôn antropolôgica, psi. quica y patolôgica del sujeto a expediente, mediante dictamen pericial médico", el estudio de factores familiares y socia— les, hecho por técnicos o instituciones especializados, sôlo debe acordarlo aquél "cuando estuviese especialmente indicado" (articulo 16). No deja de ser sorprendente que el articulo 17 disponga para taies diligencias "el plazo improrrogable de — quince dias". Las medidas que dicha Ley establece para los de lincuentes habituales declarados peligrosos son: a) Interna— miento en un establecimiento de custodia o de trabajo, con du raciôn mâxima de très ahos; b ) privaciôn del permise de con— ducciôn de véhiculés de motor, o prohibiciôn de obtenerlo; y c ) prohibiciôn de residir en determinado lugar y sumisiôn a - la vigilancia de los delegados. En sintesis, pueden destacarse en la Ley de Peligrosidad - las siguientes particularidades: Para la aplicaciôn de una m^ dida de seguridad no basta la multirreincidencia; es necesa— rio presumir la habitualidad criminal, previa declaraciôn de peligrosidad. El Juez tiene facultades para imponer una medi­ da de seguridad, pero no estâ obligado a ello. Tampoco es pr^ ceptiva la observaciôn del individuo en centros especializa— dos; en todo caso, el exâmen habria de realizarse en el plazo improrrogable de quince dias. La duraciôn de las medidas reeëu cadoras no va mâs allâ de très ahos.^^^ ^Es vâlido nuestro sistema legal para contener el impuso - de la multirreincidencia? Nadie podria contestar rotundamente. (1) Sobre evoluciôn legislativa espahola y derecho comparado, ver, entre otros, Eugenio CUELLO GALON, El nuevo Côdigo - Penal espanol, tomol (Barcelona, 1929), pâgs. 226 y ss., y Derecho Penal, tomo I, pâgs. 483 y 717; Federico PUIG - PENA, Derecho Penal, tomo II, vol. II, pâgs. 187 y ss.; - José BELEZA DOS SANTOS, Tratamento e libertacAo de délin­ quantes habituais, pâgs. 8 y ss. porque nadie conoce la cifra de individuos a quienes la pena o la medida de seguridad frenô o moderô en su carrera hacia la delincuencia crônica. La pregunta, entonces, habrâ de for mularse asi: ^Podria intentarse, para aquel fin, la bûsqueda de normas positivas mâs eficaces? JIMENEZ DE ASUA, quizâ con exceso de vehemencia, escribia en 1933 que "el derecho punitif vo clâsico y expiatorio va muriendo y estâ a punto de caer - en la fosa que él mismo fue cavando por su falta de eficacia en la lucha contra el d e l i t o " . M E Z G E R afirma que frente a la delincuencia persistente "fracasa el sistema tradicional ( 2 )de penas edificado sobre el pensamiento de la retribuciôn". CORDOBA censura la régla 6§ del articulo 6l de nuestro Côdi­ go Penal, "porque reaccionar frente al fenômeno de la reinci dencia, que supone precisamente el fracaso de los efectos -- preventivos de la pena anterior, con una pena mâs grave" es, a su juicio, "soluciôn equivocada desde el punto de vista — (3)dogmâtico y politico-criminal". Hemos querido, en estas pâginas, llevar a cabo un trabajo criminolôgico: comprender y explicar la personalidad del mul tirreincidente. Nunca pretendimos un estudio juridico del te ma. Pero pecariamos de inconsecuencia, o de excesiva cautela, si al tratar del estado legal de la cuestiôn no expusiéramos someramente nuestro pensamiento respecto a las lineas esenci^ les de una posible soluciôn positiva. El carâcter complemen- tario de este epigrafe final nos exime de todo aparato histô rico y bibliogrâfico, que en tran breve espacio antes entor- peceria que facilitaria nuestra sumaria exposiciôn. El concepto de multirreincidencia (referida a los delitos (1) Luis JIMENEZ DE ASUA, 0 estado perigoso... pâg. 179« (2) Edmundo MEZGER, Tratado de Derecho Penal, tomo I, pâg. 3 8S (3 ) Juan CORDOBA RODA y otros, Comeotarios al Côdigo Penal — (Barcelona, 1972), tomo II, pâg. 278. patrimoniales propuestos), al ser déterminante de una especial consideraciôn legal, requere una fôrmula inequivoca. Los ras­ gos exteriores y mâs visibles del multirreincidente son la — pertinacia delictiva, no contenida por las penas anteriores, y la probabilidad de nuevas desviaciones antisôciales. Basta- râ con esos datos para definirle. En el momento de la déclara ciôn inicial no es oportuno determinar si se trata de un habi tuai, un pluriocasional, un profesional o up delincuente de - estado. Mâs adelante, conocida su personalidad por un Centro de Observaciôn, se harâ su diagnôstico y se propondrâ el tra­ tamiento adecuado. La calificaciôn de multirreincidente debe aplicarse no sô­ lo a los autores de delitos sino también a los de faltas revje ladoras de manifiesta inclinaciôn criminal. De esa forma po— drâ contenerse la criminalidad incipiente, con medidas propor cionadas a la infracciôn y convenientes a la personalidad del suj eto. La multirreincidencia no debe surgir sino cuando las cond^ nas anteriores fueron cumplidas sucesivamente, esto es, cuan­ do pueda asegurarse la inutilidad terapéutica de las penas ex tinguidas. Para el cômputo del numéro de reincidendas deben - ponderarse las condenas por infracciones definidas en textos légales distintos o en diferentes titulos del mismo Côdigo, y las dictadas por jurisdicciones especiales y aun por tribuna­ les extranjeros, siempre que las transgresiones tengan anâlo- ga significaciôn penal; ignorar esa criminalidad mâs o menos dispersa es volver la espalda a la realidad y renunciar a so- luciones positivas. Parece indispensable la detenida observaciôn del multirrein cidente en un establecimiento especializado, durante el tiem- po necesario, donde se podrân estudiar todos los aspectos de su personalidad y dictaminar con acierto sobre su peligrosi— ( 1 )dad y su tratamiento. Pero tal observaciôn, contra lo que establece la Ley de Peligrosidad (arts. 16 y 17), debe ser - preceptiva, y no estar condicionada al criterio del juez ni a términos escasos e inaplazables. Por supuesto, sôlo debe de clararse la peligrosidad (al menos en su directa vinculaciôn con la multirreincidencia) eh el caso de que el nuevo fallo sea condenatorio y evidencie la pertinacia delictiva. En es­ ta misma linea se expresa BELEZA cuando escribe que los "ha­ bituales son delincuentes que, habiendo demostrado persisten cia en cometer crimenes -en el sentido mâs genérico de la pa labra- deben, por ello, ser considerados particularmente pe- ligrosos, esto es, respecto de los cuales podemos razonable- mente prever que continuarân cometiendo infracciones criming les, si no se adoptan medidas que eliminen o neutralicen tal ( 2 )peligro". Y, en igual sentido, entiende SABATER que "la - habitualidad que se constituye por la repeticiôn de actos y manifiesta costümbre de violar la Ley, représenta un estado (3)de peligrosidad permanente y durable". Debe corresponder al juzgador la facultad de declarar en el fallo la peligrosi dad del multirreincidente y de determinar la medida de segu­ ridad j pero la previa sumisiôn del delincuente al dictamen - de un centro oficial especializado harâ que el criterio de - los expertos gravite de manera efectiva, y sin duda benefi— ciosa, sobre la actitud judicial. Un sistema semejante es el que en Suecia establece la necesidad de oir, antes de la ado£ (1) El Congreso Internacional Penal y Penitenciario de La Ha ya, de 1 9 5 0, recomendô que los delincuentes habituales - fuesen 'bometidos a una observaciôn particularmente aten- ta desde el punto de vista social, psicolôgico y psiquiâ trico, ya antes del juicio, ya después, en la medida ne- cesaria". Ver BELEZA, ob. cit. , pâg. 3I . (2) BELEZA DOS SANTOS, ob. cit.. pâgs. 1 y 2. (3 ) Antonio SABATER TOMAS, Gamberros. homosexuales. vagos y maleantes, (Barcelona, 1962), pâg. 143, Y Peligrosidad y delincuencia (Barcelona, 1972), pâg. 358. ciôn de medidas, a la Comisiôn de Internamiento; el tribunal -apunta BELEZA^^^- no queda en este caso vinculado al crite­ rio de la Comisiôn, "pero prâcticamente la importancia de su parecer es muy grande". La multirreincidencia no debe actuar como modalidad agra­ vante. La escasa utilidad de la agravaciôn en la reinciden— cia o reincidencias anteriores ya quedô demostrada. Estamos ante un sujeto cuya desviada conducta exige medidas especia­ les; y estas medidas supondrân generalmente una dilataciôn - del periodo de internamiento, pero que debe desposeerse del carâcter represivo o retributive de la agravante para adop— tar un matiz terapéutico y preservador. La misma idea parece inspirar al profesor DEL ROSAL cuando afirma: "Los reinciden tes, en una palabra, exigen no ya un aumento de pena, sino - un tratamiento especial tanto en la imposiciôn cuanto en la ( 2 )ejecuciôn de la sanciôn penal". Ese tratamiento especial se proyecta en la medida de segu ridad, adecuada a la singular condiciôn de cada delincuente. Algunos autores estiman que la medida de seguridad es la uni ca determinaciôn que la sociedad deberia tomar ante ciertos (3)criminales précoces y habituales; otros, no tan lejos de (1) Ob. cit., pâg. 2 3 . (2 ) Juan DEL ROSAL, Tratado de Derecho Penal Espanol, volümen II (Madrid, 1972), pâg. 541. (3 ) Benigno DI TULLIO considéra que para estos individuos, - marcados por sérias deficiencias psiquicas, résulta "di- ficultosa y discutible la aplicaciôn de las leyes pena— les en general, y de aquellas basadas sobre el criterio de la imputabilidad moral en especial" (Tratado de Antre- pologia Criminal, pâg. 56). El P. Noel MAILLOUX entiende que sobre el multirreincidente actüan compulsiones insupe rabies, fuerzas inconscientes, que anulan su sehorio so­ bre el juicio moral (Le fonctionnement du i&urmoi chez le délinquant habituel, pâg. 68). En el mismo sentido, Helen SILVING, Constituent elements of crime, pâgs, I69 y 170. la misma idea como pudiera creerse, proponen para taies ind^ viduos una condena indeterminada.^^^ Por nuestra parte, pen­ samos que el multirreincidente, mientras no caiga en la esfe ra de las causas de exenciôn criminal, merece el reproche 4- inherente a la pena. Sus desviaciones y limitaciones psiqui­ cas pudden y quizâ deban operar como circunstancias atenuato rias, pero la multirreincidencia en si misma no debe dulcifi^ car la sanciôn ni tampoco agravarla. Es una particularidad - independiente, que puede generar la declaraciôn de peligrosi dad y, en consecuencia, la medida de seguridad. Esta ültima, ( 2 )individualizada y correctora, debe ser indeterminada, si bien tal indeterminaciôn temporal se matice con los deseables rasgos de humanidad y con recursos légales que posibiliten - la revisiôn de la medida. Finalmente, el cumplimiento de la pena debe ser compati— ble con la ejecuciôn simultânea de la medida de seguridad, - sirviendo el tiempo que dure esta ültima de abono para la ex tinciôn de aquélla. De tal forma, la sanciôn penal desemboca y se disuelve en la medida, produciéndose una saludable fu— siôn que, sin dejar de atender a la salvaguardia social, per mite iniciar un tratamiento correctivo. La pena, que en oca- (1) Dr. José VELASCO ESCASSI, Los problemas psiquiâtricos fo- renses de las personalidades psicopâticas, pâg. 3 3 4» (2) Con palabras que todavia tienen actualidad, y refiriéndo se a la facultad concedida por los articules 4 y 7 de la hoy derogada Ley de Vagos y Maleantes, que establecian - para los reincidentes una medida de custodia con duraciôn mâxima de cinco ahos, ANTON ONECA y RODRIGUEZ MUNOZ es— cribiân en 1949: "El escaso use hecho por los Tribufialés de esta facultad, abandonada a su arbitrio, y quizâ tam­ bién la corta duraciôn del internamiento previsto en la Ley de Vagos y Maleantes, insuficiente prevenciôn frente a formas graves de criminalidad crônica, ha debido deter minar al legislador a confiar en la eficacia intimidante de una penalidad expepcional, impuesta por ministerio de la ley" (aluden a la agravaciôn del artfi, ôl, régla 6fi, siones anteriores fue insuficiente para contener la progresiôn criminal del multirreincidente, pierde ahora su carâcter ex— piatorio y retributive (aunque no su exterior y deseable pro- yeccidn intimidante) para transformarse en medida reeducadora y cautelar. A la vista de las anteriores consideraciones, sintetizamos seguidamente las ideas que podrian inspirar una aceptable so­ luciôn legal; a) Siempre en relaciôn con las figuras de hurto y de robo con fuerza en las cosas, se considéra multirreincidente al in­ dividuo que en el momento de cometer la nueva infracciôn - hubiere cumplido sucesivamente condenas por dos o mâs in— fracciones de igual naturaleza.^^^ b) El juzgador someterâ en todo caso al multirreincidente a - la observaciôn de un centro oficial especializado y , oido éste, si fuere oportuno, decretarâ en el fallo condenato— rio su peligrosidad criminal y acordarâ la medida adecuada. c) Al multirreincidente declarado peligroso se le impondrâ la pena sehalada en la ley a su infracciôn, pero la extensiôn de esta pena sôlo se verâ afectada por circunstancias modi ficativas de la responsabilidad criminal ajenas al propio hecho de la reincidencia. del vigente Côdigo Penal). Ver, de los referidos autores, Derecho Penal, tomo I, pâg. 394» (1) Hay fôrmulas menos estrictas, pero cuyas imprecisiones no resultan demasiado ütiles en la mecânica penal. Asi, el - Côdigo Penal rumano (arts. 71-85) considéra delincuentes habituales a quienes "por el nümero y género de las infrac ciones cometidas revelan una persistente inclinaciôn al de lito" (ver; Federico PUIG PE&A, Derecho Penal, tomo II, - vol. II, pâg. 187). J yyj * d) La medida de seguridad, a la que el multirreincidente esta râ sometido hasta que sea presumible su reeducaciôn o su - correcciôn, no podrâ alterarse ni darse por extinguida sin la expresa autorizaciôn del juzgador. e) La medida empezarâ a cumplirse inmediatamente, y el interna miento, privaciôn o limitaciôn de libertad que lleve consi^ go servira de abono para el cumplimiento de la pena impue^ ta. Asi parecen conciliarse los intereses de la comunidad y el respeto a la compleja personalidad del multirreincidente. 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