%0 Book Section %T «Testigos de la vida» en la enseñanza universitaria, los procesos restaurativos en prisión y la mediación familiar publisher Encuentro %D 2025 %U 978-84-1339-235-6 %@ https://hdl.handle.net/20.500.14352/129694 %X En el trabajo se narra la experiencia docente que vivi, junto a una doctoranda y facilitadora de procesos restaurativos y una antigua alumna mediadora familiar, con alumnos de 5º del doble grado en Filosofía y Derecho durante las últimas 5 semanas del curso. Cuando los alumnos nos provocan y desafían y decidimos exponernos en primera persona y entrar en diálogo con ellos, lo que acontece en el aula, y no lo que uno sabe y lleva preparado, adquiere la primacía; y la atención, la escucha activa, el arte de preguntar y pensar juntos resultan decisivas. ¡Qué distinto es entrar en el aula con el piloto automático a salir al encuentro de esa pregunta agazapada que esconden tus alumnos y luchar para que no se produzca la dimisión de ninguna de las partes, en términos zambranianos! El cambio es sutil, pero real: depender de lo inesperado e incontrolable y dejarte provocar por tus interlocutores te vuelve vulnerable; comunicar no sólo lo que sabes, sino también tus dudas y perplejidades, y sobre todo lo que eres y lo que te está pasando, te liga al presente y te hace protagonista de ese tiempo compartido. Si, además, ellos responden al reclamo de tu nuda persona, viéndose escuchados y tomados en serio, el conocimiento se torna una aventura apasionante.La experiencia relatada es un ejemplo minúsculo, pero el aprendizaje fue valioso. Lo que se prestaba, por ambas partes, a cubrir el expediente y terminar cuanto antes, se convirtió en una ocasión de crecimiento real para quienes nos implicamos y dejamos interpelar. La feliz coincidencia de que tuviéramos en junio un seminario con Josep María Esquirol sobre "La escuela del alma" (Acantilado, 2024) nos permitió comprender lo vivido con mayor hondura.Lo importante no es quién tiene razón, sino cómo es posible vivir. Llevo años rumiando, tratando de hacer carne esta afirmación. Lejos de despreciar la inteligencia, la exalta ligándola a lo que verdaderamente nos urge: el presente, del que nadie puede salirse, ese presente continuo, no desligado del pasado, ni del futuro, que es la vida con sus imprevistos. En la docencia, en los procesos restaurativos o en la mediación familiar, es mejor dejarse de etiquetas y, en vez de atrincherarnos en bandos, redescubrir el fondo humano irreductible que nos une. Emerge, así, esa «fraternidad subterránea del matiz» a la que apela el periodista y ensayista francés Jean Birnbaum y nos sorprendemos formando parte de lo que Patočka llamó «la solidaridad de los conmovidos». El aula y la clase se convierten así en el espacio y el tiempo de un acontecimiento que nutre el alma %~