Las prácticas culturales en la España del siglo XXI
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Publication date
2025
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Publisher
Centro de Investigaciones Sociológicas
Citation
López Yáñez, A. D., & Martínez Gutiérrez, E. M. (2025). Las prácticas culturales en la España del siglo XXI. En España 2025: estructura y cambio social (Vol. 5, pp. 383-440). Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Abstract
El capítulo expone las principales conclusiones de una investigación sobre la participación cultural en España durante el primer cuarto del siglo XXI. La hipótesis principal sostiene que, pese al retroceso de prácticas hegemónicas del siglo XX (como la televisión lineal o la prensa en papel), la participación cultural global ha experimentado un proceso de progresión, diversificación y digitalización de gran alcance. El estudio tiene como objetivo identificar qué prácticas permanecen estables y cuáles han mutado bajo el paradigma digital, con el fin de determinar las transformaciones en la vida cultural respecto a etapas anteriores.
La investigación se basa en un análisis cuantitativo de carácter longitudinal y comparado. Para ello, se han explotado fuentes estadísticas de alto rigor institucional, entre las que se incluyen Eurostat (2015-2022), para la comparación de España en el contexto de la Unión Europea; la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales del Ministerio de Cultura (2007-2024); así como datos del INE, el CIS (Estudio 3476 de 2024) y la AIMC (Marco General de los Medios en España). Desde el punto de vista metodológico, se distingue entre prácticas ocasionales o de carácter elitista (analizadas en términos anuales) y prácticas frecuentes (de carácter mensual o cotidiano), con el objetivo de reducir sesgos y captar con mayor precisión la realidad de los consumos culturales.
Los resultados permiten formular las siguientes conclusiones:
En primer lugar, se constata el predominio del consumo sobre la creación. La participación cultural es mayoritariamente de carácter consumista (vinculada a las industrias culturales), frente a la participación amateur, que alcanza aproximadamente al 40% de la población —principalmente jóvenes—, situando a España en una posición relativamente discreta en el contexto europeo.
En segundo lugar, se observa una dualidad en el crecimiento de las prácticas culturales. Por un lado, se registra un aumento significativo en la participación en prácticas consideradas elitistas, como la visita a monumentos (del 35,6% al 50,8%) y a museos. Por otro, las prácticas digitales emergen como las principales protagonistas, destacando el incremento de la navegación por Internet con fines de ocio, que aumenta en 42 puntos porcentuales en el periodo analizado.
En tercer lugar, se evidencia un declive de los medios tradicionales. Se identifica una desconexión progresiva respecto a la televisión —con una caída del 17% en el tiempo de consumo diario— y a la prensa escrita, en paralelo al asentamiento de las plataformas de streaming.
En cuarto lugar, se detecta un cambio en los estilos de vida. El tiempo medio diario de navegación en Internet alcanza los 243 minutos en 2024, lo que indica una transformación estructural en los hábitos cotidianos de la ciudadanía española.
En quinto lugar, se observa la pervivencia de importantes desigualdades en la vida cultural y que con claridad se observan en relación con los niveles escolares. También se analizan el impacto del género y las desigualdades territoriales en la participación cultural, así como en las actitudes hacia la cultura.
La principal aportación del trabajo reside en la sistematización de la evolución cultural en España en su tránsito hacia 2025, integrando los efectos de la crisis económica de 2008, la pandemia y la digitalización como vector de cambio estructural. En este sentido, el estudio destaca por: identificar cuatro ejes de impacto digital (la transformación del acceso, la diversificación de la oferta, la mutación de los canales y los tiempos de consumo y la incorporación de la inteligencia artificial en los procesos de creación) y ofrecer una visión crítica de la participación amateur, desmitificando el impacto real —todavía minoritario— de la creación de contenidos por parte de los usuarios en la Red.
El capítulo concluye que España atraviesa un periodo de consolidación de las prácticas digitales que ha modificado no solo qué consumimos, sino también cómo y cuánto tiempo dedicamos a la cultura, marcando una ruptura significativa con los patrones de consumo del siglo XX.











