El tejido de la realidad. Una conversación con Bijoy Jain
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2019
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El Croquis
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Abstract
Nuestro primer encuentro con Bijoy Jain se produjo en Saat Rasta, un complejo en la zona metropolitana de Bombay donde se ubican su estudio y cinco viviendas-patio, articuladas a lo largo de un corredor privado al aire libre. Este eje desemboca en el núcleo del espacio de trabajo, un claustro repleto de maquetas de jabón, cestas con fragmentos de obsidiana, mastabas de ladrillos en miniatura y esculturas apiladas de animales que se arremolinan en torno a una plumeria. Tras las cortesías de rigor se decidió, de común acuerdo, que la conversación que mantuviéramos a lo largo de los siguientes días carecería de horario y estructura fija, según dictasen las condiciones del momento. Dado que era época de monzón en el estado de Maharashtra, el brazo de mar que separa Bombay de Alibag (emplazamiento de las primeras obras de Studio Mumbai) resultaba casi impracticable. De modo que el arquitecto sugirió que tomásemos un avión a Dehradun, en las faldas del Himalaya, para visitar el complejo de diseño textil y fabricación artesanal Ganga Maki.
Dos horas más tarde aterrizamos en Dehradun. Fuera del aeropuerto, apenas una banal sala de sección ondulante delimitada por el ineludible muro cortina, nos esperaba un todoterreno para llevarnos hasta Ganga Maki. El conjunto, finalizado en 2017 y en pleno funcionamiento, podría interpretarse —señaló su autor, mientras paseábamos por sus cubiertas— como una serie de terrazas habitadas. La visita no era, en todo caso, únicamente de cortesía. A lo largo de los cinco años que duró la realización de este pro- yecto, Bijoy Jain renovó su relación con Chiaki Maki (la clienta japonesa, propietaria del complejo) para dar comienzo a una colaboración profesional. De modo que el arquitecto aprovechó también este encuentro para inspeccionar in situ algunos textiles destinados a la obra de Studio Mumbai en Onomichi y, de paso, teñir sus Converse blancas con índigo.
Al volver de Dehradun nos reencontramos con el sorprendente perfil de la ciudad. Era la primera vez que veíamos rascacielos en India, pero todos parecían brotar de súbito, en una suerte de Manhattan asiático que amenazaba con aplastar, al cruce por el puente de Bandra, el villorrio de pescadores de la bahía de Mahim. El último tramo de la conversación tuvo lugar en la vivienda de Bijoy Jain en Saat Rasta, junto al patio. La proximidad de la oficina permitía ocasionales visitas que esperaban pacientemente una pausa para abordar al arquitecto, quizá para mostrarle un prototipo o probar una silla. El monzón irrumpía oca- sionalmente en la charla, como también el ruido de los pájaros (Bombay es una ciudad de cuervos) o el ferrocarril cercano, sonidos imposibles de disociar de la experiencia misma del espacio.