Entre la política y el arte. Los embajadores de Felipe el Hermoso
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2010
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ZALAMA, M. Á. (dir.), Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno, Valladolid, 2010.
Abstract
Diplomacia y arte son dos ámbitos interrelacionados en la época en que nos movemos. Cuatro protagonistas: un rey, Felipe el Hermoso, y tres de sus embajadores: Diego de Guevara (¿?-1520), Juan Manuel (¿?-1535) y Enrique III de Nassau (1483-1538). Los embajadores comparten misiones diplomáticas, pero también un mismo gusto por el arte ejerciendo de grandes mecenas. Un pintor parece llamar su atención por encima de todos: Jheronimus Bosch (c.1450-1516). Los embajadores ejercían funciones que iban más allá de las del simple cortesano. Tenían la responsabilidad adicional de representar en el exterior a sus soberanos. Un buen embajador debía estar dotado de ingenio, coraje y elocuencia. Debía tener buena apariencia, aspecto saludable, y pertenecer a las clases altas de la sociedad, debía estar bien instruido y, en definitiva, ser poseedor de una amplia cultura. Para que las negociaciones llegaran a buen fin resultaba imprescindible todo conocimiento en historia, derecho, así como en arte. Y es que a menudo los embajadores ejercían de intermediarios en la compra de cuadros y libros. Por otra parte, una buena negociación podía comenzarse o cerrarse también con un valioso obsequio artístico, aunque debían mantenerse firmes ante cualquier posible soborno. Pero ante todo debían ser fieles servidores a los que poder confiar los asuntos y misiones de mayor envergadura. Sus habilidades negociadoras desempeñaban un importante papel ya que, como ha señalado Raymond Fagel “las alianzas se modificaban a gran velocidad, y los enemigos declarados se convertían de repente en esporádicos aliados, aunque lo cierto es que nunca se confiaba plenamente en nadie".