Los Cantorales mozárabes de Cisneros: un ejemplo de construcción de la identidad nacional española
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2019
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Casa de Velazquez
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Este artículo analiza críticamente la restauración del canto hispánico medieval realizada a finales del siglo XV bajo la dirección del Cardenal Cisneros (restauración neo-mozárabe), revelando cómo en ella se inventó un repertorio musical debido a la ausencia de modelos. El tema aborda retos relevantes en el ámbito de los estudios culturales e históricos, al cuestionar presupuestos asumidos durante décadas en torno a la autenticidad de la tradición musical del rito mozárabe, mostrando cómo se construyen identidades culturales a partir de tradiciones inventadas. A través de un análisis interdisciplinar que combina musicología, historia cultural y codicología, se identifican los mecanismos por los cuales Cisneros utilizó estos manuscritos como herramientas políticas y simbólicas.
La innovación radica en revisar críticamente la idea de continuidad histórica, mostrando cómo una tradición se puede crear y legitimar como instrumento cultural y político. Además, el trabajo muestra cómo las falsedades documentales pueden enraizarse en el discurso cultural y político y convertirse en fundamentos para la construcción de narrativas históricas legitimadoras. Por ello, resalta la importancia de revisitar y cuestionar los presupuestos establecidos para evitar interpretaciones acríticas o erróneas. En este caso, el análisis demuestra cómo elementos inventados, como las presuntas melodías del canto mozárabe, fueron incorporados como parte integral de una tradición litúrgica supuestamente continua y auténtica.
La liturgia medieval hispánica ha sido considerada desde la Edad Media como un testimonio de identidad nacional, ya que representa el cristianismo visigodo más antiguo. Por lo tanto, desde su abolición en 1080, esta liturgia tuvo frecuentes intentos de restauración por el poder eclesiástico. La más importante de ellas fue liderada por el Cardenal Cisneros, quien comisionó a un liturgista para reconstruir y adaptar sus textos. Al intentar poner música a esos textos restaurados, se reparó en que esta no se podía descifrar de los manuscritos medievales ni tampoco se conservaba, con escasísimas excepciones, por tradición oral. Pero sin música para realizar la liturgia, todo el proyecto de Cisneros carecía de sentido: no puede haber una Capilla sin canto. Para recrear esa liturgia se redujo el rito a lo imprescindible y se adaptaron melodías para la mayor parte de las piezas utilizando un sistema de fórmulas, quizá –o supuestamente– inspiradas en la tradición oral de las parroquias mozárabes. Estas fórmulas, simples y repetitivas, lograron crear un estilo identificado como "mozárabe", considerado desde entonces y hasta hoy como un reflejo fiel de la tradición visigoda.
Como consecuencia se demuestra como la restauración neo-mozárabe, para legitimar y hacer venerable una tradición inventada que deseaba proteger, la basó en un elemento histórico, los manuscritos medievales, y la sostuvo por medio de una comunidad también creada o imaginada, los canónigos mozárabes. La restauración de Cisneros muestra cómo en aquel contexto el objetivo prioritario no fue la fidelidad a los modelos antiguos, aunque se tomaron en cuenta, sino recrear un repertorio y mantenerlo vivo en una comunidad también creada para ello.













