Intervención escultórica en la fachada de Santa Lucía Seguros, árboles.
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2007
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La intervención ocupa un frente de 20,3 metros de longitud por 6,3 metros de altura (128 m²). Está compuesta por nueve árboles escultóricos tridimensionales dispuestos linealmente, conformando una celosía integrada en la fachada.
Formalmente, la obra desarrolla una hibridación entre la retícula estructural irregular del edificio y la estructura biológica de los plátanos de sombra del entorno. La morfología vegetal es reinterpretada mediante un sistema seriado tridimensional que combina verticalidad, ramificación y tensión estructural.
Cada elemento presenta un perímetro de base aproximado de 160 cm y se ancla a la estructura del edificio mediante un esqueleto interior de tubo estructural de acero (30 x 30 mm), fijado al hormigón. El volumen se completa con relleno de espuma de poliuretano que garantiza la cohesión estructural entre soporte y superficie. El acabado en resina epoxi con carga y pátina de bronce establece continuidad material con otros acabados del edificio y asegura durabilidad en fachada en altura.
La disposición responde tanto a criterios compositivos como a condicionantes espaciales interiores: los espacios tras la intervención corresponden a despachos directivos y salas de reunión con acristalamiento continuo. La celosía actúa como filtro visual y simbólico, modulando la percepción panorámica del entorno y reforzando la identidad corporativa.
Desde el espacio urbano, la obra adquiere protagonismo visual desde largas distancias, siendo perceptible desde la Gran Vía, la Plaza de Oriente y el entorno del Palacio Real.
Description
La obra fue realizada tras la adjudicación en un concurso restringido convocado por el estudio de arquitectura autor del edificio, en acuerdo con la propiedad. El encargo solicitaba una intervención escultórica integrada en la fachada del edificio en construcción, destinada a las plantas correspondientes a los despachos de dirección.
El proyecto arquitectónico se concibe como ampliación “a lo Asplund” (como parte de un todo orgánico, que fundía la vieja sede con el nuevo edificio) del edificio preexistente, manteniendo una retícula estructural irregular. Este marco condiciona conceptualmente la propuesta escultórica, que debía dialogar con dicha estructura sin imponerse como elemento ornamental añadido.
El edificio se sitúa en Plaza de España, enclave estratégico del paisaje urbano madrileño, caracterizado por una densa masa arbórea de más de 1.100 ejemplares —
siendo mayoritarios los plátanos de sombra— y por la tradición histórica de esculturas emblemáticas que coronan edificios corporativos en la Gran Vía desde principios del siglo XX. La intervención se inscribe deliberadamente en esa tradición simbólica, reinterpretándola en clave contemporánea.









